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Full text of "Obras completas de Amado Nervo. [Texto al cuidado de Alfonso Reyes; ilustraciones de Marco]"


OBRAS COMPLETAS 
DE 

AMADO ÑERVO 





TOMOS PUBLICADOS 

I 
perlas negras 

místicas 

II 

POEMAS 



DE CADA TOMO SE HAN IM- 
PRESO CIEN EJEMPLARES EN 
PAPEL DE HILO /t /t /9 a 





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OBRAS COMPLETAS DE 
AMADO NERy O ^^^/umm m 



LAS VOCES fe 

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Y O T R^O S POEMAS 





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ES PROPIEDAD 
DE LOS HEREDE- 
ROS DEL AUTOR 

TODA EDICIÓN 
FRAUDULENTA 
SERÁ PERSEGUIDA 
POR LA LEY A? /f 




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NOTICIA DEL EDITOR 



El contenido de este tomo, que ha sido menester publicar 
después de los tomos IV a IX, es varío y, en mucha parte, 
nuevo para el público general: 

/.—Las voces, poema gemelo de La Hermana Agua que 
aparece^ en las ediciones de Perlas negras de 1904, al final 
del volumen y a continuación de Las místicas (véase la nota 
bibliográfica provisional en el primer volumen de estas 
Obras Completas). 

II.— Lira heroica, dos poemas que aparecieron en Méxi- 
co, 1902, bajo forma de folleto que ya comienza a escasear 
en el comercio. 

///.—Homenajes: Colección de poesías para álbum, que 
el mismo autor dejó reunidas bajo este título. Nos hemos 
permitido añadir, porque responden al carácter de la colec- 
ción, las poesías núms. I, II, XVI, XVII y XVIII, unas en- 
contradas entre los papeles de Ñervo, otras comunicadas 
amablemente por las personas para quienes fue/ on escritas, 
otras recogidas de los periódicos. Así como hemos roto con 
la tradición de entregar las obras de los autores recién fa- 
llecidos al capricho de los coleccionadores no técnicos, he- 
mos decidido romper con la tradición que sólo concede res- 
peto a las «variantes* en poesías de hace varios siglos. En- 
tre los manuscritos del poeta hemos emontrado las poesías 
de esta colección en varias versiones, y al pie de la página 
hemos tomado nota de las variantes, dando como texto cen- 
tral el que consideró el mismo autor como definitivo. Tra- 

9 



m 



a d o N 



fándose de poesías no recogidas aún en tomo y que, por 
decirlo así, estaban aún sobre el yunque, tal método nos ha 
parecido el más recomendable. Lo que decimos de las va- 
riantes para Homenajes, apliqúese al resto de este volumen. 
/V.— Rimas irónicas: Los lectores de Ñervo recuerdan se- 
guramente que una sección del libro Serenidad (1914) lleva 
el titulo de ^Rimas irónicas y cortesanas». La pequeña co- 
lección de «Rimas irónicas» que aquí recogemos la dejó he- 
cha el mismo autor, y probablemente representa— en su ma- 
yor parte, pues hay poesías de fecha posterior— el fondo que 
dejó fuera de selección al organizar su libro Serenidad. Algu- 
na de las poesías de esta serie se ha publicado ya. La n.° VII, 
por ejemplo, titulada <^Exhibicionismo», lleva una nota de 
Ñervo, escrita a lápiz, que dice: «Fígaro» (El Fígaro de La 
Habana seguramente). 

V.— Los cinco sentidos (canciones escolares): He aquí— 
asi lo esperamos— una sorpresa para los amigos de Ñervo: 
una colección de temas infantiles para canto, entre los cua- 
les hay uno que otro de carácter folklórico, y que apenas 
hay derecho a considerar como de Ñervo por tal o cual re- 
toque que él introduce en la versión popular. Esta colec- 
ción es ya una segunda forma o refundición de otra cuya 
existencia ignorábamos al comenzar a reunir las Obras 
Completas de Ñervo, y que no hemos visto mencionada en 
ninguna bibliografía. He aquí su descripción: Cantos | es- 
colares I adaptación del francés, destinada a las \ escuelas 
elementales \ de México, \ por \ Amado Ñervo \ (adorno de 
imprenta.) \ México | / Ballescá y C", sucesores, editores.— 
572, S. Felipe de Jesús, 572 \ 1903.— 8.', 46 páginas. El tomo 
fué impreso en los talleres del Álbum Salón y es de un mal 
gusto deplorable. En la cubierta exterior sólo se lee: Cantos 
I escolares | Amado Ñervo | ; y hay un dibujo a colores que 
representa a un niño de pie y otro sentado, los dos cantando 
con libros abiertos en las manos. Los textos aparecen en las 
páginas impares, y en las páginas pares aparece la notación 

10 



Obras Completas 

musical, debajo de unos dibujillos ridículos. Firmado por 
ios Editores,— y escrito sin duda por Ñervo —ocupa las pri- 
meras páginas el siguiente prefacio: 

«Los editores de este librito creen llenar con él un sensible 
hueco, y satisfacer muchos deseos por largo tiempo expresa- 
dos en todas las formas. 

»El canto en las escuelas está reconocido como eminente- 
mente pedagógico, como eminentemente educativo y morali- 
zador en la alta acepción de la palabra, y asi se explica que 
en Europa y América del Norte abunden las ediciones que, 
como ésta, por un sendero florido y fácil, envolviendo en me- 
lodía la inteligencia del niño, llévanla a suaves nociones de 
patriotismo, de deberes sociales, de amor filial, de arte y de 
belleza. 

»El canto colectivo establece, entre los niños, invisibles 
pero reales lazos de solidaridad, educa sin esfuerzo la voz, 
embelesa los recreos, fija amablemente verdades que más 
tarde producirán fruto, hace amar la naturaleza y la vida 
por lo que tienen de fecundo y noble, suaviza las nacientes 
asperezas de carácter y conforta para la labor. 

^Va este librito, sin pretensión alguna, en demanda de 
buena acogida, y con el fin de ser de una utilidad que— esta- 
mos seguros— nadie discutirá. Si, como lo creemos, respon- 
do, en parte cuando menos, a los deseos de maestros y dis- 
cípulos, nuestro intento es mejorarlo año por año, de acuer- 
do con las observaciones que se nos hagan, ampliarlo progre- 
sivamente y, acaso en breve término, reemplazarlo por uno 
cuyas melodías sean absolutamente nuestras y tengan todo 
el sabor y la gracia de nuestra naturaleza, de nuestras cos- 
tumbres y de nuestro clima—.» 

No se cumplió, por desgracia, esta promesa. Manuel M. 
Ponce— músico mexicano y gran conocedor de las melodías 
populares de México— hubiera podido colaborar con Ñervo, 
y juntos hacer algo muy superior a esta colección fragmen- 
taria que el poeta dejó a medio refundir y que hoy publica- 

11 



Amado N e r v o 

mos. Del índice de la primera colección, que contenía veinte 
canciones, sólo quedaron sin retocar los siete números con 
que formamos hoy la primera parte; y los demás entraron 
diversamente conjugados— con retoques y cambios de nom- 
bre que se advertirán al pie de las páginas— mezclándose 
con nuevas composiciones, para formar las partes 2!^, 3.", 4."^ 
y 5.^ de la actual colección de cantos.— De la 4.°' parte he- 
mos suprimido un numero que ocupaba el segundo lugar, y 
que no es más que la primera de las Luciérnagas (V, Poe- 
mas, Obras Completas, vol. II, pág. 39): «Chut! geniecillos, 
qué empeño», con la particularidad de que los seis primeros 
versos los recitaba la voz cantante, y los dos últimos— res- 
puesta de los geniecillos— los recitaba el coro. El verso nú- 
mero 7 ofrecía una variante: en vez de «amigo, los sueños 
rotos», decía «ja, ja, ja, los sueños rotos».— De la misma 4.* 
parte hemos suprimido un número que ocupaba el tercer lu- 
gar («¡La calma!... tan sólo es buena».— «¡La lucha!... tan 
sólo es buena»), que aparece ya en las Perlas Negras 
(V. Obras Completas, vol. I, págs. 49-50); y también hemos 
suprimido el número que venía en décimo lugar («Águila, 
cese tu vuelo*) y que puede verse en Perlas Negras (Obras 
Completas, vol. I, págs. 57-58). 

Aunque la música de estos temas es elementalisima, he- 
mos pedido a D. Adolfo Salazar que pase los ojos por ella, 
y tenemos que agradecerle esta amable colaboración. 

V/.— Varia: Aquí reunimos algunas poesías dispersas que, 
por razón cronológica o por su carácter, nos parece que no 
desentonan en el presente volumen. 

Inútil añadir— de una vez por todas— que, en esta recopi- 
lación de obras dispersas, no consideramos aún nuestra ta- 
rea terminada, y agradeceremos toda comunicación o recti- 
ficación que se nos haga. 



12 



LAS VOCES 
DE LOS POEMAS PANTEISTAS (1) 



I 



Las transgresiones del rey de 
la creación apenan a la creación 
entera. Quién sabe si éste es el 
secreto de la expresión pensati- 
va de la Naturaleza, de la triste 
austeridad de las tardes, y de la 
lejana melancolía de las estre- 
llas... 

(Elevaciones^ del mismo autor.) 



IÍL escenario es un gran valle, empenachado 
de árboles, exuberante de cálices, endiamantado 
de fuentes. Todo palpita: la imagen de las nu- 
bes en las fuentes, el rocío en los cálices, en los 
árboles los nidos. Cuando el sol revienta como 



(1) Véase «La Hermana Agua», Obras completas, vo- 
lumen 11, págs. 21 1-224. 

15 



Amado N e r v o 

un enorme florecimiento escarlata en la palidez 
lejana y dorada del orto, cada rama es una guz- 
la, cada flor es un joyel, cada fuente es una fuga 
de zafiros. La Naturaleza está como glorificada 
en el valle. Diríase la aristocracia de la flora en 
un Tabor edénico. Una expresión enigmática 
surge y resalta en todas las cosas, algo como la 
claridad de una conciencia que vigila, algo 
como el misterio de un pensamiento y de una 
voluntad que, aunque incógnitos, transpiran y 
se denuncian. Se presiente que los pétalos ven; 
que las fuentes, temblorosas de ninfeas, de ne- 
lumbios y de lotos, ven; que las frondas ven; que 
una alma arcana, de esencia indecible, pero 
consciente en absoluto, piensa, sueña, ora, al 
amparo y bajo la caricia inmortal del cielo; se 
adivinan diálogos inefables entre los corimbos 
que se estremecen y las lejanas nubes romeras; 
se siente uno mirado y seguido por seres no 
previstos. Alguien, lúcido y mudo, está ahí, bajo 
el cobre radiante del sol o bajo la plata trémula 
de las estrellas. 

Cuando Ángel aparece, aquellas individuali- 
dades en plena expansión matinal tórnanse 
agresivas. La agudeza de un espíritu advertiría 
un cambio en todas las cosas, un semblante 
hostil, una fisonomía que, aunque recóndita, 
deja traslucir protestas. 

Ángel, después de una noche más de amor y 

16 



Obras Completas 

de exceso, entra pausadamente desde las inde- 
cisas penumbras del fondo. 

ÁNGEL 

Hoy como ayer, llevando la garra de un castigo 

por dondequiera. ¡Cuánto se tarda mi ataúd! 

Al despertar, mi angustia se despertó conmigo; 

dormí, pero a mi lado velaba mi inquietud. 

Y siempre la voz ésa que me habla con enojos, 

que habita en lo más hondo del ánima y que escucho 

con miedo... 

UNA FUENTE 

A otra fuente. 
' Mira, hermana, sus párpados qué rojos: 

parecen los de un hombre que se desvela mucho. 

ÁNGEL 

Hoy como ayer, huyendo los sobrenaturales 
avisos, que condenan los goces de que muero. 
Remanso: una limosna de tu agua; tus cristales 
refrescarán mis ojos sonámbulos. 

EL REMANSO 
Voz quCy como todas las otras, no cabe en la pauta humana. 

¡No quiero! 

ÁNGEL 

Inclinándose para coger el agua que resbala de sus manos 
y huye. 
Remanso, tengo fiebre y envidio tu frescura. 

17 

Tomo III 



A- ifi a d o N e r v o 

UNA ONDA 

A otra onda. 

Esquívate, no dejes que tu vaivén se aquiete. 

ÁNGEL 

Remanso, algunas gotas para mi calentura. 

EL REMANSO 

¡No quiero! 

VOCES 

¡Vete, vete! 

ÁNGEL 

Hoy como ayer, despierto con hambre de la aurora, 
que al menos traza nimbos sobre mi frente mustia. 

UN LIRIO 

A una azucena. 
Hermana, mira al hombre qué pálido está ahora. 

ÁNGEL 

Tres hay que no se duermen jamás: mi veladora (1), 
mi péndulo y mi angustia. 
... ¡He ahí una rosa! al menos aspiraré su aroma 
y beberé el aljófar sutil que la salpica. 
Mi lengua es una fragua... 

(1) Corregido así en el ejemplar del autor. Antes decía; «Tres 
somos que no duermen jamás...»— N. del E. 

18 



Obras Completas 

LA ROSA 
Reteniendo su aliento y desenvainando una espina . 
Malvado, ¡toma! ¡toma! 

ÁNGEL 

Me has hecho mal y escondes tu esencia. 

VARIAS VOCES 

A la rosa. 
iPica! ¡Pica! 

ÁNGEL 

Hoy como ayer, sin ruta ni brújula en la vida: 
me asusta mi futuro, me apena mi pasado... 

UN PÁJARO 

A otro. 
Hermano, escucha; ¿no oyes qué voz tan desabrida? 
parece que ha llorado... 

ÁNGEL 

Viendo las dos aves. 
jDos pájaros! quién sabe si asiendo sus dispersos 
gorjeos, forme un ramo de místico regalo. 

LOS PÁJAROS 

—Es uno de nosotros: es uno que hace versos. 
—¿Qué dice? 

—Que cantemos... 

—No cantes: es muy malo. 
19 



Amado N e r v 

ÁNGEL 

■ Hoy como ayer, tostado de sol en un paraje 
desierto cuya arena se arremolina y treme. 
Oh frondas, un amparo... 

UNA RAMA 

¡Recoge tu follaje! 
¡Que exhale la solana sus vahos y lo quemel 

VARIAS VOCES 

¡Ladrónl ¡Ladrón! 

ÁNGEL 

Diría que surgen de mí voces... 

LAS VOCES 

¡Ladrónl 

ÁNGEL 

Gritos que ahogan la voz de mis congojas. 

LAS VOCES 

¡Ladrón! 

ÁNGEL 

¡Las cosas hablan! 

20 



A otra. 



Obras Completas 
LAS VOCES 

¡Ladrón! ¿No nos conoces? 
¡Pues somos la divina creación a quien enojas! 

ÁNGEL 

Acaso las vigilias escancian la locura... 
¡Rendido estoy! Oh césped, anhelo tu blandura; 
me dormiíé en tu almohada; concédeme un beleño... 
Mis párpados se cierran... 

LAS MALEZAS 

Entre st 
Eriza tus rastrojos, 
esgrime tus espinas, engrifa tus abrojos, 
que sienta picazones y se le vaya el sueño. 

UNA ROSA 
Empinándose sobre su tallo y mirándole fijamente. 
Devuélveme el rosado de tu epicúrea boca, 
que me hace falta para las hojas que elaboro. 

UN VENERO 

¡Ladrón! se están secando las ubres de mi roca; 
retórname las aguas amargas de tu lloro. 

UNA TÓRTOLA 

Devuélveme el lamento de tu alma atribulada: 
lo necesito para mi sollozar sencillo. 

21 



Amado N e r v o 

UNA ESTRELLA 

La chispa de mi fuego, que roba tu mirada 
soberbia, me hace falta para aumentar mi brillo. 

UN PÁJARO 

Puesto que en arrastrarte no más cifras tu empeño 
y hacia el instinto a cada conciliación resbalas, 
devuélveme el inútil empuje de tu ensueño 
para aumentar la fuerza divina de mis alas. 

ÁNGEL 
Pfesa ya del desvarío, encarándose con las cosas. 
[Todo me increpa! Nadie mi agitación ensalma... 
Creaturas: soy el amo del mundo y os desprecio; 
¡vosotras sois las cosas efímeras, sin alma! 

VOCES IRÓNICAS 

iQué necio! 

UNA voz 

Desprecio de los fuertes por los que ven pequeños, 
porque su esencia ignoran; desdenes visionarios. 
¿Tú sabes por ventura qué plétora de empeños, 
qué atroz perseverancia de anhelos y de ensueños 
formaron nuestras almas al fin de milenarios? 

OTRA voz 

¿Ignoras que el anhelo de un órgano lo crea? 
Cantar el agua quiso, y un día fué arroyuelo; 

22 



Obras Completas 

pensar quiso el instinto, y al fin tornóse idea; 
la escama volar quiso, pidióle al Dios que crea 
las alas, y hecha pluma de cóndores, fué al cielo. 

OTRA voz 

Las flores y las faunas, después de un ciclo lento 
de aspiración informe, sentimos con profundos 
pasmos, en nuestra obscura conciencia en movimiento, 
brotar como un retoño de luz el pensamiento 
y unir sus vibraciones al ritmo de los mundos. 

OTRA voz 

¡Que no tenemos alma! Tú, en cambio, ¿qué haces de ella? 

La atrofias, y nosotras que vamos hacia los 

futuros avatares, miramos cómo huella 

tu instinto en tu cerebro las trazas de tu estrella, 

los rastros de tu origen, ¡la imagen de tu Dios! 

OTRA voz 

Mañana, cuando inútil su germen, ya marchito, 
los astros se deshojen como pálidas rosas, 
las cosas, vueltas almas, irán al infinito, 
quedándose en la nada las almas vueltas cosas. 

EL VIENTO 

[Aléjate llevando tu infamia y tu castigo, 
usurpador, en tanto que llega tu ataúd! 

23 



Amado Ñervo 

ÁNGEL 
Abrumado, con la obsesión de una frase maquinal. 
Me desperté, y la angustia se despertó conmigo; 
dormí, pero a mi lado velaba la inquietud... 

Se aleja, vencido, y vase perdiendo lentamente en el claro- 
obscuro del fondo. 



24 



II 



Las flores son seres superiores 
que han realizado el ensueño de 
Budha: no desear nada, soportar- 
lo todo, absorberse en sí mismas 
hasta la voluntaria inconsciencia. 
Strindberg. 



El mismo escenario. Mas ahora un apacigua- 
miento divino cae sobre todas las cosas. Algo de 
la inefable resignación de la Naturaleza ante el 
sol, que se desangra en agonía soberana y man- 
sa. Alguien medita y ve, entre la luz que se va y 
la sombra que llega. Las flores, las frondas, las 
fuentes, tienen fisonomías que el misterio de la 
noche que viene envaguece o determina. Pero 
una inmensa placidez ha substituido a la hosti- 
lidad anterior. La agresión triunfal de la flora, 
bajo la plenitud de vida matinal y meridiana, ha 
ido volviéndose melancolía blanda, austeridad 
suave. ¡Se adivina que el valle piensa en Dios! 
Sobre las montañas lejanas, que parecen des- 
prenderse del propio azul del cielo, como si una 
tijera enorme las hubiese recortado en siluetas 
25 



imada N e r v o 

ondulantes, Vésper radia como una hostia de paz, 
y una luna afilada y misteriosa traza, entre la 
tarde que muere y la aurora que vendrá, su me- 
lancólico paréntesis de cuarzo. 

Ángel llega lentamente por el fondo. En sus 
cabellos, ya grises, tiembla la púrpura del po- 
niente. Su mirada es triste, pero serena, con la 
serenidad del que, pesaroso por las viejas trans- 
gresiones, pero desasido ya de todo, se acerca a 
las lindes de la vida, lleno de piedad y de resig- 
nación. Amó, delinquió, sufrió... Ahora espera. 
La tarde está en su espíritu como en la Natura- 
leza; la tarde, que llora las risas de la mañana; la 
tarde, que torna pensativas a las almas, las bes- 
tias y las flores; la tarde, pórtico de las estrellas, 
vestíbulo del silencio y de la eternidad. 

EL ALMA DE LA TARDE 

A Ángel. 
Yo soy meditabunda porque sé muchas cosas: 
la meditación a la piedad me inclina. 
¿Quieres rosas? pues corta mis desmayadas rosas; 
¡no tienen ni una espina! 
Yo soy contemplativa porque sé muchas cosas. 
¿Quieres lirios? pues toma mi estrella vespertina. 

ÁNGEL 

I Oh Tarde! manso ensueño de la Naturaleza: 
a ti de lo profundo clamo, alma parens mía, 

26 



Obras Completas 

(De pro fundís clamavi a te); dura es la vía; 

madre, tengo tristeza; 

mi espíritu está lleno de tu melancolía. 

¡Oh Tarde! manso ensueño de la Naturaleza: 

de profundis clamavi a te, alma parens mía... 

¡Tengo mucha tristeza! 

Los seres me rechazan. ¿No ves cómo me acosa 

con sus iras la hostil reina Naturaleza? 

Las 'aves tienen nido, guarida la raposa 

¡y yo no tengo dónde reclinar mi cabeza/ 

Deméter, mi madrastra, con sus iras me acosa. 

De profundis clamavi a te. Tengo tristeza... 

