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riuiMwlo, M) abMnlMi^^iiiikOoTedideiilaBnuonuM AsToiía Eaúlai 
otro autor TÍvofisiira en Mte niigatioo putemí Utaruio que U oonstanoU de 
Utrando áhs ^orits nedoDaies. Verdad e> qoe por ima pute Ik bina DO bi BgmB 
le de Mte «niaenta eacritiv para eeüflcar de Terdademaente eUñcaa su produce 
vtn, alsaRi» Qdoitaiu, que ftiMCoalos ochenta aAoa, hace tiempo arrimó á 
Ira phnna que tantoa kivetea le ha Talido eo ambos nundos ; mas j» qoe do ha 
ñatea escritoe qoe tenia {Hv^eetadoa, feliciténtODos á lo dmibos da ver reanidu 
olRwqBehaDniaiUBtndojrtaMiiiústraiiála jinrratod tan átilea leccioBCS, y 
•alad de sa ranerable autor le pernota «1 m edad avaBiKia prestar este óltíBo é 
tMo á tas letras eqtalUrfaa. 

CtUDdo se trata da on escritor tan justamente eelekado con» el nüOR Qnarui 
teawse en eDcomioe qoe do poedra añadirie el mesior realoe. Caantos has lei 
lidaa de eqMftolea célebres , sos criticaB lüerarias , le rinden u tribute de admii 
le eeta^aaooBM i «no de loe maestrea mas doctos, yleprodamaniunaTOxpa 
Ira Uteratoa 7 mto de sos mas inignes restenradoras ; pues balUndose esta poi 
pida eiuDdo el saRoa QüniTuu vid la lu del mando, re^bió leooiuies del lai^ 
Valdée.jlUoitreaaBahimnos positinmente el mas esclarecido 7 el que deqi 
tado é mae mareoida gjoria. 

¿QaMn ha pedidonegaiie JamdB el MtDoiriire de graa peetal La musa del patri 
[nado saa mee abas «me^lonee, y los ecos majestuosos de sos cantea anardef 
de lee hijos de S^afia en hi ^xwa por riempre memorable en qoe el opntOT d< 
eDoa vencido 7 hnraiUado. PreseatddigDam^teenlaeseenaalhéroedeCoTadc 
yoeaaadd magnánimo deiwieor de Tarifa, evocó la seaibradel TOKido en'n 
tana, Uamii i juicio en d^penteea del Bseorial Aloe re7asqae BDeadaBaroa i Ei 
dslaconviotoriaeadqtñidaiifaena de OHiDtes de ero 7 de nodales de sangn 
qna dU ftondire á aa prioc^ , psesto en k mas alta grandesa 7 sumido hiego e 
dOTaMetaftatonio; easabd la empresa del qne propagd en América la Tacana, 
lyaldgar, tronó finrraidabls ooatra h osarpeoion fraaeesa, 7 se extasió rioid 
aaáifaM do hs provmcias cqMAolsB. Tembien cMH^^ró su aeanlo i la magia de 
lea pa s ares de la aasends, alas glorias del canto y A las aaarayiHaa del baile. Bn 
pwai^BOTtaliaaMasaBbriHantesodaeitiiMryAIaliHwiddndsiaJtiqNwnla ;i 
pafefetisvMflié aonstanleHwate b predilecta ds QnirMaa I laito, qae eoM leer at 
algo de hisKMÍB eanleapehUiea, se puede venir en congcimient» ds U sunta 
de ttl i 7 IMB adata al que ewiqDaGió la htaratnm eq>dl<da eM teseres tan bu 
deMMtaa» ea na Tirtao, «■ Madero enla gra«deaa, 7«a Beraefo eolasM 
savtrdB dvyr» de modele donde qeien qoe te hable la bennesa I«ng«a de Gei 

HoeontentoelstRonQtniTAiiAconluiberseperfeaáonedo en las reglas del 1 

< U iBvcesln 4a its obras q« eoiainntafll HMaoM tpoe ha awaMad hBw doe iaUBlit 

oto aAnrindor M Hto OratiAu, d ■Mfcolct «H loiirtaaiM y 4aa awfea mttldo me Mte < 
«Moas MMrtn (Mwr, 1] ft*or qae WN diiptaia, MBliMO* éikaMaU «a» n> 1« fanyi «Mo pofU 
■MnloMS, j coHplMtt aif «I iBUrts en (|M BOsMoslMtoni nsttMa MU «riftineii. 



diando á nuestros poetas de todos los tiempost eolecdontf sos obras seleetas y las did á la impreiH 
ta en obseqnio de la jmrentud, no sin enriquecerlas con observaciones y noticias y jmcios critioos, 
que en lo relatiyo 4 la poesía, sobre que versan exclusivamente , ensefian y satisflusen mas qne 
lo que otros eruditos antiguos y modernos^ hane^scríto acerca de la propia materia en historias 
mas ó menos extensas de la literatura de nuestra patria. 

También el lauro de historiador ilustre orla dignamente las sienes del gran poeta. Plutarco 
espafiol pudiéramos denominarle por el propósito que concibió de escribir las vidas de nuestros 
varones célebres. Majestuoso en la narración como Tito Livio, profundo como Tácito en los 
juicios sobre las personas y los sucesos , diestro en la manera de abarcarlos y ponerlos en relieve 
como Salustio , á cada página se descubre la clásica educación literaria con que el ssüor Qum- 
táMA ha sabido beneficiar su eminente talento. ¡Lástima qiíe en España baya estado tan poco ge- 
neralizada la afición é los estudios graves , y qué esta enfermedad di^ mucho todavía de curarse 
radicalmente I Vei^nzoso es en verdad que mientras de las Ftdas de e^ñoles cékbres se ha 
vendido dificilmente una edición no muy numerosa en su patria, se hayan agotado siete en los 
Estados-Unidos. Si un historiador no gozara inefables delicias en revolver archivos, y hojear le- 
gajos, y descifirar documentos malamente borroneados , para ilustrar la época á que dirige sus in- 
vestigaciones y procurar el triunfo de la verdad y la enseñanza de los estudiosos ; si después de 
haber dado dma á largas y penosas tareas, no recibiera el pláceme de los hombres doctos de toa- 
dos los países ; si no viera sus obras juzgadas con aplauso en las revistas extranjeras i mientras en 
los periódicos españoles deben aspirar únicamente á que se inserte tal cual anuncio de ellas, con- 
sagradas como están sus columnas, fuera de la parte política, á pregonar un dia y otro las glorias 
y alabanzas de las bailarinas y cantantes extranjeras, que por cada noche de función reciben lo 
que bastaria á mantener durante un año á dos fiunilias honradas ; á no se sintiera animado del 
noble deseo de dejar en el mundo alguna noticia mas de su existencia que la partida de bautis- 
mo de su parroquia , y un nombre éñ la losa de su sepultura, que sea conocido y respetado pm^ 
mas individuos que los de su fiunilia ; ciertamente que deberia arrojarse la mas briUaute pluma 
con ademán desdeñoso y con enérgico menosprecio* 

Afortunadamente el sEÑ(m QomrAiu, cuyo glorioso renombre nos ha. mspirado tan sentidas 
quejas , es celebrado en toda América y Europa , y reimpresas ó traducidas , sus obras ce encuen*- 
tran en todas partes. ¿Qoé importa pues que al fin de >uia vida laboriosa, y después de logmrque 
nadie le dispute la primada literaria, viva modestamente y atenido á su haber de jubilado? 

Dentro de pocos dias se manifestará en uno de los teatros de la corte el panorama del Miriripi 
hermosamente trasladado á un gran lienzo, y una noche y otra se verán llenas las looalidades to- 
das con gran aplauso del público y de los diúíos , á quienes parecerán escasos los mas indgnes 
elogios. Y entre tanto el hombre observador encontrará desiertas las librerías en que, gracias al 
sKüoa QunfTAifA> pueden verse en un panorama mucho mas precioso al Cid Campeador^ persoñi- 
ficadim eterna del heroísmo y la constancia ; á Guumm ei fittSM, que en magnanimidad y esfuer- 
zo patriótico no cede á nadie la palma ; & Rogtr de Lamias d marino mas célebre que se ha- 
lla en los fiístos de las naciones desde el predominio de Cartago hasta el descubrínúíuito del 
nuevo mundo ; al principe de Fuma , respetable por sus virtudes, a&nirado por sus^teletitfis» 
simpático por sus tribulaciones \ á Gonzalo de Cirdobaf conocido por el Qrún Capitán entre 
propios.y extcafios ; i ilofi Akaro de Luna , que medio siglo antes qué denems hubiera aoftp- 
bado con el anárquico poder de los omgnates, si no hullera querido para si lo que les quitaban 
ellos, y si como enérgico y entendido, pudiera llamársele sendllp y desinteresado* 

No pequeña parte de sus investigadones ha dirigido el siftoa QonitAXA á te dé Amé- 

rica, por. cuya suerte ;se interesa de una manera verdaderamente amorosa* Beade qae dCH 
giando te empresa date propagacioa de te vaouna » puso en boéa de aqndte región privílbgUMb 
estos versos; 



liosuMaasya no sois ; v«o ittIlMü 
PUPéssaaOseMart Yo^Mdvia '^ > 

81 ffigor de nds dinrosvsiieedoios^ >. "* 

Soatrososdlcla, sa iodsoMoui safit, 
GriBMn fosm del Uempo, y 00 (te Espaia t 






iMtfiritf idanmente el sBÍiOft úimrrAiU su modo de pensar sobre la conquista de aquél 
lio : asi, alabando el gran mérito del descubridor del mar del Sur, Vateo Ituñex deBatbM^jóA 
MDqnistador del usperio de los Incas , l^ncíM^ Pi2^ se declara por la opinión exagerada del 
BsnuA>ap<tslol de las Indias, fVay Bartolomé de los Cosos. Crueldades hubo en las conquistas 
del mondo de Colon y de Isabel I. ¿Qué hazaña de estas no las produce, aun en los tiempos actua- 
les, en que el buen sentido va tributando su admiración y sus aplausos á otro espectáculo que al 
ds Isa batallas, y á otros héroes que los perturbadores de la paz del mundo? De gran peso es para 
nosotros el parecer del skñor Qointána ; pero nos atreveríamos á decir que su grande amor por 
la jQstieia le hace muy severo contra los que, seguidos de un puñado de hombres, que en el dia, 
eoo mas recursos y medios ofensivos, no bastarían para apoderarse de un desmantelado castillo, 
plantanm la cruz del Gólgota y el pendón de Santiago en dilatadísimas regiones. 

Al siltoa QüoiTAif A se atribuye también el manifiesto de la junta Central 4 los americanos, en 
que se les llamaba á entrar en la condición de hombres libres, como si hasta entonces hubieran 
sido esclavos , como si las leyes de Indias no fueran una elocuentísima protesta contra las deda- 
ffisdones que han producido la independencia y la ruina, y amenazan la disolución de hermosos 
psíses , prósperos y tranquilos bajo el cetro de España. Hoy mismo es alli una opinión proverbial 
esta que trascribimos y que pudiera considerarse hija de un ciego patriotismo ; es el pensa- 
odento dominante en la Historia de la revolución de Méjico que está dando á luz el juicioso y muy 
Snstndo guanajuateco don Lúeas Alaman, que fué representante de su país nativo en las cortes 
«paftolas de 1820. 

Batie las vidas de españoles célebres figuran, aunque insertas en la parte literaria, las de Cer-^ 
lONto y JfeJefufes Valdés ; superior la primera á cuantas se han escrito de aquel grande hom- 
iNre, fa^ la aegunda del amor de un discípulo á su maestro. 

Pte las vicisitudes y persecuciones del ssÑoa Quintana carecemos de tres importantes trage- 
os: Bo^ de Flor, Blanca deBorbon y elPrtncipe de Viana; por su escrupulosidad y por el deseo 
de adarar un punto histórico no tenemos entre las vidas de españoles célebres la del duque de 
iBo, yacas! concluida ; pues habiendo visto insinuad^ en algún escritor que aquel personaje 
Ittbia intercedido por los condes de Hors y de Egmont , no quiso pasar adelante sin confirmar 
eon algún documento acción tan digna de loa ; y no habiéndolo encontrado , ha preferido arrin- 
eonar lo escrito á decir una alabanza sin estar convencido de ella , ó á hacer al de Alba ejecutor 
ds una emeldad , teniendo la duda de si en verdad se opuso á ella. 

Termina el presente volumen con unas cartas escritas á lord HoUand, sobre la revolución es- 
piñdla, que por primera vez salen á la luz pública, y merecieran haber salido de la oscuridad hace 
■ocho tiempo. Son documentos muy notables, escritos con conciensuda mesura y en el sentido 
da la opinion mas avanzada, precisamente en el tiempo en que mas arreciaban los peligros y las 
pmecndones. 

Sentó carecer de habilidad y tiempo para pagar un tributo de admiración al homlnre á quien 
tMlo debo en mi carrera literaria: sus afectuosos y profundos consejos me han servido de guia, 
y IOS since r os aplausos de aliento para arrojarme á nuevas tareas. Tome i lo menos en cuanta el 
■taQmNTANA, y sírvame para mis lectores de disculpa, la circunstancia de que le dedicólos úl- 
ÜBM» instantes que permanezco en Madrid , su patria y la mía , puesto ya el pié en el estribo para 
Mirarme i realizar un deseo que de tiempo atrás me anima : que él gran Garlos m tenga una 
de so célebre reinado escrita por pluma española* 

9 Si da diciembre de 18Bi* 

Añono Fttan nsL Rioii 



/ 

^ 



PAETE PRIMERA. 



LITERATURA. 



POESÍAS. 



A CIENFUEGOS '. 



Vis, dulce amigo mió, á honrar con tu respetable nombre la edición de unos i 
algún precio tienen , es debido en gran parte á tu inspiración y á tu ejemplo. Nada 
el mármol del sepulcro te tenga ya separado de la región de los vivientes. ¿Desata aci 
loslazosde amory de estimación que unen entre si á los hombres?No,caro Cienfuegí 
los estrecha de un modo indisoluble; ella los defiende de h inconstancia y de la ¡nc< 
ella los asegura contra los vaivenes de la fortuna; ella, en fin, los pone á cubierto c 
las pasiones. A lo menos de los muertos no hay que temer, Nicasio, esta ingratitud 
esta alevosía cruel que tan amarga y frecuentemente experimentamos do los vivos. 

El dedo de Madrid me señalaba en otro tiempo como amigo , como discípulo , com 
tuyo. La afición á unos mismos estudios y la profesión de unos mismos principios híi 
ñor á mi nombre , bien que ni por la variedad y excelencia de mis tálenlos , ni po 
perfección de mis escritos deba jamás ir á la par con el tuyo. De ti aprendí á no liac 
ralura un instrumento de opresión y de servidumbre , á no envilecer jamás ni con lí 
con la sátira la noble profesión de escribir, á manejar y respetar la poesía como u 
cielo dispensa ¿ los hombres para que se perfeccionen y se amen , y no para que s 
corrompan. 

¿Tí quién en la miserable época que acaba de pasarhaobservado mejor que tú estas 
gradas? A la vista y casi en las gan'as del despotismo insolente ybárbaro que nos op 
bas tú las alabanzas de la libertad ; y en medio de la corrupción mas estragada y c 
mas pusilánime que hubonunca, tu voz vehemente y severa nos llamaba podcrosame 
gla de los sentimientos patrióticos y á la sencillez y dulzura de las costumbres inoce 
en buen hora otros escritores la gloria de pintar con mas halago las gratas ilusión 
primera; haga en buen hora su mano resonar con mas gracia el laúd de Tibulo ó \i 
creonte; pero aquellos que sientan en su corazón el santo amor de la virtud y la infie: 
ft ia injusticia; los que se hallen inflamados del entusiasmo puro y sublime hacia el 
dad de la especie humana , esos todos harán continuamente sus delicias de tus odas 
tolas y de tus tragedias, y en ellas hallarán un alimento propio de sus almas sensiblí 

• Esta dedicatoria salió Ji luí la primera ves en ta edición del aito 1813. Saprimlóu después por 
cnn^Mccjoa j delicadeza ; niM habiendo cesado sitos motivos , se restabl«ce ahon en n Ingar en Ii 
noi que primero. 



i ÓñRAá £OMÍ>LetAá M don KIaNDéL JOSÉ QUINTANA. 

Nuestra revolución se anuncia en el Escorial , y la agresión escandalosa de lo& franceses la 
precipita en Aranjuez. ¿Qué hará Cienfuegos? ¿Doblará la rodilla al azote del pais? Y sacerdote 
de las musas ¿ profanará su ministerio dorando con el brillo de la armonía y de la elocuencia el acto 
de iniquidad mas execrable que han presenciado los siglos? El atleta robusto de la libertad ¿dejara 
pasar esta ocasión de hacer frente á la tiranía y de luchar cuerpo á cuerpo con la injusticia? ¡ Ah! 
No. Si al llegar esta crisis espantosa , tus fuerzas, acabadas con la mortal dolencia que te consu- 
mía, no te dejaron escribir; si tu voz, ya casi moribunda, no era bastante á entonar aquellos can- 
tos de fuego que hubieran excitado tan noblemente el ardor de los españoles; si no pudiste, en 
fin, servir á esta causa santísima con aquel carácter irresistible que imprimía tu pluma en la ver- 
dad, tú supiste, y esto es mas aun, tú supiste sellar con la entereza de tu conducta las bellas 
máximas que habías esparcido en tus escritos; y mártir glorioso de tu patria, arrostraste y sufris- 
te la muerte por no transigir con los tiranos. 

¡ Oh Cienfuegos ! este tiempo de borrasca ha sido también un tiempo de prueba ; y { cuan triste, 
cuan amarga es la que algunos han hecho de la consistencia de sus principios y de la realidad de 
sus virtudes! Hipócritas de honor y patriotismo, no han podido sostenerse contra el torbellino 
revolucionario, que les ha arrancado la máscara con que se cubrían y puesto en descubierto 
toda su abominable desnudez. Tú conocías á muchos de ellos, tú los amabas , tú los estimabas. 
¿Pudiste imaginarlo jamás? Los unos se ríen ahora déla misma doctrina que antes predicaban, 
se han hecho siervos y apóstoles del mas execrable tirano , y han insultado sacrilegamente á la 
patria moribunda en su agonía. Los otros, destrocando cruelmente los vínculos de una amistad 
antigua y jamás violada, han profanado sin pudor ninguno los respetos todos de la hospitalidad y 
la conñanza, y correspondido al afecto mas tierno y paternal con la mas negra traición. ¡ Ah! 
¡puedan estas líneas, si alguna vez llegan á sus ojos , presentarles la horrible diferencia entre lo 
que ahora son y lo que antes parecían!... ¿Pero dónde voy? Perdona, amigo mió, si he inquieta- 
do el reposo de tu sepulcro con unas quejas tan tristes. Al recorrer estos versos , fruto de nuestros 
ocios antiguos y ocupación agradable de aquel noble retiro en que vivíamos, mí alma, honda- 
mente afligida, no ha podido menos de volver su vista hacia atrás, y contemplar cuan escandalo- 
sos desertores han tenido la filosofía y la virtud. 

Acabó para mi , y no volverá jamás, aquel tiempo de dulces ilusiones, de gratos y apacibles es- 
tudios. Fuerza ha sido abandonarlos para acudir el peligro común y servirá la causa pública en 
tareas y afanes harto diferentes. Otros cantarán después el triunfo, cuando serenada la agitación 
Y restablecido el orden, la voz dulce de las musas vuelva á resonar en España. Entonces tus vi- 
^'orosos versos, dignos precursores de libertad y de virtudes, serán aplaudidos con igual admira- 
ción que gratitud. Entonces, si por dicha llegan hasta allá los míos, el autor unirá su aplauso al 
de la posteridad; y el alto aprecio y amistad afectuosa que en vida sintió por ti, prolongándose 
mas allá del sepulcro, 'lurarán siquiera todo lo que dure este libro. 

Cádiz, 20 de junio de 1815. 

Manuel Josb Quintana. 



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poesías. 



3AK DE PADILLA. 

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i la sagrada lin , 

•der. ¡Los grandes ecoi 

esoDtiban 

ptú3 déla Grecia un di>, 
I esmajad os coraionea 
I de repcDie ardia, 
nías selvas coDvertia 
erros en leones? 
rayo si el díog del Pindó 
le á mis acentos diera \ 



irerelir.nCimen dirino, 
e virlud, eu donde 
e ardor beben [os bumos; 
¡sta atónita no encuentra 
des), ni el labio implora 
a al simulacro yerto 
en su Tez. Pitido, triste , 
de pavor cubierto, 
ir se atreve 

■abte qne, inclemenle, 
su beldad desdora. 
laDigidollora; 



Iré EspaBa '. La flaqueza 
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I Igual belleza! 
los jamás? jAhh 



igrienlos y el comino 

lempos; vanamente 

rtad : taé ta destino 

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i\ de boaibres feroces, 

lal; todos te boIlaroD, 

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CMi lauros de orol 

no solot...¡Ob, de Padilla 

do, 

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to, 

tad , rennen abora 

ii. Sombnsnbttine, 

de m eterna tumba , 

i defenderla Equila, 

> envileckla, gime. 

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ípiÁ> podría 

, j Mcndtdo 



Porti solo serla 

Nuestro torpe letargo 7 dego olTído. 

TúelúnlcoTaAii'iie 
Ciiu USÓ arrostrar con geoeroso pecha 
Al huracán deshecho 
Del despotismo en nuestra pía ja Irisic. 
AbortAle la mar mas espantoso 
Qne ios monstruos que encierra en su liondo se 
V íl, respirando su inremal veneno, 
IJJtre ignorancia universal marctiaba. 
Destruyendo sus pies cuanto corrieron. 
i De qué poes nos valieron 
Siete siglos de afán j nuestra sangre 
A torrentes verter? Lanzado en vano 
Fué de Castilla el lirabe inclemente, 
Si otro opresor mas iiérOdo y tirano 
l>rcpara el ;rngo i su infellce frente. 

Ofendida, indijinada 
Sealió.ae estremeció, y arrojóelgiiio 
lie venganza j de horror. «Vuela, bijo mío, 
Vuela, y ahuyenta la espantosa plaga 
Qne me insulta y me amaga : 
Sé tú mi escudo, y en tu ardiente brío 
Su curso Iniáusto asoladorqaebraoia.i 
Dijo; j cual rayo que volando asuela, 

como trueno que bramando espanta , 
El héroe de Toledo recorría 

Un campo 3 oiro campo : el pueblo todo, 
Conmovido á su voz , ardiendo en ira 

Y anhelando vencer, corre furioso 
A la lacha btal que se aprestaba. 
fadUlalegnlaba, 

Y de la patria en su valiente mano 
El estandarte espléndido ondeaba. 

i Oh eslragol Oh ft«nesi I Dos veces fiíen» 
Las qne el genio feroi de la impla guerra 
Entre mnerte y dolor mezcló las baces ; 

1 Haces que nanea combatir debieron! 
Un bábito, una tierra 

Eran, y una su ley, nnas sus aras, 

UnoBQ hablar. ¡Ah birbaros! {Y en vano 

naturaleza os (¿era 

Vinculos untos? Suspended los hierros 

Qae sedientos de sangre en vuestras manos 

Contemplo con horror : ¿no sois hermanos? 

Todos! nn tiempo, todos 

Revolved : al fiíror de vuestros brazos 

Caiga rota en pedazos 

La soberbia del déspota Insolente 

Que i Iodos amenaza... ^ En los nidos 

Nooa dan los alaridos, - 

Las trines quejas de la edad siguiente, 

Qne fi ominosa cadena 

Vuestra discordia pérflda condena? 

De polvo en tanto la confusa nube, 
Nnnda ya del tutor, Inrbindo si <Üj , 
Hasta el Olimpo sube ; 
Y del bronce tronante al a 
El Tiento sacudido 



OBRAS COMPLETAS DE DON MANUEL JOSÉ QUINTANA. 



Bando dilata por Castilla toda 

En ecos el horror : corre la sangre. 

Vuélala muerte. ..;0h Dios ¡^porqaédigpers» 

Las haestes vencedoras 

«" '■■>—""■'" asíí Solo en el llano , 

ingre y de sudor cubierto, 

;quelncba,ylnchaeii<raiM>, 

: su misera caída 

'endida 

, Cajú : cuando salieroB 

luspiros, 

isto de la patria hayeron. 

ndo, qup en arenas de oro 
alda deslizando , llegas 
rila imperial Toledo; 
en desdoro 
aaltiTexysnenergla 
I yugo que esquíTó algnn día ; 
ate de Padilla... lObHoI 
acer, tú lamentaste 
irelii, 7 en triste dnelo 
to denunciaste al cielo, 
ar baSabas, 

ncomiptibles se albergaron 
t valor. Mis ojos vean 
<^t hollaba, 
tizdo respiraba, 
o y dolor bañados sean. 

cuenlro! Y la venganza airada 

I ! Su bárbara violencia 

Horada 

virtud sufrírno pudo. 

■n su vei , solo , afrentoso , 

!\ oprobio alli se mira , 



á Turor sañudo, 
empla i la ignominia dado 
lio ; al silencio mudo. 
;loI No; que en él aun vire 
ibiudor : vedle cuan lleno 
ira 
1 torno de dosoItos gira. 

IOS, al7áos;la inmensa huella 
;s edades 

re infeliz ; corrió, y aun ella 
Dte y á venganza os llama. 
r dicha conllevar la pena 
á quien mi mucrie infama t 
íiido la falal cadena? 
ilmerecert Volved los ojo», 
.^contempladme cuando 
rra el admirable ejemplo 
con la opresión luchando. 
I clamores 

lie patria en vano oisteii, 
isu voz, y fascinados 
rabie esclavitud corristeis, 
I) indignación! los torpes ta:!os 
han sido á tan robustos bracos. 

I fuerza indómita, Impacleii:e, 

chos tOrminos no podo 

y rompió ; como torrente 

laagilacion, la guerra, 

crímenes la tierra. 

:e bollada 

ce Italia, arder el Sena 

is se viú, la África eiclaví, 

dusirfoso 



Al hierro dado y devorante t^ego. 

jDe vuestro orgullo, en sn insolencia dego. 

Quién salvarse logrúT Ni al indio pudo 

Guardar un ponto inmenso, borrascoso, 

De sus sencillos lares 

Inútil valladar : de horror cubierto 

Voestro genio feroz, hiende los mares, 

Y es la inocente América un desierto. 

(Tantos estragos, sin respeto holladas 
Jostlcia ; te, la detestable ofenu 
Redia i la patria de imarraria al jugo 

Y ahogar sn libertad, á un tiempo alzaron 
Su poderoso grito, 

y i la atúnita Europa despertaron. 

EUasobrevoBOtrosindignada 

Cayó y os eprimió. ¿Qué se hizo entoncei 

Vuestra vana altivez? La tiranía 

Qoe lenta os consumía 

Tendió su cetro bárbaro, y llamando 

A la exícial superstición, con ella 

Fué abierto el hondo precipicio en donde 

Se bnndió al fía vuestro nombre. 

Viles esclavos, que en tan torpe olvido 

Sois la risa y baldón del universo, 

Cuyo espanto ; escándalo habéis sido. 

(Estremeceos, i la Ignominia hoy dados, 
Hañana al polvo, ¿no miráis cnil brama, 
Con cuál faror se inflama 
La tierra en torno á sacudir del cuello 
La servidumbre? ¿Yscverá que, hundido! 
En ocio infame y miserable sueKo, 
Al generoso empeño 
Los últimos voléis? No ; qae en violenta 
Habla inflamado y devorante saña 
Ruja el león do España, 

Y corra en sangre i sepultar sn afrenta. 
La espada centellante arda en su mano , 
y al verle, sobre el trono 

Pulido tiemble el opresor tirano. 
Virtud, patria, valor : tal fué el sendero 
Que JO os abrí primero ¡ 
Vedle, bolladle, volad; mi nombre os guie, 
Hi nombre vengador, i la pelea : 
Padilla el grito de las huestas sea. 
Padilla aclame la felii victoria. 
Padilla os dé la libertad, la gloría. ■ 

(Hijo de 179T.) 

A LA EXPEDICIÓN ESPAÑOLA 

FAM nOFAGkl L* VACDKA Eif AHÍRICA tUO LA 
DE DON FRAITCISCD BALIIS. 

¡Virgen del mnndo, América inocenlel 

Tú , que el preciado seno 

Al cielo ostentas de abundancia lleoo, 

Y de apacible juventud la frente; 

Tú, que i fuer de mas tierna y mas hermoEí 
Entre las zonas de la madre tierra , 
Debiste ser del hado, 
Yacontra ti tan inclemente y (¡ero. 
Delicia dulce y el amor primero ; 
Óyeme ; si hubo vez en que mis ojos , 
Los fastos de tu historia recorriendo. 
No sebincbesea de lágrimas; si pudo 
Hi corazón sin compasión, sin ira 
Tns lástimas oír, i ab i que negado 
Eternamenteá la virtud me vea, 

Y bárbaro y malvado 

Cual los qae asi M deilrouroa ut. 



ITE PROIGRA.— UTERATURA. 



pan? 
lanne, 



y dé I au iDRlestad major decoro 
LleTaikdo este tesoro 
Donde con mu violencia el mal o 
YoTolaré; que un oóineD me lo n 
Vo rolaré: del fcrvido Océano 
Arrostraré Ja furia embravecida , 
Vea medio déla América infcsia 
Sabré plantar el árbol de la vida. 

Dijo ; y apenas de su labio ardí 
listos ecos benélicus salieron. 
Cuando tendiendo al aire el b!an 
Va en el puerto la nave se agitab 
Tor dar principio i (an leVa cami 
I.ÍDzase el aritonauta ü su destii 
Ondas del mar, eo plilcida bonaii 
Mevad esc depósito sagrado 
Por vuestro camiiO liquido y sen 
De mil generaciones la esperanz: 
Va alJI, no la aneguéis, guardad ' 
Uuardad el rayo y la falal loimei 
Al tiempo en que, dejando 
Aquellas playas fértiles, ranota; 
De vicios y oro y maldición prefta 
Vengan triunfando las soberltias 

A Balmia respetad. |0b heróic 
Que en tan bello afauar tu alienl 
Vé ímpivido i tu fin. La horrend 
De un ponto siempre ronco y boi 
Del vértigo espantoso 
La devorante boca , 
La negra faz de cavernosa roca 
Donde el viento quebranta los ík 
De los rudos peligros que te agu 
Losmasgrandesnusonnimasc 
Espéralos del bombre : el bomlii 
Kncallado en error, cic^o, envidi 
Seri quien sople e) huracán violi 
Que combata bramando el noble 
Has signe, insiste en él firme j si 
¥ cuando llegue de la lucha el di 
Ten fijo en la memoria 
Que nadie sin tesón y ardua porf 
Pudo arrancar las palmas de la g 

Llegas en Dn. La América salí 
A su gran bienhecbor, y al punte 
Purificar sus venas 
El destinado bálsamo : tú entone 
De ardor mas generoso el pecho 

V obedeciendo al numen que te f 
Mandas volver la resonante pror 
A los reinos del Ganges y á la an 
El mar del Mediodía 

Te vio asombrado sus inmensos i 
Incansable surcar ; Luzon te adn 
Siempre sembrando el bien en tu 

V al acercarle al inünslrioso chii 
Es Tama que en sn tumba respel; 
Por verte atzú la venerable frenl' 
Confticio, y que exclamaba eo s 
« i Digna de mi virtud era eslí <■ 

¡Digna, bombre grande, erat 
De aquella luz sitísima y divina 
Que en dias mas relices 
La razón, la virtud aqui encend 
Luz que se extingue ya : Balmis 
No crece ya en Europa 
El sagrado laurel con que le ad< 
OnédaiG allí , donde sagrado asi 



Vv—>— ».'»^-« 



OBRAS COMPLETAS DE DON MANUEL JOSÉ QUINTANA. 



Te&dr&n la paz , la independencia hermosa ; 

Quédate allá , donde por fin recibas 

£1 premio augusto de tu acción gloriosa. 

Un pueblo, por ti inmenso, en dulces iiimnos 

Con fervoroso celo 

Levantará tu nombre al alto cielo ; 

Y aunque en los sordos senos 

Tü ya durmiendo de la tumba fría , 
No los oirás , escúchalos al menos 
En los acentos de la musa mía. 

(Diciembre de 1806.) 

Á LUISA TODI , 

eoando eantó en el teatro de Madrid las dos óperaj 
de Armidñ y ¡Héo, 

¿Qué se negó de la falaz Armida 
Al mágico poder? Su voz sonaba , 

Y el báratro profundo 

De sus lóbregos senos alanzaba 

El tremendo escuadrón que la servia. 

Viérase al punto de infernal veneno 

Toda inundarse en derredor la esfera, 

Arder el rayo y retumbar el trueno. 

La rápida carrera 

Suspenderse del sol , bramar los vientos, 

En sus hondos cimientos 

Estremecerse el mar, y mal segura 

La tierra contrastada , 

De sus ejes eternos desquiciada. 

Mas cuando al fin enamorada y dega 
El corazón indómito rendía, 

Y de perder su amante recelosa , 
En los fines del orbe le escondía. 

Ya no era entonces la espantosa maga; 
Era ya una deidad. El polo yerto 
Ostentóse cubierto 
Con el manto de Plora ; 
Por los fecundos prados 
Las fuentes murmuraban , 

Y de esencias bañados , 

Los céfiros jugaban con las flores; 

Volábanlos amores. 

Las gracias y el deleite en pos de Armida: 

Y ella entre tanto, de Rinaldo asida. 
El coro de las aves escuchaba , 

Que ai placer y al amor la convidaba. 

Tal fué entonces Armida ; y tal ahora 
Tú ¡ oh poderosa Todi ! la presentas , 
Ya en ternura y delicias anegada. 
Temerosa después, y al fin furiosa 
Viendo su gloría y su beldad hollada. 
¡ Invención celestial I No, no es Armida 
La que asi nos enciende 

Y el agitado espíritu suspende : 

El mentido poder que por su encanto 

Tuvo en los elementos confundidos, 

Hoy en nuestros sentidos 

Lo alcanza el arte y lo renueva el canto. 

¡ Soberana armonía ! 

¿ En qué sus dulces y halagüeñas flores 

Mas bien que en tus loores 

Esparcir deberá la poesía? 

Pero ¿cómo en su vuelo 

La poderosa voz seguir podría 

Que pasma al mundo y maravilla al cielo? 

Ella parte suave ; 

Y ora orgullosa y grave 

Del espado los ámbitos domina , 
Ora en quiebros dnldaimos se pierde, 



Y delicada trina; 

Ora sube al Olimpo, ora desciende, 

Y ora como un raudal rico y sonoro 
Vierte súbitamente en los oidos 
De su riqueza armónica el tesoro. 

Sola la admiradon enmudedda 
Seguirla puede en su veloz carrera ; 
¿Y do ha vivido el corazón de fiera 
Que se negase esquivo 
De su expresión cdeste al atractivo? 
I Oh 1 no es posible el evitar su imperio ; 
La fogosa energía 
De su gesto y acción se le prometen , 

Y su mágico acento y melodía. 

Aqui vence, aquí triunfa , aquí arrebata : 
Vedla de gloria y majestad vestida 
Guando del solio el esplendor retrata ; 
Vedla después, desesperada y llena 
De cólera y soberbia , amenazando : 
Nube parece que espantosa truena, 
O terrible Aquilón cuando, soplando 
Con hórrido sil vido. 
Sacude el universo combatido. 

¿Mas cuál benigiia suavidad se siente? 
Él es , el blando amor, el hijo ardiente 
De la hermosa y divina Giterea : 
Mas dulce y grato que la miel hiblea , 
Mas puro que ios céfiros , su acento 
Sale inflamando el viento, 

Y por do quiera su ternura inspira. 
Ya tras el bien perdido 

Vaga anhelante y con dolor suspira ; 

En el dulce trinar pinta el gemidOt 

En los blandos gorjeos 

Aparecen los tímidos deseos, 

La amorosa inquietud, las ansias tiernas, 

La risa alegro y apacible Juego 

Que ceban tanto el delidoso fuego. 

Ya con tono mas grave 

La sublime oonstanda se ve ornada, 

O en celeste deliquio modulada 

Del caro bien la posesión suave. 

Entonces gime el insensible, entonces 
Hasta los duros mármoles se agitan ; 
Amor aprende á amar, á amar incitan 
El eco, el viento, y de tu voz herido. 
Por su divino impulso es arrastrado 
Mi corazón vencido. 
Salta en el pecho, y sin cesar palpita , 
Todo anegado en el amante anhelo 
Que inspira el canto ; su vehemente llama 
Veloz discurro por mi sangro y venas , 

Y en todas ellas su calor derrama ; 
Derrama su calor, que vuelto en llanto. 
Sin ser posible á contenerle el seno. 
Salta á la vista en delidoso encanto. 

A Quién de tn genio mesurar podria 
La extensión y el ardor? Dinos, ¿en dónde 
Tuvo su oriente? En dónde 
Se adestró á desplegar tal osadía, 

Y dé tanta riqueza salió lleno ? 
¿Fué acaso allá donde el feliz Ismeno 
Corrió bañando la sonora Tébas? 

¿O mas bien sobro el Ismaro sombrio, 

Do por la vez primera 

Los ecos de la música sonaron, 

Y tras si arrobataron 
Los hombros y las fieras, 



PARTE PRIMERA.- LITERATURA. 



■TiDoOrfM 
] pulsaba , 

ecoodolidD, 



ALAMERHOSURJ 

Cuando en la Bor de mis risuf 
MI vista hiríá ta luí , dulce hen 
I Oh cómo palpité ! ; Cómo mi pe 
Te amó , te Idolaini! Tú námeo 
Que desplegar hiciste 
Kl Tuelo de mi \oi , tá preaidlat 
De mi citara al son , qne eotoncí 
Has bien el eco de las ansias mi 
Que el eco de tn glur 



evoralia 


De temor, de deseo j de espera 


ndo presente 


6ue aceptes pido con afable agr 


e clamaba 


El tributo que rindo i tu alaban 


Ido inclemente. 




lojre el ingrato 


i Oh si al formar tu vencedor 1 




Benigno el cielo, la aparihie lia 


a qaerellas 


Me diera con que el dia en el or 


huje.nocura 


Nace á inundarle en cúnd" Jos al 




¡ Los hermosos colores 




rlora me diera con que aloma j 




Al soberbio clavel su allWa fren 


.¡qnédeUmenlos! 


Utérame de su seno la fi agancii 


ni 


Via bella elegancia 


En Taño llora 


Que gentiles los llames dcsptíe 


iredda.JBime; 


Cuando las auras del fthrll los n 


dolor implora. 


Cuando las lluvias del abrU los 


ien; hombres y dioses 






A tu nacer testigo 




El orbe se recrea. 


'... Grande, sabllme 


Que tanto llega i florecer conii| 


le sorprendido 


y te contempla en tu halagüeña 




Como al morir el dia 


IwaodoáDido. 


Hira el reciato de la selva umbí 




La incierta luz de la nádente Iv 


loras 


Hiraie amor alborozado . y llem 


otua te pierde. 


.Ya del ardor que en cs|)crania s 


admiró; desierto 


«Yo bañaré con mi esplendor su 


donde an dia 


Soberbio exclama, j con mi ard 


«aplausos 




) estremecía. 


Crece ; que el lirio y la purpf 


Iri S buscarte 


TlSan los gratos miembros á p« 


entalTBcio. 


Et sol de mediodía 


imorada Elfrlda, 


La lumbre encienda de tus ojos 


laT ¿Adóndo fueroa 


Qne el Umido pudor la temple í 


tra. 


La es«nda de las flores 


ttyaeoflda? 


Tu dulce aliento sea , 


■Tabeimouidea 


V i velar tus encantos vencedor 


leDiopndo, 


Bajen en crespas ondas tus cabe 


dmeiUeosTeaT 


En tu nevado seno 




Empiécenlos amores 


irre el sendero 


La primera i gusUr de sus de» 


ría abrió el destino; 


Tu pié en la danza embellecer s 


esplendor divino! 


Y tu Cándida mano en las caricia 


, BU deidad te aduna. 


Diosa de la beldad, alza la rr< 


úo 


Mira lu gloria ; al comiemplarls 


idelabma. 


Despide de su mente 


j asombrado 


La grave austeridad ; la indifer 


kjconrandido. 




genio sea , 


Tu viva lumbre sus cenizas firia 


«saesperum. 


Y suspirando exclama : 


n: él desde Itjos 


«I Ah, quien volviera ii los flork 


sbuellas. 


Mientras qne ansiosa, arrebata 


i» reflejos. 


Lajuventnd i oleadas 


las estrellas 


Corre ,; se agolpa tras de U , 7 


te eo noche ambria, 


Sn tieno a&n i tributarte Ilegí 


orylaTictoria 




TesldeiltHa 


iQu<ntib«deespeniiiUT<> 


iirasj 


Te halaga en derredor t Qai de 




1 CvinlM UMrea I Y Mbertiia T 




SteTwniasndeoer.tlfnMbol 



8 



OBRAS COMPLETAS DE DON MANUEL JOSÉ QUINTANA. 



La apacible carrera 

Sembrada de placer, ornada en flores, 

Tras tu carro de triunfo arrebatando 

Los miseros despojos 

De tantos amadores 

Que al son de su cadena, 

Bendiciendo tu luz, cantan su pena. 

¡Dichoso aquel que junto á tí suspira, 
Que el dulce néctar de tu risa bebe. 
Que á demandarte compasión se atreve, 

Y blaudamentc palpitar te mira! 

¡En fín triunfaste, amor! ¿Cuál es la g:üría 

Que iguale en su contento 

A tan bella y maí^nííica victoria? 

Mira al mortal que devoró los dor.cs. 

Los dulces dones suspirados tanto, 

Cual se aí.'iia impaciente, estremecido, 

De vanidad henchido, 

De gozo inmenso, de inefable encanto. 

j Y no es eterno ! ; Ay Dios ! ¡ Y llega un día 
En que del albo seno , 
Cansada ta hermosura. 
Lanza al amor! Amor la embellecía ; 
Él su semblante de expresión bañaba. 
Él gracia la inspiraba y bizarría; 
Kl mundo la veia , 

Y cual templo de un Dios la respetaba. 

Y ora apagando la sagrada antorcha , 
Sus alas tiende amor, y huye gimiendo 
A la vana inconstancia, á la falsía, 
Que su altar profanaron 

Y la alma, fuente del sentir, cegaron. 

No así en ti se cegó , cuando á h tierra 
Ejemplo dabas del amor mas puro, 
Heloisa infeliz. ¿Cuál fué la mano 
Que, despiadada y dura. 
Hundió en ese recinto pavoroso. 
Morada del horror, tanta hermosura? 

Y respondes : « Mi amor. » ¿Quién por tu seno 
Dilató de tan bárbaros dolores 

El amargo raudal? « Mi amor. > ¿Un tiempo 
No llegará en que espire 
El nombre de Abelardo en tus clamores. 
De que el eco se llena, 

Y en esas anchas bóvedas resuena? 

ff No lo suñre mi amor. Mira los dias 
Cual pasaron por mí ; su triste huella 
Marchitó mi beldad , sin que un instante 
Viese templar la inapagable llama 
Que me consume. Feneció mi amante 
Sin fenecer mi amor; sus restos frios 
Son sin cesar bañados 
De ardiente llanto y de lamentos mios. 
Déjame en ellos inundarme ; el cielo 
Este solo placer es el que ha dado 
A mi infelice suerte. 
Déjame mi dolor ; cuando la muerte 
Venga á librarme del horror del mundo, 
Entonces ; ay ! en mi postrer momento 
Abelardo, dirá con hondo acento, 
Abelardo, mi labio moribundo.» 

Así sus ayes lastimeros hienden 
De siglo á siglo, y sus agudos ecos 
En lástima y amor el pecho encienden. 
Rosas j mirtos á su tumba , y llanto. 
Llanto mas bien ; las lágrimas que vierto, 
Al mismo tiempo que mi voz la nombra , 



Son dulce ofrenda á su adorable sombra. 
¿Tanto vale el sentir? ¿A tanto aloaoza 
Su divino poder? Ojos hermosos , 
Sabed que nunca parecéis mas bellos. 
Sabed que nunca sois mas poderosos 
Que cuando en vos se mira 
£1 vivo afán que el sentimiento inspira. 
Sin él ¿qué es la beldad ? Flor inodora » 
Estatua muda que la vista admira , 

Y que insensible el corazón no adora. 

A LA PAZ ENTRE ESPAÑA Y FRANCIA EN 1795* 

Dos lustros ya de plácido sosiego 
Sobre el regazo de la paz hernM)sa 
Gozado el mundo habla ; 

Y adormecido el fuego 

De la discordia atroz , la espada ociosa 

Entre el polvo y orin se consumía. 

Nada turbó las candidas auroras 

De tan dulce quietud ; logró en su asilo 

El labrador tranquilo 

Ver coronadas de su afán las horas. 

Mas sangre y fuego respirando viene 
Con violento ademan Mavorte fiero , 

Y á la cumbre escarpada 
De la antigua Pirene 

Sube ardiendo en furor; crc^e el acero 
De su carro espantoso, y empuñada 
La mortífera lanza que blandea , 
Mueve sañudo la execrable frente, 

Y en su rabia impaciente 

Cebarse en llanto y mortandad desea. 

Tronó su toz ; al escucharla entonces 
El suelo en luto y en pavor gemia ; 
Destrozado, oprimido 
Con los enormes bronces , 
Vio la flor de la Hesperia que corría 
De la bélica trompa al gran sonido. 
I Míseros ! id donde el honor os lleva , 
Ardiendo en ansia de funesta gloria ; 
Volad ala victoria, 

Y haced de vuestro aliento heroica prueba. 

¿Qué lograréis? El monstruo abosünabie 
De vuestra insana ceguedad riendo. 
Da la señal ; ya sube 
Del canon formidable , 
Al cielo vuestros crímenes diciendo. 
De fuego y humo la ondeante nube. 
Retumba el aire , y pavoroso esconde 
Los gritos , el terror, el triste estrago ; 
El amago al amago. 
La cólera á la cólera responde , 

Muerte horrible á la muerte. Asi espantOfiO 
Bate las altas cimas de Apenino 
El Aquilón sañudo; * 
A su ímpetu fragoso 
El cedro añoso y el soberbio pino , 
^in encontrar á su defensa escudo. 
Caen ; y el hondo valle estremeciendo» 
Por los ecos alígeros llevado , 
Asorda dilatado 
De caverna en caverna el ronco estruendo» 

Y en medio de la lucha fulminante 
Es el furor tan bárbaro y tan ciego » 
Que ni la tierna esposa 
Ni la afligida amanto 



ú 



TE PIUlfERA.-LITERATtmA. 



egudo la pnblicadoii de tnt pi 
I Gloria a) grande escrilor á qui 
Romper el sueño j vergoDioso ol» 
Ed que yace sumido 
El ¡ngenio español ; donde confusa 
fila vozy sin alieoto, 
Se hunden j pierden las sagradas 

Alio stlenrio en \» olvidada F.sp: 
Por lodas parles estendió su minl 
Cuando lu hermoso canto 
Resonando, |oh Metendeilderepe 
Deoi^lloy goiotteca, 
Se vló i tu palría leraniar la Trenli 

Tal en la noebe de los siglos den 
Crecer las nieblas de ignorancia ti 
Natura , y sacudiendo 
Kl ocio ietargosu en que yacía i 
Dijo : • One Homero sea ; > 

V Homero nace, jresiilandece el d 

Bellos como la luz , tersos y purc 
Dieocomo el fondo del etéreo cielo 
Gratos aun mas que el vuelo 
Del céEro sonante en el estio , 
. Cuando las hojas mueve , 

Y templa el rayo en delicioso frío; 

Tusarmontosoaversosi raudalc 
Del manantial fecundo se arrebata 
Do lielcs se retratan 
Las flores j tos árboles del suelo. 
Las sierras enriscadas. 
Las bóvedas espléndidas del délo. 

¡Cisnes del Pindoi Amable Anac 
Tú , que de estro y amor mientras 
Misera Safo, ardias ; 

V tú , divino Plndaro, que eleras 
En tu atrevido acento 

Con tu nombre clarisinio el de Téb: 

Volad hicia las playas de ocddet 
Desde la cumbre oe Helicón divino 

V ved el gran deslino 

Con que se ensoberbece el suelo ib 

Mirando en su poela 

Vuestra alta gloria y vuestro dulce 

Ornan las gracias su celeste lira 
Cuando el canto de amor en ella sn 

Y apacible y serena 

La belleza en sus versos vencedore 

5e goia retratada , 

üe rayos coronada y resplandores. 

Seguidle luego i los amenos cam 
A la abundosa y apacible vega 
Que el claro Tórnics riega ; 

Y al escuchar su pastoral acento. 
Ved florecer las rosas , 

Reír el prado, embebecerse el vien 

Mas {dó su musa ripida se escor 
{Dóudese eleva! Asa aoibiciDBop 
El orbe vino eatretdio, 

V al éter se encumbró ; gozosa min 
Bajo de si las nubes , 

Y al campo inmenso del espado gir 



OBRAS ooiin,rrAS db don íiahbbl loak qointaiu. 

ideelbntldeApolo 
a su famortal porlla , 
mbra al mundo «OTia, 



eoTldií,; dato seno 

restaban 

L el infernal Teneno; 

lo gritó : (¡Honnnu» odhHosI 

, pan alcauíar ncloria 

¡loria T 

i de la niebla nmbria 

illo 

ea claridad al dia. 



idiendo onmipotCDle, 

I goton frente. 

(iW.) 

¡ LAS PROVINGAS ESPAÑOLAS 



il mundo «qoesU k» : 
■ardes 6 estragados 
ilacer la tiranía ¡ 



r virtud tienen asienlD, 

(ante. 

He el escarmienui.i 

>D leirag de diamante 

> lo escribid en el cielo, 

i sangre i la Tenganxa 

ine lo anunciase al sado. 

i anunciar. En justa pena 
alsero abandono 
! trono 

del mal , Fnneia culpable; 
ceira abominable , 
lien , tanto aniquila. 
!l iasf^nsaio Atila , 
nortirero estandarte 
inr, mandan al lado 
ta; ellos le inspinn, 
lo i esclaviur seaircve 
nar de Italia i los dcsici lo 
le vida j siempre j-erius , 
engendrador de nieve. 

a , IQ *ei ; al caulíTerio 
ido 

lastra, y en sn mano 
u Imperio 
■e ostent^ tirano. 
!vasta;sussol(iadoi 
torpe tasaltaje 
lerte qne los guia , 
TOr el hospedaje , 
servidumbre impla, 

e estronecido, adonde 
noble confiauía 



La no ittdada tBf Tanta dddidM, 
Qne solo ya los débiles Imploran. 
Europa sabe , de Mcarmlento llena , 
Que ü (bena ei la le;, el Dios que ad( 
Em» atiQcea vindaloi del Sena. 



Pues Uen , la hena mande , ella deddaí 
Nadie incline i esta gente fementida 
Por tonor puaiUidme la freote ; 
Qne nunca el alevoso tai valieule. 
Altoyfíroira^do 
La sed de guerra y la sangrienta BaBa 
Anuncia del león ¡ eco bronco acento 
Ensordeciendo el eco en ia montaSa , 
A devorar tu presa 
Laslgttllai se arrojan por el viento. 
Sola la sierpe vil , la slfltpe Innau 
Al descuidado *eno que la abriga 
Callada llega y ponioñosa mata. 
Las víboras de Alddes 
800 las qne asaltan la adorada cuna 
De tu fellddad. Desplanta , EapaBt , 
Despierta , i ay Dios ! Y tus robustos lurams, 
Baclíudolas pedaios 

Y espardendo sus miembros pw la tierra , 
Ostenten el esAieno Incontrastable 
Que en tu nádente libertad se ei 



Ya se acerca zumbando 
El eco grande del damor guerrero , 
Bijo de indigntdon y de osadia. 
AslArias fué quien le arrayó [U'imera ; 
1 Honor al pueblo astur I Allí debia 
Primero resonar. Con igual furia 
Se alM, y se extiende adonde en fértil riego 
Del Ebro candaloso y dulce Tnria 
Las claras ondas abundancia brotan ; 

Y como en selvas estallante fuego 
Cuando lis alas de Aquilón le aiolan , 
Quede proMoicalmarni vuelto en lluvia 
lüpiter basta, ni los anchos ríos 

Que oponen su credente i sus furores ; 
Los ecos libradores 
Vuelan, cnuan, encienden 
Los campos oliviferos del Détis, 

Y lie la playa Cinlabra hasta Cádií 
El seno ainl de la agitada Télis. 

AiuseEspafii, en fin; con ÑE airada 
Hace i Harte seSal, y d Dios horrendo 
Despeña ai ella.sa crojiente carro ; 
Al espantoso estruendo , 
Al revolver de luteirible espada, 
Lejosdeesiremecerse, ardey seagili, 

Y vuela en pos el español bizarro. 
c¡Fuera liranosli grita 

La muchedumbre inmensa, i Oh voz subliine. 

Eco de vida, manantial de gloria! 

Esos minislroe de ambjdon ajena 

No te escucharon, no, cuando trlnnftbaii 

Tan fádlmente en Austerliti y en ima ; 

Aquí teoiriny alcanzarisvicloria; . 

Aqui te oirin saliendo 

De pechos esforzados, varoniles; 

Y la distancia medirán , gimiendo. 

Que de hombres hay á mercenarios viles 

Fuego noble ;sublime,jAqnÍénDO alcanusT 
Ligrimas de dolor viene el anciano 
Porqne sn débil mano 
El acero í blandir ya no es baslante ; 

Lq¿¡i'íuiíis tierledlcruecucloiiifaute; 



1 



PARTE PRIMERA.^ LITERATURA. 



U 



T rosotras Umbien, madres, esposas , 

Tiernas amanies, ¿qué furor os lleva 

En medio de esas huestes sanguinosas? 

Otra locha, otro afán, otros enojos 

Guardó el destino á vuestros miembros helios. 

Deben arder en vuestros negros ojos. 

■¿Queréis, responden , damos por despojos 

A esos verdugos? No : con pecho fuerte 

Lidiando á vuestro lado , 

También sabremos arrostrar la muerte. 

Nosotras vuestra sangre atajaremos ; 

Nosotras dulce galardón seremos 

Guando , de lauro j de floridos lazos 

La vencedora frente coronada , 

Reposo halléis en nuestros tiernos brazos.» 

¿Y tá callas, Madrid? Tú, la señora 
De den provincias, que cual ley suprema 
Adoraban tu voz, ¿callas ahora? 
¿Adonde están el cetro, la diadema. 
La augus:a majestad que te adornaba? — 
cNo hay majestad para quien vive esclava ; 
Ya la espada homicida 
En mi sus filos ensayó primero. 
AIH cayó mi juventud sin vida : 
Yo, atada al yugo bárbaro de acero. 
Exánime suspiro , 

Y aire de muerte y de opresión respiro.» 

¡ Ah ! respira mas bien aura de gloria » 
¡Oh corona de Iberia ! Alza la frente. 
Tiende la vista ; en iris de bonanza 
Se toma al fin la tempestad sombría. 
¿No oyes por el oriente y mediodía 
De guerra y de matanza 
Resonar el clamor? Arde la lucha. 
Retumba el bronce, los valientes caen, 

Y el campo, de humor rojo hecho ya un lago, 
Descubre al mundo el espaoto&o e.i trago. 
Asi sus llanos fértiles Valencia 

Ostenta, asi Bailen, asi Moncayo ; 
T es fiíma que las victimas de Mayo 
Lívidas por el aire aparecían ; 
Que á su alarido horrendo 
Las francesas falanjes se aterraban ; 

Y ellas , su sangre con placer bebiendo , 
El ansia de venganza al fin saciaban. 

Genios que acompañáis á la victoria. 
Volad, y apercibid en vuestras manos 
Lauros de Salamina y de Platea , 
Que crecen cuando lloran los tiranos. 
De ell^s ceñido el vencedor se vea 
Al acercarse al capitolio ibero : 
Ya llega, ¿no le veis? Astro parece 
En su carro triunfal , mucho mas claro 
Qae tras tormenta el sol. Barred las calles 
De ese terror que las yermaba un dia ; 
Qoe-el j&bilo las pueble y la alegría; 
Loa altos coronad, henchid los valles , 

Y en maestra boca el apacible acento , 

Y en vuestras manos tremolando el Imo , 
«Salve, exclamad, libertador divino , 
Snlve,» y que en ecos mil lo diga el viento, 
T soba resonando al firmamento. 

Soba, y Eapafia mande á sos leones 
Volar mgiendo al alto Pirineo , 

Y alU alzar éí espléndido trofeo, 
Qvediga : «Libertad á las naciones.» 

Tal es, i oh pueblo grande! Oh pueblo ítiertel 
Kl iwoiiio qoe la saerte 



A tu valor magnánimo destina. 

Asi resiste la robusta encina 

AI temporal ; arrójanse siivando 

Los fieros huracanes , 

En su espantoso vértigo llevando 

Desolación y ruina; ella resiste. 

Crece el furor, redoblan su pujanza. 

Braman, y tiembla en rededor la esfera ; 

¿Qué importa que á la verde cabellera 

Este ramo y aquel falte, arrancado 

Del Ímpetu del viento, y luego muera? 

Ella resiste ; la soberbia cima 

Mas hermosa al Olimpo al fin levanta , 

Y entre tanto meciéndose en sus hojas , 
Géliro alegre la victoria canta. 

(lolio de 1808.) 

ARIADNA. 

Se supone i Ariadni sentadi en nni actitud prorundamente tristi- 
sobre naa pefla á la orilla del mar : i un lado ana tienda, A utru 
an gran peflasco que se encorva sobre las aguas. 

¡Nadie me escucha !... ¡Nadie!... El eco solo, 
Eterno compañero 
De este silencio lóbrego, responde 
A mi agudo clamor, y mudamente 
Mi mal aumenta y mi dolor presente. 

¿Y es aquesto verdad? ¿Pudo Teseo 
Sin mi partir, y pudo 
Desampararme asi?... ¡ Pecho de bronce, 
De todo amor y de piedad desnudo ! 
¿Qué te hice yo para tan vil huida ? 
Le vi, le amé ; mi corazón, mi vida. 
Toda yo suya fui, toda... El ingrato , 
¿Qué no me debe?... Encadenado liega 
A la cretense playa, 
Destinado á morir : su sangre odiosa 
Al monstruo horrible apacentar debía. 
Que en la prisión del laberinto erraba. 
¿Qué hubiera él sido sin la industria niia? 
Entra, combate, vence, y coronado 
De nueva gloria se presenta al mundo. 
Esto era poco : enfurecida y ciega , 
Frenética después, mi hogar, mi padre, 
Todo lo olvido á un tiempo, y me coiiilo 
Al amable impostor, enajenado 
Coú su halago y su amor mi tierno pecho ; 
¡ Falso amor, (also halago ! ¿Qué se han hecho 
Pasión tan viva y perdición tan loca ? 
Yo lloro aqui desesperada en tanto 
Que el pérfido se ríe 
De mi amor lamentable y de nú llanto. 

Pero no ; ¿cómo es posible 
Que tan deliciosos lazos 
Asi los haga pedazos 
Una horrenda ingratitud? 

(Levdntaie exaltada hacia la tienda.) 

I Ah ! no es posible. ¡ Oh lecho! tú que has sido 
Testigo de mi gloria y mi contento , 
Vuélveme al punto el bien que en ti he perdido. 
¡ Asi mientras sus labios me halagaban, 

Y en tanto que sus brazos me ceñían , 
Ya allá en su pecho las traiciones viles 
Este lazo fatal me preparaban 1 

I Oh unión Inconcebible 

De perfidia y placer 1 ¡ con qué, engañoso 

Puede ser el halago, y la ternura 

Lleva tras sí maldad y alevosía 1 

Yo triste » envuelta en la inocencia mia , 



tt OBRAS COMPLETAS DE DON MANUEL JOSÉ QUINTANA. 

Al delirio de amor me abandonaba. i Y las ondas escondan conmigo 

Tú sabes cuál mi seno palpitaba , Mi infortunio, mi oprobio y mi amor. 



Tú Yiste cuál mi sangre se encendía , 

Y cómo de su boca engañadora 
Deleite, amor y perdición bebía* 

Dos ayer éramos, 

Y hoy sola y misera 
Me Tes llorando 

A par de ti. 

Mira estas lágrimas. 

Mírame trémula, 

Donde gozando 

Meestremeci. 

¿Qué se hizo el pérfido? 

Mi angustia muévate , 

Y haz que volando 
Torne hada mi. 

Vuelve, adorado fugitivo, vuelve. 
Yo te perdono. £1 ardoroso llanto 
Que ora inunda mi rostro y me le abrasa, 
Enjugarás ; reclinaré en tu pecho 
Mi atormentada frente, y aplicando 
Tu mano al corazón, verás cuál bate 
De anhelo palpitante y de alegría. 
Mas ¡ oh mísero y ciego devaneo! 
Mientras imploro al execrable amigo » 
Lleva el viento consigo 
Mi gritar, mi esperanza y mi deseo. 
¡Y esto, oh dioses, sufrís ! i Y va seguro 

Y contento el peijuro 

Por medio de la mar, que le consiente 

Sin abrirse y tragarle!... ¡ Oh tú, divino 

Astro del claro día, sol luciente , 

Sagrado autor de la familia mia ! 

Mira el tranceterrible á que he venido ; 

Mírame junto al mar volver llorando 

La vista á todas partes, y en ninguna 

Asilo hallar á mi fatal fortuna ; 

Mírame perecer sin un amigo 

Oue dé á mi suerte lamentable lloro. 

¿Donde, dónde volverme? ¿A quién imploro? 

< Muerte, no hay medio, muerte ; > este es el grito 
Que por do quiera escucho ; esta la senda 
Que encuentro abierta á mi infelice suerte. 
Brama el mar, silva el viento, y dicen : t Muerte.» 

Y muerte hallaré yo... Las ondas fieras 
Que senda amiga al seductor abrieron , 
Me la darán... ¡ Qué horror! Un sudor frío 
Baña mi triste frente, y el cabello 
Se eriza... Si... Las veo ; 
Las furias del averno me arrebatan 
Tras de sí á fenecer... Voy desgraciada 
Víctima del -amor... 

... {Afa! {Si el ingrato 
Presente ahora á mi dolor se hallara , 
Quizá al verme llorar también llorara ! 
i Mas no, misera ! Muere ; el mar te espera, 
El universo te olvidó, los dioses 
Airados te miraron, 

Y sobre tí, cuitada, en un momento 
£1 peso de su cólera lanzaron. 

I Oh qué triunfo tan bárbaro y fiero ! 
Avergüénzate, cielo tirano, 
Avergüénzate, ó dobla inhumano 
Mi tormento y tu odioso rencor. 
¿Dudo? ¿Temo? ¿A qué atiendo? ¿Qué espero?. 
Dame ¡oh mar! en tu seao un abrigo , 



(Arrójiue al mar.) 

A GUZMAN EL BUENO. 

Ya con lira sonora 
Himnos di á la beldad hija del cielo , 

Y á amor cante que sin cesar la adora ; 
Mas ¿cómo al fin mi generoso anhelo 
Podríi eialtarse de la hermosa fama 
Hasta el templo inmortal? Ella me llama , 

Y ya en mi pecho hierve 

El canto de loor, sin que mis ojos 

En esta sirte miserable vean 

£1 grande objeto que ensalzar desean. 

¿Cantara yo las haces españolas 
En Pirene temblando al eco horrendo 
Con que Mavorte en rededor rugía? 
¿O á las naves británicas huyendo 
Nuestra misera escuadra entre las olas , 
Amedrentadas ya con su osadía? 
No, España, patria mia ; 
No son eternas, no, las torpes huellas 
Que de tu noble frente 
Empañan el honor ; tú en otros dias , 
Con victorioso patriotismo bellos , 
De gloria ornada y esplendor te vías. 
¡ Ah ! ¿por qué yo infeliz no nací en ellos? 

Entonces los Alfonsos esforzados , 
El hijo de Jimena y gran Rodrigo , 
Rayos horribles de la gente mora , 
Con sus nervudos brazos no cansados 
Desolación del bárbaro enemigo 
Eran siempre en la lid espantadora. 
¿Quién diera á mi deseo 
Tantos lauros contar? Cada llanura 
Fué campo de batalla , 
Cada colina vencedor trofeo ; 
Los sitios mismos que el baldón miraron , 
Miraron la venganza, y las afrentas 
En torrentes de sangre se lavaron. 

«Venid, venid, el árabe decia , 
Volad, hijos de Agar ; ya los esclavos 
El yugo intentan sacudir que un día 
En su arrollado cuello 
Vuestro valor indómito cargara. 
¿Lo sufriréis? Las naves aprestemos , 

Y el ancho valladar con que el destino 
La Europa y Libia dividió salvemos. 
Venid, venid; que nuestra fiera saña 
Estremecida España 

Sienta otra vez ; acometed , y abiertas 
De Calpe y de Tarifa os son las puertas.» 

Mas no las puertas de Tariñi entonces 
Al pérfido Julián obedecian ; 
El valor y el honor las defendían ; 
El honor y el valor que siempre fueron 
Escudo impenetrable el mas seguro. 
¿Qué sin ellos valer el alto muro 
Ni el grueso torreón jamás pudieron ? 
El hombre es solo quien guarnece al hombre. 
I Oh pueblo numantino ! 
Oh sagrada ciudad de alto renombre! 
¿Quién sino tu constancia te ceñía 
Cuando las olas del poder romano 
Sobre ti vanamente se estrellaban , 

Y sus feroces águilas temblaban ? 



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tote (I 
Salar 

isdUI 
fenec 



OBRAS COHt^LEtAS D& DON HÁNt£L >OSÉ QUlNtAtJÁ. 



Dnleemente retr : led caán festlTo 
El céflro , en so túnica jagiodo. 
Con los ligeros pliegues 
Gracioumente ondea , 

loDKMirando, 

uta su gloria y le recrea ¡ 

nio cruzando 

moTimieoto, 

1 veloz: ora Hsnelia 

:os mil de eterno agrado 

lega la elegante planta ; 

¡entilíslmo del suelo , 
I aire en delicado vuelo. 
t ora TuelTe , ora reposa , 
itante de aclitnd cambiando, 
nstanie ¡ohDios! esmasbermc 

ni mente es conmovióla 
Ices afectos , y es fiastnnie 
elocaenle á darles vida. 
akn las voces 

lego y la pasión qne inspiran 
)tt callada 

ojos que abrasando mlranT 
1 cadeoa 

Q me da de la amorosa pena 
fanar,óenena veo 
aga del desdan que teme, 
ardiente del audaz deseo? 
iza genlitl Ti, que naciste 
le alegría , 

il placer ; tú , qne supiste 
lalcemenle el alma mía. 
en cuadro la atendon llevando, 
movimiento en armonía. 

nde la tlv» pintura 
jgna fábula animados 
-espirar. Aqui Diana, 
aa seguida , 
I raudo curso litigaba , 
volador tras él lanzaba ; 
I presidiendo el coro 
iasrienles, 

n ellas en festivo anbelo, 
I inmortal gozoso el cielo ; 
is allí cercar las horas 
raba en su veloz carrera, 
slizindose en la esfera , 
nmbre iluminar los dias. 

ia I tú serias 

stambien, tú, la mas bella; 
ue brilla la rosada aurora ; 
idable hora 

I verdor de primavera; 

en los celestes dones 

Knbre de la edad florida ; 

, rendida 

Inocente , 

e amor ; j tú «erlas 

fiada en celestial contento , 

el momento ananciarías. 

de la beldad, Ciolíi divina 1 

corazón ; cesas en vano , 

esparecet , al ann en sueSof 

tobelestda 

bella retratar contigtie 



La magia que te stgne 

He lleva el corazón : ja por las flores 

Vire veloz vagando 

La mariposa, ó qne la fuente ría. 

De piedra en piedra dando , 

O qne bullan lasannsenlasbq'aa; 

Do quier que gracia y gentileza veo, 

( Alli esU ClnUa ,• en mi delirio digo, 

V ver fi Cintia en mí delirio creo. 

Asi vive , asi crece 
Por ti mi admiración, y arrebatada, 
No te puede olvidar. Abora mi vida 
Florece enjnventud. ^Gómo pudieran 
No snspenderla en Inefóble agrado 
Tanta j tanta belleza que ya un dia 
Soñaba yo en idea, 

Y en ti vivas se ven ? Vendrin las boras 
De hielo j luto , y la vejez amarga 
Vendrá encorvada i marchitar mis dias ¡ 
Entonces ¡ ay ! entre las penas mias 

Tal vez en ti pensando, 

Diré r « Vi 4 Cintia ; i y en aquel momento 

Las gracias, la elegancia , 

Las risas , Ta inocencia y los amares 

A halagarme vendrán; vendrá tn benoo^a 

Imígen placentera, 

Hi triste ancianidad será dichosa. 

A CNA NEGRITA 



En vano, inocente ñifla, 
Cuando viniste á la tierra 
Tu tierno culis !a noche 
Vistió de sus sombras negras, 

Y en vez del cabello ondeado 
Que sobre la nieve ostentan 
De su garganla y sus hombros 
Las graciosas europeas , 

A tl de crespas vedijas 
Ensortijó la cabeza. 
Que el ébano de tu cuello 
A coronar jamas llegan. 
¡A qué la risa en tus labios, 

Y en tus ojos la viveza, 

Y la gentil travesura 
Con que la vista recreas. 
Para arrancarte y traerte 
De las áridas arenas 

De la Libia á estos países, 
Entre gentes lan diversas? 
Alli vivió tu familia, 
Allí crecer tú debieras, 

Y allí eo la flor de tus años 
Tus dulces amores fueran. 
Todo se trocó : los hombres 
Lo agitan todo en la tierra ; 
Ellos i la tuya un dia 

La esclavitud y la guerra 
Llevaron, la sed del oro. 
Peste fatal ; su violencia 
Hace que los padres viles 
Sus miseros hüos vendan. 
¡ Bárbara Europa 1... Tú, empero. 
Desenfadada y contenta, 
Con dulce gracejo ries 

Y festiva traveseas. 

¿ Cónio asi T ¿ Piadoso el cielo 
Se dolió de tu Inocencia 
Cuando le miró eD el mutidg 



La blel ingrata del dolor te t 
E\ al fijar en tos sus tristes oj 
Enlamará tal vei: «Vin en 

Late la compasiOD. Siems fr; 
Llanos inmensos, presurosos 
Le separan de mi , ; enternet 
Be allí tan lejos su oficiosa ir 
A enütahamar mis ligrimas i 

Llon, Fileno, llora : «stet 
Señala ja el destino i la amai 
Cuando en un tierno eoraton 
Vo lloraré contigo; aun en m. 
Saenao los tristes dolorosos i 
One al partirse tu bien al TJei 
Te miro aan que, palpitante. 
Del congojoso afán , vuelTes 1 
Al sitio mismo en que arranc 
De ta rápida rueda, qae sona 
Tu pecho aun mas que el pati 
■ Ella se Ta>, con falleciente ! 
Hondamente exclamaste; j n 
l':ieco:iEIIaseva,ideama 
Tn desolado corazón llenaba. 

I Oh momento cruel I Hn jei 
La ríSK alegre ; el festivo goi 
Del amante infeliz , boje el d 
Que le taSatnaba. Fn tan inmi 
i Dó SU vista mover! i Hacia <] 
Sus pasos llevará ? Solo un vai 
Hira , que el mundo en su tro 
Ni ilenú ni encubrió. ¿ Dónde 
Dónde el grato mirar ? Dónde 
Aquel coDiinuo querellarse, i 
Iras dulces de amor . nubes si 
Que su serena taz tal veicubi 

V i deliciosa ptz luego tomat 
Todo huyó, todo fué: pasaui 
Llega el siguiente, j el dolor 
Con su amarga laxada es quie 
Volaban antes las fugaces hot 
Volaban , ; 1 par de ellas el d 
Avivaba su ardor ; tras él ven 
La esperanza feliz vertiendo : 

V de ilusiones mágicasomad! 
Coronábala el goce , 7 luego t 
De abn tan delicioso renada ; 
Aunábase otra vez , j ae espc 
Y le gozaba, i Aj Dios! Ya ^qi 
Amar, penar, gemir : tal so di 
Tal es sa triste j perdurable 

^J qué ? i Cerradas al anseí 
De un consuelo felii las sendi 
No, anugo, no ; al en tn aQiccl 
Te tienes por el ser mas infeli 
De los que inflama amor, con 
CoRe,; en ella le frondosa ci 
De Hit álamo verás alto ; pom 
Que aquel recinto de verdor c 

V entre sus ftvscos j gallardo: 
Contempla el nido desolado y 
Que fué altar de placer , j ora 
Dos tórtolas en él... iQnién 1 
No lamentó su desastrada sue 
Brilfó el color del cielo en sti 

V el ftiego del amor ardiú ea 1 
JoDtai laa mirt el sol , Jaulas 
JqdU) Tolir á sn erIsUl la fbi 
Jtiniu el nüle ¡ el eco «mbubi 



16 



OBRAS COMPLETAS Í)B DON MANUEL JOSÉ QWNTANA. 



Stt arnillo enamorado redoblaba. 

Y al fin llegó la hora íktal : salieron , 

Y sus ligeras alas desplegaron. 
Infelices, ¿dó vais? Torced el vuelo. 

En el bosque no entréis ; y no me escuchen ; 

Y siguiendo inocentes su camino , 
Dulces besos se dan , y amantes juegan. 

Y de repente , al espantoso estruendo 
De la tronante pólvora silvando, 
Salió el plomo mortífero ; un gemido 
Dio el viento en derredor; volvió los ojos 
Azorada la tórtola á su amado , 

Que abierto el bello seno y moribundo » 
La miró y espiró, c Gayó », gritaba 
Bárbaro el cazador, cayó ; y en tanto 
Huye , y huyendo la infelice viuda , 
Hiende la esfera en lastimosos gritos. 

Y ronca y sorda de gemir, su vuelo 
Lejos allá sentó, do triste y sola , 
Ningún viviente su dolor distrae ; 

La muerte implora allí , la muerte airada 

Se niega á su clamor, y envenenado 

El curso puro de sus dulces días , 

Los vive en llanto y sempiterno luto. 

¡ Misera! que al destino ni aun es dado , 

Con ser tan poderoso, devolverle 

Su malogrado bien. ¡ Oh ! ¿Qué es la ausencia. 

Qué son los breves limites que ahora 

A tí te parten de tu bien , Fileno ; 

Límites que traspasan los suspiros , 

Y por do hienden del amor las alas , 
Con ese eterno y lóbrego silencio , 
Con ese abismo impenetrable y hondo 

Que hay del ser al no ser, que hay de la vida 
Al sueño helado de la tumba oscura? 

Y al fin , en pena tal , si amargo el duelo , 
Si es inmenso el afán , llorase entonces 
Un corazón donde el amor ardía ; 
Que el pecho entonces resonando en ayes. 
Sobre él su trono la tristeza asiente. 
Si , justo es el dolor, pene el amante » 
Pene , y en llanto funeral inunde 
Del bien perdido las cenizas lirias. 
Has cuando al tierno amor asaltan fieros 
El pufial del desprecio, la ponzoña 
de la doblez , los hielos del olvido , 
¡Triste mil veces, triste el miserable 
Que á tales plagas condenado gime 1 
¿Quién ftié el tigre cruel , quién fué el ingrato 
Que un sentimiento tan hermoso y puro , 
AI hombre dado en el amor del cielo. 
Con ellas corrompió ? Del negro abismo 
Se desataron á ii^estar la tierra , 
A marchitar de la beldad las rosas , 
A desmayar la juventud. Entonces 
Cuantas las flores de esperanza fueron , 
Tantos cuchillos de dolor se clavan. 
Ama , y \ quién lo creyera 1 su tormento 
Mas grande es el amar ; la llama ardiente , 
A pesar de su afán , crece en su seno ; 

Y devora y abrasa , y sus entrañas 
Con insano furor vuelve en pavesas. 
¡Oh lastimoso y miserable estado , 
Do de continuo el corazón se lleva 
De la rabia al dolor ! Nunca la aurora 
Le hallará al despertar embebecido 
Ya en la memoria del placer pasado , 

Ya en la esperanza del placer que viene* 
Duerme agitado, empero, y despertando» 
Siente la hiél que le atosiga , y llora 
Pe Tiva afirenta y de vergüenza. En vano 



Mueve la planta á huir ; ¿podrá el mezquino 
De sí mismo escapar? Honda en el seno 
La enarbolada flecha trae consigo, 

Y mientras huye mas, mas se la clava; 
Que si el olvido al parecer despliega 
Su suspirado velo, y un momento 
Cesa el afán , ¡ ay si los ojos miran 

La tirana beldad que antes ansiaron I 
Hinchase el corazón , el pié vacila , 

Y á andar se niega ; por sus miembros todos, 
Que la vida abandona , un sudor frió 

Vaga y triste temblor ; turbios los ojos , 

Y en ronco son zumbando los oidos, 
Ni ve ni escucha ; la profunda llaga 
A abrirse toma con furor, y en ella 
Se dilata el raudal de la amargura. 
¡Piedad del infeliz! ¿Su resistencia 
Ha de ser por demás? Si de su pecho 
Quiere arrancar tal vez la bella imagen 
Que amor grabó con su buril de llama , 
¿En vano esfuerzo la impotente mano 
Desgarrará su corazón y entrañas , 

Y quedará inviolable entre despojos 
Allí reinando el ídolo sangriento? 
Mas valiera no amar ; sí , mas valiera , 
Cual se huye el silvo de engañosa sierpe , 
Esquivar la beldad , y á sus halagos 
Con bronce duro amurallar el pecho. 

Amor, terrible amor, yo, que en tributo 
Te di el abril de mis floridos días , 

Y tantas veces adorné tu pompa , 
Detras del carro triunfador traído ; 
Yo sé que á tu violencia y tus furores 
Nada puede bastar ; sé que mi pecho. 
Bien como el hielo se deshace en agua 
De Febo al rayo en el ardiente estío , 
Tal se deshace al contemplar la risa 
De una boca rosada , al ver los orbes 
De un seno que palpita , al ver los ojos 
Que halagüeños mirando centellean. 
¿Cómo á tal prueba resistir podría 
Tan flaco luchador? Mas si otro tiempo 
Llega en que torne á obedecer tus leyes , 
Leyes de vida y de esperanza sean , 

No de engaño ó desden. Contento entonces , 
Rosas suaves me serán tus grillos , 

Y adorno al cuello el ponderoso yugo. 

Doy que , envidioso á mi ventura el cielo. 
Me arranque entonces de mi bien , y airado 
Doy que me esconda en el opuesto polo. 
Yo lloraré , pero amaré mi llanto 

Y amaré mi dolor. ¿Podrá la suerte 
La memoria cegar? Siempre al oído 
Me halagará sonando el blando acento 
De la divina voz , cuando amorosa 
Por la primera vez se dijo mía. 

Mis labios luego el delicioso néctar 
Renovarán que de su fresca boca 
Mi amor libara en los primeros besos. 
Lejos de ella estaré ; pero anhelante 
Preguntaré á los céfiros que vuelan , 
Preguntaré á los ecos que responden ; 

Y acordes todos me dirán : « Te adora.» 
Lejos de ella estaré ; mas lleno de ella 
Saldré á los campos , y embebido y solo 
En cada flor contemplaré su imagen ; 
Que también ella es flor. Las ondas poras 
Del plácido arroyuelo en sus remansos 
Me la darán; me la dará la noche 

Eo sa ht melanoólloa y sombría , 



fin su fnlgor hermoso las estrellas « 
£o su ilusión dulcísima los.suefios. 



t>AtlTE PtUMEtU.-LirEtUTtmA. 

Dadme este triunfo , y de laurel cefiido 
Que el opulento Támesis me vea.» 



« 



Tá asi también de tu dichoso tiempo 
Podrás , Fileno, renovar la gloria : 
Busca la soledad , ella en sus brazos 
Dio siempre al triste favorable asilo; 

Y dnioe y melancólica , en su seno , 
Renovando memorias deleitosas, 
Templará tu amargura. Huye la vista 

De esos hombres de mármol , que crueles , 
A los suspiros del dolor se cansan 
O con mofa sacrilega le siguen ; 
Huye de ellos , en tanto que tu amigo 
Alas le pide á la amistad , y vuela , 

Y llega , y estrechándote á su pecho , 
£1 raudal de tus lágrimas mitiga. 



AL COMBATE DE TBAFALGAR. 

No da con fácil mano 
El destino á los héroes y naciones 
Gloria y poder : la triunfadora Roma, 
Aquella á cuyo imperio 
Se rindió en silenciosa servidumbre 
Obediente y postrado un hemisferio , 
i Cuántas veces gimió rota y vencida 
Antes de alzarse á tan excelsa cumbre I 
Tedia ante Aníbal sostenerse apenas : 
Sangre itálica inunda las arenas 
Del Tresin , Trebia y y Trasimeno ondoso; 

Y las madres romanas , 

Gomo infausto cometa y espantoso, 

Tea acercarse al vencedor de Canas. 

¿Quién le arrojó de alli? Quién hacia el sollo 

Que Dido fundó un tiempo, sacudía 

La nube que amagaba al Capitolio? 

Quién con funesto estrago 

En los campos de Zama el cetro rompe 

Con que leyes dio al mar la gran Cartago7 

La constancia : ella sola es el escudo 
Donde el cnchiUo agudo 
La adversidad embota ; ella conrierte 
En deleite el dolor, la ruina en gloria ; 
Ella 6ja el dudoso torbellino 
De la fortuna , y manda la victoria : 
Para el pueblo magnánimo no hay suerte, 
i Oh España I Oh patria ! El luto que te cubre 
Muestre en tan graye afán tu amarga pena ; 
Pero espera también , y con sublime 
Frente , de vil abatimiento syena , 
La alta Gádea contempla y sus murallas 
Besadas pot las olas , 
Que asombradas aun y enrojecidas 
Tiéndense alli por las sonantes playas , 
Cantando las hazafias españolas. 

Se alzó el bretón en el soberbio alcázar 
Que corona su indómito navio , 

Y n&no con su gloria y poderio , 

c Allí están , exclamó ; volved los (jes, 
Compañeros , alli : mievos despojos 
Tn vuestra invicta nano 
Yn á conseguir en los endebles pinos 
Que España apresta á su defensa en vanOb 
Libre de esclavitud no sea ninguno : 
Hijos somos nosotros de Nepluno, 
lY eDos osan sanar el Ooéáoot 
Acordaos de Abukir : solo un momento 
Uegir, Yeooer y dnoTMlf sea I 



Dijo; y tiende la vela : ellos le siguen 
Abriendo el mar con sus nadantes proras 
Del viento y de las ondas vencedoras ; 
Mientras que firme el español los mira , 

Y despreciando su arrogancia ñera » 
El noble pecho palpitando en ira, 
Con impávida firente ios espera. 

¡ Ira justa I ¡ Ardor santo ! Esos crueles , 
h$¡o las alas de la paz seguros , 
Son los que nuestra sangre derramaron 
Por vil codicia , á la amistad perjuros ; 
Eso 3 los que á perpetua tiranía 
Condenaron el mar, los que hermanaron 
Del poder la insolencia y la soberbia 
Con la rapacidad y alevosía ; 
Esos... La noche con su negro manto 
Envuelve el mundo : sombras espantosas 
En torno de los mástiles vagando , 
Estragos , muerte anuncian , y acrecientan 
La pavorosa espectacion ; el dia 
Abre el campo al furor, y horrendo Marte 
Con clamores de guerra hinche la esfera 

Y levanta en los aires su estandarte. 

Responde á esta señal el hueco bronce, 
Con mortal estampido el eco truena , 

Y por el mar llevándose bramando, 
Hasta en las costas de África resuena. 
Vuelan, movidas de rencor, las naves 
Con naves á encontrar : menos violentas 
Despide el polo austral sierras de hielo. 
Que con su mole inmensa y resonante 
Por las fáciles ondas se deslizan, 

Y al audaz navegante atemorizan : 

Ni con estruendo igual turban el cielo 
Lasn^as tempestades, 
Cuando por Bóreas y Euro embravecidas , 
A su furiosa guerra y duro encuentro 
Hacen del orbeestremeoerse el centro. 

Tres veces fiero el insular se avanza , 
Creyendo en su piiy^nza 
Romper de nuestra escuadra el fíierte muro ; 
Tres veces rechazado 
Por el hispano esfuerzo, ya dudosa 
Ve la victoria que esperó seguro. 
¿Quién su despecho pintará y su saña 
Cuando aquel pabellón , antes tan fiero. 
Miró invencible al pabellón de España? 
No hay saber, no hay ralor, solo ya fia 
Su fortuna al poder : dobla sus naves 

Y las redobla , en desigual pelea , 
De popa á proa , en uno y otro lado 
Cada español navio 

De mil rayos y mil es contrastado ; 

Y él , con igual aliento 

Que recibe la muerte , asi la envia. 
No : si cien voces yo, si lenguas ciento 
Me diese el cielo, á numerar bastara 
Las Ínclitas hazañas de aquel dia : 
El humo al sol se las robaba entonces; 
Pero la fiama las dirá en su trompa, 
Las artes en sus mármoles y bronces. 

Llega el momento en fin , tiende It muerte 
Su mano horrible y pálida , y señala 
Victimas grandes : el valiente Alcedo» 
Castaños , Móyua , intrépidos perecen : 
Vosotros dos taabíett, bonor eterno 






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OBRAS GOMPLeTAS DS DON ItANUEL JOSÉ QÜINTAllA. 



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Oe Bétfet 7 Oofpfizeoa ^.. i Ah , si el destino 
Supiese perdonar! ¿Cómo k aplacarle 
La oliva no bastó que unió Minerva 
A los lauros de Marte en vuestra firente? 
¿Qué á vuestra ilustre indagadora mente 
Pudo ocultar el mundo 6 las estrellas? 
De vuestras sabias bu ellas 
Llenos están de América los mares , 
Las Cicladas lo están ; viuda la patria 
I>e tantos béroes que enlutada llora , 
Pide á su corazón lágrinuis nuevas 
Que á vuestro acerbo fin derrame ahora. 
I Ab I i Vivierais los dos ! Y en vez de llanto , 
Del dolorido canto 

Que mi fiínebre acento hoy os consagra. 
Pudiera yo contraponer el pecho 
Al golpe atroz y recibir la herida : 
Diera á la patria asi mi inútil vida , 
}Y vivierais los dos! Y ella orguUosa 
Con vuestra luz y espíritu valiente , 
Al arduo porvenir hiciera frente. 
De rayos coronada y victoriosa. 

No, empero, sin venganza y sin estrago. 
Generoso escuadrón , alli caíste ; 
También brotando á ríos 
La sangre inglesa inunda sus navios ; 
También Albion pasmada 
Los montes de cadáveres contempla , 
Horrendo peso á su soberbia armada ; 
También Nelson allí... Terrible sombra , 
No esperes , no, cuando mi voz te nombra , 
Que vil insulte á tu postrer suspiro : 
Inglés te aborrecí , y héroe te admiro. 
¡Oh golpe! Oh suerte! El Támesis aguarda 
De las naves cautivas 
£1 confuso tropel , y ya en idea 
Goza el aplauso y los sonoros vivas 
Que al vencedor se dan. ¡ Oh suerte! El puerto 
Solo le verá entrar pálido y yerto : 
' Ejemplo grande á la arrogancia humana , 
Digno holocausto á la aflicción hispana. 

Asi el ftiror de Marte 
Impele el brazo de la parca , y siega 
Vidas sin fin : lanzado por la rabia 
Cunde el fuego voraz , las tablas arden , 
Un volcan encendido 
Es cada bosque , por los aires vagos 
Se alza y retumba el hórrido estallido , 

Y los sepulta el mar. ¿Hay mas estragos? 
Si ; que el cielo, ominoso á tal porfia, 
Manda á los aquilones inclementes 
Separar los feroces combatientes 

Y en borrascosa noche hundir el día. , 
Lo manda ; ellos crueles , 

Azotando las ondas con sus alas, 

Se arrojan á los miseros bajeles. 

Al nuevo asalto, al sin igual combate 

Fallece el árbol trémulo y se abate ; 

Hiéndese la armazón , el Océano 

Por el roto entrepuente entra bramando ; 

Y moribundo el español exclama : 

< I Ah! Pereciese yo, pero lidiando.» 

En tan atroz conflicto 
Allá en las nubes la gloriosa frente 
Asomaban los fuertes campeones 
Que armados del tridente y del acero 
Al pabellón ibero 

i Ooi Dionisio Ahila GaUtno y don Gosne Gbnmiea. 



Hicieron humillarse las nadoiidl. 
Lauría y Tovar se vían , 
Aviles y Bazan , que , saludando 
A los héroes de Hesperia que morían » 
c Venid entre nosotros , les dedan ; 
Venid entre los bravos que imitasteis. 
Ya el premio hermoso del valor ganasteis ; 
Ya á vuestro ejemplo de constancia armadi 
España , concitando sus guerreros. 
Magnánima se apresta á nuevas lides : 
Volved la vista á la ciudad de Alcides : 
Gravina, Escaño, y Alava,y Cisneros, 

Y otros ciento alli están , firme coluna , 
Dulce esperanza á nuestro patrio suelo : 
Venid, volad al cielo, 

Y sed astros de esfuerzo y de fortuna. » 

(1808.) 

A GÉLIDA. 

Hoy ñié , t misero ! hoy filé cuando , irritado 
Amor del ocio en que yacer me via. 
Tomó á embestir mi corazón cuitado* 
Era de mayo el mas hermoso dia. 
Cuando naturaleza ostenta ufana 
Toda su gentileza y bizarría , 
Cuando mas vivo el sol reina en la esfera. 
Cuando en ramos la selva, el campo en flores, 
En perfumes el aire, donde quiera 
Todo respira amor y manda amores. 
Entonces fué cuando á los ojos mios 
Se presentó mi dulce vencedora : 
¡ Oh cuan hermosa ! El mundo pareda 
Que, cuidadoso de aumentar su gloriSt 
De toda aquella pompa se vestia 
Por festejar su triunfo y su victoria. 
La vi , templé , me estremecí : vencido 
Vi ya que iba á quedar de tanto halago ; 
Pero no pude huir : su blando acento 
Hasta el seno mas hondo y escondido 
Llegó del pecho, y completó el estrago. 
Sacude al punto amor la abrasadora 
Antorcha que arma su terrible mano : 
c Arde», me dgo; y la escondió encendida 
Toda en mi corazón : c arde , esta llama 
Que ora en ti prende, irresistible, inmensa, 
Sea de hoy mas el tormento de tu vida, 

Y también tu delicia y recompensa.» 

Ya un giro ha dado con su carro de oro 
Desde entonces el sol al alto cielo, 

Y no cesa un momento el vivo anhelo 
Que me arrebata tras la luz que adoro. 
Crecen corriendo hacia la mar los rios, 
Crece amando mi amor. Gélida hermosa, 
¿ Cómo es posible que inmortal no sea 
Este puro, este noble sentimiento 

Que todas mis potencias señorea 

Y es de mi ser el único alimento? 

Tú le inspiraste, si : mi alma abatida. 

Cubierta de aflicción, sintió volverse 

Por ti del bien ala ilusión perdida ; 

Tú le inspiraste. \ Oh Dios ! ¿Qué no alcanzaba 

En mi agitado pecho y mis sentidos 

Tu poder celestial? Cuando halagüeña 

Tus miradas tal veza mi volvías, 

Iris eras de paz que deshacías 

£1 tormentoso horror de mis dolores, 

Y yo sin defenderme , cada dia 
Iba en tus <^08 á beber amores, 

Y en tu risa y tu hablar me embebecía. 

Encantos i ay ! por siempre vencedores , 



1 

i 

4 
J 




-'V 



«ITE PRIMERA.— LITERATURA. 



TamlijeD mi pecfao destroiai 
jTemes acaso? uPorTent un 
Que el cielo (li6 por bálsamo 
ConUHas y llorar?... Gélida 
Noesmaspuroelalborde h 
Que lo es mi arilor. nlamó o 
EUdulúehermnnoasnquerí 
El noeío esposo S su itiocenl 
Digo asi , I entre tanto í la f 
Selva bajóla noche, elsola[ 
Sus rayos en el mar, tú te le 
y tierna ; melancólica A and: 
Yotiemoj melancólico le sf. 
Embebido, exlasiado en la i 
De andar, de hablar, de resp 
Los céfiros eotouces nos hal; 
Con sn grato frescor, ; de la 
Sacan U frente las nereidas 
)s saludan... jAj! asi oí 






>slr, n 



ssak 



Vi tu belleza por la ver prim 

Y rendí i tu* eniianlos mi all 

Hierre en lanío i mi vista 
Sn seno agita ; amenaza alr 
Hierre también con él mi pe 
y en raudo torbellino airebg 
VnelTO i ser de mis bárbaro 
A la antigua tormenta sacud 
Ángel consolador, j, dónde ti 
iQaé bas hecho de aipiel bá 
Que. sobre el triste corazón 
Su acerba llaga mitigar soli 
CoDIrario el cielo i la ventn 
■e le robo, dejándome incie 
Coa esta amai^ soledad pn 
Recuerdos tristes de mi biei 
Ángel consolador, jdóuile I 

AL MAR. 

Calma tm utomenio tm n 
Océano imnortal , j mt i mi 
Con eco tnrbalento 
Desde tn seno liquido respo 
Cálmale , j snrre que la tísIi 
Por IQ inqnlela llanura 
Se tienda á so placer. Sonó 
Tu inmenso poderlo, 

Y á lasplajas remotas de oc 
Corrí desde el hnmildeUac 
Por contemplar in gloria, 

Y adorarte también, Dios di 

Que ardió mi Ikntasia 
En ansia de admirar, j desd 
El cerco oscuro j til que la ■ 
Tal vei allá volaba 
Do la eterna pirámide se di 

Y sn alta cbna hasta el Olim 
Talveí trepar osaba 

Al Etna mogidor , j alU vda 
Bnllir dentro el gran homo, 
T por la nieve qoe le dQe ei 
Lm torrentes correr de ardí 
Lot pefiascoa volar, ; en boi 
Temblar Trlnacrla tí pavón 
Has nad a , ¡ oh sacro mar I D 
Cooio Mpadame en tu and 

BoM m Bn Junto i ti ; tn 



ü6RAS completas de don MAHtJEL »SÉ QUINTANA. 



El alto escollo stn cesar blancpiea 

Do entre temor ; admiración té rairo. 

loqnielo ceoiellea 

En la crisut el sol , qae al occidente , 

1 vestido , buje y se esconde. 

.n fin? jEn dónde 

íiallaráD! Con pié ligero 

DS j corres, y lleíado 

alas de aquilón sonante , 

aDbelante 

Ecuador, te halU en el polo, 

lesfatlece 

lensidad. jTe hiio el destino 

r aseguraría tierra, 

aterrador i hacerle guerraf 

ese resollante monmienla 
I coraíon. Vo tí tas niescs 
et viento 
'OS meses, 

trémulas llevarse, 

tm de su Turor quejarse. 

del polvo, j vi en las selvas, 
os lambiün los altos pinos, 

1 bramar ; mas no este ciego, 
■ vividor, eslasoleadas 
.huyen, vuelven, 
ejaraás : tiembla la arena 
;otador, y lú rugiendo 

e y sacudes 

>tra vez : al ronco estruendo 

lEordeccn, 

>s mu altos se estremecen. 



liene eiinime j pasmado, 
■s, noT ¿V vioiento 
beces mas í Ya desatado 
o huracán , silva contigo. 
!ta,qu<; abrigo 
)ntrB ti t Ncgi'as las o!as 
le sierras se levantan , 
s tombos y rabiosa espuma 
lentanymipecbo espantan. 

)s tanta guerra , 
leedor des en la tierra , 
o alU dentro, envuelvas ciego 
[lenos y bombresinrelicea, 
abismólos sepnlles luego, 

ando en tu vértigo espantoso 
:a se hundióT Con Fuerte mano 
todas de la tierra asidas, 
saban ta forw, y en vano; 
le redoblado , impetuoso , 

ici1ante,y estallando 
lito nivel : luchando entonces 
con las ondas se encwitraron , 
)s cayeron , 

stremecido desgarraron. 
ion vastísima que un dia 
sala América corría! 
I , anegada , hoy soto dura 

10 furor salvó la frente ; 

lo en la memoria oseara, 

ItAiounomarldegents en geat« 

>l>doTM 

gna violencia 7 tus horrorei. 



t Y tanta taé del hombre la osadía , 
Que los quiso arrostiarl Sube i los monte*, 

Ylstenazporüa 

De su mordaz segur humilla al suelo 

Al cedro que resiste á las edades, 

Al pino (pie se esconde allí en el cielo. 

Gimieron ambos cuando, ai mar lanzados , 

En nadantes alcáures miraron 

Trocar sn antiguo ser y su destino, 

y al aire dando el vigoroso lino, 

Los leves campos de cristal surcaron. 

Adiós, amadaplaya; adiós, hogares: 

El hombre audaz en la orgullosa popa 

Os mira , os huye , y por los anchos mares 

Al volver de las ondas se confia. 

En vano el rumbo le negaban ellas; 

Él le arrancó en el ciclo 

Al [«lo refhlgente y las estrellas. 

íQué pudo desde entonces 
Negarse i su anhelar? Fiero y saüoso 
El alto tormentorio amenazaba ; 
Con un mar de terror y proceloso 
Las puertas del oriente defendía ; 
Has vuela, rompe, y ie soqirende Gama, 

Y los hijos de Luso al punto hollaron 

El golfo indiano y la mansión de Brama. 

Cotón, arrebatado 

De un numen celestial , busca atrevido 

El nuevo mando revelado i él solo; 

Vtres veces el polo 

Ve al impávido Cook romper los hielos 

Queá fnerde montes sn rigor despide. 

Descubriendo el secreto vergonzoso 

De! yermo inmenso i que sin fin preside. 

] Gloría eterna á susnombresl |Dadme rosas 

Dadme lauro inmortal que adorne y ciña 

Sus frentes generosas! 

Hirad la tierra i su divino esfueno 

Enriquecerse toda , y mil tesoros 

De su fecundo seno 

Benéfica broiar ; mirad la aurora 

Unida al occidcnl'!, 

Y al septentrión el sur. A este portento 
Furioso el Oceino, 

Es fama que gritú : < ; Con que es en vano 

Haber yo roto el orbe , y que, tendiendo 

El valladar profbndo 

De mis terribles ondas, 

Un mundo haya negado al otro mundo!* 

{Cómo después tan abundosa fuente 
De amistad y de unión tornarse pudo 
De estragos y violencias 
Perenne manantial! Se alzó insolente 
La vil codicia , y navegar con ella 
Se vio el odio fatal en los navios. 
¿No era bastante, impíos. 
Los Tientos escachar que en torno braman. 
Los escollos temblar, mirar el ciclo 
Cubrirse todo de espantosas nubes 

Y arderse en rayos, i los pies hirviendo 
Sentir el mar sañudo, 

Y ana tabla sutil ser vuestro escudo; 
Sin que i tan tristes plagas 
Aüadiesets también la plaga horrenda 
De la guerra cnielT Ardiendo en in 
Ella cruza , ella agita , 7 atronado 

El ponto , en langre enrojecer le mira. 

Gaem : i birlsaro wuubre 1 1 mil Oldot 
Hm trille 7 tipsiitou) 



PARTE PRIMERA.^ LITERATURA. 



2i 



One este mtr borrascoso, 

Tan terrible y atroz en sus rugidos. 

] Que no fuese yo un dios ! i Oh cómo entonces 

El horror que te tengo el universo 

Te jurara también! Ondas feroces, 

Sed justas una yez : ya que la tierra 

Muda consiente que la hueste impia 

De Marte asolador brame en su seno , 

Vosotras algún dia 

Vengadla sin piedad : esas crueles. 

Esas soberbias naos 

Que , preñadas de escándalo y rencores , 

Turban vuestro cristal con sus farores, 

Del cielo y vientos contrastar se vean, 

Y en ciego torbellino 

Todas á un tiempo devoradas sean. 
Tal vez asi de la discordia el fuego 
No osará profanar el Océano , 
Tal vez el orbe dormirá en sosiego. 

(1798.) 
FRAGMENTOS DE UT^A TRADUCaON DEL PASTOR 

Fino. 
I. 

DlSCtinSO DE LIXCO k SILVIO. 

Dime : si en esta tan alegre y bella 
Estación, que renueva el mundo todo , 
Vieses, en vez de florecientes valles , 
De verdes prados y vestidas selvas. 
Estarse el fresno y el abeto y pino 
Sin su usada frondosa cabellera , 
Sin verdura los prados , 
Sin flores los collados , 
¿No dijeras tú, Silvio : «El mundo ahora 
Se marchita y desmaya » ? 
Pues la sorpresa y el horror que entonces 
De tan extraña novedad tuvieras , 
De ti mismo la ten : diónos el cielo 
Vida y costumbres á la edad conformes ; 

Y asi como el amor nunca conviene 
A pensamientos canos , 

Asi la juventud de amor contraria 
Contrasta al cielo, y a natura ofeude. 
Mira en tomo de ti : ¿ves la hermosura 
Que adorna, Silvio, el universo ahora? 
Ella es obra de amor : ama la tierra , 
Ama también el mar, aman los cielos : 
Aquella que alli ves luciente estrella , 
Del alba precursora , 
Bella madre de amor, de amores muere , 

Y enamorada luce y enamora : 

Mirala envuelta en esplendor y en risa ; 

Quizás en este punto el dulce seno 

Deja del caro amante y sus delicias. 

En bosques y florestas 

Aman las fieras, y en las ondas aman 

Las oreas graves y el delfln ligero. 

El p^arillo aquel que dulcemente 

Canta y lascivo vuela 

Ya del baya al abeto , 

Ya del abeto al mirto , 

Sí espiritu tuviese y voz humana , 

«Yo me abraso de amor, > exclamaría. 

Mas bien lo siente y en su voz lo dice , 

Que su amada le entiende ; y le responde : 

fl A mi el niego de amor también me inflama. > 

Brama el toro en el campo, y cuando brama , 

Al bUiftdo juego del amor convida ; 

El koD en el bosque 

Ruge , y aquel rugido 



Es solo de su amor dulce gemido. 

Todo , en fin , ama, ¡ oh Silvio ! ¡ Y Silvio solo 

En cielo, en mar y en tierra 

Será alma sin amor ni sentimiento ! 

; Oh ! deja ya las selvas , 

Simple zagal... 

U. 

AMIXTA T LUCaiXA. 

Te contaré la dolorosa historia 
De nuestros males, que arrancar pudiera 
Llanto y piedad á las encinas duras , 
No solo á humanos pechos. En el tiempo 
Que el sacerdocio santo era obtenido 
Por jóvenes también, hubo un mancebo , 
Noble pastor, y sacerdote entonces , 
Llamado Aminta ; el cual amó á Lucrina , 
Ninfa gentil á maravilla y bella , 
Pero soberbia á maravilla y falsa. 
Mostróse ella gran tiempo agradecida , 
O lo fingió con vanas apariencias , 
Al puro afecto del amante joven , 

Y sustentóle de esperanzas falsas , 
Mientras que el infeliz rival no tuvo. 
Mas no bien fué de rústico mozuelo 
Mirada la inconsiante, cuando al punto, 
Sin defenderse á su primer suspiro , 

Al nuevo amor abandonóse toda 
Antes que el mal se sospechase Aminta. 
i Misero Aminta ! que esquivado luego 
Fué y despreciado tanto, que ni verle 
Ni escucharle jamás quiso la impia... 
Pues como al fin, tras el amor perdido , 
Quejas también y lágrimas perdiese , 
Vuelto, rogando, á la gran diosa : c¡oh Cintia! 
Dijo, si ya con inocentes manos 

Y puro corazón el sacro fuego 

En tu altar encendí, venga la llama 
Que la pérfida niufa en mi ha vendido. » 
Oyó Diana el llanto y las plegarias 
Del fiel amante , su ministro amado , 
Pues respirando en la piedad la ira , 
Acrecentó la cólera, y cogiendo 
El arco oninif ótente, lanzó al seno 
De la misera Arcadia inevitables 

Y ocultos dardos de espantosa muerte. 
Sin piedad, sin socorro perecían 
Gentes de toda edad y de ambos sexos : 
Era tarda la fuga, el arte inútil , 

Vano el remedio ; y antes que el doliente , 
El médico infeliz morir solía. 
Una sola esperanza en tantos males 
Quedó, y fué el implorar su auxilio al cielo : 
Consultado el oráculo, respuesta 
Dio, clara si, pero funesta y triste ; 
Que Cintia estaba airada, y aplacarse 
Solo pudiera si la infiel Lucrina , 
U otro de nuestra gente en lugar suyo , 
En holocausto presentado fuese 
Por las manos de Aminta á la gran diosa. 
Ella en vano lloró, y esperó en vano 
De su nuevo amador ser socorrida ; 
Que al fin , llevada con solemne pompa , 
Fué miserable victima á las aras ; 
Donde á los pies de su ofendido amante , 
A aquellos pies de quien seguida en vano 
Ya tanto fué, las trémulas rodillas 
Dobló, esperando su infelice muerte 
Del mancebo cruel. Aminta entonces 
Intrépido desnuda el sacro acero » 
Y en sa rostro inflamado panda 



4 



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OBRAS COMPLETAS DB DON ICANDBL JOSÉ QUINTANA. 



Que el ftiror y venganza respiraban. 
A ella Taelto despaés, d^o, lanzando 
Un gran suspiro anunciador de muerte : 
t Aprende en tu miseria, infiel Lucrinay 
Cuál amante seguiste, y cuál dejaste , 
Contempla en este golpe.» Esto diciendo, 
Clavó el cuchillo por su mismo seno , 

Y cayó sin aliento en brazos de ella , 
Victima y sacerdote á un tiempo mismo. 
A tan fiero espectáculo pasmóse 

La misera doncella ; pero al punto 

Que recobró la voz y los sentidos 

Dijo llorando : c ¡Oh fiel, oh fuerte Aminta I 

Oh amante que tan tarde he conocido , 

Y me has dado muriendo vida y muerte ! 
Si fué culpa el dejarte, ora la enmiendo 
Eternamente uniéndome contigo.» 

Y esto diciendo, desclavó el cuchillo, 
Teñido aun con la caliente sangre 
Del tarde amado enamorado pecho ; 

Y atravesando el suyo, moribunda 

Sobre Aminta cayó, que aun no bien muerto 
De aquel golpe fatal suspirarla. 
Tai fué de ambos el fin... 

lU. 

conisGA. 

¿Quién ha visto jamás, ni quién ha oido 
Mas extraña pasión, mas importuna , 
Ni mas loca también ? Quién en un pecho 
El odio á un tiempo y el amor unirse 
Con temple tan sutil, que uno por otro 
Se dilata y estrecha, y nace y muere? 
Si desde el pié gallardo hasta el semblante 
Miro yo la belleza de Mirtilo ; 
Si sus modales y su hablar contemplo , 

Y su hermoso ademan y sus miradas , 
Me asalta amor con tan violento ftiego , 
Que toda yo me abraso, y me parece 
Que vence esta pasión todas las otras. 
Mas si después contemplo el obstinado 
Amor que tiene á mi miyer, y pienso 
Que de mí no se cura, y que por ella 
Desprecia mi beldad idolatrada 

De mil almas y mil , tanto le esquivo , 

Y le aborrezco tanto, que imposible 
Se me hace haberle alguna vez amado , 

Y que ardiese por él el pecho mió. 
Me digo asi tal vez ' c { Oh si pudiese 
Gozar de mi dulcisiroo Mirtilo , 

Tal que yo sola le tuviese, y nadie 
Le poseyese nunca ! Oh mas que todas 
Feliz Corisea ^ » Y en aquel momento 
Un ímpetu en mi seno se despierta , 

Y hacia él tan dulcemente me arrebata, 
Que a sus huellas seguir, y á suplicarle , 

Y á descubrir d corazón camino. 

I Qué mas ? Asi me punza este deseo , 
Que si pudiera ser, le adorarla. 
Por otra parte me revuelvo y digo : 
• ; Un soberbio, un esquivo, un desdeñoso, 
Uno que á amar otra miyer se atreve , 
Un hombre que me mira y no me adora , 

Y asi de mi semblante se defiende , 

Que no muere de amor ! ¡ Yo , que debia , 
Gomo á tantos he visto, verle ahora 
Abatido y lloroso á los pies mios , 
Abatida y llorosa á loa pies suyos 
Fodré verme caer ! » Y en esta idea 
Ira tal, y tal cólera concibo 
Contri él, y contra mi, por haber vuelto 



A mirarle la vista, el pecho á amarte. 
Que odio mas que la muerte el amor mío 

Y el nombre de Mirtilo, y le quisiera 
Ver el mas infeliz, mas afligido 

Pastor que hubiese ; y si le viera entonces, 

Con mis manos allí le mataría. 

Así el odio y amor, ira y deseo 

Se combaten á un tiempo ; y yo, que he sido 

La llama de mil almas hasta ahora , 

Y el tormento de mil, ardo y suspiro , 

Y pruebo en mi dolor el mal ajeno. 

Yo, que allá en la ciudad por tanto tiempo , 

De amantes gentilísimos servida. 

Fui siempre insuperable, y burlé siempre 

Todas sus esperanzas y deseos , 

Ya de un rustico amor, de un vil amante. 

De un zagalejo humilde soy vencida. 

\ Oh Corisea infeliz ! en este punto , 

Si desprovista de amador te vieras , 

Di, ¿qué fuera de ti? Dime, ¿qué barias 

Para calmar tu enamorada rabia ? 

Aprendan á nú costa hoy las miúeres 

A conservar y á acumular amantes. 

Si ni otro bien ni pasatiempo alguno 

Que el amor de Mirtilo yo tuviese , 

I Cierto que rica de galán me viera ! 

Mil veces simple la mujer que á un solo 

Amante llega á reducirse : ¡oh ! nunca , 

Nunca tan necia se verá á Corisea. 

¿Qué es constancia? Qué es fe? Fábulas vanas, 

Nombres imaginados por celosos 

Para engañar las simples doncelluelas. 

La fe en el pecho de mujer, si acaso 

Fe en hembra alguna aposentarse puede , 

No es bondad, no es virtud ; es una dura 

Necesidad de amor, ley miserable 

De menguada beldad que ama á uno solo, 

Porque amada de muchos ser no puede. 

Uvier bella y gentil, solicitada 

De muchedumbre de amadores dignos , 

Si á uno se acerca y los demás despide , 

O no es mujer, ó si es mujer, es necia. 

¿ Qué vale la beldad cuando no es vista ; 

Y si vista , no amada ; y si es amada , 
Amada de uno solo? Que en el mundo 
Cuanto mas dignos y ft^cuentes sean 
De una mujer los amadores, tanto 
La fama crece y alabanza de ella , 

Y su esplendor y gloria se aseguran 
En tener muchos. Las discretas damas 
Asi vivir en las ciudades suelen ; 

Y las que son mas bellas y mas grandes 
Con mayor libertad ; siempre es entre ellas 
Despedir un amante gran locura ; 

Hacen muchos asi lo que uno solo 
Quizá no hará : quién para dar es bueno , 
Quién á servir, quién á otra cosa es útil ; 

Y sucede tal vez que sin saberlo 
Lanza el uno los celos que dio el otro, 
O los despierta en el que no los tuvo. 
De esta manera en las ciudades viven 
Las muyeres ilustres, donde un dia 
Yo aprendí el arte del amor, guiada 
De mi espíritu mismo, y del ejemplo 
De una dama gentil que me deda : 
cEs preciso tratar á los amantes 

Cual si fuesen vestidos : tener muchos; 
Uno ponerse, y remudarlos iodos ; 
Que el largo conversar causa fastidio , 

Y el fiístidio desprecio y odio al cabo. 
Es grande error. Corisea, que una dama 
Llegue su amante á fastidiar | tü con 



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SI OBRAS COMPLETAS DE 

Con fuego ineitinguible» alia en el seno 
De ese tu corazón roas escondido 
Tu afecto oculta , y ejecuta á tiempo 
Lo qae natura y el amor enseñan 
Pues la virtud de la modestia solo 
En el semblante la mujer la ostenta , 
Y es grande error el que al tratar con ella 
La tengas tú jamás , pues aunque tanto 
La usa con los demás, consigo usada 
La tiene en odio, y en su rostro quiere 
Que la mire el amante , y no la emplee. 
Con esta ley tan natural, si amares, 
Tendrás gusto en tu amor ; no ya Corisea 
Á mí me encontrará tierno y rendido , 
Sino fiero enemigo, que con armas 
De un hombre de valor, no femeniles, 
En crudo asalto la herirá. Dos veces 
Cogí ya esta malvada , y no sé cómo 
Se me fué de las manos ; mas si llega 
Por la tercera vez al mismo paso. 
Ya yo la pienso asegurar de modo 
Que escapar no podrá. Por estas selvas 
Suele á veces vagar, y yo venteando 
Como sagaz sabueso, ando tras ella. 
¡ Oh qué terrible estrago y qué venganza 
Si la cojo he de hacer! Yo haré que vea 
Que llega alguna vez á abrir los ojos 
El que fué ciego, y que por mucho tiempo 
No ha de vanagloriarse en sus perfidias 
Una mujer sin fe y engañadora. 



Á DON GASPAR DE JOVELLANOS, 

cuando se le encargó el miolsterio de Gracia y Jasücia. 

¿Pudo lucir el suspirado dia 
Que con sus votos la virtud llamaba, 

Y la esperanza florecer que apenas 
El sueño en sus halagos le pintaba? 
Pudo : á este tiempo en repetido aplauso 
Miro el viento batir, en dulces himnos 
Los ecos resonar, y por do quiera , 

De labio en labio sin cesar llevado. 
El nombre de Jovino henchir la esfera. 

¡ Bien haya veces mil aquel momento 
En que á las manos del saber se entregan 
Las riendas del poder! En él cifhída 
Su ventura ve el orbe ; en ti , Jovino , 
La suya ve tu patria. Ella anhelante, 
Ya en el horror del precipicio puesta , 
Auxilio implora y tu robusta mano ; 
Que solo tú de sus profundos males 
El abismo sondar, dar á sus llagas 
El poderoso bálsamo, y en rayos 
De luz clara y vivifica pudieras 
Inundarla por fin. ¡Oh! presto sea, 
Presto se cumpla la esperanza mia ; 
La nube ahuyenta del error, con ella 
Huirán al punto las funestas plagas 
Que nuestra dicha en su insolencia ahogaron : 

Y á ti solo debida esta victoria, 

Mi vista , ansiosa de tu honor, te vea 
Brillar al fin con tan inmensa gloria. 

Victoria mas espléndida y mas pura 
Que las que en campos de pavor cubiertos 
Consagra á Marte la fiereza humana ; 
No, empero, menos ardua . revestida 
De mil formas y mil tiende su vuelo 
Rastrera la ignorancia, y con sus alas 
Cuanto toca coDsame; asi en los campos 



DON MANUEL JOSfi QUINTANA. 

Que baña con sus ondas Guadiana 
Crece el insecto volador, y muerta 
Lamenta Céres su verdura ufana. 
Ora insulta y desprecia : en su habla loca 
Es ocioso el saber, frivolos sueiíos 
Las obras del ingenio , al polvo iguales 
Los altos pechos que Minerva inspira. 
¡Bárbara presunción ! Allá en el Nilo 
Suele el tostado habitador dar voces , 

Y al astro hermoso en que se inflama el dia 
Frenético insultar : la lujuria vana ^ 
Huye á perderse en la anchurosa esfeTa , 

Y Febo en tanto derramando lumbre 
Sigue en silencio so inmortal carrera. 
Ora feroz á la indolencia usada 
Se niega, y de murallas espantosas 
Cerca y ataja los senderos todos 
Por do á la humana perfección se arriba. 
De alli, alzando el cuchillo, armad? en muerte. 
Cuantos su imperio detestable esquivan , 
Tantos amaga. jAy del cuitado que osa, 
De generoso ardor el pecho henchido. 
Sus nieblas disipar, buscar la lumbre, 

Y á la cumbre trepar* Victima entonce^ 
De su ciego furor... Pero primero 
Del cielo y de la tierra se vería 
Suspenso el curso, y de las cosas todps 
El lazo universal roto y deshecho. 
Que la insolente estupidez su triunfo 
Logre completo, y que sus implas manos 
La sacra antorcha á )a razón extingan. 
¿Quién dio á la tempestad el loco orgullo 
De sobrar á la luz? Tü , gran Jovino, 
Insta, combate, vence . el monstruo horrible 
Bramando espire ; que reinar se vean 
Benéficas las letras; que amparadas 
De su inviolable independencia sean. 



Ellas fueron tu amor, ePas tu encanto 
Siempre serán ¡ O bienhadado > digno 
De envidia el que en su albergue solitario 
Las fuentes del saber tranquilo apura ! 
Felices en su afán vuelan las horas : 
Ya la lectura le embelesa , y lleno 
De admiración, los altos monumentos 
De la estudios? antigüedad medita , 

Y á sus genios se hermana , ecos grandiosos 
Por do la serie de la ciencia humana 

Se dilata á los siglos. Ya llevando 
Al hermoso espectáculo que ostenta 
Natura, su atención, busca sus leyes, 
Sus misterios indaga , en su belleza 
Atónito se arroba, y desde un punto 
Se hace inmenso como ella. Ora á los hombres 
La vista paternal vuelve, y llorando, 
Exento del error, ve sus eiTores, 

Y los señala y los combate, y libre 
Muestra la senda en que á placer se lleven 
De la mundana actividad las ruedas : 

Tal vez sueSa , y soñando en su delirio , 
Nuevos mundos se finge, y de virtudes 

Y de veutura celestial los llena. 

¿Quién no envidia su error? Llora y suspira 
En la dulce ilusión que le enajena , 

Y del orbe en el bien el suyo mira. 

Siquiera alli de la servil codicia, 
de la ambición firenética no tiembla 
La eterna agitación : á fUer de vientos 
Que en partes mil el horizonte rompeOf 

Y furiosos latiéndose , á su impulso 
La fiel serenidad huye turbada ; 






PARIE PRIMEIíA.- LITERATURA. 



25 



Tal en el centro del poder se acosan 
La doblez, la maldad , lo¿> vicios viles» 
Qae eo menlido disfraz vagan tras ellas, 

Y en su misero vértigo sepultan 
De la virtud las esperanzas bellas. 

¡ Ay ! que tal vez al formidable peso 
Rebelde el hombro, y de luchar cansado 
Con la depravación , los tristes ojos, 
Jovino, volverás á aquellos días 
De tu apacible soledad testigos ; 
Los volverás llorando; el desaliento 
Su amarga hiél derramará en tus venas , 
Maldiciendo afligido aquel momento 
Que te arrancó á tu albergue , do tranquilo 
La virtud, la verdad fueron tu asilo. 

¿Y el ejemplo del bien que debe al mundo 
Todo gran corazón? Y la alta gloria 
De aterrar la maldad? Y los consuelos 
De la opresa virtud? — Guando lejana , 
De hierro el cetro iniquidad violenta 
Tienda á las veces, y afligido llore 
El inocente en su opresión, tú entonces, 
Tú serás su deidad. Antes venia , 

Y con trémulo pié la aula pisaba , 
La altiva majestad le confundía ; 
Demandaba justicia, y su semblante. 
De incertidumbre tiroida vestido, 
Suspiraba un favor. Jovino ahora , 
Jovino es quien atiende á sus querellas, 
Quien enjuga sus lágrimas, quien tierno 
También acaso le acompaña en ellas. 
Lágrimas puras que, en placer bañada, 
Derrama la virtud , ; qué de consuelos 
No dais al corazón ! Qué de pesares 

No le quitáis! — ¿Y el inmortal testigo, 
El premio hermoso de los grandes hombres, 
Alta posteridad , que ya te mira 

Y Ui nombre señala entre sus nombres? 

¡ Oh porvenir I Oh juez incorruptible 
Del hombre que vivió! ¡ Cuál se araedreata 
De ti el profano pecho que ya un día 
El bien miró, de indiferencia lleno, 
Ni osó el cerco salvar que le cenia ! 
Cuando la noche del sepulcro ostente 
La nada ante sus pies, cuando ya el sucao 
De su vida fitlaz se tome en humo , 
¿Qué verá tras de si? Mísero olvido 
O execración eterna que á los tiempos 
La memoria en su voz vuelve contino. 
Aquel , empero, que de ardor divino 
Tocado fué , que en incesante anhelo 
Siempre ansió por el bien , y que en su mcni e , 
A cuanto obró y pensó la faz terrible 
Del tiempo que vendrá tuvo presente , 
Ese vive inmortal ; su excelso nombre 
Cobna el abismo de la tumba , y viva 
Su gloria colosal queda en sus hechos ; 
Hechos que en ecos de alabanza suenan , 
Que éí campo inmenso del espacio ocupan, 

Y el raudo giro de los siglos llenan. 

Tiempo vendrá que en la dichosa Hesperia 
Espadado la vista alborozada , 
Grite la admiración : c ¿No es este el suelo 
Que en otro tiempo á compasión movia? 
Veinte siglos de error en él fundaron 
El imperio del mal : en vano había 
Pródigo el cielo de favor cubierto 
fia seno en bienes mil, y codiciosa 
La tierra por brotar, ioagotables 



Sus opimos tesoros ostentaba. 

Su sed en vano innumerables ríos 

Mitigaban regándola , y en \ano 

Bañara el mar su costa al occidente, 

Al oriente y al sur. ¿Qué la servia 

Un clima placidísimo y sereno 

Que en vida , en fuerza y en placer la henchía? 

Todo fué por demás: su manto triste 

Tendió la asolación : yermos los campos , 

Mustios los pueblos , indolente el hombre. 

Sin conocer su estrago , sin aliento 

Para sah'arse de él , ruina y silencio 

Cual de peste mortífera abrigaban. 

¿ Quién fué el Dios que bastó de tantos males 
El torrente á atajar? Quién la carrera 
Mudó á estas aguas, allanó los montes. 
Los pantanos cegó? Cubren de Céres 

Y de Pomona los celestes dones 

Kl suelo antes erial . que abrojos solos 

Y zarzales inútiles llevaba. 
Trocóse todo : por do quier la roano 
Del hombre señalada , y por do quiera 
Su vivífica acción en movimiento 
Despierta mi atención. ¿Dó las cadenas 
Están de la verdad ? \ Cuál se ha extendido. 
En alas del espíritu llevada , 

De mar á mar y de Pirene á Gádes ! 
¿Quién volvió á sancionar la ley de vida 
Que en su próvido amoi naturaleza 
Por la voz del deleite diera al mundo? 
¿Qué numen creador pudo en un día 
Verter aquí la plenitud y holganza , 
Imprimir su vigor y su energía ? » 

¡ Ah ! que entonces el nombre de Jovino 
Grande á la gloria y al aplauso viva, 

Y aquel augusto galardón reciba 
Digno de su virtud y alto deslino. 

¡ Oh hermosa emulación ! Vendrán las artes 
Hijas del genio Imitador, y solas 
Adornar ansiarán el bello triunfo 
De su alumno y su dios : suyo las ciencias 
Le aclamarán , con su divina mano 
Allá en la playa astur mostrando alegres 
La mansión que él les diera , altar primero 
Que alzó á Minerva la razón hispana. 
En medio el labrador, no como un día 
Angustiado, infeliz , pobre y desnudo , 
Sino contento y vigoroso, alzando 
La agradecida voz , dirá : c Fué mió, 

Y su alabanza es mía ; si de flores 
Primero se adornó su mente hermosa , 
Para mi maduró, y en fruto opimo 
Gocé yo al fin de su favor los dones. 
Si de su voz la persuasión salía 
Gomo raudal de miel , ella á mis llagas 
Dulce bálsamo fUé. ¿No ahogó su mano 
Una en pos de otra las odiosas sierpes 

Que infestaban mi ser ? Ved mi abundancia , 
Ved mi contento, el delicioso halago 
Con que de hijuelos el ei^ambre hermoso 
Me alivia y me corona. ¡ Ay ! hubo un tiempo 

2ue el ser padre era un mal : ¿quién sin zozobra 
la indigencia , al desaliento, diera 
Nuevos esclavos? Pero huyó ; al olvido 
Lanzó Jovino tan amargos días : 
Mi esperanza , mi paz , las glorias mias 
Obras son de su amor, son de su anhelo; 
Dadme pues solo el bendecir su nombre , 

Y en dulces hi^inos levantarle al cielo.» 



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OBRAS COMPLETAS DE DON MANUEL JOSÍ QUINTANA. 



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DESPEDIDA DE LA JUVENTUD. 

Creced y floreced , plantas hennosas , 
Creced y floreced , y alzando al cielo 
Esas ramas sonantes y frondosas, 
Bauad en dulce lobreguez el suelo; 
Que yo, angustiado, á vuestra sombra amiga 
He acogeré , y en ella 
Tendré un asilo al fin donde no sienta 
£1 vivo resplandor que el sol ostenta. 
Él , en eterna juventud luciendo, 
Vuela , y vuela sin fin : ¿qué son los años 
Qué los siglos ante él ? Ruedan furiosos ; 

Y á contrastar su solio se amontonan , 

Y en su feliz carrera 

Nada marchita su beldad primera ; 
Todos su gloria y su esplendor coronan. 

\ Oh cuánta diferencia 
Entre su fuerza y la flaqueza mia! 
Sigue un dia á otro dia , 

Y en su sorda inclemencia 

Cada cual me amortigua, y me arrebata 
Al término en que espira la alegría. 
Vuelvo la vista , y angustiado miro 
Yacer segadas de rol edad las flores, 

Y la vida mostrárseme erizada 

De espinas solamente y de dolores. 

Tened ¡ ay ! compasión de mi amargura ; 
Que bien me la debéis , árboles bellos. 
Decid : cuando los vientos bramadores 
A la voz del noviembre se desatan , 

Y sacudiendo frío , 

En su furor horrísono maltratan 
Vuestro verdor sombrío , 

Y anunciándoos vejez , de angustia os llenan 

Y á desnudez tristísima os condenan , 

¿ No sentís ? no lloráis? Y estremecidos, 
¿No os acordáis de abril , cuando halagüeñas 
Las manos de natura engalanaban 
Vuestras frentes risueñas , 
Cuando el auro os besaba con ternura , 

Y los ojos distantes que os miraban , 
Cual templos de frescura 

Y asilos de placer os saludaban ? 

Tal de mi juventud y de mi gloria 
Los venturosos dias 
Se pintan tristemente en mi memoria , 
Al tiempo que volando 
Huyen lejos de mi , sin que mis ayes 
Solo un momento detenerlos puedan. 
Adiós , divino amor, que desplegando 
Las bellas alas de oro , 
Me llevabas en ellas 
Por senderos de flores , 

Y el pecho y labio sin cesar colmabas 
Del néctar celestial de tus fiaivores. 

Adiós : la cruda mano 
Del tiempo , á mis delicias enemigo, 
Te arrebata consigo. 
Y 1 oh cuántos otros bienes el tirano 
Me arrebata también ! ¿Con que la risa 
Huyó por siempre de los labios mios , 

Y la fiel confianza de mi frente? 
Mis ojos, I ay ! de lágrimas vacíos , 

¿ Será que nunca á desahogar ya tomen 
Mi triste corazón , y que se vean 
De él por siempre aleadas 



Las esperanzas que halagikefias ríen, 
Las ilusiones que sin fin recrean? 

Contigo, I oh luventud ! contigo nace 
El entusiasmo ardiente 
Que arrebata hacia el bien, contigo espira^ 

Y tras él la virtud mustia y doliente 
Privar de fuerza y marchitar se mira. 
¿Qué á tu ferviente anhelo 
Cuestan jamás los sacrificios? Oyes 
La voz de la amistad , sientes la llama 
Del patriotismo que tu pecho agita, 

bien la gloria que en honor te inflama; 
Partes entonces desalada, y corres 
Impávida á tu fin : como en la selva 

El volador caballo. 
Cuando en dichosa libertad respira, 
Orgulloso se lanza á la carrera ; 
El viento no le alcanza, y vanamente 
A intimidar su ardiente lozanía 
Las ramblas y torrentes se presentan; 
Las ramblas y torrentes acrecientan 
Su generoso aliento y su osadía. 

Y en vez de tantos dones 
Gomo en mi tierno corazón moraban 

Y en su luz generosa me ensalzaban, 
¿Qué ofreces á mi vida. 

Oscuro porvenir? El triste freno 

De la prudencia y su compás helado; 

Mientras que , derramando su veneno 

La vil sospecha , asida 

Del funesto puñal del desengaño, 

En cada halago temerá un peligro, 

Tras cada bien me mostrará un engaño ; 

Y roto el velo á la ilusión , el mundo , 
Que pintado en tan mágicos colores 
A mi inocente espíritu reía. 

Será de hoy mas á la tristeza mia 
Yermo sin amistad y sin amores. 

Morir fuera mejor ; mas ¡ ay , que abiertas 
Ya á devorarme aspiran 
De la siguiente edad las negras puertas ! 
La vista estremecida 
Duda y se vuelve airas : deten la mano, 

Y no de bronce la eternal barrera 
Corras, que esconde mi estación florida, 
{ Dura necesidad ! \ Oye mi ruego !... 

Mas no me escucha , y la corrió , y yo ciego , 
Sin poderme valer, desconsolado, 
Del carro del destino arrebatado, 
A su ünperiosa voluntad me entrego. 

AL SUERO. 

Tú , mudo esposo de la noche umbría, 

1 Oh padre del sosiego, 

Sueño consolador ! ¿ por qué te niegas 

A mi lloroso ruego? 

¿Por qué á mis sienes con piedad no llegas? 

Y no que lento y vagaroso bates 
Lejos de mi tu desmayado vuelo, 

Y esparces en el suelo 

La niebla del balsámico rodo 
Con qne el dolor serenas 

Y el vivo a&n de las acerbas penas. 

Duélete i oh sueño ! al contemplar las mías ; 
Suspende, i ay Dios ! suspende 
Por un momento el veladw cuidado, 

Y en él tu velo vaporoso tiende. 



den 
limp 



•^ *-. .rf-. 



M 



OBRAS C0UPLET4S DE DON MANUEL JOS& QUINTANA. 




CoD qae el torrente de los li^^os corre , 
Anonadando en sa fugaz camino 
Hombres , naciones ; Tos imperios crecen , 

Y otros imperios que i su vez se elevan , 
Crecen , y llegan , y los tragan , y iioyen. 
Como impelidas de los euros (ríos 
Huyen las nieblas , sin dejar sus alas 
Huellas ningunas por el aire vago. 
Pues el genio inmortal de la armenia 
Venció tanto furor ; la faz del mundo 
Trastornada se ve , y él resonando 

En medio á tanta ruina , hasta la esfera 
Los ecos lleva de su noble acento ; 

Y el hombre absorto de placer le admira. 
¿Oyes el nombre del social Orfeo 
Entre aplausos aun ? Oyes cuál suena 

La trompa heroica del cantor de AquUes , 

Y estrellarse en su nombre las edades , 
Añadiendo en su honor nuevos trofeos? 

I Vivid f padres del canto ! { Almas sublimes, 
De la tierra esplendor ! ¿No sois vosotros 
Los que, admirando el universo, y llenos 
De inmenso fdego al contemplar las leyes 
En que el orden se asienta , arrebatados 
De sagrado furor en vuestra lira, 
El amor, la virtud , el bien cantabais , 

Y de los hombres la rudez puiisleis? 
Helos cuál tigres respirando ciegos 

strago y sangre, con fatal cruc/.a 

ntre si devorándose , y feroces , 

-<(a|. desnudos habitar las cuevas 
^ J^^oatura á los agrestes brutos. 
¡ lÚsJni humanidad ! F^idres del canto. 
Venid ; á vuestra plácida armenia 
El hombre sorprendido alza la frente , 

Y ledo mira al sol ; ya en sus eutrañas 
Arde el amor ; esposo, padre , amigo , 
Hombre es ya , en fin ; en sociedad se anida, 

Y el cielo alegre á su ventura rie. 

¡ Vivid , padres del canto ! No la tierra 
Tan ingrata será, que al hondo olvido 
Dé la memoria de los faustos dias 
Que nuestras bellas fábulas recuerdan. 
No la dará : si vuestros nombres mueren , 
Será allá cuando el^mundo hecho pedazos 
En el estrago universal esconda 
Los nombres que sus ámbitos llenaron. 

Y este precioso don , que al arte un día 
Debió la especie entera , en todos tiempo 
Le goza el hombre. Dime : allá en tu infancia, 
¿Quién suavizaba y de risueñas flores 
De la instrucción la senda te cabria. 
Sino su halago ? Sus grandiosos himnos 
Te elevan al Olimpo, sus canciones 
Te inundan de placer en tus festines ; 

Y abate luego , si á abatir te atreves» 
La grandeza del genio que elevado 
En generoso vuelo arde , y te lleva 

A ansiar, llorar, á suspirar consigo, 
A amar y aborrecer ; que yo entre tanto, 
Al ver los mundos que á su arbitrio crea 
Un numen bienhechor en él bendigo, 

Y hombre , de nn hombre en el grandor me elevo. 

¿ Serán tal vez sus formas agradables 

Y la eterna beldad de que se ciñe 

Las que en su oprobio á declamar te incitan ? 
\ Hombre feroz I en Ui íatal dureza 
Arranca al prado sn vistosa alfombra, 
Sa verdura á los árboles , y nanea 



Las auras templen el fogoso estio. 
¡ Ay ! harto amargo de la vida el cáliz 
Es al hombre infeliz , para que esquivo 
También le niegues el escaso néctar 
Que á veces baña de placer sus horas* 

Y no siempre su honor la poesia 
Fundó en el muelle acento y blando halago, 
En los objetos frivolos que ahora 
Por nuestra mengua sin cesar la emplean. 
Si es que los ecos bélicos te agradan , 
Si los hórridos cantos de Tirteo 
Aun quieres escuchar, vuela conmigo 
Al campo de Mésenla , y en él mira 
A los hijos de Ei^parta desmayados 
Volver la espalda al desigual combate. 

Y escucha de repente cómo truena 

El canto de la guerra , y cuál discurre 
De fila en fila, mortandad nunciando , 

Y ahuyentando el temor ; mira encenderse. 
Con sus versos enérgicos airada, 

La indignación violenta , y de la patria 
El amor sacrosanto, á cuyo nombre 

morir ó triunfar los héroes juran. 
«Pues os preciáis de descender de Alddcs , 
Amigos , alentad ; ¿ qué os acobarda? 
Sabed que nunca la oprobiosa fuga 
Escudo fué contra el rigor del hado ; 

Con hombres como vos es el combate. 
¿De qué tembláis? Marchad ; hermosa vida 
Os dará la victoria , eterno nombre 
Si en la lid perecéis el tiempo os guarda. « 

Y al belísono acento enfurecida. 

La muchedumbre intrépida se arroja : 
Salta , acomete, y el horror, y el luego, 

Y la muerte espantosa , que silvando. 
Del dardo y lanza en el acero vuela , 
Nada son á su ardor ; lucha , porfía , 
Á sus pies los soberbios baluartes 
Húndense , y el laurel de la victoria 
Ciñe la patria á su robusta frente. 

¡ Ay ! los sagrados venerables dias 
No son aun en que se lome al canto 
Su generoso y sacrosanto empleo. 
Pero ellos brillarán : yo, caro amigo, 
Ya entonces no seré ; nunca mi acento. 
Hirviendo de entusiasmo , en grandes himnos 
Se podrá dilatar, que grata escache 
Mi patria , y que en la pompa de sus fiestas 
El coro de los jóvenes los cante , 
El coro de las vírgenes responda , 

Y el eco lleve mi dichoso nombre , 

Y todo un pueblo con foror le aplauda. 

¡ Oh tú ,' cualquiera que en mejores dias. 
Por don del cielo, de mi patria seas 
El solemne cantor! ¡ Tú, á quien guardada 
Tan alta gloria está ! Yo te saludo 

1 Oh afortunado espíritu ! y te adoro ; 
Vuelve , te ruego, la dichosa vista 

Al fango vil de que á salir en vano 
Aspira mi ambición. No, sus esfuerzos. 
Sus débiles esfuerzos no podrían 
Durar, llegar á ti. ¿Qué serán ellos 
Si con tu excelsa elevación se miden? 
Escucha, empero, los aplausos míos. 
Que vuelan á mezclarse á la alabanza 
Con que tu siglo ensalzará tu nombre ; 

Y recibe estas lágrimas ardientes 

De despecho y áe ettvidia , «ine mis <it|oe 
Al contemplar ea ti vierten ahora. 



ÍRIStERA— LITERATURA. 



iQué sirve , 
De su bermoa 
Cuando el ríe 






Yel: 



10 del: 



Con ala abras. 
La floredenie 
j; Acoso la sbu 
PodráatÍTian 
lAhliSoatan 
Ed que se ani( 
Aquellos en qi 
Enlusiasmo y 
Un iDODienlo i 
1.a esperanza 
¡Ylosperwrs 
Ue lodo niedc 

Huje pnes , 
Va que aUvtai 
Dolor manda I 
Dolor ; lulo 7 
Venid, cercad 
Hl vadlaaie p. 
ilasia ta tumb 
Ed ella ptanlai 
Un fúDebre ci| 
Le regaré , mi 
Le hará crece 
Cubriré la los 
Difa: (Al hoi 
Al exiliado pi 
Vendré que el 
Cuando este u 
Sobre él conle 

V de respeta; 

lAyliQnéi 
Sino blel ; dol 
Que en él se p: 
Ya la segunda 
iQnfén de ao» 
Qae destinado 
De unos y oirt 

V yerme en loi 
Ven i mi de di 
Descargue al | 

V DO me guart 

A DON 



T6 , i qnten 
Miró desde el 
Imprimió la tí 
El don difino I 
Nicaaio respeí 

Y j la amistad 
Vo te abandoD 
Espacioso do» 
Del crudo ardí 

Y loi Isqoletoi 
En dulce Íkk 
iMKOOlbtB 



OBRAS COtiIt>LEtAS D 
Desalada entre tentó hiela ti vnela ; 
Vuela hicia ti , qae á lh pesar Bnmido 
En ese abismo peGtlIente y ciego , 
Los campoa ; las selvas solitarias 
BDscas,yaiin(Iudas,y á gozar leniegaE 
Placer tan puro j celestial conmigo. 

|Ohl Notaides, no tardes : bien las pasos 
e DH^Ito, bien la vista 
ni la abundosa vega, 
!Dte te embelese 
lor; todo le llama 
ia , todo coDTJda 
cel. No aquí ambiciosa 
lesplegar sa Inmenso 
en majestad sublime, 
lombrar : guardó el espanto, 
lie horror allí do esconde 
niño CDlre las nobes. 

00 las eternas nieves 

s el sol 1 si el viento suena , 
lustro, encu;fasalas 
im; entonces los torrentes 
asolar los valles. 
ombre? Estremecido j solo 
7 DO cabiendo 
iberbia en sus sf nlidos , 
j confusión se ealrega. 

tero, aquí, dulce, apacible, 
liberal reparte 

su primer oriente, 
r suavidad bañada, 

1 embelesar los ojos , 
r. Nicasio, el mió 

i que admiró. Do quiera 

mor. [ Ob cuántas veces , 

lo las sociales vides 

Irnos , 7 loiaoas 

desuverdeapojro 

ii7Blegreñ'ulo, 

e bañó mi pecho 1 

1 del incendio antiguo 

ron ¡Los suspiros, 

s , la Inquietud dicbosa , 

¡nsasqne algún dia 

)j Dios ! ; acaso hujeran 

ir; todas volaran, 

« con igual temort 

: si desparece 

i la memoria acuden 

í T amigos , 7 en nn ponto 

1 penetrar mi seno 

litarlo inspira , 

Dcóllco me llevan. 

laceniero ruido 
ada precipiía 
lascal , adonde 
aunnurindo el rio. 
oh qué placer 1 furioso 
1 i so violencia en vano 
se , aliar la espalda , 
lervir, j en alba espama 
) arrebatarse al llano, 
re los dulces juegos 
t variedad graciosa 
•n mirar presoota. 
sedientas alas 
Iros, 7 llenos 
ir, en vuelo alegiw 



£ DON MANDEL lOSÉ QDWTANA. 

Vana esparcirla i la tendida vega; 
Mientras en dulce gratitud riendo. 
La dócil caña el intratable espino 

V el álamo gentil en la ribera 
Sus ramostiendená besar las ondas: 

Ondas preciosas que el colono activo 
Sapo en raudales dividir, ; en ellos 
Llevar la vida 7 la abundancia al campo. 
Siquiera el cielo en su rigor se obstine 
En negar el vivIQco roclo , 
Don de las nubes , los endeble; diques 
Rompe seguro el rustico, y al punto 
Vieras la tierra qne inundada embebe 
El cristalino humor; y fuer/as nuevas 
Con él cobrando, engalauar su frente 
Un fruto 7 otro fruto, 7 cien tras ellos. 

Asi la vista por do qnier se baila 
En verdura etenial ; asi Pomona 
Tiende su manto, y pródiga derrama 
Del almo cuerno el celestial tesoro, 
i Qué mucho SI su templo deliciosa 
Le plugo aquí sentar, y aqni adorada 
Del hombre ser?Todola acata. El rio. 
En dos partido , ci>n ardor la ciñe , 

V ella en sus bra70s 7 en sn amor se goza. 
Voalli, mientras los arboles se mecen 
Al son del viento, en tanto que á sus hombros 
Sube contento las opimas cargas 
El hortelano, y las zagalas rien 
Entrísca alegre 7 bullicioso juego, 
Llego al altar de la deidad que en medio 
Reina ostentando su silvestre pompa , 

V á reverencia y religión me inclina. 
] Arboles prodigiosos! ,1 Cuál laaienle 
Que asi os quiso agrupar? Cuál I\ié la mano 
Que asi os plantó? De majestad vestido 
El añoso nogal , su cima alzando , 
Basta la cumbre del Olimpo alcania; 
Sube , 7 en su ambición tiende los brazos 
Lejos de si , cual si ocupar con ellos 
De la esfera los ámbitos quisiera ; 
Vetemosá pardeé!, 7 i par sublimes. 
Seis lúgubres cipreses tos lijosos 
Ramos le cercan , y en sn faz sombría 
h» Iiu quebrantan del ardor febeo. 

