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(JHRAS COMPLETAS
DE
DON ANDRÉS «ELLO
SaLíiUagOy Setiembre 5 de ISIJ.
Por cuanto el Congreso Nacional ha discutido i aprobado el si-
guiente
PROYECTO DE LEÍ
Art. i.® Kn recompensa a los servicios prestados al país por el señor
don Andrés Bello, como escritor, profesor i codificador, el Congreso
decreta la suma de quince mil pesos, que se inscribirá pur terceras
partes en los presupuestos correspondientes, para que se haij^a la edi-
ción completa de sus obras inéditas i publicadas.
Art. 2.0 La Universidad nombrará a uno o dos comisionados quo
se entiendan con los de la familia del ilustre autor, para proceder a
la edición de dichas obras, haciendo las contratas con los impresores,
obteniendo en virtud de recibos los fondos que se decretaren, invir-
tiéndolos i respondiendo do su inversión.
Art. 3.<> La edición no será dc'hiénos de dos piil ejemphircs, i do
ellos se entregarán quinientos al listado, quien no podrá venderlos a
menos de dos pesos cada volumen. Kl resto de la edición correspon-
derá a los herederos respectivos.
Art. 'i. o Ll texto de esta lei irá impreso en el reverso de la primera
pajina de cada volumen.
I por cuanto, oído el Consejo do Estado, lo ho aprobado ¡ san-
cionado; por tanto, promulgúese i llévese a efecto como lei de la
república.
Federico Errázcriz.
AnnON ClFl'ENTES.
OBRAS COMPLETAS
D£
DON ANDRÉS BELLO
.*■-» • •xy '»* «^ fc^x.-*^-^ ^
EDicios HEcnt BAJO L4 MREcaos la conuo le isRicaos KlUCt
EN CL'MPLIMIENTO
ÜI-: LA leí de S de setiembre de 1872
voLriEx Tin
OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
iii
k i • A
SANTIAGO DE CHILE
^'.* ^ > • « ^N./V.' •v'x^^ '• .-
IMPRESO POR PEDRO O. RAMÍREZ
1885
lho951
: • : - ••
LXTRODUCGION
I
El presente tomo contiene siete producciones inéditas
de don Andrés Bello, a Kxber:
Del ritmo i el metro de los antiguos;
Del ritmo latino bárbaro;
Del ritmo acentual i de las principales especies de ver-
so en la poesía inoderna;
La rima;
Sobre el orijen de las varias especies de verso en la
poesía moderna;
Romances del ciclo carlovinjio; i
Romances derivados de las tradiciones británicas i ar-
inoricanas.
Todas ellas están sacadas do borradores descompaji-
nados i casi ilejibles.
llago esta prevención para que los defectos que se
noten, so imputen, como es razonable, ya a la mala in-
telijencia del copista, ya a la imperfección inevitable do
una primera redacción, que el autor habria correjido o
mejorado oportunamente.
Cualquiera que recorra esas producciones observará
que Bell^) ha insertado en otros artículos algunos trozos
Yl OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
íntegros de los trabajos recien publicados; pero no se ha
querido hacer en ellos supresión, ni variación de nin-
gún jénero.
Por varios motivos fáciles de colejir, se ha considera-
do preferible que los manuscritos se imprimiesen tales
como se hallaban.
Es evidente que la memoria relativa a la rima está
incompleta.
Entre los papeles de que se trata, habia dos que me-
recen también el honor de la estampa.
El primero de ellos es el fragmento que sigue:
«Descendiendo del Poema del Cid a las otras compo-
siciones asonantadas que en nuestra lengua se usaron,
nos hallamos, después de un largo intervalo, con nues-
tros romances viejos, cuya versificación ofrece a prime-
ra vista una novedad; i es que solamente las líneas
pares asuenan. Pero cualquiera conocerá que esta dife-
rencia no consiste mas que en el modo de escribir los
versos; porque, divididos cada uno de los del Cid en dos,
tendremos versos cortos alternadamente asonantes:
Apriesa cantan los gallos
e quieren quebrar albores,
cuando llegó a San Poro
el buen Campeador.
El abad don Sancho,
cristiano del Criador,
rezaba los matines
a vuelta de los albores.
III estaba doña Jimena
con cinco dueñas de pro, etc.*
* Conviene tener presento que don Andrés Bello sostiene que, tse-
pun la práctica do los poetas en la primera edad de la lengua, no bo
contaba para la asonancia la e de la úi^ima sílaba de las palabras
INTnODI.'CCION VII
I por el contrario, reuniendo cada dos versos de dichos
romances en uno, resultará una serie de versos largos
que solo se diferenciarán de los del Cid en la mayor
regularidad del ritmo:
No lloredcs vos, condesa; (ie mi partida no lia\aÍB pesar.
No quedáis en tierra ajena, sino en vuestra a vuestro mandar,
<iue, antes quo de aquí me parta, todo yo o.s lo quiero dar.
Podéis vender cua1((uior villa, i empeñar rualí(uier ciudad;
como principal heredera quo nada os pueblan quitar.
Quedareis encomendada a Olivóro.-j i a Roldan,
al emperador i a los doce í|uo a una mesa comen pan, eU:.
«Nuestros romances viejos puodíMi roparlirso en dí>.s
clases: los unos narrativ(^■', como la mayor parle de los
que comprende el Cnnrionero de Ambéres de 1555; i los
otros líricos, cuales son casi todos los qne se hallan en
el Cancionero Jennrnl, Acerca de Ion sognndí>s, solo
observare que solían escribirse en consonan los, i que
eran de ordinario a)mposiciones cortas, en que se guar-
daba una sola rima desde el primer verso hasta el úlli-
mo. Pero los otros deben mirarse como fraírmentos ríe
composiciones largas, do jostas o poemas históricos í
caballerescos, cuya mayor parlo ha poreciílo on la jene-
ral ruina i dilapidación de nuestras antiguas i'iquezas
poéticas, riroctivameiite, aunque presentados como obras
inconexas en los romanceros, se buscan i llaman evi-
dentemente unos a otros, desenvolviendo un mismo hilo
de historia, de manera que sucede muchas veces acabar
un romance anunciando que alguno de los personajes
va a decir algo, i empezar el siguiente, sin mas intro-
ducción, con las palabras mismas que el tal personaje
p^raves. sin duda porque se profería de un modo aljijo débil i sordo,
semejanza de la e muda francesa, t
VIII OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
se supone haber proferido. Estos, pues, que ahora se
llaman romances distintos, eran estancias de un solo
romance o jcsla; i de aquí" tomaron el nombre. Por eso,
cuanto mas antiguos son (juzgando de la edad en que so
compusieron por el lenguaje), tanto mas se asemeja su
versificación a la del Cid, ya en lo irregular del ritmo,
ya en las leyes de la asonancia. í)
Don Andrés Bello proyectó escribir una obra sobre el
ritmo antiguo i el ritmo moderno; pero la imposibilidad
de encontrar un editor que la imprimiese, fué causa de
que no llevara a completo término ese propósito.
Cinco de los artículos inéditos insertos en este tomo,
i otros publicados en el VII, son sin duda capítulos do
ese libro.
Con el objeto de que se vean las dificultades que los
españoles-americanos tenían para encontrar un editor,
copiamos el párrafo siguiente de una carta dirijida a
Bello desde Bruselas con fecha 20 de abril de 1826 por
un señor Cortes.
«A fuerzA de dilijencia he conseguido, en fin, compo-
nerme con un librero para que emprenda la edición de
las Carlas do Carli, traducidas por nuestro amigo Loi-
naz. Todo lo que yo he podido obtener, es que se me den
cien ejemplares en papel que yo haré cartonar para en-
viarlos a Loinaz. También he estipulado que el librero
no podrá enviar ningún ejemplar de esta obra a la Guai-
ra, para quo de este modo pueda nuestro amigo vender
los SUYOS mas fácilmente.»
Es claro entonces que don Andrés Bello no habría
descubierto jamas un editor quo hubiese consentido en
imprimir una obra que solo habría interesado a los li-
teratos i a loir eruditos.
INTRODUCCIOiV IX
El segando de los papeles a que he aludido os el si-
guiente:
«La palabra hada es la latina /aía, plural do fatum.
«Aunque esta etimolojía no es nuestra, como algunos
han dudado de ella, la comprobaremos con algunas ob-
senaciones:
1. Fala es el nombre italiano de hada.
2. Fata se convirtió en hada por una conmutación do
letras familiarísima al castellano.
3. Fata se convirtió en fée, que es el nombre francés
de hada, por el mismo proceder que nata en ?iee, amata
en aiméo, probata en j)rouvce^ i así otro número infinito
de voces.
4. Los plurales neutros latinos pasaron muchas veces
a singulares femeninos en las lenguas romances, por la
semejanza de terminación i do artículo. lió aquí algunos
ejemplos:
■
Plural neutro latino. Singular fom. castellano. Italiano. FrancoM.
Aninialia Animalia, alimaña
CastcUa Cantiolla, Castilla
Cornua Cuerna Corno.
Folia Hoja Fouillo.
Gesta Jesta (lositü.
Grana Grana (l^raino.
Insií^nia Insip^nia Inscjj^na. . . lOnMoiíjfno.
Labia Labia .....
Ligna Leña
Luminaria Luminaria, lumbrera. . Lumiera. . Luniii'^re.
Mirabilia Marabilla Maravij^lia. Morvcillo.
Nomina Nómina Nómina. . .
Ova Hueva
Pira Pera Pera
Poma Poma. . . , Poninio.
Seminalia KemcÜh».
Signa Seña
Témpora (tiempos). Témpora
Témpora (slcaes) Tompia. . . 'IVmpo.
Valla Valla
Vela Vela. . . . : Vela Voilo.
V-olatilia Volaillü.
OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
5. Las hadas son los hados mismos representados en
el lenguaje poético como unos entes misteriosos. que go-
bernaban el universo i señalaban a cada cual su destino
futuro. En el lenguaje popular, se verificaba otro tanto;
i a esto me parece aludir Cicerón cuando dice (De divi-
natione 11.19): Añile sane et plenuin suporstitionis fati
nomen ipsum. Sabido es que las expresiones metafóricas
de ideas íilosóficas han dado oríjen a una gran parte de
la mitolojía de todos los pueblos.
fi. Finalmente, fiídas en el castellano antiguo signifi-
caba unas veces los lindos, i otras las hadas:
Asaz qiicaicra Darío on el campo fincar,
mas non ^c lo 4ii¡bierün las fadas otorgar.
[Ah'jandro, 1260.)
Sonora duna líama, \o por mi mal vos vi,
que las mis fadas negras non se parlen de mi.
(Arciprostc de Hita, 798.)
Focieron la cami.'ía duas fadas en la mar.
íA/ejandro, 89.)
O vienno ennas nubes, o lo adujo el viento,
o lo adujo la fada por su encantamiento.
[Alejandro, loO.)!)
En este tomo, se publica también por primera vez el
discurso que el rector de la universidad debió leer ante
esta corporación el año de 1>*59; pero que el mal estado
de su salud le impidió presentar.
lia costado mucha fatiga descifrarlo.
II
Don Andrés Bello procuró el fomento de la instruc-
ción pública en Chile con sus textos, con sus escritos,
con su enseñanza oral.
INTRODICCION XI
Animado de un celo ardiente por la difusión de las
luces, promo\ió la acción del gobierno i de la sociedad
para el logro de tan santa empresa.
Apenas llegó a Chile, sostuvo de palabra i por la pren-
sa la itecesidad de estudiar las ciencias naturales, i la
ventaja de ensanchar o reformar las demás asignaturas,
especialmente la de la gramática, que ^e hallaba en un
atraso deplorable.
A su juicio, la enseñanza cientílica debia marchar
conjuntamente con la enseñanz:\ literaria, si se deseaban
un progreso sólido i una gloria cierta.
Una buena parte de este volumen es un testimonio
irrecusable do los asertos anteriores.
El ilustre sabio comenzó) su propaganda en favor de
las ciencias naturales, indicando en el niimero 3 de El
Araucancf, correspondiente al 3 de octubre de 1830, las
inmensas ventajas que su conocimiento podia proporcio-
nar al país.
«Chile, dotado de los mas proficuos dones de la na-
turaleza, colocado en la extremidad austral del mundo
de Colon, a las puertas del grande occhno, i habitadi)
por una población deseosa de mejoras i exenta do añe-
jas preocupaciones, solo necesita que una mano hábil i
laboriosa descorra el velo que encubre tantos veneros de
riqueza. La espedicion cicntíflca contratada con el profe-
sor Gay, realizará, tan importante objeto: ella hará que la
agricultura i mineralojía sacudan el yugo rutinero que
las agobia desde los tiempos do la conquista, que so
apoderen de los descubrimientos modernos; que, conoci-
da la jeolojía del país, se proporcione a la naturaleza do
los terrenos la cultura de las plantas, i se aclimaten
otras extrañas, pues casi todas prosperan en un suelo
'iPihUTJ'n- unx&ijcif : ajnsof
jjvivikjiado. q-'jí? hnvj la zjna lemp^.a-da partíápa de va-
riar tí-jjajxm'jü-rDtos para dar vida a] cÍLÍriinc»yo i al na-
ra;j¡o» al lad-j del marizano i del ciñaino, i alimeíata los
g^na'i'j^ ^rrjC'j-na d*? !>? mas p^rdci ■:»>.: ts metales.
i-L',»^ Irribaj'.'S que ?>e emprendan s-jbre la botánica i
cjujj/jjca erjrijue'X-rán a lamtyJirina í a las arles, descu-
Lrieiido nuevas sustancias, o dando a conc^.er las va des-
c-iL;e:'ta*5 en (.'"iras parte-, i criandct talvez pingues artícu-
hjb de cajnljio. Las predicciones q-uinjícas en un país que
abunda de U>d'.H; los metales, que p:>see vastas minas de
alumbre, de fcu]fatos, de hierro i cobre, de cristales de
r.ca. de plantas marinas i de bosques inmens-:*s para la
C'xtjtjiccíon de álcajís fij ' s, p«roveerán fácilmente al comer-
cío de nuevos artículos en el srran mercado americano,
en que ninguna otra nación p«xirá sostener la concu-
rrencia.
«Mucho mas fecundos i prodijiosos deben ser los resul-
tados que ge obtengan de la jeografía i estadística; ellos
manifestarán a nuestros antiguos opresores el país que
perdieron, i la absoluta imposibilidad de recuperarlo:
mofi>trarán a nuestros lejisladores la inmensidad de re-
cursos que poseemos para ser una nación rica e inex-
pugnable.
<fSi la zoolojía i la ornitolojía no presentan en Chile los
variados primores de las rejiones equinocciales, al menos
se verá que tiene todos aquellos animales que acompa-
ñan al hombre en sus trabajos, que lo alimentan i vis-
ten, i que sus razas, lejos de dejenerar, se mejoran.
ííFiSta capital se adornará con un gabinete de historia
natural a cuya vista nacerá en nuestros jóvenes la afi-
ción a una ciencia que recrea con utilidad del jénero hu-
iM' no i que produce ideas sublimes. Los extranjeros que
INTRODUCCIÓN XJII
lo \isiten tendrán que admirar, los sabios que aprender,
i los manufactureros en donde encontrar muestras de
las materias de sus establecimientos, clasificadas i ex-
presadas con la nomenclatura técnica i su corresponden-
cia vulgar.
«Sería en extremo sensible que la expedición no llenase
todas las esperanzas que prometen el celo i talentos del
digno profesor que la dirijo, por la pequenez de los re-
cursos que se le franquean, i por la excesiva delicadeza
del gobierno; pero es de esperarse que las autoridades
provinciales i los ciudadanos todos cooperen activamente
i segunden las benéficas intenciones de Su Excelencia
para que no se malogre esta ocasión de corroborar el
crédito que disfruta el país en otras partes del mundo,
de atraer la industria extranjera i reanimar la nuestra.»
Cuando don Andrés Bello vino a Chile, solo habia tres
carreras en auje: la de abogado, la de agrimensor i la de
eclesiástico.
El resultado de tal situación era que solo so estudia-
ban con detenimiento la jurisprudencia, la matemática i
la teolojía.
La medicina no tenia cátedras, ni adeptos.
Don Andrés Bello levantó su preslijiosa voz para
estimular a la juventud a que abandonara ese retrai-
miento injustificable que provenia de rancias ideas aris-
•tocráticas.
Decia a este respecto en el número 124 de El Arauca-
no, fecha 25 de enero de 1833:
«¿Por qué, siendo tan excesivo el número de los jó-
venes que se dedican a las profesiones legales, se ve
casi enteramente abandonada una carrera que en el es-
tado actual del país conduciría con mucha mas facilidad
XIV OPÚSCULOS LÍTEBARIOS I CRÍTICOS
i seguridad a la reputación i a la fortuna? ¿Por qué se
mira con tanto desden la nobilísima profesión de la me-
dicina, tan importante a la humanidad, i cultivada con
tanto ardor i esmero en todos los países civilizados? De-
searíamos ver combatida esta dañosa preocupación por
los padres de familia ilustrados, i por todas las personas
que tengan algún influjo sobre la juventud; i desearía-
mos sobre todo que ésta se convenciese de la necesidad
en que se halla por su propio interés de dedicarse a otra
carrera que la ya excesivamente sobrecargada de la ju-
risprudencia. Sabemos con placer que, gracias a la soli-
citud del gobierno, está ya organizado en el Instituto
Nacional el nuevo ramo de ciencias médicas para cuya
enseñanza se abrirán en el próximo ano escolar cátedras
de anatomía, medicina i farmacia, servidas por profeso-
res hábiles. Lo único que falta, es un número compe-
tente de alumnos.»
I en EL Araucano número 283, fecha 5 de febrero de
1836, Bello agregaba:
«A principios del año escolar, se abrirá en el Instituto
Nacional una clase de anatomía; i aprovechamos esta
ocasión para llamar la atención do los jóvenes a este ra-
mo importante del saber. Por una antigua preocupa-
ción, se ha mirado con desprecio la profesión médica,
i ciertamente sin ningún fundamento. El estudio de
las ciencias solo puede avergonzar a los necios; i la
medicina, ademas de ocupar entre ellas un lugar distin-
guido, es quizá la mas útil. Por esta razón le han culti-
vado todas las naciones del mundo. Sin ocurrir a los
griegos i romanos, ni a los árabes que hicieron de ella
un estudio detenido, repararemos que en Europa es tan
estimada como las matemáticas, la jurisprudencia, etc.,
ixnoDzcziO^ XT
según lo acreditan las machas obras que salen a luz. i
las memorias presentadas a las academias i cti\>s cuer-
pos litei^arios. Estas razones bastarían para que en Chile
se la mirase con menos indiferencia: pero hal otra mas
poderosa i es la falta de carrera para los j 'venes. Por
ahora solo contamos con la de la iglesia, a que ¿e dedican
pocos, i la del foro, que se considera mas ap»eíecible. Sien-
do tantos los alumnos de los estaI»IecimienKs públicos
de educación, el resultado será que a la vuelta de diez
años tendremos un ejército de ab'Cgad.^s que nj sabrán
en que emplearse i que maldecirán de su suerte viendo
perdido el trabajo de tantos afi. s. La profesión de la me-
dicina suplirá este vacío i lo suplirá con ventaja, pues a
todos consta que es una de las mas lucrativas. 5i el moti-
vo de este desprecio ha sido ver consagrados a ella hom-
bres oscuros, este inconveniente ha desaparecido en el
dia; i en íin, abriendo la carrera jóvenes de las primei-as
familias, les imitarán otros de la misma clase i se nota-
rá al cabo una igualdad que a nadie humille. >»
III
El Araucano fué para su principal redactor una espe-
cie de cátedra desde la cual promovió el cultivo do la^
ciencias i do las letras por medio de artículos propios o
traducidos del ingles o francés, a que, de cuando en cuan-
do, solia agregar algunas notas.
Para que el lector pueda contemplar por sí mismo
esa enseñanza continua, voi a Iraacribir un artículo tra-
ducido por Bello, e inserto en El AraacanOy número 541,
fecha 8 de enero de 1841.
XVI OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
REFUTACIÓN DEL ECLECTISMO, POR PEDRO LEUOÍX
parís, 1839
Todos los jóvenes, que, como nosotros, terminaron
sus estudios hacia el fin de la restauración, recordarán
el brillo verdaderamente extraordinario con que lució
por dos años, en la facultad de las letras, la enseñanza
filosófica de M. Cousin. Mientras que M. Guizot ilustraba
con sus doctas lecciones la historia de la civilización
moderna, i rastreaba la jenealojía de aquella clase me-
dia, cuyo reinado estaba ya cerca; mientras que M. Vi-
llemain, empleando en la crítica literaria una vasta eru-
dición, i un gusto delicado i seguro, tomaba hábilmente
su rumbo entre dos escuelas rivales, cuya lucha, tan
ruidosa entonces, está casi olvidada en nuestros dias;
M. Cousin, a su regreso de Alemania, reunia, como sus
dos colegas, una numerosa juventud al rededor de su
cátedra. Una elocución brillante, una pantomima expre-
siva, que parecia revelar el trabajo interior del pensa-
miento, miras históricas que llevaban la estampa de una
elocuencia real i de una aparente osadía, i acaso mas
que todo cierta tendencia a sacar la filosofía de las arduas
rejioncs de la metafísica para hacerla intervenir en los
acontecimientos contemporáneos, era tnas de lo necesa-
rio para deslumhrar a una juventud que la universidad
de la restauración habia mantenido en un santo retiro
sin conumicar con los filósofos del siglo XVIII, i a quien
se leían devotamente todos los jueves las conferencias
del señor abale Frayssinous. El elocuente profesor anun-
ciaba una filosofía nueva; habia encontrado la solución
del enigma; se colocaba como un mediador i un arbitro
INTHOütCCJuN XVII
entre las doctrinas extremas; materialistas i espiritua-
listas iban a deponer sus antiguos rencores i a darse el
ósculo de paz sobre el altar del eclectif^mo. No pudimos
resistir a tantos alicientes; el entusiasmo fue grande.
Desgraciadamente sobrevino la revolución de julio; i la
nueva filosofía, que no habia previsto semejante g<>lpe,
i habia saludado algo prematuramente la carta de 1814
como el tratado de eterna alianza entre los partidos,
sorprendida i desconcertada por esta tempestad, aban-
donó luego la dirección espiritual de las intelijenciaspara
tomar la cuestión política de los intereses naciente^. Los
apósl )les del eclectismo vinieron a ser, el uno i)ar de
Francia, el otro miembro de la cámara de diputados: i
de entonces acá el eclectismo ha ido a parar a donde va
a parar todo, a donde fueron la carta de 1814 i la con-
tienda entre los clásicos i los románticos; ha sido con-
signado al ohido, i ni aun se habla de él. Mas el eclec-
tismo, aunque desamparado por la opinión, no habia
sido todavía el blanco de ningún aíaque especial i dog-
mático: aun reina de hecho en la eiisoriaiiza universUa-
ria, donde tiene patronos poderosos; i si otras doctrinas
mas sustanciales i fuertes salieron a luz posteriormente,
no se habían presentado con los arreos de la filosofía, i
el eclectismo por falta de competidores quedaba luiicí)
heredero de la metafísica materialista de Condillac. Bajo
este solo punto de vista, el libro que acaba de publicarse
por M. Pedro Leroux mereceria ya fijar la atención de
todos los espíritus filosóficos, como punto de partida de
una filosofía nueva, i como primer combate regular de
esta filosofía con la ecléctica; pero la atención será toda-
vía mayor en aquéllos que, como nosotros, han podido,
por los trabajos de M. Leroux que han apare* ido en la
XVIII ÜPLSCL'LUS LITIáKAhlUS I CltlTICU*
Lnciclüpediri A't/et*a, apreciar au alcance iiiental, K» ^ó-
lidü de sus cünücimienlos, i aquella viva claridad c^ni
que ua corazón jeueroso ilumina hasta la^ i^jiones mas
misteriosas de la inlelijencia.
Antes de instruir directamente el proceso del eclec-
tismo, M. Leroux fija desde hxogo de un modc» rápido
los principios con que va a juzgarle. Toda la priineixi
parte de su libro se emplea en desenvolver i^le pensa-
miento: «que el eclectismo sistemático Cb contrario a la
idea misma de la filosofía. »> N'amos a reproducir aquí la
trama de sus raciocinios.
Se llaman eclécticos, según el diccionario de la AcaiIe-
mia, los filósofos que, sin adoptar un sistema, esC'»jen las
opiniones mas verosímiles. Quitando a la definición la
condición de no adoptar un sistema, el eclectismo es lo
que Diderot llamaba la filosofía de todos los bombines
sensatos desde el principio del mundo, porque claro es
que, como todos los sistemas tienen un fin i un sujeto
común, no han podido menos de tocarse en multitud de
puntos. Acostumbrados, como lo hemos estado hasta
ahora, a estudiar separadamente a lo» Hlóí>ofos, sin in-
vestigar el lazo que lob une, no haconii s mas qi!e co-
lumbrar esta verdad: «que todos los espíritus forman en
el tiempo i el espacio una cadena indefinida, de que cada
jeneracion i cada hombre en particular es un eslabón.»
Si el eclectismo fuese la investigaci n de este vínculo
misterioso que liga unas con otras todas las jeneracio-
nes pensadoras, no se podria menos de aplaudir alta-
mente una empresa tan bella. Pero lo que es impo-
nible admitir es que alguien pueda sor filósofo sin tener
un sistema, n que se puedan conciliar sistemas opuestos
si no o ab&orbiéndnlijs en un sistema mas vasto, i some*
INTKÜDLCCIU.X XIX
tiéndolos al imperio de una verdad mas comprensiva.
Todos los filósofos que han merecido este noml)re, han
tenido un sistema; p(»rque el filósofo no es solo el secre-
tario de los progresos, el anotadoi de las operaciones
ajenas, sino principalmente, i sobre todo, el hombre ins-
pirado, que, encarnando en sí mismo, bajóla forma mas
jeneral i mas elevada, las necesidades de la humanidad,
según él las concibe en cada tiempo, busca el sentido de
este eterno enigma, cuya solución progresiva se crea i
se fija de siglo en siglo por el trabajo de la humanidad;
pues aunque la verdad es desnuda, absoluta, i siempre
idéntica consigo misma, el espíritu limitado del hombre
no puede percibirla sino de un modo iniperfecto i relati-
vo, que varía según las épocas, i según el desarrollo do
la vida colectiva de nuestra especie. Por entre el desor-
den aparente de los sistemas, como por entre las peripe-
cias ccmfusas de la historia, el jéncro humano camina
sin cesar bacía una intelijcncia mas clara i una práctica
mas completa de su verdadero destino. El sentimiento
que tiene de su vida propia, enjcndra en caíla ói)oca
fórmulas nuevas, Címiio enjendra formas políticas, que
rompe i renueva en cada escala de su vasta jornada.
Así no sería mayor insensatez el dejarse llevar al escep-
ticismo, a vista de todos esos sistemas, de cuyos iVag-
menlos está sembrada la ruta de la humanidad, (|ue el
creer que la humanidad puede vivir sin un sistema, sin
creencias relativas a ella misma, sin una solución cual-
quiera del problema, o que esta solución so haya dado
ya definitivamente, o se halle esparcida en los libros, i
no reste otra cosa que irla a buscar i recojer en cIImí?.
Así en todas las épocas, los filósofob (que no dolmen se-
pararse de los hombres relijiosos) no se han c<m'iiíIo a ctj-
XV opi:si:l'los literarios i críticos
mentar lu pasado; antes bien han manifestado lo pre-
sente. Ya preparan i fundan relijiones; ya, como los
padres de la iglesia, las comentan i desenvuelven; ya,
como los Descartes i Leibniz, exploran, bajo la éjida del
dogma, un campo que ha quedado libre i neutral. El
escéptico mismo duda en nombre de una creencia vir-
tual; duda sobre algo i contra algo; su duda tiene un
sentido, una dirección, una base; i es en cierto modo
una afirmaciun. Los lilósofos que ^^c pudieran designar
bajo el nombre de pensadores libres, aunque no tengan
siempre la conciencia de la dirección de sus pensamien-
tos, tienen a lo menos sobro algunos puntos aií^lados
doctrinas propias, por las cuales se han hecho dignos
del honroso título de filósofos, i pertenecen a una fami-
lia cualquiera de pensadores. Todos ellos, ademas, han
pretendido traer al mundo algo nuevo; i hasta ahora, a
nadie habia ocurrido pensar que la filosofía fuese ya una
obra finalizada, i que no restase mas que el Irabajo de re-
cojer a derecha e izquierda sus pedazos dispersos. Pero,
dado caso que la obra de la filosofía estuviese concluida,
¿bajo que caracteres reconoceremos lo cjue hai dfi verda-
dero i do falso en los varius sistemas que en todos tiempos
han repartido entre sí el dominio de los espíritus? ¿Cómo
distinguiremos el trigo de la cizaña? ¿A qué medida co-
mún reduciremos las doctrinas contradictorias? Para
escojer, es necesaria siempre una razón, un motivo de
preferencia; para conciliar dos términos opuestos, es
preciso un tercer término que comprenda a los dos en
lo que tengan de esencial, es decir, que cuando fuese tan
cierto, como en realidad es absurdo, que la filosofía está
hecha, i que solo so trata de recojer i reunir sus orácu-
los esparcidos en los libros de las varias escuelas, sicm-
INTHODUCCION XXI
pre sería necesario un sislema para elejir i conciliar. Ha-
bia, pues, bastante razón para decir que el eclccli.'smo
sirilemático era contrario a la idea misma de la filosofía.
No seguiremos a ^í. Leroux en el examen do las
numerosas contradicciones que señala en las obras de
M. Cousin, i que explica bastante bien por Iq sucesiva in-
fluencia que han ejercido sobre M. Cousin los diferentes
maestros cuyas banderas ha seguido, como Laromiguié-
re, Hoyer-Collard, Fichte, Kant, Schelling, Hegel; con-
tradicciones por otra parte nada extrañas en un espíritu
que, no apoyándose en ningún sentimiento propio, solo
puede reflejar i no combinar las soluciones diversas de
los problemas filosóficos. Solo nos detendremos un mo-
mento en la refutación que hace M. Leroux del método
psicolójico de Cousin, llevado aun mas adelante por
M. Jouffroy.
M. Cousin, en el acto mismo de declarar que la filo-
sofía estaba concluida, i el eclcctismo era el único méto-
do razonable, incurrió en una inconsecuencia bastante
natural en un espíritu tan activo como el suyo, i quiso
innovar a su vez. El método psicolójico fué el fruto de
esta noble ambición. Fijémonos, pues, en este método,
que M. Cousin considera como su título mas sólido a
los ojos de la posteridad.
Hasta aquí todos los filósofos, comenzando por Bacon,
padre de la filosofía experimental, habían creído que la
observación directa no era aplicable a los fenómenos de
la intelijencia,* i que el espíritu humano no podía cono-
* El método psicolójico ha sido si^mpro conocido en la filosofía, ni
puode haber filosofía sin él. Locke, Rcrkcley, Reid, Ducrald ?íte\vnrt.
miraron las percepciones do la conciencia como fnentc de todos los
conocimientos que el alma puedo (onordg sí laisin.i. iXnfn do Bello.)
X\II OfrSClILOS MTEB ARIOS I CFÚTICOS
cerse a sí mismo, sino volviendo sobro sus operaciones
anteriores.* Aunque tocios los filósofos han reconocido
esta verdad, Cousin afirma que la filosofía no se distin-
gue de la física sino por la naturaleza de los fenómenos
que una i otra observan. De aquí dedujo M. Leroux,
que Cousin no ba])ia comprendido jamas qué cosa era la
filosofía; porque, como el alma humana es una fuerza
animada, activa, dotada de sentimiento, no se trata solo
de observarla como un fenómeno bruto, sino de desen-
volverla en todas sus direcciones.** Para observar el
numdo exterior, el no-yo, tenemos órganos especiales:
ojos para ver, manos para palpar, etc.. Pero el alma, el
foro interno, ¿porqué medio puede observarse? Cousin
i Jouffroy responden: por la conciencia. Esto merece
atención. Tenemos sin duda conciencia de nuestra vida
propia; pero como la vida en nosotros no es mas que la
comunitjn perpetua del yo i el no-yo, no podemos tener
conciencia de nosotros mismos, sino en los fenómenos
que resultan de esta comunión. Si un objeto cualquiera
nos mueve a ira, tenemos conciencia del sentimiento de
ira que experimentamos; pero con el sentimiento expira
la conciencia. ¿Qué haremos pues? Si estamos verdade-
i:amente irritados, casi no podemos pensar en lo que
* No parece que el alma pueda volver sobre sus operaciones ante-
riores, sino recordándolas, reproduciéndolas hasta cierto punto en la
memoria. ¿I qué hace entonces sino observarlas con el instrumento
que Cousin i Jouffroy llaman conciencia, como lo habían llamado
muchos de sus predecesores? Todo lo que podria deducirse de la aser-
ción de los señores Leroux i Guéroult sería que la conciencia no pue-
de observar las operaciones orijinales del alma, sino solamente los
recuerdos de ellas, despertados por la memoria. Pero aun esto nos
pxrece inexacto. (Nota de Bello.)
** I esto es cabalmente lo que no puede hacerse sino por medio
de la conciencia. \Nota d^ Relio.)
INTHODUCCION XXIII
e<Uá pasando en nosotros;* i si dejamos do estarlo, ya no
podemos obsei*var en ncTsotros el fenómeno.**
¿No es verdad, dice Jouffroy, que veis el mundo ex-
terior con vuestros ojos, con vuestros sentidos? Pues
del míAmo modo percibís con vuestra conciencia lo que
pasa en vosotros. Hai psicolójicamente dos naturalezas:
la del físico i la del psicólogo. El físico observa con sus
ojos i sus instrumentos; el psicólogo tiene una especie
de ojo i de microscopio que se llama coiicieyícia, i que él
dirije.
— ¿A qué objeto? preguntaremos a M. Jouffroy.
— A su propio ser.
— ¿Con que el yo por medio de la conciencia conoce
el vo?
— Seguramente.
— Pero donde no hai mas que el yo observador, i el
yo observado, no hai mas que el yo, ¿Qué será, pues, la
conciencia? Seguramente no puede ser otra cosa que el
mismo yo.
— Sin duda.
— Con que lo que viene a decirnos M. Jouffroy es que
el yo, por medio del yo, conoce al yo;*** o variando los
términos, que la conciencia, por medio de la conciencia,
conoce a la conciencia.**** El método psicolójico nos
• ¿Por qué nó? ¿Cómo habrían descrito los poetas i los moralistas
los efectos do la ira, i de las otras pasiones en el alma, si no los hu-
biesen observado en sí mismos? (Nota de Helio.)
** ¿Por qué nó? ¿No sobreviven a las afecciones orijinales del alma
suá recuerdos, i no puede el alma observarlas en ellos? (Nota de
Bello.)
*** T nada puede ser mas cierto qtie esta proposición de Jouffroy;
qie. por otra parte, no ea una verdad nueva, sino antiquísiraa en la
tUoMofia. (Nota dr Uello.^
Solisma. La conciencia os <;1 alma ol»r;iiido de cierto modo par-
•♦** s2..i:,
l^'l^ OPI'SCIJLOS MTERAniOS I CRÍTICOS
fiuTAi a rcmivlar la historia do aquel hombre que se
ponia a la ventana para verse pasar por la calle.*
f'ii niño (le diez años, añade M. Leroux, echaría por
Horra el sistema de M. Jouffroy haciendo esta simple
oliHorvíicion: es imposible pensar sin pensar en algo, i si
se piensa en alj^un objeto, se piensa en este objeto, i no
80 puedo observar el pensamiento.**
liopctíinos que no es posible analizar una obra como
la de M. I^croux. Nos basta que nuestro rápido bosquejo
dé a conocer la importancia de esta polémica. En cuanto
a las i(h;as propias, emitidas por este escritor, sobre la
conv(jrj(Mic¡í> (Iíí los trabajos de la filosofía desde Des-
(•arl(»s, sobre la identidad de la rolijion i de la filosofía,
H')I)re la doctrina del progreso combinada con la de lo
id(íal, i sobre la confirmación que de todos los trabajos
modernos han recibido la teolojía cristiana i el dogma
do la Trinidad, estos asuntos nos han parecido demasia-
do graves para tratarlos a la lijera. Nos contentaremos
con i*ccomendarlas a los espíritus meditativos, aficiona-
dos a las contemplaciones relijiosas i filosóficas; i desde
ticular. Poro por oso mismo no podemos considerar el alma i la con-
cioiK'ia romo términos sinónimos. {Sota de Bollo.)
• Xo ha i la menor analojí.i entro las percepciones de la concien-
cia i las do lo^ sentidos. Siempre nos ha parecido impropia, i poco
rilo^íólioa. la denominación de aontido intimo que solia darse a la
facultad con que el alma so percibe a si misma. (Nota de Bello.)
•• Años há quo el doctor Brown habia hecho este arirumonto para
ne«jrar l:i existencia de la conciencia, como facultad distinta de las
otras do' alma. Poro el raciocinio rueda sobro un supuesto falso:
tquo el alma no puedo pensar en dos cosas a un tiempo.» Si el alma
no pu(lie<;o pensar on u:ioo mas objetos simultáneamente, ¿cómo por-
ribiria semejanzas i diferencias? ¿Cómo percibiría relación alsruna?
¿(\Smo jn/iraria? ;Cómo raciocinaría? ¿(Juó ideas complejas lo seria
posible formar? f.Yoía de Bello,)
INTHODUCCION XXV
ahora les anunciamos que hallarán en el libro de M.
Leroux, no solo doctrinas jeuerosas i consoladoras, sino
un vigor de estilo, una fuerza de discusión, una vida i
un movimiento, que la filosofia parecía haber olvidado
desde la edad de Rousseau.
Adolfo Guéroult,
Las notas cortas, pero sustanciosas, que acompañaban
el articulo copiado, despertaban la curiosidad sobre la
cuestión propuesta, i hacian meditar, hablar i discutir
acerca de ella.
Don Andrés Bello ha refutado victoriosamente en su
Filosofía del Entendimiento las objeciones de Tomas
Brown contra la existencia de la percepción intuitiva.
Sería ocioso repetir sus argumentos.
Juan Stuart Mili ha sostenido la misma doctrina de
T<jmas Brown, pero, en mi humilde concepto, carece de
razón en este panto.
El hecho es que hai fuerzas que experimentan diver-
sas modificaciones sin tener conocimiento de ellas, mien-
tras que ol alma posee la facultad de percibir los fenó-
menos de (jue es teatro.
La cuestión esta reducida a observar lo que sucede, i
a consií^'nar fielmente lo que se observa.
La conciencia (ilosóíica no es una vana tautolojía.
IV
La intelijencia vigorosa de don Andrés Bello se aplico
al estudio de todo lo existente desde lo infinitamente
pequeño hasta lo infinitamente grande.
XXVI OPÚSCULOS MTKíl ARIOS I CRÍTICOS
Cuando joven, se puso a examinar las costumbres de
las hormigas, i consignó sus observaciones en una pro-
lija memoria, que destruyó después de haber leído otra
relativa al mismo asunto, redactada por el naturalista
suizo Huber, la cual quitaba toda novedad a la suya.
El hombre que se tendia en la tierra para escudriñar
un hormiguero, sabía levantar la vista al cielo, o jirarla
en torno suyo, para penetrar los innumerables arcanos
del universo.
Recordaré que ha escrilo sobre la realidad del mundo
externo, i sobre la existencia de Dios.
Una feliz casualidad me ha hecho descubrir, i una lar-
ga paciencia ha permitido poner en limpio, tres artículos
inétiitos de don Andrés Bello referentes a la Filosofía
Fundamental compuesta por don Jaime Bálmes, los cuat-
íes vienen a completar los tres publicados en el tomo VII.
líelos aquí-
FILOSOFÍA FUNDAMENTAL POll DON JAIME BALMES
Si en algún punto el sabio i profundo autor de la Fi-
losofía Fundamental ha quedado inferior a sí mismo, es,
a nuestro juicio, en el de la relación del mundo interno
de las sensaciones con un mundo externo. Culpa será
de nuestra escasa intelijencia; pero, hablando franca-
mente, nos parecen destituidos de toda fuerza los argu-
mentos de Bálmes contra el sistema idealista que no ad-
mite, o por lo menos pone en duda, la existencia sustancial
(le la materia. El modo en que propone la cuestión,
iN'rnofirr.ciON xxvii
pudiera hacor creer que no la lia considerado bajo su
verdadero punto de vista.
«¿De la existencia de este mundo interno, que re-
sulta del conjunto de las escenas ofrecidas por las sen-
saciones, podemos inferir la existencia de un mundo
externo?»
«Para la inmensa mayoría de los hombres, la exis-
tencia de uñ mundo real, distinto de nosotros, i en co-
municación continua con nosotros, está al abrigo de
toda duda.x)
Bálmes tiene razón hasta cierto punto; pero es preci-
so aclarar qué es lo que se entiende jeneralmcnte por
realidnd del mundo externo o de la naturaleza corpórea.
Lo que se llama reaí en esto asunto, es la regulari-
dad i la consecuencia de los fenómenos. Creemos que
un árbol existe realmente: 1." porque vemos que todos
los hombres lo perciben como nosotros; 2.' porque lo
sometemos al examen de varios sentidos a un tiempo,
principalmente al del tacto, i el testimonio de cada uno
de ellos apoya i confirma el de los piros; 3.** porque, re-
petido esle examen, nos da constantemente un mismo
resultado; i si no nos lo da, si, por ejemplo, notamos que
le faltan a este árbol algunas ramas, o que ha desapare-
cido del lugar que ocupaba, podemos explica.rnos estas
diferencias por medio de ciertos accidentes que conoce-
mos, o conjeturamos, por cuanto guardan una perfecta
consonancia con las leyes de la naturaleza, leyes inde-
pendientes de nosotros, i a cuyo dominio están sujetas
nuestras sensaciones i las de todos los hombres. En una
palabra, suponemos que nuestras sensaciones son pro-
ducidas por causas que no están en nosotros, que exis-
ten fuera de nosotros. Ahora bion, la realidad del mundo
XXVIII OPÚSCULOS LITERARIOS I CRITICOÍ^
corpóreo así entendida solo puede ser rechazada por el
extravagante escepticismo que duda de todo: lo que nie-
gan lüs idealistas a la materia, es cosa diversa. El ver-
dadero punto de la cuestión no está en la existencia de
causas externas, extrínsecas al yo, independientes del yo,
sino en el de la naturaleza de esas causas. Los idealistas
reconocen que hai causas externas: el mundo corpóreo
es para ellos el conjunto de estas causas; lo que se trata
de saber es qué sean. ¿Son seres concretos, sustancias
verdaderas, como lo es nuestro espíritu, aunque desti-
tuidas de intelijencia i de sensibilidad? ¿O son leyes
jenerales que determinan el encadenamiento de las sen-
saciones i las hacen suceder unas a otras en el alma,
según reglas constantes, conocidas en gran parte, sujetas
a la experiencia i al cálculo; leyes que el supremo autor
de la naturaleza ha establecido i conserva; leyes que no
existen, sino en su voluntad soberana, i que obran sobre
los espíritus creados inmediatamente, i no por el inter-
medio de otras sustancias creadas que carecen de vida i
sentimiento?
Dos imájenes groseras pueden servirnos para concebir
la cuestión .
Supongamos una vasta máquina, compuesta de dife-
rentes órdenes de teclas, a las cuales corresponden,
según ciertas condiciones, diferentes órdenes de soni-
dos; que estas teclas se mueven por sí mismas, i com-
binan i armonizan sus movimientos con sujeción a
leyes constantes, procediendo de este juego de las te-
clas las respectivas series i combinaciones de sonidos;
i que ciertos ajentes extraños a la máquina pueden
mover algunas de las teclas, las cuales a su voz mue-
ven otras en conformidad a las mismas leyes i pro-
INTRODUCCIÓN XXIX
ducen dentro de ciertos límites alteraciones en el juego
natural de la máquina, de las que resultan series i com-
binaciones parciales de sonidos. Esta máquina es una
imájen del mundo corpóreo, según lo conciben los ma-
terialistas (comprendiendo bajo este título a todos los
que reconocen la existencia sustancial de los cuerpos,
sea que reduzcan a ellos cuanto existe, o que admitan
otras clases de cosas); las teclas son los cuerpos; los so-
nidos son las sensaciones; los ajentes extraños son las
almas a cuyas voliciones es dado imprimir movimientos
parciales al mundo material, i por medio de ellos hacer
servir la materia a sus necesidades i comunicar entre sí.
Las leyós de la naturaleza corpórea están encarnadas en
seres reales, sustanciales, a que damos el nombre de
cuerpos o de materia.
Para los idealistas, que pudieran llamarse con mas
propiedad espiritualistas, no existe la máquina de que
hemos hablado. Esas leyes que los partidarios de la
materia sustancial han colocado en las teclas, las colo-
can ellos directamente en los sonidos. El universo cor-
póreo no existe para ellos, sino en las leyes primitiva-
mente impuestas por el criador a las sensaciones, leyes
que producen directamente los encadenamientos i con-
junto de sensaciones que nos atestigua la conciencia,
leyes cuya actividad puede ser hasta cierto punto modi-
ficada por las voliciones de los espíritus sin intermedio
alguno.
La razón sin la revelación nada tiene que la decida a
preferir el sistema materialista al idealista o vice-versa.
Ambos son igualmente posibles; i ambos explican igual-
mente bien las apariencias fenomenales. Pero el sistema
idealista es ol mas sencillo de lo6 dos; la materia suslan-
XXX OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
cial es una suposición ociosa; el ser supremo no necesi-
taba de su instrunicntalidad para que sintiésemos lo que
sentimos, para que se desarrollase la vida animal con
todas las modificaciones i vicisitudes de que es suscep-
tible, para que existiese la sociedad civil con sus cien-
cias i artes, i para, que el destino del hombre, la ver-
dad, la virtud, fuesen exactamente lo que son. Decimos
la razón sin la revelación, pues el dogma católico de la
transubstanciacion. contradice abiertamente al idealismo.
Así el protestante Berkeley, que, no contento con la
posibilidad de su sistema, se aventuró a sostener su
existencia actual, lo miraba como un poderoso argu-
mento contra las doctrinas de la iglesia romana.'
Premitidas estas consideraciouss, continuemos nues-
tro examen.
«Salta a los ojos, dice Bálmes, que debe de ser
errónea una ciencia que se oponga a una necesidad i
contradiga un hecho palpable; no merece el nombre de
filosofía la que se pone en lucha con una lei que somete
a su indeclinable imperio la humanidad entera, incluso
el filósofo que contra esta lei se atreve a protestar. Todo
lo que ella puede decir contra esa lei será tan especioso
como se quiera; pero no será mas que una vana cavila-
ción, cavilación que, si la flaqueza del entendimiento no
bastare a deshacer, se encargarla de resistirla la natu-
raleza.»
Todo eso está mui bien dicho contra los que negaren
o dudaren que nuestras sensaciones deben precisa-
mente tener causas i que esas causas no dependen de
nosotros, que no podemoR sustraernos a ellas, sino
dentro de una esfera limitadísima i valiéndonos de ellas
mismas. Pero nada vale contra el sistema idealisla ra-
INTROÜl'CCION XXXI
donal, que no se opone a ninguna necesidad, ni contra-
dice a ningún hecho palpable. ¿Qué necesidad sentimos de
suponer que las sensaciones son producidas por seres a
parte, i no por leyes jenerales que bajo ciertas condicio-
nes las eterminan? Los materialistas suponen, digá-
moslo así, dos dramas, de los cuales el que pasa en los
sentidos es una traducción de otro que pasa fuera del
alcance de éstos, i de que nada sabríamos, si no se nos
revelase por el primero. Pero, si basta el primero para
la satisfacción de todas nuestras necesidades, ¿en qué
acepción es necesario el segundo? ¿Ilai algún instinto
irresistible que nos haga figurarnos bajo cada sensación
nn no-yo que existe como el yo, i que destituido de sen-
sibilidad i de entendimiento, apenas puede definirse i
concebirse? La naturaleza no nos ha dado instintos su-
perfluos; i ninguno lo sería mas que el que indicase al
hombre una verdad metafísica que no puede servirle de
nada.
El idealismo, repetimos, no contradice a ningún he-
cho palpable. Palpamos ciertamente causas externas,
esto es, experimentamos sensaciones de tactilidad que
tienen causas distintas del alma que siente; sobre esto,
no cabe duda; lo que la admite es la naturaleza de estas
causas; i la razón humana no tiene medio de explorarla.
Decir que el idealismo se opone a un hecho palpable, es
hablar el lenguaje del vulgo. La tactilidad es en el con-
cepto vulgar la esencia de la materia. Decir a un hom-
bre que la materia no existe realmente, sería como de-
cirle que no experimentamos sensaciones táctiles; sería
negarle un hecho de que le es imposible dudar. Pero
este es un hecho que los idealistas no niegan; lo que
niegan está mas allá. Así el fondo de la cuestión entre
XXXII OPIL^CULOS LITEIUniOS I CRÍTICOS
materialistas e idealistas es una quisquilla metafísica,
que, no solo carece de todo valor en la vida, sino que
tampoco sirve para nada en la ciencia. Lo que importa
en este asunto, es fijar la idea de lo que se disputa. He-
cho esto, se percibirá fácilmente que las dos escuelas
contienden sobre una cuestión incomprensible, cuya
existencia o no existencia a nada conduce, ni teórica, ni
prácticamente.
El grande argumento de Bálmes es la diferencia en-
tre las sensaciones recordadas por la memoria i las sen-
saciones actuales. Sobre las unas, tiene imperio la vo-
luntad; sobre las otras, no lo tiene.
aEstoi experimentando, dice, que se me representa
un cuadro, o en lenguaje común, veo un cuadro que
tengo delante. Supongamos que este sea un fenómeno
puramente interno, i observemos las condiciones de su
existencia, prescindiendo de toda realidad externa, in-
clusa la de mi cuerpo, i de los órganos por los cuales
se me trasmite, o parece trasmitirse la sensación. Ahora
experimento la sensación; ahora no: ¿qué ha mediado?
la sensación de un movimiento que ha producido otra
sensación de ver, i que ha destruido la visión primera; o
pasando del lenguaje ideal al real, he interpuesto la ma-
no entre los ojos i el objeto. ¿Cómo es que, mientras hai
la sensación última, no puedo reproducir la primera?
Si existen objetos exteriores, si mis sensaciones son
producidas por ellos, se ve claro que oslarán sujetas a
las condiciones que los mismos les impongan; pero, si
mis sensaciones no son mas que fenómenos internos,
entonces no hai medio de explicarlo.»
La explicación es obvia. Ha mediado una volición: la
volición ha pr. ducido una alteración con cierto encade-
INTROOrCClOM XXXIII
namiento de sensaciones. ¿Xo reconocen los idealistas
que las voliciones de los espíritus modifican a las leyes
naturales, alterando las condiciones de su actividad^ i
subordinándolas dentro de ciertos límites (esti^echísímos
sin duda) al imperio del hombre?
De este argumento, elegantemente amplificado, con-
cluye Balmes «que los fenómoa()s independioutes de
nuestra voluntad, i que están sujetos en su existencia i
en sus accidentes a leyes que nosotros no podemos al-
terar, son efecto de seres distintos do nosotros mismos.»
Si seises significa sustancias materiales, negado: las pro-
misas de Bálmes no encierran semejante consecuencia,
porque todos esos fenómenos en su existencia i sus ac-
cidentes pueden ser efecto do leyes jcncralos dictadas
por el Ser Supremo, que, dadas ciertas condiciones,
produzcan en cada punto del espacio los fenómenos in-
ternos de que las almas tienen conciencia.
cSi el sistema de los idealistas ha de subsistir, dice
el autor de la Filosofía Fundamentnl, es preciso supo-
ner que ese enlace i dependencia de los fenómenos que
nosotros referimos a los objetos externos, solo exis^to en
nuestro interior, i que la causalidad que atribuimos a
los objetos externos, solo pertenece a nuestros propios
actos.
«Tirando de un cordón que está en el despacho, hace
largos años que suena una campanilla, o eu lenguaje
idealista, el fenómeno interno formado de ose conjunto
de sensaciones en que entra eso que llamamos cordón i
tirar de ¿i, produce o trae consigo oso otro que apelli-
damos sonido de la campanilla. Por el hábito, o una loi
oculta cualquiera, existirá esa relación de dos fenómenos
cuya sucesión nunca interrumpida nos causa la ilusión
opúsc. 5 *
ixxnr 'iecs^xu^» uts».^íus c camca»
por la cual traslaájamoe al orden real lo que es para*
mente fantástico. E^ta es la explicación ménoe irradoDal
de qoe pueden echar mano; pero coa pocas observa*
eíones se puede hacer sentir todo lo fiítil de semejante
respuesta.:»
Antes de discutir las obeerracíoaes de Bálmes, haga*
mos alto en lo que precede. Los idealistas no llaman
ilusorias o fantásticas^ sino las mismas cosas a que la
jeneralidad de los hombres da este título. E3 cordón i la
campanilla son para ellos objetos reales, tomando esta
palabra en el significado que antes expusimos. La fi*
gura de un hombre que los ojos ven, i las manos no pueden
palpar, sería para ellos, como para los demás, un espec*
tro, una fantasma. No creen ellos que las sensaciones
actuales estén encadenadas por hábitos anteriores, ni
por leyes ocultas, sino por leyes jenerales establecidas
por el Criador, de las cuales conocemos no pocas. Elste
CB a lo menos el idealismo de Berkeley, filósofo que no
Holo rca>noció la certeza de las leyes naturales, testifi*
cadas por los sentidos, sino que él mismo contribuyó a
iluHlrar algunas, las relativas a la vista, por ejemplo.
El idealismo que confunde la vijilia con el sueño i niega
toda fe a los sentidos, es mas bien un escepticismo ab-
surdo, que no vale la pena de refutarse. Volvamos a la
Filosofía Fundamental,
«Iloi tiramos del cordón, dice Bal mes, i cosa extraña^
la campanilla no suena... ¿cuál será la causa? El fenó-
meno causante existe; porque sin duda pasa dentro de
nosotros el acto que llamamos tirar del cordón; i sin em-
harfío tiramos, i volvemos a tirar, i la campanilla no
Huona. ¿Qiiión ha alterado la sucesión fenomenal? ¿Por
qni^ pfHV) Autos un fenómeno producía el otro, i ahora
INTRODUCCIÓN
nó? Eq mi interior no ha ocurrido novedad: el primer
fenómeno lo experimento o)n la misma claridad i viveza
que antes; ¿cómo es que no se pre:>enta el segundo?
¿cómo es que este úUimo lo experimentaba siempre que
quena con solo excitar el primero, i ahora no? El acto
de mi voluntad lo ejerzo con la misma eGcacia que antes;
¿quién ha hecho que mi voluntad sea impotente?^
Este es un raciocinio que cae sin fuerza ante el idea-
lismo de Berkeley, que mira el encadenamiento de las
sensaciones como independiente de la voluntad de las
almas. Para que las sensaciones que llamamos tirar el
cordón produzcan las que llamamos sonar la campanilla,
son necesarias ciertas conexiones; i llegando a faltar una
de ellas, el primer fenómeno deja de acarrear el segundo.
cEs de notar, continúa Bálmes, que, cuando quiero
explicarme la falta de la sucesión de estas sensaciones
que antes iban siempre unidas, puedo recurrir a muchas
que son mui diferentes como fenómenos internos, que,
como tales, no tienen ninguna relación ni semejanza, i
que solo pueden tener algún enlace en cuanto correspon-
den a objetos externos. AI buscar por qué no suena la
campanilla, para explicarme la razón de que se haya
alterado el orden regular en mis apariencias, puedo
pensar en varias causas, que por ahora consideraremos
también como meras apariencias, o fenómenos internos.
Puedo recibir las sensaciones siguientes: el cordón roto,
el cordón enzarzado, la campanilla rota, la campanilla
quitada, la campanilla sin badajuelo. A todas estas
sensaciones puedo yo referir la falta del sonido; i el
referirlo a ellas será lo mas irracional del mundo si las
considero Ci)mo simples hechos internos, pues, como sen-
saciones, en nada se parecen; i solo discurro i^cional-
ZXZVI OPÚSCULOS LITBRARfOS 1 CRÍTICOS
mente si a cada una de estas sensaciones le hago corres-
ponder un objeto externo, bastante por sí solo a
interrumpir la conexión del acto de tirar del cordón,
con la vibración del aire productora del sonido.»
Nada mas débil que semejantes argumentos. En lo
mismo que se parecen los hechos externos, se parecen las
sensaciones correspondientes. Todas ellas suponen inte-
rrumpida una conexión necesaria entre lo que llamo íirar
el cordón i lo que llamo el aire vibrante en los oídos.
Los raciocinios de Bal mes prueban bien que nuestras
sensaciones tienen causas distintas del yo, independientes
en gran manera del yo. No prueban, como él pretende,
que existe fuera de nosotros un conjunto de sustancias
materiales sometidas a leyes necesarias, i que sean esas
sustancias lo que produce sensaciones, sino que hai
leyes necesarias, o mas bien constantes, a las cuales,
mediata o inmediatamente, nuestras sensaciones están
sometidas.
Nosotros miramos el sistema idealista como una hi-
pótesis falsa, porque se opone al dogma católico, pero
cuya falsedad no puede la razón demostrar por sí sola.
u
La extensión i el espacio es la materia en que mas
discordes están las opiniones de los filósofos. En la Fi-
losofía Fundamental j no hallamos nada que conduzca a
conciliarios.
Bálmes hace consistir la extensión en la multiplicidad
i la continuidad, i la juzga absolutamente inseparable
de la idea de cuerpo: proposiciones admitidas, según
creemos, por todas las escuelas de fílosofía. Observa con
IXTRODUCCION XXXTR
igual fundamento que la extensión tiene la particulari-
dad de ser percibida por diferentes sentidos, siendo ella
misma en sí i separada de toda otra calidad, como él
color o la tactilidad, incapaz de percibirse :>ensiti\'amen-
te. En particular, dice, ninguna calidad es necesaria a
la perceptibilidad de la extensión, pero disyuntivamente
sí; una u otra de estas calidades le es indispensable;
si alguna de ellas no la acompaña, es imposible perci-
birla.
La extensión considerada en nosotros (continúa Bál-
mes) no es una sensación^ sino una idea. Esto merece
aclararse.
La semejanza, considerada en nosotros, no es una
sensación^ sino una relación particular entre dos o mas
afecciones del alma; entre dos o mas sensaciones^ si se
trata de cuerpos. Si idea quiere decir relación, la seme-
janza corpórea, considerada en nosotros, no es una sen-
sación sino una idea; no pertenece a lo meramente sen-
sitivo, sino a lo intelijente. Con la extensión, sucede lo
mismo.
La extensión es una relación o conjunto de relaciones
de una especie particular, que consiste en considerar
dos o mas cosas materiales como extrapuestas entre sí,
como fuera unas de otras, de manera que no podemos
sentirlas, sino separadamente; i reducido el órgano a un
punto, es necesario que medie entre cada dos sensaciones
una sensación del escuerzo que se requiere para pasar el
órgano sobre las cosas extrapuestas. La relación de ex-
traposicion es, pues, el elemento de la extensión, como
la relación de sucesión es el elemento do la duración.
Concebimos la primera concibiendo un conjunto do
puntos tanjibles o visibles como extrapuestos uno a olro;
XXXTIII OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
concebimos la segunda como una serie de afecciones
espirituales que so suceden una a otra.
La relación llamada de sucesión es simple; es imposi-
ble descomponerla en elementos diferentes de olla. AI
contrario, analizando la relación de extraposicion se
echa de ver que no es simple, sino compuesta. Supon-
gamos, por ejemplo, dos puntos tanjibles o visibles A, B.
La extraposicion entre A i B consiste en que a la sen-
sación táctil o visual de A sucede una sensación de
esfuerzo, i a la sensación de esfuerzo la sensación táctil
o visual de B, Toda extensión es un conjunto de extra-
posiciones percibidas de esta manera, actual o potencial-
mente.
Concebida la extensión de este modo, no suscribimos
a que sea, como pretende Bálmes, un hecho primario
de nuestro espíritu. Todas las otras relaciones tendrian
igual derecho para ser consideradas como hechos pri-
marios. No la produce ninguna sensación, ninguna afec-
ción del alma por sí sola; sino que nace de un conjunto
de sensaciones o de otras afecciones que el alma compa-
ra i juzga.
Pasemos ahora al capítulo VII del libro III, que es
uno do los consagrados al espacio.
«El espacio (dice Bálmes): hé aquí uno de los profun-
dos misterios que en el orden natural se ofrecen al flaco
entendimiento del hombre. Cuanto mas se ahonda en
él, mas oscuro se le encuentra. El espíritu se halla como
sumerjido en las mismas tinieblas que nos figuramos
allá en los inmensos abismos de los espacios imajinarios.
Ignora si lo que se le presenta son ilusiones o realida-
des. Por un momento, le parece haber alcanzado la
verdad, i luego descubre que ha estrechado en sus bra-
ismoDLccjo^r xznz
IOS una vana sombra. Forma discursos que en otras
materias teadria por ooncluyentes. i que no lo son en ésta,
porque se hallan en oposídon con otros qne par&cen
oonduyentes también. Diríase qne se encuentra C3n el
límite que a sus investigaciones le ha puesto el Criador;
i que, al empeñarse en traspasarle, se des\'aneoe, siente
que sus fuerzas flaquean, que su vida se extingue,
como la de todo viviente al salir del elemento que le es
propio...
cEl profundizar este abismo insondable no es perder
él tiempo en una discusión inútil. Aun cuando no se
llegue a encontrar lo que se busca, se obtiene un resul-
tado mui provechoso, pues se tocan los límites señalados
a nuestro espíritu...
c¿Qué es, pues, el espacio? ¿Es algo en la realidad?
¿Es solo una idea? Si es una idea, ¿le corresponde un
objeto en el mundo ertemo? ¿Es una pura ilusión? La
palabra espacio, ¿está vacía de sentido?
cSi no sabemos lo que es el espacio, fijemos al menos
el sentido de la palabra, que con esto fijarem js también
en algún modo el estado de la cuestión. Por espacio,
entendemos la extensión en que imajinamos colocados
los cuerpos, esa capacidad de contenerlos, a la que no
atribuimos ninguna calidad de ellos, excepto la exten-
sión misma.
«¿Será el espacio un puro nada?...
«Yo creo que esta opinión enderra contradicdones
que difidlmente se pueden condiiar. Quien dice exten-
sion^nada, se contradice en los términos; i sin embargo
a esto se reduce la opinión de que estamos hablando.»
Xo vemos que el espacio considerado como un puro
nada, olaextension-nada, envueh-a con tradicdon alguna-
XL OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
El grande argumento de Bálmes para pensar así es aquel
axioma escolástico: nihili nullae sunt propietates; axio-
ma que debe ceñirse a las propiedades positivas, que en
lo material se reducen todas a verdaderas acciones de
los objetos entre sí o en el alma.
Ahora bien, ¿qué es la extensión del espacio? ¿Es
acaso la extraposicion de puntos reales, tanjibles o visi-
bles? Nó. Es la extraposicion de puntos imajinarios; ex-
traposicion tan imajinaria, como los puntos entre los
cuales la concebimos. Puntos imajinarios, porque no
ejercen, ni podemos concebir en ellos, ninguna acción
entre sí, ni sobi^ el alma; i entre los cuales concebimos
realmente relaciones, como las concebimos entre canti-
da 'es i figuras, que no existen, sin que demos por eso
realidad alguna objetiva ni a ellos, ni a las relaciones
que concebimos entre ellos.
La capacidad de recibir cuerpos que atribuimos al
espacio, es lo que a Bálmes ha parecido mas incompati-
ble con el espacio-nada. Pero esta capacidad ¿qué es? La
no resistencia del espacio puro a los cuerpos, calidad
tan negativa, como la absoluta inercia, como la intanji-
bilidad, como la jn visibilidad. Aquí encontramos otra
prueba de las ilusiones que produce el lenguaje. De que
la palabra capacidad no envuelve ningún elemento ne-
gativo, no debe deducirse que la calidad representada
por ella sea precisamente positiva. La capacidad de vo-
lar es algo positivo, porque es el poder de ejecutar una
acción verdadera. La capacidad de sentir es positiva,
porque es la posibilidad de experimentar afecciones rea-
les. Pero la capacidad de recibir cuerpos, que es la im-
potencia de resistirles, no tiene nada de positivo. Si el
espacio no fuese capaz de recibir cuerpos, les resistiría;
IXTROOUCCION XU
ejeroeria necesariamente una especie de acción sobre
ellos; contendría la fuerza que empleasen los cuerpt^^s
para penetrarle; lo cual pugna e\identeinente con la idea
de espacio puro, precisamente porque el espacio puro
es nada, o nihili nullse sunt pi'vpietates.
Se opondrá probablemente que el espacio, recibidos
los cuerpos, subsiste; i la nada, recibidos los cuerpos,
desaparece. Luego no es lo mismo una cosa que otra.
Este argumento carece de fuerza. El espacio puro es
la capacidad potencial; i el espacio lleno, la capacidad
actual. El espacio puro es la nada; el espacio lleno es la
misma nada. Si de la idea del espacio lleno deducimos
los cuerpos que lo ocupan, el residuo es la nada.
Si esta explicación no pai*ecicse enteramente satisfac-
toria, compárense las dificultades que ella ofrece con las
de otra cualquiei'a, con las de la idea de Bal mes, sobre
todo, de la que él mismo saca consecuencias quo, a mi
juicio, son otros tantos argumentos atí absurditm contra
su propia doctrina, como veremos mas adelante. Sigá-
mosle ahora en las ' aplicaciones que hace del axioma
nihili nullsB sunt propietates al concepto del espacio-
nada.
cSi en un aposento se reduce a la nada todo lo que
en él se contiene, parece que las paredes no pueden
quedar distantes. La idea de distancia incluye la de un
medio entre los objetos; la nada no puede ser un me-
dio; es nada.j»
Pero ¿quién no ve que la idea de un medio negativo
no repugna a la nada? Es verdaderamente asombroso el
prestijio que tiene para un entendimiento tan perspicaz
la inmensa vitalidad del lenguaje. Mediar la nada entre
las paredes, o como decimos en castellano, no mediar
XLII OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
nada, le parece atribuir un ser a la nada^ como si esto
significara otra cosa que no mediar cosa alguna, de la
misma manera que, cuando decimos que un hombre
descontentadizo de nada gusta, no queremos decir que
le gusta la nada, sino que no le gusta cosa alguna. — Si
el intervalo es nada (añade), no hai distancia, — porque
apoyarle en la nada, hacerle propiedad de la nada, es, a
su juicio, afirmar la posibilidad del ser i no ser a un
mismo tiempo. Pero ¿a qué buscar un apoyo en que
repose la distancia, que es una mera relación entre las
paredes?
Otra dificultad parecida a la precedente es la del mo-
vimiento en el espacio. «Si el espacio es nada, el movi-
miento es nada también; i por lo mismo no existe. El
movimiento ni puedo existir ni concebirse, sino reco-
rriendo cierta distancia: en esto consiste su esencia. Si
la distancia es nada, no recorre nada; luego no hai mo-
vimiento.» El movimiento puede existir i concebirse
desde que los cuerpos varían de distancia entre sí; des-
de que varía entre ellos esta delación particular que
llamamos distancia. La relación es entre ellos, i no per-
tenece a la nada. La distancia, a la verdad, es extensión;
pero ya hemos dicho que la extensión en el espacio es
la extensión de los cuerpos que actualmente contiene, o
que podemos imajinar en él.
No seguiremos a Bal mes en la discusión de la doctri-
na de Descartes, Leibniz, Clarke i Fenelon sobre el
espacio. A nosotros nos parece que la definición de
Leibniz es la mas satisfactoria de todas: el espacio es
una relación, un orden, no solo entre las cosas existen-
tes, sino también entre las posibles, como si ellas exis-
tiesen.
INTRODUCCIOIf XLIH
Examinemos la explicación de Bálmes.
«Analizando la jeneracion de la idea del espacio, dice,
se encuentra que no es ma^^ que la idea do la extensión
en abstracto. Si tengo ante mis ojos una naranja^ puedo
llegar por medio de abstracciones a la idea de una exten-
sión pura, igual a la de la naranja. Para esto, comenzaré
por prescindir de su color, sabor, olor, blandura o du-
reza, i de cuanto pueda afectar mis sentidos. Entonces
no me queda mas que un ser extenso, el cual, si le
despojo de la movilidad, se reduce a una porción de
espacio igual al volumen de la naranja.
«Claro es que estas abstracciones puedo hacerlas so-
bre el universo entero; lo que me dará la idea de todo
el espacio en que está el universo.
«Abstrayendo, prescindimos de lo particular, i nos
elevamos a lo común. Si en el oro hago abstracción de
las propiedades que le constituyen oro, i atiendo única-
mente a las que posee como metal, me (juedo con una
idea mucho mas lata, lá de metal, que conviene no solo
al oro, sino también a todos los demás metales. «Con la
abstracción, he borrado el limite que separaba el oro de
los demás metales; i me he formado una idea que se
extiende a todos, que no especifica ni excluye ninguno.
Si de la idea de metal abstraigo lo que le constituye
metal, i me atengo únicamente a lo que le constituye
mineral, he borrado otro límite; i la idea es mas jeneral
todavía. I, si subiendo por la misma escala, paso suce-
sivamente por la idea de inorgánico, cuerpo, sustancia,
hasta la de ser, habré llegado a un punto en que la idea
se extiende a todo.
«Con esto, se echa de ver que la abstracción sube a la
jeneralizacioU; borrando sucesivamente los límites que
XLIV OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
distinguen i como que separan los objetos. Aplicando esta
doctrina a las abstracciones sobre los cuerpos, encontra-
remos la razón de la ilimitabilidad de la idea del espacio,»
Todo esto (dicho sea con el respeto que nos merece
el agudo i profundo injenio del filósofo español) nos
parece mas especioso que sólido. La idea de jénero no
excluye ninguno de los caracteres de las especies; no
incluye a ninguno en particular, pero los incluye todos
disyuntivamente. El hombre en jeneral no es el hombre
europeo, ni el asiático, ni el americano, ni el negro, ni
el blanco, ni el de color cobrizo; pero es sin duda un
hombre que pertenece a este o a aquel lugar de la tie-
rra, i que tiene cierto color. Estos conceptos disyunti-
vos entran necesariamente en la idea del hombre en
jeneral. Prescindir del color o del país no es excluir el
€olor ni el país, sino dejar de considerarlos i determi-
narlos por el momento, sin que por eso dejemos de
verlos vagamente, por decirlo así, en lontananza.
En la extensión jeneralizada, sucede lo mismo. Pres-
cindiirK)s del límite, pero no excluimos la idea del lími-
te. Si lo excluimos, concebimos necesariamente extensión
infinita; es sin duda lo que sucede en la capacidad po-
tencial que atribuimos al espacio.
No es cierto que, cuando pedimos la idea de la exten-
sión en abstracto, i sin embargo terminada, pedimos
una cosa contradictoria. — Un límite dado quitaría sin
duda a la extensión la jeneralidad. Pero un límite vago,
un límite que no es este, ni aquel, ni esotro, pero que
por fuerza ha de ser alguno, es absolutamente necesario
a la extensión jeneralizada, si no se supone infinita.
Bal mes resume su doctrina en las proposiciones si-
guientes:
INTRODUCCIÓN XLV
«1/ Que el espacio no es mas que la extensión misma
de los cuerpos;
2/ Que la idea del espacio es la idea de la extensión;
3/ Que las diferentes partes concebidas en el espacio,
son las ideas de extensiones particulares, en las que ne
hemos prescindido de sus límites;
4/ Que la idea del espacio infinito es la idea de la ex-
tensión en toda su jeneralidad, i por tanto, prescindien-
do del límite;
5/ Que la imajinacion de un espacio indefinido nace
necesariamente del esfuerzo de la imajinacion en que
destruye los límites, siguiendo la marcha jencralizadora
del entendimiento;
6.* Que donde no hai cuerpo, no hai espacio;
7/ Que lo que se llama distancia no es otra cosa que
la interposición de un cuerpo;
8/ Que, en desapareciendo todo cuerpo intermedio,
no hai distancia; hai, pues, inmediación, hai contacto,
por necesidad absoluta;
9.* Que, si existiesen dos cuerpos solos en el univer-
so, es metafísicamente imposible que disten entro sí;
10.* Que el vacío, grande o pequeño, coacervado o
diseminado, es absolutamente imposible.»
No nos detendremos en las cinco primeras proposi-
ciones, porque ya queda dicho lo que pensamos acerca
de ellas.
Sobre la sexta, notaremos que de ella, si el espacio, co-
mo opina nuestro autor, es la extensión del universo, se
sigue necesariamente que, donde cesa el universo, cesa
el espacio; pero el espacio a*=ií considerado no es el espa-
cio, como lo considera la jeneralidad de los hombres.
Suponiendo finito el universo, mas allá de sus límites
XLVI OPÚSCULOS LITBIIARIOS I CKITIGOS
es posible la existencia de otros cuerpos, de otros univer-
sos; esa posibilidad es en otros términos la capacidad de
recibir cuerpos, la no- resistencia a los cuerpos; cualidad
que, como hemos dicho, constituye el espacio puro, que
no se diferencia de la nada. Decir que mas allá de los
límites del universo no hai espacio, es decir que falta
allí todo, i que falta al mismo tiempo la carencia de
todo, que es la nada; lo cual es evidentemente contra-
dictorio.
La séptima proposición nos da también una idea
turbada e inadmisible de la distancia. La distancia de
dos cuerpos es una relación particular entre ellos, que,
según el modo de pensar de todos los hombres, subsis-
tiría, aunque se aniquilara todo el universo, menos ellos.
De la novena proposición, nos atrevemos a decir que
nos parece absurda, i que, como consecuencia del siste-
ma de Bálmes, es un argumento poderoso contra su
teoría.
Lo mismo decimos de la décima. En la idea del vacío,
no hai nada que repugne al entendimiento; i el presbí-
tero Bálmes no lo ha concebido así, sino porque ha dado
una extensión excesiva al precitado axioma escolástico.
No objetaremos a la teoría de Bálmes la necesidad del
vacío determinado que, según la teoría corpuscular, es
necesario para el movimiento de los cuerpos en el uni-
verso, porque esta teoría es una hipótesis, i los fenóme-
nos de la raridad i densidad, de la dilatación i conden-
sación, pudieran absolutamente explicarse sin ella.
De la íntima constitución de la materia, no sabemos
nada. El mismo Bálmes se espanta de la extrañeza de
las consecuencias a que conduce su principio, i sospe-
cha que se oculta algún error en él. Las del capítulo
INTRODUCCIÓN XLVII
XIII son aun mas repugnantes^ permítasenos decirlo,
al sentido común. Creemos que basta presentarlas,
para que se aprecie el principio de que incontestable-
mente se derivan:
Si existiese un cuerpo solo,. no podria moverse, por-
que se movería en la nada.
III
Los argumentos que hace Bálmes contra la concepción
dél espacio-nada, ofrecen una prueba notable del impe-
rio que pueden tener los hábitos escolásticos sobre las
intelijencias mas elevadas.
Si se reduce a la nada todo lo que se contiene en un
aposento cerrado, parece, dice, que las paredes no pueden
ya quedar distantes, porque la distancia es un intervalo,
i la nada no puede ser un intervalo, porque la nada no
puede tener cualidades; i si el intervalo es nada, no hai
distancia.
Pero el axioma nihili nullse sunt propietates no ¿e
opone a que atribuyamos predicados negativos a la nada.
Nadie seguramente condenará por absurdas estas propo-
siciones: la nada no tiene color, la nada no puede tocar"
se, la nada no puede producir efecto alguno; i el que diga
que la nada no puede hacer resistencia a los cuerpos ni
al movimiento, lejos de decir un absurdo, expresará una
verdad incontestable, evidente. Ahora bien, la capacidad
que atribuimos al espacio-nada no es otra cosa que la
imposibilidad de hacer resistencia. La idea de distancia
entre las paredes de un aposento que supongamos ente-
ramente vacío de materia, no es mas que la idea del mo-
vimiento necesario para que un móvil cualquiera, intro-
XLVIH OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
d acido en el aposento, so trasporte de una pared a la
pared opuesta. Decir, pues, que en la nada no puede
haber movimiento, porque ese movimiento en la nada es
nada, supuesto que nihili nullae sunt propietates, ¿no es
un miserable juego de palabras?
Pero el mejor modo de hacer ver hasta qué punto ese
axioma ha descarriado a Bal mes, es presentar al lector
los corolarios que él mismo deduce de la idea que le ha
parecido mas aceptable entre cuantas se puedan formar
del espacio.
«Donde no hai cuerpo no hai espacio.»
«Lo que se llama distancia, no es otra cosa que la in-
terposición de los cuerpos.»
«En desapareciendo todo cuerpo intermedio, no hai
mas distancia; hai una inmediación, Iiai contacto por
necesidad absoluta.»
«Suponiendo que existan dos cuerpos solos en el es-
pacio, es metafísicamente imposible que disten entre sí.»
«El vacío, grande o pequeño, coacervado o disemina-
do, es absolutamente imposible.»
«Un cuerpo solo no puede moverse, porque el movi-
miento encierra por necesidad el correr distancia, i no
hai distancia cuando no hai mas que un cuerpo.»
«Un cuerpo con ángulos salientes,* existiendo solo, es
un absurdo; porque su figura exije que el punto A, vér-
tice do un ángulo, diste del punto D, vértice do otro
ángulo, la distancia AD. Esta distancia no puede existir,
porque donde no hai cuerpo no hai distancia.»
* Entrantes^ dice el autor; poro creo que ha querido decir saliert'
tnSf porque no alcanzo cómo pueda entenderse su raciocinio, si se
aplica a los que se han llamado comunmente án&fulos entranteSf que
so internan on la superficie terminada por líneas, o en el sólido ter-
minado por superficies.
INTltODUGCION ZLIZ
El universo se halla, según Bálmes, en este caso. La
superficie que le termina carece do prominencias i cavi-
dades aun infinitísimas; i eso en virtud de una necesidad
metafísica, de manera que la Omnipotencia misma no
hubiera podido darle otra forma.*
El sentido común de Bálmes no ha podido menos de
protestar contra tan extrañas aserciones. aSi el lector,
dice Bálmes, me pregunta lo que pienso sobro ellas, i
sobre el principio en que estriban, confesaré injenua-
mente que, si bien el principio me parece verdadero 1
las consecuencias lejítimas, no obstante, la extrañeza do
algunas de ellas me infunde sospechas de que en el
principio se oculta algún error, o que el raciocinio con
que se infieren las consecuencias, adolece do algún
vicio, que no es fácil notar. Así mas bien presento una
serie de conjeturas i de raciocinios para apoyarlas, que
no una opinión bien determinada.» A mí me parece que
toda la armazón dialéctica de Bálmes va por tierra des-
de que se reconozca que la capacidad del espacio puro
significa no-resistcncia; cualidad que nadie querrá dis-
putar a la nada.
Cualquiera que sea la opinión que nos formemos del
sistema idealista no menospreciado por Bello como una
hipótesis, siempre se leerán con mucho interés las pajinas
en que lo ha defendido con su dialéctica acostumbrada.
La discusión referente al espacio ofrece igual o mayor
interés.
Un viaje, aunque rápido, emprendido en esas rojio-
* Filosofii Fundamental, tomo II, pajinas 2ü0 i sií^iiientos.
0PÚ8C. 7 *
OPÚSCULOS LITERARIOS 1 CRÍTICO»
nes misteriosas de horizontes inmensos, a que no alcan-
zan los sentidos, atrae, ilustra, fascina.
Muchas de las impugnaciones del filósofo americano
no dejan lugar a réplica.
El 25 de noviembre de 1834, la Biblioteca Nacional de
Chile abrió sus puertas al público.
La instalación fué una fiesta a que asistieron el pre-
sidente de la república, los ministros del despacho i
varios empleados i particulares.
El establecimiento debia abrirse todos los dias desde
las diez de la mañana hasta la una de la tarde, excepta
los domingos.
Don Andrés Bello tachó de poco cómodo el arregla
indicado, pues no era fácil que pudieran concurrir a*
tales horas casi todos aquellos en quienes debia supo-
nerse mas inclinación a leer o consultar alguna obra,
o mas necesidad de hacerlo.
En cambio, defendió la disposición que prohibía que
los concurrentes penetrasen en los salones donde los
libros estaban colocados.
«Algunas personas de lasque han visitado la Bibliote-
ca, dijo en El Araucano número 221 de 5 de diciembre
de 1834, han extrañado que no se les permitiese entrar a
su interior. Estamos seguros de que los que han pro-
nunciado esta queja no se han detenido a considerar los
graves daños que de semejante práctica se seguirian al
establecimiento, pues no sería posible conservarlo, si se
dejase entrar a las piezas donde están depositados los
libros, i sobre todo si cada cual tuviese la facultad de ir
INTRODUCCJO.M Ll
a los estantes a sacar los que excitasen su curiosidad.
Una bibliotex^a tiene poco que ver. Estantes, pergaminos
i pastas no son objetos cuya inspección pueda causar el
menor deleite a la vista. Se va a las bibliotecas a leer.
Si se necesila un libro en particular, es infínitamente
mas cómodo pedirlo al que sabe donde ¿e halla i puede
proporcionarlo en un momento; i si se quiere elcjir entre
las obras de la biblioteca, con hojear el catálogo se hace
la elección en pocos minutos.
«Para adoptar otro método, sería menester que hubie-
se una tropa de celadores en cada salón. Sería la mayor
insensatez presumir que todos los que visitan un esta-
blecimiento público lendrán suficiente probidad para
abstenerse de menoscabarlo o dañarlo; i la posibilidad
de que no la tenga uno sol», hace ncco-sario obser\'arlo3
a todos. Las precauciones adoptadas en Santiago no son
todavía tan estrictas, como las que se hallan estableci-
das en la biblioteca del museo de Londres i en otras de
Europa.
«La nuestra presenta ya un mediano caudal de libros
en casi todos los ramos de instrucción, aunque es gran-
de el número de obras mancas. Esto da a conocer el
abandono en que se ha tenido este precioso depósito en
años anteriores, i la necesidad de las reglas que se han
puesto en práctica para evitar nuevos desfalcos. Predo-
mina en ella, como era de esperar, la parte eclesiástica;
pero tiene un buen surtido de jurisprudencia civil, filo-
sofía, jeografía, historia, viajes, variedad de ediciones
de los clásicos latinos i griegos (particularmente de los
primeros) i sus mas afamadas versiones; i no le faltan
algunos de aquellos objetos curiosos, que mas por su
rareza, que por su mérito intrínseco, llaman la atención
LII OPÚSCULOS LITKHARIOS I CRÍTICOS
de los aficionados a la bibliografía. Eii los ramos de cien-
cias naturales, matemáticas i medicina, es algo escasa;
pero el celo de nuestro gobierno por el cultivo de las
letras nos alienta a esperar que dentro de poco habrá
desaparecido este vacío.»
Posteriormente don Andrés Bello apoyó coa eficacia
la siguiente circular dirijida por el ministro de instruc-
ción pública don Manuel Monft a los intendentes de
provincia para que los dueños de imprenta remitiesen a
la Biblioteca Nacional dos ejemplares de todas las obras
que publicasen.
La circular i el artículo de que hablo aparecen en EL
Araucano número 610, feolia 29 de abril de 1842.
(íSantiagOj abril 27 de 18í2.
((El gobierno está informado de que los administrado-
res de imprentas, contraviniendo a lo prevenido en la
lei de 24 de julio de i834, no remiten a la Biblioteca Na-
cional el número de ejemplares de cada uno de los im-
presos que publican, i que, a excepción del Mercurio de
Valparaíso i de la Gaceta del Comercio de la misma ciu-
dad que se mandan con exactitud, apenas se le pasa, de
tarde en tarde, uno que otro de los papeles que se dan
a luz. Con el objeto de evitar esta escandalosa defrauda*
cion que se hace a la Biblioteca, me ordena el presidente
de la república prevenir a V. S. dé las órdenes conve-
nientes para que los impresores residentes en su respec-
tiva jurisdicción, remitan puntualmente a dicho estable-
cimiento, dos ejemplares de cada una de las obras,
periódicos o papeles sueltos que publiquen, conforme a
lo prevenido por el artículo 13 de la enunciada lei, obli-
gándoles asimismo a reintegrar aquellos impresos que
INTRODUCCIÓN Lili
hubieren omitido mandar en el tiempo pasado, i aperci-
biéndoles^ finalmente, que, en caso de contravenir a las
resoluciones anteriores, se procederá contra ellos en los
términos que prescriben las diíiposiciones vijcntes sobi'c
la materia.
cDios guarde a V. S.
Manüfx Montt.»
«Debemos señalar una omisión culpable bajo varios
aspectos, i principalmente por la reiterada infracción do
una disposición conveniente i benéfica: tal es la que se
menciona en la circular ministerial, inserta en el pre-
sente número de El Araucano^ respecto de algunas im-
prentas, en las que no se cumple con las leyes vijonten
acerca del depósito en la Biblioteca Nacional de toda
clase de obras i papeles impresos; no es nueva semejante
omisión; i el celoso director de la Biblioteca Pública,
después de muchos pasos infructuosos cerca de los ad-
ministrad res inexactos de aquellas imprentas, la ha])ia
hecho notar al gobierno en diversas ocasiones. Citaremos
solo una comunicación de este funcionario, datada a 10
de junio de 1839, en la que, después de indicar las in-
mensas dificultades que habia tenido que vencer para
formar una colección de impresos eren favor do los que
deseen estudiar la historia i comparar los progresos de
la ilustración de nuestro país», se hace cargo del ar-
tículo 10 de la Ici de 24 de julio de 1834, que proveía
para lo sucesivo en estaparte, por medio del depósito en
la Biblioteca; apero desgraciadamente (añade) es deso-
bedecida esta benéfica disposición; nadie consigna el nú-
mero de ejemplares prevenidos por la lei; se tiene un
hombre asalariado para que recorra las imprentas i ro-
coja los impresos que se dan a luz, i ni aun así se con-
LIV OPÚSCULOS LITBRARIOS I CRÍTICOS
sigue la recaudación de todos los que se publican.» El
gobierno no debía desentenderse de semejantes reclamos;
i en consecuencia dictó un decreto para hacer efectiva
la disposición de la Jei, i perseguir a los infractores.
•«A este decreto supremo, de fecha 18 de junio de
1839, se refiere principalmente la circular ministerial
de que hemos hecho mérito, i es ciertamente sensible
que tengan que emplearse semejantes medios, cuando
debería ser mas que suficiente el tenor solo de la lei,
para que se cumpliese con una disposición que no puede
llamarse onerosa, i de una utilidad tan demostrada para
el público, i aun para los mismos impresores. Sabida es
la dificultad que hai actualmente para formar una colec-
ción regular de los escritos periódicos de la época de la
independencia, i aun de muchos contemporáneos, quo
no se encuentran en las mismas imprentas en que fue*
ron publicados, i que apenas existirán en el país tres o
cuatro de estas colecciones, recojidas a costa de mucha
dilijencia i de gastos desproporcionados por unas pocas
personas celosas de la conservación de los pequeños mo-
numentos nacionales que poseemos en esta línea. En la
BibHoteca Pública, al menos, si !a leí fuese cumplida
con e]^{jtü^ se'ehcontraria un depósito arreglado de
estos escritos, que serian asegurados contra la incuria
de los indiferentes i contra las injurias del tiempo, i
donde podrían ser consultados por todas las personas
estudiosas, tanto nacionales como extranjeras, que de-
seen instruirse en la historia, la estadística jeneral o
particular do un ramo, las costumbres i el estado de
civilización i cultura del país cu diferentes épocas, com-
pararlas entre sí, etc., etc.
«Se ve, por lo tanto, que, para este depósito, no solo
INTIiODUCCION LV
son indispensables los periódicos políticos i literarios,
sino también todas las obras i papeles sueltos, do cual-
quiera jénero, científicas, judiciales, estadísticas, etc.,
aun cuando conciernan a intereses particulares, como
los informes en derecho u otras que se presentan en Iqs
cortes de justicia; las que se refieren a un ramo, como
las listas de precios corrientes, los prospectos i transac-
ciones de sociedades industriales; i en jeneral todo lo
que se imprima, por transitorio o indiferente que apa-
rezca; que rigorosamente nada puede serlo, para el que
busca precedentes, o estudia a fondo una época cual-
quiera.
«Así también la lei lo ha previsto, i comprende justa-
mente en la obligación del depósito, sin excepción algu-
na, todo jénero de escritos: ella debe ser obedecida, i
estamos seguros que se exijirá riguroRamenle su obser-
vancia. Es de esperarse que no llegue este caso, i que
los actuales administradores de imprentas se apresura-
rán a mandar a la BibUuteca Nacional todas sus publi-
caciones, sin necesidad de reconvenciones de parte del
establecimiento, asegurando de este modo sencillo al
país un depósito completo de todas sus producciones, i
en el que, rejistrándose lo pasado i lo presente, se au-
mente el caudal de nuestros conocimientos, i puedan
leerse al mismo tiempo, por las personas sagaces, los
destinos a que somos llamados para lo venidero.»
El ministro de estado i el redactor del periódico oficial
querian que la Biblioceca de Santiago tuviese, entre los
tesoros acumulados del saber humano, un archivo a^m-
pleto déla literatura chilena.
LVI OPÚSCULOS LiTfiflARIOS I CRÍTICOS
VI
Desde que vino a Chile, don Andrés Bello fué uno de
los mas ardientes partidarios de que se formara una
estadística exacla, que suministrase datos precisos sobre
el estado del país.
Solo ella podia proporcionar una base firme para em-
prender reformas convenientes, i un crisol seguro para
aquilatar la^ teorías escojitadas en la soledad del gabinete.
El 9 de enero de 1835, comenzó a insertar en el núme-
ro 226 de El Araucano un artículo referente a estadística
traducido del Foreign Review^ el cual, según su opinión,
encerraba consideraciones fáciles de aplicar a Chile.
A la conclusión anadia:
«En un país dado, el incremento de la población debe
anivelarse al de los medios de subsistencia, según los
desenvuelva la condición intelectual e industrial de la
sociedad. Si éstos crecen menos velozmente que aquélla,
como sucede en los países en que el principio moral no
tiene toda la fuerza conveniente, la consecuencia es la
miseria de las clases inferiores, con el cortejo de vicios,
delitos, enfermedades, pestes, de todos los medios, en fin,
que emplea la naturaleza para restablecer el equilibrio,
disminuyendo al mismo paso la duración media de la
vida, indicante segurísimo de la debilidad del principio
moral. Se engañarían los que creyesen que esta condi-
ción mórbida se cura radicalmente multiplicando las
subsistencias; la población crecería sin duda con ellas,
pero si la educación, si el cultivo mornl no inspirado
hábitos de prudencia; si el pueblo no se hiciese mas
próvido, ordenado i frugal, seguiríamos viendo como
INTHO DICCIÓN LTII
antes el espectáculo de la indijencia i la depravación, al
lado de una próspera industria. Este desarreglo puede,
por consiguiente, encontrarse en todas las condiciones
de la sociedad, ya ascienda, ya decline, ya se mantenga
estacionaria en la escala de la producción económica; i
así como la súbita obstrucción de alguna de las fuentes
productivas agra\'a de tiempo en tiempo el mal, los nue-
vos recursos creados por la inlelijencia humana pueden
también ali\iarlo i paliarlo, aunque nunca serán sufi-
cientes para efectuar por sí solos una curación verdadera.
«Mejorar la suerte del pueblo debe ser la primera aten-
ción del gobierno, no solo porque su fin principal es la
felicidad del gran número, sino porque los objetos se-
cundarios de riqueza i de fuerza exterior no pueden ob-
tenerse sólidamente sin ella. Donde se corta la duración
media de la vida, que es lo mismo que decir, donde el
el pueblo es indijente i miserable, \a hemos visto que,
tomando un término medio, la utilidad de cada indivi-
duo es limitada, i una porción enorme del capital do
la sociedad se consume en el mantenimiento do jencra-
ciones que desaparecen rápidamente, dejándola un escaso
retorno.
cfMas, para mejorar la suerte del pueblo, el primer paso
es conocerle a fondo, i p r desgracia carecemos de dat^s
estadísticos. Tiempo hace que el gol)ierno ?e afana en
obtenerlos; i ¿se creerá que, después de reiteradas ói*de-
nes c instancias, no han podido lograrse listas mofisuales
de los nacimientos, matrimonios i muertes, i que faltan
estas tan necesarias noticias aun respecto de las parro-
quias de la capital? A los estados del coniontori ^ do San-
tiago, publicados en este periódico, se rodnco t' do lo
que en materia de documentos estadísticos se recibe
LVIII OPÚSCULOS LlTBliAHIOS 1 CKITICOS
hasta ahora con precisión i regularidad. Volveremos
dentro de poco a este importante asunto.*)
Efectivamente volvió a tratar la cuestión en el núme-
ro 244 de El Ar¿iucano de 8 de mayo de 1835, en el cual
decia entre otras cosas:
«Influye principalmente en la alta mortalidad la des-
proporción entre el incremento de la población i el de
los medios de subsistencia que están a el alcance de la
jeneralidad de los habitantes; i esta desproporción, sea
cual fuere el estado de prosperidad de un país i la fecun-
didad de sus recursos, no puede reducirse a su justo
nivel, si no se difunden en las clases inferiores los hábi-
tos de aseo, comodidad i buena conducta, que tienden
jeneralmente a disminuir el número de los nacimientos,
i multiplican el de los que sobreviven á los peligros de
que está rodeada la infancia. Bajo este aspecto, no pode-
mos dudar que se verifica en Chile una progresión lenta
que hace subir el término medio de la vida humana,
indicante seguro de la verdadera felicidad social. Pero
mucho pudiera hacerse para acelerar este progreso, i el
primer paso es procurarnos datos estadísticos por docu-
mentos dignos de fe.»
I en el número 249 de 12 de junio del mismo año,
publicaba el siguiente editorial:
ESTADÍSTICA DK GHII.E
DEPARTAMENTO DE RANCAGIJA
aEn este departamento, hai 72,346 habitantes.
ocHai 35,052 hombres i 37,994 mujeres; para cada 1,000
hombres hai 1,065 mujeres.
«Las personas casadas ascienden a 21,817; de cada 33
personas de todas edades i sexos, las 10 son casadas*
INTRODUCCIÓN Ul
«Ix>8 párvulos son 16^301; de cada lOÍJ perííonaíf, las
22 son párvulos.
«La mitad de la población se compone de individuos»
que pasan de 21 anos de edad. \jí población útil crttíía-
da entre los 15 i 60 años compone los cinco novenos del
total. Ilai un septuajenario por cadrí 32 per--oní»s.
«Este departamento c nsta de d^ice «¿iiUJr-l'-írfCíonefí:
Santa Cruz (población, 3,71G;, Hijuelas (\,\hl), ('Aikr^r^H
del Norte (3,546), Codegua i6,Ü5S;, IJndéroí^ HJM ,
Maipo (11,850), San Pedro (8,5ÍJl), Alhiié 4,201, í'rnj-
mo (6,535), Coltauco (5,775), Doñihue '3,448', Oiren
(7,415).
«En lasubdelegaciondeSanfa Cruz, los- párvnKn '407)
forman solo la novena parte del total, circunstancia que
ofrece un indicio muí favorable de la salubridad del aire
i de la condición moral del pueblo, fci fce tiene prr-Hente
que en esta subdelegacion el núiriero de niatviwouUfH
excede al término medio del departamento, pues bal 28
personas casadas por cada 100 de todns edades i f-exos.
La mitad de los habitantes pasa de 29 afios de edad; la
población útil comprende casi los dos tercios del total;
i hai un septuajenario por cada 19 personas.
«La subdelegacion de Maipo presenta mui diferente aí"
pecto. Los pár\'ulos (4,442) componen ma.s de un tercio
del total, i sin embargo no hai mas que 10 pers<^*nns
casadas por cada 54. La mitad de la población se com-
pone de personas que solo pasan de 11 años de edad; la
población útil no alcanza a los dos quintos del total; i
hai un septuajenario por cada 40 personas.
«En la proporción del níimcr > de párvulos c^^n el total
de la población, influyen dos circunstarií.ins, el número
de nacidos i el de muertos. De dos poblaciones que
LX OPÚSCULOS LITfiRAUIOS I CRÍTICOS
crezcan con igual rapidez, en aquélla será mayor a pro-
porción el número de párvulos, en que fuere mas grande
la mortalidad; i vice versa, de dos poblaciones en que
fuere igual la mortalidad, en aquélla será mayor el nú-
mero de párvulos, donde fuere mas rápido el incremento.
Por consiguiente, donde vemos gran número de niños i
jóvenes, podremos inferir una de dos cosas: o que crece
con mucha celeridad la población, o que la mortalidad
anual es considerable.
«Es de creer que en la subdelegacion de Maipo concu-
rren ambas causas a un tiempo. La circunstancia de
ser tan grande en ella el número de párvulos i lan pe-
queño el de los matrimonios, ofrece un indicio nada
favorable de la condición moral del pueblo, a lo que son
consiguientes, como todos saben, la miseria en que se
cria la infancia i el estrago que las enfermedades hacen
en esta época delicada de la vida.
«En la subdelegacion de Santa Cruz, es sin duda mucho
mayor el número de nacimientos que son frutos de en-
laces lejítimos. Nacen menos a proporción que en el
distrito de Maipo; pero el número de niños que se sal-
van de los peligros de la infancia i figuran después en
las otras épocas de la vida es a proporción mucho mas
grande en Santa Cruz.
«Estos datos nos parecen de b:istanto interés para fijar
la atención de los observadores; valuar por ellos el ver-
dadero estado del pueblo en cada sección del territorio
do la república; averiguar las causas que aceleran o re-
tardan su incremento material, su civilización i felicidad;
i formar un juicio exacto, o por lo menos aproximado, de
la constitución moral i física de la sociedad en que
vivimos.
INTRODUCCIÓN ULl
«Es muí sensible que no tengamos datos algunos sobro
el mo^imiento de la población, i lo peor es que no po-
dremos adquirirlos en mucho tiempo. Del número do
nacimientos, nada se sabe aproximadamente por la cos-
tumbre que hai en Chile de bautizarse los recien nacidos
en sus casas sin participación ni conocimiento de los
párrocos, pues muchos de ellos crecen o mueren sin
pasar por el rito solemne del óleo, i sin dejar, por con-
siguiente, vestijio alguno de su existencia en los libros
parroquiales. ¿Cómo, pues, p( cha saberse la diferencia
entre los nacimientos i las muertos anuales, i la razón
en que se halla esta diferencia con el total de la po-
blación?
«Hai, fuera de éstas, otras causas de inexactitud en los
libros parroquiales; i no podemos menos de creer que
se llevan con la mayor ncglijencia i abandono, cuando
vemos que, en un departamento de mas de setenta mil
almas, la suma de las listas do muertos presentadas por
los curas no alcanza a seiscientos en el espacio de un
año, debiendo sor por lo menos triplo.»
El 27 de octubre de 1843, el ministro del interior don
Ramón Luis Irarrazaval dictó un decreto para fundar
en Santiago una oficina de estadística que acopiase no-
ticias sobre el aspecto físico i producciones de la repú-
blica, sobre el número de sus habitantes con distinción
de sexos, edades i ocupaciones, sobre el movimiento de
la población, etc., etc.
Aunque el plan era demasiado vasto para el reducido
número de empleados asignados a la nueva oficina, i
aunque, por lo tanto, solo podia reputarse como un mero
ensayo, don Andrés Bello patrocinó la idea en el núme-
ro 658 de El Araucano focha 3! de marzo de 1843.
LXII OPÚSCULOS LITBKAKIOS I CRÍTICOS
«En varias ocasiones, ha llamado el gobierno la atención
de las cámaras a la necesidad urjento de datos estadís-
ticos que sirvan de fundamento a las medidas adminis-
trativas, i no pocas veces hemos tocado también esta
interesante materia en nuestro periódico, aunque lamen-
tándonos de los obstáculos que varias causas físicas i
morales oponen a la adquisición de noticias exactas, aun
sobre aquellos objetos que son el cimiento i el punto do
partida de la ciencia. Pero es preciso dar principio a la
obra, luchar con estos obstáculos; i contentándonos con
el partido que podemos sacar por ahora de las circuns-
tancias, avanzar gradualmente, hasta que el trabajo su-
cesivo de algunos años acumule suficientes conocimien-
tos para la formación de una estadística que, si no com-
pleta, deje al menos poco que desear en cuanto a la
cerleza de los resultados que obtenga.
«No es nuestro ánimo inspirar esperanzas brillantes,
que solo pudieran realizarse en largo tiempo i con la
extirpación de hábitos profundamente arraigados en la
población, no solo de los campos, sino de las ciudades i
de la capital misma. Las dificultades son grandes en una
materia en que todo está por crear; i no debe disimu-
larse que no podemos contar con los recursos de todas
clases que so necesitan para superarlas i que otros go-
biernos tienen la felicidad de hallar a la mano.
«Nuestro objeto por ahora es dirijir la atención de
nuestros lectores al decreto de 27 del corriente expedido
por el ministerio del interior. Se establece en la capital
una oficina compuesta de dos empleados que servirán
desde luego en comisión, i de los cuales el que va a
tener la dirección del ramo es ja conocido del público
por trabajos anteriores, a que se debe el primer ensayo
INTRODUCIOlf LXIII
sobre la estadística de Chile; colección metódica de todas
las noticias que a la fecha de su publicación pudieron
recojerse a costa de prolijas investigaciones. El decreto
enumera rápidamente los objetos en que debe ocuparse
la oficina: jeografía física i política, número i movimien-
to de la población, estado moral i relijicso de los habi-
tantes^ industria indíjena i extranjera, vias de comuni-
cación, establecimientos de educación primaria i científica,
establecimientos de beneficencia, etc. El jefe de la oficina
deberá arreglar sus operaciones a las órdenes e instruc-
ciones que se le pasen por el ministerio del interior;
para llevarlas a efecto, se entenderá directamente con
todas las autoridades i funcionarios administrativos, i
pasará cada seis meses al mismo ministerio un resumen
de sus trabajos, expresando las dificultades que hayan
ocurrido, i los medios que considere a propósito para
vencerlas, a fin de que por el supremo gobierno se dic-
ten las providencias convenientes. El gobierno, en fin,
hará dar a la prensa cada año un repertorio nacional
que contenga todos los datos estadísticos adquiridos
sobre los puntos que dejamos indicados, i que le parez-
can dignos de ver la luz pública. Tal es el plan, vasto i
laborioso sin duda, pero que en su gradual desarrollo
promete resultados importantes.
«De una buena estadística, depende en gran parte el
acierto de las medidas administrativas, pero no es esto
solo lo que la hace preciosa. Ella da antecedentes segu-
ros a los que piensan i escriben sobre los medios de
desenvolver los recursos naturales xlcl país; sin la luz
que ella suministra, solo pueden hacerse hipótesis aven-
turadas, i cálculos que no merecen confianza. Ella ofrece
a los capitalistas i negociantes extranjeros una base sóli-
LXIV OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICO?
da f)ara dirijir sus especulaciones; para plantear empre-
sas que rindan utilidades a sus autores i al público, cuyo
ínteres está aquí íntimamente unido con el de los parti-
culares. ¿Cómo puede el espíritu de especulación indus-
trial encaminarse a un campo inexplorado, cuyas cali-
dades ignora, de cuyas riquezas i aptitudes físicas i
morales no tiene idea? Para juzgar de la escasez de las
noticias que circulan en Europa sobre este país, basta
recorrer las mejores obras de jeografía, los mejores
diccionarios de comercio publicados hasta ahora en In-
glaterra i Francia. I lo peor de todo es que se suplen
a veces los conocimientos de que allí se carece con
pormenores erróneos i aun ridículos, tomados de viaje-
ros ignorantes o superficiales, de lo que pudiéramos dar
algunos ejemplos curiosos. La obra del señor Gay llena-
rá en parte este vacío; i no dudamos que la nueva ofici-
na hará también contribuciones interesantes a la jeografía
i la estadística de nuestro suelo.»
VII
El predilecto para Bello entre los establecimientos de
Chile fué el Instituto Nacional.
Le consideraba en El Araucano número 602, fecha 4 de
marzo de 1842, como el «precioso plantel de nuestra ju-
ventud, primer fruto sustancial de nuestra gloriosa re-
volución, que debia seguir la suerte de ella, sucumbir
cuando sucumbió la patria, renacer mas bello el dia de
la restauración de esta misma patria, i dar desde poco
tiempo después al estado los varones distinguidos que
debían dirijirlo, defenderlo e ilustrarlo.»
Asistía con frecuencia a los exámenes para interrogar
INTRODUCCIUN
a los alumnos en gramática castellana, latin, filosofia,
derecho, sin desdeñar por eso los colejios pri\-ados, i
casi siempre daba en la prensa cuenta de sus obsen'a*
ibones.
El 8 de febrero de 1839, decia en El Arauc*'ino núme-
ro 441:
«El último año escolar ha dado resuUados tan satis-
factorios, que nos creemos obligados a felicitar por ellos
a los amantes de la civilización chilena i de los buenos
estudios. El Instituto Nacional ha sido, como ei^ de es-
perarse, el ({ue mas parte ha tenido en este progreso de
la educación literaria.»
I así en otras ocasiones.
Don Andrés Bello concurría igualmente a las distribu-
ciones de premios, que deseaba se hicieran con gran
pompa i solemnidad.
Léase lo que escribía en el número 59 i de El Arauca-
no correspondiente al 7 de enero de 184?.
«Los exámenes, distribuciones de premios i demás
fiestas de colejios, han sido a la conclusión del próximo
año pasado mas interesantes que en ninguna otra época;
porque nunca habíamos poseído tantos establecimientos
de educación, ni jamas habían sido tan numerosamente
asistidos. Hace quince años solamente que no.existía en
la capital otra casa de educación propiamente dicha que
el Instituto; i ni ocurría siquiera la idea de un estable-
cimiento para niñas. Hoi contamos con ese mismo Ins-
tituto, que ha crecido cada día en extensión e importan-
cia, i que, por las numerosas cátedras i distinguidos
profesores que posee actualmente, se ha hecho como la
escuela normal i centro de los estudios del país. La cupi-
OPÚSC. í) *
LXVI OPÚSCULOS LITKHAlilÜS I CIÚTICOS
tal contiene ademas cinco colcjios para jóvenes que con-
curren i rinden exámenes en el Institulo Nacional, otros
tantos de señoritas, fuera de una multitud de eslable-
cimientos subalternos de ambos sexos i de escuelas
gratuitas municipales, conventuales, etc. para hom^
bres. Uno de aquellos colejios de niños i otro de señoritas
han sido formados el año que espira, el que ha visto
también dar principio a una institución gratuita para
niñas pobres, protejida i auxiliada por el supremo go-
bierno.
(íAsí también los papeles públicos en todo el mes
pasado, i aun antes de él, nos han dado relaciones mas
o menos pomposas de los exámenes, de exposiciones de
trabajo de los educandos o educandas, i dé las distribu-
ciones de premios en los diferentes colejios, excepto en el
primero de lodos: el Instituto Nacional. Nos es satisfac-
torio publicar ahora el acta de profesores del Instituto
sobre los jóvenes que se lian hecho acreedores a los pri-
meros premios i una lista de aquellos que han merecido
el accésit, o se han distinguido por su aplicación i buena
conducta. Del mismo modo, hemos sido favorecidos con
algunas observaciones acerca del poco interés que so
nuiestra por el público, i principalmente por los padres
de familia, en los progresos del Instituto, a vista d0 la
peíjueña concurrencia a sus exámenes i actos públicos,
de personas de afuera. Convenimos, por nuestra parte,
en la justicia de estas o])servaciones, principalmente en
cuanto liendo a manifestar que el mejor estímulo pai^a
los adelantamientos de la juventud consiste en el aplau-
H(i que reciben de sus parientes i amigos, o en aquel
sentimiento naciente de gloria, o de amor propio racio-
nal i moderado, que, lejos de sofocarse en el principio
INTRODLCCION LIVII
de la carrera del joven, debe dirijirse i estimularse como
oríjen de la elevación de ánimo i de todas las bellas
acciones. A esto contribuye, sin duda, i mui poderosa-
mente, la publicidad de semejantes actos; i es esencial
al mismo tiempo en la educación de los jóvenes, consi-
derados como ciudadanos de una república, i llamados
mas tarde al ejercicio aclivo do esta ciudadarua, o como
destinados a las carreras del foro, de la Universidad i la
tribuiía parlamentaria, en las que se necesitan los hábi-
tos, formados desde temprano, de presentarse i hablar
en público con cierta soltura i facilidad.
«I si tales estímulos de gloria o semejante publicidad
los consideramos útiles e importantes respecto de los
jóvenes educandos, ¿con cuánta mayor razón no se ha-
cen apetecibles para sus diurnos prí)fcsorcs, consa^jrados
a una carrera ardua, difícil i lai>oriosa, sin mas premio
por ahora que la conciencia de los grandes bienes que
proporcionan a la sociedad con sus laudables esfuerzos,
i sin ninguno de aquellos alicientes rio honor i gloria
que hacen soportables las privaciones, i que alijeran en
cierto modo el peso de ocupaciones áridas, monótonas i
sin lucro inmediato, o correspondiente siquiera a la fati-
ga i el trabajo? Tal es la posición de la clase di^'na i
meritoria de los profesores del Instituto Naciruial: feliz-
mente el gobierno la comprende en toda su extensión, i
trata de mejorarla. Esperemos que se le abra una ca-
rrera culeramente nueva en la futura Universidad do
Chile, llamada a dar importancia, publicidad i recompensa
a los estudios literarios i cientílicos, a ponerlos en honor
en todo el país, i a servir principalmente c >n su poder
e influencia, al primer establecimiento de la república,
que no ha cesado desde su fundación de ílar al castado
LXVIII OPÚSCULOS LITKRAAIOS 1 CHITICOS
sujetos (Je un mérito esclarecido, i que siempre se ha
afanado por introducir nuevos métodos i mejoras en
la enseñanza moral, social i científica que está a su
cargo.»
Bello profesaba al Instituto Nacional un afecto pater-
nal; bC empeñaba en la mejora de sus textos i de sus
métodos; i se regocijaba con sus adelantamientos i sus^
triunfos.
Se fijaba hasta en la pronunciación de los niños.
Los alumnos del Instituto Nacional no hicieron mas^
que pagarle una deuda de gi'atitud, cuando acompañaroa
en masa su ataúd a la última morada.
VIH
Don Andrés Bello pensaba que la lacra de la litera-
tura chilena era la incorrección del lenguaje.
Fuera de pocas i honrosas excepciones, los neolojis-
mos i los solecismos abundaban en nuestras obras,
como los cardos i los abrojos en un terreno sin cul-
tivo.
Esa literatura se anunciaba tan robusta como variada;
pero se presentaba al mundo bajo un traje desaliñado,
que la deslucía i afeaba.
La escuela, el colejio i la prensa suministraron a Be-
llo medios poderosos i adecuados para inculcar a la
juventud el recto uso de las palabras i frases.
Los víilúmenes anteriores manifiestan sus esfuerzos
incansables para que nuestros oradores hablasen i nues-
tros literatos escribiesen con la perfección correspondiente
a las brillantes dotes de que estaban adornados.
Los hechos han venido a probar con evidencia irrecu-
INTRODUCCIÓN LZIX
sable que sus consejos no fueron vanos, i qnc su.s
esfuerzos no fueron infructuosos.
Voi a copiar un artículo suyo inédito, que entra en el
orden de ideas i de trabajos a que me refiero.
CORRECCIONES LKXICOanAFICAS
Con este título, se ha publicado en Valparaíso por el
licendado don Valentín Grormaz, un pequeño cuaderno
que, a nuestro juicio, es una apreciable muestra de los
conocimientos i laboriosidad de su autor, empleados en
un objeto eminentemente patriótico. Esta publicación
sería de mucha utilidad en las escuelas i colejios como
complemento de la instrucción gramatical que en esos
establecimientos se dispensa a la juventud.
A primera vista, podría juzgarse que en estas correc-
ciones se trata de los vicios i faltas en que solo incurren
el ínfimo vulgo o personas que no han rccil)ido sino la
mas escasa educación; pero no es así. Son poquísimos
los que, después de haber frecuentado por algunos «iños
dichos establecimientos, no tengan algo que aprender en
el modesto opúsculo del señor Gormaz. Nosotros, que
hemos hecho un largo estudio de la lenp:iia, no tenemos
empacho en confesar qiio le somos deudores do algunas
provechosas advertencias.
Debemos decir, sin embargo, que hemos ona)nlrado
omisiones notables, i aun algunos conceptos que nos pa-
recen erróneos; lo que no es de extrañar, siendo tanta la
multitud de voces i frases impropias de que está plaga-
do entre nosotros el castellano.
Daremos algunos ejemplos.
LXX OPÚSCULOS LITERAIUOS I CRÍTICOS
APOLOJIA
Se ha falseado casi universal mente por los escritores
sur-americanos el significado de esta palabra, haciéndo-
la equivalente a elojio o panejírico. La Real Academia
la define así: «Discurso que se hace de palabra o por
escrito en defensa de alguna persona u obra.» La frase
rayada es esencial: hace la apolojía de un persona o
cosa el que refuta los hechos o vicios que se le imputan.
Para comprobar la exactitud de esta definición, bastaría
recordar la célebre apolojía de Sócrates; esto es, el dis-
curso que se supone pronunciado por este filósofo ante
sus jueces en el proceso criminal que le habia sido in-
tentado sobre sus opiniones i conducta; discurso de que
Platón i Jenofonte nos han dejado dos diferentes ver-
siones. Recuérdense también las apolojías que de la
relijion cristiana se escribieron en los primeros siglos
de nuestra era por San Justino, por Atenágoras, por
Meliton, obispo de Sardes, por Apolinario, obispo de
Hierápolis, por Teófilo, obispo de Antioquía, por Tertu-
liano, por Minucio Félix, por Oríjenes, etc.* Todos los
diccionarios que he consultado, están conformes con la
definición de la Academia Española; i no hai necesidad
de citar el gran número de r.polojías que con este título
se han publicado en los tiempos modernos i en España,
entre las cuales es mui conocida la del padre Sarmiento
en defensa de los escritos de Feijoo. Ni es dicífil explicar
la corrupción que ha sufrido esta palabra en América.
* Añádase a éstas Ma Ápolojin de Apuloyo contra los que le acu-
saban de majia, i que está oomprcndida en la ooleccion de sus obras.
ly^ñjú'^cci'jy
Uno de los mejores meiJi':»^ Je j^i-tidoar h njüíj:::!. ;^
una persona, es alegar <us buena- aoci.rieí i z'ijl:iiiir'^:
i por tanto es natural ísimo que !a¿ apolojia- c^ rr.^r.zr^r.
frecuentemente pacajes IauJa:.,nos: per- e.. :al'í¿ :a^ -^.
el panejíríco es siempre un me«.iij «ie dere.i
.!.-?•..
El uso que se hace de e¿ta palabra, e:? err-'j^c^j. Parece
que se la ha querido hacer e«|uivaIor.íe ? la palabra
francesa dévouement , que ^iírniíica una cosí difert-ate.
Un acto de abnegación es aquel en que renunci '.m-^ un
goce o interés nuestro en provecho ajen»', i s »bre todo
por un motivo relijioso o patriótico. Pero 'ft^K*jnei'U2nt,
según la Academia Francesa, es el abandono qu? hace-
mos de nuestra voluntad a la voluntad J ? oW'}, estando
dispuestos a sercirle en toda ocisioyi: i denota asimismo
algunas veces el acto en que uno se expoa*^ a v.n gran
peligro en defensa de una ctm^t, de la redjioi, ii patria,
etc.; lo cual ya se ve que signilica algo mas que renun-
cia, desinterés o desprenvlimiento, que es tud«» lo que se
encierra en abnegación. C')mparando a abnegación con
dévouement, encontraremos en aquélla algo de mera-
mente negativo, al paso que en éste se presenta al espíritu
la idea de un acto o de una serie de actos positivis. Si
entre varios aspirantes a un empleo, el que tuviese la
seguridad de obtenerlo no entrase en concurrencia, con
el objeto de que por su desistimicuto lo ol)tuviese otra
persona con ventaja del servicio público, ejecutaria un
acto meritorio de abneiracion. En la historia romana, se
cuenta que, declarada la guei'ra a los latinos i acampa-
dos los dos c<3nsulcs Manlio i Decio a presencia de los
LXXII OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
enemigos, tuvieron ambos un sueño misterioso en que
se les reveló que aquel jeaeral que se sacrificase a los
dioses alcanzaría la victoria. Empeñada la acción, como
Decio notase que su división comenzaba a flaquear, llamó
al pontífice para que le dictase las palabras solemnes
con que debia sacrificarse a los dioses; después de lo
cual se arrojó a lo mas denso de la refriega i expiró
sobre un montón de cadáveres enemigos. Con este sa-
crificio (dévouement en francos), se alcanzó efectivamente
la victoria, merced, sin duda, a las creencias supersti-
ciosas de los romanos. No creo que tengamos en caste-
llano una palabra mas adecuada que sacrificio para
denotar la misma idea. En el Diccionario Francés-Espa-
ñol de don Ramón Joaquín Domínguez, se explica mui
bien dévouement: «Acción de sacrificarse o inmolarse
voluntariamente en las aras de la patria, del deber, del
honor, de la relijion, del amor, de la libertad, etc.» Es
cierto que en todo sacrificio hai necesariamente algo o
mucho de abnegación, i de aquí proviene, sin duda, la
confusión que se ha hecho de las dos ideas. Entre no-
sotros, se ha llevado el abuso hasta formar un adjetivo
abnegado, que la lengua no reconoce en ningún sentido,
i que, si pudiera tener alguno, designaría la persona que
se niega perentoriamente a lo que de ella se exije. Nótese
que la preposición latina ab introduce o refuerza en los
verbos la idea de desprendimiento o repulsa, como se
ve en abdicar, abjurar, abrogar.
ABROGAR
Este verbo es uno de los que suelen usarse mas
impropiamente entre nosí^tros, dándole el significado de
INTRODUCCID?! LZXIIl
arrogar. Abrogar es anular, revocar lo que p«)r lei o pri-
vilejio se hallaba establecido; i ai-rogar es atribuirse,
apropiarse lo ajeno^ i particularmente el acto que en el
derecho romano se llamaba arrogación. Cuando se dic4'.
pues^ que alguien se a&roga una autoridad, jurisdicción
o título que no le corresponde, se habla mal; se debe
decir se arroga.
APERCIBIR
Apercibirse de no es frase castellana en el sentido de
percibir. No será inoportuno copiar aquí el siguiente ar-
tículo del Diccionario de Galicismos de don Hafael María
Baralt. ^Se apercibió del fraude. Galicismo grosero. Aper-
cibirse no significa, como en francés, advertir, reparar,
notar ^ conocer^ sino prevenirse, disponerse^ aparejarse
para alguna cosa, verbi gracia: Apercibirse a Za, para ía
guerra; a, para luchar; de armas. Salva (Gramática) trae:
Apercibirse de una visión; pero este es precisamente oí
galicismo que se censura.» Se incurre en el cuando se
dice que una cosa pasó desapercibida.
RALEAR
Balear en la significación de fusilar no os voz capto-
llana. En el significado de pasar por las armas, tenemos,
ademas de fusilar, el verbo arcabucear, como puede voi'se
en el Diccionario de la Academia.
AFUSILAR
Afusilar tampoco \n es.
LXXIV OPÚSCULOS LITERARIOS I CIÚTICOS
llONCHO
Yo no sería tan severo, como el señor Gormaz, con
esta palabra, porque sus sustitutos castellanos borra^
* broza, hez, tienen el inconveniente de prestarse a sen-
tidos diferentes, mientras que concho tiene siempre una
misma significación. Sedimento convendría mejor; pero
concho es la raíz de aconchar, aconchar¿=ie i aconchado, a
que sedimento no se acomoda.
EQUÍVOCO
T,^san muchos esti palabra en el sentido de equivoca^
don, que no le da el castellano. Equívoco es: «Lo que
se puede entender de diversas maneras.» Así una con-
ducta equívoca os aquella que se presta a dos conceptos:
uno de aprobación o indiferencia, i otro do desaprobación
o vituperio, que es el que mas amenudo se sujiore; un
hombre de conducta equívoca es aquel cuyos actos,
aunque no declaradamente malos, parecen no confor-
marse en todo a las reglas del honor i de la probidad.
Equivocación es error o engaño: se habla, pues, pésima-
mente cuando- se dice que alguien está equívoco por
<lecir que está equivocado.
HOT.
Nada os mas común en todo jénero de escritos, i
especialmente en nuestros periódicos, que las expresio-
nes hacer un rol, im gran rol, un rol distinguido. En
cíistellano, se dice que hace papel el sujeto que tiene
IN TRODL'CCK «.V LXXV
alguna representación en cualquier línea, en la repúbli-
ca u otra parte {Diccionario déla Academia^; cnlrenct* -
res, se llama papel la paite de comedia, escrila, que ?o
da a cada uno para que la estudie, según la pericona
que ha de representar en ella nbidem¡, lo que por exten-
sión se aplica al carácter que alcruno tiene o se arroga
en la sociedad. Significa propiamente lista o catálogo, i
particularmente la nómina de la marinería de un buque,
autorizada por el respectivo comandante de marina.
Traducir /a/re un grand rol por hacer un gran rol, es
imitar al que traduciendo la frase castellana: a El duque
N. hacía mucho papel en Madrid», dijo en francés: <rLo
duc X, faiírsait beaucoup de papior á Madrid. v
ROLAR I ENROLAR
Rolar i enrolar no son palabras castellanas, i para
nada se necesitan; aunque bien pudiera usarse la segun-
da en sentido de introducir a una persona en un rol o
nómina de marineros.
SENDOS, SENDAS
Es notable el uso que de este adjetivo suele hacerse
en el dia por los que no han percibido su primitiva i je-
nuiña significación en los escritores castellanos anterio-
res o mui cercanos al reinado de Carlos III. Si hemos
de estar a las definiciones de nuestros modernos lexi-
cógrafos, sendos es un verdadero Proteo, ([ue se presta
a significados varios según el paraje en que so encuen-
tra, i que, en lugar de contribuir con las otras palabras
al í-entido de la frase, nos ofrece un ojeniplo singula-
LXXri OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
nsimo de lo contrario, pues recibe de ellas el suyo.
Principiaremos por el que tuvo en todas las épocas
precedentes. Decíase antiguamente sennos, i asilo encon-
tramos en el poema del Cid, versos 731 i 732:
Trescientas lanzas son, todas tienen pendones:
sennos moros mataron, todos de sennos colpes;
lo que quiere decir que cada lanza mató a un moro, i
cada uno mató a su moro de un golpe.
En el Alejandro, copla 1702:
Trae * trescientas duennas vírjenes con caballos lijeros,
Que darien lide a sennos caballeros;
esto es, cada una a un caballero.
Ábrase por cualquiera parte la edición de Gonzalo
Fernández de Oviedo, déla Real Academia de la Historia;
í no tardará en salir al encuentro algún ejemplo de este
mismo uso de sendos, siendo en muchos de ellos inad-
misible el significado de buenos, fuertes, grandes, fa-
mosos, descomunales, que en ciertos diccionarios se le
atribuyen, bien que con la cautela de añadir otros tales,
o de cerrarla enumeración con un etcétera, que da cabida
a cuanto se quiera imajinar para salir de toda dificultad.
En un pasaje de Gonzalo Fernández de Oviedo, se dice
que el emperador Cárlójs V condecoró con sendos hábitos
de Santiago a dos individuos que se hablan distinguido
en su servicio. I para no cansar mas, recórrase la mul-
titud de ejemplos acumulados en mi Gramática^ donde se
trata de los numerales distributivos; todos los cuales
ejemplos se explican de un modo uniforme, que es el
mismo que dejamos apuntado, sin que jamas sea nece-
sario añadir calificación alguna a la idea de unidad
^ La reina de las Amazonas.
UCTROOUCCION LXXVIl
distributiva. Aun en este siglo, escritores célebres que
se han esmerado en la propiedad del loiiguaje, como
Clemencin. el duque de Rívas i Martínez do la Rosa,
han autorizado el uso que llamo propio i jcnuino. La
Academia está en lo cierto cuando da a sendos por equi-
valente el adjetivo latino singali, que siempre tuvo el
sentido de unidad distributiva, como en esto pasaje do
Tito Li\io, libro 40, capítulo 4: In viduitíite relicta*
filice, singulos filias parvos habentes; que es como si
dijéramos: quedaron viudas sus hijas, que tenían sendos
hijos pequeños. La Real Academia Española no reconoce
el número singular de sendos, que en verdad ¿c<')mo
podría tenerlo sin ponerse en contradicción con el signi-
ficado que siempre tuvo? I cuando añade este sabio cuer-
po que esta unidad se toma unas veces activa i otras
pasivamente, hace una observación oportunísima: así so
dice activamente les dio sendos palos cuando es uno el
que los da i mas de uno los que los reciben, i le dieron
sendos palos cuando los apaleadorcs son muclios i el
apaleado uno solo. Por consiguiente, le dio sondas palas
es, atendiendo a la propiedad de la palal)ra, un harba-
rismo, supuesto que sea uno el ajenie i uno el paciente.
Acaso fué el padre Isla el primero (jue aventuró en cas-
tellano esta absurda locuciím; pero tengase presente el
juicio que hace de sus obras un eminente lilólogo de
nuestros dias (don Pedro Felipe Monlau en el tomo XV
de la Biblioteca de Rivadenoira) (flsla, dice, no es on
rigor lo que se llama un escritor clásico. Su lenguaje
no siempre es terso i correcto en sus cláusulas,
advertimos harto amenudo faltas de relación ,
imperfecciones de sentido, etc.n
LXWni OPÚSCULOS LITKUARIOS I CKITICOS
El artículo quedó inconcluso.
La tarca era larga para una persona tan ocupada co-
mo el autor.
Las palabras de que don Andrés Bello il)a a tratar,
después do las mencionadas, eran chileno i putretencioii^
que alcanzó a apuntar en el papel que acabo de copiar.
Ignoro lo que pensal)a escril)ir acerca de ellas.
El Diccionario de la Academia Española ensena que
chileño es el natural de Chile, i lo perteneciente a este
país de América; i que chileno se aplica solo a las per-
sonas.
Creo (juc osla docta corporación habrá de convenir
en que somos los habitnntes de Chile los llamados a de-
cidir acerca de estas dos palabras.
Pues bien, en Chile, i se^un entiendo en toda la Ame-
rica Española, se usa invariablemenle el vocablo c//í7eno,
ya como sustantivo, ya como adjetivo, ya se aplique a
las personas, ya se emplee para designar lo pertenecien-
te a nuestro país; ¡amas se usa el vocablo' c/¿/¿e/7o.
Entretención so usa vulgarmente entre nosotros por
entretenimiento.
IX
El autor de la Gratnática Castellana no era uno de
esos puristas meticulosos i exajerados que rechazan toda
innovación, por razonable que sea, i que reducen el
lenguaje a una especie de fórmula sacramental, en que
no es lícito variar una tilde.
No caia por eso en el extremo opuesto.
Cuando hablaba, o escrij)ia, no encerraba con seis
llaves las reglas gramaticales, como Lope de Vega los
INTRODUCCIÓN LXXIX
preceptos dramáticos, bien que no se asemejase a un
devoto escrupuloso que considera como pecado grave la
acción mas inocente.
Indudablemente quería la pureza, la regularidad i la
fijación del castellano; pero se sometía al uso de la jente
ilustrada i al desenvolvimiento inevitable de una lengua
viva.
Sus ideas sobre esta materia están consignadas con
la mayor claridad en unos apuntes que sacó para redac-
tar una crítica minuciosa del Diccionario de Galicismos,
escrito por don Rafael María Baralt.
Es de sentir que esos apuntes hayan pasado apenas
de la letra A, i que no hayan sido completados i revisa-
dos por su eminente autor, pero, así i con todo, serán
leídos con interés i provecho.
DICCIONARIO DK GALICISMOS
Por don Rafael María Baralt
Este es un libro que hacía falta en los países castella-
nos de uno i otro hemisferio, i que celebramos haya
tenido aceptación en Santiago, que no era donde menos
80 necesitaba. Predicadores, abogados, catedráticos,
historiadores, poetas, periodistas, este libro es un exa-
men de conciencia, que, si la vuestra no está de todo
punto extragada, os hará mas mirados en el uso del
habla, i mas cautos contra el conlajio de los malos
ejemplos. De mí puedo asegurar que, leyéndolo, me ha
sucedido mas de una vez decirme a mí mismo: Peccavi,
Tiene el Diccionario dfí Galirisnios, entre otras reco-
mendaciones, la de leerse con gusto i hacerse perdonar,
L2(XX 0PUSCULÜ8 L1TBHAH1U8 1 CHITÍC08
por la tersa i luminosa doctrina que contiene, la seve-
ridad con que nos echa en cara nuestros deslices i fraji-
lidades; si bien hallo de cuando en cuando excesiva la
severidad, no • enteramente segura la doctrina, i algo
arbitrarios los fallos. Excepciones hai que, en igualdad
de circunstancias, se admiten i se rechazan, i principios
también, ya expresos, ya implícitos, que no me parecen
fundados en razón.
Prohibir absolutamente la introducción de voces i
frases, vocablos i modos de decir cinctutis non exaudita
Cethegis, sería lo mismo que extereotipar las lenguas,
sería sofocar su natural desenvolvimiento.
Son las lenguas como cuerpos organizados que se
asimilan continuamente elementos nuevos, sacándolos
de la sociedad en que viven, i adaptándolos bajo la forma
que es propia de ellas a las ideas que en ésta dominan,
renovadas incesantemente por influencias exteriores,
como la atmósfera de que los vejetales se alimentan.
Pero no debemos dar demasiada latitud a esa semejanza,
llevándola mas allá de lo que conviene a la fácil, breve
i lúcida enunciación del pensamiento. Es una condición
reconocida para lejitimar la introducción de un vocablo
o frase nueva su necesidad o utilidad, por manera que
se logre con ella señalar un objeto, expresar una idea,
adecuadamente, sin aníibolojía, sin rodeos, cuando la
lengua no tiene otro modo de hacerlo. Figurémonos lo
fecunda que sería de incertidumbres i perplejidades una
lengua caprichosa, de frases i modos de decir exóticos,
en que tropezase a cada paso el lector, obligándole a
una atención desacostumbrada i penosa. El lenguaje
tiene su belleza propia, que se desluce con afectadas
galas, i solo consiente aquéllas que le sientan bien por-
que oonvieaen a su conformación i Gsonomía nativas.
Pero, do todas las novedades, las quo mas daüo hacen
60n las accpciüncs nuevas que se dan a las voces cuya
M'gniíicacion ha fijado la lengua. Bajo esto aspecto, me-
reoon tenerse presentes muchos de los artículos del
Diccionario de Galicismos; pero hai algunos en que su
sabio autur nos parece excesivamente escrupuloso. ¿Por
qué no ha do poder decirse, por qué ha de ser malo:
ñbindonar un sistema erróneo, abanfíoiiar un método
embarazoso, abandonarse a lavoluntadde la Providencia?