¿Por qué me increpa todo? Pequé porque he vivido... 

(Alma parens, los pájaros del cielo tienen nido). 

¿Por qué tan ruda inquina 

de parte de las cosas? 

LA TARDE 

¿Quieres flores? pues corta mis flores misteriosas. 
¿Quieres lirios? aspira mi estrella vespertina. I 

... Mas fúndete en mi arcano, disuélvete en mis rosas, 
alumbra con mis lirios, y sabrás muchas cosas: 
mis rosas y mis lirios no tienen ni una espina. 



LA FUENTE 

Perdóname; fui mala, pero mi espejo ingrato 
grato será, y sabrosa mi agua que no bebiste. 

27 



A Ángel. 



Amado N e r v 

Asómate a mi espejo, quiero hacer tu retrato; 
... pero sonríe, ¡mira que no me salga triste! 
¡Asómate! ¿no ves los astros? Sus centellas 
nacen al propio tiempo en enjambre divino 
en mi agua y en los cielos. Te copiaré con ellas, 
aureolaré tu rostro con resplandor de estrellas 
como el de un santo bizantino. 
... Pero fúndete en mi agua, ¡diluyete en mi seno! 
vivir, obrar, es malo; disolverse... ¡eso es bueno! 

LAS FLORES 

Las flores realizamos en la vida sañuda 

un intento divino, por misterioso modo: 

no anhelar nunca nada, mas soportarlo todo; 

absorberse en sí mismo con voluntaria y muda 

inconsciencia... Este es el ensueño de Budha: 

No anhelar nunca nada, mas soportarlo todo. 

Perdona las palabras aquéllas vagarosas, 

que te dieron martirios. 

Si quieres, premiaremos tus horas dolorosas 

poniendo entre los labios de tu musa más rosas, 

en su tez más azaleas y en su frente más lirios. 

... Pero ven con nosotras mejor: sé alvéolo, yema; 

disuélvete. Ser flor es la virtud suprema. 

LOS PÁJAROS 

¡Ya no solloces, canta! 

¿Verdad que nos perdonas la rebelión? Divinos 
trinos enseñaremos a la ideal garganta 

28 



Obras Completas 

de tu musa: el secreto de todos nuestros trinos. 
Mas... sé como nosotros, que muerto ya, tu anhelo 
revivirá en dos alas para escalar el cielo. 
Dos alas que una alegre palpitación levanta, 
que, trémuías de amores en su celeste ruta, 
retornan a los nidos como en pos de una fruta... 
(un nido es una fruta misteriosa que canta). 

EL VIENTO 

jCanta! En mis impalpables alas fué tu lamento 

de ayer, é irán tus cánticos de hoy. ¡Nada persiste 

en mí! ¿Por qué mis ecos te pusieron tan triste? 

Mi voz, amarga o dulce, sólo es la voz del viento... 

Mas disuélvete, amigo, 

en polvo, a fin de que peregrines conmigo. 

Yo llevaré conmigo tu fósforo y tus gases. 

Ya es tiempo de que pases, ya es tiempo de que pases. 

UNA voz 

Es pecado vivir nuestra breve jornada 
sin dar al universo toda nuestra alma, en cada 
hora de nuestros días amargos o risueños; 
pecado ser como esas infantas de balada 
que, absortas en el vago ritual de sus ensueños, 
sonámbulas y frías, 

caminan por los limbos de góticas mansiones, 
sin imprimir su huella, como hechas de abstracciones, 
sin proyectar su sombra sobre las galerías... 

29 



Amado Ñervo 

VARIAS VOCES 

— Yo vuelo. 

—Yo perfumo. 

—Yo calmo las congojas 
de la sed. 

—Yo ilumino las nubes de oro y gualda. 
—Yo arrullo a mis polluelos. 

—Y yo hago de las hojas, 
para cantar a Mayo, mil lenguas de esmeralda. 

LOS ASTROS 

Florecimientos del vacío 
somos nosotros, alabastros 

liliales, 
almas del éter, astros 

inmortales. 

VARIAS VOCES 

—La paz está en nosotras las que tú llamas cosas: 
radia con las estrellas, revienta con las rosas. 
— Busca el quieto walhalla en que se encierra 
la vida sin deseos, sin amores, 
y ama tus paraísos interiores 
sobre todas las cosas de la tierra. 
— Perfuma 

con los lirios, revuela 

como las mariposas, 

rízate con la espuma... 
30 



Obras Completas 

—Medita con las tardes, funde tu alma con ellas, 

florece con la primavera y con las estrellas. 

—Suspira con la honda 

voz de la noche; amasa 

con ella tus misterios, palpita con la onda 

y pasa con el viento que pasa... 

—Ruge con los ignotos 

mares; 
busca un santo capullo para tus avatares, 
arrulla con las tórtolas, olvida con los lotos... 



31 



III 

¡Esta noche arden hogueras 
y los lobos no vendrán! 
Viejo estribillo. 

Oportet nasci denuo. 
Es preciso renacer 

Cristo a Nicodemo. 



JLa sombra empieza a invadir la escena; se 
acentúa el misterio. No lejos, brilla una hoguera 
encendida por los pastores para congregar cerca 
de ella sus ganados. Los pastores suenan a dis- 
tancia sus cuernos, cuyos ecos se dilatan por la 
infinita serenidad de la noche. Unas pastorcillas, 
cogidas de la mano, danzan en rededor del fue- 
go, y el rumor de sus cantares va invadiendo la 
soledad de no sé qué unciosa melancolía. Ángel, 
sentado al pie de un árbol, fija sus ojos, como 
hipnotizado, en el claro vivo de la fogata. 

LAS PASTORCILLAS 

¡Dancemos! alalú... Los prados, rojos 
con nuestro fuego están. 
Alalú... ¡cómo alegran ardiendo los abrojos! 
32 



Obras Completa 

Los lobos no vendrán... 

Alalú, alalú... 

Los lobos no vendrán. 



LAS VOCES 

—Medita con las tardes, 
funde tu alma con ellas, 
florece con la primavera y las estrellas. 

—Perfuma 
con los lirios, revuela 
como las mariposas, 
rízate con la espuma, 
revienta con las rosas... 

LAS PASTORCILLAS 

Dancemos; jcuán bellas 

las llamas! Se dijera 

que hemos hecho una hoguera 

con un montón de estrellas. 

iDancemos! alalú... Los prados, rojos 

con el incendio están. 

¡Cómo alegran ardiendo los abrojos! 

¡Los lobos no vendrán! 

LAS VOCES 

—Suspira con la honda 
voz de la noche, amasa 
33 
Tomo III 



A Ángel, 



A Ángel. 



A 771 a d o N e r v o 

con ella tus misterios, palpita con la onda 
y pasa con el viento que pasa... 
— Ruge con los ignotos 

mares, 
busca un santo capullo 
para tus avatares, 
arrulla con las tórtolas, 
¡olvida con los lotos! 

ÁNGEL 

Oh madre Naturaleza, 
quiero en ti fundir mi mal. 
Estoy ebrio de tristeza, 
de una tristeza mortal... 
Ya me invade el hondo anhelo 
de huir con las mariposas, 
de perfumar con las rosas, 
de fulgurar con el cielo. 
Mis horas tristes son robos 
al alma eterna de Pan... 

LAS PASTORCILLAS 

Alejándose al encuentro de los pastores que, so- 
nando sus cuernos, vienen hacia la hoguera: 

Alalú, alalú, los lobos 
no vendrán... 

ÁNGEL 

Quiero hervir con el torrente, 
rugir con el mar ignoto; 
34 



Obras Completa 

quiero olvidar con el loto, 
quiero soñar con la fuente. 
¡Quiero, en supremos arrobos, 
fundir en tu ser mi afán! 



Más lejos. 



LAS PASTORCILLAS 

¡Alalú, alalú, los lobos 
no vendrán! 

ÁNGEL 

Quiero no tener deseos 
como las flores, pasar 
como el viento, en los gorjeos 
de las aves gorjean- 
Ser un alma más en tu 
alma divina en que están 
los fiats. Santa eres tú. 
¡Fuego, abrásame! 

LAS PASTORCILLAS 

Alalú... 
Esta noche no vendrán. 

ÁNGEL 

Con la mirada fija en las llamas, como atraído 
por una fuerza incontrarrestable, se arroja en 
la hoguera. 

35 



Muy íefos. 



II 

LIRA HEROICA 



Eritis sicut Dii 
Génesis. 




ir, H 



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^. 



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ORIGEN DE ESTE LIBRO 

Terminadas ya las tareas del H. Jurado que dictaminó 
acerca de las composiciones enviadas a los Juegos Flo- 
rales que organizó la simpática Escuela de Jurispruden- 
cia, y publicado el fallo respectivo, el autor de este libro 
supo que ninguno de los poemas escritos para aspirar 
al premio que el señor Presidente de la República habia 
designado para el mejor Canto a Morelos, habia sido 
hallado digno de recompensa. Vínole entonces la idea 
de componer el poema que hoy publica, y escribiólo en 
dos días con el ánimo de leerlo en la velada del Renaci- 
miento, ante la Reina. No pudo, empero, realizar este 
proyecto, porque se le hizo ver, y con razón, que viola- 
ba la ley de la Justa, y que su obra no podía ser ni dis- 
cutida ni aquilatada ya, puesto que el Jurado había ter- 
minado sus funciones; y conforme con el fallo, guardó el 
poema, con el ánimo de publicarlo más tarde. 

Hoy, merced a espontánea y afectuosa oferta del se- 
ñor Lie. D. Roberto Núñez, Subsecretario de Hacienda, 
el Canto a Morelos y La raza de bronce, poema escrito 
después en honor de Juárez y leído en la Cámara de Di- 
putados, salen a la luz con decoroso pergeño. 

El autor da las gracias al amable mecenas, y pide per- 
dón por la osadía de levantarse hasta un héroe tan 
grande como el de Cuantía, con alas no avezadas a la 
serena alteza de tal cumbre. 

México, 1902. 

39 




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J "N 



Sr. Lie. D. Joaquín D. Casasiís. 

Presente. 
Distinguido amigo mío: 

En modo tal ha contribuido usted al éxito de 
estos Poemas, los ha prohijado con afecto tan 
generoso, que como a un amable colaborador le 
tengo y miro en ellos; y dedicárselos es, más que 
cumplido y galantería, justicia y acatamiento. 

Acéptelos con un cariño igual al que le pro- 
fesa 

Amado Ñervo. 



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CANTO A MORELOS 



CRA un concierto de voces, 
eran voces inauditas, 
eran voces primordiales, 
voces cósmicas, de vida. 
En un pliegue de la sombra, 
Dios oía. 



Su equilátera pupila, 
con ciclópea luz divina, 
como inmensa estrella absurda, 
daba miedo a los cometas, 
pavos reales de las noches infinitas. 
43 



A m a d o N é f i) 'j 

En un pliegue de la sombra, 
Dios oía. 

Y su boca, aquella boca que es gemela del abismo, 
la que saca de la nada 
con un grito 

los enjambres chispeantes de los orbes 
y los lanza como trompos colosales al vacío, 
esperaba que las voces inauditas 
pronunciaran su palabra, para dar después el «fiat>. 

Ese <fiat» formidable que hace fragua del Espacio, 
una fragua que proyecta cada sol como una chispa. 
En un pliegue de la sombra. 
Dios oía... 



11 



¿Cuál hechura portentosa, 
qué creatura monstruosa 
de la nada iba a brotar? 

¿Con qué polen increado, de una esencia misteriosa, 
el obscuro vientre informe de la inmensa nebulosa 
iba Dios a fecundar? 

Las bandadas de los seres superiores, 
querubines cuyas alas son corolas de albas flores, 



Obras Completas 

serafines cuyos rostros están hechos de fulgores, 
potestades cuyo puño mueve un mundo en el zafir, 

expectantes, silenciosos, 
en mil grupos temblorosos, 
disponíanse a oir. 

Allá, lejos, 
una esfera de turquesa, del rey Sol a los reflejos, 
girando iba en la extensión, 

y ante todos los enjambres de orbes que hay en lo infinito, 
aquel mundo,— nuestro mundo,— por pequeño era un granito 
de miseria... o de ilusión. 

Mas en él estaban fijas las miradas 
de los seres que asistían en bandadas 
palpitantes a escuchar; 

y en su seno, que en el éter era mínimo proscenio, 
un prodigio, el germen santo de las almas de titanes: 
los Morelos, los Colones, Isabelas y Guzmanes, 

el Genio, 
iba Dios a hacer brotar. 



III 



Hasta eaí .^, burdos, hartos 
de cogollo ; lajes y semillas, los lagartos 

45 



A 7n a d o N e r v o 

y mamíferos monstruosos habitaban la mansión 

de turquesa en que más tarde, por fenómeno imprevisto; 

surgirían, con sus candidas parábolas, el Cristo; 

con sus éxtasis. Platón. 

Era el Genio, lo más alto, lo más noble de los cielos, 
lo que es lira en un Esquilo y es espada en un Morelos; 
lo que vuela como el viento, lo que ruge como el mar, 
lo que alumbra como el astro, lo que truena como el rayo, 
lo que brota y fructifica como gérmenes de Mayo: 
era el Genio, el Genio eterno lo que Dios iba a crear. 



IV 



Y las voces inauditas empezaron a decir — 
La montaña: 

yo le presto la firmeza de mi entraña; 
y el espacio: yo le brindo mi pureza de zafir; 
y una estrella: yo le ofrezco mis fulgores inmortales; 
y el océano: yo le brindo mis furores primordiales; 
y la tierra: yo le cedo mi principio productor; 
y la nube: yo le obsequio mi Tabor que siempre arde, 
yo le haré sereno y triste como el alma de la tarde; 
y los ángeles: nosotros le daremos nuestro amor. 



Dios entonces, por encima de las voces; Dios que crea 
con el Verbo hecho de truenos que escuchaba el Sinaí, 

46 



Obras Completas 

desgarrando con su <fiat» los espacios, dijo: «¡Sea!» 
¡Y fué asi! 



VI 

Y del seno de la tierra, silenciosa y adormida, 
surgió un Himno, y dijo el Himno: « Siento en mí que un Dios anida, 
algo va a brotar de mí; 

algo etéreo, extraño al germen que fraguaban mis entrañas, 
algo inmenso, como cima de mis más altas montañas.» 
Y siguió diciendo así: 

«La preñez de los botones es augurio de las rosas; 
muchos gérmenes aguardan que les digan: «¡Transformaos!»; 
muchas larvas en capullo tornaránse mariposas; 
muchas albas, sonrosadas como novias pudorosas, 
regarán topacio y nácar en los vórtices del Caos. 

Tiempo es ya de que mis gérmenes se maduren y se doren, 
tiempo es ya de que me muestren la virtud en que se animan: 
si son albas, que revienten; si son tórtolas, que lloren; 
si son perlas, que se irisen; si son tallos, que se enfloren; 
si son águilas, que vuelen; si son Cristos, que rediman.» 

VII 

Así surgió el milagro del Genio en el planeta; 
así, robando esencia y origen a los cielos, 

47 



/i 



do N 



brotaron el guerrero y el sabio y el profeta. 
Merced a ese conjuro divino, yo, el poeta, 
cantar puedo tus manes heroicos, ¡oh Morelos! 

Señor, deja que narre tu vida y tu destino; 
señor, deja que siga tus éxodos inquietos: 
cuando rapaz guiabas tu recua en el camino, 
quién sabe si los montes y el valle peregrino 
te hicieron confidente de todos sus secretos... 

Tal vez en esas tardes de regio colorido, 
en que un matiz de ensueño cobija cuanto existe, 
el alma de la Patria te suspiró al oído 
con voces inefables: ¡Morelos, estoy triste! 

Y tú, frente a la pompa de aquella tarde grave: 

— ¿Porqué?— dijiste, y ella te respondió:— ¡Quién sabe!. 

Tal vez en la opulencia del valle michoacano, 
como una gran pupila de azur, un lago viste, 
y el lago, la pupila de azur, con el arcano 
lenguaje de sus ondas, te dijo:— ¡Estoy muy triste! 

Y tú le preguntaste:— ¿Por qué— con voz suave, 
y el lago, la pupila de azur, dijo:— ¡Quién sabe!... 

Tal vez la cordillera, refugio de jaguares, 
que lidia con los rayos y a Encelado resiste, 
con voz hecha del viento que azota sus pinares, 
te dijo sollozando:— ¡Morelos, estoy triste! 

48 



Obras Completas 

Y tú, con una angustia que en tu alma ya no cabe, 
— ¿Por qué?— preguntas, y elía te respondió:— ¡Quién sabe!. 

Tal vez:— ¡Estamos tristes!— los árboles gemían; 
tal vez:— ¡Estamos tristes!— clamaban las estrellas; 
y como a Juana de Arco, tal vez te aparecían 
arcángeles vestidos de hierro, y te seguían 
mostrándote a la Patria, con dedos de centellas. 

Entonces (¡qué alma grande llamado tal resiste!) 
la tuya, adolescente, mas ya elegida y brava, 
le respondió a la Patria:— Ya sé por qué estás triste: 
¡el Cielo te hizo libre, y España te hizo esclava! 



VIII 



Pasaron algunos años, 
y en una tarde enlunada, 
un viajero misterioso, 
envuelto en una sotana, 
de ojos inmensos y negros 
como dos noches sin alba, 
comprando a los centinelas 
que custodiándola estaban, 
como un espectro a la Albóndiga 
de Granaditas entraba. 

49 



Tomo V\ 



Amado N e r 1 

En el castillo hay un patio 
y en el patio cuatro jaulas 
y en ellas cuatro cabezas. 

Arriba, en los cielos bañados de nácar, 
otra testa lívida, la luna en su llena, 
sobre sus hermanas 
las cuatro cabezas sangrientas, llovía 
su llanto de plata. 

El viajero era Morelos, 
y en cada una de las jaulas 
se detuvo, y las cabezas, 
las cabezas cercenadas 
de sus troncos, las cabezas 
como en el episodio de la leyenda arábiga, 
dijéronle así con voces 
que no eran voces humanas: 

Hidalgo:— \S3\wa. a mi pueblo! 
Allende:— ¡Venga, a mi patria! 
Aldama:— [Sus, al tirano! 
Jiménez:— \Anmiie y marcha! 

Hidalgo:— 'Mira, mi frente: 
más que los inviernos, blanca 
la pusieron las angustias, 
las angustias de mi raza. 

Allende:— Fui fuerte y joven 
como tú, no temas nada; 
quien por la Patria perece 
cantos requiere y no lágrimas. 
50 



Obras Completa 

— Salva a mi pueblo. 
—Venga a mi Patria. 
—Sus, al tirano. 
—Ármate y marcha. 

Así decían las cuatro 
cabezas ensangrentadas; 
y arriba, y en los cielos bañados de nácar, 
otra testa lívida, la luna en su llena, 
sobre sus hermanas 
las cuatro cabezas sangrientas, llovía 
su llanto de plata. 



IX 



Pasaron los días; 
las glorias de Cuautla, 
émula sublime de las Siracusas 
y las Zaragozas, la tierra llenaba. 

Y hasta el hombrecillo de exigua estatura, 
de frente cesárea; 

aquel que, pequeño, no cupo en el mundo; 
aquel que hizo eterna la gloria de Francia, 

Aquel que, en el ojo derecho, a la Esfinge 
con un metrallazo le incrustó una lágrima; 

Aquel que con bronce de tantos cañones 
fundió una columna muy alta, muy alta, 



m 



N 



clavando en su cima, como un dios de Roma, 
la gloria soberbia y audaz de su estatua, 

Se cuenta que dijo pensando en Morelos: 
—Digno es de mis triunfos el sitio de Cuautla. 



Las cuatro cabezas 
de las cuatro jaulas; 
las cuatro cabezas 
tan solas y trágicas; 

Las cuatrín cabezas que hablaron al Héroe 
con voces no humanas, 
las cuatro cabezas 
estaban vengadas... 

En vano los viejos 
soldados de España, 
llevando en sus lábaros 
al león cuyas garras 
asieron dos mundos, 
luchaban, luí:;h^b^^... 

Las cuatro cabezas 
de las cuatro jaulas, 
las cuatro medusas, 

52 



Obras Completas 

compañeras pálidas 

del héroe moreno, seguían su jira, 

Y en cada combate 
y en cada campaña, 
ponían un soplo de antiguas leyendas, 
un soplo epopéyico de la vieja Iliada. 



XI 



Más tarde, ante un congreso de levitas, 
el heroico levita fué llevado: 
quitáronle las sacras vestiduras; 
de sus manos benditas, 
tres veces santas y tres veces puras, 
de mártir, de pastor y de soldado; 
de sus pálidas manos formidables, 
un purpúreo prelado 
arrancó, con liturgias implacables, 
el cáliz consagrado... 

Reñérese que entonces, 
aquel hombre más fuerte que los bronces, 
aquel hombre mayor que las montañas 
y más bravo que el puma en sus arrojos, 
mostró una turbia lágrima en sus ojos, 
bajo el negro rubor de sus pestañas... 



93 



m a d o N 



XII 



Y el patíbulo al fin, y el victimario 
que consuma las vidas redentoras; 
y un cristo, y un madero, y un calvario, 
y a lo lejos, a guisa de sudario, 
la púrpura imperial de las auroras. 

INVOCACIÓN 

Oh patria, oh dulce patria, madre santa: 
vuelvo a ti tras de luenga romería 
y te encuentro, al posar en ti mi planta, 
con un arrullo nuevo en la garganta 
y más grande y más bella todavía. 

