(navigation image)
Home American Libraries | Canadian Libraries | Universal Library | Community Texts | Project Gutenberg | Children's Library | Biodiversity Heritage Library | Additional Collections
Search: Advanced Search
Anonymous User (login or join us)
Upload
See other formats

Full text of "Obras de don Diego de Saavedra Fajardo y del licenciado Pedro Fernandez ..."

Google 



This is a digital copy of a book that was prcscrvod for gcncrations on library shclvcs bcforc it was carcfully scannod by Google as parí of a projcct 

to make the world's books discoverablc onlinc. 

It has survived long enough for the copyright to expire and the book to enter the public domain. A public domain book is one that was never subject 

to copyright or whose legal copyright term has expired. Whether a book is in the public domain may vary country to country. Public domain books 

are our gateways to the past, representing a wealth of history, culture and knowledge that's often difficult to discover. 

Marks, notations and other maiginalia present in the original volume will appear in this file - a reminder of this book's long journcy from the 

publisher to a library and finally to you. 

Usage guidelines 

Google is proud to partner with libraries to digitize public domain materials and make them widely accessible. Public domain books belong to the 
public and we are merely their custodians. Nevertheless, this work is expensive, so in order to keep providing this resource, we have taken steps to 
prcvcnt abuse by commercial parties, including placing lechnical restrictions on automated querying. 
We also ask that you: 

+ Make non-commercial use of the files We designed Google Book Search for use by individuáis, and we request that you use these files for 
personal, non-commercial purposes. 

+ Refrainfivm automated querying Do nol send automated queries of any sort to Google's system: If you are conducting research on machine 
translation, optical character recognition or other áreas where access to a laige amount of text is helpful, picase contact us. We encouragc the 
use of public domain materials for these purposes and may be able to help. 

+ Maintain attributionTht GoogXt "watermark" you see on each file is essential for informingpcoplcabout this projcct and hclping them find 
additional materials through Google Book Search. Please do not remove it. 

+ Keep it legal Whatever your use, remember that you are lesponsible for ensuring that what you are doing is legal. Do not assume that just 
because we believe a book is in the public domain for users in the United States, that the work is also in the public domain for users in other 
countries. Whether a book is still in copyright varies from country to country, and we can'l offer guidance on whether any specific use of 
any specific book is allowed. Please do not assume that a book's appearance in Google Book Search means it can be used in any manner 
anywhere in the world. Copyright infringement liabili^ can be quite severe. 

About Google Book Search 

Google's mission is to organizc the world's information and to make it univcrsally accessible and uscful. Google Book Search hclps rcadcrs 
discover the world's books while hclping authors and publishers rcach ncw audicnccs. You can search through the full icxi of this book on the web 

at |http: //books. google .com/l 



ivGoosle 



ivGoosle 



ivGoosle 






ivGoosle 



ivGoosle 



ivGoosle 



BIBLIOTECA 



AUTORES ESPAÑOLES. 



TOMO VIGÉSmOQUINTO. 



ivGoosle 




ivGoosle 



BIBLIOTECA 



iUTORES ESPAÑOLES, 

DESDE U FÓBMAaON DEL LENGUAJE HASTA NUESTROS DUS. 



OBRAS 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO 



I DIL LICCtOiM 



PEDRO FEBNAIVDEZ NATARRBTE. 



UADAID. 
WPtniTA Y ESTÍRIOTIPI* »« M. RIVADBnvaA , 

UtAN ilL rMBO, 9. 



<853. r^ I 

üi:„.,b,Goosle 



ivGoosle 



ADVERTENCIA DEL EDITOR. 



Las obras de Saatedra no bastan para completar el tomo. Sentimos deber reunirías 
con las de otro autor ; mas nos obligan á eilo , ya la consideracioo de que do podemos 
dejar de camplír con nuestros suacrítores las condiciones que dos impusimos , ya la de 
que si hoy nos permitiésemos dar un tomo de cuatrocientas páginas, mañana debería- 
moe por igual motivo dar otros aun mucho mas cortos. 

PobUcamos con las de Saatixha las obras del licenciado Pedro Fernandez Natarrb- 
TE, ya por la afinidad de ideas que existe entre los dos autores , ya por pertenecer 
ambos al reinado de Felipe IV. El lector juzgará si hemos procedido ó no con el de- 
bido acierto. 



,vGoosle 



ivGoosle 



NOTICUS mSTÓRIG(H:BlTIClS 

SOBRE lA PATBU, VIDA T OBRAS 

DE DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



EiT el siglo xyti, & mediados del reinado de Felipa IT, eneoDtrdbase la monarqala espa&ola en 
muy laslimoso estado : aquella nación poderosa que pocos años antes era señora de mas de medio 
mundo, estaba ya entonces débil y extenuada , no tan solo por las fatigas de su pasada grandeía, 
uno también por los yicios y desaciertos que minaban lentamente su existencia. Los dominios 
qae teuiamos en los mas remotos confines del orbe fueron menguando rápidamente, merced 4 
los guerras dviles, á las extranjeras y al mal gobierno de los favoritos. Fué reconcentrándose 
enaqnel reinado, junto al vacilante trono del cuarto de los Felipes, el escaso poder que nos que* 
daba en las últimas colonias ultramarinas ; mas ni aun asi pudo evitarse la eonmociom de Cala« 
lona T de Portugal : provincias, la una extraviada dorante doce años, y la otra perdida para siem- 
pre, después de infinitos gastos y no poca sangre derramada. Estaban además, para colmo de 
desventura, exbausto el erario, yermas las campiñas, sin ocupación un considerable número de 
brazos; tanto, que todo parecia amenazar una total ruina. En medio de tan general trastorno, 
las letras fueron quizás las únicas que dejaron de seguir la decadencia ; Jas artes, y sobre todo 
la agricultura, sufrieron tan gran deterioro, que tardaron roas de medio ñglo en reponerse y acre- 
ceolarso '. Experimentaron no menor postración las armas, que, i pesar de ser conducidas á U 
pelea por gloriosos nombres, no inspiraban el terror que los antiguos tercios españoles, tenidas 
pocos siglos antes en las guerras de Flándes y de Italia por la mejor infantería de Europa. Faltabft 
solo para completar el cuadro, que hubiesen venido las letras al mismo estado de envilecimieni 
to-; mas afortunadamente, aunque la literatura , y sobre todo la prosa, fué menos brillante y pro-> 
fondaqne la de otros tiempos, no faltaron escritores de maestría, cuya dicción fuese tan expre- 
11» y esmerada como puras y llenas de majestad sus frases. Figuran entre estos un Uoncadaí 
unHelo,unSolis, un Carlos Coloma y otros, entre los cuates merece Saavisba uq lugar prefe* 
rente, si no como historiador elegante, como político profundo, y sobre todo, como escritor sevo* 
ro, enéi^co y conciso. 
Está ya puesto fiíera de duda que dok Dugo dk Síavbuu Fájaroo, caballera del orden do 

* I>Cisadoipartflll<HecanomliUideIreliudod«Fe1l- único y tmlverul ieEtpeña, por lacldto de AlRíur Ar> 

pe m, cUre ellos Crittóbal Pérez de Herrera, HartinGoD' ría» , j entre otros pafmleí del mismo s¿nero ^ne ae im- 

uImdeCellorigoiel padre Pedro de Gniman, paraba- J)licaroD durante el reinada de Felipe IV j de la r! os II, 

cerMCSTgo del triste estado i que habb llegailo la na- uno titulado ¡ledin fiara tañar la monarquía á» Eipam, 

óoa esfuDola ptieden verte la Cwtertadon de monar- gue eili ea lai úUimat tn/queaiat, ele, aia t&o Di lugar 

quíniftghtnmUiiosMtiioipoiaieoiparatíTeniaUíi de iiopresioD. ü...¡...^,.,, -.,, ^lOOQlC 



w NOTIOAS HISTÓRICCMülínCAS 

Santiago, nacid el 6 de nujo del ^o 1S84, en Algezares ', lugar del reino de Murcia 7 obispado 
de Cartagena. Tuto por padres i don Pedro de Saavedra 6 Sayayedra 7 á doña Fabiona Fajardo, 
fué bautizado en la iglesia parroquial de Santa Haría de Loreto, por don Diego de Vinuesa, cura 
de aquel pueblo ■ y apadrinado en tan sagrada ceremonia por don Gabriel de Avalos y su esposa 
doña Blanca. 

Mostró Saatidrá desde muy niño grande afición á las ciencias ; y á fio de que desarrollara me- 
jor sus vastas facultades , taé enviado i la imiverMdad de Salamanca, dqnde cursó jurispru- 
dencia por espacio de cinco años. Tenia veinte y dos, y vestia ya el hábito de Santiago *, cuando 
empezó su carrera eclesiásUca al propio tiempo que la politice, pasando áRoma en calidad de fa- 
miliar y secretario de la cifra del cardenal don Gaspar de Borja, embajador de Espida cerca de 
la Santa Sede. Permaneció en Roma desde el año de 1606 basta que con igual destino p&sÓ al vi- 
reinato de Ñapóles con didio fiorja , aLcoal no faha quien asegura sirvió de conclavista en los dos 
cónclaves de 462{ y 1633, en que fueron elevados al solio pontificio los cardenales Alejandro Lu- 
dovísio y Hafeo Barberioi, conocidos en la historia con losnombres de Gregorio XV y Urba- 
no YIÜ. 

Tuvo don Diego una canoogla en la santa iglesia metropolitana de Santiago *, donde le llaman 
clérigo de la diócesis de Cartagena ¡ mas tanto el silencio de su inscripción sepulcral, que copiaré^ 
mos mas adelante , como el del licenciado francisco Cáscales en sus Discursos, respecto á otras 
piezas eclesiásticas que poseía', hace {^resumir que estaría solo tonsurado ú ordenado de menores 
cuando fué nombrado secretario de Felipe IV. 

No hace la historia mención de Saavkdra hasta el año de iSSS, en que por una carta suya, 
basta boy inédita '(Sabemos que seguía en Roma conociendo, seguramente como secretario, de 
losasuntosy despachos del de Borja. Por estos años también , según parece y dice Nicolás Anto- 
nio *, ürvió Saavbdha la agencia de España en Boma, donde mereció suma estimación por su 



* AsIcoDsta todode1aredeban([imo,sacadide1 Ter- 
dadero lagwi diUto de bou Dugo de Sutedka. macho 
tiempo después qae , segua so epltaGo 3 don Nicdis Ap- 
tonlD, eelo teDlaequlvocadameuie por de Harcia. Sabida 
aflora ; comprobadi la Terdaden patria de BonDoco, 
merced al diado insLraineato fehacienie, no debe, sin em- 
bargo , eitraiiarse que se te taviera por naiural de aque- 
Ha ciudad, donde sosiuTiero^ por mucho tiempo el lustre 
del apellido alguuai ramas de la familia jestnTíeroii ave- 
ciPdados ios mlsnios padres de Sáaveiwí, según acredi- 
tan los DlKurtMAitMricaidíiriirdav"' reino, escritos 
j patilicadM en 1631 por el licenciado Francisco Cásca- 
les. iLoi Saavedras desciendes de Galicia (leemos en el 
discurso 19, pig. Z87), Haj de este Lloaje muf principales 
caballeros eDSeiiila.Cúrdoba jen otras partes. De esta 
casa son loj condes del Castellar j los Saaiedtts de Hor- 
da. El primero que Tino i esta ciudad fué iUfonso Fer- 
naodeideSaaTedra, el aílode1330; jrtno por adelantado 
de est« reino, después de baberlo sido Pero Lopeí de 
Ájala. Tienen estos caballeros Saaredras capilla j asiento 
6nla iglesia parroquial de San Pedro (deUurda); fundada 
porGooialo de Saaredra, caballero déla orden de San 
Juan j comendador que fué de la filia de Calasparra. Vi- 
ven bo; de este apellido don Pedro de Saavedra , casado 
con doBa Fabiana Fajardo , descendiente de Pero López 
Fajardo, comendador que fné de laiilla deCararaca, y 
de doña Mencia Lcqiei de A;a1a. Tienen por hijos 1 don Pe- 
dro de SaaTedra, qae casó con doBaEasebia Perei.ma- 
joraigo de esta casa, yé don Inan de Saavedra, regidor 
de esia dadad , tjae ba casado dos veces... j i doñaCons- 
lania Fajardo , qae casó con don Alfonso de Letva, ji doa 
Sebastian de Saatedra.qneesii por casar, y al doctor don 
Dow M8u»rw, canónigo déla santa iglesia de San- 



tl*KO>y qi>e. sin esta, posee otras prebendas bien mered- 
dai, por ser an escelenie sngeto, moy Tersado en ambos 
derechos, cesireo y pontiSd o, docto en la lenipta francesa 
y latina, bnen matemático , singolar en leiru de humani- 
'dad.ygederal en todas ciencias.! 

* Consta en la secretaria del real ctmselo de las Orde- 
nes , qne se le eipidió cédula de hibito de caballero de ta 
orden de Santiago, el dia 13 de febrero de 1607 , y el lí- 
talo de caballero correspondiente i tal grada , el 13 de 
octubre de aqoel mismo aQo. Las di» cédulas esUn fe- 
chadas en Madrid. 

■ Obtuvo por los anos de ISl? latjae Tacó por mnerte 
del doctor Antonio Palillo. Gozó de este benefido i lo me- 
nos seis años ¡mas no llegó & residir Dunca. Recibió en el 
aQodelSuna comisión del Cabildo, con el objeto dealcao- 
urnn indulto pontificio parareiar del sanio Apóstol en 
loda la diócesis composlelana los lunes no impedidos, 
con rito semidobte, y Qesta de nueve lecciones, hacién- 
dose coomemoradon del Santo entre las comunes, como 
imlco y imiTersal patrón de Espaita. DesempeBó con acti- 
Tidad in cometido, y i fines del ai5o siguiente escribió al 
Cabildo, prometiendo interesarse por él y promover ttuan- 
tosnegodos ta,Tlen pendientes en la cnrU. Estas gestio- 
nes j sus servidos Junto al Cardenal Dieron sin duda ta 
principal causa de que, ya por acuerdos capitulares, ya 
porbrevespontiacios, siguiese cobrando la consignación 
del beneficio, cuando menos hasia el año de 16íO, i pesar 
de su falta de residencia. 

* Apéndice, nota numero 1. 

> Para qnesevea loque de do[<Dii<:oS*ited*ilPamhoo 
dice don KIcolüs Antonio en so articulo de U BiblioVieca 
tuvii, lomo I, le Insertamos lolegro : 

f D. Didacui de Saavedn Faunlo, Hardu patus pa- 

ü4... rcíoogfc 



DE DON DKGO DB SUVEDRA FAJARDO, ix 

«indocta , si beiBoá dfi ereet A Koreri, en su Diecionario hittérieo. Vmttó en el ejercido de estoi 
cargos grandes y elevadafl prenibis ; nsi que, fiaeron después varias las conúsiones y destinos diplo- 
máticos coD que le botaó FeGpe IV, Refiere él miamo en su Rehtcim del viaje al condado de Bor~ 
gaña ', Teríficttdo eH el ^o 4638 , que di<5 cuatro mil francos para reparar las fortificaciones de 
Sahin, plaza importante por la regalía que tenian en ella sobre la sal los monarcas españoles; que 
habiendo llegado k Biíanzon 7 hálladola con peste < hambre j grandes tumultos entro los ciuda-^ 
danos, los apaciguó mientras se elegían nuevos gobernadores, gracias á sus excelentes dotes 
oratorias ; que encontró en el Bassiñy al duque de Lorena ocnpando algunas fortalezas , le habld 
repetidas veces, le hizo olvidar los disgustos ocurridos con el marqués de San Hártin j con dOD 
Gabriel de Toledo, le disuadid del intento de pasar el Rln, le ayudó, cuando le supo fidto de mu- 
niciones, con seis mil novecientas doce libras de pólvora , dos mil novecientas veinte j nueve li- 
bras de balas, cuatro mil seiscientas trece de cuerda *, 7 veinte 7 cinco carros de vituallas. Tuvo 
constantemente mano en los negocios píd)lico3; cuando otra prueba no tuviéramos, bastarla por 
todas la que dós da en el prólogo de las Empresas políticos , la primera de sus obras reproducida . 
perla prensa. 

t En la trabajosa ociosidad de mis continuos viajes por Alemania 7 por otras provincias , dice, 
pensé en esas cien Empresas , que forman la Idea de vn principe político erittiano, escribiendo en 
las posadas lo que habia discurrido entre mí por el camino, cuando la correspondencia ordina- 
ria de despachos con er Rey nuestro seflor y con sus ministros, 7 los demás negocios públicos que 
estaban á mi cargo, daban algún espacio de tiempo. Creció la obra, 7 aunque reconocí que no 
pedia tener la perfección que convenia , por no haberse hecho con aquel sosiego de ánimo 7 con- 
tinuado calor del discurso que babia menester para que sus partes tuviesen mas trabazón y cor- 
respondencia entre sí , y que era soberbia presumir que podia 70 dar preceptos á los principes, 
me obligaron las instancias de amigos (en mi muy poderosas) a sacalla á lúz, en que también tuvo 
parle el amor {H'opio , porque 00 menos desvanecen los partos del entendimiento i|ue los de la 
uaturaleía. No escribo esto ]oh lector! para disculpa de errores, porque cualquiera seria flaca, 
síqo para granjear alguna piedad dellos, en quien considerare mí celo de haber en medio de tan- 
tas ocupaciones, trabajos 7 peligros, procurado cultivar este libro, por si acaso entre sus boj'as 
pudiese nacer algún fruto que cogiese mí principe y señor natural, 7 no se perdiesen conmigo 
las experiencias adquiridas en treinta y cuatro años, que, después de cinco en los estudios de la tini- 

Kiaibas Peln>ÍSaaTedn,etF>bfaiiaFauri)o, eqoestrli DOTem macíi opns : qnod etiao tertío litimun prodilt 

•itroqnabmUiae.SaliiiaiiticaeqDedactusinriBarlem.Tel- operl anoaimi Bmiellfs apnd loann. Monmiriiuní Id 

pabltcaedeiade totas, qu*mdiaTlxii, promoTentUe faca- fol. ISJO. Sjmbola chrlstiana polUica DUDcnpaiDin ; ite- 

bsii. Csaparia enim S. R. B. cardtnalisBorgiíe , regís nos- romque Amsielodami 1633 in «."Prodiit etiam protoijpon 

tri apad pooiíBces legaiJ, ramiliam Bequutns olim , atque castellanum eam Anlaerplae, tam Vileotiae : Italicum- 

k sccretis tí , dnm Deapolitaais praeesiei , mox el regiai que Pared!» Cerchierl opeiíi Veoetiis 1048, 4.° Carona Go- 

Biipanianiin NrumíD curia romana procunlor(ageDtem Üiie», CatteUana, Aaiíriaea, potUicamente iliatrada. Me- 

KoeaDi). refiíE fnde auspicils publica negotia inier bel- diiabatur nempe Iribni partibui triuomiuro opas «bsol- 

TeiKM bederatoi diei tracttvit, Hatisboneosibos duobaí Tere: sed prima vidit lucem hacieoDi, qoae gotblcuní 

eoDTeMilHia, et qaidem poateriori borRandicae domus, Rlspaniae regnum comprebendít, monasteríi WegtphalJae 

udrcali (Dt (ppetLant) salTt'agiaiii deterens; monasie- adiía anno 1648. Reliquia* oe absalrerel mors eífecil, 

ríenxideiodesnperpacandaGuropaDtiicainOaspareBra- qaao tándem ei coaiiglt anoo MMiLTiuot aoooiaTitHi- 

ea.noDcio Peñaraodae Comité, summoreriun ibi geren- raeas.i 

damn] reglo legato, ande eam Balavisiaconcordiamivi- > RelaeUmdé Dm Diego üe SameiraFaxardt, emue- 

nis, ÍDieifaít Accersitua Indain cariam sedil índicos tero del tKprtinag real amiexe de Indiiu,emaaxááí>r par 

iBier senatnr^, qao ante pinres annos mactns bonore m MaetiíadCatlialiea el Re^DmP/ielippeÁel Grande If. 

faent . nsque ad obiius diem , D. J^cobi Eqnes, sacrae- leñer el elector de Bauiera de la jomada que per horden 

qne hnic apmioio almae caibedralís ecctesiae íacronin 4e n Mtgeelad Jtífp el Añe de Mili s teUcientút y treinta 

coliegama toda lis. Pablíci jurfs.poliíjcaeque artis pru- gocho al condado de Borgoña. Hállase ea lapág. 34tldel 

dcnttsslnuD se esse, disertUsimnmqnejnxta, et inge- -códice II. 71 de la Biblioteca Naciooal. 

■ioniiD ofteodit «crtbeDS. Mea de' tai prhuipe polUieo * Cuerda. DAbase antiguameate fuego 1 109 ar«ab<ices 

erigiaMo, repreitataia en eien eixpretai' dedicada al con mecha ó cuerda eucendida que llevaba el arcabucero. 

prlKOfe ie Uu Eepañat. Monasteríi Westpbalarum l&tO Hé aquí por qué la cnerda ú mecha formaba part« deJ<H _, 

in 4.° ita^uDqoe Hedtolani 1043 de dolalum caelaiimque pertrechos de guerra en tiempo deSiATsau. ^TC 



I irancus HisTdRico-cnmcAS 

venldad^Stiammtea,h»ai9teaáoeabtteorte$ mas prmeipáUt de Europa, tíempre ocupado en 
losnegociotpúblieo»;luMendoittiiadoenBomaádoteán¿Uaet,ea Ratítí>onaá mi eonoento ele&- 
toral ', en que fué elegido rey áe ronumo$ el pretettie emperador *; mlot eanionet etgvixarot á 
ocho ditUa, V lUÜmamenle, en Ratítíma día dieta general delJmperio, tiendo ptenipoteneiarío de 
laierenltanaeataytírculodeBorgOfia.' 

No solo taro cargos impwtaBtes en Roma , en Ñapóles , en Viena : sábese además , por sa epi- 
tafio, qne re«d¡d con carácter -de ministro de la corona de España en la corte de Baríera ; que 
fué mas adelante enviado por la dieta de Ratisbooa, una vez á su majestad imperial y otra á los 
cantones saiios. 

Determiodse en J643 celebrar od congreso, donde, bajo la mediación del Nuncio Apostólico f 
la del embajador de Teaecís , debia tratarse de la pacificación general de la cristiandad, tan per- 
turbada en aquellos aüos coa largas y sangrientas guerras. Juntáronse al efecto en Hunster y Os- 
nabruc, en West&lia, Eos mas célebres capitanes y políticos de todas las naciones ds Europa, y 
entre ellos nuestro boh Dnao , nombrado para representar la monarquía, ospa&ola como uno de 
sus plenipotenciarios >. 

Era ya conocido Síavbdba ; mas aqd es donde emiten aa mayor celebridad como hombre p»- 
Utico, y el periodo mas agitado de su vida *. 

A su paso por París con dirección á Hunster, dejó antrerer Siintnaá ta intención de pedir una 
conferencia á los ministros ; pero la Reina, que temía mucbo de los espa&oles , no le dio tiem- 
po mas que para oír misa en los Cartujos *. Pasd á Bruselas, cayó gravemente enfermo, y estuTO 
aástido por Juan Jacobo Chifílet , médico de cámara de Felipe IV *. Era Chiffiot muy aficionado 
á la historia y muy entendido politice ; turo con suestro autor largas conrersaciones sobre los 
sucesos de la época, las pretensiones de la Francia y sus desaveoenoins con la casa de Austria; 
comunicóle susmas intimas ideas, revelóle sus sentimientos, y participóle, al fin, cómo tenía co- 
menzadas varias obras defendiendo los intereses y prerogativas de nuestra real familia. Conocien- 
do SuvBDBi. cuánto convenían en aquella sazón obras de este género, le instó áqtte las acabara y 

< CíMoM eleetorol. Eipeda de uambles ó reiinion qnf.w deSflt dadendodea upignoli ne Inl donnate 

polllict 7 diplomitlca, pin bacer U eleedoo dailgvn tenfique d'eateadretamtiuasui Cbirtreoi.etrobJisn 

sobenno. depirtiraatsitoi.i 

* Peraandoin. * Bd el prólogo 6 prebdo da ni obn titulada l'íAMerM 

* SacamoilBmajOTpartedelasDOlIcIairfllatiTailHta Hiipmiae, in quibui Arcana Regia, gtnealogiat jura 
acontecí ni ieaio da la HitítriAde lapux it \ufaiiayaB frr«rDfaiiiiaiJ<)nMti(r,aic.(AmbírBi,161T)dlcaUiifI]eilo 
las nígoclacloaet que le precedieron, compaestaiMr el aigoieale: 

jesoiu GalllenDO Jacinto Doogeam, amor qne, aanqqe lEaeanteaanoIBJS. [llnatrliiimna D. Dldaeoí Sa are- 
mu; parcial cOQlra lUpaíii, no ba d^ado de llenar tu dra Faxardna. ia Su|>rema Indiarum Senalu Conslliarint 
boeco grande en nuestros anales. el plenlpotentiariui Regina ex liinere, quo pacia ínter 

* Seijaaooode loaantignoaT raros papelea impreíoa regeicompoaendaegratiaTnonisterium Weaipballaecoo- 
qae le euttodlan enire los maaaacrilos de la BibliMeca teuclebal, Broiellam Teiili : ubi cum gravi iavaliiu'lina 
Ñaclanal,papeldDndeseescribrQ!oiSuíe«MMd«£«^a, teotatorereadesaem.peiiU i me Ínter alia, el qniü ego 
FUnilet, Itatiay otra* parta de Europa, deadeniano del sentirem de politicit hujua aerl seriptoribns, dequejuraui 
a&ol6UbaUaelmlan)oiiieidel43,a<leinlsdeSAATEDB*, tlla.etpoiestioruin, lividini seivilJierancNlauteadiprsiu 
tiierounonibradoiporsa majestad para la paiunirerMl, biipanos fiancorum Bloqaeniia. Cnilngenué, « anreia 
el marques de Caitel-llndrigo, el conde de Peüaranda, Phoedri rerbit reapondl : 

consejero del real j cimara de Caiülla; don Fernando 

Bercot, gran canciller de Grabante; don Antonio BniDO, ■ fré«7»^™™ .-.«^,„ 

eonaejerade Plíndes, y el conde don Goaller Zapata. Ter- QaetliUritTo et^iltimré «vrt.™'" 

ciaban allí, también entre los geoertlet mas celebres , Spi- 

iwla, Orange, Coodí, Pneotet, Tureoa j Tartenaoo ; entro iSnbJed delnde, pTerosqne ntnstatem adminndam, ft 

loa grandei políticos, Volnir, Hisu de tladamar, Oiens- qaa se vapulare senilnni , olilivione ac tenebris obruere; 

Üemí, Salvlo, Cent, Rlperdá, fvn, Tranlmansdorf 7 optandainque ease.ut aliquando tandumArMna Regia. 

otras. publico pacii bono, u Inlimis intiquiíaiia laieliria erno- 

■ Nditlimoi garantes de ealanotlda, pero alise lee 65 rentar, bit lile, logenli praeslanila reramque agendarum 
bflfaMre dtlapaU de Wetlphali», lomo ir, ptg. 303, pertiissimus : Nae, fn^uít, openie preiiom, ^egiquegra- 
l.. tu,J. 68, afio 1043. Ussimnm reccrii ii reriíate io tutocolloces; et qooil íd 

cDom Dfego de Saarednaffecta en pasaint parparía de ei improbé rioluuní eat, priacae germuueqne flüd tes- 

demander une cooUnace saz raioistres. Malí la ftdne' titau.» Li O O O I C 

--■■■'■■—■■■' ¿1 



Ifm «nver» mf, faaftli 



DE DON DIEGO DE SUTESRA FAJARDO. u 

£ese i luz i 1» major brevedad posible, cuando do fuese mas que para prestar un servido & 
im soberano cuyos derechos eran tan vÍTamente combatidos. Alcantti que Cliifflet empegase 
publicando un libro titulado Vindictae Bispanicae ; libro que recomendó encarecidamente al Rey, 
y por el cual recibió la satisfactoria carta siguiente , inseita al principio de otra obra de CbifÜet, 
conocida con el titulo de fisalia jure proprietatit, et proteetíonit Pkilipo IV vindicata, 

t£L»T.—DoQ Diego de Saavedra, de mi supremo consejo de Indias y mi plenipotenciario 
•para La paz universal. — Decis en vuestra carta de 21 de mayo que el doctor ChifDet, mi proto- 
>médíco en Bruselas, os bubia comunicado lo que había trabajado en materia de precedencia 
■con la corona de Francia , y otras importantes á mi servicio ; y que vos le babiades animado al 
1 intento , y asegurado su celo A mi mayor gloria para que sea premiado. De esté sugeto , y de so 
ícelo á mi servicio, tengo muy particulares noticias, como lo manifiestan sus obras, y la que 
«apuntáis que quedabatrabajando, la ba remitido don Francisco de Vello *, y se va mirando con 
> particular consideración , por lo que puede convenir á mi serTÍcio.-<-De Lérida, é 13 de agosto 
>de 1644. — YoelRbt. — Jei'áttmo Viüanüem.» 

Era Sáavkdba en Bruselas objeto de muchasy muy notables distinciones *; mas, no bien se 
GÍDtid algo repuesto de su dolencia , se trasladó precipitadamente á Hunster. Aguardábale alli un 
campo vasto donde lucir su buen ingenio, y hacer ver á los extranjeros que no faltaban en 
España políticos eminentes ni grandes hombres de estado. Es sabido cuan critica era entonces 
la situación de España : aliada del Imperio, no llegaba de mucho á estar tan pujante como la 
Francia, sostenida por la Suecia , la Holanda y otros muchos poderosos aliados. Los asuntos de 
Cataln&a , de Portugal, de Ñapóles, la tenian, no solo en consternación, sino en un continuo temor 
de nuevos males. Loa extranjeros estaban ensoberbecidos y sedientos de venganza ; no era ya ' 
tiempo de imponer condiciones, era tiempo de ver si se podían eludir nuevos descalabros y des- 
falcos. Ea circunstancias tan azarosas propúsose por lo pronto Saavedu cambiar el peso de la 
balanza, esdedr, desprender de la unión celebrada por hi Francia las naciones mas temibles, los 
Estados Generales y la Suecia. 

(La Sue<»a , decía él, es preciso que conderte la paz con el Imperio y la casa de Austria ; los Es- 
lados Generales con nosotros. * No estaba ya en Munster Saavidbi cuando, con admíradon de la . 
Francia 7 á decebo de Hazarini, nueve meses antes del tratado de Westfalia, ñrmado el 34 de 
octubre de 1648, ajustó Espafia por si sola la paz con los Estados ; mas no cabe duda alguna en 
que á ¿1 se debió dicha paz y el tratado que tuvo lugar con las ciudades Anseáticas , fechado el li 
de setiembre del 47. El fué quien dispuso, quien encaminó, quien dejó sazonados todos estos ne- 
gocios, concluidos en'manos de so sucesor el conde de Peüaranda. Conoda Saatkoba, no solo los . 
antecedentes de las negociaciones, sino, loque es aun Aas, ei genio, la disposición y los deseos 
de los demás mmistros -extranjeros , en tanto grado , que faltó muy poco pora que lograse con- 
cluir otro tratado especial entre la Suecia, el Emperador y el Imperio. 

No pudo alcanzarse fácilmente la recondlíacion tan necesaria, mas hubo para ello muchas y 
poderosísimas razones. El cardenal Hazarini deseaba alargar cuantt fu«e posible la negociadon, 
ya f(m¡ae asi duraba mas en el poder, ya porque ambidonaba la cesión de todo cuanto la España 
poseía en los Paise»- Bajos, y quería que la España misma la propuúera para apagar la guerra en 
Cataluña. Retraía con esto fin á los holandeses de ajustar una alianza con Felipe IV, afectando re* 
celos de que, juntas las dos lineas de la casa de Austria , Imperial y' Católica , aspirarían á la mo- 
narquía nniversal, tan temida de toda Europa. Presentó en dos distintas épocas proposiciones, 

< Mnrqaéide Tnrelagon, gobernador 7 capIUn g«- miiTJiuUsenboei denmpenoM raodeMi.ubU.ma; 

aeni de iMCUadoi btjoi de Plindu. línidaen ambas biítoriaij de relertoteidoiíadeelo- 

■ ReeiM CitandD eo Brusilaa un carta ea Itlto de caeDCia. En este Erioio diaclpulo del célebre Justo Llp- 

Eriei<>PnMD¡o,lBHrU en etla mluna edicioD, onli plg-S, alo j odo délos mas afamados lítenlos de aquella época; 

AUbale PnWai» tiu faiprMM. ; le Itama PatlaiU itcta, ea tanto gndo, qae el mismo &tiivEDRA, lan severo «n ana 

9ctc(jWwí<ijMcf(¡calillcadoiHtqne<lebeacoilsfdenrH Joicio*, Hiir«Tetllimaile«Marii»i0ticaíMUB«JlC 



m nOTICUS mSTÓBIOMStÍTICM 

pero inadmisibles todas, caando no pcn- lo vagaa y lo ambiguas, por lo inmoderadas y hastaínjario- 
sas á la dignidad de nn reino, i Cómo hablan de admitirlas los plenipoteDciañes de una nsúon como 
la España? Influyó por otra parte en la deteiKion del congreso de la paz , lo opuestos que estaban 
los intereses de los deliberantes, sobre todo en materias religiosas ; lo complicado y rigoroso del 
ceremonial , lo numeroso y heterogéneo del Congreso , lo severo de la etiqueta de aquellos tiem- 
pos, la volubilidad de los diputados, bija en gran parle de las buenas ó maks noticias que reci- 
bían de sus comitentes, armados, cuando no metidos ya en sangrientas luchas. Era difícil enca- 
minarlo todo á un mismo objeto : cada país quería ser independiente y concluir su tratado de paz 
antes que sus rivales ; cada plenipotenciario atendía mejor i sus intereses y á los de sus cortea 
que á los del mundo cristiano. 

Laméntase de estas dilaciones el mismo Sáatidka al fin del prólogo de su Corona gótica. «Obra 
es esta , dice , que requería mas tiempo y menos ocupaciones ; pero habiendo venido á este con- 
sejo de Munster por plenipotenciario de su majestad para el tratado de la paz universal , bailé en 
él mas ociosidad que la que convenia aun negocio tan grande, de quien pende el remedio délos 
mayores peligros y calamidades que jamás ha padecida la cristiandad, pasándose loa días, meses y 
años sin poderse a^delantar las negociaciones, por las caunu que tabe ei mundo; con quemehaUé 
obligado á trabajar en algo que pudiese conducir al fin dicho del serviqio del Principe nuestro seüor, 
y íatntfen á etíot mínnos tratadot , habiendo visto publicados algunos libros de pretensos dere- 
chos sobre casi todas las provincias de Europa ; cuya pretensión dificultaba y aun imposibilitaba 
la conclusión de la paz ; y que era conveniente que el mismo hecho de una historia mostrase cla- 
ramente los derechos legítimos sobre que se fundó el reino y mcmarqula de España, y los qtie 
tiene á distintas provincias; los cuales consisten mas en la verdad de la historia que en la suti- 
leza de las leyes ; y esto para quo se vea lo que se deja olvidado por no dilatar mas el público so- 
siego. > 

Ojalá hubiese indicado claramente las causas de tan graves retardos ; causas sabidas entonces, 
pero ignoradas ahora, por la falta que tenemos en España de obras diplomáticas y de colecciones 
de memorias, despachos y negociaciones que puedan servir de estudio á los poUticoa y de prue- 
bas históricas á nuestros escritores. Tardó mucho en realizarse esa deseada reconciliación entre 
España y Francia. Ajustóse en 1648 un tratado con el Emperador y el Imperio, en que se cedie- 
ron il Francia las plazas de Brisac , Filisburgo , Zuntgau, ambas Alsacias y otras proiincáas de Es- 
paña; mas esta nación no le aprobó nuDca ni legitimó, hasta que, por la paz de los Pirineos, 
en i609, se allanaron todas las dificultades, merced al matrimonio de Luis el Grande connuestra 
infanta doña Haria Teresa. Saa yedra había ya previsto este resultado; mas no pudo verle, por ha- 
ber fallecido nueve años antes de haberse obtenido. 

Hablase retirado Saavkdha del Congreso á Madrid, el año iM6. Sirvió en esta corte , primero la 
plaza que once años antes se le habia conferido en el supremo consejo de Indias *, luego la de in- 
troductor de embajadores. Recibió el litulo de camarista de ludias, en 3i de en^re de 1647. Había 
vivido ñiera de España cuareita años, dedicado siempre al servicio y al sosten de España. Se le hi- 
cieron varios cargos, pero infundados : con sobrada justicia se quejó él mismo de ellos en su era- 
presa poliüca IX, pag. 30. i No siempre, dice, roe la invidia los cedros levantados ; tal vez rompe 
sus dientes y ensangrienta sus labios en los espinos humildes, mas injuriados que favorecidos da 
la naturaleza , y le arrebatan Iqs ojos y laindignacionlasmiseríasy calamidades ajenas; ó ya sea 
que desvaria su malicia, ó ya que no puede sufrir el valory constancia del que padece, y la fama 
que resulta de los agravios de la fortuna. Huchas causas de compasión, y pocas ó ninguna de in- 
vidia , se hallan en el autor deste libro , y hay quien invidia sus trabajos y coatiouas fatigas ,* 6 

* Véanse 1» dos carias de las dos ñolas pnestas i la $4«variatnotathiMTieat,CTtÜe»¡ibWiogriftM,fii^- 
noia nbm. I del Apéniiet de algunoi óocumeníoi iaéttííei ua 443de eale loinD,u ^. ^^ ^ .^ L_^OOQ IC 



DE DOH DIEGO DE SAAVEBRA FAJARDO. Im 

aoiilTWlidu ó 90 remaneradas. Fatal es la emulación contra é). Por si misma nace y ae levanta 
áncama, ^ibayéndole cargos que primero los oye que los haya imaginado; pero no bastan d 
torbar la seguridad de su ánimo candido y atento á sus obligaciones ; antes ama á la invidia, por- 
que le despierta, y i la emulación porque le incita '.> jQué verdades tan amargas! 

Falleció iKm OiBfio BK Sáavkdbá Faiaado el dia 34 de agosto del año 1648, á los sesenta y cua- 
tro tíloB, tres meses y diez y nueve dias de edad, en el convento de reverendos padres Recoletos 
de Madrid , donde se babia recogido para vivir cOn toda la quietud religiosa que olirecia aquella 
nota cua. Fué sepultado , según se lee en la Bistoria del orden de San Agustin ', en el oratorio 
inmediato al coro , donde años atrás podía aun verse su sepulcro. Leíase es este sepulcro la iJis- 
oipcioa siguiente; 

D. 0. BL 

State ucmniAE. 
IiUXT tfic D. Dbaci a Saatura it Faxabdo ■ortalhai. hoc soltk 
^f Eccr HOBa JAV nmu titsa. fám alteba n AETUim ptBaAiiET 

Htbsub ratvs GEirmrrm kobile, etsi iroEcoBn nosniAiET ua 

STISnHTTTTI IKDTNERTIS aENtra BBQA B0III3BB MITE, JTXTA 



EAPIEMS 9TPRA flDACn nOBILEa , TI 

nUBCBPTOB — .^. VT BABTS TEMÍIT, 

OnERA FTGIT. BKD COHPtinEXDERTin t\ 
NbAMLI a SECBETIS FVIT PbIUPO 101 TB[ QTAE El OPERE DISICtT AlCAEA 
U riDELITATE DEDIDICIT, SIGNITAS ILLI KOTESTMIS SaíICTI JaCOÍI QOIH 

rAUTEB BOKOBiT, DDH poKOBATVR Al EA, HECEHH* Consu.n Rted 

tmiAfm Sehatoiiu. 

Ídem post PATRirum ikteutts, legatioxm ■nrenE ad miEinssmTa 

BAVIEBAE DVCBM PKAErEBTTB, TBI QTAIiTVB BISPANIAE REÍ BECIBTS ANTEAT 
G1NGTÍ3. EIIKlGIMEIlEaOIlSTIlATIT. POSTaAECADBTRGVHDlAECIRCTlVB, 
aiHC PRO RATIEBOHEBSI dieta AQ CAESAREX IEIEL, ITBRnOVE AD BELTETHM, 
PORTBEEO AD WASPaALIAR , liO>ASTEB(TEQVE PRO TflITERSAU PACE PROFECTTS, 
DlSSIDEKTlBTg PHOTIBCHS THTS BVLTIPLEI ADSTITIT, SEB W IPIA «VLTIPLICITATE UEt 
PRTDENTIA, UTECniTATE, BEUGIORE. 
HlBPAIIUB BETERSf S COifDVCTOB LÍGATORTM PRfflCIPTH ALLKCm 
KAGI5TU DOCTIT, OVOD DirmniS EIPERIBEnTIS DE 
iRDURTM CABERAE CORSILIARIVS DUieKATTR, DIGVTS I 
GEMSILIA DARET,AKEBinE ACCIPBRET. 

Viirr lEcn oamüo terdecdi lustra, n< 

BECORDATU) VITIT, EX PIGA-imi BOC ■ 
COUA DVIBTS ALTITS i:(SEDn COnTIHENTI STOCEilOKE PROGBABTUIART. 

Obut asmo ■.DGU.vni *i séptimo Kalendib septeibru. 

Las principales obras que nos dejó don DisQODESAAVEDRÁFAiABDo.sonlas Empresas poUticos 
"S^ Corona gálica, publicadas durante su vida; la Ttepti&Iica literaria , que quedd postuma; las 
Locuras de Europa, que corrieron anónimas, y diversos opúsculos inéditos. 

Las Empresas poüticas bastan por si solas para caracterizar a Sáavedra de diplomático profun- 
do, de gran publicista, de escritor sobresaliente. Están escritas con ciencia, con vigor, con ma- 
jestad, coo energía. Sus periodos, ya abundantes, ya concisos, están generalmente bien acá- 
liaiios y compuestos : ni hay en ellos mi afectado esmero ni un vergonzoso descuido. Es algo in- 
correcto el lenguaje; pero exacto, severo, profundamente lógico. La gravedad no excluye en él 
la el«gancía;iii el deseo de parecer claro, la armonía. Revelan casi siempre sus juicios aquel tacto 
magistral de un gran politico, aquella experiencia de las cosas humanas que tanto hubiera po- 

' Pig.6l,edtdondelfini¡ch&l.'demuio del6M,y qnepablfcasasproezas, etc.i Tamo i,déc.1,cap. 6,pi' 

de HiiiBi u de abril de 1913. glna 288, edidon de Madrid de 1663, de I* BUItñtgene- 

' 'TMiMeiiHTseneloniorioJniitoaleontielBepal- raldatoireligiotelídeKaltoádelirienÚeSmAgtalin.ie 

codetraDKGODBauRBBAFAJAitDa, aplaudido Eogeio ¡aetmsregacionde Eipañat/éelatlnáliu. 

«iMUEuropRpor Ir* eRV»r0«MjKiM(JcM,qne imprimió * EaU la fecha Tiüblemente equivocada por yerrodel 

»ltoBKodeBaTi«n(*MoMHimi<ih>,]rl6eM«ae9itaSo eMalior:eli anterior t lab del)la«ernz.([^^QQQ|^ 



xiT NoncíAS HiST()Rico-atrncAS 

dido aproTenhar á qnien había nacido para gobernar dos mundos. Los ejemplo* antiguos 7 mo* 
dernos; las ciUts de filósofos é historiadores griegos y romanos, laa sentencias útiles j las máxi- 
mas de estado abundan ; las verdades están muchas Teces enunciadas con una resolución que 
admira. Floreció el autor en una época en que habian llegado al mas alto grado el respeto y la 
veneración á los reyes; mas raras veces abre paso en su libro á la lisonja. No estudia solo las 
monarquías; examina el origen , la conservación y lacaidadelas repúblicas : escribe para todoa 
los hombres que pretenden dirigir bajo cualquier forma de gobierno los estadoa *. 

La Corona gótica, compuesta solo por pasatiempo y para evitar la ociosidad en el dilatado eon-- 
greso de Hunster, no reúne la critica ni la erudición necesarias; pero está adornada de gran des- 
pejo en las narraciones, de dulzura, armonia y fluidei en el estilo, y de muchas dotes de elo- 
cuencia histórica. Asf la juzga el célebre abate don Juan Andrés, en su obra sobre el Origen, 
progretot y estado actual de toda la literatura ; donde, después de tratar en parücuíar de Solis, 
Argensola, Moneada, Coloma 7 otros historiadores, ensalza tobremanera i nuestro autor, di- 
ciendo que el nombro de Saavkoha es el mas famoso en la literatura. 

' Créese sobre la República literaria, pot unos, que no tuvo parte directa ni indirecta en ella 
el ingenio de Saavidra ; por otros, que este la usurpó á su verdadero autor, puliéndola algún tanto 
y arreglándola. Caen, sin embargo, por su base estos asertos cuando se considera, primero que el 
mismo Saavbdra, en el prólogo de la Corona pciíira alude álBAe;)ti6ííca; y en segundo lugar, que 
en el prólogo del mismo libro en cuestión, libro de que w conserva im ejemplar manuscrito en 
la Biblioteca Nacional, S. S5, se leen palabras que, i nuestro modo de ver, no dejan lugar á duda 
algana. 1 Algo me encogi, dice, temiendo aquel rigor en mis fmpi-esai^wliítcos, aunque las babia 
consultado con la piedad y con la raion y justicia; > palabras muy slgDÍficativas, que se omitieron 
en la primera edición de 1 603, impresa en Madrid ún el nombre de su verdadero autor, porque con 
ellas se hubiera dado á conocer Saavedoa. 

£3 de creer que i la muerte de Saatedra quedó inédita la RegúbUca lüeraria , ya porque aquel 
no se atreviera ¿ publicarla en vida, ya porque le fáltase el tiempo, ya parque (según refiere el 
doctor -don Francisco Forres, canónigo de la magistral de San Justo y Pastor de Alcalá, y cia- 
tedrático de griego de su universidad, en et prólogo que puso en 1663 á la RepiUilica literaria) 
ae perdiese el origina} en el naufragio que sufrieron las galeras que trasportaban á Roma la libre- 
ría del cardenal don Pascual de Aragón , y quedase solo una copia , que para su uso manual hu- 
biese mandado hacer aquel ilustre purpurado. Publicóse por primera vez, como llevamos dicho, 
o) citado año de 6S*; pero de un modo tan deplorable, por felta de inteligencia del editor ó por 
defectos de la copia , que d no corregirse después hubiera hecho muy poco favor i Saavkdra 
tan interesante libro. Apareció luego en la Biblioteca Nacional el manuscrito de que hemos ha- 
blado, S. 33, en el cual se observan algunas enmiendas, puestas al parecer por la propia mano 
de DOH Diico. 

No podia ya entonces dúdala de quién fuese sn verdadero autor ; mas hubo aun diBcultades 
On conceder esta gloria áSAAViDRA, fundándose en que su composición pedia mucho talento, un 
genio festivo y critico, y sobre tudo, mucha abundancia de noticias históricas, literarias y da 
mitología. ;Nopodian, sin embargo, hacerse cargo de que una obrita amena é ingeniosa como 
la de que nos estamos ocupando , corta, ajena de meditaciones filosóficas y de estudios históricos 
profundos, era fácil que la escribiese bien Saaviiba, solo con el inmenso caudal de erudición 
que muestra en sus demás obras, es decir, ^ necesidad de preparación histórica ni literariaf 
Quien escribía las impresos yendo de camino en las posadas, y la Corona fr<ftíea estando rodeado 

* Sobn los detMoa da qne adolece el autor eo etta j Almelda. El célebre don Nlcolii Antonia, i peurde nti 
obra, véiM el ÁpituUce, uíaotmB j 0. gnodet coDodmientos ea niterit de libros, no deíoibrlá 

■ En8.*, porJnlbade Pandes, coo este titulo ; Aiei» que etw (Oeie do Sutkdm. Eicribió un articulo para d 
da arta f üentía*; tn autor doa Claudio Autoaio de C»- fingido don Antoolo da Cabnn . dicitodo Dn CJmtftet 
lir^.'itcataálaaoaiaDMniundoDlIeldwrdsFoBMCt Mmami»ObnTm,M»iÍt9iít,m. 

ü^jucc.yLiOOglC 



* DE DON DIEGO DE SAATEDRA FAJARDO. Iff 

da los grandes caídados políticos que da la represeútadón de una corona no despreciable, 
cotDo la de España , j no Iiabia de compoqer con mayor prontitud y aun repentÍDameote la Re~ 
púífíea (iteraría f (Véase Mayam, Capmany, Sanche», el ^riódko Mercurio, Gabinete de la lee- 
luraetpañola, Diarios de Madrid del 11 de octubre y del 7 de diciembre de 1798, etc., etc.) 

Otra obríta se conoce de son Dugo di Saavedra , qae comprendemos también en este tomo, 
titulada Locuras de Europa, Diálogo entre Mercurio y Luciano, que se public4i en el tomo vi del Se- 
nannrío erudito, úrviendq de original una copia manuscrita que poseia el excelentísimo se&or 
duque de Hijar. Atribuyóse desde luego á Saavkdra ; y á la yerdad , no bay mas que considerar 
laladlidad y hermosura del estilo, Itt exactitud y libertad con que se habla, y el conocimiento 
/uslo j cabal de los empeños , intrigas, estado y causas de guerrear entre ai los soberanos de Eu-^ 
ropeensqueltiempo, para afirmar que solo podia haberla escrito el profundo autor de las Etn- 
prim. Conócese que está escrita en Hanster, durante el gobierno del conde-duque de Olivares, 
caaodo el principado de Cataluña se babia entregado á Francia, cuando la Holanda favorecía al 
principe de Orange , que había sublevado á su Tez los Países-Bajos : lleva por principal objeto 
Iiicer ver las locuras que hacia la Europa negándose á reconocer los favores que debia á la casa 
de Austria. Es un folleto pequeño, pero digno de tan bien cortada pluma. Vese coostanten^ente 
ci el al gran diplomático, al hombre qué ha recorrido y estudiado todas las cortes europeas. 

lucluímos, por fin, en esta colección la PoUtica yraxoa de estado del Rey Católico don Fcr- 
wiiio, cuyo original hemos hallado entre los manuscritos de la Biblioteca Nacional. 

Acabamos de ver cuál la sido la patria y vida de doh Dugo db Sáavbdra Fajardo, cuites son 
tus principales obras. No hablamos de las demás ni las publicamoaen esta edición por ter opús- 
culosmuy insignificantes ', 

Le siguientes palabras de un literato francas moderno ' reasumen las ideas que sobro este es- 
critor llevamos enitidas : permítasenos que cerremos con ellas este Ugero prólogo. 

iDiuoDB Saavxsba, el ma.s grande hombre del reinado de Felipe IV.... oltico instmido, sa- 
guy delicado; asoció las gracias del ingenio á la gravedad del juicio ; sus composiciones políti- 
cas, morales y literarias son tales, que el ingenio ateniense habría podido concebirlas, y se com- 
prende solamente que no podían recibir sino de un español el calor que las anima. No hay mas 
queuQB voi en España para proclamar á Saavedka el primer escritor de aquel reinado. Vasta eru- 
dícioD, filosofía profunda, sima pural, ¿onocimiento exacto del corazón humane, ironinfinay 
suave; estilo puro, correcto y claro: tales son las cualidades eminentes que Teune. i - 

* ilpAiAM, nota n4m. \L prcpDeaioporlaicademiaíraiKCMeBelattearMdelM^ 

■ Adolfo de Paibaiqae, en ni fílitiría unparadá ié PaiU, 18U. 
^OtntiHuapaMlat fraeeta, qoe gaa6 d premio 



.ííbvGoosle 



ivGoogle 



JUICIOS críticos 

SOBRE LAS OBRAS UTERARlAS DE DON DIEGO DE SAAVBDRA FAIARQO. 



DEL EICELENTIBIMO SEÑO& DON ANTONIO GIL DE ZARATE. 

A pesar de sus foenss diplonuUicM, halltf tiempo Saavidu put eatregUM i twiot y profun^ 
dos esludiw 7 ó la compoaidoii de obnu que le hto dado eterna fama. £at4i obras son i Ub £nv- 
fraaipoÜHeas, ó üea d¿ im prineipt p^ilUico-aiitiátto ; \t RspúbUm Kteroria y la Coriwa o^ítea. 
Ia primera es ú maa célebre de todei : »e reduce á una E«ne de alegcvis», representadas prímef o 
por medio de una empresa ó dibujo simbólico , y seguidas cada cual de su correspotodiento di»-> 
curso ó tratado aoerca de las Tirtudea y eualidadee que deben resplaodeoer ea el prineipe per- 
fecto. Toda la histoiia antigua y moderna está apurada eo este lü»-a para presentar ejemplos y 
modelos de tales virtudes, y no bey escrit^ur sagr^ ni profano de que no saque «1 autor seo- 
tfnctas ó consejos para dilucidaT ó corroborar la doctrina que vierte , reducidas, mas bien A má- 
limas para lá prActica que i teorías sobre la organizacioQ de los estadoa. Esta obra es un dechado 
perfecto de cómo se trataban en aquel tiempo las materias poiiticas. La RefáhHea iUeraria es 
mu obrita en la cual , bajo la alegoría de un suef^o , haee el juicio y critica de Tarios escritos y 
ais autores, uniendo á una invenoioQ ingeniosa, eleganaa Mi la diccioo y annonia es la frase. 
La Cimma gótica, que debió ser la obra mas srande de su autcu*. es la que gou de menos crédito; 
porque, esoñu con precipitación, no tuvo «I tiempo de llevarla á cabo, y fué seguida por otro. 

Gran Tahedad de pareceres existe sobre el estilo de este autoTí alabado coa exceao por unos y 
criticado peo* otros. Lo cierto es que conoció y manejó su lengua c4hi suma maestría i que sus 
pensamientos son grandes y no pocas vecea profundos; que su dicción es pura y esmerada, y 
sos frasea por lo general rotundas y m^eatuosas; añadiéndose áesto severidad, energía y con- 
cisión, en lo cual imita A ku mas célebres escritores latinos. Con todo, su estilo peca por afeo- 
tadoj por llevar al extremo estas misnias cualidaijes : no usa de los periodos largos y de ene»- 
denados mienibros, que tan naturales soa á nuestra lengua, sino que procede por frtees cortas, 
eamerAodose en dar á cada una un giro notable . y una expresión , por decirlo asi , epigramática; 
de lo que resulta un laconismo aüectado y no pocas veces oscuro. A pesar da este laconismo en 
la frase , existen peosamientoa repetidos ó exilados en demasía, cod al correspondiente acom- 
pañamiento de símiles y comparaciones, en que no hay objeto de la naturaleza ó de las artes que 
no lalga A relucir; y esta redundancia, unid&á la marcha acompasada y monótona del lenguaje, 
engendra languidez y cansapcio en la lectura. Con todos estos defectos, SuvanaA será siempre, 
aQ embargo, ano de nuestros buenos hablistas, y de los que mu conviene estudiar para conocer 
lodo* loa recursos de la lengua. 



DE DON PABLO PIFEHKER, EN SO OBRA CLASICOS ESPAÑOUES. 

Las condidones de buen escritor, que en todas estas obras , Empreía» , Corona y Sepública, 
trascienden, son de tanto precio, que casi es de sentir no hubiese gozado de mas sosegada vida, 
6 que no diese á las letras los años , la actividad y el saber que tan útilmente gastó en los nego- 
cios de la'polilica. Por esto se concibe menos cómo supo hermanar en su espíritu las grandes 
cosas á quedaba cabo, los estudios de que no levantó mano, y los escritos quede cuando en 
cuando viiúeron i patentizar sus grandes fuerzas. Fué el primero el libro de las Empreíai wWK 



xm JUiaOS CaiTICOQ SOBRB US OBRAS DE SAAVEDRA FAJARDO. 

cas, que también lo es en el mérito, como que basta él solo para caracterizar completamente i 
Saatxdu. Asoma en todas sus partes un juicio el mas profundo , enriquecido con grande erudi- 
ción 7 con la experiencia de las cosas humanas; y en la aplicación de estas dotes se echa de ver 
un tacto tan magistral, que claramente revela la destreza con que hubo de haberse en su car- 
rera diplomática. La expresión corresponde á tan nobles cualidades , pues casi siempre grandiosa 
y llena de majestad, respira no pocas veces vigor y nervio. Pero lo que menos pudiera esperarse 
de su Índole tan sesuda, y ciertamente no suele encontrarse en los escritores sobresahentes por 
et juicio, es aquella elegancia tan esmerada, ya expresiva, yaflíiida, ya valiente; su gala pocas 
veces desmentida , su aire siempre bizarro y compuesto , y la contextura tan armoniosa de cada 
sentencia. Conjunto es este de pocos alcanzado, y al cual debe Saayxdha el nombre de verdadero 
escritor. Desgraciadamente vivió en tiempos en que la elocuencia se iba estragando por las sectas 
literarias, que erigian en ley el mal gusta; y ya que no fué superior ala general tendencia de sus 
contemporáneos, mucho es de admirar que no le pagase tributo con delectes todavía mayores. 
No escasean en sus Empresai los juegos de frases rebuscados ni las figuras violentas; los símiles 
y las metáforas se amontonan á veces con profusión , y la abundancia de las máximas ó senten- 
cias viene á engendrar hastío con el tono demasiado dogmático que á la dicción comunica. Por 
otra parte , emplea el estilo cortado con tanto exceso , que fatiga el aliento del lector, quien en 
vano intenta seguúrle en aquel andar á pequeños saltos ; y al mismo tiempo, para alcanzar el ma- 
yor laconismo, cuya afición parece bebió en los clásicos latinos, se hace oscuro. Pero cualesquiera 
que hayan sido sus faltas en esta imitación de los antiguos, no puede negarse que mucho mas 
que Hendoxa acertó á dar á nuestra lengua la entereza y la concisión de la latina , sin que de su 
corte severo, vigoroso y franco se resintiesen extremadamente ni tan á menudo la claridad y la 
elegancia. No menos pródigo anduvo en ks citas y razones con que hizo gala de su erudición , tas 
cuales podrian caliñcarse de pedantescas, si basta cierto punto en lamoda entonces dominante no 
tuviesen su autorización y disculpa. Tampoco está exenta de algunos de estos defectos su Repú- 
blica literaria, cuyo libro ni siempre guarda la debida igualdad de estilo, ni en su plan va tan 
acertado como seria de desear. Falta la lima en unas partes, hay Maldad y redundancia en otras; 
citas ó amplificaciones innecesarias, malas alegorías, juegos de vocablos y conceptos amanera- 
dos, profusión de símiles : tales son los lunares que afean este precioso librito, que solo en ellos 
es parecido'á las Empresa* poltíicas. Pero en general su estilo corre mas sencillo y mas ligado 
que el de estas ; y acomodándose mas al género de la narración y descripción , ostenta una gracia 
mas natural, una gala menos simétrica y una armonía menos buscada. Sus retratos, salvo la poca 
veracidad de sus juicios, están hechos con la mayor franqueza y precisión : pocos toques le bas- 
tan para caracterizar á cada personaje, y las palabras que emplea son lan pintorescas, que, por 
decirlo asi, les da relieve. jDe qué no hubiera sido capaz el hombre que tal fuerza de imagiea- 
cion poseía , y que supo trazar descripciones tan vivas y á veces tan poéticas ? Has parecida á las 
Bmpreías, por el fondo, es su historia de la Corona gótica, castellana y austríaca, que comejaóeu 
Hunster, continuó en medio de sus negocios diplomáticos, y no pudo concluir antes de su muerte. 
Saavsdba poseía todas las calidades que constituyen un historiador perfecto, y de tal manera 
que, cuandomenos, hubiera igualado la gloria de los anteriores. Solo le faltaron tiempo y sosiego; 
que, aunque esté sea el menos trabajado y acabado de sus escritos, ofrece de cuando en cuando 
algunas muestras de su claro entendimiento. Resplandece en esta historia igual juicio que en las 
Empreíat, y sus máximas no son menos ciertas que bien traídas. £1 estilo marcha mas ligado, 
sostiene su grave entonación, abunda en frases enérgicas, y en general no está destituido de 
ormonia. Pero muy á menudo le falta alguna lima, si por otra parte le sobran las citas que el au- 
tor acumula. Sin estos defectos de todas sus obras, y, cercenando ciertos pasajes, Saavedra po- 
dría proponerse como uno de nuestros prosadores mas completos, tal vez cual el mas propio del 
género filosófico : tanto reunió la cordura y la riqueza de los pensamientos á la gracia, á la ma- 
jestad, á la concisión y al qjayor aliño de la frase. 



,vGoosle 



ADVERTENCIA 



SOBRE US OBRAS 



DEL LICENCIADO PEDRO FERNANDEZ NAV ARRETE. 



La Ci)n(eniact(m (íe mtHtarjuias delIiceDcUdo Pkdbo FsRKAHDiz Navakuti es, después de las 
obres de Saavedra , uno de los libros mas notables esciitos en el reinado de Felipe IV. 

Tenia Navahbkte, como Saavedra, en materias de economía 7 de gobieroo, un juicio claro, 
grande elevación de miras, mucha experiencia y tacto, y sobre todo, un caudal de ideas exclusi- 
vamente suyas, que aun hoy bastarian para honrar cualquier ingenio. Dejábase llevar una que otra 
vet de las preocnpaciones de su siglo ; mas les era ordinariamente superior, y en no pocas ocasio- 
nes supo combatirlas con la energía aecesaría para destruir creencias arraigadas en el corazón 
del pueblo. Era, en lo que permitían las circunstancias políticas de España, bastante franco 7 
libre ; tanto, que do dejaba error por censurar ni remedio por indicar, mas que para ello debiese 
enemistarse coa la nobleza y basta con el clero, á que pertenecía. Estudiaba los males, indagaba 
las causas que los producían , y no vacilaba para atenoarlos, ni aun para extirparlos, en proponer 
boodas y vastisiqías reformas. Verdad es que solia enunciarlas con tanta claridad y presentarlas 
tu ñicilmente realizables, que aun los mas estacionarios se sentían movidos á admitirlas, no sien- 
do raro, sino muy frecuente, que las aceptasen mas ó menos tarde auo los que en aqueta ¿poca 
de abatimiento y ruina dirigían los negocios del Estado. Meditaba mucho antes de resolverlas, y 
no las publicaba sin haber consultado fmtes, no solo la razón, ÜDO la historia. 

Concibió ia idea de este libro ya en tíempos de Felipe III , en que , preguntado el consejo su- 
premo de Castilla sobre la rápida despoblación de la Península y la imposibilidad de cubrir las 
inmensas atenciones del erario, iodicd las medidas que á su modo de ver exigía imperiosamente 
el interés de los subditos y la conservación de la corona. Leyó la consulta , la examinó , vio mal 
deslindado el origen de nuestra decadencia, comprendió la ineficacia de las disposiciones pro- 
yectadas, y se resolvió á componer desde luego una serie de díscurios, tomando en parte por 
texto las mismas palabras del Consejo. «Nuestra falla de población, dijo, procede indudablemente 
de la exorbitancia de los tributos , de la escasa protección concedida á la agricultura y á las ar> 
tes, de la extremada &cilidad con que se permite crear nuevas órdenes religiosas y fundar con- 
ventos, de lo mal administrada que está la justicia, de la inquietud en que vivimos, molestados 
por continuas levas; mas estas no son sino las causas inmediatas , y es también indudable que 
las hay mucho mas capitales, mas activas, de mayor influencia y de mas tristes resultados. > SeSaló 
cono itíet la expulstcm de los judíos y la de los moriscos , la necesidad d« sostener la guerra en 

ü.ju.c.,LiOOglC 



U A0VERTE3HU 

el exterior para no llamar al interior las arma» de las demás naciones , la contínoa «migraeiim i 
las colonias, el desprecio con que era aun mirada la industria, acusada de servil é innoble; la io- 
cesante amortización de le propiedad , debida en mucbo á la ilimitada facultad de amayorazgar 
los bienes; la concurrenda hecha á las posesiones tfirritoríales por los juros, ó sea por la renta 
pública ; los excesivos derechos reservados á los testadores, la muchedumbre de fiestas , la cor- 
rupción de las costumbres, la exageración del censo 7 de la usura, la constante usurpación de 
brazos que experimentaba el trabajo i brazos destinados en sa mayor parte á servicios viles, para 
satisfacer eo algunos magnates la vanidad y el lujo. Analítico inteligente, observador profundo, 
filé buscándolas todas, sin olvidarse de averiguar el enlace que eutre si tenían , y no dejd en la 
sombra ni una sola que pudiese parecer álosojos de algunos importante. Ha habido en nuestros 
tiempos un autor francés que ha pretendido repetir el análisis; pero ni ha encontrado unacausa 
nueva sí ha podido decir una palabra mas sobre el asunto. 

Al hacerse Cargo da los remedios propuestos por el Consejo, BíguídNÁVURiix, como era na- 
' tural, el mismo método. Los aplaudió, los confirmó, los presentó mas en relieve, les comunicó, 
en cuanto cabla, m«yor fuerza ; pero no se contentó con ellos, por no creerlos suficientes^ i ¿Cómo, 
dijo, ha de bastar para tan grave mal que el Rey ponga orden en su hacienda , y reduzca y aun 
revoque sus mercedes; que vuelvan al seno de sus provincias los que vinieron de ellas tras el es- 
plendor y la pompa de la corte; que se publiquen leyes suntuarias, casi siempre ineñcaces; que 
se dé algo mas de holgura al labrador para el pago de sus deudas y tributos; que se ponga coto 
al enclaustramiento ; que se derribe en lo posible todo priVile^o ; que se procure la igualdad de car- 
gas ! El celibato se va generalizando : ved pues de favorecer y fomentar el matrimonio ; la in- 
dustria es nula, compereda con la de otros países : ved de llamar á nuestra nación artistas extran- 
jeros ; el oro sale á raudales de nuestros puertos y fronteras ; Ted que se detenga , porque pro- 
Qutcamos lo que consumimos ; la agricultura está pereaendo : ved de librarla de los terribles 
censos que h Oprimen ; la propiedad se estanca y languidece : ved que desaparezcan los juros, 
obstáculo el ntae funesto para su libré deutroUo. Mostró en esta parte, no solo rectitud de juicio, 
bino también penetración y audacia. Llegó hasta el cuvzon de la sociedad , y deacubrió los vi- 
taos que allá en lo mas hondo laminaban; comprendió que la o^rcoma llegaba hasta la raii, y 
propuso que hasta la raíz llegara el hacha. En la España de hoy ^enas nos hubiéramos atrevido 
á exigir tanto. {Quién pediría hoy entre nosotros la prohibioíMi de fundar censos en proTe<^o 
de los ptfticQlareí ? Quién propondría que el erario tnvisse U &cultad de ir abjorbíeoda chíta- 
les hasta el punto de que pudiese llegar á ser su dispensador y sa regulador supremo? Estas y 
otras pn^oaicionei, de que eatiaalEHcada la obra, le colocan i nuestros ojos á una grande al- 
tura. 

Saavedra no estaba dotado de menos ingenio ni oíadfa; pero era, á no dudarlo , menos con- 
creto, menos práctíco, menos feliz en apreciar las circunstangiasque I0 rodeaban, meúoe acer- 
tado en resolver las cuestiones áei momento. Después de nutgoi&coe y brilboites rasgos, caía no 
pocas vec«S en la abstracción, en la oscuridad, en vulgaridades que no podían émoos de empa- 
ñarlos ; mostrábase otras muchas nimio y pueiü ; precipitábase otras, sin sentirlo, do la sidilúnidad 
á la afectación , y de ideas las mas addantadas á ideas de evidente retroceso. Engrandecíase, eu 
vez de empeqnefiecerse . con esta dudoso claro-oscuro que c<Kuunicaba á las mas importantes 
de sus obras; mas es innegable que coa ello dio lugar á ser juzgado muy diversamente por las 
generaciones qua han ido pasando sobre su sepulcro. 

NAVAauTK no presoitó nunca esos contrastes. HomlH« de instnictdon , annque apartado de la 
política militante , sc^^nia paso á paso las mudanzas que iba experimentando A la sazón Castilla, 
y no vertía un pensamiento que no fuese de inmediata aplicación al estado en que se encontraban 
los negofiios páUicos. No arrojaba de ai esas ráfagas de luz.donda al parecer de muchos se re- 
vela «I gomot mtialimbrabacaüsiemive por igual en todos BU «icr^oc, llean generalniwie 

ü^jucc.yLiOOglC 



SOBRE LAS OBRAS DEL LICENCUDO PBDRO FERNANDEZ NAVARRETE. »i 

de doetrina y de una erudición 7a fatigosa. Loe uno la Coniervaeiondemomrqvias, 7 halla ape- 
nas en las últimas páginas ni mas grandeza ni mas naturalidad que en las primeras. 

No quedó Nitarreti infeñor á Saavedra mas que en el estilo. Saaredra era sentencioso, enér- 
gico, d^nmbrador por el continuo uso de tropos 7 figuras ; Natabmtb difuso , aficionado á lar- 
gos 7 cadenciosos periodos, de poca elevación en sus comparaciones 7 metáforas, llano hasta pa- 
recer trivial; débil, extremadamente débil donde loe vicios que combatía nollegabaná encenderle 
en ira. Saavedra , hombre de mas imaginación , mas poeta , atendia tanto á la traducción como á 
la idea ; Navahmti , ' hombre de mas severa razón , mas cientíñco , no cifraba su mérito sino en 
exponer con la mayor claridad 7 sencillet sus pensamientos. Poco apreciador NAVABain de lo 
qae puede la anidad en las cláusulas, encabalgaba á menudo, si asi cabe que nos expresemos, todo 
un drden 6 filiación de ideas ; mas Saavedra las presentaba, en cambio, tan aisladas, que algunas 
veces no dejaba ni entrever el lazo común que las unía. Fuerza es, sin embargo, queseamos im- 
parciales : afiadia Navabrite á todos estos defectos uno muy capital, de que careció Saavedra, 
y que fué tal res el que mas contnbii7Ó i hacer pesado y lánguido su estilo : el de interrumpir i 
cada momento con citas mas ó menos oportunas la marcha de sus periodos. Algunas de sus mejo- 
res páginas son bajo este punto de vista intolerables. 

Tenia, por fin, NAVAutTi mal estilo, pero buen lenguaje. No era brillante como Saavedra; 
pero si mas correcto , menos ampuloso, mas constante, mas libre de locuciones oscuras y de su- 
tilezas. No dejaba de reunir vicios ; pero menores en número , y sobre todo debidos mas á su »glo 
que aso pluma. En su tiempo, é principios del siglo xva, había ya empezado á corromperse al- 
gún tanto la lengua castellana, y de esta decadencia es casi seguro que el mas delicado lector no 
ha de encontrar signo ni ligera huella. 

Este conjunto de cualidades, raras veces reunidas en un solo libro, es lo que nos ha decidido 
á publicar esta ConsenacioR de tnofur^uiot. Pensábamos publicarla sola ; mas hemos creído áes- 
pnés que el lector no ha de leer con disgusto, tras una obra tan interesante , la carta que escribió 
el mismo aator bajo >1 titulo de Lelio Peregritto á Eitamtlao Borbio; carta en que manifestó los 
peligros de los privados y la conducta que han de segnú* estos con sus reyes 7 sus émulos, si no 
quieren que la privanza, después de haber pasado como un sueño, sea un manantial de largos 7 
no interrumpidos sufrimientos. Mostró en este peque&o trabajo, á falta de las muchas ideas polí- 
tico-económicas que había desplegado en sus IHicunos, im gran conocimiento de las costumbres 
de la corte y un estudio profundo del corazón humano; vistió sus conceptos con mayor elegan- 
cia y con mejores galas, evitó algunos de tos defectos que llevamos indicados : hechos todos que 
DM han parecido hacer el folleto digno de figurar en esta Bíbliotica, 



chvGoosle 



ivGoosle 



OBRAS 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



ivGoogle 



ivGoosle 



IDEA DE UN PRINCIPE 

roLinco-msiuiio, 

REPRESENTADA EN QEN EMPRESAS; 
DEDICADA AL FEINCIFE DE LAS ESFAflAS, NUESTRO SEflOB, 

DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO, 

ClSAlXSBO&SLdKDSN SE SANTIAGO, DEL CONSIIO DE Stl HAIESTAD EN BL SUPREMO DE INDIAS, T SD BU- 
■AJASOA PLEmpOTBNCIARIO EN LOS TRECE CANTONES, EN LA DIETA IHPBBIAL DB RATISBONA POH KL CÍR- 
CDLO y CASA VE BORG0ÍÍA, T BH EL CONCIIBSO DE UUNSTOB PARA LA FAS GBttERAL. 



APROBAaON 

DELmrreKEHDO PADBEFRAT PEDBO DE CUENCA Y CABDEItAS , dd irden de loi minlniai de flan 
ripiiiiMiiii lili Paula , 1i rliii JiiUlaiIn. ealíBcador del oouejo de la general Inqniíicion deEipaña, Tioariose- 
■eral del «Jénálo deis acertad en Italia, pTOTiueialqoe ha ridotre* vece* , oeloHjpraauradoFceBeraTde 

PoH comisioD del Santo Oficio he visto estas Empresas politicas , y digo que si á algún libro se 
había de conceder privilegio para que pasase sin censura, ó para que bastase la de su autor, era 
a este , á imitación de Dios , que aprobó lo que había criado : Vidü cuneta quae feeerat, et erant 
valde botta ; con que quedaría sin esta mortificación , y mi humildad sin peligro. La obra es tal, 
que solamente necesita de sí misma para su recomendación , pues como dijo san Ambrosio , liber 
ipupcrse loquüur. En ella la razón de estado se adorna con tanta erudición y. con tan prudentes 
aforismos y profundas sentencias, que si Córdoba nos dio un Séneca filósofo» Murcianos le da 
político. Solamente me lastimo áé que no la liaban gozado las edades, con que el emperador 
Carlos V bubiera excusado el leer á Comineo, Marco Bruto á Polibio, y Augusto no se hubiera 
cansado eo escribir de su mano las noticias del imperio. Y si el mayor punto de la naturaleza con- 
siste en engendrar un rey y producir un principe , mezclando en su generación el oro de su ma- 
yor quilate, como dijo Platón, qtuid natura intendens generare regem; miscuit aurum; este libro 
le excede , pues para el mundo moral engendra reyes con formación tan rica, que tiene bien qué 
gastar la mas extendida monarquía, con seguridad que no hallará nuestra santa fe qué sentir, 
U mayor curiosidad qué censurar, ni las mejores costumbres qué huir. Nada le merezco fil autor 
es esta aprobación, porque la materia no deja libertad al juicio ; y asi, obedezco al gran Bernardo, 
CDudo enseña, disce verecundia decorare fidem, reprimere praesumpHonem. 

Hilan, 20 de mano de 1643. 

Fray Pedro de Cuenca \ Cárdenas. 

ÁttaOa relaüone fraeUtía Adm. R. P. Mag. Fr. Petri de Cuenca y Cárdenas , concedo quod iH' 
MiMATca. — Pr. Basilius Cwnmfss. S. Of(kn Medial. — lo. Paulvs Mazuchellus pro EminenUss. 
D. Card. Arehiep. — Comes Mmoragius pro Excellenliss. Senatu. 



,L,o,oglc 



AL PRINCIPE NUESTRO SESOE. 



ScBsnfsiHo Sbííor : Propongo á vuestra alteza la Idea de mi principe poHtieo-critHano, represen- 
tada cod 'el buril y coala pluma, para que por los ojos y por losoidos {instrumentos del saber) 
quede mas informado el ánimo de vuestra alteza en la cieuciá de reinar, y sirvan las figuras de 
memoria artificiosa. .Y porque en las materias políticas se suele engañar el discurso si la expe- 
riencia de los casos no las asegura, y ningunos ejemplos mueven mas al sucesor que los de sus 
antepasados, me valgo de las acciones de losdevuestraalteza; y asi, no lisonjeo sus memoríaseu- 
cubriendo sus defectos , porque no alcanzaría el ña de que en ellos aprenda vuestra alteza á go- 
bernar. Por esta razón nadie me podrá acusar que les pierdo el respeta, porque ninguna libertad 
mas importante á los reyes y á los reinos que ía que sin malicia ni pasión refiere cómo fueron 
las acciones de los gobiernos pasados , para enmienda de los presentes. Solo este bien queda de 
haber tenido un principe malo, en cuyo cadáver haga anatomía la prudencia , conociendo por él 
las enfermedades de un mal gobierno, para curallas. Los pintores y estatuarios tienen museos con 
diversas pmiuras y fragmentos de estatuas, donde observan los aciertos ó errores de los antiguos. 
Con este üü refiere la historia libremente los hechos pasados, para que fas virtudes queden por 
ejemplo , y se repriman los vicios con el temor de la memoria de la infamia. Con el mismo fin se- 
ñalo aquí las de los progenitores de vuestra alteza, para que unas le enciendan en gloriosa emti- 
lacioD, y otras le cubran el rostro de generosa vergüenza, imitando aquellas y huyendo des- 
tas. No menos industria han menester las artes de reinar, que son las mas diUciles y peligrosas, 
habiendo de pender de uno solo el gobierno y la salud de todos. Por esto trabajaron tanto los 
mayores ingenios en delinear al Príncipe una cierta y segura carta de gobernar, por donde reco- 
nociendo los escollos y bajíos, pudiese seguramente conducir al puerto el bajel de su estado. Pero 
no todos miraron á aquel divino norte, eternamente inmóbil ; y asi, señalaron rumbos peligrosos, 
que dieron con muchos príncipes en las rocas. Las agujas tocadas con la impiedad , el engaño y 
la malicia, hacen erradas tas demarcaciones. Tóquelas siempre vup^tra alteza con la piedad, la ra- 
zón yla justicia, como hicieron sus gloriosos progenitores, yarrdjese animoso y confiado á las 
mayores borrascas del gobierno futuro , cuando después de largos y felices años del presente, pu- 
siere Dios en él á vuestra alteza para bien de la cristiandad. 

Viena , 10 de julio 1640. 

Don Diego na Saavxdha Fajardo. 



,vGoosle 



AL LECTOR. 

En la trabajosa ociosidad de mis continuos viajes por AlenaDÍa y por otras provincias pensé 
en esas cien empresas, que forman la /t/cai/e unp)indpe politico-crístiano , escribiendo en las po- 
sadas lo que babia discurrido entre mí por el camino, cuando la correspondencia ordinaria de 
despachos con el Rey nuestro señor y con sus ministros, y los demás negocios públicos que es- 
taban á mi cai^o , daban algún espacio de tiempo. Creció la obra, y aunque reconoci que no po- 
día tener la perfección que conventa, por no haberse hecho con aquel sosiego de ánimo y con- 
tinuado calor del discurso que habría, menester para que sus partes tuviesen mas trabazón y 
correspondencia entre si, y que era soberbia presumir que podia yo dar preceptos á los prínci- 
pes', me obligaron las instancias de amigos (en mí muy poderosas) á sacaüaá luz, en que tam- 
bién tuvo alguna parte el amor propio, porque no menos desvanecen los partos del entendimien- 
to que los de la naturaleza. 

No escribo esto , oh lector, para disculpa de errores , porque cualquiera seria flaca , sino para 
granjear alguna piedad dellosen quien considerare mi celo de haber, en medio de tantas ocupa- 
ciDnes, trabajos y peligros, procurado cullivar este libro, por si acaso entre sus hojas pudiese 
nacer algún fruto, que cogiese mi principe y señor natural, y no se perdiesen conmigo las expe- 
riencias adquiridas en treinta y cuatro años que , después de cinco en los estudios de la univer- 
sidad de Saíamanca. he empleado en las cortes mas principales de Europa , siempre ocupado en 
los negocios públicos, habiendo asistido en Roma á dos cónclaves, en Ratisbona á un convento 
electora! , en que fué elegido rey de romanos el presente Emperador ; en los cantones esguizaros 
á ocho dietas; y últimamente, en Ratisbona á la dieta general del imperio, siendo plenipotencia- 
rio de la serenísima casa y circulo de Borgoña. Pues cuando uno de los advertimientos políticos 
desle libro aproveche á quien nació para gobernar dos mundos, quedará disculpado mi atrevi- 
miento. 

A nadie podrá parecer poco grave el asunto de las empresas, pues fué Dios autor dellas. La 
aerpe de metal *, la zarza encendida ', el vellocino de Gedeon *, el león de Sansón ', las vesti- 
duras del Sacerdote *, los requiebros del Esposo ', ¿qué son sino empresas? 

He procurado que sea nueva la invención, y do sé si lo liabré conseguido, siendo muchos los 
ingenios que han pensado en este estudio, y fácil encontrarse los pensamientos, como rae ha su- 
cedido, inventando algunas empresas, que después hallé ser ajenas, y las dejé, no sin daño del in- 
tento, porque nuestros antecesores se valieron de los cuerpos y motes mas nobles, y huyendo 
agora dellos, es fuerza dar en otros no tales. 

* Pra«eípere qtulii debeat esse Princeps , pnlcbrum quidem , led onerosum, ac prope superbom. (PUo. Ion., Ilb. 3, 
epist. 18.) 

* Koiii., cap. 21. 
' Eiod-, cap. 3. 

* Judie, cap. 6. 

* Jadíe, cap. 14. 

* Eiod-.cap.SS. 

* Caat.Cuilic. /-'- _i 

DiqitizeííhvLiOOSle 



4 DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 

También á algunos pensamientos y preceptospolíticos, que sino ea el tiempo, en la inTencion 
fueron Iiijos propios , les bulle después padres, y los señalé á la margen , respetando lo venernble 
de la antigüedad. Felices los ingenios pasados , que hurtaron á los futuros la gloría de loque ha- 
bían de inventar ; si bien con particular estudio y desvelo he procurado tejer esta tela con loa es- 
tambres políticos de Cornelio Tácito , por ser gran maestro de principes, y quien con mas buen 
juicio penetra sus naturales, y descubre las costumbres de los palacios y cortes, y los errores 6 
aciertos del gobierno, k'or sus documentos y sentencias llevo de la mano al pcincipe que forman 
estas empresas, para que sin ofensa del pié coja sus flores, trasplantadas aquí , y preservadas del 
veneno y espinas que tienen algunas en su terreno nativo y les añadid la malicia destos tiempos. 
Pero Irs máximas principales de estado confirmo en esta impresión con testimonios de las sagra- 
das letras , porque la política que ha pasado por su crisol , es plata siete veces purgada y reñnada 
-al fuego de la verdad- '. ¿Para qué tener por maestro á un Étnico d á un impío, si se puede al 
Espíritu Santo ? 

£n la declaración de los cuerpos de las empresas no me detengo , porque el lector no pierda el 
gusto de entendellas por sí mismo. Y sí en los discursos sobre ellas mezclo alguna erudición , no 
es por ostentar estudios , siiio para ilustrar el ingenio del Principe y hacer suave la enseñanza. 
Toda la obra está, compuesta de sentencias.y máximas de estado , porque estas son las piedras 
con que se levantan los edificios políticos. No van sueltas, sino atadas al discurso y aplicadas al 
casa, por huir del peligro de los preceptos universales: 

, Con estudio particular he procurado que el estilo sea levantado sin afeclacíou, y breve sin obs- 
curidad; empresa.que á Horacio pareció dificultosa *, y que no la he visto intentada en nuestra 
lengua castellana. Yq me atreví á ella , porque en lo que se escribe á los príncipes ni ha de haber 
cláusula ociosa ni palabra sobrada. En ellos es preciso el tiempo, y peca contra el publico bien 
el que vatiamente los entretiene. 

No me ocupo tanto en la úistitucion y gobierno del principe, que no me divierta al de las re- 
públicas , á sus crecimientos , conservación y caídas , y ¿ formar un ministro de estado y un cor- 
tesano advertido. 

Si alguna vez me alargo en las alabanzas, es por animar la emulación, no por lisonjear, de que 
estoy muy lejos; porque seria gran dehto tomar el buril para abrir adulaciones en el bronce , 6 
incurrir en lo. mismo que reprehendo ó advierto. 

Si en las verdades soy libre , atribuyase á los achaques de la dominación , cuya atnbicion se ar- 
raiga tanto .en el corazón humano que no se puede curar sin el hierro y el fuego. Las doctiiciss 
son generales; pero siaIguno,.porlasemejanzadelos vicios, entendiere en su persona lo que nolo 
. generalment», ó juzgare que se acusa en él loque se alaba en los demás, no será mía la culpa. 
Cuando repruebo las acciona de los principes , ó hablo de los tiranos , ó solamente de la natu- 
raleza del principado, siendo así que jnuchas veces ea bueno el principe y obra mal porque le 
encubren la verdad ó porque es mal aconsejado. 

Lo mismo se ha de entender en lo que se afea de las repúblicas ; porque, ó es documento de lo 
que ordinariamente sucede á tas comunidades, d no comprehende á aquellas repúblicas corona- 
«las ó bien instituidas , cuyo proceder es generoso y real. 

He he valido de ejemplos antiguos y modernos : dei aquellos por la autoridad , y destos por- 
que persuaden mas eficazmente , y también porque , habiendo pasado poco tiempo , está menos 
- alterado el estado de las cosas, y con menor peligro se. pueden imitar ó con mayor acierto formar 
por ellos un juicio potitico y advertido, siendo este el mas seguro aprovechamiento de la historia; 
fiíera de que no es taa estéril de virtudes y heroicos hechos nuestra edad, que no dé al siglo pre- 
sente y á los futuros insignes ejMnplos , y seria una especie de invidia engrandecer las cosas an- 
tiguas y olvidarnos de las presentes.- 

Bíensé, oh lector, que semejantes libros de razón de estado son como los estafermos , que to- 
dos se ensayan en ellos y todos los hieren; y que quien saca á luz sus obras ha de pasar por el 
humo y prensa de la murmuración (que es lo que significa la empresa antecedente , cuyo cuerpo 
es la emprenta] ; pero también sé que cuanto es mas obscuro el humo que baña las letras, y mas 
rigurosa la prensa quilas oprime ,'salen á luz mas claras y resplandecientes. Vale. 

' ' ^loqola DomlDl, eloqnía casti : arftentnm igna eiaminitDin, probatom teme, pargalim septoplam. (Psitlm. 1 <,T.) 
' DambreríseMelatwro, obtcunisflo. (Horat., Art. P(Kt.) ^ - AjOOQIC 



roEA DE UN pnlNClPE POLÍTICfr-CRÍSTIANO. 



ERTCr PüTEAWI C0H8ILIARI1 AC HISTORIO GRAPHI REGII AD GVIL. DE BLITTERSWlf CK , 

EX SCABIMUU BRUXELLENSEH. 

DE IDEAPRINCIPIS POUTICI-CHRISTIAra. 

EPÍSTOLA. 