Algunas de las sustituciones propuestas por el señor
Baralt me parecen poco felice». Reimnciar esperanzas
es admi-sible, aunque no necesario; pero renunciar sis-
temas! renunciar métodon! Abandonarse en manos de la
Procidencia es mas caslizo i mas expresivo, sin que por
eso deba condenarse como vicioso abandonarse a la üo-
luntad de la misma, o mas frecuente i mejor abando-
narse a ella, i si pueiébcmos eí cíelo en lugar do la Pro-
ijidencÍ!i,¿\e daríamos también manos para abandonarnos
a ellas? No estamos obligados a decir siempre lo mejor;
basta lo bueno.
En jenoral, lo que deja mas que desear en este libro
es la conversión de frases que so condenan justa o in-
justamente como galicismos a frases castellanas. ¿A quién
ealisfacerá que, en lugar de desilusionar, se diga, no ya
deíengafiar, que se le acerca ciertamente, aunque no
alcance a signilicar lo mismo, sino ilustrar, instruir,
advertir?
He dicho ({ue loa significados nuevos daílos a palabras
conocidas i iitiualca constituyen imperdonables noolnjis-
mos. Pero téngase presente que una acepción metafórí-
oPünr.. 1 1 '
ea, 8i la metáfora es lejítima, no es una acepción nueva.
151 primero que dijo matar la luz empleó una bella me-
táfora, sin uso alguno; i tan feliz pareció este uso de
inaíar, (jue, a fuerza de repclirse, tomó et carácter
de propio, i como tal lo reconoce la Academia. La
metáfora sujiere simultáneamente dos ideas: la que co-
rresponde a la voz propia i la de la imájeii presentada
por la voz metafórica; i si no es grande i obvia la seme-
janza entre las dos, la expresión es oscura, i por consi-
guiente, viciosa. Apagar la vida me parece hallarse en el
mismo caso que maíav /a luz, aunque no mencionado
ni como propio, ni como metafórico en el diccionario
académico.
Si es permitida la introducción de vocablos nuev(
convendrá averiguar ante todo qué condiciones los
jitiman.
La primera es la necesidad o utilidad. Si para expre-
sar una idea tenemos que valemos de una perífrasis,
nadie negará la conveniencia de crear o adoptar un
signo que la dé a conocer concretadamente i sin rodeo.
Si se trata do un animal recientemente conocido, de una
planta exótica naturalizada en nuestro suelo, de una
máquina o de un utensilio nuevo, de un objeto cualquie-
ra que hasta ahora no ha tenido nombre en la lengua,
es necesario dárselo, sea que lo saquemos de otra len,
antigua o moderna, sea que lo formemos sin salir de
nuestra.
La segunda de dichas condiciones es que se dé
recién formado vocablo una fisonomía, en cuanto posible
fuese, castellana; bien que en esta materia es necesario
dar mas libertad i amplitud al lenguaje de las ciencias i
artes. Las ciencias son cosmopolitas; i en ellas impoi
ado
iri o • ^
re-
sis,
un
eo.
ina
ma
uie-
INTIlODfCCION
mucho que lo que se escribe en un pa,is se entienda per-
fectamente on los otros, de matiora que una voz técnica
haga nacer en la mente del lector, a cualquier nación
que perlenozca, la ¡dea que le tiene asignada la ciencia,
sin diferencia alguna, lo cual lograríamos sin duda mu-
cho mas fácilmente empleando la misma voz, con una
nominación castellana, que traducirla por otra equiva-
Icnle. Asi, aunque aparasolado, por ejemplo, significa
de un modo mui castellano i muí pintoresco la disposi-
ción de las flores de ciertas plantas, en obras de botánica
destinadas a loa que cultivan csla ciencia, me parecería
mas conveniente umbela que parasolarfo, i plantas itmbe-
laflns que plantas aparasolada.:?, para indicar esta disposi-
ción de las flores. Por la misma razón, preforiria yo
hojas o flores verticiladas a hojas o flores de añada o
rodaje. Pero es preciso que, al castellanizar una voz téc-
nica, lo hagamos con el debido discernimiento. A cierto
orden de reptiles, llaman los naturalistas en latin saurii,
en franfeasauríejis; i nosotros debemos llamarlos saurios,
tomando la voz latina (parce detorta, como recomienda
Horacio), no saurianoa, ni mucho menos sorianos como
ha hecho un estimable naturalista de nuestros dias.
Extiéndese esto mismo a los nombres propios.
Presupuesta la conveniencia de un vocablo nuevo, yo
no escrupulizaría formarlo de una raíz castellana, según
los modos de derivación que eo usan c munmente en
nuestra lengua, i a que se desarrolle su organización, co-
mo la de las plantas en sus ramas, vastagos i flores. Una
vez admitido impresionar, como verbo activo derivado
de ím;>re/«íori. ¿por qué no admitiríamos a impresionable,
como nombre verbal derivado de impresionar? El señor
Barait toma, creo, bajo su protección a imprasionable.
OPUülitlLUS LITBHAl
(|ue la Academia no reconoce, pero no en el significado
que, a mi juicio, le conviene major; i sostiene, como
cowa evidente, que pertenece a la primera clase de los
derivados en able, cuya signilicacion es activa, como
ileluit&ble, lo que deleitfv. Yo croo, al contrario, que debe
clasificarse con los que signilican posibilidad i pasión,
impresionado, que os la significaoiou ordinaria de los
adjetivos verbales en aí>ie o ible, i por tanto, la que mas
fácilmente ocurre al lector u oyente. Crci> que a pocos
ocurriría llamar corazón impresionable al que puedo
hacer impresión viva, i que si oís que una peruana es
fácil, líjei-a o pi^fundutnBiite impresionable, todo el que
supiese lo que quiere decir impresión e iinpresionar
eiitendcria que se trataba do una persona que es fácil
o lijera o pru fu [idamente impresionada. ¿Qué importa
que en Irances se diga impresio/iabíe en el mismo sen-
tido? ¿Debemos abstenernos de una derivación caste-
llana en su sentido natural, porque los franceses tengan
en sn lengua una derivación semejante? ¿Puedo evitarse
que diis lenguas hermanas se asemejen en muchísi-nas
cusasV Es que tenemos, dice el señor Baralt, un adjetivo
que significa exactamente lo mismo: el adjetivo sensible,
Pero, si es así, me tomaría la libertad de preguntarle:
¿podrá decirse en castellano que una persona es fácil~
mentü sensible, como puedo decirse que es fácilmente
impresionable? Si en alguno de los dos sentidos hai
algo que no es conforme a la indolo de njjestra lengua,
es ciertamente en el del señor Baralt, porque es una
excepción, mientras que el otro ocurre a cada paso,
entra en el proceder ordinario de la lengua, es, en una
palabra, la regla. Lo mismo sucede on los verbales í
bilis latinoa.
I si de impresión sale rectamente desimprenlonnr,
reconocido por la Academia, ¿por quó nO de ilusión,
desilusionnr? El Diccionario (le Gnlicitímos In i-uliiiHap(ir
dos razones: primera, porque no totioinofs oí Hiiiipl»
itu»ion.tr, comí» ios fraiicosew a iUuftioh<-r; HPginida,
porque tenemos ja un verbo i|iil' sífíriilica lo mismo,
dtisengaíljir. Ln primero nn íinpurli». TómeMO el Icclor
ol trabajo de rec-irror la lar^tiíhtina lietln dn verbos ipio
comienzan en castellano por la parlfciila compOHltiva
des; i se verá (juc no son pocoa Idh que pr'nwUMi IninB-
dialamonte do noml)re, sin el Íntcrin«dio Hh vítIo, \ii
se aiwjan laa colmenas, i sin embargo, »o tlanahpjnn; \
no se acerba un licor, aunque so dmací^rltR-. i «e denngiin
un terreno, aunque no se a^ita; niponnile lu Icn^i'^i "'mr
a un hombre {como no sea m'ivi.'r|ü en irn); ni amornr
a nadie, aunque sí deitumarnrla. Esto en las primeraa
columnas, i sin recurrir a la» otras del ÍHccionnrio:
descabezar, descabritar, d/^sgsifur, despabilar, etc., etc.
Ademas, yo no veo por qué no pudiera usarse en oca-
sionéis oportunas iUisionar, quo do seguro sería enten-
dido de 'todos, aunque nn hubienc «taludado el francés.
La segunda razón es todavía mas dííbil. Entre dasiiu-
sionar i de/tentjnñar^ hai la misma diferencia que entre
ihmon i enfjHfío.
Paréceme igualmente que el señor Haralt no ealo
una que otra vez de los límites propios do una obra
Olmo la su>a, i eso aun dando al titulo toda la extensión
i signilicadii quo no tiene, puesto que en HIa se tratado
señalar los vocahlus, ¡iros i modos de decir viciosos quo
hemos tomado recionlomonte, no solo dpi francés, niño
de una lengua extranjera en jenoral, o quo lalvez hemos
fonnadj en nuestra prnpia lengua adulterando las na-
turales acepciones o conibineiciones de las palahras cas-
tellanas. Entiendo, pues, que el señor Baralt ha querido
darnos uu dicciouario de neolojisinos {viciosos, se en-
tiende); i en esto supuesto he diclio que traspasa a veces
los límites que corresponden al abunto que se propuso.
Una repetición prosódica, por ejemplo, como las que se
notan en las pajinas 578 i siguientes, no es un vicio de
lenguaje, sino de estilo; es el abuso de una figura retó-
rica, rió un ueolojisino. Frai Luis de Granada hizo fre-
cuente uso de ella; i seguramente nadie le contará entre
los escritores afrancesados. Hé aquí uno do iníinitos pa-
sajes que pudieran aquí citarse de sus obras; — ¿Qué com-
paración puede haber entro deleites de tierra, i deleites
de cielo? ¿entre deleites de carne i deleites de espíritu?
¿entre deleites de criatura i deleites del Criador? Porque
claro está que, cuanto las cosas son mas notables i mas
excelentes, tanto son mas poderosas para causar mayo-
res deleites, — Dudamos que el señor Baralt quisiera
chapodar este ejemplo, como los que copia, de manera
que vienicse a decir: — ¿Qué comparación puede haber
entre deleites de tierra i de cielo, de carne i de espíritu,
de criatura i del Criador.' porque claro está que, cuanto
las cosas son mas notables i excelentes, tanto son mas
poderosas para causarlos mayores — doacartando un mas,
dos entren, seis dfíleite.s. La repetición, como todas las fi-
guras de retórica, puede ser expresiva o inoportuna; pero
esto solo no bastarla para tildarla como afrancesada.
Prescindo de los casos en que la repetición es absoluta-
mente necesaria, como este mismo ejemplo lo prueba.
La preposición de so encuentra seis veces en el primer
miembro del ejemplo; i no podríamos suprimirla
sola, sin decir un despropósito.
Lo mismo digo del abuso de la metáfora. Almurdo
sería, i no pequeño, imajinar r|ue los vocablos no pue-
den recibir otras acepciones melafóricas que las señala-
das por el Diccionario de la Real Academia Kapañola.
Cuando la Academia señala tina de ellas, Id que quiere
decir, si no me engaño, es que la tal acepción se ha licc-Iio
frecuento ea el uso común de la lengua, en términos de
poder usarse como propia. En cuanto a los sentidos
figurados que no constan en el ÍUcrionnrio, su lejítimo
empleo no es cosa que pertenece a la jurisdicción de la
gram&tíea o la lexicografía, sino do la retórica, c-sto es,
del buen gusto en la elección de los pensaniienfos o el
estilo. Cabalmente la novedad de las imájeiies es una de
tas calidades que realzan su lejítimo empleo, aun en el
estilo didáctico. De lo cual se sigue que, cuando se toma
una palabra en sentido metafórico de que no haga men-
ción la Academia, la metáfora puede ser inoportuna,
puede ser violenta, puede ser do mal gusto, pero no
por eso será un neolojismo (tomando esta palabra en
mal sentido, que es el que ordinariamente le damos); i
el haberse usado en otra lengua no hace al caso. Si la
metáfora satisface a las condiciones que se requieren
para el recto uso de esa especie de tropos, no hai mas
que pedir; i el haberla tomado de la lengua francesa
podrá ser una imitación, i alo sumo un plajio, pero nó un
galidsmo. Trasparente es una cualidad quo los moder-
nos críticos franceses atribuyen al estilo cuando pone de
maniriesto, o en toda su luz, los pensamientos del autor,
a la manera de un cuerpo diáfano que se interpone entro
nucsti'a vista i los objetos materiales. La iniájen no
puede sor ni mas adecuada, ni mas expresiva, ni mas
clara, ni mas breve. ¿I m» podremos nosotros emplear en
el mismo sentido las palabras íi-aspareníe, diafanidad,
ein que se nos acuse de galiparlistas?
Peur rae parece todavía cuando se repruelm una locu-
ción por el solo hecho de asemejarse a olra que los
franceses emplean corrientemente on su lengua, porque
tiene, según se dice, unsíbor gnUrano. Eslo me recuer-
da el cupit ha^resim do que tanto abusó el santo oficio.
Si en la tal locución todas las palabras están usadas en
el sentido propio o en ei metafórico que por un uso fre-
cuente ha merecidi» mirarse como lal, i si la construc-
ción está arreglada a los preceptos do la gramática, nada
significa la semejanza que tenga con otro jiro o modo
de decir francés, ingles, italiano o de cualquiera otra
lengua. Ni veo razón por qué, en igualdad do circuns-
tancias, esté mas a cubierta la adopción de un jiro latino,
que nó la de una expresión francesa-
No parece bien que la lengua francesa sea una senti-
na, de donde nada bueno puede venirnos, híuo infección
i peste, sin que haya cuarentena que lo purifique, úni-
camente por existir allí, eso en medio de ostársenos
colando por todos los poros las ideas, las doclrinas,
costumbres, las modas francesas. Est modus in robus.
Á USADA POR PAllÁ
Con mucha frecuencia, se conmutan una por
estas dos preposiciones en castellano; i no siempre
fácil decidir a cuál de ellas so deba la preferencia. —
«¿Kl yugo de la virtud es posado al hombro o para el
hombre'''»— El seí\or Baralt reprueba la primera deestas
construcciones; pero creo que en el lenguaje de la poe-
sía, que exije amenudo el réjimen latino, sonaría tali
mejor pesado al hombre: grave homini.
I
■e e^^^
INTRODUCCIÓN LXXXIX
'En lo qiie con menos desconfianza difirrn Hol nícnit-
Tiarío, es en la censura de la frase: kA tales lu'nibres,
nada puede ser iiiipüfible,« p>.rqiie el ser poniliU' n im-
posible, agradaltto o iuolesl'j, fácil o diriril, rije el tinlivo
de loa pronombres doclinablcs: «Te es Eoil,» «nos oh
molesto,» onu parece serlos imposible;» I a talos hnmhves
es precisamente eac misinn tlativo. ¿A quién oFeiutc^ria
que se dij*.'i-e empleando un pleonasmo que c» Trccuon-
tísimo en castellano: vi tales hombres nada puedo Ksrlen
imposible? ¿I no sorúi, solocisino garrafat para tale* honu
bres puede serles? Do donde me parece deducirse que,
en el ejemplu cuestionado, no solo es lojílimo «, «iníi
preferible a para.
A USADA \'<m ai\
Según el Diccionario, es galicismo «vender a pérdida,»
BÍn embargo de la analojía de esta fraac con ivendor a
crédito,» «vender a dinero,» i otras cuantats como «ven-
der a prueba o a plazo,» «vendiT a vil o mal precio,»
«prestar a interés,» «imponer un capital a fondo perdi-
do,» etc. Pero, pocas Ifneas mas abajo, se admito «reftir
a sable o pistola,» porque hal on castellano otras expre-
siones idiomáticas del mismo jénoro, cí^nno «ponorso a
brazos con alguno,» «andar a estricadaH,» etc. Creo que
entre estas últimaíf es ménns obvia la analojía, queentre
las anteriore»; i con todo eso, «vender a pérdida» so
ondena como afrancesado, i «pelear a Cíipatla,» nó,
Cur tan varíe?
A iWAn.v pon poñ
LbA lo que veo, tan malo es hoi como ayer.» J'or lo
ueo (jiiicre el Diccionario que se diga; i nsland') a esa
LG OPÚSCULOS LITKHAltlOS 1 CRÍTICOS
decisión, es preciso que sean también neolojisnios «a lo
que parece,» cea lo que conceptúo,» cea lo que preveo,» de
uso comunísimo. Pero el mismo Diccionario establece
a la pajina 607 que según i a lo que son expre§jiones
equivalentes; i de sus ejemplos se deduce que tan bue-
no es a lo que creo^ a lo que opino^ como según creo^
i según opino. ¿Por qué, pues, no hemos de admitir a
lo que creo^ como un equivalente propio i lejítimo de
según creo?
Copio el párrafo siguiente porque la doctrina en él
enunciada me parece abrir la puerta a un modo de dis-
currir ciertamente laxo en materia de neolojismos, doc-
trina que inutilizaría mucha parte de los saludables
avisos del Diccionario, con los cuales está en pugna
abierta.
— «I a esta causa, los sabios no suelen menospreciallos
(los refranes), antes llegarse a ellos, como a buenos con-
sejeros.» (Gara.1, Cartas.) Hoi pasaría por galicismo la
expresión a esta causa ^ frecuente en las obras de nues-
tros antiguos. Ciertamente, lo mas propio es por esta
causa, a menos que, cambiada la estructura de la frase,
no se dijese: A esta causa debe atribuirse el que los sabios ^
lejos de meyíospreciarlos ^ se hayan llegado siempre a
ellos, como a buenos consejeros. La expresión de Garai
es, pues, una elipsis. —
Yo convengo en que hoi se preferiría con razón a la
frase anticuada de Garai cualquiera de las corrientes,
por esto, por esta causa, etc. Con lo que sí estoi mal, es
on la idea que el autor nos da de la elipsis. Explican-
do por esta figura aquella frase (lo que de suyo siprni-
ficaria poco^, apenas habría locución viciosa que no
pudiese justificarse a la sombra do una elipsis imajina-
ría, sobre tndo, ni se mirase como una elipsis la qun so
nos presenta coimt tal on el prinajc que hemos cnpiado.
— La elipsis (dice inui bien la Aciticiiiia en la cuarta
edición de su Grhmálica, i creo i|ue lo repite en la quin-
ta) es una Tipira por la cual se omiten en la oración
algunas palabras que, hiendo necesarias para completar
la construcción gramalica!, no hacen falta para el sciili-
do i su intclijencia, antes, si sq expresaran, quitarían la
gracia de la brevedad i la enerjía a las expresiones. —
Los ejemplos con que se ilustra la detiiucion, m» pue-
den ser mas adecuados. Solo me permitiré notar que im
haí para qué suponer que esté incompleta la expresión
Madrid c.ijiHal de España, subentendiendo que es entre
Mudrid i capital, porquo la gramática no se opone a que
se usen dos sustantivos continuados, que os un proceder
frecuentísimo do nuestra lengua, i aun de todas las len-
guas; i no hai elipsis donde nada hace falta a la cons-
trucción rigorosamente gramatical. ¿Hai alguna raznn
para que no pueda señalarse un mismo objeto por medio
de dos sustantivos continuados, cuandi» ambos son pro-
pios i oportunos? Si no debe suponerse elipsis dondo no
se necesita para la integridad de la oración, mucho me-
nos admisible será cuando se funda on una suposición
que la lengua desmiente. Hai muchos nombres propios
que reciben artículo por el uso corriente de la lengua; i
en que, por lo tanto, no lial para qué concebir elipsis
alguna, porque la gramátici no es mas que la exposi-
ción de! uso Corriente. Puede, a la verdad, habersi! f»ri-
jinado este uso de una primitiva elipsis, que, a fvierzn de
repetirse, dei6 al (¡n de ocurrir al entendimiento. Pero,
en el caso de que hablamos, no es así. Si se dice el
Tajo, entendiéndpse entre el articulo i el nombre propio e)
apelativo rio, ¿qué es lo quo se entiende en In Esgucva
i ía Guama, que tarabion son rios? Si en la. Morea se ha
suprimido península, ¿t¡uó os lo que se ha suprimido en
el l'eloponcso, que es precisamente la misma península?
Si en fií Ferrol t el Callao se subentiende puerto, /qué
es lo que se subentiende en los nombres femeninos,
como ía rjnaira? Pero ¿quién no ve que el ¡enero del
artículo de nombres propios que no significan macho n
hembra es sujeiñdo constantemente por la turminacion,
i que se dice la Francia, /a China, ía Grecia, porque la
terminación a pide ese jcnero; i el Pemil, ol Japón, el
IndoBtan, porqno estas terminaciones son claramente
masculinas? prueba perentoria de que el articulo en esos
nombres no tiene relación con ningún apelativo tácita<i|
Pero lo mas impurtanle es aclarar í|uc! la repuesf
elipsis no debe hacer variación alguna en la cxpresi<^
de la frase, ni en el número i nalurale^^a de los elcmei^
tos que la componen. La frase elíptica debo sor una píM
cion integrante de la frase completa, ¡ nada mas. Así,""
«concluida la función, nos volvimos a casa», no es elíp-
tico el ablativo absoluto, porque en él se suiíentiende
luego que se concluijó, pues osa expresión no lo llenayí
sino que se lo sustituye otra expresión do naturaleza ent«'J
ramente diversa. Luego que se concluyó no en complemenfl
to de mndtiida, sino una explicación, una paráfrasis.
E«te modo do considerarla elipsis os el antiguo i
¡enuino. Apelo sobre ello a todas las gramáticas antí
rioros al año de gracia de ISJí.
Bástenos citar a loa lectores de cierta edad, la que e
mas manoseada on las aulas do latinidad hasta
miestnifi dias: el Arta de Nebrija.
Segiin este principio, la expresión de Oarai, no c
elíptica, i la explicación del señor Barait no la cúmplela,
eánu la paraírasea.
He dicho que, aceptando la doctrina det párraro copia-
do, sería facilísimo jusUlicar muchas locucinnes iiidosas.
Por ejempNi, «libei-al al exceso» es una expresión censu-
rada justisiinaiiicnte por el scñ'ir Barallj pero se podría
lejitimar subentendiendo Uherai hasta llegar aí exceso.
sAllí fnó el deüoar de la espada de Animlib», es una
locución de Corvantes que el señor Barall desaprueba;
entiéndase el auxilio, la posesión de la espada, i la locu-
ción no será incorrecta, sino elíptica.
«No veo aquí a leer,» a\o veo aquí a coser,» son evi-
dentc«> galicismos, segun el señar Barait; mas, según el
mismo señor, personas muí competentes miran esas
construcciones como lejitimas en virtud de una elipsis;
«No veo, pues/o aquí a leer» o «a coser.» ¿Qué puedo,
sin inconsecuencia, oponer a este modo de discurrir el
eeñor Barait? La elipsis imajinada por esas personas
carece de todo fundamento cierto o probable; pero al fin
80 parece de tmlo a indo a ]a figura que los gramáticos
han llamado asi; lo que en verdad no puede decirse de
la suya en la explicación (.le la frase de Garai.
A USADA POR DE
El desprecio a ¡as leyes dice e! Diccionario que es una
mala expresión, i ordena so diga el desprecio de las leyes,
o el desprecio que se hace de las leyes.
Yo creo que os bueno lo uno i lo otro, i en jene-
ral mas claro a que de en las frases de este jénero. Hai
muchos sustantivos que significan afectos del alma ha-
cia un objeto exterior, i que se hallan en relación inme-
diata de parentesco, dígánioBlo asi, con verbos activi
de la miema sigiiificacion i raíz: apreciar, aprecio; dea-
preciar, desprecio; venernr, veneración; aborrecer, abo-
rrecimiento; odiar, odio; teiner, temor; etc. Estos sus^
tantívos pueden, por lo tanto, uaarae activa o pasivi
mente; en «el desprecio a las leyes o de las leyes»
BÍgnificado es pasivo, porque las leyes son la cosa des-
preciada; en «I^os primiíivus cristianos se sometian
heroicamente a las persecuciones i al desprecio del
mundo,» el sentido es activo, porque el que desprecia
ea el mundo. Por conaiguienlo, el desprecio del viundo
es de suyo una expresión aníibolójica. Así «é
del raundo era la gloria de los primitivos crisUan*
admite dos sentidos: los primitivos cristianos se glorii
ban de despreciar el mundo, o de ser despreciados por
el mundo. Dígase a en el primer sentido i de en el
segundo; i ccaará todo peligro de duda. Si no me equi-
voco, el uso del dia autoriza, en las construcciones de
que hablamos, el réjimen a,- i no importa quo este uso
sea reciente, si tiene a su favor dos cosas nada insigni'
ficantes: la aceptación jenoral i la claridad. ¿Será inco'
rrocto decir «el desprecio de los primitivos cristianos
las vanidades del jnundo;u i deberemos dar la preferí
cía a la inelegante frase ael desprecio de las vanidades'
del mundo de los primitivos cristianos,» o a la perífrasis
■el desprecio de las vanidades del mundo que era propio
de loa primitivos cristianos?» El réjimen a tiene, pues,
en muchos casos, la ventaja de la brevedad. Recromién-
dalc ademas la analojia, porque hai sustantivos
piden precisamente a; «la veneración a las leyes,
obediencia a los majíatrados,» ala coní>agrac¡un a Dios,
etc., frases tudas que, pur lo luénus, se presienten
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obnas i natar-ilisiinas elipsis, ooinrt la \-eDcmcion, i la
obediencia que se debe, la coneogracioi) que se hace, elo^
En resolución, haí casos en que parece indiferente a
o de en el sentido pasivo: «el temor a la muerto o de la
muerte;» i casos en que la claridad de la sentencia pide
exclu-sivaniente a en el mismo sentido: «el odio a los
Uranos. B Cuando concurre» ambos sentidos, deben evi-
tarse circunloquios rastreros, distinguiéndolos con las
respeciivas preposiciones: «el miedo de los niños a la
oscuridad.» El sentido activo pide siempre de. Yu croo
representar de esle modo el uso corriente del dia. Se
recomendaran otras frases como mas caslizas; pero ¿qué
quiere decir castizo? antiguo, i nada mas. ¿I no sería
pormilido a las lenguas rtíjuvenecerso, mientras conser-
ven su organismo, mientras lo nuevo so incorpora a lo
viejo, sin hacer violencia a sus Iiábitos conocidos?
El Diccionario r craso considerar al adjetivo
como sustantivado en frases como lo bueno, lo malo, lo
ritil, lo noi^naly porque en ellas el verdadero sustantivo
08 lo, como lo es en lo de ayer, lo de dominio público,
lo de los magos se les creyó, que dice Quevedo, hablando
de ciertos valentones que se alababan de haber pasado
muchos trances i riesgos, a no ser que se diga que de
ayer, de dominio público, de los magos, son expresiones
sustantivadas, lo cual sería trastornarlo todo.
No tienen nada do sustantivos las frases de ayer, de
dominio público, de los magos, ¿Cómo no se ve que se
dice lo de ayer exactamente como la cosa o las cosas de
ayer; que una palabra que envuelve la idea de cosa o
sustancia es precisamente sustantivo; i que, si las pala-
bras se distinguen unas de otras por su oficio, ninguna
INTRODl'CCION CVII
ejerce el del sustantivo mas indudablemente que lo?
Nada de esto se ve, porque la censurable rutina pone a
los sabios una venda en los ojos.
Los neutros ello, lo, esto, eso, aquello, tienen la par-
ticularidad de significar una cosa o muchas sin determi-
nación de número, i por lo tanto, sin variedad de termi-
nación, pero construyéndose con el singular de los
adjetivos i de los verbos, como los nombres colectivos.
Pero sea de esto lo que se fuere, no hallo para qué
se nota como una particularidad la construcción de
-normal i anormal con este lo, porque de cualquier mo-
do que ello se explique, es propiedad comunísima de
todos los adjetivos. Otra cosa notaré, i es la etimolojía
de ariormsl que en el Diccionario de Galicismos se hace
venir del griego, viniendo directa i -acertadamente del
latín donde tenemos el sustantivo noi^ma, que se conser-
va sin alteración en castellan % i el derivado abnormis,
donde basta la letra b para que se rechace la idea de
toda derivación i composición griega.
ALUSIÓN
No se dice en castellano hacer alusión, según el señor
Baralt, porque el carácter de la alusión no permite que
se haga, sino que se dé a entender o se indique. Hé
aquí una sutileza metafísica que no está a mis alcances.
¿Conque el que solo indica no hace nada? ¿La indica-
ción no es un acto tan verdadero i positivo, como la
manifestación, aunque de distinta especie? La Academia
se sirve de la frase hacer referencia; i en su DiccionaHo
parecen una misma cosa la alusión i la referencia, o si
la primera se distingue de la segunda es como la especie
CVlll OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
se distingue del jénero. Por lo demás, de la diferencia
que señala el señor Baralt entre ambos vocablos pudiera
sacarse un excelente artículo para un diccionario de
sinónimos.
ANTAGONISMO
Antagonismo i antagorusta son vocablos cognados que
se derivan de una misma raíz griega, i significan literal-
mente contralucha i contraluchadores; pero en griego
se extendió a toda especie de combate o contienda, aun-
que mas particularmente a la competencia en los premios
jimnásticos conque se celebraban los juegos solemnes
i los funerales de personajes distinguidos. En castellano,
antagonista es lo mismo que adversario, contendor,
rival .
¿Se puede dar la misma extensión al significado de
antagonismo? Parece que sí por la cognación de estos
dos vocablos.
Creo, con todo, que esta palabra antagonismo ha sido
tomada del lenguaje técnico de la anatomía, en que se
llaman músculos antagonistas los que tienden a produ-
cir movimientos contrarios, como los que hacemos para
levantar o bajar un brazo, i antagonismo esta oposición
de tendencias, de donde infiero que debería limitarse
esta voz en su sentido metafórico, a la contrariedad de
tendencias que depende de la naturaleza de las cosas, i
que podría mu i bien concebirse i decirse que: «Hai an-
tagonismo entre el comercio i la industria fabril.»
.VPAnECKU
— «Entonces fué cuando por primera vez se le apareció
INTRODUCCIÓN CIX
la idea del mal,x> leo en una novela. Como para los es-
pañoles, la idea del mal no es ímájen milagrosa, ni alma
en pena, sombra, espectro, ni cosa que lo valga, dicen
en tal caso: <rEntónces fué cuando.... se le ocurrió la
idea del mal.» —
No concibo cómo se pueda preferir; «Entonces fué
cuando por la primera vez se le ocurrió la idea del mal,i>
a una frase tan pintoresca i enérjica como: ocEntónces
fué cuando se le apareció la idea del mal.)> Precisamente,
porque el aparecerse se dice propiamente de las sombras
i espectros (como supone el señor Baralt), la idea del mal
es en la frase criticada como una sombra o espectro
para el alma a quien por primera vez se presenta. Se le
ocurrió es aquí lo mas prosaico i rastrero que podría
decirse.
«Reducida de este modo a sus verdaderos elemento»,
aparece la relijion como un poderoso i fecundo principio
de asociación i cultura.» Para quitar a aparece, sustitu-
ye el señor Baralt la perífrasis se manifiesta en su verda-
dero punto de vista de poderoso ^ etc. Si aparecer qs nco-
lójico en este sentido, debe admitirse como necesario,
tanto mas que viene inmediatamente de la raíz latina
appare7-e.
— «Su vida, como la vida de las flores, se redujo a
aparecer un dia para morir al siguiente.» ¿No sería me-
jor: «Su vida, como la de las flores, está tan unida
al morir, que brilla un dia i al siguiente desapa-
rece?» —
Es una linda i poética sustitución la del señor Baralt;
pero nadie está obligado a decir lo mejor: lo bueno bas-
ta. Lo que yo quisiera quitar del ejemplo es el árido i
al)Stracto se redujo. Sería mejor como una flor, i conti-
CZ OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
nuar no hizo mas que. Ademas, desaparecer lejitima a
su simple aparecer.
APARTK
Parece ser una regla de crítica en el Diccionario de
Galicismos que una frase en que todas las palabras se
toman en su sentido propio, i su construcción es clara-
mente castellana, no es permitida, si existen palabras i
una construcción semejantes en francés.
Dice el señor Baralt:
— aAparte de todo lo que hai de desgracia en este ac-
cidento, ya se comprenderá hasta qué punto es irrepara-
ble la pérdida, etc.» leo en un periódico flamante. En
pocas palabras, tres galicismos. —
Que punto significa término, extremo, grado, lo con-
vencen las frases castellanas: ccSu osadía llegó hasta el
punto de....» «Su osadía llegó a tal punto que....» reco-
nocidas como lejítimas por el señor Baralt. Que se cons-
truye lejítiniamente con hasta, estos mismos ejemplos lo
prueban; i si es así, ¿por qué no hemos de decir: «Hasta
• qué punto es capaz de cegar a los hombres una deslum-
brante prosperidad , las alteraciones de la vida de Napo-
león lo han hecho patente?» ¿Qué tiene hasta qué punto
para que hayamos de ponerlo en el índice del expurga-
torio? La circunstancia de hallarse en francés la frase
jusqu^ d quel point, que es de todo a todo semejante:
no hai mas. Pero, si hubiéramos de desterrar del caste-
llano toda frase que pudiese verterse palabra por palabra
de otra lengua que tiene tanta semejanza con la nuestra,
como hija de la misma madre, ¿qué sería del caste-
llano?
INTRODUCCIOIV i:XI
APRBGIABLB
Es claro que, como derivado de apreciar, se le pueden
aplicar lejítimamente todos los sentidos de su raíz. Por
otra parte, apreciar en el sentido de poner precio es pa-
labra autorizada por la Academia, que también la reco-
noce como lejítima en la acepción de califícar, graduar,
estimar. A esto me atengo. Por consiguiente, es aprc-
ciable un sonido cuando se puede determinar su tono,
el lugar que ocupa en la escala; i se puede mui bien
decir que: «La razón del diámetro a la circunferencia no
es rigorosamente apreciable;» i que: ocLos mínimos tras-
cursos del tiempo, como un décimo de segundo, por
ejemplo, son imperceptibles a los sentidos, i solo pueden
apreciarse por medio del raciocinio o de los instrumen-
tos injeniosos de que se sirven los astrónomos.» Los
equivalentes propuestos por el señor Baralt, o son vagos
como conjeturables y o perifrásticos como lo que puede
ser medido, o ambas cosas a la vez, como lo que puede
o no ser discernido.
¿Qué podría sustituir el señor Baralt en el sentido de .
que se trata? conjetura? discernimiento? posibilidad de
medirse?
Apreciación es menos castizo que aprecio, i preferible
con todo, porque aprecio tiene variedad de acepciones
que lo hacen algo anfibolójico.
ATENDIDO
El señor Baralt está mui mal con el uso del participio
atendido en estas frases de Clemencin:
CXII OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
«Es mas verosímil, atendido su carácter satírico (el de
Cervantes) i poco afecto a la Mancha, que en esto quiso
ridiculizar a los níanchegos.»
aAtendidas las ideas comunes de los de su linaje i
profesión, mas debió serle asunto de asco, que de ri»a.]>
Juicio es este a que no podemos asentir. Atender es,
según la Academia, verbo ya neutro, ya activo: prestar
atención a, tomar en consideración, de lo cual se sigue
que tiene el participio atendido, atendida (tomado en
consideración) i el derivado atendible (digno de tomarse
en consideración). Siendo esto así, ¿por qué han de ser
galicismos excusados i hasta groseros las expresiones
conocida la relación, atendidas las ideas, modo de hablar
tan jeneralizado en el dia? Porque tenemos las expre-
siones atento a, atendiendo a i otras varias. Pero el que
dice atendidas las circunstancias, atendido el caso^ no
introduce nada nuevo en castellano, si se ha de estar al
Diccionario de la Academia, pues por una de las reglas
mas frecuentes de nuestra lengua, de todo verbo activo
nace natural i lejitimamente un participio pasivo, como
nace un jerundio, como naturalizado un extranjero, na-
cen después ciudadanos por el mismo hecho sus hijos
lejítimos.
Pero dice el señor Baralt que el caso de Clemencin
no es el de los ablativos absolutos latinos, porque,
— puesto que así sea, la frase completa equivale a están-
do o siendo atendido su carácter, estando o siendo atendi-
das las ideas, modos de hablar que no son castellanos. —
En castellano, no tenemos ablativos absolutos, porque
no tenemos ablativos, ni aunen los poquísimos nombres
que se declinan por casos. ¿Cómo podría ser ablativo
absoluto, ni ablativo ninguno yo testigo, en el sentido
INTRODUCCIÓN CXII|
de siendo yo testigo (que es uno de los ejemplos del
señor Baralt)^ una vez que yo no se usa jamas como caso
oblicuo, sino como caso nominativo?
El señor Barait llama locuciones bárbaras las que se
forman con los jerundios siendo i estando i los llamados
ablativos absolutos. Bárbaras no son nunca, sino poco
usadas en ciertas construcciones castellanas, perfecta-
mente admisibles en verso. «No siendo suficientemente
atendidas las circunstancias de un hecho, es difícil cali-
ficarlo.» Puede sin duda expresarse lo mismo de una
manera mas elegante; pero ¿no hai medio entre lo ele-
pante i lo bárbaro? A nadie debe exijirse lo mejor,
repito; basta lo bueno, lo que carece de vicio. I téngase
presente que, no solo son los jerundios siendo i estando
los que pueden concebirse entre los supuestos ablativos
absolutos, sino otros varios, como serian quedando, ha-
llándosey pensando^ etc., i los respectivos participios
habiendo sido^ habiendo quedado^ etc. Después de todo,
es el uso jeneral el que decide. Pero, en el dia, ¿cuán-
tos serán (no siendo tocados de purismo) los que prefie-
ran atento a al participio de los ejemplos de Clemencin?
llágase la verificación, i juzgúese.
En cuanto a los llamados ablativos absolutos en jene-
ral, me parece mui fundada i sensata la opinión del
señor Barait, que los mira como proposiciones elípticas
subordinadas a otra principal. Yo no diria, con todo,
proposiciones, sino frases elípticas, tomando, por supues-
to, la elipsis, no en el sentido peculiarísimo del señor
Barait, sino en el antiguo i corriente de las gramáticas
de todas las lenguas. La elipsis se tomará unas veces
do un modo;otras, de otro: «Fuimos a la Merced; pero,
opúsc. 15*
ClIV OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
estando ya acabada la función, tuvimos que volvernos a
casa;» uLuegoque fué destruida, habiendo sido destruida^
hallándose destruida Cartago, volvió Roma sus armas
contra sí misma. d No cuento, entre los modos de llenar
la elipsis, una vez destruida, que el señor Baralt, acepta,
porque modificada así la frase, subsiste el ablativo abso-
luto.
ATRAVESAR
Es una expresión metafórica: «en los dias, los tiem-
pos, las circunstancias que atravesamos» ; i, si como se
dice, no se conoce en castellano para expresar este con-
cepto mas que el verbo aicanzar, no tenemos realmente
ninguno, porque entre los dos verbos hai una diferencia
obvia: «Aicanzarona la revolución francesa todos los que
la vieron; pero ¿cuántos de éstos la aírauesaron?» Hace,
pues, falta la acepción metafórica, i de seguro se jene-
ralizará, i la rejistrará la Academia, que siempre lo ha-
ce en tiempo i razón.
^AUMENTAR
«Las disposiciones del gobierno aumentaron el
descontento popular;» verbo activo. «El descontento po-
pular so aumentó;» verbo reflejo, malamente llamado
recíproco. Hasta aquí creo que estamos conformes el se-
ñor Baralt i yo. Pero pasa a criticar como galicismo <rel
descontento popular aumentó»; verbo neutro. Sin em-
bargo, se dice correctamente, según el mismo caballero:
«el dia ha aumentado do calor» , donde aumentar es evi-
dentemente neutro. Dícese, es verdad, que debe enten-
INTRODUCCIÓN CXV
derse por elipsis; oel dia ha aumentado ía fuerza de su
caíor.» Entiéndase, pues, adoptando la misma elipsis; ael
descontento popular ha auineiitado su fu^rza-n; i asunto
concluido. El tránsito de los vcrbny activos a neutros
e<t virtud de su jencralizacion, es un hecho frecuentísi-
mo, i pudiera decirse un procedimiento á)ntÍnuo, aun-
fjuc gradual de las lenguas. Consulte el señor Barall,
por vida suya, la Minerra del iluslre filólogo capaiíol
Francisco S;inchez de las Brozas, i lea su capítulo Da
verbis nculris vel faLsoin dictis, i escandalícese.
ATENUANTE
Como adjetivo sustantivado, no tiene nada que sea
contrario a la índole de la lengua castellana, en que son
muchísimos los sustantivos que no han tenido otro orí-
jen, como oyentes, circunstantes, asistentes, delincuen-
tes, vecinos, advonediíos, eclesiásticos, seglares, anti-
guo», modernos, los Irájicos {Epiíttuln Moral de Rioja),
los afrancesados (Diccionario de GaHcismos), los doctos,
los ignorantes, nombres apelativos de personas; llanos,
d^erlos, yermos, trópicos, paralelos, esferoide, elipsoi-
de, romboide, tanjente, secante, móvil, premisas, antece-
dentes, nombres apelativondeconas. En el U'iifíimJR técnico
delaestética, Iciioinos los corrieiitcmcnte usados fií bello,
e¡ sublima, el pntétíco. En el uso medical de aíenuafiíe,
eo entiende obviamente meíiío, ■medicamunlo, i lo mismo
puede aplicarse a excilante, estimulante, emoliente, (fi-
níante, etc.: aSc administraron al enfermo los mas acti-
vos eslimulantos.s Desde que un adjetivo o clase do ad-
jetivos, a fuerza de construirse amonudo con un sustan-
tivo delorminado lo sujiere de suyo, tarda poco la len-
CXVI OPÚSCULOS LITEKAniOS 1 CRÍTICOS
giia en suprimir el sustantivo, embebiéndolo, por decir-
lo así, en el adjetivo, que de esta manera se sustantiva;
i esto en muchos casos hasta el punto de ofendernos co*-
mo redundante i desapacible al oído la frase primitiva
completa. La elipsis es uno de los mas positivos i pode-
rosos ajenies en la vida de las lenguas.
AÜTOmOÁD
Se califica de superfino el adjetivo en autoridades
constituidas; pero confieso que no entiendo el raciocinio
con que el señor Baralt pretende probarlo. — Voz super-
fina (son sus palabras textuales), porque, entre nosotros,
quien dice autoridad entiende i da a entender que es
autoridad constituida ^ esto es, establecida conforme a
las leyes, o establecida de suyo, pero de un modo eficaz;
donde no, o es autoridad ilejítima, ilegal, usurpada; o
no es autoridad ninguna, porque carece de fuerza i efi-
cacia. — Según eso, hai autoridades ilejítimas i autorida-
des impotentes que carecen de la fuerza necesaria para
hacerse obedecer. ¿No habrá, pues, ocasiones en que
convenga la denominación censurada para designar las
autoridades establecidas conforme a las leyes o las au-
toridades que, no siendo creadas lejítimamente, se sostie-
nen por la fuerza? «Autoridades ilegales (ilejible)....
la Ici a las autoridades constituidasi> donde es de ver que
una misma autoridad puede ser consliluida c ineficaz.
BAJO
Se admite en el puntode vista de la justicia^ de la con^
veniencia; i se critica bajo el punto de vista. Sea en hora
INTRODUCCIÓN CX VI I
buena. No encuentro que la Academia haya reconocido lo
uno ole otro. Observo también que lus equivalentes
por cuadrar a muchísimos casos.
Examinar a todas luces no es examinar en o bajo un
punto de vista determinado. Examinar un asunto a la
luz do la razón o de la experiencia se refiere a los me-
dios de que se sirve el entendimiento para juzgar bien,
i no al termino a que se encamina, o al tema fundamen-
tal que se propíme establecer. No es lo mismo estudiar
a la luz de una lámpara, que dirijir a ella la vista.
Pero, en conclusión, ¿se debe decir en o bajo el punto
de vista? Aunque yo he diclio siempre bajo, confieso
que, leído el Diccionario de GalicismoSy me encuentro
algo suspenso. Después áe todo, si bajo es comunísimo
en eldia, i cuenta ya sus cincuenta años de antigüedad,
como testifica el señor Barait, podemos emplearlo sin
escrúpulo. Si el uso lo admite hoi, la Academia lo san-
cionará mañana, según un modo de proceder liberal i
circunspecto a la vez.
BASTANTE I BASTAR
Bastardara es lo corriente; pero bastarse es admisible,
i aun tiene la ventaja de ocupar menos espacio en verso,
cosa no tan insignificante como pudiera parecer, porque
el castellano es una do las lenguas que dicoii inónos en
iírual número de sílabas (ilejibhV)
HAT IR
Batir el monte no es •simplemente explorarle o descu-
brirle, sino recorrerlo, dando gritos i haciendo estrépito
CXVIll OPÚSCULOS LITKUARIOS I CRÍTICOS
para que, espantadas las reses, salgan de sus guaridas i
vengan a los puestos donde las aguardan los cazadores; i
en este sentido, no es francés, sino purísimo castellano.
Véase el Diccionario de la Academia en batida.*
En muchas vidas de santos i de varones piadosos, se
lee la frase estereotipada: Pertransit bene faciendo.
Del mismo modo, en la biografía del primer rector de
la Universidad de Chile puede escribirse con toda exac-
titud: Pasó su existencia enseñando.
El majisterio de don Andrés Bello ha continuado ejer-
ciéndose aun después de su fallecimiento, no solo por
sus obras impresas durante su vida, sino también por
las producciones publicadas después de su muerte.
Miguel Luis Amunátegui.
* El Diccionario de la Roal Academia da a la expresión batir el
i)io?)¿e la acepción sostenida por Bello.
OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
§eeeea €>Q3Cw7iorr r uoooooocuc czzzzzzzzz^zzzz¿zz^::i, • ■^7. : .-
•* • •
DEL RITMO I EL METRO
DE LOS ANTIGUOS
Una lengua que consta do sílabas largas i breves, cuyas
cuantidades se acercan sensiblemente a la razón de 2 a 1 , pue«
de sacar del orden i proporción en que estas varias sílabas se
suceden, diferentes especies de ritmos, desconocidos en las
lenguas modernas. Por ejemplo, sucédense las sílabas en tal
orden i proporción, que vayan formando pequeñas cláusulas
do cuatro tiempos, divididas en dos partecillas o incisos igua-
les:
For-mo | sam-reso | na-ro do | ees-Ama | ryl-lida | .
Este artificio no podia menos de agradar al oído familiari-
zado con la pronunciación i valor Icjítimo de las sílabas; pues
el placer que causa todo ritmo no proviene de otra cosa que
de la percepción de cierta regularidad simétrica. Lo mismo
sucedería, si en vez de la razón de igualdad entre las parteci-
llas o incisos, se guardase constantemente la razón de 1 a 2,
verbi gracia:
Li-cet I BU-por | bus-am | bu-lcs | po-cü | ni-a \ ;
At-ll I ía-brevi | bus-im | plT-ca | la-vi | po-rTs | ;
o la de 3 a 2; verbi gracia:
0PÚ8C. 1
• •
• • •
. *'/•"*• * OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
• • ••
• • •,
'•
• • •
O piiáljtíicra otra. En todas estas frases, hai verdadero ritmo, o
CQiñeñsuracion de tiempo; i aquella brevísima pausa que solc*
'%.mos hacer entre una sílaba i otra, o si se quiere, el tránsito de
►, -'sílaba a sílaba, es la acción o movimiento que señala i demar-
ca los intervalos de tiempo, i determina el ritmo.
Pero, en una lengua cuyas sílabas sean todas de igtial cuan-
tidad, no hai combinación alguna do palabras en que no so
puedan concebir cuantos ritmos se quieran, señalados por pau-
sas silábicas. Así esta línea:
Ya caminaba fujitivo Encas^
se puede reducir o al ritmo 2/>
Ya-ca I mi- na | ba-fu | ji-ti | vo E-nc | as;
o al ritmo V? ,
Ya-cami | na-ba fu | ji-ti vo E | nc-as;
O a cualquiera otro imajinablc; de que se sigue que en realidad
no tiene ritmo alguno señalado por pausas silábicas; pues lo
que se acomoda a toda especie de medidas, claro está que no*
puede ofrecer movimientos ni proporciones determinadas.
Este jénero de ritma en que las pausas silábicas ocurrían a
intervalos determinados i comensurables, era el fundamento-
de toda la versificación antigua, i lo que so llamaba ritmo por
excelencia. En efecto, ademas de las pausas referidas, los grie*
gos i romanos empleaban otros accidentes de las palabras para
otras medidas de tiempo, que, combinándose con la primera,
hacían mas compleja i artificiosa la estructara del verso; pero
estas otras medidas constituían lo que llamaban metro. Rit-
mo, en el significado jencral que le hemos dado hasta ahora,
abraza todos los medios posibles de reducir el razonamiento a
períodos i cláusulas comensurables; i por consiguiente, con
igual propiedad puede aplicarse al ritmo que al metro de la
antigua poética, o por mejor decir, los comprende ambos. Pero
no era esta acepción jeneral la que le daban los gramáticos í
filósofos de la Grecia i el Lacio. Lo que llamaban estos ritmo
DEt. niTMO I EL METllO liE LOS ANTIOL'OS
en SU3 versos, ora una parto sola del ritmo con quo estaban
cunstruiílos; i en el mismo significado parcial, voi a tomar esta
voz desdo altura.
En el pasaje ánles citado de Platón, se percibo a las claras
que el ritmo no tenia nada que ver con cl acento, sino con
aquol otro accidente de las palabras quo las hacía veloces o
tardas: i pjO;j.sj ix tsü -rr/íoí y.ú ppaüsj... y£y="'-- E^ ^^ notar quo
Platón no so sirvió aquí cíe laa voces comunes breve i largo,
^pr/ii; XX.Á ¡ji,iif):3; i la razon es obvia. Era indiferente al ritmo
que todos las cláusulas se formasen de sílabas brovcs, o quo
on ciertos [Mirajes se sustituyese a dos de éstas una larga. Pero
le era indispensable que cada cláusula constase precisamente
de cierto número de tiemiKís, i que los dos incisos de cada
cláusula tuviesen entro si una razon determinada. Importaba*
le la velocidad o tardanza de toda la cláusula, esto es, el nú-
mero de tiempos que comprendía, i le importaba asimismo la
velocidad respectiva del primer inciso al segundo; pero mien-
tras tales dimensiones fuesen constantes, no se cuidaba de quo
esta o aquella sílaba particular fuese larga o breve. El ritmo
computaba solamente los tiempos, i salva la razón do éstos, de-
jaba en plena libertad al poeta para mezclar a su arbitrio las
sílabas de una especie con las de otra.
Consideremos una cláusula r^triica, por ejemplo, la quo
consta de cuatro tiempos divididos en dos incisos iguales. Po-
demos formar una cláusula de esta esj>eLÍo con un pié espon-
deo, díictilo, anapesto, o proscelousmátieo. Por consiguiente,
una cláusula rítmica es como una fórmula abstracta, quo
contieno i envuelvo, si so permito tlecirlo así, varios pies. En
la ctóasula í/'j. se comprenden kis piós que acabo de nombrar;
en la cláusula '/i se comprenden el yambo i cl tríbraco; en la
cldusula '/i el troqueo i cl tríbraco; en la cláusula '/a el anfí-
braco, el anapesto i el proscoleusmático; etc. Había, pues,
tanta diferencia entre las cláusulas rítmii-as í los píes (aunque
algunos autores han confundido lo uno con lo otro), como la
quo liai entro lo determinado i lo indeterminado, entro el jé-
nero i la especie.
Las leyes det rilmo dejul)an, por su indeterminación, cierta
OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
libertad que el rigor i severidad del metro rehusaban frecuente-
mente al ix)eta. Las leyes particulares que daban al rihno
cierto aire i forma determinada, i que convertían cada «na de
sus especies- en innumerables especies de metro, se reducian a
dos clases, determinación de cesuras, i determinación de pies.
El ritmo era de suyo indefinido: las leyes irkétricas era lo que
le ajustaba a períodos de un número fijo de cláusulas -^ i para
señalar los distintos períodos, como también los distintos
miembros de cada período, se hizo uso de otra pausa mayor
que la de entre silaba i silaba, es a saber, de la pausa entre
dicción i dicción, llamada cesura, i reforzada frecuentemente
por aquellas otras pausas que el sentido requiere. El verso
anapósticadrmetro, por ejemplo, era un período de cuatro cláu-
sulas 2/^, en que, ademaí^ de la cesura final que le cerraba, de-
bía realzarse con cesuras intermedias el fin de las cláusulas, o
por lo menos la mitad del período. Pero las cesuras interme-
dias no siempre, ni aun las mas veces, dividían el período o
verso en partes iguales: por el contrario, en casi todas las es-
pecies de m^etro la estructura mas agradable era la que cortaba
el períoda en miembros de desiguales dimensiones. Finalmen-
te, asi como se exijian ciertas cesuras, se evitaban cuidadosa-
mente otras.*
La determinación de pies constituía la otra diferencia entre
el ritm.0 i el m.etro. Por ejemplo, el hexámetro heroico era
un período de seis cláusulas ^¡2, pero que no daba lugar ni al
anapesto, ni al proscdeusmático, i en la sexta cláusula ni aun
al dáctilo.**
* Ilhythniis libera spatia, metrís finita sunt. Quiíitiliano, InstiluLio
Oratoria, XI, 4.
** Rhythnii spatio tomporum constante metra etiam ordino, ideoquo
alteruiu cssc quantitatis videlur, alleruin qualitatis.... Rhythinus aut
par ost, iit daetyhis.... aut sescuplex, ut pajon.... aut dúplex, ut
iarabus.... Sunt hi et metrici pedes; sed hoc intorcst, quod rhythmo
indifferens est, dactylusno illo priores habeat breves an sequentes;
in versu pro dactylo poni non potest anapa3sLus aut spondícus, nec
pajon eadem ratione a brevibns inciplet at desinet. Ib.
Arislídes Quintiliano define al ritmo, íóiTr^iJia ir. /y'j^toy xará T.va lá^-.v
>uYXc'.;jLfvo)v. Hablando de los metros, dice que U iwv tíoowv auvi'aiavTat, i
UBL RITMO I BL MSTRO DE 1X18 JUmSTlOa
Para hacer ovideijto la ilircroncia entre el ritJno i el metro
de Jos autoroa griegos ¡ latinos, analicemos por menor el hexá-
metro heroico. Las leyes rítmicas pedían solamente una serie
de cláusulas '/í. Las leyes íii(!ifjcas preecribian, en primer
lugar, una cesura al fin de ciwla sext;i cláusula, mediante lo
cua! resultaba retlucido el ritmo a pcríüdog de determinada
ejctensioi). En segundo lugar, pedían que de los cuatro píes
que formaban cláusulas 7í. «olo «9 admitiesen el espondeo i el
dáctilo; en otros tiirminos, pedían que todos los primeros in-
cisos (que sin faltar al ritmo (lodian formarse con una sílaba
larga o con dos breves] se formasen constantemente con una
larga; mediante lo cual dobian tener todos ellos, no solo una
misma duración, sino un mismo aire i movimiento. En tercer
lugar, cxijian í[Ha la última cláusula fuese siempre espondeo.
1 en cuarto lugar, que de las varias estructuras que podían
dar al período la.s cesura? intermedias, se profirieran las que
le cortasen en dos o tres miembros desiguales, según so vo en
CEtos vefsos;
11.
lu.
Oderunt peccara boni ] virtutis amore.
10. U.
Ut jugulonl liomtncrn | surgunt de nocte latrones.
II. 13.
Lalittur ct labetur | in omnc volubílis a;vum.
r. 8 10
Ingentes; | vallomquo bovos, | amnemquc lonebant.
8 C 10
Impulit in latas, 1 ac ven ti, j volut agmino facto.
Pero si el poeta violaba alguna de estas leyes, introducien-
do, por ejemplo, anapestos o proscelcusmátícos, el metro de-
jcncraba en mero ritmo; por lo cual en estos versos;
Capitibu' nutantes pinus, roctosque cupressoB,
Helanurum, turdum, mcrulamque, umbramquB
define al metro en joneral, t
IV o'jUx^v ouYxi'iitvd
<J OPÚSCULOS LITEIIARIOS I CnÍTICOS
infrinjió Enio la severidad del ynelro, i se arrogó una licencia
rítmica. Lo mismo succdia, si se colocaba un dáctilo en el
isexto lugar, como expresamente lo dice Terenciano:
IIoc sat erit monuisso, locis quod quinqué frcquenter
jugcm V ídem US invenir! daclylum.
Sed non el sexlum pcs hic sibi vindicat unquam,
nisi quando rhythmum^ non metnim componimus.
Namquc metrum ccrtique pedes, numoriquc coerccnt,
dimensa rhijUimum conlinct lex tcmporum.
Cualquiera percibirá que tanto las leyes rítmicas como las
métricas tcnian por objeto asimilar las cláusulas a los perío-
dos; i aunque es verdad que las varias estructuras del hexá-
metro heroico, en cuanto dependientes del número i tamaño
de los miembros en que le distribuían las cesuras, no se suce-
dían en series uniformes; sin embargo, refiriéndose en cada
estructura a cierto modelo que existia de antemano en la mente
de los lectores u oyentes ejercitados, debía producir el placer
que en todos casos resulta de la regularidad do dimensiones.
Sabido es también que, aunque una sílaba larga i dos breves
fuesen una misma cosa para la níedida del tiempo, no lo eran
en cuanto al aire, movimiento i expresión que daban al verso.
Las sílabas breves se precipitaban; las largas parecían moverse
con sosegada lentitud. Aquellas convenían mejor a ios modos
de ser de nuestra alma en que las ideas se agolpan í se suce-
den unas a otras rápidamente; estotras al contrarío decían
.mas bien con la serenidad del espíritu, con los asuntos solem-
nes o melancólicos. Debia, pues, la constante recurrencia de
sílabas largas en los primeros incisos de las cláusulas dar al
verso una marcha constantemente gravo i majestuosa; í al
mismo tiempo quedaba al arbitrio del poeta formar los segun-
dos incisos con largas o breves para producir aquella variedad
de aires i movimientos, que, sin perjuicio del carácter jeneral
do esta especie de metro, se conformasen con la variedad do
asuntos; a cuyo efecto contribuian en gran manera las dife-
rentes proporciones do los miembros, i la colocación, a veces
DEL nrraQ i bl hetho va i.c» AinietiDs
nntural i esperada, a veces extraña, i aun irregular de las ce-
suras.
Períodos lialiia también que se componían de varias especies
(lo ritmo. El verso sáfico, por ejemplo, constaba de cinco cláu-
sulas, de las cuales (segan 1» manara de Horacio) la primera,
cuarta i quinta eran troqueos; la segunda, espondeo; la tercera,
dáotile; i por coasiguiente, el riliiio era unaa voces do la espe-
cie */i, i otras veces de la especie ^¡2.
En lín, habia períodos on que no solo variaba el ritmo con
arreglo a leyes fijas, mas aun se dejaba en algunas cláusulas
al arbitrio del poeta el escojer entre ciertos ritmos, de lo cual
tenemos ejemplo en el Kenario yámbico de la trajedía, que en
liis cláusulas parca exijia el rihno '/!, i íí" Im imparea el mis-
mo ritmo u el 2/.j. consintiendo aun mayor libertad el de la
comedia.
Conocíanse, pues, tres clases de períodos. En los primeros (que
»e adaptaron a la epopeya, el poema didascálieo i la elejta),el
ritmo tím uno mismo en todas las cláusulas. En los segundos
(que, por mas apropiados para expresar el tumulto de las pasio-
nes, so adjudicaron principalmente a la poesía lírica), variaba
el ñtmo, pera con arreglo a Icyea lijas, que determinaban sus
nutaciones i el ¿nlen preciso en quo debían verificarse; lo cual
era nuccsaríu para adaptarlos a la música. I los terceros (que
por acercarse mas al habla común se creyeron los mas a propó-
sito para el drama), irernütían cierta variedad irregular de T-ií-
TttOS, en quo so dejaba mas ([ue en los otros jónoros de metro
a la elección o uunvcnicneia del poeta.
Pero, adornas de estos pc(]ucñon períodos, llamados versos,
había utrof* mayores, llamados sistomas o estroras, en que en-
tralKtn grannúmeríi de aquéllos, Los sistemas pueden reducirse
a la» mismas tros clases que loa versos. El dístico clejlaco, por
ejemplo, es un sistema en que el rit mo es invariablemente Vi-
El tetrá-stico sálico es un sistema compuesto de tres versos sá-
fieos, en que el ritmo pasa de ';'i a ^-j i de í/i a¡ ~¡\ en parajes
determinados, i do un ver.-íu adónico, quo consta de dos cláusu-
las !/• . Finalmente, unli-e las odas de Horacio tenemos siste-
mas compuestos enteramente de yámbicos, i alternativamente
OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
de seis, i de cuatro cláusulas, las pares V2 i las impares ^/2
o 1/2.
Cuanta mayor libertad se de al poeta en la formación del
metro j tanto mas ha de acercarse el verso a la prosa. Si tene-
mos, pues, presente que los conucos latinos usaban de mucha
variedad de metroSj que frecuentemente los mezclaban de un
modo irregular, que en muchas de las cláusulas podian escojer
entre los ritmos 2/2 i 1/2^ que no prestaban una atención es-
crupulosa a las cesuras, i que aun usurparon no pocas veces la
licencia de usar como breves las sílabas que solo eran largas
por la situación, i no por la naturaleza de la vocal, no extra-
ñaremos que Horacio, juez severísimo, i admirador apasionado
de los griegos, censurase tanta laxitud como contraria a la pre-
cisión i armonía métrica j ni que a Cicerón lo pareciesen los
yámbicos de la comedia latina desmayados. Pero el mismo
Cicerón apunta el motivo que tuvieron los poetas para adoptar
aquella manera de versificación en la comedia, propter simi^
litudinem scrmonis; i aun mas claramente el delicadísimo
gramático Terenciano Mauro:
Sed qui pedestres fábulas socco prcmunt,
ut qua3 loquuntur sumpta do vita putcs
vitiant lambón tractibus spondaicis,
fidomque fíctis dum procurant fabulis,
\n metra peccant arto, non inscitia.
La causa de que las estrofas líricas pareciesen prosa, como
lo testifican Cicerón i Dionisio de Halicarnaso, era diferente.
En los períodos monorritmicos (verbi gracia, el hexámetro he-
roico), la semejanza de las cláusulas entre sí era bastante para
distinguir el verso de la prosa, aunque se profiriese uno solo;
pero si el período constaba de muchos ritmos que no forma-
sen una serie simétrica (verbi gracia, el sáfico), era menester
oír muchos períodos, para que pudiese encontrarse aquel orden,
aquella simetría, de que dimanad placer de toda versificación.
Semejantes períodos, para el que no se había familiarizado con
ellos de antemano, i que, por tanto, no podía referirlos a un
modelo intelectual, considerados cada uno do por sí, no se di-
IffiL Hiraa I BL HKTHO DB LM ANTtOtlOS
foroncinban do la prosa, ApliciuemOH esto por via de iluRlracion
al ritmo accntiuil de los modernos, lín cl verso octosílabo de
los liricus italianos;
Meco viéiii, o ascólta il qr:\l'}
3\isurríir dol vontíc¿-tlo,
oadft liiiea d« por sí ticno una simetría i[ua no se puede escapar
al oído ménOH cjci-citado; al paso que cu el verso octosílabo do
los dramáticos españoles:
Kn ol teatro dol mundo
todos son rcproscnli'mtes,
no hai mas simetría que la ([uo resulta de ocurrir el aconto
en cada séptima sílaba; i por consig:uicnte, cada línea de ¡mr sí
no se distingue de la prosa; de manera que cl ritmo se halla
eolamonte comparando una línea con otra, o lo que viene a sor
lo mismo, con un modelo que de antemano exista en el alma.
En este caso, pues, no es la semejanza de las cláusulas lo que
produce placer, sino la semejanza de los períodos.
Demos ahora un paso mas, i consideremos una estrofa que
no sea en si misma simétrica. El [ilacer resultará entonces de
la semejanza, no de los períodos, sino de los sistemas enteros.
Poro cuanto mas larga i compleja soa la cadena de ritmos
i de movimientos que se compara, tanto será mas diltcil perci-
bir la comeasuracion. Asi la semejanza de las cliiiisulas era
obvia, i no podia menos de halagar el oído mas torpe; la do loa
periodos no lo era tanto; la de las estrofas cortas, como las quo
Horacio adoptó en sus odas, lo era monos; t la de las estrofas
largas, como las do Píndaro i las do los coros del drama
griego, múnoa todavía. ¿Deberá, pues, parecer extraño quo
Cicerón i Dionisio no pudiesen sin mucha dificultad percibir
semejanzas quo consistían on la repetición do seríes larguísi-
mas, compuestas de elementos sumamente varios? Pero los
contemporáneos de Píndaro i Eurípides, que encontraban en
las obi-ds de aquellos poetas combinaciones métricas con quo
estaban familiarizados, percibían orden i hermosura donde el
oído de los griegos de eJades posteriores, i con mucha mas
10 OPÚSCULOS LITERARIOS I CUItICOS
razón el de los romanos, hallaba solamente un caos de ritmos
i movimientos diversos, sin gracia i sin designio alguno.
En los ditirambos, debía de suceder en parte lo mismo. Los
ditirambos no formaban estrofas o sistemas regulares; pero
probablemente se componian de períodos i de pequeños siste-
mas que eran familiares a los griegos, i que su oído reconocía
inmediatamente en la declamación o en el canto.
Creo que basta lo dicho para formar idea de la versifica-
ción griega í latina. Algunos pretenden que era el acento, así
en el ritniOj como en el metro antiguo, lo que señalaba las
cláusulas, a la manera que lo hace en nuestra poesía moderna.
Pero es difícil conciliar esta opinión con la doctrina de los
antiguos o con su práctica. Cuando en sus obras se trata de
versificación, de ritmo o de metros^ nunca se hace mención
de acentos, sino de cuantidades. Los retóricos que, como
Aristóteles i Cicerón, escribieron sobre el ritmo oratorio, no
hablan jamas de dicciones barítonas u oxítonas, como hubie-
ra sido natural si el ritmo hubiera tenido que ver con la
entonación; sino de yambos, troqueos, dáctilos, peones, i demás
variedades de pies. Lo único en que parece aludirse al acento,
es la división de las cláusulas rítmicas en ársis i tósis, esto
es, elevación i depresión; que unos quieren se entendiesen
simplemente del pió o la mano para compasear las cláusulas; i
otros opinan, apoyándose en la autoridad de Prisciano í Maria-
no Cápela, que se entendía también de la voz, señalándose con
aquellos movimientos externos los espacios de tiempo entre las
inflexiones de ella. Pero ¿en que sentido se ha de tomar esta
elevación i depresión de la voz? ¿Diremos que el acento agudo
de las palabras debía coincidir con el ársis de las cláusulas
rítmicas? La práctica de los griegos i romanos lo contradice.
En los hexámetros do Homero, por ejemplo, el ársis última
carece muchísimas veces de acento. En los de Virjilio i demás
poetas latinos, concurre de ordinario el acento con la última
ársis; pero en el hexámetro latino es frecuentísima la cesura
llamada pentcmímeris, que divide en dos partes iguales la
tercera cláusula, cerrando un miembro con el ársis, i dando
princíi>io al otro con la tesis; i como en aquella lengua no p^
ÜEL RITMO 1 EL METKO DE LOS AXTir.UüS 11
acentuaba la última sílaba, i los miembros del ¡Kíríodo métrico
no solían terminar en monosílabos, la consecuencia forzosa de
semejante estructura debía ser que el acento se hallase c^asi
siempre en la tesis do la segunda cláusula; verbi gracia:
Ar-ma vi | rum-«iuc cá | no,
Ty-tirc, I lu-pátu \ la»,
Vul-nus a | lU-\v ¡ nis
Los dos parajes principales del bexcunetro eran los finales de
los dos miembros en que lo dividía la cesura. Allí era donde
importaba, mas que en ninguna otra parte, contentar el oído.
Allí, pues, menos que en ninguna otra parte, se hubiera deja-
do de proporcionar al ársis una sílaba aguda, si este acento lo
hubiera sido esenciarl, o si la concurrencia de ambas hubiera
sido particularmente agradable.
Estas dificultades solo pueden salvarse recurriendo con Vossio
a la suposición verdaderamente triste i desesperada de que las
palabras no se entonaban en el verso conforme a sus acentos
naturales, sino, según lo pedia el metro, elevándolas constan-
temente en una mitad de la cláusula i deprimiéndolas en otra.
Pretendo, pues, Vossio que el hexámetro se entonaba así:
Tytirc, tu patult-e rccubáns sub tegmine fagi,
I el pentámetro así:
Labitur ex oculís nunc queque guita mcís;
i el senario yámbico de este modo:
Suís ct ¡psa Roma viribús ruit.
Pretende, en una palabra, que la estructura del metro tenía
por objeto poner en perixítua contradicción los tonos del verso
con los del habla; que la habilidad del poeta consistía en cons-
truir las palabras de modo que al declamarlas o cantarlas
fuese necesario dislocar sus acentos; i que el placer causado
por la versificación se cifraba en hacer una guerra perpetua a
los hábitos de los lectores í oyentes. Porque, sí así no era, ¿a
OPÚSCULÜM LITGnAHtaS t CHlTICOS
qu¿ fin evitar con tanto empeño en el pentámetro olojiacofli
terminarle con voz monosílaba que no fuese enclítica, cuandol
uabalnicntó una voz monosílaba i|lio no fuese encHtíca ora Idñ
que se necesitaba para que concurriese el acento con ol áraiaf
¿Qué cosa mas desatinada i absiinla pueJe iijiajinarse en nín-
giin sistema do versificación, qué procurar a toila costa dividir
el hexámetro heroico en la mitad da la torcera cláusula, cuan-
do esta estructura debia forzosamente separar el ársia i el
acento, en cuyo consorcio se supone que estaba vinculada la
armonía? Que los poetas no pudiesen siempre unirlos, aunque
lo procurasen, lo miraríamos como una prueba, o de su poo&«
destreza, o do lo incómodo de aquel artificio; pero no está e
esto la dificultad, sino en que los poetas procuraban frecucn*'!
temcnte separarlos. Con que os menester decir que el mérit» I
del \'erso griego i latino consistía cabalmente en lo conti'año'i
de lo que forma la belleza iTcl nuestro, que es la conservación
de los acentos naturales de las palabras; i de esto modo el
empeño de acercar dos sistemas rítmicos diferentes vieno a
parar en hacerlos contraríos e irreconciliables. No se puedo
sufrir la idea de un ritmo quo no esté fundado, como el nues-
tro, sobro los acentos, i se admite como racional i filosófica la
idea de un ritmo fundarlo en la total subversión de loa
acentos.
Mas vale atrepellar, como hacen otros, por la autoridad de
Quintiliano i de los gramáticos, i sentar desdo lue^o por prin-
cipio que, en materia de acentos no supieron éstos lo que se
dijeron. Bien es verdad que los que condenan los acentos de
las escuelas i de los libros sin mas motivo que el no poder
ajustarlos con su sistema, deberían indicarnos otras reglas de
acentuación, aunque fuese por via de hipótesis. Veriase enton-
ces quo la perpetua coincidencia del ársis con la sílaba aguda
lio solo repugna a la doctrina recibida de acentuación, sino
también a cualquiera otra, en que los acentos sean fijos, como
los de las lenguas modernas; pues, admitida semejante supo-
sición, unas mismas sílabas de unas mismas palabras debeu
sor agudas en un verso i graves en otro, según coincidan con
el ársis o con la tesis.
DSL IIITUO 1 EL METIIÚ US LOS ANTIGUOS 1-1
No Be que ninguno do los eacritorca antiguos^Jiaya'dichoquc
el ársis trastornase el acento natural cíe las palabra», pasándole
de unas silabas a otras; ni que en el vasto catálogo {le escolios
i comentarios ile poetas que nos han queilado, se i\¿ noticia ilo
un solo acento agmlo que se deba a la mera influencia del
ársis. Quintiliano i otros gratnáticofl, que nos informan de la
mutación del acento en las palabras, a consecuencia de la
agregación de enclíticos, que era común a la prosa con el
verso, i lie los alargamientos de silabas breves, que se permi-
tían en ciertas circunstancias al poeta, no íiubicran dejado do
hacer particular mención de la que el ársis producía, según se
(lícc, tan frecuentemente en toda especie de ritmo i de metro.
Existo un pasaje do Quintiliano, en que relierc que algunos do
sus contemporáneos acentuaban la sílaba (¡nal do ciertas pala-
bras para distinguirlas de otras en el sonido; i el ejemplo do
que se vale es notabilísimo. Dice que en estos versos do
Virjilio:
qu;i> cii-cum lUtorii, L*ii-cum
piscosoa scopulos
hacían aguda la última de clrcum; lo cual manilicsta que ni
ellos ni Quintiliano consideraban el tono de la sílaba anterior
como necesariamente afectado por el árais, pues una palabra
no jwdia tener dos acentos. Mario Victorino, después do decir
que el ársis i la tesis significaban ciertos movimientos del pié,
aiktde: Itcni aráis esí elatio icmporis, sonÍ, vocis; Ihcsís
depositio et quaidam contractio syllaburuvi. Lo que do
aquí parece colejirse es que el ársis obraba tanto en el tiempo
o cuantidad do las sílabas, como en la voz o acento; i pues no
vomos que abrazase la naturaleza de las 6Ílal>as bajo el primer
afecto, convirtíéndoias do breves en largas [prescindo de casos
rarísimos que no entraban en el proceder ordinario del arte),
tampoco so lia de creer que alterase sus cualidades tónicas.
No se puede dudar que el ársis de los antiguos era seme-
jante a a(]uoI impulso o movimiento que en la música moder-
na señala el compás, i quo no exijo de necesidad que la ñola
herida sea mas larga o mas aguda que las inmediatas, consis-
l'l 0PÍ;SCUL0S LlTEKAIilOá I CIlíTICOst
tiendo mas propiamente, si no me equivoco, en reforzar o arre-
ciar los sonidos, que en extender los tiempos o elevar los tonos.
El ársis cargaba sobre aquellas parajes del verso en que, o
ixrrpetuamente, como en los primeros incisos del hexámetro
heroico, o mas frecuentemente, [como en los segundos del ver-
so yámbico, entral>an sílabas largas. Pero el movimiento mé*
trico no alargaba las sílabas; porque era obligación del poeta
combinar las palabras de manera que su prolacion natural se
conformase con aquel movimiento. Sigúese de aquí que, si la
conexión del ársis con el acento hubiera sido tan íntima coma
la quo tenia con la cuantidad, el poeta hubiera puesto igual
cuidado en construir las palabras de tal manera que sus tonos
naturales formasen las modulaciones que el metro exijia. Con
arreglo a este principio, se habrían distribuido las cesuras; i la»
formas favoritas del hexámetro hubieran sido:
Poeni pervortontcs omnia -circumcursant,
Sparsis hastis longis campus splendet et horret;
las cuales no eran mas dificiles quo las otras. I pues vemos
que esta es cabalmente la estructura que los poetas ponían mas
empeñó en evitar, i que otro tanto sucedía en casi todas las
demás especies de versos; lo mas que puede concederse al ársis
en favor de Prisciano, Cápela, i Mario Victorino (que no son
autoridades de primer orden) es que, por un efecto del impulso
que so daba a la sílaba, se levantase un poco el tono, hacicn*
dose lo agudo mas agudo i lo grave menos grave; pero no
tanto que saltase la voz todo el intervalo que separaba lo gravo
do lo agudo.
Si en algunos mcLvos latinos, como el hexámetro heroico,
el pentámetro elejiaco, el senario yámbico, el sáfico, el glicó-
nico i otros, se nota una cierta distribución regular de acentos,
debe tenerse presente, lo primero, que estos se encuetran tan
frecuentemente en la tesis como en el ársis; i lo segundo, que
en la lengua latina eran un efecto necesario de la regularidad
délas cesuras.* Los griegos diferían casi siempre de los lati-
* Consideremos cl efocto do la cesuras cu una de las mas comunes
DEL niTMO I EL METRO DE LOS ANTIGUOS 15
nos en los acentos, i sin embargo se conformaban amcnudo con
ellos en las cesuras; con que éstas eran do la esencia del metro,
nó los acentos.
Como en nuestra pronunciación latina i griega no se con-
serva la diferencia de largas i breves, que era natural auna la
del ínGmo vulgo de Roma i de Atenas; como el ritmo consistía
en la medida de los tiempos que se gastal)an en pronunciarlas;
i como las leyes del metro no hacian otra cosa que imprimir
cierto carivcter i movimiento al ritmo, que era su fundamento
i la materia que informaban, claro está que solo podemos per-
cibir oscura i débilmente la belleza i armonía de la versilíca-
cion antigua. En latin, la división del perío<lo métrico en cier-
tos miembros por medio de las cesuras acarrea, como hemos
observado, cierta especie do uniformidad en la acentuación,
que no deja de agradar al oído, pero que, en todos los versos
que no tienen número fijo de sílabas, se acerca mas a la me-
dida informe i ruda de nuestro poema del Cid, que a la regu-
laridad exacta a que estamos acostumbrados en la versificación
moderna. Contraigamonos al hexámetro heroico. El acento de
la sexta ársis, que para los latinos caia casi constantemente en
un mismo paraje del vci'so, para nosotros, que damos a todas
las sílabas una duración scnsil)lemcnto igual, viene unas veces
mas temprano i otras mas tarde, según el número de espondeos
que hai en él. Lo mismo se aplica a los acentos que suelen
ocurrir en otros parajes. En suma, lo que para los latinos era
exactamente comensurable, sin dojar por eso de ser vario; para
nosotros no puede tener regularidad alguna, sino cuando a fuer-
formas dol yámbico trímetro, que los romanos Ilamnban senario; es a
sabcr:
=:. -1^- :¿|-w-|í:-w-I
iJcct siipérbus ámbiilcs pecunia.
Dada;) estas cesuras i pk's, el acento latino caia necesariamente sobro
los lugares que he señalado; pero en ^rieL'o, con los mismos datos,
admitía muchísimas variaciones; que, si no me eníraño en el cálculo,
suhiau a cincuenta i cuatro, prcscrindiendo de las diferencias de tono,
indicadas por las señales /, ^ , ~ ; i considerando el tono > como ver-
daderamente grave, subían a ciento cuarenta i cuatro.
za de lectura, nos hemos formado un gran niimero de modelos
o tipos, a que rcforimoa laa diversíaimaa formas de que es sus-
ceptible cada metro; en las cuales no puede hallar nuestro oído
aquella uniformidad de ritma, que n.iL-ia de la componsasion
de largas i breves. En estos versos:
Formoaam resonare doces Aniaryllída silvas,
Constitit akiue oculis Phrygia agmina circumapoxit,
Amphion Dircieus in Actieo Aracyntlio,
que formaban una misma especie de período rnétrico, i lo que
C3 mas, se componían do c-láusulas rítmicas de una misma
especie, el que no haya estudiado la prosodia i versificación
antigua apenas hallará la mas Hjera semejanza; i si con el
tiempo llega a hacerse agradable esta íncomenaurable variedad
do cadencias, es porque el lector se acostumbra a cada una do
ellas, i adquiere la facultad de reconocerlas, según se le pre-
sentan; de la misma suerte que reconocería cada diferente
especie do verso en una composición mezclada de rauclios, quo
lo fuesen de antemano familiares.
Hablo aquí meramente del placer del oído; i no pretendo dis-
putar el grado superior do deleito que experimentan los que es-
tán bastantemente familiarizados con la prosodia griega i latina
para percibir instantáneamente si las cuantidades que entran
en un período métrico son todas Icjitimas o nó. Para los que
poseen esta ventaja, cada silaba tiene su carácter, i el verlas
figurar conforme a él en combinaciones artificiosas, no puetlo
menos de causarles placer, tanto porque el ententlimionto
contempla en ello regularidad i orden, como porque so ha-
lla en estado de avaluar la <lificultad vencida. Pero esto placer
es puramente intelectual. Sé también quo el conocimiento de
las cuantidades redunda en Ijeneíicio del oido, haciendo que al
leer el verso retardemos o apresuremos las silabas para com-
pensar en algún modo el peso coa el número, Pero este mismo
partido que sacamos de las cuantidades, i lo que gana con ól,
aun tn nuestra imperfecta pronunciación, la armonía do los
versos antiguos, es una prueba experimental de la doctrina
común de los gramáticos, i del engaño que padecen los quo
DEL niTtfo I EL vetuo db los antiguos 17
quieren reducir el ritmo griego i latino a la regularidad de los
acentos.
Pasando do los versos latinos a los griegos, aquellas vis-
lumbres de armonía que nacen de la acentuación nos aban-
donan, i quedamos enteramente a oscuras. Entro dos hexáme-
tros acentuados a la griega, no hai amenudo mayor semejanza
por lo que respecta a los tonos, que entre un senario i un
hexámetro latinos. En estos dos hexámetros:
'HÓT£ TTjp á?BrP%cv £:r.cXáYci iz^t'Z't 5Xt¡v,
'Q'í apa ^túHTiZx r;xa7£v y.aAAÍTf./.a; í'jrrrsuí,
las cadencias de Homero se asemejan a las de Virjilio; pero
en estos otros:
*Q'í apa 9(i)*;r|7rr:£, xoO* Trrwv üjavrc,
XeTpa^ T* aXXr^Xwv AaJiTTjv, y.a\ Tr.rrwTarrs,
la acentuación es parecida a la del senario latino. Para evitar
este inconveniente, se sigue en muchas escuelas la práctica
de entonar el verso griego a la latina, que es en realidad enga-
ñarse, i querer suplir con una armonía extranjera al idioma
de los griegos la que el trascurso de los tiempos ha hecho
desaparecer de sus obras. Si nos acostumbrásemos a la que
resulta do la regularidad do las cesuras, i de la compensa-
ción de largas i breves, acaso no sería necesaria semejante
ilusión.
OPisc. 3
DEL RITMO LATINO-BÁHBAIK )
•■ . .'^'VS'''» • —
Harto sabidas son las causas que cuiTumpicron el idioma
latino. Su perniciosa iuílucncia comenzó a sentirse inmedia-
tamente después que los ilustres injenios del siglo de Augusto
elevaron aquel idioma al mns alto punto de perfección; i so
manifestó desde luego viciando las cuantidades, estoes, igua-
lando la duración de las vocales. Los metros latinos vinieron
entonces a ser lo que todavía parecen al oído de aquellos quo
no están familiarizados con la prosodia latina, esto es, uno»
períodos de duración incierta i de cadencias poco determinadas,
en que las graves i las agudas se suceden a veces con una oscura
apariencia de regularidad i simetría. Su composición continuó
sin embargo ajustándose a las reglas antiguas, pero solamente
en las escuelas, o por los que solicitaban la aprobación de los
intelijentes. En los cantares do la plebe, o en las oleras de los
que solo aspiraban a contentar oídos vulgares, ño se hizo ma,s
que imitar rudamente los versos de Virjilio, Horacio i Teren-
cio, despojados de aquel ritmo fundamental que consistía
en la compensación de las largas con las breves, i que era el
alma del metro.
La mayor parto de estas composiciones informes perecieron;
i las pocas que lograron sobrevivir a tantos siglos de barbarie
i desolación, no nos hacen mirar la pérdida de las otras como
sensible. De las mas antiguas que se conservan son las Ins*
Iruccioncs de Conmodiano, escritas a imitación del hcxáme-
*0 OPÚSCULOS LITEHARIOS I CIlÍTICOS
tro,* i el salmo .de San Agustín contra los donatistas, en
trocaicos octonarios, sin observancia do cuantidades.**
No pudiendo ya compensarse una larga con dos breves,
porque no habia ni breves ni largas, el número de las sílabas
vino a ser la única medida del tiempo. Redújoso cada metro
a número determinado de sílabas, para que la cesura o pausa
final ocurriese a intervalos iguales; i se conservaron como
esenciales a la nueva versificación aquellas cesuras intermedias
i aquellos acentos, que solían ocurrir en ciertos parajes do la
antigua. Por ejemplo, en los autores de la buena edad, el
senario yámbico terminaba frecuentemente en esdrújulo: pues
en los senarios yámbicos do la media latinidad vino a ser
aquel acento de la antepenúltima una regla invariable. Por un
* Instructiones adversas Gcnliuin Déos. lió aquí las primeras
lincas:
Prícfatio nostra viam erran ti demostrnt,
res pee t II mq lie boniim, cum vcnorit sccculi mota,
retcrnum fiori, quod discredunt inscia corda.
Kgo similiter erravi tempere multo,
fana proscquendo parcntibus insciis ip5?is.
Abstuli me tándem ¡nde Icgendo de lego.
Tostificor Domimín, doleo. Proh cívica turba!
inscia quod penlit pcrgens dees quajrero vanos, etc.
Sobro la edad do Conmodiano, que so cree haber vivido en Italia, i
aun en Roma, están discordes los eruditos. La opinión mas común lo
coloca en el sii^do IV de la era cristiana. Sebastiano Pauli, en su Di-
sertación sobre la poesía de los Sanios Padresi, le hace subir al II.
Lo mas probable es que floreció en el III. Véase Fabricio, Biblioífieca
latina mediie el infimoi xlatis.
** San Agustín destinó esta obra para el vulgo, como él mismo lo
dice: tVoleiis etiam causam donatistarum ad ipsius humillimi vulgi, ct
omnino impcrilorum atque idiotarum notitiam porveniro, psalmum
qui cis can tare tur.... feci.» (Retraclalio, I, '20.) lié aquí algunos versos:
Modum si exccssit Macarius, conscriptum in christiana lego,
vel loí^em rcgis reforebat, ut puíjnaret pro unitiite,
non dico istum nihil pcccasso, sed vestros pojores cssc.
Quis enim praícopit illis per Africam sic saívirc?
Non C'hristus, non ¡mperalor probatur hoc permisisse,
fustes et igncs prívalos, et insaniam sino lego.
motivo scmcjaiito, el yámliicj tr'.r 'rr.otrj ?.:;ilr-::j:- !■: la me-
dia latinidad se siií»?tj. no silo a la ce-jr.i •.::: Iv J:vi lia en
dos partes, la prini?ra lo vch j i I.i >:j".in l:i 'le siev? >íl;il»as.
mas también a dos a.-enlvs í; í_ i. i.iri'i :.rrn:r.Ar o- irimer
miembro en dicción eslríiiila. i oí soj-jn !.» en llann •> irrave,
estoes, acentuada so!:ir».* la p-'-ii'iilínin. K:i reso'u j::n. liació un
nuevo RITMO, que rolavo en lt-.t ;.\rt? lis cesuras i acentos
del metro anti^'^uj, disírihuv'n ;.ij:r a ínter. ?.1:'5 cuva única
-» • • •
medida era el número 1j las -ilitL :s.
La constante retraían lal d-j los acentos fuc el disiintivo de
aquel nuevo sistema :ur"i«. :•. a lo ni-.-nr-s de:? le que lleir«j a
tomar un carácter lijo: pues al prinjiíáo no pv\re?c que se hizo
mucho caso de los tonos. En efect-:». se conservan algunas poe-
sías de este jénvro, en que tudocl a:'ii!KÍo se reduce prescin-
diendo de la rima a la col cacion de las cesuras a intervalos
iguales, medi.los por el número de .s¡lal.»a>. sin la menor consi-
deración con el acento. Así está com¡>uesto por no citar mu-
chos otros ejemplos, el ritmo de San (.'olumbano, fundador del
monasterio Boviense, sobre la vanidad de la vida mortal; i gran
parle de los versos insertos en las epístolas de San Bonifacio
Moguntino.*
Aquellos versos de nuevo cuño, que eran en los que se delei-
taba el vulgo, se llamaron rítmicos, para distinguirlos del
metro, esto es, do aquellos versos que todavía se componían
en las escuelas i por los hombres de letras, con rigorosa obser-
vancia de las cuantidades-, conservando a cada silaba el mismo
valor que le habían dado los poetas del síltIo de oro. Pero no
* Miindus istc docivscit, | et quotidie tránsit:
nenio vivens ni.'uu'bit. | niilhis vivas rcmánsil.
Totiim hiinianum Lvnus | ortii utiturpúri,
ct do simili vita | fine cadit írqnáli.
Dofcrcntibus vítaní | niors incerta súbripít;
omncs supci'lms víil^os | mrrror mortis córripit....
Líibricum quod lál)itnr | conantiir colh'c^ore,
ct hoc quod se scdúcit | niinus linient crédcrc, etc.
Asi empieza el ritmo do San Columbano. í \'/»/í'níní Fpi'^tolnriim //í-
h^rnicanim Sijllmjn, a Jacopo l'sscrio.)
no
OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
debe confundirse el ritmo de la media edad con el ritmo de
Platón i Tcrcnciano Mauro. Los antij^^uos llamaron versos
rítmicos aquellos en que, desatendidas las leyes del metro,
que prescribían determinados pies, se guardaban solamente las
del ritmOy que so contentaba con cláusulas, en que los tiem-
pos se ajustasen a ciertas medidas i proporciones, consideran-
do siempre una larga como equivalente a dos l)rGves. Por
ejemplo, las leyes del m(?.tro llamado hexámetro heroico pedian
necesariamente espondeos i dáctilos; pero el ritmo de aquella
edad no oxijia tanto rigor, i se contentaba con cualesquiera
pies de igual duración a los expresados, dando lugar a los
anapestos i prosceleusmáticos. Por consiguiente, este ritmo
procedía sobre el principio de la compensación de largas i
breves. Pero el ritmo latino-bárbaro procedía sobre el principio
do que todas las sílabas eran iguales; i luego que llegó a la
perfección que era propia de su naturaleza, redujo todas las
especies de verso, ¡ todos los miembros homólogos de cada
especie, a determinado numero de sílabas; sin lo cual es claro
que no hubiera podido haber comcnsuracion de tiempos.
En todas las lenguas i en todas las edades, ha habido una
poesía vulgar i plelieya, mas licenciosa en su practica que la
culta i noble, ejercitada por los literatos. La poesía vulgar o
menos perfecta de los ])Uciios tiempos de la lengua latina se
llamó rítmica^ porque solo se ajustaba a la medida de tiem-
pos, que se llamó antonomástícamento ritmo; i la poesía
vulgar de los siglos bárl)aros se llamó iu'tmica, porque la anti-
gua poesía vulgar se habia llamado así, i porque ella también
se ajustaba a cierta medida do tiempos, que el oído indicaba;
violando, por consiguiente, las reglas de la prosodia escrita,
que habían dejado de conformarse con el idioma viviente. Bajo
otros respectos, liabia tanta diferencia entre uno i otro ritmo,
como hubo entre la pronunciación latina de la corte de Augusto,
i la de los monasterios del siglo X.
Sin embargo, el marques Maffei/ el caballero Muratorí,** i
* Di.<<inrt!t:innf* anpra i rcrsi vilmici, ni fin do su Stovia /)íp/oí?í;i-
tirn. ** Anliqíitotes ifaliiZ'-, Dissnrfalio VL.
DEL RITMP LATTNO-DÁRBARO 23
Otros críticos eminentísimos, confundiendo el uno con el otro,
imajinaron que aquellos versos ajustados a número fijo de
sílabas, i uniformemente acentuados que estuvieron en boga
desdo el siglo IV, se habian estilado desde la mas alta an-
tigüedad, i que en ellos se compusieron siempre los cantares
plebeyos i rústicos de los romanos. Cita MalTeí, en prueba de
ello, los versos saliares del tiempo do Numa i los versos satur-
nios. No ignoro la diíicultad de reducir las reliquias que de
ellos nos han quedado a metros regulares, i a un ritmo fun-
dado sobre la compensación de largas i breves; pero el mismo
erudito verones se hizo cargo de la corrupción del texto; i
aunque no se le hiciera, quedaría siempre por vencer la no
menos grave dificultad do reducirlos al ritmo de las edades
posteriores, el cual, por el número constante de sílabas i por
la regularidad de los acentos, tenia un carácter decidido, que
no es fácil equivocar con otro, ni se puede dejar de percibir
donde existe; i que ciertamente no aparece en aquellas anti-
guallas romanas. Los versos de la comedia latina, alegados
al mismo propósito,* tampoco le favorecen. El desenfado i
licencia del verso cómico se parecen mucho monos que la exac-
titud rigorosa del trájico al número fijo do sílabas i uniforme
cadencia de la poesía latino-bárbara; i no podía satisfacer al
oído en sistema alguno que no estuviese fundado . sobre la
compensación de largas i breves. I on cuanto a los versos
cantados por la soldadesca en los triunfos, los que trae Sueto-
nio se sujetan a las leyes del trocaico tetrámetro cataléctico.**
También se han buscado en el griego ejemplos de poesía no
sujeta a la observancia de cuantidades; i se cree haberlos en-
contrado en los ditirambos, i en las odas que corren bajo el
nombre de Anacreonte. Los ditirambos se componian de varios
r'ihnoSj i en el orden que éstos guardaban se sabe que se dejaba
* Exposé do l^ rlnsse d'hi<ifoire (*.f do litt'}rntur(: Ancicnno, juillot,
*• Lon \ovHOfi Galliam Cn'¡^nr futbtyjit, etc. son tan rosTularos como
cuíilesquiora trocaicos de Kurí pides. Los otros quo Irao Suetonio
siguen las leyes del trocaií?o de la comedia latina.
t¿4 OPÚSCL'LOS LITERARIOS I CRÍTICOS
mucho a la discreción del poeta, como que era una es])cc¡e de
composición, en que con el abandono c irroí^ularidal so solici-
taba expresar la ajítacion del alma; pero discurrir por eso
que aquellos versos tcnian alj^jo do común con el ritmo de
que habla Boda, es confundir cusas diferentísimas. En fin, el
doctísimo Godofredo Ilermann* ha manifestado satisfiíctoria-
mentó que las grandes licencias que se creia encontrar en los
versos de Anacreonto provenian o de las erradas lecciones
de los códices, o do la no menos errónea doctrina que liabia con-
fundido una especie do verso con otra, o de haberse prohijado
al lírico griego composiciones mo.lernas, escritas después que,
dejenerada también la lengua de Homero i do Demóstenes, so
introdujeron en ella los versos llamados -políticos^ esto es,
vulgares; en que, a semejanza de la poesía latina de la media
edad, so abandonaron las cuantidades.
La denominación de rítmicos dada a ciertos versos por con-
traposición a la de métricos, envolvió en todos tiempos la idea
de imperfección i do vulgaridad. Kl moíro fué en todos tiempos
el tipo o modelo a que so referían cuando se les cahíicaba de
imperfectos, i de aquí ha procedido el error do los que imaji-
naron que los versus inconcULi en que se deleitaba el rudo vul-
go en una época, eran los mismos que regalaban sus oídos en
otra. Mas, para desimpresionarnos do este error, basta hacernos
cargo de que la compensación do una larga por dos breves era
tan necesaria en una lengua que tenia largas i breves, como
hubiera sido absurda e imposible en la poesía vulgar de otra
lengua, que daba igual duración a todas las sílabas.
La variedad de acepciones de la voz ritmo íque creció en latín,
cuando se extendió este nombre a la rima) hace preciso que so
tenga algún cuidado en su uso. lUtmo, en su acepción mas
jeneral i antigua, es cualquiera división regular i simétrica
del tiempo. Los griegos llamaron particularmente ritmo la
que resultaba de la sucesión de sílal)as largas i breves, produ-
ciendo cláusulas de determinada duración; i en el mismo
sentido usaron esta voz los romanos hasta la edad de Teron'
• Klomcnta doclrinx metviciP, II, 3y. Edición do GIas<?ow.
ÜEL RITMO LATlNO-IiÁUIiAH.* '-íí»
ciano Mauro. Pero, en los siglos medios, so llamó hitmo la
medida del tiempo que resaltaba del número do sílabas i colo-
cación de los acentos, i posteriormente so dijo así también la
rima. Sería de desear que tuviésemos una palabra distinta para
designar cada una de las tres primeras acepciones, como tene-
mos para la cuarta; i he procurado remediar esta falta, repre-
sentándolas de diferente modo en la escritura. En lo restante
de este capítulo, no hablaré de otro ritmo que del acentual o
latino-bárbaro.
Parece natural creer que cada uno de los metros antiguos
dioso oríjen a una especie particular de iutmo. El hexámetro
i el pentámetro, no obstante su celebridad en los tiempos felices
del latin, no siguieron en el mismo favor, durante la decadencia
de esta lengua. Hexámetros uítmicos se encuentran pocos;
pentámetros, poquísimos.* Tampoco creo que fuese mui popular
el yámbico tetrámetro cataléctico. Pero el senario yámbico so
usó muchísimo, reducido a doce síhibas, con una cesura entro
la quinta i la sexta, i acentos en la cuarta i dée-ima; la cual
habia sido una de sus mas comunes formas antes de corrom-
perse el latin. A esta especie de ritmo, pertenecen los versos a
la muerte de Cario Magno, que trae Muratori;** los que rantó
la guarnición de Módena en 921, cuando aciuella ciudad se
defendía contra los húngaros;*** los de San Paulino, patriarca
* Munitori cita ak'unos, AiiliiiuUatos ¿(al ico-, Disr-.^rlnlin XI..
** ScriptoriDii li'runí IliilirOium, Tomo II. T H.
A solis orLu usíjmo ;u1 occkliia
littora iiiiM'is |)l?i!ictiis pnls;it pccfoi*:».
hoi iiiilii nii^oro'
l'Itrainririiia ji'j'min.i tri^lili.)
lu'i milii inisoro!
í'Vnnci. roiiiaiii. üt [ue cuiicli cioiImIi
luctii pnri'JTiintiir ct iiia:ína moK'sti.i.
hei iiiilii misorol ote.
Obsérvese que en estos versos no so coinoLo jamas la siiiaK'fa.
*•* Miirntovi, Ant i f¡uíl:\h*s itnlirir, í)iss''yt:ilin XI., r\d rnlconi.
-iO OPÚSCULOS LITERARIOS I CUÍTiOOS
do Áquila, a la muerte del duque Erico en 799;* los que se
compusieron a la del abad Hugon, hijo de Cario Magno;** etc.
Otra especie do verso yámbico, que los poetas rítmicos ma-
nejaron mucho, fué el dímetro. Los himnos mas antiguos
de la iglesia se compusieron de ordinario en esto verso; pero
con sujeción a las leyes métricas^ esto es, a la observancia de
cuantidades. Posteriormente se abandonaron éstas, i se le dio
en recompensa el número fijo de ocho sílabas con el postrer
acento en la antepenúltima, que habia sido su mas ordinaria
forma.
Los RITMOS trocaicos no se usaron menos que los yámbicos.
Del octonario tenemos una muestra en el salmo antes citado
de San Agustin contra los donatistas. Pero de todos ellos
el que estuvo en mas favor, según la multitud de composiciones
que en él han sobrevivido, fué el tetrámetro cataléctico, divi-
dido constantemente en dos miembros, el primero de ocho
sílabas, llano, i el segundo de siete, esdrújulo. En esta especie
de RITMO escribieron San Isidoro,*** Ejinardo,**" San Pedro
Damián,*"** ol autor do la Descripción de V'erona, publicada
* Lnhoiif. Disi^nrlarlin í, iíO.
** Lcbeuf, Recudí de divers ccrils. I, 349.
A csíos últimos so interpone en cada cuarta linea un adónico, de
la misma suorlo que se hacía en los sáílcos, vorbi gracia;
\am rox Pipi ñus lacrimasse dicitur,
rum te vidissct ullis absque vcstibus,
nudum j acere turpit^^r in medio
piilverc campi.
En efecto, ol verso sáfico i 4.^1 senario }timbico, aunque mótricamonte
diversísimos, eran casi una misma cosa para los poetas rítmicos, que
solo atendian a cesuras i acentos. La única diferencia estaba en la
t'^rminacion, siendo la del yámbico osdrújula, i llana o grave la del
síflco; pero, en una versificación acentual, son de poca importancia las
silabas que vienen después de la última a?uda.
*** FÁ himno Audi, Christe, tridem fletum, amnrumque cantil
i'ín)i.ílieyser, Historia poctarum et poematum medii ícüi, soec. VIII.
•*** La pasión délos santos mártires Marcelino i Pedro. (Lcyscr,
l\.j
•'*•* K\ hin)no, Ad pf*r(*nvin rit r fonlem mens^ sitivit árida, atri-
BEL RITMO L.VTINO-liÁmURO ¿7
t>or el padre Mabillon,* el de las alabanzas de Milán, que trae
Muratori;** i otros innumerables. Aun en aquellos versos cuyo
corrompidísimo lenguaje manifiesta liaber sido compuestos por
hombres iliteratos para el uso del ínfimo vulgo, se empleaba a
menudo este ritmo, como lo acreditan los que cantó el ejército
del emperador Luis II, cuando éste se hallaba cautivo en poder
de Adelgiso, duque de Bcncvento.***
Los griegos tuvieron también grande afición a esta especie
<ie trocaicos rítmicos que llamaron por antonomasia poií/i<:os;
pues esta denominación en su verdadero sentido era tan jeneral
como la de rítmicos. Pero lo mas digno de notarse es, que, me-
diante el diverso, i en algunos puntos opuesto sistema de la
acentuación griega i de la latina, los ritmos que compusieron
los griegos a imitación de la forma métrica mas ordinaria de
fius trocaicos tetrámetros catalócticos vinieron a parecerse en
todo i por todo a los yámbicos de quince sílabas de la media
latinidad; es decir, que se dividían en dos miembros, el pri-
mero de ocho sílabas terminado en voz esdrújula, i el segundo
de siete, en llana.
*♦»♦
buido erróneamente a San Aprustin por Jorjo Fabricio (Colección do
poesías cristianas), i por Crescimbcni (Comentara 1, capítulo 9). En-
cuéntrase ciiel tratado délas McdilacioneSj que ciertamente no es del
santo doctor, i hai fuertes razones para sospechar que se escribió en
el siírlo XII. Véase el apéndice del tomo VI de ia edición de sus obras
por los benedictinos de San Mauro.
* Véase la disertación subrc los versos hítmicos, al finde la líislo^
ria Diplomática del marques MaíTei.
Muratori, Scripnrns rerum Halirarum, t. II, p. IT.
Muratori, Antiqnitafps ifnlirrr, Dissf^rtnlin Xfj, nd rnlcrm.
Por ejemplo:
*aro-).r,sf o Jai Ssáovt:;, i'd; Souao'. tou zo'j xcaTOu;.
roA'.T'.xo'.; E^cáaaiiív, ¿>; 5jvaTov, svíyo»;.
Trjv Tfov ii'jLXTwv o-ivaatv, £;T¡vr,7'v, xa\ vvroi'.v.
(Pscllo, Paráfrasis del cánlico de los cánticos.)
Pero conviene observar que en toda la versificación rítmic.í do los
griegos, la terminación aguda se consideró como equivalente a la
•í^ OPIJSCI.'LOS LITIÍIIAUIÜS I CKÍTICO?
A los RITMOS trocaicos me parcco que clcl)c referirse o Ira
especie de verso mui socorrida en los siglos medios, el cual
constaba de dos miembros, el primero de siete sílal)as, esdrii-
esdrújula, i asi los versos que -ÚLnirn (con que priiuM])¡a el Libro
histórico do Tzctzcs) son de la misma especio í[ue ios anlcriures:
Mta; £[i.fj; srr'.aToX^; aj;xna7av laTOsiav, etc.
Digo la terminación afjudn, compreudiendo bajo osle título la que se
señalaba con los acentos grave o circunflejo: la ])i'imera, porque,
según la opinión común do los eruditos, aun en los buenos tienq^os
no se diferenciaba do la aguda, señalada con el acento de este nombre,
sino en ser menos fuerte a causa de que los griegos debilitaban el to-
no de todas las voces oxitonas, que no terminaban sentencia; i la
segunda, porque la distinción entro lo agudo i lo circunflejo supone
la varia duración o cuantidad de las vocales, i desapareció necesaria-
mente con ella.
Se ha disputado mucho si los versos políticos (hablo siempre de los
que se llamaron mas particularmente así) nacieron del metro yámbi-
co o del trocaico. La autoridad de Eustacio es decisiva: xa\ oT,Xouai tojto
^aveoto; oi Sr^uoi'.xo: aTi/ot, oí to ;:aXa'Ov [i£v Tco/aixto; ;:oo'.^o¡jl£vo:, xaOx xa\
Az-i'/uXo; ev lUpixi; 5r,XoT, apT: 5: noAtrtxoi ovo;jLa^o;jL:vo'. (It. A. p. 11.)
En efecto, las cesur.is i acentos esenciales de los versos políticos
son en todo i por todo los mismos que se observan en estos trocaicos
de los Persas do Esquilo:
^Q ¡JaOü^fóvfov ava77a Ihoiíofov jTZZp'ivr^,
Mfjtsp f, ¿.iz^oj Y'?*'*., y.^'?-» AaseVj y'jyx'..
Los poetas latinos do la media edad cultivaron esta misma especio
do niTMO. pero derivada del yámbico tetrámetro catalccUco. llamado
comunmente hiponacteo; al cual soli^n darse en latin los mismos
acentos i cesuras que a lo.«? versos políticos en griego, verbi gracia:
Dixitque «ese illi ánnulum. dum luctat, detraxisse.
{Te rondo.)
Inepto thalle. móllior cuniculi capillo,
vel ansoris medúUula, vel imula oricilla....
Idemque thalle, túrbida rapacior procella, etc.
('al ido.)
Do esta manera, dos metros diferentísimos, i aun contrarios en su
naturaleza, produjeron una misma especie de uit.vü. mediante igual
contrariedad entre la acentuación de los griegos i la de los latinos.
DEL niTMO LATINO-IÚnUAUO '20
julo, i el segundo de seis, llano, i se usaba ordinariamente en
coplas de cuatro versos de una sola rima.*
Pero sería inexcusable detener mas al lector en menudencias
tan áridas, i relativas a una versificación (¡uo solo merece co-
nocerse por hal>er dado oríjen a la que aliora se estila en casi
toda Europa. Concluiré observando que los versos rítmicos
nacidos entro la plebe, i largo tiempo desdeñados de los lite-
ratos, fueron poco a poco ganando terreno, al mismo paso que
el latin iba caminando a su último estado de corrupción, i que,
descuidadas las letras, se hacía cada vez mas dificultoso i raro
el conocimiento de la antigua prosodia. Los literatos mismos
empezaron entonces a cultivarlos, i de la dejenerada jerigonza
del pueblo pasaron al latin de las escuelas i monasterios. Asi
que una gran pa.rtQ de las composiciones rítmicas que se con-
servan tuvieron por autores a los hombres do mas instrucción
e injenio que florecieron en aquellas edades tenebrosas.
* Como aquellos do Gualtcro Mápes. arcediano do Oxford, en
alabanza del vino:
Mihi cst propositura in taberna morí,
vinuin sit apposituní morientis ori,
iit dicant, cura vcncrint, angclorum chori:
Dcus sit propitius huic peccatori.
DEL RITMO ACi:NT[jAr.
I DK LAS I'niNt;iPALE.S 1:í>1'K(:I KS DK VK1\S('«S
1:N la POLSÍA MOliEIlNA
rfi huLicra de seijuií^sc cscrupul().SctiiiuiitO la razón de los lieni-
pos, debería tratarse aquí de la rima, que apareció en la poe-
sía latina a la época misma que el metro dejenerabaen el ritmo
de los siglos medios; pero es tan íntima la conexión entre la
materia de este discurso i la del anterior, que juzgué indispon-
.sable acercarlas.
Prescindiendo, pues, por ahora, de la rima, la medida de los
tiempos se hace en la poesía moderna, como en la de los sigfos
medios^ por cesuras i acentos. La cesura final viene acompañada
de una pausa que no permite la sinalefa entre el tin de un verso
i el principio de otro; i es indiferente para el ritmo que esta ce-
sura venga inmediatamente después de la última sílal>a aguda,
o que intervengan algunas sílabas graves, que formen con la
aguda un mismo vocablo; de manera que, o considerando
dichas sílabas graves como necesarias, podemos suponer que,
cuando faltan, se suple por medio do la pausa final el tiempo
preciso para el complemento del i)eríodo rítmico; o mirándolas
como superfinas, podemos imajinar que, cuando existen, se em»
beben en la pausa.
Pero convendrá declarar con mas presicion qué es lo que se
debo entender por este embebimiento de las sílal^as en la cesura
3'2 OPÚSCULOS LITERARIOíí I CRÍTICOS
final. El oído exijo cierto espacio de tiempo entre el último acen-
to agudo de una línea, i el primer sonido de la siguiente; i
con tal que se le do este espacio, le es indiferente que se le
llene de sílabas graves en todo u en parte, o que se le deje ente-
ramente vacío. Bien es que aun con estas pequeñas diferencias
so tiene algunas veces cuenta; i en el dia no esta bien recibida
entre nosotros emplear promiscuamente los finales agudo, gra-
ve i esdrújulo, cuando se componen obras serias en verso ende-
casílabo; pero el uso jeneral, que los reputa por equivalentes
en otros estilos i jéneros do metro, i la libertad de mezclarlos
a arbitrio que se permitieron, aun en las estancias heroicas, los
grandes maestros de la poesía moderna, nos obligan a recono-
cer, en jeneral, que las sílabas graves que siguen al último
acento agudo, no son esenciales al ritmo. Digo en jeneral^
porque en realidad no hai accidente, por pequeño que sea, en
la prolacion de las palabras, de que no pueda hacerse uso para
señalar intervalos de tiempo, i que por tanto no pueda entrar
esencialmente en el ritmo. Supongamos que un poeta quisiese
reducir a cierta regla constante la sucesión de los finales agudo,
llano i esdrújulo. ¿No es claro que resultarían de aquí series
análogas, en que a ¡guales intervalos de tiempo esperaría i en-
contraría el oído unos mismos accidentes? ¿i no nacería de la
regular repetición de estos accidentes un ritmo verdadero? Esto
es cabalmente lo que hacen ahora los franceses, sujetando a una
alternativa perpetua las rimas aguda i llana, que llaman mas-
culina i femenina; alternativa que exijen en toda especie de verso
i de estilo, i por consiguiente se debe mirar como una parte
esencial de su sistema rítmico. Pero los límites que me he pro-
puesto no abrazan estas modificaciones particulares del sistema
común de los europeos.
Sigúese de lo dicho que, mientras el final agudo, llano u
esdrújulo no se considere hacer diferencia en el verso, convir-
tiéndole de una especie en otra, es un error contar la última
sílaba de los versos llanos en el número do las esenciales; i
que por consiguiente las denominaciones de octosílabo 1 ende-
casílalx) dadas por los españoles e italianos a los versos que
tienen el último acento sobre la séptima i la décima, son ab-
t>£L RITMO ACENTUAL 33
solutamente impropias. La causa do computarse diferente el
número do silabas esenciales a cada metro, consiste en quo
cada nación ha mirado el fínal quo ocurria mas amenudo en
su lengua, como el único natural i propio. En español o italia-
no, las rimas llanas son mas fáciles i comunes que las agudas
i esdrújulas: en ingles, al contrario, (i lo mismo succdia en
francés, antes de establecerse la alternativa do la rima feme-
nina con la masculina, quo es práctica reciente), si so abre
cualquier poema, se verá quo el final agudo aparece mas
frecuentemente que ningún otro. Era, pues, tan natural a un
francés o a un ingles el considerar como superllua la última
silaba del verso grave, como a un español o italiano la del
esdrújulo. De lo cual se deduce que ambas lo son igualmente.
Esta propiedad de rechazar la sinalefa, i de hacer indife-
rentes la presencia o ausencia de las sílabas graves después do
la postrera aguda, es en el dia peculiar a la cesura final, i lo
que la distingue de la otra cesura, que en algunas especies de
versos debe ocurrir en medio de ellos; de manera que dondo
quiera que se presenta una cesura con este carácter, allí es
necesariamente el fin del período rítmico. Según este princi-
pio, el alejandrino de don Gonzalo de Berceo, en que la cesu-
ra media goza de todos los privilejios de la final, parece que
se debe considerar como una reunión do dos distintos hexasí-
labos; al paso que el alejandrino mas moderno de los franceses,
que, si hai sílaba gravo en la cesura media, exije que termine
en vocal, para que se elida con el hemistiquio siguiente, que ha
de comenzar asimismo en vocal, se deberá reputar por un
verdadero dodecasílabo. Pero esta diferencia de cesuras no fué
conocida de los fundadores de la poesía moderna. Paradlos, la
cesura final i la media venían acompañadas de una pausa tal,
quo en ambas se dejaba do cometer la sinalefa, i se miraban
las graves como nulas; lo cual no parecerá extraño, si se tiene
presente que no reputaban la sinalefa por necesaria, ni aun
cuando concurrían vocales fuera de la cesura; de que tene-
mos multitud de ejemplos no solo en los mas antiguos poemas
do las lenguas modernas, sino también en los versos latinos
de los siglos medios. En efecto, era natural que la pronuncia-
opúsc. 5
34 OPÚSCULOS LITERAHIOS I CRÍTICOS
cion del latin se acomodase a todos los hábitos que prevale-
cieron en el habla ordinaria.*
Esta práctica se explica naturalmente suponiendo que asi
como varía de una nación a otra la duración de la pausa entre
los varios vocablos,** así también ha variado en las diferentes
* Com \os ozroiz, se je onqucs en di.
Como vosotros oiréis, si ¡jo jautas de ello hablo.
(Gerard de Vienne.)
Cil li conta ce que i\ sot de fi.
FA le contó lo que él Hupo de fijo.
(Ib.)
Era ün «implo clérigo, pobre de clerccra.
(Milagros de Xuestra SeTtora..
Quo despierta el pueblo que siede adormido.
(Sacrificio de la Misa A
Vatum poli oracula.
{Breviario Mozárabe.)
Isto clectus Joannes diligcndi promptior
ilb.)
A Solis ortu üsque ad occidua
littora maris, etc.
(Rhythmus in obitum Caroli Magni^
Miiratori, Scriptores rerum italicarum, t. II, p. II.)
Elsta omisión de la sinalefa llegó a sor frecuenlísima en latin, sobro
todo en los versas no sujetos a la observancia do cuantidades.
** Los italianos pasan mas rápidamente que los españoles de una
vocal a otra, sea en uno mismo, sea en distintos vocablos; i así í-eo-,
mío, que on medio do un verso italiano tienen la duración do una
silaba, para los españoles valen constantemente dos. De aquí proviene
elidirso tan amonudo las vocales fínales de los italianos, como en
quesV ora, pover* itom, quo en castellano casi nunca sucede; i el no
parecerlos a ellos duras ciertas sinalefas quo en nuestra versificación
difícilmente so tolorarian.
Los españoles respectivamente hacen mayor uso de la sinalefa quo
k>s ingleses; i así el hiato do estos versos:
Tho fairest she oí all the fair of Troy,
(Pope.)
IIowl o'cr the marts and sings thro' rv'ry wind.
(Id.)
seria desagradable en nuestra lengua.
De aquí nace nn defecto harto común en la pronunciación inglesa
DEL niTMO ACENTUAL 35
épocas de una misma lengua; í que en otro tiempo era mayor
que en el día/
En consecuencia, debía ser menos ofensivo el hiato, i la si-
nalefa no tan frecuente como ahora. I como esta pausa se exajera
en las cesuras métricas, i en el fin mas que en el medio del
do los españoles, que os pasar coa demasiada velocidad do la vocal
final de una dicción a la inicial do otra, profi riendo, verbi gracia,
very amiable, como si solo formaso cuatro sílabas. Los ingleses, al
contrarío, pronunciando el castellano, so detienen demasiado entre los
vocablos. El saludo ordinario cómo csli'i usted, en que para nosotros
no hai mas do cuatro sílabas, en boca do un ingles suelo tener cinco
o seis.
Parece que cuanto mas abundan las vocales en una lencrua, tanto
mayor es la volubilidad con que se pronuncia, menor do consiguiente
la pausa entre dicción i dicción, mas frecuento la sinalefa en el habla
comim, i mas necesaria en el verso.
* En favor do esta su;) )s¡cion, so puedo observar quo cuando la
lengua descarta una articulación que separaba dos sonidos vocales,
se conserva por mucho tiempo una pausa enlro las vocales contiguas.
En liar, por ejemplo, acostumbramos todavía detonemos entro la i i
la a tanto espacio como si so conservase la fj de liíjarc. Donde hoi
decimos í*eina, disilabo, decian nuestros mayores reina, trisílabo, en
el mismo tiempo quo regina. Nuestro ser era sror, de sedero, i nues-
tro siendo, snyondo do sedt'ndo. Volailln era volaille do volatilia;
chantcur, chantn.'ir do cantntore, i así en otras innumerables voces
castellanas, francesas, etc. El proceder de las len.Lfuas en las mas do
sus contracciones i abreviaciones ha sido ahogar primero los sonidos
articulados, sin hacer novedad en ol tiempo o duración de las sílabas;
disminuir Iuo'JTO la pausa entre las vocales vecinas, reduciéndolas a
íliptongos; i convertir en soiriiida los diptoncros en sonidos simples.
IjO mismo quo en una sola ditrcion, so verilica entre dos. Primero se
decia la fermosura, díjoso lue^'o la Onnosura en cinco sílabas, luego
la ermosura en cuatro; i en italiano so hn])iera dado un paso mas
diciendo iennosura. La omisión de la sinalefa en voces que comen-
zaban por h, dio motivo a quo alí:,nnios pensasen quo nuestros poetas
castellanos del siglo XVI aspiraban esta letra, pronunciando hermo-
sura, jablo, jasla, etc.; pero si así fuese, hubieran omitido siempre la
sinalefa en dichas voces, i no viéramos <iuo un mismo escritor (frai
Luis do León) la cometo i la omite en una nnsma voz, aunque mas
ordinariamente lo soL^undo.
Si consideramos, pues, el eran número de articulaciones finales que
se desvíinecieron en el tránsito del latin al romaneo, no pnrecer.á ex-
36 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
verso, la cesura media de los primeros versificadores debía
prolongarse un poco mas que nuestra cesura media, ¡ en la
misma proporción su cesura final mas que nuestra cesura
final.
Otra causa que no pudo menos de contribuir a esto, fué la
coincidencia perpetua do las pausas de la sentencia con las del
ritmo. En nuestra versificación, el período lójico suel© ir por
un camino, i el período rítmico por otro distinto; lo cual,
lejos do ser un defecto, so mira con razón como necesario para
dar gracia í variedad al metro. Pero no sucedió así en la pri-
mera época de la poesía de pueblo alguno.*
Los versificadores mas antiguos de las lenguas modernas
construían las palabras de manera que bastaba el sentido para
repartirlas en los miembros o hemistiquios del verso, i el lector
menos ejercitado no podia menos de hacer, al tiempo de pro-
nunciarlas, una pausa considerable en la cesura media, i otra
traño quo, en tiempos tan cercanos a la lengiia materna, fuese mas
frecuento el hiato, i menos desagradable que ahora.
Naturalísimo era pronunciar qufí xl de quod illCf era ün de eraC
unus, despierta él de expcrreclat Ule; i que hecho familiar el hiato,
se extendiese a los casos en que no lo autorizaba la ctimolojía, i aun
a la pronunciación del latin. Finalmente, el omitir tan amenudo la
sinalefa supone de necesidad el hábito do hacer entre los vocablos
una pausa mayor que la que se acostumbra en el dia.
* A buen seguro que no so hallará en todo Bcrceo una copla coma
la siguiente del Arcipreste de Hita:
Como dice Aristóteles, cosa es verdadera,
el mundo por dos cosas trabaja; la primera,
por haber man tenencia; la otra cosa era,
por haber juntamiento con fembra placentera.
En todo el Poema del Cid, creo que no hai mas de un solo ejemplo de
sentencia terminada en principio de verso; que es este:
Vuestra virtud me vala, | Gloriosa, en mi egida, |
e me ayude: ella me acorra | do noche o de dia. |
El paralelismo, si es lícito decirlo así, del sentido con el metro,
es uno de los caracteres que distinguen nuestros romances verdade-
ramente antiguos de las imitaciones del siglo XVI o XVII.
OKL RITMO ACENTUAL 3'
mayor en la cesura final. Aunque amibas cesuras absorl)ian
igualmente las sílabas prraves i rechazaban la sinalefa, la
respectiva desigualdad de su duración distinijuia sensible-
mente el fin de los miembros o hemistiquios, del fin de los
versos enteros.
Pasando ahoro do las cesuras a los aírenlos, la primera cues-
tión que se présenla es, si hai éntrelas modernas alguna lengua
destituida de acento, o en otros términos, si hai pueblo que no
acostumbre elevarla voz en una sílaba invariable i fija de cada
dicción. Algunos críticos franceses sostienen que no hai acento
en su lengua. A mí, sin embargo, confieso que me hacen fuerza
los argumentos que on apoyo de la opinión contraria alega el
señor Scoppa en sus Pruicipios de la versificación.* Las
leyes del acento francés parecen ser mas simples i uniforme»
que las que gobiernan el do las otras lenguas, elevando cons-
tantemente la última vocal de todas las dicciones, salvo que esta
vocal sea la e femenina o sorda. Semejante simplicidad com-
parada con lo vario de las otras lenguas, i aun do alguno»
dialectos de la francesa, es acaso lo que ha dado motivo a pen-
sar que esta última carece absolutamente de tonos. Es natural
que los franceses pronuncien el latin conforme a los hábitos que
han contraído en el habla común; i ya que en su manera de
recitarle percibimos distintamente que elevan siempre la voz
en la última silaba,** ¿no es de creer que esto provenga de que
así lo hacen en su idioma nativo?
Pero cualquiera opinión que se forme respecto del acento
francés en el estado presento de esta lengua, no es dudable que
en el francos antiguo se conservasen por mucho tiempo aque-
* Parte I, capítulo I, i siguientes.
** De aquí es que el asclopiadeo latino:
Masconas atavís edite rc<?ibús;
licno hoi a los oídos francotes la misma cadencia i número que su
alejandrino; i do aquí procede también que los hexámetros i pentá-
metros con que los franceses han querido recientemente imitar en su
Icnt^ua la estructura de aquellos versos latinos, parezcan a nuestros
oídos enteramente destituidos de ritmo.
38 OPÚSCULOS LITKHAIUOS I CIÚTICOS
Has niovlulacioncs (luo las oirás lenguas do la Europa Meridio-
nal heredaron de su madre la latina. La supresión de las sílabas
finales graves de los vocablos latinos, salvo las que tomaron
la e femenina, caracterizó al romance francés desde mui tem-
prano; i conservando sus vocablos el acento agudo en la misma
sílaba que solia elevarse el latin, era menester que fuesen
oxítonos; í Sx>lamente cuando la vocal de la última sílaba era la
e femenina, barítonos. Esto, sin em])aríi:o, no pudo haber sido
tan jeneral en los primeros tiempos del francos como ahora, i
debió irse estableciendo gradualmente, al mismo paso que so
iban ahogando i desvaneciendo las sílabas graves íinales del
idioma latino; porque la conversión de un habla en otra es
necesario que se haga lentamente i por grados imperceptibles.
El acento parece obedecer en todas las lenguas, i en todas
las épocas de una lengua, a la lei fundamental de elevar una
vocal en cada dicción, i no mas de una. Con todo, así como
antes observó que esta lei no era tan universal, que no hubiese
algunas palabras destituidas de acento agudo, así también debo
observar ahora que lo de no haber mas de ima sílaba aguda
en cada vocablo no es tan rigorosamente exacto, que no pueda
muchas veces reconocer el oído en una misma dicción dos ele-
vaciones de la voz, la una a la verdad fuerte, ¡ la otra débil,
pero ambas suficientemente perceptibles. Para que esto se ve-
rifique, es necesario que la dicción tenga tres o mas sílabas,
i entonces, a mas del acento principal, se percibirá otro secun-
dario, que en ningún caso está contiguo al primero; verbi
gracia:
í I e I I í 2 1
Naturaleza, faontecilla^ lágrima, barbaridad .
La mejor prueba de la existencia de este acento os la que
suministra en algunas lenguas la práctica de los poetas, que
comunmente, i por un proceder ordinario del arte, emplean co-
mo equivalentes la sílaba aguda i la última sílaba do una
dicción esdrújula.* Así, en efecto, lo acostumbran hacer los grie-
* Es preciso confosar que en la versificación iUdiana i española no
flie síica ningún partido do la afinidad do estas dos especies do sílaba».
DEL niTMO ACENTUAL 3'J
gos on sus versos políticos/ i los ingleses/* Sin embargo de
esto, cada vez que se hablare de sílabas graves en esta obra,
<>xccpto 0!T dos cosos: el primero, cuando cu los versos que deben
terminar con dicción osdrújuLn, se emplcii como tal la reunión de dos
vocablos, el uno ffrave, i el otro monosílabo agudo, bien que el últi-
mo de tal naturaleza que sin mucha violencia se pueda pronunciar
como enclítico; verbi gracia:
Gustaste il piü odorífero
o il piíi soave giammai? Non sf*ntivi tu
come picea va?
(Ariosto, Cnssaria, acto III.),
Fanciullo in casa allevato ed avuto Vho
in luogo di figliuolo.
(Id. / suppositi, acto IV.J;
i el segundo, cuando se emplean como agudas las dicciones csdrúju-
líw, que terminan en pronombres enclíticos, verbi gracia:
Tirsi, parnccme que estás turbado,
(Jáuregui, Aminla, acto III.),
Ora conswHalo, que como quiera
que el desdichado muera, tú le matas.
(Id. acto IV.)
Es verdad que la conducta de los poetas en uno i otro caso so mira
como una especio de licencia; pero no hai licencia poética que no
tenga su razón, o llámese pretexto, en la naturaleza. ¿Por que se per-
mite alguna vez colocar la última silaba de part}cemc, i no la de
parecidmo, bajo el acento mótrico, sino porque en la última sílaba
de las voces sdrújulas hai un acento secundario, que falta en las
graves?
* Verbi gracia: H't/.ojto; toj AxfxaAa.
Mr¡T£ vo'j [n[zz ¡Ar,a),i,
a Á:va ocv r,ücAr;.
Ti ji£vá).a v:cí¡5:;.
El obispo (le Damalá, descontento con los pequeños peces que se la
traían, quiso ir el mismo a pescar. Apresado por un corsario de Ber-
bería, como fuese inútil para otra especio de trabajo, se le ocupó en
mecer la cuna de un niño. A esto alude el epigrama anterior.
•Obispo do Damalá, ni cordura ni seso. No quisiste lo chico, envi-
diaste lo grande. Da vueltas a la cisríieña; mece al hijo del árabe.»
(Mitford, Ilannovy of In-iignoge, Sect. XV, art. 4.)
** There are four minds, which like tho é/e?n<»n/^,
might furnish forth creation. líaly!
40 OPÚSCULOS LITKIIAIUOS I CRÍTICOS
y se designarán con est«i denominación todas aquellas que no se
hallen bajo el acento primario.
De todas las especies de vei\so ({uc se usaron en el latín de
los siglos medios, laque tuvo mas boga, principalmente en la
poesía eclesiástica, fué el di metro yámbico, ora ajustado a la
observancia de cuantidades, ora nó; i su forma ordinaria, i
casi pudiera decirse invariable, fue la de ocho sílabas con ter-
minación esdrüjula:
Arbor decora et fúlgida,
ornata regís púrpura.
Time, which haih wroiiur'd thee with Un thousand rcnts
of thinc imperial ;;iinncnt, shall dcny
aud hath dcniod to cvVy othcr sky
spirits which soar from ruin. Thy docay
is still imprégnale with diviniiy, etc.
(Lord Byron, Childe Ilarold, IV.)
II from 60C¿tí//y we learn to Uve,
I lis solitadc sliould teach us how to dio.
(Ib.)
Es una observación que se ha hecho antes do ahora por Mr.
Mitford fllnrmoiiy of iiiigua(jc sect. VII), i por el siciliano Scoppa
[Principios de la versift'^acion, tomo III, p. 355), que en aquel celebro
cántico nacional de los ingleses, God sare the hing, el verso es fre-
cuentemente aofudo en donde la música lo requiere esdrújulo: i así los
italianos han adoptado mejor la letra a la música, traduciendo:
God save great George our kin?,
god savo our noble kinpf.
god save the kinsf.
por
(Mic il ciel propizio
sal vi il mac^nánimo
nostro gran re.
La existencia de los dos acentos principal i secundario está reco-
nocida por los ortoepistas ingleses, i ambos se puede decir que son
do igual importancia en la versificación de este idioma; i así, cuando
el verso termina en voz esdrújnla, el acento secundario final es el quo
dobo coincidir con ol último acento métrico. Tan natural es esto a los
ingleses, quo Mr. Hobhouse, literato profundamento versado en la
poesía italiana, parecia tener dificultad en concebir quo el endecasíla-
bo esdrújulo se redujese al mismo ritmo que el llano u c\ trunco.
(Véase su Essay on the presenl literature of Ilaly, impreso con sus
Illustralions of Childe Harold, páj. 361.)
DEL RITMO ACIiNTlAL 41
Nació (le ellii el verso hexasílaho, que solo se lo diferencia
en no serle necesarias las sílabas graves finales. Esta especie
de verso es antiquísima en la jioesía moderna. Usáronla en el
romance francés, EverarJo, abad do Kirkliam, que floreció en
la primera mitad del siglo XII;* i Felipe deThan, que escribía
por los principios del mismo sigilo;** en el castellano, el Arci-
* Este Everardo tradujo en hoxa.silnbos los dípticos de Catoii. Utí
aquí una muestra de su versificación i estilo:
Or proinz pur lo móinc
ke Deeus son cucr eslóino
de mal e de pecchié.
e k'il lui doint sa'írrá«'o
ke il la chose face
snlunc la vcritó.
(Ahora rojrad por el monje.
que Dios su corazón alejo
do mal i de pecado,
i que le dé su Grracia.
para que la cosa liai^a
se;^un la verdad.)
(Rücliefort, Gloii^nirr, II, púj. 7G0.)
** Felipe de Than fué autor de dos poemas en liexasílabos: el Lí-
ber de crcaturis, que es un tratado de cronolojía, lleno do erudición;
i el fíesfiario, que es un tratado sobre los cuadrúpedos, aves i piedras
preciosas, traducido del latín. Hé aquí un pasaje del Hestiavio: des-
críbese el instinto maravilloso del erizo para cojor i cargar las uvas:
El tens de vendengor
lores munte al palmer.
La ú la grappo veit,
la plus méiire seit.
S'in abatió raisin,
mult li est mal veisin.
Puis del palmer descent,
sur les raisins s'estent.
r*uis de sus se vulote,
ruunt cume pelote.
Quant est tres bien chargét.
les raisins cmbrocét,
eissi porto pul turo
a sos fils par n ature.
ki OPÚSCULOS LITBftAniüS I CílÍTICOS
preste do Hita,* i el judío Rabí Don Sanio;** i en la Iení]:ua
inglcfra, el autor desconocido de la jesta o poema histórico del
rei Ilorn.***
El yámbico dímetro dio oríjon a otra especie de verso de
íifrande uso en la poesía francesa e inglesa. En efecto, si se
pasa de la sexta a la octava sílaba, el último acento de aquel
metro:
(Kii el tiempo do vendimiar,
entóneos monta a la vid.
Allí donde el racimo ve»
el mas maduro cojo.
Así de allí derriba la uva,
mui mal vecino le es.
Luego de la vid desciende,
sobro las uvas se tiende,
luego encima so rcí-uelca
redondo como pelota.
Cuando esta mui bien carinado,
i las uvas prendidas,
así lleva alimento
a sus hijos por instinto.)
(Rochefort, l'^tat de In poésie franca i fin
dans les XII ct XIII siécles, páj. 07.)