Mas si mañana, con tu voz de cielos, 
de monte y prado que la luz reviste: 
—Estoy triste— murmuras con anhelos, 
¡quiera darte el Señor, cuando estés triste, 
para cada tristeza, otro Morelosl 

ENVÍO 
A LA SEÑORITA MARÍA TERESA LlMANTOUR 

REI.f A DBL TORNEO 

Señora y reina, dulce cual aura 
que mece flores, puesto que animas 



Obras Completas 

como la bella Clemencia Isaura 
juegos Florales en nuestros climas, 

A ti me acojo; bajo los cielos 
de esos tus ojos encantadores, 
dije mis rimas para Morelos; 
di que las premien, flor entre flores. 

Tú puedes todo, gentil infanta, 
tienes belleza, tienes aliño; 
mira al trovero que ante ti canta 
y roba trinos a tu garganta 
y prende flores a tu corpino. 

Llegan cansadas de un gran viaje 
mi chupa verde, mis calzas rotas, 
y torno pobre, pero te traje 
algunas conchas en mi ropaje 
y entre mis cuerdas algunas notas. 

Di que me premien, dulce creatura... 
(Los bardos brindan buena ventura 
a quien preside juegos de rimas.) 
Oh buena reina, mi fe restaura, 
y sé la nueva Clemencia Isaura 
de nuestros cielos y nuestros climas. 



55 



II 

LA RAZA DE BRONCE 

LEYENDA HEROICA 
DICHA EL 19DEJUL10DE1902,ENLACÁMARADEDIPUTADOS 

EN HONOR DE JUÁREZ 



Señor, deja que diga la gloria de tu raza, 
la gloria de los hombres de bronce, cuya maza 
melló de tantos yelmos y escudos la osadía, 
oh caballeros tigres, oh caballeros leones, 
oh caballeros águilas, os traigo mis canciones; 
oh enorme raza muerta, te traigo mi elegía. 



II 



Aquella tarde, en el Poniente augusto, 
el crepúsculo audaz era una pira 
como de algún atrida o de algún justo; 
llamarada de luz o de mentira 
que incendiaba el espacio, y parecía 
56 



Obras Completas 

que el sol, al estrellar sobre la cumbre 
su mole vibradora de centellas, 
se trocaba en mil átomos de lumbre, 
y esos átomos eran las estrellas. 

Yo estaba solo en la quietud divina 
del Valle. ¿Solo? ¡no! La estatua fiera 
del héroe Cuauhtemoc, la que culmina 
disparando su dardo a la pradera, 
bajo el palio de pompa vespertina, 
era mi hermana y mi custodio era. 

Cuando vino la noche misteriosa, 
—jardín azul de margaritas de oro — 
y calló todo ser y toda cosa, 
cuatro sombras llegaron a mí en coro; 
cuando vino la noche misteriosa, 
—jardín azul de margaritas de oro.— 

Llevaban una túnica esplendente, 
y eran tan luminosamente bellas 
sus carnes, y tan fúlgida su frente, 
que prolongaban para mí el Poniente 
y eclipsaban la luz de las estrellas. 

Eran cuatro fantasmas, todos hechos 
de firmeza, y los cuatro eran colosos 
y fingían estatuas, y sus pechos 
radiaban como bronces luminosos. 
57 



Amado N e r v o 

Y los cuatro entonaron almo coro... 
Callaba todo ser y toda cosa; 

y arriba, era la noche misteriosa, 
—jardín azul de margaritas de oro.— 

ni 

Ante aquella visión que asusta y pasma, 
yo, como Hamlet, mi doliente hermano, 
tuve valor e interrogué al fantasma; 
mas mi espada temblaba entre mi mano. 

— ¿Quién sois vosotros, exclamé, que en presto 
giro bajáis al Valle mexicano? 
Tuve valor para decirles esto; 
mas mi espada temblaba entre mi mano. 

—¿Qué abismo os engendró? de qué funesto 
limbo surgís? sois seres, humo vano? 
Tuve valor para decirles esto; 
mas mi espada temblaba entre mi mano. 

— Responded,— continué,— Miradme enhiesto 
y altivo y burlador ante el arcano. 
Tuve valor para decirles esto; 
jmas mi espada temblaba entre mi mano...I 

IV 

Y un espectro de aquéllos, con asombros 
vi que vino hacia mí, lento y sin ira, 

58 



Obras Completas 

y llevaba una piel sobre los hombros 

y en las pálidas manos una lira; 

y me dijo con voces resonantes 

y en una lengua rítmica que entonces 

comprendí:— «¿Que quién somos? Los gigantes 

de una raza magnífica de bronces. 

>Yo me llamé Netzahualcóyotl y era 
rey de Texcoco; tras de lid artera, 
fui despojado de mi reino un día, 
y en las selvas erré como alimaña, 
y el barranco y la cueva y la montaña 
me enseñaron su augusta poesía. 

>Torné después a mi sitial de plumas, 
y fui sabio y fui bueno; entre las brumas 
del paganismo adiviné al Dios Santo; 
le erigí una pirámide, y en ella, 
siempre al fulgor de la primera estrella 
y al son del huehuetl, le elevé mi canto.» 



Y otro espectro acercóse; en su derecha 
llevaba una macana, y una ñna 
saeta en su carcaje, de ónix hecha; 
coronaban su testa plumas bellas, 
y me dijo:— «Yo soy Ilhuicamina, 



Amado N e r 

sagitario del éter, y mi flecha 
traspasa el corazón de las estrellas. 

>Yo hice grande la raza de los lagos, 
yo llevé la conquista y los estragos 
a vastas tierras de la patria andina. 
y al tornar de mis bélicas porfías 
traje pieles de tigre, pedrerías 
y oro en polvo... Yo soy Ilhuicamina!» 



VI 



Y otro espectro me dijo:— «En nuestros cielos 
las águilas y yo fuimos gemelos: 
¡Soy Cuauhtemoc! Luchando sin desmayo 
caí... porque Dios quiso que cayera! 
mas caí como el águila altanera: 
viendo al sol, y apedreada por el rayo. 

»El español martirizó mi planta 
sin lograr arrancar de mi garganta 
ni un grito, y cuando el rey mi compañero 
temblaba entre las llamas del brasero: 
—¿Estoy yo, por ventura, en un deleite? 
le dije, y continué, sañudo y fiero, 
mirando hervir mis pies en el aceite... > 



60 



Obras Completas 



VII 



Y el fantasma postrer llegó a mi lado: 
no venía del fondo del pasado 

como los otros; mas del bronce mismo 
era su pecho, y en sus negros ojos 
fulguraba, en vez de ímpetus y arrojos, 
la tranquila frialdad del heroísmo. 

Y parecióme que aquel hombre era 
sereno como el cielo en primavera 

y glacial como cima que acoraza 
la nieve, y que su sino fué, en la historia, 
tender puentes de bronce entre la gloria 
de la raza de ayer y nuestra raza . 

Miróme con su límpida mirada, 
y yo le vi sin preguntarle nada. 
Todo estaba en su enorme frente escrito: 
la hermosa obstinación de los castores, 
la paciencia divina de las flores 
y la heroica dureza del granito... 
jEras tú, mi Señor, tú que soñando 
estás en el panteón de San Fernando 
bajo el dórico abrigo en que reposas; 
eras tú que, en tu sueño peregrino, 
ves marchar a la Patria en su camino, 
rimando risas y regando rosas! 
«I 



Amado N e r v 

Eras tú, y a tus pies cayendo al verte: 
— Padre, te murmuré, quiero ser fuerte: 
dame tu fe, tu obstinación extraña; 
quiero ser como tú, firme y sereno; 
quiero ser como tú, paciente y bueno; 
quiero ser como tú, nieve y montaña. 
Soy una chispa: {enséñame a ser lumbre! 
soy un guijarro: ¡enséñame a ser cumbre! 
soy una linfa: ¡enséñame a ser río! 
soy un harapo: ¡enséñame a ser gala! 
soy una pluma: ¡enséñame a ser ala, 
y que Dios te bendiga, padre mío! 



vin 



Y hablaron tus labios, tus labios benditos, 
y así respondieron a todos mis gritos, 
a todas mis ansias:— «No hay nada pequeño, 
ni el mar ni el guijarro, ni el sol ni la rosa, 
con tal de que el sueño, visión misteriosa, 
le preste sus nimbos, ¡y tú eres el Sueño!» 

«Amar, eso es todo; querer; todo es eso! 
Los mundos brotaron al eco de un beso, 
y un beso es el astro, y un beso es el rayo, 
y un beso la tarde, y un beso la aurora, 
y un beso los trinos del ave canora 
que glosa las fiestas divinas de Mayo. 



Obras Completa 

»Yo quise a la Patria por débil y mustia, 
la Patria me quiso con toda su angustia, 
y entonces nos dimos los dos un gran beso: 
los besos de amores son siempre fecundos; 
un beso de amores ha creado los mundos; 
amar. . ¡eso es todo! querer... ¡todo es esoI> 

Así me dijeron tus labios benditos, 
así respondieron a todos mis gritos, 
a todas mis ansias y eternos anhelos. 
Después, los fantasmas volaron en coro, 
y arriba los astros, —poetas de oro, — 
pulsaban la lira de azur de los cielos. 



XI 



Mas al irte. Señor, hacia el ribazo 
donde moran las sombras, un gran lazo 
dejabas, que te unía con los tuyos, 
un lazo entre la tierra y el arcano, 
y ese lazo era otro indio: Altamirano; 
bronce también, mas bronce con arrullos. 

Nos le diste en herencia, y luego, Juárez 
te arropaste en las noches tutelares 
con tus amigos pálidos; entonces, 
comprendiendo lo eterno de tu ausencia, 

63 



Amado N e r v 

repitieron mi labio y mi conciencia: 

— Señor, alma de luz, cuerpo de bronces, 

Soy una chispa: lenséñame a ser lumbrel 
soy un guijarro: ¡enséñame a ser cumbre! 
soy una linfa: ¡enséñame a ser ríol 
soy un harapo: ¡enséñame a ser gala! 
soy una pluma: ¡enséñame a ser ala, 
y que Dios te bendiga, padre mío! 

Tú escuchaste mi grito, sonreiste 
y en la sombra inñnita te perdiste 
cantando con los otros almo coro. 

Callaba todo ser y toda cosa; 
y arriba, era la noche misteriosa: 
jardín azul de margaritas de oro... 






64 




Tomo III 




EN EL ÁLBUM DE LA SEÑORITA DOLORES 
DARQUl 



Oí a ti, que de embeleso el alma pueblas, 
te llegase a negar la vida insana 
una alondra que alegre tu mañana, 
un zenzontle que arrulle tus tinieblas; 



Si, abrevada de angustias y de enojos, 
contemplas a tu ensueño que naufraga, 
y es tu fe moribunda luz que vaga 
por la sombra divina de tus ojos; 

Si no encuentras piedad para tu pena, 
tú que fuiste con todos tan piadosa; 
tú, tan buena, tan joven, tan hermosa, 
tan hermosa, tan joven y tan buena, 
67 



m a 



N e 



Piensa en mí, ven a mí sin un reproche; 
con mano fraternal toca mi puerta, 
y verás que mi espíritu despierta 
para ser estrellita de tu noche; 

Verás cómo mi espíritu te ama, 
verás cómo en el duelo está contigo: 
si eres tórtola hambrienta, será trigo; 
si eres ave cansada, será rama. 

México, 1900. 




08 



II 

A MARÍA GUERRERO 

j~1ay una voz que proclama 
esta ley al orbe fiel: 
«Aura, haz tu oficio, embalsama; 
mujer, haz tu oficio, ama; 
flor, haz tu oficio, da miel. 

>Sol, haz tu oficio, levanta 
el palio rey de tu aurora 
sobre la montaña santa; 
alondra, haz tu oficio, canta; 
paloma, haz tu oficio, llora. 

» Artista, haz tu oficio, yerra 
del mundo por la extensión, 
pues que Jove te destierra, 
moviendo sobre la tierra 
cerebros y corazón.» 

Gran verbo a cuyos rumores, 
a cuyo influjo inmortal, 



m a d o N e r 

las auras riman olores, 
la mujer difunde amores, 
el cáliz forja el panal; 

El sol quebranta los gonces 
del orto, irisa las brumas, 
y hace que alienten entonces, 
la esquila, alondra de bronces 
y el gallo, clarín de plumas; 

El río, crencha de plata, 
iris real que se mueve 
y en cristales se desata; 
el clavel, boca escarlata, 
y el lirio, boca de nieve; 

El nido, mágica poma; 
la fuente, arpa diamantina, 
o espejo a que el cielo asoma; 
la flor, astro con aroma, 
y el astro, flor que ilumina. 

¡Gran verbo!... Tú, mi señora, 
quisístelo obedecer, 
y con tu voz seductora 
dijiste:— «Pues soy aurora, 
mi oficio es amanecer. > 

Y errando de clima en clima, 
a nos vino tu esplendor; 
70 



Obras Completa'^' 

y México te sublima, 
porque tú eres una cima, 
y aquí se empolla el cóndor. 

¡Quién habrá que nos demande 
cuentas por mimarte!... Di, 
¿no eres noble? ¿no eres grande? 
¡Pues en la patria del Ande 
nos gustan almas así! 

Todo es grande aquí, señora: 
los volcanes, el vergel, 
las tinieblas y la aurora: 
si este suelo te enamora, 
quédate, ¡cabes en él! 

Si es ala tu pensamiento, 
si es ala tu divagar, 
si es ala tu sentimiento, 
quédate, que nuestro viento 
es ancho para volar. 

Quédate sin sobresaltos: 
nuestro azur, do va tu anhelo, 
te bañará en sus cobaltos: 
quédate; estamos tan altos, 
que puedes besar el cielo. 

Del infinito es vecino 
nuestro valle; aquí tu historia 
71 



m a d o N e r V 

excelsa será y tu sino, 
y ahorrarás mucho camino 
para llegar a la gloria. 

Es muy bella la creencia 
que afirmas tú en el proscenio, 
de que, más que a la conciencia, 
Dios se asoma a la existencia 
por las ventanas del genio. 

Ahí donde un genio, en pos 
del arquetipo va, ahí 
Dios y el genio están, los dos 
en uno; si el genio es Dios, 
Dios, señora, vive en ti. 

Y en ti vive de manera 
que en mostrarse tiene empeño, 
cual se muestra en la ancha esfera; 
¡cual se muestra en la quimera, 
que es la novia del ensueñol 

Enaltecer la emoción 
o enlazar mil emociones 
en haz vivo de pasión, 
y fundir mil corazones 
en un solo corazón; 
72 



Obras Completa 

Hacer al verso vivir, 
hacer al numen soñar, 
y al espíritu sentir, 
y a los labios sonreír, 
y a las pupilas llorar; 

Dar ímpetu al Ideal 
que arrastrándose camina: 
esta es misión que no ha igual: 
divina, hidalga, inmortal; 
hidalga, inmortal, divina. 

Esto es, señora, crear; " 
esto es decir: «¡levantaos!» 
al indolente pensar; 
¡esto es, señora, incendiar 
con relámpagos el caos! 

Tu gloria excede a la gloria 
de los héroes que hoy enlaza 
nuestra enseña de victoria. 
Ellos son flor de una historia; 
tú eres flor de nuestra raza. 



B 



¿No ves que venció tu afán 
los prejuicios y recelos 
de ayer, y unidos están, 
73 



m a d o N e r 

más que nunca, mi Mótelos 
y tu trágico Guzmán? 

¿No ves que con pompa igual 
se juntan, en pabellón 
opulento y fraternal, 
tu castillo y mi nopal, 
y mi águila y tu león? 

Son más hermanos ahora, 
por tí, la hosca cimitarra 
y la macana, señora; 
el águila voladora 
y el león de fiera garra; 

E igual pesan, en el fiel 
que tanto amor mide y suma, 
nuestro escudo y tu cuartel: 
la mitra de Moctezuma 
y las joyas de Isabel. 

Marquesa, tú que un destello 
luces de arte soberano, 
tú que llevas en el cuello 
el toisón de blanco vello 
del ingenio castellano; 

La de perfil que es blasón 
arcaico, porque atestigua 
74 



Obras Completas 

tu arcaica contemplación: 
un perfil de reina antigua 
de un antiguo medallón; 

Cerebro que tanto puedes, 
maga de un país risueño 
que nos repartes mercedes 
de alteza... ¿No me concedes 
que te regale un ensueño? 

Vencedora: tus preseas 
nos deslumhran con su alarde 
de luz, porque son ideas... 
¡Marquesa, que Dios te guarde! 
¡Artista, bendita seas! 

Febrero 27 de 1900. 




75 



III 

NUPCIAS 
Para una hija de Justo Sierra 

Yo quiero que te sigan mis cantares 
en lujosos y candidos tropeles, 
como un vasto cortejo de donceles 
de honor, hasta el santuario de tus lares. 

Quiero que, como pétalos dispersos 
de azahar de simbólica pureza, 
descienda blandamente (1) a tu cabeza 
la nieve misteriosa de mis versos. 

Quiero que cada estrofa, dulce y grave, 
de este canto de nupcias que te envío, 
se vuelva cuatro cisnes, que en un río 
de azur, vayan tirando de tu nave. 

Quiero que para tí cada cuarteto, 
de este poeta que te ruego acojas, 

(1) Hay dos versiones anteriores. En la primera se 
lee; «sin cesar»; en la segunda, «suavemente». 

70 



Obras Completas 

se convierta en un trébol de cuatro hojas 
que te sirva de mágico amuleto. 

Y quiero en fin que sean mis canciones 
como un puro collar para tu cuello, 
como un vivo destello en el destello 

de tus hoy inefables ilusiones. 

Y más nieve en tu frente inmaculada, 
y más rosa en el rosa de tu anhelo, 

y más oro en el oro de tu pelo, 

y más luz en la luz de tu mirada (1). 

Sé dichosa entre todas las dichosas, 
haz de tu alma una tierra prometida, 
y ve gallardamente por la vida, 
rimando risas y regando rosas... (2). 

(1) Aquí había una estrofa que después quedó su- 
primida. Dice así: 

Recibe mi presente, oh violeta, 
recordando lo mucho que te quiero, 
y en nombre de tu padre, a quien venero 
con mi más noble culto de poeta. 

(2) Véase este mismo verso en La raza de bronce. 



77 



IV 
DIVA ELEONORA 



A ti, maravillosa flor latina, 
a quien Dios otorgó la mejor parte, 
con esa augusta plenitud del arte 
y esa del genio enfermedad divina 

A ti, que vas con inmortal empeño 
venciendo de las turbas el desvío, 
y regando en sus almas, cual rocío, 
la celeste limosna de tu ensueño. 

A tí que con un soplo nos animas; 
a ti, la musa lánguida y esbelta 
que marchas gloriosamente envuelta . 
en la magia inefable de las rimas; 

A ti, la que enamoras por ardiente; 
a ti, la que por alta nos asombras, 
y llevas, como signo de vidente, 
yo no sé qué fulgores en la frente, 
y en el hondo mirar no sé qué sombras: 
78 



Obras Completas 

A ti vengo a ofrecer, en mis fervores, 
como a diosa un incienso, el humo vano 
destos versos que cantan tus loores: 
como a dama gentil, un haz de flores; 
y como a reina, un beso en la tu mano. 







79 



V 

A CATALINA 



Para el nuevo año 



OACE un año, en tu casa, siempre llena 
de flores, de cariño y poesía, 
con música, champaña y rica cena 
celebramos la blanca Noche Buena, 
saludamos a Enero que venía. 

Hoy el mar nos divide, y suerte varia 
nos tiene, a ti feliz, y a mí con cuita; 
pero mi alma, afectuosa y solitaria, 
va a sentarse a tu mesa hospitalaria, 
con Héctor, con Horacio y Margarita. 

Vosotros no la veis, mas ella os mira: 
Evangelina piensa... La traviesa 
Margarita, ya va, ya viene y gira... 
y Mario, que no sé qué duende inspira, 
un campo de Agramante hace en la mesa. 

Horacio fragua cosas asombrosas, 
y a Leoncito y a Jorge, muy despacio 
80 



Obras Completas 

las cuenta: sueños, guerras espantosas... 

¡Si no son para dichas esas cosas 

de que, con ronca voz, platica Horacio! 

Héctor, con cierta gravedad temprana 
(que los lentes le dan) y la lozana 
precocidad con que en amores arde, 
nos habla de la novia de mañana 
o de la prometida de ayer tarde. 

Y en tanto, don Joaquín, con frase amena, 
lindas estrofas y discursos sabios, 
conspira sin piedad contra tu buena 
cocina, porque, oyéndole, la cena 
olvidamos, pendientes de sus labios. 

Y tú, sin par amiga, tú ¿qué haces? 
Con tu tacto de reina satisfaces 

a todos, en la mesa y el estrado; 
y acaso (es ilusión que yo conservo) 
exclamas ahora mismo: «¡Pobre Ñervo! 
Hace un año que estaba a nuestro lado.> 

¡Sí, cierto... y aun estoy! 

La suerte varia 
nos tiene, a ti feliz, y a mí con cuita; 
pero mi alma, afectuosa y solitaria, 
va a sentarse a tu mesa hospitalaria, 
con Héctor, con Horacio y Margarita. 