[ Ob delicias I Ob magia ! Ob cómo bnUdldi 
Bajo esta hermosa bóveda se lleva 
LamenleámediPar! ¡Culi se engrandecen 
Sus pensamientos ! Vi la par mirados, 
¡ Cuín breve el hombre, y su poder, so gloria, 
Toda su pompa I ¡ Oh qué de veces vieron 
De su opulento dueño aqnestos troncos 
La afanosa inqnletnd! Cuintas en vano 
Con su grato silencio le brindaban 
Alreposo, ilapaz;7élorgultoso 
Enpos del mandoy la ambición corrial 
I Qué de delitos no abonó el insano 
Para saciar sn ardor! Bañóse en sangre. 
Domó la tierra, y ^qué logró? Esias planiai 
Le vieron perecer, 7 ellas quedaron : 
Quedaron i esparcir sus ramos bellos 
Sobre mi , que inclinado y reverente 
Canto su gloria ; y vivirán : testigos 
Serániayl demiflncnandoá sn ocaso 
Llegue el aliento de mi endeble vida. 
Todo al tiempo sucumbe : ellas un día, 
ElUs también... 1 Ah bárbaro 1 repara 
Li iDclemeote segur ; muévante al menos 
6a iicro horror, su venerable sombn , 



t>AllTE PRIMERA 


— LITERATI3R 


nidad. PndobistacDionce* 


Etemamei 


impo, i j tú atrevido 


Las veces 


aürtsíDetente, 


Sns ansias 


na puDlo asi desirnyas 


Aqui.ent 


iel.Nogairroodoso, 


Tal vez se 


¡coítípresM, 


Gralamen' 


id , y que el ingralo 


Timida.tl 


l^a se airen 


Ledeclar. 


i herir, jam&s encnentre 


Se «capó 


inte en el estio 


Luchó poi 


ae el sol ; nnaca reposo , 


Dentro de 


,j de sniojusio pecho 


Que guarí 


e la inocencia amable 


i Quién sal 


; los ártMiea se abriga. 


Ko temas : 




MI lengua 


>,delarreniemia 


BasUlaei 


saf. Adioa.cipreses, 


Basueleí 


lo5 Alamos del bosqne 




imenidad me lliman. 


iTtfila 


ralle; el sol ardiente 


Tanmigi, 


.jbtigado el pecho 


El campo. 


j con dolor respira. 


Antes qne 


mo ; que tu yerba 


Lleve al v 


1 , i mia cinsidOB mlembroi 


Cuidadost 


a ; qne el murmullo blando 


Ven i goz^ 


en agradable sueño 


Yo con los 


íregale.j que sacuda 


J pienso e 


el delicioso néctar 


Huye con 


rmlsndorenjugae. 


Digna mo. 


del telador cuidado 


Que los hi 


>, Di las espinas 


El negro 1 


lor su punía emplean. 


De donde 


:»l despertar, las ares 


U dulce 1 


acento en mis oidos 


Delaopre 


lelp1acer;Usanrae, 


No se atrt 


arroyuelo y prado , 


En qne le 


f á mi vista ríe. 


Cuando se 


B retirada y pura 


Doquierl 


tdesQs ondas rHas 




.; y yo, embebido 


lObpec 


en mi delirio ciego 


Loscampí 


láyades imploro. 


Cnando s< 




SI, que el 


óndo euts? Tú, A qaten demada 


De natura 


y de inmortal belle» 


Alalnoce 


t; tú, qne Inspirado 


Loa vidoa 


id ;lü, que en las selvas 


Deesclav. 


ncia y tos amores 


Huyelos, 


resonar hadas. 


Ven i aco| 


ien¡ llera mis pasos 


Los irboli 


zar. Contempla el suelo 


No aprend 


nta engasa, y cnánbenno» 


Sereno el 


e alza allí , foima ora un llano, 


Engralal 


;* la alameda vuelve 


Podriwr 


ada , y mira en ella 


El vuelo d 


lar;velaienmra 


Perderlsl 


e del robusto padre 


Tu lira de 


y rigoroso e«Uo 


Ylasmnsi 


1 árboles se ampanii. 


Delcamp< 


do céSro, qne vaela 


Y en tanto 


Idslmas moviendo 


La esteta 


lor.evintas zagalas 


Yo,tempIi 


vo, y coimas veces. 


MlhumUt 


[inal burlando. 




se empapó en su seno. 




ilmos suspiros 


PAR 


ití.poresusdva 




y las querellas tlütw 




maue repetía. 


iCompí 


alcefuectelAsltiioiUM 


ota 7 puo, comido 


Xquola 



dft 



OBRAS COMPLEtAS DE DON ItAMJEL JOSÉ OüINTANA. 



** 



■i ■ 



POETA. 

Cantar, yo cantaré ; mas ¿por ventora 
Queréis también qne á interrumpir me atreva 
Su curso hermoso á tan sereno día ? 
¿ Queréis que la voz mía 
En sus robustos tonos , 
Como ya lo acostumbra, airada y fiera, 
Rayos despida á los soberbios tronos? 
¡Vano tesón ! Los hombres olvidados, 
Gomo se llevan á la mar los ríos , 
A la vil servidumbre asi se llevan , 

Y con sus hombros la ii^usticia elevan. 
Allá se avengan ; k los pies se humillen 
De la siempre insolente tiranía , 

En tanto que nosotros consagramos 
Las horas al placer y á la alegria. 
Bebamos pues; nuestro apacible acento, 
Fuerzas cobrando en el licor divino, 
Salga mas grande á penetrar el viento. 
Suba mas dulce k celebrar el vino. 

CORO. 

Bebamos pues; nuestro apacible acento. 
Fuerzas cobrando en el licor divino , 
Salga mas grande i penetrar el viento, 
Su£i mas dulce á celebrar el vino. 

POETA. 

Cuando inspirado el Unco latino, 
Glorías de Baco en su laúd cantaba , 
El oriente á su carro encadenaba , 
Que de tigres fierísimos uncia. 
¿Quién al dios de la rísa y la alegría 
En tan terrible pompa conociera? 
Quién sin dolor contemplara á Lieo, 
Ya llenando de horror los horizontes 
Cuando apedaza bárbaro á Penteo , 
Ya hinchendo en frenesí madres y esposas , 

Y al grito de las Ménades furiosas 

Las cavernas bramar, y arder los montes? 
¡Triste alabanza ' ¡ Cántico inhumano ! 
Odiar, matar, despedazar furioso 
Son dones propios de cualquier tirano* 
Has le quiero yo ver la sien ceñida 
De pámpanos pacíficos, riendo , 
En brazos de su Aríadna reclinado , 
Besando á veces su turgente seno , 

Y á su presencia amiga 
Desterrando el mortífero veneno 
Del esquivo cuidado y la fatiga. 

¿Quién basta ¡ oh Baco ! á celebrar tus dones? 

Tú , cuando braman las pasiones ciegas 

A modo de huracán dentro del pecho , 

Eres iris de paz que las sosiegas. 

Tu aliento al afligido 

Las dolorosas lágrimas eijuga , 

Y á la desconfianza sospechosa 
La encapotada frenle desarruga. 
¿ Qué mas? Hasta el esclavo 
Vilmente alado á ia servil cadena. 
Cuando el ardor de tu licor le llena. 
Sacudiendo su pena, alegre canta , 

Y á su señor insulta , 

Y al Olimpo la firente audaz levanta. 
{ Prodigio sin igual ! ¡ Digna victoria 
Del rubio dios que del oriente vino ! 
Bebamos ea su honor, saya es la glori«« 
«— t Gloria sin fin al inventor del vino I 

CORO* 

(Prodigio sin Igvalt ¡Digna victoria 



Del rubio dios que del oriente vino I 
Bebamos en su honor, suya es la gloria. 
—¡Gloria sin fm al inventor del vino! 

POETA. 

Mas ya no basta á contener mi acento 
Este breve horizonte, ya ambicioso 
Otros mas anchos ámbitos desea. 
¡ Oh, si el eco de paz yo dar al viento 
Pudiese, y que á mi voz quedase ocioso 
El hierro que aterrando centellea ! 
Dame tu aliento, ¡ oh Baco ! dame el vuelo 
De los bóreas alígeros, y al punto 
Arrebátame allá donde irritado, 
Con sangre hinchado y la corriente aun roja , 
Al mar helado el Vístula se arroja. 
Tres déspotas alli mandan la muerte : 
¡ Sacrilegos ! Al tiempo 
Que hace el genio del mal pai con el mundo. 
Que todo vive y por vivir anhela , 
Ellos matan: ¡ qué horror! —Ved al oriente 
La primavera hermosa 
Mostrar festiva su purpúrea frente. 
La copa de los árboles pomposa 
Grata sombra nos da, nido á las aves , 

Y dulce juego al céfiro lascivo. 
Brillante el sol, desde su excelsa cumbre 
Inunda al universo 

En torrentes de lumbre ; 

Mientras la flor brotando el prado esmalta , 

Y en la torcida madre que le encierra 
Por gugas de oro el arroyuelo salta. 
¿Dónde el Vístula fué ? Dónde la guerra? 
Cual cometa á mi vista aparecieron, 
Como prestos relámpagos huyeron. 

¡ Oh ! no vuelvan jamás : perdí el camino ; 
Le cobraré bebiendo ; y que mi canto , 
En vez de daros belicoso espanto , 
Os dé el encanto que respira el vino. 

CORO. 

t Oh ! no vuelvan jamás : perdió el camino; 
Que ie cobre bebiendo; y que su canto, 
En vez de damos belicoso espanto , 
Nos dé el encanto que respira el vino. 

POETA. 

Brindemos; ¿y por quiéo?Por la hermosura. 
¿ No veis al rebullir del fresco viento 

Y á la vivaz fragancia de las flores 
Despertar en enjambres los amores? 
Que cada cual al punto por su amiga 
Beba, que cada cual la encuentre siempre 
Mas fresca y mas hermosa 

Que por abril la rosa ; 
Siempre brillante y pura 
Como es brillante el sol, puros los cielos. 
Nunca sospecha ó p<Mizoñosos celos 
Osen romper tan amorosos lazos ; 
Que á sus abrazos cedan los abrazos 
Del álamo y la vid, y que á sus besos 
Cedan también en faego y en dulzura 
Las deliciosas cfaispas centellantes 
Que ora en este licor mi labio apura. 
Bebamos : acordémonos que un dia 
Dyo riendo Venus á Lfeo : 
t Tu ardor va é par con la belleu Bida ; 
T& igualas el poder OQn al doieo. • 



ooao. 

Bebamoa t aaordéBMioaqve 
Dito riendo Venus I Lieo ; 



«a «a 



*■•■«»•- 



PiRtE tíSMÉRL'^ LlTBIlATtmA* 
I Ta ardor va á par «on la ieStift nía ; 
T6 Igaite al padar aon el daiaa. > 



Mas d^emotf á amor : anor aa agrada 
En el silenciOy y delicado yniSo» 
Hasta el aire le ofende, ygoza solo. 
La amistad es social : próyido el délo, 
IHó á la dulce amisud ser el ooosaelo , 
Ser el encanto de la humana ?ida..* 
{Ayl ipor qué, amigos míos» 
Por qné esta amaiiga lágrima Tertlda 
Mi inflamada mejilla baña aliora Y 
¿En dónde están los pérfidos que im dia 
Con horrenda tralctaüi mi amor pagaron, 

Y á modo de asesinos ?... | Ah Infelices ! 
iamás su alma aletosa 

Tendrá ya este placer, esta alegría 
Oue ora tan para en mi Interior rebosa. 
Volvedme el vaso á henchir, brindad conmigo 

Y otra vez le apurad. Por este cielo , 
Por este sol que nos alambra y mira , 
Por este puro céfiro que espira 

Y en mi frente el sodor volando orea. 
Por el vivo placer qae nos recrea , 
Tocad las copas, y Juremos todos 
Que tan dulce amistad eterna sea. 

No importa al juramento estar beodos ; 
No importa, no; jurad, bebed sin tino ; 
Vuelva el aplauso, la algasara vudva , 
Hierva en los vasos rebosando el vino, 

Y á voces tome á retumbar la selva. 

COBO. 

Vuelva el aplauso, la algazara vuelva , 
Hierva eu loa vasos rebosando al vfaw , 
TávoeettciiieáfeluBbar la selva. 

tAbril de iS07.) 

A LA mVENaON DE LA IMPREinTA. 

iSerá que siempre la ambición sangrienta 

del solio el poder pronuncie solo , 
Guando la trompa de la tuna alienta 
Vuestro divino labio, Uyos de Apolof 
¿No os da rubor? El don de la alabanza. 
La hermosa luz de la brillante gloria, 

1 Serán tal vez del nombre á quien darla 
Eterno oprobio ó maldición la historia Y 

I Oh 1 desperud : el humillado aoento 
Con Bujestad na usada 

Suba á las Bubes penetrando el viento ; 

Y si queréis que el universo os crea 
Dignos del lauro en que cefiis la firente, 
Que vuestro canto enérgico y valiente 
Digno también del universo sea. 

No los aranas del loor se vierou 
Vilmente degradados 
Asi en la aatigñedad; siempre las avH 
De la Invención sublime, 
Dri genio bienhechor los recibieron. 
Unce Saturno, y de la ttiadre tiem 
El seno abriendo con el Iherte arado. 
El predoso tesoro 

De viviflea aries descubre al suelo , 
T grato el camolafemonu al dalo, 
T DfcM le nombra de loB siglos de oro. 
¿Dios Bo Adata también tú, que allá un dia 
Gnerpo á Ja vos y ai peMaraleotodlsto, 
T teasándola en letníi, dacuvlsto 
l4i jpaiabift veta quB antes huiaT 

0.V 



Sin Use devoraban 
Los siglos á los siglos, y á la tumbe 
De un olvido etemal yertos bs^ban. 
Tú fuiste : el pensamiento 
Miró ensanchar la limitada esliera 
Que en su infanda flital le contenía. 
Tendió las alas , y arribó á la altura 
De do escuchar la edad que antes viviera , 
Y hablar ya pudo con la edad futura. 
¡ Oh gloriosa ventura ! 
Goza, genio inmortal, goza tú solo 
Del himno de alabanza y los honores 
Que á tu invención magnifica se deben : 
Contémplala brillar; y cual si sola 
A ostentar su poder día bastara , 
Por tanto tiempo reposar natura 
De igual prodigio al universo avara. 

Pero al fin sacudiéndose, otra prueba 
La plugo hacer de si, y el Ain helado 
Nacer vio á Gultemberg. c¿Con que es en vano 
Que el hombre al pensamiento 
Alcanzase escribiéndole á dar rida , 
Si desnudo de curso y movimiento. 
En letargosa oscuridad se olvida ? 
No basta un vaso á contener las olas 
Del férvido Océano , 
Ni en solo un libro dilatarse pueden 
Los grandes dones del ingenio humano : 
¿Qué les CiUa Y ¿Volar Y Pues si á natura 
Un tipo basta á produdrsin cuento 
Seres iguales, mi invendon la siga : 
Que en ecos mil y mil sienta doblarse 
Una misma verdad, y que consiga 
Las alas de la luz al desplegarse.» 

Dijo , y la imprenta fbé ; y en un momento 
Vieras la Europa atónita, agitada 
Con el estruendo sordo y formidable 
Que hace sañudo el viento 
Soplando d fuego aselador que enderra 
En sus cavernas lóbregas la tierra. 
I Ay dd alcázar que al error fundaron 
La estúpida ignorancia y tirada 1 
El volcan reventó, y á su porña 
Los soberbios cimientos vadlaron. 
¿ Qué es del monstruo, dedd, inmundo y feo 
Que abortó el dios del mal, y que insdente 
Sobre el despedazado Capitolio 
A devorar el mundo impunemente 
Osó fundar su abominable solio Y 

Dura, si ; mas su Inmenso poderio 
Desplomándose va ; pero su ruina 
Mostrará largamente sus estragos. 
Asi torre fortisima domina 
La altiva dma de flragosa sierra ; 
Su albergue en ella y su defensa hideron 
Los hijos de la guerra , 

Y en ella su pt^anza arrebatada 
Rugiendo los esférdtos rompieron. 
Después abandonada , 

Y del silendo y soledad sitiada , 
Conserva, aunque ruinosa, todavía 
La aterradora fez que antes tenia. 

Mas llega d tiempo, y la estremece, y cae; 
Cae, los campos gimen 
Con los rotos escombros , y entre tanto 
Es escando y baldón de la comarca 
La que antea fué su escándalo y espantoii 

Tal filé d lauro primero que las denes 



8 



»-*.'•' -«íi 



M 



OBRAS COMPLETAS DE DON MANUEL lOSg QUINTANA. 



Omft dé la moB» mlentru otada , 
Sedienta de saber la Inteligeoda , 
Abarca él uii^rso en aa gran Taelo. 
Lefámase Gopémico hasta el cido , 
Qae un velo impenebrabie antes cnbria » 

Y alli contempla el etemal reposo 
Del astro laminoso 

Qne da á torrentes su esplendor al día. 
Siente bijo su planta Galileo 
Maestro globo rodar, la Italia ciega 
Le da por premio nn calaboso implo , 

Y el globo en tanto sin cesar nann^a 
Por el piélago inmenso del vacio. 

Y navegan con él impetuoso » 

A modo de relámpagos huyendo, 
Los astros rutilantes ; mas lanzado 
Veloz el genio de Newton tras ellos » 
Los sigue, los alcanza , 

Y á regular se atreve 

El grande impulso gue sus orbes mueve. 

1 1 Ah ! ¿qué te sirve conquistarlos cielos, 
Hallar la ley en que sin fin se agitan 
La atmósfera y el mar, partir los rayos 
l>e la impalpable luz, y hasta en la tierra 
Cavar y hundirte, y sorprender la cuna 
Del oro y del cristal ? Mente ambiciosa , 
Vuélvete al hombre.» Ella volvió, y furiosa 
Lanzó su indignación en sus clamores, 
c ¡ Om que el mundo moral todo es horrores ! 
) Con que la atroz cadena 
Que foijó en su furor la tiranía , 
De polo á polo inexorable suena y 

Y los hombres condena 

De la vil servidumbre á la agonía I 

¡ Oh ! no sea tal.» Los déspotas lo oyeron « 

Y él cuchillo y el fuego á la defensa 
En su diestra nefiuia apercibieron. 

¡Oh insensatos ! ¿qué hacéis ?Esashogueras, 
Que á devorarme horribles se presentan 

Y en arrancarme á la verdad porfian , 
Fanales son que á su esplendor me guian , 
Antorchas son que su victoria ostentan. 
En su amor anhelante 

Mi corazón extático la adora , 

Mi espíritu la ve, mis pies la siguen. 

No : ni el hierro ni el fuego amenazante 

Posible es ya que á vacilar me obliguen. 

¿ Soy dueño por ventura 

De volver el pié atrás ? Nunca las ondas 

Toman del Tago á su primera fuente 

Si una vez hacia el mar se arrebataron : 

Las sierras, los peñascos su camino 

Se cruzan a atiyar; pero es en vano ; 

Que el vencedor destino 

Las impele bramando al Océano. 

Llegó pues el gran dia 
En que un mortal divino, sacudiendo 
De entre la mengua universal la frente » 
Con voz omnipotente 
l)yo á la faz del mundo : cEl hombre es libre.» 

Y esta sagrada aclamación saliendo, 
No en los estrechos limites hundida 
Se vio de una reglón; el eco grande 

Que invento Guttemberg la alza en sus alas ; 

Y en ellas conducida , 
Se mira en un momento 

Salvar los montes, recorrer los mares » 
Ocupar la extensión del vago viento ; 

Y sin que el trono ó su lüror la asombrOi 



Por todu pffftes el uSenta gito 

Sonar de la raioii : c Libra es «1 koadMi» 

Libre, sf, Ubre : |eh duloe voil lOpaito 
Se dilata escachándote, y pa^pto, 

Y el nftmen qae me agita. 

De tu sagrada inspiración hendüdo, 
A la región olímpica se eleva , 

Y en sus alas flanolgeras me Uefi* 
I Dónde quedáis , mortales 

Que mi canto escacháis ? Desde esta elai 

Miro al destino las ferradaspuertaa 

De su alcázar abrir, el denso velo 

De los siglos romperse, y descubrine 

Cuanto será. ¡ Oh placer! No es ya la tieirt 

Ese planeta misero en que ardieron 

La implacable ambidon, la honiUe goem» 

Ambas gimiendo para siempre huyeron » 
Gomo la peste y las borrascas huyen 
De la afligida zona , que destrayoi , 
Si los vientos del polo aparecieron. 
Los hombres todos su igualdad sintieron f 

Y á recobrarla las valientes manos 
Al fin con fuerza indómita movieron. 

No hay ya ¡ qué gloria 1 esclavos ni tiranos ; 
Que amor y paz el universo llenan , 
Amor y paz por donde quier respiran , 
Amor y paz sus ámbitos resaenan. 

Y el Dios del bien sobre sa trono de oro 
El cetro eterno por los aires tiende ; 

Y la serenidad y la alegría 
Al orbe que defiende 

En raudales benéficos envía. 

¿ No la veis ? No la veis ? ¿La gran columnat 
El magnifico y bdlo menomento 
Que á mi atónita vista centellea T 
No s<m, no , las pirámides que al viento 
Levanta la miseria en la fortuna 
Del que renombre entre opresión grai^ea. 
Ante él por siempre humea 
El perdurable Incienso 
Que grato el orbe á GuUemberg tributa : 
Breve homen^ á su fiívor inmenso. 
¡Gloria á aquel que la estúpida violencia 
De la fuerza aterró, sobre ella alzando 
A la alma inteligencia I 
Gloria al que , en triunfo la verdad llevando. 
Su influjo eternizó libre y fecundo : ^ 

] Himnos sin fin al bienhechor del mundo ! 

(JvUoáelSOO.) 

ALA DUQUESA DE ALBA. 
Preseatiadold ana obrt de eseoltart eonnfnda i so beneflceaela. 

Fiel la amistad , á tu presencia ofrece 
Este precioso monumento, en donde 
La reverente gratitud te adora; 
Él tu dulce atención humilde implora , 

Y una mirada de favor merece , 
Pues llega á ti oomo al Olimpo sube, 
Por manos Inocentes enviada. 

De grato incienso vagarosa nube. 

Pudo el cincel representar la gloria 
De tu bdleza , d poderoso halago 
De tus ojos porsiempie abrasadoreSf 

Y tu triunfo ostentar y tas victorias 
De lu gracias en medioy loe amores; 
Mas era la amistad quien le guiaba : 
Ella dyoal artisu : cDetu mano 



«-« 



I 



Ün mbnnmento Éib^lar espero , 
I>onde el genio del bien solo respire ; 
Qae de Alba la deidad en él se mire » 
Y que por él eternizada sea 
La bondad celestial , inagotable , 
Qae su apacible corazón recrea. 

Y agradóse el cincel en su tarea ; 
Que al fin en ella á consagrar no aspira 
Aquellos bijos del poder que triste 
La tierra siempre y con terror admira. 
Eaios del arte á profanar se atreven 
El genio creador cuando en su gloria 
Mandan tallar los mármoles y bronces 
Para eterno blasón de su memoria. 
Óyelo el arte esclavizado, y gime , 

Y obedece. ¿Qué importa ? El humo negro 
Que sus atroces crímenes exbalan , 

Allí fétido vaga ; allí se escuchan 
Los ayes tristes que lanzar hicieron 
Aquel honor que sin pudor violaron , 
Aquella fe que sin cesar mintieron ; 
La maldición del mundo , que oprimía 
Su insolente ambición... ¡ Ah! vanamente 
Los esconde la tumba : ellos quisieron 
Su Cama eternizar ; su fama vive, 
Has es de eterna execración cargada ; 

Y si la tierra á su pesar los nombra , 

O bien de oprobio y de baldón los cubre, 

bien gimiendo y con dolor se asombra. 

i Ob , cuan diversa suerte , amable amiga , 
El cielo á ti te preparó ! Tu cuna 
La humanidad y la amistad mecieron , 

Y en ti encontraron sempiterno abrigo. 
Creciste : tu poder y alu fortuna. 

Cuál raudales de bien, siempre se vieron 
Llevar el gozo y la piedad consigo. 

1 Cómo ó de dónde tan sublimes dones 
De tu nombre á la pompa se hermanaron? 
La pompa, siempre de soberbia henchida , 
Solo & temor y humillación convida; 

Ta á agradecer y á amar. Dígalo el eco 
De ansiedad y dolor con que tu nombre 
De labio en labio sin cesar volaba 
En estos tristes dolorosos días 
Que la dolencia por tu ser vagaba» 
Cuando y como serpiente ponzoñosa 
Por tos entrañas débiles corriendo » 
El mal las devoraba « y tú gemías. 
Las noches sucedían á los días , 
Los días á las noches ; y el esquivo 
Dolor triunfaba de tu endeble vida , 
En su violencia atroz siempre mas vivo. 
Huye I oh muerte cruel ! De aquí destierra 
Tu fkz odiosa y tu inclemente sana ; 
Hiera al perverso tu fatal guadaiía» 
Vengando de él á la ullraga tierra , 

Y perdona A so encanto... Oyólo el cieks 

Y d arte , que solícito empleaba 
A par de ti su Infatigable anhelo. 
Calmar pudo al dolor; la parca airada» 
Que feroz amagándole ya estuvo. 
Cedió, y la mano en tu exterminio alzada 
A siiirox Imperiosa se detuvo. 

Vives en fin , y conservada fiíiste 
Jd amMoso llamo y los suspiros 
Hela amisud^á los fervientes votos 
Del agitdeeimieoto. | Ahí si á la suerte 
flego ee tal riesgo separar la h(Mra 
Que á t» kermoio irim iUUma sea f 



PAMé PhtMtehA.^LFTfiftATÜRA. 



Arrójela bien lejos ; y que entonces , 

Sereno, sin dolor, sin agonía , 

Se parezca el momento de tu sueno 

Al dulce oscurecer de un bello día. 

Morir es ley universal ; no hay nadie 

Que su sentencia redimir consiga ; 

Pero ¿morimos, adorable amiga? 

No ; nuestro cuerpo, que la tierra esconde, 

Vive y da vida ; nuestra mente vive , 

La del sabio en sus libros, la del bueno 

De sus acciones en el grande ejemplo ; 

La virtud recordándolas se eleva ; 

Gloria es su nombre , su memoria un templo. 

Así vivirás tú ; cuando trocada 
La suerte de los pueblos , que ahora deben 
A tu amoroso esmero su ventura , 
Sientan soberbia á la opresión su azote 
Sobre ellos extender , ¡oh cuántas veces 
De ti se acordarán ! ¡ Cuántas , postrados 
Ante este grupo , adorarán tu imagen, 

Y dirán : c ¿Dónde estás ? ¿ Cuál fué la mnno 
Que de tu amparo nos privó ? » Y gimiendo, 

Y en llanto triste el pedestal regando. 
Exclamarán : «¡Oh Dios! s¡ ella viviera, 
Cesara nuestra mísera amargura ; 
Lloráramos tal vez , y el llantr. fuera 

De dulce gratitud y de ternura. » 

EL PANTEÓN DEL ESCORIAL. 

En los amalaos días 
Que serán luto eterno en la memoria , 

Y á los siglos remotos indignada 
Con hiél y llanto pintará la historia ; 
Cuando después de reluchar en vano 
Con la dura opresión en que gemía 
La tierra , sin aliento al yugo indigro 
El cuello pusilánime tendía; 

Al tiempo que el destino. 
Las espantosas puertas desquiciando 
Del imperio del mal , sus plagas toilu 
Sobre España lanzaba , 

Y ella míseramente agonizaba : 
Yo entonces afligido, 

cPide , dije á mi espíritu , sus alas 
Á la paloma tímida , inocente ; 
Tómalas , vuela , y huye á los desiertos, 

Y vive allí de la injusticia ausente. » 

Al punto presurosas 
Mis plantas se alejaron 
Á las sierras nevadas y fragosas , 
Lindes eternos de las dos Castillas. 
Ya sus cimas hermosas 
MI pensamiento alzaban 
Del fango en que it \ oh corte! nos humillas, 
Cuando mis ojos la mansión descubren 
Que en destinos contrarios 
Es palacio magnífico á los reyes 

Y albergue penitente á solitarios. 
En vano el genio imitador su gloria 
Quiso allí desplegar , negando el pecho 
Á la orgullosa admiración que inspira ; 
<¡ Artes brillantes , exclamé con ira , 
Será que siempre esclavas 

Os vendáis al poder y á la mentira ! 

¿Qué vale ¡oh Escorial! que al mundo asombres 

Con la pompa y beldad que en ti se encierra, 

Si al fin eres padrón sobre la tierra 

D« U inftimla del arte y de los hombres? 



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'M 



ObRAS COMPLETAS t>& DOK IIAMCBL JOSÉ QUINTANA. 



I Mis no es tumba también !. . .» Y en esta idea 
Embd)ecido el pensamiento mió » 
Qaise al recinto penetrar, en dónde 
fisgo eterno silencio y mftrmol frió 
La muerte á nuestros principes esconde. 
¡Salud, célebres urnas ! En el oro, 
En las pomposas letras que os coronan , 
Decidme, ¿qué anunciáis ? ¿ Tal vez memorias , 
Memorias , ¡ ay ! en que la mente opresa 
Ck>n el dolor presente 
Pueda aliviarse al contemplar las glorias 
Que un tiempo ornaban la española gente? 
¡Sepulcros, responded !... Y de repente 
Vuélvense de la bóveda las puertas 
Sobre el sonante quicio estremecido ; 
La antorcha muere que mis plantas guia » 

Y embargado el sentido , 

Mil terribles imágenes se ofrecen 
Á mi atemorizada fimtasia. 

Tú que ciñendo de laurel la frente» 
Con austero semblante 

Y en perdurable verso 
Presentas la verdad al universo, 
Sin que el halago pérfido te vicie 

Ni el ceño de los déspotas te espante : 
\ Oh Musa del saber I mi voz te implora ; 
Vén , desata mi labio, en digno acento 
Dame que pueda revelar ahora 
Lo que vi , lo que oí , cuánto escondido , 
Sin que los hombres á entenderlo aspiren , 
Yace allí entre las sombras y el olvido. 

Un alarido agudo , lastimero, 
fil silencio rompió que hondo reinaba , 
Mientras las urnas lánguida alumbraba 
Pálida luz de fósforo ligero. 
Levanto al grito la aterrada frente , 

Y en medio de la estancia pavorosa 
Un joven se presenta augusto y bello. 
En su lívido cuello 

I)el nudo atroz que le arrancó la vida 
Aun mostraba la huella sanguinosa; 

Y una dama á par de él también se vía , 

Que, á fuer de astro l>enlgno, entre esplendores 

Con su hermosura celestial seria 

Del mundo todo adoración y amores. 

¿ Quién sois ? iba á decir , cuando á otra parte 

Alzarse vi una sombra , cuyo aspecto 

De odio á un tiempo y horror me estremecía. 

El insaciable y velador cuidado , 

La sospecha alevosa , el negro encono, 

De aquella frente pálida y odiosa 

Hicieron siempre abominable trono. 

La aleve hipocresía , 

En sed de sangre y de dominio ardiendo» 

En sus ojos de víbora lucia ; 

El rostro enjuto y míseras fiícdonet 

De su carácter vü eran señales , 

Y blanca y pobre barba las cubría 
Cual yerba ponzoñosa entre arenales. 

Los dos al verie con dolor gimieron : 
Paráronse , y el joven indignado, 
c ¿Qué te hicimos ? ¡ oh bárbaro ! exclamaba ; 
¿Conoces á tos victimas ?i c Respeta , 
DQo el espectro, á quien el ser debiste: 
Por el bien dd Estado al fin moriste. 
Resígnate. » 

EL paf ifCfVK cXblos. 
c| Oh hipócrita I La sombra 



De la muerte te oculta , ¿y aun pretendM 
Fascinar, engañar? Cuando asolados 
Por tu superstición reinos enteros » 
Yo ios osé compadecer, tú entonces 
Criminal mejuzgaste,yal sepulcro 
Me hiciste descender. Mas si en el pedio 
De un Wjo del fimático Felipe 
No pudo sin delito hal>er clemencia , 
¿Cuál fué , resp<mde , la secreta culpa 
De esta infeliz para morir conmigo? 
Ni su sangre real , ni el ser tu esposa» 
Ni su noble candw, ni su hermosort» 
De ti pudieron guarecerla.» *- 

Un hondo 
Gemido entonces penetró los aires » 
Que al desplegar sus laliios dio la triste. 

UABBL an TALOIS Ó DS LA PAZ. 

ff{ Ay, prorumpió, de la que nace hermosaí 
¿ Qué la valdrá que en su virtud oonüe » 
Si la envidia en su daño no reposa» 

Y la calumnia hiriéndola se ríe? 

Yo di al mundo la paz , Paz me nombraron. 
Quise al cruel que se Uamó mi esposo 
Un horror impedir, y este es mi crimen. 
Pedí por tí con lágrimas ; mis ruegos» 
Cual si deim torpe amor fuesen naddof 
Irritaron su mente ponzoñosa. 
La vil sospecha aceleró el castigo» 

Y sin salvarte , perecí contigo : 

i Ay infeliz de la que nace hermosa f » 

DQo ; y vertiendo lastimoso llanto» 
En los hombros del joven reclinada » 
Sus ojos melancólicos y bellos 
Fijaba en él , y la amistad mas viva » 
La mas noble piedad reinaba en ellos. 
Entre sus manos frias 
Se miraba la copa envenenada 
Que temünó sus días » 

Y el Principe en las suyas agitando 
Un sangriento dogal , con faz temblé 
A su bárbaro padre atormentaba. 

El tfrano temblaba ; en sordos ecos 
Desesperados ayes 
Su boca despedía, 

Y de sus miembros trémulos 
En convulsiones hórridas 
Brotaba á su despecho la agonfa. 

Sí , nacer para el mal , romperse el velo 
De la ilusión que arrebató hada el crimen» 
Presentes ver las victimas que gimen » 
Ser odio , execradon del universo, 
Mirar que niega la implacable suerte 
Todo retomo al bien ; t ay I al perverso 
Este infierno tal vez en vida alcanza , 
Si aun le sigue á los reinos de la muerte , 
t Qué terrible , oh virtud , es tu Tenganzat 

Sobrepujando en fin por un momento 
La agitadon » y vuelto hada su h^o : 

PELinn. 

c Cesa , cruel , de atormentarme , d(]o ; 
Tu muerte injusta fdé ; pero el Estado 
Con ella respiró. Si tú vivieras » 
Rota la paz , tnrtiadt la armonía 
De un imperio has ta allí quieto y sereao» 
Tú profanaras tu inocente leiio 
Con la atroi ladidon | con la lMVi||ii« » 



i-ti 






PARTE PBnSRA.*- LITERATURA. 



W 



BLPikíirciPE cJLblos. 

cMandar, solo mandar, que se estremacea 
La tierra á vaestro arbitrio , este es el orden, 
Esta la ley con qne regis al mundo 
Tü y tas Ízales , y al abogar la vida 
De las naciones miseras que os sirven 
Dais el nombre de paz al desaliento 
De la devastación. \ Oh de Felipe 
Hijos , nietos imbéciles , decidle 
Qué resta ya de la nación que un tiempo 
Al mundo dominó como señora. 
Alzaos del polvo, y respondedle ahora.» 

Á los tremendos ecos 
De la imperiosa voz, que resonando 
Fué como trueno bronco por los huecos 
De aquellas tambas , de repente abiertos 
Sus mármoles , tres sombras abortaron , 
Que en vez de amor ú horror, desprecio solo 

Y piedad iiy uriosa me inspiraron. 
Alzaba al cielo sin cesar los ojos 
Con apariencia mística el primero, 
Dejando el cetro en tanto por despojos 
A an mercenario vil , cuya avaricia , 
Mientras mas atesora , mas codicia. 
En juegos, danzas, farsas distraído, 

Y al crótalo procaz dando el oído. 
El segundo se entrega á los placeres , 

Y el reino y el deber pone en olvido. 
Trémulo el otro respiraba apenas. 

¡ Oh Dios ! ¿ Y esto era rey á tanto imperio ? 

Nulo igualmente á la virtud que al vicio, 

Indigno de alabanza ó vituperio, 

La estrella ingrata que su ser gobierna 

Le destinó en el mundo 

Á impotencia oprobiosa , á infimda eterna. 

Viólos Felipe, y en aquel momento 
Lució en su foz la majestad pasada ; 
Viólos, y dgo: 

FELIPE n. 

«¿Qaiénes sois? ¿Qué hicisteis 
Del inmenso poder que se extendía 
Con pasmo universal de polo á polo? 
Tal os le di muriendo. Al nombre hispano , 
A su esplendor y bélica fortuna 
Tembló el francés , se estremeció el britano, 

Y le oyó con terror la media luna.» 

FELIPE ni. 

«Yo nad para orar : un solo dia 
Ouise mostrarme rey, y de sus lares 
A las arenas líbicas lanzados 
ün millón de mis subditos se vieron. 
Los campos todos huérfiginos gimieron , 
Llora la industria su viudez ; ¿ qué importa? 
Su voz no llegó á mi.» 

FELIPE IV. 

lYael trono de oro. 
Que ¿ tanto afán alzaron mis abuelos. 
Debajo de mis pies se derrocaba ; 
Mientras que , embebecido entre festines 
Yo, olvidando mi oprobio, respiraba 
El aura del deleite en los jardines.» 



cYo inútil...» 



ciUiOau. 



FELIPE II. 



tBaala ya ; ¿qvién hay que al verte 
Pueda ignorar la deplorable suerte 



De este imperio , en tus manos moribundo? > 

EL Paílf CIPE GARLOS. 

cAun no basta ; responde : ¿á quién el mundo 
Te vio dejar el vacilante tremo? 
A quién diste el poder de Austria? a 

CARLOS n. 

«A la Francia.» 

FELD>E n. 

« ¡ A la Francia ! A esa gente abominable , 
Eterno horror de la familia mial 
¿Lo oyes, oh padre? Las legiones fieras. 
Que en San Quintín triunfaron y en Pavía , 
Biyo el yugo se ven de los vencidos. 
¿ Cómo España es tan vil , que lo consienta? 
No hay duda, un astro pérfido, inclemente. 
Se ha complacido en eclipsar mi nombre , 

Y el mundo en vano me llamó el Prudente.» 

Asi en estos Inútiles clamores 
Su confusión frenético exhalaba , 
Cuando las losas del sepulcro hendiendo. 
Se vio un espectro augusto y venerable , 
Que á los demás en majestad vencia. 
El águila imperial sobre él tendía 
Para dosel sus alas esplendentes, 

Y en arrogante ostentación de gloria 
Entre sus garras fieras y valientes 
El rayo de la guerra arder se vía , 

Y el lauro tremolar de la victoria. 
Un monte de armas rotas y banderas 
De bélicos blasones 

Ante sus pies íodómitos yada : 
Despojo que á su esfuerzo las naciones 
Vencidas , derrotadas, le rindieron. 
Las sombras á su aspecto enmudecieron ; 

Y él , con fiero ademan vuelto al tirano , 
Dijo : 

CARLOS V. 

c¿Por qué culpar á las estrellas 
De esa mengua cruel ? Por qué te olvidas 
De tu ambición fanática y sedienta , 
Que de prudencia el nombre sacrosanto 
A usurpar se atrevió? Yo los desastres 
De España comencé y el triste llanto 
Cuando , espirando en Villalar Padilla , 
Morir vio en él su libertad Castilla. 
Tú los seguiste , y con su fiel Lanuza 
Calló Aragón gimiendo. Asi arrollados 
Los nobles fueros , las sagradas leyes 
Que eran del pueblo fuerza y energía , 
¿Quién , insensato, imaginar podria 
Que, en si abrigando corazón de esclavo , 
Señor gran tiempo el español seria? 
¿Qué importaba después con la victoria 
Dorar la esclavitud? Esos trofeos 
Comprados fueron ya con sangre y luto 
De la despedazada monarquía. 
Mírala entre ellos maldecirme á gritos.» 

Y era asi ; que agoviada con el peso 
De tanto triunfo allí se querellaba 
Doliente y bella una mujer, y en sangre 
Toda la pompa militar manchaba. 
£1 prosiguió : 

CARLOS V. 

ff ¿Las <^es? Esas voces 
De maldickm y eseándalo sonando 
De siglo en itglo itín , de gente en gente. 
Yo el trono abandoné , te oedi el mando » 
Te vi reinar.., ¡ Olí errores t Olí Impiadente 



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OBRAS COMPLETAS DB DON IfANCBL JOS& QUINTANA. 



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■1. 

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i*i. 






Temeridad ! Oh miseros humanos ! 
Si vosotros no hacéis vuestra ventura , 
¿La lograréis jamás de los tiranos?» 

Llegaba aqui , cuando de la alta sierra 
Bramaf!or huracán fué sacudido , 
De tempestad horrísona asistido, 
Para espantar y combatir la tierra. 
Derramóse furioso por los senos 
Del ediGcio ; el panteón temblaba ; 
La esfera toda se asordaba á truenos ; 
A su atroz estampido 
De par en par abiertas 
Fueron de la honda bóveda las puertas : 
Entraron los relámpagos , su lumbre 
Las sombras disipó, y enmudecido , 

Y envuelto yo en pavor, cobro el sentido , 

Cual si con tanta majestad quisiera 

Solemnizar el cielo 

La terrible lección que antes me diera. 

(AbrUdel805.) 

A ESPASA, después de la REVOLUaON 

DE MARZO. 

¿ Qué era, decidme, la nación que un dia 
Reina del mundo proclamó el destino, 
La que á todas las zonas extendía 
Su cetro de oro y su blasón divino? 
Volábase á occidente , 

Y el vasto mar Atlántico sembrado 
Se hallaba de su gloria y su fortuna. 
Do quiera Espaí^a : en el preciado seno 
De América , en el Asia , en los coniiñes 
Del África, alU España. El sobemno 
Vuelo de la atrevida fantasía 

Para abarcarla se cansaba en vano ; 
La tierra sus mineros le rendía. 
Sus perlas y coral el Océano , 

Y donde quier que revolver sus olas 
El intentase , 4 quebrantar su furia 
Siempre encontñba costas españolas. 

Ora en el cieno del oprobio hundida , 
Abandonada á la insolencia ajena , 
€k>mo esclava en mercado , ya aguardaba 
La ruda argolla y la servil cadena. 
4 Qué de plagas , { oh Dios ! Su aliento impuro , 
La pestilente fiebre respirando , 
Infestó el aire, emponzoñó la vida; 
La hambre enflaquecida 
Tendió sus brazos lívidos , ahogando 
Cuanto el contagio perdonó ; tres veces 
De Jano el templo abrimos , 

Y á la trompa de Harte aliento dimos ; 
Tres veces ¡ ay ! Los dioses tutelares 
Su escudo nos negaron, y nos vimos 
Rotos en tierra y rotos en los mares. 
¿Qué en tanto tiempo viste 

Por tus inmensos términos, oh Iberia? 
Qué viste ya shio funesto luto , 
Honda tristeza , sin igual miseria , 
De tu vil servidumbre acerbo fhito? 

Asi , rou la vela , abierto el lado, 
Pobre bajel á naufiragar camina , 
De tormenta en tormenta despeñado , 
Por los yermos del mar i ya ni en su popa 
Las guirnaldas se ven que antes le ornaban , 
Ni en señal de esperanza y de contento 
La flámula riendo al aire ondea. 
iHíSó^en su dulce canto el pasajero , 



Ahogó su vocería 

El ronco marínero, 

Terror de muerte en tomo le rodea » 

Terror de muerte silencioso y frío ; 

Y él va á estrellarse al áspero bajío. 

Llega el momento , en fin ; tiende su mano 
El tirano del mundo al occidente , 

Y fiero exclama : cEl occidente es mió.» 
Bárbaro gozo en su ceñuda frente 
Resplandeció, comeen el seno oscuro 
De nube tormentosa en el estío 
Relámpago fugaz brilla un momento 
Que añade horror con su fulgor sombrío. 
Sus guerreros feroces 

Con gritos de soberbia el viento llenan ; 
Gimen los yunques, los martillos suenan, 
Arden las forjas. \ Oh vergüenza ! ¿Acaso 
Pensáis que espadas son para el combate 
Las que mueven sus manos codiciosas? 
No en tanto os estiméis : grillos , esposas , 
Cadenas son que en vergonzosos lazos 
Por siempre amarren tan inertes brazos» 

Estremecióse España 
Del indigno rumor que cerca ola , 

Y al grande impulso de su jusu saña 
Rompió el volcan que en su interior hervía. 
Sus déspotas antiguos 

Consternados y pálidos se esconden ; 
Resuena el eco de venganza en tomo , 

Y del Tajo las márgenes responden : 

c ¡ Venganza ! > ¿ Dónde están , sagrado rio. 
Los colosos de oprobio y de vergüenza 
Que nuestro bien en su insolencia ahogaban? 
Su gloria taé , nuestro esplendor comienza ; 

Y tü , orgulloso y fiero , 

Viendo que aun hay Castilla y castellanos , 
Precipitas al mar tus rubias ondas , 
Diciendo : t Ya acabaron los tiranos.» 

I Oh triunfo ! Oh gloría ! Oh celestial momento ! 
¿ Con que puede ya dar el labio mío 
El nombre augusto de la patria al viento? 
Yo le daré ; mas no en el arpa de oro 
Que mi cantar sonoro 
Acompañó hasta aquí ; no aprisionado 
En estrecho recinto, en que se apoca 
El numen en el pecho 

Y el aliento fatídico en la boca. 
Desenterrad la lira de Tirteo , 

Y el aire abierto 4 la radiante lumbre 
Del sol , en la alta cumbre 

Del riscoso y pinífero Fuenfria, 

Allí volaré yo, y alli cantando 

Con voz que atruene en rededor la sierra. 

Lanzaré por los campos castellanos 

Los ecos de la gloria y de la guerra. 

¡ Guerra , nombre tremendo, ahora sabUme» 
Único asilo y sacrosanto escudo 
Al ímpetu sañudo 

Del fiero Atila que á occidente oprime ! 
¡ Guerra , guerra , españoles ! En el Bétis 
Ved del Tercer Femando alzarse airada 
La augusta sombra ; su divina frente 
Mostrar Gonzalo en la imperial Granada; 
Blandir el Cid su centellante espada, 

Y allá sobre los altos Pirineos , 
Del hyo de Jimena 

Animarse los miembros giganteos. 
En torbo ceño y desdeñosa pena 



-LITERATURA. 

Yo lo Joro también , 7 en este 
Ya me alentó mafor. Dadme t 
Ceñidme el casco Bero j refo! 

Volemosal combate, i la Ten 

Y el que niegue su pecho i la 
Honda en et polio la cobarde 
Tal lei el gran torrente 

De la derasuclon en sn carre 
Melleiari-lOué importar ¿1 
No se mnere una vez? ^No Irt 
A encontrar nuestros Ínclitos 
f iSatnd, oh padres de la pat 
Yotea diré, salud! Liberóle 
De entre el estrago universal 
Levanta la cabeta ensangreai 

Y vencedora de su mal deslio 
Vuelve i dar i la tierra amed 
Su cMro de oro j su blasón d 



4t OBRAS COMPLETAS DE DON klANUEL JOSÉ QUINTANA. 

fiadas las escenas» mejcnr preparadas las situaciones, mas propiedad y verdad en el estilo. Es cierto 
que el escritor aun no h^ia sabido crear un interés dramático suficiente para llenar cumplida- 
mente los cinco actos ; que faltaba el equilibrio debido entre los personajes, puesto que el de Mu- 
nuza no es mas que un bosquejo, y muy ligero; que el estUo aun no tenia la firmeza y la igualdad 
correspondiente, y que el diálogo no estaba tampoco acabado de formar. Pero todo lo cubrió al 
parecer el interés patriótico del asunto : los sentimientos libres é independientes que animan la 
pieza desde el principio hasta el fin , y su aplicación directa á la opresión y degradación que en- 
tonces humillaban nuestra patria, ganaron el ánimo de los espectadores , que vieron alli reflejada 
la indignación comprimida en su pecho, y simpatizaron en sus aplausos con la intención política 
del poeta. 

Esta indulgente acogida le obligaba á redoblar sus esfuerzos para hacerse mas acreedor á la es- 
timación pública, y justificar con nuevas producciones la consideración que se le dispensaba. Con 
esta mira, y arrastrado también de su afición á este género de poesía, tenia ya bastante adelanta- 
das tres tragedias, Roger de Flor^ El Príntípe de Viana, y Blanca de Borbm; asuntos en que á catás- 
trofes interesantes y patéticas se reunia la ventaja de poder retratar en grande costumbres y ca- 
racteres de pueblos, de tiempos y de personajes muy señalados. La agresión francesa vino, y la 
revolución estalló. Desde entonces la obUgacion de atender exclusivamente á trabajos harto dife- 
rentes, la necesidad de trasladarse de una parte á otra, y el torbellino bien notorio de infortunios, 
persecuciones y encierros que el autor ha sufrido , dieron al traste con sus papeles, con los mejo- 
res años de su vida, y con todos sus proyectos literarios , que las circunstancias en que hoy dia se 
ve la patria no le consienten renovar. Otros escritores gozarán tiempos mas serenos, y serán sin 
duda mas felices. 



Madrid, i.^ de marzo de i821« 



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EL DUQUE DE VISEC 



I TRES ACTOS, BIPUSSHTÁDA LÁ PfilHXRÁ TKZ t>OB LOS ACT0U8 i 
KN 49 DK HAYO I»B iSOl. 



PERSONAS. 

I VIOLANTE , hija de i EL CONDE DE OREN. I 

Eínardo.eonelnotn- ATKÍTtE , aícaide. 
I bre ie Hatiliib. I ASAN , eaclavo negtv. I 



la eicena pata en Portugal, enimafortaleu del iu^ue de Vi 



ACTO PRIMERO. 



SSCEHAPaiMESA 



norandoT Li mordí trtíleu, 
I cnidado qae ea tos miro 
) i esta maiuloi] os condujeran , 
lalcoDsnelDtlgDDcainiDaT 
u|>eto nniíersal qae os sigue , 
quio del Doque y los cariños , 
u, la pomp* ; las riquezas 
an niestros ojos de contino , 
idistner? 

■ATILDt. 

¿Pensáis, Atilde, 
> aein al sentinüento mió 
le esta tríale servid otnbre 
rano oropel qne "¡a oo admiro T 
iS A sol ba iinminado 
dables torrea del castillo , 
I en ¿1, sin el amor de na padre 
bertad, llorando ñvo- 
iUdI>ii<lue?¡OhDiOE! 

ATAIDK. 

Has bien seBora 
ta Mpii os Tele : 



Whaeelanierza es nna Injuria: 
oe de jny» ; atavíos , 
iTon de la paz diefaosa 
uba en mi Inocente asilo. 
i6 resistir? El Duque airado 
asi lo mando ; • ; faé preciso 
ey ceder. Yo condaclda 
(¿roe fbl , dignos ministros 
enda, en tanto que i mi padre 
I Dnqne... Atalde, s\ el gemido 
sera victima os conduele , 
ledd,desD suerte? ¿En este sitio 
ntradale niega! j Quién estorba 
ita en BQ seno mis suspiros ? 

■ti, aunque ausente : conaolaos, 



Hoilcnprebaitsidu 



Tan Injaslos los dueñ 
V si tí noble Edngrdg 
No aqoi se viera la inl 
Su abn al cielo denm 
Aquel si que era grao 
] Cdintas veces mi pa 
Carioer me pintaba ; 
Dignas de mejor sneri 
Lloraba de placer. ¡ C 



Queei 



ufielra 



Amaba i sus vasallos 
El flero Enrlqae maní 
En tiempo tan laial ! 



Esos Doblea afectos u 
De la augusta menor 
Cuando sepáis... Enrí 
A este palacio os rindi 
Qae mandan la virtud 
Kempre abble con vo 



{Puedo yo compreatde 
Tímido á veces, ve^ 
Clavando en mi sus oj 
Tiembla y suspira, y ) 
Y la palabra entre sos 
Htiada espira; i vecet 
Con rostro alegre j ai 
Elogios prodigáodomi 
Quiere que mi dolor d 
Otras, en Hn, cuando i 
He presento á su vista 
Se estremece aierradt 
De un borrar tan fuñe 
Que se extiende basta 
Sbi poderme valer. 



Que aun no entendáis 
Que esconde en su inte 
SI de un vdiemente ai 



Qne i herir mi coraio 
Viniesen esas voces de 

Y viniesen de vos. ¡At 
Tal ves t mi desgracü 
Mostrar semblante tie 
Pero erré, ya lo advleí 



»-vl,; ».> ^. ^^ 



ORBAS OOMAETAS Nt DON IIAIWBL /jOSfi QmmrAA/L 

De ni oreél ettrella mg ba traído 

A monur entre fieras, donde nunca 

La piedad y el bonor hallan abrigo. (Vase,) 



..v 



ESGERAIL 

ATÁIDE. 

tPIereza bennosa! jOb cuál se muestra en ella 
Su generosa cuna ! En vano ba sido 
Temer yo que el poder y la opulencia 
Hallasen á sus ojos atractivo. 
Ya en fin es tiempo de acabar mi obra » 

Y el velo que cubrió tantos delitos 
8e vompa de una vez. 

ESCENA in. , 

ENRIQUE , ATAIDE. 

ENRIQUE. 

Detente, Ataiddt 
Yeseacfaa á tu señor : es ya preciso 
De una vez explicarse y que se acabe 
La afiínosa inquietud en que ahora vivo. 
I Cuál, dime, es la mudanza que en tí veo? 
Tü, de mis penas confidente antiguo, 
Tú, que Aliste mi cómplice, me olvidas , 

Y me niegas tu amparo en el abismo 
Donde hundido me ves. No te recuerdo 
La vida y libertad que me has debido , 
Los bienes y el favor que largamente 
Mi incansable amistad partió contigo ; 
Mas ¿ por qué, dime, mi presencia evitas ? 
¿Por qué con ceño y ademan esquivo 

Te he de hallar siempre ? Si de ti pendiera 
Derramar el balsámico roció 
De la tranquilidad sobre las penas 
Que en este triste corazón abrigo , 
¿No fueras tu el inrimero á coneelMie? 
No hallara en ti mi agitación su alivio? 

ATAIDE. 

No lo dudéis, seSor ; por mí conozco 
El txisoque tras si deja el delito. 
Sabed que ya no basto á sostenerle, 
Y ; oh cuántas veces la fortuna envidio 
De aquellos que al furor de vuestro brazo 
Lanzaron tristes el postrer suspiro ! 
¿Qué no dierais, decid, porque á la vida 
Volver pudiese del sepulcro frío 
£1 misero Eduardo? 

EKBIQUE. 

Escucha, Ataide, 
¿ Por qué mentar su nombre á mis oídos ? 
Mi pecho por mi mal aun no es de bronce; 

Y á pesar del horror donde impelido 
Fui por mi frenesí, sabe qae 4 veces 
Aun de ternura y de dolor suspiro. 

El me amaba en un tiempo, y yo le amaba , 

Y era inocente. .. ¡Oh sin igual delito ! 

Oh Eduardo! Oh Teodora!... Mas la ingrata 
¿ No le prefirió á mi ? No dio al olvido , 
Por el suyo, mi amor?... ¿Ves la agonía, 
Ves el remordimiento y el martirio 
Que desde el punto de su iniausta suerte 
Sin poderlos calmar traigo conmigo? 
Pues no son tan funestos á mi pecho 
Como la gloria, la fortuna, el brillo 
Que siempre coronaban á Eduardo 
Para eterno baldón y oprobio mío. 
Yazca por siempre en la espantosa tumba 
Donde por mi precipitado ha sido , 

Y no perturbe su memoria amarga 

Bl dulce instante en que á mí bien camine. 
Si| Ataide ; aquel amor irresistible 



Que pudo condadnne ai panMdlOt 
Ahora me tiende su amigable mano» 
Y me va á libertar del precipicio* 



ATAn>E. 

{ Ea amor I Perdonad : yo imaginalMi 
Que eternamente en vuestro pecho escrito 
El nombre de Teodora viviria , 
A pesar de los tiempos y el olvido. 
Su amor por Eduardo, su himeneo, 
A vuestro negro afán dieron princ^ 

Y á los atroces celos que afilaron 
Para su muerte el vengador cuchillo. 
Murieron ; desde entonces vuestros dias 
De amargura y dolor fueron vestidoa, 

Y pronunciar el nombre de Teodora 
Se 08 oye siempre en lastimoso grito. 

ERHIQOB. 

) Ah i yo adoro á Teodora mas que nunca : 
[ Olvidarla ! jamás ; pero el destino 
Vida la vuelve á dar, y ella renace 
Á atormentar de nuevo mis sentidos. 
¿Respirar no la miras en Matilde? 
La misma gentileza, el mismo brio; 
Suyas son sus bellísimas ftedones, 
Suyo en los ojos el ardor divino. 

ATABS. 

Mas ¿ qué Tana Ilusión os airebata f 
Volved en vos, señor ; ese prestigio 
Dilatará vuestra profunda herida , 
En vez de darla, cual pensáis, alivio. 
Otras sendas Luscad, que distraeros 
Podrán; volved al bélico ejercido, 
Que en el ardor de vuestra edad primera 
Toda su gloria y sus delicias hizo. 
La guerra con Castilla se prepara; 
El Rey gustoso os llevará consigo, 

Y Marte ahuyentará vuestros pesares 
Mejor que un amoroso desvario. 

¿El nombre del amor no os amedrenta ? 
¿ No llega á estremeceros el peligro 
De dar los labios á la copa en donde 
Solo hiél y dolor habéis bebido ? 
Sacudid la ilusión que va á perderos. 

ENRigUE. 

No es ilusión, Ataide : por mi mismo 
Muerte me viste dar á la que amaba ; 

Y agitado sin fin y consumido 
En imposible abrasador deseo , 
¿Qué tormento jamas se igualó al mío? 
Desde el momento aquel beldad ninguna 
Mis ojos aduló con su atractivo , 

Ni voz ninguna en agradables ecos 
Resonó dulcemente en mis oídos. 
La rabia sola de mi inútil crimen 
Halló en mi pecho su funesto abrigo 
Hasta que vi á Matilde, i Oh ! i cómo al verla 
Mi corazón pasmado, estremecido , 
Sintió delante á la infeliz Teodora 

Y embravecerse su tormento antiguo ! 
Mientras mas la contemplo, mas la adoro ; 
No ya tras una sombra, un bien perdido, 
Se exhalarán mis áridos deseos : 

Cese ya aqueste afán, este delirio ; 
Amor va á coronarme, y venturoso 
A Teodora en Matilde al fin consigo. 

ATADE. 

¿ No veis que os engañáis? Nadie el sosiego 
En la violencia halló ni en el delito ; 
Ella no os puede amar 



46 



OpRAS COMl>LETAS DÉ DON MANUEL JOSÉ QUINTANA. 



■ATILDE. 

Si, 7 eso mismo 
Es lo que at cabo á defenderme basta. 
Vos sois Doble, señor; vos de mi asilo 
A este opulento alcázar me trajisteis; 

Y si en él un perverso, un foragido 
Amagase mi honor, ¿quién me escudara , 
Sino TOS solo, en tan fatal conflicto Y 
Dadme pues contra tos seguro amparo. 
Yo arrodillada á vuestros pies le pido, 

Y en mi llanto bañándolos , imploro 
La piedad que se debe al desvalido. 
Respetad mi inocencia , y no en un punto 
A los ojos del mundo y á los mios , 

Y á los vuestros también, objeto sea 
De ignominia y baldón. 

ENRIQUE. 

(i4p. A su atractivo 
Mi fdror se desarma.) Oye , Matilde : 
La ansiosa agitación en que te miro 
Disculpe tu osadía ; mas es fuerza 
Sacudir de su pecho aquese indigno 
Amor, que de ti misma y de tu amante 
Va á ser la perdición si preferido 
Es por mas tiempo á las finezas mias. 
Yo , que soy tu señor, á ti me rindo , 

Y á tu belleza y gracias inocentes 
Mi nobleza y mi gloria sacrifico. 
Decídete en el término de un día , 

Y sepa yo por fin si mi destino 

Ha de ser siempre el de eticontrar ingratos 

Y usar de la violencia y del castigo. 

ESCENA VL 

MATILDE. 

¡ Misera f ¿Dónde estoy ? ¿Quién me ha arrojado 

Al doloroso trance en que me veo, 

En las garras de un tigre abandonada, 

Sin poderme valer? ¡Oh Dios eterno 1 

Si c *) la gloria de tu excelso trono 

El \anto ves que de mis ojos vierto , 

Sé compasivo á mi plegaria humilde , 

Y escuda á esta infeliz en tanto riesgo. 
¿Qué hay de común entre mi baja suerte 

Y el señor 80Í)erano de Viseo? 

{El bárbaro! ¡Y afirma en sus furores 
Que se abrasa de amor su ii^usto pecho ! 
Oprimir no es amar... Leonardo mió, 
¿Dónde estás, que no escuchas mis lamentos? 
Dónde estás? Vén , rescata á tu Matilde 
De tan inesperado cautiverio. 
Vén volando, mi bien.. . Mas i desdichada! 
¿Qué pronuncio? ¡ Ah I No vengas : tus esfuerzos 
8e estrellarán contra poder tan grande, 

Y sin finito los dos nos perderemos. 
Sola yo debo perecer. 

ESCENA VU. 

ORENt en tn^e de «o/dod^.— MATILDE. 

OREN. 

i Matildel 

■ATILDE. 

¿Qué escacho? i Ay Dios! El es. 

OREIf. 

Alfinteenenentro 
Trif de lanío afluiar. 

HATItBE. 

lOhvidtniiat 



¿ Dónde te arrastra tu amoroso empeño? 
¿ Cómo, di , penetraste en este alcázar, 
Albergue de opresión y de tormento? 
Tü vienes á morir. 

OREN. 

¿Y qué es la muerte 
Si en tu defensa y á tu vista muero ? 
¿Puede acaso igualar en su amargura 
A la triste aflicción , al desconsuelo 
Que al encontrarme sin tu dulce vista 
Sobre este ansioso corazón cayeron? 
Llegó la hora : del amor guiado. 
Volé en sus alas á tus ojos bellos, 

Y el puesto solitario me recibe. 
Perdóname : culpable aquel momento 

Te contemplé, y lloré : corro á tu albergue 
Sin detenerme , y viéndole desierto , 
Pregunto á todos , y confirman todos • 
De mi desdicha el infernal recelo. 
Perdóname otra vez : harto he sufrido 
En escuchar mis ponzoñosos celos , 
En sospechar que la ambición pudiera 
Lanzar á amor de tu inocente pecho. 
La entrada á este castillo me abre el oro , 

Y yo por él frenético corriendo , 

Te encuentro al fin , y á tu presencia olvido 
Mi mortífera duda y mis tormentos. 

MATaDB. 

¿Y añadiste , cruel , esa sospecha , 
Indigna tanto de los dos , al trueno 
Que repaitinamente en nuestro daño 
Lanzó irritado el enemigo cielo? 
Tú quizá en tu furor me maldecías , 

Y yo , postrada ante el tirano fiero , 
Despreciando su orgullo y su opulencia , 
Juraba á voces tu cariño eterno. 

Pero tú no lo dudas... ¡ Ay Leonardo ! 
Sálvate por piedad ; tu fin es cierto 
Si te halla el Duque ; á mi dolor no añadas 
El dolor de mirarte en tanto riesgo, 

Y aun tu muerte quizá. ¡ Si tú supieras 
A qué aspira el tirano en sus deseos! 
Mas no receles ; sin tu amor ¿qué valen 
Su pompa toda y su insolente Imperio? 

OREN. 

I Con que usurparme el bárbaro {«etende 
Tu corazón ! 

MATILDE. 

¿Qué importa? Atiende: el tiempo 
Corre, y con él acaso la esperanza 
De poderte librar. Huye : si el cielo 
Alas con que seguirte á mi me diera , 
¡ Oh cuál tendiera fugitiva el vuelo 
Lejos de esta prisión triste y horrenda I 
Mas no es posible huir, ni hay otro medio 
Que resistir, sufrir , y si la muerte 
Llega , morir. 

OREN. 

No al congojoso miedo 
Te abandones así ; pronto, no dudes , 
Te verás salva de él. 

MATILDE. 

¿ Cómo á su inmenso 
Poder contrarestar ? Tú ya te olvidas 
De la distancia que fortuna ha puesto 
Entre tu humilde condición, Leonardo f 

Y el Urano que atroz manda en Viseo. 



OREN. 



NohaytaotAtDO. 



PRlllERA.— UTERATURA. 



PnesbieD,! 
Ni el amor q 
NI el amor q 
Te tlbrarln i 
Alaide.qne 
SeaproDUm 
De Oren el Ci 
Arespeural 
(Atai4t f/miapt 

I lobme t En 
Coando me i 
La Iftj de Im 
No U prea ni 
SI digno fuei 
Si dlgDo de I 
La dama i ti 
Blaodieado a 
; Escuchas a 
Siempre cob 
Responde; li 



Sin serpore 
Has bello j I 
Tú has entra 
Ylfnerdeii 
Yo no conOK 
■aere paes < 
Llevadle. 

Ai 
Sacrlflcad la 

Separadlo*. - 
Demi.doDd 
Entre sn ele 
(AtmtAUulle 
f tirulo di 



Todo reposa 
Qoe e«Uis pe 

V que solo el 
Por el triste 
Hl dulce am 

V nueuns q 
Deestcatbe: 
Cuando i en 
En otro tiem 
Al btigado I 
Pan darle d 
Yéndomeii 
Felii boj fU 

V el íuetio li 
LoaotiJatOBi 
notaba eai 
iQaídUbra 
AnaialBi 



OBRAS COMPLETAS DE DON MAITOEL lOSfi QUINTANA. 

A este júTen : ccmdúcele ; tu Tlda 



M kiíd T Los ojos míos 
ridad 00 adertaD 
seral ¿Qn¿ hoiroret 



1 Dónde me UefwT 



j Pecho cobarde 
Bilsmot Orm no tiembla. 
eBorT¿SnileT(nfa 
sanare uttifecbaT 

aun ; de sns furores 
1 ba dado (reguas 
al laeóo , ; él reposa. 

OkEN. 
BATItPE. 

aquí que í tn presencia 
que aforluDada 
^ se coDiempla , 
¡Oh amigo mió] 
, DO habrá Tlolenda 
gor. 

ITUM. 

En este punto 
r libre ; pero ei fuerai 
te alcíxar peligroso 

te. 

iBlrbarol 
atjUDS. 



lien , ¿cómo podremos 
«perania en sus promesa sf 
érfldo ; él faé solo 
b entrar, 7 su tü lengua 
ior me ha descuMeito. 

AtAms. 
!nbrl;Di;o os pudiera 
¡Tar. ^ i denonciaroa 
ios negros llega , 
somos perdidos : 
inza entera ; 
il solo Tuestra gnarda , 
irar de su Dereía. 

Hatildel En todas partes 
■ndla nos rodean. 
ID files, qne fiónos 
r libeiiad en ellas T 

IMIDE. 

'okdeD j no os saino : 
la, el tiempo vuela; 
nonaeoto malogrado, 
»<ino *endii noa pierda 
b. — Sddado, alpoMo 
w4Uloabiatat*ein 



; Oh mi defensaJ 
Ob mi dioi tntelar 1 1 Cómo es posible 
Que en esta infansia j lóbrega caverna 
Quede Haiilde sola, abandonada 

locruel qne endlaalbergaT 



lAtaldel 

En este trance es ja preciso 
Que cedáis ciegamente i mi prudoida. 
Vos no sabéis quién sois; cntlesls suerte 

(A MaUliU.) 
De aquel i cuyo amor boj en la tierra 
Todo amor pospondréis : Toestro destino 
Es hasta aqni nn misterio qne mi lengna 
Poedesola en el mnodo revelaros, 
Y que aqui dentro me escachéis es fuerza. 
Vos entre tanto huid, y recordaos ; (A Oren.) 
Que del valor heroico j la presteza 
Vuestro libertador y vuestra amante 
Aguardan en tal riesgo sn defensa. 

Adiós, Haiilde, adiós; pues la fortuna 
Las sendas todas i elegir nos niega , 
Rindimonos por Gn ; mas el combate 
Va al instantes encenderse: tú no temas; 
Las torres qne tu nliraje han presenciado 
Al suelo desplomadas j deshechas 
Caerán, y de mi amor j mi venganza 
Serán en la comarca etenu pruebas. 
Condúceme, soldado. iV'**-) 



MATILDE, ATAIDE. 



Ya está libre. 
^Por qné no lo esioj jo? Por qué esta aegt» 

Cárcel escucha los suspiros mios, 
Cuando i su lado respirar debiera ? 

Libre os veréis tambl«i , pero es predso 
Qne este servicie sin Igual merezca 
Alcanzar mi perdón de aquel cautivo 
Qne tanto tiempo entre sns hierros pena. 

iQoé cautivo t Qné hablaisTTo do os entiendo, 

: Aj seüora I Escuchad. Desde su tierna 
InbDCia siempre he acompañado á Enrique, 
Y de todos sus gustos y sus penas 
Depositario j confldente solo 
He sido por gran tiempo. Él en la negra 
Envidia que abrigó contra su hermano 
BebiO el veneno que su pecho enderra. 
El délo en el nacer le hizo segundo; 
y la segura j alta prelerenda 
Qne por su gran carácter Eduardo 
Lt^rósietnpreen la paz, siempre en la guerra. 
Para d perverso j envidioso Enrique 
Perenne fuente de tormentos era. 
Rivales en amor, ambos ardieron 
Por Teodora Uonti ; ni mano bdla 
Fué de Eduardo, j el tnrioso Emiqw 
V16 despredada an pHk» vMoita. 
En mengot ttt MoriOev au knau» 



PAftTE PRIMEBA.— UTERATORA. 



40 



A SQ Teof^nia despechado piensa , 

Y que despaés la miserable viuda 

La mano entregue al opresor por ftierza. 

Yo tai iniciado en el fatal secreto : 

El halago» el obsequio, las promesas, 

L«8 amenazas... ¡ Dios ! ¿ Qué no hizo Enrique 

pnraue ministro de sus iras fuera?... 

Se&ontyélmesedi^o. 

MATILDE. 

I Desdichado 1 

ATAmS. 

No he sido el solo yo. Guando de Ceuta 
La venturosa expedición lograda , 
En paz al fin se reposó la tierra , 
£1 del África trajo esos dos negros , 
Cuya intrépida y bárbara obediencia 
Al odioso tropel de sus deUtos 
Pudo allanar la abominable senda. 
Ellos y yo, señora, le seguimos 
A este mismo castillo, en que la esoena 
Desventurada fué, donde de alcaide 
He dio la autoridad por recompensa. 
Mis manos del estrago se abstuvieron : 
El mismo Enrique fué quien de su ciega , 
De su violenta cólera arrastrado , 
Bañó en la sangre fraternal su diestra. 
Iba el golpe á doblar, cuando Teodora , 
Volando de su esposo á la defensa , 
Lanzóse en medio, y dd atroz cochillo 
Al rigor implacable cayó muerU. 

MATODE. 

¡Qaé horror! 

ATAONE. 

Enrique , al contemplar tendidos 
Sus dos hermanos, con el alma llena 
De fanproTiso pavor, huyó á otra estancia; 

Y obedeciendo á su temor, ordena 
Que cuantos i Eduardo acompañaban 
AI punto alli sacrificados sean. 
Asan y Ali los degollaron todos. 
Violante misma, la inocente prenda 
Del amor de los tristes, ya cortado 
Miraba el hilo de su vida ticama 

Por la espada de Ali : yo la di vida. 
Señora, recordaos de la ligera 
Cicatriz que aun se mira en vuestro cuello» 
y al fin vendréis á conocer por ella 
Quién debe el ser á la infeliz Teodora. 

VIOLAUTB, 

lYoTiolantel jGranDiosI 

ATAIDE. 

A la heredera 
Del poderoso duque de Viseo 

Un fiel anciano en sa mansión secreta 

Prestó seguro asilo ; alli crecisteis » 

Alli una educación noble y modesta 

Adornó esa belleza sin segunda 

Con que os enriqueció naturaleza. 

Igual en todo á vuestra augusta madre « 

Vos la representabais en la tierra , 

Coando vuestra desgracia á aquel retiro 

Condigo k Enrique, y permitió que os viera, 

Y al veros se inflamó. 

VIOLARTE. 

i Monstruo fobumanot 
Hé aquí la ansa del horror biso derta 
Que de solo nri larie yo sentía. 

Peí negro fratricida á la presencia 
Toda la sangre en mi imoiior H balaba; 

0/ 



Y era mi madre, que con voz secreta 
Me gritaba : c Aborrece á mi verdugo. » 
{Qué no os debo yo, Ataide! Y vuestia lengua» 
El perdón de su error de mí imploraba ; 
I Pluguiese al cielo que premiar pudiera !..t 

ATAU>E. 

Escuchadme hasta el fin : yo no merezco 
Sino piedad. De la cruel tragedia 
£1 último el teatro abandonaba , 
Cuando unos ayes desmayados llegan 
A mis oidos, que en sus ecos tristes 
Mi ansioso pecho de dolor penetran. 
Vuelvo á atender y i oír : era Eduardo, 
Que en su palpitación aun daba muestras... 

VIOLANTE. 

¡ Ah bárbaro ! ¿Y tu mano, sangoinarío^ 
Aiiogó en su vida la postrer centella? 

ATADE. 

Ved que no soy culpable de su muerte. 



¿Vive mi padre? 



VIOLARTI. 



ATAn>E. 



Vive, si existencia 
Puede llamarse tan funesta vida , 
Entre la noche y el dolor envuelta. 
Coando volvió en si el triste, ya a}narrado 
Halló su cuerpo á la fatal cadena 
Con que oprimido por tan largo tiempo 
De su perdida liberud se queja. 
Diez años há que al misero Eduardo 
De voz humana ni aun los ecos llegan. 

VIOLANTE. 

¡Eterno Dios! ¡Oh crímenes! Ohdia, 
Dia de revelación I Y en mis querellas 
Yo mi infortunio denunciaba al cielo , 
Cuando mi padre... Ataide, ¡qué fiereza 
En tu insensible corazón escondes ! 

ATAU>E. 

Yo, obedeciendo mi piedad primera y 
Le di la vida, y á ocultarlo luego 
Me persuadió el temor. ¿ Cómo pudiera. 
Sin resolverme á exterminar á Enrique, 
Sacarte ya de su prisión funesta ? 
A veces esperé (¡cnán vano engaño!) 
Que á una dichosa paz abrir la puerta 
Pudiese el roedor remordimiento 
Que desde entonces al tirano aqueja. 
Tal vez el punto de vencerle he visto ; 
Pero los celos, el rencor, la afrenta, 
La misma enormidad de sus maldades 
En él ahogaban las endebles qu^as 
Del arrepentimiento. Asi mi alma, 
De incertidumbre y conftisiones llena , 
Ni fiel á Enrique ni á Eduardo ha sido 
Entre el temor y la piedad suspensa. 
Tal, señora, es mi crimen ; yo no anhelo 
A disculparle; mas lá vida vuestra, 
Mas la de vuestro padre , al fin merecen 
Que concedido mi perdón me sea* 
¿Loserii? Responded. 

VIOLANTE. 

Tútias sido, Ataide, 
Bien culpable y cmd ; pero haz que vuelva 
Mi triste padre á mis amantes brazos ; 
Que vuelva libre, y perdonado quedas* 
Llévame donde está : cada momento 
Que sufra mas en su íbrtuna adversa 
Redobla mi nflicdon. Yanios« 

4 



>BRAS COMPlETAS DE DON MANUEL JOSÉ OtUNTANA 



TitDB. 

] Qné mlTOt 
aros s« «cercan; 
es qae el Urano , 
adose arriesga. (Vau)- 
)LAirre. 

D, de esta Intellce, 
r Aceren 

inte. lUt ¿cnlndo, Otando 
islon fenezca T 

ERA tV. 

[, ASAN. 

ALf. 

e noestra tIiu : 
íes la unedreiiun 
I. ¡Bten desdichada 
rtel 

Qne padetca. 
ancos 7 en Eoropaf 
ioenos llena, 
ision inspira 

DEora 7 sn inocenda ; 
kgla abrir BDEOio 
fldia, ilaBobertda: 
]D abominable , 
pe. Que padezca, 
nr[que;70gnsi0S0 
llera. 

ALf. 



a en las tinieblas 
jen las heladas, 
istormaitas, 
de un europeo. 

uX. 
san, t por qné te «npeSas 
'ÁXt la conBaniaT 
irbara 7 fanesta 
idJDflama, 
itraeotiotrolellen. 
apreciar f 

MUN. 

SostIcíob: 
mable le preaentan 
ilo; por ellos 
;iHi recrea, 
dad son d auMe 
8 por sD mal le cercan ; 
13 terribles plagas 
iqnidadseceba. 
i patria me arrancaron , 
eron cadenas , 
etqaealUgoialM, 
n de Terg lienza. 
I qne bascó de va negro 
■dJanaionestrecliat 
scncba horroriíada 
' las tristes pruebas? 
nilia, amores, todo. 
Ib DlosI Una hora adiersa 
No, no es posibl* 
e 1 mi memoria *«ga , 
rasa de hombres dun» 



Con odio tntermbable 70 aborrezca , 

NI me es posible contemplar mis malee 

Sin que los SOTOS mis delicias sean. 

iPiensasqueyoamoSEnrlqnefiOhcnilteengMlasl 

Amo en él esa b&rbara fiereza. 

Verdugo de si mismo 7 de los oíros. 

Que llena mi venganza toda entera ; 

Amo el devorador remordimiento 

Qne le destroza coando ansioso piensa 

En el abismo de tormcolos Seros 

Con qne la horrenda eternidad le espera. 

Serelmioistro yo de tantos malee, 

I Con qoién, sino con él , lograr pndieraT 

Conqoién, sino con él, de tantos blancos 

El despecho goiar 7 amatas qn^asT 

uf. 
Pero entre tanto Tictlmas nosotros 
Somos también : 70, Asan, de esU caTema 
Piouo escapar ; mi corasoo no puede 
Tanta Inlsinia sufrir. 

Yo mientras pueda 
Con Enriqne hacer mal, seré de Enriqnc; 
Has si él se abate 6 si loa délos cesan 
De sufrirle... 7a entonces... 

FHHiODE. (fitntro) 

Socorredina. 
kjtssx.ifientro.'i 
Aqnlesta7lo,atfor. 



ENRIQUEitMl^ídopM-ATAIDE.- 
EinttoitE. 
Ellos me aquejan; 
íNolos Veist jQoé rigor ! Yo á defenderme 
No basto 7a. 

ALf. 

{Qné es esto? [ c¿mo tiemblal 
¡Culi los ojos ranielve 7 se estremece 1 

HaMad, seDor, hablad. 

Eitaion. 

iQué«oieaestaT 
¡ Ataldel tAsan! i Ali ! ¿Con que no ha sido 
Has qoe una sombra en mi engañada idea , 
UnsueBo? iHls oidoi no escucharon 
Las pavorosas vocea qne aun resuenan 
Aci en mi mente? Ataide, el mas terrible 
Suplido un lecho de deleites fUera 
Comparado al dolor que jo be sufrido. 

Pero folTfld en vos, 7 )a Ainesta 
Cansa i tanta agitación patente 
A Tsestroa Aeles serTidorea sea. 

■¡nuQUE. 
Escachad pues , ministros de mis crímenes. 
Escuchad ; temblad. Era la bora 
En que mis tristes miembros litigados 
Del sueño bailaban la qnieind sabrosa; 
Entonces por las b6<redas vagando 
Estarme paredó, donde reposan 
De mis muertos abuelos las cenizas 
Bajo el minnol de honor que las custodia. 
SasIünelH«aembleaaasme asustaban; 
Guando k lo l^os entn aquellas sombras 
Diviso nna mujer <pie en dulce risa 
Grata me llama 7 mi atmdon provoca. 
Pienso ver i Matilde en la que veo , 



IKI OBRAS GOMPLBtAS DS 

EHUQÜE. 

Que él Tiva y me perdone, 
Qaeoreal cielo por mi ; del pecbomlo 
Salga esta agitación, aquestas sombras 
Que aun ofuscan y aterran mis sentidos. 
Puras como él , y nobles , sus plegarias 
Acogida tendrin : yo no me animo 
A rogar ; fuera en vano : de mi labio 
¿Qué ruegos \ ay ! saldrán que sean oidos? 
Mas dime ¿tá lo esperas? ¿ Perdonarme 
Podrá al fin Eduardo? 

ATAJDE. 

Yo confio 
Enquemafianael Tenturoso dia 
Será de paz y de perdón. Tranquilo 
Vos entre tanto, preparad el pecho 
A esta acción generosa ; ella el destino 
Va á hacer de vuestra vida ; ella desarma 
Los rayos todos del rigor divino. 

ESCENA Vn. 

ENRIQUE. 

SI , me perdonará : siempre mi hermano 
Generoso y leal era conmigo ; 
Mientras que yo con él pérfido , ingrato 
En todos tiempos é inhumano he sido... 
El peso de mis crímenes me agovia , 

Y es fuerza de mis hombros sacudirlo... 
jOh! ¡Si lo alcanzo yol... Matilde entonces 
Quizá muestre á mi amor menos desvio. 

¡ Matilde! ¡Oh cómo al pronunciar su nombre 
Mi ansiosa agitación recibe alivio, 

Y la serenidad vuelve á mi pecho I 
Mafiana será mia si resinro , 

A despecho de Oren. Amargos celos 
No asi alteréis , mortíferos y activos , 
Los dulces sentimientos que me animan. 
I Mas qué puede ya Oren? Preso , cautivo , 
Pendiente de mi enejo ó mi clemencia , 
Renunciar debe... 

ESGENA TUL 
ASAN.— ENRIQUE. 

ASAR. 

Ataide os ha vendido : 
Las puertas de la torre han sido abiertas 
Por él al Conde, y lejos del castillo » 
Ya de vuestro poder viéndose libre, 
Sie prepara tal vez á combatiros. 

fiínilQTJB. 

¡ Cielos 1 1 Con que en mis labios infelices 
El nombre de perdón jamás se ha oido 
Hasta esta vez , y al pronunciarle ahora 
Me cercan la perfidia y los peligros ! 

ASA9. 

¿Qué peligros , señor? 

BHnion. 

De todos tiemblo: 
De Eduardo, de Oren, y aun de mi mismo. 

A8A!r. 

¡De Eduardo! ¿Y por qué? ¿La ilusión vana 
Que os agitó entre suefios , un prodigio 
Para vos ha de ser que abra el sepulcro 
Y anime los cadáveres ya fHos? 



BimiQUl. 

sAh! que él viv# no hay dada; tí vtt Ataid» 
,e salvó por mi mal ; él me lo ha dicho. 



L^ 



[UBL lOSfi QOINTAIfA« 

Mañana hntenU que la paz ¡wteoMp 
MtF íañ^ mira el mundo mi ezterminfOb 

ASAN. 

¡Entre voMtros paz! ¡Qué error! ¿Acaso 
Perdonaros podrá? ¿Dar al olvido 
La muerte de su esposa , sus desgradu» 
Sus heridas , la causa del delito , 
Vuestro adáltero amoi? ¿Y lo ereisieisf 
¡Oh error! 

ERIUUOB. 

¿Qué debo hacer? 

ASAN. 

En tal conflicto 
Mengua es dudar : busquemos á Ed u a r do,,* 

ENBIQÜE. 

¿ Cómo , si ignoro el misterioso asHo 
Donde respira? Asan, este secreto 
De Ataide solamente es conocido. 

ASAR. 

Pues bien , señor, el crimen siga al crimeOf 
Y la sangre á la sangre : otro camino 
No tenéis de salud. Que Ataide preso, 
A vista del tormento y loe suplicios 
Su secreto fatal haga patente. 
Vos , dueño de Eduardo , á vuestro arbitrio 
Dispondréis de su vida ; que Matilde , 
Aun antes de que Oren venga en su auxilio, 
Sufira su suerte rigorosa y dura. 

SmUQUE. 

¿Y cuál es? 

ASAN. 

¿No nació en vuestros dominios? 

KNaiQüS. 

Si, Asan. 

ASAN. 

¿De vida y muerte ahora sobre ella 
No es vuestro el gran poder? 

KNBIQUB. 

Sin duda es mió. 

ASAN. 

¿Quién osará contrarestarle? 

ENNIQIJS. 

Nadie. 

ASAN. 

Pues antes que dé el sol su nuevo giro 
Arrastradla al altar. 

INMQDI. 

¿Y SÍ resiste? 

ASAN. 

Si resiste, que muera. 

KNKIQÜS. 

¿Y yo asesino 
Dos veces he de ser de lo que adoro? 

ASAN. 

¿Y sufriréis dos veces que el destino, 
A despecho de vos, á vuestros ojos 
Se la entregue á un rival favorecido? 
¿No vale mas vengarse , y presentarle 
De su adorada amante el cuerpo trio, 
Y escarneciendo sa dolor, decirle: 
«Ni t¿ ni yo?» 

ENBIQUI. 

Si , Asan : ooDsejo es digno 
De mí, de ti} mi cofftson lo apmeba ; 
De todo su teor sé Mi el miaislio. 
Anda, sorprende á Atilde ; joeamtaüO 



'•ir 



( 



PARTE PRIMERA. 

A Matilde Tere. Cielos ditinos , 
¿Por qué de amor el frenesí me arrastra 
Por tan desesperados t>redpiciost 
VuelTe en Matilde á respirar Teodora, 
Y TueJTO á ser un monstruo... ¿ En mis delitos 
Reposo pues no habrá ?... Mas asi sea , 
Puesto que asi lo decretó el destino. 
( Ymue cada mo por diferenie lado,) 



ACTO TERCERO. 



La escena representa od ^bterrúneo osenro eompaeste de Ttrios 
nmales de Mvedas. Un banco de piedra cubierto de pajas sir^ 
Te de leeiio é Eduardo : junto al banco habrá un poste de donde 
estarán colgadas las cadenas que le han sujetado. Se supone 
qae Eduardo acaba de despertar. 

ESCENA PEIMEBA. 

EDUARDO. 

¿Cuándo será que mis aarargos males 
Termine de una ves piadoso el sueño, 

Y á nunca despertar yo rae adormezca , 
En sus dulces Imágenes envuelto? 
¡Dulces, pero engañosas! ¿Qué me sirve 
Que venga á regalar por un momento 
Mis tristes penas, y á mi mente ilusa 
Libertad y venturas ofreciendo. 

Me parezca abrazar mi l^ja y mi esposa , 
Si al 6n después en mi prisión me encuen'.ro. 
Donde de luz y libertad las voces 
Ni aun pronunciar en esperanza puedo? 
Mis cadenas , gastadas píor los años , 
Rotas al cabo, á su impresión cedieron ; 
Solo el destino atroz que me persigue 
Ni desmentirse ni ceder le siento... 
Mas de una vez las lágrimas del triste 
Por estas manos enjugar se vieron, 
Mas de una vez de sus fatales grillos 
Me vio el cautivo aligerar el peso. 
¡ Oh justo Dios ! ¿ Y tu ixmdad consiente 
La dura esclavitud en que me veo? 
{Se oye el nddo de ¡a Parra que asegura ia puerta,) 
Mas ruido se oye , y el instante llega 
De que venga mi duro carcelero 
El sustento á traer con que la vida 
Se prolonga, y prolonga mis tormentos. 
¡Qué extraña novedad ! ¡ Luz 1 

ESCENA II. 

* EDUARDO, VIOLANTE, ALL 

¿Esaqaesta 
GaTema de terrw el duro encierro 
En que d tirano s^mltarme manda? 

ALf. 

£Qaes,sefiora. 

VIOLANTS. 

{Inexorables cielos! 
¡Ntoisme ver á mi angustiado padre 
Antes de despedir mi último aliento ; 
Diéraisme el estrecharle entre mis brazos, 

Y bañando en mis lágrimas su seno , 
Exclamar y deelvle : < ¡Oh padre mío ! 
ReeoDooe á lu liQn en el acerbo 
Deslino que la sigue.» 

BOVAnDO. 

iDesdichadat 



UTERATÜRA. »3 

Llama á su padre. ¿Si afligido y preso 
Tal vez, como yo estoy, se verá ahora? 

(Ap. \ Quién dar pudiera á su aflicción consuelo!) 

Señora , perdonad á un siervo humilde , 

Que , forzado á seguir el duro imperio 

De su airado señor, apenas puede 

Allá en su corazón compadeceros. 

Lejos de mi la bárbara fiereza 

Que otro pusiera en tan fatal empleo ; 

Mas aun mirar la agitación terrible. 

Aun escuchar los temerosos ecos 

Del Duque me parece , y la sentencia 

Que pronunció su labio al conoceros. 

Os cegasteis, dijisteis vuestro nombre. 

Declarasteis quién erais , y á despecho 

Del amor que domina en sus entrañas, 

De solo su furor oyó el acento. 

Pero ¿ por qué ultrajarle y obstinaros? 

Una sola palabra á su amor ciego 

Que dieseis de esperanza apaga el rayo 

Que sobre vuestra frente está suspenso. 

Ceded. 

VIOLAIfTE. 

\ Esclavo vil ! Cese tu lengua ; 
Anda , guarda esos pérfidos consejos 
Para tus semejantes infelices. 
Cumple con tu execrable ministerio , 

Y del dolor de verte y de esouchane 
Libérlame al instante. 

alí. 

Yo no debo 
Detenerme ya mas ; su desventura 
Caiga sobre ella. Adiós , señora. ( Vase.) 

ESCENA lU. 

VIOLANTE , EDUARDO. 

VIOLANTE. 

1 Oh centro 
De silencio y de horror ! ¡ Prisión acerba ! 
¡Fúnebre tumba ! Al cabo en vuestro seno 
Queda ya soterrada esta infelice , 
Arrancada á la luz y al universo. 
Aqui olvidada , abandonada y sola 
Deberé perecer... 
(Se deja caer iobre las gradas de la puerta^) 

¿Porqué naciendo. 
Piadosamente fieras no me ahogaban 
Las manos que en la cuna me pusieron? 
No asi de mal en mal , de pena en pena 
Precipitar me viera adonde muero 
La mas desventurada de los mios ; 
Adonde sin testigo , sin consuelo. .. 

EDDARDO. 

Esto siquiera mientras yo respire 

No 08 faltará, señora , en tanto extremo. 

VIOLAtdl. 

¿Qnéoigo? ¡Ay demil ¿Qiiiéiisois?EBestesUio... 

■nDAnnob 
Otro infeliz cual vos , blanco fiíaesto 
De hi mas espantosa alevosía 
Que debatió del sol los siglos vieron. 
Del cielo y de la tierra abandonado « . 

Y sepultado aqui por tanto tiempo » 
Al fin de soledad tan congojosa 

El primer ser humano en vos contemplo. 
No sé si acaso á acrecentar mis males ; 
Pero entre tanto con placer me entrego 
Aaliviarvuestmamirga dMieaUnt, 



ii OBRAS COMN^ETAS DE HC» 

Üi á tamo >1«mz«n ?> piedad j el roego. 
En Tueatn edad flortce lainncenria , 
Y amor Inipira Taesiro rostro bello ; 
jQnJén paede ser tan duro que os persigaT 

VIOLABTB. 

ibeldna, onnqne los cielos 
dicion me dig]ieusaroD ! 
1 destino tan adverso , 
lento seguro de Tortuna 
ra señalar no poedo. 
Docer mis dulces padres ; 
luféues son vengo i perderlos ; 
idignamente asesinada 
npo rué, mi padre [veao 
esgraeia, j ;o loocente 
10 del ^ror violento 
D que el cielo por castigo 
e clima : Enrique de Viseo— 

BDCUDO. 

;Y vive ann? j Y no afl cama 
ral , de ensteptarie ti suelo ? 
strolnrortuaio es obra soya , 
bichada ; do haj remedio. 
ijue i ese birbaro os entrega 
ifliKiros j en perderos. 
Ah 



TKH-Uira. 

jPorpledad! Las ansias 
mía sentidos ; ja en mi p«dio 
te agita palpitando, 
da T la esperania iñderla. 
d quién sois. 

Soy Eduardo, 
I ese Til. 



I Vi padre! i Oh cielos! 



No dudéis : tos ojos míos 
neba de que el ser os debo 
stas lágrimas que os bañan , 
10 y de temara vierto. 
10 tiempo cruda y piadosa 
vó de los poüales Seros 
i este encuentro inesperado 
lira ve* en él perdernos. 
le: ved ea mi la sangre 
umgre , ved cómo loa cielos , 
aturada esposa vuestra 
a aemejaoM han hecho. 

Envaapo. 
nteesdta. jObsemóania! 
ieagiíacion que siento, 
que me inunda en so dulzura , 
facciones que en ti veo 
1 dudar ; vén, htja mis, 
« en el paterno Ecoo. 

TOtUITR. 

Dios de demenda , 
: diste un coraion de acero , 
resistir las tristes plagas 
il tan dn piedad cayeron , 
¡en un corazón que pueda 
Dcnaidaddeei 



HANUEL 10S£ QUINTANA. 

(Enquéeilado miserable, 
En qn£ penosa situación le encuentro, 
Seftor! Argul sumido, respirando 
De este ambiente el moriirero veneno, 
;Cdmo eo tal soledad y desamparo 
Pudisteis resifiür? 

EPDjUUM). 

El que MI su pecbo 
De la inocencia el sentimiento abriga 
No serinde, hija mía, al desalieolo. 
Vino el azote á sepulUrme en vida , 
y una nueva vinnd sentí aqui dentro, 
Upafuena que, iguala mis destinos. 
Bastaba sola i contrastar con ellos. 
Grecia el mal , y mi valor crecia 
A parque so violencia. [Ah! Si lósetelos 
Quisieron esta lucha fonuidable , 
Los cielos de EitaardoestAo coaieUos. 



De admlraeinn, sefior, y da lermira 
He haceU estreBooer. 

Eonuiao. 

Tal Jet m sueSoa 
La bella Imagen de tu madre amada 
Y la tuya también con dulce afecto 
CcKiiolabanmiafiín. ¡OhDios piadoso! 
¡ V tras tanta Ilusión, Iras tanto tiempo , 
U adorada Violante al Un me enñas I 
Abriíame otra vea : este consuelo 
>o nos Ib robarán. 



I Oh padre mió I 
( Óteu mUe cmna de gente que baja aí tubterrineo.) 
iQnéslentot ¡Onérumorl.. Ei riesgo inmeiuo 
En que estáis se acrecienta ; i devoramos 
Se precipita el tigre. 

EMIiltDO. 

No tn esfuerzo 
Desmaye asi, biiamia : nuestra suerte 
Está en maiMMt de Dios ; en estos senos , 
Que tan osmros SMi oooio Ignorados, 
Algún arbitrio i nuestro bien busqueraos ; 
Vaielbado le niega... 



Si.mnrainoa; 
Pero Jnatos] oh padre! moriremos. 
(A^taáE<biarde,ptoiteniénitele,$aleiiie laetetM.) 
ESCEHAIT. 
ENRIQUE , ASAN T gduwim. 

EHRIODE. 

Ya penetra : las puertas de este albergue 
ConvocMdetoror me rechazaban , 
V al entrar eo so lóbrego reciulo , 
MI ansioso corazón tiembla j se eapnmt. 
Pero es mas fuerte mi rencor : sigamos. 
Asan,ét noestáaqul. ¿Sinosengafia 
TamlnenAiBldeatiora? So vil pecho 
EoOaqueciú á la vista, á la amenaza 
Del suplicio, 7 sos labios declararon 
Que aqoi preso Eduardo respiraba ¡ 
Has yo no le descubro 

«SAM. 

Pues no hay dada; 
Los hierros aqui ved que le amarraban , 
Ved BU lecho de pa}as- 

■nMOOR. 

iAhlYHidlai 



PARTE PRUEHA. 
1 el niefiD lendeii ms il» 

e dalzura que Ins miembros mioi 
kroa DUDca enlre las pJumas btanilai, 
o qué os deteoeísf Sin perder tiempo 
flor esas bóvedas ; que salgan 
¡tiros i mi TJsla al punto; 
endeis! Ni poder, mi Tida ; bma, 
tligra, todo, si Eduardo 
tslo tatot ahora se saiía. 



ENRiOtlE. 
andar j no pnedo. [Ab! jQniéatandéliM 
. corazOD? Quién de mis plantas 
zaapocaíEsel Tatal delito 
la el que me sigue j aco)>ardi. 
ealieDiDun tiempo? iPorqoé ahora 
ibarle de cumplir me tilla? 
ledras, heridas tantas veces 
I gemidos, que aun por ellas vagan, 
■ooado y espantado oído 
intos de liorror parece que hablan, 
abatimiento ! Oh cómo tiemblo ! 
Itrajado hermano las miradas 
ieiias(d)reinl! iCómo sn pecho 
I su (^iresor ta i arder en salta ! 
émulo ante él, con toi inderU 
encia tita I que le amenaza 
ciaré sin qae Eduardo tiemble! 
el juez, JO el reo, j la alta palma 
itir sobre mi siempre los cielos 
7 muerte le darin. i Oh rabia I 
¥1. 



en esa* bóvedas osearas 
is , j perdida la esperanza 
tirios hallar, ja biela este sitio 
imos Tolrer, cuando bien claras 
ilabras de repente oimos, 
uto intemimpidM y plegarlas : 
,b¡jamia,hiije, joloru^o, 
mando : tu liger* planta 
iscapar tal vei al gran peligro 
SDdegoturoráambos amaga, 
aedoseguirte.y si tardamos 
DOS los dos.) Ella lloraba ; 
1 huyó ; obedeció el mandato. 
os ; Eduardo se adelanta 
irnos , 7 om frente altiva 
la B«]<áud se TO pintada, 
leneis t qoien buscáis , nos dijo ; 
lae al ponto adonde Enrique manda, i 
urdías le ceroaroD 7 le traen ; 



Por piedad, anda, 
ai ea tiempo ann , j antes que tenga 
indbnie su presencia iobosts... 

EBCEHATIL 

lI>0,aiiwd<>d«lMenAUius.~DiCBOi. 

tOtUMOO. 

no DImI Conduélete de nn padre , 
da tu poder las grandes alas 
¡qnellalnfeUi. 

cmiaai. 

Taeiti presente. 
toeUtUminUinisplés no •« tbnl 



Ráme, Enrli 
Como un vil 
¥ coDtempl: 
Que amonto 
Digna de sa 
Pues tales g 
iQué mas q 
Para siempí 
Resucita á s 
YidDlilartí 
¡Privilegio 1 
Gózale pue! 
Renueva , y 
Baña otra vi 
Termina, ei 
jQuéespen 



La muerte i 
De U me va 
Ante el troi 
A darme el : 



Ocupa en In 
En que fuei 
QaizJi Enriq 
Viniera en c 
Un perdone 

¿Perdón tú 
Ignominia t 
Que vida i < 
Ni honor sii 
También co 
Tú vive ; de 
Las sierpes 
Entre tanto 
El délo , en 
Acaba: jo) 

Dices bien : 
Ya que la di 
Para mí ds 

iQué otro d 
De mi terril 
Muere, Edi 
El Til traid< 
No te librai 
Aliar podrí 
Que entre c 
Huerepoei 



56 ORRAS GOMPLETAS 

L€(f08 demlfenezct : yono qaiero 
Yerieespirtr. 

EBCEMAYUL 

VIOLANTE. — Dichos . 

VIOLANTE. 

üinistros de TeDg«»a , 
I>eteneo8 : sabed que él es mi padre, 
Ved que es vuestro señor. 

KDOABDO. 

¡ Oh desdichada! 
¿Asi te obstinas en morir conmigo? 

VIOLANTE. 

¿Tú, Enrique, ana quieres mas? Uira ¿ tus plantas 

La ÚjÁ de Eduardo y de Teodora. 

I No bastan , dime , á tu rencor , no bastan 

Tantos años de angustia , esta miseria , 

Sin que un segundo parricidio vayas 

A cometer? Tu estado no peligra : 

Si la riqueza y el poder te agradan , 

Manda en Viseo, y que Eduardo oscuro 

Viví conmigo en un rincón de España. 

¿No me escuchas,lruel? 2 Ab ! Si aun tu enojo 

En sed de sangre y de dolor se abrasa , 

Aqui tienes mí cnálo, aqui mi vida , 

Y tu ardiente inclemencia en ella sacia. 

ENiuQOE. (A lo» guardia».) 
Aguardad. {Ap. ¡Que no puedan mis furores 
Resistir la impresión de sus palabras !) 
Oye, Eduardo : el tmioo camino 
De ser nuestras discordias acabadas 
En tu arbitrio está ya. 

EDUARDO. 

¿Cuáles? 

BNRIQDE. 

Que al punto 
Violante me consagre ante las aras 
La ternura y la fe que indignamente 
El venturoso Oren tiene usurpadas. 
Vive, mas & este precio. 

VIOLANTE. 

¿Qué contento, 
Bárbaro, dime, en violentar un alma 
Has de hallar? Una victima infelíce 
¿Qué amores puede darte, ó qué esperanzas? 
Eterno albergue de dolor sería 
Su triste pecho , y sin cesar clamara 
Por tu muerte... 

ENRIQUE. 

Si Aive , es á este precio. 

EDUARDO. 

\ Qué frenesí tan ciego te arrebata ! 
i Violante tuya! ¡ Su inocente mano 
Enlazada á esa mano sanguinaria ! 
¿Y lo esperas, tirano? Y yo pudiera 
A mis tormentos añadir la infamia , 

Y el incesto al horror ? ¡ Oh i6 , hija mía I 



DON ItANCBL JOSÉ QUINTANA* 

vidlauts. 
|Oht no podrán. 



VIOLANTE. 



¡Señor! 



Vén, y en mis brazos estrechada, 
Jura un odie sia fin á ese tirano. 

VIOLANTE. 

Yo, señor , se lo Juro, aunque se caigan 
Loe cielos con Am sobre nosotros. 

Mdados , de «tii MratM «rtthCltdla. 



ALL— DiCHoe. 

ALI. 

Señor, poneos en salvo : 
Ya con su gente Oren tiene forzadas 
Las murallas y puertas del castillo. 
Ataide, que está libre, en voces altas 
Clamando que Eduardo aqui respira , 
Ganó por fin á sus feroces guardias. 
Ellos el nombre de Eduardo oyendo , 
Sin defenderla , la anchurosa entrada 
A Oren abrieron , y á su gente unidos, 
Todos hada estas bóvedas se lanzan. 

VIOLANTE. 

¡ Oh cielos 1 sooorrednos. 

ENRIQUE. 

¿Si el eterno 
Mandará ya pesar en su balanza 
La irrevocable suerte que me espera? 
Si estará mi sentencia pronunciada?... 
¡Oh ! amigos, sedme fieles, y la nube 
Podremos conjurar que nos amaga. 
Cercad esas dos viclLoBas ; su vida , 
Has que su perdición , ahora nos valga. 
Tü , Asan , pronto á mi voz, clava en su seno 
Sin detenerte la homicida espada. 
Todos asi pereceremos. (AEimirio.) 

ESGBÜAX. 

OREN, ATAIDE, soldados.*— Dicnos. 

OREN. 

¿Dónde 
Ni quién podrá esconderte á la venganza 
Que mi encendida cólera fulmina 
Ya sobre ti , vil asesino? 

ENRIQUE. 

Calla, 
Detente, mira ; si á mover te atreves 
Un paso mas la temeraria planta. 
Mueren los dos. 

ATAmE. 

Señor, ya la violencia 
Es aqui por demás, pues que su rabia 
Ha encontrado el camino á defenderse 
Con el riesgo de vidas tan sagradas. 
Deteneos... Y vos, á quien mis cjos( A Eimatio») 
No osan volver sus tímidas miradas. 
Vos , que años tantos de prisión tan dura 
Debéis, señor, á mi inelemencia ingrata , 
Dignaos de que en un trance tan terribte 
Yo á vuestra salvación la senda os abra. 
Una sola palabra en vuestro nombre 
Permitidme que dé, y está einboUda 
La cuchilla cruel con que ese monstruo 
Vuestra preciosa vida ahora amenaza. 
¿Puedo darla , sefior? 

EDUARDO. 

Yo la permito, 
Pero digna de mi, libre de infamia. 

ATAIDE. 

Si lo será : yo en nombre de Eduardo 
Prometo á Asan su linertad , su patria , 
Si las preciosas vidas que ahora ofende, 
Con generoso aliento las ampara. 
Eiya Asan entre ^edar tenAdo 




PARTE PUHEM.— UTBIUT 



lesfgntlhattUt 
lírlMro i quien sirve , 
sanaUnplaja 
, los amados hijos, 
recrear so ilnu. 
abicanoT 

Va he el^ido. 
ud,Terl mi patria, 
rl — Tú ereton blanco, 

{ÁEdMorde.) 
larentapalabnt 



BKUQin. 



«sa : esas veotiju 
acoyo. 

ASAN. 

TÚ siempre bu sido 
lldor; iqné confiania 
rT Ninguna. Sed pues libres. 
Biuaráo y Violante, g la entrega 



áOrtn.) 



Ya 

ion; tiranía: 

lerao.tiDe (e aguarda, 

nr la tierra. 

Étpaiaée mowf de nntoldaáa, 

Miuhle d Enriguí.) 

n> }aT Toma esa Mpkda ; 



irdad ; ingrato Enrlqne, 
1 tu execrable saña 
^ 7 la cncbillo 
■obre mi brillaba, 
rtenii h?ores 
ilor;álasplegaiiu; 



Has:ra< 
Agoniíi 
Y que o 



TienMi 
Por los I 

Dedarl 



Este opi 
Y mi en 
jYodeb 
Nomel 
Llegara 

iNoIel 

Puede i 

iVidad. 

{Arranca <h 




PEUYO, 



nUGXDIÁ KM TRKS ACTOS» RSPRESBlTrADA LA PRIMBRA VIZ POR LOS ACT0RB8 DSL GOUSBO 

DB LOS CAÑOS DBL PBRAL BN 19 DB BNBRO DB 180B. 



PELATO. 

HORMESmDA. 

VEREKUMDO. 



LEANDRO. 

ALVIDA. 

ALFONSO. 



PERSONAS. 



MONUZA 

AUDALLA. 

ISMAEL. 



UN SOLDADO G0ORE8. 
Varios nobles astdbianoí* 
GonuBOS. — MOROS. 



La ucena es en Gijon. 



\:<-- • 



U 



¿rv.> 






ACTO PRIMERO. 



bí teatro repraaenu ao salón de la casi de Vercmondo, tdontdo 
con Tarlos trofeos de armas. 

ESCENA PRIMERA. 

ALFONSO , VEREMUNBO. 

ALFONSO. 

Si , respetable Veremondo, hoy mismo 

De las murallas de G^on me ausento, 

Donde tanta flaqueza y tanto oprobio 

Est&n mis ojos indignados Tiendo. 

El moro triunfa , los cristianos doblan 

Á la dura cadena el dócil cuello , 

Sin que uno solo á murmurar se atreva 

De opresión tan odiosa : no , aunque en medio 

De esta ▼!! muchedumbre apareciese 

Del gran Pelayo al animoso aliento , 

En Taño i libertad los llamaría ; 

Ya nadie le entendiera. 

TEHEIinNOO. 

Él en el seno 
De la etérea mansión goza sin duda 
La palma que á los mártires da el cielo 
En premio á su Tirtud. Fiero, incansable, 
Los llanos de la Hética le Tieron 
Casi arrancar él solo la Tictoria 

Sue Tendió la perfidia al agareno. 
1 atajó el raudal á la fortuna 
Del soberbio Tarif cuando en Toledo 
Del Tíctorioso ejército sostuvo 
La terrible pujanza un año entero. 
De igual Talor ftié Mérida testigo ; 
Hasta que , puesta su cabeza á precio 
Por el infame Muza , y escondido 
Desde entonces su nombre en el silencio, 
Ni de él , ni de Leandro , el hijo mió , 
La fama toItíó á hablar. 

ALFONSO. 

¡Dichosos ellos, 
Que asi por fln descansaií&n! Sus ojos. 
Cerrados ya con sempiterno sueño , 
No Terán el escándalo, la afrenta 
De su sangre , el sacrilego himeneo 
Que hoy se va á celebrar... ¡Oh Veremundo! 
Perdona esta vehemencia á mi despecho ; 
Ser Hormesinda esposa de Munuza 
Es doro oirio y iflrentoso el verlo. 

TSHEMUNDO. 

Mal pudieran las débiles mujeres 
Resistir al halago Usoiúero 



Del moro vencedor, cuando sos armas 
Domaron ya los varoniles pechos. 
Mira á la hermosa viuda de Rodrigo 
Ganar desde su triste cautiverio 
El corazón del joven Abdalásis , 
Y ser su esposa , y ocupar su lecho. 
Mira á Eudon de Aqnitania dar su h^a 
k un árabe también , y hacerla precio 
De una paz... 

ALFONSO. 

¿Y la hermana de Pelayo 
Debió seguir tan execrable ejemplo? 
Excederle debió. 

VBRBMDHDO. 

Yo, deudo suyo. 
Que la eduqué , la amé cual padre tierno» 
Disculpo 8U flaqueza , aunque la lloro 

ALFONSO. 

I Cabe disculpa en semejante yerro ? 

VEHEIIUNDO. 

Si , Alfonso, cabe : ¿por ventura ignoras 

El bárbaro y terrible juramento 

Que hizo Munuza? ¿Ignoras que asilada 

Gijon hubiera sido en escarmiento 

De su noble defensa , si Hormesinda 

No la hubiera salvado con sus ruegos? 

Si nuestra servidumbre es mas suave , 

Si aun ves en pié nuestros sagrados templos, 

Los cristianos, Alfonso, á su hermosura, 

Á ese amor que te indigna lo debemos. 

ALFONSO. 

¡Abominable amor! ¡ Union impia 
Que Dios va á castigar ! Y ya estoy viendo 
A esa desventurada, á quien seducen 
Los engaños del moro, ser muy presto 
Objeto miserable de sus iras. 
¿Ignoras tú su condición? Violento, 
Implacable y feroz , si es generoso 
En la prosperidad , lo es por desprecio. 
Por arrogancia. Las inquietas hondas 
Que baten las murallas de este pueblo 
No son mas de temer en su inconstancia 
Que su alma impetuosa. 

TEBEIUNDO. 

Hasta este tiempo 
Gyon solo conoce su demencia. 

ALFONSO. 

Ella se acabará ; que no está lejos 

(Y plegué al cido que me engañe) el día 



•^ ,» 
f.-^' 



PARTB PRUURA.- 

Undo á m Tloleocla el tteno, i 

Dgifioso que abon alabas ' 



Bo frenética arrogancia , 
da repentina tiemblo 

dalla ; Audalla . conocido 
fanliico y sangriento, 
rme asilo las montaBas 
Cantabria, cujos senos 
sed del africaiM , 
ro j placer, virtud y Herró. 
¡onderín..." " 



EflCEIUn. 

ORHESINDA.— Díaos. 
JCDá. (En el fonde del teatro. ) 
i , infélin T A andar DO acierto, 
>s tremolas seolegan 



No pnedo, 
i coraioD 1 vneslros ojos 
Mar sa tímido recdo. 

TIUNCNDO. 

e mi amor, cara HormealndaT 

■niNU. (AdelentániMe.) 

No, seQor, en Diogon tiempo : 

inda encomendá mi hermano, 

idiendo de la patria al riesgo, 

itadoalmediodhi 

los irabes su acero. 

«la , planta abandonada 

tan largo y tan desbecbo, 

«don de vuestro asilo 

rme del rigor del viento. 

inl padre, en tos mi bermino : 

da mi amor satisfaceros 

Lud, tantos afanes 1 

ñte el corazón i hacerlo, 

deuda agradecido aclama , 

fo la remite al cielo. 

loi 

■Irt 

tNVda ) , en tanto vuestros bnsos 

eadicbada qae al momento 

lie asilo de inoceoda , 

JhM débiles crederoQ ; 

implorad tma ventura 

NO ; aagnatUdo pedio 

láeaperar. 

[ Ah ! si bastasen 
i alcanzarla , ni otro premio 
ma al délo pedirla 
jr lastimado vl^o. 

{Atiéndela de la mane afeclvommnte \ 
Ja... ' 



¡A;¡Do;qae las palabrea 
aestra boca en son tremendo : 
Dgrata, pérfida ; llamadme 
rtnd , sorda al consejo. 
dréis decir que yo i mi misma 
mayor no esté diciendo? 
iqaestecilli dadolznra, 
■nhelt el corazón sediento , 



LirERATURA. 

k fuena de amalan 
Está ja en mi Interior 



Si eso es asi 
No levantáis, señora, 
AserqnieoaoisTLar 
De la virtud os mosln 
V la sangre que anima 
Para marchar por él o 
Hostraos hermana de 
De ver que sois esctn 
Ludibrio de los bárbí 
Esposa de un tiraoo... 



Que si temí las quejas 
A la toi del insulto m< 
{Por qué , si soy escái 
SI tan injustos me con< 
Por qué i la sednccíoi 
Del moro vencedor no 
Coandoelforory ta v 
Cuando ya el hambre : 
Prestos i devorar nos 
Era justo , era boorosc 
Que yo í los plés del i 
Fuese i ablandar su ct 
Fui : mis plegarias el i 
De la piedad en su ten 
V libre del azote que t 
Este pueblo, so frente 
Todos entonces, si, m 
Todos; y en tanto que 
De sus cadenas agoviai 
Mira asolados sin pted 
Hollados con furor sus 
Violadas sus mujeres , 
De la paz mas feliz G^ 
[Tirano le llamáis, yd 
Nos deja respirar, cuai 
Con sola una mirada e 
¡EsnDtiraDO,yamon 
A llamarse mi esposo! 
Ineiorables godos : i, i 
A su tierna aSclon , A i 
Mi coraioo rendi ; vue 
y el fruto, hombres ini 



Hunnia esliera 1 su ai 
Anunciando su gozo y 
CoD su esplendw hen 
La música fesUva en s 

1 Esto es becho, gran 



Por donde os lleva tan 
jQué tenéis que teme 
Que han de solemniza 
Solemnicen también ) 
De vuestro hermana y 
MI lengua, Veremund< 



Jr«¿íiiwv-"^-^' 



M 



OBRAS COMPLETAS DE DON MANUEL Í0S6 QUINTANA. 



A-". 






> 

!*•' 



De la lifloitfa i los Inftunes ecos , 

Dc||teite parabién á los amantes. (Vase.) 

HORHESINDA. 

¡ Qué horrible pai^ien ! Has ya no hay medio 
De volver el pié atrás ; qne mi destino , 
Mas fiero y mas cmel cada momento , 
Tras si me arrastra , y sin poder ralerme , 
A su imperiosa voluntad me entrego. 
Adiós, se&or, adiós... 
{Le besa la mano, y se va predpUadamente con A¡vida, ) 

ESCENA nr. 

VEREMUNDO. 

¡Misero anciano! 
Ya ¿qué te resta ? El lúgubre silencio, 
La amarga soledad que te rodean 
Fieles te anuncian tu postrer momento ; 
¡Ycuánacerbo!... ¡Oh suerte! ¿i qué guardarme 
Para tal desamparo Y 

E8GE1IAV. 

VEREMUMDO, LEANDRO, y despaésVELkYO. 

LEANDRO. 

Amigo, entremos; 
Nadie nos sigue, la fortuna misma 
Nos ha guiado hasta el solar paterno. 

fEKSMOKDO, 

ÍQué vos es la que escucho ! Mis sentidos 
le engañan. . . Mas no hay duda , ellos son, ellos. 
I Oh providencia eterna , yo te adoro ! 
i Hijo ! (Corre 4 abrazarlos. ) 

LEANDRO. 

¡Padre! 

PELATO. 

{Señor! 

VEREHUJIDO. 

¡Pelayo! ¿Es cierto, 
Es cierto que vlvis ? i Ah I que aun se niega 
k tal ventura incrédulo mi afecto, 

Y abrazándoos estoy. ¿ Cómo os salvasteis t 
Decid , ¿cómo vencisteis tantos riesgos 
Que la desgracia y el rencor del moro 
Amontonaron ya para perderos t 

El silencio, el olvido en que os hundisleis 
Eran señal de vuestro fin sangriento 
Para toda la España , que afligida 
Cifró en vosotros su postrer consuelo. 

PELATO. 

: Ahí si bastantes á salvarla ñiesen 
La constancia , el ardor, el noble celo, 
Firme aun so viera, Veremundo, y dando 
Envidia con su gloria al universo. 
Nuestras fiítlgas , el valor ilustre 
De los que el nombre godo sostuvieron. 
Hacer pedazos el infausto yugo 
Pudieran ya que la sujeta el cuello ; 
Mas vano ha sido nvestro afim , y en vane 
Por el nombre de Dios lidiado habemos ; 
Él retiró su omnipotente escudo, 

Y coronar no quiso nuestro aliento. 
Vednos pues en los términos de España, 
Próftigos, solos, deplorable resto 

De los pocos valientes que mostraron 
Á toda prueba el generoso pecho. 
La guerra en su furor devoró á todos; 
Yo los vi perecer. | Ob compañeros. 
Que en d seno de Dios ya descansando 
De vuestro aMo valor gocais el premio : 



Mis votos recibid y mi esperanza; 
Vengue yo vuestra muerte , y muera luego. 

VEREEÜNDO. 

I Admirable constancia ! Mas , Pelayo, 
¿De qué nos sirve contrastar al cido? 
Guando á nuestros intentos la fortuna 
Les niega su laurel en el suceso , 
Ceder es fuerza , inútil es el brío. 
Pernicioso el tesón. Si estando entero 
Contra el fiero rigor de esta avenida 
No pudo sostenerse nuestro imperio, 
¿Te sostendrás tü solo? ¿A quién consagras 
Tan heroico valor, tanto denuedo ? 
i No hay ya España , no hay patria! 

PELATO. 

¡No hay ya patria! 
¿Y vos me lo decís?... Sin duda el hielo 
De vuestra anciana edad , que ya os abate. 
Inspira esos humildes sentimientos 

Y os hace hablar cual los cobardes hablan. 

¡ No hay patria !... Para aquellos que el sosiego 
Compran con servidumbre y con oprobios. 
Para los que en su infiíme abatimiento 
Mas vilmente á los árabes la venden 
Que los que en Guadalete se rindieron. 
¡No hay patria , Veremundo! ¿No la lleva 
Todo buen español dentro en su pecho? 
Ella en el mió sin cesar respira : 
La augusta religión de mis abuelos. 
Sus costumbres , su hablar, sus santas leyes 
Tienen aqui un altar que en ningún tiempo 
Profanado será. 

VEREMUNDO. 

Tu oelo ardiente 
Te hace ilusión* Pelayo : i en quién tu esñierzo 
Puede ya confiar? Quien pierde á España 
No es el valor del moro ; es el exceso 
De la degradación : los ñiertes yacen. 
Un profundo temor biela á los buenos , 
Los traidores , los débiles se venden, 

Y alzan solo su frente los perversos. 

PELATO. 

Y porque estén envilecidos todos, 
¿Todos viles serán? yo no lo creo : 

Mil hay, si, Veremundo, mil que esper&n 
A que dé alguno el generoso ejemplo, 

Y el estandarte patrio levantando. 
Despierte á todos de tan torpe sueño. 
Yo vengo á levantarle : aquestos monSes 
Serán mis baluartes , á su centro 
Volarán los valientes, y el Estado 
Quizá recobre su vigor primero. 
Entremos ques; que mi Hormesinda abra 
A su hermano, señor, y que tendiendo 
La noche el manto lóbrego, á seguirme 
Se prepare. 

VEREIUNOO. 

t Buen Dios ! llegó el momento 
Desgraciado y terrible. 

PELATO. 

¿Desgraciado 
El instante felis que ansió mi anhelo 
De abrazar á mi hermana ? 

VEREMUNDO. 

I Ay triste! calla: 
Ese nombre en tu boca es un veneno. 

PELATO. 

¿Por qué, dedd, por qué? ¿Vive? 

VEREMUNDO. 

Si, vive; 
Pero su muerte te afligiera meaos. 



'»•. 



miZA.HORI 
UVA, ea acüi 
.LA algo tepe 
m lado del le. 

lOhiDgni 
jConqne, 
Sacoruoi 
Ser el m» 
Dadtr?...j 
Dan íDB \t 
Decongtyi 
A mil plan 



jCnlI es p 
De iquesti 
De ese p» 
y en tos oj 

El cielo Te 
Quemiint 
Y fe Umbl 
Eiplayam 
Sedcontei 
EltrioDlb 
¡AhUQn^ 



SnBlnúUlc 
Inclinirii 
Turrirte 




tt 



OBRAS COMPLETAS DE DON MANUEL JOSÉ QUINTANA. 



TMmnla y^adlante, á vaestro alcázar 
Á Joraros mi fe fui condacida. 
Jurada está , señor, no me arrepiento ; 
Soy vaestra , lo seré... Cuando salían 
Las fetales palabras de mi boca 

Y el acto solemnisimo cumplían , 
Me pareció que, alzándose Pelayo 

En medio de los dos , y ardiendo en ira » 
«¿Qué te hicieron i oh pérfida ! los tuyos 
Para asi abandonarlos,» me decía. 
Tiembla entonces el suelo, ante mis ojos 
La luz de las antorchas se amortigua , 
Baña el sudor mi frente , el pié me fiíüta , 

Y opresa del afán, caigo sin vida, 
i Oh deliquio cruel! 

HUIfUZA. 

{Oh ilusión Tana 
Que todo mi placer Tuelve en acíbar I 
¿Ha de romper Pelayo á perseguirte 
La noche eterna de la tumba fría 
Que ya le esconde? 

HOMiBSIllDA. 

¿YsÍTÍ¥ieseacaso? 
I Ah , cuál entonces su dolor sería I 
¡Desdichada de mil 

■ÜlfüZA. 

Lanza esas sombras 
Que tu tímido espíritu atosigan : 
Serénate ya, en fin. ¿Es Un díflcil 
Coronar el amor, labrar la dicha 
A un amante, aun esposo? 

HOKHESIIfDA. 

{Ahí No: Pelayo, 
Ya en él délo ante Dios dichoso asistas , 
Gozando el premio á tu valor debido , 
Ya proscrito en la tierra y triste aun gimas , 
Oye la voz de tu angustiada hermana : 
Perdónala. Tu esfuerzo y osadía 
A defender la patria no bastaron , 
Sufre que yo la alivie en sus desdichas ; 
Que yo la madre y protectora sea 
De los vencidos que en su amor confian. 
Él lo quiere, ¿no es cierto? ¡Ahí Yo me entrego 
(Mirando Hemamente á Munuza,) 
Al afgcto imperioso que me guia , 
Noble Munuza ; mas consiente ahora 
Que sola un breve tiempo, recogida , 
Tu esposa pueda contemplar su suerte , 
Acallar los temores que la agitan , 

Y llenar solo su tranquilo pecho 

Del tienio y dulce amor que tú la inspiras. 

{YttieeonÁlvida,) 

EscasNA n. 

AUDALL A.— MUNUZA. 

MVIfüZA« 

¿Es temoif Es desden? ¿Qué es esto, Andalla? 
¿ Pude esperar en semejante día 
Taloonftuion? 

AüDiXUL 

El sucesor augusto 
Del sublime Profeta acá me envía. 
No á arreglar tus qum^llas con tu esclava , 
Sino á que España nuestro rito siga 
De grado ó ñierza. Nunca los caprichos 
Del am<M' entendí , ni las caricias 
Del sezo engaSador rendir pudieron 
Un momento Jamás el alma mía. 
Cercado sleiii|Nre da armas y •(ddtdos y 



Entregado á las bélicas fatigas , 

Sé pelear, y no amar; sé hacer esclavos* 

Nunca servir; que nuestra ley divina 

Por siempre triunfe, y que ante el gran profeta 

El universo incline la rodilla , 

Fué la eterna ambición del pecho mío ; 

Pues ¿qué son con la gloria las delicias? 

Por esto siempre vencedor mi brazo 

En la guerra triunfó : tú , de esa indigna 

Pasión ya poseído, teme al cielo , 

Que la flaqueza en el valor castiga ; 

Teme que te abandone la victoria. 

niinzA. 
I Ah 1 1 Si tus ojos vieran á Hormesinda 
Cuando , anegada en llanto y desolada , 
Por la primera vez ante mi vista 
Se presentó I Su tímida hermosura. 
Su ademan , sus palabras compasivas, 
Llenas de encanto y de dolor, no solo 
Las entrañas de un hombre ablandarian, 
Mas rindieran también á las serpientes 
Que abortan las arenas de la Libia. 
Yo la escuché , y venció ; Gijon por ella 
Del bélico furor libre se mira. 

AUDALLA. 

¿Y no temes que al fin Unta flaqueza 
Llegue á causar tu irremediable ruina? 
i Ay del que es opresor, sí abre el oído 
A la pie(¿id , y si imprudente olvida 
Que ante él deben marchar la servidumbre. 
La amenaza , el terror! Si así no humillas 
Esta fiera nación que á nuestras plantas 
Yace mas espantada que vencida , 
Teme tu perdición. Goza en buen hora 
Del amoroso halago y las caricias 
De esa cristiana ; los demás perezcan, 
O en vergonzosa esclavitud nos sirvan 
Mientras el dios del Alcorán no adoren : 
Así lo manda nuestro gran calífo. 
¿ Osarás resistir? ¿ Olvidar puedes 
Que al partir de Damasco , esa cuchilla 
Para extender su ley puso en tus manos ? 

mJNUZA. 

¿Y contra quién, Audalla, he de esgrimirla 
Contra unos miserables que , rendidos , 
Ante mis ojos con pavor se indinan? 

ACPALLA. 

Esos que tu arrogancia así desprecia 
Serán los que castiguen algún día 
Bondad tan temeraria. 

{Carta pauia,"^ 

mniuzA. 

Aun soy Munuza ; 
Pendiente de mis hombros todavía 
El formidable alíkiqe centellea 
Que huérfiínas dejó tantas fomílías : 
Tiemblan de mí velando , aun se estremecen 
Si su atemorizada fantasía 
Mi aterradora &z les pinta en sueños. 

. i:SC3E3iA m. 

ISMAEL.— Dichos. 

ISMAEL. 

Dos cristianos , señor, á vuestra vista 
Pretenden parecer : esjano de ellos 
Aquel anciano, el deudo de Hormesinda ; 
El otro un joven que dolor y enojo 
En su semblante intrépido respira. 



(Vaulmiitl.) 

Agnirdite, Hnnnia, 
isnprefflodel CaKb 
jne prtHiiQlgar mafiíni 

wiirau. 

(TateÁnMlM.) 



PARTE raaiERA.— LIT^ATÜRA. 

La laerte eo nn momeDlo le < 
La soerte pnede bacer qae ei 
Caiga [ambieo vuestra soberi 
i Qnién sabe si , aplacado cm 
Ya el cielo, ua braio vengadt 
Qne ataje Toesira próspwa b 



reREHDHDO,— MUNUZA. 
■tnrau. 

jQaéosgnla, 
esenciif 

tloa veDlnra 
ion, nna desdicha 
espaíiol ;mnrióPelayo. 
nuerle la eoañrma 
, j i Hormesinda trae 
ma^ despedida 

{Ap. Qdíií esta unen 
alpe que la hostigaD.) 
óPelayotiVei», cristiaiMí, 
inestnlej escrita! 
iagracoDTtctoiias, 
; Ed qaé os paráis? Seguidla. 

lé ral engaüo ctuodo, oyendo 
ea tu loor publica, 
ecta j de ta sangre. 
Tállente en ti creía, 
m eontrarto generono 
neesTlIIasoleDiiiiza. 

;ú , di , qne tan osado T. .. 

PILÁTD. 

leidlenta todavía 

vo. (htemu^Hindole.) 

Sefior, disculpa sea 

i<l m allicdoii misma. 

loriaysaesperaiaa 

mlíeroa ponian. 

. ligrimas que damos 

T de BU desdicbi 

HnDuza. , 

Yo i PeUyo 
red; mas su porfía, 
bstinadon pudiera 
il , cuando ooB libra 
, gracias le rindo 
I pn^doiK» asista. 
I perdidoi. 
riUTo. 

Notefleí 
bd, Dioiptidoundla 
ir de aqueste pueblo 
kn terrible Ira. 
aMnpb el poderlo, 



jSerJieltuyotalTezT... Has 
Va i parecer delante de voso 
Tú , imprudente , refíena esa 
Usa un lengnaje j ademan co 
A tu fortuna bumilde j abatli 

V DO al Jeon Irrites qne te esc 

Y por desprecio tu arrogandi 



VEREHUNDO, PE 
vxunmio, 
1 Gradas al délo I Al cabo coi 
Mi temeroso corazón respira. 
¡Cuál me has hecho temblar! 
Ni al velo qne 1 sus ojos te ei 
A asegurar mi agitacioo bast 
Del tirano al aspecto enardec 
Tu mente, K arrojaba toda e 
Y en tus miradas fleraa se vd 
La mal cubierta iodignacioa. 
La desolada España en ti conl 
Sinoatiendesla votdelapn 
{No aabrlt moderarte? 

A tan torpe disfrai ? Nunca Pi 
Descendió i la flaqueza , i la 
De engaSar : d que eaga&a e: 
Que confiesa su mengua en st 
¡Vjomientomincmibre! ¡Ve 
Ddanie de ese moto 1 1 Oh fe 
Htgerl 



SUaM acerca. 



BORHESINDA. — 1 

■ Padre 

Con qne jann do me olvidáis? 

(í 

Wsofosf... lAjI El CK |n1« 



jLa Tea i tti presencia conftu 
Calle la Indlgnadoo; hable , 1 
La sangre solamente. 

Yaitni 
Tlenet i esta Infelii , esta cnl 
A quien Dioe en an cólera dilV 
A quien antes de verae en tai 
La negra muerte aniquilar di 
No imploro tu piedad , no la i 
Ni cabe en el hcmor que en II 
Pero permite qne tu bermana 
Con ligrimas rescate de aleg 
Las ligrimas qne un tlempoi 
En Mo acerbo j en ddor vei 
Snfre qve al goieme aband« 



14 



OBRAS OOMPtETAS DB WM MaNOBL JOSfi QUINTANA. 



} 



Aparta. 
¿10 hermana tfi t iamáf. Quien aquí habfta , 
Qaien se complace ea la estación odiosa 
De la snpersticion y tiranía 
Mo puede ser mi sangre. En otro tiempo 
Tuve ana hermana yo qne era delida 
De Pelayo y de España ; virtuosa , 
Inocente y leal , siempre Alé digna 
De todo mi cariño y mis cuidados , 
Que con mi patria la infeliz partia. 
El cielo, encarnizado en perseguirme» 
Me la robó ; la que mis ojos miran 
Es una infiíme apóstata que ahora 
Mi vista indignamente escandaliza. 
Ella insulta á los males de la patria , 
Ella desprecia las desgracias mias , 
Ella 9 en fin , me aborrece. 

HOlMESIfOML 

¿Yqué?iNoba8U 
Ya mi pasión para encender tus iras, 
Sin que también destierres de mi seno 
A la naturaleza , que en él grita 
Con mas ftiena que nunca? 

rajLTO. 

¿T no gritaba 
Guando la iñ pasión que te perdía 
Te atreviste á escuchar , y te entregaste 
Al árabe feroz que te esclaviza? 
¿No pensabas en mi? No contemplabas 
Que era clavar en las entrañas mias 
Un acero mortal , y atar la patria 
Al yugo atroz del musuhnan t& misma? 

RoansiiinA. 

¿Qué peso puede hacer en la balanza, 
Que los reinos del mundo alza ó inclina, 
De una flaca mujer la resistencia? 
Pelayo ¡ ah ! ¡ Cuánta S>mpasion tendrías 
De esta desventurada, en quien ahora 
Tu enojo todo sin piedad fulminas , 
Si vieras mi amargura y mis combates I 
To pudiera decirte. .. 

PILATO. 

¿Y qué dirías? 
■ORHisinnA. 
Que este amor á la patría qne te enciende 
Es la sola ocasión de mi desdicha. 
Yo inocente vivf , nunca en mi pecho 
La llama del amor se vio encendida : 
En todas tus fatigas y peligros 
Mi llanto y mi memoria te seguían ; 
Gayó España , Pelayo , y ya aguardaba 
A verme sepultada en sus cenizas, 
A que me arrebatase en su violencia 
El torrente feroz de la conquista, 
Guando G^on amenazada... El cielo... 
Perdona... El délo mismo mi caida 
Gonsiente... España opresa , los cristianos 
Mi favor implorando, y cada dia 
De ese moro tan bárbaro á tus ojos 
La generosidad siempre mas viva. 
Los ejemplos, tu muerte... { Oh cuántas veces 
Dije : «Pelayo, á defender camina 
Tu amada hermana de tan tara ludia ti 

Y Pelayo implorado no venia ; 

Y la triste Homeainda, abandoaada 
Deldelftydelalierfa... 

BLATO. 

¿Y qnét ¿Por didia, 



Aunque tu hermano peraddo hubiese , 
La gloria de su nombre no vivlaf 
¿No reflejaba en ti? ¿Tti no debiste 
Defenderla , guardarla sin mancilla, 

Y antes morir que recibir los dones 

Gon que el moro doró nuestra ignomioia? 
Yo vi , yo vi la patria desplomarse 
Del Guadalete en la funesta orilla, 

Y sin perder aliento, á sosteneria 
El hombro puse y la constanda mia. 
Tres años siempre comi>atiendo, España 
De mi sangre y sudor toda teñida , 

El rencor de los árabes , al mundo 
Mi celo y mi fervor publicarian. 
Todo es ya por demás. ¿Qué soy ahora? 
Un vil aliado de la gente impla 
Que oprime mi pais. i Desventurada ! 
. Los ojos vuelve en derredor y mira ; 
No hallarás sino mártires : los unos 
Peredendo al rigor de las cuchillas 
Del atroz sarraceno en las batallas, 
Los otros en las cárceles agitan 
Su pesada cadena , otros , desnudos , 
Opresos, de hambre y de miseria espiran. 
Todos te enseñan á snttíT : ¿qué importa 
Que otras miyeres débiles ó indignas 
Se hayan rendido al musulmán halago? 
En medio del contagio deberia 
Mantenerse Hormesinda ilesa y pura, 
Gomo á su hermano el universo mira , 
Guando el Estado se desquida y cae. 
Impertérrito y firme entre sus ruinas. 

BoausniDA. 

Pues bien : iü ves mi error y le detestas; 
Yo también le detesto, y á mi misma. 
Hé aqui mi seno : hiere , y en un punto 
Acaba con tu afVenta y con mi vida. 

PELATO. 

¿Tienes valor? ¿Eres mi sangre? Auntiemio 
Es de enmendar tu ofensa : esas vecinas 
Montañas van á ser d fuerte asilo 
De los cristianos que á vivir aspiran 
Libres de la opresión. Deja ese moro 
Que con su infame seducdon fascina 
Tu corazón, y atrévete á seguirme 
Adonde lejos del oprobio vivas. 
¿No respondes? 

HOBMESINDA. 

Pelayo, es doloroso 
Sin duda aqueste lazo que abominas ; 
Mas ya la suerte le estrechó, y... 

PBLATO. 

Acaba. 
RouiKsnmA. 
El deber no consiente que te siga. 

PBLATO. 

¿El deber? ¡el amor I 

■ORMSSIIVDA. 

Yo llamo al délo 
En testimonio... 

PELAYO. 

Galla, y no SU ira 
Despiertes contra ti. 

HOBMESIimA. 

Si,yoleUamOí; 
El ve mi ooraioa y tu ii^ostida. 

fBUVO. 

El Tetriunlhf tu abonlBable ItaM 



r.^ 



.>^ 



t?*:. 



PARTE PRUERA.— UTERATV 

iVmidri 



To ofrecí al mío 
mél 

iPromeuImpIíl 



TBRBironM. 

Tn ardor mttigí , 
la Infeliz EapaBa 

a esperanza Qa. 
ista del [írano, 

allega; aearida 

i quien adoras, 
lominable tí da ; 
scucba : los valientes 
-¡la tiranía 

ser, y slTencemos, 
al verá la justicia 
«exorable tiemble 
I. Tá de ti misma 

1 al el borrendo crlmao 
iTersal expias. 

(Fow eon Yereauaide.} 



O TERCERO. 

HAPUHEaA. 

RO.TEBBHDHIMk 



lor ! aqnf ddMDM 
r. Pelado intenta 
o qaemiíA el agnil» 
eiUTenguuNa. 



«nétlco acoDS^ 
la; mn me euremem 
lerrlbleí qnejat 
loTmeiinda : al ñu aiIkoM 
liar; y ni peía, 
¡Dclo formidable, 
lente, era mas fiera, 
I te arnatró consigo ; 
ra qolii ja o» cercan 

LUNMO. 

lajor qne todos dlot 
I, los desprecia. 
Ae en este aitlo 
Gi}<m espera, 



Loprone 
Eladio, S¡ 
Aironse , I 
Yjanopi 
DePelayci 
Qne ba dt 
Lasnerte 
La'bora s 
Elmomei 
De empeí 

Tras de ti 
Rendir el 
Fuera ¡nsi 
Que naest 

Has ya lie 



Ese tierno 
El os le pa 
Nobles ast 
Que este b 
A todos loi 
El generoi 
He alcanza 
La sangre 
lOblsien 
De Tentnra 
Kas no es ] 
Vence i ai 



Solo Tiles I 
Tú , qne i 



Se consleDi 
De infbrtuí 
Condenada 
Peí ayo soy 
El qne por 
DelEsudo 
Por toda El 
Soy ei que, 
D« entre la 



M 



Ó&RAS COMPLGTAá D& DON llANÜfiL JOSÉ QUINTANA. 



I- 






.1* 






Exento el eoello de los hierros torpes 
Que sobre el resto de los godos pesan, 
¿Qué me sirven, empero, estos blasones^ 
Goyo bello esplendor me enTaneciera, 
Si ajados ya, por tierra derribados , 
{Oh indignación! un árabe los huella , 

Y Hormesindalos vende?... Giudadanost 
Si de vos por ventura alguno tiembla 
Que en semejante infamia sumergida 

Su hija, su hermana ó su consorte sea; 
Si en él se escucha del honor el grito , 
Gomo en mi pecho destrozado truena y 
Ese me siga á castigar mi ii\]ur¡a , 

Y asi la suya con valor prevenga. 

ALFONSO. 

Si, yo te seguiré ; deja, Pelayo , 
[Acercándote á Pelayo y estrechando $u mano,) 
A tu diestra valiente unir mi diestra , 
Alborozarme viéndote, y contigo 
Jurar al moro inacabable guerra. 
Alfonso de Gantabria te saluda , 

Y los buenos con él, que en tu presencia 
Ven renacer las dulces esperanzas 

Que ya en tu aciago fin lloraban muertas. 
No solamente á castigar tu injuria 
Te seguiré, sino á vengar con ella 
A España, que reclama nuestros brazos 

Y de tanto abandono se querella. 
Seri su primer victima Munuza. 

PELATO. 

¡ Oh ardimiento feliz ! Yo bendQera 
Mis propios males si ocasión dichosa 
De que la patria respirase fueran. 
Bien lo sabéis : mis débiles esfuerzos 
Osaron contrastar en su carrera 
Al feroz musulmán ; nunca mi pecho 
A la esperanza falleció; mas piensa 
Que el ¿rbol encorvado en la borrasca , 
Sus ramas levantando ya dispersas, 
Se enderece mas bello y mas frondoso, 

Y con su sombra á defendernos vuelva. 

VEREmiNDO. 

Si el peligro arrostrando denodados » 

Y peredendo en él, se consiguiera 
El magnánimo fin, mi vida entonces 
Al altar de la patria por ofrenda 

La primera á inmolarse correría ; 
Mas la ñierza se abate con la fuerza. 
Volved la visu atrás, mirad la plaga 
Que levanta en la Arabia un vi] profeta, 
La Asia y la Libia devastar, y al cabo 
En la Europa caer : á su violencia 
Arrolladas las huestes españolas. 
El gótico poder cayó con ellas , 

Y sobre él orgulloso el agareno. 

De mar á mar tremola sus banderas. 
El español, atónito en su estrago, 

Y ya domesticado en su cadena , 
Ni de su daño y su baldón se irrita 
Ni ¿ los clamores del valor despierta. 

PELATO. 

¡Qué es pues el hombre, oh cielos! ¡Asuaudada 
Se ven ceder las indomables fieras. 
Los montes rinden su orguUosa dma , 
La explosión del volcan aun no le aterra, 
¡Y un hombre le subyuga !... Nuestros nietos 
VendrAn y exclamarán : ¿Por qué se sienta 
Sobre nuestra cenrii des venturada 
Del ijeno temor la iqjusta pena ? 
¿Somos quizá los que en Jerez huyeron. 



O los que, abandonando !a defensa 
De la patria, labraron con sus manos 
Este yugo cruel que nos sujeta ? 
Así España hablará contra nosotros. 
Recordando ¡oh dolor! que á tanta afrenta^ 
A una opresión tan misera, pudimos 
Añadir el baldón de merecerla. 

ALFONSO. 

¡Perezca aquel que sobre si le llame! 
El pueblo, me decis, duerme y se entrega 
A los serviles hierros que le oprimen : 
¿Quién sabe si esa mar, ahora serena , 
El soplo de los vientos solo aguarda 
Para bramar y amenazar soberbia ? 

VEREHÜNOO. 

No asi tan presto en la esperanza fie 
Vuestro aiTojado ardor. Y si se niega 
A seguir vuestros pasos la fortuna. 
Si sois vencidos en tan ardua empresa , 
¿Quién guarecer á la infeliz España 
Podrá de la venganza que violenta 
En luto y sangre cubrirá al momento 
Las miseras rdiquias que aun la quedan? 

PELATO. 

Es justa nuestra causa; el alto délo 
La dará su favor. 

VEBBMUNIK)* 

También lo ora 
Cuando en Jerez lidiábamos. 

PELATO. 

No, amigos. 
No lo íüé ; yo os lo juro por la inmensa 
Pérdida qm los godos alli hideron. 
Aun indignado el corazón se acuerda 
Que la molicie, el crimen nos mandabau. 
En ruedas de marfil, envuelto en sedas, 
De oro la frente orlada, y mas dispuesto 
Al triunfo y al festin que á la pelea , 
El sucesor indigno de Alarico 
Llevó tras si la maldidon eterna. 
¡ Ah ! yo lo vi : la lid por siete días 
Duró; mas no fué lid, fué una sangrienta 
Garaicería : huyeron los cobardes, 
Los traidores vendieron sus banderas. 
Los fuertes, los leales perecieron. 
No lo dudéis : los vidos, la insolenda 
De Witiza y Rodrigo á Dios cansaron; 
Y ya la copa de su enojo llena , 
Abrió la mano y la vertió en los godos, 
Que tan torpes escándalos sufrieran. 

VEREMD5D0. 

Gedamos pues al celestial decreto 
Que á afán y cautiverio nos condena. 
Guando menos debiéramos, sufrimos ; 
¿Y habremos de escuchar nuestra impadenda 
Al tiempo que, oprimidos y dispersos , 
Sin fuerzas, sin apoyo, se nos derran 
Las puertas hacia el bien? Dios nos castiga; 
Pleguemos ya la Drente á su sentenda. 

PELATO. 