* El Arcipreste de Hita mezcló esta medida con otras, como .«xc
puede ver en los Gozm^ de Santa Maria, pajina 208 del tomo IV do
la colección de í^ánchez, i en la cántica, pajina 277 del propio tomo.
** Ib'í aquí do.«? coplas de sus Consojos i documnnlo.^ ni rf*i don
Ptulro:
Por nascer en espino
la rosa, yo non siento
que pierde, ni el buen vino
por salir del sarmiento.
Non vale el azor menos
por nascer en vil nio,
nin los exiemplos buenos
por los decir judío.
(Sánchez. Colección I, páj. 180 i 182.)
*** ElUs (SpecimenSy chapt. II) dice que ademas do la jesta del
rei líorn, se escribieron en verso hexasílabo muchas otras obras
ingle.sas, i que por su frecuente aplicación a los poemas históricos i
caballerescos, se le llamó el minulrel'metrr, o metro do los juglares.
ÜKL RITMO ACKNTl AI, h)
Arbor decora el fulgida
ornat<a regís purpura;
tendremos exactamente el verso ootosílaljo francos,
Si criemos Diou, tu ramenis.
ot servirás, ct honorrás,
en ierre auras a grant plenh'',
jamáis ne seras csgar\*
Pero ¿qué es lo (juc dio motivo, u la traslación del aconto a
la última sílaba, traslación tan rcpnurnanto al jenio d^í la l(»n-
gua latina, como opuesta al procedió' común por donde los
metros del Lacio i los ritmos de la media edad se convirtieron
en los versos modernos? Yo encuentro la causa de somejante
anomalía (que ciertamente lo es) en las modulaciones que se
daban, i todavía se dan, en los cánticos do la iglesia, a los
himnos compuestos en aquella especie de metro; las cuales
observan exactamente una medida o compás tal, como si so
acentuase cada sílaba par:
Electa digno hlipitó
íam sancta mómbra tángoré.
Debe tenerse presente que la antigüedad de esta especie de him-
nos sube a los primeros siglos do la era cristiana; que las
tonadas con que los juglares entonaban el verso eran al prin-
cipio imitadas del canto gregoriano;** i que, a lo menos en el
francés, no habia modo de adaptarla del dímetro yámbico (me-
dida cabalmente la mas favorila do la poesía eídesiástica) a
ninguna combinación de palabras que no formase versos octosí-
labos.
Para encarecer la gran popularidad de este verso, basta decir
que en él se cantaban regularmente los /a 6/ ¿a ux, •consejas o
cuentos jocosos que formaron uno de los ramos mas favoritos
* Criemos, temos; honorr¿\s, honorarás; plPiiíi}, abundancia, (f^as-
toiement d'un pérn a .so?i ///s*; Barbazan, fabliaux, tomo IV, edición
de 1808.)
** Lo Bouf. Disficrtatim}.^, tomo lí, pajina 120; i íia Borde, Es^ni
sur U Mw^iqufí, IT, l'iíi.
U OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
de la poesía vulgar desde el siglo XI; i que también se lo
solía emplear en los romances o poemas históricos hajio-
gráficos o caballerescos, do los franceses i pro vénzales; de que
se pueden citar por ejemplos la mayor parte de los que escri-
bió lloberlu Wace, poeta famoso del siglo XII; la historia
do los reyes aiiglo-sajone.s pov Jofre de Gaimar, la de las
guerras de Troya i la de los duques de Normandia por Benoit
de Saint More, ambos de la misma edad que Wace; el viaje
de San Brandan al paraíso terrestre, que es de principios del
propio siglo; la vida de San Josafat i la de los siete durmientes
por Chardry, que floreció en el siguiente. También se escribie-
ron amenudo en este verso la oda o canción, el apólogo (como
los de María de Francia, contemporánea de Chardry), las obras
do moralidad (como la traducción de los proverbios por San-
son de Nantueil), el poema didáctico (por ejemplo, el de los
Enseñamientos do Aristóteles, o Secreto de los secretos de
Pedro de Vernon, que, como Sansón de Nantueil, floreció en el
siglo XII), i en suma todas las especies de poesía que se cul-
tivaban por aquellos tiempos.
El verso octosílabo tuvo grandísimo uso en el idioma proven-
zal, i todavía le tiene en el ingles,* pero entre nosotros apenas
hai vestijio de que fuese conocido. Yo a lo menos, la única
muestra que he visto de él en castellano (anterior a don Tomas
de Iriarte, que le imitó de la moderna poesía francesa en su
fábula de El Manguito^ el Abanico i el Quitasol) ea la cántica
que don Gonzalo de Berceo introduce en el Duelo de la virjen
María, poniéndola en boca de los soldados que custodiaban
el sepulcro de Cristo:
Non sabedes tanto descanto
, que salgadas de so ci canto....
* En la forma qiio le dioron los ingleses, acentuando las sílabas
pares, lo han hecho recobrar la cadencia i aire antiguo del yámbico
dimotro, que el jonio de la Icní^ua francesa, i la libertad de los quo
vorsificaron en ella habian heclio en gran parte desaparecer:
The mástor sáw the múdncss rife,
his glówing chéeks, his árdont éyes.
{Dnjdnn.)
DEL RITMO ACKNTr.VL 45
Vuestra lengua tan palabrera
haros dado mala carrera....
Todos son homes plegadizos,
rio-aduchos, mezcladizos.
El yámbico tetrámetro cataléctico fué también imitado en
las lenguas modernas, como ya lo ob.servü Mr. Tyrvvhitt, que,
en su ensayo sobre la versificación de Chaucer, refiere a dicho
metro la del Ormu/inn, paráfrasis de los evanjelios, por un tal
Orm u Ormirij que se cree haber existido hacia el reinado
de Enrique II de Inglaterra. En esta obra, el verso so di-
vide constantemente, como en aquella especie de yámbicos,
en dos miembros, el uno de ocho sílabas, que termina en voz
aguda o esdriijula, i el otro de siete que termina constante-
mente en voz grave;* i el propio mecanismo se puedo observar
en una parte de los versos del idilio o canción dialogada de
Ciullo de Alcamo, poeta siciliano de fines del siglo XII,
inserta en la colección de antiguas poesías italianas de León de
Allacci. Cada estrofa consta de cinco versos, los tres primeros
de quince sílabas, sujetos al artificio que acabo de explicar,
si no es que la terminación esdriijula del primer miembro es
constante; i los otros dos al parecer decasílabos, como los quo
después compusieron Dante i Petrarca, bien que mucho menos
regulares. Hé aquí algunos de los de quince sílabas:
* Do aquí aquella medida, tan com\in en las antiguas baladas,
aunque representada como dos versos distintos:
Earl Douglas on a núlkwhite steed
most like a barón bóld,
ro do foremost of tho cómpany
whoso armonr shono likc gúld.
Every "vvhitc will hávc its black
«ind cv'ry sweet its sóur.
This foud tho lady Chrístabell
iii an untimely honr.
Estos versos, en efecto, no so diferencian do los del Órmw/iun, sino en
que bold, gold, sour, Jiour son monosílabos aerados debiendo ser
disílabos graves, lo que en el final del verso importa poco para el ritmo
acentual. I^a disposición en las rimas en las antiguas baladas, recuerda
bien claramente quo cada dos versos formaban al principio uno solo.
40 ÜPÚSCLLÜS LITEUAllIüS I CRÍTICOS»
llosa fresca aulentíssima, clfappari in ver réstate,
le donne te disíano pulcelle e mariiále....
Tu non mi lasa vi veré ne sera nc maitíno....
Mol te sonó le fómine ch'hanno dará la testa.
El Allacjci cita otros versos do la misma especio, sacados de
otras antiguas composiciones; como este:
Virgo beata, ajútami. ch'io non perisca a torio,
i los cuatro de esta copla:
Vil ben quando sé gióvane, che poi inveclierái
lo buon fatti e ditti óttimi ad altri insegnerái,
lo bene sempre sóquíta, quando tu fatto Thái,
e di te quello dícasi, che d'altri tu dirái.
Ala verdad, puede dudarse si los sicilianos quisieron imitar
con tales versos los trocaicos griegos o los yámbicos latinos.
Las cesuras i acentos de los unos i de los otros eran absoluta-
mente semejantes; pero lo que hace mas difícil do resolver
esta cuestiones que los sicilianos tuvieron casi tanta comunica-
ción con los griegos como con los latinos. En los otros pue-
blos meridionales de Europa, no puede ofrecerse la misma
duda, porque en ellos fué infinitamente superior la influencia
do la lengua i literatura del Lacio.
Si comparamos los anteriores hiponacteos de Ciullo do
Alcamo con el antiguo alejandrino francos i español, no halla-
remos otra diferencia, sino que en el alejandrino las sílabas
que venían después del acento métrico de la sexta se conside-
raban en uno i otro miembro como indiferentes para el ritmo;
pudiendo de consiguiente constar el verso entero, ya de quinco
sílabas, i entonces ora idéntica su estructura con la del hipo-
nacteo siciliano, vorbi gracia:
Do yerbas et de árborcs et do toda verdura,
como diz Sant Joronimo, manará sangre pura;
i^Üerceo, Signos del juicio.':
Siempre laudos» anjcl¡c¿is ante mí cantarédos;
ílbidcm.)
DEL RITMO ACENTUAL kl
ya de catorce, terminando ambos hemistiquios en voz grave,
por ejemplo:
Mandez a Gharlemúine le bon rol radotó
que le tréu vous rendo do France lo regné;*
(Román de Charlemafjne, manuscrilo, Musco nritánico.
Bihliofhoca Regia, 15. E. VI.)
Tels y a qui vous chanten t de la reóndo táblo;**
(Román clii Chevalier au Cygiie, manuscrilo ib.
Darlls han malas cenas et peores yantares,
grant fumo a los ojos, gran! fedor a las nares,
vinagro a los labros, fiel a los paladares
fuego a las gargantas, torzón a los ijares;
(Bcrceo, Signos del Juiriu.)
o el primero en voz esdníjula i el segundo en aguda; verl>i
gracia:
Ca nunca bobo mácula la su virginidát;
(Bcrceo, Milagros de Nuestra Señora.)
ya de trece terminando un hemistiquio en grave i otro en agu-
da; verbi gracia:
Ventelent et ondóyent banieros et pennón....
En palais et en chambres est si grant la clartéz,
a cil qui la regánle semble tout alumcz;***
(Román de Charlemagne, manuscrilo citado.)
Mais je ne vous dirái ne mensongo ne fáble; -
(Román da Chevalier aa Cggne,
manuscrito citado.)
Apareciór la madre del rci do magestiit;
(Borceo, ib.)
Ca desque se hombre vuelve con ellas una vez,
siempre va en arriédro e siempre pierdo prez;
(Poema de Alejandro.}
De la parte del sol vi venir una seña;
(Arcipreste de Hita.)
* Rfidoté, lo mismo quo radoleur; tróu, tributo; regné^ reino.
** Reóndo lo mismo que ronde.
**• Ventelent, tremolan; pennon, pendones; en elinmbres, en ls«
cámaras.
A8 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
ya fínalinentc do doce, siendo ambos hemistiquios truncos,
verbi gracia:
Richement sont servís a tablo les barones;
(Román de Charlemagne^ manuscrito citado.)
el veer, el oír, el oler, el gustar.
(Bercco, id.)
Por aquí ochará de ver cualquiera que el verso alejandrino
(llamado así, según se cree comunmente, por haberse emplea-
do, aunque no por la primera vez, en la jcsta o poema his-
rórico de Alejandro^ escrita en francos a los principios del
siglo XIII por Alejandro de Bernay, Pedro de San Cloot, Juan
le Vencíais, Lambert U Cors, i otros) no es mas que un hiponac-
teo latino, en que las sílabas que vienen después del último
acento métrico de cada miembro, que es el do la sexta sílaba,
no se reputan necesarias para el ritmo. Si alguno, sin embar-
go, quisiere considerarle como dimanado de la reunión de dos
yámbicos dímetros, no le pondré embarazo. La cuestión es
enteramente nominal, una vez que el hiponacteo no es mas
que un dístico de yámbico dímetros, con la sola diferencia de
faltar al segundo verso una sílaba, que por venir después del
último acento, no se considera como necesaria en el ritmo
acentual de las naciones modernas.
CwC ' £'3Z'CC3ZC3 3~.C2íl'¿rl.".. . w "¿i \1 . ■ ■ -■--. ■ . " ?■ " ■' : ■ ■ ■ ">, a'j
.»
LA RIMA
-V.«^"NAs"
SOBRE i:t. oiujen de i,a rima
Pocas cuestiones, (íiilre las nmcorniontos a la historia de la
literatura moderna, lian ojorcitado lant:»:^ i)lmna.s. o dado mo-
tivo a tanta variedad do oi)iinoncs, como la dol nríj«'n do nues-
tra rima. Lo que parece indudable, di.spnc.s dí^ las muestras de
antiguas rimas lalinas aloL'adas por >[uratori, Tvrwhitl i otros/
• A las que se mencionan en el lí»\lo ni(.' J'.'i p:;iv(¡íl,) nnridir la
lista siíruicnle, cpio Cüinprendo alLrunr.s otras do las mas nolaljlcs i
autenticas.
1. Varias poesías, entre ellas una bajo el nomnre do Ablclmo,
insertas en las epístolas J, í'.'i i •)',) do las dv' San lM)ii¡facio Mo^^'un-
tino.
*2. AlíTunos versos del mismo Aldelmo interpolados en su lrat«'»do
Dn rii'rjinítntfj.
3. Varios himnos i cánticos dtd anlifonario Bencoron<;e, que fue
publicado por Muratori con otros manuscritos de la bildioteca ambro-
siann, i le parcela <]el *íÍLdo VII. o, cuando mas. <lel VIH.
4. Otros cualrp lumnos del nlíiio de Xuestra í^efuírp. que corre con
las crónicas de Monte Casino por I.con .>íar:icano i Pedro Diácono ¡
que. s.»2run Ánjelo de Nuce, abad de a([uel monastv^rio. que escribía
por lOGií, contaba ya entonces mas de mil año*: do anti'_rüedad.
r>. VA ritmo de San Culumbano sol)iv la vanidad de la vida mortal
que se halla en la colección de epístolas hibérnicas por Jacobo Usserio.
6. Los himnos O lux beata Trinitas de San Ambrosio, Jesu re-
OPúsc. 7
50 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
es que su uso era frecuentísimo en Europa, antes de la irrup-
ción (le los árabes. Tres de ellas merecen particular atención.
Entre los acrósticos de Conmodiano, liai uno (el último) cuyos
versos terminan constantemente en o. La obra toda por la ru-
deza del estilo i versificación debo mirarse como una muestra
de la poesía vulgar del siglo III.*
El salmo de San Agustín contra los donatistas esta escrita
con el mismo artificio. Todos los versos (pasan de doscientos)
acaban en la letra e; i es de advertir que este cantar se desti-
fulsit omníum de San Hilario do Arles, Marttjris ecce dicí^ Aja-
thse do San Dámaso, i Rcx Christc factor omnium do San Gregorio
Magno. El himno ( íionis novx Jcrusalem, que Quadrio cita co-
mo do San Ambrosio, so halla en la colección do poesías cristianas
de Jorjo Fabricio bajo el nombre do San Fulberto, obispo de
Chartrcs, i los benedictinos do San Mauro no hallaron suficiente fun-
damento para colocarlo entro las obras del santo obispo do Milán.
Probablemente es uno do tantos que so llamaron ambrosianos por
haberse compuesto a imitación de los de San Ambrosio, en coplas
de^ cuatro versos yámbicos dímctros. Tampoco se puedo hacer alto
sobro el himno Ad percnnis vítca fonlam quo Crescimbeni i Jorjo
Fabricio atribuyen a San Apfustin, i otros con mejores fundamentos a
San Pedro Damiano. Encuéntrase en el tratado do las Meditaciones,
quo ciertamente no es del santo doctor, i hai fuertes razones para so.í-
pechar quo so escribió en el siglo XII.
Otros himnos pudieran citarse en quo la rima, aunque no ro;;'ular i
constante, es frecuentísima, comc) el Ma(jno snlutis gandío do San
Gregorio, los dos de Venancio Fortunato que einpiozan Agnoscat
nynne sccculurn, el Vexilla regís 2>rodeunt i c\ Tibí laus percnnis
autor del mismo, el Jesu quadragnnariie i el lleata nobis gandía do
San Hilario, etc.
Véase Muratori, Antíquilaíes itálicas r)ií^f¡erlalio XL; Tyrwhitt,
Essay on Ihe langnage and i'ersipcation of Chance r; Mr. Sharon
Turnor, On thc origín of rhijnie, ArcJucolngía or Miscrllancous
tracts relating to antiquíties, volumen XIV; Mr. do Roquefort, De
Vútat de la poi^sie franraise dans le XII et XIII sidcles, pajinas 3ü i
siguientes; etc.
* Sobro la edad do Conmodiano, están discordes los eruditos. La
opinión común le coloca en el si^'lo IV. Sebastiano Pauli en su Diser-
tación sotn-c la poesía de los Santos Padres le hace subir al II. I.o
mas probable es que ílorcció en el ll(. ('onsúlt?»se a Fabricio, Iiíblio-
thecn latina wediiv et in/iniu* ivri.
LA niMA 51
naba a la ínfima ])lcl)e, i a los que no tenían ninífiuia tintura de
instrucción, como lo dice expresamente el santo. En una com-
posición de esta especie, era natural que se adoptasen las formas
de la poesía vulgar.
Un pasaje de la Vida de Snn Faron , obispo de ^íeaux, la cual
se atribuye a Ilildeí^ario, obispo de la misma ciudad, acredita
lo familiar que era la rima a los fríuieoses desde los principios
ilel siglo Vn, pues la usaban en las cantinelas populares i
rústicas. El histuriador refiere que, en cehibridad de la victorio-
sa expedición de Clotario I í, rei de Francia, contra los sajones,
se hizo una cantinela a/ modo rá.s//Vo, la cual andaba en boca
de todos, i las mujeres mismas la repetían a coros. Las coplas
do esta cantinela que cita llildegario son rimadas; i en ella pa-
rece que so observó también la unidad de rima.*
* Dicen así. (adoptando la Krcion <lc Mr. do Roqucfort, De l'état
de la poósie fraiicnise, pajina ¿01):
Do Clotario cst oniicro, roiro franconnii,
qui ivit puL,'naro in c^ontom saxoiium.
Quan gravitar proven isset inissis saxoninn,
si non forot inclytus Faro do ícenlo burgiindionuní!...
Quando veniunt in Icrram frnncoruní,
Faro ubi erat princeps, missi saxonum,
instinctu Del transeunt per urbem mcldorum,
nc interíiciantur a rege fraiicoriiin.
•
Para entender estos versos, es necesario tener pre'>eiite que Clotario
había determinado dar muerto a ciertos embajadores do los sajones.
San Faron, convirtiéndolos a la fe cristiana, logró apaciguar la ira
del rei.
Mr. Sharon Turner piensa que estas coplas fueron traducidas del
dialecto jerman ico do los francos, en quo supone se hizo orljinalmon-
te la canción; porque es probable, dice, que no so hablaba entonces
un latín tan puro, i porque aquélla con que en 883 so celebró la vic-
toria del rei Ijuis sobro los normandos so compuso en franco-tudesco.
Pero esta suposición repugna al texto. Hildegario, o quienquiera qao
fuese el aulor de la Vida do. San Faron, se apoya en la rusticidad do
aquellos versos para probar lo célebre que era el santo entre toda
clase do jcntes. Por otra parte, dudo que a nadie se haga creíble que
una canción teutónica haya podido ser entendida i repetida por la
joneralidad del pueblo francos en tiempo alguno. El latín de aquel
52 OPÚSCULOS LITERARIOS 1 CRÍTICOS
Estos i otros ejemplos prueban que, antes de haber oído la
Europa el primer acento arábigo, le eran ya famHiares las con-
sonancias poéticas en una lengua de que a la sazón estaban
naciendo nuestros dialectos vulgares, i ya las habían consagra-
do, por decirlo' así, los cánticos que resonaban día i noche
en todas las iglesias do occidente; No hai para que imajinarso
que los españoles aprendiesen do los árabes la rima, i luego la
comunicasen a las otras naciones do Europa, cuando se sabe
que en todas las que hablaban latin era conocida desde los
primeros siglos de la era cristiana.
Un literato francos de mucha i merecida celebridad dice que
los proveníales tomaron ciertamente de los árabes su afición
a la poesía acompañada de canto i de instrumentos, i cree pro-
bable que, pagados principalmente de la rima, que hasta enton-
ces solo habían oído en los cánticos severos de la iglesia, la
comenzaron a usar en sus versos.* ¿Mas por ventura ha sido
peculiar a los árabes- la poesía cantada i acompañada de ins-
trumentos, i no se conocía en Europa antes del siglo VIII,
como en todos los otros países i en todas las otras edades del
eantar, i aun el latin de las escuelas, era mas a propósito para ello,
como que so usaba todavía en el pulpito, i por largo tiempo continuó
emploándosc en las leyes, juicios, diplomas, escrituras i toda especio
do documentos públicos. Lo Deuf es de sentir que hasta el siglo VIII
no dajó do entenderse jeneralmen te, en Francia el latin fácil, como el
de ciertas vidas do santos, que todavía se conservan, i que se sabe so
compusieron en aquella época para el uso del pueblo. (Memorias de
la Academia de las inscripcionesy XVII, 720.)
En cuanto al epinicio do Luis, no están de acuerdo lo» críticos sobre
la persona en cuya alabanza so cantó. Por 880, habia dos Luises reyes
do Francia; uno i otro hablan sido vencedores do los normandos; uno
i otro tenian dos hermanos llamados Carlomano i Carlos; do modo
que las señas que da el poema convienen iu^ualmcnte a los dos. Los
que 80 inclinan al Luis do la Francia oriental, cuyos dominios eran
en mucha parto jormánicos, alcpran, enti*o otros arp^umcntos, que no era
probable so cantase en tudesco doi\de se hablaba jcnoralmonto roman-
ce. Pero no sabemos que esta otra canción fuese popular, como la do
dotarlo; i consta que, en la corte de los reyes francos de occidente, se
honraba su lengua i poesía paterna.
* riiiin^ucné, Ilístniro littóraire d'Halie, P. I, cap. 5, sec. I.
muiidor Por los ejemplos que acabo de. citar, parece que en
Europa los cantai'eA rimadas do la plobe pret^lieron a los ecle-
siásticos. Pero, aunque éstos hubiesen dado la primera ¡dea de
la rima «qué mgniricaba la severidad de la iglesia para que no
se imifatsc su estilo en tiempos i países donde todo era rclcai&a-
Uco, i aun pudiera decii'se monástico, eilucacion, leti'as, poetas
i poesía»?" Las matt antiguas que so t-nnoccn en las lenguas
modornas son obras de ecloítiásticos, i ho reducen a vidas de
santos, relaciones ilo milagroS, traducciones de algunas parles
de la s^^igrada escritura i otros asuntos piadosos. Las modula-
ciones mismas do los juglares no eran mas quo un remedo del
uanto gregoriano.**'
II
Monos diTicuItad liallanamos on ailniitir que los pueblos del
norte trajesen la rima al sur de la Europa, si supiésemos que
la usaban, corno los árabes, antea do su comunicación con la»
provincias del imperio romano. Pero los documentos que de
«lio se alegan no tienen la antigüedad necesaria.""
* <La unión del canto con la poesía es tan antiírna como Iti una I
el Otro. Los pui^blos bArbaros, i aun Ina Iribus Ralvajcs, ticaotí cnncio-
nos; todas lax naciones cultas lian tenida cantos recatares*, utc. Ifis-
loire Ítíí-Vaíre d'IInlh. P. II. cap. 36.
«La Itniia las hnbin conncidn sin duda (las candónos) bajo la domi-
nación dolos godos i las longobardos, poro no queda ol manorvGstijio
de ellas.» ib.
•• VóaimetosdoB primeros capilulos déla citada /íísloii'c liltéraire.
"• Lelt^uf, dieseríflííoíi//, líi); i La Borde, Essní sur la mustqui?.
II, 146.
tTodos osioa cantares (loa úu\ si^do XIIIl derivados por la mayor
parte de los do In ii^lesia, oran sin duda baalanCc simples,! etc. ¡Us-
tarie Uttiraire d'/íaííe. P. 11. cap. 20.
*"" El epinicio cantado a Luis, rei de Francia, es do fines dol siglo
IX. Kl poema do la fitacia o Paráfrasis Evanjélica. i otras obras do
Ottrldo, monje wcísumburírueneo, pertenecen al mismo siglo. El
fragmento del Coloquio de Cristo con la Snmarífaiía, quo trae Fric-
kio en BU apáridjf^e ni Tesoro de Sohiltor, so dice sor antiquísimo, sin
espcciCicarsD la época do íu composición; pero lo mas que puede subir
!>'* OPÚSCULOS LITEIIAUIOS I CHlTICOá
Para probar que la rima ora muí antigua éntrelos francos,
i como natural a su lengua, se cita un i:)asaje de Otfrido que, a
mi parecer, indica lo contrario. Hállase en la carta a Liutl)erto,
arzobispo de Maguncia, en que lo acompaña su poema evan-
jólico; i no es otra cosa en sustancia, que un aviso relativo al
modo con que se han de leer sus versos para que se perciba el
artificio de la consonancia.* Pero las monud(Micias en que en-
tra Otfrido como que dejan traslucir la solicitud de un autor
que ensaya un jénero de composición inusitado. El mismo
Otfrido, ponderando la barbarie i rudeza de su lengua, dice
expresamente que en ningún tiempo liabia sido limada
por medio de composiciones escrilaf^^ ni con arte ahpina.
Otro argumento de que se valen los partidarios de los jer-
cs al siglo VIII. La caiUinela íroLica, insoria por Kstefanio en sn co-
mentario ala Historia Dañosa de Snjon Graniático, se dice también que
es mui antigua. En ella, so recorre la historia de los longobardos desde
su salida do la Quersoneso Címbrica hasta que Carlomagno puso fin a
•BU dominación en Italia; i de aquí se deduce que es posterior a esto
suceso; pero cuánto, no es posible saberlo, ni hai fundamento para
conjeturar con Estefanio que sea de la edad del mismo Carlomaorno.
En fin, los Nibelungcn (poema épico en que figuran los jermanos i los
hunos), aunque compuesto sobre otros mas antiguos, debe referirse
bajo su forma actual rimada al siglo XII o XIII. Do las poesías rúni-
.<:as, se hará mención particular mas adelante.
* «Non quo series scriptionis hujiis métrica sit subtilitate oonscrip-
In; sed schema homceotelcuton assidue quínrit. Aptam enim in hac
lectione, ct priori decentem et consimilem quícrunt verba in fino
Ronorilatem, et non tantum per hanc inter duas vocales, sed etiam
Ínter alias litteras sajpissime patitur conlisionem sinaliphvc; et hoc
nisi fiat, extensio sa^piíis litternrum inople sonat dicta verborum.
Quod in communi qnoque nostra locutionc, si solerter intendimus,
nos acrerc nimium invcnimus. Qua?rit enim liní^ua? hnjus ornatns et a
leírentibus sinaliphvc* lenem et conlisionem lubricam priccanere, et a
dictantibus homoDoteleulon, id est, consimilem verI)orum terminatio-
nem observare. » Otfridus nd Liufhnilinn. El Jmmrpotoleulon asiduo.
q}ixrit, que dice Otfrido de su obra, so ha citado aplicándole violen-
tamente a la lenirua; i no monos violento uso se ha hecho del lingxive
oniatus qiixrit hoiuo^ofntrulnn, que, si se atiende al contexto, se
hallará que solo q\iiere decir tiiigunm (hnclonns nidom ct nullaarte
oxpnlitamj ornnr^ tlnhoDins liowrp.ntolouton.
LA niMA i}'}
manos, es la derivación do esta misma palabra rima y que
quieren venga de las antiguas lenguas teutónicas/ Yo por mí
no veo qué motivo haya para separarse do la vulgar etimolo-
jía que deriva a rima do ^u0;x¿^. Sabemos que en la media lati-
nidad se conocieron dos jéneros do composiciones poéticas:
unas métricas y ajustadas a las reglas de la prosodia antigua;
* Rim era número en el dialecto sajón, i lo mismo significaba rimo
«n el franco- tudesco; de donde parece derivarse irrimcn, que se ha-
•ila en el dístico sij^uiente de la Paráfrasis Evaíijélica 1, ^:
I'ít ira lob ioh giuvaht
thaz thiu irrimon ni maht.
Quiero decir (hablando déla Santísima Vírjen): «es tanta su alabanza,
que no puedo numerarla,» esto es, «ponerla en número o verso,» no
precisamente, «rimarla.» como pretende Mr. Turner. Haciendo todo
el favor posible a estas \o?.c?i teutónicas, ofrecen exactamente la mis-
ma idea que la voz grie^M ',ouO;jlo;, adoptada mui temprano por los
latinos en su s¡ii:nificado de número oratorio o poético, i tan cercana
a riina como se puedo apetecer. No hai, pues, necesidad do ir a buscar
entro los sajones o entre los francos lo que nos tenemos dentro de
casa. I ¿quién quita que irrimen venga también de 'puOjxo;? En los
escritos mas antiguos sobre que se han formado los glosarios teutó-
nicos, se encuentran voces de oríjen griego i latino. Basta citar, por
la relación que dicen al asunto presente, las voces inatres i prnsun,
metro i prosa, que se hallan contrapuestas en la Paráfrasis EraíijV-
lica, I. I:
Ist iz prosun slihti
thar drenckit thih rihti,
o do metres kleini
the ist gouma filu reini;
que se interpreta así en el Tesoro do Schiltcr:
Si ve est prosa simplex;
boc refocillat te in rectum,
sivo nietrum subtile,
huic est attcntio multum pura.
Otra raíz indicada por Mr. Turner es la palabra sajona drym(*,
verso, que nace de drym o dream, regocijo, modulación, música,
órgano; i con la partícula prepositiva gn, consonancia, armonía. Sin
embargo, en gedryw la idea de correspondencia o semejanza, está
precisamente afecta a la partícula, como sucede en la voz conso^
vancia.
50 OPÚSCULOS LITKKAUIOS I CUITICOS
i otras ríhiiicas, cii que, desatendidas las cuantidades, solóse
prociirnljo «ujotar los versos a un número constante de sílabas,
i a lo mas, ¡milar en ellos laacenluacion i las cesuras del metro
propiamente dicho. Sabemos también que tanto el metro, como
el ritmo, admitia el artilicio rciifular i sei^uido do las consonan-
cias; pero ni uno ni otro lo exijia necesariamente.* Pixrece,
pues, que, en cuanto a la lení;;ua Talina, no había mas razón para
asociiU' con la voz ritmo que con la voz nwLro la idea de las
consonancias. Pero otra cosa fue en las len«^uas modernas de-
rivadas de la latina. La poesía que se cultivó en eUas no tuvo
nada que ver con la duración o cuantidad de las síhd)as, sino
solamente con su número i con la distribución de los acentos
i cesuras; en una palabra, fué toda rítmica. Ademas, la seme-
janza de terminaciones vino a ser en ellas una compañera inse-
parable del verso; do modo que, en el innumerable catálogo de
poesías en romance anteriores al siglo X\'', rarísima so hallará
que no sea rimada. Llegó, pues, a considerarse aquel artificio
como mía parte o requisito preciso de la versificación; i 7'únar
o hacer ritmos significó desde entonces combinarlas palabras
por tal arte que a un mismo tiempo halagasen el oído con la
regular colocación de los acentos i cesuras i con la semejanza
de los finales; nueva acei)cion de la voz rhijthmiis, quo adop-
taron los escritores de los últimos tiempos de la latinidad,** i a
* Asi la (.'".rloi'íi de Toodiilo está en metro ¡ rima; la Alrjnndreida
de Gualtero oii metro sin rima; los versos canudos por los soldados
del emperador íiUis II, que trae >[uratori en la disertación XL do sus
AnliqniLalos itnliciü en ritmo sin rima; i los opúsculos arriba cita-
dos de Son (Joluml)ano, San Bonifacio i Aldelmo, en ritmo rimado.
** Véase la terciara parte de El Laborínto, poema didáctico de Evo-
rardo Betuniense, escritor del sicrlo XIII, inserto en la Historia poeta-
rmn rJ. pofimatnin laedii ivvif de Leyser. Iccaal acepción dio a la voz
rhytlnnns Antonio de Tempo, autor do una Summa artis vhytli-
micvc vnlgaris, del ano I3:i:2, manuscrito de las biblio.tecas Estense
i Ambrosiana, citado por Muratori (Ariliquitates ilalicoí medii acuí,
disertación XL). Du r.nrre. verbo rfnjttnnici versus, cita pasajes do
Alvaro de Cói'doI)a, de San Bonifacio i do otros autores en prueba del
antiguo U'=ío do rlnjlhmicus en la acepción do rimado. Mr. Sharon
Turner, en la primera de las disertaciones sobre la rima [Archscolog ia
LA UlMA i>
^'7
la cual SO apropió en romance el niisnio sustantivo con termi-
nación femenina. I con esta misma siijnificacion ocurro muchas
veces la voz rimo en la carta (k'l marques de Santillana al
condestable (le Portugal, documento prerioso cuya publicación
deben las letras a don Tomas Antonio Sáncliez.
Pero, volviendo a la pretendidiv extracción jermanica de la
rima, no deja de ser reparable ([ue estén desnudas de esto
ornamento las poesías que so conservan de los anglo-sajones.
Ni en el fragmento do Cadmon, ([ue es del siglo Vil, i acaso el
monumento mas antiguo que se conoce de poesía septentrional,
ni en el cantar sobro la victoria do Krunanburgo, compuesto
en el siglo X, se echa de ver conato algiuio a la rima/ Mr.
Tyrwhitl, el erudito i juicioso editor de Cliaucer, so inclina a
creer, en vista do las nniostras recojidas por Hickcs, que la
versificación de aquel pucljlo no estaba sujeta ni a la traba de
las aliteraciones o consonancias iniciales, que fué el carácter
dominante de la poesía xiinica, ni menos a la de las consonan-
cias finales, que de tiempos atrás se ha])ian frecuentado en la
poesía latina, así do la iglesia i de las escuelas, como del vulgo.
II
di: L V A LITE U ACIÓN
Tres especies de rima so conocieron en la media edad: la
or Misccllannons IrarU, volumen XIVj trae otro do Aldclmo al mis-
mo propósito. Poro no osla claro si rlnjlh)iiicu!> ou estos pasajes
signiiica i'íuindn o no siiJ<'fo n. cunnfidr.tl's. lU do reparar que San
Bonifacio (Epístola G'») dosÍL,qia la rima con osta lari^^a pcrílVasis; una
cadcmqno littcra, comparibus lin«'arum ti-aiisitibiis aplata. Otfrido la
llama scJiívino hohuvoleli^Jilu)i. Mr. TyrwlütL cita un pasajo curioso
do un escritor del siirlo XI (Df* MirnriUis Sa)ici¿ Vulframní, apud
Dackcin Acln Sauchirum ord. /í(?)i. III, IJCDj on que las pocsms france-
sas do Tibaldo do Vornon so dicen compuestas ad quandam tínnuli
rhyíhmi simílitudineil-i, esto es, a semejanza del ritmo sonsonete.
El epiteto tínnnlns (observa el mencionavlo anticuario) prueba que la
voz rhythmns por sí sola no sií^nificaba rima. [Essny on Chaucer,
langunye and versi peal ion.)
• Hickos, Tliesaurus lingxiavum vnteruní septenlrionis, tomo I.
Ellis, Specimens of early engtish poets.
TLv»
.>S OPÚSCULOS LITEHARIOS 1 GíUTICO?
- - - . . . é •
aliteración, que so ha desterrado ya do la poesía; el consonante,
o rima propiamente dicha, que sx^ue empicándose en la versi-
ficación de todas las lenguas de Europa; i el asonante o rima
vocal, que al presente solo se usa en nuestra Península. Em-
pezare por la que me parece mas antigua de todas, (juc es la
aliteración; como ella no tiene nada que ver con nuestra lite-
ratura, me ceñiré a dos o tres observaciones sobre su mas
probable orí jen.
La aliteración consiste esencialmente en la semejanza de
las articulaciones inirjales de los vocablos; artilicio que per-
feccionaron los poetas de Dinamarca e Islanda, levantándole
a un grado de dificultad i complicación increíble. Pero en este
discurso me propongo solamente considerarla bajo sumas an-
tigua i simple forma.
Jencralmentc se piensa que la aliteración es de oríjen teutóni-
co. Aliterado es el verso en que está escrito el fragmento de un
antiquísimo poema alemán, que contenia la historia de dos
guerreros Hildebí^ando i Hadubrando, i que se cree haber sido
compuesto lo mas tarde en el siglo VIII de la era cristiana.
Dicho fragmento se publicó en Casel el año de 181?, i es el
monumento mas temprano que poseemos del uso jermánico de
esta especie do rima.
Pero hasta ahora, que yo sepa, no se ha reparado en el que
de ella hicieron los escritores latinos de la media edad. En la
epístola G9 de las de San Bonifacio Moguntino, que floreció
por el siglo VIII, se introducen cuatro poemas, el uno de ellos
atribuido al obispo anglo-sajon Aldelmo, que murió en 709,
i cuyas poesías, tanto latinas como sajónicas, fueron muí cele-
bradas de sus contemporáneos. La versificación de este poema
ofrece al mismo tiempo los dos artificios de la aliteración i de
la rima, i apenas se encontrarán en él dos versos de seguida sin
unadol)le i a veces triple i aun cuádruple consonancia inicial,
como el lector percibirá en los pasajes que siguen:
Spissa stalim íípiramina
í/uelli í/ucunt agmina....
Ilorum archon atrocilor
/"amaní verrón s /'crociter
/"iiribundus cum /*lam ¡nc...
IJnde /ilanis /iirbida
/al)untur luminaria.. .
Tr^mebal /ellus /url)i(la....
Ñeque r/ullíc r/racililer
i/2anabaiit, hod r/?inaciler.
mundi j'otam roranlibus. ..
Turbo /erraní /crelibus
grassabalur furbinibus, etc.
Lo mismo se ceba de ver, aunque no con tanta frecuencia,
en los otros poemas de esta i de las epístolas Gl i G4, de la
colección de Serario. En el antifonario Bencborense publicado
por Muratori, i que este erudito cree del siglo VII, bailamos
también muestras nada equívocas de que por aquella etlad es-
taba la aliteración en mucbo favor, entre los versificadores
latinos menos cultos, que ])robal)lemente solo asi)irarian a agra-
ciar a la plebe con ella. Aliterado es el bimno de San Conjilo
en dicho antifonario; i el propio artificio parece que se pro-
curó en la inscripción que se puso en Homa a la estatua del
sofista griego Procresio:
/íegina ?'cruni Koma rc'j;\ cloqucntia?.
Pudiera creerse que semejante estilo de versificar babia sido
introducido en Inglatín'ra i en el mediodía de Europa por los
bárbaros que desmembraron el imj)orio romano, si Donato no
liiciese mención de esta especie de sonsonete, como un primor
o una afectación, que se percibia de cuando en cuando, aun en
los versos de los mejores poetas latinos. A la verdad, los ejem-
plos que se citan do \'irjili() i do otros escritores del siglo de
Augusto parec(;n casuales; pero ¿qué diremos de la frecuencia
con que ocurre la aliteración en los fragmentos do Ennio?
Entre muchos otros versos que, en pi'ueba de ello, podría su-
ministrar de lo que so conserva do sus obras, que es bien poco,
trasladaré solamente los que sigtion:
At /liba /erribili sonltu /aratantara dlxit.
Veluti hiquando rincleis ronalica relox
apta siiet canis...
00 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
Oi'iitor sino paco redit rcgiíiuo ?'efert rcm.
Rem ro])etunt regnumque pctiint....
(>uíoquc frclo cava coeruleo cortina reccptat.
Neo scse dedit in conspectum cordc cupitus.
África /crribili ¿rcmit liorrida /erra íumultu.
O 7'ilc /ute fati, íibi fanta, ¿yrannc, íulisti.
Sevoritcr siispcclionom /erro /"alsam /"utiliuní est.
IJt quod /^actuin est /"utilo, amici, nos /^oramus /*ortitcr.
Luniine sic h'cmulo ¿erra ct cava coerula candent.
El mismo estudio se percibo en algunos fragmentos do No-
vio; como en la inscripción que compuso para su sepulcro:
Mortal is ¡mmortalis /"Icro si foroi /"as,
flercnt diva} camcníe N?evium poctam.
ítaíjue postíjuam est orcino ¿raditus ¿hcsauro,
obliti sunt Komac /oquier ¿atina üngua.
Ilai, pues, fundamento suficiente para creer que los latinos
se deleitaron en la aliteración, a lo menos desdo la edad de
Nevio i Ennio; i ya qué no la aprendieron de los griegos, se
puede conjeturar que era propia de su antigua versificación
nacional. Posteriormente, habiendo prevalecido en su litera-
tura el estilo i gusto de la Grecia, los que escribieron para la
jento culta, se desdeñaron de usar un aliño que tenia cierto
sabor de vejez i rusticidad; poro esto no quita que se conser-
vase mucho tiempo en los cantares de la plebe, i que do allí la
tomaran los bárbaros que invadieron el imperio.
III
DE LA RIMA PROPIAMENTE DICHA
Muratori manifestó en la disertación XL do sus Antigüedad
tles Itálicas que desdo el siglo UI o IV do la era cristiana em-
pezaron a verse composiciones latinas en que la rima aparecía,
no como adorno accidental, sino como leí constante; de donde
se sigue que no fuá introducida por los árabes, ni tampoco
parece que lo fué por las tribus jormánicas, pues vemos que
LA ni. Ni A 01
están destituidos de este ornamento los mas antiguos poemas
que nos quedan de los alemanes i anglo-sa jones.
Puedo alegarse, con todo, que nuestro surtido de literatura
teutónica i céltica es demasiado escaso para que, s;)l)re las reli-
quias que poseemos de ambas, se pueda formar juicio seguro,
i que no era fácil se conservas;.Mi las proJucoioniís de atpiellas
lenguas bárbaras, como los del idioma culto de occidente,
medio universal do comunicación en una parte tan conside-
rable de Europa. Es cierto que, aun con esta ventaja, apenas
nos han quedado rimas latinas do feclia anterior al siglo VIII,
sino en las comivjsiciones qu j la iglesia recibió entre sus cánti-
cos o que sirvieíOíi [rwa la instrucción rolijiosa de los fieles. I
a primera vista no parece tan verosíiuil que ocurriese desdo
luego a los latinos la idea de rimar sus versos, como que al-
guno délos recién convertidos citas o jormanos, aeostíunl)rado
en su lengua nativa al artiíicio d> las consonancia^, hubiese
querido engalanar con ellas la versificación eclesiástica.
Tand)ien se uice que la rima es antiquísima entro cliinos, in-
dios, persas i otros puo]>los del Asia; i como las comunicacio-
nes entre la Europa i el Oriente suben a la antigüedad mas
remota, i los hal^itantes do la primera son do oríjon asiático,
se alega que, para admitir la extracción oriental do nuestra
rima, no es necesario ([uo nos la hnyan enseííado los árabes.
Pero si la rima ums ha venido en alguna cara vena, junto con
otras drogas i especias dol Oriente; si salió do la torre do Babel,
o se .salvó del diluvio universal en ei arca, para tormento do
los poetas i anticuarios posdiluvianos, ¿cuál es la causa deque
los griegos, confinantc^s con el Asia, i on parte asiáticos, la
hayan conocido tan tardo, reci])ióndola, segii.i toJas las aparien-
cias, de los francoscs o de los italianos?
La verdad es (jue los hitinos no tomaron de ningún pueblo
la rima, porque ésta nació esjíoniáno.amrínte en su lengua.
Sus primeros rudimentos estaban envueltos en las formas do
la compo.sicion oratoria i jioótica do los griegos i de los roma-
nos. Fomentados por ol mal gusto, cnuen/rron a desarrollarse
en las primeras edades del imperio; i acelerada por causas que
todos saben la corrupción del latin, i la ruina total de las letra»
(jI opúsculos LITEIIAIUOS 1 CIIÍTICOS
en occidente, crecieron i lozanearon hasta convertirse en una
parte esencial de nuestro sistema rítmico.
Todos saben que, en el latin, el período orat(M'¡o era mucho mas
simétrico que en los ivüjmas modernos. Hacíase consistir esta si-
metría en construir dos o mas cláusulas, de manera ([ue cons-
tasen de elementos análogos colocados en un mismo orden.* Se
contraponían, pues, los nombres i verbos en iníl.'xioncs análo-
gas, i como en nin^^una parte resalta mas la corrcs[)on(loncia de
las palabras i do las ideas que al fin de las cláusulas, era na-
tural que éstas terminasen amenudo en vocablos de una misma
especio,! declinados do un mismo modo, en unos mismos casos
del nombre, o en unos mismos tiempos del verl)o. Nacía de
aquí muchas veces la rima, sin que el orador la buscase, ni aun
pensase en ella. Pero vinieron los retóricos, i dando por senta-
do que se había hecho de estudio lo que por lo común había si-
do casual, i aun inevitable, imajinaron los homcoteleutos, los
homeoptotos, los parisos, los isocolos, el shnililor car/en.s, el
simililcr desinens^ i otras inepcias i puerilidades, que, afecta-
das lueyo, plagaron todas las producciones del injenio.
Entraba, sin embargo, en todas estas figuras, como condición
indispensable i precisa, la analojía de los términos; i creo no se
hallará ejemplo de ellos, alegado por los retóricos, en que
las palabras correlativas sean de diversa naturaleza gramatical.
Por el contrario, muchas veces falta la consonancia, i solo se
* Pondré aquí, no para prueba do lo q\ic di.í^o, sino para darme a
ontondcr con mas facilidad, un ejemplo do Cicerón:
Sic confirmo, qui rites, hac lejL¡:e aL,'raria pulcra atquo populari dari
vobis nihil, condonan certís hominibus omnia; ostentari populo ro-
mano aí^ros, cripi etiam libertatem; privatorum pecunias augeri,
publicas exhauriri; denique, quod est indignissimum, per tribununí
plebis, quem majores pricsident libertatis, custodemque cssc volue-
runt, ropres in civitato constituí.
Dari está simétricamente opuesto a condonan; vobis a cerlis
hominibus; niliil a omnia; oslenlari a eripi; agros a libertatem;
privatorum a publicas; augeri a exhauriri; i finalmente augeri,
rxhauriri, constitui son elementos homólogos que hacen juego entre
fii por la semejanza de naturaleza i de situación.
LA RIMA t>3
halla la analojía.* Empleaban, pues, la rima, no para halagar
el uídü con cl sonsonete, sino para dar bulto i color a la corres-
pondencia de las ¡deas, al revés de lo que sucedo en nuestra ver-
»¡fiv.ac¡on , donde la semejanza material de las palal)ras es tanto
mas agradable, cuanto menor es su semejanza formal.
Este principo de simetría so aplicaba también al vers-»: i sin
que el poeta anduviese a caza de consonancias, for/j>samente las
producía. ** Pero, ademas de esta causa, (|ue era común a la pro-
sa con cl verso, habia otra no menos fecunda de rimas en la
composición ptjética, es a saber, la separación del sustantivo i
del epíteto, i su colocación respectiva en la cesura i en el linal
del verso, i a veces en los finales de dos versos c.»ntiíruos:
A'olvitur cl plan/ raptim pelil ícquora camp/.
^Lnc recio.'
LMcit in atemos asjícra verba déos.
[Tihnh).
Flendo luPiriduli rubent ocellí.
\Catulo.)
Impubc Corpus, quale possct impía
lenire lliracum pectora.
\IIoraciu.'
Forniidolosíí? dum lalcnl silvis fenr
dulcí sonorc lancruidtr.
'Ilonvio.}
Lomo el sustantivo i el epíteto pertenecían muchas veces a
una misma declinación . su concordancia no poília menos de
ocasionar rimas frecuentes en el estilo menos estudiado,! hasta
en la conversación ramiliar. A^í pues lo que las hacía parecer
• Vo:l)i giMcia. en esto pa<ujo do Ciojron. que Quintiliano da por
ejemplo fio un trip-o homootolouto:
Vieit pudoi'oni lihido, liiiiorom anilacia, rationcm a)y}enti3.
'• Tor ijcniplo:
(\.elum n¿tcsC'''r'\ arbórea frondcsc^rey
\\Il'< Lotifica^ painpiai'is pubesceré,
raiiii baceariun ubortaic incui vosee re, etc.
Vrr*io^ lie aMtcir d^í^conocído. citados en la primera TuscHlinin,
G\ OPÚSCULOS LITEDARIOS I CRÍTICOS
artificiales en la poesía era su distancia misma, i el estar situa-
das i contrapuestas en los lugares mas obvios, esto es, en las
pausas do la versificación. Pero que semejante estructura no
tenia por objeto la rima es evidente, pues a cada paso la vemos
adoptada, sin que las palabras contrapuestas rimen.
Mr. Guinguenó trae a la pajina 495 del tomo I de su IlislO"
ria literaria do Ilalia los versos sÍLTuientes de la primera oda
do Horacio en pruebo del frecuento uso de las consonancias en
los poetas latinos del siírlo de Augusto:
Evilíita roiis pahnnquc nol)il/.s.
Tcrrnrum dóminos cvchit ad déos,
líunc si nobil¿?(r/¿ turba quiritiu777.
Illud si pro])ío condidiL hórreo
íjuldquid de libycis verritur aréis.
tStratus nunc ad aqua? lene caput sacrít?.
Pero en esta misma oda so hallan los versos siguientes en
que hai simple concordancia sin rima:
Moeccnas atavis edite rcgibus.
Certat lergiminis tollcre honoribus.
Agros .attalicis conditionibus.
Est qul ncc vctcris pocula Massici.
Nec partcni solido dcmcro do dio.
Spcrnit nunc viridi mcmbra sub arbuto.
8eu visa est catulis corva fidclibus.
Seu rupit teretes marsus apcr plagas.
Nympharumquc leves cum satyrischori.
No parece que en la poesía clásica la consonancia del sus-
tantivo con el adjetivo era mas frecuente i estudiada cuando se
contraponia así en las cesuras i finales, que en otra situación
cualquiera.
La separación del sustantivo i del epíteto, aunque no necesa-
ria para la elegancia del estilo poético, sonaba sin embargo mu-
cho mejor en este, que en el período oratorio. Así se ve que los
poetas recurrían frecuentemente a ella, i parece como que ha-
cían gala de aquel desvío de la construcción ordinaria, presen-
tándole del modo mas aparente para herir con viveza el oído.
podemos también resol verla en el principio de simetría, que tai-
vez fiujiriá aquel medio para f^atableccr, dentro de una misma
cláusula, cierta correspondencia entre los remates do los hemis-
tiquios o de los versos. Como quiera que acá, los nrejorcs poe-
tas la usaron mui moderadíi mente; i Ovidio Tué, segun creo, uno
do los primeros que se excedieron en su uso; e] cual, haciéndo-
se cada dia mas frecuente, produjo aquella fastidiosa uniformi-
dad de cadencia i de estructura que observamos en los versos de
los primeros siglos do la era cristiana'. I como de aquí resultaban
acada paso rimas en los pasajes que mas llamaban la atención,
no era c:iítraño que parecieran estudiadas, i que sucesivamente
lo fuesen; i que al cabo llegasen a ser un aliño indispensable
del verso.
Pero lo que contribuyó sobre todo a introducir un nuevo
modo de versificar fundado en la unión de la con.sonancia
con el ritmo, fué la corrupción del lenguaje latino, en que,
oscurecida la diferencia de largas i breves, so hizo necesario
agregar o sustituir a las antiguas leyes métricas otra especie do
armonía mas perceptible a los oídos del vulgo. Las consonan-
cias, que al principio habian sido un efeoto necesario do la
contraposición de ideas análogas, ¡ que, si alguna vez se bus-
caban, era solo para expresar aquella analojía con mas viveza,
dejaron entonces de hablar al entendimiento i de tener conexión
alguna con el sentido. Dióscles, pues, la plenitud necesaria
para la satisfacción del oido, a quien ya únicamente se dedica-
ban; i pareciendo tanto mas felices, cuanto eran menos fáciles
de procurar, llegó por último a cifrarse el primor del arle en
que las voces consonantes tuvieran entre si la menor aGnidad
gramatical que fuese posible.'
* No hablo aqiii do otra afinidnd que la quo resulta de la derivación
por inflexiones scmejautca. Asi renta rima mejor con dia, que con
senda; blancura, mejor con pura, que cou hermosura; amado, mejor
con prado, quo con esUmado; coniñno, mucho mejor con desíino,
qno cou previno; i la rima da los Adverbios en menle es intolerable.
Esto 8c tunda en la nnturaloía de las cosan, porque toda inflexión ca un
demento Bignincativo; i do conMiriiiente. rimar dos palabras que tor-
Irtnianoníndcxionos do igual valor, vicnca ser como rimar una ¡lalabra
opOsc. 9
G6 OPÚSCULOS LITEIUIUOS I CRÍTICOS'
Una progresioii como esta, désele efectos casuales Iiasla regla»
constantes, i la qifc tanil)icn seobsena desde la simplicidad de
los primeros rimadores liasta las varias especies i artiíiciosas
combinaciones de rimas que empiezan a apaiTcer desde el siírlo
VIH, fonnan, a m-i parecer, una prueba sc^^ura do que la len-
gua latina no recibió, de ninguna otra, semejante modo de ver-
sificar, i de que la i>oesía verdaderamente rin^ada no es mui
anterior en aquella misma lengua a los dias do San Ambrosio
i de San Agustin. En efet-to, i)or lo que nos queda de estos
santos doctores, no parece que el arte bubiera beclio todavía
progresos; ni, basta el siglo II o 111 de la <'m cristiana, llegaron
al mas alto punto los abusos en la composición oratoria i poé-
tica, que fueron como los precursores de un sistema regular d«.*
consonancias.
IV
SOBRE EL ASONANTE O RI.UA VOf.AL
Antes de examinar el oríjen i uso antiguo de esta especio de
rima, se me permitirá, a l^eneficio de los extranjeros aficio-
nados a nuestra literatura, exponer sucintamente las leyes a
que está sujeta en nuestra lengua, i que, como voi a manifestar,
son exactamente las mismas que observaron los versificadores
latinos de la media edad, i los franceses. El que no la conozca
perfectamente i no esté familiarizado con ella, no podra jamas
percibir las bellezas de la versificación de nuestros dramas i
romances líricos. A la verdad, todos los críticos extranjero»
que ban tratado de nuestra poesía, la mencionan; i>ero sería
fácil probar con sus obras mismas que los nías o la coiiocicron
imperfectauiente, o ignoraron del todo su artificio.
consicro misma. \o por esto ropniebo la latitud que el uso de los
mejores poetas autoriza en este punto, i sin la cual no seria posibla
componer larc^-os poemas, o el escritor so veria precisado a sacrificar
a la felirifiad de la rima bellezas do un orden superior.
LA mvA 67
Lo mas singular es que los eruditos franceses que moder-
namente i con tanto acierto se han dedicado a explorar las anti-
güedades do su poesía nacional, no sospechasen la existencia
de esta rima en las obras que manejaban; resultando de aquí
el condenarse muchas veces como imperfecto i bárbaro en la
versificación de arjuellas obras lo que en realidad está rigoro-
samente ajustado a reglas.
El consonante o rima completa conviene, como todos saben,
en la semejanza de las vocales i de las articulaciones; el aso-
nante prescinde absolutamente do las articulaciones, i se
limita a la semejanza de las solas vocales.
Dos especies de consonante so conocieron en la poesía latina
de la edad media: el uno monosílabo, reducido a la corres-
pondencia de la última vocal o diptongo, i de la articulación
o articulaciones siguientes, si las habia; i el otro disílabo, que
comprendía la vocal o vocales do la penúltima sílaba i to-
das las letras siguientes li ista el íui de las respectivas dicciones.
El consonante monosílabo fué el mas antiguo, i aparece ya
como artificio regular i constante en una de las instrucciones
de Conmodiano, en algunos himnos antiquísimos, atribuidos
a San Ambrosio, i en el salmo de San Agustín contra los dona-
tist<as. En estos versos de Nerón, que ridiculiza Persio, hai
consonancia monosílaba, probablemente casual:
Torva niimalloneis implerunt cornua bombis
ot raptuní vítulo caput ablatum supcrbo
bassariá et lyncoin Mccníis. . . .
Pero es disílaba, aun({uc ciertamente casu.il, la que se obser-
va en los finales de estos versos de Horacio:
Non satis caí pulcra cssc pocmata. dulcia siinto;
et quúcumquo volciit aiiimun auditoris agunfo.
Nosotros, como los italianos i los portugueses, no conocemos
mas que una especio do consonante, el cual debe abrazar todas
las letras finales desde la vocal acentuada inclusive; rubí, por
ejemplo, hace consonancia con a/e//, ulil con fútil , pálido con
cálido; de modo que en las dicciones agudas basta la consonan-
">■* 0?^; ■?*::: Lili* i^rsaA^j'jS : :7.r:-::5
da mon«>5ÍIiLa. prn» rti la* üii^s o .znves tr* nocesaria la do dos
sílabas. í U (k- tres ^n Iiseí-LriJLiLis. A^; tamuien ca la antigua
Tersii'i«:acíoa franor^a Ii «exteasLoa j nümenj »ie ««unidos finales
que abrazaba la rima C'xnnl-?<:a. d»?peaüa de li situación del
acento. iÁexiio mi3R>?íI^ba "^n ris dicciones a :?u las. i en las erra-
V'js dÍÁÜaba: penj, Cíiini:» nix? adelante ¿e Liciese demasiado débil
o incierta la acenfeíacion de aqijella lencrja. sus [>jetasNujctaroa
el ronvjnante a otris regli?. que ea sustancia so reílujoron
a darle mas númer3 de letras a pr>r»'?rcion que eran mas dé-
biles o de mas freouente o-rurrenoia los s*>nídos finales.
Ijx coníionancia mona^ílaba pueiíe v:::*i-arso a veces en la seme-
janza de las s<>Ias v«xa!es. c»>mo entre mn-^n i templa, entre
rnhí i hleli: pero en este caso es esencial la ausencia de toda
articulación final, lo cual nunca se veriaca ea el asonante, que,
cifrándose únicamente en la semejanza de las vocales, jamas
exije ni que haya ni que deje de haber articulaciones. Xo estii,
puc-s, escrita en asonantes, como dice por inadvertencia un autor
célebre, sino en consonantes monosílabos. a([uella canción
militar de los modeneses contra los húngaros, compuesta a
principios del síí;1o X:
O tu, quí ser\'as armís ista mccnía.
noli dormiré, moneo, sed viffila.
Dum Héctor vigil exstitit in Troia.
non cam ccpit fraudulenta Groecia.
I*rima quiete, dormientc Troia,
laxavit Sinon fallax claustra pérfida;
I)cr funcm lapsa occultata agmina
ínvadunt urbcm et incendunt Pergama, etc.
\j\H reglas de la asonancia se pueden reducir a una sola, es
a saber, íjue las dicciones se asemejen en la vocal acentuada,
i en la vocal do la última sílaba, como en blanco i mármol^
floran i ponen, diáfnno i candido.
Por consiguiente, en las dicciones agudas la asonancia solo
pido la semejanza de la vocal acentuada, que es al mismo tiem-
jHí la vocal de la última sílaba; así 7*azon i flor, jardín i
lurqnl iifluenan lejitiinamente.
— % . . * \
jaaza no conijiron.!^; n:r.s q.i: Ij-^ \xv.':s v!.::..:i::n:i>. c>:.' i<.
las aafntua.l:i<. si Lt .>i».i. :^ :i-...-j .\j. :.:. . •.• >: %.! vl:v«:rii-v> r> :I-
nal e inacen:u.i.lj. ía- Alii.n-vs. A-i ::i I.i : r..:;^ra si'../, a u^'
lánro^ la v»xm1 il .•:vi:::.ir.:'.- e-? :.: cu ■ ,• ■ ri::i:r.i >.^ai a vio ..... i
■ • •
CfVi. a: en la sejar.i.i í ■ '. . . : i t:: I.-; ::;.::.-:'...: --
r»^ es nsouantevlv? .•: ■ ■ :■.'. ^-y... vU- ^'v ■ ■ •. : •I;.:: lK-o i i::t :.
¡jii-io tk" ivi.fíjs. ij'.'.i uv ■■ •; . . 7 . liO • ■•. :.
Las v.K-ak's vine n.^ sou '.ii^riiinc^n'.'j*», ¡ia^op* en :.i!^> J:¿^:.':ij:os
o triptonL'us el pap.-l de ar :«. ila.i'.i!i. <. ni-.^naiKi/iiivK^'-e en vi
mismo t¡em¡K) ((ue >i ver ialeiumonie lo faoran; í en e:\vu»
estas vocalv-s servile.s jr. '. iv^-ii^n iiv,.ue::íenieníe Je arueula-
ciónos. I *ür ejemplo, en ;?:.'■•• f:'.'::?'?^ la ».. so ha <u>liiuiilo a la
c variauJo la naturalL/.:i de! s .mido, mas no su Juraoion, ni
su imporcaneia Maüva: en los ili^ilabos i:aiiano> bia iC'K
piíino^ hace el mi^mu paj»el ¡a L qne en las vooo.n primitivas
6/aíico, pinna la ': la i de reinar i ;í;r\*íiir o> la </ i la •• de
rofjnaro^ a/'er/are: i en la lensrua grriejLru los parlieipio-N en i-.,*
terminaron primitivamente en -»;, cuyo línal conservaron los
latinos. Así pues, la distinción que hacemos de vocales domi-
nantes i serviles, tiene su fundíimento en la importancia rela-
tiva de los sonidos, i está mui lejos de ser caprichosa, como
han imajinado algunos.
Una dicción aguda es claro que no puede asonar lejílima-
mcnte, sino con otra de la misma especie. IVro una dicción
grave puedo asonar con una esdriíjula. Esto, sin embargo, se
mira ya como una licencia que los mejores versiticadoiws evi-
tan. Otra licencia, suíicienten^nto autorizada en español, es
la de considerar la i como equivalente-a la e, i la lí a la o en
las sílabas inacentuadas; de manera que fácil asuena con
grande^ i Venus con c¿e7o.
Últimamente las dicciones consonantes (siempre que lo sean
desde la vocal acentuada, como en castellano, italiano i fran-
cés) son por el mismo hecho asonantes; porque la rima vocal
70 OPÍ.SCULOS LITEIIAHIOS I ChilJCOS
c.^ una parle intograiite de la rima completa. Por eso, en las
obras asonanladas antiguas, se llalla gran número de conso-
nantes; pero los niodcrnos son en esla parte mas delicados, i
la frecuencia de las consonancias en semejantes obras se mira
al presente como desaliño.
Probablemente la asonancia fué en su oríjen una relajaciini
do las le jes rigorosas de la consonancia, ya fuese con* el objeto
de bacer menos difícil la unión déla rima con el metro, mien-
tras continuaron en uso las reglas de la prosodia latina, que
fijaban la duración de las sílabas; o ya condujese a ello la
práctica, tan común en acjuel tiempo, de sujetar gran número
de versos consecutivos a una sola rima.
No me propongo bacer un catálo¿ro completo de las obras
en asonantes que nos quedan de la media edad; basta a mi
propósito demostrar la antigüedad de esta esi)ecie de rima,
dar alguna idea de su frecuente uso i popularidad en latin i
francés, i manifestar la conformidad de las reglas a que estu-
vo sujeta en estas lenguas i en la castellana.
I. La primera muestra, a mi parecer indubitable, de su
existencki, i talvez no la mas antigua que se conserva, rs la
que nos ofrece la cuarta de las epístolas llibérnicas, recojiílas
por Jacobo Usserio; que es la de San Columbano. fundador
del monasterio Boviense, i por consiguiente se escribió a fines
del siglo VI o principios del siglo \'II. En este ritmo, s(í obser-
varon constantemente unidas la consonancia monosílal)a con
la asonancia, es decir que los dos íinales de cada dístico pre-
sentan dos vocales semejantes, i también lo son la articulación
o articulaciones finales, si las huí; verbi gracia:
Tüluní humanuní genus ortu ulilur p.n/,
et de simiÜ vita fine uadit ie(iu¿(l/....
Qiiolidic decrcscit vita prcesens <juam nwMini,
iiKlelicienter manet kíIm peona (inam \v)v:iiil ....
( Cogitare i^onvenil te li;t-c ciinrta. ani/rí».
absit tibi íimare luijiis fc;rmii]am v/tre.
Solo se ecba nn'^nos este artificio en el primer dístico, quo
dice así:
MiinJns ¡ste transí 1. ct qiiolidio decivscil:
nemo vivons inanebit. nulliis vivus remansil.
IVrü es evidente (juo diúm 1<ht.so:
j\ruin.lus islo docrcsciL, ct ([uolidití IranslU
jjidiénlolo así uosolo la rima, sino la división del verso en dos
hemistiquios hcplasíla])os, a que constantemente se sujetó el
poeta, omitiendo las sinalofas.
lí. En la vida de Is santos padres Tason i Taton, escrita
t?n prosa por Autperto, abad de San Vicente del Vulturno, quo
íuurió en 778, e inserta en el cronicón de aquel monasterio,
que publicó Muratori \Scr//>/oro.s rcviun Unlicnnimy I, p. II),
se interpolan alíennos pasajf's en verso asonante, pero no son los
versos los ([ue se hacen astniar entre sí, sino los hemistiquios.
Uó aquí «los de estos pasajes:
Munduá ad inia r/í¿t, miseros ad Tártara ducít;
mutemus vestes: nostras Üeus instruc mentes;
ne sit ([uod fort/s fur lutro tollere possit.
Hic prius al)jrctíts lU postea pastor honestas,
undenís actis posttjuain Taso prieficit annis.
Ad tlnem di/.raiis com])lovit témpora malta,
cjul fuerat m^Tguí/s studiis, opibus ([uoque largas.
A([uí vemos solicitada, como en los versos do San Colum-
bano, la semejanza compítala del final, ademas de la mera
asonancia: ncíis^ an?i¿s; pero no constantemente, pues ve-
mos mera asonancia en fortis^ poí^f^il; (/ara/i.<?, multa,
Ilf. Kn esto mismo Cronicón Vidtuvnense^ escrito hacia
1 100, se hallan otros pasajes asonantados; como los que prin-
cipian a>>í:
Ni spes et V7rtí>:s. mors sit honor, vivero Christa^,
tibia nunc dícat mea luctu corda recisa, etc.
IV. ICn las Adas de los Snntos, dia t de marzo, ha¡ un
poema histórico en alabanza de San Apiano, monje do San
Pedro in Ccelo Áureo, que floreció poco después do fundado
aquel monasterio por Luitprando, rei do Lombardía; i este
í- OPÚSCULOS LITEIIAÜIOS I CRÍTICOS
poema consta de versos sujetos a la misma lei de asonancia
entro los hemistiquios; verbi gracia:
Assiduo vultítm lacrimarum Ilumine curviís
lavit, ct cxarsit flammas oxstingucro carnis, etc.
I si alguna vez falta el asonante, es por vicio del texto, como
en el verso:
Vir bonus amovit rabies et bella draconi¿m,
en que evidentemente debe leerse c/racon/s, estoes, diaboli,
V. A San Jebeardo, arzobispo de Ravena, que falleció en
10-44, se le puso el siguiente epitafio, que se conserva en una
crónica anónima del siglo XIII, publicada por Bacchino, abad
de Santa María de la Croma, i posteriormente por Muratori en
el tomo II, parte I, de su citada colección:
Pontificis magni corpus jacet hic Goboardi,
per qucm sancta donuts crevit ct iste locKS.
Plurima donavit (juaí tal i loge lc^av¿t,
([uie patítur Judas raptor ut ¡p.se lúa/.
Christo funde preces; oh lector, dic míserí»rf:».
VI. En el siglo XI, floreció San Pedro Damián, autor del
himno:
Ad perennis vltic foiitem mcns sitivit árida,
que Jorje Fabricio i Crescimbeni atribuyeron erradamente a
San Agustin. Mas de los cuatro quintos de los versos de que
consta esto himno, que es bastante largo, asuenan entre sí;
i la asonancia es amenudo de tres vocales, i la acompaña la
consonancia monosílaba; por ejemplo:
Ad perennis \livo fontem mcns sitivit árida,
claustra carnis pra?sto frangí clausa quicrit anima,
gliscit, ambit, eluclatur exsul, frui patr/a.
Duní pressuris ac a?rumni8 so gcnit obnoxiam,
quam amisit, cum deliquit, contemplatur gloria?/i;
pra?scns malum auíct boni perdí ti mcmor/a???, etc.
l.V lUMA 'ti
m
Sucede tambicii aiuciiiulo qiio las dos miladcs del mismo he-
mistiquio asireiian cutre sí, como se ve en carn/s, frang/;
prossur/s, cTrunin/; aui¿s/t, d<.*l/íiu¿t.
VII. Pero talvez la muestra mas curiosa do asonantes latinos
es la Vida de la Condí^sn. MritiUlf', escrita hacia lus años de
1100, por Donizon, monje hrneilictino de ('añosa. EsUi obra
tendrá poco mas o nii'nos la extensión de las Joórjicas^ i
exceptuando el capítulo VIII dt-l libro primero, i aljxunos versos
de otro autor, que se insertan en el capítulo III del libro se-
gundo, está toda peri'ectainente asonantada, como se ve en el
pasaje siguiente:
Auxilio Z^clr/ jam carmina phnima f(»c?.
Paulo, doce mentoni nostram nuncpliira rcfern',
qua? doceant p(í'nas mentes tolerare serenas.
Piíscero pastor oves Domini Pascbalis amore
assiduc curans, comitissaní máxime síípra,
síepo reeordatam Cbristi mcmorabat ad aram,
ad quam dileclam studuil transmitiere qiicndam,
praí cunctis Roma» elcricis laudabilioríím,
scilicet ornatitm Dernardum presbyteratit,
ac monacham plano, simal abbatem queque sancta?
umbrosíe vallis. Partís plcnissima sanguís,
quem rcvcrenter amans, Malbiklis cum quasi papam,
caute suscí'pit, parens sibi mente fidclí, etc.
Así está todo el poema; i no es este el único de su especie que
salió de la pluma de Donizon. Otro compuso en hexámetros i
pentámetros con el título Knavralio (íe?]r».s/.s, que en tiempo do
Muratori se conservaba manuscrito, i por los versos que de él
se citan se echa de ver que estaba ajustado a la misma estructura
do rimas que el precedcrnte.
Es bien singular que Muratori i Lcibnitz, rpie dieron sendas
ediciones de esta Vida do MalildL\ no percibiesen la leí de aso-
nancia a que se sujetó el autor, según lo manifiestan no pocas
de las lecciones nuevas que proponen para aclarar ciertos pasa-
jes oscuros. Por ejemplo, Muratori quería que se leyese coctsc
por cerlc, durus por d ir ks, amento,'^ por amnnlos en estos
versas:
'i Ti»(:.s(:í;i.os litkkaiuos i ciúticos
hi\Vi iú: crvir. pccudes hi sisiimil i?.«s^nt,
noveral csso [ñuti miscris, allis ((uníjuc (liríí«,
aiidíices t;nul/*in torríim >íathil(lis aiu<mtí?.s.
I n\ ^'sto otro,
Tulívs (x>rr/ímpis, victorcs comprimís url)/s,
L(^¡l)ii¡t7. (•(mjotiu'ii ([U(; In verdaílcra lección no es iirbid^ sino
VI I í. Otro escritor que usó mucho del asonanto, bien que
no con lii constante regularidad del historiador de Matilde,
fuóGofivdo de Viterbo en su Paritcon^ especie de crónica uni-
versal sembrada de pasajes en verso, (|ue parecen interpolarse
para alivio <le la memoria. El poeta no se cine a determinado
número, especie, ni orden de rimas; pero son tan frecuentes
las asonancias, ([ue no pueden deberse al acaso.
]']1 poema citado de Donizon bastaria para poner fuera de
toda duda la existencia del asonante en la versificación latina
d<5 la media edad. La asociación de esta rima con la consonancia
monijsílaba, (jue se ve en los escritores mas antiguos, fué como
una transición de la rima completa a la semejanza de las solas
vocales, en c(ue se cifra, como hemos diclio, el asonante, i a qu(í
se limita Djnizon, siendo puramente accidentales las conso-
nancias que se encuentran en su obra, como sucede también en
nuestros romances épicos i líricos. Pero sería difícil decidir si
osteartiíii'io rítmico empezó primero en el latín de las escuelas
i monasterios, o en los dialectos romances del vulgo. Tampoco
sabré decir si los que escribieron en latin acostumbraron usar
el asonante en f^N'/a/ic/as* tníniorrinins^ como lo hicieron siem-
pre los franceses, i a imitación de éstos nosotros, quiero decir,
repitiendo un mismo asonante en gran número de versos conse-
cutivos, i tomando sucesivamente otro i otros asonantes que,
repetidos de la misma manera, formaban en un largo poema
otras tantas estancias o divisiones, cada cual de una sola rima.
Me inclino a ([ue los versificadores latinos usaron también así
el asonante, no solo porque este jcnero de ritmo es de suyo aco-
modatlo para este efecto, sino también porque tenemos ejem-
plos de una misma consonancia continuada sin interpolación
LA niMA i^
(le otra en í)l)ras latinas de aliíuna extensión, como en la últimn
<lc las instrucciones de Conniodiano, en el salmo de .San Aí;:ustin
contra los donatistas, i en la canción militar de los modoncses
contra los húngaros. La misma uniformidad de íinal se advierte
en el fragmento de la cantinela riistit'a con que los franceses
celebraron las victorias de (Motario II sobre lus sajones íBou-
qiict, Recueil III, pájjna oO.V. Es de advertir (jue estos cantares
o se compusieron por hombres iliteratos, o fueron destinadt)s
expresamente al uso de la plebe; i que la instrucción de ("on-
modiano es al mismo tiempo la composición latina mas antigua
que puetla decirse rimada. Parece, pues, que esta prolija repeti-
ción de un mismo íinal fué una de las primeras formas que so
dieron a la rima en los cantares del pueblo, si ya no fué la
primera de todas; i es natural (jue se introdujese luego en la
versificación asonante, que es la que se presta mejor a ella.
IX. Cuando el Viterbienso escribía, esto es, por los fines del
siglo XII, era ya comunísimo el asonante en la j)oesía vulgar de
los franceses, que siempre le usaron en estancias monorrimas
a veces larguísimas, i casi siempre en alejandrinos o decasí-
labos. En alejandrinos i estancias monorrimas, esta compuesto
el Viiije de Carloniagiio a Constaniinoplnj que es el romance
mas antiguo que se conoce, pues se compuso, según lo indica
el lenguaje, en el siglo XI. Existe esta curiosa antigualla en el
Museo Británico (7ízí)//o//iec/i /íer/¿a 10, E. VIII), i la dio a co-
nocer Mr. de la Rué (Rnpport sur los trciraüx de l'AcadémiO'
de Caen , pajinas 198-20 1;, aunque lo que dice de su versificación
es erróneo. En los pasajes siguientes, verá el lector clarísima-
mente las mismas reglas de asonancia explicadas arriba, i que
aun usan hoi los españoles. El asonante es monosílabo o de una
sola vocal en dicciones ngudas, i de dos en las graves; por
ejemplo:
S.iillcnt li cscuicr, curenl de lute p.wrt.
lis vunt as ustcls comreer lar chevaus.
Li reis Ilugon li Korz Carlemain apelat,
luí ct les duzce pairs, si s'trait a uno part.
Le rei tiut par la main; en sa cambro los nien;íl
voltive, peinle a tlurs. e a perres de crist.wl.
tí oih;s(:i;los mtisuaimos i ciúticos
Une a-.carbunclc i lui.sl ct clair roflíimbeal,
confite en uii estachc del lens le reí Goli;i.s.
Duzce lils i a bons, de cuivro et de metal,
oreillers et velas et lincons de cendal;
li trczinics en mi et taillcz a cumpas, etc.*
Par ma foi, dist li rcis, Carie = ad feit folí>,
([uand il gaba de moi par si fjrant lej^cr/e.
llcrl)erjai-lcs her sair en mes cambres perr¿ní?.s.
Si ne sunt aampli li gab si ciim il les distrcnt,
Irancherai-hir les testes od nVespc'e furbi>.
II mandet do ses humos en avant do cent milfí.
II lur ad cumandet que aient vcstu bruniíís.
11 entrent al palais; entur luí s'asistrent.
Caries vint de muster, quand la messe fu d¿tP,
il et li duzce pairs, les feres cumpainies.
novan t vait I i emperere, car il est li plus richrs,
el portct en sa main un ramisel de olivo, etc.**
• La si 'filien te os traducción literal:
Salen los escuderos, corren por toda parto.
Van a las hosterías a cuidar de? sus caballos.
101 rci Ilu'^on el Fuerte a Carlomacrno llamó.
a el i a los doce pares; trájolos a parte:
al rei tomó de la mano; a su cámara los llevó
embovedada, piulada de flores, i de piedras de cristal.
En olla lució un carbunclo, i claro resplandeció,
engastado en una clava del tiempo del rei Goliat.
Doce lechos allí hai buenos, de cobre i d© metal,
íxlmohadas, i velludos, i sábanas de condal;
el décimo tercio en medio i hecho a simetría, etc.
** Por mi fe, dijo el rei, Carlos ha hecho locura,
cuando se burló de mí con tan gran lijereza.
Albergúelos ayer noche en mis cámaras de pedrería.
Si no son cumplidos los escarnios, así como ellos los dijeron,
cortarcjos las cabezas con mi espada acicalada.
Hizo llamar de sus hombres mas de cien mil.
»
El les ha ordenado que so vistan (armas) bruñidas.
F]llos entran en el palacio: en torno a él se sentaron.
Carlos vino del monasterio, cuando la misa fué dicha,
^1 i los doce pares, las fieras compañías.
LA RIMA *»
X. Otro (le los romances o poemas caballerescos mas antiguos
que se conservan en la misma Icníyiia, es el do Guillermo do
Orange o Guillermo el Dosnarigado (Gaillaiime un convt nez)
(le que habla largamente Catel. (Míhnolre Oe riiisloire dfí
LanguedoCy libro III, pajinas 567 i siguientes.) Este se compuso
en endecasílabos asonantes, como se ve por el siguiente pedazo
de una estancia en que se describe el combate de Guillermo coa
el jiganto Isóres o Isauro:
Dex! dit Guillaumc, con cist sarrazin plaidc!
Que quis jo ci, quant je ne miM cssaie?
Aler m'en vueil, ains que 1¡ solcux raií*,
car no vueil pas que Loois me saclií'.
Se cist icrt mort, perdu crent li autr(».
Dist au paicn: tu os moult deputaire;
pelit nio prises, et jo no te pris gaires.
La hacho tint, á sos deux mains la hauce.
Fiert en lo comto, mervoillcux cop lo frape,
amont en Thcaume, si que tot li embarre.
Sus en abat et berils et topaces,
mes do la coilTo ne pot il trachor maille, etc.*
Para pronunciar estos versos como se debe, esto es, como se
cantaban en el siglo XII, i para que el oído, i no solamente la
vista, perciba el artificio del ritmo, es menester sonar distinta-
Dolante va el emperador, porque cl es el mas rico,
i lleva en su mano un ramillo de olivo, etc,
* Dios! dijo Guillermo, ^cómo este sarraceno habla!
¿Quó pienso yo aquí, que no me ensayo en él?
Irme quiero, antes quo el sol raye,
porque no quiero que Luis sepa do mí.
íSi este fuero muerto, destruidos senin los otros.
Dijo al pagano: tú eres un gran belitre.
En poco me aprecias, i yo no te aprecio en mucho.
El hacha empuñaba, con sus dos manos la levanta.
Descarga en cl conde, terrible golpe le da
encima del yelmo, así, que lodo lo abolla.
Abajo echa berilos i topacios,
mas de la cofia no pudo cortar malla, etc-
'/S oi»úsr.i:LOs litkkarios i cuíticos
monte la a i la i en el diptuniro ¿i/, la a i la u en el diptoncro .'m/,
cargando el acento sobro la primera voeal, como lo hacemos
en las voces castellanas aire^ lauro. No se puede dudar que esta
fuese antiguamente la pronunciación de dichos diptongos, como
un medio necesario entre los sonidos primitivos latinos i los
modernos franceses. Así fvagilií^^ í/r<ic/í¿8 se' convirtieron pri-
mero en fraile i grállc, para pasar después ¡xfrelc i grille. Así
de liller, altuSj so formó primero Aülrc^ liáilt^ que después
sonai*on otre^ hot. Lo mismo so debe aplicar a los otros dii)-
tongcM, siempre que la asonancia lo reriuiera, que en los roman-
ces mas antiguos es casi siempre. Notaremos también, para no
volverá esto asunto do la pronunciación, que ia sonaba en
todos casos como en castellano, do modo que divin^ peleri\i
asonaban en /; pero en siempre asonaba i consonaba en a; lo
cual indica que esta última alteración de sonido sube a la infan-
cia do la lengua francesa.
XI. El romance de Guillermo de Orancje no es ciertamente
l)osterior al siglo XII; i no le cede en antigüedad el de Urjcl
Danés {Ogier le Danois), citado por los benedictinos do San
Mauro en el tomo VIII, pajina 595 de la Historia literaria de
Francia. El principio de esto romance, (¡ue también fue escrita
en decasílabos asonantes, es como sigue:
Oioz, signors; que Jcsu ben vos fací>,
li glorious, li roiá csperitable.
Plaist-vos oir canchón de grant linag^;
-C'cst d*Ogicr, l¡ duc de Dancmarchc*
XII. Otra jesta escrita en endecasílabos asonantes es la de
Guarínos de Lorena (Garins le Lolierains) frecuentemente
citada en los glosarios de Du Cange i Itoqueibrt, i de que coj)ia
algunos pasajes Sinner en sus extractos de poesías del siglo X 1 1 1 ,
aunque pertenece indudablemente al anterior. Conviene adver-
* Oíd, scñoros: que Josiis os liaqa bien,
rl í^lorioso, el reí espiritual,
í'légao.sí oir canción de írran nobleza;
Hla es de TJrjol. duque de Dinamarca
LA IlIMA Tí)
tir que los varios manuscritos de este romance, si bien seme-
jantes en la sustancia de las cosas, difieren mucho en el lenijuaje
i versificación, habiéndose procurado reducirla a consonantes
en los mas modernos, como se puede juzgar pnr el principio,
que en el códice de la biblioteca de Berna es como si^rue:
AMelle cliíinson voirc vucillcz o/r,
de grant isünro el de morvcillous pris.
si com li wanrlre vindrent en ccsl pais/
I en el coilico de Mr. Roquefort:
Viclle clianson voire ple->L-vos oir,
de bon ¡stoiro. vos dirai sauz mentir,
si com li vendré par inerve illeus air
vindrent en France crestiens envair.*'
XIII. También parece di'I í^íl^Io XII el V7aje de f Uirluniaij^
no a Jcrusalen, escrilo en alejandrinos asonantes, i mencio-
nado por el mismo Sinner en su catálogo de la l)il)I¡otcca de
Berna; donde se copian, entro otros versos de este romance, los
que siguen: "
De-ior b'cn va Hasin sans nulc donioiínicí^,
ct a passée Luques, Lond)ard¡e et IMaisancr...
A París est venu li dus par un dimange.
La trova Charlcniaine, Ion riche roi do Francr*.
(]ui de sos douzo pers menoit si grant morancí;.
par son nevcu liolland tire sa barbe blanclie, ele.***
* Vioja canción verdadera (juieran oír,
(le grande historia i de maravilloso precio,
de cómo los vándalos v¡nit'it>n a este país.
** Vieja canción venladera plegaos oír,
de buena liistoria, os diró sin mentir,
de cómo los vándalos con terrible furor
vinieron a IVancia, los cristianos a invadir.
*** Vaso luego Basino sin ninguna Lirdanzu.
i. ha pasado a Lnca. Lombardía i Plasencia.
A í^aris ha llegado el duque un dia domingo.
Allí encuentra a Carlomagno, el rico rei do Fraiiri;i,
que por sus doce pares hacía tan gran duelo.
Por su sobrino Roldan, mesa su barba blanca, ctc
NO OPÚSCULOS LiiKnAHios 1 curncos
XIV. A la misma especie do verso i rima que el precedente,
i acaso también a la misma edad, iK.ntcnece el romance de
Guido do UovQOña^ manuscrita de la biblioteca harleyanadcl
Museo Británico (N.** 5*27), como es fácil ver por este pasaje:
Un malin se leva Karlos de Scint Denise,
dovant lui fist niander la richo Iraronie,
ct cil vionnent luit, ka no Tosent desdiré.
II lur a reisoné, si lur a prist a d¿re:
seignurs, dist lempercre, na lerrai ka nc vus die:
si vus tus le volez, mun quer le desire,
ke cestas damos rolurnont a Franca la garn¿c,
sí menent avec ellci lur nieca^ et lur ñlles, etc.*
XV. Muchas estancias del Jerardo de Viena i del Buéves
de Cominarchis (Códice 20, B. XIX do la Bibliotheca Regia
del Museo Británico), son también asonantes, pero en la
mayor parte se ha procurado reducir estos poemas a la rima
completa, alterando, según yo pienso, el texto primitivo.
Compúsose el primero en endecasílabos, i el segundo en ale-
jandrinos, que, como he di(^ho, fueron las medidas a que so
apropió el asonante, pues el único ejemplo que he visto de
esta rima en otra especie de verso, es el cuento de Aucassin
et Nicolette^ escrito alternativamente en prosa i verso hepta-
sílabo. Sus pasajes versificados son otras tantas estancias mo-
norrimas; verbi gracia:
Quant or voit II qucns Garins
da son cnfant Aucassin,
qu'il na porra departir
de Nicolclto au ciar vis,
en uno prison Ta mis,
* Una mañana se levantó Carlos de San Dionisio;
a su presencia liizo llaniar la rica baronía;
i ellos vienen todos, que no le osan desobedecer.
Reñores, dijo el emperador, no dejaré de deciros:
si vosotros todos lo queréis, mi corazón lo desea,
que estas damas se vuelvan a Francia la guarnecida,
i lleven consigo sus sobrinas i sus hijas, etc.
LA RIMA 81
en un celier sosterin,
qui fu fais do mabre bis.
Quant or i vint Aucassin
dolans fu, ains no fu si.
A demonter si so prist,
si com vos poroz oir:
Nicolotto, flors de lis,
douce amie o le cicr vis,
plus es douce que raisins....
L'autrier vi un pelerin,
nos estoit de Limosin,
malades do resvertin.
Si gisoit cns en un lit,
moult par estoit entropris,
de grant mal amaladís.
Tu passas devant son lit,
si soulevas ton traín,
et ton polisón ermin,
la comise de blanc lin,
tant quo ta gambette vis.
Garis fu li pelerins....
Douce amio, flors de lis,
biax alers, et biax venirs,
biax jouers, et biax bordirs
biax parlers et biax delis,
dox baisers et dox sentirs,
ñus no vos poroit hair.
Por vos sui en prison mis,
en ce celier sostorin,
u je fai moult malo fin.
Or m'i convenra morir.*
* Cuando, pues, vo el conde Guarinos
.1 su hijo Alcasin,
que no lo podrá separar
do Nicolcta la de linda cara,
en una prisión lo ha puesto,
en una bóveda subterránea,
que fué construida de mármol pardo.
Cuando, pues, vino a ella Alcasin,
doliente fué; jamas lo fué tanto.
OPTJSC. 11
82 OPÚSCULOS LITERARIOS I CIÚTICOS
Puede verse este cuento, escrito con mucha gracia i sencillez,
en la colección de fiibliaux cIq Barbazan, tomo III, edición
cíe 1808.
Creo que bastan estos ejemplos pava convencernos de la
semejanza al>soluta entre el asonante de los franceses i el nues-
tro. En efecto, la antigua poesía castellana se amoldó en este,
como en otros puntos, sobre el €*stilo i reglas de la francesa.
Sin embargo, hai una particularidad, vn que parece a primera
vista que se diferenciaba la asonancia del Cid i de nuestros
primeros romances, de la ((uo usaron los franceses desde el
A línnejitar so puso,
asi como podréis oír:
Xk'oleU, ílor de li<?.
dulce airti'^ív. la de linda cara,
irvas dulce cros que uva.
Hl otro dia vi un iKM*eu:rin(\
untural era del liiniosiiu
enfermo de perlesía.
Deutro yacía eu una cama,
líiui mucho esL'd)a impedido,
de urrave mal postrado.
Tú pasaste ante su leclio,
alzaste un poco la falda,
i tu póliza do armiño,
i túnica de blanco lino,
asi que el pié te vi.
Curado fué el |v>i'eí.rrino.
Didco ami^-a, ílor de lis^
l)ellas idas, bellas venidas,
bello ju'4:ar, bello triscar,
bello hablar, bello solazar,
dulces besos, i dulces alientos,
nadie pudiera aborreceros.
Por vos, estol en prisión puesto,
en esta bóveda sul)terránea,
donde lle'.^o a nnii mal Un.
Aquí me será fuerza morir.
En la ífisforiadt^ lalitnmttirn del mediodiade la Europa por Sis-
mondi. hai al^nmos e.xtractos de oslo cuento, pero corrompidisimos
por f;dla do conocimiento en el lon^nu»je antiguo francos.
siglo XI, i (le la que usamos hoi din nosotros. Según nuestra
práctica actual i la de los trovadores fraticesea, no asuenan nun-
ca las dicciones agudas con las fjravcs; pero nada es mas común
en la antigua versificación de los castellanos, Criador, por
ejemplo, asonaba con albores, voluntad con mádfe, corles
con León, Calvári con Go/¡joíá. Esto, sin embargo, «olo so
verificaba cuando la última vocal de la dicción grave era la e
o la í, vocales do sonido débil aun en nuestra pronunciación
moderna, i que lo eran mucho mas en la antigua; pues a veces
no se hacia caso de ellas, ni aun para la medida del verso. Por
consiguiente la e o la t no acentuada de la última silaba so mira-
ba como muda, i lulvez so suprimía del todo en la pronuncia-
ción, en gracia del asonante; licencia, quo también estaba en
uso hasta cierto punto en ol francés de aquella edad, convir-
tiéndose, por ejemplo, porte en port, parólet en pavtííí , /loirt ine
en kom, para quo asonaran en o; do manera que toda la dife-
rencia parece consistir en ipie loa franceses lo haoian raras
veces, i entonces tenian cuidado (le escribir las sílabas como
debían pronunciarse.
Cuando se comenzaron a publicar nuestros romancea -viejoa,
se percibió la necesidad de escribirlos de modo que se salvase
¡disimulase aquella imperfección de la rima, Pero so hizo lodo
lo contrario do lo que debiera haborso hecho, dando una e ina-
centuada a las dicciones agudas «n vez de quitársela a las
graves. No hai duda que e! primero do estos arbitrios debía
Bcr mas agradable al oído, i mas conforme a la presento pro-
nunciación del castellano, que no permite multiplicar las ar-
ticulaciones finales de los vocablos, ni toniiinarlos en U, ch, u
otras letras. Pero los autores de aquellos romances no juzgaron
ni sintieron como nosotros; i si se hubo de darlos a luz como
fueron escritos orijinalmente, no debió tratarse do contentar at
oído a expensas de la razón i de la verdad, creando formas
nuevas de palabras, que no se oyeron en ninguna época de la
lengua. Pur ejemplo, ¿con quó podrá autorizarse el escribir
mase (mas), yae (ya), /iae(lia),es/ai-á5e [estarás), i otros vocablos
semejantes, de que abundan los romances impresos? Es ncoe-
sario no haber saludado las antigüedades castellanas, para
84 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
persuadirse que en tiempo alguno liaya sido tal la pronuncia-
ción de estas palabras.
Entre nosotros, ha llegado a ser Ici jeneral de toda composi-
ción asonantada, que solo las lineas pares asuenen; pero no
fué así al principio, antes bien, todos los versos asonaban,
formando ordinariamente largas estancias monorrimas, como
hemos visto que era la práctica de los franceses. El alejandrino
i el endecasílabo, fueron también en castellano las únicas
medidas en que so empleó la asonancia; pero nuestro alejan-
drino asonante, abandonado casi enteramente a los juglares, se
hizo menos regular i exacto en el número de silabas, que el
de los franceses, como se puede ver en el Poema del Cid; i do
sus dos hemistiquios, escritos como versos distintos, nació lo
que hoi llamamos romance octosílabo^ porque al fin prevaleció
la costumbre de darles ocho sílabas con el acento en la sépti-
ma, en lugar de siete con el acento en la sexta, que hubiera
sido la estructura correspondiente al alejandrino exacto. En
efecto, a pesar de la gran rudeza de los versos, o sea corrup-
ción del texto primitivo, del Poema del Cid^ hallamos en él
muchos pasajes, que con solo separar los hemistiquios, se con-
vierten en otros tantos pedazos de verso octosílabo, no mas
irregular que el de los que llamamos romances viejos.
Es, pues, claro, que en este metro la asonancia alternativa
solo so debo a la división del antiguo verso largo en dos cortos,
a en otros términos, a la práctica de escribir los hemistiquios
como versos enteros. El de siete sílabas con asonantes en las
líneas pares, como el de las Barquillas do Lope de Vega, de-
bió del mismo modo su oríjen a la separación de los hemis-
tiquios del alejandrino exacto de asonancia continua, como los
siguientes del Cid:
Tornaba la cabeza,
e estábalos catando,
vio puertas abiertas
e uzos sin cannados,
alcándaras vacias,
sin pieles e sin mantos, etc.
I.A RIMA 35
En otra parte, he indicado el oríjen de que probablemente
nacieron nuestras seguidillas; es a saber, del endecasílabo fran-
cés de esta estructura:
Moult fu quens Turgibús | do grant vailIáncOf
quant par che valer íe | s'en vint en Frunce .
{Fabliaux do Barbazan, tomo II, páj. 217,
edición de 1808.)
Dividido cada uno de estos versos en dos, alterna el de siete
silabas con el de cinco, i la rima (sea consonante o asonante)
queda en las líneas pares.
En cuanto al endecasílabo con asonancia alternativa, que
llamamos romance heroico, esta es una invención modernísima,
desconocida aun en la edad de Lope de Vega i de Calderón, i
contraria a los principios i práctica de los antiguos. No es me-
nester volver a la versificación del Poema del Cid para pro-
barlo. Usábase introducir este metro en los estribillos de los
romances líricos, pero siempre con asonancia continua, como
en los siguientes del Romancero jener al:
Todo el sagrado mar junto no basta,
cuando el fuego do amor el alma abrasa.
Tanto os cansa mi vida, tanto tarda
el verdugo cruel que la amenaza.
¿Cómo podro vivir, si me combaten
sinrazones, amor, olvido i cárcel?
En el romance Después que te andaSj Marica^ se pono este
absurdo estribillo:
LfCase:
Miedo me pones, niña Bivero,
de que tienes de aflojar en mis amores.
Miedo me pones, niña, vive Ileródes,
que tienes de aflojar en mis amores.
Resulta de todo, que el rimar en nuestras obras asonantadas
una línea sí i otra nó, se debió primeramente a la división do
8C OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
un verso en dos; ¡ que esta alternativa, que hasta fines del siglo
XVII solo se vcriricaba en los versos cortos, se extendió poste-
riormente a los largos. Voi a terminar este discurso, con algu-
nas reflexiones sobre la naturaleza i usos del asonante.
Algunos condenan esta especie de rima como imperfecta i
bárbara. Pero ¿qué principio liai en la naturaleza de las cosas,
que, una vez admitido el homeotelcuto i semejanza de termi-
nación para señalar el ritmo, prescriba que esta semejanza sea
inas bien de un modo que do otro? Pudiera mirarse el asonante
como un artificio pueril, de la misma clase que los acrósticos,
laberintos i otras invenciones en que so deleitaron edade^s
menos cultas, cuando no fuese inmediatamente perceptible al
oído; pero, aunque las relaciones que cxije entre los sonidos
finales no sean tan obvias como en la rima completa, lo son
suficientemente para los objetos de la versificación; i lo son en
tanto grado, que en los romances í seguidillas, dos jéneros de
composición los mas favoritos del vulgo, se emplea rara \et
otra rima que la asonante.
Otra tacha que suele ponerse a esta especie de rima es el ser,
según so dice, demasiado fácil. Pero, por mucho que lo fuese,
nunca podría serlo tanto como el verso suelto. No convendré, sin
embargo, en que el asonante, perfeccionado por nuestros poetas
castellanos de los siglos XVI i XV'II, haya de darse como un ar-
tificio rítmico demasiado fácil, adecuado solo para el diálogo, o
para cantares del vulgo. Disminuyen muclio la facilidad de
las rimas la necesidad de repetir muchas veces una misma,
la priictica do evitar el consonante, que en algunas terminacio-
nes es frecuentísimo, i la mayor correspondencia que delxs
haber entre las pausas de la versificación asonantada i las del
sentido. Cuando en el asonante disílabo la vocal inacentuada
es la e, no es miii fácil seguirle, sol)re todo si la vocal acentuada
os la i o la a. Las combinacioues da, (5o, úa, i úo son también
difíciles de seguir; i en jeneral todo asonante en que la vocal
acentuada es la ?.(, es do mucho mayor (Uficultad que la rima
completa. Ademas es bien sabido que hai asonantes sumamen-
te difíciles i en que sería de todo punto imposible componer
dos o tres centenares de versos.
De las tres csiiocius ile rima qno han cstailií en uso cu las
l<;ng(ia.s du t^urojia, la atitci'ativa, la asonante i la consonante,
la primera mo jnrL'ce ((ite ilehe ser la menos agi-ailaUc, so^un
la observación justísima ile Cicerón, notslur max'nne .ttmi-
lihido in conqniiiscendo^ De las otras dos, la consonante es
preferible para las rimas pareadas, .cruxudas, o de cualquier
utro modo mezcladas; pero lii asoiiaoto es, no solo la mas a pro-
jiúsito, sino la única (jue puede ot'rne con gusto en largas es-
tancias, o compusicionos mieras monorríniicas. El consonante '
08 igualmr-nte perceptible i agradarlo en todas las lenguas;
pero, así como la nliterai^ion es moa acutnodadtk para los dialec-
tos jermánicos en (¡uo duminan las artículacioneü, asi el aso-
nante so halla mejor con arpiellos otros idiomas, que, como el
castellano, abundan de vocales llenas i sonoras.
Una ventaja, si no me engaño, lleva el asonante a las otras
especies de rima, es a saber. «lue, sin caer en el inconveniente
tiel fuíitidio i monotonía, produce el eícclo de dar u la composi-
ción cierto airo i colorido particular, según la asonancia quo se
emplea, lo que tal vez proviene de que cada vocal tiene cierto
carácter que Ic es propio, demasiada débil para pcrcihtrso desde
luego, poro que con la repetición toma cueri>o ¡ so hace sensi-
ble. Según la impresión que dejan en mi los varios asonantes,
creeria que a1i;unos de ellos so adaptan mejor que otros a
ciertos afectos; por ejemplo, las vocales llenas a, o me parecen
convenir mejor a los asuntos ^iraves i magníücos;* la i, por el
contrarío, a lo pati^tico i a la elcjía. í^in embargo, esmui fácil
que esto o aquel sonido hablo do ua modo particular al espíritu
do un individuo, en virtud de asociaciones casuales, i por con-
siguiente eiTÓneas.
Lo que sí creo ciertísirao es que, cuanto mas difíciles los aso-
nantoK, otro tanto son mas agradables en sí, prescindiendo de la
* Fastiim et insenitam liiapaiioruiii ^rttvitateni. horma quoquo
inetn Bcrmonl (acilo quls doproltondet. si qiiis er^brnin repetitionem
Ittcrw A, vocaliam lun^e míLn¡lleonU?!4im.T. «peotet... Sed et crebrn
flnatla clausula in o vel os grande quid sonnt. Isanc Vossiiis.De poc-
tnaluin cantu et viribus rUylhmi.
83 OPIJSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
conexión que puerlan tener con laa ideas o afectos; ya s
el placer pro.lucido en nosotros por cualquiera especie ele me-
tro o de ritmo, so proporcione en parto a la dificultad vencida;
o que el oido se pague mas do aquellos Onales que le son
menos familiarea sin serle del todo peregrinos; o sea finalmen-
te que la repetición de estos mismos finales corrija i tempere
la superabundancia de otros en la lengua.
Nuestros poetas modernos no han sacado quizá todo el par-
tido que pudieran de estos diferentes colores i caracteres de la
asonancia, para dar a sus obras el atractivo de la variedad»
rao parece que en el uso de ella se han impuesto leyes
masiado severas, i que en realidad perjudican a la armonif
Que se guarde un mismo asonante en los romances líricos,
letrillas i otras breves composiciones está fundado en razón;
pero no comprendo porqué motivo se haya el poeta de sujetar
a uno solo en todo un canto do un ¡wenia épico, aunque cons-
te de mil o mas versos, sin que pueda atesarse en favor de esta
práctica ni el placer del oído, a quien, lujos de agradar, ator-
menta el martilleo de una desinencia tantas veces repetida,
ni el mérito do la dificultad, liabiéndola sin comparación mayor
con la variedad de la asonancia, que en seguir indefinidamente
una sola, apelando a ciertas terminaciones inagotables, como
to hace por necesidad, dejando laa menos abundantes, quo
Hun sin duda las mas gratas.
Ya que se ha querido añadir a las tres unidades del drama
la del metro (que no prescriben Aristóteles ni Horacio, ni es
conformo a la práctica de los antiguos" dramáticos castellanos),
" *In comcedia máxima claudieamus, Ucet Tcrvnlii scripla mt
Scipionem Africanum Teferanlur; qux lamen in hoc genere suní
eleganlissima, nt plus adhuc hahitvragmlÍK.ei iiifra versus Irime-
trOB sletissent. Quintiliauo, Instilutío Oratoria X, I, Mirificum sano
maj^ni rhetortci judicium. Úptabat acilicot ut Tabula Terentianre, quse
in primo cujusquc actu ac scvna a trlmetris inchaantur, eodem metra
BC tenore |x;r omnes actas sconnsqtiQ docucurríascnl. CrcdereR protoc-
to hominem nuaquam scenam vidíase, nuuquam comcedum par-
tes Buas agcnlom spcctavisse. Quid voluit? Quod nec Menander, neo
ullus grcecornm fecít, Tcrcntiiis ut (nceretf ut ira, metus, exultatio.
LA IlIMA 80
pudiera a lo menos habérsele dejado la variedad de rimas, que
tanto deleita en las comedias de Lope do Vega i Calderón.
¿Por qué no so ha de diferenciar el asonante a lo menos en
las diferentes escenas? ¿Por que no se han de realzar de este
modo los lances, las impresiones, las inesperadas transiciones
fle un afecto a otro; ya que no variando do metro, como lo
hicieron todos los trájicos i cómicos, griegos i latinos, a lo me-
nos variando la rima?
Esta nueva unidad ha contribuido a la languidez, pobreza i
falta do armonía, que con pocas excepciones caracterizan el
teatro español moderno. Ella da a la versificación una mono-
tonía soporosa, obligando al poeta a renunciar las asonancias
mas agradables, que son, como lo hemos observado, las mas
difíciles.
dolor, gaudium, et quietse res et turbata?, codem metro lente age-
rcntur? Ut tibiccn paribus tenis porpetuoque cántico spectantiim
aures val dclaflarct vcl offondcrct? Tantum abest ut co pacto plus
gratise habitura csset fábula ut quantumvis bcne morata, quantumvis
bello scripta, p^ratiam prorsus omncm perdidisset. Id primi artis in-
ventores pulcre videbant; delcctabant orgo varietate ipsa, divcrscique
t¡6í) x' :cáOr) diverso carmine repra^sentabant. Bentley; SxeSo(;[xa.
HOMANCIÍS DEL CICLO CARLOVINJIO
Los mas antiguos poemas narrativas de que los troveres nos
han dejado muestras, o al menos noticias, 36 compusjpron en
alabanza de Carlomagno, i do los principales magnates do su
corte; pero sucedió lo que era de esperar un obras, cuyos auto-
res se propusieron por principal objeto entretener a sus oyen-
tes. Las proezas de aquellos guerreros se abultaron de unos en
otros romances. Sus tradiciones se plagaron de milagros i
encantamientos. Los hechos de unos se atribuyeron a otros
por equivocaciones a que dio lugar la semejanza de nombres
o de alguna circunstancia notable. De esta mezcla de errores
históricos e invenciones [loéticas, resultó aquel mundo mitoló-
jico cíe reyes i caballeros, emires i jigantes, desafíos i batallas,
que existia ya a fines del siglo XI, según parece por la Crónica
del pacudo Turpin' en que se refundieron algunas de las tra-
luiciones i leyendas populares, que entonces corrían.
Si el objeto con que se escribióla Crónica, no fué otro, como
lo maniliestaella misma, que promover las miras de engran-
decimiento do un prelado do España, es evidente que el autor
no sacó de su cabeza todos los hechos que refiero. Lo que se
• Mucho 36 ha escrito sobro Turpin i su Criiníca. De las investiga-
ciones que hice sobre esto asunto durante mi residencia en Europa,
resulta probarse hasta la evidencia que In Crónica so compuso en Oa-
lícía por loH años do 1092, i quo su autor no fué oapañol sino trancos.
Por una not.-U>le coincidencia do indicios se oohjo quo la escribió Dal-
inaciú, monje benedictina francés, i obispo de Irla. No puedo exhibir
ahora los fundamentos quo mo asisten para pensar así. porque ocupa-
rían demasiado espacio. Me propongo someterlos en breve al examen
4e los intelij«ntes.
O- OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
debe pensar es que mezclaría las fábulas de su invención con
otras que andaban ya acreditadas por escritores de mas anti-
güedad. De otro modo no era posible que ni aun en aquella
edad ignorante i supersticiosa se mirase su pretendida historia,
sino como un tejido de patrañas. Dejando a un lado todo lo
perteneciente a Compostela, i ciertos milagros i revelaciones
que tienen mas do monacal que de romancescp, creo que, en
cuanto a las hazañas de los franceses en la Península, i a la de-
sastrada derrota de Roncesválles, fué un mero compilador, i
que Reinaldos, Oliveros, Argolando, Ferraguto, Marsilio, i
otros muchos de los personajes que menciona, eran ya conoci-
dos cuando él tomó la pluma, i habian figurado algún tiempo
en los romances i jestas. Por eso muchas de aquellas ficciones
tienen ciertas sombras i lejos de historia.
Es hecho cierto que los sarracenos se apoderaron a prin-
cipios del siglo VIII dcNarbona i de la Septimania; i que infes-
taron poco después la Aquitania i la Borgoña hasta amenazar
a Poitíers i a Tours; pero el que los rechazó i venció fué
Carlos Martel, cuyos hechos se confundieron en los roman-
ces i tradiciones vulgares con los de Carlomagno. Es hecho
cierto que este príncipe hizo una espedicion a la Península,
i ocupó gran parte del país entre los Pirineos i el Ebro; no a
la verdad llamado por el apóstol Santiago, sino por algunos
principales sarracenos, que intentaban con su ayuda restable-
cer la dominación de los abasidas, destronando al emir al
Moumeniín o Miramamolin Abderrama. Estas mismas voces
emir al pasaron a los romances en el título do admiral o
amiraldo, que se da en ellos a los califas, verdaderos o imaji-
narios, de Babilonia, Persia, España, etc., i que encontramos
ya en la Crónica de Turpin. Es hecho cierto que Carlomagno se
apoderó de Pamplona, i la desmanteló; circunstancia que dio
oríjen a la fábula de la milagrosa ruina de sus muros, debida,
según Turpin, a la intercesión de Santiago. Es hecho cierto
que Aquisgran fué hermoseada por el mismo príncipe i ador-
nada de edificios suntuosos hacia 796;* de modo que Turpin en
* Sismondi. Histoire des franjáis, paj. 355.
HOVANCBS DEL CI(XO CAflLOTtXJlO
•n
esta ¡Mrte se alejÓ apenas de la verdad. En U comitiva de tie-
rreros que acompañan a Cariomagno, hai varios pprsonojps his-
tóricos, si bien algunos grandemente desfigurados. Do Koldnn
o Rotulando, se sabe que era g'obcrnailor do la costil de Bretaña,
i que de hecho fué muerto en el descalabro ((iio padeció la
retaguardia del ejército franco, asaltada por los muntaüpses
ga-íconcs; función en que murieron otros principales señores,
i de que se fabricó por los poetas la batalla de Ronoesvállcs,
tan célebre en las leyendas romancescas do Cariomagno.' G»Í-
réros, reí de Burdeos, es Woifer o Guaifur hijo de Uunoldo,
duque do .\quitania; aquel Waifer, que estuvo largo tiempo en
guerra contra Pipino el Breve**, i cuyo sepulcro se mostraba
extramuros de la ciudad de Burdeos, aunque por babei-so gas-
tado un poco la inscripción, creyó el vulgo que era Caifas quien
estaba allí sepultado.'" Urjel Danos (OQcriua Rex Daiti) fué
caudillo de una do las expediciones do piratas normandos que
en el siglo IX infestaron la Francia.**" El nombre mismo de
Turpin es una corrupción del de Tilpin, que fué verdadero
arzobispo de Reims ¡contemporáneo de Cariomagno; Ganelon,
a quien los castellanos llamaron Oalalon, no es otro, según
Ducatel, que Wenilon, que de hombre bajo fué heeho arzobispo
dA Sena por Carlos el Calvo, a cuyos beneficios corresiJOndio con
ingratitud i traición, abandonándole para seguir el partido do
Luis el Jermánico."*" Asi que, en el Cariomagno do Turpin i
de los antiguos romances tenemos tres Carlos ilistintos: Carlos
Martel, Cariomagno i Carlos el Calvo. El jefe de la raza carlo-
Tínjia oscureció las glorias de las otras personas de su nombre,
i se engrandeció con sus despojos, a manera do un rio cauda-
loso que, sin mudar el suyo, arrastra los tributos do una mul-
titud de vertiente».
Lo oscurecidos i desfigurados que aparecen estos pci-sonajet
i aucesos en Turpin, manifiesta que esto falsificador no consultó
* Siomondi, //ísíoíre des fran^.ais, tomo II, páj. S6i.
** Sismondi, JUstoire des francais, tomo 11, pnj. 2üt, i siguientee.
■'• Diicatol, Mémoires de Languednc, pAj. 510.
**•' Sisinondi. Ilistoirc des franquis, tomo 111, p¡ij. 107.
••*•• Ducatel, Mémoiret de Lauffwedoc, pAj. 54(i.
04 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
las memorias auténticas de Carlomagno, i que las fuentes
donde bebió estaban ya turbias con las consejas del vulgo i las
invenciones de los poetas. Do otro modo, no hubiera incurrido
en equivocaciones tan groseras; no se hubiera llamado Turpin,
sino Tilpin; en una palabra, hubiera acertado a injerir con
mas arte lo fabuloso en lo histórico. Su interés era que su
Crónica fuese mirada como una relación auténtica, escrita
por un testigo ocular de los hechos; por consiguiente de-
bió conservar con la mayor fidelidad aquel fundamento de
verdad, en que trataba de apoyar sus cuentos i sin el cual no
era posible acreditarlos. Si no lo hizo, fué porque siguió incau-
tamente a los romances, o a crónicas que los habian copiado,
creyendo encontrar en unos u otros aquel fondo de historia,
que necesitaba para sus mentidas apariciones, concilios i
privilejios.
Hallamos también en la Crónica de Turpin indicios claros do
que en su tiempo corrian ya romances llenos de proezas fabulo-
sas de Carlomagno i de otros personajes de la historia do Fran-
cia. Turpin alude lijeramcnte, como a cosa sabida, a ciertas
aventuras de Carlomagno en España, durante su destierro de los
estados paternos; como fueron el haberse refujiado a Toledo,
corte del almirante Galifer o Galafre, de quien recibió la orden
de caballería, i cuya hija tomó por esposa, i el haber hecho la
guerra i dado muerte a Braimante, rei árabe, enemigo de su
suegro. Tenemos en estas aventuras un romance perfectamente
caracterizado, i el mismo en que después se ejercitaron mul-
titud de plumas de varias naciones, entre ellas la del italiano
que compuso / Reali di Franza, que es de los primeros tiempos
de la lengua italiana. Esto destierro de Carlomagno parece tuvo
su fundamento histórico en algunos sucesos de la juventud de
Carlos Martel, que cayó en desgracia de su padre Pipino do
Hcristal, i estuvo efectivamente desterrado de su corte, i preso
en Colonia en poder de su madrastra Plectruda; de modo que
aquí, como otras veces, confundieron * los poetas vulgares a
Carlos Martel con Carlomagno, i a Pipino de Ileristal con
Pipine el Breve. Las aventuras de aquel romance estaban ya
bastante acreditadas en España misma, cuando escribió el arzo-
ROMANCES DEL CICLO CARLOVINJIO 95
bispo don Rodrigo, que alude lijeramente a ellas.* IVto aun
testifica mas positivamente Turpin que en su tiempo era ya
antigua la costumbre de componer rtílaciones rm'trujas de he-
chos caballerescos, cuando, al mencionar a un O^olo, conde de
Nántes, dice de hoc caíiitur cantinela usque in hodiernnm
diem, quia innúmera fccil rnirabilia.
Do las antiguas cantinelas o jestas de los trovcre*^, la do mas
celebridad fué la de Rotolandoo Roldan, a quien llamaron los
castellanos Roldan, i los italianos Orlando; rej)n^(hic¡ila sus-
tancialmento por el pseudo Turpin. De su existencia a mediados
del siglo XI tenemos un dato auténtico. En la batalla de Ilas-
tings (1066;, un caballero normando, llamado Taillafer, lanzó
su caballo en las filas enemii^as, entonando el caulu do líoUlan,
Roberto Waoe, poeta anglo-normando del siíj^lo XII, en su
Román da liou, refiere este hecho en versos que traducidos
dicen así:
Tailliifer, quo mui bien caiHaba,
en un caballo que velozmente corría,
delante del duque iba cantando
do Carlomagno i de Holdan
i de Oliveros i de los barones
quo murieron en Ronces val les.**
Guillermo de Malmesbury, í|ue floreció a principios del mis-
mo siglo, había ya mcmrionado este hecho, i el ilustro historia-
dor de la Conquista de hujlalj^rva por los ñor mundos le ha
dado lugar en su relación de aquella famosa jornada.
No concil)o en qué se fundase M. de la Uue*** para creer que
* De rebus Jíispanis, lib. IV, cap. 10.
** La Cantinela Rollandí, o Chanron de Rollant, no era una canción
lírica, como haa creído aleonaos, iirnorando sin duda que las jestas
versificadas solían llamarse cliansons i canlinelce. Los troveros no han
dejado muestras de composiciones lincas en alabanza do nadie; i por
el contrario no son pocos los romances franceses a que sus autores mis-
mos dieron el titulo de chansnns, como el de la Jcsta de Mió Cid
llamó cantares las secciones en que la dividió.
*•* Rppnd de.'i travaux de l'Anad*}ni¿e de Caen, citado por Uoquefort,.
Po€&ie franraise des sientes XÍI et XIII, p. 206.
9Ú ÚPÜSCLiLUS LITEnAllEOS I CRÍTICOS
este romanoe de Roldan, cantado por Taíllarer, fuose el del V^
jo de Carloma.gno a Jerusalen í Conslantinopla, que se cotf
serva manuscrito ¡i es el único ejemplar conocido) en el Museo
Británico de Londres,' donde tuve ocasión de leerlo. El asunto,
como lo indica el título, es una peregrinación de Carlomagno
i lüs doce pares a la Tierra Santa, de donde volvieron cargados
de reliquias. Pasando por la capital del imperio de Oriente, se
vieron en peligro do perecer a manos del emperador llugon,
(¡ue, oncoleriíado por eiia bufónicas fanfarronadas, les amenazó
con la muerto si no las ejecutaban al pie de la letra. Se sal-
varon con ol auxilio del ci^Io.
Este romance nos ofrece una muestra muí notable del uso an-
tiguo del asonante en la epopeya caballeresca. Está escrito en
alejandrinos, i dividido en estrofas desiguales, do gran número
de versos, quo en cada estrofa terminan todos en un mismo aso-
nante, ya grave, ya agudo; tipo ritmico, que corresponde, como
veremos en otra parte, ala época de la lengua francesa en que
se pronunciaban distintamente las vocales de los diptongos, í
que subsistía a fínes del siglo XII o a principios del XIII, lo mas
tardo.
Hai en esto romance algunas deacripcionea bastante poéticas,
como la de la perspectiva Jo Constan tinopla, con sus águilas,
torrea i puentes, sus arboledas de pinos i laureles, i el césped
florido de los campos circunvecinos, en que veinte mil caballe-
ros, vestidos do seda i do blancos armiños, juegan al ajcdrezo a
las damas o llevan sus balcones i azores, i tres mil hermosas
doncellas en briales de seda a franjas de oro, van deportándose
con sus amantes; la déla alcoba magnífica de Hugon, alumbra-
da por un enorme carbunclo (e-specie de iluminación repetida
después en los romances hasta el Orlando Enamorado de Ma-
teo Boyardo], do su carroza no menos magnífica,! de su palacio,
sustentado en cien columnas do mármol nieladas de oro. Tal
era la idea que se tenia del esplendor i magniCcencia de la gran
metrópoli del Oriente,
Otro romance que tuvo su orijen en la historia de Francia, G
' Bibliotheca Regia 16, E. VIII
nOJlANCBS DBL CICLO CAnLOVIHJlO
deOtUnermo e¡ Chato o soa el de la nari; corlada (Guill&ume
aucourt ncz)Q Guillermo de Oran ge, compuesto por otro Gui-
llermo, apellidado de liapaumo, i mencionado por Sinner en
su Catálogo de ta Dibliotoca de Berna, por Catel en las Me-
morias de la Historia, do Langüedoc, por los benedictinos, au-
tores (le la Historia literaria de Francia, por Ducange i otros.
Este Guillermo, según la historia, tuvo por esposa una señora
llamada GuiLburga, militó bajo Carlomagiio, que le hizo du-
que de Tolosa, i se hallíiba al lado de Ltidovico Pío en Acjuita-
nía, invadida por el sarraceno Abdelinelek, el cual ganó en 793
una gran victoria sobre el ejiJrcito francés, que mandaba Gui-
llermo. Si los liajiógrafos no han confundido dos personajes
distintos, este mismo Guillermo fuS el que fundó el monasterio
de Lodcva eu el vallo do Jelon, donde acabó ausdias i fué ve-
nerado por santo. Hasta aquí la historia. Los trovero-H cuentan
que ganó varias victorias sobre los sarracenos do España, a
quienes dicen que expulsó do Oranijo; quo se casó con una
princesa mora, a la cualdió el nombre de Guibor ¡corrupción
manifiesta de Giiilburga); i que después vistió la cogulla. Es-
taba Guillermo retirado del mundo, i reinaba en Francia Lu-
(loviüO Pío, cuando puso cerco a Paria el jigante Isauro, rci
sarraceno de Coimbra. Ludovico, apurado por el enemigo, so
acordó do Guillermo. Be te busca por todas partes. Un men-
sajero tlcl rei acertó a pasar por la erjnita en quo moraba el
santo anacoreta, i platicando con v\ sin conocerle, le habla del
aprieto en que se hallaba Paris, i de lo quo se Iiabia afanado
buscándole, como a quien estaba reservada la gloria do vencer
a Isauro. Partido el mensajero, se iirraa Guillermo, so pone en
camino, llega por la noche al campo do Um infieles, lidia con
el jiganlo, le corta la cabc¿a, so la envía al i-ei Ludovico,
t vuelvo a encerrarse en su ermita. En el siglo XIII, se mos-
traba en Paris, según Catel, la sepultura de Isauro, la cual te-
nia veinte piís de largo, aunque no estaban alü la cabeza i
pescuezo del jigante.
Guillermo do Orango tenia ya sü romance en tiempo de Ordtf
rico, que floreció a principios del siglo XI^ pero no se puedo
afirmar que fuese el mismo de qun acabamos do dar idea, por-
opüsc. 13
98 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
que un mismo personaje solia dar materia a diversos romances^
i un mismo romance tümal)a diversas formas, según varial)a
la lengua, i se iban injiriendo nuevas hazañas i aventuras en la
leyenda. Orderico no quiso tomar del romance la relación de
os hechos de Guillermo, porque le pareció autoridad sospecho-
sa; de modo que, desde el principio del siglo XII, empezaron u
mirarse estas obras por la jente instruida, que era una pecjue-
ñísima iX)rc¡on do la sociedad, como composiciones poética»
que no merecían mucha fe. Orderico prefirió sacar sus npticias
de una relación compuesta por hombres rclijiosos i cloclos,
pero aun entrc ellas hai cosas que no son de mejor calidad que
el combate con el jigante do Coimbra.
El romance de Guillamne au coíirí nez^ según las mues-
tras que he visto, estaba escrito en largas estrofas de endeca-
sílabos asonantadüs, con un solo asonante en cada estrofa.
Otro de los mas antiguos romances de que hai noticia es el
de Ogier le DanoiSy a quien los castellanos llamaron Urjel
Danes^ i dieron el marquesado de Mantua. «A principios del
otoño de 851, dice Sismondi,* una flotilla de doscientos cin-
cuenta botes al mando del dinamarqués Ogier, el mismo (pío
habia saqueado a Rúan algunos años antes, so prc^sentó sobre las
costas de Frisia. listos normandos amenazaban a dos reinos a un
tiempo. Internándose a grandes distancias de sus naves, que re-
montaban simultáneamente el Rin, el Mensa i el Sena, i)enetran
has^a Gante, donde incendian un monasterio famoso; otros suben
a Aquisgran, capital del emjxirador Lotario, reducen a cenizas
los conventos mas ricos i el palacio de Carlomagno, i llegan
hasta Tréveris i Colonia, metiéndolo todo a sangre i fuego; otros
marchan sobre B<^*auvais, queman ciudades i granjas, i des-
truyen los célebres monasterios de Fontenelle i de San Jerman
de Flay. Los dinamarqueses invernaron en el país; i cuando lo
dejaron en el estío de 852, fué para trasportarse a l.Uu'déos, i ha-
cerla teatro de sus estragos i depredaciones.» Pero no fueron
probablemente estos hechos ilo los normandos los que celebra-
ron los troveres; el IJrjcd do la historia i el do los romances no
* Histoire dcí^ frniirnií;, tomo III, pój. in7.
ROMAirCtB D8I. CICLO GARLOTITrjIO H
tuvieron tahez otra cosa de cornil n que la patria i ol nombre.
Los Dormaiidos dieron el suyo n la Neustria. Establecidos allí,
adoptaron la relijion i el idiomn de tos habitantes; i habiendo
traillo del norte la epopeya histórica, cultivada por toda^i las .
razas jormánicas, dispeii»aron una üeñalaila protección a tos
trovepes, que con este motivo iiitroducinan en sus cairiarcs per-
sonajes o asuntos a que ya habían dado celebridad los escaldos, i
que se mezclaron i confundieron gradual monte con los de lu
historia de Francia. Urjel fuú uno de loa liéroes arrebatados
por el UíPbellin» de las glorías históricas i mitolójicas de Car-
lomagno.
El antiguo romance du Ucjol no debe confundirse con el que
compuso Adener en el «iglo XIII, i que mencionaré algo maa
adulante. Los benedictinos, autores de la Historia Literaria da
Francia, citan un romance de Osigier, que, según ellos, se
cantaba en Borgoña a mediados del siglo XI. Esto Osigier i el
pirata normando, que se le asemeja un poco en ol nombre, fue-
• ron distintas personas.
SabemosL do otros antiguos romances derivados de la histo-
ria francesa: uno de UeinúKlos Uo Muntalban ((¡ue tampoco
debe confundirse con el que compuso Ilugon do VJllener en el
siglo XUI); otro de Alberico de Borgoña; otro do Guarin do
Lorena (Garins le Loherains), Turjiin menciona ya estos perso-
najes, quo para mi es casi lo mismo que sí cítara expresa-
monte les romancea que de ellos se cantaban; porque la erudi-
ción de aquel impostor era toda do martirolojios i romances.
El de Guan'noB de Lorona no me era conocido sino por los
glosarios do Ducango i do Roquefort, que lo citan amenudo.
En estas citas, pude entrever que el verso era constantemente
endecasílabo,* i asonantada, en esti'ofjts o coplas do una sola
rima, lo cual be visto plenamente confirmado en la edición
impresa de esta obra, que después ha llegado a mis manos, i 63
una de las que comprendo la Colección rfe liomances de tos
doce pares que publica M. Paulino Puris." «El romance, díco
* n^ca^ílabo, B^gun la compuCacinn fraiicesn.
" Muuho sienta no habor vlnto tie cbI» oolcccion mn? qite el Ciuari»
100 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
el ilustrado editor, por mejor decir, la canción de Guarínos, hace
parte de otro poema todavía mas vasto, que tiene el título jene-
raldeC/ta?i.son des Loherens ^lo. cual contiene las historias: 1.**
.del duque Hervís de XIctz; 2.** de Guarínos de Lorcna i Begon de
Belin, sus hijos; 3.®de Jirberto, hijo de Guarínos, i de Hernaldo i
Jirberto, hijos do Begon; i 4.** de una cuarta jeneracion,queloa
continuadores llevaron hasta Guarínos do Monglane.» El editor
cree que esta vasta epopeya, de que se conserva gran número
de copias, casi todas del siglo XII, es mas antigua que las
canciones de jesta del ciclo carlovinjio. La parte en (¡ue se trata
de Guarínos consta de quince mil versos, i está dividida, como
la Jesta de Mío Cid^ en tres cantares {cliansons)^ acaso de
diversos autores, uno de ellos Juan do Flagy, a quien pertenece
indudablemente el tercero, que es el mas bello i poético do los
tres, i que, sin embargo, no se lia publicado completo.
M. París, que, si se me permito expresar mi opinión sobre
esta materia, es uno de los escritores que mejor han compren*
dido el espíritu de la bella poesía de los troveros, no encuentra
en todas las epopeyas antiguas i modernas ningún pasaje que
le parezca superior a la narrativa de la muerte i funerales de
Begon, que se refieren a la larga en este último cantar. Hai
en ella rasgos bellísimos, en medio de una difusión que fatiga.
Alberico, relijioso de la abadía de Tres-Fuentes, que vivió a
mediados del siglo XIII, menciona otros antiguos romances
derivados de la historia de Francia. Hablando de la hija de De-
siderio, rei de los longobanlos, que Carlomagno tomó por es-
posa i repudió al cabo de pocos años, dice así: «Sobre el repudio
de esta reina, que se llamó Sibilia,han tejido los cantores fran-
ceses una bellísima fábula, donde se habla do un hombre infa-
me, cuyas jactancias acarrearon la desgracia do aquella prince-
sa; de un perro de caza que lidió maravillosamente con el traidor
de Lorena; ni nio es clíido procurarme los otros tomos antes de lu
remisión de estos apuntos paríi la Biblioteca Espnñola. Tanto mas lo
siento, cuanto, seí^un el prefacio del tomo i. «de Guarin, el autor croo
haber fijado en los antoriore.s la fecha de los mas anti^^uos romances
de los doce pares.
1 presencia tic Carlos, I ledcju venciüi
afrentoso quo surrieron Macario i sus oúinpliccs; del labrador
Waroclioz, que condujo maravillosamente a la reina hasta res-
titairla a su padre; de bu oncuunLro con el salteador Guirimar-
do; de la expedición de RÍocIiít, empcTador de C'onstantinopla,
[que se sui>one padre duSibilia) contra loa franceses, a la cabe-
za de un ejército griego; do Ludovíco, liijo da la miama Sibi-
lia, quo se casó con Blancallor, hija del duque Naaman; de
Carlomagno, coreado un et monte Wídemar por su hijo Ludovico
i los (*nirgijs; do la rewnciliacion de Carlomagno con la reina;
Jo los seis traidores del linaju de Galalun; i de otras cosas en-
treveradas en dicha fábula i por la mayor partid falsísimas; las
cuales, aunque deleitan i mueven a loa oyentes, ya a risa, ya a
láerimas, se alejan demasiado de la historia, i so inventaron
por miras de lucn*.»
En la crónica de Alberico, se menciona también el romance
(le Amioo i Amelia, que oxistc, so^un entiendo, en latín i en
francés, i del romance do Urcon, cautivado por Isoredode Coim-
lira, i hbertado por su hijo ]\Iilon, con cuya ayuda recobra sus
estados i su esposa Belisciida, i toma venganza del tirano Ugon
do Bourges. El mismo autor menciona otros romancea (caníí-
lems) en que se refería la muerte del sarraceno Edmundo (Al-
monte en la ejíopoya italiana) a manos de Roldan, que aun no
habia sido armado caballero; la de Agolando, a manos de Carlo-
magno; i las proezas de Guido de Borgoña i de Jeranlo dcFrado,
padre del arsobÍRpo Turpin. Finalmente hallamos en Alberico
la jenealojia de la culebro casa de Monglanc, que dio tres o cua-
tro ji-nerndnncs do caballeros ramosísimos en la lii&toría roman-
cesca de Carlomagno í Lvulovico Pío.
Guarin de Monglane, de la estirpe de los caballeros de Lorena,
tuvo, según los troverea, cuatro hijos, Arnaldo de Belanda, Jo-
rardo do Vícna, Iteuier do .lénova, i Milon de Apulia. Arnaldo
fué padre do Almerieo do Narbona, projenitor fabuloso de los
Manriquez de España, que, casado con Esniengarda, hermana
íle Bonifacio, reí de Pavía, enjendró a Bernardo de Bruaban, pa-
dre del paladín Beltran, a Buéves o Bóves de Commarehís, que
) fué de Jíbelino i Jerardo, a Guillermo de Orange, Guarinos
•••
.•.M\-
'•
••• • •
luí / •. .' •. OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
'•. •.
/\*:**-/<te Anscaume, que murió a manos de los sarracenos de España,
•••, :*• Arnaldo de Orleans, Aimer do Vcnecia, i Jibelino do Andcr-
nas, llamado también Jibcrto. Rcnier de Genova fué padre del
famoso Oliveros; Milon de Apulia lo fuó do Simón do Apulia; i
de las hijas de Almerico nacieron Ricarte de Normandía, Fulcon
de Candía i Elias de Provenza; sin contar otros caballeros do
menos fama. Esta jenealojía la sacó Albcrico de los romances,
que la dan, sin embargo, con notables diferencias, en que no es
del caso ocuparnos.
Es probable que la mayor parto de estos caballeros tuvieron,
como Almerico de Narbona i Guillermo de Oraníi^c, sus romances
particulares. Existen en el mismo códice del Museo Británico
el de Jerardo de Vicna, Buóves do Commarchis i Jibelino de
Andernas. En el fabliau des deux nonlóors Ribans, publicado
porM. de Roquefort en su Poesía Francesa de los siglos XII i
XIII (pajinas 290 i siguientes), so da una lista de los romances
mas populares que corrían en el siglo XIII, en que se compuso el
fabliau; i esta lista contiene, entre otros varios, los de Roldan,
Reinaldos, Guido de Borgoña, Urjel de Dinamarca, Guarínos
do Lorena i Urson de Beauvais, mencionados atrás, i los de
Guillermo de Orange, Almerico de Narbona, Jerardo de Viena,
Buéves del Commarchis, Bernardo de Brusban, Oliveros, Ful-
con i Jibelino, que pertenecen a la familia de Monglane.