Ideam Prineipis Politici ChiistUaii , amoenissimis Symbolis , doctissimisque DissertationibuB or- 
Qatam accepi ; dubius , postquám inspicere coepi , ab Opere Auctorem, an magis ab Auctore Opus 
admirarer. Hoc singulare et eximium plané est, onmi^que pnidentiee, ac doctrinae facundissimum 
simulacnim. Ule omni laudi major, humaDi modum ingenii excedit. Minus est, quod vel Nobili- 
las, vcl Dignitas, vel Fortuna dedit. His tamen singulis Summum Saavsdrah csse , mille etmille 
jam linguis fama loquitur. Et quis aptior Paci tractáudaeerat? Rex noater taliVirtfpotensest; 
quialotá, utsicdícam. Pallada armatus.Etiaminverbisarmaesse, haecSymbolaprorsiis divina 
uátendunt. Eae igitur deliciae meae erunt, et vel ipsas curas mitigabunt. Sic etlam tantum Virum 
conipellare meis audebo Litteris, ac coeleste ÍDgeD¡um ejus familiariüs incipiam veoerari. Aliudne 
jaca scribam? Satis ista.utepiátolam&ciant. Vale, et me amare perge.Lovanii, in Arce, v Non. 
Octob. a9.ira.xuu. 



EIUSDEU AD AUCTOREM IDEAE PRINCIpIS POLITICI-CHRISTIANI. ILLHE. AC EXCHE. 
DOMINE , PALLADIS DECU8 , S^ES ET FIDUCIA PACIS. 

Scríbendi libertatem ab iDgenio tuo plaué divino, et abhumamtate, blandissimoVirtutumom- 
Qium ornamento sumo. Ingenium quidem coelesti quodam lumine in Symbolis PolUids resplen- 
dens, ita pectus penetravit meum , ut inflammatus sim , Amorisque delicias ab hocigni derívem. 
Uumanitas accedit , illa Sapientiae aura , Eruditionis anima , et Amorem ad familiaritatem impel- 
iil. Video, video, quicquld Sapientiae est, quicquid Eruditionis, in hisImaginibus.inbisDisser- 
tationibus ; nec minüs doceor, quam oblector. Cedant picturae aliae : hic nobis Apelles est ,. qni 
ingenio et lineas , et colores omnes vincit. Cedant libri : hic nobis Scriptor est , qiii eloquio totam 
complexus Sophiam, unusperfectam Prineipis Poliíici-Christiani Ideam efformat. Nibil amoepius, 
Dthil utilius : ubi flores , simul fructus sunt :,in borlo horreum , in harreo hortus. Inveniunt ocull 
delicias suas , divitias animus , et expleri potesl. Quam nibil igitur Paradinvs , qui Symbola scrip- 
sit Heroica, passimque aestimatur, in mediuin protulit : quam multa etiam malé. Reliqui, constj- 
tnere hanc amoeuitatem conali sunt, viz ausi usurpare. Ñimirum summo htc ingenio opus, quod 
natura Tibí dedit; aummá eniditione, quam industria, rerum, et studiorum usus. Tua haec glo- 
ría est, 6 Virorum Phoenix, qui uno Volumine, centumque Symbolis comprehendere potuisti, 
i^od aliorum mille Ubri non exl^beant. Hic est , quicquid ubique est , quicquid vetusta et nostra 
témpora babent, sacra et profana. Exempla velut lamina sunt, sententiae velut gemmae, Opus 
lolum non nisi aurum| in omni doctrinae censu, et ab ómnibus, eüám postéris, aestimandum. 
Prodeat igitur, at publicum sit ; ut Principes omnes doceat , quomodo veré Principessint ;ise alios- 
que regant; felices sint, felices vero alios suo non' minüs Exenoplo, quam Imperio faciant. Hoc 
meum nuncvotum est ; sed tuum beneficium, quod tuo ingenio tuaequeEruditioni et Principes, 
et Populi acceptum ferent. Ita vale, Excellentissime Domine, et ut Amorem Cultumque Aetei*ni- 
talituaededicem, hoc ingenii mei munusculum, velut pignus, 4dmltte. Lovanií, in Arce Regia, 
Prid. N<Hia3. Octob. ci3.iQ3.xLm. 



..Google 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO, 



AUCTOaiS RESPOnSUH. 



AXFLISSim GTCLARISSIME\IR, HASAnUK ÚNICA GIIUA . 

Haec perlustrantis Orbem pulchcrrima merces, utquemadmodum in nova fulgentia sydera, ita 
in celebres, et illiistresviros¡ncidat,prout mihíjaiacontigit. EtsieiiimdlvinuEn tui animi vultum 
doctissima opera depÍDxerant (calamus eaim geuii et ingenü penicillus est) : cultum lamcD et t'a- 
miliaritatem invida longinquitas averterat ; sed cum in has Provincias perveni , propiüsque ad te 
accessi, haec á benigna Iiumanitate tuá merui, et jam Amicum e\perior, tuáque doctissima et 
amabili epistoU dccoratus sum , e.& elcgantiá , ac venusto styli cuKu üxaralá , ut si ab c& laudes in 
Symbola mea Política collatas ansovere liceret, millies legerem : sed prohibet pudor. Laudan i 
laúdate, mafnae existimationisest, sed á to laúdalo et Eruditissimo Viro maximae quidem , velut 
glonosum et aere perennius monunientum : Quidqutd enimprofers, avidí! Typi Plantiníasi exc¡- 
piunt, et aeternitati vovent, et consecrant. Sed lic^t impares laudes poliüs oneri quam bonorí 
sint , has tamen velut tuae nrdentis benevolentiae et amicitiae índices venerdr. Abundas laudi- 
bus, et tibí et atils, et non absque foenore et usura famae eas impertid potes, quia cüín rcliquos 
taudas , ipsomct singularí laudandi stylo et facundia te ómnibus laudandum praebes. 

Una cum epistolA tuit accepi LibelJum de Bissexto, munus quidem coeleste, milii gratissímutn. 
In eo Arbiter Coelorum et temporum víasSolis metírís, anoumque componis; et Ücet superni íl- 
lius Orbis fabrica magis opiíiioni quam scieotiae subjaceat, ita compositam crediderim : sin mt- 
níis, divinae sapientiae aemulus , quomodo posset aliter construí, ostendis edocesque. Neo minits 
mihi gratus aller libellus símul compactus , cujus titulus Unus et Otmiit. Symbolum enim est tui 
divini iogenií, in quo uno omnía sunt ~ scilicet quicquid doctrínae et scienliarum singuli docti Vin 
hucusque labore, studio, et ingenio imbiberunt, in te collectucn suspicimus , et miramur. Vive 
igitur feliciter, diuque, ó hujus aevi, et futurorum gloria, et Patriae decus, ut á te uno oranes do- 
ceamur, et me ama. Bruxellae xiu Octobris ci3.i33.xlui. 



^vGoosle 



roEA DE UN PRlsaPE POLlnCO-CmSTrANO. 



SIlAtlO Di lA OBU, Y OBSEN DE LiS EllPRESAS. 



BDVUCIM BBL nfnciTB. 

t. KMt»bar,ettlrttu. 

T¡nAt la cuín da señas de si el valor. 

n. Aiomiüm. 

TpoedeelaileiiiiiUTCOfflaeB Ubla rasa gni iml- 

m. RolmT et ieent. 

FortatMioido i lliutnBda el cuerpo con ejerdcioi 

bou estos, 
rv. SmttelKmtirmit. 
\ elininMCoalisciencliA. 
V. DeleiiMMá» entena. 
iBtroducidH en él con indulria inm. 
Tt. PeUtierUnueraaittur Uíerte. 
T adonadas de emdiclon. 

cúio SE Bi » HAin EL rafKCffE in nis Accioinss. 

\n, Awget et mÍMtíU. 

Btconaua las cosas como son , sin que lu acreclen- 

inóMengüea las pasiones. 
Vni. fríe eculU ira. 
N b jn se apodere de la raion. 

IX. Sitimelintidiavindex. 

O le rauMma U ioTidii, que de sf mlnna se venga. 

X. f'em» meeet. 

T Rsala de la gloHa j de la tina. 

Sead [Kincfpeadvertidoen SII5 palabras, por qnioQ 

le conoce el inimo. 
ÍlII. Exetee«t candor. 
Deslambre coa la Terdad la menUn. 
US. Cxamrtepatet. 
Tnimki por derU que tos derecb» aerin piloi- 

les 1 U mnrmnradon. 
BT. BtíraHit, etdecerat. 
La coal adrierie j perfldona. 
XV. Dmm bieetm, peream. 
Edime mu la Ama qae la vida. 
X\1. PmrpKrajKXlaptirpuram. 
CMqando sos itrcioaes cmi las de sus antecesores. 
IVII. AlienUtpelHi. 

Sn co*ienUne de los trofeos j gloriu betedadas. 
vm. A De». 

InoMwca de Dios el ceptn. 
m. VieittiM IradUur. 
Tqne ba de resülaille al sncesor. 
XX. BtnMmftllKe. 
Siado la cocona un bien lUas. 
1X1. BífUeteerrigU. 
Cm bley rija T corrija. 
XXH. PrwMiálawujettíia*. 
Coa taJBSiicia j la demencia ifiraie la n^jestad. 
XXUL PreüMM virUOU. 
Sea d fnmSo precio del nlor. 
XXIT. lamMüi ad immel>Ue oummi. 
Kr limpn al Borta de la nntodm rdi^cB. 



dos. 61 

XXVI. ¡nnoctígne. 

Y la esperanza de sus vilortas, TI 

XXVH: Specie religioníi. 
No en la Tatsa y aparente. ^1 

XXVIII. Qiiae ítm, guae faerüit, quae mex ventara 
trahanlur. 

Consúltese con los tiempos pasados , ¡fresen les f fu- 

XXIX. Namemper Iripodem. 

¥ DO coa los casos singulares, que no Tuetven i sacft- 
der. 7i 

XXX. pmeüur experienfíit. 

Sino con la experiencia de mucbos, qae fortalecen 
la sabiduría. ^ 

XXXI. ExUtimiitíonenixe. 

Ellos le enseSaiín á sustentar la corona con la Kprx- 

tadon. 8 

XXXO. Ne te ijuaeiiuerit extra. 

A no depender de la opinión vulgar. 8 

XXXIIi. Siempre el mUin». 
A mostrar un mismo semblante en ambas Torlunas. 8 

XXXIV. FerendumeltperandHin. 

Á sufrir; esperar. * 

XXXV. ¡aterelma retpirat. 

A reducir á feliddad las adversidades. G 

XXXVI. Ineanlrariaducei. 

A navegar con cualquier viento. G 

XXXVII. MinimumeUsendum, 

A elegirde dos peligros el menor. í 

CÓ>0 BE n<t DB RARER EL FRÍ^CIPB COR LOS SdBDITOl 



XXXVin. CMhafageyeimnter. 

Higase amar y temer de todos. 

XXXIX. OnHifta*. 

Siendo ara expuesta i sns ruegos. 

XL. QuaelrUntrntlribuit. 

Pese la libertad con el poder, 

XII. Se quid nimii. 

Hqja de los extremos. 

XLU. OmnelulUpnnclum. 

Mezclándolos con primor, 

XLIII. Vltelatregnare. 

Para saber reinar, sepa disimular. 

XLIV. KeeUqucneeedquem. 

Sin qne se descabran los pasos de sus deslnios. 

XLV. Non mejetlale eeeurat. 

Y sin asegurarse en fe de la m^estad. 

XLVI. Faltiaur opiaione. 

Beeonoica los engafios de la Iraagioaclon. 

XLYn, ElJuvUie nocet. 

Los qne se inirodocen con espede de virtud. 

XLVIII. Sub luce (km. 

O coa la adoladoa ; lisonja. 



D,:i,t,zcc.yL-.OOglC 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



u mas dafiosos ei 



CÓHO SE HA DE BABEB EL PBfKCIFE COR SDS ainisniOE. 

XUX. Lumine teUt. 

Dé i sus ministros preslada la intoridad. 13 

L. jovi elfulminl. 

Teniéndolos Un BOjelOB á sos desdenes como i sos 

favores. lí 

U. Fiúeetdifflde. 

Siempre con ojos la confianza. 1' 

I.ll. Met que en la tierra noeit 
Porque los malos ministros si 

puestos mayores. 
U1I. Cu»todiunt,nen oarpimt. 
En ellos ejercitan sn avaricia. 
LIV. Asepeadel. 

Y quieren mas pender de si mismos que de) Prln- 

LV. Hiipraevide etprovide. 
Los consejeros son ojos del oeplro. 
LVI. QiHlí»ecretU,abonmibtts. 

Y los secretarios el compás del principe. 
LVII. ünireddatur. 

Unos y otros son ruedas del reloj del gobierno, ñola 

LVtlI. SinpiTiidadetulus. 
Rnionces hágales muchos bonores, sin 
los pnqilos. 

CÓMO SE BA DE BABEB EL FIInCIFE El 
DE SDt ESTADOS. 

LnC. Culiennoéeoniamano. 

Para adquirir jcoQseryar es menester el consejo jel 

IX. Ótubiróhajar. 

Adiirtiendo el principe qae si no crece el Estado, 



LXII. Nullipatet. 

Sin que se penetre el artíBdo de su armonía. 171 

L\lll. Cemuleaírlque. 

Atienda en las resoluciones í los principios j fines. iH 

LXIV. Betelver y ejecutar. 

Siendo tardo en consullallas ; veloz en ejecatallas. 176 

LXV. De un errgr mitcJiot. 

Corrija los errores antes que en si mismos se multi- 
pliquen. 171 

LXVI. Ex ftt»eUmi fateet. 

Trate de poliiar su estadojde criar snjelosal magis- 
trado. 17£ 

LXVn. Poda, no corta. 

Ko agrave con tríbulos los estados. IK 

LXVIII. Hapolii. 

Introduga el trato j comercio, polos de las repúbli- 
cas. 18C 

LXtX. Ferro el mro. 

Haciéndose dueüo de la guerra ; de Ta pai con el 
acero y el oro, lg{ 

LXX. DumteiaiUur,frangoT. 

No divida entresus hijos ios estadas. IK 

LXXl. La])OT omnia víneil. 

Todo lo vence el trabajo. 19E 

LXxn. YiretalU. 

Interpuesto el reposo para renovar las fuerzas. iffj 

CóaO SE HA DE HABER EL mÍKCirE EN LOS VALES HITEMOS 
T EITEIHOS DE SDS ESTADOS. 

LXXIII. Compretta qttíetciml. 



Las sediciones se vencen con la celeridad fcou la di- 
visión. 1 
I-XXIV, ¡n fideram paát. 

La guerra se ha de emprender para sustentarla pai. i 
LXXV. DeUma eotligU i¡iti ditcordlai teminat. 
Quien siembra discordias ci^e guerras. 3 

LXXVI. Llegan de luz, y talen de fuego. 
La mala intención de los qiinistros las causa. ] 

LXXVH. Practenlianocel. 

Y las vistas entre los principes. i 
LXXVIII. FarmotatuperHe. 

Con pretextos aparentes se disfrazan. 3 

LXXIX. Contilia caniiliUfraitranlur. 

Tales desinios se han de tencer con otroa. \ 

LXXX, ¡n arena tí ante arenan. 

Previniendo antes de la ocasión las armas. i 

LXXXt. Quid iialeant viril. 

Y pesando el valor de las fuerzas. ! 
LXXXH. DecuMinaTmii. 

Puesta la gala en las armas. ] 

LXXXIII, Me combaten n defienden. 

Porque de su ^erclcio pende la conservación de los 

estados. S 

LXXXIV. Plura eentüia gum vi. 
Obre mas el consejo que la ñiwta. 3 

LXXXV. Contilia media fugienda. 
Huyendo el principe de los consejos medios. 3 

LXXXVl. Rebuiadett. 

Asista ¿ las guerras de su estado. 9 

LXXXVIl. AutpiccDeo. 
Llevando entendido que fhirecen las armas cuando 

Dios le asiste. ' i 

LXXXVI1T. Volentet trahitnur. ' 
Que conviene hacer voluntarios sus eternos deoetos. i 
LXXXIX. Coneordiae cedwt. 
Que la concordia lo vence todo. í 

XC. Diijunelii iiirilHu. 

Que la diversión es el mayor ardid. S 

XCI. No te tuelda. 

Que no se det» Bar de amigos recondllados. i 

XCII. Protegen, pero detíruiien. 
Que suele ser dañosa la proteccioa. 9 

XCIII. Impia faedera. 

Que son peligrosas las confederaciones con herejes, i 
XCIV. Líbrala refulget. 

La liara pontificia í todos ha de Incir igualmente. i 
XCV. Neutri adhaerendum. 
La neutralidad ni da amigos ni gana enemigos. 1 

CÓHO SB HA DE SABER EL PHlHClíE EN LAS TITOUAS 



XCVTII. Sub elypeo. 

Y haciendo debajo del escudo la pai. 

XCIX. Mereetbem. 

Cuya dulzura es fruto de la gnem. 



CÓaO SE Hi 



IB EL PBiitCIPB EN lA TE 



C. Qiá legitimé certaveril. 
Advierta que las últimas acciones son las'qne coro- 
nan su gobierno. X9 
CI. Faturum in^eaí. 

Y pronostican cuál serA el sucesor. 3G3 

Lttdibria moriit. 

Y que es igual í todos en loa ullriues de la muerte. ÍB7 



vLiOOglC 



IDEA DE ií PRINCIPE POLÍTICO-CRISTIANO, 



REPRESENTADA EN CIEN EBIPRESAS. 



EMPRESA PRIMERA. 



Kiaelnhtr, noseidquiere; calidad intrÍDseca es 
del tliDi , que se iarusde con ella y obra luego. Aun el 
seno nuten*) fué campo de butalla á dos liermanosva- 
ferosos 1 ; t] inu atreíido, si no pudo adelatilar el cuer- 
po, rompió brioso las ligaduras, j adelautú el brazo 
peusando ginu el majorazgo l. En la cuna se ejercita 
uuesplrita grande; la suya corond Hércules con la tí- 
loria de tas culebras despedazadas. Desde alM le reco- 
noció la inridiá , j obedecía d suTÍrtud la rorluni.Un 
corazón geoeroso en las primeras acciones de la natu- 
nleía ; del caso descubre su bizarrlo ; antes tíú el se- 
ñor infante don Fernando , tío de vuestra alteza , en 
Noriingoen la batalla que la guerra , j supo luego man- 
dircoopradencieyobrarcon valor. 

L'tli fnetnt , « la (prraua , t frttü 
ftrm» i fítr , f Hsd» m'utln I fntti >. 
Siendo Ciro niño , 7 electo re; de otros de su edad, 
cjenaló en aquel gobierno pueril tan lieróicas acciones, 
que dio á conocer su nacimiento real , hasta entonces 
Kntto. Los partos nobles de la naturaleza por sf mis- 
moiMmarilBstan; entre la masa ruda de la mina bri- 
la H diamante y resplandece el oro ; en naciendo el 
l«on reconoce sus garras, y con altiveide rey sacude 
tas aun no enjutas guedejas de su cuello, y se apercibe 
pan la pelea. Las niñeces descuidadas de los príncipes 
UD ciertas señales y pronósticos de sus acciones adul- 
tas. No esti la naturaleza un punto ociosai desde la pri- 
mera Ini de los partos asiste diligente i la disposicioD 



I Sd MllhMiitir li auro (jis pimli. (Gm., c. K., t. 1L) 
■luttBUiBleaH''*' spM'a*F*s' ll**l>' '■ itero, aliñe li 
íru tnuloK iibBtiu iBU iniUlU lauga. |G«a., 38, 17.| 
■ Itriiai. Tasa., Gtb. 



del cuerpoy á las operaciones del ^nimo, y para su per- 
fección inrúnde en los padres una tuerza amorosa , que 
los obliga i la nutrición y á la enseñanza de los Mjus; 
y porque recibiendo la sustancia de otra madre no de- 
generasen de la propia , puso con gran providencia en 
los pechas de cada uua dos fuentes de c/indida sangre, 
con que los sustentasen. Pero la flojedad ó el temor de 
gastar su hermosura induce las madres á fi^strnr este 
Bn, con grare daño de la república, entregando la crian- 
za de sus hijos i las amas. Ya pues que nose puede cor- 
regir este abuso , sen cuidadosa la elección en las cali- 
dades deltas *. a Esto es (palabras son de aquel sabio 
rey don Alonso , que dio tejes á la tierra y á los orbes 
en una ley délas Partidas), en darles amas sanas, y 
bien acostumbradas, é de buen linage, ca bien asi como 
el niño se govierna , é se cría en el cuerpo de la madre 
fasta que nace, otrosí se gobierna, é se cría del ama 
desde que le da la teta fasta que gela tuelle , é porque 
el tiempo de la crianza es mas luengo que el de la ma- 
dre, porendenonpnede ser que non reciba mucho del 
contenente, é de las costumbres del ama. » 

La segunda obligación natural de los padres es [«en- 
señanza de sus hijos s. Apenas hav-animal queno asista 
á los suyos hasta dejallos bien instruidos. No es menos 
importante el ser de la dotríoa que el de Ib naturaleza, 
y mas bien reciben tos hijos los documentos ú repre- 
hensiones de sus padres que de sus maestros y ayos S, 
principalmente los hijos de príncipes, que desprecian 

* L. S. Ut. 7, ptrt. n. 
s PUll Ubi iiilT Endt lUoi. (Eccl. T, S.) 
■ EdaciHiliiiildnirecUkpireaUhBipeiuiclaicIjsitMMO- 
Dst , btal wilM «nitt. (Ailtini., Ottsa., bb. 1) 

ü, .....LiOOglC 



to 



DON DIRGO DB SAAVEDRA FAJARDO. 



el sar gobernadoi de los inreriores. Parte tiene el pa- 
dre en Ib materia liumana del bjjo, no en la forini, qae 
es el alma producida de Dioi ; y ai no astsUere & la re- 
generación desta por medio de la dotrína f, u» serí 
perfeto padre. Las «agradas lalras llaman al maestro 
padre , como ¿ Tut»! porque enseñaba la música B. 
¿Quién , sído el principe , podrd enseñar á SU hijo á re- 
presentar la majestad , conserrar el decoro , mantener 
el respeto v gobernar los estados^? El solo tiene scien- 
cia prdiica de lo unifersal; los demás ó en alguna par- 
le ó Eola especulación. El rey Salomón se preciaba 
de liober aprendido de su mismo padre ">; pero por- 
que lio siempre se hallan en los padres las calidades 
nocesariaspara la buena educación desusliijoa, ni pue- 
den atender á ella , conviene entregallos i maestros de 
buenas costumbres , de sciencia y experiencia ^^ , y í 
uyosdelfLS partes que señala el rey don Alonso en una 
ley il de las Partidaí : «Onde por todas estas razones 
deben los Reyes querer bien guardar sus fijos , é esco- 
ger lales ayos, que sean de buen liii8ge,á bien acos- 
tumbrados, i sio mala saña, £ sanos, é de buen seso, 
ésobre todo que sean leales, derechamente amando el 
pro del Rey 6 del Reyno. o A que parece se puede aña- 
dir que sean también de gran valor y generoso espíritu, 
y tan eiperímen lados en las artes de la pazy déla guer- 
ra, que sepan enseñar á reinar al príncipe : calidad que 
movida Agripina á escoger por maestro de Nerón 6 Sé- 
neca 13. pjo puede un ánimo abatido emí^der pensa- 
mientos generosos en el priocipe. Si amaestrase el bu- 
ho al dguila , no ta sacaría á desafiar con su vista los 
rajos del sol ni la llevaría sobre loa cedros altos , sino 
por las sombras encogidas de la noclie y entre los hu- 
mildes troncos de los árboles. El maestro se copia en 
el discípulo, y deja en él un retrato y semejanza suya. 
Para este efeto constituyó Paraon por sÑor de su pa- 
lacio á Josef; el cual, enseñando í los principes, los 
sacase parecidos asi mismo W. 

Luego en naciendo se han de señalarlos maestros y 
ayos á los b^jos , con la atención que suelen k» jardi- 
neras poner encañados á las plantos ^nn ante* que so 
descubran sobre la tierra , porque ni las oronda el pié 
ni las amancille la mano. De los primeros esbozos y 
delineamientos peode la perleccion de la piotura ; asi 
la buena educación, de las impresiones en aquella tier- 
na edad, antes que robusta, cobren fuerza los afectos y 
no se puedan vencer i^i. De nna pequeña simiente nace 
un árbol ; al principio débil vara que fácilmente se in- 



be , üli D 



11 m n 



dliDl. (Provtrt. S, U-l 

10 N>m tt «ge liiiB fai pttrl* nil, teaclloi, el Dnlfeiliu 
mtlr* mea , el docelMi me. (Proir. Á, 3.) 

o Qaaereiidl iBnilIbcrli migíalil, qiorsin el [ncglptU Ul nía, 
«I noret. (Plni-, De tim.) 

MUb.4, 111.7, parí. II. 

•a Uiqne DoDilUi vneriUa tallKtfliIroedoluceret, etconnliu 
ejaaitemadipeao donlialloiiliglereinT. (Tac. ,'Uk. 11, an.) 

t* CaaaUliill enm Domlnum doBna laae, et Piioclpeni onaia 
poaaeiiloali saae, «leradjiet Prlndpea »¡m, (leol aemetlpum. 
(Paal. lOi, H.) , 

•o Cam eerrietn elas b }av«Bttw, « md* UUn ejHdm la- 



dina y endereza, pero en cubriéndose de corteña y 
armándose de ramas, no se rinde á la fuerza. Son los 
alectos en la niñez como el veneno , que ú niu Tez se 
apodera del corazón, no puede la medicina repeler la 
palidez que introdujo. Las virtudes que van creciendo 
con la juventud no solamente se aventajan i las demás, 
sino también á si mismas ü. En aquella visión de Eze- 
quiel, de los cuatro animales alados, volaba el águila so- 
bre ellos, aunque era uno de los cuatro f; porque, ha- 
biéndole nacido tas alas desde el principio, y á los d^ 
más después , i ellos y á si misma se excedía. Inadver- 
tidos desto, los padres suelen entregar sua hijos en los 
primeros añotal gobierna de las muju^, lascoales con 
temores de sombras les enflaquecen el inimo, y les im- 
ponen otros resabios que suelen mantener después is. 
Por este inconveniente los reyes de Persia los enco- 
mendaban&varones de mucha confianzay prudencia 19. 
Desde aquella edad es menester observar y advertir 
susnaturales, sin cuyo conocimiento no puede ser acer- 
tada la educación, y ninguna mas á propósito que la 
iufancia, en que desconocida á la naturaleza la malicia 
y la disimulación S>, obra' sencillamente, y descubre en 
lafrente.enlosojoi, en la risa, en las manos y en loi 
demás movimientos, sus afectos é Inclinaciones. Ha- 
biendo los embajadores de Bearne alcanzado de don 
Guillen de Mancada que eligiesen i uno de dos niñoi 
hijos suyos para su principe , hallaron al uno coa las 
manos cerradas y al otro abiertas, y escogieron áesie, 
arguyendo dé aquello su liberalidad, como aeexperi- 
mentú después. Si u el niño es generoso y altivo, se- 
rena la frente y los ojuelos, y risueño oye las alaban- 
zas, y los retira entristeciéndose si le afean algo; síes 
animoso, afirma el rostro , y no se conturba con lu 
sombras y ameuazas de miedos; si liberal, desprecia loi 
juguetes y los reparte; si vengativo, dura eo tos enojos, 
y no depone las Ügrimas ain la satisfacion ; si colérico, 
por ligeras causas se conmueve , deja caer el sobrece- 
jo , mira de soslayo y levanta las manecillas ; si bentg-' 
no, con la risa y los ojos granjea las voluntades; si me- 
lancólico , aborrece la compañía , ama la soledad, es 
obstinado en el llanto y difícil en la risa , siempre cu- 
bierta con nubéculas de tristeza la frente; si alegre, ya 
levanta las cejas , y adelanlando los ojuelos, vierte por 
ellos luces de regocijo; ya los retira, y plegados los pdN 
pados en graciosos dobleces, maniOasla por ellos lo 
festivo del ánimo : asi las demás virtudes ó vicios tras- 
lada el corazón al rostro y adetnanes del ooerpo , lissta 
quemas advertida la edad, los retira y cela. En la cuna 

(Ua eil , ne hah Induet , et aun credtl Ubi , et eiit Ubi dolor iii- 
■iiae.(Ecc1.,30,11.) 

H Bmiii* eal nrouaipartaverll JsgDBabiduleiceBltiiiia^fe- 
dtbll aoliUrioi, el taublt, fuia levavU aaper ae. iTbfFi., 3.Ü.] 

r Et fades aqaHíe deaaper ipsorBn qualoor. [Eitt\úe\, i, <0-) 

n Ait«le»eiia jnU viam aoaa, ellaii can lengeril, aun reccdit 
ebea. (Prov.tt.e.) 

1* KuMtiT paet non k mliM» anlrice paran bonorlOta, •aro» 
«b Eannchl*. qni reUqaomn elrcí Reten opUailTideaniDr. iPloi., 
primo Aldb.) 

as JiTcnei non anntaaliiilnarla, a«dAdlli ■«!!■. pr»fl«"* 
qabd sondan Tldervut p«qnillu. lArlit.) 

M PoDt. HesL la Gm. CaMli. Bear. 



.LiOOglC 



y en los braw» del aya admirú el palacio en vuestra 
liten an natura) agrado y compuestu mnjeslad cnn f|iie 
daba i besar la mano, y eicedió & la capacidail de sus 
iños la gravedad y atención con que se presentí Tues- 
tfB alteza al jurameato de obediencia de los reíaos de 
Castilli y León. 

Pero no siempre estos juicios de la inrBiicio saleo 
ciertos; porque la naturaleza tal vez biirla la curiosi- 
dad humana que investiga sus obras , y se retira de su 
curso ordinario. Vemos en algunas infancias brotar 
jprifa los malos aféelos , y quedar de-^pués eo la edad 
nndiira purgados los áoimos , ó ya sea que los corazo- 
nes allivos y Brandes desprecian la educación y siguen 
ItR afectos naturales, no Imbien.lo fuerzas en la razón 
para doinallos , Ijasta que, siendo fuerie y robusta , re- 
connre sus errores, y con generoso valor los corrige. 
Y asi fué cruel y bárbaro la costutnlire de los bracbma- 
nes, que, después de dos meses nacidos los niños, si 
les parecían por las señales de mala índole, ó los ma- 
taban ó los cebaban á las selvas. Los lacedemoniog los 
arrojaban en el rio Tajgptes. Poco confiaban de la edu- 
cación y da la razón y libre albedrío , que son los que 
corrigen los defectos nalur^iles. Otras veces la natura- 
lea se esfuena por eicederse d sí misma,y junta mons- 
trausimente grandes firtudes y grandes vicios en un 



IDEA DE IIN PRlWiPE POLfTlCO-CIlISTIANO. » 

sugeto, no de otra suerte qne cuando en dot ramas sa 



ponen dos ingertos contrarias, que, siendo uno mismo 
el tronco , rinden diversos frutos , unos dulces y otros 
amargos. Estoseviúon Alcibiades, de quien se puedo 
dudar si fué mayor en los vicios que en las virtudes. 
Asi obra la naturaleza, desconocida í sí misma; pero la 
raion y et arle corrigen y pulen sus obras. 

Siendo el instituto desUs EmpreM* cr^ar un principe 
desde la cuna liasU la tumba , debo ajustnr ú caila «na 
de sus edades el estilo y la dotrino, como hicieron Pla- 
tón y Aristútelea ; y asi , advierto que en la infancia se 
facilite con et movimiento el uso de sus brazos y pici^ 
uas; que si alguna por su blandura se lorciere, se en- 
derece con ariiíicio'ins instrumentos **; que no se le 
ofrezcan objetos espantosos que ofendan su imagina- 
tiva, 6 mirados do soslayo le desconcierten los ojos; 
que le bagan poco á poco á las inclemencias del tiem- 
po; que con la armonía de la música aviven su espíri- 
tu ; que sus juguetes sean libros y armas , para que les 
cobre aficijjn ; porque nuevos los niñíis en las cosas, las 
admiran é imprimen fácilmente en le fantasía. 



tt Cacleranacpropler 
llanfs nonnullie qniDusí 
|Ariit.Poi.,lib.7,e.n. 



EMPRESA II. 



Coa el i^nce! y los cotores muestra en todas les cosas 
n poder elarte. Con ellos, sino es naturaleza la pintu- 
Tt, es tan semejante á ella, que en sus obras se engaña 
]i vista, y ha menester valerse del tacto para reconoce- 
lias. No puede dar alma i los cuerpos, pero les da la 
gracia , los movimientos y aun los afectos del alma. No 
tiene bástanla materia paroabuitatlos, pero tiene in- 
dostria para realiallos. ¿i pudieran caber celos en la 
naturaleza, los tuviera del arte; pero, benigna y cortés, 
se vale del en sus obras , y no pone la última mano en 
aquellas que él puede perlicionar. Por esto naciú des- 
nudo el hombre, sin idioma particular, rasas las tablas 
del entendimiento, de la memoria y de la fanUsia, pa- 
ta qoe en ellas pintase la dotrina las imágenes de las ei^ 



tesysciencia!,yescribies6 la educación sus documen- 
tos, no sin gran misterio , previniendo asi que la nece- 
sidad y el beneficio estrechasen los vínculos do grati- 
tud yamorentro los hombres, valicndoseunos da oíros; 
porque si bien están en el ánimo todas la? semillas de 
las artes y de las sciencias , están oculUs j enterradas, 
y han menester el cuidado ajeno que las cultive y rie- 
gue 1. Esto se debe hacer en la juventud, üema y apla 
i recibir las formas , y tan fácil á percibir las sciencias, 
que mas parece que las reconoce , acordándose dallas, 
que ias aprende: aiBumento de que infería PlalonJa in- 

l Omnlbni aatnri fDndtmenli íeílt . KneBiiae Hmmin , om- 
BBitil liu omnii mU ■amai:eam Irrttitat iM«Hlt , lanc lUi 

tnlnk boni velai loplí» «dUatur. (Sea. , [^MH q I n 



oortalidBd del alma*. Si aquella disposicioa de la edad 
M pierde, se adelanlan los afectos y grabarh ea la vo- 
luDlad taQ flrmemente sus indi Daciones, que no es bas- 
téale después á borrsllas la educación. Luego en na- 
ciendo lame el oso aquetla coalus* masa, y le forma sus 
miembros; si la dejara endurecer, no podía obraren 
ella. Advenidos desto los rejes de Persia , daban á sus 
hijos maestras que eo los primeros siete eños de su 
edad se ocupasen en organitar bien sus cuerpecillos, y 
en los otros siete tos fortaleciesen coo los qercicios dé 
la jineta y la esgrima, y después les ponían al lado cua- 
tro insignes varones : el uno muy saliio, que les ense- 
íieso las artes; el segundo muy moderado y prudente, 
que corrigiese sus afectos j apetitos; el tercera muy 
justo, que ios instruyese en la administración de Ja jus- 
ticia; y el cuarto muy valeroso y prúiico eo las artes de 
la guerra , que los industriase en ellas, y les quitase las 
a prehensiones del miedo con los estímulos de la gloria. 
Esta buena educación es mas necesaria en lus prin- 
cipes que en lusdemis, porque son instrumentos de la 
felicidad política y de la salud pública. En los demás 
es perjudicial d'cada uno 6 & pocos la mala educación; 
en el principe, á ál y á Iodos , porque á unos ofende con 
ella , y ¿ otros con su ejemplo. Con la buena educación 
es el hombre una criatura celestial y divina, y sin ella 
el raasferosde todos los animales!. ¿Qué será pues un 
principe mal educado, y armado con el poder? hos 
otros daños de -la república suelen durar poco; este lo 
'que dura la vida del principe. Reconociendo esta i m- 
porlancia de la buena educación, Felipe, rey de Uace- 
donta , escribió á Aristóteles ( luego que le nació Ale- 
jaDdro)queno daba menos gracias i los dioses por el 
liijo nacido , cuanto por ser en tiempo que pudiese te- 
ner tal maestro. Y no es bien descuidarse con su buen 
natural , dejando que obre por si mismo, porque el me- 
jor es imperfecto , como lo son casi todas las cosos que 
lian de servir al homln^ : pena del primer error huma- 
no, para que todo costase sudor. Apenas tiay árbol que 
no dé amargo fruto si el cuidado no le trasplanta y le- 
giiima su naturaleza bastarda casándole con otra rama 
culta y generosa. La enseñanza mejora á los buenos, y 
hace buenos á los malos *. Por esto salió tan gran go- 
bernador el emperador Trujano, porque á su buen na- 
tural se le arrimé la industria y dirección de Plutarco, 
su maestro. No fuera laa feroi; el ánimo del rey don 
Pedro el Cruel, silo bubiera sabido doinesticar don Juan 
Alonso de Alburquerque, su ayo. Hay en los naturales 
los diferencias que en los metales : unos resisten al fue- 
go, otros se deshacen en él y se derraman; pero todos 



1 Bx hoc pn>H (Oiioiel iDimsslBBortilu cu«, )ti|iie dMotí, 
quila in pDcrii nobilii soDt ingenia, el id pecciFÍeadaiii facllli. 
lt>lat.,DeAD.| 

I Homo reeliD mclw InalItuUaacii , dlTlniBiliRom. miDta«lil- 
(ímDQiqiie aalmil «Itci wlet , si lerí), lel non BDlBcienler, n\ dob 
bciit educeluc, earnmiDae ierra prúgenDll.ferDcisiimini. (Pial., 
lib. 3^ D( leí- ; Agel , llb. 9 , noit. ; jU., c. S.) 

* bjacillo, el Inslllnlii) cummada lanu nalnnB ladieit, et 
rnnnm bonii natmas , ti talen iiiumUoiiein coníeqnaDtsr , me- 
llore» adbnc, et gnettaotlaret «adere acimiu. (PlaL, (Uil. t, 
D« l*|.f 



DON DIGGO DE S^AVEDRA FAMRDO. 



se naden al buril ó al martillo yse dejan reducir i su- 
tiles bojas. Nú tuy ingenio tan duro en quien no labn 
algo el cuidado y el castigo. Es verded que alguna vei 
no bástala enseüania , como sucedió & Nerón y al prin- 
cipe don Carlos, porque entre la púrpura, como enüb 
tos bosques y las selvas, suelen criarse monstruos liu- 
numos al pecho de la grandeza , que no reconocen la 
comedón. Fácilmente se pervierte la juventud con las 
delicias, la libertad y la lisonja de los palacios, en los 
cuales suelen crecer los malos aíectos, como en los 
oampoB viciosos tas espinas y yerbas inútiles y dañosas; 
y si no están bien compueslos y reformados, lucirá po- 
co el cuidado de la educación , porque son turquesas 
que forman al principe según ellos son , conservándose 
de unos , criados en otros , los vicios ó las virtudes uua 
vez introducidas. Apenas tiene el principe discurso, 
cuando, 6 le lisonjean con las desenvolturas de sus pa- 
dres y antepasados , ó le representan aquellas acciones 
generosas que están oomo viuculadas en las familias. 
De donde nace el continuarse en ellas de padres i hijos 
ciertas costumbres particulares, no tanto por la fueru 
de la sangre , pues ni el tiempo ni la mezcla de los ma- 
trimonios las muda , cuanto por el corriente estila da 
los palacios, donde la iniancia las bebe y convierte ea 
naturaleza; y asi , fueron tenidos en Koma por sob«^ 
bios ios Claudios , por belicosos los üsdpiones, y pOr 
ambiciosoalos'Appios; y ea España están los Guzma- 
nes en opinión de buenos, los Uendozas de apacibks, 
los Uanriquee de terribles, y los Toledos de gravesy 
severos. Lo mismo sueede en los artífices : si una vci 
entra el primor en un linaje, se continúa en los suce- 
sores, amaestrados con io que vieron obrbr á sus padres 
y con lo que dejaron en sus dis'eüos y memorias. Otras 
veces la lisonja , mezclada con la ignorancia, alabaea 
el niño por virtudes la tacañería, lá jactancia, laiaso- 
jencia, la ira , la venganza y otros vicios-, creyendo qna 
sonmuesErasde un príncipe grande, con que se ceba 
en ellos y se olvida de las verdaderas virtudes, sucfr- 
diiindolelo que A las mujeres, que, alabadas de brio- 
sas y desenvueilas , estudian en sello , y uo ea la mo- 
destia y honestidad , que son su principal dote. De to- 
dos los vicios conviene tener preservada la infancia; 
pero principalmente de aq^uellos qoe inducen torpeza ú 
odio, porquesonlosquemasrícilmenteBeifliprimeaS. 
¥ asi, ni conviene que oiga estas cosas el principe, ni 
se le Ita de permitir que las diga; porque si las dice, co- 
brará ánimo para cometellas. Fácilmente ejecutárnoslo 
que decimos 6 lo que eslá próximo á ello A. 

Por evitar estos daños buscaban los romanos tini ma- 
trona de su familia , ya de edad y graves costumbres, 
que fuese aya de sus liijos y cuidase de su educación, 
en cuya presencia ni se dijese ni hiciese cosa torpe'. 



i Kan t*ü\i tarpla toqnndo , efntllnr al h( 



(LiOOglC 



IDEA DE IJN PRÍNat>E 
Esta tevcrídtJ miraba- á que se coaserTase sincero y 
puro el natural, j abrazase las artes honaslasB. Quin- 
tiliaao se queja de que en su tiempo se corrompiese es- 
te buen estilo, y que criados los bijos entre los siervos, 
Iwbiesen sus vicios, sin haber quien cuidaüe (ni aun 
sus mismos padres) de lo que se decía y liacia delante 
dellosS. Todo esto sucede boy ea muchos palacios de 
principes, por lo cual conviene mudar sus estilos y qui- 
tatddios los criados hecliosá sus vicios , substituyendo 
en svingar otros de altivos pensamientos, que encien- 
diD en el pecho del principe espíritus gloriosos 10, por- 
que depravado una vez el palacio, no se corrige si no se 
■uda , ni quiere príncipe bueno. La familia de Nerón 
lavoreciB para el imperio á Otan, porque era seme- 
¡ante i él li. Pero si aun para esto no tuviere libertad 
el príncipe, faújvse del, como lo hizo el rey don Jaime 
el Primero de Aragón , viéndose tiranizado de los que 
le criaban y que le tenían como en prisión IS; que no es 
meposun palacio donde están iutroducidas las artes de 
cautivar el albedrío y voluntad del principe, condu- 
ciéndole adonde quieren sus cortesanos , sin que pueda 
inclinará una ni á otra parte, como se encamina al agua 
por ocultos Gondutos para solo el uso y beneficio de un 
campo. ¿Qué importa el buen natural y educación, si 
el príncipe no ba de ver ni oÍr ni entender mas de aque- 
llo que quieren los que le asisten? Qué mucho que sá- 
bese á rey don Enrique el Cuarto tan remiso y pareci- 
do en lodos los demás derectos A su padre el rey don 
Joan e.l Segundo , si se crió entre los mismos adulado- 
res y lisonjeros que de«lruyerou le reputación del go- 
bierno pasado? Casi es tan imposible criarse bueno un 
prCncipeen na palacio malo, como tirar una línea de- 
recha por ana regla torcida. No hay en él paned donde 
dcarbon no piole describa lasciüas. No hay eco que 
DO repita libertades. Cuantos le habiten son como maes- 
tros 6 idea del príncipe , porque con el largo trato nota 
en cada ano algo que le pueda dañar ó aprovechar; y 
cnanto mas dócil es su natural , mas se imprimen en 
él las costumbres domésticas. Si el principe tiene cria- 
dos buenoa , es bueno , y malo , si los tiene malos ; co- 
no sucedió A Galha , que si daba en buenos amigos y 
übertoa, sin reprehensión se gobeniaba por ellos, y ñ 
enmalos, era culpable su inadvertencia i3. 

No aobmente conviene reformar el palacio en las 6- 
gnrvs vivas, sino también en las muertas, que son lar 
estaluti T pinturas; porque si bien el buril y el pincel 
son lenguas mudas, persuaden tanto como las mas fa- 



■ Q«aadlid^Bi,MacverJlM(op«rttDtbil,t]t liacen.ellB' 
irpa.ctBBlllipnTluilbvsilcUiru Mlucnjuqne nxtrl lolosU' 
liB rectore irrlptret irtci boneet». (QdIdL , ibldem.) 

■ Nec faltqaiDi lo uu domo peagl.bibet qntd conm lofanle 
doHiao , iBt ditil ,. ni titiu : qnaodD «Ut* Ipii pimuí , neo 
tTDbiuU, aequ BodiiUu jirtalM iMieliciunt, Md Utdvlie, 
(I Ub«TUi]. (OaiBt. , Ibld.) 

w NcaM niB «trlbfli Juaidi «nveiill dieer* , ud n fio «11- 
fñ4 (iMlaiu IfL (Eirip., Ib HJppoI.) 

* Proai U coB »It NeroDli ni ilfflllem. (Tic, Ub. 1, Hiil.) 

« llir.,HiM.Hlip.,l.ll, cS. 

t* Ámiconim, UtcrtonmqM , nblln boioiinddliict, sIdc re. 
fickeulau pittnt : ál uU lOrenl, dhm id eBlnu ípnm. 
iTM.,uk.t, liiig 



POLflICO-CRlStlANO. i3 

cundas. jQuA afecto no levanta ti lo glorioso la estatua 
de Alejandro U'agiiu?íA qué lascivia no incitan las 
trasformacinnes amorosas de Júpiter? En tales cosas, 
mas que en las honestas , es ingenioso el arle ( fuerza 
de nuestra depravada naturaleza } , y p<ir primores las 
trae A los palacios la estimación, y sirve la torpeza de 
adorno de las paredes. No ba de haber en ellos estatua 
ni pintura que no crie en el pecho del principe glorien 
emulación**. Escriba el pincel en los lienzos, al buril 
en los bronces , y el cincel en tos raArmoles los lieobua 
berújcos de sus antepasados, que lea A todas bcnai 
parque tales estatuas y pinturas son fragcnentos de tiis- 
toria siempre preseutus i los ojos. 

Corregidos pues (si fuere posible) los vicios de los 
palacios, y conocida bien el aatoral é ioclinuciones del 
principe , procuren el maestro y ayo encaminallas A lo 
mas heroico y generoso , sembrando en su Animo tan 
ocultas semillas de virtud y de gloria, que crecidas, *e 
desconozca si fneron de la naturaleza 6 del arte. Ani- 
men la virtud coa el honor , afeen los vicios con la info- 
mia y descrédito, erkciendan la emulación con el ejem- 
plo. Estos medios obran en todos loa naturales, pero 
en unos mes que en otros. En los generosos la gloria, 
en los melancólicos el deshonor, en los coléricos la 
emulación, en los inconstantes el temor,yealospru.> 
dentes el ejemplo , el cual tiene gran fuerza en todos, 
prioci pálmente cuando es de los antepasados; porque 
lo que no pudo obrar la sangre, obra la emulación ; su- 
cediendo A los hijos lo que A los renuevos de los Artw- 
les , que es menester después de nacidos ingerílles un 
ramo del mismo padre que los perficione. Ingertos son 
los ejemplos faeróicos que en el Animo de los descen- 
dientes infunden la virtud de sus mayores; en que de- 
be ingeniarse la industria, para que entrando por lodos 
)oB sentidos, prendan en él y echen rafees ; porque lio 
solamente se han de proptner al príncipe en las eihor- 
tacionet ó reprehensiones ordinarias, sino también ea 
todos los objetos. La historia le reSefa los heroicos he- 
chos de BUS antepasados, cuya gloria, eternizada ea la 
estampa , le incite A la imitación. La música (delicado 
filete de oro , que dulcemente gobierna tus afectos) le 
levante el espíritu , cantándole sus trofeos y Vitorias. 
Recítenle panegíricos de sos agüelos , que le «iborlea 
y animen A la emulación , y Al también los recite, y haga 
con sus meninos otras representaciones de sus glorio- 
sas hazañas' , en que se inflame el Animo ; porque !a efi- 
cacia de la aecionseim[ffimeenél,ysedaAentender 
que es el mismo qtie representa. Remede con ellos los 
actos de rey, fingiendo que da audiencias , que ordena, 
castiga y premia ; que gobierna escuadrones , expugna 
ciudades y da batalUs. En tales ensayos se crió Ciro, 
y con ellos salió gran gobernador. 

Si descubriere el pHncipe algunas inclinaciones 
opuestas á las calidades que debe tener quien nació 
para gobernar i otros , es conveniente ponelle al lado 

<i Cvii Mtdm, Be qnlsIllliloqaatDr, prohibelnr, utli lnltUI> 
gUnrTcUrl, nc Mrpeí «el pittaní, t«1 fibolu tíecWI. (Ariil. 
Pol.,Illi.7.c-".) 



vLiOOglC 



14 



DON DIEGO DE SAAVEDIIA FAJARDO. 



nieninM de virloites opues'ns á sus vicios , qne lo» cor- 
rijan , coran saele uiia nn derecha corregir lo torcido 
de un arbolillo.sUindolaconél. Asi pues.alpriacipe 
avaro acompaña un liberal , al tímido un animoso , il 
encogido un desenTuelto , j al perezoso un diligente; 
pon]ue aquella edad imiU to que ve y oye , jcopia en si 
1r<i costumbres del compañero. 

La educación de los príncipes no sufre desordenada 
la reprehensión y el castigo , porque es especie de de- 
sacato. Se acobardan los ánimos con el rigor, y do con- 
' nene que vilmente se rinda á uno quien ha de mandar 
i todos; y como dijo el rey don AIod&o<!' : «Los que 
de buen lugar vienen , msjor se castigan por palabras, 
que por feridas : é mas aman por ende aquellos que asi 
lo facen , é mas gelo agradecen cuando han entendi- 
miento. n Es un potro Injuventud, que con un cabezón 
duro se precipite , y fácilmente se deja gobernar de un 
bocado blando. Fuera de que en los ánimos generosos 

u Ub.S,t)t.7,pri. [i. 



queda siempre un oculto aborrecimiento A lo que se 
eprendiÚ por leraor , y un deseo y apetito de reroiiocer 
los vicios que le prohibieron en la niñez. l.osaTecros 
oprin)idas(prin(-ipalmenLeenquiea nació príncipe) dan 
en desesperaciones, como en rayos las exhala cinii es 
constreñidas entre las nubes. Quien indiscreto cierra 
las puertas i las inclinaciones naturales , obliga á que 
se arrojen por las ventanas. Al(;o se ha de permitir ú la 
[("agilidad humana, llevándola di^tramenle por las de- 
licias honestas , i la virtud; arle de que se valieron lus 
que gobernaban la juventu^l de Nerón 16. Reprehenda 
el ayo á solas al principe , porque en público le hará 
mas obstinado , viendo ya descubiertos sus defectos. Eu 
dos versos incluyú Homero <' cúmo ha de ser enseÍMÓo 
el principe , y cómo lia de obedecer : . 



u Qnoricllioi lubrlcam Principlí » 
Tcnr , TOlBplitfbns cuncciili NliDCreí 
1) lli>BCr.,IUa<.,ll. 



EMPRESA III. 



Con la asistencia de ana mano delicada , solicita en 
los regalos del riego y eu los reparos de las ofensas 
del sol y del viento , crece la rota , y suelto el nudo del 
botón , eitieade por el aire la pompa de sus hojas. Her- 
mosa Gor, reina de las demás ; pero sotam«ite lisonja 
de los ojos, y tan achacosa, que peligra en su delica- 
dez. El mismo sol que la vio nacer, la ve morir, sin 
mas fruto que la ostentación de su belleza , dejando 
burlada la fatiga de muchos meses, y aun lastimada 
tal vez la misma mano que la crió, porque tan lasciva 
cultura no podia dejar de producir espinas. No sucede 
ast al coral, nacido entre los trabajos, que tales son 
las aguas, y combalido délas olas y tempestades, por- 
que en ellas hace mas robusta su hermosura, la cual, 
endurecida después con el viento, queda i prueba de 
los elementos para ilustres y preciosos usos del hom- 
bre. Tales efectos, coDtrarios entre si, nacen del naci- 
miento y crecimiento desle árbol y de aquella Qor, por 
lo mórbido 6 duro en que se criaron ; y tales se ven en 
b educación de los principes , loa cuales si se crían en* 



(re los armiños y las deTIdas , que ni los Ti«te el sol ni 
el viento, ni sienten otra aura que la de los perfumes, 
salen achacosos é inútiles para el gobierno , como al 
contrario robusto y hábil quien se entrega 4 las fatigas 
y trabajos <. 

Con estos se alarga la vida ; con los deleites se abre- 
via. A un vaso de vidro formado i soplos , un soplo lo 
rompe ; el de oro hecho í martillo , resiste al morlillo. 
Quien ociosamente ha de pasear sobre el mundo, poco 
importa que sea delicado ¡ el que le ha de sustentar so- 
bre sus hombros, conviene que los crie robustos. No 
ha menester la república A un principe entre viriles, 
sino entre el polvo y las armas. Por castigo da Diosa 
los vasallos un rey afeminado *. 

La conveniencia 6 daño de esta ó aquella educación 
le vieron en el rey don Juan el S^uodo y el rey don 



* EiieUtnatlle, MiIíb ibiDeuteiniicfriianbaiiuaM 
n, hocenlB, ub id iilelidlDaB, Mmid nuen aüIitarliM 
nodiulmuin hi. (ArUL Pti. , uk. i, c. 17.) 

• Et crrae^ljutl doBlsabiatar tl>. llul., S, 4.) 

L, .,. .LtOOQ" 



Jg\C 



IDEA DE UN PRlKClPE 
Femando el CeUlico > : aqael se cr¡<i en el palacio, esto 
en (a campaña; aquel entre damas, este eatre solda- 
dos ; aquel cuando ealró i gobenier le pareció que a¡- 
IraLa en on golfo no conocido , f desam parando el ti- 
món , le FBtregó á sus validos ; esta no se ballii nuero, 
antes ea un reioo ajeno se supo gobernar y hacer obe- 
decer; «qsel fué despreciado, este respetado ; aquel 
destmT^ Su reino, j este lavanU una monarquía. Can- 
ttilerando esto el rey don Femando el Santo , crió en- 
tre las annas í sus hijos dan Alonso y don Femando *. 
iQuiéa hizo grande al emperador Cáiios V sino sus 
coatiaaas peregrinaciones y fatigas? Cuatro razones 
moTieron & Tiberio á ocu par en tos ejércitos la juventud 
de sus hijos Germánico y Dmso:quese hiciesen utas 
armas, que ganasen la voluntad de los soldados , que 
se críasen fuera de las delicias de la corte , y que esUi< 
riesen en lo poder mas seguras las annas s. 

En la campaña logra la eiperiencia el tiempo; en el 
pabcio la gala , la cerimoDÍa y el divertimiento le pier- 
den. Has eslndia el principe en los adornos de la per- 
sona que en loa del ánimo, si bien como se atienda i 
este, no se debe despreciar el arreo y la gentileza, por- 
que aquel «mbata loa ojos , y esta el ánimo y los ojos. 
Los de Dios se dejaron agradar de la buena disposición 
de Saúl G. Los etiopes y los indios (en algunas partes) 
eligen por rejal mas hermoso, y las abejas á lamas 
^poesta j de mas resplandeciente color. El vulgo juz- 
ga por la presencia las acciones , y piensa que es mejor 
príncipe el mas bennoGO. Aun los vicios y tiranías de 
fferon no bastaron á borrar la memoria de auhermo-' 
suji.yen comparación suya, aborrecía el pueblo ro- 
naoo á Galba, deforme con la vejez'. El agradable 
mnblante de THo Vespasiano, bañado de majestad, 
anmeataba BU fama^. Esparce de sí ta hermosura agra- 
dables sobamos á le vista, que participados al corazón, 
ie ganaa fai voluntad. Es un privilegio particular de la 
uturalen , una dulce tiranía de los afectos , y un tcsti- 
mnia de la buena compostura del finjmo. Aunque el 
Esfárilu Santo por mayor seguridad aconseja que nose 
haga juicio par las eiteríorídades*, casi siempre ú un 
corasoQ augusto acompaña una augusta presencia. A 
Ptaton Ib parada que asi como el circulo no puede es- 
lar oír centro, asi la hennosura sin virtud interior. 
Por esto el rey don Alonso el Sabio propone que al 
piocipa se procure dar mujer muy hermosa ><> : aPor- 

1 lir. , BUL BbF. . I. H, t. II. 
i%n.,mM.mMr.,i.ii,e.i. 

* Ci Bllliiac uiaeiureDl ; utsunitH Miit ftnnat; ilpn- 

nliilie d(!idliedic>((iiUr;eid«alqiieiiinoBiroqii«]cgl»iH 
•WMsie uUorliM, et HMrior TlTcret. (Tac. , Ub. 1, Ann.) 

■ S(cUtqB« íb ■edla^pBll,it alliot tait ulteno pópalo ab 
tiBcro, einnaa. BliltSaDul ad popolsm: CerU lidelli qnea 
dffii DobIbu, itsBliB BOU ill iloilLi UUia dbbI pópalo. (I> 
bf.,I0.1Sctat.) 

I IpsaicUsGtlbae.etinlini.etriftldlOMttuineUiJiiiitia 
RnoaU . M ImpenMm torau , at dwuro eorpoili ( ni ul aioi 
nl|i I coapannUbat. iTie. ,1.1, HliL) 

* ABieb«i(a>ui ipslai dccor olu can qnidlDl DiJtstaU. (TiCj 
Ub.l,Hbt) 

* Kan teodei Tirón in tpede sao , seqie (pernal bomlne* la 
iiM tto : brevli In lolaillibDs cti ipli , el Idíühqi dnltorli hihel 
íneUt lUiaa. (bulu. , II , 9 til.) 

•• L. 1 , til. a, put. U. 



POLÍTICO-CRISTIANO. » 

que los fijos que detla hubiere , serUn d»s remosos, < 
mas apuestes, lo que conviene mucho 6 los fijos de h» 
Reyes, que sean tales, que parezcan bien entre los 
otros bornes.» Los íacedemonios multaron á su rey Ar- ' 
cbiadiuo , habiéndose casado con una mujer pequ^a, 
sin que bastase la eieusa graciosa que daba de liaher - 
eligido del mal el menor. Es la hermosura del cuerpo 
una imigen del lim'mo , y un retrato de su bondad tf , 
aunque alguna vez la naturaleza, divertida en las per • 
fecciones eilernas, se descuida de las internas. En el 
rey don Pedro el Cruel una agradable presencia encu- 
bría un natural áspero y feroz. La soberbia y ollivez de 
la hermosura suele descomponerla modestia de Ina vir- 
tudes ; y así , no debe el principe preciarse de !a afecta- 
da y femenil , la cual es incitam ento de la ajena lasc^ 
vía; sino de aquella qge acompaña las buenas calida- 
des del ánimo ; porque no se ha de adornar el alma con 
la belleza del cuerpo , sin o al contrarío, el cuerpo con 
la del alma^s. lUas lia menester la república que su 
príncipe tenga la perfección en la mente que en la fren- 
te ; si bien es gran omamento que en Él se bailen jun- 
tas la una y la otra , como se hallan en la pahua Ib gen- 
til de su tronco y lo hermoso de sus ramos con lo sa- 
broso de su fruto y con otras nobles calidades, siendo 
árbol tan útil á los hombres , que en £1 notaron los ba- 
bilonios (como reCere Plutarco) trecientas y sesenta 
virtudes. Por ellas se entiende aquel requiebro del Es- 
poso : iiTu estatura es semejante á la palma is ;» en que 
np quiso alabar solamente la gallardía del cuerpo , sino 
también las calidades del ánimo, comprehendidas en la 
palma, símbolo de la justicia por el equilibrio de sus 
hojas , 7 de la fortaleza por la constancia de sus ramos, 
que se levantan con el peso; y jeroglilico también de 
las Vitorias, siendo la corona deste árbol común á to- 
dos los juegos y contiendas sagradas de> los antiguos. 
Nomereciú este honorelciprés,annqnecon tanta ga- 
llardía, conservando su verdor, se leranta al cielo en 
'forma de obelisco, porque estaña aquella hermosura, 
sin viríud que la adorne ; antea eñ naceros tardo , en s j 
fruto vano, en sus hojas amargo , en su olor violento, 
y BU sombra pesada. ¿Qu£ importa que el príncipe sea 
dispuesto y hermoso, si solamente satisface á los ojos, 
y no al gabierao? Basta en él una graciosa armonía na- 
tural en sus partes , que descubra un ánimo bien dis- 
puesto y varonil , á quien el arle dé movimiento y brío; 
porque sin él las acciones del principe serian torpes y 
moverian el pueblo i risa y á desprecio, aunque tal vei 
no bastan las gracias á bacelle amable cuando está dea- 
templado el EsUdo 7 se desea en él mudanza de domi- 
nio , como eiperímenté en si el rey don Femando de 
Ñapóles. Suele también ser desgraciada la virtud, y 
aborrecido un principe con las mismas buenas partes 
que otro fué amado, y á veces la gracia que con dificul- 
tad alcanza el arte, se consigue con la ignavia y floje- 

u Specie* «ain eorporlt ilmplicniía cit mentii, Ifinqtc pre* 
bitaUi.(D.Amb..Z,dc Vlci.) 
n Oanl) tla^i ejni ib Intu la laibrl* tnrili. [Pul, ít, 14] 
u Sttian MI ttttaiUiM «IpalBu. tCiat.,7, 7J 



"t;í3ogic 



IS 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



dad , como socedid i Vitalio tt. Con toda eso , general- 
menteseríndeluvoluDUdúlomas perfeto, y b^ debe 
el prlDcipe poner gran estudio ea los ejercicios de la 
tala ; de la plaza , Ú para suplir, óparaperlicionarcon 
ellos los favores de la naturaleza , fortalecer la juven- 
tud, criar e^lritus generosos, j parecer bien al pue- 
blo is, el cual se complace de obedecer poraeüord quien 
entre todos aclama por mas diestro. Lg robusto y suelto 
eo Ib caza del Rey nuestro señor, padre de vuestra alte* 
la, tu brío 7 destreza en tos ejercicios militares, su 
gracia y airoso mOTÍmieulo en las acciones públicas, 
iquí voluntad no ba granjeado? Con estes dotes natu- 
raiesy adquiridas se bicieron amar de sus vasallos y es- 
tima;' de los ajenos el rey don Fernando el Santo, el rey 
don Enrique el Segundo , el rey don Femando el Cató- 
lico y el emperador Carlos V iS; en los cuales la bermo- 
■ura 7 buena disposición Be acompañaron con el arte, 
con la virtud y el valor. 

Estos ejercicios se aprenden mejor en compauís, 
donde la emulación encieude el ánimo y despierla [a in- 
dustria ; y asi , los reyes godo^ criaban en su palacio á 
los biios de los españoles mas nobles , no solo para gran- 
jear [as Tolnnlades de sus Tamilies , sino también para 
que con ellos se educasen y ejercitasen en las artes los 
principes sus liijos. Lo mismo bacian los reyes de Ha- 
cedonia , cuyo palacio era seminario de grandes varo- 
nes 1^. Este estilo, 6 se ba olvidado d se ba despreciado 
en la corte de España , siendo boy mas conveniente pa- 
ra granjear los dnimos délos principes extranjeros, tra- 
jendo á ellas sus bijos, formando nn seminaría , donde 
por el espacio de tres años fuesen instruidos en las ar- 
tes y ejercicio de caballero , can que los hijos de los re- 
yes se criarían y se barian á ias costumbres y trato de 
las naciones, y tendrían niucbos en ellas que con par* 
ticular afecto y reconocimiento los sirviesen. 

Porque el rey don Alonso el Sabio , agüelo de vuestra 
alteza, dejó escrítos en una ley de \isPartida» los ejer^ 
ciclos en que debian ocuparse los bijos de los reyes , 7 
harán mas impresión en vuestra alteza sus mismas pa- 
labras, las pongo aquí i^; a Aprender debe el Rey otras 
maneras , sm las que diiimos en las leyes antes desta, 
que conviene mucLo. Estas son en dos maneras, las 
unas que tañen en fecbo de anuas, para ayudarse de- 
ltas, quando menester fuere, é las otras para aver sa- 
bor^ placer, con que pueda mejor sofrir los trabajoso 
los pesares , quando loa hoviere. Ca en fecho de cava- 
lleria conviene que sea sabidor, para poder mejor am- 
parar lo suyo, é cooquerír lo de los enemigos. É por 
ende debe saber cavalcar bien , é prestamente , é usar 
toda manera de armas , también de aquellas que ba de 
TCBtir para guardar su cuerpo, como de las otras con 

it SudU tureltai titb ttítu» boni* irtlbuqUMlti periale 

■díiitrc , qnan bale per IpniilB. [Tu. , I. S, Biil>) 

" PnraoM Prlnclplí non (oiBn loimlt, tcd eUam oceIJi «enire 
«ebcl civlon. iCiccr. , pbil. 8.) 

■<)H>r.,Hlll.Hlir..I.13,e.8.) 

•I Hice eabon, >eliii Mmlurlin DauM, PrtíedoraKine ipad 
llK«d«ii(i taiL (Can-I 

<*t.3,utí,fin.ii. 



(¡ue le ha de ayudar. É aquellas que ton pan guarda, 
dalas de traeré usar, para poderlas mejor tofrírquaiH; 
do fuere menester; de manera, que por agravamiento 
dellas DO cayga en peligro ni en vergüenza, é de las 
que son para lidiar , asi como la lanza é espada é por- 
ra , é las otras con que los hornea lidian amanteniente, 
ha de ser muy mañoso para ferir con ellas. E todas es- 
las armas que dicho avernos , también de las que lia de 
vestir, como de las otras, ba menester que las tenga 
tales , que él s« apodere dellas , é 00 ellas dél. £ aun 
antiguamente mottaavan i los Reyes i tirar de arco , é 
de ballesta , é de subir alna en cavallo , é saher nadir, 
é de todas \u otras cosas que tocasen á ligereía é vo- 
teolia. E esto fazian por dos ratones. La una , porque 
ellos se Bopiesen bien ayudar dellas quaudo les fuese 
menester. La otra, porque los bornes tomasen ende 
buen eiemplo para quererlo faier é usar. Onde si el 
Rey,asf como dicho avernos, non usase de lasirmai, 
sin el daño que ende le veraia , porque sna gentes des- 
usarían dellas por razón dél , podria el mismo venir i 
tal peligro, porque perdería d cuerpo, é caerla en gran 
vergüenza. D 

Paramayordisposicion de estos ejercidos es muy á 
propósito el de la caza. En ella la juventud se deseo- 
vuelve, cobra Tuertas y ligereza , se pratican las artM 
militares , se reconoce el terreno , se mbie el tiempo da 
esperar, acometer y tnrir, te aprende el uso de loso- 
sos y de las estratagemas. Alli el a^Mcto de la sanpa 
vertida de las floras-, y de tus disformes movimienl» 
en la muerte , purga los afectos , forUlece el taimo , y 
críe generosos espirítus, qne desprecian conslanlM lu 
sombras del miedo. Aquel mudo silencio de los bos- 
ques levanta la consideración á acciones gloríostsN, 
ay ayuda muclio la caía (como dijo el rey don Alon- 
so ) v> á menguar los pensamientos, é la saña , que es 
mas menester al Rey que i otro borne. £ sin todo aques- 
ta da salud ; ca el trabajo que se toma, ai ea con mesan, 
facecomer,é dormir bien, qus es la mayar cosa de la 
vida del líame.» Pero advio-te dos cosas : a Que non 
debe meter tanta cmta , que mengue evlo que ha de 
complir,* nin use tanto deUt, qus la embargue los 
otros fechos.», 

Todos estos ejercicios ae han da usar con tal discre- 
ción , que no hagan fiero y torpe el inlmo , porque no 
menos que el cuerpo , te endurece y cría caljot coa el 
demasiado trabajo , el cual hace rústicos los hombres. 
Conviene también que las operaciones de) cnerpo y del 
ínimo sean en tiempos distintos , porque obno ekctos 
opuestos. Las del cuerpo impiden i las del iuimo , ; ios 
* del ánimo á las del cuerpo ». 

" Kaaat (i^TieMlllido, Ípiaiii[ne11IadiUeiUniii,qBod nu- 
Uam daur, ndni coflutianli InclUmciiii imt. (Plia.,IUi. I. 
tfiíi. Id Con, Tic.) 

m L.n,UI. S, part. n. 

t> N>B sima] nenicm , cl eorpH liborlbni htlgire pon CHM- 
■it.qaoBltmtal labora eantnrliriD reron cíldenlM M*l. La- 
bor oDlm corparí* venU oil lippedLatato, nuUi islcsi ufpod. 
(Arttt.Pol.,llb.8,c.4.} 



vLiOOglC 



IDEA DE UN PRINCIPE POLÍTlCO-CRlSTlAXO. 



EMPRESA IV. 



Para mindar «s menester scienciii , pare obedecer 
bisia Qna discreción natural , y d veces la ignoraocia 
solo. Ed Ii planta de ud edificio trabaja el ingeoio , en 

h fiibríci la mano. El maoila es estudioso y perspicaz, 
ta obedieDcia casi siempre ruda y ciega. Por naturaleza 
manda el qneüene mayor inteligencia'; el otro por sii~ 
cesión, por elección ú por la fuerza, en que tiene mas 
partí el acaso que la razoD ; ; así , se deben contar las 
Kkodas entre los instrumentos políticos de reinar. A 
luitiniano le pareció que no solamente con armes , sino 
Unihieacon leyes liabia de estar ilustrada la majestad 
iniprriil, pira sahcrse gobernar &t la guerra y en la 

Csiúsí^iQca esta empresa en la pieza de artilleria 
nitelada (para ac erlar mejor) con la escuadra , símbolo 
<fe lis lejes y de la justicia (como diremos) , porque 
roo Mía se lia de ajustar la paz y la guerra , sin que la 
ma Di la otra se aparten de lo justo, y ambas miren 
dfKcItiDieote al blanco de la ruzon par medio de ia 
prudencia y satiiduría. Por esto el rey don Alonso de 
Mpolts T Aragón , preguntado que ¿ quién debiu mas, 
iluannasA las letras, respoudiú : nEulos libros he 
■prendido las armas y los derechos de las armase. s 

AlgooD podría entender este aroamento de las letras 
■Bai a¡ el cuerpo de la república , significado por la 
Rojeslad , que en la persona del principe , cuya asisten- 
ria i los negocios no se puede divertir a] estudio de las 
letns, y que bastará que atienda á favorecer y premiar 
Ibt ingenios, para que en sus reinos florezcan las sciea- 
ú^icomo sucedió al mismo emperador Justiniano, 
pe lanque desnudo dellas, hizo glorioso su gobierno 
Mo los nrones doctos que tuvo cerca de si. Bien creo, 
• lan lo moestraa muchas eiperiencias, que pueden 
tullirse grandes gobernadores sin la cultura de las 
KÍeocias , como fué el rey don Femando el Catújico; 
pero solamente sucede esto en aquellas ¡Dgenios des- 

< F-nat iiiEB Batane , acdomliiBiiiilnn Ht.ipil niet ipul- 
IiK*U Fnnidcre. (AhiL Pal. , Ub. 1 , c. l.J 

> ■■ptntartiD BiictuiCB san loJan irnilB decántalo, led 
^a Itfibu ofartel c(w ■mtun, dI ninimqne ttmpna el bel- 



piertoscon muchas experiencias, y lan &vorecldosdc 
la naturaleza de un rico mineral de juicio , que se les 
ofrece luego la verdad de las cosas , sin que íiaga mu- 
cha falla la especulación y el estudio ; si bien este siem- 
pre es necesario para mayor perfección *; porque aun- 
que la prudencia natural sea grande , ha menester el 
conocimiento de las cosas para saber cligillas ó repro- 
ballas , y también la observación de los ejemplos pasa- 
,dos y presentes, lo cual no se adquiere perfectamente 
sin el estudio ; y as! , es precisamente necesario en e) 
príncipe el ornamento y luz de las artes; aCa parla 
mengua de non saber estas cosas ( dice el rey don Alon- 
so) Ii, avria por fuerza meter otro consigo que lo só- 
plese . É poderle ya avenir lo que díio el rey Saloman, 
que e| que mete su poridad en poder de otro, filzese su 
siervo , é quien la sabe guardar , es señor de su cora- 
zón, lo que conviene mucho ai Rey. u Bien ba menester 
el oficio de rey un entendimiento grande ilustrado de 
lasletras;aCa sin duda (como en la misma ley dijo el 
rey don Alonso) tan gran fecho como este non lo po- 
dría ningún home complir, í menos de buen entendi- 
miento, y de gran sabiduría: onde el Reyque despre- 
ciase de aprender los saberes, desprcclaria á Dios, de 
quien vienen todos.» Algunas scicncias hemos visto in- 
fusas en muchos , y solamente en Salomod la política. 
Para la cultura de los campos da reglas ciertasla agri- 
cultura, y también las hay para domar las fieras ¡pero 
ningunasson bastantemente seguras para gobernar los 
hombres, en que es menester mucha scicacia 6. No sin 
grati caudal, estudio y eiperíencia se puede hacer ana- 
tomía de la diversidad de ingenios y costumbres de los 
subditos, tan necesaría en quien mnnda¡y asi, j nin- 
guno mas que al príncipe conviene la sabiduría?. Ella 
es le que hace felices los reinos , respetado y temido al 
principe. Entonces lo fué Saloman , cuando se divulgii 



* Bill prndenlii qnoadim Intietmi i nilun tanit , timen per- 
fldendi doetrlQi tu. iQniíit. , lib. IS, c. 11.) 

I L. 16, Ul.S, part. II. 

s OmDl tnlQiill ficiliiis jinpeDhis, qabm liomini, \irb siplca- 
tiisiniDiii esse oporleL, Ijul homlnes rreere VíUl. (\enui>li.l 

' Nallu etl, tul iiplcnlli niBKÍs cgnici 
Jas doElriaa oauibue di' 



iipIcDlIi niBKÍs c«nTcniil, (|ii^m ptinctiii , i^li 
u debei pcodeM* sHb«iJj. tvijffcOO Q IC 



i6 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



U saji por «I mando. Hu m teme en los principes el 
saber que el poder. Ud principe sabio es la seguridad 
de sus Tasallos 8, j ud {gnorante la ruioa 9. De donde 
MinGerecuiin bárbara fué lasenteocia del emperador 
Lucinio, que llamaba fi tas sciencias peste pública, y & 
los filúsofoa y oradores Teneaos de las repúblicas. No 
fui menos bárbara la reprehensión de los godos á la 
madre del rej Alerico .porque le instruía en las buenas 
letras, diciendo que le hacia inhábil para los mate- 
rias poliiicas. A diferente luz las miraba Éneo Silvio, 
cuando dijo que á los plebeyos eran plata , á los nobles 
oro, y á los principes piedras preciosas. ReGrieronal 
rey don Alfonso de Nápolesliaber dicho un rey que no 
estaban bien las letras á los principes, y respondió : 
a Esa mas fué voz de buey que palabra do hombre ^c*.» 
Por esto dijo el rey don Alonso ii : «Acucioso debe el 
Rey ser en aprender los saberes ; ca por ellos entende- 
rá las cosas de reyes, y sabrá mejor obrar en ellas.» 
Igualmente se preciaba Julio César de las armas y de 
las letras; y asi, se hizo esculpir sobre el globo del 
mundo con la espada en una mano y un libro en la 
Otra, y este mote : ¿xu/ro^ueCaesar; mostrando que 
con la espada y las letras adquirid y conserrú el impe- 
rio. No [as juzgÚ por tan imporlantes el rey de Francia 
LudOTÍco XI , pues no permitid á su hijo Carlos VIH 
que estudiase, porque habia reconocido en si mismo 
que la sciencia le hacia pertinazy obstinado en su pare- 
cer, sin admitir el consejo de otros; pero no le salid 
bien, porque quedd el rey Carlos incapai, y se dejó go- 
bernar de todos , con grave daño de su reputación y de 
BU reino. Los extremos en esta materia son dañosos. 
La profunda ignorancia causa desprecio é irrisión y 
comete disformes errores , y la demasiada aplicadon i 
los estudios arrebata los ánimos , y los divierte del go- 
bierno. Es ia conversación de las musas muy dulce y 
apacible , y se deja mal por asistir á lo pesado de las au- 
diencias y á lo molesto de los consejos. Ajustó el rey 
don Alonso el Sabio el movimiento de trepidación , y 
00 pudo el gobierno de sus reinos **. Penetró con su 
ingenio Los orbes , y ni supo conservar el ünperio olre- 
cido ni la corona heredada. Los reyes muy^cientiiicos 
ganan reputación can los extraños, y la pierden con 
BUS vasallos. A aquellos es de admiración su sciencia, y 
A estos de daño ; verilicándose en ellos aquella senten- 
cia de Tucidides, que los rudos ordinariamente son 
mejores para gob^^ar que los muy agudos u. El sol- 
dan de Egipto , movido de la fama del rey don Alonso, 
le envió embajadores con grandes presentes, y casi to- 
das las ciudades de Castilla le tuvieron en paco y le 
negaron la obediencia. Los ingenios muy entregados i 
la especulación de las sciencias son tardos en obrar y 
tímidos en resolver; porque i todo bailan razones dife- 

* Reí upin* tubltimeaian popnll kl (Sap., 6, IB.) 
■ Reí Imlpleni pecdcl popalnm subid. lEcel. , 10 , 3.J 
"> lítaioibotisÍBil, nonhomlnií. (PMor.,1. i,) 
•I L. 16,111. B.parl. M. 
H Mir.Hlit. Hlsp. ,1. U,e. 5. 

M HebtUores qnim icnUoreí , El pliirinan mcLiat Itnnpnbll- 
iin ■dDiuliinai, iTbatrd, , 1U>. 13.) 



rentes que los ciegan y confunden. SÍ la visU mira Us 
co<as d la reverberación del sol , las conoce cómo son; 
pero si pretende mirar derechamente á sus rayos, que- 
dan los ojos tan ofuscados, que no pueden dislingoir 
sus fonnas. Asi los ingenios muy dados al resplandor 
de las sciencias salen dellas inhábiles para el manejo de 
los negocios. Has desembarazado obra un juicio natu- 
ral , libre de las disputas y sutilezas de las escuelas. El 
rey Salomón tiene por muy mala esta ocupación , ha- 
biéndola eiperimenlado >' ; y Aristóteles juzgó por di- 
ñoso el entregarse demasiadamente los principes á al- 
gunas de las sciencias liberales, aunque les concede el 
llegar á gustallas is. Por lo cual es muy convenieole 
que la prudencia detenga el apetito glorioso de saber, 
que en los grandes ingenios suele ser vehemente , co- 
ma lo hacia la madre de Agrícola , moderando su ardor 
al estudio, mayor de lo que convenia á un caballero 
romano y á un senador '6, con que supo tener mcdo en 
la sabiduría <'. No menos se eicede en los esludios que 
en los vicios. Tan enfermedad suelen ser aquellos del 
ánima , como estos del cuerpo ; y asi , basta en el prín- 
cipe un esbozo de las sciencias y artes y un conocimien- 
to de sus efectos práticos, y principa I menle de aquellu 
que conducen al gobierno de lo paz y de la guerra, to- 
mando ddlas lo que baste A iluslralle el entendimionlo 
y fonnalle)el juicio, dejando ú los inferiores la gloría de 
aventajarse. Conténtese con ocupar el ocio con tan no- 
ble ejercicio, como en Elvidío Prisco lo alaba Tácito is. 

Supuesto este fm, no son mejores para maestros de 
los principes los ingenios masscientEQcos, queordúu- 
riamente suelen ser retirados del trato de tos hombres, 
encogidos, irresolutos é inhábiles para los negocios. 
Bino aquellos práticos que tienen conocimiento y expe- 
riencia de lascosasdel mundo, y pueden enseñar al prin- 
cipe las artes de reinar, juntamente con las sciencias. 

Lo primero que ba de enseñar el maestro al principe 
' es el temor de Dios , porque es principio de la sabida- 
riui9. Quien está en Dios, estáeu la fuente de las «cien- 
cias. Ld que parece saber humano , es ignorancia hija 
de la malicia, por quien se pierden los principes y loi 
estados. 

La elocnencia es muy necesaria en el principe , síeu- 
do sola la tiraoia que puede usar para ntran- á si dulce- 
mente los ánhnos, y hacerse obedecer y respetar. Re- 
importancia Húisen , se excusaba con 



loTMIifira M)iifDier 
¡npiUoDem pesiia»» 
loei. (Ecc1ea.,l.lJ.' 

<>i Snntenim quiedam ei llbenlibns scienUIs, qnis oiqMt' 
tliqnld disccre boncMiuiili, ptiiiM lert sete iLlis iradcK.ii- 
qne aaqni: >d eilremum penequi Tcllt, vllde noiium. (Arlil. P«l.. 
til). H.j 

■■ sied la prltatJD'entaitvdiiimPhilDsapblae aerlns Dltnqein 
conceítDiD Rom. ic SenalorJ binsissc . nlsi prndcnlia milrii ÍD- 
Mnsiitii, ic nignnrem animnm coercuiasel. (Tac. , in vil. Aeric.< 

>i nellDflllilDe ( qnod est difScliliEOUii ) » upLenlia nitilDO. 
(Ibld.) 

>■ iDgenlain illDstrc allioribns slodlls Juienli arioindan drdil. 
son m plcríqoe , ni nomine nigDlBcn sepe alian tdarei. Sfd qno 
flnmor tdteríns formiu nempublicam capeiierel. (Tic. , lili. 4, 
Hlsl) 

n TíBor DomiBí iDiilintaplnilae. ^In. 110, to.) 



IDEA DE UN PRINCIPE 
Dios de q[Ue en tnrda £ impedi'tB su lengun, cuando le 
enrió á Egipto á gobernar sq pueblo K; cuya excusa no 
reprobó Dios , sales le aseguró qiieasistiría d sus labios 
j le enseñaría lo que habia de bablar n. Por esto Salo- 
IDOD se alababa de que con su elocuencia se liaría reve- 
renci jr de los poderosos y que le oyesen con el dedo en 
It boca S. Si aun pobra y desnuda la elocuencia es po- 
deroM i arrebatar el pueblo , ¿ qué liará armada del po- 
der j testida do la púrpura? Un principe que ha me- 
nester que olro bable por él, mas es estatua de la ma- 
jestad que principe. Nerón fué aolado de ser el prime- 
ra que uecesitase de la bcundia ajena ^. 

La fabtoria es maestra de Is verdadera política!', y 
quien mejor ensenará á reinar al príncipe, porque en 
ella está presente la eiperíencia de todos los gobiernos 



tloqncii ab bi 



iBo , doceboqne te qoid loqn»' 



*• ObitcroDinaine.noaini 
tiBS. et tx ^0 localnj es id t 

dinrii liifHíc iBm. lEtod., 4. 

" Pfrg» Itilar, el tt" »" 'B 
ni.lEud.,4,».) 

n Ib ceaspeeia patenliBia idnirabllis ara , el ficiei priotlpnm 
nirabiptar lae : ticenlem at luiliieliunl, el loqoenlem me m- 

(SipíídÍ.,8, ti.f 

t> PrímoB n iis, qol renm polín nsent, Hccaiieai «lleiiiefa- 
cindiH (fniwe. iTic, lib. 13 , lan.) 

w Veriuiain diiciptímiD , eiercluliaieipqiie id poliiius ic. 
liun, buionta ctfe. (Paljli.,lib..IO 



POLfTICO-CniSTIANO. jg 

pasados y la prudencia y juicio de los que fu«ron ». 
Consejero es que á (odas horas está con él. De la jurís- 
prudeneia tome el principe aquella parte que pertenece 
al gobierno , leyendo las leyes y coaslituciones de sus 
estados que (raían dól , las cuales bailó la razón de es- 
tado , y aprobó el largo uso. 

En las sciencias de Dios no se entremeta el principe, 
porque en ellas es peligroso ei saber y el poder , como 
loeiperimentólngalaterra en el rey Jacobo, y basuque 
tenga una fe constante y á su lado varones santos y 
doctos. 

En lü astrologla ju Jiciaria se suelen perder los prín- 
cipes, porque el apetito de saber lo futuro es vehemen- 
te en todos , y en ellos mas, porque les importarla mu- 
cho , y porque anhelan por parecerse i Diosy liacer so- 
buenalural su poder; y asi, pasau á otras arles super». 
ticíosas y aborrecidas del pueblo , llegando á creer que 
todo se obra por las cJusas segundas; con que niegan 
la Providencia divina, dando enagüeros ysortilegios; 
y como dependen mas del acaso que de la prudencia é 
industria humana , son remisos en resolverse y obrar 
y se consultan mas con los astrólogos que con sus con- 
sejeros. 



v¡ Han i D naque aBtiortin nnu la n 
Ktiiifl. U Ule.) 



i eoitetti. (S. Cregor. 



EMPRESA V. 



Us letras tienen amargas las rafees , sí bien son dul- 
ces un fmti». Nuestra naturaleza las aborrece, y nin- 
gnn trabajo siente mas que el de sus primeros rudimen- 
tos. ¡Qué congojas, qué sudores cuestan ala juventud! 
Tasf por este, como porque ba menester el estudio 
una continua asistencia , que ofende i la salud , y no se 
P>ede hsllar en las ocupaciones, ceriraonias y diverti- 
inientM del palacio, es menester la industria y arle del. 
iua«stro, procurando que en ellos y en los juegos pue- 
ñle» vaya tan disfrazada la enseñanza, que la beba el 
príncipe sin aenlir, como se podria hacer para que 
■prendiese i teer, formándole un juego de veinte y cua- 
tro dados en que estuviesen esculpidas las letras, y 
ganase el que arrojados pintase una ó mucbas silabas ó 



formase enlero el vocablo; cuyo cebo de h gAnancia, y 
cuyo eutre te ni miento le daría fácilmente el conoci- 
miento de las letras, pues mas hay que aprender en lo) 
naipes , y los juegan luego los niños. Aprenda á escri- 
bir teniendo grabadas en una lámina sutil las letras; la 
cual puesta sobre el papel , lleve por ella como por sur- 
cos segura la mano y la pluma, ejercitándose mucho 
en habituarse en aquellas letras de quien se forman las 
demás ; con que se enamorará del trabajo, atribuyendo 
á su ingenio la industria de la liimina. 

El conocimiento de diversas lenguas es muy necesa- 
rio en el príncipe, port;ue el oír por inlérpreted leer 
traducciones está sujeto á engaños 6 & que la verdad . 
pierda bu fuerza y energía , y es gran desconsuelo dsl 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



vasallo que no le «HJenda quien ba de consolar su ne- 
cesidad, desliacer sus agravios 7 premiar sus servi- 
cios. Por estu Josef , habiendo de gobernar ú Egipto, 
donde iiabia gran diversidad de lenguas, que no enten- 
día 1, hizo estudio para aprendellas todas. Al presente 
el emperador don Fernando acredila jhaca amable la 
perTeccion con que babla muchas , reapondiendp en la 
su;a á cada uno de los negociantes. Estas noselehao 
de enseñar con preceptos que confundan le memoria, 
sino teniendo i su lado meninos de diversas naciones, 
que cada uno le bable en su lengua , con que natural- 
mente sin cuidado ni trabajo las sabrá en pocos meses. 