Quizá en tantas desgradas ya cumplida 
j Oh españoles! está. Ved la halagüeña 
Ocasión que nos muestra la fortuna : 
Ella , moviendo su voluble rueda , 
Nos manda la osadía : ved al morot 
Ansiando en su ambidon toda la tierra , 
Salvar los montes, inundar las Oaliu , 
Que hollar también y esdavisir desea. 
Allá se precipitan sus guerreroa, 









PAtlTE PRI^ttA. 
to abandonada dejan 
Dmbaiir cansados, 
I placer se entregan, 
bles fa gilí vos, 
s convecinas sierras, 
I liempo nos ofrecen , 
tardanza naestra. 
ial. i Oh, cninlos pueblos 
loés! Has si se niegan) 
n... sirva en buen hora, 
Bal }nigo tienda 
Jo mediodía : 
islas asperezas , 
er acosiDmbrados 
líelos la inclemencia, 
deréis? No ; Tuesiros bra7ns 
ibros qoe dos cercan 
>alria y oira Espafia 
reliz que la primera. 

i el camiDO hermoso 
ia nos présenlas; 
aliarte nos anima. 
les ; mas es ñieria , 
uir tan arduo intenio, 
is Olios obedezcan, 
f el cetro goüo, 
a indolente diestra, 
lente que otras manos 
ríe restablezcan. 
Iranios i esta gloria, 
Qsanu nuestra 
rnenoscondazca, 
lectro apoyo sea. 

FEUTO, 

Nobles godos, 
ror : ¿con qué TergQcnn 
l>ra de Ataúlfo 
3D real diadema 
neelraborbnnillIaT 
igni en qne ponerla. 



.— UtEraíi 

Pelayo. 



No es el 
Cercado 
Srimerg 

i:i que i 
Lospeti 
Tu debí: 
Mas la g 

Tus Tasi 
Todos p< 
He aqui 
Con que 
Hasta aq 
Votellai 
Viriiideí 
Rindo qi 
Plegué i 
Que hoy 
Abarque 
Cetro de 



u.romo. 

Vo asf Injürtes 

mbre, i tus proezas, 

os que le admiran; 

>s. I Ahí DO lo creas: 

mJertHvolaydébll 

' trasladar sd afrenta 



én ea, dándeseenmcntra 
ar se ha ennoblecido 
stgnal contienda? 
lesgradasi despecho, 
ialéa nos alienta , 
talria nos inflanut 

■ HOBLU. 



Voked Is 

Qne asali 
Su indigí 
La induli 
Ánuestr 
Fingidas 
De sa Til 



isanoestnadma 
Audador ilnttre 
w i njar comleDiat 



OBRAS COMPLETAS DE DON HANDBL XtSft QCIirrAIU. 

Lumno. (MtttukíttyetcúniotBiBldiBo 

CDtnto pnué ¡ infelii I todo M ctmbta. 
El uuor de mi patria ; de loa mloa 
Prendió » mi peclio la AuMBU llama 
Qae me Ts i counmir ; eeie bimeneo 
Jugaba JO que i la afligida EqwlU 
Aomicio ftiew deqaielñd.jalrooro 
De templuuajqoíeiiidpreDda sagrada. 
t Qaé engaito tan cruel 1 Formado apenas , 
Mi bermano te presenta , me UMOua, 
Me aterra... lAhliporqnéeltneloenaqiielpu 
Mase abrió ; me tngúT 



iQcbednmbre Sen 
' Dilaiadlo os mego : 
sois ; haced que vengan 
tros loa cristianos 
[iUTDsesusitfraa. 

PEUIO. 

isIjQaweit, por dicha, 
ibaadonar expóesta 
eation del miedo, 
1 dobles fkinestaT 
1 birbaro eo la plaza, 
^ondesu insotencia, 
ktlca.^elpaeUo 
cóten se sienta, 
¡Tintad a nn tiempo 
mprovista guerra, 
líllafeytapatria, 
id i defenderlas. 

ALFONSO. 

ni siento, i la eaperania 
nte el corsion me aHenta , 

;:¡OhcristianosI 



cní) ó sin la mnerte 
le tan lanta empresa, 
al Dios qne nos escacha 

JDf«. 

enio la mano de M/Irnto.) 
En tn diestra 

éttede¡b>tat ademan 4eaMriiu 
mtmet.) 
Vjro. 
CM el ademan de Alfenu.iarando 
tmeipada.) 

Noba; nadie 
ijure. 

raLATO. 

lOh Prorldenebl 
ü acabar el dia, 
el sid nos rea. 



:0 CUARTO. 



ESINDA.ALVIDA. 



irdo al Bn , misera amiga ; 
la agitada planta 
, 7 en hondas ajes 
ir de aqueste alcázar T 
an nadie responde; 
escochan tns palabras, 
daylaioiobra, 
le to dolor las ansias. 
, j el querer del ctelo 



ALTrna. 

Tfe misma agraní 
El peso da tu abu : aunque i Mayo 
Ardiendo fea en rqkentina saBa 
Por esle enlace , al Un de la prudencia 
Escncharji la m, cuando cerradas 
Las sendu todas á rengarte eneaentre. 



¡Pradenda, Alrida, en él 1 íCoinde ei 

Se lefio siiau Tíñase presentan 

Gloria, Tirlud y pundonor y patriaT 

Vino i perderme y i perderte ; él Ba 

En gentes abatidas y humilladas, 

Donde hallar enc^dida espera en Ttan 

De su mismo ralor la noble llama. 

iQoién sabe si i estas borast... ¿T&lo Titta 

Cuando llegó la misteriosa carta 

Que i MuDuu de Maridase envía. 

Todo agitarse aqui , doblar las guardias , 

Ysalir Ismael... Tiemblo al pensario. 

i3i fué un aflsoT Incierta j agitada , 

No sé qné bacer. Escacha , no i mi e^KWO 

Vida le dio nna tigre en sus entrattas , 

Ni las sierpes de Libia sustenlaroB 

Con ponsoíla y rencor su tierna Inbncia. 

Dehombres nació,y es hombre; ypoetquehatldo 

Ya aeosible al amor, también entrada 

Darteosupecho tía piedad. Alvida, 

Puede ter qne arrojindome i ans plantas, 

Diciéndtde yo misma... 

ALTIPl. 

lOhlnotefies, 
No al eco atiendas de esperanzas ranas. 
iHnnuia usar clemencia cmi PelayoT 
Error ¡ funesto error I Qnlii Ignorada 
Su suerte ann es del moro ; jy tú serial 
La que le ae&alase i su 



Con que 1 el perdón á tantos ooDcedldo 
Solo i mi sangre ese cruel negaraT 
tY nada, al fin , conseguirá mi llanto, 
Ws tleraot raegoa, mi cariBof... 

Rada. 
iQaé Tale todo al tiempo qne le gritan 
La TOS terrible del sangriento Andalla, 
La ambician de mandar qne le devora , 
Su ley fen», que i la cnieldad le arrasUaT 

I Asi holrin pues nüi etperanias todas. 
Todas las ilnsiofles debonanu 
Qne mi amorte fingió!... SI ; de loa deloa 
La saBa incontrastable desplomada 
Shoto que Tiene tobre mi : la tumba 
He etpera , y alli Toy ; pero mncbada 
Con taogre hatridda , odlou i tm tlemp» 
A mi bemuQO, k mi amante... 



PAHTE PRIMERA.- Ur 



UTIH. 

tA; triste! Mili; 
en ti TDelTB , bonde ea tapecho, 
le , tus amargas amUs. 



, ietpnit ACDALLA.~~9iCEi5. 



le el rigor fiero y terrible 
oeslra fíenle acompañada 
Dua dalce aur me Teda... 
tqué aftbiu madama 
lentro en tu? ¿Cuáles cuidados 
bao! HoTÍmiento; armas, 
specbas,] qué aparato 
le aquel que ;o eneraba 



wyi 



al Sd , que las sospedtai teten 
palatraldonpr^araT... 
qttiiá cónpltce... 



A Toestra eslanda, 



Ya os obedezco; 
I consejos de la saña 
^ de tni , de lai promesas 
o Tueslro labio pronunciaba 
sle pueblo : onestro enlace 
er... 
(ihutuamHMe la cabeta irritado en teñal de que te va 
¡fo»; Bormetiaia te etlremece, stesatltu det.) 

ESCENA nL 

HUNUZA.AUDALLA. 



|0b cómo lardan I 

AOBiLLÁ. 

« la cansa 1 conceUr no aleauo 
Inqnietod, de la faapacienda euraüa 
leade el (nulo mismo te alimnenla • 
le i toa nanos se entregó la carta, 
darte de Pelayo ella te irisa; 
na de su muerte ba sido folsa, 
ia Asturias camina , donde acaso 
aa nueva rebelión se irama. 
mas alto bver de la fortuna 
iras esperar! Ella le arrastra 
IMder, j el golpe <|ae te acabe 
ea^rar la agonizante EspaBa. 

i el Instante , si , que yo me acuerde 
»de Inifl d ser, que yo renazca 
lile ardor, i las ooatambree Uera» 
el amor de lal peobo desterraba. 
a basta et este ponto la snspeeba 
ros pouefia demmó «1 nd alna : 
lidiai. ««Her, y deqvcdarioi , 
arlos flrir. iQÓé me fanportaba 



v,*^' 



10 



OBHAS COMPLETAS DE fiON UANOBL lOSfi QUINTANA. 



■DROZl. 

Mal el orgullo que tu lengoa anima , 

Y esa arrogante ostentación de audacia 
Con la bajeza in&me y alevosa 

De tus acciones pérfidas se hermana. 
nel)eide vil y miserable espia 
Viniste ¿ sorprender mi confianza , 
Mi esposa á acongojar , y de este pueblo 
A alterar la obediencia á mi jurada. 
Pelayo , que os envía, no os defiende 
Del peligro mortal que os amenaza; 

Y si aun negáis lo que saber deseo , 

La muerte y los tormentos os lo arrancan, 
jv Dónde está ese insensato? Responde dme: 
¿Cuáles son sus intentos y esperanzas? 

FELAYO. 

Quizá si lo supieses temblarías ; 
Mas tú , arrogante musulmán , te engaous 
Cuando, en la fuerza y el poder fiando. 
Piensas que todo á tu querer se allana. 
No cuanto sabe ansiar logra un tirano : 
Talar los campos , demoler las casas , 
Inundarlas en sangre , esto le es fácil ; 
Mas degradar por miedo nuestras almas, 
Mas mover nuestro labio á tu albedrío» 
Bárbaro, á tanto tu poder no alcanza. 

AQDALLA. 

No asi oscurezcas tu esplendor supremo 
Dando ocasión á su arrogancia vana : 
Jamás así se explica la inocencia, 

Y ya culpables son, pues que te ultrajan. 
Mueran, y sirvan de escarmiento á todos. 

MUIfüZA. 

Caerán , pero no solos ; también caigan 
Los nobles de Gijon, Téudis, Fruela, 
Alfonso, Atanagildo... 

PELAYO. 

De mi audacia , 
De mi silencio cómplices no han sido : 
Respétalos, tirano. 

HDIfüU. 

Sin tardanza 
Vuela, Ismael, y encadenados todos 
Vengan á mi presencia en este alcázar. 

{Sale Ismael.) • 
Pelayo allá donde se esconde tiemble , 
Viendo asi fenecer sus esperanzas , 

Y aguarde con terror la suerte que ellos. 

ESCaBNA V. 
HORMESINDA.— Dichos. 

HOUfESliXDA. 

No tan gran sacrificio á la venganza 
{Corriendo d su hermano, y en ademan de defenderle,) 
Permitido ha de ser. — Pelayo, el cielo 
No ha concedido á tu infeliz hermana 
Ser grande como tü; pero á lo menos 
Te defiende en tu riesgo, te acompaiUi 
£n tu muerte. Munuza , este el camino 
{Puesta entre los dos y señalando eu pecho.) 
Es el que se ha de abrir tu ii^usta espada 
Si va 4 boacar su corazón. 

ADUALLA. 

¡ Pelayo! 

MimUZA* 

¡Siihamiaiio! 



LEARMO. 

¿Qué pronuncias, desdidiadat 
¿Sabes lo que revelas? 

PELAYO. 

¿Ya qué importa?^ 
Pelayo soy : la suerte se declara {A Mtmusa.) 
Entera á tu favor, no la desprecies : 
Suelta la rienda á tu impaciente saña , 
Envuelve á esa infeliz en mi destiiiO, 

Y en el morir iguálanos : ¿ qué tardas? 
Yo te aborrezco y te persigo, y ella 
(No hay delito mayor), ella te ama. 

HOBMESUIDA. 

Cesa, cesa, cruel. ¡ Divinos cielos! 
¿A quién irán primero mis plegarias? 
A quién persuadirán que de su pecho 
Despida esa altivez, esa arrogancia , 
Que al uno lleva á perdición segura , 

Y á abusar de su fuerza al otro arrastra? 
Si mis suspiros débiles no os vencen , 

Si este llanto que vierto no os ablanda , 
Saciad en mi los dos á un mismo tiempo 
Esa sed dé venganza que os abrasa. 
Nadie es culpable aquí sino yo sola; 
Yo he faltado á mi sangre y á mi patria , 

Y á mi esposo también : ¿cuál es el brazo 
Que de una vez mi desventura acaba? 

I Oh Munuza ! Ese alfópje tan teñido , 
Ya enseñado á verter sangre cristiana. 
Será mas diestro á derramar la mía. 
Siega al punto con él esta garganta; 
Siégala, y presta á tu infeliz esposa 
En tan fiero rigor su última gracia. 

MUNUZA. 

No abuses mas de la indulgencia mía, 

(A Hormesinda.) 
Que, aun á pesar de tus ofensas, habla 
En fevor tuyo; y con silencio y miedo 
Mis soberanas órdenes aguarda. — 
Tú el duro estrecho en que te ves contempla. 

(A Pelayo.) 
Ni arbitrio ya te queda ni esperanza 
Sino en mi compasión. 

PBLATO. 

Yo no la imploro. 

MUNUZA. 

• 
Conozco tu valor, sé tu ooostanda , 

Y entiendo bien que á contrastar tu pecho 
Vano es el riesgo, inútil la amenaza ; 
Pero esos infelices que arrastrados 

Son en aqueste instante hacia el alcázar; 
Pero toda Gijon , que al pronto incendio 
De mi fbror se mirará abrasada ; 
Todo te manda doblegar tu orgullo : 
¿Quieres salvarlos? Di , ¿quieres salvarla? 

PELAYO. 

¿Qué pretendes de mi? 

MUNUZa. 

Que á su presencia 
Humilles esa frente temeraria, 

Y de obediencia dándoles cfemplo, 
La autoridad augusta y soberana 
Del Califa respetes. De perfidia 

Sé que no eres capaz; tu fe me basta : 
Júralo por tu honor y el Dios que adoras, 

Y Gyon y tus cómplices se salvan. 



PJ^TE PRIHEnA.— UntRATUItA. 



fELllO. 

mu, en eite pecho 
ledadeatradi, 
el sol al día 
■elajo 7 sus palabras ; 
vida tígua montento 
lealtad idoUiiada 
profiDar, es este 
ijararinilD" 



uerte qne ahora aroi^ia 

T mis amigos; 
mpo que tardara 

1 que en angte tuja 
baldea la mancha. 

ibiosalTaiunpoeblo; 
:obarde se degrada 
ando la rodilla, 
hacia el bonorleranta. 
I, viles tiranos, 
■ontu. 
lo, en uu palabras 



ítala. 

Al instante. 
ICEHA VI. 
£L. — Dicoos. 



>or¡Gijon aliada 
r; los nobles fieros 
DsopUn la llama, 
ajo, que repiten, 
D ftiror se exalta. 
aestros guardias caei 



MDinrxA. 
I Qaí escacho I Andalla , 
oosá aliar el ronnidable azote 
ire esa muchedumbre Til j esclava. 

: iqné ordeBat, en fin, de estos cristiaoost 

« i las maimOTras del alctnr, 
1 i la torre. 

rn.ATo. 
Bn tremendo braio 
i Dios de los eiérdtoB IcTanta 
tn ta nsntpacion : tiembla; caiste, 
bwa llegó. 

■DHOU. 

DI qne la tuja : mardia; 
ni «iclaTo hasta el fin : cnalquler que tea 
aerte qne me aguarda en la batalla, 
cador te condeno al escarmiento, 
dito le coniagro i la vf^nganu. 



Cuando el tOnoso 
jQaéTalemurmtu 
Que sin recurso i i 
No, empero, sin v( 
y ja nuestros amif 



Llamarlos con mi < 
Al eco ronco de las 
Exaltarme j lidiar 
Triunfíba de mi vi 
Muriera: pero atu 
Contra esos fieros : 
Asi el fin á mi lida 
Asi el poder ;dign 
A que a jer me tí a 
Has ;o preso aqoi < 
Ellos mueren coa I 



Basta i ta gloria ti 

V el mondo todo al 
Llanto J admirado 
Tú cual Pda JO mo 
De ardor inblime ] 
SeeleT3riltn^« 
Sabría tu lado res 
Digna de ti seri m 

Y ctiando en las ed 
Los hijos de la paU 
También de mi tfl! 
■ Ed Tida, eo mnei 
IHrii;yBriaUbu 



72 



OBRAS COMPLETAS DE DON HANUEL J06K QUINTANA. 

Que un desdichado amor saca á mis ojos! 
Que Honiiesinda en salvarte felix sea. 



Ck)roium sus cabezas las almenas 

En los muros del pueblo?... jOh Dios del mundo, 

SeSor de la victoria y de la guerra , 

¿Has resuelto otra vez abandonamos? 

¿Viven pintadas en tu mente excelsa 

Las culpas de Vitíza y de Rodrigo , 

Sin que ya nuestra fe borrarlas pueda? 

¡Piedad, piedad! Tiempo es aun; perdona. 

Cuando entregada esta región se vea 

Á la superstición abominable 

Con que tu nombre el árabe blasfema, 

¿Será mayor tu gloria?... ¡ Ay! que algún dia 

Ha de llegar en que sereno vuelvas 

Hacia España tus ojos, y mirando 

Las plagas que tu enojo echó sobre ella » 

De tan fiero rigor tú mismo llores, 

Y entonces tarde á la clemencia sea. 

LEANDRO. 

¿Oyes, Pelayo? La mazmorra se abre; 

(Ruido depuertaf,) 
Llegó el momento de morir. 

PELATO. 

Que venga: 
Yo á Dios bendigo en él; venga, y acabe 
La horrible incertidumbre, la impaciencia 
Que ya no puedo tolerar. 

ESCENA IL 

HORMESINDA , ALVIDA. — Dichos. 

PELATO. 

¿Qué buscas, 
Desventurada? ¿Acaso la fiereza 
De ese bárbaro atroz aquí te envía 
Para que á nuestro fin presente seas? 

HORMESIRDA. 

No, Pelayo : tu riesgo y mi cariño 
Me hacen volar ansiosa á tu presencia. 
Vengo ¿salvarte. 

PELATO. 

¡Oh Dios ! Con que ¿vencido 
Es también nuestro esfuerzo en esta prueba? 

BORHBSIIIBA. 

Tal vez ya lo será : desde la torre 
Vi con terrible estrépito las puertas 
Abrirse del alcázar, y furiosos 
Arrojarse los árabes por ellas. 
Ya alli el tumulto bélico llegaba , 
Cuando al ver á Munuza, al ver su diestra 
Armada del alfaide irresistible 
Que Untas veces vencedor le hiciera , 
En aquel primer Ímpetu arrollados 
iTos nuestros, de repente titubean ; 

Y aunque siempre luchando, al fin el campo 
Les es fuerza ceder. La lid se alcija , 

Y entre los espantosos alaridos 

Que al batallar horrísono se mezclan. 

De cuando en cuando el eco se distingue 

En que Pelapo y ¿t^ertotf resuenan. 

Un momento después esos guerreros 

A quienes nuestra guardia y ia defensa 

De aqueste alcázar encargada ha sido, 

Casi todos ardiendo á la pelea 

Se precipitan ; los demás al ruego 

Cediendo y á mis dádivas, nos d^*an 

La senda libre que hasta el mar conduce. 

Armas alli tenéis ; el tiempo vuela ; 

Venid, hayamos; que Hormeslnda al menos... 

¡ Ab, perdona esus lágrimas postreras 



PELATO. 

¿Qué pronuncias? ¿Huir? Leandro... 

(En ademan de marchar,) 

HOuussirmA. 

¿Adonde, 
(Deteméndoie.) 
Adonde vas, cruel? ¿No ves mi pena» 
No contemplas tu riesgo? 

PELATO. 

A la batalla, 
A la victoria voy : ya nos entrega 
El Dios onmipotente ese tirano, 
Pues al fin libres combatir nos deja. 

(Dirigiéndose hada eltiUo del combate.) 
Amigos , alentaos ; nuestro es el dia , 
Como fué suyo el de Jerez : mi diestra 
Victoriosa os coeduzca hada este alcázar, 
Ella os enseñe á derribar sus puertas , 
A arder sus techos, derrocar sus muros , 
A no dejar en él piedra con piedra. 

(Yame,) 

ESCENA UL 
HORMESTNDA, ALVIDA. 

HOMIESIIIDA. 

¿Cómo de un firenesi tan desatado 

El Ímpetu ats^ar?... Mas ¿quién me veda 

Correr también de la batalla al campo, 

Y entre esos fieros adversarios puesta , 
Sus golpes recibir? Quizá uno y otro 
Con solo mi morir contentos sean. 

ALVmA. 

¿Asi qué lograrás? Buscar tu daño 

Y aumentar su ÍUror con tu presencia. 
Ya ni á la sangre ni al amor te fies : 
Cuando retumba el eco de la guerra 
Ellos exhalan sus endebles gritos, 

Y escuehados no son. 

HORinESIimA. 

Naturaleza, 
Si este no me conoce por hermana , 

Y de esposa el cariño aquel me niega , 
Aun de esposa y de hermana el dulce afecto 
Para mayor tormento en mí conserva. 

Ya en tan amarga situación yo delM 
Al que mas infeliz de ellos se vea 
Acudir, defender... Sé que el destino 
No me deja elección ; sé que la senda, 
De espinas erizada y de amargura , 
Por donde al precipicio me despeña , 
Me es fuerza andarla toda : tú entre tanto 
Abandona á esta victima díspaesta 
Para el golpe fiatai... 

ESCENA IV. 

BÍUNUZA , «Al alftnje ; ISMAEL, lonos.— DicBAf. 

MÜRUZA. 

Moros cobardes. 
No asi me aconsejéis : tras de la mengua 
De ser vencido, la venganza sola 
Es el placer que el cielo me reserva. 
I Oh conftision ! ¿Quién de las manos mías 
Ha arrancado el alfiii\|e? ¿En dónde quedan 
Audalla y sus valientes? ¿Por ventara 
Todos han muerto en ia Cital pelea, 



Ddoine catdo, 
nú se aTei^i 



irmedioDoa 
nu innas fien 
in tierno pedu 
I que los golpt 
in de tu piedi 

te miT ¿Por qi 
ligada la mem 
rcrimiDal Oup 
m>7or Todog 
1 tiempo mi cfa 
Mide qae al in 
la con la tíem 
ins mondore« 
¡arbitrio, sId 
aiciouqaeme 



ranea que te qi 

rúrCDaDdoni 
los árabes mi 
...di portante 
do amor me U 
■orhacerT 



iQiloD de to gi 
i plantas de F 
■garé.yesftie 
da.óqaecont 



dicesTAllntl 

.._-_.., .^Miol, imi presen 

"''TV panitle el coraion jo mi 

(S 

ro lámar al pneblo sa cabe 

■le:fAblleta]eis;>7cai 

do se cubt-jn de terror al i 



bnsanels. 



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btucpMU. I Ob Dioal qnizi 
Dc«dor aqnl : cede 1 BU sni 



• «. . » % 



• • .i*" 



■•."*T.í''-'r t'íí ^' '' 



Se ha creido conveniente, sin embargo, añadirle aquí por apéndice, 

lome en adelante la libertad de imprimirla con todo su desaliño y sus d 

piarla algún tanto de ellos , para hacerla menos íodigí 

. M pnio en la edldon de estai Pauta» hecba el alio ISU. 



LAS REGLAS DEL DRAIA. 



ENSAYO DIDÁCTICO. 



KTE PUMERA. 

BPTOS GBNERALK. 
irtificio ; dulce encaota 
na en la escena se atavia 
mostrar, si puedo tanlo. 
eza, que allá un dia 
Imitar ruiGleinTeoton, 

j mis aceiitoB gula: 
Tajo aurífero á la anrora 

presentas, ;a en escenas, 
lel hombre jdoDdellora, 
it miseras cadenas, 
ista el peraaoo 
isniantigaaapeitaa; 
pectácolo inhomaDO 
nfelU fimlendo aspira , 
I i sn opresor liraoa. 
■qaés , ;i quién no admira 
rnal del movjraiento 
reía y mortandad respira! 
Dios SD (bror Tiolento; 
ide i estremecerse obliga ; 
ui,;resaeiia el viento, 
arte de Imitar, qoe amiga 
a en doode qniera 
bombra en so fiítlga. 
sdemis, pobre 7 grosera, 
Into annrudo era guiada 
de su grao carrera. 
lét.jr por d genio aluda, 
« dd Piado , en que >o asienta 



frente de latud sedieata 
ir, I ha* por Tentara 
"'«aUenUT 



SI en ti DO sienle 
El generoso ardor. 
Tómente estéril n 

Podrá sin dudas< 
DdubioEstagirit 
Qne evite perros al 

Has sus áridas re 
Estro jamís viviflcí 
Que preside al poé 

Asi las obras de j 
Adespecliodellini 

Y el helado compás 
En vana en UD so 

Hog6 al déldco dioi 
Su dulce luego; SI 

Pormasqueofrc 
Del dios ingrato en 
Quecualquierqucl 

Aprenda á escrili 

V solicito indague 1 
Qae el gusto, unid< 

Hai no basta el e 
Sevisieeliriajtar 
Él colas nubes ye 

Y apenas llega ei 
Loaojosibalagar, 
Se Tc entre sombre 

Tal, de nervio j 
Á pesar de su balai 
Toda liviana Tábuli 

Jüiteiqueescrib 
Demudo el argumi 
La plnma iri adon 

(íaeendgirmei 
El irixri antee que 
YOTnardslhiloisi 



ORRAS COMPLETAS DB DON IIAROEL JOSÉ QOINTAHX. 



Cn koohm mU presentada sea 
Bn lolcí tin sitio fijo j sejialado , 
En Kdo un giro de la luz febea (1). 
Es nlngan episodio extraviado 
Escena suelta ó deioterés Tacla 
lasarse acelerado. 
omplacer el ansia mia 
cíon , siempre aninurte 
TpoTEuHoporfia. 
idei SDole mirarse 
I caer el movimiento , 



teres, su nacimieoio 
ibnia ; expouerla 
edad debes atento, 
iniindose, eavol verla 
; de arectos é intereses , 
mbien desenvolf erla. 
irario pretendieses 
I, j cansarte 
broenélqui^eses, 
let labennto ba de sacarte! 
le allí de Indias viniera I 
idoencaalquierpartet 
laja de su augusta esfera, 
itencia rompe el nudo 
ilaur por si debiera ! 
es tan pobre , ;o no dudo 
tos patio j galerías, 
I le df^rán desnudo. 
A temor, las butasiai 
)o i cada instante 
< por diversas vias, 
lÍ,liteoii3lante, 
I, cual el junco cede 
iflro sonante, 
¡e como el hombre pued« 
pirar; mas en finura 
Jr siempre le excede, 
jcenciayladutxnra 

la pérfida impostura. 

la candidez de Aldra * 

de Col i mena* 

tiempo j compasión te ttt<;i>ira 

1 pasión le desenfrena , 

jTJoienlo grita, 

es, de furor se liena. 

orror se precipita, 

i con terrible mnerte 

castigar medita. 

t j diversa suerte 

la y áuimo mas fuerte. 

empero , en grosería 
munos, rodeada 
)rgulta ; de osadía, 
en BU pecho otros morada 
is bellos movimientos 
y rectitud sagrada, 
en él , los sentimientos 
Mibren , no oprimidos, 
lujer, ni tan violentos, 
iras cuando están tendidos 
unensa son [os mares, 
; luchando comprimido!. 
iferencias singulares 
<ta j otro hallar, si «Unto 



A It manera que del raudo tienta 
Las aves hienden las regiones fíiai. 
Cada cual on su rumbo ; movimiento ; 

Asi tos hombres por diversas vias 
Cnuan el ancho mundo , j diferente* 
En genio son , costumbres j mudas. 

A nadie sin carácter me presentes ; 
Itefedo tan morUTero en la escena , 
Como vicio Insufrible entre las gentes. 

La misma ley sin excepción ordena 
Que el que una vez le diste ese le guarde, 
O ü silbo ; menosprecio te condena. 

Pinta almancebo que en amores arde 
Siempre brioso ; débil al anciano. 
De experiencia y consejo haciendo alarde. 

Arrastrado , engañoso al cortesano, 
Abatido al plebeyo, al juez severo ; 
Sea suspicaí y pérfido et tirano. 

El pueblo con aplauso llsoi^ero 
Interrumpe mil veces impadeote 
k aquel cuyo pincel es verdadero , 

V que con fícil diálogo elocuente 
Anima vivamente i sus actores , 
Según la situación que le presente. 

I Oh vosotros , sensibles escritores , 
Que porla gloria ardéis, si venerados 
Ser queréis de los siglos posteriores. 

Si eo cDilquiera región idolatrados, ' 
Tened en el gran libro de natura 
El estudio y af^n siempre ocupados ; 

Que eterna dnracion no se asegura 
Quien de bellezas solo y de pasiones 

Y gustos de un país su fondo apura. 

El tiempo, que anonada las naciones 
En el mismo sepulcro , al fin derriba 
Sus efímeros usos y opiniones ; 

Mas no la lej que permanente y viva 
Manda j anima al corazón humano, 

Y en el orden del mundo eterna estriba. 
Lloramos aun de Antigona el temprano 

Y horrendo 8d, y aun hiere nuestra mente 
La triste Eleclra en brazos de su hermano 

No debe, empero, el escritor prudente 
Oponerse con ciego slrevimiento 
De! pueblo al gusto y de la edad presente. 

Como sabio pintor , el ornamento 
Ceda al gusto local , mas las figuras 
Tomen del natoral so movimiento. 

A fuer de caprichosas bermosuns, 
Qne desdeQan tal vez un tierno amante, 
y se agradan de un fatuo en las locuras : 

Asi yo he visto al público inconsUnle, 
A la divina Fedra despreciando, 
Aplaudir un bnfon vil é ignorante. 

Pero tú , sus caprichos no cuidando. 
Harás qne siempre en tu labor unidos 
El genio y la razón vayan guiando. 

Tus escritos entonce esclarecidos 
Se grabarán del mundo en ia memoria , 
Consotando los pechos afligidos. 

De la envidia y !a critica , victoria 
Alcanzarán, 7 de esplendor vestida , 
En torno de ellos volará la gloria. 

¡Cainlejos de ella están, cuan abatida 
La suerte es de los miseros que escriben 
Por dar sustento á su arrastrada vida ! 

Las nueve diosas que en el Pindó viren 
Da su codicia s6rdlds se ofenden, 

Y la entrada á «a templo les prohlbKi. 
Ellos en unto á la ganancia atienden , 

Y absurdo sobre absurdo taontansdos 
Contempla la ruon en cuanto cmprendeo. 



\ 



Itt 



OBRAS COMt>LETAS DE DON IfANüEL JOSÉ QUINTANA. 



*.* 



De piedtd y terror la usada vía, 
Con uñero laaro su cabeza ornando ^ 

Otra supo elegirse. TodaTia 
Una mente mayor le diera el cielo 
Que á aquellos héroes qne pintar debfa. 

T é), eloTando el generoso vuelo 
A la región etérea , allí domina 

Y de alli instmye al admirado saelo. 
En Roma Angosto perdonando á Ciña , 

De su ríTal el defensor severo, 
T la sensible y celestial Paulina ; 
De Leontina el arrojo noble y fiero, 

Y el gran Pompeyo en sa fetal caida , 
Haciendo estremecerse el mundo entero , 

Arrebatan mi mente , complacida 
Al verla fuerza de la sabia mano, 

Y á la naturalesa ennoblecida. 
¡Salve mil y mil veces, soberano (4) 

Genio inmortal que digno debería 
Ornar el espectáculo romano , 

Guando la libertad engrandecía 
De los hijos de Harte el ftierte seno , 

Y el orbe al Capitolio obedecía ! 

Has no por tanto de alabanza ajeno 
Es del vicio el pintor, si lo expusiere 
De horror fbnesto y de vergüenza lleno. 

Igual provecho á mi razón adquiere 
El feroz Gatilina , que bramando 
Odia & su patria y destrozarla quiere. 

Que el generoso Régulo, espirando 
AI rigor de la púnica fiereza , 
A Roma y al honor su fe guardando. 

La sencillez hermana á la riqueza 
El genio cuando imita , y hermosura 
Añade á tu beldad , naturaleza. 

Has otra tosca imitación impura 
Amontona y recarga los colores 
Gomo para dar fuerza á la pintura. 

En el potro presenta los dolores , 
Empapa con la sangre á la venganza ; 

Y no saciada en lástimas y horrores , 
A los sepulcros lóbregos se lanza, 

Y se complace al ver estremecerme 
Del placer inhumano que me alcanza. 

¿Por qué á la vista , bárbaro, ponerme 
Acciones tan horribles? ¿Es tu intento 
El pecho desgarrarme, ó conmoverme? 

¿Por qué Fayel fírenético, violento , 
Presentar á la misera Gabriela 
Del triste amante el corazón sangriento (5) f 

El trágico escritor que dar anhela 
Fuerza y verdad á su pincel lozano 
La historia estudie en incesante vela. 

Otro color requiere el aítícano 
En sus costumbres bárbaras dobladas, 
Que el pulido francés y el fuerte hispano. 

Y pide diferentes pinceladas 
La ligereza de la edad presente 
Que la fuerza y candor de las pasadas. 

Presentó en nuestra escena un imprudente 
Al héroe de Sueda enamorado. 
De la historia á pesar que le desmiente : 

Burlóse el mundo de él. Tú, escarmentado, 
Siempre darás al héroe conocido 
El genio que la fama le haya dado. 

Hipólito , en el campo endurecido , 
Aborrezca , deteste á las minores , 
Por razón , por capricho, ó por olvido. 

Si al vencedor del Asia me expusieres, 
Hagnánimo, oolérioo, ambicioso, 
Juguete de la gloria y los placeres. 

CatOD firme , sublime , virtuoso , 



Cual ftierte escollo á turbulentos mares. 
Resista á los tiranos valeroso. 

Si nuevos personajes inventares , 
Que dignos todos del coturno sean (6) ; 

Y aunque excedan los limites vulgares. 
Nunca es bien que ñintástioos se vean , 

Ni que en sus gigantescas expresiones 
Absurdamente deslumhrarme crean. 

Tienen, si , su lenguaje las pasiones : 
Siempre van arrojándose con ruido. 
Del furor inflamadas las razones; 

Pero el triste dolor es abatido; 

Y Edipo, cuando rey soberbio y fiero, 
Derrocado gimió, lloró caldo. 

Huéstreme sentimiento verdadero 
Quien mover quiera el sentimiento mió: 
Para hacerme llorar llore primero ; 

Porque ó bien me adormezco, ó bien me rio, 
Reina infeliz de Troya, al contemplarte 
Ante tu desolado poderlo , 

En vez de suspirar y lamentarte , 
Los pueblos describir pomposamente 
Que enemigos vinieron á arruinarte (7). 

Guide , por fin , el escritor que intente 
Llegar del arte á la eminente cima 

Y su aplauso extender de gente en gente. 
Que el trágico puñal con que lastima 

El pecho del oyente estremecido 
Verdades grandes y útiles imprima. 

Pues es seguramente afán perdido 
Afen que solo en deleitar se emplea 

Y el fnito del saber pone en olvido. 

Tú á mas noble ambición alza la Ideai 

Y de pueblos y principes á una 
Lección insigne la tragedia sea (8). 

Ella les muestre sin reserva alguna 
El miserable término á que llegan 
Los hyos del poder y la fortuna , 

Guando su mente á la prudencia niegan, 

Y al horrendo huracán de las pasiones 
O ilusos ó frenéticos se entregan. 

Deliran ellos , sufren las naciones , 
Se ofende el cielo, y su terrible ira 
En crímenes estalla, en aflicciones. 
Que el pueblo espectador temblando admira (9) . 

PARTE TERCEEA, 

GOHEDIA. 

Tú siempre amable, celestial maestra 
De la vida y costumbres , oh Talia, ' 
Vén , y á mi vista tus halagos muestra , 

Y que enseñando la difícil via 
En que tú esparces tus preciosas flores, 
Tenga dichoso fin la empresa mía. 

Tú, enemiga de lástimas y horrores, 
Con burla aguda y con festiva frente 
Das á entender al mundo sus errores. 

Tú , aunque el vicioso dispararse intente 
Sorprendes la mirada , el movimiento 
Que su intención oculta hace patente. 

Tú acechas en su arcon al avariento, 

Y en la faz del hipócrita embaidora 
Descubres la perfidia en un momento. 

Tú , en fin , pintas al hombre. Él atesora 
En si tantos motivos de mudanza, 
Que nunca fué después lo que es ahora. 

Si en nada pues el alnu se afianza , 
¿Dó está, dime , aquel punto inalterable 
En qne se l^a el fiel de su balanza? 

¿Será por las costumbres explicablet 



J 



PARTE PIUUEItA 


— LITERATCRJ 


^ípfaKfLafortnna 


De TDeslm 


UciDohiMinudjble. 


Rontanct 


ioionesTMasnlngiDU 


En boca de 


areliilDwaoie 


Del Avaplé: 


rpe On es opoiiniu. 


Dichoso 1 


islonmasdombianle. 


Saumando 




EsJdamai 




Elqneet 


coDtrada.ficUneate 


Comoqofa 




Da chiste j 


:nbre enterameote. 


El qae. f 


oeoalli.tíempreTeíado 


Debelleú 


nealir, ¿cómo podría 


Sitoacionei 


.lipio retntadot 


Tanofst 


elíDterésleguU; 


Al ver de u 


Dzi 7 acamuli 


Ven el non 


eUos que etogiar débil. 


HiraiHt 


Ki,ja1üv«i8tinult: 


Val presta 


res le es ofrecido t 


Haciendo k 


£0,7 al poder adnla. 


Yescüch 


lonalres acogido , 


Herirconn 




DelhUoqa< 




Aquiela 




Andailoa. 


1 qae se la inspire cuando 


Has de pon 


oblea lmiEe;Tenza1 


No es aqi 




Se presentí 


daladon grosera 


Mas festiTo 


ifadoso que esli ecbando. 


Sise«í 




Bate las al) 


susiaocia conrirtfendo. 


Y otro mira 


«me, j mas espera. 


Sns artec 


1 y fondas discurriendo, 


Cnandopac 


mras y manías 


Combaten 1 




¡Ohdelii 


sdeqnetúterias. 


Qnétiemot 


idoRiadas en la escena, 


Siento en d 


11 enmienden j las mías. 


Hasáex^ 


ara admirar al Sena, 


Debe el am 


ralfllosoDa, 


Sinexcedei 


1 loa tesón» nena. 


Qneside 


do d meco de Talla. 


Vestida ctia 




Ydetiiileí 


Kieblosdítcarría. 


tCómog 


esbtnoSBioUba, 


Perdido el < 




Lügnbrey 


médiuw borlaba. 


Avecea, 


lanas, aonqiie bennosas 


EolaTldat 


r el saber meaqniíw 


Ueu de gi 


is sales poderons. 


Tai en el 


ostor del nwira Indigno 


Qoe tb, cnl 


aneaba... lA. lúa pinceles 


Digno de et 


mia.pfattorJMnoT 


No hay É 


redpido estos lanreles 


Tt un gran 


s cerca, y cnin fonoso 


Con la dec« 


;ne en tn riesgo veles! 


Et reman 


le la noche el Te^onioso 


De clara ftii 


« bnrla de las gentes , 


lamia toca< 


bitas malicioso; 


Donde se 


«jadas insolnites, 


Cnanto hay 




Gradoaosl 


uníaos ú indecentes. 


Fuera bt 


signen desalados 


Buscar ene 


eBaco, do ae airean, 


Taio nade 


a T hiél «alen cacados. 


Vae««lo 


>lonanchaoyflatK^)eui, 


Pasaba fetl 

QueooDtni 

ObieoM 


udelaeKeMafean. 


■d.froiMcMbaftna: 


Enpotma 


(MBipOMd.ydlgIIU 


DabaeopA 




TtOdON 




B«nedwc< 



OBRAS COMPLETAS DE DON MANUEL JOSÉ QUINTANA. 



Ti vn ihnple» yt un rufián, ya ana ramera. 

Pndo con mas estadio y mas oaidado 
Bascar la sendllez griega y latina , 

Y en ella alzarse á superior traslado. 
Has esquivó, cual sujedon mezquina , 

La antigua imitadon, y adulta y fuerte 
Por nnoYa senda en libertad camina. 

Desdeña el arte, y su anhelar couTíerte 
A darse Tida y darse movimiento 
Que á cada instante la atendon despierte. 

Igualó con su andada su talento ; 
T el Tuelo de au ardiente fiuitasia 
Llevaba enajenado el pensamiento. 

De sus versos la ptádda armenia. 
Su rica acdon, su diálogo animado, 
En que el ingenio nadonal luda. 

Eran el manantial del dulce agrado 
Con que á un pueblo impaciente arrebataba , 
Mas de valor que de saber dotado. 

En vano austera la razón clamaba 
Contra aquel turbulento desvarío 
Que arte, decoro y propiedad hollaba. 

A fuer de inmenso y caudaloso rio , 
Que ni diques ni márgenes consiente , 

Y en los campos se tiende á su albedrío , 
Tal de consejo y reglas impaciente, 

Aadaa inonda la española escena 



El ingenio de Lope omnipotente; 

Y con su dulce inagotable vena , 
Con su varia invendon, con su tenrara, 
De asombro y gusto á sus oyentes llena. 

Mas enérgico y grave, á mas altura 
Se eleva Calderón, y el cetro adquiere 
Que aun en sus manos vigorosas dura. 

Dichoso si á la fuerza con que hiere , 
Si al fuego, si á la noble bizarría. 
En que hacerle olvidar ninguno espere, 

Uniera su valiente poesía 
La variedad de formas y semblante 
Que á cada actor diferenciar debía. 

Nadie pudo emular su luz brillante 
Entre tanto rival ; Morete solo 
Osó tal vez ponérsele delante , 

Cuando, inspirado por el mismo Apolo, 
Pintó el desden de la sin par Diana (11), 
Hadéndola admirar de polo á polo. 

Tales de la comedia castellana (1^ 
Los astros fueron ya; y en su destino 
Enseñan cktro á la razón humana, 

Que si asiste al-poeta el don divino 
De interesar y de animar la escena. 
Siempre se abre al aplauso ancho camino 
Y el ceño de la critica serena. 



NOTAS. 



giro il« la Ini febe>. 

délas unidades enlodo el rigor de la 
le escribía su obra al salir del colegio 
'elórica en tos labios, no podía menos 
is por su mas estrecha observancia. 
tanto rigor respecto délas dos anida* 

r; j advierte que si biy gruides ra- 
ambien grandes ejemplos en contra, 
is pequeñas licencias que se toman 
i tas reglas , j que á las teces no de- 
itmiles como las que se censuran en 
líos; prescindiendo asimismo de las 
lolables á que el riguroso compliDiien- 
ibtiga, no ba; duda que los clüsicos 

ella mucbas veces, ; que los drami- 
iemanes y los españoles antiguos la 
lente. V no por eso sus rábulas dejan 
ion J de producir iodo el interés y 
I en la pocsia dramática. No «e trata 
ramente una cnestion que las dispu- 
a preferencia entre los dos géneros 

romancesco banhecho cada vez mas 
por lo mismo eiigiria una discusión 
le conviene en este lugar. Pero acaso 
l>or principio que la severidad es ue- 
e pertenece i la verisimilitud , y que 

al an« mas licencias que aquellas de 
tr grandes bellezas. 

a fiinéllei osadía 
terví estúpida j grosera 
1 ti loitre de la pitria mb. 

1 se escribii el teatro estaba ocupado 
atores miserables é ignorantes, de 
, _ nueva hizo una severa , bien que ne- 
cesaria .justicia. Sin disposición bastante y sin aplicación 
pan dedicarse i algnna de las otras proresiones útiles de 
la sociedad , pensaban hacer del teatro ana granjeria , ca- 
reciendo absolutamente del ingenio y del saber precisos 
para sostenerle, si no con bonor, á lo menos con decencia. 
Sus composiciones, insípidas ó desatinadas, han desapa- 
recido ya déla escena, j probablemente no resncitarin ja- 
!ro en estos casos el rigor de la censara debe caer 
ate sobre su ignorancia y atrevimiento, ; no sobre 
ria. Ntraca es bueno insultar i la pobreza , y en la 
ion de que el teatro presentase medios snlicientes 
siener con decencia i quien se dedicase á él, no sé 
pudiera tener de vergonzoso el qne un hombre de 
s« mantuviese con este recurso. Uno de los mas 
ipoBUs del mondo ha dicho de si mismo : 



T si el hacer Tersos por han 
de Horacio dejasen de ser ii 

T»7.oa seri bien decir á Iodo ■■ 
en este caso : c Tú baces con 
basüehacermal.i Tantos c 
escriben , de lo <lue cantan , 
predican , debieran hacernos 
decidir tan de ligero. 

Tal vez una de las princip; 
sez actual en este ramo de li 
disposiciones económicas d< 
abierto un recurso honesto ; 
a alores que les si 

ocupación para la caal se i 
una aplicación tan exclusiva 
fundos y continuos: ocupacis 
i llenar un objeto tan importí 
de educación pública , como 
car de si misma la recompem 
tas otras de menos trabajo, n 
utilidad? Las tentativas becb 
para remediar este mal ban ; 
no convenir ni con las pers 
tas circunstancias. Es probab 
cho tiempo todavía, porque i 
sosiegoy otro gusto que el pi 
qne acabe de reducirse el a 
para que i su restauración pi 
medios de fomentar j alentar 
que se compone. 

(3) E11>sab«ycon«» 



visto nunca*. Modelo, todavl 
cion,dc gusto y de vehenic 
reúne todos los dotes poétk 
hasta ahora la desesperación 
to imitarle. 

(4) iS3iTem!iymilve( 

Elogio bien desigual respt 
se dirige , pero que mauiüe 
que entonces tenía el autor | 
cés. La pintura de los senti 
tiene tanto atractivo paia la 
trañar sucediese al escritor 
todos los príucipian tes , que 
que de Hacine. Has adelaní 
medida que la razón; el gv 
neDU li tliclaii al HguiKkt 



ki 



ÓBRAá (ÍOMPLEÍAS DE bON llAÑÜEL JOSÉ QÜlNtANA. 



yalor. Qneda,8in embargo , siempre la admiración por 
Comeílle, qneda el desaliento de segnirle en aquella ele- 
racion y grandeza, qne parecen en él nn instinto singu- 
lar, un privilegio diYino; queda, en fin, el respeto que 
se debe á la razón superior que introdujo en la escena 
francesa la regularidad , la decenqia , las costumbres y el 
decoro teatral. Es verdad que hay en sus escritos des- 
igualdades muy grandes. ¿Qué importa ? Él abrió la car- 
rera , y quien la abre como él , puede errar mucho , y er- 
rar sin perjuicio de su gloria. 

(^ ¿Por qué , Fayel , frenético, violento , 

Presentar i la misera Gabriela 
Del triste amante el corazón sangriento t 

Crebillon concibe la tragedia como una acción fbnesta, 
presentada al espectador con imágenes interesantes , y 
que debe conducir á la piedad por medio del terror, pero 
con movimientos y rasgos que no repugnen á la delicade- 
za ni ¿ la decencia. Este célebre autor ha procurado des- 
empeñar esta idea en sus robustos escritos. Mas Ámaud 
y sus imitadores han corrompido el verdadero terror trá- 
gico, llevándole á un exceso reprensible en asuntos qne 
esencialmente no son poéticos. El terceto alude á la Ga- 
briela de Vergi, de De Belloi : tragedia que sin lo horro- 
roso de su catástrofe, y á estar escrita con el estilo de Ha- 
cine y de Voltaire , pasarla muy bien entre las mejores, 
por su progresión dramática , por la energía de los carac- 
teres y por la verdad histórica y local de las costumbres. 

(6) Si naevos personajes inventares» 

Qne dignos todos del coturno sean* 

Algunos preceptistas han querido establecer la necesi- 
dad de hacer siempre la tragedla de un hecho y persona- 
jes conocidos. La razón que alegan es que donde no hay 
esta base de realidad histórica , no hay base tampoco en 
que se funde el interés. Tendrá esta razón toda la fuerza 
que se quiera , mas las excepciones vienen de tropel á 
contradecirla de una manera harto poderosa. En la trage- 
dia antigua intitulada La Flor, mencionada por Aristóte- 
les, todo era fingido, y no por eso interesaba menos á los 
griegos. Entre las piezas modernas no hay ninguna que 
í^Q aventaje en este efecto á la Zayra, á la Álcira, al Tan- 
credo, donde , si se exceptúan los nombres generales de 
naciones ypaises, todo es fingido también. 

(1) En vez de suspirar j lamentarte , 

Los pueblos describir pomposamente 
Qne enemigos vinieron á arruinarte. 

Abre Hécuba la escena en La$ troyanas de Séneca con 
una declamación harto importuna , censurada ya por Boi- 
leau en su Arte poética, y que ningún hombre de verda- 
dero gusto se atreverá á disculpar. Mas no por este y 
otros defectos de igual naturaleza que hay en las trage- 
dias de aquel hombre célebre , se debe nadie arrogar el 
derecho de despreciarle, como han hecho tantos precep- 
tistas , incapaces de presentar entre todos veinte lineas 
que tengan la mitad del nervio y del ingenio que se en- 
cuentran á cada paso en el escritor que desdeñan. Sus 
Tropanos, su Hipólito y su Medea, si bien de un gusto 
diferente y muy lejano de la simplicidad griega , presen- 
tan bellezas superiores dignas del mayor talento, y estu- 
diadas é imitadas después por ios mejores dramáticos. 
La hermosura incomparable de su estilo y de sus versos, 
cuando no se destempla ni declama , la riqueza de poesía 
y de números qne hay en sus coros, la vivacidad y ener- 
gía de sus diálogos , la abundancia de sus pensamientos; 
en fin, el tesoro inagotable de sentencias sublimes que 
está esparcido por aquellas tragedias con tan inagotable 
profusión , no consienten juzgarlas con el sobrecejo i^jas* 
lo de tantos estrechos humanistas, que ó no las entien* 
(leo i no las estudian. Algo mas que ellos valen Corneille, 



I 



Racíne, Uetastasio, Alfieri y oíros ciento, en cuyos escri- 
tos lucen como diamantes bien engastados las imitado- 
nes del trágico latino. No hay duda que es un escritor 
mas bien de gran talento que de muy buen gusto ; pero si 
sus vicios pueden extraviar á los jóvenes que no le tengan 
bien formado todavía , los que estén ya fuera de este ries- 
go no pueden menos de aprovechar y enriquecerse infini- 
to con su lectura y su estudio. 

(8) T de pueblos j príncipes á una 
Lección insigne la tragedia sea. 

No falta quien diga , en oposición á esta máxima , que 
nada desnaturaliza mas las obras de imaginación que pro- 
ponerse en ellas un objeto político ó moral , cualquiera 
que sea. Una tragedia ciertamente no debe ser ni nn ser- 
món ni una disertación, y la intención demasiado descu- 
bierta de instruir y de enseñar puede disminuir el efecto 
dramático y destruir el halago. Pero si un gran poeta, 
Voltaire, por ejemplo, se propone destruir en los ánimos 
el fanatismo, como lo hace en su Mahoma, ó dar lecciones 
de humanidad, como en su Alcira, no se ve que en tal caso 
se haya destruido el efecto dramático por la intención mo- 
ral ó política del escritor, ni en qué ha dañado la instruc- 
ción á la poesía. La tragedia griega era á un tiempo poli- 
tica y moral ; y los grandes hombres que asi la concibie- 
ron, y los mas de sus modernos imitadores , no han que- 
rido sin duda que el esfuerzo grande del ingenio humano 
al presentar en un espectáculo público el cuadro terri- 
ble de las pasiones de los principes , y de los crímenes y 
desgracias que ellas producen , se redujese á una vana y 
estéril conmoción, desvanecida tan pronto como se des- 
vanecen las imágenes pintadas en la fantasía, c Yo firme- 
mente creo, decia Alfieri á Gasabigi, que los hombres de- 
ben aprender en el teatro á ser libres, fuertes, genero- 
so*;, exaltados por la verdadera virtud, impacientes de 
toda violencia, amantes de su patria, verdaderos conoce- 
dores de sus derechos propios , y en todas sus pasiones, 
vehementes, rectos y magnánimos. 

(9) Qoe el pueblo espectador temblando admira. 

No pueden negarse sin injusticia al pueblo español las 
dotes de ánimo propias para gustar de la tragedia : ima- 
ginación pronta, que se afecta vivamente de las desgracias 
lycnas ; sensibilidad , que simpatiza con ellas ; nobleza y 
elevación en sus pensamientos. Sin embargo, á pesar de 
los esfuerzos que desde Montiano acá se han hecho entre 
nosotros para aficionarle á este espectáculo, es fuerza 
confesar que no se ha conseguido todavía. Unos echan la 
culpa al poco talento de los escritores que se han ensaya- 
do en este género, lo cual no me toca examinar á mi que, 
aunque indigno, me cuento en este número; otros , á que 
no se ha veriiicado aquel copjunlo de requisitos cuya com- 
binación es precisa para el progreso de esta clase de pro- 
ducciones, como son autores, actores y público; otros, á 
que no ha habido todavía un hombre que , independiente 
en su fortuna , fuerte y resuelto por carácter, y dotado 
de gran talento y de una afición exclusiva á la tragedla, 
baga de ella la ocupación de toda su vida y el único titulo 
de su reputación y de su gloria : él , dicen, hubiera do- 
minado al público y al teatro , habría dado al arte el Im- 
pulso que necesita , y una emulación noble y provechosa & 
los ingenios. 

Sin negar el influjo mas ó menos poderoso que pueden 
tener estas diferentes causas, creo que hay otra, déla 
cual depende principalmente esta indiferencia. Apenas ha 
habido en el tiempo de que se trata humanista alguno de 
crédito entre nosotros que no haya dado su tributo á 
Melpómene, y compuesto su pieza de ensayo. Yo prescin- 
do del diferente éxito que han tenido estas tentativas, y 
estoy muy lejos de desconocer el incontestable mérito 
que hay on muchas de cuas. Oliras las unss de hombres 



PARTE PRIMERA, 
iiettros , ki otras de amigos y compa- 
itéi y mi aprecio están por ellas , y do 
la inieodon de desacreditarlas. Pero 
WDOS DO han contado conlaimafíiiia- 
¡r y con tos hibitos propios de nuestra 
L tragedia pueda Itamarsc naciooat es 
putar, eslo es , que el pueblo se arecle 
, como babla j juiga de un aconteci- 
nal eí nn incendio, ana muerte, una 
trefe cualquiera que sncede 1 su ti»- 
sel eslo nuestros ancores, bantraUt- 
n Esparta, quién la tragedia griega, 
ilenana, quiénlailallaiuial gusto de 
Qn, y estos han sido los mas, la iran- 
ís la mas acabada y perfecta. Has esus 
ealmente prosperaren oneslro suelo, 
que estuviese eu armonia con ellas. 
OBTlTosdeuna poesía, de un gusto y 
s que DO son las nuestras , las trage- 
cen generalmente de aquellas gracias 
;pecIo original que constituyen un ca- 
nto de oLras naciones y de otros autO' 
erará la palma, y yo realmente se la 
ar á esta composición la vida , la mar- 
^acomodado a nuestra indoleylnues- 
entonces podrá decirse que bay una 
mente española. 
¡Bc alU ncicnln, la lotart. 
imeras escenas del acto s^nndodel 
en qne el protagonista , prestando sn 
sórdido y escandaloso, se ballacooqne 
lislpadoriasensaloiqnien arruina con 
I, t mi parecer, tamasc^ica queba 
I Imaginación de on poeta, y digato 
in, al mismo tiempo la mas oKiral. 
duden de la lin par DliM. 
lombre de mucho ingenio y de muy 
il comedia espaiiola querría con prefe- 
iifiouiUt «1 lutaiitequedefifto^n 



- LITERi 

emetitH 
gusto. Ua 
laoposjcic 
b cnatro d 
crecloD, di 
ínteréB qa 
episodios] 

talento. Al 
comedia e 
otra algún 
morii, tod 
ees de des 
la suspen 
oyentes, n 
y prodama 



cuando fn< 
si diré qü< 
versos, de 
ternura qu 



comedias i 

bistoria di 
último tral 
ma pluma 
do la come 
podido caí 
míticos sei 
comojoftl 



■ *«f 



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CERVANTES. 



ADVERTENCU. 

;rito psra la edidon del Don Qitijote hecha en la imprente Real en i 797, y 
ios señores Pellicer y Navarreta diesen á luz sus trabajos sobre Cervantes, 
liado sucinte, que por el tono de declamación y por la inconsiderada ligereza 
i á entender bien claro los pocos años que entonces tenia su autor. Ahora 
cada y casi refundida del todo. En los hechos principales, demás de los que 
de Cerrantes y de otros autores coetáneos, se han tenido presentes sus bió- 
lyans, Rios, Pellicer y Navarrete. £1 último, sobre todo, nada deja que desear 
a, en prolyidad de investigacioDes y en copia de erudición. Asf, en Uparte 
«sente no es mas que un resumen de lo que han escrito los autores citados, 
I últimos ; en lo demás hay la dirersid»! indispensable y necesaria entre 
UB mismo objeto, pero con diferente gusto y diferentes {nincipios. 



,'\ ^,^' A „ .í-..'"-^.:'. W--X1- 



*« t ■ ►••.».> » -• •*.'>*,'J,.,^.. 



'»i** '"■^'■••-'^f:''^ (^.-1 V -íy >. «M- 



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MIGUEL DE CERVANTES. 



Nada de nuero, al parecer, hay ya que decir sobre 
Cervantes : los acontecimientos de su TÍda han sido ave- 
riguados con la mas exquisita diligencia por sus dife- 
rentes biógrafos ; una muchedumbre de críticos y hu- 
manistas respetables y juiciosos ha examinado y pon- 
derado sus escritos^ al paso que su celebridad y sus 
aplausos corren de labio en labio por el mundo , sin lí- 
mites ni diferencia alguna ni en clases ni en naciones. 
SuperfluOy por tanto^ podría parecer el trdbajo que aquí 
se emprende. El público le dará en su estimación el 
lugar que le corresponda , si es que mereciese alguno; 
pero de todos modos, quien ha dedicado muchos estu- 
dios de su vida á bosquejar vidas de españoles céle- 
bres no podía menos de pagar este tributo al autor 
del Don Quijote. 

Miguel de Cervantes Saavedra nació en Alcalá de He- 
nares^ y fué bautizado en la parroquia de Santa María 
la Mayor en 9 de octubre de i 547. Su familia era noble 
y distinguida , pero pobre. Sus padres, Rodrigo de Cer- 
vantes y dona Leonor de Cortinas , le dedicaron desde 
DÜio á las letras, probablemente con la inteucion de 
que siguiese en ellas alguna carrera útil. La teología ó 
la jurisprudencia le hubieran proporcionado una sub- 
sistencia segura, una vida menos agitada y menestero- 
sa, tal vez su elevación y los honores. Pero Cervantes, 
embebido desde luego en los encantos de la poesía y de 
las bellas letras , se dejó llevar tras ellas , y siguió el im- 
pulso del ingenio y de la gloria , cuyas voces para la ju- 
ventud generosa son mas imperiosas siempre que las 
del interés ó la ambición. 

No se sabe con certeza quiénes fueron sus primeros 
maestros , mas no cabe duda que tomó en su juventud 
lecciones del profesor Juan López de Hoyos, que ense- 
naba á la sazón con mucho crédito las humanidades en 
Madrid. El mismo Hoyos le llama a su muy caro y amado 
discípulo o , en la relación de las exequias hechas por el 
ayuntamiento de Madrid á la desgraciada Isabel de Ya- 
lois. Cervantes compuso una elegía y otros diferentes 
versos á la muerte de aquella princesa, que su maestro 
incluyó en su escrito, y eran las primicias del talento 
de su alumno. Pero estas primicias, no mas felices que 
las demás poesías compuestas en el resto de su vida, es- 
taban muy distantes de anunciar lo que su ingenio ha- 
bía de ser después. 

Inmediatos á estaprímera aparición suya, en el mundo 
literario , fueron su salida de España y su viaje á Roma 
(i 569). Las causas verdaderas de esta expatriación se 
ignoran , y cuanto sus biógrafos han dicho en esta par- 
te no es otra cosa que conjeturas , mas ó menos pro- 
bables si se quieroi pero que no pueden eulror en la se- 



rie de las noticias históricas que se tienen de nuestro 
escritor. Si la desgracia le echó de su país , la desgra- 
cia le persiguió también fuera de él. AI principio fué 
camarero de monseñor Acuaviva , que por aquellos días 
estuvo en España de legado de la Santa Sede ; mas can- 
sado de una condición tan Impropia sin duda de su ín- 
dole generosa, se alistó á muy poco tiempo en uno de 
los tercios españoles que militaban en llalla. Prepará- 
base entonces el armamento de la liga formada entre 
España, Roma y Venecia contra Selim II; y como el 
tercio en que servia Cervantes fué destinado á la escua- 
dra combmada , él se embarcó también en ella , y logró 
así la ocasión de hallarse en la memorable batalla de 
Lepaulo. 

Las acciones de un simple soldado en estas grandes 
jornadas, si no son extraordinariamente favorecidas de la 
fortuna , se pierden y confunden entre la muchedumbre 
de las de los demás que combaten. A no ser por las ?\^o^ 
velas y el Don Quijote , nadie supiera ahora que hubo en 
la batalla de Lepante un Miguel de Cervantes , que en- 
fermo y postrado por unas calenturas, y aconsejado de su 
capitán que no entrara en la acción , se fiizo sordo á es- 
tas sugestiones , pidió el puesto de mayor peligro , y allí 
peleó todo el tiempo que duró la batalla con la mas he- 
roica bizarría. Dos arcabuzazos en el pocho, y uno 
en la mano izquierda, que se la dejó estropeada y 
manca para siempre, fueron testimonios perpetuos de 
su arrojo , y él se honró toda su vida con el mas noble 
entusiasmo de haberlas recibido en aquella grande 
ocasión. 

La reputación y el mérito adquiridos en ella y en las 
campañas siguientes, el aprecio distinguido con que le 
miraban sus jefes, y las recomendaciones tan honoríG- 
cas como eGcaces que debió á don Juan de Austria y al 
duque de Sesa cuando pensó en volver á su patria, lo 
daban derecho á esperar alguna recompensa que cor- 
rigiese el rigor conque al principio le habia tratado la 
fortuna. Pero estas esperanzas fueron destruidas con 
otro golpe mas cruel ; porque volviendo á España des- 
pués de seis años de ausencia, en la galera llamada Sol, 
con su hermano Rodrigo que habia servido en las 
mismas campañas, y con otros caballeros y militares 
distinguidos , una escuadra de galeotas argelinas man- 
dada por Arnaute-Mamí los encontró en su camino 
(26 de setiembre de i 575) : la galera fué al instante 
embestida y apresada á pesar de la vigorosa defensa 
que hizo, y nuestro escritor con sus compañeros lle- 
vado cautivo á Argel. 

Cupo á Cervantes por amo uno de los arraeoea de la 

escuadra apresadora , comandante de la galeota quM 

I mas so habia seaftlado eu ei coiotote. Llamábase I>tlÍF* 



OBRAS COUPLETAS DE DON 
Mnmf, y eraun renegado griego, inhumano y cruel con { 
sus esclavos, como casi todos aquellos bárbaros; pero | 
todavía mas codicioso que JahumeDO. Este, viéndolas 
Carlas de recomen da cíod que Cervantes traia consigo, 
se dio á entender que era un caballero poderoso y prio- 
cipu), y se prometió un rescate ¿medida do su codica. 

""--■■' de fiierros para tenerle sujeto , y añadió 

1 el mal trato y toda clase de iocomodi- 
varíe el deseo de rescatarse. 
cioii de Cervantes, tan feciunla después 
izas ingeniosas para divertir ú los demás, 
jercitBT y á desplegar entonces en prove- 
a verse libre. Suprimer designio fué el de 
tierra con otros cautivos á Oran, y con 
en ejecución. Pero un moro que les servia 
andoDÓ á la primera jomada , y tuvieron 
ristemente ú la ciudad , donde recibieron 
rilados el dspero tretamiento á que se ha- 
reedores con su fuga. Susmales se redo- 
i ellos se redobld el atíbelo de sacudir su 
clavttud. Los padres de Cervintes, á la 
os de la desgracia de sus hijos, y ansiosos 
, les babian enviado la corta cantidad de 
idieroD juntar vendiendo la mayor parto 
cienda que tenian; pero este socorro no 
il rescate de los dos hermanos, ni tampoco 
^el , por el gran precio en que su amo le 
uesque concertarse primero la libertad de 
lal partió para España (agosto de 1S77) 
iu hermano de todo loque tenia queprac- 
currir al proyecto , que ya tenia ideado, 
la liberUd á si mismo y á otros cauüvos 
cómplices en aquella conspiración. 
rántes creyó que podrían estar ya puestas 
is medidas que tenia encargadas , se huyó 
u amo , y fué í esconderse en una cueva 
las orillas del mar. El jardín era deuual- 
Aran, y el jardinero un cautivo, que, de 
^rvdntes, tenia abierta y preparada la 
Dn otros quince compañeros, estuvo es- 
Tolriese por ellos , según se lo tenia pro- 
illorquin llamado Viana, rescatado poco 
mto el cautivo jardinero servia de atala- 
do llamado el Dorador les surtía de víve- 
les , alma y autor de la empresa , los ani- 
iha de todos. Viana fué hombre de bonor 
alahra : de vuelta i su patria equipó una 
y se arrimé fi la costa de Argel en busca 
. Has quiso su mala suerte que al tiempo 
srra, unos moros que casualmente acer- 
por alU le reconocieron ; y viendo Viana 
I la ti«n , tuvo que hacerse á lo largo y 
v ocasión. Presentóse esta con efecto, 
ird«sgracia todavía, porque no solo fué 
>r los moros, sino sorprendido también y 

I Mtamdo», que habían Tiita ni llegtda 



MANUEL JOSÉ QUINTANA, 
y BU repentina desaparición, alentados por Cervlnte\ 
que les aseguraba su retomo , se entregaban otra vez á 
la esperanza, cuando fueron vendidos por el que les 
servia de vivandero. Este pérüdo descubrió á Azan, rey 
entonces 6 bajá de Argel , el secreto de la cueva , y se 
ofreció descaradamente á servir de guia á los saldados 
que se enviaronáreconocerla. Cervantes, sin perderse 
de ánimo por un golpe tan inesperado, se echó á voces 
ásl mismo toda la culpa de aquel heclio para salvará 
sus compuñeras, y lo repitió con igual eulereza delante 
del rey Azan , ¿ quien inmediatamente fué llevado. Y 
en este generoso propósito se mantuvo en todo aquel 
coullicto con tal ánimo y destreza, que ni é! ni los otros 
cómpbces suyos recibieron castigo alguna. Solo el po- 
bre jardinero , restituido al alcaide cuyo era, no pudo 
reciltír el beneQcio de estos generosos esfuerzos : su 
cruel amo le mandó ahorcar al instante, pagando asi el 
infeliz la ocasión que babia dado al proyecto con la 
abertura de la cueva. 

Tambieufué Cervúnles restituido entonces áDali-Ha- 
mi, el cual por avaricia ó por respeto uo bízo demostra- 
cíonalgunade severidad con su esclavo fugitivo. Hasél, 
lejos de desmayar por el mal éiito de sus primeras lenlii- 
tivas, concertó sucesivamente otras que también se des- 
graciaron. Prol)ú segunda vez si le seria fácil huirsu 
por tierra, y no siéndole la suerte mas favorable que la 
primera, volvió á sus pensamientos, ¿ sus proyectos da 
mar, que eran al parecer menos aventurados. Can efec- 
to , ya en una ocasión , ayudado de dos mercaderes va- 
lencianas que residían en Argel y de un renegado gro- 
nadino que, arrepentido de su apostasla , qu^ia volver 
al seno de la Iglesia, tuvo dispuesto un bajel para en- 
caparse, y avisados con el mismo objeto sesenta cauti- 
vos, la Hor de los cristianos de Argel, según él mismo 
decio. Pero como el proyecto llegase á traspirar entre 
los moros, los mercaderes, temiendo que, cogido Cer- 
vantes, ie fuese arrancada la verdad á fuerza de tormen- 
tos, le ofrecieron rescatarle prontamente, y propor- 
cionarle su salida de Argel en unos buques que iban á 
darla vela en aquellos días. El se negú á tal propuesta, 
teniendo á mengua salir solo del peligro y dejar en él á 
sus compañeros. Aseguróles pues con la noble fran- 
queza y autoridad que sobre ellos tenia, que no tuvie- 
sen temor ninguno , y dijo que él se encarda de todo. 
Tranquilos ellos, él se escondió en casado un amigo, 
y díú lugar i que las primeras pesquisas de los moros y 
su primera irritación calmasen algún tanto. Has vién- 
dose buscada después y pregonado con pena de la vida 
al que le ocultase , dejó el asilo donde se escondía , y se 
presentó voluntariamente al rey Azan (setiembre ú 
octubre de 1B79}. 

Allí, atadas las manos t las espaldas y con un cordel 
en el cuello , amenazado por instantes de ser ahorcado, 
sostuvo con igual serenidad que discreción las amena- 
zas y preguntas de aquel tigre, ansioso de descubrir 
cómplices de la fuga, para tener esclavos que apro- 
piarse ó rtctímts que sacriGcar. El s«di6ásl seloia 



PARTE PRIMERA. 

ínTencion y la colpa del proyecto > según lo tenia de 
costumbre , señaló como sabedores á cuatro caballeros 
que ya habían salido libres de Argel , y aseguró que 
nada sabían aun los otros que debían acompañarle. Sus 
contestaciones claras y precisas desconcertaron las pes- 
quisas del Bajá y vencieron su malignidad : de manera 
que Azan , parte por no poder ayeriguar nada, y parte 
también por interesarse un privado suyo á favor del cau- 
tivo y se contentó con encerrarle en la cárcel de los mo- 
ros, situada &í su misma casa , y allí le tuvo cinco me- 
ses custodiado con el mayor rigor y aherrojado con gri- 
llos y cadenas. 

No se sabe ciertamente á qué atribuir esta templanza 
en un hombre como Azan , de quien el mismo Cervan- 
tes decía que aera natural condición suya ser homi- 
cida del género humano». El no darle muerte, como por 
los motivos mas leves lo hacia con tantos otros , pudie- 
ra atribuirse á avaricia ; pero no castigarle, no maltra- 
tarte , «ni aun decirle mala palabra , » según él mismo 
también lo asegura, fué una gracia ó fortuna particular, 
en que por honor á la humanidad sería de desear que 
entrase por algo la estimación debida al carácter y vir- 
tudes de Cervantes. De cualquiera modo que esto fue- 
se , él en aquel tiempo le compró de Dali-Mamí en qui- 
nientos escudos de oro , y por precaución ó por codicia 
quiso hacersuyo aquel cautivo. T como Cervantes, acre- 
centando su audacia y su energía con los mismos reve- 
ses de la fortuna, idease , por último , alborotar los es- 
clavos, darles libertad á todos, y alzarse con Argel, 
Azan , á quien llegó la noticia de este pensamiento ar- 
rojado y temerario, le hizo custodiar con mas cuida- 
do, y solía decir a que como él tuviese bien guardado 
al estropeado español, tenia seguros sus cautivos, su 
reino y sus bajeles ». 

Tantos y tan heroicos esfuerzos debían ser todos in- 
útiles para el objeto á que se encamÍDaban , y Cervan- 
tes estaba ya en peligro de ser llevado á Constantino- 
pía, adonde el Bajá se disponía á partir, cumplido el 
tiempo de su gobierno en Argel. Por fortuna llegaron á 
aquella sazón de España los religiosos trinitarios encar- 
gados de la redención de los cautivos de Castilla. Lle- 
vaban estos en su poder trescientos ducados para el 
rescate de Cervantes, que su madre, ya viuda, y su 
hermana doña Andrea , ansiosas de su libertad , le en- 
viaban ; pero Azan pidió al principio mil escudos de oro 
por 6u cautivo, que después bajó irrevocablemente á qui- 
nientos ; y no bastando la cantidad dada por la familia, 
Cervantes estaba ya embarcado en los navios del Bajá 
dispuestos para hacerse inmediatamente á la vela. Mo- 
viéronse á piedad los religiosos redentores, y aplicán- 
dole diferentes limosnas de la redención y buscando 
algún dinero prestado, consiguieron completar la suma 
que Azan pedia , con lo cual pudo el concierto ajustar- 
se ai fin ; y Cervantes salió ya libre de los navios en 26 
de setiembro de 1580, día mismo en que aquel virey 
tomó su rumbo para Constantinopla. 
Pero si con aquel sacriGcio de su familia y con la ca- 



- LtTERATÜRA. 80 

ridad de los padros el redimido esclavo pudo conside- 
rar su persona franqueada de las amargas penalidades 
de la servidumbre , no así su reputación, expuesta en- 
tonces á los tiros mas alevosos de la malignidad de la 
envidia. Había entre los cautivos de Argel un doctor 
Blanco de Paz, fraile dominico en otro tiempo, después 
clérigo seglar, y últimamente esclavo, pero compañero 
incómodo, hombre alevoso y sin fe , embustero, desca- 
rado, de una arrogancia insufrible y de una perversidad 
sin igual. Este había sido el que descubrió vilmente 
por dinero al rey Azan el último proyecto de fuga de 
Cervantes, poniéndole á él y á sus compañeros en tan 
manifiesto peligro de la vida. Y siendo natural condi- 
ción en los malvados aborrecer á quien una vez ofendie- 
ron, él se dio por esto mismo á ser detractor de Cer- 
vantes, á amenazarle , á perseguirle y á suscitarle toda 
clase de molestias y desabrimientos. Fingióse comisa- 
rio del Santo Oficio, para aprovechar así mas fácilmente 
las armas traidoras de la pesquisa misteriosa y de la 
alevosía hipócrita; y ya había empezado á tomar infor- 
maciones y á corromper testigos , gloriándose de que 
le había de quitar por este medio la buena acogida que 
cuando volviese de su cautiverio podía esperar del rey 
de España. Cervantes conocía su país, y debia temer 
con razón hallarse precedido en él de una disfamacion 
personal que no solo le cortase los pasos en su carrera, 
sino que comprometiese también su sosiego en el resto 
de sus días. Fuéle pues necesario sacudir aquel áspid 
venenoso que á su salida de África se le enredaba en ^ 
los pies , y hubo de recurrir al triste arbitrio de una 
información judicial para acreditar en España no solo 
sus servicios y sus trabajos , sino hasta sus calidades 
personales ^. Los mas principales y virtuosos cristia- 
nos de Argel depusieron amplia y honoríficamente en 
su favor; y él, asegurado con aquel irrecusable testi- 
monio, regresó en fin á su patria á úllimos del mismo 
ano. 

Pudo su familia regocijarse con su vuelta después de 
tanto de ausencia y de infortunios ; pero empobrecida 
con los mismos sacrificios que había hecho para resca- 
tarle, ni podia proporcionarle medios seguros de sub- 
sistencia ni abrigar esperanzas de verle progresar. Así ¿s 
que, noteniendootrocamino para proporcionarse alguna 
ventaja que la carrera de las armas, quiso continuar sus 
servicios en la guerra , y se alistó de soldado en las tro- 
pas empleadas á la sazón en la empresa de Portugal. 
Servia también en ellas su hermano Rodrigo , y juntos 
se hallaron en las expediciones marítimas que se hicie- 
ron entonces para reducir las Terceras y contener las 
demasías de los ingleses y franceses por aquellos mares, 
teniendo así Cervantes la satisfacción y el honor de mi- 

< Esta información, hallada casnalmente en el archivo de Indias, 
j aprovechada oportnnamente por el aeflor Navarrete en su co- 
piosa y apreciabie obra , es, en mi dictamen, el único documento 
que merecia conocerse de cuantos la curiosidad diligente de ios 
aBcionados ft Gen&ates ha logrado desenterrar en estos diurnos 
tiempos. 



OBRAS COMN^ETAS DE DON MANUEL JOS& QUINTANA. 



GO 

litar i lai drdenea y contribuir i las glorias del célebre 

narquís de Sania Q-ui. 
Pero tres campaoas añadidas á las antiguas, 7 que 

nada airrieron ni á au lama ni 1 su fortuna , acabaron 

lia HBwnimñnrje de lo poco quc podia aprovecbar por 
, Velase ya entrado eu la edad madura, 
DOS de su Juvealud, perdidas sus Tatigas, 
lervicios, ain estado, sin nombre, y no 
>r tantos sacrílicios mas que su espada y 
ümpeiaba ya tal vez á fermentar en su ca- 
iba poderosamente á escribir, aquel con- 
os ratraordinarios, de caracteres y cos- 
esantea, y de cuadros y pinturas grandes 
ue sus continuos viajes por tan diversos 
(cumulado en su Canlasfa. Quizá también 
I de la Calatea, en que por entaoces se 
anifeslú la necesidad de abandonar el bu- 
m de las annas si había de seguir el ins- 
ulto y cultivar sosegadamente las leirus. 
modoque esto ñiese,¿I dejó de una VC7. 
itar, y en 1S81 publicó aquella novela 
la que se granjeó inmediatamente un 
^do en el mundo literario. 
:es del gusto popular las pastorales, que 
lontenjiiyor liebia hecho de moda. EsL:i 
de tener para sus contemporáneos el in- 
rdad, rebozada con la máscara pastoril, 
nbien el mérito de una invención agrada- 
)n buena prosa y adornada con algunos 
Sus defectos son muchos. Cervantes eu 
iitbio notó algunos y omitió otros; pero 
moro Abindarraei podia compensar mu- 
il Polo, uno de sus coutinua dores, ruó 
icercó á su reputación. Sin embargo de 
lu mas pobre , y menos natural su estilo, 
torada, compuesta por un poeta mas ba- 
ilada de mejores versos, y esto bastó para 
se por igual ó superior á su modelo : can 
doutemayor ni en ningún otro poeta de 
}dia eucoutrar un idüio tan bello como 

, escrita con mas fuerza de imaginación 
I mas vállenle y pintoresco , fué recibida 
plauso , pero no pudo alcanzar á la cele- 
tras pastorales. Cervantes no conocía Ich 
erocarácterdesu talento, y aquel mundo 
, sin fundamento ninguno en la realidad 
leza , no convenía á su pincel. Asi es que 
lejan frecuentemente de ser sencillos y 
leerse ingeniosos, pedantes y disputado- 
principal se olvida con el tropel de epi- 
tes d la verdad , pero que ninguna cone- 
ia tienen con ella ¡ y los versos, en fin, 
y generalmente tan malos, acaban de 
guslo que pedia producir su lectura con 
d que se encuentra en muchos pasajes y 
£1 general de los colores. £1 mismo la 



JQzga con una severidad bien laudable eo SQMenitiiriOt 
y no bay para qué apelar de mu sentencia tan iropaiw 
cial y tan justa 1. 

Poco después de publicada la GofotwiBe casó Cervan- 
tes con doua Catalina de Palacios Selazar, una señora 
de Esquivias á quien por aquel tiempo galanteaba *. 
Estrechada con el nuevo estado su situación ya mise- 
rable, fuéle forzoso buscar nuevos medios parasubsis- 
tir, y creyó encontrarlos en su talento poético, dedi- 
cándose al teatro. La necesidad pues le obligó á hacer 
comedias , recurso incierto y precario para los autores, 
y nada ventajoso á los progresos del arte, en que él 
talento, envilecido, en vez de dar la ley, la recibe del 
capricho y de la ignorancia ajena, y convertidas en 
mercaderías las producciones del ingenio humano , se 
trabajan á destajo y se venden con rocnoaprecio. De 
esta ocupación á que entonces se entregó Cervantes 
resultaron veinte ó treinta coiueiiias 3, que si Ijun de - 
juzgarse por El trato de Argel 6 La Numancia, dadas 
á luz en nuestros di'as, bien merecían todas el olvido 
en que desde luego quedaron sepultadas. Acaso de tan 
severo fallo pudiera salvarse La Confusa, comedia de 
capa y espeda de que Cervantes hace mención en di- 
fereutes escritos con una prcilileccion particular j 
como representada con mucho aplauso. Y en efecto, si 
eu la invoucion , caracteres , costumbres y diálogo de 
aquel drama había ya algún anuncio de lo que el au- 
tor había de ser después cu el Quijoleyeu tas Novelas, 
su pérdida debe ser sensible ¿ cuantos se interesan en 
la historia de las letras españolas. 

No debieron ser muy grandes los provechos que Cer- 
vantes se proporcionabacunesta paco noble ocupación, 
cuando á los cuatro años de empezarla se le ve seguir 

I iSli libro llene ligo delmcni InTtncloB, pmpone llíoj no 
■coiKlnye nidi : ts ataenct csptnr la srguudí pirte que pro- 
■mcle ; qulil ton li enmienda tlcanDii del todo la Dlsericor- 
■ dli na» ihon le le iiep.> — ID» (JíV'.pirU 1, cip.S.) 

1 Dlcese nat CtrtlDleí ton li pnblicaclon de n obra hlio on 
obirqaiD i tui dama, i quien leBOpoue paruní)! rrlnUdl coa 
el Hambre de Gilalea . como i Crrvlulea con el de Eliciv. Va tn- 
irs se Ici liiblí dado utroi papi'lei en «qnelli Mbiila , j Hloa se 
inclina 1 qne Cervintíi ti Duiunn, y m esposa la giislan Amari- 
lis. Hit FDitqulera quesea el fondinienlo de eat» eonletnras, ts 
de recelar qoe sean mis Ingeniosas que acerliilii. Ya en prtmer 
lugar, por pocí dcllcidcia } discreción que se lUjionEa en Cet- 
Tinles, rrpupa qne piolase laa re n lijosa mente al pastor bajo 
CD70 nombre Inlcnlabí telralarse 1 si mismo. La Gtltlet, por 
olía parle, es obra eompn esta en loslretaDaiquemedlaroiidetita 
sn vuclla i España j sn csaamlenio. Kl residid la mayor parte 4a 
elloa en Poclngal i en las armadas ; eo aquel tiempo tnro uo* 
amores, de que rriulld doDa Uibel de SiiTedn.in bija nallnl, 
)í lodo eulDie la Idea deolrofalaoleocoeUneo con doDa CaliIlM, 
SI esposa; lo cnal seria preciso par) que saobra tuviese la tatCB- 
clou qne ae propone. Conjeturas sobre coujeluras,qne por lo ■!(• 
mo tienen mu; poto valor, ; 70 lis abandoBo (Ultolo ll Jálelo 
de lot eradnos. 

* CervJnleí mismo no tiblai piolo Ojo cnlntisrieseiipneba 
de la poca Importancia qne daba t «qnella tarca : •Compise, di- 
>ce, en este tiempo bssti relate comed las 1 treinta , qne lodu ellas 
>te recitaran sin i|ne ae tes ofreelete ofrenda de pepinos ilda oin 
•COSÍ arrojadlaa : corrieron si carrera ala sllboi, grilaa Di ta- 
-raandas.i (i'rdlogo de las CvwnfÍM Impresas «a ICIO.) 



Parte pmugra.- 

lulwlstencia y de fortuna. Ermule 
«ntes partesde España, buscaba ; 
Moción que sus tálenlos, susnrlu- 
teoíaa tan merecida. Ocupase mu- 
gues temporales, como la deayudur 
i les proveedores de las armadas en Sevilla , la de re- 
caudar alrasog de la real Hacienda en el reino de 
Granada , j en otros encargos de igual naturaleza , que, 
si bien remediaban la necesidad presente, no le deja- 
ban recursos para lo futuro. Por los años de ISSOso- 
licitú que se proveyese en él alguno de los empleos 
Tacantes en ludias , y el despacho que tuvo su demanda 
Fué que buscase por acá en que se le luciese merced. 
Nolabu5c<J,¿no laballii, ónoselaquiucranbacer, 
puesto que se le ve volver á la faena precaria de sus 
ejecuciones, y conten poca fortuna, que tuvo la des- 
gracia de serreconveuido por ellas, y aun encercelado 
en Sevilla. Poco después fué puesto en libertad bajo 
fianzas, pera que viniere i rendir sus cuentas en la 
corle y salisfacerel pequeño alcance que contra él re- 
sultabu. A estas poco gratas noticias que han dado de 
ti las investigaciones hedías últimamente sobre esta 
época de su vida, añade la tradición que no mucho 
tiempo después fué' también preso en un lugar de la 
Moncha, de resultas de una comisión cujo objeto no 
ba podido averiguarse todavía. 

Maltratado así de los hombres, y contrariado por la 
Ibrtona, babia entrado Cervantes en la jurisdicción de 
la vejes sin que se hubiese desenvuelto en su ingenio 
■quelb fuerza colosal que le iba á dar !a primacía en- 
tre los escritores españoles; mas ni los años ni los con- 
Iratiempns, ni la naturaleza de sus ocupaciones, igual- 
mente triviales que enfadosas , podían apocar aquul 
ilñfflO , }'a otro tiempo tan generoso y libre en las ma.i- 
"nrras do Argel. Detenido en las prisiones de Arga- 
isüla , donde la misma tradición señala el punto de 
último desaire, concibe la idea de su Don Quijote, 
la realiuL con la portentosa facilidad que su mismo 
ntexto maniGesla. La obra se publícú en I6O3 , cunn- 
I Cenantes contaba cincuenta y oclio años de edad: 
{ un vuelo de fantasía tan alto y extraordinario es 
Ldo en una época de la vida en que apenas hay escri- 
r, por vigoroso que sea, que no sienta desmayar sus 
ios; y el libro mas ingenioso y festivo que ha pro- 
icido el entendimiento humano se escribe en una 
¡rcel, «donde, como su autor dice, toda incomo- 
dad tiene sn asiento, y todo trísteruidoiiBce su ha- 
ladon.B 

Estaba entonces entregada la mayor parte de los 
anhres á una clase de lectura extravagante , que vi- 
iabk la educación, corrompía las ideas de la moral, 
(tragaba las costumbres, y usurpaba con las invencio- 
H maa monstniosas la atención debida solo á la be- 
exa. Intudaban los libros caballerescos i España, y 
u de^fOvpiíiitM eran la admiración de los idiotas, el 
ilntenimiflnto de los ociosos, y tal vez distracción 
idigDt délos discretos. «Vo acabaré con esta peste», 



— LITERATURA. 01 

dijo entre si Cervantes, y su imaginación grande y fes- 
tiva le presenta el héroe que babia de anonadar i tan- 
tos y tan acreditados paladines. Ko eran bastantes ya 
contra ellos ni una invectiva seca, ni un juicio aislado 
como los que se hablan hecho basta entonces : débiles 
reparos contrauncontagiotangronde, y que, incorpo- 
rados la mayor parte en obras que el pueblo no lela, 
de nada servían al pueblo. ¿Qué aprovecha que un cri- 
tico escriba para otros críticos lo que ellos acaso se 
pensarán sin él? Por esto las declamaciones de Luis 
Vives, Alejo Venegasy otros sabios contra los libros 
caballerescos eran superfluas, cuando el vulgo, embo< 
becido con ellos , ni lus leía ni las podía entender. Es 
preciso para desarraigar un vicio general que el re- 
medio tumbien lo sea. 

Y aun se necesitaba mas entonces. Puesto que las 
geutes se agradaban tanto de la lectura que se inlen- 
labadestruir, el&nno se alcanzaba si no se sustituía 
otra que fuese igualmente grata, y si no se suplia la 
pérdida de tantos libros con uno que venciesedlos de- 
más en navedady en placer; que, rico con todos los 
adornos de ¡a imaginación, se apoyase en los princi- 
pios del gusto y de la verdad, y en donde la invención 
y la lilasofla, acordes, agradasen y suspendiesen á to- 
da clase de personas en todos tos csladoB de lavida. 

Tal fué el Don Quijote, donde no se sabe qué admi- 
rar mas, si la Tuerza de fantasía que pudo concebirle, 
d el talento divino que brilla en su ejecución. Cuando 
en Ib conversación llega á mentarse este Ubro, todos 
& porlla se eitieudeu en tu elogio, y el raudal de sus 
alabanzas jamás ec disminuye, como si saliera de una 
fuente inagotable. El uno ensabcale novedad y felici- 
dad del pensamiento, el otro la verdad y belleza délos 
caracteres y costumbres ; este la variedad de los epi- 
sodios, aquel la abundancia y delicadeza de las alu- 
siones y de los chistes; quién admira mas el iiilinllo 
artiücio y gracia de los dldlogos, quién la inestimable 
hermosura del estilo y la propiedad de su lenguaje. 

Todas estas dotes, que esparcidos hubieran hecho la 
gloria de muchos escritores, se encontraron rennidas 
en un hombre solo y derramadas coa profusión en un 
libro. Y no deja de entrar á la parte de la maravilla la 
Cúustderaclon de la época. Pues aunque el siglo ivi 
sea por tantos respetos acreedor á nuestra admiración 
y gratitud, ni el carácter que entonces tenia la ilus- 
tración, ni la calidad y mérito de los autores que d la 
sazón sobresalían entre nosotros, ni, en Un, el tono ge- 
neral de nuestras letras, ni aun de nuestros gustos y 
usos, podían prometer una producción tan original y 
ton grande, y al mismo tiempo tan graciosa. Ella d 
nada se parece , ni sufre cotejo alguno con nada de lo 
que entonces se escnbia ; y cuando se compara el Qui- 
jote coa \a época en que salió d luz, y i Cervantes con 
los hombres que le rodeaban, la obra [larece un por- 
tento, y Cervantes un coloso. 

Empéñense en buen hora los que se precian de crl- 
ticosen analizar las bellezas de esta fábula y eiaminar 



♦• ^ 



M OBRAS COMPLETAS DE DON 

cómo el escritor sopo hacer de su héroe el mas rídf- 
culo y al mismo tiempo el mas discreto y virtuoso de 
los homhres, sin que tan diversos aspectos se daSen 
unos á otros; cómo en Sancho empleó todas las formas 
de la simplicidad ; qué de recursos se supo abrir en es- 
tas variedades imperceptibles, sin ofender á la unidad 
de los caracteres ; cómo supo enlazar á su fábula los 
lances que parecian mas lejanos de ella , y hacerlos ser- 
vir todos para realzar la locura del personaje principal; 
de dónde aprendió á variar las situaciones, 4 contrastar 
las escenas, á ser siempre original y nuevo, sin des- 
mentirse ni decaer nunca , sin fastidiar jamás. Todo 
esto pertenece al genio, que se lo encuentra por sí solo, 
sin estudio , sin regla y sin ejemplares. 

Asi aparece tanto mas vano , por no decir importuno, 
el empeño de los hombres doctos que se han puesto á 
desentrañar las bellezas de este libro , ajustándole á 
reglas y á modelos que, no teniendo con él ni seme- 
janza ni analogía alguna , de ningún modo pueden com- 
parársele. Si su autor pudiera levantarse del sepulcro, 
y viera á los unos apurar su ingenio , á otros su eru- 
dición, á otros su cavilosa metafísica, y á todos sudar 
para hacer del Quijote una obra á su modo , quizá les 
dijera con compasión y con risa : a En balde os afanáis 
si con esa disposición doctrinera pensáis gustar de mi 
libro ni hacer entender lo que vale. ¿Qué hay en Ho- 
mero de común conmigo , ni en Aquiles con Don Qui- 
jote , ni qué tienen que hacer aquí Macrobio y Apuleyo, 
Aristóteles y Longiuo? Todo ese aparato de erudición 
y principios podrá servir á vuestra ostentación; mas pa- 
ra explicar mi obra es del todo insignificante y super- 
fluo. La naturaleza me presentó áOon Quijote, mi 
imaginación se apoderó de él, y un feliz instinto hizo 
lo demás. Así, cuando habláis de imitaciones épicas, de 
intenciones metafísicas y sutiles, de artificio y puli- 
mento, me asombro de ver que haya en mi libro tan- 
tas cosas en que no pensé , y que sea menester tanto 
trabajo para descifrar y dar precio á lo que á mí no me 
costó ninguno.» 

Cervantes tendría razón : la gracia no se explica ni 
el genio se compara, ni caen uno y otro bajo la juris- 
dicción estrecha de reglas convenidas y de ejemplares 
anteriores. El elegante académico que analizó el Qui-^ 
jote, al fírente de la bella edición española hizo prueba 
en su discurso de erudición acendrada , de gusto ex- 
quisito, de penetración y de filosofía; pero su obra, esti- 
mable á tantas luces, (laqueó desgraciadamente por la 
buse, y descontenta por el tono. La mayor parte de las 
rt3glas y ejemplos de que el crítico so vale son super- 
lluos , y aun contrarios á veces á lo mismo que se pro- 
pone ; y su gravedad , su método , su aliño y su com- 
postura desdicen de la gracia y abandono inimitable 
del libro que así diseca. Engañóle el ejemplo de Addi- 
son, y creyó qne podía hacerse con el Quijote lo que 
aquel sabio inglés habla hecho con el Paraiso perdis 
do <• Pero la diversidad es inmensa, para no ser vanos 

* A'or veotun te dejó llevu también dd cicmplo de Kamasy, 



MANUEL JOSe QUINTANA» 

sus esfuerzos; y una página de Sterod, que enm Ira* 
mor y en su espíritu tenia tantaanalogía con Cervantes, 
nos ens<maria su secreto harto mejor que las Uboriosai 
vigilias de sus doctos comentadores. 

Al tratar Yoltaire en sus Miscdáneae de que el e^- 
ritu humano no hace otra cosa que reproducirse, y que 
las obras que mas admiramos son imitaciones de otras 
mas antiguas , dice que el tipo de Don Quijote fué el 
Orlando del Ariosto^. Es preciso sin duda admirar á 
este escritor como uno de los mayores pintores que ha 
tenido la poesía. Pero ¿cuál es la relación que puede 
haber entre dos locos de manía tan diferente? ¿Entre 
un cuadro todo quimeras y otro todo verdad? Entre 
un libro de caballerías y una sátira de semejantes li- 
bros? Entre la libertad que se permite el italiano j el 
tino y sabiduría con que camina el español? 

Y aunque se concediese que en algunos pasajes la 
manera del uno es semejante á la del otro , ¿ cuántos re- 
quisitos mas acompañan al Quijote que no pudieran 
tomarse de Aríosto ni de otro escritor ninguno? ¿Se 
halla por ventura en aquel poeta el tono de sensibilidad 
dulce y afectuoso que tan frecuentemente se halla en el 
libro de Cervantes? ¿Quién le enseñó el arte dificilísi- 
mo del diálogo en que nuestro escritor no ha encontrado 
hasta ahora quien le venza , y á duras penas encontrará 
quien le iguale ? ¿De dónde , en fin , pudo aprender el cu- 
cante continuo de aquella dicción maravillosa , tan apa- 
cible y tan pura, tan en armonía siempre con el objeto 
que pinta; candorosa, natural y fláidaen las narracio- 
nes, ingeniosa y festiva en las burias y donaires, ani- 
mada y verdadera en los razonamientos; soberbia, rica 
y ambiciosa en las descripciones? 

No : el Quijote no tuvo modelo , y carece hasta ahora 
de imitadores 3 : es una obra que presenta todos los 
caracteres de la originalidad y del genio, un poema 

antor de no dlscvrao sobre el poema ¿pico, qve snele Ir al frente 
de algunas ediciones del Telémaeo. Pero eate dfaeiirao es tan m- 
perficial y tan seco , qne da pena acordarse de él caando se trata 
do ana obra como la de Ríos. 

* El mismo Cervantes podo qoltá eontrtt»nlr á esta conpacH 
cion en aquellos versos de Urganda la DeseoDodda : 



Damas, armas eaballe- 
Le provocaron de mo» 
Qne cnal Orlando furio- 



Templado á lo enamora- 
Alcanzó á faena de bra- 
A Dalclnea del Tobín 



No se crea, sin embargo, qne el escritor francés porcompaiari 
Don QnUole con Oriando pretende dlsminnlr el mérito de nnestrt 
libro. Véase lo que dice de él, con ocasión del Uuiikrt de Bnt- 
1er : A foree feíprii rauteiar ¿'Hadibras c irowé le Meertt €itr€ 
«s ieufm ie Don Qnichotte : te feut, to maiveié, tertiementr, 
ce/ui de bie» miter le» neniare», cehu ie ne He» proHfur, f«- 
lent hieñ mUus que de re»prU : maii Don Qnlcbotte e»t h de tewta 
le» natUm» , et Hndibras n*i»t kiquede» M#idt. — (i>if0/M«r<e /I- 
to»ó/lco , artícnio Prior Butler et SwtfL ) 

A este elogio puede agregarse el de Jnan SanUago Rovsaeai en 
el prefacio de la Nmvc BeleUa: Mei» le» kmgue» féñe» s'awaMU 
guére» ; U fenU éerire eemme CertenU» pvwr faire üre nx fúkmet 
devition», 

i Céaáide , Snhlere , Ff y G irtmHe , y oCnt libroa flterilM ea 
la manera del QttHote, pmeban mas qne ntngina otra eosa la si- 
perioridad de Cerrintea : coplu mlserableí ée u adaüitMe til- 
glnsl. 



PARTE PtOHERA. 

icion presidieron las gracias 7 las 

ion fuá un njo que deshizo en un 

íes de la caballería ; ; el tropel de 

I onivenalmente deiramadoe j tan 

«, deuparecid de tal modo que 

¡m ».v » « v-v"^ <^ui^ ^ memoña de que fuA^: 

triunfo admirable y «íngular, digno del mérito déla 

«In, ygloiía en que aator ninguno poedscompetír con 

Cenrintesi. 

Asi, contn d destino 7 condición de las sátiras, cu- 
ja vida, por la naturaleza misma de su objeto; de sus 
medios, es por lo comnn tan cwta^, se reserrd al 
Oinrofa el privilegio eitraordioario da ir adquiriendo 
Boevx lida 7 lustre nnero al cabo de dos siglos que 
los libros de caballería 7 sua ilusiones eztroTBgantes es- 
lía Bepullados en olvido. El interés rivo é inmenso 
que anima todas las partes de esta fibula no se limita 
á una sola época ni tampoco é un solo pats. Desde 
que su autor Ib dio á luz, las prensas no se caosenda 
estamparla ni ios ojos da leería. Todas las naciones 
cultas la tian bscho suya : los nombres de Don Qui- 
jote 7 Sucho son conocidos en las regiones mas apar- 
tadas, 7 mentados en ios ingulos mas remotos de la 
tierra; 7 estos dos personajes humildes, nacidos en la 
fantasía de Cerrantes, vencen en celebridad i los h^ 
roes mas ilustres de la fíbula 7 de It historia. 

No es posible ciertamente liabtar de este obra siib- 
gnkr sin una especie de entusiasmo, d si se quiere, de 
intolerancia, que se rebela contn toda idea de critica 7 
de examen. Por eso causa tanta eitrañeza , 7 no sé sí di- 
ga in, la gravedad impertinente con que algunosdes- 
deñtn este libro , tediándole de frivolo 7 de insípido i 
boca llena. Llamar k atención de estos bombres i su 
mérito 7 bermosora seria tiempo perdido. | Frivolo nn 
h'bro que corrígió á su si^o I j Insípida una lectura que 
por su portentosa invención, su discreción ingeniosa, 
y sus sales inimitables y nativas se ba hecho universal 
en el mondo I Que señsJen pues ana donde el agrado, 
efecto inseparable y eterno de las buenas obras de in^ 
vención , sea tan completo 7 gulw i un grado tan alto. 
Extravagante censura & la verdad, y cuyos autores , tan 
ingratos como inconsecuentes , se hacen mas dignos 
de compasión qne de respuesta : sus labios jamás ge 
abrieron í la risa ni sn corazón i las gracias. 



El II 

Toiu \u locnru i^o 
Da Bipludloa, da Belluis, 
Amidls J BclleDebroi , 
Que, t pesar de Don QnlJoU, 
H») * Ttrlvlr biD vuelto. 

(Joratdi I , esma 1^ 

* EsU «a Ii utinleu fit **> •<* '■ •' '■ '"li^ *■ ^*P "^ '>'' 
Imu ; ■■ tMi j h latería iie» de la tpllueloi ligmlaai ; 
IfwlaB» á «IrcMwMiialta j penonis titemlatiu reaando mU) 

~ de nl*ttr, li iMii aae ttmbian coa día ;j lolo paeda «gn- 
n« I IMna li itfeBlo ji aMu «b ti «l«eiuioa. 



I 



-LITERATURA. 

Todavía es mas infelli el anhela 
de )a rabia gramatical ó de la man 
pretenden faacerüe valer buscando 
en lo que admiran los demás. jY 
guen, al fin , con sus miserables re 
quillas pueriles? Los pasajes DOb 
sos hacen con su dtmaire salir la r 
07eiites ; el descuido, aunque le I 
magia del talento i la gracia triunfi 
rada 7 corrida, se ve reducida al 

Pues qué, ¿no tiene defectos el 1 
duda, y con ser tan Udles de cono< 
[áuilcs de enmendar. El antor al ] 
cerlo , y estoy por decir que bizo 
campea mas el singular ingenia qt 
raleza. Táchense en buen hora cu: 
novelas de) CuHoto impertmeaU 
vo; pero ¿quién «a el que se atr 
preciosas narraciones de la rábu 
Bay en ella sin duda descuidos de 
nes, inadvertencias de narración 
¿qué Otra cosa prueban sino la fad 
que la obra se escribí a T EscapAbaí 
fiando de la pluma de Cervantes a 
ble de gracias 7 de bellezas , sinqw 
esfuerzo ni le obligasen á la ma 
defectos del Quijote , partiendo , • 
ceso mismo de sn fuerza , en vei 
queza humana , no sirv«i i otra ci 
y á desesperarla 3. 

Las cuatro ediciones que se bic 
el mismo año (160S)en quesea 
una manera nada equivoca lagn 
tuvo desde luego. Parecía pues 1 
dicho mu7 bien sus dos últimas 
vántes escribiese el Buioapii con 
riosídad del público bacía SU lil 
necesidad tenia de ello; mas la 
hasta nuestros días, y el testimon 
nz , que aseguraba baber visto 7 ! 

* En alB(tD* parta le na tan de sai 

prodlslou T aeíllfenta ricilidad cono 1 
menurio de mi eicelenle amigo j compí 
da : tnbjOoA 4Da ao tt pueda nes>f la 
la tndlclúi eoplou J una Edtiu con i 
latía comenudor bi creído de in deber 
detcaldoi t tieuMIIndei qae Iba hillai 
ba, lleudo macblitinai l)e obaervaeloni 
lili nona comprenden , aobrado mtnnd 
menta alindas. Del conjunto de ellai 
admlcabla aa aicrlbla con el raiamo abaí 
qne Cerrtnte» no voMi loi ojoe atril 
leileniaaierilo: con lolaaalidUlsenel 
desaparecieran. Todo ei pues en el Qm 
tálenlo , en que Mío poco logar al trte, 
el tntajo : 1 li minera i[De decía el U 
pintado dcnadro da lisUUanderu del 
na , lino eoa «ola la iülnfittd> . 

* ytit» en lis Pméu tUitUttiC 
U \n Hlot , I* Nrta ia loa Aawaio Ri 



M OBIIAS COMPLETAS DE DON 

desvanecían al parecer toda duda sobre su existencia. 
Pcllicer, sin enduirgOy ha combatido después esta opi- 
nión con razones liarlo poderosas, y la existencia del 
Buscapié^ tal como se le ha pintado hasta aqoi, es 
ahora muy dudosa , y mucho mas que Cervantes le es- 
cribiese. La cuestión en el estado que hoy día tiene está 
reducida á conjeturas mas ó menos probables, y por lo 
mismo es ociosa mientras no se descubra algún ejem- 
plar de aquel opúsculo. El hallazgo seria sin duda pre- 
cioso , pues en la suposición de ser obra del mismo Cer- 
vantes para indicar la intención segunda y misteriosa de 
su libro , el Buscapié sería el mas excelente comentario 
del Quijote, y enseñaría el verdadero nimbo para expli- 
car sus alusiones secretas, las cuales, si es que las hu- 
bo, en sentir de muchos están todavía por descubrír i. 
Al tiempo en que se publicó la prímcra parte del Don 
Quijote vivia Cervantes con su familia en Valladolid, 
donde la corte se hallaba, y como la suerte quisiese 
hacerle pagar con un desaire la palma literaría que aca- 
baba de conseguir, aguardó á aquella ocasión para uno 
de los mas amargos desabrimientos que pudieran su- 
cederle. En un encuentro que hubo junto á su casa en- 
tre dos caballeros la noche del 27 de junio de aquel año 
(i605 ), fué herido mortalmenteuno de ellos, llamado 
don Gaspar de Ezpeleta, natural de Navarra, joven y 
dado, según la costumbre de entonces, á rondas y á 
galanteos. Dio voces, pidió socorro, y cayendo y le- 
vantando, con la espada desnuda en una mano y el bro- 
quel en la otra se acogió al portal de la casa de Cervan- 
tes. Acudió este á los gritos del herido , y entre él y 
otro morador de la casa le subieron á la habitación de 
doña Luisa de Montoya , viuda del cronista Esteban de 
Garibay, que también allí vivia. Murió Ezpeleta en la 
mañana del 29, y de resultas de las diligencias judicia- 
les practicadas para la averiguación de aquel funesto 
lance, Cervantes, su hija doña Isabel de Saavedra, su 
hermana doña Andrea, y la hija de esta, doña Constanza 
de Ovando, fueron puestas en la cárcel, sin que valie- 
sen al escritor sus canas y sus respetos, ni á ellas su 
sexo y su calidad. Sospechóse de pronto que la penden- 
cia había sido originada por competencia de galanteo 
dirigido á la hija óá la sobrina de nuestro escritor, lo 
cual dio motivo á aquel rigoroso procedimiento, que 
por fortuna duró pocos dias, porque, desvanecidas las 
sospechas con las declaraciones de los interesados, ó 
calmadas con las diligencias que se hicieron en su favor, 
se les dejó primeramente salir de la prisión bajo fianzas, 
y poco después se les alzó la carcelería, terminándose 
así la causa sin resulta ninguna de consecuencia <• 

^ 4 En estos ¿Itimos tiempos se hi dado á loz un Busctt^é; pero 
lejos de allanar las dadas y diflcultades , esta publicación no ha 
becfao mas qae aumentarlas, según las agrias dispulas ft qne lia 
dado tcaslon. 

< Este proceso se halló original afios pasados, y el nombre de 
Cenrintes, interesado principalmente en ¿I, le did on valor infini- 
to. Pellicer insertd en sn Vida nn extracto sobradamente prolijo. 
De él sededace sa permanencia en Vatladolid por aqnel tiempo, 
Ifts personas de qoe se componía sa familia, el nodo con qae aUf 



•^ p. 



MANUEL ÍOSÉ QUINTANA. 

Luego que la corte se restituyó de Valladolid á lia-» 
drid, se vino también Cervantes á esta villa, donde es- 
tableció su residencia por el resto de sus dias. ADí yítíó 
pobremente á la verdad, pero apartado de negocios y 
de afanes^ entregado todo á las letras, y procurando 
conservar con sus estudios y sus tareas el distinguido 
nombre que habia sabido adquirir entre los escritores 
de su nación. A esta época de su vida, que se puede lla- 
mar exclusivamente literaria, pertenece la ejecución 
de la mayor parte de sus obras, el favor que encontró 
en algunos grandes, sus disgustos y rencillas con los 
poetas de su tiempo, y también sus devociones, pues 
en estos últimos años es cuando se le ve alistarse en las 
cofradías religiosas mas acreditadas de Madrid. De es- 
tos diferentes objetos lo verdaderamente interesante 
son las producciones ; pero es fuerza decir algo de los 
demás, siquiera pomo pasar absolutamente en silencio 
unos hechos que los demás biógrafos refieren, y que, 
aunque sean de menos importancia , no dejan detenerla 
en todo caso por pertenecer á Cervantes. 

La reputación del Don Quijote, que al principio fué 
toda popular, pasó al cabo de algún tiempo del vulgo á 
los hombres de letras y á los doctos, entre los cuales 
empezó á hacer el mismo ruido que entre la gente co- 
mún. También empezó á hacerse cabida en el gran 
mundo; y de aquí procedió sin dada la acogida y apre- 
cio que debió su autor al virtuoso arzobispo de Toledo 
don Bernardo Sandoval , y al conde de Lémos , nombre 
entoncestan justamente querido y tan sonoramente can« 
tado por las musas españolas. Esta celebridad hizo le- 
vantarse á la envidia, que inspiró todo su veneno á los 
poetas, confundidos con la superioridad de Cervantes: 
él, desgraciado y oscuro, manteniéndose acaso de la 
compasión ajena , no tenia otra riqueza ni otro bien 
que la gloria de su libro ; los poetas , encarnizados , se 
conjuraron á arrebatársela. 

Sería ciertamente tan injusto como opuesto á la ver- 
dad confundir á los dos Argensolas con esta villana ca- 
terva. Puestos entonces en el grado mas alto de repu- 
tación literaria , y en el lugar mas preferente de aprecio 
y confianza con el conde de Lémos , no podían recelar 
que Cervantes les hiciese sombra , y no es de creer que 
fuesen movidos por el mismo espíritu que los otros 
malsines envidiosos. No sabemos cnál era la conexión 
que tenia con ellos ni las obligaciones que recíproca- 
mente los unían, aunque sí se considera el carácter 
reservado y desabrido que aquellos dos aragoneses pre- 
se ayudaba i sostener, y en fin, qne eran sas Tecinas dofia Luisa 
de Hontop , viuda de Esteban Garibay , y dofia Juana Gaylan, 
viuda del poeta Lainez, que acababa de fallecer, amigo de Cer- 
vintes. Pero también resulta de las declaraciones que estas se- 
ñores se echaban unas i otras la nota de recibir malas visitas , lo 
cual no hace honor ningnno i nuestro escritor. Nada hay, por otra 
parte, en la causa que nos le baga conocer mas bien , y siendo este 
triste incidente de tan corta Importancia pan sn vida civil , y da 
ninguna para sa cawera literaria , exensado era por cierto eiten* 
derse en ella tanto, y bastaba indlctria ligenoMate. To ao sé si 
él agndoden macho qao Mllesea á U placa del naado 8en<4aar 
tes pobreuft 

V -"i 



PARtE PRIMERA. 
os , ; se compara cod oI genÍD ei- 
de Cervantes , debiaa conformarse 
mengua de su buen gusto y de su 
do unos elogios tan desmedidos en 
primera parto del Quijote l , que 
rar le cumpliesen las promesas que 
le Hicieron cuando, nombrado el Conde virey de Ñi- 
póles, se ios llev6í Italia consigo. Estas promesas, ya 
fuesen Lechas pw mero cumplimiento, ya se olvida- 
sen después entre la muchedumbre de ocupaciones 
y la noTedad de ios objetos que distrajeron á los dos 
liomianos, es cierto que no tuvieron efecto ninguno , y 
que dieron lugar el resentimiento de nuestro escritor. 
El le consignó delicadamente en el Itaje al Parnaso, y 
un dejar de bajar respetuosamente la cabeza ni de 
aplaudir a! mérito poético que en ellos se reconocía, 
bizo manifiesta al mundo la queja de su amistad y no 
volvió jamás & liacer mención de ellos en sus escritos. 
Y como si el autor del Viaje no hubiese distinguido 
de un modo claro y preciso las dos consideraciones de 
amigos y de poetas, el impertinente Villegas, en una 
composición monstruosa *,senlrov¡iJiiza!ierirlcde mal 
poeta y i Humarle gvijolista bajo el pretcito de vengar 
al menor délos dos hermanos, maestro suyoydquien 
Cervantes ciertnmenie no liabia hecho mas agravio que 
el de elogiarle con demasía. Es de creer que el insulto 
violento de Villegas no llegó i su uoUcia, pues las Eró- 
tícat no se imprimieron hasta dos años después de su 
bllecimiento. En casodebaberllegado,CerTiJotes, des- 
pués de aplaudir el talento de versificar y la facilidad en 
componer en sujdven y petulante detractor, pudiera 
enviarle i le escuela á aprender el tino, la decencia y el 
haat gusto que uí su maestro Argensolu ni los modelos 
antiguos que ét afectaba seguir lo habían enseñado. 

Has graves foeroa las consecuencias de su supuesla 
rivalidad con Lope de Vega. No podia, con efecto, ha- 
berle entre dos escritores de genio , gusto y talentos 
tan diferentes ; y sea que Cervantes canocieESGU propia 



'Dupaíi it\\*aiAamt\Ct%tiidiCiitU>p« • doi lacetoa, dos 
Mleidepoesl>,i qalen el eirto bibla dado toaalo Ingenio podía 
d>r>, dUe del ■tfor «|ac tenia madura trato , booiilde faouslii, 
j BO M aciett* CM lo qie quiere decir, pge* il liiiila de la fas- 
laxii poética , t» va liiDjieiIa mai bien qns nía alibinia; -¡k, 
tomo se dal enteeder, qnlao hablar de m nodeslli, Doacertdl 
tipresarae como debía. Eo el Qv^eU orendeo lai alabanzai Indis- 
érelas, d mat bien detalinadas, que da 1 lis deleslabtea tragedias 
de Lipercio , detlucienda con ellai el mírilo de aqael pasaje, lan 

omcndableporlaiaatraionT tuiotegnro qne reinan catado 

lemtB de ti. 

' A*i la llama el mlima TinegM en in eplítoli d« malslon I 

I Lomio Ramireí de Prado : 

Em Bionsimote envío, ni Linrencii), 
De liUn compneito iclefla; 
Cierto qne <i parto dlfno de illenolo, 

lOt veno* ea ^ae noieja i CerdatM son klen eoiocldoi de 
os.r pordetfnetalsadledefboanrliitaoá ti. Siipoco* 
« M baitii t dUcalparlg de Mía taita de roapUo, ul cono 
VtM fH<ea dUeaipar la eilranfuela de lai eompoiicioo 
ide M neiclan j emAtaden doa toae* toa dtnaalti, j «a 
i4« t« kaUa l« potdl MB la »M di Büaii 



-LITERATURA. 
fuerza , ó sea que la ignorase , no ( 
míese medirse con un hombre que < 
del vulgo y el numen de la poesía 
tor del Don Quijote, Cervantes si 
inmensa distancia de Lope y de los 
entonces, pora poder sufrir campe 
otro alguna; pero como escritor d 
días, la comparación, mucho masfá 
tajosa. Reconocía é! esta superior, 
las alabanzas que estuvo dando lod 
cundo poeta salen del corazón y no 
vocos ni forzadas. Pero sucedióle, 
comediasen el Don Quijote, lo que 
lece cuando intentan hablar razón 
radas. Lacritica urbana, justa y mi 
se tuvo A desacato por los apasiona 
bien por los que idolatraban sus 
sombra de ellosjusliOcaban susprd 
Alzaron pues el grito, y lanzaron si 
los tiros que les suministró su ral 
Apolo dramático de aquel atrevido 

luQ de ellos , mas furioso ó ma 
dose con el nombre de un liceacis 
osadía para querer igualarle , y se 
Ibiuacion de una obra cuyo mérito 
lejos de comprender. ¡Ignorante I 
y ilticír que lo hacia para niejorarl< 
autor no tenía talento para prosegu 
sensato que la crítica masardua es 
su desempeño está solo al alcauc 
perior? 

Tachaba de humilde el escrito d 
fome se burlaba de él porque era vi 
como si Lope , Villegas, los Al-gen 
tas de entonces juntos pudiesen ci 
literario de un solo capitulo del ( 
pobreza y manquedad de Cervúntc 
cubierto la ingratitud de su siglo, 
é la veneración que se le debe. Per 
DO merecen la atención de la pos 
sepultados en olvido si no fuera ta 
tor contra quien se asestaron. Ell( 
parle , lo que se ha dicho mas de u 
critico necio es por lo común homl 

1 Qué dignidad, si contrario , y < 
Tensa de Cervantes 1 Para confundí 
i su adversario no tuvo mas que pi 
la Segunda parte del Quijote, sup 

a Son Inieoloiai da dada j propiai d 
dotcrodcPelllcerlatconJeiDraa aobrelí 
Bupnesto Avellaneda. De ellai reinllt qi 
(loio, jpor vellera do li drdea de predli 
Cervlitea tenia atar eon esta* ftiiles, pi 
olro donUlM eslavo t plqne de bacerle 
y deipntt ta repnticloa. lUi lu vez qn 
klApaío T la de IB InfaUpIíle saeeior ai 
vNdtdero floiabre deaitaBiMtabla,i« 
lidoeoelo1vldo,rallIleBU*rtodela li 
ntAM j MlaHleatU Ubiblaa coadca 



0j OBRAS COMPLETAS DE DON 

reodoD y en gasto á la primera. Contentóse con bur- 
larse, en algunas partes de ella, de la poca gracia de sa 
antagonista, adyirtiéndole festivamente que el hacer 
un libro costaba mas trabajo que lo que se pensaba. Si 
todos los autores se defendieran del modo que Cervan- 
tes , la caterva de insolentes detractores no se atrevería 
á ladrar tanto , y las guerras literarías serian mraos es- 
candalosas. 

£1 primer fruto de la ociosidad filosófica á que Cer- 
vantes se entregó en la última época de su vida fueron 
las Novdas, publícadasen i612 y dedicadas al conde de 
Lémos. Habíanse escrito en diferentes tiempos, según 
que los sucesos, los caracteres y las costumbres que en 
ellas pinta se habian presentado á sus ojos y á su fanta- 
sía. Algunas de ellas habian precedido al Quijote, y las 
dos, que como en muestra incluyó en la primera parte, 
debieron preparar el camino para la ventajosa acogida 
que tuvieron las demás. A la verdad Cervantes no pudo 
después ni adelantarse , ni aun igualarse á sí propio ; y 
el Curioso impertinente y el Capitán cautivo , cada una 
en su género , están al frente de sus novelas y quizá de 
todas las del mundo. Entre las que dio á luz después 
campean con una indisputable superíorídad lasque ver- 
san sobre imitación de las condiciones comunes y cos- 
tumbres ridiculas de la sociedad, y se dirigen á su cor- 
rección. Riiconetey Cortadillo, el Coloquio de losper^ 
ros y demás de esta clase son pinturas superiores y 
exquisitas , donde luce con toda su gracia y maestría el 
pincel que dio vida al paladín de la Mancha. En las otras, 
que pueden llamarse cuadros de mera curiosidad y fan- 
tasía, podrá desearse á veces mas calor en los afectos, 
mas variedad y determinación en los caracteres; pero 
no mas verdad, no mas invención, no una disposición 
mas atinada, no, en fin , mas interés de narración ni 
mas elegancia y propiedad de estilo. Dos siglos han pa- 
sado ya por esta colección preciosa, y todavía conserva 
8U aceptación primera, aunque las ideas, las costum- 
bres y la fisonomía exterior de los hombres sean entera- 
mente diversas de las que allí se pintan. El dijo al frente 
de ellas que era el primero « que novelaba en lengua cas- 
tellana»; pudiera decir también el último , pues sus nu- 
merosos imitadores no han hecho en sus novelas, ya ol- 
vidadas , mas que demostrarla excelencia de su modelo 
y la inmensa distancia á que están de él i. 



* El BM fefialtdo entre ellos es Lope de Vega, que al probarse 
Men desgraciadamente en este f enero , que no era el snyo , decia 
con tan risible magisterio qae en lasnovelas propias de Espafia «no 
faltó gracia ni estilo á Miguel de Cerrantes». Manera de recomen- 
dar qne se acerca mas ft depresión qne i alabanza , pnes da i en- 
tender qoe no bay en las noTelas de CerTántes otras prendas qne 
aplaudir qne la gracia y el esUlo , y que aun esto es en ellas tan 
escaso , qne se les baee Jnsticla con solo decir qne no les falta. 
Yo tengo mncba dada en qoe Lope estovlese bien penetrado del 
mérito eminente de nuestro escritor , ó eo easo de estarlo, en qne 
se lo qaislese reconocer francamente. No me acuerdo de qne haya 
en todas sos obras un elogio, ni ebleo ni grande, del Qtt^óte : d 
que baee de las norelai la dniea vetqve las cita , ya se ve eain 
eseuo es« Al eontiario los venoi ; efloi , segVD Lope , «dltroa 
eternidad 1 1« menorit por daleei , lonorM y elegintes, • que así 



MANUEL JOSÉ QUINTANA. 

El Viaje al Parnaso, publicado en i6ii, es compo^ 
sicion muy diferente. £1 estilo y la idea primera están 
tomados de un opúsculo italiano escrito en el siglo zvi 
por César Gaporali; pero lo que en el original es un 
viaje particular , sin otros sucesos que los que conmn- 
mente acontecen á los viajeros que van á reconocer y 
presentarse en un sitio que no han visto , es en la imi- 
tación una expedición guerrera, con lo cual se agnuH 
dan las proporciones y formas del cuadro , y la acción 
toma mas aparato , vivacidad é interés. Quería Gerván- 
tes en esta obra hacerse justicia á sí mismo , ya que su 
siglo no se la hacia , y suponiendo el Parnaso asaltado 
de los malos poetas , fingió que Mercurio venia á Espa- 
ña á solicitar el socorro de los buenos, y que le tomaba 
á él mismo por consejero para elegirlos. Cervantes, co- 
mo es de presumir, marcha con ellos y se halla en la 
expedición. Bien se deja ver cuánto prestaba para la sá- 
tira y el elogio esta invención ingeniosa, que ya se ha 
hecho demasiado común. Pero la obra tiene dos defec- 
tos , por desgracia harto esenciales : el primero es la 
poca cordura que el autor guarda en las alabanzas; y 
la exageración vaga de la que tributa á los buenos y ya 
conocidos escritores no tiene comparación sino con el 
exceso de las que prodiga á poetas oscuros ó entera-* 
mente desconocidos : extremos uno y otro de que debía 
guardarse en un libro de crítica literaria. Anáitese á este 
mal otro mayor, que es el de estar el Viaje escrito en 
verso , y perder de este modo Cervantes todas sus ven- 
tajas. La adjunta al Parnaso , diálogo en prosa que le 
sirve de apéndice, se lee con mas gusto que todo lo de- 
más , y manifiesta el verdadero modo de haber desem- 
peñado el pensamiento con aprobación y agrado uni- 
versal. Pero Cervantes , á pesar de la protesta desenga- 
ñada que hace al principio s, quiso en esta obra volver 
por su mérito poético y manifestar que él sabia y podía 
hacer versos como otro cualquiera. Compúsola en ter- 
cetos, que, como versificación , servirían en su desem- 

los earacterixa en el Laurel de Apolo, Cabalmente son las cnall- 
dades qne les faltan ; y como Lope dobla conocerlo tan bien como 
el que mas , un elogio tan violento y desmedido baee sospechar 
de sn buena fe. Calderón y Qnevedo , que no tenían los mismos 
motivos de emnlaciony rencillas con nuestro escritor, aplauden 
sus novelas de un modo mas franco, mas aatoftl, y al mismo tiem- 
po mu ingenioso. 



La mas extrafia novela 

De amor qne escribió Cenintes , 



dice el primero en la Cose un dos pufiot, jomada i ; y también 
en Los empeños de tm ocdao, jomada t: 

Es mi amor tan novelero, 
Que me le escribid Cervantes. 

Praeba irrefragable del crédito qne ya gozaban estas nótelas en 
el mundo y de la estimación en qne las tenia aquel gran poeta. 
Qnevedo, del mismo modo, en sola nna frase da i entender el 
mismo concepto cuando acensúa A Hontalvan en la Perinoh «qne 
deje las novelas para Cervantes » , y las eomedlai pan Lope , Luís 
Velez, Calderón y otros. 

• Yo qne siempre me ifano y me desvelo 

Por parecer qne tengo de poeta 
U grtflto qae no quiso darme el eielo. 



PARTE PttíHERA 

peno á probar mejor Jo (pie intculaba. Pero aun cuando 
sos fatigados esfuerzos no sean del todo infructuosos y 
produzcan á las veces algunos versos y períodos felices, 
la obra en general se resiente de la incapacidad natui'al 
de Cervantes para versificar. Sucedióle esto mismo en 
todas sus demás poesías; y un escritor tan ingenioso y 
tan rico 9 tan admirablemente poeta en prosa, si es per- 
mitido bablar así, cuyo estilo suspende por su gala, por 
sa armonía y por los colores que su imaginación sabe 
dará cuanto pinta, encadenado con las trabas de la me- 
dida y de la rima se arrastra con pena , tropieza á cada 
paso, cae no pocas veces, y nada acierta á decir con 
felicidad y desabogo. Huia la poesía de sus versos des- 
graciados, sin que pudiera conciliaria con ellos ni la 
ciega afición de Cervantes ni su continuo ejercicio en 
componer : semejante á aquellos árboles que, frondosos 
y bellos con la libertad de las selvas, trasladados al re- 
cinto de los jardines pierden su lozanía y se marcliilan. 

Gomo su principal objeto en el Viaje al Parnaso fué 
la vindicación de sí mismo , quiso en uno de sus episo- 
dios dar idea de su situación desgraciada. Llegados los 
poetas al Parnaso , Apolo los recibe en un jardin , y se- 
ñala á cada uno el sitio que le corresponde. Los asien- 
tos se ocupan, y no queda ninguno á Cervantes. En 
vano para lograrlo refiere todas sus obras, manifiesta 
todos sus méritos y se apoya en la primacía de su ta- 
lento para inventar : Apolo le aconseja que doble la capa 
y se siente sobre ella; mas tan miserable estaba, que 
no la tenia, y tuvo que quedarse en pié á pesar de to- 
dos sus merecimientos. Estas ingeniosas quejas de Cer- 
vantes no hacen á la verdad honor ninguno á su siglo : 
él, desairado é indigente entre los demás poetas que 
gozaban de crédito y de riquezas , es una contradicción 
que verdaderamente escandaliza. 

Sos protectores fueron pocos y tibios en favorecerle. 
Ignórase que recibiese nada del personaje á quien de- 
^có la Calatea. £1 duque de Béjar, cuya protección 
buscó para la primera parte del Quijote, después de ad- 
mitir dificultosamente este obsequio, alzó la mano en 
los favores que le dispensaba , instigado , según se dice, 
deunreb'gioso cuya autoridad era grande en su casa. 
Añádese que Cenantes retrató al vivo el carácter de 
este impertinente en el eclesiástico con quien altercó 
Don Quijote. El religioso pues y Cervantes eran incom- 
patibles : venció el primero; y el Duque, olvidando al 
escritor, se llenó de ignominia á ios ojos de la posteri- 
dad , irritada de la preferencia. 

Los que mas favorecieron á Cervantes fueron el con- 
de de Lémos y el arzobispo de Toledo don Bernardo de 
Sandoval , que miraron por su subsistencia y le señala- 
ron pensión para vivir. jCon qué efusión de corazón 
eternizó él estos favores ^ ! Pero llegaron cuando ya era 
viejo, j por otra parte no le sacaron de pobre. El Con- 

* Coaado iM bendlelos m dan fl U necesidad son preciosos por 
Él aüTlo qne proeann, pero sinren también de peso por h si¡)e- 
dOB en qne ponen. Así Cervantes, qve clcrtaroente no era de»- 
iindecido, d^a tniptnr á veces el sentimiento de sa indepea- 



- LITERATURA. M 

de, de cuya pasión vehemente á las letras podia espe- 
rarse mas, estaba ausente; y tal vez, participando de la 
injusticia del tiempo , apreció mas los versos de los Ar- 
gensolas que las invenciones de Cervantes. 

Quizá también á esta desgracia continua de su vida 
contribuyó en alguna manera la índole particular de su 
talento. A pesar de tantas investigaciones y de cuanto 
acerca de él se ha averiguado, es muy de recelar que 
aun no conozcamos bien la fisonomía moral de este per- 
sonaje tan célebre. El que nos pintase con candor cuál 
era su trato íntimo con su familia y con sus amigos, su 
porte } conducta particular con los hombres de letras, 
su modo de rendir respetos á los grandes; en fin, su 
ademan, su aire y su conversación en el mundo, este 
nos daría mejor que nadie la razón de sus reveses y de 
su poco valimiento. Considérese que á la intrepidez y 
desahogo de soldado, á la superioridad que da ai hom- 
bre la experiencia de los grandes trabajos y de los gran- 
des peligros, al conocimiento, en suma, de la propia 
fuerza, se unía en Cervantes la propensión á observar 
las flaquezas, ridiculeces y extravagancias de los hom- 
bres, y el talento de pintarlas con tan viva propiedad y 
tan chistoso donaire. No era fácil , por cierto , á quien 
con semejantes cualidades poseía una arma tan ocasio- 
nada irse siempre á la mano y dejar de usarla en mo- 
mentos de mal humor ó en momentos de imprudencia. 
Somos los hombres arrastrados sin querer á lo que nues- 
tro natural nos inclina ; y el que ya casi luchando con 
las bascas de la muerte se pone con tanta gracia en el 
fragmento que va al frente de Pemiles á pintar la mon- 
tura, arreos y balona del esitiáianíe pardal, que le sa- 
luda en el camino de Esquí vías á Madrid, y nos hace 
reir tana costa de aquel pobre entusiasta, nos mani- 
fiesta bien claro lo que sería en sus mejores tiempos, 
cuando el vigor de los años y la confianza propia de 
ellos le diesen bríos para todo. Dígase, sin menoscabo 
de las eminentes vu*tudes y respetable carácter de Cer- 
vantes : la habilidad de remedar y zaherir es tan peli- 
grosa á los que la tienen como odiosa á los que la ex- 
perimentan. Nosotros le admiramos por ella, pero sus 
contemporáneos podrían muy bien resentirse de sus 
burlas y alejarse de su alcance : en esta suposición tan 
verosímil la indiferencia y desvío que usaron con él 
son menos extraños , y el desamparo de aquel grande 
escrítor acaso menos injusto. 

Al culto y penetrante Ríos no era fácil se ocultase la 
disonancia en que iban á estar con su elegante y esme- 
rado retrato de Cervantes el sayal franciscano de la or- 
den Tercera y los ejercicios de cofrade. Dejólos pues 
en silencio , y con tanta mayor razón , cuanto pudo tam- 
bién creeríos poco esenciales á la idea que se propuso 
dar de aquel insigne escrítor. No así los dos posteríores 
biógrafos, que han insistido en estos pormenores, el uno 

dencia yeoa expresiones bien vivas, «iVentaroso aquel, dice en 
9 una ocasión, A qoien el cielo dio un pedaio de pan sin qne le 
»qnede obUgi^on de sfndeeerle i otro qoe al mismo cielo U . 

((?«V*^i parte nt cap, 0I«) 







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a. 




dá óftRAá COMPLETAS bt: do?í 

por curíosoár , y el otro por condescendencia. Los he- 
chos son ciertos, y Cervantes fué sin duda alguna indw 
viduo de Id congregación religiosa del oratorio de la 
calle del Olivar y también de la orden Tercera de San 
Francisco. Reducidos como estamos á probabilidades 
en casi todas las cosas personales de Cervantes , no se 
puede asignar la verdadera causa de esta inclinación 
ascética ; que no deja de ser notable en el autor del Don 
Quijote. Si en esto no hizo mas que seguir la corriente 
de su siglo , muy dado á semejantes prácticas, sin que 
por ello hubiese mas virtudes, no habia para qué hacer 
mas caso de esta circunstancia indiferente, que del 
ferreruelo con que se cubria y de la balona con que se 
adornaba. Respetemos sus motivos si con alistarse en 
las congregaciones religiosas quiso de buena fe dar 
aquel alimento á su piedad , avivada con la edad y con 
las desgracias. Si allí, en fin, buscó ppr política ó por 
precaución un asilo indispensable y necesario en el 
tiempo y país en que vivia, es preciso encogerse de 
hombros y tenerle compasión. 

Sea de esto lo que fuere, lo que no admite duda es 
que estas atenciones minuciosas ni apocaron su fanta- 
sía , ni le hicieron mudar de rumbo , ni alteraron su jui- 
cio, que se conservó entero é independiente aui res- 
pecto de cosas que, teniendo mas relación con sus nue- 
vas obligaciones, parecía que debían inspirarle mayor 
cuidado y reserva. Nunca habló de ellas con mas des- 
ahogo que entonces. Arropado ya con el sayal de la 
orden Tercera, publicaba en el Viaje del Parnaso que 
habia entrado vestido de romero en Madrid , porque era 
granjeria la apariencia de la santidad i. No son de mís- 
tico ni de devoto las libertades que se permitía en sus 
entremeses, publicados siete meses antes de morir , y 
mucho menos las escenas en la comedia de Pedro de 
Urdemalas, dada á luz también entonces, en que se 
mofa y zahiere con un atrevimiento que espanta las so- 
calüías de los embaidores con motivo del purgatorio <• 
En medio tal vez de una función solemne de cofradía se 
le ocurrió el misterioso episodio de Altisidora en el Qui-' 
jote; y saliendo por ventura de alguna conferencia mís- 
tica, marcaba en el Per siles con el sello del desprecio 
la vocación interesada de los menesterosos á la vida so- 
litaria , y la ociosidad libre y vagabunda de los peregri- 
nos de profesión 3. ¿ Qué nos hace pues á nosotros que 

* Entré en Madrid en traje de romero; 
Que ea granjeria el parecer ser santo. 

(rf«>,eap.8.) 

t Los pasajes en qne se habla de esto son largos pero mny ca- 
riosos; y como las comedias de Ccnrántcs son poco leidas, ha pa- 
recido oportuno extractarlos en ct apéndice, donde el lector podrA 
verlos. ( Véase cl apéndice núm. 4.^) 

* «No nos ha de cansar maravilla que un rdstieo pastor se retire 
•i la soledad del campo , ni nos ha de admirar que un pobre que 
I en la dudad se muere de hambre se recoja A la soledad, donde 
»no le ha de faltar el sustento. Modos hay de vivir que los sustenta 
•la ociosidad y la pereza.*— (P^rtMet, Ilb. ), cap. W.) 

«MI peregrlnadoB es U que usan algunos peregriuoi, quiero 
•dedr que siempre es la que mas cerca las viene i evento part 
idiieaipsr sa ociosidad.*— (P^«fi^«, lib. 3, rap. G.) 



MANUEL JOSÉ QUL\TA\*A. 

Cervantes fuese ó no congregante del oratorio de la ca- 
lle del Olivar ni tercero franciscano ? Sus escritos cier- 
tamente no lo son : la lozanía de su ingenio no recibe 
menoscabo alguno por ello , y la amenidad de su ima- 
ginación ni se seca ni se marchita. El mismo mundo 
ideal de bellezas, de amores y de lances caballerescos 
le ocupa cuando viejo y cofrade que cuando mozo y 
mundano ; y la pluma que supo trazar con tanto halago 
y primor las figuras hermosas de Lucinda, de Zoralda 
y Dorotea, conserva toda su bizarría y su viveza para 
retratar con igual vivacidad á la desenvuelta y alegre 
Preciosa , á la interesante Leocadia , á la arrojada y dé- 
bil Ruperta y á la amable endemoniada Isabela Gas- 
trucho. 

Si alguna cosa pudo dar indicios de la decadencia á^ 
su espíritu en aquella edad avanzada, fué la publicación 
de algunas comedias y entremeses suyos en setiembre 
del año de 16i5. El las dio á luz como en desquite del 
desaire que los comediantes le hacían en no pedírselas 
para representarlas; mas realmente no consignió otra 
cosa que poner de manifiesto la mucha razón que tenían 
para proceder con aquella reserva. Ellas no valían la 
pena de imprimirse, ni tampoco merecen ser conocí* 
das. Nada prueba mejor el desacierto con que están 
hechas que el empeño de un crítico español en persua- 
dir que se habían escrito así de propósito para zaherir 
y ridiculizar las disparatadas comedias de aquel tiem* 
po ^. Mas Cervantes, cuando se ponía á componer sáti- 
ras de esta naturaleza, sabia darles el carácter corres- 
pondiente para que nadie se equivocase en lo que ver- 
daderamente eran ; y así , la idea de su moderno editor 
es una paradoja insostenible. Nuestro autor, aunque 
poseía una gran parte de las calidades necesarias para 
ejercitarse con felicidad en un género que podia Ibt- 
marse el suyo, nunca acertó á hacer comedias, y es 
porque el rumbo y el objeto que llevaban las que se 
componían en su tiempo eran muy ajenos del talento 
que él tenia. Los autores que las escribieron antes de 
Lope eran , por lo común , poco poetas , y se contenta- 
ban con hacer imitaciones frías y prosaicas de la anti- 
güedad. Lope las hizo líricas y novelescas, mas bien que 
morales, porque además de contentar así el gusto y 
bizarría de la nación, le llevaban por este camino su 
ingenio , su fantasía y sus demás medios poéticos. Si- 
guiéronle en él y enriquecieron mucho este género Cal- 
derón, Morete y demás poetas dramáticos. Cervantes 
no podia llevar el mismo rumbo con igual fortuna, por- 
que su ingenio tenia otro carácter. Has observador, mas 
natural , mas simple , debían repugnarle todas aquellas 
aventuras extraordinarias y mal digeridas de que se 
componían ordinariamente las comedias de su tiempo. 
Poco diestro en versificar, no podia tampoco darles la? 
galas que los otros, y porconsiguiente, las pensaba mal 
y las ejecutaba peor. Hubíérase propuesto en ellas re- 
medar y corregir las extravagancias y vicios de la vida 

4 Don Blu Naiano, aa él prologo qao tai pnio evaado tas reidi- 
primió en 174A, 



PARTE PKIHEHA. 
isenprosa, ynociiTersOfComoIo 
emeses que lanta verdad, gracia 
iizá, y sin quizd, fuera tan buen 
mo eiceleote novelador. 
tal puede llamarse , causada mas 
e Cervantes en parecer poeta, que 
il , fué allatnente compensada con 
Don Quijote, que publicó á fines 
ssta producción , uno de los mas 
lio liumauo, y la mas sobresalieule 
, el autor, eicediéndose A sí pro- 
il aello á su reputación y teruiinú 

s que trabajaba al fin de en vida, 
Los trabajos de Persileí y Sigis- 
mieron después de su muerte. Ha- 
modelo en ellos la novela griega 
:;lea, y estaba tan contento de su 
n rebozo al conde de Lémos que 
ejor délos de entretenimíenio. Ei- 
mucho mas extraña Ijaciúmi^ií'i' al 
iciondel Don Quijote. Pero los es- 
ladres , suelen tener mas ternura 
s sin mas motivo que serlos últt- 
al frente de sus novelas que este 
competir con Heliodoro, si ya por 
tas manos en la cabezau. Pudiera 
este desaire si Cervintes se em- 
sde el principio hasta el Gn aquel 
iventuras maravillosas é increíbles 
imento alguno ni en la verdad, ni 
ai en los sentimientos generales de 
a , ni en la idea que se tenia de las 
inteni. Pero por fortuna se cansó 
r,yech6 Eos ojosi las costumbres 
I y i las condiciones comunes, que 
remedaba mejor , y tomú el pincel 
M vida y gracia d los objetos mas 
in pintadas el maldiciente Clodio, 
, la taimada peregrina , el baile vi- 
le tnicntua rtjrobido este (isla facli' 
HTltlaio , j miDircsUdo enln r«pii(i>tni« 
I it n Uleala, en lot sígnlenleí lcrccU)i 

■ai na lé il lo «criba , 
nae llenen de Impoaltilci 
Bi la ha DDitndD eiiiiln. 
] lilla abres fe posLbIet, 
airea j de elerla* 
iTones apacibles, 
rldid abre Jig pnerta* 
I, jhlllahicanUnao 
I eoDionsncle thlertaa. 
I *frail*r rin deulino 

prajHisilD se bace 
doR*ite SB camino T 

liaentlTaaHliTae* 
patees , j esU eurtla 
il ditcKio j liaplt iplteai 



— LITERATURA. 
Ilanesco en la Sagra de Tol 
y la moza ta la verana, trozo! 
pues están ejecutadas en 1 
Cervantes , y son la mismi 
Alguna otra aventura no b1 
tuuuÉs Sonsa Coutiño, el 
Lisboa, y particularmente 
sentan tma novedad y un 
imoginados en su mejor ti< 
la firmeza y la elegancia 
gallardía de In narración, 
parte á dar valor á la obra, 
de ponerla en comparacio 
que en tal caso vence el au 
de invención, en el acier 
igualdad y en nobleza. Nui 
en las novelas y en )a con 
tas pruebes de capacidad ] 
fectamente una fábula, p 
todo en el Persites, dond 
plan , no hoy composición 
tos. Rúmpenla desgraciad 
porlmios y desiguales, y i 
cordancia de los dos tono: 
teraativamente en la obra 
el efecto que deben prodi 
vdntessea tan superior en 
era lo que habla anunciai 
libulo magnifico y sorpn 
cuento. Falto también el 
que le dé peso , carece di 
tan estas invenciones para 
bres de juicio. Añádese, 
causa ver i CervAntes auti 
de la aslrologla judiciaria 
otras supersticiones grost 
dicen de la fuena y supe 
escribiú el Quijote. Por es 
dada en la clase de los libi 
y son pocos las que, dotai 
suelen repetir BU lectura. 
Has bay en él un man 
infinito , y es la dedicatorí 
su luz la bella alma de Cer 
tal hidropesia, su vida se 
finalizaba aquella novela, 
dia 18 de abril de 1616, 
Entonces, desahuciado de 
muerte, en la orilla deis 
hombres, entregados á la 
la indiferencia, lo olvidan I 
vántes tenia viva en su m< 
dsu bienhechor el conde 
segura escribiú aquella caí 
lequio el mas noble y pui 
grande ha recibido jan^ 
liniii el dit S3 del ni 



100 OBRAS COMPLETAS DE OON 

senla y ocho auos de su edad. Sus funerales fueron os- 
curos y pobres, como lo había sido su vida. Mandase 
enterrar en la iglesia de las monjas trinitarias, y hoy 
dia , confundida su tumba con las otras , no puede dis- 
tinguirse el sitio donde se debiera escribir : 

AOVl TACE MIGUEL DE CERTÁNTE8. 