La mayor parte de los cal^alleros de esta familia, o son ente-
ramente imajinarios, o en el progreso de las fábulas roman-
cescas se han alejado tanto de su tipo histórico, que no es
fácil reconocerlos. Guillermo de Orange, de quien arriba hice
mención, Bernardo de Brusban, que parece haber sido Ber-
nardo, conde de Barcelona, en tiempo de Ludovico Pió, i que,
en tal caso, no fué hermano sino hijo del anterior Guillermo,
Jerardo de Viena, duque de lns dos Borgoñas, que se suble-
vó, no contra Carlomagno, como quiere su romance, sino
contra Carlos el Calvo, i Bernardo son talvez los únicos do
cuyos nombres i aventuras se columbra algún rastro en la his-
toria. También podemos ol)servar con relación a estos caballo-
ros que muchos de ellos fueron celebrados por los poetas largo
tiempo antes de haberse tejido la jenealojía precedente, con-
/
/
j
nOílANCKS DEL CICLO CARLOVINJIO 103
traria, no solo a la historia, sino a los mas antií^uos romaneos.
Las composiciones citadas son por la mayor parto de fecha
anterior al siglo XIII. Las mas modernas, como el Jerardo de
V¿ena, el Almerico de Narbona , el liaéi^es^ el Jibelino, deben
referirse lo mas tarde a los principios de dicho siglo, por la
mención o indicios de ellas ([iie encontramos en Alberico; bien
es verdad que, como un mismo personaje i asunto fué tratado
amenudopor poetas de diversas edades, es difícil establecer la
iilentidad de los romances citados por escritores antiguos con
los que se conservan en las bibliotecas de Europa. Debemos,
por tanto, para rastrear la antigüedad de uno de estos, atender
principalmente al lenguaje, estilo i versificación de la obra, a
Jas costumbres i escenas que se introducen, al niimoro i carac-
teres de las ficciones en que aparecen ajentes sobrenaturales,
a lo mas o menos refinado de las ideas de honor i de los afec-
tos amorosos. Bajo estos respectos, el Jerardo^ Almerico^
fíuéves i Jibolino, que comprende el códice del Museo Britá-
nico, no desdicen de la era indicada; i podemos, con alguna
verosimilitud, suponerlos algo anteriores a la crónica de Albe-
rico. Por lo que toca al primero, Guido Alarde (pajina 224)
asegura que se compuso en 1 130 en la ciudad misma de Viena;
pero, no informándonos de los fundamentos que tuvo para
creerlo así, queda al arbitrio del lector dar a esta aserción el
crédito que gu.ite.
El autor del Jerardo do Viena (a mi parecer uno de los
mejores, i de que por eso copiare algunos pasajes para que
í5irvan de muestra) se noml)ra a sí mismo en estos versos:
A Bar-sor-Aube, un chastol seígnori,
s'asist Borlrans en un vcrgior nori,
un gentil clers, qui cesto chanson fist.
En Bar-sor-Aube, un señoril castillo,
Beltran sentóse, en un verjel florido,
jentil trover que estos cantares hizo.
El establecimiento de Jerardo, hijo de Guarínos, en la ciudad
de Viena del Delfinado, i su levantamiento contra Carlomagno,
forman el asunto del poema, en que hacen papel gran nú-
lOi OPÚSCULOS UTERARIOS I CRÍTICOS
mero de personajes romancescos de la corte do Carlomagno i
de la familia de Monglanc. Jcrardo rechaza del modo mas terco
las insinuaciones amorosas de una duquesa de Borgoña, que
despecliada se casa con el emperador. La duquesa, por ven-
garse de la altivez de aquel caballero, hace que una noche le
bese el pié, a la sazón de inclinarse Jerardo a besar el de Carlos
por la investidura del ducado de Viena; i algún tiempo des-
pués se alabó do esta acción delante de toda la corte. Estaba
presente Almerico, que, mirando aquel hecho como una afrenta
de su familia, denuesta brutalmente a la emperatriz, i aun la
hubiera dado la muerte, a no haberse interpuesto los otros baro-
nes. Tan lejos estaba todavía el romance de aquel sentimiento de
galantería i respeto al bello sexo que en los caballeros andantes
de tiempos posteriores tocó la raya de la idolatría. Almerico,
escapado do París, alborota a Viena; júntase toda la familia
de Monglanc; i habiendo pedido en vano satisfacción, toma las
armas. Carlomagno pone cerco a Viena. La vasta campiña de
esta ciudad es el teatro de varios desafíos, encuentros, batallas,
justas i otros incidentes caballerescos. El joven Roldan' tiene
allí ocasión de conocerá la hermana de Oliveros, la bella Alda,
cuyas gracias describe el poeta con una elegancia i una sim-
plicidad admirables:
Diciendo así, volvió la grupa Orlando.
Aprieta al bruto el espolón dorado;
revuelvo luego, i cierra apresurado
con Oliveros, paladín bizarro.
Todas las damas al florido campo
las bollas justas a mirar llegaron.
Allí llegó Alda bella, la del claro
rostro, que tuvo gran beldad; el manto,
bellamonlc prendido, no mui largo,
flotar dejaba por el hombro abajo.
La hermosa orla apenas toca el prado.
¿Queréis oír do su beldad divina?
Lleva en la frente una corona rica
do bollas piedras que gran lumbre envían;
debajo, el rubio pelo so ensortija.
ROMANCES DEL CICLO CAHLOVINJIO 105
Tuvo de halcón mudado las pupilos;
frescas i coloradas las mejillas,
como en abril la rosa matulina;
blanca la tez, cual llor que el prado cria;
delicadas las manos i pulidas;
el pie, jenlil; el talle, a maravilla;
súbele roja sangre a las mejillas.
La cristiandad no vio mujer mas linda.
Después de otros sucesos de menor importancia, los dos parti-
dos conciertan un combate sinüfular que pon^^a fin a su querella
i a los males de la íruerra civil. Carlomaíjno elije por su cam-
peón a Roldan; Jerardo, a Olivérus. Una isla del Ródano es el
lugar señalado al efecto. El ejército imperial desdo su campa-
mento, las damas i caballeros vieneses desde las almenas do la
ciudad, son los espectadores <le esta escena terrible en que esta
comprometida por una parte la autoridad de Carlos, por otra el
honor do Moni^lane. El poeta manifiesta algún arte en los anun-
cios i preparativos de la lid, i j)inta con sensibilidad la angustia
de Alda, hermana del uno de los dos lidiadores i amante del otro.
Oliveros se viste una armadura ((uc habia sido de Eneas i do
Roboan, la cual recibió de manos de un judio Joaquín, que, ha-
biendo sido contemporáneo de Pilátos, alcanzó a los tiemiwsdo
Carlomagno, i habitaba entonces en Vicna. Roldan se ciño su
famosa Durandal, que el mismo habia quitado al sarraceno
Almon. Llegados a la isla,
cada cual al caballo hincó la espuela,
i el fuerte escudo a su rival présenla;
i del caballo en la veloz carrera
pasan el uno al otro en la pradera.
Grandes golpes so dan; pedazos vuelan
de las nieladas bastas que so quiebran.
De fino temple los arneses eran,
que a tan fiero batir no se falsean.
Ni uno ni otro en el choque vino a tierra;
i Oliveros airado so despecha
de que en la silla Orlando so mantenga.
De su espada Altaclara la hoja tersa
luí) OIMJftClLOS LITKHAUIOS 1 CllÍTlGOS
liíice l)r¡llnr; i a Orlando en la cimera
hiere: van por el suelo hojas i piedras,
i el rií.'o yelmo hecho pedazos queda.
El duque Orlando al buen corcel oprimo
i a Durindana, que al costado ciñe,
fiero desnuda i a Olivero embiste.
Kn el yelmo, da el golpe irresistible:
abajo echó topacios i rubíes.
El caballo de Oliveros fué tajado de medio a medio; el jinete,
sin embarí^o, quedó en pié. Grandes fueron el temor e inquie-
tud de los viencses al ver desmontado a su campeón-, pero
na<la igualó al dolor do Alda:
Alda la bella a la ventana mira;
la mano tiene puesta en la mejilla;
con mui grande dolor llora i suspira,
viendo a su hermano a quien Roldan derriba
de su corcel lozano de Castilla.
Tal duelo tiene la beldad pulida,
que llorosa corriendo a la capilla
ante el altar la triste se arrodilla,
Alda la bella en el tallado mármol
privada cae de sentimiento; el blanco
suelo sus bellas lágrimas mojaron,
i el nuevo armiño i el brial preciado.
— Glorioso Dios! piedad de mi quebranto!
Dame oír que vencido i denostado
ni el caro amante sea, ni el hermano.
Oliveros tiene la dicha de desmontar igualmente a su antago^
nista, matándole el caballo. Entóneos:
Acuchíllanse en son con los aceros:
en los escudos dan golpes tremendos;
vuela la pedrería do los yelmos;
i heridos uno i otro arrojan fuego.
Brillan a la redonda los reflejos.
Hombre no vio jamas tan duro encuentro.
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Poco !• s ci-os «io •::■'» l-.-s \..!:e.'i»::.
que. c':ñ] >i í;i-?í-::í Ijlcir. I;í ?:?i.<. i:e:;l:eron.
Rómpo-SL-lo a 01:v«. ro^ la cs;a«Ia: nuevos lamentos de Alda:
Santa M;ir.'a! .^.0:1 jí.\:\ íImAo \\'}o .
Caro Oliv.'ros! M.'.sort» ile-iir.''^!
Si yo te pierd'i. el eiel'» iv.e ha concluido,
i jamas ^eiá Grían-Io mí maii.lo,
el mejoi* hom¡)re que lia ospa la ceñido.
;.\nleá ile mr-iija ve.stii-j ciiioio!
Ai! a mi hermano coml)alieiulo miro
con quien me amó como leal amiiro.
Triste Sv?rJ\ cualquiera que \encid«>
fie l'».s dos sea I Pártelos, te pido,
pártelos, reina coronaila! Dijo,
i sin color, Jerardo, que la vido
desmayar, la levanta compasivo.
Oliveros apela a \o^ puños; Roldan no quiere pelear con ven-
taja: -
Sir Oliveros, bravo sois, pardicz!
^'uestro templado acero rolo ha])eis;
i yo en la diostra len;ro estotro, que es
de tal bonda«I, que no se puede en él
hacer rasguño, ni amellarlo. Ve,
busca una espada a todo lu placer,
que soi sobrino yo del rci francés,
i si te mato, ¿qué dirán? que a quien
vi desarmado, di la muerte, — Ve,
IOS OPÚSCULOS LITEHAIIIOS 1 CHÍTICOS
i una copa do vino has de traer,
que, si verdad te digo, tengo sed.
El judío Joaquín proporciona al desarmado caballero la fa-
mosa Altaclara, que había sido del emperador romano Clara-
mundo. Sigue el combate; las dos espadas hacen prodíjios;
últimamente un ánjel separa los combatientes; í les manda
emplearlas en los sarracenos de España. Roldan i Oliveros se
juran eterna amistad; de allí a pocos días se hace la paz entre
Carlomagno ¡ Jcrardo; i la bella Alda da la mano al paladín
Roldan, que, antes de consumar el matrimonio, parte con el
emperador en demanda de España:
El duque Orlando entró en la rica sala,
a la bella Alda vio, la que en el alma
le causa tanto amor; i fue a besarla.
Su rico anillo el duque diólc en arras;
i ella lo dio la bella enseña blanca
que después fue de tanto nombre i fama,
cuando ganando vino por la España
tantos castillos i ciudades tantas.
Mas sarracenos (jdóles Dios la pagal)
partieron para siempre a Orlando i Alda;
i no hubo do ellos heredero en Francia,
El Altnerico refiere los grandes hechos del caballero asi
llamado, hijo do Arnaldo do Bolanda, sus guerras contra el tu-
desco Savary, que le disputaba la mano de la princesa Esmen-
írarda de Pavía í contra los árabes i babilonios en la defensa de
Narbona, que lo había sido encomendada por el emperador Car-
lomagno. El poeta describe así la sala del palacio del almirante
o soldán de Babilonia:
En medio de la alta sala del palacio principal,
un árbol de cobre habia, que por arte singular
en un molde fué vaciado, i cubierto de oro; tal
que no pienso que en la tierra pueda nadie imajinar
pájaro (pie no se vea sobre sus ramas posar;
i lo bueno es que tenia toda avecilla su par.
El májico que lo hizo, hombro fue de habilidad.
Dicen que en el paraíso supo las piedras tajar
ROMANCES DEL CICLO CARLOVIXJIO 109
1 con esmaltes vistosos componer i variar
i que tiene por nigromancia el viento en elhis su hogar
así que, soplando el viento, óyenle todos cantar,
cada cual a su manera, i con tanta suavidad,
que no juzgo que haya hombre que de oír se pueda hartar;
i si cólera le aqueja, cuando le oye sonar,
a la cólera sucede en su pedio blanda paz.
Esta exajcracion do los prodijios de las artes es una de las
especies de maravilloso a (¡uc ocurren amenudo los antij^uos
romances. En el antiquísimo del viaje de Carlomagno a Cons-
tantinopla, hai una descripción mui semejante a la que acaba-
mos de copiar.
Balbuena desenvolvió posteriormente la misma idea, pintan-
do en su Bernardo las maravillas i preciosidades del ixvlacio do
Aleixa.
Entre las obras do Adenez o Adans, llamado li roí o el rci^
por haber sido roi do armas del duque de Brabante, o seifun
conjeturan otros, por haber sido coronado en una academia
poética, se enumera, yo no só con qué fundamento, un Ayiticr
de Narboiine. Ademas floreció a mediados del siglo XI II; i
no es posible que Alberico hubiese podido tener a la vista sus
obras; pero el romance de que acabo de hablar me parece mas
bien escrito por Beltran li Clers, el autor del Jerardo de Vlenay
no solo por la absoluta semejanza de estilo i verso, indicio cier-
tamente falible, sino porque el poeta, al terminar el Jerardo,
se excusa de contar la trájica expedición de Carloinagno a Espa-
ña como .isunto sabido de todos, i ofrece continuar la historia
de la familia do Monglanc, al paso que el Altncrico empieza
cabalmente por la vuelta de Carlomagno a Francia, después do
la derrota de lloncesválles, a que se agrega la circunstancia de
estar juntas estas dos composiciones en el códice anteriormente
citado, que es de una antigüedad respetable.
El Ihiécesde Commarchis presenta alguna mas variedad do
aventuras. Contiene los hechos de Duóves i do sus hijos en Bar-
bastro, donde Buéves mata una desaforada serpiente, que arro-
jaba fuego por la boca. Apoderado de aquella ciudad, que era
la torro del almirante de España, saquea sus ídolos i templos,
lio ÜI'LSCILOS LITEIIAUIOS I CHÍTICOS
cuya riqueza ¡ maíja¡íiL*encia dcscrihc el poeta con el colorido
propio de los romances. Sitian a B irl)astro el almirante de Es-
paña i el muflí de C.-órdoba; i sucisle una multitud de combates
en que los amores de Jcrardo, hijo de Hueves, i de Malatría,
princesa de C»irdol)a, forman un ei)isod¡o ontretenido. Hueves
queda al iin pacífico señor de Harbastro, i Malatría da la mano
a Jerardo, llevándole en dote c,^ran número de estados i ciuda-
des, entre ellas, núrí^i»s, Córdoba, Tudela, Toledo, Pamplo-
na, etc.
No hablare del .///>*.^¿y?o do Andnrunf^y ni de otros romances
que ofrecen sustancialmente la misma idea, esto es, el estable-
cimiento del héroe en una ciudad, provincia o reino que le es
forzoso ganar o def(»nder con la espada. La historia i costumbres
de la edad media debieron sujerir amenudo esta csikícíc do
asuntos. El imperio romanóse desmembró, o por mejor decir,
«e desmoronó en ¡nnunu*rables fragmentos, presa de aventu-
reros que so los ganaron, repartiei?<jn i disputaron a mano
armada. Tal fué el orijen de todas las casas reinantes i de
toda la antigua nobleza de Europa. Así Uolon so estableció con
sus normandos en la Neustria, i fué el héroe de uno de los
romances de Wace, que en realidades una historia versificada.
Así Guillermo Fierabrás, vencedor de los sarracenos i griegos,
80 enseñorea de Apulia i lega su nombre a los poetas, que le
dieron una celel)ridad fabulosa. Así Itoberto Ouiscardo, proto-
tipo talvez de aquel (luiscardo qu(í los trovercs cu(Mitan entre
los hemíonos de Reinaldos de Mont.dban, sale de su patria,
pelea también con los sarracenos i griegos, i de caballero par-
ticular se hace soberano de la Calabria i de la Sicilia. Así
Oofredo de Bullón, coní[uistador de Jerusalen, i por no citar
ejemplos extranjeros, Ilui Diaz, conquistador de Valencia,
fueron celebrados por los poetas desde principio del siglo XII.
Pero no dejaré los romances tomados de la historia de Fran-
cia sin mencionar particularmente los de Carlomagno quo
comprende el cóvUce 15, E. VI de la Biblioteca lleal del Museo
Británico. En éstos, hallamos aventuras mas entretenidas i va-
piadas i mas amenidad en las descripciones.
El primero contieno la guerra de Carlomagno contra el almi-
rouaxccs del cw.lo cvrlomnjio tlt
rantede Persia, q«e lo niaiuUi una emhajaila, oxijiíMulo le
reconozca por soberano i le patrne trilnito. K>ta enibajavla >e
componía de euatn.» reyes; uno deelK^s arroja el iruantem pre-
sencia de Carlos: disípútanselo Heranlo i IhMovinos; el em-
perador, a pesar de este insuU»», respeta en ellos el earáeler de
embajadores, i los festeja espléiivUilaiMente en su ixilaeio:
Allí v¡éra«los azores, allí vi-.n\\Jes neblíes,
i jeri faltos mu «latios i otros pájaros jen I i les.
Vicrailcs nobles «lonceles eon mantos venios i irrites,
de eibelinas bonlados i ile armiños señoriles,
de cendales lleno el viento i la tierra ile tapices.
Hallamos atpií entre los paladines de Carloma;j:n(> a Guillermo
Fierabrás. El emperador les encomienda ol cuidado i servicio
de los cuatro reyes: ¡ después de un mairnílico hampiele, salen
al camix) a justar i biliordar, con cuyo molivo so hace una
reseña do varios campeones de la cristiandad c«>n sus arneses^
i caballos, a saber, C'arlomaürno, <)livért>s, Viviano de Airra-
monte, Anjilóros, L'rjel, Jerardo de Viena, Uenicr do Jénova,
Baldovínos, Roldan, Guisdiardino, Jeraldo de Knscllon. r)'.»s-
pues de la vuelta do los embajadores, los doce pares van en
peregrinación al santo sepulcro, i son hechos prisioner >s por el
almirante. Habiendo loírraílo hacerse de armas i calullo^, rom-
pen por medio de la corte, desbaratan cuanto se les pono
delante ¡ prenden al senescal Si ñafies, f|ue les fué a el alcance
con una numerosa hueste de turcí^s. ainados, convertido al
cristianismo, los hace dueños de la torre de Ahilena. Allí su-
fren un riguroso cerco, en que el poeta mezt-la varios inciden-
tes de guerra con los amores do Sinádes ¡ do Licoriada, hija
del almirante; todo termina en la lihíu'lad i victoria de los
paladines socorridos por Carh^magno i por el rei de Jerusalen,
la cual so supone estaba entonces en [)o 1er do crist¡ant)s.
Guillermo Fiíírabras es un ejem[)lo de las metamorfosis que
experimentaron varios pers(;najes históricos en la mitolojía do
la media edad. En el romance anterior, le hemos visto pala-
din do (.^arlomagno, que, se.üfun la historia, ílorec¡(3 dos siglo»
antes. En otro de la misma colección, Fierabrás es un sarra-
H2 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
ceno, soldán de Babilonia i Alejandría. Carlos iba en deman-
da do España, cuando le sale al encuentro Fierabrás, que trae
consigo tres espadas finísimas, obra de los mismos artífices de
cuyas manos habían salido la Gandura do Carlos, la Altaclara
de Oliveros i otras espadas de cuenta. Ademas trae Fierabrás
a la grupa dos redomas de oro llenas .del preciosísimo bálsa-
mo que después se llamó de su nombre, i que, según el autor
do este romance, era el mismo que habia servido para unjir el
cuerpo de Cristo, cuando fué deposítalo en el sepulcro. Al ver
el pagano la tienda de Carlos, i en ella el águila imperial con
las alas abiertas en ademan do volar hacia España, se abrasa
de ira, i denuesta al emperador i sus barones, desafiándolos
uno a uno, dos a dos, o como quieran. Cirios ordena que
Roldan salga al campo. Este, resentido por cosas pasadas, so
excusa; de lo que el emperador recibo tal enojo que le da una
terrible bofetada en medio do la orto. Roldan se retira amos-
tazado; i el emperador queda en el empeño de buscar un anta-
gonista al pagano que era el terror de la cristiandad. Sábelo
Oliveros, que a la sazón estaba herido i en cama. A pesar do la
oposición de su escudero Guarínos, se venda las heridas, i so
arma. El emperador no le permite ir a pelear por el estado en
que se halla; mas Galalon, a quien pareció aquella, una exce-
lente ocasión de deshacerse de Oliveros, so vale de un privilejio
singular que gozaban los doce pares, i era que, sobreviniendo
entre dos do ellos una disputa, otro par tuviese la facultad de
decidirla. Galalon sentencia contra Carlos, i Oliveros se pre-
senta al pagano. Dícele que se llama Guarínos, i que recien-
temente habia recibido la orden de caballería. Fierabrás rehusa
medirse con un novel caballero de tan poca fama, mayormente
observando que estaba pálido i ensangrentado. Oliveros insiste.
Fierabrás admirado de su valor le ruega, por la fe que debe
a su Dios crucificado i a Carlos, que le ilesc-ubra su verdadero
nombre. Oliveros so lo descubre en efecto; i el pagano se ve
precisado a armarse. El mismo Oliveros le abrocha las armas,
i lo tiene el estribo. Sigue un terrible combate en que el hijo
de Ronier es malamente herido; pero tiene la fortuna de atur-
dir de un golpe a su contrario i de echarle abajo las redomas,
nOSIANtEa ÜBL CICLO C*nL0VINJIO
lina (le las cuales alza i Iwbe. Olivúros arroja las redomas a un
rio, las cualos, en Urjíar de ir al fondo con el poso dol oro, flota-
ron jKir la virlml milagrosa diil balsamo; mas arrobafctdaa i>or
la corriente, desaparecieron. Indii^tiado Fierabrás, enihiutocon
toda su fuerza, i descarga otro golpe, que, deHÜzúiidosa sobro el
yolmo de Oliveros, va a dar sobre In cabeza do! rnltalio, i la so-
para del cuello. Olivónos, sallando en pié, vitupera al pagano
aquel hoiího, como contrariu a las levos de catialloría. Kierabraa
jura no haber sido do intontu; lo ofrece otro eaballo; i no siendo
•■sto aceptado, desmonta, Carlomag-no, quo no astaba distante,
i vo el encarnizamiento con que de nuevo so acuebillau los dos
combatienlos, bace aquí una dovota oración muí semejante o
la de Jibelino en el romaneo de .i¿;iieriM, i a la de doña Ji-
uicna en el Ciil. Después do varios lances, Oliveros tieno Im
dicha do acortar a su conlrario un ^olpe que le derriba pcli-
grosameiile herido. Kl ji^vun soldán es e.n nquel momento
iluminado del cielo; i confesándose rendido, pide a Olivónos lo
lleve consigo, i le baija cristiano. El francos, en efecto, des-
pués di> vendarlo las heridas, monta a caballo, i so lo lleva;
poro el ejército sarraeono viene en demanda do su señor, i,
aunque Oliveros Iiai« prodijios, al fin, viendo que tarda el
socorro de los suyos, se apea, recuesta «1 herido caballero sobro
la yerba, dejándulc una de Irs espadas, i trata de abrirse ca-
mino por entre los onomiifOB, do quienes ya estaba cercado,
Kstos le prenden, i se lo llevan maniatado, i con una venda en
\oB ojos. Llegan Carlos i ios paladines. Roldan i Urjel matan
multitud de sarracenos, cabalgando ol uno a VicIIentin í el
otro a riroyefort; mas, aunque estos caballeros i la demás jento
cristiana hacen un horrible destrozo, no consiguen librar a Oli-
veros, Antes bien otros principales guerreros cristianos cayeron
en manos del enemigo. Carlomagno se retira dcsazonailo. Fiera-
bnw va en su compoilíu, rocílie el bautismo, i es tratado con
la mayor distinción. Los prisioneros crístianoason trasportados
a Egrcmora, ciudad de Esjiaña, según parece, i residencia tlcl
almirante Halan, padre de Fiorabras. .Sepultados en un oscuro *
calabozo, la bolla Floripcs, hija de Balan, se da trazado bajar
allá por la noche i de Irasladarlus a su i'.stanc.ia, ilondo ella
eri'sr, 15
1 14 OPÚSCULOS LITEnARIOS I CRÍTICOS
misma cura las licridas de Oliveros, i les proporciona la com-
pañía de sendas princesas con quienes pasan regocijadamente
la noche. Ella entre tanto suspira de amor por el ausento
Guido do Borgoña, a quien habia conocido en Francia. Acaece
al mismo tiempo (jue Carlos i Ikilan se n>andán mivtuamente
embajadas, reclamando cada cual su.s prisioneros i reconoci-
miento do sol>eranía. Carlos ademas e.vi je que Ijaliin se bautice,
i que lo entregue las santas reli([uius ([uc ha síicado de Jerusalen
i do Roma. Eran los embajadores cristianos Roldan, Nanjino
de Baviera, Ricarte de Normandia, Tierry o Teodorico de Ar-
dénas, Urjel de Dinamarca i Ouid(i. En el camino, se encuen-
tran con los embajadores de Balan; se desafían; coml)alen; los
cristianos vencen; les cortan a todos las cabe/as; i las cuelgan
do los arzones, para faciWtar sin duda con ellas la espinosa
negoi;iacion do c[ue iban encargados. Esto sucedió cerca del
castillo de ^hmtible, en cuyo puente, sostenido sobre arcos
i pilares de marmol, está de centincki un jayán que cobra
ilc los pasajeros un terril)le tributo:
do cien liermosas doncellas i cien halcones mudados,
i cien fuertes palafrenes i cien corceles lozanos,
ademas do una gran cantidu.l de oro i plata. Roldan derriba al
jigantedel puente abajo. Con esto, los cristianos pasan sin mas
vvj)osicion a Egremora; i son admitidos a pr(ísencia del almiran-
te, que se enfurece al oír la embajada i ordena ([uo aquella
misma tarde sean despedazados. Pónelos en libertad Florípes,
como a los otros presos; i entro tollos sorprenden el palacio con
muerte de no pocos, do manera (jue Halan tuvo que arrojarse
por una ventana huyendo de la irresistible Durandal. llácenso
fuertes en aquel ]>alacio, i Florípes acompaña allí a su esposo
Guido. Esta princesa tiene un cinto de maravillosas virtudes; el
almirante quiere se le hurte; i al intento se vale del habilísimo
ladrón Sorpin de Grimolea, ([ue talvez inspiró al Boyardo su
Brúñelo; lo cierto es cjue hai gran semejanza entre las aventu-
ras de este sitio i las del castill<Mle Albriica. Florípes pierde el
cinto, i los cristianos sufren un asedio rigorosísimo, en que
les llegan a faltar de todo punto las provisiones. En vano in-
UOMANCES DEL CICLO CARLOVINJIO 115
voca Florípcs a sus dioses Jupin, Apolin, Tervapran, llargot; el
hambre crece; la princesa se (Icsmaya; lloldan, Guido, Naimo,
i otros do los paladines hacen una salida con el objeto de pro-
veerse de víveres, como lo verificaron después de un reñido
combate; pero, vueltos a la torre, so echan menos a Guido.
Allí fue el duelo i láijrimas de Florípes:
Señores, ¿dónde está Guido? ¿Dónde esta mi esposo fiel?
Con vosotros lo llevasteis, i volvérmele debéis.
Calderón, que del asunto de este romance hizo su injeniosa
i divertida comedia El puente de Man tibie, parece haberlo se-
guido aquí mui de cerca. Probablemente tuvo a la vista alguno
de nuestros viejos romances traducido, como lo serian muchos
<Ie ellos, del francés. En fin, se cobra la persona de Guido;
Carlomagno acorre a sus paladines; muertos Galafre, que de-
fiende a Mantible, í dos jigantos, marido i mujer, que habitaban
una cueva vecina, toma la ciudad de Egremora; prende a Balan;
i le da la muerte. Lo mismo se hizo con todos los que no qui-
sieron recibir el bautismo. Fierabrás parte con Guido, esposo de
Florípes, los estados del almirante, su padre; el emperador so
vuelve, llevando consigo la corona de espinas, los clavos i de-
mas rehquias en cuya demanda habia venido a España.
El códice que comprende estos romances llamados de Carlo-
magno, es del siglo XíV; i los romances mismos parecen haber-
se compuesto, a lo menos reci])ido la forma que tienen, a los
principios de aquel siglo. En ellos, vemos ya algo mas de lo
sobrenatural i marvilloso que poco después se derramó con
tanta prodigalidad en los poemas épicos italianos i en los libros
de caballerías. Pero en este punto es preciso confesar que la
historia romancesca de ("arlomagno i los doce pares fué hasta
entonces mucho menos rica i variada (jue la de Arturo i los
caballeros de la Tnbla IÍ(Mlonda.
.■^■.. - -,-^.
IIOMANGES
DERIVADOS I)K LAS TUADICIOXES HRITAMCAS
I ARMORIGAXAS
Los celtas, como los jermanos, acostuinl)raban poner en
verso las proezas de sus reyes i capitanes para cantarlas on
las festividades, regocijar los banquetes i trasmitir las glorias
nacionales a la posteridad. Sus bardos, que, a la manera de los
escaldos jcrmánicos, eran juntamente poetas i músicos, i acom-
pañaban sus cantos con el harpa, llamaron la atención de los
escritores griegos i romanos. Pero semejante modo de perpe-
tuar la memoria de las cosas pasadas, tarda poco en alterarlas,
hasta que la verdad se pierde de vista bajo el cúmulo de errores
e invenciones que se levantan sobre ella. Así nació la epopeya
de todos los pueblos que la tuvieron orijinal. Así se formó la
mitolojía do Arturo i de los caballeros de la Tabla Redonda,
que fue una do las fuentes principales del gran caudal de le-
yendas i romances que en la media edad inundaron la Europa.
Créese que Arturo (a quien los franceses i castellanos lla-
maron Artús) reinó en el siglo VI de la era vulgar sobre los
britanos o habitantes de la isla Britania, que hoi comprende
la Inglaterra i la Escocia. Bien es verdad que algunos niegan
redondamente la existencia de este monarca. Cualquiera opi-
nión que adoptemos en el particular, es innegable a lo menos
que las invenciones poéticas, fundadas en su historia o leyenda,
suben hasta el siglo IX. Nennio que (según los que le dan menos
antigüedad) escribió por aquel tiempo, nos ofrece ya, como en
I \S OPÚSCULOS LITERAIUOS I CRÍTICOS
bos({uoju, los principales hechos que después hallamos am-
plificados i desenvueltos en el Brnio do Gofrcdo de Mon-
mouth, que fué, en cierto modo, resj)ecto de los romances
do Arturo i de la Tabla Redonda, lo que la Crónica del falso
Turpin para con los romances de Carlomagno i los doce pares.
Precedieron también al Bruto varias leyendas devotas en que
se hacía mención de las soñadas expediciones i conquistas do
Arturo en el continente, del rapto de su esposa Jinebra por
Melvay, rei do Somerset, de los amores dol mismo Melvay con
la princesa Glandura, de las correrías de Caradoc en Armórica,
de la conversión del rei Marco, marido de la bella Iseo, i de
otros sucesos i personajes que después ocuparon mucho lugar
en los romances i cantinelas bretonas. Últimamente los contem-
l)oráneos de Gofredo recil)ieron el Bruto como una mera ver-
sión de un orijinal británico, i hablan de Arturo, cerno de un
personaje cuya fama estaba difundida por todo el orbe, si bien
reconociendo que su historia habia sido en gran manera alterada
i corrompida por los poetas.*
Estas tradiciones, sin embargo, parecen hal>erse conservado
mejor en la Armórica, que en el país do su nacimiento. Estable-
cidas en él varias jentes de oríjen jermanico, la lengua de los
naturales quedó reducida a los estrechos límites de Gales, Cor-
nwall i algunos condados de Escocia. En lo restante de la Gran
Bretaña, prevaleció el habla sajona; i de su roce con el francés,
quo, intro lucido por los normandos do la Neustria, subsistió
largo tiempo ea la corte i ejército de los conquistadores, resul-
tó la lengua inglesa, cuya formación se refiere jeneralmente
al siglo XII. Esta revolución no fué favorable a la antigua
poesía británica; Ins bardos dejaron de ser tenidos en honor,
i do su lema favorito parece que solo se conservaban en Ingla-
terra fragmentos inconexos i noticias vagas, cuando Gofredo de
Monmouth, hijo i habitante de Gales, queriendo resucitarlo, se
valió de manuscritos armoricanos i no galeses.
* Véase hi i ntrod acción do Mr. Ellia a la sección tercera de sus
Spccimens of carly ciiglish motrical romances i las Recherches sur
les bardes por M. do la Rii«\
nUilANCES DElUY.\Ü«..-s L,!-: I. v.> 1 íl vI>lCt«>XES DIlinNICAS 1 l'J
EfeolivíUUvjnío. l;i Arni*»ií^-a s^ l]:illnl>;\ en miii disliiito eíiso.
El común oríjon i la soiinjiin/.i <K* I'Miltimjo' atr.ijorou a aqiirl
país gran número de hritano^, (¡no, hostitra.! ».s do la tiranía
íiajona, abandonaban en bandadas sus hoLMres para liuscar
asilo en el coiUincnte.** La Arniórica einpe/. '» entonces a
llamarse Bretaña; i sus babitantcs, bretones. A esta nu'^va
Bretaña, se trasplantaron las tradiciones de la antiirua; i el
í%'iudal de los bardos ¡nsilarcs, conbiJ.erablcinente enrique-
cido por la imajinacion de sus sucesores arnioricanos, adquíriú
una celebridad de que anteriormente no hal>ia gozado. Si el
rei Arturo i el encantador Merlin, si las Jinebras e Iscos, los
Lanzarotes i Tristanes sonaron de un cabo de Kuropa al otro,
las crónicas i lais de los bretones, ya orijinales, va traducidos
allatin, fueron la veta que labraron i ilc don. lo sacaron mas
materiales los poetas de la media edad, sin ex *epluar los de.
las mismas Ini/laterra i Escov-ia.
Gofredo do Monmoutli, reliji(jso benediclino, después obispo
de San Asaplí, escribió en prosa latina su crónica, llamada
vulgarmente El lírnlo^ bacia 1138, ti*H?>lad indola, secrun dice,
de manuscritos bretones, que Walter f'alenio, arcediano de
Oxford, babia recojido en Bretaña. l\\ título de la obra en los
«ejemplares impres »s es Britanire utrln.<'[tn2 rorjiín} ot ¡n'iíici'
pura or¡[!0 t^t H'jsta insl'jnia a Ga'/ri'lo Motioiunthon.^i ox
aníiquissimis brUannlci .<'?nnoni.< ¡noinimoníi.^ in lati-
num ^cnnoncm fraducla. La crónica empieza por el esta-
blecimiento de Eii'.'as en Italia, i el naiimiento de Bruto, su
biznieto, que va a la Grecia, i se hace rei de í:\ colonia troya-
na, fundada allí por Eleno hijo de Príamo. Se puede sospecbar
que por lo menos e.^tos i otros ribetes clásicos se del>en a Go-
fredo, ya que no al arcediano de Oxford. Juntando después una
flota de trescientas veinte i cuatro traleras. Bruto se dirije
a la antigua Albion, habítala de jijantes, donde un oniculo
lo había pronosticado que reinarían él í su raza. Acosados
<ie las sirenas, arriban a la costa de Francia, donde encuen-
* Ellis' Speciiiiens of thc carly english poetSj cap. \.
*" Leyden s. Introdurlim lo tho compleint of ScoU^incl.
1*2U OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
tran otra colonia do troyanos, fundada por Curineo. Después
do varios sucesos en Mauritania i en Francia, írobernada en-
tonces por doce reyes, que trozaban de i'^ual potestad sobre to-
do el país, i a quienes Wace, que versificó esta historia en su
Druto^ da el nombre de pares, so apoderan de Albion i exter-
minan a los jileantes. Bruto da su nombre a Britania; Corineo^
a Cornwall; Locrino, Camber i Albanacto, hijos de Bruto, a
Lój^res, Cambria i Allxinia. Uno de los descendientes de Bruto
fué el rei Leir o Lear, de cuya historia sacó Shakespeare el
asunto de su trajedia de este título. Otro de la misma estirpe
fué Brenno, cuya invasión de Italia, como la de Britania por
Julio César, están adornadas de incidentes caballerescos. Las
heridas do Croceamors, espada de César, son incurables; pero
el jeneral romano la pierde en un combate singular con Nen-
nio, hermano del rei Casivelauno, que al fin reconoce el se-
ñorío de Roma. La Britania, sin embargo, no so somete for-
malmente al imperio romano hasta el tiempo del emperador
Claudio, í aun entonces menos por armas que por negociaciones,
casándose Arsirago, rei del país, con una princesa de la fami-
lia imperial. Hasta aquí el libro primero.
Los britanos reciben el cristianismo. Los veintiocho flámi-
nes* i tres archiflámines son convertidos en igual número de
obispos i arzobispos. Elena, hija de Coel, rei de Italia, so casa
con el jeneral Constancio, i da a luz al gran Constantino. El
senador Maximiano llega de Roma, i por traición de Caradoc,
duque de Cornwall, destrona al rei Octavio, con cuya hija se
casa no o])stante la oposición del príncipe Conan Meriadoc. —
Maximiano c(mquista la Armórica, que da a Conan; so hace
dueño de la Francia, la Alemania i la Italia; i sube al trono
imperial. — (.-onan pide por esposa a la princesa Úrsula, sobrina
de Caradoc, i un número competente de vírjenes para sus ofi-
ciales i soldados a fin de pü])lar la Armórica. Se juntan en efec-
to once mil vírjenes nobles, i sesenta mil plebeyas, que se
embarcan con Úrsula. Sobreviene una tormenta en que perecen
las sesenta mil; las restantes llegan a Colonia, en Alemania, i
allí mueren en defensa de la iV i de su virjinidad a manos de
Ouanino, rei de los hunos, i Melga, rei de los pictos, que eran
llOyANCES DERIVADOS UlI LAS THAhlCIONKS UniTÁNlC.A* IC\
(los famosits piratas. — Conslantino, roi do Hritania, ili'ja trt^s
hijos: Constanto, Aurelio Ambrosio, i Vicv IVmlrairon, rmi
cuya (liscorclia por la sucosiou a la corona lenniua oí lil)rt>
segundo.
Libro tcroero. Voltii^orn, hombro do malas arlos, so apode-
ra del primojóiiito Constante, i lo Iiaoc» coronar en Lóndi'os;
mas apenas lobera que el joven roí ponira on sus manos tinlas
las plazas fuertes did reinen , le haee matar i usurpa el li\>-
no. AureHo i Pendraüfon se refujian a la Armórioa, llamada
ya Bretaña. En esto, Ih^^ra a la isla un caballero sajón llama-
do Ilenjisto con numeroso sóíjuito; el roi, atrradocido de sua
servicios, le da tierras, i aun le permite (jue envíe por mas jen-
te a Sajonia. Ilenjisto tiene una hija hermosísima, llamada
Rodwcn, do quien se enamora Voltiyorn en un feslin. lió aquí
cómo describo este lance el poeta \Vace, (pie alirunos años mas
adelante versificó en francos ol linth):
Una doncella enUo ellos vino
de rosU'o i talle peregrino,
(luo por Ilenjislo fue enjcndrada
j Kodwon era llamada.
Hermosura crrandc lonia;
en todo el reino i^ual no habla.
JJenjisto llama por mensaje
al rei para hacerle homenaje;
i vino el roi privadamente;
i vo la numerosa jcnto
i el noble castillo almenado
que el duque Ilenjisto ha levantado.
Jíenjisto al rei ha recibido.
Un gran banquete le ha servido;
i cuando el rei hubo bebido,
i del beber se ha enardecido,
sale jcntil, apuesta i bella
de la cámara la doncella.
No pienso quo crió natura
otra tan linda criatura.
De un ciclaton, quo os un tesoro,
vestida está; la copa do oro
122 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
(juc trac, de vino asaz colmada,
al rei le ofrece arrodillada.
El rei brho, stí a])rasa de amor; so casa con Uodwen, i da cu
premio a su padre la tierra do Kent. Los ])ritanos, ofendidos del
favor con que trata a los advenedizos, le deponen i coronan
a Voltimer, su primojónito, que mucre envenenado por su ma-
drastra. VoItij[^ern, restaurado al trono, llama a su suc^rro que
viene con gran golpe de jente i asesina traidoramentc a tres-
cientos sesenta do los principales barones, salvándose solo
Eldulf(j, conde de Glocester, que, con una estaca hallada al
acaso, mata a setenta de los enemigos. Los sajones se apode-
ran de todo el país, i Voltigern huyo a Gales.
Libro cuarto. Ciertos encantadores aconsejan a Voltigern
edificar una torro; i como, puesto a ello, lo que se levantaba en
un dia amaneciese derribado al siguiente, consultados de nue-
vo, respondcm que regase los ciinientos con la sangre de un
niño enjendrado sin padre. Voltigern manda buscar por todas
partes este prodijio, i le traen el joven Merlin Ambrosio, habi-
do en una monja por un espíritu, que, para cohabitar con ella,
tomaba la forma de un caballero. Merlin, entendiendo que el
roi quiere darle muerte, le convence de la ignorancia de sus
encantadores en el oculto misterio de la torr^; i le asegura que
debajo de aquella habia un estanque, i en el fondo de ésto dos
grandes piedras, que cerraban la entrada de un salón subterrá-
neo, guarida do dos grandes dragones, el uno blanco i el otro
rojo. Toílo se halló verdadero. De allí a poco da Merlin otra
prueba de su ciencia profética, prediciendo a Voltigern que
Aurelio Ambrosio i Uter Pendragon volverían a la Gran Breta-
ña, destruirían a los paganos, i le quemarían vivo.
En el libro siguiente, después de la muerte de Voltigern,
que en efecto pereció en una torre a que sus enemigos pusieron
fuego, so renueva la guerra contra los sajones con mas vigor
qué nunca, llenjisto es hecho prisionero i degollado. Trátase de
elevar un monumento a los barones asesinados por este tirano;
i consultado Merlin, aconseja que se traigan al intento unas
piedras enormes que habían sido amontonadas en Irlanda por
los jigantes, trasportadas las cuales a Inglaterra, asegurarían
nOMANCES DEIllVAÍJOS IjK LAS Tl'.AÜlClONKS IIMITÁMCAS 123
f^ii prosperidad futura, l.-tor IV-ndraí^i)!! tr:is[M»rta liis piedras;
i se levanta con ellas el ediíic'o proyectado, (pie es el eélel)r(*.
nionumentü de .Stono-llenire, rerea di^ Salishurv.
A la vista de un cometa maravilloso que oeüi)al)a ¿rran par-
te del cielo, i de cuya hoea salian dos rayos resplandirientes
que so extendían so'ire la Irlanda i sobre la Franela, pronos-
tica Merlin la muerlt* de Aurelio, la exaUaeion de Uter, i las
fjjlorias de Arturo. Aurelio muere envenenailo por un sajón, i
os sepultado en Stone-1 lenice.
En el libro sexto, Uter Pendraí^on subo al trono, manda es-
culpir dos draQf«)nes a semejanza del cometa, coloíta el uno en
la catedral de WincliesLer, i del otro hace su estandarte o seña
do guerra. Habiendo sojuzurado la Escocia, va a I/)ndres a co-
ronarse, i allí se enamora de IjtTiía, mujer de (lorlosi, reye-
zuelo de Cornwall. El marido, (reloso, parte sin despedirse del
rei; Uter Pendraíj:on le pone cerco en un castillo donde s(í
habia refujiado. Su nuijer esta])a encerrada en otra fortaleza,
llamada Tint¿\gol, cuya situación era tal, que tres caballeros,
díco Wace, pudieran defenderla contra cien mil. Los encantos
de Merlin traslbrman a Uter, que, bajo la íip:ura de Gorlosi, so
introduce fácilmente en la fortaleza, i goza de la bermosura do
Ijerna. Entonces es concebido Arturo. Gorlosi mucre en una
acción de f^uerra; i L'ter es envenenado, eouií) su predecesor,
por los sajones, i sepultado en Stone-llen^e.
El libro séptimo contiene los liecbos de Arturo. Wace, ador-
nando como suehí la narración de Gofredo, i)¡nta con colores
l)astante poéticos la armadura de este monarca; el yelmo (quo
habia sido de su i)adre) cubierto de oro i piedras preciosas, i
con un dragón por cimera; las calzas de bien templado acero;
la bella espada Escalibon o Caliburna, que habia sido fabricaila
en Avalen, i nadie podía tocarla desnuda sin morir; el fogoso
caballo; el escudo, en que habia pintada una imájen do Santa
Alaría, i la lanza Bruna, que habia sido el terror de Uritania:
Cal/as de acero se ha vestido,
))ien adcro'/ado i bruñido,
i un arnés de mucha riqueza,
lii^no do su real e:rando/a;
\'l'k OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
i se ciñó la bien templada
IJscalibon su fina espada,
forjada en Avalon sin duda.
¡Ai del que la toca desnuda!
Cubierta llevaba la frente
con el yelmo resplandeciente,
i por delante la visera;
loda de oro labrada era,
i de oro los aros en torno;
i lleva encima por adorno
una figura de dragón.
Mucho rclumba el morrión,
(jue de su padre fuera un dia,
con muchas piedras de valia.
Luego monta el corcel lozano;
no semeja follón villano
con el escudo terso i bello
que tiene colgado del cuello,
en que retratada se ve,
en testimonio do su fe,
con gran primor i maestría,
la señora Santa María.
Asaz gruesa i luenga, armada
de una aguda punta acerada,
su lanza, que Bronten so nombra,
a toda la Bretaña asombra.
Esta isla do Avalon, donde se fabricó la espada de Arturo, era,
como veremos mas adelante, la habitación del hada Morgana,
Arturo se casa con la bella Guenhara o Jinebra, dama de ex-
tracción romana, educada en la corte de Cador, duque de Corn-
wall. Au.xiliado de Oel, rei do la Bretaña armoricana, derrota
en repetidos encuentros a los sajones, conquista la Hibcrnia,
la Escocia, la Francia, la Irlanda, la Noruega; da este último
reino a su cuñado Losh, padre del célebre Galvano; i vuelto a
Inglaterra, se corona solemnemente, asistiendo a las fiestas, que
fueron de una magnificencia sin igual, innumerables príncipes
i barones de toda la cristiandad, entro ellos los doce pares de
Francia. Tras esto, recibe una embajada del imperio romano
requiriéndolo vasallaje i tributo. Resuelto a defender a todo
nOUAXCES DERIVADOS DE 1.
UlCIONEa imiTÁMCAS
trance la inilepemlencia ile hu patria, levanta un numeroso ejér-
cito, con que se propone natía racnoa que invadir a Uoina.
Deja encargado el gobierno a su esposa Jinebra, i su subrino
Modrid (el mismo, según ¡xireco, rjue se llama Molvay en la
vida latina de San Jíldas, citada por el abato La Ruó). Díri-
jic-ndoso al lu^ar señalado para la reunión de las tro¡)as, recibe
noticias de cómo Elena, sobrina de Oel, ha fiido robada por
un corpulento jayán, venido do las partes de España, que la
tieno cautiva en la cima del monte que hoi, dice Gofrcdo, so
llama tle San Miguel (el mismo de que habla Bcreeo en sus
Milagros lic Nuestra Señora, coplas 317 i í33]. Arturo va en
demanda del jayán, pero llega tarde para salvar a Elena, que
muere de pavor al verse en brazos del monstruo, ¡ ea sepultada
por su aneiana nodriza en aquel monte, que con este motiva
»e llamó de la Tumba. El rei se encamina a lacuevadel jigante^
que se alimenta, como otro Poltfcmo, devorando [>edazos do
carne medio cruda, ({iie le ensangrientan la cara i barba. Sigue
un reííido combato. El jiganto recibo una herida mortal, como
eran jeneralmente las de la hadada Caliburna, ¡ cae con es-
truendo espantoso, a semejanza, dice (.lofredo, de una encina
dcsarraií^ada por los vientos.
Arturo desembarca en Francia i manda una embajada a lus
romanos, prohibiéndoles poner pié en aquella parte desús «ala-
dos. Uno de los embajadores era üalbano, que, a presencia del
cmiierador, creyéndose insultad» por uno de los palaciegos, leda
la muerte. Loa embajadores dejan apresuradamente el palacio,
i i-aca mientan do a los que van en ,su alcance, vuelven salvo»
a presencia del reí, Arturo, Galvano i Oel ganan grandes vic-
torias, i estaban ya ¡lara pasar a Koma, cuando Arturo recibo
noticias duhaberse alzado Modrid con el reino, después de haber
Reducido a su cspo.sa Jincbra. Sigutí la guerra contra Modríd
i loa Bajones, en que mueren Clalvano i Modrid, i el mismo
Arturo es mortatmente herido. Jinebra toma el velo, i Cons-
tantino, hijo de Cador, se ciñe la diadema británica.
El libro outuvb contieno lus reinados de Constantino i do
Otros sucesores do Artunt, i la ootiqiiisla de casi loda la isla
por les sHjiineíf, filie Ho c'jnvi'.'1-l'Mi al cnstiaivisíuo.
420 OPÚSCULOS LlTERAniOS I GUÍTICOS
El libro noveno contieno la historia de Cadwan i Elfrido,
soberano el primero do los britanos, i el segundo de los sajo-
nes, a quienes suceJen respectivamente Cadwalein i Edwin.
Este último vence a los britanos i obliga a Cadwalein a refu-
jiarso en Irlanda, í de allí a poco en Bretaña cerca del rei
Salomón, su pariente. Las victorias de Edwin se habian debido
principalmente a la cooperación de un astrólogo español, que,
instruido por el curso de los astros i el vuelo de las aves, le da
parle de todos los designios i movimientos de su enemigo. Cad-
walein resuelve deshacerse a toda costa del astrólogo*, su sobri-
no Briano se encarga de la empresa, i disfrazado de peregrino
lo mata en la corte de Edwin. Cadwalein renueva entonces la
guerra con mejor suceso, i, habiendo vencido i muerto a Ed-
win en una batalla, recupera el trono. Lo restante de la cró-
nica es de poco interés.
Sobre esta reseña de las invenciones de los bardos británicos
i armoricanos, observaremos que, cuando escribió Gofredo, la
mitolojía británica habia comenzado a mezclarse con la fran-
cesa, pre^stándose mutuamente algunas ideas los escritores de
una i otra. Asi Gofredo introduce a los doc« pares en la coro-
nación de Arturo, i Turpin cuenta entre los paladines de Car-
lomagno al armoricano Oel, cuyos hechos dice que eran muí
celebrados en los cantares.
Debe observarse igualmente que Gofredo, o bien el autor del
manuscrito orijinal bretón, con el objeto sin duda de conciliar
alguna autoridad a la obra, no dio lugar a muchas de las fá-
bulas que ya corrían acerca de Arturo, i de otros personajes
que figuran en ella.
Guillermo de Malmesbury, contemporáneo del monje do
Monmouth, pondera los delirios de los bretones acerca de Ar-
turo, i sin embargo reputa verdaderos algunos de los hechos
mas increíbles que se le atribuyen, como el de haber lidiado
ól solo con novecientos en el cerco del monte Badónico, i
haberlos desbaratado por el favor de la Santa Vírjen, cuya
imájen llevaba en sus armas. De este hecho, según puedo
acordarme, no se hace mención en (iofredo. Tampoco hallamos
en su traducción una palabra acerca de las expediciones de
Arturo ul Oriente, a que aluJioron Alano do Inmilis, i Alejan-
ilry (lu Cernay, uno de los autores del poema francés de Alc-
jatidro, ambos escritores del siglo XII.*
Hubo dos Merlinps: uno que tuvo el ajiellíili» de Amlirosío i
fué compañero de Voltifíern, Aurelio Ambrosio, Utcr Pcndra-
gon i Arturo; i otro, el Mcrlin Caledonio, llamado el Salvajr,
IwrqUQ se retiró a vivir en los lK>sques. listo segundo es td
Iióroe de un pooma latino do Gofredo do MonmoutJi; si bien
Gofredo parocB haboi-loa hecho una sola persona. Merhn, se-
ífUD el poema, militó con tres do sus hermanos en lu gue-
rra que hicieron Rodarco, rei de Cumbcrland, i Pereduro, rci
tle Ocnieeia en líscocia, contra Gwisndolan, rei de los britanos.
En esta guerra, fueron desbaratados los escooeses, i nSuertos los
tres hermanos de Merlin, que pasa, tres dias i tres noches Uo-
ntmlo sobre su sepulero, pierde el Juiuio, i huye de la sociedad
de los hombres. Ganilda, su hermana, mujer de Rodarco, se
vale para sacarle do los bosques, do un menestral o cantor, que
se acerca al lugar de su residencia, i acompañándose con el har-
pa, canta los peK'arcti de Gwcndulen, mujer do Merlin, j do su
hermana Ganilda. Merlin depone bu melancolía í rc deja con-
ducir a Uodai'co; pero el bullido del palacio i el deseo de sus
amados hos(iues le trastornan otra vez el juicio. Merlin es in-
diferente a todas las honras i ihUüvas del rci, i ni aun la música
lu hace impresión. Para que permanezca en la corto, es necesa-
rio tenerle encerrado. Entonces comenzó a dar muestras del
don do profecía, de ([ue le habia dolado el cielo. Un dia el rei
acariciaba a bu esposa, i lo quitaba de la cabeza una hoja set:a.
Morlin, al verlo, prorrumpió en una carcajada, que excitó la cu-
riosidad de la corte; i obligado a decir la cau.sn, respondió que
la simplicidad del rei era lo que le había movido a risa; que
aquella hoja se le babia enredado a Gunildaen el cabello, cuan-
do fulgaba en el jardin con su amante. La reina, para probiu- su
iaoucncia i la locura de Merlin, le maiida que profetice cuál ha-
* Uu rejnlto sobro cato particular a I» obra citada del abate La Ruc.
i a lo dicho sobru Merlin. popmn latino dd mi%in« (íoírodo, i sobro i-l
nruío do \\a.w
128 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
bia de ser la suerte de un pajecillo que se le presenta tres veces
bajo diferentes disfraces. Mcrlin responde la primera vez que
morirá despeñado; la seLjunda, coligado de un árbol; la tercera,
ahogado. Con esto, queda Rodarco satisfecho; mas al cabo do
algunos años, cayendo el paje de la cima de un risco, quedó
engarzado de las piernas a un árbol, i con la cabeza sumerji-
daen un hondo torrente: muere a un tiempo despeñado, colgado
i ahogado. Ya para entonces se habia retirado Merlin de la corte.
Para gozar do la sobnlad mas a su sabor, se Iiabia divorciado
de Gwendolen. Conociendo por el aspecto del planeta Venus
que ella iba a tomar otro esposo, le lleva un presento nupcial
de ciervos, gamos i cabras monteses. El novio no pudo disimu-
lar la risa; el profeta airado arranca los cuernos del ciervo en
que iba caballero, se los tira a la cara i lo mata. Llcvanle pre-
so a Rodarco, i da nuevas pruebas de su ciencia profótica. Al
fin se le permite volver a las selvas, se le construyo en ellas un
observatorio, i le acompañan sesenta secretarios para escribir
sus profecías. Visítale el bardo Thaliasin, i en un docto colo-
quio le hace descripción del universo. Dentro 'del firmamento,
que circuye todas las cosas criadas, coloco Dios el cielo etéreo,
morada de los ánjeles, iluminada por el sol, a la cual se sigue
el cielo aéreo, alumbrado por la luna, i habitado de ánjeles
inferiores; i nuestra impura atmósfera, que infestan los malos
espíritus. Una parte del mar, vecina al infierno, es intensa-
mente caliente; otra cercana a los polos, intensamente fria;
allí so cuaja una arena preciosísima, enjendrada por la in-
fluencia de Venus. A esta parte del mar, dice el bardo, atribu-
yen los árabes la jeneracion de los diamantes i piedras preciosas,
cuyas virtudes son tan varias como sus colores. Otra parte es
templada; i en ella se crian las sales, los peces i las aves.
Thaliasin pasa luego a la tierra, de cuya descripción solo
merece noticia lo relativo a la isla do /a.s manzanas^ que se
dice también F'ortHnnda.
ínsula pomorum quiu Fortunata vocalur
ex 80 nomen habct, quia per se singula profei t
Non opus cst lili sulcantibus arva colon is.
nOMANCES DERIVADOS DE. LAS TRADICIONES BRITÁNICAS l^i^O
Omnis abest cullus, nisi quom natura miniolrat.
Ultro foccundas sególes producit ct uvas.
«Allí, continúa Thaliasin, es la residencia de las nuevo her-
manas, que revelan a los que van a visitarlas su destino futuro,
según la hora de su nacimiento. Morgana es la primojcnita, i
la mas hermosa i sabia. Ella conoce las virtudes do todas las
yerbas, i sabo el arto de sanar dolencias, do alterar i trasfor-
mar las figuras. Ella puedo atravesar el aire a vuelo; i ella
enseñó a sus hermanas la majia."" A esta isla llevamos el herido
Arturo, después de la batalla en que recibió el golpe mortal;
Morgana lo alojó en su propia cámara; le reclinó en un leclio
de oro; lo cató las heridas, i nos prometió sanarle, si le dejá-
bamos a su cuidado.' Dejámosle allí, en efecto, i volvímonos.»
Después de esta conversación i de otras igualmente doctas, los
dos bardos encuentran una fuente maravillosa, cuyas aguas
restauran el juicio a Mcrlin. Júntase a ellos Ganilda; i los tres
pasan el resto de su vida en la soledad, consagrados al servicio
de Dios; con lo que termina el poema.
Estas nueve hermanas fueron las primeras hadas conocidas
en el romance; después so imajinaron otras; i se engrandecie-
ron cada vez mas, como era natural, su poder i sabiduría. Una
do sus habilidades características era la de susixjnder en todo
o parte las funciones vitales en el cuerpo animado, i las per-
sonas que se hallaban en este caso se decían estar hadadas o
encantadas, í podían permanecer de esta manera años i aun
siglos. Así vivió, i aun vive, si hemos de creer a los romances,
el rei Artús o Arturo en el palacio de Morgana, hasta que, an-
dando los tiempos, sea restaurado a la Gran Bretaña, i al
* Ilic jura novcrn «.^cniali lego sórores
dant bis qui veniunt nostrls ex partibus ad se;
quarum qua; prior cst fit doclior arte medendi,
cxccditquc suas formas praistaiitc sórores:
Morgón ei nomcn, didicitquc quid utilitatis
gramina cuneta fcrant, ut lánguida corpora cunM,
arsc^uo nota sibi qua scit mutare figuras,
ot resecare novis. quasi Dicdalus, aera pennis.
OPÚSC. 17
130 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
trono. Gofredo alude a esta tradición de sus compatriotas en el
JBruío, i mas claramente en el Merlin. En el primero, después
de la herida que Arturo recibió en su última batalla, no se
dice nada de su muerte, ni que hubiese sido sepultado, como sus
antecesores, en Stone-Henge, sino meramente que so hizo lle-
var a la isla de Avalon para que le curaran la herida; i en el
segundo, refiere Thaliasin que él i otros le trasix)rtaron a la isla
Fortunada, i le dejaron al cuidado de Morgana, pero calla su
vuelta. Lo cierto os que en los siglos XII i XIII estuvo muí
valídala historieta del encantamento de este monarca, i de su
restauración futura:
Artiis, si la jestíi no miento,
herido fué en el corazón,
i lo llevaron a Avalon
para sus llagas medicar.
Diz que allí está, i ha do tornar;
i no hai bretón (jao rio le aguarde.
Puedo ser que temprano o tardo
a 13 retan a retorne vivo.
Yo, macso Wace, que esto escribo,
no quiero decir de su fin,
mas do lo que dijo Morlin:
íiuo siempre dudoso sería,
i se cumplió su profecía,
pues nunca so sabrá do cierto
si el re i Arturo os vivo o muerto.
Alantlo de Insulis asegura que corría riesgo de ser apedreada
en Bretaña el que desmintiese las hablillas ])opulares acerca
de Arturo. La credulidad de los bretones on este punto llegó a
ser proverbial.
Somnialor animus,
rospuons preso ni ia,
gaudoat inanibus;
quibus si crodideris.
cxspcctare potoris
Arcturum cum bretón ¡bus.
dice Pedro (!«' Hlois, escritor del siglo XIII; i el abate La Uui?
ROMANCES DEAIVADOS ÜE LAS TRADICIONES BRITÁNICAS 131
ha recojido otros pasajes de poetas franceses de la misma edad,
que hacen al mismo propósito.
El primero que so sepa haber tratado en francés las tradi-
ciones de los bardus, fué Gofrcdo Gaimar, que compuso hacia el
año 1 14G * una historia en verso de los reyes sajones, continua-
ción de otro poema que comprendía la de los reyes británicos,
principiando por la expedición de los argonautas, i en que,
según él mismo declara, habia correjido varios errores del
monje de Monmouth, mediante ciertos manuscritos galeses
que tuvo a la vista. Pero esta historia británica so ha perdido;
solo queda la do los reyes anglo-sajones, i aun de la segunda
solo queda un ejemplar, que es el de la Biblioteca Real del
Museo Británico.
Wace, natural de Jersey, versificó en la misma lengua las
tradiciones británicas, tomando por asunto el de la crónica
latina de Gofredo de Monmouth. Este poema*, llamado comun-
mente Le Brut cV Angla Ierre ^ se compuso por 1115, i en el
sigue el poeta francés paso a paso al cronista latino; pero añado
siempre circunstancias i pormenores, que hacen mas gráfica i
animada la narración, i a veces introduce algunas fábulas
omitidas por el primer autor. Tal es la del combate de Arturo
con el jigante Rison, que viste una pelliza de barbas de reyes, i
manda buscar la do Arturo, ofreciéndole, en honor de sus caba-
llerías, que baria con ella la orla. Pero la mas importante de
estas adiciones es la relativa a la institución de la Tabla Re-
donda, sobre que no se dice una palabra en el orijinal latino,
Wace habla de ella en estos términos:
Hizo Arlús la Redonda Tabla,
(lo que tanto en Bretaña so habla.
Los que un asiento én ella tenían
en todo iguales parecían;
honrados oran a la par.
No hubo allí mas alto lugar
en todo cuanto alumbra el sol
desdo occidente hasta el Mogol.
* Klli's Sp^cníif»!/.^ nf ¡tof?l.<, etc. cap. i*. La Une, licrlicrchcs, etc.
132 OPÚSCULO» LITERAnrOS I CRÍTICOS
Escoto, bretón o francés
no ora reputado cortes,
si la corte no visitalxi
del reí Artús, i no lle^^1ba
vestidura, ames i divisa,
según \íi usanza, i de la guisa
que los caballeros solían
que en la corte de Artús servían.
De lejas tierras aportaban
los cjue honor i prez deseaban
para oír sus caballerías,
i para ver sus mesnadias,
i conocer a sus barones,.
i recibir sas ricos dones.
¿Qué mas prueba* podemos apetecer de que nila jesta latínír
de Gofrodo, ni la francesa de Wace, deben mirarse como un
depósito completo de las ficciones do los bardos británicos i
armoricanos, según el punto a que ya habían llegado a princi-
pios del siglo XII? Es claro que ambas obras se escribieron con
pretensiones de historia, i que por tanto no ¡nido menos de-
excluirse lo que tenia mas visos de fábula, es decir, lo mas-
brillante i romanesco de aquellas ficciones.
Por aquí podenws calcular el vuelo que para entonces habiar
tomado la mitolojía de la edad medfay principalmente en Bre-
taña. Los bretones fueron sin duda los que mas contribuyeron-
a enriquecer el romance, i a quienes se debe la mayor parte de
los materiales, do que después se aprovccliaron tanto los poe-
tas de Francia, Italia i España.
Es prol)al)le (¡uc la isla de Avalon, mencionada por Gofredo
i por Wace, es una misma con la Fortunada de Merlin. El
nombre de Avalon fué el que prevaleció en los romances. Pero
las hadas solían visitar otros lugares, í revolaren ellos su pre-
sencia con maravillas. De éstos, ninguno tuvo tanta fama en
los siglos XII i XIII, como la floresta de liroceliamla o/írc-
rheliunt, donde las hadas i*c velaban su presencia con estu-
pendos prodijios. Menííiónala Wace on (í1 romance de los
duques de Normandía, donde on una reseña de caballeros dice
asi:
ROMANCES DKUlVAbOS DE LaS T1;aI)U:IÜN12S UIUTÁNICAS 133
1 Iot> de jttnto ii IJroct'liaiuln,
que en boca de bi-clones andiv
extensa floresta sombría,
t|ue goza de gran nombradla.
Sale hacia un lado del padrón
la fontana del Derenton,
a cuya sombra el cazador
va a re rujiarse del calor;
meto el cuerno en el agua fría,
i con ella el padrón rocia;
•9 caer luego »e miraba
copiosa lluvia que regaba
no BÓ por cual oculto modo
la selva i el contorno todo.
•i si los bretones no mienten,
allí de los hombres consienten
las hadas ser vistas, i cosas
acaecen maravillosas.
Águilas se ven[i milanos^
i ciervos grandes i lozanos;
mas han desertado la fuente.
Tanto se hablaba do esta selva, que Wace qui.so ir a certifi-
carse por sus propios ojos do los prodijios que se contaban de
«lia. Él mismo se burla do su credulidad en estos \'orsos:
Yo también con el ansia ardiente
de ver tan altas maravillas
a visitar fui las orillas
de Derenton i Brocelianda,
((ue en boca de bretones anda.
Maravilla ninguna vi;
si necio entró, necio salí.
Lo mismo que me fui, me vengo:
necedad busque; me la tengo.
«Cuando Cristiano deTroyes, diccM. de la Uue, va a contar
los hechos de Ivano, llamado el caballero del León, le lleva a
lasciva de Brecheliant, donde encuentra animales monstruo-
sos, hombres salvajes, leones, leopardos, serpientes; lo hace
^visitar la fuente de Berenton, i derramar el agua con la taza
Wh OPÚSCULOS LITEHARIOS I CRÍTICOS
(le oro, colgada de la encina, que le da sombra; sobreviene
repentinamente una tempestad, i el héroo se ve en grave ¡kíIí-
gro. Hugo de Mery en su Torneo del Antecristo refiere las
guerras de San Luis contra el duque de Bretaña, i dice que,
hecha la paz, fué a Brocelianda, i vio las mismas cosas que I vano
luego que regó, como él, con la taza encantada el padrón o
columna que estaba al lado de la fuente. En el romance do
Bruno de la montana^ o el pequeño Tristan restaiurado^
el héroe debe su coronación a las hadas de Brocelianda.
Gualtero de Metz, describiendo en su Inuíjen del mundo las
maravillas del universo, se extiende muclio sobre esta porten-
tosa floresta. Pero no solo los poetas; mencionan también i
creen sus prodijios los historiadores.»
A fines del siglo XII, se compusieron on francés varios roman-
ces de Arturo i de los caballeros de la Ta])la Uedonda. Se dice
que Enrique II, rei de Inglaterra, so liizo trasladar en prosa
francesa varios manuscritos bretones, i que en este trabajo so
emplearon Rusticiano de Pisa, Roberto i Ellis de Borrón, Luces,
señor del castillo de Gast, cérea de Salisbury, Gualtero Map,
jentilhombre de Enrrique II, i Galse le Bloud, pariente del
mismo reí.* Pero los anticuarios de la Oran Bretaña niegan la
existencia de estos traductores, i miran con razón los romances
en prosa que se los atribuyen como obras mui posteriores al
siglo XII. Lo cierto es que no hubo tal castillo de Gast, cerca
de Salisbury, ni hai memoria o noticia de Luces o de sus colabo-
radores, sino la que (;llos se suponen dar do sí mismos en obras
que se les han prohijado.** Es verdad que hubo por el año 1200
un Waltero Mapes, arcediano do Oxford, autor de poesías
latinas jocosas; poro el supuesto romancero del mismo nombro
se llama a sí mismo caballero del re/, cherjalier le roí, expre-
sión que designa manifiestamente un hombre del siglo, i no
* Roquefort, Etnt el? la poé.síc franrnise, páj. 116; La Ruó, Rcc/ier-
chns sur les ouv mijos dos bardos.
** Rit«5on, Anci-nil mpírical romanóos: iutroductory disscrtation.
scct. I; Walter ScDtt, Intvoduolion to Sir Trislrom, pnj. XIX, (so-
cond cdition^
UOMANOES DKIIIVADmS 1»I-: las TKAbli-.IONKS líÜlTÁNIllAS I 3C»
un eiílcsiástieo.* l']s proliaMi-, (\>nn) mIímtvú Mr. Uitson, qiu?
el escritor de este pasaje ronfunili»'» al \h)rU\ lalino nni el otro
Waltero, arcediano de Oxford, que di<) a(.lofivdo d*» Monmouth
el orijinal bretón de su crónica.
Por consiguiente, el primer poeta (jue .sepamos haya tratado
asuntos británicos o armoricanos después de W'ace, es Cris-
tiano de Troyes, que floreció por 1170, i compuso en vereo el
romance de /oano, cabn^llcro del León; el de I^nnzarote del
Lago^ uno do los ojalanes de la in(icl Jinobra ;o])ra terminada
por Gofredo de Leij)ni , poeta de la misma e»lail ; i el de Perceval
el GaleSj o el Santo Greal. Llamóse »Sa/i /o Tí/va/ la escudilla
o plato (pues se disputa s )bre su verdadera forma) en que se
supone que Jesucristo comi('»el cordero pasiual en la última cena
i en que José de Arimatías, al tiempo de sepultarle, recojió
su sangre. Después el mismo discípulo trajo a la Gran Bretaña
esta preciosa alhaja, "que durante algún ticm|)o fué venerada
públicamente, i al fin desapareció por castií^o did cielo; varios
caballeros de la Tabla Redonda emprenden rccoi>rarla i Perce-
val so sale con ello. Tal es el asunt») del romance.
Ademas de los tres citados, se asignan a Cristiano de Troyes
el de Clirjcs o Cliget^ otro caballero de la Tabla Redonda; el
de Tristan^ amante de la reina Iseo; \ ol de /:? cr, i)ríncipe
•armoricano que es coronado en Nántes por el i-tá Arturo, i
lleva en esta ceremonia un manto rií[uísimo bordado ix)r las
hadas bretonas.** Pero esta asignación carece de pruebas, i con
respecto al Tristan i al Erec^ temo que haya dado motivo a
ella una suposición equivocada. lié aquí el funilamento de mi
temor. M. Galland (en el tomo 2." de las Mcinovias de la
Academia de las inscripcioneí^) dio a conocer un antiguo
romance que trata de los hechos de Perceval, i principia de
esta manera:
Cil qui fit do Erec et d'Enide
et les commandomcnts d'Ovidc,
* Roqucfort, obra citada, páj. li'J.
** Roquefort, Élal de la poésie /"raníaise, pajinas liS i siguientes;
J-a Rué, Recherches sur los bardes.
1 30 OPÚSCULOS LITEHAniOS I CRÍTICOS
el Tari d'íiimcr en román mi^t:
Del roi Marc ot (Vhel la Blowh',
ct do la hupe el de Ihironde,
ct del rossignol la muance,
un autre conté ci commence
d'un valet qui on Giece fu
del linaííro le rol Artu.
'o
Erec i E nicle es un solo i bien conocido romance; el rei
Marco i la bella Iseo designan seguramente el de Tristan.
Debemos, pues, admitir que estas dos obras, i la que M. Galland
dio a conocer, fueron producciones de una misma pluma; i si
el Percevalj de que estamos hablando, es uno mismo con el de
Cristiano de Troye.^^ como parece que lo dio por sentido el
abate La Ruc, será preciso contar los romances de Erec i de
Tristan entre las obras de este poeta.
Pero esta suposición es errónea. Porque el autor del poema
mencionado por Galland dice que halló el asunto,
en un des livrcs del Aumainc
monsignor Saint Pierro do IJiauvais;
al ixiso que Cristiano de Troyas expresa haberse valido para
componer el suyo do un manuscrito del conde de Flándes;
como se puede ver en uno do los fragmejitos ciue trac Fauchct
do este mas antiguo Perrncal^ i)robablemente perdido. Galland
so inclina a pensar que el autor del otro sería talvez Raúl de
Gauvais, conocido por ciertas poesías del jénero lírico; pero ya
adoptemos o nó esta opinión, que a la verdad no es de gran
fuerza, siempre quedaría en pié la distinción de dos obras que
se sacaron, según declaran ellas mismas, de dos orijinales dis-
tintos.
Hé aquí el principio del romance de Erec^ citado por ol abate
La Rué:
lyErcc le íils Lac cst 11 contcs,
que devant rois ct devanl contcs
depccicr ct corrumprc sculent,
cil qui de chanter vivre veulcnt
tlOHANCEK DUniVADOs bli LAS TRAUlfilOXES BlUTÁNliUS 137
Estos vcrsoa convienen inOnitamcnto m('ji>rnli\ segunda mitad
iltd siglo XIII, cunndo las Túbiilns hrítániras i arnwricsnan
liabinn ya suminÍKlrado iuntoriides a miiltitu;! de romances, i
ilebido Esi'niideíi adiciones i altüracioncs al ínjoniti áe: los tro-
veres, que a la odad de Cristiano tle Troyps, uno de los prime-
ros frnncesps que eonienxaron a versificarlas.
Dcspiics de Cristiano do Troyos, »Íguiundo el ónlitn croni>-
lójico, 80 deljo tratar du la poetisa M^ria de Francia, ciiiu vivió
lincia I2S0, i cuyns lais se miran oon justa razón cerno de lo
ma« elegante, duluo i delicada que produjo la poesía do los
trovores. La palabra Ittis, de orijen céltico, sic:nificaba cora-
pitaibioncs de ji'iieros difercnlos, ya ^-picas, ya líricos; i en el
primer sentiilo ea en el que aquí hc toma, denotando poemas
do una sola división o canto, en que so refiero una acción
grave, por lo común amorosa, i siempre en la especie de verso
que los rrancesea Ilciman ootosilal)o. Aquí notaremos que asi
<Mnio en los romances cío Carluiiiaiíno tuvieron mas uso el
alejandrino i cmliruasilabo, en los de asuntos británico» i ar-
inoricanos se empleó casi siempre el verso de ocbo o nuevo
silabas con el acento en la octava, sin que podamos dar razón
do esta diferencia, siendo las enunciadas tres especies do ver-
nos igualmente antiguas en la lengua francesa.
María confiesa haber sacado los asuntos de sus poemas de
antiguos lais bretones, (jue oyó cantar o recitar; i en ellos
vemos amonudo In maquinaria de encantamentos i badas, que
era tan favorita do aquel pueblo. En ol lai do Ougemcr, hai
una cierva blanca que, berida de muerto, anuncia al matador
las desgracias que van a subrevenirle; i una barca cncsntaila
cruza los maros dirijida por un poder invisilile. Esta liarca es
toda de ébano, el velamen i jarcias de soda; i el caballero que
es destinada a trasportar, encuentra en ella un magnífico locho
adamado de oro i marfil, i cubierto do una colcha riquísima
de Alejandría, guarnecida de las mas finas pieles. Era de tal
virtud la almrüíadii, que la cabeza que reposaba sobre ella,
no encanecía jamas; i a los dos lados ardían dos cirios sobre dos
candeleros do oro, en que brillaban multitud do piedras pre-
ciosas. En el lai de líisclavcret, un caballero so trasforma en
^^
13S OPÚSCULOS UTKRAIUOS I ClílTlCOS
lobo penc'xlicainente. En el do Lanval, aparecen Arturo i la
Tabla Ii«\Ir)n(la con su acostumbrado esplendor. Lanval es
amado de una hada herm')sísima, que le colma de favores i
de riquez:is, i so lo lleva finalmonte a Avalon. Graelant Mor
í^oza de iu^ual ventura en el lai de su nombre, i aun hoi (dice
María) creen sus compatriotas que vive en compañía de su
enamora la en aquella mansión de delicias.
Esta poetisa sobresale principalmente en las descripciones
de escenas risueñas i amenas. Tal es la del pabellón a donde
es conducido Lanval:
La roine Semiramis, ote.
Tal es la di» la entrada de una de las hadas en la corte del rci
Arturo:
Quant par la ville vint poignant, etc.
Pero uno de los mas bellos ras^jos es el que termina el lai do
Graelant Mor, cuando trasportado este caballero por las hadas,
le echa menos su fiel caballo:
Los destiers qui d'evo escapa, etc.
Su narrativa está animada de diálogos, en que no falta ex-
presión, aunque a veces se echa monos la delicadeza de su
sexo. Su asunto favorito es el amor. Si esta pasión apenas
ocupa algunos momentos a los caballeros de Carlomagno, que
solo tratan de guerras, conquistas de reinos i peregrinaciones
a la Tierra Santa, es al contrario el eje de toda la acción de
los lais bretones, versificados por la Safo de la media edad.
En ellos, los amantes profesan una especie de idolatría al objeto
de su cariño, i el pundonor de los caballeros se interesa en
defender la superior hermosura de su dama. Ellos en suma
nos presentan ya completamente desenvuelto el carácter del
romance i de la caballería andan tesca.
La creencia en las hadas, que tanto papel hace en estos i
otros cuentos tomados de las historias i lais de ambas Bretañas,
parece haber sido antiquísima entre los celtas, particularmente
HüMANüES DEIil VADOS DK LAS TRAÜICIONKS ÜIUTAMCAS W^
los do la Armórica. Pomponio Mela* dice qiíc la islcta de Sena
(hoi Sein cerca do la costa de Bretaña) era famosa (wr el oráculo
do una diviiüda 1 galesa, a la cual estaban consiiíjradas nueve
sacerdotisas, que guardaban perpetua virjinidad, i de quienes
era común opinión que con sus encantos alteraban los elemen-
tos, setrasf«)rmv^ban en tolo jéncro do animales, curaban cua-
lesquiera dolencias i profetizaban lo venidero, pero que solo so
prestaban a los naYe;^antes que venían exprofeso a consultarlas.
Estrabon,** aunque nada dice de majia ni de encantamentos,
menciona el culto de cierta divinidad análoija a Baco, cuyas
sacerdotisas habitaban exclusivamente la isla; i Dionisio Perie-
gétes*** liabla de sus fiestas nocturnas, en que, coronadas de
yedra, celel)raban al dios con clamores i estrépito. Así pues los
bardos bretones en lo que atribuyen a las hadas tuvieron poco
que añadir a las ideas mitolójicas de sus mayores desde antes
de la era cristiana.
De un encantador a un dios no luii mas diferencia que la
inmortalidad; las hadas gozaron de este atributo, i aun a veces
lo comunicaron a sus favorecidos; esto es todo lo que se debo
a la imajinacion poética, o mas bien al natural progreso do lo
maravilloso en las tradiciones vulí]fares.
No so sabe cómo se llamaron esta especie de semidiosasen
la longiia céltica; porque la voz liada es la latina /a/a, plural
de fatiun.
A estos entes oscuros que antes estaban, por decirlo así, en
los confines del mundo abstracto i del universo real, las fábulas
bretonas, trasladadas al romance, dieron nombres, habitación,
historia. Las hadas aparecieron entonces bajo cuerpos palpables,
juntando en sí el poder de los dioses, la sabiduría de las Musas
i los atractivos de las Gracias. Animadas de pasiones vivas c
intelijibles, dejan como las divinidades del paganismo su man-
sión de delicias para conversar con los hombres, i para ayudar
o contrariar sus empresas. Los lais de la poetisa normanda
* Pomponio Mola, De silu orbis, libro III, cap. 8.
** Estrabon, Jeografia, libro IV.
Pcri'^gesis, versos 570 i siguientes.
4 **
1 iO ' OPÚSCULOS UTERARIOS I CRÍTICOS
fijan la épficíi denosta adquisicioa importante que preparaba
al romance los medios de competir alífun dia con la riqueza i
esplendor de la epopeya griega.
Uno de los lais de María contieno un lance de los amores del
celebrado Tristan, cuya historia, tratada orijinalmente por los
bardos británicos i armoricanos, parece haber pasado a los
cantos do los troveres desde fines del siglo XII.
Cristiano de Troyes (en una canción lírica citada por la Ra-
vaillcn) dice así:
Ainques don buvraige ne bui
dont Tristan fut empoisone;
car plus m'a fait aimer que luí
bon cuers et bonne voluntó.
Esta Tijera alusión prueba mejor que nada lo familiar que era
ya la historia de Tristan a los compatriotas de aquel poeta.
En un manuscrito de la librería de M. Douce, se conservan
fragmentos de dos antiguos romances franceses en verso octo-
sílabo en que se mencionan a la larga las aventuras de aquel
caballero. Debemos una extensa noticia de esos fragmentos
al no menos docto anticuario que excelente poeta Sir Walter
Scott en su edición del romance ingles de Sir Tristrem,
El autor de uno de ellos, citando los orijinales que ha tenido
a la vista para redactar su historia, habla de un lireri^ que
supo, dice, las jestas i los cuentos de todos los reyes, i de todos
los barones que existieron en la Bretaña; pero menciona al
mismo tiempo a un Tomas cuya autoridad prefiere en lo con-
cerniente a su héroe. Se ignora quién fuese este Breri; el Tomas
es, según todas las apariencias, el mismo que se cita con este
nombre en otro antiguo romance métrico de Tristan, compues-
to por Gofredo do Estrasburgo en lengua tudesca;* i se hace
sumamente probable que en ambas obras se designa al bien
conocido poeta ingles del siglo XIII, Tomas de Erceldon.
En efecto, Roberto de Brunne, autor contemporáneo, habla
de Erceldon^ como un famoso versificador de cuentos, i men-
* Roqiicfort, I\tat de la poí^sie frariQnise, páj. 476.
TOMANCES DERIVADOS DE LAS TRADICIONES BRITÁNICAS iW
cíona a Tomas como autor de un Sir Tristrem^ a que da la
primacía entre todas las jestas rimadas.* Nada hai en el pasaje
que de a entender la identidad del Tomas con el Erccldon;
pero no conociéndose otro Tomas poeta ingles de aquella era,
es verosímil que ambos nombres indican una sola persona.
Resta saber si la obra publicada por Sir Walter Scott es (como
sostiene el injenioso editor) el romance que debió tantos elo-
jios a Roberto de Brunne. Pero los pasajes en que se ha querida
apoyar esta identidad no son a mi parecer satisfactorios. El
autor expresa en la introducción que, estando en Erceldon,
habló con Tomas, i le oyó leer la jenealojía del héroe; i en
otra parte dice que se informó del mismo sujeto sobre las
circunstancias de una de las aventuras que cuenta. ¿No es esto
dar a entender clarísiinamente que el poeta cuya autoridad so
alega, i el poeta que hace uso de ella son dos personas distintas?
Creo, pues, que en rigor solo podemos recibir los pasajes in-
dicados como una confirmación importante de la existencia i
celebridad del Sir Trislrem compuesto por Tomas de Erceldon ,
i probablemente perdido.
. Hemos hablado de uno solo de los fragmentos que contiene
el manuscrito de M. Douce; i si se admite la ex|x>sicion que
precede, es claro que debemos darle algo menos antigüedad
que al poema del rimador de Erceldon, compuesto hacia 1250.
Pero no hai razón alguna que nos obligue a posponer también
a esta fecha el otro fragmento cuyo lenguaje i estilo tienen
todo el aire del siglo XII. A lo menos me parece innegable que
la historia de Tristan, según se contiene en el romance ingle»
impreso, cuyo autor tomó de Erceldon la sustancia de los he-
chos, arroja claros indicios de hal>er pasado por la mano de
los tro veres. Los nombres do Rolan, Governail, Blancaflor, i
otros, son sacados de la lengua francesa.
Lo dicho puede reducirse a las proposiciones siguientes: 1/
La historia de Tristan fué orijinalmente inventada o adornada
por los bardos, en lo cual me parece que no puede haber di-
* Fragmento de Hobcrto de Brunne en el apéndU'c al prefacio del
editor de la fWniira de I^edro Lagtoft.
Ií2 * OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
vcrsidaJ de opiniones. 2.' De los bardos pasó esta historia a
los troveros o rimadores franceses de Inglaterra i Francia,
como pasaron otros muchos asuntos británicos i armoricanos.
3.* Tomas de Erceldon se valió de los romances franceses,
como so valieron otros muchos poetas de su nación, aun en
asuntos orijinalmente I>ritán¡cos. 4." La celebridad de la obra
de Tomas, debida talvez al orden i elección de los hechos, al
estilo, i a lo que pondria de suyo, hizo que la consultasen i
citasen los que celebraron posteriormente aquel héroe, como
Gaimar en su poema histórico, i María en sus fábulas esopia-
nas, consultaron i citaron otros manuscritos ingleses.
Como quiera (jue s(ia, el poeta ingles que Sir Walter Scott
sacó a luz, i los dos poemas franceses, cuyos fragmentos ha dado
a conocer, si no nos presentan la leyenda de Tristan en su pri-
mitiva pureza, a lo menos no distan tanto de ella como los
romances en prosa, o libros de caballería, que poco después se
comenzaron a componer sobre el mismo asunto. Tristan no
tiene en estas obras nada que ver con el rei Arturo ni con la
Tabla Redonda. IIj aquí, según ellos, su historia.
Rolan Ris, señor de Ermonia (quizá la Armórica), se lleva
el prez do un torneo en la corte de Marco, rei do Cornwall; i
cautivad corazón de Blancallor, hermana del rei. Róbala; vuela
a la defensa do Ermonia invadida por el duciue Morgan, derrota
al usurpador en varios encuentros; pero al fin es asesinado trai-
doramento. Blancaílor recibe la noticia de este desastre en el
momento mismo de parir a Tristan; i espira legándole una sortija
quo recuerde i acredite su extracción materna. El huérfano
pasa por hijo de Roan, fiel adhcrentc de aquella desgraciada
familia; él mismo ignora quiénes habían sido sus padres; apren-
do todos los ejercicios i habilidades de un caballero, i es robado
por unos piratas de Noruega. Arrojado por éstos en las playas
de Cornwall, sus talentos, principalmente el primor con quo
tañe el harpa, le ganan el afecto del rei Marco, mayormente
después que, por medio de Roan, i de la sortija, so descubre
ser su sobrino. Pero sabedor de la historia de su familia, se pone
en camino para tomar venganza del usurpador Morgan, le mata,
recobra los estados paternos, i vutdve a la corte de su tio. A
ROMANCES DERIVADOS DE LAS TRADICIONES BRITÁNICAS 143
SU llegada, encuentra una gran novedad. El rei de Inglaterra
exije un pesado tributo; i el que viene a cobrarlo es un cam-
peen irlandés de gran fama, llamado Morante. Tristan hace cam-
po con él, le vence i mata, dejándole clavado un pedazo de su
espada en el cráneo. El mismo es gravemente lierido en un
muslo; i esta herida, hecha con un arma envenenada, se encona
i cancera.
Tristan se hace insoportable a los que le rodean; dojaa Cor-
nwall acompañado de solo su ílel Govcrnail, i su harpa; se hace
a la vela; el viento le arroja a Dublin; temeroso de los parientes
de Morante, oculta su nombre; su harpa le procura el favor
de la reina, que era famosa en el arte de curar las licridas, i
le sana. La reina tiene una hija hermosísima llamada Isco;
Tristan enseña a la princesa la música, la poesía, el ajedrez i
otras habilidades; lidia con un formidable dragón que respira
fuego, i le mata; su valor, sus gracias excitan en la princesa
el deseo de saber quién es; examinando su espada, i comparando
el pedazo que le faltaba con el que se había sacado del cráneo
de Morante, descubren que su huésped era Tristan. Por for-
tuna, el casamiento de Iseo con Marco le salva del resentimiento
de la familia.
Tristan lleva la princesa al rei Marco. Al tiempo de la parti-
da, la reina pone en manos de la fiel Brenguena, que acompaña
a su hija, un poderoso filtro, encargándole lo dé a beber a los
dos esposos la noche de la boda. Un dia, durante la navega-
ción a Inglaterra, estando Tristan acalorado, pide de beber,
i Brenguena le presenta inadvertidamente el fatal licor. Agó-
tanle Tristan e Iseo, i comienza en el mismo punto la pasión,
que les acarreó tantos trabajos. El bajel llega a Cornwall; Iseo
se casa con Marco, i la noche de la boda para ocultar sus cri-
minales amores, hace que Brenguena ocupe su lugar en la
cama del rei. De allí apoco un señor irlandés, antiguo enamo-
rado de Iseo, viene a Cornwall, disfrazado de juglar,- trayendo
un harpa primorosamente construida, que excita la curiosidad
do todos; pero rehusa tocar en presencia^lel rei, que era exce-
sivamente aficionado a la música, si éste no lo otorga el don
que le pida. Marco empeña su palabra de hacerlo así; i el juglar
\h\ OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
canta, al son del harpa, un lai en que declara que el don otorga-
do es Iseo. No habiendo arbitrio para dejarse de cumplir la
palabra real, es entregada la reina al irlandés, el cual se hace
al mar con ella; i)ero los alcanza Tristan, disfrazado también de
juglar, i habiéndoles divertido un rato con la viola, salta de
repente sobre el caballo de su rival, arrebata el de Iseo por la
rienda, e intérnase con ella en el bosque, donde pasa una sema-
na en su compañía, i al cabo la restituye al reí Marco. Fuera
largo enumerar todos los incidentes ocasionados por los celos
del marido, i todos los arbitrios de que se valen los dos aman-
tes para verse i comunicarse, favorecidos de la injeniosa Bren-
guena. Un enano los espía i atiza las sospecha del rei. Tristan
es desterrado, i entra en servicio de Triamor, rei de Gales. En
esta temporada, fué su combate con el jigante Urgan. Habién-
dole dado la muerte, obtiene en premio la soberanía de Gales.
Tristan cede aquel estado a la hija de Triamor, i envía de regalo
a su amada un perrico maravilloso, que también vino entonces
a su poder, cuya lana estaba matizada de los mas peregrinos
colores.
El buen Marco se reconcilia con nuestro caballero; vuelve a
Cornwall; nuevas aventuras amorosas, nuevos celos, nuevo
destierro. En esta segunda ausencia, atraviesa la España, i
mata allí tres desaforados jayanes. Luego auxilia al duque de
Bretafia en sus guerras, i se casa con su hija Iseo, llamada por
vía de distinción la de las blancas manos; pero fiel a sus pri-
meros amores, no se resuelve a consumar el matrimonio. Tras
esto, vence i rindo al jigante Boliagog, se apodera de su casti-
llo, i le perdona la vida so condición de que ha de levantar un
edificio en honor de Iseo i de Brenguena. Cúmplelo así Bolia-
gog, i en el edificio se esculpe la historia de nuestro caballero,
representándose al vivo todos los personajes i sucesos indica-
dos. Entre las esculturas, admira Ganhardin su cuñado, la de
la confidenta Brenguena, que le inspira una pasión vehe-
mente. Ansioso de verla, se dirijo con Tristan a Cornwall.
Los dos caballeros encuentran a sus amadas en un bosque ve-
cino a la corte; son descubiertos; i después de varios lances se
ven precisados a retirarse a Bretaña. Pero vuelven de tiempo
ROMANCES DKni VADOS DE LAS TnADICIONES nilITÁXICAS H5
en tiempo l)ajo (lifcTcntes disfraces. Kn una do las empresas
que Tristan acometo en sus viajos, es herido de una lanza
envenenada, i hallándose a la muerte, da aviso do su situación
a Iseo. Ganhardin se encariña de esta comisión, i se concierta
entre los dos amigos que la nave que ha de conducirle a In-
glaterra, desplegara a su vuelta velas blancas o negras, según
las noticias que le traiga. Iseo, al recibir el mensaje, se entre-
ga al dolor i desesperación i resuelve atrepellar por todo a
trueque de ver a su amante. Salo del palacio a hurto; Ganhar-
din navega con ella a Ih'otafia, mientras el pobre caballero,
aguardando su vuelta, pasa los dias i las noches en la mayor
agonía. Llega en fin la suspirada noche, i Garihardin indica en
el color del velamen las buenas nuevas do que es portador.
Pero la mujer de Tristan, informada de todo, se abrasa do
celos, i por atormentar a su marido, a quien la enfermedad
tenia postrado en una cama, le dice que ha entrado en el
puerto un bajel enlutado. El infeliz amante no pudo sobrevivir
a este golpe; pronuncia tres veces el nombre do Iseo, i a la
cuarta espira. En medio do las lamentaciones del pueblo, de-
sembarca la reina, i pregunta cuál era la causa do ellas. Se-
ñora, le responde un anciano, el espejo de los caballeros, el
amparo de los menesterosos, no existo ya; Tristan es muerto.
La desconsolada reina so hace llevar al cadáver, se arroja so-
bro él, i muere también de dolor. Tal fué el fin do Tristan i de
la bella Iseo, modelo do los asendereados galanes i amorosas
damas de la andante caballería.
Hablando do Cristiano do Troves, hicimos mención do un
romance francos do Tristan, que so atribuye sin suficiente
fundamento a Uaul do lieauvais; i'do que solo sabemos lo poco
que se dice en la memoria do M. Galland. Yo me inclino a
creer que este romance, i los dos fragmentos del manuscrito
de M. Douce tuvieron, todos tres, distintos autores.
Ninguna leyenda caballeresca tuvo mas popularidad que la
do Tristan. Celebráronla gran número do romances métricos,
tanto en las lenguas derivadas de la latina, como en las teu-
tónicas; i fué un(j de los primeros asuntos do los romances en
prosa, que comenzaron a componerse por 1300, cuando, hecha
orrsc. 19
1 iC OPÚSCULOS LITERARIOS 1 CRÍTICOS
mas jcneral la lectura, dejó de sor necesario oír de la boca de
los juglares aquellas historias que tanto excitaban la curiosidad
i la admiración. En est js romances, que bajo su nueva forma
se llaman con míis propiedad libros de cal)allería, se alteraron
grandemente las tradiciones de los bardos, i particularmente
las relativas a Tristan. Se le supone hijo de Meliadoc, rei do
León, ya conocido como uno de los caballeros de la Tabla Re-
donda, i so le llamó Don Trisfan de Leones; al paso que su
mujer Iseo fué prohijada al célebre Oel, compañero do Arturo.
Los que trataron de asuntos británicos i armoricanos, como los
que habian tomado los suyos de la historia do Francia, for-
maron árboles jenealójicos imajinarios, enlazando personajes
i fábulas que al principio no tuvieron conexión alguna.
Si los lais de María, las leyendas de I^nzarote i de Tristan,
introdujeron el gusto de los lances amorosos, que en las pri-
meras obras de los troveres no tuvieron variedad ni interés; las
leyendas de Arturo, Merlin, Ivano, üraalant Mor, dieron los
primeros ejemplos de la bella mitolojía de las hadas i encan-
tadoras, que luego apareció en todo jónero de romances. Así
en Parílienopex de íilois (nuestro Pfirtiniiples, conde del
castillo de liles) la acción rueda sobre el casamiento de este
caballero con el hada Melior. Así en el Caballero del Cisne y
que equivocadamente sé ha supuesto contenor la Historia de
la conquista de Jerní^alen por Gofredo do Bullón, el enredo
naco de unas cadenas hadadas, que preservan a sus dueños de
ser trasformados en cisnes. Pero el mejor ejemplo de la apli-
cación do las ideas británicas a las leyendas francesas, es el
romance de Urjel, que se contiene en el códice 15, E. VI do la
Biblioteca Real del Museo Británico. La introducción del poema
indica desde luego lo familiares i aun triviales que se habian
hecho los cuentos de los caballeros de la Tabla Redonda:
Seigneurs, oyez chanson dont les vers sont plaisant...
N'ost mió de la flabe Lancerot ct Tristan,
d'Arlu nc do Gauvfan dont on parolo lant.
Urjel en su nacimiento es visitado por Morgana, ülorianda, i
otras hadas que le conceden varios dones i privilejios impor-
ROMANCES DERIVADOS DE LAS TRADICIONES BRITÁNICAS l^
tantcs, entre ellos el de no ser nunca vencido en batalla, i el
de agradar a todas las damas. Después do varias hazañas contra
los sarracenos, i contra Carlomagno, que rehusaba entregarlo
su hijo Carloto, matador de Buldovínos (aventura que con algu-
nas alteraciones dio asunto a nuestro viejo romance del mar-
ques de Mantua, que es elmismo Urjel), Morgana le hace llevar
a Avalon, le introduce a la comjxiñía de Arturo, le da su mano
i la corona de aquel imperio. Inaccesible a las enfermedades i a
la vejez, vive allí olvidado de su linaje i de la Francia, cuando
le llega noticia de ser nuevamente trabajada la cristiandad por
una avenida de sarracenos. Con esta ocasión, deja la compañía
de Morgana; i Francia vuelve a ser teatro de sus proezas. Ven-
cedor de los infieles, saciado de gloria i do vida (pues ya para
entonces contaba sobre trescientos años) arroja a las llamas el
leño fatal, a cuya conservación estaba vinculada su existencia.
Pero en aquel mismo punto aparece Morgana, apaga el tizón,
i arrebatando a Urjel en un carro do fuego, le traslada otra voz
a las delicias de la isla encantada.
El romance de que acabo de dar esta brevísima idea, se com«
puso, según parece, hacia 1300, i no se debo confundir con
otro del mismo título, que so cuenta entre las obras de Adenoz,
i se cita amenudo en el Glosario latino-bárbaro de Ducango.
SOBRE EL OUIJEX
J»K LA> VAUIVS ESI»i:ClKS DK VEHSií r?Al>A>
KN LA I'OESÍA Mi>DF.UXA
— »_%v>)V, "Van -^—
Harto sabidas son las causas que corrompieron el idioma lati-
no. Su perniciosa influencia comenzó a sentirse inmediatamente
después que los ilustres injenios del siglo de Augusto elevaron
aquella lengua al mas alto punto de cultura; i se manifestó
desde luego viciando las cuantidades de las silabas, esto es,
igualando unos a otros en duración los sonidos vocales. Los
metros latinos vinieron entonces a ser lo que todavía parecen
al oído de aquéllos que no están familiarizados con la prosodia
latina, esto es, unos períodos que no pueden reducirse a tiempos
ni cadencias determinadas, pero en que las graves i agudas so
suceden a veces con una oscura apariencia do regularidad i
simetría. Su composición continuó sin embargo ajustándose a
las reglas antiguas, pero solamente en las escuelas, o por los
que solicitaban la aprobación de los íntelijentes. En los cantares
do la plebe, o en las obras de los que solo aspiraban a conten-
tar oídos vulgares, no so hizo mas que imitar rudamente los
versos do Virjilio i Horacio, despojados, por la corrupción del
habla, de aquel ritmo fundamental, en que una sílaba larga
era compensada por dos breves.
No pudiendo ya haber tal compensación en la lengua lati-
na, porque no habia sílabas breves ni largas, o cuyos valores
se acercasen sensiblemente a la razón de 1 a 2, el número de
las sílabas vino a ser la única medida del tiempo, al modo
150 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
que, SÍ se escribiese toda una aria o sonata con notas de igual
duración, el tiempo se niediria por el niímero solo de las notas.
Rcdújose, pues, cada especie de verso a determinado número
de sílabas, para que la cesura o pausa final ocurriese a inter-
valos iguales; i se conservaron, como esenciales a la nueva ver-
sificación, aquellas cesuras intermedias i aquellos acentos, que
solían ocurrir en ciertos parajes de la antigua. Por ejemplo,
en los autores de la buena edad, el senario yámbico term¡nal>a
frecuentemente en esdrújulo, como los siguientes de Horacio:
Supplox et oro regna por Prosírpina?,
per et Dianas non movenda númina.
Pues en los senarios yámbicos do la media latinidad vino a
ser aquel acento de la antepenúltima una regla invariable; i a
43lla so sujetaron, por no citar otros muchos ejemplos, los versos
a la muerte de Carlomagno que trae Muratori (Antiquitates
itálica*^ dissertatio XL); los quecant(3 la guarnición de Mudena,
cuando aquella ciudad estaba en armas contra los húngaros,
('3/ií7'aío?'i,ibidem); los de San PauHno, patriarca de Aquilea,
a la muerte del duque Eríco (Lebeuf, Dissert. I, 426); i los que
se compusieron a la del abad Ilugon, hijo de Carlomagno (Le-
beuf, Recueil de clivcrs écrtls^ I, 3i9;. lié aquí, por vía de
muestra, algunos délos versos del cántico de M(3dena:
O tu qui servas armis isla mocnia.
Nos adoramus cclsa Christi númiun:
illi canora demus nostra jubila.
Así también el trocaico tetrámetro cataléctico de la media lati-
nidad, imitando una estructura frecuente de aquel verso en los
buenos tiempos, se sujetó no solo a una cesura que le cortaba en
dos partes de ocho i siete sílabas, mas también a dos acentos
que hacían terminar el primer miembro en dicción grave i el
.segundo en esdrújula; de manera (¡ue el metro en que cantaron
los romanos al dictador César:
Kccc Cíesar nunc triúmphat qui subcgit OálJ¡;im,
\i cómodos non triúmphat q\ii subegil Cícsarcm
SOIIRE EL OUÍJRN bC LAS VAKIAS KSI'ECIES DE VKHSO \'i\
dióul niodolí» ilc la especio (1«* v»'rs(» cii ([lu; caiitíu'oii los mon-
jes de la media edad:
Ad percnnis vila» foiiloin mons silivil arl<la,
claustra carnis piiuslo franiji clausa quíorit anima.
En suma, nació un nuevo sistema de versificación que retuvo
en gran parte las cesuras ¡ acentos del metro antiguo, distri-
buyéndolos a intervalos de tiempo, cuya única medida era el
número de sílabas.
Aquellos versos de nuevo cuño, en que se deleitaba el vulgo,
se llamaron rUní icos para distinguirlos de los inclricoSj esto es,
do aquellos versos que todavía secomponian en las escueliis i por
los literatos, con rigorosa observancia de las cuantidades, con-
servando a cada sílaba el mismo valor que le habian dado
los poetas del siglo de oro. IPero no debemos confundir (como
lo lian licoho el marques MaíTei, Muratori i otros críticos cmi-
nentisímosj el ritmo de los poetas latino-bárbaros, con el ritmo
de que habían los filósofos i gramáticos de la Grecia i el Lacio
desde Platón hasta Terenjiano Mauro. Los antiguos griegos i
romanos llamaron versos rítmicos aquellos en que, desatendidas
las leyes del metro, que prescribían determinados pies i mo-
vimientos, se guardaban solamente las de un ritmo funda-
mental, que se contentaba con cláusulas ajustadas a ciertas
medidas i proporciones, considerando siemjírc una larga como
equivalente a dos breves. Pero el ritmo latino-bárbaro procedía
sobre el principio de que todíis las sílabas eran iguales, i redujo
por consecuencia diferentes versos i las partes do cada verso, a
números fijos de sílabas; sin lo cual es claro que ya no hubiera
podido haber comensuracion de tiempos. 1 labia, pues, tanta
diferencia entre uno i otro ritmo, como hubo entre la pronun-
ciación latina de la corte de Augusto, i la de los monasterios
del siglo X.
Es natural que cada uno de los versos antiguos diese oríjen
a una especie particular de ritmo. El hexámetro i el pentá-
metro, tan célebres en los siglos felices del latín, no siguieron
en el mismo favor durante la decadencia de esta lengua. Hexá-
metros rítmicos se encuentran pocos; pentámetros, poquísimos.
152 OPÚSCULOS LITERAUIOS I CRÍTICOS
Pero el senario yáml)¡oo se us6 muclio, rcducitlo a doce sílabas,
con cesura entre la quinta i la sexta, i acentos en la cuarta i dé-
cima; la cual habla sido una de sus mas comunes formas antes
de corromperse el latin:
Supplox et oro ] rogna per Prosérpina».
(í/o?'ac¿o.)
lili cañota | olmus nostra jubila.
(Cántico cíe Módona.)
liuctu pungúntiir | ct magna molestia.
(Ritmo a la muerto de Carlomagno.)
Nam rox Pipí ñus | lacrimasse dícitur.
(Ritmo a la muerte de Hugon.)
Otra especie de senario yámbico que los poetas rítmicos ma-
nejaron mucho, fué el dímetro. Los himnos mas antiguos de
la iglesia se compusieron do ordinario en este verso, con
sujeción a las leyes métricas, esto es, a la observancia de cuan-
tidades. Posteriormente se abandonaron éstas; i se le dio el
número fijo de ocho sílabas con el postrer acento en la ante-
penúltima, que habia sido su mas ordinaria forma:
Jubet cupressos fúnebres
flammís aduri cólchicis.
(Horacio. '
Albor decora et fúlgida,
ornata regís púrpura,
electo digno stípite
tan sancta membra tángere.
[(Himno de Vennucio Foiiunatoi
Noque guita) gracíliter
manabant, sed mináciter:
turbo tcrram terctibus
grassabatur turbínibus.
(Ritmo del obispo Aldhelmo.)
Los ritmos trocaicos no so usaron menos que los yámbicos.
Del octonario, tenemos una muestra en el salmo de San Agustín
contra los donatistas. Pero, de todos ellos, el que tuvo mas acep-
tación, según la multitud de composiciones que han sobrevi-
SOBRE BL OltlJCN DE LAS VaUIAS Eí^PECIES DE VEZtSO 1'».^
vido en ól, fué el tetrámetro calaléctico, roduoido a la estructura
que poco há dijimos, a imitación do la forma m«'lrica mas agra-
dable. En esto ritmo, compusieron Isidoro de Sevilla, Ejinardo,
Pedro Damián, el autor de la Descripción de Verana publicada
ix)r el padre Mabillon, el de las alabanzas ile Milán que trae
Muratori, i otros innumerables.
Los griegos tuvieron también grande afición a esta especie
de trocaicos rítmicos, que llamaron por antonomasia políticos^
esto es, vulgares; denominación que en su sentido propio era
tan jeneral, como la de rítmicos, que se usó en el occidente.
Pero lo mas digno de notarse es que, por la diversidad, i en
algunos puntos contrariedad, de las dos acentuaciones griega
i latina, el ritmo que compusieron los griegos a imitación de la
forma métrica mas grata de dicho trocaico vino a parecerse de
todo en todo al ritmo que en la media latinidad se imitó del
antiguo yámbico tetrámetro catalcctico; es decir, que uno i otro
se dividió en dos miembros, el primeare do ocho sílabas, esdrú-
julo, i el segundo de siete, grave:
*Q ^aOj^íi'jHwv Tfxzzx I Il£C7Í5:v jT.iz-zxrr,,
[Esquilo.]
O bazudsónon ánasa | pcrsídon hupcrtáte.
IIcA'.T'.y.cTí i^pÍ7x\j.i^fj I íóí Bjvjítcv, ev zzÍ'ao'.c.
¡Miguel Psclo, Paráfrasis dol
cántico de los cá 7^ ticos.}
Politicóis efrásamcn, | hos dunatón, en stícois.
\'el anscris mcdúllula, ve! I imula oricílJa.
[Catülo\
Dixitque seso illi ánnulum, | dum luctat, dotraxísso.
(Tcrencio.)
Pctrum invcntum rctibus, ¡ ut fortia confúndat,
(le maris vocat flúctibus; | hic suas res possúmdat.
(Ritmo en honor del apóstol San Pedro]
De esta manera, dos metros diferentísimos, i aun contrarios en
su naturaleza, produjeron un mismo ritmo, mediante igual con-
trariedad en los sistemas de acentuación do las lenguas griega
i romana.
\-*\ OPOsCULOS literarios 1 CRÍTICOS
Versos asclepiadoos de la estructura del de Horacio:
Maicenas atavis edite regibus,
fuiTon niui usados en la media edad, ya arreglados a cuan-
tidades, ya meramente al ritmo acentual. Cultiváronse, en fin,
varias otras especies de ritmo, pero que, habiendo contribuido
poco a nuestra moderna versificación, tengo por mas conve-
niente dejarlas en silencio por no apurar la paciencia de los
lectores con menudencias tan desapacibles.
Estos versos rítmicos, nacidos entro la plebe, i largo tiempo
desdeñados de los literatos, fueron poco a poco ganando terreno,
al mismo paso que el latín iba caminando a su último grado
de corrupción, i que, descuidadas Uis letras, se hacía cada vez
mas dificultoso i raro el conocimiento de la antigua prosodia.
Los literatos mismos comenzaron a cultivarlos. Una gran parte
de las composiciones rítmicas que se conservan, tuvieron por
autores a los hombres de mas instrucción e ínjcnio que flore-
(íieron en aquellas edades tenebrosas. Finalmente, los varios
dialectos en que se perdió el latin, recibieron aquellos ritmos
<le la lengua madre, i ellos forman aun las principales especies
de versos, conocidos en castellano, italiano, franc/CS, etc. Pero
antes de tratar do estos versos en particular, convendrá hacer
una o dos observaciones que son jenerales.
Según la práctica introducida p<Dr las naciones modernas, las
H¡lal)as que siguen al último acento agudo, son indiferentes para
el ritmo, i pueden existir o faltar. Esto es propio de la cesura
final, o pausa, que divide un verso de otro; pero los antiguos
trovadores lo extendieron a la cesura intermedia en las especies
de versos que la exijian. Ahora s )lo la cesura final excluye la
sinalefa; antes la cesura intermedia la excluia también, de modo
que la vocal en que terminaba la primera i)arte del verso no
se elidia con la vocal en que comenzaba la segundií parte.
Otra cosa de])e tenerse presento para medir i leer nuestros
antiguos versos, i es que la sinalefa no era jamas necesaria, sien-
do ar])itrario al poeta pronunciar o no en una síla])a las vocales
concurrentes. Esto es lo que en nuestros oídos perjudica mas a
la poesía de los trovadores i romanceros, i hace parecer sus ver-
SOBRB EL ORÍJEN DE LAS VAniAS ESPECIES DE VEnSO Km
SOS desaliñados, o faltos de niinicro, como (¡110 en los nuestros
se deja en esta parte mui poco a la elección del poeta. Yo estol
mui lejos de mirar las obras de Berceo, i nuicho menos el Cá/,
como modelos do versificación; pero, no quisiera so confundiese
lo que proviene de hábitos casuales con lo (¡no nace de la
naturaleza misma de las cosas. En el cometer o nó la sinalefa,
hai mas de arbitrario do lo que se i)iensa comunmente. Los
españoles e italianos cometen la sinalefa casi siempre que hai
concurso do vocales, i lle;^an a amalj^amar hasta cuatro de estos
sonidos en una sola sílaba, pronunciando, por ejemplo, «sabia
JEuropa» en cuatro sílabas, prolacion que es a nuestros oídos
la mas suave i natural de estas voces así colocadas. Pero un
ingles juzga de un modo enteramente contrario; no comete
la sinalefa sino en casos rarísimos, i prefiere el hiato a la rápida
prolacion de nuestras vocales. I los franceses ¿fjuó dicen a
esto? Que tan ásperos i desagradables les parecen los hiatos de
los ingleses, como las sinalefas de los italianos; i por tanto,
evitan unos i otras en su versificación moderna, permitiendo
solo la elisión de las vocales mudas. Pero en realidad ninguno
de estos sistemas es mas racional o natural que los otros; todos
ellos tienen su oríjen en la costumbre, que por casualidad ha
adquirido una nación, o tal vez, sólo los literatos de ella.
En efecto, ¿quo fundamento hai para que nos desagrade el
hiato de las vocales a, e, en e^ste verso:
Va (Mitre mirtps serpeando el rio,
i no en éste:
Ca/in do un monte a un vallo entre pizarras?
¿Hai por ventura alguna diferencia en los sonidos de estas
vocales de un verso al otro? ¿La pausa que solemos hacer
entre dicción i dicción, no favorecería mas a la diéresis en el
primero que en el segundo? Supongamos, pues, un estado de la
versificación en que el pueblo i los poetas no hayan aun con-
traído hábito alguno a favor o en contra de la sinalefa, que es el
caso en que debe encontrarse una poesía naciente: lo mas na-
tural .será entonces esta arbitrariedad que reprendemos en los
ir»0 OPÚSCULOS LlTEllAIUOS I CUÍTICOS
• patlres de imostra poesía, i (¡ue sin embari^o no non ofende en
Homero.
Varios nu'tros anti'^uos, o, a lo meaos, los mas popula-
res i favoritos, se convirtieron eon la corrupeion de la lengua
latina en otros tantos ritmos; i do éstos procedieron, como
vamos a verlo aliora, las varias especies de verso, que se usan
on casi todos los idiomas de Europa. Pero, antes de particu-
larizarltis, será bien que hallamos una observación, que las com-
prendo atólas; conviene a saber, que la cesura final, mediante
la cual queda separado un verso de otro, hace indiferentes a la
medida cualesquiera sílabas graves que vengan después del
último acento; por manera que si el verso consta de diez sílabas,
i tiene el último acento en la décima, podrá también constar de
once o doce, con tal que el último acento no varío do sitio: en
otros términos, el final agudo, grave o esdrújulo no hace di-
ferencia en el verso, siempre que los acentos esenciales se ha-
llen en unos mismos lugares. El verso esdrújulo debe, pues,
tener una sílaba mas que el grave, i éste otra sílaba mas que el
agudo do la misma especie.* I de aquí se sigue que estas graves
finales no deben contarse en el número de sílabas esenciales al
verso.
Nosotros, sin embargo, cuando designamos las varias espe-
cies, llamándolas octosílabo, decasílabo, etc., contamos todas
las sílabas del verso grave, acaso por sor esta forma la mas co-
mún en nuestra lengua; al revés de lo que hacen los franceses e
ingleses, por predominar en uno i otro idioma las dicciones
agudas. Auncjue nuestras denominaciones ciertamente son
impropias, debe respetarse el uso jeneral de los escritores cas-
tellanos, que las ha sancionado; pero, como en este discurso
tendré que comparar los versos de distintas naciones, juzgué
conveniente referirlos a un mismo tipo, que, según la natu-
raleza de las cosas i la práctica mas común de Europa, me
* Estos tros versos, por ojomplo, son do una misma especie-
Morado lirio i azucena candida....
La amena selva i crislalino rio....
El verde cáliz de la blanca flor....
^•mnE EL ^r.MN : z :..- v. : .5 r>?i -.rs ; >: vi. v. \
pareció tU-bia <er el Ytr>> aj-u !>. K:;:.v:..i.. y.vs. j^^r hy-i:}^
silabo el que JroÍ!riC> *!e •-':"*- >:• r^':':-\ j> r :i\«\;<;,ri: :' ol quo
(letrimus de o»itv, i a>i tu- !••> v:o:r.:v<.
De todas la.s e>ixv!0:? ilo ver^.» ijuo ^o usaron en ol la5in do la
metlia edad, la que tuvo m¿í< h ¿ra. pi'iiK^ijKiInienío i n la jw^ia
eclesiá.stica, fué el ilíir.eíro Viimhioo, <.»ra ajustado a la obser-
vancia do las cuantidades, ora desembarazarlo do ill is; i su
forma ordinaria fur la do un hoxasilabo esdrújulo:
ArbiM* decora el íi:!i:!da.
órnala rejris púrpura.
Nació de ella el verso hexasílabo. ([ue solo se diforonoia de
este dímetro vámbioo. en no serlo necesarias las sílabas crraves
(inales. Esta especio do verso os antiquísima en la poesía mo-
derna, l.'sároida en castellano ol Arcipresle do Hita i ol judí^)
rabí Don Santo; en el rornaixco francés, Evoranlo, abad de Ivir-
kham, que floreció en la primera mitad del siüflo XII, i tradujo
los dísticos de Catón; i Felipe de Tlian, que floreció por los
principios del mismo siíjrlo; en ingles, Tomas do KrcoKlon,
que escribió en el si<?lo XIII las aventuras i amores do Tristan
o Iseo; i el autor desconocido de la jesta o romaneo del roi
llorn. Mr. Ellis (Spccimenf^^ capítulo II) dice que so escribit»-
ron en esta especio do versos otras muc;lias obras inuflesas, i
que .se le llamó por excelencia el minsfrol 7/ie/rí», o metro de los
j Ululares.
El mismo yámbico dímetro dio oríjen a otra especie do v<tso
de grande uso en la poesía francesa e in.i^lesa; ponpK', si sr. ]»asa
de la sexta a la octava sílaba el último acento {\r i\(\\\v\ metro'.
Albor decora ct fulgida,
ornata rcgis p\n-|)ur;'i,
tendremos exactamente el vcu'so o(-tosílabo franco.s;
Si ( ricMncs I)¡eu, tu TameraH,
el servirás ct lioiifUTas
el Ierre auras á grant píen té;
jamáis nc seras (ísü-arr.
tüS OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
La causa de esta traslación del acento se halla en la modula-
ción que se daba, i todavía se da, en los 'cánticos de la iglesia
a los himnos compuestos en aquellas especies do metro. Como
esta modulación carga sobre todas las sílabas pares,
Arbór decora ct fúlgida,
lus juglares franceses (que imitaban el canto gregoriano en sus
tonadas), no pudieron aplicarla a su lengua, sino sobre el verso
octosílabo.
El senario yámbico tomó, ademas de la que acabo de men-
cionar, otra forma, en los versos de los franceses, dividiéndose
en dos partes, la primera de seis sílabas terminadas en aguda,
o do siete en grave, i la segunda do cinco sílabas terminadas
en gravo, o de cuatro en aguda:
Tel conté d'Audigicr, | qui en sct póu.
A cel cop perca roie | d*un papeillon.
No vaut noient char d*ómc, | s'ol n'cst face.
{Román cVAucUgie)\ Colección de Barbazan.)
Los franceses no acostumbraban mezclar estas dos estructuras
del endecasílabo, i reservaron para los asuntos burlescos la se-
gunda, de que acaso se derivaron nuestras seguidillas; porque:
Con el viento murmuran,
madre, las hojas,
i al sonido me duermo
bajo su sombra,
es ello por ello el mismo ritmo que
Molt fu dame Rainbcrgo | joiam et líe,
quant Audigier commónce | chevaloríe.
En la primera época de nuestra poesía, el verso endecasílabo se
sujetó a las mismas reglas que entre los franceses, como manifes-
taré cuando pase a tratar de la versificación del Cid, Los fran-
ceses le perfeccionaron después, como al alejandrino, haciendo
necesaria la sinalefa entre los hemistiquios, cuando el primero
terminaba en grave. Pero los italianos le conservaron en todos
SOBRB EL ORÍJEN DE LAS VARIAS ESPECIES DE VERSO tü9
tiempos la unidad latina, no admitiendo sílabas j^aves, super-
fluas entro los hemistiquios. La misma práctica introdujeron
Chaucer en Inglaterra, i el marques de Santillana en Castilla.
Todas las especies de verso de que hasta ahora he tratado,
nacieron de varias especies de yámbicos. Nuestro verso de arte
mayor se orijinó del asclepiadeo, que se usó bastante en la poesía
eclesiástica, i sobre todo en la de la iglesia española. No son po-
cos los himnos que en el breviario mozárabe pertenecen a este
jénero de metro; como el de la íiesta de las santas Incs i Emc-
renciana, el que Alvaro de Córdoba compuso en honor de San
Eulojio, el que en honor de San Tirso compuso Cixilano, arzo-
bispo de Toledo, que algunos atribuyen a San Isidoro, el de la
fiesta de san Torcuato i compañeros obispos, el do santa Ru-
fina mártir, el de las velaciones, i otros.
En efecto, comparando el verso de arte mayor con el ascle-
piadeo, no puede dudarse que el uno es hijo del otro; el movi-
miento es exactamente el mismo:
Aquel que en la burea parece sentado,
vestido en engaño de las bravas ondas,
en aguas crueles mu i más que no hondas
con mucha gran jónte en la mar anegado, etc.
(Juan de Mena, Laberinto.]
Ilunc, si mobilium turba quirítium,
certat tergóminis tóllere honóribus;
111 um, si próprio cóndidlt hórreo
([uidquid de líbycis vérritur aréis, etc.
{Horacio.)
1 la semejanza parecerá completa, si atrasamos la cesura una
sílaba, para suplir los esdrújulos, de que el castellano escasca:
Hunc, si mobíli | um turba qulríti |
um, certat torgcmi | nis tóllere honórl |
bus; lllum, si própri | o cóndidlt horre |
o quidquid de líby | cls vcrritur aro | ....
Los ingleses tienen, desde los primeros tiempos de su poesía,
versos de la misma cadencia, i probablemente del mismo oríjen.
IGÜ OPÚSCLLOS LITEUARIOS I CRÍTICOS
Pero los italianos los usaron poco; i yo no tengo noticia de otros
en esta lengua i medida, que los del epitafio a Bruneto Latino:
Pe fallí dü folli, che son troppo felli,
che fanno le fiche con fioca favella.
(Crescimbcni, Comentarios, lib. 1, cap. 7.)
Examinemos ahora la versificación del Cid, Este poema esta
escrito en alejandrinos, endecasílabos, i versos cortos, mezcla-
dos sin regla alguna fija; pero el poeta se permitió la mayor
libertad en su composición, no sujetándose a número determi-
nado de sílabas, de modo que frecuentemente apenas so percibe
una apariencia oscura de ritmo. Es de creer, sin embargo, que
la irregularidad i rudeza que se encuentran en sus versos, deben
atribuirse en mucha parte al descuido i barbarie de los copis-
tas, que estropearon desapiadadamente la obra.
Los hemistiquios del alejandrino del Cid constan amenudo
de seis, siete, ocho o nueve sílabas; i con todo ocurren en él tan
gran número de versos de esta especie, perfectos i regulares, que
no admite duda haberse querido sujetar el autor, aunque con
poco esmero, a las reglas con que lo usaron los franceses, i
poco después Gonzalo de Berceo:
Tornaba la cabeza e estábalos catando.
Vio puertas abiertas e üzos sin cannados.
Ya folgaba Mió Cid con todas sus compañas.
A aquel rei de Sevilla el mandado llegaba,
que presa es Valencia, que non ge la cmparan...
Arrancólos Mió Cid, el do la lengua barba...
Aquel rei de Marruecos con tres colpes escapa.
Muchos versos se reducen a la medida exacta del alejandrino,
mediante la apócope de la vocal e, que era frecuentísima en
lo antiguo:
Decidme, caballeros, ¿cómo vos plac' de far?
Las haces do los moros ya s' mueven adclant.
Que s le non espidiese o no I' besas' la mano.
Pero el poeta ciertamente no reparaba en una sílaba mas o
monos.
SOBRE EL OllijEN DK LAS VAIUAS ESPECIES DE VERSO IGl
f lúllanse tambicn gran número do endecasílabos a la manera
francasa, conviene a salxir, divididos en dos partes, la una d(5
eiiatro silabas en aguda, o cinco en gravo, i la otra de scím
sílabas en aguda, o siete en gravo:
Ojos bellidos | catan a todas parlcrí.
miran Valencia, | como yaz' la cibdad...
Miran la huerta; | espesa es c grant.
Alzan las manos | por a Dios rogar.
Vínolos ver | con treinta mil de ¿irmas.
Dijo ]Mio Cid I do la su boca atante.
Oídme, esciiellas | e toda la mi cort.
Mas, para convencerse de que el poeta conoció i se propuso
imitar esta especie de ritmo, no se necesita mas que ir al verso
740, i en el centenar que sigue se verá ((ue mas de la tercera
parte se ajustan exactamenf«^ a las dimensiones indicadas.
Cuanto a las proporciones en que se combinan el alejandri-
no con el endecasílabo i ambos con el verso corto, bastará
notar que en jeneral domina el primero; que en algunos pocos
pasajes, como el que acabo de citar, figura casi exclusivamen-
te el endecasílabo: i que en todo el poema es poco considerable
el número de versos cortos. I si consideramos que, así como
falta en muchos versos el segundo hemistiquio, por incuria de
los copistas, no sería de extrañar, que, por la misma causa,
faltara en otros tantos el primero, acaso nos inclinaremos a
pensar que, en el texto primitivo, no entraron otras medidas
que las del alejandrino i endecasílabo, i que los que ahora
parecen versos cortos, no son mas que fragmentos del uno o
del otro.
El Poema del Cid está escrito en estancias monorrimas aso-
nantadas, como las del Viaje de Carlomagno a Constanti-
/io])/a,las de Guarínos de Lorena, Hueves de Commarchis^
i otros varios de los mas antiguos romances franceses; i parece
(jue dichas estancias se llamaban en nuestro romance coplas:
liU.s c(iifJ:LS de esto cantar a(|uí s'van acabando.
Pero también en esta parte se permitió el poeta castellano ma.4
102 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
libertad que los franceses a quienes imitaba; pues a veces inte-
rrumpe el asonante jeneral de una estancia, interpolando otro
asonante particular ya en dos vers<3s contiguos, ya en los dos
hemistiquios de un mismo verso:
El campeailor adclinó a su posada.
Así como llcíjó a la puerta, fallóla bien cerrada,
por miedo del rci Alfonso, que así lo había pasado,
que si non la quebrantase, que non creía abriese orne na(lr>.
Los de Mío Cid a altas voces llaman.
liOS de dentro non les qucricn tornar piilabra. etc.
El Criador vos vala, Cid campeador leal I
Vo meter la vuestra scíVa en aquella mayor haz.
T.*os que el dcbílo avedes, vci*emos como la acorn»(h\s.
Dijo el canrpeador: Non sea por caridad.
Rospuso rVro I>ermuc/: Non rastará p<^r al, etc.
A Minaya .Vivar Fáñcz bien Tanda el caballo,
d' aquestos moros mató treinta c cuatro.
Espada tajador, san^^riento trac el brazo,
por el cobdo ayuso la sangre destellando.
Dice Minaya: Agora so pagado,
f¡ue a Castiella irán buenos mandados;
que Mío Cid Uuíz Díaz lid campal ha vencala.
Tantos moros yacen muertos (¡ue pocos vivos ha dej/iilí^,
ca en alcanz sin dubda les fueron dandí^ ele.
No croo que el ix)eta introdujese jamas versos sueltos, pues
algunos en que parece haberlo hecho tengo para mí que están
viciados por los copistas; i la mayor parto se reducen a las
reglas del romance, restituyendo la antigua pronunciación do
ciertos vocablos.
Solo en una cosa es cuidadosísimo nuestro poeta, co-
mo sus predecesores en el arto; es a saber, en aquella per-
petua correspondencia, i por decirlo así, paralelismo qui-
guardan las pausas de la versiíícacion con las de la sentencia;
de manera (juc los versos forman cláusulas enteras, o inconexas
^ntre sí, o unidas por medio de conjunciones; i cuando la son-
SOBRE EL OnÍJEN DE LAS VARIAS ESPECIES DE VERS<> Ih.J
tencia consta de dos pequeños niienihros, corresponde a cada
uno un hemistiquio del verso.
El siguiente pasaje es el único que he notado en que se vio-
la esta regla: pero con cierta gracia i suavidad (pie no dice mal
con el afecto que se í|uiere expresar:
Wieslra virtud me vala, Gloriosa, en mi exida.
e me avude: ella me acorra de nociré de dia.
A la observancia do e¿$ta regla, ¡ndis|>cnsable en composi-
ciones que se destinaban al canto, no se sujetó menos escru-
pulosamente Gonzalo de Üerceo, en cuyas obras sería difícil
encontrar una copla parecida a la siguiente del Arcipreste de
Hita:
Como dice Arislóleles. cosa es verdadera:
el mundo por dos cosíis trabaja: la primera,
por a ver man tenencia; la otra cosa era,
por aver juntamiento con fembra placentera.
Igual cuidailo tuvieron los poetas franceses de no pasar de
un consonante o asonante a otro, .sin que vi sentido hiciese
una pausa completa, de modo (jue las estancias venían a ser
como otros tantos capítulos; regla también de ((ue .se en-
cuentran mui [KXías excepciones en el Cid. a no sor cuando se
sus|)ende en uno o dos versos el asotiante jeneral de la es-
tancia.
Para dar a conocer cuánto gustaban los franceses de este
verso, basta decir que en él se cantaban regularmente los fa-
bliaux o cuentos jocosos, que formaron uno de los ramos mas
ricos i favoritos de la poesía vulgar desde el siglo XÍ. Em-
pleábasele también amenudo en los ¡joemas históricos, ha-
jiogi'áficos i caballerescos; en las obras de moralidad i doctri-
na; en los lais, o cuentos heroicos, como los de María de Fran-
ria; en el ajíólogo, cu la oda, in la sátira. Finalmente no hubo
t specic de verso que fuese de uso mas univereal en la lengua
francesa. En la nuestra, sin embargo, apenas se encuentra
vostijio de el. L'»s únicos octoí»ílal)os castellanos que he visto
anteriores a nuestros dias' son los de la cántica que Gonzalo
íGi OPÚSCULOS LITERA niOS I CUÍTICOS
de Berceo, en el poema dul Duelo de la Vírjen Marín ^ hace
cantar a los soldados que custodiaban el sepulcro de Cristo.
De dos yámbicos dímetros unidos, nació el verso alejan^
drino, llamado así, según se cree comunmente, por haberse
empleado, aunque no por la primera vez, en el romance de .1/e-
jandro, que escribieron en francés a principios del siglo XIII,
Alejandro de Bernay, Pedro de San Cloot, Juan le Vencíais,
Lambert li Cors, i otros. Pero es de notar que no se miran
como esenciales al verso en ninguno de los dos hemistiquios
las sílabas graves que siguen a la última aguda, i de aíjuí
nace que en el alejandrino sea fan vario el número de sílabas,
sin que por eso deje de ser mui sensible el ritmo que result;\
de sus dos acentos constantes:
De yerbas et de árlwres ct de loda vcnlura,
como diz San Jerónimo, manará san.íjrre pura.
{Fiercvo.
Darlis han malas cenas el peores yantares.
(Berceo.)
Ca desque hombre se vuelve con ellas una vez,
siempre va en arricdro e siempre pierde prez.
(Arcipresle de Hita.)
De la parte del sol, vi venir una seña.
(Arcipresle de líiia.^
El vcer, el oír, el oler, el gustar.
{Arriineslc de llilu.)
Tcls y a (¡ui vous chántent do la rcónde láblc.
{Román dtr(.*h.ecidier ¿lít Cijijm ,
manuscrito, Musco Britániciv
Mandcz a Gharloniíunc, lo bon roi radotó,
(¡ue le treü vous rende de Franco lo rcgné.
{Ritman de Cliurlet}iu¡m\
manuscrilo, Museo Hrilánieo.
Vontelent et ondóyent banieres et pennón.
Milis je no vous dirái ne mcnconge no fáble.
(Román da (Itondier an ( nunr.
nichcmcnt sont servís ^ tablc les baróns.
{Román de Chiulinnunic
SOURS EL OHIJEN DE LAS VAUfAS ESPECIES DE VEIlSO .105
Algunos opinan que el alejandrino procedió del yámbico
tetrámetro cataléetico, i en efecto nadie dejará de percibir la
st^nejanza que, en cuanto al ritmo o cadencia, tienen los versos
<intenores con los siguientes hiponacteos:
Dixitque scsc illi ánnulum, dum luctat, detraxísse.