Para que entienda lo pritico da la geografía ; cos- 
mografía (sciencias tan importantes, que sin ellas es 
ciega le raion de estado], estén en los tapices de sus cá- 
maras labrados los mapas generales de las cuatro par- 
tes de la tierra y las provincias principales , no con la 
confusión de todos los lugares, dlnocon los ríos 7 mon- 
■ tes y con algunas ciudades y puestos notables. Dispo- 
niendo también de tal suerte los estanques, que en 
ellos , como en una carta de marear , reconozca (cuan- 
do entrare i pasearse) la situación del mar, imitados 
en sus costas los puertos, y dentro las islas. En los glo- 
bos y esferas vea la colocación del uno y otro hemisfe- 
rio, los movimientos del cielo, los caminos del sol, y las 
diferencias de los dios y de las nocbes, no con demons- 
traciones scientiScas, sino por vis de narración y entre- 
tenimiento. Ejercítese en los usos de la geometría, mi- 
diendo con instrumentos las distancias, las alturas y 
las profundidades. Aprenda la fortillcaciou , fabrican- 
do con alguna masa fortalezas y plazas con todas sus 
estradas encubiertas, fosos, baluartes, medias lunas y 
tijeras, que después bata con piecezuelas de artillería; 
y panqué mas se le fijen en la memoria aquellas figu- 
ras, se fermorin de mirtos 7 otras yerbasen los jardi- 
nes, como se ven en la presente empresa. 

Ensáyese en Ib sargeoterfa , teniendo vaciadas de me- 
tal todas las diferencias de soldados, asi de cabatlerle 
como de infantería, que luy en un ejército, con los 
cuales sobre una mesa forme diversos escuadrones, i 



I LiBium, qun b< 



l,lfllllTÍI,ll>Ill.80,6.J 



imitación de alguna esUmpa donde estín dibojados; 
porque no ba de tener el [N-incipe en la juventud entre- 
tenimiento ni juego que no sea una imitación de lo que 
después lia de obrar de veras s. Asi suavemente cobra- 
rá amor & estas artes , y después , ya bien amanecida la 
luz de la razan , podrá entendellas m^or con la conver- 
sación de hombres doctos , que le descubran las causas 
y efectos delles 3, y con ministros ejercitados en la paz 
y en la guerra ¡porque sus noticias, como son mas del 
tiempo presente, satisfacen í los dudas, se apreoden 
mas y cansan menos^. 

No parezcan i alguno vanos estos ensayos para li 
buena crianza de ios hijos de los reyes, pues muestra 
la eiperiencia cuántas cosas aprenden por si mismas fá- 
cilmente los niños, que no pudieran con el cuidado de 
sus maestros. Tií sojuzguen por embarazosos estos me- 
dios, pues si para domar ¡r corregir un caballo se han 
inventado tantas diferencias de bocados, frenos, ca- 
bezones y mucerolas.yse ba escrito tanto sobre ello, 
¿cuánto mayor debe ser la atención en formar nn prío- 
cipe perfecto , que ha de gnbemar, no solamente i la 
plebe ignorante, sino también á los mismos maestros 
de las sciencias? El arte de reinar no es dou de la natu- 
raleza, sino de la especulación y de la eiperíencia. 
Sciencia es de las sciencias S. Con el hombre nacid la 
razón de estado, y morirá con él sin haberse tuteo- 
dido perfectamente. 

No ignoro , serenísimo Señor , que tiene vuestra tV- 
teza al lado tan docto y subió maestro, y tan enlandido 
en todo (felieidad déla monarquía), que llevará á vues- 
tra alteza con mayor primor por estos atajos de iassciea- 
cias y de las artes ; pero no he podido excusar estos ad- 
vertimientos, porque si bien habla con vuestra alteu 
este libro, también babla con los demás principes que 
jonyserán. . 

* lltque Indi masni ex pirtc ImitiUoDei eiw dehent tino rt- 
nim. quie lerlD poste* snni obeandae. |ArJii. Pol. , Ub.1. c. IT.I 

* Andiens sapiens , siplenllor crlt : el InltUl^i, inbenlicoli 

' SapienUam DmaEnn anllquoram tiqniret Mpimi.ttuimnii- 
nem liroram oamlndonim eoniervilill. (Eccl. ,39, 1 etí.) 

s mu vldclar in arllum , el stlenlla iclenliiTnm bfliiiatD k- 
fcre, iBlmil tiai nrjun M nulüpki. (S. Gnfar. Naiiui.,!! 



ivGoosle 



IDEA DE UN PRINCIPE POLÍTICO -Cu ISTIA NO. 



EMPRESA VI, 



I>«l cuerpo desta empresi se valió el Esposo en los 
Cantares para sigDÍficar el adorno de ias virtudes de su 
esposa 1, á que parece aludeo los follajes de azucenas 
que corODaban las columnas del templo de Salomou 
para perücionallas 1, j el candelabro del tabernáculo 
cercado con ellas 3; locualmediú ocasión de valerme 
del mismo cuerpo para signiücar por el trigo las gcien~ 
das, y por las azucenas las buenas letras y artes libe- 
rales con que se deben adornar; y no es aj^a la com- 
paración, pues por las espigas enlendid Procopio loe 
discipulos',; por las azucenas la elocuencia el mismo 
Esposo s. iQué son las buenas letras sino una corona 
de las sciencias? Diadema de los principes las llamó Ca- 
siodoro S. Algunas letras coronaban los hebreos con 
una goimalda. Eso parece que significan los lauros de 
los poetas, las roscas de las becas , y las borlas de va- 
ríos colores de los doctores. Ocúpenlas scienclasei cen- 
tro del inimo; pero su circunferencia sea una corona 
de letras pulidas. Una proresioo sin noticia ni adorno 
de otras es mía especie de ignorancia, porque los scien- 
das se dan las maaos y hacen un circulo , como se ve 
cnel coro de las nueve musas. ¿A ijuíén no cansa la ma- 
yor sabiduría , si es severa y no sabe hacerse amar y 
estimar con las artes liberales y con las buenas letras? 
EstMS son mas necesarías en el principe , para templar 
con ellas la severidad del reinar, pues por su agrada las 
Banun humanas. Algo común á los demás se ha de ver 
en él , discurriendo de varios estudios con arabilidad y 
btraa gracia , porqne no es la grandeza real quien con- 
funde , sino la indiscreta mesura , como no es la luz del 
sol quien ofende í los ojos , sino su sequedad. ¥ asi, 
canrieoe que con las artes liberales se domestique y 

■ Teiler Uh ttnt iccmstritid, nUítu lililí. (CinL 1, i) 

s El nK' MP"* c^iouinn opot In madnin illli poioll : per- 
|KiiB4ie al opni colnasiriB. 13 , Reg. . 7 , ü.) 
1 Ac lUn n If M praudei^U). ( BijHl. , S5 , 31 .) 

• Sficu noBloe, it eso tniden senllo, litclpnlomn coeliB 
¡■IclktiLíPrtKOt., ticip. 17, luí.) 

■ LmU» cJulUUdUniUiiUt iiijrtliiiiiprÍtiaiii.(CMLS, lí,} 

• Dlitetu «iBlnm ImpreUiJilli* idUUi liuenram , per qoiii 
'•■ iHerwm proiidentli itUcItnr, Regill) dliniU* Kmperiatc- 
tu. iCulsa., It.nr. l,AlaTi. Nov. Ed. pnpli., up. S.] 



adorne la sciencía política. No reiplandecoD mas que 

ellas los rubíes en la corona , j los diamantes en los ani- 
llos ; y asi, no desdicen de la majestad aquellas artes 
en queobra el ingenio y obedece la mano , sin que pue- 
da ofenderse la gravedad del príncipe ni el cuidado del 
gobierno porque so entregue á ellas 7. El emperador 
Marco Antonio se divertía con la pintura; Uaiimilia- ' 
no II con sincelar; Teobaldo, rey de Navarra, con la 
poesía y con la música , á que también se aplica le ma- 
jesUd de Filipe IV, padre de vuestra alteza, cuando 
depone los cuidados de arabos mundos. En ella criaban 
los espartanos su juventud. Platón y Aristóteles enco- 
miendan por útiles á las repúblicas estos ejercicios. T 
cuando en ellos no reposara el ánimo , se pueden afec- 
tar por razón de estado, porque al pueblo agrada ver 
entretenidos los pensamientos del principe, y que no 
esténsiemprefijosen agravar su servidumbre. Foresto 
eran gMn& el pueblo romano las delicias de Dniso '. 

Dos cosas se han de advertir en el uso de tales artes. 
Que se obren á solos entre los mu; domisticos, como 
hacia el emperador Alejandro Severo , aunque era muy 
primoroso en sonar y cantar. Porque en lo* demás cau- 
sa desprecio el ver ocupada con el plectro 6 con el pin- 
cel la mano que empuña el ceptro y gobierna un reino : 
esto se nota mas cuando ba entrado la edad en que ban 
de tener mas parte los cuidadas públicos que los diver- 
timientos particulares; siendo tal nuestra naturaleza, 
que no acusamos aun príncipe ni nos parece que pier- 
de tiempo cuando está ocioso , sino cuando se divierle 
en estas arles. La segunda, que no se emplee mucho 
tiempo , ni ponga el principe todo su estudio en ser ei- 
celente en ellas», porque después fundará su gloria 
mas en aquel vano primor que en los del gobierno , co- 
mo la fundaba Nerón , soltando las riendas de nn impe- 
7 N«c ralipiiin Jndkl piit tnrii ilndllt boiNtli , et lalapUU- 
butfiscoili Inpinlrc. (Tic, llb. 11, Aun.) 

• Nee Iniu li jDTaiie ideo dlipliubil : hiM poliM lalradenl. 
dicm tcdlOMUoBibiii , noctcni contiilU tnticreí , qmn lolu, «t 
nnUlt «alopUUbvs iiouns , nantii vlolclüía, el 



■t.(T«., 



.3,» 



'■•'tWBglc 



22 



DON DIEGO DE SAAVEDBA FAJARDO. 



rio por gobernar las de ud carro, y preciándose mas de 
representar bien en el teatro la persona de comediante, 
que en el mundo la de emperador. Bien previno este 
inconTeoieiile el rey don Alonso en sus Partidas ii>, 
cuando tratando de la moderación destos divfirtimien- 
los, dijo : <iÉ por ende el Rey que no sopiese destas 
cosus bien usar, según de suso diiimos , sin el pecado, 
é la ntat estanza que ie ende vernia , seguirleha aun de 
ello gran daño , que envilesceria su fecho , deíando las 
cosas mayores y buenas por las Tiles. Este.abuso de ha- 
cer el principe mas aprecio de las artes que de la scien- 
cia de reinar acusd elegantemente el Poeta h en estos 
versos : 



bfieribail mSia , ilmgtuíia tiiera Sieal. 
Tí rifen imperio p^piiio», reame, memento: 
Une ¿H erat -trlet , tacífiíe impmre mtrem, 
' Vaieere nbiectíi , et iebtUart aptrtM. 

La poesía, si bien es parte de la música, porque lo 
que en ella obra el grave y el agudo , obran en la poesía 
los acentos y consonantes, y es mas noble ocupación, 
Mendo aquella de la mano , y esta de solo el entendi- 
miento; aquella para deleitar, y esta para enseñar de- 
leitando; con todo eso, no parece que coQTÍenealprlít- 
cipe, porque su dulzura suspende mucho las acciones 
del ánimo, y enamorado de sus conceptos el enlendí- 
miento , como de su canto el ruiseñor, no sabe dejar de 
pausar en ellos, y se aDla tanto con la sutileza de la poe- 
sía , que después se embota j tuerce en lo duro y áspe- 
ro del gobierno i*; y no bailando en £l aquella delecta- 
ción que en los versos, le desprecia y aborrece , y le. 
deja en manos de otro, como lo bizo el rey de Aragón 
don Juan el Primero, que aciofaroente consumía el 
tiempo en la poesía , trayendo de provincias remotu los 

i*L.ti,iiLS,iurtu. 

« Virg.e.ABulil. 

•* Vikiniem Hcreliian pnUndnm M, al m, «I aiidpliiti. 

fnaacnmqDe cari>at, lol tnimiD , aai mcnuii llberi bamlnlt ad 
ntun, «t opan Hnml* InalUnD reddiBt. (Arid. tal., lib 8, c 1) 



mas excelentes en ella, hasta qtie impacientec ans n- 
.sallos se levantaron contra él , y dieron leyes á su ocioso 
divertimiento. Pero como es la poesía tan familiar en 
las cortes y palacios , y luce cortesanos y apacibles los 
ánimos, parecería el príncipe muy ignorante fi no tu- 
viese élgun conocimiento della , y la supiese tal vez 
usar; y as! , se le puede conceder alguna aplicación que 
le despierte y haga entendido. Muy graves poesías ve- 
mos de los que gobernaron el mundo y tuvieron el li- 
món de la nave de la Iglesia , con aplauso universal de 
las naciones. 

Suelen los príncipes entregarse i las artes de la des- 
tilación , y si bien es noble divertimiento ea que se des- 
cubren notables erectos y secretos de la naturaleza, 
conviene teaellos muy lejos dellas u , porque fácilmen- 
te la curiosidad pasa á la alquimia , y se tizna en ella la 
cudicia , procurando Gjar el azogue y hacer plata y oro, 
en que se consume el tiempo vanamente, con desprecio 
de todos, y se gastan las riquezas presentes por las fu- 
turas, dudosas é inciertas. Locura es que solamente se 
cura con la muerte , empeñadas unas eiperíencios con 
otras , sin advertir que no hay piedra Glosofal mas rica 
que la buena economía. Por ella y por la negociación , ; 
noporlascienciaquímica, se liade en tender loque dijo 
Salomón , que ninguna cosa había mas rica que la sa- 
biduría 1* , como se ezperímentú eu él mismo , habieo- 
do sabidojuntorcon el comercio en Tdrsis y OürgniD- 
dp9 tesoros , para los cuales no se valdría de flotas, ex- 
puestas d los peligros del mar, si los pudiera multipli- 
car con los crisoles; y quien todo lo disputd tS, y tuvo 
Gcíencia infusa, hubiera {si fuera posible) alcanzado y 
obrado este secreto. Ni es de creer que lo permiliri 
Dios , porque se confundiría el comercio de las gentes, 
que consiste en las monedas labradas de metal precioso 
y raro. 

1* !■ HperrinltnbnigaliKrtiIirf ■allipllcller. (8ccl., ó, ti.) 
M Quid taplentti locupIfilDi, quae opcnlnr aamia? SI idIfo 

■«iltDiaperillir.qiItliurBm, qoie lUDl.niaglt qo^D nía ea arU- 

feíT (Sap. ,B,!i.\ 
■> Et diipnliiK «upar ll|n!s i eadro, qaaa aat In Llbini), asqu 

td bfíiapnm, quio efcedilBi de piricta. (3, Reg-, 4, 3S.) 



ivGoosle 



KEA DE UN PBlNClPE POLlTICO-CMSTUNO. 



EMPRESA VII. 



Nacen con nosotros loiarectos, y la ratoo llega des- 
pites de muchos años , cuando ya los hulla apoderados 
de la Toluatad, que los reconoce por seoores, llevada de 
una Talsa apariencia de bien, basta que la razón, co- 
brando faenas con el tiempo ; la eiperíeacia , recono- 
ce sn imperio , y se opone á la tiranía de nuestras in- 
clinaciones y apetitos. En los principes tarda mas este 
recoQOcimienlo , porque con las delicias de los palacios 
son mas robustos tos afectos; y como las personas que 
lesa^en aspiran al Talimieuto , y casi siempre entra 
la gracia por la TOluoted , y no por la razón , todas se 
aplican i lisonjear y poner asechanzas d aquella y des- 
lumhrar d esta. Conozca pues el príncipe estas artes, 
ármese contra sus afectos y contra los que se valen de- 
ltas para gobernalle. 

Gran descuido bay en componer los ánimos de los 
pÍQcipes. Arrancamos con tiempo las yerbas infruc- 
taosas que nacen éntrelas micses, y dejamos crecer en 
ellas los malos afectos y pasiones que se oponen á la ra- 
zón. Tienen lus principes muchos Galenos para el cuer- 
po, y apenas un Epílecto pera el ánimo, el cual no pa- 
dece menores achaques y enfermedades ; antes son roas 
pites que las del cuerpo, cuanto es masnoble pártela 
del dnimo. Si en él hubiese frente donde se trasladase 
la pebdez de sus malas afecciones , tendríamos compa- 
ñón á muchos que juzgamos por felices , y tienen abra- 
sada el alma con la fiebre de sus apetitos. Si se viese el 
inimo de un tirano , se verían en él las ronchas y car- 
denales de sus pasiones*. En su pecho se levantan tem- 
petades furiosas de afectos, con lus cuales, perturba- 
da T ofuscada lá razón, desconoce la verdad, y aprehen- 
de lis coses , DO como son , sino como se las propone la 
puon; d« donde nace la diversidad de juicios y opi- 
aíones j la estimación varía de los objetos, según la luz 
d qne se les pone. No de otra suerte nos sucede con los 
ifectos , que cuando miramos las cosas con los anto- 
Ids largas, donde por una parle se representan muy 



■SlRcnaiitirtTniíiianiiii neiiM.pDiíe i.tpid liniím, ct 
rM.fuBdd, itcorpinTerbcribaí, iu»c><ii),libldlia, mlls 
•MilOi uiBu <tiUcer«»r. |Tk. , IU). < , Aaa.} 



crecidas y corpulenlu, j por la otra muy dlstnínuidaí 
ypequ^as. Unos mismos son loscristaleí y unas mis- 
mas las coses; pero estd la diferencia en que por la una 
parte pesan las especies 6 los rayos visuales del centro 
á la circunferencia , con que se van esparciendo y mul- 
tiplicando , y se antojan mayores los cuerpos, y de la 
otra pasan de la circunferencia al centro , y llegan dis- 
minuidos : tanta diferencia bay de mirar desta ú da 
aquella manera las cosas. A un mismo tiempo (aunque 
en diversos reinos ) miraban la sucesión d la corona el 
infante don Jaime , Iiijo del rey dou Jaime el Segundo 
de Aragón , y el infante don Alonso , hijo del rey don 
Dionisio de Portugal <. El primero contra la voluntad 
de su padre la reoimció, y el segundo procuraba con las 
armas quildrsela al suyo de la frente. El uno cotiside- 
rabalos cuidadas y peligros de reinar, yelegiala vida 
religiosa por mas quieta y feliz; el otro juzgaba por in- 
útil y pesada la vida sin el mando y ceptro, y antepo- 
nía el deseo y apetito de reinar ala ley de la naturaletl. 
El uno miraba d la circunferencia de la corona que M 
remala en flores, y la parecia vistosa y deleitable; el 
otro cbnsideraba el punto ó centro della , de donde ta- 
len las lineas de los desvelos y btigas. 

Todas lasacciones délas hombres tienen por Gn al- 
guna especie de bien > , y porque nos engañamos en su 
conocimiento, erramos. La mayor grandaza nos parece 
pequeña en nuestro poder, y muy grande en el ajeno. 
Desconocemos en nosotros los vicias, y los notamos en 
los demás. iQué gigantes se nos representan los inLen- 
tos Uranos de otros ! Qué enanos los nuestros I Tene- 
mos por virtudes los vicios, queriendo que la ambición 
sea grandeza de dnimo , la crueldad justicia , la prodi- 
galidad liberalidad, la temeridad valor, sin que la pru- 
dencia llegue d discernir lo honesto de lo malo, y lo 
útil de lo dañoso 4. Asi nos engañan tas cosas, cuando 
los miramos por una parte de los antojo* de nuestro! 

1 llir,BÍiLHlip.,l.l5,M6. 

> Omola D>nqiiect>'i>1<iod>P"iaaibanl fntteii, iratiio*. 
nMifDDi, ¡Arlil. Pol., 1. 1 ,c.<.) 

1 PiBil prodeaili bonesu t Atleriitribu , itUli i bmU) 11MN> 
annt.[Tie.,lib. 4,ABa.) 



vLiOOglC 



SI 



arectos 6 pasiones ; solamente los beneflctos se lian de 
mirar por amiins. Los que se recibeD parezcan siempre 
muy grandes; los que se dan , mny pequeños. No sola- 
menlc le parecian as! al rey don Enrique el Cuarto S; 
pero aun los olvidaba , y solamente tenia presentes los 
servicios que recibía, y como deuda tratii ya de paga- 
dos luego. No piense el principe que la merced que 
hace es marca con que deja señalado por esclavo iquien 
la recibe; que estaño seria generosidad, sino tiranía 
yunaespeciedecomercio de voluntades, como de es- 
clavos eti las costas de Guinea , comprándolas A precio 
de gracias. Quien da no ha do pensar que impone obli- 
gación. El que la recibe piense que queda con ella; imi- 
te pues el principe £ Dios , que da liberalmeate , y no 
zahiere s. 

En las resoluciones de mover la guerra, en los tra- 
ados de la paz , en las injurias que se hacen y en las 
que se reciben, sean siempre nnos miamos los cristales 
de tn razón , por donde se miren con igualdad. A nadie 
conviene mas esta indirereucia y justicia en la conside- 
ración de las cosas que al principe, que eselGelde su 
reino, y lia da hacer perfecto juicio de las cosas para 
quesea acertado su gobierno, cuyas balanzas aadarán 
desconcertadas si en ellas cargaren sus afectos y pa- 
siones, y DO las igualare la razón. Por todo esto con- 
viene que sea grande el cuidado y atención de los maes- 
tros en desengañar el entendimiento del principe , dán- 
dole á conocer los errores de la voluntad y la vanidad 
de sus aprehensiones , para que libre y desapasionado 
hagatKrrectoeiámendelascosas. Porque si se conside- 
ran bien las caídas de los imperios , las mudanzas de 
los estados y las muertes violentas de los príncipes, casi 
todas han nacido de la inobediencia de los afectos y pa- 
sionesálarazon. No tiene el bien público mayor ene- 
migo que & ellas y & los nnes particulares. 

No es mi dictamen que se corten los afectos ú que se 
amortigüen en el principe , porque sin ellos quedarla 
inútil para todas las acciones generosas , no habiendo 
la naturaleza dado en vano el amor , la ira , la esperan- 
za y el miedo ; los cuales, si no son virtud, son compa- 
ñeros della, y medios con que se alcaozay con que obra- 
mos mas acertadamente. El daño está en el abuso y 
desurden dellos, que es lo que se ha de corregir en el 
principe, procurando que en sus acciones no se gobier- 
ne por sus afectos, sino por la razón de estado. Aun 
losque son ordinarios en los demás hombres, no con- 
vienen £ la majestad ^. En su retrete solia enojarse Car- 
los V, pero no cuando representaba la persona de em- 
perador. Entonces mas es el principe una idea de gó- 
bemador que hombre ; mas de todos que suyo. No ha 
de obrar por inclioacion , sino por razón de gobierno; 
no por genio propio, sino por arte. Sus costumbres mas 
hande ser políticas que naturales; sus deseos mas han 
de nacer del corazón de la república que del suyo. Los 



*llir..Hiit.lIlt|l.,l.n,c.1S. 

• QaiaiiDomiiíDsiniiinitnc, el noa Imjrapent. (Jac, 1,S.) 
1 Rcgum esi iu rliere, nt noa modo houlni , sed ne cnplililaU 
foidciasenlas. (N.Tül].,laoral. ptDSjtt.) 



DON DIEGO DE SAAVBDRA FAJABDO. 



particulares se gobiernan £ sn modo; lo« príncipes »- 
gun la conveniencia común. En los particulares es do- 
blez disimular sos pasiones; en los principes razón de 
estado. Ningún afecto »e descubrió en Tiberio cuando 
Pisón, ejecutada por su orden la muerte de Germánico 
se le puso delante 8. Quien gobierna £ todos, con todos 
hade mudar de afecto, ó mostrarse,» conviniera des- 
nudo dellos 9. Una misma hora le ha de ver uvero y 
benigno, justiciero y clemente, liberal; parco, según 
la variedad de los casos lO; en que fué gran maestro Ti- 
berio , viéndose en su frente tan mezcladas las señalej 
de ira y mansedumbre , que no se podia penetrar por 
ellas su ánimo n. El buen príncipe domina £ si mismo 
y sirve al pueblo. Si no se vence y disfraza sus inclina- 
ciones naturales, obrará siempre uniformemente, y se 
conocerán por ellas sus Gneg, contra un principal do- 
cumento político de variar las acciones para celar los 
intentos. Todos los principes peligran porque les pe- 
netran el natural, y por él les ganan la voluntad, que 
tanto conviene mantenerlibre para saber gobernar. En 
reconociendo los ministros la inclinación del príncipe, 
le lisonjean , dando á entender que son del mismo hu- 
mor. Siguen sus temas, y viene á ser un gobierno de 
obstinados. Cuando conviniere ganar los ánimos y el 
aplauso común , finja el príncipe que naturalmente ama 
6 aborrece lo mismo que ama y aborrece el pueblo. 

Entre los afectos y pasiones cuenta Aristdteles la 
vergüenza, y la excluye del número de las virtudes mo- 
rrales , porque es un miedo de la infamia , y parece qus 
no puede caer en el varón bueno y constante, elciiíil, 
obrando conforme la razón, de ninguna cosa se debe 
avergonzar. Pero san Ambrosio la llama virtud , que da 
modo i. las acciones **; lo cual se podría entender de 
aquella vergüenza ingenua y natural que nos presflva 
de incurrir en cosas torpes é ignominiosas, y es sefial 
de un buen natural , y argumento que están en el áni- 
mo las semillas de las virtudes , aunque no bien ami- 
gadas, y que Aristóteles habla de la vergQenza viciosa 
y destemplada, la cual es nociva alas virtudes, asi co- 
mo un mió ligero cria y sustenta las yerbas,ys¡piLsa 
áserescarchftfjas cuece y abrasa. Ninguna virtud tiene 
libre ejercicio donde esta pasión es sobrada, y ningu- 
na es mas dañosa en los principe!, ni que mas se cebe 
en la generosidad de sus ánimos, cuya candidez (si ya 
no es poco valor) se avergüenza de negar, de contra- 
decir, de reprehender y de castigar. Eacógense eosu 
grandeza, y en ella se asombran y atemorítan, y de se- 
ñores, se hacen esclavos de si mismos j de los otros. 

■ Nalla migls eiterrJtDs ctl, ipiaii qnoá TUcilata aiie m\im- 
UoDB , sine in obsUnitiu , clauuMfaa vldil, h qio aticen pK- 
TDm)iertlnr. iTicJlb. 3, Au.) 

■ linl esi sapere, qoi, nbkEEniine opu lit, animan poiii< 
fleelere. (Terenl.) 

10 Tamporliptari decaí. (Sen., iaMed.) 

11 Onilnreciulleatfall.eiijasmnilemhaaiIbeUepIsqliD 
displcera potatt, adra lertll el miscslt Ine et clemenUae sIid). 
(Tic, 1. 3 , Add.) 

<■ Pulcbn virOHcit TBreenBdla.ettnTiiinUa.iueRNie- 
lnin In ricUs lul etlBii In Ipais apectttnr («niontbnt, le ■odaai 
praeurgredlarb loquDdi , ne inN ladewrui lemo reMiii uu. 
tS. Anb.) 



.LiOOglC 



IDEA DE UN PBlNaPB 
Porns rostros se esparce el color de la fergüenu, qaa 
babia de estar as el del adulador, del mentiroso y del 
delincueote, ;hu;eiido de si mismos, se dejan engañar 
«gobernar. Ofrecen y dan loque les piden, sin eiami- 
Dir méritos rendidos i la demanda. Siguen les opinio- 
Des ajenas, aonqne conozcan que no son acertadas, por 
DO teoer constancia para repiior, eligiendo antes el 
ser convencidos que conrencer; de donde nacen gra- 
mÍBiosiiicoDveníentesielloiyásusestados. No se lia 
de empachar la frente del quegobiema; «empre se ha 
de mostrar serena y Brme 13; y así, coniiene muctio cu- 
nr i los principes esta pasión , y rompelles este empa- 
cbii nalnral, armándoles de valor y constancia el áni- 
mo y el rostro contra la lisonja, la mentira, el, engaño 
y la malicia , pera que puedan reprehendellas y castiga- 
Das , consemndo la entereza real en todas sus accio- 
nes y moviniientos. Este afecto ú flaqueza fué muy po- 
derosa, en ios reyes don Juan el Segundo y don Enrt* 
que el Coarto, y asf peligró tanto en ellos lareputacion 
y la corona. En la cura desta pasión es menester gran 
(ioito , porque si bien los demás vicios S6 han de co^ 
(ar de raíz como las zarzas , este se ha de podar sola- 
mente, qoitindole lo superfluo, y dejando viva aquella 
parte de vergüenza que es guarda de las virtudes , y la 
que compone todas las acciones del hombre, porque sin 
csle freno quedaría indómito el ánimo del principe , y 
no reparando en la indecencia ^ infamia, fácilmente 
seguiña susantojos, facilitados del poder, y se preci- 
pitaría. Si apenas con buenas artes se puede conservar 
la vergúaua ■*, ¡¡¡tté seria ai se la quitásemos? En per- 
diéndola Tiberio, se entregú á todos tos vicios y tira- 
DÍis O, Por esto dijo Platón que , temiendo Júpiter no 
se perdiese el género humano, ordoió á Mercurio que 
reparti«ee entre los hambres la vergijenza y la justicia, 
para qoe se pudiese conservar. 

No es menos dañoso en los príncipes, ni may.distaD- 
te desta pasión, la de la conmiseración, cuando ligera- 
mente se apodera del ánimo , y na deja obrar á la razón 
Tá la justicia, porque condoliéndose de entristecer á 
otros 6 coD la reprehensión 6 con el castigo, no se opo- 
nen i los incraivenientes, aunque los reconozcan , y de- 
jan correr las cosas. Hácense sordos á los clamores del 
puebla. No les mueven á compasión los daños públicos, 
y la tienen de tres ó cuatro que son autores dellos. Há- 



■ Tebiue[ii]llini,qMe 

lisia frantea detidtnnt. ( Seoco.) 
" Vuartibu haiesüs pndor retlielir. [Tic, 1. H, Aid.) 
■> tMttmn in uelen ilanl , *c dídscon pronplt , paiU|uia 

noM padon, ac mtta, *io biBiaa iBgttlo subitnr. (Tao., 



POLiTICO-CWSTIANO. „ SS 

llanse confusos en el delito ajeno, y por desembarazarso 
de si mismos, eligen antes el disimular ó el perdonar 
que el averigualle. Flaqueza es de la razón y cobardía 
de la prudencia, y conviene mucho corar con tiempo 
esta enfermedad del ánimo ; pero con la misma adver- 
tencia que la de la vergüenza viciosa, para qne sola- 
mente su corte aquella parte de conmiseración flaca y 
afeminada , que impide el obrar varonilmente ; y se deje 
aquella compasión generosa (virtud propia del princi- 
pado ) 16 cuando la dicta la razón sin daño del sosiegn 
público. La una y otra pasión de vergüenza y conmise- 
ración se vencen y sujetan con algunos actos opuestos 
i ellas , que enjuguen y desequen aquella ternura del 
corazón, aquella fragilidad del ánimo, y le hagan ro- 
busto librándole destos temores serviles. A pocas veces 
que pueda el principe (aunque seo en cosas menores) 
tener el ánimo firme y constante , y reconocer su po- 
testad y su obligación , podrá después hacer lo mismo 
en las mayores. Todo está en desempacharse una vez, 
y hacerse temer y reverenciar. 

Otras dos pasiones sondañosasá la juventud , «I mie- 
do y la obstinación. El miedo, cuando el Principe lo te- 
me todo, y desconfiado de sus acciones , ni se atreve á 
hablar ni á obrar; piensa que en nada ha de saber acer- 
tar¡rebusa el salir en público, y ama la soledad. Esto 
nacedelaeducacion femenil, retirada (tel trato humano, 
y de la falta de eiperíencias; y asi, se cura con ella , in- 
troduciéndole audiencias de 'tos subditos y délos foras- 
teros , y sacándole por las calles y plazas á que reco- 
nozca la gente, y conciba las cosas como son , y no como 
setas pinta la imaginación. En su cuarto tengan libra 
entrada y comunicación los gentileshombres de la cá- 
mara de su padre, y toscortesanos de valor, ingenio y 
eiperíencia,comosepracticóen España hasta el tiem- 
po del rejFilipe II, el cual, escarmentado en las desen- 
volturas del príncipe donCárlos, su hijo, estrechó la co- 
municación de los demás , y huyendo de un inconve- 
niente, dio en otro mas fácil á suceder, que es el en- 
cogimiento, dañoso en quien ha de mandar y bacerse 
obedecer. 

La obstinación es parte de miedo y parte de una ig- 
navia natural , cuando el príncipe no quiere obrar y se 
está quedo á vista de la enseñanza. Esta frialdad del 
ánimo se cura con el fuego y estímulos de la gloria, ctH 
mo con las espue!as lo reacio de los potros , poniendo 
pocoá poco al Principe en el camino, y alabándolo ios 
pasos que diere , aunque sea con alabanzas desiguales ' 
ó fingidas. 

M Principiiii* «Din pioption til nlurirl. [S.ChiriO 



iiGoogle 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



EMPRESA VIII. 



Considerada anduvo ra naturaleía con el anicornio. 

Entrelosojos le puso las amas dala ira. Bienes me- 
nester que se mire á dos luces esU pasión tan tirana 
de los acciones, tan señora de los movimientos del áni- 
mo. Con la misma llama que levanta se deslumbre. 
El tiempo solamente la diferencia de la locura. Eo la 
ira no es un hombre el mismo que antes, porque cwin 
ella sale de sí. No la ha menester la fortaleza i para 
Obrar, porque esta es constante , aquella varia ; esta sa- 
na , y aquella enferma *, No se vencen las baUlIas con 
Ja liviandad y ligereza déla ira. Ni es fortaleía la que 
se mueve sin raion. Ninguna enfermedad del ánimo 
mas contra el decoro del principe queesla, porque el 
airarse supone desacato <i ofensa recibida ; ninguna 
mas opuesta d su oficio, porque ninguna turba masía 
serenidad del juicio, que tan claro le lia menester el 
que mande. El príncipe que se deja llevar de la ira, 
pone en la mano de quien le irrita las llaves de su cora- 
zón, j te da potestad sobre sí mismo. Si tuviera por 
ofensa que otro le descompusiese el manto real , tenga 
■por reputación que ninguno le descomponga el ánimo. 
Fácilmente le descubrirían sus desioios, y prenderían 
su voluntad las asechanzas de un enojo. 

Es la ira una polilla que se cria y ceba en la púrpura. 
No sabe ser sufrido el poder; la pompa engendra so- 
beitia , y la soberbia ira. Delicada es la condición de 
los principes , espejo que fácilmente se empaña , cielo 
que con ligeros vapores se conturba y fulmina rayos; 
vicio que ordinariamente cae en ánimos grandes y ge- 
nerosos , impacientes y mal sufridos , á semejanza del 
mar, que siendo un cuerpo tan poderoso y noble, se 
conmueve y perturba con cualquier soplo de viento; si 
bien dura mas la mareta en los pechos de los Veyes que 
en él i principalmente cuando intervienen ofensas del 
honor, porque no les parece que le pueden recobrar 
sin la venganza. Nunca pudo el rey don Alonso el Ter- 

* fon dcsidenl rarlIiDda idToeitim inm. (Cii«r.) 
t QBid iiutiiis fst quain hinc ib iricDHilii pelen pranldíom 
nm iiihilen »i incert» , BlcleiB ab InAda , unin «b legn! [St- 



cero 3 olvidar U detcortesía del rey don Sancho d« Na- 
varra, porque dada la batalla de Arcos , volvió á su 
corte sin despedirse del , y no sosegú en la ofensa basta 
que le quitó el reino. Es la ira de los principes conao la 
pólvora, que, en encendiéndose, no puede dejar de 
hacer su cfeto. Mensajera de ta muerte la llamó el Es- 
píritu Santo'; y así, conviene mucho que vivan siem- 
pre señores della. No es bien que quien ha de mandar 
á todos, obedezca á esta pasión. Considérenlos prínci- 
pes que por esto no se puso en sus manos por ceptro 
cosa con que pudiesen ofender, y si tal vez llevaa los 
reyes delante un estoque desnado, insignia es de justi- 
cia, no de venganza, y aun entonces le lleva otra ma- 
no, para que se interponga el mandato entre la ira y la 
ejecución. De los principes pende la salud pública, v 
pcligraria ligeramente si tuviesen tan precipitado con- 
sejero como es la ira, ¡Quién estaría seguro de sus 
manos? Porque es rayo cuando la impele la potestad. 
(I £ parque la ira del Rey (dijo el rey don Alonso en sus 
Partidas) ^ es mas fuerte é mas dañosa que la de los 
otros bornes , porque la puede mas aína complir, por 
ende debe ser mas aperccbido, quando la oviere, en sa- 
berla sofrir.» Sí los príncipes se viesen cuando están ai- 
rados, conocerían que os descompostura indigna déla . 
majestad, cuyososicgo y dulce armonía de las palabras < 
y de las acciones mas ha de atraer que espantar; mas 
ha de dejar amarse que hacerse temer. i 

Reprima pues el principe los efectos de ta ira , y si : 
no, suspendasu furor, y tome tiempo para la ejecución; 
porque, como dijo el mismo rey don Alonso c : «Debe el 
Rey sofrirse en la saña fasta que sea pasada , é quando 
loficiere, seguírsele ha gran pro, ca podrá escoger la 
verdad , é facer con derecho lo que ficiere. >> En si ex- 
perimentó el emperador Teodosio este inconveniente, j 
hizo una ley que las sentencias capitales no se ejecuta- 
sen hasta después de treinta días. Este de««to había be- 



iHar.,Hlil. Hlsp.,l. tl,c. 18. 

* Indlgiilio Rf(1i , nniUi m«[U>. Iftn. 16, 14.) 
■ L. 10, tit.5', pin. II. 

• L.10,UL5,p«l.a. ,, «AjOOQIC 



IDB4 DE m PRINCIPE 
ciw[viiDcro Tiberio hMU(olo« diez, p«ro noqneriaque 
sercTocuela uateDcia 1. Bígd considerado, si fuera 
pvi dir Iu|ar i !& gracia del príQcipe j & que se reco- 
axkssii]; pero Tiberio, como tan cruel, no usaba 
dcBo !. A Aogasto César acooseji ArLenedoro que no 
díHtírdeiMseaojido,sin haber primero proDuuciado 
bsieinte y coatro letras del abecedario griego. 

Stcnda pues la ira un breve furor opuesto á la tar- 
dmudeli consulta, su remedio es el consejo, no re- 
wttiéndoEe el príncipe á la ejecución hasta haberse 
ooonlUdo. Despreció la reina de Vastho el llamamiento 
MnjÁsavrOij aunque se indignó del desacato, no 
fntM al castro hasta haber tomado el parecer de 
iMgnodcsde su reino 9. 

Li coalérencía sobre la injuria recibida enciende mas 
Í)in;por4sto prohibid Piügoras que no se hiriese el 
'\itp con la espada, porque la agitación aviva mas las 
Sunas, y no tiene mayor remedio la ira que el sileocio 
irttiro. Per si misma se consume y extingue. Aun las 
^librasblandas suelen ser roclossobrela fragua, que 
áeDciendenmas. 

Uibiía la ira en las orejas , ó por lo menos está casi 
ároprt asoDada i ellas ; estas debe cautelar et pr¡nci< 
p«, púa que 00 le obliguen siniestras relaciones á des- 
compoDerse con ella ligeramente iC Por esto creo que 
li cstiUis de Júpiter en Creta no tenia orejas , porque 
en loiqne gobiemaD suelea ser de mas daño que prove- 
áa : 30 por necesarias las juzgo en los príncipes, como 
«siéobiaiadTertídasysa consulten con la prudencia, 
«a d(>jirseU«nr de las primeras impresiones. Conve- 
Qi'tDla es a¡ eilos la ira , cuando la razón la mueve y la 
rntdencia la compone. Donde no ék\á la ira, falla la jus- 
liciaii. Li paciencia demasiada aumenta los vicios y 
bice atrevida la obediencia. 

Su&illo todo, 6 es ignorancia ó servidumbre , y algu- 
Kiicces poca estimación de si mismo. El durar en la 
ira para sitisraccion deagraTiosyparad^arescarmien- 
KBdciqariis hechas á la dignidad real, no es vicio, si- 
u nnod, ai que no queda ofeudida la mansedumbre. 
(Qúéa mas apacible y manso que David <^ Varou se- 
EoadconioadeDiosis, tan blando en las venganzas 
! Un correado en sus iras, que teuiendo en las manos 
I sueaeniígo Saúl, se contentó con quitalie un girón 
dil Testido, y ann después se arrepintió de haberle cor- 
tado II; j con todo esto, habiendo Hammon hecho raer 
Ik barbas y desgarrarlos vestidos de tos embajadores 

' Ufw iVu ipailED daDDaili praroíarelnr, ud noa Seaatuí 
'i'(n>i)lrM>llcn<aMcnL(T>c.,lib. S.Add.) 

''^quTüKriu bleijccU tempDrls mlUgibatar. (Tac. , UU.} 

' Duttenili, etadReiíiimperism, qnodper eannehcs mio- 
tXHiiiitiirc csilcmptlL nidc iralu H«i, c( Dimlo Inrore lae- 
""u. lBitrr«|iTii iipiíDicE , qal ex ñora regio lenper el ade- 

^t EilL. 1,11.1 
■< Sil Muu hoBo Teloi id aadleadun, tardsa aatem id lo- 

tiaia , el Ufdaa id Inn. (Jacob., 1 , 19.) 
" ÜDc iriKl canTenll jiitltiie caau. (Siob. , ttin. V.) 
'■hacBíB, Dobídc, OiTld, et omali maBsaeladiais ejni. 

^- Bl , 1.1 

''iKtiiDi^lllaa Jetae.tiram teeandamcot meam. (Att, 

0,11. . 

" SvmU trfg DatM , M pnecidli aran cblamidLi Sinl illen- 
» hükiM Fcmuit cot aiam Datld , eo qiod ibacldiucl gliB 
rllU|lilS)ll.(],Re{.,l|,S.J 



POLiTICO-CRISTiANO. « 

que enviaba i dalle el pésame por la muerte de su pa- 
dre, y creyendo que era estratagema para espiar sus 
acciones is, ie movió la guerra , y ocupadas las ciudades 
de su estado, las saqueó , haciendo aserrar d sus ciuda- 
danos, y trillarlos cou trillos de hierro, y después les 
mandó capolar con cuchillos y abrasar en hornos tS. 
Crueldad y exceso de ira parecerá esto á quien no su- 
piere que todo es menester para curar de suerte las he- 
ridas de los desacatos, que no queden señales dolías. 
Con el hierro y el fuego amenazó Anajérjes fi las ciu- 
dades y provincias que no obedeciesen un decreto su- 
yo, y que dejaría ejemplo de su desprecio y inobedien- 
cia á los hombres y á las bestias <^. De Dios podemus 
aprender esta politice eu el eilrerao rígor que stn oleiw 
sa de su misericordia usó con el ejército de Siria, por- 
que le llamaron Dios de los montes u. Parte es de la re- 
pública la soberanía de los principes, y no puedei| re- 
nunciar sus ofensas y injurias. 

También es" loable y muy importante en los princi- 
pes aquella ira hija de la razón , que estimulada de la 
gloría , obliga á lo arduo y glorioso , sin la cual ningí^- 
na cosa grande se puede comenzar ni acabar. Esta es 
la qne con generosos espíritus ceba el coraron, y lo 
mantiene animoso para vencer dificultades. Piedra de 
amolar de la fortaleza la llamaron los académicos y 
compañera de la virtud, Plutarco. 

En los principios del reinado debe el príncipe disi- 
mular la ira, y perdonar las Ofensas recibidas antes , ro- 
mo lo hizo el rey don Sancha el Fuerte 13 cuando suce- 
dió en la corona de Casulla. Con el imperio se muda de 
naturaleza , y as! también se ha de mudar de afectos j 
pasiones. Superchería sería del poder vengarse dequien 
ya obedece. Conténtese el ofendido de verse señor, y 
vasalla al ofensor. No pudo el caso d^lle mas generosa 
venganza. Esto consideró el rey de Francia Ludovi- 
co XII, cuando proponiéndole que vengase las injurias 
recibidas »endo duque de Orlieus, dijo : «No convie- 
ne aun rey de Fraociavengar las iiijut-ias del duque de 
Orliens.D 

Las ofensas particulares hechas á la persona , y no i 
la dignidad, noha de vengar el príncipe con la fuerza 
del poder; porque, si bien parecen iuseparables, con- 
viene en muchas acciones hacer esta distinción , para 
que no sea terrible y odiosa la majestad. En esto creo 
se fundó la respuesta de Tiberio cuando dijo que si 
Pisón no tenia en la muerte de Germánico mas culpa 
que haberse holgado della y de su dolor, no queria cas- 
tigarlas enemistades particulares con la fuerza de prin- 
cipe *o. Al contrarío , no ha de vengar el principe como 



1 , Pañi., 



M9. 



le PapaluniqiiaqueejDiiddueeDa ferritll.cl circamegil ia|>rr 
eoaremla urpenu : dltlallqse col tria, el Iradoxlt in l;po liileían: 
Ble fetll nnl tenis eWiliUbaí DllúniQi Ammoii. Il.lTef. , 11,31.) 

11 [II non Bolum homlnlbus , sed eUim beslils Ib vii til la íem- 
pLtarnnm, pro eiem)ilo conlemplaa, ellaobcdieiiUae. (Ealh., t<>,U.\ 

» Qoli diieroDt S)tI : Dens monliam eal Docnlnuí , el non eM 
Deas villlaiD : daba omneai maltiladlDem tiiDC grandem la mapa 
t», eiicletls, iia1i«ta suai Dominaa. \i, fteg. ,'iO, 'i8,¡ 

H Mir.HIst. HIip..1. M, MD. 

M Nam >i legiiia ofUcii itmlnoa, obseqaium ergí Imperaioreía 
eiali, eJatdemtoeiBone, aliñen aiealieáiBaeai; adero, tapa- 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



parücular lu ofeiins hechas al oficio óit Estado, dejdo- 
dQse luego llerar de la pasión, y haciendo reputación la 
venganza, cuaiido conTÍene direrílla para otro tiempo, 
á perdonar; porgue la ira en los principes uo ha de ser 
inovimieoto del Animo, sino de la conveniencia pública. 
A esta miró el rey don Fernando el Calálico u, cuando 
habiéndole el rey de Granada negado el tributo que so- 
lian pagar sus antecesores, diciendo que eran ;a muer- 
tos , y que en sus casas de moneda no se labraba oro ni 
plata , sino se forjaban albnjeg ; hierros de Unzas , di- 
aimulú esta libertad y arrogancia , 7 asentó treguas con 
él , remitiendo la venganza para cuando Ibb cosas de su 
reino estuviesen quietas, en que se consultó mas con el 
bien público que con su ira particular >>. 

Es [amhien oücio de la prudencia disimular la ira; 
los enojos cuando se presume que puede suceder tiem- 
po en que sea dañoso el haberlos descubierto. Por esto 
el réy Católico don Fernando , aunque le tenian mu; 
ofendido los grandes, disimuld con ellos cuando dejó 
el gobierno de Castilla, 7 se retiró i Aragón, despi- 
diéndose dellos can tan agradable semblante, ; tan sin 
darse por entendido de las oFensas recibidas , como si 
anteviera que hsbia de volver al gobierno del reino, co- 
mo sucedió después. 

Uo pecho generoso disimula las injurias, ; no las 
borra con la ejecución de la ira , sino con sus mismas 
hazañas : noble y valerosa venganza. Murmuraba un 
caballero (cuando el rey don Femando el Santo estaba 
sobre Sevilla XI) de Garci Pérez de Vargas , que no era 
de su linaje el escudo ondeado que traia; disimuló la 
ofensa, y al dar un asalto d Tríane , se adelantó y peleó 
tan valientemente , que sacó el escudo abollado y cu- 
bierto da saetas , y volviéndose i su émulo , que estaba 
en lugar seguro, dijo : a Con rezan nos quitáis el escu- 
do de nuestro linaje, pues lo ponemos en tales peligros; 

ngnqic i damD nu.el prlislts inlDiclUii, non prlndpii,il- 
ctKir. iTic, lib. t, küt.) 

« Hir„HiM.HItp.,I.U,c. IS. 

« Fiianí eutlm Indiul inm iniB : 41) Mltn díMlmnlil ii- 
Juritin , ullidaí esl. |Pra<. 11 , 18.) 

n llir.,UÍEl.Ellip.,1.13,«.T. 



VOS lo merecéis mejor, que la recatáis mas.» Son mi 
sufridos en las celumniaslos que se hallan libres i^ 
Mas , y no es menor valor vencer esta pasión que al cnt 
migo. 

Encender la ira del principe no es menos pelignM 
que dar fuego á une mina ó í un petardo , y aunque ti 
eniavor propio, es prudencia templalla , priDcipalma 
te cuando es contra personas poderosas, porque tili 
iras suelen revontar de^ués en daño de quien tas cri 
sa. En esto se fundaron los moros de Toledo**, cuinl 
procuraron aplacar el enojo del rey don Alonso el Sed 
contra el arzobispo de Toledo y contra la Reina, pora 
les habían quitado la mezquita sin orden suya. Dw 
dotrins se sacan dos avisos prudentes. El primero, q« 
los ministros han de representar blandamente al prli 
cipe (cuando es obligación de su oficio) las cosas ;i 
pueden encendelle la ira ó causalle disgusto B; porqo 
alborotado el ánimo, se vuelve contn quien las relien 
aunque no tenga culpa y lo haga' con buen celo. E 
segundo , que no solamente deben procurar con git 
destreza templar sus iras , sino ocultf lias. Aquellos dt 
serafines ( ministros de amor) que asistían & Dios eo I 
Vision de fsalas , con dos alas se envainan i sus ptéi 
y con otras dos le cubrían el semblante w, porque a 
tando indignado , no pusiese en tal desesperacioa í ¡o 
que le habian ofendido , que quisiesen antes tsüiáe 
bsjo de los montes que ensu presencia*, PasadoeKu' 
ror de la ira , se ofenden los principes de haber tcoidí 
iBstigosdelia, y aun de quien volvió loa ojosa su eje 
cucion, parque ambas cosas son opuestas d la beuigai 
dad real. Por esto Dios conveitió en estatua Is mujt 
deLotW. 



M Dnitiai )lis leliblnt t*tíia ejuí , el 
elus, iTMi..e,í.l 

ti Ciillle saper noi , el ibieoaaue ios 
UtronnEi , el >b In A|iii. lApoc. , e, 16.) 

M Respielensiiue uior eju) f Dst te , ter 
(CeD.,ig,».) 



111 relati. (Cit. Tii 
dnib» veliluxlK'' 
I rteie Mdenlii nr 
1 eii in lumiei nll 



,vGoosle 



IDEA DE UN PRlNaPE POLITICO-CRISTIAKO. 



EMPRESA IX. 



uo propio daño se streve la iovidia á las glorias ; 
'.-úleos de Hércules. Sangrienta queda su boca cuando 
,vne la& dientes en las puoUs de su clara. De sí iDisma 
i<! 'ooga. Parecida es al hierro , que con la sangre que 
nerte se cubre de rü!iin j se consume. Todos los vicios 
i^Ktn de arguna apariencia de bien ó delectación ; este 
ée un inUmo lormento y reacor del bien ajeno. A los 
utmás les llega después el castigo ; á este antes. Prí- 
inero se ceba U invidia en las eutranas propias que en 
tilioDordct*eciaoi. Sombra es de la virtud. Huya su 
luí quien la qoisiere evitar. El sacar á los rayos del sol 
sus (yos el bdu , causa emulacionyinvidia alas demás 
lies. So Je persiguieran si se encerrara en el olvido y 
uxnbrasdelaDaclie. Conlaigualiladaobaycompeten- 
r:i : eo creciendo la fortuna de uno , crece la invidia del 
.ij-o 1 Semejante es á la zizana , que no acomete d las 
cueses bajas, sino i las altas cuando llevan Iruto^, Y 
i;i , descoDóicase i la fama , á las dignidades y á ios 
«kios d que se quisiere desconocer á la invidia. En la 
' J'iuna mediana son menores los peligros K Régulo vi- 
^-j wgaro entre las crueldades de Nerón , porque su 
:iül>leu aoen j sus riquezas moderadas do le causaban 
.'■idiai; pero seria indigna temor de uo ánimo gene- 
Mt). Lo que se invidia es lo que nos luce mayores. Lo 
'jTK se compadece nos eslá mal . Mejor es ser invidiados 
'jue compadecidos. La invidia es estimulo de la virtud, 
< Fspiaa que como á la rosa la'conserva. í'dcilmente se 
'>íicnidaria si no fuese emulada. A mucbos bizo gran- 
des '4 «oolaciiNi, y i mucbos Felices la invidia. Laglo- 
m i£ Soma creció con la emulación de Cartago. La del 
Carlos V con la del rey Francisco de Pran- 
La inñdia trajo á Roma á Sixto V, de donde naciii 

'hnrHaouin, liTldli.[Pn>i.U.SO.) 

t tsma aortaliaii nilsn, mtilcm aliornm tttkllilem tegrit 
'1 » »[n(fic«re , BadaDiiie fortinic i nallii nafis eiigere, 
ua^mu ir^o ilderc. (Tac, lUi, t, Hlil.) 

■ CiB n¡rm enñati bcrtí , el rnciain feciiscí , Iinc ippi- 
:-Tui «t liíaili. (ll)Ub. , 13 , le.) 

' £1 mtti»aiUU rornii* panclon r«rltal( lUI. (Tai:., lib. 14, 

- Qui Mf) icMiii dariiiaiie , anut IniMIoilt opUot cni. 



su fortuna. Ningún remedio mejor que el despri ció, j 
levantarse ¿ lo glorioso basta que el invidioso pierda de 
vista al que persigue. La sombra de la tierra llega has- 
ta e primer orbe, conlin de los elementos , y manclia 
los resplandores de la luna ; pero no ofeode á ios plane- 
tas mas levantados. Cuando es grande la fueru de] sol 
vence y deabace las nieblas. No liay iuvidia , si es muy 
desigual la competencia; yesl, solo este es su remedio. 
Cuanto mas presto se subiere al lugar mas alto, tanto 
menor será la invidia. No liace Lumo el fuego que se 
enciende luego. Mientras regatean entre si los méritos, 
crece la invidia y se arma contra aquel que se adelan- 
ta. La soberbia y desprecio de los demás es quien en lu 
felicidad irrita á la invidia y la nirzola con el odio. La 
modestia la reprime , porque no se invidia por felia & 
quíennose tiene por tul. Con este llnserclirúSaul ásu 
casa^luegoque fué ungido pur rey; y mostrando que 
no le engreía la di(jnjdud, arrimó el ceplro y puso la 
mano eo el arado. 

Es también remedio cierto levantar la fortuna en pro- 
vincias remotas , porque el que viú nacer y ve crecer al 
sugeto, le invidia. Has por la vista que por el oido entra 
la invidia. Muchos varones grandesla pensaron huir, re- 
tirándose de los puestos altos. Tarquinio , cónsul , por 
quitarse de los ojos déla invidia , eligió voluntariamen- 
te el destierro. Valerio Publio quemó sus casas, cuya 
grandeza le causaba invidiosos. Fabio renunció el con- 
sulado, diciendo : a Agora dejará la invidia ¿ la familia 
de los Fabios.D Pero pienso que se engañaron , parque 
antes es dar venganzay ocasión i la invidia, la cual no 
deja al que una fez persiguió basta ponelle en la última 
miseria. No tiene sombras el sol cuando está en la ma- 
yor altura; pero al paso que va declinando crecen, y se 
extienden; así la invidia persigue con mayor fuerza al 
que empieza á caer, j como hija de ánimos cobardes, 
siempre teme que podrá volver ¿ levantarse. Aun echa- 
do Daniel á los leones , le pareció al rey Darlo que no 
estaba seguro de los que iuvidiabansu valimiento; y te- 
miendo mas la invidia de los hombres que el furor de 

• l,lt<|.,C,tOCIlt. 



80 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



las (leras , selló Is piedra con que se cerraba la leonera, 
pori)ue allí no le ofendiesen t. Algunas veces se e?ila la 
invidia , ó por lo menos sus efelos , embarcando en la 
niisma fortuna í los que pueden iuTidialla. As! la remo- 
ra >, que fuera del navio detiene so curso, pierde su 
fuena si la recogen dentro. 

No siempre roe la iuvidia los cedros lerantados; tal 
TOzromptí sus dientes y ensaegríenta sus labios en tos 
espinos humildes, roas injuriados que favorecidos de la 



la despierta. Por esto ponia tanto cuidado la república 
romana en la tasa de los gastos superfinos y en dividir 
los campos y las bacieudas, para que fuese igual la fa- 
cultad y poder de sus ciudadanos. 

La iuvidia en los principes es indigna de SU grande- 
za, por ser vicio del inferior contra el mayor, y porque 
no es muclia la gloría que no puede resplandecer ai QO 
escurece á las demás. Las pirámides de Egipto fueron 
milagro del mundo , porque en sf mismas Icoían la luz. 



naluruleza , y le arrebatan los ojos y la indignación las I sin manctiar con sus sombres las cosas vecinas s. Fia- 
miserias y calamidades ajenas; ó ya sea que desvario su 1 quezaes ecliar menos en sf lo que se invidia en otro. 
malicia , 6 ya que no puede sufrir el valor y constancia | Esta pasión es mas ríl cuando el principe inviina el va- 
dul que padece y la fama que resujta de los agravios de 1 lor ú la prudencia de sus ministros, porque estos snn 



la fortuna. Muchas causas decompnsion, y pocasó 
guna de invidia, se hallan qn el autor deste libro , y 
liay quien iuvidia sus trabajos y continuas fatigas , 6 no 
advertidas ú no remuneradas. Fatal es la emulación 
contra él. Por si misma nace , y se levanta sin causa, 
atribuyéndole cargos , que primero los oye que los ha- 
ya imaginado; pero no bastan S turbar la seguridad de 
«u ánimo Cándido y atento á sus obligaciones; antes 
ama á la invidia porque le despierta, y á la emulación 
porque te incita. 

Los príncipes, que tan superiores se hallan á ios de- 
mis , desprecien la invidia. Quien no tuviere valor para 
ella , no te tendrá para ser principe. Intentar vencella 
con los beneficias ó con el rigor es imprudente empre- 
sa. Todos los monstruos sujelú Hércules, y contra este 
ni bastd la fuerza ni el beneficio; por ninguno depone 
el pueblo las murmuraciones; todos le parecen deuda, 
y se los-promete mayores que lof que recibe. Las mur- 
muraciones no han de extinguir en el principe el afecto 
á lo glorioso. Nada le lia de acobardar en sus empresas. 
Ladran los perros á la luna , y ella con majestuoso des- 
precio prosigue el curso de su viaje. La primer regia 
del dominar es saber tolerar la invidia. 

La invidia no es muy dañosa en las monarquías ; an- 
tes suele encender la victudy dalla mas á conocer cuan- 
do el principe esjusto y constante, y no da ligero cré- 
dito á las calumnies. Pero en las repúblicas, donde ca- 
da uno es parte y puede ejecutar sus pasiones con la 
parcialidad de parientes y amigos , es muy peligrosa, 
porq)ie cria discordias y bandos , de donde nacen las 
guerras civiles, y destits las mudanzas de dominio. Ella 
es If que derribó áAnibafyá otros grandes varones eu 
los tiempos pasados, y en estos pudo poner en duda la 
gran lealtad de Angelo Baduero, clarísimo veneciano, 
gloria y ornamento de aquella república., tan Gno y tan 
celoso del bien pública , que aun desterrado y persegui- 
do injustamentede sus émulos, procuraba en todas pai^ 
les la conservación y grandeza de su patria. 

El remedio de la invidia en las repúblicas es la igual- 
dad común, prohibiendo la pompa y la ostentación, 
porque el crecimiento y lustre de las riquezas es quien 



1 Qatm obsiíDiilt Reí innilD ino , >t «unto optlmitmii u»- 
m, at quid IcrM cnnlri Dinleicii. (Div-, 6, 17.) 
* PccDltar[lrriBlratuDi.qDaiBoilD iilbicrens lenaissel, necidm 
iU«reliaaaii|iia rKepiDa. iPIUi., Ilb. S3,c. ].} 



partes suyas, y la cabeza no tiene invidia i los pies, 
porque son muy fuertes para sustentar el cuerpo, ni á 
los brazos por lo que obran; aoles se gloria de tener 
tales instrumentos. Pero ¿quién reducirá con razones 
BJ amor propio de los principes ? Como son superiores 
en el poder , lo quieren ser en las calidades del cuerpo 
y del ánimo. Aun la fama de los versos de Lucano daba 
cuidado á Nerón en medio de tantas grandezas ^i; y así, 
es menester que los que andan cerca de los principes 
estén muy advertidos, para huirla competencia con ellos 
del saber ú del valor; y si el caso los pusiere en ella, 
procuren ceder con destreza,' y concedelles el vcnci- 
miento. Lo uno 6 lo otro no solamente es prudencia, 
sino respeto. En aquel palacio de Dios que se le repre- 
sentó á Ecequiei estaban los querubines (espíritus de 
sciencia y sabiduría) encogidos, cubiertas las manos 
con las alas ^i. Solamente quisiera invidioso al prf ucipe 
de la adoración que causa en el valido el eiceao de sus 
fuvores, pereque los moderase. Pero no sé qué liecliizo 
es el de la gracia , que ciega la invidia del príncipe. Mi- 
ra Saúl can malos ojos i David, porque sus hazañas 
(con ser hechas en su servicio ) eran mas aclamadas 
quelassuyas<3,'y no envidia el reyAssuero ú Aman, 
su privado, obedecido como rey, y adorado de todosC 

Ninguna invidia mas peligrosa que la que nace entre 
los nobles; y asf , se ha de procurar que tos honeres y 
cargas no parezcan hereditarios en las familias, sino 
<que pasen de unas á otras , ocupando los muy ricos en 
puestos de-oslentacion y gasto, y tos pobres en aque- 
llos con que puedan rehacerse ; sustentar el esplendor 
de su nobleza. 

La emulación gloriosa , la que no invidia á la virtud 
y grandeza ajena , sino la echa menos en sf , y laprocu- 
ra adquirir con pruebas de su valor y ingenio, esta es 
loable ; no vicio , sino centella de virtud, nacida de un 
ánimo noble y generoso. La glona de Helchiades por 

■ Pjnmldei Is AEppta , quino In lao lUta ic iiabn conts- 
«lem , Dliri consirsciloDíi siiaili nalla pirte respicllor. iCasslod., 
Ilb. 6,»r. eplíi.,16.| 

•o LDcisnoi proprlie cídssc iccrdeliinl, qaod fimim canDi- 
nnm ejuí premebil Ntro. (Tic., lib. 15, Aun. I 

<i Apparnit íd Cbernlilii timUlladoiDaDuilioiiiillltilblBi peanas 
«OI-DIQ. lEiccli.,10,S.¡ 

t* Non redil trgu ocnlls Saol aspidebll David ii die iEla. ( t. 
Rpg., IS.fl.) 

o CnDctique Etrrl Regii, qnl ia foribui pallaUi venabaour, 
lltctebiDt raaai.Mtdonbant Aun, (Eiib,,!,*.) 



mCA DE UN PRÍNCIPE 
li iflorii fDealcuvi contra It» persas , eDcéDdid tales 
limas efl el pecho de Temlslocles, que consumieroD 
(lierdordesus tícÍos, ; compuestas sus costumbres, 
uKsdepnvadss, andaba por Atenas como fuera de si, 
áÜtLÍo que los trofeos de Helctiiades le quitaban el 
(DtDO T tiaiao desvelado. Hientres tuvo competidores 
vitellio corrígi6 sus vicios; en faltando les diú libre 
ticDdi''. Tal emulacioD es la que so lia de cebar en 
ItiTt^Jcas con los premios, los trofeos y estatuas, 
porqníM el alma de su consorracion y el espirilu de su 
ftaita. Por esto las repúblicas do Helvecia no ade- 
luUnsos confines, y salen dellas pocos varones gran- 
de .lunque no falla valory virtudá sus naturales, por- 
guesu príocípal instituto es la igualdad en todo , y en 
(ili cesa li emulación, y sin la competencia se cubren 
deceoiía las ascuas de la virtud militar. 

Pero ii bien es conveniente j necesaria esta emula- 
titraenlre los ministros , no deja de ser peligrosa , por- 
qot (I pueblo, antor detla <» , se divide , y aplaudiendo 
uws i DDO y otros i otro , se enciende la competencia 
(D «ufaos, y se levantan sediciones y tumultos. Tam- 
tiitn ti deseo de preferirse se arma de eoguños y artes, 
! « coavierte en odio y en iovidia la emulación ; de 
JwidenaceDgravcs inconvenientes. Desdeñado Metello 
te (¡ue le nombrasen por sucesor en España Citerior k 
Pompejo, j invidioso de su gloria , licenció los solda- 
dos , rallaqaeciá las armas , y suspendió las provisio- 
D«. Dtspuéshizo lo mismo Pompeyo cuando supo que 
erasa socesor e! cónsul Marco Popilio ; y porque no ga- 
Mselí gloria de vencer i, los numantinos , asentú paces 
con ellos, muy afrentosas É la grandeza romana. En 
Dwstroliempo se perdió Grol por las diferencias de los 
cabos que iban al socorro. Ninguna cosa mas perjudi- 



POLfTlCO-CRlSTIANO. 31 

cial á los principes, ni mas digna de remedio; y así, 
parece conveniente castigar al culpado y al que no lo 
es ; á aquel porque dio causa , y á este porque no cedió 
á su derecho, y dejó perder la ocasión. Si algún eiceso 
hay en este rigor, se recompensa con el beneficio pu- 
blico y con el ejemplo á los demás. Ninguna gran reso- 
lución sin alguna mezcla de agravio. Primero ha de mi- 
rar el vasallo por el servicio de su principe que por su 
sslisfacioQ. Pida después la recompensa de la ofensa 
recibida, y cargue por servicia el haberla tolerado. Va- 
lores en tal ceso el sofrimienlo del ministro, porque 
los ánimos generosos deben anteponer el servicio de 
sus reyes y el benelicio público á sus pasiones <B. Aria- 
tides y Temlstocles eran grandes enemigos , y bebien- 
do sido enviados á una embajada juntos, cuando llega- 
ron ¿la puerta de k ciudad dijo Arfslides : «¿Quieres, 
Temlstocles, que dejemos aqui nuestras enemistades, 
paretomallas después cuando salgamos?» Asi lo Una 
don Enrique de Guzman , duque de Hedina-Sidonia i^, 
que aunque muy encontrado con don Rodriga Ponce, 
marqués de Cádiz , la socorrió cuando le tenían cerca- 
do los moros en Alliama. Pero porque á menos costa 
se previenen los inconvenientes que se castigan des- 
pués , debe el prínéipe a tender mucho & no tener eu los 
puestos dos ministros de igual grandeza y autoridad, 
porque es difícil que entre ambos haya concordia ü. 
Habiendo de enviar Tiberio á Asia un ministro que era 
de igual calidad con el que estaba gobernando en aque- 
lla provincia , consideró el inconveniente; y porque no 
hubiese competencia coa él , envió un pretor , que era 
de menor grado '9. 

» ptintt odli pablicis ulililallbas reniUerf. (Tic, llb. 1, Ana.) 

11 Var., Hist Kisp. . I. Í5, c. l.i 

(■ AntoniB codfm lod (loleallam , et caacoriliiin tsst. { Tic, 
llb. 4. Aon.) 

*> Delectas «si H. AJtrus t pnetorii), ic coniularl ablineste 
Asiam , aepoalaiiu tnlcr pares, ti n *g Impedlmeiiiiiii orlreiar. 
(Tac.llb.S., Abd.) 



EMPRESA X. 



Suelioel halcón, procura librarse del cascabel, re- 
tODocíflido en su mido el peligro de su libertad , y que 
l^o consigo a quien le acusa , llamando con cualquier 



movimiento al camdor que le recobre, aunque se retire 
en lo mas oculto y secreto de las selvas. ¡ Oh , S cuántos 
lo sonoro de sus virtudes y heroicos hechos les desper- 

ü^jLcc.yLiOOglC 



3» 



DON DIEGO DB SAAVEDRA FAJARDO. 



ut )■ iavidit ; los redijo i dan serridambre 1 No ea 
menos peligrosa la buena fama que la mala *. Nunca 
Milciades bubiera en Ii prisión acabado iofelixinente «i 
vida , si sordo é incógnito su valor i la fama , j mode- 
rando sus pensamientos altivoi , se contentara con pa- 
recer igualé los demás ciudadanos de Atenas. Creció el 
aplauso de sus Vitorias , j no pudiendo los ojos de la 
onialadon resistir i los rayos de su fama , pasd i ser 
en aquella república sospecba lo que debiera ser esti- 
mación y agradecimiento. Temieran en sus cervices el 
yugo que imponía en las de sus enemigos , y mas el pe- 
Ugro futuro y incierto de su ioüdelidad , que el presente 
( aunque muclio mayor) de aquellos que trataban de la 
mina de la ciudad. No se consultan con la raionlassofr- 
pecbas , ni el recelo ge detiene i ponderar lascosas ni 
ti dejarse vencer del agradecimiento. Quiso mas aqu»- 
llarepúMica la ¡«"ision y infamia de un ciudadano, aun- 
' que benemérito della, que vivir todos en continuas sos- 
pechas. Los cartagineoseí quitaron í Safon el gobierno 
de España, celosos de su valor y poder, y desterraron 
á Anón, tan benemÉrito de aquella república, por la 
gloTia de sos navegaciones. No pudo sufrir aquel sena- 
do tanta industria y valor en un ciudadano. Viénnie 
ser el primero en domar un león, y temieron que los 
domaría quien bacía tratables las fieras. Asi premian 
hazañas y servicios las repúblicas. Ningún ciudadano 
cuenta por suyo el honor ú beneficio que recibeJa co- 
munidad; la ofensa sí ó la sospecba. Pocos concurren 
con su voto para premiar , y todos le dan para conde- 
nar. El que se levanta entre los demís, ese peligra. El 
celo de un ministro al bien público acusa el desamor de 
losdemis, su inteligencia descubre la Ignorancia ajena. 
De aqui nace el peligro de las Gneías w el aerricio del 
Príncipe, y el ser la virtud y el valor perseguidos como 
delitos. Para huir este aborrecimiento y invidia Salua- 
tio Crispo , se fingía soñoliento y para poco , aunque la 
fuerza de su ingenio era igual £ ios mayores negocios t; 
pero lo peor es , que á veces el mismo Principe siente 
que le quiebre el sueño el desvelo de su ministro , y le 
quisiera dormido como él. Por tanto, como bay hipo- 
cresía que finge virtudes y disimula vicios, e^ convie- 
ne que al contrario la haya para disimular el valor y 
■pagar la fama. Tanto procuró ocultar Agrícola la soya 
(temeroso de la invidia de Domiciano), que los que le 
velan tan humilde y modesto, si no la presuponían, no 
la hallaban en su persona 3. Con tiempo reconoció este 
inconveniente Germjnico , aunque no te valió, cuando 
vencidas muchas naciones, levantó un trofeo , y adver- 
tido dd peligro de la fama, no puso en él au nomlH% *. 



* Un bIbii piritiliB n bi|» limt, qaka et nila. iTu,, li 
\il. Afrti.) 

* Cnl ilior mimi loiemibii ■t(aUÍi pirisbcni, ceaifji it 
liviaiSM nollrelar, soBulDni tí InaiUlB MUnUktl. (Tk., 
Ub.«,Au.| 

> Vlia, «^((Uqde Afrícoli qBierrreal Fibib , paicl [Ditrjire- 
liranlnr. ¡Tic, In vil, Ainle-] 

* Debellitii laler RhfBua , AlblBqu iiUonlb» , nerdlsB 
Tibertl Citurli tt bodIbíiU Mirll , el Jorl , el A(|i»Ui 
*Um, de M iLhil adiliilLl «eln Inddiu, u 
IwU MtU «ic. (Tic , llb. 1, AiB.) 



El suyo ocultó San loan , cuando reOrió el fiíver qnete 
itabia hecho Jesua en la cene , y ai no foí política , toé 
inodestit advotida ^ Atm los soeñot de grandeza pro- 
pia causan invidia entre loa hermanos. La vida peligra 
en Josef , porque con maa ingenuidad que recato refiñt 
el Buráo de los manojos de espigas que ae homUlabaii 
al suyo, levantado entre los demís ; que ann la sombn 
de la grandeza ó el poder ser, da cuidado á la bridi) 
[>eligra la gloría en las propias virtudes y en los vid» 
ajenos B. No se teme en los hombres el vicio, porquelm 
hace esclavos; la virtud si, porque los haceseñ(H«s. 
Dominio tiene concedido de la misma naturaleza sobn 
losdemis, y no quieren las repúblicas que este domi- 
nio se halle en uno, sino en todos repartido igualmente. 
Es la virtud una voluntaria tiranía de los Animas; m 
menos los arrebata que la fuera , y para los celos de 
las repúblicas lo mismo es qne concurra el pueblo á Ii 
obediencia de uno por ratón que por violencia; anta 
aquella tiranía, por;ser justa,es maspelígrosaystnre- 
paro , lo cual dio causa y pretexto al ostracismo , y pa 
esto fué desterrado Aristides , en quien fu£ culpa el s« 
afriaudidoporjnsto. El bvor del pueblo es el mas peli- 
groso amigo de Is virtud. &)mo detito se suele castigai 
su aclamación, como se castigó enGaIeriano';yasI, 
siempre fueron breves y infaustos los requiebros del 
pueblo romano , como se eiperimentó en Germáoii» *. 
Ni las repúblicas ni los príncipes quieren que los mi- 
nistros sean excelentes, sino suficientes para los nego- 
cios. Esta cansa dio Tácito al haber tenido Poppeo Si- 
bino por espacio de veinte y cuatro años el gobierno it 
las mas principales provincias^ y asi, es gran sabiduría 
ocultar la &ma , excusando las demMtreciones del tt- 
lor , del entendimiento y de la grandeza , t teniendo eo- 
tre cenizas los pensamientos altos, aunque es difícil 
empresa contener dentro det pecho d un espíritu gene- 
roso ; llama que se descubre por todas partes y que smi 
la materia en que encenderse y lucir. Pero nos pueden 
animar los ejemplos de varones grandes que de Is dic- 
ta ture volvieron al arado ; y los que no cupieron por lu 
puertas de Roma , y entraron triunfando por sus muros 
rotos , acompúlados de trofeos y de naciones veDcíd», 
;e redujeron á humildes chozas, y allí los volvió i lia- 
llur su república. No topara tan presto con ellos si uo 
los vieran retirados de sus glorías, porque para aln»- 
znllos es menester huillas. La fama y opinión se con- 
cibe mayor de quien se oculta d ella. Uerecedor del 
imperíoparecióRubelloPlauto porque vivía retirado <''' 
No asi en las monarquías, donde se sube porque sehí 



diMiptll*e|u li lia* ¡f*- 

a.) 

■UUIM lll if* 



* Ent ngo ncnabeni imi 
qntin dlllfcbíl Jcina. (Joii-, 13 

* Asrícol* ilam «ais ([rtoUbi . 
florlMi pnccrpí ■(cbilnr. iTit., n tlt. A(ri(.) 

1 NlbriHiiiiiiH Doman IdiIibc el dNor> Ipil Jamo 'V''* 
tilfj eeiebnbinlut. iTie. , llb. t, Hiil.} 

i.Brein el Infaiilos papgll ttoDinl iBorei. <Tlc.,UI>. I, Aa> ' 

■ DiUtm ab eiiBDiam trtem , leit «bimI pir aeíoiili , lefic tv 
pr» erit. (Tie. . llb. 6. Ann.) 

tu obdIib ora Ribelllu Plinl» «tiebntir, cilDibillu'T" 
niirem eililli fiaUli. Ipie pladu aiisraM ealebat hibiii m- 
vero , clili et Mcreti domo, qiiHoqae «tu occilUarj uam P''' 
fiB*e tdfpta*. iTuiL , Ub. (4, AeaiL) 



vLiOOglC 



IDEA DE IJ.\ Pnf.NClOE 

empruila i subir. El principe estima , las repúlilicas 
ttneuálDSgraiiiles varones. Aquellos alienta con mer- 
ced», jesUs los liumillancoaiDaralitudes. Noesso- 
luunU en filas temor de m libertad , sino también 
prdeilo de la invidia y emulación. Lo autoridad y 
iplau&oque está en todos, es sospediuso y iavidiado 
cuando se re en un ciudadano solo. Poc£S veces sucede 
estotn los príncipes, porque no es la gloria del vasa- 
llo otéelo de invidia d su grandeza ; antes se la atribu- 
'faiislcomo obrada por sus úrdenes, en que fué no- 
tído el emperador Olon ". Por esto los ministros ad- 
nriidot deben atribuir los felices sucesos á su principe, 
esariDenlaodoeaSilia.que se gloriaba de haber te- 
nido obedientes lai legiones y que le debia Tiberio el 
imperial can que cayú en cu desgracia, juzgando que 
•quclla jactancia disraiDüia tu gloria y bacía su poder 
ialerior al beneScio H. Por lo mismo fué pocé grato & 
Vespuiano Antonio Primo 13. Has recatado era Agrl- 
ci!lt,qnaBlnbuÍB la gloría de sus hazañas £ sus supe- 
riores U; loeaal le aseguraba de la invidia, ; no le daba 
suws (;l(^a que la arrogancia ^. Ilustre ejemplo did 
Jotb i todos los generales llamaiido , siempre que tenia 
apniadi alguna ciudad , al rey David , que viniese con 
Doen geule sobre ella , paru que i él se atribuyese el 
rendúaiento >* . Generosa fué la atención de los alema- 
nes, tuí guasea honrará sus principes, dándoles la glo- 
na de UK mismas hazañas i^. 

Por lu razones dicbas es mas seguro el premio de 
1» KTvicios hechos á un principe que i una república , 
jm» lÜdl de ganar su gracia *^. Corren menos riesgo 
loi cnom contra aquel que contra esta ; porque la mut- 



D Cieiir , inpiruiqnt dato 



" Onlnl rtt bwc fortuin u 

■HiU RbitiMTac. , llb. I.Adi. 

" NiBigí tWBBciDBniBdU, qu« Irie ■tniLvct, (Tic, ibld.) 

"Nn «(ricala iDqum In Mim Iimn gcitli euliivil.id 
iiatina , ti 4utv , ai mlnisur, ÍDrtautn rsrerabit. (lie.. Id lii. 
UritJ 

'*lliilr(iH(aol»e4imda,T«reniiid!i In prudlciaila,Mtri 
U'iditB.iKcitn ilañim tni. iTie. , Ibld.) 

■<?<io(l(itir caDfreprelhiiiimiiirleili popnli, «t obtldaclti- 
UK», Miip* eím ; ne, cnm i me Tiilil) fütrll nrb», noniíil 
■N wntoiar Hctorii. (1, Rej., «,I8.) 

" Prticl|ieD unm defenderé, Ulre, lui qnoqoe Cortla hcU 
l'-Kiic cjii aiiignirc , pncclpEnm iicniífnlBni *nl. (Tic. , Ub. 

"Iird 



POLiTICO-CRISTIANO. 33 

lilud iii disiniulii ni perdona ni se cmnadecc. Tan ani- 
mosa es en las resuluciones a-riscaila'* como en las in- 
justas; porque, repartido entre muchos el temor 6 la 
culpa , juzga cndu uno rjue ui le ha de tocar el peligro 
ni manchar la ¡[ifamia V>. No tiene la comunidad frente 
donde salgan los colores de la vergüenza como i la del 
príncipe , lemieudo en su peroua, y detipués cd su fa- 
ma y en la desusdescendit'nles, laÍDrumia. Ai príncipe 
lisonjean todos, proponiéndole lo mas glorioso; en las 
repúblicas casi todos mirnn por lu seguridad , pric(« por 
el decoro». El principe ha menester satisfacer ú sus 
vasallos; en la comunidad cesa este temor, porquu lo- 
dos concurren en el hecho. De aquí noce el ser las re- 
públicas (no hablo de aquellas que se equiparan ú los 
reyes} poco seguras en la fe de los tratados , porqueso- 
lumente lieuen por justo lo que importa ú su cunserva- 
cion y grandeza, A ú la libertad ye profesan, eu qito 
son todas supersticiosas. Creen que adoran una verda- 
dera libertad , y adoran á muchos Ídolos tiranos. Todos 
piensan que mandan, y obedecen todos. Se previenen da 
triacas contra el dominio de uno , y beben sin recelo el 
demuchos.Temenla tiranía de los de afuera, y desco- 
nocen la que padecen dentro. En todas sus parles sue- 
na libertad, y en ninguna se ve ; mas estiJ en la imagi- 
nacioQ que en la verdad. Hagan las provincias rebeldes 
de FUndes paralelo entre la libertadque gozaron antes, 
y la presente, y consideren bien si fué mayor, si pade- 
cieron entonces la servidumbre, los tributos y daños 
que agora. Ponderen los subditos de algunas repúbli- 
cas , y el mismo magistrado que domina , si pudiera 
haber tirano ^ue les pusiese mas duros hierros de ser- 
vidumbre que los que ellos mismos se han puesto d ti- 
tulo de cautelar mas su libertad, no habiendo alguno 
que la goce y sea libre en sus accioaes. Todos viven es- 
clavos de sus recelas. Do si mismo es tirano el ma^'s- 
trado, pudiéndose decir dellos que viven sin isñor, pero 
no con libertad ti; porque cnanto mas procuran soltar 
los nudos de la servidumbra, mas n enlazín en ellaU 



** III ireplál . *t Bt^mqnt anill edeiit ; bímd prlntin , eip»- 
dllocoDíilio, lelermulioi, iscleuie ealpie laüer. (Tic, Jlb. t, 
Hlttl 

se Paacli deem pBblleua cine , piare* tnti dUteroat. ( Tu., 
üb. 11, Aon.) 

!■ H9IÍI slni domino qolm in libértete. (Tidt. , llb. t, Ann.) 

s> Sed dum terltatl cooialtUr , libcrtu cairumpcbetei. (Tu., 
lib. t , Aan.) 



,vGoosle 



box DIEGO DE SAAVIJOnA FAIARDÓ. 



EMPRESA XI. 



Es la lengua un inslramento por quíeD explica sus 
conceptos el ealendimiento. Por ella so deja enlender, 
¿porta pluma, que es olra lenriua muda, que en vez 
della,pmUy Qjaeuelpapellajpiílabrasiiue había de 
exprimir con el aliento. Vm y otra hacen fe de la cali- 
dad del entendimiento y del valor del ánimo, no ha- 
biendo otras señales mas ciertas por donde se puedan 
mejor conocer i. Por esto ei rey don Alonso el Sabio, 
tratando en una ley de las Partidat cómo debe ser el 
rey ensus palabras, y la templanza con que ha de usar 
dellas, dijo asi! : uCa ei mucho fablar faze enfilescer 
las'polabras, (azele descubnr las poridadee , é si él non 
fuere orne de gran suso, por las sus palabras entende- 
rán los ornes la mengua que ha del. Ca bieu asi como 
el cántaro quebrado se conoce por su sueno ; otrosí el 
seso del orne es conozido por la palabra, n Parece que 
toqiú el rey don Alonso esta companciOD de aquellas 
Tersos de Persio : 



Son tas palabras el semblante del ánimo ; por ellas se 
Te si el juicio es entero ú quebrado 3. Para signiGcar 
esto se buscd otro cuerpo mas noble y proporcionado, 
como es la campana , símbolo del principe , porque tie- 
ne en la ciudad el lugar mas preeminente , y es el go- 
bierno de las acciones del pueblo ; y si no es de buenos 
metales 6 padece algún defecto , se deja luego conocer 
de todos por su son^. Asi el príncipe es un reloj uni- 
versal de BUS estados , los cuales penden del movimien- 
to de sus palabrasi con ellas ú gana á pierde el crédito, 
porque todos procuran conocer por lo que dice su in- 
genio, BU condición y inclinaciones. Ninguna palabra 
suya se cae al que las oye. Fijas quedan en la memoria, 

* In tinpi cftlm upleiila dltoMCltor : ti icnius , e[ tclenUí, 
ct dnetrini Id Tcrbo («niaU. (BceJ, , i , 39.J 

1 L. s , UL t , pin. II. 

* OnlioinltiuiDlmiMl.il clrcamlonia «I, il tVcilt.elni- 
Bitfaeu,ijtteii4lt illiD noDejieiliiceíaD.clhibercallqulilfrac- 
H. iSniK* , iplsL lis.) 

* Vti Bcijle Itin, ctBDio, hoao MriaoD* *rot>ilv. (Mellt,, 
Hni. tí, ion, 1, Blbl.) 



y pasan luego deunosá otros por un eiúmen riguroso, 
dándoles cada uno diferentes sentidos ; aun las que en 
los retretes deja caer descuidadamente se tienen por 
profundas y misteriosas, y no dichas acaso ; y asi , con- 
viene que no se adelanten al entendimiento S, uno que 
salgan después de la meditación del discurso y de la 
consideración del tiempo, del lugar y de la perswia, 
porque una Tez pronunciadas no las vuelre el arreperH 
ti miento. 

Katíl wt MfiM raerU, 

dijo Horacio ; y el mismo rey don Alonso^ : «É por ea- 
de todo ooie, é mayormente el Rey, se debe mucho 
guardar en su palatñn; de manera que sea acatada é 
pensada ante que la diga, ca después que sale déla 
boca non puede ame fazerque non sea dicha; "deque 
podrían nacer grandísimos inconvenientes, porque las 
palabras de los reyes son los principales instnimenU» 
de reinari. En ellas están la vida d lo muerte 8, la hoa- 
ra Ú la deshonra, el mal 6 el bien de sus vasillos. Por 
esto Aristóteles BconsejúáCaliis teño, enviándolei Ale- 
jandro Magno , que hablase poco con él , y de cosas de 
gusto, porque erapeligroso tratar conquián en el corle 
de su lengua tenia el poder de la vida y de la muerte- 
No hay palabra del príncipe que no tenga su efecto. 
Dichas sobre negocios, son órdenes; sobre delilos, 
sentencia , y sobre promesas , obligación. Por ellas i 
acierta ó yerra la obediencia; por lo cual deben los 
príncipes mirar bien cdmo usan deste instrumento de 
la lengua; que no acoso la encerró la naturaleza y le 
puso tan ürmes guardas como son los dientes. Como 
ponemos Dreno al caballo para que no nos precipite, k 
debemos poner á la lengua 9. Purte es pequeña del 
cuerpo , pero como el timón, de cuyo movimiento pen- 



■ A hele Tcrbl pirinril folBU , (uqum lemltu pHtu UftA- 
Ut-teccl., 19,11.) 