Pero la indiferencia de su siglo, que pudo envolverle 
en esta triste oscuridad, no podia del mismo modo se- 
pultarle en el olvido^ y la posteridad, mucho mas justa, 
lia sabido desquitarle con ilimitada profusión de aque- 
llos indignos desaires. Nosotros vemos ahora, con igual 
satisfacción que maravilla, reunidas en él las prendas 
mas honoríficas de la especie humana, así como en el 
conjunto de los acontecimientos de su vida contem- 
plamos un espectáculo el mas propio para excitar la cu- 
riosidad y para ocupar la observación. Los infortunios 
de su juventud son llevados á colmo por su cautiverio 
en Argel. Alli, puesto en franquía por su misma des- 
ventura de toda traba y respeto social , y considerán- 
dose, á despecho de sus cadenas, libre y dueño de sí 
mismo, se pone en guerra abierta con ios bárbaros que 
le oprimen , y no cesa un momento de conspirar deno- 
dadamente para dar libertad no solo á sí propio, sino 
también á sus amigos y compañeros. Al paso que los 
proyectos atrevidos de evasión se repiten por él con 
mas arrojo , los peligros se amontonan sobre su cabeza, 
y los sacrificios que su misma actividad le prescribe 
se hacen cada vez mayores. Y ni su audacia se abate, 
ni su generosidad se cansa, aunque la flaqueza y per- 
fidia de sus cómplices le venda, aunque la ferocidad de 
los piratas mortalmente le amenace , aunque una des- 
gracia fatal rompa y desbarate todos sus designios. 
Cinco años pasan así luchando sin cesar con su mala 
suerte, conservando en medio de tantos afanes y cui- 
dados serenidad bastante para hacer oir la dulce voz 
de las musas en aquella inculta región , distrayendo y 
consolando con ellaá sus compañeros de servidumbre, 
y siendo un modelo de amistad y cortesanía con ellos, 
como de ardiente entusiasmo para con su patria. Vuelve, 
en On, á España, y su alma, echada otra vez en el molde 
estrecho de la sociedad antigua , y comprimida por las 
leyes , por las costumbres y por la etiqueta , parece que 
pierde aquel resorte de actividad y osadía que tan se- 
ñalado le hizo en el África. Pero lo que fué allá entre 
los bárbaros por su arrojo, lo será aquí éntrelos es- 
pañoles por su talento. El se alzará entre los demás 
como un gigante , y dará á la lengua y literatura cas- 
tellana su mas estimable joya. El Estado desatenderá 



MANUEL JOSÉ QUINTANA. 

sus servicios, los hombres de letras no solo desconoce* 
rán su preeminencia, roas ni aun querrán tratarle como 
á igual; la pobreza y estrechez le hostigarán toda su vi- 
da , y en medio de una vejez menesterosa la muerte le 
asaltará con una enfermedad larga y mortal desde sn 
principio. Mas el temple enérgico de su alma no se des- 
mentirá en estas pruebas, y Cervantes será siempre 
Cervantes. El mundo ideal creado por su imaginación 
briyante y risueña le consolará de los amargos desabri- 
mientos del mundo real en que vive ; el genio de la gra- 
cia y del donaire le cubrirá con sus alas hasta en los úl- 
timos momentos, y dándole á beber el presentimiento 
delicioso de su inmortalidad, le hará roas rícoy feliz que 
jamás lo fueron sus ingratos y altaneros contempo- 
ráneos. 

Hubo sin duda entonces , y las memorias del tiempo 
nos lo dicen, vanos pedantes, doctores desdeñosos, que 
le calificaban de ingenio lego, para denotar la grande di- 
ferencia que había de ellos á él; considerándole así co- 
mo un romancista vulgar, propio á lo mas para entre- 
tener ociosos y hacer reír en un libro. Esto en el mundo 
literario ; porque en el mundo civil , sin que documento 
ninguno del tiempo nos lo diga , necesariamente era 
peor, i Qué de veces^ presentándose en las casas de los 
proceres del mundo 6 délos opulentos publícanos, se 
le haría esperar largo tiempo en la antesala y se le re- 
dbiria como un importuno ! ¡ Cuántos no serían los que 
le negaban su lado en la plaza, los que esquivaban sn 
saludo en la calle I Y si preguntamos ahora por estos 
hombres nulos y soberbios, si vamos á saber cuándo 
existieron, ó si existieron por ventura alguna vez, no 
hallaremos mas que el profundo olvido en que yacen, 
y del que no se levantarán jamás , como si nacidos no 
fueran; mientras que aquel soldado pobre y desvalido, 
aquel escritor desairado, vive y vivirá en la memoria y 
admiración de las gentes con una gloria resplandeciente 
y sin fin. Para conocer sus facciones se multiplican las 
estampas, las medallas, las estatuas; para ilustrar su 
vida las investigaciones, los discursos , los elogios; las 
ediciones del Quijote se suceden á las ediciones, y la 
magnificencia de las nuevas eclipsa el lijyo brillante de 
las antiguas. El libro presenta cada dia nuevas fuentes 
de agrado y de placer, y cada dia los hombres mas re- 
conocidos y justos añaden nuevas palmas y coronas á 
su incomparable autor. Rara, honorífica porfía, y al 
mismo tiempo lección sublime, donde debemos apren- 
der que si el tiempo presente le disfrutan la fortuna y el 
poder, la posteridad es toda para el ingenio y para la 
virtud. 



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APÉNDICES. 



Yo aplaudo, como es debido, Is noble Intención j el 
prolijo esmero con que el último biógrafo de Cenrúntes 
ba procurado poner í salvo Ib$ relaciones de aprecia ; 
buena armuifa entre Lope de Vega y el autor de Don 
Quiote. Los testimonios recíprocos de estiinácion y aun 
de apiauao que una y otro se han dado en sos obras 
manifiestan de un modo indudable que los dos se res- 
petaban y se honraban en público, según correspondía 
i aa reputación y á su carácter. Has esto no basta para 
probar tan conrincentemente como se piensa que ja- 
más hubo entre ellos ni disgusto ni hostilidad ninguna. 
En el mayor cariño snele haber on enfado , en la ma- 
yor estimación una quiebra; el hombre mas bondadosa 
tiene alguna vez maJicia. El inocente y pacíGco La- 
fontaine hizo ei^gramas contra Despreaux; Pope com- 
puso versos contra Adisson, de ^en babla en sus 
obrai con tanta estimación, y también contra el Lord 
BolinglH^ke, i quien dedicó su admirable Eiaayo del 
hombre. Sin salir de España ni de la época y personas 
de que tratamos, Lope hizo versos contra Góngora y 
tuvo sns reyertas con Quevedo, y no por eso dejaron 
unos y otros de darse graudes alabanzas ea sus obras 
públicas. ¿Qué eitraño pues será que entre Lope y 
Cerváutes hubiese algún pique momentáneo, en que 
los chispas de su amor propio irritado sa manifeslaseo 
en versos picantes y satíricos , los cuates , destinados á 
no verla lus púbüu, no podían comprometer los res- 
petos qp6 uno fi otro se debian T 

Para A honor de los dos fuera mucho mejor que no 
hubiesen stUdo ue la oscuridad y olvido en que yacían 
estasmisenasdeJa Hufineza humana. Pero una vez que 
no ban podido esconderse día impertinente curiosidad 
de los que se deleitan en semejantes telarañas; una vez 
que han sido con tanta ímprudenda sacadas á la plaza 
dd mundo, fuerza es hablar do ellas, aunque no i-ia 
mas qne para coQtríboir encuantouno pueda á que iss 
cosas queden en su debida claridad. Se duda ai el so- 
neto de los Goales cortados costra Lope es de Cervan- 
tes ó de Góngora. Como esta composicioncílla no tiene 
nada qne pueda desdOTsr i qnlai la escribiese , ningún 
bconveniente hay en ponerla aquí también, como se 
btUa ea olnu|xirtcs : 



Betmano Lope , bórrane el soné* 
Con versos de Arlosto y Gardlo- 
Y la Biblia no tomes en la ma- 
Paes DUQcs de la Biblia dices le- 

Tamblen me borrarás la Diagoirie- 
y un librillo que UaiDan del Arcá- 
Con todo el comediaje j epila- 
y por ser mora , quemarás i Angé- 

Sabe Dios mi intendon con san Isl- 
Has puesto se me va por lo devo- 
B^fTane ea su lugar d pwegrl* 

Y en cuatro lenguas do me escdbu co- 
Pues supuesto qne escribea boberl- 
Te valdrán á sitender cuatro nació- 

Ni acabes de escribir la Jemsa- 
Bástale á la cuitada su traba- 

Que este soneto no es de Góngora lo percibe cual- 
quiera que lo considera sin prevención y tiene algún 
conocimiento de estilos. Compárense con él todos los 
sonetos satíricos que nos quedan del poeta cordobés , y 
no se hallará ninguno que poco oí mucho se le parezca. 
La mordacidad grosera, el desenfreno licencioso , la 
arrogancia y los bipórholes á que Góngora se abando- 
na, nada tienen que ver con la llaneza y claridad da 
estila , con la socarronería mnliciosa , y aun con la cir- 
cunspección que lucen en el soneto que se acaba de 
copiar, reducido á una sátira literaria, injusta si se 
quiere , pero que no sale de los limites de tal. Góngora 
además no escribió versos ningunos con los finales cor- 
tados, ni soneto con estrambote, y sería extraño por 
derto que solo una vez los usase, y esa contra Lope, que 
tampoco los usó nunca. Por estas razones es para mi 
de tode evideada que el soneto controvertido no es do 
Góngora. Asegurar que sea de Cervantes ya es otra co- 
sa; porque la prueba por el estilo, si es suficiente áv^ 
ees para negar , para afirmar no tiene la misma fuerza. 
Has si he de decúr lo que siento , aquel hermano Lope 
con que empieza el soneto, la voz comediaje, usada 
para calificar la indigesta mole de sus comedias, el ver- 
so too feliz Sabe J>ios mi inlencton eonianIti-;'jpoT 
último, el final pidiendo que no acabe de escribir La J^ 
niialen por compasión de lacuitada, que hartos trabajos 
tiene, me parece que no podían caerse de otra pluma 
que de la de Cervantes, ó á lo menos de quien quisifr- 
se imitar hieu su lutuiera. Pero ei ouiíUKEiMdalafil* 



OBRAS COMPLETAS DE DON 
onde BehallB este soneto, se le atribuye í 
bien atribuye á Lope la indecente con- 
:elesígue,y nadie se lo cree. Esta mis- 
in, dirigida contra Cervintes, le supone 
D contra Lope, 7 siendo, como es , un tes- 
leo , forma una prueba casi positiva de 
lida & las demás razones de probabilidad 
idas, dejan poco 6 nada que replicar. 
16 la pluma humilde mia 
iD satirio, b^eu 
íes premios 7 desgracias gnla 
(Cap. 4.}, 

de gI mismo en el Viaje al Parnaso, y 
in contrarío como decisivo para alejar la 
que el sooeto es suyo. Pero esta región 
iquf fué sin duda la de los UIkIos y dia- 
les, y no la de la sátira en general; porque 
ci6 á su placer cuanto quiso. ¿Por ven- 
\t Parnaso no es engran parle una sátira? 
>n Quijote? ¿No lo son muchas de las no- 
Btos Voló á Dios y Vimos en jidio, ¿qué 
sátiras picantes, la una de un beladron 
a, mas atrevida toduvla, contra el arma- 
' de los sevillanos con motivo de la inva- 
eses en Cádiz, y contra la soma del duque 
ir á ecbarlos de allí ? Por último, ¿es otra 
.{¡tira contra Elmayoruígo dudoso "¡Las 
■■ Bernardo del Carpió , comedias une y 
de Vega , este pusaje con que termina su 
idrode Urdemalas? 

1 que M acalu en casamiento , 
lun y vista cien mil veces ; 
uió la dama esta joma Ja, 
tiene el díüo ja sus liarbas, 
inte y feroz, ymala y hiende, 
le sns padres cierta injuria , 
lene a ser rey de nn cierto nM'no 
»j cosmografla qae le maesire. 
impertinraclas y otras tales 
3 cometHa libre ; suelta, etc. 

do el terceto alegado nada prueba, y Cer- 
sin perjuicio de iaprotesta que en élba- 
j soneto satírico contra Lope, 
era sido mejor no haber insistido tanto en 
; pero al íin en ella interviene el nombre 
, y por otra porte no deja de presentar, 
ino , su interés literario y auu moral . 

II. 



iza ver al mayor escritor de su tiempo alu- 
^rdiosero ; y muchos al considerar lo de&- 

atinado de los elogios que prodiga en su 
KUOj no queriendo sospechar subuenjui- 
ado á presumir si serian una especie de 

1 en desquite de las malicií* qrc cr; cDa- 



UANUEL JOSÉ QUmTAlU. 
versación privada se permitía sobre los mlnnas autores. 
De Lope dice que á su verso iJ prosa ninguno aven- 
taja , ni eun llega ; de Villamediana , que es el mas fa- 
moso de cuantos entre griegos y latinos ban consegui- 
do el laurel poético; de Cristól>aldeHesa,quee$ un 
propio trasuntode Apolo;deGúngofa,queno se sabe 
haya su igual en el orbe, y mas adelante, hablando del 
Polifemo , una de las obras mas viciosas de este poeta, 
dice: 

Dellanono le deis, dadle de corte, 

Estancias polifemas , al poeta 

Qne no os tuviese por su guia y noite. 
Inimitalileg sois, 7 i la discreta 

Gala que desculn'is en lo escondido 

Toda elegancia debe estar sujeta. 

Aprovechado qoedaria por cierto el que lomase por 
guíalas octavas del P<Ai(emo. Compadezcamos á Cer- 
vantes si escribía estas cosas de buena fe , y compadez* 
cámosle mas si las decia sin sentirlas. No se sabe qué 
pensar de este mania de alabar sin término ni concier- 
ta, que en sus últimos días llegú á ser una verdadero 
enfermedad. Quien le ve al fin del PersOes igualar tan 
grave y solemnemente á Francisco de Zarate con Tor- 
cuato Taso , y el poema de la invención de la Crus con 
el de la Jerusaien libertada, no puede menos de enco- 
gerse de hambros,y dudar si el autor de este dc^pro- 
púsíto se burla ó deÜra. Esl modtain rebut. 

III. 

Cobre 1m ven» de CtrrialM. 
Se dice en el tetto que tos esfuerzos de Cervantes 
para versificar no son del todo infructuosos en el Viaje 
al Parnaso. Hé aqui para ejemplo dos pasajes diver- 
sos en tono , y qae por la facilidad y el agrado que pre- 
sentan no parecen hechos por él. HaLila en el primero 
de la poesia : 

Puede pintar en la mitad del día 
La noche , y oi la noche mas oscura 
El alba bella que las perlas eñt. 

El cnrso de los rios apresura 
y loa detiene, el pecho i fttrla inelta 
y le reduce luego i mas blandura. 
Por mitad del rigor se precipita 
De las lucientes armas contrapuestas, 
y da Vitorias, y Vitorias quita. 

Veris cómo le prestan tas Oorestas 
Sus sombras, ysus cautos ios pastores, 
El mal sos lutos, y el placer sus fiestas ; 

Perlas el sur, Sabea sus olores. 
El oro Tlbar, Hibla su dalzura , 
Galis Hilan , ; Lusltania amores. 

(CiF.!.) 
Silvando recio 7 descargando d aire , 
Oini libro llegé de rimas tolas , 
Hechas al parecer corao al desgaire. 
Violas Apolo, y dijo cuando viúlaa: 
•Dios perdone 1 su auUr, 7 1 mi me guarde 
De algunas rim»s 'nclta; c-~pañn'a;. > 
tCap.*.) 



PATB PRIMERA. 
, f no pocos, se encuentran aqut y allá 
' deigual gusto; pero buenos como por 
ire aisladoSj y que do maDífiestaii rau- 
« en la pluma que los escribe. La can- 
mo en él í>cwi Quijote, donde liay bas- 
n y color, alguna otra composición 
*fl y el famoso soneto Yalo á Dios, no 
aueslras infelices de talento poético si 
tuvieran tantas otras compañeras que 
irte que se las mire son enteramente 
ellas mismas no csUn enteramente 
torpeza de ejecución , de este idea de 
:a que dan de sf generalmente las poe- 
.. Parece que él se pintaba á si mismo 
;uyo último verso es tan pintoresco y 

ras tü, i dicha, participe 

iTisimonnpoeiii, 

de sus versos sude y hlpet 

'esar, sin embargo, para no ser del to- 
as! como ó su »ida vagabunda y á sus 
IOS las excelentes obras que nos dejd, 
) malos versos debemos su bellísima 
laberse ejercitado tanto en hacerlos, 
I hubiera salido tan galana, tan bizarra 
Puédesela aplicar con propiedad el 
poeta de Horacio , y si Cervantes no 
I ningunos de los versos que compuso, 
ido ahora por su pro» que nadie po- 
ijores. 

IV. 



ita i una viuda simple , avarienta y de- 
je una alma del purgatorio en fonna 
j -.j» ... _....»Jo Tiene ¿ presentarse á ella departe 
de los parientes suyos muertos, á pedirla lo que nece- 
lílan para «olir de allí. 

Las almas del purgatorio 
Entrarun eo consistorio, 
E ordenaron las prudentes 
Que les hese i sus parientes 
Su ÍDBufíe mal notorio. 
HideroD qoe una tomase , 
De gran pradenda y cons^. 
Cuerpo de un honrado viejo, 

Y asi ai mundo se mostrase. 

Y una larga relación 

De lo qne tiene que hacer 
Para que puedan tener 
O ya alivio ó ya perdón. 
Yya esta cerca de aquJ... 
En oyendo qoe en »a lista 
Hay alguno en purgatorio 
Que en duras penas se alriita , 
No hay talego ni escrilorío 
Ni colre que se resista. 



- LITERATURA. 

Viene después Pedro dís 
poniendo que es et alma com 
cantidadesque necesitan lasi 
la dice que su marido pide ses 
renta y seis, su hya cincueni 
doblones, su (io catorce diici 
vo. Al Ucí^r aquí la viuda le 



Vil a en una s« 
Cut)ierta con uc 
De bronce, que 
V al pasarle por 
D^o : t Si es qui 
El dolor que aqi 
Tú , que vas al i 

y 



Aiain 



iacU 



Que es lui de aq 
La encendida ca 

Que apenas salii 
lli |>ena , cuando 
A darme Ireiala 
Por poner ella si 
En ser cuerda, ] 
InlUiitos otros vi 
Tus parientes y i 

Cuiles hay de di 
Cuáles de Diara> 

Que en entregan 
En estas grosers 
Con gozos altos ; 
Sus fuegos mas i 
Verás convertir • 
¡ Que seri ver á < 
Que por la regio 
Va un alma zapa 
Bailando con gn 
De esclava hechi 

No plegué i Dios que pretf 
menor duda en la ortodoxia d 
es harto fuerte, y prueba tín ( 
escritor cooservatu siempre s 
den cía. 

V. 

Sobra 1u obru lac Cetii 
Loitemanat detjardm, 
segunda porte de la Galatea 
ocupaba Cervantes al mismo 
que pensaba ir pubücando de 
Peñüe» tuvo la suerte de s 
nmertedel escritor; pero esp 
tuviese ja muy adelantada, v 



OBRAS COMPLETAS DE DON 
D el prólogo déla continuación del Quiote 
toda del Perñles. En Ul caso es de seolir 

f testamentarios no publicasen lo queque- 
inque imperfecto , como igualmente de las 
iciones, si de ellas resultaban fragmentos 
.. Los pensamientos , rasguños y bosquejos 
ntor son siempre de ud valta" inestimable 
ligentes, que encuentran frecuentemente 
de estudio y de admiración en ellos que 
os mas concluidos. Aal sucedería con los 
le informes, que tuviese GervánUs en sus 
En olios aprenderiamos lenguaje, estilo, 
, verdad; y también nosenseñaran gracia, 
idiera enseñarse. Sirva de ejemplo el frag- 
in saberse por qué, se ha puesto como un 
jDle del Persiíea. él es un pasaje aislado, 
ninguna directa ni indirecta con la obra 
la , y sin embargo , dos causa tanto placer 
dad y BU donaire. jGuántos otros iguabnen- 
ea , ú acaso mas , habría en los borradores 
a y de Las semana» deijardin! El modo 
■vántes da enlaiar y agrupar los lances y los 
lus fábulas, noslo da á entender bastanle- 
. hace sentir su pérdida con mas veras que 
jcumentos y noticias que da él se buscan y 
tran. Todo pereció, quizá por no liaberpa- 
1 útil de especulación ni i sus herederos ni 
e se encargó del PersiUs. Nueva prueba, 
'as muchas que pudieran amontonarse, de 
timos amigos de Cervantes ni sus contera- 
pieron estimarle en todo lo que él valia. 

VI. 

lUnta ttmotíto el urlclcr pirUciltt i* Cenintrí. 
de sus biógrafos le La pintado ¿ su modo, 
los convengan en los acontecimíentospríu- 
^ervdntesde Hayanses diverso algún tanto 
del de Pellicer, y el de Pelíicerdel de fía- 
a manera que en los retratos que de £1 se 
I, aunque los facciones y el conjunto déla 
mismo camino, ni el de Carmoaa se páre- 
nte al do Scima, ni el de Selma al de At- 
ausa de esta variedad consiste, i mi ver, eu 
«umeutosó relaciones coetáneas que, dán- 
a de sus liecbos y dichos parUcuIares en la 
, nos le pintasen al vivo. Pero el autor del 
>bre, oscura y poco apreciado, no podía 
[ase de coronistas. ¿Porqué couocemosal- 
Cerráutes de Argel que al de SevJHa y al 
Porque una feliz combinación de noticias 

mejor la época de su cautiverio que otra 
su vida. Los documontos de oficio uo pue- 
!ste vacio de que hablamos. Ellos Gjan de 
orto y seguro los pasos de la vida dril y 
escritor, mas no pintan su alma ni das á 

carácter, tina corla á uu amigo ó ú uaa 



HANIIEL )OSÉ QUINTANA. 

dama , una ocurrencia que se le escapase en cualquie- 
ra lance imprevisto, au modo de tratar babitualmeu- 
te con su familia, con sus amigos, con sus compa- 
ñeros de letras y con los superiores en dignidad, como 
ya se ha insinuado en el teito , harían mas en esta par- 
te y nos le manifestarian mas bien que las partidas de 
su bautismo, entierro y casamiento, y su corresponden- 
cia de oficio con la contaduría mayor. Aun ignoramos, 
y es muy posible que lo ignoremos para siempre, si 
era lestívo y burlón ensu trato como Itobdaís y Steme, 
ó serio y melancólico como Ariosto y como Moliere; 
cuál fué la ocasión inmediata que le dió la idea de Don 
Quijote; cuánto tiempo tardó realmente en componer- 
le, y cómo le componía; cuál fué la imprudencia que, 
según el mismo conliesa, le cortó su buena suerte l; y 
otras particularidades de esta naturaleza, que dicen 
mas relación con su persona, y por lo mismo son mas 
curiosas que las noticias de las gallinas que llevó en 
dote su mujer, y de las casasen que vivió. 

VII. 

Sobre el Vii^t tt PtnMt it Céur Ctponll. 
Esta obra se compone de solos dos capítulos, esti 
escrita en tercetos, como la de Cervantes, y en el mismo 
estilo cómico-burlesco, levantado á veces con descrip* 
clones poéticas, y animado otras con la sal de la sátira 
y del epigrama. El poeta tómala resolución de ir á Gre- 
cia á presentarse en la corte do Apolo , ya que, según 
dice, no podía hacer fortuna en las de Italia, 

Per colpa del áettin cattlvo, 
Poiehe, tignor, gramatíciinoderní 
Baimo dal ieeUaar tollo il dativo. 

CoDcsteíutentocompra una muía vieja que sírviiSda 
bagaje á un trompeta griego eu la expedición de Car- 
los VIH, se embarca en Ostia con ella, y por Ñápales, 
Sicilia y el Archipiélago va & desembarcar á Corínlo 
y se dirige al Parnaso. El Capricho le sube á su cima, 
y la Licencia poética le muestra el palacio de las musuf, 
construido alegóricamente do proposiciones, silogis- 
mos, pensamientos, exámetros, octavas, tercetos y 
canciones, á la manera que el navio de Mercurio en d 
Viaje espat'íol. Et poeta es regalado en la cocina por el 
Berna y otros poetas de orden inferior; y mientras que 
su demanda de ser admitido en la corle era examinada 
por el consistorio de los autores de primer orden, bú 
aquí que el Pegaso siente ala muía, y creyéndola yegua, 
va á acariciarla ; ella le recibe d coces ; el poeta salo 
con un palo & sosegarlos, y corriendo tras ellos, se sale 
del monte y no sabe cuándo volveráá entrar. 



1 Tú mltmo le lili forJidD In Tcntim, 
T JO te b« lisio alfaní tei te «ll> , 
Pero en el Imprndeite poca dure. 

iVtujt *¡ Painite, (if.t.i 



I jn'b tentó che il fungiré. 
RIO qaati indoiiine 
mié m' abanionaro, 
leban delle tpine. 
tatte dielro ¿ guel tomara 
trii, e corro aneora, 
¡arla e' i ripara. 
Ie¡ monte e ion fiara 
ipollo. 

iría del poema ilaliano se ve cuAd 
lol. Caporali versificaba mucho m&- 
ero tieüe que cederle, j con gran- 
ncion ; fantasía. El uno se propuso 
lete festivo y agradable; el otro nos 
ma éiñco burlesco, que ea fdbulas, 



-LITERATURA. 

máquina, episodios, canclíres, d 

macioQ no sufre compartcion niug 

Sin embargo de los defectos no 
Vitje al Parnaso de Cervantes se 
ble para los liombres de letras, lo 
dificultad de leerle una vez, vuel 
con utilidad; con gusto. Su inven 
dad y travesura, sus ocurrencias s 
tes, y las curiosas noticias que el au 
mo es inútil buscarlas en otra parí 
desear que se reimprimiese con m. 
aqu!, limpidndole de las muchas ] 
que hierve, aun en la edición de E 
curioso le ilustrase con notas opo 
cias de los escritores que eu él se i 
cando las alusiones que contiene. 



-ii'» 



•i"»*»*. 






ik 



MELEWDEZVALDES'. 



/o» itíai Inrt, iftai 
PlHferUluBiellamtiila 
UoeBaha , tí /ili4i fin 



i que necesariamente inspira la muerte de un hombre c 
t se la ve acompañada de penas y de infortunios. La ida 
is con el mérito eminente que los sirve y los ilustra , se va\ 
1 sus desgracias, y no suelen pesarse con bien exacta < 
cunstancias de la pérdida que se llora. Tal fué la situación de Helendez al 
Guadiana, educado y formado en el Tórmes, arrojado en su vejez por las 1 
esjúrai' en las orillas del Lez, reunía por sus talentos y por sus trabajos i 
interés y de compasión. Los que se encargaron en Frauda de anunciar su a 
rario lo hicieron con destreza y con sensibilidad para con el poeta , con i 
con su patria. Ella fué acusada de ingratitud , de abandono , y, lo que no pi 
de calumnia ). Pero entonces, propiamente hablando, en España no batí 
castellanas dieron, sin embargo, cantos y lágrimas á su muerte , y en los d 
igual interés y exaltación : el Gobierno mismo , que entonces no se señalab 
las letras, ni por su generosidad en recompensarlas, ni, en ñn, por su d 
suamó algún tanto con Helendez la aspereza y estrechez de su condicior 
gida y considerada como viuda do un magistrado español; y la edición ce 
fué mandada costear por el Estado en la imprenta del Gobierno : monumeni 
para el escritor , como mas duradero quo los mármoles y que los bronces. 
Esta edición es la que ahora se pubUca : nosotros, encargados de ella por 
al inmortal poeta que Is nación ba perdido , hemos creido que debía llevar i 
da mas extensa y puntual que las que se han publicado hasta ahora. Toda 
mentes auténticos y del testimonio de personas fidedignas que le trataroi 
viveu : asi estas pocas lineas que consagramos á su memoria tendrán poi 
otro mérito, el de k certeza y de la exactitud. 

' EsU notidí sall¿ al frente de li edición de Us poesías de Helendei hecha en la impre 
■ Ed an arlicnlo maj bien hecho que Be puso eolonces en el Mercurio de Frauda se 

elraagire, oubllé, ealomnUirotabUmempar ctux qui ne lardermtptu i reclamer mee em 

lemraueielqttiraeUHailre, u'm. 



NOTiaA HISTÓRICA Y LITERARIA DE MELÉ 



Don Jntn Melendez Vildís nacíd eo It vilU áe Itibert 
del FresDO,ol»qttdode Badajoz, íil de romo de 17B4. 
Sus padres fueron don Juan Antonio Uelendez , natural 
deliTÜlade Sdvaleon.y doaa Harta de los Angeles 
Diat Cacho, natural de Herida ; personas virtuosas las 
dos , y pertenecientes i faroitias nobles 7 bien acomo- 
dadas del pafs. Las felices disposiciones que notaron en 
ED hijo loa determinaron á destinarle á la carrera de los 
estadios, ; á proporcionarle la educación correspon- 
diente para que se avent^ase en ella. Apreadiú la lati- 
nidad en su patria, j la filosoGa eo Madrid , en las es- 
cuelas de los padres dominicos de Santo Tomas. Ya 
«itonces su genio apacible y dócil le hacia querer de 
ciuntos le conocían , j su aplicación y adelantamientos 
le granjeaban el aprecio de maestros y condiscípulos. 
Espetaba también á traspirar su afición á la poesía, 
aunque do todavía su ingenio y su buen gusto ; el res- 
taurador del Parnaso español bacía romances imitando 
á Gerardo Lobo, y conipooia versos á santo Tomas de 
Aquino para comi^cer á sus maestros. El mismo en los 
tiempoa de so gloría recordaba rienda estos primeros 
ensayos, y repetja pasajes de elk», en que seguramente 
no se anunciaba por ningún estilo el cantor de foJtío, 
de las artes 7 de las estrellas. 

Estudiada la filosona, ó lo que entwces se enseEaba 
calilo tal , aus padres te enviaron á Segovia por los años 
de J770 para que estuviese en compañía de su benna- 
BO don Esteban, secretario de cámara del obispo de 
aquella ciudad don Alraisa de Llanes, deado laminen 
suyo, annqae lejano. Alli fué donde, con las bnenas 
obrasque le proporcionaban su hermano, algunos ca- 
Ddnigos y el conde de Mansilla , adquirió aquella afi- 
ción á la lectura, aquella ansia de saber, y aquel gusto 
de adquirir libros, que puede Hamarse la pasión de toda 
n vida. El mismo prelado, satisfecha de su aplicación 
y (alentó, le envió á Salamanca en 4772 i seguir la 
carrera de leyes , y le amüió constantemente para que 
se sostuviese alli con el decoro y comodidad que con- 
vcsia. Sus adelantamientos en aquella facultad fueron 
consiguientes á este esmero y á estas esperanias. Hd- 
bodei siguió todos kw ciuios, gaud todos k» grados 
eic<disticoe, desde btchiBer bosta doclor;y olverel 
tocñmento con qne desempeñó todas loi pruebu y cer- 
Uoieiies de n carrera , nadie diriaqne ott el nilano 16- 
vm cuyi iflckn dicidida t It poÑfa ; Ironanidiiiei 
Un ya ibrióndoH camino iHn pootna ti &«itt« de ii 



Hallábase á la sazón en Salamam 
Ufllendes, don José Cadalso. A unos 
muñes pera la poesía y las letras , re 
célebre una erudición eitensa, un d( 
adquiere en el comercio del mundo ] 
fin, un celo por la gloria y adelanti 
tria , aprendida en la escuela y bajo 1 
virtud. Bondoso y apacible , cbÍstos( 
á veces satírico, sin rayar en maligni 
trato era amable é instructivo, bu coi 
príucipioB indulgentes yaeguros. Era 
en quo él se hacia tanto lugar en el n 
sus ErudUos i la violeta y por sus 
sucesivamente en los años de 72 y 7! 
cirse que de cuantos servicios hizo e: 
literatura , el mas eminente fué la t 
lendez. 

El conoció al instante el valor del 
llevó á su casa para vivir en su com 
discernir las bellezas y defectos de ni 
tiguos, le adiestró á imitarlos , y le 
camino para conocer la literatura de 
nes de Europa. Todavía le proporcio 
mas preciosa en el bermoso ejemplo q 
ú todos las escritores de mérito, de I 
la envidia, de cultivar las letras, sin d 
jczas y chocarrerías. Los elogios qn< 
digado ásus contemporáneos! en si 
i testimonio público de este noble cara 
I de Helendei , donde no hay una sola 
oí mérito ajeno, y su carrera lilerarí 
choque y combate , muestran cuánti 
en esta parle tos documentos de su n 

El género anacreóntico, en que C 
fué también el primero que cultivó 1 
dado aquelde los progresos que bacia 
ya en los frutos precoces de su mu 
Unta perfección, le aclamaba á boca 
cedor, y en prosa y verso le anunciab 
rador del buen gusto y de los buenos 
veraidad. Esta unían íntima y franca 
maestro se conservó Itasla la muert 
cedida, como todos saben, en el sitio ' 
beUa canción elegiaca que Helenda 
desffvcit Mti, mientru dure It ]eii{ 






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liO OBRAS COMPLETAS DE DON 

moDumento de amor y gratitud, como también un 
ejemplar de alta y bella poesía. 

A las instrucciones que recibió nuestro poeta de 
aquel insigne escritor ayudaban también el ejemplo y 
los consejos de otros hombres distinguidos , que resi- 
dían y estudiaban entonces en Salamanca. Empezaba 
ya á formarse aquella escuela de literatura , de filosofía 
y de buen gusto que desarrugó de pronto el ceño desa- 
brido y gótico de los estudios escolásticos, y abrió ia 
puerta á la luz que brillaba á la sazón en toda Europa. 
La aplicación á las lenguas sabias , así antiguas como 
modernas ; el adelantamiento en las matemáticas y ver- 
dadera física ; el conocimiento y gusto á las doctrinas 
políticas y demás buenas bases de una y otra jurispru- 
dencia ; el uso de los grandes modelos de la antigüedad, 
y la observación de la naturaleza para todas las artes de 
imaginación ; los buenos libros que saKan en todas par- 
tes , y que iban á Salamanca como á un centro de apli- 
cación y de saber; en fin, el ejercicio de una razón 
fuerte y vigorosa, independiente de los caprichos y tra- 
diciones abusivas de la autoridad, y de las redes capri- 
chosas de la soGstería y chariatanismo: todo esto se de- 
bió á aquella escuela, que ha producido desde entonces 
hasta ahora tan distinguidos jurisconsultos, filósofos y 
humanistas. Señalábanse en ella (no se hablará aquí 
mas que de los muertos para no ofender la modestia de 
los que aun viven) el maestro Zamora, autor de una 
gramática griega estimada; pero cuyo genio audaz, 
alma independiente y carácter franco y resuelto , le 
hacían todavía mas estimable que su libro ; don Gaspar 
de Cándame, catedrático de hebreo^ el tierno amigo de 
Melendez, á quien está dirigida la bellísima despedida 
que se lee entre sus epístolas; los dos agustinos Alba y 
González , aquel apreciado por su grande instrucción, 
su gusto delicado y su ática urbanidad , este por la bon- 
dad inagotable de su carácter, y su talento poético, en 
que hizo revivir á Luis de León ; en fin , el festivo Igle- 
sias, cuyos versos corren perlas manos de todo el mun- 
do, y que tan desigual á Melendez en la poesía noble y 
delicada, se ha hecho un nombre tan conocido y tan clá- 
sico por sus epigramas y sus letrillas. 

Estos fueron los principales amigos y compañeros de 
la juventud de Melendez, los que con su ejemplo y sus 
consejos vigorizaron su razón y enriquecieron su ta- 
lento. Mas el hombre que, aunque ausente, contribuyó 
tal vez mas que otro alguno á su adelantamiento fué el 
insigne Jovellanos. Hallábase entonces en Sevilla y mi- 
nistro de su audiencia, cultivando las musas, la filoso- 
fía y las letras con el ardor generoso que toda la vida 
empleó en este noble ejercicio, y como preparándose á 
la carrera que después siguió con tanta gloría. Llega- 
ron á su noticia los trabajos de los poetas salmantinos, 
por medio del padre Miguel Miras, religioso de San 
Agustín y acreditado predicador, quien le puso en co- 
municación con el maestro González^ y después este 
con Melendez. 

Consérvase todavía una gran parte de aquella pri- 



MANÜEL JOSÉ QUINTANA. 

mera correspondencia, monumento precioso en que se 
ven retratados al vivo el candor, la modestia y senti- 
mientos virtuosos del poeta, la marcha alternativa de 
sus estudios, las diferentes tentativas en que ensayaba 
su talento, y sobre todo, el respeto profundo y casi ido- 
latría con que veneraba á su Mecenas. Allí se ve de qué 
manera empleaba su tiempo y cómo vanaba sus tareas. 
Aplicóse en un principio á la lengua griega , y empezó á 
ensayarse á traducir en verso á Homero y á Teócrito; 
pero conociendo la inmensa dificultad de la empresa, 
y no estimulado á ella por la inclinación de su talento, 
la abandonó muy luego. Después se dedicó al inglés, 
lengua y literatura á que decia tener una inclinación 
excesiva, añadiendo que al Ensayo sobre él entendió 
miento humano debería toda su vida lo poco que su- 
piese discurrir. Seguía entre tanto escribiendo y fop- 
tiíicando su ingenio con la composición de sus ana- 
creónticas y romances; y como su amigo le exhortase al 
parecer á empresas mayores, él se excusaba modesta- 
mente, diciendo : « En lo demás no tiene usía que espe- 
rar de mí nada bueno. Los poemas épicos físicos ó 
morales piden mucha edad , mas estudio y muchísimo 
genio, y yo nada tengo de esto, ni podré tenerlo jamás.» 

Según le iban cayendo los buenos libros á la mano, 
así los iba leyendo y formando su juicio sobre ellos, 
que al instante dirigía á su amigo. Ei Tratado de edu- 
cación, de Locke; el Emilio; el Anti-Lucrecio, del car- 
denal de Polígnac; el Belisario, de Marmontel; la 7>o- 
dicea, de Leibnizt; el inmortal Espíritu de las leyes;\a 
obra excelente de Wattel, con otros muchos libros igual- 
mente célebres , eran el objeto de esta correspondencia 
epistolar, que manifiesta la severídad é importancia 
que ponía en sus lecturas aquel joven que al mismo 
tiempo manejaba tan diestramente el laúd de Tíbulo y 
la lira de Anacreonte. Convencido déla máxima de Ho- 
racio, que el príncipio y fuente del buen decir son la 
filosofía y el saber, no se saciaba de aprender y de estu- 
diar; y en sus lecturas, en sus cartas, en sus conver- 
saciones, por todos los medios posibles, trataba de ad- 
quirir y aumentar aquel caudal de ideas que tanto con- 
tribuye á la perfección hasta en los géneros mas tenues 
del arte de escribir, y sin el cual los versos mas nume- 
rosos no son otra cosa que frivolos sonsonetes. 

Estos estudios, unidos á los que le obligaba su car* 
rera escolástica y el grado á que aspiraba, llegaron á 
minar su salud , produciéndole una destilación ardiente 
al pecho, que le hacia á veces arrojar sangre por la bo* 
ca. Duróle este achaque mas de un año; la calentura 
empezó á declararse, los médicos adelantaban poco, y 
sus amigos llegaron ya á desconfiar de su vida. Jovella- 
nos le convidaba á Sevilla, á ver si con la templanza y 
abrigo de aquel clima se atajaban los progresos del mal 
y su salud se reponía. El se negó á esta invitación ; pero 
suspendiendo sus tareas, y tomando un régimen dieté- 
tico apropiado á su estado, y observado rigurosamente 
por mucho tiempo, empezó á ganar terreno. £1 mode- 
rado ejercicio que hacia á las orillas del Tórmes le acabó 



fARTE PRIMERA.- 
Ertn estos paseos frecuCDtemenle 
, d quien ya liabian tlugado los es- 
de Gesner y de Saint-Lambert, se 
flcúsUimbnS entonces á observar la naturaleza en los 
campos, al modo de estos poetas , y su afición y talento 
para la poesía descriptiva se empezaron i desenvolver. 
Ptir manera que i esta ddcncia y ú estos paseos en la so- 
ledad se deben las riquezas exquisitas con que en esta 
parte ^igalanii nuestro escritor las musas castellanas. 
Tuvo después otro contratiempo, que él siatiú mas 
que su enrrnnedad, y era en efeclo mas irreparable. Su 
bermaao don Esteban adoleció (^vemente en Segovia. 
Huertos como eran ya sus padres, él era su protector, 
sa amigo, su hermano; él podía decirse que le había 
criado , y d él debía las primeras semillas de la virtud y 
de la sabiduría. Voló pues at iostaate á cumplir con su 
obligación, á asistirle ú á morir, como £1 decía, de do- 
lor á su lado. Llegó , y i pesar de las esperanzas que al 
principio diú una falsa mejoría , aquel respetable ecle- 
siástico falleció á pocos días (en 4 de junio de 1777), 
dejando d su hermano huérfano , desvalido , abandonr.- 
do é su íugenio y á sus recursos. Sintió eitremada- 
meoleMelendez este golpe de fortuna, porque además 
del entrañable amor que los dos bermaoos se tenían, 
contemplaba el desamparo en que quedaba. El aspecto 
de la escena del mundo que se abría delante de él , y en 
que iba d entrar sin guia y sin apoyo, le estremecía de 
terror. Vinieron los consuelos de sus amigos d aUviarle 
eusuamargura.JovelIanos especialmente volvió á ofre- 
cerle su casa y sus socorros ; pero Helendez, desha- 
ciéndose en expresiones de ternura y de agradedmíen- 
to, rehusó segunda vez prestarse á su generosidad. La 
protección del obispo de Segovia, las conexiones que 
tenia ya en Salamanca, la dirección dada d sos estudios 
m aquella universidad , todo le separaba de trasladarse 
(Sevilla; quizá también el noble sentimiento de la in- 
dependencia , poco airosa siempre cuando se vive d 
costa de otro , aunque sea un amigo. Su corto patrimo- 
mo le bastaba para llegar al fin de sos estudios, ; «la ley 
vmisma de la amistad , escribía él entonces i su (bvo- 
nrecedor,que nos manda que nos Talgamos del amigo 
Denla necesidad, manda también que sin ella no abu- 
nsemos de su confianza». 

El estudio, d que se volvió d entregar con mas inten- 
(¡tm que nunca , fué una distracción poderosa de su 
amargura ; y el tiempo , como suele , acabó al fin de di- 
(iparla.Dlúseenloncesála lectura y estudio de los poe- 
tas ingleses. Pope y Young le encantaban : del primero 
decía a que valían mas cuatro versos del Entayo sobre 
el hombre, y mas enseñaban y mas alabanza mere- 
cían, que todos las composiciones suyas» . Al segundo 
tret6deimítar,y de hecho lo hizo en la canción inti- 
tuladi La noche y la Kiedai. Has su desconfianza era 
eitremada,yal remitir estepoemaá su amigo le decie 
connnamodertiB, í todas luce* eicesive, qa« aquella 
eaodon al lado de las Ñotíni en nu coropo«icion lán- 
gnidBr niiDonldAdÍ,napeiuaiDÍ<aUifTUlgtr«B, fu 



-LITERATURA. 111 

pinturas poco vivas, y los arreliatamíentoa fríos. El de- 
tractor mas encarnizado del poeta no le hubiera tratado 
con mas rigor', y aunque aquella canción d la verdad se 
resiente de la juvenUid del escritor, cuya musa no tenía 
Dim vigor suficiente para asuntos de es ta naturaleza, to- 
davía hay elli bastantes bellezas de expresión, de versi- 
ficación y de estilo, para no merecer una censura tan 
agria como la que su mismo autor bacía de ella. 

Entre tanto se acercaba la época en que iba d coger 
las palmas debidas d tanta aplicación y d estudios tan 
seguidos. Habíala Academia Española abierto ya el cnnH 
po d la emulación de nuestros ingenios con los premios 
que anunlmenle distribuía i las obras mas dístmguidas 
de poesía y de elocuencia, cuyos asuntos proponía ella 
misma. En el primer concurso no se sintió con bastan- 
tes fuerzas para entrar en la palestra; en el segundo lo 
detuvo la aversión que tenia al romance endecasílabo, 
clase de versificación que aborrecía, consiilerdndola 
como producto del mal gusto del siglo anterior, y en 
que no se creía capaz de componer ni un cuarteto. Mas 
cuando la Academia en la tercera concurrencia propu- 
so por argumento la felicidad de la vida del campo en 
una égloga, Helendez, que se vio en su elemento , entró 
animoso en la lid, con las esperanzas que le daban el ca- 
rdclor do su talento y sus excelentes estudios ; y era bien 
difícil , por cierto, que sus numerosos rivales le arranca- 
sen el lauro de la victoria. 

Descollaba entre ellos un hombre que , por la corte- 
sanía de su trato , por la variedad de sus talentos, por * 
BU aplicación laudable y sus escritos, sa había adquirido 
un lugar eminente en hi sociedad y en las letras. Criti- 
co ingenioso y sagaz, escritor puro, urbano y elegante, 
su juicio era sano y seguro , su erudición grande y esco- 
gida. Si á estos dones se añaden el talento decidido 
para la música, sus conocimientos profundos en este 
arte , la gracia y felicidad para la conversación , sus co- 
nexiones con las primeras clases de la sociedad, donde 
en altamente eslimado y acogido ; en fin , la celebridad 
que ya tenía por su poema sobra le música , su traduc- 
ción del ^rícpoeítca de Horacio y otras obras entonces 
apreciadas, se vendrí en conocimiento que un con- 
currente de esta clase debía ser do mucho peso en bi 
balanza y poner en duda el vencimiento, 

MasJríarte no podía daré sus versos aquel colorida 
y armonía que constituyen la poesía de estilo, y que es 
bija necesaria de una fantasía vivaz y de una sensibili- 
dad exquisita y delicada : prendas que absolutamente le 
faltaban. El liizouna composición que tiene mas aire de 
disertación que de égloga , mientras que la de su rival, 
según la Feliz expresión de uno de losjueces del con- 
curso , a olía toda d tomillo * s . Los pastores de Iríarle 
controvierten su argumento , y uno de ellos da d su com- 
pañero tma lección de economía doméstica, y anuda 
moral ; los da Helendez sienten , y la expnsion de su 
MBtimiento y de sa alegría, becha en vertos delicados, 
fddleí, elegantes y itrdadsruDeate bucólico*, u e) 

1 Boa AaloBlo Ttfliit 



i\2 OBRAS COMPLETAS DE DON 

mas bello elogio de la naturaleza campestre y de la vida 
que se disfruta eu ella. Batilo pues fué coronado por la 
Academia y y los aplausos del mundo literario que le han 
seguido hasta ahora, y le seguirán probablemente mien- 
tras dure la poesía castellana , han respondido harto de- 
cisivamente á la crítica injusta y ligera que el despecho 
de ser vencido arrancó entonces á Iriarte. 

El aiío siguiente ( i78i ) vino Melendez ¿ Madrid. Su 
amigo Jovellanosy que habia sido promovido desde la 
audiencia de Sevilla á alcalde de Casa y Corle, y des- 
pués á consejero de Ordenes, hacia ya tres años que se 
hallaba en esta capital, y Melendez tuvo entonces el 
gusto de abrazarle y conocerle por primera vez. PreseiH 
tábase á él adornadas las sienes con una corona poética, 
y logrado un triunfo en el primer paso que daba en la 
carrera. Jovellanos, que tanta parte tenia en esta gloria, 
y que vio llenas ias esperanzas que se habia prometido 
en su talento, le recibió con la mayor ternura , le ho»* 
pedo en su casa, le hizo conocer de todos sus amigos, 
y le proporcionó al instante la ocasicm de coger otros 
nuevos laureles. 

Era costumbre de la academia de San Femando dar 
la mayor solemnidad á las juntas trienales que celebra- 
ba para la distribución desús premios. La elocuencia, 
la poesía y la música se esmeraban á porfía en obsequiar 
á las artes del dibujo, dando así aparato y lucimiento á 
aquellas magníficas concurrencias. Ibaseú celebrar en- 
tonces junta trienal. Jovelianos debia leer un discurso, 
y Melendez fué convidado á ejercitar su ingenio sobre 
el mismo argumento. Era esta una especie de prueba 
no menos ilustre é importante, si no tan empeñada co- 
mo la primera. Luzan , Montiano , Huerta , don Juan de 
Iriarte y otros escritores señalados habían dado allí el 
tributo de su alabanza poética, cada uno en forma y 
composiciones diversas , según la diferencia respectiva 
de su ingenio y de su fuerza. Nadie pudo presumir en- 
tonces que el alumno de Gesner y de Garciiaso tuviese 
resolución para dejar la avena pastoril , y tomar atrevi- 
damente la lira de Píndaroen sus manos. Mas al verle 
en aquella hermosa oda cantar la gloría de las artes con 
un entusiasmo tan sostenido y tan igual , describir con 
tanta inteligencia como elegancia los monumentos clá- 
sicos del cincel- antiguo, dar en sus bellos versos realce 
y brillo á los pensamientos de Winckolman, con quien 
manifiestamente lucha; ensalzar la nobleza y dignidad 
del ingenio humano, que sabe elevarse á tanta altura; 
y por último, sostenerse en un vuelo tan dilatado sin 
desmayar, sin decaer, sin que se confundan ni alteren 
las formas regulares del plan con la energía y el des- 
V ahogo de la ejecución, y en una poesía de estilo tan 
perfecta y acabada; al ver pues reunidas tantas clases 
de mérito en una composición sola, cuantos la oyeron, 
cuantos la leyeron , quedaron pasmados de admiración, 
y tributando al poeta los aplausos debidosá su eminente 
talento, pusieron en su Urente k corona que nadie ha 
podido ni antes ni después dispoteile* 

Bq medio de estas satisfaccionei tuto tiinbiai la de 



f 



MANUEL JOSÉ QUINTANA. 

obtener la cátedra de prima de humanidades de su uni- 
versidad, que habia sustituido algún tiempo y á que 
tenia hecha oposición. Al año siguiente de 82 recibió el 
grado de licenciado en leyes , y el de doctor en el inme- 
diato de 83. En este mismo año, y poco antes de reci- 
bir el último grado, habia contraído matrimonio con 
doña María Andrea de Coca y Figueroa , señora natural 
de Salamanca é hija de una de las familias distingui- 
das de la ciudad. Pero como la cátedra apenas le daba 
ocupación , y de su casamiento no tuvo hijos^ el poeta, 
á pesar de haber tomado estado y colocacimí , quedó li- 
bre para seguir sus estudios favoritos y entregarse en- 
teramente á la filosoña y á las letras. 

El ajuste definitivo de la paz con íngfaterra y el naci- 
miento de dos infantes gemelos , con que se creyó ase- 
gurada la sucesión á la corona , malograda en otros dos 
infantes que hablan muerto anteriormente, dieron oca- 
sión á las magníficas fiestas que preparó la villa de Ma- 
drid en el año de 84 para solemnizar estos sucesos. 
Abrióse concurso' á los poetas españoles para que pre- 
sentasen en el término de sesenta dias composiciones 
dramáticas que fuesen originales, capaces de pompv 
y ornato teatral, y apropiadas al objeto de la solemni- 
dad , ofreciendo premiar las dos que mas sobresaliesen. 
Entre cincuenta y siete dramas de todas clases que se 
presentaron, obtuvieron el premio £(» bodas de Camch- 
cho él rico, de Melendez, y Los Menestrales, de don 
Cándido María Trigueros , que fueron representadas 
con toda pompa y aparato, la primera en el teatro de la 
Cruz, y la segunda en el del Príncipe. Mas el éxito no 
correspondió al crédito de sus autores, á la decisión de 
los jueces ni á la espectacion del público. No hablare- 
mos aquí de la obra de Trigueros, condenada desde en- 
tonces al olvido , de que no se levantará jamás; pero la 
pastoral de Melendez, á pesar de las inmensas ventajas 
(]ue podían dar al escritor su práctica y su talento para 
esta clase de estilo, tuvo desgraciadamente que luchar 
con el doble inconveniente del género y del asunto. 

Estrecho en sus límites, sencillo en sus pasiones y 
costumbres, uniforme en los objetos en que se emplea, 
el drama pastoral no puede nunca presentar por sí solo 
el interés necesario para sostenerse en el teatro. A 
fuerza de belleza y de elegajacia en el estilo , en los ver- 
sos y en el diálogo, puede interesar y hacerse leer el 
Aminta, primero y único modelo de este género de 
poesía. Guarini , que después quiso darle mayor fuer- 
za y complicación en su Pastor Fido, le desnaturalizó, 
y produjo una especie de monstruo, á que dio el nom- 
bre de tragi-comedia , y cuyos defectos apenas pue- 
den salvarse con el lujo de ingenio y galas poéticas que 
prodigó en él. Los demás que han seguido sus huellas 
se han perdido sin poderlos alcanzar : de manera que 
puede sentarse por máxima que estos dramas, si han 
de ser pastoriles, no pueden ser teatrales ^ y si se los 
hace teatrales, dejan de ser pastoriles. 

Melendez se perdió también como tantos otros, y 
osta desgracia la debió en mucha parte á la mala eleo- 



sisado tal su calor en esta parle, que tenia extendido 
el plan y eicitado i sus amigos á ponerle en ejecución. 
Melendez s« coraprometiú í ella, tal ?ei con demasiada 
ligereza, ; creyó baberllegado el caso cuando se anun- 
ció d concurso por la villa de Mad^d. Se ignora hasta 
qué punto el plan de su pastoral se conforinó con el de 
su amigo, ^ero es cierto quenada tiene de interesante 
ni de Ducvo. Cervantes en su episodio liabia pintado 
unos labradoresrícosde la Mancha, y la magistral ver- 
dad de su pincel los retrata tan al vivo , que nos parece 
verles y Ifalarlos. De estos personajes y costumbres 
tau conocidas bacer pastores de Arcadia ó de siglo de 
uro, como era necesario para que cuadrasen con ellos 
l>s eipresíones y los sentimientos que se les presten, 
ora ya equivocar la semejanza y desnaturalizar el cua- 
dro. Vienen, en fin,á acabarle de desentonar las dos 
Gguras grotescas de Don Quijote y Sancbo, porque ni 
sus manías ni su lenguaje ni su posición se ligan en 
modo alguno con los demás personajes. Si ú esto se 
añade la temeridad de bacerles bablar y obrar sin 
tener el ingenio y la imaginación de Cervantes para 
ello, se verá bien clara la causa de no haber encontrado 
Las bodta de Camacho una buena acogida ante el pú- 
blico, que las oyó entonces fríamente y no las ba vuelto 
á pedir mas. Este fallo parece justo y sin apelación. 
Sin embargo, eu los trozos que iiay verdaderamente 
pastoriles, ¡qué pureza no se advierte en la dicción, 
qué dulzura y fluidez en los versos , qué verdad en las 
imjgenes, qué ternura en los afectos 1 Loscorossolos, 
por su incomparable belleza y por la riqueza de su poe- 
sía llevarán adelante esta pieza con los demás versos de 
Melendez, yatesfa'guaránála posteridad que si el es- 
critor dramático habia sido infeliz en su ensayo, el 
po«ta lírico no habia perdido ninguna de sus ventajas i. 
Los detractores de Melendez se guardaban bien de 
hacer esta justicia á las prendas poéticas de su estilo^ 
yapoysdos en el poco favorable éxito que la pieza ha- 
bia tenido en el teatro , y de la especie de afectación 
que resultaba del continuo uso de arcaísmos y formas 
líricas, á la verdad no muy propias del diálogo teatral, 
disptnlwD contra él y contra su compañero el diluvio 
de epigramas que el despecho de su desaire les suge- 
ria. La mayor parte habían concurrido al premio que no 
habían podido conseguir. Pero de estas satíríllas solo 
W conservan en la memoria de los curiosos algún otro 
«meto de Iriarte y del marqués de Palacios, cuyo mé- 
rito es ya bastante pora justificar esta especie de prefe- 
rencia. 

> Ta as ii|)a tniea de MdeiidEi ic bibit t«prcstDta4a en el 
iMIro holiidít ID) eomedli con el lllulo da ¡¡en Qtijitle en lat 
t*imt ie Ctmtdu. Su inlor , Lin^ndit , tcnit dleí j aelí iBoi 
nasjo laeKTibld, ; despnéa la meJoTd anta , iine bi il<ldo en 
li eaetu por micbo ttempo. No b> ilde poilble idi|nlrlrli, pin 
MiiV*'*ile toa I* okr* eipalotí j dar (Ignni Idet i» la MMpMl- 
MB:«»prob)til*|at •BudaiepTeicinaiikiotn. 



TESU 

ilendi 
icand 

[ato é 
í su repul 
de el mom 
no tenia ej 
legítima ^ 
tan te. Hoi 
6 indocto; 
todos apn 
fia. Quién 
de las anc 
eiquisito i 
ramenle [ 
anima y et 
amantesd 
llzmente s 
de Herrén 
ludnron al 
lellnnas, ; 
sáico y tr¡i 
nuestro Pi 
ncsdelre 
«ítraiijero 
doctos jesi 
de oucstrc 
rides de R 
B(]uel librí 
daderospi 
hieratura 
se liicieroi 
lajuvcntu 
de modo ( 
porunlibi 
de gusto ¡ 
Estos ti 
por Helen 
y de activi 
talento se 
puta ni ci 
liante y es 
Cuando s« 
de la publ 
bra el ínc 
vigor con 
onlostiei 
los III. El 
publicaba 
¡as mcmo] 
tos cientf I 
cia que p 
reformas 
des, eu li 
formes co 
el aspecto 
canales, 
levantaba 



OBRAS COMPLETAS DE DON MANUEL JOSÉ QUINTANA. 



cmh qne prometía, continuiila, los mayores progresos 
cion española. Hnbia tal Tez de- 
erarías, tal vei do se seguía en el 
ites ramos en que está cifrada la 
orden que la naturaleza prescri- 
) del edificio un cuidada y un e^* 
RiesimperiosamentesuscimicD- 
ita del honor que se merece una 
de tanto ardor, de tanta aplica- 
os disfrutamos lodaila al cabo do 
(traos estado gastando sin cesar, 

reponer. 

s fué cuando Helendez se hizo 
gar tan preferente, y este lugar 
es ineptos 6 medianos : eran los 
imanes, los Tavíras, los Rodas, 
! apoyo unos y otros del Estado, 
! letras. Después de pasar el in- 
s de la universidad y de su cále- 
ir en el verano de las delicias de 
sus amigos sus nuevos trabajos, 
y á disfrutar del cariño y aprecio 
e le tributaba. La dulzura de su 
ubres, un no sé qué de infantil 
rsacion y en sus modales, en que 
inas llamaradas de entusiasmo y 
r, que por lo mismo sorprendían 
facilidad de su trato, y puede de- 
locilidad, le adquirían amigos y 
in parecer el niño mimado de la 
as. 

¡era sabido 6 podido prolongar 
do de su vida I La ambición civil 

1 literaria , y otra situación trajo 
ue sus negocios particulares lo 
:ansase de oír & algún necio que 
i hacer coplas , sea , en fin , que 
sideración en el mundo, que rara 
tAos los hombres de letras en Es- 
' hiego de haber publicadosu pri- 
olicilar un destino en la magis- 
ibieron estremecerse al verle to- 
mucho mas de vérsela cumplir. 
1789 pera una plaza de alcalde 
Dcia de Zaragoza , y tomado po- 
nbre del mismo año, sus trabajas 

literarios, toda aquella ameni- 
e antes le llenaba , debié ceder & 
ites, de mayor trascendencia y 

gual y robusto para la carga que 
s hombros; y el foro español de- 
entre sus mas dignos magistra- 
os que había hecho para instruir- 
) eicelentes libros de legislación, 
ola con qna había Tigorizado su 
I ponían á la par con cualquiera 



de los que se hubiesen dedicado exclusivamente tt «8- 
ludio del derecho. Y si después se observan su punluat 
asistencia al tribunal , su celo en transigir y componer 
amigablemente [as querellas de los litigantes, su alahi- 
hdad y franqueza para oírlos, el interés humano y com- 
pasivo con que visitaba i los presos, aceleraba sus cau- 
sas, y les repartía socorros; su vigilancia en el buen ir- 
denypolícla; enGn, su incomiptibla integridad, ysn 
inseparable adhesión ú la justicia, prendas y virtudes 
todas que aun recuerdan Zaragoza y Valladolid con 
aplauso y gratitud, so convendrá ficilmente en que Me- 
lendez no era menos digno de respeto como hombre pú- 
blico que de admiración como poeta. 

Promovido á oidor de la chancíllerfa de Valladolid 
en 1791 , fué comisionado poco tiempo después por el 
consejo de Castilla para la reunían de cinco hospitales 
en Ávila de los Caballeros. La independencia que cada 
uno de ellos pretendía , y la repugnancia & sacriGcar su 
interés particular al general que debía resultar de la 
reunión , hizo embarazoso este encargo , que costó i 
Uelendez muchas fatigasy disgustos, un víajeá Madrid 
y dos enfermedades, de que estuvo muy á peligro. Estos 
contratiempos le hicieron restituirse á Valladolid, don- 
de, alternando las graves ocupaciones de su deslino 
con el trato de sus amigos , y alguna vez con el de las 
letras, permaneció hasta 1797, en que fué nombrado 
Gscal de la aala de alcaldes de Casa y Corte. 

Había el poeta guardado silencio desde que poblicj 
el primer tomo de sus obras hasta esta última época. 
Solas dos veces le había roto : la primera enviando una 
oda á la academia de San Femando pora la distribución 
depremiosdelañode87,ylasegunda, con una epís- 
tola á su amigo don Eugenio Lleguno , cuando fné he- 
cho ministro de Gracia y Justicia en 179*. En esta se- 
gunda oda á las artes se advirtió una alteración notable 
en el estilo ; el cual, si bien menos perfecto y esmerado 
que en ta primera , babia adquirido una firmeza, tuia 
rapidez y una audaóa no conocidas antes en el autor, 
ni usadas después por él . En la epístola es cierto que e! 
incienso prodigado al poder descontentó á los amantes 
de la dignidad é independencia literaria; pero no hubo 
nadie que no aplaudiese al generoso y bellisimo re- 
cuerdo hecho allí de lovellanos i , á la censura rigo- 
rosa y justa de las universidades, y & otras enéticas y 

■ EiUbt entonces aquel [Dada bombra en deignelí ée ü 
corU, ] dcilemdo bajo no preteilo bonroM i Gljon : en pnei 
bien liDdible en Uleí circnniUBci» hiblar d» fl f F«air in 
tnelu , tamo lo hlio en los lereo* tignientei : 

DiLe, jt (Ir t mi imigg* estos, 

Til cirpeotiDainelo, iqDelqne, ea nobl* 

Si uto ardor encendido, noehe j dli 

Tnbiji por li pitrla ; nro ejemplo 

De ilU Tlrlad r de tiber profando... 

Díbile mi imlslid lin insplndi 

Jntu deniDdi , j tnbird In nombra 

De nneTO , dulce tnlao , il ilto cielo. 

Td l« uBottt, j aa tnt boiabroi pnedu 

Vo len píete de li enonna ctrp 

Libnr Kguro ea que oprimido (Imei. 



PARTE PRIMEBA, 
laban á la autondad; todo en 
' elegante , y en versos magi^ 
; estas maestras , eo que ya se 
vü nnida la madurez del talento con la robustez de la 
nnm, hadan desear cada vez mas la continuación de 
hspoesfas, ofrecida cuando dio á luz el primer toma. 
Su nuera carrera se lo había estorbado ; pero al fin, te- 
meodo algún nías' tiempo en Vailaiiolid, obligado en 
aerto modo por aquella promesa , y estimulado por sus 
imigos, puso en orden y corrigid sus manuscritos, y 
reimprimió el tomo primero, añadiéndole otros dos, 
qne fueron publicados en Valladolid en aquel año de 97. 
Solió esta edición enriquecida con un crecido nú- 
mero de poesías de muy diferente gusto y estilo que las 
primeras, porque el poeta babia levantado su ingenio 
i li ailura de su siglo ; y los objetos mas grandes de la 
mluraleza , las verdades mas augustas de la religión y 
déla mora], eran el argumento de sus cantos. Trozos 
descriptivos de un orden superior, elegías fuertes y pa- 
téticas, odas grandiosasy elevadas, discursos y epísto- 
las lilosóltcas y moralce , en que el escritor toma alter- 
nativamente el tono de Pindaro, de Horacio, de Thom- 
Mo y de Pope, y saca de la lira española acentos no 
aprendidos antes de ella , ennoblecen esta colección, y 
hrecomiendan igualmente á los ojos del filósofo y del 
político que del humanista y del poeta. 

Mas á pesor de su relevante mérito, y í pesar también 
de los bien merecidos elogios que de Italia y de Francia 
se uuicron á los de España para congratular al autor, 
esfuerza confesar que la aceptación que tuvieron estas 
poesías no fué tan grande ni tan general como la que 
baUan logrado los primeras. La época, en primer lugar, 
BOera tan á propósito para esta clase de triunfos lite- 
rarios; la atención de los hombres se tiabia vuelto casi 
eictusivamenteálos sucesos políticos, que, amenazando 
tnstomar la faz de la Europa toda, no dejaban apenas 
otro interesa la imaginación quo el de los temores ó e^ 
pcranzas que ellos prometían. Aun cuando esta dispo- 
údon de ánimos fuese diferente, no era de esperar 
tampoco no efecto tan feliz como el de la publicación 
primera , mucho mas habiendo mediado tanlo tiempo 
enlre una y otra. Los asuntos á la verdad eran grandes 
yseveros en la mayor parte; pero no análogos al gusto 
y opiniones dominantes eu aquella segunda época. Abs- 
tractos y metaflsicos , repetidos con alguna prodigali- 
dad, y no siempre con igual acierto, su desempeño, 
lonque frecuentemente grande y poético , no era con 
mucbo tan perfecto como el de los templados y juveni- 
les, t^ composición en ellos no présenla siempre &qm\ 
interés progresivo que acrecienta el gustodesde e) prio- 
dpío hasta el fía. Se nota aquí esfuerzo , allá declama- 
don , y en no pocas partes falta de concisión y de ener- 
llfa; como si la índole del autor no fuese para esta clase 
de argumentos. Por último, inserté composiciones que 
DO tuvieron areptacinu ninguna : La caida de haxhel, 
■Igunu traducciones, alguna oda, algún discurso de- 
■uiado largo y tal vez prosaico , no parecieron ni han 



—LITERATURA. 4» 

parecido nunca dignas de las demás. El mérito de H^ 
lendez es tan grande, su reputación y su gloria tan 
afianzadas y reconocidas, que nada pierden sin duda 
con estas observaciones imparciales , nacidas del amor 
á la verdad , y que él mismo oyó alguna vez de sus ami- 
gos con tanta docilidad como modestia. 

En el prólogo que les puso a] frente , intentó probar 
que en nada derogaban los estudios poéticos á la dig- 
nidad de magistrado , y que ninguna incompatibilidad 
tenían con tos deberes y talentos de hombre público y 
de negocios. Seria sin duda mejor que los que reciben 
del cielo el don divino do pintar la naturaleza en bellos 
versos, y de inOamar con su entusiasmo la imaginación 
ajena, pudieran estar enteramente separadas del tor- 
bellino de negocios , honores y empleos que agita & los 
hombres en la grande escena del mundo. El poeta emi- 
nente no debiera ser mas que poeta : asi conservaría 
mejor su independencia y el decoro debido al ministe- 
rio de las musas; sus talentos se desplegarían con toda 
extensión y libertad, y los necios no afectarían seña- 
larlo con un nombre que ellos no entienden y que en 
su boca es un apodo de frivolidad y de insuficiencia. 
Mas esto camina ciertamente sobre una suposición im- 
posible. La fortuna, las circunstancias, el interés de 
lasfamilias, momentos también de error y de flaqueza 
sacan á los hombres de su esfera, ya para mas, ya para 
menos; sobre todo en un pais como el nuestro, en que 
ten pocos recursos tienen los escritores para subsistir 
como tales. ¿Qué hacer pues? se dirá. Lo que hacia 
Hclendez : ser un gran poeta ensus versos, y un sabio 
y recto magistrado en su tribunal. 

Has lo que él no debiera liuber hecho es empeñarse 
tanto en disculparse. Quien estaba siendo un modelo 
de integridad, aplicación y capacidad en el foro no 
tenia que probar nada ni necesitaba de apología nin- 
guna ;ásus detractores tocaba hacerla, si es que po- 
dían, de su propia necedad. Esta especie de cicusas no 
sirven para los hombres de razón , porque no las nece- 
sitan; ni tamnocopara los preocupados, porque no los 
convencen. Tienen además otro inconveniente , y esdur 
al que las hace el aire de poca seguridad en el crédito y 
dignidad de su arte; y cierto que un tan gran poeta en 
ninguna ocasión ni por preteito alguno debía desde- 
ñarse de su talento 1. 

A pOco tiempo después de publicada esta edición fué, 
como se dijo arriba , nombrado Gscal de la sala de al- 
caldes de Casa y Corte, de cuya plaza tomó posesión 
en 23 de octubre de aquel año de 97. Como la avanzada 
edad y achaques de su antecesor tenían muy atrasados 
losnegociosdela Gscalía, Uelendez se dio á despachar- 
los por si mismo con tal actividad y aplicación, que no 

< El abite don Juan kvitéí en mis rranto ; en l> cirta qoc 
le tscríbiú eDloncet le detii : •{¥ qnépnedeii detir loa niB seiC' 

• roí censores contri nn migistndo que pabilo lll gpceclibles 
■poeEliiTYointesblencreerí que nM mente que con tlnUI*^ 

• did ligue en sni TertM lo bello, ao le apirtirt en 10* teatu*'** 

• delojDiio,* 



OBRAS COMPLETAS DE DON 
ibt Henpo ptra oíros estudios , mas también 
to con sus amigos. Ofreciéronsele en la corta 
Ib su cargo cansas graves y curiosas , doade 
a de sujuicioydesu taJeato; eutre ellas la 
te de Castillo , cuya acusación Dscal corre en 
como un modelo de saber y de elocuencia, 
le decirse fueron las últimas satisfacciones 
n (u carrera ; y la suerte le preparaba ya el 
ccion que tiene siempre preranido á los hom- 
ates, como para cobniíes con nsura los po- 
ne les concede de gloria y de alegría. Has 
ler i contar estos desagradables sucesos es 
Dar las cosas de mucho mas arriba, 
ucion francesa no habia sido mirada al prin- 
os potentados de Europa sino como un ob- 
y pasatiempo. Creció el coloso , y aquel sen- 
e desprecio pasó en un instante á miedo y 
iS guerray las intrigas fuera , la persecución 
aje dentro , fueron los medios d que apelaron 
;ner aquel gran moTÍmienfo y ahogar unas 
¡n que creyeron comproraetidalaestabüidad 
lOS. El mundo ha visto lo que han consegui- 
3 formidables ejércitos , con esas intermina- 
las que por espacio de treinta años ban de- 
uropa. Ni les han aprovechadu mas tampoco 
s inquisitoriales en et inlerior de sus estados, 
ndolos odiosos , ban sofocado en tos ánimos 
a conCaoza , bases las mas Hrmes de la auto- 
poder. A menos cosía sin duda les era fácil 
iberlarse á sf mismos y á sus pueblas del con- 
emian. Arreglando bien su hacienda , gober- 
I interfs general de sus subditos , y no en el 
de su corte y sus ministros ; en una palabra, 
os y prudentes , tenian puesta )a beiroa mas 
lie á aquellas novedades 1. Pero el poder no 
ino por el abuso que de £1 se hace , y asi se 
agraciadamente en España. Había coincidido 
de nuestro Carlos Ul con las alteraciones de 
cuando era necesaria mayor diligencia en 
mayor circunspección en conducirse, enlon- 
la señal entre nosotros á todos los caprichos 
'aríedad , á todos ios desconciertos de la ig- 
de la ¡nsensatei. El escándalo de poner en 
cias tan difíciles el timón del Estado en ma- 
favorito sin educación política y sin eipe- 
recentaba la murmuración y el descontento, 
I vez producinn el encano y la persecución. Y 
rimeros y roas nobles pasos de la revolución 
ran debidos sin duda á las luces y adelanta- 
siglo, la autoridad se puso en un estado cons- 



MANUEL JOSÉ QUINTANA, 
tanto de hostilidad con el saber. Ta se baUm K^irlmid* 
los periódicos que mas crédito tenian, por las verdadsB 
útilesquefO'opagabanS; se habia retirado poco á poco 
la protección y fomento que se daba i los estudios ; se 
oían delaciones , se sembraban desconfianzas. Dióse, en 
fin , la señal i las persecuciones pereonales con la pri- 
sión del conde de Cabamis en el año de 90 ; y sus gran- 
des talentos, su incansable actividad, elbriUoque acom- 
pañaba sus empresas , los establecimientos importantes 
y benéficos que habia proyectado y erigido , los bienes 
infinitos que habia hecho i tantos particulares no le 
pudieron salvar de un proceso enfadoso , de un encierro 
cruel y dilatado, y deunéiito, al fin, que tenia mas apa- 
riencia de favor que de justicia. Jovellanos, ausente á 
ta sazón en Salamanca , voló i Madrid en socorro de su 
amigo , y no logró otra cosa que ser envuel to en sn rui- 
na. Sucedíanse de tiempo en tiempo, y á no mucha dis- 
tancia , estas tristes proscripciones que , además de tos 
muchos particulares, frecuentemente víctimas de d^ 
laciones oscuras, y á veces de sn misma imprudencia, 
venían á herir las cabezas de perswas eminentes ó pw 
sus empleos , ó por su crédito , ó por su saber. A la des- 
gracia de Cabairus y Jovellanos siguió la de Flondft- 
blanca y su partido , á esta la del conde de Aranda ; d^ 
ferentes consejeros de Castilla fueron desterrados de»* 
pues por no avenirse bien con su gobernador el conde 
de la Cañada ; este cayó á su vez victima de u i.a intriga 
de palacio , cerrándose entonces aquella serie de mís^ 
Has con la escandalosa cansa sobre la impresión de las 
Atríruu, de Yolney. Viúse en ella dará una simple esp^ 
culacion de contrabando el carácter de una gran conju- 
ración politice , y tratar de envolver como revoluciona- 
rios y facciosos á cuantos sabían algo en España. Las 
cárceles se llenaron de presos, las familias de terror, y 
no se sabe hasta dónde la rabia y la perversidad hubie- 
ran llevado tan abominable trama, si la disciplina en- 
sangrentada de nn hombre austero y respetable, y el 
ultraje atroz que con ocasión de ella se le hizo , no liu- 
bieran venido oportunamente á atajar este raudal de 
iniquidades 3. Ei esciindalo fué tan grande y el grito dn 
la indignación pública tan fuerte, que la corte abrió los 
ojos , y retirando su confianza de aquellos viles maqiii- 
nadores, la diú , ó aparentó darla, á hombres conocidos 
en el reino por su sabiduría y su virtud. Entonces fu¿ 
cuando se nombró á Jovellanos ministro de Gracia y Jus- 
ticia , á Saavedra de Racienda , y al conde de Ezpelcta 
gobernador del Consejo : tres hombres dignos sin dud? 



blM Bo le tltena eiiici 

DCDoi IJcvadcra. iNo I 

iloí f uebioi eslcn qiieloji ei predio que Mléi con- 

1 en conioati lufnsiblti d n ubcui ncliids lo4a 

bamiBldid, j toa de potiUca, picdc ibrigiru li idei 

lofrineroihila fe(uda.* {JtKlIaui;) 



* ElCenMr, ElCtimüit In dígat. El Otrrtnmuílj otros, 
Bl Cobiíma il parecer habta tomado enionici 4 »u cargo eonar- 
Diar el dicho iDgeiioso j murdaide ni eaeiitor. fie prejiiDlido 
por qaé loi tue mladabal sboireelan I loa aibloi , <■ por lo mi»- 
no , Kipoadid , HM iDí naUíeeaore* aocianH abomeen t lea 
reyerbcrDii. 

* Para loa lectores qne no tecpa nolicia de ealo aconlecimipn'it 
tlognlario baila ia lidltaelon amarla que iqii ae biee,T4iiliS 
aerla conienleata lo aslo pan aatlahetr ai M(lotl'*d , alao tam- 
bia para eKimlnto pdbTieo, eainr ea tui larfit eaplieactv- 
BM. Een «1 fidor j U decencia no §« ío coaiienlen 1 U Uttpctk. 



PAUTE PRIMERA. 

Estado, si el Eslado no hu- 
medad incurable, mas poderosa 
lerzas. 

ez en el colmo de bus deseos : 
, ál establecido en Uadrid, y el 
camÍDOlIano pera llegar al puesto descansado y preemi- 
iKOte que sus servicios y estudios merecían. Individuo 
de la academia de San Femando desde que recitiS en 
ella su bermoss oda , y admicido en el seno de la Espa- 
ñola en el año de 08, reunía en sf los honores literarios 
que podia desear , y era considerada y respetada dentro 
j fuera de España como el primer talento de su tiempo 
y su naeioD. Mas toda esta perspectiva de bonanza y de 
venturo ae anubló de repente y desapareció como el bu- 
rao. No pertenece £ la historia particular de nuestro 
poeta contar menudamente los resortes secretos por los 
que fueron traídos al minbtcrio Saavedra y Jovellanos, 
uí tampoco las intrigas de corte que mediaron cuando 
fueron despedidos. Lo que si do debe pasarse en silen- 
cio es que eu los cortos momentos de favor que Uelen- 
dti logró del príncipe de la Paz, cuando le dedicólas 
poesías, uno de sus mayores cuidados y su principal 
empeño fué disipar las prevenciones que el privado te- 
nia contra su ilustre amigo, y rehabilitarle en su estí- 
tnacion y conlianza. Cuando después , A pesarde la apa- 
rente desgracia del favorito , los dos ministros fueron 
sacrificados i su resentimiento y su venganza , Melen- 
dez fué también sacrificado con ellos y desterrado á Me- 
dina del Campo (27 de agosto de 1798 ) , previniéndole 
queealiese de Madrid en el término de veinte y cuatro 
boras, y que esperase órdenes allí. 

Obedeció y partió: entre tanto sus amigosconsiguie- 
ron del nuevo ministerio mitigar el rigor de las órdeues 
eoDque se le amagaba, y convertirlas en laiosigoiG- 
rante comisión de inspeccionar unos cuarteles que se 
estaban construyendo mucho tiempo había de los fun- 
dos de aquella villa. Algo mas tranquilo coa esta d^ 
mostración de condescendencia , se entregó al estudio 
y al retiro , al trato de los amigos que su amable y apa- 
cible Índole le facílilarou en el pueblo , y de los que, ó 
por recomendación 6 atraídos de su celebridad , venían 
i visilarie del contorno. Díóse al ejercicio de las obras 
de beneficencia que su humanidad le inspiraba , princi- 
palmente con los enfermos del hospital. Salían estos in- 
felices de allí por lo regular sin acabar de convalecer; 
él los recogía , él los vestía , él los alimentaba , y ellos la 
bendecían como un amigo y un padre. En medio de tan 
iooceittesynrluosas ocupaciones, yajeno de toda ges- 
tión y negocio público , debía considerarse seguro en 
■qnel asilo y á cubierto de los tiros de la malignidad. 
No fué así por desgracia ; y otra nueva tormenta le ame- 
uuba , mas negra y peligrosa que la primera. 

Uno de aquelloe hombres que , ejercíláudofie toda sn 
vida en obras de villania y perversidad , no logran subir 
il poder sino por el escalón de la infamia; de aquellos 
[lan quienes la libertad , el honor y aun la vida de los 
•tnii,lo juato yloiiquito, lo profano y lo sagrado, todo 



-LITERATURA. 

es un juego , y todo les sirve ooino de inst 
codicia, á su ambición, dsu libertinaje 
proyectó consumar la ruma de Melendez p 
obsequio á la corle, con quien le supoi 
abierta , y ganarse las albricias de la dest 
personaje desgraciado. Siguióle con esta i 
cion los pasos , calificando y denunciaadi 
gas peligrosas las visitas que él y susamíj 
Y para enredarle de una manera mas con 
evitable, se empezó á formar una causad 
ticos de un pueblo inmediato, con la índic 
en las instrucciones para formarla n de 
mucho que en ella jugase Meleiidez Valdi 
ronse los testigos & quienes se hsbía de pr 
se omitió ninguna de aquellas diligencí 
con que estos hombres infernales han c 
todos tiempos perder á los que aborrecen 
jeroo estas maquinaciones el trulo que ell 
mas bastaron para inquietar á la corte , r 
preyyama! dispuesta conél,seguu la c 
tpralen los hombres, de querer mal áq 
Por otra parte , el deslino de Melendez e 
estaba suspenso, y la ocasión convidab 
conspiró ú inclinar la balanza en daño si 
menos lo podía presumú:, cuando quizá I 
ranzas mas fundadas de ser reintegrado c 
y honores , recibió la Orden por la cual se 
déla tiscalia, y cania mitad del sueldo s 
í Zamora (2 de diciembre de 4800). 

Recibió el golpe con serenidad y entere 
cido de la inutilidad de sus esfuerzos porc 
en manos del tiempo su vindicación y des 
lió ú Zamora, establecióse allí, y aunque 
sequiado de las personas príacipalesdel pi 
servó su vida retirada, partiendo su tiet 
libros y un reducido número de buenos i 
tanto, sabedor de las intrigas que habían 
la última demostración de rigor recibida 
procuró por todos medios desvanecerlas ; 
reponerse enteramente , consiguió por lo 
aliviase su suerte ; y en real orden de 27 de 
se le devolvió el goce de su sueldo comp 
cal, permitiéndole disfrutarle donde le i 
tablecerse. Hubiera él entonces preferido) 
i k sazón habia una de las acostumbradi 
oes en que estaban envueltas personas de 
timas y antiguas con Helendez , y fuéle a' 
mismos favorecedores que no le conven 
en la corte por entonces. Decidióse pues I 
lamanca , donde tantos motivos de amist) 
co, tantos recuerdos tiernos y efectuóse 
ban. Alli puso su casa , recogió y ordenó 
copiosa librería , abrazó í sus antiguos s 
pezó á gozar con ellos de una vida mas tr 



ns OBRAS COMPLETAS DE DON 

cible que la que habia disfirutado eii lo9 do^« años tras- 
curridos desde su salida para Zaragoza. 

Pudieron las musas cougratularae de esta feliz nove- 
dad al verle restituido al ocio antiguo y en aquellos si- 
tios mismos que tan hermosos versos le habían inspi- 
rado en otro tiempo. Los amantes de la literatura es- 
pauola esperaban veria enriquecida con alguna obra 
magistral digna del gran talento de Helendez y propia 
de la madurez y gravedad que babia ya adquirido en 
aquella época. Pero el resorte de su espíritu estaba que- 
brado por la adversidad y la injusticia de los bonibres, 
y su atención dislraida con recelas ó esperanzas que 
nunca tuvo bastante fuerza para sacudir de sí. Por otra 
parte, el despotismo miiiisteríal , cada vez mas insufri- 
ble, armado de sospechas, de recelos y desconfianzas; 
las recriminaciones y falsas miras, atribuidas siempre 
al talento perseguido; cnQn, la inercia y desidia que 
produce la opresión, y que si al principio repugnan, 
después al cabo se aman i : todo le desalentaba y le su- 
mergía en un letargo nada conveniente í su ingcuio, y 
perjudicial d las letras. 

Un poema lírico descriptivo sobre la creación , que se 
imprime abora entre sus odas, y una traducciojí de la 
Eneida, que la publicación de la de Delille le hizo em- 
prender , fueron las únicas tareas que Helendez diú d 
su espíritu en aquel ocio de seis anos. También pensd 
entonces hacer una nueva edición de sus poesías, en 
que se bebían de suprimir todas las composiciones que 
no eran correspondientes al méritode las otras, y hacer 
en algunas las enmiendas y cortes que el gusto delicado 
y la sana crítica aun desean. Tenia ya arreglado esto 
c«n uno de sus mas queridos discípulos; mas sj indo- 
lencia natural dilatú esta empresa, acaso con perjuicio 
de su gloria; y el torrente de los sucesos, que después 
se despeñaron unos sobre otros, no le dejó pensar en 
mucho tiempo ni en este ni en ningún otro proyecto li- 
terario. 

Seria tal vez mejor poner fin aquí á esta noticia y 
contentarse con indicar sencillamente el lugar y tiem- 
po en que falleció el poeta. Ya desde aquella época em- 
pieza & sentirse el terremoto político ; las opiniones so 
dividen, se inflaman las pasiones , y á pesar del tiempo 
trascurrido , d pesor de la vicisitud prodigiosa de los 
acontecimientos, ó por mejor decir, con ella misma, 
estas pasiones, lejos de haberse templado, empiezan é 
acalorarse de nuevo ; lejos del autor de estos apuntes 
dar ocasión de irritarlas por su parte. El ha seguido 
constantemente un rumbo y una opinión opuestos d los 
que desgraciadamente fueron adoptados por Helen- 
dez. Has aun cuando cifra en ello la principal honra de 
BU vida , no se permitirá por ese recriminación ningu- 
na, la cual sería tan repugnante d su corazón como 



■ Elteerportlti 
iiaqt opfratírit ftcUaa, jium Taecaterü. ¡ 
Iftiui-rHt Metdt, ilimrUt frimt tetUia fítíñmei' íi 
nclla «a Ml« po«M Uicu leBiLi la terdideía uiu de li 
m*id ] lUiM de DButn Uttinun. 



MANUEL JOSÉ QUINTAXA. 
importuna en este lugar. Es preciso puea en ei diicuru 
de los hechos que van á seguir imponerse la obligación 
de ser breve , y por lo mismo que la opinión propia ba 
vencido , también la de ser modesto. 

ConlarevoluciondeAranjuezfué alzado el destierro 
y vueltos sus destinos d loa magistrados que habian sido 
ecliadosde la corte en las diferentes épocas de perse- 
cución anteriores. Cúpole á Helendez la suerte que i 
Iosdemds,yregresd á Madrid en aquellos días. Ya al 
Rey había partido d Bayona ; las señales de la terrible 
tormenta que amenazaba se hacían cada vez mas sinie^ 
tras y espantosas; asi Helendez no vino d la corte sino 
para ser testigo de la ansiedad y afanes que precedieron 
al 2 de mayo , de los horrores de aquel execrable día , y 
del desaliento y temor en que quedú sumergida la ca- 
pital. Quiso volverse al retiro de su casa, y no pudo 
verificarlo. Aceptó de alliá poco una comisión para A»< 
túrias, en compañía del conde del Pinar, y es (uerzA 
confesar que silos motivos que tuvo para aceptarla no 
son del todo eicusables d los ojos de los amantes de la 
independencia, jamás Inconsideración ninguna fué cas- 
tigada con un rigor mas cruel. Cuando los dos comisio- 
nadoB llegaron d Asldrlas, ya iba delante de ellos la pre- 
vención que los acusaba ante la exaltación popular. En- 
traron en Oviedo escoltados de gen te armada ; y aunque 
en la junta provincial habian procurado sincerar su 
conducta y allanar todas las sospechas , el pueblo , in- 
quieto y receloso , no ge dio por satisfecho. Alternati- 
vamente llevados desde lacdrcel d su hospedaje, y de 
su hospedaje A la cárcel, cuando ya al parecer todo es- 
taba vencido y ellos dispuestos á partir , la muchedum- 
bre frenética se agolpó sobre el carruaje, al que ya IiQ- 
blan subido, volviólos d lanzar en la prisión, liizo pe- 
dazos y quemó el coche, desbarató los equipajes, y 
creciendo el furor con su mismo exceso, violenlaron 
las puertas de la cárcel y sacaron á los dos comisiona- 
das y otros tres presos con intención de darles muerto. 

Iba delante Helendez : hablábales con dulzura pi- 
diendo que le llevasen día Junta ó le encerrasen con 
grillos; nada bastó, parque después de haberle puesto 
al pié de la horca y hacerle mil insultos, )e sacaron al 
campo , le cercaron, y encarándole los fusiles, clama- 
ban que habia de morir. Logró al cabo que le oyesen 
unas pocos palabras sobre su Inocencia y sus princi- 
pios; les habló, les rogó, procuró ablandarlos y aun 
les empezó d recitar un romance popular y patriótico 
que bahía compuesto antes del 2 de mayo. Frívdo re- 
curso pora con gentes rudas y groseras, y entonces 
atroces y locas de furor. Atajáronle con nuevos insul- 
tosyamenazas, ycondenándole d morir, por gran fib- 
vorle permitieron confesar; tuvo él la iH-esenda de afr- 
piritu de hacer durar este acto algún tiempo. Ya estaba 
dispuesta lo banda que babia de tirarle, cargados loc 
fusiles, y él atado al árbol fatal ; ya se habia disputad» 
sobre sí se le babia de disparar de frente, ó de espaldu 
como á traidor , y con este motivo desatado y vuelto á 
alarde nuevo; ya, en On, 00 hitaba mai qiM «wn* 



^ 



PA!\TE PRUEBA, 
niando se tí¿ venir de lejos al cabildo 
es con et SBCfamenlo y la cruz fantosa 

DDces, y Helendez, queestoba el prí- 
lenimeDle socorrido. Hizose después 
otros compañeros, y recogidos todos 
ueron llevados á la catedral , y de alli 
. Formóse causa i petición del pu^ 
Meleudes, y dados por ella libres do 
3 puso ea libertad y se les pormiliú 
Tal filé el éxito inesperado de aquella 
de tan larga agonía. Estremece en 
or del Balito y de la Despedida del 
lido popularmente y alado á un árbol 
:omo traidor y eDcmlgo de su patria. 
berá imputarse tan grande atrocidad? 
' No , sin duda alguna ; á los autores y 
■avillana y escandalosa agresión que 
oda en aquel estado de eialtacíon y 
il no se podia salvar, 
i á Madrid cuando, de resultas de la 
iade Bailen, los franceses habíaaeva- 
etirádosealEbro. Siempre esperando 
n , y deseoso también de contribuir por 
les trabajos que se presentaban delan^- 
s en aquella imprevista y singular si- 
en Madrid la formación del Gobierno 
er ^npleado por él . Esta esperanza no 
esto que en aquel gobierno contaba al- 
entre ellos al ilustre Jovellaaos , que 
ion de Mallorca por la revolución de 
Dmbrado por sus compatriotas á to- 
e los padres de la patria. Has la for- 
3 y revolviendo los sucesos en mil di- 
>ovwu<i°u>.i,iBi>tes, diú entonces una de sus vueltas 
acostumbradas, yios franceses vencedores amenazaron 
i Madrid. La Junta Central , las fuerzas del Estado, los 
patriotas mas exaltados 6 mas diligentes , todos se re- 
íagiaroaá Andalucía. Nuestro poeta, resuelto enton- 
ces á seguir el partido de la independencia, no pudo 
ponerse en camino , y su mala suerte , deteniéndote en 
Madrid , lo dejó expuesto al vacio del desaliento y i los 
laiosdelaseducciOQj en que cayeron yhieron envuel- 
tot tantos infelices españoles. Su reputación no podia 
dejarle indiferente á las asechanzas del gobierno intni> 
(O, que le bizo fiscal de la junta de causas contencio* 
■as , después contejero de Estado , y presidente de nna 
jtmta de instrucción pública. El aceptó , y así se com- 
prometió en ima opinión y en una causa que jamás 
fueron las de su corazón y de sus principios, j Cuál de- 
bió ser la amargura al ver que la fortuna y la fuerza, 
basta entonces compañeras inseparables de aquel par- 
tido, y finicas razones qne la prudencia alegaba pare 
adoerirse á ¿1, empezaban i Haquear, y al fin le aban- 
douban I ^óse pues arruinado sin recurso, trastoma- 
dn IOS eqMTUuaa , laqueada por loe miamos franceaei 
nctHeD Salamanca, deshecha y robada su preciosa 



-UTEMTinA. 119 

librería, y él precisado, en Tin, & huir de SU patria, 
abandonando acaso para siempre el suelo y dolo que lo 
vieron nacer. 

Antes de entrar en el territorio francés se puso da 
rodillas y besó la tierra española, diciendo : «¡Vanóte 
volveré á pisar I» Entonces se acordó desu casa, de sus 
libros, desús amigos, del apacible retiro que allí dis- 
frutaba; y considerando amargamente el nublado cruel 
que le había agostado aquella cosecha de ventura , las 
lágrimas calan de sus ojos , y las recíbia el Vidasoa. 

Los cuatro años que viviú después no hizo mas que 
prolongar una existencia combatida por la desgracia, 
por la pobreza , por los afaoes y esperanzas á cada paso 
malogradas de volver á España, en fin, por los acha- 
ques y dolencias que conforme avanzaba en edad so 
agravaban á porfía. Tolosa , Uompcllcr, Nimes y Alais 
fueron los pueblos de su residencia. En ios intervalos 
que le dejaban sus males leia ó se hacia leer, corregía 
sus poesías, y las disponía para la nueva edición que 
proyectaba. También compuso algunas en que todavía 
respira el talento de su juventud con la misma graciay 
fucilldadiperoen que luce sobre todo el ansia y la ve- 
hemencia con que amaba su pais y deseaba volver á él. 
Este sentimiento, que le honra, era, puede decirse, el 
aliento que le animaba; pero estaba escrito en el cielo 
que no le habla de ver satisfecho. Ya en España liabia 
empezado á padecer mucho de reumas. A muy poco de 
su llegada á Franclauna fuerte parálisis casi le imposi- 
bilitó del todo , sin que los baños termales, que lomú por 
tres veces, le pudiesen librar de ella. Atacado, en fin, 
por un accidente apoplético, á cuya violencia no pudo 
resistir, falleciú en los brazos de su esposa, que le ha- 
bla seguido y asistido constante y varonilmente en to- 
dos los infortunios de su vida , y en medio de los com- 
pañeros de su emigración y desgracia , que le prestaron 
cuantos auxilios y consuelos estaban en su mano. 

Asi en pocos años el torbellino de la revolución había 
arrebatado á las letras españolas tres hombres que 
constituían una porte muy principal de su lustre y de su 
gloria. Cieofuegos fué el primero que, arrancado de su 
lecho, donde estaba ya casimoribundo, fué arrastrado 
fuerade5upais,y eipiú con su desgraciada muerteen 
Ortez el horror que le inspiraban los tiranos. Jovelln» 
nos , cuya noble olma estaba enriquecida de tantos ta- 
lentos y de tantas virtudes ; que hubiera sido en la an- 
tigüedad Platón con menos sueños, Qceron con mas 
fuineza, y en la Europa moderna Turgot con todas sus 
ventajas : Jovellanos fué arrojado también de sus hoga- 
res por U>3 satéhtes de Napoleón; y prófugo , náufrago 
y desvalido, tuvo que frárecUnar su venerahle cabeza " 
en el seno de la hospitalidad ajena, y allí exhalar su úl- 
timo aliento. Melendez, en fin , por el diversa nmibo 
que había seguido parecía estar exento de semqanta 
agonla;maslaineioreblefortimauoloquisoasi, yse 
ht dio todavía mas amarga. Los tres eran amigos; h» 
tres cultivaban los mismoa coDOcimientoe , las miamis 
artas; iban porlumiamasMiidat delHfaeriHunaiW) 



OBRAS COMPLETAS DE DON HANtXL lOSS QUINTANA. 



ISO 

lostreB,en fin, mnrieron fuera de sazón , sin qae su 
patria hubiese recogido todo el fruto que sus estudios 
y talentos prometían. 

Fué Melendez de estatura algo mas que mediana, 
blanca ; rubio , menudo de facciones , recio de miem- 
bros , de complexión robusta y saludable. Su fisonomía 
, era amable y dulce, sus modales apacibles y decoro- 
sos, su conversación halagüeña; un poco tardo i veces 
en explicarse , como quien distraído busca la expresión 
propia, y no la baila d tiempo. Sus costumbres eran bo- 
nestas y sencillas , su corazón recto , benéfico y huma- 
na; tierno, arectuoso con sns amigos, atento y cortos 
con todos. Tal vei faltaba it su carácter algo de aquella 
fuerza y entereza que sabe resolverse constantemente 
i un partido una rez elegido por la razón , y esto depen- 
día de su eiccsiva docilidad y condescendencia con el 
dictamen ^eno. Mejor acaso hubiera sido también que 
se alejara mas del torbellino de la ambición y del centfo 
del poder, pues esto, enfln, puede llamarse la causa 
principal de sus desgracias 1. Pero en Uclendez el 
anhela de subir estuvo siempre unido al noble deseo de 
trabajar, deserútil, de contribuir por todos medios á 
la prosperidad y adelantamiento de su patria. Conocía 
su fuerza , como suelen senth-ia todos los bombres supe- 
riores ; pero no par eso abandonaba su caricter general 
de modestia, que á veces se manifestaba con algún ex- 
ceso 1. Su aplicación y laboriosidad eran incansables, 
su lectura inmensa. De los poetas antiguos españoles 
preferiaíGarcilaso, Luis do León, Herrera, PrancÍKO 
de la Torre , y por una especie de contradicción , que no 
deja de tener su razón y sus motivos , la poesía de Gún- 
gora, cuando no desatina, le encantaba; y se divertía 
mucbocon los despropósitos festivos 6 ingeniosos de 
Quevedo. Su pasión principal , después de ladelagloría 
literaria, era la délos libros, que llegúd juntar en gran 
número, exquisitamente elegidos y conservados. Tenía 
mucha aGcion i las artes del dibujo, no así al canto ; y 
un poeta de oido tan delicado , y que daba á sus verbos 
tanta cadencia y armonía , era casi insensible é indife- 
rente á bi deliciosa música de Paesiello y Cimarosa, y 
& la bella ejecución do la Todi 6 de Mundini. 
Los principios de su filosofía eran la humanidad , la 



< £[ mi«no ilgnu tci nnWmU in iittntto en esli parte. 

Corrí do me Utmibta 
La oflciou imbicloD j loi hoioies 
Entre diU 4ie ini prentloi ailitlilisii. 
Mu fiilldltine lí piiato. 

■ Pret«iitdbiiüeuiTei|iarqDínoaierlliliuiod*4aiiaiiiilo 
rn i^iie auhabí de *jercllirse, j conmneh» »cepl>eloii,olropo*ti 
amigo injo. .PoniBe no qnlera , reipondio , tener li BortiñueiOí 
dt deteapelirlt mmot bien , ol timpoca eaatlntU 1 él il bi(a 
ani ebn mtjor qne li »;•.■ En olrt oeiilon lelí in potmi de«- 
trlptiio de ono de iia diidpnlo* : >■ prlner noiiiiiento fué cele- 
bnrte tloniido ; pero deipnei con un ilre uelanedlico lolld el 
papel, iDidlendo: «Ta ue nndejindo itrii. >Tdo tenlinion, 
parqae jiBla le Mrii tt^tmim ti tfiel utmt poeU Uti» , ni 
Ule MBio deicrlpUfo. 



beneficencia, la tolerancia; il perten«da á ua cliM 
de hombres respetables que esperandel adelantamien* 
to de la razón la mejora de la especie humana, y so 
desconfían de que llegue una época en que la civiliza- 
ción , ú lo que es lo mismo, el imperio del entendimiento 
extendido por la tierra dé i los hombres aquel gradode 
perfección y felicidad qne es compatible con sus facul- 
tades y con lalimítacmn déla existencia de cada indi- 
viduo. Pensaba en eslepunto como Turgot, como Jo- 
vellanos, comoCondorcet, y como tantos otros que no 
bandesesperadojarois del género humano. Sus versos 
filosóficos lo manifiestan, y con sns talentos y trabajos 
procuró ayudar por su parte cuanto pudo li esta gran- 
de obra. 

Su influjo lituano como poeta ha sido ciertamente 
bien grande y ha tenido las mas felices consecuencias. 
Cuando él empezó & escribir, la po.esla castellana, no 
acabada aun de restablecer de su degradación y cor- 
rupción antigua , estaba amenazada de otro daño toda- 
vía acaso peor. García de la Huerta , en quien podía de- 
círsa que había trasmigrado el alma deGéngora can 
parte de su talento y con toda su tenacidad . sus capri- 
chos y su orgullo, sostenía en aquella época tos restos 
delmalgusto y abandonodel siglo XVII. triarte, al con- 
trario, con menos talento poético que Huerta, pero con 
infinito mas gusto y mas saber, iba poniendo en cré- 
dito una especie de poesía en que la cultura, lanrtia- 
nidad, y aun lo escogido de los pensamientos, no podia 
compensar la folta de color, de fuego y de onnonfa en 
el estilo. En vano Horatind padre (porque su célebre 
hijo aun no liabia empezado é darseá conocer ), en va- 
no Cadalso y algún otro luchaban contra estos extra- 
víos y daban de cuando en cuando en sus versosmoe»- 
1ra de una poesía mas pura y mas animada. Sus esfuer- 
zos no eran suficientes, ó la onpresa desigual á sus 
talentos. Pero si instante que aparecieron los escritos 
de Heleudez la verdadera poesía castellana se presentó 
bella con sus gracias nativas , y rica con todas las gala» 
de la imaginación y del ingenio. En aquellos admirables 
versos la elegancia no se oponía á la sencillez , el fuego 
i la exactitud, el esmero & la facilidad, la noblexa y 
cuidado de los pensamientos á su halago y á su interés. 
Huerta había bocho romances, Trigueros y Cadalso 
anacreónticas; pero ni los romances de Huerta ni las 
anacreónticas de Trigueros se leen ya , ni aunse nma* 
tan entre los hombres de buen gusto. Cadalso fué sin 
duda alguna masfeliien elúltimogénero, mas i á cuin- 
ta distancia no están de las de su sucesorl El misma 
Anacreonte se ensoberbeciera de una composídoo tsD 
delicada y tan pura como hi betlisima oda Al vtonto, y 
Tibulo quisiera que le perteneciesen los romancesde 
Bosma y de La tarde. No hay duda que su taleotopa^ 
rece especiahuente nacido para estos géneros cortos. 
En todas lasépocasdo su vida siempre que los mancaba 
era con una superioridad incontestable ; y bosta ea sos 
últimos días, cuando, andono ya y quebrantado con la 
miseria y las desgracias, parecía que su espíritu debia 
estar poco apto para estos juegos , so le ve, en el ro* 



tí».1E PtUHERA.- 
n de Filis, y en 
cuerdas de la li- 
ad y gracia que 
¡as casi iguales, 
iscntaenlapoe- 
1 la oda sublioie, 
magnjliceacía. 
itrínal, siempre 
;l esUlo lleno de 
, la que ha Jijado 
mas el gusto de los escritores que le Dan sucedido, la 
que puede decirse que ha formado una escuela entre 
□osotn». De esta escuela, difundida en Salamanca, en 
Alcalá , en Madrid , en Serilla y en otros parajes , ha 
■alido una gran parte de los buenos rersos que se ban 
etcrito en estos últimos tiempos ; y si los progresos y 
ñqucEos del arte nofainsido proporcionados al impulso 



í NUESTRA POES 



r 



INTRODUCCIÓN HISTÓRICA A ÜM ( 



DE POESUS CASTELLANAS. 



ARTICLXO reiHERO. 



Se ha convenido generalmente en dtr á la poesía el 
(Nimerlugar entre las nrtes de imitación. Ya se mir^ la 
antigüedad de en origen, fa la eilemiou da los objetos 
qne la ocupan, ya la duraciOQ y el agrado de sus impre- 
siones, jt, en ña, las utilidades que produce, siempre 
resallan sudignidad y suimportaiicia,y Ji historia de 
sus progresos tiene que ir unida siempre i la de los 
otros ramosque componen la ilustración humana. Di- 
cese que ella y la múticB ban dñlizado á los pueblos ; 
■j esta proposición, que eu rigor es exagerada y aun 
Usa , manifiesta por lo menos el inflijo que una y otra 
han tenido en la formación de las sociedades. Las lec- 
ciones que los primeros filósoros dieron i los bombres, 
lasprinwrasleyes, los sistemas mas antiguos, todos se 
escribieron en verso, al paso que la fantasía de los pofr- 
tas, con el halago de sus piaturas y la pompa de las 
fondones que ideaban, interrumpía coa una distrac- 
ción apacible y necesaria la fatiga de los trabajos cam- 
pestres. 

Es cierto que la poesía después no se presenta con 
la dignidad consiguiente al ejercicio absoluto y eiclu- 
síto de estos diversos ministerios ; pero conserva to- 
davía un influjo tan poderoso en nuestra instruccioa, 
en nuestra perfecdon moral y en nuestros placeres, que 
podemos considerarla como dispensadora de los mismos 
benefidos, aunque bajo diferentes formas. Ella sirve 
de atractivoála verdad para hacerla amable, á de velo 
pora defenderla ; eoseña á la infancia en las escuelas, 
de^tíerta y dirige la sensibilidad en la juventud, enno- 
tdece el espíritu con sus máximas , le engrandece con 
sns cuadros , siembra de flores el camino de la virtud, y 
ubre el templo de la ^oría al beroismo. Tantas ventajas, 
unidas á tonto halago, han excitado en los hombres una 
admiración y una p^titud eternas. 

So ocupación primaria y esencial es pintar i la natu- 
raleza para agradar, como la de la filosoRa explicar sus 
fenémeaos para instruir. Aaf , mientras qne el fll<}sofo, 
obterraodo l«s astros, indaga ins propordones, sus 
dMandot; \u ngUi de *n movimiento, el poeta los 
contempla, 7 traslada á nu v«noi 9I efecto que enau 



unaginacion y en st» seni 
lian, la armonía que reln 
que dispensan a la tierra, 
y debidamente el objeta 
cuando, por la prontitud 
géneros , no parezca tan ) 
lariáiima vaga d elcue 
el halaga de una rimaint 
me , hasta la armenia y e 
dros complicados ysubli 
desde el carro y las heces 
pectácnlo que ofrecen la 
tancia es inmensa , y sota 
EOS mayores de la aplicac 

Algunas nadoues fan 
con mas prontitud, y pa 
queza de los primeros e¡ 
mientas mas grandes y < 
Tal fué la suerte de la Gr 
sfa , contando apenas alj 
crece y se eleva hasta el [ 
les poemas de Homero. 1 
y perfecdon, fué la de la 
dio de la noche de Eos si{ 
ilustradon romana, part 
trarca, trayendo consigo 
gusto. Otros pueblos tt 
enleros con la rudeza y li 
bles mas tarde i los hala) 
nía ; y la perfección, en e 
hres conseguiria , es coDi 
tiempo ; de fatiga. Una g 
deraas se halla en este 
cantar también i nuestra 

Precedió aqui, como ( 
escrito i la prosa , sienc 
mediados del siglo in, e 
en castellano, y al misn 
poesía. Comenzaba ya en 
sien de lenguas causada 
ros del norte , i tomar 
que después habia de p 
majestad en loi escritos 



1f 



. i 






IM OBRAS COMPLETAS DE DON 

Cervantes y Mariana. A considerar la obra por el argu- 
mento solOy pocas habría que la aventajasen^ del mismo 
modo que pocos guerreros podrían disputar á Rodrigo 
de Vivar la palma de las proezas y el heroísmo. Su glo- 
ria , que eclipsó entonces la de todos los reyes de su 
tíempOy ha pasado de siglo en siglo hasta ahora , por 
medio de la infinidad de fábulas que la admiración ig- 
norante bu acumulado en su historia. Consignada en 
poemas, en tragedias , en comedias, en canciones po- 
pulares, su memoria, semejante á la de Aquíles, ha 
tenido la suerte de herir fuertemente y ocupar la fan- 
tasía; mas el héroe castellano, superior sin duda al 
griego en esfuerzo y en virtudes, ha tenido la desgra- 
cia de no encontrar un Homero. 

Ni era posible encontrarle al tiempo en que el rudo 
escritor de aquel poema se puso á componerle. Con 
una lengua informe todavía, dura en sus terminaciones, 
viciosa en su construcción , desnuda de toda cultura y 
armonía ; con una versificación sin medida cierta y sin 
consonancias marcadas; con un estilo Ueno de pleo- 
nasmos viciosos y de puerilidades ridiculas , falto de las 
galas con que la imaginación y la elegaucia le adornan, 
¿cómo era posible hacer una obra de verdadera poesía, 
en que se ocupasen dulcemente el espíritu y el oido? 
No está,sin embargo, tan falto de talento el escritor, que 
de cuando en cuando no manifieste alguna intención 
poética , ya en la invención, ya en los pensamientos , y 
ya en las expresiones. Si, como sospecha don Tomás 
Sánchez, editor de este y de otros poemas anteriores 
al siglo iT, no faltan al del Cid mas que algunos versos 
del principio , no deja de ser una muestra de juicio en 
el autor haber descargado su obra de todas las particu- 
laridades de la vida de su héroe anteriores al destierro 
que le intimó el rey Alfonso VI. Entonces empieza la 
Terdadera gloria de Rodrigo, y desde allí empieza el 
poema; contando después sus guerras con los moros y 
con el conde de Barcelona , sus conquistas, la toma de 
Valencia, su reconciliación con el Rey, la afrenta hecha 
á sus hijas por los infantes de Carrion , la solemne re- 
paración y venganza que el Cid toma de ella, su enlace 
con las casas reales de Aragón y de Navarra , donde fi- 
naliza la obra, indicando ligeramente la época del fa- 
llecimiento del héroe. En la serie de su cuento no le 
faltan al escritor vivacidad é interés, usa mucho del 
diálogo, y á veces presenta cuadros que no dejan de 
tener mérito en su composición y artificio. Tal es, entre 
otros, la despedida de Rodrigo y Jimena en San Pedro 
de Cárdena , cuando él parte á cumplir su destierro. 
Jimena, postrada en las gradas del altar donde se cele- 
bra el oficio divino, hace al Eterno una oración pi- 
diendo por su esposo, que concluye así : 

Tú eres Rey de los reyes é de todo el mando padre : 

A ti adoro é creo de toda voluntad , 

E mego á sao Peydro que me ayude á rogar 

Por mió Cid el Campeador que Dios le curie de mal , 

Guando hoy nos partimos , en vida nos fxL yuntar, 

La oración fecha la misa acabada la han : 

Salieron de la Bglesia, ya quieren cavalgar. 



MANUEL iOSÉ QUINTANA. 

El Cid i doña Ximena ibala abrazar, 

Doña Ximena al Cid la manol' va á besar, 

Lorando de los ojos que non sabe que se Dar, 

E él á las niñas tornólas á catar^ 

A Dios vos aoomiendo, fijas , 

E á la mugíer é al Padre spiritual. 

Agora nos partimos , Dios sabe el ayuntar : 

Lorando de los oíos que non vi estes & tal : 

Asís* parten unos d*otros como la uña de la carne. 

Mío Cid con los sos vasaUos pensó de cavalgar, 

A todos esperando, la cabeza tornando va. 

A tan grand sabor fabló Minaya Alvar Fanez : 

Cid, ¿do son vuestros esfuerzos? 

En buen ora nasqueistes de madre : 

Pensemos de ir nuestra via, esto sea de vagar : 

Aun todos estos duelos en gozo se tomarán ; 

Dios , que nos dio las almas , consejo nos dará. 

Hay sin duda gran distancia entre esta despedida y 
la de Héctor y Andrómaca en la Iliada; pero es siemr 
pre grata la pintura de la sensibilidad de un héroe al 
tiempo que se separa de su familia , es bello aquel vol- 
ver la cabeza alejándose, y que entonces le esfuercen 
y conhorten los mismos á quienes da el ejemplo del es- 
fuerzo y la constancia en las batallas. Aun es mejor, en 
mi dictamen , por su graduación dramática y su arti- 
ficio, el acto de acusación que el Cid intenta á sus ale- 
vosos yernos delante de las Cortes congregadas á este 
fin. El choque primero de los Infantes y los campeones 
de Rodrigo en el palenque no deja de tener animación 
y aun estilo. 

Abrazan los escudos delant* los corazones, 
Abaxan las lanzas abueltas con los pendones , 
Encunaban las caras sobre los arzones, 
Batien los caballos con los espolones , 
Tembrar qnerie la tierra dod* eran movedores. 
*.•*..■...... .*•••• 

Martín AntoUnez mano metió al espada : 
Relumbra tod* el campo. 

No ha quedado noticia de quién fué autor de este 
primer vagido de nuestra poesía. En el siglo siguiente 
florecieron dos escritores , en quienes se descubre ya el 
adelantamiento y progresos que habían hecho la ver- 
sificación y la lengua. Una y otra tienen en los poe- 
mas sagrados de don Gonzalo de Berceo, y en el de 
Alejandro, de JuanLorenzo, mas fluidez, mas trabazón, 
y formas determinadas. La marcha de estos autores, 
aunque penosa , no es tan arrastrada y seca como la del 
poema precedente. La diferencia que hay entre los des 
poetas posteriores es que Berceo, por la naturaleza de 
sus argumentos, la mayor parte leyendas de santos, 
fuera de su narración y de algunos consejos morales, 
consiguientes al estado que tenia y á la materia que 
trataba , no presenta riqueza de erudición , ni variedad 
de conocimientos, ni fantasía en la invención. Juan Lo- 
renzo, al contrario, se eleva mas con su asunto, y mani- 
fiesta una instrucción tan eitensa en historia, mitolo- 
gía y filosofía moral, que hace á su obra ser la mas im- 
portante de cuantas se escribieron en aquella época. 
Los versos siguientes sobre un objeto mismo pueden 
ser muestra del estilo de uno y otro. 



/ 







r 



PARTE PRIUEftA. 

To, miestro Gómalo de Berceo nomnado, 
Tendo eo ramería , caeei eo nn prado 
Verde £ bien sencido, de flores bien poblado. 
Logar cobdiciadvero para un borne caosado. 

Daban olor sobeio Ue Dores bien olieotea, 
HefrescabiD en borne las caras é las mientes. 
Manaban cada canto rúenles claras corrientes, 
Eo veraDO bien frías , en hibierno calientes. 

(Biaaa.) 

El mes era de Hajo, nn tiempo glorioso, 
Cuando bcen las aves un solai deleitoso, 
Son tesiidos los pndos de vestido fennoso. 
Da suspiros la duenot , la tfue Doa ba esposo. 

Tiempo dolce é sabroso por bastir casamientos, 
Ca lo lempran las flores é los sabrosos Tientos , 
Cantan ba doncellas, soomnchast convientoa. 
Facen anas i otras buenos prannnciamientos. 

Andan moiasévieiascoblertas en amores, 
Tan coger por la siesta i los prados las flores , 
Dicen unas É otras : bonossoa los amores, 
Y aqaeltoa plus tierno* tiénense por m^ores. 

tLoatna.) 

Reinaba entonces en Castilla Alfonso X, príncipe á 
qaiea la fortuna, para completaran gloria, debió darme- 
jores hijos j vasallos menos feroces. La posteridad le 
ba puesto el sobrenombre de Sabio , y sin duda alguna 
le merecia el hombre extraordinario que en un siglo de 
tinieblas pudo reunir en sí las miras paternales y be- 
néBcasde legislador, las combinaciones profundas de 
nulemático y astrónomo, el talento y conocimientos de 
historiador y los laureles de poeta. El fué quien puso 
en el debido honor la lengua patria, cuando mondó que 
te extendiesen en ella los instrumentos públicos, que 
antes ge escribían en latín. Mariana, poco favorable d 
est« rey, asegura que esta providencia /ué la causa de 
la [oxjfnnda ignorancia que se siguió después. Pero ¿qué 
u sabia antes? El latin de que se usaba era tonto y mas 
birlnro que el romance ; los nuevos usos i que este te 
aplicaba por aquella resolución , la dignidad y aulorí- 
Áá que adquiría , era fuerza que influyesen en su cul- 
tura, pulimentoyi^ogresos.jPuede por ventura creerse 
que estas utilidades de la lengua no tuTÍerou inOujo 
ninguno literario, 6 que hay ilustración y literatura 
nacional cuando la lengua propia no se cultiva? Con- 
sidérese pues la aserción de Hariana como faija de las 
preocupaciones nn poco pedantescas del siglo en que 
nvia; y nosotros, aun prescindiendo de la convenien- 
da política de dicba ley, mirémosla como una de las 
causas que, influyendo en la mejora de la lengua, dabid 
también influir en el edelaulamiento de nuestra poesía. 

Hay nn libro entero de cantigas 6 letras para caih- 
taiu, compuestas en dialecto gallego por este rey, de 
que pneden vene muestras en los anales da SeotUa, de 
Ortá de Zúoiga ; otro Intitulado El Taoro, que es un 
tratododepiedrafilosohl, alo que se cree, paca basta 
ahora no te ha podido en gran parte descifrar; y tam- 
bién •• le atrünye el de las QuatitoM, del ctial no le 
OOBsemn mas que dos ettancioi. Uno y otro eitán es- 
critM «1 veno* de doce iHabas, con lo* cimsoDantea 
cnsadM : vsnifieacion áqneie dié el nombre de co> 



-LITERATURA, 
pías de arle mayor, 
miento para la poe 
verso alejandrino u 
insufrible por su m 
los versos que van c 
za el libro de El Ti. 

Llegó pues 
Qnen tierra di 
E con su sabo 
Notos los case 
Los astros] ni 
Por disposidc 









Bien fuesen ai 
Codicia del 
Mi pluma é m 
Postrada la al 
Ca tanto pode 
Con ruegos l< 
E se la mandé 
Averes,bciei 
Allileottedt 
Repúsome I 
Itagñervos,! 
NiHi paro yo a 
De oro nln pli 
Serviros, se5< 
Canon busco 
E vuestros lii 
Que vuestro i 
De las mis ] 
E llegada al p 
El físico astr< 
Eimt fuelle 
E habiendo a 
En los movln 
Siempre le to 
Ca siempre i 

Todavía son mej 
las dos coplu con 
nilat. 

A ti, Di#go 
Connana é ai 
Lo qne i mia 
Enliendo dec 
A 11, que qui 
Por las mi as 
Mi péndola y 
Ca grita dolii 

Emperador d 
Aquel que la 
E Reinas ped 
SI qae de ha 
Diei mil de i 
Et que acata* 
Foé por sus ' 

Parece que hay 
sos y versos, entn 
que para encontra 
igual mérito, asi ei 
preciso soltar caai 
de Henal. 



OBRAS COMPLETAS DE DON MANUEL JOSÉ QUINTANA. 



128 

Si el molimiento que dio este gran rey á Jas letras 
hubiera sido auxiliado por sus sucesores , la ilustración 
española, contando dos siglos de antelación, contaría 
tambion mas grados de perfección y mas ríquezas. No 
lo consintió la naturaleza feroz de aquellos tiempos 
crutiles. Empezó ¿ arder la llama de la guerra civil en 
los últimos años de Alfonso con la desobediencia y al- 
zamiento de su hijo, y siguió casi sin interrupción por 
un siglo entero, hasta que llegó al último grado de atro- 
cidad y de horrores en el reinado borrascoso y terrible 
de Pedro. Los hombres de Castilla en esta miserable 
época parece que no tenian espíritu sino para aborre- 
cer, ni brazos sino para destruir. ¿Cómo era posible 
que en medio de la agitación de aquellas turbulencias 
pudiese lucir tranquílamete la antorcha del ingenio, 
ni oírse los cantos de las musas? Asi es que solo se 
cuenta en ella un cortísimo número de poetas : Juan 
Ruiz, arcipreste de Hita; el infante don Juan Manuel, 
autor del Conde Lucanar; el judio don Santo, y Ayala 
el cronista. Los versos de estos escritores unos se han 
perdido, otros existen todavía inéditos ; habiendo sa- 
lido solamente ¿ la luz pública los del Arcipreste, que 
por fortuna son tal Tez los mas dignos de conocerse* 

El argumento de sus poesías es la historía de sus 
amores, interpolada con apólogos, alegorías, cuentos, 
sátiras , refranes , y aun devociones. Vencía este autor 
¿ todos los anteriores, y pocos le aventajaron después, 
en facultad de iaventar, en vivacidad de fantasía y de 
ingenio, en abundancia de chistes y de sales ; y si hu- 
biera tenido cuenta con elegir ó seguir metros mas de- 
terminados y fijos, y su dicción fuera menos informe y 
pesada, esta obra sería uno de los monumentos mas 
curiosos de la edad media. Pero la rudeza de las formas 
exteríores hace insufrible su lectura. Sean muestras de 
su versificación y estilo las coplas siguientes, en que el 
poeta pide á Venus que interponga su favor para con 
una dama á quien amaba , la cual era , según la pinta, 

De talle muy apuesta , de gestos amorosa , 
Donegil muy lozana , plasentera et fermosa , 
Cortés et mesurada » falaguera , donosa , 
Graciosa et risueña , amor de toda cosa... 

Señora doña Venus, muger de don Amor, 
Noble dueña , omillome yo vuestro servidor, 
De todas cosas sodes vos el Amor señor. 
Todos vos obedescen como á su faoedor. 

Reyes, duques , et condes , é toda criatura 
Vos temen é vos sirven como á Tuestra fecbura, 
Gomplid los mios deseos , é dadme dicha é ventura, 
Non me seades escasa, nin esquiva, nin dora... 

So ferído é llagado, de un dardo so perdido, 
En el corazón lo trayo encerrado et escondido ; 
Non oso mostrar la laga , matarme ha si la olvido, 
E aun desir non oso el nombre de quien me ha ferído. 

El color he perdido, mis sesofrdesfiíllescen , 
La fiDierza non la tengo, mis ojos non parescen. 
Si vos non me valedes, mis miembros desfallecen. 



seat» la venlflaclaa j el isafaala fanu aaa presaadoa mwf 
tnuf i (jívor da «ita opiatoa. 



Venus, entre otros consejos, le dice : 

Toda mujer que mucho otea , ó es rísnefia , 

DU' sin miedo tus ooitas, non te embargue vergüeña, 

Apenas de mil una te desprecie... 

Si la primera onda de la mar airada 
Espantase al marinero cuando viene turbada, 
Nunca en la mar entrarie con su nave ferrada. 
Non te espante la dueña la primera vegada. 

Con arte se quebrantan los corazones duros, 
Témanse las cibdades , derribanse los muros , 
Caen las torres altas, álzanse pesos duros, 
Por arte juran muchos , por arte son peijuros ! 

Por arte los pescados se toman so las ondas, etc. 

Podríanse citar otros trozos mucho mas picante*:, 
entre ellos la descripción del poder del dinero , que ti(!- 
ne una mordacidad y una libertad de que difícilmente 
se hallarán ejemplos en otros escritores de dentro y 
fuera de España en aquel tiempo , aunque entrase en la 
comparación el independiente Dante; ó la chistosa apo- 
logía y alabanza de las mujeres chicas, que empieza : 

Quiero vos abreviar la predicación ; 
Que siempre me pagué de pequeño sermón, 
£ de dueña pequeña , et de breve rason ; 
Ca de poco et bien dicho se a6nca el corazón , etc. 

Pero bastan á mi propósito los ejemplos citados. Alguna 
vez el poeta , cansado acaso de la monotonía y pesadez, 
varia del metro que generalmente usa, y introduce otra 
combinación de rimas en cantigas que mezcla con su 
narración ; como , por ejemplo , la siguiente : 

Cerca la tablada 
La sierra pasada 
Fallem con aldara 
A la madrugada. 

Encima del puerto 
Coidé ser muerto 
De nieve é de frió ; 
E de ese roció, 
E de grand helada* 

A la decida 
Di una corrida , 
Fallé una serrana, 
Fermosa, lozana, 
E bien colorada. 

Dixe yo á ella : 
Homillome, bella, etc. 



Don Tomás Antonio Sánchez ha publicado ks obras 
de casi todos los autores mencionados con ilustracio- 
nes excelentes , así para dar noticia de ellos como pare 
la inteligencia del texto, que la ancianidad y rudeza del 
lenguaje y los vicios de los códices han oscurecido á por- 
fía. Allí están como en una armería estas venerables 
antiguallas: objetos preciosos de curiosidad pare eleru* 
dito, de investigacionea para el gramático, de observa- 
ción pan el filósofo y el historiador; pero que el poo 
u, sin gastar tiempo en estudiarios, saluda con reapeto^ 
como á la cuna de lu lengua y do su arte. 



W 



:- ' , v^^ 



PASTE PRIHEBA.' 



I huU A üempo da GinlliM. 
Dtan ya mas formados y vigorosos 
Mr los poelas del siglo iv^ ; do es 
reso li se atiende i la muche- 
LCias que entonces concurrieron 
«la- Los juegos florales, estable- 
iadosdelsiglo anterior, y traídos 
in i sus estados ea fines del mís- 
iiiios que coulendian porganarlos 
estas solemnidades, lasceremo- 
S, la COQsislencia y coosideracion 
', la aflcion de los principes , los 
meralmente conocidos, las luces 
[odas parles y deshacían la cali- 
} siglos bárbaros, la imitacioa de 
cy mas pronta, se habia ilustrado 
uyó poderosamente i la acogida 
primera que se cultiva cuandolos 
u cÍTílizacJon. Asi al echar la vis- 
[lioneros, donde están recogidas 
ca,loprimeroqueseadmiraesla 
Lores, j lo segundo su calidad. 
;e camplacia mucho ea oir los de- 
s también rimaba , iotrodujoeste 
:si todos los grandes, á imitación 
e cultirabau. Coplas hacia el coa- 
oplas el duque de Arjoua, coplas 
idaVillena, coplas el marqués de 
Bu, otros ciento tanto 6 mas ilus- 

liadadoálaTersiñcacioneremu- 
i que la de los siglos anteriores 
de arta mayor y los versos octo- 
Bi rasUdiosa dd alejandñno ; las 
mas agradablemente el oido, yoo 
oseras martilladas del sonsonete 
lerlodo poético mas despejado y 
ido en cuando al espíritu con las 
acia y la elegancia. Suavizóse un 
nteque elaile tenia, y dejando los 
mdasde devoción y la serie pesa- 
iptosárídos y secas sentencias , se 
UBI proporcionados i sus fuerzas; 
y el tono de la elegía eran lo que 
sentía en sus acentos. En fia, la 
es latinos, mas generafizada ya, 
ees el modo de imitar, otras les 
es, símiles y eiomacioneE con que 

mero de poetas que entonces Ho- 
escuella sobre todos, por e) talen- 
de sus escritos, es Juan de Mena. 
rínla el monumento mas intere- 
it en aquel siglo, y con él dejó 
tro esoiloraa. El poeti eo esta 



-LITERATURA, 
obra se supone con el i 
de la fortuna, y al tiei 

la empresa se le aparee 
en el palacio de aquel 
de maestra. AD! prim 
cripcion geográfica lii 
tres grandes ruedas c 
tiempos pasados , pres 
compone de siete cfr 
Influjo que los síüle pl 
hombres, por las incl 
uno hay gentes innumc 
del planeta í quien el 
luna, los guerreros d 
delosdemás. Laruedi 
vimiento, ¡as otras de 
bre un velo de tal moi 
£ imágenes de liombreí 
cebida la obra bajo est 
siete úrdenes;ye]poet 
versando con la Provit 
importantes de que l¡( 
lebres, asigna susca 
historia, mitología y I 
ce de cuando en cuan 
tes para la conducta i 
blos. Asi, el Laberiw 
coplas frivolas úinsigt 
que atenderes al artif 
be ser mirado como la 
en toda la extensión qi 
el depósito de todo lo i 
Si la iovencion de 
grandiosidad y filosofl 
nuestro paela,suméri 
selepucUeranegareld 
cipal. Pero siendo ya c 
bles visiones de Dant 
esfuerzo de espíritu ni 
mentó del ¿o&m'nío a 
hecho Mena masque i 
elsitiodela escena ei 
Los pensamientos son 
yhonestas.Selevetoi 
far aquí al monarca < 
leyes no sean telas de i 
mente á los grandes r 
pedirle querepríma el 
los lares domésticos, i 
dignarse de la barbaí 
libros de don Euriqut 



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•I 









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Ȓr 






\^ ObHAS COMPLETAS DE bON 

tragos 7 desórdenes de Castilla , como castigo del repo- 
so en que los grandes dejaban á los infieles, por atender 
solamente á su ambición y á su codicia. 

Los pedazos que tan al frente de esta colección mani- 
festarán el carácter de su fantasía , de su versiGcacion, 
de su estilo y su lenguaje. El se expresa generalmen- 
te con mas fuerza y energía que gracia y delicadeza; 
su marcha es desigual, sus Tersos, á veces valientes y 
numerosos , decaen otras por falta de cadencia y de me- 
dida; su estilo, animado, vivo y natural en partes, de 
cuando en cuando toca en hinchado ó en trivial ; en fin, 
la lengua en sus manos es una esclava que tiene que 
obedecerle y seguir de grado ó fuerza el impulso que le 
da el poeta. Ninguno ha manifestado en esta parte ma- 
yor osadía ni pretensiones mas altas : él suprime síla- 
bas , modifica la frase á su arbitrio , alarga ó acorta las 
palabras , y cuando en su lengua no halla las voces ó los 
modos de decir que necesita, acude á buscarlos en el 
latín, en el francés, en el italiano, en donde puede. 
Aun no acabado de formar el idioma , prestaba ocasión 
y oportunidad para estas liceucias, que se hubieran con- 
vertido en privilegios de la lengua poética si hubieran 
sido mayores las talentos de aquel escritor y mas per- 
manente su crédito. Los poetas de la edad siguiente, 
puliendo la rudeza de la dicción , haciendo una innova- 
ción en los metros y en los asuntos de sus composiciones» 
no conservaron la noble libertad y las adquisiciones que 
en favor de la lengua habian hecho sus antecesores* 
Si en esto los hubieran seguido , el lenguaje castellano, 
y sobre todo el lenguaje poético, tan numeroso, tan 
varío, tan majestuoso y elegante, no envidiaría flexi- 
bilidad y riqueza á otro ninguno. 

El Laberinto ha tenido lasuerte de todas lasobrasque, 
saliendo de la esfera común , forman época en un arte. 
Se ha impreso y reimpreso diferentes veces, muchos le 
han imitado, y algunos críticos respetables le comen- 
taron, entre ellos el Brócense. Así ha pasado hasta nos- 
otros, si no leido en su totalidad con placer, por la ru- 
deza del lenguaje y monotonía de la versificación, por 
lo menos registrado con gusto , citado con oportunidad 
y mentado siempre con estimación. Mayor respeto se 
hubiera concillado si el autor, al proponerse escríbhr 
sobre las cosas de su tiempo, se manifestase mas ajeno 
y distante de las maquinaciones y partidos que enton- 
ces habia en Castilla. Este era el medio de verlas mejor 
y de juzgarlas con mas independencia. Juan de Mena á 
la verdad no era continuo en la corte; pero el cronista 
del Rey, el amigo de don Alvaro de Luna, el corresponsal 
de los principales señores, no podía llenar debidamen- 
te la obligación que habia tomado sobre sí. El poema 
que hoy hada debía verse mañana por el Condestable, 
por el Almirante, por el marqués de Santillana, ó por 
cualquiera délos demás ríeos-hombres, todos aficiona- 



^ I 



Otilo 0D Ateott los libros SatldM 
Ove de Protáfons te reprobaren, 
Con eerlBotii mam te qvenaraa 
Cviiido ti Seatát Jit lunta ItUot* 



llAÑUÉL JOSÉ OtlNTANA. 

dos á la poesía , pero mas opuestos todavía entre s( eñ 
gustos, intereses y pasiones. ¿Cómo era posible explicar- 
se con entereza y verdad 1? Así es que su vigoroso espi- 
rítu, no empleando mas que la mitad de su fuerza, se 
quedó muy lejos de la dignidad y altura á que de otro 
modo pudiera fácilmente elevarse. 

Los otros poetas mas distinguidos de este siglo fue- 
ron el marqués de Santillana, uno de los caballeros mas 
generosos y valientes que hubo en él, hombre docto 
y poeta fácil y dulce en los amores, cuerdo y grave 
en las sentencias; Jorge Manrique, que floreció después 
y que en sus coplas á la muerte de su padre dejó el tro- 
zo de poesía mas regular y puramente escrito de aquel 
tiempo; Garci Sánchez de Badajoz, que escribió co- 
plas con mucho calory agudeza; en fin, Maclas, ante- 
rior á todos , autor de solas cuatro canciones , pero que 
no será olvidado jamás, por sus amores y muerte deplo- 
rable ^. 

Se engañaría cualquiera que buscase en los Cancio* 
ñeros antiguos una poesía constantemente animada, in- 
teresante y agradable. Después de haber visto tal cual 
composición en que la indulgencia con que se lee suple 
á las veces por el mérito que le falta , el libro se cae de 
las manos y no se vuelve á coger con facilidad. Es cier- 

* El mismo da á entender en sn obra la eirconspeedon y re- 
serva á qoe se vela obligado. Véase la Orden de Mercurio, eopla 93; 
y It epistola SO del CeuUm ephtoiarU del baehiller Cfbdad Retí, 

t Hacías era gentilbombre del maestre don Enriqne de Vlllent. 
Entre las damas qne senfi?n á este sefior, habia una de qnien se 
prendó el poeta, y de cayo amor no pudieron arrancarle ni el verla 
casada con otro , ni las reprensiones del Maestre , ni» en fin, la prí. 
sion en qne este le mandó custodiar. El esposo, lleno de celos, se 
concertó con el alcaide de la torre en qne estaba sa rival, y halló 
modo de arrojarle por vna ventana la lanza qne llevaba y atravc- 
sarle con ella. Cantaba entonces Macfas ana de las canciones que 
habia hecho á sn dama , y así espiró con el nombre de ella y del 
amor en los labios. Las dos calidades de trovador y de amante, uni- 
das en él, le hicieron «n objeto solemne y casi religioso entre ios 
poetas del tiempo. Los mas de ellos le celebraron , y sn nombre , i 
qne se nnió el dictado de enamorado , quedó como proverbial para 
designar la ftnen de los amantes. No dtsgnstari i los lectores ver 
aqnilts eoplu que Mena le destinó en el Laberatto. 

Tanto anduvimos el cerco mirando 
K que nos bailamos con nuestro Macfas, 
T vimos qne estaba llorando los días 
En que de sn vida tomó fln amando : 
Llegué mas acerca , tnrbado yo, cuando 
Vi ser un tal hombre de nuestra nacioi., 
T vi que decía tal triste canción , 
En elegiaco verso cantando : 

«Amores me dieron corona de amores 
Para que mi nombre por mas bocas ande» 
Entonces no era mi mal menos grande 
Cuando me daban placer sus dolores : 
Vencen el seso sus dulces errores , 
Mas no duran siempre según luego aplacen, 
T pues me hicieron del mal qne vos hacen. 
Sabed al amor desamar , amadores. 

« Huid no peligro tan apasionado. 
Sabed ser alegres, dejad de ser tristes. 
Sabed deservir d quien tanto tervistes, 
A otro qoe á amores dad vuestro cuidado; 
Los cuales si fuesen por un Igual grado 
Sus pocos placeres según su dolor. 
No se quejan ningún amador 
NI desesperara ningún desamado. 

•Bien como cuando algún malbeehor 
Al tiempo que hacen de otro Justicia » 
Temor de la pena le pone cobdicia 
De aiU en adelante vivir ya ne|or; 
Mas desqne pasado por tqntl temor, 
Tnelve á %^% vicios como de primero , 
Aii me volvieron A do desespero 
Anoret qat quieren que muera amador.» 




PARTE PRIKERA, 

M encuentra un pensamiento 
oportuna y una copla bien cons- 
) se tropieza con puerilidades, 
■ersos iotormes, rimas indeter- 
al escritor con la dureza de la 
le la veisiGcacian ; y á pesar de 
vencido de ta diflcultad , no ati- 
eipresion ní con la bella anno- 
ÜMn á Virgilio, Horacio, Ot¡- 
oetas Bnt¡([Uos; pero si i veces 

oportunidad , mas frecueote- 
cture pa ra alusión es incoheren- 

Iwcer ostentacioQ de pueril é 
»*, No acertaban á imitar de 

planes y el admirable artificia 
dones sabían desenTol«er y tí- 
, y sostener y graduar el efecto 

el fin. Por último, los versos, 
|ue los del tiempo antiguo, te~ 
tute de ia monotonia, y de no 
'aríedad, elevación y grandeta 
>dos poéticos, según laBimige- 
ntos que 



OlTld>ri. 

Slods Hi torotn niidg 
RTiKideiTiniioia, 
SardanipilD inlmasi), 
TorjiB Silomon ( rudo ; 
Ki inü Ucnpo ana ñ, 

Conm rriahin 






I^.Mid 



Him , 

AntlcDle Sdili é foiou, 

BSeUmpoMrt; 

AnlM Me el Inuao mío 

Se ptrllcM 

Del tn Biido t Milorio, 

Hin podlfie. 

Lú lene ngnt btrlm 
Anlet pM con todo límenla, 
Uilirtn Ui innu enento. 
Lo* ntre* t« etoUrta; 



Otri alrDaí, 

Ca laereí ctrinMi, 
E ja 10 Derro, lelori. 
K me Uní teda hon 
Con lolno id noD (ngldi. 
Pero non u Dintllle , 
Citderoi 
Sq^ode b* BiJuM 



Deile Girdligo 

Se atribuye genera I mci 
cion en nuestra poesía de 
la versiGcBcion italiana, j 
de Venedaen España, ac 
que, empezada por él, y sf 
Acuña, Cetina y otros bue 
te mudar de semblante el 
nociesen antes de él los e 
algunos en el (^ondeZ'Ucaí 
marqués de Santillana en 
tos al modo que los itali 
liabian tenido consecuenc 
Filé cuando se dedicaron ; 
versificación. Ysi bien yt 
esto la relación intima qi 
entre las dos naciones, q 
mediano como Boscan , t( 
glorioso para él haber sido 
y contribuir coa su ejem| 
certa. 

Pero los que se liallabaí 
tigua , levantaron al insta 
cion, y trataron á sus bul 
yalevososíIapolria.Alfre 
nejo, en las sátiras que esc 
{que así los llamaban), ( 
que Lulero introducía ei 
comparecer en el otro m 
ante el tribunal de Juan 
otros trovadores del ttem 
el juicio y condenación di 
supone que Boscan dice n 
lava delante de sus jueces 

IiuDdelIeBa,c 
La nuera Iroba pi 
Contentamiento i 
Caso que le sonri 
Como de cosa sat 
y d^: según la p 
Once silabas por ! 
No hallo causa pe 
Se tenga por cosa 
Pn es yo también! 

[km Jwge dijo : 
Necesidad ni rati 
De vestir nuestro 
Pe copias que por 
Van diciendo su fi 
Nuestra lengna ei 
De la clsrt breveí 
y esta trova i tai 
Por el contrario d 
Obscura prolijlda 

t^rtagena dyo 
Como práctico en 
CoalabwKidei 
No nos ganaren el 
EtU» nnevoa (roí 



iü 



bhtíÁ& GOMPLEtAS fifi DON 



Muy melancólicas son 
Estas troyas 4 mi ver, 
En&dosas de leer. 
Tardías de reladon , 
Y enemigas de placer. 

Si Juan de Mena y Manrique hubieran podido mani- 
festar entonces algún sentimiento, fuera el de no ha- 
llar establecida ya la Tersilicacion nueva cuando escri- 
bieron; el genio fogoso y atrevido del uno, el grave y 
sesudo del otro habrían hallado para la eipresion de 
sus pensamientos y pinturas un instrumento á propósito 
en el endecasílabo. Hubieran conocido al instante que 
las coplas de arte mayor, reducidas á sus elementos» 
eran una combinación continua y cansada de versos de 
seis silabas; que los octosilabos aconsonantados ser- 
vían mas para el epigrama y el madrigal que para la 
grande poesía; y que las coplas de pié quebrado, esen- 
cialmente opuestas á toda armonía y á todo placer, no 
debían sostenerse* Esto no lo podía conocer Castillejo : 
escribía sí la lengua castellana con propiedad, facili- 
dad y pureza ; pero el numen , la invención , las imáge- 
nes altas y animadas, la fuerza del pensamiento, el ca- 
lor de los afectos, la variedad , la armonía; todas estas 
dotes , sin las cuales , ó á lo menos sin muchas de ellas, 
nadie es considerado poeta , todas le faltaban. Así, no 
es de extrañar que, encastillado en sus coplas, suficien- 
tes para la expresión de los pensamientos agudos é in- 
geniosos en que abundaba, desconociese la necesidad 
que tenía nuestra poesía de la versificación nueva para 
salir de su infancia. Esta tenia mas libertad y soltura, 
daba oportunidad para variar las pausas y las cesuras, 
y presentaba á la infinita variedad de formas que tiene 
la imitación la muchedumbre de combinaciones que 
puede recibir la colocación de los versos largos y cor- 
tos. Tales ventajas se lograban con el nuevo sistema, y 
todas fueron reconocidas por los nuevos ingenios que 
las adoptaron ; pero para ello era preciso tener la cua- 
lidad de poeta, y Gastill^o, rigorosamente hablando, 
no (a tenia. 

Esta circunstancia era para la disputa mucho mas 
necesaria de lo que parece, pues aunque no hubiese la 
grande diferencia que existia entre unos y otros me- 
tros, siempre llevaría la palma aquel partido que pu- 
siese en su favor mejores versos y composiciones mas 
agradables. En tal posición el solo talento de Garcilaso 
debia anonadar, como lo hizo, y convertir en polvo á 
todos los copleros. ¡C!osa verdaderamente extraña, por 
no decir admirable I Un joven que muere á la edad de 
treinta y tres años , entregado ¿ la carrera de las armas, 
sin estudios conocidos , con solo su particular talento, 
auxiliado de su aplicación y buen gusto , saca de repente 
á nuestra poesía de su infancia , la encamina felizmente 
por las huellas de los antiguos y de los mas célebres 
modernos que entonces se conocían ; y rivalizando á 
veces con ellos, la engalana con arreos y sentimientos 
propios, y la hace hablar un lenguaje puro , armonioso, 
dulce y elegante. Su geniOi mas delicado y tierno que 



UANOEL JOSft QUtNtANA. 

fuerte y elevado , se hiclínó de preferencia I las imáge* 
nes dulces del campo y á los senUmi«ito8 proinos de la 
égloga y la elegía. Tenia una fantasía viva y amena, un 
modo de pensar decoroso y noble, una sensibilidad ex- 
quisita; y este feliz natural, ayudado del estudio de los 
antiguos y de la comunicación con los italianos, pro* 
dujo aquellas composiciones que, aunque tan pocas, se 
concillaron al instante una estimación y un respeto que 
los tiempos siguientes no han cesado de confirmar. 

Desearan algunos que se hubiese entregado mas á sus 
propias ideas y sentimientos; que estudiando igual- 
mente á los antiguos , no se dejase llevar tanto del gusto 
de traducirlos, y que no abandonase las imágenes y 
afectos que su excelente talento le sugería, por las imá- 
genes y afectos ajenos ; que ya que en la mayor parte es 
un modelo de cultura y de elegancia, hubiera hecho des- 
aparecer algunos rastros que tiene de la rudeza y des- 
aliño antiguo ; por último , quisieran que la disposición 
de sus églogas tuviese mas unidad , y hubiese mas co- 
nexión entre las personas y objetos que intervienen en 
ellas. Pero estos defectos no pueden contrapesar las mu- 
chas bellezas que aquellas poesías contienen , y es prí- 
vilegio concedido á todos los que abren una nueva car- 
rera el poder errar sin que su gloria padezca. Garcilaso 
es el primero que dio á nuestra poesía alas, gentileza y 
gracia, y para esto se necesitaban mas talento y mas 
fuerza, sin comparación alguna , que para evitar las fal- 
tas en que la necesidad, su juventud y la flaqueza in- 
dispensable en la naturaleza humana le hicieron caer. 