(Terencin.)
Incpte Tliallc, móllior cuniculi capillo,
Vcl anseris medúllula, vel imuhi oricilla,..
lílcniquc Thalle, lurlíida rapador proccllH.
(Catulo.,
i")tros creen, llevados de icrual semejanza, que se orijina de
los versos políticos de los irriegos, hechos a imitación de sus
antiguos trocaicos tolrámetros catalécticos. En efecto, es cosa
l)ien curiosa, que dos metros opuestísimos en su naturaleza,
ol trocaico i el yáml)ico, mediante igual oposición entre las
leyes prasódicas de las lenguas griega i latina, llegaron a
producir, cuando se perdió la diferencia de largas i breves en la
pronunciación de am])as, cadencias absolutamente semejantes,
romo cualquiera lo echara de ver comparando estos versos con
li>s que preceden:
(Esquilo, Persas.)
xTzzzXipuiíx', 0£/xSVT£;, a>j $cuXct tsu jcO xpÍTCjc,
tSkiv.'azX; Í9pá7a;A£v, oí; sjvrrov, ev T:íyo\;^
Tv;v ToW áj;i.r:(ov $úvx;x'v, í^'^^^.t^jiv, y,x', yvéoJiv.
(Miguel Psclo, Paráfrasis del cántico
de los cánticos.]
No es dudable que algunos escritores se propusieron imitar el
uno u el otro de estos dos metros (que para el caso era lo mismo);
como por ejemplo, el siciliano CiuUo de Alcamo, que escribió
a finos del siglo XII:
liosa fresca aulcntissiina, ch'appari in ver róstalo,
le donno te disiano, pulcclle e maritáte...
IGO OPÚSCULOS LITEIIAHIOS 1 CUITICOS
Tu non mi lasci vívore nv sera né maitíno...
Molle sonó le íémiiie ch'lianno dura la l'''sla;
i Orm u Ormin, (juc en ol reinado de Enrique II de Ingla-
terra escribió en inirlos una paráfrasis de los ovanjelios que
de su nombre se llamó (Jnnulnm. I aun es creíble que el dístico
de las baladas inpflesas, compuesto de un octosílabo i un liexa-
sílaljo, no es otra cosa ((ue uno dA> dichos metros partido en
(los por la cesura:
Earl Douglas on a mijk white slecd, mosL líkc a barón bóld,
rodé foremost of llie cómpany, whosc armour shone like góld.
Pero en todas estas imitaciones del liiponactco latino o délos
citados versos políticos de los gri(»gos, el primer hemistiquio
es perpetuamente de oclio sílabas; lo cual solo so verifica de
cuando en cuando en nuestros alejandrinos, i nunca en los
franceses.
No creo que sea necesario refutar al erudito don Tomas
Antonio Sánchez, que deriva los alejandrinos castellanos de los
liexámetros í pentámetros latinos, pues i)or los mismos medios
l)udiera probarse que cuanto se ha escrito en Europa desde
Cadmo acá, está en hexámetros i pentámetros.
El aUíjandrino tuvo grande uso en los romances o jestas de
los franceses, con un artificio de rimas, que casi se apropió
enteramente a este verso i al decasílabo, es a saber, terminan-
do muchos versos de seguida en una misma rima, hasta que
el poeta se cansaba i tomaba otra; resultando de esta manera
dividida la obra en rslancias ino))orrinias, compuestas de
diez, veinte, cuarenta, i a veces docicntos o mas versos, según
acomodaba al poeta, todos de terminación semejante. La rima
que se empleaba era unas veces consonante, como en el roman-
ce de Alejandro^ i en los de CarlomiKjnOj IJrjel Dancs^ i el
Caballero del Cisne, que se hallan en el códice 15, E. VI, de
la Biblioteca Real del Museo Británico; i otras veces asonante,
como en el Viaje de Carloniarjno a Constantinopla, escrito
en el siglo XI, en los de Guido de Bortjoña i Hueves de Coni-
marchis^ que se compusieron un poco mas tarde.
SOBRB KL OHÚBN DE LAS VAUIAS USPECICS 1)H VKUSO 1G7
Empicábase también el alejandrino en estancias o coplas con-
sonantes «le un número íijo de versos; de cinco, por ejemplo,
en la Vida de t^sínto Tomas de Cayilor!)'^nj^ escrita a fines del
siglo XII por Oiiernes, eclesiástico de Pont-Saint-Maxcnoo en
Picardía; i de cuatro en todos los poemas de Berceo, en nues-
tro Alejandro^ i en muchas otras del Arcipreste de Hita. Pos-
teriormente so introdujo en este verso la misma variedad de
rimas que en los otros; i los franceses le perfeccionaron, esta-
bleciendo que el primer hemistiquio terminase constantemente
en aleuda; o si en grave, se elidiese con el principio del segun-
do hemistiíiuio, que habia de comenzar entonces en vocal.
Pasemos al endecasílabo. Sabido es que procede de una de
las formas que tomaba mas frecuentemente el senario yámbi-
co latino:
Phasclus islo | quem vidélcs hóspites.
(Cahdo.)
Supplcx el oro 1 rcgna per Proscrpinas
per et biána? | non movcnda númina,
per atquc libros | cárminum valcntium
Deíixa coció | revocare sídera.
(Horacio.)
i ya hemos vislo que nada era mas común en la latinidad bár-
bara ((uc los senarios rítmicos, construidos perpetuamente con
cesura i cadencia.
Pero importa notar la estructura que los antiguos francx3ses
dieron a este verso. La cesura latina venia inmediatamente
después de una sílaba grave:
Phaselus is/e, |
supplex ct oro; \
I como los franceses carecieron desde mui temprano de silabas
graves llenas en los finales de las dicciones, se vieron obligados
a colocar esta cesura inmediatamente después del acento, en-
viando la sílaba grave al segundo hemistiquio:
Trois jors cnticrs | ol grant joio menee
Karlcs li róis | el sa gont ennoréo.
(Román de Guibelin.]
1C« OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
I compartido a.sí el verso, lasílal)a irravc que en el primer lie-
mi.stiquio podia venir después del acento, so reputaba eomo
nula para el ritmo, aunque no comenzase el se^irundo hemisti-
quio por vocal:
Tormén l le lóenl | li preudom et ont chúr.
[Ciirard da Virnm*.-
Les larmcs eórenl | sor la barbo tloríc.
ilhidt'tn.'
1*or manera que el primer hemistiquio constaba de cuatro síla-
l)as terminadas en aguda o cinco en í^rave, i el sei^undo de seis
sílabas en ajii^uda, o siete en ccrave; i la sinalefa entre ambos no
era mas necesaria en el endecasílabo, que en el alejandrino.
Usóse mucho esto verso en romances i jestas, con el mismo
artificio de- rimar que el alejandrino, es decir, en estancias
monorrimas de número indefinido do versos, a veces conso-
nantes, como en el Almerico de Narhona; i mas amenu-
do asonantes, como en el anticuo romance de Urjcl Danos
citado por los benedictinos, autores do la Historia literaria de
Francia (tomo VIII, pajina 595) i en los de Gnarínos de
Lorcna^i Guillermo el .Üesnarifjada iOillaume nn courí
nez), que menciona Sinner en su Catálo<jo de la ¡biblioteca
de Berna.
80BIIH KL ESTUDIO
DK K\S i;iKXi:iAS NATTHALKS
— . .N \ N-,-.^
íSc trata ilo indicar aquí todo el encanto que jcncralniente
proporcionan las ciencias naturales, i toda la utilidad que se
puede sacar de ellas. Este objeto, que no tiene necesidad de
pruebas, ni aun de apolojistas, deberia, sin embargo, apoyarse
en muchos ejemplos; pero multiplicándolos, seríamos arrastra-
dos a largas discusiones que no permite en manera alguna la
naturaleza de este papel, i solo nos contentaremos con emitir
algunas ideas, porque la intelijeneia del lector adivinará fácil-
mente lo demás.
La tendencia de todo ser sensible en este mundo es necesa-
riamente a la felicidad. Esta es una regla jeneral; i todos, sin
excepción, trabajan para llegar a este anhelado fin por la vía
mas segura i la mas corta. Conseguida una vez la felicidad, no
puede considerarse mas que bajo dos aspectos: el primero, en
que la llamaremos felicidad física^ consiste en esos placeres
frivolos, en esos goces momentáneos que no pueden sustraerse
del imiKjrio del hábito, i que al poco tiempo después vuelven
a sumerjir al hombre en nuevos deseos i en un nuevo tedio;
el segundo, en que le daremos el nombre do felicidad nioral^
es aquella que conmueve mui particularmente el corazón, el
entendimiento i la imajinacion, i nos acostumbra desdo tem-
prano a las máximas de la virtud i al placer de la lectura. En
el uno, que es sumamente seductor, desde luego no se hace
I7i.) Ul'lSClLüS LITEIIAIUOS I CKltir.uS
íi|)í-ttHH'i' mas (|iie h\ nov<í(l:i(l í(ikí frecucnteniontc se busca en
vano; el otro, consíi<íraílo cnloramente a la moditacion, solo
()ciii)a al hombre en ensanchar ole.^])íritii; i sus (lóseos rariis ve-
ees traspasan los límites (le su halagüeña soledad. Kníin aquél,
de po(ia duración, se adcjuiere por medios de que la razón se
desleña, i que la V(*jez desaprue])a; i (3ste, envidiado por cada
un ), pertenece a toda edad, a toda irondicion; i tan agradable
eomo duradero, acompaña al rico i al pobre hasta los últimos
instantes de la viila, i aun a veces les abre las puertas de la
inmortalidad.
Feliu\s, pues, aíjuellos (jue pueden dedicarse desde temprano
al estudio de algunos ramos de los conocimientos humanos.
To los tienen, sin duda, sus hechizas i sus ventajas, desdo la
])oesía, (jue por sus brillantes cuadros conmueve i hiere la ima-
.jinacicn, hasta la metafísica, que nos hace conocer los resortes
secretos de nu(ístra intelijencia; desde la historia, que nos desen-
rolla las revoluciones de U)s imperios, i los progresos de la
civilización, hasta la filosofía, que ])errecc¡ona las facultades
intelectuahís i nos hace amar la verdad. Todos estos estudios
son mui dignos de cautivar el espíritu de todo ser racional;
pero no son menos los que, elevándonos a la contemplación del
universo, nos impulsan a estudiar la causa misma que le anima;
aquellos que nos descubren todo lo maravilloso de esos fenó-
menos numerosos, tan singulares como importantes, que nos
explican la teoría de los vientos i de las borrascas, la de esos
relámpagos que nos alumbran con una luz tan particular, la
de esos temblores que nos asoml)ran con sus fuerzas, i nos
intimidan con sus efectos, la de císos cometas, en fin, sobre los
cuales absurdas supersticiones, trasmitidas por la credulidad
en lo antiguo, subsisten aun en el vulgo... Todas estas mara-
villas, todos estos hechos tan singulares ¿no son capaces de
conmover la atención mas indiferente, i entusiasmar la imaji-
nacion mas fria? Sin intentar avanzarnos hacia ese grande hori-
zonte, delante del cual el perezoso echa pi(3 atrás, por el espanto
que le causan su inmcn.sidad i la dificultad de juzgarle, las cosas
mas vulgares, aun aquellas que muchas personas desprecian...
esos pequeños insectos, esos animalejos, esas plantas i tantos
SOBRE EL ESTUDIO DE LAS CIENCIAS NATtlHALES 17Í
otros ()l)joi()s, aun mas viles i comunes, despreciados por unos
i admirados por otros ¿no son un mundo do ideas para el quo
quiera conocer sus costumbres, sus armas, sus astucias e in-
clinaciones? jCuán admiral)le es el encadenamiento quo existe
entre ellos, i la armonía que presid« sus acciones i los diferentes
jK^ríodos de su vida! Cuando el hombre en sus profundas me-
ditaciones puede darse razón de todas estas maravillas, contento
con su suerte, tributa gracias al Todoj)oderoso por haberle
hecho conocer lo quo el vulgo no puede concebir, ni aun
comprender.
Si estos placeres, si estos goces no fuesen reales, puros, i
dignos do desear, ¿cual seria el hoinI)re que se atreviera a de-
jar su país para ir a estudiar esas futilidades a naciones, por
lo común bárbaras, o entre los salvajes de la Oceanía, o a esos
bosques i desiertos que solo haljitan enemigos terribles de la
especie humana? ¿Cuántas personas no han sido víctimas de su
gran celo? Sin embargo de estos tristes ejemplos, la vieja Euro-
pa, la joven América boreal, i muchas otras naciones ilustres
ven todos los diasa sus hijos expatriarse i atravesar mares in-
mensos por ir a escalar montanas las mas altas, i a desafiar
espantosos precipicios con (il solo objeto de consultara la na-
turaleza en toda su belleza, i en todo su horror. Tal es el pres-
tijio de esta ciencia, que no liai casi país, cuyas producciones
no tengan sus historiadores. Ya el centro do la formidable
África ha sido pisado muchas veces por sabios europeos; i los
ríjidos poh)S boreal i austral han visto sucumbir su» heladas
barreras a la dilijencia e intrepidez de los Parry, de los Weddell
i de otros muchos hombres científicos a quienes una pasión
decidida por todo lo que podía aumentar sus conocimientos,
trasportaba a estas frias i peligrosas rej iones.
Si semejantes ejemplos no bastasen para hacer cjue la ju-
ventud chilena se aficione a ciencias que tienen tantos atrac-
tivos, un objeto mas noble aun, i mas filantrópico, el déla
utilidad, debería empeñar al gobierno a emplear toda claso do
medios para introducir el gusto por ellas. La historia natural,
la física i la química se han hecho ciencias casi populares, i la
industria ha llegado a ese grado de elevación i do perfección
1^^* üPuftCL'LOS LirKUAKIOS I CUÍTICÜS
in que la vemos, iMuuulo los í?ob¡ernos ilustrados, tX)nvcnci(lüS
líe sus ul¡ lijados, hicieron abrir, casi en todas las ciudades,
ciu'sos piíblicos a donde concurrían fabricantes, módicos, far-
macéuticos, militares, manufactureros, agricultores, etc., a
tomar (Conocimientos, que después iban a poner on uso en sus
talleres, sus laboi'alorios, sus manufacturas, etc. El estudio de
la naturaleza corresponde a todas las clases i a todas las con-
diciones: antorcha de la sociedad en jcneral, alumbra con su
bienhechora luz a todos los ramos de la industria i de las cien-
cias, i desarrolla al mismo tiempo la imajinacion del poeta i
el juicio del literato, sometiendo sus ideas a ese espíritu de
lójica i de método (puí constituye uno de los principales atri-
butos do las ciencias naturales.
La ri<{ueza de un país no consiste siempre en su crédito i en
sus recursos pecuniarios: es preciso que, ademas, sepa pro-
veerse a si mismo; i cuando haya llegado a este estado, enton-
ces debe considerarse, no solamente rico, sino también libro
e independiente, lín el caso contrario, puede encontrarse, a ve-
ces, en posiciones demasiado peligrosas; i para dar una prueba
de esta gran verdad, recordaremos el estado en que se en-
contró la Francia en la revolución de 1792 a 1800. Empeñada
en aquella época en una guerra continental i teniendo que
luchar contra la Europa entera, vio sus puertos bloqueados
por numerosas escuadras enemigas, i absolutamente intercep-
tada la importación de producciones coloniales. A mas do
esto, aquella tierra no producía I)ast¿inte sosa para el consumo
de la fábrica de vidrios i jabón, i las primeras materias de la
pólvora habían sido llevadas hasta entonces, de países extran-
jeros. En este estado, aquella hermosa nación que había sacu-
dido tan noblemente el yugo del despotismo, habría sido
infaliblemente la presa de las tropas extranjeras por falta do
recursos, si un pequeño número de individuos dedicados a la
ciencia no hubiesen probado, en medio de la gran consternación,
queso podían remediar con facilidad tan graves inconvenientes.
En efecto, el botánico demostró que se podía sacar azúcar del
jugo de las remolachas por medios tan fáciles i económicos, que
aun se usan hasta ahora, no obstante el bajo precio de la azúcar
SOnnE EL ESTL'DIO ÚK LAS CIENi:i.\S NATMJALES 17:?
<to las colonias. El mincralojista onsefió fl nunlo ilt» cxIratT
el azufre (le las pintas, i el químico, a mas de esas preciosas <•
importantes innovaciones que hizo en la fábrica de armas, i
en todas osas oporacíoncg que neccsitahan las circunstancias,
ensoñó a liaccr la sosa con sal común, i a l)eneíi(!iar para las
fabricas de pólvora el nalpotre que se encontró abundante-
mente en todas las provincias. Tal fué el resultado fehz (|ue
proporcionan )n estos h )mbres instruidos al comercio i a la
industria, que la Europa asombrada vio a la Francia mucho
mas noreciente que lo que liabia sido jamas, i en disposición
de no necesitar en lo sucr^sivo de producciones de las naciones
extranjeras.
Si se rellexiona ahora sobre el estado de Chile, i si, según
los poííos terrenos í[ue se han examinado, se procura con(»cer
la riqueza del suelo, se verá que esta república, puede en riyor,
i no obstante su falta de población, proveer, al menos, a sus
habitantes de todas las materias de primera necesidad. Para
esto, no se necesita de sabios, sino solo de personas que tengan
algunas ideas de las ciencias naturales suficientes para conocer
la naturaleza i valor 'de las producciones para aprovecharlas.
Mas estas personas instruidas no existirán mientras la ense-
ñanza piil)l¡ca no reciba esa gran reforma en que se trabaja
de.sde algún tiempo. El ostu(Uo de la teolojía, de la jurispru-
dencia, etc., es ciertamente interesante, útil, i aun necesario
en ciertos casos, pero no enseña a desmontar los terrenos, ni »
mejorar la cultura. ¿Cuántos jóvenes al salir de la clase vuel-
ven la vista a las haciendas en donde tienen sus intereses, i
abrazan entonces una carrera para la cual son (extraños, e in-
capaces de mejorar de manera alguna, i se ven obligados ar
seguir la vieja rutina i aprovechar ciegamente lo que puedo
haber enseñado el resultado de una larga experiencia?
Para remediar este grande inconveniente que no solo recla-
ma la acrricultura, sino también todos los domas ramos de la
industria, sería necesario variar un poco la dirección de los
estudios, estableciendo un sistema al cual deba sujetarse todo
alumno, para añadir a sus conocimientos algunas ideas sobre
las ciencias útiles i agradal>les. Para conseguirlo, sería preciso-
fTl OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
establecer que los estudiantes de filosofía siguiesen el primer
año el curso de matemáticas, i el segundo uno do ciencias
naturales, mui elemental, i dispuesto para todas las clases de
alumnos. Así so empezaría por jenerdidades sobre la astrono-
mía, explicándose los diferentes sistemas del mundo, i dándose
una ¡dea de esc conjunto que se llama universo, i se pasaría a la
física exponiendo la teoría de los fenómenos mas simples i comu-
nes. Seguiría después la química, i concluiría el curso por con-
sideraciones jencrales sobre la botánica, la zoolojía i la minc-
ralojía. En este curso, no debe el profesor tener mas objeto que
el de propagar el gusto por estas ciencias mediante ejemplos
í[uo llamen la atención de los discípulos, avivándoles la ima-
jínacion. Les explicará todos esos grandes fenómenos que se
renuevan sin cesar, i procurará excitar su curiosidad, variando
siempre los ejemplos i acostumbrándolos a la contemplación
de la naturaleza. Saliendo do un curso semejante, que no es
mas que preparatorio, ¡K^drá un jóv(ín entrar en los cursos espe-
ciales, i si tuviese prec^ision de contraerse a una profesión
diferente de la agricultura, del comercio i do las artes, Jlevaria
al menos a la sociedad algunas ideas del conjunto de las ciencias
físicas o industriales. Este gusto se desarrollaría con la edad;
i con el tiempo, mediante esos pequeños conocimientos, Chile
podría ver hijos suyos que fomenten la industria ya con sus
consejos, ya con sus capitídes.
\Ai'onr:i)io, Ano ílc 1831.)
SOBRE LA UTILIDAD
I»:»: L'N ('.ruso kspiccjm. dh griMinv ai'licaoo a i.a
iNnrsTuiA I A íA AGuicn/rruA
En uno de los números precctlontcs, se dieron ali^amas ideas,
bien que niiii supcrlíciules, del estudio de las ciencias en jene-
ral, i de las ciencias naturales en particular; se habló de los
cursos preparatorios que debcrian agregarse a la enseñanza
pública; véanse aliora los resultados cpie se podrian esperar de
un estuldecimiento especial, consagrado a la agricultura, a la
química i a la historia natural.
No se sabe por qué fatalidad Chile haya estado hasta ahora
sin un gabinete de liistoria natural, o al menos sin una simple
colección de his producciones de su territorio, sin embargo do
que el chileno ([ue lii viajado, no solo por Europa, sino por
algunos países de América, loba visto en las principales ciuda-
des de los Estados Unidos, en Méjico, en líio Janeiro, en Lima i
en Dueños Aires. Estaba reservado al gobierno del virtuoso
Ovallc el cargo de llenar esta gran laguna, i el de ofrecerá la
jeneracion futura un monumento tan digno de su memoria,
como útil a los pn>gresos de una alta e ilustre civilización.
¡Mas un gabinete do historia natural, aun cuando solo se
componga de las simples producciones del país, no debo ser
\u\ mero objeto de curiosidad; debe ofrecer esa utilidad i ese
intíires que hacen apreciar mas la ciencia, prestándole mas
atractivos. Al interés i a los deberes del gobierno, toca el sacar
de él las mayores ventajas en l>enelicio de la nación enií»ra, ha-
i
1
iÍG OPÚSCULOS LITKR Alaos I CllITlCOS
ciéiidole aciíesiljle a toda dase de personas, jyara que puedau ir
sin miiclias fatigas a estudiar las plantas, los minerales, etc.,
que quieran conocer. En esle caso, un gabinete debe colocarse
en un lugar que ofrezca las ventajas de hallarse en el centro
de la ciudad, i que sea bastante espacioso para hacer un esUi-
blecimienfo de primer orden. En este establecimiento, que deln^
ser destinado solo al estudio de las ciencias aplicadas a la agri-
cultura i a la industria, se reunirian la biblioteca, el gabinete
de historia natural, uno de instrumentos científicos, otro de
máquinas e instrumt»ntos aratorios; i deberia disponerse, en
fin, una sala capaz de servir para todos los cursos que se si-
guiesen allí.
La biblioteca, bastante voluminosa Ja, deberia colocarse en
una sola sala para que, a la elegancia que.pi'esenta su aspecto,
80 reuniera la economía de los empleados. Al lado de la bi-
blioteca, vendría muí bien el gabinete de historia natural, di-
vidido en tres salas, una para cada reino. Así se verían en una
todos los preciosos minerales de oro i plata, acompaíiados de
las numerosas variedades de hierro sulfurado, de antimonio i
de plomo, también sulfurado, conocidos jeneralmente aquí con
el nombre de broncos; los mármoles i pórfiros tan abundante-
mente esparcidos; i en fin, todos esos objetos que pertenecen a
la míneralojía i a la jeolojía. La segunda sala se destinaría a
la parte zoolójica, es decir, a la colección de cuadrúpedos, pá-
jaros, insectos, etc.; i en la tercera, por último, so verian, en
una parte, todas las plantas medicinales, económicas, etc.,
colocadas en herbario; i en la otra, los frutos, granos, gomas,
resinas i una colección de todas las maderas que hai en la
república. Todos estos objetos deben colocarse i clasificarse
con sus nombres científicos i vulgares, i el lugar en que han
sido encontrados. Después de este gabinete, deberia haber otras
dos salas, destinadas, una para los instrumentos de física,
astronomía i jeografía que í;1 gobierno ])0see; ¡ otra para
máquinas, i principalmente para una colección de esos instru-
mentos de agricultura, nuevamente perfeccionados en Euroi>a
que servirían para la demostración en los cursos, i de niodelo.>
para construir otros semejantes en caso de necesidad.
UTILIDAD DE UN Cl'USO ESPECIAL DE OVIMICA 17
La sala destinada para los cursos debería sor absolutamente
independiente de los gabinetes, bastante grande, ^i colocados
los bancos a. manera de anfiteatro, para que los educandos
puedan ver las exi)eriencias que haga el profesor, i los objetos
que tenga que demostrar. Esta sala podria servir también ¡>ara
los cursos de las ciencias médicas, que sin duda se han de
establecer en la república, porque es probable que las preocu-
paciones, que por desgracia existen aun entre algunas personas
con respecto a esta profesión, en otro tiempo venerada, i hoi
tan respetada por el mundo ilustrado, tengan termino, lintón-
ces se verá a los jc) venes dedicarse a estudiarla con el mismo
gusto con que se consagran lioi a la economía política i a la ju-
risprudencia. En tal caso, el gobierno no puede dejar esta clase
do educandos sin maestros i sin guias, obligados a instruirse
por sí mismos, i a adivinar de cualquier modo los medios de
consolar a la humanidad aflijida. No l)«ii profesión masimpor-
tante i que exija mas salxír que la mcídicina. Sin embargo, ¿qué
recursos hai hoi para estudiarla i para adquirir esa suma de
conocimientos que el estado de la sociedad tiene derecho para
exijir, i de los cuales necesita un profesor para ejercer con
distinción un arte tan delicado i tíin difícil? í;n estudiante
abandonado a su .solo celo i a sus medirx;reH reciiruoH no pucíh;
adquirir para la práctica mas que conrx;i míen tos rnui sup^TÍi-
ciales, peligrosos a vece-*, i quizá sifimpre sosi>f!f;lio»'^.
Otra de las ventajas que proporcion-iha im e«ttableeimJento
semejante, sí tuviese alguna f:xU:n^in:i d^r t/:rr';no<i, s^TÍa la de
servir de jardín du aclirnavjr:íon. ¡fi\idif:nf\oh.'. ft) d^rp^rtAmen-
los, se cultivaría en uriOs nvicha parV; (U-, f^ífi^t plant^t.H qiK; pii/;-
den ser útileíj al paí.^. ya ^tn la <f:^:onorfiía d^'/rri/'^fira, ya f-u la,»
artes i la merlidna: i a-í -/; yAá^.n íií;lirr»aV>p ííia ^ral^ajo, i
casi sin gastij-^. al^jn/iA I»-'; ^rviH rr*rní;p ;s-'i.^ ^^PxTvA^fU-.^ fU-, ÁritfAfM
o de arbast-j-j frucíiítr^roM rj ¿r; .[í:^-^ji;^m W-. ru^^r'^ ^¡j;U/i ha p^^lifl,
alquirir la V^a: t^j^ '^*.\'> ^ { \i^rA-i 'li: *»^if\'j^;\'< * «I.': rI:rt/';po; UA^^
esas plantiu^ í'Mina:;;7'i:.'!-^M«*''ta I.^ . ■.^^^,('j>xc\*»úU\f^Pi Uj». (jfrfftrfti^'
tas i f;iLrir:a a Vrfl !s ; 1 . <':o - -'j 1 . i .v. .-; . , r v-» r v 'I*-, ^-^-h^ n i j rn^r't'f^i^ -f
riiVi ie I A r¡'i»-Ma . ! : j v i , .'*'. *■ w '..*■ ¡ ■' x. i-< ^t^td^AA ".vi i r. j na ¡r y ^j hí>
o?' ^»-.
ITS OPÚSCULOS L1TBR\RI0S I CRÍTICOS
mas que ningunas otriis exijen una atención particular del
gobierno. En cada ano, se haría la cosecha do los granosi
semillas que se distribuirían a los aficionados i agricultores
instruidos, que las cultivarían con cuidado en sus chacras i
haciendas, i las propagarían de provincia en provincia. No hai
duda que un jaixKn semejante emi>eñará en lo sucesivo a mu-
chas personas a hacer una esi>ec¡e de comercio en todo lo que
ixírtenece a la liorticuUuray i principalmente en las plantas
medicinales, que tomlrán la doble ventaja de venderse a mejor
precio i de ser de mejor calidad que todas las que vienen de
Kuropa. Els preciso no equivocarse: los vejetales, así como
todos los cucrjxis orgánicos, cnvejcciénilose, pierden sus virtu-
des i propiedades; i la conducción sola de Europa aquí l>asti
algunas veces i>ara alterarlos considerablemente. La Academia
de Medicina de Paris ha conocido de tal modo esta verdad,
que ha fomentado la cultura de casi todas las plantas medici-
nales, ya indíjenas, ya exóticas; i hasta el ruibarbo de las
fronteras de la China, coseclia ahora el agricultor francés en
mas o menos cantidad.
Un establecimiento de esta dase podría servir también para
jardines públicos i jardines de paseo, que serian mui agradables,
así por la simetría, como por la variedad de árboles i arbustos
que allí se cultivasen. El ocioso iria a pasar en ellos sos enfa-
dosos momentos; i el hombre estudioso los liaría la mansión de
sus meditaciones. El domingo se vería al bello sexo ir a re-
crearse a la sombra de esos soberbios plátanos de Italia, o de
los orgullosos castaños de Indias, que hacen en París el adorno
de las Tullerías i del Luxcmburgo.
Todos estos vejetales podrían adquirirse con la mayor facili-
dad i sin el menor gasto. El gobierno francés, deseoso siempre
de hacerse útil a las repúblicas americanas, tendría un placer,
i aun con.sideraría como deber, el facilitar todo lo que se le pu-
diera ¡Xídir en este jénero. Líjs numerosos establecimientos de
aclimatación que existen cu Francia, i sobre totloen los contor-
nos de Paris, esos numerosos semilleros reales donde se cultiva
una inmensa variedad de árboles, el jardín nacional que contie-
ne ya mas de doce mil plantas viviis i otros muchos estable-
L'TIUUAU OE l'S CURSO B8PIÍC1A1. OB OCtuiCA
imÚMitoB doesta clajso, proveen anualmeiito de una abundante
Intidad de plantas nuevas, do bulbos, do semillas, cto. , que se
Hstríbuj-en, no solo en toda la Francia, sino tambion en casi
ndoslos reinos do la Eurojia. Es glorioso para una nación el
propagar todo lo que pueda liacer mas dulce i mas agradable
!a suerte de los put'l)los; i bajo esto respecto, la Francia nada
,Íone (juc desear. Hai testigos presenciales de las numerosas
que se lian hcubo un estos últimos años a Rusia, Ingla-
i a diferentes puntos de la América i de las Indias. ¿Por
qué no las baria también a Chile, que por su parte ¡luede retri-
buirle una gran cantidad de árboles i arbustos que faltan allí?
Cambiando así las riquezas vejetales, se puede obtener todo lo
que la sociedad mas exijentc es capaz de desear.
Los deberes del gobierno i (d interés del país liarán erijir
tilgun día el establecimiento i los cursos científicos de que so ha
hablado ¡inte»; por atiora es miesario limitarse a una sola clase,
Huella que, al conocimiento (le las ciencias en jeneral, añade
lo» íle las artes i de la agricultura, liajo de e-ste as|>ecto, la
química llenará estas condiciones en el mas nlto ¡irado, i per-
mitirá al profesor extenderse sobre las jencralidadca do la bisto-
• natural, física i mecánica, sin invadir, por esto, el dominio
cetas ciencias, porque solo explicará, de cada una do ellas,
la parte necesaria para despertar lu atención del discípulo sobre
tal i tal objeto do primera utilidad.
Este curso so dividirá en dos secciones: en la primera, expli-
cará el profesor las jencralidadcs do la ciencia, o aquella parte
que 8e llama teoría, dando a conocer lo que no entiendo por
cuerpos naturales, la atracción, la electricidad, el calórico;
enseñaréi la nomenclatura de la ciencia, i pasará, después a
algunos jjormenores sobre el mecanismo de loa análisis.
Adquiridos estos conocimientos fundamentales, se pasará a
la bistoria de cada cuerpo en particular, que se estudiará mas
O menos según su utilidad o influencia en el comercio de esta
república. Esta parte de la química, que será la mas importan-
dividirá en tres grandes ramos, que son la química
mineral, la vejetal i la animal. Cada ramo do éstos se dividirá
asimismo en mucbas secciones <¡ue se van a desenvolver aquí
160 OPÚSCULOS LITERARIOS 1 CRÍTICOS
con algunos pormenores. El modo manifestará la ventaja que
puede proporcionar un establecimiento semejante.
La quimica mineral, en razón de su importancia, debe sa
tratada con toda extensión, al menos en todos los objetos de
primera necesidad. Se dividirá en siete secciones: en la primen^
so darán nociones puramente mineralójicas sobro todas las
piedras i minerales que se clasiíicarán ix)r jéneros i familias;
se describirán sus propiedades físicas i químicas, i aun algu-
nas veces emj)í ricas, para no dejar nada incierto, ni nada oscu-
ro en todo lo quo pueda hacerlos conocer a primera vista, i en
todo lo que pueda liacerlos servir a las necesidades de la so-
ciedad.
En la segunda, se describirá el modo con que se encuentran
en el interior de la tierra, i el medio con que se pueden hacer
los ensayos para conocer la naturaleza i propicdatles de sus
partes constituyentes.
Eln la tercera sección, se explicará el modo de extraerlos con
la mayor ventaja i economía; se hablará de los instnimentoí^
que se usan en las grandes minas para llegar a este (in;! des-
pués de haber dado algunas nociones sobre las diversas ope-
raciones de su beneficio, se describirá la forma que so debe
dar a los molinos, liornos i máquinas de primera necesi-
dad.
En la cuarta, se liablará de todas las tierras en jeneral, como
de la cal, las arcillas, las margas i el feldespato, etc., i se
describirán los medios de conocer sus cualidades i virtudes.
Las explicaciones enunciadas en este artículo deberán corres-
ponder a la importancia de esta materia; porque con estas
tierras del>en algún dia preparar los cliilenos sus vidrios, lozas
i ladrillos, i tantos otros objetos de primera necesidad que no
exijen grandes conocimientos industriales.
En la quinta, se darán algunas ideas mui superficiales sobre
el modo de fabricar vidrios, ladrillos i loza.
En la sexta, se tratará de todas las sales que se emplean en
lis arlos, en la medicina i en la economía doméstica.
En íin^ en la sétima, sedará la liistoria de todos los mine-
valrs conocidos, (|uo se desarrollará mas o menos, según su
VTILIDAD DE I N CLliSO ESPECIAL DE yllilICA ISl
imjx)rtanc¡a en esta iviKÍl)l¡ca. Así será preciso tratar casi a
fondo del oro, plata i cobro, i también del hierro, cuyos usos
están tan esparcidos, i que después de tontos siqrlos es uno de
los primeros móviles de la sociedad.
Después de haber concluido la química mineralójica, pasará
el profesor a la vejetal, en la cual se conducirá con las mismas
ideas fílosófícas en el curso de las lecciones, fijándose mui
particularmente en la ac^ricultura, la iwirte mas útil. En este
ramo, puede el profesor hacer un gran servicio a la república,
formando hombres capaces de multiplicar su riqueza agrícola,
dando valor a tierras absolutiimente incultas, que solo esperan
manos hábiles que las elaboren para pagar su tributo al co-
mercio i a la sociedad. Este ramo se dividirá también en diez
secciones.
En la primera, se darán algunas nociones de botánica i de
fisiolojía vejetal, se explicarán los mejores sistemas inven-
tados para distinguir tal o tal planta de todas las otras, cuyo
número conocido es hoi dia admirable, i se hablará de sus
propiedades ¡ de sus c<>mposic¡ones químicas.
En la segunda, se hablará de la naturaleza de las tierras i de
su acción sobre los vejctales, i se explicará la razón por qué
las plantas se producen tan bien en ciertos terrenos i tan mal
en otros; indicándose al mismo tiempo los medios de mejorar-
las, do hacerlas propias para toda cla.se do cultura, i de re-
mediar las que se hayan agotado, ya variando los vejetales,
o ya preparando la tierra con abonos nutritivos o estimu-
lantes.
En la tercera, so demostrará la influencia de los climas, de
la temperatura i de la atmósfera sobre la vejetacion, i la utili-
darl de introducir en Chile muchas plantas de praderías.
En la cuarta, se describirán los instrumentos aratorios que
.se hayan podido perfeccionar, i se enseñará el modo de usar-
los.
En la quinta, se hablará de los productos inmediatos de los
vejctales, como gomas, resinas, almidón, azúcar, etc.
En la sexta, se detallará el modo de sacar toda especie de
aceites, principalmente el de la oliva.
iS-2 OPÚSCULOS LITER ARIOS I CRÍTICOS
La sétima sera consagrada a la teoría de la fermentacioa i
de la destilación; lo que conducirá naturalmente al profesora
explicar el modo de hacer vino i vinagre i sacar aguardien-
tos.
La octava enseñará el modo de conservar todos los productos
agrícolas, como son frutos, aceites, legumbres, etc.
La nona será destinada a la explicación de la cultura de las
plantas cultivadas, como la parra, el almendro, el olivo u otras,
i ar|uellas que pueden introducirse.
En la décima, en fin, se dedicará el profesor enteramente a
la [)arle económica o industrial. Hablará de la tintura i de sus
aplicaciones, ile la preparación de la potasa, do la sosa, del
jabón, i explicará los medios de purificar las gomas, las resi-
nas, i todos los productos de los vejetales de que las artes i
la industria sacan tanto provecho.
El torcer ramo, es decir, la química animal, aunque en jo-
noral no os de tanta importancia, deberá, sin embargo, tratar-
se con alguna extensión, sobre todo en una época en que las
producciones de este jénero casi son las únicas que se benefi-
cian. Mas el profesor no deberá limitarse a sola la prepa--
ración de las cecinas, grasa i cueros, sino que abrazará esta
parteen toda su esfera, presentando consideraciones jeneralcs
sobre el estudio de la zoolojía, i describirá después con algún
cuidado el modo do hacer el queso i lámanteos, con queso
podria hacvr aqui un comercio mui lucrativo; enseñará el
modo de eihicar las bestias para preservarlas de esas enferme-
dades horribles que arruinan alirunas veces a un rico propie-
tario, i hará ver, en fin, el método fácil c importante con que
se crian los «gusanos de seda.
¿Qué inlluencia no tendrá una escuela semejante, i que re-
volución no causará en la agricultura i el comercio? Sin duda,
la industria no se elevará a ese grado de perfección en que se
halla aun en las mas pequeñas naciones de Europa, porque
tales resultados exijcn siglos i práctica, i Cliile solo puede
contar años. Ademas, la industria europea arruinará siempre a
cualquiera fabricante que quiera entrar en concurrencia con
obj(»tos de algún valor i cuyo consumo no sea bastante gran-
1 TiLiD.id jE ;.N ::ir: i-rit.._i :i . * :».
de; mas, porqa»' «--ta i^r:. ':!.-. ■- :li* .r l ..J.'.^ í -"j--:.:-
CS1X5CÍ0S, no scde¡»e alv»r-i.' .r -: -.:.r: l.- .:-. 1; .:.-^r::.i rll
chileno, pji* cau*ra .i*.- * .* .. r:.i^r ■«.-.-. ;-> :i. : .rjr :_'^í^.í
aprovechar cscis herrr. .'-.-? r-»:'-:.-:-^ .. r. ::.t t^. -.^;>: Ií ii.r.r-
lana, los s^Dhorbi-j- cjTtrz.-^. rr.:.-:-! . ■- ::- '..-:... lr>. toIlí ^e^^i?
piedras lie luj», e.in.' jt-o. -.:-.>. iz-". j.r - :.:.:.»* itrjs _:;íi:-?
mas o menos pivcl-.'-.-í-. : :-.:-- . r:.::. :- sl^r.Iir.irs en ^my
ropitbliea; pero p^r i:,s:.» r.j r-s í-:.»: .t.Íitlt ^i^ :>l.s ¡:'^riI:•:-?
de industria han de siifr.r el .'r.>- > ürj.-:. r*: p^rniaaeoer en
ol mismo osla Jo de abiiiíjnj. íl::" .i_ jr.es-:- Litn qj? &>j!-j a
fuerza de siglos s^- hd?e uíia ni::.-;, ir.iiiirl.-^i. i }m es tienipo
de dar principio. Es un >'.rifr en -el j.l'err. > o', f omenlar en
Chile lo mas p^^Jnto j»vs::4-e el si^:.' i de h.i.er conioer ¿us
ventcijas. Los ei'.ivla Un :«? s.- hirln •.'::• yrenie.ijres cuando se
multipliquen loscon-x-ÍTile.-iM-; e.'n]>ezirári p:»r I>s -bjetos mas
comunes, que des-le lucz j srria a]«-3 mal he^-h j» }¿xsta que se
hahituon poco a poco a Lt-- ar:^s ir.ec.ínicas: vr [>erfcccionarán
después hasta hacerse capaces >ie lirijir bien a I05 obreros, i
podrán rivalizar con ¡1- rriin jr'ajtura^ Je Europa de primera
necesidad. Las de 1 1 j • ven irán lespues con el tiempo i la ex-
periencia.
Mas las mayt»ros venttjas que puele producir c.-íte estable-
cimiento, serán la de liac-r pj:ier en práctica algunas de esas
preciosas innovaciones con qu-j se hi. enriquecido la agricultura,
i ia de que no .se abuse de esta ciencia, que también tiene sus
reglas i sus teorías, i lia fundado sus preceptos sobre las eternas
c inmutables leyes dȒ la naturaleza, que dirijen al agricultor
de un modo sumamente seguro en el ejercicio de su estado.
¿Qué mejoras no podrían hacerse en este ramo de comercio,
si los jóvenes (juc se dedican al campo conociesen las leyes
fundamentales del arte que van a ejercer? En lugar de pedir
instrucciones a la fatal rutina de un mayordomo, que no po-
cas veces tendrá interés en en;]jariar, so atendrán a los cono-
cimientos que han adquirido. Empezarán por innovaciones
en pequeño, las continuarán en grande, i los resultados felices
los empeñarán después a hacer otros ensayos.
El gusto inspirado por el profesor se irá desenvolviendo i
184 OPÚSCULOS LlTERAniOS I CIÚTICOS
aumentando con el éxito de las experiencias; i con el tiempo se
verán hacendados cuyos trabajos no solo serán dirijidos al
ínteres, sino también a ese celo i amor quo requieren las
ciencias i las artes para llegar a algunos grados de perfec-
ción.
La interesante innovación que se realice, no quedará refu-
jiada en la hacienda del agricultor instruido. Los amigos, i
sobre todo los vecinos, desearán también ponerla en práctica;
i propagándose así de distancia en distancia, invadirá toda la
república, i proporcionará a la nación una renta que es impo-
sible calcular por ahora. Chile, por su feliz situación jeográfica,
puede beneficiar todos los ramos do agricultura. Gozando de
todas las temperaturas, do todos los climas, i atravesado en
parte por grandes rios navegables, presenta un concurso de
circunstancias que pueden hacer pronosticar, con algunas
razones, que las otras naciones de la parto septentrional de la
América deben hacerse algún dia sus tributarias. Al gobier-
no corresponde el apresurar ese tiempo, i a los chilenos el
aprovecharse de sus ventajas.
Poro si al contrario, la agricultura continúa dominada por
la vieja i perniciosa rutina, si no se llevan a las haciendas
mas que conocimientos extraños a la profesión, e incapa-
ces de hacer la mas pequeña mejora, se trabajará siompre
sin gusto i sin ideas, al modo que una máquina, que lo mis-
mo hace ahora, que lo que hacía cincuenta años há. De este
modo, heredando los chilenos los falsos principios de ahora
cien años, han reducido a la república a una situación en
que no debia hallarse. No so diga que las campañas no se
cultivan mejor por falta de brazos. En lo jeneral, cada hacien-
da mantiene bajo el nombro de inquilinos un número do fa-
milias mas o menos grande, que solo viven con los productos
do una pc([ueña sementera, i embrutecidos con la miseria i la
haraganería, pasan mucha parte del tiempo perezosamente
tendidos, i so contentan las mas veces con unas pocas papas,
sin cuidar do mejorar su suerte, porque no conocen los medios
de buscarla i obtenerla. Sería del deber i del interés de los
propietarios el servirse de estos hombres i de sus hijos, pues,
rriLIDAb bE UN CIP^í-J EáP£ :IaL DE iyJl^^W.V Kt
mediante un corto salario, po^lrian hacer tríjilícar las produc-
ciones de sus tierras, i ton^T la síili«ifacci»»n de hacer a la patria
i a la humanidad el dolJ»; serxiciu de formar hombi-es lab*j-
riosos, i de sacarlos de e.se t-ístado núserable en que las cir-
cunstancias los tienen sumidos ha>ta t-l presente.
l,-/iiiíM)io, Alio de iHjl.
ESCUELAS DOMINICALES
1 hK ADl'LTHS
- . •^•\. l'-'A
Uno de los e.stal>locim¡eiitos mas bcuóllcos de estos últimf>fc
tiempos en Iní^laterra, son las escuelas dominicales, o claseM
gratuitas para que los pobres aprendan a leer, solamente en
los dominicos, sin que se les siüfa perjuicio en sus jornales,
por pérdida de tiempo i traljajo.
Habrá poco mas de cuarenta años que un liombrc Iwínéfico
piadoso, llamado Mr. Roberto Raikes, emjxíZíj a juntar los niño»
pobres de la villa de Painswick, en Gloucestershire, cada domin-
go, dándoles cartillas, i tomándose el trabajo de enseñarles
a leer. En breve, se bailó que los mucbacbos i mucbachas mas
adelantados servian de maestros a los otros-, i distribuyendo la
escuela en varias decurias, los mismos íjue venían a aprender
contribuían a la enseñanza. Hubo ademas varios jóvenes do
las cercanías, bijos de familias decentes, i a veces ricas, que,
deseosos de contribuir a esta buena obra, se ofrecieron por
maestros; de modo que en el espacio de veinte años tres mil
niños pobres babian recibido en aquella escuela los cIcmentoH
de primeras letras, con tan buenos efectos morales, que Mr.
Raikes no halló el nombre de ninguno de ellos en los libros
de entradas en la cárcel de í.íloucester.
Kn 1785, se fimdó una sociedad para el fomento do escuelas
dominicales, con el título de S}ni/1a]/ Schord Social]/^ cuyos
miembros tomaron a su caríro el costear los trastos necesarios
de cartillas i libros. Kn lirev, so vieron establecidas cerca de
1-^í^ OPtSíIlXOS LITERARIOS I CRÍTICOS
trc3 mil escuelas en varías partes de Inijlaterra e Irlanda. El
niimero de niños de ambos sexos, que aprendieron a leer, en
ol espacio do los primeros catonie años despue^s del estableci-
miento, fué doscientos cuarenta i seis mil setecientos veinte i
cuatro. Las cartillas i silabarios que so les dieron, suben a
doscientos cuarenta i nueve mil ochocientos noventa i seis;
ejemplares del Nuevo Tosf amento cincuenta i cinco mil ocho-
cientos oclienta i uno; Biblias completas, siete mil cuatro-
cientas veinte i tres: los gastos subieron a cuatro mil ciento
sesenta i cinco libras esterlinas.
Las escuelas de Bell i Lancáster, que en España i Francia
se llaman escuelas de instrucción mutua, se establecieron
l)or aquel tiempo, contribuyendo de un modo mas extenso a
la instrucción de las clases pobres. Pero el objeto de los dos
establecimientos, quiero decir las escuelas dominicales i las de
instrucción mutua, es mui distinto. Estas se dirije a la educa-
ción de los niños pobres, cuyos padres no necesitan do ponerlos
a trabajar; aquellas, a la do los que, estando empleados toda
la semana, solo pueden dedicarse a la lectura los domingos.
Pero la beneficencia de los ingleses es injeniosa en extremo,
i siempre esta inventando nuevos modos de servir al jónero
humano. A poco de haberse establecido las escuelas domini-
cales, se plantearon otras en el Norte de Gales (North Wales)
para adultos, con el objeto de enseñar a leer a los pobres que
no tuvieron, en su juventud, quien los enseñase. La primera
do estas escuelas dominicales de adultos se abrió en el
territorio ya dicho, en 181 1. En 1812, se abrió otra en Brístol.
El primero que entró en ella a aprender el A, B, C, fue un
hombre de sesenta i tres años; la primera mujer tenia cuarenta.
Formóse también una sociedad para promover este objeto; i
cuando solo habían pasado catorce meses desde su fundación,
ya existían nueve escuelas para hombres, e igual número para
mujeres, en las cuales seiscientas una personas adultas habían
aprendido a leer. En 1814, las escuelas de adultos en Brístol
eran ya veinte i una para hombres i veinte i tres para mujeres;
i el número de los que concurrían a ellas, mil quinientos.
Si atendemos a la dificultad de aprender a leer en ingles, a
a ilt su ortografía, que es irregular en exirenio, i lai-ompa-
s ron In suma racilidad con que se k^c la lengua española,
iltablecimicntu de semejantes cscuela^j parec« mui hacode-
piiina i penlidoii de; los españoles de amlxjs mundos lin
s la ociosidad en que el gobierno ha tenido a las clases
& acomodadas. A falta de objeto de interés, la juventud se
¡gn al maa desenfi-enado galanteo, en tanto que la^ jente»
idad madura, o no saben qué hacorse, o pasan cl día
indo altares: obra mui buena a su tiempo; |iero que sc-
rmuclio mas agradable a Dios, si fuese aeompañcida do obras
de varidad verdadera, lil que da limosna al mendigo, lalvez
contribuye a la ociosidad i al vicio. Pero el que da luz al en-
tendimiento embrulecid», humaniza a sus semejantes i los
prepara a ser virtuosos. La menor instrucción alcanza a pro-
ducir los cfectus mas benélieos. A la verdad, mas fuerza
moral, pniponrionalmentc, tienen los primeros rudimentos
(le la fttiueacion intelcetual, que la acumulación do ciencia
que cousiituyo a un sabio. E,sto so \e, mas a las claras, en lo»
adultos que aprenden a leer, que en los niños que adquieren
las primeras letras, i crecen sin saber el tesoro que en ellas tie-
nen. El placer de un hombre hecho, que en dos o tres meses
ae halla capaz de gozar el contenido de un libro, que para él
era antea libro sellado con siete sellos, se ¡Mcde imajinar aun-
quo no seria fácil pintarlo. El arte admirable de la escritura
es la primera puerta de los placeres intelectuales. El que so
qumla (le la parle de afuera, puede (Iccirse que se halla casi al
nivel de la creación animal. ¡Qué satisfacción, pues, igualarla
a la (le los que, tan a poca costa como pudiera hacerse, deva-
nen a sus semejantes pobres, a este grado do ilustración men-
tal, en que el hombro se halla, en pocos meses, dotado de una
nueva facultad, que casi lo transforma en otro ser! La edu-
oaoion do las facúltales intelectuales no debo mirarse solo
conio un medio do ailquirir saljep. Sí no tuviese otro efecto
que el de aumentjir el número do iileas, de poco servirla, por
lo joneral, a las clases inferiores do la sociedad, i en mucho»
tmSOH no contribuiria a otra cosa qut; a hacerlos mas infelices,
o mas dañinoH. lil grande objeto con que nos debemos empe-
100 OPÚSCULOS LITERAIMOS 1 CRITICO»
ñar en comunicar el arte fácil ¡ admirable de la lectura a las
clases pobres, es excitar en ellas un estímulo (uso esta voz
en sentido semejante al que le dan los módicos) que los saque de
una vida enteramente animal i los haga percibir la existencia
de otros placeres, que los que no salen de la esfera de sensa-
ciones. Si un mero juego, como es el de damas, embelesa a
los hombres mas ignorantes qUe llegan a entenderlo, solo
porque la atención se fija agradablemente en las combina-
ciones de las piezas, mucho mas debe esperarse que un
libro embebezca al pol)re trabajador, si halla en el pábulo a su
curiosidad, acompañado del descanso que produce toda ocu-
pación sedentaria i divertida. Yo he visto ix)bres trabajadores,
a quienes ciertas personas benélicas daban lecciones de leer,
repasar con el mayor ahínco el silabario, solo por el placer de
hallar nuevas combinaciones de letras, i gozar do la facultad
naciente que en sí sentían; como el pájaro que se deleita en
batir las alas en el borde del nido.
Nada sería mas fájil que el abastecer a las clases inferiores
hispano-americanas, de libros útiles i divertidos en extremo,
si los intereses políticos, i el ñilso refinamiento, no se empe-
ñasen en hacerlo difícil. Unos rudimentos sencillos do moral
cristiana; algunas colecciones pequeñas de recetas o métodos
que les fuesen útiles en sus negocios domésticos; extractos en-
tretenidos do la historia nacional, i, en fin, tales porciones
del antiguo i nuevo testamento cuales sus superiores espiri-
tuales tuviesen por conveniente — una pequeña colección de
esta clase tendría efectos admirables en favor de la felicidad,
i de la moral do aquellos pueblos. — Pero no me cansaré mas,
ni cansaré a mis lectores con menudencias. Un corazón ver-
daderamente benéfico no puede errar en ellas. Únanse los que
sientan moverse con la idea que les propongo. La experiencia
les dará luces; i cuando hayan probado la felicidad i satisfac-
ción interna, que son fruto infalible de ocuparnos en bien de
nuestros semejantes, bendecirán el día en que se les propuso
esta idea.
(Araxiciinu, Año de 1831.)
OBSERVACIONES
SOliHE EL PL.VN DE ESTl^ÜKJS QUE H\ FORMADO LA COMISIOX
NOMIíKADA POR EL SUPREMO GORIERNO
EN 183Í
^- .-N r . w ■
Se ha escrito tanto acerca de la educación do la juventud,
que la materia parece agotada hasta en la combinación de los
medios de dirijirla. Casi es imposible ofrecer una idea nueva
sobre este punto, a no ser que sean algunas aplicaciones al
estado del país. Su importancia ocupa siempre a los hombres
mas eminentes en inventar medios de instruir a los jóvenes con
presteza i provecho en los conocimientos necesarios a la vidy;
i sin duda este mismo empeño, elevando sus pensamientos a
una altura desde donde pierden do vista la incapacidad de la
primera edad a que consagran sus esfuerzos, les hace envol-
verse en teorías sublimes, formando planes que, si arrebatan 1;:.
admiración de los sabios por su injeniosa combinación, apli-
cados a la instrucción de los niños, son inverificables. Algunc^^
han conseguido desterrar de la educación el hastío que nalu-
ralmento ocasiona, presentando a los muchachos en las leccio-
nes objetos de placer i diversión; mas con esto solo han logrado
desterrar el amor al trabajo, que desde el principio debe in-
fundirse, crear espíritus frivolos, i comunicar una instruaíoü
tan supcirficial, que a la vuelta de pocos años solo deja testimo'
nios vergonzosos del tiempo que se ha perdido. La primera ins-
trucción del hombre debe ser muí radical para que j)ae.!;\
producir frutos sazonados, i mui pausada i bien distríbui'l ^
\0l OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
para que sea permanente. No consiste en henchir repentina-
mente la cabeza de un niño de retazos de muchas ciencias, de
que solo el conjunto de palabras abruma su tierna compren-
sión, ni en hacerlo seguir una serio de clases forzadas, i tan
largas, que le mantengan la mitad de la vida en un mero pu-
pilaje. La educación común no es para formar sabios de primer
orden, porque no todos los hombres tienen aptitudes i>ara ello,
sino para ponerlos en estado de desarrollar por sí mismos sus
potencias, conocer sus dereclios i obligaciones, i llenar sus
deberes con intelijencia. La instrucción puedo considerarse
actualmente dividida en tres clases; se habla de la instrucción
común, necesaria i útil, i no de la particular i de ornato.
Se supone a un joven instruido medianamente en la lectura,
escritura i primeros rudimentos de aritmética. En este estado,
debe entregársele a un preceptor que le enseñe a expresar sus
pensamientos, dándole a conocer las combinaciones de su len-
gua nativa, i la correspondencia con ese idioma que la jenera-
lidad de las ciencias ha hecho suyo. Sin un perfecto conoci-
miento del lenguaje, sin entender la combinación de los signos
del pensamiento, sin saber manejar esc instrumento con que se
trasporta el alma de un hombre a otro, sin una intelijencia
ceibal de los recursos maravillosos de esa propiedad del habla,
oríjen primario de las mejoras que la tierra ha recibido de la
mano del hombre, la instrucción posterior ni puede ser bien
comunicada ni bien recibida, porque falta el único i principal
condictor de las ideas del maestro al entendimiento del discí-
pulo. La enseñanza do la lengua nativa i de la latina es la
piedra fundamental de toda ciencia. No debo limitarse al co-
nocimiento material de las reglas gramaticales, sino que en
ella debe darse a conocer el jenio de cada una (para que en
lo sucesivo sirva de término do comparación con otros idiomas)
i una instrucción completa de la ortografía i prosodia. En el
tiempo que dure esta primera clase, no dcberia distraerse la
atención del jóvun con ningún otro estudio, porque toda ella
es necesaria para adquirir un conocimiento completo del arte
do hablar. La continua ocupación en comparar dos instru-
mentos diferentes con que so manifiesta un mismo pensamiento.
Ib acostumbran desde temprano s la raeditacioo, tan necesaria
para conducirlo a iduas mas elevadas i pn^uodas.
Apoderado el joven det pincul de las ideas, se le conduce,
cu la segunda clase, a la rvjion diJ pensamiento, en donde m
lo enseña a formarlas, combinarlas i reunirías. Pucdt: decirse
que en esta clase no es el entendí raicnlo la potencia domiuante,
eino la razón, si acaso es permitida hacer diTerencía entre una
i otra. La lójica le da reglas ]»ara discurrir, i la critica le pre-
senta un barómetro con que medir los grados de exactitud de
sus raciocinios. El pensamiento deja el extraviado i tortuoso
sendero en que le mantenía inquieto la ignorancia, i poco a
jKico so acostumbra a marchar pur una vía tan recta como
sej^ra, que, por mas esfuerzos que haga, no puedo sus-
traerse del dominio del convencimiento, que solo obra por
medio de la trabazón sencilla de un antecedente con un consi-
guiente. En esta clase, no hace la instrucción mas que dcsa-
Tollar las lutcncias intelectuales del júvcn, i darle regla» para
|>oncrla en ejercicio, comunicándole las nociones necesarias
para lijar las ideas en lo cierto, o en lo incierto. En este j¿nero
de instrucción, se le hace dueño de lo» recursos con que obran
ol convencimiento i la persua*<ion, i do los medios de aprovo*
cliai-se de los conocimientos ajenos. Nada hai va^o ni indeter-
minado en esta clase, porque el hablar con propiiKlad í jieniüar
con exactitud, rechazan toda idea que no est¿ revestida de lus
caractá'es de certidumbre.
Cuanilo ya sabe discurrir, i apreciar lo cierto i lo incierto, la
educación pasa a iniciarle en los sagrados misterios de la mo-
ral, dándole a conocer lo justo i lo injusto. Entonces so le
descubro la teoría de los sentimientos, i se le dan reíalas po-
sitivas para discernir lo bueno i malo do sus acciones. 8e, le
hacen conocer lúa deberes para eon el 8*5r Supremo, los que
leimpone su propia conservación i los que le exijcn sus seme-
jantes, entre tus cuales se incluyen esos principios, que muí
mpropiamente so ha» compilado bajo el epiprafo de derecho
natural. Aqui empieza la educación dl^l ciudadano, pues ia an-
terior no ha sido mas que la del hrunhro. Del pequeño círculo
en que se le enseñó a expresar i combinar sus (>enih-tniienlLis, i
OPtSI
27
* tanaca U «eidad, ■» le tranipofla al campo vasto tie üett
qoe leoCmcoilaatdacÑaeacoakMdefBasseresJesu «speóe.
i la* obligacioaesqaefe impones sufi deberes i la justtda. La
aridec del estadio wnpwaa a ánapaivxr, [torque las fatigas de
la cabeza ceden su lagar a los plaoerca del o>razuD. El alma
ilel júven «c etwaocba al oontemplar qoe no vive pan ei solo,
i qoc tudoit loa demás viven pant ¿1, caanilo al lado de la mo-
ral Re le pnaKftUn los príncipttjs de la ciencia social, i &e lo
manifiesta c) mn ía> de los TÍacukie que le U^an cua sus se<
mf^;atitc», ya como hombres, ya como ciudadanos.
Mas n» es iKistante al hambre el oonocimiento de si núsmo
i el do lafü relacione^i que lo unen con los de su especie. Kü
pr^iHo ademas, ilarle a conocer los seres extraños que lo ro-
itean i Hiist projiiedailc:), i desenvolverle las causas ele los fe-
númeiiOM lie la naturaleza que asombran al vulgo; es preciso
liarlo una idea jenerul del universo, i manifi^larlc cómo deü-
cienden lu» cuerpo^j, de qué modo suben los líquidos; por ijué
medid lusohjctoa materiales hieren su» sentidos, i cuáles son
los recursos con que un habitante de la tierra recorro las in¡
monKas órbitas (jue describen los astros, i demarca cada ^
de BU carrera. Sin esta parle do la educación, las ideas i
muí vulátilcH. [lumbres liai que admiran la heroicidad de >
jilio, i gustan do Ins dulzuras de Ovidio, sin saber Tormar i
raciocinio, sin discernir lo justo i lo injusto, i sin
punto que ocupan en el globo. La calda do ima i>íedra es p
ello» un misterio; el ascenso dL-l agua por meilio de una 1
ba, es un artículo do nigromancia; un movimiento de tí
rra, o cscaHOz do lluvias, son los siíjiios do las Vúnf^anzas 4
Ser Supremo, i las grandoa adquisiciones de las matcmátldjj
lea parecen paradojas. E.s indispensable un ciu-so do li.síca p
completar la cdueauion proparoloria, porque, sin ideas del
que es la naturaleza, los conocimiontos anteriores tionun (
poco enüiunolio; i habrá ocasiones en ([uo un hombro,
instruido ({uo osló eit ol arte du hablar i de pensar, i en ',
L'ienaias morales, no pueda hacer aplicación ninguna de s
i'imoclmiontos, porque sus ¡deas no pasan del circulo de i
fauull-idi-^ nH'iitjilos, i dol do Lih n-larioues con bus semejan^
OÜSEHf AC[Ú.\G& SUUIll: EL PI.AS ¡
tes. Si se dibujara un cuadro material de la educación prepa-
ratoria, se vería primeramente al hombre ocu[>ado en ejereitar
BUS órganos; despuos en arreglar las operaciones del entendi-
miento; niaa adelante observando los movimientos dol corazón,
i al fin entregado con todas sos poto netas i sentidos a contem-
plar, discurrir, combinar, admirar i obrar.
Gn ostc estallo, empieza la cduuacion profesional i ctentillua,
<[Ue os la torcera clase. El camino que se ha corrido en las duM
anteriores, es el de loa preparativos que so han hecho para
poner al hombre en la carrera de los sabios. En este periodo,
os donde se forman los jurisconsultos, los canonistas, los
médicos, etc., aplicando loa conocimientos adquiridos untes,
que solo pueden calificarse como ajenies del sabor, pues sin
ellos, cuanto se aprenda, como no encuentra fundamentos,
debo ser mui supcrlicial, i quizá reducido a retener liomcn-
elaturaa i epígrafes sin comprender las materia.^. La inslrue-
ejon profesional, hablando con respecto a Chile, ])ortcne«e
uasi toda al dominio do la memoria, pues nuestros abo(;ados,
móditios i canonistas limitan sus estudios a lo que se hu escri-
to en otros países que pasaron por nuestro estado hace cente-
nares de años. No tienen quo fatigarse en inventar nuevas
combinaeiones, porque es preciso que primero se instruyan do
las antiguas i conozcan las presentes para poder aplicarlas a
nuestras circunstancias. Esta ¡jarte de la educación necesita
una gran reforma, i que ésta sea sostenida con tanta severidad,
que contenga las innovaciones con que el espíritu navolei-o ha
hecho subrogar, al verdadero saber profesional, un estudio de
superfluidades. Si esla observación hiere el amor propio do
algunos, se les podrá responder que en el curso do la revolu-
eion se han difundido las luces de ornato, que nuestra juvon-
(lud encanta con su brillante educación; mas el país carece do
profesores expertos para loa destinos que necesita nuestra
uutual forma de gobierno. So discurre muelio en política, loa
matemáticas elementales so han hecho comunes, la idcolojia
hormiguea en la cabeza de lodos los ostULliantos, el doi*ccho de
jentos i diplomático no son ya un arcano, en todo.^ estas cosas
»e discurre con acierto; pero la prufosion de abogado, no ese
arfe mezquino de deíemler pkilos ¡¡or loRivria, sino la cicori»
i\ii Uidas las vnftas necesariiu para aplicar la jiistitria con aciertn,
na halla on tal ubanilono «[Uo ya ne le considera con dt^recio,
i no Nin poca razón, por c) abuso que se hace de cilla, rrsultatt»
do las muchas proranaciones ijuc lia sufrido.
K\ que tonga idoaa verdaderas del estado civil i pulítJcD i ilc
las costumbres de C'lnle, no podrá menos que tributar la rnajor
importancia a la profesión de abogado, porque sin olla la ad-
ministración de justicia jamas iwdrá arrejilarsc; i &io qoi? lísla
sea exactamento distribuida, tudas las in^^tituciones que se ba-
f^an para cimentar la prosperidad pública, no tendrán mas
duración que Ins que leí dé la novodad. La administración de
justicia os el ramo principal del gobierno de un pueblo. Nvla
importan las decoraciones oxteriores, los pruifreMXs de la in-
dustria, los adelantamientos del comercio, si el poder con-
servador do la propiedad carece de fuerzas i de ajentoi. Las
disputas borútican de un mal teólogo, los cálculos errados do
un malemútico i los desaciertos do un médico, no son de laaU
traaecndencia como t-1 fallo injusto de un juez. Lo» funciones
de ésto influyen sobre la moral, o la corrupción iiúbbca, i son
el resorte poderoso que propaga la primera corrijiendo la so-
gundai i los oficios de aquéllos están limitadas a un ¡lequcí
número de individuos. Al restablecí n>iento de esta proFes
debe contraerse la mejora de nuestra plan de estudios;
las observaciones que anteceden, no es el mejor combinat
del proyecto, que publicamos on nuestro número 69. Klá
existe tiene sus imperfecciones raui demostradas por la «
riencia; i vale mas correjirlas que entrar en la tontativ^
ensayar el do oso proyecta, que apunas podr;i vcrtíícaraB í
medio siglo, asi por falta do profesores, como do local i
bbros para establecer muclias de las clases que designa. A cii)
ta objeción so haga, se responderá, estamos ciertos, que i
plan nu es para que se establezca por ahora, sino en la \j%
(pie sea posible; ckIo e.s dulincar lus cimientos de un gran I
lacio, cuando apénus se encuentran materiales para edifli
una triste casa; es consiffuar al pnpcl ideas fantásticas i
ninguna esperan/a de utilidad. Kna rápida observación (
(ilLlBB VACIÓLES SÜDKK EL P
197
nlRijiio.»i artículos dari a conocer sus dufectos, i demostrará
qu« mejor es n'formar el actual, que ya eslil cunocidu, quf el
hacer cxiierícncías con ar[ui-l.
Entre los ramos ([iie eompremKi In educación prepara-
toria, según el artículo ?, se encuentra la lengua griega, ijue
por ahora no tiene objeto en Ciiili;, i pi-oltablenicnto no le
tendrá en muchos años, ponjue, ¡lara iiitnxlucir en un país las
ciencias de puro ornato, es necesario que untes so hayan esta-
blecido lasque producen una utilidad roal, i son indispensables
|)ara pasar a la enseñanza profesión al. Se ha díclio untes la
consideración que merece en la instrucción preparatoria el
estudiodelarísica;iel proyectóse hariescntendidudeesteramo,
deoignando su estudio exclusivamente para los matemiVticos i
méilieos. Es necesario agregar una clase principal que deUe
durar cuando menos dos años, dcsjmes del curso de filosofía
mental ¡ moral. En la Tísica, se dan a los estudiantes las no-
ciones de aritmética, áljcbra i jeometría especulativa, para que
puedan comprender con exactitud tas leyes del movimiento, los
fonúmenos do la óptica, dióptríca i catóptrlca, el uso do las
fuerzas mecánicas, i los principios de la hidráulica, hidrost&li-
ca, i domas ramos rÍHÍco-matemáticos. En este curso, no se
pretendo formar profesores completos de risica, sino quo so
pone a los jóvenes en carrera de que por si mismos puedan
extender sus conocimientos. Las principales profesiones de Chile
son la agricultura, minería, comercio i la abogacía; todos exijon
muchos eonocimíentos de física, i es necesario proporcionarlos
en la enseñanza preparatoria.
En el proyecto, se hace seguir a los jóvenes tres clases a un
tiem]>0, lo quo no puede tener el efecto que se desea, porque,
dividida la atención en diferentes coicas, ninguna puede apren-
derse bien, Aun la distribución que se hauc do los estudios
do laa doce primeras clases que corresponden a los cuatro años
que se determinan para la latinidad, es ínverineable, porque,
en las clases accesorias señaladas en los artículos fj, 7 i 8, 8o
necesitan seis años, cuando a las principales solo se designan
cuatro, termino aun demasiado largo con respecto a loa cono-
cúnientos preparatorios que se requieren para pasar aotrox
estudios. La última cbne de latinídAd, con el eati
bellas letras, ea mojor dejarla de »cc«»oría, para el pcñ
la filoBofia. Téngase presente que, después que el J4ivea con-
cluye el estuilío déla Icn^a latina, tiene que seguir su carrera
en la ca-stellana-, i al pasar a ciertas profesiones, como las
toolójicas i lechales, no se liallará muí corriente para entender
e»tas cÍGnoia», cuyo estudio df^be sci" indispensablemente en
latín. Es pn-ciso cuidar de (¡uc el joven no olvide este idioma
en el curso de sus eütuilíos, coma sucede actualmente. Esta
preparación es inútil para las ciencias fisieas i matcmñtif^na,
pues para entrar a su estudio basta un curso do gramAtira
castellana i de (ilosolía mental, que puede aepuirse en el (<'r^
mino de un ano. El estudio de las matemáticas piieilc i-oncluirse
en el espacio do seis años; i scgim el proyecto se exijt'ii dic;í, í
parece que los cuatro primeros son en la mayor parte perdidos.
No es mui arreglada la distribución qno so hace del estudio
do las ciencias legales. So empieza la instrucción por el derc^
clio de jcntes, marítimo i diplomático, i se deja para lo último
el conocimiento del romano, que es el oríjejí i fuente de todos
los dcrecbos, Primcraiiionte deben conocerse los princi|^o3
Jeneralos del derecho, i pasar después a las deducciones parti-
ctdares. yin comprender bien las relaciones de los individuos
entre sí, no so pueden entender las do las naciones unas con
otras. Del mismo modo es imposible formarse ideas exactas de
los principios de lejislacion universa^ sin saber las disposi-
ciones del derecho cuyo conocimiento debe anteceder a aquel
estudio, que el proyecto ha colocado en urden inverso. Se de-
signa por último curso principal a las ciencias legales el de las
instituciones del dcrotOio nacional, i a no sor quo quieran
llamarse con este nombro nuestros boletines i gacetas, no se
conocen otras que las del derecho de Castilla, listo curso, como
principal, oa enteramente inútil, porque, sí se lian de estudiar
Ins instituciones fiel ilerecbo romano, nada hai do nuevo que
aproniler en las do Castilla; i para lo que es notar las pequeñas
diforcncias cnlro ambos derechos, serla mejor subrogar esta
clase a la subalterna de historia eclesiástica, i suma de con»
líos, i:i curso principal -fli' esta profesión es el del dorí
OBSERVACIONES SOBRE EL PLAN DE ESTUDIOS 190
romano; i por mucho tiempo que se le consagre, nunca será
demasiado, porque en él se encuentran cuantas ideas pueden
apetecerse, para adquirir un conocimiento radical de las de-
mas, que son sus ramos subalternos. Cuando menos se nece-
sitan dos añ )s para recibir una instrucción regular en esa
ciencia reguladora de los actos de la vida social. La clase de
principios do lejislacion universal debe ser accesoria i no
principal, i cursarse al fin de todos los estudios de derecho,
porque en ella se desenvuelven todos los conocimientos ante-
riormente adquiridos.
Como el objeto de este artículo es manifestar los defectos del
proyecto del plan de estudios, i no formar otro nuevo, nos li-
mitamos a lo expuesto, i a indicar que aun en la parte material
es inverificable, si no se duphcan ciertos cursos principales,
verbi gracia, el de tií*jlojía que, debiendo durar cuatro años, no
permite que lo sigan todos los estudiantes de filosofía que
llenan sus tareas en dos. Así es preciso abrir un curso de teo-
lojía cada dos años para dar abasto. Lo mismo sucede con el
do matemáticas puras. Los fondos actuales del Instituto no
sufren los gastos que demanda el aumento de profesores que
se necesitan. Es preciso en esta clase de instituciones contar
con la posibilidad de la ejecución, i no contentarse con el vano
placer de escribir una tabla sinóptica de materias.
(Araucano, Año de 1832.)
TlíATliO
Kl mundo ilramúlico Cstú ahora dividido en dos sectas, la
cliÍHÍca i la i-omántica; ambo.*) a la verdad oxíalcn siglos hace,
pero, on cstds tíltimos años, os cuando se han abanderizado bajo
cstOR dos nombres los poetas i los críticos, profesando abierta-
mente principios opuestos. Como anil>as so proponen un mis-
mo modelo, que es la naturaleza, í un mismo fin, qiioosel
placer de los espectadores, es necesario que en una i otra sean
tambíon Idc'-nticas muchas de las raglas dol drama. En una i
otra, el Ion?íuaje délos afectos debo ser sencillo i cnérjioo; loa
oiiract¿'res,htensosten¡dos', los lances, vcro.sí miles', en una i otra,
es menester que el pot-ta dó a cada edad, sexo i condición, a
eada país i a cada siglo, ol colorido que le es propio; el alma
humana es siempre la mina de quQ debe sacar sus materia-
les; i a las nativas inclinaciones i movimientos del corazón es
moncwtcr quo adapte siempre sus oliras, para que hagan on él
una impresión profunda i grata. Una gran parto de los pre-
oeptos de Aristóteles i Horacio son, pues, do tan precisa ob-
servancia en la escuda cliisica, como en la romintíca^, i no
pueden menos de serlo, porque «on versiones i corolarios del
principio de la íidelidad de la imitación, i medio.s indispensa-
bles para agradar.
Pero hai otras reglas que los críticos de la escuela clásica
miran como ob!i'_'atorias, i los do la escuela romántica como
inútiles o talvcz perniciosas. A osla número, pertenecen las
dados, i principalmente las do lusjar i tiempo,. Sobre
leda la cuestión entro unos i otros, i a éstas alude, o
•*<>- OPÚSCULOS LITKRAIUOS 1 CIUTIC05
j)or niíjor docir, se contrae clara ¡ expresamente la Revista
(le nuestro ninnvro 115/ que ha causado tanto escándalo a un
corresponsal (M Correo. Solo el que sea completamente extran-
jero a las discusíí^ncs literarias del dia puede atribuirnos una
idea tan absunla cjnio la de querer dar por tierra con todas
las reíalas, sin excepción, como si la poesía no fuese un arte,
i pudiese haber aríe sin ellas.
Si hubitíramos dicho en aqutd artículo que estas reglas son
puramente convencionales, trabas que embarazan iniililmente
al poeta i le privan de una infinidad de recursos, que los Corneí-
lles i Racincs no han obtenido con el auxilio do estas reglas,
sino a pesar de ellas, sus grandi.'S sucesos dramáticos; i que por
no salir del limitado recinto de un salón i del círculo estrecho
de las veinte i cuatro horas, aun los Corneilles i Racines han
caído a veces en incongruencias monstruosas, no hubiéramos
hecho mas (pie rc[)etir lo que han dicho casi todos los críticos
ingleses i alemanes i algunos franceses.
Pudiéramos haber dicho con Latouche que los novadores se
apoyan en necesidades reales i en consideraciones juiciosas;
que los que aspiran a la perfección de las artes tienen siempre
razón, i los exclusivos e intolerantes yerran solos; que ciertas
trabas aristotélicas, verbi gracia, las unidades de lugar i de
tiempo, o las unidades de salón i cuadrante, como hoi se llaman,
desacreditadas por his discusiones d(U siglo XVIII, han venido
ya a tierra; que esta exijencia abusiva ha hecho caer a los
maestros de la escena en muchos absurdos; que pocas extrava-
gancias de las que se llaman románticas exceden a la invero-
similitud de hacer conspirar a Cinna en el inmóvil gabinete
de Augusto, i de mostrarnos a los templarios indiciados, presos,
interrogados, sentenciados i (juemados en veinticuatro horas; i
que si los imperios, las leyes, las ciencias, la política i hasta
la rclij iones se mudan, ¿en qué puedo fundarse la excepción
de inmortalidad, para el pequeño código literario del preceptor
de Alejandro?
Pudiéramos haber dicho con Sísmondi que «si, en vez de
Voaso en la pajina 440 do la Vida de don Andrés Bello,
TKATUO ?(»3
buscar las cniottioiu-s poélioas. so va al teatro con el libro de la
lei en la mano, para cUnunciar como repuí^nante ¡ disforme
todo lo que se aparte de este canon sac^rí^do, nos privaremos de
infinitos troces, no conoceremos jamas la extensión del espíritu
humano, i nos veremos encerrad. >s [oT preocupaciones mez-
quinas en una i'jrnoran/ia tan funesta al entendimiento como
a las art \s*, que los críticos franceses han analizado con extre-
mada saí^acidad i finura todas las delicadezas de vei-osi mi litad
i de estilo, tolos los raspros de cariicter, en las obras maestras
de la escena francesa, [>ero no han analizado con profundidad
esa lejislacion primitiva de las tres unidades, que para ellos es
un artículo de fe, un dogma inatacable, i que, sin embargo,
mirada de mas arriba, es absolutamente arbitraria; que los
tres grantlí\s dramáticos franceses no fundaron las reglas del
teatro, ixiVv^ i>:en, las hallarv>n establecidas por escritores medio-
cres, (pjc e<t;i!)an en posesión de la escena antes que ellos; que,
si los anli/uos no reclamaron la libertad del drama romántico,
fué sin duda porque no podían mudar las decoraciones, ni des-
terrar de la escena los coros; que lo (|Uo se encuenti'a en
Aris'ótel.'s a^-erca de las tres unidades está en un tratado oscu-
rísimo, (¡ue se sosj)echa de apócrifo; i que este filósofo estaría
bien léjjs de pensar (|ue se tratase su autoridad con menospre-
cio, i con una irrisión a veces injusta, en la lójica, la metafí-
sica, la físii-a i la historia natural, que estudió toda su vida, i
en que hizo descubrimientos importantes, i fuese venerada
como leí suprema en poesía, a que, de todos los ejercicios del
espíritu humano, era mas extranjero por carácter.»
Todo esto i muchísimo mas pudimos haber dicho; pero no
nos hemos adelantado a tanto. Propusimos dudas; referimos
opiniones ajenas; i nos remitimos al juicio i sentimientos de
nuestros lectores. ¿Será, pues, corromper el gusto do la juven-
tud co!iv¡<].irLi ;d examen de una cuestión en que están divi-
didos los vot'S d<* los eruditos?
« IirnoiM lísted, señor mió, (nos pregunta el campeón de
Arisí()tele> f[ue j,(.n' esta pésima doctrina se deslució vilmente
el fecundo inj<*nio de López do Vega, i aun el de su portento-
sa contemporáneo Shakesi^eare?» Lojie de Vega se desluce,
ie^5»7r-,j* LTTSXAJiio» I ciimco5
tíZiJ: :::c:nT.i2?« x 1» I-?ves cseociales ikl drama i de totlá
^-injf^ici c: z#: c-süii filtaat» preceptos convencionales
5e j.í- r.r r^ifc* riááio:!?- P>r> ¿ jué sabrá del fecundo injenio
'•*^ — '.'•^ -^ V-cT- -fl r>f ni aan sabe su nombre?
H ii-^c'ilríCi üirs jarisa ie q'ierer intro lucir en Chile ariue-
-•-!? : . . '. -.< ji — i "!>*, om-i si ningún chileno hubiese
>í:j: 1 i.íf íi.Ti'-í« :* =-^e<r.i5 Aristóteles, Horacio, Boileau i
>Cir-._Lrj: je It F; sa. — p-J icl¡ú*y* gan-afales es una impropie*
^^- r^rri:^; ' -r la; ciTlea-w que hayan leí Jo a todos esos
i-.:vr:< .X -.. 5.Í V" .v.>í ^ie Ij^ hai no es por culpa de ciertos
•v-v rrvsTi c-^ilrrs I-rl •/ " ■^>. que han hecho de su parte todo lo
7* "^.'. -^ >'-.""i r;." :lr:>rrí>- ha.^^ la len^a de Virjilio i Ho-
rA.!.^. cor.'.': .:-\ a.-r:Tj\Ha *Ie<^ireciable, digna solamente de
IVr^, l:*^!e cl Ü<v-khí¿o Jel es taj i rita da mas a conocer su
v;ic.\"^ : c-a": í^r, v< en el o.^pítulo de las contradicciones. De las
tr\s »:;:i<.^ r.:*> ix^'...i en cara, la phmera es esta: que, habiendo
di.^ho que la rvYular:i!;\l de la trajevlia i comedia fracesas pare-
óte ya a niiio!;c« m«-'n.>:ona i fastidiosa, decimos después que
el erran Comeille so elevó con su Cid a lo mas bello que en
e>to jenero nocs ha dojaJo la antljorúedad clásica, i que la cele-
bridaJ de eíla inmortal producción se extendió por toda la
Europa. — En esto, no hai contradicción ninguna, i si la hai,
es de los franceses i de la Europa, no nuestra. — Que el Cid
es una hermosísima trajedia, es cosa en que todos convienen,
si no es alcrun crítico exaj erado de la escuela romántica, por-
que la exajeracion i el fanatismo se encuentran en todas las
sectas. — Q\e el Cid obtuvo una celebridad prodijiosa, es un
hecho; i que en París estií actualmente desierto el teatro fran-
cés i tíxlos corren con preferencia a los dramas de Scribe i
compañía, es otro heclio de que podemos dar fiadores respeta-
bles. — ^i los hechos se contradicen, no es culpa nuestra. Como
esos, hai muchos que parecen repugnantes entre sí, i de que sin
embargo no podemos dudar. Pero ¿quién ignora que el gusto
varía de un tiempo a otro, aun sin salir de lo razonable i lejí-
timo, i que en el teatro, mas que en ninguna otra cosa, es
necesaria la variedad para cautivar la atenciqn?
«¿No nos dirá ustetl (prosigue) por í[iiá razun, lU-spreciinvIü
las lc4XMoncs ele aquel gran maestro (Comc-ille), eonsígnadus un
t;I comoiitario ((ue hizo él niÍHino de sus vhriXH, se luí rcc-uno-
uido en París la m-cesiJail de variar los lípocwliirc» del ariu
dramática? »*-No s:ibcmus por tiué iíc nos ha Uc t)bli;íar a dar
cuenta de las inconsecuencias ajenas, cumo ni tuviésomo» en
ellas otra parte que refenrlas. El hecho ett cierto, i eso iKistn.
8i nuestro censor desea saber la caura, prei^úntesela al púliUuu
do Paris, que sin duda i'elel>rarú eoinc es debido la noticia del
comentario (¡ue Curneille hizo de sus ubras, j de que nudiu
sospoeliaba la existencia liasta ahora.
■ Para esto trabajaren (dice) los clásicos de la antí^Hcdad i
HUs infatigables predecesores; para pintar los difeivntcs afectos
del corazón humano.» — Esos iurulii^iiblcs predecesores de los
clásicos de la antigüedad serán sin diiila algunos dramático!»
asiriús, caldeos, fenicios o ejípetos de (juo no tenemos noticia.
Otra contradicción nuestra es que, habiendo dicho quo el
cardenal do Riehelieu azuzaba a los émulos do CorneíUe, i exci-
taba a la Academia a componer la roiisiira <Iel Cid, decimos a
renglón seguido que proU-jió las letras con munificencia, i
contribuyó a la formación del teatro Trances. — Aqui trabucan
deludo punto las entendederas del articulista. Que tú antínn-
í/a quien te hizo, exclama, después do devanarse los sesus
inútilmente por descifrar este enigma, ¿Se ba visto jamas un
modo de criticar semejante? ¿Por qué principio de justicia o
qué re^la de lójiea han de ser contradicciones nuestras las del
cardenal de Riclieliou? O mas hien, ¿qué hai do contradictorio ni
de absurdo en que un primer ministro orgulloso tuviese un
pique pasajero eun el autor del Cid, ¡ se portase en todo lo de-
mas como un protector lihoral dol teatro i del mismo Cor-
neille?
El verbo .tiicar es otra de las cosas que han ofendido el
delicado gusto del moderno Aristarco. Serian iniisíines, dice.
Sin embarga, el uso que hemos hoclio de este verbo ea recibido
i corriente, i se halla en el diccionario de la Real Academia
Española. Pero, aunque lo omitiese la Academia, ¿quén no salió
que es rasa frecuentísima aplicar por semejanza a los hombres.
*2Üü ÜPÚaCL'LOS LITERAIIIOS 1 CUÍTICOS
i aun a los seres abstractos, lo que es propio tie lus brutos? De
la guerra i de la pasto so dice que devoran. Cuando alguno
desbarra por meterse a liabhir de lo (¡ue no entiende, suele
decirse que rebuzna. Nadaos mas común que estas metáforas
en nuestra lengua i en todas las lenguas del mundo.
I Araucano, Año de 1833.)
LATÍN I DERECHO ROMANO
Todos los ari^umeiitos qiic s^e hacen contra el estadio de la
leiiíjua latina, i que lia reproducido a la larga el Valdivia-
»íO Federal en su último número, se pueílen reducir a uno
solo: ([ue el tiempo que se dedica al latín puede emplearse
en la aclqu¡sic¡«.»n de otr«»s coníximicntos mas provechosos.
Alguna fuerza pudiera hacernos este argumento, si viéramos
que, al paso que de.síi¡xirece de entre n -sotros el latín, se cul-
tivaban las lenguas extranjeras; que, en lugar de Virjilío o
Quinto Curcio, andaban en manos de los jóvenes Milton, Ro*
bcrtsDn, Racine o S¡sm(»ndi; í que las clases destinadas a las
ciencias naturales contaban con algún número de alumnos
Pero no es así; desaparece el latin, í no vemos qué lo reem-
place. Notamos también que los que sobresalen en los cono-
cimientos modernos son por lo regular aquellos mismos que
se han dedicado al latin; i esto era lo que naturalmente debía
suceder. La enumeración que vamos a hacer de las utilidades
del estudio de aqu(dla lengua, servirá de respuesta a los quo
desean verla olvidada i proscrita.
Primeramente, es difícil hablar con propiedad el castellano,
sí no so posee la lengua madre, de que se derivan casi todos
los vocal)los i frases, i a que en la construcción i el jenio se ase-
meja tanto. ¿Do qué proviene el mal uso que se hace entre
nosotros de multitud de voces, i los solecismos que se come-
ten amenudü liablaiulo i escr¡l)icndo? Se dirá con razón que
proceden de no estudiarse el castellano; pero es preciso aña-
dir que una de las cosas que hacen mas fiicil su estudio, i
!()f^ OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
ñus llevan con mas brevedad i seguridad al uso lejítimo de
«US vocablos i frases, es el conocimiento de la lengua latina.
Ks un error creer ([iie se aprende la propiedad del castellano
con solo estudiar la f^ramática de la Academia u otra alguna.
lín segundo lugar, tampoco hai nada que facilite mas la
adquisición de las lenguas extranjeras, que el previo conoci-
miento do la latina. No hablamos de aquella adquisición su-
perficial que consiste en traducir un libro fácil, i en seguir con
soltura una conversación sobre materias familiares. Algo vale
sin duda esta adquisición, i es mucho mas rara de lo que se
piensa. Pero, considerando los idiomas como otros tantos
medios de cultura intelectual, que es bajo el aspecto que los
mira el Valdiviano, es menester ir mas allá; es menester
poseerlos de manera, que se forme una idea cabal del valor
de sus signos, i de las varias modificaciones i matices que sus
enlaces i condiciones dan al pensamiento; sin lo cual no es
posible seguir el hilo de una discusión filosófica, ni compren-
der los procederes del análisis de objetos abstractos; i todavía
lo es menos percibir el mérito de las obras de injenio, donde
se puede decir que la expresión es el todo. Para aquellos que
no poseen las lenguas extranjeras en este grado, las composi-
ciones de Racino, La Fontaine, Bossuet, o de Milton, Pope i
Byron (no decimos nada de escritores como Shakespeare i
Montaigne), pierden todo su colorido i hermosura. Comprende-
rán a bulto el sentido, pero no percibirán el espíritu que anima
las obra-j maestras do lasarles, de cuyo gusto debe empaparse,
la juventud que las cultiva. Para llegar a este punto, conce-
bimos que sirve de muclio aquel hábito de análisis filolójica,
que so forma en el estudio do las lenguas antiguas. Esta es
una llave maestra, que introduce a lo mas difícil i recóndito
de los otros idiomas. -Si se averigua quiénes son aquéllos que
mejor entienden el idioma francés o el ingles, i son mas capa-
ces de verterlos con propiedad en el nuestro, se echará de ver
que apenas hai uno entre ciento que no haya tenido la prepa-
ración do que hablamos.
En tercer lugar, para el cultivo de las bellas letras es de la
mayor importancia el latín, no solo porque sin este medio no
Latín i DSAFriio homano 309
es poaiblú, a lo meaos ea díficultosisirao, adquirir laa lenguas
extranjoras modernas do tal modo, cjue seamos capaces de
percibir el mérito (lo lo ([Ue so ha escrito en ellas; sino por el
valor incomiKirable ilo las inmortales composiciones de loa
oradores, poetas e histuriaJort;» latinos. Quisíúrumos que nos
dijese el Valdiviano, si no valen naib on su concepto las fa-
oilidades do leer a Virjílio i Cicerón en sus orijinalee, o si
cODoco alguna versión, que represento con mediana fidelidad
las belW.aH <Ie c-itÍlo i de sentimiento do estos i otros escrito-
res latinos. En aquellas obras, bebió la Europa el buen gusto;
i con ot renacimiento do las letras latinas i gríu^^, so viú
rayar otra era. La lilusofía sacudió las cadenas que babian ago-
biado bnsta entonces a la razón bumana; i desapareció de lai
oíencins la mugi-e del escolasticismo. Cundió con aquella lite-
ratura resucitada el amor de la libertad, cuyas inspiraciones
son tan enérjicos en las producciones de la elocuencia antigua.
Todo varió doaspecto. Lo mismo sucederá entro nosotros. Con
las felices dispusícioncs naturales de la juventud ctiilona,
¿cuánta no debemos prometernos de ella, si no se deja aluci-
nar por ese espíritu do vandalismo literario, quo corta ol vuelo
a las mas nobles aspiraciones del injeiiio; que, balayando a la
perena, quiei-o perpetuar la barbarie; i que condena, como ran-
cios i góticos, cabalmente los mismos estudios que desterraron
do Europa el goticismo, i la pulieron i civilizaron?
En cuarto lugar, la lengua latina c» la lengua do la rcÜjíon
que profesamos. Todo el que pueile buenamente hacer su es-
tudio, estii obligado a ello, si es católico; si no so contenta con
oír, sin entender, las oraciones i los íiiililimcs cánticos de la
iglesia; i sobre todo, si quiere instruirse sólidamente en su
doctrina i disciplina.
En quinto lugar, apenas hai ciencia que no saque muclio
partido del conocimiento do las lenguas antiguas, como que
8U nomenclatura es casi toda latina o griega. Sin embargo, no
oreemos que en el Instituti) so exija a nadie el conocimiento
previo del latín para cursar las clases de matemática.s o do
ciencias naturales. Se pido este requisito a los que so dedican
a las uíonvias oclesiúslícas; i el Valdiviano niisuiü n^conoce
OPúsu. ?7
21ü OPÚSCULOS LITBRAAIOS I CRÍTICOS
quo en ellas es indispensable. Se pide también para los estu-
dios legales, porque se cuenta por uno do los necesarios el Je
la jurisprudencia romana, i porque muchos de los glosadores
i tratadistas de la nuestra han escrito en latin. I se pide para
la filosofía, porque todos los ((uo entran en ella lo hacen con
la mira de pasar a las ciencias eclesiásticas i legales.
Pero el Valdiciano cree que es superfluo el estudio del
derecho romano i i>ern¡c¡osa la lectura de los glosadores i tra-
tadistas. Por lo que hace al derecho romano, nos parece que
no se mira su importancia para nosotros, i aun jxira la mayor
parte do los pueblos modernos, bajo su verdadero punto do
vista. Nosotros creemos quo aun la lejislacion mas clara i me-
tódica necesita do comentarios, porque no es lo mas diílcil
entender las leyes (i en las nuestras no es este un negocio de
pecjueña dificultad), sino penetrarse de su espíritu i saber apli-
carlas con acierto; operaciones delicadísimas, en que, siendo
fácil al mejor entendimiento extraviarse, no le estará nunca
de mas llamar a su auxilio las luces de aquellos que han ilus-
trado esta parte difícil de los conocimientos humanos. El ju-
risconsulto tiene que aplicar las leyes a todos los negociog de
la vida, le es necesaria por consiguiente una exacta clasifica-
ción de todos ellos; i como el número de las leyes es siempre
infinitamente menor ([ue el de los casos, i éstos varían infinito
^entre sí, sin un hilo que lo conduzca por este intrincado labe-
rinto, está en peligro de tropezar i de perderse a cada paso.
Ahora bien, el derecho romano, fuente do la lejislacion esj>a-
ñola que nos rijo, es su mejor comentario; en él han l>ebido
todos nuestros comentadores i glosadores; a él recurren para
elucidar lo oscuro, i restrinjir esta disposición, ampliar aque-
lla, i establecer entre todas la debida armonía. Los que lo
miran como una lejislacion extranjera, son extranjeros ellos
mismos en la nuestra.
Ilai sin duda en los tratadistas un lujo excesivo de distin-
ciones i de sutilezas; pero todas las ciencias tienen su lujo; i
no es mas útil, ni mas inocente, el de la zoolojía, cuando cuen-
ta las pintas que matizan el ala de una mariposa, o el de la
l>()tánica, cuando describe los mas menudos accidentes de una
latín i dbrbcho romano 21 1
planta que para nada sirve; ni se dirá por eso que la zoolojía
i la botánica son ciencias inútiles. Se abusa de las cosas mas
útiles i necesarias, i no por eso es justo proscribirlas.
Si alguna nación pudiera dispensarse de estudiar el dere-
cho romano i de consultar tratadistas, sería tal vez la Francia,
que ha reducido poco há sus leyes a un cuerpo completo,
metódico i proporcionado a la intelijencia do todos; cualida-
des en que no se le acerca ni aun a gran distancia el caos
enmarañado i tenebroso de la lejislacion española; i sin em-
bargo, se cultiva en Francia con celo el derecho romano, se le
ilustra con nuevos comentarios, i se glosan también i se co-
mentan los códigos nacionales.
Pero se dice que Justiniano fué un príncipe tiránico, i que
por consiguiente debemos, como buenos republicanos, conde-
nar a las llamas todo lo que nos venga de un oríjen tan im-
puro. Hagamos, pues, lo mismo con las Partidas, que son un
trasunto de las Pandectas romanas, i con esa multitud de
leyes recopiladas i autos acordados que dictaron los Fernan-
dos, Felipes i Carlos, en un tiempo en que los monarcas do
Castilla no eran menos despóticos i arbitrarios que los empe-
radores de Oriente. Pero no hai necesidad de hacer lo uno ni
lo otro. La forma constitucional do un estado puedo ser de-
testable, i sus leyes civiles excelentes. Las romanas han pa-
sado por la prueba del tiempo; se han probado en el crisol de
la filosofia; i se han hallado conformes a los principios de la
equidad i de la recta razón. Distingamos el derecho público
del derecho privado. El primero, que es el malo, nadie lo
estudia en las Pandectas; pero el derecho privado de los ro-
manos es bueno, es el nuestro, i apenas hai en él una u otra
cosa que necesite simplificarse o mejorarse. Esos mismos
emperadores que causan tanto horror al Valdiviano, ejecu-
taron en él reformas importantes, que lo han hecho mui supe-
rior al código de hierro de la república romana, i que han sido
adoptadas por la mayor parte de las naciones cultas de Eu-
ropa.
El dereclio romano, por (Ara i)arte, es necesario para el
canónico; es neeosario para el derecho de jenles; i si tenemos
2!í OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
la noble curiosidad do explorar las instituciones i leyes de
otras naciones i de consultar sus obras de jurisprudencia a fin
do aprovecharnos do lo muclio que hai en ellas de bueno i
aplicable a nosotros, es necesario familiarizarnos con él dere-
cho romano, cuyos principios i leníjuaje son los de toda la
Alemania, los de la Italia, la Francia, la Holanda, i una parte
de la Oran Bretaña.
(ArnucanOf Año de 1834.)
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EDUCACIÓN
I^ educación, este ensayo de la primera edad, que prepara
a los hombres para desempeñar en el gran teatro del mundo
«1 papel que la suerte les ha destinado, es la que enseña
los deberes que tenemos para con la sociedad como miem-
bros de ella, i los que tenemos para con nosotros mismos, si
queremos llegar al mayor grado de bienestar de que nuestra
condición es susceptible. Procurar bienes i evitar males al in-
dividuo i a sus semejantes es el objeto que nos proponemos al
formar el corazón i el espíritu de un hombre; i por consiguien-
te, podremos considerar la educación como el empleo de las
facultades mas a propósito para promover la felicidad humana.
El carácter distintivo del hombre es la susceptibilidad de
mejora progresiva. La educación, que enriquece su espíritu
conoideas, i adorna su corazón con virtudes, es un medio efi-
caz de promover sus progresos; i mientras mas verdaderos i
mas rápidos los haga, mas contribuye a que llene perfecta-
mente su destino el único ser que habita el globo susceptible
de adelantamientos. Si es, pues, necesaria la educación, i si es
necesario perfeccionarla con las reformas que aconseje la ob-
servación del corazón humano, es una cuestión semejante a si
es necesario promover la felicidad común i habilitar al hombre
para conseguir con toda la plenitud posible los objetos que en
su creación se propuso el Hacedor.
Si bajo todo gobierno hai igual necesidad de educarse, porque
cualquiera que sea el sistema político de una nación, sus
individuos tienen deberes que cumplir respecto de ella, res-
.n '^FCscuLús z.¡rERAh:os : chíneos
¡iC'clo do ííus familias i resjjetrto do .sí mismos, en ningunos
jiesa mas la oblitraeiun de jíDjU-jct este ramo importante Je h
jirov¡,cr¡dad social que en los gobiernos republicanos, pues
K.riin nos lo enseña la razón, i sezun lo han observado varios
aiitoreH, i entre ellos particularn:ente Montesquieu. en ninguna
UNocíaeion es mas interesante que en las ropúblioas. Eli objeta
quíj los bombres se pro|>onen en toda sociedad es la consc-
rw/inii (b; la felicidad jeneral. L/>s gobiernos republicanos no
Hori híiioIok n'presentant'rs a la vez i los ajentes de la voluntad
riariorial; i estando oblÍL^ados como tales a seguir los impulsos
dr t'Hii voluntad, nunca podrán eximirse de dedicar sus esfuer-
y.oM a í'onsíguir el tTande objeto a que ella tiende, haciendo a
lo:< individuos, útiles a sí mismos i útiles a sus semejantes por
miMlio i\r. la educación. Por otra parte, el sistema representativo
dtimorrALico habilita a todos los miembros para tener en los
nttj/ociím una parte mas o menos directa; i no podrían los puc-
blot4 dar un paso en la carrera ¡xilítica sin que la educación
fiivl»<«n bi jrneralídad suficiente para infundir en todos el ver-
d^df^'M ronociniiento de sus deberes i sus derechos, sin el cual
litj iiM|innibln Ibínar los primeros i dar a los segundos el precio
qiir* wm tniirA'cj a interesarnos en su conservación.
Mna tut todos los hombres han de tener igual educación, aun-
ijui. »ía pn-íino (¡uí: todos tengan alguna, porque cada uno tiene
dialliito modo dcconlribuir a la felicidad común. Cualquiera
qiitt títMx |(t i^tiiddiid (¡ue establezcan las instituciones políticas,
bilí oiu iMubui'i/o en lo'los los pueblos una desigualdad, no di-
i'tíiiioa jurArquiri» (c(ti(^ nunca pued(5 existir entre republicanos,
bobiv. todinm lii p<u*ti(íipacion d(5 los derechos públicos;, pero una
í|i;aiyuitliluil díiciihdicion, una desigualdad de necesidades, una
dutjiuiíitldítd dr. nn'tuilo dr vida. A estas diferencias, es preciso
qiiii bii iihiuldí^ bi cdui-iiiMon para (d logro de los interesantes fines
a ipiu bii upiífa. Varids autores, entre elbis niui notablemente
l.or.Ke, bíh íiudíurgo d(< su inUiriís por la mejora de la especie
iiiiuiaiiu, ho han conMÍderado la educación sino como un don
prc»;iotío re.tiervailo a las alias clases, si así nos es lícito expre-
sarnos para diMióUiinar aipiella ponúon do individuos que por
hWíi iuayores bienes <le fortuita, o por los hábitos de sus
EüVCAClON* Í15
padres se dedican a la profesión de las ciencias, a la dirección
de pfrandes intereses propios, o al desempeño de los cargos
públicos. Pero es no solo una injusticia, sino un absurdo, pri-
var de este beneficio a las clases menos acomodadas, si todos
los hombres tienen ii^ual derecho a su bienestar, i si todos han
de contribuir al bienestar jeneral. Estas clases, como las mas
numerosas i las mas indijentes, son las que mas exijen la
protección de un gobierno para la ilustración de su juventud.
Mas como sus necesidades sociales son diferentes, i como su
modo de existir tiene distintos medios i distinto rumbo, es
preciso también darles una educación análoga a esta situación
particular. Concluyeron entre nosotros los tiempos en que se
ncíraba la intelijencia a la masa de los pueblos, i se dividia la
raza humana en opresores i oprimidos.
Muí fácil es considerar ((ue todos los hombres son suscepti-
bles de ií^ual extensión do conocimientos; mas como no debo
tratarse de dar a cada uno sino los necesarios para la felicidad
que apetece en su estado, la cuestión debe únicamente ceñirse
a los que mas convenientes les sean.
Está universalmente reconocido que uno de los principios
de la felicidad común es hacer al pueblo lo menos pobre po-
sible. Sus comodidades aumentan indudablemente con 8U
dedicación a los trabajos lucrativos; mas, aunque ellos sean la
fuente de su riqueza, no por eso son tan incesantes que les
impidan la adquisi(*ion de conocimientos útiles i el ejercicio
dol entendimiento. Los primeros años de la vida son los mas
a propósito para esto interesante objeto. Aun considerando la
necesidad de proporcionar ventajas a las labores productivas,
sería conveniente que el liombre no se dedicase a ellas hasta
después de cierta edal, hasta que se hubiesen desarrollado com-
pletamente sus facultades; porque el hombre, como todos los
animales, no puede producir toda la utilidad de que es capaz,
.si una aplicación prematura al trabajo, no le deja adquirir el
vigor i madurez que se necesitan en él. Sin estas calidades,
sería contrario a la producción, a la economía, a la salud, esc
mismo trabajo, que es un manantial de prosperidad, cuando se
emprende después de los primeros años. Pero si esta época pre-
'216 OPÚSCCLOS LITER Aillos I CRÍTIC05
cifj^n ih: la vida en que toclavía es improductivo el brazo del
hombre, se emplea en ilustrar su entendimiento, en refrenar sus
pasiones, i en inspirarle el amor a la ocupación i el hábito de las
virtudirs, se harán incomparablemente mas útiles a la sociedad
i a él mism ' las ocupaciones que le procuren después lo nece-
fifirio para su subsistencia.
iJe los dos ramos a que puede reducirse la eilucacion, esto
es, la formación del corazón i la ilustración del espíritu, el pri-
mero en sus principios fundamentales no puede ser debido sino
a la educar-ion domdstica. Las impresiones de la infancia ejer-
cen sobre todos los hombres un ¡wder quo decide jeneralmcnto
de sus hábitos, de sus inclinaciones i de su carácter, i como la
época en que ellas emplean su poder es cabalmente aquella en
que no conocemos mas directores de nuestra conducta que los
padres, claro es que a ellos hemos de deber esta parte del ejer-
cicio de las facultades, que sería demasiado tardía si la retar-
dásemos hasta hallarnos en aptitud de recibir la educación
pública. En los primeros períodos de la rejeneracion de un pue-
blo, i de una rejeneracion como la que hemos experimentado
los americanos, es casi imposible conseguir la perfección en la
dirección de la niñez del corazón humano; hai vicios en las cos-
tumbres; las virtudes son mas bien obra del instinto que de la
persuasión, i esta situación moral no permite que la educación
domestica se ciña a reí:!^las fijas, cuyas aplicacron decida del
buen éxito. Mas, mejorándose sucesivamente las jcneraciones
con el auxilio de la educación pública, no es difícil presajiar
quo llegará el dia en quo iK)damos hacer jeneralmente un uso
benéfico i filosófico do la autoridad paternal.
Por lo que hace a la educación pública, no es necesario em-
plear muclios raciocinios para probar, como ya lo liemos indi-
cado, quo no debe ceñirse a preparar a los hombres para las
<listintas especies de carreras literarias i para las profesiones
mas elevadas; porque no es el bienestar solo de una pequeña
porción do la sociedad el que se dcbcj promover. Ponerla a el
alcance de todos los jóvenes, cualesquiera quesean sus propor-
ciones i su jénero de vida, estimularlos a adquirirla, i facilitar
esta adquisición por la multiplicidad de establecimientos i la
uniformidad de mítodos, sun medios efiíaccs ¡¡ara dar a la edu-
cación el impulso mas conveniente a la pros¡)(;ridad nacional.
Esla es deüjmcs de nuestra cmnnc^ípaeion una de las mas im-
portantes reformas: educados para oljedecfr, careciainos de
neocsidades intelectuales; pero elevados a una jerai*(¡uía iK>l¡tíc'4i
análoga a lu naturaleza del hombro, las hemos visto nacer con
nuestra trafifunnacion aoeial, i observamos cjuo coda día ensan-
cha la eív¡h/.aci(in el eíreulo de ellaa.
Parece diñeil a primera vista dar a la instniccion púhlicA
una jeneraliilad tan grande ((uc se consiga ponerla a el aleancc
de todas las clases. Pero ¿i|ué obstáculos se presentan on nin-
guna sociedad que no puedan ser allanadoií por leyes acomoda-
das al carácter, a la índole, a las necesidades i a la situación
moral de cada pueblo? Es preciso reconocer también que por
nuestra íiTtuna nos hallamos ya en un siglo en que no nece-
sitamos abandonarnos para la reforma du nuestros pueblos a las
inspiraciones del jenio, sino que tenemos ejemplos tpie seguir,
i podemos acnjernos a los auxilios do una fecunda ex|)erienGÍa.
Por numerosa que sea la clase menos acomodada de nuestra
población, no es, felizmente, el ilustrarla una obra superior a
nuestros esfuerzos. Al principio sería talvez difícil lograr quo
loa padres se desprendiesen espontáneamente de sus hijos con
ol estímulo de adquirir bienes cuyas ventajas desconocen; poro
¿cuántos resortes no se podrían emplear para obligarlos a esto
sacrílicio, que no se consideraría como tal, sino mientras no se
reportasen lus primeros frutos? Después, el instruirse so baria
una necesidad imprescindible, i sin ningún trabajo so verían
pobladas de alumnos tas o-scuelas. A este celo debo la Prusis
el que apenas se encuentre en su territorio un joven quo no
sepa leer i escribir.
Para jeneralizar i uniformar a un mismo tiempo la ins-
trucción, nada mas obvio i eficaz que la creación do escuelas
que formen a los profcaorcs. Consultando en ellas la ¡«rfeccion
i la sencillez de los métodos, i diseminando después a los alum-
nos aptos por todo el territorio de la república, como otro»
tantos apóstoles de la civilización, hallaría ta juventud en todaa
partas los mismos medios de adquirir esta importantísima ven*
218 OPÚSr.lLOS LITEIIARIOS I CIlÍTICOS
taja, i hal)¡l¡tarsc para dedicarse desdo temprano al jénero de
indtislria que del)¡a proporcionarle recursos para su subsisten-
cia. En varios puntos do Europa, i con mas escrupulosidad en
el norte de Alemania, se fomentan con un éxito felicísimo esta
clase do establecimientos.
El círculo de conocimientos que se adquierenen estas escue-
las erijidas para las clases menesterosas, no debe tener mas
extensión que la que exijen las necesidades de ellas: lo demás
no solo sería inútil, sino hasta perjudicial, porque, ademas do
no proporcionarse ideas que fuesen do un provecho conocido
en el curso do la vida, se alejaría a la juventud demasiado de
los trabajos productivos. Las personas acomodadas, que adquie-
ren la instrucción como por una especie do lujo, i las que se
dedican a profesiones que exijen mas estudio, tienen otros me-
dios para lograr una educación mas amplia i mas esmerada en
cx)lojios destinados a este fin.
En cuanto a las nociones que haya de adquirir esa gran por-
ción de un pueblo (jue del)e su subsistencia al sudor de su frente,
i que es en gran manera digna de la protección de los gobiernos,
i debe (considerarse como uno do los instrumentos principales
de la riqueza pública, no presenta dificultades la cuestión. Los
j)rincipios d<? nuestra relijion no pueden menos do ocupar el
primer lugar: sin ellí)s no podríamos tener una norma quo arre-
glase nuestras acciones, i que, dando a los extraviados impulsos
dtd corazón el freno de la moral, nos pusiese en aptitud do
llenar nuestros deberes para con Dios, para con los hombres
i para con nosotros mismos.
(Jomo (jualquiera (pío sea el ejercicio que se adopte, no po-
demos prescindir de las relaciones con los demás individuos,
i como para (»1 (tuitivo de estas relaciones no basta solamente
la palabra, leer i escribir es una necesidad indispensable a todos
los hombres, que sin este auxilio carecerían también de medios
para conservar en seguridad i en orden los pocos o muchos
negocios a que se entreguen. ¿Cómo confiarlos exclusivamente
a la débil i falible custodia de la memoria?
La lectura i la escritura no se conocerían sino de una manera
muí imperfecta, si no se agregase a ellas el estudio de la gra-
EDI r.ACION 1VJ
miUíca, i no j)Oílrian prestar toda la utiÜilaJ que se puede es-
perar de ellas para el ejercicio de cualquiera profesión, si, con-
tentos solo con estos coninrimientos, prescindiésemos de la
aritmética. Este ramo, uno de l.»s mas importantes de la edu-
cación, porque es el que mas constante i frecuente aplicación
tiene a las relaciones do los hombres, no puede ser ignorado
sin que se hag'.i sentir su falta a cada paso de la vida; desde
las mas cuantiosas i extensas especulaciones mercantiles hasta
el ramo de industria mas pobre i mas humilde, necesitan do
su auxilio.
Tal vez sería demasiado exijir en la infancia de nuestros puc-,
blos, pero no |>odria menos do ser grato a los amantes de su
prosperidad; no ceñirse a la adquisición de estos conocimientos
necesarísimos, i enriquecer la Ovlucacion popular con otras ideas
no tal vez indispensables en el curso ordinario de la vida, pero
que elevan el alma, proporcionan medios para ocupar con pro-
vecho los momentos que dejan sin empleo las tareas que forman
nuestra ocupación principal, i constituyen la felicidad de mu-
chos instantes de la existencia. Entre estas ideas, se pueden
contar como mas interesantes algunos principios de astronomía
i do jeografía, no enseñados con la profundidad de que son
susceptibles estos ramos, i que requiere la posesión de otros
elementos científicos, sino en lijeros compendios i en forma de
axiomas i noticias, i algunas cortas nociones de historia, que
den un conocimiento del mundo en lossÍL^lospa.sados, i délos
acontecimientos principales ocurridos desde la creación. Aun
cuando estas reducidas nociones no hagan mas que excitar la
curiosidad, e infundir para satisfacerla la afición a la lectura,
se habrá heclio un bien positivo a la población. iCuantas horas
perniciosamente sacrificadas a los vicios o penlidas en el ocio
serán empleadas en un útil recreo! Talvez podrán parecer estas
indicaciones sujeridas por un deseo cxajerado e irrealizable de
innovar; jKíro mui fácil será convencerse que no hai en esto
exajcracion ni quimeras, si se considera que aun en muchos
puntos do la India se ha dado por los misioneros ingleses toda
esta i talvez mas latitud a la educación de las clases mas mi-
serables.
^20 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
Mas, si por no ser de primera necesidad estos ramos de cn-
neñanza se pueden omitir en los primeros tiempos de nuestra
transformación social, no es posible que suceda otro tanto con
el conocimiento de nuestros deberes i derechos políticos. Reji-
dos por un sistema popular representativo, forma cada uno parte
de eso pueblo en quien reside la soberanía, i muí difícil o impo-
sible es conducirse con acierto en esta posición social, si se ig-
nora lo que podemos exijir i lo que puede exijir de nosotros la
sociedad. El estudio de la constitución debe, por consiguiente,
formar una parte integrante de la educación jeneral, no con la
profundidad necesaria para adquirir un conocimiento pleno del
derecho constitucional, sino recomendando solo a la memoria
sus artículos, para ponerse al cabo de la organización del cuer-
po político a que pertenecemos. Sin esto, ni podremos cumplir
jamas con nuestras funciones como miembros de él^ ni tendre-
mos por la conservación de nuestros derechos el celo que debe
animarnos, ni veremos jamas encendido ese espíritu público,
que es uno de los principios de la vitalidad de las naciones.
Nunca puede ser excesivo el desvelo de los gobiernos en un
asunto de tanta trascendencia. Fomentar los establecimientos
públicos destinados a una corta porción de su pueblo, no es fo-
mentar la educación, porque no basta formar hombres hábiles
en las altas profesiones; es preciso formar ciudadanos útiles,
es preciso mejorar la sociedad; i esto no so puede conseguir
sin abrir el campo de los adelantamientos a la parto mas nume-
rosa de ella. ¿Qué haremos con tener oradores, jurisconsultos
i estadistas, si la masa del pueblo vive sumerjida en la noche
de la ignorancia, i ni puedo cooperar, en la parte que le toca,
a la marcha de Jos negocios, ni a la riqueza, ni ganar aquel
bienestar a que es acreedora la gran mayoría do un estado?
No fijar la vista en los medios mas a propósito para educarla,
sería no interesarse en la prosperidad nacional. En vano desea-
remos que las grandes empresas mercantiles, los adelanta-
mientos de la industria, el cultivo de todos los ramos de produc-
ción, proporcionen copiosas fuentes de riqueza, si los hombres
no so dedican desde sus primeros años a adquirir los conoci-
mientos necesarios para la profesión que quieran abrazar, i
EDCCACIOX '22
si por el hábito de ocuparse que contrajeron en la tierna edad,
no se preparan para no ver después con tedio el trabajo. Las
impresiones de la niñez ejercen sol)re nosotros un puder irre-
sistible i deciden por lo común de nuestra folit-idad. Difícil es
que el que deja pasar este período hermoso de la vida sumerjido
on el abandono, el que no aprendió desde niño a sojuzgar la
natural inclinación al ocio, el que no se ha creado la necesidad
do emplear algunas horas del dia, pueda después mirar sin
horror el trabajo i no prefiera la miseria al loíjro de un desa-
hogo i de unas comodidades que juzga demasiado caras si las
compra con el sudor de su frente. Con seres de esta esi^ecie,
¿habrá moral, habrá riqueza, habrá prosperidad?
{Araucano, Año de I83G.)
FOMENTO
DEL KSTÜÜIO DK LAS CIKNCLVS FÍSICAS I MATK.\LKTI(:AS
Es sabido que, a pesar de la propagación i adclantaniieiito.s
que obtiene en nuestra época la ciencia econóniico-ixjlítica, ¡
do haber sido jeneralmentc adoptada como base d<; lejislacion i
administración entre los pueblos cidtos, sus mismos principios
han sufrido notables excepcion(?s, seijun las circunstancias do
los países en que han sido introducidos o aplicados. I'Istas «fxcop-
ciones las notamos mas o menos practicadas en las antij;^iiaH,
como en las nuevas naci<jiios, en los pueblos adelantados en
civilización, como en aquellos que nacen a ella, cuando na
trata de leyes protectí)ras de las manufacturas o de las artí»H, i
aun de los productos del suelo, i>or medio d«í premios i estímu*
los en favor de éstas, o de prohibiciones i trabas al <romer(;ío
de afuera.
No es nuestro ánimo recomendar [Kjr ahora senH'jant^'H trab.iH
a nuestros lejisladores; aunque desearíamos v^t tratada a fondo
la cuestión por nuestros hombres de ciencia, H^ibre hawta qu/í
punto convendría adoptar o rcí.ha/^'ir por alioru las opínjon^'s
de los economistas, con aplicación a nuentro país, i qtiíí «e ihiU
case al menos qué jéneros de induj^tna del;4;ríari introducirme
o fomentarse con el tiempo.
Entre tanto, creemos por nuestra partí; que léjoH d<í d<*jar
absolatamffnt.r* al íntererí individual, o al tieiij|;</, i:| itrnp<:ño
de introducir alíruno» artí;í;ji/:los o manufa^turaH, |/'Jon ti.
TV5CLL05 LITERALJOS I CRÍTICOS
aljaníl'jnaiT.'iis ¿.irjtimcTiL'? a la esperanza de que con el acre-
<x-ntami-r:ito Jv j».bla.ri'jn i nquí-za. se establezcan en éjxxía no
*li?ííar.t<; l:ib iníinuía.tiira- mas es«j:2ciales o las mas propicias
para el incTemento Je csti riqu*'Zti i o rupacion del pueblo, es
indispensable que la acírion de la Idi^latura i el ijobiemo se
emplee desde ahora en preparar i apresurar aquella época, en
cuant-j se pueda, si no tememos verla ín.lefinidamente retarda-
"!a. o que, cuando ella llegue por la naturaleza de las cosas, o
^'.a en fuerza de las necesidades públicas, su marcha sea to-
<lrivía dema:»iado lenta o incierta.
La alianza o unión estrecha que existe actualmente entre las
urtes i manufacturas i las ciencias físicas i matemáticas, nos
trazan por fortuna el camino que deberemos seguir desde luego
para prepararnos a recibir las primeras con scíruridad i prove-
cho; i hé aquí también, en nuestro concepto, lo primero con que
delxírá favorecerse a nuestra futura industria manufacturera;
las ciencias físicas i matemáticas deberán ser la antorcha que
preceda i alumbre esta marcha o este gran progreso; i toca al
gobierno estimular su estudio, propagación, cultivo i adelan-
(amiento, precisamente en uno de los pueblos mas bien organi«
zados o dispuestos para esta clase de estudios, i cuya juventud,
aun sin semejantes estímulos i sin aplicación alguna lucrativa
<le estas ciencias, no ha cesado de manifestar su aQcion i preCo
rencia a ellas.
lis, pues, indispensable que se críen, aun cuando fuera arti-
íicialmcnte o sin mayor utilidad por ahora, los estímulos o
carreras mas propias para mantener i propagar entre nosotro.s
el cultivo de unas ciencias que podríamos llamar las mas útiles,
si no se considerase su aplicación bajo el aspecto del incrc-
menti; de la riqueza púl)Iica, al menos en cuanto sirven para
bcnciíiciar un número mayor de individuos, contribuyendo cíi-
cazni(»nto a proporcionarles ocupación i conveniencia, i a me-
jorar por consiguiente su condición moral i social. Ellas debe-
rán s(Tvir mui pronto, i aun antes del establecimiento de la
industria manufacturera, para ser aplicadas a la agricultura
i a la minoría, que, como es sabido, so hallan felizmente en
progreso, i (juo no tardarán en llamar jonralmento en su auxilio
rauBNTD iiBL KSTi'ud UK [-U cttucu» rteuus m
a laa cluncios, Ksto ompicxa ya a sucotlcr piuvialmcntc, al
menos, eii fLicr¿a de lat multiplicadas subdivisiooes de los
ti«-nLs, cjue proporctunan orupacíun a )•» a^rimensQres, ido
las máquinas Iiídráulii-aa t de uiras cla.s«3 (¡iie w CAtin intro-
ducienda en la agn<:uUura, lus caiinlt» du hv^, los diques i
otras construixuoncs cicntífiísLs, sin tiumvru- la de los bonwii i
domas ramos igualmente cienlifluos q»c eun majnrr razón neo»*
sita actualmente la minería.
Mas las ocupaciones o cmpleu» i|ut-> xc dan al presente a los
hombres de ciencia, cütiín léjo^ do ser sulicicnli»i para aorvir
lie estímulo o de una carrera segura q;ic dí^terminu al estudio .
constante de ella. Por esta razón, vemos no ihjcos vei-rs sus-
tituido al estudio de las matemáticas, entre jóvenes que ya
liabian hecho con fruto lu milarl del camina, ct do la IcjUJocion,
que dcbia proporcionarles una existencia mas honoriljca, i so-
bre todo mas cierta, a pesar del número excesivo, al parecer,
tte abogados que se cuenta en el dia, i que siempre oblíono la
preferencia en casi todas las carreras.
Felizmente el goliicmo ha prosentido esta necesiilad, i pro-
visto el futuro importante destino de las ciencitis; i sin aguar-
dar a que se complete o ponga on ejercicio el reglamento de la
Universidad, o sea el plan jeneral de esturlios para la rijpuhlica,
que se está trazando, se propone desde luego el c-stableeimionto
de un cuerpo científico de injenieros civiles, dut^idu por la
nación, i al que serán llamados los jóvenes que mas se tiayan
distinguido en el estudio de la.s matemáticos; quienes al mismo
tiempo de recibir o«le fomento, serán distribuidos u empleuilos
útilmente en los diversos trabajos que ro([uiertí ot estado del
país, para la mejora i comodidad de la.s poblaciones i princíivil-
monte de loa caminos, canales, puertos í demás medios do
oomunicacinn. El servicio de estos injcnicros no sw hallará
limitado a los trabajos que emprenda la administración en la
capital o en las pi"ovineÍas; se pundrún n disposición do los
particulares, siempre que se trate do alguna empresa nueva
o de utilidad mas o ménüs directa [«ira el público, en que so
requieran conocimientos especiales o ciontifleos; i esto será
íambicn un nuevo medio de fomento qu<^ pueda prestar el j^n-
226 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
bicrno en favor de semejantes empresas, i do lucro a la vez para
la clase distinguida de injenicros.
Ademas de esto, existe desde algún tiempo en la capital de la
provincia de CoqnimI>o un colejio de minería, cuyos progresos
apunas lian sido percibidos del público, a pesar del esmero de
su director i sus eminentes conocimientos, i de la constancia
i aplicación do sus alumnos. Varios de estos están ya al con-
cluir su carrera, sin que falten algunos que so hayan hecho
notar por su habilidad o extraordinarios adelantamientos. La
mano protectora del gobierno se extenderá mui pronto hacia es-
tos jóvenes beneméritos, que con menos estímulos todavía que
los matemáticos de la capital de la república, no han dudado
en lanzarse por una semla sembrada de dificultades i contra-
dicciones. Otro cuerpo de injenieros de minas ha entrado ya
en los cálculos del gobierno, debiendo salir de él los peritos
que establecen las ordenanzas de minería en cada asiento^i que
nunca han podido plantearse por falta de sujetos idóneos; los
cnsayíidores de metales en las casas de moneda i cerca de las
aduanas, por donde se extraen las barras i pastas, sin mas
avaluación que un cálculo aventurada i perjudicial igualmente
al fisco i al minero; i saldrán finalmente los muchos injenieros
do minas que necesitan o necesitarán con el tiempo los parti-
culares para sus nuevas construcciones i empresas.
Convencido por último el gobierno do la necesidad de que,
tanto los inJLMiieros civiles, como los de minas, se perfeccionen
en sus respectivas profesiones con el examen i estudio práctico
que i)roporci()nan los viajes en países mas adelantados, pro-
pondrá a las cámaras l(»j¡slativas que se d(*stine alguna suma
para esto objeto, con la mira de que cuatro al menos de estos
injenieros se hallen continuamente viajando; do modo que
puedan sustituirsí^ unos a oLn^s en semejantes viajes cada dos
o tres anos.
En la pre])ara(rion i reali/acion de estos proyectos, sabemos que
se ocupa aefualmeiiUM»! gobienu); ellos (le])erán conducir desde
liici>o. scüfiin los principios anteriormente expuestos, al mayor
(IrsL'ii volvimiento i i)rocrr(;so do nuestra riqueza nacional en
sus (los principales ramos dn airritaillura i minería; i deben
FOMENTO DEL ESTIDIO DE LAS CIENCIAS FÍSICAS '227
preparar las vías para la inlroiluecion de las artos i las ma-
nufacturas en una época, (juc nos lisonjeamos en creer no
esto muí distante de la iiiiostra; tonióndose siempre presente
que los pueblos mas ailelantudos en esta carrera, deben su
prosperidad a la propagación de los conocimientos cientíticos,
que han j)ermitido a cada empresario de una manufactura cual-
quiera, tener a su disposición los servicios de un i:i;«Miieix) o do
un maquinista para auxiliar sus trabajos. Prosi-iiulimos de los
descubrimientos i aplicaciones importantes que i)ueden hacerse
por los sabios en países enteramente nuevos, i los diferentes
píXKluctos que para las manufacturas i el comercio podrán sa-
cai'se de nuestro suelo; i baste por ahora la consideración délas
ventajas conocivlas e inmediatas que debo derivar el país del
cultivo de las ciencias físicas i matemáticas, para que manifes*
temos nuestros velicmenles deseos de c[ue la realización do los
proyectos del crobierno no sea retardada o embarazada por nin-
crun evento.
•Arnurnno, Ano do lí<U.)
REFORMAS \TCESARL\S
8í la solidez de pñnTcpsj^ e iies§ ^ 1k c¿LjeQD& x^ íxn.
tan jeneralmente raoüectcáii ea cas: ^:ii.i£ S3s aciij^. d«de ipe
esle país perieo&x « «i iBism<, a fc^ssaor^ «p'xsL «a qoe «s£a
preciosa calidad ha r- lacáio xnai ^e «q BXBigUBa cCra. bKíaria
para fijaiia a los oyj& dd méoos «x^serraics', cxzi':> pacoliar o
distintÍTa del carácter nacáonaJ. X j dcs deftm^Jremas en reoor-
dar aoontedmientús pasados, i ni fiiq[iikra lo» del aa3 que acaLa
de terminar 1841 , tan ftcimio en hachos qpie al^stignan i
proclaman aqudla Teriad: nv» bastará fijarnos p3r un m'>
mentó en lo que pasa actoalmentc. i preguntamos a nosotros
mismos: ¿a qué aspira, o qué es lo que desea el país?
Por nuestra parte, creemos haber interpretado fielmente estas
aspiraciones o deseos de la nación, siempre que hemos hablado
de una libertad política racional i moderada, tal cual la dis*
frutamos actualmente; del mantenimiento de la paz interior i
orden público, sin mezcla de temores para lo venidero, como
felizmente se presenta a nuestra vista, en fuerza de los hechos
a que hemos aludido antes; de reformas i mejoras en el orden
judicial, para asegurar con nuestros derechos individuales osta
paz pública i aquella libertad; del cumplimiento i realización
de la leí fundamental en todas sus partes, como en las leyas
del réjimen interior, de la instrucción pública, organización
de la milicia, etc.
Finalmente, nuestro gobierno comprende sus deberes a esto
230 OPÚSCULOS LlTEnARIOS I CRÍTICOS
respecto, i no depende de su mano el que no se hallen en gran
parto provistos i ejecutados; conoce las necesidades del país i
sus deseos, i liacc cuanto es posible para satisfiícerlos. Mien-
tras que el pueblo a su vez, justamente conQado en la buena
voluntad i patriótico empeño del gobierno, marcado en todas
sus acciones, parece aspirar únicamente a mejoras materiales,
o a aquellas sobre todo de que dependen el fomento de la ri-
queza i el bienestar jeneral.
Por oso, creemos también haber asegundado los deseos del
país, cuando hemos tratado de estas mejoras materiales; de la
remoción de los obstáculos que so oponen a su realización, o a
los adelantamientos industriales; de la necesidad i urjencia do
atender a los caminos existentes i abrir otros nuevos, así como
do la navegación interior i de nuestras costas; de las provincias
del sur i su incremento, proporcionándoles la necesaria comu-
nicación entre ellas mismas, de un moílo estable i seguro, i sin
la fuerte burrera opuesta a la civilización i adelantamiento por
la barbarie de los araucanos, enclavados en el centro de aque-
llas provincias, etc., etc. I creemos haber penetrado el espíritu
nacional, proponiendo o indicando los medios conducentes a la
consecución de aquellos objolos, o la parte al menos quo son
llamados a tomar (d gobierno i cuerpos leji.slativos en los di-
versos ramos de fomento.
Mas esta parlo, o la cxlcnsiou desús operaciones, solo puede
medirse por el estado de nui'slras rentas, o el sobrante que ellas
presenten sobro los gastos de prinieru necesidad, para auxiliar
con él los tr¿il)a¡t)s púl)lieos de ludo j-.'nero; que de otro modo,
no es posible lleiruen a verilicarse, por falta de especuladores
para empresas enteramente nuevas o desconocidas en estos
países.
De aíjuí la neeesida.l primordial que reconoce la nación, do
(jrandc-^ oconou}!:}^^ o lo (jiiees lo mismo, de arreglos íinancie-
ros en todos los deparUunenlos liseales, que deben producirlas;
sin tocar por eso a dotaeiones esenciales para el mejor desem-
peño de los diversos ramos del servicio i)iiblic.), o sin una parsi-
monia, talve/. demasiado pequeña i minuciosa, que pudiera
llevarnos a los extremos, i que, lejos de inlluir en el aumento
(le la renta, mas bien puJicra c*»nlriljiiir a su J.va'l'-n-.-ia: como
sucedería principalmente con una diminución j. -j c-.»n?íiJenwla
on el número i dotaciones de los funoi'.marl /s «. ii.ar/alus de
la recaudación, manejo i l¡iju¡dav.i »n d«:* e-i'as n.-nt '.s.
ríe aquí las economías o arroi^los qn--' nos licm .-s íiír«vido
a recomendar al cuerpo leji.slativ *k::í i:i:is de u:¡a r^jífri-n. prin-
cipalmente cuando hemos tra'ad»» d»*! «•in;;p--íit'» extranjero, i
que nunca ha di\scuilad » el a<*tM;il ír'j];i«-:*n j. > ■an.'S pormitidM
en esta parte referirnos al m«'ni»> a l-i- d-* r-.í -^ i disjj<.isic¡o-
nesdel departamento ih: haci»nl:i, in«-«-rt'.»?> en l.?«dví> números
anterioi*es de este pajud.