• L. I , Ul. t , pirl. II. 

I Et termvUUnipote&lilB p1eiiii)eit.(Ecc1ti,,.S, 1) 

• Hora, el illa InmanD llngnit. (ProT, ig. II.) 

■ Aaram laam , el irfeiitiiiD lanm colilla , el verbi* (til bÜU 
ilaltnni,cirritDai oii taoncloi. lEcd., W,ÍÍ.J 



IDEA DE m PRINCIPE 
deflacalracion 6 18 perdición de Is nave. EsU ialen- I 
pata pirte mu; liúmeda, y fúcilmente se desliz» si 

mil) detiene la pnidenria. Guardas pcdin David á Dios 
pira su bocB , y candados para sus liibios lO. 

Eulrar el principe cu varios discursos con lodos es 
desxTedilBdB familiaridad, ilenBdeinconTeQientes.si 
vgni>»queconvciig»i1ari la infonnacioQ ¡ porque ca- 
diSMde losnpgacianlesquisJerBun principe muy ad' 
nrüda y informado en su ncgacío,, lo cual es imposi-' 
ble, 00 pudiendo compre henil el I o Iodo ii ; y si no res- 
ponde muy al caso, le juzga por incnpazó por ricscui' 
ilido; fuera de que nunca curresponde el conocimiento 
delss partes del principe á la opinión que se tiene de- 
lili. Bien consideraron estos peligros los emperadores 
romtDoi cuando introdujeron que les hablasen por me- 
iHffltles, y respondían por escrito , para tomar tíem- 
[», T ijae fuese mas considerada la respuesta , y tam- 
bién porque á menos peligro está la pluma que la len- 
gni. Esta no pueile detenerse muclio en responder, y 
iqatila si. Semana, aunque tan valido de Tiberio, le 
hablaba por memorial <l ; pero hay negocios de tal ca- 
lidad, quees mejor tratallos que escribillos, principal- 
mcDlecuando no es bien dejar la prenda de una escrí- 
lun , que es un testimonia perpetuo , sujeto á mas io- 
terpretacioaes que las palabras, las cuales, como pasan 
ligeras ; no se retienen llehnonte , no se puede liacer 
pni ttlu leconveacioD derla; pero ó ya responda el 
principe de una 6 de otra suerte , siempre es de prn- 
deiiles la brevedad t3, j mas conforme i I» majestad 
deluspriacipes. Imperial la ilamú Tácito H. Delalen- 
pn) de la espada se ha de jugar sin abrirse ; el que 
Je^cubre el perlio , peligra. Los razonamientos breves 
tui «linces y dan mucho que pensar. Ninguna cosa 
Eispropiudel oliciode rey que hablar poco y oír mu- 
elo. Na es menos couTeniente saber callar que sal>er 
bililar. En eslA tenemos por maestros & los hombres, y 
n iquello i Dios , que siempre nos eoseñu cj silencio 
tnsusmisteríos. Mucho se allegad su divinidad quien 
abe callar. Entendido parece el que tiene los laüios 
itniílo! IS. Los locos tienen el corazón en ¡a boca , y 
iKcDtrdosla boca eu el corazón 16. La prudencia con- 
úieen no exceder los Gnes en lo uuo ui ea lo otto, 
(orque en ello* está el peligro : 

Dliuerit áU, fídwa^tf alft iit , 
JblM ¡tfOu , rf emula tileiu i'. 

Ealocns son convenientes las palabras, cuando el si- 
Lociouría dañoso al principe ódla verdad. Baslante- 

t, DnaJac, cutindlim orí meo, et aitlua circaDsitaUíe 
'">n(ii.|i^l. 140,3.1 
'' ^cs°e pvu* PríKipta na «dtatti ciiicU tovpleeii. (Tac., 

(.uoponli tt CiMarcD tadlcUlas; morís qoippe lanc ei)>, 
^1i>B fnemlcB , Mririo »»in. iTie. , 111^ 4, Aaa.J 
II NUUin breii Mn»*i Ipm pnt^üte. iSophod.} 
Eiifiilori» bniilitcm. iTic. , llb. 1 , Hi>l.| 
^Diifi ^loiiiie si bcscrii, $*titat rrpuUliIMr : el f< com- 
mljki) ua, iiltlliieni. (Pnt>. n,VI.) 
B^lsnciiiiiirait MfiUtrM,etlB<or<l««»r>ral'iia Millft- 



POLlTICO-CniSTIANO. 3S 

mente se deja entender por los movimientos la majes- 
tad. Uuy elocuente es en los principes un mudo silen- 
cio á su tiempo, j mas suelen significar la mesura y el 
agrado que las palabras; ycuundohayadsuuirdellai, 
sean sencillas, con sentimiento libre y real: 
Uierl inri in ttmfbti far»U >>. 

Porque se desacreditan y liacen sospechosas con lai 
exageraciones , los juramentos y los teslimonlos; y asi, 
han de ser sin desprecio graves , sio cuidado graciosa*, 
sin aspereza constantes, y sin vulgaridad comunes. 
Aun con Dios parece que tienen alguna fuennlas pa- 
labras bien compuestas IB. 

En lo que es menester mas recata de la lengua'; de 
la pluma es en las promesas, en los cuales, ¿por gene- 
rosidad propia i por facilitar los Gnes 6 por excusar los 
peligros, se suelen alargar los principes , y no pudiendo 
despuéssolisfaceráelles, se pierde el crédito y se ca- 
uso enemigos, y fuera mejor haberlas excusado *"- Has 
guerras han nacido de las promesas hechas y no cum- 
plidas que de las injurias, porque en tas injurias na 
^mpre va mezclado el interés, como en lo prometido, 
y mas se mueven los principes por él que por la injuria. 
Lo que se promete y no te cumple lo recibe por afrenta 
el superior, por injusticia el igual, y por tiranía el in- 
ferior ; y así , ei menester que hi lengua no se arroje á 
ofrecer lo que no sabe que puede cumplir H. 

En las amenazas suele exceder la lengua , porque el 
fuego de la calera la mueve muy aprisa, y como no 
puede corresponder la venganza d la pasión del cora- 
ion , queda después desacreditada la prudencia y el po- 
der del principe; y asi , es menester disimular liis ofen- 
sas, y que primera se vean los efectos de la salisfuccion 
que la amenaza. El que se vale primero de la omennza 
que de Us roanos, quiere solamente vengarse con ello d 
avisar al enemigo. Ninguna amenaza nniv-or que un si- 
lencio mudo. La mina que ya revenid no se teme ; la 
que está oculta parece siempre mayor , porque es iim- 
yor el efecto de la imaginación que el de los sentidos. 

La murmuración tiene mucho de invidta ó jaclancia 
propia , y casi siempre es del inferior al superior; y asi, 
indi(fna de los principes, en cuyos labios ha de o'tur 
segúrala honra de lodos. Siliay vicios, debe custígnr- 
loa; si faltas, reprehendeilas ó disimulullas. 

La alabanza de la virtud , de las acciones y servicios 
es parte de premio , y causa emulación de si mismo en 
quien se atribuye. Exhorta y anima á tos demás'; pero 
la da los sugetos es peligrosa , porque siendo incierto el 
juicio dellos, y la alabanza una, como sentencia dilini- 
tiva , puede descubrir el tiempo que fué ligereza el da- 
lla , y queda el principe obligrido por reputación á no 
desdecirsedeioqueuua veiaprobú^yasiporeslo, ca- 



li Titi. 

i> Non partan el , el Tcrblí poteotlbaa , ti ad depreca 
composliíK. <Jub,, 41, S.) 

u UulU>iiKU«*einoBTO>ert,i|aliB poitTolnBpraiiiu 
leddrn. iKccIei, , 5, 4.) 

ti ^oll cliulDt rí%t ID lingo* Im ; el ianllUi, el leaiUi 
op«rlbM»U.i^(il.r4iHI 



„^lc 



DON MEfiO DE SAAVliDRA FAIAHDO. 



mo pur no causar invklía , ilelie nadar muy recalado en 
alatnr las personas, como fué consejo del Espíritu Sta- 
to*^. A los estoicos pareciú que no se liubia de alabar, 



ponjUG ninguna cosa se puede afirmur, con segurirla.i; 
y mucho de lo que parece digno de alabanza, es (idu 
opinión. 



EMPQfSA XII. 



A lo mai profundo del pedio retiril la naturaleza el 
coraion liumano , y porque viéndose oculto y sin te:^ti- 
gos DO obrase contra la razón , dejó dispuesto aquel oa- 
tivo y natural color ú aquella llama de sangre con que 
la vergüenza encendiese el rostro y le acusase cuando 
se aparta de lo honesto, iJ siente una cosa, y profiere 
otra la lengua , debiendo liuber entre ella y el corazón 
un mismo movimiento y una igual cimsonaocia ; pero 
estaseñalquesuele mostrarse en la juventud, la borra 
con el tiempo la malicia ; por lo cual los romanos, con- 
siderando la importancia de la verdad , y que es la que 
conserva en la república el trato y el comercio, y de- 
seando que la vergúeniB de faltar á ella se cunservase 
en los hombres, colgaban del peclin de los niños un co- 
razón de oro , que llamaban fruía , jerogülico qoe dijo 
Ausonio haberlo inventado Pítágoras'para significarla 
ingenuidad que deben profesar los hombres , y la pun- 
luilidad en la verdad , llevando en el pecho el coraion, 
símbolo dejla, que es lo que vulgarmente sígniGcamos 
cuando decimos de un hombre verdadero , que lleva el 
corazón en las manos. Lo mismo daban ¿ entender los 
sacerdotes de Egipto, poniendo al pecho desús princi- 
pes un xáliro, cujo nombre retrae al de la verdad, y los 
ministros de justicia llevaban una imagen suya ; y no 
parezca á alguno que si trújese el principe tan patente 
la verdad, estarla Gipuestoá los engaños y artes, por- 
que ninguna cosa mas e&caz que ella para deshacellos 
y para tener mas lejos ta mentira , la cual no se atreve 
t miralla rostro á rostro. A esto aludid Pitágoras cuan- 
do enseñó que no se hablase vueltas las espaldas al sol , 
queriendo significar que ninguno debía mentir, porque 
el que miente no puede resistírdlos rayos déla verdad, 
significada por el sol, asi en ser ono, como enqucdcs- 
. hace las tinieblas y ahuyenta las sombras, dando alas 
cosas sus verdaderas luce* y coloras; como h repre- 



senta en eiti empresa, donde al paso que se va desco- 
briendo por los horizontes el sol , se va retirando lo do 
che , y se recogen £ lo obscuro de los troncas las aveí 
nocturnos, que en su ausencia, embozadascon las tinie- 
blas, hacian sus robos, salleando engañosamente el sue- 
ño de las demás aves. ¡ Qué coofusa se halla una lechu- 
za cuando por algún accidente se presenta delante del 
sol! En su misma luz tropieza y se embaraza; su res- 
plandor ta ciega, y deja inútiles sus artes. ¿Quién a 
tnn astuto y fraudulento, que no se pierda en la presen- 
cie de un principe real y verdadero > ? No hay poder pe- 
netrar los desinios de un ánimo candido cuando la can- 
didez tiene dentro de sj los fondos convenientes de la 
prudencia. Ningún cuerpo mas patente ¿ los ojos del 
mundo , ui mas claro y opuesto ú las sombras y tinie- 
blas que el sol ; y si alguno iJil<!ii[a uverígualle sus rayos 
y penetrar sus secretos, halla en él profundos golfos y 
escuridadesdeluz que le deslumhran los ojos, sin que 
puedan dar razón de lo que vieron. La malicia queda 
ciega al candor de la verdad , y pierde sus presupues- 
tos, no hallando arle que vencer con el arte. Digno 
triunfo de un principe deshacer los engaüos con la in- 
genuidad , y la mentira con la verdad. Mentir es acción 
vil de esclavos y indigna del magnánimo corazón de un 
príncipe i, que mas que todos debe procurar parecerse 
áDios, que es la misma verdad, u Onde los Reyes ( pa- 
labras son del rey don Alonso el SabioJ, hablando de- 
lla) que tienen su lugar en ta tierra, á quien perlenece 
de ta guardar mucho , deben parar mientes que no sean 
contra ella, diciendo palabras mentirosss;» yabajoda 
otra razón, en la misma ley : uE demás, quando él min- 



• Vitii pntmiii 



Tcrlii cuBiiaiiti , n«t Prlnclpcm Iibleal 
LiOOglC 



IDEA DE UN PRIN'CIPF: 
tlesse en IM palabras, no le creerían los om« que le 

ojesKO , maguer diiesse Terciad , é tomarían ende cur> 
nn para mentir, o Este ineonvinienle se eiperimeiitú 
u Tiberio, el cual , diciendo muchas veces Ciigidamea- 
)f que esUba resuelto á poner en libertad la república 
ísosljluir en oíros hombros el peso del iinperío, no 
tué creído después en las cosas verdaderas y justas *. 

Cusnto son mayores las monarquías, mas sujetas es- 
tini la mentira. La Tuerza de los rayos de una fortuna 
üiBlie leíanla contra si las nieblas de la murmuración s. 
ToJose interpreta á mal y se calumnia en los grandes 
jm|«ri(is. Lo qae no puede derribar la Tuerza , lo ioten- 
ü (acalumnia ú con secretas minas ó con supuestas cu- 
ín;, ea que es menester gran valor de quien domina 
i'iire las naciones , para no alterar su curso , y pasalle 
íeretiD, sin que leperturben sus voces. Esta valerosa 
f onstancia se ha visto siempre en los reyes de España, 
ileipreciando la invidía y murmuración de sus ¿mulos, 
cohqoese bsn deshecho semejantes nieblas, las cua- 
tis, comolas levanta la grandeza, también la grandeza 
bs derriba con la fuerza de la verdad , como sucede at 
iul coB tos vapores. ¿Qué libelos infamatorios , qué ma- 
nitJestos falsos , qué fingidos Parnasos/qué pasquines 
nuliciosos no se han esparcido contra la monarquía de 
tipaoa?No pudo la emulación tnauchar su Justo go- 
bien» en los reinos que posee en Europa , por estar á 
los fijasdel mundo; yparahacerodíososudominioé ir- 
reconciliable la inobediencia de las provincias rebeldes 
con Iilsedades difíciles de averiguar, divulgó un libro 
supuesta de los malos tratamientos de los indios , coa 
Doinljredel obispo de Cliíapa , dejándole correr prime- 
ro en España como impreso en Sevilla , por acreditar 
Diíslanientira, y traduciéndole después en todas len- 
pas. Ingemosa y nociva traza , aguda malicia quo c» 
]m áuinios sencillos obré malos efectos, auuqpe los 
[<fude ales conocieron luego el engaño, desmentido con 
el celo de la religión y justicia que en todas partes 
uuestn la nacioo española, uo siendo desigual á sf 
misou enlas Indias. No niego que en las primeras con- 
quistas de América sucederian algunos desórdenes, por 
haberlas emprendido hambres que , no cabiendo la bi- 
arría de sus ¿niraos en el mundo, se arrojaron, mas 
por permisión que por elección de su rey, aprobar SU 
loriuaaconeldescutirímiento de nuevas regiones, don- 
de hallaron idólatras mas fieros que las mismas fieras, 
que (enian camicerias de canie humana, con quo se sus- 
lEBUban; los cuales do podían reducirse á la razón 
SEHieraconla fuerza y el rigor. Pero no quedaron sin 
rraedio aquellos desórdenes , enviando contra ellos los 
lleves Católicos severos comisarios que ios castigasen, 
imanluTÍescn los indios en justicia, dando paternales 
^Des parasu conservación , eximiéndolos del trabajo 
de las minas y de otros que entre eKos eran ordinarios 
lates del descubrimiento ; enviando varones apostóli- 



POLlTICO-CRISTlANO. 37 

cas que los instruyesen en la fe , y sustentando d coila 
de las reutas reales los obispados , los templos y reli- 
giones, para beneücio de aquel nuevo plantel de la Igle- 
sia , sin que después de conquistadas aquellas vastas 
provincias se ediase menos la ausencia del nuevo se- 
ñor; en que se aventajó el gobierno de aquel imperio y 
el desvelo de sus ministros al del sol y al de la luna y 
estrellas , pues en solas doce liorus que falta la presen- 
cia del sol al uno de los dos liemisferíos , se confunde y 
perturba el otro , vistiéndose la malicia de las sombras 
de la noche , y ejecutando con ia máscara de la oscuri- 
dad homicidios, hunos, adulterios y lodos los demás 
delitos, sin que baste ú rcmediallo la providcncij del 
sol en comunica lie por el horizonte del mundo sus cre- 
púsculos, en dejar en su lugar por vireina á la luna , cun 
la asistencia de las estrellas como ministros suyos, y 
en dalles la autorídud de sus rayos; y desde este mundo 
mantienen aquel los reyes de España en justicia, en 
paz y en religión , con la misma felicidad política quo 
gozan los reinos de Castilla. 

Pero, porque no triunfen laa artes de los émulos y 
enemigos de la monarquiade España, y quede desvane- 
cida la iavoidoD de aquel libro, considérense todos los 
casos imaginados qne en él fingió la malicia haberse 
ejercilado contra los indios, y púiigansc en paralelo con 
los verdaderos que hemos visto en las guerras de nues- 
tros tiempos, asi en la que se movió contra Genova, 
como en las presentes de Alemania, Borgoña y Lorena, 
y se verá que no llegó aquella mentira á esta verdad. 
¿Qué géneros de tormentos crueles inventaron lostim- 
nos contra la inocencia , que uo los hayamos visto en 
obra, no ya contra bürbaros inhumanos, sino cootn, 
naciones cultas, civiles y religiosas; y no contra ene- 
migas, sino contra si mismas, turbado el orden natural 
del parentesco, y desconocido el afecto á la patria? Les 
mismas armas auxiliares se volvían contra quien las 
sustentaba. Uas sangrienta era la defensa que la oposi- 
ción. No había- diferencia entre la protección y el des- 
pojo , entre la amistad y la hostilidad. A ningún edifi- 
cio ilustre, á ningún lugar sagrado perdonó la furia y la 
llama. Brovee^acio de tiempo viú en cenizas las villas 
y las ciudades , y reducidas á desiertos las poblaciones. 
Insaciable fué la sed de sangre humana. Como entrón- 
eos so probaban en los pechos de los hombres las pis- 
tolas y las espadas , aun después del furor de Marte. 
La vista se alegraba de los disfi»rmes visajes de la muer- 
te. Abiertos los pechos y vientres Iiumanos, aervian 
de pesebres , y tal vez en los de las mujeres preñadas 
comieron los caballos, envueltos entre la paja, los no 
bien formados miembreci I [os de las críatui'as. A costa 
de la vida se hacían pruebas del agua que cabia en un 
cuerpo humano , y del tiempo que podia un hombre 
sustentar la hambre. Las vírgenes consagradas ú Dios 
fueron violadas, estupradas las doncellas y forzadas las 
casadas é la vista de sus padres y maridos. Las muja« 
se vendían y permutaban por vacas y caballos, comb 
.Insdemis presas y despojos, para deshonestos usos. 
Uncidos los rústicos, lirabau los carros, y para que de»- 



.LiOOglC 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



cubriesen tal rlque^ias eMoadtdas tos colgaban de los 
piég ; de olrai [Artes obiccoas, y los metiOQ en los hor- 
Dot encendidos. A sus ojos despedazaban las criaturas, 
para que obrase el amor paternal en el dolor ajeQO de 
aquel I os, partes de sus entrañas, lo queno podiá el pro- 
pio. Eli las selvas y bosques donde tienen refugio las 
fieras, no le tenían los homlires, porque con perros 
venlercs los buscaban en ellas, y loseacaban por el ras- 
tro. Los lagos no estaiían seguros do la cudicia, inge- 
niosa en inquirir las alliajas, sacándolas con anzueloa 
y redes de sus profundos senos. Aun los huesas difun- 
tos perdieron su úllirnu reposo , trastornadas las urnas 
y leviutados tos miirnioles para buscar lo que en elloi 



estaba escondido. No hay arta mjglcft y diabólica qm 
no se ejercitase en el descubrimiento del oro 7 de la 
plata. A manos de la crueldad y de la cudicia murieron 
muchos millones de personas, no de vileza de ánimo 
como los indios, en cuya eiiirpacioa se ejercitti la di- 
vina justicia por haber sido por tantos siglos rebeldes á 
su criador. Ño refiero estas cosas por acusar alguna 
nación, pues casi todas jntervi ni e ron en esta tragedia 
inbumaDB, sino para defender de la impostura á la es- 
pañola. La mas compuesta de costumbres estd á riesgo 
de estragarse. Vicio es de nuesli-a naturalexa, tan frá- 
gil , que DO hay acción irracional en que'no pueda caer 
sile faltare el freno de hi religión ó de lajustica. 



EMPRESA XIII. 



Repara la luna las ansencíss del sol , presidiendo á la 
noche. De sus moviinienLos , crecientes y menguantes 
pende la conservación do las cosas , y aunque es tanto 
mas lierniosa cuanto son ellas mas escuras y desma- 
yadas, recibiendo ser de su luz, ni por esto ni por sus 
continuos beneficios hay quien repare en ella, aun 
cuando se ofrece mas llena de resplandores; pero si 
alguna vez interpuesla la snmiira de lu tierra , se eclip- 
san sus rayos , y descubre el defecto de su cuerpo, no 
iluminado, como se ofreció antes Ü la visla, sino opaco 
yescnro, tudoslevaulan los ojosa notaiia,yauiiunies 
quu suceda , cstú preveuida la curiosidad , y le tiene 
medidos los pasos grado a grado y minuto & minuto. 
Son los principes iDsplanetasde la tierra, las lunas en 
las cuales substituye sus rayos aquel divino Sol de jus- 
ticia para el gobierno temporal; porque si aquellos pre- 
doniiuand lus cosas, estos á ios iÍnimosi;yas{, losre- 
jes de Persia con fingidos rayos en forma del sol y da la 
luim procuraban ser eslimados como astros; yel rey So. 
por no dudú úe inliLularse hermano del sol j de la luna 
enuua caria que escribió al emperadorConstaucio^. Cu- 
tre todos los hombres resplandece la grandeza de los 
príncipes , colocados en los orbes levantados del poder 
y del mando, doude están expuestos i la censura de to- 

I Cbr^oiag. , teriD. 110. 

s llet reían S>por,|iirlltcpjsliltn>m,etfntmiillielliina«, 
iu íMií Lücu ijtDlcBí. tAmm. M«rMl. , lib. 7,i 



dos. Colosos son que no pueden descomponerse sin ser 

notados ; y asi , miren bien cúmo obran, porque en ellos 
tiene puesta su atención el mundo, el cual podrá de- 
jar de reparar en sus aciertos , pero no eii sus errores. 
De cien njos y otras tantas orejas se previene Ja curio- 
sidad para penetrar lo mas ocullo de sus pensamientos. 
Aquella piedra es de Zacarías , sohre quien estaban sie- 
te ojos'; porio cual, cuantoes mayor la grandeza, lia 
de ser menor la licencia eo las desenvolturas*. La roo- 
no del principe lleva la solfa á la música del gobierno; 
y si no señalare á compís el tiempo, causará disonan- 
cias en los demás, porque todos remedan su movimien- 
to ; de donde nace que los estados se parecen d sus prin- 
cipes, y mas fácilmenle álos malos que d los buenos; 
porque eítandu muy atentos los subditos 6 sus vicias, 
quedan fijos en sus imagínucioues, y la lisonja los imi- 
ta, y asi liaceel principe mas daño con su ejemplo que 
coa sus vicios , siendo mas perjudiciales sus malas cus- 
turabresque provee liosas sus buenas, porque nuestra 
muía inclinación mas so aplica á emular tícíos que vir- 
tudes. Grandes fueron lasque resplandecieron en Ale- 
jandro Magno, y procuraba el emperador Curuc¡illi 
parecerse soluueute á ¿I eu llevar iucliuada la cabea 

* Snptr liplden ■nam lerlem eeall anit. IZicli. , S, 0,1 

• Qul miKUu imperio prjuliu, In ncnltn leulo i|BM,xi- 
rumqus ficii ruacu uiuriak« noven; : íit nuimí lanuiu miulmi 
licealii ML iSllluiL) 



iyLlOOglC 



IDEA DE UN PRÍNCIPE 
aliado izquierdo; y así, aunque unos vicios en el prin- 
cipe son malos i si solo, y otros á Ib república, como lo 
Duid Tócilo en Vitelio y Oloü >, todos son dañosos ¿ lus 
^útÑlitos por el ejemplo. Girasoles somos, que damos 
vuelta mirando y imitando al príncipe 6, sem^nlesá 
aijuellas ruedas de la visión de Ecequiel , que seguían 
sirmpre el movimiento de) Querubín t. Las acciones 
del príucipe son mándalos pura el puehlo , que con Ib 
imilacion las obedeces. Piensan los subditos que liacen 
agradable servicio al principe en imilalle eu los vicios, 
jcomo estos son señores de la voluntad, juzga la adu- 
bcion que con ellos podrá granjeaila, como procuraba 
Tjgellino la de Nerón, luciéndose compañero en sus 
maldades 9. Desordénase la república y se conrundela 
virtud ; y asi , es menester que sean lales las costum- 
bresdel príncipe , que dellas aprendan todos á serbue- 
Dos, como lo dio por documento á los principes el rey 
don Alonso el Sabio M : u£ otrosipara mantener bien su 
pueblo , dándole buenos exemptos de si mismos, mos- 
traednles los errores para que fagan bien : ca non po- 
dría él conotcerá Dios, nin lo sabría temer, nin amar. 
Din otro, si bien guardar su corazón, dÍq sus palabras, 
nin sos obras (según diiimos de susoen las otras leyes) 
nin bien mantener su pueblo, si él costumbres é mane- 
ras buenu non oviesse.» Porque en apagando los victos 
el farol luciente de la virtud del príncipe, que ba depre- 
ceder i todos , y mostraríes los rumbos seguros de la 
ua^egarion, dará en los escollos con la república, sien- 
do impoúble que sea acertado el gobierno do un prín- 
cipe TÍcioso. uCa el vicio (palabras son del mismo rey 
don Alonso !■ ) lia en si tal natura , que quanto el orne 
mas lo usa , tanto mas lo ama , é desto le vienen gran- 
des males, amengua el seso á la fortaleza del corazón, 
é por rtierta ba de deiar los fechos, quel convienen 
de fazerpor sabor de los otros, en que baila el vicio. » 
Desprecia et pueblo las leves , viendo que no las obser- 
va el que es alma dellas ; y asi como los defectos de la 
luna son perjudiciales fi la tierra , asi también los peca- 
das del principe son la ruina de su reino, extendido el 
castigo i los vasallos, porque á ellos también se eitien- 
den sus vicios, como los de Jeroboan al pueblo de Is- 
rael li. Una sombra de deshonestidad queescureció la 
fjma del rey don Rodrigo , dejd por muchos siglos en 
tinieblas la libertad de España. De donde se puede en 
alguna manera disculpar el birbaro estilo de los meji- 



■THilligt venlrc* >1 [sli tibipsi lioitli : Otho Inio, sinllU, 
Hiaiú Rtlp. (iJtiosiDr docetilar. [T"it- . Uti, S . Uist ) 

* Fitiitilcí quamcDmiiiie \a parlem dnclmur l Prlncipltiili, at- 
firii iu dicam, uqBices asmui. iPlín., Jn fineg.) 

I Cía imbalireit Cherublm, Ibaai pirlier et rous jniti n : 
ttnmtlennel Cbemblm alii suis.nleulurenlardelern, non 
TMiliimn rotae, tei ct ipuc ¡nía tnnl. |Eieeh. , 10, IS.) 

■ Eataailliio principiiiii , at qnidinld ficiinl, praeclperc rt- 
4aitar. LDdíiiIÍI.) 

* VilidiaríieindieiTlEelllDiia, el milis irtei.qgibM polle- 
bit, tniiorn nioi, il Principtm loctiUic icelerun obtlrlnicicl. 
,Tv.,lib.li, Ana.) 

•• Lib. 6, iit. B, pan. n. 
<> Ub.9,Ul.S,pin. n. 

n nopMr pectati Jcraboaa , ^al pe»ivll, H ptun leelt b> 
TM\.\3,tat.,U,Í9.t 



POLÍTICO-CRISTUNO. 39 

canos , que obligaban i sus reyes i3 (cuando los consa- 
graban) á que jurasen que adminislrarian justicia ; que 
no oprimirían á sus vasallos ; que serian fuertes en la 
guerra; que harían mantener al sol su curso y esplen- 
dor, lloverá las nubes, correr á los ríos, y que la tierra 
produjese abundantemente sus frutos; porque á un rey 
santo obedece el sol , como á Josué , en premio de su 
virtud,; la tierra da mas fecundos partos, reconocida 
á la justificación del gobierno. Asi lo dio á entender Ho- 
mero en estos versos : 

SicUiieretMrlt Rtgii , fu iiwbJiu airal, 
Ik maUiítat preílifiig nrii/um aeq%a vüitútrii , 
¡pía lili Ulíia lUgncau , prtm/lt, «rf w toúfM , 
FerlFniet, ¡tgelafiu, tlptmti triar taiU ítl, 
pToteHinl ftetiti, el uffiáilst »tre fi*eii, 
Oi retttm iwiperiiám pfpiáü ten lela itait eil. 

A la virtud del principe justo, no á los campos, s« 
ban de atribuirlas buenas coseclias *^. El pueblo siem- 
pre cree que iosque le gobiernan son causa de BUS des- 
gracias ú felicidades, y muchas veces delus casos for- 
tuitos is, como se los achacaba á Tiberio el pueblo ro- 
mano. 

No se persuadan los príncipes i que no serán notados 
sus vicios porque los permita y haga comunes al pue- 
blo, como hizo Witiza ; porque á los vasallos es grata la 
licencia, pero no el a^itor della ; y asi le costó la vida, 
siendo aborrecido de todos por sus malas costumbres. 
Fácilmente disimulamos en nosotros cualquier defecto, 
perono podemos sufrir un átomo en el espejodonde nos 
miramos : tal es el principe, en quien se coutemplan 
sus vasallos, y llevan mal que esté empaliado con los 
vicios. No disminujó la infamia de Nerón el haber he- 
cho á otros cómplices de sus desenvolturas is. 

No se aseguren los príncipes en fa de su recalo en el 
secreto, porque cuando el pueblo no alcanza sus accio- 
nes, las discurre, y siempre siniestramcnle;yasf, no 
basta que obren bien, sino es menester que los medios 
no parezcan malos. Y ¿qué cosaestará secreta en quien 
no puede huirse de su misma grandeza y acompiiña- 
mienIo,ni obrar solo; cuya libertad arrastra grillos y 
cadenas de oro , que suenan por todas partes? Esto da- 
ban á entender al sumo sacerdote las campanillas pen- 
dientes de sus vestiduras sacerdotales , para que no se 
olvidase de que sus pasos estaban expuestos al oído de 
todos 1'. Cuantos están de guarda fuera y dentro del 
palacio, cuantos asisten al príncipe en sus cámaras y 
retretes, son espías de lo que hace y de lo que dice, y 
Bunde lo que piensa, atentos todosúJosademanesy mo- 
vimieutos del rostro , por donde se explica el corazón; 
puestos siempre los ojos en sus maoosi^; y en penetran- 
do algún vhio del principe, si bien fingen dísimulalle 

t* Pnp. Gttnir. 

<' Anuís bonns loi lim d« bonli traeUliiij , qnam da J»l« rei- 
■anUbui eiisUmandui-iBoelius,) 
<i Qnl mol tulgo ronnltii ad culpim Inhenie). |Tic., Ilb. 1, Am.) 
» Halusqne dedecui imollrl, li plores roediiíci. (Tai., lili. 14, 

i7 EidnillillaDiÜDlIPiiibDliiiiireis plnrtmlsinfjra, diresD- 
nitaaiininiestniuo. [EFd.,iS, 10.) 
■a Ocdl tenonim In aunibui dmaiBortm *a«raa. (PMl. 11^ X\ 



(LiOOglC 



40 



y mostrarte finos, ifectaD el descubrille por parecer 
adnrlidús 6 lalimos , ; & veces por hacer de iot celo- 
sos. Unos temiraniotros.yencogiéadose, sin hablar 
te hablan. Hierre en sus peclioi el secreto al Tuego det 
deseo de manifestalle <9, hosla que rebosa. Anden las 
bocas por las or«ja;. Este se juramenta con aquel y se 
lo dice, ; aquel concl olro, y sin sebello nadie, lo sa- 
ben lodos, bajando el murmurio en un punto da los 
retretes 6 las cocinas , y dellas ú las esquinas ; plazas. 
¿Qué mucho que suceda esto en los domésticos, si de 
bI mismos no están seguros los principes en el secreta 
de sus TJcios y tiranías? Porque las confiesan en el tor- 
mento de sus conciencias propias, como le sucediiii 
Tiberio, que no pudo encubrir al Senado la miseria i 
que le liabian reducido sus delitos ^. 

Pero no se desconsuelen los principes, si su aten- 
cioD y cuidado en las acciones oo puiÜere satisfacer i 
todos, porque esta empresa es imposible, siendo de di- 
. ferentes naturalezas los que fian de juzgar dallas, y tan 
flaca la nuestra , que no puede obrar sin algunos erro- 
res. ¿Quién mas solicito en ilustrar el mundo, quién 
mus perfecto que ese principe de la luz, ese lumiuar 
mayor, que da ser y lierroosura á las cosas? Y la curio- 
sidad le baila mauchas y oscuridades, ¿ pesar de sus 
rayos. 

Este cuidado del principe en la justificación de su 
vida y acciones , se ba de eileiider también á las de sus 
ministros, que representen su persona, porque dellas je 
tiardn también cargo Dios y los hombres. No es defecto 
de la luna el que padece en el eclipse , sino de la tierra , 
que íDlerpone su sombra entre elle y el sol , y con todo 



w Kcqnc laiiiir altia in aaailae Utluí, ti ficioi «i In urdí 
•o qtiasi igais euesluíDS. |J«ren., SO, 9.) 
10 (íuipíie Tibarinni noa tarluDí , non sallladlací prougebint, 
iii luiüioDli peclons. suiíquc ipic pocnis fileiclur. i Tac, 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



eso, se lo atribuye el mondo, ybastaíescurecellewi 
rayos, y i causar inconvenientes y daños i las comí 
criadas. En los vicios del príncipe se culpa su depran- 
da voluntad , y en la omisión do castigar los de sus m¡. 
nistros, su poco valor. Alguna especie de disculpa pn». 
de hallarse en los vicios propios por la fuerza de lot 
aféelos y pasiones; ninguna hay para pennitillos ga 
otros. Va principe malo puede tener buenos minijiro!- 
pero si es omiso , él y ellos serán malos. De aquí naca 
que algunas veces es bueno el gobierno de un principa 
malo, que no consiente que loa demás lo sean ; por^ua 
este rigor no da lugará la adulación para imitalle , ai 1 
la incliiracion natural de parecemos i los príncipes con 
el remedo de sus acciones ; será malo para sí , paro bue- 
no para la república. Dejar correr libremente i lot mi- 
nistros es soltar las riendas al gobierno. 

La convalecencia de los príncipeí malos es tan diH- 
cil como la de los pulmones dañados, que no se las pua- 
den aplicar los remedios; porque estos consisten en 
oir, y no quieren oir, consisten en ver, y no quieren 
ver, ui aun que otros oigan ni vean ii ; ó no te lo con- 
sienten los mismos domésticos y ministros, loscualti 
le aplauden en los vicios, y como tolian lot antiguos 
sonar varios metales y instrumentos cuando se eclipsa- 
ba la luna **, le traen divertido con músicas y enlrete- 
nimientos, procurando tener ocupadas sus orejas, sia 
que puedan entrar por ellas los susurros de la murmu- 
ración y las voces de la verdad y del desengaño , pan 
que siendo el principe y ellos cómplices eo los vicios, 
Qo haya quien los reprehenda y corrija. 



•I Qm dlcint TidrnUtmt : yoMlt Tldere : «I itplcl»libn( : Sa- 
iilí Kiiieere noblí ei , quie recu tunl : bqolialDl Dobii pliHi- 
Ui. Ilsjl.,30,10.) ' 

n Igiiur icrlt sana , iptunim eoniiiDini;iii csDccptD itreptn : 
pTDui ípleodidioT, obtcmidnc, lieiarj, lot moercre. iT», 



EMPRESA XIV. 



Apenas hay instrumento que por si solo deje perfetas 
as obras. Lo que no pudo el martillo, perliciona la li- 
ma. Los defectos del lelarcorrige la tijera (cuerpo des- 
le empresa), y deja coa mayor lustre y hermosura el 



pa^o. La censura ajena compone las costumbres pro- 
pias. Llena; estuvieran de motas si no las tundiera la 
lengua. Lo que no alcanza á contener á reformar la le;, 
te alcansa con et temor de la murmuración, la cual es 



vLiOOglC 



IDEA DE UN PRtlSCIPE 
icraledeliTirtiiil, y rienda que la obligo á no torcer ' 
de! camino justo. Liis murmuraciones eDlesúrejasobe- i 
diente; de un prf ucipe prudente son airacadas de oro < 
TperbsrMplandecieDtes (como riJjo Salomón <)i1UB Ib i 
licmioseBn j perSaonari. No tiene el tícío mayor ene- ¡ 
migo que la censura. No obra tanto )a exhortación 6 la 
doiriin como esta , porque Aquella propone para iJes- 
pnéslifima j la gloría ; esta acusa lo torpe, y castiga 
liKgodiiul gando la infamia. La una es para lo que se 
bid<oÍjrarb¡en,la otra para lo que se lia obrado mal, 
imasñiciimenteM relira el ánimo de lo ¡gnominioEO 
goeacoiuete lo arduo y lioneslo. Y asi, con razón está 
constitoido el himor en la opinión ajena, para queJo te- 
Diinos, j dependiendo nuestras acciones del juirio 7 
ctDSDra át tos demás, procuremos satisfacer ú todos 
DbriDdo bien. T asf, aunque la murmuración es tu si 
nula, es buena para la república , porque no hay olra 
faena mayor sobre et magistrado ó sobra el príncipe. 
;Qué no acometiera el poder sí no tuviera delante i la 
mBrmnracioD?4Porqué errores no pasarasiu ella? Nin- 
guDos consejeros inejoresque las murmuraciones, por- 
que nacen de la experiencia do los daños. Si las oyeran 
iosprincjpef, acertarían mas. No me atreveré d apro ba- 
lín ea las sátiras y libelos, porque suelen eiceder de 
li Tcrdad, ó causar con ella esciítjdalüs, tumultos y se- 
diciaiKs;perilBe podría disimular algo por los buenos 
efítn ^chos. Ls murmuración et argumento de la li- 
bertad de la república, porque en la tiranizada no se 
permite. Fdti aquella donde se puede sentir lo que se 
quiere j decir lo que se siente <. Injusta pretensión 
fuen del que manda querer con candados ios labios de 
iKSÚbditos.yquenose quejen y murmuren debajo del 
yugo déla serridumbre. Dejadlos murmurar, pues nos 
d«jaD aiaudar , decia Siito V á quien !e referia cuan mal 
sebiblibadíl par Roma. No sentir las murmuraciones 
twn btber perdido la estimación del honor, que es el 
pnresUdoáqae puede llegarun principe cuando tiene 
pw deleite la i u famí a ; pero se a un sen tim ¡en to q u e I e o bl i - 
pxiiprender en ellas, no á Tengallas. Quien no sabe 
disimolirestas cosas ligeras, no sfibrálas mayores^. Ko 
toé menor valor en el Gran Capitán sufrir las murmu- 
ncioaes de su ejército en el Careliano, que mantener 
finne el pía contra la evidencia del peligro. Ni es posi- 
ble poder rqHimir la licencia y libertad del pueblo. Ví- 
*fli engañados tos [H-incipes que piensan extinguir con 
Upotettdapresentela memoria futura*, ú que su gran- 
ivm eitiende á poder dorar las acciones malas. Con 
difersts trazas de dádíras y devociones no pudo Nerón 
desDientirlatospecliani disimularla tiranía de haber 
■insido i RoisaS. La lisonja podrá obrar que no llegue 

> bastís tnrn , el nirprftnm Mftai , qal irplt uplentem, 
n nrn oitiitaua. (Prot. «, ll.i 
I áin mpornni filiciUs , abi sentiré iime telit, etqnte len- 



!t. iTie. 



SI.) 



inaliinriM. qgl «nlnaa tt 



' lii[Diraia \ 

Itrnutuii ajttrtcreflt'. Jic. , tib. 

* Oíd Bins Mcerdlim eonmi trrlderellbet, qoi pneienll po- 
■niii citdiat exilajol pasi* eUam (ttaenUí *e<l mcmoiiin. 
tTm.lib.i.AiB.i 

* fui üf» baatn, eoa larttiioallia* , 101 Dean pliuaieatti. 



POLÍTICO-CRISTIANO. H 

á los oídos del prfncipe lo que so marmnre del ; pero no 
que deje de ser murmurado. Ei príncipe que prohibe el 
discurso de sus acciones, las hace sospechas, y cerno 
siempre se presume lo peor, se publican por malas. He- 
nos se eiegeran Ia4 cosas de que no se hace caso. No 
quería Vilellio que se hablase del mal estado de las su- 
yas, y crecía la murmuración con la proli i Ilición, publi- 
cándose peoresS. Par las alabanzas y murmuracioDes 
se lia de pasar, sin dejarse halagar de aquellas ni ven- 
cer destas. Si se detiene el principe en las alabania<^, y 
lesda oídos, todos procurariinganalle el corazón con la 
lisonja. Sise perturbacon las murmuraciones, tlcsisti- 
rú de lo arduo y glorioso, y scrl Oojo en el gobicrtio. 
Desvanecerse cdq loa loores propios es ligereza del 
juicio. Ofenderse de cualqniercosB es de particulares; 
disimular mucho, de principes; no perdonar nada, de 
tiranos. Asi lo conocieron aquellus grandes emperado- 
res Teodosiü, Arcadia y Honorío, cuando ordenaren al 
prefecto pretorio Ruiiuo que no casi l^'a^e las murmu- 
raciones del pueblo contra ellos; porque si nacian de 
ligereza, se debian despreciar; si dt; furor ú locura, 
compadecer, y si de malicia , perdonara Estando el 
emperador Carlos V en Barcelona, le trujoron un pro- 
ceso fulminado contra algunos que murmuraban sus 
acciones, para consultar la sentencia con é!; y mos- 
trándose indignado contra quien !e taia, echú en el 
fuego (donde se estaba calentando) el proceso. Es do 
principes sabello todo; pero indigna de un coraz<ih 
magnánimo la puntualidad en liscolc.r las palabras «. 
La república romana las despreciaba, y sotamcnie uteu- 
diaáloshecliosS. Hay gran distancia de la iiecreía de 
lalenguaáiaTolunladdelasobraslo. Espinosa seria la 
corona que se resintiese de cualquier cosu.O no ofendo 
él agravio, ó es menor au ofensa en quien no se da por 
entendido. Facilidad es en el principe dcjorse llevar da 
los rumores, y poca fe de si mismo. Ln mala conciencia 
suele estimular el ánimo at castigo del que murmura; 
la segura le desprecia. Si es verdad lo que se nota en et 
príncipe, deshágalo con la enmienda ; si falso, por af 
mismo se deshará. El resentirse es reconocerse agra- 
viado. Con el desprecio cae luego la voz". El senado 
romano mandú quemar los anales de Cremucio por li- 
bres; pero los escondió, y divulgú mas el apetito delee- 
llos, comosucediiStambiená los codicilos infamatorios 
de Veyento, buscados y leídos mientras fueron prohibi- 
dos, y olvidados cuando los dejaron correri'. Lacorio- 
deeedebii lufjinli , qalo jajiam ineeadlam crederíWr. (ne-, 
11b. 13, Aun.) 

e Prohlhiil per ti vi laten sermonei. eniiae pJi 
Ttri nirninri, qnfa itub¡ 



1. 1. 



I Quoiilin si \i ei leritíl* pracMifrU. 

[ liisiDi) , mlsenlioie digulSEtuia : >1 ) 

. nnic . C. Rt quis liap. maledU.) 

* Omnii sciie.nnnDiniiiieieqiiL (Tic.lDtlt. A|rlc.) 

« Faeu argnrbintnr , dieta tmpsn» ennl. {Tic., ilb. 1, Ana. 

i> ViPi b icdeslis . dicta i milenciii direriiDi. (Tae. ' ' * 



• Figniqaa spreta euletcaat 



i(iin) V 



'.'iÜTOOt^lC 



42 



sidadoo esti sujeta d los fueros ni teme las penas ; 
mas se atreve coiilra lo que mas se proliibe. Crece la 
estimación de las obras satíricas con la prohibición,} 
h gloría enciende los ingenios maldicieotesll. La de- 
mústracioo pública deja mas infamado al principe, y i 
ellos mas famosos^. Asi como es proveclioso ai prín- 
cipe Baber lo que se murmura, gs donoso el ser ligero 
eudaroidosálosque murmuran de otros; porque, co- 
mo fácilmente damos crédito i lo que se acusa en los 
demis, podrá ser engañado, y lomar injustas resolucio- 
nes 6 liacer juicios errados. En los palacios es mas 
peligroso esto , porque la invidia ; la competencia so- 
Lire fas mercedes, los favores ; la gracia del príncipe 
aguun la calumnia, siendo los cortesanos semejan- 
tes áaquellos langostas del Apocaüpsi, con rostros de 
Nombres y dientes de león i\ con que derriban las es- 
pigas del Ijonor. A la espada aguda comparú sus leu- 
(¡uas! el Espíritu SaiiloiG, y también & las saetas que 
oculiamenla lucren d los buenos i^. David los perseguía 
como d enemigos IB. Mngun palacio puede estar quieto, 
donde se consienten. No menos embarazarán al prin- 
cipe sus chismes que los negocios públicos. EUiinie- 
dio es no dalles oidos, teniendo por porteros de sus orc- 
¡as á la razón yal juicio, pura no abrillas sin gran cau- 
sa. No es menos necesaria laguarda en ellas que en las 
del palacio ¡ydestas cuidan los príncipes, y se olvidan 
de aqüeítus. Quien las abre fácilmente á los murmura- 
doreE, los hace. Nadie murmura delante de quien no le 
uye gratamente. Suele ser también remedio el acarréa- 
nos con el acusado, publicando lo que reHeren del, 
para que se avergüencen de ser autores de chismes. 
Esto parece que dJú á entender el Espíritu Santo cuuiiilo 
dijo que estuviesen las orejas cercadas de espinas 19, 
para que se lastime j quede castigado el que se llagare 
áellascoumurmuraciones injustas. Por sospechoso ha 
de tener el principe d quien rehusa decir en público lo 
que dice ala orejad; y si bien podrá esta diligencia 
obrar que oo lleguen tantas verdades al príncipe , bay 
muchas de lai domésticas que es mejor ignorallas que 
sabellas, y pesa mas el atajar las calumnias del palacio; 
pero cuando las acusaciones no son con malicia, sino 
con celo del serricio del príncipe, debe oillasyexami- 
nallas bien, estimándolas por advertimiento necesario' 
al buen gobierno y d la seguridad desu persona. El em- 
perador Constantino animó, y aun ofreció premios en 
unu ley á los que con verdad acusaban d bus ministros 
y domésticos^'. Todo es menester para que el principe 

<* P«BÍti> Judlcili «lluU anctorllig. (T>e. , fbld.) 

t* ?jeiiaí illDil eilcFUi Reges, aolqul cidem ucviUi ni unl> 

nlsi(J(decuiiit)i, iliiue iUlt [lorlim pcferere. (Tac. Ibld.) 
" Ücaleí tiram »lcHl lien tes Icoudid enot (Apoc.,9, 8.) 
>* BiliDim «araní glidius acniís. íPsilm. SS.S.) 
I' Pinveronl u^Uis auis iu pbarel» , u( sigUlent la obtearo 

recios carde. iFmIib- 10, i.) 
<* DcUabcaUm iccrcUi iiroxlmo tno. bnnc pcneqncbar. (Pulm. 

iOO, S.) 
<< Srpl HtM tiu tpini). (Cul., ü, 18.) 
V KI kiBCTollii isnenlem lllil consiiisas npitiD, nlorpacaí, 

qni pilinoreiiirdicfre.íaspccIaiBhabcls. (S. B«ra.,liti. 4, d« 

cu», id Eui., cip. 6.) 
>■ Si qali C9l cnjucnu^iw locl, onUoli, dlfiiilaUs, itist la 



DON DIEGO DE SAAVGDRA FAJARDO. 



sepa lo que pasa en su palacio, en sus consejos y «n 
sus tríbunales, donde el temor cierra los labios, y d ve- 
ces las mercedes recibidas de los ministros con la mis- 
ma mano del príncipe inducen & callar y aun i encu- 
brir sus faltos yerrores, teniéndose por reconocimiento 
y gratitud lo que es alevosía y traición ; porque la obli- 
gación de desenguüur al principe engañado ó mal 
servido, es obligación de fjdeliilad rouclto mtfy.irque 
todas las demás. Esto es natural en el vasallo, las otms 
accidentales. 

Considerando las repúblicas antiguas la conven iencii 
de las sdliras para refrenar con el temor déla infamia 
los vicios, se permitieron, dándoles lugaren los lea tros; 
pero pocoápoco, de aquella reprehensión común de las 
costumbres se pasd á le murmuración particular, to- 
cando en el honor, de donde resifltaron los bandos, j 
destosías disensiones populares; porque (conio dijo «I 
Eepirítu Santo) una lengua maldiciente es la turbación 
de la paz, y la ruina de las familias y de las ciudades v. 
Y asi, ¡tara que la corrección deles costumbres no pen- 
diese de la malicia de la lengua ó de la pluma, se forrad 
el olicio de censores, los cuales coa autoridad púlilics 
notasen y corrigiesen las costumbres. Este oGcio foé 
entonces muy provechoso, y pudo mantenerse, porque 
la vergüenza y la moderación do los ánimos mauleniaa 
su jurísdiccion; pero hoy no se podría ejecutar, porgas 
se atreverían á él la soberbia y desenvoltura, cooio s« 
atreven ol mismo magistrado, aunque armado coa lu 
lejesyconlaauturidadsuprema, y seríaarjsay buila 
del pueblo los censores con peligro del gobiemo; por- 
que ninguna cosa mas dañosa , ai que mas baga inso- 
lentes los vicios, que ponelles remedios que sean des- 
preciados. 

Como se inventó la censura para corregirlas costum- 
bres, se inventó también para los bienes y haciendas, 
registrando los bienes y alistando las personos ; y aun- 
que fué observada con beneficio público de tos repúbli- 
casgriegas y latinas, seriaagora odiosa y de gratísimos 
inconvenientes; porque el saber el número de los va- 
sallosy la calidad de los haciendas, sirve solamente pa- 
ra cargallos mejor, con tríbulos. Como á pecado grava 
castigó Dios la lista que hizo David del pueblo de Is- 
rael S. Ninguna cosa mas dura ni mas inhumana, que. 
descubrir con el registro de los bienes y cosas doméslí- 
cas las conveniencias de tener oculta la pobreza , J le- 
vantar la invidia contra las riqueza»^, exponiéndolas í 
la cudicia y al robo. Y si enaquellas repúblicas se ejer- 

qncmcamqDC Jaditam, ComllDn, Anteo rn m , el PiblinnrsQ 
meoniai allqatd vencUer. ft maiiresU probare foar coiindii. 
quod non iBttpt iique josU gcsslsie lideaiar, iBirefiidaí >^°° 
■ecarus aadeal, [alerpellel mi, ipie aidlamamilt, tpie upo'' 
ciM, et ai [nerlt comprabalum , ipse me iliidicaba. |L. t, U. d< 



ttBit \a gcium : 



lluoi desifuiti, ti duBM 



migmlaruin erfadll. [Eccl. , SS , IS.) 

1' Pereuult aulem cor Da>id toui , poiUitiini DnmenlDs til 
popDlai.eldiiilPavIíadÜoüiiPuia: Pecuti wlde Íd tioctacui. 
(Í.lleg.,it.l0.l 

M Quid eoia lui daruB , Umiae iiiliiimuain cit, inin p>- 



(LiOOglC 



IDEA DE UN PRÍNCIPE POLfTICO-CRISTlANO. 4t 

ij'tlIaciatnnilD estos ifl«Hiwiientes,raá porgue la I recibieroDensuprimarainsUlacion.iporqaetiowIa- 
w;r.ti.«.^»p.(uwr«ahmmÉriuB..ipinperiiiiirtmB¡«ii- bau losínimos Un alt¡»oí y wbeld»» é U «100 «010 
l.uiii,Hli(14iuup»ier«dl«IIDi.(li. t, C. 4«ud.eifiib. an IslOS tiempos. 



EMPRESA XV. 



El timbólo d«sta empresa quisiera ver en los pechos 
glorioiM de iM principes, y que , como los fuegos ar- 
bficlilw arrojados por el aire imilaa los asiros y lucen 
iiíit ipK uleo de la mano hasta que se conTÍerlen en 
uiutu, uien ellos ( pues los compara el Espíritu San- 
tóá narnegaresplanJeciente * ) ardiese siempre el de- 
iH de 1) fian j Ja intorcha de la gloria >, sto reparar 
uqueliicliTÍdad es i costa de la maleria, y que lo 
que mis ard«, mas presto se acaba ; porque, aunque es 
turnan coa 1m animales aquella ansia natural de pro- 
ragaí li tida , es en ellos su íln la conservación , en el 
li^mbrecl obrar bieu. No está la felicidad en TÍvir, sino 
«o -aber vitir. N'i vive mas el que mas vive , sino el que 
ii'jorme; porque no mide el tiempo la vida, sino el 
E^plí». Laque como lucero entre nieblas , ó como lu- 
^1 crecieole, lucfi á otros por el espacio de sus dias 
co] rayos de beneficencia 3, siempre es larga; como 
r^i Ii que en si misma se consume, aunque dure mu- 
<:•'"■ Lo; beaeGcios y aumentos que recibe del principe 
'i rtpúbljca, numeran sus dias *. Si estos pasan sin 
'"'^cilos.los descuenta el olvido!!. ei emperador Tito 
y^fdsíano, acordúadúse que se le había pasado un dia 
üílacerbien, dijo que la había perdido. Y elrey don 
Pedro de Portugal i, que no merecía ser rey el que 
udi dii Qo bacía merced ú benelicio ¿ su reino. No 
I»; Tüi Un corta , que no tenga bastante espacio para 
^'^r generosamente. Un breve instante resuelve una 
wioa liertica , y pocos la perfictonaa. i Qué importa 

' OuB iptt enalieas. (Eccl. , U, 9.) 
■ fii uoM boneiiie |lorU. (Sil.í 

tiiuiuliiniiaUnalDaedioDehilae.el quul hioi nlcDi 
i^ibii MU ueeLiBcl., 50,8.1 

^McnucBaBBraidirrEm; koaum tnito naaea nriia- 
""lOMwo, (etl.,*i.is.l 
^ ti DBBtrií auoru* lacen» «st tjruidi) eju. [Iqí, IS, tO.) 



que con ella se acabe la vida , si se transiere i otra 
eterna por meilio de la memoria T La que dentro de la 
fama se contiene, solamente se puede llamar vida; no 
la que consiste en el cuerpoy espíritus vitales, que des- 
de que nace, muere. Es común á todos la muerte, y so- 
lamente se diferencia en el olvido ú en la gtorii que de- 
ja á la posteriilad. El que muriendo substituye en la 
fama su vida, deja de ser, pero vive. Grao rueraa de la 
virtud, que á pesar de la naturaleza, liuce inmortal- 
mente glorioso lo caduco. No Ic pureciú i Tácito que 
liabía vivido poco Agrícola, aunque le arrebató la muer- 
te en lo mejor de sus anos, porque en sus glorías se 
prolonga su vida '. 

No se juzgue por vana la fama que resulta después 
de ¡ávida, que, pues la apetece el ánimo, conoce quo 
la podrá gozar eulonces. Yerran tos que piensan que 
basta dejalla en las estatuas ó en la sucesión ; porque 
en aquellas es caduca, y en esta ajena, y solamente 
propia y eterna la que nace de Ls obras. Si estas son 
medianas, no topará con ellas la alabanza, porque la 
fama es hija de la admiración. Nacer para ser número, 
es de la plebe ; para la singularidad , de ios principes. 
Los particulares obran para sí, loa príncipes para la 
eternidad^. La cudicía llena el pecho de aquellos, la 
ambición de gloria enciende el de estos^. 

Jftuti til Mitrít tigor, tt ettlNíii vnta fhiKifitiu. 

iVlIf.) 



quaiun Id tlorlim loogl 
A|rlB.| 

■ üaelciis morlalltiu ío (o itare caoslll) , qoid dbl condicrní 
ptilent : Prlnclpom dlreriim esse sarWni, qaibai prieclyua reram 
ad famiin dirlícndi. (Tic. . Ub. i , Aiii.l 

* Argeniain qnlilem , si pceuii) til CDianaiils omniam poiics- 
i[o 1 II hDiiesiDiii. el « eo liui el ilurla, Deataa ei|. lat eurum, 
tii 1 DU) proilnl KKMDtir. troJjrblns ' 



vLiOOglC 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



Un espíritu grande mira á lo extremo : ó á Mr Céssr 
ó nada, ó á ser estrellad ceniza. No menos lucirá eita 
Eobre los obeliscos , si glorío sámente se consumiií , qne 
aquella , porque no es gran espíritu el que, como el sa- 
litre preparado ; encendido, no gaste aprisa el laso del 
cuerpo. Pequeño campo es el pecho á un corazón ar- 
diente. El rej de Navarra Garci-Sanchez temblaba al 
entrar en las batatlai , y después ae mostraba raleroso. 
Ko podia sufrir el cuerpo el aprieto en qne le habla de 
poner el corazón. Apetezca pues el príncipe una vida 
gloriosa, que sea luz en el mundo ■<); las demás cosas 
fácilmente las alcanzará la fama, no sin atención; tra- 
bajo i>. Ysi en los principias del gobierno perdiere la 
buena opinión , no la cobrará fácilmente después. Lo 
que una vez concibiere el pueblo del, siempre lo re- 
tendrá. Ponga todo su estudio en adquirir gloria, aun- 
que aventure su vida. Quien desea vivir, rehusa el tra- 
bajo y el peligro , y sin ambos no se puede alcanzar la 
fama. Eo ^ rey Marobodo , eclia Jo de su reiuo y tor- 
pemente ocioso en Italia, lo noté Tácito ^l. De tal suerte 
lia de navegar el príncipe en la bonanza y en las bor- 
rascas de su reinado , que se muestre siempre luciente 
el farol de la gloría , considerando ( para no cometer ni 
pensar' cosa indigna de su persona ) que deila y de to- 
das sus obras y acciones lia de liablar siempre y con 
todas las naciuues la lii^toria. Los principes no tienen 
otros superiores sino ú Dios v á la fama , que los oMi- 
ga á obrar bien por temor i la pena y á la ÍJirauíía ; y 
asi, mas temen ú los historiadores que á sus enemigos ; 
mas á la pluma que al acero. E[ rey Baltasar se lurbú 
tanto de ver armados los dedos con la pluma (aunque 



M SlelBeeilluiíMlri M 
I» boiu, il(iiUi.,S, 16.) 

II Ciclen Pnncipi slalim 
4'Jin. prospín til mcmorii 

K ConscBíiluiae mullupi i 
tafMaea. iTic. , lib. i , Ai 



n hnmlDibas, Btiiatiil open les- 
iitsoDt : Bua liutiitiillicr pini- 



no sabia lo que babia de «scribir ) , qne temldé y qeedd 
descoyuntado u ¡ pero ai á Dios ú á la fama pierden el 
respeto , no podrán acertar, porque en despreciaadnli 
Iama,despreciaiilasvirtudes. La ambición bonestiiou 
mancharse con lo viciosa ó con lo injusto. Ha liay lien 
mas peligrosa que un príncipe á quien ni remuerde li 
conciencia ni incita la gloría ; pero también peligra li 
reputación y el Estado en la gloría, porque su ti^tB' 
dor suele cegar i los príncipes , y da coa ellos en h \e- 
meridud. Lo que parece glorioso deseo, ei vaaiiladt 
locura, que algunas veces es soberbia, otras iavidia,t 
muchas ambición y tiranía. Poucn los ojos en altas em- 
presas, lisonjeados de sus ministros con lo gluriKo, 
sin advertilles la injusticia é inconvenientes de los me- 
dios ¡ y tiallándose deapuós empeñados , se pierden. Y 
asi , dijo el rey don Alonso >^ que n soberanas honras, é 
sin pro , non debe el Rey cobdiciar eo su corazoo , la- 
tes se debe mucho guardar deltas, porque lo <fn a 
además, non puede durar, í perdiéndose, é menguii* 
do , toma en deshonra. E la honra que es desla pisa, 
siempre previene daño deila al que la sigue, nasctée- 
dole ende trabajos é costas grandes , é sin razan , me- 
noscabonilo lo qne tiene por lo qne cobdicii ísen. 
Aquella gloria es segura , qoe nace de la generosidad 
y se contiene dentro de la razan y del poder. 

Siendo la fama y la iofatnia las que obligan i obnr 
bieuis,y conservándose ambas con la historia, on- 
vieue animar con premios á los historiadores , y Faro- 
recer las imprentas, tesorerías de la gloría, doode 
sobre el depósito de los siglos se libran los premiiisile 
las hazañas generosas. ' 



■> Facies Rtgls cammuiiU «si , et etiliilianei «f» ' 
ni tan : el cninp]|ej rennn rjuí solvcbüntvt, et (cud. 
iDikem coUiílebntar. {Daoiel,S. 6,J 

<a Ad coEitationem poil le rutirorum pleriqat fTlrlgí 
r. íQuiaL , declim. 171.) 






EMPRESA XVI. 



Proverbio fui de lo! antiguos ; Purpura juxta pur- 
puram dijudimiida, para mostrar que las cosas se co- 
nocen mfjorcon te comparación de unas con otras, y 



principalmente aquellas que pors mismas no se [Hie- 
den juzgar bien , cuino hacen los mercaderes ente- 
jando unas piezas de púrpura con otras, pora que 1 
ü^jucc.yLiOOglC 



lOCA OE L'N PRINCIPE 

>ul>iJo desta Jescubra lo bajo'de aquella , y se liuga es- 
i:niaci<w cierta tle ambas. Había en el templo de Jú- 
piter Cipitoliiio un manto de grana (orerla de un rey de 
Perga)l{in realzada, que las púrpuras de las matro- 
na; romanas y fa de! mismo emperador Aureliano pa- 
rwiaD de color de ceniza cerca del. Si vuestra alteza 
¡jmsien cotejar j conocer, cuando sea rey , los quila- 
tes jul» de su púrpura real, no lo ponga á ¡as luces 
j cambiiDtes da los aduladores y lisonjeros , porque le 
ileslombrarán la lista , y hallará en ella desmentido el 
color. Ni la fie ruestra alteza del amor propio , que es 
NIDO los ojos, que ven á los demás, pero no así mis- 
fflO!. Menester seri que, como ellos se dejan conocer 
reprHenladas en el cristal del espejo sus especies , as! 
TUKlra allea la ponga al lado de los purpúreos man- 
iK de íus gloriosos padres y agüelos, y advierlasi des- 
dice de la púrpura de sus virtudes, mirándose en 
tüasi. Compare vuestra alteza sus acciones con las de 
aquellas, y conocerá la diferencia entre unas j otras, 
« para subilles el color á las propias , 6 para quedar 
[femiado de su misma virtud , si les hubiere dado vues- 
irt ilteza mayor realce. Considere pues vuestra alteza 
» iguale su Talor al de su generoso padre , su piedad i 
la de so agüelo, su prudencia i la de Filípe 11 , su mag- 
niDtmidid á la de Carlos V , su agrado al de Filipe el 
Primero, su polllica á la de don Femando el Catúlico, 
sulitKraGdad á la de don Alonso el de la mano hora- 
dada, injusticia á la del rey don Alonso XI, y su reli- 
BÍODiladelrey don Femando el Santo, y enciéndase 
ruestnalteu en deseos deimitallos con generosa com- 
pílendi, (¡ainto Máiirao y Publio CipiOn decían que 
cuindo psnian los ojos en las ímúgenes de sus mayo- 
res, st ¡aflamaban sus ánimos y se iucitatian á la vir- 
loJ; no porque aquella cera y retrato los moviese, sino 
pon¡De liiciaa comparación de sus hechos con los de 
MpKllus, j no se quietabon hasta haberlos igualado con 
b üraa j gloria da los sujos. Los elogios que seescri- 
L-eo tolas urnas no hablan con el que fué, sino con 
los que son ; Ules acuerdos sumarios deja al sucesor la 
«nml del antecesor. Con ellos dijo Matatías á sus hi- 
.■osinieiebarian gloriosos en el mundo y adquirirían 
fama ioinartall. Con este Gulas sumos sacerdotes (que 
van principes del pueblo ] llevaban en el pi;ctoml es- 
cB'pidas en doce piedras las virtudes de doce patriar- 
ía 5US aalecesores s. Con ellos ha de ser la competen- 
c'> y emulación gloriosa del principe , no con los ínfe- 
™r«, porque si vence i estos queda odioso , y si le 
^wta , afrentado. El emperador Tiberio tenia por ley 
lo< becbos y dichos de Augusto César *. 
Higi también vuestra alteza i ciertos tiempos com- 



■ IiBitiiB is ffenlo amara ■ <t eooiparare tltin tnam li alie- 
Jl iniK,. iMíUrth. ThlB.)' 

' ifwDiau spcnim Pilno , que lectniíl in fcncnilonibaí 
■" <i)ut;ictti|lonHiiU|niD, (lnanwii(Uniiin,(l,Hicb., 



wW>.iSip.,ií,u.) 
'OaltmaiilattidictiiH ijaa 



qulaor ordloilmt lapidan erint 
lefii oblar» bil. (Tic, 



POLlTICO-ÍRISTlANO. 1¡& 

paracion de su púrpura presente Ci)0 la pasada; porque 

nos procuramos olvidar de lo que fuimos , por no acu- 
samos de lo que somos. Considere vuestra alteza si ha 
descaecido ó se ha mejorado, siendo muy ordinario 
mostrarse los principes muy atentos al gobierno en los 
principios , y descuidarse después. Casi todos entran 
gloriosos i reinar, y con espíritus altos ¡ pero con el 
tiempo ó los abaja el demasiado peso de los negocios, ó 
los perturban las delicias , y se entregan flojamente í 
ellas , olvidados de sus obligaciones y de mantener la 
gloria adquirida. En el emperador Tiberio noto Tá- 
cito que le había quebrantada y mudado la domina- 
ción B. El largo mandar cría soberbia , y la soberbia el 
odio de los subditos , como el mismo autor fo conside- 
ró en el rey Vannio B. Machos comienzan á gobernar 
modestos y rectos; pocos prosiguen, porque hallan 
después ministros aduladores que los enseñan d atre- 
verse y á obrar injustamente , como enseñaban á Ves- 
pasiano '. 

No solamente haga vuestra alteza esta comparación 
de sus virtudes y acciones, sino también coteje entre 
si las de sus antepasados, poniendo juntas las púrpu- 
ras de unos manchadas con sus vicios , y las de otros 
resplandecientes con sus acciones heroicas, porque 
nunca mueven mas los ejemplos que al lado de otros 
opuestos. Coteje vuestra alteza el manto real del rey 
Hermenegildo con el del rey don Pedro el Segundo de 
Aragón : aquel ilustrado con ks estrellas que usmaltd 
su sangre vertida por oponerse £ su padre el rey Leu- 
vigildo , que seguía ta secta arriana , y este despedaza- 
do entre los pies de los caballos en la batalla de Caro- 
na, por Imbor asistido á los albigenses, herejes de 
Francia. Vuelva vuestra aliezn las ojos á los ligios pa- 
sados , y verá perdida á España por la vida licenciosa ( 
de ios reyes Wiliio y don Rodrigo , y restaurada por la 
piedad y valor de dan Pelado. Huerto y despojado del 
reino ol rey don Pedro por sus crueldades, y admitido 
á él su hermano don Enrique el Segundo por su benig- 
nidad. Glorioso al iiifunie don Femando , y favorecido 
de! cielo con grandes coronas , por haber conservado 
la suj-a el rey donjuán el Segundo, su sobrino, aunque 
se la ofrecían ; y acusado el infante don Sancho de ino- 
bediente y ingrato ante el papa Hartino V, de su mis- 
mo padre el rey don Alonso X , por haberle querídoqui- 
tar en vida el reino- Este cotejo ser& el mas seguro 
maestro que vuestra alteza podrá tener para el acierto 
de su gobierno ; porque, aunque al discurso de vuestra 
alteza se ofrezcan los esplendores de las acciones he- 
niicBS y conozca la vileza de las torces, no mueveo 
tanto consideradas en si mismas , como en los sugetoi 
que por ellas 6 fueron gloriosas ó abatidos en el mundo. 

a Ad cid TÉberlaa pon Inntaní rcrun eiprrienUin ti doaiiiii- 
lioDÍi conmlius el moUlas tverlL (Tac. ,1.6, Add.J 

a Prima Inpcrli »ute clamt , acupiaiquc popalarlbat : noi 
dlaltmluUiB la loperbiim muíaos, d odio iFcalirani. alDiil 

' VMpisIiDD inlrr iülUí Imperil ad obliaeailu lolgoltalíi 
baaii ptriDde almlaaio ; doaee iiidul(CDlia lonaiiaa, el praili 
magiilrii dldlcit, aniaaqut til, iTic. , llb. S, Hltl.) 

iXar-.lUii. aisp.,l.B,c. li.) 



vLaOOglC 



DON DIEGO DB SAAV£0:!A FAJARDO. 



EMPRESA XVII. 



Al árbol cargada de trofeos DO queda menos tronco 
que antes. Los que d otros fueron gloría , i Él son peso; 
asi las biuiarias de los antepasados son coofusion y in- 
famia al sucesor que no las imita. En ellas no liereda 
.Ib gloria,sino una acción de alcanzalla con la emula- 
ción. Como la luz hace rcüejos en el diamante porque 
tiene fondos, y pasa ligeramente por el vidriu que no 
los lieae, asi cuando el sucesor es valeroso le Ilustran 
las glorias de sus pasados ; pero si fuere vidrio vil , no 
se detendrán en él , antes descubrirán mas su poco va- 
lor. Las que d otro son ejemplo, á él son obligación. 
En esto se fundó el privilegio y estimación de la noble- 
za, porque presuponemos que emularán los nielas las 
acciones de sus agüelos. El que las blasona y no las 
imita , señala la diferencia que lia; detlos i él. Nadie 
culpa á otro , porque no se iguala al valor de aquel con 
quien no tiene parentesco. Por esto en los zaguanes de 
los nobles de Roma eslnbon solamente las imágenes ya 
ohumadas, j las estatuas antiguas de los varones in- 
signes de aquella familia, representando sus obligacio- 
nes i los sucesores. Boleslao EV, rey de Polonia , traía 
colgada al pecho una medalla de oro en que estaba re- 
tratado su pndre , y cuando liabia de resolver algún ne- 
gocia grave, la miraba , y t>esiindola, decia : a No quie- 
ra Dios que yo haga cosa indigna de vuestro real nom- 
bre.» [Oh Señor! y jcudntas medallas de sus heroicos 
padres y agüelos puede vuestra alteía colgar al pecho, 
que DO le dejarán hacer cosa indigna de su real sangre, 
antes le animarán y llamarán á lo mas gloriosol 

Sientodoi los nobles ardiese la emulación de sus 
mayores , merecedores fueran de los primeros puestos 
de la república en la paz y en la gnem, siendo mas 
conforme al orden y razón de naturaleza que sean me- 
jores los que provienen de los mejores < , en cuyo favor 
está la presunción y la eiperiencia; porque las águilas 
engendran águilas , y leones tos leones , y críea grandes 
espúitus la presunción y el temor de caer en la inla- 

< Par Hi iMlloni me m, qal n ■ellarltu. (ártii.) 



mia. Pero suele faltar este presupuesto, 6 pon|ua ni 
pudo la naturaleza perGciouar su íial, ó por la mala 
educación y flojedad de las delicias, 6 porque do son 
igualmente nobles y generosas las almas, y obrftn se- 
gún la disposición del cuerpo en quien se infunden , y 
algunos heredaron los trofeos , no la virtud de sus ma- 
yores, y son en todo diferentes dellos; coma en el ejem- 
plo mismo de las águilas se experimenta, pues aunque 
ordinariamente engendran águilas, bay quien diga qu^; 
los avestruces son una especie dellas, en quiea con la 
degeneración se desconoce ya lo bizarro del cofkzod , 
la fuerte de las garras y lo suelto délas alas, tiabiéo- 
dose trasformado de ave ligera y hermosa ea aninul 
torpe y feo; y asI,esdañosBlaeleccionque, sin distin- 
ción ni eidtnen de méritos, pone los ojussolameDle en 
la nobleza para los cargos de la república, como sj en 
todos pasase siempre con ta sangre la experiencia j va- 
lor desús agüelos. Faltará la industría, estará ociosa 
la virtud si, Dada ea la nobleza, tuviera por debidos j 
ciertos los premios, sin que la animen á obrar, 6 el 
miedo de dcsroerecellos , íi la esperanza de alcanzallos : 
motivos con que persuadió Tiberio al Senado que no 
CDDvenia socorrer á la familia de M. Hortalo, que, sien- 
do muy noble, se perdia por pobre 3. Sean preferídus 
los granfles señores para los cargos supremos de la paz, 
en que tanto importa el esplendor y la autoridad ; uo 
para losdelaguerra, que lian menester el ejercicio y el 
valor. Si estos se hallaren en ellos, aunque conmenus 
ventajas que enotros, supla lo demás la nobleza ; perouo 
todo. Por esto Tácito se burló de [a elección de Vitellio 
cuando le enviaron i gobernar las legiones de Alema- 
nia la baja ; porque, sin repararen su insuficiencia , sola 
se miró eu que era hijo de quien Iiubia sido tres veces 



t Nía al ai koBln* hoaineM , ei btllaí* kdlaiB , %k n 
ll* bomiii (fDtnr) psUnl. Al lioc qnidem DiMn iicpc cfl 
mil, noa \»mta poML (AriM., Uh 1., PoJ. , i. i.) 

■ Lingiifsctl aljoqal indmlrli. lotendelac laMrdli, il ai 
esMOitiDi, tal •pM,ci*ecDr1 ornan ilicaí iik*lill* etp 
baal, (Ul ifuii, aoblí fnies. CTac, \a. 1, Abr.} 



vLiOOglC 



IDEA DE UN PRfNClPE 
tiafa\, como si aquallo bastan*. Na lo hacia asi Tibe- 
río ea los buenas principios de su gobierno; porque, si 
liiea ilendia i la nobleza de los sugelos pare los pues- 
IK de la guerra , consideraba cómo liabian servido ea 
ella; procedido en la paz, para que, juntas eslascali- 
dailcsifiese el rauudo con cudnta raiaa eran prefari- 
diifálosdemásS. 

En la guerra puede mncbo la autoridad de la sangre ; 
pera DO se vence con ella , sino con el valor y la lodus- 
uh. Losalemanes elegían por reyes á los mas nobles, y 
pur ^aérales á los mas valerosos^. EaloncBS florecen 
ijíinnas cuando la virtud y el valorpueden esperar que 
teria prereridos á todos, y que, ocupando los mayores 
(Nieílos de la guerra , podrJn , ó dar principio d su no- 
bleza , ó adelantar y ilustrar mas la ys adquirida. Esta 
«(peranza di6 grandes capitanes á ios siglos pasadas, y 
¡«r (alta dellit está boy despreciada la milicia , porque 
viiuDeote la gloria de los puestos mayores puede ven- 
cer las incomodidades y peligros de la guerra. No es 
^<MQpr« cierto el presupuesto del respeto y obediencia 
i la mayor sangre, porque si no es acompañada con ca- < 
l.dades propifts de virtud , prudencia y valor, se iuclí- 
uari á ella la ceremonia , pero no el ánimo. A la virtud 
¡ valorque por si mismos se TabricBn ta fortuna , respe- 
tan el iuitno y la admiración. El Océano recibió leyes 
de Colon , y á un orbe nuevo las dio Hernán Cortés , 
que, aunque no nacieron grandes señores, dieron no- 
bleíai sos sucesores para igualarse con ios mayores. 
Losmescdcbnidos ríos tienen su origen ynacimiento 
de arroyos ; ■ pocos posos les di6 nombre y gloría su 
caudal. 

En igualdad departes , y aunijue otros excedan algo 
en ellas, ba de contrapesar la calidad de la nobleza, y 
Mr preTerída por el mérito de los antepasados y por la 
eítiaiacioa común. 

Si bien en la guerra , donde el valor es lo (jue mas se 
Mtima, tiena conveniencia el levantar i Iqs mayores 
^dos á qnien los merece porsus baiauus , aunque fal- 
lí el lustre de la nobleza , suele ser peligroso en la paz 
entregar el gobierno de las cosas & personas bajas y 
humildes ; porque ei desprecio provoca la ira de los 
Bobles y varones ilustres contra el Príncipe ', Esto su- 
cede cuando el sugcio es de pocas partes, no cuando 
Coosulii lliiii Id taua «idetuior. 



B.li:,] 



CcDMti* Titíllii 
c.ljb. I.Hiit.) 

1l>iil)b>lq«9 boBDreí, laUllUlcn Bijann, crirllndiini 
domi ■nciipceundo, uluUicgBUarcl, dor 
tjouarMiDiiM. (T)c. , lib. 4 , Aun.) 
Mytt tí aobiliutc. Dices « rirtate taaebial. <Ti«., da 

II. stiUaeliab 

diWBpUB coniBUeai, el nulmii lo nbudamii) pinatar. 



POLlTICO-CniSTlANO. 47 

por ellas es aclamado y eslimado del pueblo , ilustrada 
con las eicelencias del ánimo la oscuridad de la natura- 
leza. Muclios vemos que parece nacieron de si mismas, 
como dijo Tiberio de Curdo Rurfo*: en los tales cae 
la alabanza de la buena elección de ministros que pone 
Claudiano : 



Cuanda la nobleía estuviere estragada con el ocio y 
regalo, mejor consejo ea restauralla con el ejercicio J 
con los premios, que levantar otra nueva. La plata y el 
oro fácilmente se purgan ¡ pero Imcer de plata oro es 
trabajo en que vanamente se fatiga el arte de la alqui- 
mia. Por esto fué mato ei consejodado al rey don Enri- 
que el Cuarta, de oprimir los grandes señores de su 
reino y levantar otros de mediana fortuna ; aunque la 
libertad y inobediencia de los muy nobles puede tal vez 
obligar á liumillaltas, porque la mucba granduza cria 
soberbia, y no sufresuperíor la nobleza, ¿quien espe- 
sada la servidumbre B. Los poderosos atropollaii las le- 
yes y no cuidan de lo justo, como los inrerioresiii;~y 
entonces están mas seguras los pueblos cuando no ha- 
llan poder que los ampare y fomcDle sus novedades". 
Por esto las leyes de Castilla no consienten que se jun- 
ten dos casas grandes <*, y también porque estén mas 
bien repartidos los bienes, sin que puedan dar celos. 
No faltarían artes que con preteilo de honra y favor 
pudiesen remediar el eiceso de las riquezas, poniéndo- 
las en ocasión donde se consumiesen en serrício del 
Príncipe y del bien público ; pero ya ha crecido tantu 
la vanidad de los gastos , que no es menester valerí^e 
deltas , porque los mas poderosos viven mas trabajados 
con deudas y necesidades, sin que baya sustancia pa- 
ra ejecutar pensamientos altivos y atreverse i noveda- 
des. En queriendo los hombres ser con la magnificen- 
cia mas de lo que pueden , vienen á ser menos de lo 
que son, y á eitingntrse las familias nobles i3 ^ fuera de 
que , ai bien las muchas riquezas son peligrosas , tam- 
bién lo es la eitreraa necesidad, paR]ue obliga á nove- 
dades ». 

■ Vldctnr mlblclUMlitt. (Tic.Kb. II. Ain.) 

• Eimoetnie lobUlUie, ui iapi» Orlu lentllniíji. 

•i> Ñam ímbeeilliorn lemperHqaaiict Juitioi qaicnlit, pe- 
IcnUoriba) tattm Id niliil eil tune. (ArliL , llb. 6. Pul., c. 1.) 
<i Nibll minniD pleben prliujplbu inioUi. (Tic, llb. 1. Aun.) 
** Commoiliini ESl elUm. al bacredltilei idd domUone , icd 
Jnre isniUanli indiDlor. Btiiai id eiBdeis noi , aoo pJBm hm- 
rcdiuiei pnnealuL (Aiiat., llb. 5, Pol., s. 8.) 

Oiles ollm [aniliaa sobiliBa, asulirltadjna lBsf|iiM, ilD- 






.¡Tac, 



.ííbvGoosle 



DON DIEGO DE SAAVEDFtA FAJARDO. 



EMPRESA XVIII. 



A muclioi didla virtud el imperio; i pocos lamalicm. 
Ed estosfué el ceptrausurpacionvioleata y peligrosa; 
en aquellos título justo j posesión durable. Por secreta 
fuerza de su liermosura obliga la tirtud á que !n vene- 
ren. Los elemeolos se rinden al gobierno del cielo por 
su perreccíon y nobteza , j los pueblos buscaron al mas 
justo j al mas cabal para eotregnlle la suprema potes- 
tad. Por esto á Ciro no le parecía merecedor del impe- 
rio el que no ere mejor que todos >. Los vasallos re- 
vereacian mas al principe en quien se afenlajan las 
partes y calidades del iiaimo. Cuanto fueren estas ma- 
yores, mayor será el respeto y estimación, juzgando 
que Dios le es propicio y que con particular cuidado le 
asistey dispone su gobierno. Esto hizo glorioso por to- 
do el niuudo el nombre de Josué >. Recibe el pueblo 
con aplauso las acciones y resoluciones de un principe 
TÍrluoso, ycon piadosa fe espera deilas buenos suce- 
sos; y ti salen adversos, se persuade í que asi conríe- 
ne para mayores íines impenetrables. Por esto en al- 
gunas naciones eran los reyes sumos sacerdotes^, de 
los cuales recibiendo el pueblo la ceremonia y el culto, 
respetase en ellos una como superior naturaleta, mas 
Tecina y mas fomiliBráDias.de la cual se valiese para 
medianera en sus ruegos, y contra quien no se atreviese 
i maquiuar*. La corona de Aaron sobro la mitra se 
llevaba los ojos y los deseos de todos S. Jacob adoró el 
ceptro de Josef , que se remataba en una cigüeña , em- 
bolo de la piedad j religions. 

f Han cenubit eaDTciiraeiiiDinIaipcriain,qat Bosaicllar 
Mtel lli, qiill)Di Impenrel. (XoDoph. , Ub. S, Piedig.) 

( Pmt crgo DgniíiiM can ioni, «1 gamM «jui diinlpimi) al 
te amDl \tm. [Joi. , 6, 11.) 

> Reí enim Dni cnt in beito, ct Jodií, cMn lll, qnitit ctll- 
un Dconm peniiiereBl,nma*n pottiUlim kibebil. (Aiiti., 
lib.S,Pol.,t. ll.i 

* Klnuitac inildliniur eli, qnl Deoí ibiILíitm hihent. (Ariti., 



No pierde tiempo el gobíetno con «I ejercicio delí 
virtud , antes dispone Dios entre tanto los sucesos. Es- 
taba Fernán Antolinez, devoto, oyendo misa, mieairas 
& las riberas del Duero el conde Garci-Fernandeidalu 
la batallaáios moros, y revestido de su forma, peleaba 
por él un ángel , con quien le libró Dios de la ínramii, 
atribuyéndose i él la gloria de la victoria. Igual suc«a 
en la ordenanza de su ejército se reSere en otra oca- 
sión da aquel gran varón el Conde de Tiily , Josué cris- 
tiano, no menos santo que valeroso, mientras se billabí 
al mismo sacrificio. Asistiendo en la tribuna ú los din- 
nos oficios el emperador don Fernando el Segundo, !t 
ofrecieron á sus píes mas estandartes y trofeos que ga- 
nó el valor de muclios predecesores suyos i. Mano so- 
bre mano estaba el puebla de Israel , y obraba Dios ma- 
ravillas en tu favor!. Eternamente lucirá la coroni 
que estuviere ilustrada, como la de Ariadae,con las «t- 
trellas resplandecientes de les virtudes^. El emperador 
Septimio dijo ¿ sus bijas cuando se moría, que 1(S 
dejaba el imperio firme, ti ftiesaD buenos ; y poco du- 
rable, si malos. El rey don Fernando lO llamado el 
Grande por sus grandes virtudes, aumentó con ellas si 
reino y lo estableció á sos sucesores. Era tanta su pií^ 
dad,que en la traslación del cuerpo de San Isidorodn 
Sevilla áLeon, llevaron él y sus liijos las andas, y le 
acompañaron á pies descalzos desde el rio Duero basta 
la iglesia de San Juan de León. Siendo Dios por quisa 
reinan los reyes, y de quien dependen su grandeza i 
sus aciertos , nunca podrán errar si tuviere los ojos m 
él. A la luna no le faltan los rayos del sol ; porque, re- 
conociendo que del los ba de recibir, le está siempn 
mirando para que la ilumine ;í quien deben imitar los 
principes, teniendo siempre Gjos los ojos en aquel 
eterno luminar que da luz y movimiento á los orbes, 

1 SnUU timtn : MiK , ct ridiM KitntUí Dtalil . 4**' "^ 
taru e»i hodi*. (Eiod-, U, II.) 
■ DobIdbi enin Heai linelpB|BiT<tpro «o. [Ju. 1 10, tt) 

icmpon ragnai lp« , et SIU ajni. ( D«iil. , 11, WO 
<• Mtr. , UliU Ubp. 



vLiOOglC 



IDEA DE UN príncipe 
de qaiea reciben sus crecientes ; meoguantes los im- 
perios, como lo representa esta empresa en el ceptro 
rematado ea una luna que mira al sol , símbolo de Dios; 
porque ninguna criatura se parece mas ¿ su omnipo- 
tencia, y porque solo él da luz; ser álaS cosas. 
Qtm, iñt rctfiell anuía nhu , 
Vertm pettlt áictrt tola» l>. 
La major potestad desciende de Dios i^. Antes que 
«a la tierra, se cojvnaroD los reyes en su eterna mente. 
Quiea dio el primer móvil i los orbes, le da también á 
kM reinos }í repúblicas. Quien i los abejas señalú rey, 
DO deja absolutamente al acaso ó & laejecciou iiumaoa 
«tas segundas causas de los principes , que en lo lem- 
poral tienen sus veces y son mu; semejantes á él a. En 
%1 Apocatipñ se significan por aquellos siete planetas 
que tenia Dios en su mano ^*. En ellos dan sus divinos 
rayos , de donde resdltan los reflejos de su poder y au- 
toriJad sobre los pueblos ; ciega es la payor potencia 
sin su luz y resplandores. El príncipe qué los despre- 
ciare, y volviere los ojos á las aparentes luces del bien 
qae Ic representa su mismaconveniencia, y no h razón, 
presto Terá eclipsado el orbe de su poder. Todo lo que 
huye la presencia del spi, queda en conrusa noche. 
Aunque se vea menguante la luna , no vuelve las espal- 
das al sol; antes mas alegre; aguilena, le mira, y obliga 
áque otra vea la llene de luz. Tenga pues el principe 
siempre fijo su ceptro, mirando ¿ la virtud en la lor- 
tuaa próspera ; adversa ; porque en premio de su cons- 
tancia, etmismosol divino, que ú por castigo ó por 
ejercicio del mérito permitió su menguante , no relira- 
li de todo punto su luz , y volveri á acrecentar con ella 
su grandeza. Así ha sucedido alemperador don Fernan- 
doelSegundo: muclias.veces se vióenlos último^ lances 
de tj fortuna , tan adversa , que pudo desesperar de -su 
imperio y aun de su vida ; pero ni perdiú la esperanza , 
ni apartó los ojos de aquel increado Sol, autor de lo 
criado, cuya divina Providencia le libré de los peligros 
¡ le levantó & mayor «randeía sobre todos sus enemi- 
eos. La vara de Üoisás , significado en ella el ceptro. 
Lacia milagrosos efectos cuando, vuelta al cielo, estaba 
en su mano ; pero en dejándola caer en tierra , se con- 
rirlió ea venenosa serpiente formidable al mismo Moi- 
sés Vi. Cuando el ceptro toca en el cielo , como la escala 
deJac(d>,lesustentaDias, y bajan ángeles en su socor- 
réis. Bien conocieron esta verdad los egipcios, que 
grababan ea las puntas de los ceplros la cabeza de uua 
cigüeña, ave religiosa y piadosa con sus padres, y en 
i* parte inferior un pié de liipopúdamo, animal implo é 
ingrato i su padre, contra cuya vida maquina por go- 
lar libre de los amores de su madre ; dando & entender 



a BocUm. 

t Sat esinin poUbUi o\üi Den. (Rom,, 13, 1.) 
■* PriKlpeí qaidcm insur Dcarum ttse. < Tac. . llb. 3 . Aan.} 
" Etkibekil In deilen sm stcüas seplcm. (Apoc. , 1 , 16.) 
■' Projfcil, «iTtisa wt iBtalglirDn.lla ut fagcret Ha;:». 
(Eisd.,1.3.) 