A las prendas sobresalientes que tiene como poeta se 
añade la de ser el escritor castellano que manejó en 
aquel tiempo la lengua con mas propiedad y acierto. 
Muchas voces y frases de sus contemporáneos , muchas 
de otros autores posteriores han envejecido ya y des- 
aparecido ; el lenguaje de Garcilaso, al contrarío, si so 
exceptúan algunos italianismos que su continuo trato 
con aquella nación le hizo contraer, está vivo y flore- 
reciente aun , y apenas hay modo de decir suyo que no 
se pueda usar oportunamente hoy día. 

Tantas especies de mérito reunidas en un hombre 
solo excitaron la admiración de su siglo, que le dio al 
instante el título de príncipe de los poetas castellanos : 
los extranjeros le llaman el Petrarca español; tres es- 
critores célebres le han ilustrado y comentado, entre 
ellos Fernando de Herrera ; infinitas veces se ha impre- 
so , y todos los partidos y sectas poéticas le han respe- 
tado. Sus bellos pasajes corren de boca en boca por to- 
dos los que gustan de pensamientos tiernos y de imáge- 
nes apacibles; y si no es el mas grande poeta castellano, 
es el mas clásico á lo menos, el que se ha conciliado 
mas aplauso y mas votos , aquel cuya reputación se ha 
mantenido mas intacta , y que probablemente no pere- 
cerá mientras haya lengua y poesía castellana. 

El impulso dado por Garcilaso fué seguido de algu- 
nos buenos ingenios de su tiempo , que fueron don Her- 
nando de Acuña, Gutierre de Cetina, don Luis de Ha* 
rO| don Diego de Mendoza y otros pocos; pero todof 



PARTE PRIMERA, 
; pnn encontrer an escritor «d 
[un pToffvu es preciso bmcvle 
Esle hombre doctísimo, nrsado 
icion, ioteligetite ea las lenguas 
iD relaciones de amistad i todos 
> , fué u tío de los escritores á quie- 
ta deliiú mas, por el nervio 7 pro- 
íbia, j el quedióánuestrs poesía 
do hasta él. Las caucioaes y so- 
aban escritos en el tono elegiaco 
irca , j sola su Flcr de Guido era 
e se acercó mas al ctrdcter de la 
.uis de LeoD, lleno de Horacio, i 
estudiaba, tomó de él la marcija, 
;odelaoda; y ea una dicción lia- 

manifesur elcraciou , fuerza ^ 
n y su genio le iiiclinabaa mas ai 
e al heroico , sin embargo de que 
nanifieste lo que hubiera podido 
pero en aquel dejó unas cuantas 
« acercan mucho, si do igualan, 
iropusD ipitar. Su principal mé- 
las es el de [N'oducir peosamien- 
rles, imágenes grandes, sen ten- 
te le cuesten ningún esfuerzo, y 
. La dicción y el estilo son ani- 
antes, como que salen de un ma- 
No es tan feliz en la versiücacion: 
f gracioso en ella , carece de gra- 
pocas veces por falta de número 
écto se añade otro , mayor toda- 
w es el deque nadie tiene menos 
le abandona : línguido entonces 
mueve ni enajena , y solo le que- 
Kion y su esülo, que son sanos 
cuando no tengan vida ni color. 
yo pertenecen en mi opinión las 
le la Torre, publicadas por Que- 
udó entonces que estas obras fue- 
ior el editor; pero casi en nues- 
s mucho mérito (don Luis Velaz- 
con un discurso al frente , en que 
luccion de Quevedo, el cual ha- 
«n nombre ajeno ens verso* ema- 
lorancia eu que se esU de la calt- 
del tal Francisco de la Torre; el 
i^ega que había publicada, con el 
s, poesías conocidamente suyos; 
que creia ver Velazquez entre es- 
levedo, con otras razones menos 
os fandamentos de esta opinión, 
iguió sin contradicción alguna. 
10 pasan de meras conjeturas, que, 
use en hecho ninguno positivo, 
al instante que te examinan la na- 

1 aquellas poesías. El que no sepa 
le Queredo de los da Garciinso ú 



.— IITERATÜBA. 
otro cualquiera poe 
drd conftindir con < 
bastante prueba de 
buscados en las obr 
gar, confundidos e 
tienen, si bien se n 
supone. Para saber 
Torre pueden ser ú 
de leer las primera! 
segundo las poesías 
touces es cuando se 
entre uno y otro , y( 
los versos, ya las i 
todo. No es posibli 
equivocar jamás á 1 
mente con lasques 
Con efecto , esta; 
son de tos frutos ma 
tro Parnaso. Todas 
samientos y su estil 
ter, y guardan la p 
dotea mas eminente 
viveía y ternura de 
risueña de la fanta 
bido como é! saca 
sentimientos tierno 
cierva, un tronco 1 
prenden , le conmu 
ternura. Las ímitai 
poesías abundan, ei 
su carícter y estilo, 
él. Es lástima que : 
diese mayorcuidadt 
por expresiones y 1 
también la locuelo 
cienes & omisiones 
cuido y corrupción 
echa de menos en t 
del arte del diálogo 
tuBciones de los ir 
siente con tanta del 
mismo, no acierta I 
de en descripciones 
san y fastidian. 

Hasta ahora la pi 
y sencillas que hábil 
de León le dio algí 
naba mas á loa argí 
como son los que pi 
Día ornamentos de 
queza,ysulenguaj 
jestuoso y brillante 
tural, modesto y sei 
que en su égloga de 
nos versos sueltos 
que con su Diana 
novelas pastorales; 






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134 



OBRAS COMPLETAS DE DON MANUEL JOSfi Q13INTANA. 



res que menos feliz que él en la invención le aventajó 
muciko en los versos, y casi llegó á oscurecerle. Pero 
pasando de estos escritores á los andaluces i, ya se ve 
al arte mudar de gusto, tomar un tono mas elevado y 
vehemente, enriquecery engalanarla dicción, y mani- 
festar la intención de sorprender y arrebatar; en su- 
' ma, aspirar al mena divinior atque os magna sonat^jh- 
fum, por donde Horacio caracteriza Ja verdadera poesía. 
Al frente de estos autores debe, sin disputa, nombrar- 
se á Fernando de Herrera , hombre á quien la elocución 
poética debe mas que á ninguno. Su talento era igual á 
su estudio; y familiarizado con las lenguas latina, grie- 
ga y hebrea , se dedicó , á imitación de los grandes es- 
critores antiguos I á formar un lenguaje poético que 
compitiese en pompa y riqueza con el que ellos usaron 
en sus versos. Es verdad que ya no estaba él en la situa- 
ción de Juan de Mena, y que no tenia facultades para 
suprimir sílabas, sincopar frases, mudar terminacio- 
nes. Esta parte física de la lengua estaba ya fijada por 
Garcilaso y sus imitadores, y no podia sufrir altera- 
ción. Pero la parto pintoresca podia recibir, y de hecho 
recibió de él grandes mejoras : valióse mucho de las pa- 
labras compuestas que ya liabia, introdujo otras nue- 
vas, restableció muchos adjetivos olvidados, á que dio 
nuevo vigor y frescura por la oportunidad con que los 
aplicó, y usó, en fin, de mas frases y modos de decirse- 
parados de la lengua usual y común que ningún otro 
poeta. A este esmero añadió otro no menos esencial, 
que fué el cuidado de pintar al oido, por medio de la 
armom'a imitativa , haciendo que los sonidos tuviesen 
analogía con la imagen. El los rompe ó los suspende, 
los arrastra penosameute ó los precipita de golpe, ya 
los hace rozarse con aspereza , ya tocarse con blandu- 
ra ; en íiu , unas veces corren fluidos y fáciles , otras pe- 
netran el oido con sosegada y apacible melodía. Estas 
dotes que tienen los versos de Herrera en el mecanis- 
mo de su lenguaje, los hacen disünguir de la prosa en 
tal manera, que, descompuestos y rotos, perdida su 
medida y su cadencia , son los que mas conservan el ca- 
rácter pintoresco y divino que les dio el poeta. 

Si de las formas exteriores se pasa á las dotes esen- 
ciales, puede decirse que nadie sobrepuja á Herrera en 
fuerza y osadía de imaginación , muy pocos en el ca- 
lor y vivacidad de los afectos, y ninguno le iguala, si 
se exceptúa á Rioja, en dignidad y en decoro. La ma- 
yor parte de sus poesías se reducen á elegías, cancio- 
nes y sonetos en el gusto de Petrarca. Fué este poeta el 
primero que , separándose del modo con que los anti- 
guos habían pintado al amor, dio á esta pasión un tono 
mas ideal y mas sublime. El la acrisoló de la flaqueza 
délos sentidos, convirtiéndola en una especie de reli- 
gión, y redujo su actividad á estar conUnuamente ad- 
mirando y adorando las perfecciones de la cosa amada, 
á complacerse en sus penas y martirios y á contar los 

«Lili de León , aonqoe natonl de Granada , se formó y virio 
«B Saltaanea, y por eonsif niente , no contradice á esu obserra- 
ctoageAcnd. 



sacrificios y privaciones por otros tantos placeres. Her« 
rera, apasionado toda su vida por la condesa de Gelves» 
dio á su amor el heroísmo del amor platónico , y con los 
nombres de Luz, de Sol, de Estrella y de Eliodora le 
consagró una pasión fogosa, tierna y constante, pero 
acompañada de tal respeto y tal decoro, que el pudor 
no podía alarmarse de ella, ni la virtud ofenderse. En 
todos los versos que dedicó á este objeto hay mas ado- 
raciones, mas enajenación de sí mismo, que esperan- 
zas y deseos. Tiene este gusto un inconveniente, que 
es dar en una metafísica nada inteligible, en un alam- 
bicamiento de penas, dolores y martirios muy distante 
de la verdad y de la naturaleza , y que por lo mismo ni 
interesa ni conmueve. A este mal , que de cuando en 
cuando se deja notar en Herrera, se añade que su dic- 
ción , demasiado estudiada y esmerada , peca casi siem- 
pre por afectación , y no pocas veces por oscuridad. El 
estilo y lenguaje del amor quieren ir mas descargados 
y Ugeros para ser graciosos y delicados. Asi Herrera, 
que sin duda amaba con vehemencia y con ternura, pa- 
rece , al decir sus sentimientos , mas ocupado del modo 
de expresarlos que del deseo de interesar con eUos; y á 
esto debe atribuirse que sea de nuestros poetas el que 
menos versos amorosos ha hecho propios para andar en 
boca de las gentes. 

Pero en donde esta dicción rica y poética luce á la 
par de su imaginación ardiente y vigorosa es en la oda 
elevada, donde Herrera, feliz imitador de la poesía grie- 
ga, hebrea y latina, supo llenarse de su fuego y riva- 
lizar con ella. Este género en su origen estaba muy dis- 
tante de las ideas ordmarias. El poeta, poseído de una 
exaltación que no estaba en su mano ni moderar ni re- 
gir , cantaba sus versos junto á las aras de los templos, 
en los teatros públicos, al frente de los ejércitos , en las 
grandes solemnidades nacionales. El numen que le ins- 
piraba le hacia volar entonces á otras regiones y ver 
cosas escondidas al común de los hombres. Desde allí, 
en un lenguiye de fuego y por todas sus circunstancias 
maravilloso, hacia descender la verdad de lo alto eu 
grandes y fuertes lecciones para los pueblos; abría las 
puertas del destino, y anunciaba lo futuro; entonaba 
himnos de gratitud y de alabanza á los dioses y á los 
héroes, ó llenando de furor patriótico y guerrero á los 
escuadrones armados, los llamaba á los combates y á la 
victoria. En tal posición, el poeta lírico no debía pare- 
cer un hombre como los demás : su agitación, su len- 
guaje , los números á que le reducía , la música con quo 
le cantaba, la audacia de sus figuras, la grandeza do 
sus pensamientos , todo debía contribuir á considerarlo 
en aquellos momentos de entusiasmo como un ser so- 
brenatural, un intérprete de la divinidad, una sibila, 
un profeta. 

Tal fué en la antigüedad el carácter de la oda, que 
después las nadónos modernas han introducido con mas 
ó menos buen éxito en su poesía . Pero despojada del can* 
to y alejada de las solemnidades y concurrencias nume- 
rosas , no ha sido mas que un débilroflcyo de lainspira* 



PARTE PRIMERA. 
. Los gnniles poetas moder dos lian creído 
tuirleeicanictereíalladoydiTiiioquctuvo 

era preciso trasplantarla otra vez ul país 
, j llenarla de los ideas , imágenes ; aun 
15. Fué Herrera el primero que la coocibió 
itros ; Horacio Labria adaptado con gusto 
>0D Juan de Austria; el himao por la ba- 
Dlo respira en todas partes aquel fogoso 
j está adornado de las imágenes ricas y 
las que caracterizan la poesía hebraica ; j 
gíaca al Rey don Sebastian , animada del 
u que el himno, está llena déla melanco- 
1 que debia producir en una imaginaciou 
laiústrofe miserable. Hasta en cauciones 
ntes por su asunto y su composición se 
Kados y dignos de Pitidaro , sobresaHeudo 
I esmero en la dicción , aquella poesía do 
cual jamás podrán confundirse tres Tersos 
de olro DÍugun poeta. Sernrin de mues- 
rte los siguientes sacados de su canción á 

, que no es de las mejores. 

6 el sagrado Bélis, de florida 
i , 7 blandas esmeraldas llena 

s perlas la ribera ondosa , 

o alzó la barba revestida 
__ ._.e musgo, j removió en la ar&ia 
El motibie cristal de la sombrosa 
Gruta,; la Taz honrosa 
UcjuDcus, caüas y coral ornada, 
Tendió los cuernos húmidos, creciendo 
La abundosa corriente dilatada , 
■u imperio en el Océano eiteodiendo. 

Al citar Lope de Vega estos versos como un modelo 
di: locución poética, tan opuesta á las cilravagancias 
del culteranismo, lleno de entusiasmo, eiclamaba: 
tiAqui no eicede ninguna lengua ú la nuestra, perdo- 
nen la griega j latina. Nunca S« me aporU de los ojos 
Fernando de Herrero. » 

Sus paisanos le dieron el renombre de ZJívíno, y de 
lodos los poetas castellanos á quienes se diú este titu- 
lo, ninguno le mereció sino él. A pesar de esta gloria 
y de las alabanzas de Lope , bu estilo y sus principios 
tuvieron pocos imitadores entonces; y basta el resta- 
blecimiento del buen gusto en nuestro tiempo no se 
ha conocido bien el mérito eminente de su poesía, y la 
necesidad de seguir sus huellas para elevar la lengua 
poética sobre la lengua vulgar. Imitóle don Juan de Ai^ 
guijo en sus sonetos, descargando un poco el estilo del 
Bicasivo ornato que tiene en Herrera; pero quien le 
mejoró infinitamente mas fué Francisco de Rioja,se- 
TÍUauo también como los otros dos, y discípulo de la 
misma escuela , aunque floreció bastantes aüos después. 

Igual en talento i Herrera, y superior en gusto, Rioja 
hubiera fijado sin duda los verdaderos limites entre la 
lengua prosaica y la poética ú hubiese eacrito mas ó 
M conserraien sus composiciones. ¿Cómo es posible 
que tm bondkre áe tan grande ingenio, y que virio tan- 
Uw añoi , no eicribieaj mas qtu 01» caución, ana epb- 



- LITERATURA, 
tola , treco sílras y unos cuan! 
creer es que sus escritos se pe 
vicisitudes que tuvo su vida, 
entre los muchos mo numen los 
otros Inclmn todavía con el pol 
suyo que lia quedado es sulicii 
nos idea de su carácter poél 
los otros por la nobleza y sever 
la novedad y elección de los i 
vehemencia de su entusiusoii 
eicciencia del estilo, que es! 
cion, elegante sin nimiedad, i 
y adornado y rico sin ostcntaci 
que le distingue parliculannei 
construye sus períodos, los ci 
h brevediid, ni se arrastran p 
defecto grande y frecuente en 
tas, cuyas cláusulas, no bien 
aliento cuando se recitan. Biei 
cas composiciones hay resabi 
poetas del siglo xvi , y del fa 
guíente; pero ademis de que 
nerse presente que no limó él 
para publicarlos : disculpa has 
Por mucha importancia que s 
drdn quitar la primacía que g( 
ros poéticos las delicadas síIve 
lica canción & las ruinas de I 
cplslola moral ¿ Pablo. 

Al último tercio del siglo xn 
tas, célebres entonces, perod 
ferior á los ya nombrados :Juai 
ucea mas bien á la historia de 
primeros corruptores se le cu 
Barahona de Soto, autor del po 
gélica, aplaudido mucho en su 
ahora ; Pedro de Padilla , escr 
pureza de la dicción y fluidez i 
de í magia ación y de calor; yi 
que menos señalados , no dej 
progresosdelarte. Aestaépocí 
pedes, pintor, escultor y pee 
vas sobro la pintura respira fn 
goroso y pintoresco de Virgili< 
misma Vicente Espinel , ínv< 
guitarra y de las décimas en li 
nombre se llamaron Espinela 
recia de gusto y de doctrina, 
tanto despejoy pureza, tenia 
oido, y sus períodos poéticos st 
tos , Henos y sonoros , que no 
estimación en que sus conten 
su ejemplo contribuyó podera 
sos mas facilidad , mas nAmer 



M 



OBRAS COMPLETAS DE DON MANUEL JOSÉ QUINTANA. 



ARTICULO lY. 
De los Argensolas y otros poetas hasta Góvgon* 

Ninguno de los autores de este tiempo igualó á los 
Argensolas en circunspección y en cordura , en facili- 
dad de rimar , y en corrección y propiedad de lenguaje. 
Son tan sobresalientes en esta úllima parte, que Lope 
de Vega decía de ellos que habian venido á Castilla 
desde Aragón á enseñar la lengua castellana. Su erudi- 
ción, la severidad de su doctrina , sus conexiones , la 
grande protección que les dispensó el conde do Lémos, 
fueron las causas de aquella especie de magisterio que 
ejercieron sobre sus contemporáneos , y de aquella su- 
perioridad reconocida y confirmada por las alabanzas 
que de todas partes se les prodigaban. Dióseles el título 
de Horacios españoles, y siempre se le» reputó como 
poetas de primer orden , conservando una opinión casi 
tan intacta como la del mismo Gascilaso. 

Sin intentar disminuir la justa estimación que se les 
debo ni contender con sus muchos apasionados, yo di- 
ría que su fama me parece mucho mayor que su méri- 
to, y que si la lengua les debe mucho , por el esmero y 
la propiedad con que la escribian , la poesía no tanto, 
donde su reputación está al parecer mas afianzada en 
los vicios que les faltan que en las virtudes que poseen. 
£n el género lírico son fáciles, cultos, ingeniosos; pero 
generalmente desnudos de entusiasmo, de grandiosi- 
dad , de fantasía. Tampoco en los amores tienen la gra- 
cia y la ternura que la poesía erótica pide, y si se ex- 
ceptúa algún otro soneto de Lupercio , no puede citars€ 
en esta parte composición ninguna de ellos, que me- 
rezca llamar la atención y encomendarse á la memo- 
ria de los amantes. No hablaré de la Isabela y la Ale- 
jandra , porque todos convienen , hasta los menos doc- 
tos, que estas composiciones no tienen de tragedias 
mas que el nombre y las muertes friamente atroces con 
que se terminan. Su carácter sesudo, la índole de su 
espíritu, mas ingenioso y discreto que florido y expansi- 
vo , la sal y el gracejo que á veces sabían esparcir, te- 
nían mas cabida en la poesía satírica y moral, donde 
realmente han sido mas felices. Hay en ellos infinidad 
d9 rasgos, preciosos algunos por la profundidad y va- 
entía , y muchos por aquella ingeniosidad de pensa- 
miento, aquella facilidad y propiedad de expresión que 
bs constituye proverbiales. 

Y el vulgo dloe bien que es desatino 
El qae tiene de vidrio su tejado 
Estíur apedreando el del vecino. 

La grave autoridad de la moneda 
Del áspero desden nanea ofendida, 
Porque Jamás oyó respuesta aceda. 

Los lechos oonyugales y aun las canas 
Mandila vuestra industria ó las abrasa. 

El agrai virginal da las alumnas 
En las prensu arrcja aan no maduro 
Shi aguardar ttrdanias imporionas. 



Descoyunta el candado, hornilla el muro ; 
En la femilia toda infunde sueño. 
■ ■••••••* •.«•..•■«•« 

Así tal vez fiada en sa hermosura 
La adúltera gentil con los fingidos 
Celos de su consorte se asegura. 

Ya se desmaya y turba los sentidos, 
Dentro del pecho desleal suspira , 
Los ojos á llorar apercibidos. 

Culpa á los siervos, con la limpia úra 
De los celos legítimos bramando : 
Su noble esposo crédulo la mira 

Enternecido y obligado, y dando 
Satisfacción inútil á su aleve, 
La abraza y pide el corazón mas blando. 

Y con los labios abrasados bebe 
De su Porcia las lágrimas atroces 
Que de los ojos bien mandados llueve. 

Cayo llanto, oh marido, cuyas voces» 
Te dirá su escritorio si son fieles, 
Si con curiosidad lo reconoces. 

¡ Oh santo Dios ! ¡ Qué trazas , qué papeles 
Pérfidos has de hallar! 

Y si es de plata ó nielado el jarro, 
Con el rostro de un sátiro en el pico , 
¡Aplacarte ha la sed mas que el de barro I 

Pues la seguridad con que lo aplico 
A la sedienta boca de agua Heno, 
I Darámela en palacio un vaso rico? 

En el oro mezclaban el veneno 
Los tiranos de Grecia. 

Estos pasajes, sacados de varias sátiras de Bartolomé, 
y otros muchos de mérito igual ó superior que pudie- 
ran citarse , así de él como de Lupercio, prueban su feliz 
disposición para esta clase de poesía. Se los ha compa- 
rado á Horacio , y sin duda tienen con él mas semejan- 
za, sin embargo de la preferencia que Bartolomé daba 
á Juvenal i. Pero ¡ á cuánta distancia no están de él I La 
vivacidad, la soltura, la variedad, la concisión, la mez- 
cla exquisita y delicada de censura y de alabanza , el 
abandono amable y la efusión amistosa que encantan y 
desesperan en su admirable modelo ; todas les faltan y 
acusan la condescendencia excesiva ó el defecto de 
gusto con que sus contemporáneos les dieron el título 
de Horacios. La facilidad de rimar les hacia encadenar 
tercetos sin fin, en que si no se encuentran ripios de 
palabras, hay muchos de pensamientos Esto hace que 
sus sátiras y epístolas parezcan frecuentemente proli- 
jas, y aun á veces cansadas. Horacio , por ejemplo, hu- 
biera aconsejado á Lupercio que abreviase la entrada 
de su sátira á la Marquesina, y otros muchos pasajes 
proUíjos que hay en ella ; á Bartolomé que suprimiese en 
la fábula del Aguüa y la Golondrina la larga enume- 
rucion de las aves, inútil é importuna para un poeta, 
superficial y escasa para un naturalista; h(ü)iera, en 
fin,. advertido á uno y otro que los rasgos satíricos, 
semejantes á las flechas, deben llevar plumas y vohr^ 

* Pero eiaoda á aserlbir sáOras ne|aet« 
A aiDcon frriudo cartapacio 
Sino al dal caoto Jnvenal te entrefuea. 
Porfíe aadie á los fastos de |»alaeio 
Tobó el palso Jamás eon tanto acierto. 
Caá feniifloatffWMstroUiiliae Hondo* 



PASTB nUHBRA, 

eerteía.Gstriste, por otn parte, 
1 de aquel tono desabrido 7 des- 
toman , sin que la indignación 
Ucia el TÍcio Iob exalte , ni la amistad 6 admiracíOD les 
uranque un sentimiento ni un aplauso. Elige uno ami- 
gci entrelosBUtoresgue lea, como éntrelos hombrea 
qoe traía : yo conGeio que no lo soy de estos poetas, 
qDe,i juzgar por sus versos, parece que nunca amaron 
id estimtroD anadie. 

Discípulo del menor Argentóla íaé Villegas, que si 
■llaleuto natural bubiera hermanado alguna parte del 
juicio y sensatez de su maestro, nada dejara que desear 
ea los géneros que cultivó. El fuí el primero que nos 
£A i conocer la enacredntica ; y si en sus cantinelas y 
moDdstrofes se ofende i veces el gusto con los falsos 
conceptos , los equívocos 7 retruécanos que encuentra, 
masTrecueotamente se agrada con la vivacidad, la li- 
gereza y la gracia que la anima , con aquella libertad y 
travesura tan propias de un muchacho, con aquella ca- 
dencia, en fin, y aquel acento que halagan y cautivan 
d oído y hacen perdonarlo todo. No sucede lo mismo 
coDtns versos mayores : fácil generalmente y numeroso 
en ellos, rima con desahogo y maestría, y descubre 
decuandoencuando un seso y una doctrina muy supe- 
riores i BUS pocos años. E^ro ¿qué son idilios sin sen- 
ciUei y sin afectas , elegías sin melancolía ui ternura, 
odas sin elevación ni entusiasmo? Aun cuando estuvie- 
sen libres de estos defectos capitales, siempre perde- 
rían mucho de su valor por la continua afüctacion y pe- 
dantería, por las locuciones viciosas, antítesis y falsas 
llores de que abundan *. 

Otra novedad inteotd , qne pedia para arraigarse mas 
(oerzas que las suyas. ProbtJseá componer súficos,eii- 
metroa y dísticos castellanos; y aunque las muestras 
que publied no sean del todo Infelices , especialmente 
en los sáQcos , por so analogía con nuestro endecasíla- 
bo, naba tenido después quien le siga en esta empresa. 
Pide el exámetro una prosodia mas determinada y fija 
qne la que tiene nuestra lengua, para contentar el oido, 
y por lo mismo su imitación es Cauto mas diíícüj por 
no decir imposible. Sin duda hubiera gauado el arte cu 
el establecimiento de esta novedad, pero para ello s-^ 
ucesitaba que hubiese estado entonces en sus princi- 
pios; que la lengua , dúcily Qeiible, se prestase á la vo- 
hmtad del poeta, y que esta tuviese un genio colosal 
qoe subyugase 6 los otros, y ¡es hiciese una loy de ver- 
¿Getr como él. Era mal tiempo do introducir oíros r¡(- 

* i Pdu mé diré del giDdtro Anqnliul 
Vu pniíptaJo i VíDoi Cllcreí, 

ÍM<ta et el horlelaiiit dt ui Llut 
< el pincel ■■ el Ida de in Idea : 
(Ariutli ae «in* DO era ütiM, 
héi esBo da C*U|im coi' dei t 
iQaa riálcBla jerl|iiiua!i Podrí nadie creer que Hloi itnae 
■an dd «iuio iBUt j de la coiii|iMl«li)n nluní donde ae taallnn 
cMwMrodt 

VéapBM, wmu.TÍB rno leetcondat, 
SMi, con ter mpoM de eile rio, 
TéilB felli de lai Beiom OBdaí 
Qie balan 1 dar luiré al mar loaibrlo , 
RlnaneMjaiio^nealiiier reepand» 
Cndileaifndeeer, no cendMvIa. 



I.— LITüRATtlRA. 
mos aquel en que le con 
casltabos de Garcllaso, Li 
cia y fijación que tenían 
permitían retroceder á st 
para adiestrarse en el mai 
La reputación de est< 
tonces i las esperanzas 01 
ba , cuando publicó su Ubi 
motejó i Góngora, sebui 
yéndose un astro superior 
temporáneos , se represe 
como sol naciente que am< 
trellas, llevando el arrogt 
mu : me turgente , quid 
reunido en si ios talentos 
créente en toda su citeusi 
muy lejos, siempre era 1 
que ni aun puede discul[ 
público es siempre mayor 
grande que sea; y es preí 
con modestia, ámenos de 
necio. Villegas pues irrí 
iguales, no hizo sensación 
atrajo los sarcasmos grose 
la reprensión justa y inode 
olvido basta la aparición d 
colección tuvo groa lugí 
Üempo con un discurso al 
Vicente do los Ríos, le al 
Eía linca entre nosotros, 
en un hombre de la erudic 
pareció tan extraña com< 
verdad, consideradas con 
veintey tres años, son ur 
ría de talento ; pero de f 
que las coloca aquel elegí 
tancia muy grande. Así es 
mas justa no ha coiiserví 
ma que tan liberalinente 1 
Habían cultivado nucst 
casi todas las especies de 
lava numerosa yrotuuda, 
el artilicioso soneto, laim 
ensusinlluitascombinaci 
por lo común pésimamcr 
Irumeiitos de sus conipoi 



ivldad. 



Ilccn que 
(oluiMtai 



* La íglof) de nraf, de Fl|i 
Jlnfciml . son lae dnleai tite 
les ulcoi ejenplare* i|ie pne 
poeíai, do vcnM laelUu blea 






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itt ORRAS GOIIPLETAS DE DON 

nian á ser reflejos mas ó roenos luminosos de la poesía 
antigua y la toscana. Algunas coplas y trovas se hacían, 
bien que poquísimas, en que duraba el gusto anterior á 
Garcilaso ; pero cuando el uso del asonante se generalizó 
en el último tercio del mismo siglo ivi , el gusto y afi- 
ción á los romances se generalizó también, y con ellos 
se continuó y como que vino á perpetuarse la antigua 
poesía castellana 1. 

Desnudos verdaderamente del artificio y violencia á 
que precisaba la imitación en los otros géneros, cui- 
dándose poco sus autores de que se pareciesen á odas 
de Horacio ó á canciones de Petrarca , y componién- 
dose mas bien por instinto que por arte , los romances 
no podían tener el aparato y la elevación de las odas 
de León, Herrera y Rioja. Pero ellos eran propiamente 
nuestra poesía lírica, en ellos empleaba la música sus 
acentos, ellos eran los qu&se oían por la noche en los 
estrados y en las calles al son del arpa ó la vihuela ; ser- 
vían de vehículo y de incentivo á los amores, de flechas 
á la sátira y á la venganza ; pintaban felizmente las cos- 
tumbres moriscas y las pastoriles, y conservaban en la 
memoria del vulgo las proezas del Cid y otros campeo- 
nes. En fin , mas flexibles que los otros géneros, se ple- 
gaban á toda clase de asuntos, se valían de un lenguaje 
rico y natural , se vestían de una media tinta amable y 
suave , y presentaban por todas partes aquella facili- 
dad, aquella frescura , propias solamente de un carác- 
ter original que procede sin violencia y sin estudio. 

Hay en ellos mas expresiones bellas y enérgicas, mas 
rasgos delicados é ingeniosos que en todo lo demás de 
nuestra poesía. Los romancea moriscos principalmente 
están escritos con un vigor y una lozanía de estilo que 
encantan. Aquellas costumbres en que se unían tan be- 
llamente el esfuerzo y el amor, aquellos moros tan bi- 
zarros y tan tiernos, aquel país tan bello y delicioso, 
aquellos nombres tan sonorosos y tan dulces : todo con- 
tribuye á dar novedad y poesía á las composiciones en 
que se pintan. Los poetas después se cansaron de dis- 
frazar las galanterías con el traje morisco, y se acogie- 
ron al pastoril. Entonces á los desafíos, cabalgatas y 
divisas sucedieron los campos , los arroyos , las flores, 
las cifras en los árboles ; y lo que con esta mudanza per- 
dieron en vigor los romances , lo ganaron en amenidad 
y sencillez. 

La invención en unos y en otros es bellísima, y ad- 
mira ver con cuan poco esfuerzo y con qué brevedad 
describen el sitio, el personaje y los sentimientos que 
le agitan. Aquí es el alcaide de Molioa, que entra alar- 
mando á los moros contra los cristianos que les talan 
los campos; allá es el malogrado Aliatar, que, en medio 
de la pompa fúnebre que le trae, entra sangriento y di- 
funto por la misma puerta que el día anterior le vio sa- 
lir lleno de lozanía ; ya es una simplecilla que , habiendo 
perdido los zarcillos que le dio su amante , se aflige 



< Este jBieio de naestros romances be sido pablicado ye por 
dcoleetor en otro opúsculo sayo; asi como el de Qnevedo» qne 
ligue mas adelante , aunque con alguna alteración. 



MANUEL JOSe QUINTANA. 

pensando enlas reconveDcioDes qtiela6qwraii;ófaleii 
es un pastor que , solo y desdeñado, se ofende de ver 
que dos tórtolas se besen en un álamo, y las espanta á 
pedradas. 

Los defectos de estas composiciones nacen de la mi8« 
ma fuente que sus buenas prendas , ó por mejor decir, 
son el exceso ó el abuso de ellas cusmas. Su facilidad y 
soltura se convierten muchas veces en abandono y dea- 
aliño, su ingeniosidad en afectación, los equívocos, 
los conceptos, las falsas flores se introdujeron en eUos 
con tanta mayor libertad cuanto mas ayudaban tales 
juguetes á la galantería, que las tenia por discreciones, 
y porque parecían mas disimulables en unas obras que 
se hacían como jugando. No pueden determinarse fija- 
mente los autores principales de esta poesía ; pero la 
buena época de los romances es aquella en que Lope de 
Vega,Liaño y otros mil desconocidos aun, no se habían 
acabado de corromper con el pésimo gusto que después 
lo ahogó todo; comprende la juventud de Góngora y de 
Quevedo, y termina en el príncipe de Esquilache , que 
fué el único que después de ellos acertó á dar á los ro- 
mances el colorido, la gracia y ligereza que antes tu- 
vieron. Pero si este gusto, por una parte, contribuyó á 
popularizar la poesía y darle mayor amenidad y sol- 
tura, y á sacarla de los límites de la imitación, á que los 
anteriores poetas la habían reducido, influyó también 
para descorregirla y desaliñarla, convidando á este aban- 
dono la misma facilidad de su composición. Así es quo 
los poetas que florecieron á fines del siglo xvi y princi- 
pios del siguiente, roas numerosos, mas fáciles, mas 
amenos, y sobretodo, mas originales que los anteriores, 
serán al mismo tiempo mas descuidados , y tendrán me- 
nos artificio, menos esmero y menos pureza y corrección 
en su dicción y en su estilo. 

Vivían en este tiempo los tres poetas que mas ame- 
nidad , mas abundancia y facilidad han poseído. El pri- 
mero es Valbuena, nacido en la Mancha , educado en 
Méjico, y autor del S\^\o de oro y del Bernardo. Nadie 
desde Garcilaso ha dominado como él la lengua , la ver- 
sificación y la rima , y nadie, al mismo tiempo, es mas 
desaliñado y desigual. Su poema , semejante al Nuevo 
Mundo, donde el autor vivía , es un país inmenso y dila- 
tado, tan feraz como inculto, donde las espinas se ha- 
llan confundidas con las flores, los tesoros con la esca- 
sez , los páramos y pantanos con los montes y selvas mas 
sublimes y frondosas. Si á veces sorprende por la sol- 
tura del verso , por la novedad y viveza de la expresión, 
por el gran talento de describh*, en que no conoce igual, 
y aun tal vez por la osadía y profundidad de la senten- 
cia, mas frecuentemente ofende por su prodigalidad 
importuna y por su inconcebible descuido. El mayor 
defecto del Bernardo es su extensión excesiva, siendo 
moralmente imposible dará una obra de cinco mil oc- 
tavas la igualdad y elegancia continuada que son pre- 
cisas para agradar. Las églogas del Siglo de oro no tie- 
nen los defectos de composición que el poema, y gozan 
en la estimación pública el lugar mas próximo ¿ las de 



diccioDijcaola belleza en las incidentes; si pusiera, 
SI Gq, mas variedad en la versiflcaciDn, reducida casi 
enteramente á tercetos , do dudo que el buen gusto le 
CMicedtera en esta parte una absoluta primacía. 

EJ segundo de estos poetas es Jáuregui , célebre por 
ni traduccioa del Jimnta, poeta llarido, Tersiücador 
elegante 7 numeroso. Este escritor es el que con ro:is> 
bcÜidad y cultura ha «presado sus pensamientos eu 
Terso; pero tenia poco nerno j espíritu, y era tam- 
bién escaso en la invención. Su gusto en sus primeros 
tiempos fué muy puro , como sus rimas lo manüieslan; 
lus después de haber sido imo de los mas acérrimos 
knpugnadores del cuUeranisnio, se dejd al ün arrastrar 
de bcorriente, 7 en su traducción de la Fanalia, j eu 
m Orfeo se abandonó á todas las eilravagancias de 
qne antes se buriaba. 

Pero el hombre que recibió de la naturaleza mas do- 
nes de poeta , ; el que mas abusó de ellos, fué sin duda 
Lope de Vega. Don de escribir su lengua con pureza, 
con claridad suma j con elegancia; don de inventar, 
dvt de pintar, don de versiGcar de la manera que queria, 
Ikjjbilidad de fantasía y da espíritu para acomodarse 
I í todos los géneros y á todos los tonos, una afluencia que 
junas conocía estorbo ó escasez; memoria enriquecida 
con una lectura, si no acendrada, por lo menos gran- 
de; aplicación infatigable, que aumentaba la facilidad 
qne naturalmente tenia. Con estos armas se preseutú eu 
ú arena , no conociendo en su ambiciosa osadía ni li- 
mites ni freno. Desde el madrigal hasta la oda , desde la 
hasta la comedia, desde la novela basta laepo- 
:odo lo recorrió , todos los géneros culUvú , y en 
lejó señales de desolación y talento. 
alió el teatro , llamó á sí la atención universal ; 
tas de su tiempo fueron nada delante de él. Su 
eeraelsello de aprobación para todo : las gentes 
lian en las calles, los extranjeros le buscaban 
in objeto extraordinario, ios monarcas paraban 
icion é contemplarie. Hubo crllicos que alzaron 
) contra su culpable abandono , en vid i osos que le 
jnban, infames que le calumniaron : ejemplo 
añadido á los otros muchos que prueban que la 
a y la calumnia nacen con el m£ñta y la celebri- 
luesto que ui la amable cortesanía del poeta , ni 
ñfailidad de su genio, ni el gusto con que se pres- 
alabar á los otros , pudieron desarmar d sus de- 
res ni templar su malignidad. Pero niuguno de 
udo arrebatarte el cetro que tenia en sus manos, 
msidereciou que tantos y tan célebres trabajos 
ian adquirido. Su muerte fué un luto público , su 
ro una concurrencia universal; hay un libro de 
is españolas hedías á su muerte, otro do ilalio^ 
viviendo y muriendo, siempre estuvo oyendo ula- 



ITERATORA. 

aa, siempre cogiendo lanreles , 1 

en to , y aclamado /^snü) d( loa ü) 

[Jué queda al cabo de dos sigk 

pa , de aquellos ruidosos aplauso 

ron los ecos de la fama? Al ver < 

slas y poemas como compuso, es muy 

no, el que puede leerse entero sin qu 

que por su repugnancia ; que su obrí 

querida, su Jerwaleni, es un compu 

donde lo poco bueno que se encuentn 

deplorable el abuso de su talento ; q 

tenares de comedias apenas habrá u 

marse buena ; en Qn , que de tantos 

como su incansable vena produjo, 

que lian quedado grabados en las labl 

no puede menosde exclamarse : k¿ 

los cimientos de aquel edificio de gl 

obsequio de un hombre solo por el sif 

que asombra y da envidia ú la imi 

contempla desde lejos?» 

No era pasible que tuviesen otro 
hechos con tal precipitación , con se 
todos losbuenos principios ydetodoi 
délos; sin plan, sin preparación, sines 
la naturaleza. La necesidad de escribii 
para el teatro, donde él habla acostu 
i novedades casi diarias , descompu! 
lajd todos los resortes de su ingenio , 
priesa y el mismo abandono ú. todos 
tos^. Asi es que, á excepción de algu 
cu que lu buena inspiración del moi 

I Htenlns que ¡lep el Dador 4111 
De Li Jeniiúln , de aqnct poema 
Qu escribo, imito, jcociigoi 

Asi eieriblí Lope i in «oigo Gaspar de 
Irs de pDbllor li itnaals: Dndoto le hlo 
osligo al ver el carider de facilidad que | 
j losinvchas defectoi qoe hij eo lu i-Jecudí 
variaba ; enmendaba mlcbo ■■* rm»! al 
He vlslo DD iibro naiiiiKirllo de borradorc 
dilercnles poesías llrlci&j paslariies, doe 
mero de eonileiidat, corieccioDei ; lariic 
período, en eidi verso; lauto, que a penal 
enlendene. Un soneto al papa Urbano VIH, ( 
amar, ee* reliiUtii nll» , ocupa dos bojit ] 
coarto, en quetpÉiías se poedea sacar scii 
■onelo queda por eonclulr. ¡Qué«erlan t 
otraí obrai mas iisporlinles. el de ta Jirv 
bnto usilfaba m aolor! \¿\ becho es eurl 
de Lope de Vega ; porque cuando se con^i 
lección de sus obras poéticas, no seacicrl; 
Klosi fecundidad con tan grmde Indeclsioi 



El mau 



,crilo i que se redero eala nal 

¡1 de mi uro imlgo ei señor dou Atu 



1 no me embarazara el t 
la aecesldidel lero ia| 
lo qne al cielo pingo. 



uv. .<■>(!' 'i1 solidtí i> riu , 
Siempre acopado en Hbalai de 
Atignii-' - ■■' 



Hancban la labia aprisa 



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IM OBRAS COMPLETAS DE DON 

tacharse en <!, en todas lu otras hay faltas imperdo- 
nables de infencion , de compoñdon y de estilo. ¡Fa- 
cDidad fatal y qoe corrompió en él todo cnanto bueno 
babia! Ella le hizo deslucir la claridad, el número, la 
elegancia I la sencillez, la afluencia, y aun la fuerza, de 
que también estaba dotado; dando lugar á figuras im- 
propias, á alusiones históricas ó fabulosas, pedantescas 
é importunas, á explicaciones frías y prolijas de lo mis- 
mo que ya ha dicho ; en fin , á la flojedad, á la llaneza, 
á la falta de tono insufrible, en que degeneran la rica 
abundancia y la candidez amable de su dicción y sus 
yersos. 

Era pues bárbaro, se dirá, el siglo que consentía ta- 
les extravíos y que daba tanto aplauso á un escritor tan 
defectuoso. No era bárbaro, aunque sí condescendiente 
con exceso. Hubo entonces muchos buenos ingenios 
que deploraban este desorden , pero no podian contras- 
tar al aura popular que la clase de trabajos de Lope se 
llevaba consigo , y que en algún modo su talento auto- 
rizaba. La general dulzura y fluidez de su poesía, la 
claridad de su expresión , inteligible casi siempre al me- 
nos docto ; el lenguaje de la galantería fina y culta, que 
él invoutó y puso en uso en las comedias ; el decoro y 
aparato conque autorizó la escena i , los rasgos de sen- 
sibilidad viva y delicada que de cuando en cuando pre- 
senta , el papel sobresaliente y brillante que las maje- 
res hacen generalmente en sus obras; en fin , su impe- 
rio absoluto en el teatro , donde los aplausos tienen mas 
80lemuidad y energía : todas son circunstancias que 
concurren á disculpar al público de entonces , el cual no 
era injusto en admirar mas á quien mas placer le daba >. 

ARTICULO V. 
De GÓDgora y Qsevedo , y sus imiltdores. 

Para dar á la poesía castellana el tono y el vigor que 
le iban faltando, apenas fueran suficientes Horacio y 
Virgilio con la grandeza de su ingenio , la perfección de 
su gusto y la alta protección que disfrutaron. Dos hom- 
bres se aplicaron entre nosotros á esta empresa : los dos 
de gran talento, pero do un gusto depravado y de di- 
ferentes estudios. Sus vicios, que participan alguna 
vez de sus buenas prendas, tuvieron la propiedad de un 
contagio, y produjeron consecuencias mas fatales que 
el mal mismo que intentaron remediar. 

£1 primero fué don Luis de Góngora , padre y funda- 
dor de la secta llamada de los cultos. Todos saben que 
después de un siglo de adoraciones que logró en los se- 
cuaces de su estilo , Luzan y los demás humanistas que 
restablecieron el buen gusto se aplicaron á destruir la 

i Pintar las iras del annado Aqiiflefl, 
Guardar i los palacios el decoro « 
lloininadüs de oro 
Y de lisonjas viles , 
La furia del amante sin consejo , 
La hermosa dama , el sentencioso viejo, 
;A qnlén se debe, Claudio? 

t Muerto él , Calderón , Voreto y oUvs, que ea vida suya se bu- 
bieruB eonleatido eos d tJtolo de diKipuIos suyos, le OMurede- 



MANUEL JOSfi QUINTANA. 

secta , desacreditando á sa fundador; y para eücs GfiíH 
gora y poeta detestable fué todo uno. Has esto era in« 
justo, y deben distinguine siempre en este autor el 
poeta brillante , ameno y lozano, del norador extrava- 
gante y caprichoso. Su genio independiente era incapaz 
de seguir ni de hnitar á nadie ; su imaginación, en ex- 
tremo fogosa y viva , no feia las cosas de un modo co-> 
mun ; y el colorido débil y pálido de los otros poetas no 
puede sufrir comparación con la bisarria, si así puede 
decirse, de su expresión y su estilo. ¿En cuál de ellos 
se encontrarán periodos poéticos que en riqueza de 
'len^aje , en lozanía y en número puedan competir 
con los siguientes? 

Rey de los otros rios caudaloso , 
Que en fama claro , en aguas cristalino , 
Tosca guirnalda de robusto pino 
Gifie tu frente y tu cabello ondoso. 



Raya , dorado sol , orna y colora 
Del alto monte la lozana cumbre , 
Sigue con apacible mansedumbre 
El rojo paso de la blanca aurora; 
SaelU las riendas á Fabonio y Flora 



.*• 



¿En cuál, imágenes mas delicadas, mas oportunas y 
uias naturalmente expresadas que estas? 

La dulce boca que ¿ gustar convida... 
Amantes , no toquéis sí queréis vida , 
Que entre el un labio y otro colorado 
Amor está , de su veneno armado , 
Cual entre flor y flor sierpe escondida. 
«•••....■.*•■• 

Dormid ; que el dios alado , 
De vuestras almas dueño, 
Con el dedo en la boca os guarda el sne¡k> 

Ondeábale el viento que corría 
El oro fino con error galano, 
Cual verde hoja de álamo lozano 
Se mueve al rojo despuntar del dia. 

No hay en todo Anacreonte un pensamiento tan gentil 
como el de aquella canción en que, presentando unas 
flores á su amada, le pide tantos besos como heridas le 
habían dado las abejas que las guardaban. Si de la poe- 
sía italiana se pasa al romance castellano y á las letri- 
llas , Góngora es el rey de este género , que de nadie ha 
recibido tanta gracia, tantas galas, tanta poesía. Su 
mérito es tal en esta parte, y los buenos ejemplos tan 
comunes, que no dejan para demostrarlo otro trabajo 

ron en la escena , sin embargo de que su nombre íné siempre res- 
petado como escritor. Este respeto se iba dismlnnjendo mncbo coa 
la observación mas atenta de ios buenos principios 7 <!« los graB- 
des modelos ; basU qne dltimamente alfanas de sos comediti, re' 
presentadas con aplauso ycuncurreneia general, ban vuelto i res* 
tablecer sa repntacion vacilante. En francés se ha hecho en estos 
dlUmos afios una bnena traducción de algunas poesías suyas, por 
el seflor marqués de Aguilar, y en Inglaterra un hombre un res- 
peuble por su dignidad y carécter como por su erudición, Slo- 
sofía y buen gusto (milord Holland), ha publicado una disertación 
eicelente sobre su vida y sus obras. AltemaUva por cierto bien ex- 
trafla , y que prueba á lo menos que, aun cuando Lope sea un es* 
critor muy imperfecto, esté, sin embargo, muy lejos de seria or 
Jeto poco iateresanto ea la historia de atestru letras. 



£.-» 



PASTE PtUHEBA. 
a troio bastari al intento , lacado 
fon y MtdoTQ : 

a el aMcato : 
pira olores, 

inje d^wne. 

Doradas 

is itambores, 

. de Vinos 

I idos peadoDAs. 

^oanda ella, 

tlosiaúrdeD; 

es con claveles, 

si lo coge... 

osamsQtes; 

LteoTeloeea 

muradoras. 

>s din alfombra)) 

abellooes, 

isefiores; 
es dan corteras 
irden soi oombroi 
labias de mirmiri 
ídu de bronce, 
tresna sin letra, 
9 chopo sin mole, 
kiigállca'SQeaa, 
ca > responde. 

[ne poseía esta fuerza 7 esta abun~ 
dúcia pudo después abandonarse i loa delirios lasli- 
mosofi que le perdieron sin que le queiiase ni una som- 
bra de sua excelentes disposicioaesT Creyendo que el 
lenguaje de la poesía se enervaba, y reputando la na- 
Inralidad por pobreza, la pureza por sujeción, j la faci- 
lidad por abandono , «spirú á eitender los limites de la 
iHjgQB y de la poesía , ; diúse á inventar un nuevo dia- 
lecto que remontase el arte, de la llaneza rastrera á 
que, segiui él, estaba reducido. Este dialecto se habla 
de disÜDguir por la novedad de las palabras ó de su 
iplicsdon , por ia oitiañeza y la dislocación de la frase, 
por la osadia y abundancia de las figuras; y no solo 
compaso en él sns SoUdada y su Polifemo , sino que 
afeó del raismo modo casi todos sus sonetos y cancio- 
nes, salpicando también con ét lisiantes pasajes de sus 
nunances y letrillas. 

S Góngora, í las eicelentes disposiciones que tenia, 
hnlúese juntado la ¡nslruccion y el buen gusto que le 
faltaban ; si bobiera hecho de su lengua el estudio pro- 
fundo que Herrera, y meditado sobre los recursos que 
presentaba el idioma, atendidos su carácter, su cau- 
dal y sn arUooIa , tal rez consiguiera lo que deseaba, y 
tendría la gloría de ser un restaurador del arte, y no el 
oprobio de haberle corrompido. Pero le sucediú lo que á 
todos los qne quíerai levanUr un edificio sin cimientos: 
dio consigo en un abismo de eilraTagancios y delirios, 
en nna jerigonza detestable, tan opuesta á la verdad 
como i la bellesa , 7 que al paso que fué seguida de una 
nncbedombre de ignorantes , fué i«probada de cuan- 
toi G€iiieiTaIiui lodiTta un poco de juicio 7 nnutez. 



-uteratuha. 

«Quiso, dice Lope de Ve; 
aun la lengua con tales exon 
nunca fueron imaginadas, ni 
Bien consiguió lo que intenl 
era lo que intentaba ; la dificv 
muchasballerada la novedad 
sla,ynoseban engañado, p 
su vida llegaron A ser poetes , 
el mismo dia , porque con eqi 
1ro preceptos y seis voces la' 
hallan levantados ailonde ell< 
ni sé si se entienden. Lípsio 1 
de que dicen los que le saben 
y Quintíltano en el otro mun< 
de este edificio es el traspoi 
duro es el apartar tanto los s 
donde es imposible el párente 
sicion llena de tropos y figuras 
ñera de los ángeles de la troi 
Tientos de los mapas... Las ' 
esmaltan la oración ; pues si c 
oro, no seria gracia de la jo; 
Y en otra parte dice : «Sin ao 
foras de metáforas, gastandc 
lecciones, y enHaqueciendo 1 
excesivo cuerpo : cosa que h. 
los ingenios de España , con t 
poeta insigne que, escriblen 
les y lengua propia fué leído 
pues que sepasúal culturanit 

No contento con estas dem 
este hombre apacible, que a¡ 
dad ni la hiél , creyó que det 
gio á sangre y fuego , y en su! 
burlescas de Burguillos, en 
otras mil partes burló y mald 
él caracterizaba de invención 
la lengua. Auiiliároole en esli 
do y algún otro ; pero sus es 
ellosmismosal fin se vieron pr 
gio, pues aunque no se les pu 
rigor, adoptaron algunos de I 
nian el dialecto , como fueron 
tas, las hipérboles extravaganí 
tes. Góngora entre tanto , qui 
ni sujecionni freno alguno, v 
sanos los dicterios groseros q 
ria, y fiero y orgulloso con el 
gozaba en su interior de to di 
estose añadid la recomendac 
el célebre predicador fray He 
influjo grande que tenia con 
grados , y el malogrado cond 
favor secreto y poderoso con 
ció. Los dos imitaran á Gúni 
i otros escritores de menor 
Mt« bárbaro lenguaje basta i 



I4ÍI OBRAS COMPLETAS DE DON 

6D que Luzan y las demás buenos críticos lograron al 
cabo desterrarle enteramente. 

AI mismo tiempo que los cultos, vinieron los concep- 
tistas, los equiyoquistas y los fríamente sentenciosos, 
entre quienes descuella don Francisco de Quevedo, as! 
por su mérito como por su influjo en el nacimiento y 
progresos de estas sectas diversas. Quevedo para algu- 
nos es el padre de la risa , el tesoro de los chistes , la 
fuente de las sales , el inventor de tantas frases y refra- 
nes felices; en una palabra, el maestro de la agudeza y 
de la jocosidad. Para otros, al contrario, es un hombre 
ominoso á la belleza y decoro del ingenio: «su es][>iritu, 
dicen, en vez de ser festivo, es chocarrero; él ha em- 
pobrecido la lengua, privándola de infinitos modos de 
decir que, antes nobles y decentes , son ya por culpa 
suya bajos é indecorosos; y si algima vez divierte, es 
por la extravagancia original de sus delirios.» Estos dos 
juicios tan encontrados son al mismo tiempo verdaderos, 
y considerando atentamente el carácter de este escritor, 
se ve cuánto fundamento tienen unos y otros para sus 
criticas y sus aplausos. Quevedo era extremado : de la 
misma manera que nadie enlo serio ostenta una grave- 
dad tan seca y una moral tan austera , nadie en lo jo- 
coso muestra un humor tan festivo, tan libre y tan aban- 
donado. La elección de sus asuntos se resiente también 
de esta contrariedad. Alguaciles, escribanos, terceras^ 
maridos fáciles, rufianes y mujercillas componen ge- 
neralmente el fondo de sus bufonadas , y es preciso 
confesar que muchas veces los zahiere maestramente. 
Teólogo y estoico por otra parte, traduce á Epitecto, 
comenta á Séneca, interpreta la Escritura, y se enre- 
da en vanos laberintos de metafísica : trabajos perdi- 
dos, que en su mayor parte ya no se leen, y que apenas 
tienen otro mérito que el de su erudición inmensa. 

De esta contradicción nace tal vez el esfuerzo y la 
violencia con que procede en los dos géneros. Su esti- 
lo , en prosa como en verso, en lo serio como en lo jo- 
coso, es siempre cortado, sin trabazón ninguna, sin 
progresión , y sacrificando casi siempre la naturaleza 
y la verdad á la exageración y á la hipérbole. Su imagi- 
nación era vivísima y brillante , pero superficial y des- 
cuidada ; y el genio poético que le anima centellea 
y no inflama, sorprende y no conmueve, salta con 
ímpetu y con ftierza , pero no vuela ni toma nunca una 
elevación sostenida. La manía, ó mas bien la rabia, de 
expresar las cosas con novedad, le hará llamar «ley de 
arena» á la orilla delmar, al amor «guerra civil de los 
nacidos D, «rústico libro escrito en esmeralda d á los 
troncos donde están grabadas las cifras de los amantes. 
^ En los versos burlescos amontonará las alusiones forza- 
das, los equívocos y los despropósitos. Un jaque, para 
denotar cuan sentida ha sido su desgracia , dirá que le 
han llorado soga á soga , y no hilo á hilo ; dirá que ha 
tenido mas a grillos que el verano , mas guardas que el 
monumento, mas registros que el misal o. Yo bien sé 
que Quevedo se divierte frecuentemente con loque es- 
cribe I y delira porque quiere ; sé que los equívocos tie- 



MANÜEL JOSÉ QUINTANA. 

nen su lugar propio en estas composiciones , y que na- 
die los ha usado con mas felicidad que él. Pero todo 
tiene su término ; y amontonados con semejante pro- 
digalidad , en vez de agradar, causan fastidio. 

La misma incorrección y mal gusto que hay en su 
estilo, compuesto de frases y voces altas y nobles uni- 
das á otras triviales y bajas , se halla en sus imágenes y 
pensamientos, los cuales se ven mezclados unos con 
otros sin economía, sin juicio y sin decoro. El soneto 
siguiente hará ver esta miserable confusión mejor que 
descripción ninguna : 

Falleció César fortunado y faerte 
Ignoran la piedad y el escarmiento 
Señas de su glorioso monumento; 
Porque también para el sepulcro hay muertOi 

Muere la vida , y de la misma suerte 
Maere el entierro rico y opulento, 
La hora con oculto movimiento 
Acalla el grito que la ñima vierte. 

Devanan sol y luna noche y dia 
Del mundo la robusta vida; ¿y lloras 
Las advertencias que la edad te envia? 

Idmeña enfermedad son las auroras, 
Lima de la salud es su alegría, 
Licas, sepultureros son las horas. 

A pesar de estos defectos, que sin duda alguna son 
grandes , Quevedo será leido con estimación , y admi- 
rado justamente en muchos pasajes. En primer lugar, 
sus versos son de ordinario llenos y sonoros, sus rimas 
ricas y fáciles. Y aunque este mérito, el primero que 
debe tener un poeta, no sea el principal, nuestro es- 
critor sabe acompañarle de muchos rasgos excelentes, 
unos por la viveza de los colores , otros por la robustez 
y el vigor. Su poesía , nerviosa y faerte , va impetuosa- 
mente á su fin ; y si sus movimientos se resienten dema- 
siado de los esfuerzos, afectación y mal gusto del escri- 
tor, se la ve marchar no pocas veces con una fiereza, 
una audacia y una singularidadque sorprende. Sus ver- 
sos de cuando en cuando salen del fondo general, y sin 
necesidad del auxilio de los otros vienen á herir el oido 
con su vibración fuerte y sonora, ó á grabarse en la 
mente por la profundidad de la sentencia que contie- 
nen, ó por la novedad y energía de la expresión. De 
nadie se pueden citar tantos bellos versos aislados como 
de él ; de nadie períodos poéticos mas pomposos y va- 
lientes : 

Todas matronas y ninguna dama. 



Joya era la virtud pura y ardiente. 

Fatigó su furor el hemisferio. 

Faltar pudo su patria al grande Osuna. 

Vencida de la edad s^ti mi espada. 

De amenazas del ponto rodeado, 
Y de enojos del viento sacudido , 
Tu pompa es la borrasca , y su gemido 
Has aplauso te da que no cuidado. 
Reinas con mi^estad , escollo osado. 
En las iras del mar. 






PAttTG ratHERA. 



ne se mueve; 
indar ta níeTC, 
ís el hielo? 

Y antes qae los desórdenes del vientre 
SatisCigao sos ímpetus violentos , 
Termos bao de quedar los elemenioi 
Pan que el orbe eo tai angustias entre. 

Al encontrar en sus obns estos pasajes brillantes, 
después de tribularles la justa admiración que se les 
debe, no paede menos de sentirse na movimiento de 
ÍDdif^ncion, viendo ei lastimoso abuso qne Quevedo 
ba hecho de sns talentos, y empleados en equilibrios 
Tanas j suertes de volteador los vigorosos músculos j 
fuerzas de un Alcfdes. 

Amigo de Quevedo fué don Francisco Manuel Helo, 
portugués, ; escritor tan ínTatigable como activo po- 
UUco 7 gnerrero. Manejaba con igual bcilidad el idio- 
ma castellano que el sujo nativo; jpoeta, historiador, 
moralista, autor político, militer j aan ascético , es so- 
bresalieDle en algunos de estos ramos , ; en ninguuo 
de!^)reciable. El libro de sus versos es rarísimo , y aun- 
que algunos le ban hecho imilador de Góngora, tiene 
mas pmitos de seratijanza con Quevedo. El mismo gus- 
to en versificar, la misma austeridad de principios, la 
misma afectación de sentencia, la misma copia de doc- 
trina. Tiene además con Quevedo la conformidad de 
haber publicado sos versos distribuidos por musas, 
bien que tres de ellas están en portugués. Hay en rl 
español colores mas brillantes y rasgos mas valienle$, 
en Helo mas sobriedad y menos eitravagandas. Su es- 
tilo, aunque elegantey coito, apenas tiene poesía; y sus 
versos amatorios carecen de ternura y de foego^ como 
tos odas de entusiasmo y de elevación. Tampoco tenia 
Índole para los muchos versos buriescos de que está 
lleno el gran volumen de sus poesías; mas cuando la 
materia es seria y grave , entonces so Glosona y su doc- 
trina le sostienen , y su expresión iguala á sus ideas. 
Netnratmente inclinado á las máiímas y & las senten- 
cias, era mas á propósito para las poesías morales, para 
la epístola principalmente , en que la fuerza y la seve- 
ridad del pensamiento se combinan mejor con una fan- 
tasía templada y poco prorunda. En este género, sino es 
siempre un gran pintor, es por lo menos castigadoy se- 
vcroen el lenguaje y estilo, sonoro en los versos, grave 
y elevado en tos pensamientos , moralista respetable en 
el carícter y en los principios. Sin embargo de estas 
prendas, los tilutos de su gloría como escritor están 
mal bien aGanzados en sus obras prosaicas : en el Eco 
fotíHoo, por ejemplo, en su Aula militar, y sobre todo 
en la Bitloria de lo* aUeraciona dt Cataluña , la pro- 
dnedon mas sobresaliente de su pluma , y quizá la me- 
jor obn de su clase que hay en castellano. 
I La poaila entre tanto agonizaba : maitlriíads por 
Mtot energúmenos, no podía recobrar sn belleza y su 
t con el auiiüo de algunos pocos que todavía 



- LITERATURA. 

componían con cirouriüpc 
reza. Rebolledo no tenia 
crítos no son otra cosa qi 
che, aunque con alguna 
lamido y amanerado, care 
vio necesario para compo 
hizo bueno sino su Bagut 
alguna vei poeta en sos 
en su liistoría, no es mas 
liricas, que ya nadie lee. 
fuerzas de estos escritort 
abismo en que se hallab 
gusto estaba sancionado 
eitravagante y singular c 
ingenio, que es un arte 
fundado ea los principii 
con ejemplos buenos y n 
la manera mas repugnan 
que compuso un poema di 
con d título da Selvas de 
que se ha escrito en Eu 
duda alguna el peor. Peí 
risible degradación í que 
taran los versos siguientt 
etUo : 

Después qae en 
El jinete del di a 
Sobre Ftegonte le 
Al luminoso toro, 
Vibrando por rejo 
Aplaudiendo sus i 
El hermoso espec 
Tnrba de damas 1 
Que i gozar de su 
Endma los bal coi 
Después que eo si 
Con talones de pli 
Y con cresta de fu 
Alagranmultilu 
Gallinas de los caí 
Presidió gallo el I 
Entre los pollos d 

No hay mas que ver ni 
está escrito de este modi 
pruebo tan evidente com( 
principios ningunos de i 
cuencia. Los ornatos pro¡ 
ma pasaron á los géneros 
ceplos, retruécanos, eq« 
la poesía casteílana : en s 
laron pera adorno las flor 
engalanado Garcilaso ; en 
Herrera y de Rioja se pi 
una. hermosa dama rícaí 
láuregni y Lope de Vega 
yabandouo, conserva te 
pero desfiguradas sus for 
la obligan Gúngora y Qu< 
la turba de bárbaros que 



m 



OBRAS COMPLETAS DE DON 






V 



entoDoes SOS movimientos son convulsiones, sus colo- 
res, postízos; sus joyas, piedras falsas y oropel grosero; 
y Yíeja y decrépita, no ^ace mas que delirar puerilmen- 
te, secarse y perecer. 

ARTICULO VI. 

Reflexiones genenles. 

Si en este estado se echa una ojeada por los pasos que 
habia dado el arte en poco mas de un siglo que habla 
tenido de vida, se verá que nada habia dejado por in- 
tentar. Estaban traducidos todos ó buena parte de los 
autores antiguos; se habian hecho poemas épicos de 
todas clases; el teatro habia tomado una extensión, y 
presentaba una abundancia, que tuvo para comunicar 
de sus riquezas á los extraojeros ; la oda , en fin , en to- 
das sus especies; la égloga, la epístola, la sátira, la 
poesía descriptiva, el madrigal, el epigrama: todo se 
había recorrido y cultivado. 

Si esta extensión y Tariedad hacen honor á su flexi- 
bilidad, aplicación y osadía , no es igual la felicidad de 
su desempeño en todas partes. Ya , en primer lagar, las 
traducciones son casi todas malas ó medianas. ¿Quién 
puede decir de buena fe que la de la Odisea, por Gon- 
zalo Pérez ; la de la Eneida, por Hernández de Velasco, 
la de los Metamor fóseos, por Sigler , pueden suplir por 
el original? ¿Cuál es el hombre que, teniendo algún gus- 
to en el lenguaje poético y en la versificación, puede leer 
dos páginas de estas versiones, en que los ingenios ma- 
yores de la antigüedad están convertidos en copleros 
triviales sin elegancia y sin armonía? Tenemos un buen 
número de poemas épicos; y aunque de ellos se pueden 
entresacar algunos trozos de buena poesía, no hay uno 
que se pueda mirar como una fábula bien ordenada y 
que corresponda en su interés y dignidad á su título y 
argumento i. Es notorio que los defectos de nuestras 
comedias sobrepujan mucho á sus buenas dotes. Mas 
felices en los géneros cortos, nuestras odas, elegías, 
sonetos, romances y letrillas se acercan mas á la per- 
fección. Pero aun en estos, ¡qué olvido de decoro, qué 
desaliño á veces, y á veces qué de pedantismo y cuánto 
falso gusto no hay que disimular 1 En los mejores escri- 
tores, en las composiciones mas esmeradas se ofende 
el espíritu de hallar frecuentemente junto á un acierto 
un desbarro, junto á una flor una espina. 

Una cosa que se extraña en los buenos poetas del si- 
glo XVI es que su genio poético no se alzase al nivel de 
las circunstancias que por todas partes le rodeaban. 
Las composiciones de Vir^lio y de Horacio en Roma 
correspondían á la dignidad y miyestad del imperio. 
Lucano después, aunque muy distante de la perfección 
de sus predecesores, conservó en su poema el tono fie- 
ro y arrojado, conveniente al asunto que escribía y al 

« Los dM yoeau épieot eastaUamM fie tteoen aulor disposl- 
eUm 7 están escritos mu eorreeumente son Is G9ímé§9ia j U 
JiMfiiM/peroDomestieToádMirii esto aoi debe eaasar mas 



I 



MANUEL JOSÉ QUINTANA. 

entusiasmo patriótico que Ic ammaba. Dante en 8uex*> 
traño poema se muestra inspirado por todos los senti- 
mientos que el rencor de la facción , las disensiones ci-* 
viles y la exaltación de los ánimos daban de sí. Petrarca, 
si en sus amores sacrificó á la galantería de su tiempo, 
en sus triunfos está al nivel de la altura y de la ilustra- 
ción á que ya iba subiendo entonces el espíritu huma- 
no. No así nuestros poetas. Los árabes arrojados de la 
Península ; el mundo desdoblado presentando un nue- 
vo hemisferio ala fortuna española ; nuestras flotas yen- 
do de un extremo al otro del Océano , acompañadas de 
terror, y volviendo cargadas de las riquezas de Oriente 
y Occidente; la religión cristiana desgarrada por la fac- 
ción de Lulero; Francia, Holanda, Alemania conmo- 
vidas y desoladas con la guerra civil y las disensiones 
religiosas; la potencia otomana arrollada en las aguas 
de Lepante; Portugal cayendo en África para después 
unirse á Castilla; la espada española agitándolo todo 
en la tierra por espíritu de heroísmo, de religión, de 
ambición y de codicia: ¿qué tiempo hubo nunca mas 
lleno de prodigios ni mas propio para exaltar la fantasía 
y el ingenio? Y sin embargo, las musas castellanas, sor- 
das , indiferentes á esta agitación universal , apenas sa- 
ben inspirar á sus favoritos otra cosa que moralidades 
vagas , imágenes campestres , amores y galantería <• 

La falta de esta especie de grandeza se compensa en 
parte con una cualidad moral que distingue á aquellos 
poetas y ios recomienda infinito. Ni en Garcilaso, ni 
en Luis de León, ni en Francisco de la Torre, ni en 
Herrera se hallan muestras ningunas de rencor y envi- 
dia literaria, de indecencia grosera ni de adulación 
servil y descarada. Las alabanzas que alguna vez tri- 
butan al poder se contienen en aquel justo comedi- 
miento y decoro que las hace tolerables. Hasta que se 
corrompió el gusto literario no empezó á manifestarse 
esta degradación moral , compuesta de bajeza con los 
mayores, de insolencia con los iguales , y de olvido de 
todo respeto hacia el público : vicios harto contagiosos 
por desgracia, y que disfaman y destruyen la nobleza y 
dignidad de un arte que , por la naturaleza de su c^jeto 
y de sus medios, tiene algo de sobrehumano. 

No puede negarse á una buena parte de nuestros au- 
tores talento admirable, erudición extensa, y gran ma- 
nejo en los clásicos antiguos ; y sin embargo, no es co- 
mún en ellos la elegancia sostenida y la perfección de 
gusto que otros autores modernos han bebido en las 
mismas fuentes. A esto contribuyeron muchas causas. 
Una de ellas es que estos poetas comunicaban poco en- 
tre sí ; faltaba un centro común de urbam'dad y de gus- 
to , una legislación literaria que trazase la línea entre 
la hinchazón y la grandeza, la exageración y la fuerza, 
la afectación y la elegancia. Las universidades donde 
habia mas conocimientos , no podían serio por la natu- 

t Tres eandones de Herrera y tlgon troto poco Impórtente no 
sen mu qne nns exeepden de esta Mes fcseral. Ni el G^lfo ié 
LepmUo, ni Is Caroi¿§, ni la áutitUdá, ni el Carh ftmcto se acer- 
ean con mvebo á sn argnmento. En la ireMMe misma, ti lui| 
alfa Ma pialado • a» sos los espaaolai 9 toa los iadiM. 



"¿r 



PARTE PRUEBA, 
ios, mas escolásticos qne amenos. La 
irfeccioDa mas ¡Hvnto el espíritu de 
orrencia , hubiera sido mas á propó- 
con Carlos V, severa y melancúlica 
wu Eciii>eu,uuuid hasta Felipe [I[ al talento poético 
U atención oecesvia para perfeccíousTSe ; y ya enioD- 
ces, y mucho mas en tiempo de su sucesor, el gusto 
estaba estragado, y la protección y afición de los prín- 
cipes y grandes 00 podía hacer otra cosa qae autorizar 
h corrnpcioii. Eo suma , faltó en Gspaüa una corte CO' 
roo la de Augusto , la de León X , la de los duques de 
ForarB , la de Luis XIV , donde la bneua y delicada cúd- 
TCTsacion, la afición i las musas, la cultura y elegan- 
cia, y otras drcunslancias felices contribuyeron pode- 
rosamente á la perfección de los grandes escritores que 
Tifian en ellas. 

Otra causa es el lugar secundario que tenia la poesía 
en machos de los que la cultivaban. Sacian versos para 
dislraene de otras ocupaciones mas serías; y el que 
hace versos para divertirse no es , por lo común , muy 
cuidadoso de la elección de asunto ni muy esmerado 
m la qecucioQ. | Suerte fatal que tía cabido entre nofr< 
otros i ia mas bella y mas difícil do todas los artes ! La 
poesía , qne es una diversión y entretenimiento para los 
que la disfrutan, debe ser una ocupación muy seria y 
casi eiclusiva para los que la profesan , si aspiran á te- 
ner un lugar distinguido en la reputación. Cuando se 
considera que Homero, SúfocJes, Virgilio, Horacio, 
Taso , Raciue, Popa y otros pocos mas han sido tos mas 
grandes poetas y los mas laboriosos , no debe extrañarse 
que se bayan quedado ton detrás de ellos los que, aun 
aaponiéndoles igual talento, no los han igualado ni en 
aplicación ni en constancia. 

A este mal se añadió otro peor, nacido en gran parte 
de la misma causa. Muy pocos de nuestros buenos poetas 
publicaron sus obras en vida. Garcilaso, Luis de León, 
Francisco de la Torre , Herrera, los Argensolas, Que- 
vedo y otros han sido dados á luz después de su muerte 
por sus berederoa y amigos, con mas ó menos inteli- 
gencia. I Cuánto no hubieran ellos desectisdo de lo que 
80 publicó consu nombre , cuántas correcciones no hu- 
bieran Iwcbo en lo escogido, y cuántos lunares de des- 
aliño, de mal gustoyde oscuridad no hubieran hecho 



Pwv ann cuando por este motivo no les sea tan im- 
yulable k falta de perfeccitm, no pw eso deja de ser 



.— UTERATDRA. 

cierta. Ella ha dado motivo i la coi 
niones sobre el mérito de nuestrts [ 
quienes algunos reputan como mo 
mientras que otros los desprecian I 
creerlos indignos de leerse. En esto , 
parcUüidad y las pasiones suelen Ik 
mas allá del térmmo que prescriben 1 
ticia ; y ensaliar 6 deprimir á los mi 
ser en ellos otra cosa que una manen 
salzaró deprimir i los vivos. Has, a 
de esta circunstancia , puede decirse 
diferencie nace del diverso punto qn 
comparación. Cotejados León, Garcíl. 
ja y otros pocos con las eitravagan 
que Góngora y Quevedo introduje*! 
no hay duda que los primeros deben 
clásicos, perfectos, dignos de imitai 
pero si á estos mismos se los corapai 
autores de la antigiJedad ó con los po 
se han acercado á ellos 6 les han ex< 
descubrirse la razón por que muchoE 
excesivo rigor que se ba indicado. 1 
dar por regla mí opinión particular, 
efecto que en mi haca su lectura, d 
contemplo nuestras poesías antiguas i 
ciade la perfección, todavía, sin en 
en mi espíritu y en mi oido el placer f 
simular en gracia suja los descuidos 
cuentro. He atrevería también á dec 
poetas hubieran cultivado los géner 
poesía, la epopeya y el drama, con el i 
que la oda y demás géneros cortos. 
contentos del tole que nos cabía en es 
literatura. Añadiré , en Gn, que á ro 
lamente necesario leer y estudiar í 
aprender la pureza, la propiedad y 1 
gua, y para formar el gusto y el oíd 
fluidez de los versos y on la estructun 
tico castellano. No sería dificil , ni qi 
púsito , manifestar en nuestras comj 
ñas el inflijo que ha tenido en sus t 
cion exclusiva ó el desprecio eiager 
de la poesía española; pero estas b| 
seriamente odiosas, no entran ni ei 
mis principios. 



SOBRE LA poesía CASTELLANA DEL SIGLO X^ 



ARTICULO PRIMERO. 

KaittBndoB dd tria, n asen dlrcedon j etrieler.— Lutn 
j 101 «inleDporlieoi. 

El fpuft eomim y fimnente de loa críticos qne entre 
noutn» ttplraB el Unro de severot j puristas , actuar 



i las letras francesas de haber estra^ 
carácter propio y nativo de la poesi 
esto en realidad no es asi ; parque m 
los escritores franceses empezasen i 
modelo de los nuestros, ya los eipti 
donado todos los buenos prínc^iiot ( 



OBtlAS COMPLETAS DE DON MaNU6L lOSfi QUINTANA* 



tacioD^ y dejado apagar en sus manos la antorcha del 
ingenio. La pintura había muerto con Muríilo, la elo- 
cuencia con SoIiSy la poesía con Calderón ; y en el m^ 
dio siglo que pasa desde que faltan estos hombres emi- 
nentes hasta que aparece Luzan^ ningún libro , ningún 
escrito, si se exceptúa tal cual comedía de Cañizares, 
basta por su aspecto literario á llamar hacia sí la aten-' 
cion y el interés ni aun de los mas indulgentes. No se 
degrada pues ni se corrompe lo que no existe; y la 
imitación francesa pudo en buen hora dar á nuestro 
gusto y á nuestras letras un carácter diferente del que 
habia tenido en lo antiguo, pero no desfigurar lo que ya 
no era ni dar muerte á lo que no Tivia« 

Las artes del ingenio, que sir?en de decoración al edi- 
ficio del Estado, vienen también al suelo cuando 61 cae, 
y no se levantan hasta que la fábrica arruinada se vuel- 
ve á poner en pió, y entonces fuerza es que tomen el 
gusto y el carácter de las manos á quienes deben su res- 
tauración. Así sucedió en España á principios del siglo 
pasado : cayó su imperio, cayó su influjo en el mundo, 
y cayeron también sus artes, sus letras y sus ciencias. 
Una nueva dinastía y una estrecha alianza con la nación 
que entonces estaba al frente déla Europa, por su civili- 
zación y su poder, vinieron á reanimar esta agonizante 
monarquía. También entonces despertó el ingenio es- 
pañol de su mortal y dilatado letargo, y la nueva vida y 
movüniento que recibió era preciso que tuviesen algún 
principio y siguiesen alguna dirección. ¿Cuál podia esta 
ser? El gusto italiano-latino, que animó nuestra poesía 
en el siglo xvi , dio lugar á otro gusto mas original y 
mas libre , que puede llamarse nacional , seguido y cul- 
tivado con un éxito prodigioso en los dos tercios pri- 
meros del siglo siguiente. Desapareció este después en 
el caos de extravagancias y despropósitos que entre 
buenos y malos escritores introdujeron y fomentaron. 
La literatura propiamente alemana no existia aun ; la 
inglesa, aunque floreciente entonces con los escritores 
eminentes que ilustraron el reinado de Ana , no era co-> 
nocida de los españoles , separados á la sazón de la na* 
cion británica, menos todavía por el Océano que por 
la religión , los intereses políticos , los hábitos y las cos- 
tumbres. No habia pues otro rumbo que seguir, dado 
que no era fácil, ni acaso posible, tener uno propio, 
que el que señalaba el ingenio francés. Todo concurría 
á este efecto inevitable : nuestra corte, en algún modo 
francesa , el gobierno siguiendo las máximas y el tenor 
observados en aquella nación ; los conocimientos cien- 
tíficos, las artes útiles , los grandes establecimientos de 
civilización , los institutos literarios , todo se traia, todo 
se imitaba de allí : de allí el gusto en las modas, de allí 
el lujo en las casas, de allí el refinamiento en los ban- 
quetes; comíamos, vestíamos, bailábamos, pensába- 
mos á la francesa ; ¿ y extrañamos que las musas toma- 
sen también algo de este aire y de este idioma ? Yo no 
decidiré aquí si esto era un bien ó era un mal ; por 
ahora basta que sea un hecho incontestable y necesario, 
el cual nos da la cíate para entender el carácter parti« 



i 



cular que toma nuestra poesía en el siglo xvm, y la rt* 
zon de no parecerse ni i la pródiga libertad del ante- 
rior ni á la compostura y pureza del siglo zvi i. 

La poesía francesa , sin entrar en la índole propia de 
cada uno de sus escritores, se recomienda generalmen- 
te mas por la exactitud de sus planes, por la regulari- 
dad de BUS formas , por la plenitud y delicadeza de sus 
pensamientos, que por la armonía de sus sonidos, la 
audacia de sus figuras y vuelo de su fantasía. Así la cas- 
tellana en la época de que hablamos ganará en decoro, 
en corrección y en saber, será mas cuidadosa de evitar 
defectos que atrevida y ambiciosa de producir belle- 
zas; querrá mas bien contentar la razón que regalar el 
oído y arrebatar la fantasía ; tendrá , en suma , con mas 
corrección y mejor gusto, menos libertad, menos ri- 
queza, menos encanto , menos halago. 

El primer escritor que se presenta en el orden del 
tiempo es don Ignacio de Luzan ; no dejando de ser un 
fenómeno notable y análogo á esta misma dirección y 
carácter que acaba de expresarse , que el primer poeta 
de quien se haya de hablar sea también un maestro de 
poética. La suya, publicada en i737, tiene el mérito 
de ser un libro muy bien hecho , y el mejor de los que 
en aquella época se publicaron. Sano y seguro en prin- 
cipios, oportuno y sobrio en erudición y en doctrina, 
juicioso en el plan y claro en el estilo, presentaba unas 
dotes de seso, de arte y de buen gusto, que no se reu- 
nían fácilmente en los talentos que á la sazón cultiva- 
ban las letras; unos depravados con el mal gusto que 
aun dominaba en la opinión vulgar, otros dados á un 
fárrago indigesto de noticias y discusiones ya pueriles, 
ya importunas, y siempre fastidiosas. Notóse entonces 
que algunas cosas estaban ligeramente tratadas en este 
libro, y otras omitidas; notóse también la severidad ex- 
cesiva con que eran juzgados algunos poetas españoles, 
principalmente Góngoray Lope deVega^. El autor jus- 
tificaria tal vez su rigor con la necesidad de oponerse 
á la licencia y abusos Que la abundancia y abandono del 
uno y los delirios del otro habian introducido en la poe- 
sía. Pero lo que en mi opinión deshice mas esta obra, 
es la poca amenidad con que está escrita y el poco in- 
terés que inspira. Al ver el tono seco y desabrido con 
que Luzan habla de una arte tan halagüeña y seducto- 
ra , nadie le creyera penetrado de las bellezas dei argo- 

4 A estas nxones paede tSadlrse otra mny poderosa , nacida 
del Inlnlto mérito de las prodaceioaes que las letras fnneesas 
presentaban á la admiración y al ejemplo. ¿Dónde irían los poe- 
tas i bnsoar modelos mas grandes ni mas perfectos qoe Comei- 
lie , Hacine, Moliere, La-Fontaine, Qainanlt j Despreaux? Dda- 
de los oradores, ejemplares de elocneocia mas alta, mas nerviosa, 
mas nataral ó mas expresiva qoe en Pascal, Bossnet, Fenelon, 
Massillon y La-BroyéreT T la admiración y el eullo que las obras 
admirables de estos inmortales ingenios se atraía , no se les trt- 
Ilutaba solo en Espafia : de toda la Eoropa culta los recibían en 
aqaella época ; y en Inglaterra , en Alemania y en ItaUa se Teian 
los mismos efectos , se formaban las mismas qncjas, se oían los 
mismos clamores. 

t Puede verse en el tomo nr del díariú 4e ht Üteratot ie EtpO' 
U, articulo l.o, la erfttca que aquellos Jakiosos periodistas lii- 
eieron de la nueva poética : la áltima parte del artículo es de doa 
Jtan de Marte, y es euiioto aa élta ver á an irtaáltoo ttaar la 
Mvm de Gdof on coatrt «a p«qu« 



PARTE l>{tUC£IU.- 

nenos le tuviera pat poeta. No ea | 
fuese poco ieida entonces, jque ' 
ijo en los progresos y mejora del 
13 bien nulo. Las obras de critica 
f no estimuIaD , enseüan y no iii&- 
Luzan , por el nodo de bu <yecu- 
lesta mas que otra alguna i esto 
lo; y úUli íoB maestros para en- 
para rq)render, no podía servir 
pare producir. 

r el ejemplo , siempre mas activo 
aceptos : Luzbd tiene la gloria de 
i,j sus escritos poéticos, corn- 
os desatinados que ala saion se 
r«o bvencion y dbposicion, porsu 
lio, un mérito bien sobresaliente, 
la conquista y defensa de Oran, 
años de 1732, son doe exhalacio- 
iode una oscuridad muy profon- 
estabon todavía en es tado de igua- 
añoe después hacia resonar estos 
ia de San Femando : 

elU, 

■an Padre en cnya mente 
perfección te endem , 
sia mudanza alguna. 

pasnbf osa guerra, 

le escollo inútlIoieDte 

:u9 foriosas ondas; ella, 

relia 

nselia al pitido ^ot« 

una el aquilón y el noto, 

inestro pino errante. 

I se tcnenia 

plectro resonante, 
~v.«_uv ■••mía virtud se pierda, 
O UD falso bien ó nn engaíioso halago 
Sirva de asunto al cauto , j mas de estrago! 

Parece que Luzan en esta noble y grave poesía daba 
el tono i su siglo , y señalaba al ingenio el rumbo que 
debia seguir pora hacerse respetar. Pero sus versos, 
como los de casi todos los preceptistas, se recomiendan 
mas por d artificio, la gravedad y el decoro, que por 
el fuego, la imaginación y la abundancia. Ann cuundo 
Invieran un cardcter mas ardiente y seductor, como 
no fueroa muchos los que escriljiú , y esos inéditos en 
gran parte hasta mucho tiempo después, resulla que 
no pudieron servir al público ui de estimulo ni de de- 
chado. Para los pocos, sin embargo, que entonces cul- 
tivaban ha musas , y eran todos 6 amigos ó apreciado- 
res de Luzan , no dejaron de concurrir i acreditar los 
principios de circunspección y de buen gusto que él 
observaba cuando escritoa. 

Puede contarse en este número á don Agustín Non- 
tiano, el cual corresponde mas bien á la historia de la 
poetia dnmátíca por va landaMes eaíueraoi pan re- 
fonoarla, j por sos tragedias, tpreciadat macho ta- 
touoM, leídas despuéannijiiocOf jcnoqMntuiet re- 



- LITERATURA, 
presentadas. A aquella época pert< 
supuesto Jorge Pitillas, escritor sal 
te, despejado y agudo, de quien { 
conserva mas que nna composición 
mera vez en 1741 en el Diario dt I 
paña, y reimpresa otras muchas d< 
Torrepalma , que en su imitación o' 
Jion hizo prueba de un eminente t 
car y describir; y en Dn, don José P 
églogas venatorias aplaudidas muc 
nunca publicadas *, 

ARTÍCULO n. 
Da <oa KleolU it Nontis, j i 

Pero todos estos escritores eran 
dosá la poesía que verdaderos poetj 
ser considerados tales, aquel entusi: 
aquel ejercicio continuo, aquel gu! 
sionado, que mide sus placeres por 
cesa nn momento en sus esfuerzos 
cada día con nuevos tesoros, inllai 
nion pública con el espectáculo de 
tre envidias y opltiusos arrebata al i 
ciñeisub-eute. Ingenio de este te 
Ira ninguno hasta don Nicolás de M 
mismo año en que se publicó la Poét 
si la naturaleza marcara en aquel m 
livo atleta de aquellos principios i 
gusto sentados por su juicioso preí 
es un verdadero poeta cuyo elemei 
al parecer no vive y no respira sint 
á la verdad que si sus medios corre 
helo , y sus producciones á sus me 
bleciera la poesía no solo en la pul 
también en la gala y en k abundan 
en su noble ambician nada dejó por 
ardiente y atrevida se ensayé en 
dando en los mas de ellos muestras 
treza, y en algunos altas y admira 
lalento muy superior. Cl epigramt 
go, la linca en todos sus tonos, el 
comedia, latragedía, el poema é; 
ramos se ensayé; y lo que es mas 
los mas difíciles en los que se señali 
leza le había dotado de una imagit 
robusta que amena y delicada, y su 
mas á lo fuerte que & lo apacible. > 
ma de La eaxa, en muchas obras 

t PormuMriienDsqiíatac «mpleido Cl 
dir ilgtin) Jdci do >s m6iilo ; la tariiU 
mil dllitWBclii.jBi Ion laLocoiiio le dlt 
pMOtl en no «orlqiieur uaeilra literal 
Veliiqncs, en lai Orl/eiia ii It potíta i 
de disi doi Tccei , ] ilompre con partlcsli 
e*U iMrilat en dsusltda kndnl|enl« « 
t»rtim*m , ■« piede di 



MS M rar «I last* al rw al dUMnlBlí 



M 



OBRAS COMPLETAS DÉ DON MANUEL JOSÉ QUINTANA. 






S4r 









i?- i 






trozos de sos tragedias , y sobre todo en su ensayo épico 
sohre la destrucción de las naves de Cortés ^ donde 
quiera que la materia cuadraba con el carácter de sn 
espíritu, mostraba fuego, fantasía, TÍTeza, audacia y 
originalidad en el decir, y sacaba de la lira española to- 
nos mucho mas altos y felices que los demás poetas de 
I su época, y dignos de los mejores tiempos de la musa 
castellana. Es lástima que se abandonase tan fácilmente 
á su buen deseo, que escribiese tan de priesa, y que, 
confiado en sus felices disposiciones y ene! conocimiento 
que tenia de las reglas del arte , creyese que esto bas- 
taba para ejercitarse en géneros tan distintos entre sí, 
y algunos tan opuestos á la índole de su ingenio. Fal- 
tóle un Aristarco que le supiese contener en los limites 
debidos , le manifestase con franqueza la senda por don- 
de debia marchar para adquirir la gloria á que aspira- 
ba , y cuya se?erídad le hiciese trabajar mas su estilo y 
sus versos, y no ser tan desigual á sí mismo ; porque 
hasta sus mejores composiciones, en medio de llama- 
radas admirables de ingenio y de entusiasmo, se re- 
sienten frecuentemente de incuria y desaliño. Fué gran 
perjuicio á su gloria y también á nuestras letras su tem- 
prana muerte, cuando su talento iba sin menoscabo de 
su fuerza ganando en corrección y en riquezas. El Canto 
épico f escrito en sus últimos años, manifiesta cuáles 
eran sus progresos y de cuánto fuera capaz á haber vi- 
vido mas tiempo. Adviértese en aquella obra, y en otras 
que se han publicado después, el prolijo estudio que 
entonces hacía de nuestras tradiciones históricas, de las 
genealogías, blasones y costumbres caballerescas de 
los tiempos antiguos, y el partido poético que su ima- 
ginación sabia sacar de estos objetos para dar mas no- 
vedad y consistencia al fondo de sus versos, que no 
siempre se señalan por la profundidad del pensamien- 
to ni por la gravedad y fuerza de la sentencia. Tuvo 
para ello , además de este motivo puramente literario, 
otro muy poderoso en el ardiente amor á su país, que 
era la prenda moral mas sobresaliente en él. Todo lo 
que le rodeaba era para él bello y poético, y tomaba en 
su imaginación el aspecto mas agradable y majestuoso. 
Jamás se pintaron con mas amor ni efusión las circuns- 
tancias locales y las costumbres de un pueblo; y Ma- 
drid, sus contomoSi sus calles, sus teatros, su circo, 
sus mujeres, sus concursos y funciones, toman en la 
fantasía de Moratin unas formas grandes, elegantes y 
poéticas , que se manifiestan frecuentemente con rasgos 
breves y expresivos, generalmente los mas felices de su 
estilo, y descubren que aquel noble y bello sentimiento 
era un numen que le inspiraba. 

Por el mismo carácter se distioguey recomienda tam- 
bién su amigo el coronel Cadalso , que con sus Eruditos 
á la violeta, con sus Ocios, con su amable carácter y 
sus conexiones literarias ha dejado un nombre tan grato 
y dulce á las letras y á las musas. El hizo revivir la ana- 
creóntica , que estaba enterrada con Villegas siglo y 
medio hacia ; él fué el elogiador y sostenedor de Mora- 
tin; él quien formó, y puede decirse que nos dio á Me- 



lendez. Sus talentos á la verdad eran bastante inferió^ 
res á los de losdos ; pero la ingenuidad y el entusiasmo 
con que exaltaba la gloria actual del uno y las hermo«* 
sas esperanzas que el otro prometía i , como que le igua- 
laban con ellos y le asociaban á su gloria. Yo pongo 
mucha duda en que sean suyos los primeros escritos 
que se le atribuyen ; mas si realmente lo son, no hay 
autor que haya mejorado tanto su estilo, ni aprovecha- 
do mas con la lectura de los buenos autores propios y 
extraños, á que después se aplicó. Siendo lo mas nota^ 
ble que no se debió esta mejora á los estudios que hizo 
fuera de España en su primera juventud, sino á los 
que hizo vuelto á ella después de haber dado á luz su 
insulsa Óptica del corteo, ¿Quién, en el estilo gon- 
gorino y campanudo de esta obra y en los detestables 
versos con que de cuando en cuando la acaba de echar 
á perder; quién , repito , podrá reconocer ni por sue- 
ños al chistoso y satírico maestro de los semisabios pe- 
timetres, al discípulo de Anacreonte, y al autor de 
los bellos rasgos que se encuentran en su elegía á la 
fortuna , en algunas odas eróticas y en sus canciones á 
Moratin? Faltábanle ciertamente tono y fuerza para sos- 
tenerse en la alta poesía ; pero su mérito incontestable 
en los versos cortos, los buenos ejemplos dados en los 
mayores, y su aplicación y celo incansable por el ade- 
lantamiento de las letras, le dan un lugar muy distin- 
guido entre los restauradores de la poesía , y harán que 
se miente siempre su nombre con aprecio y con amor. 
En Cadalso es en quien empieza ya á observarse una 
tendencia mas señalada de imitación extranjera. No 
precisamente en sus versos , aunque son á veces mas 
raciocinados que poéticos , sino por el aspecto que pre- 
senta el conjunto de sus trabajos. El fondo de doctrina, 
noticias y principios en que están fundados sus Eruditos 
á la violeta f se puede llamar extranjero, aun cuando el 
donaire, las ocurrencias y el estilo sean verdaderamente 

< T TO, siendo testigo 
De ta lortans . qae tendré por mlt, 
Dir6 : «Yo foi sn amigo, 
T por tal me tenis, 
T eo dalcísimos versos lo deeit...» 
Y eon ignsl temnra 

8ae el padre enenta de sn b(Jo amado 
is gracias y hermosura , 
T se siente elendo 
Cuando le escuchan todos con agrado. 

Responderé contando 
Tu nombre, patria, genio y poesía, 
Y uomhraninse , etc. 



Tal era el tono afectuoso y lisonjero eon que Cadalso hablaba de 
Melendes : euél ftiese sn entusiasmo por Moratin lo dicen todos 
sns escritos, pero especialmente Us dos canciones donde hace 
lo mas que puede hacer un poeta, que es sacrificar su amor pro- 
pio en las aras de la gloria ijena. Cuando se compara este proce- 
der tan simpático y tan noble con el cefio orgulloso que algunos 
escritores ya formados usan eon los que les vienen siguiendo, ó 
con el desabrimiento espero y rencoroso que afectan con sus 
Iguales, da tentación de reducir su valor al bijo nivel de sus mi« 
lerables reeelos. Es preciso que para estos hombres el mundo de 
la opinión sea bien estrecho, cuando les parece que no caben en 
él mas que ellos solos. T á fe que ge •ngafina mucho : por mu que 
hagan , por aas que digan, 



iKw 



i 



PARTE PaniERA.— UTERATURA. 



csstflDuKM. Ltleclatí ieliis Cartas periiaíuu produjo 
la desigual imitación de las Cartaa tnarrueea». Va lance 
funesto en sus areclos juveniles le dio ocasión i exhalar 
SD dolor en sus Nooha /úgu&reí, imitación también 
harto infelii de las Noches do Toung, ejecutada en una 
prosa extraña ; defectuosa , E(jena enteramente de la 
Índole castellana. En fin, ensn Sancho García sigue 
Eenilmeote las formas del teatro francés, hasta el ex- 
tremo de sujetarse á la TersiGcacion do ios pareados, 
tan poco á proposite para el diúlogo y la expresión,; 
km poco grata á oídos españoles. No ca yi3, sin embargo, 
en mal caso por ello : el mérito de sus demís escritos, 
bjovialidad afectuosa y caballeresca de su carácter,; 
el espíritu Terdaderamenie patrio que le animaba, le 
pusieron á cubierto de la censura en esta parte; y él 
acabó en paz su carrera sia Terse tratar de innovador ó 
corruptor, y respetado , querido yaclamado por uno de 
los favoritos de Apolo que mas honor díerou á las musas 
ea su tiempo. 

ARTICULO UI. 
OtBnntl.— Ciem liten [li. 

Eo el tiempo do estos dos poetas Qorecia también 
doD Vicente García de la Huerta, muy diferente de ellos 
en carácter, en miras y en estudios. Su talento era 
bastante, su doctrina poca, su gusto ninguno. Perte- 
necía á la escuela puramente española, y de esta, por 
desgracia, iL los que habían corrompido la poesía con 
el estilo hueco y oscuro introducido por Góngort y sus 
discípulos. Giiiigorasin duda puedo llamarse el modelo 
qae Huerta se propuso imilar; pera la inclinación ya 
diversa del tiempo en que este vivia , el gusto algo mas 
seguro, 7 los ejemplos de los demás escritores no de- 
jaban alñndonarse ya á iguales extravíos. Asi Huerta, 
que no alcanzó nunca á la fuerza de imaginación y vi- 
vacidad de colorido de su antecesor, tampoco pudo se- 
guirle eo su desenfreno y sus delirios. Sus versos sobre- 
salen casi siempre por el número y la cadencia, algnnas 
veces por la elegancia y por el brio. Flaquean por la 
sentencia, que carece de nervio y de vigor; Saquean 
por los afectos, cuya expresión en ellos es general- 
mente trivial y desabrida ; flaqnean , en fin , por los ar- 
gumentos, que en sus poesías lincas son casi siempre 
frivolos ó mandados por las circunstancias : cosas una 
y otn de igual inconveniente. El sabia poco, y sn or- 
gnllo le alejaba de estudiar en las fuentes antiguas y 
modernas, de donde pudiera aprender á variar de tonos 
y i ejercitarse en objetos mas acomodados i la índole 
de su ingenio ydlas ideas del tiempo en qnevivia.A 
pocos es dado entrar en el templo de las musas guia- 
dos de sn instinto solo y sin atención ninguna i doctri- 
nas, á principios ni á modelos. Para ello se necesita un 
natural muy feliz y un talento muy superior; y ya en 
nnestra poesía moderna no conozco mas que un escri- 
tor á quien esta espede de independencia te haya sido 
[ropera j gloriosa. Pot manera que Huerta, i quien 



no se puede negar talento ni aprecio t 
jado dos tomos de poesías, en que, e 
Itaqvet y algunos trozos da versos bu 
animado la fría prosa de Oliva en el Ag 
do 1, 00 hay composición ninguna que | 
á im hombre de gusto. Una sola se ha pi 
tra en la colección presente , y quizá s( 
lector de excesiva indulgencia por ello. 
Sin embargo, el movimiento Uterari 
rededor de sí con sus contiendas y debí 
tiril nunca que se le pase por alto eo la 
letras de su tiempo. Cuando, antes de t 
ludios , la amistad y la protección de u 
prúceres le trajeron á Madrid, eran tac 
sos que se escribían , que los de Huerta 
sos de jugo y de colorido, debieron darl 
y hacerle aspirar á la primacía. Jdven , 
ciado, protegido y aplaudido de las prij 
de la corle, arrogante por cardcteryva 
lancias , pudo con alguna disculpa cocs 
mero da los hfjos de Apolo, y pudiera 
realmente sido, i igualar sus estudios 
Pero las Qcites palmas que entonces ci 
oaron de orgullo y de seguridad, y en i 
en esfuerzos y eo afán para adelantarse I 
clon, veiasele siempre firme en los princ 
gusto, y por ignorancia , por tesou ó poi 
cada novedad por un error, j por fleque 
mieuto de la superioridad ajena, extra 
La adversidad viuo á probarle con un t 
que ba llegado i nosotros con carácter 
aunque oscuros, y de cuyas resultas f 
Madrid y confinado á la plaza de Oran. 
profundo de su inocencia y la noble el 
ánimo le sostuvieron allí contnelinfort 
sas fueron su asilo y su recreo. Pero cor 
liubiese quien le igualase en talento ni e 
quien le inspírase tampoco mejor gusti 
sus versos , aunque en algún modo aftic 
putados por divinos, y contribuían poi 
mantenerle en su ciega confianza. 

« Priman» ttUtrtitiiamOñn 
BilM, Orwtu, lan loi cinpo» 4« GKdt, de 
illoi áeMHi iiisill) qBBilU ya l^oiuArfsi 
did. T mln I uU Din pirW, v«rls el boiqga de 
la que cabtt ts Oivn ci Iii clberai dsl Hilo, 
qilerdi m pirece «] ituplo de Jgao, d« dios i 
do aiilB loi talle* do McrUean lobot lee utmi 



EitoB , Orétleí, son lo( (rlefoi cii 
Doadc te bin coadncldo tm deseos ; 
De Araos, cindid eniiiu j popólos] 
Aquellos anros qne*e «ea do lelos. 
Aqnei qee nin* e* el iritie kesqte 
Donde, (B TonM eaunl peidieado, 



Uvldei 



lOBtrarüDei 
II edUtloi 



[n donde Jnao Üene hemoeo templi 



• » i 



n 






I'- 



<7¡f.r 



m OBRAS COMPLETAS DB DON 

Vuelto I Madrid 9 aqnena desgracia » que sia duda 
añadió algún lustre á su talento y celebridad á su nom- 
bre, parecía baber aumentado también el temple de su 
carácter tenas , fuerte y altanero. El desdeñó resta- 
blecerse en el empleo que antes ocupaba, porque las 
gestiones que para ello lé era forzoso bacer le parecían 
opuestas al decoro de su inocencia y al resentimiento 
de su agravio. Su porte con los que le babian faforecido 
en su peligro era agradecido y consecuente, con sus 
enemigos inflexible , con los indiíerentes desabrido y 
arrogante. Pero esta conducta , quo en el mundo moral 
podia y debía hacerle honor, usada también por él en 
el mundo literario, no era posible que dejase de atraerle 
un diluvio de contradicciones y de pesadumbres. Sus 
palabras eran soberbias, sus pretensiones insensatas : 
él se creía siempre el primero, y no veia ó no queria 
ver el camino que habían hecho y estaban haciendo 
los demás. La invasión del gusto francés en nuestras 
letras estaba en su mayor fuerza á la sazón. Ta el fes- 
tivo y natural Samaniego había trasladado al apólogo 
castellano una parte de las bellezas del sin igual La 
Fontaine ; Iriarte había publicado sus Fábulas lite^ 
rafias, su Arte poética de Horacio , y su poema de la 
Uásica. Fomer empezaba á mostrar su talento y ca- 
rácter belicoso con la sátira que le premió la Academia 
Española, en que atacaba los vicios de la poesía caste- 
llana con armas que parecían tomadas, aunque real- 
mente así no fuese , en los arsenales de la crítica 
extranjera. Este origen era todavía mas visible en la 
Leedon poética de don Leandro Moratin, que también 
premió entonces la Academia. Jovellanos habla es- 
crito su Delincuente honrado; otros ciento se ejerci- 
taban al mismo tiempo en imitar y traducir tragedias 
y comedias francesas, aunque sin tanto talento ni for- 
tuna. La avenida amagaba, sobre todo, inundar sin re- 
medióla escena española, que se dejaba ocupar de tantas 
composiciones extrañas á su gusto y á su carácter, y 
los padres de nuestra comedia parecían amenazados 
de tener que salir de ella, y dejar su lugar y reputa- 
ción sacrificados en las aras de los dramaturgos fran- 
ceses. Yo indico solamente el hecho sin entrar á cali- 
ficar la parte que en él tenían la moda y el capricho, y 
la que también cabía al buen gusto y á la razón : esto 
pertenece á otro logar. Pero Huerta se indignó de que 
unos escritores á quienes en su orgullo consideraba co- 
mo pigmeos se atreviesená competir con su reputación, 
á darle lecciones y á censurar los autores que habían 
sido siempre objetos de su veneración y de su culto. 
Constituyóse pues en campeón de la antigua poesía 
castellana , y empezó á arrojar sobre aquellos foUones 
traspirenaicos, qnej así los llamaba, todos los sarcas- 
mos, dicterios y bravatas que su ira, su arrogancia y 
el desprecio que tenia por ellos le sugerían. Mas como 
no sabia lo bastante para encontrar los verdaderos me- 
diosde defensa que presentaba su causa, nunca acertó 
á distinguir en los autores y sistema poético que d^ 
fendia, las bellezas de los defectos, las licencias in- 



MANÜEL JOSÉ QUINTANA. 

dispensables y precisas de los despropósitos y alm^ 
sos repugnantes y bajo ninguna posición defendibles. 
Veíase en sus esfuerzos mas orgullo que doctrina, y 
menos celo que capricho y terquedad. Todo lo defen- 
día igualmente y con razones en parte frivolas y en 
parte absurdas, expuestas en un estilo chocante por su 
presunción , poco recomendable por su mérito, y basta 
extravagante por su ortografía. 

Si sus fuerzas le ayudaban poco, el tiempo le favore- 
cía menos. El viento de la opinión estaba enteramente 
en contra suya; y sus adversarios, mas jóvenes , mas 
instruidos y mas diestros en aquel género de esgrima, 
le volvían desprecios por desprecios, sarcasmos por 
sarcasmos, se reían de su vanidad, hacian ver su poca 
instrucción, y se burlaban de él como de un ignorante 
ó de un loco i. Llovían en daño suyo los folletos, las 
sátiras y los epigramas de autores conocidos y desco- 
nocidos, y todos creían vengar la razón y el buen gusto 
de los atentados de aquel jayán temerario, que mos- 
traba un desprecio tan solemne hacia las fuentes de 
instrucción y de crítica en que ellos tan religiosamente 
bebian. No se estimaba por bueno el que no rompía en 
él una lanza ; y podíase entonces decir de Huerta lo que 
de Ismael : Mamas ejus contra omnes, et manas om^ 
mwn contra eum. Hasta el insigne Jovellanos no creyó 
desautorizar su carácter y sus estudios entrando en la 
palestra, y le asestó dos romances burlescos á modo de 
jácaras de ciegos, en que liizo burla de sus escritos, de 
sus pretensiones y de sus combates. El campo quedó 
por ellos, y Huerta, que terminó sus trabajos por una 
traducción de la Zayrai, plegaba la firente al parecer 
al gusto y opmíon, contra la cual tan largo tiempo y 
con tanto tesón había combatido. 

Era entonces el tiempo de esta clase de contiendas. 
El honor y favores esparcidos por el gobierno de Car- 
los III sobre las artes y las letras; el concurso de pre- 
mios abierto por la Academia Española á los ingenios 
para obras de elocuencia y poesía ; el que abrió la villa 
de Madrid para solemnizar la paz ajustada en 4783 con 
la nación británica ; la atención pública llevada con in- 
terés á los productos de ingenio, que en tiempos feli- 
ces como aquellos ocupan agradablemente y embe- 
llecen la sociedad; mil otras circunstancias, en suma, 
habían excitado en gran manera la aplicación y el ta- 

* De J«lelo, ñi, mu bo de ingenio escnso* 
Aqní HoerU ei aadaí descanso gota ; 
Deja un pnesto vacante en el l^arntso, 
Y una Janla vacia en Zaragoza. 

(IniAATE.) 

• Ditfie el titnio de Xafr«, pan no dejar de poner aignna extn- 
Tagancia en esta especie de tril»nto qne rendia al gnsto nodenio. 
La tradnccioB está como todas sos cosas , mvy desigual, y el sen- 
tido original en no poeas partes estropeado. Pero ledmo se liee 
i veces el versificador numeroso! Con qué valenUa resuenan en el 
teatro algonas de sus cláusulas, cuando se saben decir! Aun no 
se ha olvidado el efecto que hada el célebre Maiqucs cuando so 
entraba por los bastidores declamando aquel bello liAil del acto 3.^': 

El sexo que araenasa 
Con su blandura avasallar al mundo. 
Mande en Europa j obedetca en Asía. 



L. 



PARTB PBlHfiHA. 
o Umbien U tmakclon y k rhaü- 
iBpiraban á la palma y i h priinaclB, 
íñels COD obras Terdaderamente de 
se ta gueriaa arrancar unos á otros 
is , cavilacioDes y rancillas. Huerta, 
estaba contra todos, y todos esta- 
tan coDtra Huerta ; Foruer contra Iriarto, triarte con- 
tra Forner; los apologistas de nuestras letras contra 
sos censores, y los censores de nuestras letras contra 
eUos. ¿Sobre qué no se escribid y de qué no se dispu- 
tó? Fatigábanse las prensas y hervian las gacetas en 
publicaciones de rolletos^sítiras y epigramas, queso 
lanzaban unos á otros los ingenios españoles sin otro 
objetoqueel de desacreditarse, desdorando elartey per- 
diendo miserablemente el tiempo. Yo no decidiré aqu! 
nelescándaloy perjuiciosque esto ocasionaba eraasu- 
Gcientemente compensados con ta actividad que estas 
guerrillas daban al espíritu literario, con los adelanta- 
mientosque en ellas se procuraban el arte de la critica 
y del raciocinio, con las investigaciones, en fin, y con 
los descubrimientos que se liacian en el campo de la 
critica y de le historia. Aun cuando se concedan fácil- 
mente estas ventnjas bajo un aspecto, siempre queda 
media duda de que el arte ganuse algo con tan in- 
termiaables debates. El verdadero culto de les musas 
consiste en versos, no en criticas; y la opinión que 
ILva á la estimación y A la gloria es la que uno se ad- 
quiere por sf mismo, j no lu que quita d los demás. 
¿Dúnde estarían lasarles, dúndelas ciencias, dúnde 
ta moral , si estuviera en manos de la petulancia y de 
la mala fe, ayudadas en buen liora de la agudeza y del 
talento, convertir lo verdadero en fulso, en feo lo lier- 
moso, en malo lo bueno ? Esto no es posible , y toda 
obraquetieneensiunprincipiode vida, suficiente pera 
poder subsistir, está á cubierto de estos esfuerzos impo- 
tentes de ta contradicción y la malicia. ¿ Qué queda de 
lautas satiríllas, unas cliistosas y otras insulsas, como 
se escribieron contra Huerta? Hada; pero queda su 
Raquel, y sus adversarios tendrían ¿ buena dicba que 
Eus composicionts dramáticas, si alguna hicieron, ocu- 
pasen en la escena et lugar honroso y distinguido en 
que aquella pieza está colocada. Todas tas invectivas 
deFomercontra triarte no han podido quitará las fá- 
bulas literarias la opinión pública que cada dia las ta- 
Torece mas, y todos los desprecios de Iriarte hacia 
Forner no le han podido arrancar el concepto venta- 
joso que se merecía por su disposición poco común para 
ta poesía elevada, por el brio y resolución con que es- 
cribiaIaprosa,porsu constante aplicación y por su in- 
meact doctrina. Y por el contrario, ¿qué necesidad te- 
nia la Itiada déla carta fulminante de Varas para venir 
al suelo? Por su mismo peso cayera aquel tan pobre 
poMst, il modo que se lian sepultado umbien en el 
olvido mu profundo, sin que nadie les ayudase & caer, 
luaiucrei}ntkasdeIinpueEtoHelcborDiaz,los versos i * 
y demit eserito* del malhadado Tríguen». j I 

t' 



buiu.— StiB 

Don Tomas de Iriarte 
vención activa y pa^vam 
paba entonces un lugar i 
teratura, debido en gra 
también i circunstancia 
literarias. Todo lo que i 
erudición escogida, nni 
con el trato mas urbaní 
deregularídad, de juicio 
un ingenia vivo y despej 
critor en sus obras, que 
mente la atención públii 
día. Pero si estas calida< 
felizmente en los géner 
en los que eu'gen mucha 
de fantasía, viveza en la 
]¡ fuerza en los colores, n 
nidos. De estasdoles, qu 
medios poéticos, (riarle 
que, uendo poeta freci 
alguna vez en sus epísti 
geras , no lo es nunca ei 
es mus bien un tratado q 
descripciones campestre 
cíllez, de amenidad y de 
man, imitación infeliz di 
único ejemplar en su gen 
sutraducciondctafnetdi 
comprendía perfeclamcn 
poesía. Difuso, laio, fno, 
traño en un músico ) tallo 
cuando sus versos sean U 
conmueve ni interesa; ; 
ejemplo y escarmíentode 
se empeña en seguir íead 
dina , y en donde no ¡e 1» 

Eran, sin embargo, ta 

' Cinu derUmínlc minfil 
T pritUcí ea U másica debii 

principia i in poema con nt 

leeilluciaii de ur;TqiicIaiil 

d« «er un ticil 1)b euariaLet 

ilabraa qoc le ei 



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iK2 OBRAS COMPLETAS DB DON 

que SamaniegOy al publicar por el mismo tiempo sus Fár 
bulas morales, le decia al frente del libro 3.® de ellas: 

En mis versos , Marta, 

Ya no quiero mas arte 

Que poner á los tuyos por modelo ; 

A competir anhelo 

Con tu numen, que el sabio mundo admira, 

Si me prestas tu lira ; 

Aquella en que tocaron dulcemente 

Música 7 poesia juntamente. 

Esto no puede ser : ordena Apolo 

Que digno solo tú la pulses solo.' 

¿Y por qué solo tú? Pues cuando menos, 

¿No he de hacer versos fáciles , amenos , 

Sin ambicioso ornato? 

¿Gastas otro poético aparato? 

Si tú sobre el Parnaso te empinases 

Y desde alli cantases , 
c Risco tramonto de época altanera , » 
Góngora que te siga te dijera. 
Pero si vas marchando por el llano, 
Cantándonos en verso castellano 
Cosas claras , sencillas , naturales , 

Y todas ellas tales. 

Que aun aquel que no entiende poesía 
Dice : f Eso yo también me lo diría ; » 
¿Por qué no he de imitarte? etc. 

Sin duda Samaniego, en obsequio déla doctrina que 
predica y del modelo que admira , se esfuerza aquí á dar 
el ejemplo con la regla; y lo hace en versos tan natura- 
les y tan llanos, que tocan ya en triviales y rastreros. 
Pero sin insistir en ello, por los respetos que se le de- 
ben, podría reponérsele que semejante estilo y versifi- 
cación, propios de una fábula, de una epístola &mi- 
liar ó de un cuento alegre y picaresco , no lo son en 
modo alguno de los géneros elevados de la poesía , donde 

Non saUi etípuris versum perscríberé verbii. 

Podría manifestársele también que él mismo, por mas 
que diga, no sigue tan puntualmente las huellas del es* 
critor madrileño. £1 no ponia en sus apólogos igual 
cultura, igual limpieza de ejecución, igual mérito de 
invención y de oportunidad que el que luce en las Fá- 
mulos ¡Uerarias, Samaniego procede con mas abando- 
no, yávecescondescuidoydesaliño; pero¿con cuánta 
mas gracia, con cuánta mas poesía de estilo cuando el 
objeto lo requiere, con cuánto mas jugo y flexibilidad? 
Iríarte cuenta bien, pero Samaniego pinta ; el uno es 
ingenioso y discreto , el otro]gracioso y natural. Lassa- 
les y los idiotismos que uno y otro esparcen en su obra 
son igualmente oportunos y castizos; pero el uno los 
busca, el otro los encuentra sin buscarlos, ypareceque 
los produce por sí mismo : en fin, el colorído con que 
Samaniego viste sus pinturas, y el ritmo y armonía con 
que las vigoriza y les da halago en nada dañan jamás 
al donaire, á la sencillez, á la claridad ni al despejo. 
Si en él hubiera algo mas de candor é ingenuidad, si 
descubriera menos nmlicia, si supiera elevarse á las 
profundas miras y grandes pensamientos morales á que 
sabe remontarse á veces La-Fontaine , sin dejar de ser 
fabulista; si diera, en fin , mas perfección á sus versos 
eortosi que no conrea cuando les ^escribe solos con la 



MANUEL JOSÉ QUINTANA. 

misma gracia y fluidez que cuando los combina con los 
grandes, sería difícil negarle el primer lugar entre los 
mas felices imitadores del fabulista francés. Aun así, 
¿quién se lo podrá disputar? Por opinión y por uso ya 
susjábulas se han hecho clásicas , no hay niño que no 
las aprenda con facilidad y con gusto, no hay hombre 
hecho que no les tenga afición; las ediciones se repiten 
á porfía , y el gran calificador del méríto de los escritos, 
el tiempo , confirma cada dia mas el feliz desempeño del 
autor en el útil y noble objeto que se propuso. 

Este gusto abandonado y natural , introducido y au- 
torizado con las obras de estos dos escritores, fué se^ 
guido por don Francisco Gregorio de Salas, autor de 
algunos epigramas chistosos y del Observatorio rús~ 
tico , en que , por el aprecio y amor que el autor se con- 
cilla , se desea que hubiese mas poesía; por don Vicente 
María Santibañez , traductor de la Heróida de Pope, 
con cuyo estilo y carácter tenia el suyo tan poca analo- 
gía y semejanza; por el marqués de Urena, autor del 
poema burlesco de la Pasmodia; por el conde de Noro- 
ña que, exceptuada la oda^ ¡a paz, donde levantó al- 
gún tanto el tono , lo demás que escribió está también 
en este estilo ; por otros escritores, en fin , de mucho 
menos nota y tan pronto nacidos como olvidados. 

La poesía en aquel tiempo , libertada de los últimos 
delirios del culteranismo apadrinados por Huerta, se 
veia expuesta á otros vicios, por ventura mas contraríos 
á su naturaleza , que eran el prosaísmo y la flojedad. La 
mayor parte de los versos que entonces se escribían , ¿ 
fuerza de aspirar á la llaneza , á la claridad y á la senci- 
llez, rayaban en los términos de lo bajo y lo trivial. Pen- 
saban sus autores que por haber ajustado sus pensa- 
mientos en renglones de once sílabas, con alguna ca* 
dencia métrica y buenos consonantes al fin, dispuestos 
en una simetría exacta y puntual , estos renglones eran 
versos, yellos, por consiguiente, poetas; pero Horacio 
hadichoqueno son propiamente poemas aquellos donde 

Acér spiritus ac vis 
Neo verbii nee rébus inest; 

y en los escritos de que hablamos ni había fuerza ni vi^ 
gor en los pensamientos, ni color en el estilo , nirítmo 
en las palabras. Esta última falta es la que menos se 
disimula á un poeta ; porque como siempre se le supo- 
ne cantando, y por medio del oído se ha de dirigir al 
corazón y á la fantasía , resulta que la parte música , é 
llámese ritmo, del discurso, es la calidad prímera y la 
mas esencial de su arte y de su talento. 
Guando leemos en Virgilio : 

Jam mihiper rupes videar luc&sque sonantet 
Iré : libet Partho torquere Cydoma camu 
Spieula : tam^uam hace títU nostri medieiM fiír^rkp 
AiU Deui ilieMalis hominum mitescere diseai, 

lo que llama comunmente la atención, es la belleza y 
vivacidad de lasdosimágenesprímeras, y la melancófi- 
ca expresión de 1 08 dos sentimientos con que se termina 
el pasaje. Pero el delicado y exquisito gusto con que ca- 
tán enktzadas las cláusulas que le componen , las infle- 
xiones , los cortes suspensivos i el suave y querelloso 



PARTE PRIHEI 

il , la magia prosMca, eo fin, 

este admirable periodo , serd 
lo aquellos pocos cuya alma j 

1 algún modo con el alma y el 

iqué consisto esle ritmo, res- 
iKiuui^i louiua buu uu cíOcueole escritor cuyas ideas 
aquí resumimos, que el ntoio consiste en uu conjunto 
particular de expresiones delicadamente escogidas; en 
una distríbocioD de sílabas lentas ó rúpidas, sordas 6 
agudas , ísperas ó guates , alegres 6 melancólicas, en un 
encadenamiento, en fin, de onomatopeyasanálogasdlas 
ideas dequeel poeta ealá fuertemente poseído; á laasen- 
timientosqueleagiton, días imágenes que le ocupan, 
d las sensaciones que quiere producir, d la naturaleza, 
moTÍmiento y carácter de las acciones y pasiones que 
se propone eipresar. Asi el ritmo es la imdgcn délo que 
posa en el alma del poeta, monilestada por lasiolle- 
liones de su voz, por sus degradaciones sucesivas, por 
los pasajes y tonos diversos de nn discurso : don natu- 
ral qne nace de la sensibilidad de los órganos y de la 
mo^Udad del alma; secretoqnenise aprende ni se co- 
munica, nipuedetampocoreducirsed reglas. Lo único 
que el arte puede bacer en él es perfeccionarle; pero 
aun esta perfección, siendo buscada, tiene un nosé 
qué de preparación y da aparato que ya peijudica á su 
efecto. El ritmo de reflexión agrada siempre menos que 
instinto , porque el instinto se plega de suyo i las 
Itu variedades del ritmo, yesto d la reflexión no 
ftcil. De aqui nace nua de las diferencias que los 
des humanistas hallan entre Homero y Virgilio, en- 
triosto y el Tasso. Sucede igualmente asi entre 
tros poetas. Herrera, que busca el ritmo con tanto 
ro, no siempre acierta d encontrarle , mientras que 
iscfpulos Arguijo y Etioja le suelen hallar con mas 
dad; y que en poetas menos perfectos, pero mas 
ralee, viene d veces por si mismo d colocarse en 
sTBos, como sucede d veces con Lope de Vega y 

MOB. 

estadio y el gusto que se adquiere con la instrac- 
pueden señalar el sitio donde conviene poner este 

Pw el pim , adormido y vago cielo ; 
Jen podrin dar la idea de empezar on soneto d una 
la naval con este otro : 

Hoodo ponto, que bramas atronado; 
la naturaleza sola es la que dicta la acentnacion 
idera, el ritmo propio de un periodo poético «ite- 
Ha sola es la qne ha dictado d Valbuena esta ocla- 
n qoe ^ta , en las 6ltimas palabras de ana ¡iveo 
e mnere, su desaliento y agonfa : 

Lliinanne con delgadas voces siento 

Del icoD oacoro de la tlena helada ; 

TriKei lanlnai cnuar veo por el viento , 

Y que me llaman todaa de pasada ; 

Pállanme ya las henas j el aliento. 

|Cleiot1 li ooil deidad tengo agraviada. 



m 



OBRAS COHN.ETAS DE DON 



\> ti 



>■ 



•■. . » 



BtracÜYOs de la armonía, fueron las dotes con que la 
naturaleza enriqueció á Helendez , y que los excelentes 
estudios y en que Cadalso le sirvió de guia, cultivaron 
y desenvolvieron con el éxito mas feliz. Ayudaba á ello 
desde Sevilla con sus continuos avisos y exhortaciones 
el inmortal Jovellanos, y sosteníanle en su aplicación y 
en sus esfuerzos sus dos amigos y compañeros , el festivo 
Iglesias y el agustiniano González. No tardó mucho en 
salir á volar con sus propias alas , y en recibir las pal- 
mas debidas á su laudable anhelo y justas esperanzas: 
su BatUo, su oda A las artes, sus Bod4is de Camacho 
(que aquí consideramos solo por su aspecto lírico, y no 
por el dramático }; en fin , el tomo de sus poesías publi- 
cado en 1785 , fueron otros tantos triunfos que , asegu- 
rando los progresos y el carácter del arte, coronaron 
al autor de una gloría que se va haciendo mas sólida y 
brillante cada día , y probablemente no perecerá jamás. 

Veíase sin duda en aquellas poesías un estilo y una 
entonación semejantes á la que en los versos cortos ha- 
bian puesto Góngora y Villegas , y á la que en los ma- 
yores usaron Garcilaso, Luis de León, Herrera y Fran- 
cisco de la Torre ; pero con infinito mas gusto , con una 
elegancia mas continua y mas esmerada, con una poe- 
sía de estilo mas vigorosa y pintoresca, con una elec- 
ción de asuntos y pensamientos harto mas interesante, 
efecto necesario y natural de una instrucción bebida en 
libros y en autores que habían venido después. No era 
posible á Villegas hacer una anacreóntica tan pura co- 
mo la do El viento f ni á Góngora un romance tan ideal 
y melancólico como el de La tarde, ni á ninguno de los 
otros escritores tomar un vuelo tan alto y tan sostenido 
como el que se admira en las dos odas Á las artes , en 
la fúnebre A Cadalso , y en la de Las estrellas. No es mi 
ánimo aquí preferir talentos á talentos, y sacrificar el 
concepto bien merecido de los padres de nuestra poe- 
sía en las aras de su sucesor, porque fué mi maestro y 
mi amigo. Lejos de mi tan injusta y temeraria parcia- 
lidad. Yo comparo solamente las obras, y hallo que el 
escritor moderno , si bien formado por el ejemplo de 
los antiguos, ha podido, ayudado de los adelantamien- 
tos del tiempo en que vivía, dar mayor interés y con- 
sistencia á sus ideas, mas grandeza y regularidad ásu 
composición , mas fuerza y seguridad á su movimiento. 

No haydudaque en los géneros cortos , especialmente 
en los romances y anacreónticas, ha alcanzado á una 
perfección no conocida hasta él , y todavía no seguida, 
ni aun de lejos, por los que se han propuesto seguirle. 
La opinión no le es tan favorable en los versos mayo- 
res y en los géneros de mas alta y grave composición; 
mas aun cuando pueda concederse fácilmente que es 
mucho mas perfecto y agradable en los unos que en los 
otros , sería injusto negarle el tributo de gratitud y ad- 
miración que se le debe por el gran talento que mostró, 
y por el adelantamiento que supo dar á muchos de 
esos géneros , en los cuales podrá en buen hora encon* 
trárseie desigual á sí mismo , pero no menos grande si 
se le compara con los demás escritores. Sus versos eo- 



HANUEL JOSÉ QUINTANA. 

decasílabos cuando se emplean en asuntos bucóUcoa 
ó descriptivos tienen todo el gusto y la perfección del 
género á que corresponden. Si el argumento es lírico, 
cualquiera que sea su elevación ó dificultad, Melendaz 
se alza y se iguala con él , y le desempeña con tanta des- 
treza como felicidad. Su estilo en todas partes está lle- 
no de poesía y de color, sus versos son apacibles y so- 
noros , sus períodos en genera] bien y convenientemente 
construidos y distribuidos; su Balilo, en fin, sus silvas, 
sus epístolas, algunas elegías, y tantas odas excelentes, 
así en el género templado como en el sublime , le cali- 
ficarán siempre de un poeta de primer orden, aun sin 
el auxilio de sus anacreónticas, de sus romances y de 
sus idilios. 

Es preciso confesar, sin embargo, que su carácter 
propendía mas á la gracia , á la morbidez y á la ternura, 
que al vigor y á la energía. £1 carácter pastoril que ha 
dado á la mayor parte de sus poemas les quita el ha- 
lago y el interés de la variedad , y contribuye también 
á darles un tono de afeminación y de molicie que des- 
contenta al ánimo , por poco austero que sea. Era sin- 
gular sin duda su talento para describir ; pero le sucede 
lo que á todos, que es abusar de lo que se tiene en de- 
masía , y por abundante da en difuso , y por volver fre- 
cuentemente á unos mismos objetos es cansado; bien 
que este defecto sea por ventura mas propio del genera 
que del escritor. En ¡as composiciones doctrinales y fi- 
losóficas suple la falta de fuerza con la declamación , y 
lo vago de las ideas con el lujo del estilo. Por último, 
en la parte de invención y composición deja siempre 
algo que desear: el interés no es progresivo, las termi- 
naciones no son siempre felices y bien graduadas, y el 
arreglo del todo no corresponde siempre al mérito de la 
bella ejecución en cada una de sus partes. Siente bien, 
describe bien, cuenta poco y dialoga mal. Nunca de- 
bió arrojarse á tratar asuntos que no estaban ni en su 
cuerda ni en su carácter ; y la Caida de LuiíM , el Sis- 
tema del universo, la Inmensidad de la wUurale%a, y 
otros argumentos de igual clase, prueban con la infeli- 
cidad de su desempeño que si el objeto y el conjunto 
de las ideas cabían en los principios y en el saber del 
autor, no se avem'an de modo alguno con los medios 
poéticos que poseía. 

Esta desigualdad en sus obras se notara menos , y su 
gloria fuera harto mas pura , si en las diferentes edicio- 
nes que hizo de sus poesías hubiera procedido con otro 
esmero y otra severidad. La última, sobre lodo, quo 
él dejó arreglada antes de morir, y en que sus editores 
siguieron puntualmente sus instrucciones» no debiera 
ya resentirse de tan excesiva indulgencia. Y así como 
en la segunda que hizo en Valladolid tuvo la resolución 
de desechar diferentes composiciones que acusaban de- 
masiado los pocos años y la inezperiencia del autor, de- 
bió también teñeron la última la misma entereza , y ex- 
cluir todo aquello que el tiempo hahia ya calificado co- 
mo poco digno del resto; con tanta mas raaon, cuanto 
que salía enriquecida de tantos versos nuevos y exqui- 




PARTE PMMEIIA. 

menes de aniereúnticaí, romances, 
igios , (odss de una misma pluma , j 
«ria campestre y paslorU, son por 
; j no era ficil , ó mas bien , era im- 
por todos ellos el interés ; la varie- 
1 poderse leer con igual placer que 
bligaba á entresacar de todas aque- 
[lereciese la unáaime aprobación de 
1 gusto, 7 desecliondo irremisibJe- 
bacer de lo escogido solamente dos 
tomos fueran de oro. 
Spoca literaria la vista sobre Melan- 
instante í par de él el ilustre Jove- 
, como Uucéoas'y como compañero 
al arte. La variedad de laleotoa ; de 
) este bombre insigne poseía , y la 
rabajos útiles en que se ejercitó, for- 
tan singular como interesante y glo- 
tras y i nuestra ciTÜiíacion, si este 
io de trazarlo. El pertenecía i la elo- 
llos elogios; á la historia por su dis- 
lectáculos , y por mil inTestigaciones 
i sobre nuestras antigüedades ; á las 
u pasión , por su gusto eiquisito en 
eccion qae les daba; á la economía 
ey agraria ; d la política por sus elo- 
; í las ciencias por el mstítuto quo 
¡a por el grande espíritu que animó 
, á la virtud por los ejemplos de di(^ 
, de entereza y de amor ¿ su patria y 
e toda su vida dio con el anhelo mas 
ancia mas noble. Era, por cierto, un 
jilo y grato como raro y singular ver 
os ios estudios , de todos ios talentos, 
e parecia el a^o y el templo de las 
leí mismo modo que el orador, el bís- 
, el jurisconsulto y el economista, el 
consumado y el alumno que apenas 
iran recibidos con benevolencia y aíi- 
lidos 7 contestados en su lengua y en 
I recibían aviso, los otros lecciones, 
>unos auxilio, y todos placer y honor. 
)r que se concillaba con este atracti- 
iBÍguiente al bien que las letras y las 
cultivaban recibían de esta conducta 
. Todos le amaban, todos le venere- 
de aprobación , una sonrisa de Jovi- 
nsa mas grata que entonces podiao 
m y el ingenio. 

síderamos solo por sus relaciones con 
EÍonpre amó, que cultivó en muchos 
un modo siempre apreciable y & veces 
cuyos progresos puede decirse coiv- 
las con sus consejos y su inQujo que 
zoa ser este tan grande y poderoso, 
oar en Sevilla al mismo tiempo que 
oaaca: y amigos comunes les bicie- 



— UIERATÜRA. 

ron conocerse , escriUrse y fomi 
que duró la mayor parte de su vi< 
cbosa fué á Helendez y tan glorio 
cribiú su Delincuente honrado, su 
ciou del libro 1.° de El Paraíso p 
poesías líricas que corren maausc 
producciones se descubre bien el t 
y las buenas ideas y guslo de su i 
no bien formado todavía, es mnsl 
ycu!ta,que una dicción verdadei 
versos no tienen el bálago , el núm 
necesitan para lierir agradablemei 
en la memoria. Los cortos , sobre i 
mente mal construidos, faltos de 
y de rotundidad. Quizá en Sevilli 
aconsejarse oportunamente cuandi 
bia podido hacer en nuestros poet 
no para adquirir en esta parte la ] 
ba ; quizá el trato mas frecuente q 
Melendez , con el maestro Gonzalt 
nistas, le diú luces y miiimas fpn 
con envidiable destreza : lo cierto ( 
puso la Descripción del Paulury la 
tas veces se han reimpreso , ni su 
tienen , rigorosamente bablando, 
dera poesía. Ya estos escritos lo s 
brio y perfección con que están 
pudo ponerse en primera línea á p 
ees cultivaban el arte con mas acii 
cion. Pudieran dolerse las musas d 
tado de tan ventajosas calidades n< 
vamente de ellas. Los géneros not 
él por carácter y estudios propen 
sin duda con su aplicación i ellos 
nobles atenciones en que estuvo c 
le era posible frecuentar mas el 
de considerársele como un ardiei 
ejercicios de las musas. A ellas del 
mera , á ellas después sus mas du 
ellas , en fin , la elegancia y la arm 
jestuosa y elocuente. En sus brazo 
zos también puede decirse que m 
crito fué un canto patriótico á los i 
de su voz agonizante resonaron [ 
labios de Jovino la patria y la poe& 

ARTICCLO V 
Da ClMfaegoi j olm poeUi. 
Iglesias, amigo también y com] 
Helendez, siguió diverso nimbo^ 
gramas ) letrillas ha logrado un a; 
mereddo. Para esta clase de poeel 
su talento era sin duda eminente , 
Qnevedo , del cual , si á la verdad 
la vivacidad , tampoco presenta el 
vagancias. Faltóle estar en un le 
mas extenaion i sus miras , y pode 



OBRAS CX)1IPLETAS DE DON 

be TÍdo8 7 defectos que en el retiro en que vivía no 
podía conocer ni adivinar. Faltóle también mas caudal 
de instrucción : la que tenia era superficial y poco cor- 
respondiente á la época en que escribía, y sus estudios 
se limitaban al manejo casi exclusivo de los poetas an- 
tiguos españoles , que leía, copiaba, y aun desmenuzaba 
para aprovecharse de sus fragmentos i. Esta exclusión 
de estudios pudo sin duda limitar el caudal de sus pen- 
samientos y de sus medios; pero le afianzó una caUdad 
poco común entre sus contemporáneos, la de ser emi- 
nentemente puro en la dicción , y que todas sus frases, 
palabras y modismos, tan castizos como claros, pue- 
dan usarse con seguridad y confianza. A la misma es- 
cuela pertenece el agustiniano fray Diego González, 
exacto y puntual observador del lenguaje y formas anti- 
guas, y cuya modesta ambición se contentó con el tí- 
tulo de hábil imitador de un gran poeta. 

Pero de todos los discípulos de aquella escuela , fun- 
dada por Cadalso y tan ilustrada por Melendez, el que 
después de este lírico insigne ha llamado mas la aten- 
ción pública, así parala crítica como para el aplauso, 
es Cienfuegos. Los humanistas afectan ahora tratarle 
con un rigor tanto mas extraño , cuanto mas favorable 
había sido la acogida que sus escritos lograron en un 
principio. Los ánimos se hallaban entonces mejor pre- 
parados á recibir las impresiones que les daba un escri- 
tor entregado todo á la ilusión de la filantropía mas 
exaltada 9 á las sensaciones deliciosas y tristes de la me- 
lancolía mas profunda, y defensor valiente de todas 
aquellas virtudes en que consisten la digm'dad y la ele- 
vación humana. Su imaginación , tan ardiente como 
viva , se ponía fácilmente al nivel de estos sentimien- 
tos , y los ecos en que se exhalaban eran tan enérgicos 
como robustos. Nadie le excede en fuerza y en vehe- 
mencia , y no sería mucho decir que tampoco nadie le 
iguala. Aunque el fondo de ideas sobre que su imagina- 
ción se ejercita pueda decirse tomado de la filosofía fran- 
cesa , no ciertamente el tono ni el carácter , que guar- 
dan mas semejanza con la poesía osiánica y con la poesía 
alemana. Pero si el estilo, por llevar el sello robusto y 
fogoso de su índole y de su ingenio, se hacía respetar 
de los lectores, no así la dicción, á que daban cierto 
aire de afectación y extrañeza el uso excesivo de pala- 
bras compuestas, los arcaísmos poco necesarios , y so- 
bre todo las frases y palabras inventadas por el escritor, 
y usadas por su autoridad particular. Disimuláronse de 
pronto estas libertades en obsequio de las nobles miras, 

* Entre la confusión de papeles que dc;j<5 al morir se encontra- 
ron muchos que no eran mas qne centones de versos de diferentes 
poetas antlfoos, unas teces deseompoestos, otras literales ; pero 
siempre combinados de manera qoe formasen no todo regalar. De 
esta clase son algupas de sos odas y la mayor parte de sus villa- 
nescas, de sns églogas 7 de sns Idilios. Las principales fuentes 
donde bebía para este trabajo eran Yaibnena y Qnevedo. Ignórase 
el uso qoe pensaba hacer en adelante de estos estadios , y sus edi- 
tores los pnblicarun conforme Tinleron i sus manos. Lo mas par- 
Ucttlar es qne en elbs lo raro y eitrafto de la ejecución no peijn- 
dica i la sencilles del pensamiento principal , ni 4 la regularidad 
del todo , ni 4 la gracia en las letrillas, ni al fuego y expresión 
melancóiia de las odu y de los idUios» 



MANUEL JOSÉ QUINTANA. 

grandeza de pensamientos , bellas imágenes y calor aiw 
rebatado con que se enriquecían y animaban aquellos 
versos, de un carácter nuevo hasta entonces en nues- 
tra poesía. Melendez á la sazón había dejado de escri- 
bir, don Leandro Moratin se hallaba fuera de España, 
otros escritores que entonces comenzaban no habían 
adquirido aun ni la fuerza ni el nombre que después. 
Así , Cienfuegos , desde que empezaron ¿ conocerse sus 
primeros ensayos , parecía la sola esperanza de nuestro 
Parnaso , y los amantes de las musas le respetaron y sa- 
ludaron como á tal. Mucho antes de que sus versos sa- 
liesen á luz, uno de los que mas agriamente los han 
censurado después decia públicamente que cuando lle- 
gasen á imprimirse á tendría la España un poeta ». Jo- 
vellanos, tan propio por su carácter y por la propen- 
sión de su espíritu para juzgar y apreciar los nobles 
cantos del nuevo escritor, decia a que Cienfuegos ha- 
bía puesto el punto muy alto ». Realmente era así , y el 
yerro de este poeta consistía en haber llevado la exal- 
tación de sus ilusiones y sentimientos ideales hasta un 
grado difícil de ponerse en armonía con el temple de 
los demás. 

Esta aura de favor se ha convertido después en una 
severidad, en mi opinión injusta, y sin duda alguna 
excesiva, dándose como dificultosamente el título de 
poeta á quien por ventura el defecto real que manifiesta 
es el de serlo en demasía. Por unas pocas locuciones, 
viciosas si se quiere y desdeñadas del gusto y uso co- 
mún, se le tacha de escritor extravagante y contagioso, 
de quien la juventud debe huir si no quiere corromper- 
se. Yo no trataré aquí ni de acusar ni de defender estas 
innovaciones de lenguaje, porque su examen no es de 
este lugar; pero sí diré que ellas solas no constituyen la 
poesía de Cienfuegos 2. Cuando se haya manifestado 
que sus versos no tienen ni cadencia ni armonía , que 
están faltos de imaginación y de fuego, que sus miras 
son pobres, sus asuntos malos, y su ejecución peor, 
entonces podrá parecer fundado el ceño con que se le 
mira. Pero los dos poemas líricos de El Otoño jáeLa 
Primavera, sus bellas epístolas morales y afectuosas, 
el primero y tercer acto de la Zoraida, el papel de R(h 
drígo en La condesa de Castilla, el conjunto grande y 
majestuoso que presenta el Idomeneo, el fácil desem-* 
peño del Pitaco, tantos trozos, en fin, admirables ó 
por la sentencia , ó por la fantasía, ó por el calor de la 
expresión, reclamarán siempre contra esta prevención 
injusta, y ponen al autor en un lugar harto eminente 

* Todo poeta que tiene que formarse asa dicción porque la que 
encuentra hecha no le basta para la expresión de lo que siente 6 
de lo que pinta , por mas esmero que ponga , se resiente siempre 
de la predilección qne da 4 ciertas expresiones 6 palabras , que, 
por repetidas ó por poco conformes al estilo y gusto común, cons- 
tituyen lo que se llama éfeciúeh» 6 mmurm. Herrera tiene la suya, 
Melendez la tiene también, y 4 Cienfuegos ba sucedido respecti- 
Tímente lo mismo. Todos ellos, cu41 mas, cuil menos, presentan 
un vicio en esta parte , qne sus buenos imiudores procurau evitar 
y que los talentos mediocres eugeraa. Acaso las innondoaes he- 
chas por Cienfaegos no son tan eitrafias por si mismas como por 
el lagar en que las introduce; y lo que mas le ha perjudicado es 
el uso que ha bocho de ellas en sus tragedias , género que por st 
naturaleu se presta menos que el Úrico 4 semejantes tentatiyas. 



PARTE PBIUERA, 
Dmbre pueda ser repetido jamás con bdi- 
I desprecio. 

loTellaDos, Cienfuegos y sus imitadores 
icido en Ja poesía española un gusto ei- 
«ce tomado del finncés, del alemán y del 
han seguido divo^ camino, y han pro- 
icion itaÜBDa, cuyas formas lieneo mas 
los nuestras, 7 por lo mismo sa carácter 
ecer mas puro y mas natural. La Índole 
1 escuela es poner todo su esmero en la 
rfa de los metros, en el halago de los dú- 
ilegancia y pureza del estilo, en la facili- 
dela ejecución. Las dotes exteriores son 
lidado ; los asuntos y los pensamientos no 
mera que no siempre se encuentran en 
in , la Tuerza y el vigor de eipresion que 
tar. Mas no por eso se la debe tener en 
ñerlo que las gracias, la facilidad y la 
1 parte tan esencial de la poesía. Este es- 
i engracias y en halago, no es vencido ni , 
ualado de otro alguno. No hacemos aqui 
s escritores que mas se han señalado en 
orqne los unos ann viven, y es tan corto 
la pasado desde el falleciniienla de otros, 
isiderárseles todavía como vivos, y por 
¡dad que se guardase al hacer el eiámen 
irácter y mérito poético, la censura po- 
intradiccion, y los aplausos lisonja. 
le recorrido este periodo se preguntase 
¡irogresos que el arte debe i los ingenios 
livado, puede responderse que la poesía 
pues que les debe su restauración en un 
ya no Iiabia musas en España. Ellos se 
n, haciéndolas cantor con un tono mas 
do , en composiciooes mas esmeradas y 
in formas, en üd , mas elegantes y deco- 
go es todo de este siglo, la tragedia clá- 
lien, y lo es la comedia de Terencio , no 
toco fiD toda su pureza hasta que con 
i presentó en el teatro Moratin, Hay asi- 
oetas modernos uu caudal de ideas , de 
I Slosofla y de iustruccioD , que no se en- 
ralmente hablando, en los de los siglos 
ro es preciso confesar también que en 
1 facilidad y en riqueza de fontasfa no 
ir con los antiguos, y que en esta última 
I de la poesfa española ha sido mas esca- 
rias, menos armonía, y por consiguien- 
efecto y menos agrado. Las causas de 
son muchas, pero oquisoto indicaremos 

Jmeroáque el sistema clásico, seguido 
e por los autores de esto siglo, les ba 
parte de su fuerza para volar con des- 
oír con profusión. Corre mucho el que 
a botuto eligir igual osadía y presteza 
ne ir nijeto á tantos otros míramiontoa 
I y TeroñmilUud. Véndense dn duda 



.— LITERATURA. 

esta dificultad, á mostrar el 
gusto y una pasión mas decl 
de cultura. Pero entre los qi 
los des linos de la España y 
ninguno ha tenido afición p: 
han querido 6 sabido aprec. 
prenderla. De aquí la estim 
mentó, el corto estimulo y 
meno tan natural como nec 
gresos que iban haciendo c 
de Europa, de una parte le 
interés. La poesía, bija de 
principal valor y su influjo i 
cia y en la juventud de los p 
ees á dejarse vencer de los ] 
consigo. Pero cuando la raz 
las mires de utilidad á don 
preciso en tal caso que la po 
España en el siglo ivni ha 
tizar y d calcular; ha tratad' 
productivas, de fomentar li 
estas artes no pueden sosten 
nerse, en cuanto le fuese po! 
naciones en prosperidad y ej 
con semejante ahinco, ¿cóm 
cion á estos juegos del inge 
cion un momento, y despu 
danT Tampoco era too rica,i 
consiguiente, el arte, falto ( 
no podia dejar de ir á menos 
ca,porsu particular carác te 
cesarlas que tiene, podie en 
perar ; pero por causas cuya 
bien i la historia del teatro q 
dia pasar entre nosotros de n 
pues todos los caminos á la < 
dad , los ingenios que mas pi 
gados & abandonar un arle 
presentaba, y se han entre 
que ofrecían mejor perspect 
campo d sus esperanzas. Po] 
derado todo, es aun mas de i 
se ha hecho , que de culpar 
Los poetas sin duda han sid 
número que en lo pasado , y 
re ; pero el siglo era también 
tico que los anteriores. 