81 
Tomo III % 



VI 

A OVEROL 



VUiÉN podrá como tú servir a España!... (1); 
si ella pide consuelos a su historia 
cuando algún desaliento su fe empaña, 
tú le truecas en mármol cada hazaña, 
tú le vuelves metal cada memoria. 

Si se torna al presente y ve que brota 
otra vez, de su seno generoso, 
quien curarla sabrá de su derrota, 
tú serás el que premie a ese patriota (2) 
encarnándole en bronce luminoso. 

Si la estirpe, al marchar tras un destino 
glorioso (3), va dejando en el camino 
sus dioses y sus héroes, no reposes, 
tú que animas (4) la santa piedra pura, 

(1) «¡Quien puede más que tú servir a España!» 

(2) «tú, Querol, premiarás a ese patriota». 

(3) «de gloria». 

(4) «labras». 

82 



Obras Completas 

y en esa eternidad de la escultura, 
devuélvele sus héroes y sus dioses. 

Y si por fin (¡que el cielo no lo quieral) 
arría nuestra raza su bandera 
y muere asida (1) al ideal que abraza, 
tú cincela desde hoy (2), como albo encaje, 
una urna al postrer abencerraje 
que haya sabido honrar a nuestra raza. 



(1) «unida». 

(2) En lugar de «desde hoy», otra versión: «Querob 



83 



VII 
MADRIGAL DE VIEJA CORTESANÍA 

A LOLITA BÉISTEGUI 

Dame —dije a la Santa Poesía— 
un verso para esta amiga mía: 
un verso, como ella, encantador. 

Y oí que, por la boca de su musa 
becqueriana, me respondió confusa: 
— jSi tu amiga es un verso... y el mejor! 

— Para esta armoniosa amiga mía, 
dame, música, toda tu armonía — 
a la música dije. 

Y con rumor 
de lejanos arpegios, m.e contesta: 
— jUna mujer hermosa es una orquesta! 
Ella es la música mejor. 

¡Ni música ni versos! ¿Qué podría, 

pues, darte, esplendorosa amiga mía, 

que sumara un primor a tu primor? 

Sólo (1) la flor, en la naturaleza, 

tiene la plenitud de tu belleza: 

y traje flores a una flor. 

^ 1907 



(1) Antes: «Lola». 

84 



VIII 
PARA MARÍA DÉLA PALOMA ARMET Y CASTELLVI 



L)esde que te miré, no me sorprende 
que tu madre haga versos tan hermosos: 
¡Con una musa tal, yo los haría! 

íOh poema, el más límpido de todos! 
¡Oh vaso de elección y de pureza! 
¡Oh estrofa de los ritmos misteriosos! 

Dios me depare inspiración que tenga 
el aurora! encanto de tu rostro, 
el frescor abrileño de tu boca, 
los astrales efluvios de tus ojos, 
el celeste arrullar de tus quince años, 
y seré más poeta que los otros! 



85 



IX 

CLARA SARMIENTO 

J\iMA leve y cristalina 

a mi paso dejaré, 

para una flor argentina 

que en ia Costa de Plata encontré. 

Era rubia como un día 
de España, y regó al pasar 
más poesía en mi poesía, 
¡más azul en las ondas del mar! (1). 



(1) Antes: «y más azul en el mar». 




86 



LOS OTROS DICEN. 



Los otros dicen: «Es bella 
como la estrella que asoma 
temblando y su luz derrama.» 
Yo digo: «Tiene la dama 
los ojos de la paloma.» 

Los otros dicen: «Aroma 
tiene (1) de flor que embalsama; 
su boca es nido y redoma 
de ma^>ias. ¿A quién no doma 
su dulce mirar que inflama?» 
Yo digo: «Tiene la dama 
los ojos de la paloma.» 

Todos loan el caudal 
de tu gracia peregrina, 
y yo añado, bien o mal: 



(1) Antes: «riega». 

87 



m a d o N e 

«Tus ojos, fuente divina 
en que bebe el Ideal; 
tu mirada, un madrigal 
de Gutierre de Cetina» (1). 



(1) Véase Obras Completas, vol. II, pág. 44, donde 
aparecen, destacados, estos últimos versos. 






88 



XI 

INGENUA 

HOMENAJE A ESPROl^CEDA 

(Leído en la velada que el Ateneo de Madrid le consagró con motivo 
de su centenario.) 

Al admirable poeta de Las In- 
genuas, Luis G. Urbina. 



Yo tuve una prima 
como un lirio bella, 
como un mirlo alegre, 
como un alba fresca, 
rubia como una 
mañana abrileña. 

Amaba los versos aquella rapaza 
con predilecciones a su edad ajenas. 
La música augusta del ritmo cantaba 
dentro de su espíritu como ignota orquesta: 
todo lo que un astro le dice a otro astro, 



Amado N e r v : 

todo lo que el cielo le dice a la tierra, 
todo lo que el alma pregunta a la Esfinge, 
todo lo que al alma la Esfinge contesta. 

Pobre prima rubia, 
pobre prima buena; 

hace muchos años que duerme ese sueño 
del que ni los pájaros, alegres como ella, 
ni el viento que pasa, ni el agua que corre, 
ni el sol que derrocha vida, la recuerdan. 

Yo suelo, en los días 
de la primavera, 
llevar a su tumba 
versos y violetas; 
versos y violetas, ¡lo que más amabal 

En torno a su losa riego las primeras, 
luego las estrofas recito que antaño 
su deleite eran: 

las más pensativas, las más misteriosas, 
las más insinuantes, las que son más tiernas, 
las que en sus pestañas, como en blonda de oro, 
ponían las joyas de lágrimas, trémulas, 
con diafanidades de beril hialino 
y oriente de perlas. 

Se las digo bajo, bajito, inclinándome 
hacia donde yace, por que las entienda. 
90 



Obras Completas 

Pobre prima rubia, jpero no responde! 
Pobre prima rubia, ¡pero no despierta! 



Cierto día, una joven condiscípula, 
con mucho sigilo le prestó en la escuela 
un libro de versos musicales, hondos. 
¡Eran los divinos versos de Espronceda! 

Se los llevó a casa bajo el chai ocultos, 
y los escondimos, con sutil cautela, 
del padre y la madre, y hasta de su sombra; 
de la anciana tía, devota e ingenua, 
que sólo gustaba de jaculatorias 
y sólo entendía los versos de Trueba. 

En aquellas tardes embermejecidas 
por conflagraciones de luz, en que bregan 
gigánticamente monstruos imprecisos 
del Apocalipsis o de las leyendas; 
en aquellas tardes que fíngen catástrofes; 
en quellas tardes en que el iris vuelca 
todos sus colores, en que el sol vacía 
toda su escarcela; 

en aquellas tardes del trópico, juntos 
los dos, en discreto rincón de la huerta, 
bajo de la trémula hospitalidad 

91 



Amado N e r v 

de nuestras palmeras, 

a furto de extraños, vibrantes leíamos 

el Canto a Teresa, 

¡Qué revelaciones nos hizo ese canto! 
Todas las angustias, todas las tristezas, 
todo lo insondable del amor, y todo 
lo desesperante de las infidencias: 
todo el doloroso mundo que gravita 
sobre el alma esclava del que amó quimeras, 
del que puso estrellas en la frente amada, 
y al tornar a casa ya no encontró estrellas. 

Toda el ansia loca de adorar en vano 
tan sólo a una sombra, tan sólo a una muerta; 
todos los despechos y las ironías 
del que se revuelca 

en zarzal de dudas y de escepticismos; 
todos los sarcasmos y las impotencias. 



III 



Y después, aquellas ágiles canciones 
de prosodia alada, de gracia ligera, 
que apenas si tocan el polvo del mundo 
con la orla de oro del brial de seda; 
que, como el albatros, se duermen volando; 
que, como el albatros, volando despiertan: 
92 



Obras Completas 

La ideal canción del bravo Pirata 
que iba viento en popa, que iba a toda vela 
y a" quien por los mares nuestros pensamientos, 
como dos gaviotas, seguían de cerca; 

Y la del Mendigo, cínico y osado, 
y la del Cosaco del Desierto, bélica, 
bárbara, erizada de ferrados burras, 
que al oído suenan 

como los tropeles de potros indómitos 
con jinetes rubios, sobre las estepas... 

Pasaba don Félix, el de Montemar, 
con una aureola roja en su cabeza, 
satánico, altivo; luego, doña Elvira, 
«que murió de amor» en lirios envuelta. 
¡Con cuántos prestigios de la fantasía 
ante nuestros ojos se alejaba tétrica! 

Y el reo de muerte que el fatal instante, 
frente a un crucifijo, silencioso espera; 

y aquella Jarifa, cuya mano pálida 
la frente ardorosa del bardo refresca. 

Poco de su Diablo Mundo comprendíamos; 
pero adivinábamos, como entre una niebla, 
símbolos enormes y filosofías 
que su Adán desnudo se llevaba a cuestas. 



93 



m a d o N e 



IV 



¡Oh mi gran poeta de los ojos negros, 
oh mi gran poeta de la gran melena, 
oh mi gran poeta de la frente vasta 
cual limpio horizonte, oh mi gran poeta! 
Te debo las horas más inolvidables; 
y un día leyendo tu Canto a Teresa, 
muy juntos los ojos, muy juntos los labios, 
te debí también, cual Paolo a Francesca, 
un beso, el más grande que he dado en mi vida; 
un beso, más dulce que miel sobre hojuelas; 
un beso florido que envolvió en perfumes 
toda mi existencia! 

Un beso que, siento, eternizaría 
del duro Gianciotti la daga violenta, 
para que en la turba de almas infernales, 
como en la terrible página dantesca, 
fuera resonando por los anchos limbos, 
fuera restallando por la noche inmensa, 
y uniendo por siempre mi boca golosa 
con la boca de ella! 



¡Oh mi gran poeta de los ojos negros! 
¡Quién hubiera dicho que yo te trajera, 

94 



Obras Completas 

como pobre pago de los inefables 

éxtasis de entonces, esta humilde ofrendal... 

¡Oh gallardo príncipe de la poesía! 

Pero tú recíbela con la gentileza 

de un Midas que en oro todo lo transmuta; 

en claros diamantes mi abalorio trueca, 

y en los viles cobres de mis estrofillas, 

para acaudalarlos, engasta tus gemas. 

Así tu memoria por los siglos dure, 

¡oh mi gran poeta de la gran melena, 

oh mi gran poeta de los ojos negros, 

oh mi gran poeta! 




95 



XII 
BENDICIÓN GITANA 



Para ángeles Pola vieja 



Oíos haga que, por cada año 
que cumplas, un sol se forme, 
que vierta sobre tu vida 
sus más puros resplandores. 

Dios bendiga a quien tú quieras; 
Dios maldiga a quien tu odies. 
Que si marchas entre riscos, 
los riscos plumón se tornen; 
que si pisas algún áspid, 
esencia el áspid arroje; 
que por ti den miel los cardos, 
suavidad los aguijones, 
y acaricien los espinos 
y las zarzas de los montes. 

Dios vuelva hermoso a quien mires, 
y diamante lo que toques, 
hidromeles lo que bebas, 
96 



Obras Completa 

ambrosía lo que comes, 
y realidad lo que sueñes 
si sueñas glorias y amores. 
Que tus dulces ojos negros 
den luz a todas las noches, 
curen todas las heridas, 
todas las miserias doren, 
todos los males alivien, 
todas las penas conforten! 

Y que, por fin, estos versos 
y cuantos hice en mejores 
tiempos, y cuantos hiciere, 
asciendan como oraciones 
por ti al cielo (1), y a tu frente 
bajen en lluvia de flores. 



(1) En versión anterior: «por tí, y después a tu frente». 



97 
Tomo lll 



XIII 
A LA INFANTA MARÍA TERESA 



(JuANDO aún a tu España no venía, 

«¿Cómo será una Infanta?» me decía. 

Mas cuando vine al suelo castellano, 

cuando pude besar tu noble mano 

para todos los míseros abierta 

(como tu corazón, como tu puerta); 

cuando miré, Señora, 

tu apacible pupila ensoñadora, 

en la que se refleja bondad tanta, 

me dije: «jYa sé cómo es una Infanta! > 



98 



XIV 
SÉ QUE... 



A LA Infanta Pilar 



OÉ que por donde vas todo lo encantas 
con tus ojos azules y risueños; 
sé que florece el bien bajo tus plantas; 
sé que tienes piedad de los pequeños; 
sé que, en alas del verso, te levantas 
a misteriosos mundos halagüeños 
... y que eres rubia como las Infantas 
que miraba pasar en mis ensueños! 



XV 

NUESTRAS NAVES 

A Joaquín y Catalina Casasús 



Amigos: tres blancas velas 
se miran en alta mar. 
Gallardas, entre procelas, 
marchan al par. 

Son tres vidas paralelas 
muy hechas a navegar. 

Las vuestras con gracia altiva 
se alejan... La mía va 
un poquito pensativa. 
¿Cuál de las tres llegará 
primero a la mansa riba 
del más allá? 

No sé, mas la nave mía 
a cada instante os envía 
signos de fraternidad, 

100 



Obras Completas 

con esa telegrafía 
que burla la lejanía 
y la inmensidad. 

Con esa telegrafía 
que sabe usar quien bien ama, 
y que vela todavía 
más en su noble osadía 
que el mejor marconigrama. 

Está de amistad colmada 
mi nave para los dos, 
y esa amistad albi-alada, 
cual gaviota inmaculada, 
de vuestras barcas va en pos. 

En los mástiles se posa 
y os manda— a ti, a Catalina 
y a los tuyos— una rosa 
olorosa y peregrina: 

Rosa de mi devoción, 
que un año más ha latido, 
y en la cual late escondido 
mi corazón. 

Diciembre 1911. 



101 



XVI 
HOMENAJE 

l\k muerto Rubén Darío, 
¡el de las piedras preciosas! 

Hermano, cuántas noches tu espíritu y el mío, 
unidos para el vuelo, cual dos alas ansiosas, 
sondar quisieron ávidas el Enigma sombrío, 
más allá de los astros y de las nebulosas . 

Ha muerto Rubén Darío, 
¡el de las piedras preciosas! 

Cuántos años intensos junto al Sena vivimos, 
engarzando en el oro de un común ideal 
los versos juveniles que, a veces, brotar vimos 
como brotan dos rosas a un tiempo de un rosal! 

Hoy ya tu vida, inquieta cual torrente bravio, 
en el mar de las Causas desembocó; ya posas 
las plantas errabundas en el islote frío 
que pintó Bocklin... ¡ya sabes todas las cosas! 

102 



Obras Completas 
Ha muerto Rubén Darío, 



el de las piedras preciosas! 



Mis ondas rezagadas van de las tuyas; pero 
pronto en el insondable y eterno mar del todo 
se saciará mi espíritu de lo que saber quiero: 
del Cómo y del Porqué, de la Esencia y del Modo. 

Y tú, como en Lutecia las tardes misteriosas 
en que pensamos juntos a la orilla del Río 
lírico, habrás de guiarme... Yo iré donde tú osas, 

para robar entrambos al musical vacío 

y al coro de los orbes sus claves portentosas. 

Ha muerto Rubén Darío, 
¡el de las piedras preciosas! 

Febrero de 1916. 



103 



XVII 
PARA LA SEÑORA DE GAXIOLA 



i ú y tus dos hijos sois, gentil amiga mía, 
un terceto de oro, de sutil poesía, 
que Lope codiciara 
si reviviese, para 
su más bello soneto. 

Si tu esposo está siempre contigo en harmonía 
perfecta, como premio, completará el cuarteto. 



Enero 21-1918. 



104 



XVIII 
¿POR QUÉ HAS TARDADO TANTO? 

(Para el Ejemplo, de Artemio de Valle 
Arizpe.) 

JVlE place, Artemio, el héroe de tu libro atildado, 
porque al fin se arrepiente, y en la paz de una noche, 
el hombre de los ojos garzos, como un reproche 
divino, le murmura: «¿Por qué tanto has tardado?» 

Todo está bien, Artemio: el dolor y el encanto 
de las vidas febriles, los Julios y los Marzos, 
con tal de hallar a tiempo al Hombre de ojos garzos, 
y que su voz murmure: «¿Por qué has tardado tanto? > 



105 




MALAS LENGUAS 



OEXAGENARiAS cames desnudas, 
merced a escote fenomenal; 
condesas gordas y mofletudas, 
marquesas bastas y bigotudas, 
duquesas de una fealdad... ducal! 



— Damas muy nobles... y muy añejas! 
Pero empeñadas en que París 
las vuelve jóvenes de puro viejas, 
oxigenándoles cabello y cejas 
y al calendario dando un mentís... 

—Niñas menudas y regordetas, 
de pocas libras y muchos pies: 
muy parlanchínas, muy pizpiretas, 
muy deportivas, esnobs, coquetas 
y hablando todas muy mal francés. 
109 



A 



m 



d o 



N 



—Viudas a caza de un distraído, 
chicas dispuestas a dar el sí 
por casa, coche diario... y marido! 
— Chico, qué baile más aburrido! 
—¡Yo ya me marcho! Me voy de aquí! 

1911. 




liO 



II 

HOMO HOMINI LUPUS 



l^s mucha humanidad 

la que va sobre el lomo de la tierra: 

blancos, una mitad; 

otra, oscuros... mas lay! todos en guerra. 

Si los rubios dominan, 
se ingenian en destruir a los morenos, 
que a su vez a los blancos asesinan, 
si los blancos son menos... 

Febrero 22-14. 



111 



III 

EN * PANNBr 



Atiborrado de filosofía, 

por culpa del afán que me devora, 

yo, que ya me sabía 

dos gramos del vivir, nada sé ahora. 

De tanto preguntar 
el camino a los sabios que pasaban, 
me quedé sin llegar, 
mientras tantos imbéciles llegaban... 

Marzo 8-14. 



112 



IV 
A LOS POSTRES 



¡ylE decía la niña querida: 
«Yo quisiera morir para ver.. .> 
Y solíale yo responder: 
«Niña, asoma primero a la vida 
tu curiosidad de mujer... 

Niña, asoma primero a la vida 
tu curiosidad; 

acepta el banquete, pues se te convida. 
Ya dirás después: «¡Todo es vanidad!» 
Pero lo dirás cuando la comida 
esté consumida; 
lo dirás a los postres, ¿verdad?> 

Noviembre I.^-IOH. 



113 
Tomo TIT 



V 
GOOD NIGHTf 

Buenas noches, Vanidad; 
es tarde... Mi puerta cierro. 
Yo estoy— ¡cosas de la edad!- 
muy bien en mi soledad, 
con Dios, un libro y un perro. 
iBuenas noches, Vanidad! 




114 



VI 

A UN POETA OBSCURO 

FiAY gentes que nacieron parala luz del día, 
y hay otras que nacieron para un vago fulgor: 
tú vas en la penumbra vertiendo poesía, 
y nadie te conoce, y en la América mía, 
tus íntimos afirman que eres un dios menor... 

En cambio, ¡qué de bombospara algunos, qué vivos 
lucires de reclamos, de popularidadl 
jCómo, en su honor, los diarios esponjan adjetivos! 
Tus versos, entretanto, se embozan, pensativos: 
¡tal vez en tu sepulcro florezca la verdad! 

Marzo 2-14. 



115 



VII 
EXHIBICIONISMO 



Exhibición, exhibiciónl... Ahora 
lo mejor es callar altivamente, 
dejando que ensordezcan los mediocres 
las orejas del vulgo 
desde todos los diarios, y que pongan 
nombres a la divina poesía. 

¡Ella, que es lo absoluto, 
encerrada en vocablos 
que terminan en ismo! DinamismOy 
futurismo y unanimismo... Bueno, 
sigue, necia balumba, 
y déjame pensar; yo no vinculo 
mis versos con las modas, 
porque aspiro a que duren tanto como 
las almas, el dolor, la lucha, el triunfo, 
la faena de amar, alegre o triste, 
el misterio que el hombre nunca alcanza: 
Dios, en fin, que es imán de la esperanza 
y vértice de todo cuanto existel 
116 



VIII 
LES FILS A PAPÁ 

J^os dirigibles cruzan el cielo, 
y las hertzianas ondas, con vuelo 
maravilloso que nadie ve, 
como por obra de algún hechizo, 
del pensamiento mundial dan fe. 
... En tanto, fatuo, contentadizo, 
el duque dice: «Mi abuelo hizo...» 
y dice el conde: <Mi abuelo fué...> 

Edison guarda la voz humana, 
y alumbra al mundo con soberana 
luz (¡oh poesía de mi quinqué!). 
En tanto, el duque, tonto y castizo, 
en el Club clama: «Mi abuelo hizo...» 
y dice el conde: «Mi abuelo fué...» 

Ramsay transmuta materia, y una 
mujer tan sabia como ninguna, 
gracias al radio, de Lavoisier 
invierte el dogma que una ley hizo (1). 



(1) «Nada se crea, nada se pierde.»— CiV. del A.) 
117 



m a d o N e r 

... En tanto, el duque de A B C D 
va pregonando: «Mi abuelo hizo...> 
y el conde añade: *Mi abuelo fué...» 

La Especie busca; y hacia la meta 
camina el sabio; vuela el poeta; 
el mundo avanza... Pero esto jqué 
le importa al duque gordo y macizo! 
Él tiene rentas: ^Su abuelo hizo...> 
Él no trabaja: *Su abuelo fué^..» 