<* VMU Ib somnls Halan Blnlem lupcr Ictrim , el eicDmen 
aits laifn* coelaa : Angtlos qnnqoe Del iscenileiitca , ctides- 
uiácoiet ^t ein , et Donlnuiii inDiinm scalae. (Gen. , 18 , 11.) 



POLÍTICO-CRISTIANO. ■« 

con esle jerogliRco que en los príncipes siempre ha de 
preceder la piedad á la impiedad. Con et mismo sím- 
bolo quisiera Hacavelo á su principe , aunque con di- 
versa significación, que estuviese en las puntas de su 
ceptro la piedad y impiedad para volvelle, y hacer ca- 
bera de lu parte que mas conviniese á la conservaciou 
ó aumento de sus estados ; y con este fin no le parece 
que las virtudes son necesarias en él , sino que basta el 
dar é entender que las tiene; porque si fuesen verda-' 
deras y siempre so gobernase por ellas , le serian perni- 
ciosas , y al contrario, fructuosas si se pensase que las 
tenia; estando de tal suerte dispuesto, que pueda y 
sepa madnllas, y obrar según fuere conveniente y lo' 
pidiere el caso ; y esto juzga por mas necesario en lo| 
principes nuevamente introducidos en el imperio, los 
cuales es menester que estéa aparejados para usar de 
las. velas según soplare el viento de [a fortuna y cuando 
la necesidad obligare á ello. Impío y imprudente con- 
sejo, qué no quiere arraigadas , sino postizas, las virtu- 
des. ¿Cómo puede obrar la sombra lo mismo quela ver- 
dad? ¿Qué arte será bastante á realzar tanto la natura- 
leza del cristal , que se igualen sus fondos y luces á los 
del diamante? jQuién al primer toque no conocerá su 
falsedad y se reirá dél? La verdadera virtud echa raíces 
y flores, y luego se le caen á la flngida : ninguna disi- 
mulación puede durar mucho n. No hay recato que 
bastea representar buena una naturaleza mala. Si aun 
en las virtudes verdaderas y conformes á nuestro natu- 
ral y inclinación, con liábiCo ya adquirido, nos descuida- 
mos , ¿ qué será en las Ungidas? Y penetradas de! pue- 
blo estas artes , ; desengañado, ¿ cómo podré sufrir et 
mal olor de aquel descubierto sepulcro de vicios, mas - 
abominable entonces sin el adorno de la virtud? ¿Cómo 
podré dejar de retirar los ojos de aquella llaga interna, 
si, quitado el paño que la cubre, se le ofreciereála vis- 
tal^? De donde resultaría el ser despreciado el principo 
de los suyos y sospechoso á los extraños. Unos y otros 
le aborrecerian, no pudiendo vivir seguros dé!. Ningu- 
na cosa liace temer mas la tiranía del principe que verle 
afectar las virtudes, habiendo despuésde resultar deltas 
mayores vicias, como se temieron en Otón cuando 
competía el imperio 19. Sabida la mala naturaleza de un 
príncipe , se puede evitar ; pero no la disimulación do 
las virtudes. En ios vicias propios obra la fragilidad, en 
los virtudes fingidas el engaño, y nunca acaso, sino 
para injustos Tines; y asi , son mas dañosas que losmís- 
mos vicios, como lo notó Ticiloen Seyano*». Ninguna 
maldad mayor que vestirse de la virtud para ejercitar 



lian propigilnr : Seta am- 
il, neqae sí muid id rn quid' 
ib. S.deOnic, cap. 3Í.) 
rsaejusliliaeaoilrae. (Isal., 



U.S.) 

<> Otliii iDlerim , canlri spaní omnlum, non dcIlFiíi , neqie de- 
sidia lorpescerc , dililae vnlnplales , illíBlmuIaU luiurla , vt 
cDucU «I decorem Impertí composlla. Eo^uc plus farmidinls itte- 
rebaní faliac ilriuies , et liiii reditora. iTk. , llb. I, Hlst.) 

SD HiDd mlDie nailie,quaiiet parando retno Ungnotnr. (Tac.. 

'"■'■"■■' C,5„,zcc»,L,OpglC 



w 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



' mejor la malicia «. Cometer los ricios es rragilidad; 
disimular firtudes, malicia. Los hombres se compade- 
cen de los vicios y aborreceó la hipocresía ; porque en 
aquellos se engaña uno á si mismo , j ea esta i los de- 
más. AuQ las acciones buenas se desprecian si nacen 
átí arle, y no de la virtud. Portajeia se tuvo lo que ha- 
cia Vitellio pera ganar la gracia del pueblo ; porque , si 
bien era loable , conocían todos que era ungido y que 
no nacía de virtud propia*!, y ¿para qué flngir virtu- 
des , si han de costar el mismo cuidado que las verda- 
deras? Si estas por la de[travacioD de las costumbres 
apenas tienen fuerza , ¿ cúmo la tendnio I as fingidas 7 No 
reconoce de Dios la corona y su conservación, ni cree 
que premia y castiga , el que lia mas da tales artes que 
da Bu.divina Providencia. Cuando en el priDcipe fuesen 
los ncios Qaquezaj y no afectación , bíea es.que los en- 
cobra pomo dar mal ejemplo, y porque el celallos asi 
no es hipocresía ni malicia para engañar, sino recato 
naturaly respeto ata virtud. No le queda treno al po- 
- derqueDodisfrasa sus tiranías. Nuncamas temieron 
los senadores í Tiberio que cuando le vieron sin disi- 
mulación S. Y si bien dice Tácito que Pisón fué aplau- 
dido del pueblo por sus virtudes ó por<ina3 especies 
semejantes-aellas u, no quiso mostrar que son lo mis- 
mo en el principe las virtudes fingidas que las verdade- 
ras, uno que tal vez el pueblo se engaña en el juicio 
dellas , ycelebra por virtud ia hipocresía. ¿Cuánto pues 
seria mas firme y mas constante la fama de Pisón si se 
fundara sobre la verdad? 

Los mismos inconrenieutes nacerían si el principe 
tuviese virtudes verdaderas , pero dispuestas á muda- 
llassegunel tiempo jaecflsidad; porque no puede ser 
virtud la que no es hábito constaute , j está en un áni- 
mo rAuelto á'con vertirla en vicby porrer, si couvÍDie- 
re, con los malos; y ¿cómo puede ser esto convenien- 
cia del príncipe? aCa el Rey contra los malos, quanto 
en sn maldad estoTÍeren(palabrasson del rey don Alon- 
so en sus Partidas^ siempre les debe avernialavolun- 
tadj porque si desta guisa nonio Gziesse, non podría 
fa£ercumidÍdamentejusticÍB,nin tener su tierra enpaz, 
nln mostrarse por bueno. u Y jqué caso puede obligar 
i esto, principalmente en nuestros tiempos, en que «»- 
Un asentados los dominios, y no pendra (como en 
Uempo de los emperadores romanos) de la elección y 
insolencia de la milicia? Ningún caso será tan peligro- 
so I que no pueda eicusallo la virtud, gobernada con la 
prudencia, 5in que sea menester ponerse el príncipe de 
parta de los vicios. Si algún principe se perdió, no fué 

K Bxtr«naMtp«rTcrtitu,eiiiprarsiiaJn>lltliTiets, id Id 
altl , «I ilr boBdt eua yMeirli. ( ViUa.) 

■■ fliM frati una et ^poliri* , lE k Tlrtnllbni'ptolfJjMrcn. 
tvr : iii«Eiiar)>« iltie f riorlt , IndecoTt el lilli leeiplebiatiir. 
(Ticllb. 1,HUL) 

s> PeDclnBal piioT (t idmíriUo, ultidnm ulIiB , al tagendli 
welaribiit abtcarnm, buc conldeiillte TSDlue, ot Hoqnim di- 
m«U*f«ileiiUbaiaugndenlMcpateiifiibTerbcrlbiuG«iilurLaBÍi, 
litar wrronia Utu, eatnmi tIUs ilInSBla frosln Dnatcm. 
(T*e.,<lb. 6, Ain.) 

M Claro ipnd ralpm romon cnt.pervirtaiev, »■( apeale* 
vinaEtuii ilnilei. (Tae.,Ub. tí, Au.) 

M L.S, ÜUS. ptrt.3. 



porhabersidobueno, sino porque no supo serbnnio. 
No es obligación en al príncipe justo oponerseluegoi^h- 
discretamente á los vicios cuando es vana y evideat»- 
mente peligrosa la diligencia; antes es pniduicia per- 
mitir lo que repugnando no se puede impedir U. Disi- 
mule Ib noticia de los vicios hasta que pueda remedía- 
nos con el tiempo , anicnando con el premio á los bue- 
nos y corrigiendo con el castigo á los malos , y usando 
de otros medios que enseña la prudencia; y si no bis* 
taren, déjelo al sucesor, como biso Tiberio , recoas- 
ciendo que en su tiempo no se podian reformar las cos- 
tumbres^; porqua si el principe, por temor ales nu- 
los, se conformase con sus vicios, no los gtoaria, y 
perdería á los buenos, y en unos y otros crecería la ma- 
licia. No es la virtud peligrosa en el príncipe; álcelo si, • 
y el rígor imprudente. Na aborrecen los malos al prin- 
cipe porque es bueno, sino porque cbn destemplada se- 
veridad no los deja ser malos. Todos desean un prfo- 
cipe justo; aun los malos le ban menester bueno, para 
que los mantenga en justicia, y estén con ella segnios 
de otros como ellos. Gn esto se fundaba Séneca cuan- 
do, para retirar d Nerón del incesto con su madre, le 
amenazaba con que se habla publicado, y que no sufri- 
rían los soldados por emperador ¿ un prfoCipe vicio- 
so K. Tan necesarias son en el principe las virtudes, 
que sin ellas no se pueden sustentar los vicios. Seyaa» 
fabricÚ su valimiento mezclando con grandes virtuda 
sus malas costumbres ^. Gn Lucido Uuciano se halla- 
ba otra meicla igual de virtudes y vicios. También en 
Vespasiano se notaban vicios y se alababan virtudes ^, 
pero es cierto que fuera masseguroel valimiento de Se- 
yano fundado en las virtudes, y que de Vespasiano y Uu- 
ciano se hubiera becho un príncipe perfecto sT, quita- 
do» los vicios de ambos, quedaran solas las virtudes ^i. 
Si los vicios son convenientes en el principe para cono- 
cer á los malos , bastará tener dellos el conocimiento, 
y no la prática. Sea pnes virtuoso ; pero de tal suerte 
despierto y advertido, que no haya engaño que no al- 
cance ni malicia que no penetre, conociendo las cos- 
tumbres de los hambres y sus modos de tratar, parago- 
l>emelIos sin ser engañado. Gn este sentido pudiera di- 
simularse el parecer de los que juzgan que viven mis 
seguros los reyes cuando son mas tacaños que los sub- 
ditos N; porque esta tacañería en el conocimiento de 
la malicia humana es conveniente para saber castigar, 
y compadecerse también de la fragilidad humana. Es 

MltermltllnDi, qnod DoleDtn indal^moi, qili priTim ka. 
nllngpi lolnnttlam ad plemiin coblbers Dan potaiatM. |S. ClirU.1 

*T Nos id Umpas ccDiiina, lec >i «Díd la norlbnl Ubiret, 
dB/ulgram eorrigeudi ucldreBi. {Tac, tib. 1, Aun.) 

U Pertnlgalim tsit iDcesum glorianle aiatn , aec lolcnlirM 
mllllcí prat(Di Prlacipli Imparinm. (Tía., llb. 11, Ano.) 

w Corpai IIK libonim tolenni , aalnm tsdaí, lai oblefcu, 
IniUoi crinlnitof, Jaita adilino, at anparbia, palam confoil- 
ni poder, Inlu inmna idlpliceidi libido, ajiifae eiua, aoU 
larilUü , el linu , ueplot indniUia, ae HgilaiUa. (Tic, Ub- 1. 
Blit.) 

•« AmbliBi do VeapiBlieo faní eral. (Tas. , ibid.) 

*¡ B|r«f1*ia Princlpitii tempenaeituii, tí denpüa slrii»- 
lie iliiia, MlaevIiUief BUeereatir. (Tac, llb. 1, BliU) 

*■ Eo ■lolUorfa Rafe* ceoMU, fto lllli, «libu bopeiiUil. 
*«piate«f«et«.{S*lui.) 



vLiOOglC 



IDEA DE UN PRÍNCIPE 
m^ itptra 7 peligrosa m él gabteroo la virtud austera 
siD este conocimiento ; de donde nace que en el prín- 
qie son confeoientes aquellas Tirtu des heroicas pro- 
píis del imperio , no aquellas monásticas 7 encogidas 
que le hacerntimido , embarazado en las resoluciones, 
retirado del trato humano, 7 mas atento á ciertas per- 
[ecdoaes propias que al gobierno universal. La mayor 
pníeccioQ de su virtud consiste en satisracer á las obli- 
gtcines de principo que le impuso Dios. 

Nssolimeata quiso Hacavelo que el principe fingiese 
isuliempo virtudes, sino ialentá fundar une política 
sobre k maldad, enseñando ¿ lleTalla á un extremo 
^do, diciendo que se perdían los hombres porque no 
salniDser malos, como si se pudiera dar sciencia cier- 
ta pan ello. Esta dolrina es la que mas principes ha 
b«cho tinnos 7 los ha precipitado. Na se pierden los 
lumbres porque no saben ser malos, sino porque es 
ioqiosibleque sepan mantener largo tiempo un eitre- 
Diodemaklades,nobabíeDdomalic¡a tan advertida que 
btste á cautelarse, sin quedar enredada en sus mismas 
irtes. ¿Qué sciencia podrá ensenar á conservar en los 
delictos entero el juiciodquien perturba la propia con- 
dencia.La cual, aunque está en nosotros, obre sinnos~ 
otros, impelida de una divina Fuerza interior, siendo 
¡oeifTerdugo de nuestras acciones, como lo fué de 
üercn despuésde haber manda Jó matar ásumadre, pB- 
nóéodaleque Ialuz,qiieá otros da vida, á él había de 
tmrltmDerte ^. El mayor corazón se pierde, el mas 
dspicrtocoasejo se confuade á la vista de los delictos. 
Así sucedía i Seyaao cuando, tratando de eitinguir la 
familia de Tiberio, se hallaba confuso con la grandeza 
del delito u. Qmi Dios al mas resabido con su misma 
istaá» 3. Es el yicio ignorancia opuesta 6 la pru- 
deocia;esviolencÍB que trabaja liempre en su ruina. 

■■ Scdtrii demgi iitellecla mafiiiliidiiie , TCTiqío locilg, 
■•it ra silenUna deflios , Meplu pivore ciargens , ct mcRlIi 

ixpilKaopttfebaUr, UagaiiaeilmimilliiDnií. (Tair. , lib. 
U.U11.I 

** Sed Bifuitido bcinorli melam . prolallaiiea , dlTCru Inleí^ 
taoullü Xleretul. (Tac, llb. a, Ann.) 

'■Qai ippreheodit HpicDtM la hUÜi conm 
mwiB liuipii ( lob. . s , 13. ) 



POLiTICO-CRISTIANO. S4 

Dantener nna maldades multiplicar inconvenientes; 
peligrosa fábrica , que presto cae sobre quien la levsD- 
ta. No bey juicio que baste i remediar los tiranías me- 
nores con otras mB7ores; y ¿adúode llegariaeatecá- 
mulo, que le pudiesen sUfrjr los hombresT £1 mismo 
ejemplo de Juan P^olo, tirano de Prusia , de que se 
vale Macavelo para su dotrína, pudiera persuadille el 
peligro cierto de caminar entre tales precipicios; pues, 
confundida su malicia , no pudo perficionarla con Ift 
muerte del papa Julio 11. Ito mismo sucediú el duque 
Valínlin, i quien pone por idea de los demás prin- 
cipes ; elcual.habjendo estudiado en asegurar sus co- 
sas después de la muerte del papa Alejandro VI, dan- 
do venena i los cardenales d,e la facción conlraría, 
se trocaron los fiascos, y él y Alejandro bebieron el 
veneno, con que luego muriú el Papa, y Valentín que- 
dó tan indispuesto, que no pudo intervenir en el con- 
clave , no habiendo su astucia prevenido este caso ; y 
as! uo sajió papa quien deseaba , y perdiú casi todo lo 
que violentamente había ocupada en la Romanía. No 
permite la Providencia divina que se logren las artes 
de los tiranos ^s. La virtud tiene fuerza para atraer & 
Dios i nuestros intentos , no la malicia. Si algún tira- 
no duró en la usurpación^ fuerza fué de alguna gran 
virtud ó excelencia natural , que disimuló sus vicios y 
le granjeó la voluntad en los pueblos ; pero la malicia 
lo atribuye á las artes tiranas; y saca de tales ejemplos 
impías y erradas máúmas de estado , con que se pier- 
den los principes y caen los imperios ; Fuera de que no 
todos los que tienen el ceptro en la mano 7 la corona «1 
las sienes reinan , porque la divina Justicia , dejando 4 
uno con el reino , se le quita, volviéndole, de señor, en 
esclarode sus pasiones y de sus minislroi , combatido 
de infelices sucesos y sediciones; y asi se verificó ea 
Saúl lo queSamuellediJo, quenoseríarey, enpenada 
no haber obedecido i Dios 3^; porque, si bien vivió y 
murió rey, fué desde entonces servidumbre su reinado. 

** Qb< dit>i[iil eofiblioDis millgooran , oa poislnl Implora 
Binai eonm. qaod cocperant- |lab.,S, 11.) 

" ProcoqEgdabjedsll Mrmanca Domlai, afeiedt u Dwal- 
nai, ae *lt lUi. (], Rcf., 15, S.) 



dhvGoosle 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



EMPRESA XIX. 



EDlosjuegosde VulcaDoy de Proineteo, puestos á 
trechos dͥecsos corredores , partin el primero con una 
antorcha encendido, 7 Ib daba al segundo, y este al ter- 
cero , y BEÍ de mano en mano. De donde nnciú el pro- 
verbio Ctírsti lampada irado, por aquellas cosas que 
como por sucesión pasaboD de uuos i otros; j así, dijo 
Lucrecio : 



Que parece lo tomó de Platón cuando, aconsejándolo 
propagación, advierte que era necesaria para que co- 
mo tea ardiente posase & la posteridad de la vida reci- 
bida de los mayores i. ¿Quéolracosaesceptro real si- 
no una antorclia encendida que pasa de un sucesor á 
otro? Qué se arroja pues la majestad en grandeza tan 
broíe y prestada? Muchas cosas hacen comunal prín- 
cipe con losdeniástiorabres,yuna sola, y esa acciden- 
tal, le diferencia; aquellas no le humanan, y esta le en- 
soberbece. Piensequeeshombre y que gobierna hom- 
bres; considere bien que en el teatro del mundo sale á 
representar un principe, y que en haciendo su papel, 
entrará otro con la púrpura que dejare, y de ambos so- 
hunente quedará después la memoria de haber sido. 
Tenga entendida que aun esa púrpura no es suya, sino 
dala república, que se la presta para que represente 
Bercabezadello, y para que atienda á su conservación, 
aumento y felicidad , como decimos en otra parte. 

Cuando el príncipe se hallare en la carrera de la vi- 
da cOn la antorcha encendida de su estado , no piense 
Golamenle en alargar el curso della , porque ya está 
prescrito su término ; y ¿quién sabe si le tiene muy ve- 
cino, estando sujeta d cualquier ligero viento? Una te- 
ja la apagú al rey don Enrique el Primero*, aun no 
cumplidos catorce años ; yuna calda de un caballo en- 
tre los regocijos y fiestas de sus bodas na dejú que ]!&• 



iTlIim, qniin Ip:! t caijnrlliu icccpiueol, vkltflD, q 
n ardcDlem , posleris IndiDt. (PIalb.1 
[ar.,Utit.Utf..i.it,c.6. 



gasc i empuñallo el príncipe don Juan^ hijo de los Re> 

yes Caté lieos. 

Advierta bien el principe h capacidad de su mano, 
la ocasión y el derecho, para no abarcar sin grao adver- 
tencia mas antorchas que lasque le diere la sucesión 
^ la elección legitima. Si lo hubiera considerado asie! 
conde palatino Federico, no perdiera la voz electoral^ 
sus estados por la ambición de la corona de Bohemia. 
Mayor fuera la carrera del rey Cirios de Ñapóles si,coB- 
tento con la antorcha de su reino, no hubiera procura- 
do la de Hungría, donde fué avenenado. 

No la üe el principe de nadie , ni consienta que otro 
porga en ella la mano con demasiada autoridad , por- 
que el imperio no .sufre compañía ; y aun & su mismo 
padre, el rey don Alonso el Sabio^. traté de quitársela 
el infante don Sancha con el poder y mando que le hk- 
biadado. No le fuilaron pretextos al infante de Porta- 
gal contra su padre, el rey don DIonfs, para intentar lo 
mismo. 

Estus antorchas de los reinos encendidas con malos 
iTi odios presto se extinguen; porque ninguna potencia 
es durable si !u adquirió la maldad. Usurpó el rey don 
García el reiiioile su padre don Alonso el Magno *, obli- 
gándoleá la renunciación, y solos tres años le duróla 
corona en la frente. Don Fruela el Segundo poseyó ca- 
torce meses el reino, que mas por violencia que por 
elección habla alcanzado ; y no siempre salen los desi- 
nias violentos. Pensó don Bamon ^ heredar la corona 
de Navarra matando ú su hermano don Sancho; pero 
el reino aborreció á quien habia concebido tan gran 
maldad, y llamó ú la corona al rey don Sancho de Ara- 
gón, su primo hermano. • 

No se mueva el principe á dejar ligeramente esta ao- 
torclia en vida ; porque, si arrepentido después, quisie- 
re volver é toroalla , podrá ser que le suceda lo que al 



* llH.,Hltt. Ilisp.,1. 1 



vLiOOglC 



IDEA DB UN PRfNaP£ 
K] ion Abuso el Cuarto S , que, habiendo reouDciado 
el reiDO w su bumauo don Ramiro , cuando quiso re- 
abniie, no se le restiluyii ; antes t e tuvo siempre pre- 
go. U unbicioD cuando posee do se rinde á la justi- 
cia, porque siempie halla rozones ó pretextos para 
minleaerse. ¿A quién no raoverá la diferencia que lia; 
tatre el mandar ; obedecer 7 

Sibienpasan de padres fi hijos estas antorchasdelos 
raus, tengan siampre presente los reyes que de Dios 
hsndben,yqueá él se las han de restituir, paro que 
Kpu con el reconocimiento que deben vivir, y cuúd 
(slrtcha cuenta bao de dar dellas. Asi b hizo el rey 
doD Femando el Grande T, diciendo á Dios en los últi- 
mo! taspiros de su vida : «Vuestro es. Señor, el poder, 
Toeslro esel mando; vos. Señor, sois sobre todos los 
rejes, y todo est¿ sujeto ú vuestra providencia. El rei- 
Doque recibí de voestra mano os restituyo. » Casi las 
mismis palabras dijo el rey don Fernando el Santo en 
el misma trance. 

Uus\n aunque trabajosa carrera destinó el cielo i 
Toeslra alteza, que la lia de correr, no con una, sino con 
nachasantorcliaadelucientesdíedemns de reinos, que, 
émulisdel sol, sin perdelle de vista, lucen sobre la tier- 
ri desde oriente á poniente. Furiosos vientos, levanta- 
dos de todas los partes del liorizonte , procuran spaga- 
Ui^pero, como Dios las encendió para que precedan al 
«Uodule de la Cruz, y alumbren en las sagradas aras 
ie la Iglesia, lucirdnatpar della^, principalmente si 
lunlHea lu encendiere la fe de vuestra alteza y su pia- 
<¡oso<:eto, teniéndolas derechas, para que se levante su 



t. Hlip. , 



is ulna mei nsqiie ad 



POLÍTICO-CRISTIANO. 53 

luz mas clare y masserena d buscar el cielo, donde tifr- 
nesu esfera; porque el que las inclinare, las consumi- 
rá aprisa con sus mismas llamas, y ai las tuviere opues- 
tas al cielo, mirando soiadente li la tierra, se ettin- 
guirán luego , porque h materia que les habia de dar 
vida , les dará muerte. Procure pues vuestra alteza pa- 
sar con ellas gloriosameple esta carrera de la vida , y 
entregallasalllu della lucientes al sucesor, y no sola- 
mente como las hubiere recibido, sino antes mas au- 
mentados sus rayos ; porque pesa Dios los reinos y los 
reyes cuando entran & reinar, para tomar después la 
cuenta dellos , como liízo con el rey Baltasar 9. Y si & 
Otón le pareció obligación dejar el imperio como le ha- 
lló o, no la heredó menor vuestra alteza de sus glorio- 
sos antepasados. Asi las entregó ei emperador Car- 
los V, cuando en vida las renunció al rey don Filípe 
el Segunda, su hijo. Y aunquo es malicia de algunos 
que no aguardó al íin de su carrera porque no se las 
apagasen y oscureciesen los vientos contrarios , que ya 
soplaba su fortuna adversa, como lo hizo el rey de Ña- 
póles don Alonso el Segundo i> cuando , no pudiendo 
resistir al rey de Francia Cirios VIH, dejú la corona 
al duque de Calabria don Femando , su liijo ; lo cierto 
es que quiso con tiempo restituillas á Dios, y disponer- 
se para otra corona, no temporal, sino eterna, que, al- 
canzada una vez , se goza sin temores de que baya d« 
pasar i otras sienes. 



• AppcniDs es in sulen, el Inealu e» wlnii hioit. (Din., 
5.ST.) 
•D ürbii noílne insillDlsni . el i Re^bnB nsqBC ,>d Prinilpet 
, ti Immoiiilc , tkal k najoiibM tueplnas , ik po»- 
■ias.(Tu.,Ub.3,HlsL) 
liiSl.Hi>p.,I.W,C. S. 



EMPRESA XX. 



Eq los acompañamientos de las bodas de Atenas iba 
delante de los esposas un niño vestido de liojas espinó- 
las con un canastillo de pan en las manos, sinfbolo que 
1 mi entender significaba no huber sido instituido el 
malrimoato para las delicias solamente , sino para las 



fatigas y trabajos. Con él pudiéramos significar tam- 
bién (si permitieran figuras liumanas las empresas) al 
que nnce para ser rey; porque ¿qué espinas de cuida- 
dos no rodean á quien ha de mantener sus estados en 
justicia, en paz y en abundancia? ¿A qué dificultades y 
ü^jucc.yLiOOglC 



84 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



peligros no Htf sajelo el qae ha de fi^bemir ¿ todas IT 
Sus fatigas han de ser desciuiso del pueblo , bu peligro 
seguridad , j su desvelo sueño. Pero en esto mismo 
ugniticaiDos en la corona hermosa f apacible í la rista, 
j llena de espinas, con el mote sacado de aquellos rer- 
u» de Séneca el trágico: 

O faOíi inm ! 
QuMm mélxm frnit, (■«• tltmit U§U I 

{Quién, mirando aquellas perlas 7 diamantes de la cch 
roña, aquellas flores que por todas partes la cercan, no 
creerd que es mas hermosa 7 deleitable lo que encubre 
dentro? ¥ son espinas que á todas horas lastiman las 
sienes y -el corazón. No hay en la corona perla que no 
sea sudor , no hay rubt que no sea sangre, no hay dia- 
mante que no sea barrena. Toda ella es ciKunfer encía 
sin centro de reposo , símbolo de un perpetuo movi- 
miento de cuidados. Por esto algunos reyes antiguos 
traian la corona en forma de nave , signiHcundo su in- 
constancia, sus inquietudes y peligros. Bien la conoció 
aquel que, habiéndosela ofrecido , la puso en tierra , y 
dijo : «El que no te conoce, le levante.» Lea primeras 
coronas fueran de vendas ^, no en señal de majestad, 
sino para confortar las sienes ; tan graves son las fati- 
gas de una cabeza coronada, que ha menester preveni- 
do el reparo, siendo el reinar tres suspiras continuos: 
de mantener, de adquiriry de perder. Foresto el emp»- 
rador Marco Antonio decía que era el imperio una gran 
molestia. Para el trabajo nacieron los príncipes, y con- 
Tiene que se hagan á él. Los reyes de'Penia tenían un 
camarero que les despertase muy demañana , dícién- 
doles: uLevantáos, Rey, para tratar de los negocios de 
vuestros estados.» No consentirían algunos príncipes 
presentes tan molesto despertador; porque muchos es- 
tán persuadidos á que en ellos el reposo , las delicias y 
los vicios son premio del principado , y en Ips demás 
Tergüeoza y oprobio 3. Casi todos los principes que se 
pierden es porque (como diremos en otra parte) se per- 
suaden que el reino es herencia y propiedad de que 
pueden usar d su modo, y que su grandeza y lo absolu- 
to de su poder no esti sujeto á las leyes, sino libre para 
losapelítos de la voluntad, en que la lisonja suele ha- 
lagoUos, represen Id ndoles que sin esta libertad sería el 
principado una dura servidumbre, y mas ínl^líz que el 
mas bajo estado de sus vasallos; con que, entregándose 
i todo género dedeliciasy regalas, entorpecen las fuer- 
zas y el Ingenio, y.quedan inútiles para el gobierno. 

De aquí nace que entre tan gran número de princi- 
pes, muy pocos salen buenos gobernadores; no porque 
les falten partes naturales , pues antes sueleo aventa- 
jarse en ellas á los demás , como de materia mas bien 
alimentada , sino porque entre el ocio y las delicias no 
las ejercitan , ni se lo consienten sus domésticos; los 

■ Qdiih irioam, qnam tnlijtctDni tonaaic r«geadi cnncUonni. 
(T».,lll>. I.Am.I 

* Ponlle cidirim mnDilim inper eipal fjni. (Zach.,3. B.) 

* Hiec Prínclpalas pnemlt pnlaat, quorgm libido ic lolnpUi 
pcnei IfiM *li i rabar tie dedeuu penei lUai. (Ttc. , Uli. 1, Hlst.) 



cuales mas fácilmente hacen ni fortuna con us príaci- 
pe divertido que con un atenta. El remedio destos in- 
convenientes consiste en dos cosas : la primera en que 
el principe luego en teniendo uso de razón se vaya in- 
troduciendo en los negocios antes de la muerte del an- 
tecesor, como lo hizo Dios con Josué, y cuando no sei 
en los de gracia , por las razones que diré en li penúl- 
tima empresa, sea en los demás, para que primero abn 
los ojos al gobierno que A los vicios, que es lo que obli- 
gá al senado romano á introducir en él á la juventol 
Por este qercicío , aunque muchos de los sobrinos d« 
papas entran mozos en el gobierno del pontíGcado , se 
hacen en pocos años muy capaces del. La segunda, en 
que con destreza procuren los que asisten al príacipe 
qnítalle las malas opiniones de su grandeza, y que se- 
pa que el consentimiento comnn dio respeto i la cora- 
na y poder al ceptro; porque la natnraleza no hizo re- 
yes; que la púrpura es eimbob de la Sangre que ba de 
derramar por el pueblo *, ai conviniere, no para fomen- 
tar en ella la polilla de loa vicios; que el nacer príncipe 
es fortuito, y solamente propio bien del hombre la vir- 
tud; que la dominación es gobierno, y no poder abso- 
luto, y los vasallos subditos, y no esclavos. Este doco- 
menlo dio el emperador Claudio al rey de los persü 
Heberdates ^, y asi, se debe enseñar al principe que tre- 
tei los que manda como él quisiere ser tratado si obe- 
deciera : consejo fué dé Galva á Pisón cuando ie idopti 
por hijo B. No se eligid el principe pereque solamente 
fuese cabeza , sino para que , siendo respetado codio 
tal, sirviese á todos. Consíderendo estoelreyAntígo- 
no, advirtió á su hijo que no usase mal del foáet, ai se 
ensoberbeciese ó tratase mal á los vasellos , diciéndo- 
le: uTened, hijo, entendido que nuestro reino es uní 
no'ble servidumbre ^. n En esto se fundó la mujer qae, 
excusándose el emperador Etodulfo de dalle audiencii, 
le respondió : «Deja pues de imperar.» No nacieron los 
subditos para el rey, sino el rey para los subditos. Coi- 
toso les saldría el habelle rendido la libertad, sino ha- 
llasen en él la justicia y la defensa que lea movió al ib- 
sallaje. Con sus mismos escudos, hechos en forma ci> 
cuiar, se coronaban los romanos cuando triunfabaa; de 
donde se ín tro dijeron las diademas de los santos vic- 
toriosos contreel común enemigo f. No merece el prín- 
cipe la corona si no fuere también escudo de sus vasi- 
llos , opuesto á los golpea de la fortuna. Has es el rei- 
nar oRcío que dignidad; un imperio de padres á hijos^. 
Y si los subditos no eipefimentan en el principe la so- 

* CoDintareí hatea , pneteitam , csrvlemqiie lellam nM iliil 
qDiiii papipam fauertí polent : claiii lislfiflbiis tbIdI inrolJi n- 
Itlas ad morlem deiUaarl. ( Lli. ,1.1, Hiil.i 

" Ul nan domimloreni, el atnDi, aed Kclórem, el ches u>|l- 
Urel. ITacJib. IS, Aun.) 

* Cogitare , quid aDt lolnerli ssh tilo Ptiicipe , *at itítais- 
a>c-.llb. I.BIat.) 

I Ab linoras, lU m) , iMlraB RtpiíM eife D«tU«i senf» 
tem T ( Irnf.] 

■ Domine, vt icvto bonae volnnUtie late coroiasll nos- (P^- 
B, 13.1 

* Ul enlm gnbematlo palrisCamlli» eit regla qntcdlM poUiM 
doml ; ila r«gli poleslis ul eiilUUi ct genllj aiiu , Mi planna 
Vui doBcuica qnaedam tabeniailo. (Acist , Ub. 3, Pot., t. tt) 



.LtOO^IC 



IDEA DE UN PRINCIPE 
lidlttd jamordepadre,iiole obedecerán como hijos. 
El rej dod Feroando el Santo tuvo el reiaar por oficio 
^e consistia en coDserrar los subditos y maatenellos 
<D justicia, castigarlos vicios, premiar las virtudes y 
procurar los aumeatos de su reino, sía perdonar á 
ningún trabajo por su mayor bien; y como lo entea- 
dit, asf lo ejecutó. Soa los principes muy semejenles á 
los montes (como decimos ea otra parte), do tanto por 
lo inmediata ¿ los Tavores det cielo , cuanto porque re- 
abra en si todas las inclemencias del tiempo, siendo 
depositarios de la'escarctaa y nieve, para que, en arro- 
yos deshechas, bajen dellosá templar en el eslióla sed 
daloscamposy fertilizar los valles, f para que su cuer- 
po levantado lea haga sombra y defienda de los rayos 
del sol lO. Por esto las divinas letras llaman á los prín- 
dpes gigantes n ; porque mayor estatura que los de- 
mis han menester los que nacieron para sustentar el 
peso del gobierno. Gigantes son que han de sutrir tra- 
bajos y gemir { camo dijo Job] debajo de las aguas **, 
significados en ellas los pueblos y naciones u ; y tam- 
bién son ángulos que sustentan el edificio de la repú- 
blica <*. El principe que no entendiere haber nacido 
para hacer lo mismo con sus vasallos, y no se dispusie- 
re i sufrir estt¿ inclemencias por el beneficio dellos, 
dqe de ser monte , y bumlltese á ser valle , si aun para 
retirarse al ocio tiene licencia al que Tud destinado del 
cido para el gobierno de los demás. Electo por rey 
Vamba , no quería acetar la corona, y un capituí le 
amenaiá U que le mataría si no [a acetaba , diciendo 
que no debia con color de modestia estimar en mas su 
reposo particular que el£omun. Por esto en las cortes 
de Gnadalajara no admitieron la renunciación del rey 
don Juan el Segundo en su hijo don Enrique, por ser de 
poca edad, 7 él aun en disposición de poder gobernar. 
En que se conoce que son los príncipes parte de la re- 
pública , j en cierta manera sujetos á ella , como ins- 
Inimentos de su conservación, y así les tocan sus bie- 
nes y sus mates, como dijo Tiberío 6 sus hijos <s. Los 

" QiiafMlwe*irorUt(dap*<ip«rl,fonlLBdoei«aa InlrlbnU- 
bouiaa.ipeí klarblnc, umbracnLim ib leilg. (Iiii. ,15,4.) 

<■ Clc»tei (nlcín cnnl iDper lemm in diebni llllq. Iitl tnat 
rMnieskHMala, Tlrlfimoji. (CeD.,6,4.1 

n Ecce t\ftinea geamnlsnb iqg<i. (Job, 16, H.) 

" Aqnie, qo» Tidlsli, abt merelrii i«del, popnll inot, ct 
intM , II Hi(iK. lApoe. , 17, IS.) 

>* Appliulc bBC DnÍTcraoi iipilos popnll, (1 , Re(., It, 3B.) 

<>K>r..Biít. gijp., I. B.cll. 

" lu uii mUi , nt boDi naltque ve»1n ti Rempoblieía p«r- 
■iiaiL(Tlc,Ub.4, Ain.) 



POLÍTICO-CRISTIANO. 85 

que aclamaron por rey d David, le advirtieron que eran 

sus huesos y su carne l'^, dando á entender que los ha- 
bia de sustentar con sus fuerzas , y sentir en si mismo 
BUS dolores y trabajos. 

También conviene enseñar al principe desde su ju- 
ventud á domar y enfrenar el potro del poder, porque 
si quisiere llevalle con ^ filete de la voluntad , dará con 
él en grandes precipicios. Menester es el freno de la rii- 
lon, las riendas de la política , la vara de la justicia y la 
espuela del valor, lijo siempre el prbclpe sobre los e^ 
tribos de !a prudencia. No ba de ejecutar todo lo que se - 
le antoja, sino lo qQe conviene, y no ofende ¿ la piedad, 
ala estimación, ala vergüenza y alas buenas costum- 
bres 18. Ni ha de creer el príncipe que es absoluto sn 
poder, síQO sujeto al bien público y i los intereses da 
su estado S ñique es inmenso, sino limitado jeipuesto 
á ligeros accidentes. Un soplo de viento desbarató los 
aparatos marítimos del rey Filipe II contra Ingalatérra. 

Reconozca también el príncipe la naturaleza de sn 
potestad, y que no es tan suprema, que no liaya queda*- 
do alguna en el pueblo , la cual , 6 la reservó al princi- 
pio , ó se la concediú después la misma luz natural para 
defensa y conservación propia contra un principe 00- 
toríamente injusto y tirano. A los. buenos príncipes 
agrada que en los subditos quede alguna libertad. Los 
tiranos procuran un absoluto dominio *B. Constituida . 
con templanza la libertad del pueblo , Hace deila la con- 
servación del principado: No está mas seguro el prín- 
cipe que mas puede , sino el que cdn mas razón puede ; 
ni es menos soberano el que conserva á sus vasallos los 
fueros y p^vilegios que justamente poseen. Gran pru- 
dencia es dejárselos gozar libremente; porque liunca 
parece que disminuyen la autoridad del principe sin» 
cuando se resiente dellos é intenta quitallos. Conténte- 
se con mantener su corona con la misma potestad que 
sus antepasados. Esto parece que dio á entender Dios 
por Ecequie! á los príncipes ( aunque en diverso senti- 
do), cuando le dijo que tuviese ceñida i si la corona^. 
Al que déma^adamente ensancha su circunferencia, 
se le cae de las sienes. 

IT Ecíenoi, 01 MntP , « taro lanumus. (1, Rej.. B. 1.) 

u Faeu , ume licdnil plelilcm , exlslliiation«a , leracaDdiaM 
DoilriiD , et ni genenlller dkerim , coEln bonos jaatts Sunl, 
ncc tictte aoi credeodnn e>t. (L. 1S, IT. de condil. InsDl.l 

n Qaomodo peulmli [mperalorlbiii sine Biie donlniUoDoa, 
Iti qnimiis «írcglii modum llberUIii plicere. (Tac. , lib. i, Ana.) 

II CaroDi Ini clrcomligiti >lnib[.(Eiecb., U, 17.) 



ivGoosle 



DDN DIEGO .DB SAAVEDRA FAJARDO. 



EMPRESA XXI. 



Del centro de la justicia se sac6 la circunfereDcia de 
la corona. No fuera necesaria esta $i se pudiera vivir 
ÚD aquella. 



En Ib primera edad ni fué menester la pena, porque 
la lej ao conocia la trulpa, ni el premio, porque se ama- 
ba por si mismo lo honesto ; glorioso ; pero creciú con 
la edad del mundo la malicia , é hiio recatada i la Tir- 
tnd.queaates, sencilla é inadvertida, vivía por los cam- 
pos. Desestimúse la igualdad , perdióse la modestia j la 
vergüenza, é introducida la ambición yla fuerza, se in- 
trodujeron también las dominaciones ; porque, obligada 
de la necesidad la prudencia , y despierta con la luz na- 
tural, redujo los hombres i la compañía civil, donde 
ejercitasen las virtudes á que les inclina la razón , ; 
donde se valiesen de la voz articulada que les dio la na- 
turaleza, para que unos á otros, explicando sus con- 
ceptos , .y manifestando sus sentimientos y necesidades, 
se enseñasen, aconsejasen j defendiesen l. Formada 
pues esta compañía , nació del común consentimiento 
en tal modo de comunidad una potestad en toda ella, 
ilustrada de Ib luz de la naturaleza para conservación 
de sus portes, que las mantuviese en justicia y paz, 
castigando los vicios y premiando las virtudes; y por- 
que esta potestad no pudo estar difusa en todo el cuer- 
po del pueblo, por la confusión en resolver y ejecutar, y 
porque era forzoso que hubiese quien mandase y quien 
obedeciese, se despojaron della y la pusieran en uno, 6 
en pocos, ó en muchos , que son las tres formas de re- 
pública : monarquía , aristocracia y democracia. La mo- 
narquía fué la primera, eligiendo los hombres en sus 
familias, y después en los pueblos, para su gobierno, 
al que excedía d los demis en bondad , cuya mano (cre- 
ciendo la grandeza) honraron con el ceptro , y cuyas 
■iene ciñeron con la corona en señal de majestad y de 



la potestad suprema que le hablan concedido, la cual 
principalmente consiste en la justicia , para manlener 
con ella el pueblo en paz ; y asi , faltando esta , falta el 
orden de república > y cesa el oGcio de rey, como suce- 
dió en Castilla^, reducida al gobierno de dosjuece;, j 
excluidos los reyes por las injusticias de don Ordoña y 
don Fruela. 

Esta justicia no se pudiera administrar bien por solí 
laJeynalural.siograves peligros de la república ; por- 
que, siendo una constante y perpetua voluntad de dirá 
cada uno lo qtte le toca*, peligraría si fuese depcodiea- 
ta de la opinión y juicio del príncipe, y no escrita. Ni Ii 
lux natural (cuando fuese libre de afectos y pasionos) 
sería bastante por si misma S juzgar rectamente ta 
tanta variedad de casos como se ofrecen ; y asi, fué ne- 
cesario que, con el largo uso y experiencia de los su- 
cesos, se fuesen las repúblicas armando de leyes pena- 
les y distributivas ; aquellas para el castigo de los deli- 
tos, y estas para dar á cada uno lo que le perteneciese. 
Las penales se significan por la espada, símbolo de la 
justicia , como lo dió á entender Trajano cuando , dáa- 
dosela desnuda al prefecto Pretorio , te dijo : a Tona 
esta espada , y usa della «n mi favor si gobernare justa- 
mente ; y si no , contra mi. » Los dos cortes della soa 
iguales ai rico y al pobre. No con lomos para no ofen- 
der al ano, y con filos para heríf al otro. Las leyes dii- 
tríbutivassesignificanporla reglad escuadra, que mide 
á todos indiferentemente sus acciones y dereclios!). A 
esta regla de justicia se han de ajustar las cosas; no 
ella á las cosas , como lo hacia la regla Lesvia , que por 
ser de plomo se doblaba y acomodaba días formas de 
las piedras. A unas y otras leyes ha de dar el principe 
aliento. Corazón é alma , dijo el Rey don Alonso el Sa- 
bioG, que era de le república el Rey : <i Ca asi como ya- 

■ Nin Rcpnbliu ddIIi sit, obl li|«i dob taiBnl InpiHiB. 
(Antl.,I.4,Pol.,c.l.) 

I <lir.,HisUHIsp.,l.8.G. 3. 

* JaiUUa tolnt perpílmeil, et lamartiUt. | Si|l., 1 , ^S.) 

■ Ltae» icIb» jniU , inJmtlqiB rcfiliB uu. (SeiWi-) 

• L.s,ui.i,pin. 1 



vLiOOglC 



IDEA DE UN PRÍNCIPE 
a el alma eo el corazón del oroe, é por ella vi?o el 
cuenMjésemaotiene; asi en el Rey yaze la justicia, 
faeesTiiisémaiiteiiiniieiito del puebla j de su seño- 
río. D 1' ea otra parle dijo que rey tanto queria decir 
coDoregJa,; dalarazoni : uCa osÍ como por ella se 
coioceD (oda; las torturas, é se enderezan ; asi por el 
Re; sm coaocidos los yerros , é emendados. » Por una 
leln sola dejú el rey de llamarse ley. Tan uno es con 
elli,queel reyes ley que liabta, y la ley unrey miido. 
Tin n¡, que dominaría sola si pudiese explicarse. La 
jKulcacia polilica dÍTidid la potestad de los príncipes ; 
Tni (kJBrlB disminuida eusus personas, la traslidú sú- 
ÜBxalt a! papel , y quedú escrita en él , y distinta á tos 
DJDidel pueblo la majestad para ejercicio de lá justicia; 
ua que, prevenida eu las leyes antes de los cosos la 
equidad j el castigo , no se atribuyesen las sentencias 
ilirbilríoiid la pasión y conveniencia del principe, y 
fiKM odioso á los subditos. Una eicusa es la ley del rí- 
gK, un realce de la gracia , un brazo invisibie del prin- 
cipe, con que gobierna las riendas de su estado. Nin- 
guDí traza mejor para hacerse respetar y obedecer la 
dcuDinacion ; por lo cual no conviene apartarse de la 
ley, y que obra el poder lo (jue se puede conseguir con 
dlat En querie;ido el principe proceder de hecho, 
pierden su Tuerza las leyes 9. La culpa se tiene por ino- 
cencia i»jla justicia por tiranta, quedando el principe 
menoipAderoso, porque mas pueiile obrar con la le; 
qneiinclla. La ley le constituye y conserra principe 11, 
yletnaadefuerza. Si no se interpusiera la ley, no hu- 
biera disiincion entre el dominur y el obedecer. Sobre 
lupiedratde las leyes, no déla voluntad, se funda la 
rerdiden política. Líneas sondol gobierno, y caminos 
reales de ía razón de estado. Por ellas, como por rum- 
bos cienos , navega segura la nave de la república. Uu- 
nKson del magistrado, ojos y alma de la ciudad y vln- 
calos del pueblo, diin freno (cuerpo de esta empresa) 
quelerigeyle corrige!*. Aun la tirania na se puede 
usteatar sin ellas. 

K la ia^onslancia de la voluntad , sujeta & los afectos 
IptsioDes, y ciega por si misma , no se pudo encomen- 
ilirel juicio dé la Justicia , y fué mene>itér qub se go- 
tierniseporonos decretas y decisiones lirmes, hijas de 
li mon y prudencia , y iguales & cada uno de los ciu- 
didinos, sio odio ni interés : tales son las leyes que 
parí jo fuiurodiciú la experiencia délo pBsadojypor- 
ipé estas no pueden darse d entender por si mismas , y 
un cuerpos que reciben él alma y el entendimiento de 
iHJwces, por cuya boca hablan, y por cuya pluma se' 

Hl.ULl.ptTt-S. 

■^«■InJan inpci'io.iibi Icglbnsigl possil. {Tic, lib. 3, 

* lioii jan , qitUei glimt polHlM. (rtl^. , Ibtd.) 

" 'B><diU,al4Dein4e[eBsliugum1oniicenie*perjer9iit.(Ta«., 
M. 1. Hin.1 

"OpujiiüllH p»,et<«Mii9ja*HtlieiÍI(iiiiaiii, elucgríui 
•HHis uniiiternnD. | luí. , 3S , 17.) 

" Fitiie UBI taltm leges, it esrnm melg hamlBi coíriíílnr 
"utli , iniiqie [lt iDter Improhoi iDaocenlii ; el Id ipils inpro- 
•u irlnralilila lap^filo ntraeDCUrindiUi, elnoundlñcilui. 
luil , lib. t, Elja. , L. lt(. , C. de leg.) 



POLÍTICO-CRJSTLWiO. B7 

declaran y aplican dios casos, no pudieo do comprén- 
denos todos , adviertan bien los príncipes & qué sugetos 
las encomiendan , pues no les Gan menos que su mismo 
ser y los instrumentos principales de reinar ; y hecha la 
elección como conviene , no les impidan el ejercicio y 
cuno ordinario de la justicia ; déjenla correr por el 
magistrado ; porque en queriendo arbitrar los principes 
sobre las leyes mas de aquello que les permite la cle~ 
mencia , se desliará este artiticio político , y las que le 
habían de sustentar serán causa de su ruina ¡porque no 
es otra cosa la tíraoJa , sino un desconocimiento de la 
ley, atribuyéndose á sí los príncipes su autoridad. Des- 
to se quejú Roma , y lo diú pbr causa de su servidum- 
bre, habiendo Augusto abrogado á si las leyes pora tK 
ranizarel imperio H, 

pM^aámJara ftret ta i« cnmmlt Cttttr 
TrautnHl, ilapMlmfra,4etiultfiuptlttli 
Arlitn, in fremlntfaeii itrtile reeatii*. 

En cerrando el principe la boca d las leyes , la abre á 
la malicia y & los vicios, como sucedió en tiempo det 
emperador Claudio is. 

La multiplicidad de leyes es muy dañosa á las repú- 
blicas, porque con ellas se fundaron todas, y por ellas 
se perdieron casi todas. En siendo muclias, causan con- 
fusión y se olvidan , ú no se pudiendo observar, se dei- 
precian. Argumentos son de una repüblica disoluta. 
Unas se contradicen á otras , y dan lugar á las interpre- 
taciones de la malicia y á la variedad de las .opiniones ; 
de donde nacen los pleitos y las disensiones. Ocúpase 
la mayor parte del puebla en los tribunales. Falta gen- 
te para la cultura de los campos , para los oficies y para 
la guerra. Sustentan pocos buenos á muchos malos , y 
muchos malos son señores de los buenos. Las plaza» 
son golfos dé ¡tiratas, y los tribunales bosques de fora- 
gidos. Los mismos que habían de ser guenias del der«- 
cho , son dura cadena de la servidumbre del pueblo ^K 
Nomenos suelen ser trabajadas las repúblicas con las 
muchas leyes que con los vicios. Quien promulga mu- 
clias leyes, esparce muchos abrojos donde todos le 
lastimen ; y asi Calígulai\ que drmaba lazos i la ino- 
cencia, hacia diversos edictos escritos de letra muy 
menuda , porque se leyesen con diGcultad ; y Claudio 
publicó eu un dia veinte <^, con que el pueblo andaba 
tan confuso y embarazado , que le costaba mas el sabe- 
llos que el obedecellos. Por esto Aristóteles dijo qua 
bastaban pocas leyesparaloscasos graves, dejando lo» 
demús ai juicio natural. Ningún daüo interior de las re- 
públicas mayorque el de la mulliplicidad de las leyes. 
Por castigo de graves ofensas amenaza Dios í Israel 
que se las multiplicarla^. ¿Pare qué añadir ligeramen- 

n lnsiirgerepauIiliin,mdDli Semtiis ,HaglsInlnDin, lepimlit 
u irahcre. iTie. , llb. 1, Add J 

II Cligd. 

■> Nim eaacU leEnm ct HiglilnlDDin moni) Id se Icibcni Prio- 
cepi, milerlaní pritdindl piterec«rit. (Tic , Ilh. II, Aiin. ) 

<B Drdili|ac Jara , qocli pace , et Piiatíft atcrcDinr : acrion ex 
co víDtuli , InillU cutlodea. (Tac. , ILb. 3, Ana.) 

I' Trantli. íd Calif. 

M Tnncb. la Cliad. 

■■ Qali BulUpücaiit Epbnim aliarla, ad p 



(LiOOglC 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



le nueras d las antiguas, si no hay eiceso que no ha]ra 
sucedido, ni inconvenienle que no se lisya considerado 
DDtes, y d quien el lArgo uso 7 eiperíencia no hafa 
constituido el remedioT Los que agora da eu Castilla 
pdr nuevos el arbitrio , se hallarán en las leyes del rei- 
no. La observenciB dellas' será mas bien recibida'del 
pueblo, yconmenosodiodel príncipe, que ia publica- 
ción de otras nuevas, Ea aquellas sosiega el juicio, en 
estas vacila. En Aquellas se descubre él cuidado , en es- 
tas se aventura el crédito. Aquellas se renuevan con se- 
guridad, estes te ioventan coa peligro. Hacer experien- 
cias de^'einedios es d costa de la salud y de la vida. Hu- 
cbas yerbas, antes que se supiesen preparar, fueron 
veaeno.Uejor se gobierna la repüblica que tiene leyes 
Qjas , aunque sean imperretas , que aqueKa que las mu- 
da frecuentemente. Para mostrarlos antiguo» que ban 
de ser perpetuas las escribían en bronce *o, y Dios las 
esculpid en piedras escritas con su dedo eterno H. Por 
estas consideraciones acoosejd Augusto al Senado que 
constantemente guardase las leyes antiguas ; porque, 
aunque fuesen malas, eran mas útiles á la república 
que las nuevas 11. Bastantes leyes hay ya constituidas 
en todos los reinos ; lo que conviene es que la variedad 
da eiplicaciones no las haga mas dudosas y obscuras, y 
crie pleitos ; en que se debe poner remedio fábil en Es- 
paña , si alguD rey, no menos por tal empresa restaura- 
dor detla que Pelayo, reduciendo las causas il términos 
breves y dejando e] derecho civil , se sirviese de las le- 
yes patrias , no menos doctas y prudentes que justas. 
£1 rey Recesvindo lo intentó , diciendo en una ley del 
Fuero Jnzgofi:a£n¡n queremos, que de aqui adelan.- 
1e sean usadas las leyes Romanas , nín las estrenas, n 
También el rey don Alonso el Sabib ordena á los jue- 
cesU, nQue los pleitos ante ellos los librea bien, é 
lealmente lo mas aína é mejor que supieron , é por las 
leyes deste libro, é non por otras.» Esto confirmaron 
los reyes don Femando y doña Juana ; y el rey Alarí- 
goís puso graves penas á los jueces, que admitiesen 
alegaciones de las leyes romanas. Ofensa es de la sobe* 
rania gobernarse pof ajenos leyes. En esto se ofrecen 
dos inconvenientes : el primero, que, como estdn las le- 
yes en lengua castellana, se perderla la latina si los pro- 
fesores de la jurisprudencia estudiasen en ellas sola- 
mente ; fuera de que sin el conocimiento del derecho 
civil,dedanderesu!iaron, no se pueden entender bien; 
el segundo, que, siendo común i casi todas las naciones 

•DDl el xraa In dellcipii : seribam el mnlliplicei legcs meu. 

*) Vm lerll id perjieloftilem monninenlaniiD jam pridem 
InBtlilBS cit tabniis aerelt, Ip qulhus eonslitalioiiei imblicae 
iBciilanliir. iPlta., lib. 11. cap. 1.) 

*■ De<litqu(l>amiBii>Maj5i.eiiziipletEi ImjnsMmodl aemoni- 
bnt In moiiIcSlnal.diias tabolia lullmonii lapídeas, icripui 
dlglla Del. {Eiod. ,31,18.) 

> PdiII» lemellegeicaDEtiiilfr seríate, nee illam eimn Im- 
malale. Nam quie In luo s[i[ii , eademiine maaepl , elsl deterlon 
■iDl, lamen nlilionsinl Retpnliilue hij, qnae per innoyalioneüi, 
vel mellón inducnator. ( DIod. , lib. S1.1 

« L.8el9,ÜLt,lib.S.For. . 

W L.6,m.4,part. J. 

VL.I,üt.l,l.3,AMap. 



de Europa el derecho civil , por quien se deciden lu 
causas y se juzgan en las cortes ajenas , y en los triti- 
dos de paz, los derechos y diferenciss de los prlocip», 
es muy importante tener hombres doctos en él; si bien 
estes ioconveaien tes se podrían remediar dotando al- 
gunas cátedras de derecho civil en las unlversidides 
como lo previno (aunque con diferentes motivos) e! nj 
don Fernando el Católico sobre la misma materia, di- 
ciendolB ; aEmpero bien querenies, y sufrimos, que 
los libros de los derechos , que tos sabios antiguos hi- 
cieron , que se lean en loi esludios generales de nuestro 
SeDtrki, porque ay en ellos mucha sabiduría ; y quere- 
mos dar lugar, que los nuestros naturales sean sabido- 
res, é sean por ende mas honrados.» [*ero cuando ao 
se pueda ejecutar esto , se pudieran remediar los dos 
excesos dichos : el primero , el de tantos libros de ¡a- 
Visprudencia como entran en Espa&a, prohibiéndolos; 
porque ya mas son pura sacar el dinero que para eose- 
Kar, habiéndose hecho trato y mercancía la imprenti. 
Con ellos se confunden los ingenias , y queda emban- 
cado y dudoso el juicio. Uenores daños nacería de que 
cuando falten leyes escritas con que decidiralguna can- 
sa, sea ley viva la razón natural , que buscar !a justidt 
en la confusa noche de las opiniones de los doctoras, 
que hocen por la una y otra parte, con que es arbitmii 
y se da lugar ai soborno y d la pasión. El segundo eut- 
so es la proJijidad.de los pleitos , abre vid o dolos, como 
lo intentó en Milán el rey Filipe II, consultando KÍin 
ellos el Senado , ea^ue no solamente miró al beaeScio 
común de los vasallos, sino también d que, siendo aquel 
estado antemural de 1^ monarquía y el teatro de ii 
guerra , Uibiese en él menos togas y mas arneses. Lo 
mismo procuraron los emperadores Tilo y Vespasiim, 
Carlos V, los Reyes Católicos, el rey don Pedro de Po> 
tugal , el rey de Aragón don Jaime el Prinjpro , y el rey 
Luis XI de Francia ; pero ninguno acabó perfetscnenlt 
la empresa, ni se puede esperar que otro saldiicon 
ella , pOrqoe pura reformar el estilo de los tribunales « 
menester consultar d los mismos jueces, los cuales son 
interesados en la duración de los pleitos, como los sol- 
dados en la de la guerra. Sola la necesidad pudo obli- 
gar i la reina doña Isabel i' d ejecutar de motivo pro- 
pio el remedio,' cuando , hallando 6 Sevilla trabajaili 
con pleitos, los decidid todos en su presencia con li 
asistencia de hombres prdlíeos y doctos, y sin el ruido 
forense y comulación de procesos y informaciones; ni- 
bídndole salido felix la experiencia. Con gran prudcDcii 
y paz se gobiernan los cantones de esgüizaros , porque 
entre ellos no hay letrados. En voz se proponen las cau- 
sas al Consejo, se oyen los testigos, y sin escribir mai 
que la sentencia, se deciden luego. Mejor le eslú al liti- 
gante una condenación despachada brevemente, <pt 
una sentencia favorahlo después de haber litigado mu- 
chos años. Quien hoy planto un pleito , planta una pel- 
ma, que cuando fruta, fruta para Otro. EnlarepúUin 



cbyLiOogle 



■ IDEA DE VN PRÍNaPE 

ilaiide DO faereii breiei'y pocos los pleitos, no puede i 
haber pu ni concordia^. Sean por lo menos pocos los ' 
letrados, procuradores f escribanos. ¿Cúmo puede es- 
bT qoieti una repúbüca donde mucltos pBra.EUsteo- 
tmeleranlnn pleitos? ¿Quérestitucioa puede esperar 
ti desposeído, si primero le han de despojar IbdLosÍ Y 
tniado Iodos fueran justos , do se apura mejor entre 
mochos la justicia , como no curan mejor muchos mé- 
&0S DI» enfermedad. NI es coúveniencia de la repú- 
blÍHi^e,á costa del público sosiego j de las liacieo' 
dúdelos particulares, se ponga una diligencia dema- 
sitdi para et eiámen de los derechos ; basta la raoral. 
No es menos dañosa la multiplicidad de las pregmá- 
lidspara corregir el Gobierno los abusos de los trajes 
jgistos superfluos; porque con desprecio se oyAi, y 
ton mala satisfaccioQ se observan. Una pluma las es- 
criba, j esa misma las borra. Respuestas son de Sibila 
a £ojas de drboles, esparcidas por el viento. Si las 
fcace la inobediencia, queda mas insolente y mas se- 
guiD el lujo. La reputación del principe padece cuan- 
do los remedios que señala , 6 no obran 6 no se apli- 
OD. Los edictos de madama Margarita de Austria, du- 
quesa de Parma, desacreditaron en Flándessu gobier- 
no, porque no se ejecutaban. Por lo cual se puede 
dudar si es de meuos inconveniente el abuso de los 
trajes que la prohibición no observada; ó si es mej'r 
¿isimular los tícíds ya arraigados y adultos, que llegar 
i mosinr que son mas poderosos que los principes. Si 
qnedisia castigo la transgresiejt de las pregmálicas, 
se pierdeel temor y la vergüenza. Si las leyes ú preg- 
iDJticts de reformación las escribiese el príncipe en su 
misma persona , podría ser que la lisonja 6 la inclioa- 
cioD Qilural de imitar el menor al mayor, el subdito al 
leaor, obrara mas queel rigor, sin aventurarla autari- 
did.Lapat^imontaque no pudieron introducirlas leyes 
suntuarias, la iutrodujo coo su ejemplo el emperador 
Veipisiano S. Imílsr al príncipe es servidumbre que 
luce suave la lisonja. Has fücil , dijo Teodorico, rey de 
1« godos, que era errarla naturaleza en sus obras, 
^ne desdecir la república de las de su príncipe. En él, 
cnno en un espejo, compone el pueblo sus acciones. 

OMponHar arUt 
trfb (J ixewfbim ; *te ilí iufitcleri tatstu 
B^mm tUtta ttiní, fute víAi Reteatnm '". 

ijscoslumbresson leyes, no escrit:isen el papel, si- 
no en eUnimo y memoria de todos, y tanto mus amadas, 
(uiotonosoomandato, sino arbitrio, y una cierta es- 
p«¡( de libertad ; jasl, el mismo consentimiento común 
íwlisiDlrodujoy prescribió, las retiene con tenaci- 
^, sin dejarse convencer el pueblo , cuando son ma- 
Ik, que conviene mudallas; porque en él esmaspode- 

* ^01 tatriil coBcordei anqoín , >u1 Inler >i]iaii(cs cítci, vbl 
■■■■K BilM lilts jilldales sanl, led nbi eie breviiilnaa, et 
miiitime. (PUL) 

" S«l ^nccipuDí iilricU morli laclor Vespaslmo full;inll- 
n>i;HeiJiB,iktai|g(. OtueqslDQi lode la PriDclpem.el aemil- 
wi iBor iilidior, qun poeaie ex Icflbus, el meloa. (Tac, 



POLÍTICO-CRISTIANO. B9 

rosa la f^ de que, pues las aprobaron sus antepasados, 
seráu razonables y justas, que los argumentos, y aun 

que los mismos inconvenientes que baila en ellas. Por 
lo cual es también mas seno consejo tolerallas que 
qujtaitas. El príncipe prudente gobierna sus estados 
sin innovar las costumbres^i ; pero ai fueren contra la 
virtud ó la religión, c^rríjalas con gran tiento y poco 
A poco, haciendo capaz de la razón al pueblo. El rey 
donFruela fuémuy aborrecido porque quitó la costum- 
bre, introducida por Witiza, de casarse los clérigos, 
y aprobada con el ejemplo de los griegos. 

Si la república no estlbien constituida , y muy dóci- 
les y corregidos los ánimas, poco importan lasleyes^l. 
A esto miró Solón cuando, preguntándole qué leyes 
eran mejores, respondió que aquellas de que usaba el 
pueblo. Poco aprovechan los remedios á los enfermos 
incorregibles. 

Vanas serín las leyes si el príncipe que las promulga 
ñolas conürmare y defendiere con su ejemplo y vida 13. 
Suave le parece al pueblo la ley i quien obedece el mis- 
mo autor della. 

h eamnuie jatei tí t^i, emtnt lattitiiim. 
Primau ¡tu» nU, tne atvn^atüíT tefii 
. FU fOftlti. mee ferré veUl.amMirU^nM 



Las leyfis que promulgó Servio Tullio no fueron so- 
lamente para elpueblo,Sinotambien páralos reyes 3S. 
Por ellas se lian de juzgar las causas entre el príncipe 
y los subditos, como de Tiberio lo refiere Tácito^B. 
(1 Aunque estamos libres de las leyes , dijeron los em- 
peradores Severo y Antonino, vivimos con ellas.» No 
obliga al principe la fuerza de ser ley, sino la de la ra- 
zan en que se funda , cuando es esta natural y común 
ú Iodos , y nt> particular á los subditos para su buen go- 
bierno; porque en (al casodellossolamente toca la ob- 
servancia ; aunque también de'be el príncipe guardallas, 
si lo permiüere el caso , para que á los demás sean sua- 
ves. En «slo parece que consiste el misterio del man- 
dato de Dios ó Ecequiel , que se comiese el volumen, 
para que, viendo que liubia sido el primero en gustar las 
leyes , y que le habian parecido dulces^^, le imitasen 
todos. Tan sujetos están los reyesde España alas leyes, 
que el Dsco en las causas del patrimonio real corro la 
misma fortuna que cualquier vasallo, y en casode duda, 
es condenado : así lo mandó Filipe II ; y lia)lá[idose su 
nieto Filipe IV, glorioso padre de vuestra alteza , pré- 
senle al votar en el Consejo Real un pleito importante 

■I Eos homlnee litiüLiní agere, qni pneientihas marlbas.la- 
IibiisiiDe,ellim3i delerioreí eIdI, nluipiam varlanles Rempobll- 
cim admlnislnal. [TbncTd.) 

M Quid legei slne moribus raüie proüclenlt (S. Ang.) 

*> Digna vaxest majeslale resninUí, leiibaa alUgilüDite prO' 
fiurl. iL. J, C. d> leftb.) 

" Claud. 

>e Qnibas ellam Begcs otlem pera real. (Tic, 1. 3, Ain.) 

H SI quandD cum prlnUt dlicepUret rarnm', el jus. {Tae., 
llb. 1 , Aun.) 

)' FUI hombl* Eomede valameu litad. Et eomcdlillBd: «t 
[aelnpi es) lo ore mea ikal mel dulce. ( Eiecb. , S, 1.) 



(LiOOglC 



60 DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 

ílaCimara, ni en losjuecesraltósDterezajcoasUn- I oillossiniDdignacion. Feliz feioado en qniea launa 

cia pera condenalle , ni en sii majeslad rectitud para I del príncipe es de peor condicioD. 



EMPRESA XXII. 



i 



Si bien el cousen ti mienlo del pueblo dio & los prin- 
cipes la potestad de la justicia, la recibea inmediata- 
mente de Dios, como vicarios suyos en lo temporal. 
Águilas son reales, ministros de Júpiter, que arlminis- 
tmn sus raf os , y tienen sus veces para castigar ios ex- 
cesos y ejercitar justicia'; en que han meliester las tres 
calidades principales del águila : la agudeza de la-vJsta, 
para inquirir los delitos ; la ligereza de sus alas, para la 
ejecución, y la fortalcia de sus garras , para no aDojar 
en ella. En lo mas retirado y oculto de Galicia nn se le 
escapó d la vista de! rey don Alonso el Sétimo*, llama- 
do el Emperador, el agravio que hacia ¿ un labrador un 
infanzón, y disfrazado, partió luego para CBStigalle, coa 
tal celeridad , que primero le tuvo en sus manos que 
supiese su venida. jOb alma viva y ardiente de la ley ! 
¡Hacerse juez y ejecutor por satisfacer el agravio de 
un pobre y castigar la tiranía de un poderoso ! Lo mis- 
roo hizo el rey don Fernandoel Católico^, el cual , ha- 
llándose en tfodina del Campo, pasó secretamente á 
Salamanca , y prendió á Rodrigo Maldonado , que en la 
fortaleza de Montean hacia grandes tiranías. ¿ Quién se 
atrevería i quebrantar las leyes si siempre temiese 
que le podria suceder tal caso? Con uno de estos que- 
da escarmentado y compuesto un reino ; pero no siem- 
pre conviene á la autoridad real imitar estos ejemplos. 
Cuando el reino «siábien ordenado, y tienen su asien- 
to los tribunales, y está vivo el temor á la ley, basta 
que asista el Rey á que se .observe justicia por medio 
de sus ministros. PerocuandoesU todo turbado, cuan- 
do se pierde el respeta y decoro al Rey, cuando la obe- 
diencia no es firmo , como en aquellos tiempos , con- 
Teniente es una demostración semejante, con que los 
subditos vivan recelosos de que puede aphrecérseles la 



:i íd Inn el, qnt m 



m ifit. (Ad 



mano poderosa del Rey, ; sepan que, comeen el cuei- 
po humano, asi en el del reino estí en todo ¿1 y ea cadi 
una de su» partes entera el alma de la majestad. Pero ' 
conviene mucbcr templar el rigor, cuando la repúblin 
está mal afucla y los vicios endurecidos con la coslun- 
bre ; porque si la virtud sale de si , impaciente de Im 
desórdenes , y pone la mano en todo, parecerá cnid- 
dad lo que es justicia. Cure el tiempo loqueenfermi 
con el tiempo. Apresurar su cura es peligrosa empre- 
sa , y en que'se podria experimentar la furia de la rao- 
cliedurnbre irritada. Has se obra con la disimulacíoa j 
destreza , en que fué grao maestro el rey don FcrDsodií 
el Católico, y en que pudo ser que se engañase el kj 
don Pedro, siguiendo el camino de la severidad, li 
cual le dio nombre de cruel. Siendo una misma la vir- 
tud de la justicia, suele obrar diversos efectos en di* 
versos tiempos. Tal vez no la admite el pueblo, yes coa 
eliu mas insolente, y tal vez él mismo reconoce los 
daños de su soltura en los excesos , y por su parte ova- 
da al Principe d que aplique el remedio , y aun le pro- 
poue los medios dsperos contra su misma tihertud; con 
que sin peligro gana opiuion de justiciero. 

No deje el Principe sin castigo los delitos de pacos, 
cometidos contra la república, y perdone los de la 
multitud. Muerto Agrippa por orden de Tiberio en li 
isla Planasia , donde estaba desterrado , hurtó un e^ 
clavo suyo sus cenizas, y fmgid ser Agrippa , á quien se 
parecía mucho. Creyó el pueblo romano que vivia aua; 
corrió la opinión por el imperio ; creció el tumulto, con 
evidente peligro de guerras civiles. Tiberio hizo pren- 
der al esclavo y que secrelameute le mataseu , sin que 
nadie supiese del ¡ y aunque muchos de su familia y 
otros caballeros y cónsules le habían asistido coa di- 
nero y consejo, no quiso que se hablase en el caso'. 



(LiOOglC 



roEA DE UN PRINCIPE 
Vndd sa pnidoicia á su crueldad , ; sosegó con el si- 
lencio j dtsioiuiacion el turaolto. 

Perdone el príncipe losdelitos pequeños , y castigue 
In gnodei. SatisMgase tal vez del BirepentimieDlo, 
qoe es lo que alabó Tácito en Agrícola ^. No es mejor 
gittiersador el que mas castiga, sino el queeicusacon 
pnidencia j nior qae no se dé causa á los castigos; 
bies ts[ como DO acreditan a! médico las muchasmuer- 
les, mil cirujano que se cortea muchos brazos y pier- 
nas. >'o se aborrece al príncipe que castiga y se duele 
de cijügar , sino al que se complace de la ocasión, 6 
tl^nolaquita, pan tenella que castigur. El castigar 
;«n ejemplo y emienda es miserícordia; pero el bus- 
nr li culpa por pasión d para enriquecer al fisco es 



a el príncipe que alguno se tenga por tan 
poderoso y libre de las leyes , que pueda atreverse á los 
que administran justicia y representan sii poder y ofi- 
cio; porque no estaña segúrala colana de la justicia^. 
EaalreTÍéadoseáella, la roerá poco á poco el despre- 
cio, y dará en tierra. El fundamento principal de la 
moDirquiade España, y el que la levan tóy la mantiene, 
es la ioTÍolable observación de la justicia, y el rigor 
conqneobiigiron siempre los reyes á que fuese res- 
peiidi. Ningún desacato contra ella se perdona , atin- 
quesea grande la dignidad y autorídad de quien le co- 
mete, hierignaba en Córdoba un alcalde de corte , de 
urden del re; don Femando el Católico , un delito , y 
bliéadolepeso el marqnés de Priego ^ , lo sintió tanto 
el Rer, quelos servicios señalados de la casa de Cór- 
doba do bastaron para dejar de hacer con él una severa 
demosincion , habiéndose puesto en sus reales ma- 
cos por consejo del Oran Capitán; el cual, conociendo 
k calidad del delito, que no sufria perdón , y la condi- 
cwü del Rey , constante en mantener el respeto y esti- 
ntjcjna de la justicia y de los que la administra ban , 
li escribió que se eotrcgase y echase ásus pies; porque 
iiisiloliLciese, seria castigado, y si no, se perdería. 
No solamente ha de castigar el principe las ofensas 
coalla su per%>na ó C0Q.tra la majestad hechas en su 
tieoipa, sino también las del gobierno pasado , aunque 
l»;i estado en poder de un enemigo, porque los ejem- 
plosde inobediencia ó desprecio disimulados ó premia- 
dm, son peligros comunes ú tos que suceden. La díg- 
nliUd siempre es una misma, y siempre esposa del que 
l> posee, y así hace su causa quien raira por su honor, 
■nitela bayan violado antes. No ha de quedar me- 
"i'^rii de que sin castigo hubo alguno que se le atre- 
'í^.,Ed pensando los vasallo j que pueden adelantar 
su Tortana ó satisfacer á su pasión cou la muerte ó 
ufeoMdesa príncipe, ninguno vivirá seguro. El casti- 
ga del atrevimiento contra el antecesor es seguri- 



BucF. c. nnm itfUnct Prlacepe, bae omlau fuiülDs 
««Hbliejm inhet. (Tic. , llb. 3 , Ana. 1 
'liU.,BH.Hlif.,L19,ii.U. 



polItfco-cristuno. 61 

dad dd sucesor, y escarmiento á todos para que no 
se le atrevan. Por estas razones se movió Vilellio i ha- 
cer matar i los que le habían dado memoriales pi- 
diéndole mercedes por haber tenido parte en la muerte 
deGalbaS. Cada uno es tratadocomo trata álos demás. 
Mandando Julio.Cesar levantar las estatuas de Pompe- 
yo, afirmó las suyas. Silos príncipes no se unen con- 
tra los desacatos é infidelidades, peligrará el respeto y 
la lealtad. 

Cuando en los casos concurren unas mismas cir- 
cunstancias, no disimulen Eos reyes con unos y castí- 
guen á otros; porque ninguna cosa los bará mas odio- 
sos que esta diferencia. Los egipcias significábanla 
igualdad que se deb i a guardar en lajosticia pnrlasplu- 
mas del avestruz, iguales por el uno y otro corte. 

Gran prudencia es del príncipe buscar tal género de 
castigo , que con menos daño del agresor queden sa- 
lisfecbas la culpa y la ofensa becba á la república. Tur- 
baban á Galicia algunos nobles ; y aunque merecedo- 
res de muerte , los llamó el rey don Fernando el Cuar- 
to S, y loa ocupó en la guerra , doude á unos tos castigó 
el enemigo , y d otros la aspereza y trabajos della , de- 
jando as! litH'e de sus inquietudes aquella provincia. 

Asi como son convenientes en la paz la justicia y la 
clemencia, son en la guerra el premio y el castigo; 
porque los peligros son grandes , y no sin gran espe- 
ranza se vencen; y la licencia y soltura de las costum- 
bres solo con el temor se refrenan. « E sin Iodo esto, 
dijo I** el rey dou Alonso el Sabio, son mas dañosos tos 
yerros, que loi> ornes facen en la guerra, c> assaz 
ahonda á los que en ella andan de averse de guardar 
del daño de los enemigos, quanto mas del, que les 
viene por culpa de los suyos mesmos?» Yasí los ruma- 
nos castigaban severamente con diversos géneros de 
penas y infamia i los soldados que faltaban á au obli- 
gación , ó en el peligro ó en la disciplina militar ; con 
que temían mas al castigo que al enemigo , y ele- 
gían por mejor morir en la ocasión gloriosamente, que 
perder después el honor óla vida con perpetua infamia. 
Ninguno en aquel tiempo seatrevio á dejar su bandera; 
porque en ninguna parte del ¡mperío podia vivir segu- 
ro. Hoy los fugitivos, no solamente no son castigados 
envolviendo ásus patrias; pere, fallando día ocasión 
de la guerra, se pasan de Hilan á Nitpolessinlicenciaj 
y como sí fueran soldadosdel otro principe, son admi- 
tidos, con grna daño de su majestad y de su hacienda 
real ; en que deliieran los vireyes tener presente el 
ejemplo del senado romano , que aun viéndose necesi- 
tado de gente después de la batalla de Cdnns, no quiso 
rescatar seis mil romanos presos que le ofrecía Aníbal, 
juzgando por de poca injiortancia li loa que, si hubi»- 
ran querído morir con gloria , no hubieran sido presos 
con infamia. 

Les errores de los generales nacidos de ignorancia, 

a Non hoDore Gilbie , sed Indita Prlnolpibns maní , mnalmen- 
Um id pneteoí, in poslernin aUiooem. iTK,, Jib. I, Uiit.) 
« Har-.llisL Hisp., 1. 15, e. 9. 



A-Tooglt 



«2 



DON DIEGO m SAAVEDRA FAJARDO. 



aates se deben diÑmuIar que castigar , porqae el temor 
al cBsligo Y repreDsioa aojos luga tímidos, y por- 
que Is miyor pnidencia se suele confundir en los casos 
de la guerra , y mas merecen compasión que castigo. 
Perdió Varron la liatalla de Ciinas', y le saliú á recibir 
el Senado, dándole las gracias porque no habia deses- 
perado de las cosas en pérdida tan grande. 

Cuando conviaiere no disimular, sinoejecutar ia jus- 
ticia, sea con determinación ¡valor. Quienlabiceáes' 
coDdidas.maspareceasesÍDoqueprlncipe. El queseen- 
coge en la autoridad que te da ia corona, ó duda de su po- 
deródesus mári tos. Déla desconriaazapropia del princi- 
pe en obrar nace el desprecio del pneblo , cuya opinioa 
es conforme i la que el principe tiene de ll mismo. En 
poco tuvieron sus vasallos al rey don Aloeso el Sabio 11 
cuando le vieron hacer Justicias secretas. Estas sola- 
mente podrían convenir an tiempos tan turbados, que 
te temiesen mayores peligros si el pueblo no viese, 
antes castigados que presos í los autores de sw sedi- 
ción. Asi lo hizo Tiberio, temiendo esle inconvenien- 
te t>. En los demás casos ejecute el príncipe con valor 
las veces que tiene de Dios y del pueblo sobre los sub- 
ditos, pues la justicia es la qne le dio el ceptro y la que 
se le ha de conservar. £lla as la mente de Dios , la ar- 
menia de la república y el presidio de la majestad. Si 
se pudiere contravenir á la ley sin castigo, ni habrá 
miedo ni habri Tergüeoza '*, y sin ambas no puede 
haber paz ni quietud. Pero acuérdense los .reyes que 
sucedieron i los padres de familias , y lo son de sus va- 
sallos, para templar la justicia con la clemencia. Menes- 
ter es que beban los pecados del pueblo , como lo gig- 
nifiai Dios á san Pedro en aquel vaso de animales in- 
iDuodos con que le brindó i*. El príncipe ha de tener el 
estomago de avestruz , tan ardiente con Ib miserícordia , 
qoedigiera hierros, y juntamente sea iguila con rayos 
deiuslicia,que, hiriendo auno, amenace fi machos. Sí 
á todos los que excediesen se hubiese de castigar, no 
habría i quien mandar, porque apenas hay bo'mbre tan 
justo que no haya merecido la muerte ; aCa como 
quier (palabras ton del rey don Alonso is) que la justi- 
cia es muy buena cosa en li , ¿ deque debe el Reysiem- 
pre usar ; con todo eso lazase muy cniel , cuando á hs 

*t tlar.,BiiLHUp.,i.tt, 0. S. 

** Ncc Tllwriu paaniii (Juxpilin inin , fn Mcrcli palitil 
piTtt hlcrSci JHtIl, corpitqoB elm infcirl. |Tie. , lib. 1, Ana.} 

** Si prohlblu iMpiaa tniMradBii>,ieqMiMtninlin,acqiia 
pidoreal. (Tu. , lib. S, Add.) 

t* Id qoa criDl oonii qtidrapeilli , el larpeBUa Icme, el v>- 
ItUliieoell. El helí «1 raí sdeía : Sirp P«r«, acdfa, el 
Mudiiu.(At;t.lO,lL) 

« LS,UL10,p.S. 
J 



vegadas no es templada con misericordia. » No mtiMs 
peligran la corona, la vida y los imperios con la justi- 
cia rígurosa que con la injusticia. Por muy severo en 
ella oayd el rey don Juan el Segundo *B «q desgracii át 
sus vasallos , y el rey don Pedro " perdió la vida y á 
reino. Anden siempre asidas de las mano* la justiciif 
la clemencia , tan unidas , que sean. como partes de tm 
mismo cuerpo, usando con tal arte de la una, quelí 
otra no quede ofendida. Por eso Dios no puso la espi- 
da de fuego, guarda del paraíso , en manos de sertGn, 
que todo es amorymisericordia, sino ealu de un que- 
rubín , espíritu de ciencia, que supiese mejor meicitr 
Injusticia con la clemencia li. NmguDa cosa mas daño- 
sa que UD principe demasiadamente misericordioso. Ea 
el imperio de Nerva se decia que era peor vivir suj»- 
tosi un principe que todo lo permitía, que i qui«ü 
nada. Porque no es menos cruel el que perdonaá lodoi 
que el que i ninguno ; ni menos dañosa al puéblela 
clemencia desordenada que la crueldad, y i veces m 
peca mas con la absolución que con el delito. Ei la 
milicia muy atrevida cuando se promete el perdón. Tu 
sangriento fué el reinado del rey don Enrique el Guarió 
por su demasiada clemencia {si ya no fué amiaioa), 
como el del rey don Pedro por su crueldad. La cleneit- 
cia y ta severidad, aquella pródiga y esta templada ,»d 
las que hacen amado al Príncipe ^. El que con tal i»- 
treza y prudencia mezclare estas virtudes, que cosli 
justiciase haga respetar y con la clemencia amar, a> 
podri errar en su gobierno ; antes seri todo él um tr- 
monia suave , como la que resulta del agudo y del pt- 
ve *>. El cielo cria las mieses con la benigaidad de sos 
recios, y las arraiga y asegura con el rigor de la es- 
carcha 7 nieve. Si Dios no fuera clemente , lo respetan 
el temor, pero no le adorara el culto. Ambas virtudes 
le hacen temido y amado. Por esto decia el rey doa 
.Alooio de Angón que con It justicia gaoaha el afecto 
de los buenos, y con li cl«nencia el de los malos. La 
una induce al temor, y la otra obliga al afecto. Licoa- 
fionia del perdón bace atrevidos á lüs subditos, jls 
clemencia desordenada cria desprecios, ocasiona dn- 
acttos y causa la ruina de los estados. 



<■ lbr.,Blti.Hisp. 