I A eiti sbjcmcloa (cneril n 
qBe lognrDD Jii irtei r lai letnt ( 
períoila (té mof cono , j qnlilMi i 
igae laaen , na podriin contra peti 
ílglo. 

■ Ha ci decir un esto qoe lo* 
dciiteadldoi: il cootnrlo, uní g 
dliUagaldo binsidoelendoildei 
;or tolo el milito da i» ntadloi 
Meludu en >inclido con nni p 
Fonier coa otra u ti da Sertlb, i 
tttii da EtUilo, j «tro* I Mt« t«i 
ginirBNehooifoKauTea eonil 
iU ouo tanta , oo fodienio jt mi 
foMM M euiUL 



iBé 



OBttAS COMPLETAS t>E DON MANOEt JOSÉ QÜINtAMA. 



SOBRE LA poesía ÉPICA CASTELLANA. 



> - 



Suelen los pueblos cultos, cuando logran tener en 
su lengua un poema heroico bien becho , considerarle 
como el blasón principal de su literatura. Y no sinrazón 
á la verdad , porque una obra de esta clase Tiene á ser 
su libro clásico , su archÍTo maestro. Allí es donde na- 
turalmente y sin violencia se hace intervenir al cielo 
en el origen de las naciones, y su cuna se adorna y se 
rodea con toda la pompa y majestad de la religión. Lo 
que por la lejairfa de los tiempos y por la oscuridad é 
incertidumbre de los monumentos no le es dado des- 
cubrir y contar á la historia , la musa épica se lo inspira 
y revela al poeta, que se hace oír y creer, subyugando 
los ánimos á fuerza de imaginación y de armonía. Ar- 
mas, leyes, artes, costumbres, familias, lenguaje, pa- 
siones , todo cuanto constituye el carácter y fisonomía 
de un pueblo , todo lo que concurre á su prosperidad y á 
su gloría , todo está allí , y todo se aprende y se cita con 
igual aplauso que veneración. 

Pero joya de tan inestimable precio es menos una 
adquisición de industria y diligencia que lance de buena 
fortuna; porque son tiritas y tales las dificultades que 
ofrecen para su ejecución estas obras complicadas y ma- 
jestuosas , tantas y tan eminentes las dotes del escritor 
que se proponga vencerlas , y tan singulares , en fin, 
las circunstancias que han de cooperar á su triunfo , que 
el concurso de todas estas ventajas á una época dada 
y en un hombre solo es ciertamente un prodigio mas 
bien que un fenómeno ordinario. Y como los prodigios 
son raros, los poemas verdaderamente épicos no lo son 
menos. Así es que el desenfado de algunos rigoristas 
llega á decir que no se ha escrito mas que uno y medio 
en el mundo ; no siendo , en su concepto , los otros mas 
que imperfectos bosquejos ó débiles y írias imitacio- 
nes del primero que abrió este áspero camino y dejó 
tan lejos de sí á los que se propusieron seguirle. 

Rigor por cierto injusto, y en algún modo insensato, 
puesto que por ensalzar á dos grandes ingenios de la 
antigüedad , ó mas bien á uno solo , se sacrifican en sus 
aras los eminentes escritores á quienes la Europa mo- 
derna debe en este género sublime cuadros tan magní- 
ficos y bellos. Gusto bien desabrido fuera el que se ne- 
gase á la impresión profunda y terrible que causa el 
viaje de Dante por el mundo de la eternidad , pintado en 
su extraño y singular poema con colores tan origina- 
les y terribles ; al agrado indecible que resulta de la 
,^ ilimitada y maravillosa variedad prodigada por Ariosto 
en su inimitable Orlando ; y al respeto é interés con que 
se contempla el trofeo regular y majestuoso levantado 
por Torcuato Taso á la gloria de los cruzados. No es de 
Homero, por otra parte , de quien tomó el épico inglés 
los rasgos nuevos y bellos con que cantó el principio del 
mundo , la inocencia del hombre y su caida fatal ; ni es 
«1 la üiaáa tampoco donde ha ido el oríginil KIosptok 
á aprender loa ecos austeros y sublimes con que en el 



siglo pasado ha celebrado la redención y el Mesías. Si 
algún otro poema de los seiíalados en los fastos del 
género se lleva mas tímidamente por las pisadas anti- 
guas , y no alcanza ni en fuerza de invención ni en ví« 
vacidad de fantasía á la gloria que los otros, no por eso 
es acreedor á este desprecio intolerante ; y en su ejecu- 
ción y en sus miras presenta bellezas bastante grandes 
y sólidas para compensar de algún modo las dotes que 
le faltan , y justificar el respeto y estimación con que se 
le mira. 

De todos modos resulta que son muy pocas las obras 
de esta clase dignas de atención y de memoria; por 
cuya razón mas parece desgracia que mengua de nues- 
tras letras no poder señalar uno suyo en el número de 
estos grandes monumentos del ingenio humano. Y no 
consiste ciertamente en falta de escritos y de escrito- 
res : larga lista forman de ellos nuestros eruditos desde 
los lincamientos informes que se llaman entre nosotros 
Poema del Cid, hasta la silva en que el presbítero don 
Ángel Sánchez escribió su Titiada , y las octavas en que 
el señor Escoiquiz nos dio su Méjico conquistado. Pero 
la razón y el buen gusto, no pudiendo leer sin pena ni 
acabar sin fastidio la mayor parte de estas produccio- 
nes, ya informes é indigestas, ya desaliñadas y frias, 
les niegan irremisiblemente el nombre de epopeyas, 
respondiendo á las pretensiones vanas ó ambiciosas de 
la erudición y de la bibliografía ^ que en este género de 
competencia y concurso la muchedumbre perjudica en 
vez de aprovechar, y que cuando se trata de poemas 
épicos , ó se señala con seguridad y confianza uno solo 
ó no debe mentarse ninguno. 

Lo mas singular es que no se sabe á qué atribuir 
este vacío de nuestras letras, bien extraño ciertamente 
por cualquier aspecto que se le considere. ¿Consistirá 
por ventura en la falta de imaginación y doctrina de los 
poetas que se dedicaron á este objeto? No por cierto, 
pues aunque muchos á la verdad no presumían ni aun 
por sueños el tamaño de la empresa que acometían , ni 
la desproporción de sus fuerzas para llevarla á cabo, 
no así otros, como Erciila, Valbuena, Lope, Hojeda, 
que no carecían de talento para entrar en la carrera y 
prometerse con alguna esperanza la palma á que aspi- 
raban. Tampoco pudo ser por falta de acciones grandes 
y acontecimientos heroicos y maravillosos que exalta- 
sen la fantasía , y diesen ocasión oportuna y feliz á estas 
pinturas sublimes. Jamás los españoles , ya lo hemos 
dicho otra vez , se vieron rodeados de sucesos tan gran- 
des y de hazañas tan portentosas, en que eran á un 
tiempo actores y testigos, como cuando tan infelices 
pruebas daba de sí la Caliope castellana. ¿Díriase acaso 
que consistía en la imperfección de los instrumentos 
que debían servirla : cosa que tanto suele retrasar los 
progresos de las ciencias y de las artes? Pero el Idioma 
castellano , tan mcyestuoso de eoyo , era ya en aquella 



los que DOS dejó la snügüedad , teaiamos las de Dante, 
Ariosto, Tasa, CaiD0ett3,que nuestros poetas no £o)o 
conocían, sino con tinna mente estudiaban. No baj, por 
último , que atribuirlo tampoco í la indíTerencia del pú- 
blico d Mmejante leyenda : el interés y la curiosidad 
del vulgo da k» lectores cataban eiclusivamente entre- 
gados áeUa,j los libros de caballerías, qne 00 venian 
i ser otra cosa que unas epopeyas informes, lleDabau 
su imagínacioQ de baiañas, de gloríayde portentos. 
Ano tas muestras épicas que nuestros poetas dieron en- 
tonces, poriofelices queTuesen, prueban con su nú- 
mero y con las varías ediciones que de ellas se hacían, 
que el público , lejos de desanimarlos con su indirereo- 
cia y olvido , los alentaba , al contrario, y los estimu- 
labad merecerla coroua. 

Ya ea pñmer lugar los pasos en que se enseyd al prin- 
cipio nueslia musa herúica llevaban consigo un priu- 
ídpiodeerror,quenD podia conducirla á ningún éiito 
* glorioso fafartunado. Quisieron nuestros épicos tener 
lelcréditode historiadores, yal mismo tiempo el hala- 
go T aplauso de poetas : mezclaron la fábula con la ver- 
dad, no fundiéndolas agradablemente, cual debe ba- 
cerio la&nlasiapara conseguir su objeto, sino agre- 
gándolas una tras otni; y creyeron que contando ha- 
zañas grandes, coetáneas, ruidosas entonces tanto en 
tí mundo, y contándolas en el verso que se llamaba he- 
rúico , ya podían creerse autores de epopeya y decirse 
alumnos de Homero y de Virgilio. El mal venia de muy 
arriba : nuestros antiguos poemas como el Cid, el Ale- 
jandro, la» Leyendas piadotai de Berceo, la Vida de 
Teman Gotaalex, y otros que se escribieron por este 
estilo , carecían de poesiay de ficciimes. Lo mismo su- 
cedía con los romances históricos, que por ventura tu- 
nen») la culpa de semejante sequedad , por seguir los 
autores de obras largas este gusto estéril y pedestre 
qne tenían los cantos populares. Complacíase e! vulgo 
en oír y leer cuentos, pero los quería desnudos de ín~ 
vención y de adornos : el hecbo sencillamente rererido, 
tbíen comprensible, ynadamas. Los poetas contraían 
' una especie de mérito en sacríGcar las galas de la G&- 
' don i la calidad de verídicos. Cuando contaban prodi- 
gios y milagros era porque los creían hechos positivos, 
y hubo poeta que al mezclar en su narración histúríca 
episodios de inveodon propia , tenia cuidado de seña- 
larlos con un asterisco para que no se confundiesen con 
*^ heclu» verdaderos. 
Tal filó el camino que siguieron don Luis Zapata en 
Cario famoso , don Jerúnimo Semper en su Carolea, 
loan Rufo en su Atutriada. Fueron asunto á los pr^ 
nvs los hechos de Carlos V, y al último los de don 
u ds Aoabia, so hijo ; flaodo tuH» j Otros el loterts ; 



— LITERATül 
el aplauso de s 
que en el muu' 
nombres tan d 
níente que hotí 
les.porlomisn 
garlas para coi 
los hechos y I 
ponía mas en i 
poetas que lai 
dtcíione, dice 
la í^aroíea; y le 
famoM , dondi 
tica, yque solí 
sidad escniput 
van i buscar t 
omitido por lo 
tualidad prosái 
No tan infeli 
tríada, cuyo 
pudo dar á sus 
cual regularidj 
buscar en él ni 
en los pensami 
ni música en li 
mente su cuen 
guna , desde q 
basta que losi 
panto. Su obj( 
verso las cosas 
y sin compara 
Cabrera , Vane 
tiempo sehalli 
ta, aquel Ínter 
do siogularida 
que nace el per 
tar : astro fug¡ 
tanto d fondo 
Criado niño en 
tado al princip 
reconocida de 
porbcrmanod 
ca,atendÍBnd( 
le destinan i la 
los generosos ( 
capa de la cort 
ra. Vuelve des< 
mano, qne le 1 
sus deseos, m 
las armas. Doi 
rebeldes morÍE 
resdelOrieníf 
Lepante ; es e 
en vano , y des 
de fallecer. Gi 
grande, subyi 
osadía, 7 enca< 
cia : galán ; bi 



OBRAS COMPLETAS BE DON tfANüBL JOSfi QUINTANA. 



'k 






•on sos amigos, respetuoso con su hermano. Pero ya 
iemasiado alto con los sucesos y con la fortuna para 
contentarse con el lugar segundo, anhela un reino 
donde mandar el primero, y con esto da celos al mo- 
narca de quien depende. Desde entonces la desconGanza 
y las sospechas vienen á acibarar su vida , su impaciente 
ambición la envenena , y muere en la flor de sus días 
entre las solicitudes y penas de su misma grandeza y 
sus deseos. ¿ Qué objeto mejor pudiera escoger un poeta 
para acalorar su fantasía y fecundarla de grandes cua- 
dros y altos pensamientos? Pero el pobre Juan Rufo 
estaba muy ajeno de lo que su argumento encerraba, 
ni, aunque lo comiurendiese, tenia medios para desem- 
peñarlo 4. 

El Monserratey de Cristóbal de Virués, publicado 
hacia el mismo tiempo que la Austriada , tuvo enton- 
ces igual fama, y mayor aprecio después. Es verdad 
que poseia mas instinto de armonía y de estilo que Rufo, 
y que puso algo mas de invención en la composición de 
su poema. Lo primero que se hace notar al echar la 
vista sobre el título y argumento de la obra, es la es- 
pecie de contradicción que envuelven con la condición 
y gustos habituales del autor. Que un religioso ascé- 
tico y melancólico , dotado del talento de hacer versos, 
se ejercitase en pintar el pecado y penitencia del ermi- 
taño Juan Garin, nada tendría de extraño; pereque un 
hombre de guerra, un capitán que corre el mundo y 
está acostumbrado á escribir comedias para el teatro, 
tome para emplear el ingenio poético con que se su- 
pone , un asunto de tal naturaleza , no solo tiene mucho 
de singular, sino que inspira gran desconfianza de que 
le desempeñe bien. El solitarío Garin, seducido por el 
diablo, desflora por fuerza á una ilustre doncella que 
su padre le confia, y después, para ocultar su delito, 

f El que los tenia sin dada era el poeta qae, siguiendo las hoe- 
Ilaa de Virgilio, hablaba asi del vencedor de Lepante: 

Aquel en qninn las horas presurosas 
El curso abreviarán con tal corrida , 

gne apenas á las puertas deleitosas 
legar le dejarán de nuestra vida , 
Guando entre negras sombras tenebrosas» 
La tierna faz de amarillez tefiída , 
Dejará el aire claro y nuevo dia 
Que en su real presencia aparecía ; 
Yo digo de aiiuel principe famoso 
Que á Espafta vestirá de luto y llanto. 
Después que so valor vuelva espantoso 
El seno de Gorfd y el de Lepante ; 

Y desde allí , con triunfo victorioso, 
Al espanto del mundo ponga espanto , 
Mostrando en esto ser nijo segundo 

Del Carlos Quinto, emperador del mundo. 

¡Oh estrellas! ¡ Cómo fuisteis envidiosas 
Ala gloría de Espafia! ¡Oh duro hado I 
Si al golpe de sus huestes vlerosas 
No les faltara tiempo señalado , 
Td solo á mil regiones poderosas 
Pusieras yugo y freno concertado , 
Desde donde se hiela el fiero scita 
Adonde el abrasado Mauro habita. 

Dadme, oh hermosas ninfas , frescas flores 
Para esparcir cobre la tierna frente, 
En sacrificios y debidos loores , 
De este mi soberano descendiente ; 

Y vosotros , divinos resplandores , 
Deshaced los agfieros felizmente , 

Y aquella sombra y triste centinela 
Qae 9Qht9 go cabeza en tomo vuela. 

(YAUtmiA, B0nHtr49, lib. 1) 



I 



bárbaramente la asesina y con sus profnlts manos la 
entierra. Va áRoma, impelido de su remordimiento, 
confiesa sus culpas al Padre Santo, el cual , visto su súh 
cero arrepentimiento, le absuelve de ellas, imponién- 
dole por penitencia que vuelva á su retiro de Monserratc 
haciendo su viaje ¿ cuatro pies ¿ manera de bestia. El 
monje llega de este modo á su cueva, donde se esconde, 
y allí es cazado y cogido con redes como si fuese una 
fiera, llevado ¿las caballerizas del conde de Barcelona, 
padre de la doncella desflorada; escarnecido, maltra- 
tado, agarrochado , hasta que un niño de tres meses, 
hijo también del Conde, en palabras bien articuladas 
le dice de parte de Dios que se levante , pues ya sus 
crímenes están perdonados. El se levanta y confiesa otra 
vez sus culpas delante del Conde, que le perdona. Bús- 
case el cadáver de la doncella , que milagrosamente es 
restaurada á la vida, tan fresca y lozana como el dia 
antes de su desgracia ; y todo esto se une , de la misma 
manera que está consignado en las tradiciones anti- 
guas , á la aparición de la Virgen en la sierra y funda- 
ción del santuario. 

Tal es sumariamente el asunto del Monserrate, que 
pudiera muy bien ser la materia de una leyenda ejem- 
plar , propia para edificar y conmover á las almas pia- 
dosas , mostrando las pocas fuerzas de la virtud huma- 
na para resistir por sí solaá tan seductoras tentaciones, 
y el poder del arrepentimiento y de la penitencia, bas- 
tante á lavar pecados tan bárbaros y feos. Pero poner- 
se á escribir sobre semejante materia un poema épico, 
y esperar conseguir por este camino el efecto á que 
aspiran los que tales obras emprenden en literatura, 
absurdo grande fué concebirlo, y mucho mayor fué 
realizarlo. Porque nunca, por grandes que fuesen los • 
talentos de Virués , era posible vencer las dificultades 
que presentaba un asunto tan austero y espinoso , y 
darle aquel halago , aquella elevación y aquel interés 
profundo y extenso que necesitan estas grandes com- 
posiciones. Aun prestándonos por un momento á las 
miras y suposiciones del escritor, hallaremos que, po- 
bre de imaginación y de recursos , escaso de arte y de 
doctrina, poco diestro en vencer las dificultades de la 
versificación y del estilo poético , no acierta á sacar 
partido de los pocos datos felices que le presentaba de 
suyo el asunto, ó que le salen al paso en su camino. 
Los dos trozos que se ponen adelante , como muestras 
de este poema, manifestarán el modo incierto y penoso 
con que generalmente procede el autor en su desem- 
peño , sea que cuente , sea que pinte , sea que haga ha- 
blar á sus personajes, sea que manifieste su juicio en 
máximas ó sentencias. Debemos sí confesar que ni en 
la invención y disposición de la obra , ni tampoco en su 
dicción , presenta los errores y las extravagancias en 
que después dieron otros poetas mas grandes y fecun- 
dos que él. Pero esto no basta : «en las obras de inge- 
nio el ingenio es lo mas^;» y siendo tan escaso el del 

4 Expresión de un escritor noy sefialado de nuestros diais , y 
tanto mas ingenua de an ptrte, cuanto qve ans obras todas se le- 



PARTE mm^^ 

Ijíi^ff 44 ifmutrt^kt ni sq sano gustq y eii^ei^pep* 
9104 |utei<W, 9i e| tal cual artUlcif de que á bis veces 
IH^usAT, xú algunas T^liUDobres poéticas que se di-* 
vsí^ ea medio, ds la lobreguez de la materia , bastan á 
levantar el Vomserraie del grado íiUerior y subalterno 
en qi^e la razón y la buena critica tienen que colocarle 
por fin. 

Y da él» sin embargo, unido á la Austrtada y á la 
4ra/ueana , decía Cervantes en su famoso escrutinio, 
«que eran los mejores libros que en verso heroico se 
babían escrito en castellano, y podían competir con los 
iQejores de Italia. » ¿ Con cuáles? podríamos preguntar 
alautor del Zío» Quijote: ¿Con el Orlando futio90]^T 
venturai ó con la JerusalenP Pero veinte octavas solas 
de cualquiera de estos dos poemas valen mas que toda 
la Ausiriada y el Monserrate. Cervantes, en los des- 
medidos elogios que daba ¿ sus contemporáneos cuan- 
do no los zahería, lejos de dar estimación á las obras 
que tan sin seso ponderaba , ó desacreditaba su propio 
juido ó hacia dudosa su buena fe i« 

Bien podía también sonrojarse Ercilla de que en esta 
balanza se le pusiese al ig^al de poetas que le eran tan 
inferiores. No porque la Ara^eana, considerada rígo-* 
rosarowite como ¿bula épica, se acerque mas á serlo 
que la Auslriada y ei Mon»err<Ue, según veremos des- 
pués , sino porque en calidad de libro les ileva tantas 
ventiqas, ora se considere el talento del escritor , ora 
el m^ito de la ejecución, que confundirlos de este 
modo es desconocer su valor respectivo y no hacer jus- 
ticia á ninguno. Ya primeramente en la obra de Erci- 
lla el arte de contar , arte mas dificil de lo que se pien- 
sa , está llevado á un punto de perfección á que ningún 
libro de entonces, en verseó prosa, pudo llegar ni aun 
de kjoi. Esta narración además se ve hecha en un len- 
guaje que en propiedad , corrección y fluidez se ante- 
pone también á casi todos los escritos de su tiempo, y 
es tan clásico en esta parte como los versos mismos de 
Gardlaso. Por man» a que la dicción de uno y otro, 
formada, fija y perfecta cuando apenas la lengua cas- 
tellana bahía salido de andadores , no se resiente ahora 
délos tres siglos que han pasado por ella, y son poquí- 
simas hs frases y his voces que dejen de usarse hoy en 
el mismo sentido que estos escritores las usaron : ven- 
taja concedida á muy pocos de los libros , aun entre los 
mas insignes de los que en aquel tiempo se escribie- 
roB, 7 ann después. 

El argumento de la Araucana , ajuicio de muchos, y 
del mismo autor también, podría por ventura pare- 
cer estéril, humilde y oscuro. La porfía de un puñado 

tMBleadam Iniaitameiitt ñas por el arte y el baen gasto que por 
d iBgeDio. 

4 Por lo BiiMo 410 Gorvistes os ^len es» se hsee preciso no- 
tar oslH errores áo s« erítica , ao sea que los eztraiUeros nyan i 
bsscar el gosto general ée naestra literatora eo los fallos poco atl- 
lados de oa>el admirable escritor. Por lo demás , ellos ao puedes 
fsltw ■Mb á s« glorfa dI aSidir siBcmia al «ao los adrierte : 
piédese naj Mea eoaoeer la distancia inmensa qne bay del Jroa- 
ierrá$$ al OflsiMlo, y ao acertar I escribir ocbo Uaeas del JMi 



O.» 



— LITERATO^* 161 

de bár^rp^ ^ue (tisputaná espafiolesun rincom de tier^ 
ra pedregoso y escondido en los remotos senos del Nue- 
vo-Mupdo, era á primera vista tan indigna de la trompa 
épica como de la fama ; pero no hay asunto , por seco y 
pobre que sea, que el ingenio paélico no pueda enri- 
quecer y amenizar. Este de la Araucana, además del 
interés que presentaba un espectáculo, tan nuevo en 
poesía, de hombres y países, tenia el de los motivos 
morales y sentimientos que animan á los indios, con 
los cuales simpatiza siempre el corazón humano en 
todas las edades de la vida y en todos los parajes del 
mundo. Sí los araucanos eran unos salvajes oscuros, 
sus adversarios los españoles eran harto conocidos en 
uno y otro hemisferio, teniendo asombrado y agitado 
el antiguo con su ambición y su poder, y con su osadía 
descubierto y subyugado el nuevo. La duración y tena- 
cidad de la lucha entre fuerzas tan desiguales, la opo- 
sición de caracteres y de costumbres, daban por sí mis- 
mas un realce casi maravilloso á la pintura, sin que la 
imaginación del poeta tuviese que esforzarse mucho 
para darle interés y añadirle solemnidad. 

De estos datos épicos que su argumento le presen- 
taba, alcanzó fácilmente Ercüla algunos, y supo apro- 
vecharlos con envidiable maestría. Admírause hasta 
por los maestros del arte aquella imparcial exposición 
de las causas de la guerra, la junta primera y discor- 
dia de los caciques , el discurso de Colocólo , y la ex- 
traña manera de elegir su general. Débese admirar to- 
davía mas la natural expresión y graduación conve- 
niente de los caracteres , dibujados á la manera do 
Homero, tan semejantes al parecer entre sí , y en rea- 
lidad tan distintos. Caupoücan, Lautaro, Rengo, Tu- 
capel, Orompeüo, Galvarino: todos son bravos, fero- 
ces y membrudos ; pero cada uno con distintas propor- 
ciones, con distinto espíritu y diversa animación. Lo 
mismo puede decirse de los viejos Colocólo y Petegue- 
len; lo mismo de las mujeres Glaura, Tegualda y Frc- 
sia, que ni en palabras ni en hechos se equivocan y 
confunden entre sí, y que se pintan en nuestra fanta- 
sía con tanta novedad y distinción, efecto de la clari- 
dad con que el poeta las ha visto en la suya y las ha 
sabido expresar en sus versos. 

Igual mérito, y aun mayor, hay en la descripción 
de las batallas, que tanta parte ocupan en esta clase de 
poemas. Podrán otros haber dado á estas acciones ter- 
ribles de guerra mas grandeza y aparato y mas varie- 
dad, pero no igual calor, no igual movimiento, no una 
expresión mas interesante y animada. Y así como en 
hí descripción de las tempestades se conoce entre los 
grandes poetas quiénes las pintan de fantasía y quié- « 
nes las han visto en el mar, así en Ercilla se descubre 
bien clara la parte que él mismo tuvo en los peligros y 
encuentros con los indomables araucanos. Vense allí 
las cosas , no se leen : los bárbaros gallardos se animan 
con tal brio, acometen con tal furia y descargan sus 
golpes con tíd fiíena , que se oyen estallar las celadas 
y aboUme loa arneaai d« loa oastellanos, á quienes la 



Ui OBRAS COMPLETAN DE DON 

ligereza de sos caballos no salva, ni sn valor j discipli- 
na deflenden. ¿Dónde mas bien qne en el cantor de 
Arauco está expresado aqael ímpetu imprevisto y fuer* 
xa irresistible en el ataque qne obliga á ceder á ios 
acometidos, por valientes que sean; aquella vergüenza 
que los constríSe á volver al peligro para no pasar por 
la afrenta de vencidos; aquel desengaño cruel de que 
la resistencia es en balde, y convierte el valor y la es- 
peranza en terror y en agonía; en fin, el flujo y reflujo 
de desgracia y de fortuna, de aliento y desaliento que 
hay en los combates cuando están 'sostenidos menos 
por la táctica y la disciplina que por el esfuerzo perso- 
nal y las pasiones? 

Pero el autor apura, al parecer, todos sus medios 
épicos en los araucanos, y nada le queda para los es- 
pañoles. Valdivia, Villagrán , Mendoza, Reínoso y de- 
más castellanos están muy lejos de compararse con los 
jefes indios, ni presentar el mismo interés ni la misma 
bizarría. No bastaba decir que cuanto mas realce se 
diese á los vencidos , tanta mayor gloria cabia á los ven- 
cedores^; esta no es mas que una razón de inferencia, 
y el poeta estaba obligado, como tal , á esmerarse igual- 
mente en la pintura de los unos que en la de los otros, 
y no dejar su obra falta del justo equilibrio y gradua- 
ción que el arte y la conveniencia le prescribían. 

Quizá esto era muy difícil , ó por mejor decir , impo- 
sible : los indios, por lejanos é ignorados, se prestaban 
mas á la voluntad de la fantasía, y podrían recibir las 
proporciones y el color de personajes verdaderamente 
poéticos, mientras que los jefes españoles, conocidos 
de todos , y vivos aun algunos de eüos , no podian , so 
pena de hacerlos ridículos , ser presentados en otra for- 
ma que la que tenían, esto es, prosaica, histórica y 
común. Así respondería tal vez Ercilla á la dificultad 
propuesta, añadiendo que tuviésemos presente loque 
él ha dicho, no una vez sola, en el texto y prólogos de 
su obra, á saber, que su intento en ella ha sido hacer 
una historia de aquellos acontecimientos, y no un poe- 
ma épico sobre ellos. 

No es justo pues pedir en su libro lo que él no ha 
querido poner, y los preceptistas poéticos se hallan 
extrañamente desconcertados cuando, después de tal 
protesta, quieren ajustar la Araucana al canon de sus 
teorías. Y cierto que sería bien menester un abandono 
inconcebible ó una ignorancia impropia de tal escritor, 
para que, tratando de hacer una fábula épica en el gé- 
nero de Homero y de Virgilio, comenzase su obra por 
el alzamiento del valle de Arauco, y la termínase con 
un manifiesto sobre la guerra de Felipe II á Portugal; 
que la acción tuviese príoeipio y medio , y no se le viese 
al fin, puesto que los araucanos no quedan vencedo- 

< Qoe n§ es d Teoeedornas estünido 
De aquello ea qae el teaeldo es repitado. 

Cata seateada, expresada I la Terdad ea términos demstado 
Danos, parees, ptfr el logar en qne ae kafla, ana dlsealpa antiei- 
yada de la especie de propeasloa y prefereneia qao ti aitor na- 
plfleata liáela loe indios. 



MANUEL lOSS QUINTANA. 

res af venddoa, dejándolos d autor enkelaeéliMida 
su segundo general, por la muerte del primero; qne no 
hubiese allí un héroe principal en quien se reunieran 
todos los efectos de interés, de admiración y de ejem- 
plo que se buscan en estas composiciones ; que los epl* 
sodios con que el poeta quiso vigorizar y enriquecer su 
fábula, los unos estuviesen débilmente enlazados con 
ella , como son los de Tegualda y Glaura , ios otros fila- 
sen absolutamente extraños y aun mcompatilries con el 
argumento, como sucede á la batalla de San Quintín, 
á la de Lepante, á la descripción del mundo, á la nar- 
ración de la muerte de Dido , y al manifiesto que se ha 
mencionado arriba. Semejantes defectos saltan á los 
ojos de cualquiera , por poco versado que esté en este 
género de critica, y no prueba en el que los nota mas 
discernimiento y saber , que descuido ó ignorancia en 
el autor que los comete. Toda esta máquina de reparos 
doctrineros viene al suelo con solo responder que la 
Araucana no es una epopeya , sino una narración v^ 
ridica de aquellos acontecimientos, algún tanto ame^ 
nizada con los halagos de la versificación y del estilo y 
con algunos episodios, siendo esto, y no otra cosa, lo 
que el autor quiso hacer. 

A objeciones mas sólidas , y por ventura incontesta- 
bles, está expuesta la obra si se la examina rigorosa- 
mente por la parte de la amenidad que Ercilla se pro- 
puso dar á su ejecución. Aquí no cabe la misma discul- 
pa, puesto que se habia de escribir en octavas, estas 
debían ser en su generalidad bellas, dulces y sonoras, 
y una vez que el estilo había de ser poético y conveniente 
á la materia, debía tamlnen parecer por donde quiera 
noble, pintoresco y elegante. Ahora bien, á juicio de 
los mas Indulgentes criticos los versos de Ercilla de- 
caen frecuentemente por falta de tono en el número y 
en los sonidos , y de esmero y elegancia en ks rimas; 
mientras que la dicción, si bien pura y natural, se 
muestra llena de frases triviales, familiares y prosai- 
cas, que desdicen del asunto y de la poesía. En vano 
se alegará , para excusar este desaliño , el ejemplo del 
Ariosto, á quien no solo por los pensamientos, smo 
también por la forma de expresarios , se cnooe que 
quiso seguir nuestro poeta. Aquel admirable escritor 
podía usar convenientemente desde el tono mas alto 
iiasta el mas bi^o en un poema que por su naturaleza 
y carácter los podía admitir todos; pero el argumento 
de Ercilla , consistiendo solo en hazañas heroicas y mi- 
litares, y no teniendo nada de burla y de comedia, se 
negaba á toda frase que no fuese culta y noble. Super- 
fino seria poner ejemplos de estos defectos de versifi- 
cación y de estilo que abundan tanto en la Araucana^ 
y cualquiera lector los hallará por sí mismo. Baste de^ 
cir que ninguno de nuestros buenos poetas se ha coi- 
dado menos de esto que los humanistas llaman len- 
guaje poético. Hay sin duda un mérito bien grande en 
producir efecto con poco estilo y armonía, así como 
en pintura con pocos colores. Pero es resbaladizo ei 
extremo el limite que media entre la sencillez y el4«^ 



PAUTE 

■OOf tntre h mtnnKdid y It Ulam ; y &cillt , tanto 
■u landiUfl cuiDto «■ muttatunlaltíunpaenqTifl 
d interéa i» las eosu y de «o u^omento le loitieae, 
¡acurre demasiadaniente u filu de tono j negligencia 
cando ttíe interés le abandona. 

Loniiiiüngglar, así comolomaareeoiDendaMe que 
hay enla JnNMona, eiel perwHiBJe de) aolor, no por- 
qneélse canleiiÍnd«maycdebreinsiiI(ot AecAo*, 
éaean prDeiu,anlaKlH)laenqneInteniei]e,segTm 
ha diciio nn praceptitta moderno que probajjlemente 
M le habri leído *, lino por el bello cuiaer moral qne 
Brcüla ¡resenta en los aucesoa qne refiere. lóven, U- 
aiTO y Tállenle, deteoao de Ter pafin y de adquirir 
gloria, oye en Inglaterra que biy nn leTantamiento de 
indios eu Chile, y u emharca para América á lerrir i 
BQ patria en aquella lacha poi^da. Cumple alli A )a 
Tentad conloa deberes de militar y español, pero cob- 
lemidando las costumbres eitrañu y curiosas, el ca- 
rácter útdómito y el Talor benSico que presentan sus 
tntr£[Hdo* enemigos; su ingenio poético sé eialta, y 
celetvaen sus versos por la noche i loe mismos que ha 
combatido por el dia. Esta genial disposición de sn áni- 
mo le bace entrar en las causas de la guerra morida i 
los españoles, de un modo tan equitaÜToé imparcial, 
que le hace Inclinar la twlooiai firor délos araucanos, 
y como que los jnstiGca. Movido del mismo Impulso, 
trata á los escliTos que la snerte ds las anuas pone en 
so poder, mu como protector y amigo que como amo 
yvencedor; da libertad á Glaura y Cariolano, consuela 
á Tegoatda, y la entrega el cadáTerde sn ttpon , muw- 
lo en un encuentro ; defiende no una vez sola la vida del 
ferosé implacable Gakaríno ami de sus mismos furo- 
res; y ya que por estar lejos no puede salvar a] fuerte 
Canpolican del ineíonbJe Reinoso, vierte á lo menos 
tfflrimis de didor y admiración sobre su acerbo y dolo- 
roso casUgo. Asi, en medio de aquelcampo en qnesolo 
se vóan y se oian la agitación de la independencia , los 
esfiwraos de )a indignación y los gritos de la rabia da 
parte de los bdios;ydeladesna dominadores irrita- 

m*ÍmtU{tUtitttí»»miMlrtrm ta ñcinn ,Hmm.mtÍm 
LMMKler en la Cirw n*tiáea Í4 Ulo'élm, iHlsa 18. S« cns- 
tla por MU piwla «le Koettra pMU m (irMcnu n ii obn taao 
•■ MUid* nMllariOM, nr> fnidpil Inunlo u «ilHlur ini 
fTOllii htnilu. CitalncBla m lado lo MBlnrlo ; j nlofu Mut- 
lor fsa U kibMo d* bctbw it fncm á qu él kl iiliUdo bi 
tUo mu Boasita m biMar de m penoni. ErttUí «o u pliU i' 
«•■•MflIuüuiBacoatiUUdor.iiDí Mr -- - 
ilmnaquUt (Mm mi loidcmisenpilol 



n can lo* udlsi. Onill Boulenr L«nigreifr 
mo ube M li Jtmwsm BU lie U tu ji Bscbo intei htbU diebii 
4» dU tú M Ditean» mtn *l fMm»irietü*nai ii U María- 
iu , le qnta a UKblen it dtdar qnn U<rleM f icieiti* pan leei la 
toda. Pan i lo MtM* el cantar <• Enrifga IV haca iMpanlaL 
■MU Jullcla 1 loa bdlM piMJet del pouH eipUul ; I ana c»u- 
doiipoapBMtit 1* CMadeaa lopeileciaMeau, Horáinirii 
vincMal 1 p«Mlncl«a t* du pialado j apradado Me butinu 
cuctliad ea eMi pilakni CM ^w prlacitit n anicahí Hbn I» 
Jrawaw .- Sv <c/a da múMm lUtU I tifttu fraitUit m ftt- 
mt ífif», tíUtrt/tr fWipM ttmUí pÉrOaüitra fid p triUen, 
MffíHfrpff— Uit^íríUÉta/tl; mtn fM»n /Im rméf 
fMlto/«r k fraeUrt it írntUM, 



UTEllATDItA.' 

dos el orgullo da BD filena, al I 
T^es, y los rigoraa de una auh 
rada, el joven poeta es el solo q 
▼osos aparece como bombn ei 
cea, oyendo las voces de la cU 
sion, y siguiendo las máúmas ( 
tida. Los hechos pues de Ercil 
tegorfa harto mas respetable i 
son magnánimos y buenos; y ( 
poeta épico se ha mostrado al 
interesante. Vuelve i Europa i 
vía, y presenta su libro é Fetij 
de caer en mal caso por la juslí 
migoa qne había combatido ] 
pié. El público redhiú le obra 
dinarío debido justamente á su 
gulir enEspaSs, y con el respe 
ricter y merecimientos del autt 
perod respeto subaste; y la J 
rosamente hablando no sea un 
menos una bistoría , es y será, 
des del gusto y de los tiempi/s, 
llanos mas esümables , asi por I 
de poesía qne contieno , como p 
tos delautor, que fici taran síei 
CM«zon bien inclinado y gener 

Ha DOS detendremos equi en 
Jtca, de Luis Banana de Soto 
dado entonces por Is urbanidad 
que estimaban el carácter y pi 
olvidado ahora y no teido ni au 
aun cuando le aprecien como 
cioo. Propúsose el poeta conti 
géUca la Bella desde qne se cat 
logra tomar posesión de su rein 
usurpado y le disputa con armí 
Por coDsecuencia es una esp< 
aun imitación del Orlando fur 
iguálalas cortas fuerzasdelimí 
más do estar ejecutado eu m 
y oD versos lánguidos y desali 
tan extravagante , y al mismc 
poco interesantes las avenLurai 
res, que la paciencia mas obst 
te de semejante lectura, y sol 
se como nn ^emplo mas de r 
ridas t. 

Pasemos pues á la BiUca c- 
la Cueva, que, aunque no en 
duda algmiB mejw >. 

■ Vt taenaoi dadr por Mis ip 
lolaUanU de tiLciiU patuca. Ei 
•llini Inienii ea el tomo a del Pai 
ber cblipu de isseaia , FiclUdad ; 
buUnW BdldDB j ■tndiblei. A nai 
Idenildad qae lUI pona el colector, 
■itor qae tu tdf rlauí. 

> Elle Inicio de la tilia tt, con 
•I eoleeur Uaia pibllcads Mcbe i 



mtt ILlNÜBL JOSl; 'QUINTANA. 

qtW'la ofinqnem j h. ñhdgbm. Pen MEe mottmlento 
M miy lardo , j el pian , conecbido ^ etetacion y sin 
genio, no snle de h» estreclios Hmitn seíiaFados par 
las GTéniCM que Iuto presentes et poeta pare fonnarle. 
Su héroe , fríu, sin aclmdad T sin enn^fa , jninés obra 
por si in)$no,jamii| 90 anima, yos, detasprínrerBafí- 
gwas del cBadro, la que está dibujada con menos fuer- 
za, tiendo as! ^e todas las demás son bien débílei. 
Diráseacaso (loeCuen, amanera del Taso, quiso darfe 
mejettad y decoro á costadelaTÍTacidadydela acción; 
pero , prescindiendo de que hay mucha distancia de) 
Femando de la Bétiea al GoTredo de la Jgmsalen, el 
ípico ftaliano ba sabida compensar la falta de movi- 
mienta en su héroe cod e) fuego que anima en su fábula 
tos bellos personajes de Reinaldo y deTancredo. ¿Dun- 
da encontrar en la Bélica un Tancredo y un ReioaldoT 
Dónde se Terd en ella resallar el heroi&mo de susgaer- 
reroa, si no hallan dificultades dignas de ellos, y no 
sienten pasiones que los combatan I Los moros son 
siempre desiguálese los cristianos, y estos lo vencen 
todo con una facilidad que cansa y no interesa ; ni se 
baila en todo el poema una desgracia imprerista , un 
peligro inminente ; terrible , que despierte la atención 
y a*ÍTe )a curiosidad. 

Asi es que los episodios «na generalmente infelices, 
y alguna Tea indecorosos. Eu poema ninguno se hallan 
tantos consejos de estado y guerra menos dramáticos y 
n(Mes, ifsiones menos maravillosas, artifici»sdema- 
giamas comunes. No nos detendremos en aquella mez- 
quina ermita, tan poco digna de ana epopeya ; pero 
i cinno no reirse de la discordia levantada en el campo 
cristiano por las alabanzas que los caballeros se dan 
unos fi olrosT lamas disensión mas miserable nació de 
motivo mas vano , y tan pronto apagada como encen- 
dida , no puede producir otro efecto que risa ó que fas- 
tidio i. El episodio en que el poeta quiso esmerarse, 
y que realmente está mejor contado que lodo lo demás, 
Ia eseldeBotalhíy TarGra,que sirve como de general 
'^■> ornato á la acción j se enlaa con toda ella; pero aun 
aquí hay defectos capitales y negligencias ii 



< L« q«g w plenn Bit , la '«cribe rititimtiita p«ar : ei 
MU ptMje M donde liij ifieJli «Un qna trergaiiul* il bm 

Mlunbta coplera. 

HQBTtret ptn timd re* tener bonn, 
Dejar de boonr a blrbín torpe» i 
Aquel uhm hoirado qicBíi aoin, 
Y de hasnr M denou li loblcu ¡ 
T iqBcl que it dar honn m deiboBca 
Di cliro Indicio de lervil bajeu -, 
Bija tt iqiiel que por honnr «e \iijt 
De honnr, j bijt coadicion «rfife. 



I Por «aU ái Mtoa NiitUm padrit á« Cían al ■«■tía la vtr- 
MI t iM TiiM itailaBM i» OMa «iltbu qaa «omvm*> «a ím- 
áUktda actint 



Ko el soberbio león con !§^ irt 
Be^ehre, lleno de cruel despecho. 
11 jinete MtiiUo, qne le tin 
Lt groóse lama 7 le atnviest el p«dK>; 
Que esümnlado á la venganza aspim, 

Y arremetiendo al ofensor, derecho 
taré 9 impedido de vengar su saña» 

Y de tañidos hinche U moniaSa. 

lOentras que taan de la Cueva levantaba este impera 
beU> monamento al conquistador de Seviüft» un reli- 
gioso domimcano en América se ocupaba con mejor 
fortona en otro argumento mncho mas tito r sagradoi 

«lí!l¡íll**S!!!í*? ^'!**'~ **•"«« Iss.oslm*d«ds la 



PARTB PRIMBRA. 
bhi. U masMte poesta no fuera bastante á dar de- 
ooroé interésáaquel infame berberisco que deja aban- 
donada en África á la esposa á quien ba prometido su 
fe; que ba violado la hospitalidad del rey do Sevilla, 
robándole la hija; que se pasa con ella al campo cris- 
tiano, y es péríido á su ley y á su nación , combatiendo 
contra ambas. Tarílra , en quien quiso dar un traslado 
de la Clorinda del Taso, está por cierto bien lejos de la 
admirable gallardía de su modelo : baste decir que á 
Qorinda nadie Ja vence sino Tancredo, mientras que 
en la Bética casi todos atropellan á la desdichada Tar- 
fira. 

Juan de la Cueva no faabia meditado bien sobre la 
naturaleza de la obra que emprendía : no conoció aue 
sus fuerzas eran flacas para ella, y que jamás podría 
elevarse á la grandeza y perfecciou que necesitaba. Si 
en k invención de su fóbula hay tanta escasez de inge* 
nio y de grandiosidad , este vacio está lejos de compen- 
sarse con las bellezas de la ejecución ; porque faltaba á 
este poeta aquella vivacidad de fantasía precisa para 
describir con animación y con gracia, y carecú tam- 
lúen de la elocueneii^ patótic;» coa que se pintan las pa- 
siones y se da vida á los diálogos. En !a narración es 
mas íéliz á veces, y este es suverdadero mérito cuando 
no se descuida ni caedemasúdopor falta de esmero y 
de elegancia i. Da dolor, por no decir ira , ver conti- 
nuamente salpicadas las octavas de la Bética de ripios, 
de frases triviales , de transiciones íorzadas, y de mo- 
dos de decir tan bajos, que el cuento mas humilde se 
desdeñaría de admitirlos. Su dicción, ya dura, ya vio- 
lenta, ya pobre, se arrastra casi siempre con pena, 
desnuda de gari)o y defantasla. Y esto no absolutamen- 
te pop falta de talento en el escritor , sino por no poner 
al ejecutar SQ obra aquel omero y diligencia precisos , y 
en nadie mas que en un poeta ; porque la primera obli- 
gación del que escribe es escribir bien , y con mas ra- 
zón del que escribe para agradar. Qué de yerros, qué 
do faltas pudiera haber encubierto Cueva en su poema 
si todo él estuviera escrito con la fuerza y la gallardía 
que tiene la siguiente comparación, con la cual damos 
fináesteartícolol 



LITERATUIU. «68 

y por lo mismo infinitamente mas arduo. La Cristiada, 
de fray Diego de Hojeda, no solo es muy superior á los 
demás poemas españoles escritos sobre el mismo asun- 
to, sino que frecuentemente iguala y aun aventaja á la 
Cristiada latina de Jerónimo Vida, publicada cerca de 
un siglo antes que la castellana. Ni seria muy temerario 
afirmar que, si bien muy distante casi siempre en gran- 
deza, en decoro y en fuerza, no deja de alcanzar á ve- 
ces en sublimidad de invención , en abundancia y calor 
de estilo, á los dos poemas célebres que sobre la caida 
del primer hombre, y sobre su redención por el Mesias, 
se escribieron después en Inglaterra y Alemania, y sou 
clásicos en toda Europa. 

El argumento épico de Hojeda es la pasión de Jesu- 
cristo, y contra la costumbre de casi todos nuestros 
poetas, que, siguiendo los caprichos de su desarregla- 
da fantasía, han confundido el hecho que se propouiau 
contar con una muchedumbre de episodios que le en- 
vuelven y anonadan, \a Cristiada, al contrario, pre- 
senta una acción sencilla y desembarazada, que prin- 
cipia enlacena de Jesús con sus discípulos, y concluye 
en el punto en que es desclavado de la cruz y guardado 
en el sepulcro. Adórnenla episodios que, naciendo del 
mismo asunto y enhucándose á él con un artificio bas- 
tante ingenioso, dan razón de lo pasado y de lo por ve- 
nir, y completan el conocimiento de la grande obra de 
la redención humana. Así , porejemplo , en la vestidura 
que el Salvador Ueva al huerto cuando va á orar están 
pintados los pecados del mundo, con los cuales se car- 
ga él Hombre*Dios para redimir de ellos al linaje hu- 
mano. Así la Oración, personificada, sube al cielo y ex- 
pone al Eterno, para moverle á piedad hacia su Hijo, 
todos los padecimientos que ha sufrido desde su naci- 
miento hasta entonces. Así el arcángel Gabriel, para 
aliviar la aflicción de la virgen María, le pinta con todo 
el calor y vivacidad que da de sí el mgenio del poeta, 
los deUcias y consuelos que va á tener en su resurrec- 
ción milagrosa. Las glorias futuras de la Iglesia, sus 
doctores, sus confesores, sus patriarcas, aun sus peli- 
gros, con las persecuciones y herejías que después se 
han de levantar contra elk, entran y tienen su logar 
conveniente en el cuadro, y se baUan naturalmente 
anunciados y pintados como en perspectiva, para ex- 
plicar los destinos adversos y prósperos que se le pee- 
paran. No diré yo que este artificio sea igualmente opor- 
tuno en todas partes, ni que Hojeda haya sacado de él 
siempre todo el partido poético que era de esperar ; pero 
no hay duda que es las mas veces mgenioso ; y el autor 
ha conseguido así el objeto que se propuso de dar á la 
acción toda la riqueza y variedad posible , sin romper ' 
la unidad y sencillez dosu plan , sin alterar en un ápice 
la religiosa austeridad que la caracteriza. 

Leparte sobrenatural de OBlospoemas, ólláraese má- 
quina , que eomo condición épica es , según la opinión 
general, un aosesorío. preciso en ellos , era en k Grii- 
Itoda la esencia vordadom de sua^umento, puesto 
que en olla todoas maravilloso y divinctSu ealaco'pues 



i 



OBHAS COUPLBTAS DE DON MANUEL 10^ QUINTANA. 



no era por lo mismo tan ditlcíl aqol 
Jas puramente humanas , aunque en 
10 mas arduo su desempeño. Pero no 
I está grandemente concebida en la 
ti composición, en que tosbombres, 
liacen, penigaen, atormentan j ajus- 
dor; en que loa esplrítua infernales, 
ipio del gran acto que se prepara, du- 
después tratan de impedirlo por m»- 
' de blandura , j desengañados al fin, 
poderlo estorbar, acrecientan basta 
ittirai ia rabia y crueldad de los sayo- 
iganza de la mengua que tbd í pade- 
g los moradores del cielo , conmofidos 
olor, do liorror y maraTilia por lo que 
hombres con el Hijo de su Hacedor, 
Ib tierra al cielo , del cielo i la tierra, 
il consuelos, allí esperanzas, mas allá 
don , y algunas reces teiror y espan- 
!ei permiten ni la defensa ni el casti- 
to, inmoble en nu decretos, llerando 
ordada en su mente para beneficio de 
a Hijo en la tierra prestándose al sa- 
ldo con toda la majestad y couslan- 
rdifino aquel raudal de amarguras y 
I sobre él la perrersidad bnmana. Asi 
, los ángeles , los demonios , Dios y los 
tá en moTimieato , todo en acción en 
pedláculo, donde la pompa ybrillan- 
>cione«,la belleía general de los ver- 
rresponden casi liempre á lagruideza 
le los pensamientos, 
decirse otro tanto de loa caracteres I 
U no desmíente el concepto general 
que interrienen en sa composición, 
pe tuvo presantes para construirla, 
que nada bs inventado en esta parte, 
, y que no presenta ninguna belleza 
inde merezca particular alabanza. No 
mbargo , macho en este defecto : la 
lad y de faena en las fisonomías mo- 
Doquean principalmente nuestras co- 
poemas , nuestras norelas , y pudiera 
. b^joetros respectos, nuestra historia. 
Helara, y por eso no hay necesidad 
■o d becfao es incontestable y notorio, 
nlsmo DO es mas responsable de tüa 
■o de nuestros antores, 
a Critüaia ea propio, puro, natura], 
e de la afectación, pédantóia, con- 
rw que commpienm después la elo- 
it castellana. Pero no «iempteestan 
lOnuTeeMporla natntileía de las 
leen i an érdao ewolástieo y teológi- 
ait común do Inlectotw; otras por- 
nnarladiflailtaddek 



confuso y enredado ; no pocas , en fin , á cama dd dM- 
aliño y descuido con que se hizo la impresión en Sevi- 
lla, oslando él tan lejos para corregirla, y quedando el 
texto viciado sin culpa suya. Su estilo sube y descioide 
naturalmente , según los objetos que tieneque pintar, 
aunqne su temple general es el de la facilidad y el sgn- 
da , mas tierno y patético que fuerte y que sublime. Los 
versos son también generelmente fluidos y agradables, 
pero carecen mucbas veces de plenitud y cadencia; y 
las octavas no se sostienen siempre con aquella igual- 
dad , despejo y brillantez que en Céspedes , Lope , láo- 
regui y Valbuena. Penetrado el poeta de la santidad y 
majestad da su asunto , como que desdeña entrar en 
este artificio y elegancias de versificación y de eslilOi 
propiaatalveí, seguo él, délos escritores profanos, y 
extrañas á la austera materia en que él se ejercitalw. 
Asi es que no se hallan en su poema imilacíones da 
otros poetas antiguos y modernos : el lenguaje de la 
fioritura y de los libros ascéticos son las fuenles de su 
dtccion, que hierve toda de expresiones sublimes ave- 
ces, aveces tiernas y dulces, y frecuentemente taan 
bien tocando en familiares y b^jaa por su extremadaí»- 
turalidad y sencillei. 

A un poema pues concebido con tanta fnena de lan- 
tasfa, construido con tanto acierto, y escrito, enlo ge- 
uenl, con tanta facilidad y pnreia,i qué ie falta para 
ser colocado entre las epopeyas de primer orden? No 
bay duda en que , atendidas estas cualidades, la M^ 
tiadd es por ellas igual , ó mu bien saperior , á las de- 
mis obras de esta clase escritu en castellano. Has part 
llegar á la altura en que se hallan los verdadenn mode- 
loa del género ya laitan á esta obn machas de las con- 
diciones absolutamente precisas. Primero , la debili- 
dad en los caracteres ya mencionada airiba , de donda 
nace d poco nervio de los pensamientos y la poca fuei^ 
uy energía en su parto dramática. Segundo, la poca 
dignidad con que están desempdiadas ideas grandes 
por sí mismas, y que por el modo conque están trata- 
das se hacen menuda* y aun iudecorosas. Tercera, la 
difusión y la declamación en que d escritor incurre fr^ 
cuentemente , dvidándose de que está haciendo las va- 
cos de poeta , y no las de expositor ótnisionero i. Cuar» 
to , en Un , la lUta de nobleza y degancia continua en 
d estLo, que raya muchas reces en prosaico y familiar, 
y ofende no pocas por las expresiones triviales y aun 
pueriles que d autor se permite *. Tan graves defectos 
disminuyen sobremauera el mérito de la OriUiaáa; y 
Hojeda , que supo abrirse un campo tan mtevo y tan ri- 
co , que muestra un tdento de invendon tan fuerte , y 
tanto tino en la di^MMícion de su obra , no alcanza á los 
grandes moddos de quienes pudo fácilmente ser émulo, 
y por falta dd conveniente esmero y diligencia no acot^ 
tú desgraciadamente á igualar la ejocudon con la idea. 



• nula «Me ó«avl«t«r ■■*>•*. Ka ti litN t !• Onwtai^ te- 



PARTE PtUHERA— LITERATURA. 



len de estoi extractos la bivencion di 
icisco Lopeí de Zarate , poema publi- 
aqae escrito y concluido muchos años 
os del Üeopo leconacían , puesto que 
nciaba ya en su Persiles; y seguD su 
t«r sin medida, igualándole nada me- 
nos quecoQ layenuafen del Taso. Aunque no con tanta 
pooderacion, pero siempre con bastante aprecio , liaceu 
memoria de esta obra don Nicolás Antonio en su 5í6íto- 
leca , Luzan en su Poelica, Velazquez en sus Origena. 
No faltaban iZárale juicio y dignidad en los pcnsamieD- 
tos , y algún talento poético para la eipresioo y los ver- 
sos. Pero aim cuando con estos medios alcanzase á dar 
alguna amenidad á las máximas Glosóücas y morales á 
que era naturalmente inclinado , [al tábaule el gran rau- 
dal de ingenio y el poder de (aatasia , absolutamente 
precisos para desempeñar dignamente el cuadro épico 
qoe se propaso. 

La Invencwn de ía Crua , bien que sea un suceso tan 
lantoéinteresauteporsf mismo, no presentaba las con- 
diciones necesarias para formar una epopeya , y solo 
podía dar materíaáun episodio de asunto mas extenso. 
Asi es que el autor, aun cuando en su proposicioo le 
aauncia como el objeto principal de su designio , y des- 
pués invoca á la cruz misma para que le inspire en lo 
que va á cantar de ella; aun cuando en los primeros li- 
bros se ocupa del viaje y peregrinación de la piadosa 
Elena en busca del santo madero , después se distrae á 
las guerras de Constantino, en que se dilata por toda 
su obra, dividiendo asi la conteiturade su fábula en 
dos remales desiguales y distintos, que no tienen el me- 
nor influjo uno sobre otro, y que el autor enlaia peno- 
samente entre sí. Una vez que el objeto del poeta era en 
último resultado cantar el triunfo del cristianismo só- 
brela idolatría , este gran conflicto no debía presentarse 
en las orillas del Eufrates y junto á los muros de Babi- 
lonia. En los campos del Tiber y junto á la metrúpoli 
del mundo era donde debían contender la religión que 
nacia j U religión que espiraba , la ferocidad tiránica 
lie Hajencio y la magnanimidad lieróica de Constanti- 
no. Allí es donde los prestigias antiguos, lastradic¡<H 
oes histdricas,Ia celebridad de los nombres de familias, 
y la majestad de los lugares podía ponerse noble y poé- 
ticamente en oposición coa la virtud y el fervor de los 
primeros cristianos, con sus costumbres puras y senci- 
ftH da Mti Mtin, an \t» biblí i* 1i tcUotelon da loi ánielcí 
•B el Htlnlnlo ddHlJo da D1i)i,t da la ilancioi de loi Reye», 



í87 



En loa ediciioi montu rcUmbirai . 
, , 

Deimí 

PHtnido ci tiem lu ec 



la d trata pW taatroa. 



I, «• UaiBoa Hctart 



lias, con la fe j celo det principe que los gola y con el 
entusiasmo religioso que los anima. Y al tiempo en que 
mas enlazada y dificultosa fuese la lucba entre estas 
causas opuestas, que las pasiones estuviesen en su punto 
mas alto de vehemencia y de calor , y que la crisis fuese 
mas dudosa y terrible, entonces es cuando la insignia 
sagrada de la redención , apareciendo en los aires ro- 
deada de rayos de gloria , podria inspirar una confianza 
prodigiosa á sus campeones , llenar de pavor y espanto 
á sus enemigos , arrojar] os precipita dos en las ondas del 
Tíber , y apagar para siempre los rayos de Júpiter en el 
Capitolio. 

Estos datos grandes y fecundos que le presentaba na- 
turalmentesu argumento , tomado de mas arriba, si no 
fueron del todo desconocidos por Zarate, se ve que fue- 
ron muy desatendidos , pues se arrojó ul país de las fic- 
ciones y de las quimeras , para las cuales su imagina- 
ción, poco inventiva, era insuficiente. El sueña ujia 
eipedicion de Constantino al Asia , que jamús hizo , y 
una guerra en Babilonia, que jamús hubo; yalliesta- 
bleceelcampodesu Ufada, siguieudo mas los pasos de 
Taso que los de Homero, y tan lejos del uno como ilel 
otro. Un fantástico Serpeno , rey de Persia,ácuyolado 
figuran el general de su ejórcito, un anciaoo estadista, 
un mago, una heroína, un gigante y oíros personajes 
de su laya , todos infelices copias de la Jenualen ítuliu- 
na, son los que, ayudados da cuando cu cuando por el 
invisible poder de los espíritus iufernales , se ponen cu 
oposiciou con Constantino y los capitanes que le acom- 
pañan, igualmente oscuros y ficticios, que no toman 
existencia y fisonomía ni de la realidad histórica ni de 
laverosiinili[ud y conveniencia. Las aventuras, los en- 
cuentros, ias butullas, los discursos con que unos y 
otros obrau y se combinan entre sí, se resienten gene- 
raimen te del desacíertocon que estánconcebídos:pue^ 
tos de ordiuario fuera de lo na tumi , por lo exagerados, 
ó inferiores, por triviales, á la dignidaddel cuadro y del 
asunto,oo producen en el ánimo ni admiración ní cu- 
riosidad ni simpa lia. 

El estilo y los números con que el poeta ba animado 
su composición , no son generalmente ton viciosos como 
BU invención y contextura. Uállanse con frecuencia no- 
Meza y vigor en los pensamientos , y no carecen tam- 
poco de pompa y gravedad la dicción, de cadencia los 
versos, de plenitud los periodos. Pero en esta parte 
tambienno deja poco que desear, porque la ejecución 
seresientfldeiescasoraudal poético que Zarate poseía. 
Mucfias veces la imagen, la comparación, el período, 
que empiezan con envidiable felicidad , decaen por falla 
de aliento en el escritor; y pastyes de alta y bella poe- 
sía se desgracian empezando ó terminando en máximas 
comunes y generales, expresadas en frases ragas é in- 
significantes. En vano aspira el autor á llenar este va- 
cio encareciendo á vecea los objetos que describe con 
variai j gigantescu pooderadones : este recurso des- 
dice de la Índole templada y grave de su talento, y k» 
objetocui exagerados rayan en pneríleí y abcordM ^r 



IM OBBAS COUnETAS DE DON 

BU eitrengaDCla. Es probible qne , contra lo que or- 
diDaríamunle acoatece, «I poema perdiese dgo eaesta 
parte por la tardoaza de sa publicación. Cuando e[ au- 
tor le escribía aun no estaba eslngada la dicción poé- 
Ziírate tenia demasiado seso para en- 
do £ los capricbo! y delirios que con 
las grandes que los suyas rntrodujeron 
rayQuevedo; roas no pudo liberlarsa 
1 cODlagio , j cfyendo dar mayor her- 
>ma, puso en él lunares que entes por 
), reputándotoB adoraos precisos para 
gusto de sn tiempo. En él, sin embargo, 
1 mas Trecucn temen le de pensamiento 
I. Añádase, enÍJD,ta falta, mas grave 
id , do Qciibilidad y de ternura : la lira 
Constantino carecía absolutamente de 
os y amenas, y cuando sonaba bien, 
ite DO sonaba mas que de un modo. 
smo tiempo se ocupaba Lope de Vega 
i confuúfoda.ycierto que al fíniíde 
la , como entonces se le llamaba , no se 
¡r las mismas objeciones de sequedad, 
oootooia que se hacen al anterior. En 
alentó, variedad de tonos, amem'dad, 
lancia y destreza en Tersi&car, pocos 
icaso ninguno, que pueda compelírcon 
pero también pocos 6 ninguno le igua- 
moso abuso que ba heclio de los dones 
que la naturaleza le dold. Confiado en 
ludaba y d todo ee atrevía. Después de 
el rombo de Ariosto en las aventuras 
liso dar ¿su patria un poema épicoá la 
o, en que quedasen eternizadas de una 
digna lasgiorias de su pais , y su propia 
Todas las demds obras suyas se hicie- 
ado; DO así la Jenualm conquistada, 
:er prueba de todo el ingenio , de todo 
ina de que era capaz, como que babia 
' de su £ima en Italia, contra la mala 
resultaba de lai obrillas despreciables 
ibuian <. 

¡mcia este Hedor correspondió muy mal 
, y ni la Italia ni la España entoDces, ni 
ispués, le han admitido en el tribunal 
imo titulo de gloria bastante íjustiG- 
onGanza del poeta. Y no porque en ella 
lanta lozanía babia en su imaginación, 
id tenia su estilo, cuanta elegancia y 



lEid I llilla.BinlaMno 
niqie Huí «1 Itdar «Be oliliía 

rito, ^mll» , j coa tít»i cuilfo. 

)<o em n pomi , qni tola léala l« cmAnu- 
treMiu Por ew U puo p«i lemí tqiU fuiit 
Liiní fríu4 el fetuí itfkitu, m (WMttr, 
M *m frmtumplitu iitttita duant. 



HANÜBL JOSt OmNTANA. 
encanto saUa dar á sus versos ctianAo qtietii, Lope en 
estes dotes estuperiori si mismo en muchas partos de 
BU Jtnualen , donde también toma á veces una solen>- 
nidad de acento yuna audacia de dicción poética poco 
frecuentes en las demds obras suyas. Perc todo está 
deslucido y miserablemente desgraciado con el des- 
concierto del plan, con los vicios capitales que hay en 
Ib formación de los caracteres , y con la poca grandio- 
sidad y decoro que dio á los direrentes miembros del 
edilicio que se propuso construir. 

Su intento fué contar los sucesos de la tercera cru- 
zada, cuando, vencido el rey de Jenisalen Guido de 
Lusiñan cerca de Tiberíades , y ocupada la ciudad 
Santa por Saladino . los principales potentados de Eu- 
ropa se cruzan y arman para pasar al Oriente y libertar 
á Jerusaleí) de sus manos. El poeta abraza todos los 
acontecimientos de aquella eipedicion infeliz, desde lu 
rota de Lusiñaa basta la retirada sucesiva de los prin- 
cipes coligados y muerte de Saladino: todo contado 
por su drden natural, sin a rtillcio ninguno poético, sin 
centralizar la acción para umplilicarh, y adomdndolo 
con los episodios de óballeria y galantería , i que pro- 
pendía tanto el gusto del tiempo y la imaginaciou del 
poeta. La máquina , aunque lomada de la religión, de 
la magia y de la alegoría , es lo menos importante de 
la obra, y puede considerarse en ella mas como un 
adorno accesorio que como una de las cosas que for- 
man el cquillbrío de la compoucion. 

Causa por cierto eitntñeza ver el titulo de Jenaalen 
conquistada en tm poema en que Jerusalen no se cou- 
quisla ¡ pero esta ambigüedad aparente se explica des- 
pués y se aclara con la marcha general de la obra, y 
con la calificación de epopeya trdgica que la atribuye 
su autor : circunstancia que mas de una vez inculca en 
sus escritos *. Así el verdadero argumento del poema 
es Jerusalen conquistada por Saladino , y no recuperada 
por los príncipes cristianos. Esto podia no ser satisfac- 
torio ni glorioso para ellos, pero es trdgico j lamenta- 
ble para Jerusalen, que esperaba por su medio ser re»- 
calada, como lo fué antes por Gofredo. De aquí nacen 
los [recuentes apostrofes del poeta á la Ciudad Santa, á 
la que después de cada desgracia que sucede se vuelve 
para anunciarla otros sucesos mas tristes, darla con- 
sejos duros, é afligirse y latnentar con ella al modo de 
los profetas. Bajo este punto de vista el cuadro tiene 
unidad de intención y de interés ; )| los acontecimientos 
de aquella infeliz cruzada , emprendida por tan grandes 
principes y ejecutada <cún tanto poder y tanto valor, 
concurren todoiádescubrirel designio de li Provideii- 
cia , y Jerusalen queda atada c<»i cadenas de hierro in- 
contrasUbles al yugo de los InOeles. 

Hubiera Lope dadoá su poema el carácter y direc- 
ción que le presentaba este pensamiento feliz , y otra 

a HMte/oa* 

tu ll tflfCill Mfl«MB ifMÉlM, 



PARTE PMMKRA-UTBIUTURA. 



ptBxtnn 7 SD ejeendoB : por Ift EMKM 
> 61 anuKda desde el principio ^ue ti 
19 del re; Ricardo y las de los españo- 
poeim Ueva geaeralmente la mircha 
que se nd lograr, y esta empresa es 
nodoaada de un modo qoe induce á 
lor Tsntura i desprecio, respecto de 
a asi fallan isus promesas y á su voto, 
lerico Barbaroja, que acude primero 
Palestina, se ahoga en las aguas del 
hecho cosa de momento. Felipe Ao- 
Francia por no contribuir á las glorías 
menvidia la conquista de Ptolemaida; 
de las protestas y juramentos hechos 
san ta empresa basta morir 6 darliber- 
igrada, no aprovecha la gran rictoria 
ampos de Belén , y para defender sus 
I por Felipe, se n^n i Europa, y pe- 
tado por Alemania, es preso por eldu- 
detenido allí por mas de un año. A^ 
, á quien, contra el testimonio de la 
atra la conveniencia, Lope baceinter^ 
lieion 1, se vuelve también á su reino, 
e casado con su adorada Leonor, da el 
regarse siete años segoidos i los amo- 
hasta que sus mismos rícos-Iiomtves 
lino, en fin, muere de su enTermedad, 
lo poseedorde los Santos Lugares, y 
1 de sus eiequias se da conclusión al 
lenta Lope de todos sus héroes; y í la 
bia para qué escribir veinte libros de 
ir en ellos tanta amenidad y lozanía de 
goynúmere en los versos, para DO dar 
los i «ucMtos tan ¡K-osdicos y resultados 

I caracteres , examinemos la Qsono- 
f proporciones que La dado el poeta i 
le pone en acción , y bailaremos que 
>, caprichoso, ajeno Igualmente de la 
listoria que de la majestad de la epo< 
ge bascaría en el príncipe inglés, hé- 
poema , aquel carácter tan orgulloso 
hutco 7 popular, aquel guerrero de la 
lUa , maso de hierro y corazón de 
) d« Lope n« es el Ricardo de la his- 

!• Mvolu j «««414»*, laa Tunnet fu ilegí 
pm pcnMUf á «u ledont ]r i tí aiiiDo 
oiViBÍ d nj Kati» m li tifaóiáai da 
l«M taiÉM M na» i fu Alfonso otavo tlll 
F I ita n» k*T MMlndledan Dlip» m qne 
«n par daito «arediiM w los labnlitoi do 
M vcBlr i TMtr «d (MUjanU rmlttdo ; pero 
I toi BU laMoM «ciltoi de aicilra pocu, 
NbTvalpr «Mldoi, ir por ii* ndoclslos 
«■Ma toahttM <• Ida* taUi tn U eikni 
iriof «w loy ewMttli MMpeott tloqne 

Mlw HiWMI Tía* p<MM «a Mtulo 1b- 
ItAMMtti'Mtntfd^nAMlaWraM 
_^^. ■--«hladli.tMBííw» 



toria ni «1 de las novel 
comandante de priiici| 
litar, solamente gnné 
dice , mas no por sus 
neralmenle ordinarias 
justas y decorosas. E 
vulgar envidioso; Alfa 
tables que ha tenido C 
galán de comedia, su 
porGarceran, que bac 
brillante que él , y no 
tema por ningún hecli 
de dignidad y ledé íi 
cuyo nombre ba pasad 
pelo y estimación que 
raigos tributaba i sus i 
es en la Jervtalen ya 
mente , ya cruel ; ya v 
critor le conviene d si 
«iándolo todo menos S 
hay en los caracteres 
sudólo, el bennano 
muestra como un col 
couvierle al fin en un li 
envilecido. Isabela es 
fácil , tan bien hallada 
diferentes maridos; I 
ci«n de la Clorinda di 
tan «npalagosa de da 
dosa de caballero con 
cion favorable podría I 
regulannente dibujad 
Juan de Aguilar , que 
nidad heroica y poétic 
rique, no siempre á 
pero que con mucha i 

I ligan Jineta se le ttonit 
•iPleiMiqía el tej Bleti 
ni(o, pero «a koaor de i 



le klrbuo ili le;, oía 
I TncoT, 10 piedo ■« 
M « «I «MlUa 1M Li 



tM» OBRAS COMPLETAS DE DON 

quierft aqoel compuesto de ralor, lealtad, devoción, 
galantería, generosidad y jactancia, que formaban en 
tiempo de Lope el tipo del carácter español. 

No bablarémosde la disposición y enlace que ha dado 
el poeta ¿ los diversos incidentes que le prestaba su ar-- 
gumento, ó que le sugirió la fantasía, para adornarle 
y robustecerle. Todos los críticos convienen en que la 
Jerusalen carece en esta parte del artificio , graduación 
y encadenamiento que los poemas épicos requieren pera 
que se unan en ellos la variedad y la riqueza con la uni* 
dad y el interés. De la disposición que Lope ha dado ¿ 
las diferentes partes de que su fábula se compone re- 
sulta una confusión que fatiga el ánimo y no le permite 
reconocer bien la totalidad del objeto que ha tratado de i 
pintar. El cargo es justo, pero menos quizá por falta 
del conveniente artificio, aunque á la verdad no hay 
mucho, que por el sinnúmero de episodios, unos ex- 
traños, otros menudos, otros indecorosos, con que in- 
terrumpe á cada paso y desluce los principales inciden- 
tes de la acción. Quien le ve distraerse á la pueril cru- 
zada de los niños de Toledo , á los sucesivos matrimo- 
nios y galanterías de Isabela, á la indecente lucha de 
Garceran con Ismenia , á la cómica provocación de Si- 
rasudolo , que los va á desafiar á uno y otro, creyéndolos 
muertos, para darse el lauro de tan vil y ridicula bra- 
vata; á las vulgaridades conque García Pacheco en- 
salza lascosas de Castilla á Saladino, al recuento, en fin, 
de las aventuras de unos y otros príncipes después que 
dejan la Tierra Santa: dice, y dirá muy bien, que el 
poeta no sabia por dónde iba , ni cuál era su objeto, ni 
á qué punto debia llegar el efecto que se prqponia en su 
obra. Creía Lope, por el aplauso general queconseguian 
sus versos y su estilo , principalmente en el teatro , que 
cuanto dijese en ellos seria bien recibido ; pero se en- 
gañaba mucho en esta confianza , y bien que sus versos 
estuviesen generalmente bien hechos , y su estilo fuese 
fácil , florido y agradable, no estaba en ellos tan exento 
de defectos, que pudiese en gracia suya disimularse 
una aberración tan grande en la composición y en las 

ideas. 

Porque además del desaliño y llaneza en que de or- 
dinario cae por la falta de esmero y diligencia á que se 
habia acostumbrado trabajando siempre tan á la ligera, 
ofenden también firecuentemente los conceptos alam- 
bicados y oscuros, las metáforas viciosas, los juegos 
de palabras pueriles, y sobre todo aquella afectación 
pedantesca de lucirse á cada paso con una doctrina, 
por lo común trivial, y las mas veces impertinente i. 

• Ts desde el principio, después de la grata j ftcU eatonaelon 
de estos primeros Tersos: 

To eaato el celo, y las hasaftas eanto 
De aquel taron , soldado y peregrino» 

8ne a ser del Asia aniversal espanto 
esde la selta Calidonla fino ; 

M hallan estos otros : 

Haciendo á n tiempo de Minem intaaat 
Uorar lar armu y canur las masas. 

Heraosu Drtu del ilustre rio , 
Une bafta en oro la aerada espama, ^ . ^ 



MANUEL JOSÉ QUINTANA. 

Suelen los grandes cotoristas disimular en sus cuadros 
las faltas de dibujo y de composición con la gracia y va- 
riedad de las actitudes y con el brillo y riqueza de las 
tintas : en esto á lo menos , en que se conocen superio- 
res, no se descuidan jamás. Pero en el poema de Lope, 
aunque la ejecución sea brillante casi siempre , y fre- 
cuentemente fácil y apacible, hay demasiados rasgos 
que con su faltado verdad, de sencillez y de buen gus- 
to vienen á viciar y entorpecer aquella corriente de 
poesía tan abundante y tan bella, y estorban , por lo mis- 
mo, que pueda el mérito del desempeño compensar de- 
bidamente el vacío de la composición. 

Estas consideraciones, por severas que parezcan, 
como no son injustas, servirán á dar razón de la indi- 
ferencia con que los contemporáneos de Lope y la pos- 
teridad han recibido la Jerusalen conquistada, á pesar 
de los esfuerzos de su autor para que fuese el mejor 
florón de su corona poética. Yo no la creo, sin embargo, 
merecedora del total olvido en que hoy día se la tiene, 
y pienso que no es perdido el tiempo que se guste en 
leerla y aun en estudiarla , sea para el agrado sea para 
el provecho. Los trozos que van escogidos y colocados 
adelante manifestarán la mezcla desdichada que ha- 
bia en aquel escritor de superioridad y flaqueza , de bi- 
zarría y pequenez, de elegancia y de descuido. Sobre- 
salen, sin embargo , en ellos las bellezas, y bastan por 
sí solos á dar una idea del talento de Lope, aun en un 
género que puede decirse con verdad no era para el 
que le habia criado la naturaleza. 

No diremos lo mismo del obispo de Puerto-Rico 
Valbuena, autor del Bernardo, ósea La victoria de 
Roneesvalles, que ha sido entre nosotros quien nació 
con mas dones para esta alta poesía, aunque por el tiem- 
po y modo de emplearlos no acertase á sacar todo el par- 
tido que prometían para su gloria y la de nuestras le- 
tras. El nos dice en su prólogo que aquella obra era 
fruto de sus primeros trabajos y una aplicación que qui- 
so hacer, cuando joven, de las reglas de humanidades 
que acababa de aprender en las aulas de retórica. Aun 
cuando él no lo dijese, la obra misma lo manifestariii; 
las frecuentes imitaciones que hay en ella de Lucano, 

Do vos y de su margen me desvio , 
Que á mas dorado Tajo doy U pluma : 
Pasad sin miedo el sol , Dédalo mío : 

Perdona la humildad de mi Taifa , 
Que hay piedra que del braso me derribe, 
Pues cuando el del Ingenio alsar deseo, 
Me trasforma en Addnis Praxileo* 

Podía preguntarse i Lope qué entendía él por «llorar las armas 
infusas de Minenra» ; á qué propósito en un poema de tanta gra- 
vedad permitirse el equivoco ridiculo del «t^o* que soda á las 
plumas de escribir, con el rio «Tajo» ; cómo el noaüire de «Dér 
dalo» es sinónimo de ingenio ; qué sentido tiene la expresión do 
•que hay piedra que le derribe del braxo » ¡ ai á qué onenlo vioiio 
la oscurísima é impertinente alusión al mal poeaM qno sobre Ado- 
nis escribid en griego la antigua Praiila , y quedó por prototipo de 
necedades : esto en las cuatro octavas primeras. T oaaado praoir 
guiando la lectura se hallan «os atan é menos froeaeMit-semejUB • 
tes despropósitos, dudamos con rasos do qno Lope casUfuse ai 
poema con el rigor que deeia , é á lo menos, doqao laviora ver 
dadora idea de cóa^o debia hacent eate «•atif*» 




PARTE pnDtSRA.-UTEIUTOIUL 



Do, } el modo coa qae eiUn heebu, 
H.«nu) loi aatMVt faToritos de sus pri- 
t, ti paso que se descubren dondequiera 
I, por la licencia y abandono con que eth 
I monstruosa prodigalidad conque abusa 
nía para ÍDTenlar,7deln)ayorqueaunle 
wsificar y descrítdr. Un poema bertíco 
ote obra de ensayo , y pudiera decirse de . 
le se ha dicho de otro gran poeta , épico 
oitiy fuerte en los principios de in cai^ 
alMdo de destetar por las musas, tenia 
Tenas mas leclie que sangre*. De cual- 
eaea, elfifraanio,considerándolesolo 
le fuenas poéticas en un joven que aca- 
les aulas, no tok) es una obra estimaUe, 
modo maraTÍtlosa. 

I el becho principal que sirre de fúnda- 
nla , y prescindiendo por un momento del 
identes que le confunden y entorpecen, 
lesabogadamente se pinta en la fantasía, 
imenla se comienia , cuin ^ticamente se 
Inlo interés y atención inspira persu de- 
Uei. El orgullo de Carlo-Hagno y de sus 
D poder inmenso, (US desafueros y dema- 
[uímido y canudo el mundo , y ofendidas 
ai badas, que en el sistema maranlloso 
d poeta se supone tener bajo su gobierno 
de la tierra. Ninguna de ellas hatña que no 
iTiada por alguno de aquellos insolentes 
•das tenían concertado vengarse de ellos 
Francia por el suelo al tiempo en que se 
itodesumayor altura. Críibasfl ya en po- 
■, sabio y virtuoso me go , el principe Ber- 
I de la sangre real de los godos, hyo del 
M de aus padres , á quienes el rey Casto, 
Dcerradoi por vida en pena de sus ilícitos 
tes le inspira todas las virlndes que debe 
Dero , y le adiestra en todas las artes y ha- 
guerra, i la manera que en aquellos tiem- 
do Rugero por Atlante , y en los antiguos 
lirón. Este es el que por disposición délas 
pahnente de Alcina, ha de ser el grande 
[Uella ruidosa venganza ; el que , revestido 
leí vencedor de Héctor , ba de combatir y 
itadoOrtando, y derribar el poder francés 
a. Bernardo aparece prioten como un re- 
]itBa , y sin ser conocido liberta al Re; su 
boscadt y encuentro en que le iban la co- 
. Hacha esta hazaña, y conducido por el 
r que le guia, so Mitra en el mar y encueo- 
onde va Orímandro, rey de Persia , que i 
le arma caballero, yconqnien al instante 
mbateporla libertad de Angélica la Bella, 
rey llevaba fonada conaigo. Entra das- 
«ode aventara de las annss de Aquilea, 
le intrépidas j de osadía , entre pelaros y 
I lu tfrtuca ai Gu 4 Ajot Telamón, que 



desde la guerra do Troya las tenli Mf 
«1 su sepulcro. Revestido de ellas, sale 
libra de unos corsarios en medie de 
Arcangélica , hija de Angélica y de Mt 
en el mundo de valor y de belleía humi 
mioeuIasjusIasdeAcaya,ao admite 
que le ofrece Ciisalva , princesa de Cr 
y ennoblecido con pruebas tan se3ala( 
de virtud, y digno ya de mas gloria , ^ 
tiene un primer encuentro y duelo co 
dan , preludio y anuncio del que ha c 
Butre los dos; acomete y acaba la graJ 
castillo déla Fama, saca libres de allii 
y otros trescientos caballeros españoli 
ellos se dirige al campo del Rey su tío 
contrar con el ejército francés en el 
neos. La batalla de Roncesvalles se di 
preceden y la anuncian; unos y otros 
de valorea ella, hasta que, cayendo I 
los pies de Bernardo , el destino de la 
suelo, el combate cesa , y el poema se 
don, aunque perdida y conrundida i 1 
ma en el smnúmero de incidentes y ep 
abusando de le libertad novelesca, el 
y la destruye , vuelve i tomar su cuno 
Demardo aale del castillo da la Pama 
ttey su tio, basta que concluye con la j 
conveniente en la gran jomada de R< 
manera que un río caudaloso llega á de 
gado y perdido Nitre pantanos y arenal 
embaraiado de ellos, vuelve á toma 
entra raudo y majestuoso en el Océau' 
£1 hecbo pues en que el poeta fu» 
condido en la oscuridad de los tiempos 
orígenes de la monarquía , y por lo mi 
i las formas que quisiera darle la imse 
ya en tas leyendas y tradiciones vulga 
ciones déla poesía caballeresca, eraa 
evtremo ¡interesante para los «pañol 
Valbuens, por la rivalidad que entoo 
las dos naciimes limítrofes. En él obn 
no profundos y enérgicos, propios é 
época y consecuentemente dibujados ; 
tos, bizarros, urbanos,y¿ veces sen 
episodios , entre los infinitos que con til 
son oportuooa , nuevos y felices ; dea 
rabies de paises, de fenómenos natura 
de riquezas; antigüedades de puablot 
Masones ; sistemas teológicos y filos 
morales, leotencias y pensamientos ] 
viosoa ; comparaciones abundantes , V 
una dicción poética Dena de &Kses no 
vedad y atrevimiento; una veníQcaci 
Ue donde quiera, no pocas vocea alb 
gon los otyetos lo requieren ; y lodo es 
llann y osadía , eon un aira tal de libe 
que el poeta parece que juega con las i 



m 



OBRAS COVáVEtAS DB bOíi HUfOBL JOSft QUITANA. 



' * I 



L^w '*" n 



alte filn conoeetlas i domo su heróé se burla de los pe- 
ligros» y sin aprensión ni recelo acomete burlando las 
empresas mas arduas , arrollando todo cuanto le sale al 
encuentro en su camino. 

Tales son las riquezas poéticas conque el ingenio del 
autor supo dotar á su Bernardo : veamos ahora con la 
misma imparcialidad !os yerros con que pudo deslu- 
cirlas. El principal es la difusión monstruosa y la pro- 
lijidad con que, dando rienda ¿ su imaginación inven- 
fiva , amontona episodios sobre episodios, que, cruzán- 
dose y confundiéndose entre si , forman un laberinto sin 
salida, donde el autor se pierde miserablemente y el 
lector se aburre y deja caer el libro de la mano, sin 
deseo de vol verle á tomar otea vez, por no volverse á fa- 
tigar en balde. Otro grave yerro es que muchos de 
los personajes que llenan el campo de estos episodios, 
desaparecen sin que se sepa en qué paran , ni vengan 
á manifestarse á la conclusión del poema , como pare- 
cia necesario , atendida la importancia que el autor les 
ha dado en la composición do su fábula. Tal sucede con 
Arcangélica, con Ferragut, con Orimandro: figuras 
casi de primer término en el cuadro, y que, por lo mis- 
mo que son tan interesantes á veces , no debiera fina- 
lizarse el poema sin que su suerte quedase convenien- 
temente determinada. 

Valbuena, adoptando el sistema poético enque estaban 
escritas las epopeyas caballerescas , de cuyas fábulas y 
personajes quiso hacer uso en la suya, creyó en su ju- 
venil confianza que podia seguir felizmente las huellas 
de su antecesor Ariosto, de cuya fábula viene á ser una 
continuación el Bernardo. Con algún mayor esmero y 
diligencia no le hubiera esto sido difícil en la parte alta 
y noble de la poesía , principalmente en la descriptiva, 
para la cual tenia talentos no muy inferiores á los de 
aquel gran poeta , y superiores sin disputa á los de cual- 
quiera otro de nuestros escritores i. Pero faltábale la 

* EsU superioridad U tiene liasta cuando desenlie en prosa, sin 
embargo de que la suya sea por otros aspectos tan reprensible. 
i Hay por ventnra miebos trozos, no digo en espafiol , sino ann en 
otras lengnas, qoe en originalidad , en grandeu y robustez puedan 
compararse con este pasaje de su introducción á la Grandeza Me- 
Jicama? 

« Bn los mas remotos eonflnes de estas Indias Occidentales, i la 
parle de su poniente, casi en aquellos mismos linderos que, sien- 
do limite y raya al trato y comercio humano , parece que la natu- 
raleza cansada da dilaUrsaea tierras Un fragosas y destempladas, 
no quiso hacer mas mundo, sino que, aizdndose con aquel pedazo 
de suelo, lo dejd ocioso y taclo de gente, dispuesto á solas las 
inciemeadat del cielo y á la JurisdlccIoB de unas yermas y espan- 
tosas soledades, en cuyas desiertas costas y abrasados arenales á 
sus sol&s resurta y quiebre con melancólicas Intercadencias la re- 
saca y tambos de mar, qae, sin oírse otro aliento y voz humana, 
por aquellas sordas playas y carcomidas rocas suena ; ó taando mu- 
cho , se ve coronar el peinado risco de un monle con la temerosa 
imigen y espantosa figura de algon Indio salvaje , que en suelta y 
negra cabellera , con presto arco y ligeras flechas, i quien 61 en ve- 
locidad excedo, sale á caza de alguna llera, menos intratable y feroz 
que el inimo que la sigue ; al fin , en estos acabos del mundo , re- 
mates de lo descubierto, y últimas extremidades deste gran cuerpo 
de la Uerra, lo que la aataialeza no pude, que fué hacerlos dis- 
puestos y apetecibles al trato y comodidades de la vida humana , la 
hambre del oro y golosina del. iuterés tUTo mafia y presunción de 
hacer, plaatando en aqaeUot Taldloa y ociosos oampoa «oa fuño. 
aa población de espaftoles , cuyas reliquias, aunque sin la florida 
granden de tas principios, duran todavía ,» etc. 



capacidad necesaria para entretejer «rtifidostmente el 
sinnúmero de hilos que hizo entrar en su disfonhe com- 
posición , y darles la unidad y sencillez que supo Ariosto 
dar á los suyos en la conclusión de su poema. Carecía 
también nuestro autor de la gracia y donaire con que 
el poeta italiano sabia animar los personajes y escenas 
cómicas de la vida : por manera que cuando quiere 
* Valbuena imitarle en esta parte, no solo es frío é insul- 
so , sino hasta trivial y chabacano. 

Añádase el poco juicio con que están distribuidos los 
grandes adornos de la alta poesía, la muchedumbre de 
las descripciones, la prodigalidad con que se ven em- 
pleados por todas partes, á la manera oriental, el oro, las 
perías, los diamantes, los rubíes ; la declamación, en fin, 
que no pocas veces interrumpe el tono genuino y can- 
doroso que es genial al escritor, y destruye el nervio y 
la energía á que de cuando en cuando alcanza. No hay 
duda que tenia gran talento para dar colores poéticos á 
las descripciones geográficas; pero abusa de él como 
de todo, y cansan, por ser tantas , en las revistas de los 
ejércitos y en el viaje aéreo de Malgesi y Orimandro, 
que tan importunamente ocupan gran parte del poema. 
Ofenden los desatinos de vieja delirante que alguna vez 
se permite, la trivialidad de muchas máximas y sen- 
tencias , á que sola la inexperiencia de su juventud po- 
dia dar importancia ; las bajeaaas en que incurre por falta 
de esmero y degancia , aun en los pasajes mas altos y 
nobles; y los equívocos, en fin, y conceptos insulsos y 
fnos con que, aunque rara vez, salpica su dicción y 
no pueden consentirse en tan grave poesía. Los versos 
mismos, que tanto cuidado tuvo en que saliesen llenos 
y sonoros, suelen, perlas muchas dicciones de que se 
componen, declinar, á pesar de las sinalefas, en ásperos 
y duros, á menos que se pronuncien con un artificio 
particular, que tal vez Valbuena poseeria. 

A estas diversas fuentes de desacierto pueden redu- 
cirse los defectos del Bernardo. Son muchos á la ver- 
dad y bien grandes; y la crítica, cuando se arma de ri- 
gor y de inflexibilidad , tiene poco que hacer en hallar- 
los donde quiera y señalarlos á la reprobación y á la 
censura : quizá ningún otro poeta castellano da tanta 
margen para ello , mas también quizá otro ninguno 
ofrece tantas ocasiones de alabar y de admirar. Los pri- 
mores, las bellezas están mezcladas en él con los borro- 
nes y el desaliño, á la manera que aun en la mina mas 
preciosa el oro está ligado con las tierras y escorias que 
le deslustran y le afean. Pero no hay duda que hay oro 
en gran cantidad y de elevados quilates; y el libro no 
por ser tan defectaoso deja de ser un riquísimo mi- 
nero de invenciones de fantasía admirables, de dicción 
poética y de versificación. El raudal poético de Val- 
buena no es á la verdad ni trasparente ni puro, pero 
siempre es fácil, abundante, impetuoso ; los primores 
que puede dar de sí el instinto están prodigados en él á 
maravilla. Bañó sin duda á su perfección la extensión 
misma de! poema : ¿cómo es posible escribir cinco mil 
octavas con concierto y buen gusto? Sintamos que el 



PARTE PRIUEHA— LITERATURA. 



componerle á las atencio- 
>relado, do pudiese ponerse 
los defectos esenciales de 
mas grates iud que los de 
lilogo que le puso delante 
cnindo Je oío a luz na a entender bien cloro cuáles 
nn las jastas proporciones y la distribución quéde- 
la darse A la I&bala que había construido. Ya entonces 

era tiempo de empezar de nuevo la tarea ; pero sin 
ran tnbqjo de su parte podia haber mejorado mucho 

1 libro, metiendo el hacha por aquella scIts inmensa 
areatons y de octafas , para talar sin piedad su 
latffen exuberancia, y abrir asi al lector cómodas 
andas en tan impenetrable espesura. No lo hizo asi, y 
u gloria pierde enello.sucediéndole lo que atantes 
tros escritores, de quienes se ha dicho que veían el 
unto de perfección á que debían tocar,y por debilidad 
por negligencia no acertaban á llegar & él. Valbuena 
) confesaba de sf mismo, cuando con tanto entusiasmo 
uno laudable desconGanza decía : 



Deqimés de hablar del Bernardo, en quien se terminan 
M extractos ípicos que nos propnsimos pnlilicar, no 
■7 para qn¿ tratar de otros poemas escritos entonces 

de^Hiés. Uno solo i primera visU podría merecer ei- 
epdon, celebrado como un modelo por k adulación 
le BDs contemporáneos, que atendieron mas á la alta 
JaM del autor que al mérito de la obra. Este esja Ná- 
nUtneuperada, del príncipe de Esquilache, que par 
t bdlidad de su ingenia y mayor destreza en versifi- 
ar, podia dar algnna mas amenidad j gusto de verda- 
lera poesía i su composición , que otros escritores me- 
m qercitados á las suyas. Preciábase él de haber se- 
;mdo todas las reglas del arle, como si las reglas del 



arte pudiese 
quien no los 
mas esencial 
gurarso de s 
dia d Prínc 
romances, j I 



desnudo de 
fantasía que 
poletreaqi» 
pobre de ini 
goso en los V 
taras, cuand 
lidio que cau 
todo él está 
málrícB y m 
otra suerte q 
y los otros di 
de Alfonso 1 
Gabriel Laso 
ra; el Uaeab 
deBote!Io;I<: 
y los demás 
entre los artli 
monumentos 
sus tí tutos, 
aun quien los 
yacen , y no 
darles por cv 
de los lectoi 
porque por SI 
á caer en el 
anegados. 



INFORME 



DE LA JUNTA CREADA POR LA REJENGIA 



PABA nopom 



LOS MEDIOS DE PROCEDER AL ARREGLO DE LOS DIVERSOS RAMOS DE HfSTRüCaON PÚBUCA. 



SBBBNlSnfOSBSíOR: 

En orden de 18 de junio último , comunicada por el 
ministro de la Gobernación de la Península , tuvo á bien 
vuestra Alteza encargamos que meditásemos y propu- 
siésemos el medio que nos pareciese mas sencilloy acer- 
tado de procederá arreglar todos los diversos ramos de 
instrucción pública. 

Penetrados de la grande importancia de este objeto, 
y convencidos de su urgencia , procedimos al instante á 
arreglar el plan de nuestros trabajos según la naturaleza 
y limites del encargo que se nos hacia. De las tres clases 
de educación que los hombres reciben en la sociedad, 
la literaría sola es la que se proponía por objeto de nues- 
tras meditaciones, quedando para otra ocasión y mo- 
mento la educación fisica y la educación moral. Aun en 
la parte que se nos encomendaba debíamos ceñimos á 
lo que la situación general del momento, la situación 
particular nuestra y el contexto mismo de la orden nos 
prescribian , esto es : á proponer medidas para proce- 
der al arreglo , mas bien que el arreglo mismo. 

Porque no podía ser la mente de vuestra Alteza que 
eotrásemosen la formación de un plan general y par licn- 
tor de estodloB en que estuviesen determinados y pres- 
critos no solo los conocimientos y doctrinas que forman 
él objeta de la enseñanza pública , nno también los mé- 
todos , los libros , la distribución de tiempo , y el arreglo 
económico y gubernativo de todos los establecimientos 
que han de servir á la instraccion nacional. Esto pedia 
para su ejecución un conjunto de datos y noticias que 
no podían reunirse sino en mucho tiempo; y pedía ade- 
más nn lleno de luces y experiencia en todos y cada uno 
de loáramos del saber, que están muy lejos de atribuir- 
*ie los individuos que vuestra Alteza ha honrado con su 
itti confiansa. 

Por otra parte, este plan menudo y circunstanciado 
feria todavía anticipado, por no decir importuno. Sin 
ertaUeoer antes los principios generales sobre que ha 
desantarse el sistema de toda la enseñanza , en vano se- 
tk organiíir este sistema y disponer y distribuir sus 
pntes diferentes. El orden exige que todo se baga á sn 
tfsnqio : se abren los surcos de un campo antes de po- 

MméfanbnoteiMlnn b planta de nn edificio «n* 



tes de proceder á sti eonstratcion. Así, es preciso de« 
terminar y fijar antes las bases generales de la instrac* 
cion pública , que arreglar y completar uno por uno los 
elementos que han de componerla* Hemos creido pues 
que nuestro encargo , puramente preliminar y prepara- 
torio , se reducía á meditar y proponer estas bases , las 
cuales, si merecen la aprobación de vuestra Alteza , po- 
dían elevarse después á la sanción del Congreso nacio- 
nal. De este modo parece que se señala el camino y se 
allana el terreno sobre que ha de fundarse esta gran fá- 
brica ; y sirviendo las bases determinadas de enlace y de 
apoyo á sus diferentes ramificaciones, su organización 
será mas fácil, su armonía mas completa, y podrán 
contribuir mas de lleno al noble objeto á que se des- 
tinan. 

Muchos años há que la sana razón y la fílosoffa pedían 
entre nosotros una reforma radical y entera en esta par- 
te. Luego que algún hombre ilustrado era revestido de 
autoridad ótenla influjo sobre ella, le invadían al ins- 
tante los clamores , tan celosos como inútiles, de cuan- 
tos aspiraban á atajar los males de la preocupación y 
disipar la noche de la ignorancia. Pero estos clamores 
se oían flojamente, y al fin se desatendían; las intrigas 
de la ambición , las agitaciones del error y del fanatis- 
mo prevalecían sobre ellos ; y ningún ministro , por po- 
deroso, por bien intencionado que fuese, se atrevía á 
emprender la reforma por entero. Contentábase á las 
veces con dar su sanción á algún proyecto particular, á 
algún establecimiento aislado en que las doctrinas y los 
métodos fuesen mas conformes á los principios de la 
recta razón. A estas inspiraciones efímeras se debela 
erección de las academias, de los colegios de medicina 
y cirajía, de algunos seminarios , de las escuelas mili- 
tares , de otras fundaciones , en fin , en que los estudios 
estaban mas al nivel de los progresos científicos del 
mundo civilizado. Pero esto es cuanto podían hacer 
aquellos hombres celosos en prueba de su buen deseo. 
Quedaba siempre la contradicción monstruosa entre 
escuelas y escuelas, entre estudios y estudios. Una era 
la mano que pagaba , sostenía y dirigía la instrucción; 
y la verdad se enseñaba de un modo en el norte, de otro 
en el mediodía, ó lo que es mas repugnante aun , aquí 
secosteabayprotegíAbiindagaciond^h wdad| mien^ 



m OBRAS COMPLETAS DB DON 

tras que allá se sostenía á todo trance la enseñanza del 
error y se perseguía ¿ los que le combatían. ¿De qué 
pues servían aquellas pocas excepciones sino de hacer 
roas deplorable el desorden y nulidad de los demás es* 
ludios? ¿En qué paraban cuando , faltando las manos 
ilustradas que las habían erigido, eran abandonadas al 
influjo indolente y rutiqeiV) que el Gobferno^ejercia so-> 
bre la instrucción ? Jardines amenos y apacibles planta- 
dos eotre arenales , que tarde ó temprano perecen ane- 
gados en la esterilidad que los rodea. 

Ni vt posible que fuese de otro Daodo : Yoluntad 
constante y fuerte de perfeccionar las facultades Inte- 
lectuales de sus subditos no puede suponerse en gobier- 
nos opuestos por instinto y por principios á todo lo que 
no autoriza sus caprichos ó no canoniza sus desacier- 
tos. ¿Cómo, por otra parte, proponer ni esperar me- 
jora alguna en la instrucción pública de un país sujeto 
al influjo de la Inquisición , y en donde el que se atrevia 
á hablar de imprenta libre era tenido por delirante, 
cuando no por delincuente? Sin rompéroste doble yugo 
que tenía oprimido y aniquilado el entendimiento entre 
nosotros , en vano era tratar de abrirle caminos para 
que explayase sus alas en las regiones del saber. Y co- 
mo en el diccionario de la razón ignorante j esclavo son 
sinónimos , si el español no podía dejar de ser esclavo, 
¿á qué empeñarse inútilmente en que no fuese igno- 
rante? 

Solo en Ta época presente podía aplicarse la roano á 
esta grande obra con esperanza de buen éxito. La ma- 
yor parte de los obstáculos que antes había están sin 
fuerza ó se hallan destruidos. La Constitución ha resti- 
tuido al pensamiento su libertad , ¿ la verdad sus dere- 
chos. La razón particular de los individuos ilustrados 
va superando la resistencia de las preocupaciones auto- 
rizadas y envejecidas. Hasta la desolación espantosa 
que ha sufrido la Península por la opresión de sus fero- 
ces enemigos, destruyendo los antiguos establecimien- 
tos de instrucción, ó por lo menos dejándolos sin ac- 
ción y sin recursos, da como allanado el camino para 
proceder libremente á la reforma , y disminuye la re- 
sistencia que las instituciones antiguas , cuando están 
en vigoroso ejercicio , oponen ¿ su mejora 6 á su su- 
presión. 

Por fortuna esta facilidad se combina también admi- 
rablemente con el deber que impone á la autoridad la 
revolución política que acaba de suceder entre nosotros. 
La nación ha recobrado por ella el ejercicio de su v<h 
luntad , condenada tantos siglos hacia á la nulidad y al 
silencio. Ahora bien, si esta voluntad no se mantiene 
recta é ilustrada; si su acción no se dirige constante- 
mente hacia su verdadero Gn, que es la utilidad común; 
sise la deja estar incierta y vacilante entregada ^ mer- 
ced de cualquiera charlatán que la engañe y la extravie; 
sí, en fin, no se bi liberta de que las voluntades particu* 
lares , ciegas y discordes , la arranquen del sendero que 
la señalan la verdad y la justicia , en tal caso la adquisi- 

(ion de uta preciólo atributo^ que consütuye li mayor 



MANUEL JOSfi; QUINTANA. 

gloria de un pueblo en los fastos de sol iwolneloBM» 
seria para nosotros un azote igual ó mas funesto en MS 
estragos q¡ae las otras phigas que nos afligen. 

Debe pi|es el Congreso nacional, que ha restituido á 
los españoles al ejercicio de su voluntad, completar sq 
obra y procurarles todos los medios de que esta volun- 
tad sea biea y convenieQtemen|$ dirigida. Estos medios 
están evidentemente todos bajo el influjo inmediato de 
la instrucción; y por lo mismo la organización de nn 
sistema de instrucción pública digno y propio de un 
pueble libre llama tan poderosamente la ateacioa de 
los legisladores, como la organización de cualquiera 
de los poderes que constituyen el equilibrio de nuestra 
asociación polítíca. 

Sin ella no puede tampoco el Gobierno corresponder 
dignamente á los fines de su institución. Una de sus 
atenciones mas importantes, porque es la de que de- 
pende el éxito de sus operaciones , es la conveniente dis- 
tribución de los hombres. Nacen estos con facultades 
que , habiendo de servir á su bien individual y al de sus 
semejantes, necesitan para ponerse en movimiento sa- 
lir del reposo absoluto y de la inacción en que se bailan 
al principio. Al entrar en la vida ignoramos Xoáof^ lo 
que podemos ó debemos ser en adelante. La instrucción 
nos lo enseña; la instrucción desenvuelve nuestras b- 
cultades y talentos , y los engrandece y fortifica eov^ to- 
dos los medios acumulados por la sucesión <le los siglos 
en la generación y en la sociedad de que hacemos per- 
te. Ella I enseñándonos cuáles $0Q nuestros derechos, 
nos manifiesta las obligaciones qMa clobemo^ curopUn 
su objeto es que vivamos felices pj^ posotrq^, útiles i 
los demás ; y señalando d^ este mpdp ei pqesto qqa de- 
bemos ocupar en la sociedad , ella hace qu^ lu fuj^rzas 
particulares concurran con su acción á a^m^tar la 
fuerza común , en vez de servir ¿ debilitarla goiü su di- 
vergencia ó con su oposición. 

BASES GENERALES DB TOBK INSIRANZA. 

Siendo pues la instrucción pública 9l arte de poner ^ 
los hombres en todo su valor tanto para ellos coypo pi^ 
sus semejantes, la Junta ha creído que en la prgaAi;(aT 
clon del nuevo plan de enseñanza la instrucción di^ 
ser tan igual y tan completa como las circunstanoíff {^ 
permitan* Por consíguíonte» es preciso dar á tod^Npi^ 
ciudadanos aquellos conocimientos que se p9e<jtaiff* 
tender á todos , y no negar A ninguno la sdqi|iii|^ d^ 
otros mas altos , aunque no sea posible bawiPI M^^W^ 
versales. Aquellos son útiles á cuantos Ipi nniíJMj | 
por eso es neeesaijk) establecer j gpn^raUzff lü a«9^ 
ñanza , y es conveniente establecer la de IfW fi|gin<Í0fc 
porque son útiles también é los qoe no loa lH^q^^t 

La instrucción pues debe ser ifoiTiarsi) i mU^ ^ttW 
tenderse á todos los ciudadanos. Oieb^ d|shJMf*^ qsR 
(oda la igualdad que permitan los tfmitea^afcaiVli^df 
su costo y ta repartidon de loa hqmbm Sftígil a} Mwi^ 

iiO| I al tiaovo maa « miP9» Jirw ,«M ím divli^ 



(>ARra tmllEILL-tlTBtUtdU 



, lelk. 0Bb«,flnfln,aniDi8ndaidÍ- 

lanotalmireliiilMai antoro da Im GoaodiinientM 
Innuiw. y uegnrtr i 1m hombreí «1 todM lu adules 
da h tidal! bcUidad de eomwttr ini oonodnilaiitoB d 
de adquirir otro* nnavoB. 

DeaetoipriDd[iÍo* láñenlas ee dadneenotm pro- 
poiiciones de ignal otílidad jcertea. Qua el plan de la 
WWHÍiaim pfiUJea daba lar aoifbnne en lodos los esta- 
dios , la raun lo dicU , la nulidad lo acooieja , 7 la Cons- 
títodon , da Bcaerdo coa ambaí, IndispauaÚenieote lo 
pnacriba. Lo eontnrio Mria dqar le ínstniocioa na- 
ckoal j la fonsadon da la raion de loe cindadinos al 
cfpridio 7 & la estnnganeia; seria perpetuar la dis- 
cerdancia repognaote que ha existido tiempre ea mua^ 
tm eseoelas , 7 de igol la divergencia de opfnlaoea, las 
düspotaa ecaloradaí á latennÍDables i veces sobre sut»- 
lezuMrelaa 6 ridiculas, i reces sobre verdades tan 
clarasGonioIalux.BtU uniformidad no se opone, co> 
mo muchos tal Teieutenderian , i aquella mejora y pei^ 
fecdm que Ttn mceainmBnte adquinendo loe méto- 
dos ooa Im proposos que hace la ciencia mbma. Al 
escoger las obres elementales que han de ierñr á la 
fautniccion , ea foena que sean preíerídas squellai que 
cstin á la altura de los conocimientos del dia,yeataa 
mismas deben c«der el In^ri cnalesquiva otras que 
ie puUiquen det|Hiés que sean mas perfectas y adelan- 
tadas. Demii que la libertad de la impreaU j la de las 
oimiioiieB pondrín liempra á ka sabios que se dedican 
al enlÜTO y props^ciou de loa conocimientos humanos 
(O diipotícion de cimtribitir i la reTorma y adelanta- 
BÚeoto de los estudios. 

Debe pues ser una la doctrina en nuestres escuelas, 
ymws los métodos da su ensaSaua, i qne es consi- 
gniente que tea también nnalalenguaenqnaseens»* 
Zio,y que esta sea la lengua castellana. Crarendráse 
geDeraioaente en la verdad 7 niüided de este flitimo 
princifio para lu eecnelu de primera 7 segunda ense- 
ñaua; pero no seri tan Kcü qna convengan w ello los 
que prMenden que los estudios mayores 6 de (acuitad 
00 pueden hacerse dignamente sino en latín. Seria fal- 
tar á la gravedad del asunto 7 al decoro debido i vuestra 
Altan ponerse á ciliflcar del modo que merece ese gui- 
rigay bértian llamado laün de escuelas. Bsstard dedr 
qoeesnn oprobio del entendimiento humano suponer 
que la dencia de Oíos y la de la justicia hayan de ser 
mejcr tratadas en este ridiculo lenguaje que en la alta, 
grave 7 majestuosa lengua española. Aun mucha parte 
de la enseñanza en estas mismas dencias se hace gene- 
ralmente en castellano, j Por qué no toda?LoB pueblos 
sabios de la anügúedad no usaron de otra lengua que 
la proiña pan la instnicdon : lo mismo han hecho , 7 
con gran ventea, muchas de las nadimes en la Europa 
modÉiiia* La lengua nativa es el instrumento mas Ucil 
y mal i propdsito para comooicar uno sus Ideas, para 
percibir lu de loa otros, para distinguirlas, delermi- 
nnlBa y coiqíararlat. Todo lo que se pinta en el e^>f- 
tÜBM pinta coa sus colores; y el modo de deilerrar 



puaslanpnla 
MvoIai,Iasnt 

priDdidos,lodi 
oes se bagan ei 
se conciben y s< 
último, el Idíon 
puesto que é lai 
monla que todoi 
caricUr dentlf 
adquirido todav 

Tnosolonnil 
señannsee p6l 
cerradas ni se I 
para instruirM ; 
rasoo general d 
connmiquiene 
tideradonea qui 
olyeto presente, 
no pudiendo co¡ 
oenqneagregai 
La semilla que 1 
tro, si no se aiT 
no siempre es 1 
mucho, ligero i 
ni raion alguna 
laclen , por otrs 
crece 7 se aviva 
unos mas, los o 
blica no puedes 
viendo de esttn 
pUcaUjüilloyei 
de sus obligadd 

Otra calidad I 
Banu pública c 
pafiola lo tenia 
dadee y estudia 
trariedad, opne 
nuestros pedreí 
de los ministro! 



sionee indertai 
e^>edede estii 
prolMon de ei 
maestree , i su 
loa estudios la 
miento de sus ft 
asi con las escu 
que su número 
no dieron á este 
la considerada 
Junta ka creidt 
hacer en esta p 
también estas 1 
particular. Cab 
nan al hombre 1 
cesarlos i todi 
cMniguieBle,! 



OfiRAS COHaETAS DE ttON 
mOtpnesqaeioc elige en Iodos para ad- 
ircicio de loa derechos de ciudadano. El 
isenaniB p&Mica debe conservar la misma 
le hasU ahora; y cualquiera disposicioo 
bre aer noa alteración perjudicial esen- 
rmienta de la instrucción, tendría mu; 
acia coalas miras benéScas y grandes que 
) i la autoridad el pensamiento y los de- 
naaiia y promoverla. 

in , de los atributos generales que deben 
la instrucción es el de la libertad , porque 
el Estado proporcione i los ciudadanos 
|ue adquieran los conocimientos que los 
tsr para llenar las atenciones de la profe- 
dediquen, es preciso que tenga cada uno 
buscarlos en donde , como y con quien le 
y agradable su adquisición. No hay cosa 
» el pensamiento ; el camino y los medios 
perfeccionarlo deben participar de la mis- 
¡ y si la instrucción es un beneficio co- 
itilidad lodos tienen un derecho , todos de- 
imbiende concurrir ácomunicaria. No se 
1 ya que la perfección y la abundancia na- 
currenda y de la rivalidad de los esfuerzos 
yque todo privilegio eiclusivo , por natu- 
< , es destructor también por naturaleza de 
Ion y todo progreso en el ramo i qnecor- 
n la instniccioD serla mas absurdo y mas 
U, puesto que la conGania sola, y la mas 
mía, es ta que debe mediar entre el que co- 
señam» y el que la recibe. Por otra parte, 
Dientes de iostmccion deben ser como los 
cÍb : acude á ellos et que los necesita, sien- 
ilquiera recibir los auiilioa que allí se |hv»- 
I ia generosidad particular , cuando es tan 
la encuentra en su camino. En fin la libei^ 
ir , declarada á todos los que tengan disd- 
ieran ser instruidos por ellos, suple por la 
de medios pare unirersaliiar la instruo- 
ermíta hablar asi. No pudiendo el Estado 
1 ciudadano un maestra de su conGania, 
cada ciudadano sujusta y necesaria libav 
lo por si mismo. Así las escuelas partícu- 
I en muchos parajes la falta de las escuelas 
I instracdOD gatuui en extenuon y perfec- 
tM en libertad y en desahogo. 

r DisnuBuaon de la ekse5Ianza 

Kmaex. 

3 di^OHM te lian bocho de los eonod- 
lanos, la primera que se preseata al tratar 
I ei h qoe se deriva de la aptitud y capad- 
jetoa 00 qnianes te emplea. Una instracdoa 
á lea nffioa, otn i loa adultos , otra , en fin, 
i; y BDo<im realmente «a ninguna de lu 
ndastd^je de aprender por lo* qaa qtde- 



UANtlEL JOSt tíUINTAKA. 
ren instruirse, es cierto; sin embargo, que la acción dr- 
recta y principal de la instrucción pública cesa en el 
momento que el hombre tiene perieccionadas susfacul^ 
tades y formada su capacidad para ijercer con fruto las 
diferentes profesiones de la vida civil. 

Pnmeraen)eiTanza.—Deestas tres enseñanzas le pri- 
mera es la mas ira portante , la mas necesaria, y por con- 
siguiente aquella en que el Estado debe emplear mas 
atención y mas medios. Mil veces se ha dicbo que ana 
nación compuesta de individuos qne sin excepción su- 
piesen leer , escribir y contar , serla mucbo mas ilustra- 
da, y sabría adquirirse mas medios de felicidad que otra 
en que , i igual ignorancia que la que se mira extendida 
por la generalidad délos ciudadanos, hasta en laanacio- 
nes mas cultas, contase entre sus hijos muchos Arqui- 
medes, Sócrates y Horneros. Con efecto, el hombre que, 
viviendo en medio de una sociedad dvilizada, carece de 
estos primeros elementos del saber, es un ser endeble y 
ciego , esclavo de cuantos le rodean ; mientras que el 
que tiene ayudada surason de estos tres poderososanii- 
Itos ha adqniridounseilosentido, por decirlo asi, que 
para conducirse en la vida y gozar la plenitud de sus de- 
rechos le faace independiente hasta de los talentos mas 
sublimes. 

La Junta ha creído qne en esto primer grado do ins- 
tnicdon la enseñanu debia e^rse ¿ aquello que es 
indispensable para conseguir estos fines. Leer con sen- 
tido , escribir con claridad y buena ortografía , poseer 
y practicar las reglas elementales de la aritmética, im- 
buir el espirita en los dogmas de la religión y en las 
máximas primeras de la buena moral ybueoacríenzB, 
aprender, en fin , sus [ffincipales derechos y obligsrio- 
nes como ciudadano, una yotra cosa por catecismoi 
claros, breves y sencillos, es cuanto puede y debe en- 
seSarse i an niBo, sea qne haya de pasar de la príroeri 
escuela á otras en que se den mayores conodmientos, 
sea, como ala mayor parte sucede, quede alH salga pan 
el ando 6 para los talleres. 

No ignoramos la extensión qne en diferentes planr t 
de enseñanza se asigna á esta clase de escudas , y qtn 
enalgunasdelBS del reino, dirigidas por maestros há- 
biles y celosos, se amplía la enseñanza basta dar algunos 
principios elementales de gramática castellana , algunas 
nociones de geografía, y tal cual conocimiento de la 
historia de España. Pero nos hemos becho cargo tanv- 
bien de cuan superficiales y cuan pobres son los ccmo- 
dmientos que en esta parte pueden adquirir los discf- 
pulos, cuan diÜdles de grabarse en sus mentes infanti- 
les , y por último , cnán fáciles de olvidarse , y por lo 
mismo, qué inútiles en los que han de aplicarse al ins- 
tante á les ocupadones laboriosas de la sociedad. No 
debe en esta parte tomarse por regla ni el aprovecb»- 
mientoabsiordi Darío de esteúotra dísdpulo, que ract* 
Md de la naturaleza un entendimiento precoz , ni la ha- 
bilidad y método sobrosaliente de algtin maestro ptrti- 
cidar. La ragla general debe ui' la capacidad comnn da 
maestros y discípulos , para no imponer i naos ni i otroi 



PARTE PRIMERA. 

mas de 16 (toe sos medios regulares alcancen, no sea 
que por engir mas de lo que se puede, ni aun se con- 
siga k) que se debe. 

Una sola enseñanza pódla tal vez haberse añadido á 
fas indicadas arriba, que es la de los principios de la 
gramitíca castellana, asi por la generalidad con que está 
anunciada en todos los planes y prospectos de educación 
primera , como por las plausibles razones de convenien- 
cia y utilidad que la asisten á primera vista. Pero medi- 
tadas bien estas razones , y reguladas por el juicio y la 
ezperiencia, son menos sólidas que brillantes. Útil cier^ 
tamente y bello seria que todos aprendiesen ¿ hablar y 
escribir correcta y elegantemente su lengua propia. 
Pero esto solo se adquiere á fuerza de principios muy 
digeridos y de ejercicios muy continuados. Lo que un 
muchacho puede adelantar en estaparte es corregir los 
malos hábitos de pronunciación y de frase adquiridos 
en su educación doméstica , 6 propios de la provincia 
en que ha nacido. Que los libros que aprenda , que las 
muestras que copie , que el maestro á quien oiga , todo 
le hable en lenguaje puro y correcto, y insensiblemente 
adquirirá estas dotes en el modo y grado que pueden 
adquirirse á su edad. Por el uso aprendió á hablar, por 
el uso aprenderá á hablar bien. Las reglas gramática* 
les 6 el artificio del lenguaje de nada le su*ve decorado 
solo de memoria , y ezcede á su comprensión y alcances 
si le empeñan en que lo entienda ; porque estas reglas, 
según ha dicho un filósofo , resultados demostrados para 
el que sabe y ha aieditado fas lenguas, no pueden de 
modo alguno ser medios de aprenderlas para el que fas 
ignora. Son ciertamente consecuendas, y sm hacer 
violeoela á fa rasoa no se le pueden presentar como 
nrinciplos» 

Pero si «I fa generalidad de fas escuelas este primer 
^do de instiriccion debe estar limitado á los objetos 
arriba indicados, no por eso en los pangos en que la in- 
tanda necesita de una amplfacion mayor de nociones 
deméntales, para fas profesiones á que ha de dedicarse 
lespués, ddierá estar privada de los medios de adqui- 
virlas. Una aritmética mas extensa , una geometría ele- 
mental sndnta, y unos principios de dibujo aplicables 
á fai artes y oficios, son de utilidad mas conocida en 
aqudloe pullos en que por su vecindario 6 otras dr^ 
cnnstancias es mayor el número de niños que han de 
dedicarse á las ocupaciones de artesanos, menestra- 
les y fabricantes. Por lo mfamo, fa Junta ha creído que 
fa enseñanza primera deberia ampliarse en estos pue- 
Uoa á los conodmientos indicados, y propordonar de 
este modo álosdlsdpuloe lasdisposidones precisas para 
i^ereer con mas inteligenda y mayor gusto las artes que 
han de ser después su ocupación y su patrimonio. 
• Establedda asi fa materia de fa enseñanza en la ins^ 
tmcdon primera, el otjjeto Inmedfatoque se presenta 
es k dislribudon do tes escuelas. La natundeía de esta 
inrtnccíon, indfapeosable á todos loe que hayan do 
ejeraerkadereehoede dttdadano; y fa leyoonstitadiK 
lalfOTiiBaada establecer escuefas de primeras tetras 



— LITERATURA. ^79 

en todos los pueblos de la monarquh , no dejan duda al- 
guna sobre la extensión y generalidad que los legisla- 
dores quieren dar á los beneficios de esta primera en- 
señanza. En consecuencia pues de estos principios, he- 
mos creido que debia establecerse por base que haya á 
lo menos una escuela de primeras letras en todos los 
pueblos que fa puedan sostener ; que en los que no , se 
reúnan uno , dos ó mas de ellos para costearla en común, 
colocándofa en el punto mas proporcionado para la con- 
currencia de los niños; que cuando la reum'on no pueda 
verificarse cómodamente, ó no pueda sufragar al costo, 
fa diputación de provincfa les complete los medios que 
les falten ; en fin , que en los pueblos de crecido vecin- 
dario haya una escuela por cada quinientos vecinos. De 
este modo la intención del legislador, que es de que 
todos los ciudadanos partidpen del beneficio de la pri- 
mera enseñanza , se llena y se concilla con fa siiuadon 
de una muchedumbre de pueblos, cuya pobreza y cor^ 
tedad de vecindario lesimpediriaen la actualidad apro- 
vecharse de esta benéfica resolución, quedando siem- 
pre lugar de atenerse al contexto literal de ella, cuando 
sus medios se aumenten ó su situadon se mejore. 

Los reglamentos particulares que se formarán des- 
pués señalarán las calidades que han de acompañar á 
los maestros. La Junta ha creido que no debia determi- 
nar mas que una , que es la habilitación por medio del 
examen. En las escuelas públicas este requisito parece 
absdutamente necesario para que los nombramientos 
ncTrecaigan en sugetos incapaces. Y si proponemos que 
el examen se haga respectivamente en las capitales de 
provinda y en la del reino , es porque hemos creido que 
este era uno de ios medios mas eficaces , aunque indi- 
recto, de difundir desde el centro á las extremidades 
el buen gusto y la perfección de los métodos, que casi 
siempre adelantan mas en las capitales que en otra parte 
cualquiera. 

En cuanto á la elección y separación de estos profe- 
sores, no cabe duda en que una y otra corr&<%ponde á 
los ayuntamientos, bajo las reglas que puedan después 
prescribirse para evitar abusos. Puede considerarse este 
encargo como un ministerio de confianza que no puede 
ni debe ser desempeñado sino por hombres agradables 
á fa muchedumbre que los emplea , y por consiguiente, 
es preciso dejar su elecdon á la mayor libertad posible. 
En cuanto á su dotadon , cree la Junta que debe cos- 
tearse de los fondos públicos y no bajar del valor de cin- 
cuenta fanegas de trigo , graduados todos los sexenios 
por la diputación de provincia según el precio medio 
de un año regular. Podria parecer esta última indicadon 
lyena del principio que hemos adoptado de no deseen* 
der á pormenores en fa determinadon de estas bases 
generales ; pero hemos creido que esta tenia demasiada 
importanda y trascendencfa para omitirla ; que era pre« 
ciso señalar desde ahora á los maestros de primeras le- 
tras una snbsfatenda segure y decorosa en recompensa 
de sus penosos j útiles afanes ; que en forzoso , en fin, 
salvarlos deh necesidad que una gran parte de ellos 



Wí' 



ObRAS COUPLBTAS DB DON UkHOBL JOSÉ QOlNTAftA. 



stntfconotniocnpacloiiesmwioidig- 
ireñon deabiir 1 la infuiGia lu poartu 
mino de la virtud. 

letermÍDu- la Junta ettti bases pñnd- 
Eacioa para la primera ensdianxa, ha 
I la otiüdad j i la verdad que al brillo 
belloí veces f agradable de leerse , pero 
neatedeponeneenejecadon. Coando 
ad que le haya dado á estas escuetas, 
istribucioD y aireglo conveniente, por 
:o de los métodos ; por los Blicientei j 
ido i los maestros, se consiga que la 
los espaíioles aprenda en ellas i leer, 
',yseimbujade los principios que de- 
Beocla j su conducta como cristianos, 
como ciudadanos , entonces estos es- 
Mibrin correspondido perfectamente i 
t afanes y dispendios cueste el crear- 
I sertn dignamente Invertidos y «d- 

lanta. — El objeto de este segtmdo gn- 
1 es el de preparar el eutendhniento de 
ra entrar en el estudio de aquellas cíen- 
le vida dvü el objeto de una profesión 
embrar en sm ánimos la semilla de tó- 
enlos útiles y agradables qne ctnstitit- 
igeneral de una nación dviliíada. Nada 
le halna entre nosotros menos Lien or- 
leMudJos preliminares. Noseconoda, 
«Imente , mas preparación pera matri- 
cultades mayores que alguna tintura 
wrficial de la lengua latina , y algunas 
ca , metafísica y moral , por lo común 
laa. Parecía qne mientras maa arduos 
in loseetndios á que el hombre aplicado 
se después, menos necesidad tenia de 
iOcarsQ raion con medios que le abrie- 
ayoreí y mas fáciles adelanlamientos. 
inguna crítica , ninguna regla 6 [míc- 
ningun conocimiento defbica, nin- 
loria natural ó civil , ningunoa princi- 
>]ica. T sin estosrequisitos, y otros tan 
>mo ellos , ae pratendit que un astu- 
ta, teólogo, canonista , médico, cuanto 
D. Asi después reanltaba que, i eicep- 
pocos júvenes fotmados ea estableci- 
ares mejor instituidos , 4 qne i fueru 
9 fortuna lograban rehacer sus estu- 
>esar de las nociones que adquiíia en la 
ir que babia cultivado, quedaba tan 
d principio. 

linaba otro mal todavía aas trascen- 
la indiferencia , ó por mejor decir, el 
tenia por los verdaderos conocimien- 
ciendu y aitei qne baoen la gloria y 
radimienlo honiuM y de las neoioaw 
•tamitieo, an flaico profundo, mb^ 



naiüsta emteanla, un tablo monüili y p(Atleo Do pO* 

dian GOntendv ni en ipiiaio nitDeqiaaniaseonloi 
qne ae llamaban hombru de eanwa. Laa medHadoiNt 
proitmdas y titilet de loa uno* , los brillantfls y apaciUei 
talratoade losolros, no les producían ventea algont 
en eata emcurrenda. Jnegoadeni&oa, snefioada ihiMa 
eran ins tareaa, y el común de los padrea y el común da 
ios jóvenes m guardaban mny bien da bacer las gasto» 
yemi^rel tiempo en mw clase do educados que a» 
apredabaanpoco,ypocoónadapadia producir. 

La Junta pnes, al fijar sn atendon en este segunda 
padodeenMflania,haviatoquedeBubu6na y com- 
pleta oi^anitacion dependía eo gran manen la mqon 
y progresos de la instmccim pública m el reino. Por lo 
mismo ha cnido que deliia componene de una serie tal 
dedoctrinaselementalesiqueeljóvenal acabarías sa- 
liese con el espíritu idonudo y enriqueddo de los co- 
nocimientos necesarios para emprender con &uto olns 
estudios mas profundos si segnia la carrera de las letra^ 
¿en caso de no seguirla, para tanerivnioiyauad^ 



para percibir y disfrutar de cuanto bello y grande pue- 
dan producir los talentos do loa otroa. Consigniente ilm 
importancia de este objeto ha aldo proponer qne pam 
él solo le funden estaUecimiantos nuevos que, con el 
niHnbn de universidades de [ffovinda (denominadon 
que noa ba parecido conservar «n obsequio de m ant>- 
guedad venerable y del reáralo que oHnunmento Uovn 
consiffo), se ocupen solamente de knboir d la juvnliid 
en estos principioa tan necesarios , remiendo ea ana 
escalamas completa y mas sistemática todolaquouta 
se llamaba estudios de humanidades y de filvoda. 

En la denominación aifH^sada va envuelta la idea de 
que estaa universidadea se han de distribuir en et rano 
de modo quelosjdvenea puedan cómodtDMiteooiiGur* 
rír i ellas sin «eoesidad de separarse i laiyi dlstauM 
de suB familias. Ladivisíonaotualdelasprov&Kiaadela 
Península no presentaría el número de eatabloCBáeiH 
tos que la Junu cree necesarios pan el inteato, contán- 
dose á universidad por ftrovinoia y e&taUeidéndola ea 
la capital respectiva decadauoat añadiéndose á este 
inconveniente el que resulta de la dUerenoja de su po- 
blación , y de la diversidad irregtdar da las distancias. 
Pero como de orden de vuestra Alteía se e&titrab«jaado 
actualm^te laminen en una mas conveniente y arre- 
glada división de territorio, la distribucionycolocacioa 
de estos estudios deberé quedar pendiente hasu el ro- 
sul tadú de esta operadon , j regularse enteramente por 
ella ; par cuya raion b Junta se abstosdri de hacer nai 
indicaciones en esta parte. 

Al disponer los diferentes estudios que compcende 
esta R^nda enseñaoza, hemos adoptado una da las 
dirisiooesnua ganenlmente sabidas de los conocimiei^ 
tos bu ms —a, y loa bewwclasitioda an danoias ma- 
tamáiicM y Osiau , «iaocias moralaa y iwUticu , j lü»- 
«tttnyartM¡dloqiu«l9niu)o,«iwdi*llel«9(te* 
Falen y de las propiodtdti da l«i ouetpos , fuiada por 



PARTB MUilBRA, 

«lcátciiIoyparholMervftdon¿ tftodio de los principios 
debaeiu ]6gít»7 boeagosloiare b dflduodonytxprt* 
8l<m de noestns ideas en todos los nunos que cobh 
prende el arte de escribir ; estudio, en fin, de las reglas 
que deben dirigir la Tohintad pública y privada en el 
lyeidcio de los derechos y cumpUmieato de las obliga^ 
dones. No pretendemos que esta división esté al abrigo 
de laa oli|jeGiones y dificultades que se han hecho á las 
otras que se conocen; pero olíanos bastaba para nuestro 
intento, que era distribuir y completar las enseñan- 
zas elementales^ precisas parala instrucción del alumno, 
y su preparación á los estudios que corresponden res- 
pectivamente á cada ciencia, aun cuando todas se pre»» 
ten un mutuo auxilio y tengan relaciones de analogía 
6 semejanza que las acerquen mas ó menos entre si. 

Al urente de esta enseñanza hemos puesto las ma* 
temáticas puras, así por sa absoluta necesidad para el 
estudio de la natoraleía, como por la inmensa utilidad 
que sacan de ellas los demás conocimientos y upa gran 
parte de las ocupaciones del hombre civil. 

Comprendiendoenesteenrso laatítm6tica,laálgebra, 
la geometría y la trigonemetría,los discípulos bebe- 
rán de las ciencias eiactu lo que necesitan saber para 
la parte de laa artes mecánicas , de la arquitectura y de 
la agrimensura, que tiene relación con ellas. Pero no es 
sola esta utilidad directa la que se intoita buscar, sino 
el influjo que estos estudios tienen en la formación y 
dirección de ía razón humana. ¿ Quién es el que ya ig- 
nora las ventajas incalculables que produce el método 
matemático , de este método por excelencia , que, va- 
liéndonos de loa términos de ana descripción bien co* 
nocida, marcha derecha y rápidamente hacia su fin, 
descartando cuanto no sirve mas que á distraer ; se apoya 
en lo que conoce para llegar cen seguridad á lo que no 
conoce, no se desvía de ningún estorbo, no deja vacio 
ninguno, ae detiene en lo que no puede ser entendido, 
consiente alguna ves en ignorar, jamás en saber á me- 
dias;y presenta el camino, si no de descubrir siempre la 
verdad de un principio, de llegar á lo menos concertt- 
ilumbre hasta sus últimas consecuencias ? Al modo que 
eon el ejercicio se ensena á andar á los niños , asi con 
ei hábito de disourrir eiaelamente adquiere el juicio 
toda ia rectitud y firmeza de que es capaz. Que los 
maestree desenvuelvan y aphquen á la inteligencia in- 
fantil de sue ataumos la parte filoséficadeeste estudio; 
vendrá á ser una lógioa práctica umversal que sirva 
igualmente en adelante al hombre de estudio, al hom- 
bre és munde, al artesano, al lubricante, al mercader; 
y queíortilIcaBdoftt razón con la costumbre de no ver 
ea las cosas mas de lo que hay 6 pueda haber en elh», 
los liberte para iiempre de ser juguetes del chariata- 
nittno y de loe»enrores« 

lualeá este estudio, en la misma secdoo ponemos 
eíBee eoÉsos respeetívea á te flsica general, historia 
■ttnral, hotániea, quWea y ainendogia, y mecánica 
elemvital : apNeades estos tref> últimos al use de la 
agrie u il ^ n I de las artes y elicios que tienen una rela- 



«•UTElAnRA. 181 

don directa y re^ectin eon éHas. La utilidad de estos 
estudios es tan visible, su inflqo sobre huí fuentes de 
k riqueza pública tan universal, que U Junta no moles- 
tará la atendon de vuestra Alteza extendiéndose en su 
dogio ó engrandedendo su importancia. Estas cien- 
cias con respecto á la formadon del entendimiento le 
ofirecen un medio de ejercitarse sumamente fácil y ex- 
tensivo á mayor número de jóvenes; porque ninguno 
de ellos, por poco talento que tenga, á menos de ser 
completamente estúpido, dejará de adquirir algún há- 
bito de aplicación siguiendo las lecdones elementales 
de historia natural ó de agricultura. Los beneficios de 
su aplicadon á los usos de la vida son tan palpables 
como inmensos ; y los filósofos, que siguen la marcha de 
sus progresos, preven ya hi revoludon que su inflii^o 
práctico y directo va á causar en ks artes, y hacen to- 
dos sus esfuerzos para que su conocimiento se difunda 
por todas las clases de k sodedad, á fin de acderar 
esU época tan feliz. 

Siguen en k secdon mmedkta todos aqudloa estu- 
dios que sirven para k adquisición del arte de escribir, 
que explican los prindpios generales de las bellas ar- 
tes, y enriquecen k memoria con los hechos principa- 
les de que se compone k historia de los pueblos del 
mundo. Aunque la lógica, considerada como d estudio 
analítico del entendimiento humano ; y la liistoria, por 
sus aplicadones morales y políticas, debieran tal vez 
colocarse en la tercera sección , la primera, sin embar- 
go, como arte de raciocinar, que debe servir de base 
y de preparadon para el de escribir; y la segunda, como 
cuadíro ammado por la elocuenda y la imagínadon en 
que se representan vivamente los caracteres y costum- 
bres de las nadónos y de los individuos, tienen su lugar 
conveniente entre los estudios de literatura, y se aso- 
cian oportunamente á ellos. Por otra parte, la Junta no 
pretende en esta clasificación ordenar los cursos irre- 
vocablemente ni fijar el orden de estudios que debe 
hacer el alumno. £n d pian que nos hemos propuesto 
nos basta indicar lasdoctrinas que debe comprendéroste 
segundo grado de enseñanza. En las unas su mismo 
objeto y su naturaleza les señala el orden en que deben 
adquirirse ; y nadie, por ejemplo, entrará al estudio de k 
fisica sin haber antes aprendido las matemáticas, ni 
segiará d curso de literatura sin haberantesestudkdo 
su lengua y k ktina, y la lógica. Al resto de ks ense- 
ñanzas le designarán su lugar los reglamentos particu- 
lares, que se formarán después : por último, la dlstri- 
budon y combinadon de estos estudios preliminares 
debe en gran parte depender de k dkpoddon particu- 
kr, talento y miras de los discípulos mkmos. Quién 
tendrá capacidad para seguir dos ó mas cursos á k vez, 
quién no podrá atender mas que á uno solo ; este ha 
de dedicarse á la medidna, el otro al derecho , otro, en 
fin, á las letras ó á las nobles artes; y cada uno, te- 
niendo que ordenar estos estudios preparatorios de 
diferente modo para llegar á su fin , prescindirá de los 
unos, tomará sokmoite la flor de otros, y seguirá con 



•- v> fc..« ••»4e*- 



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..« »• _, 



182 



OBRAS COMPLETAS DE DON MANUEL iOSt QUINTANA. 



mas ardor y tesón los que tengan mayor infliyo en la 
profesión que ha de abrazar después. 

Hemos creído conveniente reunir en un curso de 
dos años, y bajo el nombre genérico de literatura, lo que 
antes se ensenaba separadamente con el nombre de re- 
tórica y poética. Ningún humanista separa ya estos 
estudios, que tienen unos mismos principios y deben 
ir dirigidos á un mismo Gn. Este es mas general toda- 
YÍa que la teórica particular y aislada de la poesía ó la 
elocuencia, á que se ha reducido generalmente el es- 
tudio en estas clases hasta ahora. No es precisamente 
la formación de poetas ú oradores lo que ha de bus- 
carse en el estudio de la literatura : es la adquisición 
del buen gusto en todos los géneros de escribir que se 
conocen; es el tacto flno y delicado que hace sentir y 
disfrutar las bellezas de composición y de estilo que 
hay en las obras del ingenio y del talento; es, en fin, el 
instinto de encontrar en sus pensamientos y sentimien"' 
tos habituales los medios de expresión que debe em- 
plear para manífestarlosconyenientemente. Así el curso 
de literatura, aun con la mayor extensión que bajo 
este aspecto adquiere , es mas breve que lo que á pri- 
mera vista aparece. Pocos precei^os , y muchos y bien 
escogidos ejemplos, que puedan fijar la atención del 
discípulo y ejercitar su crítica y su juicio : á esto es á 
lo que en nuestro concepto debe atenerse un profesor 
de bellas letras , dejando á la sensibilidad , á las pasio- 
nes y al amor de la gloría el cuidado de perfeccionar 
después los estudios, de encender el fuego y desple- 
gar las alas al ingenio de los que están llamados por 
la naturaleza i enriquecer el imperio de las artes y de 
hs letras. 

Hemos unido á la enseñanza de la literatura la de la 
bistoría. En primer lugar porque no hay ninguna dis- 
paridad repugnante entre las dos, en segundo, por el 
atractivo que tiene el estudio de la bistoría, y por su 
Cicilidad para los que ya han formado y enriquecido 
su entendimiento con los conocimientos anteriores; en 
tercero, en fin , por la necesidad que había en nuestro 
dictamen de economizar cátedras en establecimientos 
que han de muitipiicarse tanto como las universidades 
de provincia. Movidos de estas consideraciones, hemos 
creído conciliario todo proponiendo que los elementos 
de la historia general , 6 el cuadro en grande de las re- 
voluciones, de los imperios y de la civilización de las 
naciones del mundo, sea lo que termine el estudio de 
la literatura y esté á cargo de los mismos profesores. 
A esta clase pertenece también, por su objeto y aplí- 
cadoneSy la ens^anza del dibujo natural y científico, 
^ con que se termina en nuestra tabla. Las ventajas qie 
. de la generalización de este estudio resultan son in- 
finitas; porque, aun prescindiendo de su necesidad para 
los que han de dedicarse después á las nobles artes y al 
ejercicio práctico de las ciencias fisíco-malemáticas, 
todavía para losqueno adquieran masque un uso débil 
ó mediano de este ejercicio tiene mil i^iUcacíones úti- 
les en Ja vida civil : perfecciona el uso de uno de los 



sentidos principales, y enseña á distinguir á primera 
vista las bellas formas, de las formas incorrectas, y á 
juzgar sanamente de todas las artes que dependen in- 
mediatamente de la delineacion. 

La tercera sección de esta enseñanza comprende 
los elementos de aquellos estudios que nos dan á cono- 
cer nuestros derechos y nuestras obligaciones , sea 
como individuos , sea como miembros de una asocia- 
ción formada para adqmrir y asegurar la felicidad co- 
mún de los que la componen ; sea, en fin , como socie- 
dad que está en relaciones con otra sociedad. Los unos 
enseñan los principios de k moral privada, los otros de 
la moral pública, y son conocidos vulgarmente con el 
nombre de ética ó de filosoffa moral , de derecho na- 
tural , de derecho político y derecho de gentes. La im- 
portancia que estos conocimientos tienen se mide por 
la ojeriza con que los miran los tiranos; niñeóme es 
posible que estas fierascon figura humana, á cuya vista 
los hombres son un rebaño destinado á satisfacer sus 
caprichos y sus pasiones, dejen de aborrece* unas 
ciencias que enseñan el verdadero objeto y fin de fa so- 
ciedad, los límites del poder en los que mandan, los 
derechos que asisten á los que obedecen , y la contra- 
dicción eterna en que se hallan con la felicidad pública 
el de^tismo y la ariiitraríedad? La ética sola , como 
lunitada á los oficios particulares de los hombres en 
sociedad , era la que desde muy antiguo se conocía ea 
nuestros estudios; los otros ramos pertenecientes á la 
moral pública fueron desconocidos hasta pasados los 
dos tercios del próximo si^o, en que se fundaron cáte- 
dras de derecho natural y de gentes en algunos esta- 
blecimientos de instrucción. Pero aunque esta ense- 
ñanza se daba por libros imperfectos , y aunque los 
maestros, contenidos por la autoridad, no se atrevían á 
desenvolver los ¡Míncipios y establecer sus consecuen- 
cias con aquella noUe energía que inspiran la verdad y 
la libertad, todavía nuestra corte, asustada con las con- 
vulsiones de la Francia, y temerosa del influjo que po- 
día teñeron los ánimos esta enseñanza, aunque imper- 
fecta, mandó cerrar sus cátedras , y no tuvo vergüenza 
de dar al mundo el testimonio irrafragable de que el 
sistema de su administración era incompatible con los 
principios de derecho natural , y por consiguiente , de 
orden. Gracias, empero, al gruade atractivo que tienen 
estos estudios, y á la aplicación y talentos de los parU- 
cuhures, no han faltado en España luces y prmcij^os 
para establecer veinte años después esta noUe insti- 
tución , que entonces hubiera sido delito imaginar y 
crimen de muerte proponer : institución que, afian- 
zando en sus bases nuestra libertad política y civil , nos 
ha restablecido en la dignidad de hombres, y nos as<y- 
gura nuestra prosperidad y nuestra gloria mientras 
tengámosla didia de sostenerla como ley fundamental. 
Llegado es pues el tiempo de restablecer los estu- 
dios morales y poli ticos al esplendor y actividad qne se 
les debe, de generalizados cuanto sea posible, de unir 
á ellos el estudio y la explicación de h Constitución 



PARTE PRIMERA, 
e es una eonsecuencía j ipIicadoQ de los 
le en ellos se ensenan. De aquí en adelan- 
I que, ezaminando las leyes que le rigen, 
id, su utilidad y su armonía con esos prín- 
ide justicia natural, las observari por amor 
, j no precisamente por la sanción que lle- 
porque cuando es esta sola Is que las hace 
itonces parece que se apoyan mas en la 
nlat&Iuntad.yqne se presta íta justicia 
la tiranía. Harán mas todaria estos eslu- 
arán i distinguir en las instituciones pi>- 
les lo que es consecuencia de la equidad 
os medios mas 6 menos bien combinados, 
r su observancia y sn ejecución. El ciuda- 
las unas como dictadas por la justicia , los 
nspiradospor la prudencia; y combinando 
cion completa del ánimo á leyes que se 
in el respeto y apoyo eiteríor que debe á las 
« viciosas é imperfectas , al mismo tiempo 
aprenderá á juzgarlas y á perTeccionarlas. 
>, el conocimiento de los objetos que cons- 
qneza,padery t^ierza de una nación; y el 
iS principios que deben aeguirse para tener 
iditos y abundantes los canales de su pros- 
tan necesarios en el sistema de la instruc- 
., y tienen Un grandes y tan útiles aplica^ 
no podía dejarse incompleta la enseBanza 
3 ; y ta Junta ba creido que debia terminar 
líos estudios preparatorios de la juventud 
una cátedra en que bajo la dirección de 
¡sor se estudien los principios sistemáticos 
mcias conocidas con ei nombre de esta- 
sconomla política. 

na de estas universidades ha de haber una 
jn gabinete de historia natural , otro de 
I de física, otro de modelos de máquinas, 
rala botánica y agricultura, una sala ú dos 
ijo; limitando estas diferentes colecciones 
de utilidad general yá los peculiares de 
, parano sobrecargar estos establecimieo- 
jo Gostoio ciertamente, y en gran manera 
ilDt medios son absolutamente necesarios 
uua da eeta clase de nniversidades ; y como 
inete 7 b bliblioteca ser públicos , los cu- 
liii ser estudiantes, podrán también sacar 
Mtos algunas Incas útiles, aprovechándose 
!dones que los que tengan cuidado de ellos 
reí no les dejarán de dar á veces, 
nnula la Jnnta las diferentes dificultades 
Irán á este plan. La primera qniíá será el 
r el conjnnto de estudios que oi ¿1 se pro* 
I Injo de instraccion propio para producir 
ias, qun, upirando á saber muchas cosas, 
gana Uen. Estas declamadooes sobre el 
iiperfldtlidad y otras designadonei des- 
son fi^cnntei en h boca d« los pedantes, 
1 de ellas para justificar su paren <i para dar 



- LITERATURA. 1R3 

importancia ; fuerza i sus preten^ones. Sería precisa 
antes de todo determinar bien el defecto contra que de- 
claman. « El saber la mitad de las cosas que hay qito 
aprender en una ciencia no es peligroso, si aquella mi- 
tad se sabe bien ; lo que es malo es no saber nini^ni 
cosa sino á medias. Por poca extendidas que sean lus 
nociones que se tienen en cualquiera ramo de instruc- 
ción, como sean clarasy precisas, y su idea en la mente 
sea bien ¡R'ofunday bien despejada, pueden sin duda 
ser útiles, y jamás perjudiciales; pero cuando el enten- 
dimiento no percibe los resultados de los principios si- 
no entre nieblas; cuando, sin haber recorrido la cadena 
que los une entre si , quiere crearse una eiplicacion, 
entonces escuando por inducciones falsas y analogías 
aparentes se precipita en una serie de paralogismos 
vergonzosos. El hombre que está acostumbrado i no 
satisfacerse sino de lo que concibe con cluriilad , y á no 
repasar sino sobre ideas claras y completas, por muy 
corto que sea el número de ellas que posea , tiene bas- 
tante para resistir ai charlatanismo, que se hace trai- 
ción á ri mismo, por la oscuridad en que se envuelve.» 