118 



IX 

LA DIPLOMACIA 

Oui, je suis écoeuré de la dip^omatie, 
o si te gusta más en español, asqueado. 
¡Cuánto necio! ¡Si vieras cuánto necio he encontrado 
por ahí!... 

Aun cuando Salomón nos dijo que Stultomm 
numeras infinitas esf, fué preciso ver; 
y a no haber visto tantos juntos (siempre hubo quorum 
en donde se encontraban), no lo paso a creer... 

|Y todos constelados de condecoraciones! 
lOh, mi dulce Verónica! ¡quién podría contar 
el número de cruces, de placas, de listones... 
todo el bazar, Verónica; todo, todo el bazar! 

Oui, je suis écoeuré de la diplomatie; 
mais, puisque je le suis d'avantage, mignonne, 
de la littérature... qui ne nourrit personne^ 
sauf M. de Rostand, j'y reste... C'est la vie! 



119 



X 

SIN CARETA 

Y O no llevo careta 

en esta triste farsa de la vida! 

—nos decía el poeta—. 

No grito a voz en cuello en el mercado: 

«Soy muy inteligente, muy honrado; 

el rey me ha convidado 

por lo menos diez veces a su mesa.> 

«Yo no soy como ése.,.* 

«Mi mujer, guapa y fiel, no es como ésa...» 

Siguiendo, en cambio, en mi camino voy 
el consejo del árabe: «No estés 
diciendo a todos: Soy. 
Aguarda a que los o /ros digan: £"5.» 

¿Pensáis que la comparsa 
me desdeñe por mudo? No, señores. 
Mientras que el infeliz que hace su farsa, 
sólo él la cree; y si oyera 
lo que le achacan tantos habladores, 
aun cuando fuese negro, se pusiera 
de todos los colores. 

Junio 1916. 

120 



XI 
Lk FEA 



P 



OBRE don Juan aturdido 
que, con el mostacho erguido, 
pensaste a mi dueña hurtar, 
y, por fea, la has huido, 
el asedio al empezar. 
¡Tonto! ¡La que te has perdido!... 
Tiene un encanto escondido 
que sólo yo sé gustar. 

Un encanto que está hecho 
de muchas cosas al par; 
que te deja satisfecho 
cuerpo y alma, sin cansar. 
Un encanto muy difícil, muy difícil de explicar (1). 

Vete a requerir de amores 
otras, según tú, mejores. 
Fea es mi dueña de atar, 
y lo digo sin empacho: 



(1) V. Obras Completas, vol. VII, pág. 82. 
121 



m 



do N 



no merece tu mostacho 

oloroso y militar. 

Poco te habría lucido; 

y en el Club, en tu cotarro, no te pudieras jactar, 

Déjasela a su marido... 

(Tiene un encanto escondido 

que sólo yo sé gustar.) 

Pasa, y ninguno la mira 
ni la requiebra al pasar. 
Todos van tras la mentira 
de un rostro de buen mirar. 

... Y yo, con mi preterido 
bien, me marcho complacido, 
pues me dejan saborear 
con el alma y el sentido, 
aquel encanto escondido 
que nadie supo gustar. 



122 





LOS CINCO SENTIDOS 

(CANTOS ESCOLARES) 



.i'^'V.s-rteci. 





Movimiento ie nsk^cíia. 



A Ju . gul Ue^gó la re.crea.ciÓD (^uéhcnjKLso en 




el «uuiel^ol ra.dí.a! A ju.^ar!__LJQ^ lar(u:reaclon_ Veuai. 



. nó lafaenadeeste di. a. Ohcuánfo.Uz ElquestodesJiz». TraI>a_jaciBn 



.pUeo.do su DO . ble fa . e . aa. Obcuán f« . liz El que sin 0es 
¿tMi aeenívado. 



Us.. Deone.vos ful.^.res m es.pl « n . to Ue.ia; 



PRIMERA PARTE 

I 

LA RECREACIÓN 



A jugar! 

Llegó la recreación. 

¡Qué hermoso en el azul el sol radía! 

¡A jugar! 

Llegó la recreación. 

Terminó la faena de este día. 

¡Oh, cuan feliz 
el que sin desliz 

trabaja, cumpliendo su noble faena! 
¡Oh, cuan feliz 
el que sin desliz 
de nuevos fulgores su espíritu llena! 

2 

Para él, 
la diaria recreación 
no tiene ni la sombra de un disgusto. 
En su hogar 
le miman sin cesar 
y duerme con la dulce paz del justo. 

125 



Yo ft . <lo. ro á mi mtuireque. li . <!&. Yo a . úo. ro á mi 



pa . . . (¡re (am.bléQ: Nin . sv . uo me quiejecn la vi 



da Co.moeUos mo *a . . .benque rer. Si duermo ejlo» 




dos. Si rl . o 80 rastrees ri .sue . . . fto. Ul rí.sa es 



i'SLraeJlos el sol. Mi rt.sa e& paj^^ejlos ei «Di. 



II 

AMOR FILIAL 

1 

Yo adoro a mi madre querida, 
yo adoro a mi padre también; 
ninguno me quiere en la vida 
como ellos me saben querer. 

Si duermo, ellos velan mi sueño; 
si lloro, están tristes los dos; 
si río, su rostro es risueño; 
mi risa es para ellos el sol. 

2 

Me enseñan los dos con inmensa 
ternura a ser bueno y feliz. 
Mi padre por mí lucha y piensa, 
mi madre ora siempre por mí. 

Yo adoro a mi madre querida, 
yo adoro a mi padre también; 
ninguno me quiere en la vida 
como ellos me saben querer. 
127 






L03 o. tros e.r&o Cuier.tes» pé . ro oos.o.tros 




oo...^. te • ni . a.mos más . fuer • za que fiues.tro co . r& 



. z.'n Oh . éj Que ijuesjro co . r» . ihn. 



III 

LOS HÉROES NIÑOS DE CHAPULTEPEC 



Los otros eran fuertes, 
pero nosotros no 
teníamos más fuerza 
que nuestro corazón. 

lOhé! 
Que nuestro corazón. 



Vinieron el alcázar 
los fuertes a asaltar. 
Allí no hay más que niños; 
¿quién lo defenderá? 

iOhél 
¿Quién lo defenderá? 

3 

Los niños lo defienden, 
mas jay, tan pocos son! 
Y luchan con millares, 

129 
Tomo III 



m a d o N e 

y van cayendo en flor. 

¡Ohél 
Y van cayendo en flor. 

4 

Sus labios juveniles 
sonríen al morir. 
iQué importa partir joven, 
cuando se parte así! 

lOhé! 
¡Cuando se parte así! 



Envueltos en la santa 
bandera tricolor, 
desplómanse graciosos 
como un antiguo dios. 

iOhé! 
Como un antiguo dios. 

6 

Divinos héroes niños, 
la Patria es inmortal; 
con ella vuestros nombres 
por siempre vivirán. 

lOhé! 
Por siempre vivirán. 

130 



IV 
AL CLARO DE LUNA 



Lafgo 




Prés _ U . me tu I ph) . ma.. Que 



QUíe - ro es .crl 



bir. MI 



Prés . ta . me tu plu . «na. Que quie . ro es.ori . bir. kU 



frT-rrr 



^^ 



\ie .ro a . ca . bó! 



ve . la es . vá tsuer ta. tni 



A- J^^ J^ ! ii l_J^ J^ Ijj J^ 'H^=M ^% ^ 



v« . la «s . ti muer . ta. mi fue. go a . ca . bó!......... 



I 



A.bre .me tu 



^ j> J> ¡> Í> l-í^ 



puer . ta 



Por a .mor de 



J) P J' J' l j 



WosI 



4 . tN . me tn puer . ta Por a . mor i» Dios! 



ALfclaro^denuna; 
mi amigo Arlequín, 
131 



m 



a d o N e 

préstame tu pluma, 
que quiero escribir. 

—Mi vela está muerta, 
mi fuego acabó. 
jAbreme tu puerta 
por amor de Dios! 



132 



MARTINILLO 




Mar.U . . ni . Uo. Mar. ti . . ol . Uo. 



yal Duer.mes jra? To . ca las com . pa • 




Tb . ca la> cam . pa . oas. Dio. doo, úao Dio. doo 



JVlARTINILLO, 

Martinillo, 
¿duermes ya? 
¿duermes ya? 
Toca las campanas, 
toca las campanas, 
din, don, dan, 
din, don, dan. 
133 



Andantino 




i», ru jr lie 



. lias Vao las «s . tr« . llu & sa . Ur. 




^^ Y cnao.do s» 



»<n 1^ ^ 



llM. boa 01. Sos tue oos. a dor . <nir.. 



VI 
NIÑITO, VEN,.. 

1 

NiÑiTO, ven; puras y bellas 
van las estrellas a salir. 
¡Y cuando salen las estrellas, 
los niños buenos, a dormir! 

2 
Niñito, ven; tras de la loma 
la blanca luna va a asomar; 
¡cuando la blanca luna asoma, 
los niños buenos, a soñar! 

3 

Niñito, ven; ya los ganados 
entran mugiendo en el corral. 
Cierra tus ojos fatigados 
en el regazo maternal. 

4 

Niñito, ven; sueña en las rosas 
que el viento agita en su vaivén; 
sueña en las blancas mariposas... 
jNiñitr ven! ¡Niñito, ven! 
135 



To Vft . loos & c» . 8»r, Ma.rí.po.s*d0 oo. 




fio. r?s. Y por .que me he de es . sftr^. Sin ba.cer.me del ro. 



far? Te va . mos á c& . sar. Ma . ri . po . sa de co . 




lo . res. Te «a.mos á ca sar Las ma .drt . ñas se . rao flo.ns. 



Vli 
LAS BODAS DE LA MARIPOSA 



T 



E vamos a casar, 
mariposa de colores, 
te vamos a casar. 
Tus madrinas serán flores. 
—¿Y por qué me he de casar 
sin hacerme de rogar? 
—Te vamos a casar, 
mariposa de colores, 
te vamos a casar; 
las madrinas serán flores. 

2 

— Yo— dice el caracol- 
te daré para mansión, 
amiga tornasol, 
te daré mi habitación. 
—Lo que da un amigo fiel, 

137 



m a d o N e r V 

yo lo acepto siempre de él. 
—Yo— dice el caracol — 
te daré para mansión, 
amiga tornasol, 
te daré mi habitación. 



—Yo—dijo la hormiguita- 
de mi rica provisión, 
te daré una migajita 
y de granos un montón. 
—¡Oh, qué buena comidita! 
jOh, qué gran «comilitón» 
—Yo— dijo la hormiguita—, 
de mi rica provisión, 
te daré una migajita, 
y de granos un montón. 



La abeja de oro habló: 
—Te daré mi mejor miel. 
La abeja de oro habló: 
—Te regalo el postre yo. 
—Gracias mil, abeja fiel. 
¡Y qué buena que es tu miell 
La abeja de oro habló: 
—Te daré postre de miel. 
La abeja de oro habló: 
-—Te daré mi postre yo. 
138 



Obras C o m p I e t 



—Yo— el grillo— iré a tu fiesta 
para tocar mi guitarra. 
—Completaré la orquesta- 
dijo luego la cigarra. 
—Gracias, grillo, no está mal; 
Cigarrita, está muy bien. 
—Yo llevo mi timbal. 
—Yo mi pífano también. 
Grillito, no está mal; 
Cigarrita, está muy bien. 



—Por ti voy a brillar— 
el cocuyo prometió—, 
pues quiero iluminar 
tus bodas sin cesar. 
—Gracias a todos y a todas; 
serán soberbias mis bodas. 
Me quiero ya casar. 
—Por ti voy a brillar— 
el cocuyo prometió—. 
No te hagas ya rogar. 



a 8 



139 



SEGUNDA PARTE 

I 
LOS SENTIDOS 



N. 



iÑO, vamos a cantar 
una bonita canción; 
yo te voy a preguntar, 
tú me vas a responder: 
— Los ojos, ¿para qué son? 
—Los ojos son para ver. 
—¿Y el tacto?— Para tocar. 
—¿Y el oído?— Para oir. 
—¿Y el gusto?— Para gustar. 
—¿Y el olfato?— Para oler. 
— ¿El alma?— Para sentir, 
para querer y pensar. 



141 



II 

LOS CINCO 

CSTE es el niño chiquito 

y bonito; al lado de él, 

se encuentra el Señor de anillos; 

luego, el mayor de los tres. 

Éste es el que todo prueba, 

y sobre todo la miel. 

—¿Y éste, más gordo que todos? 

•—Ese el Mata-pulgas es. 



142 



lU 

EL PUENTE 



VUÉ hermoso se ve el puente 

de piedra sobre el ríol 

Abajo la corriente 

y arriba el caserío. 

¡Qué hermoso se ve el puente 

de piedra sobre el río! 



US 



IV 

DESDE LA VENTANA 



VuÉ miras por la ventana? 
-Miro el sol que ya se va 
y me dice: «¡Hasta mañana!» 
Di, madre, qué ¿volverá. 

—Volverá, niño querido, 
y hasta tu cuna entrará; 
pero... si te halla dormido 
todavía, ¿qué dirá? 

— jAh! no me ha de ver dormido; 
bien despierto me hallará. 
—Si te encuentra ya vestido 
iqué contento se pondrá! 



144 



V 

¡BUEN VIAJE! 

C>ON la mitad de un periódico 
hice un buque de papel, 
y en la fuente de mi casa 
va navegando muy bien. 

Mi hermana con su abanico 
sopla que sopla sobre él. 
¡Muy buen viaje, muy buen viaje, 
buquecito de papel! 



145 
Tomo lll 



VI 

Mí GATITO 

i ENGO un gatito friolento, 
y si lo dejo dormir 
junto conmigo, al momento 
su ron-ron empiezo a oir, 
y el ron-ron quiere decir: 
«¡Gracias, estoy muy contento!: 



146 



VII 
VENTE CON NOSOTROS 

NiÑiTO, mira, los astros: 
parpadean como ojos 
que se abren y se cierran; 
¿sabes por qué? Porque todos 
te están diciendo con señas 
de luz: jvente con nosotros! 



I 



147 



VIH 

ANTÓNIMO 

Antonino 
fué por vino; 
quebró el vaso 
en el camino; 
¡pobre vaso! 
¡pobre vinol 
¡pobres nalgas 
de Antoninol 



148 



IX 

LO QUE DICEN LAS COSAS 



Q 



UÉ dice el sol en el cielo? 

— Dice: «¡Niñito, yo brilloU 
—¿Y en la tierra el arroyuelo? 

— «jYo corro!» —¿Y el pajarillo 
en las ramas? —«Yo alboroto, 

yo canto y vuelo...— > ¿Y el humo 
de la fábrica? —«Yo floto.» 
—¿Y la rosa? —«¡Yo perfumo!» 



149 



X 

LA ARDILLA 

La ardilla corre, 
la ardilla vuela, 
la ardilla salta 
como locuela... 
Mamá, la ardilla 
¿no va a la escuela? 

Ven, ardillita; 
tengo una jaula 
que es muy bonita. 
—No; yo prefiero 
mi tronco de árbol 
y mi agujero. 



lao 



XI 
TRATO HECHO 

Oye, pichoncito amigo, 
yo quiero jugar contigo. 
—Niño, si quieres jugar, 
ven, sube a mi palomar. 
—Me faltan alas, no puedo. 
Baja tú, no tengas miedo. 
—Sin miedo voy a bajar, 
y jugaré satisfecho; 
pero trigo me has de dar. 
—Pichoncito, trato hecho. 



151 



TERCERA PARTE 

(CANTO PARA UNA VOZ O UN GRUPO DE VOCES) 

I 

DUÉRMETE YA 

MELODÍA PARA UNA VOZ 

Llegó la noche, la luna 
de plata brillando está, 
ningún rumor te importuna, 
tu madre mece tu cuna; 
duérmete ya... 

¿Ves cómo cada vidriera 
iluminándose va? 
Ni un alma cruza la acera, 
todo es misterioso afuera; 
duérmete ya..» 

El jardín, de tan sombrío 
y quieto, pavor me da. 
Las ramas tiemblan de frío; 
cierra los ojos, bien mío; 
duérmete ya... 
153 



m 



do N e 



Si duermes pronto, mi dueño, 
tu ángel guardián te traerá 
un ensueño tan risueño 
que será el más lindo ensueño 
que un niño soñado ha. 

Duérmete pronto, mi dueño; 
duérmete ya... 



154 



II 

Lk ESCUELA 

PARA DOS GRUPOS DE VOCES 

PRIMER GRUPO 

jS] O veis los fulgores del sol en la altura 
tiñendo las nubes de vivo arrebol? 

SEGUNDO GRUPO 

Niñitos, la escuela más bello fulgura; 
marchad a la escuela, la escuela es un sol. 

PRIMER GRUPO 

¿No veis a la abeja que zumba y que vuela 
buscando las mieles que da el florestal? 

SEGUNDO GRUPO 

Niñitos queridos, marchad a la escuela, 
cual turba de abejas: la escuela es panal. 

PRIMER GRUPO 

Mirad esos nidos del árbol prendidos; 
uno es de zenzontles: poUuelos, cantad. 

SEGUNDO GRUPO 

Marchad a la escuela, niñitos queridos: 
la escuela es un nido más bello; marchad. 
155 



Moderado y »<#» 



el ritmo 



-fiol.d&.do tkl, a.vaa.zñ.a_vsuxj'.&! ¿á «tóoile vas lle.no ficar. 



• doríHLlejQO dear.ilor j con . fi . an.ra Yqy á ba . tir.me por mía. 




. fo siempre a_qaií Mi pa.be. IIÓD <1« tres co . lo.res.Elduíceha 



f^ dp tnis tna . yo. res Y el be.|Io sue.Ioenque oa . cf. 



III 

LA CANCIÓN DEL SOLDADO (1) 
AIRE MARCIAL PARA UNA VOZ O UN GRUPO DE VOCES 

Al son de parches y clarines, 
por el camino alegres van 
los denodados paladines. 



(1) Versión impresa en 1903: 

EL SOLDADO 

1 
—Soldado fiel, ¡avanza, avanza! 
¿Adonde vas lleno de ardor? 
— Lleno de ardor y confianza 
voy a batirme por mi amor. 

—¿Cuál es tu amor?— Muchos amores 
llevo conmigo, siempre aquí: 
mi pabellón de tres colores, 
el dulce hogar de mis mayores 
y el bello suelo en que nací. 

2 
(Estrofa idéntica a la tercera.) 

He de volver, amigos míos; 
triunfante, oh Patria, me has de ver, 
y premiarás al fin mis bríos; 
he de volver, amigos míos; 
he de volver, he de volver. 
157 



m a d o N e r 

Al son de parches y clarines: 
Trarararí, parramplán, plan. 

¿Adonde vas, fiero soldado, 
atravesando monte y plan? 
—Voy a vengar el suelo amado 
por extranjera planta hollado. 
Trarararí, parrataplán, plan. 

Soldado fiel, avanza, avanza 
bajo la lluvia y el calor. 
Contigo va nuestra esperanza; 
y cuando vuelvas, sin tardanza 
irá a encontrarte nuestro amor. 

He de volver, ya sin agravios, 
con una copla entre los labios. 
He de volver, he de volver. 



158 



IV 
HIDALGO Y MORELOS 

HIMNO PARA UN GRUPO DE VOCES 

riiDALGO yMorelos, palabras radiosasl 
Pregunta esos nombres al monte y al plan, 
a cielos y mares, a todas las cosas, 
y así te dirán: 

El monte de nieve y eternos basaltos 
que siglos y siglos sus crestas irguió, 
«Morelos, Hidalgo»— dirá— «son más altos, 
más altos que yo.» 

El mar, gran espejo de azur de los Andes, 
que nunca sus puros cristales manchó, 
«Hidalgo, Morelos»— dirá — «son más grandes, 
más grandes que yo.> 

El sol, alma fuerte de vivos destellos, 
imán de los mundos que el Padre creó, 
«Hidalgo y Morelos» — dirá — «son más bellos 
más bellos que yo.» 

Y fuentes y prados y valles y cielos, 
cantando los nombres de luz de los dos, 
dirán con vil voces: «Hidalgo, Morelos, 
¡bendígalos Dios!» 

159 



Lento y $o$t«nido el eant*. 

«2¿ 




Los electos e^'l eo 1& de.sler.ta lU. 



ou . . r» so . pl&SLdo esián, ¡a . . brid a . mi . |:os I» 



pu*r . t» Y <bul . oos CA . loe f paol 



V 

LA CANCIÓN DEL PORDIOSERO 

MELODÍA PARA UN GRUPO DE VOCES 

Los cierzos en la desierta (1) 
llanura soplando están. 
Abrid a un pobre la puerta (2) 
y dadle calor y pan. 

Viejo soy y llevo impresos 
en mi faz hambre y pesar. 
Dejad que entibie mis buesos 
junto al fuego del hogar. 

En cambio, en mis oraciones, 
al padre le pido que 
la mano pródiga en dones 
por siempre colmada esté. 

(1) Versión impresa en 1903: «Los cierzos, ay, en la 
desierta.» 

(2) «Abrid, amigos, la puerta». 



«Abrid al pobre vuestra puerta, 
también Jesús pobre fué. 
Pensad que la mano abierta 
colmada por Dios se ve.» 
161 
TOMO III 1 1 



m 



(1) 



d 



N 



Dad al pobre pan y abrigo (1) 
en esta noche cruel. 
También Jesús fué mendigo 
y, a veces, pide con él... 