II Ub. 1, ui. 10, p. t. • 

(* ColtociTlt ule paia4liM voteptitli Ghenbin , M liaH* 
■lailiBa.|G<ii.,3,U.) 

• <> XlraBqaaaoortBaaaecBUieraieffiua cleneniiM, x"- 
egi lareillala. (Tac, , llb. 6 , Ani.) 

«• ini«4«iNlaB, e( jAdleioB eaai*b« tlkl D«Mlie. (Ph)b- 
100, l.> 

SI Tau. , Cafe. 



dhvGoosle 



IDEA. DE UN PRfNaPE POLÍTICO-CRISTIAMO. 



EMPRESA XXIII. 



Ningunos alquimistas mayores que los príocipes, 
pues dan Talor á las cosas que no le tienen solamente 
no propoDellis por premio de la TÍr(ud l. InTenlaroa 
te ronioos las coranas murales, cincas y navales, 
pan que Tuesea insignias gloriosas de las hazañas; en 
qoetuTieroopor tesorera ala misma naturaleza, que les 
dtbtli grima, (as palmas y eUaurel,conque sin eos- 
tilisHKnpnsieson, No bastarían los erarios á premiar 
teniÓM^DO se hubiese hallado esta invención polí- 
tica delascorooas, las cuales, dadas en señaldel valor, 
se esiimabaa mas que la plata y el oro, orreciéndose los 
soídidos pw merecellas á los trabajos y peligros. Con el 
miitoo intento los reyes de España fundaron las reli- 
íkiOK militares, cuyos hábitos no solamente señalasen 
la Doblen , sino también la virtud ; y así , se debe cui- 
dar mucho de conservar la estimación de tales pre- 
iii¡«, distribuyéndolos con gran atención i los méritos; 
porque ea tanto se aprecian, en cnanto son marcas de 
Itmblízay delvalor, y si sq dieren sin distinción, se- 
ríí tepreciidos , y podrá reírse Armioio sin repren- 
da de sa hermano Flavio (que seguía la facción de los 
nnaoos), porque habiendo perdido un ojo peleando, 
lesatis&deron con un collary corona, precio vil de su 
MDgret. Bien conocieron los romanos cuánto convenía 
conseror la opinión de estos premios , pues sobre las 
oüdides que habia de tener un soldado para merecer 
nal corona de encina fué consultado el emperador Ti- 
'i'no.EDel hábito de Santiago, cuotpo desta empre- 
^.urepresentanlascalidadftsquese han de conside- 
nr ules de dar semejantes insignias ; porque está 50- 
'■Kdoa concha , hija del mar, nacida entre sus ola* J 
IkcHi i los trabajas, en cuyo candido seno resplandece 
li perla , símbolo de la virtud por su pureza y por ser 
coicdiida del roclo del cielo, 5i los liibitos se dieren 

' lapcnutilliuBdelorfolbu, mBnIl.el dnei doui: q»ld 
^^ptrucarou preHoiim. qold fraetsili, qnid fiieat, quid 
i^nil, qiU urtai? NIIiü bonim hoiar tM, Md hoiortí iiilf- 
>t.iSci.,|.ideBcn.) 

> IrritcUa Anüalo UlU mttMI pneala. (Tac. , Uk. 1 , Aaa.) 



en la cuna ó á los que no han servido, serán merced , y 
no premio. ¿Quién los procurará merecer con los ser- 
vicios si los puede alcanzar con Ib diligencia? Su ins- 
tituto fué para ¡a guerra , no para la paz ; y asi, so- 
lamente se habian de repartir entre los que se seña- 
lasen en ella, y por lo menos hubiesen servido cuatro 
anos , y merecido la jineta por sus lieclios ^ ; con que 
se aplicaría mas la nobleza al ejercicio militar y flore- 
cerían mas las artes de las guerra. nEpor ende (dijo* 
el rey don Alonso) antiguamente los nobles de Espa- 
ña que supieron mucbo de guerra , como vivieron 
siempre en ella, pusieron señalados galardonead los 
que bien íiziesen. n Por no haberlo hecho así tos ate- 
nienses, fueron despojos do los macedonios *, Con- 
siderando el emperador Alejandro Severo la impoi^ 
tancia de premiar la soldadesca, fundamento y seguri- 
dad del imperio, repartía con ellos las contribuciones, 
teniendo por grave delitogastallasensus delicias ó con 
suscortesunosS. 

Los demás premios sean comunes á todos los que s« 
aventajan en la guerra Ú ea la paz. Para esto se doló el 
ceptroconlasríquezas, con los honores y con los ofi- 
cios , advirliendo que también se le concediú el poder 
de la justicia para que con esta castigue el príncipe los 
delitos, y premiecon aquellos la virtud y el valor ; por- 
que (como dijo ^ el mismo rey don Alonso): «Bien por 
bien, 6 mal por mal recibiendo lostiomes según su me- 
recimiento, es justicia que faie mantener las cosas en 
buen estado. » Y da la razón mas abajo : n Ca dar gualar- 

> Honarls «rgnmcnliim non imblUone, Md labora id uinK- 
qgcmqne eonienll pcrienlre. (L. eoaln pnbllc. , C. da renU.) 

* L. t, Ul. CT, p. I. 

I TnncTecUtil pibileiB,qsD lotta «ItlM, tt rtmlgn ile- 
binlnr, enni nrbino papila diiidl eoeplam , qnibu rtbu alTec- 
tom sil. i[ Ínter oUi Craaeomm , lordldam el obicaraiB inl» 
Mtcedaaais aomen e>er(era(. (Tros . , I. S.) 

* AoriB, el irscDlnin riro tnli|Bliii niil nllill dit§ill , nefii 
eue dieeni, ■! diiponulor piblleu In delecblloDeiiuf al loiy- 

coaverlent Id , qaod jrOTlaclilM dediMtit. ( Luip. , la viu 



leí.) 

I L.i,aLn,i 



.LiOOglC 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



don d los qn« bien fazen, «s cosa que coaviene inucho 
i todos los ornes en que lia bondad , é mayormente & los 
grandes.señores que lian poder de lo Tacer aporque en 
galardonar los buenos fechos muéstrase por conoscido 
el que lo faze, é otro si por justiciero. Ca la justicia do 
es tan solamente en cscarmeniar los malos , mas aun en 
dar gualardoD por los bienes. E demlsdesto nasce ende 
otra pro , ca da voluntad & los buenos para ser todavia 
mejores , é á las malos para enmendarse. » En faltando 
«I premio y la pena, falta el urden de república; porque 
son el espíritu que ia mantiene. Sin el uno y el otro no 
se pudiera conservar el principado ; porque la esperan- 
za de! premio obliga al respeta , y el temor de la pena 
á la obeiiiencia , á pesar de la libertad natural , opuesta 
¿ la servidumbre. Por esto los antiguos si gnilicaban por 
«I azote el imperio, como se ve en lus monedas consu- 
lares , y fué pronóstico de la grandeza de Augusto , ha- 
biendo visto Cicerón entre sueños que Júpiter le daba 
an azote, interpretándolo por el imperio romano, á 
^uien levantaron y mantuvieron la pena y el premio. 
¿Quién se negaría álos vicios si no hubiese pena? 
Quién se ofrecería á los peligros si no hubiese premio? 
Dos dioses del mundo decía Demócrilo que eran el cas- 
tigo y el benelicio , considerando que sin ellos no podia 
ser gobernado. Estos son los dos polos tie los orbes del 
magistrado , los dos luminares de ia república. En con- 
fusa liniebla quedaria si le faltasen. Ellos sustentan el 
solio de los principes 8. Por esto Ecequiel mandú al rey 
Sedequlas que se quitase la corona y tas demds insig- 
nias reales, porqueesiobun como hurtadas en él, porque 
nodistribuia con justicia lospremios^. En reconocien- 
do el principe el mérito, reconoce e! premio, por- 
que son correlativos ; y si no le da , es injusto. Esta im- 
portancia del premio y la pena uo consideraron bien los 
legisladores y jurisconsultos ; porque todo su estudio 
pusieron en los castigos , y apenas se acordaron de los 
jiremios. Has atento fué aquel sabio legislador de las 
Partidas , que, previniendo lo uno y lo otro, puso un ti~ 
lulo particular de los galardones 10. 

Siendo pues tan importantes en el principe el premio 
y el castigo , que sin este equilibrio no podria dar paso 
seguro sobre la maroma del gobierno, menester es gran 
«onsideracton parausar dcllos. Forestólas fucesdelos 
licloreSBStaban ligadas , y las coronas, siendo de hojas, 
^ueluegusemarchitan, se componían después del ca- 
so, paraquemientrassedesatulian aquellas ysocogian 
■estas, se interpusiese algún tiempo entre el delinquir y 
■el castigar, entre el merecer y el premiar, y pudiese la 
consideración ponderar los méritos y los deméritos. 
En los premios dados inconsideradamente, poco debe el 
■agradecimiento. Presto se trropienle el que da ligera- 
mente, jlavirludnoestí segura de quien se precipita 
en los castigos. Si se excede en ellos, excusa el p.ueblo 
. M delito, en odio de la severidad. Si un mismo premio 

* Jmtilli arnitar BoUnm. (l'riti., 1S, ti.) 

* ABfer eidicim.lolle corDnim. NonDehaMest.qnaebamllca 
intilevavlt , el sublimcm bnmiliivlt ! (Eiecb. , II , S6.) 

" Til. Í7 , pan. i. 



se da al vicio y i la virtud , queda esta agraviada y aquel 
insolente. Si al uno, con igualdad de méritos, se di 
mayor premio que al otro , se muestra este invidioso y 
desagradecido ; porque insidia y gratitud por una mis- 
ma cosa no se pueden hallar juntas. Pero si bien se ha 
de considerar cómo se premia y se castiga, nohadeser 
tan de espacio, que los premios, por esperados, se des- 
estimen , y los castigos, porlardos, se desmerezcan, n- 
compénsodos con el tiempo y olvidado ya el escarmien- 
to, por no haber memoria de la causa. El rey don AIodm 
el Sabio , agüelo de vuestra alteza , advirtiú con gnn 
juicio d sus descendientes cómo se habían de gobemu 
en los premios y en las penas, diciendo ><: «Queera 
menester tempera mié uto , asi como fazer bien do con- 
viene, é como, é cuando ; é otrosí en saber refrenar el 
mal , é tollerbj é escarmentarlo en los tiempos, éen lis 
sazones que es menester, catando los Techos, quales 
son , é quien los faze, é de que manera , é en quales lu- 
gares. E con estas dos cosas se endereza el mundo, fa- 
ciendo bien á los que bien fazen, é dando pena é escar- 
miento á bs que lo merecen, m 

Algunas veces suele ser conveniente suspender el re- 
partimiento délos premios, porque no parezca que se 
deben de justicia, yporqueentre tanto, mantenidos Ids 
pretensores con esperanzas , sirven con mayor femr, 
y no liay mercancía mas barata que la que se cooipra 
con la expectativa del premio. Has sirven los haiabns 
por lo que esperan que por lo que bau recibido, t^ 
donde se ínñerc el daüo de tas futuras sucesiones ea los 
cargos y en los premios, como lo considera llberío, 
oponiéndose día proposición de Gallo, que delospre- 
tendientesse nombrasen de cinco en cinco anos losqii! 
tjabian de suceder en las legacías de las legiones yen 
lus preluras, diciendo que cesarían los servicios v iu- 
dustriadelosdemdsií. En que no mirú Tiberio áesle 
daño solamente , sino d que se le quilaba la ocasión de 
hacer mercedes, consistiendo en ellos la fuerza del 
principado 13; y asi, moslrándosefavorcbledlosprelea- 
dientes, conservó su autoridad l'. Lqs vahdos iucier- 
tos de la duración de su poder suelen no reparar enesi« 
inconveniente de tas futuras sucesiones , por acomodar 
en ellas á sus hechuras , por enflaquecer la mano M 
principe y por librarse do la importunidad de los pre- 
tendientes. 

Siendo el priuc ¡pe corazón de su estado (como dijo <' 
el rey don Alonso), por él ha de repartir los esplrílu^ 
vitales de las riquezas y premios. Lo mas apartado de 
su estado, yaque carece de su presencia, gocedesns 
favores. Esta consideración pocas veces mueve á los 
principes. Casi todos no saben premiar sino d tos pre- 

<> L. S, til. t, partí. 

<s Subvertí legea, quae «na spatli eiercendie ciaiiiMna 
indnitriae , quaerendisqie ant patluililis bonDrlbus sulacrlil. 
fr«,,Uli.Í,AiiD.) 

O Hisd doblnm ent, eam senlenllim alllnr penetrare, et'i- 
cana inpeiil tenUri. (Tac, Ub. It , Adh.) 

!• FavorabUl In speciemoiationevim Impertí teüiiil- (T"' 
iUd.) 

i>L.I.,Ui.1,p*rt.l 



vLiOOglC 



IDEA DE CN PRInOPE 
lentes, porque se dejia vencer de la importunidad de 
los pretendienle» ó del iinlaRO de los domésticos , ó 
porque DO tienen ánima para negar : sernejantes á los 
ríos, que solamente humedecen el terreno por doode 
pisan, DO liaceu gracias sino á los quetieoen delante, 
íiu considerar que los ministros ausentes sustentan con 
iuÜDitOi trabajos y peligros su grandeza, y que obran 
lo que ellos no pueden por si mismos. Todas las merce- 
des» reparten entre los que asisten al palacio ú £ la 
corle. Aquellos servicios son estimados que huelen á 
áiotnr, no tos que están cubiertos de polvo y sangre ¡ 
loj gue se ren , no los que se oyen ; porque mas se de- 
jan lisonjear los ojos que las orejas, porque se coge lue- 
go la vanagloria de lassumisiones y aparíenciasde agra- 
decimiento. Por esto el servir en las cortes mas suele 
ser ítranjeria que mérito, mas ambición que celo, mas 
comodidad que fatiga. Cn esplendor que se paga de 

Quien sirve ausente podrá gaitar aprobaciones , pe- 
ro no mercedes. Vivirá entretenido con esperanzas y 
promesas vanas , y morirá desesperado con desdeaes. 
1^! remedio suele ser venir de cuaudo en cuandn á las 
c'jtlei, porque ninguna carta ú memorial persuade tan- 
to como la presencia. No se llenan los arcaduces déla 
pretensión si ho tocan en las aguas de la corte. La pre- 
^euciede ios principes es fecunda como la del so!. Todo 
llorece delante dclla, y todo se marchita y seca en su 
ausencia. A la mano le caen los frutos al que está de- 
bajo de los árboles. Foresto concurren tantos & las cor- 
les, desamparando el servicio ausente, donde mas ha 
raeuesterel príncipeú sus ministros. El remedio será 
arriijsrltjos el señuelo de los premios, y que se reciban 
d^o(lesemerecen,y no donde se pretenden, sin que sea 
necesario el acuerdo del memorial j la importunidad 
Je la presencia. El rey Teodorico consolaba!! los nusen- 
l«, diciendo que desde su corte estaba mirando sus 
«rricios y discernía sus méritos '^ ; y Plinio dijo de 
Trajano, que era roas fácil & sus ojos olvidarse del sem- 
^'anlG de los ausentes , que á su ánimo del amor que 
leüenia". 

Este advertimiento de ir los ministros ausentes á las 
cortes no ha ser pidiendo licencia para dejar los pues- 
tas, sino reteniéndolos y representando algunos moti- 
<^iis , con que le concedan por algún tiempo llegar á la 
K^ucia del príncipe. En ella se dispone mejor la 
riretension, teniendo qué dejar. Muchos, 6 malcon- 
liuiús del puesto, ú ambiciosos de otro mayor, le 

" AbDDJí toinosctiar qnisqaii Fina tesle ligdiiur : quaprop- 
ltrl»Dp<siiDÍ! ronjlitntam mtnlis nosine dcdIus ícrenns inspe- 
iit.iliidií Berllaii. (Ctsiiod-, I. 9, c. Il.'i 

'' FicilíDSiilppcett. ulocullsejas tultns absenlis, qaim apl- 
n» (tnniis eidiat. tPlin., Id PaDcg.) 



POLÍTlCO-CmSTlASO. 6S 

renunciaron y se hallaron deopués arrepentidos, ha- 
biéndoles salido vanas sus esperanzas y desinios; por- 
que ol Príncipe lo tiene por desprecio y por apremio. 
fíadie presuma tanto de su persona y calidades, que se 
imagine tan necesario, que no podrá vivir el principe 
sin él , porque nunca faltan instrumentos para su servi- 
cio á tos principes, y suelen , desdeñados, olvidarse de 
los mayores ministros. Todo esto habla con quien desea 
ocupaciones públicas , no con quien , desengañado, pro- 
cura retirarse á vivir para si. Solamente le pongo en 
consideracÍDtt que los corazones grandes, hechos á 
mandar , uo siempre tullan en la soledad aquel sosiega 
de ánimo que se presuponían , y viéndose empeñados, 
sinpoderinudar de resolución, viven y mueren infelii- 
mente. 

En [a pretensión de las mercedes y premios es muy 
importante la modestia y recato , con tal destreza , que 
parezca encaminada á servir mejor con ellos, no á ago- 
lar lu liberalidad del príncipe; con que se obliga mu- 
cho, como lo quedd Dios cuando Salomón no lepidio 
mas que un corazón ddcil ; y no solamente se le conce- 
dió, sino también riquezas y gloriáis. No se hande pe- 
dir como por justicia, porque la virtud, de si mismo es 
hermoso premio ; y aunque se le debe la demostración, 
pende esta de la gracia del príncipe, y todos qnieren'que 
se reconozca dellos, ^ no del mérito. De donde nace 
el inclinarse mas tos príncipes á premiar con largueza 
servicios pequeños , y con escasez los grandes , porque 
se persuaden que cogerán mayor reconocimiento de 
aquellos que destos. ¥ as! , quien recibid de un princi- 
pe muchas mercedes, puede esperal las mayores, por- 
que el haber empezado á dar es causa de dar mas ; fue- 
ra de que se complace de miralle como.á deudor y no 
serlo, que es lo que mas confunde á los principes, E! 
rey Luis XI de Francia decía que se le iban mas los 
ojos por un caballero que, habiendo servido poco, ha- 
bía recibido grandes mercedes, que por otros que , ha- 
biendo servido mucho, eran poco premiados. El empe- 
rador Teodorico, conociendo esta flaqueza, confesó 
que nacia de ambición de que brotasen las mercedes ya 
sembrada^ en uno , sin que el liabellas hecho le causa- 
sen fastidio; antes le provocaban á hacellos mayores i 
quien había empezado á favorecer 19. Esto se eiperi- 
menta en los vulidos, haciéndase lema la gracia y la 
liberalidad del principe. • 

<a Sed et hiec , quic aon poslulasll , dedi libi : dlv[l(as sclilcet, 
et ülorlim , al nemo laetít similis lui la RugibDS (ddcIIi r«ln> 
diebos. (fteg., 3,13.) 

<u AmamuE nosUa beDcOcia geminare , nee umeí praestat lar- 
glias (oilati ri«lldiBiii : niagisqne nos provocaal ad ¡tt(ívtm pne- 
iníuní, qaí iniüa noslraegratiae suscipere merDernal: DDTisenim 
jodiciumimpeódilur, fi\<ir aulco semel placiUs «ihibelnr. ( Cas., 
Hb. í,op¡sl. í.¡ 



,vCoogle 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



EMPRESA XXIV. 



Aunque (como heinosdicho)lajusUcia armada con 
las leyes, cop el preniioycastigo.soD las caluñas que 
lustenlaD et edificio de la república, seríaa coluoas 
en el aire si ao asentasen sobre la base de la religión, 
la cual es el vínculo de las leyes; porque la jurisdic- 
ción de la justicia solamente comprende los actos ex- 
ternos legltimameate probados; pero no seeiliendeá 
los ocultos y ¡otemos. Tiene au raridad sobre los cuer- 
pos , no sobre los ánimos; y asi, poco temeria la. mali- 
cia al castigo si , ejercitándose ocullamente en la inju- 
ria, en el adulterio y en la rapiña, consiguiese susin- 
tentos.y dejase buriadas las leyes, no teniendo otra in- 
visible ley que le estuviese amenazando internamente. 
Tan necesario es en las repúblicas este temor, que á 
muchos impíos pareció invención política la religión. 
jQuiénsin-él viviría contento con su pobreza ó con su 
suerte? iQué Te babria en los contratos? Qué integri- 
dad en la administración de los bienes? Qué fidelidad 
en los cargos, yqué seguridad en las vidas?Poco move- 
ria el premio , si se pudiese adquirir con medios ocultos 
lin repararen la justicia. Poco se aficionarían los hom- 
bres i la hermosura de la virtud si , no esperando mas 
inmarcesible corona que la de la palma, se hubiesen de 
obligar i las estrechas leyes de la continencia. Presto 
con los vicios se turbaría el orden de república , fultan- 
do el íln principal de su felicidad, que consiste en la vir- 
tud, y aquel fundamento 6 propugnáculo de la religión, 
que sustenta y defiende al magistrado, si no creyesen 
los ciudadanos que babia otro supremo tribunal sobre 
las imaginaciones y pensamientos, que castiga con pena 
eterna 7.premia con bienes inmortales : esta esperanza 
y este temor, innatos en el mas impio y bárbaro pecho, 
componen las acciones de los hombres. Buríábase Cayo 
Callgula de los dioses, y cuando tronaba, reconociasu 
temor otra mano mas poderosa que ie podía castigar. 
Nadie hay que la ignore, porque no hay corazón huma- 
no que no se sienta tocado de aquel divino ¡man ; y co- 
mo la agi^'a de marear, llevada de una natural simpa- 
tía , etlá en continuo movimiento basta que se fije á la 



luz de aquella estrella ínmóbil, sobre quien se nielw 
las esferas , asi nosotros vivimos inquietos mientras di 

llegamos á conocer y adorar aquel increado Norte, ei 
quien está el reposo y de quien nace el movimienio di 
lascosBS. Quien mas debe mirar siempre á él, es el prín- 
cipe , porque es el piloto de la república, que la gobier 
na y ba de reduciría á buen puerto ; y no basta que finji 
mirar á él si tiene los ojos en otros astros vanos y nebu' 
losos, porque serán falsas sus demarcaciones y emdoí 
los rumbos que siguiere , y dará consigo y con la repú- 
blica en peligrosos bajíos y escollos. Siempre padecerJ 
naufragios. El pueblo se dividirá en opiniones, la diver- 
sidad deltas desunirá las ánimas ; de donde nacerán lis 
sediciones y conspiraciones, y dellas las mudnnus it 
repúblicas y dominios. Has príncipes vemos despojadoi 
por las' opiniones diversas de religión que por las ar- 
raasi. Por esto el concilio toledano seito ordenúqni 
á ninguno se diese la posesión de la corona si no háble- 
se jurado primero que no permitiría en el reino iquien 
no fuese cristiano. No se viú España quieta basta qu! 
depuso los ertwes de Arrio y abrazaron todos la reli- 
gión catdlica.con que se hallú tan bien el pueblo, que, 
queriendo después el rey Weterico introducir de n«»o 
aquella secta , le mataron dentro de su palacio. A pesir 
destey de otros muchos ejemplos y experiencias, hubo 
quien impíamente enseüA á su principe disimular J ^ 
girlareÜgion.Quienlaringe, no cree en alguna. Si til 
ficción es arte política para unir los ánimos y nunleno 
la república, mejor se alcanzará con la verdadera reli- 
gión que con la falsa, porque esta es caduca y aquella 
eternamente durable. Muchos imperios fundados ea 
religiones falsas, nacidas de ignorancia, mantuvo Dio'- 
premiando con su duración las virtudes morales y It 
ciega adoración y bárbaras victimas con que le busci- 
bin ; no porque le fuesen gralu , sino por la simple 
religiosa con que las ofrecían ; pero no mantuvo aque- 
llos imperios que disimulaban la religión mas con miü- 



iKtf.,HI*LBiip..Le,«.e. 



,L.OOglC 



IDEA DE UN PRINCIPE 
da f Irte que coo igoorancia. San Isidoro pronoslicú 
en su muerte á l> nación española , que si se apartaba 
de larerdadera religión , serta oprimida ; pero que si la 
obsemu, T«ría levantada su grandeza sobre las demis 
Daciooes : pronústico que se veríflcó en el duro jugo de 
losafricaaos, el cual se fué disponiendo desde que el 
rey Wüía negó la obediencia al Papa i, coo que !a li- 
berlid ea el culto y la licencia en tos vicios perturbó la 
quetud pública, y se perdiÚ el valor rnlülar; de que na- 
ci^oD graves trabajos al mismo Rey, á sus hijos y al 
leioo, bula que, domada j castigada España 3, recono- 
tiism errores, j mereció los favores del cielo en aque- 
¡Ik pocas reliquias que retirú Pelayo il la cueva de Co- 
ndoDga.eDel monte Auseau, donde las saetas y dar- 
dos se tolmn t los pechos de los mismos moros que 
los tiraban ;j creciendo desde allí la monarquía, llegó 
(imqae después de un largo curso de siglos) A [a gran- 
deza que hoy goza,'en premio de su constancia en la 
itligion católica. 

Siendo pues el alma de las repúblicas la religión, 
procure el príncipe copservalla. El primer espíritu que 
infundieron en ellas Rúmulo, Numa, Licurgo, Solón, 
Platoa, jolros que las instituyeron y levantaron, fué 
li religión^; porque ella , mas que la necesidad, une los 
inifflos. Los emperadores Tiberio y Adriano proiiibie- 
roaiisrtligionea peregrinas y procuraron la conserva- 
don de ta propia, como también Teodosio y Constaoti- 
DD, cm edictos J penas A los que se apartasen de la ca- 
lóte. Los reyes don Femando y doña Isabel no con- 
siatieron ea sus reinos otro ejercicio de religión; en 
que fué gloriosa la constancia de Filipe II y de sus su- 
cesores, los cuales no se rindieron á apaciguar las se- 
dicioDesdekH Paises-Bajos concediendo la libertad de 
coBcieacÍB,auDC[ue con ella pudieron mantener enteros 
iqudlos dominios, y eicusar los innumerables tesoros 
que ha costado la guerra. Has han estimado el honor y 
gloria de Dios que su misma grandeza , á imitación de 
Fiaría Joviano, que, aclamado emperador por el ejérci- 
to, DO quiso acetar el imperio , diciendo que era crís- 
li'ano.yque Do debia ser emperador de los que no lo 
enn ; y hasta que todos los soldadas confesaron serlo, 
ID le acetó. Aunque también pudieron heredar esta 
conslantepiedad de sus agüelos, pues el concilio tole^ 
daoooclavo refiere lo mismo del rey RecesvintoS, En 
Kto deja d vuestra altexa piadoso ejemplo la majestad 
it Filipe IV, padre de vuestra alteza, en cuyo principio 



*ll>r.,BIlLai 



e.19. 



' OailiB prlBín , rem id nmltllndlDem imperlum eíEctcli- 
"■■■■Dcarm ueun injlcleadnai raiiií. (L\i.\ 

* Ob bec ni regil ipieea i Deo tolidirl pneoptarcl , li Ci- 
ihtlirMUd penanllun tanus icqnireret, IndignBo rcpnlini 
(^Mkte IdeiPrUblpen iMtUetia lupenre. iConen. Tal. vui. 



POLf-nCO-CRISTIANO. «7 

del reinado se trató ensu consejo de continuar la Iregna 
con los. holandeses, á que se íncliuaban algunos con- 
sejeros por la razón ordinaria de estado de no romper 
' la guerra ni mudar las cosas en los principios del rei- 
nado; pero se opuso d este parecer, diciendo que no 
quería afear su fama manteniendo una hora la paz coa 
rebeldes & Dios y á su corona ; y rompió luego li9 
treguas. 

Por este ardiente celo y constancia en la religión ca- 
tólica mereció el rey Ftecaredo el titulo de Católico, y 
también el de Cristianísimo mucho antes que los re- 
yes de Francia; habiéndosele dado el eoocilio toledano 
tercero y el barcelonense^ ; el cual se conservó en loa 
reyes Sisebuto y Ervigío ; pero lo dejaron sus desceQ- 
dien (es, volviendo el rey don Alonso el Primero alo- 
mar el titulo de Católico, por diferenciarse de los here- 
jes y cismíticos, 

€i bien toca d los reyes el mantener en sus reinos la 
religión, y aumentar su verdadero culto como i vica- 
rios de Dios en lo temporal , para encaminar su gobier" 
no á la mayor gloria suya y bien de sus subditos , deben . 
advertir que no pueden arbitrar en el culto y accidentes 
de la religión; porque este cuidado pertenece derecha- 
mente á la cabeza espiritual, por la potestad que á ellk 
sola concedió Cristo ; y que solamente les toca la eje- 
cución , custodia y defensa de lo que ordenare y dispu- 
siere. Al rey Ozias reprendieron los sacerdotes, y cas- 
tigó Dios severamente, porque quiso incensar los al- 
tares "¡n El ser uniforme el culto de toda la cristiandad, 
y una misma en todas partes la esposa, es lo que con- 
serva su pureza. Presto se desconocería , á la verdad, si 
cada uno de los príncipes la compusiese á su modo y 
según sus Gnes. En las provincias yreinos donde lo han 
intentado , apenas queda hoy rastro della , confuso el 
pueblo, sin sabercuál sea la verdadera religión. Distiit' 
tos son entre sí los dominios espiritual y temporal. Este 
se adorna con la autoridad de aquel , y aquel se man- 
tiene con el poder deste. Heroica obediencia la que se 
presta al Vicario de quien da y quita los ceptros. Pre- 
cíense los reyes de no eslar sujetos ¿ la fuerza de los 
fueros y leyes ajenas,, pero no & la de los decretos apos- 
tólicos. Obligación es suya dalles fuerza y hacellos ley 
inviolable en sus reinos, obligando A la observancia da- 
llos con graves penas, principalmente cuando, no sola- 
mente para el bien espiritual, sino también para el 
temporal, conviene que se ejecute lo que ordenan los 
sagrados concilios, sin dar lugar á que rompan Gnes 
particulares sus decretos, y loa perturben en daño y 
perjuicio de los vasallos y de la misma religión. 

• Cantil. Tdlet. iti , Jan Biel. In cbron. , Itoder. Tal. , 1. L 
I Non ea tul orBeii Oila , al Bdoleit inccniím Domino, tea 
SacerdoluB. |S, Pinl., U, 18.) 



,vGoosle 



DON DIEGO DE SAAVEDBA FAJARDO. 



EMPRESA XXV. 



Sobre las torres de los templos arma su nido la ci- 
güeña , y con lo sagrado asegura su sucesión. El prín- 
cipe que sobre la piedra iriangular de la Iglesia levan-' 
tare su nionarquia , la conservaría firme y suguru. Con- 
sultado el oráculo de Daifas por los atenienses ciSmo se 
podrían delender de I£rje;, que les amenazaba con una 
armada de mil y ducientas naves largas, d las cuales se- 
guían dos mil enerarlas , respondió que fortiitcasen su 
dudad con murallas de leño. Interpretó Ternislocles 
esta respuesta, diciendo que aconsejaba Apollo que se 
embarcasentodos;yasisehiiio, ysedefendióy triun- 
fó Atonas de aquel inmenso poder. Lo mismo suceilerá 
al principe que embarcare su grandeza sobre la nave de 
la Iglesia ¡porque si esta, por testimonio de otro orá- 
culo, no fabuloso y incierto, sino infalible y divino, no 
puede ser anegada, no lo serí tampoco quien fuere em- 
barcado en ella. Por esto los gloriosos progenitores de 
vuestra alteza llamaron & Dios & la parte de los despo- 
jos de la guerra, como á señor de las viclotías, que mi- 
litaba en su faíor, ofreciendo ai culto divino sus rentas 
jposesiones; de donde resultaron innumerables dota- 
ciones de iglesiaS'Y fundaciones de catedrales y reli- 
giones , habiendo fundado en España, mas de setenta 
mil templos <j pues solo el rey don Jaime el Primero de 
Aragón edificó mil, consagrados á la inmaculada Vir- 
gen María, deque fué remunerado en vida con las con- 
quistas que hizo y las victorias que alcanzó , habiendo 
dado treinta y tres batallas, y salido vencedor de todas. 
Estas obras pías fueron religiosas colonias, no menos 
poderosas con sus armas espirítuales que las militares; 
porque no hace la ortillería tan gran brecha como la 
oración. Las plegarias por espacio de siete dias del pue- 
blo de Dios echaron por tierra los muros de Jericó i 
asi , mejor que en los erarios están en los templos depo- 

• Mar.,Hisi. Bisp. ,1. 14,c.3. 

* Igitur Omni pnpula vocireraaie. el claigenlibas tnbls. , 
qnim ín aures nmliltadints voi siTOliusqni! iiitrepuil, muri illico 
comecuiil. (Jos., 6,!0.} 



sitadas las riquezas, no solamente para la necesidad «■ 
trema, sino tumbien para que, floreciendo con ellas li 
religión, florezca el imperio. Los atenienses guardi- 
bau sus tesoros en el templo de DÉlfos , donde iimlm 
los pouian otras naciones. ¿Qué mejor custodia qae k 
de aquel Arbitro de los reinos? Por lo menos teüdréiM! 
los corazones en los templos, si en ellos estuvieren 
nuestros tesoros3 ; y asi , no es menos implo que inh 
prudente el consejo de despojar las iglesias con ligíro 
pretexto de las necesidades publicas. Poco debe la pro- 
videncia de Dios á quien, desconfiado de su poder, {lOo: 
con cualquier accidente los ojos en las alhajas de su ca- 
sa. Hallábase el rey don Feroandoel Santo sobre Sed- 
Ha* sin dinero con que mantener el cerco ;acans«ji- 
ronle que se valiese de las preseas de las iglesias, pue> 
era la necesidad tan grande, y respondió : «Idas im 
prometo yo de las oraciones y sacriftcios de loí sacw- 
dotes que de sus riquezas, m Esta piedad y conflaun 
premió Diosconrendille eidiasiguienteaquellaciudai 
Los reyes que no tuvieron este respeto^" dejaron (uneí- 
tos ejemplos de su impío atrevimiento. A Gundüríco, 
rey de los vándalos, le detuvo la muerte el paso en los 
portales del templo de San Vicente, queriendo eatmi 
saquealle. Los grandes trabajos del rey don Alonso di 
Aragón se atríbuyeroná castigo por baberdespojodol» 
templos. A las puertas del de San Isidro , de León , fi- 
lleció la reina doña Urraca, que babia usurpado sus le- 
soros. Una saeta atravesó el brazo del rey don Sancho 
de Arngon , que puso la mano eti las riquems de b^ 
iglesias ; y sí bien antes en la de San Victoria de RoJí 
había públicamente confesado su delito y pedido coa 
muchas lágrimas perdón á Dios, ofreciendo la reslitt- 
cion y la enmienda , quiso Dios que se manifestase li 
ofensa en el castigo para escarmiento de los demís. El 
rey don Juan el Primero perdió la batalla de Aljubarrti- 

3 lIb[enimcsn(iessanistDas,itiiesteicorluiBi.tMalili.,G,^l.: 

* Mar , Hisl. Hlsp. 



iyLiOOglC 



!DEA DE UN PRÍNCIPE 
M por haberse ralido del tesoro de Guadalupe. Rendida 
Gtela a! rey de Ñapóles don Fadrique, cargaron. los 
TmicesesE dos naves de tos despojos de las iglesias, y 
unbis se p«rdieroD. 

Eo estos casos no se justificaron las circunstancias 
de eitreoia necesidad ; porqoe en ella la razón natural 
hsce licito el Taierse los principes para su conservacioa 
de las riquezas que con piadosa IJtwralidad depositaron 
(D las iglesias, teniendo Qrme resolución de restituillas 
ealimqorrortUQa.comololiicieron tos reyes catúlí- 
CKifaaFemBíido y doña Isabel T, habiéndoles coDcedi- 
do te tr«s tamos del reino eo las cortes de Medina del 
Cisipo et oro y plata de las iglesias para los gastos de 
ti guerra. Ya tos sacros cánones y concilios tienen 
preurítos los casos y circunstancias de la necesidad 6 
pelí(!ro en que deben los eclesiásticos asistir con su 
niDtribiicion, y seria Ineicusable avaricia desconocer- 
H^ttsilasnecesidades comunes. Parte son, y lamas 
uble y principal de la repúbiica ; y si por ella ó por la 
rflipiDn deben eiponer tas vidas , ¿ por qué no las Iia- 
cJíodasT Si los sustenta la república , justo es que ha- 
lie en ellos reciproca correspondencia para su conser- 
Tic'OD y defensa. Desconsuelo seria del pueblo pagar 
dicimas continuamente y hacer obras pias, y no tener 
en la necesidad común quien le alivie de los pesos ei- 
traordiatrios. Colparía su misma piedad , y quedaría 
belido sD celo y devoción para nuevas ofertas ,^d o na- 
ciones y legados á las iglesias; y asi, es conveniencia 
de ios ecleiúásticos asistir en tales ocasiones con sus 
rectas á los gastos públicos , no solo por ser común el 
peligro 6 et tieneBcio , sino también para que las ha- 
ciendas de los seglares no queden tan oprimidas, que, 
tillando la cultura de los campos, falten también los 
dieimos y las obras pias. Mas bien parece en tal caso la 
plata y oro de las iglesias reducido á barras en la casa 
if la moneda , que en fuentes y vasos en las sacristías. 

Esla obligación del estada eclesiástico es mas preci- 
íi en las necesidades grandes de los reyes de España ; 
pofqne, sieudo dellos casi todas las fundaciones y dotn- 
titiocs de las iglesias , deben de Justicia socorrer á sus 
pairónos en la necesidad , ; obtigallos asi para que con 

>Vit.,miLHÍsp.,l. tt.,c.1t. 

'ld,,li.,l.S4,c.8. 



POLItICO-CRISTIANO. 69 

mas franca mano los enriquezcan cuando diere tugar el 
tiempo. Estás y otras muctias razones han obligado á 
ta Sede Apostólica i ser muy liberal con los reyes de 
España , para que pudiesen sustentar la guerra contra 
infieles. Gregorio VII concedió al rey don Sanctio Ra- 
mírez de Aragón los diezmos y rentas de las iglesias 
que'ú fuesen edificadas de nuevo 6 se ganasen á los 
moros, para que á su arbitrio dispusiese deltas. La mis- 
ma concesión hizo e! papa Urbano ^ al rey don Pedro el 
Primero de Aragón, y á sus sucesores y grandes del 
reino , exceptuando las iglesias de residencia. Inocen- 
cio III concedió la cruzada para la gqerra de España, 
que llamalian sagrada ; la cual gracia después, en tiem- 
po del rey don Enrique el Cuarto , eitendiú á vivos y 
muertas el papa Caliito. Gregorio X concedió al rey 
don Alonso el Sabio las tercias , que es la tercera parte 
de los diezmos, que se aplicaba A las fábricas, tas cuales 
después se concedieron perpetuas en tiempo del rey don 
Juan el Segundo, y Alejandro VI laseitendió al reino 
ríe Grabada. Juan XXII concedió las décimas de las ren- 
tas eclesiásticas y la cruzada al rey don Alonso XI. Ur- 
bano V, al rey don Pedro el Cruel , la tercera parle de 
las décimas de los beneficios de Castilla. Et papa Six- 
to IV consintió que las iglesias diesen por una vez cien 
mil ducados para la guerra de Granada, y también con- 
cedió la cruzada, que después la ban prorogado los de- 
más pontífices. Juüo 11 la permitió al rey don Manuel 
de Portugal, y tas tercias de las iglesias, y que de las 
demás rentas eclesiásticas se le acudiese con la décima 
parte. 

Estas gracias se deben consumir en tas necesidades 
yusoságuefuerenaplicadas^enque fué tan escrupu- 
losa la reina dona Isabel, que, viendo juntos noventa 
cuentos sacados de ta cruzada 9, mandó luego que se 
gastasen en lo que ordenaban las bulas apostólicas. Maf 
lucirán esFas gradas, y mayores frutos nacerán de- 
ltas si se emplearen asi. Pero la necesidad y el aprieto 
suele perturbdllo lodo, y interpretar la mente de los 
pontífices en la variéicion del empleo , cuando son ma- 
yores las sumas que por otra parte so gastan en él, 
siendo lo mismo que sean deste ó de aquel dinero. 



DinmzechyGoOt^le 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



EMPRESA XXVI. 



IiDpfa opioion aquella queintentó probar que era ma- 
yor la fortalezay valor de los gentiles que et de los cris- 
tianos, porque su reügiou afírmaba eUDÍmo y le en- 
cruelecía con la vista horrible de las victimas sangriea- 
las ofrecidas en bs sacrilicios , y solamente estimaba 
por fuertes y magndDimas i los que coa la fuerza mas 
que COD iarazoa domiDaban 6 las demás aacioues ; acu- 
sando el instituto de nuestra religión, que nos propone 
]a humanidad y mansedumbre : virtudes que crian Áni- 
mos abatidos. ¡Oh impía y ignorante opinión I La san- 
gre vertida podr& hacer mas bárbaro y cruel el corazón, 
no mas valeroso y fuerte. Con él nace ; no le entra por 
los ojos la fortaleza. Ni son más valerosos los que mas 
andan envueltos en la sangre y muertes de los anima- 
les, ni aquellos quese sustentan de carne humana. No 
desestima nuestra religión lo magnánimo; antes nos 
anima £ éi. No nos propone premios de gloria caduca y 
temporal, como la étnica, sino eternos, j que lian de 
durar al par de los siglos de Dios. Si animaba entonces 
una corona de laurel , que desde que se corta va des- 
caeciendo , ¿cuinto mas animard agora aquella inmor- 
tal'de estrellas 1? ¿Por ventura se arrojaron á mayores 
peligros los gentiles que los cristianas? Si acometían 
aquellos una fortaleza, era debajo de empavesadas y 
testudos ; hoy se arrojun los cristianos por las bre- 
chas contra rayos de pólvora y plomo. No son opuestas 
i la fortaleza la humildad y la mansedumbre ; antes tan 
conformes, que sin ellas no se puede ejercitar, ni pue- 
de haber fortaleza donde no hay mansedumbre y tole- 
rancia y las demás virtudes ; porque solamente aquel 
es verdaderamente fuerte que no se deja vencer de los 
afectos, y está librede las enfermedades del ánimo; en 
que trabaja tanto la secta estúica, y después con mas 
perfección la escuela cristiana. Poco liace de su partee! 
que se deja Nevar de la ira y déla soberbia. Aquella es 
acción heroica que se opone á la pasión. Ko es el me- 



nos duro campo de batalla el ánimo donde pasan estas 
contiendas. £1 que inclinó por humildad la rodilla, sa- 

brá en la ocasión despreciar e! peligro y ofrecer cons- 
tante la cerviz al cuchillo. Si dio la religión étnica gran- 
des capitanes en los Césares , Cipiones y otros , no los 
ha dado menores la católica en los AlfoDSOS y Feroan- 
dos, reyes de Castilla, y en otros reyes de Aragoa, 
Navarra y Portugal. ¿ Qué valor igualó al del emperador 
Carlos V? Qué gran capitán celebra la antigüedad, i 
quien ú no excedan ó no se igualen Gonzalo Feraao- 
dez de Córdoba, fernan Cortés, el señor Antonio de 
LeivB, don Fernando de Abalos, marqués de Pescara; 
don Alonso de Abalos , marqués del Basto ; Alejandro 
Farnese, duque de Parma; Andrea de Oria, Alfonso 
de Alburquerque , don Fernando Alvarez de Toledo, 
duque de Alba ; los marqueses de Santa Cruz , el coa- 
de de Fuentes , el marqués Espínala , don Luis Fajar- 
do, y otros infinitos de la nación española y de otras, 
aun no bastantemente alabados de la fama ; por loscua- 
les se puede decir lo que san Pablo por aquellos gran- 
des generales Gedeon, Barac, Sansón, Jeph, Dávidy 
Samuel , que con la fe se hicieron fuertes y valerosos 
y conquistaron reinos , sin que les pudiesen resistirlos 
naciones 3. Si conferimos las victorias de los gealiles 
con las de los cristianos , hallaremos que han sido ma- 
yores estas. En la ha talla de las Na vasmurieronducien- 
tos mil moros , y solamente veinte y cinco de los nues- 
tros , habiendo quedado el campo tan cubierto de lan- 
zas y saetas , que aunque en dos dios que se detuTÍema 
allí los vencedores usaron dellas en lugar de leña pora 
los fuegrrs, ñolas pudieron ocabar, procurándolo de 
propósito. Otro tanto número de muertos quedaron ea 
la batalla del Salado , y solamente murieron veínio ds 
los cristianos; y en la victoria de la batalla naval de 
Lepante, que alcanzó de los turcos el señor don Juan de 
Austria, se echaron á fondo y se tomaron cíenlo T 



.LiOOglC 



IDEA DE UN príncipe 
ochenti giteras. Tales victorias do las atribuye á si el 
Tilor críitikno ; sioo at verdadero culto que adora. 

Qw MI mu taan atraaket, títramente 
MMÍt ftUj» é ftttr it Dtu , f M t fttUe '. 

Glorioso rendiíaieuto de la razón. No. menos vence 
m ceruoD puesto en Dios que la mano puesta en la 
«{«da, como sucediai Judas Hacabeo ^. Dioses el que 
golmnii los ceruoDss, los anima y fortalece, el que 
diyquiCBlasvictoríasS. Burlador fuera, y parte ta- 
TÍmuiUiDalícia y engaño, si se declarara por quien 
iofocí otra deidad falsa y coa impíos sacriGcios pro- 
a¡n tanelle propicio ; y si tal vez consiente sus victo- 
ríis, no es por su invocación , sino por causas impene- 
mbles de sn divina Providencia. Eo la sñd que padecía 
el ejército romauo en la f^ueira contra los moranos, do 
sedif por entendido Dios de los shcrlGcios y ruegos de 
lü legiones gentiles , hasta que los cristianos alistados 
tola legión décima invocaron su auxilia , y luego cayó 
gnu abundancia de agua del cielo, con tantos torbelli- 
DOt y rayos contra los enemigas, que fdcilmenle los 
venderon ; y desde entonces se llamú aquella legión 
fulminante. Si siempre fuera viva la conGania y la fe, 
M vieriQ estos efectos ; pero, 6 porque falla, ó por 
«caitos fines permite Dios que sean vencidos los que 
con verdadero culto le adoran , y entonces no es la vic- 
torii premio del vencedor, sino castigo del vencido. 
Lleven paes los príncipes siempre empuñado el eslo- 
que deb emz , significado en el que dio Jeremías á Jú- 

duNacabeo con que ahuyentase á sus enemigos 6, j 
tengan embrazado el escudo déla religión, y delante 
de si gqnel eterno fuego que precedía á los reyes de 
Persjg, símbolo del otro incircunscripto, de quien re- 
cibesas rayos el sol. Esta rs la verdadera relígiou que 
adoraban los soldados cuando se postraban al estan- 
darte llamado lábaro del emperador Constantino ; el 
cual, habiéndole anunciado la victoria contra Hagen- 
cio uaacruiquese le apareciden el cíelo con estas le- 
tras, /n Aocs^novincet^, mandú hacerle en la form^ 
<IDe se ve en esta empresa, cou Ib Xyla /> encima, cifra 
del aonibre de Cristo, y con la Alfa y Omega, símbolo 

* Cnoa, Lu., twt. 3. 

'lioi qBidein iinfiiiDreí, sed Da mi un m eordibns onnlcí, 
trastintroíliioBniiBuslriginla qnimuemllia. (I, ¥ich., 15,Í7.) 

' Xc diccres li carde tno : FDriUiidd mei, et rubor minns laeie 
kwc aibi gnnii [iraestitenut. Sed recorderise Domini Del tul, 
fiiilipM Tires libi praebaeril. [Degl. , g. 17.) 

'AuipeunMiia glidlain manas a Deo, io qno íejicies ad- 
«urioi-d. lbeh.,lS, ie.) 

' Egstb. , 1. » , UisL , c. ». 



POLlTICO-CRISTIANO. 71 

de Dios, que es principio y fin de tas cosas S. Deste es- 
tandarte usaron después los emperadores s hasta el 
tiempo de Juliano Apóstala ; y el señor don Juan de 
Austria mandó bordar en sus banderas la cruz j este 
mole: a Con estas armasvencf los turcos; con elíases- 
pero vencer los herejes io.d El rey don Ordoñopuso las 
mismas palabras de la cruz de Constantino en una que 
presentó al templo de Oviedo , y yo me valgo deltas y 
del estandarte de Constantino para formar esta empre- 
sa, y significar i ios príncipes la cooíianza coa que de- 
ben arralar contra sus enemigos ei estandarte de la re- 
ligión. Tres veces pasó por en medio dellós en la bata- 
lla de ios Navas el pendón de don Rodrigón , arzobispo 
de Toledo , y sacó por trofeo Sjas en su asta las saetas 
y dardos tirados de los moros. Al lado deste estandarte 
asistirán espíritus divinos. Dos sobre caballos blaocos 
se vieron peleando ea la vanguardia cuando junto á 
Simancas venció el rey don Ramiro el Segundo á los 
moros 11; y en la batalla de Clavijo en tiempo del rey 
don Ramiro ei Primero, y en la de Herida en tiempo del 
rey don Alonso el Noveno, se apareció aquel divino ra- 
yo , hijo del trueno, Santiago, patrón de España , guian- 
do los escuadrones con el acaro tinto en sangre. Nin- 
guno, dijo Josué á los principes de Israel ( estando ve- 
ciño d la muerte), os podrá resistir siluviáredes ver- 
dadera fe en Dios ; vuestra espada hará volver Ibs es- 
paldas á mil enemigos, porque él mismo peleará por 
vosotros 13. Llenas están las sagradas letras de estos 
socorros divinos. Contra los cananeos puso Dios en ba- 
talla las estrellas i>, y contra losamorreoj armd los 
elementos,disparando piedras las nubes 1^ No fué me- 
nester valerse de los criaturas en favor de los fieles con- 
tra los madiamlas; una espada que les echó en medio 
de sus escuadrones bastó para que unos d otros se ma- 
tasen <fi. En si mismo trae la venganza quien es enemi- 
go de Dios. 

• S. Anbr. , episi- ^■ 

* Geneb., lib. 4., Cbron. , id. 157!. 
u Htr.,HÍB(.Hiip..l. 1,c.ie. 

<< ld.,ld.,l.ll.e.M. 

« Id., Id.,l.8,c5. 

u NoLIds vob¡i reslatere polerii. Dnat t lobls peiseqnetnr ho*- 
llnm mllle viroi : qala Dominas Deus leiter pro TDbis Ipie pa|- 
oihit. |Ji)s.,S,9.| 

i> De coelo dimiumm esl contn eos : stellae miRcntes in or- 
dlnes SDO , adienas Slsirim pnjoaveninl. iJod. , S , Í0.| 

11 DomJDDS misil loper eos lapides magnos de eoelo. (Jos., 
10,11.) 

<s Immlsiiqne Dominas gtadiBn In onnibii casilla , el mobit 
se eiede Irancibanl. (Jad. , 7, n.) 



ivGoosle 



DON DIEGO DE SAAVEDBA FAJARDO. 



EMPRESA XXVII. 



Lo que no pudo la fuerza ni la porfía de muchos 
años, pudo uo eagaüo con especie de religión, intr<H 
ducieDdo los griegos sus armas ea Troya dentro del di- 
simulado rieatre de un caballo de madera, con pretex- 
to de Tolo á Hinerra. Ni el iutema ruido de tas armas, 
ni la advertencia de algunos ciudadanos recalados, ni 
el haber dé entrar por los muros rotos, apenas engol- 
fadas las naves griegas , ni el detenerse eatre ellos, 
bast¿ para que el pueblo depusiese el engaño : tal es en 
é\ la fuerza ile lareligion. Dellii se valieron Cipion Afrí' 
cano, Lucio Sila, Quiuto Sartorio, Minas, Pisistratou, 
Licurga, y otros, para autorizar sus acciones y leyes, y 
para engañar los pueblos. Los fenicios fabricaron en 
Medina-Si doni a un templo en forma de fortaleza, de- 
dicado á Hércules, diciendo que en sueüos se lo tiabia 
mandado. Creyéronlos españoles que era culto,; fuá 
ardid ; que era piedad , y fué yugo con que religiosa- 
mente oprimieron sas cervices, y los despojaron de sus 
riquezas. Con otro templo en el promontorio Diaueo, 
donde agora esld Denia, disimularon los de la isla de 
Zacinlo sus intentos de sujetar á España. Despojú de la 
corona el rey SisenandoáSuinlila, y para asegurar mas 
su reinado, hizo convocar un concilio provincial en To- 
ledo, á titulo de reformar las costumbres de los ecle- 
siásticos, siendo su principal intento que se decla- 
rase por él la corona, y se quitase por sentencia á 
Suintila , para quietar el pueblo ; medio de que tam- 
bién se valiú Ervigio para aGrmar su elección en el 
reino y conGrmar la^enunciacion del rey Wamba. Co- 
noce la malicia la fuerza que tiene la religión en ios 
daimos de los hombres , y con ella introduce sus artes, 
admitidas fácilmente de la simpleza del pueblo ; el cual, 
no penetrando sus fines, cree que solamente se enca- 
minan i tener grato á Dios para que prospere los bie- 
nes temporales, y premie después con los eternos. 
¿Cuánlosengflños han debido las naciones con especie 
de religión, sirviendo miserablemente á cultos supers- 
ticiosos? ¿Qué serviles y sangrientas costumbres no se 
lian introducido con ellos, en daño de la libertad, de las 



haciendas y de las vidas? Eslón las repúblicas y los 
principes muy advertidas , y principalmente en los IJtm- 
pos presentes, que la polilica se vule do la mlkscarade 
la piedad , y no admitan ligeramente estos superslicio- 
S09 caballos de religión, que nosolamenle han abrasi- 
do ciudades, sino provincias y reines. Si á título delli 
se introduce la ambición y la codicia, y se agrava el 
pueblo, desconoce este el yugosuave.de Dios con loi 
daños temporales que padece, y malicioso, viene £ per- 
suadirse que es de estado la ruzon natural y divina de 
religión, y que con ella se disimulan los medios con 
que quieren tenelle sujeto, y bebelle la substanliade 
sus haciendas ; y asi, deben \o¡ principes conside- 
rar bien si lo que se introduce es causa de religión, 
ú pretexto en perjuicio de su autoridad y poder, 6 en 
agravio de ios subditos, ú canira la quietud pública; lo 
cual se conoce por los fines , mirando si tales introduc- 
ciones tiran solamente al interés ó ambición , si son ó 
noproporcianadus al bien espiritual, ó si este se puede 
conseguir con otros medios menos perjudiciales. Ed 
toles casos, con menos peligro se previene que se reme- 
dia el daño no dando lugar á tales pretextos y abusos; 
pero introducidos ya , se han de curar con gran suavi- 
dad, no de hecho , ni con violencia y escándalo, ni 
usando del poder , cuando sou casos fuera de la juris- 
dicción del Principe , sino conamijcha destreza y res- 
peto por mano de aquel á quien tocan < , informándole 
de la verdad del hecho y de los inconveoie'ntes y da- 
ños ; porque si el Príncipe seglar lo intentare con vio- 
lencia, y fueren abusos abrazados del pueblo , lo inter- 
pretará este á impiedad, yantes obedecerá á lossacer- 
dolesqueáél; y si no estaba bien con ellos, y viere en- 
contradas e! podertemporal y el espiritual, se desman- 
dará y atreverá contra la religión , animado con la VI^ 
1 untad declarada del principe, y pasará á creer que el 
daño de los accidentes penetra también á la substancia 
de ia religión ; con que fácilmente opinará y vanará en 



\x ore ejos. iHili 



(LiOOglC 



IDEA DE UN PRÍNCIPE 
nij. Así empeñados, el prtacj'pe en la oposician á la 
jurii-licciaii espiritual , y el pueblo en la novedad de las 
ipiaíoDes.se pierde fácilmente el respeto & lo sagrado, 
ycien todos en ciegos errores, conriua aquella diriiia 
juique ilnstnba^ unia los ánimos ; de donde liemos 
Kia ncer la ruina de muchos príncipes y las mudan- 
m de sos estados S. Gran prudencia es menester para 
f'ibemaril pueblo eo estas materias , porque con una 
cilímibcilidad, 6 las desprecia y cae en impiedad , 6 
liscíMÜgeramenle y cae en superstición, yestosu- 
CB'lemasTCces ¡ porque, como ignorante, se deja llevar 
Jcliiipiríenciasdel culto y de la novedad de las opi- 
amti, sin que llegue á examinallas la razón. Porio 
(Dal conviene muclio quitalle con tiempo las ocasiones 
e[i<]ue puede perderse, y priacipalmenle lasquenacen 
deíanij dispulas sobre materias sutiles y no impor- 
üiileí á la religión , no consintiendo que se tengan ni 
qiK» impriman , porque sé djvide en parcialidades , y 
Mooaiía y tiene por de fe la opinión que sigue ; de 
imiit podrían nacer no menores perturbaciones que 
l^li diversidad de religiones, y dar causa aellas. Co- 
iBcifDilo este peligro Tiberio , no consintió que se vie- 
ttn los libros de las Sibilas, cuyas profecías podían 
fwur solevaciones 3 ; y cu los .icios de ios apóstoles 
leeoiiK haberse quemado los que contenían vanas cu- 
rl(MÍ,Udes*. 

Siwle el pueblo con especie' de piedad engañarse , y 
dar cíeguDeate en algunas devociones supersticiosas 
coasumisíaDes y bajezas feminiles , que le liacen me- 
laardlicD y tímido esclavo de sus mismas tmagínacio- 
nK.hs cuales le oprimen el Animo y el espíritu , y le 
Ifsen ocioso en ¡untas y romerías , donde se cometen 
nobiilK abusas y vicios. Enfermedad es esta de la mul- 
lilud , j DO de las menos peligrosas á la verdail de la 
Rlicionjála felicidad política, y sí no se remedia en' 
'')i[>nacíp¡os, nacen della gravísimos inconvenientes y 
¡tf^s ; porque es una especie de locura que se pre- 
(i;iilaciin apariencia de bien , y da en nuevas opíníoaes 
íerí'igioa y en artes diabólicas. Conveniente es un 
nsillaje religioso ; pero sin supersticiones humildes; 
ipie «time la virtud y aborrezca el vicio , y que esté 
pt^Dadido á que el trabajo y la obediencia son de ma- 
pr iiKríl'i con Dios y con su príncipe, que las cofa- 
^ridsjromerius, cuando con banquetes, bailes yjuegos 
^celebra la devoción, como bacía e¡ pueblo de Dios 
ta li JeJicacion del becerro'. 

Ouado el pueblo empezare i opinar en la religión 
víuiiiere Introducir novedades en elln, es menester 
ípíifir luego el cosügo i J arrancar de raíz la mala ae- 



< Vdl K 



BlUitBdl 



elílcidDs regle, qnlm snpenlllla. 



' C^xii AiinlM G*l[«s , ni llbrl Sibfllliil «dircntar; renall 
■Mnii^inde huBUi, diiinaqnc obitaeaa. |Tac.,llb. I.Ana.) 

*IhIU)ilt««ieis,qDlfDcniI CDrioM leclaU, conlulemnl 
lira,, ti coBkuMnnl coraia ómnibus. (In Act. Aposl. , ti), 19.| 

'Sc«lp«fiiuB*ii4gure,cl blbcre, et surraieruDl Indere. 



POLlTICO-CRISTIANO. 73 

milla antes que crezca y se multiplique , reduciéndose 
acuerpo mas poderoso que et principe, contra quien 
maquine (si no se acomodare con su opinión) mudando 
la forma del gobierno ^ ¡ y si bien el entendimiento 
es libre , y contra su libertad el hacelle creer , y porece 
quetocu á Dios el castigará quien siente mal del T, na- 
cerían gravísimos inconvenientes si se liase del pueblo 
ignorante y ciego el opinar en los misterios altos de la 
religión ; y así , conviene obligar á los subditos i que, 
como los alemanes antiguos , tengan por mayor santi- 
dad y reverencia creer que saber las cosas de Dios K 
¿Qué erroresmonstruoM>snaeiperimentaensí el reino 
que lieoe licencia de arbitrar en la religión? Por esto 
los román os pusieron tanto cuidado en que no se intro- 
dujesen nuevas religiones^, y Claudio se quejú al Se- 
nado de que se admitiesen las supersticioues extranje- 
ras V¡. Pero sí ya hubiere cobrado pié la malicia , y no 
tuviere el casligo fuerza contra la multitud, obre la 
prudencia lo que liabia de obrar el fuego y el hierro; 
parque á veces crece la obstinación en los delitos con 
los remedios intempestivos y violentos , y no siem- 
pre se rinde la razón á la fuerza. El reyRicaredo, 
con gran destreza acomodándose al tiempo, disimulan-* 
do con uiJOS y iialagandoá otrns, redujo sus vasallos, 
que seguian la secta nrríana , é ta religión católica. 

Varones grandes usaron antiguamente (como hemos 
dicho) de la superstición poraautoríiar sus leyes, ani- 
mar el pueblo y tenelle mas sujeta & la dominación, 
(¡ngienLlo sueños divinos , pláticas y familiarídades con - 
tos dioses ; y sí bien son artes ellcaces con el pueblo, 
cuyo ingenio supersticioso se rinde ciegamente á las 
cosas sobrenaturales, no es lícito á los principes cris- 
tianos engañalle con fíngidos milagros y apariencias de 
religión. ¿Para qué la sombra donde se goza de la luz? 
Para qué impuestas señales del ciclo, si da tantas (co- 
mo hemos dicho ) á los que con firme fe las esperan de 
la divina Providencia? ¿Cómo, siendo Díosjusto,asís- - 
tira á tales arles, que acusan su cuidado en el gobierno 
de las cosas inferiores , fingen su poder y dan & enten- 
der lo que no obra? ¿Qué firmeza tendré el pueblo en 
la religión si la ve torcer á los fines particulares del 
príncipe , y que es velo con que cubre sus desiníos y 
desmiente la verdad? No es segura política la que se 
viste del engaño, ni lirme razón de estado la que seíun- 
da sobre la invención. 



Eos lerO qnl ia dlTinls illqnld Innonni , odio habt , et col 
non Deornni SDlnm eanu (qoO! limen qni contemnii; ni 
quiedam nomiai <il lilt 

ciistnat , reí proíecto m 



ilind sane migni feccrll 1 seil qoia 
InlrodDceDleí, mallos impelí uní : 
conjuratlonei , icdllíones , concilio 
Dime condnclblles Principilui. (Di 
1 Droraui ii^Jorlia Dijs curie, t' 

aelre. (Tae., dd mor. Ger. ) 

9 He qni nisl Rnmani Dei, nec 1 
lerenlur. [tU. Lli 



lerenliui ilsun) de aclis Deoram credere, qnín 

t. Ger. ) 

maní Dei, nec qoo alio more, qntm patrio eo- 

«npenUliones vakicant. (Tac. , lib. ti, Ann.) 



,vGoosle 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



EMPRESA XXVIII. 



Es la prudencia regla y ntbdida de las virtades ; sin 
ella pasan á servicios. Por esto tiene su asiento en la 
mente, y las demás en la voluntad, porque desde all! 
presided todas. Deidad granilc la llamÚ Agaton. Esta 
virtud es la que da á los gobiernos las tres Tormas , de 
monarquía, aristocracia y democracia , y les constituye 
sus partes proporcionadas al natural de los subditos, 
atenía siempre ¿ su conservación y al fin principal de 
Ib felicidad política. Ancora es la prudencia de los es- 
tados, aguja de marear del principe: si en él falta esta 
virtud, falta el alma del gobierno. ^nCa esta (palabras 
SOD del rey don Alonso l ) faze ver las cosas , i juzgar- 
las ciertamente según son , é pueden ser , é obrar en 
eilascomodebe, é non rebatosamente. » Virtudes pro- 
pia de los príncipes * , y la que mas hace «célente al 
liombre; yasl, la reparte escasamente la naturaleza. A 
muchos diú grandes ingenios, i¡ pocos gran prudencia. 
Síd ella los mas elevados son mds peligrosos para el go- 
bierno, porque pasan losconñnes de la razón y se pier- 
den; y en el que manda es menester un juicio claro 
que conozca los cosas como son, y las pese y dé su 
justo valor y estimación. Este fiel es importante en los 
principes; en el cnal tíeue mucha parte la naturaleza, 
pero mayor el ejercicio de los actos. 

Consta esta virtud de la prudencia de muchas par- 
tes, las cuales se reducen & tres ; memoria ciu lo pa- 
sado, inteligencia de lo presente y providencia de lo 
futuro. Todos estos tiempos significa esta empresa en 
la serpiente , símbolo de la prudencia , revuelta al cep- 
tro sobre el reloj de arena, que es el tiempo presente 
que corre , mirándose ea los dos espejos del tiempo 
pasado y del futuro, y por mole aquel verso de Home- 
ro, traducido de Virgilio, que contiene los tres: 
Quúí lial, qaae fatrÍKl , qaae mox tnlura Iraianlurt. 



lere , recleque judiiire 
ir. iHeDaDd.) 



ni poiesi , i3 e 



A los cuales inirdodose la prudencia, compone siuu. 

cienes. 

Todos tres tiempos son espejo del gobierno, doadc 
notando las manchas y defetos pasados y présenles,» 
pule y hermosea, ayudándose de las eiperienciispr»- 
pias y adquiridas. De las propias digo en otra parle. 
Las adquiridas , ó son por la comunicación é por I9 
liistoria : la comunicación suele ser mas útil , lunqm 
es mas limitada, porque se aprende mejor, y salisfiui 
las dudas y pregón tas, quedando mas bien informtdoH 
principe; la historia es una representación de lasedade 
del mundo; por ella la memoria vive los días deluspiu- 
dos. Los errores délos queya fueron, advierten álos^t 
son. Por lo cual esmenesterque busque el principe ami- 
gos Celes y verdaderosque le digan laVerdadenlopauíio 
y en io presente; y porque estos, como dijo el rej don 
Alonso de Aragón y Ñápales, son los libróse bisloríi, 
que ni adulan, uicallan, ni disimulan la verdad, con- 
súltese con ellos , notando los descuidos y culpasdclos 
anlepasados , los engaños que padecieron , las arles di 
lospalacios, y los males internos y eilernos de los rei- 
nos; y reconozca si peligra en losmisnios.Gronraaeílro 
de principes es el tiempo. Hospitales son los siglo! pa- 
sados, donde la política hace anatomía de los cadáir- 
res de las repúblicas y monarquías que florecierüii, 
para curar mejor las presentes. Cartas son de maresr, 
en que con ajenas borrascas 6 prósperas navegaciooes 
estdn feconocidas las riberas, fondeados los gciros 
descubiertas las secas , advertidos los escollos , ; seña- 
lados los rumbos de reinar. Pero no todos los libros 
son buenos consejeros, porque algunos aconsejan li 
malicia y el engaño; y como este se pratica mas que ii 
verdad, bay muchos que los consulton*. Aqucliüs so- 
lamente son seguras que dictú la divina Sabiduría. Ea 
ellos hallará el príncipe para todos los casos una per- 

' OdI nqoinnl pradenttam , qoae de Ierra esl, negolillo"' 
Herrhae, el rbeman. el rabulalareí, el eiqnisIlereS fninv« 
elÍDlcligeiiliaei viam aatem sajiisDliie netcleniiil.illinicli.,',^' 



vLiOOglC 



IDEA DE UN PRINCIPE 

fKli política, ; documentos ciertos coa que gobernarse 
TgobeniiráatrosS. Porestolosqúesesentabitnenel 
wlio del reino de Israel hebian de tener consigo al 
Dciiieronomio , y leelle cada día 6. Oímos i Dios; 
ipreademos de Dios cuando leemos aquellos divinos 
trículos. El emperador Alejandro Severo tenia cerca 
de ú liombres versados en la Iiistoria , que le dijesen 
(¿mAubabian gobernado los emperadores pasados en 
tl^uiifi casos dudosos''. 

CoDcsíe estadio de ta historia podrá vuestra alteza 
eiiinr mas seguro en el golfo del goliierno , teniendo 
¡mr piloto á la eiperiencia de lo posado para la direc- 
a'iJDiie lo presente, y disponiéndolo de tal suerte, que 
íjt niestra alteza los ojos en lo futuro , y lo antevea, 
pineTÍtarlos peligros, ó para que sean menores pre- 
naidosB. Porestos aspectos de los tiempos ha de ha- 
cer jaício y pronosticar la prudenciado vuestra alteza, 
aopor aquellos de los planetas, que, siendo pocos; de 
moiiniÍGDta regulado , no pueden (cuando tuvieran 
Tírlud] señalar la inmensa variedad de accidentes que 
inMliiceii los casos y dispone el libre albedrío ; ni la 
<sp«cultcioD y experiencia son bastantes á constituir 
nu wíencia segura y cierta de causas tan remolas. 
Vnelra pues los ojos vuestrn tilleza ú los tiempos po- 
udos, desde el rey donFeruando el Católico bástalas 
(leFilipe II, y puestos en paralelo con los que después 
biD corrido basta la edad presente, considere vuestra 
alttaúesti agora España tan populosa, tan rica, tan 
nbunduie como entonces; si florecen tanto lasarles 
jlasirmis, si fallan el comercio y la cultura; y sial- 
guDis deslis cosas bailare menos vuestra alteza , ha- 
ga inalMiiia deste cuerpo, reconozca sus arterías y 
partes, cuites estdnsanas, ycuúlesno, y de qué cau- 
sis provienen sus enlermedades. Considere bien vues- 
m iHm si acaso Bacen de algunas destas , que suelen 
sa las ordiiiarías : de la extracción de tanta gente , del 
Jticuidode la propagación , de la multiplicidad de las 
rtIígioDes , del número grande de los días feriados, del 
Idber lanías uoiversidadps y esludios, del descubrí- 
mítalo de las Indias, de la paz no económica^ de la 
fiaerra ligeramente emprendida ó con lenteza ejecu- 
ti-l", de la exención de ios maestrazgos de las órde- 
ws mili lares, de la cortedad de los premios, del peso 
lit Ik cambios y usuras , de las extracciones del dine- 
^, de la desproporción de las monedas, 6 de otras 
Knwjiities causas ; porque si vuestra alteza llegare ú 
calAder que por alguna detlas padece el reino , no 
sífj dificultoso el remedio; y conocidos bien estos dos 
tiempo; pasada y presente, conocerá también vuestra 
■'leía el futuro ; porque ninguna cosa nueva debajo del 



' OaDli scrlptan diiiailus inspirati aUlls eil >d docendmn, 
'lirntudim , ad corripitndnm , id erndlendom ininslliia, il 

'''ícMitil tomo Dei, ad oonc opus bonmn insU'Dcuis. ít, Ad 
rbii..;,16.) 

* U(ii illgd omnlbas dlebni Titae eiae. (Dent. , 17, i9.) 

' >^tlcicka( rebu llnerains , et maxioit qul hlsloriam norant, 
>;aiieHqaid in tallbas uoiis. qgales In diiceplalioae lersa- 



■ SciifrielcriU, elderainrit aesUmat. (Sap.,B, 6.) 



POLlTlCO-CRlSTIANO. 75 

sol, lo que es fué, y lo que íaé seráS. Húdanse las 
personas, no las cenas ; siempre son unas las costum- 
bres y los estilos. 

Después de la comunicación de los libros, liace ad- 
verlidosálos principes la de tantos ingenios qne tratan 
con ellos, y traen para las audiencias premeditadas 
las palabras y las razones. Por esto decía el re; don 
Juan el Segundo de Portugal, que el reino ó hallaba al 
príncipe prudente 6 le hacia. Grande es la escuela de 
reinar , donde los ministros de mayor juicio y expe- 
riencia, 6 suyos ó extranjeros, confieren con el prin- 
cipe los negocios. Siempre está en perpetuo ejercicio 
con noticias particulares de cuanto pasa en el mundo; 
y asf, siendo esta escuela tan conveniente al principe, 
debe , cuando no por obligación, por enseñanza , -apli- 
carse á los negocios y procurar entendellos y pene- 
Irallos, sin contentarse con remitiltos á sus consejos 
y esperar dellos la resolución ; porque en dejando de 
tratallos,sebace el ingenio silvestre, ycohra el áni- 
mo tal aversión & ellos , juzgándolos por un peso into- 
lerable ysuperíor alas fuerzas, que los aborrece ; los 
deja correr por otras manos ; y cuando vuelven al 
príncipe las resoluciones tomadas, se halla ciego y 
fuera del caso, siu poder discernir si son acertadas ó 
erradas; y en esta confusión vive avergonzado de si 
mismo, viéndose que, como ídolo liueco, recibe la ado- 
ración , y da otro por él las respuestas. Por esto llamó 
ídolo el profeta Zacarías al principeqne no atiende ásu 
obligación, semejonteal pastor que desampara su ga- 
nado <0; porque es una estatua quien representa y no 
ejercila la majestad : tiene labios, y no habla ; tiene 
ojos y orejas, y ni ve ni oyeii ; y en siendo conocido " 
por ídolo de culto, y no de efectos, le desprecian todos 
como á ínútill*, sin que pueda recobrarse después; 
porque los negocios en que habia de habituarse y co- 
brar experiencias, pasan como las aguas, sin volver i 
tomar, y en no sabiendo sobre qué estambres va fun- 
dada la tela de los negocios, no se puede proseguir 
acertadamente. . 

Por este y otros daños es conveniente que el prín- 
cipe desde que entra á reinar asista continuamente al 
gobierno , para que con él se voya instruyendo y ense- ' 
ñando; porque, si hiena los principios dan horror tos 
negocios, después se ceba tanto en ellos la ambición 
y la gloria, que se apetecen y aman. No detengan al 
principe los temores de errar; porque ninguna pru- 
dencia puede acertar.en todo. De los erraros nace la 
experiencia, y desta , las máximas acertadas de reinar; 
y cuando errare , consuélese con que tai vez es menos 
peligroso errar por si mismo que acertar por otro. 
Esto lo calumnia , y aquello lo compadece el pueblo. 
LaoblígncioH del príncipe solo consiste en desearacer- 



* Quid cil qnod Un* ipsuní quod fntaram esl. Qvit esl qoud 
faclnn tsl! ípsiun qnod riciendan est. lEccIes. ,1,9.) 

■o O pasl<>r,,clidolam, dcrclinqncni iregem. (Zacb., 11, ÍT.) 

*l Os habtDl, el non loiiuealür: orólos babciil, el noo vide- 
boDl^ anres babenl, el Don andleat. (Psal. 113,13.) 

)< Nlhll eslldolaaiia mundo. (l,ad Cor., S ' 



'■ftooglc 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



lar y en procurallo, dejándose advertir y aconsejar 
sin soberbia ni presunción; porque esta es madre de la 
ignomncia y de los errores. Los principes nacieron po- 
derosos, pero no enseriados. Si quisieren oír, sabrdn 
gobernar. Recoooc ¡endose Salomón ignorante para 
el gobierno del reino , pidió d Dios un corazón dó- 



cil 13, porque esto ^b juzgaba por bastante para acer- 
tar. A un principe bien intendoiudo y celoso lleva 
Dios de k mano para que no tropiece en el gobierno 
de sus estados. 



EMPRESA XXIX. 



Los pescadores de la isla de Cliio , habiendo arro- 
jado al mar las redes y creyendo sacar pescados , sa- 
caron una trípode , que era un vaso de los sacriQcios, 
ú (como otros quieren) uuamesa redonda de tres pies, 
obra maravillosa y lie valor , mas por su artífice Vulca- 
no que por su materia , aunque era de oro. Creció en 
los mismos pescadoresyenlosdemdsdeluLslala cudi- 
cia, y eavano, defraudada su esperunza , arrojaron sus 
redes muchas veces al mar. ¡Ob cuántas los felices su- 
cesos de un principe fueron engaño d él y á los demás, 
■que por los mismos medios procuraron nlcanzBrotra 
igual fortuna I No es fácil seguir los pasos ajenos á 
repetir los propios, y imprimir en elloí igualmente las 
huellas. Poco espacio do tiempo con la varifdud de los 
accidentes las borra , y tas qiie se dandenuevoson 8¡-' 
ferentes, y así no las acompaña el mismo suceso. Mu- 
chos émulps y imitadores ha tenido Aleiandro .Magno, 
y aunque no desiguales en el valor y espirito , no col- 
maron tan gloriosa y Telizmente sus dcsiiiioq , ó no fue- 
ron aplaudidos. En nuestra mano e^tú i:l ser buenos , 
pero no el parecer buenos ú otros. Tambieuen los casos 
de la Tama juega la fortuna , y no corresponde una 
misma & un mismo liecho. Lo que sucedió á Saguntu, 
sucedió también á Estepa^, ydeestaapenas hu queda- 
do la memoria , si ya por ciudad pobre no fué favore- 
cida desta gloría ; porque en los mayores se alaba lo 
que no se repara en los menores. Lo mismo sucedo en 
las virtudes : con unas mismas es tenido un príncipe 
por malo y otro por bueno ; culpa es de los tiempos y 
de los vasallos. Si el pueblo fuere licencioso ylu no- 

• Hir.,Hlsi.llisp.,l.l,c.3. 



bleza desenfrenada , parecerú malo el principe que los 
quisiere reducir ala razón. Cada reino quisieras su mo- 
do al principe; y asi,aunqueunogob¡erne con las mismis 
buenas artes con que otro príncipe gobernó gloriosa- 
mente , no será tan bien recibido si la naturaleza de 
los vasallos del uno y del otro no fuera lie igual bondad. 
De todo esto nace el peligro de gobernarse el prin- 
cipe por ejemplos, siendo muy diflcultoso, cuando ao 
im|>osible,queenuncasoconcurranigualmente!asmis- 
mas circunstancias y accidentes que en otro. Siempre 
voltean esas segundas causas de los cielos , y siempre 
forman nuevos aspectosentre los astros, con que pro- 
ducen sus efeclos y causan las mudanzas de las cosas; 
y como hechos una vez uo vuelven después í ser los 
mismos , asi también no vuelven sus impresiones i ser 
las mismas"; y en alterándose algo los accidentes , se al- 
teran los sucesos, en los cuales mas suele obrar el acas» 
que la prudencia ; y así , no son menos los principci 
que se han perdido por seguir los ejemplos pasadas 
que por no seguillos. Portante, la política especúlelo 
que aconteció , para quedar advertida , no para goler- 
narse por ello , eiponiéndose á lo dudoso de los acci- 
dentes. Los casos de otros sean advertimiento*, no pre- 
cepto ó ley. Solamente aquellos ejemplos se paedeo 
imitar con seguridad, que resultaron de causas y ra- 
zones intriiisecoraente buenas y comunes al derecho 
natural y de las gentes , porque estas en todos tiempos 
son las mismas ; como el seguir los ejemplos de prin- 
cipas que con la religión, ó con lajusticia ó clemencia, 
ó con otrasvirluilesy acciones morales secoQservaron; 






lsdaceiilDr.(Tac.,)lb.4,Aim.)* 
izcc.yLiOOglC 



IDEA DE llN PRÍNCIPE 
pero aun en estos casos es menester atención , porque 
se suelen mudarlas costumbres y la estimacioo de las 
virtudes , y con los misnias que un príncipe se cooser- 
vó Teliz en un tiempo y con unos mismos Tusallos, se 
perdiera en otro ; y asi, es conveniente que gobierne la 
prudencia, y que esta no viva pagada y satisfecba de 
si , sino que se consulte con la variedaii de los acciden- 
tes que sobrevieDení las cosas, sin asentar por ciertas 
las futuras , aunque mas las baya cautelado el juicio y 
la diligencia ; porque no siempre corresponden los su- 
cesosá los medios, ni dependen de laconeiionordina- 
ría de las causas, en que suelen tener alguna pártelos 
consejos humanos , sino de olra causa primera que go- 
bierna ú las demás; con que salen inciertos nuestros 
presupuestos y las esperanzas fundadas en ellos. Nin- 
f[uno, en la opinión de todos, masléjosdelimperioque 
Claudio , y le tenia destinado el cielo para suceder á 
Tiberios. En la elección de los poutíllces se experi- 
menta mas esto , donde mucbas veces la diligencia hu- 
mana se baila burlada en sus desíoios. Na siempre la 
Providencia divina obra con los medios naturales , y si 
Jos obra, consigue con ellos diversos efectos, y saca 
lineas dercclias por una regla torcida, siendo dañoso 
al príncipe lo que habia de serle útii. Una misma caluña 
de fuego eu el desierto era de luz á su pueblo y de ti- 
nieblas á los enemigos. La mayor prudencia humana 
suele caminar é tientas. Con lo que piensa salvarse , se 
pierde , como sucedió á Viriato , vendido j muerto por 
los mismos embajadores que enviú al cónsul Servilio. 
£1 daño que nos vino , no creemos que podri volver d 
suceder,y creemos que las felicidades, use detendrán, 
ó pasarán otra vez par nosotros. Muchas ruinas causó 
esta conGanza, desarmada conella la prudencia. Es un 
golfo de sucesos el mundo, agitado de diversas y impe- 
netrables causas. Ni nos desvanezcan las redes tiradas 
i la orilla con el colmo de nuestros intentos, ni nos 
descompongan las que salieren vacias : con igualdad de 
ánimo se deben urrojar y esperar. Turbado se halla el 
que confió y se prometió porciertala ejecución feliz de 
su intento , j cuando reconoce lo contrario , no tiene 
armas para el remedio. A quien pensó lo peor no le 

1 Oiippe haa,sp«, víaentiDne poiius aniDes desUnaliiiilni 
Imperio, quím qnem ÍDlnrum Frincipeul torltiiia in ouullo tcne. 
kll. iTit. ,Ub. 3, Ann.} 



POLÍTICO-CRISTIANO. 77 

bailan desprevenido tos casos, ni le sobreviene impen- ' 
sadamenle la confusión de sus intentos frustrados, como 
sucedid á los persas en la guerra contra los atenienses, 
que se previnieron de mármoles déla isla de Paro para 
escribir en ellos la victoria que anticipadamente se pro- 
metían; y siendo vencidos, se valieron los ateníensesde 
los mismos mármoles para levantar una estatua á la 
venganza, que publicase siempre la locura de loa per- 
sas. La presunción de saber lo futuro es una especie 
de rebeldía contra Dios y una loca competencia con su 
eterna sabiduría, la cual permitió que la prudencia hu- 
mana pudiese conjeturar, pero no adivinar, para te- 
ndía mas sujeta con laincertidumhredeloscasos. Por 
esta duda eslapoÜIicalan recatada en susresoluciones, 
conociendo cuan corta de vista es en lo futuro lamayor 
sabiduría humana, y cuan falaces los juicios fundados 
en presupuestos. Si los príncipes tuvieran presciencia 
de lo que ha de suceder, no saldrían errados sos con- 
sejos ; por eso Dios, luego que Saúl fué elegido rey, le 
infundió nn espíritu de profecía K 

De todo lo dicho se inQere que, si bien es venerable 
la antigüedad, y reales los caminos que abrid á la pos- 
teridad por donde seguramente caminase la eiperien- 
cia , suele rompellos el tiempo y bacellos impractica- 
bles ; y asi , no sea el príncipe tan desconQado de sf y 
tan ot^ervnnte de los pasos de sus antecesores, que no 
se atreva á ecbar los suyos por otra parte, según la dis- 
posición presente. No siempre las novedades son peli- 
grosas; aveces conviene introducillas;noseperlicio- 
naria el mundo sí no innovase ; cuanto mas entra en 
edad, es mas sabio; las costumbres mas antiguas, en 
algún liempo fueron nuevas ; lo que boy se ejecuta sia 
ejemplo, se contará después entre los ejemplos; lo que 
seguimos por experiencia, se empezó sin ella. También 
nosotros podemos dejar loables novedades que imiten 
nuestros descendientes ; no todo lo que usaron tos an- 
tiguos es lo mejor, cerno no lo será á la posteridad to- 
do lo que usamos agora. Muchos abusos conservamos 
por ellos, y muclios estilos y costumbres suyas seve- 
ras, rudas y pesadas se ban templado con el liempo y 
reducido á mejor forma. 

!lS.¡I, 



,vGoosle 



DON. DIEGO DE SAAVEDEtA FAJARDO. 



EMPRESA XXX. 



iDgenioRB RomB en levantar trofeos li la virtud y al 
íalor para gloria y premio del vencedor, emulacionde 
BUS descendientes y ejemplo de los demás ciudadanos, 
ioventú las colunas rostradas, ea las cuales encaja- 
das las proas de las naves triunrantes , después de lar- 
gas navegaciones y vitorías, sustentaban viva la rae* 
mona de las batallas navales, como se levautaron al 
.coDsnl Duilio por la vitoria señaladaque alcanza de los 
cartaginenses , y por otra 6 Marco Emilio. Este trofeo 
di<} ocasión á esla empresa, eo la cual lo firme y cons- 
tante de la coluna representa la sabiduría , y las proas 
de las naves, cursadas en varías navegaciones y peli- 
gros, la experiencia, madre de !a prudencia, con quien 
se ^irma la sabiduría. Tiene esta por objeto las cosas 
universales y perpetuas,, aquella las acciones singula- 
res ; la una se alcanza con la especulación y estudio, 
la otra, que es Iiábito déla razón, con el conocimiento 
de lo bueno 4 malo, y con el uso j ejercicio ; ambas 
juntas taardn perfecto i un gobernador, sin que baste 
la únasela; de donde se colige cuan peligroso es el 
gobierno de los muy especulativos en las sciencias J 
de los entregados i la vida monástica, porque ordina- 
ríamenle les falta el uso y -prdtica de las cosas ; y asi, 
sos acciones á se pierden por muy arrojadas ú por muy 
humildes, principalmentecuando el temor ó el celo de- 
masiado los transporta. Su comunicación y sus escri- 
tos, en que obre masel entendimiento especulativo que 
el prático, podnin ser provechosos al principe para des- 
pertar el ingenio y dar materia al discurso, consultJQ- 
dolos con el tiempo y la eiperiencia. La medicina pro- 
pone los remedios & las enfermedaileí ; pero no les 
ejecuta el médico sia considerar la calidad y acciden- 
tes de la enfermedad, y la complexión y natural del 
doliente. Si con esta razón templara Aníbal su arro- 
gancia bárbara, no tuviera por loco d Fomiion , viendo 
que,ineiperta,enseñabaelartemilitar; porque, si bien 



no alcanza la eyeculación su prática, como dijo Ca- 

moes: 

A iiitíflina militar pratmu* 
Nem tt tprcnit, inkor, m fktuta^t 
Smkmie, imafinmie, t» etlxdini/); 
Se naim rnic, Irttanás, í fite/tniii. 