Estas consideraciones de un matemático filósofo, 
acostumbrado á examinar y apreciar los progresos y 
efectos de la enseñanza pública en todos sus ramos, 
podrán convencer quiíá á estos hombres descontenta- 
dizos. Porlodemás, nosotros no intentamos que los j<^ 
venes recorran toda esta cadena de estudios en Ib se- 
gunda instrucción, ni ponemos tampoco un coto al 
tiempo que han de gastar en ellos. Hemos querida sí 
asociar los elementos de las ciencias físicas y matemá- 
ticas y los de las ciencias morales y políticas i los de 
lasbellas letras; y en esta reunión nos hemos propuesto 
que nuestro plan , ya muy conforme con el de algunas 
universidades del norte de Europa, llenase Us condi- 
ciones que los lilúsofos del si^^o pasada pedían en los 
establecimientos de instrucción , presentando uuaen- 
señanu completa, cuyas partes todas fuesen útiles y 
pudiesen revenirse d separarse al arbitrio de los que 
hubiesen de recibirla. 

Mayor dificultad para la ejecución se presenta en la 
eacaseí de profesores y de libroselementales. Encien- 
das , las unas poco cultivadas y las otras casi entera- 
mente desconocidas, jcómo encontrar lapordon de 
maestros hábiles que se necesiUn para llenar y dirigü- 
eeta muchedumbre de enseñanzas? Oimo hallar á la 
mano hbros doctrinales en español propios para servir 
de texto en ellas , cuando otras naciones, llenas de tra- 
tados dentificos , se quejan de la talu de elementos 
para enseñarl Estas diGcullades, ^d embargo, no de- 
ben desalentar á la autoridad para la erecdon de uuos 
institutos lan útiles. No es , en primer lugar , necesa- 
rio, y quizá sería dañoso, verificarlo todo á la vez : se 
poede proceder á ¡tantear estas universidades, pri- 
mero en la capital, y después en los parajes en que, por 
la mayor concorrenda de luces ú otras drcunstancias 
favorables, sean mas i propósito para establecerías 
con espsnnia de mas pronto y felli ¿zito. Los estudios 



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484 OBRAS COMPLETAS DE DON 

mas ompÜM qoe se han de establecer en la capital pro- 
porcionarán no solo discípulos, sino maestros el apre- 
cio , las recompensas y dotaciones señaladas á esta 
carrera estimularán á muchos, dedicadosbasta ahora al 
estudio como curiosos, á cultirarle también con el 
objeto de enseñar, y poco á poco con estos medios y 
otros que podrán ponerse en obra se tendrán profeso- 
res á quienes encargarla enseñanza. Lo mismo suce- 
derá con los hbros elementales : en la imposibilidad de 
tener á la vez los que se necesitan, es preciso aprove- 
cliarse de los menos malos que haya por de pronto , y 
esperar su perfección y su abundancia del tiempo , de 
la concurrencia y de los premios con que la dirección 
Je Estudios y la autoridad alentarán á los escritores 
para que se dediquen ala composición de esta clase de 
obras : beneficio el mas grande , el mas importante que 
pueden hacer á su nación. 

Por último, para recoger el fruto que se pretende de 
estas instituciones no basta que la planta de sus estu- 
dios sea completa, los maestros hábiles, los libros cla- 
ros, metódicos y precisos; es necesario además que 
un sistema de organización bien y fuertemente combi- 
nado dirija la enseñanza y la vigile. En ningún tiempo 
de la vida está el alma mas propensa á distracciones, y 
su misma vivacidad la lleva fácilmente de un objeto á 
otro sin dejarla ocupar seriamente de ninguno. Débese 
pues aspirar á excitar y cautivar la atención de los alum- 
nos por todos ios medios que sean dables en una disci- 
plina exacta y severa. La enseñanza deberá ser conti* 
uuada en todo el año , la asistencia rigurosa , pocas fies- 
las mas que ios domingos, la hora y duración de cada 
lección prescritas y puntualmente observadas. El discí- 
pulo, dependiente y sumiso al maestro en todo lo que 
pertenece á la instrucción , estará sujeto á los meaos 
de corrección que se establezcan, compatibles con el 
decoro de los estudios y con el respeto que se debe á los 
hombres aun desde niños. En fin, los exámenes pú- 
blicos, celebrados al fin de cada curso delante de las 
autoridades políticas, han de ser una verdadera prueba, 
y no una vana formalidad, manifestándose por ellos de 
un modo constante y cierto el aprovechamiento y talen- 
tos de los discípulos, y el cumplimiento y habilidad de 
los maestros. 

Tereeraenseñanxa.^^k proporción de loque se sube 
en la escala de la instrucción se va haciendo menos ge- 
neral y se extiende á menos individuos. Ta la tercera 
enseñanza, que comprende aquellos estudios que son 
absolutamente necesarios para los diferentes estados de 
la vida dvil , respecto de la universalidad de la instruc- 
ción primera y de la generalidad de la segunda, puede 
considerarse como particular. Por esto los estableci- 
mientoe ea que se proporciona deben ser menos, aun- 
que de tal modo distribuidos , que su localidad ofireica 
á todoi lot jóvenes que quieran dedicarse á cultivar 
coalquien de estas facultades ana igual propordon y 
íaeilidad para adquirirla. 

De veinte y doi que eran hs universidades en la pe- 



MANUEL JOSe QDINTANA. 

nínsula española fueron suprimidas once porna decreto 
dado en tiempo del rey Garlos lY. Aun de eetas once^ 
considerados los límites á que quedan reducidas en el 
nuevo plan, sobran algunas, y puede cómodamente 
fijarse en el número de nueve para la Península , y una 
en Canarias, donde no la ha habido hasta ahora, y don- 
de parece necesario erigirla en beneficio de la educación 
de aquellas islas. Salamanca, Santiago, Burgos, Zara- 
goza , Barcelona, Valencia , Granada , Sevilla y Madrid 
han parecido que debían ser los sitios en que se esta- 
blezcan, asi por la casi igual distancia que hay entre 
estos pueblos, como para aprovechar ios medios de 
instrucción ya acopiados en los mas de ellos : conside- 
raciones á que puede añadirse el respeto y la venera- 
ción que algunos se merecen por su celebridad literaria 
y su casi inmemorial posesión de ser temploe de ense- 
ñanza. 

Otra innovación nos ha parecido que convenía hacer 
en estos estudios mayores, que es separar de ellos la 
enseñanza de la medicina, y colocarla en colegies ó es- 
cuelas especiales , destinados á la instrucción de la jih 
ventud en los diferentes ramos del arte de curar. Esta 
enseñanza no puede estar bien sino unida á grandes 
hospitales que le sirvan , por decirlo así , de campo do 
ejercicio y de teatro. Allí es donde el número inmenso 
de enfermedades y la diversidad de sus síntomas pre- 
sentan á veces en un mes, en una semana y en un día, 
la utilidad y el beneficio de la experiencia de un siglo; 
allí los discípulos con el ejercicio de cuidar de los enfer- 
mos se preparan y se disponen á asistirlos bien en ade- 
lante; aUí es donde casi al mismo tiempo aprenden á 
recetar, preparar y aplicar los remedios , y donde viendo 
practicar el arte en toda su extensión , se instruyen sufi- 
cientemente en todas sus partes, aun cuando después no 
sedediquen mas que á una. Ahora bien; esta proporción 
no la ofrecen todos los pueblos donde quedan estable- 
cidas las universidades mayores, ios cuales, atendido 
sn vecindario, no pueden tener grandes hospitales. Y 
si á estas consideraciones se añade la de los pocos pro- 
gresos y notorio atraso en que estos estudios se halla- 
ban en las universidades, á pesar de los laudables es- 
fuerzos que alguna de ellas ha hecho para mejorarlos 
y plantearlos biyo un buen sistema; si se obséhra la in- 
suficiencia de la instrucción que de allí sacaban los es- 
tudiantes, comparada con la de los discípulos de los co- 
legios destinados á esta enseñanza , resultará que nada 
pierden las universidades en que se separen de ellaft 
unos estudios en que no habían de hacer grandes pro- 
gresos, y que conviene mucho ala sahid y ala conve- 
niencia pública que queden exclusivamente asignados 
á los establedmientos en que so loi ha visto proq^erar 
con mayor fruto. 

Las enseBanas pues designadas en nuestro plan á las 
universidades mayores son la teolc^íá y el derecho» con 
los estadios auxOiaret, y los estudios comonei á ana y 
otra. Damos el nombre de tozOiarei á los conocintfeiH 
toe que p ro p orcionan las lengouy la historiajlu 



DeMsUidimnoltaÉIogoqDeiMnieljnriila, jnoy*- 
net qsB deben eooititiilr mu ftcallad MpandB. So- 
' I, igotlnaite que proliJB, la eipniioii dtlu 
qm M ftinda cade mu de Ih ttHe&uws 
en nneitn taUí. BIu Mm eildeatei y ae- 
qnien que he (eludido eitu deoduTÜene 
M de estadio*; j iud]e,porq'eiiiplo,Teri 
moa los estsdios teolAgicos por mucitedn 
de prietiei ptslonl y qerciciM de predi- 
MDoeer iliniUBte It anilogii que ertí ba- 
ile con k de Hrmuhs y práctica foraiM en 
ti derecho, y mu que todo, la necettded de 
ijOTeDeiqiiehaa de dedi¿ane despoéaal 
rtonl en toe - riocipiot y elyeto htbitnalea 
icion, y tm aquellu mtximaa de CMMOia- 
I que deben dirigir i loa pánooM en la ad- 
1 de loa iunment« y en el gfriikrBO de m 

iM parecer tai ü tndon mu hif osa qne ttO 
t de historia iteitrfa que le propone en la 

> deonodeloi bibHotecarioa, y Hdirt qna, 
ámUto de h enaeüama en hi nutrenida- 
itesqneaqnffeaeBalan, poco prorecbo po- 
de aquella cátedra. Pero , en primer lugar, 
loa «s maar m la realidad que lo que á 
a ^larece , puesto que no habrá |iud>lo en 
aiverridad mayorno se estableica la de pro- 
ibieado formar entre las doa un establed- 
, ya se leriflca en nn mismo punto la coa- 

> toces y de discípulos sufldente para pro- 
ü aplicadon i la ensebanza propuesta. Ei 
los eatedrátioaa darán á sus ffiadpalos mía 
:en , progresos y estado do la deiwla 6 arte 
i; pero esto neceaarlamente ha desernmjr 
Sn prindpol objeto es coseBar lapartedoc- 
Ditíea del ramo de que están otcargadoi, 
lo bagan tndiCBdon de los autores que bsn 

connas suceso, muchos tienen que ond- 

tÍT,madMMfibros y descolnimientos que pasar en si- 
lencio, los coales al bten de Benol briHo 6 impotanda, 
no btn dq*ado por eso da eontribntr eseotíalawnle á 
fadttiar toe progresos de la denda y al lustre de k» 
hombres nnlne&tes que la han eoltindo despnéi. Va 
cono d« Uttoiii literaria y do HUtograth «pura Ton- 
Ujoaamente «sta Mu. Gn él loa discipnlos Terán n^jor 
el «daca dewitaetenclai con otras, U manera cómo 
ae han atofllado pan sn adetantamiento reciproco , las 
dispotM, la ¡taskmea, los errores que lu ba beebo 
pn^raortf retroceder, y se acoatnmbnnán á aqnellai 
reflnthMWi gOMniei y abstractas qne bnun la meta- 
ffsfe* l«lu artas y de lai etOBcbn . Ilu curias M nci- 
nln UMrk* da mu claridad, mu r«ru, y sobretodo 



jarra 
de los conocimioi 
con grandiosidad : 
daddeale(^eont 
en addante el nob 
tareas. Por úlüno 
capital , donde de i 
luces, Bo podrán 
espíritu humano j 



halbrin siempre e 
yotro, yelconooi 
sen trab^'o y tiem] 

Hemos paesto e 
qne deben lierar I 
m cnalqnlera de : 
mdrersidad maya 
IOS para el teóloga 
kan de tener adqa 
eaactas , de cieocii 
templamos predM 
ciencia qoe han de 
eiceiin y la^ esi 
qne nuestros esto 
pálmente por hita 
del mal gasto qne t 
recbamieoto que s 
qne ae raan despi 
rehacer ins estnd 
que se les debió a 
estudio preparator 
miiar tiempo y tn 
aritmética y geom< 
el de le historia, « 
turaltiCnáldeeD 
y corroborar la raí 
superflm deapreí 
so de Ignorar} 

ra resto de enan 
jrores es i^eto de 
determinarán el m 
el arreglo y dittribi 
cursos , los eiánei 
dea de Us dibrenti 
ñámense gndosm 



tíene en la mano I 
proponerles cea c 
parte algonu ind 
tral,qne, por le i 



Bnloaeatabledi 
eoDSoltadepriiidp 



ím 



OBRAS CiOIIPLiSTAS DB DON MANUEL JOSA QUINTANA. 



cía general de los que aprenden. Más li esto bista para 
los hombres , no basta para la ciencia , la enal en alga-» 
na parte ha de ser eiplieada y manifestada con toda la 
extensión y complemento qae es necesario para lo»- 
tmirse en ella ¿ fondo. Si los mas de los que estudian 
lo hacen para [U'ocurarse una profesión , hay bastantes 
también que estudian con solo el objeto de saber , y es 
preciso á estos ampliarles la enseñanza de manera que 
puedan dar el alimento necesario á su curiosidad y sus 
talentos en cualquiera ramo á que hayan de dedicarse. 
Pero como esto verdaderamente es un lujo de saber, 
no conviene multiplicarlos institutos de esta naturale- 
za , que necesariamente son muy costosos. Basta que 
haya uno en el reino , donde todas las doctrinas seden 
con la ampliación y extensión correspondiente i su en* 
tero conocimiento» y adonde puedan ir á beberías los 
que ténganla noble ambición de adquirirlas por entero. 

Ni es solo limitada la influencia de esta institución á 
la utilidad que dispensa á esta clase de personas. £lla 
es necesaria también para la consenracion y perfección 
de la ense&anza en los establecimientos esparcidos por 
las provincias. Allí tendrán siempre m centro de luces 
á que acudir y un modelo sobresaliente que imitar. Alii 
se perfeccionarán los métodos , se analizarán las doo* 
trinas, se acrisolará el buen gusto. Allí , en fin, se for- 
marán no solo discípulos aventajados, sino también há- 
biles profesores , sirviéndoles como de escuela normal 
de enseñanza pública, donde se formen en este arte tan 
difícil y tan necesario. 

Siendo tales los caracteres y objeto de esta institu- 
ción , en ningún punto debe estar situada sino en la ca- 
pital del reino. En estos parajes es siempre mayor la 
concurrencia de luces y de talentos. La emulación, la 
ambición, el movimiento y la agitación que reinan siem- 
pre cerca de los depositarios del poder supremo , lla- 
man á ellos á todos los espíritus sobresalientes, que, es- 
timulados y animados de mil resortes diversos , se des- 
envuelven allí y se desplegan con mas fuerza y energía 
que en otra parle alguna. Nuestra capital además pr^ 
senta muchos medios de instrucción é institutos de 
enseñanza , esparcidos á la verdad sin unifonnidad y 
sin orden , pero que, reunidos y bien organizados , dan 
mas que promediado el camino para verificar la Insti- 
tución. No cabe pues duda que allí es donde debe co- 
locarse y establecerse el centro de luces y el modelo 
de enseñanza para la Instrucción pública de la mo- 
narquía. 

La planta de sus estudios debe ser Igtia? cu todo á la 
de las demás universidades , así de provincia como ma- 
yores. Por manera que un joven pueda hacer allí su 
carrera literaria en la forma y orden mismo que en ios 
otros establecimientos. Pero sus diferentes enseñanzas 
tendrán las adidones que presenta la tabla que va ade- 
lante para los que quieran comj^etar su instrucción en 
los ramos que comprende. Así, á la clase de ciencias 
exactas, físicas y naturales se waden doce cátedras 
mas, en que se debe proporcionarla enseñanza de to- 



das las aplicaciones del cálculo, y de euanto la anáfi- 
sis, la observación y la experiencia han descubierto en 
el estudio de la naturaleza ; siete á la clase de lenguas 
y literatura, tres á la de ciencias eclesiásticas, y dos á 
la del derecho. Al hacer este aumento nos ha parecido 
que cualquiera economía, cualquiera reparo , era una 
mezquindad indecorosa , un verdadero robo hechoá la 
instrucción , tratándose de crear un foco grande y co- 
mún para esparcir y extender las luces en toda la mo- 
narquía. Así , en vez de suprimir ninguna de las ense- 
ñanzas que comprende la tabla en este articulo, creemos 
que con el tiempo se añadirán algunas , que ahora dos 
hemos abstenido de proponer, atendido el estado de la 
ilustración actual. 

El resto de las facultades y profesiones que corres- 
ponden á la tercera enseñanza se dará en los colegios 
y escuelas particulares que hay ya fundados particular- 
mente para ellas ó que se pueden instituir de nuevo. 
La Junta no ha querido, en el artículo que las corres- 
ponde, indicar en general mas que el objeto de estas 
escuelas especiales, su número y su localidad. Para 
esta especie de circunspección ha tenido presente quo 
en la mayor parte de estos colegios, ya conocidos, la 
planta de estudios y sistema deenseñanza estfn funda- 
dos sobre buenos principios, y que, por consiguiente, 
no había necesidad de tocar á ellos ; que para cualqmera 
reforma, adición ó alteración parcial que convinieso 
hacer era mejor meditarla con asistencia ó á propuesta 
de los profesores de la&cultad respectiva ; que, en fin, 
estos mismos, en los reglamentos particulares que ha- 
brán de hacerse para uniformar el sistema de instruc- 
ción en la parte que corresponda á cada ramo, dirán 
cuáles estudios preparatorios debe Uevar ya hechos el 
alumno que aspire á aprenderle. 

En cuanto al número y localidad de estos institutos, 
hemos llevado por principio el conservar lo que hay 
establecido, y distribuirlos según la importancia y ne- 
cesidad de sus enseñanzas , combinadas coa el costo quo 
han de tener los establecimientos. Por esta razón se 
asignan cinco grandes escuelas á la medicina y cingia 
reunidas, cinco á las nobles artes, cinco á la ense- 
ñanza del comercio , tres á la astronomía y navegación, 
dos á la agricultura experimental , dos á la geografía 
práctica , uno á la música , otro á la veterinaria. Los ya 
conocidos se dejan en el paraje en que hoy están; los 
que se proponen nuevos, se sitúan en los sitios donde 
parece mas análoga y mas oportuna la enseñanza. Así, 
se colocan las escudas de comercio en los panyes ea 
que esta profesión es mas común , y por consiguiente 
hay mas necesidad de saberla por principios; las dos 
grandes escuelas de agricultura en el norte y en el me- 
diodía del reino, porque así el plan de sus observacio- 
nes y experimentos se arreglará al diferente sistema de 
labores y de producciones que debe exigir necesaria- 
mente la diferencia de clima y de terreno. La.enseoansa 
de la música, como arte en que ipfluye tanto la concur- 
rencia, el gusto, y aun el lujo, en lacorteí jaUi miaoM) 



PARTB FRUERA^UTBIIAI 



i«dB eaietr solved mlf- 
!o lirrió pan al de hi- 
le Nobles Artes , qas se 
olocs en Senlla , empo- 
irtas en España ; patria, 
wcoela , domicilio de Velaiqoez 7 de Hurillo , ; donde, 
■ pesar del olvido y abandono en qne te ban dejado es- 
tos estudios , rehira todavía la aíicioD j aun el genio 
que los animaba. 

Sentadas asi las bases principales de la dÍTision 7 dis- 
tnbocíon de la enseBanza , pasa la Junta i hacer algu- 
oas indicaciones sobre medios de instmccion y sobre 
la dirección y gobiwno de los estudios públicas. 

MEDIOS T DIRECCIÓN DE LA INSTRUCaON 

Maestros , libros , métodos, pensiones , recompensas, 
fondos, dirección y gobimio, ion los medios de que 
necesla la instrucción púUica para organiíarse y mai>- 
dnr. Los Kbros j los métodos , como objetos particn- 
lares que deben examinarse ; datermioarse después de 
aprobadas y planteadas las bases generales , no correa 
poodeQalplanquesehapropuesto la Junta. En cuanto 
i maestros ha creído que solo debia ñjar su atondon el 
modo de asegurar su capacidad, su iodependenciay su 
EobaisteDeia. La primera se conseguiri no dándose los 
citedras sino por oposición y por el érden rigoroso de 
cemra; la segunda, no pudiendo ser separado un 
maestro de su citedra sino por causa justa y competen- 
temente probada ; la tercera, en fio, doliodolos suflden- 
temente paraque puedan vivir con comodidad y decen- 
cia, y aseguréndoles una jubiladoQ decorosa con que 
descauíeQ y vivan cuando hayan cumidido el tiempo de 
su enseñanza : bases todas tres de una necesidad tan 
absoluta y de una justicia tan evidente , que seria ofen- 
derá] respeto plUilico detenerse á probarlas en d reina- 
do de la verdad, de la libertad y de la justicia, 

UoBcosaproponemoeen estaparte, que se extrañaría 
tai vei como ana grande innovadm opuesta , si no i 
lo* pnvilepoi, por lo menos i la costumbre de casi 
todos nuestros institutos literarios. Esto es, que las 
opoaidones á todas las citedras del reino se bagan en 
Madrid ante el cuerpo eiaminadw, que se nombraré 
todos los años por la direcdon geneñl de Estudios. Las 
roones que nos han persuadido esta institución son las 
tigiüentes : primera, que establecÍ(»ido un centro co- 
anm de oposidon y de eximen, se asegura mayor con- 
mmocia de asinrantes, y con ella una oportunidad y 
EadUdad nwyor de hacer buenas decciones ; segunda, 
poique en un objeto de tanta importaoda se destruye 
•tel espirita de cuerpo y de [ffovincia, que cad siem- 
re influye para no admitirá oposición óno hacer jus- 
ieia en dU á loe concurrentes que rienen de otras par- 
ea y 00 han sido lonnsdosen ül misma universidad ó 
B loa mismo* estadios; tercera, porque, dendolaca- 
áUl d c«ntn> común de hs locei y tí paraje donde 



bandeeHi 
denda del 1 
cátedra dir 
don según I 
nodmientoi 
gresoe y la 1 
porque de e 
truidos y ca 
ellos en el j 
con motivo 
BUS tdentOB 
tinos y com 
con ventaja 
radones no 
gunalasqn 
de la conveí 
un caso mv 
debe tener 1 
ral. Ad que 
tesconcnrs 
reforma qoi 
Cond m 
tirso aquell 
cadon de I 
líenles , y li 
Junta, des| 
esle punto , 
ros debia si 
con la ulill 
profesión. I 
mo que env 
deuondoD 
lu sociedad 
tico los boa 
fesiondeei 
ensumism: 
minudon ( 
maestros q 
mas disdpi 
pasito para 
En el caso 



tacion igui 
[rutar desp 
sin perder I 
sidady dei 
Eucuaní 
debían anii 
penstooest 
universidaí 
universida 
reino yad 
complemei 
salido. El I 
caota.dn 
nados en li 



OBRAS COMPLETAS Dü DON 
lO eomo hI parecer ptcb «ita chíe d« 
hemos tonldo presente que estas pen- 
is , y Ii» premios para ser estimados y 
ino deben prodigarse mucho; hemos 
lado que el Estado, en proporcionar 
nza i todos los ciudadanos , liacia todo 
odia en favor de la instrucción; que 
isto sería uq exceso de generosidad y 
igual entre las atenciones públidS, y 
Bto;y, enBn, que las excepciones en 
ser pocas, y solo en favor de aquellos 
» de cuyasplicacionycultiiosa es- 
I bellos j colmadoi frutos. 

N GENERAL DB ESTUDIOS. 

ictonal, que «stablece una dirección 
ios á cuyo cargo esté , bajo la autori- 
la inspeceitm de la enseñanza pública, 
toado número, atencionesyfaculta- 
dúos qae han de componerla. Estas 
ler objeto de una ley fundamental , en 
«td de prescribir uno de tos medios 
baeer que la enseñanza fuese unifor- 
icríbe el articulo que la precede. Can 
repugnante que el sistema de gobler- 
>ra be presidido á nuestros estadios, 
snto tenia su dirección diferente , cada 
diferente ministerío; y la discardan- 
•t, la desproporción de los arbitrios, 
nesfiíerzús eran consiguientes i esta 
cion. 

trden DO debe subsistir de boy en ade- 
atracion económica y gubernativa de 
I debe estar^i cargo de un cuerpo qne 

reglas fijas y confonnes. Las aten- 
comisión encierra son tantas en nfr- 
mportancta, que nos ha parecido qna 
lar con menos de cinco individuos , y 
IOS delmin estar absolutamente exeo- 

otra ocupación y de cualquiera cui- 

lueoa distribución y versación da tos 
los i la instrucción, interveniren las 

1 cilednu , formar tos planes y regla- 
lizacion, cnidar de la mejora de los 
redacción de buenas obras elementa- 
mi uso , distribución y aumento de las 
eu del reino, Tiaittr lo* eetabled- 
anza,dar,eD fin, anualmente cnenta 
nadon del estado de la instrucción plü- 
HH- mayor hti atribuciones de nna di- 
le Eatudios , y por m enumeración se 
¡ion, cnanto celo ycoánta capacidad 



I nonlwtri eMa vez porai mismo , pero 
ra Ihoir tea vacantw se reonirin los 



HANUEL JOSfi QULNTA.NA. 
denis directores, el presidente y dos IndWiduoa i» U 
Academia Nacional , y juntos harinal Golñemo la pre- 
puesta da tres sugetos, entre quienes debwi recaer la 
elección. Asi creemos que se evitan en el modo posible 
las intrigas, manejos y parciulidades que suelen ser tan 
comunes en los nombramientos que se hacen por pocae 
personas ¡ y que se concilian mejor los diferentes res- 
pectos de instrucción, capacidad, virtud y celo, que son 
indispensables para estos deslinos. 

Nsda proponemos en cuanto i sueldos, honores y 
prerogativss : las Cortes, atendida la alteza y gravedad 
de este encargo, lesseñalardn los que tes correspondan; 
pero nos ha parecido que no debíamos olvidar una, por 
serconsiguienteila dignidad, y sobre todo í la inde- 
pendencia que deben tener estos funcionarios, y es 
que no pnedan ser removidos de sus plazas sino con las 
formalidades prevenidas por la Constitución para la re- 
moción de los magistrados. 

La Junta insiste mucho en esta independencia que la 
Dirección genwal debe disfrutar en el ejercicio de sus 
atribudones. No ciertamente para que sus Individuos 
sean Arbitros da alterar i su antojo los planes y regla- 
mentos de enseñanzas , ni para que como déspotas dis- 
pongan de la preferencia y del destino de ios empleado! 
en la Instniccion. Estos abusos estdn evitados con lo 
dispuesto en las bases acerca del inllt^o directo y ne- 
cesario que la Academia Nacional ba de tener en la parte 
cientlGca de los reglamentos, y con las formalidadec 
que han de establecerse para el nombramiento y remo- 
ción de los profesores. Psro no bay otro medio de cont- 
binar la estabilidad de los estudios con la perfección 
tnceaivaque tos adelantamientos científicos tes procu- 
ran, que esta independencia casi absoluta de la potestad 
qecutiva. Es verdad que le Constitución pone bajo la 
dirección del Gobierno las fiíDcioaes de la dirección; 
pero esta autoridad se ejercerá debidamente despa- 
chando los títulos de los catedráticos, promulgando lo! 
reglamentos que aprueben las Cortes, y protegiendo y 
asistiendo las disposiciones económicas y gubeniatiTa] 
que Id necesiten. Fuera de estos extremos, toda inter- 
vención , todo influjo del Gobierao sobre tos estudios 
producirá en ellos los elsctos de la arbitrariedad y tira- 
nía. La verdad sola es átil , el error siempre es un mal ; 
su eiámm y su conocimiento dependen enteramento del 
libro ^ercicio del entendimiento humano i jcon qué 
derecho pnes, ó conquéeonflaDztToidrAnna potestad 
pública, cualquiera que sea, i decidir y deltroiioit 
aquí osti la vordad , alU el orrorT 

ACADEWA NACtORAL. 

SI á alguna corresponde ea esta parte gtiiar y amiiif 
á la Diracdon es al grande cuerpo cleHlifico que con d 
nomlve de Academia fbctonal proponemo* se eatt- 
Meica en k capital del relao. Ed él daban nApaSru te 
aeaderaluexlBtenlM, rsmilmloBhimbret HMdM»* 
gnido* enciaiMiM, ialru j aitM; joouwooDitfndnr, 



t»ARTB PRIMERA.- 
or de los conociroieQtAS ho- 
on DacioDal i toda b altura 
lo civilizado. 

formar causa á los estable* 
jfluus Duxc nosotros para facilitar los 
« délas letras; de Tas artes; antes bien reco- 
noce gastosa los serrlcios que la lengua, la historía 
nadona), U construcción y el ornato ban recibido de 
lis grandes academias de la capital. Pero todas eran 
unos institutos aislados que no tomal»n fuerza niu- 
guns del auiilio 7 correspondencia de los demás cono- 
cimientos ; no se andaban entre si , 00 estaban dis- 
puestas para ello ; ; con TergQenxa de las letras , con 
desdoro y atraso de los cuerpos mismos, osaban alli la 
sangre y los honwes, nidos é indolentes , ocupar las si- 
llas destinadas i la aplicación 7 i los talentos. 

Entre tanto á las ciencias les faltaba santuario. In- 
tentóse en diversas ¿pocas , 7 se presentaron proyectos 
parafundaruna grande academia donde se cultivasen 
en común, í imitación de las que habia en otras partes 
de Europa. Todos estos esfuerzos fueron vanos : la ig- 
norancia, la preocupación , el fanatismo, los inutiliza- 
bao. Los edificios empezados i construirse con tanto 
aparato en aquellos momentos defavorqne estos pro- 
7ectos tenían, eras después aplicados á nsos viles ó 
abandonados á las manos de la destrucción y de] tiem- 
po. El museo 7 el observatorio en la capital aun no es- 
taban concluidos y ya amenazaban mina. 

Llegada es ya la época de dar á nuestras academias 
•qnella planta magnifica y grandiosa que es conforme 
i la dignidad 7 elívadon de nuestras nuevas institucio- 
nes ,7 consiguiente i la ilustración de la Europa. 

Desde que la raion, ayudada de la Ulosoífa, se ha 
convencido de gne el árbol de la ciencia es uno, de que 
lodos los conocimientos se enlazan entre si por un tronco 
común y se prestan mutuo apoyo; de que unidos se 
engrandecen, 7 aislados se anonadan; la idea de esta- 
blecimientos semejantes al que proponemos ba sido 
repetida por los ñbtos 7 por los polilicos, 7 puesta 
CD ejecución en alguna capitel de &iropa con un éiito 
qne solo podia inutilizar ó disminuir la feracidad gro- 
sera de la tiranía militar. Asi, nuestra Academia Na- 
txaat « d último grado de instmccion que se propor^ 
dona á los cultivadores de la sabiduría : ella inlluye en 
todas las edades de la vida 7 en toda la nación á la vez ; 
ni le Emita i esta ciencia, á esta arta, áeste talento: 
todos los abriga, en los progresos de lodos se emplea, 7 
con la reunión de todos da fuerza, riqueza 7 extensión 
á oda uno en porticnlar. A ella irán á confirmarse y 
rdiostoeene los ensayos inciertos de la eiencia que co- 
mienza; ella oHitrlboirá coa sus tareas á losadelanta- 
■lieatoB de h deuda qus progresa ; 7 eHa conserrari 
I« deecobrimiaitos sublimes 7 los prindpios grandes 
fU la conuHD y li perpetúan. Puesto este cuerpo en 
h cjpittil , conititnido centro de una correspondencia 
fauteif Ubre y continuada con todas las provindasdd 
nlm } Mn ka wóedtdei Hbiu dt Bnropí; ooo- 



■LITERATtmA. 
pado dempra en recoger, fomi 
los descubrimientos fltiles, 7 1 
miento nuevos medios de mu! 
los progresas del saber, será ¡ 
por el privilegio legítimo de su 1 
reconocida, el gran propagad 
verdadero legislador de los m£ 
dri su asiento, 7 desde él obrai 
Boenda moral que la instmo 
nion, contada pw algunos enl 
de nn estada , y que mas fiíBrte 
ellos, sirve maravillosamente t 
sobre todo á contenerlos. 

La Junta no te detendri en pi 
veniencia de todas las bases qu 
nizadon : su solo contexto las 
Bastará solo indicar que si ba p 
de un número fijo de individuos 
demasiado reducido, es porqut 
ceria de actividad, 7en el sej 
servirían de emuladon, 7 tendí 
vez que no ftiesen acertadas, d 
trabajos de la Academia á la im] 
al mal gusto de unos pocos. Pr 
clasificados en tres secciones p 
sion antes adoptada délos cono< 
una con su director y su secret 
bajos se siganconla ignaldad, t 
dos y pare que la actividad y o 
deemulacionydeestlmulodlaB 
también que las elecdones se I 
libre votedon de sus individuos 
tud por parte de tos candidatos 
y pruebas públicas de aplicacio 
mero h emos tenido presente I a p 
casi todos los cuerpos cientlíic 
Paralo segundo, eicuserdlos 
por su celebridad y sus méritos 
estos asientos, el rubor y lasges 
SBsdepretendientes.¿Naseriai 
por no decir ridiculo y vergon: 
pues de escribir su Quif ole. Ha 
laso sus églogas, y Uurillo pL 
Caridad, tuviesen que preseí 
memorial reverente para comí 
demia é ilustrarla con sus taleí 
bas púMicBS, en fin , sobre que 
nos parecen ser un requisito n 
gurar el mérito de las elección 
dri sin duda alguna errarte ui 
fi la Academia sugetos que n 
como algunos que pw eutom 
pero como los títulos de unosy 
estol títulos duran 7 están liei 
balanza de la opldm, d enru 
te corregiri nÜBtna; 7 pned 
iiUo ni literato ni utiiu disi 



OBRAS COIin.ETAa DE DON 

1 y eo Europa , qae tarde 6 lein- 
at soa ptret i Bcompañarlos an 



'0ND05. 

¡orrido los direrentei gradM de 

baber ÍDdicado las beses prí- 

1 orgftnizacíon , después de pro- 
Dciptos de su gobierno en la di- 
dios, y traado, por decirlo asi, 
I en la Academii Nacional , res- 
al modo de mantener toda esta 
s fondoa 7 la cuota que debían 
ecemos, empero, de los datos j 

part poder fijaren la materia 
Sería preciso en nuestro dicta' 
a nota circunsU ociada de todos 
capiUles y arbitrios destinados 
entre nosotros, y comparar su 
sentB el plan que proponemos, 
ue hubiese , si es que resultaba 
I economía estaría de nuestra 
s cierto el atraso y la nulidad i 
e ramo tan importante de cívh 
. lo es también que se jvodiga- 
ierto inmensidad de caudales á 
al fomento de las ciencias y de 
on ninguna de Europa era tan 
humano como la española, j 
nbre infinita de unÍTersidades, 
degios, seminaríoB, pensiones, 
s, escuelas, ensayos, najes y 
sostenido por e) público y por el 
y oro , es ficil conrencerse de 
B las riquezas, los sueldos, los 
progresar los estudios, sino la 
slema, la üustracion, en fin, de 
su Trente y los gobiernan, . 
lado que hemos hecho del costo 
los diferentes establecimienios 
L enseñanza pública, bemos ña- 
B treinta millones de reales, no 
las escuelas de prímerai tetras, 
y sostenidas por todos los puo- 
ttn de una designación positiva 
La Junta ba creído que d debían 
I destinados á la instrucción á 
iúon general de Estudios , para 
stribu^ según la eiígencia de 
plíendo el tesoro público el dé- 
r; 6 que, iacorportndose estos 
inates, las dipuiadonei de pro- 
naeroa que sirvan al mimo ob- 
Imodo dicho; d que, snfia, h 
(o á lu ctwtrilncloiM Ndina- 
icitm t y M producto h ponga i 



MANUEL JOSfi I 

disposición de li 
vuestra Altea el 
pósito, 6 bnscari 
bacion del Congr 
insiste es eo la « 
y distribuirse «SI 
bri ni subaistenc 
sin ana cosa ni ot 

No bemol bab 
entre las bases, 
proporcionane i 
dícar que las dip 
estableclmioitos 
entiende que, al < 
bres, que conviei 
ser privada y do 
relaciones con la 
píamente dicha; 
de ella era necesi 
da diferentes príi 
después ala con; 
vados y de famili 
cia, puesto que d 
licidad de uno ; ( 
inspección , ni nc 

Por la misma I 
cularmente de c 
institutos de ens 
sea uniforme á I 
Bajo cualquiera 
entraban en núes 
elaciones privad 
las reglas genera 
de educación en 
la distribadon dt 
objeto tanto y mi 
raria. 

Tennina, en Qi 
tablecercondos 
conveniencia y m 
de este plan de ei 
con la aroplíacioi 
locatidad y á la 
sóbrela circuns[ 
irse establecieudí 
circunspección t 
paso de la instru 
convulsiones, y s 
pueda quejarse ( 
baber edificado d 
tiguosnodebeni 
vayan estableciei 
lupresion , los in 
eUot y queden sil 
OH ddMn ugnlr 
•jamplo da «quid 
iucloiia1«i)Hn 



da, ; enirtMlaila gienemameate el estandarte de la li- 

' - ■ ■ - ■ )Q que el occideDte de Europa 

o de sus cadeDKS antiguas y á 



ruRA. m 

¡orno leyes los antí^os de h (Irania. Dóblese 
i impulsos de vuestra Alteu, y endéndase el 
¡uie al entendimiento en los caminos de h 
•i saber, al tiempo en que los pueblos que ss 
ilfiados no rehiran ñus que guerra y que 
li tienen , al parecer, otro objeto que volverse 
1 la noche y confusión de los siglos de vi<^ 
barbarie. Demos, señor, los españoles este 
pío de virtud y de raioa en mei^o de tantos 
comonosrodean.Nose arredre vuestra Alteza 
llamares estúpidos de la preocupsciou y dd 
n los manejos pérfidos del egoísmo, ni ano 
cuitados j desalieato de nuestra situación 
pasos de los conquistadores se señalan en la 
a desolación y con la sangre ; los de los le- 
r administradores beuéQcos, con laprosperi- 
abundancia y con las luces. T tal es el ii>- 
¡enen los esruerzos del entendimiento hu- 
a fuerza con que prenden las semillas que 
le aun después del estrago que llevan cou- 
mentas politices y el TrenesI de las pasiones, 
^adaña de la devastación no alcanza i sus 
s plantas bienhecboras vuelven, retoñando 
irzB , á consolar la tierra con su amenidad y 
iría con sus tesoros, 
de setiembre de 18i3. — UartinGotualiM 

deNavat.^Jeaé Vargtu yPone». — Eugenio Tapia. 

— Diego Clfínenein, — Jtamon dt ta Cuadra. — Jfo- 

nu«I José Quintana, 



iRAS COMPLETAS DS f)0?J MANUEL JOSÉ QUINTANA. 



ida momeDto el espectáculo 
lidad, ni b repugnancia Íd- 
r iateligente ú que le maude 
la estapidez? Ellos podrán 
lombre; pero detener j tor- 
stracian... [insensatos! Las 
ito porsu locura, recobran- 
llan los ranos parapetos que 
tveo i regar los campos del 
indancia que primero. 
id, el Estado se recompone, 
restituidos á sus sillas. Una 
I Alé la instmccion pública, 
imero eo comisioneB partí- 
an diferentes sesiones, taé 
minarse la segunda legisla- 
icurso tratar menudamente 
las impugnaciones que ha 
ventajas j su importaDcia. 
tsino, y por otra parte i la 
nto le corresponde aplaudir 
cumplir. 

)Io á nombre , tino también 
ales unirersidades, japor- 
ne en la espede de nulidad 
traído no presentaban tüa- 
cesaría reforma, ja porque 
medios de instrucción que 
, ja , en Sn , porque tamUen 
'enerable ancianidad, j no 
la prescripción antigua. Esta 
a será del todo condenada 
in hora en ana dedamaeion 
tH del saber ; dígase que s« 
le au aotigiia gótica rudeía 
ni nn pedestal , ni un arco 

«stnrieie ya pronto y dis- 
fllegantfl en que abrigar los 
lo, fuerza era raanlener los 
á lo menos para no lentir 
aclo de la educación ; por- 
B príndpalmenle en la ios- 
nejorarquedestniir, ime- 

perderlo miserablementA 

iBÍTerridad«B «ra indepen- 
las las qne no fuesen nec»- 
pleta de las q<M habian de 
gdió en seguida i sentar las 
larse la reforma, llenando 
• la filosofía elige en todo 
nsüanza pública , i saber : 
c(« las latras, porque sin 
la lueea populare*, lilas 
le dt lu duielts «ntn »i, 

1 wU «ntace, 7 d él soto ae 
M¡ ít)dep«BdeBaÍi,f«' Al- 



limo, en los profesores, no para que i 
reglo j formas generales de la ensenan 
TacioQ está encargada á la autoridad su 
que el espíritu de cuerpo ni los vicie i 
y para que la enseñanza , eo vez de t¡ 

estacionaria, como sucedía en lo antig.. , _„_ 

siempre en su curso al nivel de la ilustracioagenml. 

Sobre estos principios de eterna convemencia se ar- 
regid la planta de estudios en las nniversidades. Des- 
pués se determina su distribución por el teiritorio, aten- 
dida la utilidad de los cursantes y la proporcim que pre- 
sentaban las provincias. Has si esto bastaba para los 
hombres, no bastaba para la ciencia, la cual en alguna 
parte debia ser manifestada y explicada en toda su ex- 
tensión y complemento ; porque si el mayor número de 
los que estudian lo bacen para procurarse los niedios de 
desemp^ar una profesión útil y decorosa en la socie- 
dad, bay también no pocos que concurren contólo el 
objeto de saber , y es necesario ampliarles la enseñanza 
de modo que puedan dar á su curiosidad todo el ali- 
mento que anhelan , y á sus talentos toda la facilidad y 
proporción que para formarse necesitan. 

No podia caber duda alguna en que el punto de colo- 
cación para un instituto de esta clase debia ser la capi- 
tal. Losdiferentes estudios esparcidos en ella , y loa mu- 
chosygrandesmediogdeinstruccion acumulados aquí, 
especialmente en ciencias naturales, daban mas que 
mediado el camino para llegar á realizar el pensamien- 
to. Por otra parte, la emulación, el movimiento y agi- 
tación continua que reinan siempre cerca del poder su- 
premo y de los grandes establecimientos gubernativos, 
llaman á la capital i todos los espíritus sobresalientes, 
que excitados por mil estímulos diversos se deseovud- 
veo y nurcban con mas fueru y enei^ia. Aquí pues 
ddiia situarse este centro de luces, este ntodelo de in^ 
tmccion , no solo útilísimo por su influjo acetre los ío- 
divídaos sedientos y ambiciosos de saber , sino también 
necesario para la conservación y perfección de la buena 
enseñanza en el resto de las escuelas ; porque aquí ten- 
drían siempre un depósito de excelente doctrim odoo- 
de acudir ; aquí , A ejemplo de sus emiaentes profeso- 
res , se formarían hombrea bibíles en el arte de ense- 
ñar; aquí se analizarían los principios , se mqortrían 
losmétodos, se acrisolaría el buen gusto (i). 

Tal es , señores, el objeto y carácter de la nniversK 
dad que ahora nace. Es cierto que lo «* mecida en sa 
cuna por las monos poderosos y voliestss que fundonm 
y dotaron entre nosotros los mismas instituciones «a lo 
antiguo. El primer plantel de estudios gwendes que se 
conoció en Castillo se debió i aquel Alfonso que derro- 
có el poder agareno en los Navas de Tolo«a,ifuépor 
su generosa coDdíciou llamado el Noble. Si echamos la 
vistailaiBÍvertidad de ffBlsmsnra . w la Tf halagada 
en sol iHtoc^ios y protegida á porfió por tí gran emt- 
quMadtrdaSatáay peraÍMgiiBto legísMor Asías 
Partiiai. QooabNpanaliaiFniliMlnde F4iaatt> 
do el CalóBoo Ür*» 4« iMfd « hs Mcoehs de VDeada, 



tnleutf&s que las de Afeatá se ensoberbecen de deber su 
fondodon á aquel varón extraordinario que, religioso 
primero, confesor de una reina y cortesano después, 
prelado, ministro al fin y gobernador del Estado, tuvo 
todas las virtudes, reunió todos los talentos, y por la 
capacidad de su espíritu, por la energía de su carácter 
y por stxs eminentes acciones se levanta igual en fama 
con los dos altos personajes entre quienes le preséntala 
historia. 

No así nuestra universidad : simples ciudadanos sin 
nombre y sin poder la idearon , simples ciudadanos de- 
cretaron su existencia', simples ciudadanos, en fin, la 
realizan y plantean. Pero si al rededor de este instituto 
tto resplandecen ni la majestad ni el poder ni la cele- 
bridad de monarcas victoriosos y opulentos, lo que le 
falta respecto de los personajes , lo suple, y con harta 
usura, la dignidad de las cosas mismas en que reconoce 
su origen. La universidad Central es obra de la nación, 
nacida con la libertad , producto de la ilustración y de 
la civilización de los siglos. Delante de estos objetos tan 
grandes , de tan poderosos agentes , toda altura se aba- 
te , toda celebridad se eclipsa ; y si los demás institutos, 
ufanos con el renombre de sus fundadores , quieren en 
esta parte rivalizar con el presente, habrán de ceder 
vencidos cuando comparen la grande distancia que hay 
entre las cosas y las personas, entre las naciones y los 
individuos, entre las leyes y los privilegios. 

Aun es mas enorme la diferencia si se aproximan 
las épocas y se comparan las bases. Lejos de mí la inten- 
ción, tan Inoportuna como pueril, de insultar á aque- 
Das corporaciones venerables, y de renovar ese cansa- 
do proceso que se les ha estado haciendo por la barbarie 
de los tiempos en que se fundaron , por los malos prin- 
cipios en que se constituyeron , y sobre todo por aquella 
resistencia de inercia que opusieron siempre á losnue- 
Tos descubrimientos y á los métodos mejores : efecto 
ioevitable del amor propio, y mas todavía en los cuer- 
pos enseñantes, despreciar altamente loque por mucho 
tionpo hemos ignorado. Mas grato me fuera sin duda 
presentar generalmente á las universidades como los 
edabones que en el inmenso vacío y lobreguez de la 
edad media enlazan la civilización antigua con h ilus- 
tración moderna , como monumentos que comprueban, 
aunen medio deaquellos tiempos feroces, el homenaje 
qoe el valor y el poderlo tributaban al saber y á la ra- 
soo ; en fin , como la gradería que , aunque informe , ha 
aervldo de punto de apoyo al ingenio para desplegar sus 
alas y alzar el vuelo tan alto en las regiones de la sabi- 
duría y de los descubrimientos. Y contrayéndome par- 
tleularmente á las universidades de España, diría que, 
floreciendo á la par que las demás de Europa en el si- 
fjk> zvi, quizá las aventajaron en erudición , en gusto y 
en doctrina. De Salamanca , de Alcalá , de Yalladolid y 
de Valeneia salieron formados , como de excelentes ta- 
lares, loe sabios que constituyen neestra celebridad B» 
tovia en aqñelbi edad tan ponderada. No sofo se sé- 
aalaban en teología y juríspmdenda , en qoe eran 



-LítfeRAtüRA. ^3 

eminentemente doctus, sino que dcompaiíjiron la gra- 
vedad de estos conocimientos con los estudios auxiliares 
de las lenguas sabias , de la erudición antigua, de la fi- 
losofía y de las matemáticas. Y cuando se esparcieron 
por el mundo en los concilios, en las escuelas, en los 
concursos y en los libros, se hicieron estimar y respe- 
tar, y honraron el talento español por todos los ámbitos 
de Europa. Mentar los nombres célebres de Nebrija y 
de Brócense, de Luis de León y de Salinas^ de Anas 
Montano y de Antonio Agustín , de Francisco Yalles^ de 
Ponce y de otros ciento, no es porque haya necesidad 
de recordarlo al concurso que me escucha , sino para 
tributar con mis palabras á aquellos hombres emíneu- 
tes el feudo de respeto y gratitud que les es debido por 
su saber y por sus rírtudes. 

I Dónde están los progresos que tan bellas disposicio- 
nes anunciaban? ¿ Porqué los que antes eran tan grandes 
se ven después convertidos en pigmeos? ¿Cómo es que 
se hallan tan lejanos del templo de las ciencias, en cuyo 
vestíbulo se habían presentado con tanto esplendor y 
bizarría? Triste fuera por cierto espaciarnos en la his- 
toria de nuestra ignominia; tríste haber de presentará 
nuestras universidades sumergidas otra vez en el caos 
tenebroso y semibárbaro de un pragmatismo servil y de 
un escolasticismo espinoso ; tríste ver en ellas corrom- 
pida la elegancia, olvidada la crítica, desatendido el 
estudio de la antigüedad , desconocida la naturaleza fí- 
sica, despreciadas las ciencias positivas que la explican 
y la ensoñcrean ; y no tener por útil ni por grande sino 
aquel sistema de cavilosidades pueriles en que se cifra- 
ba la ciencia de la disputa y el arte de embrollar todas 
las cuestiones por medio de una interminable contro- 
versia. 

¡ Y esto , señores , en qué tiempo ! En aquel siglo que 
resplandece tan grande en los fastos de la inteligencia 
humana por los anchos cammos que supo abrírse en los 
campos de la naturaleza y de la verdad. Entonces es 
cuando Galileo en Italia perfeccionaba el telescopio , y 
con él conquistaba los cielos; cuando Keplero en Ale- 
mania arrancaba á los orbes que vagan por ellos las le- 
yes con que se mueven; cuando Bacon en Inglaterra 
hacia el cómputo filosófico de los conocimientos huma- 
nos , y señalaba magistralmente la senda que debia se- 
guirse para su perfección y su aumento ; cuando Des- 
cartes, aplicando la álgebra á la geometría, Newton y 
Leibnitz, inventando el cálculo infinitesimal, acrecen- 
taban prodigiosamente el poder de la análisis matemá- 
tica ; cuando Newton por si solo demostraba el ver- 
dadero sistema del mundo, descubría la gravitación 
universal, desmenuzaba la luz, y sentaba la filosofía 
natural sobre bases etemasé incontrastables; cuando 
Locke , tan sagaz y profundo como circunspecto y mo- 
desto, analizaba las facultades del entendimiento, ex- 
plicaba la verdadera genealogía délas ideas , descubría 
los abusos de las palabras , y moitaba la faena y la 
flequen del hombre intelectual. 

Si se quieren señalarlas causasdelescaiidatoK^itn- 



i 



OBRAá COltnSTAá DE tm ItANUSL JOSA QUINTANA. 



Omou nulidad en que por todo aquel tíem- 
lespuéa se hallaron Diieslras escaelas, no 
üibirlas únicamente, como algunos lo han 
las persecuciones primeras que sufrieron 
ios españoles. Esta enlennedod enlonces no 
ar de Espm ; era general en toda Europa, 
timpo que nues'kTos inquisidores asestaban 
itni Arias Montano , j hacían gemir en sus 
Luis de León j al Brócense , tos puñales fa- 
'aris se afilaban para asesinar i Ramús, los 
I de Roma forzaban á Galileo i abjurar una 
ente para él, yhastaenunpalsdelibertad, 
, el miserable Voet tenia crédito bastante 
lar á Descartes, hacer condenar su doctrí- 
ctar una grande hoguera en que fuesen de- 
escrjtos, 

insbti<} en que el espíritu de persecucitm, 
ique cruel en otras partes, se perpetué, se 
[ó en España , y sumergid la voz de la ver- 
spanloso silencio. El mal consistid en qna 
{Tersidades, no bien desahogadas ann del 
is nieblas en que habían teaido su principio, 
débiles y flacas contra tantas causasdenii- 
ron i ergotizar como primero sobre sutil»- 
cticB y de teología. ElmaJconsistidenqne 
coy dominante Felipe U sucedió el inepto 
este el frivolo Felipe IV , j é todos el ím- 
II : cuatro reyes que por sus diferentes pu- 
le teres debían dar en el suelocon cualquier 
mundo, por fuerte y grande que fuese. So- 
, soñaron sus ministros, que el oro de la 
podía suplir por todo. Has ^dénde habían 
estos insensatos coa aquel oro fatal el don 
r bien , que el cíelo inexorable por su mal 
les negó ? ; En qué mercado bailarían el in- 
enlo, el buen gusto, el anhelo de sobres^ 
lo de complacer. Ib actividad, laaplicacion, 
fuentes perennes y solas de lodo progreso 
i toda civilización 7 El oro se gastó , la de- 
lorancía prevalecieron , con ellas la pobre- 

de las ciencias, viéndonos sumergí dos en 
ndo lodazal, echó una ojeada desdeñosa 
os, y llevó su antorcha vivíScante á otros 

remoslavista de este cuadro ignominioso, 
¿ objetos mas agradables. A lo menos el 
a nos praientari ese contraste absoluto j 

1 lumbre y de tinieblas, da sabiduría y de 
de riqueza y desnudez. Dirlase que eran 
riosfabulosos de OsJris y do Tifón , Undan- 
mte el uno om el otro, y daslinadoi tam- 
nente, este i la desolación y ala esterili- 
la abundancia y á la alegría. Mas , al fin, 
sai la époa en que se rompa estacontra- 
ukUIo**; algvng* nyos de U luí gesenl 
«netrorin en BspiBa; algunoi 'progrwoi 

t la nMO ][ It ouUim ¡ 7 cwiKla ll«guu I» 



grande* critfi en que se prariMD loi bdMADH j\at 
naciones, no nos mostraremos extraños al adelant»- 
miento unÍTersal, ni stmloi álai lecciones que nos han 
estado dando tres siglos. 

Había el último añadido úü duda riquezas da gran 
precio á los Tastos depósitos del saber acumulados por 
el anterior. Pero no es precisamente esta fortuna lo que 
le distingue y eterniza en la gratitud de los hombres. 
Ni la eztea«an de noticias y altas miras legislativas de 
Uontesquieu, ni la Inmensa capacidad y magnificencia 
do Buffon , ni el espíritu sistemático y ordenador de 
Línneo ; no tos progresos hechos en la física por Fran- 
klin,enla química por Lavoísier, en la metafísica por 
Condillec(!)¡nitampoco,TÍníendoá tiempos mas cer- 
canos, las observaciones delicadas y profundas con que 
se han comparado entre sí los seres vivientes para cla- 
síGcarlos mejor , ni la precisión con que se ha sujetada 
al cálculo la estructura geométrica de los cuerpos cris- 
tal izados en las entrañas de la tí erra, ni tampoco la au- 
dacia con que hasta en las regiones etéreas el espíritu 
humano ba querido sorprender el modo conque se for- 
man y se descomponen los astros muumerables é in- 
mensos qne pueblan el espacio ; nada de esto, repito, 
aunque grande sobremanera y nuevo, es lo que caracte- 
riza tan ventajosamente al siglo ivm. Lo es, al, ese e»- 
pirítn filosófico , esa razón universal aplicada A todos los 
productos intelectuales, á todos los géneros en qne se 
ejercitad talento. Este espíritu es el que, fortiGcado con 
toda la autoridad de la rnzon , con toda la claridad que 
da el método,y con todo el poderío mígico del talento 
de escribir, ba simplificado y popularizado las cien- 
cias , se ba difuadído por todas las clases de la sociedad, 
y ha hecho una repartición mas igual de conocimientos 
y de luceseutre tas naciones y los individuos. BeneBcio 
inmenso, imponderable, con el cual se ha tirado la li- 
nca de demarcación que divide los hombres de la men- 
tira 7 los hombres de la verdad , y alzado la muralla in- 
contrastable en que se estrellen para siempre laüapofr' 
tura, el cbarlatanismo y las preocupaciones. 

Las causas pues del atraso y degeneración de la en- 
señanza , i lo menos de las que nacen de las prevencio- 
nes y el error, han desaparecido del todo. Otro objeto, 
otros planes, auspicios diferentes tienen que observar 
y seguir cuantos se ocupen ahora en dar i la iustnic- 
cion pública su verdadero destino. Y si entre nosotros 
se han de medir sus esfuerzos por la importancia del fin 
que (e proponen y por la urgencia que hay de couse- 
guirlo, fuerza es que sean vehementes, poderosos, in- 
cansables. 

Porque, si no nos hacemos ilusión y volvemos los 
ojos bilciaatrás,verémoscuántohemo8 perdido, y cuan 
pocos son los frutos que nos quedan de ¡o que en tiem- 
pos mejores se había sembrado para la instrucción. 
Pudo el siglo xTQi con au benéfico y luminoso infliijo 
deqwrtar d« lu letar^ i ilgimoi ds nuestros antiguo» 
iDitítulM de eoKfitnn, pnsidlr i U planta da. loi qtte 
H «toUwleron dii WMTO, 7 (Oka todo cootiUinlr < U 



r -»■. • — ^ 



PARTB PRIMERA. 

Ilustración ; progreso particular de taatoi espaSolM, 
formaüos por sí lAisnaá y 'elevados por sa carácter y 
por su saber al nivel del resto de la Earopa (3). Pero en 
aquellos veinte años que siguieron á la muerte de Gar- 
ios ílly empleados por la desventurada España en le- 
vantar, enriquecer y endiosar á nn hombre solo, las 
letras y los estudios fueron mirados con ceño y con des- 
den^ á veces perseguidos, y siempre miserablenento 
degradados. Retrocedió pues nuestra educación litera- 
ria, formándose en ella un vacío que se dilató después 
con la guerra de la Independencia, aunque por una 
causa enteramente diversa y sobremanera grande y 
noble. A la voz de la patria, que reclamaba sus brazos, 
ia juventud estudiosa se arrojó toda á las armas, y por 
seguir los pendones de Marte dejó desiertas las aulas 
de Minerva. Y cuando á la restauración de la paz pare- 
cia que debería refluir á ellas mayor concurso con mas 
ardiente anhelo, los seis años de abominable recorda- 
ción vinieron á acrecentar el desaliento, y completaron 
el estrago. ¡Oh! ¡coa cuánta aplicación, con cuánto 
aljínoo debemos empeñamos en atajar este mal! Su 
trascendencia mortífera es infinitamente mayor que lo 
quecomunmente se piensa. ¿Podemosacasodesconocer 
quejas sociedadessubsisten hoy día por la civilización, 
y que la instrucción pública es su elemento primario y 
esencial? Destruyámosla, ó lo que es lo mismo, dejé- 
mosla abandonada, y se verá al instante destruido el 
nervio mas necesario á la conservación y prosperidad 
del Estado. ¿Qué importa que este viva , y que el daño 
al principio no se advierta, ó porque nuestras pasio- 
nes ó porque otros intereses no nos lo dejan conocer? 
Vive el Estado , sí , pero para estar sirviendo de juguete 
f de triunfo á las demás naciones ; vive para contem- 
plar con envidia en las unas mayor poder, en las otras 
mayor riqueza, en todas mayor acierto y mas fortuna; 
vive , pero es para ser Ihvado en hombros de una gene- 
ración raquítica que, inhábil, incapaz de toda carga, 
de todo ministerio público, le deja consumirse lenta- 
mente, y al fin irremediablemente perecer. 

¡Plegué al cielo, señores, que no sea esta nuestra 
historial Plegué aJ cielo que así los que mandan como 
los que obedecen, así los que aprenden como los que 
enseñan, tengan todos siempre á la vista esta funesta 
perspectiva? Vosotros principalmente, oh profesores 
que me escucháis , encargados de la enseñanza en esta 
universidad naciente, vosotros sois los que podéis cour 
tribuir con mas eficacia á salvar el Estado de tan lasti- 
mosa decadencia. En el saber que os distingue r en el 
celo que os anhna, no es de presunür que desmayéis 



-UTERATORA* 10? 

on puitto €ft^ «Bfuresi nagoánfmt qM b ^ 
confia. Vuestro deber es ir al firente de todos los esta- 
blecimientos de histruodon, agitar delante de ellos la 
antorcha de las luces, servirles de guia, y no dejarlos 
retroceder. En tal posición , fuerza es decirlo , no os es 
permitida la mediocridad; y debéis acordaros á cada 
momento que tenéis que llenar his esperanzas de la pa- 
tria y la espectacion de hi Europa. Pero si las dificulta- 
des son grandes, si para vencerias y corresponder á 
vuestro noble objeto la aplicación tiene que ser conti- 
nua , los esfuerzos superiores , incansable la paciencia, 
también los incentivos que os rodean son dignos de al- 
mas grandes, y propios á excitar una emulación ardiente 
y generosa. Después de la gloría del legislador, que for- 
ma la sociedad, no hay otra que ifraale á la del profesor, 
que fórmalos individuos. ¿Amáis la libertad? Inspiradla 
pues con vuestras lecciones y con vuestro ejemplo ; y que 
vuestros alumnos, teniéndola convertida en sangre y 
en sustancia, no descansen después, no alienten, no 
vivan sino con ella. ¿Amáis la riqueza , la prosperidad, 
la gloria del Estado? Extended, propagad esos cono* 
cimientos preciosos, asas invenciones sublimes que 
civilizan los pueblos, fertilizan el seno de la industria, 
engrandecen su comercio, perfeccionan su navegación. 
¿Amáis el orden, la tolerancia , la armonía social? De- 
mostrad con la historia que las máximas de la moral y 
de la justicia no se violan nunca impunemente; y que 
cuando por contentar á las pasiones se atropella la equi- 
dad , el ejemplar funesto vuelve siempre á caer con do- 
ble estrago sobre sus autores. En suma, por cuantos 
medios y recursos os den vuestro saber y vuestros ta- 
lentos haced marchar las ciencias y las letras vigorosa- 
mente unidas al grande fin de su institución, á perfec- 
cionar las facultades intelectuales y morales de los iu- 
dividuos, á derramar todos los dones de la prosperidad 
y de la abundancia sobre las naciones. 

Por desgracia la generación presente , viciada y cop- 
rompida con una educación distinta, agitada con la 
contradicción, con las animosidades y con las desgra- 
cias, no sacará tal vez todo el fruto que debiera de 
vuestras nobles tareas. Pero ancho y fácil campo os 
presenta para emplearlas la generación que va á for- 
marse. Vosotros pues completaréis la obra de la legis- 
lación; y ya que los españoles de ahora no tengamos la 
fortuna de legar á los que nos sucedan la riqueza, la 
abundancia y el poder, á costa de continuos peligros, 
de trabajos sin término y de inmensos sacrificios les 
vincularemos á lo menos los dos mayores bienes del 
hombre civilizado i u uistbugcioii , iá ubsütad. 



«■Wl 



V. « 



iiiiiiiiiiii"rfri"i'i| | |iiiii'| | |iiii i i ' | | | ' i| i| iiiiiiii i i i nii 



NOTAS. 



mttt\, ilepndo li dittncclan 4i« lii il- 
ciiloMilM 1 loi nndUitd, j al mijot 
BMloi 1 lu ttPüUiiciiiB pichln ttB caro. 
I da4i eanfundcn ini mlrenldad con in 
i(iepiTeeenacoiiieiiieiit«íanuiio,scrii, 
la, tilnflo t iva feíJidUiíl pin lotiro. 
I i(M M bii HiUs pmMiet p*n Nber 




iirrencli ■! ■proicctaimleiito en Iob iloa- 
lidii M l> luiltnlt i» Su Farnindo , « 
lr*reialMlc|la dgclTOjfiaídlMdeSin 



le d« qns el nido de b Mrte ■« pe^idlcí 
il flilsdl* rt la ipllcedi» da le JnrenUd. 
IB 11 didi uU «a ti** p>Ke decidid! por 
1u nnlTcnldedei mu célebreí j toBcorri- 
(udtd* r eililea « e«pl»let d eo (nndci 

BoIdbU, PbtIi, TtriBi ea Fnncii PiiU; 
CeDbrid(g,EdlBk«rfo;cii AlemtnJi Vle- 
i;enEipilBSiliBiBci, Vlllldalld, Serl- 
r doBdt M w qae en todoi tleapn t cb to- 
reide lu flelTenldedn m biD Ido t bitett 

utibleceTlu, ilBo i^nellM piBloi en ne 
(iti 



Moneen homhm di todHclH«i,ier*edo( 
,T*coiliiiibiBdoi i ditl loi eonodadeBUt 
cloB que ilentB t In uoi t MovenleDclii 
1 le idqileren el lulo j IIbo bb lii iitei, 
udo T Jaldo uao ea lii lemí, ti deipelo, 
toBO ea 1i coBTSreicloB, ijeno de aqirlli 
I pedtate qae inelea leaer loi etladloi 
paebloi no lalclenlemeBU eoBciiridoi ni 
lina BMiBle de U Miedad j del relira ba 
nielM de loe latorss *a apreadlt aai fie 
)diTli aa la coBTenieiOB teatnl qae bb It 
I uMMendoaei ■ qae tal lei lendriin ma- 
e iaiUtaloi de >enor lapoitucia, lOB di 
t mpeelo de la Bnliecaldid Ccalril, doiilg 
•er la eitcMlon j rampleaienlo leeeMriat 
atadiiaui, ilaa tiblot. 
la lat aatorti diado* aa w coialderaa t* 
tí upeeio qae preunU 1i laperioildid 4* 
MnoclBieatoi n loi HHOt ea qae retptt- 
oa. Pero Biiibo* de alloi, tMi* Biffoa, 



CoadOlie, Ptaatlla, bai bacha iBMblea Mrrlelet tapottulU' 
■oe I eita nltno eiplrita Uoidleo qia uracterlu I h aiflo. T 
(qaldi dottoiooa ja qu el InHOiUI Moaleafaleí ea h Rudidor 
r>n padre! 
(S) No baj elertiaaaie butantet eolona m a alocineti rtn 




qu protMaa , «a toiida 
M* et CuU MU la i(ra- 

deur r bendedr el baBdk» Malo dait noaolfa, qae M* ftU poco 
t poca ueaada de aqaeHi «eallM , j «Méudo d Moda da eiti- 

dlir para iafc«f. mi* ia uta uaaiilaaalBi da laou ÍBcrai lo* 
ealableclmlenloa de «aMEaau qie u etl(leroa deapiéi es dUe- 
renleí épocu, fandido* loto* lobre biui eonienlCBíe* put di- 
riflr el eiieBdlDlOBlo j adieitnrla ea 1> tdqalileloa de la Ut«- 
nian 7 da la deaela. Tila IVeroa á lenliiilo da Robla j loa 
«itBdlo* de San lildra ea Madrid , deipnt* de U eipAloa do lo* 
JenUm ; ti aemlnirio da Terpii , el de Saa Fil«eBcli aa Mirda, 
el pila de eatadloi formado ptn 1* aalrenidid de TileoeU, la 
reforat de loi de Bteíonien SilinaBci. el IniUlnlo Aitorliao, lia 
eiend»! nllltwe*. A lu licei adqBlrid» enloaua m debid (•■- 
bien la rindiclaa dd eoleilo de «lrtl<i aMka é* Baredona , al 
qae M itialeroa el de Ctdií j Hatrid , ea e«ra pla>U H tarierea 
pruenleí loa aejoru priadploi , j de doado baa uUdo Ítalo* 
eicelenleí profeioreí ; ricalullToi. So lallajo no ae ba lialtido 
■alo al irte de tarar, deo qae Umblea bi ilcutado I eUmder 
la elelOB jilliur laieidipin liidqaUldoa daludeaiéuaa- 
illlirUfComo ton bqnliilci t> boUalu , ele. 

TodiTli a mjor, eonddenda IndiTidDilmeale. d bueldo 
qae ki redblde la Eipil* de la oooinnlcadon de lu lacu iww- 
ntuen d tifio puedo; j pumiel dnaíaierD deiagelotqaepor 
daolaa.TeatldtMpr* lenltndo qae TCater lu ildot de na> 
nal) edactdoB prlnera , bu libido lobrtpoaerM * la l(iarudi 
COBIM, Mtidir lupreocupicloaei, Imbalree de principio! tiaot 
} reotoi, j peittrar loi nltiertoi qnt Un Dobleneaie ^tnltu al 
entBBdlE'leBlo, atl ea el eiudlo dd bombre cono aa el de la 
Bitdttleu. Prodicdsnulllanrlu jdnUlutiUitrdtdbab* 
bidé nv pDui ; j ato dablt ter ail , aieadidu lu MMbí* ai- 
ui qie baa lalnldo par* ello,r «va tipoildoa m (*de ule 
lapr. Pera ea aedlo de eM repoto j dieido lo bu <«ttd« de 



lu ttaetlni qae dibu de m fntfu te patita d la par ton lo ua 

■IMdeEaropi. ToaedtartaqiiMUiiadaleaipladeaB boa- 
br* eají Boerta atli Uorudo in lu leliai. la llsianí } )u 
TlrtUe*. 'Dliao de Tvfol piredd M Praadi ti Ii/timtmtr* 
Jafapifnria, dlpolaBbiendeSBltbenlB|laURi>;r etUu*- 



Ue* iHifMi na a defttBeaie m Uuloi le It pardillM m- 
palola ,a la aptala* Itmia p Ulanl afitúM do ib docWBIe 
UdaoTo onnaterol. 



PARTE SE6UND 

HISTORIA 



VIDAS DE LOS ESPAÑOLE 



j . PRÓLOGO. 

Lis vidas de lo* hombrea culebrea soo, de lodos loa gíaera 
leerse. La carioajdad, excitada por el mido qne aquellos person 
cerca j contemplar mas despacio í los que cod bus talentos, vir 
ciuilribuido á la formación, propvsos j atraso de las nacloiies. 
rea ea que á veces es preoiao entrar para pintar fielmente los ca 
tanto mas la atención , cuanto en ellas se mira ¿ los héroes mas 
que se presentan en la escena del mundo, y coavertirse en ho 
tos Oaquesas y sus errores , como para consolarlos de su superi 

Asi es que nada iguala al placer que se experimenta leyendo 
Nepote , y las de Plutarco cuao(h) jóveo : lectura propia de los 
el oorazra mas propenso á la virtud cree con facilidad en la virtí 
Dándose naturalmente por todo lo que es grande y heroico, se i 
toooes es cuando elegimos por amigos ó por testigos de nuesl 
DÚMi , Epaminondas ; y estos amigos son tal vez , de los que se ea 
que al fin no hacen traioion á los sentimientos que nos han ins 
so ejemi^o, y quisiera ansiosamente sembrar como ellos la carr 
res de gloria y de virtud ; y aunque después el curso de los aü 
expwieneia btal qoe se hace de los hombres, resfríen este arde 
mente sus huellos , y siempre queda algo de su fuerza para rec 
para consuelo en las adversidades. Se puede ciertamente dar la 
escribir histraia en su parte económica y política ; pero en la D 
taja conooida , y sa efecto ea Infinitamente mas seguro. 

El mayor esec^o qne tal ves tiene este género es la perfecdoi 
Este gran modelo está sieII^>re presente para acusar de temei 
i^nir el mismo camino. En vano se le tacha de difuso é impwt 
eomo una vieja ensueños, oráculos y prodigios; de dsr á gene 
Ikbulosas , na valor impropio en la pluma de un filósofo, i Qué i 
la anüttacitm que tienen sus pinturas y la importancia de los sai 
eogafiarse: nutaroo no ha sido igualado hasta ahora, y es de ( 

Su libro manifiesta ser de un sabio acostumbrado al espeotáe 
so admira de nada, y pw lo mismo q>lande y eondena tía exalti 



BRAS COMPLETAS &E DON MANUEL JOSÉ QUINTANA, 
loiia le íu^re , y va espardeodo en sa camino máximu proñindas 7 coa- 
I compara á on caudaloso río, que se lleva sin ruido y sin esfuerzo por ana 
. ríega y iertílisa toda con sus aguas. Pero esta no bastaría á dar á su obra el 
isenta , sin la naturaleza de su argumento , único por ventura en su especie, 
bar en talentos, en TÍrtodes y en gloría las dos naciones mas célebres de la 
as artes y el ingenio, otra por su fuerza y grandeza. Se fija después la vista 
ece aquella vasta galería , y cada uno sorprende por el movimiento que Íro- 
ste la da leyes, el otro costumbres; el uno la defiende de la invasión, el 
conquistas; este quiere salvarla de la corrupción que la contagia, y aquel 
jue ha de ponerla en combustión : todos ostentando caracteres eminente- 
á la virtud , ya á los talentos , ya ¿ los vicios , ya á los crímenes ; y caú todos 
icíon pereciendo violentamente, porque el movimiento y la reacción de 
;en al fin el vértigo que los devora i ellos mismos. No, la historia moderna 
t eq>ectáculo tan en^gico y tan suUime; ninguno de nuestros penooajes, 
I suponga, se ha encontrado en la situación de Solón, terminando la anar- 
las leyes sbiaas y moderadas , pedidas por todo un pueblo y obedecidas por 
ianáo de on golpe á la molicie los ciudadanos de Esperta, y sujetándolos á 
para que no áiesen sujetados de nadie; de Temístocles, burlando en el es- 
arrogante ambición de Jérjes ; de Uario , en fin , vencedor de los cimbros, 
Italia. 

ato DO sea igual nilamateria tan rica, no por eso deben desmayar loa es- 
in género tan agradable y tan útil. Es oprobio á cualquiera que jvetende 
m ignorar la historia de su país; y si la pintura de los personajes mas ilns- 
)rincipal de ella , ñierza es intentarla para utilidad común , aunque se esté 
le Plutarco , y aun cuando los sogetos que hay que retratar no preseiMen 
oporciones colosales que los antiguos. 

'. que no tiene sus héroes propios i quienes admirar y seguir^ Cuál la qne 
des del bien al mal y del mal al bien, que es cuando se crían estos hombres 
) será ciertamente aquel pueblo que alzd en las montañas septentríonales de 
de la independencia contra el ímpetu (knáüco de los árabes. Allí no solo se 
presión en que gime el resto de la Península , sino que , adquiriendo faerzaii 
ocar á sus enemigos de la larga poseúon en que estaban. Ningún uixilio, 
:ipe ó gente alguna; dividido entre si, ya por las particiones da los estados, 
ablecidas por sus reyes, ya por las guerras que estos estados se hacían, 
»; al mismo tiempo nuevos diluvios de bárbaros que el África de cuando 
reforzar á los antiguos ; y todo esto junto mantiene la lucha por siete siglos 
sene terrible de combates, da peligros y de ncttnias. Salen, en fin, los 
la, y entonces, á manera de fuego que comprimido videntamente rompe 
] luz y en estallidos, se ve el español enseñorearse de la mitad de Eun^M, 
ctividad ambiciosa, arrojarse á mares desconocidos ó inmensos, y dar un 
mbres Para hacer correr á una nación por un teatro tan vasto y desigual 
ta cai-actéres enérgicos y osados, constancia á toda prueba, takatos exti*> 
[>aces de la virtud y el vicio , pero en un grado herdico y suUime. 
s caracteres sobresalientes es la materia y objeto del lÜN^ que ahora se 
i de él las vidas de los reyes , que , como parte principal de nuestras histariÉS 
mismo mas conocidas. Se eogañvia cualquiera que buscase aquí la soIuckni 
ras que á cada paso ofrece nuestra historia por fiüta de documentos autén- 
'ec de ser una obra de agradable lectura y de utilidad mwal , que es lo qae 
uto, se convertiría en un libro de iodagacioaes y controversias, propias 
lito ó de UQ anticuario. Para senlar la probabilidad histórica de los be- 

los autores mas acreditados; y estando indicados ai frente de cada vKla 

1 presentes pnra su foimacioii, los lectores que quieran asegurarse de la 



PARTE SEGUNDA. — HISTORIA. 
[as noticias podrán buscarlas ea las mismas fiíeate 
infinitas preciosidades que , ó por nuestra incuria < 
los archivos públicos y particulares, se corregirái 
ora se ignoran , y son necesarios para escribir nucí 
tpto de mucbos está aun por hacer. También ent 
podrán ser retratados por un pincel mas diestro y 
á quien se destina este ensayo , tendrá lo que hast 
an , á lo menos que yo sepa. 

ros varones ilustres , publicados con tanta magnii 

Real , han sido dirigidos a diferente fin. En aquella obra la estampa es lo j 
marío que la acompaña ea lo accesorio ; y si se indican por mayor alli loi 
que está afianzada la fama de los sugetos , no están igualmente determii 
progresos, las dificultades y los medios de superarlas: circunstancias que 
grande un personaje y le hacen sobresalir entre los demás. El celo mii 
obra filé causa de dos inconvenientes que hay en ella. Uno es la multiplicj 
brea retratados, y que se dan por ilustres; efecto necesario de no haberse 
verdaderos limites de la empresa. No se dan la inmortalidad y la gloria coi 
piensa , y hay hombre realmente grande que se avergonzaría de los compa 
en aquella colección. El otro inconveniente es el tono de elo^o que reii 
8umaríos.Nadamascontr8ríoáladigmdadyobjetodeuu historíador: cut 
y se disculpa ó se omite el mal , ó no se consigue crédito 6 se inspiran idei 
El autor de la presente obra ha procurado evitar estos escollos. Los héi 
pleado su trabajo son aquellos cuya celebridad está atestiguada por la vi 
tradición ; y no cree que ninguna de las vidas que ofrece ahora al públic 
contradecir al titulo del libro. El Cid Campeador , nombre que entre ni 
esfuerzo incansable del heroiamo y la fortuna ; Gusman el Bueno , igual i 
sonajes antiguos en magnanimidad y en patriotismo ; Roger de Launa , el 
ha tenido la Europa desde Cartago hasta Colon ; El príncipe de Viana , tan 
rácter , su instrucción y sus talentos, tan digno de compasión por sus des£ 
su destino , á la majestad y esperanzas de un nacimiento real , el ejemplo ; 
cular injustamente perseguido y bárbaramente sacrificado ; Gómalo de 
ilustre general del siglo xv, aquel que con sus haiañas y disciplina díd á i 
lioridad que tuvo en Europa por cerca de dos siglos , y que en su carácter 
senta un espejo donda deben mirarse los militares que no confundan la fer 
Tales son los hombres cuyas vidas comprende este tomo < , escritas sin od 
los lústoriadores mas fidedignos las han presentado á mis ojos. Sí por acá! 
ridad con que se condenan ciertas acciones y ciertas personas, se debe co 
que sin esta severidad no puede ser útil la historia, la cual quedaría en i 
mera y fiú relación de gaceta. A las personas vivas se les deben en auseí 
coHteoqtlacion y atenciones que el mundo y las relaciones sociales prescr 
tos no se les debe otra cosa que verdad y justicia. Por otra parto , si se leei 
bnenoe libros i se verán en ellos las mismas censuras , aunque ahogadas e 
que contienen. Cada siglo que se aüade á nn hecho aumenta la acción y la 
impuviahnente ; y no sé yo por qué hemos de carecer en el úglo xix de la 
Ztúita , Mariana y Mendosa tuvieron ya en el xvi. 

No creo que debo añadir nada sobre el sistema particular de composicii 
mas de auraclon , estüo y lenguaje de que he usado. Toda recomendaí 
parte lería absolutamente saperflua. El público, como juez único y supre 
aará rin apelación, ó tal vez dírimolará los yerriH y descuidos del autor, ei 
ttS, que ea lo que le ha puesto la pluma en la mano para escribir estas Vi 

I lidaiflli prlBMi lapnilM <• li pNMBit «In, UTO ■«■« prlB«i« toapniAi Mbi ctoM 



EL CID. 



HMral. EtMlMO, 



Bjín lot ojt» OÍ los tiempM antigaoi 
Iwia la ñíli no percibe mis que um- 
tán coDÍundidM los penonajes, los ca- 
BStumbras. L> niTOr sagacidad , la mas 
I , no pn«deD abrirse ctmiao por medio 
as Tüdts 7 discordes, de los prírilegios 
j de lai tradicioDes vagas que no* ban 
• abuelos por testimonios de sus acdo- 
I do una pnh¡t indagacioD se cree ha- 
) la verdad en esto d aquel becbo , otns 
t y otns proebu tienen al insiuite i 
al descnbrimuiUi; y ei resultado de on 
Lidioso DO es en los escritores siao ana 
¡nos coordinada de coqjetnru y probt- 

I semqante oscuridad se dhrisk nn cam- 
onomla, oñisceda coa loa cuentos po- 
utrariedad do los autores , no puede de- 
clámente, pero cuyas proporciones er- 
oguen por entre las niebiss que le ro- 
Rodrigo Diaz , llamado comumnente ei 
r, objeto de inagotable admiración para 
I eteñías disputas entre los críticw; los 
udo por bbulosas una parle de las ba- 
I securalan, se na precisados á reco- 
u otras iguafanente extraordinariaB. 
u Obulaa, tía embaí^, m hallan tan 
Boria del Cid , que sin ellas la relación de 
st fida pareeeri i mncbos desabrida y desnuda de in- 
n bailaba alli un aumento apacible, 
n todos los pasos de este perstmaje con 



JrcnnUiiidis maraTiUoiaa y singulares. Aquel desafio 
wnel conde da Gonnai, kpsamoresypenecudonde 
ra hija , el dictado deCíicoDqnelo«dtidanlosreyee 
nona CMitÍTM , n eipedicioD bizarra á (ostener la in- 
ieyendenria de Castilla coolra lai pretensioiiesorgu- 
loaasdel emperador de Alwiania: lodo preparaba el 
Ibíiiio é la tJmÍTirtwi de las h^Müsf siguientes. Has 
BstMjotrM eoMitos, adoptados Im^denlemuite por 
la HMaria , han lid» MBfinsdos á las novdas , á los r»> 
nancea y al teatro, dude se ha bacbo de oUoa on oso 
taUi; jBodrigo, porser nanos singular en su ju- 
M adnirable eo el resto de 



NacM en Búi^, hiela la mitad 
Diego Laiuai , caballero de aqu^ 
ba mire sus ascendientes i don D 
de sus pobladores , y d Lain Calvo, j 
naba entonces en esta prorinda Fe 
niendo en su mano el dominio de Li 
cía, fundó la preponderancia que de: 
castellana sobre las demisde la Peni 
tuvo cinco hijos , y i todos guiso d< 
su muerte. Ni las desgracias sucei 
sion que biso su padre, el rey de Na 
Hayor, ni las representaciones d 
cuerdos había en su corte , pudiera 
lento. El amor de padre lo venció t 
yeai tus hijos bbri la niina de d 
al Estado en los horrores de una gi 
la partición Castítia á Sancho, Leo 
cía i Garcfa ; las dos infantas Urrai 
heredadas, esta con Is ciudad y 
aquella con Zamora; y se dice que 
del padre juraron respetar esta div 
mo hermanos. Vana diligencia, jai 
ambición , y nunca menos que en 
Sancho, superior en fuerzas, en ' 
sus hermanos, hiego qne murió i 
pauamiento á despojarlos de su 
único sucesor en el imperio del re] 

Era entonces muy joven Rodriga 
fano de padre; y don Sancho, por 
dos que Diego Laiuei bahía hecho 
hijo en su palado y cuidaba de 
educación seña toda militar; y loi 
íueron tales , que en la guerra de A 
de Grados, donde el rey don Ri 
muerto, no hubo guerrero alguno 
Rodrigo. Por esto el Rey , que ps 
armado poco antes caballero, le 
tropa*, qne en aqnellos tiempos er 
la milicia, al modo que después I 



Desembaraiado Sancho de las gi 
vio su pensamiento á la dril , qae 1 
qne hito al instante á sus hermau 
estin discordea sobro i quién de t 
ro; nai la probahiUdad está por ia 
dnigm i don Alfonao como k p 
con los da Sanebt 



lE DON MANUEL JOSÉ QUINTANA. 



están 
o,fe- 
estre- 
de su 
luelio 
enlaa 
a deja 
'enci- 

á6D- 



Ellos, 
I de la 
o asi, 
i Bey, 
dados 
!, jse 
igiai 
«dor, 
irrado 

Ihpu- 
odio. 
unte- 

atro- 
abait- 
sgúal 
ismos 
»,di- 
Q sos- 
tes en 
dados 
quiso 

6u 
dos, 7 
bo se 
leeo- 

tÍTOS. 

metió 
¡ro.y 
iróde 
iGar- 
roD d 
ir por 
lues- 
>reci- 
I, que 
lio de 



y la sangre. Señor de Castilla, da Galicia j de León, 
Sancho II DO se consideraba rey si no poseia también 
lo corta porción de sus débiles liermanas. Laniú de To- 
ro á Elvira y puso sitio sobre Zamora. Aquí la suerte 
le teda guardado el térmiao de su carrera; y el terror 
de tantos reyes se estrelló en una ciudad defendida por 
(HN flaca niijer. Cuaedo raas apretado tenia el sitio. 
Vellido DolfoB, un soldado de Zamora, salió de lapbza 
á manera de desertor, ganó la conüania del Rey, y sa- 
cándole un dia pftTK enseüarle una pcría del muro qu« 
por sar mal defendida podía facilitar la entrada en el 
pueblo, bailó raodo de atravesarle con su mismo vena- 
blo , y bnyó á toda carrera de Zamora. Dícese que Ro- 
drigo, viendo de lejos buir al asesino, y so^ciíando su 
alevosía, montó ácaballoaceleradameiite,yquepor no 
llevar espuelas no pudo alcanzarte , de lo cual irritado, 
maldijo i todo caballero que cabalgase ain ellas. 

Mas, dejando aparte todas las Muías que se cuentan 
de este sitio (107&) , luego que fuá muerto den Sanclio 
los leuMses y gallegos se desbandaron, y los caslallit- 
no« solos quedaron ea el campo acompañando el odi- 
ver, que lué llevado i sepultar en el monasteiio deOña. 
Entre tanto don Alonso, avisado de aquella gran nove- 
dad , partió á toda pnaa de Toledo á ocupar los estados 
del difunto. En León no buba dificultad ninguna; y en 
Galicia, aunque don Garda pudo escapane de su pri- 
sión y trató da volver á reinar, fué arrestado otra vai; 
y don Alonso tan culpable con él como su hermano, 
le condenó i prisión perpetua y ocupó sa trono. Cas- 
tilla presentaba mas obstáculos : Irritados sus natura- 
les de la muerte alevosa de su rey , no querían rendir 
vasallaje i Alfonso mientras él por su parte no jurase 
que aquella iobmia se había cometido sin partidpacion 
suya. Avínose et Rey á hacer la protestación folemue 
de sn inoceocia; mas ninguno da los grandes de Casu- 
lla osaba tomarte ei juramento por miedo de obndefle. 
Solo Rodrigo se aventuró á representar la lealtad y en- 
tereu de su nadoo ea la ceremonia, yostt se celebró 
en Santa Gadea de Búrgoa delante de toda la nobleu. 
Abierto un misal , y puestas al Rey sus manoa en él, 
Rodrigo le preguntó : «¿Juráis, rey Alfonso, qoe no 
luvisteíB parte en la moerta de don Sancho fot manda- 
to ni por ooDsejoT Si jarais en (abo plega i Dios que 
muroía de la muerte que él murió , y que os mata un vi- 
llano, y no caballero. » O toi^ Alfonso el juraoMnto con 
otros vasallos auyoa , y repitióse otra vea ; Budindosele 
en ambas el color al Rey , ya abochornado de la sos- 
pecha, ya Indignado del atrevinüanto. No fidU ^niea 
deseche lamlñea esta incidencia GODM una CUwU; pero, 
además de no ser muy Alertes Iss iwnes que se alegan 
peraello,cnadra tan Uen coates costumbres pundoDo- 
rosas de) tiempo, inca tanto honor i Rodrigo , y da ana 
rann tan pUnsible del Ttnax que teda so vida le tov» 
el Rey, qne no 1m querido pasarla «n tUendo. 

AI pincipio M eilom daacoliiafto este odio, al It 
p«rt¡tica toacang^aln. BoAigt, tiawrtQ con tefcmiUa 
real poi itt mqjer doBa JimenaOiu, bjjadeiHonde 



Parte segunda.— historia. 

a6 at Re; en sin prímeriM riBJes, fieles, ItM aocorros i 

OD en TBiíos pleitos qne,aegunlft ellos se baciaii:tod( 

toces, habiande decidirse parlas reunionenqueesta) 
d SeTÍUa j á Córdoba á cobrarlas Eq tal situación i 

panaaqnaGosprÍDcipespagabaniCBstílJa. pesar de la oscuriij 

HacIanseentoDcesguMra el rey deSerilta yelde Gra- délos escritores, c 

nada, á quien aniiliabftnalgnDiiscaballerosctistianos. su destierro. Guaní 

Estoscon los graDB(Ünos Tenían la vuelta de SeTÜIa para estados pequeños , i 

combBtiHa,y amique eiCSd les intimú que respetasen te Ter levantarse es 

al aliado de su rey, ellos despreciaron su aviso 7 entra- tencia en la guerra 

TOO por las tierras enemigas talando los campos y cauti- Si la víctoría corona 

rando los hombres. Rodrigo entonces salid i su encuen- su nombre y de so 

tro al frente de los setillanos , los aiacii junto al castillo partes á sus bander 

de Cabra, los derrotó enteramente, yvohióáSenlla, soldados, consolidí 

cuyo principe no solo le entregó las parias que debía, gabundos, cuyo da 

sino que le colmó de presentes, ctm los cuales honrado toda la tierra eiid< 

j eariqnecido se volvió i su patria. los que los temen ó 

En ella le aguardaba ya la envidia para hacerle pagar y su asistencia á fiíe 

l38 venUjasde glorie j de Tortuna que acababa de conse- los qne les resisten 

guir. Tuvo AlfbnsoqnesalirdeCastilla asosegar algunos su violencia, desús 

firabes alborotados en la Andalucis, y Rodrigo, postrado ningún principe los 

poruña dolencia, no pudo acompañ arle. Los moros de guerra hade mante 

Aragón, valiéndose de la aasencía del Rey, entraron por gor, y los pueblos 

losestados castellanos y saquearon la fortaleza de Gor- de enemigo, son vi 

mas; lo cual tábido por Rodrigo , aun no bien cobrado manamente robado 

de sn enfermadad , salió al insta nte á ellos con su hnes- foragidos para los i 

le , y no solo les tomó cuanto babían robado , sino que, su carrerR cuando , 

Kf ohieodo bácia Toledo , biza prisioneros basta siete poder; ya , dándoleí 

mil hombres con todas sos riquezasy haberes, y se los trono yd la sebera 

trajo i Castilla. Era el rey de Toledo aliado de AHon- en Alemania cuand 

so VI, y por lo mismo este y toda so corte llevaron á mal capitanes llamados 

la eipedicíon del Cid. «Rodrigo, decíanlos envidiosos, dos siglos auteñore 

ba embestido las tierras de Toledo y roto los pactos que su tiempo, aunque o 
nos nnían con aquella gente, para que irritados con La serie de avenl 

sn correria nos cortasen la vuelta en venganza , y nos en esta época daría 

Udesenpcrecer.B Alfonso entonces, dando rienda al agradable, pero bl 

OKono qoe le tenia , le mandó salir de sus estados , y él contrario , no prese 

abandonó su ingrata patria con los pocos amigos y deu- rillas, cabalgadas ] 

dos que quisieron seguir su fortune (1076). ñeded y sin interés 

El pod^ de los moros en aqnella época liabia dege- sumaría y monúlon 

■erado mucho de su fuerza y eitension primitiva. Ei- truccion alguna ni ] 

tfaigtiidoel linaje de los Abenhumnyds , que dominaron receqne bastará dei 

i todes los trabes de España , «á imperio se desmoronó, drigo , saliendo de i 

j cada provincia, cada ciudad, cada castillo tuvo su lona, y después i Zi 

reyomelD índepenfieate, casi todos tríbotariosdelos murió de alKá poct 

eristíaiioB. D^lüadoG, porotra parte, con el regalo del estados de Zarogotí 

eSma, y entiUado su fañalismo, estaban muy distantes taman y Alfagib. Ri; 

de aquel valor bitrépida y snbáae que en sus prime- Zaragoza , defendií: 

ros Üempos btbia espantado y dominado la mitad del ella intentaron Alb 

mdwso. nmatroeprfMipaa, al cmlrario, se extendían Ramireí, y el crad< 

7 Bsagnniban, y contemplando Is diferente posición de la constante pro^ 

las dosiuciaiH«,ie extraña ceda Tsi mas que nuestros Almnciaman. Sus 

■wendieirteaiwam^lasen mas pronto de la Península d Rodrigo, ó eraa ve 

los miaros. Pero loa reyes y los pueblos que debiena en batalla; yel r«y ij 

«Hproodarto «slabaa aas «ridldoa entra si qae debi- toda la tatorídad ei 

BkAob (ds ouemigos; y la partición impolítica de los y da riquezas , wan 



AS UE DON 
qii%\ prÍD- 
a, y el rey 

que Bca- 
estrasiii&' 
y grandes 
yUbresde 
oaHdelos 

1 hombrea, 
ciudad del 
^^8Uer;T 
,tnarcb6i 

itas ftrien- 
e la bneoa 
kdosea la 
aslaDuera 
«derramó 
leí baatis- 
lués por la 
rto da Za- 
fo : entra- 
nesa,yei~ 
ocupando 
ir de Abu- 
lta silla de 



etlalland 
a señor de 
los moros, 
■asada con 
1 eialtii de 
os estados 
nso Ib 11a- 
■oydlade- 
morandes 
, ejercita- 
1 venida á 
losUanu- 
iTolnen»! 
I la retrie- 
I Tenido & 
loa moros 
mbien Ha- 
cer la for* 
■ veces se 
»s laeron 
91 , doode 
I principe, 
a fortuna, 
«mpo que 
ÉlMcris- 
ttrecbado 
toniprar i 
tributario 



UANUEL JOSÉ QOiiNTANA 
i España , hito cortar la cabeu al rebelde , aflnnj sn 
dominadoa en la Andalucía tod« , j se dispuso i se- 
guir las conquistas de su gente en el país *. 

Con un ejército poderoso, compuesto de Huabnort- 
vides yda las fuenas de los reyes tributarios tuyos, so 
puso sobre la fortaleza de Halaet, llamada ^ti por los 
£rabes,que hacen mención de este si tío en sus historias, 
y boy día conocida con el nombrede AUdo. Alfonso, que 
prevenía en Toledo tropas para marchar contra Jucef, 
avisó i Rodrigo que viniese á juntarse con él , y le diú 
úrdea de que le esperase en Beliana, hoy Villena, pordon- 
de había de pasarel ejército castellano. Pero aunque Ro- 
drigóse apostú en parte doode avisado pudiese efectuar 
saonion, sea descuido, sea error , esta no se veriücá, 
y et Rey con solo sn presencia ahuy^itd á loa sarracenas. 
Aquí fué donde sns enemigos, hallando ocasión favora- 
ble al rencor que le tenían, te desataron en quejas y 
acusaciones. Pudieron ellas tanto con Alfonso, que, no 
contento con desterrar otra vea al Cid de sus estados, 
ocupó todos sus bienes y puso en priuoo i su mujer y 
sus hyos. Rodrigo envió al instante un soldado i la cor- 
te á retar ante el Rey i cualquiera que le bulnete ca- 
lunudado de traidor.HususatisIaccion no fué admitida; 
bien que ya mas apaciguado el ánimo del Principe per- 
mitió i doña Jimena y é tos hijoe que fuesen libres i 
buscar á aquel caudillo, el cual tuvo segunda vei que 
labrarse su fbrluna por ü mismo. 

Ni Alfagid, rey de Deoia , ni el conde Berengno- po- 
dían perdonarle sus antiguas afrontas ( 1089 ): el Conde 
principalmente bacía cuantos esfuenos le eran posibles 
paravengarlat, y la suerte te presentó, al parecer, oca- 
sión de ello en bu tierras de Albairacin. Hechas peces 
con el rey de Zaragou , auxiliado con diowo por el da 
Denia, y asistido de un número crecido de guerreros, 
Berenguer fué i eoctrntrar é Rodrigo , que con so corto 
qércilo se habla apostado eo un valle defendido por 
unas alturas. £1 rey de Zaragosa, acordlndose de loe 
servicios hechos por el Cid i sus estados, le avisó del 
peligro que corría. El contestó que agradecía d aviso, 
y que esperaría í sus enemigos, cualesquiera que Ate- 
ten. El Conde tqmd su camino por las montiüias , llegó 
cerca de donde estaba su adversario ; y creyendo ya t»- 
neríe destruido con la muchedumbre qne le aeguifti le 
envió una carta para escaniecaf te y desaliarle. 

Decíale en ella que sí tuto w^ detprecio que te* 
nia hacía BUS enemigos, j ttata la'OtnfiBDsa en so va- 
lor, {por qué no se bajal» á lo llano f4ejaba aquellos 
cerros donde estaba guarecido , mal confiado «n las cor- 
nejas y en las águilas qne en el Dios verdcAeroT < Dea- 
ciendedelasierra, añadía, vén alo 



* Eitoi prlMtrot RUfH 4< l<u ilaom 
(Ulaeat* m I* nUHi>s i Iií XTtluiaitt i 
EilreBilví^ ... 
1m irato oftXflti fUiait 



campo .SentoBces 



t>ARTS SEGuMUL-mSTOltlA. 



efeer^moiqae eres lUgno del nombra de Campeador; 
si no lo haces , tra un alevoso , i quien de todos modos 
nmosicastigarportu insoleacia, tus estragos y pro- 
fenaciooes.» A esto respondid Rodrigo qae efectiva- 
mente despreciabeáél;ilossQyos,jr los había com- 
parado siempre ámiqeres, largas en palabras f cortas 
en obrar. * El lugar mas llano de la comarca, le decía, 
et este donde estoy ; aun tengo en mi poder los despo- 
jos que te quité en otro tiempo ¡ aquí le espero , cumple 
tus amenazas , vén ai te atreves , 7 no tardarás en reci- 
bir la soldada que ya en otra ocasión llevaste, a 

Con estai ípjurias enconados mas los inUnoi, todos 
■e aperdbieroa i la pelea. Los del Conde ocuparon por 
la noche el monte que dominaba el campamento del 
Cid ; 7 al rayar el día embisten atropelladamente dando 
gritos foiiosos. Rodrigo, puestas sus tropas á punto de 
batalla , sale de sus tiendas, 7 se arroja á ellos con su 
' Ímpetu acostumbrado. Ta ciaban cuando el Cid , caldo 
del caballo , quebrantado 7 herido , tuvo que ser llevado 
á su tienda por los suyos; y este, accidente restableció 
el equilibrio. Has lo que en otras ocasiones hubiera udo 
causa de uea denota, lo fué entonces de la victoria. 
Los invictos castellanos siguieron el impulso dado por 
su g«ieral, y airollaron por todas partes i los franceses 
y catalanes : gran número de ellos fueron muertos, cin- 
co mil quedaron prisioneros , entre ellos el Conde 7 sus 
principales cabos; y todo el bagaje j tiendas cayeron 
en manos del vencedor. 

Berengucr fué llevado á la tienda de Rodrigo, que 
sentado m^stuosamente en sn sitia escuchó con sem- 
l>lanteairadoIasdiscnlpas7 humillaciones abatidas del 
prisionero, sin responderle benignamente 7 sin con- 
sentirle sentarse. Ordenó á sos soldados que le custo- 
diasen fuera ; pero también mandó que le le tratase es- 
pléndidamente, 7 á pocos diss le concedió la libertad- 
Tratóse luego del rescate de los demis cautivos. En los 
principales do hubo diQculted ; pero i qué habían de dar 
los infelices soldados? Ajustóse, sin embargo, sn libera 
lad por una suma alzada , 7 partieron después á reco- 
gerla ásn patria. Parte de ella trajeron, presentando 
SDS hijos y parientes en rehenes de lo que faltaba. Has 
Rodrigo , digno de su fortuna y de su gloria, no solo los 
dejó ir libres , sino que les perdonó todo el rescate : ac- 
ción eicesivameole generosa , pues en le situación á que 
tutenonigos le habian reducido, su subeisteocía 7 la 
de su ejército d^ndia enteramente de los rescates, de 
loa despojos y de las correrlas. 

La soerte al parecer mejoraba entonces sus cosas 
pora volver i Costilla. Alfonso marchaba contra los al- 
morávides, que hablan ocupado á Granada 7 buena 
parte de Andalucía. La reina doña Constanza y los ami- 
gos del Cid le escribieron que rái detenerse viniese i 
miirse con el Rey, y le auxiliase en sn expedición, pues 
de este modo volverla i su favín- 7 á sn gracia, atiaba 
el castillo de Liria cuando le llegó este aviso; y aonque 
tenia reducida aquella fortaleza i la mayor ex Iré mi dad, 
levantó el sitio al instante, y marchó á leda pri<a á jun- 



tarse eon el Rey. Akundto eo 1 
á llártoa ; y Alfonso , oyendo qi 
por hacerte honor. Uno y otro 
da : el Rey colocó soa tiendaí 
acampó mas adelante en lo lian 
tenido & mal por el rencoroso 
sos cortesanos; ■ Ved cómo m 
iba detrás de nosotroi como 
ahora se pone delante como ú 
cía. B La adulación respondía 
bien triste la situación de aqne 
no podía ni ir detrás ni ponerse 
un enojo ó motivase una sospéi 

Los beri>eríscos no osaron ti 
cito cristiano; y Jucef, queest 
ella, y partió al África, donde 
llamaba. Alfonso se volvió éCai 
go : al llegar al castillo de Ubec 
rienda i sn enojo disimulado ; 
labras mas injuriosas, le ímpí 
realidad sino en sn encono 7 en 
gos; y las satisfacciones , en t 
la avivaban mas i cada momei 
sufrido con moderación los íi 
trataba de prenderle, mirópoi 
che con los suyos del real caste 

No es posible comprender b¡ 
do y constante en un principe 
so. Llamado liberal por sus m 
valor; justo en su gobierno y 
sas , comedido y moderado en 
forzado en la desgracia; el { 
España, y nno de los mas ilns 
poder, su autoridad 7 n magni 
i sí á un héroe , el mejor escu( 
yor azote de los moros. ¿Era en 
eravenganzaT La oscuridad d 
traslucir ; pero las circunstam 
sioD ha llegado i nosotros la [ 
y es una mancha indeleble e 
narca. 

Uuchos de sus compañeros i 
Cid porsegoiralRey; y él,tr 
toda reconciliación con su pati 
ras de Valencia , con ánimo pri 
allí un establecimiento donde p 
el resto de sus dias. Con este ol 
de Pinnaratel, le forliñcó con t 
7Ó de víveres y armas para una I 
el terror de su esfuerzo 7 de su 
dos los régulos de la comarca, 
el re7 de Aragón, le debió a 
salud, pues m cnisídencion 
tqnel príncipe con ella. Dei 
esta comiderRcion 7 con la p 
empresas, volvió su Inimoili 
millar á su mayor enemigo. 



1 



20S OBRAS COMPLETAS DE DON 

Era este don García Ordooez, conde de Nájeniy co* 
mandante en la Ríoja por el rey de Castilla ; la segunda 
persona del Estado por el lustre de su casa, por su en- 
lace con la familia real^ por sus riquezas y por sus ser- 
vicios; pero envidioso y enconado con el Cid, atizador 
del odio que el Rey le tenia, y causador de sus destier- 
ros. Rodrigo pues entró en la Rioja (1094) como en tier- 
ra enemiga, taló los campos, saqueó los pueblos, per- 
siguió los hombres ; ¿qué culpa tenían estos infelices de 
los malos procedimientos del Conde? Pero siempre los 
errores y pasiones de los grandes vienen á caer sobre 
los pequeños. El Cid, irritado, no escuchando mas que 
la sed de venganza que le agitaba, siguió adelante en 
sus estragos , y Alberite , Logroño y la fortaleza de Al- 
faro tuvieron que rendirse á su obediencia. Don García, 
que vio venir sobre si aquel azote , juntó sus gentes , y 
envió á decir á su enemigo que le esperase siete dias : 
él esperó; mas las tropas del Conde, al acercarse, se 
d?jaron vencer del miedo, y no osaron venir a batalla 
con el campeón húrgales. 

Satisfecho su enojo , y rico con el botín , dio la vuelta 
á Zaragoza , donde supo que los almorávides se hablan 
apoderado de Valencia ; y entonces fué cuando concibió 
el pensamiento de arrojarlos de allí y hacerse señor de 
aquella capital. Valencia , situada sobre el mar, éb me- 
dio de unos campos fértiles y amenos, bajo el cielo mas 
alo^Tc y el clima mas sano y templado de España , era 
llamada por los moros su paraíso. Pero este paraíso ha- 
bla sido en aquellos tiempos bárbaramente destrozado 
p (ir el mal gobierno de los árabes y sus divisiones intes- 
tinas. Fué siempre considerada como una dependencia 
del reino de Toledo, y en tiempo de Almenen gober- 
nada por Abubeker con tal madurez y prudencia /que 
los valencianos cuando murió este árabe dijeron a que 
se había apagado la antorcha y escurecido la luz de 
Valencia». Hiaya, hijo de Almenen, reinaba en Tole- 
do cuando Alfonso la ocupó ; y uno de los partidos que 
sacó al rendirse fué que los cristianos le pondrían en 
posesión de Valencia, donde se creía que Abubeker, 
acostumbrado al mando, no se le querría dejar. Pero 
Abubeker falleció entonces; y Hiaya, siendo admitido 
pacíficamente á la posesión del reino, con él entraron 
de tropel todas las calamidades. Manda mal ordinaria- 
mente y es peor obedecido aquel que , perdiendo un es- 
tado, se pone á gobernar otro. Hiaya, aunque bien aco- 
gido al principio por los valencianos, no tardó en ma- 
nifestar la flojedad de su espíritu y la inconstancia da 
sus consejos. La autoridad y las armas del Cid, cuyo 
amigo y tributario se hizo , le habían salvado de los dos 
reyes de Denia y Zaí*agoza, que quisieron arrojarle de 
Valencia. Pero no pudieron librarle del odio de sus sub- 
ditos , ya mal dispuestos con él, y mucho mas cuando 
vieron la cabida que daba á los cristianos y los tesoros 
que les repartía, acumulados á fuerza de titania y de 
vejaciones odiosas. Viendo pues ocupado al Cid en tu 
expedición de la Rioja ^ entraron en consejo los prind-» 
paki ciudaduioe, y xig^rtf odo el dictamen de Abei^jaf, 



MANUEL lOSE OUINTaNA. 

alcaide que era de la ciudad, resolvieron llamar I toe 
ahnoravides, que á la sazón habían tomado á Murcia. 
Vinieron ellos, y ocupada Denia, se pusieron delante 
de Valenda , que á pocos dias les abrió las puertas. El 
miserable Hiaya, sin consejo y sin esfuerzo, quiso á 
favor del tumulto salvarse del peligro; y abandonando 
su alcázar, á cuyas puertas ya arrimaban el fuego sus 
enemigos, huyó disfrazado vilmente en traje de mujer, 
y se acogió á una alquería. Allí fué hallado por Abenjaf, 
que sin compasión alguna le cortó la cabeza, y mandó 
arrojar á un muladar su cadáver, haciendo tan triste Gn 
el monarca de Toledo y de Valencia por no saber ser 
hombre ni ser rey. 

Entre tanto la lama de esta revolución llegó al Cid, 
que irritado de la muerte de su amigo, y de que los 
crístianos hubiesen sido expelidos de Valencia, juró 
vengar una y otra ofensa y apoderarse de todo Diri- 
gióse allá, ocupó el castillo de Cebolla ó Juballa, ya 
muy fuerte por su situación, pero mucho mas con las 
obras que hizo construir en él; y en aquel punto esta- 
bledo el centro de sus operaciones. Llegados los meses 
del estío , salió con sus gentes, sentó sus reales junto á 
la ciudad, destrozó todas las casas de campo y taló las 
mieses. Los moradores , afligidos de tantos estragos , le 
pedian que cesase en ellos : él les puso por condicioa 
que echasen de Valencia á los almorávides; pero ellos 
ó no podían ó no querían , y se volvieron á encerrar y 4 
fortificarse. 

Jucef , en cuyo nombre estos árabes desolaban ks 
partes orientales de España, le había intimado insolen- 
temente que no entrase en Valencia ; pero Rodrigo, 
acostumbrado ¿ despreciar la vana arrogancia de los 
reyes, después de volverle en su carta insulto por in- 
sulto, publicó en todas partes que Jucef no osaba salir 
de Afríca de miedo, y sin intimidarse por los inmensos 
preparativos que disponía contra él, estrechó el sitio 
con el rígor mas terríble. Rindiósele primeramente el 
arrabal llamado Villanueva, y después embistió el de 
Alcudia , mandando que al mismo tiempo una parte de 
sus soldados acometiese ala ciudad por la puerta de AJ- 
cántara. Defendíanse los valencianos como leones , y 
rebatidos los crístianos que asaltaron la puerta, se les 
redobló tanto el ánimo , que la abrieron y dieron sobre 
sus enemigos. Entonces el Cid, formando de los suyos 
un escuadrón solo , revolvió sobre el arrabal , y sin de- 
jar descansar un momento ni á moros ni á cristianos, 
les dio tan rigoroso combate, fué tal la mortandad, y 
el pavor que les causó tan grande , que empezaron loi 
de dentro á gritar * «Paz, paz. 9 Cesó el estrago, y 
quedó la Alcudia por el Cid , que , usando benignamente 
de la victoria , otorgó á los rendidos el goce de su liber- 
tad y de sus bienes. 

Pero mientras los dos arrabales, por su reducción ; 
el buen trato del vencedor con ellos, gozaban de la ma- 
yor abundancia, la ciudadi al contrarío, se vela redu- 
cida al mayor estrecho por la falta de todas las cosas 
necesarias i la vida. Cowtrenidoe al Un por la neossl- 



Rfldrigí 
)iTOft da 
regDUpi 

MMTÚgi 

.donde I 
Qétpasó 
ngdtodi 

leltstn 
ncef , iDt 
ptcUdo; 
il ainUio 
ejército 
por niel 
ftporcí 
roD,7« 
aprieto i 
noblUti 
^quinas li 
eolios a 
irecogei 
denede 
hMiiUat 



) deapoi 
turaeoD 



iseíaliei 
ven la 
abaaeni 
los mant 
rasquen 
» perla: 
lesde los 



paneici 
intraban 
: alguDM 
os. A]t( 
ees de Bi 
acidad, ( 
mascult 
leslerlot 
s. Al fin 
«igaf riu 

BTOél M 

guia. Li 
asesÍDO 
sdias,yi 
:id,que 
ituantíi 

■I di 1M 1 



ObRAS COMPl-V-TAS bfi DOJÍ SÍANÜeL lúSÉ QW.NTaNA. 



do oseguror i Valencia, que puma- 
Bodriga todo el tiempo que vi?ió. Su 
ídco años después de la conquista de 
1099), que aun se mantuvo todavía 
[islianos bajo k intoridad ; gobierno 
las los moros, libres ya del terror que 
mpcador, TJnieron sobre ella , y la es> 
que i ruegos de la riuda de Rodrigo 
no acudir ísocorreria. Los bárbaros 
'le ; y él , considoada la situación de 
osibilidad do conservarla en su domi- 
ia, sacd de alli á los crístiaDos con to- 
lotregó la población á las llamas , y se 

WMposadoñaJimena, dos hijas, qu* 
el inlante de Navarra , y la otra con 
ilona : algunas memorias le den l*m- 
nurid muy joven en un combate qne 
los moros cerca de Consuegra. El ca- 
fué sacado de Valencia por sn familia 
y Uevado ulunnemeote al monaite- 
de Cárdena , junto á Burgos, donde 
ero , que ea siempre visitado por los 
acioD y revereocia. 
do acciones qne la bistoría asigna A 
V la muchedumbre de fiibala* que la 
después. Todas son guerreras, y su 
i basta d sorprender-la imaginadoi], 
»nc«bir4|ui¿a en Mts brau de hieT' 



ro que arrojado de su patria , con el corto nfimcrú de 
soldados, parientes y amigos que quisieron seguirle, 
jamás se cansó de lidiar, y nunca lidió sino para ven- 
cer. Escndo y defensa de unos estados, aiote terrible 
de otros , eclipsd la majestad de los reyes de su tiempo, 
pareciendo en aquel siglo de ferocidad y combates nn 
numen tutelar que adonde quiera que acudiese lleva- 
ba consiga Ib gloria y la fortuna. Loa dictados de Cam- 
peador, mió Cid, tiqueen 6*j«n hora lUuei, han pa- 
gado de dglo ea siglo basta nosotros como nni muestra 
del respete que sos contemporáneos le tenían, del ho- 
nor y ventura que en él se inuginabaD. A primera vista 
se hacen increíbles tantas haiaBas y una carrera de glo- 
ria tan seguida. Has sin que el Cid pierda nada de su 
reputación , la incredulidad cesará cuando se considere 
que casi todas sus batallas fueron contra ejércitoa co- 
lecticios, compuestos de gentes diversas en religión, 
costumbres é intereses, la mayfH* parte árabes afemi- 
nados con los regalos del país, uno de los mas delicio- 
sos de Españs y del mundo. Desgracia fué de Castillu 
privarse de semejante guerrero : su esAieno y su foi^ 
tuna, unidos al poder del rey Alfonso , hubieran quizá 
extendido los limites de la monarquía hasta el mar, y la 
edad siguiente vEera hi expulsión total de los bárharos. 
La envidia, la calumnia, un resentimiento reacwoso 
lo estorbaron; y las hesañas del Cid, dándirfe áél re- 
nombra eterno, no bidcron otra hien al Estado que 
manifestar k debilidad de sus enemigos. 



GUZMN EL BUENO 



i.-Zdnip, AnttetieSMIIé. loil^lir, Mf 
mvrimt *t Álfnua il StHa. Minant , CrMcmi te it» Ahm, 

«*u it MeábuiUnU, par Pedro di HrilM. thiltaamut * 
lic«» tffWMIi, por Pedro Bimntti llild0niilii,obn IbMIU. 
Ktttria i* Im itaiI—tt*M i* ht énia t» EijitU, pot áin 



Iteintba en Castilla Aironso el Sabio, 7 era ye el tiem- 
po en qoe la suerte liabia canvertido las glorías de bus 
primerosañoseauaa amarga seria de desvenluras. Fué 
la señaldeelUssuTiajeáFranciaen demanda del im- 
perio de Alemania, pues aunque habia arreglado las 
cosas para que en su auseocia ao padeciese c] Estado, 
lodos los males se desataron á nn tiempo pare descon- 
certarlas medidas de su prudencia. Los maros de Gra- 
nada rompen las treguas ajustadas con él , y llamando 
en su ayuda i Aben Jucef , rey de Fez , iaundan la An- 
dalucía, llevindola toda á fuego y sangre ; Doa Ñuño 
deLara, comandante en la provincia, muere en una 
batalla ; el Príncipe heredero, gobernardor del reino, 
talieceeiiVillareaijyelanobispode Toledo don San- 
cho, que salid con un ejército i encoatrar al enemigo, 
empeña un combale con mis ardimiento que pruden- 
cia , y es hecho prisionero y después muerto. 

Debió en tal conflicto la monarquía su salud i la ac- 
tividad 7 acertadas medidas del infante don Sanclio, 
liíjo segundo del Hey, ayudado poderosameiile del se- 
ñor de Vizcaya don Lopeí Diaz de Haro , que con toda 
la nobleza castellana bajó al socorro del mediodía Con 
don Lope riño entonces don Alonso Pérez de Guzínan, 
jdven de veinte años, nacido en León , de don Pedro 
de Guiman , adelantado mayor de Andalucía , y de una 
noble doncella llamada dona Teresa Huii de Castro *. 
El sráor de Vizcaya atajó el Ímpetu de los bárbaros, los 
derrotd junto á Jaeu, y vengú la muerte del Arzobispo. 
Este fué el primer combale en que se halló Guzman;y 
no solo se señaló porsusfaeclios entre todos, sino que 
lumbien tuvo la fortuna de hacer prisionero al moro 
Aben Comat, privada de Jucef; lo cual fué gran parte 
) are la conclusión de la guerra , pr^rque vuelto Alfonso 
de ni inútil viaje , y escarmentados los enemiqos cnn 
aquel descalabro, empexuroa d moverse condiciones de 
concierto; y Guzman, que fué el ministro de esta nego- 
ciación, pudo con el influjo de Aben Comat, antes 
cautivo suyo y ya su amigo, ajuster tregaas por dos 
■ños con el rey de Berbería (1376). 

En celebridad de esle suceso se hizo un toraeo en 
SeTfllftdehuitedelacor[e,donde,deIiDÍsa)omodoque : 

< Dairialtt la lltu dotí tulfl. 



en la batalla, Guzi 
bizarría. Llegada I 
senciado la fiesta, 
hahia distinguido 
muchos á un tiem] 
que lo hizo mejor, 
porque habia algo) 
ees don Juan Rami 
don Pedro , que se 
pues sucedida BU [ 
narca: «Señor, Al 
no de ganancia, n 
mas que á nadie á 
ella la ilegitimidad 
llamaban liijos de f 
DO veladas , y su m 
sonrojado asi delar 
Inlleros presentes, 
dad, soy hermana 
depérdída;ysino 
quien nos hallamo 
coa que debéis tn 
de ello , sino quien 
üó.BEIRey, iquli 
dijo entonces: «P 
esf es costumbre d( 
hijos de mujeres vel 
costumbre ds h» 
cuando no son bien 
yan á buscar fiíera 1 
y juro no volver mi 
llamar de ganancia 
el fuero á los bijosd 
reino, porque desd 
fiido de ser TueUn 
mas siendo vanos si 
plazo que pedia, en 
Ii:ibia heredado de 
eu la guerra, y se e 
(¡unos amigos y crii 
ron seguir su fortuí 
En las estrecha! 
tre las dos naciones 
pa&a, era mny coi 
irseiíanirálosm 
dos da los cristiano 
Jucef, 7 Gtumtn u 
que le etistiríe en I 
re; d« Castilla ó cu< 



^ii 



ÓBIIAS COMPLETAS D& DON MANUEL )OSé QÜINtAÑA. 



monarca bert>erisco redbió á él y á sus compa&eros con 
el mayor agasiy o ; y dándole el mando de todoaloscrís- 
tianos que estaban á su servicio, se le llevó al AMca 
consigo. 

La primera expedición en que le ocupó fué la de Ir á 
sujetar los árabes tributarios de su imperio, que, de- 
biéndole ya dos años de contribuciones, se resistían á 
pagarlas U Estos árabes, siguiendo siempre la costum- 
bre de andar divagando, no tenian asiento ni domicilio 
lijo; no pagaban jamás sino forzados ; y entonces, or- 
gullosos con su muchedumbre, llevaron la insolencia 
iiasta amenazar al rey de Fes que le quitarían la coro- 
na. Guzman , encargado de reducirlos, propuso á Aben 
Jucef que comprase ó hiciese dar libertad á todos los 
cautivos cristianos que hubiese en la ciudad, los cuales, 
agregados á sus soldados, bastarían á sijyetar á los re^ 
heldes , sin necesidad de llevar muchos moros consigo. 
Ilízolo así el Rey; y Guzman al frente de mil y seiscien- 
tos cristianos, y de algunos moros que también le si- 
guieron , salió en busca da los rebeldes, á quienes ai^ 
remetió y con grande estrago ahuyentó hasta sus tien- 
das. Espantados y escarmentados sus alfaquies, vinie- 
ron al campo cristiano, y no solo ofrecieron las pagas 
que debian, sino que añadieron muchos dones para sus 
vencedores á fin de que los dejasen en sosiego. Había 
muchos en el ejército de Guzman que opinaban porque 
no se admitiesen sus ofertas; y ensoberbecidos con su 
fortuna, querían que se destruyese del todo y aniquilase 
aquella gente amotinada. Mas el caudillo español, co-* 
uociendo que la seguridad de los crístianos de África 
consistia en. la necesidad que de ellos tuviese el Rey 
para tener sqjetoa á los árabes tributaríos, no consintió 
m destrucción, y aceptó las pagas y dones que le hicie- 
ron. Con esto dio la vuelta á Fez, y el Rey hizo genero- 
samente merced de Una de las pagas á Guzman, el cual 
la partió con sus soldados. 

Con este servicio , con su prudencia y sus demás vir- 
tudes , so hizo un lugar tan distinguido en aquella cor- 
te, que Aben Jucef ponía en él toda su estimación y 
conGunza. El poder y autoridad que allí disfrutaba re- 
sonaban en Castilla á tiempo que la monarquia, des- 
garrada en dos facciones , estaba en el punto de pade- 
cer una revolución lastimosa. En medio de las prendas 
eminentes que adornaban á Alfonso el Sabio , veíase en 
sus consejos y determinaciones una irresolución y una 
inconstancia muy ajenas del carácter entero y firme 
que tan resjpetable había hecho á su padre. A los dos 
grandes errores de su reinado , la alteración de la mo« 
neda y la aceptación del imperío, anadió al fin de sus 
dias la intención de variar la sucesión del reino, solem- 
nemente declarada en Cortes á favor de su h^'o Sancho. 
Es verdad que esta declaración bahía sido hecha en 
perjuicio délos bjjes del príncipe heredero don Fer- 
nando de la Cerda, muerto en Víliareal ti tiempo dele 

4 U Crmuiilre§ imíAkmpXt y Samatas Maldoaido let 
San el nombra de nkMñen y «te SItlao dtsf fstses los WktM 
%üt \q% qai eatn as«otr9i M UaiU»aa $ttré§u 



invasión de los moros. Pero Sancho habta defendido el 
estado; y el vigor y la prudencia que manifestó enaque- 
11a ocasión, ganándole las Toluntades de los grandes, 
de los puebles, y aun del Rey, fueron recompensados 
con llamarle á la sucesión, exduyendo de ella á sos so 
brínos. Si esto fué una iiy'usticia, ya estaba hecha, ) 
cualquiera innoyacion iba á causar una guerra civil, 
porque Sancho no era hombre de dejarse despqar tran- 
quikmente del objeto de su ambición, conseguido ya 
por sus servicios. Estaban anteríormente encontradas 
las voluntades de hijo y padre con disgustos domésti- 
cos, enconados miserablemente por los mismos que 
debieran concertarlos. Asi, cuando el Rey prepuso una 
nueva alteración en la moneda, y que se desmembrase 
el reino de Jaén para darle á uno de sus nietos, rompió 
por todas partes el descontento; y juntos en Valladolid 
los ricos-hombres con don Sancho, declararon inhábil á 
administrar y gobernar el reino al legislador de Castilla. 
Las mas de las ciudades, los prelados, los grandes, sus 
hyos, su esposa, todos le abandonaron, menos Sevilla, 
que se mantuvo sola en su obediencia. Los otros prín- 
cipes de España aliados y paríentes suyos no le acudie- 
ron, y el rey de Granada, su enemigo, confederado con 
su hijo , hada mas espetóse el peligro y mas escanda- 
losa la rebelión. 

En tan amargo apuro el infeliz monarca, iodo entre- 
gado á su desesperación , pensó meterse con todas sus 
riquezas en una nave que hizo preparar y pintar de ne- 
gro; y dejando su ingrata patria y su desnaturalizada 
familia, abandonarse á las ondas y á la fortuna. Mas 
antes de poner en obra este desesperado designio , vol- 
vió los ojos al Afnca, y se acordó de Guzman , y quiso 
implorar la autoridad y el poder que disfrutiiía en la 
corte de Fez. Entonces fué cuando le escribió la carta 
citada por casi todos nuestros historiadores, monumen- 
to singular de aflicción y de elocuencia, al mismo 
tiempoque lección insigne para los príncipes y los hom- 
bres. Su contexto literal es el siguiente : 

o Prímo don Alonso Pérez de Guzman : La mi cuita 
a es tan grande, que como cayó de alto lugar, se verá 
» de lueñe ; é como cayó en mí , quera amigo de todo el 
» mundo, en todo él sabrán lamí desdicha éafincamien« 
» to, que el mío fijo á sin razón me face tener con ayuda 
» de los míos amigos y de los míos perlados; los cuales, en 
» lugar de meter paz , no á exceso ni á encubiertas, sino 
» claro, metieron asaz mal. Non fallo en la mía tierra 
9 abrígo, nin fallo amparador ni valedor, non me lo me- 
» reciendo ellos, sino todo bien que yo les fice. Y pues 
»que enla mía tierra me fallecequienme había deservif 
vé ayudar, forzoso me es que en la ajena busque quien 
» se duela de mi : pues los de Castilla me fallecieren, 
9 nadie me tema en mal que yo busque los de Benama- 
arín. Si los mios hijos son mis enemigos, non será ende 
a mal que yo tome á los mis enemigos por ^'os ; ene- 
»migos en la ley, mas non por ende en la voluntad, quo 
» es el buen rey Aben Jucef i que yo le amo é precio mu« 
acbO| porque él non m despreciará ni fallecerá i c« es 



PAHTE 

» mi ilragnido i mi apilguado. Yo sé cointo lodesiii- 
s ya, j cuáalo ru «mt, «id cnánta nison, ¿ cuánto por 
BTDostro consejo fori. Non mirodei i cowi pasodu, 
BSJDoiprewDtesjcatá quiso lodMéde) linaje donde 
DTenidMié queenidgUD tiempa tos (aré bien ; ésilo 
» roa aoD ficíese, f ueslro bieo &cer tos lo galardonari; 
aque el qas faca bien Dvnca lo pierde. Por lanío , el 
nmio primo Alonso Peres de Guimtn, foced i tentu 
D Gon el Tuestro iráor j araig? oiio , que sobre la mia 
■ corona mas averada que jo be, j piednu ricas que 
s ende son , me preste io que él per bien tuviere ; í si la 
B suya ayuda pudiéredes aUegar, oo me la estoitedei, 
■como yo cuido que aon faredas ; antes tengoque toda 
Hlft buena amistanza que del mostró señora mi rioie- 
sre seri por vuestra idbdo ; y la de Dios sea con tus- 
B co. — Feclia eo la mia sola leal ciudad de Serilla, i los 
> treinta a&ofi de mi reiaado y el primoro de mis cuí- 
Btas(1282).— £JAesr.» 

GuBnan,olTÍdaDdoeldesabrim[eiito pasado, expaso 
i jucef la triste situación del monarca caitcituo, y le 
presentó la corona que habia de ser prenda del auillio 
que se pedia. « Vé , respondió el generoso moro , y llsTa 
i tu señorsesenta mil doblas de oro ' para que de pron- 
to se socorra ; consuélale y ofrécele mi ayuda , y Toét- 
Tote luego para ir conmigo. La corona del Roy quiero 
que quede aqui , no en prendas , sino para memoria coi^ 
timia de su desgracia y mi promesa. ■ Guunan pasd el 
ea(recbo,;nnoiSeTÍIIa acompañado de una muche- 
dumbre lucida de amigos y criados, y presentó al Rey 
desralido el tesoro que ie traia. Asi cumplió con gloría 
tuya U terrible palabra que dio al müt del reino, de no 
TolTer i él sino cuando pudiesen llamarle Tordadera- 
mente de ganancia. Recibido de Alfonso con el hoDw y 
agasajo debidos i tal servicio, entre las demás señales 
de agradecimiento que mereció fué la de unirle con do> 
ña Haría Alonso Corond, doocella noble de Serilla, y 
por su hermosura , su riqueza y sus rirludes el mejor 
partido de toda Andalucía l. Tenia entonces Guiman 
Teioley eeisañoe, y lat)oda se celebró en Sevilla, ha- 
ciendo el Rey donación de Alcalá de los Gasules á loa 
desposados. De allí á pocos dias did la vuelta al Afriea, 
da donde vino después acompañando á Jucef , que se- 
guido de gran tropel de jinetes berberiscos, trajo al lo- 
coiTD prometido. 

fiéronse los doi principes jonto i Zabara en el oaio- 

< E*lw iobh* am proktbliKSBl* tumfiAa, mu, ttfa li ti- 
Ineltn %n m airo Urapo ■« naiiileA al iitnXn lalp Son 
■uacl *a LiBU, autTi^H aiTor J ■■■«<• bij ^cOm «a «*- 
M Mitrriu , eqalnlliB t uuiU reilet éi lelloi da iiMln ■•- 
Mda ictiiL Lu t» la banda eorreipDndJan at talM áe iCMau i 
■no t s««eniirdMr«ilM,IuiioriKMi]<ediicaNittf nchod 

■ EnUfBaaAlHtaSeTa*B<«iCM«d,Ta<IAuta,;ladiaa 
Saubi Ult*et da Afiliar : u dota m eonraali d« aaabM h*- 
Uo* r hendadei u CaiUUa , fiallcla I Poit«|ti, j taaibUa (B el 
rilM 1» Sarilla, MI Joraty Itacrot an abudaaeta. Guau ao 
tiaaM M «MwMiU *ia pedir ramUa I huí, «m le la dlé, 
idadiaada fu MaU a* ballina iiaaeaia |an raiMtls'** •• ■■ 



.-HISTOBU. 

púnanlo moro r rindia&dúclafrloj 
tequio y de respeto ti rey de Casti 
i caballo en su tienda magnlítcaii 
obligóá colocarse en el asiento p 
■úntate tú, qoe eres rey desde li 
desda ahora en que Dioi me lo I1Í2 
pondió Alfwso : a Ho da Dios nobl 
ni da honra sino á loa honrados , n 
lo merece; y asi Dios te dio reino | 
Tras de astas y otras cortesías tn 
del plan que hablan da seguir en t 
me un adalid , dijo el moro , que 
que no te obedece, y la destruirá 
rinda la obediencia. Diósele, con 
tilla , pero encargándole que lleí 
donde menos mal hacer pudiesei 
bieo digno del que , deepidiéndoee 
sevillanos al ir á ias visUs om Iwt 
vedes i qué 10 venido, que por fu 
do nüi enemigos , é enemigo de n 
Dio* que non place á mí s. ■ 

Lu bnestes oonfaderadas üegai 
ya eetabe el príncipe don Sancho, 
las vias de negociación , y enrió á 
man y á un intérprete á eibortart 
eiliaree con su podre. Ya aran enl 
admitidoaála presencia del Princl 
que los moros se batiían acercad 
jjian muerto algunos peones, oj 
otros con tal mensaje, les dijo irri 
ros estén dando muerte á los mies 
no estéis un punto mas en mi presi 
que no só quién me detiene de ha 
ros por encima de los adarras. ■ 
gracias o] cielo por haberles túv. 
y causando admiración á todos qi 
de la indignación de Sancho va < 

Su presencia en Córdoba y su d 
losesfnerzoB de los africanos, loi 
haber talado ydestniido las debes 
dolucfa y la Mancha , se volvieron 
ber hecho cosa de momento en b: 
pechas y desconfianzas sembrada 
y creidaa pw el rey da Castilla , qi 
do de loe hombres, itodos lea ten 
ron al Sn , yéndose Aifraso á Sevi 
ras , para desde allí volverse á tue 

ConélseüiéalAlHca Guman 
sa, la cual era tratada en Fat con 

* hlatiti eopladu 1 ti lein la im 



ulUdMi pan ai sntadg p«r IR MSlail 
clda fna MatrUslaa t plDLit mtjor al ( 
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114 OBRAS COMPLETAS DE DON 

Bestídadmerecia. El caudUIo español asistió al rey Ju- 
cef en todaa las guerras que por aquel tiempo tuvo que 
mantener con sus Tocinos, debiendo en todas ellas á su 
Talor y á stt consejo la nctoria y ventiyas que conse- 
guía. Las eipediciones mas señaladas fueron las dos 
que se hicieron sobre Marruecos : en la primera las ai^ 
mas de iucef ayudaban á Budeluz, un moro principal 
que se habia alzado contra el miramamolín Almortuda, 
de quien era pariente muy cercano. Guzman , por cuya 
dirección se gobernaba el ejército de Fez, presentó y 
▼enció en batalla al Miramamolin , á quien dio muerte 
por su mano peleando con él. Con esto Budeluz fué al- 
tado por rey de Marruecos; pero á poco tiempo, ha- 
llándole Juccf ingrato ásus beneGcios, y Tiendo que 
no quería cumplir las condiciones estipuladas en su 
con ideracion, enTÍó á Guzman contra él. Vencido y 
muerto Budeluz en la batalla que se dio junto á Marrue- 
cos, este estado Tino á parar á la dominación de Jucef. 
La misma fortuna siguió á Guzman después en la expe- 
dición contra Segelmesa, que tuTO también que suje^ 
tarse al imperio de aquel rey. Al leerse estas proezas 
según las cuentan lus cronistas de la casa de Medinasi- 
donia , y Tiéndelas seguidas de la aTentura de la sierpe 
y del león, parece que su intento ha sido hacer de su 
héroe un paladín, y de su narración una leyenda ca- 
balleresca. Pero aun cuando por Tentura haya alguna 
eiageraclon en sus Mémtrtrias, lo que no tiene duda es 
que la fama de los hechos de Guzman , saliendo de los 
términos de Afríca y de España, llegaba á Italia á oídos 
del Papa, que le escribía á él y á sus compañeros en tér- 
minos y elogios magnf fleos. Las riquezas adquiridas con 
tan nobles trabajos fueron tantas, que los dos esposos 
llegaron á recelar de la codicia de los bárbaros que los 
perdiesen por ella. LacontianzayamordeJucefhácia 
Guzman eran siempre los mismos; pero su hijo Aben 
Jacob y un sobrino que tenia, llamado Amir, euTídia* 
ban su príTanza y le aborrecían, siendo de temer que, 
faltando el Rey , el faTor y la fortuna que hasta alli ha- 
bia gozado se couTirtiesen en persecución y desgracia. 
Acordaron pues separarse, aparentando estar desaTe- 
nidos y no poderse llevar bien TÍTÍendo juntos. El Roy 
creyó el artificio y faToreció la separación, de modo 
que doña María Coronel se pudo Toher á España con sus 
hijos y la mayor parte de los tesoros de su marído. 

Muríó de alli á poco Jucef, sucediéndole en el señorío 
de Fez y de Marruecos su hijo Aben Jacob. Cuanto el 
padre habia tenido de generoso, de franco y de leal, 
tenia el hijo de feroz, TengatiTO y alcTOSo. Aborrecía á 
Guiman y á loe cristianos defensores de su imperío; y 
su rencor, atizado por Amir, no tenia mas freno que el 
temor de que el pueblo se subloTase por la desgracia de 
Guzman, coyas rírtodes se amaban y respetaban del 
mismo modo que se admuraban sos hazañas. En esta 
época es donde loe historiadores colocan h batalla con 
la serpiente monstruosa que tenia aterrada á Fez y á 

sus contornos i mas las circanstancias increibies oon que 
se cuenta esta proeza tienen demasiado aire de fábula 



I 



MANUEL JOSfi QUINTANA. 

para adoptaría como cierta, y el Talor de Guzman a6 
necesita de semejantes ficciones para recomendarse ft 
la admiración de los hombres. 

Resueltos ya los bárbaros á perderle , tomaron el ar- 
bitrio de euTiarle con pocos cristianos á cobrar el tri- 
buto de los árabes, arisando á estos que le «tacasen 
cenia mayor muchedumbre que pudiesen, y ofreciendo 
perdonaries U contribución si acababan con él y sus 
compañeros. Supo él esta aloTOsia por Aben Gomat, 
aquel moro que ñié su cautivo en la batalla de Jaén , y 
que después se habia constantemente mostrado amigo 
suyo. Estaba ya por aquellos días pensando en los me* 
dios de salir de Marruecos ; y pareciéndole aquella oca- 
sión oportuna, aceptó la comisión que se le daba, y 
partió con sus cristianos ; mas determinado á oponer ar- 
tificio á artificio , derramó escuchas por todas las Tere- 
das para Tor si podia coger al mensajero que llevaba i 
los árabes el stíso acordado. Consiguiólo; y sustitu- 
yendo otro en que se les decia que Guzman iba á ellos 
con gran número de gentes , envió con él á uno de los 
suyos. Los árabes, que con tanto daño hablan experi- 
mentado su Talor , no quisieron TolTor á hacer la prue- 
ba, y le euTiaron con sus alfaquies las pagas atrasadas, 
y mochos dones para él y sus gentes. 

Hecho esto , manifestó á los soldados las pérfidas in- 
tenciones de la corte de Fez, y les propuso salir del 
África y TolTor a España. Dljoles que ya tenia aTísado 
al general de las galeras de Castilla que le esperase en 
una cala junto á Tánger ; repartió con ellos las riquezas 
adquiridas en aquella expedición , y todos á una toz le 
prometieron seguirle. RctoItíó luego hacia el mar, y 
atraTesando por los lugares de la costa , donde echó toz 
que iba por mandado del Rey para defenderla de las 
iuTasiones de los castellanos , se acercó al sitio conve- 
nido. Allí le aguardaban las galeras , donde embarcado 
con sus compañeros, que serian hasta mil, entró por 
fin en Sevilla con toda la solemnidad y regocijo de un 
triunfo (1291). 

Ta en esta sazón habia muerto Alfonso el Sabio, y 
reblaba en Castilla su hijo Sancho. Guzman fué á verse 
con él á poco tiempo de su llegada y á ofreceríe sus ser- 
vidos. Admitiólos el Príncipe, diciéndole cortesmente 
a que mejor empleado estaría un tan gran caballero 
como él sinriendo á sus reyes que no á los africanos n. 
Inibrmóse largamente de las cosas de aquel país, del 
poder de sus jefes y de la manera mas Tentajosa de Ua- 
cerles guerra. Habia en aquellos días ganado nuestra 
escuadra ana Tíctoría de los berberiscos, tomándoles 
trece galeras; y á Sancho pareció ocasión oportuna de 
embestir á Tarifa , plaza importante, situada en la cos- 
ta, y una de las puertas por donde los africanos entra* 
han íácihnente en España. No habia dinero para la em- 
presa; Guzman lo aprontó, y junto el ^ército, atacó á 
Tarifa por mar y por tierra. Duró el sitio seis meses, 
siendo siempra Guzman el Toto mas ateodidoealosooiH 
sejes yelhreiomas foerteen los ataques. Los moros 
se resistieron con el mayor brio ; pero al cabo la plaza 



^-*^« W ^M- ^ y#^ •» 



PARTE SEGUNDA.— HISTORIA. 



2iS 



M entrada por fuana y sus moradores bechot escla- 
Toa, y aunque hubo pareceres de qoe se desmantelase, 
creyendo imposible mantenerla, por so situación , el 
maestre de Calatran se ofreció á .defenderla por un 
año, esperando que á ejemplo suyo algún otro caballero 
se encargaría después de ellSi como efectif amenté su- 
cedió. 