-¡Ahí No neguéis al pobre abrigo.» 



^ 



162 



117 
VI 

LAS ALAS... 



El águila brava, de México emblema, 
devora una sierpe— figura del mal— 
en medio de un lago que finge una gema 
sobre una esmeralda silvestre: el nopal. 

Recuerdo que, siendo bebé todavía, 
al verla en mi augusta bandera ondear 
al soplo del viento y al beso del dia, 
temblando de anhelos clamé:~¡Madre mía, 
yo quiero ser águila, yo quiero volar! 

¿Por qué, si Dios alas brindó a los condores, 
al hombre, su imagen, las niega cruel? 
Mi madre me dijo:— Tontucio, no llores: 
las alas del genio son alas mejores; 
jamás los condores volaron como él. 

El águila brava, de México emblema, etc. 



163 



VII 
L\ CAMPAMTA 

PARA UN GRUPO DE VOCES, LOS TRES PRIMEROS VERSOS 
DE CADA ESTROFA, Y A CORO EL ESTRIBILLO «DIN-DAN, 
DIN-DAN» 



Alegre como alondra madrugadora, 
locuela como pluma que viene y va, 
yo soy la campanita que da la hora: 
¡din-dan, din-danl 

Yo soy la que te canta: «Duerme, chicuelo; 
mi toque de oraciones te arrullará.» 
Yo soy la que en las fiestas repica a vuelo, 
jdin-dan, din-danl 

Yo soy la que te digo: «Niño, despierta, 
despierta, que los libros te aguardan ya; 
el sol de la mañana dora tu puerta, 
idin-dan, din-danl» 

Suspensa entre la tierra y el infinito, 
yo sueno toda dicha, todo pesar; 
yo soy quien a las almas a orar invito, 
¡din-dan, din-dan! 
164 



VIII 
EN EL OTOÑO 

CANCIÓN PARA UN GRUPO DE VOCES 

£ÍL cielo SU azul descubre, 
verdeguean las montañas, 
y mece apenas las cañas 
el viento fresco de Octubre. 

¡Oh! mi patria! tus praderas, 
favoritas de los cielos, 
no saben aún los hielos 
que amortajan primaveras. 

Jamás los cierzos arrasan 
sus flores sin compasión; 
pasa una y otra estación, 
pero las flores no pasan. 

Plegué a Dios, como a esas flores, 
dar una vida inmortal 
al racimo de colores 
de tu enseña nacional. 

165 




•o. ..00.. .. ras! Je . . sus ea . 




á U a . ouD , cia . .da Flor de Da . . vid 



IX 
NOCHE BUENA 



PARA UN GRUPO DE VOCES 



Pastores y pastoras, 
abierto está el edén. 
¿No oís voces sonoras? 
Jesús nació en Belén (1). 

La luz del cielo baja, 
el Cristo nació ya, 
y en un nido de paja 
como avecilla (2) está. 

El niño está friolento (3); 
oh noble buey: 



(1) Versión impresa en 1903: entre la primera y la 
segunda estrofa, se intercalan estos versos: 

Dejad vuestra majada, 
venid, venid 
a ver a la anunciada 
flor de David. 

(2) «cual pajarillo». 

(3) «¿No veis? ¡Está friolento!» 

167 



Amado N e \ 

arropa con tu aliento 
al niño rey (1). 

Los cantos y los vuelos 
invaden la extensión, 
y están de fiesta cielos 
y tierra... y corazón. 

Resuenan voces puras 
que cantan en tropel: 
¡Hosanna en las alturas 
al Justo de Israel! 

Pastores, en bandada 
venid, venid, 
a ver a la anunciada 
flor de David. 

La luz del cielo baja, 
el Cristo nació ya, 
y en un nido de paja 
como avecilla está. 



(l) Las estrofas siguientes no aparecen en la ver- 
s ion anterior. 



168 



CUARTA PARTE 

CANTO PARA DOS VOCES O DOS GRUPOS DE VOCES 

I 

LOS VOLCANES 

PARA DOS GRUPOS DE VOCBS 
PRIMER GRUPO 

(^UANDO surgen las albas radiosas, 
los volcanes nos fingen al par 
dos inmensos montones de rosas 
que el mes de las flores olvidó al pasar. 

SEGUNDO GRUPO 

Cuando el sol *=^u divino tesoro 
manda al valle de luz tropical, 
los volcanes parecen de oro 
dos cúpulas áureas de un templo ideal. 

PPIMER GRUPO 

Mas que lleguen las tardes, y entonces 
a su luz los volcanes serán 
como dos fortalezas de bronces 
que siempre velando por México están. 
169 



ÍAovIiniento de iiureli« eoleouM! jr «m tn^rfia. 




re . los. Que Üe.oan coo su ¿io . da Los fas .tosdeojtrae. 




vi . das sajcr-l .0 . ca . ron. . V por noa. o.troscoiu|uls. 



roa...... lo . de.peiulea.cu > U . ber.Ud 



11 

LOS LIBERTADORES (1) 
PARA DOS VOCES O DOS GRUPOS DE VOCES 



PRIMERA VOZ 



H 



ONREMOS la memoria 
de los libertadores (2), 
que llenan con su gloria 
los fastos de otra edad. 

SEGUNDA voz 

Llenos de santos amores (3) 
sus vidas sacrificaron, 
y por nosotros conquistaron 
el bien mayor: la libertad (4). 



(1) En la versión impresa en 1903: Los Héroes. 

(2) «de Hidalgo y de Morelos». 

(3) «Llenos de nobles anhelos». 

(4) «Independencia y Libertad». 

171 



"^ <^ d o N e r 

PRIMERA VOZ 

iQué ruda fué la brega rn 
qué noble fué su empeño 
para tornar un sueño 
de gloria en realidad! 

SEGUNDA VOZ 

Todos, tras cruenta refriega, 
su noble vida inmolaron 
pero muriendo nos legaron 
el bien mayor: la libertad (2) 
Honremos la memoria, etc 



(1) ;Qué ruda fué su brega.. 

(2) 'Llenos de nobles anhelos».... 



,í.«fí'i!)Vi tiú ;j:('(..f 



172 



III 

Lk CENA DE NAVIDAD 

PARA UNA VOZ Y CORO 



.\l(?|reinen1e y animado. 



Qué ni«.sa tan her.mo . sa! (¿ué r) .coestáel fat. 




Qué sor. das ]a< ca< • ta , . fias Quo 



va . inos k cus . tar! MU go . lo • «I • oas Nos van 4 



dar. Que hoy es 1» fies . ta De Na . v) , «dad! 



UNA VOZ 

VUÉ mesa tan hermosa! 
¡Qué espléndido faisán! (1). 



(1) «¡Qué rico está el faisán!? 
173 



m a d o N e 

i Qué ricas (1) las castañas 
que vamos a gustar! 

CORO 

Mil golosinas 
hoy nos darán (2), 
por ser la fiesta 
de Navidad. 

UNA voz 

En casa nos preparan (3) 
un árbol como (4) un sol, 
cornetas y tambores 
y kepis (5) de cartón. 

CORO 

{Cuántos juguetes 
hoy nos darán 
por ser la fiesta 
de Navidad! 

UNA voz 

¡Mirad, mirad que alegres 
están papá y mamá! 



(1) «gordas». 

(2) «nos van a dar, 
que hoy es la fiesta) 

(3) «Papá y mamá preparan». 

(4) «que es un». 

(5) «muñecos». 

174 



Obras Completa 

Reflejan sus semblantes 
el goce que nos dan. 

CORO 

¡Riamos todos, 
cantad, cantad, 
que hoy es la cena 
de Navidad! 




175 




Ob Mé.si .00 * . do . rft jio Te vol .ve . n á mi. 




r4r? Ob Ble . XI . co *a . do . nJio Te voj .ve . ré a 



rar?Ye.r« tu cIe.loUuna.cu . lajloYelver.de cla.ro de cu 




«■r? (Hi Má^Ki . «o a . tfo • nulo Te vol.ve . ré & ni . rar 



IV 
LA CANCIÓN DEL AUSENTE 



PARA UNA VOZ Y CORO 
1 



Oh, México adorado, 
¿te volveré a mirar? 
¿Veré tu cielo inmaculado 
y el verde claro de tu mar? 

CORO 

Oh, México adorado, 
¿te volveré a mirar? 

2 

¿Veré tus altos montes 
de límpido (1) capuz, 
y tus inmensos horizontes 
glorificados por la luz? 

(1) «Cándido.» 

177 
Tomo lii 



12 



m a d o N 

CORO 

¿Veré tus altos montes 
de nítido capuz? 



Feliz cuando, de lejos, 
tras largo navegar, 
mire del sol a los reflejos 
El Citlatepetl (1) culminar. 

CORO 

¡Feliz cuando, de lejos, 
le pueda saludar! 

4 

Gaviotas mensajeras: 
pues que podéis, volad 
hasta el país de las palmeras, 
y a los que quiero (2) saludad 

CORO 

Gaviotas mensajeras: 
pues que podéis, volad. 

(1) «Orizaba.» 

(2) «adoro.» 



178 



LOS PESCADORES (1) 

PARA UNA VOZ Y CORO 




Ltk oo . chses.tá s« . re . oa ¡Que 



cal.ma por 'tfot qulerl 



pea . caba si .0. 




. rad aJláá lo le .jos Las lo ees del tío . gar. 



Qtté 



'^ . Uossus re . fle . Jos Pal . pl.tan so.breei 

UNA VOZ 

La mar está serena (2), 
comienza a amanecer; 



(1) La canción del pescador, 

(2) «La noche está serena,| 
¡qué calma por doquier!» 

179 



m a d o N e r V 

la pesca fué (1) muy buena, 
es (2) tiempo de volver. 

CORO 

Las olas vienen, las olas van, 
cantando llegan, cantando irán... (3). 

UNA voz 

Ya brillan a lo lejos (4) 
las luces del hogar; 
¡qué bellos sus reflejos 
se miran palpitar! (5). 

CORO 

Las olas vienen, las olas van, 
cantando llegan, cantando irán... 

UNA voz 

Hermanos (6) marineros, 
qué (7) duro es navegar, 



(1) «ha sido.» 

(2) «ya es.» 

(3) Estos dos versos, que se siguen repitiendo como 
estribillo del coro, faltan en la anterior versión, y se en- 
cuentran en la poesía Flor de Mayo. V. Obras comple- 
tas; vol. VII, pág. 53. 

(4) «Mirad allá a lo lejos.» 
(§) «Palpitan sobre el mar.» 

(6) «Amigos.» 

(7) «Cuan.» 

180 



Obras C o m p I e t 

¡y cuántos compañeros 
dejamos en el mar! 

CORO 

Las olas vienen, las olas van, 
gimiendo llegan, gimiendo irán... 

UNA voz 
La brisa, que hoy empuja (1) 
cantando mi bajel (2), 
¡quizá mañana ruja 
y tumba nos dé en él! 

CORO 

Las olas vienen, las olas van, 
gimiendo llegan, gimiendo irán... 

UNA voz 
Mas jquién en tales penas 
se pone a meditar! 
¡Las redes están llenas, 
volvamos al hogar! (3). 

CORO 

Las olas vienen, las olas van, 
cantando vienen, cantando irán... 



a s 



(1) Esta estrofa precede a la anterior en la tercera 
versión. 

(2) «batel.» 

(3) Estrofa nueva. 

181 



/ileifreinente, ptrono mufvivc. 
f 




(. fie. tu y tam .bo.res. So . oad. so.aad. so . ittd! <¿u¿& 



le .ere es la ma . ña . n& Del «Ti . a de San Juan'. 



VI 

EL DÍA DE SAN JUAN 

CANCIÓN PARA DOS VOCES O DOS GRUPOS DE VOCES 
PRIMER GRUPO 

\¿\}t alegre es la mañana 
del día de San Juan! 
¡Cornetas y tambores, 
sonad, sonad, sonad! 

SEGUNDO GRUPO 

—¡Qué alegre es la mañana 
del día de San Juan! 

PRIMER GRUPO 

— ¡Al baño, perezosos; 
la luz asoma ya; 
las aguas de la alberca 
de flores llenas van! 

SEGUNDO GRUPO 

— ¡Al baño, perezosos; 
la luz asoma ya! 
183 



m a d o N e r 

PRIMER GRUPO 

—jOh, Junio, hermoso Junio, 
el día de San Juan, 
tus rosas son más bellas, 
tu sol fulgura más! 

SEGUNDO GRUPO 

—¡Oh, Junio, hermoso Junio, 
tu sol fulgura más! 




184 



VII 
\ A LLEGÓ ABRIL 

CORO Y UNA VOZ 




^ft' re.vien . Uen el pen.sU. El cam .poestra . oa 




ou». . voira.jB. YAO».gó.._ aj)rll! Ya U«..gó a.brU! Pal. 



pl • tw lo» re.oue .vos Del cuMMeoiaejuen.sióo 



Y 

D.O 




CORO 

El ave canta en el boscaje, 
la flor revienta en el pensil, 
el campo estrena nuevo traje. 
lYa llegó Abril, ya llegó Abril! 
185 



m a d o N e r V 

UNA voz 
La luz, cuando amanece, 
finge un jardín sin par; 
la noche resplandece 
como un inmenso altar (1). 

CORO 

La brisa (2) lleva suave aroma 
en su impalpable ala sutil; 
llora en el bosque la paloma. 
[Ya llegó Abril, ya llegó Abril! 

UNA voz 

Palpitan los renuevos 
del prado (3) en la extensión, 
y brotan de los huevos 
el ala y la canción (4). 

CORO 

La luna baña el bosque obscuro 
en palideces de marfil, 
desde el azul diáfano y puro. 
¡Ya llegó Abril, ya llegó Abril! (5) 



(1) 


Estrofa nueva. 












(2) 


«El viento.» 












(3) 


«Campo.» 












(4) 


En la versión 


anterior, 


esta 


estrofa 


aparece 


en 


segundo lugar. 












(5) 


Estrofa nueva. 


186 











p 



Obras Completas 

UNA voz 

Las blancas mariposas 
de alitas de azahar, 
como almas de las rosas 
revuelan sin cesar. 

CORO 

El chupamirto con donaire 
bate su leve ala gentil, 
como dorada flor del aire. 
¡Ya llegó Abril, ya llegó Abril! (1) 



(1) Estrofa nueva, que sustituye a la final de la an- 
tigua versión: 

Hay muchos astros en el cielo, 
hay en la tierra flores mil; 
salta cantando el arroyuelo. 
|Ya llegó Abril, ya llegó Abril! 



187 



QUINTA PARTE 

PARA MÁS DE DOS VOCES O GRUPOS DE VOCES 
LA RECREACIÓN 

PARA TRES VOCES Y CORO 



V^OMO a la noche la luz serena 
radiante sigue por la extensión, 
así al estudio y a la faena 
sigue, niñitos, la recreación. 

Ya espera la risa, 
ya espera el cantar; 
chicuelos, aprisa, 
venid a jugar. 

Niño, cultiva tu pensamiento 
como una rosa, como un vergel. 
Todo trabajo nos da contento, 
y el juego alegre viene tras él. 

189 



m a d o N e ' 

Ya espera la risa, 
ya espera el cantar; 
chicuelos, aprisa, 
venid a jugar. 

Feliz el niño que, cuando llega 
la tarde, ornada de oro y rubí, 
decirse puede mientras que juega: 
«estoy alegre, porque cumplí.» 

Ya espera la risa, 
ya espera el cantar; 
chicuelos, aprisa, 
venid a jugar. 



190 



II 

Lk PROCESIÓN DE LOS COYOTES 

PARA DOS VOCES Y CORO 
PRIMERA VOZ 

M.ADRE, la línea de lumbre 
que de la sierra en la cumbre 
está brillando, ¿qué es? 

SEGUNDA voz 

—Hijo, la línea de lumbre 
que de la sierra en la cumbre 
está fulgurando, es... 
—¿Qué es? 
Vas a saberlo después. 

CORO 

—¿Qué es? 

Vas a saberlo después... 
191 



m a d o N e r V 



SEGUNDA VOZ 

Refiere una tradición 
que eso es una procesión: 
un coyote singular 
murió ha tiempo de aflicción, 
y lo llevan a enterrar. 

CORO 

Refiere una tradición 
que eso es una procesión. 

SEGUNDA voz 

Mas el que trae el carbón 
dice que no hay procesión 
ni coyote singular 
que haya muerto de aflicción 
y a quien lleven a enterrar. 

CORO 

Mas el que trae el carbón 
dice que no hay procesión. 

SEGUNDA voz 

Afirma el hombre en cuestión 
que esas lumbres hornos son 
192 



Obras Completa 

para el carbón vegetal, 
y que no hay tal procesión 
y de coyotes no hay tal. 

CORO 

Afirma el hombre en cuestión 
que esas lumbres... ¡lumbres son! 




193 



Tomo III 



13 







.le. .rio seh&.Uaeo flor, lio duJ.c* Uu> . to 



Jo ro . cf . a Y en ca.da lo. .sa tris, te jf 




tñ . .a Bri . llauoa la. i^ri.ma de a. . mr' 



III 

EL DÍA DE LOS MUERTOS 

REFRÁN 

OOY de los muertos es el día, 
el cementerio se halla en flor; 
un dulce llanto lo rocía, 
y en cada losa triste y fría 
brilla una lágrima de amor. 

UNA voz 
¡Ah!, nunca olvides al que ha muerto, 
que vivirá viviendo en ti (1); 
tal vez su sombra, en giro incierto, 
vuela (2) en redor del campo yerto, 
diciendo a todos: «¡Piensa en mí!> 

OTRA voz 
Tal vez su espíritu se prende 
a cada nube de albo tul; 
llora en la lluvia que desciende, 
y en cada estrella que se enciende 
nos manda un beso del azul. 

REFRÁN 

Hoy de los muertos es el día... 



(1) Versión impresa de 1903. A los muertos: «Que 
vive aún viviendo en tí.» 

(2) «vaga.» 

id5 



'CÁU 



Moderado jr sostenido tleanto. 




mas. Los be . say sin e . . oo . . Jos. Cuín 




o . .Jos Ed pía . ci ^. ''» o . ra • dóo. f 



:xí> Vih ^'-cré ni> 



Mi).:v, ci 



IV 

LA MUERTE DEL ABUELITO d) 

REFRÁN 

liL abuelito que nos amaba 
tan tiernamente, muriendo está; 
el abuelito que nos contaba 
tan lindos cuentos, ya se nos va... 

1 

Nos mira con ternura, 
nos da su bendición 
y vuélvese a la altura 
su rostro en oración. 



(1) La antigua versión de 1903 casi era otra poesía: 

LA MUERTE DEL JUSTO 

1 

El justo, sin anhelos, 
su vida acaba en paz; 
besa a sus nietezuelos, 
que ya no verá más. 
197 



m a d o N e 

Nos habla de los cielos 
adonde pronto irá, 
besa a sus netezuelos, 
que nunca más verá. 

Y luego nos murmura: 
«Amaos; sin amor, 
la vida es una oscura 
prisión, llena de horror...* 

REFRÁN 

El abuelito que nos amaba 
tan tiernamente, muriendo está; 
el abuelito que nos contaba 
tan lindos cuentos, ya se nos va. 



Los besa y, sin enojos, 
cumplida su misión, 
al cielo alza los ojos 
en plácida oración. 

2 

Asidas dulcemente 
las manos a una cruz, 
expira, y en su frente 
brilla celeste luz. 

Oh niños, que ahora llenos 
de vida estáis aquí: 
vivid como los buenos, 
para morir así. 
198 



Obras Completas 



«¡Adiósl» con tiernos modos 
nos dice; «voy a Dios»; 
y respondemos todos 
llorando: «¡Adiósl ¡Adiósl» 

¡Y expira, y nos parece, 
su rostro al contemplar, 
que brilla y resplandece 
como un divino altar! 

lOh niños, que tan llenos 
de vida estáis aquí: 
vivid como los buenos, 
para morir así! 

REFRÁN 

El abuelito que nos amaba 
tan tiernamente, muriendo está; 
el abuelito que nos contaba 
tan lindos cuentos, ya se nos va. 



idd 



Con expansión, mi^éonmado. 



Oh qué bellos i- de. a. les! Que fu .tu .roha.la.gajdorí 



Cuao-do la.ros íra.ter.na.les U.nanto.do co . rajón 



Cuando el nombre de la ^ guerra Na-die lor_neá pro.nun.clar Y_ 




Cuando el nombre de la giie.rra Na.die torjieá pro.nmijclar Y. 



so be «sen cie.loytier . ra Coo uaa ós.cu . lo de pftz 



V 
HIMNO DEL PORVENIR... 

PARA DOS GRUPOS DE VOCES Y CORO 



CORO 
J 

Oh!, qué bellos ideales, 
qué futuro halagador, 
cuando lazos fraternales 
unan todo corazón. 

PRIMERA voz 
2 

Cuando el nombre de la guerra 
nadie torne a pronunciar, 
y se besen cielo y tierra 
con un ósculo de paz; 

SEGUNDA voz 
3 
Cuando, unidos a lampos 
de un glorioso amanecer, 

201 



m a d o N e 

cultivemos nuestros campos, 
cosechemos nuestra mies. 

PRIMERA voz 
4 

Cuando canten voces puras 
en la tierra y en el mar: 
«Gloria a Dios en las alturas 
y, en el mundo, al hombre, paz. 