S¡en,do dificil que ajuste la mano lo que trazó el inge- 
nio, y que corresponda á los ojds loque propuso la idea; 
pendiendo de tan varios accidentes la guerra, que aun 
enellosnosabcnigunas veces aconsejarse la eiperien- 
cia.Con todo esopudieraPormiondartalespreceptosá 
Aníbal, aunque tan experimentado capitán, que excu- 
sase los errores de su trato engañoso , de su crueldad 
con los vencidos y de su soberbia con los que se vallan 
de su protección: sabría usar de la vitoria de Canas, 
huir las delicias de Capua y granjear & Antioqyla. El 
rey don Fernando el CatúUco se valió de religiosos ; no 
sí si les nó la negociación ó la introducción, ó si echó 
mano dellos por excusar gastos de embajadas y incon- 
venientes de competencias. En ellos no es siempre se- 
guro el secreto, porque penden mas de la obediencia de 
sus superiores quede la del principe, y porque si mue- 
ren, caerán las cifras y papeles en sus manos. No pue- 
den ser castigados si faltan d su obligación ; y con su 
ejemplo se perturba la quietud r«ligiosa, y se amanci- 
lla su sencillez con las artes politices. Mejores médicos 
son para lo espiritual que para lo temporal ; cada esfe- 
ra tiene su actividad propia. Verdad es que en algunos 
se hallan juicios tan despiertos con la especulación ds 
lasscienclas y la prática de los negocios, criados en las 
cortes, sin aquel encogimiento que cria la vida retira- 
da, que se les pueden Gar los mayores negocios , prin- 
cipalmente aquellos que tocan a la quietud pública j 
bien db la cristiandad ; porque la modestia del trato, la 
templanza de las virtudes, la gravedad ; crédito del 
1 Cid., Ldi., clnt. 10. 



(LiOOglC 



IDEA DE m PRÍNCÍPE 
hábito MD grandes ncomendacioDes en los palacios da 
los principes para Ib ricilidadde las audieacias y di»' 
posiciones de los ánimos. 

Las eiperíencias en el daño ajeno sod Telices , pero 
DO persuaden tanto como las propios; aquellas las ve- 
mos úlasoiinos, y estas las sentimos; enelcuraiOQ las 
deja esculpidas el peligro. Los naufragios, tísIos des- 
de la arena , coamueven el ánimo , pero no el escar- 
miento; el que escapó dellos, cuelga para siempre el 
timón en eltemplodel desengaño. Pot lo cual, aunque 
de imas ; otras eipenencias es bien que se componga 
el ánimo del príncipe , debe atender mas á las propias, 
estando advertido que cuando sou culpables suele ei- 
cosatlasel amor propio,^ que la verdad llega lardeó 
nunca á desengañalle, porque ó la malicia la detiene 
en los portales de los palacios, Ú la lisonja la disfraza, 
; entonces la bondad no se atreve i descubrüla, por do 
peligrar, 6 porque no le toca , ó porque reconoce que 
no ha de aprovechar ; y a^ , ignorando los principes las 
bitas de su gobierno, y no sabiendo en qué erraron sus 
consejos y resoluciones, no pueden enmendailas, ni 
quedar escarmentados y ensoñados en ellas. No ha de 
haber exceso ni daño en el Estado, que luego no llegue 
fielmente á la noticia del principe; no hay sentimiento 
y dolor en cualquier partedelcuérpoque en un instante 
no loqae j inronne al corazón , como á principe do la 
vida, donde tiene su asieuto el alma , y como i tan in- 
teresado ensu conservación. Si los reyes supieran bien 
lo que lastima á sus reinos, no viéramos tan envejeci- 
das sus enfermedades ; pero en los palacios se procura 
divertir con los entretenimientos y la música los oidos 
del príncipe , para que no oiga los gemidos del pueblo, 
ni pueda, como Saúl, preguntarla causa porqué llorad; 
j así ignore sus necesidades y trabajos , 6 ilega ¿ sabe- 
llos tarde. Ni la novedad del caso de Jonás , arrojado 
VITO de ias entrañas de la ballena, ni sus voces públicas 
por toda la ciudad de Ninive , amenaxándole su ruina 
dentro de cuarenta dias, bastú para que no fuese el Rey 
el último ásabello, cuando ya desde el mayor al me- 
nor estaban los ciudadanos vestidos de sacos 3. Ningu- 
no se atreve á desengañar al principe , ni á despertalle 
de los daños y trabajos que le sobrevienen. Todo el 
ejéreito de Betulia estaba vecina á la tienda de Holo- 
férnes con gran hnpetu j vocería , ya claro el dia, y los 
de su cámara reparaban en quebraile el sueño, y hacian 
mido con tos pies por no llamalle declaradamente '; y 
cuando el peligro les obligó á entrar, ya el íilo de una 
espada Iiabia dividido su cabeza , y la tenia el enemigo 
■óbrelos muros >: casi siempre llegan al principe los 
desengaños después de los sucesos , cuando 6 son irre- 
mediables ó costosos. Sus mluislros le dan á entender 



* OiMli)bcliKipnlEi,qnadptanlT(t,n«f., 11, S.) 

> Bi ei«(lider»iilii IllBhlUeÍiiD«an,«lpn«dlu<rcnialjclii- 
■!■■, H TdUH tútii Hcclik majora if(|BB iil mlaorcD. Bi per- 
rail ferbiB ad tttgtm NlniTc. (ion. , 3 , S.) 

* Ila[lH cdId iídsbaí cnbiculaiu ilriulli Aujrloram pilundo, 
utiainiidtapcrire. |JadlU.14, 10.) 

■ Moi aatem «t arta* cal din 
" ».tÍBdilh,H,ÍJ 



POLÍTICO-CRISTIANO. 79 

que todo sucede felizmente ; con que se descuida , no 
adquiere eiperieucia , y pierde la enseñanza de la ne- 
cesidad, que es la maestra mas ingeniosa de la pru- 
dencia ; porque, aunque de la prudencia nace la pros- 
peridad, DO nace de la prosperidad la prudencia. 

El principal oHcio de la prudencia en los principes, 
ó en quien tratare con ellas, lia de sor conocer con la 
eiperíencia los naturales , los cuales se descubren por 
los trajes, por el movimienta de las acciones y de los 
ojos, y por las palabras ^ ; habiendo tenido Dios por 
tan conveniente para el trato humano este conocimien- 
to, que le puso á la primer vista de los bombres escrito 
porsusfreutes \ Sin él, niel príncipe sabrá gobernar 
ni el negociante alcanzar sus fines. Son los ánimos da 
los hambres tan varios como sus rostros; y aunque la 
razón es en si misma una , son diferentes los caminos 
que cada uno de los discursos sigue para alcanzalla, y 
tan notables los engaños de la imaginaciou, que á veces 
parecen algunos bombres irracionales; y asi, no se 
puede negociar con todos con un mismo estilo ; conve- 
niente es varíalle según la naturaleza del sugeto coa 
quien se trata, como se varian los bocadosde los freno* 
según es la bocadel caballo. Unos ingenios son genero- 
sos y altivos : con ellos pueden mucho los medios da 
gloria y reputación; otros son bajos y abatidos, que so- 
lamente se dejan granjear del interés y de las conve- 
niencias propias ; unos son soberbios y arrojados, y es 
menester apartallos suavemente del precipicio; obvs 
son tímidos y umbrosos, y para que obren se han de 
llevar de la mano á que reconozcan la vanidad del pe- 
ligro ; unos son serviles , con los cuales puede mas la 
amenaza y el castigo que el ruego ; otros son arrogaiH 
tes : estos se reducen con la entereza, y se pierden con 
la sumisión ; unos son fogosos y tan resueltos, que con 
la misma brevedad que se determinan, se arrepienten: 
á estos es peligroso el aconsejar; otros son tardos yln- 
delÉrminados: é estos los ha de cursrel tiempo con sus 
mismos daños, porque, si los apresuran, se dejan caer; 
unos son cortos y rudos : á estos ha de convencer la de- 
mostración palpable, nb la sutileza de los argumentos; 
otros lo disputan toJo, y con la agudeza traspasan los 
limites : á estos se ba de dejar que como los falcooes SO 
remontenycansen, llamándolos después al señuelo de 
la razón y é lo que se pretende ; unos no admiten pa- 
recer ajeno , y se gobiernan por el suyo : é estos no se 
les lian de dar, sino señalar, los consejos, descubrién- 
doselos muy i lo largo, para que por si mismos den en 
ellos, yentOucesconalabárseloscomosuyoB, lo Recu- 
lan; otros jú saben obrar ni resolverse sin el consto 
ajeno : con estos es vana la persuasión; y asi, toqúese 
babia de negociar con ellos es mejor tratallo con SUS 
consejeros. 

La misma variedad que se halla en los ingenios, se 
baila también en los negocios. Algunos son fáciles en 

* Aalclni corporli, et rliai dcaUnm, atlagmiis toailal* 
eaaaUHi do lUa. tEcd., IB, 17.) 
' Bi An utiaoMllnr vlr, el ab occnrsi hdci u{iiMeiMr aea- 



vLiOOglC 



DON DIEGO. DE SAAVEDRA FAJARDO. 
■US principios, y después, c^mo los ríos, crecen con las | Desta diversidad de ingenios y de negocios se infie- 



Bvenidas y arroyos de vurios inconTenientesydiíicuJ- 
tades: estos se venceD con la celeridad, sin dar tiempo 
á sus crecientes ; otros, al contrario, sou como los vien- 
tos, que nacen furiosos y mueren blandamente : en ellos 
es conveniente el suTrimiento y la constancia ; otros 
hay que se vadean con iucerlidumbre y pelif<ro, Jiallán- 
dose en ellos el fondo de las diiicultjides cuando me- 
nos se piensa r en estos se ha do proceder con adver- 
tencia y fortaleza, siempre la sonda en la mano, y pre- 
venido el únimo para cualquier BCC id en le. En algunos 
eajmporlanle el secreto; estos se lian de minar, para 
que runsiito el buen suceso untes que so advierta; 
otros no se pueden alcanzar sino en cíerla coyuntura 
de tiempos : en ellos lian de estar á la colla las preven- 
ciones y medios para soltar las velas, cuando sople el 
viento favorable. Algunos echan poco á poco raíces, y 
se sazonan con el tiempo : en ellos se han de sembrar 
las diligencias, como [as semillas en la tierra, esperan- 
do á que broten y fruten; otros, si luego no salen, no 
salen después : estos se lian de ganar por Bsolto , apli- 
cados á un tiempo les medios ; algunos son tan delica- 
dos y quebradizos , que, como á las redomas de vidrio, 
^ un soplo los forma y un soplo los rompe : por estos es 
menester llevar muy ligera la mano; otros liay que se 
dilicultan por muy dflseados y solicitados: en ellos son 
buenas las artes de los amantes, que enamoran con el 
desden y desvío. Pocos negocios vence el Ímpetu , al- 
gunos la Tuerza, muchos el sufrimiento, y casi todos la 
raiony el interés. La imporlunidad perdiú muchos ne- 
gocios, y muchos también alcanzó , como de la Cana- 
nea lo dijo san Jerónimo s. Cánsense los hombres de 
negar, como de conceder; la sazón es la que mejor 
dispone los negocios; pocos pierde quien sabe usar de 
ella ; el labrador que conoce el terreno y e! tiempo de 
sembrar, logra sus intentos. Horas hay en que todo se 
concedo , y otras en que lodo se niega , según ae halla 
- dispuesto el inimo , en el cual sa reconocen crecien- 
tes.y menguantes; y corlados los negocios, como los 
árboles, en buenaluiia, suceden felizmente'. La destre- 
za en saber proponer y obligar con lo honesto, lo útil y 
' lo fócil, la prudencia en los medios, y la abundancia de 
partidos, vencen las negociaciones, principalmente 
cuando estas calidades son acompañadas de una dis- 
creta urbanidad y de una gracia uaturai que cautiva 
los ánimos ; porque hay senililuntes y modos de nego- 
ciarían üsperos, que enseñan anegar; pero, sí bien es- 
tos medios, con el conocimiento y destreza, son muy po- 
derosos para reducir los negocios al fin deseado , ni se 
debe confiar ni desesperar en ellos. Los mas ligeros se 
suelen disponer con dificultad, y los mas graves se de- 
tienen en causas ligeras ; la mayor prudencia se con- 
funde tal vez en lo mas claro, j juega con los negocios 
el acaso, iücluso en aquel eterno decreto déla divina 
Providencia. 



re cudnto conviene al principe elegir tales ministros, 
quesean aptos para tratallos; porque do lodos los mi- 
nistros son buenos para todos ios negocios, como no 
todos los instrumentos para todas las cosas. Los inge- 
nios violentos, umbrosos y disidenti^s , tos duros y pe- 
sados en el trato, que ni saben servir' al tiempo, ni con- 
temporizar con los demás, acomodándose i sus condi- 
ciones y estilos, mas son para desgarrar que para com- 
poner una negociación, mas para hacer nacer enemi- 
gos que paraeicusallos; mejores son para liscalesque 
para negociantes. Diferentes calidades son menester 
pare los negocios: aquel ministro será á propósito pa- 
radlos, que en su semblante y palabras descubriere 
uoáiiimocáitdidoy verdadero, que por si mismo se de- 
je amar; que sean en él arte, y no natural, los recelas y 
recatos; que los oculte en lo Intimo de su corazón 
mientras no conviniere descubrillos; que con suavidad 
proponga, con tolerancia escuche, con viveza replique, 
con sagacidad disimule-, con atención solicite , coa li- 
beralidad obligne, con medios persuada, con eiperien- 
ciaconvenZB, con prudencia resuelva y con valor eje- 
cute. Con tales ministros pudo el rey don Femando el 
Cutúlíco salir fehzmente con las negociaciones que in- 
tentó. No va menos en la buena elección delloa que la 
conservación y aumentos de un estado; porque de sus 
aciertos pende todo : mas reinos se han perdido por ig- 
norancia de los ministros que de los principes. Ponga 
pues en esto vuestra alteza su mayor estudio , exami- 
ne bien las calidades y partes de lossugelos, ; después 
de haberlos ocupado, vele mucho vuestra alteza sobre 
sus acciones, sin enamorarse luego dullos por el re- 
trato de sus despachos; siendo muy pocos los minis- 
tros que SG pinten en ellos como bou; porque ¿quién 
será tan candido y ajeno del amor propio , que escriba 
!o que dejó de hacer ó prevenir? No será poco que avi- 
se puntualmente lo que hubiere obrado; porque suelea 
algunos escribir, no lo que hicieron y dijeron, sino lo 
que debieran liaber hecho y dicho; Iodo lo pensaron, 
todo lo trazaron, advirtieron y ejecutaron antes. En sus 
secretarias entran troncos los negocios, y, como en lis 
oficinas de los estatuarios, salen imágenes ; allí se em- 
barnizan, se doran , y dan los colores que parecen mas 
í propósito para ganar crédito; alli se hacen los juicios, 
y se inventanlas prevenciones después de los sucesos; 
afii , mas poderosos que Dios , hacen que los tiempos 
pasados sean presentes, y los presentes pasados , aco- 
modándolas fechas de los despachos como mejor les es- 
tá. Ministros son que solamente obran con la ímagina- 
cion, y fulleros de los aplausos y premios ganados con 
cartas falsas, de que nacen muy graves errores é tn- 
convenienles;porque los conscjerosque asisten al prín- 
cipe le bacenla consulta según aquellas no ticiasy pre- 
supuestos , y si son falsos, falsos serán también los con- 
sejos y resoluciones que se fundan en ellos. Las sagra- 
das letras enseñan á los ministros, y principalmente i 
los embajadores , á referir puatualmenle sus comisio- 
nes, pues en la que tuvo Hazaelidcl rev ^e^m Bena- 
,. -I ^^ 



IDEA DE nN 
ÍmA, pnt eonüdlir stt anfermedad con el profeta EB- 
Mo.mnuidúlaspalabraa, niaunse alrevióá poneltai 
OÍ tercera penona W. 

AtguMS veces suelen ser peligrosos los miaistros 
iiniyexperimeDUdos,óporla demasiada confianza en 
«Ih» del príncipe, 6 porque, llerados del amor propio y 
presnncion de sí mismos , no se detienta fi pensar tos 
negocios , y «mo pilotos hechos i vencer ios borras- 
cas, desprnoün los temporalea de inconvenientes 7 di- 



POLfnOO-CRISTIANO. H 

Goiltades, y se arrojan al paliBn. Um segUM amleD 
ser ( en AlgoDOB casos) los que, mievosenla aavega- 
cionda los negocios, Hevan la pala por tierra. Oe use» 
7 olTOs se compone un consctjo acertado; porque hs«x- 
perieocJas de aquellos se cautelan con lee temores des- 
tos, como sucede cuando intervienen en las consultas 
consejeros flemáticos y coléricos, animosos 7 recal»- 
dos, resueltos 7 considerados, resultando de tal maiclB 
un temperamento saludable en las resoluciones, coma 
resulta en los cuerpos de )a contrariedad de tos ho- 
morei. 




EMPRESA XXXI. 



Ensloñsmasesustentalacolana librada esn su pfr< 
so; si declina, cae luego , y tanto con mayor presteza 
cnanto ftiere mas pesada. No de otra suerte los impe- 
rios se conservan coa su misma autoridad y reputa- 
ción. En empezando í perderla , empiezan á caer , sin 
qne baste el poder i sustentallos; antes apresura la caí- 
da su misaie grandeza >. Nadie se atreve á una coluna 
derecha; en deelinandoj el mas débil intenta derríba- 
lla; porque la misma inclinación convida al impulso ; ; 
en cayendo , no hay brezos que basten d levanlalla. Un 
acto solo derriba la reputación , 7 muchos no la pueden 
restaurar; porque no hay manclia que se limpie sin 
dejar señales, ni opinión que se borre enteramente. 
Las inramias , aunque se curen , dejan cicatrices en el 
rostro; 7 asi, en no estando la corona Hja sobre esta 
coluna derecha de la repulacioa, dará en tierra. El rey 
don Alonso el Quinto de Aragón i, no solamente coa- 
serró su reino con la reputación, sino couquistii el de 
Nápoies; y al mismo tiempo el re7 don Juan el Segundo 
era en Castilla despreciado de sus vasallos por su poco 
valor y flojedad, recibieodo dellos las leyes que le que- 
rían dar. Las provincias qne fueron constantes 7 fieles 
en el imperio de Julio César J de Augusto, principes de 
gran reputación , se levantaron en el de Galba , Oojo 7 



despreciado 3. No es bastante la sangre real ni la gran- 
deza de los estados á mantener la reputación , a fUta 
la virtud 7 valor propio, como no hacen estimado al 
espejo los adornos exteriores, aino sn calidad intrina^ 
ca ; en la majestad real no bay mas fuerza que el res- 
peto, el cual nace de la admiración 7 del tnnor, y de 
ambos la obediencia ; y si falta esta, no se puede man- 
tener por si misma la dignidad de príncipe fundada en 
la ojHnion ajena , y queda la púrpura reat mes como 
señal de burla qne de grandeza , como lo fué la del rey 
don Enrique el Cuarto. Las esfriritus 7 caler natural 
mantienen derecho el cuerpo humano ; no' tMStaria por 
si misma la breve basa de los pies. iQ\xé otra cosa u 
la nputacion sino un ligero espíritu encendido en ta 
opinión de todos, que suat^ita derecho el ceptroT V 
a^, cuide mucho el príncipe de que sus obras 7 accio- 
nes sean tales, que vayan cebando y manteniendo es- 
tos espíritus. En la reputación fundaban sus instancias 
los partos cuando pedian i Tiberio qne les enviase, co- 
mo de motivo propio , un hijo de Frahates *. 

Esta reputación obra mayares efectos en la gnerra, 
donde corta mas el temor que k espada, 7 obra mas la 
opinión que el valor ; y asi, no se ha de procurar menos 







» NellKDinlJ*!!». Kioq*» Aiignslo nato» «Drnn tnlmos. 






Gilbtn ct íDÍncu tiibou , hosiiles spiriius iDduisgc. ( Tic. , 1. i, 


Nlbil iwna BamiiiK tam lutabiit , ic flaxuin e 


,ín~r>- 




poifDiiie su •! nlue. (Tu. , 1. 13 , Ana.J 




* ^onlinebl1tlLl■,ellu<loreo|)lls,utSItonIeCaes9ris, al gc- 


Ifir.,Hltt.Hi^.,l.»),c.ll. 




BlltArucii,r[pmapDilEii[ilinU9ctrDcntur. [Tac, 1. fl, AidJ 



DON DIEGO DE SAAVEDBA FAJARDO. 



que la fuerza de las armas. Ppr esta con gran prudeo- 
cis aconsejaba Suetonia Paulino i OtoD qu« procurase 
tener siempre dé su parte al senado romano, cuja au- 
toridad podía ofuscarse, pero no escurecerse^ Por ella 
se arrimaron á éí mucbas provincias^. En las diferen- 
cias de aquellos grandes capitanes César y Pompeyo, 
mas procuraba cada uno vencer la reputación que ias 
armas del otro. Conocían bien que correa los dnimos 7 
las fuerzas masa) clamor de la fama que al de la caja. 
Gran re; fui Filipe U en las artes de conservar la repu- 
tación ; con ella desde un retrete tuvo obedientes las 
riendas de dos mundos. 

Aun cuando se ve á los ojos la ruina de los estados,. 
es mejor dejallos perder que perder la reputación, por- 
que sin ella no se pueden recuperar. Por esto en aque- 
lla gran borrasca de la liga de Cambray, aunque se viú 
perdida la repúbllcadeVenecia, consideró aquel vale- 
roso y prudente senado que era mejor mostrarse cons- 
tante qne descubrir Baqueza valiéndose de medios in- 
decentes. El deseo de dominar hace á los prf ucipes ser- 
viles, despreciando esta consideración. Otón con las 
manos tendidas adoraba al vulgo , besaba vilmente á 
unos; i otros para teoellos i todos de su parte 7, y con 
lo mismo que procuraba el imperio se mostraba indig- 
no del. Quien huye de los peligros, con la indignidad da 
ea otros mayores. Aun en las necesidades de hacienda 
no conviene usar de medios violentos y indignos con 
■US vasallos, ó pedir socorros extranjeros, porque los 
unos y los otros son peligrosos , y ni aquellos ni estos 
bastan , y se remedia mejor la necesidad con el crédito. 
Tan rico suele ser uno con la opinión como otro con 
muchas riquezas escondidas y ocultas. Bien tuvieron 
considerado esto los romanos, pues aunque eu diversas 
ocasiones de adversidad les ofrecieron las provincias 
asistencias de dinero y trigo, dieron gracias, pero no 
acetaron sus ohrtas. Habiéndose perdido en el Océano 
dos legiones , aviaron España , Francia y Italia armas, 
caballos y dinero ú Germánico ; y él , alabando su afec- 
to, recibió loscaballosylas armas, pero no el dinero^. 
En otras dos ofertas hechas al senada romano de tazas 
de oro de macho precio, en ocasión de grandes nece- 
ddades, en la una tomó solamente por cortesia un vaso, 
eldemenorvalors, y en la otra dio gracias y no recH 
bióéloroio. 

La autoridad y reputación del principe nace de va- 
rias causas: unas que pertenecen á su persona y otras 
á «1 estado. Las que pertenecen á su persona , ó son 

* Nomqun obten naoniíu , «tsl iliqaindoabanibniítar. ¡Tic, 
llb.l,HLil.) 

* Bnt (raiute tnomentam In noming nrblí, etpratUitii Seai- 
tat.rT*c,lli. l.HiM,) 

' OUia proleiidens manns adarare itDigiini tldebitar, Jaeirí a%- 
(nta,et anilla scrvDtierprp dominaiione. (Tas., Ub. I, Hiai.) 

■ Cieiernm ad supplendi eierciiut duna) eerUvere Gilllte, 
fllipialie, Italia, qaod calqae promplim, irma, iqaoi, turnin 
offeniDln , quormu Jindito ilodio , CtmanlcDi anaii moda , el 
«<|bLb ad bellniíi snmpUs, propria pMimla milltein Ja>Ít.(Tic.,l. t, 
Aoa.l 

* Legalii íraUae aelae pro miinlflceDtii , canqu, pilen, 
^■ac pasdeiü mlnlnl fail , icecpu. (Lít. , I. tt.) 

H CraUieacut,anniiiinoaacccptiB.(lbtd.) 



del cuerpo ó del ánimo : del caeii>o , cuando es tan bien 
formado y dispuesto, que sustenta lamejesiad; si bien 
las vktudes del ánimo suelea suplir los defectos de la 
naturaleza. Algunas bien notables tenia el duque de Sa- 
boya Carlos Emantiel; pero la grandeza de su ánimo, 
su viveza de ingenio, su cortesanía y urbanidad l« ha- 
cían respetado. Un movimiento severo ^ gnve hace pa- 
recer principe al que sin él fuera desprttaiiáf de todas, 
en que es menester mezclar de tal suerte •! agrado, 
'quesesusLentelasutoridadsiScaerenel odio y arro- 
gancia , como lo alabó Tácito en Germínico it. Lo pre- 
cioso y brillante en el arreo de la persona causa admi> 
ración y respeto, porque el pueblo se deja llevar de lo 
exterior, no consultándose menos el carazon con los 
ojos que con el enteodimieiito ; y asi, dijo el rey don 
Alausa el Sabíd, t que las vestiduras faien mucho 
conocer á los omes por nobles, ó por viles. E los sabios 
antiguos establecieron que los Reyes vistiesen paños de 
seda con ora, é con piedras preciosas, porque los omes 
los puedan coooscer luego que los viesen, í menos de 
preguntar por ellos.u El rey Asnero salia i las audien- 
cias con Testiduras reales cubiertas de oro y piedras 
preciosasl3. Por esto mandó Diosa Moisés que hiciese 
al sumo sacerdote Aaron un vestido santo, para osten- 
taci<»i de su gloria y grandeza 1*, y le biza de púrpura, 
tejida con oro y adornada con otras cosas de grandísimo 
valortS; de la cual usaron después los sucesores, como 
hoy se confinúa en los papas , aunque con mayor mo- 
destia y menor gasta. Si el sumo Pontífice es un brazo 
de Dios «1 la tierra; si, como el rayo, fulmina censu- 
raste, conveniente es (aunque mas lo censura la impie- 
dad) que, como Dios se adorna con resplandores de 
luz *^ (que son las galas dsl cielo) ,'se adorne él con los 
de la tierra, y se deje llevaren andas 18. La misma ra.. 
zoncorrepor los principes, vicariosdaDlo^eo lo tem- 
poral i». 

Lo suntuoso también de los palacios y su adorno *>, 
la nobleza y lucimiento de la familia^, las guardias de 
naciones confidentes n, el lustre y grandeza de la cor" 
te, ylas demás ostentaciones públicas, acreditan el po- 
der del principie y autorizan la majestad. Lo sonoro-de 
los títulos de estado, adquiridos y heredados, ú atribui- 
dosá la persona del príncipe, descuÍM'en su grandeza. 

11 VlivcIagdllaJiilaTenenbllis, cam mafnlladhiem ttfct- 
Tllalcm iDaiinae farlanae retlierel . Lnildlam et arroiaaUaiB cf- 
rogent. (Tac.lib. 1, Aun.) - 

is L«rS, til, S, parí. i. 

" Indsts} fMtibas reglls , atraqae rulgéat , «t preUosii Iipl- 
dlbus. (Eilh. ,1G,9.) 

<* Fadetqne veílem laneum Aaran rrairltaDlD fiorlam.tldc- 
'Mrein. (Eiod. , Í8, í,) 

" !psa qaaqne unan , el canela operit larietai srit ei toro, 
elhTidntho, el pairara. (Eiod. , IB,S.| 

u SI babea bracliiaa sjcil Dtas , et al Toce ilmlll lonaa. (lab., 
40, i.) 

n Deearemlndiilill, imlcnslninlne itMl lesUnenlo. {tai. 
103. 1.^ 

<■ Clrcomda Ubi decorem , el le sobiliDe erigen , el eito f lo- 
rlDini, etapeciotisiadaereiestibus. (Job, 40, B.) 

" E(i> dlil : Dtl ealls, el flUf eicrlil oniDes. ¡Pial. , 81 , 6.) 

«> MagDiUcaTi opera mea, aediluil mibldoBoa. (&eclei.,^4.) 

*t Nm erii ante Ignobllei. (Proi., ti, ».) 

SI Poiwta» et lenof ipn ■ ' ■ ~ 



'i?L*glc 



IDEA DE UN PRÍNCIPE POLÍTICO-CRISTIANO. 



Por eOos di£ á conocer Isaías la de) Criador del mundo, 
becho principe del C Coiv ellos ^ocure vuestra alteza 
ilustrar su real persona ; pero no ban de ser impuestos 
por la ligereza ó lisonja, sino por ei aplauso uui¥ersal, 
fundado en la rírtud ; el valor , como lus que se dieron 
á los gloriosos antecesores de vuestra alteza el rey don 
Femando el Santo , don Alonso al GraniJQ , don Sancho 
el Bravo, don Jaime el Conquistador, don Alonso el 
Magnánimo y á otros. 

Ij etCGlencia de las virtudes f las partes grandes de 
gobernador granjean la estimación y respeto al prin- 
cipe. Una sola que resplandezca en él, tocante i la 
guerra ó la paz , suele suplir por las demás, como asis- 
ta á los negocios por sí, aunque no sea con mucha su- 
ficiencia, porque en remitiéndolo todo á los ministros 
se disuelve la fuerza de Ja majestad: asi lo aconsejd Sa- 
Instio Crispo i Livia». Una resolución tomada- del 
príncipe á tiempo sin consulta ajena , Qn resentimiento 
y un descubrir las garras del poder, le hacen temido y 
respetado. También la constancia del ánimo en la for- 
tuna pnhpera y adversa le granjea la admiración , por- 
que al pueblo le parece que es sobre la naturaleza co- 
mún DO conraovene ea tos bienes ó no perturbarse en 
los trabajos, y qoe tfene el principe alguoa parte de di- 
vinidad. 

La igualdad en obrar da grao reputación al príncipe/ 
porque es argumento de un juicio asentado y pruden- 
te. Si intempestivamente usare de sus favores y de sus 
desdenes,será temido, pero no estimado, como se ei- 
perimenld en VitellioK. 

También para sustentar el crédito es importante la 
prudencia en no intentar lo que no alcanza el poder. 
Casi infinito parecerá si no emprendiere el principe 
guerra que no pudiere vencer, ó si no pretendiere do 
los vasallos sino lo que fuere licito y factible, sin darlu- 
gar i qne se le atreva la inobediencia. Intentallo y no 
salir con ello, es desaire en el principe y atrevimiento 
en Jos vasallos. 

Los príncipes son eslimados según ellos se estiman á 
si mismos ; porque, si bien el honor está en la opinión 
ajena , se concibe esta por la presunción de cada uno, 
lacnal es mayor d metior (cuando no es locura) según 
es el espíritu, colirando bríos del valor que reconoce 
en si, ó perdiéndolos si le faltan méritos. Un ánimo 
grande apetece lo mas alto*5; ei flaco se encoge y se 
juzga indigno de cualquier honor. En estos no siempre 
es virtud dehumildad y modestia, sino bajeza de cora- 
zón , con que caen en desprecio de los demás, infirien- 
do que DO pretenden mayorgrado, sabiendo que no le 
mn^cen. Bleso estuvo muy cerca de parecer indigno 
del jmperio, porque aunque le rogaban con ¿1, le des- 

« Ei««cibltarnaiicneja«, AdmlnhltiieaainiiclDiiDeiufbr- 
iu. Pawr falnd «leean , PriRc«p> picli. n»i.,.9, 0,) 

t> ttcf c Tiberlu tlm Prlneipalna resolveiel, enncli id Sem- 
iiB Kioctnda. (Tac, tib. I, Ana.) 

■I ViicUim mbilis BlTensii , mi Inlampealivls bJtnditili mi- 
bbllm cgaiCBBcbant, meUiebulfic. me. , lib. I, llltl.} 

" OíUa«* fiifpc nwUlioaiilUHlin topen. (Tic, lit. i. 



preciaba^. Desdichado el estado cuya cabeza, d no se 
precia de principe ó se precia de mas que principe : lo 
primero ee bajeza, lo segundo tiranía. 

En estas calidades del ánimo juega también el acaso, 
y suele con ellas ser despreciado un principe cuando es 
infeliz la prudencia y tos sucesos no corresponden á los 
consejos. Gobiernos Iiay buenos en sí ; pero tan infaus- 
tos, que todo sale errado. No es siempre culpa de la pro* 
videncia liumana , sino disposición de la.divina, que así 
lo ordena , cncontráadose los fines particulares deste 
gobierno inferior con los de aquel supren^o y universal. 
También no bastan (odas las calidades del cuerpo j 
del ánimo d mantener la reputación del principa cuan- 
do es desconcertada su familia. Oella pende toda su es- 
timación , y ninguna cosa mas dificultosa ^ue compo- 
ner las cosas domésticas. Has fícil suele ser el gobier- 
no de una provincia que pl de una casa; porque, i se 
desprecia el cuidado della, atento e¡ ánimo ¿ cosas ma- 
yores, 6 le perturba el afecto propio, ó le falta el valor, 
6 es flojedad natural , 6 los que están mas cerca, de tal 
suerte le cierran los ojos , que no puede el juicio aplicar 
el remedio d los inconvenientes. En Agrícola se alabd 
que tuvo valor para enfrenar su familia , no consintien- 
do que se mezclase en las cosas públicas^. Muchos 
príncipes supieron gobernar sus estadas; pocos sus ca- 
sas. Galba fué buen emperador; pero se perdió dentro 
de su palacio , donde no se vieron menores desórdenes 
que en el de Neron^. Alabanza fué del gobierno de Ti- 
berio el tener una familia modesta^. Ninguno puedft 
ser acertado si en él los domésticos mandan y roban , 6 
con su soberbia y vicios le desacreditan. Si son buenos, 
hacen bueno al príncipe; y si malos, aunque sea bueno 
parecerá malo. Dallos reciben ser sus obras y nace «i 
buena 6 mala opinión ; porque los vicios ú virtudes de 
sus cortesanos se atribuyen á él. Si son entendidos , di- 
simulan sus errores, y aun los bacen parecer aciertos 7 
lucir mas sus acciones. Referidas dellos con buen aire, 
causan admiración. Cualquier co<:a que del se publica 
parece grande al pueblo. Dentro de los palacios son los 
principes como los'demás hombres ; el respeto los ima- 
gina mayores, y lo retirado y oculto encubre sus Oa- 
quezas ; pero si sus criados son indiscretos y poco fie- 
les en el secreto, por ellos , como por resquicios del pa- 
lacio, las descubre el pueblo y pierde la veneración con 
que antes los respetaba. 

Del estado redunda también la reputación del prínci- 
pe , cuando en éi están bien constituidas las leyes y los 
magistrados, cuando se observa justicia, se retieno 
una religión , se conserva el respeto y la obediencia á la 
imaje^d,secuidadelB abundancia, florecen las artes 



V Adea non PriocIpaUi ippelens, al piram cmigercl, na 
dignas ereder«Ur. |T)c. , Db. 3, Htal.) 

n Prímini daman snini eoBrcDil, quDd plerlsqne biodlliou 
irdvODi ettg.quam proiinciim regere : olbll per ltbert0i, aeritoi' 
qne pnblLcae reí. {Tie, , in viti Agrie.) 

*> Jia afTerebinl concu Tenalli pnepotealea libetU , serromni 
mtat SDbliIs midae , lufiim apné seiten fesünuiet. ( Tii., 
llb. 1, HisL) 

» Madeiu jOTlUi. cric, UJ>. 4, /m.) l^i OOQ IC 



u 



DON DIEGO DE SAÁVEDRA FAJABDO. 



yluinins,7Mn«a todoon ord«a constante y una 
igual consonancia movida de la mano del principe; ; 
también cuando la felicidad de los estados pende del 
príncipe, poique si la pueden tener sin él, le desprecia- 



rán. No miran al cielo los labradores de EgiploH ¡ptN 
que , regando el Nilo lús campos con sus iaundadiHU!, 
no han menester á las nubes., 
*l AnUKS In AcfTpto eaetnB non upldmt. |PIÍa.) 



EMPRESA XXXII. 



Cimcibe la conche del roclo del cielo, y en lo candi- 
do de BUS entrañas crece j se descubre aquel puro par- 
to de la perla. Nadie Juzgaría su belleza por la eileríor 
tosco j mal pulido. Asi se engañan los sentidos en el 
«lamen de las acciones exteriores , obrando por las prí- 
raeras apariencias de las cosas ,.sin penetrar lo que está 
dentro dellas. No pende la verdad de la opinión. Des- 
preciéis el príncipe cuando conoce que obra conlorme 
í le raion. Pocas cosas grandes emprenderla si lascon- 
miase con su temor i los sentimientos del vulgo ; Dús- 
quese en sf mismo , no en los otros. El arte de reinar no 
■e embaraza con puntos sutiles de reputación. Aquel 
rey la tiene major, que sabe gobernar las artes de la 
paz y de la guerra. El honor de los subditos concual- 
quier cosa se mancita ; el de los reyes corre unido con 
el beneficio público : cooservado este , crece ; dismi- 
nuido, se. pierde. Peligroso seria el gobierno fundado 
«1 las leyes de la repulacíon instituidas ligeramente del 
Tnlgo. El desprecio dellas es ánimo ; constancia en el 
principe, cuya suprema ley es la salud del pueblo. Ti- 
beríose alabó en el Senado de que por el beneficio de 
todos se mostraba intrépido i las injuríasi. Un pecho 
magnánimo no teme los rumores Qecos deL pueblo ni la 
fama vulgar. El que desestime esta gloria vana, adquie- 
re la verdadera : bien lo conoció Fabio Máximo, cuando 
antepuso la salud pública d los rumores y acusaciones 
<lel Tutgo,que culpaba BU tardanza; y también el Gran, 
Capitán en la prisión del duque Valentina, el cual, aun- 
que se puso en su poder y se fi6 de su salvoconducto, 
le obligaron los tratos secretos que traia en deservicio 
del Rey Católico ádetenelte preso, mirando mas á los 
inconvenientes de su libertad que i las murmuraciones 

• ortenjioamnprDiUllUlepiMiemoBpafiADni. ¡Tac, ,IU). i, 
1 Hit., Hlsi. lliip.,t.tS,c.8.) 



y cargosque le liarían por su prisión, de que no conre- 
nia disculparse públicamente. Glorioso y valiente fué (I 
rey don Sancho el Fuerte^, y sordo alas murmuracio- 
nes de sus vasallos , rehusa la batalla sobre Jerez. Me- 
jor es que los enemigos teman al príncipe por prodenU 
que por arrojado. 

No pretendo en estos discursos formar un príncipe 
vil y esclavo de la república , que por cualquier motiio 
ó apariencia del beneficio della falle á la fe y pelabn ) 
á las demás obligaciones de su grandeza , parque Ul 
descrédito nunca puede ser conveniencia suya ni de sa 
estado; antes su ruina, no siendo seguro lo que es íd- 
decente ; como se vio en el reino de Aragón , turbulo 
muchas voces porque el rey don Pedro el Cuarto mis 
atendía en la paz y en la guerra á lo útil que á la refu- 
tación y á la fama. Juntas andan la convenieociajli 
decencia. Ni me conformo con aquella sentencia, que 
no Iiay gloría donde no hay seguridad , y que toJo l<: 
que se hace por conservar la dominación es hooesto'; 
porque ni la indifioidad puedeeerbuen medio para coa- 
servar, ni cuando lo fuese, seria por esto honesla y ex- 
cusada. Mi intento es de levantar el ánimo del príacipt 
sobre las ot>iniones vulgares, y hacelle constaute couin 
las murmuraciones vanas del pueblo. Que sepa eos- 
temporizar y disimular ofensas, deponer la entereu 
real, despreciar la fama ligera, puestos los ojoseali 
verdadera , y consultarse con el tiempo y la necesidid 
si conviniere asi á la conservación de t\i estado, sin 
acobardarse por vanas apariencias de gloria, estiman- 
do ligeramente mas estaque el beneficio universal, es 
que fué culpado el rey don Enríque el Cuarto, el cual 
no quiso seguir el consejo de los que le representaban 



■ M)r.,RiEt.Ill5p..,l.U,e. 
* Nihll gLarioiDm nüilnlnDi, 
shoncíU. (SilDsl.) 



«■> 



LiOOg le 



IDEA DE UN PRlNQPE 
que pruMÜese i don Inan Pscheco, marqués de Ville- | 
DiS, causa de Jas inquietudes y alborotos de los gnm- 
desdal reÍDO, dicieadoque le había dado seguridad para 
Teiiir á Madrid , y que no «onrenia Tallar i ella. Flaca 
eicnsa aatepoiier uoa vana muestra de fe 7 clemencm i 
su vida y á la quietud pútdica, 7 usalla con quien se va- 
Ei de la seguridad coacedidu , para maquinar coatra su 
persona real; de donde nacieron después graves daños 
alrejjal reino. Tiberio César no se perturbó porque 
le Bcnsaban que se detenia (tp la isla de Caprl atendien- 
do i los calumniadores , y que no iba á remediar las Ga- 
tiis habiéndose perdido una gnu parte deltas , ni pasa- 
baáquielar las legionei amotinadas en GermaniaB. La 
comiancia prudente oye y 00 hace caso de los juicios y 
pareceres de la multitud, coasideraado que después 
coa el aderto redunda en mayor gloria la murmura- 
ción y queda deraientida por si misma. Desconfiaba el 
ejército de la elección de Saúl, y le despreciaba diciea- 
do: «¿Por Tentnra dos podrá salvar este^?» Disimuló 
Saúl, haciéndose sordo (que no todo lo han de oír los 
principes) ; y desengañados después los soldados, se 
desdecían, y buscaban al autor de la murmuración para 
natalle*. No hubiera sido prudencia poner i peligro su 
elección, diudose por entendido del descontento popu- 
lar. Ligereza fuera en el caminante detenerse por el 
importuno ruido de las cigarras; gobernarse por lo que 
diñelvtdgo esflaquezaB; temeUe y revocar las reso- 
luciones, indignidad. Apenas habría r-^onsejo firme si 
dependiese del vulgo, que no puede* saber las causas 
que mueren al principe, ni conviene manifestárselas, 
porqne sería dalle la autoridad del ceptro. En el princi- 
pe esli toda la potestad del pueblo. Al principe toca 
obrar, al pueblo obedecer con buena fe del acierto de 
sus resoluciones. Si dallas hubiese de tomar cuentas, 
laltaria el obsequio y caería el imperio <C. Tan necesa- 
rio es al que obedece ignorar estas cosas como saber 
etras. Concedió ¿ los principes Dios el supremo juicio 
dellas, y al vasallo la gloría de obedecer. A su obliga- 
ción solamente ha de satisfacer el principe en sus reso- 
luciones ; y si estas no salieren como se deseaban, ten- 
ga coraion, pues basta haberlas gobernado con pru- 
dencia. Flaco es el mayor consejo de los hombres y su- 
jeto i accidentes. Cuanto es mayor la monarquía, tan- 
to mas está sujeta £ siniestros sucesos que, 6 los trae 
el acaso, 6 no bastó el juicio d prevenillos. Los grandes 
cuerpos padecen graves achaques. Si el príncipe no pa- 
sase constante por lo que le cu1pa;i, viviría infeliz. Ani- 
mo es menester en los errores para no dar en el temor, 
ydél en la irresolución. En pensando el principa tíger 
ramente que todo lo que obra será calumniado , se en- 

I Hir. ,aiit.aiip.,l.t3,e.T. 

■ Tinuí iapentins la leearltaUm ctnposllas . neqit loco , ne- 
qic Tsllg BiUlo , led st lolllni, per Míos álts cgil. (Tac, lU). 3, 
Asa. I 

^ Nan ulnrc noi poltrlt Ule! il , Re(. , 10, SI.) 
" Qnli ni isu- , ^ui dliit : Siol qon regniblt snptf nos! Dat« 
•iros , (t ialarlcieau coi. ( t , Rtg., 11 . it.) 

■ >'0Bei nnora tlaUendam. |Tic. , lib. 3, Aon.) 

" Sl.ihlJalMiatDr, querere lingills llKil, pereaale olise- 
V¡», cUtai laperiaM InUnUlu (Tis., lili. 1 , Hist) 



POLÍTICO-CRISTlAnO. SS 

coge en su mismo poder, j está sujeto á )ot temores 
vanos de la fantasía; b cual suele nacer de una supers- 
ticiosa estimación propia ó de algún exceso de melan- 
colía. Estos inconvenientes parece que reconoció Da- 
vid cuando pidió á Dios que le cortase aquellos opro- 
bríos que se, imaginaba contra si mismo 11'. Ármese 
pues el principe de constancia contra los sucesos y con- 
tra las opiniones vulgares, j muéstrese valeroso en de- 
fensa de aquella verdadera reputación de su persona y 
armas , cuando perdida ó afeada, peligra con ella el im- 
perio. Bien con onoció este punto el rey don Femando 
el Católico cuando , aconsejado de su padre el rey don 
Juan el Segundo de Aragón que sirviese al tiempo y á 
la necesidad, y procurase asegurar su corona gi^njean- 
do la voluntad del marquéi de Villena y del arzobispo 
de Toledo don Alonso Carrillo», aunque lo procunS 
con medios honestos, no inclinó bajamente la autoridad 
real á la violencia de sus vasallos, porque reconociú por 
mayor este peli^o que el beneficio de graojeallos. El 
tiempo es el maestro destas artes , y tal puede ser, que 
haga heroicas las acciones humildes, y valerosas las 
sumisiones ó las obediencias. El fin es el que las califi- 
ca cuando no es bajo ó ilícito. Tácito acusó á Vitellio, 
porque , no por necesidad, sino por lascivia, acompaña- 
ba á Nerón eu sus músicas 11. Tan gran corazón es me- 
nester para obedecer í la necesidad como para vence- 
lla ; y 1 veces lo que parece bajeza es reputación, cuando 
por no perdella ó por conservalla se disimulan ofensas. 
Quien corre ligeramente á la venganza, mas se deja 
llevar de la pasión que del honor. Queda satisfecha la 
fta, pero mas descubierta y pública la infamia. ¿Cuán- 
tas veces la sangre vertida fué rúbríca de la ofensa , j 
cuántas en la cara cortada del ofensor se leyó por sns 
mismas cicatrices, como por letras, la infamia del ofen- 
dido? Has honras se han perdido en la venganza que en 
la disimulación : esta induce olvido y aquella memoria; 
jmas miramos auno como á ofendido que como á ven- 
gado. El que es prudente estimador de su honra la pesa 
can la venganza , cuyo fiel declina mucho con cualquier 
adarme de publicidad. 

Si bien hemos aconsq'ado al principe el desprecio de 
la fama vulgar, se entiende en' los casos dichos , cuan- 
do se compasa con el b'eneficio público, d embaraza- 
ría gramles desinios no penetrados ó mal entendidos 
del pueblo, porque después con la conveniencia Ú coa 
el buen suceso se recobra la fama con usuras de esti- 
mación y crédito ; pero siempre que pudiere el princi- 
pe acomodar sus acciones á la aclara&cion vulgar, será 
gran prudencia, porque suele obrar tan buenos efetos 
como la verdadera. Una y otra está en la imaginación 
de los hombres , y á veces aquella, es tan acreditada y 
eficaz, que no hay actos encontrarlo que puedan bor- 
ralla. 

*i Ampnli opprobriiini neim , qaoi loqiletus san. (Pul. 
118.39.) 

H liar.,mst.lIlq>.,I.W,c. S. 

•s SccUri uaiMleiii aolilDa , si» neeaaallate, qia boneiUasl- 
i>M qnia^ae, sed li»i ettaflna oiinclpalss, aaipliiíqae. < Tac. 
Ut.l.EUat) 



vLiOOglC 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



EMPRESA XXXIII. 



Lo que representa el espejo en todo su espacio , re- 
preseDta tambiea después de quebrada en cuda una de 
sus partes : asi se ve el león ea loa dos pedazos del es- 
pejo desta empresa , siguifícando la fortaleza y genero- 
sa constancia que en lodos tiempos ha de consenvar el 
principe. Espeja espúblico en quíea se mira el mundo: 
así lo dijo el rey don Alonso el Sabio , tratando de las 
accioueidelusreyes, y encargando el cuidadoenellasi: 
« Porque los ornes tomen exemplo deüos de lo que les 
ven facer, é sobre esto diieron por ellos , que son como» 
espejo , en que los ornes ven su semejanza de apostura, 
ó de enatieza.M'Por tanto, ü ya sea que le mantenga 
entera la fortuna próspera , ú ya que lo rompa la adver- 
sa, siempre en él se lia de ver un mismo semblante. En 
Japrúsperaes mas diñcultoso, parque salen de si los 
afectos, y la razón se desvanece con la gloria. Pero un 
pecho magnániioo en la mayor grandeza no se embara- 
za , como no se embarazó Veipa^iano cuando, aclamado 
emperador, no se vio en él mudanza ni novedad i. El 
q;ue se muda con la fortuna, confiesa no baberla me- 
recido. 

Fraa prieala maiitl, hm mutruisic ftelv , 
Qui craiiie pulol. (Clanil.) • 

Esta modestia constante seadmird también en Pisón 
cuando.adoplado de Gatba, quedó tan sereno como si 
estuviese en su voluntad , y no en la ajena el ser empe- 
rador 3. En las adversidades suele también peligrar e| 
valor, porqued casi lodos los hombres llegan de impro- 
viso , no habiendo quien quiera pencar en las calamida- 
des & que puede reducille la fortuna ; con lo cual i to- 
dos hallan desprevenidos, J entonces se perturba el 

i LcTi.Iil S.pm. 1. 

t la Ifiso nihil lamidam, «rrogiiu, anl ii rebus noiis noiiin 
rnU.(Tie.,liti.t,Hlsi.l 

3 NullDm Inrbitl anl eialIiBlla anlmi iMlnni pradldll : E«riiia 
eifi piUen ImpcnWreniqiie rítcrens : de se moder 
Tulla , bibitnijiie molalos : qniai Impenre tiasfí i 
vellcl. (Tic.,IJb.l, [list.j 



ánimo, á por el amor puesto en las felicidades que 
pierde, 6 por el peligro de la vida, cuyo apetib> es 
natural en los hombres. En los demás sean vulgarr^ 
estaspasiones,noeue[ príncipe, que ha de gobernará 
, todos en la fortuna próspera y adversa , y antes lia do 
serenarla; ligrimas al pueblo.quecausallasconsuallic- 
cion ; mostrando compuesto y risueño el semblaale; 
intrépidas las palabras , como hizo Otón cuando perdiú 
el imperio!. En aquella gran batalla de las Navas de To- 
losa asistid el rey don Alonso el Nono con igual sereni- 
dad de ánimo y de rostro. Ningún accidente pudo des-' 
cubrir en el rey don Fernando el Católico su afecto ú 
su pasión. Herido gravemente de un locQ en Barcelooi, 
nosealtei'ú, ysoiamente dijo que detuviesen al agre- 
sor. Rola la tienda del emperador Carlos V cerca ds 
Ingolstadconlas continuas balas dala artillería del ene- 
migo, y muertos á su lado algunas , ni mudó de sera- 
blante ni de lugar. Con no menor constancia el rey de 
Hungría (hoy emperador) y el señor infante don Fer- 
nando (gloriosos ¿mulos de su valor y hazañas) se mos- 
trawnen la batalla de Norlinguen, habicndosido muer- 
to delante de ellos un coronel. Cierro eslos ejemp'e' 
con el de Maiimiliano , duque de Baviera y elector del 
sacro imperio ; el cual, habiéndose visto coronado eua 
tantas victorias como le dieron las armas de la ligaa- 
túlica, de quien era general , ni le ensoberbecieron es- 
tas glorias, ni rindió su heroico ánimo á la fortuna ad- 
versa, .aunque se halló después perdidos sus estados, y 
afojados en su palacio de Monaco (digna obra de Isa 
gran príncipe ) el rey de Suecia y el conde palatino Fe- 
derico, y que no menos que de ambos podía temerse 
del duque de Fridlant , su mayor enemigo. 

Divida la inconstancia y invidia del tJempo en diver- 
sas partes el espejo de los estados ; pero en cualquiera 
dellas, por pequeña que sea, hállese siempre enterilt- 

* Placidas are , Intrcpidus lerbit , LnlenpetUvaa inoniB li")' 



(LiOOglC 



IDEA DE UN PRINCIPE 
inaj«9terf. ElipieD&ció prlncipenoMliademudarpor 
■ccidmitM extffosecós. Ninguno ha de haber tas grave, 
que le h>gi dealgual á sf mismo 6que le obligue á ea- 
cnbrintá N ser. No oegó quiéa era el rey doQ Pedro " 
(tanque MfU en los brazos del re; don Enrique, su 
hermaao y su enemigo); antes.dudínilose si era él , di- 
jo «DvoiálU ; «Tot«y, ;o soy. » Tal vez el no perder 
los reyes su real decoro y majestad en las adversida- 
des esel último remedio deltas, como le sucedió al rey 
Poro, á quien, siendo prisionero, preguntó Alejan- 
dre IbgDo que oémo quería ser tratado , y reapondiú 
qua eodw rey ; y volviendo á preguntalle si quería otra 
cosa, replicó que en aquello se comprendía todo. Esta 
generosa respuísla aficionó tanto á AlejaudrOj que 
le restiluyú su esU^o y lo dio otras provincias. Ren- 
dú-se á la adversiifod e^ mostrarse de su parte. El va- 
lor en e) veaddo enamora al vencedor ó porque hace 
mayor ni triunfo, ó porla fuerza de la virtud. No está 
el dnimo sujeto á laáiena , ni ejercita en él su arbi- 
trio la fortana. Amenaiaba el emperador Carlos V al 
duque de -Snjoaia Juan Federico, teniéndole preso, 
pan «Ui^le ¿ la entrega del estado de Wirtemberg, y 
respondió ; oBien podrá su majestad cesárea bacer de 
«i lo que quisiere; pero na iw^ir miedo en mi pe- 
cho ; • como k) mostró en el mas terrible lance de bu 
Tida , CDMdo, estando jugando al ajedrez , lepronuncia- 
ron la sentencia de muerte, y sin turbarse dijo al du- 
que de firuQsnick Ernesto , con quien jugaba, que pa- 
sase adelante en el juego. Estos actos iieróicos borraron 
h aota de su rebeldía y le bicieron glorioso. Una ac- 
ción de ánimo generoso , aun cuando la fuéraa obliga á 
lamnerte, deja ilustrada la vida. Asi sucedió en nues- 
tra edad á don Rodrigo Calderón, marqués de Siete- 
Iglesias , cuyo valor cristiano y beróica constancia 
cuando le degollaron admiró al mundo , y trocó en es- 
timación y piedad la emulación y odio común á sli Tor- 
tnna. La Qaqneza no libra de los lances TorEOsos, ni se 
disminuye con la turbación el peligra. La constancia , 6 
le vence ó le hace famoso. Por la frente del principe 
inDere el pueblo la gravedad del peligro , cOmo por la 
del piloto conjetura el pasajero si es grande la tempes- 
tad ; y asf, conviene mucho mostralla igual mente Cons- 
tante, y serena en los tiempos adversos y en los próspe- 
ros, para que ni se atemorice ni se ensoberbezca, ni 
pueda hacer juicio pbr sus mudanzas. Por esto Tiberio 
pauia mucho cuidado en encubrirlos malos sucesosd. 
Todo se pertuÜM y confunde cuando en el semblante 
delprincipe,¿omoen el del cielo, se conocen lastein- 
peslades que amenazan á la república. Cambiar colo- 
res con los accidentes es ligereza de juicio y flaqueza 
de ánimo. La constancia y igualdad de rostro anima á 
los vasallos y admira á los enemigos. Todos ponen los 
ojos en él , y si teme , temen , como sucedió á los que 
estaban en el banqueta crin Otón T; y en llegando i te- 



■ ll>r.,Hlst.Hlq>.,l. 17, ellS. 

< Hiec ladiii, quinqiuD abslnunm, etlrliUtsImf qase^ae 
lUinit occilumem Tlberlun jiercnlcrc. |Tte.,lib. i, Aun.) 
) Siaol OUioiU ToliiB IsMeri , nliae eicnli IncUnaUi )d ins- 



POLÍTICO-CRISTUNO. 87 

mer y á desconfiar, falta la fe b. Bato se entiende en los 
casos que conviene disininlar los peligros y celar la» ca- 
lamidades, porque en los demás muy bien paiacen bs 
demostraciones públicas de tristeza en el príncipe, con 
que manifieste su afecto á los vasallos, y granjee stu 
ánimos. El emperador Carlos V lloró y se vistió de luto 
por el saco de Roma. David rasgó sus vestiduras cnafr- 
do supo laa muertes de Sauly JooatásS. Lomismofaixo 
Josué por la rota eú Haz, postrándose delante del sait- 
tuario ID. ^te piadoso rendimiento á Dios en los traba- 
jos es debido, porque seria ingrata rebeldía recibir dil 
los bienes, y no los males H. Quien se hu^nilla al casti- 
go, obliga á la misericordia. 

Puédese dudar aqui si al menos podenno convendri 
la entereza cuando ha menester al mas poderoso. Cues- 
tión es que no se puede resolver sin estas distincionas. 
El que oprimido de susienemigos pide socorro , no se 
muestre demasiadBmeniebqmüdeymenesteroso, por- 
que hará desesperada su fortuna , y no hay príncipe que 
por sota compasión se ponga al lado del caído , ni hay 
quien quiera defeq^er alque desespera de si mismo. La 
causa de Pompeyo perdió mucho en la opinión de T&- 
loni^o cuando rió las snmisiones de sus embajadoras. 
Uayorvalor mostró eLrey de los chemscoi , el cual, ha- 
llándose despojado de sus estados, se valió del favor de 
Tiberio, y le escribió, no como fugitivo ó rendido, sino 
como quien antes era 11, Noesmenosilusb^ el ejemplo 
del rey Hitrídates, que, rindiéndose á su enemigo Eu- 
oon , le dijo con constancia real : « De mi voluntad me 
|Fongo én tus manos ; usa como quisieras del descen- 
diente del grao Acbémenis, que esto solo no me pudie- 
ron quitar mis enemigos U ; con que le obligó á inter- 
ceder por él con el emperador Claudio". El que ha ser- 
vido bien á su príncipe , háblele libremente si se ve 
agraviado : así lo hizo Hernán Cortés al emperador 
Carlos V , y Segestes á Germánico i". En tos demás ca- 
sos considere la prudencia la necesidad, el tiempo y los 
sugetos , y lleve advertidas estas máximas : que el po^ 
deraso tiene por injuria el valor intrépido del iorerior, 
y'piensaque se le quiere igualará él, ó que es en des- 
precio suyo ; que desestima al inferior cuando le ve de- 
masiadamente humilde. Por esto Tiberio llamaba á los 
senadores nacidas para servir ; y aunque asi los habla 

pleíonem mcnUbas , enn thncreí Ollio, (laebiíir. (Tic.,llb. 1, 
aist.) 

* f Idei melD [nfrieU. (Tic, lib. 3, Hisi.i 

• Apprehcadens laieni Divld Tesümeati su ic1dlt.(S,ltet., 
l,it.) 

■o Jnsne vera *cjdil Testlmenti ma , «I pronas e«eidll In lemM 
coriD aro Dagiinl. (Jos, , 7, B.) , • 

i< SI boDi susceplnins de maao De} , Dtli qnire aoB sudpli- 
iiiiis?(Job,l,10.l. 

<s Non gl prarugua, int sDppleí, sed ex memoril prioris íor- 
liiaie.|Tac.,llb.l,Ann.) 

" HiUiridales lem mirliile RoiDMis per lol mnoiqucsllnj 
spúnte adíum, ulere. ul vales, prole magni Achemeais, q>od 
mlM soluai bosles non abatalemnl. I Tie. , Jlb. 11 , Ann.l 

1* HaUtione remiD, el prece baud degenere penooUs. ITic., 
ibid.) 

<s Simol Segestes, IpspingeasTlsE, el memori* bans aoele- 
uuainpatidM, verba e)iis in bine nadna laen. (lu., lib. 3. 



(LiOOglC 



DON UffiGO DE 5UVEDRA FAJARDO. 



r,lteuittbiilaTÍIni¿anisÍDÍinosiB. Ti«nea 
. tei|)rfidpes medido «1 valor 7 bríos de cada uno, rfi- 
dimnití agnTÍBii á quien coooceo que do fas de reuo- 
itiru. Por «M Vitellio difirió á Vtleno Harioo el consu- 
jodo que le liabia dado Gilba , tetuéiidolB por tan flujo,, 
ipie llevarie cod tiiiniUdad la iojuríai^. Por taotOipare* 
«eoonveaieoteiiaa modesüt valerosa j tm Talor ido- 
deito ; y cuaido uno se haya de perder , mqjor es per- 
derle COD generoddad que con bajeza. Esto consideró 
Maroo Hortalo, mesurindose cuando Tiberio, no quiso 
nmediar lu extrema Decesidod i^. 

Cuando el poderoso rehuu dar á otros los honores 
debidos ( principalmente en ios actos públicos] , mejor 
es roballos que diqmtaHos. Quien du<ia , desconGa de 
«u mérito. Quien disimula, confiesa su indignidad. La 
medeatia se queda atrás despreciada. El que de hecbo 
«in Talor d traen aire ocnpa la preemiaencia que se le 
^ebe 7 ne se laolrecen , se queda conella ; como sucedió 
i ios embajadores de Alemania , los cuales, viendoen el 
lastro de PompefO sentados entre los senadores á los 
embajadores de hs naciones que eyedian á las demás 
«n el nlor y en la constante amistad con los n»nanos, 
dijeron qoe ninguna era mas ralerosa y Qel que la ^le- 
«iianai9, y se sentaron entre los. senadores, teniendo 
todos pw bien aquella generosa libertad y noble emu- 
JacionW. 

BnlasgraciaB y mercedes ijae penden de) arbitrio 
-4lel principe , aunque ae deban al valor d á la virtud ó 
á los servicios haclios , no se ba de quejar el subdito ; 
antes ba de dar gracias con algún pretexta honestS, 
«orno lo hicieron los depuestos de bus oGcioieo tiempo 
.de VittíUoM ; porque el cortesano prudente ha de aca- 
b%.T dando gracias todas sos pláticas con el príncipe. 
Oesla pradencia usA Séneca , después de haber habUdo 
á Nerón sobre los cargos que le hacian^i. Gl que se 
qiKija , se conQesa agraviado , y del orendido no te Gao 
.tos principes. Todos quieren parecerse & Dios , de quien 
«o nos quejamos en nuestros trabtgos ; antes le damos 
gracias por ellos. 

En kncargosyacusadonwea siempre conveniente 
. lacoastanci«,porqueelqueseríndeáellRs,sehacereo. 
Qtiie)i,in(>cente, niega sus acciones, se confiesa culpa- 
do. Una concjoicia segura y armada de la verdad triun- 
fa de sus émulos. Si se acobarda, y no se opone á los 
acasos, cae envuelta en ellos, bien así como la corrien- 
te de nn rio se lleva los árboles de flacas raices, y no 
puede al que las tiene fuertes y profundas. Todos los 

(* Ettan lllam, qil libertiUii pibHum nollet, Un projecuc 
tenleniiuiir pallen l^e taéilebit. {Tac. , Lib. 3, Ana.) 

" RalLi arreiu , aed mitem, «t Injgriam ugiiter laUrDin. 
(Tu.,llb.!, Uigl.) 

* Aviue nobllltilli eUiDi Inicr lusnUas fsrtDDie retlneiis. 






u.r 



<> Nillu ntriiliiin imli tat S4e laie Germanoa ene. (Tac, 
lib. 13, Ana.) 

•> Qnoil comller h vlaeiUbua neeplnia , quasl impelas antlqil 
etbomemilatlDne. (Tk. Jbií.) 

i> Acliei|ne ioauper'Vllellio gratlae contiie Indine BenlUi, (l^c, 
lib. t.HItl.^ 

n EepMt ( fil lala oBwlvaí mu doMliwiite senuMB) tiau* 
«glLlTac. ,Ub. li, Ann.l 



amigos de Seyooo cayeron con ni forlón* ; pero lUrco 
Terencio,qne constante confesó haber ewdiciwtoy esti- 
mado su amistad , como de quien habia nereoido la 
gracia del emperador Tiberio, fuóibsnslli, yconde* 
nados sus acusadores o. Casos hay en que es menester 
tan constante severidad, que ni se defienda la inoctn- 
cia con eiousa, por no mostrar Xaqnua, ni aerqn- 
seaten servicios, por no atiherir con eUoa; como lo hiio 
Agrlppina cuando la acusaban que halrát procurado el 
imperio pera Plauto u. 

No solamente por tí mismo ib rapnMaU «i príncipe 
eipejoi Busvasalloi, sino también por su estado, el 
cual es ana idea snya ; y asi, en él se ha de ver, como ea 
BU persona, la religión, la justicia, la benignidad, y 
los demis virtudes dignas del imporio ; y porque soa 
(Nrles de este espejo los consejos , los tribunales y los 
cbancilteriae , también en ellas se han de Iwllar las mis- 
mas calidades , y no mencaen cada ano de hisministres 
que le representan ; porque pierdid crAdib>«l príncipe < 
cuando se muestra benigno con el Breteadimte, yle 
despide lleno da esperamos y aun di promesas, y por 
otra parte ee entiende con sus secretarios y niniatfM 
para que con aspereza le retiren delias; arCeqneá jpaeos 
lances descubre el aURicio indigno de un pecho gene- 
roso y real. Una moneda pública ea el mtoistra.eaquiui 
estA figurado el príncipe ; y si so es de buenos quilates 
y le representa vivamente , será deseitlmado como bi- 
sa K, Si lu cabeza que gobierna ee de oro , sean ^ambisa 
lasmanos que le sirven, como eran las del esposo en lu 
sagradas letras W. 

Son también partes principales deste espejo los em- 
bajadores, en los cuales está sustituida la autoridad 
del príncipe ; j quedaría defraudada la fe pública si la 
verdad y palabra del no se Ijallase también en ellos ; ; 
como tienen las veces de su podery desu valor,*leliu 
de mbstrar en Ios-casos accidentales, obrando coom 
obraria si te hallase presente. Asib hiio Antonio de 
Fonseca*', el oual, habiendo propuestoalreyCáríosVlll, 
departe del rey Católico, que no pasase & la conquista del 
reino de Nápole^, sino que primero se.declarase por 
té rmiaos.de justicia á quién perteueGía aquel reino; y 
viendo que no se reíolvie, dijo con mucho valor queai 
r«i , después de aquella propuesta , quedaba libre.pan 
acudir con sus armas á la parte que quisiese ; ydelanK 
del y de los de su consejo rompió los tratados de con- 
cordia hechos antes entre ambos reyes. Asi como se 
ha de vestir el minbtro de las mtiimas de su principe, 
asi también de su decoro, valor y grandeza de ánimo. 



V Üoif [intli oratioDis, ctiliU reperlai erit , iiol *ffernt,i[Mt 
ODHCS uído agiubant, ea laque potoere, ni iccatalaKi Cjas. 
■ddilisquae aau ddiqueraat, ciUlo talinorlemiillareillur.(Tic., 
Ub.e, Ann.) 

M Ubi libil pro iDocemi) , «aasl difflderai, tee aaeOciilt, 
quasi eiprobraret, dissenilt. (Tac. , llb. 13, Ans.) 

** PraerecMi,nltíroniiimlnaii referal , nuil rail ilititsit- 
dIUi enicllDr. (nem. , oral. 17.} 

« Opal «iu anrnia opiimaia ; Htiu lUIn UmiBei iikh- 
(CuiL S.lletM.) 

V ilar.,iiiti.Hlip.,1.16,e.7. 



yLlOOglC 



IDEA DE UN PRINCIPE POÜTICO-aUSTUIlO. 



EMPRESA ÍXXIV. 



Quisi mire lo «piDOM de un rosal , difícilmente m 
podrA persuidií á que entre laatu esfiinas bHjra de oa- 
co" lo suave j iMrmúM dMuna rosa. Gran fe es menes- 
ter para retalle ; e^rar á que se vista de verde, y 
brote aquella mackvillosa pompe de hojas que lan deli- 
cado olor respira. Pero elsufrimieutoy laesperanzalle-, 
gen i v«r topado el trabajo , j se dan por bien eir^lea- 
das las eapims que ríndierou tal hermosura y tal fra- 
grancia Ásperos y espinosos son i nuestra depravada 
naturaleza toi primeros ramos de la virtud ; después se 
dtacabn la flor de su hermosura. No desanime al prin- 
cipe el semblante de las cosas , porque muy pocas en el 
gobierno se muestran con rostro apacible. Todas parc- 
cmllMiasdeespinaiydiflcultades. Huchas fu eronfáciles 
ila eiperiencia, que habían juzgado porarduas los áni- 
mo» Oojoiy cobardes; yasí, nose desanime el prigcipe, 
porque si se rindieredellasligereraeole, quedará mas 
vencido de su aprensión que de la verdad. Sufra con 
valor y e&pen con paciencia y consiaicii, sin dejar 
de la mano los medios. El que espera, tien^ á su lado 
un buen compañero en el tiempo; y asi , dccia el rey 
Filipe 11 : u Yo y el tiempo contra dos i. # El Ímpetu es 
efecto detfurory madre de los peligros. En duda puso 
la suce»on del reino de Navarra el conde de Campaña 
Teobaldo, por no haber tenido sufrí miento para esperar 
la muerte de] rey don Sancho, su tío , tratando de des- 
poseelle en vida ; con que le obligd á adoptar por su 
herederoalrty de Aragón don Jaime el Primero. Mu- 
cbos trofeos ve á sus pies la pacienci» , en que se se- 
ñaló Cipion; el cual, aunque en España tuvo grandes 
ocasiones de disgustos, fuá tan sufrido, que no se vio 
en su bota palabra alguna descompuesta >; con que sa- 
lienn trionbntes sos intento*. El que sufre y espera, 
vence kM desdenee de b fortuna y la deja obligada, 
ponpe Uesw por lisonja aquella fe en sus mudantas. 
Arrújase Colon á las indertos olas del Océano en busca 

I M*T.,Bt«LBijp.,l.n,e.ie.' 

a Ui BiUui ffn» i«rta« tuUtnt. (Tlt. Ui.j 



da nuevas provindaí, y ni te desespara la in 
del nonpJiüultra, que dejii Hércules en las columnas 
deCaspe y Avila, ni le atemorizan les non tes da agua 
interpuestos i sus intentos. Cuenta coa su aavegacioa 
al sol los pasos , y roba al año los diaa , á los días laa 
horas. Falta á la aguja el polo , á la carta de marear lot 
rumbos , y á los compañeros la paciencia ; conjúrause 
contra él , y fuerte en tantos trabajos y dificultades , las 
vence con el sufrimiento j con la «speranzs , hasta fue 
un nuevo mundo premia su magnánima constancia. 
Ferenehtm et tperandum fué sentencia de Eurípides, 
T después mote del emperador Hacrino; de donde le 
tomó esta empresa. Peligros hay que es mas fácil ven- 
cellos que bullios ; asi la conocid Agatúcles cuando, 
vencido y cercado en Zaragoza de Sicilia , nose rindió i 
ellos ; antes , dejando una parte de sus soldados quede- 
fendiase la ciudad , p«ió con ana armada contra Carta- 
go, y el que no podía vencer ana guerra , salió triun- 
ItMe de dos. Un peligro se suele vencer con una teme- 
ridad, y el desprecio del da mucho que pensar al ene- 
migo. Cuando Aníbal vio que los romanos (después de 
la batalla de Canas ) enviaban socorro i España , temió 
su poder. No se ha de confiar en la prosperidad ni 
desesperar en la adversidad. Entre la una y otra se en- 
tretiene la fortuna , tan fácil á levantarcomoá derribar. 
Conserve el principe en ambas un ánimo constante, 
expuesto á lo que sucediere , sin que le acobarden laa 
amenazas de la mayor tempestad , pues i veces sacan 
los olas á uno del bajel que se ha de perder, y le arro- 
jan en el que se ba de salvar. A un ánimo generoso y 
magnánimo favonce el cíelo. No desesperen al princi- 
pe los peligros de otros ni los que traen consigo los 
acasos. El que observa los vientos no siembra , ni coge 
quien considera las nubes 3. No piense obligar con mu 
afliccioaes. Las lágrimas en las adversidades son fla- 
queza femenil. No so ablanda con ellas la fortuna. Un 
el \n\ eeailiMtt mAn, 



DO» DIEGO DE SAAVEDtlA FAJARDO. 



ánimo grande procura satisficerse ó consolarse con 
otra acción generosa, como to hizo Agrícola cuando, 
ttlúda la muerte de su hijo, dirírtiá el dolor con la ocu- 
pación de la guerra*. El estarse inmóbil suele ser am- 
biciou , 6 asombro del suceso. 

En Ja pretensión de cargos y honores es muy impor- 
taate el consejo desla empresa. Quien sopo sufrir y es- 
perar, supo vencer su fortuna. El que impacientejuzgd 
por vileza la asistencia y sumisión, quedó despreciada 
; abatido. Hacer reputación de no obedecer í otro , es 
no querer mandar á alguno. Los medios se han de me- 
dir con los unes. Si en estos se gana mas honor que se 
pierde con aquellos , se dehen aplicar. El no sufrir te- 
nemos por generosidad , y es imprudente soberbia. Al- 
canzados los honores, quedan borrados los pasos con 
que se subid i ellos. Padecer muclio por CDuseguir des- 
pués mayores grados , no es vil abatimiento , sinosltivo 
valor. Algunos ingenios hay que no saben esperar. El 
exceso de la ambición obra en ellos estos efectos, bi 
breve tiempo quieren^iceder á los iguales, j luego á 
los mayores, y vencer últimamente sus mismas espe- 
ranzas. Lleva<]as deste ímpetu, desprecian los medios 
nia8segurospM-tai-dos,y se valen de los mas breves 
annque mas peligrosos. A estos suele suceder lo que al 
ediScio levantado aprisa , sin dar lugar i que se asien- 
ten y sequen los materiales, que se cae luego. 

En el sufrir y esperar consisten los mayores primo- 
res del gobierno; porqueson medios con que se llega á 
obifr & tiempo , fuera del cual ninguna cosa se sazona. 



* Qaem cisuoi, 
neiíac per liDienu r 
tneln belIniB bltr i 



leque itplrriquc 



Los árboles que al primer calor abrieron sus flores , las 
pierden luego, por no haber esperado que cesasen los 
rigores del invierno. No goza del fruto de los negocios 
quiea los quiere sazonar con las manos. La impacien- 
cia causa abortos y apresura los peligros^, porque no 
sabemos sufrillos, y queriendo salir luego dellos, los 
hacemos mayores. Por esto en los males internos y ci- 
temos déla república, que los dejú crecer nuestro des- 
cuido y se debieran haber atajado al principio, es me- 
jor dejallos correr y que los cur» el tiempo , que apre- 
suratles el remedio cuando en él peligrarían mas. Ya 
que no supimos conocellos antes , sepamos tolerallos 
después. La oposición los aumenta. Con ella el peligro, 
que estaba eu ellos oculto ó no advertido, sale afnera 
y obra con mayor actividad contra quien pensó impe- 
dille. Armado imprudentemente el temor contra el ma- 
yor poder, le ejercita y le engrandece con sus despajos. 
Con esta razón quietó Cerial los ánimos de los de Tré- 
verís pare que no se opusiesen á la potencia romana, 
diciendo que tan gran máquina no se pedia derribar sin 
que su ruiua cogiese debajo á quien lo intentaseC. Mu- 
chos casos dejarían de suceder, desvanecidos en «í mis- 
mos, si no los acelerase nuestro temor y impaciencia. 
Los recelo; declarados con sospecha de una tiranía , la 
obligan á que lo sea. No es menos valor en tales casos 
saber disimular que arrojarse al remedia. Aquello es 
eféctí cierto de li prudencia, y esto «ule nacer del 
miedo. 



I Impiliens optribliar ítaltítiim. | Pror., 1i, 1T.) 
' OctJngenliiruiii iBnoruin I^aJit , disclp LLiiqne, 

haec CDilHíl : qnie canuclll slne eilUo CDDieUeiiUugi.nan poleil, 

(Ti(.,lib. 4, Hisl.) 



EMPRESA XXXV. 



Cuanto mas oprimido el aire en el 'clarin.'sale con 
mayor armobfa y diferencias de voces : asi sucede á la 
virtud , la cual nunca roas clara y sonohi que cuando la 
mano le quiere cerrar los pbntDS<. E[ vilor seeitingue 



si el viento de alguna fortuna adversa nO le aviva. Oes- 
pierio el ingenio con ellaj busca medios con que mejo- 
rallu. La felicidad nate, como la rosa, de las espinas y 
trabajos. Perdió el reydonAlonso el Quinto de Aragón 
la batalla naval contra los genoveses, quedó preso ; y lo 
que parece le había de retardar las enipresas del reino 



vLiOOglC 



IDEA DE UN PRINCIPE 
de Ñapóles , fué causa de acelerallas coa mayor Telici- 
dad y grandeza, coofedariodosa cod Filipe , duque de 
Hilan , que le tenia praso , el cual le dio libertad ^ fuer- 
tas para conquistar aquel reino. La necesidad le abligá 
i granjear al huésped ; porque en las prosperidades 
títc uno para sínusmo.yea las adversidades para sí y 
para los demás. Aquellas descubren las pasiones del 
ánimo, descuidado con ellas; en estas; advertido, se ar- 
tna de les TÍrtudes^ cono de medios para la felicidad ; 
de donde naca el ser mas fácil el restituirse en la fortu- 
na adversa que conservarse en la próspera. Dejáronse 
conocer en la prisión las bnenas partes y calidades del 
rey don Alonso , y eGcionudo á ellas el duque de Hilan, 
le cadici6 por amigo y le envid oblígalo. Mas alcanzó 
vencido que pudiera vencedor. Juega con los extremas 
la fortana , y se huelga de mostrar su poder pasando de 
uno6 á otros. Mo hay viitud que no resplandezca en les 
casos adversos, 'bien asi como las estrellas brillan mas 
cuando es mas obscura la noclje. El peso descubre Ir 
constancia de la palma , levantándose con él. Entre las 
ortigas consena la rosa mas tiempo el frescor de sus 
hojas que entre las flores. Sise encngicra la virtud en, 
los trabajos , no mereciera las Vitorias f las ovaciones y 
triunfos, Mientras padece, veuce. De donde sé infiere 
cuan implo eselerror(con}o refutamos en otra parte) 
de los que aconsejan al principe que desista de la enté- 
rela de las virtudes y se acomode á los vicios cuando 
la necesidad lo pidiere; debiendo entonces estar mas 
constante ea ellas y con mayor esperanza del buen su- ' 
ceso, como le sucedía al emperador don Femando el 
Segundo, que en sus mayares peligras decía que eb 
taba resuelto á perder antes el imperio y A salir del 
mendigando con su familia, que hacer acción alguna 
injusta para mantenerse en su grandeza. Dignas pala- 
bras de tan santo principe, cuya bondad y fe obligó á 
Dios i tomar el ceptro y hacer en k tierra las veces 
de emperador, dándole milagrosas Vitorias. En los ma> 
yores peligros y calamidades, cuando faltaba en todos 
la conGanza y estaba sin medios el valor y la prudencia 
humana, salid mas triunfante de la opresión. Los em- 



POLlTICO-CFUSXIANO. 91 

paradores romanos vivieron en medio da la pai y de las 
delicias, tiranizadps de sus mismas pasiones y afectos, 
con sobresaltos de varios temores ; y este santo héroe 
halló reposo y tranquilidad de ánimo sobre las furiosas 
olas queso levantaron contra el imperio y contra sn 
auguslisima casa. Canta en los trabajos el justo , j llora 
el malo en sus vicios. Coro fué de música á los niños 
de Babilonia el horno encendido 3. 

Los trabajos traen consigo grandes bienes : humillan 
la soberbia del principe y le reducen á la razón. iQué 
furiosos se suelen levantar los vientos, qué arrogante 
se encrespa el mar, amenazando A la tierra y al cielo 
con revueltos montes de olas! ¥ una jiequeña lluvia le 
rinde y reduce acalma I ^lloviendo trabajo3>dei cielo 
se postra la altivez del principe. Con ellos se hace justo 
el tirano y atento el divertido, porque la necesidad 
obliga á cuidar del pueblo , estimar la nobleza , premiar 
la virtud , honrar el valor, guardar la justicia y respetar 
la religión. Nunca peligre mas el poder que en la pros- 
peridad, donde fallando la consideración, el consejo y la 
(Trovidencia, muere á manos de la conüanza. Has priiH 
cipes se han perdido en el descanso que ep.^1 trabajo, 
sucediéndoles lo mismo que & los cuerpos, los cuales 
conel movimiento se conservan, y sin él adolecen. De 
donde se infiere cuan errados juicios hacemos de los 
males y de los bienes , no alcanzando cuáles nos con- 
vienen mas. Tenemos por ri^or 6 par castigo la adver- _ 
sidad, y no conocemos que es advertimiento y ense- 
ñanza. Con el presente de arracadas y de una oveja qua 
cada uno de los parientes y amigos liizo á Job, parece 
que le significaron que tuviese paciencia , y por precio- 
sos avisos de Dios aquellos trabajos que le hablaban al 
óido *. A veces es en Dios misericordia el afligirnos, y 
castigo el premiarnos; parque coa el'preraio remata 
cuentas, y satisfaciendo algunos méritos, queda acree- 
dor de las ofensas; y cuando dos aflige, se satisface 
destas y nos induce á la emienda. 

í Etisn tetlgileoiíiBwliiiiiKnls.neqBeeonlriíUTil.Dec qnid- 
qaain moleslloe ininlil. Tune bi Un qnasi «i nna ore Itudibinl, 
et ílorilubant, ei benedicebint Deim. (Din. . 3, SO.] 

4 El dedeniDl ti nDUqoliqae «ven ddui , el la wrMl» nnnl. 



y,G00Q\C 



DON DIBGO DE' SAAVEDRA FAJARDO. 



EMPRESA XXXVJ. 



No navega el diestro } eiperto piloto al arbitrio del 

^eDto ; antes, veliéüdow de sn Tuerza , de tal suerte 

dispone lai reías de su bajd, que le lleven al puerto que 

desea, y con uo mismo viento orcea & ana de dos par- 

* tesopuestas(como mejor le está), sÍD perder su viaje. 



Pero cuando es muy gallardo et temporal, le vence 
proejando con la fuerza de las vílas y de los remos. No 
meoor cuidado lia de poner el prlucipe en goberuar la 
nave de su estado por el gollo tempestuoso del gobier- 
no, reconociendo bien los temporales, pam vulerse de- 
llos con prudencia j valor. Piloto es á quien esti (¡ada 
la vida de todos; y ningún bajel mas peligroso que la 
corona, expuesta á los vientos de la ambición , á Ins es- 
collos de los enemigos y á las borrascas liel pueblo. 
Bien fué menester toda la destroM del rey ilon Sandio 
el Fuerte para oponerse ¿ la fortnn y asegurar su de- 
recho al reino. Toda la sciencia polilica consiste en so- 
ber conocer los temporales y valerse dellos; porque á 
veces mas presto conduce al puerto la tempestad que 
la bonaoza. Quien sabe quebrar el ímpetu de uoa for- 
tuna adversa, la reduce áprdspera. El que, reconocida 
la fuerza del peligro, le obedece y le da tie:iipo, leven- 
ce. Cuando el piloto advierte que no se pueden contras- 
tar las olas, se deja llevar dellos, amainando las velas; 
7 porque la resistencia liaría mayor la fuerza del viento, 
se vale de un pequeño seno con que respire la nave y se 
levante sobre las olas. Algo es menester consentir en 
los peligros para vencellos. Conocid el rey don Jaime el 
Primero de Aragón laindignacion contra su persona de 
los nobles y del pueblo, y que no convenia bacer mayor 
aquella furia con la oposición , sino dalle irempo á que 
por si misma menguase, como sucede á los arroyos 
crecidos con los torrentes de alguna tempestad ¡ y mos- 
I C)M. , Lu, , caai. I. 



trándose de parte dellos, se dcjd engañar y tener er 
forma de prisión hasta que redujo las cosas í salego ; 
quietud , y se apoderú del reino. Con Otra semejantf 
templanza pudo la reina doña María 3, con temporizandc 
con los grandes y satisfaciendo 1 sus ambiciones , coa- 
servarlo corona de Castilla en la minoridad de subíi'ael 
reydon Femando el Cuarto. Si el piloto hiciese repuU- 
cion de nocederá la tempestad, y quisiese proejar con- 
tra ella , se perdería. No está la constancia en la oposi- 
ción, sino en esperar y'correr con el peligro, sin dejar- 
sí vencer de la fortuna. La gloria en tales lances coa- 
siste en salvarse. Lo que en ellos parece flaqueza, k 
después miiguanimidad coronada del suceso. Hallábase 
el rey don Alonso el Sabio^ despojada del reino ; y pues- 
tas las esperanzas en la asistencia del rey de Uarniccos, 
□odudú de sujetarse á rogar á Alonso de Guzmao, sa- 
íTor de Sanlúcar , que se hallaba retirado en la corle dt 
aquel rey por disgustos recibidos , que los depusiese, ¡ 
acordándose de su ami:ílad antigiin y de su mucha no- 
bleza , le favoreciese con aquel rey para que le enviase 
gente y dinero : carta que hoy se conserva en aquella 
ilustrisima y antiquísima cusa. 