En aquel tiempo Guzman , pagando el tributo á la 
flaqueza bumana, se dejó ? encer del amor. Su edad no 
llegaba á los cuarenta años; su esposa, doña María Co- 
ronel, por indisposiciones que han llegado á nosotros 
mal disimuladas en el incidente del tizón , se babia he- 
cbo inhábil para el uso del matrimonio, y el clima de 
Sevilla, donde Guzman de ordinario residia, es á mara- 
villa ocasionado á la galantería y los amores. Tuvo 
pues de una doncella noble de aquella ciudad , con 
quien trataba, una hija natural, á quien se llamó Te- 
resa Alfonso de Guzman. Los festejos y profusiones á 
que con este motivo se abandonó su corazón franco y 
generoso fueron tales, que llamando la atención de 
doña Maria, la hicieron rastrear el secreto, y conocer 
que si poseía toda la estimación , respeto y confianza de 
su esposo, no asi su corazón ni su gusto. Disimuló, sin 
embargo, su desabrimiento, y tomó el partido que con- 
venia á una matrona tan prudente y virtuosa como ella. 
Hizo en primer lugar traer cerca de sí á la niña, y la 
crió y educó como si fuera propia suya, y andando el 
tiempo la casó con un caballero sevillano, y la d<gó he- 
redada en su testamento. Demás de esto, sin quejarse 
ni acriminar á su marido, le empezó á insinuar suave- 
mente que seríamejor se fuesen á vivir á algunos desús 
lugares ó castillos , á la manera que lo hadan los seño- 
res en Francia, pues de este modo ó harian bien á sus 
vasallos viviendo con ellos , ó desde algún castillo fron- 
terizo harían daño en los moros y servirían al Estado; 
que la residencia en Sevilla era ezpuesta á gastos, para 
los cuales sus rentas no eran bastantes, y que al cabo 
tendrían que vender las posesiones y heredades que con 
tanto trab^o hablan adquirído para establecer sus hi- 
jos; y solia añadir que las ciudades no se hablan hecho 
para vivir en eUas los caballeros, sino los mercaderes, 
oficiales y tratantes. Dejóse persuadir don Alonso, como 
quien tanto la estimaba y conocía á quó fin se dirígian 
aquellos consejos; yresuelto á dejará Sevilla, tomó una 
ráolucion verdaderamente digna de su reputación y 
'vilor. Cumpliese ala sazón el término que el maestre 
de Calatrava habia seBalado á su tenencia de Tarifa; y 
como ningún otro caballero se ofreciese á sucederle, 
Guzman tomó sobre sf aquel servicio, y d^o al Rey que 
él Ul defendería por la mitad del costo que hasta alli 
había tenido. Llevó allá su familia, reparó loa muros, 
pertrechóla de todolonecesario, y encerróse en eDa, 
do prever que el sacrificio de sus bienes y su persona 
no arañada en convaradon del ;grande y terrible ho- 
locanalo qoe habia de hacer muy pronto al pundonor y 
áhpairfa* 

Entre loa i^enonqea malvados qiia hubo en aqúd si- 



glo, y los produjo muy malos, debe distinguirse al in- 
fante don Juan, uno de los hermanos del Rey. Inquieto, 
turbulento, sin lealtad y sin constancia, habia abando- 
nado á su padre por su hermano, y después á su her- 
mano por su padre. En d reinado de Sancho fué siempre 
uno de los atizadores de la discordia, sin que el rigor 
pudiese escarmentarle, ni contenerle el favor. A cual- 
quiera soplo de esperanza, por vana y vaga que fuese, 
mudaba de senda y de partido, no reparando jamás en 
los medios de conseguir sus fines, por injustos y atro- 
ces que fuesen: ambidoso sin capacidad, faccioso sin 
valor, y digno siempre del odio y del desprecio de todos 
los partidos. Acababa el Rey su hermano de darle liber- 
tad de la prisión á que le condenó en Alfaro cuando la 
muerte del señor de Vizcaya, cuyo cómplice había sido. 
Ni el juramento que entonces hizo de mantenerse fiel, 
ni la autoridad y consideración que le dieron en d go- 
bierno, pudieron sosegarle. Alborotóse de nuevo, y nu 
pudiendo mantenerse en Castilla, se huyó á Portugal, 
de donde aquel rey le mandó adir por respeto á don 
Sancho. De allí se embarcó, y llegó i Tánger, y ofredó 
sus servicios al rey de Marruecos. Aben Jacob, que 
pensaba entonces hacer guerra d rey de Castilla, le re- 
cibió con todo honor y cortesía, y le envió, en compañia 
de su primo Amir, d frente de cinco mil jinetes, con 
los coales pasaron d estrecho y se pusieron sobre Ta- 
rifa* 

Tentaron primeramente la ledtad del dcdde, ofre- 
déndole un tesoro si les daba la villa; y la vil propuesta 
fué desechada con indignación. Atacáronla después con 
todos los artificios bélicos que darte y la animosidud 
les sugirieron , mas fueron animosamente rechazados. 
Dejan pasar algunos dias , y manifestando i Guzman el 
desamparo en que le dejan los suyos, y los socorros y 
abundancia que pueden venir á ellos , le proponen que, 
pues habia hecho desprecio de las riquezas que le da- 
ban, d él partia con ellos su tesoro descercarían la vi- 
lla, a Los buenos caballeros, respondió Guzman, iii 
compran ni venden la victoria.» Furiosos los moros, se 
aprestaban nuevamente d asalto, cuando d imcuo In- 
fante acude á otro medio mas poderoso para vencer la 
constancia dd caudillo. 

Tenia en su poder al hijo mayor de Guzman , que sus 
padres le hablan confiado anteriormente para que le 
llevase á la corte de Portugd, con cuyo rey tenían 
deudo. En vez de dejarlo alli, se le llevó al África, y le 
trajo á España consigo ; y entonces le creyó instrumento 
seguro para el logro de sus fines. Sacóle maniatado de 
la tienda donde le tenia, y se le presentó d padre, inti- 
mándole que si no rendía la plaza le matarían á su vis- 
ta. No era esta la primera vez que d infame usaba de 
este abominable recurso. Ta en los tiempos de so padre, 
para arrancar de su obedienda á Zamora, habia cogido 
un hijo de la dcaidesa dd dcázar, y presentándole con 
la misma intimadon, habia logrado que se le rindieae. 
Pero en esta ocadon ao barbarie era sin comparado» 
masborrible, poes^conla homanidad y iajustidaí violaba 



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2i« OBRAS COMPLETAS DE DON 

á ua tiempo la amistad^ él honor y la conflaaia. Al rer 
ai iujo, ai oir sus gemidos » y al escachar las palabras 
del asesino» las ¡lágrimas irinieron á los ojos ád padre ; 
pero la fe jurada al Rey, la salud do la patria , la indig- 
nación producida por aquella conducta tan eieerable, 
luchan con la naturaleza » y Tencen» mostrándose el 
héroe entero contra la iniquidad de los hombresyel ri- 
gor de la fortuna. «No engendré yo hijo, prorumpió, 
para que fuese contra mi tierra; antes engendré hijo á 
mi patria para que fuese contra todos los enemigos de 
ella. Si don Juan le diese muerte, á mi dará gloriai á mi 
hijo Terdadera vida , y á él eterna infamia en el mundo 
y condenación eterna después de muerto. Y para que 
Tean cuan lejos estoy de rendir la plasa y faltar á mi 
deber, allá ?á oü cuchillo si acaso les falta arma para 
completar su atrocidad.» Dicho estO| sacó el cuchillo 
que llevaba á la cintura, lo arrojó al campo, y sa retiró 
al castillo (1294). 

Sentóse á comer con so esposa, reprimiendo el dolor 
en el peeho para que no saliese al rostro. Entre tanto el 
luíante, desesperado y rabioso, hizo degollar la Tictima, 
á cuyo sacrificio los cristianos que estaban en el muro 
prorumpieron en alaridos. Salió al ruido Guzman, y 
cierto de donde nacía, voWió á la mesa diciendo : «Cuidé 
que los enemigos entraban en Tartík.» De allí apoco los 
moros, desconfiados de allanar8ueonstancia,ytemiendo 
el socorro que ya venia de Sevilla á los sitiados, levan- 
taron el cerco, que habia durado seis meses, y se vol- 
vieron á África sin mas fruto que la ignominia y el hor- 
ror que 1SU execrable conducta merecía. 

La fama de aquel hecho llenó al instante toda Espai^a, 
y llegó á los oidos del Rey, enfermo á la sazón en Alcalá 
de Henares. Desde allí escribió á Guzman una carta en 
demostración de agradecimiento por la msigoe defensa 
que habia hecho de Tarifa. Compárale en ella á Abraham, 
le confirma el renombre de Bueno, que ya el público le 
daba por sus virtudes; le promete mercedes correspon- 
dientes á su lealtad, y le manda que venga á verle, ex- 
cusándose de no ir él á buscarle en persona, por su do- 
lencia. Don Alonso, luego que se desembarazó del tropel 
de amigos y parientes que de todas partes del reino 
acudieron á darle el parabién y pésame de su hazaña, 
vino á Castilla con grande acompañamiento. Sallan á 
veríe his gentes á los caminos, señalábanle con el dedo 
por las calles, hasta las doncellas recatadas pedían li- 
cencia á sus padres para ir y saciar sus ojos viendo á 
aquel varón insigne que tan grande ejemplo de ente- 
reza habia dado. Al llegar á Alcalá salió la corte toda á 
su encuentro por mandado del Rey, y Sancho al reci- 
birle dijo á los donceles y caballeros que estaban pre- 
sentes : « Aprended, caMleros, á sacar labores de bon- 
dad ; cerca tenéis el dechado.» A estas palabras de favor 
y de gracia añadió mercedes y privilegios magníficos; 
entonces fué cuando le hizo donación para sí y sus des- 
cendentes de toda la tierra que costea la Andahicfa, 
entre lasdesembocaduras delGuadalquivir y Guadalete. 

Tnvo pues en la estíinacíott pública y en la veucra- 



UANDEL JOSÉ QUINTANA. 

don de aquel siglo toda la recompensa que eabe en los 
hombres la acción heroica de Guanan. Estaba reser- 
vado para nuestro tiempo, tan pobre de virtudes civiles, 
dismhiuir esta hazaña, achacándola mas á ferocidad 
que á patriotismo. Injustos y mezquinos , medünos las 
almas grandes por k estrechez y vileza de las nuestras; 
y no hallando en nosotros el móvil de las acciones su- 
blimes, queremos ajariasmas bien con una calumnia, 
que adnürarlas y agradecerlas. ¿Y á quién vamos á ta- 
char de ferocidad? A quien no presenta en toda la serie 
de su vida un rasgo solo que tenga conexión con seme- 
jante vido; al que en las grandes plagas de hambre y 
peste que afligieron la Andalucía en su tiempo, tuvo 
siempre abiertos sus tesoros y sus consuelos á la indi« 
gencia y al infortunio ; al que mereció, en fin, de la gra- 
titud de los pueblos el renombre de ^tieno por su f n* 
dolé bondosa y compasiva, antes que la autoridad vi- 
niese á sancionársele por su herdsmo. 

El rey don Sancho falleció en Toledo, aquejado de la 
enfermedad que contnyo por sus fatigas personales en 
el sitio de Tarifa. Principe ilustre sin duda por su ac- 
tividad, su prudencia, su entereza y su valor, su me- 
moria sería mas respetable si no la hubiera amancillado 
con su inobediencia y alzamiento, y con el rigor exce- 
sivo y crud que á veces usó para escarmentar á los que 
eran infidos á su partido : triste y necesaria condídon 
de los usurpadores, tener que cometer á cada paso 
nuevos delitos para sostener el primero. Fuera de esto, 
es innegable que poseía cualidades eminentes. Su mis- 
mo padre, aunque injuriado y desposeído por él, le ba- 
da esta justida; y cuando le dieron la falsa nueva de 
que habia muerto en Salamanca, el lastimado viejo llo- 
raba sin consuelo, y exclamaba a que era muerto el 
mejor borne de su linaje». De diez y ocho años salvó 
el Estado de la invasión de los sarracenos; y declarado 
heredero, supo mantener y asegurar su derecho inderto 
al trono contra su mismo padre, que le quería despojar 
de él, contra las voluntades enemigas de muchos pue- 
blos y grandes, contra la opodcion de casi todos los 
reyes comarcanos. Pero estas circunstancias, que con»- 
tituianla gloria y mérito de su vida, se reunieron á 
atormentarie al tiempo de morir. La mano que habia 
sabido contrarestarlas iba á faltar, y su hijo en la infaih- 
da se veria expuesto sin defensa alguna á la borrasca 
que iba á arreciarse con mas ímpetu que al principio. 
Gonodendo los grandes talentos de su esposa, la céle- 
bre rdna doña María, la nombró por gobernadora, y an- 
tes de espirar dijo á Guzman estas palabras : o Partid vos 
á Andalucía, y defendedla, y mantenedla por mi hyo; 
que yo fío que lo haréis, como bueno que sois , y yo os 
lo be llamado. 

Muerto el Rey, todos los partidos levantaron h ca- 
beza. Los Cerdas, apoyados por Francia y Aragón, 
querían apoderarse de la corona ;eMnfánte don Juan, 
desmembrarla, haciéndose rey ih An Jdiucía ; d de Por- 
tugal , dilatar su frontera ; los grandes y pueblos des- 
favorecidos ó castigados por Sandio, vcnj^'arsé y satis- 



m 



ibjerno pan d 
I procediendo 
in hidrópica di 



imainecesiti 
toimaleiseai 
I remedio de 1 

,_. _, le Italia «1 íit 

numo de Alfonso el Sabio ¡ j habí 
tes del reino daiie parte en el f 
antcnidad fuese un freno que a 
Pero este inlante era tan malo t 
don Juan : su genio inquieto 7 ! 
vado deíde Castilla i Aragón , d 
y desde Tunei á Italia, aiu que t 
pudiese tolerar, ^erdá el emplee 
dignidad i qu« entonces estaba 1 
tondad cMI de aquella metrópoli 
dose gibeHno, asistid á los pria 
expedición contra Garios de Ai^ 
después de la bataQa de Tagliac 
radino, estuvo privado muchoi 
basta que, al fin, unos dicen qi 
megos, pudo volverse á su patri 
privado del esfuerzo personal , ú 
que tenia, y las desgracies no hal 
cío« de >n carícler. Ansiando a< 
lela á cuya parte habia aido adn 
den id de sosiego, y abusando t 
fianza que habían hecho de él , tr 
el rey de Portugal, con el deGr 
des sediciosos, eogañando i anot 
zfludo el Estado coo sus maquin 
venida d Espaüa fué un agüero i 
una calamidad pública, y su mi 
venal. 

Contra este raudal de males 1 
ocasiones pequeñas los artes de si 
coadesceiideucJa;y en lasgrand 
saperiondad de espíritu, que á ni 
cú. Guzmao entre tanto, conside 
personaje do Andalucía, defendió 
iuvusiones de Portugal ; Granad 
todcon Ib prudencia de su gobic 
lídatque tuvo que hacer de Sevil 
portugueses, estuvo la ciudad 
porque , de resultas de una difcrc 
les y los genoveses sobre asnutos 
tí pueblo, dio muerte á algunos d 
qned y quemd tus casas. El hec 
umso, y exponía la ciudad i todo 
república genovesa, floreciente c 
tus, su comercio y sus fuerzas m 
sil volvió Gnzmín ¿e su eipedici 
viHanotsati^csr i losgenovose 
feufii Jo, impoo'^osc todos una 



OBRAS COMPLETAS DE DON MANUEL JOSÉ QLIMaNA. 



Si8 

hizo la guerra á loa moros, y ae puso sobre Algeciras. 
Cercóla por mar y tierra, y mientras duratm el sitio 
envió á Guzman con el arzobispo de Sevilla y don Juan 
Nuñezá atacar á Gibraltar. Llegado allí, y viendo la 
obstinación del enemigo, hizo levantar una torre que 
dominaba sobre la muralla , y los moros, aquejados del 
estrago que desde ella les hacia, se rindieron por fin, 
entrando los cristianos en esta plaza por b primera 
vez desde que los sarracenos la tom".ron quinientos 
años antes. Este fué el último servicio que Guzman hi- 
zo á su patria : de allí á poco, enviado por el Rey á con- 
tener Jas correrías de los moros convecinos , que in- 
quietaban el campo de AIgeciras,se entró por las ser- 
ranías de Gausin , y en un encuentro que tuvo con los 
bárbaros, ya los había ahuyentado, cuando adelantán- 
dose imprudentemente cayó mortalmente herido con 
las flechas que de lejos le dispararon. Su cadáver, lle- 
vado primeramente á los reales del rey de Castilla, fué 
después conducido á SeviUa porel Guadalquivir. Aquella 
ciudad, gobernada por sus consejos y defendida por 
sus armas, le salió á recibir con la pompa mas lúgubre 
y majestuosa. Todos á una voz y llorando le aclama- 
ban su mejor ornamento^ su amparador, su padre. Su- 



cedió esta desgracia eii' 1309, cuándo él tenia cincuenta 
y dos años de edad; y sus huesos fueron depositados en 
ol monasterio de San Isidro del Campo, fundado y do- 
tado por él para que sirviese de enterramiento á sí y á 
su familia. 

Tal fué en vida don Alonso Pérez de Guzman el Bue- 
no', primer señor de San Lúcar de Barraroeda y funda- 
dor de la casa de Medinasidonia. En un siglo en que la 
naturaleza degenerada no presenta en Castilla mas que 
barbarie, rapacidad y perfidia, él supo hacerse una gran 
fortuna á fuerza de hazañas y de servicios, sin desviarse 
jamás de la senda de la justicia. El espectáculo 'de sus 
virtudes , en medio do las costumbres de aquella época 
tan desastrada, suspende y consuela al espíritu, del 
mismo modo que la vista de un templo bello y majes- 
tuoso que se mantiene en pié cercado de escombros y 
de ruinas. Su memoria excita entre nosotros un res- 
peto Igual al que inspiran los personajes mas señalados 
de la antigüedad : un Scipion por ejemplo, ó un Epami- 
nóndas ; y su nombre, llevando consigo el sello del mas 
acendrado patriotismo, no es pronunciado jamás sino 
con una especie de veneracáon religiosa. 



ROGER DE LAURIA*. 



9. — Znrili. Niiliii. Htrren. Glannone. Ni- 
tortoloBt i» HMCitUii ea KBralorí. HiiDLa- 
fl. Cipuiijr. V*rioi docqmenloi Intdiloi te 
iniclilot il iitor. 

IÍzConradiii(i,4ltImo resto da la casa 
WDtencía de nmertel que le condenó 
cedor Carlos de Anjou , después de re- 
iniquidad de aqnel juicio , dicese que, 
üo que traii al dedo , le arroj<} en me- 
¡ue asistía al funesto espediculo , dan- 
itidura de sus estados at principe que 
Itó allí quien recogióse esta prenda de 
Sndola at ray de Aragón Pedro Ul , le 
con día las tocos dd prindpe mori- 
'dase el derecho qoe tenia i los reinos 
Sicilia, nsnrpados por los franceses, 
ado c<m Constama, hija de Hantredo, 
nrtdino, qae,9^or de aquellos esta- 
intes Tencido y muerto por Cirios en 
aérenlo; 7 esta alianza daba mas peso 
I del monarca aragonés, que entonces 
igordeb edad, lleno de nior y co- 
r poderlo. 

n de esta principe quizi se habría ejei^ 
contra los sairacenos sin la conducta 
franceses en el país conquistado. Su 
da con el orgullo de la ñctoría y apo- 
üon que tenían de la santidad y justi- 
□ conociendolfmitesni freno, se aban- 
res excesos, y atropello todos los de- 
is y ciTÜes. Entonces la indignación 
del miedo, y enseñd i los hombres 
masque en su abatimiento descono- 
becbo i una dama por un francés en 
enno did ocasión á aquella matanza 
;onoce en todas las historias con el 
■a» Sicilianas ( 30 de marzo da i28!). 
Lg hijos y sns mujeres , aunque fuesen 
1 ámanos de la vuiganzB, sin que les 
Ucüia mas que un pueblo de corta ceñ- 
ido Esteriinga. 

alteraciones al rey Cirios en medio de 
formidibles que destinaba i la con- 
9 griego, y parecía humanamente im- 



w 4i ll primer dlptoafo. 
itm tiTOrlé ; Im e>til>- 
«li (Kilta lili IH friB- 



posíble que los infelices sícil 
estas fuerzas, que at instante 
ciña ea sitiada , embestida , y 
defensores, conoce su fiaqi 
pM-oalimplacable enojo del 
cierto , y solo quiere entrar o 
plicios y de verdugos. Los 1 
desesperados comerse prímei 
garse i sns duros opresores, 1 
llegue el defonor y vengador 

El célebre negociador Juai 
naba medio ni fatiga para tra 
patria , habid podido confedei 
laolll, al emperador de Grecii 
años antas se bebía hecha es 
del poderío francés, ofrecíen 
socorros espirituales , que ra 
po^ei emperador dinero, ye 
La muerte de Nicolao , y la ad 
intereses de la Francia, no pi 
tos dele liga; y Pedro 111, 
donde se habia acercado con 
á los moros , aportó con su esc 
ya los pobres mecineses se ha 
y agonía. Loa habitantes de F 
tante por en rey, y él envió i 
de almugivares , que «1 dífen 
ahuyuítaron siempre al enem 
cído, conoce entonces que I 
temeroso de alguna alteracioi 
i medirse con su rival , 7 le ai 

Los sicilianos y vagonese 
las costas de (Cabria , y i vii 
mera batalla naval entre elk 
estos vencidos , con pérdida 
cuatro mil prisioneros. Hand 
aragonesa, como almirante, 
tural del Rey : llevado del an 
tir i Regio, contra la orden e 
did en aquella bccion algnno 
nar la plaza ; de b que irritad 
do de la armada , y nombrd f 
caballero desn corte llamadií 

Era nacido en ScaU ■, puel 
cidental de la Calabria Supeí 



220 OBRAS COMPLETAS DE DON 

Laoria , habla sido privado del roy Manfredo , y muerto 
á sa lado en la batalla de Benevento. Roger fué traído 
á España por su madre doña Bella , ama de leche según 
unos, y dama según otros, de la reina de Aragón doña 
Constanza, á quien vino asistiendo cuando su casa- 
miento con Pedro III. Crióse eu la cámara de este prín- 
cipe; el rey don Jaime le heredó en el reino de Valencia ; 
y por su educación y por las mercedes que habia reci- 
bido estaba incorporado con la nobleza aragonesa. Los 
historiadores no señalan ios hechos y los méritos que le 
sirvieron para el empleo eminente á que fué elevado , y 
el diploma del Rey no habla de otra cosa que de su pro« 
bidad , de su prudeocia y de su amor á los intereses de 
su corona. Así puede presumirse que la primera mitad 
de su vida nada ofreció 6 la curiosidad y al ejemi^o, 
aunque es fuerza confesar también que semejante os- 
curidad está ampliamente compensada con el lustre que 
sus liazañas dieron á la segunda. 

Fué bien glorioso para el monarca aragonés que su 
enemigo, no atreviéndose á hacerle frente en Sicilia, 
buscase todos los pretextos de la política para alejarle 
de allí. Carlos le desaíió personalmente , y Pedro aceptó 
el duelo , que debia verííicarse en Burdeos , autorizán- 
dole el rey de Inglaterra, señor entonces de aquella 
parte de Francia. El papa Jtfartino IV, tan adieto á los 
franceses como contrario les habia sido su antecesor 
Nicolao, descomulgó al rey de Aragón , puso entredicho 
en sus estados , y según el extraño derecho público que 
reinaba entonces en Europa , le privó de ellos, y dio su 
investidura á uno de los hijos del rey de Francia. Pedro 
partió de Sicilia á conjurar esta nube; mas para asegu- 
rar á sus nuevos vasallos con la confianza de su protec- 
ción , hizo venir á la isla á la Reina su esposa y á Jaime 
y Fadrique sus hijos, declaró por sucesor suyo en aquel 
estado al primero; y dejando á Lauria la instrucción 
sobre el orden que habia de guardarse en el armamento 
de la escuadra que debia defender á Sicilia , se hizo á la 
vela para España. 

Las aguas de Malta fueron el teatro de la primera vio* 
toria de Roger. Tuto aviso deque las galeras francesas 
navegaban la vuelta de aquella isla para socorrer la 
cindadela sitiada por los aragoneses, y al instante se 
dirigió con las suyas á encontrarlas. Hallólas descuida- 
das en el puerto , y aunque pudo acometerlas de impro- 
viso sin ser sentido, quiso mas bien esperar el día para 
la batalla, y les envió un esquife á decirles que se rin- 
diesen ó se apercibiesen á la pelea. Sin duda que quiso 
dar crédito á sus armas, manifestando á los enemigos 
que desdeñaba los medios de la astucia, y solo quería 
serrirse del esfuerzo ; mas el éxito únicamente podía ab- 
solver de temeraria esta bizarría ( i 285 ). Eran las gale- 
ras enemigas veinte^ y las suyas diez y ocho : al rayar 
el ^a embistieron las unas con las otras , y pelearon con 
tanto tesón y encarnizamiento como si de aquella jor^ 
nada dependiese la restitución déla Sidlia. Medio dia 
ere pasado , y aun duraba la aedon , cuando el general 
francés vio que sus galeras cedían y se inclinaban á huir. 



MANUEL JOSÉ QUINTANA^ 

Llamábase Guillermo Córner, y estaba dotado de un 
valor extraordinario : encendido en saña por la flaqueza 
de los suyos, quiso aventurarlo todo de una vez, y con 
denuedo terrible acometió contra la capitana de Lauria, 
creyendo librada su victoria en tomarla ó destruirla. 
Abordóla por la proa : él con un hacha de armas empezó 
á hacerse camino por medio de sus enemigos, hiriendo 
y matando en ellos. Rogsr lo salió al encuentro, y los 
dos pelearon entre sí con el esfuerzo que los distinguía 
y el furor que los animaba. En medio de su refriega una 
azcona arrojada clava á Roger p<M*un pió ú las tablas del 
uavío, y una piedra derriba á Guillermo el hacha que 
tenia en la mano; entonces el general español, que ha- 
bia podido desclavarse la azcona , la arrojó á su contra- 
río, que, atravesado con ella, cayó sobre la cubierta «ín 
vida. Su muerte acabó de declarar la victoria por los 
nuestros, que con diez 'galeras apresadas, y rendidas 
las islas de Gozo, Malta y Lípari, volvieron triunfantes 
á Sicilia. 

Alzado con esta ventaja el ánimo á mayores cosas» 
Roger, armando cuantas galeras habia en la isla, cos- 
teó con ellas toda la maríua de Calabria, y se dirigió á 
Ñapóles, en cuyas cercanías se puso como provocando 
al enemigo. Para mas irritarle se acercó á los muros y 
lanzó sobre la ciudad toda clase de armas airojádizas. 
Después recorríó la marina occidental de Pausilipo, in- 
festando la costa, saqueando los lugares, y talando y 
destruyendo los jardines y viñedos de la ribera. Mira- 
ban losnapolitanos desde sus murallas esta devastación, 
y ardían ya por saUr á castigar la soberbia insolente de 
sus contraríos. El rey Carlos no se hallaba allí entonces ; 
mas el príncipe de Salomo su hijo, á quien habia dejado 
el gobierno del Estado en su ausencia, ansioso de ven- 
gar aquella afrenta, hizo armar los barones y caballeros 
que con él estaban, y llenando de gente y pertrechos 
bélicos las galeras que habia en el puerto , salió él mis- 
mo en persona en busca de los nuestros. No concuerdan 
los historíadores en el número de galeras que habia de 
una parte y de otra, aunque todos afirman que eran 
muchas mas las enemigas. Roger, viéndolas venir, hí- 
zose á la vela , como que rehusaba el combate , para ale- 
jarlas del puerto ; lo cual visto por los napolitanos, les 
acrecentó el orgullo en tal manera, que ya denostaban 
á los catalanes y sicilianos, y les mostraban de lejos las 
sogas y cuerdas que hablan de servir á su esclavitud y 
á sus suplicios. Cuando ya estuvieron enalta nuir , saltó 
Roger en un esquife , y recorríendo con él por los bu- 
ques de su armada , exhortaba á los suyos á la pelea, y 
les señalaba la pompa y la riqueza de los barones y ca- 
balleros franceses como despojos ciertos de su aliento 
y su destreza : hecho esto, volvió á subir á su galera, 
puso con ligereza increíble la escuadra en orden de ba- 
talla, y partió ftiríosamente á encontrar con la enemiga. 

Trabóse el combate, que ya perlas fuerzas que con- 
currían, ya por la animosidad de los'<Í!ombatientes, 
ya por las consecueiicias importantes que tuvo, fué el 
roas ilustre de los que hasta entonces se habian dado 




í^ARTte Segunda.— iliSTóftiA. 



S5I 



Jtór túatoh aquel tiempo (i 2S4). Animaba á los nuestros 
el deseo de conservar el dominio y gloría recientemente 
ganados, mientra, que los franceses ardian en ansia de 
vengar las afrentas y C^.J^os recibidos. Embestíanse con 
fíiror^ procurando r&mper con el Ímpetu y la íberza la 
muralla queoponian los contraríos; y aferradas las ga- 
leras por las proas, revolvíanse de una parte á otraá 
buscar el lado en que mas pudiesen ofender, sin que 
en tal conflicto y en semejante cercanía se disparase 
tiro que no fuese mortal. Pero, aunque las fuerzas del 
Príncipe eran superiores á las de Roger, se vio muy 
desde el principio del combate cuánta ventaja llevaban 
los soldados prácticos en las maniobras navales á los 
cortesanos y caballeros, poco ejercitados en ellas. Al- 
gunas de las galeras enemigas que pudieron desasirse 
tomaron la vuelta de Ñapóles con el genovés Enríquede 
Mar, que logró al ílnescaparscVolaron á su alcáncelas 
catalanas, y tomaron diez de ellas con todos los guerre- 
ros que contenían. Roger desde su navio animaba á los 
suyos al seguimiento, y cuando los sentía flaquear, los 
amenazaba furíoso si dejaban escapar la presa. Entre 
tanto se peleaba terriblemente al rededor de la galera 
de Capua , donde iba' el príncipe de Salemo. Allí estaba 
la mejor gente y allí los mas bravos caballeros , unidos, 
apiñados entre sí, formaban un muro delante de su 
caudillo, y peleando desesperados contrastaban la in- 
dustria y esfuerzo de los nuestros , y ponían en balanzas 
la victoria. Roger, cansado de esta resistencia, mandó 
barrenar la galera y desfondarla para echarla á pique : 
entonces el Príncipe , temeroso ya de su muerte , le hizo 
llamar y le entregó su espada, pidiéndole la vida y la 
de los que Iban con él. Roger le dló la mano y le pasó 
á su galera, quedando hechos al mismo tiempo prisio- 
neros el general de la escuadra enemiga Jacobo de Brus- 
son, Guillermo Stendardo y otros ilustres caballeros 
italianos y provenzales. 

Ganada la batalla, los nuestros^ fieros con el suceso, 
dieron la vuelta á Ñapóles, y presentándose delante de 
la dudad con toda la arrogancia de su triunfo, empe- 
zaron á excitarla á la sedición y á la novedad. Tumul- 
tuáronse los moradores , unos por miedo, otros con de- 
seo de sacudir el yugo francés, y en altas voces grita- 
ban : aVIva Roger, muera Garlos.» Costó mucho afán á 
los ciudadanos amigos del orden contener esta agita- 
ción, y Roger, perdida la esperanza de que el movi- 
miento siguiese, hizo vela para Mecina. Pero antes en 
la isla de Caprí mandó cortar la cabeza á dos caballeros 
de los que se hablan rendido, por desertores del partido 
aragonés: ejemplo de rigor que desluce el lustre de 
tu victoria, por mas que se autorízase en la necesidad 
del escarmiento. Mas noble acción fbé la de pedhr al 
Principe que pusiese en libertad á la inñinta Beatriz, 
hermana de la reina Constanza, custodiada en prisión 
desde h muerte de Manft^do su padre. Con ella y con 
sos prisioneros tatró triunfante en Mecina, y se pr»* 
•eoli á la Reina, que para disminuir al Principe la ha« 
IplDicionTerfoosofi de m fituiciooi taro la ateodon 



delicada de atojar á los infantes sus hijos at tiempo de 
recibirle. Después mandó que sé le custodiase en el cas- 
tillo de Matagrifon, y en la misma fortaleza hizo guar- 
dar á todos los caballeros de su comitiva. 

Vióse entonces un acontecimiento que manifiesta la 
necesidad de respetar la justicia en la victoria , 7 el pn- 
ligro de ultrajar insolentemente á los pueblos. El de Si-» 
cilia , á pesar de los triunfos y victorias que cottseguia, 
guardaba vivo en su memoria el mal que habia recibido 
de los franceses. Creyeron los sicilianos que aquellos 
bárí)aros, que tan indignamente abusaron de sus anti- 
guas victorias , no merecían estar al abrigo del derecho 
de gentes; y amotinándose furiosos, rompieron los en- 
cierros donde se guardaban los prisioneros, y antes 
que los magistrados pudiesen atajar el alboroto, ya eran 
muertos mas de sesenta de aquellos infelices. No con- 
tentos con esta demostración tumultuaría , se juntaron 
en Mecina los síndicos de las ciudades, y en cortes ge- 
nerales de la isla decretaron que el príncipe cautivo 
debia pagar con su cabeza la muerte que su padre habia 
ejecutado en Gonradino. Cuando Carlos de Anjou hizo 
morir á este príncipe, estaba bien lejos de pensar que 
llegarla un día en que su hijo y heredero se vería tra- 
tado con la misma severidad, y que en tal aprieto solo 
debería la vida á la generosa hija de aquel Manfredo , á 
quien después de vencido y muerto habia tratado tam- 
bién con una barbarie sin ejemplo. Con efecto , la reina 
Constanza hizo entender á los feroces sicilianos que un 
negocio tan grave no podía tratarse sin coaocimieuío 
delrey don Pedro ; y al mi^no tiempo mandó trasladar ul 
prisionero á otra fortaleza mas segura, donde esi;uv¡e sj 
guarecido de todo insulto popular. Así le salvó, ganán- 
dose con esta acción magnánima la veneración de su si- 
glo y de la posteridad, al paso que con ella hacia mas 
detestable la conducta sanguinaria del rey Garlos, con- 
denado á la infamia en todos los tiempos y por todos los 
escritores. 

Tres dias después de la derrota de su hijo llegó d 
Gaeta con grande refuerzo de galeras y gente de guer- 
ra, al tiempo que Ñapóles estaba alterada de resultas 
de aquel suceso. Indignóse tanto, que tuvo propósito de 
entregar la ciudad á las llamas, y duró mucho tiempo 
en él, hasta que á megos del legado del Papa se tem- 
pló algún tanto, y se contentó con liacer perecer en lo; 
suplicios ciento y cincuenta ciudadanos de los mas cul- 
pados. Después, sin entrar allí, se dirigió con todas 
sus fuerzas á la Calabria para cobrar todo lo que los 
aragoneses habían ganado en la costa , y hacer la guer-^ 
raáSícflia. 

La escuadra de Roger, reforzada con las galeras que 
el rey don Pedro le había enviado para que pudiese ha^ 
Cer ícente á las de Garios, se hizo á h vela y costeó la 
Calabria. Avistó á los eúemlgos en el cabo de Pallerin, 
y no osando los franceses venir á batalla, el almirante 
espafiel saltó en tierra de noche , y atacó y laqueó á Ni- 
cotera, pian Itxerte y Uen guarnecida , con tal celerí-> 
dad I que ain ser sentido da la escuadra enemiga ^ ja al 



$2ál OBRAS COMPLETAS DE DON 

iilba se bailaba en el cabo unido al grueso de su arma- 
da. De este modo y con igual felicidad saqueó á Gas- 
telvetroi tomó á Gastrovilari y otros pueblos de la Basi- 
Jicata, en tanto número, que ya fué preciso enviar de 
Sicilia un gobernador que por parte del rey de Aragón 
defendiese y mandase toda aquella parte de Calabria. 
Después de estas facciones Roger, dejando aquella cos- 
ta y acercándose á la do África, llegó á la isla de los 
Gerbos, y saltando en tierra con su gente, los moros, 
que entonces la poseían , no pudieron resistirle , y se la 
rindieron (1285). Allí mandó alzar una fortaleza, y dejó 
un capitán que la guardase. Para colmar su fortuna, 
una galera catalana bizo cautivo á un régulo berberis- 
co, y con él y los despojos de los Gerbos dio la vuelta á 
Hecina con igual gloria que otras veces. 

A principios del año de i 285 murió en Foggia el 
rey Carlos , rendido al dolor que le causaban tantas des- 
gracias. Hombre esforzado, guerrero ilustre si no bu- 
biera manchado sus hazañas y su fama con la inhuma- 
nidad y la fiereza que manifestó en toda su vida. Se ha- 
cían estos vicios tanto mas extraños en él , cuanto mas 
se comparaban á la moderación y dulzura de su her- 
mano el rey de Francia san Luis. Ganó grandes bata- 
llas , se apoderó de grandes estados , y de simple conde 
de Provenza, se vio rey de Ñapóles y de Sicilia , arbitro 
de la Italia, y objeto de espanto á Grecia, adonde ya 
i.magaba su ambición. La fortuna , que le habia acari- 
ciado tanto al principio de su carrera, le guardó al fin 
de ella los amargos desabrimientos que van referidos, 
frutos todos de la fiereza implacable de su carácter y 
de la insolencia de su gente; porque si él hubiera regi- 
do los pueblos subyugados con alguna especie de mo- 
deraciun y justicia, su dominio, apoyado en la benevo- 
lencia de sus subditos, sostenido por los papas, y de- 
fendido con todo el poder de la Francia , no era posible 
que se resintiese de los débiles embates de un rey de 
Aragón. Lección insigne dada á los ambiciosos para 
que se acuerden que los hombres no disimulan ni sufren 
la usurpación y la conquista sino á quien los hace mas 
felices. El murió en fin , y el odio que se le tenia publicó 
que se habia ahogado á sí mismo por no poder con su 
rabia. Pedro, su rival, al saberlo elogió mucho sus 
prendas militares, y dijo que habia muerto el mejor ca- 
ballero del mundo. Por su lalta un hyo del principe 
prisionero tomó la gobernación del Estado, auxiliándole 
el conde de Artois, primo de su padre, y Gerardo de 
Parma, legado de la Santa Sede» 

La guerra entre tanto seguía. El rey de Francia, Fe- 
lipe el Atrevido, habia invadido el Rosellon , apoyando 
con las armas la investidura que el Papa habia dado á 
uno de sus hijos de los estados del rey enemigo. Sos 
preparativos de guerra fueron formidables : ciento y 
docuenta galeras iimenazaban las costas españolas, 
mientras que las fronteras eran embestidas de cerca de 
doscientos mil combatientes, entre ellos diez y i>cho 
mil caballos y diez 79iete mil ballesteros. £1 rey. don Pe- 
dro, descomulgado porel Papa, veQdidop')r$ubermano 



MANUEL JOSÉ QlliNtANA. 
el rey de Mallorca, abandonado del de Castilla , y aco- 
metido de todas las fuerzas de la Francia , lejos de in- 
timidarse en tanto apuro, hizo frente á su enemigo por 
todas partes. Los franceses ocuparon el Rosellon, atra- 
vesaron el Ampurdan y pusieron sitio á Gerona. De- 
fendiéronse los de dentro animosamente , hasta que, de 
resultas de un choque que hubo entre las tropas del rey 
don Pedro y una parte de las francesas , se rindieron á 
partido y capitularon. Mas la fortuna, favorable hasta 
entonces, les volvió la espalda : declaróse la peste en el 
campo francés, y sus capitanes trataron de volverse 
por tierra á su país. Despidieron ademas por economía 
una gran parte de las naves que tenían en Rosas, coa 
lo cual enflaquecida su escuadra, no pudo resistir á la 
de Roger de Lauría , que llamado por su rey venia á 
toda prisa á socorrerle desde Italia. 

Acababa de conquistar la ciudad de Taranto y de re- 
ducir casi todo lo que*faltaba en la Calabria, cuando 
don Pedro le envió orden de que se viniese con su ar- 
mada á Cataluña. Hizolo asi , y llegó á Barcelona sin 
que los enemigos le sintiesen. Allí le fué á encontrar el 
Rey, y le mandó que saliese en busca de las galeras 
francesas, diciéndole : a Ya sabes, Roger, por experien- 
cia cuan fácil es á los catalanes y sicilianos triunfar de 
los franceses y proveazales por mar. » El con tan buen 
auspicio salió á buscarlos, á tiempo que sus almiran- 
tes, dejando quince galeras en Rosas , se veniau cou 
otras cuarenta hacia Barcelona, adonde el rey de Fran- 
cia pensaba Uegar por tierra. Hallábanse en San Pol 
cuando avistaron una división de diez galeras cata- 
lanas, y destacaron tras ellas veinte y cinco de las sa- 
yas : escápeseles la división, y antes de que pudiesen 
las veinte y cinco reunirse á sus compañeras, d:eroD 
con la escuadra de Roger, á quien no creian todavía en 
Cataluña. Era de noche, pero esto no le detuvo en en- 
viarlas á desafiar : cayó en los franceses gran desmayo 
al saber el adversario que tenían en frente , y se aperci- 
bieron flojamente á la pelea ; pero confiados en la oscu- 
ridad, intentaron desordenar la escuadra española, to- 
mando la misma voz y las mismas señales. Decían los 
nuestros aAragon , » y ellos repetían aAragon» ; losbo- 
quesde Roger lltívaban un farol encendido, y también le 
encendieron en los suyos : mezclados así, y confundidos 
los unos con los otros, la batalla se trabó, mas no duré 
mucho tiempo. Roger acometió á una galera provenzal, 
y del primer encuentro le derribó todos los remos de un 
costado, cayendo al mar los remeros y gente que allí 
había, con grandes alaridos. Igual esfuerzo hadan los 
demás buques españoles por su parte; y la ballestería 
catalana, entonces la mas formidable del mundo, can- 
saba tal estrago en los franceses , que, perdido el ánimo 
y la confianza , doce de sus velas escaparon con Enri<-> 
que de Mar, y las demás se rindieron con Juan Escoto, 
su almirante. Roger trasladó su gente á las galeraa 
apresadas, por estar en mejor estado que las suyu , ea- 
)as las envió á Baroelonai y le disposo i seguir el ú^ 
canee de las fugitivas. 



'A 



I^AhtE SEGUNDA.- HlátORlA. 



!»» 



Pñsmnk de ctneo mit los enemigos muertos en el 
comiMte, j á otro día quiso el Tencedor tomar en los 
prisioDeros la represalia de los estragos y crueldades 
que los de su nación habían cometido á su entrada por 
el Rosellon. Solo el almirante y otros cincuenta calía- 
lleros ftieron eicqituados de esta resolución inhuma- 
na ^ y con fiereza indigna de su gloria mandó arrojar 
•I mar á trescientos , ensartados en una maroma , y á 
doscientos sesenta, que no estaban heridos, les hito , 
sacar los ojos. y los envió al campo francés. Corrió des- 
pués tras de los que huian, entró en el puerto de Cada- 
qués , que estaba por el enemigo , rindió el castillo , y 
•presó tres buques, y en ellos el tesoro que Tenia para 
la paga del ejército. No estaba todavía en este tiempo 
ganada Gerona, que bal»a conseguido una tregua de 
treinta días, panrendirse al fin de ellos si noerasocorrí- 
da. Los franceses , viendo la actividad y fortuna de Ro- 
ger, querían que se tuviese por comprendido en aquella 
tregua, y le enviaron al conde de Fox para que cesase 
en sos hostilidades. Mas él contestó que ni á franceses 
ni á proveníales la concedería jamás. Motejóle el Conde 
descdierlMO, y le dijo que al año siguiente pondría su prín- 
cipe una escuadra de trescientas velas, y que el rey don 
Pedro no podría presentarie otra igual. «To la aguarda- 
ré, replicó : Dios, que hasta ahora me ha dado victo- 
ria , no me dejará sin ella ; y yo fio que no osaréis com- 
batir conmigo.» Y creciéndole el orgullo con la con- 
testación, «sabed, le Jijo, que sm licencia de mi rey 
no ht de atreverse á andar por el mar escuadra ó galera 
alguna ; ¿qué digo galera? los peces mismos si quieren 
levantar la cabeía sobra las aguas han de llevar un es- 
cudo cenias armas de Aragón. Sonríóse el Conde al oir 
esta jactancia; y mudando de conversación, se despi- 
dió deél y se volvió á sus reales. 

Con esta re8puesta,lo8 generales franceses, obligados 
á quemar los buques que tenían en Rosas para que no 
cayesen en poder del enemigo, desesperanzados de to- 
do socorro por mar, viendo ya entrada la peste en su 
campo, y enifermo de muerte el Rey, sin embargo que 
ya teman ganada i Gerona, se vieron constreñidos á re- 
tirarse á su pafs. Pusiéronse en movimiento para ejecu- 
tarlo, y el desorden y el estrago que sufrieron en su 
vuelta (1285) fueron iguales á la presunción y pújen- 
la con que entruron. El monarca aragonés, siempre 
sobre ellos, hostigándolos con encuentros continuos, 
ciNlándoles loe víveres, no losdejaba nimarohar ni des- 
cansar ; y aquel ejéreito , que contaba por suya á Cata- 
luña sin haber pórdido una batalla, entró en Francia 
roto, desordenado y disperso, dejando los caminos cu^ 
feiertos de enfermos y despajos, muertosu rey del con- 
ingioy y con poco aliento en los que se hablan salvado 
pan venir otra val. 

Gerona al instante se redijo á la obediencia de Pe- 
én, el cual, libre de kw franceses, volvió su ánimo á 
CMtfgar iaperfidiadelnj deMaBorca, iu hmnano. Dis** 
puio4eetoflnunaannMla,ydióel mando de ella al 
fiteipodeii AlOBMi su V^. En este estado le aoometió 



una dolencia, de que murió en Villnf nn<^aá los cua- 
renta y seis años de edad. Sicilia conquistada , Ñápeles 
amenazad i, su reino defendido de tan formidable inva- 
sión , Mallorca castigada , pues se rindió á su hijo , fue- 
ron las operaciones brillantes de su reinado. Los ara- 
goneses le dieron el nombre de Grande; y si este tí- 
tulo es merecido por el valor, la capacidad y la fortuna, 
no hay duda en que está justamente aplicado á Pe- 
^lll,no solo para distinguirle de los demás reyes 
de su nombre , sino de todos los de su tiempo , á quie- 
nes se aventajó en muchos grados. Pero después de la 
extensión que habla dado á sus estados el rey don Jaime 
su padre , mas grandeza y mas gloría hubiera cabido á 
su sucesor si empleara en civilizarlos las grandes dotes 
que empleó en aumentarios con conquistas tan lejanas, 
despoblando sus reinos para mantenerias , y estable- 
ciendo aquella seríe interminable de pretensiones, sos- 
tenidas por sus sucesores con ríos de sangre española. 

Muerto el Rey, Roger, antes de volver á Sicilia, exi- 
gió de don Alonso, su heredera, palabra real de ayudar 
con todas sus fuerzas y contra cualquiera enemigo al 
infante don Jaime, jurado ya sucesor en el dominio 
de aquella isla. Con esta segurídad y pacto se hizo á la 
vela en su armada , y turo el contratiempo de una tor- 
menta que dispersó los buques, y echó á pique seis e» 
que iban la mayor parte de los tesoros que había ganado 
en sus batallas anteríores. Duró el temporal tres dias, 
y sola la gran diligencia y actividad de los pilotos pudie- 
ron salvar la armada, que, compuesta de cuarenta gale- 
ras, llegó á Trápana en muy mal estado. El Almirante 
fué por tierra á Palermo, y dio á doña Constanza la no- 
ticia de la muerte del rey don Pedra. Al instante su hi- 
jo don Jaime tomó el titulo de rey de Sicilia y se coro- 
nó en aquella ciudad; lo cual ejecutado, mandó volver 
á Roger á España para que manifestase á su hermano el 
estado de cosas de Sicilia y de Calabria , y para que nada 
se tratase en perjuicio suyo en las negociaciones de paz 
que ya mediaban con el príncipe de Salerno, á quien 
don Pedro poco antes de su muerte habia hecho traer 
á España. 

Deseaba la paz d rey de Aragón para atender á la 
tranquilidad de sus estados y quitarae de encima un 
enemigo tan poderoso como la Francia; deseábala el 
Príncipe para recobrar su libertad y disfrutar de su co- 
rona ; deseábala también el rey don Jaime para cimen- 
taree en su nuevo estado, que siempre creia le sería 
asegurado por las convenciones que se ajustasen. Me^ 
díaba el rey de Inglaterra á ruegos del Principe ; pera á 
pesar de su infliyo y del deseo común, lo estorbaban Jas 
miras del Papa y del rey de Francia , que no se mostra- 
ban (ácUes á acceder á las condiciones con que el rey 
de Aragón eonsentia en la libertad de su prísionero. Se 
igustaban treguas para hacer la paz, y estas treguas se 
rompían sin haber concertado nada. El almirante Roger 
enaste intermedio amó seis galeras, y con ellas tan 
vela pan Agueannuertas I corrió la costa de la Provea^ 
»! combatió á Santneri, Bograto y otros puehlosi Uso 



224 OtíuAá Completas db DóiN 

grande presa en ellos, y se volvió á Cataluña (1286) sin 
qae la annada francesa, muy superior en número, pu- 
diese contenerle ni alcanzarle. 

En su ausencia el rey de Sicilia había dado el cargo 
de su armada á Bernardo de Sarria , uno de los mas va- 
lientes catnileros do aquel tiempo , el cual con doce ga- 
.eras armadas de catalanes corrid toda la marina de 
Capua , tomó las islas de Capri y de Prochita , entró por 
fuerza á Astura , y se volvió á Sicilia , talando y que- 
mando los casales y tierras de Sorrento y Pasitano, y 
cargado de un botín inmenso. Estos estragos obligaron 
á los gobernadores del reino de Ñapóles á aprestar una 
armada y juntar gente para invadir á Sicilia : las aten- 
ciones que distraían al rey de Aragón, la ausencia de 
Roger y la inteligencia que tenian en algunos pueblos 
de la isla, les prometían buen éxito en su empresa, y 
aplicaron todos sus esfuerzos á conseguirla. Iban por 
capitanes de la primera armada que enviaron , el obispo 
de Marturano, legado del Papa, Ricardo Murrono; y 
por almirante un caballero muy estimado entonces, lla- 
mado Reinaldo de Aveliá. Esta annada arribóá Agosta, 
y el ejército que llevaba saltó en tierra , puso ¿ saco la 
plaza y fortiGcó el castillo : hecho esto, la armada dio 
la vuelta á Brindis, donde el grueso del ejército enemi- 
go esperaba para pasar á Sicilia. 

La ausencia de Roger había ocasionado gran descui- 
do en los armamentos navales de la isla; y cuando llegó 
á ella y supo la rendición y toma de Agosta , empezó al 
iostaute á reparar la falta y á preparar la armada. Los 
sicilianos, que vieron á los enemigos otra vez dentro de 
su país y amenazados del grande armamento que se ha- 
cia contra ellos en Brindis , empezaron á culpar de esta 
situación al Almirante : la envidia apoyaba la queja , y 
echándole en cara que por piratear en la Provenza ha- 
bía abandonado las obligaciones de su cargo, osó llevar 
á los oidiis del Rey aquella odiosa imputación y calum-*- 
niarle con ella. Llegó á Roger la noticia de esta maqui- 
nación á tiempo que se hallaba en el arsenal dando 
priesa á los trabajos del armamento ; y asi como estaba, 
lleno de polvo, mal vestido, ceñido de una toalla, subió 
indignado á palacio , y puesto delante del Rey y de aque- 
llos viles cortesanos, «¿quién de vosotros, dijo, es el 
que, ignorando los trabajos míos, no está contento de 
lo que he hecho hasta ahora? Presente estoy, diga su 
acusación, y yo le responderé. Si despreciáis mis ac- 
ciones y mis fatigas , por las cuales tenéis vida y teso- 
ros , mostrad lo que habéis hecho y si son vuestras vic- 
torias las que os han dado el hogar y la patria en que 
vivis, el lujo que ostentáis. Vosotros os divertíais míen- 
la tras que ú mí me oprimía el peso de las armas ; ningún 
cuidado os agitaba mientras que yo disponía mis cam- 
pañas; ociosos estabais, y no temí ni la muerte ni la b- 
tiga; yo andaba á la inclemencia del mar» y vosotros 
estaban abrigados en weitras cases; un banoe de rep* 
mero era mi lecho, y oús Biaqjeres fMtidioaei y nq^ 
MQleei f oiotiof) eeostambridoi ámeii»KgaMis; en 
6q i el Itmbrs j il «fru mo «mumlan | «i^ntors que. 



Manuel José OunTAíS'a. 

nadando en deleites, hallabais vuestra 8eguri^4 en «lift 
trabajos. Considerad mis accioiies , y ved » si la guerra 
dura , quién ha de ser el martillo de vuestros enemigos, 
pues no me da tanta vergüenza vuestra caluicnia, como 
dolor vuestro peligro si olvidáis lo que valgo y me des- 
echáis de vosotros. » Vuelto entonces á los que le ha- 
bían acompañado, «id, esclamó, y traed al instante 
los testigos de mi valor, los monumentos de mis victo- 
rias y de mi gloria : la bandera del principe de Salomo, 
losdespojQs.de Nícotera, Castrovechio y de Taranto; 
los de la Calabria cuando hice huir al rey Carlos de Re- 
gio ; traed las cadenas serviles de los Gerbos , las insig- 
nias del triunfo que conseguí en San Feliu y en Rosas, 
y las riquezas conseguidas en Aguas y en Provenza; 
traedlas, y pues que aun dura y durará la guerra, si 
entre estos hay alguno mas valeroso que yo , ese dirija 
las armas y escuadras de Sicilia y defienda el Estado 
contra sus enemigos, a La magnificencia y dignidad de 
sus palabras impusieron silencio y admiración á toda la 
corte que le escuchaba ; los malsines no osaron contra- 
decirle ; y él , despreciando sus viles intrigas y su mise- 
rable envidia, volvió á entender en la preparación de la 
armada , que , á fuerza de su increíble actívidad y dili- 
gencia, á breve tiempo estuvo dispuesta en numere de 
cuarenta galeras bien pertrechadas. 

En ellas se hizo á la vela , y salió á buscar á los ene* 
migos al mismo tiempo que el Rey« después de haber 
asegurado á Catania , que tenia inteligencia con ellos, 
puso sitio sobre la fortaleza de Agosta pare arrojarlos 
de aquel punto , uno de los mas fuertes é importantes 
de la isla. Los sitiados se defendieron valientemente; 
pero al fin , siendo mucha gente y (altándoles bastimen- 
tos , tuvieron que rendirse á partido deque salvasen las 
vidas. Fueron en aquella ocasión hechos prisioneros los 
tres principales personaos del armamento enviado an- 
teriormente por los gobernadores de Ñápeles , que eiají 
el legado del Papa, el general Murrono y el almiranta 
Reinaldo de Aveliá. Entre ellos se hallaba un religioso, 
llamado fray Prono de Aydona, dominicano, el cual 
había traído letras y provisiones del Papa para alterar 
la isla. Ya anteriormente , venido con la misma miaioii, 
y cogido, había sido perdonado generosamente por el 
Rey, que respetando su estado también mandó ahora 
ponerle en libertad ; pero él quiso mas bien estrellarae 
la cabeza contra un muro que sufrir la confusión de 
parecer á la presencia del monarca ofendido. 

Mientras esto pasaba en Agosta, Roger supo que la 
mayor parte de la armada enemiga se bailaba en Caste- 
lamar de Stahia esperando tiempo pan pesar á Sicilia. 
Componíase estado ochenta y cuatro velas, y él ne te-> 
nia mas que cuarenta ; pero llevaba consigo su pericia, 
su esfuerzo , su fortuna , y sobre todeau nombre, ábí, 
luego que llegó á Sorrento envié müeaqiife al ahoi- 
rente enemigo , diciéndole que se apemibieBe á la hala<- 
lia, porque él iba á praseatáriahu Con eateafiao loa 
INaaeies pneieroa m órdea ra armada:, en deadettiM 
un Dfirom coasUonMtde c«vte|aiaNira»|^rMii^ 



í;- 



PARTE SEGUNDA.— aiSTOWA. 



M grandes uridu los do* 
le la Iglesia, y TinieroD i 
:. Roger dispuso susgale- 
lú las que habían de guar- 
ilocó en medio , ordenó en 
ería ,; dio la señal de em- 
bestir. RomplihelB batalla por una galera aciliana, que 
fuérodeada de cuatro francesas, y al fin rendida; pero 
■codieron mas velas españolas y sicilianas , qne la re- 
presaron. Otras acometieron el centro enemigo , donde 
iban los condes ; y empeñada asi ta batalla , los france- 
ses se distinguian por el númeroyia Talentia, los nues- 
tros por la osadia y la destreza. Velase á Roger armado 
sobre la popa de su galera animando á sus capitanes y 
erigiendo sos moTimientos. A su toz y d sus gritos, 
quaresonabanferoces en medio de aquel eslniendo, los 
Euyoa se alentaban, y se estremecían los enemigos. De- 
clarúse, tai ñn, la fortuna por la pericia : su misma mn- 
chednmbreirapedia i los francesesmaniobrar con acier- 
to ; y moviéndose tumultuariamente y en desurden, mas 
ivetía que peleaban por conservar el honor que por 
a lean ur la victoria. Losnnestros, que sintieron sudes- 
concierto, empeñaron mas la acción, y empezaron i 
hacer grande estrago en ellos, qne, ya desbaratados y 
ctmfundidos, no osaban hacer resistencia. Derribados 
los dos estandartes, vencidas y ganadas las galeras en 
qne iban los condes y gente principal , apresadas cua- 
renta y coatro, el resto se puso en huida con &iríque 
de Mar, hombre muy diestro en escaparse de estos pe- 
ligros. Roger émii á Bteobia las galeras apresadas, gm 
cinco mil hombres que tomd en ellas, y se pnso otra 
vei i vista de Ñipóles, que, alborotada coa tan grande 
derrota , ■« volvió á alterar y aclamar el nombre del al- 
mirante español (1287). 

En tan gran conflicto los gobernadores del reino to- 
maron el partido de asentar treguas con Roger. Este 
creyd qne la sospensíon de armas seria útil al Rey , y la 
ajustó por un año y tres meses, exigiendo que se le ha- 
bía de entregar la isla y fortaleza de lacla, que babiau 
cobrado los franceses ; pero don Jaime no quiso conGr~ 
mar esta convención , becha sin consulta suya , y se tuvo 
por mal servido del Almirante , á quien al instante em- 
peió á acusar la envidia, imputándole que se había de- 
jado ganar por dmero de los enemigos. £1 envió un co- 
misionado suyo al rey de Aragón para que la confirmnse 
porfaparte;mas tampoco vino en ello este monarca, 
ji prevenido por su bennano; y le respondió que él la 
aceptaría y guardaría si don Jaime la admitiese. 

Al año siguiente de 1388 consiguió su libertad el prin- 
cipe de Salomo b^o las condiciones siguientes : que 
pagase veinte y tres mil marcos de plata, diese enre- 
heoea i Roberto j Luis, sus hijos , y alcamase del Papa 
y el rey de Francia una tregua de tres auos,en la que 
habia de entrar el Priocipe miuno. Otras muchas con- 
iwdoiies fanbo , que no son de este propósito; baste 
dseir que Mcolao IV, pontífice eotoocet, y <1 rey de 
FmckiM )m Mepttros; qw 4 PriMipe fM florowMlo 



por el Papa mismo , rey de Sicilia y sei 
pía y de Calabria ; y que la guerra vo 
con mas furor que nunca. El rey don J 
ejército á Calabria i reducir los luga 
bian rebelado en aquella provincia ; y ' 
rigirse después i sitiar í Gaeta. Ex 
ducidos muchos pueblos y fortalezas, 
el conde de Artais,quG habia con u) 
querido hacer frente i los nuestros , ( 
gid á la playa de Belveder para comb 
era muy fuerte. Hallábase allf el seño 
Sangeneto, que, habiendo sido ante* 
de Aragón, por medio del Almirante 
su libertad, haciendo bomen^ede i 
castillos á la obediencia de] Rey, y de 
para seguridad dos hyoa que tenia. Pi 
caballero la fe jurada ésu primer sen 
sus hijos, y al punto que se vio libre 
toda la guerra que podía desde sus pos< 
combatido con el mayor tesón el ca! 
pero Sangeneto se defendía valerosai 
máquina bélica que tenia en la muralb 
la parte del real donde se hallaba el I 
sitiadores nn estrago terrible. El Almi 
i don faime en toda aquella eipedicio 
ees i uno de los medios condenado* 
por el derecho de geote* , y abomioad 
dad y de la justicia. Armó una polea c 
y paso en alto sobre ella al hijo mayí 
haciéndole blanco de los tiros de la m 
triunfos de Boger de Lauríano bastai 
cha que deja en su caráctersemejante 
sn beroismo se eclipsa delante de la i 
infeliz padre , que , sordo entonces á k 
gre , mandó esfonadomente que la mf 
ejercicio. Cayó el moio inocente á I 
tiro, que le dividió en dos partes la 
que su daigracia despertó en el birba 
sentimientos de virtud. El cadáver, 
rica vestidura, fué enviado oí padre; 
querioido perder mu tiempo delanU 
leza, levantó el sitio y envió á Sangí 
que tenia en su poder (1289). 

La armada yel ejército se dirigieron 
en cuyo puerto entraron sin oposición 
la plaza que se rindiese ; y á la repulsa 
ella recibió , mandó hacer todos los pi 
tio , y comenzó á combatirla. El rey d 
al instante á la defensa con un ^érc 
fraudo los do* monarcas rivales su re| 
tuna en el éxito de aquella empresa, 
á su bvor la compañía de los mejores c 
do , victoriosos por mar y por tierra 
salir con una empresa, la primera en 
persona ; núentras qne il de nápoles 
de reparar k» diBo* y ifrealii ndb 
dir NpqtMlDn «I prtH^o itnn 



Í2Í 



ObBAS COMPlETAá DE DON HAKUEL JOSÉ QUINTaKA. 






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- V. 



ranza que tenia en el brillante ejército que habia junta- 
do en Provenza y en Italia , mandado por uno de los me- 
jores generales de aquel tiempo , que era el conde de 
Artois. AI principio los franceses embistieron la parte 
oriental del campamento siciliano , donde se bailaba el 
almirante Roger , y fueron rechazados y obligados á re- 
' tirarse del combate. Pero sus fuerzas iban cada dia au- 
mentándose con auxiliosqueles venian del partido guel- 
fo en Italia , y los nuestros parecian ya roas sitiados que 
los de Gaeta. Una batalla era inevitable en esta situa- 
ción , y de ella iba á depender el destino de Ñapóles y 
de Sicilia ; pero el rey de Inglaterra , continuando el 
bello papel de paciGcador con que se mostró en estas 
sangrientas alteraciones , envió un embajador al Papa, 
exhortándole á que procurase algún concierto entre los 
dos príncipes : el Papa condescendió con los deseos de 
aquel monarca , y envió un legado á Gaeta , el cual, con 
el embajador inglés, persuadió á los dos reyes que asen- 
tasen treguas por dos anos , con la condición de que el 
de Ñapóles levantase primero su real. Así lo hizo, y tres 
dias después don Jaime se volvió con su armada y ejér- 
cito á Sicilia. 

Mas á pesar de estas ventajas y mediaciones, la suerte 
de los infelices sicilianos iba á conducirlos al riesgo de 
volver al yugo de sus antiguos opresores. Ellos no te- 
nían otro escudo ni otros valedores que las fuerzas de 
Cataluña y Aragón , y estas iban á faltarles, y quizá á 
volverse en contra suya. El rey don Alonso , no juzgán- 
dose bastante fuerte para hacer frente á un tiempo á la 
Francia , á las disensiones intestinas movidas en sus 
estados por los ricos-hombres, celosos de la conserva- 
ción de sus fueros y privilegios, atropellados por el rey 
difunto ; al rompimiento que amenazaba de parte de 
Castilla , y ásostener el estado de Sicilia contra las fuer- 
zas de Ñapóles, del Papa y del partido güelfo en Ita- 
lia , tuvo por mas conveniente dar la paz y la tranquili- 
dad á sus estados que sostener sus pretensiones á costa 
de una guerra á la cual no veia fin. Hizo pues la paz con 
sus enemigos , ofreciendo, entre otras condiciones, re- 
nunciar su derecho á los estados de SicDia , sacar de allí 
sus fuerzas y sus generales , persuadir á la Reina su ma- 
dre y á su hermano que abandonasen el pensamiento de 
mantenerse en el dominio de la isla , y aun obh'gándose, 
en caso necesario, á arrojarlos él mismo de allí con sus 
propias fuerzas. Mas cuando Cataluña y Aragón empe- 
zaban á respirar con la esperanza de la paz, y aquel 
Príncipe se disponía á celebrar sus bodas con una bija 
del Rey de Inglaterra, falleció arrebatadamente en Bar- 
celona á los veinte y siete años de su edad, en 1291. Su 
muerte fué generalmente sentida , así por su amor á la 
virtud , á la justicia y á la liberalidad , en la cual fué muy 
señalado, y obtuvo por ella el sobrenombre de Franco; 
como por haber mostrado la paz al mundo, según dice 
If aríana , si bien no se la pudo dar. Llamó por su testa- 
, mentó á sucederle á su hermano don Jaime , con tal de 
^quo dejase él reino dé Sicilia á don Fadríque , sustitu- 
yendo á este en primer 1íii,'ar en la sucesión , y después 



I 



de él al infante don Pedro', en caso de que doii Jaimd 
prefiriese quedarse en Sicilia. Pero este príncipe , luego 
que supo la muerte de su hermano , se hizo á la vela para 
España, y celebró su coronación en Zaragoza, protes- 
tando en este acto que no recibía los reinos y señoríos 
por el testamento de su hermano , sino por el derecho 
de sn prímogenitura. Con esto anunció que también 
quería quedarse con los estados de Sicilia y de Italia , y 
al instante empezó á tomar medidas para la segurídad y 
defensa d^ ellos. 

Dio el cargo de gobernador y general de Calabria á 
don Blasco de Alagon, hombre de un esfuerzo á toda 
prueba y de una capacidad y prudencia consumada. 
Este guerrero, después de haber con su sagacidad y mo- 
deración establecido la autoridad y preeminencia de su 
encargo en las tropas de la provincia , que se rehusaban 
á obedecerle, retó á los franceses que el rey de Ñápe- 
les tenia también en Calabria, y los desbarató , hacien- 
do prisionero á su general Guido Prímerano. Esta vic- 
toria aseguró la provincia del estrago que los enemigos 
hacían en ella, y acabó de aGrmar la autoridad de don 
Blasco. Mas , como nunca falten envidiosos al mérito 
cuando se levanta , fué acusado ante el Rey de haber to* 
mado á Montalto quebrando la tregua que había con los 
enemigos, y de haber batido moneda, en desdoro de 
la preeminencia real. Mandado venir á la corte para res- 
ponder á estas acusaciones, obedeció, y vino á España; 
pero antes hizo homenaje al infante don Fadrifiue, lu- 
garteniente de su hermano en aquellos estados, de que 
luego que hubiese dado los descargos á las culpas que 
se le imputaban, y satisfecho su honor, volveria á la de- 
fensa de Sicilia. 

Roger de Lauria en este intermedio, después del si- 
tio de Gaeta, había corrido con una armada las costas 
de África y tomado á Tolometa por asalto. Enviado á 
España por don Jaime , á ruegos de don Alonso, para 
asegurar las costas, al instante que murió este prínci- 
pe navegó hacia Sicilia , de donde vino acompañando 
al nuevo rey; mas luego, por su mandado, volvió á ha- 
cer vela para la isla á defender sus mares y los de Cala- 
bria. Mandaba por los franceses en esta provincia Gui- 
llen Estendardo , el cual, teniendo noticia de que la ar- 
mada siciliana iba á surgir junto á Caslella , puso en ce- 
hida cuatrocientos caballos en aquella marina , esperan- 
do sorprender á Roger. Mas este , que prevenía siempre 
los accidentes y vencía las asechanzas con ellas, hizo 
desembarcar su gente con tanto concierto como si tu- 
viesen delante los enemigos. No pudo Estendardo ex- 
cusar de venir á batalla , la cual fué muy reñida, sin em- 
bargo de darse con poca gente (1292) ; pero herido el 
general francés, y sacado á duras penas del riesgo , se 
declaró la victoria por Roger, el cual , siguiendo las fie- 
ras instigaciones de su índole inhumana , hizo degollar 
á uno de los prisioneros, Ricardo de Santa Sofía, por- 
que siendo gobernador de Cotron por el rey de Art- 
gon había entregado aquella plaza á los enemigos. Ga- 
nada la batalla y recogida la gente á la armada | dirigióse 






IL A'. 



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pkKn &BeuNt>A.-msTot)tA. 



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Ucia leTante, tc&leó la Itorea, entró de noche y saqaeó 
á MalTasia, taló la isla de Chio, y cargado de presas y 
despojos, dio Ja vuelta el puerto de Meclna, 

Seguían entre tanto las negociaciones de paz entre los 
principes enemigos, y era dificil a! de Aragón lograrla ¿ 
buen partido en aquel estado de cosas. La unión tan e^ 
trecha entre las casas de Ñápeles y Francia, la adhesión 
de los papas á su partido, por el dominio directo que 
afectaban schre la Sicilia; el entredicho puesto en Ara- 
gón, y la investidura dada á Garlos de Valois, no con- 
sentían concierto ninguno que no tuviese por base la re- 
nunciación de la isla , á menos de que don Jaime consi- 
guiese &k la guerra unas ventajas tales , que obligasen 
á sos adversarios á consentir en la cesión de aquel esta- 
do. Pero estas ventajas no podian esperarse del poder 
que le asistía , y mucho menos de su espíritu, que esta- 
ba muy distante de la magnanimidad , entereza y valor 
del gran donPedro su padre. Blandeó pues al fln, y ajus- 
té su paz con la Iglesia, con el rey de Ñápeles y el de 
Francia, renunciando su derecho sobre la Sicilia, y obli- 
gándose á arrojar de ella con sus armas á su madre y á 
su hermano, en caso de que no quisiesen dejar la pose- 
sión en que estaban. Concertó casarse con una hija del 
rey de Ñápeles, y por un articulo secreto le prometió 
el Papa la donación de Lis islas de Gerdena y Córcega en 
eambio de la Sicilia. 

Al rumor de estas negociaciones, lossicilianosenvia- 
roo embajadores á don Jaime á pedirle que reformase ó 
revocase una concordia tan peijudicial para ellos. En- 
tretúvolos el Rey algún tíempo mientras se terminaba 
^tratado; y cuando ya estuvo confirmado, al tiempo 
de celebrar sus bodas en Viilabertran con la infanta de 
Ñápeles , les dio su respuesta final , anunciándoles la re- 
uuDcia que había hecho de los reinos de Sicilia y Gala-> 
bria en el rey Garlos, su suegro. Oyeron esta nueva co- 
mo si recibieran sentencia de muerte; y delante de los 
ricos-hombres y caballeros que á la sazón se hallaban 
presentes , es fama que Cataldo Rosso , uno de ellos, se 
explicó en estas palabras : 

a ¡ Con que en vano ha sido sostener tan grandes guer- 
ras, verter tanta sangre y ganar tantas batallas, si al 
Gd los mismos defensores que elegimos, á quienes ju- 
ramos nuestra fe, y por quien con tanto tesen hemos 
combatido , nos entregan á nuestros crueles enemigosl 
No ganan , no , á Sicilia los franceses , tantas veces der- 
rotados por mar y por tierra; el rey de Aragón es quien 
la abandona, teniendo menos aliento para sostener su 
buena fortuna , que perseverancia y tenacidad sus con- 
trarios para contrastar la adversidad de la suya. AOr- 
mado, como lo está, el reino de Sicilia, conquistada la 
Calabria toda y la mayor parte de las provincias vecinas, 
vencedores siempre que hemos combatido, nada nos 
faltaba á los sicilianos sino un monarca que nos tuviese 
3n mas precio y supiese estimar su prosperidad, j Des- 
venturados I ¿Qué nos puede valer ya por nuestra parte 
Idante de un rey que confunde todas las leyes divinas 
f humanas y no solo abandonaá sus mas fieles vasa- 



llos, sino que pone á su madre y hermanos en poder de 
sus enemigos? | Qué de atrocidades no harán cometer 
la rabia y la venganza á estos hombres, ya antes tan 
soberbios y crueles , cuando vuelvan á nuestras casas y 
las vean teñidas aun con la sangre de los suyos 1 Dedd, 
¿á quién queréis que nos demos? ¿Será á aquel que, 
siendo príncipe de Salcmo y prisionero por vuestra can- 
sa , y á presencia vuestra , condenamos á muerte? ¿ En- 
tre^utoos vuestra madre y hermanos al hijo de aquel 
que en un día quitó el reinoylavidaalreyManfrodo, 
su padre ? Pero la miseria y la injusticia proíducen al fin 
la udependencia. Los pueblos de Sicilia no son un r^ 
baño vü que se compra y se enajena por interés y diñe* 
ro. Buscamos á la casa de Aragón para que fuese núes* 
tra protectora , la juramos vasallaje , y con su ayuda ar- 
rojamos de la isla á los tíranos y castígamos sus atro« 
cidades. Si la casa de Amgon nos abandona, nosotros 
alzamos el juramento de fidelidad que le hicimos, y sa- 
bremos buscar un príncipe que nos defienda : desde este 
momento no somos vuestros ni de quien vos queréis que 
seamos ; mandad que se nos entreguen las fortalezas y 
castíUosque se tienen por vos ahora; y Ubres y ezenlos 
de todo señorío , volvemos al estado en que nos hallá- 
bamos cuando recibimos por rey á don Pedro vuestro 
padre.» 

Estas palabras, acompañadas de lágrimas y demos- 
traciones de desesperación y dolor, conmovieron á to- 
dos los circunstantes ; pero el Rey , que ya habia tomado 
su partído, les admitíó la protestación de libertad que 
babian hecho, dio las órdenes que le pedían , y les encan- 
gó que cuidasen de su madre y su hermana , añadiendo 
que nada les decía acerca del infante don Padrique, por- 
que este , como buen caballero, sabría bien lo que ha- 
bía de hacer (1295). 

Ocupaba en aqueOa sazón la silla pontificia Bonifa- 
cio Vlü , papa célebre por su ambición , su sagacidad y 
sus desgracias. Antes de su elección había tenido algu- 
nas relaciones con don Fadríque; y el Infante luego 
que le vio Papa le envió una embajada á congratularle 
y hacérsele propicio. Bonifacio le pidió que vim'ese á 
verle con Juan Prochíta , Roger de Lauria y algunos ba- 
rones de Sicilia , con el objeto , según decía , de arre- 
glar las cosas de la Isla y tratar del acrecentamiento de 
aquel príncipe. Estas vistas se hicieron en la playa de 
Roma; y como el Papa viese la gentíl disposición del 
Infante y la magnanimidad y discreción que mostraba 
en sus palabras , desesperó de poderle traer á los fines 
que quería , y eran que la Sicilia se pusiese bigo de su 
obediencia sin oposición. Abrazóle, y viéndole arma- 
do, dio á entender que sentía ser la causa de que tan 
mozo se aficionase á las armas. Volvióse después á Ro- 
ger, y considerándole despacio, c¿ es este, dijo, el 
enemigo tan grande de la Iglesia y el que ha quitado 
la vida á tanta mucliedumbre de gentes? Ese mismo 
soy, padre santo, respondió Roger; mas la colpa de 
tantas desgracias es de vuestros predecesores y vues- 
tra. » Tras de estas y otras pláücu Bonifacio se s^aró 







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1.1 A- ■ 






m OBRAS COMPLETAS OE DOff 

con FadHque , y persuadiéndole que se conformase coa 
]apá% 4ue SQ hermano había concertado, le prometió 
casarle con Catalina , nieta de Balduino , último empe- 
rador latino de Constantinopla , y ayudarle con las fuer- 
tes de Francia y las suyas á conquistar aquel imperio. El 
fofante admitió la oferta , prometió no opcmerseála res- 
titución de la ^cilia , y se volvió á la isla. 

En ella no se creyeron al principio las noticias de la 
paz ajustada entre el rey de Aragón y sus enemigos. 
Mas cuando los embajadores enviados á este fin volvie- 
ron con la respuesta y declaración definitiva de don Jai- 
me , sacando fuerzas de su desesperación misma, los si- 
dllanos en parlamento general del reino , celebrado en 
Palermo , pidieron al infante don Fadriqne que se en- 
cargase de aquel estado , lo cual consentido y admitido 
por 61 , se seiíaló dia para juntarse en Catania los baro- 
nes y sdoores principales de la isla con los síndicos y 
procuradores de las ciudades á prestar el juramento de 
fidelidad. Roger en aquella ocasión , si bien al principio 
estuvo perplejo por las relaciones estrechas que tenia 
con el rey de Aragón, y por la incertidumbre en que 
se hallaba de su renuncia , luego que estuvo cierto de 
ella y vio el consentimiento general de toda Sicilia, 
acudió al parlamento señalado, y en la iglesia mayor de 
Catania , delante de todo el reino , convocado allí á este 
fin , él fué quien aclamó rey de Sicilia al Infante , y él 
fbé quien probó que esto le era debido por disposición 
divina (1296) , por la sustitución que había hecho en él 
su hermano don Alonso y por general elección de todos 
los sicilianos. 

El Papa , sabiendo esta resolución , envió allá emba- 
jadores para estorbarla ; pero fueron arrojados de la isla 
sin ser oídos. Don Jaime publicó un edicto mandando 
á los guerreros aragoneses y catalanes que estaban en 
Sicilia se viniesen para él, viendo la necesidad que 
tendría de ellos en la guerra que ya preveía entre él y 
BU hermano. Algunos obedecieron , pero los mas se que- 
daron en Sicilia á persuasión de don Blasco de Aragón, 
que , á despecho de don Jaime , habia vuelto allá , cum- 
pliendo con la palabra que antes habia dado á don Fa- 
dríque. Este caballero les dijo que, perteneciendo al 
infante aquel reino, y siendo los franceses enemigos 
comunes de Sicilia y de Aragón, nadie debía tenerles á 
mal caso el que ellos le defendiesen con todo su poder 
de su bárbara dominación, y se ofreció á sustentarlo 
con las armas delante de cualquier príncipe. Era don 
Blasco uno de los mas señalados de aquel tiempo, por su 
linaje, sus hazañas y sus virtudes ; su autoridad contu- 
vo una gran parte de sus compatriotas, y puede decirse 
que su presencia en Sicilia fué lo que mas contribuyó á 
mantener su independencia en la gran l)orrasca que la 
amenazaba. 

Llegaba ya el tiempo en que iba á ser privada de su 
mejor defensa con la deserción de Roger. Este, aunque 
habia sido nombnido almirante por don Fadrique, y le 
acompañó en su primera eipedición i Calabriai empe« 
«Iba i flaquear eu la fe que le habia prometido* La pri* 



MANUEL JOSÉ QUINTANA. 

mera demostración d^ disgusto se manifestó en Catan^ 
zaro , plaza fuerte de la baja Calabria , y que estaba en- 
tonces defendida por Pedro Russo, uno de los barones 
mas acreditados de Ñápeles. Habia el Rey ganado á Es- 
quilache, y llamó á sus capitanes á consejo para tratar 
si habia de embestir ó no á Catanzaro. El Almirante fué 
de parecer que se acometiese antes á Cotron y otros 
pueblos que estaban descuidados , los cuales rendidos, 
la empresa de Catanzaro seria mas fácil. En un hombre 
tan arrojado como Roger pareció extraño que propu- 
siese el partido mas tímido, y todos lo atribuyeron al 
parentesco que tenia con Pedro Russo. Sin embargo, 
ninguno osaba contradecirie, basta que el Rey, que 
deseaba ganar crédito en aquella empresa y autorizar 
sus armas, dijo que si los enemigos los veían acometer 
las plazas débiles y huir de embestir á las fuertes , me- 
nospreciarian su poder, y que por esto convenia aco- 
meter desde luego lo mas arduo, y con una victoria 
conseguir muchos triunfos. 

Prevaleció este dictamen , y el ejército embistió á Ca- 
tanzaro. Su defensor, conociendo desde los primeros 
encuentros que no era bastante á resistir, pidió treguas 
de cuarenta días, á condición de rendir la plaza si en 
ellos no era socorrido. Concediósele este partido , y to- 
dos los pueblos de la comarca siguieron el ejemplo de 
Catanzaro , y se aplazaron del mismo modo ; entre ellos 
Cotron , en cuyas cercanías asentó don Fadrique su 
campo. Sucedió que entre los vecinos del lugar y los 
franceses que le guarnecían se movió un alboroto y vi- 
nieron á las armas. Los vecinos llamaron en su ayuda 
á los sicilianos ; y estos , no teniendo cuenta con las tre- 
guas, entraron en la plaza , acometieron á los france- 
ses, que retirados al castillo creyeron que todo el ejér- 
cito enemigo venia sobre ellos, y no tuvieron aliento 
para defenderle de aquella poca gente dispersa y des- 
mandada. Guando la noticia de este tumulto llegó á don 
Fadrique, desarmado como estaba subió á caballo , y 
tomando una maza, corrió con algtmos caballeros hacia 
el castillo á contener á los suyos, que ya andaban ro- 
bando. Hirió y mató algunos de ellos; mas el socorro 
no llegó tan presto, que ya los franceses no hubiesen 
recibido grande daño , y el Rey lo reparó en la manera 
posible , mandando restituir lo que pudo hallarse, pa- 
gando el resto de su cámara , y haciendo poner en líber* 
tad dos franceses de los que tenia al remo por cada uno 
de los que habían muerto en el rebato. 

La tregua habia sido ajustada por Roger, y su viola- 
ción, aunque imprevista, fué para su ánimo orgulloso 
un desaire á su autoridad. Impaciente de cólera, llegó 
á la presencia del Rey , y renunciando su empleo de al- 
mirante, se despidió de él dicíéndole aque él no era 
mas famoso por sus servicios y sus victorias que por 
su exactitud y puntualidad en guardarlos pactos y con- 
ciertos que hada; que esta fama de leal le hacia ilustre 
entre italianos, franceses , españoles , moros y orienta- 
les ; que aquella violación era ana mancha en su fe , la 
cual mancillaba su buen crédito y disminoia su auto* 






PARTB SB6UNDA.^HI8T0IUA. 






ridad ; que te diese pues liceacbi j^ara retirme de «i 
servicio ; y que presto llegaría tiempo en que sus omit- 
ios, confundidos con el peso de los negocios y defensa 
de aquel reino , confesarían |a sencillez y la fidelidad 
con que Roger serrla á su rey o. Este, alterado con 
aquella resolución, le respondió indignado a que se 
fuese donde gustase, aunque fuese á sus contraríos; 
porque si sus servicios eran muchos, no eran menores 
ni menos conocidos los premios que se le hablan dado; 
sobre todo, era mucho mayor que ellos su soberbia y su 
¡actancia, la cual no quería él sufrir pomada en el mun- 
do». Hubiera pasado á mas la alteración , á no haber me- 
diado Conrado Lanza, cuñado de Roger, persona de 
grande autoridad por sus muchos servicios. A su per- 
suasión se aplacó el Rey, y Roger pidió perdón de su 
demasía , y se reconcilió en su gracia. Mas sus contra- 
ríos no por eso se desalentaron en sus intrigas y en sus 
imputaciones. Sabían que el rey de Aragón había inti- 
mado públicamente á Roger que entregase al rey Car- 
los el castillo de Girachi , y que de no hacerlo procedería 
contra él y sus bienes como señor contra vasallo ; sabían 
que , además de este requerimiento público , había tra- 
tos secretos entre el Almirante y don Jaime , y juzgaban 
que aquel enojo de Roger era un pretexto para dejar el 
servicio de don Fadrique. 

Has, sea que estos tratos aun no tuviesen la corres- 
pondiente madurez, ó que todavía Roger estuviese de 
buena fe asistiendo á este príncipe , lo cierto es que 
después de este lance él mandó la armada siciliana que 
se envió al socorro de Roca Imperíal , sitiada por el con- 
de Monforte. Noticioso de que el sitio se había levan- 
tado, costeó las marinas de la Pulla, haciendo á los 
enemigos de Sicilia toda la guerra que él acostumbruba 
en esta clase de correrías. Asaltó y puso á saco á Lecce, 
y volviendo con el despojo á Otranto, entró sin resis- 
tencia en esta ciudad, entonces abierta y sin defen- 
sa; y viendo la oportunidad de su situación y la exce- 
lencia de su puerto , hizo reparar sus murallas y for- 
talecería con baluartes. De allí pasó con la armada á 
Brindis , donde habían entrado de refuerzo seiscientos 
soldados escogidos del rey Carlos, mandados por un 
francés distinguido llamado Gofiredo de Jan vila. Roger 
desembarcó la caballería que llevaba en sus galeras, 
fortificó un puesto , y desde él comenzó á talarlos cam- 
pos y estragar la tierra. Al día siguiente, como estuviese 
sobre el puente de Brindis cubríendo con sus caballos 
los trabajos de los gastadores, estos se desmandaron; 
y Roger, temiéndose alguna celada, salió del puente con 
gran parte de los suyos á recogerlos. Al Instante losene- 
migos embistieron al puente, casi indefenso. £1 puesto 
fortiGcado por los sicilianos , y las galeras donde podían 
recogerse estaban lejos, y solo haciéndose fuertes en 
el puente podían evitar el riesgo de ser muertos ó pre- 
sos. Cargaron pues unos y otros ¿ aquel punto , en que 
coQsistia la salvación de los unos y la venganza de los 
otros. Dos caballeros de Sicilia pudieron sostener el ím- 
petu enemigo, mientras que Roger, animando á los suyos 



con el nombre deUurla, qne repella á grftoi» entró de 
los primeros en d puente , y oerrando con el general 
francés, le hiríó en el rostro y le hizo caer del caba- 
llo. A esta desgracia juntándose el estrago que hacia en 
los enemigos la terrible ballestería del Almirante , yoh- 
vieron al fin te espalda , y abandonaron el puente, des- 
de donde los nuestros se recogieron libremente á su 
campo fortificado. 

Cuando Roger dio la vuelta á Mecina bailó en ella al 
rey don Fadrique y á dos embajadores del rey de Ara- 
gón, que venian á pedir se viese con su hermano en al- 
guna de las islas detecte ó Prochita. Traían también 
una carta para el Almirante, en que don Jaime le encara 
gaba persuadiese al rey de Sicilia que consintiese en 
aquella conferencte. Para tratar este punto se celebró 
parlamento en Cbaza, y en él Roger habló largamente 
sobre te conveniencia y utilidad de acceder á los deseos 
del rey de Aragón, á quien así don Fadrique como to- 
da te Sícílte debían reconocer por superior. Las razo- 
nes en que el Almirante fundó su parecer eran tomadas 
de te pujanza de aquel príncipe, de la flaqueza déla Sí- 
cílte, y de la esperanza que podía haber en que se vén- 
dese por las súplicas y amonestaciones de su herman<> 
para no entregarlos á los enemigos. Pero el parecer 
contrarío, apoyado en el consentimiento de todos los 
barones y síndicos de las ciudades, dictado por te en- 
tereza y el valor, prevaleció en el esforzado corazón del 
Rey, saliendo acordado del parlamento que no se diese 
lugar á las vistas, y que si don Jaime venia armado con- 
tra su hermano , este le recibiese á mano armada tam- 
bién , y la guerra decidiese su querella. 

Vuelta te corte á Mecina , Roger mostró á don Fa- 
drique una carta del rey de Aragón , en que le manda- 
ba se fuese para él, y le pidió lícencte para ejecutarlo, 
ofreciendo delante de Conrado Lanza que solicitaría 
con aquel monarca todo cuanto conviniese á su servi- 
cio. Diósete el Rey, y le concedió además dos galeras 
que pidió para ir á visitar y abastecer los castülos que 
tente en Calabría , antes de partir á Aragón. En su au- 
sencia sus émulos acabaron de irritará don Fadríque en 
su daño : imputábanle que en su expedición á Otranto, 
y en aquel mismo viaje que hacía pura visitar sus cas- 
tillos , se habte avtetado con los generales del rey Car- 
los I y tratado con ellos en perjuicio de la Sicilia ; y de- 
cían que su cuidado en pertrechar sus fortalezas ma- 
nifestaba su intención de pasarse á los enemigos. Volvió 
Roger á despedirse del Rey , y llegando á su presencia , 
te pidió te mano para besársela , y el Rey se la negó. 
Pregunta la causa de aquel desaire , y don Fadríque le 
responde que un hombre que se entiende con sus ene- 
migos ya no es su vasallo ; mándale además que quede 
arrestado en palacio, y entonces el Almirante, deján- 
dose llevar de te ira, á que era tan propenso , a nadie, 
exclama, bay en el mundo que pueda prívarme déla 
libertad mientras el rey de Aragón esté con elte; ni 
es este el galardón que mí lealtad y nüs servicios han 
merecido. » Ninguno osaba llegarse á él; y respetando 



.•a^v^mbé ^ ¿ 



230 OBRAS COMPLETAS DB DON 

i] cabo la palabra delMej, se toro por arrestado, | se 
apartóá un lado déla saleen que se bailaba. DoscdNi- 
Ileros sicilianos, Mánfredo de áaramonte y Ylnchiguer* 
ra de Palacl , que tenian grande autoridad con el Rey, 
salieron por sus fiadores y le UcTaron á sn misma ca- 
sa. En la nocbe salió á caballo y se dirigid á una de 
. las fortalezas que tenia en Sicilia , y las bi£0 pertrechar 
todas. Alli se mantuvo sin hacer guerra y sin pedir con- 
cierto ; pagó la suma en que sus fiadores se habian obli- 
gado ; y el Rey , temiéndose un escándalo y movimiento 
perjudicial , cesó de proceder contra él. 

Los embajadores del rey de Aragón llevaban también 
el encargo de pedir á la reina doña Constanza y á la in- 
fanta Violante su hija , que se fuesen con ellos á Ro- 
ma á celebrar las bodas concertadas entre la Infanta y 
Roberto , duque de Gahbria , heredero del rey Garlos. 
Vino en ello don Fadríque; y su madre y su hermana, 
acompañadas de Juan Prochita y de Roger de Launa, 
salieroná un tiempode Sicilia (i297). Era ciertamente 
un espectáculo propio á manifestar la vicisitud de las 
cosas humanas, que á un tiempo y como expelidos de- 
jasen á Sicilia la hija y nieta de Mánfredo , el negocia- 
dor que con su actividad y consejo habia libertado la 
isla , y el guerrero invencible que la habia defendido á 
costa de tanta sangre y con tanta gloria ; y que saliendo 
de allí , se dirigiesen á buscar un asilo entre los mismos 
de quienes eran mortales enemigos. Roger perdia en 
la separación no solo los grandes estados que tenia en 
Sicilia, sino caudales inmensos que habia puesto en 
poder de mercaderes. El rey don Fadríque se apoderó 
de todo, y arrojó de las fortalezas á Juan y Roger de 
Launa , sobrino el uno , y el otro el hijo del Almirante, 
que desde ellas habian empezado á hacer correrías en 
d interior de la isla. Pero el cargo de almirante de Ara- 
gón, el de vice-almirante de la Iglesia, el estado de 
Coneentaina , y el enlace de su hija Beatriz con don 
Jahne de Ejérica, primo hermano del monarca arago- 
nés, consolaron á Roger de las pérdidas que hacia en 
Sicilia , y le pagaron su deserción. Es preciso confesar, 
sin embargo, que esta última parte de su cancera no es 
tan gloriosa como la anterior, yque parecería mas gran- 
de al frente de las fuerzas sicilianas y defendiendo aquel 
estado, objeto de tanta perita, que no al frente de sus 
poderosos enemigos, atraido por dones y empleos, to- 
dos por cierto desiguales á su méríto y á su fama. 

El alma de aquella nueva confederación era el Papa, 
y á nombre de la Iglesia se hacia todo. El rey don Jai- 
me filé á Roma, celebró alli las bodas de su hermana 
con el duque Roberto, recibió la investidura del reino 
de Gerdeña , y se volvió á Aragón á hacer los prepara- 
tivos del armamento que habia de embestir á SicUia. 
Entretanto Roger, acaudillando la gente de guerra que 
le confió el rey de Ñapólos, entró en Calabria con in- 
tento de ganar, ya con la fuerza, ya con la astucia, 
los pueblos que en aquella provincia estaban por don 
Fadríque. Hallábase ausente don Blasco de Alagon , ge- 
neral en Cahbria por SIcHia y en su ausencia el vedn- 



MANCEL lOSft QUINTARA. 

dario de Gatansaro abó banderas por él rey Cfrtoe , 7 
puso el castiRo en tanto aprieto, que su guarnición con- 
certó rendirse si dentro de trdlnta fias su rey no en- 
viaba socorro tal que pudiese ponerse en batalla de- 
lante de Gatanzaro. Un dia antes de cumplirse el plazo 
llegó don Blasco á Esquilacbe , y dio vista á las tropas 
enemigas que estaban en la plaza , acaudilladas por Ro- 
gar de Lauria y el conde Pedro Russo. Tuvo por la no- 
che noticia de haber llegado refuerzo á los enemigos; 
y ocultándolo á los suyos para no desanimarlos, Degó 
con su tropa en la tarde del último dia concertado, fal- 
tándole muchas compañías , que por la precipitación de 
la marcha no acudieron á tiempo. Púsose con los estan- 
dartes tendidos en orden de batalla delante de la ciudad; 
y el Ahnirante, confiado en el número de los suyos, que 
eran setecientos contra doscientos hombres de annas 
y unos pocos almugáviires, acometió con todo el vigor 
y la impetuosidad que solía. Mas la gente que entonces 
acaudillaba no eran aquellos catalanes y aragoneses que 
con solo oír el nombre de Lauria ya se crdan seguros 
déla victoria; el sol era contrarío, y el guerrero que 
tenia contra si estaba también acostumbrado á pelear, 
mandaba soldados aguerridos, y sobre todo no sabia 
ceder. Murieron muchos : Roger, herido en un brazo, 
caído y abandonado junto á un vafiadar, fiíé salvado por 
un soldado, que le subió en su caballo, y aquella misma 
noche le recogió en el castillo de Badulato. Su herida 
y su caída, haciendo creer que estaba muerto, desa- 
lentaron á los Branceses, que huyeron dejando el triun- 
fo y la victoria en manos de los españoles ( 1297). Este 
fué el primero y único desaire que redbió Roger de la 
fortuna, la cual en aquella ocasión quiso pasar á las 
sienes del guerrero aragonés los lauros que adornaban 
las de Lauria. 

Roger, furioso de ira por aquel revés, y acusando 
altamente á los franceses delante del rey Garlos , de su 
cobardía y del desamparo en que habian dejado á su 
general , salió de Italia y se vino á Aragón á precipitar 
los medios de la venganza. Estasele cumplió, aunque no 
tan pronto como deseaba ni tan exenta de reveses co* 
mo estaba acostumbrado. Puesta á punto la armada 
aragonesa , el rey don Jaime navegó á Italia , donde re- 
cibió de mano del Papa el estandarte de la Iglesia , y 
después se juntó con todas las fuerzas del rabio de Ni^ 
poles, que le aguardaban para embestir á Sicilia. Este 
fué el armamento mas considerable que se hizo en aquel 
tiempo: Roger tenia la principal autoridad militaren 
él , y parecía imposible qae la isla resistiese á una inva- 
sión tan formidable. Don Fadríque safio con su annadn 
á la vista de Ñápeles , y se apostó en la Isla de bcla part 
combatir á los aragoneses antes de su unión con las 
galeras francesas. Estando allí , se dice que su hermano 
le amonestó que no tnWese la temerídad de tentar á la 
fortuna lejos de su casa, y que Si volviese áSIdlia. Fa- 
drique siguió el conscgo, y vueltoá la isla, se aplicó con 
gran diligencia á pertrechar y fortalecerlos lugaras y 
castifios de la marina. La escuacrra combinada llegó á 



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PARTE SBGUNDA^-BtSTORIA. 



23 1 



la costa de Pattí; y deaambareado el ejército, Patti y 
otros mucho» pueblos y castillos , parte por fuena> parte 
porioteligencias del Almiraote » se dieron al rey de Ara- 
gón. Mas coBio llegase el invierno » y la armada necesir 
tase de abrigo , se escogió á este fin el puerto de Sira^ 
cusa f y la armada dio la vuelta á la isla y entró en aquel 
puerto. Siracttsa se defendió con una constancia que no 
se esperaba : entre tanto los vecinos de Patti se volvie- 
ron á la obediencia del rey don Fadríque , y estrecharon 
el castillo, guarnecido con tropas de don Jaime. Este 
envió á socorrer á los sitiados, por tierra al Almirante, 
y por mar á Juan de Lauria , su sobrino, con veinte ga- 
leras escogidas , armadas de catalanes. El Almirante 
atravesó la isla : á la fama de su venida los sitiadores 
alzaron el cerco, y después de provisto el castillo de 
gente y municiones , se volvió á sus reales. Juan de Lau- 
na pas6 con sus galeras el Faro , visitó y pertrechó los 
logares |y fortalezas de la comarca y marina de Helazo, 
y dio la vuelta hacia Siracusa. Pero los mecineses le sa- 
lieron al encuentro con veinte y dos velas , le atacaron 
animosamente, y le ganaron diez y seis galeras, ha- 
ciéndole prisionwo á él mismo. Fulminósele proceso 
como á traidor, y s^tendado á muerte por la gran cor- 
te, le cortaron la cabeza en Mecina : rigor quizá tan in- 
humano como impolítico, y que, pareciendo hecho me- 
nos en castigo de aquel desdichado mozo que en odio 
del Almirante, anunciaba á este su destino si algún dia 
venia á parar en manos de sus enemigos. 

Para su genio colérico é impaciente debió ser terri- 
ble este contratiempo ; tanto mas que por entcmces se 
le dilataba la venganza , pues el rey de Aragón , desesr 
perando ganar á Siracusa , abatido con las pérdidas que 
cada dia hacia su ejército y con el desastre de su es- 
cuadra, levantó el cerco , y como huyendo de su her- 
mano, se fué precipitadamente á Ñapóles, y de allí dio 
la vuelta á España. Más ardiendo en deseo de lavarla 
menguada su campaña anterior, al ano siguiente volvió 
á Ñapóles con Roger y con su armada , convocó á la em- 
presa todos los pueblos de la Italia , y luego que estuvie- 
ron juntas las fuerzas de los dos reinos, pasó á Sicilia. 
Su hermano , no queriendo exponer el interior de la isla 
á los estragos que habia sufrido en la invasión pasada, y 
confiando en la fuerza y destreza de sus marinos, con- 
firmadas por la victoria conseguida contra Juan de Lau- 
na, salió de Mecina con su armada , determinado á ex- 
poner su estado y persona al trence de una batalla de- 
cisiva. Avistáronse his dos armadas en el cabo de Or- 
lando, y era tal la confianza y soberbia de los sicilianos, 
vencedore8Siemi»ie en el mar por tantos año8,que qui- 
sieran acometer sin orden ni ccHicierto á las galeras 
enemigas, que los esperaban arrimadas á la costa, en- 
lazadas y trabadas unas con otras por disposición de Ro- 
ger, á manen de un muro incontrastable. Su rey las 
contenia; y siendo puesto el sol cuando se avistaron 
unos y otros , pareeiéndoles poco el tiempo qué queda* 
ba , esperiroii al otro dia pare la ejecución de sus fu- 
rovci» 



Fué esta batalla (junio 4 de 1299 ) sin duda la mas 
escandalosa y horrible de cuantas se dieron en aquellas 
guerras crueles. Unas eran las banderas, unas las ar- 
mas, una la lengua de los combatientes. Los dos cau- 
dillos eran hermanos, concurriendo uno con otro, no 
por deUto, ni por usurpación, ni por interés que hu- 
biese en medio de ellos, sino por contentar la ambición 
ajena, y despojar el uno al otro de lo que su valor y su 
sangre y la aclamación de los pueblos le hablan dado. 
Apenas habla guerrero que no hubiese ya combatido 
por la misma causa, y en compañía de los mismos á 
quienes iba á ofender. Las insignias de la Iglesia, que 
tremolaban junto á los estandartes de Aragón, recor- 
daban la odiosidad de su actual ministerio; y en vez de 
ser seBal de paz y de concordia , daban con su interven- 
don á aquella guerra el carácter de sacrilegio , y á las 
muertes que iban á suceder el do abominables parrí-, 
ddios. 

Roger por la noche hizo sacar de sus galeras todos los 
caballos y gente inútil, reforzólas con los soldados do 
los presidios que el Rey tenia puestos en los lugares ve- 
cinos de la costa , y hiego que rayó el dia hizo desen- 
lazar sus buques y se lanzó en alta mar. Eran sus gale- 
ras cincuenta y seis, y las sicilianas cuarenta. Los dos 
reyes se pusieron en medio cada uno en su capitana, 
siendo los principales guerreros que asistían al de Sici- 
lia don Blasco de Alagon, Hugo de Ampúrías, Vinchi- 
guerreado Paliciy Gombal de Entenza, entre quienes 
repartió el mando de las divisiones de su escuadra. Al 
de Aragón acompañaban en la Capitana el duque de Ca- 
labria y el príncipe de Taranto, sus cuñados. Peleóse 
gran espacio de lejos con las armas arrojadizas, mas 
Gombal de Entenza , impaciente por señalarse, cortó el 
cabo que amarraba su galera con las demás de su ban- 
do , y se arrojó á los enemigos. Salieron á recibirle tres 
velas, y la batalla empezó á trabarse de este modo, 
combatiéndose de ambas partes con igual tesón hasta 
medio dia. El calor era tan grande , que muchos solda- 
dos morían sofocados sin ser heridos. Gayó muerto En- 
tenza , y su galera se rindió ; otras de Sicilia siguieron 
su ejemplo , hostigadas de una división que Roger ha- 
bia dejado suelta para que acometiese á los enemigos 
por la popa. Desmayaban con esto los sicilianos; y el 
rey don Fadríque , viendo declararse la fortuna por su 
hermano, determinó morir, y mandó que Uamasen á 
don Blasco de Alagon , para juntos acometer al enemi- 
go y acabar como buenos. La fatíga y la rabia, ayuda- 
das del calor insufrible que hacia , rindieron sus fuer- 
zas y le hicieron caer sin aliento. Entonces los ricos- 
hombres que le acompañaban acordaron que la galera 
se retirase de la batalla tras de otras seis que también 
bulan. Don Blasco, que no qm'taba los ojos de la Capi- 
tana, luego que la vio huir mandó á su alférez, Fer- 
nán Pérez de Arbe, que moviese el pendón para acom- 
pañar al Rey: «No permita Dios jamás, respondió aquel 
» valiente caballero, que yo mueva, para huir del ene- 
» migO| el pendón que me entregaron; » y sacudiendo de 



.•►>■.*%«, w. 



aSt OBRAS COMPLETAS DE DON 

la frente It eeladaí le rompió desesperado b cabeía 
contra el mástil del naYÍo, y morid i otro dia. No peleó 
con menos aliento el rey don Jaime : clavado por el pié 
con un dardo á la cubierta de su galera , sufrió el dolor 
sin dar muestras de estar herido , siguiendo peleando y 
animando á los suyos con el ejemplo. Este tesón era 
digno de la victoria que conseguía ; y la hubiera mere- 
cido con mas razón si no la dejara manchar con la in- 
humana venganza que ejecutó Roger en las diez y ocho 
galeras sicilianas que fueron apresadas. La mayor parte 
de los prisioneros, principalmente los nobles de Meci- 
na, pagaron con su vida el suplicio de Juan de Launa, 
Dióseles muerte de diversos modos; y mientras los es- 
pectadores de esta crueldad , aunque agitados del com- 
bate f se movían á compasión y lloraban de lástima, 
Roger miraba el estrago con ojos enjutos, y en altas 
voces animaba á la matanza. Saciado ya de muertes, 
cesó el castigo , y los prisioneros fueron llevados delante 
del Rey. No ialtó entre ellos quien echase á los españo- 
les en cara su inhumanidad y su furor , su olvido de los 
obsequios y favores que hablan recibido en Sicilia ; en 
fin, su ingratitud con aquellos marinos mismos que en 
San Feliu 'y en Rosas hablan libertado á Cataluiía de la 
invasión de la Francia. Don Jaime oyó estas quejas con 
indulgencia, y entre los circunstantes habla muchos 
que las aprobatMin , y aun murmuraban de su victoria. 

Con ella las cosas de Sicilia parecían ya desespera- 
das. El rey de Aragón, creyéndolo asi, y que para apo- 
derarse de la isla no tendrían los napolitanos masque 
presentarse, dio la vuelta á sus estados, con gran dis- 
gusto del rey Carlos y del Papa, que quisiera que no 
hubiese abandonado la empresa hasta arrojar él mismo 
á su hermano de aquel reino. Dejó empero al Almirante 
pora que asistiese al duque de Calabria á tomar la pose- 
sión de Sicilia , y con él 6 los principales capitanes que 
le acompañaban; los cuales todos se dirigieron á la 
costa oriental de la isla, y se pusieron sobre Rendazo. 

La resistencia que hizo esta plaza , y la variedad que 
tuvieron los sucesos, dieron al mundo un nuevo ejem- 
plo de que no es fácil poner á un pueblo un yugo que 
él unánimemente desecha; y que la constancia, la en- 
tereza y el horror á la tiranía prestan á las naciones, 
por desvah'das y abatidas que estén, una fuerza sobre- 
humana. Los sicilianos , abandonados á si solos, venci- 
dos completamente por mar, con dos ejérqitos enemi- 
gos en la isla , hicieron frente por todas partes al peli- 
gro , y le sacudieron de sf . Vuelto don Fadríque á Mecma 
con las naves que le quedaron de la derrota, dio aviso 
de ella á los pueblos; y manifestándose con confianza 
en medio de aquella adversidad , les ensenó á no des- 
mayar por ella , y todos se apercibieron á la resistencia. 
El duque de Calabria y el Almirante no pudieron tomar 
á Rendazo , se dilataron por el Val de Noto , rindiéndo- 
seles de fuerza ó de grado casi todos los castillos y pla- 
zas Alertes, entre ellos Catania, Noto, Cásaroy Ragu- 
sa. Ta un legado del Papa habia venido á aqudla parte 
á reconclBar los pueblos con la Iglesia ; y el rey Carlos, 



ttA.\U£L JOSÉ QUINTANA. 

panapreeorar al suceso, habia enviado o<n armaday 
otro ejérdto, con su h^o el prüidpe de Taranto, á apo- 
derarse del Val de Mazara. Estas fuenas arribaron á 
Trápana , y luego que don Fadrique tuvo noticia de su 
llegada, determinó ir á encontrarse con d Principe y 
darle batalla. El con su ejército estaba en medio da sos 
dos adversarios , cubriendo el país que no ocupaban y 
conteniendo al duque de Calabria. Don Blasco de Ala» 
gon, su prmcipal caudillo, no era de parecer que rrexH 
turase el Rey su persona en aquella empresa, y se ofrecía 
con toda la seguridad de su esfuerzo y de su fortuna á 
buscar al Principe y vencerle. Pero don Fadríque por su 
ánimo y su constancia era digno de su elevación : tuvo 
á cobardía este consejo , y quiso arriesgar su persona y 
su reino al trance de la batalla. Salió pues en busca 
del Principe , que confiado en la suerte que favorecía su 
partido no dudó de aceptar el combate que los sicilia- 
nos le presentaron. Al principio el éxito fuá muy dudo- 
so, y aun adverso á don Fadrique ,y8edieequeunode 
los barones que le acompañaban le requirió que saliese 
de la batalla. «¿Salir yo? respondió el Rey; he aventih* 
rado hoy mi persona por la justicia de mi causa : hu- 
yan los traidores y los que quieran imitarios; que yo 
ó he de moriróhe de vencer.» Dicho esto, mandó al 
caballero que llevaba su estandarte que le tendiese en- 
teramente, y con los que tenia á su lado arremetió el 
primero adonde el peligro era mas grande. Fué herido 
en el rostro y en un brazo; percal fin hizo suya la victo- 
ría , contribuyendo mucho á ella la disposición que don 
Blasco de Alagon dio al ejército, y el valor y destreza 
de los terribles almogávares. El principe de Taranto 
fué hecho prisionero , y el Rey mandó que se le custo- 
diase en el castillo de Cefalú, guardado por Martin Pé- 
rez de Oros , el mismo caballero que en la batalla le ha- 
bia rendido. 

Roger halna previstoesta desgracia, conociendo la sa- 
gacidad y actividad de don Fadrique y don Blasco; y su 
dictamen en el consejo que tuvo el duque de Calabria 
cuando supo la llegada de su hermano al Val de Mazara» 
era de que al instante los dos ejércitos marchasen uno á 
otro á coger en medio al rey de Sicilia, y unirse para 
concertar sus operaciones. Púsose esto por obra, pero 
ya fué tarde ; y sabida la derrota y prisión del Príncipe, 
se volvieron tristemente á Catania. Con este suceso y la 
victoria que junto á Gallano consiguió don Blasco en un 
encuentro que tuvo con los franceses mandados por el 
conde de Breña , que fué hecho también prisionero, los 
sicilianos, confiados y («'gullosos , armaron veinte y sieiu 
galeras, y juntándose á ellas otras cinco genovesas, sa- 
lieron al encuentro á Roger , que con la armada napoli- 
tena habia ido á Ñápeles á buscar refueraoa de gento 
para el duque de Calabria. Era almirante de ellas Con- 
rado de Oria , genovés , muy estimado de don Fadrique, 
y uno de los mejores marinos de su tiempo. Pero¿qoi¿a 
podia arrostrar á Roger de Lauría enel mar sin note de 
temerario? Las galeras genovesas no osaron entrar en 
batalla, y las sicilianas, inferiores con mucho en 9&^ 



PARTB SBGUHDÁ.— mSTOHlA. 



mero, y mu lodaih en tnena y m destrata , fueron 
voxddu y a[ffeudMcasi todas. La Capitana, en que v»- 
nía Conrado ele Oria , hito una resistoicia digna del 
nombre y reputación de aquel caudillo y acreedora i 
mejor suerte. Kodeada por todas partes , sola y sin es< 
peranza, contrastó por gran tiempo su mata fiHlinia, 
faadendo una gran carnicería en los contrarios coo la 
ballestería genotesa que Ilevabaá bordo. Viendo Roger 
que ni se rendía ni era posible entraria, mandó que la 
desfundasen, y como ni aun esta pudiese ejecutarse, de- 
tenninú que se acostase una galera y la pegase fuego : 
entonces Oria se rindió, y entregó al Almirante el es- 
tandarte real. Fué esta batalla junto i la isla de Ponía; 
y Roger, según su inhumana costumbre , mancbó la 
gloría adquirida en ella con la crueldad que usó en los 
ballesteros gen'iveses de la capitana de Sicífia , á quienes 
bizo sacar tos oíos y cortar las manos , en reoganza del 
daBo que le babian becbo. Apenu £1 bobia dado este 
ejemplo de bartiarie tan odioso, Oria y el rey don Pa- 
dnque dieron uno bi«i loable de geoerasidad y enteré- 
is. Fué Oria tratada en su prisim con lodo rigor, y aun 
amenaudo de muerte si no entregaba el castiUo de 
Fraocavils, que tenia en Sicilia; ü le negó i la propues- 
ta (1500), dicirado que el castillo era del rey don Fa- 
driqne;yests, estimando mas la persona de aquel ca- 
ballero , mandó rendir el castillo sin emba^ de la im- 
portancia de su posición. 

Esta filé la postrera batalla y última *ictoria señala- 
da de Roger. Cansado ya de vencer y fatigado de Iriui^ 
f>s , se aTÍst¿ con don Blasco de Alagon , para que en- 
tre los dos acordasen un medio de concierto entre 
aquellos principes. Púdose extrañar mucho en el ca- 
rtcterduro del Almirante este morímiento d la paz : tal 
Tez desconfiaba ya de sojuzgar la Sicilia, y temia que 
■e le trocase la fortuna. Has cualquiera que fuese el 
motivo que le instigase , m él ni don Rlasco fueron los 
mediadores de la paz, que dos años después se ajustó 
al fin entre Cdrlos y don Fadrique. Rabian sitiado los 
franceses ÍMecina.yípesarde laeslrecbezenqnela 
pusieron, fuéles forzoso levantar el sitio, porque el 
hanabreymiseria que sufrían loa cercadoslas empezaron 
i padecer los^tiadores. Concertáronse treguas por me- 
^ode la duquesa de Calabria, hermana de don Fadri- 
que ; 7 no habiéndose efectuado la paz , los franceses 
quisi«xin bacer el último esfuerzo para sujetar la isla. 
A este fin pasó i ella el conde da Anjou , hermano del 
rey de Francia , con una poderosa armada y un florido 
ejército. Las cosas de Sicilia estaban tan desesperadas, 
que parecía ya temeraria la resistencia. Don Blasco ha- 
bía muerto de enfermedad en lUecina durante el sitio; 
los pueblos que estaban por don Fadrique se hallaban 
en el estado mes miserable, sin comercio y sin recur- 
sos ; una gran parte del reino en poder de loe enemigos. 
Uas el invenciüe corazón del Rey subrepujó i todo : el 
conde de Anjou ei^ró en la isla, ganó algunos lugares, 
y se detuvo en Siacca , que defendida por na bombre de 
valor no quiso rendirse , y le Eiizo perder cuarenta y 



tres días. La peatA qna H daelaró en 
do gran número do hombres y caba 
y hostigaba , cuando don Fadrique , 
esta situación , se acercó i los franí 
dedarles batalla. El Conde entonces, 
turarse al trance de la pelea ni deja 
el sitio comenzado , creyó que lo mai 
docir i los príncipes á bacer la paz. 
certó, quedándose don Fadríque con 
renunciando lo que tenía en Calabri 
Leonor, bija del rey Carlos. 

Tal filé el fin de esta célebre co 
veinte años , y en que Roger de Lau 
y mas Roñoso concurrente. En lo 
tuvo lacuenta que al parecerse deii 
y no se estipuló recompensa algún 
por los grandes estados que habla p 
por losservicios señalados que habial 
Aragón y de Nepotes en los últimos 
Pero era preciso que así fuese ; el re; 
á Sicilia á pesar de sus triunfos , y i 
ellos quedaba siendo rey de la isla do 
tada la paz , él se retiró i España , y 
en 17 de enero de 130S. Su cuerpo e 
monasterio de Santas Cruces, del i 
nardo, en Cataluña, debajo del panic 
dro lil , cuyo mayor amigo habia sidc 
tenarse , en el testamento que otor 
de 1291 , en caso de que su muerte a< 
de los estados de Aragón , Cataluña , 
ca. Su epitafio, aunque algo gastado 
así , traducido de ta lengua catalana, 
to : u Aqui yace el ooblú Roger de La 
los reinos de Aragón y de Sicilia p 
Aragón , y pasó de esta vida en el añ< 
de nuestro Señor Jesucristo 1 304, i 
de febrero, n 

La sencillez y modestia de esta ¡n< 
saltar mas la gloría de Roger , y avt 
habiendo sido nulos envida quiere] 
i la posteridad con los pomposos e 
ponen en los sepulcros. Ningún mar 
rero te ha superado antes y después c 
das militares , en gloría ni en fortun 
mas pequeña que grande , alcanzaba 
su compostura grave y moderada a 
jnvuitud la dignidad y autoridad q< 
En las ocasiones de lucimiento y en '. 
nadie podía igualarle en magniOce 
su esfuerzo y su destreza. Esláslinu 
grandes y bellas cualidades la dureí 
deslucía : su corazón de tigre no pen 
sando con tal crueldad de su superío 
cidosylosprisioneros, se hacia indi 
que conseguía. Puede excusarse en | 
fectocon la ferocidad de los tiempos 
la naturaleza de aquellos guorrds, ve 



OBRAS COMPLETAS DB DON 

dow él eDtoncet en It crueldad y en 
I qne sd comon era mas terríUe y 
as drcunsIanciBR y los tiempos. Fu¿ 
I primera con dds hermana de Con- 
de doña Combina , muj«r del rey 
nda con nna bija de don Berenguer 
wendoicía , enlatada á las primeras 
^UluDt, todtTia dun, conserrando 



MANUEL JOSÍ QUINTANA. 

entre lus apellidos el nombre ilustra del Almirante. Si 
á pesar de haber nacida fuera de España y stsr su Imnje 
eitr&DJero , le be colocado entre nuestros hombres ré- 
lebres, es porque, venido á Aragón desde muy niño, 
aquí se educó, se formó, se estableció; por Aragón 
combatió , y al frente siempre de fuerzas aragonesas : 
SQ pericia , sus combates , sus conquistas , su gloria , sos 
TÍrtudet , basta nía tícíos miemos , noe pertenecoi. 



EL PRÍNCIPE DE VIAM. 



k-nilH.AlMM.*> 



menei y sangre an qne u ballinm los 
N hasta iqnf , se bacía menos liomble 
idesnsbazaiUsya) lustre de m glo- 
..osmisiiiot eiciñdalcis y maywei úe- 
rdar abon , cea el desconsuelo de ver 
¡ndos, loa laios de le sangre rolos del 
} y mes Til , la Tirtnd perseguida y sa- 
itída trimraiite ; y al escribir la vida 
índpe da Viana , no ptidiendo conte- 
rentía hísbiHca , la phinu «e baña en 
ilo se tiñe con kM edwM qne le pras- 
I y d dolor. 

iel á 29 de mayo de U21 , de don Joan, 
D , y d<^i Blanca , hija y socesora de 
Navarra , Qamado , por la eiceleocia 
Noble. Ardia ea aquella uzon Casti- 
Oes , atJiadas por la imbicioD de los 
ndo la flaqueía y la Incapacidad de 
porfía «poderane de la administra- 
0. El lobuite hada na papel muy isin- 
KW^as, aunqne por entonces bvor»- 
parecer mas justo, que era el de la 
ría lacolunidad de la guerra que so»- 
Uooso en demanda del reino de Ná- 
batlabt desgarrada con sns divisiones 
«aioD de loa ingleses. Solo el peqnuio 
igoubadeunapro&mdepu, debida 
su rey , y i la babilidad cm que btbia 
el amor de las potencias ccnvednas, 
con ninguna, Carlos sn nieto, que 
matriniwiales ajoitadas entre doña 
a babia de criarse en Navarra, fnó D^ 
1 madre , y puesto bajo la tutela y la 
Jmelo. Un a&o babia cumplido enton- 
B leoia pnesu ni ü toda la esperania 
Ele la felicidad del Estado, quiso coD- 
1 bvedero, yarigUen principado el 
pan qne Aieso de allí en adelante el 
> de los primogiallos de Navarra. Ins- 
[nbida en cortea generales del reino 
ita (I4XS), el mEm» tiempo que el 
ncwBte iMredero y rey de Navarra 
nntdndoBa 



Don mas augusto y mu 
íüé la deciente educacioi 
pudo completarse en vidí 
bajo el mismo plan por s 
tribuyó i ello : ejercicios 
estudios á propMto pon 
y formar su corazón ; sol 
rano tranquilo y florecit 
sabia y moderada. El fru 
los filé grande en los oi 
cuya conducta y escrito 
ellos; paro las espwanias 
meterse liaron tristemei 
de BUS desventuras. 

En aun muy oiSo coa 
bjleclmiento de sa mad 
veinte y un años cumplid 
redero suyo universal te 
NemooTS, según le c(mdi 
tado en les capltulacionei 
sorio con don Juan ; mas 
tolo de rey tuvieae por b: 
sentimiento de su padre. 
Castilla, y por Btt aosenc 
del reino : encargo en qu< 
dto de don Juan. Sns d«| 
flestan qne el Príncipe, i 
de su madre , se intitula! 
primogénito, heredero y 
particularidades que, au 
nudss en la bistMia , son 
Bontar la justicia del Prín 
pues so siguieron, viénd 
dffli y BU modestia hteroo 

Dejaba ánSt Blanca al 
del principe de ^^ana, n 
casada flon el principe da 
llamada doüaLeooi»', qi 
Fox. El podre de todos es 
empleado CMí todo el tiei 
ru Intesliuas dentro de ' 
mandar Bolo. Pudo á los I 
contusa mismo facnnau 
tido del Rey; mu deqw 
y el poder (Un Aharo de 



gnBo, al r«y da Hmnn 
ftmN Obi eeR que boi 



ORRAS COMPLETAS DE DON HANOEL JOSÉ QUINTANA. 



230 

tes. Los castellanos se quejaban porque no se iba á 
mandar y gobernar en sus estados, y los navarros se 
resentían de tener que contribuir para sus empresasi 
de ningún momento ni utilidad para ellos. Guando mu- 
rió su mujer la guerra civil se bailaba algo apaciguada 
en Castilla, y don Juan y sus parciales habían logrado 
el triunfo momentáneo de hacer salir de la corte al con* 
destable don Alvaro de Luna. Para mayor seguridad se 
hablan convenido todos en manteuerse en igual vali- 
miento con el Rey : convención absurda , contraría á lo 
que cada uno de ellos deseaba, é imposible de verifi- 
carse , atendida la flojedad y flaqueza de Juan II , el cual 
era incapaz de mantener su favor en un equilibrio pru- 
dente. Advirtió el rey de Navarra que el almirante de 
Castilla don Fadríque Enriques adelantaba en la con- 
fianza del Rey, y como ambicioso, empezó ¿odíaraquel 
estado de cosas, recelando que don Alvaro iba á volver 
al mando, ó que el Almirante iba á alzarse con él; y 
aunque este era parcial suyo , ya le miraba con los ojos 
de un cortesano desgraciado , y le reputaba delincuente 
porque el Monarca le favorecia. El conde de Castro su 
amigo y gran confidente , viéndole desabrido y ocupado 
de estos pensamientos, después de manifestarle la in-> 
justicia de sus sospechas contra el Almirante, que siem- 
pre le habla sido fiel , pera acabarlo de sosegar le dijo 
que si quería asegurarse enteramente, estrechase los 
vínculos que le unían con aquel caballero ; y puesto que 
doña Blanca era muerta, y concurrían en doña Juana 
Enríquez, hija de don Fadríque , todas aquellas pren- 
das que podría imaginarse para un enlace digno , la pi- 
diese en casamiento á su padre , y de este modo el nudo 
de su amistad y alianza seria indisoluble. 

No bien fué dado el consejo cuando se puso en eje* 
cucion; y un rey de Navarra, lugarteniente al mismo 
tiempo por su hermano en los estados de Aragón , y he- 
redero presuutivo de ellos , después de hacer en la corte 
de Castilla el papel de un cortesano Intrígante, buscaba 
la hija de ud particular en apoyo de sus pequeñas mi- 
rasy de su ambición subalterna. El matrímonio se efec- 
tuó; pero ni el Almirante ni don Juan consiguieron de 
esta alianza el fruto á que aspiraban; porque, vuelto 
don Alvaro de Luna á la privanza , y asistiéndole la ma- 
yor parte de los grandes, los infantesde Aragón fueron 
vencidos en la batalla deOlmedo; y don Enríque,muerto 
de sus heridas, y el rey de Navarra, huido, perdieron 
de una vez sus estados y su autoridad en Castilla. 

Gobernaba entre tanto el príncipe de Vlanael reino de 
Navarra , que disfrutaba de la felicidad consiguiente á 
los sabios y moderados príncipios establecidos por Car- 
lus el Noble. Alguna vez llegaban á él las chispas de la 
guerra que se hacia en Castilla , pero eran desvanecidas 
al instante ; y aunque en el año do 14Si el rey de Casti- 
lla y su hijo don Enrique entraron poderosamente en 
Navarra y sitiaron la ciudad de Estella, el Príncipe, 
cuyas fuerzas no eran bastantes á resistir al castellano, 
tomó la resoludon de irse desarmado á sus reales , y 
habló á padre y ahijo contal peisuasion, menifiostáa- 



doles la injusticia de aquel procedimiento en la larga 
unión que habia entre los dos estados , que ellos, con- 
vencidos de su razón y movidos de su docuencia , al- 
zaron el sitio de Estella y se volvieron á Castilla. No 
falta quien dice que esta condescendencia tuvo otro fin 
mas político y profundo , y que don Alvaro de Luna , de- 
seoso de librarse de los continuos tiros que hacia á su 
poder el rey de Navarra, quiso daríe en qué entender 
en sus propios estados , para quitarle la ocasión de venir 
á inquietar los ajenos; y que hiso unirse estrechamente 
al rey y príncipe de Castilla con el de Viana , inspirando 
á estedesconfianzas hacia su padre ó abultando las que- 
jas que ya tenia de él. 

Los sucesos que siguieron dan verosimlfitttd á esta 
presunción. El i ey de Navarra estaba muy malquisto de 
sus naturales; ellos eran los que sostenían la mayor 
parte de los gastos á que le obligaban las continuas em- 
presas de su genio turbulento ; ellos sufrieron el amago 
y aun los golpes de la venganza castellana /y parecíales 
que nada debían á un rey que sacrificaba so provecho 
y so quietud al hiterés díelo que deseaba en Castilla. 
Sentían que , según lo pactado anteriormente entre los 
reyes y oon el reino , no hubiese ya entreoído el domi- 
nio y la autoridad real en poder de su hijo , á quien 
competía por edad , por mérito y por derecho ; por últi- 
mo , hablan llevado muy á mal que se hubiese casado 
con la hija del Almirante sin haber dado cuenta de eHo 
ni á su hijo ni al reino , y murmuraban que ningún rw* 
peto ni contemplaciones debían á un rey extn^ , que 
no tenía por aquel estado atendon ni am<M* alguno. 

Estas centellas de descontento tomaron la fuerza de 
un volcan cuando la venida de su mujer ¿ Navarra , con 
título de gobernadora, en compafiíadelPrincipe (1452). 
«¿Conque derecho, decían, nos envía unamigereitraiía 
¿ que nos mande, y hace esta injuria á su bqo, que ba 
gobernado tantos años con tal prudencia y aderto?» 
Los modales de la Rema , que en ves de ganarse las vo- 
luntades con la afabilidad y dulzura propias de so sexo 
afectaba una arrogancia yon Unperio siempre odioso, 
pero masa ánimos descontentos, acabaron de apurarla 
padencia y soplaron la llama de la sedición. Habla dos 
parcialidades en Navarro, la agramontesa y foeamon- 
tesa, naddas anteriormente de celos de privanza. Tods 
la autoridad y cuidado de doña Blanca en d tiempo de 
so gobierno no pudieron eitínguírias , y se volvieron á 
encender de nuevo con mas furia que nunca al darse la 
señal de hi división entre padre é hijo. Habia sido ayo de 
Carlos, y priodpal consejero en so gobierno, don Juan 
de Beamonte , gran prior de Navaira y hermano de doo 
Luis, conde de Lerín y condestable, casado con una h^'a 
natural de Carlos el Noble. Estos eran los jefes dd ban- 
do beamontés; mientras que los agramonteses seguían 
por caudillo al mariscal del reino don Pedro de Navarra^ 
señor de Agramont Declaráronse los primeros por d 
Príndpe, y los segundos, por ser ceaftrarios á aiqod 
partido, favorecieron el dd Rey* Dícese en proeba de 
ello que poco antes dd rompimiento, sdiendo elPrln* 



I 



/ 



PARTE SEGUNDA.— BISTORU. 



B.seeacolitrBrou con éldoQ Pedro de 
ligo Pedro de Peralta, 7 le dijeroD : 
iza que os conacemos por nuestro rej 
I razan j Eomos obligados , ; nadie en 
otra cosa; pero si ba de ser para que el 
hennano dos manden y persigan , sa- 
os hemos de defender coa la mayorbon- 
tmos; porque nuestra intencionno es de 
ezB, uno defendemos de nuestros ene- 
nieren desliacer. « A lo cual respondiú 
I DO entiendo que el Condestable j su 
iiren tanto mal como decís : no penséis 
darú remedia d todo, ; proveerá que 
Qozcamos que sois tan fieles senridores 

I Gd padre é hyo , queriendo el prime- 
Navarra su autoridad soberana como 
y el segundo entrar en la posesión de 
8 conveoido anteriormente. A cuál de 
izoD Qo es necesario ya roanireslaiioj 
liera sido mas sano que el Príncipe no 
con las armas; parque este partido te- 
lal aspecto de la irreverencia, y el in- 
s escándalos de una guerra civil . El rey 
! Aragón pudieran ser unos mediadores 
lerosospara ajustarías diferencias; y él 
quirido la autoridad á que aspiraba, sin 
üdad de alzar el brazo contra su padre. 
iran iguales, pues aunque la mas sana 
1 estaba por el Príncipe , casi todas las 
lismo estado de Viana , llevaban la voz 
;dG que murió su mujer doña Blanca, y 
e su segunda casamiento, babia tenido 
gar los castillos y las alcaidías á sus ser- 
s. Si á esto se añade la ventaja qne te 
ha su actividad , su artiücío y el largo 
la guerra, por sus alborotos en Castilla, 
: que el partido mas justo no era el mas 
impoco el mas feliz, 
d confirmar los conciertos que su hijo 
Castilla; y Carlos, ú que ya estuviese 
er una autoridad subalterna correspon- 
-ana , ¿que fuese arrastrado del partido 
la señal de la guerra ; y ayudado de los 
údOlJte, TaMa, Aivary Pamplona. 
lasus aliados á sitiará Estella, donde 
lu madrastra. A su peligro voló el Bey, 
fuerzas de Aragón y contando con las 
eniJola parcialidad agramontesa; mas, 
■liándose menos fuerte para entrar en 
tú i Aragón por nuevos refuerzos , en- 
iuyos que entreUiviesen mañosamente 
aEngañóá don Carlos, dice Mariana, 
illa y mensa condición»; creyó que la 
jagoQ era para no volver tan presto; 
rra , 7 tal vez no quería hacerse odioso 
nleñdo por mu UetDpo ea el temo tro- 



pas castellanas. Estas á persnasion » 
sitio y se volvieron á Burgos, i tiempc 
camas activo que entonces, después 
con increíble celeridad las fuerzas qnc 
volvió prestamente i Navarra, j se j 
con intento de tomarla. 

Acudió el Principeásocorrer1a,yi 
vista del de su padre. El Rey quiso 
talla para impedir que se engrosase t 
go, i quien llegaban por momentos ni 
Pusiéronse unos y otros en orden de p 
guDos eclesiásticos conodendo la ab 
mejanle contienda hicieron aquella 
correspondía á su ministerio ¡ y & fuer 
ruegos y amonestaciones pudieron tn 
ánimos de los combatientes. Dio al ini 
oídos á la composición , y propuso á s 
GOrdia concebida en los términos sigí 
bieseensugraciaáélyálosEuyos; e 
principado de Viana y sus fortalezas , 
tido los lugares y villas'que los contri 
usurpado ; que él haliia de quedar en 1 
y en la de disponer su casa como le pE 
bia de gobernar el reino, como basta i 
cías de su padre ; que aprobase este U 
chos con Castilla, y se le diese tiem¡ 
rey de esta nueva concordia. 

No eran estas seguramente propos 
beldé , puesto que en ellas se dejaba 
autoridad soberana, por la cual sec 
condescendió con algunas, negó y m< 
cabo el Principe, por amor de la paz 
dijo que como su padre le recibiese er 
ria con todos los suyos ásu obediencia 
cordía primero por él, y después p(ff t 
lemnemente, y d pocas horas de hal 
dos ejércitos vinieron alas manos. Ci 
de esta revolución tan repentina y ta 
se sabe , aunque se bace verosímil la i 
son , que conjetura que en la enemis 
las dos parcialidades, no es de eztrañ 
chispa que causó aquel incendio , sin < 
dre pudiesen contenerle. Por muchc 
venttga los del Principe. Su vanguar 
furiosamente con la del Rey, que auní 
sus mejores batallones le fué forzoso 
base en ella Rodrigo de Rebolledo, ca 
don Juan, hombre de un estuerzo eib 
ditado ya en otras ocasiones. Este se 
do ; d sn ejemplo los fugitivos cobnroi 
j volvieron d la pelea. Huyeron de su 
netes andaluces que habían venido al 
cipe; y él, viéndose arrancar de las i 
redobló sn esfuerzo y osadía, j ata< 
acompañaban el batallón eo que esial 
bailaba este acosado y próximo al [ 
mongt del Principe, cutódo sa b^o ni 



pkme secuNbA.— tnSTORt A. 



S99 



lias ti6 (»6r edo Cds^ la guerra en Navarra. El prínci- 
pedeAstúoías donEnrique^queaborreciamortalmente 
al rey don Juan su aaegro, no quería entrar en lyuste 
ninguno, y liempre estaba armado sobre la frontera de 
Castilla f enviando fuerzas á la parcialidad beamontesa. 
Por este tiempo hizo también á la princesa su mujer 
el agravio de repudiarla yenviarlaásu padre , pretez- 
lando que por algún hechizo oculto era impotente con 
elhu No habla para esto, en caso de ser verdad, otro he- 
chizo que haber estragado aquel principe su tempera- 
mento con los placeres ilícitos é infames á que se dio 
en la primera juventud. La desdichada Blanca fué arro- 
jada de un lecho que sus virtudes honraban , para que 
después le ocupase aquella Juana de Portugal cuya 
imprudente conducta fué la ocasión de todas las des- 
gracias de Enrique IV. Vivió algún tiempo en Aragón, 
y después se fué á Pamplona con el principe su herma- 
no, á quien amaba entraiíablemente : motivo por el cual 
vino á incurrir en el odio que su padre tenia á don Gar- 
los. La discordia pues siguió en Navarra con el mismo 
Ibror que antes, sin que se remitiese mas que el breve 
espado de tiempo en que se ajustaban algunas treguas 
por las negociaciones, que siempre estuvieron abiertas. 
Mediaban en ellas Ferrer Lanuza, justicia de Ara- 
gón , enviado por el rey de Navarra al de Castilla á ajus- 
tar las diferencias que hubiese; y hi reina de Aragón, á 
quien su esposo Alonso V, justamente afligido de los 
males que padecía España , envió desde Italia á compo- 
nerlas todas. La paz se ajustó al fin con Enrique IV, que 
acababa de suceder á su padre Juan II, muerto en aque- 
lla sazón; pero las discordias de Navarra no pudieron 
apaciguarse. Estorbábalo el rencor de las dos parcia- 
lidades , y solo pudo conseguirse que se concertasen 
treguas por un año (1455), que aunque no muy bien 
guardadas, todavía excusaban algún derramamiento de 
sangre. 

lias, cumplido el término de aquella suspensión , las 
hostilidades volvieron con mas furor que nunca. Ardía 
de saña el Rey porque no se acababan de entregar las 
fortalezas que , según el pacto hecho cuando la libertad 
del Príncipe , se habían de poner en poder de aragone* 
ses ; amenazaba con hacer morir á los rehenes que te- 
nia ; el Principe amagaba hacer lo mismo con algunos 
que tenia en su poder, de villas que hablan tomado su 
partido, entre ellas la ¿e Monreal. Hubo, no hay duda, 
exceso de parte de don Garlos en esta ocasión, pues que 
faltó á lo que él mismo había firmado y sus apoderados 
prometido. Pero así él como sus parciales conocían bien 
el ánimo del Rey, que en todo el proceso de las nego- 
ciadones con la reina de Aragón se había mostrado du- 
ro , inflenble, sin querer ceder nada del rigor y nulidad 
á que queria reducirá su hijo. Llegó en esta parte su 
furor al extremo de hacer una alianza con su yerno el 
conde de Fox , por la cual este se obligaba á socorrer al 
Rey con todo su poder y entrar en Navarra á castigar 
á ¿8 rebeldes, y el Rey á desheredar á sus dos hijos 
Cáriof y Blanca, sustituyendo en su suceden para des- 



pués de sus días al conde y condesa de Fox. Asi este 
insensato disponía de una herenda que no era suya, 
y daba un derecho que no tenia; y añadiendo la bar- 
baridad á la injusticia, se obligaba tambto á no re- 
dbir jamás á reconciliación alguna ni perdonar á 
sus dos hijos, aunque quisiesen reducirse á su obe- 
diencia. 

Ya el Gottde había entrado en Navarra con sus tro- 
pas, y unido á los realistas ponía espanto en los parcia- 
les del Príncipe, no bastantes en número ni en fuerzas 
á resistiríe. Ya Imbian sido sitiadas y rendidas Valtier- 
ra,Gadreita y Molida; Rada, famosa por su fortaleza, 
arrasada ; Alvar también, que Garios había recobrado, 
tuvo que rendirse á su madrastra, que en persona la 
había cercado y combatido. Aquel reino, que tan flore- 
ciente y tranquilo se había mantenido en los felices dias 
de Garlos el Noble y Blanca, ya era un teatro san- 
griento de robos, escándalos, desolación y homicidios : 
frutos propios de la guerra civil , cuyos móviles no son 
ni el interés ni la gloria, sino el rencor y la venganza. 
El Gonde instaba por la desheredación de los dos prin- 
cipes, y don Juan había nombrado letrados y juristas 
que les formasen el proceso por contumaces y rebeldes. 
Pero el rey de Aragón, irritado de la entrada de los 
franceses en España, y mal contento del rigor y dureza 
de su hermano, le envió á decir que pusiese en sus ma- 
nos la querella que tenia con su hijo, como ya estelo 
había hecho ; y que de no hacerlo así , le quitaria el go- 
bierno del reino de Aragón y ayudaria con toda su 
fuerza el partido y la razón del Príncipe. Temió el rey 
de Navarra la amenaza de su hermano, y suspendió el 
proceso abierto contra sus hijos. Don Garlos, no sin- 
tiéndose fuerte contra su padre y su cuñado, á quienes 
se creía que ayudaria también el rey de Francia, no 
fiando en los socorros del rey de GastiUa, tuvo por 
mas seguro frse á poner en manos del conquistador 
de Ñápeles y pacificador de Italia, el cual, por sus haza- 
ñas, por su mérito personal y por la magnificencia de 
su corte , era entonces el primer monarca de Europa. 
Así, dejando encargado el gobierno de la parte de Na- 
varra que le obedecía á don Juan de Beamonte, tomó 
por Francia el camino de Italia (1457). 

Desde Poitiers envió á su tío un secretario suyo á que 
!e informase largamente de los hechos ocurridos en 
aquel último tiempo, para que á su llegada estuviese 
bien prevenido á su favor. En lacerta que le dio para 
que le sirviese de credencial le decía que por dos y 
tres veces había enviado á su padre gentes suplicán- 
dole que le quisiese tener como hijo, y se compadeciese 
del pobre reino de Navarra , que tan bien le había ser- 
vido en otro tiempo ; y que cuando las cosas estaban á 
punto de concordarse, el conde y la condesa de Fox lo 
habían estorbado; a los cuales(son sus palabras) , como 
se debía de esperar que fresen propicios á la dicha con- 
cordia, han empachado aquella, é hanrevudto en tanto 
grado los escándalos é d mal entre nos, que no espero 
el reparo de dl08| ai ya la piedad de Dios et vuestra aq« 



PLETAS bK DON 
lie ha lobre aos- 

scondesdeFox, 
ícipe con el rey 
lue habia Tavor»- 
se hallabao sus 
franceses : que- 
incitabao i tfae, 
1 padre , entrase 
nenas dei re; de 
[pe se preparaba 
Carlos , que co- 
lonn tenia Untas 
siguió sn cami- 
lel monarca cod 
ts calumnias le- 
,1 Rej de su rom- 
á Eu país, se dis- 
laintba el Re; su 
pasar su vida ea 
supadra,; sepo- 
Por todas lasciu- 
} y aplausos que 
ides y talentos y 
¡as. El sumo pon- 
nucba en Roma; 
en sus negocios, 
el Principe im- 

uyores muestras 
que le reprendió 
ire con las annas, 
Licia estaban cla- 
' sujetarse al que 
nquejusto.y asi 
las y humanas. A 
os y buenos anii- 
iemo de tu padre 
a Blanca; qnelo- 
,que le tocabas^ 
estado y su edad 
babia dadomoe»- 
neata parte; mas 
uel extremo si la 
o i gobernar con 
üél como sus ve- 
jntaymenguade 
irse. Y concluyó 
' os diere conten- 
dos los hombres 
Mhltas;estepe- 
rentura los TÍejos 
« podian repreit- 
padre que yo soy 
a algún tiempo.» 
fliqnel 



MANUEL 
biesen mei 

de AragoD 
sola )a añc 
salia en él 
darie auto 
Es sabida < 
ylaaabidí] 
mucho mi 
jamás hiz( 
Tratólo pu 
babia con 
don para 
le daban c 
caballos; 
Escriba ( 
ciudad de 
que tiene i 
rostro áli 
irin tales 
nuestro til 
cum[de... 
naestrosd 
Luego ( 
habia teni 
pezóádu 
cipe ymv 
contentab 
los». Pan 
deseo la 
aquel rey 
tar cortes 
allí (14B7 
pasando li 
ypweJIa 
se atiende 



pies, abaí 



BeamonK 
eso, y opa 
aunque te 
cortasen 
maronyji 
lemnidadf 
mandóle i 
nabondel 
Indigna 
cato y dec 
su Injusta 
medida g< 
t»a dejadi 
clon contr 
enfiadopí 
Gomoead 
gaM.Eat 
mti^, ] 



^AnTE SEdCNDA.— mSTOftíA. 



?« 



ceiQcia qud ftjpre^urarse á escribir al Gobernador, á los 
consejos y á la diputación de Pamplona ^ el sentimiento 
qae te causaba aquella (teterminacion, y la desaprobar 
don solemne del acto que se le imputaba. Eiiste aun la 
carta que escribió entonces, cuyo contexto puede verse 
ene! Apéndice, y toda ella es una respuesta convin- 
cente á la calumnia que los historiadores, de acuerdo 
con la injusticia , le han levantado después. 

No fué esta sola la gestión que hizo el Príncipe para 
allanar el camino á la concordia. Escribió también á su 
primo el rey de Castilla, que restituyese las plazas y 
castillos entregados á él por los beamonteses para se- 
guridad de la alianza y del socorro que le pedían , al 
tiempo de los preparativos del conde de Fox. Pero es- 
tas gestiones , hechas por el amor de la paz , no impe- 
dían que en otras ocasiones el Príncipe sostuviese con 
entereza sus derechos , cuando veia que de abandonar- 
los habían de resultar inconvenientes. Así, cuando 
murió el obispo de Pamplona él presentó al Papa para 
aquella dignidad á don Garlos de Beamonte, hermano 
del Condestable y del Gobernador. Su padre se dio mas 
prisa, y pidió el obispado para don Martin de Ama- 
triain , deán de Tudela , que á la sazón estaba en Roma, 
y el Pontíflce se le habla concedido. No cedió el Prin- 
cipe, conociendo que la intención de su padre era poner 
eo Pamplona un obispo de su partido; y así, representó 
eficazmente al Papa que revocase la gracia; ni cedió 
tampoco á las sumisiones y ofertas que desde Roma le 
hizo el nuevo electo ; y el Papa , vencido de sus Instan- 
cias , y creyendo que don Carlos no estarla tan firme sin 
la anuencia del Rey su tio, confirió la administración 
del obispado al célebre cardenal Besarion. 

Todas estas incidencias cebaban el rec:entimiento del 
rey de Navarra, sin que las satisfacciones del Principe 
bastasen á calmarle. Rodrigo Vidal , después de haber 
apurado todos los medios de convenio que sus instruc- 
riones le sugerían, propuso una suspensión de armas 
f^ntre los dos partidos. Venían en él los beamonteses; 
pero el Rey, orgulloso y fiero con su poder, no quiso 
consentirle. Vidal entonces , creyendo que su misión 
era hacer la paz á cualquier costa, pensó otros medios 
de conseguirla mas favorables al partido del Rey : pro- 
púsolos al gobernador Beamonte, quien le preguntó si 
aquellos artículos se habían propuesto con anuencia del 
monarca aragonés : respondió Vidal que no ; y enton- 
rcs el generoso navarro , « yo no tengo, dijo, orden del 
Príncipe sino para obedecer lo que el rey de Aragón or- 
dene ; y pues esos partidos son diversos de los que él 
quiere, yo y todos mis parciales nos expondremos á 
lodo ríesgo por obedecerle , antes que tener paz y so- 
liego tan infame.» 

Por este tiempo (mayo 1457) tuvieron vistas los re- 
es de Navarra y de Castilla para negociar ia paz entre 
.i : vino la corte de Navarra á Gorella , y la de Cast