SEGUNDA voz 
5 

Oh, mi patria, ayer hundida 
en la sangre y el dolor: 
cuan hermosa es hoy tu vida; 
tu infortunio ya pasó. 

PRIMERA voz 
6 

En tus áureas sementeras 
todo es júbilo y labor, 
en tus fértiles praderas 
todo canta bajo el sol. 

SEGUNDA voz 
6 

Oh, mi patria, mis hermanos, 
202 



Obras Completas 

caminemos (1) siempre así; 
que trabajen nuestras manos 
un glorioso porvenir. 

CORO 



Venid, niños, y con puras 
voces, este canto alzad: 
«iGloria a Dios en las alturas 
y, en la tierra, al hombre, paz!; 



(1) «Continuemos».— La antigua versión casi sólo 
difiere de ésta en la división del coro y las voces. 



203 




Quéher.mo . SM 800 los mon.tes DeJsue.lo «oque ha. 




eres . . tas a. nf . da^se f • . llz. 



<2ué be. Uos soD los moo . tes DelsuUo enque oa . el! 



VI 
LA CANCIÓN DE LAS MONTAÑAS 

PARA TRES VOCES Y CORO 
PRIMERA VOZ 



Q 



UÉ bellos (1) son los montes 
del suelo en que nací; 
qué blancas son sus cimas 
que rasgan el zafir! 
El águila en sus crestas 
anídase feliz. 

CORO 

¡Qué bellos son los montes 
del suelo en que nací! 

SEGUNDA voz 

Montañas adoradas, 
montañas de Anahuac, 
gigantes centinelas 
que el Valle custodiáis: 
yo quiero, cual vosotras, 
blancuras ostentar. 



(1) «Hermosos.» 

205 



m a d o N 

CORO 

jMontañas adoradas, 
montañas de Anahuac! 

TERCERA voz 

Si un día el extranjero 
mi patria viene a hollar, 
vosotras sed refugio 
de toda libertad; 
vosotras sed murallas 
de roca de mi hogar... 

CORO 

¡Montañas de oro y nieve, 
montañas de Anahuac! 



206 



VII 
LA ALEGRE CANCIÓN DE LA MONTAÑA 

PARA TRES VOCES Y CORO 

CORO 

Llegó la luz serena, 

y a levantarme voy. 

La noche se aleja como una gran pena; 

¡qué alegre que estoy! 

UNA voz 

Los pájaros en coro 
cantan sus alegrías; 
las jaulas vibran como arpas de oro. 
Hermanos pájaros, jmuy buenos días! 

OTRA voz 

Las gotas de rocío 
comienzan a temblar 
cual si tuviesen frío; 

las rosas más hermosas del jardincito mío 
con esos diamantes van a hacerse un collar. 
207 



Amado Ñervo 



OTRA VOZ 

El hilo del agua, la trémula brisa 
sus más alegres cosas empiezan a decir. 
El cielo resplandece como una gran sonrisa, 
iqué bello es vivir! 

CORO 

Llegó la luz serena, etc.. 



M'At,: 



208 



VIII 
LOS HÉROES NIÑOS DE CHAPULTEPEC 

PARA VARIAS VOCES Y CORO 
CORO 

C^OMO renuevos cuyos aliños 
un cierzo helado destruye en flor, 
así cayeron los héroes niños 
ante las balas del invasor (1). 

PRIMERA ESTROFA 

Fugaz como un sueño, el plazo 
fué, de su infancia ideal; 
mas los durmió en su regazo 
la Gloria, madre inmortal. 

SEGUNDA ESTROFA 

Pronto la patria querida 
sus vidas necesitó, 
y uno tras otro la vida 
sonriendo le entregó. 



(1) Estos cuatro versos fueron escritos para la poe- 
sía dedicada al mismo tema, que figura en este mismo 
volumen, sección: VARIA. 

209 
Tomo III 14 



m 



a d o N e r V 



SEGUNDA ESTROFA 

En la risueña colina 
del Bosque, uno de otro en pos 
cayeron, con la divina 
majestad de un joven dios. 

CUARTA ESTROFA 

¿Quién, después que de tan pía 
oblación contar oyó, 
a la Patria negaría 
la sangre que ella le dio? 

QUINTA ESTROFA 

Niñez que hallaste un calvario 
de la vida en el albor: 
que te sirva de sudario 
la bandera tricolor. 

Y que canten tus hazañas 
cielo y tierra sin cesar, 
el cóndor de las montañas 
y las ondas de la mar... 
Como renuevos cuyos aliños 
un cierzo helado destruye en flor, etc. 



210 



IX 
LOS MAGUEYES 



TRES VOCES Y CORO 



CORO 

(^ómo fingen los nobles magueyes, 
a los rayos del sol tropical, 
misteriosas coronas de reyes, 
colosos vencidos en pugna mortal. 

PRIMERA voz 

Majestuosas sus pencas de acero 
en las tardes parecen soñar... 
Ellas vieron a Ixcoalt altanero, 
vestido de pieles y plumas, cruzar... 

SEGUNDA voz 

En el monte y el plan y el barranco, 
de sus venas haciendo merced, 
con su néctar narcótico y blanco 
calmaron piadosos del indio la sed. 

TERCERA voz 

Con su fibra le dieron, un manto, 
y supieron en ella esconder 
211 



Amado N e r v 

el sutil jeroglífico santo 

que cuenta a los nuevos las glorias de ayer. 

PRIMERA voz 

Ellos vieron a Anahuac sentada 
en sus lagos de plata y zafir, 
y la vieron después humillada, 
y al cabo la vieron rendirse y morir. 

SEGUNDA voz 

Majestuosos y nobles magueyes: 
cuántas veces os oigo contar 
vuestras viejas historias de reyes, 
¡algunas tan tristes que me hacen llorari 

CORO 

Cómo fingen los nobles magueyes... 




212 



iSS^ 




I 

EL ULTIMO POETA 

En la nevada cumbre de un monte fabuloso 
que anublan los crepúsculos y encienden las auroras, 
y escalan sin estrépitos las voces triunfadoras 
que coii su augusta calma serenizó el Reposo, 

habita (solitario de un mundo misterioso 
que tú, divino Ensueño, conformas y coloras) 
jirón de nebulosa mental que va por horas 
centripetando el germen de un genio silencioso. 

Ya el Cosmos adivina la gestación del Numen 
que del supremo anhelo dará el postrer resumen. 

Ya el Éter se estremece al presentir su ritmo, 
del eviterno número, supremo logaritmo. 

Serán de esa magnífica y máter Iliada, 
la muerte, Aldo Manuncio; el rapsoda, la Nada. 

Febrero 1897. 

215 



II 

LOS NIÑOS MÁRTIRES DE CHAPULTEPEC 

Leída en el hemiciclo del Bosque 



C^ 



,0M0 renuevos cuyos aliños 
un viento helado marchita en flor, 
así cayeron los héroes niños 
ante las balas del invasor. 
Allí fué... Los sabinos, la cimera 
con sortijas de plata remecían; 
cantaba nuestra eterna primavera 
su himno al sol; era diáfana la esfera; 
perfumaba la flor... ¡y ellos morían! 

Allí fué... Los volcanes, en sus viejos 
albornoces de nieve se envolvían, 
perfilando sus moles a lo lejos; 
era el Valle una fiesta de reflejos, 
de frescura, de luz... ¡y ellos morían! 

Allí fué... Saludaba al mundo el cielo, 
y al divino saludo respondían 
los árboles, la brisa, el arroyuelo, 
216 



Obras Completas 

los nidos con el trino del polluelo, 
las rosas con su olor... ¡y ellos morían! 

Morían cuando apenas el enhiesto 
botón daba sus pétalos precoces, 
privilegiados por la suerte en esto: 
que los que aman los dioses mueren presto 
¡y ellos eran amados de los dioses! 

Sí, los dioses la linfa bullidora 
cegaban de esos puros manantiales, 
espejos de las hadas y de Flora, 
y juntaban la noche con la aurora, 
como pasa en los climas boreales. 

Los dioses nos robaron el tesoro 
de esas almas de niños que se abrían 
a la vida y al bien, cantando en coro. 

Allí fué... La mañana era de oro, 
Septiembre estaba en flor... ¡y ellos morían! 

II 

Como renuevos cuyos aliños 
un viento helado marchita en flor, 
así cayeron los héroes niños 
ante las balas del invasor. 
No fué su muerte conjunción febea 
ni puesta melancólica de Diana, 
sino eclipse de Vésper, que recrea 
los cielos con su luz, y parpadea 
y cede ante el fulgor de la mañana. 
217 



Amado Ñervo 

Morir cuando la tumba nos reclama, 
cuando la dicha, suspirando quedo, 
«jAdiós!», murmura, y se extinguió la llama 
de la fe, y aunque todo dice: «¡Ama!>, 
responde el corazón: «¡Si ya no puedo!...» 

Cuando sólo escuchamos dondequiera 
del tedio el gran monologar eterno, 
y en vano desparrama Primavera 
su florido caudal en la pradera, 
porque dentro llevamos el invierno, 

bien está... Mas partir en pleno día, 
cuando el sol glorifica la jornada, 
cuando todo en el pecho ama y confía, 
y la Vida, Julieta enamorada, 
nos dice: «No te vayas todavíal»; 

y forma la ilusión mundo de encajes, 
y los troncos de savia están henchidos, 
y las frondas perfuman los boscajes, 
y los nidos salpican los frondajes, 
y las aves arrullan en los nidos, 

es cruel... Mas, entonces, ¿por qué ahora 
muestra galas el Bosque y luce aliños? 
¿Por qué canta el clarín con voz sonora? 
¿Por qué nadie está triste, nadie llora 
delante del recuerdo de esos niños? 

Porque más que la vida, bien pequeño; 
porque más que la gloria, que es un sueño; 
porque más que el amor, vale, de fijo, 
la divina oblación, y en una losa 
213 



Obras Completas 

este bello epitafio: «Aqui reposa; 

dio su sangre a la Patria: jera buen hijo!» 



III 



Como renuevos cuyos aliños 
un viento helado marchita en flor, 
así cayeron los héroes niños 
ante las balas del invasor. 
... Descansa, juventud, ya sin anhelo, 
serena como un dios, bajo las flores 
de que es pródigo siempre nuestro suelo; 
descansa bajo el palio de tu cielo 
y el santo pabellón de tres colores. 

... Descansa, y que liricen tus hazañas 
las voces del terral en los palmares, 
y las voces del céfiro en las cañas, 
las voces del pinar en las montañas 
y la voz de las ondas en las mares. 

Descansa, y que tu ejemplo persevere, 
que el amor al derecho siempre avive, 
y que en tanto que el pueblo que te quiere 
murmura en tu sepulcro: «¡Así se muere!», 
la fama cante en él: «¡Así se vive!» 

IV 

Como renuevos cuyos aliños 

un viento helado marchita en flor, 

219 



Amado N e r v 

así cayeron los héroes niños 
ante las balas del invasor. 

Señor, en cuanto a ti, dos veces bravo, 
que aquí defiendes el hollado suelo 
tras haber defendido el suelo esclavo, 
y hoy en el sitio dormirás al cabo 
donde el águila azteca posó el vuelo; 

Señor, en cuanto a ti, que, noble y fuerte, 
llegaste del perdón al heroísmo, 
perdonando en tu triunfo a quien la muerte 
dio a tu padre infeliz, y de esta suerte 
venciéndote dos veces a ti mismo: 

ven, únete a esos niños como hermano 
mayor, pues que su gloria fué tu gloria, 
y llévalos contigo de la mano 
hacia el solio de Jove soberano 
y a las puertas de bronce de la Historia. 

8 de Septiembre de 1903. 



220 



III 

GUADALUPE 

Para el Dr. Manuel Flores, quien me pidió unos versos 
nacionales 



C^ON su escolta de rancheros, 

diez fornidos guerrilleros, y en su cuaco retozón 

que la rienda mal aplaca, 

Guadalupe la chinaca va a buscar a Pantaleón. 

Pantaleón es su marido, 
el gañán más atrevido con las bestias y en la lid: 
faz trigueña, ojos de moro, 
y unos músculos de toro y unos ímpetus de Cid. 

Cuando mozo fué vaquero, 
y en el monte y el potrero la fatiga le templó 
para todos los reveses, 
y es terror de los franceses, y cien veces lo probó. 

Con su silla plateada, 
su chaqueta alhamarada, su vistoso cachirul 
y la lanza de cañutos, 
cabalgando pencos brutos jqué gentil se ve el gandull 

Guadalupe está orguUosa 
de su prieto; ser su esposa le parece una ilusión, 

221 



Amado Ñervo 

y al mirar que en la pelea 

Pantaleón no se pandea, grita: ¡viva Pantaleón! 

Ella cura a los heridos 
con remedios aprendidos en el rancho en que nació, 
y los venda en los combates 
con los ro]os paliacates que la pólvora impregnó. 

En aquella madrugada todo halaga su mirada, 
finge pórfido el nopal, 

y los órganos parecen candelabros que se mecen 
con la brisa matinal. 

En los planes y en las peñas, el ganado entre las breñas 
rumia, trisca mugidor 

azotándose los flancos, y en los húmedos barrancos 
busca tunas el pastor. 

A lo lejos, en lo alto, bajo un cielo de cobalto 
que desgarra su capuz, 

van tiñéndose las brumas, como un piélago de plumas 
irisadas por la luz. 

Y en las fértiles llanadas, entre milpas retostadas 
de calor, pringan el plan 
amapolas, maravillas, zempoalxochitls amarillas 
y azucenas de San Juan. 

B 

Guadalupe va de prisa, de retorno de la misa: 
que, en las fiestas de guardar, 

222 



Obras Completas 

nunca faltan las rancheras 

con sus flores y sus ceras a la iglesia del lugar; 

Con su gorra galoneada, su camisa pespunteada; 
su gran paño para el sol, 
su rebozo de bolita, 
y una saya nuevecita y unos bajos de charol; 

Con su faz encantadora más hermosa que la aurora 
que colora la extensión; 
con sus labios de carmines, 
que parecen colorines, y su cutis de piñón; 

Se dirige al campamento donde reina el movimiento 
y hay mitote y hay licor; 
porque ayer fué bueno el día, 
pues cayó en la serranía un convoy del invasor. 

Qué mañana tan hermosa: ¡cuánto verde, cuánta rosa! 
Y qué linda, en la extensión 
rosa y verde, se destaca 
con su escolta la chinaca que va a ver a Pantaleón. 



223 



IV 

MÚSICA ORGULLOSA DÉLA TEMPESTAD 

por WALT WHITMAN 

Leído en la sesión solemne que el Liceo Al- 
tamirano dedicó a Mr. L. S. Rowe, director de 
la Universidad de Pensilvania y presidente de 
la Sociedad de Ciencias Sociales y Políticas 
de Filadelfia.— 1904. 



MÚSICA orgullosa de la tempestad, 

ráfaga que tan libre salta y corre, silbando en la extensión de 

fias praderas, 
gran murmurio de las cimas de los bosques! — viento de las 

[montañas, 
vagas formas personificadas— vosotras, orquestas ocultas; 
vosotras, serenatas de fantasmas con instrumentos alerta, 
mezclando al ritmo de la naturaleza todas las lenguas de las 

[naciones; 
vosotras, cuerdas abandonadas como por vastos compositores 

[ — vosotros, coros; 
vosotras, danzas religiosas, libres e informes; vosotras, las del 

[Oriente; 

224 



Obras Completas 

vosotras, medias voces de los ríos, mugidos de cataratas que 

[se despeñan; 
vosotros, rumores de cañones lejanos, con la caballería que 

[galopa; 
ecos de los campamentos, con todos los varios llamados de 

[los clarines, 
formando tropas tumultuosas, llenando la tarda media noche, 

[encorvándome a mí, impotente, 
entrando en mi cámara de reposo, solitaria; ¿por qué os habéis 

[apoderado de mí? 



Avanza, oh alma mía, y deja al reposo que se vaya; 
escucha, no pierdas nada, hacia ti vienen ellos; 
dividiendo la noche, entrando en mi cámara de reposo, 
para ti cantan y danzan, alma mía, un canto de ñesta, 
el dúo del novio y de la novia— una marcha nupcial, 
con labios de amor y corazones de amantes colmados de amor 

[hasta los bordes, 
las mejillas sonrojadas y los perfumes, un cortejo hormigueante 

[de caras amigas, jóvenes y viejas, 
a las claras notas de las flautas y al «cantábile» de las arpas 

[resonantes. 



Los ruidosos tambores se aproximan ahora, 
¡victorial ¿no ves entre el humo polvoriento las banderas, des- 
[garradas, pero ondulantes? ¿la caterva no ves de los vencidos? 
¿No escuchas esas aclamaciones de un ejército conquistador? 

225 
Tomo III 15 



Amado Ñervo 

(Oh alma, y los sollozos de las mujeres, los heridos que gimen 

[en agonía, 
el silbar y el crepitar de las llamas, los ennegridos escombros, 
[las cenizas de las ciudades incendiadas, 
los lamentos y la desolación de la humanidad). 



Ahora me penetran aires antiguos y medioevales, 
veo y escucho a los viejos arpistas con sus arpas, en las fiestas 

[galas: 
oigo a los «minnesingers> cantando sus layes de amor, 
oigo a los menestrales, a los juglares, a los trovadores de la 

[Edad Media. 



Ahora el gran órgano resuena, 
trémulo, en tanto que muy abajo, como los escondidos puntos 

I de apoyo de la tierra 
sobre los cuales, ingentes, reposan, y de los cuales, móviles, 

[penden 
todas las formas de belleza, de gracia y de fuerza, todos los 

[matices que conocemos, 

las briznas de verde césped, los pájaros que gorjean, los niños 

[que saltan y juegan, las nubes del cielo, allá en las alturas, 

la base poderosa se mantiene, y sus pulsaciones no se inte- 

frrumpen, 
bañando, sosteniendo, inundando todo el resto, maternidad de 

[todo lo demás, 
y con esto, cada instrumento en multitudes. 

226 



Obras Completas 

Tocan los músicos, los músicos del mundo entero, 
los himnos y las solemnes misas estimulan la adoración. 
Todos los cantos apasionados del corazón, los dolorosos 11a- 

[mamientos, 

los dulces e improvisados vocalizadores de las edades, 
y para mezclarlos y unirlos, el diapasón de la tierra, 
de los vientos y los bosques y las olas del océano potente; 
una nueva orquesta, uniendo las épocas y los climas, compues- 

[ta y diez veces renovadora, 
como en los días de otro tiempo, de que hablan los poetas: el 

[paraíso. 
-El apartamiento, la separación larga. Mas ahora el vagar ha 

[concluido, 
terminó el viaje, llegó al hogar el viajero, 
y hombre y Arte, con la Naturaleza de nuevo se confunden. 



¡Tuttil por la tierra y el cielo; 
(el director de orquesta, todopoderoso, ha hecho para mí una 

[señal con su batuta) 
la viril estrofa de los esposos del mundo 
y todas las esposas que responden, 
las lenguas de los violines, 

pienso yo, oh lenguas, que explicáis vosotras este corazón que 

[no puede a sí mismo explicarse, 
(este corazón lleno de ternura y de aspiraciones que no puede 

[a sí mismo explicarse.) 



227 



m a d o N e r V 



Ah, cuando era yo muy niño, 
tú sabes, alma mía, cómo para mí todos los ruidos se trocaron 

fen música: 
la voz de mi madre en arrullo o en himno; 
(las voces— oh tiernas voces— amantes voces del recuerdo! 
postrer milagro de todos los milagros—las voces de mi madre 

[muy amada y de mis hermanas); 
la lluvia, el trigo que crece, la brisa entre los maizales de luen- 

[gas hojas, 
la resaca que viene a golpear regularmente la arena, 
el ave que charla, el grito agudo del gavilán, 
las notas de los pájaros salvajes que, rastreando vuelan, por la 
ínoche, en camino hacia el Norte o hacia el Sur, 
el salmo en la iglesia de la aldea, entre el boscaje; el campa- 

[mento al aire libre; 
el ministril en la taberna, la canción con estribillo, los inter- 

[minables cantos de los marineros, 
el ganado que muge, los corderos que balan, el gallo que can- 

[ta al alba. 



8 



Todos los cantos de todos los países actuales, vienen a re- 

[sonar en mi rededor: 
los aires alemanes de amistad, de vino y de amor, 
las baladas de Irlanda, las gigas y las alegres danzas, los refra- 

[nes ingleses, 

228 



Obras Completas 

las canciones de Francia, ios aires escoceses y, sobre todo ello, 
las composiciones sin igual de Italia. 

A través de la escena con la palidez en el rostro y con una 

[sombría pasión, en tanto, 
Norma avanza blandiendo en su mano la daga. 
Veo el reflejo sobrenatural de los ojos de la pobre Lucía loca: 
sus cabellos desatados y enmarañados caen sobre sus hombros. 
Veo a Hernani que atraviesa el jardín nupcial; 
en medio del perfume de las rosas, radiante y llevando a su 

I novia de la mano. 
Oye el llamamiento infernal, el signo mortal de la trompa.- 
Las espadas que se cruzan y las grises cabezas despeinadas, 

[bajo el cielo, 
el bajo y el barítono, claros y eléctricos, del mundo, 
el dúo del trombón, libertad para siempre! 
De la sombra densa de los castaños españoles, cerca de viejos 
y sólidos muros de convento, surge un canto quejumbroso, 
canto de amor perdido; la antorcha de la juventud y de la vida, 

[que se extingue en la desesperación; 
canto del cisne moribundo— el corazón de Fernando se rompe; 
despertándose de sus dolores por fin redimidos, Amina canta: 
copioso como las estrellas y feliz como la claridad de la ma- 

[ñana es el torrente de su alegría. 
(La fecunda matrona viene, el orbe que estalla. Venus contral- 

[to, la madre que florece. 
Yo oigo a la Alboni, hermana de los más orgullosos dioses). 