El primero de ellos, que ticno pi'»r ul/j'.'!o la presi-ntaciun i
arreglo de las cucnt is di^ c:!-l"i i ¡>r ■> ijíUí.-Im- anurd^s, es
comprensivo, a nuestro mo !•» de v*t, d. • i) 1 j un ^ist«-!ii.i ente-
ramente nuevo; es la cjivu-rion pL.iía i ri«(»:a de la leí funda-
mental en esta materia, o su co::i^ji<.'m''nt> indi.>pensalilc; la
realización sustancial del sistema rupr<.sentativo entre nosotros,
i una de las mejores prendas de dcs¡nt«res i amor al ónlen
constitucional, que pueda dar un .í;:oL¡erno. Con justa razón,
pues, el presidente d<í la repúl/ii^-a, en el preámbulo de í^stc
rK)table decreto, consi.lera la nccesida 1 de establecer, por medio
de él, en la administración de las rentas nacionales, «un orden
que ponera en armonía la h-tra i espíritu de la constitución
política del estado, cun el sistema du cuenta i razón vijeote
en las oficinas de hacienda, i fjtijj Itíjrjn e/ec/¿/:a la resj^Ofisa"
biliflad chj los ñiiai'<tru> d'í fl''.<¡faclio.^
No culpemos a nadie, ni a ninL'"unacpoca, de que esta respon-
sabilidad, no s(i haya heclij ánt»ís de ahora tan efectiva, como
al presente; yran les trut js i útiles lecciones nos han Icí^ado las
épocas precedc¡it(.*s, i nunca faltaron a sus hombres de estado
ocupaciones vitales (juc debían absorlxjr todo su tiempo. A
esta causa, sin duda, d»'be atribuirse el retardo en la presen-
tación de las cuentas de irasLo.-:» i presupuestos a cada lejislatura,
i la prontitud o prr.:ip¡taci<.iu con (|U(; se apresuraban a apro-
barlas i saneiouarla.s. Kn adi^lante, u^raeias a la tranquilidad
de que disfrutamus i a la liberalidad del dí:creto que nos ocupa,
i\slus cuentas i pre.iupueslos d'íberán sírr presentados en lo»
t: *.m.:« irm tivg :
ini? :^±r^X: Jlis j^ i\ í*s¿.?Q ordinaria de las cámaras,
ffj -fl nisii»: ^.itr^rz-y el cimiiio a la mas libre i dete-
z^Lí Ijsc'zsíi'z ií Ha :nT»>rtantcs piezas de estado, i somc-
tKC: L: •»¡i rZii- A li T^^^iTA mc-oaal eí coadro completo do sos
A pesir 3í -rsí.:'- seríi mui peyaeño el fruto de semejante
CcE¿:iri, : se joirti eluiir ficilraente. sin las reírlas i trabas
csíab a*í1jl5 ea el c::aÍ3 d-ítr^to, en tSrJen al modo de llevar
las cuentas i? los pTe?3pa*?t.>? en caJji ano de los ministeríoB,
en la coa:aJ'jrii raaT:r i »?n ti.iJas las oficinas pagadoras; sien-
do necesario este coa^ferto. para que no se disponga en un
año de I-?s fjn-ioí? destinados al anterior, que no puedan
exeeier^e lz< sumís votadas para gastas extraordinarios, im-
{K^vistút?, de befieñeencta, utilidad pública, etc., i que re-
caiga, en una palabra, la responsabilidad real i efectiva sobre
el funcionario a que corresponda. Porque es evidente que las
oGdnas pagadoras, sin conocimiento, como ban estado hasta
ahora, de lo que se libraba para los gastos mencionados contra
cada una de ellas, nunca podrian decidir, si estas libranzas
e!Lcoilian o no a los presupuestos; circunstancia que igualmen-
te debía ignorarse |X)r los mismos ministros del despacho, por
falta de una oficina central que llevase la cuenta de tales li-
branzas, i de un rejistro manual de ellas en cada ministerio,
que pudiese consultarse i con el que debiesen ser confrontadas.
Es inútil decir que el citad;) decreto precave todos estos ma-
les para lo sucesivo; sus provisiones fáciles i sencillas están a el
alcance de todos, consistiendo una de sus calidades mas reco-
mendables a nuestro modo de ver en la claridad de sus disposi-
ciones, i la simplificación que establece en el modo de proceder
en la materia, ahorrando al mismo tiempo inútiles i complicados
trámites.
Igual carácter presentan, sin duda, los decretos del mismo
departamento sobre arreglos en la administración i economía de
la renta que acaso mas los necesita, i que por medio de ellos,
puede lle;,^ar a hacerse considerablemente mas productiva para
el erario i menos gravosa para el comercio i los contribuyentes
o consumidüivs de la especie, a los que puede ademas propor-
oiondrscles en mayor sbundancia i <le mejor calidad que huta
ahora; so comprende que tratamos de la reota de btbacovi d^
mas especies estancadas, sohre cuya prorístoo, príneipcdmnrie
en las provincias, se han elevado i elevan tantas qu'-jas; loe
decretos a que acabamos de hacer referencia, son dcMinadoa
a remediar en gran parte el mal, i asegurar U mas recta i ptns
administración de las oficinas (listantes i sulialtema.4; mientras
que se preparan otras medidas, cuyo efecto ncceaaño deberi
ser la Biipresion casi total del contrab.indo de los tabacoff, na
mayor costo ni violencia, i la bondad en las calidades ([ue M
introduzcan i distribuyan en lo sucesivo por cuenta del TtMco.
No debe olvidarse que esta renta fue especialmente afectada al
pa^ de lo9 ilividendos i amortización de la deuda extranjera;
i quo su producto, por consi^icnte, se creyó mas quo bastante
para satisfacerla; ignoramos si semejante cálculo, fundado nín
duda en el producto probable de la renta bien ailministrada,
fué o nó exacto; pero están a la vista de todos los rcRultados;>
esperemos, sin embargo, que el gobierno, ascgundailo por la
operación do sus medidas i por la deferencia i buena volun*
tad de los acrccdoi-cs británicos, pueda conseguir, al mismo
tiempo, un arreglo equitativo para el pago i gradual extinción
de la deuda diferida, i un aumento sustancial i progresivo de
rentas con que le sea dado cumplir exactamente con tan sa-
grado empeño.
Atan importante On, i al de poder aplicar algunas otras
entradas, o ol sobrante de todas ellas [después de satisfechas las
mas urjentes necesidades del servicio público) a los primeros
medios de fomento de la riqueza nacional, — deberá contribuir
en gran manera, según lo dejamos indicado, el arreglo de las
demás rentas que prepara el gobierno, i principalmente el del
orden económico de las aduanas, sus tarifas i el cntrepucsto,
para quo ha sido autorizado especialmente el señor ministro
del ramo. Sus trabajos preparatorios en esta parte, son ya bas-
tante interesantes i extensos; i deberán ser concluidos i puestos
en ejecución antes de la sesión venidera del cuerpo K'jtslativo,
a cuyo efecto se trasladará mui pronln el expresado señor mi-
nistro a Valparaíso.
234 OPÚSCULOS LITERAUIOS I CRÍTICOS
Entre tanto, nos os altamonle satisfactorio i>crcibir |x:)r la»
discusiones del cuerpo lejislativo, por sus votos de confianza
al gobierno, i las reciiMites publicaciones que han aparecido so-
l)ro las rentas de la república, la parte que toma ahora el paí-s
en una materia que antes parecia complicada, oscura i por lo
mismo inubürdable o tediosa, aun para aquellos que debian
■
entender en ella. Es una señal lisonjera de IjOS tiempos presen-
tes, del adelantamiento de las ideas e instituciones, i del de-
senvolvimiento d(» aquella notable calidad del carácter chileno
a que hicimos referencia al principio, i sobre la cual podemos
fundar salvamento nuestras esperanzas de orden i estabilidad
i de verdadero i sol ¡fio ])roírreso.
11
Entre las mejoras o reformas que piden con preferencia el
esta lo del país i la opinión nacional, señalamos en nuestro
número anterior la organización judicial i la do la instrucción
pública, como exijcncias o complementos indispensables de la
constitución del estado. Aunque el texto do ella i su encargo a
las próximas lejislaturas no fueran tan expresos i urjentcs, el
mismo estado de i)rosperidad a que ha llegado el país, por
medio del orden público, felizmente establecido, el de su orga-
nización política casi consumada, el desenvolvimiento de su
industria, aumento de población i riqueza i mil otras causas,
concurrirían a demostrar la necesidad de estas reformas, sen-
tida i palpada casi en todos los momentos do la vida pública i
aun privaíla de los chilenos. Así también creemos que no haya
habido otras mas reconocidas por la opinión solemnemente
expresada en casi todas las lejislaturas, antes i después de la
gran convención, ni mas recomendadas en los mensajes, me-
morias i otros papeles de estado.
Los demás ramos del servicio público habían recibido de
antemano alguna organización que ciertamente no podia lla-
marse perfecta, pero que al menos era extensa o comprensiva
del mismo ramo. De este modo, la organización del ejercito,
nacida con la lucha de la indoj.cndcncia, o de la necesidad de
la defensa del país, fué cum¡)l(ítada hicii pronto; i hoi i>o.see el
estado militar sus ordenanzas i leyes uriránieas, con un minis-
terio i un esta. lo mayor que velan sobre su observancia, i
trabajan en su mejora o a'lelantamiento. \o habian sido menos
favorecidas la hacienda pü!)liea i casi todas las a.l mi nist racio-
nes que dependen do ella, al menos en estos últimos años,
aunque se reconozca la necesidad de su mejora c^í'^ilnal, o do
las granflcs ocononiías a íjuc aludinus en otra ocasión recien-
te. También hemt)s llama lo la atención hacia los beiiefuios que
derivaba el país «leí estalilecimiento de la policía urbana de
seguridad, i las funda las esperanzas que ella nos sujeria de su
extensión a la policía rural.
Mas la administración de justicia i la instrucción pública,
agreG^adas, como de un modo subalterno, a un ministerio recar-
gado ya con las relaciones exteriores i las atenciones constantes
i del momt'nto que ex!ͫMi en nuestro sist<'ma central aquella
policía i to 1) el réjimen interior i íT;i!)ernativt>, no podían lograr
la contracción })í'í leriíite Oésjvcial. ind;>pi usables para recibir
una mediana «priranizav:.':!, u para aru lir siquiera al remedio
de .los males urj(-ntes. o le sin e.>ia c»>ntraí-ci.^n especial déla
primera aiil<j:-i 1 1 1 dvl e-t i !<> a Ix ramos -.I..' justicia e instruc-
ción pública, era ¡m;)o-ib!e !i:n!t 'irilonos poralioraal primero)
adelantar un pa- » o \ elar >ii jui<Ta en la ol».^ervanc¡a de las leyes
i buen desem:;erio íle 1 .< encarLM 1 «s «le ejecutarlas, a nadie se
ocultará que ten /a el mas mediano con'.ícimiento del caos de
nuestra h-jisiaviion i >:is \\A jsas [>iMctieas i iK' las tradiciones
col «nialr^ que proval-eian naturalmente en nuestras cortes de
justicia i dem;is triínmal-s. Eiw preciso a lemas elevar esta
administrar; MI al ranir mI- uiivule lo- altos p^íleres del estado,
dándole uiij. ii:j¡) «ríaneia c jít» si,'.>udiente i un órirano digno
i especial cjrca drl primer maji^'.rado. por cuyo intermedio se
atendiese a í¿us neeesida les. se ¡»ri>veyesen sus funcionarios, se
promoviesen prudentemente las rekirmas i mejoras reclamadas
por la opinión i la^ cirounstaneia^, i se mantuviese entre los
mismos altos p j.leres h. armonía que «.-xijen la lei fundamental
i la con serva" 'ion d"! ór:len públic;».
i-ii T#r:^m.» uts&aaios i cbíticos
%.\>a rjia ¿yirr^j.t? i dimct? objetos, fué establecido el minis'-
teri> Je ;u>::oJr3, irjL!t:> e instrucción pública; un ministerio
que Je^¿il Tv^:a::.r :c»i.i5 lcfc5 ramc^ que forman las costumbres i
b nx\rAl:i:;i íe j.>> purM.-^, i que abrazan la relijion del es-
Uio. prlirion A:oaj¿ ^n de tolo buen gobierno, la libertad civil,
kabiíie do ljb> deinjisí hS^rt&ies i aun los fundamentos del porve-
nir en U en^ondia xa.\r&l i SvVioI de la juventud i la infancia.
ll;ik!^^ e:^:Jbv'vs niui p.v\> o nada habia podido hacerse en estos
runc^. t^vl.^ e^u.vM por oreviise; mas en poco tiempo vimos, en
couiio .\1 oaltvx <vhad.^ K^ fundamentos de la nueva iglesia
metro}v!;:Aa.\ i >us s^uira^ineas, vim^ crecer'cada dia la admi-
nbtr«KÚv>:) de jatuoia en efectividad e importancia, i extenderse
la instxtKvion púMis^a fuera del Instituto i de la capital, a que
osUiba iintos OAS4 li.n;::&ia: tuvimos tribunales de comercio
or^Aiú^aJvX!^^ i lei de jtíío,'.! ejecutico, contra el fraude i la
mala fe^ o {v.\rA la ák^^aridad de los tratos; los tribunales em-
pezaix^n a jujiTíir s^e^n el texto de la lei i a fundar en él sus
áentencia^; a or-r>^ni¿ar i uniformar su réjimen interior i eco-
nómivv^; anvitlar sus compotencias, i remediar los abusos
introiUioixIv'á en Kvis ca^^^s de implicancia, recusación de jueces,
iwnu^üosdo uuliJavK ote; el procoilimiento criminal, sobre todo,
fué abivviado i mejorado considerablemente, por medio de
varia:* r\*í»las <|uc estabkwn la necesaria vijilancia sobre la
exacta aplicación de las leyes penales i la fiel ejecución do las
sentencias, las visitas pcrióvlícas de cárceles i otras muchas
moilidas no meaos cseneiales i urjentes.
Talos fuci\ui en líl'^bo las primeras ventajas que so lograron
con lacriwcion del minÍNterio de justicia, en orden a la mejora
o roforniu ile esle ramo, hasta entonces poco entendido o des-
cuidado, \'ca!nos ahora alcanas de las obtenidas al mismo
tiempo i por el mismo ministerio, en su importante atribución
de la instrucción pública; i con solo observar desdo luego que
esto ramo carecia, como hasta ahora, de una administración
jencral o suix>rior que le diese algunas reglas, las plantease,
o ejecutase i aun descendiese a los detalles do su economía i
distribución en todo el país, sin dejar do velar continuamente
sobre la conducta de los superiores, catedráticos i aun maestros
inreriores, so oonoobirú fácilmcnto cuan lílil i necesaria era la
mano criadüra de un ministro, <le quien ilimanascn todnn la»
ónienes i arreglos a esta respecto. I si en la administración de
jtislicia, estaljlccida tic antemano eon sus corles do apciaeiones
i suprema, encargadas de aquella ecunomia intonor i «uperior
vijilaneia respecto de los tribunales i jueces inferioras, ora útil
i necesario el establecimiento del niiniütorio que debía enten-
der en su mejora i darle rejjlas para corrojir sus abusos, ¿con
cuánto mayor fundanieato, »o era de desear, que este mismo
ministerio extendiese sus cuidados al ramo do la educación pú-
blica, que carecia abí^ulutamente de dirección i centro? Asi
también sus primeros cuidados por la mejora del Instituto
Nacional i restablecimiento de su ilopartamciito do intcrnOH,
hicieron de este cuerpo el Bomillero de donde tuvieron orijen o
fomento los colejios de ambos sexos do la capital, que so apro-
vecharon de sus lecciones i prorosores, los de las provincias
(jue se criaron o restablecieron poco después, viniendo de ellas
a recibir en el Instituto instrucción i mantenimiento gratuito
muchos jóvenes pobres i los huérfanos de los ciudadanos be-
neméritos. La instruecion primaria fué al mismo tiempo me-
jorada i propagada; imprimiéronse libros a costa del estado,
introUujéronse nuevos métodos, i aun se hizo oí primer ensayo
en loa cuerpos cívicos de escuelas dominicales para adulto!^.
En fin, sin contar con la escuela normal, que se esti'i organi-
zando, i que deberá dar maestros ¡Llóneoa i morales a la ense-
ñanza primaria i secundaria del pueblo, sin hacer mérito do
los primeros pasos del ministerio para fomentar i protejer la
do las niñas pobres i sin detenernos en los muchos reglamentos
i metlidas, cuyas ventajas en el impulso dado jior ellas a la
instrucción pública estamos palpando, no cesaremos do llamar
la atención hacia el futuro establecimiento de la universidad
do Chile, cuyas bases han sido sometidas a una comisión i
aprobadas por ella, como no dudamos lo siTán igualmente en
la próxima sesión lejíslativa, para que cuánto antes sean lle-
vadas a debido efecto. El establecimiento de la universidad,
bajo el plan mas económico que ba sido posible en punto a la»
reñías, debe ■■nmprendcr, m uno misma administración, la
t>* "irif^irL:-* lítxíía£:o> i ci;mco5
supcrintenlonoía jer.rral ilo ctlucacion. criada por la lei funda*
mental i el plan ae l-'ítmIíos do la repüMica, i ínialmente pro-
visto p.r ella, aton li -n ::• a un t:em>3 a los demás objetos
universíioric^ i liI skTv::::» público, como auxiliar del gobierno
en krk'S !•:•> ramos vicn.iikvs i de k monto.
Por l'j o\¡vjos:.t, o p T 1j q lo ha hecho ya el ministerio de
justicia on i-l prln^i j: > !o >u cr^-a.-i .»n, con resi>octo únicamento
a los djs d.';vir: \:yi.*:it '-: d.* quo n'^-? hemos ocupado, podrá
íácilmonte iiiforirs.- do cuAn inmensa utilidad para el país no
xiún los trabaj.K «{ae ov.vuío o ompronda on lo sucesivo sobre
o>t<^ i los do:n:i< rain >s do su carero. 15 istaria nombrarlos,
para (pío no ij»!,- ! i<j la iViCn r soml'ra de duda acerca de la
nov.v>ida-l do >u dc^ínoMilirajion do los domas ministerios, a
tiii do que íuo>on rc_raIarinont ? at.Mididi."S. Uoií>trose si no, la
lei oi*:r.i:iio:i i!o 1. 'Iv ¡Mcoro d.* JS-jT. i se verá que al minis-
torio del intei'i'tr i r-laoioaos oxíorioros están asignadas vein-
tisi.'is atrii>iu-i.»:i.\s ospooiau-s, vointivlos al de hacienda, i diezi-
nuovo al ile iruorra i marina, mientras que al de justicia,
culto o in^truceiun jniblica, han cabido treinta i nueve, todas
ollas de primera írra vedad e importancia, i que no podían
permanecer coino sec^umlarias o anexas a otros ministerios, i
por Consiguiente desatendidas o anuladas.
Sin embargo, en un escrito reciente que ha merecido la acep-
tación pública bajo muchos respectos i que ha sido justamento
encomiado en las columnas de este papel,* encontramos en su
introducción algunas expresiones, cuya tendencia sería poner
en duda la utilidad o necesidad de la existencia del ministerio
de justicia e instrucción pública, considerada bajo el aspecto do
los gastos adicionales al presupuesto que ocasiona esto nuevo
ministerio. Por nuestra parte, creemos que no debíamos dejar
correr tales dudas, i en un escrito de esta naturaleza, llamado
naturalmente a una extensa circulación dentro i fuera del país,
nos hemos empeñado, por lo tanto, en su exclarecimiento. Esta-
mos lejos de pensar que serán necesarios para el gobierno de
* (Jpúi^cido sobre la Hacienda Pública de Chile, por don Diego
.losó IJcnavcnte. — Primor cuaderno.— /íTí^^r/')?/.! de la Opinión.
nEFOR]JAS NECESARIAS '230
un millón i medio de habitantes los vastos i multiplicados esta-
blecimientos que re(|iiieren los grandes estados, i mucho menos
que so adopte en una república el boato u ostentvicion de las
mas pequeñas monarquías. Pero no creemos exacta la aserción
del Opúsculo de que se esto montando nuestra administración
«se^n la norma de las mas dispendiosas monarquías.» Sin
duda que el millón i medio do chilenos exijia, bajo el réjimen
colonial, mui pocos empleos asalariados i por consigaicnte mui
pe<jueños gastos. Mas, en su presento condición de estado sobe-
rano, este millón i medio de habitantes, ha tenido quo crear i
costear los altos poderes, las relaciones exteriores i las principa-
les administraciones que rosidian afuera o eran comunes a la
antigua metrópoli i sus colonias, sin contar con los estableci-
mientos navales i de guerra que requieren la paz pública i la
defensa i respetabilidad del país, i quo forman el gasto mas
considerable del presupuesto. Con todo, semejante gasto no
puede menos do ser considerado como ¡nil¡si)onsable; ¿i no lo
será igualmente la pequeña suma de nueve mil doscientos se-
tenta i cuatro pesos, quo cuesta todo el ministerio de justicia,
culto e instrucción pública? ¿o deberá renunciarse a los bienes
reales i positivos que, según hemos demostrado, deriva el país
del ministro especial encargado do estos imp()rtant(\s ramos?
No creemos quo sea tal la mente del autor del (í¡n'isnil<): la
ilustración i extensos conocimientos quo demuestra en su inte-
resante publicación, son para nosotros una i)r(Mi(la segura do
que estará penetrado de la importancia de la adniistracion do
justicia i de la instrucción pública, para (pie desconozca vi ídto
rango que estos elementos de bienestar i adelantamiento social
han tomado en los estados modernos, i a que son llamados prin-
cipalmente en estas nuevas repúblicas.
Otras ol)servaciones del Opúsculo en materia do gastos o do
economías que podrían introducirse salvamente i sin perjuicio
del servicio público reci])ir¡an nuestra humilde ¡ decidida
aprííbaciun, si fuera nuestro intento entrar en la revista del
citado pa¡)el, ]ial>iéndojU)S propuesto únicamente aprovechar
la ocasión de exponer anle nuestros lectonís la naturaleza de
l'vs tra!MJn<< que oeup \n ;d ministerio de justicia e instpuc-
2i0 OPÚSCULOS LITERAniOS I CRÍTICOS
cien pública, los beneficios que de su establecimiento ha sacado
el país, i los mayores todavía que deberá esperar en adelante,
en circunstancias que se trabaja empeñosamente en la forma-
ción de códigos, en la organización de la instrucción pública
i en otros ramos sujetos al mismo ministerio.
(.Iraucano, Año de 18i2.)
C. ■■■^i.t.l l .^^
INSTITUTO DE COQUIMBO
Entre los establecimientos de educación de la república que
mas especialmente deben contribuir a sus adelantamientos,
merece, sin duda, un lugar distinguido el Instituto de Co-
quimbo, sobre el cual dimos una noticia bastante circunstan-
ciada, hace algún tiempo. Posteriormente hemos adquirido
nuevos informes acerca de los trabajos de aquel establecimien-
to i los grandes progresos que hacen sus alumnos, mediante
el celo c infatigable laboriosidad del ilustrado profesor de mi-
neralojía, el señor Domeyko. Sus tareas no se limitan única-
mente a la educación elemental de las ciencias que concurren
a formar el mineralojista. Penetrando con sus alumnos las
partes mas sublimes de estas mismas ciencias, agrega la prác-
tica de ellas en las manipulaciones químicas, investigaciones
jeolójicas, análisis mctalúrjicos i otros procedimientos prácti-
cos, que hacen apto al estudiante, al salir do la escuela, para
las profesiones de que carecemos ahora con notables atrasos
i pérdidas, tanto para el fisco, como para los muchos particu-
lares que tienen interés en este ramo. Tales serian las plazas
de ensayadores científicos en la casa de moneda, que evitasen
desperdicios i procurasen considerables economías, por medio
de buenos métodos o procedimientos; las de los mismos ensa-
yadores cerca de las aduanas, para la exactitud de los avalúos
en las exportaciones de metales; las do peritos de minas en
todos los distritos o asientos, según las ordenanzas; i mas que
todo las de directores do los trabajos importantes que en este
ramo emprenden los particulares, a veces con poco o ningún
OPÍsi:. .'íf
242 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
suceso, ¡ casi siempre sin aquella previsión, intelijencia i eco-
nomia que solo pueden proporcionar la ciencia i la pnictica
combinadas, i que hacen, por falta de ella, abandonar, despucs
de grandes gastos, laboreos que con su auxilio serian fáciles i
lucrativos. En este caso, se hallan, como es sabido, infinidad
de minas que habian rendido en otro t¡emi>o grandas r¡([nozas,
ahora aguadas o derrumbadas, i otras muchas que tampoio
pueden ser trabajadas [)or estos u otros obstáculos, invencibles
para los métodos ordinarios; sin contar con el gran niimero
de las que no traen cuenta, por su comparativa pobreza, pero
que serian lucrativas, si so aplicasen a su explotación las má-
quinas o métodos que economizan brazos i tiemjx), i propoi\;io-
nan un producto mas abundante o perfecto.
Felizmente, empieza a conocerse entro nosotros lo que im-
porta para todo la ciencia; i sin salir de la industria minora,
oimos hablar todos los dias de nuevos hornos i nuevos métodos,
de privilejios exclusivos sobre inventos del país o importados
de afuera; i vemos, en una palabra, la grande influencia o
mas bien la verdadera revolución que se ha obrado en este
ramo desde pocos años, con motivo de las mejoras introduci-
das por unos pocos extranjeros en las construcciones de hornos,
beneficios de escorias, bronces, ejes, etc., antes abandonados
como inservibles i que han producido ya i producen actualmen-
te grandes riquezas.
Sobre esta materia, rccordamas hallemos extendido, hace
algún tiempo, con motivo del anuncio que hicimos del proyecto
formado entonces, por algunas personas inflayentes, de esta-
blecer una compañía por acciones a fin de estudiar i explotar
las minas de diversos metales que se sal>e existen en la pro-
vincia de Santiago. Ahora nos es satisfactorio anunciar qu<í
semejante sociedad se halla establecida, al menos por lo que
respecta al descubrimiento o cateo de las minas que puedan
encontrarse en las cordilleras vecinas. Sus acciones no pasan,
según entendemos, de cuarenta, de a doscientos pesos cada
una, en cuatro entregas; so lia hecho ya el pago de la primera
de estas entregas, habiendo ocurrido una superabundante de-
manda de acciones desde que se tuvo noticia de la empresa.
INSTITUTO DE COQUIMBO . 2í3
Sin embargo, el establecimiento de elLis habia sido diferido,
aguardando la llegada del sea )r Djmeyko, quien debía esperar
a su vez la época de las vacaciones del colejio de Coquimbo,
para venir a hacerse cargo de los estudios o trabajos prelimi"
nares de la citada empresa. Sabemos que esto hábil profesor
ha salido ya a su viaje de exploración, i no dudamos de los bue-
nos resultados que obtenga.
Aplaudimos, por nuestra parte, la elección del señor Domeyko,
como la mejor garantía para los accionistas de a^iuel resultado,
i como un verdadero progreso del país desde que se echa mano
para estas empresas de hombres de ciencia. Pocos años hace
que se les prefería cualquier cateador^ de los muchos que
existen, principalmente en el norte, i que alucinaban desde
luego con cierto charlatanismo u ostentación de conocimientos,
que están muí lejos de ix)seer, viviendo de este modo a costa
de los crédulos. Mirábase entonces con cierta desconfianza a
los profesores científicas; i es menester convenir en que tal
desconfianza no carecia de fundamento, en vista de los (jue
con semejantes títulos nos venían de afuera, en el ramo de
minería i otros, ¡ que en la realidad sabrían mui poco mas
que nuestros cateadores, o que con mas amor a la riqueza
que al cultivo de las ciencias, lo sacrificaban todo a su excesi-
va codicia. Felizmente, otros sujetos de verdadero saber que
poseemos, aunque en mui corto número, empeñados exclu-
sivamente, como el señor Domeyko, en la propagación i ade-
lantamiento de las ciencias, han venido a borrar aquellas
impresiones, con una conducta ejemplar i los bienes reales
que proporcionan al país. De éstos, deseamos ardientemente
que muchos se establezcan entre nosotros, seguros que encon-
trarán un pueblo pacífico i hospitalario, un gobierno protector
del mérito i celoso por los adelantamientos, i jeneralmente un
estado de cosas tranquilo, próspero i feliz.
Volviendo a la sociedad de que acabamos de hablar, termi-
nados sus trabajos de exploración, i en posesión de los mine-
rales que haya denunciado o descubierto, se formarán luego
otras varias sociedades para su explotación, según las locali-
dades o naturaleza de las faenas que hayan de establecerse. So
va a criar, por consiguiente, un nuevo ramo de industria en
esta provincia; i apenas pucdcuatcularso la inriuencia que ten-
drá en su adelantamiento, como on el de la minería en jencral,
dosdtí ([uo va a recibir un nuevo impuUo en el centro, donde
na hallan reunidos on mayor abundancia los capitales, los co-
nocimientos i otros recursos que deben contribuir poiU'rosa-
mcntc al desenvolvimiento i mejora de una de las mas ricas
producciones de nuestro suelo.
Mas estos trabajos quedarian sin efecto, o serian demasiado
limitados para llenar semejante objeto, sí no so hiciesen por
nieHio de asociaciones; a las que solo ea dada la realización de
grandes emprL'sas, con pequeños i cómodos descml)olsos de los
asociados i con todos aquellos medios de suceso que no estún
a el alcance de los particulares en estado do aislamiento. Por
estas raxones, hornos abogado con tanto empeño en favor de
las .sociedades, hemos saludado con entusiasmo la aparición
de las primeras de ellas, i no cesaremos do conservar i propa-
gar su espíritu, al menos en cuanto penda de nuestros débíleií
esfuerzos.
Para desenvolver este espíritu do asociación, cncontiTimos
afortunadamente entre nosotros casi todos los elementos: un
país rico i compacto, virjen, por decirlo así, en exploraciones
industriales, con abundancia de materias primeras i con las me-
jores dis¡K>sicione3 do sus hijos para todo lo que sea útil, sólido
i ijormanonto; solo falta que se vean los resultados de las im-j
moras asociaciones, para que do ellas nazcan otras, i crt<iuao^
prosperen i ([uetlen todas aclimatadas entro nosotros,
Merced al estado do tranquilidad en que vivimos ¡ a la lib(
ralidad o ilustración de nuestro gobierno, se apresura cada V
mas la época de la prosperidad industrial de este país, por motfl
de los trabajos de todo jóncro que se emprenden diariamente
la sombra de la paz i bajo la protección del mismo gobiei
Una i otra atraerán a núes tro seno los conocimientos do afiM
que nos permitirán sacar provecho do la experiencia ajenad
materia de industria, como lo hemos hecho i hacemos en j
tica, evitando los escollos tic los antiguos pueblos, i en quo b
naufragado la mayor parto de los que emprendieron con noM
INSTITUTO DE COOCIlfB'J riw
tros la misma carrera: nos atraerán del mismo mcrio los capita*
les superabundantes de la vieja Europa, para ser aquí repagadoN
con usura, como sucede ahora con la deuda externa, i aun aque-
llos de los estados vecinos que vengan a buscar a Ciiile hetrurí-
dad i conveniencia.
Tal es la suerle feliz i el prospecta de enzrandorrimiento que
la Providencia benéfica ha destinado a la relijiosidad, cordura
i prudencia de los chilenos, en medio de las desírracias sin
cuento ni término, al parecer, de muchos de los pueblos herma-
nos. Pende, pues, de nosotros excIusi%*amenU: la continuación
de aquellos beneficios, i el que se realicen en nosotros minmfjn
i en nuestra inmediata descendencia iodos los bienes que nos
promete el estado presente del país, su orden, moralida/1, i el
espíritu naciente de asociación i de empresa.
' irnnr^rio. Ano 'le i»<12. <
- .1,'iCZZC ^
ANIVERSARIO
DE L.V VICTOIIU DE CHACVBUCO
La espantosa i laríja anarquía que ha aflijido a casi todos
los estados his.íiiio-americanos desde los primeros tiempos
do su independencia, nos parece llega ahora a una crisis fa-
vorable, que no puedo menos de conducir a su última solución.
No OH este para nosotros un puro presentimiento, hijo del
vivo deseo que nos anima por la paz i felicidad jeneral de los
estados hermanos; es mas bien una profunda convicción, fun-
dada en la misma duración del mal; en los crueles desengaños
que ha sembrado por todo, i en la decisión jeneral en favor del
orden, que ha lleijado a ser el tema, hasta do los mismos de-
sorganizadores de antes.
Que los estados americanos tienen en sí mismos los medios
de establecer este orden, i do un modo sólido i permanente,
apenas podrá ponerse en duda, en presencia de los ejemplos i
brillantez de dos do estos estados, que, marchando por la mis-
ma senda, tropezando con iguales inconvenientes i sin recursos
líjenos o extraordinarios, han llegado felizmente a establecer
un sistema regular político i económico, que lleva todas las
apariencias de estabilidad i todos los jcneros do adelanta-
mientos.
Estos estados especialmente favorecidos son, como es sabido,
Venezuela i Chile, que disfrutan de todos los bienes de la paz
pública i del orden legal, a cuya sombra benéfica so desarro-
llan entre ellos sas instituciones, i crecen cada dia on mora-
iá OPÚSCULOS UTERARIOS I CRÍTICOS
liJad pública i prospcrídad^ateríal. I ¡cosa digna de notarse!
Venezuela i Chile se hallan sin relación alguna entre si^ i
colocados en extremidades opuestas, como para servir de mo-
delo a las Jemas rvpiiblicas hermanas, marcando a todas ellas
la diferencia que e:ciste entre el orden i la anarquía, la exal-
tación i la prudencia, i para hacer ver a las naciones extrañas
que no debe desesperarse de la suerte de unos países llamados
a grandes destinos, aunque extraviados ahora de la senda que
conduce a la verdadera felicidad de las naciones por pasiones
mui excusables en la infancia de ellas, i atendido su orijen,
inexperiencia i todos los antecedentes de su existencia política.
H¿ aquí también las causas que han movido nuestra pluma
siempre que hemos tratado de hacer ver las ventajas de nues-
tra situación feliz, i que nos han hecho aprovechar i aun buscar
las ocasiones de inculcar el amor al orden, para hacerlo amar
mas i mas de nuestros conciudadanos, i atraer sobre él i sobre
nosotros mismos las miradas de los pueblas americanos, me-
nos felices que nosotros, i necesitados i»r consiguiente de los
argumentos del ejemplo i de los hechos. En esta obra, protes-
tamos que jamas ha entrado la menor parte de vanidad o jac-
tancia, o el ridiculo orgullo do representarnos a los ojos del
mundo como un pueblo excepcional entre los que tuvieron el
mismo orijen, o como especialmente llamado a diferentes des-
tinos que los demás: semejante superficialidad seria indigna
del carák-ter del país, i de la experiencia que acerca de la ins-
tabilidad de las cosas públicas en los países nacientes, hemos
llegado a adquirir a costa de los grandes sacrificios i desgracias
que hemos arrostrado en común con las nuevas naciones ame-
ricanas.
Estamos persuadidos, i>or el contrario, que lejos de dar la
debida importancia a los hechos salientes de nuestra historia
de ayer i la de ahora, i de representarlos con el relieve corres-
pondiente, o los rebajamos a veces nosotros mismos, o dejamos
a la posteridad el cuidado de hacemos la debida justicia; deja-
mos, por ejemplo, como olvidada la última gloriosa campaña
de nuestras armas en el exterior, su grandiosa terminación en
Yungai i el desinterés i magnanimidad de Chile en toda la obra
ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE CHACADUCO t49
de restauración del Perú; acalia d% pasar el 20 de enero sin un
recuonlo de estos hechos, i sin que nadie mencione que Chile
adquirió desdo su primer ensayo sobre las fuerzas españolas el
dominio del Pacífico, que ha sabido conservarlo, i que de Chile
i por el se han hecho todas las expediciones marítimas de im-
portancia, inclusa la de la restauración en beneficio de la causa
americana. Mas extraño parece todavía el que no se fije bastante
la atención acerca de lo que pasa actualmente entre nosotros,
sobre todo después de aquella gran crisis electoral del año pre-
cedente (184!) i en esta misma estación, que parecia a los ojos
de muchos de un peligro inminente para la paz pública, sin que
faltaran otros que la considerasen como el paso preliminar de
una disolución inevitable, o de verdadera retroirradacion hacia
ios tiempos de confusión i desorden. I sin embargo, Chile i sus
instituciones salieron triunfantes do aquella ¡Xínosa prueba;
nació de ella misma la obra de la reconciliación de los ánimos;
la paz pública i el orden legal se cimentaron i establecieron
sobre fundamentos mas sólidos que nunca; i se abrió una nue-
va era de civilización i adelantamiento, de cuyos beneficios
participan actualmente todos los chilenos.
Después de esto, i en medio del cuadro brillante de actividad
industrial i de espíritu de empresa que nos rodea, i del pros-
pecto mas halagüeño todavía de continuada paz, i de mejora i
prosperidad crecientes, tal vez es un signo nada equívoco de
nuestra solidez de principios i sobriedad de aspiraciones en el
orden político, esa misma modestia que nos hace como olvidar
las pajinas mas gloriosas de nuestra historia i no dar impor-
tancia a los adelantamientos de todo jénero que hemos conse-
guido a favor de esos mismos principios i del orden público
felizmente establecido.
Pero semejante modestia, compañera inseparable del verda-
dero mérito, en los individuos como en las naciones aventaja-
das, no debe ser llevada demasiado adelante, o en perjuicio do
los bienes que podrían resultar a otros i a nosotros mismos,
dando a conocer nuestra situación actual, i los medios por
donde hemos llegado a ella. Importa que la conozcan, lo re-
|X3timos, los pueblos hermanos, por lo mismo que les deseamos
UkXo el líiun jkmíMl', porqu» ¿'stainos saguroa de sus simpatías,
par» fon nosolrus. SaliomüM atlcinas, pop experiencia, que las
mismas idea» mas o múiias acertadas, i aun lus mismos extra-
víos, lian señalatta la carmra do sus buenas i malas rortiinas
cii todas lis seucioncu americanas desda el principio do au
transrunnaaion politica; i creemos deberles un buen ejemplo,
qiio ser.t fetiiiii lo on resultados importantiis, i quo no dudamos
será siíiíuido, como lo fui de una extremidad a otra vi eco ile
la indL'pen.lcneia i el instinto de libertad, desgraciadamente
pcrvtTti lo u extraviado en todas partes, i que ya es tiempo de
Kobra de que sea moderado por el buen sentido público i
jido por la razón i la experiencia. Por eso, nunca hemos des
jieradü de la suerte de estas nuevas naciones, i aun creemoi
ver cercano el dia de su paz exterior i doméstica, para darse
mutuuint'nto la mano i caminar juntas^ por la vía del orden
liaeía las mejoras sólidas i la mayor diulia social.
Du'I mismo modo, creemos de suma importancia que sea co-
nocida nuestra situación actual por las naciones europeas, en
donde ol sobrante de capitales j de una población activa e indus-
triosa, se hubieran abierto paso hasta nosotros, liace tiempo,
sin las continuas revueltas i ajitacioncs quo nos han atormen-
tado, i que hacitm incierta, por no decir imposible, toda espe-
culación industrial o cualquiera empresa fundada en la estabi-
lidad do nuestros gobiernos c instituciones. Felizmonte,cl estada
i circunstancias de Chile no han debido escaparse a la observa
cion de aquellas naciones; i el hecho de ser este país el prímei
que con el pago exacto de la deuda interior i extranjera, ha dat
Ijositivas pruebas de su empeño por el restablecimiento de f
crédito i el cumplimiento de sus obligaciones, empieza ya |
reanimar las especulaciones de los europeos, i hoi se hacen j|
nuestro {gobierno proposiciones de diversos jéneros que debe
contribuir al desarrollo do nuestras riquezas naturales, i qui
no dudamos, serún realizadas en breve tiempo. Solo falta qtti
las ventajas de Chile, así on el orden político como en el órdei
industrial, se hagan mas jeucralmente conocidas; i hé aquí e
cargo de los escritores públicos, si desean quo se apresuro 1
época de los grandes adelantamientos a que es llamado el [
ANIVERSARIO DE L\ ÜATALLV DE i::íA»-AE1 .:• '¿^A
Importa, jwr iiltimo, este eon'ximL-aSj a lo- niisnios trliilenos,
para animarles a Ixs cmpres:is útilos, e.rtim ilai* las ¡K-ÜAr? ajjiü-
ncs con el ejemplo de nuestros coiu*iii li 1.i:i..k ij i-.' m.is -c han
distinguido en obsequio del bien p-j jlic », i To-io'»." el c-r.-ict».'/
nacional sobre la base del amor al p:iís i a s is :n-t:i.ic:'j:i'.*s.
trayendo a la memoria los mulf.s i extravíos p t-ii I »-. i t\ itaii-
do el entusiasmo público, p «r m^ lio «I.' I»^ r, ucr 1 s A ííj-os
de todas épocas, o Je los varones Ünstn-s, a ¡ liciici >o:i /i.;»i lo.s
los bienes de que disfrutamos.
¿I qué días mas oportunos para est -s Lrran.l. o-jí rt-vuirlos,
que los de Chacai)uco i la iiivleju^n Imuí i, uní \ *< en uji niirtMU
aniversario, como lo habían sido n^'Cv's iríam -n'e por la fuerza
dolos acontecimientos? Sí; la jornada inmortil ilt.d 12 de feljroro
de 1817, que aseguró la in-k*p.índt*ní:ia de í.'Iiilo, i aun abri«i
la puerta a la de esta parte de Arnt'rica, (K*!>ia sor celebrada al
año siguiente i en igual dia, con la prodam u-ioa i juramento
solemne de esa misma in lependencia, perJila en una épOvVi
fatal de desavenencias, i por lo mismo suspirada i nivis ansiada
que nunca. Imponente i gran liosa fué j)or cierto la jiompa de
aífuel dia, sin igual el entusiasmo, puros i fervientes los votos
del pueblo.... El entusiasmo reparó en breve el desastro de Can-
cha-Rayada, i los votos de la indq)enden«-¡a fuí-ron sellados v!on
sangro chilena en Maipo. El dominio español cayó para siem-
pre en Chile; nació nuestro poder marítimo .solo por oljra de
este mismo entusiasmo, i con él solo ftiinios a desafiar a
nuestros antiguos señores en el mar, i en arjuel imperio de los
Incas, centro de toilos sus rci-ursos i empresas. Cuatro años
mas tardo había terminado en t<j.la la América la guerra de la
independencia.
Tales fueron en compendio las consecuencias de aquel famoso
dia do Chacabuco, o mas l)ien el rájiido encadenamiento de
acontecimientos extraordinarios i gloriosos derivados de él,
que lo harán memorable para siempre, i (¡uc no hay^i un chi-
leno, que dejo de saludar con entusiasmo la vuelta de cada uno
de sus aniversarios. En el prcsentc, que vemos realizados todos
loH bienes que so proponían los autores de la independencia,
no podremos menos de volver nuestras miradas de reconoci-
252 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
miento hacia ellos, i penetramos sobre todo del mas rclijioso
res^xíto para con la Providencia especial que tan visiblemente
nos protojo. ¡Honor i homenaje eterno al 12 de febrero!
(Araucano, Año de 1842.)
riLHtfHHHMpiHi^MfiLlM^i^i^MHM
HOSPITALES
Aunque parezca un lugar común en materia do econo-
mías, nunca cesaremos de repetir ({uo el orden i arreglo en la
administración de las rentas, es la Ixise principal de ellas, pur
donde conviene empezar toda clase de mejoras o reformas i
que debe producir los ahorros mas considerables i seguros.
No nos detendremos ahora en la historia de nuestra ha-
cienda pública, tan pobre i desacreditada en los tiempos de
desorden, que nunca alcanzaba a cubrir las primeras exijcncias
del servicio ordinario del estado, i tan abundante i próspera
desde que, aun sin cambiar esencialmente el sistema de rentas,
se introdujeron algunos arreglos en su administración interior*,
arreglos que, corrijiendo abusos i vii'ios inveterados, ¡ condu-
ciendo gradualmente a mejoras sustanciales, la han puesto en
el punto de riqueza en que se halla, i lo que es mas todavía,
en situación de recibir reformas tan importantes, como las que
so están obrando actualmente en todo el réjimen de aduana»
por el espíritu activo i emprendedor del digno ministro que so
halla a la calx^za del departamento.
Para conocer lo que importan el ónlon i arreglo, bastará solo
formar una lijera idea acerca de un ramo que poco atrae las
miradas del público, sin embargo de su grande importancia; tal
es el de la administración de hospitales, que corría pocos años
hace al cargo de varios particulares, sin sistema ni oficina
regular que entendiese en la recaudación c inver.siíjn de sus
rentas, i (|ue llevase la contabilidad corresi>ond¡onte de un
10% OPÚSCULOS LITCRARIOS I CRÍTICOS
modo claro i exacto. La creación posterior de la junta de hog-
pitalcs i su tesorería dieron desdo el principio los mas satis-
factorios resultados, ganando la humanidad aílijida, con los
mayores capitales que desde lue^o pudieron dedicarse a la
mejor asistencia de los enfermos i de los huérfanos, i aun con-
siguiendo un sobrante considerable de fondos que se pusieron
sucesivamente a rédito, i que con sus nuevos incrementos per-
mitirán ahora el que se emprendan edificios costosos en obse-
quio de los mismos establecimientos.
De este modo el hospital de San Juan de Dios, que en los
años de 1827, 28 i 29, bajo la anterior administración, había
gastado la suma do sesenta i siete mil trescientos noventa i
ocho pesos seis i un cuartillo reales, pudo gastar en los años do
1833, 34 i 35, bajo la actual administración, la cantidad de
ochenta mil quinientos cincuenta i cuatro pesos siete i medio
reales. En el hospital de San líorja, se invirtieron treinta i un
mil cuatrocientos ochenta i un pesos tres cuartillos en los años
de 1828, 29 i 30; i en los de 1833, 34 i 35, la suma de cua-
renta i cuatro mil trescientos treinta i seis pesos. I finalmente
en la casa de huérfanos, en un período de tres años i medio de
la antigua administración, i otro igual de la nueva, ha podido
exceder ésta en la suma de veinte i tres mil setecientos ochen-
ta i nueve pesos siete i medio reales los gastos de acjuélla.
Gracias al celo, actividad e intelijencia del tesorero i la junta
del ramo, posteriormente se ha mejorado todavía la asistencia
de los enfermos i Imérfanos, a pesar de haber crecido conside-
rablemente el número do los que concurren a los hospiti\les,
sin duda por el aumento de población i las mismas mejoras
del servicio.
Se hace por tanto indispensable la construcción de edificios
mas extensos i convenientes; i nos es satisfactorio anunciar
que el supremo gobierno de consuno con la junta de hospi-
tales se ocupan actualmente do este importante objeto; no
siendo posible mantener por mas tiempo el antiguo sistema de
covachas i crujías, tan perjudicial al servicio i salubridad do
los enfermos, ni proporcionar lugar a los muchos que lo soli-
citan en los establecimientos.
Es sabido que el hospital do mujeres, i¡ue fu¿ conslriiiilu
tnijinalmente para uti*o' objeto, su liulla encalado de ruíiin,
por ta antigUeiIívl do sus ed¡íii;¡03, que tampoco po<IrAa hci'vÍp
ix)r su forma, estrechez, foltü de vontilacion, utc , pnra pI
destino que actiialinento tienen. E» nct-es^mo, [luc^, un ediñcio
enterameitto nuevo i sobre un plan regular, económico j c-jn*
veniente para el objeto.
En cuanto al hospital de San Juan de Dios, aunqu<> orijinal-
mentc construido con bastante iwlidcx i extensión pura na
tl&stino i la publacion de aquel tiempo, el incremento de enfer-
mos que hemos indicado antes, io hace ii^ualmciiti: estrecho.
Tampoco puede considerarse como un hospital en rumia, o
construido según las re^^las del arto, unidas a Ioh adelanta-
mientos que en esta parte ha propoi-eionado la ciencia. Con-
traría a ella'es, )K>r ejemplo, su íalta de ventilación i forma
de crucero que estaldece mas bien una corriente de aire pesti-
lencial o infecto, i (|uc so comunica do una sala a otra, por el
contacto jeneral en que se liallan los enfermos, cualquiera que
sea la naturaleza o divorsidnd de sus dolencias. Creemos, pues,
quo en lugar de ensancharse, cstv hospital di-he ser edilieailo
igualmente de nuevo.
En tal caso, proi>oncmos por nuestra parte la venta do los
terrenos que actualmente ocupan los hospitales de San Juan
Ue Dias i San Borja, i la adquisición de un buen local para
estos mismos hospitalca reunidos, que podría obtenerse a un
lajo precio en los barrios do la Ilecoleta o la Chimba i quo
üorian al mismo tiempo los mas convenientes para situar omIoi»
establecimientos con ventaja du ellos i sin jK-rjuicio de la snju-
bridnd pública, como sueode al presento. .So concibo desdu
hospi-
luego que, con la venta de los sitios i materiales de Iuh
Jales moncioniidos, habría un exceso considcruhlo sobre In
compra do otro local, para de-sUnarso a la construcción do lo»
nuevos ctlifieios, i para cubrir a lo múnos la mitad de bu costo,
ai so atiende al alto precio a quo lian subido en la Cañada loH
terrenos i el pequeño valor que tienen actualmente un el barrio
de la Chimba.
Aun sin estas ventaias,
cniprL'
lite la traslii-
-*>G OPÚSCULOS LITERARIOS 1 CRÍTICOS
cion de los hospitales, en razón de su mejor ventilación en el
Imrrío indicado, i por causa de la salubridad pública, según
hemos advertido antes. Pero hai mas: la economía que resul-
taría do la reunión do los hospitales en un mismo local, aunque
con las separaciones convenientes, sería mui considerable i
produciría notables mejoras en su réjimen, asistencia i servicio
interior; so baria éste mas regular, económico i conveniente,
pudiendo simplificarse en casi todos sus departamentos, i aun
ganarían en mayores facilidades la junta directora, su oficina
do contabilidad, los médicos, practicantes, boticarios i domas
empleados.
Tenemos a la vista los planos de un hospital jeneral de esta
clase, i que ha reunido los sufrajios de los mejores facultativos
dcKuropa, tal es el do Burdeos, ciudad importante de Francia,
quo contaba ya con monumentos de primer orden i el movi-
miento activo do su puerto en comunicación con dos mares.
Esta ciudad, con una población do cerca de cien mil almas den-
tro de sus límites i mas do quinientas mil en su departamento,
solo tiene un hospital jeneral, dividido en dos alas para los dos
sexos, i subdividida cada una do ellas en series de espaciosas
salas para los enfermos. Estas salas se hallan colocadas para-
lelamente entre sí, en los dos costados de un vasto patio, con
galerías corridas, i separadas unas de otras por pequeños jar-
dines do árboles i plantas, del mismo largo i doble ancho de las
salas. En la facliada principal, se encuentra colocada la iglesia
en su centro, i a los dos lados las puertas exteriores que con-
ducen a los dos departamentos de mujeres i hombres; el frente
en el fondo contiene varías oficiaas, como refectorio i habitacio-
nes do las rclijiosas de caridad; botica, laboratorio, lencería, etc.
con los pasadizos necesarios que conducen a otro patio interior,
en donde se encuentran el anfiteatro i salas de disección, depó»
sito de cadáveres, baíios, panadería, lavadero, cocina, etc. Se-
paradas de este modo las salas unas de otras, es fácil establecer
la clasificación de las enfermedades i la especial asistencia de
cada una de ellas, sin el grave inconveniente de la aglomera-
ción, i comunicación del aire infecto de muchas salas reunidas.
Los jardines intermediarios proporcionan ademas a cada una
HOSPITALES '201
de ellas la mejor ventilación posible, lo que es una ventaja
inapreciable para los establecimientos do esta clase. En suma,
i para abreviar este lijero bosquejo, el hospital jeneral de Bur-
deos, tan justamente celebrado, contiene en veinte salas sete-
cientas diez camas para enfermos necesitados, dieziocho cuartos
particulares para los que pairan, los departamentos correspon-
dientes para los capellanes, cirujanos, relijiosas i demás asisten-
tes, i todo perfectamente distribuido i calculado; siendo suscep-
tible por su planta de los ensanches que con el tiempo quieran
dársele.
Después de esto, es casi iniitil que expresemos nuestros deseos
particulares do que el plan de tan Ijello establecimiento sea
adoptado en Santiago, como lo ha sido ya para ConcejK'ion
otro bastante parecido, obra del arquitecto de gobierno el señor
Minondo. Esperamos al menos que la junta de hospitales no
se decidirá a emprender las mejoras o construcciones que me-
dita, sin consitlcrar el plan que proponemos, o consultarlo a
otra junta de mvclicos i de arquitectos, a fin de conseguir el
acierto, por medio de una obra durable, que satisfaga a las
necesidades presentes i futuras, digna de la capital, o que
pueda servir de modelo a los demás hospitales de la república,
i en consonancia con los nuevos adelantamientos del mundo
civilizado en e>te jénero.
^Araucano, Aiío de 1842.)
ÍM .<(.
33
ESCUEÍA XOUMAE
" ', . V
í
Es cosa demostrada por la liistoria do todos los piuíblos, ¡
principalmente en las grandes épocas de la humanidad i la
civilización, que cada una de ellas ha tenido una misión que
llenar, respecto del destino del jénero humano, f^uiado sin
duda por la Providencia hacia sus altos desi^juios, o a los fines
especiales que allá en su infinita sabiduría ha debido propo-
nerse. El de esta república es ciertamente diurno do fijar la
atención jeneral i de mover nuestro reconocimiento. Sus cami-
nos i sus fines son en gran manera diferentes do los que siguen
los países que nos rodean, aunque de orí jen común, unidos en
la misma causa de la emancipación do la antigua madro patria
i contemporáneos en la carrera de la libertad i civilización.
Chile, en efecto, aliado natural de los nuevos estados ame-
ricanos desde el principio de su existencia política, luchó por
ellos i al lado do ellos contra los ejércitos do España, sin de-
poner las armas hasta que sonó casi al mismo tiempo el ulti-
mo canon de San Juan de ITlúa i de Chiloé, que pusieron
término a aquellas largas i obstinadas guerras, llevando mas
adelante, i aun por algunos años después, los rencores i perse-
cuciones que ellas habían enjendrado. En esta parte, fué, sin
embargo, Chile un país excepcional: de breve duración, i sin
carácter de venganza o ferocidad, habían sido aquí las medi-
das tomadas contra los españoles, los que, aun no terminada la
260 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
guerra en nuestro territorio, venían a buscar un asilo seguro
contra las persecuciones que sufrían en otros lugares. De este
modo, so vio volver a Chile, cuando libertaban nuestras ar-
mas al Perú, a los mismos emigrados mas comprometidos en
favor do la causa española, que solo habían dejado el país tres
años antes, sin encontrar resto alguno de persecución o deoilio
popular. I^a jenero-.iilad i moderación del carácter nacional re-
lucieron entonces, como había sucedido al tiempo de la victoria;
i gracias a esta misma moderación, Cliile pudo disfrutitr de al-
gunos años de paz en aquella época, mientras que otros países
de América, menos felices, prolongabai;i sin descanso, con las
disensiones i guerras internas, la luclia jeneral de la indepen-
dencia.
De breve duración fueron igualmente nuestras divisiones
interiores; i aun en medio de ellas, la gran mayoría de los
chilenos clamaba por el restablecimiento de la paz, í los parti-
dos so hacían recíprocamente proposiciones de avenimiento.
Llegó el día de esta paz deseada; i la misma moderación del
carácter nacional, que tan poderosamente había contril)u¡(lo a
cicatrizar las heridas de la guerra de la independencia, sirvió
entonces de base i apoyo para la pacificación i organizaciuu
obradas en la época de los diez años.
liemos visto, por último, cuanto ha liecho la moderación en
la crisis reciente de las elecciones populares: a su influencia
cedieron las aspiraciones, se conciliaron los partidos; i el j)ais
entero, ratificándose mas i mas en sus principios de paz i orden,
no tuvo ni mantiene otras aspiraciones que la conservación de
estos bienes con el de una libertad racional, como la que dis-
fruta ahora, i las mejoras morales i físicas a ([ue aspira, así (mi
su organización social, como en los medios de acrecentar su
riqueza i conveniencia material.
Tal es, a nuestro modo de ver al menos, el programa de la
época acta '.I ; época de modei*acion i orden, de reformas i me-
joras .^•ici Ivitdtvs en tocio jénero; de la completa realización, en
una palabra, del sistema constitucional i sus leyes orgánicas.
lié aquí también lo que, a nuestro modo de ver, desea el país,
i en lo (¡ue se empeña por su parte el gobierno. El país i las
ESCUELA NORÜfAL 2GI
cámaras Icjislativas deben cooperar activamente a los mismos
objetos.
El gobierno entre tanto echa las bases do aquellas mejoras I
arreglos: los proyectos de lei presentados antes a las cámaras,
i los que ha preparado ya para la sesión venidera, acreditan
que ha comprendido perfectamente su misión, i í(uc trata do
llenarla con el debido acierto. Contrayéndonos por ahora a un
departamento poco atendido antes, ailnque do vital importan-
cia, como lo es sin duda el de la inslruccion pública, no se
encontrará un solo ramo de enseñanza que no haya fijado la
atención del gobierno. Debia empezar por su organización
fundamental; i se han preparado los proyectos de bases do la
universidad, que deberá comprc*ndcr la superintendencia i plan
de esludios predispuestos en la lei fundamental. Dcbia sobre
todo propagarse la enseñanza primaria, como la mas necesaria
i jeneral; i no lia perdonado el gi^bierno medio alguno para
conseguir este o;;jeto. Mas la dificultad principal que so ha
opuesto hasta el pies(;nte, consiste en la falla de» maestros idó-
neos para las escuelas i)nmarias i secundarias en casi todo el
país; felizmente esta dificultad será obviiida en adelante con
la creación de la escuela normal, en la que habíamos anuncia-
do a nuestros lectores, se ocupaJ)a hace tiempo el gobierno;
insertamos ahora e! supremo decr^íto ([ue funda este nuevo
establecin\iento; i cuya publicaí-iou habia sido retardada, hasta
asegurarse de los medios mas oportunos para plantíjarlodíísfle
luego ron el debido [)rov^-eho.' I^as provincias sítÚiI llamadas,
• ni P\RTAMKN7 r»K JT STJíJA, riI/IO i: INSTIU í:í;ION I'IIIMCA
Tonioüdo f.Mi cormiíJíTaí-ioii:
Que la íiistniccioM priiii'iria trH la Ij.aM'? íí.i que íIcImmi ixnwwUiTfu^ lu
mejora de las cost'iniI>rcs i to'Io pí>'.^r<!Ho iiit'^N'cliiiil, m/íImIo i vcnJa-
clero;
Que aquella instruccioii no p»i'*d'; II<ífiar tíiti iiDp'M'Urilft t}\i'y*U) Miri
que sea comuiiicaíla por rna'rílros uVtwvm i «!«• rriiiocifla íWiTü\U\tn\, i
mediante ni^ítodos íárÜ'íH, ídaroM i uiiiíorfiií'*i. t\\u:, aliorranrlo ti<'fii|K>
i difi^nltad'?^, la huinn ext'rri'.iva a toda» la^ v\itn»*n do la ff/ieJiidiMl;
*G-2 OPÚSCULOS LITERAHIOS I CRÍTICOS
en cuanto sea posible, a tomar parto en la escuela normal,
enviando a ella aquellos jóvenes de mejores costumbres i apti-
tudes que, pudiendo consaufrarse a la carrera de maestros,
vuelvan mas tarde a sus ho;jares, llevando la instrucción sufi-
ciente para comunicarla i propatrarla liasta en los mas apar-
tados auL^^ulos de la república.
IIü aquí, i)ues, una do aíjuellas medidas trascendentales,
llamada a obrar un cambio radical e importante en el bienestar
del pueblo, i de un porvenir sei^uro i feliz. Sin ella, serian por
lo menos ineficientes todas las demás que se tomasen para la
difusión de la enseñanza primaria, porque faltaria siempre el
primer elemento, (¡ue consisto, sin duda, en la adquisición de
buenos i honrados maestros. Los p )rmenores del decreto a
que nos referimos, proveen al mismo tiempo los medios de
obtenerlos con toda seguridad en lo sucesivo, asignándoles
desde su entrada en la escuela normal, en clase de alumnos,
pensiones o ayudas do costa, que serán aumentadas a medida
que se hagan aptos para pasar de ayu 1 mtcs o maestros a las
Que, sin un establecimiento central en qne se formen los preceptores,
Bo estudien i aprendan los miHodos, i se ppv^paren i practiquen las re-
formas necesarias para la mt^joi'a de la enseñanza, no es posible por
ahora IleL,^u• a aquel término,
He venido on acordar i decreto:
Art. 1." Sü establecerá en Santiasfo una escuela normal para la
enseñanza e instru.'cion de las j)L'rsonas quj han do dirijir las escuelas-
primarias en toda la extensión (h- la ropú]>lica.
'2.^ K\\ es(a escuela, se ensoñarán los ram«)S sii-uientos: leer i escribir
i*on perfección, un conocimi mUü completo de los métodos do ense-
ñanza mutua i simultánea, do^'m.i i moral rolijiosa, aritmética comer-
cial, .{gramática i ortoorrafía caslLíllana, jco-'rafía descriptiva, dibujo
lineal, nociones ¡enváralos d<* histv)ria i particulares de la de Chile.
!!/> Ksto est.djlecimi.vUo e-:tará a carleo (U; un director nombrado
inmediatanuMilo por el •j()bierno i un ayudante que será nombrado a
propuesta de aquél.
'i." I]1 director no S()lo enseñará los ramos antes desiírnados, sino
(¡wv velará sobre la conducta de los alumnos, tanto dentro como fuera
di'l establecimiento, jiara lo (|ue tomará frecuentes informes sobre
cada uno de ellos i adoptará todas a(¡ue!las medidas que juzqruo ma'j
i)])ortunas para su mejor comi)orlamiento.
ESCUELA NORMAL 2G3
escuelas primarias o secundarias, así en los pueblos subalter-
nos, como en las capitales de provincia o departamento. De
este modo, i sin el menor gravamen de los padras poco acomo-
dados, se abre por primera vez una nueva carrera a la juventud
lalioriosa i honrada que carece de ella; se saca de la abyección
en que yacía la interesante profesión de maestro de primeras
letras; i se asegura a todo el país el beneficio de una enseñanza
uniforme i regular, bajo los métodos mas aprobados, por su-
jetos idóneos, de moralidad i experiencia.
Entre tanto nos es salisfacturio anunciar que todas las medi-
das de ejecución de este bello establecimiento, han llegado a
su perfecta madurez, i que mui en breve se verá del todo plan-
5.® Víír^ ser alumno de csti cseuv'la. se necesitan por lo menos diez
i ocho años de edad, instrucción regular en leer i escribir, i acreditar
por medio de una información sumaria buena conducta, decidida
aplicación i pertenecer a una familia honrada i juiciosa.
C.'* Los alumnos serán por aliora veintiocho, i durante el tiempo do
su aprendizaje, trozarán de cien pesos anuales, para los gastos de su
mantención i ve-;tuario. Pueden, no obstante, admitirse otros jóvenes,
que, reuniendo las circunstancias expresadas en el artículo anterior,
quieran dedicarse a la profesión de maestros; pero no disfrutarán do
nincfuna pensión.
7." Los alumnos, después de terminada su enseñanza i comprobadas
sus aptitudes por medio do un examen, son obligados a servir envina
escuela, en el punto déla república que el crobierno les desip^ne, por el
término de siete años. Su renta, que se arreglará alas circunstancias
de cada pueblo, no bajará en este caso de trescientos pesos anuales.
S.'» Todo joven que irozare de pensión por el gobierno, en ol acto de
incorporarse en la escuela, se obliírará formalmente a cumplir con
exactitud lo prevenido en el artículo que antecede, i en caso de contra-
venirlo, eludirlo o hacerse por su mala conducta indigno del cargo do
maestro, deberá devolver al tesoro nacional lo que se hubiere gastado
en su cJuc4\cion. Los padres, curadores o personas bíijo cuyo poder
estén estos jóvenes, ratificarán esta obli^racion.
O.'^ K\ réjimen i disciplina interior de la escuela normal serán deter-
minados ix)r un rejrlamento especial.
10. La cantidad a que ascendiere el costo anual de la mencionada
escuela se deducirá de la suma destinada para este objeto en el prc-
sup'iesto del departamento de justicia.— Refréndese i tómese razon«
— DiLNEs —Mniuiol Montt.
2C4 OPÚSCULOS LITERAKIOS I CRÍTICOS
teado en la capital de la república. Aun hai mas; las inten-
ciones del señor ministro de instrucción pública so extienden,
según entendemos, a dotar las capitales de provincia con una
escuela normal, que supla a su vez de maestros a todos sus
pueblos i jurisdicciones; siendo los deseos del gobierno de que
no exista un punto o reunión de ciudadanos sin su escuela
primaría al menos, ni cabecera alguna de departamento quo
no posea una o mas escuelas secundarias, convenientemente
dotadas i arregladas.
Tan vasto e importante plan merece, sin duda, la mas decidida
cooperación de las autoridades, i de los ciudadanos en jeneral.
Contribuyendo las primeras a la propagación de la buena
moral i a la ilustración del pueblo por medio de los estable-
cimientos de educación, cumpliríin con un deber esencial, satis-
faciendo una de las primeras necesidades públicas, formando
honrados i útiles ciudadanos, abriendo el camino a todas las
mejoras útiles, i destruyendo todos los obstáculos que oponen
de ordinario la ignorancia o la falta de moralidad a los ver-
daderos i sólidos adelantamientos. Los ciudadanos pudientes,
sobre todo, verian desde luego el fruto do semejantes estable-
cimientos, si se asociasen para aumentarlos i protejerlos, desde
que encontrasen sirvientes activóse intclijentes formados en
ellos. Cuando cada hacienda de campo llegue a ser el asiento
de una escuela regular, en la que los hijos de los inquilinos
reciban con las primeras letras la instrucción moral i rclijiosa
que a poca costa se podría dar en ella, expcrimcntarian los
hacendados un cambio sensible e importante en el servicio, con-
servación i mejora de sus propiedades: ligados desdo luego
los inquilinos a sus patrones i al suelo en que recibian seme-
jante beneficio en sí mismos i en sus hijos, so harían mas acti-
vos i celosos en el cumplimiento de sus deberes, mas estables
en el terreno que poseían, i por consiguiente, mas laboriosos i
morales. Existen felizmente algunos ejemplos honrosos i dig-
nos de imitarse; ellos hacen ver palpablemente quo están mui
lejos do ser ilusorias las ventajas que dejamos indicadas.
Mas no basta esto para que ellas se hagan tan jenerales co-
mo es de desearse. Se necesita que el espíritu público, el espíritu
ESCUELA NORMAL *t'"i
patriótico i de mejora, tome a su, cariro la iiistruecion primaria,
que coopere con el gobierno a un lia tan laa labio i Ixínéfico;
que vea en él todo el porvenir del país; i que contribuya a apre-
surarlo, auxilianrlo i fomentando las ¡nslitucioncs mas propias
para obtener tan felices resultados. ¿< 'itaivmos, para iiiov-. r a
nuestros conciudadanos, los pr^-filijios (pío cu otras rrjionos • l>r >
por si solo el espíritu público de los particulares cu la difusi*»:!
do la enseñanza del pueblo, i los males í(ae se eviUm i b»s bii-
nes que se consiguen por semí'jantc medio? Materia sería osí:».
quo nos llevaría demasiado lejos, cuando sin necesidad dcí
poner a la vístalos ejemplos brillantes d^ la iViLsia i otros
estados jermánicos, de la Inglaterra i los Ksfados Unidos,
de la Francia de nuestros dias i de otras naciones, llenas di*
vida i actividad i pobladas de cultos e inrlustriosos moradores,
podemos contar entre nosotros ciudadanos de smíimientos bas-
tante elevados i patrióticos, para poncrsíi a la cabc/a de eslc
movimiento esencialmente civilizidor i bcn'íico. í^ue sus fun-
daciones piadosas, sus acciones caritativas, i todos sus esfuerzos
en favor de la humanidad, se conviertan hacia este objeto; i su
caridad i filantropía serán entendidas, distribuidas i ej(M*citadaH
del modo mas acei)to a la Divinidad i mas útil para sus seme-
jantes.
Tales son, en primera línea, los meilíos con (pie podr. nios
satisfacer las exijencias de la época actual i lltii.ir pro'^re.si va-
mente los deseos del país. De otro ujodo, no haríamoM mus (pie
jirar en una misma órbita, sin dirección ni vuelo ne^^uro Inu'ia
aíjuellas mejoras o adelantamientos a (pie racionalni»*nto pode-
mos aspirar. El primer instrumento d^ toib» atlcliintamiento
moral o industrial, se ha dicho repetidas veces, tíd el hondire;
procuremos, pues, mejorar al hombre, tomándolo prínu^ro en
su infancia, i siguicndído después en el currio tía sus acciones
en la vida pública i privada.
II
El decreto supremo para la fumlacion de la escuela normal,
inserto en un número anterior, exíútundo nuestro reconoci-
miento por una medida tan trascendental i benéfica, nos dio
•iOü OPÚSCULOS LITEHAIUOS 1 CRÍTICOS
motivo para afiadir nuestras humildes reflexiones acerca de la
importancia de la enseñanza primaria, i para indicar al mismo
tiempo la parto que era llamado a tomar el país en ol nuevo
imi)ulso í(ue dicha enseñan/.a acaba do recibir del gobierno,
•Sin salir aliora do esta materia, nos será permitido contraer-
nos a la enseñanza de las niñas del puel)lo, no menos esencial
e importante que la del otro sexo, aunque comparativamente
mas favorecido por los cuidados de las autoridades i de los
j)articularcs, i por las mayores facilidades que se han encon-
trado para proporcionarle maestros. Poro en esta parte la
educación ha debido seguir su curso natural; después de ini-
ciada i establecida la de las clases mas acomodadas, ha venido
naturalmente la del pueblo do ambos sexos; i si se considera
que no hace todavía quince años que so fundó en la capital
do la repiibhca el primer colejio do señoritas, i que antes do
aquella época carecia el bello sexo de todos los medios de ins-
trucción regulares o adecuados a su posición social, no deberá
extrañarse que haya quedado como olvidada hasta ahora la
parte mas humilde o necesitada de este mismo sexo. Deben
considerarse arlemas las diferencias esenciales de una i otra
enseñanza, para graduar las mayores dificultades que han de-
bido presentarse, siempre que se trataba de la educación del
pueblo, por su naturaleza mas jeneral o extendida; la necesidad
de i^roporcionar las rentas suficientes, sin auxilio alguno de
parte do los padres, i privándoles mas bien de los servicios que
desdo una edad tierna empiezan a prestarles sus hijos; i la
falta absoluta de personas idóneas que puedan consagrarse a
la enseñanza de las niñas pobres.
Delante de tan graves dificultades, las medidas del gobierno
han debido ser limitadas i carecer por consiguiente del carác-
ter de jencralidad que no han permitido hasta ahora las rentas
i demás elementos con que podia contarse. Fué ya, por lo mis-
mo, un paso bastante avanzado el auxilio o protección dispen-
sada a la clase gratuita que se educa en el colejio de relijiosas
de los Sagrados Corazones, de donde podrán obtenerse con el
tiempo algunas maestras para la propagación de la enseñanza
primaria; i mucho mas si los establecimientos verdaderamente
piadosos i benéficos cío estas dignas rulijiosas se oxtiemlen on
todo el piiís, como ontcnitomos (jiio deberá sucetler en breve
■roapect) de las ciuiladcs de San Felipe, Tuka i Chillan.
Con tudo, Boniojantca medios nnnca corresponderán a la
neceijidad joneral mente Rentida do una cducaoion regular i
común a todas las niñas pobrea; i las medidas del gobierno,
por mas extensas i bien calculadas que sean, no producirán,
en nuestro concepto, todo el efecto deseado, sin la cooperación
oftcaz de los ciudadanos mas jlu!jtrados i pudientes. Hemos
invocado antes esta ojoperacion en favor do la enseñanza de
loa niños pobres; (juo nos sea permitido reclamarla ¡¡analmente
resjwcto de las niñas da la misma condición, i reclamarla
principalmente de su propio sexo, tan dispuesto a la sensibili-
dad i bcncíiconcia. Las señoras cbilenas no ceden en ceta
parte do sus bellas prendas a las de ninguna otra sección ame>
rioana; i solo falta que una persona verdaderamente lilantró-
picft las reúna i les Imga ver el digno objeto a que deben
encaminarse todos sus esfuerzos piadosos í humanos. De este
modo, en la República Arjentina, la educación primaría de las
niñas pobres fué liare años fundada i promitlgada exclusiva-
mente por el eelo ilustrado de las señoras de aquella capital;
las que con una constancia dii>na do ser imitada por el otro
sexo, han sabido conservar intacto el precioso depósito de la
infancia que les estaba encomendado, aun en medio de los dis-
turbios i desgracias que han acabado por cerrar las puertas do
todos los demás establecimientos de enseñanza. Iguales socie-
dades de señoras, i con el mismo digno objeto, existen en la
república del Ecuador, dondo se rccnjen ya los frutos de tan
Útil institución. Ella no podrá menos de darlos mas pri'coces
i sazonados en esta tierra de predilección, desde el momento
en que la tomen a su cargo sus bellas liijas, las mas aventaja-
das por las dotes de ta fortuna i las disposiciones del ánimo,
aquellas a quienes se viÓ en todos tiempos tomar el mas vivo
int«ros en la suerte del país, i las que mas recientemente ban
gozado de los licneficios do una educación cumplida, ahora
naturalmente llamadas a propagar la parte mas esencial ilo ella
#ntre la dase humilde do su sato.
5»JS Ol'LSTALOS LITEHAhlOS I CÜiTÍCOS
Mientras no suce*la esto, será cada vez mavor la distancia
íiuc separa una clase de otra: a medida que se vaya ilustrando
la primera, i que la inferior permanezca estacionaria, serán
por consií^uiente mas dcliiles los lazos que las unan entre sí,
como se experimenta al presente, con jrrave daño del orden
íloméstico i de la moralidad de las familias; i el procrreso del
país será penoso i lento, por falta de esposas intelijentes i
morales para la clase mas laboriosa i necesitada, i de madres
tiernas i virtuosas que puedan formar el corazón i dirijir las
inclinaciones de sus hijos, haciendo de ellos dí'sJc temprano
iítil(?s i honrados ciudadanos.
lié aquí en compendio la alta misión que son llamadas a
ejercer las señoras chilenas, desde el momento en que em-
prendan la propa^^acion de la enseñanza primaria entre la
<-Iase menesterosa de su mismo sexo. Kl servicio importante
<|ue en ello harían a la sociedad, redundaria en provecho pro-
pio desde lue*ro; su scírvidumljre doméstica, i aun las nodrizas
<lc sus hijas, no j)ertenecerian en adelante a la clase mas vil i
abyecta; tendrian personas de probidad e intelijencia, para los
cargos de confianza, de que carecen ahora, i verian al rededor
de sí un pueblo de artesanos u obreros activos, industriosos i
morales, prontos a prestar sus servicios a la clase acomo^lada
i a Henar con exactitud las obligaciones contraídas.
Do propósito, hemos reservado para la última, aunque pri-
mera en importancia, la consideración de la instrucción reli-
jiosa que del)cria distril)uirseen estas escuelas, por los cuidados
<le sus dignas fundadoras. Resorte es este el mas eficaz i po-
deroso para mover el celo de todas las personas verdaderamente
sensibles i piadosas, que con justa razón lamentan el estado
do completa ignorancia o de grosera superstición en que yace
el pueblo; existiendo por consiguiente en las entrañas de la
sociedad un mal gravísimo que, lejos de disminuir, so le vo
cundir con el aumento do la población i las nuevas necesida-
des sociales, sin que puedan alcanzar a remediarlo por sí solos
los cuidados pastorales do la iglesia o la mano protectora del
gobierno; porque ni una ni otro podrán hacerse cargo del
continuo alimento espiritual que necesita el hombre desde su
Ea*lL EL v >''jr-..Ví ^.1
infancia, O al in<:nijs ue ajuella-í ['nrii-.r-L-i :i ■•.:•.. i.- .•!.:.-.•.
apoyadas en los nu-júrt-s cjciunI'.'*. ^{í-: 1 L' . - • ; -r i
la primera cn^eain/.i, i i::r.\i ínJ.i:r.;:.i ■ •:.!:. :^ -■. ! • .•. -.. .:'
posteriormente en t^Ius l^s a.-.-j-^ L- li * : li !.:..•. l.
Uella i grandiosa .>TÍa. p'.r ¡ j Uii- /. --. 1 1 •....; \- .'. ! . ! r •.* :r-
bien tan inmí^ns.>, i p.ir ti>.«l:js ti\n -r.:*.-.!I « ; i- . .; .-. .; .., .
los que suministni hi 01:— ñip./^ I' I [ri l.I : : ^-•. . j! :•: -.», :
digna empresa ¡iiit.-!o i I'!;': .-^rv a'-iv.-. :i. ! r . :.:::.-. i- :•
la parte solecLi (k-I I/--!! » -•:•:'. Kl'.i =..'1.1. ►;:*. :. :.■ -.•=■: !.t- i
protejiéndola^ i visit:k:i«I'»Ia- c.;:i ir ■■: u ■:. .: t. : :- i • :t! r;r l.is
ojos de la muititul l-í.-um i i;:-ii*r-t'r -.1 a I:i ! 1/. '■■ ii r/.iii-iii
i del conocimiento d»,- .sa-s i.rirn-T a «Iv!.- :*■ -•: d>;;^.«' ii-.ril.j i
premiando los alt.'l-jntariii».-:it'^-5 i I -Wa^ -^-.•■i'.:;' < ■!• I.i i:::jrK*ia,
estimularla i foniírntu'li f:i ♦.! * m ..::::» 'I- I1 '.ir', i 1 ¡.«r.i Ij w-
nidero: sus cuiila'l.s p'ira ^.-0:1 \\ :'-;.":'a.;ií:í i. -ji'-ii'»- -'liilirán
la falta do madres tií.-rií.'iii i ti»- :.:•. •.•J^J:^l'^ ini-.-lii- nt».-? cvPv-a do
ella; ihacioiidu 1 1 Micidad dv ip.:1«s ■I-.- stis .-y.iri'-i int -.^.^ • u'raM-
jcariii el mas bdl-j tílulj a «i'iv «l-Ir- »<;•:;■ tr li üíijit s:.i¡iiTÍor
i benéfica.
Hemos dirlio q'io son iVi-üos i > ir-ill-is I -í iik^Ühs di; Iloirar
a tan fclicos e imjiortautjs rrsuií.ulíjs: puríiu».' e.stair.os per-
suadidos ({uc di'siltí el rnomonln en íjue so i»|»ra p »r nii'dio
de una .socii.dad irías o iiit'nns numerosa, se r.stabkvoii Í!i>en-
siblemento la divi--i«in i nn'lo !os rotrularos en los tral);i¡os; la
acción de cada in-liviiluo <.s mas fiuril i es])ontáiu'a, pi>r cuan-
to no sale de aípiul j»''iU'ro d».* íra!>ajo para el ([uc naturalmoutr
es mas apln; i la esfera en (¡ii .• ul>ra toda la sodrdad, so luuf
cada voz mas (^xtoiisa, sin í{U(* se aunionlon o í^ravon los osfuor-
zos individúalos. Talos son los 1kmi«'.'íoío.s quo proporoioiían en
jeneral las so(iodad(*.s, i j)r¡noipalmv»nle las do pura honolioonoia,
seirun lo ex[)rriinonlanios ya por las pocas ((no oxiston onlr«'
nosotros. ¿I por (pió ñn mas no])lr, piuM i hí-nrlioo poilrian
empozar sus onsnyos on oslo jóiifro las virluosas oliilfnas «pir
por el do sustituirse* on Inuar dr niadros d«' arpiolla ol.is»? imli-
jente, quo se puod»; decir ([\\r. {':\vrrt' d»* rilas, drsili* qui* 110
l)Uod(.'n comunicar a sus liijus Ins primeros i ma-í •■ »i'iici.dr .
rudimonlosM¿nc las sonoras (!•• Ii <-apital ^.^r nunan p-ini trafiir
270 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
de los medios de establecer escuelas gratuitas tic niñas en la
misma capital, i mui pronto su acción se extenderá a las pro-
vincias, en donde fácilmente encontrarán dignas colaboradoras:
que se contenten por ahora con una sola escuela; i mediante
sus cuidados i ajencia, ella servirá de modelo i norma para las
que después se establezcan, i talvez para proveer de buenas
maestras a todas ellas. La educación de los dos sexos marcha-
ría de este modo al mismo paso, o con igual provecho; i la
sociedad entera recojeria, a la vuelta do mui pocos años, todo
el fruto de la beneficencia del bollo sexo chileno.
iAraucnno, Ano de 1842.)
LA ACCIÓN DEL GOBIERNO
EsUi cercano de n>j.sotros el tiempo en que, repasando todos In-
sistenias deirohierno, llamando alternativamente a dirijirlosa
todos los hombres ¡nlluycntes o de partido, probando a costa
nuestra la anarquía i la dictadura, cambiando diariamente, pnr
decirlo así, las formas i los hombres, i todo esto sin adelantar un
paso i sin conseguir el bien deseado de un orden regular i e.^'i ;-
ble, o do un gobierno conservador i benéfico, cansados i abru-
mados, i casi sin esperanza de mejora, nos abandonábamos a u.i
cruel escepticismo, que por desgracia vaga todavía en algunas
cabezas, formadas en aquella época, cortándoles todo vue¡ ,
toda acción benévola, progresista o rejeneradora. Entonce-.
a manera de otros pueblos, constituidos en iguales circuns-
tancias, se habia establecido entre nosotros, como un principio
incontrovertible, que «todo gobierno era siempre una verda-
dera calamidad, o al menos un laril ncci2sario, consistiendo
la bondad, puramente relativa, del mejor de ellos en el ma-
yor o menor grado de opresión con que se hace sentir, o en el
mayor o menor número de males que hace experimentar a
los que le soportan.» Consecuentes con esta aserción de ver-
dadero despecho, todos los actos públicos i aun privados lle-
vaban la estampa de un error tan funesto. Minar sordamente
el poder i hacer la guerra al ejecutivo a todo trance, era en-
tonces un deber do los congresos i asambleas deliberantes, así
como de todos los ciudadanos que so preciaban de patriotas o
liberales, o que no conocían otro medio gubernativo ni
"272 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
sistema político que el visionario legado por la España de
18 1 2, calcado a su vez sobre las ideas revolucionarias o de
perpetua anarquía de 1789 en Francia. En América, s(S exajcró,
si puede ser, mas todavía; i hubo congreso de una república
hermana en que se propuso la abolición del poder ejecutivo, i
diputado que brindó públicamente por el exterminio de todos
los gobiernos del mundo. En una palabra, todos los esfuerzos
i aspiraciones estaban cifrados en debilitar el poder i atarle
las manos, haciendo de él un instrumento servil i degradado
de las pasiones revolucionarias, en que se fundaban casi todos
los actos públicos de aquella época de desgracias. No era
extraño que el gobierno por su parte, colocado en semejantes
circunstancias, sin acción p:u'a el bien, i atendiendo siempre a
su conservación o dofonsa, se limitase a parar los tiros de sus
adversarios, i aun usase do represalias respecto do ellos, siem-
pre que so le presentaba una ocasión favorable, cometiendo
abusos o excesos que no podían menos de pesar sobre muchos;
i hacer que se mirase por todos al gobierno con mayor anti-
patía, o según se decin entonces, como un mal necesario que
no podia producir bien alguno positivo en favor do los go-
bernados. Todo entraba en la naturaleza humana, i era
orijinalniento causado por las excesivas precauciones i des-
confianzas de un puel)lo nuevo que salia del opresivo réjimen
colonial, i que no miraba en los gobiernos que se había dado,
mas que los sucesores de los antiguos reyes i sus satélites,
sivmprc prontos a abasar i obrar de un modo despótico o ar-
bitrario: era, sobre todo, la consecuencia necesaria de las
máximas anárquicas que hemos indicado antes, introducidas
con la revolución, esparcidas i fomentadas hasta tiempos mui
ccrcauíjs do nosotros, i que retardaban la época deseada del
establecimiento de la paz pública i de un orden legal, sólido i
permanente.
Mas la perspectiva do semejante bien i los crueles desenga-
ños sufridos, fueron bastante poderosos para que el buen
sentido de los chilenos, primero que en otros países de Amé-
rica, diese do mano a tan perniciosas i funestas máximas del
siglo pasado, como lo habían hecho los países mas adelanta-
LA ACCIÓN DEL GOBIERNO ^73
dos en la carrera de la civilización, o los mismos que las ha-
blan abrazado con ardor en acjiíolla época de ensayos, transi-
ciones i errores. Entóneos este j)aeblo, digno de ser citado
con clojio por su moderación i cordura, aprovecliando las
lecciones de la experiencia propia i ajena, evitando los esco-
' líos i huyendo tolos los extremos, fundó un o.-»t ulo de cosas
regular i adaptado a sus circunstancias, con un gobierno
conservador del orden, promovedor de los adelantamientos i
limitado al mismo tiempo en el ejercicio del poder por salu-
dables trabas, cjuc impidiesen i corrijiesen el desenfreno i el
abuso, en donde quiera que apareciesen.
Pronto se empezaron a palpar las felices consecuencias de
tan ventajosa fundación en el restablecimiento de la tranqui-
lidad pública, la seguridad individual i de las propiedades, la
mejora de las rentas i el sistema do crédito público, la recta
administración de justicia, el fomento de la industria i el tra-
bajo, i tantos otros bienes reales, antes desconocidos, de que
disfrutamos actualmente. El pueblo no pudo menos de conocer
desde luego i prácticamente que no eran solo bienes negativos
los que podia proporcionar un gobierno estable i regular; i
que, sin el sacrificio de aquella forma de libertad pública o
individual conveniente para sus goces o adelantamientos, para
su decoro o dignidad c jmo ciudadanos de un estado libre ¡
soberano, les era dalo esperar de ese mismo gobierno bienes
sólidos i positivos que redundasen en beneficio de los particu-
lares, i do toda la comunidad.
Nadie duda ahora de que tales esperanzas se han realizado
en gran part<», i que en la prosperidad de que disfrutamos
actualmente, entra p ^r mucho la acción administrativa, o la
mano creadora de un poder protector i benéfico, sin cuyo im-
pulso o auxilio, aun dospuos de restablecida i conservada la
tranquilida»! pública, mui poco o nada se habria podido obrar
en la carrera de los a l(íIantami<'ntos. Sobre este punto, la ex-
periencia también nos lia dado a conocer la vanidad o ina-
plicación a nuestras circunstanííias de ciertas teorías de los
economistas, que ya hablan recibido un desmentido solemne
en otros países mas antiiruos. in lusíriosos i ricos que el nues-
opisc. .15
274 OPÚSCULO» LITEnAniOS I CllÍTICOS
tro: tal es, entre otras, la máxima de «dejad hacer i dejad
pasar^D tan en voga en F'rancia en otro tiempo, donde todos
ocurren sin embargo al gobierno en solicitud de auxilio para
toílo jónero de empresas, i de trabas o prohibiciones contra la
concurrencia de afuera; máxima desmentida principalmente
en los estados norte-americanos, los que, a i>esar del espíritu
de actividad i de empresa, talvez sin paralelo, que so nota en
aquel pueblo, han debido i deben muchas de sus primeras
obras públicas al celode los respectivos gobiernos, que eje-
cutan por sí mismos las grandes empresas do canalización,
ferrocarriles i otras de igual importancia, i que mal o mui
tarde po<h*¡an llevarse a cabo, sin los capitales de afuera, o sea
el extenso créditO' que, entre otras ventajas, poseen aquellos
gobiernos sobre los trabajos promovidos i administrados por
sociedades particulares.
En esta parte, se ve f¿icilmcnte que nuestra situación actual
demanda una dirección mas poderosa todavía i auxilios exten-
sos, que en vano buscaríamos entre los particulares, por gran-
de que sea su influjo o espíritu público, si hemos de dar al-
gunos pasos importantes i decisivos hacia el adelantamiento
do nuestra naciente industria i el bienestar jeneral. Necesita-
mos que la acción del gobierno se extienda a todo jénero de
mejoras i obre con igual actividad en todo el país, destruyen-
do obstáculos, a])riendo nuevos canales de industria, i aun
indicando i promoviendo entre los particulares aquellos jéne-
ros de trabajos m:is esenciales i adaptables a nuestras circuns-
tancias, o que puedan proporcionar un empleo lucrativo al
mayor número de ciudadanos.
El convencimiento íntimo de esta misión especial lo ha sen-
tido el gobierno, i la reconoce el país; i si la acción protectora del
primero no ha sido en tiempos anteriores tan jeneral i extensa
como era de desear, debe atribuirse al cuidado principal del
manlenimiento i consolidación del orden público que debia ab-
sorber su atención, i a los escasos recursos de una hacienda
agobiada con el peso de grandes responsabilidades en el interior
i exterior, i cuyo crédito apenas empezal)a a establecerse en la
época a que nos referimos. Mas ahora felizmente todo ha cam-
biado do aspecto; i a la época puramente conservadora (si aei
paedc llamarse la anterior) ha sucedido otra do fomento, do
reformas i mejoras, delante de las cuales cslá mui distante do
retroceder la actual administración, contando siempre con el
apoyo do las cámaras lojislativas i la decisión del puclilo.
Medidas (te la mayor trascendencia, para llenar lo,s olyetos
indicados, o para abrir el camino do las mejoras i asegurar la
marcha progresiva del paií), so preparan entro tanto en casi
todos los departamentos de la administración, para ser some-
tidas al cuerpo lejisl;itivo en la sesión venidera. Por nuestra
{tarto, recomendaremos desdo ahora la leí del réjinien interior,
cuya discusión quedó pendiente, i quo no hemos cesado do con-
Biderar como de vital importancia, para llenar un vacio inmen-
BO, echar los cimientos do una organización verdaderamente
nacional i extensa, i a fin do quo no haya un pueblo do la
república, por lejano que so halle de la acción del gobierno
supremo, en quo no so sienta la influencia do esta acción, i do
un modo igualmente provoclioso en beneficio de todos.
Después de esto, consideramos de no menor importancia la
elección de les ajontes del gobierno, por cuyo intermedio de-
berán conseguirse semejantes bienes; í en este punto delicado,
estamos persuadidos que la actual admioistracion hace también
lo posible para obtener el acierto. Ella debe estar penetrada
de que no bastan la probidad i el celo, para promover las me-
joras sólidas, si no van acompañadas estas calidades do los
conocimientos i aptitudes necesarios; i quo, a esta época de
adelantamientos, corresponden hombres de ideas i poseidoa del
espíritu doempre.ía. Por eso también la hemos visto rodearse
de esta clase cscojida desdo los primeros tiempos de su exis-
tencia, aplicar los mismos principios en los nombramientos
qoe iKisloriormente ha sido llamada a hacer, i no dudamos quo
en igual sentido obre en lo sucesivo.
Creemos, por último, esencial la cooperación del país i su
espontánea decisión en favor de todas aquellas medidas de
ínteres jeneral quo tiendan a promover loa adelantamientos;
nuestro sistema republicano exije esta cooperación de parte do
todos los ciudadanos amantes del país, i ta naturaleza do las
tyj opuacrLOs Lrm ARIOS i críticos
mocIHas a que aludimos. la hace indispensable, para que ten-
gan XcAo el ensanche i los bené:leos resultados de que son
Husceptibles. I aunque, como hem-js indicado desde el princi-
pio, semejantes mejoras deben partir de la primera autoridad
i ser ejecutadas en mucha parte p>:>r ella, no por eso dLl>erá
dejársele en cierto estado de aislamiento, o entregada exclu-
sivamente a sus propios recurso?, que por sí solos tampoco
alcanzarían a satisfacer las actuales exijencias del pais. Tales
serían, por ejemplo, las obras públicas de canales, puentes,
caminos, etc., en las que el gobierno pondría los estudios pre-
vios, la dirección científíca i aun otrus auxilios, mientras que
el público sería llamado a tomar parte en estas empresas,
supliendo los capitales necesarios para completarlas i conser-
varlas, i satisfaciéndose con ventaja del lucro que ellas podrían
proporcionar. JJn sistema mixto de este jénero, pensamos quo
sería el mas adaptable a nuestras circunstancias; i que de to-
das suertes, inmensos bienes deberían resultar a la nación de
los esfuerzos unidos del gobierno i de todos los chilenos en la
causa de los adelantamientos.
' Á ra u en no. Año de 184 '2. )
L.STA2L>.Ll^tÍj.:\T
'J.— — * .-tT ^ m J
da'l de 'lliiití. aianiLuiíi .'iiuup y r .♦-: íi: .' :»: ií:l".- L; Sil?.
que. ^:^:■'^ -íL .Ti:.sp:it: '.r.y-:':^.-. i^:íi.":':'í uim-i z-z .h^ :^:i.i::i:1í
de este y^'-^'i ^í i"''^ t*"- - -¿.-^ :i...-iij'i» ?*í '.i*lí^¡..i. :.«iís, tc ¿;c-
sesioa i't f.r^^ar ::<::»: u:':r'::i. i: .1 *,r:~':tj!::. jí-; í*> «í¿: >í
mismo. 5cr:.-- :. :-íscj-. v.-jÍ, 1- -::•. .- \íi.í<j :^j«:r^JL:i:s.\ <: ::•,'»
decisivo, Ti-í '11 :.:..' -i. :;!.• -.r. li ::ur^íri i«i fu v:iv:l:.cj.v:i;;i i
día. i -..i-r 1 .-i lI'jItI-.-í :>v..r i.:r-:iL:.¿:-:s e.i I:s ::ai<*¿< jue i:::e^
de nos..:r-.s t.; ai.-- /.íIIí.:. ■■:i -tí -j-íí-j -i: r::-::iÁlr ?:x> iiuticu-
ciones ifi.;-. ¿.-t.-^i.'-.i.i. pi.-i riiv-I-irljó a Us r.-x-trs.Iades do U
época, o Lv::^r' i.-! -i::.-.:.'vilr 0Ll:az2i-en:«? a U LUArviii pro^ix*a^«
va déla «■:.v:'..z.^:i-f-. r^.s ii-^mo^ ctjíI.^ aiitori¿a.loci, vlesdo ^uo
tuvimos c.:r.:':Lr--.::ri:o Ul proyecto, para rcpníáeatarlv* v.vaK>
uno de les ^f-.^s I-.l^rs i Ua^^iTcos i¡Me había prejKuraJv^ el ^v^
bierno. i aca-^o : : 11 o el mas f-ounJo en importantes ivsuU;^kW«
para esta i la.s j '.-a:* raciones venideras.
No se trata de aquellos establecimiento^ esvvlásti^ws o do
ciencias especulativas, destinados principalmoute a fon^ont.u*
la vanidad de los que deseaban un titulo aivirento do sutioioneui,
'27M OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
sin ventajas reales e inmediatas para la sociedad actual; tam-
I>oc^j se ha tenido en vista la idea jigantesca de una de aquellas
academias, propias de los países adelant^idos en saber i rique-
zas, donde se ostenta el lujo de las ciencias i dontle los hom-
bres eminentes en ellas encuentran la recompensa de una
larga i laboriosa carrera.
So desea satisfacer en primer lugar una de las necesidades
qiio mas se han hecho sentir desde que con nuestra emanci-
pación política pudimos abrir la puerta a los conocimientos
útiles, ecliando las bases de un plan jeneral que abrace estos
conocimientos, en cuanto alcancen nuestras circunstancias,
para propagarlos con fruto en todo el país, i conservar i ade-
lantar su enseñanza de un modo fijo i sistemailo, que i>ermita,
«ín embargo, la adopción progresiva de los nuevos métodos
i de los sucesivos adelantamientos que hagan las ciencias. I
€sta necesidad tan jeneralmente sentida, que ha sido recono-
cida por actos auténticos en casi to las nuestras lejislaturas, i
sobre la cual ha insistido principahnente la constitución que
nos rijo, no podía llenarse sin una corporación especial, a cu-
yo cargo estuviesen la formación del plan de estudios i su
cumplida ejecución, lo mismo que las mejoras que deban in-
troducirse con el tiempo, i sobre todo la asidua vijilancia i
contracción que exije la economía administrativa de la ense-
ñanza en los diversos ramos que comprenden los conocimien-
tos Immanos.
Se echaba do menos, en segundo lugar, un cuerpo conser-
vador, i)or decirlo así, de estos conocimientos, que, bebiendo
en las fuentes i manteniendo las buenas doctrinas, alejase de
entre nosotros el empirismo, sin permitir que el mediano sa-
ber o el superficialismo, talvez mas fatales para las naciones
(|U(5 la ignorancia, ocupen el lugar del verdadero mérito, que
solo puedo ser puesto a la prueba i jeneralmente reconocido
por medio de estos cuerpos científicos.
Se necesitaba igualmente de una academia en que pudiesen
-cultivarse i brillar los injenios nacionales, que frecuentemen-
te nacen entre nosotros para morir pronto por falta de un
Éeatro aparente i digno, i por falta de aquellos estímulos de
BSTADLECltflKNTO DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE 279
honor i gloria que solo pueden alentar a las almas elevadas i
jenerosas, i que son en todas partes la vida de las ciencias i
de las artes liberales. Estas mismas ciencias i artes apenas
tienen aplicación entre nosotros; i ninguna carrera segura
aparece abierta al joven estudioso que las ha cultivado con
esmero i aprovechamiento, i qcie se ve obligado, por lo mis-
mo, a interrumpir el curso de sus penosas tareas para dedi-
carse a otra vocación ajena. Al cuerpo universitario está
reservado presentar un vasto campo de acción en la carrera
de los conocimientos humanos, estimular su cultivo, i coronar
el mérit'): él debe poner en h<mor las ciencias, i demostrar a
los hombres industriosos en particular, como a la comunidad
entera, que sin ellas no hai verdaderos i sólidos adelantamien-
tos, que ellas son el manantial de todas las riquezas.
El gobierno, la lejislatura, i todas las administraciones
públicas necesitan llamarlas con frecuencia en su auxilio; i
nada útil o importante puede emprenderse, sin que primero
sea sometido a la ciencia i arreglado por ella, lié aquí tam-
l)ien otro de los grandes objetos que debe llenar el cuerpo
universitario, según el texto de las atribuciones designadas al
mismo cuerpo en jeneral, i a cada una de las facultades en el
proyecto de bases. De esto modo, la facultad de teolojía i su
academia de ciencias sagradas, ademas de proporcionar al
estado sujetos verdaderamente idóneos para el ministerio sa-
cerdotal, suministrará frecuentemente al gobierno i a los
prelados de la iglesia chilena las bases de las mejoras o re-
formas que convenga introducir en ella, en beneficio de los
fieles i en consonancia con los principios jenuinos del evan-
jelio i decisiones de la iglesia.
La de ciencias sociales es llamada naturalmente a un
continuo ejercicio en los diversos ramos que comprende, so-
bre todo, en un país que se halla en el caso de completíir o
reformar su organización social: así pues, la economía política
i las ciencias financieras, la jx)lítica propiamente dicha, las
ciencias legales i administrativas, el derecho público e inter-
nacional i las ciencias morales en jeneral, serán puestas a
contribución en benelicio del país.
No 5::-í li.'r. .^ ::vv.:vr.:-?e'. rtvur>o Je ccsi todos los poderes
i aa:orM^I:s u.I •i-^t.tl:» u Ii ;Vi?:I:a.l «k* cien.ias fi.sicas i ma-
teaiít;:.i=: cl :.. vl...:.r.t :::Ius:r:-.l -.Ii-I país debe apoyarse en
ella. I:» ::;:-?.:":.■ ■: ¡.- !.-:..o »:::- •.'.? :V;v:l!t..rIvj i protcjorlo. Cami-
nos i c.\:i ";'.».— . :• ^í'ii-s, a.^i::!.!:?..; li i cultivo en ¡oneral, in-
dustria r.iin-jr.i. :*;kl. ril. v:j., cin-ti'u.i-aos navales, fortifica-
ciunes. i o.ia:it j cntrüj-ivc a la tlr:o:.-:\ i crioria de la nación i
sus ad-:-Iant.i:ii!o::t>-j vleie sor i:ií--.'::.ídj i proparado con el
auxilio eaencíii! de estas cien.i.is. i ojtoutado por los que las
profesan.
Las ciencias ínÁlivM>, que felizíVien'o empiezan a cultivarse
por nuestros conv^iuladaiios, nece-^itan de un centro común de
estudio i foniontj. d jn.le reciban el lastre i la popularidad que
les corresponile, i donde deban hacerse para la jeneralidad
mas útiles i benéiicas que lo que han sido hasta el presente.
La facultad de estas ciencias, criada en ]\ universidad, debe
Henar semejantes objetos, estudiar e- ; /cialmente las enfer-
medades del país, i presentar a sus autoridades oportunamente
el fruto de sus trabajos en este ramo, así como en los de hi-
jienc pública i privada, tan descuidadas entre nosotros.
Nos resta que hablar de la facultad de humanidades, a la
que está encomendado especialmente el estudio de la lengua
nacional i el cultivo de las letras. Esta facultad, ademas del
fomento que deberá dar a la ideolojía, la literatura, la historia
i los demás ramos quCí le son peculiares, tiene el encargo de
la enseñanza primaria i secundaria en toda la república, su
fomento, i los libros elementales i métodos que deberán adop-
tarse en ella.
Fácilmente se dejan ver, por esta lijera reseña, los gran-
des objetos que debe llenar la universidad de Cliile, las nece-
sidades urjcntes que es llamada a satisfacer i los inmensos
beneficius quo de semejante corporación debe derivar el país,
no solo en el curso de los años, sino también desdo el princi-
pio de su carrera. I mas fácilmente resaltan todavía la impor-
tancia i utilidad práctica del establecimiento proyectado, cuando
se contrasta con el edificio gótico de la antigua universidad
de San Felipe, obra de otros tiempos, de otras costumbres i
ESTAÜLECiyiENTO DE LA UNIVERSIÜAD DE CIIILB ^281
otras cxijcncias; i que, si pudo servir entónees de algún ali-
ciente para el cultivo de las ciencias, se habia hev'ho entera-
mente iniitiL por no decir embarazoso, en la presento é|>oca.
Nos prometemos extendernos en otra ocasión sobre esta ma-
teria.
.Mr.'iuoaííf), Ano do 18i*2.)
EL GOBIERNO I LA SOCIEDAD
Nada mas fácil que censurar a un i.vb¡enio ¡uiinitáiulolo
como culpa, nj solo tolo el mal que existe, sino tojo el bien
que no existe; tema eá'e searunJo Ya>to i susoqUüilo ile ain-
plificacioncs oratorias tan tamiles i hrillante-i, (jue pocos oscritv^-
res tienen bastante severiJaJ ele juicio para no ilcjar oonvr en
ellas la pluma, aunque sea a expensa^ ilo la ra/on i la justicia.
¿Qué puede oponer nuestro crobierno al ma«jrnilioo caláloi;^^ do
lo que nos falta? Decretos i rv\ü:lam;MUos c(ue so llaman do
rutina i do estilo, porque no tienen el poder májico de dar a la
vida social un movimiento tan rápido, c.imo d que yoíuos en
otras naciones, con cuyas ventajas materiales i morales todos
confiesan que no admiten comparación las nuestras. Si; el
catálogo de lo que nos falta, es inmenso; i el paralelo de nuesti\)
estado social con el de otros pueblos j>rivilejiados, nos da pocos
motivos de orijullo. Pero la razón i la justicia exijirian i|UO
para atribuir esta diferencia al erobierno, se juda^rasc: L** hasta
qué punto es responsable de ella, i cuáles son las medidas
específicas que, en el concepto de los censores, i)rodui*irian la
metamorfosis instantánea que echan de menos; i "i.", hasta cpió
punto se del>en esas maravillas del esi)íritu i)úblico i do la
industria a las medidas económicas dt5 los gobiernos en los
países dichosos que nos presentan como tipos.
Es un hecho incontestable que la actividad social, el movi-
miento rápido do la industria, el acelerado incremento di' la
prosperidad, no ha sido en ellos la obra del í^obierno, ni se ha
284 OPÚSCILOS LITERAHIÜS I CUÍTICOS
(lebi(U), sino en niui poqucña parto, a providencias administra-
tivas; ¡ que el principal ájente en la producción do esos fenó-
menos es el espíritu público de los fialjitantes, favorecido por
circunstancias peculiares; tales como (en sentir de algunos)
la raza; una antigua educación moral i política, que ha tenido
tiempo de odííxv raíces profundas en las costumbres; la situa-
ción jeop^ráíivia; la fccuuvli.la.l de producciones naturales ilinii-
tadamcnto apetecidas i);>r otros pueblos i fácilmente permuta-
bles por bis productos do la industria extranjera; vías de
transporto interior, preparadas en grande escala por la natu-
raleza misma; acá un suelo vírjcn con medios inmensos de
extensión i dví cjlonizacion, terrenos vastos, fértiles, regados
en todas direcciones por rios caudalosos, navegables; i el
torrente do la emigración europea dirijido a él, primero por
necesidad i luego por liái)ito; allá una antigua cultura, cien-
cias i arles florecientes, capitales acumulados por siglos. ¿Tie-
nen estos medios a su alcance las nuevas repúblicas america-
nas? ¿Les os dado modilícar los efectos profundos i misteriosos
do la acción orgánica, que hace, según so dice, tan diferente
la fibra anglo-sajona de la céltica o do la ibera? ¿Les es dado
variar en un momento las costumbres? ¿Está en sus manos
crear, donde no los liai, esos instrumentos colosales do engran-
decimiento a que dcljon su acelerado progreso los Estados
Fnidos, o esas producciones preciosas que han decuplado en
pocos años la riqueza do la isla de Cuba? ¿Diremos a las cor-
dilloras, allanaos; i a los torrentes, prestad vuestras aguas
a la navegación interior? I cuando tuviéramos todo ese poder
on nuestras manos, nos restaría que hacer otro nuevo milagro,
acercar nuestras costas a los gnnules emporios del mundo.
Compárense de buena fe lo que ha hecho en todas líneas la na-
ción chilena i los medios que el cielo ha puesto a su disposición,
con las dádivas que la naturalezjnia prodigado a otros pueblos,
i no hallaremos razón para humillarla. Porque en esta parto
el gobierno i la nación tienen una responsabilidad solidaria.
En vano se miraría la prosperidad nacional como la obra
exclusiva del gobierno. Ella ha sido en todas partes la obra
colectiva de la sociedad; i si no so puedo culpar a ésta do lo
'*
R[. GODIEIIMO I LA HOCiBOiD
que no liara, sin Inmar en cuenta sus elemontos matoriales,
monos se puede cuipnr al (gobierno sin tomar al misino tiempo
en cuenta la materia i el espíritu, las costumbres, las leyes,
las preocupaciones, los antecedentes morales i políticos. Pi'o-
cedcr do otro modo es una manifiesta injusticia. Di?ase en
buena hora lu que ríos falta; nunca estará de mas repetirlo;
pero espiónense las causas de esa falta; indiquense los medioH
do remediarla; i la reseña de los prodijioa siiL-iatcs do otros
pueblos será instructiva, será fecunda do rcsultadoíi práclicos.
Lo que el gobierno puede prometer a sus comitentes es un
deseo ferviente do merecer la aprobación pública, una aten-
ción asidua a los intereses de la comunidad; una resolución
(Irme do tomar en eliiis sus inspiraciones, i no en la atmósfera
de ningún partiilo. Lleno de estos sentimientos, acojerá siem-
pre con docilidad las iiidicacíone« de la prensa, que lo pa-
rezcan fundadas en principios sanos i justos de política i de
economía; i nunca ha catado mejor dispuesto a escucharla,
que, cuando servida por escritoi-os. ilustrados, abobados celosos
do la humanidad i del puehto, la ve en estado de cumplir su
mas bella i alta mi»¡on: proponer, discutir las innovaciones
lililcs, i discutiéndolas, prepararlas. Poro so necesitan conse-
jos claros, definidos, no especulaciones aiircas. Los sueños
dorados i las perspectívat teatrales desaparecon anta las seve-
ras, Ia.s inflexibles leyes de la uiatcria i del espíritu; leyes quo
dejan límites harto estrechos a la esfera de acción de los lejis-
ladorcs humanos.
Es preciso ver las cosas como son, Hl gobierno no puedo
obrar sin el concurso do la representación nacional; i la reu-
nión misma do todos los poderes políticos carece de imperio
sobre ciertos accidentes materiales, i, para modificar los fenó-
menos morales, tiene que hacerlo por medio de las leyes, quo
influyen tanto mas lentameirte sobre las costumhrea, cuanto
les es necesario valerse de ellas í de las preocupaciones mismas
para ser eficaces. La marcha de nuestra república no será, si
ae quiere, como la de los dioses do Homero. Poro ¿qui¿n ha
dicho que todas la.s rcpúljlicas, ni la mayor parte, han andado
así? I>.j que vemo«, esquela marcha social lia ííido MÍcmpro
256 oriJscuLo» litehaiuos i créticos
mas veloz donde la ha favorecido una feliz combinación de
circunstancias. Por ellas, proijre.san rápidamente las repúbli-
cas norte-americanas; por ellas, la Nueva Holanda i la isla de
Cuba, que no son repúl)l¡cas. Si esas circunstancias naturales
i morales se desenvuelven prodijiosamente bajo el influjo de
la libertad democrática, tampoco es imposible que sea tan
poderosa a veces su acción, que no la retarden ni aun las tra-
bas de la servidumbre col<Miial; i su concurrencia es tan nece-
saria, que, sin ellas, la libertad misma, la mas activa i crea-
dora do todas las infl.ioncias políticas, obrará de un modo
comparativamente débil i lento sobi'e los desarrollos mate-
riales.
Cada pueblo tiene su flsonomía, sus aptitudes, su modo do
andar; cada pue])lo está destinado a pasar con mas o menos
celeridad por ciertas fases sociales; i por grande i benéfíca
que sea la influi.Micia de unos pueblos en otros, jamas sera
posible que nini^uno de ellos borre su tipo peculiar, i adopto
un tipo extranjero; i decimos mas, ni sería conveniente, aun-
que fuese posible. La humanidad, como ha dicho lino de los
hombres que mejor han conocido el espíritu democrático, la
humanidad no se repite. La libertad en las sociedades moder-
nas desarrolla la industria, es cierto; pero este desarrollo,
para ser tan acelerado en un pueblo como en otro, debe en-
contrarse en circunstancias igualmente favorables. La liber-
tad es una sola de las fuerzas sociales; i suponiendo igual esta
fuerza en dos naciones dadas, no por eso producirá iguales
efectos en su combinación con otras fuerzas, que, paralelas o
antagonistas, deben necesariamente concurrir con ella.
El autor que acabamos de citar (M. Chevalier) nos ofrece
un ejemplo mui notable do la variedad con que obra el espí-
ritu de las instituciones democráticas en los mismos Estados
Unidos. «El yanqui i el virjinio, dice este celebro escritor,
son dos entes mui diversos; no se aman mucho; i frecuente-
mente discuerdan.... el virjinio de raza pura es franco, expan-
sivo, cordial, cortas en las modales, noble en los sentimientos,
gr:íude en las ideas, digno descendiente del (jentlemaa ingles.
lí -'loado, desde la infancia, de esclavos que le excusan todo
KL CiOUIP.nNO I LA SUCIEÜAU
Í(Í7
trabajo manual, es poco activo i hasta [jei-czosu. Es ppúilign; i
en los nuevos cstaiIos, aun mas quo en la omjiolji-cuiíUt \'írji-
nia, rciua la profusión Practii;ar la hoNpitali>líiil os para ól
un iluber, un plactr, una (Ütha.... Ama las iiistiLuoioiicHdc na
paía; i con toilo oso muestra con stitisfiícoioii «1 extranjero ht
vajilla (lo familia, cuyos Ijlasouos, mcilío hornuloa por el tiem-
po, atestiguan que desciendo do los primeros colonos, i que
8U9 antepasados eran de ca.sa3 distinguidas en Ina;latcrra.
Cuando su espíritu lia sido cultivado por el estudio, cuando un
viaje a Europa lia dado flexiljilidad a sus formas i pulido su
ituaji nación, no Iiai lugar en que no sea di^^no (capaz de figu-
rar, no lini destino a cuya altura no pueda elevarse; ca una
felicidad tenerlo por compañero; so desearía tenerlo por ami-
go. Sabe mas de mandar a los hombres, que do douiar la
naturaleza o cultivar el suelo. .. Kl yanqui, al contrario, es
reservado, cjincentmdo, dfsconnado; su índole es pensati-
va i sombría, pero uniforme; su actitud carece de gracia,
pero es modesta, i no os baja: sus ideas son mezquinas,
pero prácticas; tiene el sentimiento do lo conveniontL-, no el
de lo grandioso. No tiene la menor chispa de ospiriLu taha-
Heresco, i sin embargo gusta de las aventuras i do la víiIa
errante. El yanqui es la hormiga trabajadora; ea industrioso;
sobrio, económico... astuto, sutil, cauteloso; calcuhi conti-
nuamente, i hace alanlu do ios ínc/ts con que sorprende al
comprador candoroso o confiado, porque ve en ellos una prue-
ba do la superioridad de su espirita ... Su casa es un santua-
rio que no se ahre a los profanos. . . No es un orador brillan-
te, pero es un lójico rigoroso. Para ser liomhre de estado, le
falta aquella amplitud de espíritu i do coraron que nos hacü
concebir i amar la naturaleiía ajena... Es el individualismo
encarnado... En Baltinioro como en Bostón, en la Nueva
Orleans como en Salem, en la Nueva York como en Portland,
si se habla do un comerciante quo por bien entendidas cmn-
binacioncs ha realizado i conservado una injente fortuna, i
pregunlai.'í de dónde es, «es un yanqui», os responderán. Si
on el «ur se pasa junto a una plantación quo parece mi-jor
cuidada que las otras, con mas Ijcllas arboledas, con chozas
288 OPÚSCULOS LlTElURiOS I CHÍTICOS
de esclavos mejor alineadas i mas cómodits, «oh! es de un
hombre do la Nueva Inf^laterra,» oiréis decir... En una
aldea del Missouri, al lado de una casa cuyos cristales están
hechos pedazos, i a cuya puerta riñen mucliachos andrajosos,
veis otra casa acabada de pintar, cercada de una reja sencilla
i limpia, con una docena do árboles bien chapodados al rede-
dor; i por entre las ventanas alcanzáis a ver en una salita,
tersa como la plata, una reunión de jóvenes bien peinados, i
de niñas vestidas casi a la última moda do Paris. Una i otra
son casas de labrailores; pero el uno de ellos viene de la Caro-
lina del Norte, i el otro de la Nueva Inglaterra.»
La libertad no es, pues, tan exclusiva como creen algunos:
se alia con toilos los caracteres nacionales, i los mejora sin
desnaturalizarlos; con todas las predisposiciones del entendi-
miento, i les da vigor i osadía; da alas al espíritu industrial,
donde lo encuentra; vivifica sus jérmenes, donde no existe.
Pero no le es dado obrar sino con los dos grandes elementos
de todas las obras humanas: la naturaleza i el tiempo. Las
medidas administrativas pueden indudablemente ya retardar
el movimiento, ya acelerarlo. Pero es menester que no nos
exajeremos su poder. Ilai obstáculos morales que no debe
arrostrar de frente. Ilai accidentes naturales que le es imposi-
ble alterar. Los que la acusan de inerte o tímida, harán un
gran bien al publico, señalándola el derrotero que debe seguir
en su marcha. Sobre todo no olviden que bajo el imperio do
las instituciones populares es donde menos puede hacerse
abstracción de las costumbres, i que, medidas abstractamente
útiles, civilizadoras, progresivas, adoptadas sin consideración
a las circunstancias, podrán ser perniciosísimas i envolvernos
en males i calamidades sin término.
(Arancnnn, Año de 1843.)
EDUCACIÓN POPULAR
[Lus extractüs que siíjuen sacailos de una ¡ievisla Americu-
na, publicada hace algunos años, nos han parecido muí aph-.
cables a las circunstancias presentes de Chilo.)
Que haya hombrea a quienes alarme la universal difusión
de loa conocimientos, i que aun haya respetables diarios que
tomen una actitud de hostilidad contra este objeto, solo prue-
ba cuan justa es la causa, quo, a pesar de tantos obstáculos,
gana cada día terreno. Poco, empero, nos inquieta esa licisti-
lidad, excepto en cuanto ea digna tic notarse i sentii;ae. Por-
que, lo que so dice de la verdad, pucliora aplicarse a la instruc-
ción, si no fuera decir lo miamo: Es fuerte i prevalecerá.
La causa del prOLjreso de la naturaleza humana ha ido ya
demasiado lejos, sus esperanzan han echado raícos demasiado
profundas, para que podamos temer que retroceda. Ilai en la
gran masa social un movimiento que barrerá con to<lüs los obs-
táculos quo se le opongan. La jeneral atención con quo hui
se mira esto asunto, este vivo ¡ serio espíritu dA siylo, nofl
pronostica graniles cosas El pronó-stico se cumplirá. Mas, para
que sea completo el suceso, es do desear quo todo el mundo
se dedique esforzadamente a la corrección do los errores, al
remedio de los abusos, al fomento ilo las mejoras. Ilai mucho
todavía que hacer, i particularmente en lo que debe consíde-
orúsc. 37
Biitre las varias materias quo lian ocupado los espíritus en
loa tpesciciitüs años que acaban rio trascurrir, la etlucacion es
una (le las últimas a que ha cabido su parte en la atención
jeneral. El peso de la tiranía oMigó a los homlires a meditar
sobre sus derecli:>s. La curiosidad i el amor a las especulacio-
nes tos impo.ierou a entrar en el vasto campo de tas ciencias i de
la filosofía inlelectuid. El natura! incremento del y;usto i el
desarrollo do la imajinacion han enriquecido las artes i la
literatura- Pero la ciencia de la educación ha parecido presen-
tar menos alicientes o una utilidad menos obvia. Los hombrea
podían vivir, defender sus derechos i sus opiniones, i acumular
adquisiciones i placeres, sin dedicarse a esta ciencia; i estaba
en la naturaleza de las cosas que antepusiesen su propio ínte-
res presente al interés futuro de sus hijos.
Así vemos que la educación popular ha dado asunto a muchos
menos libros, que cualquiera otra do las grandes materias que
afectan el bienestar do los hombres; a muchos menos libros
que las leyes, la medicina, la política o la relijion. Pero, al
paso que sobre estas i otras materias hai un número infinito
de libros, al paso que en los países extranjeros tantos salones,
tantas galerías, tantos vastos ediíicios crujen bajo el peso de
centenares do miles do volúmonea, se les puede recorrer to<los
i no hallar sino de cuando en cuando alguna olvidada obrita,
|wobabIemente superficial, sobre la educación. Porque en esta,
como en las otras cosas, la demanda es lo que produce el sur-
tido. Si huliiese Iiabilo lectores, hubieran sobrado escritoreü.
Aun hoí dia, cuando este asusto ha principiado a excitar la
atención, pocos son, comjwrativamente mui pocos, aun entre
los padres que leen, los que se informan acerca de los mejores
métodos de educación. Viajes, poemas, novelas, cosas mui
buenas en su tiempo i lugar, si son lo que deben ser; exliibí-
ciones de cosas i escenas extrañas, muchas veces ücticias,
tienen para los mas de nosotros mayor atractivo, que las
discusiones que nos inducen acontemplar bajo todos los aspcc-
to4 del interés í el deber las cosas i escenas domésticas.
EDUCACIÓN POPUI.\n
Son de buon agüero para la eda<I qtte va a »eguir a la nues-
tra el incremonto que vonioa cada (lia en el número rte los que
escriben i león obras de educación; la dirección que toman
muchos vi(;orosos entendimientos liacia esto ramo, i el interés
público que empieza a inspirar; las liberales donaciones con
quo lo fomentan ¡03 hombros de fortuna; la porción de indivi-
duos de educación i talento que ejercen el encargo do instruir
a la juventud, no solo en nuestras universidades i colcjios, si-
no eu los liceos, academias i escuelas; i el emolumento quo
reportan por sus tareas, quo en muchos casos es superior al
de cualquier otro trabajo intelectual en esto ¡rais. Este con-
junto do circunstancias, unido, como lo está, a nuestras insti-
tuciones libres, i a los afortunados auspicios de nuestra condi-
ción nacional, nos alienta a indefinidas esperanzas do progreso
i mejoras, así en los principios, como en los métodos do edu-
cación que hemos adoptado.
Este orden do cosas nos convida a indicar algunas de las re-
formas i adelantamientos quo reclama, a nuestro juicio, el
espíritu del siglo en que vivimos, reformas i adelantamientos
que en realidad principian ya a tener efecto, i que so desen-
volverán sin duda sobro una mas amplia escala en nuestros
Bistemas de enseñanza. Casi involuntariamente damos a nues-
tra.^ expresiones el tono de la esperanza i la anticipación-, pero
desdo ahora anunciamos que debemos hablar de defectos i
males quo han prevalecido, i todavía prevalecen demasiado, en
nuestros establecimientos literarios. Premitircmos también que
vamos a ceñir principal, sino enteramente, nuestras observa-
ciones a la educación, no de los qu& siguen las carreras cien-
tíficas, sino de la masa del pueblo, a la educación popular; a
los estudios que so hacen en nuestra lengua nativa en las
escuelas comunes o de gramática, i en los colejíos de niñas. 1
como nos hemos propuesto considerar la educación en sus mas
humildes escenas, nos limitaremos a obvias i sencillas indica-
ciones, cuya justicia reconocerán tocios, aunque sean pocos los
que se gobiernen por ellas.
Lo primero quo es menester en un sistema de instrucción
popular, es que sea Ínloli]Íble; ([tie los niños i los jóvenes
OPÚSCULOS LlTBHAnil>8 I CRÍTICOS
entiendan lo que aprendan. jQue entiendan lo que apr
se preguntará. ¿CÓmu es posible que lo apremian sin
derlo? Respondemos que pueden encomendarlo a la memoria,
recitarlo, i aun dar una muestra regular do que lo saben, 8in
saberlo ab.solutamentc. ¿Entiendes lo que lce.s o lo que dices?
es la pregunta do mas difícil respuesta que puede hacerse al
viejo investigador, i al rcs<fuardado i cauto argumentador o
co n tro Y erai alista. Pero, a loa mas de los niños, i con respecto a
lo que se les ha enseñado en los .sistemas de educación que
están en boga, esta pregunta los confundirla. No trepidamos
en decir que dos o tros años de los que se lian empleado en la
educación de casi todos los individuos de esto país, se han
desperdiciado, haciéndoles estudiar lo que no entendían. Por
ejemplo, ¿qué es lo que un niño de siete hasta diez o doce
años do edad puede entender en la ciencia de la gramática?
Esta ciencia es una de las mas al)Stractas i profundas, envuelve
una análisis del pensamiento, i exije un delicado escrutinio i
co^nparacion de las ideas. La lengua es el instrumento del pen-
samiento; i si un hombre no puede comprender ni aun loa
instrumentos cuya ajencía es meramente mecánica sin algunas
nociones de filosofía, ¿se podrá esperar que lo sea mas fácil
comprender cientiricamente el grande utensilio de las facultades
intelectuales? Se dirá que esta comparación es con/ra produ-
centem, i quo un hombre puedo po-ieer el uso de la lengua
sin investigar su teoría, como puedo valerao de la máquina de
vapor sin conocimientos fdosóficos. Pero tenemos a mano la
respuesta. Todo niño habla su lengua correcta o incorrecta-
mente, no por lo quo ha leído en su gramática, sino por lo que
aprendo conversando i leyendo. I uno de los daños de este sis-
tema es que el niño imajina que )for las nuevas denominacio-
nes que da a las palabras, llamándolas nojnbrcs, verbos, etc.,
por el aparato de definiciones, i por la rutina de construir,*
acumula una gran copia de conocimientos, mientras que en
realidad no aprende nada.
En estas observacioneit, no es nuestro ánimo censurar n los
baenos e inlelij«ntcs instructores de U juventud, que ae ven
obligados, basta cierto punto, a marchar por la senda trillada,
ponjue la costumbro exjje cjue ae hu^n eso estudio en los
primeros años. Hai en ento cierto misterio qtio ofusca la razón
de los padres, que, si bien no tienen la mas líjora ¡dea de la
utilidad que pueda sacarse de ello, creen, por una especio de
vaga e indclinible aprensión grabada en sus almas, que la
gramátii^es una oosa de alta i aun esencial importancia. El
niño, pues, mal que le pese, lia <.\e aprenderla, i tiene amenudo
que Hufrtr reprimend:is pur su repugnancia i aparenta rudoza,
cuando, en realidad, en esa misma aparente rudeza i en esa
repugnancia a cargar su memoria cun frases (¡uo no entiende,
da talvez indicios nada equívocos de un entendimiento claro j
de disposiciones naturales felices.
La mejora, pues, quo con toda conHanza nos prometemos
en este ramo, es que se postergue hasta una ¿poca mas ade-
lantada en el curso do educación; que, al estudio de la gramá-
tica, se junten la lectura, comi>osÍcion i reflexión; i que se
enseite entonces, no una descamada rctaliíla de reglas, sino la
ciencia del lenguaje.*
* Esta ea la misma DpWpii quo hema^ «mittdo níioa hA, 1 d* qu«
se eicandB I izaron ali^unos^ como ni hiibiénomon deioado desterrar de
los entablecimientos liUiruriun el ONtiidlo de U lengua patrin, o como,
■i traBrerirlo do una edad incapaz ilo tue estudio n otra ¿poca mas
sdeluiitada del enlundiraionto. no fueRe el mejor modlo, o par mojor
decir, el único, de hacerlo con fruto. I aun no nos avnniamo? ontón*
ees a todo lo que prupunu «1 autor del nrticulo. DiJImix que Boría
conveniente dar en 1o4 primaran añon nli^iinns nocionnn NiiporllcialeB,
pero otaras e intelijiblvs de ^ramillca, con el ñn do mnnifontnr a los
tilicos loa yerros que man comunmente coni'-ten hnblnndn 1 de rncllltar
la adquisición de otron idiomas, dejando para mna adulante rl estudio
Qlonóhco del lent^naje. E^to ea nuestra modo de pcnnar to«Iavfa¡ i
pudiéramos apoyarlo tn la experlenoli». La «ramAtifa do Ion niño*
debe eer muí diferente de la (framiticR do loa jAvencu, que llevan ■
ella [os Donoclmientoa proparatorioi IndiNpenubleí*; lo teoría dol en-
tendimiento i el hábito priictiao de analizar lai ideas, conaa una 1 otra
de la mayor imporUncia para la literatura i para todna las carrerar
204 OPÚSCULOS LITEIIARIOS I CIlÍTICOS
¿No aprenderá, pues, el niño, se nos preguntará, sino lo
que pueda entender? Respondemos que no. Porque ¿de que
le serviría? So creerá talvcz que un niño que aprende la
gramática de una lengua desconocida, aprendo lo quo no
entiende. Poro no es así. Sí se le enseña bien, la gramática
que aprende es la descripción delu lengua desconocida quo
estudia. El niño, en esto caso, no hace otra cosa que el adul-
to, o que el mas docto profesor de idiomas: no encomienda a
la memoria lo que no entiende; todo lo que aprende le revela
un hecho de la lengua que estudia.* Pero ¿no hai en 1oí5 princi-
pios de toda ciencia machas cusas necesariamente inintelijí-
blcs para el qu^ se dedica a ella? Respondemos decididamente
que nó; si erramos en esta aserción, nos someteremos gustosos a
la corrección de los que nos convenzan de error. No creemos
que en el curso do la enseñanza sea jamas necesario depositar
en la memoria palabras cuyo significado no se sabe, palabras
desnudas de sentido. Los primeros principios de toda ciencia
profesionales. La primera de estas gramáticas es la sola quo en el
estado actual do nuestras escuelas primarias puede enseñarse en ellas;
poro desgraciadamente aun no so ha dado a luz ninguna que corres-
ponda a su objeto.
Como cada país tiene vicios peculiares en el uso de la lengua nativa,
cada uno debo tener su gramática peculiar para la primera edad. La
composición do una gramática para los niños chilenos, seria, a nuestro
juicio, una do las mejores materias para un premio universitario.
* La gramática de una lenírua extranjera supone nociones elemen-
tales del idioma nativo: ellas deben formar una parte de la gramática
primaria, la gramática de los niños. Dcísde que empieza para ellos la
edad de la razón, so les puede enseñar a conocer las diferentes clases
do palabras, las personas, los números, los jéncros, los tiempos, la
proposición, el réjimen. Iiíso o poco mas es todo lo que se necesita
para pasar de la Icnr^ua patria a los idiomas extranjeros. Tero omitir
enteramente este aprendizaje preparatorio produciria una do dos co-
sas: o el niño tendiia quo hacerlo sobre un idioma extranjero, i en
tal caso ¿por qué no anticiparlo en el propio? o bien, al aprender el
francos o el latin, tendría quo encomendar ala memoria palabras cuyo
sentido lo fuese desconocido, i vendría a caer en el inconveniente
mismo quo deplora con tanta razón el autor del articulo.
tendrán talvez atinjcncia i relaciones quo el discípulo no [mu-
da entender; pero ca pret-iso que eitUcnda todo lo que e.s nece-
sario para quo proceda do un modo intelijiblc en su estadio.
Tomemos, pur ejemplo, loa axiomas de las matemúticaij, (No
son ellos intulijibles? La ciencia ppiKiode sobre el supuesto do
que el principiante los enttpndc. Tómense las tlcPiniciones do
cualquier ramo científico, tíi el quo lo estudia ca incapaz de
comprenderlas, ¿de quó le sirven? tíin duda los conocí micntus
que vaya adquiriendo darán nueva luz u las dcnnídonos,
axiomas í nociones elementales; i>cl'o nada impido que desde el
principio so entiendan suficientemente.
Los malos que resultan de este método vicioso de enseñan-
Ka, son du la peor especie. El menor de ellos e-s la perdida de
tieniiK). Ni es el mas sensible de todos la pérdida de esos mismos
conocimientos que dejim de darse al principiante en tiempo
oportuno. So pierl-dc ese modo la disposición a aprender i
el deseo de instruir.ic Mucha parte do la ignorancia del común
de los hombres debe imputarse a este inodu de comunicar la
instrucüion, ¡Cuántos alumnos atrasados i rudos no lo son, sino
|)or esa iníntelijible enseñanza! El entendimiento tratado do
ese modo, engañado en sus esperanzas, da un testimonio de
su dignidad nativa, dejando de tomar Ínteres pur lo que no
alcanza. Palabras que no enseñan ni significan para él cosa
alguna, le son naturalmente ingratas i dolten serlo. Es i dolw
ser una cosa dosajiacibte i repug-nante encomendarlas a la
memoria i rajitarlas, aunque se haga coa facilidad i despejo.
Esa atención a palabras cuyo sentido no se percibe, enjenilru
ademas un hábito de vaguwUI i confusión; la facultad de
juzgar so embota; v\ alma so acostumbra a contentarse con
meros sonidos, i cae en una es|iceÍo de neglijencía, que es casi
una prostitución moral. No puedo haber disposición mas per-
niciosa: es funesta para la adquisición de sólidos conoci-
mientos; pervierte el sano juicio atm en las cosas prácticas; e<i
una injuria a las mas nobles facultades del alma i una ti-ai-
cíona la conciencia. Nuestra natural indolencia hace que nos
contentemos con nociones vagas i suiíerficialcs; i o esta pro-
pensión juntamos la influencia dr una educación descuidada.