229 



m a d o N 



Oigo esas odas, sinfonías y óperas, 
oigo en el «Guillermo Tell» la música de un pueblo rebelado 

[y furioso, 
oigo los «Hugonotes» de Meyerbeer, «El Profeta o Roberto», 
el «Fausto» de Gounod o el «Donjuán» de Mozart. 

10 

Oigo la música de baile de todas las naciones. 
El vals (un compás delicioso, que declina, me baña de bien- 

[aventuranza), 
el bolero, con el tañido de sus guitarras y el chasquido de las 

[castañuelas. 
Veo las danzas religiosas, antiguas y modernas; oigo el sonido 

[del arpa hebrea; 
veo a los cruzados en marcha, enarbolando la cruz, al marcial 

[retumbar de los címbalos; 
Oigo la melopea monótona de los dervises, entremezclada de 
[frenéticos gritos, en tanto que giran sobre sí mismos, volvién- 

Ldose sin cesar hacia la Meca; 
veo las danzas religiosas y extáticas de los persas y de los 

[árabes; 
todavía en Eleusis, cuna de Ceres, veo a los griegos modernos 

[que danzan; 
los oigo palmotear inclinando los cuerpos; 
oigo el métrico rumor de sus pisadas. 
Veo aún la antigua y salvaje danza de los coribantes; los que 

[danzan se hieren entre sí. 
250 



Obras Completas 

Veo al joven romano, al son agudo de los caramillos, lanzando 

I y aparando sus armas, 
cayendo de rodillas y levantándose. 

Escucho el llamamiento del muecín en la mezquita musul- 

[mana; 
veo en el interior a los adoradores (ni liturgias, ni sermón, ni 

[discusiones, ni palabras), 
pero con las cabezas levantadas, silenciosas y extrañas, devo- 
ras, radiantes, con los rostros extáticos. 

11 

Escucho el arpa egipcia, de cuerdas numerosas; 
los cantos primitivos de los bateleros del Nilo; 
los himnos sagrados e imperiales de la China; 
a los sonidos dehcados del <king» (madera y piedra que se en- 

[trechocan) 
o las flautas indostanas o el gangueo deshilado de la «vina», 
un enjambre de bayaderas. 

12 

Y ahora, Asia, África, dejadme: Europa se apodera de mí y 

[me inspira; 
en los órganos inmensos y las orquestas oigo como vastos con- 

[cursos de voces: 
el himno ardiente de Lutero: <Eine feste Burg ist unser Qott», 
el «Stabat Mater Dolorosa» , de Rossini, 
o, flotando en alguna catedral obscurecida por sus vitrales 

[suntuosamente coloridos, 
el «Agnus Dei» o el «Gloria in excelsis» apasionados. 
..>.^ 231 



I 



Amado Ñervo 

13 

{Compositores, maestros potentes! 
Y vosotros, dulces cantores de los países viejos, sopranos, te- 
Inores, bajos: 
a vosotros un nuevo bardo que canta en el Oeste, humilde- 

[mente envía su amor. 
(Todo esto va a ti, oh alma; 

todos los sentidos, los espectáculos y los objetos llevan ha- 

[cia ti; 
mas paréceme ahora que el sonido nos lleva a ti mejor que 

[todo.) 



14 



Escucho el canto anual de los hijos de la catedral de San* 

[Pablo,, 
o, bajo la bóveda elevada de alguna sala colosal, las sinfonías 
[y los oratorios de Beethovcn, Haendel o Haydn. 
La < Creación > me baña en olas de divinidad. 
Dadme todos los sonidos para que yo los contenga (grito, de- 

[batiéndome como un loco); 
llenadme de todas las voces del Universo; 
dotadme de sus palpitaciones y también de las de la Natura- 
Reza; 
las tempestades, las olas, los vientos, las óperas, los cantos, las] 

[marchas y las danzasj 
vertedlas, derramadlas: porque quiero tomarlas todas. 

232 



Obras Completas 
15 

Entonces me desperté dulcemente 
y, deteniéndome a interrogar un instante a la música de mi en- 

[sueño, 
e interrogando a todas esas reminiscencias— la tempestad en 

[su furia, 
y todos los cantos de sopranos y tenores, 
y aquellas frenéticas danzas orientales de fervor religioso, 
y los dulces instrumentos variados, y el diapasón de los ór- 

[ganos, 
y todas las quejas ingenuas del amor, del dolor y de la muerte, 
dije a mi alma, curiosa y muda, fuera del lecho de la cámara 

fde reposo: 
«Ven, porque he encontrado la explicación que buscaba hace 

[tanto tiempo; 
salgamos, refrigerados en la claridad del día, 
adaptándonos alegremente a la vida, recorriendo el mundo 

[real, 
nutridos para lo de adelante con nuestro celeste ensueño. > 
Y dije, además: 

«Acaso eso que oíste, oh alma, no era el ruido de los vientos, 
ni el ensueño de la tempestad rabiosa, ni las alas que palpitan, 

[ni el grito ronco del pájaro marino, 
ni la vocalización de la Italia llena de Sol, 
ni el majestuoso órgano germánico, ni el vasto concurso de 

[voces, ni los creadores de armonías, 
ni ks estrofas de los esposos y de las esposas, ni el rumor de 

[los soldados en marcha, 
233 



Amado Ñervo 

ni las flautas, ni las arpas, ni los llamamientos de los clarines 

[en los campos, 
sino un nuevo ritmo hecho para ti, 

poemas que arrojan un puente sobre el camino que lleva de la 

[Vida a la Muerte, 
vagamente sostenidos en el aire nocturno, imprecisos, no es- 

[critos:— 
puente que nos hace pasar al pleno día y escribir. 



234 



V 
CHARHAS 

5 de Febrero de 1905. 

£lN Otros tiempos, en las mañanas, 
entre la charla de las campanas 
y hollando fresco césped mis pies, 
iba yo, siempre solo conmigo, 
a llevar flores a un muerto amigo, 
al bien amado Panteón francés. 

Y muchas veces, cuando pasaba 
por la calzada de La Piedad, 
curioso y triste me preguntaba, 
al ver un grupo de rojos techos 
y muros blancos, luciendo a trechos 
en las orillas de la ciudad: 

— ¿Quién tras aquellas paredes mora? 
¿Quién por aquellos prados, que dora 
la luz, divaga su soledad? 
¿Quién se guarece bajo esos techos, 
tras esos muros blanco?, que a trechos 
lucen a orillas de la ciudad? 
235 



Amado Ñervo 

Y en esos días de primavera, 

en que hay retoños en dondequiera 

y un cefirillo funambulesco 

que al llano baja desde las lomas, 

pincha las carnes y, picaresco, ,, 

con los cabellos se gasta bromas. '\ 

Yo contemplaba los caseríos \ 
éstos, tal como si fuesen míos. 

Yo contemplaba los pabellones J 

éstos, acaso con ilusiones, 1 

y me tentaba la gravedad 3 

amable desta coqueta aldea, ': 

que bajo el oro del sol rojea i 

en las orillas de la ciudad... t 

i 

■i 

Y uno me dijo:— «Los blanqueados : 
muros, que cubren rojos tejados, | 
herencia en breve tiempo serán 1 
de innumerables desheredados 1 
que hambres y foscas dolencias han. I 

«Esta es la casa de los vencidos, 

el refrigerio de los heridos | 

que va dejando la adversidad; ^ 

este es el golfo de los perdidos | 

en tantas noches de tempestad. | 

«Aquí se estrellan los mil estragos | 

de la miseria...» | 
... Y en fin, oí 
236 



Obras Completa 

tales elogios, tales halagos, 

que dije, lleno de anhelos vagos: 

¡Qué bien se debe vivir aquí...! 

La brisa es pura y el campo ameno, 
el Valle, nuestro Valle, sereno 
bajo el cobalto de la extensión, 
y los Volcanes, que tanto adoro, 
por las mañanas parecen de oro 
y, por las tardes, de bronce (1) son. 



Q 



Amigo mío desheredado, 
hermano mío desconsolado: 
ya tienes casa, ya tienes pan; 
entra, si sufres, a esta guarida; 
verás la limpia mesa servida, 
todos los labios te sonreirán. 

La vida es dura; mas aun existe 
quien al enfermo refugio da, 
y a los desnudos arropa y viste... 
Amigo mío, ya no estés triste; 
hermano mío, no llores ya. 

Hoy se inaugura tu noble y raro 
alcázar; míralo: ¡es para ti! 

(1) Antes: «cobro. 

237 



Amado N e 

Tendrás un lecho, calor, amparo, 
afectos, aire puro, sol claro... 
iqué bien se debe vivir aquil 

Los tersos prados, la luz riente, 
verán tu idilio convaleciente; 
y cuando caiga divino el sol, 
pondrán sus rayos, desde Occidente, 
una aureola sobre tu frente 
y en tus cabellos un arrebol. 

En las mañanas, el aire vivo 
te dará fuerzas, y alegre, activo, 
en los jardines te placerás; 
y por las tardes, acaso esquivo, 
tras las vidrieras, al pensativo 
Poniente austero contemplarás... 

Y cuando dejes este retiro, 
ya sano y ágil, para tornar 
al ardua lucha tras un respiro, 
quizás te vuelvas con un suspiro 
los blancos muros a contemplar; 

Quizá en las alas de los traviesos 
vientos que pasan por estos llanos, 
al noble asilo le mandes besos 
|a plenas manos, a plenas manos! 

Q 
238 



Obras Completas 

¡Benditos quienes, en ti pensando, 
para ti forman un suave y blando 
nido, que empolla la Caridad! 
Dulce aldehuela de rojos techos 
y muros blancos que luce a trechos 
en las orillas de la ciudad! 

En este cúmulo de alegrías, 
en este enjambre de bellos días 
que regocijan a la nación, 
tú eras el solo que no tenías 
refugio digno de tu pasión; 

Las viejas casas de espesos muros, 
las de glaciales claustros obscuros, 
alimentaban tu enfermedad. 
¡Qué diferencia con estos techos, 
con estos muros blancos, que a trechos 
lucen a orillas de la ciudad! 

Allá, el pasado (lo que no existe, 
pero que deja huella sutil 
e influencia enervadora), persiste. 
Hasta la propia luz, allá, es triste, 
y triste el cielo del mes de Abril. 

Aquí es alegre todo: los cielos, 
los verdes planes de terciopelos, 
de las mañanas el arrebol, 
239 



Amado N e 

de los ocasos el lila puro, 

y las montañas de azul obscuro, 

bajo la eterna piedad del sol. 

Amigo mío desheredado, 
hermano mío desconsolado: 
ya tienes casa, ya tienes pan; 
entra, si sufres, a esta guarida; 
verás la limpia mesa servida, 
todos los labios te sonreirán. 

La vida es dura; pero aun existe 
quien al enfermo refugio da, 
y a los desnudos arropa y viste. 
Amigo mío, ya no estés triste; 
hermano mío: no llores ya. 



240 



VI 



OEGÚN todos los autores 
que tratan de la cuestión, 
hay oculta relación 
entre mujeres y f ores. 

Flor, mujer, ti dca que ensalma, 
llama olorosa qL¿ enciende: 
las dos con una gran alma 
sutil... que nadie comprende. 

Las dos, cráteras divinas 
que un mismo anhelo consume... 
Flor: espinas y perfume; 
Mujer: perfume y espinas. 

Tiempo ha que con devoción 
yo las traigo por mi mal: 
Flor, prendida en el ojal; 
Mujer, en el corazón. 

Tiempo ha que, porque con loca 
ternura las he besado, 

241 
Tomo III 16 



m a d o AT e r 1 

llevo perfumado; el rostro 

mas también sangre en la boca... 

Tiempo ha que, porque sin miedos 
a las dos reinas divinas 
ansié cortar las espinas, 
me destrozaron los dedos... 

¿Y así queréis mi canción, 
sin ver, parece mentira, 
que no puedo herir la lira, 
merced a tanto aguijón? 



Flor, mujer, copas divinas 
que un mismo anhelo consume: 
Flor: espinas y perfume... 
Mujer: perfume y espinas... > 

Así, cuitado, exclamé, 
cuando a venir me invitaron 
a este edén que tanto amé, 
y me dije: «Otros cantaron; 
pero yo no cantaré...» 

Y contento de escapar 
a vuestro galante empeño, 
volví tranquilo a mi hogar... 
Mas he aquí que tuve un sueño 
y os lo voy a relatar: 
242 



Obras Completa 

Soñé que una mujer cuya pupila 
era maravillosamente lila, 
me envolvió en su mirar 
y me dijo: «Poeta, 
yo soy la violeta; 
¿no me quieres cantar? 

La seguía de cerca una chicuela 
muy rubia y muy locuela, 
que llevaba en el cuello sin mancilla 
una hermosa gorguera o gargantilla 
de blancura sin par, 
y que con su atiplada vocecita 
«Eh, poeta, aquí está la margarita, 
—me gritó,— ¿no la quiere usted cantar? 
Pues si sabe quién soy, quiera o no quiera, 
la canta»; y prosiguió de esta manera: 

«En las noches de Abril, mansas y bellas, 
en tanto que recuerdas o meditas, 
subimos al azul las margaritas 
trocándonos espléndidas estrellas. 

> Cuando el sol en las mares infinitas 
del oriente derrama sus centellas, 
descienden a los campos las estrellas 
convirtiéndose en blancas margaritas; 

tPor eso cuando, lleno de temores, 

243 



m 



N e r V 



deshojas margaritas de alabastros, 
auguran el olvido y los amores: 
Conocen el futuro: han sido astros; 
comprenden el amor: han sido flores...» (1). 

Así la margarita me dijo. Luego, puras, 
envueltas en talares y blancas vestiduras, 
místicas como cálices de plata de un altar, 
llegaron unas vírgenes pálidas y serenas: 
Eran los lirios, eran las niveas azucenas, 
y exclamaron: «Poeta, ¿no nos quieres cantar?» 

Y el sueño fué más bello después: sentí unos lazos 
flexibles, leves, húmedos, que ligaban mis brazos: 
era la hermana hiedra quien me abrazaba así... 
En mi redor los rubios y bellos girasoles, 
astrónomos silvestres, contemplaban los soles 
y las locas campánulas repicaban por mí... 

El azahar soñaba con las próximas bodas; 
las dalias preguntaban por las últimas modas 
de París, y las rosas se morían de amar... 
Peinaban los crisantemos sus raras cabelleras, 
y, en fin, todas las flores, como unas bayaderas, 
danzaban, murmurando: *¿No nos quieres cantar?> 



(1) Esta estrofa y las dos anteriores, véanse, en su primera ver- 
sión, en el volumen I de estas Obras Completas, páginas 69- JO. 

244 



Obras Completas 

Y un pensamiento negro me dijo: «Tú, poeta, 
ignoras nuestra ausencia mirífica y secreta: 
te la voy a explicar, 

y así sabrás al menos lo que valemos estas 
estrellas perfumadas, que en prados y florestas 
la mano de los ángeles a bien tuvo regar: 



«Las flores realizamos, en la vida sañuda, 
un intento divino por misterioso modo: 
no anhelar nunca nada, mas soportarlo todo; 
absorbernos en una enigmática y muda 
inconsciencia; tal es nuestra prueba más ruda: 
no anhelar nunca nada, mas soportarlo todo... 

«Todas tenemos alma... 

Todas, después de un lento 
ciclo de ansias informes, sentimos con profundos 
pasmos, en nuestra obscura conciencia en movimiento, 
brotar, como un capullo de luz, el pensamiento, 
y unir sus vibraciones al ritmo de los mundos...» 

«Todas tenemos alma...; tú, en cambio, ¿qué haces de 

(ella? 
La empañas, y nosotras, que vamos hacia los 
futuros avatares, miramos cómo huella 
tu instinto en tu conciencia, las trazas de tu estrella, 
los rastros de tu origen, la estela de tu Dios... 

245 



Amado N e r v 

«Mañana, cuando inútil su germen ya marchito, 
los astros se deshojen como pálidas rosas, 
las flores, vueltas almas, irán al infinito 
brillando como nuevas estrellas misteriosas.» 

Q 

Calló el pensamiento aquél, 
y las flores, en un lento 
vuelo, huyeron por el viento 
guiadas todas por él... 

Yo desperté con temor; 
el aire, buen barrendero, 
barrido había ligero 
sombra y nubes en redor... 

Tras el primer arrebol, 
llenando el éter venía 
todo el mar de luz del día, 
toda la gloria del sol. 

Resonaban en mi oído, 
con acento singular, 
los «¿no nos quieres cantar?» 
que tanto escuché dormido... 

Y canté... canté las flores, 
sus matices, sus olores, 

246 



Obras Completas 

su languidez, su primor. 
Uní estos cantos dispersos, 
y os traje un ramo de versos: 
¿Os gusta? ¡Mucho mejor! 

Tomadlo: no tiene aliño, 
mas lo formé con cariño; 
prendedlo a vuestro corpino, 
y aspiradlo si queréis. 

Con su perfume discreto 
vaga mi espíritu inquieto, 
el cual os dirá un secreto 
que jamás olvidaréis... 




247 




ÍNDICE 



Páginas. 

Noticia del editor 9 

las voces: 15 

lira heroica: 

Origen de este libro 39 

Carta a Casasús 41 

I.— Canto a Morelos 43 

II.— La raza de bronce 56 

HOMENAJES: 

I.— En el álbum de la Srta. D. D 67 

II.— A María Guerrero 69 

III.— Nupcias 76 

IV.— Diva Eleonora 78 

V.— A Catalina 80 

VI.— A Querol 82 

VIL— Madrigal de vieja cortesanía 84 

VlII.-P.a M. de la P. A. y C 85 

IX.— Clara Sarmiento 86 

249 



paginas. 

X.— Los otros dicen 87 

XI.— Ingenna 89 

XII.— Bendición gitana (Para A. P.) 96 

XIII.— A la infanta M.^ Teresa 98 

XlV.-Sé qué... (A la infanta Pilar) 99 

XV.— Nuestras naves (a Joaquín y Catalina Ca- 

sasús) 100 

XVI.— Homenaje a Rubén Darío 102 

XVII.— Para la señora de Gaxiola 104 

XVIII.-¿Por qué has tardado tanto? 105 

RIMAS IRÓNICAS: 

I.— Malas lenguas 109 

II.— Homo homini lupus 111 

III.— En «rpanne* 112 

IV.— A los postres 113 

V.-Good night 114 

VI.— A un poeta oscuro. , 115 

VII. -Exhibicionismo 116 

VIII.-Les fils á papa 117 

IX.— La diplomacia 119 

X.— Sin careta 120 

XI.-La fea 121 



LOS CINCO SENTIDOS: 
PRIMERA PARTE: 

I.— La recreación 125 

IL— Amor filial 127 

III.— Los héroes niños de Chapultepec 129 

IV.— Al claro de luna 131 

250 



Páginas. 

V.-Martinillo 133 

VI.— Niñito, ven 135 

VII.— Las bodas de la mariposa 137 

SEGUNDA PARTE; 

I.— Los sentidos 141 

II.— Los cinco ... 142 

III.— El puente 143 

IV.— Desde la ventana 141 

V.— Buen viaje , 145 

VL-Migatito 146 

VII.— Vente con nosotros 147 

VIII.-Antonino 148 

IX.— Lo que dicen las cosas 149 

X.— La ardilla 15(; 

XI.-Trato hecho 151 

TERCERA PARTE: 

I.— Duérmete ya 153 

II.— La escuela 155 

III.— La canción del soldado 157 

IV. ~ Hidalgo y Morelos « . . 159 

V.— La canción del pordiosero 161 

VI.— Las alas 163 

VIL— La campanita , 164 

VIIL— En el otoño 165 

IX.— Noche Buena 167 

CUARTA PARTE: 

I.— Los volcanes 169 

II. —Los libertadores 171 

251 



V 



Páginas. 

III.— La cena de Navidad 173 

IV.— La canción del ausente 177 

V.— Los pescadores 179 

VL-El día de San Juan 183 

VII. -Ya llegó Abril ' 185 



QUINTA PARTE: 

I.—La recreación 189 

IL— La procesión de los coyotes 191 

III.— El día de los muertos 195 

IV.— La muerte del abuelito 197 

V.— Himno del porvenir 201 

VI.— La canción de las montañas 205 

VIL— La alegre canción de la montaña 207 

VIII.— Los héroes niños de Chapultepec 209 

IX.— Los magueyes 211 

VARIA 

L— El último poeta 215 

II.— Los niños mártires de Chapultepec 216 

III.— Guadalupe 221 

IV.— Música orgullosa de la tempestad, de 

Whitman 224 

V.-Charitas 235 

VL— «... Según todos los autores» 241 



252 



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-'Q Ñervo, Amado 

7297 Obras completas de Amado 

N5A1325 Ñervo 

1920 

V.3