296 OPÚSCULOS LlTEFtAniOS I CnÍTICOB
t lo peor C6 que nada engríe i ensoberbece tanto, como i
instrucción mal dijcrida. Nadie mas pagado do si miamo, IJW *
el verboso recitador do palabras i frases que no comprende.
Esperamos, pues, que se remediará este mal; que se nimpli-
ficarán los libros de instrucción elemental, como se ha hecho
en algunos ramos; que la educación vendrá a ser menos eaco-
lástica, menos artiiiuial, maa acomodada ala intelijencia do la
primera edad; quo se consuttíirán así mejor la capacidad i n^
titud de los niños para destinarlos a diferentes estudios, i quo
no so les disgustará, ni so paralizará el desarrollo de sus f:u:ulta-
des mentales con enn laboriosa i estéril aplicación a materias que
no están a su alcance. El ospírilu humano es mui susceptible
de interesarse i deleitarse en cada paso que da, en cada adqui-
sición que hace do verdaderos i sólidos conocimientos. Obte-
nido osle efecto, se encontrará quo el mero gusto de aprender
es para él un estimulo poderoso que hace supcrfluas laa in-
fluencias mezquinas del temor, la emulación i los celos. Esto
por si solo constituirá una grande i nueva era en los progre-
sos de la educación. Pero tocamos ya a otro punto sobre que..
var. a recaer nuestras observaciones.
II
La segunda cosa, pues [continúa el Tievísor AmerÍcano)M
que debe procurarse para mejorar la educación, es que la
niños i jóvenes tomen mas ínteres en lo que se les enseña.
El tedio de las escuelas es proverbia!. La cansada tarea, Ii
fastidiosa lección, que lia puesto a prueba todo su caudal í
paciencia, es lo que probablemente recuerdan los mas
niños i jóvenes al salir do la escuela. Éntrese en cualquiera d
ellas; i se verá casi siempre una languidez mortal, una apatía
inatención, a no ser que un cercano examen o una medalla^
premio encienda la emuhicion i tos celos. ¡Qué vacío i
miradas, qué pesadez en las actitutlos, quo pereza en los mo-
vimientos! ¡Cuántos indicios de que todo se hace, porque ea
preciso hacerlo; de que cada discípulo se mantiene en bu
asiento, no por inchnaeion, sino por compulsión; i de que, si .
se les (K'jase en libertad, huirian de las paredes d» la escuela,
como de las muralla» de una cárcel! Supongamos quo se les
deja salir, i sif;áiiioslus al sitio destinado a sii.'i homs de ocio.
i'Qué instantánea i completa metamorfosis'. ¡Qué espíritu, qué
viveza en los semblantes, qué brillo en los ojos, qué encanta-
dora animación! ¿Será, pues, verdad, quo el hombre tiene mas
de animal, que de intclijcnto, í que el autor de la naturaleza
le formó para que tomase mas interés en el juego i en el ejer-
cicio do la fuer¿a i destreza física, que en los intensos i exqui-
sitos placeres del entendimiento? Por el honor do la naturaleza
humana, no querríamos asentir a esta idea; i en realidad la
tenemos por falsa. Ejemplos hai (i cada dia crecerá su número)
do escuelas en que la sala de estudio exuitii el mas aetivo i
agradable ejercicio de las facultades mentales, i se va a ellas
con tanta ansia, como a los mas raseinadoi'es entrctenimien.09.
Este paso, en la carrera de las niPJor.Ls, debo «eguir natu-
ralmente al que dejamos ya indicado. Entiendan los niños lo
que aprenden, i tendrán and^ida la mitad del camino para in-
teresarse en ello. Mas esto no basta. Debe ensciíárscles lo que
de suyo es a propó.sito para interesarles; i la enseñanza de estas
materias debe hacerse de modo que se Incre el objeto.
Nos aventuramos a disputar lus tilulns de muclin parte de
lo que se enseña aun en la mejor «laso de escuelas, por la falta
de uno u otro de estos requisitos, es deiiir, o porque no os de
suyo interesante, o porque el modo do presentarlo a los niños
lo desnuda de todo interés. Peciin por este segundo defecto
muchos de los e.studÍ03 que so hacen en nuestras escuelas. Son
interesantes de suyo, pero el modo de hacerlos es árido i fasti-
dioso. La aritmética, la jeografia, la hi-storia, como se enseñan
ordinariamente, carecen de todo atractivo; i si se logra apren-
derlas, es a fuerza de estímulos quo no tienen nada quo ver con
el amor a los conocimientos. Es de toda imposibilidad quo una
colección de hechos abstractos, sin relación a sus fundamentos,
motivos o causas, sin relación a la naturaleza o a la vida hu-
mana, sin ninguna apariencia de utilidad práctica o de aprove-
chamiento persona!; es imposible, decimos, que esos hechos
aislados, por verdaderos o iniportantes que sean, despierten
?'J^ OVlbCtUjS LITERARIOS I CIUTICÓS
rnas inter^fs on itl alma, que las definiciones de un diecíonano
o las fechas de una tabla cronolójica.
Du^ld .Stewart ha observado que la suma de nuestros co-
mx;¡rnícijtos no depende del número de ideas que adquirimos,
sino del número de relaciones que percibimos entre ellas. Pero
nmchos ímajíuan que hai una bondad o excelencia absoluta
en ciertas ideas, en ciertas pro}>osiciones inconexas o estériles,
porque Iíih ven de letra de molde, porque forman lo que se
llama instrucción, i acaso también porque se paga por su ad-
quisición la mns preciosa de tudas las cosas: dinero.
Pero, ¿qu/' placer fse nos permitirá preguntar., qué in-
terés ]>uedcn producir en nosotros las cien r^las de la arit-
mética, siendo tan pocas las que talvez tendremos necesidad
de ajdicar, i las que se comprenden en sus principios, esto
es, las que es capaz de demostrar el alumno? Provocan, es
verdad, cierto esfuerzo intelectual, pero enojoso i mal diri-
jido. La joí^grafia pica la curiosidad dándonos a conocer los.
países cíxtpanjeros; nos encanta la descri])cion de caudalo-
sos rios í do impetuosas cataratas; de verdes i cultivados cam-
pos; de majestuosas selvas i montes; de reinos florecientes i
de ciudades espléndidas. Maltc-Brun ha hecho ver todo el
partido que puede sacarse de estas materias en un tratado de
jeografía. Pero los rudimentos que jeneralmente se dan no
poseen aliciente alguno. Redúcense a meras mensuras jeo-
inétricas; a darnos el largo i el ancho de cada país; a una
árida lista de lonjitudcs i latitudes; de altaras i distancias; de
po))Iaciones i productos. No negamos que algo do todo esto
deba apnmdcrsc; pero lo menos posible, i en cuadros razona-
dos i comparativos. Cun respecto a los exprimidos i enjutos
compendios de liistoria que circulan en manos de los niños,
roalmtMitc no podemos sufrirlos. Son lo que deben ser: irre-
flistihlcnuinto fastidiosos. La historia interesa, no como una
colccííion de h(?chos desnudos, que pueden repetirse do corrido
en un examen, i conservarse en la memoria hasta el dia siguien-
te, olvidándose prontamente i do mui buena gana, por la exce-
siva i molesta carga con que la abruman, sino en cuanto
ufreco a nuestra vista, como en un vasto teatro, grandiosas
EDUCACIÓN Popular "21í9
escenas en que figuran los hombres i los pueblos; en cuanto
desenvuelve los ocultos resortes de la convlucta humana, ras-
trea las causas, i expone las consecuencias, pinta los caracte-
res de los personajes, i sazona de cuando en cuando su narra-
tiva con los divertidos pormenores que pertenecen a la biogi'afía;
despertando i avivando por todos estos medios los sentimien-
tos morales de nuestra naturaleza.* Atlmitimos también que
* Nuestra opinión coincide en un todo con la del autor del artículo.
El desnudo conocimiento de los hechos, sin el do sus causas i efectos,
do nada sirvo. Pero ¿no se haria dt^masiado larqra, do eso modo, la
historia de un pueblo? Para evitar este inconveniente, creemos que su
enseñanza debería limitarse a d.ir una idea de su orijen, a bosquejar
el desarrollo de sus costumbres e instituciones, las varias fases de su
civilización, i los personajes que han fiG:urado en él. Sus conquistas,
BUS descubrimientos, sus artes, letras i comercio, deberían presentar-
se en garando, sin perjuicio de aquellos pormenores que pareciesen
necesarios para fijar el carácter de los hom!)rcs i de las cosas. Un ca-
tálosco délas principales fuentes, i del grado de confianzíi que cada una
merezca, sería tam})ie!i conveniente; porque el hábito di» creer a ciegas
cuanto se contiene en las pajinas de un auttir antiguo o moderno es
uno do los mas perniciosos. ¿Dará el joven alumno iírual crédito a las
tradiciones de los priniiíros siglos de Grecia o Uoma, a las conjeturas
de Xiehbur, a los cuentos del buen Plutarco, que a la narración de
Tucidides o de Tácito? ¿I no se le deberá dislinJTuir lo que recibe do
cada uno de estos canales, enseñándole desde temprano a darse cueii-
ta de lo que cree?
Mas. cuando jiizcramos indispensable el eslabonamiento de los hechos
por medio de sus relaciones, no es nuestro ánimo recomendar para
las primeras clases aquellas obras sistemáticas en que se presentan
sintéticamente los grandes resultados históricos. El joven que saluda
por la primera vez la historia, difícilmente podrá entenderlos i apre-
ciarlos. Destituido de conocimientos preparatorios, le sería necesario
que los admitiese sobre palabra; inconveniente crraveen las filosofías
de la historia, porque tienen mucho de hipotético, i no pocas veces
desfiguran los hechos, amoldándolos a las ideas peculiares, a lo^ sis-
temas, a las preocupaciones, i aun a la vanidad nacional del autor.
La análisis nos parece el método mas instructivo en el estudio do
la historia. Sería de desear que el joven, en cuanto fuese posible,
conociese los fundamentos de lo que se lo presenta bajo la forma do
jeneralizacioncs abstractas. La historia es un rejistro do experiencias
de la vida de los pu »blos; i las vcrdndos con que ella alimenta la razón
algo en fi;rma de (.'Oiniienilia és iiMUspensable; pero DO ^
pasar úi: iiH'raít tnblos í mapas, quo sirvan como tío padre
une yuieii al iiivu-stííJ^ttdür cu su marclia i lo muestren su po-
sición relativa i su progreso.
CUii-u es ({lie no deseamos la «iiprc.'iion de estos ramos de
cnsrfmniut; sulo (|iicivmos señalarlos su tiompo i lugar, sus.
«limi-nsiones i furinas,..
Al lijar líi pro|)on.-i<in a que d».-ljeii arreglarse los difereates
dujiaitiimcntos de clucacion, querríamos que se diese al estu-
dio lie la nnturali-zn mas lugar que el i|ue suele ordinariamente
dedicarse a él: luiblumos de la liisturia natural, la química,
la física i la astronomía. La tiurra, su estructura, las sustan-
cias de que se i^ompone, con las mutuas relaciones i la acción
rouiproca de una» en otras; sus minórales, plantas, i animales;
su oonexiun con otros planetas, i con el sistema del universo,
acrían fuentes inagotables de ínteres i placer para el joven
alumno. Elementos de estas ciencias, idiomas, i a par de estos
severos estudios, las artes do ornato, como declamación, calo*
grafia, música, dibujo, pudieran ocupar los primeros añoa de
la iustrueciun juvenil, subiendo después a las adquisiciones dad
un orden intelectual mas elevado, como la literatura i la bis*l
torta.
Creerán alt^^unos que estos ol>jetos bastarían para ocupar L
deben deducirse, nubiendo do los hechos a las relaciones, no desean*-
diendo de las relRi^ionea a Ion hechos. Eia sota os su misión. Alm Glo-
soria tooa después la Jeneralizaciotí suprema, la explicación definitiva
de estas verdades por las leyes eicolájícns del hombre i de la sociedad
lOÜCACION PÚPULAIl
vida entera, i no Iiai iluda que, estudiados a fondo, así es; pero
solo hablamos de sus elementos; i estamos so<;uroü de que la
mitad lie los niños que frecuentan los culejios podriun aeg\iir
con mucho provecho este curso do educación. Lo que conviene
es que pr¡ncj¡)ien bien; que no depositen en la mtmoría, sino
aquello que entienden; que su intoreson en lo que ac K-s enNi;-
ña; que sientan el estimulo de la curiosidad; que el amor a U
instrucción despierte i ensanche sus fiieultades meulales. De
este modo, veríamos levantarse una nueva jenemcion. Intro-
dúzcanse en nuestras salas de enseñanza unus putx>s instru-
mentos i aparatos (que no costarían mucho] para que lus niñwt
formen alguna idcu de las bellezas i maravillas de la naturale-
za. En vez de aprender de memoria secas menudencias jeo-
grálicas, recorran las grandes facciones i los olijelos mas se-
fialados del globo terráqueo por medio do buenos mapns,
planos de ciudades, Ijosquojos de monumentos i curiusidudes,
¡combínese con el estuilio de cada país el do lus porciones
mas interesantes ile su historia. En vez de una multitud de
reglas de retórica, háganseles leer obras do gusto, en que
I bailen ejemplos sanos de lomposicion. Hígase todo esto; i se
iTOráen la sala de estudio una reunión agradable i animada...
LSin eso, los niños estudian por complacer a sus padres i maeH-
|tr08, por darse importancia, ]ior rivalidad, no por amor a la
CHcncía; i faltándoles este motivo, los veremos poseídos de
reirás mercenarias, a hundidos en una funesta apatía, en un&
I Jeneral aversión a toda lectura, a toda especie de eonociniion-
rtos. No hallando su enerjía intelectual un campo en quo
I desplegarse, porque no les interesa lo que estudian, no serl
L extraño que se entreguen ile toilo punto al juego i a pasatiem-
[pos vulgares.
Los defectos que hemos expuesto, no debían impulartie a
I nuestros intelijentes instruitore» du la juventud, quo su ven
r obligados a marchar por una wnda trai^ada du antL^mano, i a
I dar el jénero de enseñanza que los ])adrcs dt-scan i cxijen para
r Itis hijos. Agrégase a esto la extiosiva modicidad de la romu-
I Deracion que reciben, la cual lus pono «n la precisión de
r admitir mas niños que los quo un solo hombre puede buena-
30'2 OPÚSCULOS LITERARIOS I cnmcos
mente ensenar, i no les permite procurarse los medios necesa-
rios, sobre todo, instrumentos i aparatos. El remedio a estos
males puede solo aplicarlo la comunidad; i a ella recomenda-
mos con encarecimiento este asunto. Ninguno toca mas de
cerca a los deberes o intereses sociales; ninguno mas digno de
promoverse por todos los órganos de comunicación. La prensa
de un pueblo intclijento que hace tan rápidos progresos debe
considerarse empeñada en tan noble causa.
(Araucano, Año de 18^3.)
» ■*■ - '■ =. - - -
DISCURSO
PRONUNÜUDÜ EN LA INSTALACIÓN DK LA L'NIVEnSÍÜAÍ) I)K (^.HILK
KL día 17 DE i^miEMimE DI¿ I8i3
ExcMo. Su. Patiiono 1)k la Univkhsidad:
Señores:
El consejo de la universidtid me ha encargado expresar a
nombre del cuerpo nuestro profundo reconocimiento, por las
distinciones i la confianza con que el supremo gobierno se ha
dignado honrarnos. Debo también hacerme el intérprete del
reconocimiento de la universidad por la expresión de benevo-
lencia en que el señor ministro de instrucción pública se ha
servido aludir a sus miembros. En cuanto a mí, sé demasiado
que esas distinciones i e.sa confianza las debo mucho menos a
mis aptitudes i fuerzas, que a mi antiguo celo (esta es la sola
cualidad que puedo atribuirme sin presunción), a mi antiguo
celo por la difusión de las luces i de los sanos principios, i a
la dedicación laboriosa con que he seguido algunos ramos de
estudio, no interrumpidos en ninguna época de mi vida, no
dejados de la mano en medio de graves tareas. Siento el peso
de esta confianza; conozco la extensión de las obligaciones que
impone; comprendo la magnitud de los esfuerzos que exija.
Respon.sabilidad es esta, que abrumaría, si recayese sobre un
solo individuo, una intelijencia do otro orden, i mucho mejor
preparada que ha podido estarlo la mia. Pero me alienta la
« LiTEn^ntos icBínco»
cooperación de mis (listincfuídos colegas en el consejo i el cuer-
po todo de la universiilad. La leí (afortunadamente para mQ,,
ha querido que la dirección de los eístudios fuese la obra común
del cuerpo. Con la aíiistcncia del consejo, con la activit!^
ilustrada i patriótica tic las diferentes facultades; bajo los nu«*-'
picios del gobierno, bajo la inHuoncia de la libertad, espíritu
vital de las instituciones cliüona», me es licito esperar que el
caudal precioso do ciencia i talento, de que ya está en posesión
la universidad, ae aumentará, se difundirá velozmente, ca be-
neücio de la relijion, de la moral, de la libertad misma, i do
los intereses materiales.
La universidad, señores, no seria digna de ocupar un lugar
en nuestras instituciones sociales, si (lumo murmuran algunos
ecos oscuros de declamaciones antiguas) el cultivo de !aa cien-
cias i de las letras pudiese mirarse como peligroso bajo im
punto da vista moral, o bajo un punto de vista político. La
moral (quo yo no separo de la relijion) es la vida misma de la
sociedad; la libertad es el estímulo quo da un vigor sano i una
actividad fecunda a las instituciones sociales. Lo que enturbia
la pureza de la moral, lo que trabe el arreglado, pero librea
desarrollo de las facultades individuales i culectivas de la hu»
raanidad — ¡ di{;o mas — lo que las ejercito infructuosamcntaJ
no debe un gobierno sabio incorporarlo en la organización AtAm
estado. Pero en este siglo, en Cbile, en esta reunión, que ytSM
miro como un homenaje solemne a la importancia de la cultu-J
ra intelectual; en esta reunión, que, por una coíncidenol^l
significativa, es la primera de las pompas quo saludan al ilút!|
glorioso de la patria, al aniversario do la libertad cbilcna, yéiM
no me creo llamado a defender las ciencias i las letras contra'T
los paralojismos del elocuente filósofo de Jinebra, ni contra loe"
recelos de espíritus asustadizos, que con los ojos fijos en tos
escollos que han hecho zozobrar al navegante presuntuoso, no
querrían que la razón desplegase jamas las velas, i de buena
gana la condenarían a una inercia eterna, mas perniciosa que
el abuso de las luces a las causas mismas por que abogan. No I
para refutar lo que ha sido mil veces refutado, sino para ma- -I
nifestar la correspondencia que existe entre los sentimientos 1
P. l\-:(TALAClnN Dli LA L'MVKHiiJDAD
305
que acaba do expresar el señor ministro do instrucción pública
i los que anini'iii a la universidad, so me permitirá que añada
a las de su señoria algunas i<teas jcnerales sobro k inriucncía
moral i políti(;a do laií ciencia» i <Io las letras, sobre el minis-
terio de los cuerpos litenirios, i sobre los trabajos espLciales a
<¡uo me parecen destinadas nuc-slrns Tacultadas uiiíversi lanas
en el estado presente do la nación eliileiia.
Lo sabéis, señores: todas laa verdades so tocan, desde laa
que formulan el ruml>o de los mundos en el piólago del espa-
cio; desde las que determinan las ajeneias maravillosas do quo
dependen el movimiento i la vida en el universo do la materia;
desdo las que resumen la estructura del animal, de la planta,
de la masa inorgánica que pisamos; desde las (¡ue revelan loa
fenómenos íntimos del alma en el teatro misterioso de lu con-
ciencia, hasta los que expresan las acciones i reacciones du las
fuerías jiolíticas; hasta las .¡no sientan las bases inconmoviblua
de la moral; hasta las quo d.terminan las condiciones precisos
para el deseti volvimiento do los júrmencs iudustnales; hasta
las quo dirijen i fecundan las artes. Los adclantamientoa en
todas lincas se llaman unos a otros, sce.<ílabonan,se empujan.
I cuando dii^o ios adelantamiunlos en (odas líneas, com-
prendo sin duda los mas importantes a la dicha ilel j¿nero hu-
mano, los adelantamientos on el órtlen moral i político. ¿A quó
se debe este progi-oao do uivilizacion, esta ansia de mejoras so-
ciales, esta sed de liljcrtadí üi qucrcmas saberlo, comparemos
a la Europa i a nuestra afortunada América, con los .sombríos
imperios del Asia, en que el despotismo hace posar su cetro de
hierro sobro cuellos encorvados do antemano por la ignoran-
cia, o con los hordas africanas, en que el hombro, a[>L-nas su-
perior a los brutos, es, como ellus, un artículo do trúlico para
sus propios hermanos. ¿Quién prendió en la Europa usclavixada
las primerfia centellas du lilícrtad civil? ¿Xo fueron las letras?
¿No fué la licrcneia intelectual de Orocia í Roma, reclamada,
después de una larjía época da o»t;urida<l, por el espíritu hu-
mano? Allí, allí tuvo principio e.'ite vasto movimiento ¡>ulÍtieo,
que ha restituido sus títulos de injenuidatl a tantas razas tx-
clava.s; este movimiento, rjue sa propatra cu todos Hcntídun,
urt.Sü. M
306 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICO»
acelerado continuamente por la prensa i por las letras; cuyas
ondulaciones, aquí rápidas, allá lentas, en todas partes necesa-
rias, fatales, allamaran por ñn cuantas barreras so les opongan,
i cubrirán la superficie del i^^lobo. Todas las verdades se tocan;
i yo extiendo esta aserción al doíi:ina relijioso, a la verdad teo-
lójica. Calumnian, no sé si diga a la relijion o a las letras, los
que imajinan ([uc pueda haber una antipatía secreta entro aqué-
lla i éstas. Yo creo, por el contrario, que existe, que no puede
menos de existir, una alianza estrecha, entre la revelación
positiva i esa otra revelación universal que habla a todos los
hombres en el libro de la naturaleza. Si entendimientos extra-
viados han abusado de sus conocimientos para impugnar el
dogma, ¿qué prueba esto, sino la condición de las cosas huma-
nas? Sí la razón humana es débil, si tropieza i cae, tanto mas
necesario es suministrarle alimentos sustanciosos i apoyos
sólidos. Porque extinguir esta curiosidad, esta noble osadía
del entendimiento, que le hace arrostrar los arcanos de la na-
turaleza, los enigmas del porvenir, no es posible, sin hacer-
lo, al mismo tiempo, incapaz de todo lo grande, insensible
a todo lo que es bello, jeneroso, sublime, santo; sin empon-
zoñar las fuentes de la moral; sin afear i envilecer la reli-
jion misma. He dicho que todas las verdades se tocan, i aun
no creo haber dicho bastante. Todas las facultades humanas
forman un sistema, en que no puede haber regularidad i ar-
monía sin el concurso de cada una. No se puede paralizar una
fibra (permítaseme decirlo así), una sola fibra del alma, sin
que todas las otras enfermen.
Las ciencias i las tetras, fuera de este valor social, fuera de
esta importancia que podemos llamar instrumental, fuera del
barniz de amenidad i elegancia que dan a las sociedades hu-
manas, i que debemos contar también entre sus beneficios,
tienen un mérito suyo, intrínseco, en cuanto aumentan los pla-
ceres i goces del individuo que las cultiva i las ama; placeres
exquisitos, a que no llega el delirio de los sentidos; goces pu-
ros, en que el alma no se dice a sí misma:
. . . , Medio de fonte Icporun
surgit amari aHíjuid, quod in ipsis lloribus angit. (Lxtcrccio)
DISGiaSO DE INSTALACIÓN DK LA UNIVERSIDAD 307
De en medio do l;i fuente del deleite
un no sé fiué de «imargo se levanta,
que entre el halago de las flores punza.
Las ciencias i la literatura llevan en si la rofoniponsa do los
trabajos i vijilias que se les consagran. No hablo de la gloria
quo ilustra las grandes conquistas científicas; no hablo de la
auréola de inmortalidad que corona las obras del jonio. A po-
cos es permitido esperarlas. Hablo do los placeres mas o monos
elevados, mas o monos intensos, quo son comunes a todos los
rangos en la república de las letras. Para el entendimiento,
como para las otras Facultades humanas, la actividad es en sí
misma un placer; placer que, como dice un filosofo escoces,*
sacude do nosotros aquella inercia a que de otro modo nos en-
tregaríamos en daño nuestro i do la sociedad. Cada senda que
abren las ciencias al entendimiento cultivado, le muestra pers-
pectivas encantadas; cada nueva faz que so le descubre en el
tipo ideal de la belleza, hac(í estremecer deliciosamente el co-
razón humano, criado para admirarla i sentirla. El entendi-
miento cultivado oye en el retiro de la meditación Iíls mil voces
del coro de la naturaleza: mil visiones peregrinas revuelan en
torno a la lámpara solitaria que alumbra sus vijilias. Para el
solo, se desenvuelve en una escala inmensa el orden de la na-
turaleza; para él solo, se atavía la creación de toda su magni-
ficencia, de todas sus galas. Pero las letras i las ciencias, al
mismo tiempo que dan un ejercicio delicioso al entendimiento i
a la imajinacion, elevan el carácter moral. Kllas debilitan el po-
derío de las seducciones sensuales; ellas desarman de la mayor
parte de sus terrores a las vicisitudes de la fortuna. Ellas son
(después de la humilde i contenta resignación d(d alma relijio-
sa) el mejor preparativo para la hora de la desgracia. Ellas
llevan el consuelo al lecho del enfermo, al asilo del proscrito,
al calabozo, al cadalso. Síjcrates, en vísperas de beber la cicu-
ta, ilumina su cárcel con las mas sublimes especulaciones que
nos ha dejado la antigíiodad jentílica sobre el porvenir de los
destinos humanos. Danto compono en el dostiern) su Dinina
• Tomas íirown.
308 OPLSCL'LOS LITBHAKIOS I CRÍTICOS
Comedia, Lavoisier piílc a sus verdugos un plazo breve para
terminar una investigación imix)rlante. Chenier, aguanlando
por instantes la muerte, escribe sus últimos versos, que deja
incompletos para marchar al patíbulo:
Commo un dernier rayen, comme un dernier zéphirc
animo la fin d'un bcau jour,
au picd de léchafaud j'essaie ancor nía lyi'C.
Cual rayo i>oslrero,
cual aura que anima
el último instante
de un hermoso dia,
al pié del cadalso
ensayo mi lira.
Tales son las rccomixínsas do las letras; tales son sus consue-
los. Yo mismo, aun siguiendo de tan lejos a sus favorecidos
adoradores, yo mismo he podido participar de sus beneficios, i
saborearme con sus goces. Adornaron de celajes alegres la
mañana do mi vida, i conservan todavía algunos matices a el
alma, como la flor que hermosea las ruinas. Ellas han hecho
aun mas por mí; me alimentaron en mi larga i)eregrinacion, i
encaminaron mis pasos a este suelo de libertad i de paz, a esta
patria adoptiva, que me ha disi)ensado una hospitalidad tan
benévola.
Hai otro punto de vista, en que talvez lidiaremos con preo-
cupaciones especiosas. Las universidades, las corporaciones
literarias, ¿son un instrumento a propósito para la proiviga-
cion de las luces? Mas apenas concibo que pueda hacerse esa
pregunta en una edad que es por excelencia la edad de la aso-
ciación i la representación; en una edad en que pululan por
todas partes las sociedades de agricultura, de comercio, de in-
dustria, de beneficencia; en la edad de los gobiernos represen-
tativos. La Europa, i los Estados Unidos de América, nuestro
modelo bajo tantos respectos, responderán a ella. Si la propa-
gación del sal)er es una de sus condiciones mas importantes,
porque sin ella las letras no harían mas que ofrecer unos
pocos puntos luminosos en medio de densas tinieblas, las cor-
INST.M-ACIO.N BK LA USfVKnSIlJ.
poracionea a qtte so debe principalmente la rapidez de las co-
municaciones literarias Iiacen l>cnc[I>;Íos esenciales a la itii^-
tracioii i a la liumanidm!. No bien bruta en el pensamiento de
uninlividuo una verdad nueva, cuandu su apodera de ella
toda la república de lan letraw. Loa sabios de la Alemania, de
la Francia, de los Estados Unidos, aprecian su valor, su» oon-
secLicneias, sus aplieaciones. En esta propagación del saber,
las academias, las universidades, forman otros tantos depósi-
tos, a donde tienden eonstantomen te a acumularse todas las
adquisiciones eientílieas; i deealos centros es du donde se de-
rraman mas fácilmente por las diferentes clases de la socio-
dad. La universidad do Chile ha sido establecida con este
objeto especiuL Ella, si corre.spon(lo a las miras do la Ici (¡uo
le ha dado su nueva forma, si corresponde a los deseos de
nuctitro gobierno, será un cuerpo ominontemcnto expansivo i
propagador.
Otros pretenden que el fomento (.lado a la instrucción cien-
tífica se debe de preferencia a la enseñanza primada. Yo cier-
tamente soi de los que miran la instrucción jeneral, la educa-
ción del pueblo, como uno do los objetos mas importantes i
privilcjiados a que pueda dirijir su atención el gobierno; co-
mo una necesidad primera i urjcnte; como la base do todo
sólido progreso; como el cimiento indispensable de las insti-
tuciones republicanas. IVro, por eso mismo, creo necesario i
urjente el fomento du la enseñanza literaria i científica. En
ninguna parte, bu podido jencralizarso la instrucción elemen-
tal que reclaman las clases laboriosas, la gran mayoría del
jéncro buinano, sino dundo han florecido de antemano las
ciencias i las letras. No tUgo yo qae el cuUivo do las letras i
do las ciencias traiga en jios do sí, como una consecuencia pre-
cisa, la difusión du lu enseñanza elemental; aunque es incon-
testable que tas ciencias i los letras tienen una tendencia na-
tural a difundirse, cuando causas a rtificiales no las contrarían.
Lo que digo es que el primero es una condición indispensable
cíe la segunda; que donde no exista aquúl, es imposible que la
otra, cualesquiera qnu soan los esruerzos de la autoridad, se
veriliquo ]>aj(i la furnia cunveiiientcr. La difusión de los cono*
310 OPÚSCULOS LITEH Aillos I CRÍTICOS
cimientos supone uno o mas liogares, do donde salga i se re-
parta la luz, que, extendiéndose progresivamente sobro los
espacios intermedios, penetro al íin las capas extremas. La
jeneralizaoion de la enseñanza requiere gran número de maes-
tros competentemente instruidos; i las aptitudes de estos sus
últimos distrÜHiidores, sonedlas mismas, emanaciones mas o
menos dictantes do los grandes depósitos científicos i litera-
rios. Los buenos maestros, los buenos lil)ros, los buenos mé-
todos, la buena dirección de la enseñanza, son necesariamente
la obra do una cultura intelectual mui adelantada. La instruc-
ción literaria i científica es la fuente de donde la instrucción
elemental se nutre i se vivifica; a la manera que en una so-
ciedad bien organizada la riqueza de la dase mas favorecida
do la fortuna es el manantial de donde so deriva la subsisten-
cia de las clases tra])ajadoras, el bienestar del pueblo. Pero la
lei, al plantear de nuevo la universidad, no ba querido fiarse
solamente de esa tendencia natural de la ilustración a difun-
dirse, i a que la imprenta da en nuestros dias una fuerza i
una movilidad no conocidas^ antes; ella ba unido íntimamente
las dos especies de enseñanza; ella lia dado a una de las sec-
ciones del cuerpo universitario el encargo especial de velar
sobre la instrucción primaria, de observar su marcha, de faci-
litar su propagación, de contribuir a sus progresos. El fomen-
to, sobre to;lo, de la instrucción relijiusa i moral del pueblo
es un deber que cada mieml)ro de la universidad se impone
por el hecho do ser recibido en su seno.
Lo. lei que ha restal)lecido la antigua universidad sobro
nuevas bases, acomodadas al estado presente de la civilización
i a las necesidades do Chile, apunta ya los grandes objetos a
que debe dedicarse este cuerpo. El señor ministro vice-patro-
no ha manifestado taml)ien las miras que presidieron a la re-
fundición do la universidad, los linos que en ella se propone
el lejisladi)r, i las esiieran/as que es llamada a llenar; i ha
desenvuelto de tal modo estas ideas, que, siguiéndtde en ellas,
apjnas me sería posible hacer otra eüsa.([ue un ocioso comen*
tario a su discurso. Añadiré con to lo algunas breves observa-
ciones que me parecen tener su importancia.
DISCURSO DE ÍNSTALACiON DE LA UNIVERSIDAD 311
El fomento do las ciencias eclesiásticas, desuñado a formar
dignos ministros del cultí), i en último resultado a proveer a
los pueblos do la república de la competente educación rcli-
jiosa i moral, es el primen) de estos oI)jetos i el de mayor
trascendencia. Pero liai otro aspecto baji) el cual debemos mi-
rar la consao^racion de la universidad a la causa de la moral
i de la relijion. Si importa el cultivo de las ciencias eclesiás-
ticas \x\vi\ el desempeño del ministerio sacerdotal, también
¡mp(jrta jeneralizar entre la juventud estudiosa, entre toda la
juventud que participa de la educación liter;u'ia i científica,
conocimientos ailecuados del doí^ma i de los anales de la fe
cristiana. No creo necesaria ])robar que esta debiera ser una
parte intep^rante de la educación jeneral, indispensable para
toda profesión, i aun para todo Iiombre que quiera ocupar en
la sociedad un lugar superior al ínfimo.
A la facultad de leyes i ciencias ¡)o!ít¡cas se abre un campo
el mas vasto, el mas susceptible de aplicaciones útiles. Lo ha-
béis oído: la utilidad [)ráctica, los resultados positivos, las
mejoras sociales, es lo í|ue principalmente esjK^ra de la uni-
versidad el íJTobierno; es lo (pie principalmente debe recomen-
dar sus trabajos a la patria. Herdleros de la lejislacion del
pue])lo reí, tenemos que purj/arla de las manchas que contra-
jo bajo el indujo malé!ii-o del despotismo; tenemos que des-
pejar las incoherencias que deslustran una ol)ra a que han
contribuido tantos siíj^los, tantos intereses alternativamente
dominantes, tantas inspiraciones contradictorias. Tenemos que
acomodarla, que restituirla a las instituciones republicanas.
¿I (jué objeto mas importante o mas grandioso, que la forma-
ción, el i)crf(\'cií»nainient j de nuestras leyes orgánicas, la
recta i pronta administración de justicia, la seguridad de nues-
tros d<'reclios, la fe de las transaciMones comerciales, la paz
(hd hogar d miéstico? La universidad, me atrevo a decirlo, no
ac »j«^rá la pivocupacinn í[ue condena como inútil o pernicioso
el estudio de las leyes romanas; creo, por el contrario, que le
dará un nuevo estímulo i lo asentará sobre bases mas amplias.
Li universidad verá probaldemento en ese estudio el mejor
aprendizaje de la bijica jurídica i forense. Oigamos sobre este
31*2 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
punto el testimonio de un hombre a quien scp^uramento no se
tachará de parcial a doctrinas antiguas; a un hombre que en
el entusiasmo de la emancipación popular i do la nivelación
democrática lia tocado tal vez al extremo. «La ciencia estampa
en el derecho su sello; su lójica sienta los principios, formula
los axiomas, deduce laa consecuencias, i saca de la idea de lo
justo, rofl jáiidola, inagotables desenvolvimientos. Biijo este
punto do vista, el derecho romano no reconoce igual: se pue-
den disputar algunos de sus principios; poro su método, su
lójica, su sistema científico, lo han hecho i lo mantienen su-
perior a todas las otras lejislaciones; sus textos son la obra
maestra del estilo jurídico; su método es el de la jeometría
aplicado en todo su rigor al pensamiento moral.» Así se ex-
plica L'llerminier, i ya antes Leibniz habia dicho: «In juris-
prudentia regnant (romani). Dixi sa^pius post scripta geome-
trarum nihil extare quod vi ac subtilitate cum romanorum
jurisconsultorum scriptis comparan possit: tantum nervi inest;
tantum profunditatis.»
La universidaxl estudiará también las especialidades de la
sociedad chilena bajo el punto de vista económico, que no
presenta problemas menos vastos, ni de menos arriesgada re-
solución. La universidad examinará los resultados de la esta-
dística chilena, contribuirá a formarla, i leerá en sus guaris-
mos la expresión de nuestros intereses materiales. Porque en
este, como en los otros ramos, el programa de la universidad
es enteramente chileno: si toma prestadas a la Europa las
deducciones de la ciencia, es para aplicarlas a Chile. Todas
las sendas en que se propone dirijir las investigaciones de sus
miembros, el estudio do sus alumnos, converjen a un centro:
la patria.
La medicina investigará, siguiendo el mismo plan, las. mo-
dificaciones peculiares que dan al hombre chileno su clima,
sus costumbres, sus alimentos; dictará las reglas de la hijieno
privada i pública; se desvelará por arrancar a las epidemias
el secreto de su jerminacion i de su actividad devastadora; i
hará, en cuanto es posible, que se difunda a los campos el
conocimient > n. ^>> medios sí.s.-illos do conservar i reparar
I ÜK LA UIVIVCIISIOAD
la salud. ¿Enumeraré ahura las utilkladcü positivas de laa
ciencias inatomatieas i físicas, sus aplicaciones a una indus-
tria nacicnto, que apenas tiene en üjorciciu unas poca» artes
simples, groseras, sin ppocLulores l)ien entendidos, sin niAqui-
nas, sin algunos aun do los mas comunes utensilios; sus apli-
caciones a una tierra cruzada en todos sentidos de veneros
metálicos, a un suelo fértil de riijuezas vejetaics, de sustan-
cias alimenticias; a un suelo, soI>re el que la eicncia ha ccliado
apenas una ojeada rápida?
Pero, fomentando las aplicaciones prácticas, catoi mui dis-
tante de creop que la universidad adopte por su divina el mez-
quino cui bono'' i que no aprecie en su justo valur el conoci-
miento do la naturaleza en todos sus variados departamentos.
Lo primero, jmrque, para guiar acertadamente la práctica, es
necesario quo el entendimiento se elevo a loa puntos culmi-
nantes de la ciencia, a la apreciación de sus fórmulas jencra-
le». La universidad no confundirá, sin duda, las aplicaciones
prácticas con las man ípu I aciones de un empirismo ciepo. I lo
segundo, purque, como dije antes, el cultivo de la intelijencia
contemplativa que descorro el velo a los arcanos del universo
fisico i moral, os en sí mismo un resultado positivo i de la
mayor importancia. En este punto, para no i-epetirmo, copia-
ré las palabras do un sabio ingles, que me ha honrado con su
amislad. 'lia sido, dice cl doctor Nicolás Arnolt, ha sido una
proocuphcion el creer quo las personas instruiduis asi en las
leyes jenerales tengan su atención dividida, i apenas les quedo
tiempo para aprender alguna cosa perfectamente. Lo contra-
rio, sin embargo, es lo cierto; [wrque los conocimientos je-
nerales hacen mas claros i preciHoa lus conouimientos parti-
culares. Los teoremas de la rdu.sofÍa sotí otras tantas llaves
que nos dan entrada a los mas deliciosos jardines que la ima-
jinacion puede figurarse; son una vara májica que nos descu-
bre la faz del universo i nos revela infinitos objetos que la
ignorancia no ve. El hombre instruido en las leyes naturales
está, por decirlo asi, rodeado de seres conocidos i amigos,
mientras cl hombre ignorante peregrina por una tierra extra-
ña i hostil. El que por medio de las leyes jenerales puede leer
31 \ OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
en el libro de la naturaleza, encuentra en el universo una his-
toria .sublime que le habla de Dios, i ocupa dignamente su
pensamiento liasla el fin de sus dias.»
Paso, señores, a aquel departamento literario que poseo de
un modo peculiar i eminente la cualidad do pulir las costum-
bres; que afina el lenguaje, haciéndolo un vehículo fiel, her-
moso, diáfano, de las ideas; que, por el estudio de otros idio-
mas vivü.^ i muí>rtos, nos pone en comunicación con la anti-
güedad i con las naciones mas civilizadas, cultas i libres de
nuestros dias; que nos hace oír, no por el imperfecto medio
de las traducciones siempre i necesariamente infieles, sino
vivos, sonoros, vibrantes, los acentos de la sabiduría i la elo-
cuencia extranjera; que, por la contemplación de la belleza
ideal i de sus reflejos en las obras del jcnio, purifica el gusto,
i concilia con los raptos audaces de la fantasía los derechos
imprescriptibles de la razón; que, iniciando al mismo tiempo
el alma en estudios severos, auxiliares necesarios de la bella
literatura, i preparativos indispensables para todas las cien-
cias, para todas las carreras de la vida, forma la primera dis-
ciplina del ser intelectual i moral, expone las leyes eternas do
la intelijencia a fin do dirijir i afirmar sus pasos, i desenvuelve
los pliegues profundos del corazón, para preservarlo de extra-
víos funestos, para establecer sobre sólidas bases los derechos
i los deberes del hombre. Knumerar estos diferentes objetos
es presentaros, señores, según yo lo concibo, el programa de
la universidad en la s(*ccion de filosofía i humanidades. Entre
ellos, el estudio do nuestra lengua me parece de una alta im-
portancia. Yo no abogaré jamas por el purismo exajerado que
condena todo lo nuevo en materia de idioma; creo, por el con-
trario, qa(í la multitud de ideas nuevas, que pasan diariamente
del comercio literario a la circulación jeneral, exije voces nue-
vas que las representen. ¿Hallaremos en el diccionario de
Cervantes i de * frai Luis de Granada — no quiero ir tan lejos —
hallaremos, en el diccionario de Iriarte i Moratin, medios ade-
cuados, signos lúcidos para expresar las nociones comunes
que flotan hoi dia sobre las intelijencias medianamente culti-
vadas, para expresar el pensamiento social? ¡Nuevas institu-
DISCURSO DE INSTALACIÓN DE LA UNIVEÍtSIDAD 3l¡
cienes, nuevas leyes, nuevas costumbres; variadas por todas
partes a nuestros ojos la materia i las formas; i viejas voces,
vieja fraseolojia! Sobre ser desacordada esa pretensión, por-
que pugnaria con el primero de los ol)jetos de la lengua, la
fácil i clara trasmisión del pensamiento, sería del todo inase-
qu¡l)le. PeiV) se puede ensancbar el len^^uaje, se puede enri-
quecerlo, se puede acomodarlo a todas . las exijencias do la
sociedad, i aun a las de la moda, que ejerce un imperio in-
contestable sobre la literatura, sin adulterarlo, sin viciar sus
construcciones, sin hacer violencia a su jenio. ¿Es acaso dis-
tinta de la de Pascal i líacinc, la lengua de Chateaubriand i
Villemain? I no trasparenta perfectamente la de estos dos
escritores el pensamiento social de la Francia do nuestros
dias, tan diferente de la Francia de Luis XIV? Ilai mas: de-
mos anclias a esta especie de culteranismo; demos carta de
nacionalidad. a todos los caprichos de un extravagante neolo-
jismo; i nuestra América reproducirá dentro de poco la confu-
sión de idiomas, dialectos i jerigonzas, el caos babilónico de
la edad media; i di(»z puel)los perderán uno de sus vínculos
mas poderosos de fraternidad, uno de sus mas preciosos ins-
trumentos de correspundencia i comercio.
La universidad fumentará, no solo el estudio de las lenguas,
sino de las literaturas extranjeras. Pero no s»' si me engaño.
La opinión de aquéllos que creen que debemos recibir los re-
sultados sintéticos de la ilustración europea, dispensándonos
del examen de sus títulos, dispensándonos del proceder analí-
tico, único medio do a(l([uirir venladeros conocimientos, no
encontrará nmchos sufriijios en la universidad. Respetando,
como resi)eto las oi)iniones ajenas, i reservándome solo el de-
recho de discutirlas, coníicso (¡ue tan poco propio me parece-
ría para alimentar el entendimiento, para educarle i acostum-
brarle a pensar por sí, el atenernos a las conclusiones mora-
les i políticas de Ilerder, por ejemplo, sin cU estudio de la
hi.storia antigua i moderna, como el adoptar los teoremas do
Euclídes sin el previo trabajo intelectual de la demostración.
Yo miro, señores, a IIerdi*r como uno de los escritores que
han servido mas útilmente a la humanidad: él ha dado toda
OPUaCtJUJS UTEHARlOB I CHÍTICOS
«u il¡;rniJiiJ a la historia, desenvolviendo en ella loa tlesigoios
riela Providencia, i los destines a que ea llamada la especie |
humana sobre la tierra. Pero el miümo Heriler no so propuscT^
suplantar c;l conociinitíiito de los hechos, sino ilustrarlos, ex-j|
pilcarlos; ni se puede apreciar su doctrina, sino por medio é
previos estudios históricos. Sustituir a ellos deducciones i fól
muías, sería presentar a la juventud un es(¡ueloto en vez d
un tra.sIado vivo del hombre social; seria darle una colccciol
de aforisniüs en vez de poner a su vista el panorama luóvtll
instructivo, pintoresco, do las instituciones, de las costumbreC
do las revoluciones, ile los gnindes pueblos i de los grandes
hombres; seria quitar al moralista i al político las conviocio-
ncs profuntlas, cpie solo pueden nacor del conocimiento de loa
hechos; seria quitar a la experiencia del jénero humano el aa- J
ludahle poderío de sus avisos, en la edad, cabalmente, qua t
mas susceptible du impresiones durables; sería quitar al poeta '
una inagutablo mina de imájones i de colores. 1 lo que digo
de la historia, me parece que debemos aplicai'lo a todos loa
otros ramos del saber. Se impone de esto modo al entendi-
miento la necesidad de largos, es verdad, pero agradables es-
tudios. Porque nada hoce nías desabrida la enseiíanza que lets
abstracciones, i nada la hace fácil i amena, sino el proceder
que, amoblando la memoriajEjercita al mismo tiempo el ent«n-
dimiento i exalta la imajinncion. El raciocinio debo enjendrar
al teorema; los ejemplos graban profundamontií las lecciones.
¿I pudiera yo, señores, diíjar de aludir, aunque de pa
esta rápida reseña, a la mas hechicera de las vocaciones lite*"]
rarias, al aroma de la literatura, al capitel corintio, por de- 1
cirio asi, do la suciedad culta? ¿Pudiera, sobro todo, dejar de I
aludir a la excitación instantánea, que ha hecho aparecer so- I
bro nuestro horizonte esa constelación do jóvenes injenios quo I
cultivan con tanto ardor la poesía? Lo dírú con injenuidad: |
hai incorrección en sus versos; hai cosas que una razón casti*
gada i severa condona. Pero la corrección es la obra del ea- |
ludio i délos años; ¿quiún pudo esperarla do los que, en un
momento de exaltación, poútica i patriótica a un tiempo, se
lanzaron a esa nueva arena, resueltos a probar que en las I
ulinas cliilcna» arile tatnliieii nrnit-l filena iliviiio, (U* (iiio, por
una priwc II pación injusta, se las hnhiix ctx'iily priviulaa? Mm-s-
tras brillanU.-», i no limíUdita al sexo (¡iii; tmlva nosotrus Ita
cuUivatlo liaatíi aliura casi (.■xclust va mente las Ii-lras, lu ha-
bían rofutadü ya. Ellos la han ik-sinentiilg de nuovo. Yo no fió
üi una predisposición pan-ial hacia lot ennayo» do la» inleli-
jcncisH juveniles, extravia mi juicio. Digo lo qno sioiito: hallo
en ctnaa ol»ras destellos incoiitoíitables del verdadero tálenlo, i
aun con relación a algunas do ellas, pudiera dctir, del verda-
dero jcnio poético. Hallo, en ali^niia!^ de esas olji'as,una imaji-
nacion orijinal i rica, esprnsiijnes lelizniente atrevida», i (lo
(¡uc parece que .sutil pudo dar un largo ejen.ii!Ío) una vcrsill-
cacion armoniosa i íluí.ia, que busca de propósito las dificul-
tades para luchar con ellas i salo airosa do esta arriesgada
prueba. La universidad, alentando a nuoslros jóvenes poetas,
lea dirá talvez: «Si queréis que vuestro nombre no quede en-
carcelado entre la cordillera de los Andes i la mar del Sur,
recinto demasiado estrecho para las aspirnuioues jenerosas del
talento; ni queréis que os lea la posteridad, haced buenos es-
tudio.^, principiando por el di! la lengua nativa. Haced mas;
tratad asuntos dignos do vuestra patria i de la posteridad.
Dejad los tonos muelles do la lira do Anacreonto i de Safo: la
poesía del siglo XIX tionc una miíiion mas alta. Que los gran*
dea intereses de la humanidad os inspiren. Palpite en vuestras
obras el sentimiento moral. Digaso cada uno de vusutroa, al
tomar la pluma: Sacerdote de las Musas, canto para las almas
inocentes i puras:
Musarum saccrdos,
virginibus puerisque canto.
{línraciu.)
¿I cuántos temas grandiosos no os presenta ya vuestra jo-
ven república? Celebrad sus grandes días; tejed guirnaldas a
8U3 héroes; consagrad la mort;ija de los mártires do la patiúa. •
La universidad recordará al mismo tiempo a la juventud
aquel consejo de un gran maestro de nuestros dias: «Es pre-
ciso, decía Occthc, que el arto sea la regla de la ímajínacion
i la trasformc en poesía. »
31 S OPÚSCULOS MTEHAIWOS I CHÍTICOS
El arte! Al oír esta palabra, aunque tomada de los labios
mismos de Goethe, habrá al^'unos que me coloquen entre los
partidarios 4e las reglas convencionales, que usurparon mu-
cho tiempo ese nombre. Protesto solemnemente contra seme-
jante aserción; i no creo que mis antecedentes la justiri(¡uen.
Yo no encuentro el arte en los preceptos estériles do la escue-
la, en las inexorables unidades, en la muralla de bronce entro
los diferentes estilos i jéneros, en las cadenas con que se ha
((uerido aprisionar al poeta a nombre de Aristóteles i Horacio,
i atribuyéndoles a veces lo que jamas pensaron. Pero creo que
ha¡ un arte fundado en las relaciones impalpables, etéreas,
de la belleza ideal; relaciones delicadas, pero accesibles a la
mirada de lince del jenio competentemente preparado; creo
que liai un arto que guia a la imajinacion en sus mas fo-
gosos trasportes; creo que sin ese arte la fantasía, en vez de
encarnar en sus obras el tipo de lo bello, aborta esfinjes, crea-
ciones enigmáticas i monstruosas. Esta es mi fe literaria.
Libertad en todo; pero yo no veo libertad, sino embriaguez li-
cenciosa, en las orjías de la imajinacion.
La libertad, como contrapuesta, ix)r una parte, a la doci-
lidad servil que lo recibe todo sin examen, i por otra a la
desarreglada licencia que se revela contra la autoridad do la
razón i contra los mas nobles i puros instintos del corazón
humano, será sin duda el tema de la universidad en todas sus
diferentes secciones.
Pero no debo abusar mas tiempo de vuestra paciencia. El
asunto es vasto; recorrerlo a la lijcra, es todo lo que me ha
sido posible. Siento no haber ocupado mas dignamente la
atención del respetable auditorio que me rodea, i le doi las
gracias por la induljencia con (pie se ha servido escucharme.
í Araucano, Año de 1843)
• t^ ^ - - ..
vías de comunicación
I
Vemos con placer en la mt' moría del secretario jcneral de
la sociedad de agricultura i beneficencia, publicada en el Afjri-
cultor de noviembre, la reseña de los trabajos en que esta útil
corporación se ha ocupado durante el año último, trabajos que
por su institución se limitan a estudiar las necesidades do
nuestra industria i a proponer las medidas conducentes a su
fomento, como también los medios de hacer mas eficaz i fruc-
tuosa la caridad pública, cuando extiende una mano favore-
cedora a las clases que sufren; dos especies de objetos que tie-
nen entre si una conexión mas estrecha de lo que a primera
vista aparece; porque animar la industria, variarla, extenderla,
es obrar a un tiempo sobre todas las modificaciones del mal
moral i físico que aflijen a la sociedad, i atacarlas en su fuente.
Entro estos objetos, se recomiendan algunos mas particular-
monte por su importancia; i quizá no hai uno que en el mo-
mento presente deba empeñar mas la solicitud de la sociedad
que el de los marjales o revenicioncs que do algunos años
a esta parte han cundido con espantosa rapidez en la provincia
de Santiago, inutilizando terrenos preciosos para el cultivo,
i amenazando inva lir a la capital misma. Sería de desear, para
que pudieran aplicarse a es!a plaga los correctivos convenien-
tes, quo se averiguase su causa; porque la que ujiiversalmen-
te se reconoce por tal (el riego del llano de Maipo) es, a núes-
320 OPÚSíU'LOa LITEHAIIIOS I CUÍTIGOS
tro juicio, inadecuada. Observaciones cuidadosas sobre los
períodos de las creces, i sobre la situación de los terrenos reve-
nidos, hechas por personas inteli/entes, i precedidas de nivela-
ciones exactas, podrian dar mucha luz sobre este importante
problema, en que versan talvez consideraciones jeolójicas; i la
residencia en Santiago d(íl sabio i laborioso Domeyko, que nos
felicitamos de ver alistado entre los miembros de la sociedad de
agricultura, es una circunstancia feliz, de que podemos apro-
vecharnos, sea para indagar las ajencias naturales que concu-
rran a este ominoso fenómeno, sea para tratar do combatirlas;
porque el mal es grave, i su remedio urjente. Bajo este i otros
puntos de vista, la cooperación de un hombre como don Ignacio
Domeyko es preciosa para la sociedad.
Otro grande objeto de los trabajos de este cuerpo es el délas
vias de comunicación i trasporte; objeto de tan decidida impor-
tancia en el estado actual del país, que no hemos podido expli-
carnos la indiferencia con que lo mira El Mercurio (del 15 de
diciembre de 1846), ni leer sin extrañeza esta cláusula: «El úni-
co medio (de proveer a él por ahora) es fomentar el comercio, i
darle toda la libertad posible a fin de excitarlo a internarse en el
país: entonces vendrían necesariamente las vias de comunica-
ción.» A nosotros nos parece (permítasenos la expresión) tan
absurdo este juicio, como si tratándose del fomento de una ma-
nufactura, i de facilitar i multiplicar sus productos por medio
do una máquina, cuyos buenos efectos hubiese demostrado en
todas partes la experiencia, se dijese: el mejor medio de mejorar
esa manufactura es fomentarla, darle toda la libertad posible:
entonces vendrían necesariamente las máquinas. La compara-
ción es de una exactitud evidente. El trasporte de las mercade-
rías es el ministerio industrial del comercio; los caminos, las
calzadas, los canales, los puentes, son las máquinas que faci-
litan i fertilizan esta especie de industria. Nadie duda de que
convenga dar al comercio toda la libertad posible; i si El Mer^
curio encuentra que no se le ha dado toda la que se pudiera,
indique los medios de aumentarla hasta donde le parezca que
se puede. Pero en cualquier estado del país i de su comercio, ¿de-
jará de influir ventajosamente en éste todo ahorro en los costos
DISCURSO DK INSTALACIÓN DE LA UNIVERSIDAD 321
del trasporte, que es un ahorro en los costos de su producción
peculiar? Fomentar el comercio^ dice El Mercurio, que es el
único medio de proveer a las vias de comunicación que le faltan.
Pero ¿de qué se trata, cuando se procura proporcionárselas, sino
de fomentar el comercio? No hai c'poca do las sociedades en que
las vias de comunicación no sean un objeto directo de especu-
lación i trabajo. ¿Se coloniza un país desierto? Lo primero es
unir sus esparcidos caseríos, abriendo, por lo pronto, veredas
que conduzcan de unos a otros. ¿Crece la población, crece con
ella la riqueza, crece con ambas la necesidad de los cambios,
i la cantidad do los objetos que se cambian? Las sendas se
hacen anchos caminos; por donde antes transitaba con dificultad
i peligro un hombre, es preciso que transiten ahora recuas i
carros, i que transiten sin peligro; es preciso suavizar lo escar-
pado, desecarlos pantanos; a la balsa insegura, sucede el puen-
te; el puente mismo so hace progresivamente mas cómodo i
sólido; a las vias terrestres, se sustituyen las acuáticas; hasta
que en una época de la mas adelantada civilización i opulencia
llama el comercio a su servicio nuevos i mas poderosos ajentes
naturales, que obren en grande escala i hagan mas i mas rápidas,
menos i menos dispendiosas las comunicaciones. Varían con el
desarrollo de la sociedad las especulaciones i los trabajos que
tienden a multiplicar i faciHtar los trasportes; pero, en ninguna
de las fases de un pueblo, es lícito olvidar este objeto. El proble-
ma que se trata de resolver en una época dada,% recae sobre la
especie particular, sobre las direcciones, sobre la administra-
ción i policía de caminos, que mas le convengan; pero no hai
ninguna en que las vias de comunicación bajo esta o aquella
forma no merezcan ocupar la atención del lejislador i del hom-
bre de estado; bien que con una diferencia importante. Para
un comercio pobre i atrasado, es necesaria la intervención con-
tinua i solícita del poder público; a proporción que prospera,
concurre mas directamente a la resolución especulativa i prác-
tica del problema; i llega al fin el tiempo en que no ha menester
auxilio externo, i puede él solo proveer a sus necesidades. Tener
un gran comercio debe ser entre nosotros lo primero; sin
duda; i para tener un gran comercio, es para lo que es preciso
opúsc. 41
322 OPÚSCULOS LITEUARIOS I CHÍTICOS
pensar, i pensar desdo luego, i pensar continuamente en abrir,
en ensanchar, en hacer mas i mas numerosas i expeditas las co-
municaciones. Disminuir los costos do trasporte es lo que pide
siempre i con instancia el comercio; lo que pide en Chile, i lo que
pide en Inglaterra; lo que pide a los pueblos que se lanzan a la
carrera industrial, i lo que pide a los pueblos que parecen acer-
carse al último término do esta carrera; termino, sin embargo,
que jamas se toca, por mas cercano que parezca. Cómo deba
trabajarse en esta obra perpetua, es el problema especial do
cada país i de cada época, i al que invoca la sociedad de agri-
cultura la atención do sus miembros i del público.
II
No hai ninguna época social en que no sea necesario aten-
der alas vias de comunicación; ora se tome en consideración el
comercio mismo, ora so consulten otros intereses de la socie-
dad no menos importantes que el interés comercial. Esta es una
verdad que apenas habria necesidad de enunciar; i de ella se si-
gue que en la época presento do Chile, como en otra cualquie-
ra, toda la diferencia de opiniones, relativamente a caminos,
no puede consistir sino en que unos crean preferible proveer a
este objeto de un modo, i otros de otro.
¿Qué dice a esto El Mercurio? Dice que el artículo en que
hemos expuesto esas ideas, so refuta a sí mismo. Dijimos que,
desdo la primera planta de un pueblo, se abren los primeros
caminos, i que, creciendo la riqueza i comercio, se multipli-
can i ensanchan progresivamente las vias de comunicación; lo
cual, según El Mercurio^ se reduce a decir, que, en habiendo
pueblos, riquezas i comercio, habrá caminos, i es repetir, con
otras palabras, la aserción que él sostiene i que nosotros im-
pugnábamos. Pero ¿hemos diclio, por ventura, ([ue, a medida
que so forma i se acrecienta un pueblo, nacen espontáneamen-
te, sin la ajcncia del hombre, i como por una especie de en-
canto, las carreteras, las calzadas, los puentes, los canales, los
ferrocarriles? ¿Se produce todo esto, sin que la sociedad piense
i trabaje en producirlo? ¿I puede imajinarse «stado alguno so-
DISCURSO DE INSTALACIÓN' DE LA UNIVERSIDAD 323
cial en que se deba mirar esto objeto con la indiferencia quo
Iil Mercurio recomienda?
Se coloniza un país desierto, dijimos; i al instante es nece-
sario unir sus esparcidos caseríos, abriendo por lo pronto ve-
redas. Nó, dice Kl Mcrcnvio; lo primero es construir caseríos;
lo. se.irundo, abrir veredas, que abren siempre los dueños para
trasportar sus productos: lo (¡ue, si quiere deeir algo, es que,
mii'ntras no haya casas, ni j)urblos, ni productos quo traspor-
tar, no liai necesidad de caminos; descubrimiento cuya orijina-
lidad no di.spularemos.
Los dueños, dice 7:^7 Moren, rio^ son los (pie al)ren esas vere-
das, porque la necesidad los ublii^a a ello. — De manera, que el
poder público, desde el primer eml)rion de la sociedad, debe
abandonar la materia de caminos al cuidado i celo de los par-
ticulares. ¿Hs esa la mente de /:.'/ Mercvriu'/ ¿Es el mejor sis-
tema de vias de comunicarion el que los particulares puedan
crear por sí solo>, sin ([iie na lie los excite, concierte, i dirija?
Si es así, han errailo Lrroseramente to las las naciones del mun-
do, pon[uc nin.c^una ha existí. lo ni existe, de aquellas en quo el
comercio, la ci\ ili/acion no han permanecido en mantillas, donde
el poder publico no haya tomado sobre sí la inspección i direc-
ción, por lo menos, i en casi tudas las épocas do su historia,
la ejecución ¡adininistrac¡'.>n de esas obras. Aun en aquel estado
deadi.'lantamicnto, de que nosotros n<.)s hallamos U)davíaa cier-
ta distancia; en aquel estado en que los hombres tienen ba.s-
tantes luces i espíritu púlüico para ced(ír espontáneamente una
parte di; su int»'res privado, (h/ su ínteres del momento, al ín-
teres común, al interés permancMite; aun :'n ese estado, el poder
l)úblico toma, ca«<i siempre, si no la iniciativa en esas obras,
una participación imijortanle.
l'Jl Mrrct'.rio (híchuna etinti'a la tarifa (¡ue inijíida los lucroH
(/e/ coí/í-'/v/o, e-iitrael rfirlamento (juf* lo Citrudtnia; com-
prende en su lilantn'>pi<-a simpatía hasta el comercio de contra-
Ijando, ([ue es e! ([ur la coliorh.' do (¡nurdu'^ íicnc ¡títeres en
hostil izur^ i c¿///os (/rxy/ojo.s s'c roi)íirh\ Liícii-rtoesqueeonesa
tarifa que impide los lucros ilel comercio, lo hemos visto aumen-
tarse pri\í^'resivamenlo. KI surtido de artículos extranjeros en
324 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
nuestro mercado, es cada año mas gi'ande; i no creemos que
el comercio emprenda especulaciones ruinosas con el patriótico
ol)jeto de enjjrosar nuestras rentas. Está en el orden que los
comerciantes deseen pagar menores impuestos, que es, en otros
términos, embolsar mayores ganancias. No hai nada de extraño
en que vean con ojeriza el reglamento. Toda traba es molesta,
aun para aquéllos que, reconociendo su necesidad, se resignan
a ellas; mucho mas para aquéllos que las creen innecesarias,
i que sin embargo las respetan; e infinitamente mas para aqué-
llos que están en guerra abierta con la lei i que sudan i se
desviven por eludirla e infrinjirla. Pero, en vez de declamar
contra los impuestos de aduana, sería mejor hacer ver que el
producto de las rentas es excesivo, atendidas las necesidades del
estado, o que, en la repartición de las cargas públicas, el comer-
cio está desproporcionadamente gravado. El consumo de ar-
tículos extranjeros en Chile es grande, comparativamente a su
población; si el comercio no rindiese suficiente lucro, los capi-
tales invertidos en él irian a buscar otr:»s jiros; pues no lo
hacen así, es indudable que reportan a lo menos la ganancia
ordinaria; por consiguiente, es el consumidor el que paga los
impuestos de aduana. Se dirá que, por grandes que sean los
consumos, serian mayores minorando los impuestos, mayor la
cantidad do capitales que el comercio pusiese en movimiento,
i mas cuantiosa la suma absoluta de las ganancias del comer-
ciante, aunque fuese la misma o tal vez menor su cuota relativa.
Esta es una de aquellas vulgarísimas verdades económicas que
están a el alcance de todos; pero, en su abstracta jeneralidad,
¿cuál os el sistema de rentas, cuáles los impuestos fiscales
que no pudieran atacarse con ella? Supónganse reducidos los
nuestros a un veinte, a un diez, a un cinco por ciento. Siempre
sería verdad que, minorándolos todavía mas, se aumentarían los
consumos, i crecería con ellos el lucro do los traficantes. Tal
es la lójica de los declamadores: toman un principio abstracto;
i como si él solo mereciese ocupar la atención de los gobiernos
i de los pueblos, lo aplican a diestro i siniestro a todo jénero
do cuestiones. Uno invoca la libertad política, i olvida la se-
guridad, la moraliila<l, el orden. Otro clama por la libertad co*
DISCURSO DI¿ INSTALACIÓN DU LA VNlVEIlSIÜAIi 3.^
mercial, como si no hubiese que pensar al mismo tiempo en otras
cosas de igual o mayor trascendencia. En toda cuestión do
interés público, versan consitleraciones diversas i principios
antagonistas; i es necesario atender a todo, so ))ona de sacrificar
lo mas alo menos, el interés común al interés de una clase.
Ténganse presentes la magnitud i variedad de nuestras necesi-
dades públicas; comj)árese con ellas la suma de los ingresos fis-
cales; compútese lo (juc cada ramo de industria contribuye a
esta suma; adúzcanse datos positivos i dedúzcase de ellos ola
exorbitancia de los impuestos, o su viciosa distribución o ad-
ministración. Tal es, i no otro, el modo de ilustrar a las naciones
i a los gobiernos. Predicar jeneralidades, amplificar lugares
comunes, puede ser mni cómodo para deslumhrar a los igno-
rantes i dar pábulo al descontento; pero no es esa la misión
respetable de la pivnsa periódica, destinada a promover el bien
del país. •
Las rentas del estado, dice I\l M(nxur¡o^ casi todas se líis
da el comercio. Falso, falsísimo. El comercio no da nada. Del
bolsillo de los consumidores, sale todo. El comercio no hace
mas que anticiparlo, para sacarlo luego de las arcas de los par-
ticulares con el interés correspondiente. Los comerciantes po-
drán quejarse, si se quiere, de que las contribuciones existentes
no les permiten ampliar sus especulaciones, porque toda con-
tribución limita el consumo i la demanda. Pero esas contri-
buciones, sean moderadas o inmoderadas, i estén bien o mal
repartidas, quien las paga verdaderamente es la masa de los
habitantes de Chile.
pjl Mercurio cree que es absurdo abrir caminos interiores al
comercio, cuando por las tarifas i reglamentos se le cierran las
costas. Quisiéramos saber si, entre los medios de abrir las costas
al comercio, no es uno de los mas eficaces abrirle caminos inte-
riores. El efecto de éstos es facilitar los trasportes i disminuir
los fletes; habilitar, por consiguiente, al comerciante para com-
prar mas baratos los artículos de exportación, i habilitar a los
consumidores de todas clases para comprar también mas baratos
los artículos extranjeros importados, i para extender i multi-
plicar consiguientemente sus compras. Abrir, pues, caminos
326 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
interiores es dar al comercio exterior mas baratos los efectos
que exporta, i aumentar la demanda do los que importa. ¿No
es esto uno de los mejores medios do abrir las costas al
comercio?
«Quiero el estado abrir un camino; gravará al comercio;
gavará a la agricultura. ¡Bello modo de fomentarlos, quitarles
ahora la savia, para inoculársela, después de exánimes, con la
constmccion de un camino! « Pura declamación. Si se tratase
do abrir caminos, taladrando la cordillera de los Andes, no
pudiera dicurrirso de otro modo. Para que so vea lo que vale
este argumento do El Morcarlo, repcLiivmos la comparación
de nuestro artículo precedente, que no puede ser mas adecuada.
So trata de abreviar el proceder de una manufactura por medio
de una máquina. ¡Qué pensaríamos del empresario que recha-
zase esta indicación, diciendo: Se quiere que yo monte una má-
^quina; el costo de ella gravará precisamente a la manufac-
tura: ¡bello modo de fomentarla, quitarle ahora la savia, para
inoculársela después de arruinada! Esta misma comparación
puedo servirnos para fijar la cuíslion sol)re su verdadero terre-
no. Una manufactura pequeña no se hallará en situación de
montar una máquina colosal; i en un estado puede ser inopor-
tuna i ruinosa la apertura de vias de comunicación, que no
cuadren con sus recursos i sus necesidades. ¿Se tratado abrir
alguna? Las objeciones que contra ella se propongan, deben
fundarse en datos numéricos; como las del fabricante contra
una máquina en la comparación de su costo i del interés que
reporte. Habiéndose demostrado de esto modo ({ue la construc-
ción de caminos absorberá los capitales de la nación i la de-
jará reducida a un cadáver, vendrá mui bien la metálbra de
la savia.
Volvemos a nuestro tema. Las vias de comunicación no pue-
den dejar de ser una materia de meditación i trabajo para toda
sociedad i para todo gobierno en cualquiera lui^ar i tiempo.
Los medios de proveer a e.ste objeto en circunstancias dadas,
es ol único punto sobre que cabe disputa.
DlSCUaSO HE INSTALACIÓN DE LA INIVEKSIDAD 327
III
Para dospodirnos de /J"/ Mercurio en la cuestión de caminos,
si^bre la cual so ha diclio por una i olra parto mas que lo sufi-
ciente para c[iie los lectores ¡mparciales decidan, haremos al-
gunas ])reves observaciones que pondrán de ])uUo la inexactitud
i la inconsecuencia d(* las deducciones de nuestro adversario.
Nos atr¡l)uyc haber empleado la mitad de un artículo en
probar la utilidad do los caminas. Lo que nosotros nos propu-
simos pr..)bar, i lo (|uc creemos babor probado superabundante-
mente, fué que, en todo ])aís i en toda ¿poca, era necesario pen-
sar en ellos, como un») de los instrumentos mas necesarios i
mas eficaees do prosperidad i civilización; i que en un país i
época dados, la sola materia en (pío cabia variedad de opiniones
era la elección do los m<'dios para promover este objeto; por-
que abandonarlo, posterL^arlo, no era posible, sin que la so-
ciedad so faltase a sí misma o el gobierno a la sociedad.
rU Mercurio, cuando mas empeñado parece en refutar esta
aserción, lo primero que hace es aceptarla. Según él, lo que im-
porta saber es si conviene íjuo el gobierno haga la designación
de los caminos que deben abrirse; si tiene fondos para llevarlos
a cabo, o si, para crear esos fondos, inferirá perjuicios supe-
riores a las futuras utilidades de los mismos caminos; i si de-
bemos contentarnos por ahora con la mejora do los existentes
i con la aportara de las vias cuya designación ha hecho el país;
limitándonos en lo domas a fomentar los elementos de prospe-
ridad, para que, abundando los recursos, se allanen las difi-
cultados del trasporte. ¿Qué es esto, sino decir que debemos
pensar ahora mismo en caminos? ¿Con que se concede quo
mejoremos i refaccioncMnos los existentes, i quo se abran los
que dosigna el país? ¿Con (pie so nos permito contentarnos
con esto antes de pasar adclant(*? ¿En qué otro sentido, pues,
ha obrado hasta ahora el gobierno? ¿Un qué otro sentido hemos
hablado nosotros? ¿\o hemos indicado claramente que, al em-
prendíU' esa clase de obras, era una consideración esencial
comparar sus costos con su« utilidades futuras?
3-28 OPÚSCULOS LITERAÍIIOS I CRÍTICOS
Hemos liablado de la ]javiiclpac¡on del poder publico en
estas obras; i no ha podido menos de parecemos miii extraña
la interpretación antojadiza de estas palabras en El Mercurio^
como si hubiésemos querido limitarlas a la lejislacion de cami-
nos, i la asignación de fondos que el coní^reso hace, anualmen-
te para este objeto: cosas que no hemos mencionado siquiera, i
quo seguramente no expresan lo mismo que participación
en las obras. ¿No tendrá el poder público voto alguno sobre
la dirección que se dé a tal o cual camino, sobre la construc-
ción de tal o cual puente? I entre nosotros ¿no será necesario
todavía mas? ¿Qué se hará con los fondos que la lejislatura
destina a caminos? ¿No es claro que, si debe hacerse algún uso
do ellos, si deben aplicarse a su destino, es el gobierno el que
pnede determinar eso uso i dirijir esa aplicación? Para El
Mercurio^ es problemático que el goWcrno pueda designar
acertadamente las vias de comunicación que hayan de abrirse;
pero ¿a quién otro se conferirá esto encargo? .1/ país parece
confiarlo El Mercurio^ cuando nos permito contentarnos con
la apertura de aquellos caminos que el país ha designado. ¿I
cómo expresa sus votos el país? ¿Qué órgano debe promulgar-
los? ¿Una provincia, un departamento que pide un camino
será el país? ¿Cómo satisfacer a tantas exijencias a un tiempo?
¿A quién tocará la elección entre ellas? El Mercurio nos per-
mitirá decirle quo se complace demasiado en abstracciones, i
olvida frecuentemente lo que mas importa, las aplicaciones
prácticas.
Lo peor es que pocas líneas mas abajo nos encontramos con
que el país no es competente para la designación, porque, para
hacerla bien, es necesario haber establecido un sistema do vi-
as do comunicación, i el país no está en situación de adoptar
ninguno. El país debe callar, por consiguiente, i diferir sus
designaciones para cuando poseamos ose sistema, que. El Mer--
cario mismo no vislumbra, sino en un porvenir oscuro i leja-
no. Afortunadamente, El Mercurio, que cim una mano nos
pone delante el sistema para condenarnos a una absoluta
inercia, nos lo quita con otra para permitir al gobierno i al
país cuanto quieran. «Uno u otro camino, dice, cuya cons-
DISCURSO DE INSTALACIÓN* DE LA UNn'EKSIDAü 3^^
truccion medita el gobierno, son heelios parciales i aislados
que ninguna relación tionoa con la cuestión ¡encral; son exijen-
cias locales mui conocidas de aiiUimano. » De manera, que,
mientras no estemos en posesión del sistema, El Morcurio no
da permiso al gobierno sino para que, a título de hechos parcia-
les i aislados, se ocupe en proveer de vias de comunicación a
las localidades que lo exijan, i cuyas exi jencias cístén conocidas
de antemano. IIv; aquí, pues, que no es ya ni país, sino a las
localidades parlicuiares, a quienes se comete la designación,
siendo el gobierno el que califica las exijencias i el que obra a
consecuencia de ellas. ¿Qué mas necesita el gobierno? Si eso
se le concede, ¿qué es entonces lo ((ue se le disputa? ¿No per-
cibe El Mercurio que, socolor de luíchos aislados i de exijen-
cias locales conocidas, da al gobierno facultades omnímodas
para la designación de- caminos?
Pero no paran aquí las inconsecuencias de El Mercurio: cuan-
to mas avanzamos en la lectura del artículo, menos acertamos
a deslindar con claridad qué es lo que niega i qué es lo que
otorga al gobierno. Después de reconocer como hechos ais-
lados, parciales, inconexos con el .sv*.*?¿e/na, los nuevos cami-
nos que abra el gobierno para satisfacer a las exijencias do
las localidades, sienta absoluta i categóricamente que, por la
ignorancia en que todos estamos acerca de dicho ¡sistema, na
supone al gobierno en aptitud para la designación de las obras.
Ni una palabra de hechos aislridof^^ ni de exijencias cono^
ciclas: El Mercurio^ con mejor acuerdo, revoca la concesión
anterior; porque lo que es útil a una localidad puede ser
perjudicial al país; poniue toda aplicación de fondos a la
apertura de nuevos caminos puede^ en vez de ventajas, traer
males; porque todo graviimen a los particulares puede ser mui
oneroso al país; porque lo mas seguro es fomentar por ahora
el comercio para que él designe con su j:>resencia los ca-
minos en lo futuro; bien entendido que no han de reputarse
como fomento del c unercio la facilidad i multiplicación de los
trasportes, la rebaja de fletes, el mayor número de consumi-
dores de las mercaderías que importa, i el abaratamiento de los
efectos que exporta; eso ¿que gracia es? El verdadero fomento
33u opúaci.LOs LITERARIOS I críticos
del comercio no os ni puede ser otro que la rebajado derechos.
So impone silencio a las exijencias de las localidades: sean en
hora buena tan «grandes, tan imperiosas, tan conocidas como
so quiera: ¡nicdcn ser perjudiciales al ))aís. Es preciso aguar-
dar al }<isttnn'i. Kste sistema, que antes era perfectamerito
concilial)le ^no s;il)emos cómo) con lieclios parciales i aislados
i con exij encías locales, es aliora un principio absoluto, que lo
domina tí)do, qu(í no reconoce ninürun hecho aislado, que no
Iransije con ninuruna e\¡¡<^ncia. — I todo esto en un espacio do
pocos reiií^dones. ¿Quó lójií^a es esta? Kncontramos tantas con-
tradici-iones en la de I-'J Mercurio, (jue casi se nos hace carjj^o
de conciencia atril)uírselíis, i si no saltasen a los ojos, prefe-
riríamos cn'or que no hal)íamos acertado a entenderle.
Al citar las frases do FA Mercurio^ hemos caído en cuenta
de una cosa, a que no Iiabíamos prestado la atención necesaria.
El Moren rio d(íja escapar en ellas un rayo de luz que nos
revela otro órirano, otra autoridad, a quien toca la designa-
ción de los nuevos caminos. Este órirano, esta autoridad, no
os ya el país, no son ya las localidades; es la presencia del
comercio. Desde que (?n una localidad se presenta el comercio,
allí es menester abrir un camino. Pero en esa suposición
¿qué es del sistema jtMieral? ¿Xo sera po'^ihle que lo que apro-
vecha a la localidad desii^nada por la jn'esencin del comercio^
perjuilique al país? ¿Xo será posible que la aplicación de fun-
dos a ese camino trai.ü^a males en vez de ventajíis? ¿Xo será
posible qwo esa .sau¿a, dejando de circular por el cuerpo so-
cial, lo ponu:aen un estado de consunción, i acumulada en la
localidad favorecida, produzca una excrecencia funesta? Xo es
fácil seguir el hilo enmarañado de los raciocinios de El Mercu-
rio; pero, a lo que podemos comprender, las designaciones
(le la ¡presencia del coniorcio echan por tierra el sistema
jeneral. iJueno hubiera sido que se nos indicasen las señales
que hubiesen de caracterizarlo para que no confundamos
con ella alguna otra cosa que se le asemeje, /.a presencia
del comercio' es otra entidad metafísica; quedamos con ella en
la nn'sma dificultad ((ue sin ella, ¿(¿uién revelará los orácu-
los de esa divinidad infidibl»'? ;.í qué razones se nos dan para
Discunso nr. instalación de la iNivnnsiDAD 331
cfiic sus votos híiyíin de oírso on lo fnhiro i no desde nluíra?
liemos didio que los ini])uestos síden del l)olsillo délos con-
sumidores; A7. Mercurio diee que el comercio es quien paira
al estado, nó el consumidor; i jiara i)rol)arlo liaco este racio-
cinio: aLas Granancias d<'l comercio son <'l producto d(* sus
capitales i su tnilíajo; cuando irana menos, porijue pacra una
contribución mayor, su ca})ilal i su trabajo han i)roducido me-
nos: nin:4*uno duda (pie del bolsillo de los particulan\s sale el
paijfo de los inlereses d<d eai)¡tal d<.d comercio, i del trabajo de
los comerciantes; dee.onsÍL:uiente, todos lus impuestos ípiepau:a
el comercio son cantidades que deja de imanar.» Mui bien! 1
toda esa cadena d<í })ropos¡c¡oní^s ^.prueba acaso que los im-
puestos no salegan del bolsillo de los particulares? ¿No se de-
duce de ellas mismas que salen? Si las ganancias del comer-
ciante salen del bolsillo de los particulares, como dico El
Mercurio, es preciso que el precio a ((ue compran los particula-
res una pieza de paño, por ejemplo, cubra los intereses del
capital, el trabajo del comerciante, i los impuestos correspon-
dientes a esa pieza de paño. Suponiendo, pues, que el comer-
ciante realice alírnna ganancia (suposición irrecusable, ponpic
si no ganase, dedicaría su capital i su trabajo a otra cosa), es
evidente que los impuestos no pueden salir de otra parte, que
del bolsillo de los consumidores. Ksto para nosotros es claro
como la luz; i si estamos alucinados, es una alucinación de
que partici[)an las primeras autoridades en materia de econo-
mía política, Ricardo, por ejemplo, cuya doctrina es que los
impuestos son siempre pn-zadospor el consumidor, por cuanto
el productor título qu'í c;»mi)r<*n(l(», como I^l Mf.'rcnrio sabe
mui bien, al acarreado?- los liacfí sii-mi)re entrar en los costos
de pro luccifín, i aplica sus capilales i su induslria a otros jiros,
des le que el precio que; rec¡l)e no cubre todos l(;s costos, i no
le deja ademas la ganancia ordinaria, (^ue un comerciante ga-
na mas, pag^ando menores impuestos, no prueba nada contra
nuestra aserción. í'n comereiante í/ana, supongamos, un ocho
por ciento, pagamlo cierto impuesto. líeducido éste a la mitad,
ganaria talvez un diez o muUij»licaria sus operaciones de ma-
nera que ganase s¡cnij>rc un ocho o quizá menos, ¡xto sobre
3.)¿ OPÚSCULOS LITEHAIIIÜS 1 CRÍTICOS
uii capital mas cuantioso. — Coníredido. Pero, tanto en el pri-
mer caso, como en el secrundo, si el comerciante realiza alíruna
ganancia, sea irrande o pequeña, es necesario que el impuesto,
grande o pccjueño, liaya sido cubierto por el consumidor.
Confesamos sinceramente lo que El Mercurio nos echa en
cara, que nuestras i. leas se encuentran en algunos libros; i
reconocemos con la misma sinceridad que el raciocinio de El
Mercurio es exclusivamente suyo.
Fuera de esto, dice EL Mercurio^ no todos los comerciantes
ganan. — A los que pierden, es cierto que no les reembolsa com-
pletamente el consumidor lo que anticiparon i)or razón de
impuestos. Pero el comercio en jcneral gana. Por consiguien-
te, como resultado jencral, los impuestos son reembolsados a
los comerciantes por los consumidores. Si así no fuera, no solo
no se liubiera aumentado el comercio, como lo hemos visto
aumentarse, sino que hubiera tenido precisamente que reducir-
se a un círculo mas estrecho, importando menos cantidad de
mercaderías, i vendiéndolas a mas alto precio. No hai merca-
do en el mundo donde no so vean simultáneamente ganancias
exorbitantes, ganancias moderadas, pérdidas, quiebras; donde
no haya épocas de pros¡)cTÍdad i épocas de calamidad: esta es la
condición del comervio en todas partes; pero siempre que en
jeneral le vemos llevar una marcha ascendente, lenta o rápida,
es de totla evidencio que en jeneral reporta ganancias; lo que
no pudiera sor si los consumidores no le reembolsasen la tota-
lidad de lóseoslos, incluso el valor do los impuestos cuyo pago
ha anticii)ado ]>or ellos.
Cuando El Mercurio dice qii-,* ol buen efecto de las tarifas
liberales no es permitir al conu-rcio que embolse un tanto por
ciento mas, sino que multiplique sus operaciones, enuncia el
efecto a que tiende indisputablemente la rebaja de derechos;
i ya lo habíamos indicado nosotros en nuestro artículo ante-
rior. Pero ¿cómo se produce ese efecto? Aumentándose el coa-
sumo; no puede ser de otro mo lo. Reconocemos con El Mer^
curio que el consumo tiene por límite el número i 'los recursos
dala población. Pero de aquí no so sigue que, rebajados los
impuestos, no crezcan en jcneral los consumos; porque es
DISCURSO DE INSTALACIÓN DE La UNIVERSIDAD 333
evidente que una misma población con una misma suma de
recursos podrá i)agrar m;is número de varas de pano cuandt)
éstas se le vendan a cuatro pesos, quo cuando so le vendan a
cinco.
El línn'te del consumo, en circunstancias dadas, depende de
muchas causas a que es innecesario aludir: /:7 Mercurio las
conoce bien; i si no hubiéramos dado va demasiada extensión
a este artículo, pudiéramos indicar una, en que ya es tiempo
de pensar, i cuya renii^cion no sería talvoz favorable a la
libertad did comercio en v\ sentido en que El Mercurio la en-
tiende, j)ero mejorana la condición del pueblo, i lo baria ca-
paz de (jonsumir mas i de multiplicai*sc rápidamente; resulta-
dos quo no serian sin duda indiferentes para el incremento
del comercio. No somos partidarios del sistema de tarifas, ni
de otro alguno. Lo que deseamos es que se examinen las cues-
tiones de íjobiorao i economía social con datos positivos i bajo
todas sus relaciones necesarias; no con puras posibilidades;
no con miras parciales, que se dirijen solo a un laclo del ob-
jeto, i prescinden completamente de los otros. En la cuestión
de caminos, \)ov ejemplo, no es un balance de intereses pura-
mente materiales do lo que se trata. Una función mas elevada
desempeñan en la sociedad las vias de comunicación. No po-
demos menos de recordar a El .Ve?'Cí(r¿o algo de lo que ha di-
cho sobre esta materia uno de los mas fervorosos ann'gos do la
humanidad, Miguel Chevalier. Sus luminosas ideas compen-
sarán de algún modo a nuestros lectores el fastidio de esta
larga i estéril polémica.
«A primera vista parecerá una paradoja establecer relación
entre la civilización i la libertad por una parte, i una cosa tan
material como las vias de comunicación por otra. Pero, si el
hombre no es un puro espíritu, es harto evidente que su desa-
rrollo está subordinado a condiciones del orden físico, i que las
instituciones en que las sociedades so proponen afianzar sus
progresos, no pueden existir sin una consagración material.
En el número de los hechos que dan a la civilización este in-
dispensable carácter, figuran en primera línea las vias de
comunicación. ¿Cuáles son, en efecto, las naciones mas ci-
i34 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
vilizadas i libres? La Francia, la Inglaterra, la Bóljica, la
Holanda, una parte de la Alemania, i en fin, los Estados Unidos
do América; es decir, las que poseen mejores comunicaciones.
«Es permitido, sin duda, decretar un progreso, i formularlo
en las tablas do la lei; pero, mientras ese progreso carezca de
una sanción material", mientras no podamos en cierto modo
tocarlo i asirlo, la creación es imajiíiaria, es una apariencia
engañosa. So puede bien, en medio del entusiasmo, votar la
libertad do un pueblo con síes i nóos, con bolas blancas i ne-
gras; pero toda libertad ([ue no so rodee de instituciones posi-
tivas a propósito para Iiacerla fecunda de mejoras vitales,
conformes a la doble naturaleza, espiritual i material, del
hombro, es una libertad nominal, falaz, peligrosa,»
Chevalier hace en seguida una comparación entre los Esta-
dos Unidos de América i las repúblicas sur-americanas, ¡ atri-
buye a descuido do éstas en materia de caminos mucha parto
de sus desgracias i de sus lentos progresos. Preséntanos des-
pués una magnífica pintura de las maravillas materiales que
se deben a las vias de comunicación, i señalando luego algu-
nos de sus efectos morales, dice:
ttCon la historia en la mano, sería fácil mostrarlas como
instrumentos do dominación política. Mirad a Roma: a donde
quiera que lleva sus armas victoriosas, se apresura a construir
esas calzadas que se citan como modelos, esas vias i'o manas •
cuyo nombre se ha hecho si n(ja i mo do camino sólido. Tal era
en efecto la solidez que les daba, que todavía se encuentran
vestijios de ellas en mil puntos de Europa. Este rasgo es sin '
duda uno de los mas característicos de la política romana, uno
de los que distinguen mas profundamente al pueblo rei, de
las naciones que lo habían precedido, i de las razas que pudie-
ron conquistar, pero no afirmar sus conquistas. Tal es tam-
bién la táctica de una nación moderna, la Ini^laterra... a quien
sus enemigos deben hicer al menos esta justicia, que, a seme-
janza de Ruma, so manifiesta particularmente atenta a la uti-
lidad de las vias de comunicación: adonde quiera que penetra
la raza inglesa, uno do sus primeros cuidados es establecer
medios perfeccionados de trasporte.
DISCURSO DE INSTALACIÓN DE LA UNIVEIISIDAD 33j
«En las vías de coinuiiicaciuii, es preciso ver también un
ájente político de administración i ijfobierno. Ya recordareis
aquella tan impresiva pintura que hace ^\'alter Scott en su
liob Roy del estado de Escocia un siulo liá. ¿Qué es lo que ha
puesto lin a esa anarquía i ha convertido esa l)arl)arie en civi-
lización? Es, a lo menos en parte, el número de caminos que
el parlamento hizo al^rir por entro las montañas de EscoíMa al
fin de la época cuya historia nos da el ilustro novelista. I sin
ir tan lejos, ¿no han concurrido los caminos del oeste a la pa-
cificación de la ^'endée i de la Bretaña desde 18t30?
«A las vías de conumit*acion perfeccionadas, toca mudar las
condiciones de los imperios i el equilibrio político del mundo.
Por ellas, los hombres i los productos circulan con mas rapi-
dez, las ideas so derraman C(jn ií^ual aumento do velocidad, i
todas las relaciones que constituyen la vida de los pueblos so
aceleran en la misma proporción. Por ellas, lus .cfobiernos po-
drán a su arbitrio hacer sentir su acción tutelar o su mano
severa a distancias cada vez mayores: la distancia de las fron-
teras a la capital disminuirá gradualmente; i todas las seccio-
nes de un estado podrán comunicar entre sí, verterse, ¡por
decirlo así, trasfnndirse unas en otras, centralizarse, adminis-
trarse, í^obernarse, como si su extensión fuese cada dia me-
nor. La confederación americana ocupa un espacio diez veces
mayor que la Francia, con intereses rivales, opiniones divi-
didas, instituciones diametrídmento contrarias bajo alguno»
respectos, pues una mitad de esta fedemcion reconoce la es-
clavitud, que la otra detesta. I con todo, -la unión americana
parece indisoluble. I la causa es que este imperio, nacido
ayer, se ha cubierto de una admirable red de vias de comu-
nicación, que ata unos con otros los trozos dispuestos a sepa-
rarse. Lo activo i fértil de la circulación mantiene de un ex-
tremo a oti'o de esto dilatado territorio incesantes relaciones
de neíjfocios i un cambio perpetuo de ideas i afectos. No hai
familia que no cuente alíganos miembros en las mas distantes
capitales, i todos ellos continúan formando un solo cuerpo.»
(Araucano, Año de I8i6 i 1847.)
UNIFORMIDAD DE MEDIDAS
I PESOS
B\SE DEL SISTEMV MÉTRICO DKCIM.VL, HISTOIiLV DE SU ORÍJKX
I VENTAJAS QUE PRESENTA
I
Nadio ignora que en todas las naciones bien constituidas,
siempre que un poder firme e ilustrado ha empezado a dirijir
su actividad hacia mejoras administrativas, su primer anhelo
ha sido por uniformar los pesos i las medidas. Se fijaban las
bases, se adoptaba, mas o monos arbitrariamente, la unidad
que debia servir de comparación, tanto a las medidas de ex-
tensión, como a las de peso; i luego después el interés privado,
la mala fe i el descuido volvian a variar dichas medidas, de
tal modo que, con el trascurso del tiempo, desaparecia hasta
la tradición de la verdadera unidsid que les habia servido do
prototipo. Ninguna previsión ni potestad humana eran sufi-
cientes para remediar ese mal notorio, mientras faltaba una
idea noble, grandiosa, apoyada sobre el progreso de las cien-
cias naturales i matemáticas, que viniese en auxilio de las
aspiraciones n tendencias del siglo pasado.
Esta idea la sujirió al hombro la mensura del meridiano
terrestre i la del péndulo que marca segundos en cualquiera
latitud del globo, bien determinada. Ya se veia mui claro que,
para dar estabilidad a las medidas, era indispensable sustraer-
las al capricho i arbitrio de los pueblos, fijándolas en alguna
opúsc. 43
base tan fijae inmutable como el mundo. Penetrado de esta
necesidad, el célebre outrónotno Ca.4ini fué el primero que, en
su libro subrc el tamaño i la figura de la tierra, eacrito al
jirincipio del hí^Io XVIll, propuso adoptarpor pía jeomé/rico
la seia milésima parte do un minuto del gran círculo terrestre.
Pero el tiempo no había llegado todavía para vencer de una
vez las preocupaciones i loa antiguos hábitos de loa pueblos.
En Francia, mas que on ninguna otra parto, se repetían ince-
santemente reclamaciones contra la escandalosa, como la lla-
maba Dclambre, diversidad de medidas.
Viene la revolución, i aparecen hombrea prontos a derribar
cuanto mal se les señala como ligado con las instituciones Teu-
dales que tratan de destruir hasta el último vestijio. Fuó en
1790 cuando con aplausos se recibió la primera moción de
Talleyrantl en la asamblea constituyente para la reforma de
los pesos i medidas. El mismo año, en la sesión del 6 de mayo,
da su informo sobre esta moción De Bonnaie; i el 8 del mitn
mes pasa en la expresada asamblea un decreto, en virtud di
eual se suplica a! rei que escriba a Su Majestad Británica ro-
gándola que incite al parlamento ingles a cooperar con la
asamblea constituyente de Francia a la fijación de la unidad
natural de pesos i medidas; para que, bajo loa auspicios do laa
dos naciones, los comisionados de la Academia de París pue-
dan reunirse en número igual con miembros enviados pyr la
Sociedad Real de Londres, i entro todos determinen con la
mayor exactitud posible lo largo del péndulo que, bajo la lati-
tud de 45° o de cualquiera otra bien determinada, señale se-
gundos; debiendo en seguida deducirse de este péndulo un mo«
délo invariable destinado a servir do base at nuevo sistema de
pesos i medidas.
Entre tanto no cosa de ajítarse la misma cuestión en el
no de la Academia Francesa; i antes que el mencionado decrol
déla asamblea tuviese efecto, se presenta una comisión coi
puesta de Laplace, Lagrange, Monje i Condorcet, proponíciK
un nuevo plan, tan profundo en sus principios fundamentali
como completo i de inmediata ejecución. Los ilustres norabí
do sus autores bastan para penetrarnos del mayor respeto-.
ttNIFOnsllDAD DE MBSIDAS 1 PEBUS
la obra i para imponer al mundo una veneración solemne. Ea
digno (le saber en (lué términos so expresan los mencionados
sabina en su informo, que inmediatamente obtuvo una apro-
bación jencral de la nación.
Partiendo del principio que sería mas natural comparar las
distancias do un lugar a otro con lo largo del cuadrante de uno
do los círculos terrestres, que con la lonjitud de un péndulo,
opinan desde luego los comisionados que la imtííaíí de medi-
das ha do ser tomada sobre la tierra misma. La única cues-
tión que por un momento los detiene es ¿si el círculo mas
aparente para estas medidas debiera ser el ecuador o el meri-
diano? Pero, atendiendo a que la superficie del terreno en el
ecuador no presenta menos irregularidades que en cualquiera
do loa meridianos; que, para determinar lo largo del arco ce-
leste relativo al espacio que se intenta mensurar, se ptesenta-
rian siempre en mayor número las dificultades en el ecuador
que en cualquier meridiano de la zona templada; que, en fin,
mientras cada pueblo tiene su meridiano propio, son mui po-
cos los habitantes del ecuador; en atención a todo eslo propo-
nen los comisionados que so mida el meridiano terrestre, j
quo se adopte por unidad real de medú/as la diez milloné-
sima parto de un cuadrante del meridiano.
Al adoptar estos principios, dice el mencionado informe, no
se introduco ninguna cosa arbitraría, sino la escala aritmética
en que las divisiones de la unidad deben necesariamente arre-
glarse; i tampoco habrá arbitrariedad en la determinación de
la unidad de medida para los pesos, si para esta unidad se to-
ma, como lo proponen los comisionados, (un cierto volumen
do agua destilada, pesada en el vacío (o reducido su peso al
que tuviera pesada en el vacío] i con un grado de temperatura
determinada.
En consecuencia de estos principios, instan los comisionadoB
quo se mida un arco de meridiano desde Dunquorquo hasta
Barcelona; elijen esta línea con preferencia a cualquiera otra,
porque, pasando el mencionado arco por la latitud media, i ex-
tendiéndose como a 6' al norte i a 3° Vi «1 s\it do esta latitud,
tocando al mismo tiempo las extremidades de cata linea al
340 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
mismo nivel del mar^ se simplificarían i se harían mas exac-
tos los cálculos; i al prolongar dicha línea del otro lado de los
Pirineos trataron de sustraer los instrumentos de aquella ac-
ción que las masas do los cerros pudiesen ejercer sobre la»
observaciones.
Viene después el desarrollo de todo el plan de la obra, cu-
ya ejecución comprendía entre sus principales operaciones: i .*
la determinación astronómica de las latitudes de Dunquerque
i Barcelona; 2.^ una nueva mensura de las antiguas bases que
habían servido para determinar el grado del círculo terrestre
en París i para el gran mapa de Francia; 3.* nuevos experi-
mentos destinados a determinar con la mayor prolijidad po-
sible el peso de cierto volumen de agua pesada en el vacio, etc.
Pero, si causa admiración el leer la parte científica del ex-
presado informe de los cuatro mas eminentes matemáticos de
aquella época, no menos dignas de atención son las reflexio-
nes en que so revela el sentimiento noble i desinteresado que
los elevó a esta altura.
«No hemos creído necesario, dicen los comisionados, que
se espere la cooperación de otras naciones, ya sea para cscojer
la unidad de las medidas, ya para comenzar las operaciones.
En efecto, hemos excluido del plan que proponemos todo la
que se pudiera considerar como arbitrario; no hemos admitido
ningún elemento que no perteneciera igualmente a todas las
naciones. Para escojer la latitud de 45** para el paralelo que
debia cortar al meridiano, no nos movió la posición jeográíi-
ca de Francia, sino la consideración de que a esta latitud co-
rrespondo la lonjitud media del péndulo i de cualquiera divi-
sión del círculo. En fin, de todos las meridianos del globo
hemos preferido elejir el que nos presenta un arco cortado
por dicha latitud, el cual, sin ser demasiado largo para que
sus mensuras fueran mui difíciles, tiene sus extremidades en
el mismo nivel del mar. Ningún hecho, ninguna considera-
ción pueden dar el mas leve pretexto para acusarnos de haber
querido guardar cualquiera especie de preeminencia.
«En una palabra, si con el tiempo i las vicisitudes de las
cosas humanas se borrase hasta la memoria de estas opera-
eNIrOBUlDAD DB MeOIDAS I PESOS
ciones, i solamente se conservase el resultado, ningún indicio
quedaría que pudiese señalar a qué nncion habrían pertene-
cido la primera idea i la ejecución de esta obra eminente'
mente filantrópica.'
\'enios en esto un ejemplo raro en que el bien público í el
ínteres (le la liumanídad so sobreponen basta al patriotismo i
al orgullo nacional.
Tal lia sido el [wnsamionto que presidió en la creación del
plan propuesto por la comisión i presentado a la asamblea
nacional, la cual lo aprobó unánimemente el dia 26 de marzo
de 1791.
Cuatro dias después, recibió el expresado plan la sanción del
rei; e inmediatamente so nombraron las comisiones para las
diferentes operaciones que indicaba el proyecto. En ellas figu-
raron Lavoisier, Laplacc, Borda, Coulomb i otros nombres de
los mas ilustres de Francia. Lenoirfuéencargado da construir
cuatro circuios repetidores de Borda, como también reglas de
platina, que debian servir para las mensuras de las bases, i
varios otros instrumentos i aparatos; Delambre i Mochain re-
cibieron la comisión de mensurar el arco de meridiano com-
prendido entro Dunquerque i Barcelona.
Quince meses pasaron desde la promulgación* de la lej antes
que Delambre i Meehain pudiesen entrar en el desempeño de
su encargo. En fin, el 24 de junio de 1792, se les entregó una
proclamación del rei al pueblo i atoiIas las autoridades paraquo
se respetasen las señales, reverberos, armazones i todo lo rela-
tivo a la proyectada obra: esta proclamación ha sido uno de los
últimos actos de la autoridad que iba a expirar en un cadalso.
Habiéndose convenido entre Delambre i Mecbain que el pri-
mero se encargase do la parte septentrional del arco i que
el otro fuese al sur, cupo a este último una línea como do
170,000 tocsas de largo, extendida do Barcelona a Rodes, i a
Delambre lo que quedaba de Rodes a Dunquerque, quo era
una distancia como 380,000 toesas.
El 25 de junio del mismo año, parte Mecbain con dos pri-
meros círculos roiwtidores para el sur, mientras Delanüjre
principia sus operaciones en el norte.
3i*2 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
Ardua i polígrosa fué la tarea de los dos eminentes sabios
al proseguir sus operaciones en medio del furor revoluciona-
rio. Deteniílo por el inquieto populacho, escapó Mechain con
dificultad do sus garras, i fué al otro lado de los Pirineos,
donde continuó con seguridad i sin interrupción sus mensu-
ras. No menos expuesto Delambro a la suspicacia de la desen-
frenada turba, poco faltó para que pagase con su preciosa
sangre su incansable celo por la ciencia i el bien de la huma-
nidad.
Suprimida el 11 do setiembre de 1793 la Academia, no pe-
dia ya cubrir con su respetable protección a sus comisionados.
Seis meses después el gobierno, impaciente i fastidiado con la
demora de las operaciones fundamentales, decreta que se ad-
mita en toda la república un metro p?-oü¿síona/, cuya lonji-
tud se arregló entonces por las antiguas mensuras del arco
del meridiano terrestre, medido anteriormente por diversos
astrónomos i en diversas partes del mundo.
En fin, el 30 de diciembre (9 nivoso), otro decreto firmado
por Barreré, Robespicrre i sus secuaces, suprime de la lista
do los comisionados a Delambre, Brisson, Coulomb, Laplace,
Lavoisier i Borda, i se prohibe a Mechain volver a Francia.
Pero ni el terror revolucionario, ni el frenesí mas horrible del
jacobinismo, pudieron anonadar la empresa, escudada por la
noble idea del bien público, i sostenida por los hombres mas
grandes que entrañaba la Francia. Mui pronto la lei del 18
brumario restableció la comisión: vuelven a sus operaciones
Mechain i Delambre, i con un nuevo celo, con un entusiasmo
heroico, prosiguen las mensuras en medio del hambre, de la
epidemia i de innumerables calamidades.
Entonces fué cuando emprendieron la parte mas delicada
de sus tareas, la de mensurar las dos bases que debian unirse
con toda la red de triángulos estendida desde Dunquerque hasta
Barcelona. Una de ellas fué tomada sobre un llano que so
extiende de Melun a Lieursaint; la otra, denominada base de
PerpiñaHj se midió sobre el camino de Perpiñan a Narbona
entro Vernet i Salas: la primera tenia 6075,900069 toesas, i
h segunda 6006,24148 toesas de platina con que se midieron.
UNIFORMIDAD DE MEDIDAS 1 PESOS
Veneración inspira al jenio del hombre ol seguir a loa Íqh
sabios on todos los pormenores do su laboriosa obra. Véase
con qué precaución colocan cada toeaa de platina en su apoyo
nivelado, con quí exactitud miden i avalúan \n mas pequeña
eipansion del metal, causada por las variaciones tle tempera-
tura, i con qué minucio»Ídad toman cuenta hasta dol espesor
tlel pelo que determina ol punto de contacto do una vara con
otra. MedidaH las bases, ¡con qué maestría CRcojon loa puntos
principales para unirlas con la mencionada red de triángulosi
miden los ángulos en los vértices de cada triángulo, i la di-
rección que toman los lados de estos triángulos respecto del
meridiano; i coronan su obra con repetidas observaciones aa-
tronómicas de latitudes en Dunquerque, París, Evant, Carca-
80na i Monjuí!
Siete años pasaron los dos jeómetras en medio de los expre-
sados trabajos: jamas se ha visto obra ejecutada con mayor
sabiduría, celo i perseverancia. En fin, concluidas las mensu-
ras i coordenados los datos en rejistros llevados con la mayor
prolijidad posible, se publicó un llamamiento jeneral a todas
laa naciones amigas o neutrales para que mandasen diputados
a un cona;rcso cientíílco, destinado a revisar los trabajos de
Delambro i Mcchain i asacar el último resultado de la obra.
Citado para ol principio dfl año 7, dicho congreso excitó
tanto ínteres i entusiasmo en toda Europa, que los mas envia-
dos llegaron antes del señalado término. Entre ellos figuraron
dos diputados de España, Ciscar i Pedráyes, uno de Holanda,
el célebre Van Swinden, otro de la República Helvética, que
era Tralles, i muchos otros no menos conocidos por su gran
saber en ciencias matemáticas.
Empezó el congreso por examinar todos los instrumentOM
que habían servido para las mensuras i observaciones, i en
seguida nombró una comisión compuesta de Van Swinden,
Tralles, Ciscar, Laplace, Logendre, Mechain i Delambrc, para
que, de los innumerables datos que les suministraban las
mensuras do Delambre í Mechaiu, determinase, mediante un
cálculo exacto i rígunjso, ol largo de un cuadrante dol me-
ridiano terrestre i la verdadera lonjitud del metro.
344 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
Cuatro miembros de esta comisión, Tralles, Van Suindcn,
Legendre i Delambre se ocuparon, cada uno por separado, en
ejecutar las cálculos; cuyos resultados, comparados entre sí i
con las medidas del arco hechas por Bougcr i Lacondamino
en Amírica, probaron que el cuadrante del meridiano terres-
tre tiene 5130740 toesas i el metro 443,29593G líneas; se en-
tienden líneas de la toesa que sirvió para la mensura de las ba-
mtH i en la cual se tomó inme liatamente la lonjitud del metro
que debía servir de modelo o prototipo para las nuevas me-
didas.
Kl día O floreal del año 7 20 de abril de 1795), dio su infor-
me la comisión, redactado por Van Swinden.
Al mismo tiempo, Fabroni junto con Lefevre Guinau termi-
naban las operaciones relativas a la ñjacion de la unidad del
peso: operaciones no menos prolijas que las anteriores, i que
consistian en determinar con toda exactitud el peso de un
cierto volumen de agua destilada, reducido a su valor efectivo
en el vacío i a la temperatura de 4* del termómetro centígrado
sobre cero. La comisión nombrada para un examen escrupu-
loso de estos experimentos se componia de Tralles, Coulomb,
Vasalli (diputado del Píamente), Mascheroni (diputado de la
República Cisalpina) i Van Swinden. Tralles fué quien redac-
tó el informe de esta comisión; i agregado este al anterior, so
leyó un informe jeneral sobre la unidad de pesos i medidas el
dia 1 1 prcrial en una asamblea jeneral del Instituto; el que,
luego después, presentó al cuerpo lejislativo, en su sesión de'
4 mesidor ('22 de juniOy los modelos del metro i del quilogra-
mo hechos en i)latina.
Al remitir diclios modelos a la barra de los dos consejos del
cuerpo lejislativo i a nombre del instituto nacional de ciencias,
pronunció estas memorables palabras el relator ^^an Swinden:
ajamas la if^norancia i la ferocidad de los pueblos bárbaros
arrancarán estos viodclos 'proíoíiíjos a la valentía, el patrio-
tismo i las virtudes do una nación penetrada del conocimiento
de sus intereses, de su honor i de sus derechos. Pero, si algún
temblor de tierra los destruyera, si fuera posible que un es-
pantoso rayo viniese a derretir el metal conservador de estas
mejillas, no por eso, ciudadanos lejisladores, el resultado de
tantos trabajos, cl precioso tipo de la xtnidad de medidas se
pordcria para la gloria nacional i la utilidad pública.
«En realidad, con el intento de asegurar eternamente xin
medio conservador para el metro, determinó Borda con la mas
perfecta exactitud las dimensiones del péndula (¡ue tía segun-
dos en Paris i cuya lonjítud, sogun Borda, equivale a 9938
diez milésimos de metro; do manera quo en caso que se des-
truyese el prQtolt¡)o, bastaria construir un buen péndulo en
Paris, dividirlo en 9938 partes iguales i agregar 62 do es-
tas divisiones al largo del mismo péndulo, para obtener exac-
tamente el metro.»
Tal ha sido la historia do la primera idea i de su ejecución
en la importante obra que emprendieron los mas eminentes
sabios do la época moderna; tal ba sido el oríjen del metro,
que, tarde o temprano, ha de pasar por Kniclaíí rio viedida
en todas las naciones cultas del universo- Los documentos
mas preciosos de esta obra, todas las observaciones, mensuras
i cálculos, en fin, las doscripcionca do todos los instrumentos
i de los métodos que Mechain i Delambre emplearon en sus
larreas oporacioneK; todo esto, pora mayor seguridad do los
pueblos, se ha publicado en el precioso libro intitulado: líase
du syslhiie métrique décimat ou méswe de í'arc du vié-
ridien entre Dankerhe et Darcelonc (Paris 1814 en tros
tomos en 4.°), i este libro se señalari para siempre como la
mejor prueba déla exactitud i conciencia con que los citados
jeómetras procedieron en su empresa.'
La Francia dio el primor ejemplo para la adopción do la
nueva unidad de medidas con todas sus divisiones decimales:
ella fue la primera que las impuso a sus treinta i dos millones do
habitantes tenazmente adheridos en los anti^uú.s h^tbitos í cos-
tumbres. Hartas diitcuUades se presentaron desdo lueifO, quo
parecían invencibles: mas de dÍoz años habian pasado desde
el decreto del cuerpo lojíslativo, i todavía, rebelde a la nueva
* Esta obra so halla completa en la Biblioteca Nacional do oeta ca-
pital.
340 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
leí, el comercio volvía atrás a su antiguo desarreglo. A su
inexplicable tenacidad, tuvo que ceder en 1812 Napoleón, per-
mitiendo que se tolerasen en el comercio, i solo para los usos
del comercio, una toesa del tamaño de dos metros, dividida en
seis pies; un cuarto, un ochavo i un diezíseísavo del litro; una
libra del valor de un medio quilogramo, etc.; pero este decreto
ha sido desde 1.® do marzo de 1840 definitivamente revocado
con referencia a la citada leí del 18 jcrminal del tercer año de
la república, i en todo el reino no so conocen en la época ac-
tual otros pesos i medidas que los del sistema métrico decimal.
A mas del pleno triunfo que dicho sistema acaba de obtener
en la nación que lo vio la primera en su nacimiento, ya se ha
introducido i recibido con fuerza de leí en Béljica i en Holan-
da, dos naciones cuyo comercio e industria, considerados con
relación a la población i a la extensión del territorio de ambos
reinos, han llegado talvez al mayor grado de su desarrollo,
aventajando a las demás naciones del continente.
Varias tentativas para la introducción del sistema métrico
se han hecho en Suiza, en Italia, i últimamente en Venezuela
i Nueva Granada, dos do las mas adelantadas repúblicas de
América; i si los antiguos hábitos, las preocupaciones nacio-
nales, i un cierto horror a las innovaciones, se oponen todavía
a la jeneralizacíon de las nuevas mexlídas, no por eso los pue-
blos desconocen la necesidad de introducirlas. Con dificultad
resistiría a esta tendencia cualquiera nación que quisiera hoi
día uniformar sus pesos i medidas i arreglarlos de nuevo. No-
temos que, entre tanto, todos los pesos i medidas de las nacio-
nes cultas se avalúan en la unidad viétrica^ que les sirve de
punto de comparación i de seguridad contra la mala fe i los
estragos del tiempo.
II
Con jeneral entusiasmo, se ha recibido el proyecto para el
nuevo arreglo de pesos i medidas, por todos los amigos del
adelantamiento nacional; i si un justo celo por el bien del país
liace todavía vacilar a algunos ciudadanos en adoptar el me-
UNIFORMIDAD DE MEDIDAS I PESOS 3A7
ditaclo arreglo, por temor de las dificultades inherentes a toda
reforma de hábitos i costumbres, es de creer que un examen
detenido de ellas, hagp, ver a todo ánimo despreocupado que
una incomodidad pasajera, un trabajo, aun de algunos años,
no debe detener al lejislador en su marcha, cuando se divisan
en el porvenir ventajas, i un bien incuestionable.
Una de esas dificultades, i que, según parece, es la que mas
pudiera atemorizar, aun a los hombres versados en el manejo
de los negocios públicos, es quizá la introducción de unas
cuantas palabras de nomenclatura casi desconocida en el país.
Se sabe, en efecto, cuan apegado es el hombre del pueblo a
las palabras que le son familiares; que a veces se hace esclavo
de ellas; i que todo nuevo aprendizaje le repugna; desconfía
de todo término extraño a su oído, como hostil a su naciona-
lidad.
Importa, pues, examinar el proyecto de lei bajo este respec-
to i ver si en efecto la dificultad es tan grande, como parece a
la primera vista.
Es cierto que a muchas personas desagradará, en la primera
lectura del proyecto, el encontrar quince nuevas palabras,
apenas oídas antes; i es natural que al recibir esta primera
impresión piensen en la que el nuevo arreglo pudiera producir
en el público. Poro vuélvase a repetir la lectura, i examínese
lo que hai de nuevo en la propuesta lei relativamente a los
términos o denominaciones.
Se verá entonces que todo ello se reduce únicamente a tres
nombres radicales, cuyo sonido pudiera talvez desagradar al
oído de un purista; estos nombres son:
el vtetrOy
el litro i
el gramo.
A ellos se juntan las tres preposiciones siguientes:
decij
centi,
mili,
para denominar las cantidades diez, ciento, i mil veces meno-
I*', VK. V. - li A 1;T23 a3 l\ 'A ' 3 .TXX»
' « « • '
f
'^ • 4 'o.
]f*vjií*'. ;il oí !'i af*v:ri^;íi:j'>, p-ira 'íirl-c i:i_'l:.'^:i:r: eiocíto de de-
Kfi priííHT lu^ar, metro es una paLihra castellana: se-
ni/í'^íí vrtOj i antíí^uam^jntí; «5Í;friíí¿^ií>aIac:ripo6Íciafi í r7i«i¿-
#/« JijimUuhi íl<;I v^mo; íiót/rírf; bien: sLiiííIcaLa medida. Ahora
ft^í íli'í^? l/íU'ó//í^f<r/>, l';rr/iómí>fro- ffrafÓ27iie/rí>, etc.; i naiüe
p}rm;irla f^KjmUar a'|ijffl t<''rmino del diccionario, aun cuando
f¥i ifwlitiríi ¡Htíu.r (iíí Hi] Iu;;ar otra palabra de us^ mas coman,
p/int fl'^nor/iin.'ir la nu^-va unidad de lonjitud. que en todos
IfH vhfftfVíH íWffhirwm cwlUjfi se llama raelro,
VA I Uro iarrifioc^o debería tener nada de extraño a nuestro
hUhh ¡Aira v.h una palabra familiar para el pueblo; i se sabe
i\U(i a riiieMtra jenio (bd campo de las inmediaciones de San-
iíaíjro, nri e« rbjl todo desconfxjída la voz litro^ que se emplea
por lo (lofriiin corno Hinónima de rito o carona^ i se oye repe-
tir iriui nuu'twuht en la plaza. AI adoptar, pues, la palabra
////'/;, romo nombro (b? la unidad do medida para líquidos, se
iínhí|ii<»<í<!ria bi ttírminoiojía científica de nuestra lengua, i se
pondría e,n relaeion con la do los demás idiomas, sin ofender
vi oído dr| plH;blo.
Kn Un, la pal.ibra riranin so diferencia tan insensiblemente
de la de [¡ninn^ (\\u\ talve.z pudiera ofrecer algún inconvenien-
bí la dnm.iMiada Hcmí'janza entre ambas. Por otra parte, la
palabra tinnno He empl(;a en todas las obras científicas espa-
fnibiH, i H<í iiHa muí anieniido por los ensayadores,
PíiHenioH aliora a las i)repoH¡c¡ones.
'leniendo las tros primeras, cíeci, centi, miliy un oríjcn
latino, presentan una fisonomía de parentesco, un aire de fa-
L'.VIFORMIDAD DE MEDIDAS I PESOít
s-sa
milia, en nuestro idioma. Ni son tan raras en él laa palabras
compuestas para (juo se extrañe una nueva i poco numerosa
importación ile ellas, cuando el inconveniente de la novedad
ea mas quo compensado por una ventaja inapreciable que
desdo iue^o proporciona a las personas familiarizadas cun el
sistema decimal. Esta ventaja consiste en que, al aprender el
uso facilísimo de las mencionadas tres preposiciones, se apren-
de al mismo tiempo mas de la mitad de la aritmctica relativa
a los númerua denominados. Así al pronunciar la palabra
tiecimutro so aprende que el decimetro es la décima parte del
metro, i que por consiguiente diez ííecimetros valen un me-
tro. Al decir inííígramo ya se sabo c¡ue esto quiere decir una
niííesima parto del gramo, i que, por de contado, mil ^nili-
gramos valen un gramo. En íin, se percibe muí bien que, al
aprender el modo de aplicar aquellas tres preposiciones a los
tres primeros términos (que es obra do pocos minutos), todas
aquellas operaciones do cálculo, quo ahora tanto nos fastidian,
cuando se trata do reducir, por ejemplo, onzas a granos, pies
a lincas, o recíprocamente, se reducen al simple mecanismo
de correr la coma de la derecha a la izquierda i do la izquier-
da a la derecha. ¿No valdría esta ventaja la pena de incomo-
darse un poco en aprender el uso de las citadas preposiciones,
o de introducir el uso do ellas en el lenguaje común del pue-
blo, sabiendo que medíanle este sistema, tan sencillo i lójíco,
el hombro, al aprender a_hablar, ajirende a contar i a pensar
lójíca mente?
Lo mismo se podría decir con relación a las tros otras pre-
posiciones, deca, heclo, quilo; con la diferencia de que, sien-
do de oríjen griego, no nos presentan la misma ventaja que
las anteriores, tanto al oído como al entendimiento. Pero no-
temos que en el uso práctico, en el comercio i trato jencral
entre la jente, no se usan estas preposiciones, sino en tres ca-
sos particulares, que son:
Para decir ijuí/oractro, que es una lonjitud do mil metros;
Jíec/olitro, o medida de cien litros, i
Quí/ogramo o peso de mil gramos.
Los demás términos de esta esp&cie se emplearán mui poco
3'>0 OPÜSCLLOS LITERARIOS I CRÍTICOS
i solamente en el lenguaje científico, o bien entre la jante de
la mejor educación, a la que costaría poco o nada comprender
8U signiPicacion. En efecto, nadie dice en Francia o en Béljica,
donde el sistema métrico decimal está completamente estable-
cido, «he comprado un decámetro de paño,» o bieni «necesito
un decalitro de vino:» sino, «he comprado diez metros de pa-
ño,» «necesito diez litros de vino.» Si el proyecto de lei com-
prende en su redacción todos estos términos i denominaciones,
que rara vez o nunca se usan en la vida común i entre la ple-
be, es porque el abraza en si la totalidad del sistema métrico
decimal, en toda su extensión, tal como ha salido de la mano
de BUS inventores i como se halla establecido en otras naciones.
Se ve por consiguiente que todas las dificultades inherentes
a la nueva terminolojía se reducen:
i.^ Al uso de tres palabras que el oido no extraña, que son,
metro^ litroj graino;
2.® Al uso de tres preposiciones de oríjon latino, decij cen*
í¿, míZí, que se agregan a cada una de las anteriores para in-
dicar las cantidades, diez, ciento, i mil veces menores;
3.^ Al uso de tres palabras algo mas extrañas, guí/omotro,
/lecíolitro, i (¡fUÍZogramo.
¿I esto sería capaz de atemorizar a los lejisladores en la
adopción del sistema métrico?
Pero fijémonos por un instante en el artículo 15 del proyecto
de lei, i veremos que, mediante el arbitrio que en el mencionado
artículo se propone, se allanan todavía mas las dificultades
arriba señaladas. Por esto artículo, so ve que no se trata de
imponer desde luego al pueblo el uso aun de aquellos pocos
términos nuevos que la lei expresa. Se propone acostumbrar
el país al conocimiento i uso de los nuevos pesos i medidas,
dejando al público por diez años el uso do los antiguos nom-
bres i divisiones, para que en este tiempo se familiarice con
los tres nuevos términos i aprenda poco a poco la aplicación
do las citadas 'preposiciones,
lié aquí de í[ué modo podrá verificarse este aprendizaje en-
tre el vulgo i la jcnte del campo.
Entra un hombre a una tienda para comprar cierto número
t'NtFOnUlDAD DE MEDIDAS I PESOS
de varas do algún jénero. Se le 'V'ende, t se le mide con una
vara dividida cti tercias, cuartas i puli^adas si so quiero, pero
con una vara marcada por un ladu con el metro, dividido en
decimetros i centímetros. Es natural que, al \\'.r una nueva
medida, trate el comprador de conocerla, de aprender su nom-
bre i HU9 divisiones: grabadas en eüte mismo metro las voces
metro, decímetro, centímetro, le parecerán primero algo
extrañas; principiará talvez por burlarse de ellas, las repetirá
' después &in malicia, i acabará par acostumbrarle tanto a las
palabras, como a las ideas que expresan.
Otro ve que, pai'a venderle un cuartillo do aceite, se le mide
con un cuartillo nuevo que llevará el sello de la municipali-
dad i que tendrá casi la misma capacidad que el cuartillo
antiguo, con una pequeña diferencia inapreciable a la vista.
Estando grabada en este nuevo cuartillo la denominación de
medio litro, es imposible que de vez en cuando no so pre-
sente esta palabra como asunto de conversaciones, tan largas
i tan l'recuentes en nuestros despachos; i en los mas casos la
explicará el bodegonero, aun cuando no fuese por otro motivo
que el de hacer alarde de au saber en esta materia.
Lo mismo sucedería con el usu de la nueva fanega que co-
rresponde a un medio hectolitro. Acostumbrado el país al ta-
maño i a la nueva nomenclatura do esta medida, olvidará
poco 3 poco la antigua, i aceptará sin violencia la disposición
de la lei, cuando trascurridos los diez años de lotemncia (ar-
tículo lo), se trate de suprimir la antigua división en almudes.
Con mayor facilidad, se acostumbrará el vulgo al uso do
una nueva libra, que será un cuatro por ciento mayor que la
antigua, i en cuyo peso estará grabado el nombre de medio
quilogramo: debiendo también estar estampado en la pesa tíe
dos libras el nombre do quilogramo, en la de medía libra el
de un cuarto de quilogramo, etc.
Pasados los diez años quo el citado artículo lo del proyecto
de lei nos señala, quedará todavía en la voluntad del gobierno
i de las cámaras el recurso de prolongar este mismo estado de
aprendizaje por otros diez años, si se juzga necesario; pero el
nuevo sistema métrico se arraigará mas i mas en el país, i
í;í l?i?-:vi:s LrrzrA?.::5 i císticos
entrará en la e-la:ac:oa del pueblo, que al cabo conocerá sus
grandes bienes i ventajas.
Entre tant"». el sriLiem?. las oScinas fiscales, todo el co-
mercí'j p-jr mavor i la :Ia.^:r mas ilustrada del país emplearán
el nuevo sí:=t<rrr.a: i sería tal vez verj^Dnzcso a esta ultima el opo-
nerse a la intr-i-iieoion •:!-:- la nueva medida, disculpándose con
la diiliultad de aprender unas cobo palabras, conocidas en to-
dos los idiomas, o con la inconiC'didad de hacerse a los nuevos
cálculos i reducciones;: teniendo presente que tcJo cálculo de
decimales es infinidamente mas f¿leil i cómodo que las opera-
cíunes aritm*}ti:as do ^rariO>. línea?, alarmes, almudes, ter-
cias, tomines i otras t.intas fracciones de unidades.
Protestamos soI>re todo contra la idea de llamar oficialmen-
te al metro, vara, al hectolitro, fanega, al quilogramo, libra,
al litro, cuartillo. Xo hai cosa mas perjudicial que dar un
mismo nombre a dos cantidades desiguales. El pueblo mismo
correjiria el vicio de semejante arbitrariedad, teniendo que
repetir a cada momento, en sus compras i ventas, las denomi-
naciones: vara antigua^ vara moderna^ fanega antigua^ fa-
nega moderna^ libra antigua^ libra wioderna, etc.; i solo
con omitir el adjetivo se cometerían equivocaciones, volunta-
rías o involuntarias, de ciento por ciento sobre el avalúo de
los pesos o de las capacidades para líquidos o áridos.
En fin, unas tablas bien hechas para la reducción de los
pesos i medidas que se usan actualmente en Cliile, a los pesos
i medidas que se quiere introducir, tablas que mui pronto se
van a computar i publicar para el uso común, mas fácil i có-
modo, remediarán t^nla especie do equivocaciones i errores de
cálculo, al paso que allanen las dificultades inherentes a la
reforma; i si con todo lo expuesto nos quedase todavía algún
recelo, temor o incertidumbre por lo que pudiera suceder,
tengamos presente que se trata de una reforma útil, hermosa,
digna de los esfuerzos de una nación civilizada.
{Araucano, Aíío do 1847.)
g* >L - I - U"- ■
■ C"-' ' 1" "" - -" "Z-'T" ^' y^íí Cs.'. £.C" j y
DISCURSO
PROXUXCUDO POR EL RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE
EN EL
ANIVERSAUIO SOLEMNE DE 29 DE OCTUBRE DE 1848
ExcMO. SEÑOR Patrono :
Señores:
Cumplo con el deber que me impone el reglamento del con-
sejo de la universidad en su articulo 24. Conformándome a él,
dirijiré vuestra atención a cuatro puntos: el estado actual do
la instrucción pública; la enumeración de las mejoras intro-
ducidas en este ramo, de sus resultados, i de los obstáculos
que las hayan contrariado; un resumen de los acontecimien-
tos que tengan relación inmediata con la instrucción pública;
i una noticia de los miembros de la universidad que han fa-
llecido i que se hubieren distinguido por su celo en favor del
mismo objeto. Procuraré ser breve, i llenar, en cuanto me
fuere posible, estas indicaciones.
Las tres primeras tienen tal conexión entre sí, que, en be-
nefício de la brevedad i de la claridad misma de esta exposi-
ción, me parece conveniente no separarlas.
Respecto do la primera, es poco lo que tengo que añadir al
luminoso cuadro presentado a las cámaras i al público por el
señor ministro del ramo, vicc-patrono de la universidad, en su
memoria de 1 1 de setiembre de este año. Principiando por la
opúsc. 45
35^1 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
instrucción primaría^ es triste el paralelo de nuestra situación
presente con la de otras naciones civilizadas; pues adoptando
por base el total de los individuos que la reciben en toda la
extensión de la república^ según el estado jeneral que acompa-
ña a la memoria citada; aumentándolo con la cuota correspon-
diente a la provincia de Chiloc, conforme a la noticia suma-
mente incompleta que existe en la secretaria de la facultad de
humanidades; agregando conjeturalmente las cuotas de los
departamentos de la provincia de Concepción que do pudieron
comprenderse en aquel estado; i tomando en cuenta la inevi-
table deficiencia de los datos respecto de las otras secciones i
de la provincia misma de Santiago, por el considerable núme-
ro de escuelas diminutivas que se escapan a la obsen^acion,
i de individuos de ambos sexos que aprenden en sus casas,
creo que podremos valuar el número de las personas a quienes
so suministra el primer jérmen de cultura mental, en uno
por cada cuarenta i cinco habitantes; de que se deduce quo se
extiende, apenas, a la sexta parte de los que son llamados a
recibirlo.
Es preciso reconocer que, de todos los países que gozan de
una civilización mas o menos adelantada, ninguno presenta,
para la difusión do la enseitanza primaria, las dificultades que
Chile. En muchos de nuestros campos, la población no forma
vecindarios compactos de tal cual imix)rtancia, como las al-
deas i pueblos menores de Europa i de otros países de Améri-
ca. El viajero busca muchas veces en vano la apariencia de
esos pecjucños grupos de familias; i donde esperaba encontrar
uno do ellos, lo que so le ofrece a la vista es un espacio exten-
so en que so levantan a largos trechos esparcidas habitacio-
nes, que apenas comunican entre sí. De los que viven do esto
modo, ¿cuántos son los quo pueden enviar sus hijos a una es-
cuela, que, por precisión, está situada a gran distancia de la
mayoría? Los quo se aprovechan del l^cneficio de la instrucción
primaria, con que el estado i las municipalidades les brindan,
no guardan pnoporcion ni con el niírnoro do las escuelas, ni
con el costo invertido en ellas. Las mismas familias que, con-
centradas en una villa, pudieran dar treinta o cuarenta educan-
DlSCünSO EX El. ANlVEnSABlO UK LA I
líos, apunas contribuyen con una pequeña fracción de esto nú-
mero. Aun las que residen a moderada distancia, para propor-
cionar este bien a loa niños, tendrían que someterse a una
privación casi completa ilol auxilio no insignificante que desdo
la primera edad pueden éstos prestarkfl para sus diarios tra-
bajos i para los menesteres domésticos. Así es que la mayor
parte se resiste a enviarlos, o solamente loa dejan ir en la es-
tación del año en que les es menos necesaria su ayuda. No solo
es, pues, limitada la concurrencia a las escuelas, sino amo-
nudo interrumpida; i de este modo la semilla preciosa que el
estado esparce a no pequeña costa sobre los ca mpos de la re-
pública, se puede decir sin exajeracion que no rinde la mitad
del fruto que debiera.
Si queremos formar alguna idea do la cuota que cabe a
cada provincia en esta distribución de la primera enseñanza,
hallaremos una desigualdad notable, que nu siempre es fácil
explicar por las circunstancias locales i por la mas o menos
cultura de loa pueblos. ¿Quién creería encontrar en el grado
superior de esta escala a la provincia de Cbiloé? A la verdad,
no tenemos acerca de ella dato.i medianamente completos; pe-
ro podemos computar en 26,000 almas la población de Quin-
chao, Calbuco, Dalcahuo i Chonclii, juzgando por el censo de
1843, i a lo menos en 1,Ó00 el numera do niños que frecuen-
tan las escuelas, según los estados que he tenido a la vista;
de que se sigue que .se distribuye allí la educación rudimental
a uno de cada 1 7 individuos, cuando el término medio de toda
la república es uno entre 45, Valparaíso, Santiago, Valdivia,
Atacama i Talca exceden también al término medio t compu-
nen la parte mas iluminada del territorio chileno. En la pro-
vincia do Valparaíso, que ocupa el segundo lugar, la cuota es
i por 28; en la de Santiago, 1 por 3.3; en la de Valdivia, 1 por
38; en la de Atacama, I por 40; en la do Talca, 1 por 43; en la
de Coquimbo, 1 por 50; en la de Aconcagua, 1 por G0¡ en la do
Nublo, 1 por G7; en la de Concepción (con la ineertidumbre quo
nace de lo incompleto de las noticias), 1 por 75; en la do Maule,
I por 96; i en la de Colchagua, colocada en la última línea, i
a bastante distancia de las ntras, 1 por l-'iO. Yn no pretendo
35í> OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
presentar estos guarismos, sino como meras aproximaciones,
pero creo qiic no se alejan mucha de la realidad.*
El departamento en quo está mas difundida la instrucción
primaria, es el de Valparaíso, donde de cada 12 individuos de
toda edad i sexo, va uno a la escuela. En el de Calbuco, do
cada 14 individuos, i en el de Santiago de cada 27, va uno.
Calculando la proporción de los sexos en la asistencia a las
«íscuelas, no tendremos tampoco motivo de felicitamos.
Como al total de niñas que participan do la enseñanza prima-
ria, según ai>arece en el estado adjunto a la memoria ministe-
rial, no sería razón al>Ie hacer iguales agregaciones que al de
niños, la proiK)rcion de las primeras es necesariamente algo
menor de lo que en el so presenta, i se puede conjeturar con
alguna verosimilitud quo de cada seis niños que van a la es*
cuela, los cinco pertenecen a nuestro sexo.
Si pasamos aliora a la apreciación de la enseñanza quo se
da en las escuelas a los quo no sufren los inconvenientes que
he tenido el honor de indicaros, o pueden corV algún esfuerzo
vencerlos, encontraremos que en ningim punto de la repúbli-
ca se le ha dado todavía toda la extensión que sería cVe desear.
* Según los iatos publicados recientemente por el ministerio de
instrucción pública, en visla do las nolicias que acaban de remitírselo
por el señor intendente do Chiloé, hai en toda la provincia 17 escuelas
fiscales, i G7 particulares, educándose en las primeras 952 individuos,
i en las seprundas l,G'i8: total •?,600. Ksto haco variar un poco el cál-
culo do 1 por 17 que he dado a la provincia, juzí]fando por los cuatro
departamentos do Quinchao, Calbuco, Dalcahue i Chonchi. Compu-
tando la población local en 52,000 almas (i9,000 se^cun el censo de I8i3),
resulta que do cada '10 individuos do todu edad i sexo, va uno a la
escuela. Chiloó conserva, pues, una considerable superioridad sobro
todas las otras provincias do la república, en ctianto al número do
personas quo reciben la instrucción primaria. En la provincia do Val-
paraíso, una población que no baja do 80.000 almas, sostiene 53 es-
cuelas particulares. En la de Santiago, la población no baja de 230,000
almas, mas quo el cuádi'uplo do la de Chíloé; i el número do escuelas
do particulares no lle^i^a al duplo do las de aquella remota provincia,
tan escala do recursos de toda clase. Este resultado, quo puede mi-
rarse como bastante ox;\cto, es altamente honroso al pueblo ahilóte.
DISLtlnSO BN BL .1
) UE La INlVanSIOAD
i a (¡uc aolu poilri llegar grailualmente en una serie de años,
ílai cun tuilu localiJailes en que se camina con mas o menos
celeridad a este apetecible desarrollo, A la Iccluru, escritura i
rozo, que rurmaii tudo el púbulo mental que se da e« varias
escuelas % la niñoz, i aun éso de un modü defcctuoíío, Iiai mu-
chas que añaden el catecismo i principios de aritmética; crece
el número de aquéllas en que se desenvuelve algo mas ct
viUcuIu i se dan nut^iunos de gramática castellana: en las es'
cuelas lie niñas, ocupan mas o menos lugar los ejercicios i ha-
bilidades propias del sexo.
La falta de idoneidad de los profesopos, que en muchas par-
tes retarda el pro'^rciiü, es un obstáculo que solo puedo reme-
diarse lentamente por el número de jóvenes que reciben una
instrucuion adecuada i hacen su aprendizaje de pedagojia on
la Normal, o que se forman en las mejores escuelas de las
lirovincias. Desgraciadamente no puede contarse con todos
ellos; porque, en un país donde se presentan, aun a capacida-
des menos que mediocres, tantas ocupaciones lucrativas, solo
una decidida vocación a las tareas ingratas i deslucidas de la
enseñanza mas elemental, retendrá en ella a las intclijcncias
que hayan recibido cierto cultivo; i poco podría esiicrai-HC de
las medidas que so empleasen para hacerlas permanecer en
un ejercicio de tan poco lucro i brillo, contrariando sus incli-
naciones i sus miras do mejor fortuna. A la verdad, no se
puede decir que se desperdicie así del todo la simiente precio-
sa, creada en aquellos planteles; porque, en todas las ocupa-
ciones sociales, será útil hasta cierto punto la adquisición de
personas preparadas en ellos; pero este capital de conocimien-
tos se desvía del empleo a que lo ha destinado la nación, i en
que pudiera producir mas ventajas; porque el mas provcclio-
so, como el mas necesario de totlos es, incontestablemente, el
que difunde las nociones rudimentales en que termina la bar-
barie i aparece el primer albnr de la civilización.
La facultad de liumanidados í^o ha consagrado con un celo
constante al desempeTio del encargo que sobre la instrucción
primaria le encomendó la Ici orgánica do la universidad. Ella
ha mirado con atención preferente la Escuela Normal, a la
358 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
quo cl digno decano hace espontáneamente, o en comisiones
de la facultad, frecuciilcs visitas de inspección. Tengo la cx)in-
placcncia de decir que en ellas ha visto mejorarse gradual-
mente el rójimen del establecimiento, merced al interés que
ha tomado en ello nuestro gobierno, i a las luces i la asidua
contracción del benemérico director.* El plan de estudios ha
sido poco hace revisado por la facultad i el consejo, i aproba-
do por el iTübicrno; 01 abraza en cl dia, ademas de la lectura,
escritura i aritmética, la gramática castellana, el dibujo lineal|
la cosmografía, la jeografia física i descriptiva, el dogma i
moral cristiana, los fundamentos de la fe, la historia sagrada
i profana, i cl canto. El local es ya medianamente cómodo; i
lo será de todo punto, cuando esté concluido el ediCciOj como
lo veremos mui pronto. La institución del internado ha corres-
pondido a lo que so esperaba de ella. Una disciplina severa
garantiza la moralidad de los alumnos. En una escuela sucur-
sal, se ensaya prácticamente la pedagojia; i la vecindad do la
Quinta Normal ha parecido un medio oportuno de suministrar
a los futuros preceptoi*es algunos conocimientos elementales
en la teoría i la práctica de la agricultura, que, llevados des-
pués a las provincias, no dejatón de influir en el progreso de
esta industria bienhechora, que tanto importa a Chile. En fin,
a esta extensa i variada instrucción, que ocupa tres años, so
agregarán nociones prácticas en agrimensura, vacunación,
idioma francés i algún otro estudio, a juicio del director; de-
dicando a ellos los alumnos, especialmente los mas adelanta-
dos, el tiempo vacante que sus ocupaciones ordinarias les de-
jaren.
El consejo de la universidad, por su parte, se ha ocupado
sin cesar en el examen de los estados que periódicamente se le
remiten de las provincias i departamentos; i aunque cierta-
mente es grande el número de las secciones en que se ha fal-
tado a este deber, hai departamentos, i aun provincias enteras,
en que las juntas i las inspecciones lo cumplen con laudable
regularidad. Son frecuentes las demandas de auxilios indis-
* Don Máximo Arguelles.
14 Bl. ANIVSRSAHfO SB 1.
UNIVi:n&liQAU
3Í!»
penaables i>ara el servicio de las eaouelas; i el consejo trasmi-
to estas 2>eticÍoncs al goliieroo, que rara vez deja de satisfacer
a ellas con remesas laii abundantes como le es posible. Así lia
desaparecido en alguna parlo la práctica de poner en manos
d« los niños para sus primeras lecturas libros inintelijibles a
su edad i talvez perniciosos, sustituyéndose a ellos los que
con este objeto han dado a luz las prensas chilenas; de los
cuales, i de los otros que han parecido adaptables, ha formado
la facultad una lista, que se ha circulado. Estos libros ae dis-
tribuyen gratis a los alumnos indijentes; i el resto so vende a
un precio ínfimo, que se aplica a las otras necesidades de las
escuelas. Se han dictado también providencias para mejorar
el local de algunas demasiado estrecho, expuesto a la intempe-
rie, o situado en paraje menos a propósito por la escasez del
vecindario. Se emplea el cuidado posible en la buena conduc-
ta, en la asiduidad de los preceptores. I en suma, nada omite
el ^bicrno para subvenir a las mas imperiosas necesidades,
ya fundando escuelas primarias, donde mas se siente su falta,
ya proveyéndolas do lo mas indispensable, donde existen.
La facultad de humanidades, no contenta con observar de
cerca la Normal i dirijir sus progresos, ni con la inspección
de las otras escuelas de Santiago, se ha dedicado a la revisión
de texCos, libros de lectura i programas. Algunos de estos li-
bros han sido compuestos, traducidos o adaptados a las escue-
las de Chile por miembros de la facultad; i entre ellos moroco
señalarse la Vida de Jesucristo,* no solo por la acortada
elección, sino por la sencillez i pureza del lenguaje, requisito
indispensable en todos los textos, i sobre todo en las obritas
que se destinan a las primeras lecturas, pero que, por desgra-
cia, no siempre so solícita con suficiente esmoro. Debo men-
cionar también el Tratado de Pedagojia. i el Libro de las
Madres i Preceptoraa," que tienen, entre otras oalidades re-
• Por don Domingo Faustino Sarmiento, autor también del Método
gradual da leclurn, qitu la fuuultad de humanidades ha designado
como el mas a propósito para las escueJ.ts, i do otros opúsculos dea-
tinadon a la instrucción prlmariu.
•• Pi>r útta liafad .MinvielK miembro d>í la r-icnltad.
360 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
comcndablcs, la de la adaptación a Chile; el Compendio de
la Historia de Chile;^ i una sucinta i bien escrita cartilla
de aritmética, jeneralizada ya en las mejores escuelas. 2 Aun
ha hecho mas la facultad: ha extendido sus miras a la org'ani-
zacion de todo lo concerniente a la instrucción primaria en
todo el territorio de la república. El producto de sus trabajos,
preparado por uno de sus mas celosos i laboriosos miembros, ^
ha sido el proyecto de lei propuesto últimamente, con lijeras
modifícaciones, a las cámaras lejislativas por el patriótico se-
cretario de la misma.* En él, so ha procurado la mas conve-
niente distribución de este beneficio a toda la población chile-
na, ampliando, graduando, mejorando la enseñanza, i hacien-
do del preceptorado una carrera honrosa, que atraiga compe-
tentes capacidades con dos nuevos i poderosos alicientes: la
distinción i la esperanza. La facultad no ha podido dejar de
reconocer que el alma de todo sistema orgánico de enseñanza
primaria es la frecuente inspección. La que actualmente exis-
te, ejercida por pereonas que, cuando estén animadas del me-
jor espíritu, carecen, por la mayor parte, de otras cualidades
no menos esenciales, pero que no sería justo exijir do ellas,
no puede nunca ponerse en paralelo con la de visitadores idó-
neos, que se envíen periódicamente a las provincias. So ha
principiado a ensayar este método con buen suceso. El públi-
co ha visto el resultado de la visita de Colchagua por un joven,
que ha manifestado especial vocación para la enseñanza pri-
maria. 5 Del patrocinio que nuestro gobierno dispensa a la
educación popular, me prometo que se continuará en el plan
de inspección por visitas, cualquiera que sea la suerte que
tenga bajo otros respectos el proyecto de la facultad; i que so
multiplicarán gradualmente los visitadores, hasta que puedan
recorrerse cada año todas las escuelas do la república, i espe-
1 Por don Vicente Fidel^López, miembro de la facultad.
2 Por don José Dolores Bustos.
3 Don José Victorino Lastarria.
4 Don Antonio García Royos.
5 El señor Bustos, mencionado anteriormente.
cialmoiitc liiB quo s<¡ -fiostiontín con fon Jos fiscales o muníci-
patea. CouiIjí liando las dos especies do Íns|N)Cuon, poilríumoa
lísonjcaruus dn tcticp en bruvo un sistema de educación pri-
mai'ia mas eiidcnte, que el i¡ue ahora coiiaumo con escaso
fruto crogaiüunes cuantiosas.
Un micnibrü do la faoultad de humaniJatles, que ha hecho
de la instrucción primaria un objeto especial de estudio, i a
quien nuestro gobierno diú el encargo de observar la organi-
zación de este ramo en las naciünes mas adelantadas de Eu-
ropa i Anii-rica, ha regresado, poco tiempo liaco, i presentará
en breve al gobierao, a la universidad i al publico el fruto de
sus laboriosas mvi.'sti ilaciones. Creo justo decir, por la mues-
tra que se ha dado do ellas a la facultad de humanidades on
una de sus sesiones, presenciada por el señor ministro de ins-
trucción pública, i a que yo también tuve el honor de asistir,
que don Dominico Faustino -Sarmiento ha hecho un acopio
abundante do datus preciosos, de que pueden hacerse conve-
nientes a])lÍeaciones a nuestro país, con las motÜficacíoncs
que las circunstancias requieran. Minguna materia de las con-
cernientos a la instrucción primaria, ha sido desatendida por
el ilustrado viajero; i entro ellas la enumeración de los medios
que so han empleado en otras naciones con el oLjeto de sufra-
gar a los costos necesariamente considerables do una extensa
instrucción primaria, abierta a todas las clases i verdadera-
mente po]iuIar, (pit! íuú la parte a que bc contrajo la lectura
del voluminoso manuscrito, no es la do menos importancia
para nosotros.
En vano pediríamos a la experiencia de otros pueblos un
plan completo, adaptable a todo el territorio chileno, bajo los
accidentes especiales que en gran parte lo caracterizan, i quo
he tenido el honor du indicaros. I'ero concibo que, en aly:unas de
BUS poblaciones, i talvcz en depaiHamentos enteros, no sería
difícil la ailaptacion, parcial a lo menos, d>í alguno de los sis-
temas que en Europa i en loa Est;vlos Unidos de América lian
pasado por la prueba del tiempo, acarreando resultados quo
han excedido a todas las esperanzas, Soame permitido añadir
que en csti?, como en otros objetus, naíla convcndria menos
302 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
quo aspirar a esa severa uniformidad en que algunos cifran la
perfección; i que someter a una misma norma poblaciones que
abundan de cuanto es necesario para organizar un buen plan
de instrucción ])rimaria, i poblaciones que carecen de todo i
hasta del deseo de mejorarse, sería, defraudar a las primeras
de lo que tienen derecho a esj^erar, i perjudicar al mismo
tiempo a las otras; a quienes Santiago, Valparaíso, Talca,
Copiapó i otros pueblos de la república, bien organizados,
presentarían modelos que imitar i elementos de que aprove-
charse.
No podemos meaos de unir nuestros votos a los del señor
vice-patrono por el establecimiento de las safas de asilo^
destinadas a instruir i moralizar la niñez en la porción mas
indijente de la sociedad, donde no tiene por lo regular otra
escuela que el mal ejemplo i la vagancia. Es imposible pintar
con mas vivos colores que lo ha hecho su señoría la importan-
cia de las salas de asilo; i os fácil calcular los saludables efec-
tos que producirán a la sociedad toda, disminuyendo el nú-
mero de los delitos que alarman el hogar doméstico i forman
uno de los mas gravosos i desiguales impuestos sobre la pro-
piedad. El clero, los vecinos acomodados, el bello sexo, acep-
tarán sin duda la filantrópica invitación de su señoría; i los
datos recojidos por el gobierno, a que el señor Sarmiento aña-
dirá instructivas noticias acopiadas en su viaje, facilitarán la
planta de esta benéfica institución en los principalejí pueblos
de la república.
Yo no puedo terminar este cuadro del estado i esperanzas
de la educación primaria, sin ofrecer el debido reconocimiento
a los relijiosos i relijiosas de los Sagrados Corazones, que, de-
dicados por su instituto a este caritativo ministerio, la dispen-
san gratis a gran número do niños de ambos sexos, ademas
de contribuir a la educación colejial en establecimientos sepa-
rados, con edificios competentes, construidos a su propia cos-
ta, i con un réjimen bien entendido, en que se consulta espe-
cialmente la moralidad de los alumnos. Ni sería justo pasar
en silencio a la cofradía del Santo Sepulcro, que, celosa de
promover la enseñanza en las clases menos acomodadas de la
i L'MVKIISILIAU
363
sociedad, ha fundadu una escuela gratuita de dibujo lineal,
quo cuenta tres años de existencia. El señor decano do huma-
nidades, en los Íiif.jrnie3 (juo sobre la materia ha dado al con-
sejo, elojia la facihilad i aun cultura uon c¡ue se han proclucido
los jóvenes artesanos en sus explicaciones orales, i la rápida
destroza de sus operaciones en la pizarra. Los exámenes do
este año lian sido particularmcnto admirados. Comprendieron,
ademas de la teoría i práetioa del dibujo lineal, nociones de
jeometría descriptiva, ¡ rudimentos de arquitectónica, El mis-
mo señor decano, (|Ug presta especial atención a este plantel,
ha trihutailo las dcljidas alabanzas a la contracción i celo de
don Luis Prieto i Cruz, a su benevolencia con los artesanos, a
BU desinteresada dedicación, i a lo."* sazonados frutos de inte-
líjencia i moralidad con que ha visto coronar sus trabajos. El
supremo gobierno ha hecho una pública demostración de reco-
nocimiento al dig-no profesor, i acordó .ademas la compra de
veintiocho de los mejores dibujos presentados a examen.
La enseñanza del dibujo lineal, según nos asegura el señor
ministro do justicia, medra en algunas provincias; i aera en
breve restituida a su proiperidad anterior en el Instituto Na-
cional, mediante el restablecimiento de la exención del servi-
cio en las milicias, de que antes gozaban los alumnos. La
Escuela de Artes i Oficios so abrirá en breve. La pintura i la
escultura principiarán a cultivarse bajo la dirección de un so-
bresaliente artista extranjero; i ya se empiezan a recojer algu-
nos elementos para la formación de un gabinete.
Distinciones honorífiuas a la modesta induslria, a las url*s
liberales que suavizan las costumbres i elevan el alma, son,
como lo ha observado nuestro digno vice-patrono, el mejor
estímulo para su fomento. Yo mo complazco un repetir los
elojios do su señoria al ciudadano quo concibió la idea do una
distribución du premios de csla naturaleza en la gran fiesta
de la patria. ;IIonor al amigo dvl pueblo, al amigo de la
humanidad, a que se dubo la institución del aniversario de
lacaj'ídarf cristiana!' ¡Honor al gobierno que ha comprendido
' Don Podro Palazuílo»,
3Gi OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
la importancia de esta institución, i ha querido solemnizarla
con su asistencia!
La instrucción preparatoria i superior se nos presenta bajo
un asijecto lí>-onjero; i en esta parte merece mucha mas oon-
ilanzu la exactitud de los datos. El total es do 3,400 educan-
dos, que es como uno en cada 350 habitantes; proporción quo
no debe parecor excesiva en un país en que el réjimen consti-
tucional llama gran número de individuos al ejercicio de fun-
ciones importantes, no solo en las profesiones literarias, sino
en la rci>rescntacion nacional, en el servicio de las munici-
palidades, de las oficinas públicas i de la administración de
justicia, i en que la clase de propietarios territoriales i de per-
sonas acomodadas es cada día proporcionalmente mas nume-
rosa. Corresi)onden a la provincia de Santiago 31 centesimos,
i a la capital 49; lo que tampoco parecerá desproporcionado,
si se tiene presente que este último guarismo contiene casi en
su totalidad la instrucción científica de la república i una par-
te también considerable de la instrucción colojial. La propor-
ción en que ésta se distribuye entro los diferentes sexos, no es
siquiera la de 1 a 3, pues de 100 personas que la rccil>en, ape-
nas 30 son ninas; pero, bajo este respecto, hai una notable de-
sigualdad entre las diferentes provincias. En las de Coquimbo,
Valdivia i Cliiloé, no hai establecimientos para proporcionar
este beneficio a las mujeres; en Concepción i Talca, las edu-
candas no llegan a la tercera parte del total; en Valparaíso,
pasan de la mitad; en Colchagua, alcanzan a mas de 5o por
100; i en Maule, hacen justamente un 70 por 100. Santiago
presenta a primera vista un resultado muí poco satisfactorio,
pues las mujeres que reciben una instrucción superior a la de
las escuelas no llegan a la cuarta parte del total de ambos
sexos a que se suministra esa educación. Poro hai que notar:
1.® quo, en los colejios do varones de la capital, una porción
considerable do los alumnos no pertenece a su vecindario, lo
que, al paso que exajera la cuota de varones en la provincia do
Santiago, la rebaja en las otras; i 2.** que, en ciertas familias
cuyo número crece continuamente, las niñas reciben el com-
plemento de su educación al lado de sus padres. Podemos,
'i BL ANtVBRSAtllO DE LA UNIVEIIÍIDAD
3Gv
puos, mlmitir con soguriilad que la proporción de los sexos ea
alyo mas favorable a la mujor, do lo qufi aparece en los ante-
riores guarismos. Sin embarco, aun tomando en cuenta estas
olíserv ación es, el número de las mujeres a cniicncs se orrecQ
una instrucción superior a la Ínfima de las escuelas, es muclio
menor de lo que debiera; i mo parece una necesidad imperiosa
aumentarlo. La proporción, según hemos visto, es mucho
menor respecto de la enseñanza primaria; i en ella es también
mas urjento el remedio. A la mujer ha confiado la naturaleza
una misión sagrada: la de infundir al niño las primeras no-
ciones, i lo que c3 mas, los primeros sentimientos de relijion
i moral. Formar buenas asposas i buenas madres es proveer
al primero de todos los olijotos en el programa do la educa-
ción nacional.
Relativamente a la instrucción colejial, se me permitirá lla-
mar vuestra atención a lo que me parece un vacío. En lo9
colejios de niñas, se da a la mujer una instrucción jeneral aco-
modada a todas las situaciones de la vida, mas o menos com-
pleta, sin duda, iwro no calculada como una preparación para
otros estudios. No es así on la juventud de nuestro sexo. Je-
noralment* hablando, la que entra en los colejios lleva puesta
a mira en la ad((uisicion do los conocimientos superiores, ne-
cesarios para el ejercicio de una profesión peculiar: la del foro
en la mayor parte de los casos, la eclesiástica, medical o co-
mercial, o la de ag;rimensorcH o injenieroa, en otros. Pero po-
cos, poquísimos frecuentan las aulns con el solo objeto de dar
al entendimiento aquel cultivo indispensable de que, en una
sociedad odelantada, no debe carecer ningún individuo que no
pertenezca a las ínfimas clases. Lo que suple en cierto modo
esta falta, es el gran número de los que, liabiéndose iniciado en
los estudios pre[>aratanos de una carrera literaria, la abando-
nan, i llevan a los destinos subalternos aquel caudal de luces
que han jwdido adquirir on su infructuosa tentativa. ¿1 de quó
los sirve entonces el tiempo invertido on ciertos estudios que
solo tienen valor, como un medio para subir a otros de mas
elevación e ¡mi>ortancia? ¿De qué les sirven, por ejemplo, dos
o tres años empleados en la arlquisiuion del hitin, que no los
306 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
habilitan ni para entender siquiera este idioma? Es evidenlc
que igual tiempo i trabajo dedicados a objetos de jeneral apli-
cación, hubieran sido do mas provecho para ellos i para la so-
ciedad entera. Si se considerase como indispensable a todos
los que no vivan del trabajo mocánico esta instrucción jeneral,
sin la mira ulterior a una profesión literaria, no veríamos tan
frecuentemente personas de otras clases, que, no habiendo re-
cibido mas cultivo intelectual que el de las primeras letras, o
habiendo dedicado talvoz a la instrucción colcjial una parte
considerable de la edad mas preciosa, no pueden mostrarse
decorosamente en el trato social, lo deslucen en cierto modo, i
tampoco pueden ejercer, como es debido, los derechos del ciu-
dadano, i los cargos a que son llamados en el servicio de las
comunidades o en la administración inferior de justicia. Pero
el oríjen del mal no está tanto en la organización de los estu-
dios colejiales, como en la jeneral preocupación que solo ve
en ellos el camino que conduce a los destinos profesionales.
Poquísimos entran en nuestros col ej ios sin esta aspiración a
las carreras superiores. Se emprende una marcha en que es
dado a pocos llegar al término apetecido; i el resultado forzo-
so es el desperdicio de mucho tiempo i trabajo, i la acumula-
ción de un número desproporcionado de alumnos en ciertas
clases que solo tienen una utilidad relativa, i en que la excesi-
va concurrencia abruma al profesor i perjudica a la enseñan-
za. ¿I de qué arbitrio puede echarse mano para minorar el
mal? Si hubiese una separación completa entre la enseñanza
propiamente preparatoria i la instrucción jeneral de que ha-
blamos; si se destinasen clases i cursos a parte para una i otra,
es harto probable que los destinados a la segunda serían mi-
rados con desden, i que la juventud correría en tropel h los
otros con el mismo empeño que ahora. En el Instituto Nacio-
nal, se ha dado el primer paso para llenar el vacío que os he
señalado; pero, en esta materia, el resultado a que aspiramos
solo puede ser la obra del tiempo. La superabundancia de as-
pirantes a los destinos forenses hará menos cuantiosos sus
emolumentos; i a medida que sea menor el aliciente i mayor
el número de esperanzas frustradas en esta ardua carrera, se-
DlSCUnaO en el ANiVEnSAniO de la t.VlVBUSlDAU
rán mas concurridas las otras, i mas solicitados por bí mismoa
los conocí micntoa de uso jcneral.
Eti loa ramoa de instrucción preparatoria i superior, están a
la vista de todos las mejoras i progresoa do los últimos años.
He tenido ocasión de apreciarlas on los exámenes del último
año escotar. Las muestras dadas en la gramática del idioma
nativo, en el francés, en el ingles, ea la jeografia i cosmogra-
fía, en la historia sagrada i profana, en la literatura, en la
filosofía, en las ciencias médicas, en el derecho, han dejado
poco que desear. Debo notar, como uno de los mejores sínto-
mas do adelantamiento, el desarrollo que so ha dado al estu-
dio de las lenguas castellana i latina. 1^1 do las matemáticas
hahia llegado antes de esta época a im punto de que no era
fácil que subiese; i sí los otros estudios han adelantado com-
parativamente mas, consiste en el superior desenvolvimiento
que de antemano habia tenido el <le matemáticas, i a que los
otros no han llegado sino mucho mas tarde. Pero, en el estu-
dio do las ciencias físicas, es en el que encuentro mas motivo
de felicitación, por el impulso quo les da actufdniente un dis-
tinguido profesor, que a sus profundos conocimientos reúne
aquella cualidad tan importante on el profesorado, el amor
puro i desinteresado al saber. Este entusiasmo jeneroso (do
que no faltan otros ejemplos on el Instituto Nacional), comu-
nicado a la mejor parte de los alumnos, es un don de mucho
mas precio que el de la enseñanza que se les dispensa; no solo
porque lleva en sí la semilla de futuros adelantamientos, sino
porque eleva i ennoblece las almas. Otra circunstancia que
merece mencionarse do un modo especial, ea la extensión a^n
quo hoi se estudian la historia i fundamentos de la relijion. La
enseñanza relijiosa os la materia a que el consejo de la uni-
versidad consagra una atención mas detenida i constante en
ol examen do los estados e informes quo sobre la instrucción
primaria i colcjial se le remiten poriódicameate,
En esta üjera ojeada sobre el estado actual de la enseñanza
preparatoria i superior, no debo omitir la importancia quo se
ha dado n las njwnictoncs, certámenes literarios o dontíficos
on que los aspirantes a clases vat-antos de provi.sion suprema
3C8 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
ofrecen una muestra púl)l¡ca de sus talentos ¡ aptitudes. Todos
saben el interés que las últimas lian excitado; i es fácil calcu-
lar el poderoso estímulo que dan a la parte mas brillante de
la juventud que cursa las altas clases, que es la que jeneral-
mente suministra candidatos al profesorado de las inferiores.
Las reglas prescritas por el gobierno a las oposiciones, abren
un teatro lucido a los estudios, i garantizan la imparcialidad
de los nombramientos. Creo, con todo, que es necesario va-
riar la forma de las oposiciones, según las especialidades del
ramo literario o científico sobre que recaen. En los que tienen
aplicaciones manuales, como la anatomía i la química, la des-
treza física, la manipulación, es una parte esencial. En los de
literatura, lo son la análisis i la composición improvisadas,
como en los de lenguas la traducción extemporánea del idioma
extraño al nativo, i recíprocamente. No estaría de mas que en
to^os so sometiesen los candidatos a la prueba de la interror
gacion por personas competent<ís, nombradas al efecto. Final-
mente, no pueden tomarse demasiadas precauciones contra el
peligro de que en los discursos so luzca con. trabajos ajenos,
o se venda como orijinal lo que se ha copiado o traducido. Se
han hecho en el consejo indicaciones para la consecución do
estos objetos en lo posible, i discutidas que sean, se elevarán a
la consideración del gobierno.
Lo dicho hasta aquí se aplica especialmente al Instituto Na-
cional; pero debo añadir que es taml^ien muí satisfactorio el
estado presente de la Academia Militar, i del Seminario Con-
ciliar de Santiago; que, sobre todo, la disciplina interior del
primero es digna de particulares elojios, i presenta ípuedc de-
cirse sin exajcracion) un modelo perfecto; que en éi se hadado
por la primera vez a la jimnásticael lugar que le correspon-
de; que hai anexa al establecimiento una excelente escuela de
cabos; que en el Seminario es cada di a mejor i mas extensa la
enseñanza; i que, en algunos de los colejios provinciales cas-
teados por la nación, se obsenan también, aunque en diferen-
tes proporciones, mejoras i adclan tamicen tos. El de la Serena es
el que ocupa el grado mas alto en la escala; especialmente pov
el cultivo extenso do algunos ramos do ciencias físicas, quo
DlSCUnSO EN BL ANIVUilS.vniO DB L
tienen relación con la inclustm minera. Slguenlc de cerca loa
de Talca i Cauqucnes; i si el de Concepción ha tenido cpjo In-
cliar contra el defectuoso plan de estudios que alU se observa-
ba, el señor vicc-patrono nos da la esperanza de que, conclui-
do, como va a serlo pmnto, el espacioso edilicio que so lo está
construyendo, se organizará el internado i se mejorará la en-
señanza. Este progreso de los establecimientos que paga la
nación, ha influido favorablemente en los colejios de los par-
ticulares; i no ha tenido poca parte en lil la necesidad de con-
formarlos, en todo lo sustancial, a los textos i programas del
Instituto, donde deben ser examinados i aprobados los alum-
nos para que les sirvan bus eetudíos en las carreras profesio-
nales.
Este privilejio de recibir exámenes quo babililen para los
grados universitarios, no se ha conferido a la Academia Mili-
tar i al Seminario, sino respecto de los alumnos que se educan
en esos establecimientos. Se ha extendido el mismo privilejio,
con algunas restricciones adicionales, a los colejios de la Se-
rena, San Felipe, Üauquénes i Talca, que sin esta medida se-
ría difícil que prosperaran, porque la venlaja de recibir exá-
menes valederos para grados imiversitarios, de que goza el
Instituto de Santiago, atrae dcma-iiiado la juventud de las pro.
vincias a la capital. El consejo de la universidad está conven-
cido do quo el privilejio del Instituto, que es una carga pesa-
dísima para sus profesores, debo sin embargo mantenerse con
el menor número de cxccpeione-s posible; porque, mientras so
rindan allí los exámenes con la solemnidad i rigor que con-
viene, ejercerá el Instituto, como sucede actualmente, una in-
fluencia benéfica sobre los otros planteles de educación; se
propagarán a éstos los progresos i mejoras de aquél; i sin
recurrir a providencias directas, se obtendrá en la enseñanza
toda la uniformidad que es do desear.
La instrucción colojial i superior del Instituto comprende
los ramos siguientes: catecismo, historia sagrada i fundamen-
tos do la fe, sucesivamente; gramática castellana, métrica
castellana, latinidad, lengua griega (que cuenta todavía con
mui pocos alumnos), francés, ingles, dibujo naturali de paí-
OPÚSC. í '
}T9 cpúscn.os uTERAfiios I cuneos
Bje 'ademas del dibajo lineal, que se enseña a k» jóvenes ar«
tésanos , aritmética, áljebra i jeometría para los estudiantes de
humanidades, jeografia i ccsmografia, principios jenerales de
literatura, literatura latina, nociones de historia de la literatu»
ra, cursos bastante completos de hi^ti^ria profana, Glosofia,
derecho natural, economía política, teoría de la lejislacion,
derecho romano i patrio, derecho canónico, derecho de jentes,
todos los ramos de matemáticas poras hasta la jeometría su-
blime i la jeometría desícríptiva, topografía i jeodesia, física
experímental, química aplicada a la mineralojía i la medici-
na, J[)otánica aplicada a la medicina, anatomía, íi^olojia, pa-
tolojía i clínica. Varios de estos ramos se enseñan en cursos
bienales; i para los de gramática castellana, latinidad, histo*
ría i matemáticas hai bastante número de clases.
En la Academia Militar, se enseñan, ademas de la relijion, la
gramática i métrica castellanas, el francés i el ingles altema-
tívamente, aritmética, áljebra i jeometría, incluyendo algunos
de los ramos superiores, jeografia i cosmografía. En la sección
de cabos anexa al establecimiento, fuera de los competentes
conocimientos relijiosos, se dan lecciones de aritmética, jeo«
metría i gramática castellana. En una i otra sección, ocupan
el debido lugar la escritura, el dibujo, la ordenanza, el ejerci-
cio militar i la táctica, la urbanidad i la jimnástíca.
Finalmente, el Seminario Conciliar de Santiago comprende
clases de gramática castellana, latinidad, francés, retórica,
jeografia, íilosofia, fundamentos de la fe, elementos de arit-
mética, áljebra i jeometría, de botánica, jeolojía i zoolojía,
canto llano, teolojía dogmática e historia eclesiástica.
Estos son los tipos de educación colejial i superior, de edu-
cación militar i eclesiástica, a que procuran aproximarse los
establecimientos de las provincias, aunque en diferentes gra-
dos, como he tenido el honor de indicaros. Se hacen esfuerzos
para extender progresivamente la planta de unos i otros, cuan-
to lo permitan sus fondos, que en algunas partes son dema-
siado escasos.
La separación de las dos enseñanzas preparatoria i superior,
decretada por el supremo gobierno, i próxima ya a realizarse,
DISCURSO EX EL ANIVBnSVtllO DE l.A L.ViVEIiSIOAn
es una mcilkla que deberá projucir los mejores efectos en una
i otra, i que dará el necesario desenvolvimiento al cuerpo uni-
versitario, ocupándolo directamente en la segunda. Este es
un ministerio esencial de las universidades, Pero la nue.^tra
no es una mera copia de las antiguas corporaciones que tienen
este titulo en las naciones europeas. La primera idea de su
creación cnti en nuestra carta rundmnenta!, que oxije la ins-
titución do una elevada majistratura, a cuyo car^ corra la
inspección de la enseñanza nacional, i su dirección, bajo la
autoridad del gobierno. Esta superintendencia es la que la lei
ha depositado en el consejo universitario; i sea que resilla en
una autoridad unipersonal, o como ha parecido mas conve-
niente, en una autoridad colojiada, es evidente que pudiera
existir sin la universidad. Pero la lei oi^ánica ha querido reu-
nir a la superintendencia de la educación nacional un cuerpo,
que, dividido en cinco secciones, dedique su atención, no solo a
la enseñanza, sino al cultivo de los diferentes estudios, ¿om-
prendiendo hasta la instrucción primaria. La separación de que
acabo de hablaros, liona poc objeto hacer efectivo el primero
do estos deberes: la cn.senanza. La univorGidad va a ser así
un cuerpo docente; i según las provisiones del decreto supre-
mo, va a serio de un modo que, a mi juicio, concilia dos
grandes miras: la de dirijir la enseñanza en el sentido de la
moralidad i la utilidad pública, i la do dejar a los profesores
universitarios la independencia i libertad que corresponden a
su alta misión.
Pero no se debe olvidar que nuestra lei orgánica, inspirada,
en mi bumíldo opinión, por las mas sanas i liberales ideas, ha
encargado a la universidad, no solo la enseñanza, sino el cul-
tivo de la literatura i las ciencias; ha querido que fuese a un
tiempo universidad i academia; que contribuyese por su parto
al aumento i desarrollo de los conocimientos cientificos; quo
no fuese un instrumento pasivo, destinado exclusivamente a
la trasmisión de los conocimientos adquiridos en naciones mas
adelantadas, sino que trabajase, como los institutos literarios
do otros pueblos civilizados, en aumentar el caudal común.
Este propósito aparece a caih» paso en la lei orgánica, i hace
:\vz:szizs& una^AiuciF i crjncQt
bDCor t¿ rrxíít-m: . a it lri:íilutiir& crue la dictaron. ¿Hai en él
uisZ' úr pre«i:T.:ü.*s: üt iuxonnn:-. de superior » nuestrss
itterai^. t\fr:i: Lhl srivaeí?;: alrun^* ¿Estaremoe oondenados
%'j5l^\ii. & re:»?t.r íit:r\Hiim:*«r las Ifircaanes de la ciencia euro-
psL. £ur airvvíTDrifr & disrurirla?, a íjustrcoias con aplicaciones
locaie?. B ¿arief ui-a esíL^zii* ir narianalicladr Si asi lo hicié-
sem:?^. seri*.r:i^& iníkües al í*?;»ir:in de esa misma ci^icia
europea. : is tr:bu:ErÍ£i:>:)f v^: cü:t:> supersticioso que ella
miszia c?iifi?iia Hila r^iaíZia ü.»? jirí^scrfiíe el examen, la ob-
serrai-ioi: a;m:£ : rr.c::a, la d-s?usion Irbre, la convicción
üOQCÍfiiz:ui.E. Eí cleri: cuc hai ramos en que dd>emos, por
aiiora. linitsj^:»^ a :lrla. a iarie un voto de confianza, i en
cpe üties-irc- vnieLi-T^-ei.::-, •• *^ -s^-^ de medic«, no puede hacer
(/j^ ccfea que ainiitT Ic»s resuliaj:»f de la experiencia i estudio
ajeno?. Pero no su.ei^e asi eii ioi:»< Jos ramos de literatura i
cáencia. Los hai que c3L;-rn iüve^LizaciiOQes locales. La historia
rfulena. p(jT e'eznpl?^ tiJ*QÍ.: poiri escríLirse mejor que en
Chile? ¿No nos teca a uZ*>ytróS' ^a tarea a lo menos de recojer
materiales. o:n:pulsarIc»5 i aeñsoIark»s? I lo que se ha hecho
hasta ahora en este solo ramo, bajo k»5 auspicios de la univer-
feridad, las memorias históricas que cada año se le presentan,*
lo que se ha trabajado jx>r un distinguido raiembro de la uni*
vereídad en la historia de la iglesia chilena,** lo que ha dado
a luz otro distinguida miembro sel .^j la histori? do la consti-
tución ciiilena,***¿no nos liacen ya divisar todo lo que puede i
• Investigaciones sobre la <n/7u??icüi social de ¡3, conquista i sis^
tema colonial de los e^paüolis en ^'hii^. por don José Victorino Las-
tarria, de la facultad de humanidades, año de !^U: Memoría sobre
l'i8 primeras campauns de la independencia en Chile, por don Die-
go José Bonavente, de la facultad de leyes i ciencias políticas, año de
1845; Memoria sobre la primera escuadra nacional, por don Anto-
nio García Royes, de la facultad de hii inanidades, año do 1840: Me-
moria sobre el primer fjobierno nacional, por don Manuel Antonio
Tocornal, de la facultad de leyes, año de 1847.
^* Don .Jo«<í I(fnacio Víctor Eizagiiirrc, decano de la facultad de
í-iencías flaprradas.
•" r)on José Victorino I^astarria
debo osperarae de nosotros en un estudio pecnliarmentQ nues-
tro? Pocaa ciencias hai que, para cnscñarae tle un modo oonve-
nionte, no necesiten adaptarse a nosotros, a aueatra naturaleza
física, a nuestras circunstancias sociales. ¿Huscaremos la lii-
jiono i patolojía del hombre chileno en los libros europeos, i
no estudiaremos hasta quú punto es modillcnda la organisa-
cion del cuerpo humano jwr los accidentes del clima de Cliile
i de las costumbres chilenas? 1 un estudio tan necesario ¿podrá
hacerse en otra parte que cu Chile? Para la medicina, está
abierto en Chile un vasto campo de exploración, casi intacto
hasta ahora, pero que niui presto va a dejar de serlo, i en cu-
yo cultivo 8C interesan profundaraonto la educación física, la
salud, la vida, la policía sattitaria i el incremento de la pobla-
ción. Su han empezado a estudiar en nuestros coh-jíos la his-
toria natural, la física, la química. Por lo que toca a la prime-
ra do estas ciencias, que es casi de pura observación, aun para
adquirir las primeras nociones, sn trata de ver, no las especies
de que nos hablan loa textos europeos, sino las osiiecics chi-
lenas, el árbol que crece en nuestros bosques, la llor que se
desenvuelve en nuestros valles i laderas, la disposición i [Us-
tribucíon de los minerales en este suelo que pisamos i en lu
cordillera ajigantada quo lo amuralla, los animales quo viven
on nuestros montes, en nuestros cam|M)s i ríos, i on la mar
quo baña nuestras costas. Así los textos mismos de historia
natural, es preciso, para que sirvan a la enseñanza on Chile,
que se modifiquen, i quo la modificación se haga aquí mismo
por observadores intclíjentes. I Jado este paso, suministraila
la instrucción conveniente, ¿no daremos otro mas, enrique-
ciendo la ciencia con el conocimiento de nuevos seres i nuevos
fenómenos do la creación animada i del mundo inorgánico,
aumentando los catálogos de especies, ilustrando, rectificando
las noticias del sabio extranjero, recojidas por la mayor parte
en viajes hecho-s a la lijera? El mundo antiguo desea en esta
parte la colaboración del nuevo: i no solo la desea; la provoca
i la exijo. ¿Cuánto no han hecho ya en esta linca los anglo-
americanos? Aun en las provincias españolas do América i
bajo el yugo colonial, se han dado ejemplos de esta importan-
37 i OPÚSCULOS LiTEnAiiios I críticos
te colaboración; el nombre del granadino Caldas, que jamas
visitó la Europa, i el de Molina, que adquirió en Chile los co-
nocimientos a que debió su reputación, figuran honrosamente
en las listas de los observadores que han aumentado i enrique-
cido la ciencia. ¿No seremos nosotros capaces de hacer en el
siglo XIX lo que hixo en el XVI el jesuita español José do
Acosta^ cuya historia natural i moral de las Indias, fruto do
sus observaciones personales, es consultada todavía por el na-
turalista eurojwo? I si lo somos, ¿so condenará como inopor-
tuna la existencia de un cuerpo que promueva i dirija este
cultivo de las ciencias? Lo dicho se aplica a la mineralojía, a
la jeolojía, a la teoría de los meteoros, a la teoría del calor, a
la teoría del magnetismo; la base do todos estas estudios es la
observación, la observación local, la observación de todos los
días, la observación de los ajentes naturales de todas las esta-
ciones sobro toda la superficie del globo. La ciencia europea
nos pide datos; ¿no tendremos siquiera bastante celo i aplica-
ción para recojerlos? ¿No harán las repúblicas americanas en
el progreso jeneral de las ciencias mas papel, no tendrán mas
parte en la mancomunidad de los trabajos del entendimiento
humano, que las tribus africanas o las islas de la Oceanía? Yo
pudiera extender mucho mas estas consideraciones, i darles
nueva fuerza aplicándolas a la política, al hombre moral, a la
poesía, i a todo jénero de composición literaria; pjrquo, o es
falso que la literatura es el reflejo do la vida de un pueblo, o
es preciso admitir que cada pueblo do los que no están sumí-
dos en la barbarie es llamado a reflejarse en una literatura
propia, i a estampar en ella sus formas. Pero creo que basta
lo dicho para que se forme idea de que el doblo cargo que la
lei orgánica impone a la universidad no es una concepción
monstruosa ni prematura, i que podemos i debemos trabajar
en ambos con utilidad nuestra i con utilidad común do las
ciencias.
La facultad de humanidades, que ha empezado temprano a
distinguirse entre las otras de la universidad, lo ha compren-
dido así. La facultad de medicina, la de ciencias físicas, en-
tran con ardor en esa carrera. El gobierno, para facilitársela,
U Rí. ASIVEBBAIIEO DE LA rXlVBRSlDAD
375
ha aumentado recientemente el númoro, demasiado escaso, tío
los individuos de que so componen. Los mieraliros correspon-
sales, nombrados a propuesta de una i otra i del consejo, con-
currirúii a sus trabajos, linciendo observaciones i recojiendo
datos en laa provincias, i aun en los países extranjeros. Las
dos facultades tendrán reuniones frecuentes, como las tiene la
de humanidades, a quien se debo la alabanza de haber dado el
primer ejemplo; serán admitidas en esas reuniones los alum-
nos que lo deseen; i los resultados que se obtengan, resultados
que mirarán j)rÍBC¡ pálmente a objetos locales, se pondrán en
noticia del público.
Vuelvo, señores, a la enseñanza, que indisputablemente es el
primero de los encargos cometidos a la universidad; i al mismo
tiempo me propongo recordaros lo que so hii hecho relativa-
mente al cultivo intetoctual, que no es tan insigniQcante como
algunos piensan. Me he felicitado con vosotros por las mejoras
que so notan en la instrucción preparatoria i científica; i me
es grato decir que en este punto la primera, la principal parte,
80 debo a las luces, la contracción, el celo de loa excelentes
profesores del Instituto Nacional; porque todo lo que en cato
se adelanta, se adquiere para los demás establecimientos hte-
rarios do la república, a los cuales sirvo do tipo. Otro asunto
80 me ofrece, mas ingrato, odioso talvez. Tengo quo indicar
defectos i vacíos. No corro el peligro do herir ninguna sus-
ceptibilidad delicada, porque mis reparos no miran a ningún
establecimiento, a ninguna clase particular, a ningún indivi-
duo. Son jenerales; i reconozco excepciones honrosas. Temo
solo que se me acuse de que deseo sembrar do e.spinas las ca-
rreras profesionales, e imponer condiciones demasiado onero-
sas a los grados universitarios, exijiendo nuevos estudios i
ampliando los que hoi so hacen. Poro yo cumpliría mal con
los deberes quo me impone la Ici, si no os dioso una cuenta
menuda do mis convicciones sobre el estado actual de la ense-
ñanza, sobre la calidad do los frutos que produce i sobre los
medios de perfeccionarla. *
En el ramo de la historia i tos fundamentos de la reUjíon,
no tengo nada que notar. El consejo ha dispuesto que forma
37G OPÚSCULOS LIT£ItARIOS I CRÍTICOS
una parte de la instrucción preparatoria i científica, exijién-
dose previo eximen i aprobación en él para obtener los grados
universitarios. Un miembro de la facultad de teolojía,* bien
conocido por sus luces i su dedicación a la enseñanza, ha da*
do a luz un tratado elemental de la Verdadera Relijion i de
la Verdadera Iglesia, a que la aceptación de la autoridad
competente, i la acojida del público, han hecho completa jus-
ticia. Otro miembro do la misma facultad ^ ha compuesto un
curso de historia sagrada, que hasta ahora solo conozco por el
favorable informo de la comisión respectiva, i que ha sido
aceptado para la enseñanza. Es probable que no tardará en
publicarse.
Tampoco tengo nada que notar en la aritmética i jeografía.
Se ha compuesto por un miembro de la facultad de humani-
dades*^ un tratado de aritmética comercial, en quo el autor se
ha propuesto agotar todas las aplicaciones del cálculo a los
problemas que puedan ofrecerse en las operaciones mercantil
les; pero, no habiendo evacuado todavía su informe la comisión
nombrada al efecto, no debo anticipar mi juicio. El tratado do
jeografía^ que so prefiere jeneralmente en los colejios, tiene,
entre otros méritos, el ¡do estar adaptado para los estableci-
mientos de Chile. Un profesor del Instituto Nacional^ ha dado
a luz un buen resumen de cosmografía; i recientemente se ha
publicado por un miembro de la facultad de humanidades un
tratado extenso, en que se ha procurado dar una descripción
entera del sistema del universo, según el estado presente de
la ciencia astronómica; si con algún suceso, no me toca de-
cirlo.
En cuanto al estudio del idioma nativo, no encuentro que
sea suficiente; porque no veo que el resultado corresponda al
gran número de clases destinadas a él. Las hai en todos los
\ El prosbítoro don Ramón Valentín García.
2 El presbítero don Francisco de Paula Taforó.
3 Don llafael Minvioll©.
4 Por don José Victorino Lastarria.
5 Don Carlos Riso Patrón.
blSCUIíaU EN El. ANIVEnSATIlO LE LA UNniIllSiDAD
Golejios, i en algunos mas de una-, laa hai en no pocas escue-
las; i sin embiir[jo, jui;i{aniIo por el uso jeneral i por las prO*
diicciünes de iiuoíitra prensa, so w^lia ilu vur que es limitadísi-
mo el número de los quo escriben el castellano con mediana
pureza; i ditjo raas, ni número do los que nu incurren en Faltas
graves, que argiUrian una ignorancia grosera i la mas vulgar
educación, si no viéaomos muehas veceíi en los mismos escritos
que se ilesluücn con ellas, muestras evidentes de oscojida ins-
trucción, i extensa cultura inteleutual. Discursos se pronun-
cian, i en reuniones literarias, salpicados do solecismos olio-
cantea. Es preciso confesar que, bajo este punto de vista, la
literatura chilena no está a la altura de la do otras repúblicas
americanas. Pero no basta indicar el mal; es preciso señalar
las cauHiis. Yo encuentro una en la superíieialidad de los li-
bros que sirvon do toxtos, que no haoon notar los vicios en
que jonerahnente so incurre; que no advierten aquéllos que se
nos pegnji de la lectora de obras extranjeros i en especial fran-
cesas; que, limitándose a nociones va^^s i estériles, no dan
bástanlo noticia de las especial idncl es del castellano. Otra en-
cuentro en el poco uso que se hace de coiTi|K>síciones escritas
de estilo familiar, i en la falta do precoplorcs idóneos. Encuen-
tro la principal do todas en que -no se león los clásicos de la
Icnyua, que so rairnn con excesivo desden, cabalmente cuan-
do son mas estudiados i admirado.<í que nunca en la.s naciones
cultas de Europa. Veo con gusto (jue en el Instituto Nacional
se ha dado de alanos años a esta parte mas amplitud i profun-
didad a esto estudio, i que uno u oiro establecimiento particu-
lar ha seguido su ejemplo. Poro en las escuelas es donde yo
desearía principal mentó quo se adoptase otro método, hacien-
do conocer a los niños las faltas que en el lenguaje popular se
cometen (que, aunque pravos, no son muelia.s), en vez de car-
gar su memoria i ofuscar su entendimiento con definiciones
inexactas, que no representan los Iiochos de la Ien(3;ua, i que
realmente no dicen nada a la íntelijoncia dol niño. No es dar
un buen cimiento a la disciplina mental, acostumbrar el en-
tendimiento a pagarse de palabras <¡uo no le representan ideas.
Encuentro, jenoralmontc hablando, algTjnns defectos en o\
estuilio t[ue se liace do la lengua latica. Veo quo no so atieni
bastante a su pronunciación. Níoiio parecerá este reparo. Peí
si DO so nos liacc habitual la prosodia latina, i si no se empio9
a formar ese hábito desde raui temprano, es decir, desdi; c
empiezan a proferirse las primeras palabras latinas, i
acostumbramos a enuncíacioneB viciosas i acentos falsos,
deiupareccrá para nuestros oulos aquella armonía, (jiie todav)
nos ea dable percibir en el metro latinu? Vo encuentro, ademai
en lo poco que se fijii la atención sobre esta materia, una )
laa causas que contribuyen a la incorrección con que hablaa'^
cscrilicü la lengua patria aun personas de no vulgar cultuA
que han estudiado el latin. Veo que no se dan a conocer, síb^I
mui por encima, las jenialidades i elegancias de esta bolla !«
gua, que, aun niedianamentc poscida, facilita de un tnodo in-
creible el aprendizaje de las otras, i sirve de guia para el recto
U30 de nuestro propio idioma, hablado i escrito. Veo que '.
práctica antigua de composiciones escritas ba caído en desiK
tud, i me felicito de que un eminente profesor franooa,*
haya propuesto renovarla, facilitándola con el excelente librOf'
que ya ha dado a luz, i con. el que debe seguirle, que comple-
tará la materia. Aprovecho esta oportunidad de manifestar rai
gratitud a los auxilios que mo ba prestado este distinguido 1h>b
tcrato en otros trabajos de la misma especie; í lamento que t
haya logrado hasta ahora, a pesar del liberal patrocinio t
nuestro gobierno, difundir en la juventud do Santiago la i
cion a ta lengua griega, tan importante en el estudio de ]
literatura profana i de las ciencias eclesiásticas.
Kn el Instituto Nacional, se hace actualmente el estudio del
latín do un modo que no dudo satisfará en breve todas las
oxijencios razonables. Quizá es allí solo donde se ba compren*
dido que debe aspirarse a algo mas que una tintura suporG-
cial, suficiente apunas para el eclesiástico, el jurisconsulto i el
módico. Yo lio visto muestras brillantes en los exámenes del
último año eíicolar; i entre los alumnos que han completa
esta parte do «u educación, los bai de un mérito sobresaliente,^
UiaCUKSO Kü EL ANIVSnSARia UB b* U.VIVEKálÜ.tli 3i'.l
que ejercen el profeaorado en el mismo Iiiatituto i en otros es-
tablecimieiitos. El discurso proimnciado por uno de ellos*
sobre esta misma materia en un acto solemne del Instituto
Nacional, es una producción ailmirable por el talento, por el
lenguaje; i revela e« el joven iwofetior una afición ontusúíatica
a la lengua i literatura quo recomienda. Indicar la sui>eriori-
dad de los textos de ({ue se baca u.so en el Instituto, i quo so
adoptan gradualmente en otros colojios, sería de mí parte un
testimonio recusable. Pero no puedo dejar Je hiicor unA obser-
vación. En el movimiento del espíritu humano, todo marcho,
aun el conocimiento de los idiomas nntiiíuos, en tjuo la mate-
ria parecía estar agotada. ¿Quién imajinaria que, hasta en el
mecanismo de la declinación de los nombres i pronambres,
hubiese alí^o nuevo que decir? Pues aun en esta parto, la con-
cienzuda i laboriosa Alemania, compulsando prolijamente to-
dos los monumentos de la antlgUcdad latina, ha denunciado
notables inexactitudes en las reglas i tipos comunes. Los tex-
tos en que no están consignadas estas revelaciones de la filo-
lojía moderna, son por donsiguionto dcrectuosfis.
El estudio do las lenguas vivas extranjeras se perfecciona
de día en dia. Solo sería de desear que, como el del castellano
i el latin, se completase con algunas nociones de las respec-
tivas literaturas. En la preparación a la carrera comercial o a
los usos jenerales de la vida, esto complemento podría pare-
cer un lujp Buperfluo; pero no debe decirse lo mismo de los
establecí mir^n tos que cuentan la literatura entro los ramos do
enseñanza, i sobro todo del que debo presentar a los otros un
modelo tan cabal i perfecto como nuestras circunstancias per*
Diitan. No pediría yo, por supuesto, un estudio profundo. A
lecturas escojídas, traducciones de los mejores pasajes, expli-
caciones de los principios estético», i comi>aracíone3 de los
varios gustos í estilos en las principales épocas literarias, de-
sempeñado todo esto en lecciones orales por profesores compe-
tentes i con alguna mas detención en la literatura antigua i la
úo nuestra lengua, debería limitarse este curso, que daría, a
' Don Miguel Luis Amunálegui.
382 OPÚSCULOS LITBRABIOS I CRÍTICOS
de los del año anterior. Yo no conozco la obra, sino por el in-
forme de la comisión; pero el juicio i saber de los respetables
eclesiásticos que lo han emitido, me inspira la mayor confian-
za. Me son mui conocidas, ademas, no solo la ilustración i
laboriosidad del autor, sino su celosa solicitud en la in-
vestiíracion i adquisición de materiales, sin perdonar molestia
ni costo. Entiendo que, entre los documentos que ha podido
acopiar, los hai bastante curiosos, relativos a la historia jene-
ral de Chile. Creo que nuestra liistoria eclesiiistica, publicada
por la prensa, no tardarJi mucho en satisfacer la impaciencia
con que se desea.
El vuelo que en tan pocos años lian tomado los estudios
históricos, hace esperar que Ileyraremos en esta línea a un
grado de adelantamiento que satisfaga a los mas descontcn-
tadizos.
Pero el objeto mas interesante de todos en este departamen-
to es la jeografía chilena. El primer trabajo importante en
ella, después de los pintorescos bosquejos publicados en los
diarios chilenos por don Claudio Gay, ha sido la Araucania
del señor Domeyko; interesante bajo el punto de vista jeolójí-
00, no menos que bajo el moral i político, por la animada pin-
tura de las costumbres araucanas, i por la discusión filosófica
de un problema vital para Chile: el de la civilización de aque-
lla raza indómita.
Aguardamos con ansia la parte relativa a la jeografía en el
viaje científico do don Claudio Gay, que la ha hecho un ob-
jeto especial de investigación. No puedo menos de lamentar
aquí los obstáculos que han retardado la ejecución de una
obra, tan importante para nuestra historia natural i civil, i
para el conocimiento de nuestro propio país, bajo todos res-
pectos. Por muchos títulos, debiera ser ella buscada, leída,
meditada por los lectores chilenos: los documentos inéditos
que contiene son del mayor interés. No se pueden alabar de-
masiado el celo i dilijencia que su autor ha empleado para
recojerlos en este país i en los demás que ha visitado. Cuanto
puede hacer una intelijencia superior unida a Itx mas paciente
laboriosidad, lo ha hecho el instruido viajero, hijo adoptivo de
Discrnso esi el A>-ivEns*mo d& la lviversiuíu
3S3
Chilej para ciar a su obra toda la copia cío noticias curiosas i
(le descripciones órijinalea, que ha sido posible, i para hacerla
digna do la protección que le ha dispensado el f^hicrno, í le
ha prometido el público.
Otro viaje científico está ya a punto do emprenderse, con el
objeto de explorar la jeolojía de Chile, de estuiliar su joogra-
fia i de hacer a su agricultura indicaciones iltiles. Llevadas a
cabo estas dos empresas, i continuando con el celo que ahora
se hace, los trabajos históricos, conoceremos nuestro suelo,
nuestra naturaleza física, nuestros antecedentes; i no iremos a
mendigar esla instrucción en obras extranjeras, excelentes,
admirables bajo otros respectos, pero plagadas de errores en
casi todo lo que concierne a nosotros.
La clase superior de literatura, que, como he dicho, entra
ahora en el plan de los estudios universitarios, pondrá este
ramo en el pié conveniente. Se echará una ojeada rápida, pero
instructiva, sobre las diversas literaturas, contemplándolas en
las obras i pasajes mas joneralmento admirados, i consultando
(cuanto sea posible) los orijinales. No se trata de dar pábulo a
aquella falsa erudición que consiste en adoptar juicios ajenos
i opiniones sistemáticas sin conocer los objetos sobre que re-
caen. Un compendio de la historia de la literatura hará el com-
plemento de los estudios ile este ramo.
La fdosofía no es la ciencia que se ha cultivado menos en
Chile, Se han estudiado i juzgado con acierto sus varios siste-
mas. Un antiguo profesor del Instituto Nacional,* cuyo aleja-
miento del teatro de sus meritorios trabajos, es tan justamente
llorado, abrió el camino al estudio do examen i convicción
propia, que es eminentemente esencial i característico do la
íilosofia. Otro excelente profesor, miembro de la facultad," ha
seguido sus huellas. Su curso tiene el mérito do ser fácilmen-
te accesible a las intelijencias juveniles, i otro que insisto en
mirar como indispensable en los textos i como demasiadamente
• Dnn Ventura Marin, autor de unos Elementas de Filosofía bien
oonoüidoa i que manifiostan profundos couocimiontos en cstn ciencia.
" Don Ramón Briícño.
381 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
raro, el de la corrección i pureza en el lenguaje. Sé que se
ocupa en la redacción de un nuevo texto; i ño dudo que dará
en él la debida importancia a la l(3jica i la filosofía moral, la
primera de las cuales no tiene talvez en la primera obra toda
la extensión que merece. Doi una alta importancia a los estu-
dios lójicos, incluyendo en ellos el del raciocinio inductivo,
que conviene a las ciencias experimentales, i el do la crítica
que pesa los testimonios o interpreta los textos dudosos. Ni
llevo mi admiración a lo moderno hasta el punto do mirar con
desprecio la herencia de aquel gran jcnio que con tanta saga-
cidad trazó el camino de la razón en algunos de sus mas fa-
miliares procedimientos. No me avergüenzo de pensar que la
teoría aristotélica del raciocinio merece estudiarse: en esta
materia, como en otras, no debe confundirse el uso con el
abuso.
Sobre el estudio de las ciencias matemáticas i físicas, poco
añadiré a lo que he dicho en otra parte de este discurso. Pero
no seria justo pasar por alto los grandes servicios que ha pres-
tado en este ramo un antiguo i benemérito profesor que es hoi
decano de la facultad, i que los ha coronado con su traducción
del tratado de Jeometría Descriptiva de Leroy.* Faltaría
también a la justicia si no consignase aquí los servicios de un
eminente profesor francés,** que fundó las clases de química í
mineralojía en el Instituto, i cuyos Elementos de química
mineral sirven actualmente de texto. Merecen también distin-
guida mención los del secretario de la facultad don Ignacio
Domeyko, que después de haber establecido las clases de quí-
mica, física i mineralojía en la Serena, con sus respectivos
* Son mui conocidos los trabajos anteriores del señor don Andr.^s
Gorbca: su traducción de las MatemAlicns Puras de Francoeur, do
que solo falta el Cálculo Integral, retardado por algunas dificiiltadea
tipográficas; su Jcometria, Trigonometría, Xociones de jeonieíria
descriptiva, i Jeometria práctica, destinadas a la Escuela Militar do
Saint Ciro i adaptadas a nuestra Academia Militar. El señor Ballarna
habia traducido la Aritmética i el ÁJjebra elemental,
** A M. Crosnicr se debo la construcción del laboratorio en el Ins-
tituto.
DlaCLIlBO EN EL ASlVEnSAUlO DS I.A UNIVE:
ÍSj
laboratorio t gabinete, continua los cursos do M. Crostiicr en
el Instituto Nacional; ha abíorto uno tío fisica-, ha publicado
un Tratado de Ensayes, Elementos de Mincralojia, una
breve exposición de l&Jeolojia de Chiles el ya citado viajo a
las provincias australes de Chile con el titulo de Araucanía,
un trabajo sobre las Aguas de las inmediaciones do Saiiíia-
f/o; i da actualmente una nuev» edición do la Física, do Pui-
llct en castellano, para la enseñanza de este ramo. Todos
conocen sin duda su ¡nlroduccion ai estudio du Iss cien-
cias naturales, elocuente reseña do las maravillas de la natu*
raleza, i de las prodijiosas conquistas del injenio humano;
himno sublime, inspirado a la par por el sentimiento rclijioíjo
i por cl entusiasmo de la ciencia.
Poseedor este ramo de una excelente colección de instru-
mentos, proporcionada por el supremo gobierno, sería do
dcseai- que, pues se Iiacea observaciones mctcorolójicas, se
publicasen diaria o iioriódicamont», como se hace en otros
países, no mas adelantados que Chile. ¿I no estaremos en es-
tado de aprovecharnos do los vastos trabajos astronómicos do
Europa, siquiera para que nu adolezca nuestro almanaque de
las imperfecciones i vacíos que en él se notan? El objeto pare-
cerá pequcfio; pero ¿de qué se trata para desempeñarlo, sino
de reducciones fáciles que trasporten al horizonte do Santia^
algunos de los fenómenos celestes que tan exacta i copiosa-
mente, i con tanta anticipación, su anuncian en París i Lon-
dres?
3c necesita imperiosamente un local adecuado para nuestro
musco do historia natural, coloccion preciosa, a que dió la
primera planta i mucha parte do lo que contieno (rocordcmoslo
con i^ratitutl) el üustraJo viajero du quien ya he tenido el ho-
nor de hablaros.
í.Hra necesidad es la de buenos textos de historia natural,
adaptados a nuestro suelo. He indicado el i ticon veniente do
los destinados n la enseñanza de osla ciencia en Europa; i
para remediarlo, nada bu mas apropásito que el viaje científi-
co del mÍHUiu acñur üay. üsle es un trabajo a quo nos parece
llamado 2I Atiuiablc profesor de hotátiica i química raúdica,
orúsc 4^
386 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
en el Instituto, que lo es también de ciencias naturales en el
Seminario de Santiago; uno de los primeros individuos que en
Chile han dirijido su atención a esta parte interesante de los
conocimientos humanos.* Pero el vacío que mas urje llenar c*s
el que ha señalado el señor vice-patrono en la memoria del
ministerio de instrucción pública. Su señoría lamenta lo re-
ducido de las aplicaciones que Se han hecho hasta ahora do los
estudios matemáticos. Carecemos, dice, de arquitectos civiles,
de injenicros expertos en la construcción de caminos, puentes
i toda clase de obras públicas. Pero el mismo señor ministro
nos da esperanzas halagüeñas de ver remediada esta necesi-
dad dentro de poco tiempo. El gobierno, añade su señoría, ha
aceptado con entusiasmo la idea de fundar en Santiago una
escuela práctica de arquitectura civil, bajo la dirección de un
injenicro que debe llegar de Europa de un momento a otro.
El gobierno ha preparado también todo lo concerniente a la
organización de un verdadero cuerpo de injenieros de minas i
de ensayadores.
El ramo de medicina es, según entiendo, de los que se de-
senvuelven i perfeccionan cada dia. En esta parte, se debe todo
a la solicitud del supremo gobierno; i si Chile puede ya glo-
riarse de tener facultativos instruidos i de merecida reputa-
ción, formados en nuestras aulas, obra es del constante fo-
mento i patrocinio que la autoridad suprema ha dispensado a
este ramo. Conocido es el celo del señor decano de la facultad,
que ha formado, poco tiempo hace, el plan de estudios para la
escuela de medicina; i que, en el consejo de la universidad, es
uno de los que mas esforzadamente abogan por el rigor i se-
veridad de los estudios en este, como en los otros departa-
mentos de la enseñanza. Arriba indiqué las reuniones perió-
dicas de la facultad, que inmediatamente van a abrirse, i el
* A (Ion Vicontü Bustíllo^ cf% deben nl.LTunos aprcciablcs trabajos do
«nálíRis química; onlro olios, una memoria sobre el Acido pirolenoso,
presonlada a la facultad de (|ue os miembro. La farmacéutica le es
lambien deudora de su mejoramiento: formados por él han sido algu-
nos de los individuo? mas inlelijentes que en la actualidad la sirven.
DISCURSO EN EL ANIVERSARIO DE LA UNIVERSIDAD 387
nombramiento que se ha hecho de nuevos miembros de nú-
mero i corresponsales, para facilitarlas, i dar principio a los
demás trabajos. Me lisonjeo, pues, de que veremos pronto reali-
zarse aquella importante prescripción de la lei: «Ademas del
fomento jencral de todos los ramos do este departamento cien-
tífico, dedicará la facultad una atención especial al estudio de
las enfermedades endémicas do Chile, i do las epidémicas que
allijen mas frecuentemente la población de las ciudades i cam-
pos del territorio chileno; dando a conocer los mejores medios
preservativos i curativos, i dirijicndo sus observaciones a la
mejora de la liijienc pública i doméstica.»
En el ramo de ciencias legales i morales, hai un decidido
progreso. Pero no creo que debamos limitar nuestra ambición
a lo (jue ya se ha liecho. Este es de todos los ramos de cien-
cias humanas el mas importante para nosotros. ¿Qué falta,
pues, se preguntará, para que se^ su estudio lo que debe ser?
Vüi a indicarlo, sometiendo, como en todo, mi juicio, al de
mi ilustrado auditorio.
Yo desearía, señores, (jue el estudio de la jurisprudencia
romana fuese algo mas extenso i profundo. Lo miro como
fundamental. Para alcanzar su fin, no basta que se aprenda la
nomenclatura de la ciencia, i que se adquiera una tintura do
reglas i prescripciones inaplicables muchas veces a nuestra
práctica. El oI)jeto de que se trata es la formación del juris-
consulto científico; el aprendizaje de aquella lójica especial,
tan necesaria para la interpretación i aplicación do las leyes, i
(jue forma el carácter que distingue eminentemente la juris-
prudencia de los romanos. Para hacerlo, es preciso poner al
alumno en estado de consultar las fuentes; i el método histó^
rico es el que nos las hace accesibles. Yo abusaría do vuestra
paciencia, si tratase de recomendar esto método con autorida-
des de los jurisconsultos mas eminentes de nuestros dias. Ni
creo tampoco que sea menester refutar la preocupación do aqué-
llos que desconocen la utilidad práctica del derecho romano,
sobre todo en paí.ses cuya lejislacion civil es una emanación i
casi una copia de la romana. IJasta decir que en ninguna épo-
ca ha sido mas altamente apreciado, ni mas jeneralmento re-
■ x*
O: :f:U^05 LITEIIAIIIOS I CRÍTICOS
cu>:-...i:.:..j» >: t>^;::Jii aur. \iSk\o ul punto de vista de laprác-
ti.v ;.¿J. :-:... ..r.::--. Yi d uní. con Saviffny, el ejempk) de
Kít ;.;r: >..".:<-.:..- •ran^-tse.s. quv se snn-en, dioe, del derecho
r.^:u:u:. .\ v /..j.^.. i;-A':.:Iiiatl, para ilustrar i completar su có-
d:¿r. .• . .^r.i:: j: ü¿- ><:raii el verJadero espíritu de ese mis-
«•* • >
\. Ji/.«r.. .■-. ->?:»> . ^>er\acK>nt^ la neccsidstd de dar al-
írar. or. >.::..';:•. ... -:s:::Jl.. .VjI Jori»eho romano, por medio de
ui: ;-.?:.. ".n> .•.■:v.yr:::<:v. : ?u>:andal. El que sirve ahora es
ú-.':'^.i >-:.:.*.. :v:-. ::::::.. : :\'.'r;: : ia instrucción que suministra
n. '>•> L\T..y..r..". ".. :. ".:. rjr. >-: S<.¿íÍk. en nuestros mismos esta-
lii-.;:v.íi ::"..»- l;::r.j'.. > .-u^.re::::; : cincuenta anos ha. La for-
Hí-^i.Myz /i. v.r. v.v: .. ::\;. ov. ru: >•: Jt- a la materia la ampli*
vjii /u. r-.^ «."'.:.. ..; r. ':■/:..'.::/.. n.-s jiara ello de lo mucho i
cx./iv".::: /.;. <. 1.- :..'.'.•/:•/.. . i: la .Viomania i la Francia en
€>:.'- ú.:.ui.'S . r..-s. .> ;:::.': /.ra a .;uo la facultad de leyes se
bacr.:.i. 1 ;.::.:..!... : . v. rj-, ya >: tr:t^aia. No urje menos la
rt'-Li.'.-l.:- .':. ■.::. :.\:. ,i/. .l.^rf/i-j prívalo patrio, es decir, dd
f5].i2ri.! v-.'i: ::'.'.u> :.;> ;*..l:xi.^-e> i c.^rTvWionos que ha recibido
en lI.I: ¿.-.".v :: u.-*^.; t:u::;:i.!y.a.":jn política, que no son po-
ca?. !.: ¿'j ;.• -•-■:. :::y-:r:.:n.::\. II*. ni'i.^Jj» liist úrico es aquí abso-
lut?.:r:r:-:v r.jv. -:..-:■ ¡ .j-.^ /.rj* :i ur.a n:asa lan hotcrojenea la
ilv}.-:.'.! .::-:':..: i :.:■.::.:.:.:. 0...¿.^. vl-.::ív::t.» nuevo introducido
c:i un j,i :"•- I:-'..'. ."..V.: : :::..^ o :::.::. s .lirev-tamente los ele-
n:c::t.'r :.r.'.v.'r:.:'.>: i vu í:.:Vj>:i^:.i >: ^xtioiule a veces mudio
mas ¿j lo r\w a ¡ ri:y.:ra v:s:.i ¡x^vco. sin c^iie por eso deje de
cxa»«-T::r.'5c otras wc^s. Ui;:io:.r.: emola que indico, no debe
ser una j-im¡.Ic vu<ta;>. ^Á-iun vle k» nuevo a lo antiiruo. Ella
hupvii'.-. sj jan y-^ lo conjuro, una elabo.'-aeion científica, que
trace la «liroccion i alcria^'.* do caJa una Je las diversas partos
injeridas en el cut-rpo leiral, i formule lo que resulte de la
acción cíjmbinaJa de tollas. No es una reforma lo que se le pide,
sino una exposición luminosa, a que concurran, sin dejarse
ver demasiado, la erudición legal i aquella lójica particular
do que he t^^nido el honor de hablaros, i que insisto en mirar
como la prenda mas apreciablc del verdadero jurisconsulto. A
nuestro derecho público, en que comprendo el constitucional
UiaCURSO KK BL AVrVBnSARIO DB LA UNIVERSIDAD
i d adminislrativo on sus varios ramos tl« gobernación, ha-
cionda i justicia, tlobc ilarso también el debido Iwgar en loa
estudios legales, por modio do un tratado elemental elaborado
do la misma manera que el de lejialacíon civil. Mucho os, pues,
io que poata quo trabajar en este ramo para poner los estudios
en oí pié conveniente. I no deben desanimarnos las dificulta-
des, en vista de lo que se ha hecho i se está haciendo en un
departamento de la ciencia legal, que no es por cierto el me-
nos vasto i difícil. Las Instilucioneif do Derecho Canónico
Americano, recien tomento dadas a luz por el reverendo obis-
po electo de Aneud, son una obra quo, si se me permito ex-
presar un juicio, llena completamente mis idoas en cuanto a
la formación do textos elementales. Su titulo mismo está di-
ciendo quo os un libro destinado a las naciones hispano-
americanas; pero lo está ademas especialmente a la iglesia i
foro de Chile. Ni c,stá reducido a las dimensiones do un libro
estricfamcnto elemental. El profe.=)or que lo use, tendrá a su
arbitrio elcjir las materias de imlispen.sablL! conocimiento para
la totalidad do los alumnos, miíJnlras que el reslo puedo ser-
vir a los de suiKTior aplicación i talento para extender sus es-
tudios, í al profesor mismo para refrescar los suyos i consul-
tar en caso necesario las fuentes, que so acotan siompro con
el debido esmero. El estilo es clarísimo, jeneralmonto puro, i
tiene toda la elegancia que puedo pedirso a un toxto do ense-
ñanza. Libros de doctrina igualmente selecta i copiosa, quo no
salga de los límites de la instrucción elemental, sino para darle
mas luz i solidez, adaptados a la América, adaptados a Chile,
es lo quo yo desearía quo tuviésemos en todos los ramos do
enseñanza primaria, preparatoria i superior. Este es un objeto
que ocupa la atención del consejo universitario, i on que so
trabaja actualmente.
La economía política, quo forma parto do los estudios do
derecho i lejislacion, es uno do loa ramos eri que ae echa me-
nos un libro a propósito para la enseñanza i adaptado a Chile.
¿Quién no percibe cuan importanto, cuin indispensable es quo
on un texto de esta ciencia se tenga a la vista el ¡mis con sus
l>eculiarcs necesidades i recursos? La estadística, creada, fo-
i***'» OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
mcntaila por el supremo gobierno, puede ya suministrar una
buena copia de datos preciosos, que, según lo ha indicado, a
lo que yo recuerdo, el señor rector del Instituto, en su último
discurso público, debiera formar una parte do la instrucción
que se da en este ramo. Si se adopta para ella alguna de las
muchas obras elementales que se han publicado i se publican
en Kuropa, convendria que por lo menos se le agregase un
apéndice, que fuese como un corolario de la teoría jeneral ,
ai)licado a Chile.
Para la lejislacion jcneral, no hai un texto completo. Uno
de sus mus importantes tratados es la materia de un libro que
sirve actualmente para la enseñanza. Se han sucitado contra
él objeciones graves, sobro cuyo mérito no me es lícito antici-
par ol juicio del individuo nombrado para examinarlo, que es
uno de los que mas honran a la universidad por sus luces i de
los ([ue con mas celo la sirven, a pesar de sus incesantes tareas
|>i\>fcsionales.* VA autor de este libro** ha ejercido con mucho
lucimiento el profesorado, es uno de nuestros mas aventajados
escritores, i uno también de los miembros de este cuerpo, de
(¡uienes hai mas que esperar por su talento, su laboriosidad i
su amor al saber.
La ncademia do práctica forense prospera. No puedo menos
do mencionar con satisfacción los informes que en estos últi-
mos nu»svw me ha dado mas de una vez el dicrno decano de la
facultad sobrv^ el brillante desempeño de los jóvenes que se
li:m presentado para obtener el grado de licenciados.
Pe.sarrolla.lo, como he tenido el lionur de indicarlo, el estu-
dio de las ri acias lei^ales, se hace preciso extender a tres
aív>^ el qiK al:v>ra so hace del derecho civil, romano i patrio, i
cr\s) que e-. iVuil hacer esta innovación, sin que para ello sea
menestv r au:\ientar el total del tiempo que se dedica al apren-
(li/aje ile 1 \ [)rol"es¡on forense; porque se logra el objeto con
diferir la eiiseü inza de algunos ramos su|)eriores para el bie-
nio que mevlia entiv los grados de bachiller i licenciado, é|>oca
ülatUHSU KV EL
j ÜE LA CMVlíl
riui a propósito para Iiacerlos con mafí ilcteiiciDii i aprovccliv
miento.
Las cioncias sagradas progresan . El í/ajiuaí del PArroco
Americano, otra pruduccioii (M reverendo prelado electo, de
quien ya os he hablado, ¡ otro libro, también, no solo (le com-
pleta i cscojida doctrina, según el diclAmc-n de personas inte-
lijentes, sino do adaptación al país, merece mencionarse en
primera línea, por la inmensa importancia del asunto, i lo
grave de la neccíiidad que está deijtiimdo a satisfacer.- La aca-
demia (le ciencias sai^rudas, crcuda, organizada por el muí
reverendo prelado que tan dignamente preside lioi a la iglesia
chilena, delje mucho a la contracción i celo do su benemérito
sucesor en el decanato de la faeultad. Kiaalmonle, en el Se-
minario Conciliar de esta diócesis, se han extendido i mejorado
los estudios, cumo lo manifiesta la li.-<ta do los cursos que en
él se siguen actualmente; jiero siento díüir (jue los otros esta-
Meeimientos de la misma esiieeie so hallan todavía en em-
brión, i tienen bastante que hacer para ponerse en el pié
conveniente.
Entre las circunstancias (|uo han contribuido jeneralmente
ala mejora de la instrucción, no sería justo que pasase en
silencio los servicios del actual rector del Instituto: ho tenido
fi-ecucntea ocasiones do apreciar sus luces, su actividad vijilan-
te i celosa.
Un agüero feliz para cl'porvenir es la noble i santa emula-
ción con que las casas relijiosas de la capital se han presenta-
do a concurrir a la grande obra de la enseñanza na(nonal. De
tiempo atrás, hablan dado el primer señalado ejemplo loa rcH-
jiosos de estricta ob&ervancia do la órdcn'do predicadores,
cuyo celo i liberalidad en esto punto son dignos de todo elojío
Animados del mismo espíritu, se presentan ahora el convento
principal do la misma orden i el de relíjíosos mer(^enarios. El
señor decano de tcolojía formó el plan de estudios para esta»
casas, que lia sido revisado ¡ku" o! consejo i ha monx-ido la
aprobación del supremo gobierno. Ni son do olvidar los servi-
cios que ellas prestan al mismo tiempo a la iiLSlruceion pri-
maria, 80I0 OH de desear que se propague el mismo celo a las
392 OPÚSCULOS LITERARIOS 1 CRÍTICOS
otras de la capital i a los conventos de las provincias, que es
donde mas se hace sentir la necesidad de esta cooperación;
pero no comprendo aquí a Valparaíso, donde una orden vene-
rable que ha colocado la educación entre los primeros objetos
de su instituto, tiene para cada sexo un establecimiento flore-
ciente, como en la capital uno de niñas, a que es de esperar,
como he dicho, que se añada otro do niños en Santiago.
He indicado de paso alj^unos de los trabajos del consejo.
Daros un catálogo individual de todos ellos, ni es posible en
esta ocasión, ni necesario. Bastará indicaros las materias en
que jeneralmente se ocupa. No hai estado de escuela o de co-
lejio, fiscal, municipal o particular (i si bien no se reciben
todos los que la lei prescribe, se reciben muchísimos), que no
sea examinado por el consejo, que hace las observaciones de-
bidas sobre las faltas que nota, que trasmite al supremo go-
bierno la noticia de las necesidades que se sufren en los esta-
blecimientos fiscales o municipales, i estimula el celo de las
juntas, inspectores i preceptores. El consejo revisa los textos
i programas; promueve su formación; discute menudamente
los reglamentos i planes de estudios; inspecciona directamen-
te por medio de sus miembros los colejios de la capital, i da
impulso, en cuanto le es posible, a los objetos de las faculta*
des. No hai corporación alguna en que la asistencia sea mas
asidua, ni a que concurra constantemente mayor número de
sus vocales. I en este punto debo decir que no son inferiores
a los otros miembros los conciliarios,* que no reciben por ello
retribución alguna.
Recientemente ha determinado el consejo que una parte del
pequeño sobrante de las sumas asignadas para gastos de l?s
secretarías se invierta en suscripciones a las mas acreditados
obras periódicas que sobro materias científicas i literarias se
publican en Europa i en los Estados Unidos de América. Es-
tas obras se destinan al uso de las facultades i de la juventud
estudiosa.
* El señor don Antonio Varas i el secretario de la facultad do cion-
cias físicas don Ignacio Doraeyko.
UlSCUnSO EH EL ANlVGnS.lItlO US L.I
Finalmenlo, se ha represcntadü al supremo goljierno, que,
entro variíia lijcras mudtficaciunos a la Ici orgánica, proponga
a la lojislatura añadir al consejo otro conciliario mas, i (jue lo
soa siempre, por razón de su empleo, cl rector del Instituto
Nacional. El cuidado que tiene el gobierno de clejir para esto
difícil cargo personas idóneas, como lo han sido las que lo han
ejercido por una larga serie do años, i el conocimiento experi-
mental fjue en él se adquiere de los defectos o nccosidailcs de
la enseííanza, hacen, a mi juicio, mui conveniente la partici-
pación de este empleado en las medidas del consejo, i no podrá
menos do racililarlas. Lo mismo digo relativamente al delega-
do universitario, cuando se haya nombrado.
Solo me resta, señores, cumplir con cl último de los debe-
res que en esta ocasión me impone la lei: pagar un tribu-
to de respeto a la memoria de los miembros fallecidos en
este quinquenio, que se lian distinguido por su celo en favor
de la instrucción. Yo coloco en primer lugar aquel hombro
insigne, en cuya pórdida ha Horado la patria la do muchos
hombres; sabio Icjislador, que presidió a la formación do nues-
tro código constitucional; ministro diplomático, que represen-
tó oon celo i dignidad a la ropúlilica en Inglaterra i en el
Perii; ilustrado ministro de justicia, que trabajó con acierto
en la reforma do la administración judicial, i dejó preparado
un vasto proyecto para la organización de este ramo; defensor
cnérjico de los intereses nacionalee i de las leyes en el ejerci-
cio del ministerio público, en el senado i en el consejo do es-
tado; esforzado promovedor de la instrucción pública en el
consejo universitario, en la facultad de leyes, do que fue el
primer decano, en la academia de práctica forense; i que, en
todos estos destinos, hizo resplandecer, a la par, una intolijen-
cia luminosa, enriquecida con extensos i variados conocimicn*
tos, atesorados en una memoria privilejiada; un alma pura, a
quien asustaba hasta la mas lejana sombra de miras opuestas
a la escrupulosa integridad del hombre público (de lo que yo
pudiera citar pruebas conocidas do pocos, conocidas de uno
de mis colegas que está presente, i gozó de sus mas íntimas
confianzas); una independencia de carácter, quo no so doblegó
30 i OPÚSCULOá LITERARIOS I CRÍTICOS
jamas a influjos personales, que no traicionó jamas sus con-
vicciones, que jamas se arredró de expresarlas; un culto al
honor nacional que rayaba en lo caballeresco; aquel rarísimo
patriotismo, que l>usca el bien sin mendigar la popularidad;
todo' esto sostenido, adornado por una elocuencia de razón,
fácil, fluida, animada, espontánea, llena de rasgos felices, sin
la menor apariencia de estudio. De sus cualidades sociales i
domésticas, ¿qué puedo decir que no sea sabido de los que me
escuchan? ¿Quién ignora cuan elevado, cuan profundo, fué en
don Mariano Egaña el sentimiento relijioso? Esposo i padre
tierno, i no menos tierno hijo, que llevaba el amor a la me-
moria de su venerable padre hasta la idolatría; amigo fiel,
consecuente, servicial; liberal bienhechor do la humanidad
doliente i de la pobreza desvalida; alma afectuosa i enérjica, i
sin embargo cerrada al odio i la venganza; sus antipatías eran
todas al crimen, a la prevaricación, a las contemplaciones in-
debidas, a la perniciosa induljencia. Yo no temo que se me
culpe de exajeracion, cuando digo que la naturaleza no pre-
senta, sino do tarde en tarde, un conjunto tan espléndido de
virtudes i de talentos. I aun no lo he dicho todo: aun no os
he hablado de aquella amabilidad de trato, que, en medio de
su desprecio, tal vez excesivo, a las exterioridades frivolas que
la sociedad impone como deberes, i cuya omisión es la que
menos perdona, daba tanta gracia a su conversación, i la ha-
cía tan instructiva, tan interesante, i tan exenta de pedantería;
ni de aquella franqueza jenial, que trasparentaba todos los
movimientos do su alma; ni de aquella noble hospití^lidad de
su casa *dc campo, asilo de recreación inocente, monumento
de amor filial, adornado con esmero i gusto i a no pequeña
costa; toda\ia la man bella residencia campestre en Chile, i
uno do los primeros objetos de curiosidad del viajero que visi-
ta la capital.
Contrayéndome a lo que tiene relación con la universidad i
la instrucción pública, don Mariano Kgaña tomó siempre una
parte principal en los trabajos del consejo universitario, asis-
tió con la mayor asiduidad a sus reuniones, fué el alma de
s'!s delilieraciones, i propendió en él con especial celo a la
blSCtlKSO BN EL AKIVKnSAIlIU aH LA
difusión do la enseñanza relijiosa imoral. Sabirlo es que hizo
un estudio particular de la historia i antigileJadcs chilena»;
lia tlejado una colección de douumentofí curiosos que las ilus-
tran, i apuntes históricos do su pluma. Formó una n'oa hiblio-
toca, en que no ao ha olvidado ninijim ramo do ciencia o do
literatura-, i en que no fallan obras di las quo por su prei'io no
e.stán a el alcance do muclios, no pocas de ellas únicas en el
país, raras ali^unas en la misma Europa, copiosa sobre todo
en historia i jurisprudencia, i lo que a mi juicio la recomien-
da particularmente, adaptada al uso de lectores americanos,
de lectores chilenos. Yo que he tenido la ocasión de rejistrar
este opulento depósito, me ho convencido de que, ai formarlo,
se tuvo niui presente a la Amúrica Española i a Chile. Com-
prado por la nación, que ha querido vincular allí para siempre
la memoria de aquel ciudadano ilustre, oi'namento de la hu-
manidad i gloria de Chile, estará pronto abierto a la juventud
estudiosa i al público. Don Mariano Egaña vivirá así para la
patria, a quien fuó arrebatado en una época de la vida en que
el vigor de las facultades intelectuales la daba t'jdavia la esi>n-
ranza de largos e importantes servicios.
Aun al lado de este hombre eminente, pueden aparecer .sin
deslucirse, dos venerables sacerdotes, di^os do recordarse por
lo que hicieron en favor de la instrucción pública. El primero
os el ilu-strisimo señor don José Ignacio Cionfuégos. Decidido,
desdo que dio Chile el primer grito de libertad, a sostener tan
santa causa, trabajó en ella esforzadamente, como ciudadan",
como miembro del poder ejecutivo, como miembro de la Icjia-
latura. Confinado al presidio do Juan Fornán.Icz, fué allí el
consuelo de sus compañeros do destierro. Después de aquella
época de infortunio para las armas tle la patria, se lo nomhrtí
gobernador del obispado de Santiago; i no necesito recordaros
el celo con que en este destino se consagró a la iglesia ciulcna,
no menos que a los intereses del estado, como miembro del
senado conservador í como diputado de Talca. Cura de aque-
lla ciudad, no contento con ejercer dignisimamento su eviin-
jélico ministerio, había conlribuitlo, de su prupio peculio en
gran parte, a la construcción de la iglesia i de una In'nn<*s3
3JÜ OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
casa (le ejercicios espirituales. Fué prebendado de la catedral
de Santiaj^, en la cual ascendió hasta la dignidi\d de deán.
En edad ya avanzada, impulsado ix)r el anhelo de promover
el bien de la iglesia chilena, hizo dos viajes a la capital del
mundo católico; el primero con el carácter de ministro plenipo-
tenciario, en que obtuvo de la santidad do Pió VII concesiones
importantes, i la misión de un vicario apostólico provisto de
plenísimas facultades para el arreglo de los negocios eclesiás-
ticos. En el segundo, enteramente privado, se le condecoró
con la mitra de Retimo in partibiis infidcHum, aceptada con
la mira de proveer a las necesidades de Chile, donde no habia
a la sazón ningún pastor de igual jerarquía. Instituido des-
pués para la diócesis do Concepción, desplegó allí con nuevo
lustro el espíritu apostólico de que estaba animado. Presentes
tenéis las inestimsíbles prendas de este benemérito sacerdote:
un patriotismo que no se desmintió jamas; una constante de-
dicación al servicio de la iglesia i del estado; un celo virtuoso,
templado. por la prudencia i la mansedumbre; una ilustración
superior; una intachable pureza do conducta; una atractiva
suavidad de carácter. En medio de las graves ocupaciones que
os he Ijosquejado, sirvió meritoriamente a la instrucción pú-
blica. En 1819, desempeñó a satisfacción de todos la comisión
que se le confirió para el restablecimiento del Instituto Nacio-
nal. En 1820, escribió i dio a luz a sus expensas un Catón
cristiano político para el uso do las escuelas. En su segundo
viaje a Roma, hizo imprimir allí, a sus expensas también, el
Catecismo de doctrina cristiana^ que goza de tan merecida
reputación, i de que repartió gratuitamente en el país innume-
rables ejemplares. El célebre abate Molina habia puesto a dis-
posición del señor Cienfuégos, su deudo, una valiosa hacienda
situada en la provincia del Maule; i el señor Cienfuégos la ce-
dió a Talca, para que se empleasen en la educación de la ju-
ventud sus productos, quo forman la principal renta del cole-
jio de aquella ciudad.
Don José Santiago íñigucz es el segundo de los individuos
del clero chileno que creo dignos de memoria como bienhe-
chores do la instrucción pública: sacerdote venerable; modelo
DlSCUnsO E.V 1¡L ANIVEtlSAHIO DE UA [IMVEttSIDAl
de scncilloz i austeridad en la vida prívaíla; lumbrera de la
iglosia lie Santiago )K)r sus virtitdos i {kit su vasta erudición
en las ciencias sagradas. Versado también on las ciencias ¡ la
literatura profanas, fué el primer profesor de oeonomía políti-
ca en el Instituto Nacional, donde cnjíoñó ademas el derecho
natural i do jcntes, como toolojía i humanidades on el Semi-
nario Conciliar. Ejerció con dlstijiciou el profesorado; i a pesar
de su quebrantada salud concurrió a los trabajos do la fouuU
tad a que pcrtoneeia. Selló sus eminentes serviciosala reli-
jion i a la nación, destinando su cuantioso patrimonio a obje-
tos de beneficencia pública.
Otro nombre, señores, se asoma a mis labios, que no me es
posible pronunciar. Ya eonccbti que aludo a un joven que,
naüido en Inglaterra, so formo principalmente en Chile; que
casi niño fué profc»jr del Instituto Naeional; que contribuyó
aUÍ bastante al restablecimiento del estudio de la lengua lati-
na; ciuo en una gran\átioa de esto idioma introdujo por la
primera vez las doctrinas de la filolojía curoiica de los últimos
años; ipie dejó acopiados malcríales para una segunda edición
de aquella obra en que desgraciadamente hubo de trabajar
otra mano; que cultivó la literatura con suceso; (jue so distin-
guió en el foro desde que entró en él; que fué precipitado al
sepulcro en la ñor de la vida, malogrando las mas bellas es-
peranzas. El vecindario de Santiago le lloró, i conocía sola-
mente la mitad de su alma.
Ilai otro asunto, i será ol últinao,- mas personal, sí cabe.
Ucelcjido casi unánimemente por cate ilustre cuerpo para ol
primer lugar de la terna del rectorado vacante; reclejidodc
este modo en la reunión universitaria mas numerosa que so
ha viato hasta ahora, delw aproveeliarme de esta primera
oportunidad para dar a la univcrsi<lad un testimonio público
do mi profunda gratitud. Uebo darlo asimismo al oxcelcntísimo
señor patrono, que se ha dignado confirmar el sufrajio de la
universidad. Debo darlo al señor ministro do instrucción pú-
blica, quo so lia servido mencionar a las cámaras Icjislativas
mi reelección on términos tan honortljcos para mi. Pero la
mejor muestra do mi i-econocimícnto será la consagración de
398 OPCSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
mis débiles fuerzas al servicio de la nación chilena, mi cons-
tante favorecedora, de la universidad i de la juventud estu-
diosa, en quien (lo he dicho muchas veces i me complazco en
repetirlo) en quien tengo una fe sincera: la patria, que haco
tanto por ella, que espera tanto de ella, a cuya organización
es llamada ella a poner la última mano, no verá frustrada su
esperanza. Contribuir a este venturoso resultado, es la misión
de la universidad en la esfera de sus atribuciones. Para la
parte que en esta misión me toque a mí, siento no poder ofre-
ceros mas que celo i trabajo. Contad con ellos, mientras me
quede un resto de vida i de fuerzas.
{Analos de la Vniversidad , Año de 1848.)
MEMORIA
IMIKSENTADA AL t:0NSEJO I)l£ LA UNIVIiUSIDAI)
EN SESIÓN DE II DK MARZO DE ISi>Í
Señores:
En virtud de lo dispuesto en el artículo 24 del supremo de-
creto de 23 de abril do 1844, me cumple dar cuenta del esta-
do actual de la instrucción pública, de las mejoras introduci-
das en ella durante el quinquenio principiado en setiembre de
1848, de los obstáculos que las han contrariado, i do los acon-
tecimientos que durante el mismo período hayan tenido una
relación inmediata con la instrucción pública. Concluiré, como
se me previene en el mismo decreto, dando una breve noticia
de los miembros do esta universidad que han fallecido, i que
se han distinguido por su celo en favor do la instrucción.
I
Por el artículo I /, número 8, de la lei de 1 9 de noviembre do
1842, que asentó sobre nuevas bases esta universidad, se co-
metió a la facultad de filosofía i humanidades el encargo de
dirijir las escuelas primarias, proponiendo al gobierno las re-
glas que juzgase mas convenientes para su organización; el
de redactar, traducir, revisar los libros que hubiesen de servir
de texto en ellas; el de llevar un rejistro estadístico que pre-
sentase cada año un cuadro completo de la enseñanza prima-
ria en Cliilo; i el do liaccr, por medio de sus miembros i de
4üü :í?i:.v:::l.:.» liTKa.Lax» t carneo»
corrwpotuiaÍKS Lnrsll/tsituíí?. Li vi*?i^ c mspecc&oa de las escue*
las priiiuirliW í«i Li ..'n;iviL l le Lls provincías.
Por «:tm parte -^n el lei:'.-^:;:' -i-i Í3 de abril de IS-44 arriba
citadij- ?ti coEitrí;^/. il .;on-'?<jjO do Li Li.'liveratLfcl la iaspeccicm
dé t«>!ijs los esLiLI»ecL:-júoii:.:s de edui-'ajcioa. na^ríoaales, pro-
^incialr:^ o r:i':nicipíil-i<j ea cayo nunierD se o>ciiprendieroii
sin dij'Li las eíciiotaá prLmariaáy serrín se ve por d articulo 50.
La iorp^ccLrja .^ exteci !ia, coa ciertis limitacioaes, a los esta-
Llecíniícn!:.-.s partío'ilares-
F^ara llevar a el'ei:tk> estíos encargos se establecieron juntas
províncíalejá de e íucacíoa artículo o7 , e iospecciones departa-
mentales "."írtículo C5 .
La facultail le Iiu:iiamda«l*=s pudo ejercer i ejerció satis-
factoriamente la inspección do las escuelas primarias de la ca-
pital; per> carecia de niel: jS para extenderla mas allá de la
ciudad de .Santiai^. Esto fué sin duda lo que dio motivo al
precitado decreto de ?3 de abril, que parece trasferir la
inspección jcneral de las escuelas al consejo, por medio de las
juntas pro^ inciales i de las inspecciones de educación. Mas
tardó poco en percibirse que esta organización era poco me-
nos que com;)!et:\niente ineficaz para el objeto que se deseaba.
Una que otra provincia ha habido en que merced al celo del
jefe superior se d^rsplecrú por algún tiempo una actividad bien-
hechora, i se cumplió con la debida regularidad el encargo de
diríjir estados periólicos al consejo. Pero la mayor parte do
las provincias no Ijs lian remitido sino a intervalos mas o me-
nos largos, i aun cntún.es incompletos. Hai algunas, i no por
cierto de las menos avanzadas en civilización i riqueza, de las
que no so han rcciljido mas que uno o dos estados desde el año
de 1844 hasta el dia. Aquella especie de animación que se notó
al principio, fu»; poco a poco entibiándose, i la experiencia me
párroco hal)er ya demostra lo la insuficiencia de esta armazón
de juntas i de inspecciones para los fines de su institución, i
en particular, para proveernos de datos estadísticos con la fre-
cuencia i regularidad necesarias. Lo que a este respecto se ha
obtenido, se debe en su mayor parte a la acción directa del mi-
nisterio de instrucción i)iiblica ejercida por los órganos oficia-
MEMORIA PRESENTADA A LA UNIVERSIDAD 401
les de la administración. I lácese, pues, cada dia mas urjente la
creación du otro orden de cosas, o el complemento del cpie ya
se ha ensayado cometiendo la estadística de la enseñanza a
una sección del ministerio de instrucción pública. La facultad
de humanidades i el consejo podrían seguir, como hasta aquí,
facilitando en este ramo los trabajos del supremo írobierno,
ya en la discusión de los reglamentos, ya en la revisión de los
textos, ya en la indicación de otros nuevos, o en la reformado
los existentes. La inspección, confiada principalmente a los
visitadores, aumentándose su número de manera que todas
las escuelas de la república pudiesen ser visitadas a lo menos
una vez cada año, jeneralizaria los excelentes resultados que
ya se han logrado por esto medio en las escuelas en que hasta
ahora ha podido emplearse. Durante la ausencia de los visita-
dores, cuidarían los inspectores de que se observase el réjimen
establecido por acjuéllos en las escuelas fiscales, munícipak*!"? i
conventuales, i les darían cuenta de lo que sobre este punto
mereciera su atención o reclamara su intervención.
Las juntas provinciales ejercerían la inspección en las capi-
tales de provincia, pero dejimdo siempre a los visitadores la
incumbencia de proponer i plantear las reformas, en una pa-
labra, todo lo concerniente a la sustancia, forma i distrí luición
de la enseñanza. A mi juicio, la acción legal de los visitado-
res debería ser uniforme en las escuelas fiscales, municipales i
conventuales; extensiva en ellas a plantear las reformas di-
dácticas, i limitada en las escuelas particulares a recomendar-
las. Pero, en la parte represiva do prácticas opuestas a la mo-
ralidad i a la salubridad, las atribuciones de los visitadores
deberían ser unas mismas en todos los establecimientos de
enseñanza primaria, cualquiera que sea la procedencia de los
fondos de que subsistan.
De estos antecedentes, se colíje la nexjesidad de un regla-
mento que determine las atribuciones de los visitadores en las
varias clases de escuelas primarias; sus relaciones con los ins-
pectores i las juntas; las facultades de que pueden hacer uso;
i su correspondencia periódica con el ministerio do instrucción
pública i con el consejo universitario. Pero es preciso recor-
opúsc. 51
V»¿ OPl>CLLOS LITERARIOS 1 CKIT1CÚ8
dar í(u<*, si las pnscTiiKriones del gubienio no fuesen acompa-
ñarlas (l(í la cumiM^toiite sanción, de nada .semria multiplicar
los nv^lameiitos, i a la vuelta de px-os años tendríamos qtic
volver a lainciitai* su ineficacia.
11
Ijx base de la estadística de la enseñanza primaría i de toda
la educación nacional, es el censo de la población; i hasta aho-
ra solo tenemos el de 1843, (jue no nos permite rastrear, como
tan de (lesear sería, la proporción en que cada provincia, cada
departamento^ cada distrito, cada pueblo, goza ahora de este
gran beneürio, que es a un mismo tiempo el jérraen i la me-
dida de la cixilizacion intelcvtiial. No solo ha debido cambiar
considerablemente desde aquella época la población absoluta
de cada localidad, sino la proporción de las poblaciones de las
varias localidades entre si; porque está a la vista de todos que
la marcha du la población, rápida en varias partes, en otras
es lenta, en algunas apenas sensible. Pero es preciso resig-
narnos a sacar el partido posible de esta defectuosísima base.
Procedamos momentáneamente sobre la suposición de haber
permanecido estacionaria la población desde 1843, i compa-
rémosla con el cuadro jeneral de la educación primaría en
Chile en 1853, presentado por el señor ministro de instrucción
pública al congreso. La ra/on entre el número de niños que
van a la escuela i el ile los habitantes, sería aproximadamen-
te en
Chiloé 1/20
Valdivia 1/38
Concepción 1/55
Ñul)le 1/60
Maule 1/84
Talca 1/59
Colchagua l/r25
Santiaüfo 1/33
Valparaíso 1/25
ME^tORlA PRESENTADA A LA UNIVERSIDAD 403
Aconcaj^ua 1/57
Coquimbo 1/48
Atacama 1/28
Chile 1/47
Do manera que, según esta cuenta, tendríamos en la escala
de débil iluminación de las difci'entes provincias este orden
gradual: Chiloé, Valparaíso, Atacama, Santiago, Valdivia,
coloca las sobre el término medio de la república; i bajo esto
término Coquimbo, Concepción, Aconcagua, Talca, Nuble,
Maule i Colchagua. Comparando estos resultados con los que
consigné en la memoria que tuve el honor de leer en la sesión
solemne de 1848, la discrepancia no es gran. le. Chiloó i Val-
paraíso ocupaban entonces, como ahora, los dos primeros lu-
gares en la serie, i ahora, como entonces. Maule i Colchagua
parecen retener los dos últimos. En Santiago i Valdivia,
subsisten los guarismos anteriores 1/33, 1/38; Chiloé ha des-
cendido aparentemente de 1/17 a 1/20, i Talca de 1/43 a 1/59;
pero Atacama ha subido do 1/10 a 1/28, cambiando dé lugar
con Santiago; Coqui.ulx) de 1/50 a 1/48, Aconcagua de 1/60
a 1/57, Valparaíso de 1/28 a 1/25, Concepción de 1/75 a 1/55,
Nuble de 1/67 a 1/66, xMaule de 1/96 a 1/84, i Colchagua
misma de 1/150 a 1/125. La república toda por término medio
parece haber descendido de 1 por 45 a 1 por 47. Pero es indu-
dable que la cantidad absoluta de la enseñanza primaria ha
subido en todas partes, i que el pequeño descenso que en al-
gunas aparece es debido a la mayor exactitud de los datos do
que se ha servido el señor ministro de instrucción pública.
No puede menos de ocurrir una reflexión, i citírtamente
lx>co a propósito para darnos una idea ventajosa de los pro-
gresos de la instrucción primaiia. Gracias al celo del supremo
gobierno i de las cámaras, se han fundado desde 1843 gran
número de escuelas primarias dotadiis con fondos fiscales; las
municipalidades lian contribuido por su parte; i el número de
las escuelas particulares ha recibido también algún incremen-
to; pero la población ha crecido al mismo tiempo en una ra-
1»
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f\'\ .'li.'/i.'t. 'i'i': í--. J.i .-•■íij.lia (]'! { A'i <.ivili/aí*ion.
«
L;t íni¡<\:t('¡'>n (¡f. rjM^v.'is í:Si:ti<.-líis ])or los nirjios quo lian
í"-t;i'lo ííi ;i'íií,n Jja-;l.i ajjnra, no )>ium1o sí*L''iiir el moviinionto
(|í- la |M>l»Jar¡íiri, íjiií* sr ílcsarrnlla í'Ii una pro ¡presión jconié-
Irií-a. Si no apcl.inios a olr^s nnílio'^, será cíida año menor la
r*íi/nri t'i\\yt' <•! mnnrro (!<• aluninns jn'iniarios i v\ número de
los Ijaliilaiifrs. La clasr (jiic |>arlii-i|)a cío la instruceion ele-
MEMORIA PRESENTADA A LA LMVKUSIDAU 40.)
metital, será cada año una fracción menor do la nación; i a
nadie se ocultará todo lo que hal)ria de ominoso i desconsola-
dor en esta incontestable deducción de los datos numéricos, si
no nos apresurásemos a dotar de recursos mas adecuados la
educiicion nacional. Tenemos a la vista el ejemplo de otros
países; una moilcrala contribución de los vec¡n<lai*ios, ensaya-
da al princii)io, si so quiere, en los departamentos mas pobla-
dos i ricos, i extendida gradualmente a los otros, es c\ arbitrio
único para proveer a una necesidad cada dia mas imperiosa.
Sin eso, la barbarie iria cada afio extendiendo su imperio so-
bre una porción mas considerable del cuerpo social. La mejora
de la enseñanza en ciertos ramos, el adelantamiento de la ins-
trucción colejial i cien tilica, no compensarian jamas, en la
balanza del bienestar común, los males inherentt\s a ese incre-
mento relativo do las clases condenadas a una carencia com-
pleta de toda cultura intelectual i moral. Si nos fií^iiramos un
círculo cuyas dimensiones creciesen continuamente, i en que
un segmento iluminado brillase cada vez con una luz mas
viva, pero, a pesar de su incremento absoluto, formase una
l)arte progresivamente mas i)equeña de la superficie total, po-
dremos representarnos la marclia de las luces en Chile, según
sus actuales tendencias. ¿I qué orlen <le cosas puede haber
mas opuesto al espíritu de las instituciones que nos rijen?
Los instructivos cuadros ¡)resentados en la última memoria
del señor ministro de instrucción pública, manifiestan que se
educan actualmente on las escuelas 5,(503 niñas, es decir, una
por cada tres personas del otro sexo. En 1848, la proporción
era de una niñii por cada cinco niños varones, lia variado,
jmes, notablemente la proporción de los sexos en favor de la
nuijer.
Si bajo esto aspecto tenemos motivo de felicitarnos, hai otro
en que el cuadro de la educación popular no es enteramente
sombrío. De las 571 escuelas esparcidas sobre la superficie de
la república, hai por lo menos í 10 en que, fuera de la lectura,
escritura i catecismo, se dan nociones de aritmética, i en cierto
número de estas escuelas se enseña ademas un poco de gramá-
tica, de jeografia, de historia i de otros ramos.
AüC OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
Ni (leja rlc sor satisfar, torio que las escuelas particulan^s pa-
irarlas por los padres de familia ediicpien casi la mitad de to-
dos los aliinnos primarios; que en ellas estén casi equilibrados
los sexos; i que en cerca de la mitad se den conocimientos de
aritmética, estudiándose en alc^unas gramática, jeografía, no-
ciones de historia i otros ramos. El interés con que ya empie-
za a mirarse la educación del pueblo i b^s cuidados incesantes
que cx^nsaírra el gobierno a ella, hacen esperar que de dia en
dia crecerá el número de los que por espcículacion o por una
vocación especial so dedican a este ramo de enseñanza.
Pero, donde yo veo la esperanza do un porvenir mas lison-
jero, soJ)n' todo después que el sostenimiento de las escuelas
esté a cargo de los vecindarios, es en el ensanche i mejora-
miento de la Normal de preceptores, objeto constante de la
solicitud del gobierno. De allí se difundirán los mejores mé-
todos, la mejor disciplina pedagójica, i lo que no vale menos,
el lustre, el prestijio de honor, de que debe rodearse la ense-
ñanza de las primeras letras, confundida hasta ahora con las
profesiones mas humildes i oscuras, i acompañada, por consi-
guiente, de la incuria, del desaliño, de la ignorancia grosera,
de la aspereza repulsiva, que van poco a poco desapareciendo
do las escuelas en las principales poblaciones.
En la Esíuela Normal, se da instrucción actualmente como
a 70 alumnos: 50 pertenecen al curso de primer año, 5 al de
segundo, 13 al de tercero. Según el plan oficial, debe enseñarse
relijion, caligrafía, aritmética, joometría elemental i práctica,
jeografía descriptiva, nociones de jeografía física i de cosmo-
grafía, gramática castellana, idioma ingles, música vocal. En
el primero i mas importanle de estos ramos, no se da a la en-
señanza la extensión ({ue sería de desear en un esta])lecimiento
destinado a difundir las sanas ideas en todo el territorio de la
repúl)lica, ideas cuya insuficiencia es casi en todas partes ver-
dadcramenlo lamentable. En la mayor parte de los otros ra-
mos, la enseñanza dista todavía bastante de lo que debiera ser.
Se echa menos la cbuse de dibujo; la jimnástica por falta de
algunas elíMiientos no está en ejercicio. Se abrirá una clase de
práctica pedagójica, en la sala espaciosa que le esta destinada,
MEMOIUA PHESKNTAÜA A LA LNIVKHSIDAD W
luego quo se la prov<*a de los muebles i útiles necesarius, que
sera mui presto. El hermoso i vasto edifieio con que ha sido
dotada la escuela hace desear quo se mejore el menaje. Impor-
ta sobre todo una vijilancia incesante sobro la disciplina del
establecimiento. Los medios que se han empleado hasta ahora,
no han alcanzado a llenar este objeto do un modo satisfactorio.
L:i instrucción que debe darse en la Escuela Normal, según
su planteacion oficial, puede compararse ventajosamente con
la que so aUjuiere en algunos colej»os. Pero no so si diga quo
bajo esto respecto puede irse demasiado icjos. Vendrá sin du-
da una época en que convenga no solo conservar, sino cnsrxn-
char,. el plan do estudios que la Escuela Normal abraza al
presente. Pero, mientras se halle en mantillas la enseñanza
primaria, no es necesario para su mejora gradual que se for-
men desde luego institutores adornados de conocimientos do
que, en la vocación a que se destinan, no están llamados a ha-
cer uso por ahora. La excesiva extensión de la enseñanza pro-
duce dos inconvenientes graves: el a; rendizajo abraza objetos
que no caben talvez cómüdamente en un trienio, o no pueden
adquirirse sino de un modo extremadamente superficial; lo
exten.so perjudica a lo sólido. 'Pero lo peor de todo os que el
joven se hallaría al salir de la Escuela Normal provisto de
aptitudes, que, en un país dondo en todas las carreras se deja
sentir una escasez notable de sujetos idóneos, le habilitarían
para dedicarse con fruto a ocupaciones mucho mas lucrativas
que el profesorado primario, i le harían, si no desertar de él,
mirarlo como una consideración de ínteres secundario, i de-
sempeñarlo con distracción i repugnancia. No faltarían ejem-
plos que citar en comprobación de lo que digo.
No hai establecimiento de educación en que mas importo la
elección i revisión de los textos. Este es un punto que no debe
confiarse al juicio del director i profesores de la escuela, por
idóneos e ilustrados que sean. La materia es bastante gravo
para merecer la atención, no solo de la facultad de humanida-
des, no solo del consejo universitario, sino del supremo go-
bierno. Los textos de la Escuela Normal están destinados i
formar, por medio de los maestro.s de primeras letras, el cate-
408 OPÚSCULOS LITERAKIOS 1 CRÍTICOS
cismo dol pueblo, el alimento de las nuevo déeirnas partes de
la población ebilena. iCuánto no va en esto al p')rvenir de la
repiiMicaí I esta consideración se aplica con no menor fuerza
a los hábí'os de orden, aseo, coniportaeíon urbana i decente,
que deben inculcarse en la Escuela Normal, i que tan lasti-
mosamente se echan menos en las clases ineducadas i a veces
en una esfera mas alta.
Otro establecimiento popular do educación, de que debo
hablar aquí, es la Escuela de Artes i Oficios. En ella, ademas
de la rchjion, se enseñan caligrafía, ¡crramatica castellana, arit-
mética i principios de áljebra, jeometría elemental, trií^ono-
metría, jcc)grana descriptiva, mecánica industrial, jeografía,
dibujo ornamental i do máquinas, i elementos do jeometría
descriptiva. El año de 1854, en que debe completársela ense-
ñanza de la primera falanjo de alumnos, añadirá nuevos cono-
cimientos teóricos, i perfeccionará la práctica de los cuatro
talleres de herrería, fundición, mecánica i carpintería. Ilai 33
alumnos do primer año, 1*2 de se.c^undo, 20 de tercero; en todo
65. Concurreo al taller de herrería 8 alumnos, al de lundicion
9, al de mecánica 30, al de carpintería 17. El establecimiento
se halla en un pié floreciente; sus productos tienen considera-
ble demanda; su disciplina es un modelo de precisión i regu-
laridad. El local recibe progresivos aumentos. En cuanto al
aprovechan i ento teórico i práctico do los alumnos, vale poco
mi juicio; pero el de personas competentes deja poco que de-
sear, a lo menos respecto de la mayoría de las clases. El sabio
i modesto director don Julio Jariez se ocupa en la redacción,
para la Escuela de Artes, de un curso de» ciencias matemáticas
i físicas, que es traducido por don Francisco Pérez, i de que
ya se han publicado la aritmética, áljcl)ra, jeometría i trigo-
nometría; seguirán la jeometría descriptiva, la mecánica in-
dustrial i los elementos de física i química, aplicados a las
artes.
La escuela de sordos-mudos colocada en un departamento
de la Normal empezaba a dar las mejores esperanzas, cuando
un accidente fatal vino a paralizar su adelantamiento. He
visto i admirado los progresos que en tan poco tiempo han
MEMORIA PHESENTADA A LA IJNlVEUSIDAl) 400
hecho estas interesantes criaturas, tan acreedoras a la aten-
ción (leí wl)ierno i a la caridad púhlica. Lleo^an a once his
que contieno en la actualidad la escuela. Se presi^ntaran mu-
chas mas, si (como es de esperar) continúa la ens(manza, ya
que, no en manos del señor Scln'eroni, en otras ii^'ualmento
idóneas.
III
Sin una comunicación constante de los colejios con el con-
sejo de la universidad, sin la remisión periódica de cuadros o
estados que reijresenten la instrucción que se da en cada uno
i el personal que la distribuye i la recibe, es imposible formar
idea del caudal de enseñanza de que cada uno de estos esta-
blecimientos es la fuente, ni de su circulación en la sociedad.
Pero es preciso decirlo: apesar de las repetidas órdenes del
gobierno, no se verifica la remisión de esos estados con la de-
bida rcgidaridad; i exceptuando los estabhícimientos ptiblicos
de la capital, i cierto número de los particulares de la misma,
no hai colejio de que tengamos noticias bastantes para apre-
ciar, ni aun aproximativamente, la calidad i movimiento de la
enseñanza 'que* en él se proporcione. Sabemos cuál es la
planta oficial de los colejios provinciales pagados por el era-
rio; pero ignoramos hasta qué punto corresponde lo que exis-
te con lo que del^e ser. No me es dado, pues, hacer en esta
exposición otra cosa que solicitar del gobierno nuevas órdenes
para que se practique cada año en una éi)oca dada la remisión
de esos cuadros, ajustados a los modelos (jue para este efecto
se han suministrado con profusión, cada vez que so ha indi-
cado su. falta; contíindose principalmente con el celo de los
intendentes i gobernadores para el cumplimiento de esas ór-
denes. Sin que se realice la constante comunicación que he
indicado, la dirección atribuida por la lei orgánica ol consejo
universitario es casi enteramente ineficaz fuera de la órbita
de la capital. Me veo, pues, en la necesidad de ceñirme a esta
órbita para llenar del modo ])osible el programa de mi expo-
fiicion.
•HO OPÚSCULOS LITEHAKIOS 1 CRÍTICOS
En la esperanza de que los documenlos existentes en el ar-
chivo del consejo me suministrarían bastantes datos para ex-
hibir a lo menos un cuadro de los colejios particulares de uno
i otro sexo do la capital, había principiado a examinar los
estados correspondientes; pero tardé poco en convencerme de
su insuOciencia para el objeto que me proponia. En algunos
de los de mas nota, se echa menos el elemento mas importante
de todos; se dan los totales de los alumnos que cursan cada
clase, i se omite el total de los que se educan en el esbableci-
miento. Para evitar este i otros defectos en adelante, se hace
necesario que, junto con la orden de remitir al consejo los es-
tados en una época determinada del año, se intime a cada co-
lejio la obligación de trazar el suyo en absoluta conformidad
al modelo.
Para el mejoramiento de los estudios preparatorios, se han
creado en el Instituto Nacional una clase de física elemental,
otra de historia de América i la particular de Chile, otra de te-
ne<luría de lil)ros; i a la enseñanza de dibujo lineal destinada
a los artesanos, ha sido agregada la de dibujo de adorno.
A las clases de estudios preparatorios del Instituto, han asis-
tido en el año último 682 alumnos, do los cuales los 252 inter-
ternos, los 430 externos. El curso de estudios coíi las adicio-
nes de que acabo de hablar, comprende ahora el catecismo, los
fundamentos de la íc, la historia sagrada, la historia ecle-
siástica, aritmética, áljebra, jeometría, jeografía, cosmogra-
fía, historia profana en todos sus diferentes ramos, gramática
castellana, ortolojía i métrica castellanas, lengua latina, len-
guas francesa e inglesa, literatura, física elemental, filosofía i
derecho natural^ teneduría do libros, dibujo natural i de pai-
saje. Para los que se destinan a la carrera de matemáticas, no
es obligatorio el latín, poro se les agregan la trigonometría, la
jeonn^ría analítica, las secciones cónicas.
Ra/ones graves ol)ligaron al gobierno a limitar la edad de
los alumnos internoí^ del Instituto; sus estudios son los que
acu])o de indicar. La disciplina mejora. Los exámenes del año
último han sido en jeneral satisfactorios. Los que yo luí pre-
ML'nciado, me parecierjn regulares.
MKMOniA PnKSENTADA A LA INIVKUSIDAD 'l I I
En el Síominario Conciliar, el curso preparatorio do liiinia-
nidades dura de cuatro a seis años, i debe comprender, ademas
del cafocismo i la historia sagrada, la aritmética, áljebra i
jeomotría elementales, la jeografía i cosmografía, elementos
de historia profana antigua i moderna, gramática castellana,
lengua latina. Sucesivamente deben estudiarse en dos años la
lójica, metafísica i moral, los fundamentos de la fe, la retóri-
ca, la física, la lengua francesa. Las ciencias eclesiásticas
comprenderán: lugares teolójicos, teolojía dogmática, moral i
expositiva, historia do la teolojía, controversia bíblica, dere-
cho natural, derecho canónico concordado con el civil, litur-
jía, historia eclesiástica, literatura i oratoria sagradas, cóm-
puto eclesiástico. Casi todas estas clases existen ya; i el plan
abrazará ademas la enseñanza de los idiomas sagrados, que
no se ha introducido todavía por falta de medios. Asisten a las
clases 152 alumnos; los 115 internos.
P(»r lo que he podido juzgar en el examen de un corto nú-
mero de alumnos, la enseñan/a de las letras humanas es
í'xtv'nsa i liberal en el Seminario. La disciplina interior, ex-
celente.
En la Escuela Militar, han recibido examen, a fines do
IR53, set(»nta alunmos, de ellos veintitrés pertenecientes a la
sección de cubos. Fueron examinados en los ramos de relijion,
caligrüfia. gramática i métrica castellanas, lengua francesa e
inglesa, historia, aritmética, áljobra, jeomotría elemental, tri-
gonometría rectilínea, trigonometría esférica, sistema métri-
co, jeonietría descriptiva, topografía, cosmografía, jeografía
física, jeografía política, dibujo, fortificación pasajera, or-
denanzas militares, ejercicio militar, táctica, jimnástica i
esgi'ima. La sección de cabos aprende relijion, caligrafía, arit-
mética, gramática, historia sagrada, historia de Chile, orde-
nanza, dibujo, ejercicio militar, jimnástica, esgrima. Sobre
los resultadosMe estos exámenes, me remito a los informes de
las c(»misiones, que so publicarán inmediatamente en los Ana-
hs. Solo notaré que los votos de distinción han recaído prin-
cipalmente en las clases de gramática castellana, de idiomas
extranjeros, de historia sagrada, de historia de América, de
412 OPÚSCULOS LITERARIOS I CRÍTICOS
jeometría elemoiit«il i trigonometría rectilínea, de áljebra, de
sistema métrico, de ordenanza i dibujo. Entre los textos adop-
tados para la enseñanza, debo liacer mención especial del de
topoírrafía i agrimensura, por el maloo^rado don José Agustín
Olavarrieta, miembro de la í¿\cultad de matemáticas. La Es-
cuela Militar conserva el carácter de regularidad, aseo i de-
cencia, que dé algunos años acá la ha distinguido honrosa-
mente.
IV
No dejaré de repetir una observación jeneral que se ha he-
cho algunas otras veces sobre la instrucción colejial, i que
por su importancia merece inculcarse. Se miran jeneralmcntc
los ramos que forman esta especie de instrucción como mera-
mente pieparatorios para las carreras profesionales; es decir,
que se consideran solamentt* como un medio, no como un fin
importante en sí mismo. De esta jeneral preocupación, nac^n
ffraves inconvenientes para el incremento de la civilización
intelectual. Los que no aspiran a una profesión cientílica, no
aprecian en su justo valor !a posesión de aíjuellos conocimien-
tos que distinguen en todas partes a la jente educada; i es
preciso confesarlo, se nota amenudo esta falta en la clase
mas favorecida de la fortuna, que es donde dcljen presentarse
en realce aquella amenidad i elegancia, que proceden de una
intelijencia cultivada i caracterizan a una sociedcid en progre-
so. l)e ahí el hacerse los estudios preparatorios sin verdadera
contracción, sin amor, como condiciones indispensables que
abren la puerta a conocimientos, no mas elevados, sino mas
lucrativos; como ailquisiciones (jue, para los iniciados en éstt)s,
iu> valen la pena tle conservarse, i de (jiie on el curso de la
vida aparecen pocos vestijios. (3tra consecuencia del mismo
|M ihcipiv» ivs la limitada concurrencia de la juventud a los co-
lejios provinciales, destinados principalmente a la difusión de
ese caudal do luces de (¡ue no debe carecer un hombre de re-
guhw* i'ducacion, i (|ue le habilita no solo para el com^^rcio
social, sino ])i\r.\ llenar deceuteniontc las funciones a qu^ son
NfEMORIA PRESENTADA A LA UNIVERSIDAD M3
llamados indistintamente los ciudadanos en nuestra organiza-
ción política, Lc7s carreras literarias, i en especial la del foro,
son el grande objeto de la ambición de los jóvenes; i por eso
vemos que en ciertos colejios se ha solicitado con ardor el
establecimiento de clases de derecho, como un medio de atraer
la juventud a su seno, i de retenerla algún tiempo. A las
ciencias físicas, que apenas empiezan a despertar la atención
déla juventud estudiosa de la capital, se manifiesta poca o
ninguna afición en las provincias, exceptuada Coquimbo, don-
de siguen cultivándose los ramos qué interesan a la principal
industria del norte. Los progresos, pues, que en esta parte se
observan están reducidos al establecimiento central do educa-
ción, de donde sin duda se difundirán gradualmente a lo demás
del país. La nueva organización del departamento físico-
matemático debe acelerar este importante movimiento.
V
El consejo ha mirado como uno de sus primeros deberes el
mejoramiento de la enseñaza relijiosa, i ha tenido la satisfac-
ción de que no hayan sido ineficaces sus esfuerzos. Sobre las
faltas que a esto respecto han revelado los cuadros periódico»
de los colejios, ha hecho repetidas observaciones; pero, no reci-
biéndose estos cuadros con la regularidad que sería de desear,
no es fíicil decir hasta qué punto se hayan llevado a cabo las
indicaciones del cuerpo. En la capital, la mejora ha sido evi-
dente; se han adoptado mejores textos; los exámenes han
justificado el adelantamiento de los alumnos en esta parte.
He presenciado algunos en el presente año; i debo notar, como
una circunstancia no común, que en la respuesta de los niños
no se repetían textualmente las lecciones; que ellas no eran
un trabajo j)uramente mecánico de la memoria. Esta es una
condición a ((ue es preciso atender para apreciar el cultivo
que verdaderamente recibe la mente en sus primeros albores,
i c|ue no siempre me ha parecido realizada en las pruebas ora-
les a que me ha cíd)ido asistir.
El catecismo del padre frai José Beníbez ha logrado la acop-
414 «JPLsCLL'ja x.JT£:tAi1íOS 1 CRÍTICOS
tai'íon que mert-cia. adoptándose en la mayor parte de los co-
lejios i escuelas
En 1848, habia publica lo don Ramón Valentín García un
Tratado de In l'erdoflera Rclijion i de la Verdadera Igle-
s¿a, destinado a la instrucción de la juventud en el Instituto
Nacional. Sobre su adaptación a este objeto, basta citar el jui-
cio expresado^por el autor, j La experiencia, dice, nos ha en-
señado que estas lecciones no están al alcance de los que no
han estudiado los principios del raciocinio i los elementos de
la ciencia de la razón.» Penetrado de esta idea, concibió el
pensamiento de un trabajo mas sencillo que el anterior, pero
al mismo tiempo mas comprensivo que la bien conocida obri-
ta del presbítero don Jaime Bálmes, a quien tanto deben la
iglesia i las letras: La Relijion Demostrada al alcance de los
niños, reimpresa el año de 1846 en Santiago. El nuevo tra-
bajo del digno prebendado lia salido a luz el año próximo pa-
saílo; i me han parecido encontrarse en él las calidades de
sencillez i perspicuidad que en el anterior se habían echado
menos. Hasta qué punto realice las otras condiciones esencia-
les de una ol^ra de esta especie, toca a la autoridad eclesiástica
decidirlo, i se asruarda su dictamen.
VI
Al hablar de otro ramo interesante tic la instrucción prepa-
ratoria, la gramática do la lengua castellana, mi juicio debe
ciertamente recibirse con desconfianza, en cuanto al verdadero
valor de las innovaciones que yo he introducido en los textos,
i a los efectos que ellas han producido hasta ahora. Sobre el
compendio destinado a las escuelas, i jeneralmente a la juven-
tud que no aspira a un conocimiento profundo de la lengua,
diré solamente lo que me propuse al redactarlo, i los intelijen-
tes decidirán si he logrado llenar mi i)rograma. Quise dos ir-
tar d(i estos rudimentos aquellas driinicioues vagas, inexac is,
oscuras, qut; no hrician mas que recargar de palabras la intelí-
lijfncia infaniil, acostumbrándola a pagarse de fórmulas que
para ell.i nu trnian sentido alguno. Quise liaoer una reseña do
MMMOIllA PRESENTADA A LA LNIVEUSIUAD 4J5
los defectos que suelen cometerse no solo por los niños, sino
por los adultos, de todos los vulgarismos que deslucen el Ion-
guaje i los escritos aun de personas instruidas, i hasta las pro-
ducciones en que se ostentan conocimientos nada vulgares i
centellean talentos privilejiados. Quise trazar un método prác-
tico, que, seguido por los profesores en la parte mas difícil de
la gramática, ahorrase el estudio de reglas complicadas que
la memoria no retiene con fidelidad, aun cuando erentendi-
micnto las abarque, i sustituyese a ellas hábitos correctos,
que llevasen adelante aquel primer aprendizaje que principia
en la cuna, corrij iéndolo donde se desvía de lo que se llama
buen uso, que es el jeneral de los países en que se habla el
castellano. Ignoro si se practica este método en los estableci-
mientos que han adoptado mi compendio i si sus ventajas
prácticas han correspondido a mi esperanza. Pero se me per-
mitirá repetir lo que dije en la advertencia que precede a e«te
opúsculo: «Son nmchos, muchísimos, aun en la clase educa-
da, los que, leyendo algunas pajinas de esta gramática rudi-
mental, evitarían graves errores en el uso do la lengua nati-
va.» Varias veces he visto niños que en los exámenes repetían
con bastante exactitud las reglas; i que, presentándoseles una
frase incorrecta para que indicasen el solecismo, el vulgaris-
mo, cometido en ella, salían mal de esta prueba. Creo por lo
menos que mi plan es el que debe seguirse en este libro de
los niños. No me lisonjeo do haberlo desempeñado cumplida-
mente; pero su ejecución puede ser mejorada por otros que
tengan mas tiempo i mas luces que dedicar a este ingrato tra-
bajo.
Los mismos ejercicios prácticos en mayor escala, i por una
mas completa análisis, deben repetirse en el estudio de la
gramática superior; pero bajo esté punto do vista es justo
decir que hai poco que añadir a lo que se observa actualmen-
te en el Instituto. Lo que en el estudio de la gramática se
llama allí análisis lójica, merece ciertamente este nombre.
Ella descompone en sus mínimas partes el razonamiento,
dando cuenta de los grados de dependencia en que se hallan
entre sí, no las palabras, sino las ideas i los gruix)s de ideas
ííO opr?-:: lo- litzkaí.ios i critico?
d'* que *^- com¡r:>n''- el pí-nsaniiento complejo, desarrollado en
cvla p^río lo. Prr»(rtícn.se «^trc» ttnto en el estudio del latín: i no
scTÍ'i dífitil íipli' ar!'» a I' > i iiomas extranjerices vivientes.
Doi una inip-.-rtancia Je primer ór len al estudio bien hecho
de las lens^uas vivas i muertas. Xo lo apreciamos en su justo
valor, cuando nos limit im js a consi Jt-rarlocomo un medio, sea
para la adquisición de l-^s conocimientos científicas, sea parala
mutua común ieaci iU i comercio. Aspiraciones mas elevadas lo
ennoblecen. Oiíramos lo que dice sobre este punto una escrito-
ra que lia sahi lo unir en c-sta materia la filosofía al buen gus-
to, i la teoría al ejemplo.
«No ha faltad'j razón para hacer del estudio de las leng-uas
anticuas i modernas H base de los establecimientos de edu-
cación en íju»* se han formado los hombres mas intelijentes de
Europa. El sentido de una frase en una lengua extranjera es
aun mismo tiempo un problema gramatical e intelectual, i
un problema enterainent'í p.*«>porcionalo a la intelijcncia del
niño. Al principio no entiende él mas que las palabras; eléva-
se luego a la comprensión de la frase; i sucesivamente la her-
mosura de la expresión, su enerjía, su armonía, toda la vida
del lenguaje del homl>re, se le hace sentir por grados, tradu-
ciéndolo. Prueba sus fuerzas luchando a solas con las dificul-
tadí'S í(uc le presentan a la voz «los lenguas; intérnase en las
idf-as, compara i combina diversos jéneros do analojías í se-
nH'janz.'is; i la actividad espontánea del espírit