Pero no se deben los reyes rendir á la violencia de los 
vasallos sino tf en los casos de última desespcnicioo; 
por-|ue no obra la antoridad cuando se humilla vilmen- 
te. Ño quietaron á los de lu casa de Lara los partidos in- 
decentes' que les lilzo el rey don Femando el Santo, 
obligado de su minoridad. Ni la reina doña Isabel pud» 
reducir á don Alonso Carrillo , arzobispo de Toledo, 
con el honor de ir á buscalle á Alcald. Verdad es que to 
los peligros extremos intenta la prudencia todos los 
partidos que puede hacerposibles el caso. Grandeza es 
de ánimo y fuerza de la razón reprimir en tales \tacet 
los espíritus del valor, y pesar la necesidad y los peii- 



t ll>t.,Ri>l. Hiip., 



cbyGoosle 



IDEA DR UN PRlNOPB 

ira era U convenieDOt de coiucmr el estado. Nió- 
giAs mu celoso de tu grande» que Tiberio , y dieí- 
■DDUalalreTÜnieDtodeLeDtuIo Getulico, que, gober- 
nuda las legiooes de Gennaiiía, le escribid cou amena- 
n que na le enriaM suoeior, capitulando que gouM áa 
lo demis del imperio , j que á él le dejase aquelli pro- 
Túcii; j quien antes no pudo sufrir los celos de sus 
mismos hijos, pasd por este desacato. Bien coDoció el 
peligro de tal inobediencia uo castigada; pero le con- 
siderú mayoí en oponerse á él hallándose ya viejo, y 
que sus cosas mas se sustentaban con la opioiou que 
conla Tuerzas. Poco debería el reino aj valor del prfo- 
cipe que le gobierna, si en la fortuna advers^ riodier 
u á la necesidad ; y poco i su prudencia ti, siendo in- 
superable, le eipusiesei laresiMeocia. Témplese la for- 
lileu cOB la sagacidad. Lo que do pudiere el poder, fa- 
cilite el arte. No es meoot gloría eicosar el peligro que 
iBDcelle. El hnille siempre es flaqneu; rf eiperalle sue- 
le ser desconocimiento 6 coufuskiadel miedo. El deae^ 
perar es fdlta de ánimo. Los esfonados hacen rostro á 
Ii (ortona. El oficio de principe y su fln no es de con- 
Instar ligerameq^ con su república sobre las olas, 
tiao de conducilla al puerto de su conserraclon y gran- 
deu. Valerosa sabiduría es la que de opuestos a cciden- • 
tes saca beneGcio , la que mas presto consigue sus Unes 
tonel contraste. Los reyes, señores de las cosas y de 
los tiempos , los traen á sus consejos; 00 loa siguen. No 
hi] miu qne cou sos fragmentos y con lo que suele 
añidir li iDdustrís no se pueda levantar á mayor fábri- 
ca. NofaajesUdo tan destituido de la fortuna , que ao 
le poedi conservar y aumentar el valor, cooialtada la 
pmdeDcia era los accidentes , sabiendo mar Mn de- 
llos y torcelloB á su grandeza. Olvídense et reino de 
.NipolesS el rey don Femando el Católico y el rey de 
Francia Luis XII ; y reconociendo el Gran Capitán que 
ti circulo de la corona no puede tener mas que un ceu- 
iro, y que DO admite compañeros el imperio , se apre- 
sura en Ib conquista que locaba i su rey, por hallarse 
deseoibarazado en los accidentes de disgustos que pre- 
^ponia entre ambos reyes , y valoree dellos para echar 
(como sucedió) de la parta dividida al rey de Francia. 
Alguna fuerza tienen los acasos; pero loa hacemos 
mapires ó menores según nos gobernamos eu ellos. 
■Nuestra ignoranda da deidad y pederá la fortuna, por- 
que nos dejamos llevar de sus mudanzas. Si cuando ella 
nria los tiempos varíasenos tas costumbres y los me- 
dios , no seria tan poderosa , ni nosotros Un sujetos á 
susdisposiciones. Hadamos con el tiempo los trsjes/y 
DO mudamos los ánimos ni las costumbres. ¿De qué 
TÍenlo no se vale el ¡riloto para su navegación 7 Según 
se va mudando, muda las velas , y asi todas le sirven y 
conducen á sus fines. No dos queremos despojar de los 
hábitos de nuestra naturaleza, ó ya por amor propio, ó 
yi por imprudencia , y después culpamos á los acciden- 
tes. Primero damos en la desesperación que en á re- 

> Refiaiinie Tiberio poblicno slbl odlnm , nlremam teuiem, 
aiiisqat ra«» , qalm t1 ture res sais. ( Tic. , ¡ib. 6, Ana.) 
°Hjr.,HÍil. Hlip.,l.t7,c.9. 



POLfTlCO-CRISlTAHO. M 

medio de la inlelieidad ; y obatinadMÓpoeo advertidM, 
nos dejamos llevar della. No tabentos depoDer en la ad- 
versidad la soberbia, la ira, la vanaglñia, tasaledi*- 
cencia, y los demás defectoa que >a criaron con li 
prosperidad , ai aun reeonocemoa loa vicios qne no* i*- 
dujeroo á ella. En cad«^empo , en cada negocio, y con 
cada uno de los sugetos con quka traía el principe , ha 
de ser diferente de ú miirao y mudar de naturaleza. No 
es menester en esto mas sciencia que una disposición 
para acomodarae á ios casos , y una prudencia que sepa 
conócenos antes. 

Comcpuos perdemos en la fortaie adversa por no sa- 
ber amainar las veles de los afectos y pasiones, y coc^ 
rercen ella, asi también nos perdnaoa con loa princi- 
pes porque, imprudeoles y obatinadoa, qneremoe go- 
bernar BUS afectos y acciones por nuestro natural; 
siendo imposible que pueda un ministro liberal qeciH 
tar slis dictámenes genwosot con un principe avarien- 
to ó miserable, ó un ministro animoso con un principe 
encogido y timido. Ueoester et obrar aegun la actividad 
de la esfera del príncipe, que et quien se hi de compla- 
cer dello y lo ba de aprobar y ejecutar. En esto filé cul- 
pado Corbulon; porque, nr^ieodo á Claudio , principe 
de poco corazón, emprendía acciones amiadas, con 
que forzosamente la habia de ser pesado i. La indis- 
creción del celo auele en algunos ministros ser causa 
desta inadvertepciq, y eo otros (que es lo mas ordina- 
rio ) el amor propio y la vanidsd y deseo de gloria con 
que procuran mostrarse ai mundo valerosos y pruden- 
tes ; que por ellos solos puede acertar el príncipe , y 
que yerra lo que- obra por si solo ú por otros, y con 
pretezto de celo publican los defectos del gobierno y 
desacreditan al principe: artes que reduodui después 
en daño del mismo ministro, perdiendo Is gracia del 
principe. El que quisiere acertar y mantenerse huya 
semejantes hazañerías , odiosas al principe y i los de- 
mis; sirva mas que dé á entender; acomódese á la con- 
dición y natural del prfttcipe , reduciéndole á la razan 
y conveniencia con especie de obsequio y humildad y 
con industria quíela,sÍD mido ni arrogancia h. El valor 
y la virtud se pierden por contumaces en su entereza, 
haciendo della reputación; y se llevan los premias y 
dignidades los que son de ingenios dispuestos á variar, 
y de costumbres que se pliegan y ajustan á las del prin- 
cipe. Con estas artes dijo el Taso que subid Aleta á los 
mayores puestos del reino. 

Ma r htaUíre a I ^rlnl Imwr iel rtfHt fíi/htie^ 
Par;or [aewio , t hánihiero , e searla , 
Pie¡¡he telí coilumi I vtrío it¡it*t , 
U^eTfrmta, tlt tngtoére aeetrU >. 

Pero DO ba de ser estopara engañar, como hacia Aleto, 

T Cir haitcB conMielT tini» in rBmiinblle» amn : tía 
prDBperee(iis«i,farmidolaiU[Dpid finni iJHliDem, el 1(iuti> 
Principl pnegruem. (Tic. , llb. 11, Aan.) 

s Vl5 Fonsilloriiiii penei AnElam Bisspm , legionls Legilnm. ts 
Slligpun socordem bello , et diei reram Terbis terenlem , apéele 
obseqnli re{tl»t, al aanliqne, qoae agenda fateot, qiicU coa 
ladoslrla aderal. |Tac.,iib. 3, Hlst.f 

< Tai. , ctnL 1. , , 

ü, .....vLiOOglC 



DON MEGO DE SAWBDRA FAJARDO. 



uno panino perdturM en las cortes inadfertidsmeat», 
6 para hacer mejor el aerrício del príncipe ; siendo al- 
gunos de tal condición , que es menester todo esle ar- 
. tiücio de vestirseel ministre de su naturaleía , y entrar 
dentro dellos mismos, para que se mueven y obren', 
porque ni se saben dejar regir [^r consejos ajeóos , ni 
resolversepor los propios 10; yasl.nose ha de aconse- 
jar al príncipe k) que mas conTaadría, sino loque se- 
<* NtqneailGBit can9illlsragl,n«qne ma eipedire. (TVc.tib.S, 



gun su cauda) ha de ejecutar. Vaitos Fueron loj consc 

jos anhnosos, aunque convenientes , que daban i Viit 
Ilio;'porque, no teniendo valor para ejecútanos, se mo< 
traba sordo á ello^ l^. Son los ministros las velas co 

quenavega el príncipe; y si siendo grandes, y el bají 
del príncipe pequeña , quisieren ir extendidas , y no ; 
amainaren, acomodándose á su capacidad, daría co 
él en el mar. 
■< Snrdic ad fortia «onsilia Vitelllo anres. (Tjc. , Jib. 3, RisI 



EMPRESA XXXVII. 



Por 00 Mlir de la tempestad sin dejar en ella ins- 
truido al principe de todos los casos adonde puede 
traerle la Tortitua adversa , representa esta Empresa 
la elección del menor daño, cuando son inevitables los 
mayores : as! sucede al piloto , que, perdida ya la espe> 
ranza de salvarse , oponiéndose ¿ la tempestad 6 des- 
trejando con ella, reconoce la Gostt , y da con el bajel 
en tierra , donde , si pierde el casco , salva la vida ; la 
mercancía. Alabada fué enlos romanos la prudencia con 
que aseguraban la conservación propia , cuando no por 
dian oponerse i la forlunai. La fortaleza del principe, 
no solo consiste en resistir, sino en pesar los peligros, 
y rendirse í los menores si no se pueden vencer los ma- 
yores; porque, así como es oficio de la prudencia el 
prevenir, lo es de la Tortaleza y constancia el tolerarlo 
que no pudo huir la prudencia ; en que fué gran maes- 
tro el rey don Alonso el Seito <, modesto en las pros- 
peridades y Tuerte en las adversidades , siempre aper- 
cibido para los sucesos. Vana es la gloria del principe 
que con mas temeridad que fortaleza elige antes morir 
en el mayor peligro que salvarse en el menor. Has se 
consulta con su fama que con la salud pública ; si ya 
no es que le falta el ánimo para despreciar las opinio- 
nes comunes del pueblo; el cual, inconsiderado y sin 

' Viiidam ei laidiUm iBUqiltaten, faoUei fartaní Mnln 
darcl.ailgUconsalDiiM. (Tu. ,111). ii,AaB.) 
* Mar.,ltUt.Hi>p.,l. 10, cT. 



noticia de los casos, culpa Ins resoluciooes prudeoles,. 
y cuando se halla en el peligro , no quisiera se hubieran 
ejecutado las arrojadas y Violentas. Alguna vez parece 
ánimo lo que es cobardía; porque , fallando fortaleu 
para esperar en el peligro , nos abalanza i él la turba- 
ción del miedo. Cuando la fortaleca es acompaiia''' ^* 
prudencia, da lugar & la consideradon ; y cuando ao 
hay seguridad bastante del menor peligro , se arroja al 
mayor. Morir á manos del miedo es vileza. Nuncu es 
mayor el valor que cuando nace de la última necesi- 
dad. El no esperar remedio ni desesperar del suele 
ser el remedio de los casos desesperados. Tal vez se 
salvó la nave porque , no asegurándose de dar en tierra, 
por no ser arenosa la orilla, searrojd al mar y veocií 
la fuerza de sus olas. Un peligro suele ser el remeilí» 
de otro peligro. En esto se tundaban los que en la coo- 
juracion contra Galba le aconsejaban que luego se opa* 
siese & Bufaría!. Defendía Garci-Gomezla fortalezade 
Jerez (dequien era alcaide en tiemptrdel reydon Alonso 
el Sabio); y aunque vela muertos y heridos todos sus 
soldados, no la quiso rendir, ni acetar los partidos aven- 
tajados que le ofrecían losaíricanos; porque, tenieode 
por sospechosa su fe , quiso mo» morir gtoripsameote 
eq los brazos de su fidelidad que en los del epemígOt' 
y lo que parece le habia de costar la vida, le gnofii 
I , que ladeeon ; ití al laden neeaiit *'t "~ 



ewnnlan dUolmloi. (Tm. , lU, 1 , U 



.LiOOglC 



IDEA DE UN eRfNCIPE 
l—inlMHiilriid»lM«B«aie9a;lwcwleg, admiratlos 
detmanüar; fortaleza, echanooiui garÜo, le saca-. 
nm TITO , y ie trataron con gran bumaeidad , curándole 
Us berídu recibidas : faerza de la ríi^d , em&ble aun. 
i los miSBOs enemigoB. A mas dio la Tída el valor qne 
el i^edo. Un DO (é qsidedeidadie acompaña, que le 
«nabieii de los peligros. HalUndose el rey don Fer- 
n— dad Santo aobra Serilia', se paseaba Garci-Peres, 
áa Vargu con otro caballero por las riberas de Gua- 
áilquiTir, y de improTÍso TÍeron cerca de si siete mo-, 
rae á cabitk). El compañero aconsejaba ta retirada; 
pero Garci-Perez, por no huir torpemente, calóla vir 
sera , enristrú la lanza j pasó ^lo adelante ; ; conor 
ciéndole los mona, y admirados de audetenninacion, 
le (|ejaronpasar, linatreTerse&icometalte. Salvóle su 
valor; porque si seretirara, le hubieran seguido yren- 
dido los enemigos. Un ánimo may desembarazado y 
(raneo es menester para el examen de los peligros, pri- 
mero en el rprnor , después en la calidad dellos. En el 
nimor , porque crece este con la distancia : el pueblo 
los oye con espanto , y sediciosamente loa esparce 7 
aumenta , holgándose de sus mismos males por la no- 
Tedad de los casos, y por culpar el gobierno presente ; 
y asi , conTÍene que el principe , mostrándose constan- 
te, deshaga semejantes aprensiones vanas, como cor- 
rieron en tiempo de Tiberíú de que se babian rebelado 
las proTincias de España , Francia y Germania ; pero él, 
com[Mitetode ánimo , ni modAde lugar ni de semblante, 
como qnien conocía la HgaroM del tuI^o 1. Si el prlo- 
dpe se dqire llevar M Bͻdo, no satm rmolvene; 
porque, tmiíado, dará tiHto crédito al rumor como al 
CoDsqoS; asi sucedía i ntellio es la guerra civil con 
VespasJBDO. Los peligros Inniaontet parecen may'otes, 
Ttstiétidolos de horror ti ffitedo y haciéndolos mas 
abultados la presencia; y pw hidr dellos, damos en 
otros roncho mas grandes , que, aunque parece que es- 
tán lejos, leshallamosveciooa.Faltaqdo la constancia, 
DOS engañamos con interponer, á nuestro parecer , al- 
gún eqwcio de tiempo entre ellos. Muchos desvanecie- 
ron toosdos , y muchos se armaron contra quien los 
bula ; y foé en el hecho peligro lo que antes habia sida 
imaginaciop , como sucedió al ejército de Siria en 
el cerco de Samaría''. Has han muerto de la amenaza 
del peligro que del miamo peligro. Los efectos de un 
vano temor vimos pocos ^os há en una fiesta de toros 
de Madrid, cuando la voz ligera de que peligraba la 
plaza perturbó los sentidos , y ignorada la causa, se tor- 
mian todas. Acreditóse el miedo con la fuga de unos y 

' Mar. , HitL Híip. , I. IS , e. T. 

* Taiu loi^iMítii In lenrllaUM eomposltns, uaqaíloco, ne- 
fic Tttta anUlo, mi , al toUtaiii , per illot din «|ii: ilUiiiba 
lUnf . »B cMperent Bodln e»M, d Tolpiu tnion T iTtc, 1. 3, 
BitL} 

■ Qaia iBaeMMUiU* rraifenUBiB,ci TBldranor liiu 10- 
ü»lir.('hc,tik.3,Hlat.l 

' Slqaiden Danliu «míUjb gadire lacent in cistrli Sjrlia 
tUTgaa.tlefnartim, ttBUKiluiplatiml, dlicrDniqn» iil Ind- 
ttm : EiM mcKcde coidiilt idTenaDi pos Kei Iinel Rtgn 
lltibator>Bi el AegTttoniai, ct vcneranl aupar Doi. Sotrcie- 
nii cT|o, et nt|«rul la laebrU. (4, Rtt-; 1, <.) 



POUTICO-CRISTUNO. 95 

otros; y sin detenerse á,averíguar el caso, bailaron 
muchos la muerte en los medios con que creían sahrar 
ia vida ; j' hubiera sido mayor el daño si la constancia 
del rey don filipe el Cfisrlo , en qui^ todos pusieroa 
los ojos, inmoble al movimiento popolaryá la voz del 
peligro, no hubiere asegurado Ips ánimos. Cuando el 
principe en las adversi^des y peljgros no re^me el 
miedi^ del pueblo , se confunden los consejos, mandan 
todos , y ninguno obedece. 
El eicaso también en la fuga de los peligros es causa . 
, de las pérdidas de loa estados. No fuera despojado da 
los suyos y de la voz electoral el conde p&latino Fede- 
rico, si despu^ de vencido, nolepusieivalaaelmiedo 
paradesemparullp tpdo, pudieodo hacer frente eu Prag» 
úie»otro puesto, .y oomponer;se con el Emperador, eli- 
giendo el menor daño y el menor peligro. 

Jinchas vacas nos engaña el miedo tan disfrazado y 
desconocido, que le tenemoa porprudencia, yá la coni- 
tancia por temeridad. Otras veces no nos sabemos re- 
solver, y llega entre tanto e! peligro. No todo se ha de 
temer, ai en todos tiempos ha de ser muy considerada 
la consulta; porque entre la prudencia y la temeridad 
suele acabar grandes hechos el valor. Hallábase el Gran 
Capitán en el Garellaao s : padecía tan grandes necesi- 
dades su ejército, qtie casi amotinado seleiba desha- 
ciendo ; aconsejábuileauscBpitanesqueseretiraseiy 
respondió: aYoealoy^eterminado de ganar antea un 
paso para mi sepultura que volver atrás, aunque aea 
para vivir cien años. » Heroica respuesta , digna de ax 
valor f prudencia. Bien conoció que habia alguna te- 
meridad en esperar; pero ponderó el peligra co'n el 
crédito de las armas, que ere el que sustentaba su par- 
tido en el reino, pendienlede aquel hecho , y eligid por 
mas conveniente ponello todo al trance de una batalla 
y sustentar la reputación, que sin ella perdelle des- 
pués poco á poco. jOh cuántas veces, por no aplicar 
luego el hierro, dejamos que se canceren las heridas! 

Algunos peligro» por si mismos Be caen ; pero otros 
crecen con la inadvertencia , y se consumen y mueren 
los reinos con fiebreslentos. Algunos no se conocen, y 
estos son lot mas irreparables, porque llegan primera 
que e) remedio . Otros se conocen , pero se desprecian : 
á manos destoa suelen casi siempre padecer el descui- 
do y la confianza. Ningún peligra se debe desestimar 
por pequeño y flaco, porque el tiempo y los accidentes 
le suelen liacer mayor , y no está ai valor tanto en ven- 
cer los peligros como en divartilloa, Vivir avista dellos 
es casi lo mismo que padacellos. Has seguro es excu- 
sailos que salir bien dellos 9. 

No menos nos suele engaüar la confianza en la cle- 
mencia ajena cuando, buyendo de un peligro, damos 
en otro mayor, poniéndonos en manos del enemigo. 
Consideremos en él lo generoso del perdón , no la fuerza 
de la venganza ó de la ambición. Por nuestro dolor y , 

•H>r.,Hlit. Hisp.,1. W.CB. 

■ Ncmo nortaüEBí Jnita vlpenm a«earM isnnot caplt , f»a 
Mal Don percuUal , urte solllcltil : Inllaa est perlre son pone,. 



n OM perilaae. (S. Hlar.) 



vLiOOglC 



DON DIEGO DE SAATEDRA FAJARDO. 



pena in«dinioi m compuioa , y Ngenmente craemM 
que M moveri al remedio . No pndieadp el rey de M»- 
Uorca don Jaime el Tercero rasiítir b1 re; don Pedro el 
Coarto de Aragón , au cañado , que coa pretoiUn boa- 
cadoB le quería quitar el reino , m puso en sua manos, 
creyendo alcanzar con la sumisión j humildad lo que 
no podia con lai armas ; pero en el Rey pudo mas el 
apetito de reinar que la nrtad de la demencia, y le 
quitú el estado y el titulo de rey. Arí nos enga&an los 
. petigroi, y viene á ser mayor el que elegimos por me- 
nor. Ninguna resohicioa es segura d se funda en pre- 
sapueitos que panden del arbitrio ajeno. En esto nos 
eagaibiaos muchas veces, saponiendo qne las acdo- 
aes delosdenie no serin contra la religión , )a justicia, 
el parentesco, la amistad , 6 contra su mismo Itanor y 
conveniencia, stu advertir qne no siempre obrairlos 
hombres como mejor les estarían come debían, aino 



segan sus paaionea y Bodoa é» tvtímtur ; y taf , bo 

se han de medir con la vara de la razón sotaBCKle, 
sino también coa la de la malicia y ezperiendaa 4e 
las ordinarias iDJusticlas y tiranías del mmido. 

Los peligros son los maseficaaas maestros ^e tiaiM 
el príncipe. Los pasados enseñaa i remadiar loa f«a- 
sentes y á prevenirlos faturos. Loa ajenoo adrieñso. 
pero se olvidan. Los propios dejan en el ánimo In as- 
nales y cicatrices del daño , y lo qne ofendió i la uam- 
ginacion el miedo; y-así , conviene qne no los borra «1 
desprecio, principalmente cuando, fuera ya de im peli- 
gro, creemos que no volveri ápasarpor nosotros, ó 
qoe si pasare, nos dejart^otra vez libres ; ponp», «i tñen 
ana cirennattncia qaa no vuelve i aoceder Isa des- 
hace , otras que de nuevo aoceden loa hacen írrepa- 



EMPRESA XXXVHI. 



Fandi la aatnraleza esta república de las cosas , este 
imperio de los mixtos , de quien tieae el ceptro ; y para 
estaUecelte mas firme y seguro, se dejú amar tanto 
dellos, que, aunque entre sf contrarios los 'elementos, 
le asistiesen, uniéndose para su conservación. Presto se 
descompondría todo si aborreciesen á la naturaleza, 
priocesa dellos, que los tiene ligados con recíprocos 
vínculos de benevolencia y amor. Este es quien sus- 
tenta librada la tierra y bace girar sobre ella los or- 
bes. Aprendan los príncipes desta monarquía de lo 
criado, fundida en el primer ser de las cosas, á man- 
tener sus personas y estados con el amor de los subdi- 
tos, que es la mas fiel guarda que pueden llevar cerca 
desM. 

!fmsicízaihUi,HBiiciTmut<niaslelt, 



Este es la mas inexpugnable fortaleza de sus esta- 

< Corporis CDSIoillíDi tollsslmam ttst paUlnin , in virtDlt iin[- 
«omm , iDm íd beievolenüi civlnm ene collocaiam. < Isoc. , iil 
Ule.) 



dos y Por esto les abejas eligen un rey sin agnijon , par- 
que DO ha menester armas quien ha de ser amado de 
sus vasallos. No quiere la nataraleza que pueda ofender 
el que lia de gobernar aqaella república, porque no 
caiga en odio della , y se pierda, a El major poderío , é 
raes cumplido (dijo el rey don Alonso! en una ley de 
las Partidas) que el Emperador puede 'a ver de fecho ea 
su señorío , es cuando él ama á su gente , é. es amado 
della. « El cuerpo defiende á la cabeza , porque la ama 
para su gobierno y conservación ; si no la amara , no 
opusiera el brazo para reparar el golpe que cae sobre 
ella. ¿Quién se expondría á los peligros, si no amase i 
su princjj)e? ¿Quién le defendería la coronaf Todo el 
reino de Castilla se puso al lado del infante don Enri- 
que i contra el rey don Pedro el Cruel , porque aquel 
era amado y este aborrecido. El primor príncipio de la 

* SilTm FTlnclpem ii aptrto clencBílt pneslihic ; obiud erit 
IneipugMbilepiDnliiieiiiüía.imDrcliiiiiB. (Senec-, de CleB.,llt- 



(LiOOglC 



IDEA DÉ UN PRfNapE 
■TersioQ de los reinob y de'Ias mudanzas de las repú- 
blicas es el odio. En el de sus TBsallas cayeron los re- 
yes don Ordoño y don Fruelael Seguado S, y aborre- 
cido el nombre de reyes , se redujo Costilla & forma de 
república , repartido el gobierno en dos jueces , uno pa- 
ra la pai j otro para la guerra. Nunca Portugal des- 
nudó el acero ni perdía el respeto á sus reyes , porque 
con enlrañable amor los ama , y si alguna vez eiclnyó 
i uao y admitió & otro , fué porque amaba el uno, y 
■borrecia bI otro por sus malos procedimientos. El Ín- 
flate don Fernandos aconsejaba al rey don Alonso el 
Sabio , su pudre , que antes quisiese ser uroado que te- 
mido de stis subditos, y que granjeuse las voluntades 
del brazo eclesiástico y del pueblo, para oponerse ala 
nobleza : consejo que si lo bubíera ejecutado, no se 
viera despojado de la corona. Luego que Nerón dejú de 
ser amudo, se conjuraron contra él, y en su cara se lo 
dijo Subrío FlavLo i. La graudeza y poder del rey no 
esl¿ en si mismo , sino en la voluntad de los subditos. 
Si están mal afectos, ¿quién se opondrá á sus enemi- 
gos? Pare su cniíservacion Ua menester el puebla & su 
rey, y no la puede esperar de quien se Imce aborrecer. 
ADÜcipudamente consideraron esto los aragoneses, 
cuando, habiendo llamado para la coronará don Pedro 
Atares, seiior de Borja , de quien desciende la ilustrí- 
úma y antiquísima casa de Gandía, se arrepintieron, 
y DO le quisieron por rey, liabiendo conocido que aun 
antes de ser eligido los trataba con desuraor y aspereza. 
Diferentemente lo bizo el rey don Fernando el Primero 
de Aragon9, que con benignidad y amor supo granjear 
Jas voIualNdes d@ aquel reino, y las de Castilla en el 
tiempo que la goberné. Hucbos principes se perdieron 
pur ser temidos, uiugutio por ser amado. Procure el 
priacipeseramadudesus vasallas y temido de sus ene- 
migos ¡ porque si 00 , aunque salga vencedor de estos, 
morirá ú manos de aquellos , como le sucedió al rey de 
Persia Bardaoo i". El emur y el respeta se pueden ba- 
ilar juntos; elamnr y el temor servil DO. Lo que se te- 
me, se aborrece ; y lo que es aborrecido no es seguro. 

Qsem iMItMiil , Bdenaü , 

QEan ¡¡aü^iit Bdll , periim ei^cül. (Enn.) 

El qne !i mucbos teme , de muclios es temido. ¿Qué 
mayor iofeücidad que mandar & kis que por temor 
obedecen, y dominar & los cuerpos , y no á los ánimos? 
Esta dtfefencia bay entre el príncipe j^isto y el tirano : 
que aquel se vale de las armas para inanteaer en paz los 
subditos , y este para estar seguro dellos. Si el valor y 
el poder del príucipe aborrecido es pequeüo, está muy 
eipuesto al peligro de sus vasallos ; y si es grande, mu- 
cho mas; porque, siendo mayor el lemor, son mayores 

( Hir. ,Hl3t. Hísp.,I.S.e.3. 

■ U.,U.,l.a,c.V¡. 

I Hte ^nltqiaiu Ubi fldclior miUlniíi fnit. dnm amar) mcralsti: 
oilU«c coepi , pasiijnam parricida nutria , et nioria , inriga , his-. 
Vía, el iDMiidlarins cilllliU. |T]c.,llb. 15, Aon.} 

■ Mar. , iUn. Hiip. , 1. 10 , C. 15. 
> U.. ii., 1. 10 , c. S. 

» Clariiiidine pancos iDler leDam Regnm . il pcrindc amoreiu 
inicr popilires, qolia mduzD ipad boites itoiesitls»!. (T«c., 
Oh. 11 , Aag.] 



POLÍTICO-CRISTIANO. 97 

laü aseciíaozas dellos para asegurarse, temiendo que 
crecerá en ^1 con la grandeza la ferocidad , como se vi( 
en Bardauo, rey de Persia, á quien las glorias hicieroír 
mas feroz y mas msufrible á los subditos n. Pero cuaiH 
do DO por el peligro, por la gratitud, no debe el príncipe 
hacerse temer de los que le dan el ser de príucipe ; y asi 
fué indigna voz de emperador la de Caligula: Odeñnt, 
dum metuant; como si estuviera la seguridad del im- 
perio en el miedo ; antes ninguno puede durar sí lo 
combale el miedo. Y aunque dijo Séneca: Odia, qtñ 
nimium tímet , regnare nescil : Regna ciufodil melut ; 
es voz tirana , ó la debemos ODtender de aquel temor 
veno que suelen tener los principes enel mandar aun lo 
queconviene, por no ofenderá otros; el cualesdafio- 
so y contra su autoridad y poder. No sabrá reinarquiea 
no fuere constante y fuerte en despreciar el ser abor- 
recido de los malos, por conservar los buenos. No se 
modera la sentencio de Caligula con lo que le quitó y 
añadió el emperador Tiberio : Oderínl , dum -probent; 
porque ninguna acción se aprueba de quien es aborre- 
cido. Todo lo culpa á interpreta siniestramente el odio. 
En siendo el príncipe aborrecido , aun sus acciones 
buenas se tienen por malas. Al tirano le parece forzoso 
el mantener los subditos con el miedo, porque su im- 
perio es violento, y no puede durar sin medios violen- 
tos, faltando en sus vasallos aquellos dos vínculos da 
naturaleza y vasallaje, que, como dijo el rey don Alonso 
el Sabio i^ : «Son los mayores debdos , que ome puede 
aver con su señor. Ca la naturaleza le tiene siempre 
atado para amarlo , é no ir contra él , é el vasallige pera 
servirle lealmente, » Y como sin estos lazos no pueda 
esperar el tirano que entre él y el subdito pueda beber 
amor verdadero , procura con la fuerza que obre el te- 
mor lo que naturalmente babia de obrar el afecto ; y 
como la conciencia perturbada teme contra sí cruelda- 
des is , las ejercita en otros. Pero los ejemplos funestos 
de todos las tiranos testirican cudn poco dura este mie- 
do ; y si bien vemos por largo espacto conservado con 
el temor et imperio del turco , el de los moscovitas y 
tártaros, no se deben traer en comparación aqueHas 
naciones bárbaras de tan rudas costumbres , que ya bu 
naturaleza no es de hombres, sioode fieras, obedientes 
mas ul castigo que A 1u razan ; y asi, no pudieran sin él 
ser gobernadas , como no pueden domarse los anímales 
sin la fuerza y el temor. Poro los ánimos generosos no 
se obligan & la obediencia y á la fidelidad con la fuerza 
ni con el engaño, sino conlasiticeridad y ¡a razón. aB 
porque (dijo el rey don Alonso el Sabio) las nuestras 
gentes son leales, é de grandes corazones: por eso han 
menester que la lealtad se manlenga con verdad , é la 
fortaleza de las voluntades con derccbo á con justicia, n 
Entre el príncipe y el pueblo suele haber una incli- 
nación ó simpatía natural que le hace amable , sin que 

II iDgensElorli, «tquc eo tentcior, et subjeclis iDlatenntiar. 

(Tae.,lib.ll, Aun.) 
11 L. Í3 , til. 15 , p. t. 

II SsDipeí «nim praceumli nvn perlniliati caiuciontli. ( S*p>. 
n,io.) 



yLiOogJe 



•8 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



sea monester otra diligencia ; porque á veces ua prín- 
cipe que mereÜB ser aborrecido, es amado, yal cúq- 
trano ; y aanqae por si mismas se dejan amar las gran- 
des virtudes y calidades del ánimo y del cuerpo, no 
siempre obran este erecto si no son acampanadas de 
una benigiiidad graciosa y de un semblaate atractivo, 
que luego por los ojos , como por ventanas del ánimo, 
descubra la bondad interior y arrebate los corazones; 
fuera deque, ¿accidentes que no se pudieron preve- 
nir, 6 alguna aprensión siniestra, descomponen la 
gracia entre el principe y los subditos, sin que pueda 
volver á cobrafla ; con todo eso obra mucho el artificio 
7 la industria en saber gobernar á satisfacion del pue- 
blo y de la nobleza, huyendo de las ocasiones que pue- 
den indignalte, y haciendo nacer buena opinión de su 
gobierno. Y porque en este libro sebnlian esparcidas to- 
dos los medios con que se adquiere la beoeToleacia de 
lo* subditos, solamente digo que pora alcanzalla son 
eficaces la religión, la justicia jla liberalidad. 

Pero,porque sin alguna especie de temerse conver- 
tiría el amor en desprecio, jr peligraría la autoridad 
real u, conveniente es en los subditos aquel temor que 
nace del respeto y veneración ; no el que nace de su 
¡wligro por las tiranías 6 injusticias. Hacerse temer el 
principe porque no sufre indignidades, porque con- 
serva la justicia y porque aborrece los vicios» es tan 
conveniente , que sin este temor en los vasallos no po- 
dría conservarse; porque naluralmeote se ama la liber- 
tad, y la parte de animal que está en el hombre es 
int^ediente á la razón , y solamente se corrige con el 
temor. Por lo cual es conveniente que el principe dome 
i los subditos como se doma un potro (cuerpo desta 
empresa) , i quien la misma roano que le halaga y peina 
«I ct^te , amenaza con la vara levantada. En el arca 
delUbanácuIoestabanjuntos lavara y el maná, sig- 
níGcaado que han de estar acompañadas en el príncipe 
]h severidad y la benignidad. David se consolaba con la 
varayetbácDlodeDios, porque si el uoo le castigaba, 
]e sustentaba el otro is. Cuando Dios en el monte Sinaí 

U TlnoTs Piincepi iclem loctorltiUi luc ion ptUtnr bcbeue- 
n.(ae.,t,Ci(.] 

<* nrplu, »t iHCiliulBU, ipH me conMlili iniil. (PhI. 
«,*■) 



dio la ley al pueblo, le amenazó con truenos y rayos, y 
le balegú con músicas y armonías celestiales. Uno jotra 
es menester para que los subditos conserven el receta 
y el amor ; y así , estudie el principe en hacerse amar y 
temer juntamente: procure que le amen comoá con- 
servador de todos , que le teman como á alma de t& 
ley, de quien pende la vida y hacienda de todos ; que 
le amen porque premia, que le teman porque casti- 
ga ; que le amen porque no oye lisonjas, que le te- 
man porque no sufre libertades ; que le amen par su 
benignidad, que le teman por su autoridad; que le 
amen porque procura la paz , y «{ue le teman porque 
está dispuesto á la guerra ; de suerte que , amando loa 
buenos b1 principe, bailen que temer en él ; y tamiéa- 
dolé los malos , hallen que amar en él. Este temor es 
tan necesario para la conservación del ceptro , como 
nocivo y peligroso aquel que nace de la soberbia , in- 
justicia y tiranía del príncipe, porque induce ala deses- 
peración 16. El uno procura librarse con la ruina del 
príncipe , rompiendo Dios la vara de los que dominas 
ásperameote l' ; el otro presérvase de su indignación j 
del castigo ajuslándose á la razón. Asi lo dijo el rey 
don Alonso 13: u Otro si, lo deben temer como vasallos 
á su señor, faaviendo miedo de fazer tal yerro, que 
ayan i perder su amor, é caer en pena , que es manen 
de servidumbre, u Este temor nace de un mismo parto 
con el amor, no pudiendo haber amor sin temor de 
perder el objeto amado, atento i conservarse en su gn- 
cía. Pero, porque no está en manos del príncipe que le 
amen, como está que le teman , es mejor fundar su se- 
gundad eneste temor, que en solo el Bmor¡ol cual, co- 
ma hijo de la voluntad, es inconstante y.vario, y ningo- 
nas artes de agrado pueden bastar á ganar las volunta- 
des de todos. Yo tendré por gran gobernador á aquel 
príncipe que vivo fuere temido, ymuertoamado, coma 
sucediii al rey don Fernando el Catúlíco ; porque, cuin- 
do no sea amado, basta ser estimado y temido. 

<* Ib iscre íd sabjeelti, it migii TercMtut loeritaien, ^uk 
aKíeTlUim ejni leteslcnlnr. ¡Calan.) 

n CDDlrlTliDDmfiiitlueiiliuiImpionB, Tl^BdoniBuUu. 
uedcDlen papilos lniiidl(uUane. (luí., 14, S.) 

<* L.lS.UI.lI.p.l. 



,vGoosle 



IDEA DE IIN PRINCIPE POLÍTICO-CRISTIANO. 



EMPRESA XXXIX. 



En el reverso de UDO-medalla antigua se halla escul- 
pido un rayo sobre une ura , significando que la severi- 
dad en los principes se lia de dejar vencer del ruego. 
Molesto símbolo á los ojos, porque se representa tan vi- 
vo el rayo del castigo, j tan inmediato al perdón, que 
puede el miedo poner en desesperación la esperanza de 
labeaiguidaddelara; y aunque tal vez conviene que el 
semblante del príncipe, á quien inclina la rodilla el de- 
lincuente , señide & un mismo tiempo lo terrible de la 
JuslJcía yto suave de la clemencia ; pero uo siempre, 
porqueseria céntralo que amonesta el Espiritu Santo, 
que en su rostro se vean la vida y la clemencini. Por esto 
en la presente empresa ponemos sobre el ara , eu vck 
del rayo, el Tusón que introdujo Pilipe el Bueno, du- 
que de Borgaña,noporiasiiiía (como muchos piensan) 
del fabuloso Tellocino de Coicos, sino de aquella piel ó 
vellón de Gedeon, recogido en él, par señal de victoria, 
el rocío del cielo , cuando se mostraba seca la tierra * ; 
significando en este símbolo la mansedumbre y benig- 
nidad , como la signiHca elCorderode aquella Hostia in- 
maculada del Hijo de Dios, sacrificada por la salud del 
mundo. Victima es el principe, ofrecida ü los trabajos y 
peligros por el benelicio común de sus vasallos. Pre- 
cioso vellón , rico para ellos del rocío y bienes del cie- 
lo ; en él han de bafltir á Iodos tiempos la satisfacion 
de su sed y etremedio de sus necesidades; siempro afa- 
ble, siempre sincero y benigno con ellos ; con que 
obrará mas que con la severidad. Las armas se les ca- 
yeron á los conjurados viendo el ogradable semblante 
de Alejaiidro. La serenidad de Augusto entorpeció la 
mano del francés que le quiso precipitar en los Alpes. 
El rej don Ordoi'io el Primero 3 fué tan modesto y apa- 

• In biliriutc ranas Rígii, ilu i el clemenlia ejai qiasi Lmher 
mcrtlaai. i Prov. , tB , IS.) 

I Paom boe lellai linae in área : si ros in solo vellrrc roeril, 
(I Íb ottii ttrra sJceilai , iciam qoodiier manan mean, sicuilO' 
csuu d, llbcnbii Isnel. IJDdlc, 6, 37.} 

tNu.,HUt.llUr.,l.7,cie.| 



cible, que robó los corazones de sus vasallos. Al rey 
don Sancho el Tercero llamaron el Deseado , no tanto 
por su curta vida cuanto por su benignidad. Los ara- 
goneses admitieron & la corona al infante don Fernan- 
do, sobrino del rey don Hartin, enamorados de su 
blando y agradable trato. Nadie deja de amar la mo- 
destia y la cortesía. Bastante es por si misma pesada y 
odiosa la obediencia ; no le añada el principe aspereza, 
porque suele ser esta una lima con que la libertad na- 
tural rompe lacadena de la servidumbre. Si en la fortu- 
na iidvcrsa se valen los príncipes del agrado para reme- 
diaila, ¿porqué no en la próspera para mantenella? El 
rostro benigno del principe es un dulce imperio sobre 
los unimos y una disimulación del señorío. Los lazos 
de Adán, que dijo el profeta Oseasqueatraian los co- 
razones', son el trato humano y apacible. 

No entiendo aquí por benignidad la que están común 
que causa desprecio , sino la que esti mezclada de gra- 
vedad y autoridad con tan dulce punto, que da lugar al 
amor del vasallo, pero acompañada de reverencia y res- 
peto; porque si este falla, es muy amigo el araor de 
domesticarse y hacerse igual. Si no se conserva lo au- 
gusto déla majestad, no liabrá dit'trencia entre el prin- 
cipe y el vnsalloS; y así, es conveniente que el arreo 
de la persona (como hemos dicho) y la gravedad apa- 
cible representen la dignidad real ; porque *no apruebo 
que el principe sea tan común & lodos , que se diga dé 
loque de Julio Agrícola, que era tan llano en sus ves- 
tidos y tan familiar, que muchos buscaban en él su fa- 
ma, y pocos la hallaban 6 ; porque lo que es común no 
se admira, y de la admiración nace el respeto. Alguna 

* In ÍDDicnlis Adam tnham eoa la ilnculis ihatitaiia. ( Dice, 
11,*.) 

^ Comitas taFlIb finslnm omne alteril, el in faiBlliarí coMoeti- 
dine aegri custodias III ad oplDinals angnslum. (Herod. , 1.1.) 

* Calta Diúdicas, sermone r>cllis, ticb ni plcriqne, qalbni 
magDiH tiros per ambilionem aesUmare mas esl, viso aspeclofie 
«(lieola, iigaeretenl famam , panel Inlcrprelirenlar. ^ Tic, in illa 
Agrie.} 



yLiOOglC 



JOO 



DON DIEGO DE SAAVEDRA. FAJARDO. 



severidad grave es menester que halle el súbdilo ea la 
frente det principe, ; algo eilraordianrío en la compon 
turajmovimieDtoreal, que señale la potestad supre- 
ma, mezclada de tal suerte la severidad con el agrado, 
que obren efectos de amor y respeta ^n los subditos, 
no de temor T. Huchas veces en Francia se atrevió el 
hierroíla majestad real, demasiada rae ote comunica- 
ble. Ni la afabilidad disminuye la autoridad , ni la sere- 
rídad el ainor^, que es lo-que admiró en Agrícola Cor- 
nelío Tácito , y alabó en el emperador Tito ; el cual, 
aunque se mostraba apacible á sus soldados y andaba 
entreellos, no [Mrdjael decoro dé general i*. Componga 
el príncipe de tal suerte el semblante, que, conservando 
la autoridad, aficione; que parexca grave, no desabri- 
do ; que anime , no desespere ; bañado siempre con un 
decoro risueño y agradable , con palabras benignas y 
gravemente iraorosas. No les parece á algunosque son 
principes si no ostentan ciertos desvíos y asperezas en 
las palabras, en el semblante y movimioato del cuerpo, 
fuera del uso común de los demás hombres ; asi como 
Io$esbituaríosignoraDte3,que piensan consiste el arte 
y la perfección de un coloso en que tenga los.carríllos 
hinchados , los labios eminentes , las cejas caldas , re- 
vueltos y torcidos los ojos. 



Tan terriblese mostró en una audiencia el rey Asuero 
álareina Ester, que cayó desmayada W, y fué menes- 
ter para que volviese en sf , que, reducido por Dios á 
mansedumbre su espíritu descompuesto *i, le hiciese 
tocar el ceptro n , para que viese que no era mas que un 
leño dorado , y él hombre , yno visión , como había ima- 
ginado 13. Si esto obra en una reina la majestad dema- 
siadamente severa y desconforme, j qué hará en un ne- 
gociante pobre y necesitado? Médico llaman las divinas 
letras al príncipe i* , y también padre » ; y ni aquel 
cura ni este gobierna con desagrado. 

Si alguna vez con ocasión se turbare la frente del 
principe y se cubriere de nubes contra el vasallo, re- 
préndale con tales palabras , que entre primero ala- 
bando sus virtudes , y después afeando aquello en que 
falta, para que se encienda en generosa vergüenza, 

1 El ilderl lelle ion upcmm 
•t tilem ut eam non timeial olvi 
Ub.S.Pol., e.H.l 

■ Vec Uli, qñoil raiiulnnDi esl, asi ricllitil inctoiilalam , mt 
tereritat iiDnrem dimlpnlL ÍTic, ia vlti Agrie.) 

* Atqne iftt, ut inper roclumiti crederelur, dcconim se pranp- 
tnmqae irmls ostenubil, conlUle el illoqnUí arflcia pro'OMns, 
(cpleramqueln opere, inaanilatgreEaríoDlliU mliluí, Incnr- 
ripto DuFí) honore. ¡Ttc. , Ub. i , Uisl.) 

•o Enlqne lerrlbitii ispéela. Cumqne tlerisiel ficffm , el ir- 
4HtUiitsocsL!5rvrorempectoris[idlcassel, RtiiBicornill.tesUi., 
IS , 9 et 10.) 

•< Conienilqné Deas iplritnm Regiiln mtniíielQdliieB. (tbld-, 

<t Acude l|il[ir. et tinfe «ceplrnm. (Ibld., t. U.) 

ti Vldl le Donliie qDiil Angelom Dci, el eanlurbilnm esl cor 
■esm-fEslb., 15,16.) 

M Hon sno Hedieoí, nolJte coDslIliierD me Prloeipeiu. (lul., 
1,7.) 

it [1 Jadlnnde nlo pnrUII» mknic«n, at p*tM. (E«l.,4, 10.) 



descubriéndose mas i la luz de la virtud la sombra del 
vicio. No sea tan pesada la reprensión y tan pública, 
que.perdida la reputación, no le quede al vasallo espe- 
ranza de resjauralla, y se«bstine masen la culpa. Es- 
tén asi mezcladas la ira y la benignidad, el premio y et 
castigo, como en el Tusón están ios eslabones enlazados 
con los pedernales, y entre ellos llamas de fuego, sig- 
njñcando que el corazpn del principe ha de ser nu pe- 
dernal que tenga ocultas y siu ofensa las centellas de su 
ira ; pero de tal suerte dispuesto, que si alguna vez le 
hiriere la ofensa ú el desacato , se encienda en llamas- 
de venganza ó justicia , aunque no tan ejecutivas , que 
no tengan á la mano el roclo del vellocino para eitin- 
guiilas 6 moderallas. A acequias dijo Dios que le ha- 
bla formado el rostro de diamante y de pedernal i^, 
signiDcando en aquel la constancia de la justicia , y en 
este el fuego de la piedad. 

Si no pudiere vencer el principe su natural áspero y 
intratable, tenga tan benigna familia, que losupla, aga- 
sajando & los negociantes y pretendientes. Huchas ve- ! 
ees es amado ó aborrecido el principe por sus criados. , 
Uucha disimulan (como decimos' en otra parte) las as- , 
perezas de su señor, si son advertidos en tetnplallas ó , 
en disculpallas con su agrado y discreción. 

Algunas naciones celan en las audiencias la maje^ 
tad rea! entro velos y sacramentos, sin que se maní- 
iieste al pueblo. Inhumano estilo á los reyes , severa y 
cruelalvasallo.que, cuando no enlas manos, en la pre- 
sencia de sa señor halla el consuelo. Podrá este recalo 
hacer mas temido , pero no mas amado al príncipe. Por 
los ojos y por los oidos entra el amor al corazón. Lo 
que ni se ve ni se oye, no se ama. Si el principe se 
niega á los ojos y á la lengua , se niega i la necesidad y 
al remedio. La lengua es un Instrumento fácil , porque 
ha de granjear las voluntades de todos ; no la haga du- 
ra é intratable el principe. Parque fué corta y embara- 
zada en el rey don Juan el Primero *', perdió las vo- 
luntades de los portugueses cuando pretendía aquella 
corona por muerte del rey don Pedro. 

No basta que el principe despache memoriales, por- | 
queen ellos no se eiplican bien los sentimientos; no ¡ 
yendo acompañados del suspiro y de !a acción lastimo- 
sa , llegan en ellos secas las lágrimas del afligido, y n> 
conmueven al príncipe. 

Siempre están abiertas las puertas de los templos; 
estén asi las de tos palacios , pues ^on los principes vi- 
carios de Dios, y aras (como liemos dicho) á las cua- 
les acude el puebla can sus ruegos y necesidades. No 
sea al soldado pretendiente mas fácil romper un escua- 
drón de picas que entrar á la audiencia por las puntas 
de la guardaesgu!zarayalemana;berizos armados, con 
los cuales ni se entiende el ruego ni obran las señas det 
agrado. «Dejad llegar á mi los hombres (decia el em- 
perador Rodulfo); que do soy emperador para- estar 
encerrado en un arca, u El retiramiento hace feroz el 

M UtidtDi)nlem, etnliiliccm dedl fteien tun, {Siec.,3, 1} 



'LiOOglC 



IDEA DE UN PRÍNCIPE 
ánimotS. I^ itencion a) gobierno y la comunicaciaQ 
ablandan las costumbres y las vuelven amables. Como 
tos azores, se doDiesIican los principes con el desvelo 
«D los negocios y con la vista de los hombres. Al rey 
don Etamiro de León el Tercero i9 se le alborotó y le- 
Tintd el reino por su aspereza y dificultad en las au- 
dieDtíes. El rey don Femando el Santo i ninguno las 
negaba, y todos tenien licencia de entrar basta sus mas 
retirados retretes i significar sus necesidades. Tres 
diu en la semana daban audiencia pública los reyes 
don Alonso Xíl y don Enrique el Tercero, y también 
los Reyes Católicos don Femando y doña Isabel. La na- 
tunleiapnso puertas á loa ojos y á la lengua, y dejú 
abiertas las orejas para que i todas lionas oyesen ; y asi, 
no las cierre el príncipe , oiga benignamente. Consuele 
con ei premio ó con la esperanza , porque esta suele ser 
parte de satisfacinn con que se entretiene el mérito. No 
use siempre de fórmulas ordinarias y respuestas gene- 
nles; porque lasque sedan á todo«, i ninguno satisfa- 
cen ; y es notable desconsuelo que- lleve la necesidad 
ubida ia respuesta, y que antes de pronunciada, le sue- 
ne en jos oidos al pretendiente. No siempre escuche el 
principe , pregunte tal vez*" ; porque quien no pregun- 
ta , no parece que queda informado. Inquiera y sepa el 
estido de las cosas. Sea la sudiencia enseñanza , y no 
sola asistencia , como las dieron el rey don Femando el 
Santo, el rey don Alonso de Aragón, el rey don Fernan- 



*) CUtBhn ■nbnilii >l eliua le 
<Tic.,]ib.i, UisL) 
" Hir-.Rlsl. Hisp. 



Is obllvlienDlnr. 



POLiTICO-CRISTIANO. «1 

do el Calúlicoyel empera>lor Carlos V; con que fue- 
ron amados y respetados de sus vasallos y estimados de 
los eitranjeros. Asi como conviene que sea fdcil la au- 
diencia, asi también el despacho; porque ninguno es 
favorable si tarda mucho ; aunque hay negocios de tal 
naturaleza , que es mejor que desengañe el tiempo que 
el principe ó sus ministros; porque casi todos los pre- 
tendientes quieren mas ser entretenidos con el engaño 
que <leSpachados con el desengaño ; el cual en las cor- 
tes prudentes se tama, pero no se da. 

No apruebo el dejarse ver el principe muy i menndo 
en las calles y paseos ; porque la primera vez le admirv 
el pueblo, la segunda le nota y la tercera le embara- 
za^. Lo que no se ve, se venera mas^. Desprecian los 
ojos lo que acreditó la opinión. No conviene que llegue 
el pueblo & reconocer si la cadena de su servidumbre es 
de hierro 6 de oro , haciendo juicio del talento y calida- 
des del principe. Has se respeta lo que está mas té- 
jos S. Hay Daciones que tienen por vicio la facilidad 
del príncipe en dejarse ver, y su familiaridad y agrado. 
Otras se ofenden de la severidad y retiramiento, y 
quieren familiares y afables i sus principes, como los 
portugueses y ios franceses. Los extremos en lo uno y 
en lo otro siempre son peligrosos , y los sabrí templar 
quien en sus acciones y proceder se acordare que et 
príncipe y que es hombre. 

ipeciDS minas itrcDdos magnos liomiDCElpii so- 



EMPRESA XL. 



A los príncipes llaman montes las divinas letras, y d 
losdemús collados y valles!. Esta comparación com- 
freak en si muchas semejanzas entre ellos; porque 
los montes son principes de ia tierra, por ser inmediatos 
•1 cielo y superiores á las deniús obras de la naturaleza, 



y también por la liberalidad con que sus generosas en- 
trañas satisfacen con fuentes continuas á la sed de los 
camposyvales, vistiéndolas de hojas y flores; porque 
esta virtud es propia de los principes. Con ella, mas 
que con las diimás, es el principe parecido ú Dios, que 
siempre esld dando á todos abundantemente^. Con ella 
* Posiulcí i Deo, quí i3t oEiiilbas at 



11 aflMLlM^Í^^^^ 



i02 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



]a obediencia es mas pronta, porque la dádiva ea el 
que puede mandar hace necesidad ó Tuerza la obliga- 
ción. El TBsall^e es agradable al que recibe. Siendo Ih 
beral, se bizo amado de todos el rey Cirios de Natarra, 
llamado el Noble. El re; don Enrique el Segundo pudo 
con la generosidad borrar la sangre vertida del re; don 
Pedro , su hermano, y legitimar su derecho i la coro- 
na. ¿Qué no puede una majestad franca? ¿A qué no 
<^liga un ceptro de oro s? Aun la tiranía se disimula y 
sufre en un príncipe que sabe dar, principalmente 
cuandogana el aplauso del pueblo, socorriendo las ne- 
cesidades públicas y favorecieado las perdonas bene- 
méritas. Esta virtud, á mi juicio, coDservd en el impe- 
rio i Tiberio , porque la ejercitó siempre *. Pero ningu- 
na cosa mas dañosa en quien manda que la liberalidad y 
la bondad (que casi siempre se hallan juntas) si no guar- 
dan modo. «Muy bien está (palabras son del rey don 
Alonso el SabioS) la liberalidad i todo orne poderoso, á 
señaladamente al Rey, cuando usa della en tiempo que 
conviene, é como debe.» El rey de Navarra Garci-San- 
chezS, llamado el Trémulo, perdió el afecto de sus va- 
sallos con la misma liberalidad con que pretendía gran- 
jéanos ; porqne para sustentalla se valia de vejaciones 
y tributos. La prodigalidad cerca está de ser rapiña 6 
tiranía; porque es fuerza que si con ambición se agota 
el erario, se llene con malos medios^ «El que da mas 
de lo que puede (palabras son del rey don Alonso el Sa- 
bioS) no es franco, mas es gastador, é de mas avrá por 
fuerza d tomar de lo ageno , cuando lo suyo no le cum- 
pliere : é « de la una parte ganare amigos por lo que les 
diere, de la otra serle han enemigos á quien lo toma- 
re.» Para no caer en esto, representó al rey don Enri- 
que el Cuarto^ Diego de Arias, su tesorero mayor, el 
eiceso de sus mercedes, y que convenía reformar el 
numero grande de criados y los salarios dados á los que 
no servían sus oDcios ó eran ya inútiles ; y respondió : 
«Yo también si fuese Arias tendría mss cuenta con el 
dinero que con la liberalidad : vos habláis como quien 
sois, y yo haré como rey, sin temer la pobreza ni expo- 
nerme á la necesidad cargando nuevos tributos. El ofi- 
cio do reyes dar y medir su señorio , no con el particu- 
lar, sino con el beneficio común, que es el verdadero 
fruto de las riquezas. A unos damos porque son bue- 
nos, y á otros porque no sean malos, u Dignas palabras 
de r^y si hubiera dado con estas consideraciones; pero 
sus mercedes lueron excesivas, y sin orden ni atención 
A los méritos, de que bizo fe el rey don Fernando, su 
cuñado, enunaleydela Nueva Recopilación, diciendo 
que sus mercedes se habían hecho apor exquisitas y no 
debidas maneras. Ca t*' í unas personas las Gzo sin su 

> Mullí coIedI persoiam poUnlli , el amld saal dona tdbuen- 
tit. (Prov. 19, 6.) 

4 Quain Yingieca d[u[eUiiiill,cDmcaclentcinerel. iTac.lib.I, 

K L. 18,nt. 5,p. I. 
* Mar., HiiLUisp. 

1 Ac lellut períríDgere aerarinin : qnod si imhilione nbaueil- 
nns.per sedera ínpplcndnm crft. (Tic, I. 3, Aun.) 
*L. is.ms.p.s. 
» Mar.,Ellsi. Hlsp.,l.}l,e. 1S. 
H L. IT.ULlO.Ub. S, Ruop. 



voluntad y grado , salvo por salir de las neceddadea, 
procuradas por los que las tales mercedes recibi^va; 
y otras las fizo por pequeños servicios que no eran dig- 
nos de tanta remuneración ; y aun algunos destos te- 
nían oficios y cargos, con cuyas rentas y salarios 9e de- 
bían tener por bien contentos y satisfechos ¡ y i otrot 
dio les dichas mercedes por intercesión de algunas per- 
sonas , queriendo pagar con las reatas reales los serri- 
cios que algunos dellos abian recibido de los tales.» De 
cuyas palabras se pueden inferir la consideración con 
que debe el principe hacer mercedes , sin dar ocasión á 
que mas le tengan por señor para recibir del que pam 
obedeceUe. Un vasallo pródigo se destruye ásfmiimo; 
un principe á si y á sus estados. No bastarían los era- 
ríos sí el príncipe fuese largamente liberal , y iio cooti- 
derase que aquellos son depósitos de las necesidades 
públicas. No usa mal el monte de la nieve de su cumbre, 
producida de los vaporea que contribuyeron los campos 
y valles ; antes la conserva para el eslió , y poco á paco 
la va repartiendo (suelta en arroyos) entre los mismn 
que la contríbuyerou. Ni vierte de una vez el caudal de 
BUS fuentes, porque faltaría á su obligación y le despre- 
ciarían después como á inútil , porque la liberalidad se 
consume con la liberalidad. No las confunde luego coa 
los ríos dejando secos & los valles y campas , como sue- 
le ser condición de los principes , que dan A los podera- 
sos lo i^e se debe i los pobres, dejando las arenas se- 
cas y sedientas del agua , por dalla á los lagos abundan- 
tes , que no la han menester. Gran delito es granjear la 
gracia de los poderosos á costa da los pobres, ú que 
suspire el estado por lo que se da vanamente, siendo 
su mina el fausto y pompa de pocos. Indignado mira el 
pueblo desperdiciadas sin provecho las fuerzas del po- 
der con que habia de ser defendido, y respetada la dig- 
nidad de príncipe. Las mercedes del pródigo no se es- 
timan, porque son comunes y nacen del vicio de la pro- 
digalidad, y no de la virtud de la liberalidad; y dándo- 
lo todo i pocos, deja disgustados á muchos, y io que se 
da á aquellos, falta á Iodos. El que da sin atención enri- 
quece, pero no premia. Para dar £ los que lo merecea 
es menester sercorto con los demás. Y asi, debe atender 
el príncipe con gran prudencia á la distribución justa 
delospremios'^; porque,síson bien distribuido!, aun- 
que toquen á pocos, dejan animadosá muchos. Los sa- 
gradas letras mandaron que las ofrendas fuesen coa 
sal <*, que es lo mismo que con prudencia , preservad» 
de la prodigalidad y de la avaricia^ Pero, porque es me- 
nester que el príncipe sea liberal con todos , imite li la 
aurora, que, rodeando la tierra, siempre le va dando, 
pero rocíos y llores, satisfaciendo también con la risi. 
Dé á todos con tal templanza , que , sin quedar imposi- 
biMladoparadarmas,iosdejecontentoE,áuDOSCDnla 
dádiva, y A otros con las palabras, con la esperanza y 
COQ el agrado "; porque suelen dar mas los ojos que Its 
manos. Sola esta virtud de la liberalidad será á vece) 



u Inannldalohilareahevalinieieaa. íecoL,3S, ti) 



IDEA DE UN PRINCIPE 
«ODveimate que esté mas en la optDion de los otros que 
en et prlacipe, afectando algunas demostraciones con 
tal Brt« , que sea estimado por liberal ; y así , excuse las 
negatiras, porque es gran desconsuelo oillas del prín- 
cipe. Loque no pudiera darhoy, podrá mañana ¡ y sí no, 
mejor es que deseogañe el tiempo, como hemos dicho. 
El que aiega ó no reconoce los méríios , ó manilieEta la 
tdta de su poder ó de su áDÍmo , y ninguna destas de- 
claraciones conríene al principe contra quien, pidien- 
do, confiesa su grandeza. 

Sea el príncipe largo en premiar la virtud, pero con 
tos cargos y oficios y con otras rentas destinadas ya 
para dote de la liberalidad , no con el patrimonio real 
ni con los tesoros const^Tados para mayores empleos. 
El rey don Fernando el Católico muchas mercedes hi- 
zo , pero ninguna en daño de le corona. Suspensos turo 
(cuando entró á reinar) ¡os t)flcias, para atraer con ellos 
los íntmos y premiar á los que siguiesen su partido. 
Con gran prudencia y polflica snpo mezclar la liberali- 
dad con la parsimonia. De lo cual, no solamente dejó su 
ejemplo , sino también una ley en la Recopilación , di- 
ciendo asi u : « No conviene á los Reyes usar de tanta 
franqueza y largueza, que sea convertida en vicio de 
destruickin : porque la franqueza debe ser usada con 
ordenada intención , no'menguando la corona real ni la 
real dignidad. ■ Conservar para emplear bien , no es 
Btarióa, sino preveifida liberalidad. Dar inconsidera- 
damente, Ú es vanidad ó locura. Con esta parsimonia 
levantó la monarquía , y por su profusa largueza perdió 
la corona el rey don Alonso el Sabio, habiendo sido 
uno de los principales cargos que le hizo el reino, el 
haber dado á la emperatriz Uarla treinta mii marcos de 
plata pera rescatar d su marido Balduino , á quien tenia 
preso el soldán de Epipto, consultándose mas con la va- 
nidad que con la prudencia. El rey don Enrique el Se- 

■' L.3, Ut. lO.lib. 5,Rec«p. 



POLlTICO-CraSTlANO. Í03 

gundo conoció el daño ile haber enflaquecido el poder 
de su corona con las mercedes que habia hecho , y las 
revocú por su testamento. Las ocasiones y los tiempos 
han de gobernar la liberalidad de los principes. A veces 
conviene que sea templada, cuando los gastos de tas 
guerras ó las necesidades públicas son grandes; y á 
veces es menester redimir con ella los peligros ó facili- 
tar los fines, en que suele ahorrar mucho el que mas 
pródigamente arroja el dinero -, porque quien da ó gasta 
poco á poco, no consigue su intento y consume su ha- 
cienda, una guerra se excusa, y una vitoria d una paz 
se compra con la generosidad is. 

La prodigalidad del principe se corrige teniendo CU 
el manejo de la hacienda ministros económicos , como 
la avaricia teniéndolos liberales. Tal vez conviene mos- 
Iralle al principela suma que da, porque el decretar li- 
branzas se hace sin consideración ; y si hubiese de con- 
tar lo que ofrece, la moderaría ; y no es siempre libera- 
lidad el decretarías; porgue se suele cansar la avaricia 
con laimpartunidadúcon la batalla que padece consi- 
go misma, y desesperada, se arroja í firmallas. 

Escondicionuaturaldelaspríncipeseldarmasalque 
mas tiene : no sé si es temor 6 estimación al poder. Bien 
lo tenia conocido aquel gran cortesano Josef, cuando, 
llamando á sus padres y hermanos i Egipto , ofrecién- 
doles en nombre de Faraón los bienes de aquel reinóte, 
les encarga que trujesen consigo todas sus alliajas y ri- 
quezas '7, reconociendo que si los viese ricosel Rey, se- 
ria mas liberal con ellos ; y así , el que pide mercedes 
al príncipe no le ha^de representar pobrezas y miserias. 
Ningún medio mejor para tener, que tener'B. 

to VlelorliB el honarem icqnlret , tnl dit miiaen : inintm 
aolem larerl iccipienUnia. (Prov., 3!, 9.) 

>« Ego dibo vobis amnii boni /lefin'i , al eameilalis mednllm 
lerne.|Geii.,45,lB.) 

1) Ne dimiiuiis qaidiiiDin de snpelleclili vesln, qiii oíonn 
(hpís Aegjpl! leelrie emnt. ( Ibjd. . i^ V).] 

<■ Omni babenlldabilDr, el ibnalablt.lLge., 19,36.) 



EMPRESA XLI. 



CeletH^do fué de la antigüedad el mote de esta em- j á Taleto y á Homero ; pero con mayor razón se refiere 
presa, l'nos le atribuyen áPitégoras, otros áViántes, 1 éntrelos oráculos deíficos, porque n 



no parece To» hu- 

Xvooglc 



1M 



DON DIEGO DE 5AAVEDRA FAJARDO. 



inaQa,sinodÍTÍ[ia,digDKde ser esculpida en las coro- 
nas , ceptros y anillos de los príncipes. A ella se reduce 
toda la sciencJn de reinar, que huje de las eitremida- 
des, y consiste en el medio de las cosas, doude tieoeo 
BU esfera las virtudes. Pre^nlaroa á Sócrates que cuil 
virtud era mas conveniente á un mancebo, y respoudió: 
Nequid nimU; con que las comprendió todas. A este 
mote parece que cuadra el cuerpo desla empresa, der- 
ribadas las mieses con el peso de las grandes lluvias 
caídas Tuera de suzon, cuando bastabaa benignos ro- 
dosi. Honores liay que pur grandes no se ajustan al su- 
geto, y masleaCrcntau queiluslruu. BeneGcios baytan 
fuera de modo, que se reputan por injuria. ¿Qué im- 
porta que llueva mercedes el priacipe, si parece que 
apedrea, descompuesto el rostro y las palabras, cuando 
las bace ; ai llegan fuera de tiempo, y uo se pueden lo. 
grar? Piérdese el beneficio y el agradecimiento, y se 
aborrece la mano que le hiio. Por esto dijo el rey don 
AlonsoelSabioSnquedebiasertal el galardón, é dado 
¿ tiempo , que se pueda aprovecbar del aquel i quieu lo 

Como se peca en la destemplanza de los premios ; 
mercedes, se peca también en el exceso de los casti- 
gos. Una eiBcta puntualidad y rigor, mas es de minÍB~ 
tro de justicia que de principe. En aquel no bay arbi- 
trio ; este tiene las llaves de las leyes. No es justicia la 
que excede, ni clemencia laque no se modera; y asi las 
demás virtudes. 

Esta misma moderación ha de guardar el príncipe en 
las artes de la paz y de la guerra, gobernando de tal 
suerte el carro del gobierno , que , como eu los juegos 
antiguos, no toquen sus ruedas en las metas, donde 
se romperían luego. La destreza consistía en medir la 
distancia, de suerte que pasasen vecinas, y uo apar- 
tadas. 

En lo que mas ba menester el priacipe este cuidado, 
es en la moderación de los afectos , goberntindalos con 
tal prudencia, que nada desee, espere, ame ó aborrez- 
ca con demasiado ardor y víoleucia, llevado de la vo- 
luntad, y no de la razón. Los deseos de los particulares 
fdcümente se pueden llenar, los de los 'príncipes no ; 
porque aquellos son proporcionados i¡ su estado , y es- 
tos ordinariamente mayores que las fuerzas de la gran- 
deza, queriendo llegar á los ci tramos.. Casi todos los 
príncipes que ó se pierden 6 dau eo graves inconve- 
nientes , es por el exceso en la ambición , siendo inGuí- 
lo el deseo de adquirir eu ios liombres, y limitada la po- 
sibilidad ; y pocas veces se mide esta cou aquel , ú en- 
tre ambos se interpone la justicia. De aquí nace el bus- 
car pretextos y titules aparentes para despajar al vecino 
y aun al maS amigo, anhelando siempre por ampliar 
los estados, sin medir sus cuerpos con sus fuerzas, y 
BU gobierno con la capacidad humana , la cual no pue- 



< MigDl iDlmt cil DHfiia 
Billc, qolin niinl] : islj te 
DOcent. Sic segetem díihíb 
gDDlur, sic ad malnrilalem . 



Dimli íoecuDdiUi. (Sen., 



de mantener todo lo que se pudiera adquirir. La gran- 
deza de los imperios carga sobre ellos mismos , y siem- 
pre está porflaado por caer, trabajada de sij mismo pe- 
so. Procure pues el principe mantener et estada que le 
dio d la sucesión 6 la elección ; y ai se le presentare al- 
guna ocasión justa de aumea talle, gócela con las cau- 
telas que enseña el acaso & la prudencia. 

No es menos peligrosa la ambición en el exceso desús 
temores que de sus apetitos, principalmente en lo ad- 
quirido con violencia. Ningún medio ofrece el temor, 
que no se aplique para su conservación ; ninguno de la 
linea del despojado, ó del que tiene pretensión al Esta- 
do , tan remoto , que no se tema. La tiranía ordinaría 
propone la extirpación de toda|; así lo praticó HucEbdo 
haciendo matar al hijo de Vitellío 3, y lo aconseja la es- 
cuela de Macavelo, cuyos discípulos, olvidados delejem- 
plo de David , qua buscó ios de la sangre de Saúl para 
usar con ellos de su misericordia * , se valen de los de 
algunos tiranos , como sí no se hubieran perdida todos 
con estas malos artes. Si alguno se conservó , fuá (co- 
mo diremos) trocándolas en buenas. La mayor parto 
de los reinos se aumentaron con la usurpación , y des- 
pués se mantuvieron con la justicia, jse legitimaron 
con el tiempo. Una extrema violencia es nn extremo 
peligro. Ocupú Ciro la Lidia, y despoja al tbj Cre- 
so ; si tuviera por consejero algún político destos tiem- 
pos, le propondría por conveniente qnitalle también 
la vida para asegurarse mas; peni Ciro le restituyó 
una ciudad y parte de su patrimonio, con que sus- 
tentase la dignidad real ; y es cierto que provocara el 
odio y las armas de toda la Grecia si se hubiera moc- 
trado cruel s. A Dios y á ios hombres lieiie contra si la 
tiranfa; y no faltan en estos casos medios suaves era 
que divertir el únimo, confundir la sangre, cortar la su- 
cesión , disminuir 6 trasplantar la grandeza , y retirar 
de los ojos del pueblo i quien puede aspirar «I Estado 
y ser aclamado señor; lo cual si se hubiera advertido 
en Portugal, no viéramos rebelados aquellos vasallos. 

Cuando es tan evidente el peligro , que obligue á la 
defensa y conservación natural, se le han de corlar las 
raices para que no pueda renacer, velando siempre so- 
bre él, porque no suceda lo que á los principes de Fi- 
iistea ; los cuales, cortado el cabello á Sansón, de don- 
de le procedían las fuerzas, se burlaban del, sin preve- 
nir que hahia de volver ú nacer, como sucedió^, yabrt- 
zadocnn las caluñas del templo, le derribó sobre ellos ^, 
con quémalo muchos masenemigos muriendo, que an- 
tes vivo s. 



* Hinsnram ditcordiim oblendens, ni senüDi 
■el.(Tic.,lll>.Í,Hl9l.| 

* Humqtild su|icresl illqai* de domo Sial , ni tadm ein ea 
miurlcardiim DFi* (3, Rf(. , 9.S.) . 

> Uiec demenlla noa mbus ilclari , i)iiM Tieto nllMs fail : tao- 
im «nim Craesl amor apad omnel urbes eral , ol patsarits Cjrai 
grave bellam Cnedie Talssel, si qnld crndellD) li Craeaiim cob- 
■Dlalíad. (Jutt. , Hi]i,l. I. ) 

fl JamijiiB capilll ejos reniiel coeperanl. iludie. , 16, K-l 

' Concnsiisiiieronilercalumals, ceddil dOBiiB ig|»r onnet 
l^neipes. ( Ib id. , t. 30.) 

■ Multoqde plores iniertecil marieas, qnam aate liint ociida> 
ni.(Jidic.,16,30.} 



vLaOOglC 



IDEA DE US PRÍiNOPE 
Persuada Umblen la ambición desordenada el opri- 
mir la libertad del pueblo, i bajar la nobleza, desliacer 
los poderosos, y reducillo todo í la autoridad real, juz- 
gando que entonces estará mas segura cuando fuere 
absoluta, y esturíere mas reducido el pueblo á la servi- 
dumbre : engaño con que la lisonja granjen la voluatad 
de tos prfncipesjlos pone en grandes peligros. La mo- 
destia es la qae conserra los imperios, teniendo el prin- 
cipe tan coiYegida su ambición , que mantenga dentro 
de los limites de la razou la potestad de su dignidad, el 
grado de la nobleut j la libertad del pueblo; porque no 
esdurable la monarquía que no está mezclada y consta 
de la arístocnicii y democracia 9. El poder absoluto es 
tirenfa; quien le procuro, procura su ruina. No ha de 
gobernar et principe como señor, sino como pad^e, co- 
mo administrador y tutor de sus estados lO. 

Estos desórdenes de ambición tos cria el largo uso 
de la domínacioo, que todo lo quiere para si, en que es 
menester que los principes se irenzau á si mismos, y se 
rindan á la razón , aunque es bien dificultosa empresa; 
porque mucbos pudieron vencerá otros, pocosásl mis- 
mos. AqneHa es fitoria de la fuerza , esta de Ib ra^n. 
No está la valenlia en vencer las batallas, sino envencer 
las pasiones, A los subditos liace modestos la obedien- 
cia y la Docesidad; á los principes ensoberbece la su- 
periondad y el poder. Has reinos derríbú la soberbia 
que la espada ; mas principes se perdieron por si mis- 
mos que por otros. Et remedio consiste en el conoci- 
miento propio, entrando el principe dentro desi mis- 
mo, y considerando que , si bien le diferencia el ceptro 
de los subditos, te eiceden muclios en Ins calidades del 
ánimo, mas nobles que su grandeza ; que si pudiera 
valer la razón, babia de mandar el mas perfecto ; que 
la mano con que gobierna el mundo es de burro, sujeta 
á la lepra y á las miserias humanas , como Dios se lo 
did á entender áMoisés o, para que, conociendo su mi- 
seria, se compadeciese de los' demás <^; que la corona 
es la posesión menos segura, porque éntrela mayoral- 
tura y el mas profundo precipicio no se interpone al- 
gún espacio 13; que pende do la voluntad ajena , pues 
si no le quisiesen obedecer, quedaría como los demás. 
Cnanto mayor fuere el principe, mas debe preciarse des- 
ta modestia , pues Dios do se desdetm della i'. La mo- 
destia que procura encubrir dentro de si á la grande- 
za, queda sobre ella como un rico esmalte sobre el oro, 
dándole mayor precio y (.stimacioii. Ningún arliGcio 

■ Qi]]eeip1ar1bn>coDitilRci|)ib1iu,inellor«s(.|Arl9t., Ilb.l, 
Pal., e. 4.) 

w Hdc eniíl sant otiiii) teiateait , Dt tíi , qai sob Impedg 
iiDl. BOD tpMnaii , sed pairen lamilUs , t ni Rcgcm iiiereiidei- 
lir, el rem non qiiii duminai, led qoasl procDniliir, d pnefcc- 
ini adalaiitn(s< " ■■oderité ihere, necquod nimioni eit secla- 
ti. iArisl.,]tb.S,Pal.,e. <l.i 

n Millc manniB Uaní Id sIddih tanoi ; qaioi con mjsslsicl In 
tiiBB, proulll Ittntia laslac dÍiís. lEíod. ,4.6.) 

t> Qnl cniidolere pouil Ib, qui i(niirant, et errant: quaniím 
«t ipjecirtnndiuseíllnllniíilale. (Ad Hebr.,5. í.l 

" Qaod ntiam «I, «I panu nnn sil ralni , el procnnlio , el 
dDBíDBs , (1 eiraifei! Nec laii inieriallls divissa, sed ¡ume mo- 

* NodesUie rima, quie neiine summls norlaliumlpenieiida 
- r.(Tac.,lib.l5,Aii.j 



POLÍTICO-CRISTIANO. IOS 

mas astuto en Tiberio que mostrarse modesto para ha- 
cerse mas estimar ; reprendiú severamente á los que 
Humaban divinas sus ocupaciones y le daban titulo de se- 
ñor 15. Cuando iba á los tribunales no quitaba su lugar 
al presidente, antes se sentaba en una esquina del (6. 
El que llegd al supremo grado entre los hombres , so- 
lamente bumill;iiidose puede crecer. Aprendan todos 
los principes & ser modestos, del emperador don Fer- 
nando e! Segundo, tan familiar con todos , que prime- 
ro se dejaba amar que venerar: en él la benignidad ; 
modestia se veian , y la majestad se consideraba. No 
era águila imperial, que con dosseveros rostros, desnu- 
das las garras, amenazaba itodas partes, sino am«^>- 
so pelicano, siempre el picó en las entrañas parada- 
lias á todos como á hijos propios. No le costaba cuida- 
da el encogerse en su grandeza y igualarse á los demás; 
00 era señor, sino padre del mundo ; y aunque el eice- 
so en la modestia demasiada suele causar desprecio, y 
aun la mina da ios principes, en él causoba mayor res- 
pelOj y obligaba á todas las naciones á su servicio y de- 
fensa : fuerza de una verdadera bondad y de un cora- 
zón magnánimo , que triunfa de sí mismo , superior á 
la fortuna. De todas estas calidades dejó un vivo retra- 
to en el presente emperador su hijo, con que roba los 
corazones de amigos y enemigos. Ninguna virtud mas 
conventeuteen el principe que la modestia; porque to- 
das serían locasen él, si ella no les compusiese el sem- 
blante y las acciones, sin consentilles que salgan de sf . 

En el gobierno es muy conveniente no tocar en los 
eilremos ; porque no es menos peligrosa la remisión 
que la suma entereza y puntualidad. Las comunidades 
monásticas pueden sufrir la estrechez de la obediencia, 
no las populares ; d pocos tendrá en duro freno et rigor 
exacto, no'á muchos. La felicidad civil consiste en la 
virtud, y estí en el medio ; así también la vida civil y el 
manejo de los estados, siendo tal el gobierno, que le 
puedan llevar tos pueblos, sin que se pierdan por la de- 
masiada licencia, ose obstinen por « 1 demasiado rigor. 
No ha de ser [a entereza del gobierno como debería ser, 
sino como puede ser l'; aun el de Dios se acomoda ¿ la 
flaqueza humana. 

Entre las extremos también se han de constituir lai 
partes del cuerpo de la república , procurando que en 
las calidades de ios ciudadanos no haya gran diferen- 
cia ; parque del exceso y desigualdad en las riquezas 6 
en la nobleza, si fuera mucha , naca en unos la sober- 
bia y en otros la invidia, y deltas las enemistades y se- 
diciones <8, no pndiendo haber amistad ú concordia ci- 
vil entre los que son muy desconformes en condición y 
estado, porque aborrecen todos la igualdad, y quieren 
mas, ó mandar siendo vencedores, ú obedecer siendo 

■s Arerbéiiiie iDcrepnil eos , qnl dlvlnii mu occopalloaej , ip. 
samiiae domlnDin dlieranl. iTic. , lib. t , Ana.) 
IB Assidebil in cemii TrlbuniUs. |Tae.,l. 1, Aid.) 
n Non eQlDi salam Reapublka, qnie apUmisil, conslderitl 
debet, sed etiim quae cdusUIuI giD&jil, pneterea qnie racillar, 
elcnaclU civitatlbiis commiiiiior babealur. (Arisl., lib. i. Pol., 



. (Arhl. , lib. i , c. S.) 



DO» DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



fencidos >9. Unos por altÍTOs pierden el respeto alas le- 
yes y desprecian la obediencia ; los otros por abatidos 
no la saben sustentar, ni'iienen temor á la brumia ni 
É la pena, y viene á ser una comunidad de señoresy es- 
clavos , pero sin respeto elitre si , porque no se miden 
con su condición. Los de menos cjilidad pretenden ser 
como Ips mayores ; los que en alguna son iguales ó ex- 
ceden , se imaginan que también son iguales ó que ex- 
ceden enlasdemásjtosque en todas se aventajan, no 
saben contenerse,ycon desprecio de los demás, todo 
lo quisieran gobernar , sin acomodarse á la obediencia 
de quien manda ni á la constitución y estilos de la re- 
pública ; de donde nace su ruina y conversión en otras 
formas, porque lodos anhelan y viven inquietos en 
ella*^, y si bien es imposible el dejar de bíber este con- 
traste en las repúblicas, por la diferencia en la calidad 
délas partes de que constan todas, con el mismo se 
sustentan, si es regulado, d se pierdan, si es demasia- 
do ; como sucede á los cuerpos con los cuatro humo- 

1* Sed Jim faiec (onsnetado In cliitilibns invaluil, nt bominet 
MqnaliUlem odio hibeinl, el mallnl, >ul iinperia poliri , aal ti 
tieti ruerinl , Imperio Mtatsae. |AriiU, lib. 4,Pol..c. il,) 

*> Ktm qni vlrtuie pneitanl. iniqgo animo sibi indiiuiares 
aeqaarL palcrentnr : qDamobrem suept; taaspltite , et seditlones 
commotere noianur. lArlsi., Ilb. i, Pol.,c. 5.) 



res, que, aunque la sangre es mas noble, y roas podero- 
sa la cólera que los demás, se manlienen entre sí mien- 
tras no es grande la desigualdad de alguno dellos ; por 
lo cual, solo aquella república durará mucho que cons- 
tare de parles medianas y no muy desiguales entre ^. 
El eiceso de las ríquesas en algunos ciudadanos causó 
la roina de la república de Florencia y es hoy causada 
las inquietudes de Genova. Por estaren Ven eci a mejor 
repartidas se sustenta portantes siglos; y si hay peli- 
gro ó inconveniente en su gobierno, es por la mucha 
pobrera de algunos del magistrado. Si se conserra coa 
este desurden y exceso-de sus parles alguna repúblici, 
es á fuerza de la prudencia y industria de quien go- 
bjema , entreteniéndola con el temor d la ley , con na 
injuriar ni quitar sus privilegios y comodidades d los 
menores, bon divertir en la'admiuistracion y cargos 
mayores, con no oprimir , antes cebar con esperaazas, 
á los de gran espirilu ; pero esto durará mientras hu- 
biere prudentes gobernadores, y las repúblicas no pue- 
den vivir con remedios temporáneos, que penden del 
acaso; conveniente es que en la primera institución lie- 
lias esté prevenida el modo con que se corrijan eslos 
eicesos antes que sucedan. 



EMPRESA XLII. 



A la benignidad del presente pontiGce Urbano VID 

debo el cuerpo deata empresa , habiéndose dignado su 
beatitud de mostrarme en una piedra preciosa, escul- 
pida desde el tiempo de los romanos , dos abejas que 
tiraban un arado, hallada en esta edad; presagio de la 
eialtacion de su noble y antigua familia , uncidas al 
yugo triunfante de la Iglesia lus insignias de susarmas; 
ycargandoyolacoosideractóii,seme representó aquel 
prodigio del rey Wamba i, cuando estíndole ungiendo 
el arzobispo de Toledo, se viú que le salla una abeja de 
la cabeza, que voló hacia el cielo, anuncio de la dulzu~ 
rade su gobierno; de donde inferí que quisieron los 



1. GiMlie.,Re|.,Hir. ,dcre 



isHisp.,llb.«. 



antiguos mostrar con este símbolo cuánto convenia sa- 
ber mezclar lo útil con lo dulce, e! arte de melificar 
con el de la cultura, y que le convendría por mote el 
principio de aquel verso de Horacio : 

Omu tttUUftiuliám, ful nlanil níile dtlei. 
En esto consiste el arte de reinar ; esta fué en el 
mundo la primer política. Asi lodiú á entender !afi- 
losofia aoiigua, ungiendo que Orfeocon su lira iraiai 
si los animales, y que las piedras corrían al sondéis 
arpa de Antion, conque edificólos mures de la ciudad 
de Tébas , para signiGcar que la dulce enseñanza de 
aquellos grandes varones fué bastante para reducir los 
hombres, no menos lieros que las Seras, y con menos 



yLlOOglC 



IDEA DE UN PRINCIPE 
«ntimientodersion que las piedras, á laarmonfa de 
lis lejes y ala compañía civil. 

Sihetlrtt ikHBl«;i itcer tnlerpretqite Dtorum 
CtáOtí, a ficta fatii, itUrml Orpkeía, 
Dielai ai luc Itñri ligrn, raMoijta Itna, 
DieOu elAivÁim TMatai eeiuíiter irMí, 
Sáxa lUBVtrt («M tataiuúj, ti prece ilandt 
Bteers, páa ttllel. (Horac.) 

Destas artes ban usado todas las repúblicas para ins- 
truir el pueblo, mezclándole la enseñanza con lo dulce 
(le tos juegos y regocijos públicos. Al monte Olimpo 
concurría toda Grecia ¿ hallarse en las contiendas Olim- 
pias, pclias, nemeas, y istmias : unos por la curiosidad 
de»erlas,yotrosporfíanarlospremiospropnestos;ycon 
esta ocasión se ejercituban las Tuerzas, se hacian sacrifi- 
ciosá los dioses, y se trataban los negocios mas impor- 
tantes al gobierno deaquellus provincias. Las comedías 
y tragedias se inventaron para purgar iosaFectos;los6la- 
diatores en tiempo de los romanos y los toros en Es- 
pana (que también lo terrible divierte y entretiene), pa- 
ra afinnarel inimo, que ni la sangre vertida ni los es- 
pectáculos de la muerte le atemoricen; las ludias, los 
torneos, las cafiasy otras Prestas semejantes, escuela son 
donde se aprendan losarles militares, y juntamente 
son de gusto y divertimiento al ánimo. Así conviene 
traer al pueblo con dulzura á las conveniencias del 
principe ; é sus desinios ; caballo es que se rinde al 
halago, y pasándole suavemente la mano , se deja do- 
mar, admite el bocado, y sufre después el peso, la va- 
ra y el hierro. No puede el pueblo tolerar el demasia- 
do rigor ni la demasiuda blandura ; tan peligroso en ét 
(s el exceso de la servidumbre como el de la liberted^. 
Los principes que faltaron ácsta consideración eipe- 
rimentaron los efetos de la multitud irritada; no siem- 
pre se pueden curar con el hierro y et Tuego las enfer- 
medades envejecidas : menester son medicinas suaves, 
¿cuando Tnere fueria que sean pildoras amargas, es 
biea doraltas, y engañar la vista y el gusto; pero no 
conviene que sepa et pueblo los ingredientes de las re- 
soluciones y consejos del príncipe hasta que los beba 
con algún preteito aparente. 

Lo peligroso y duro de ta guerra se hace suaveal que 
obedece, con la blandura del que manda ; asi Germáni- 
co, para tener obedientes las legiones de Alemania y 
mas dispuestas á la batalla , solía visitar los soldados 
heridos, y mirando sus heridas, alababa sus hechos , y 
i unos con ta esperanza, áolroscon la gloria, y á todos 

piti 



POLÍTICO-CRISTIANO. i<n 

con las palabras y el cuidado , granjeaba para sí y ani- 
maba para la batalla 3. 

Esta benignidad no obra por si sola; menester es 
que también se halle' en el que manda alguna excelen- 
cia de virtud , paru que , si por aquella es amado , sea 
por esta estimado. Huchas veces es un príncipe ama- 
do por su gran bondad , y juntamente despreciado por 
su i II suficiencia. No nace el respeto de lo que se ama, 
sino de lo que se admira; á mucho obliga el que, to^ 
niendo valor para hacerse temer, se hace amar; el que, 
sabiendo ser justiciero , sabe también ser clemente. A 
flojedad y ignorancia se interpreta la benignidad en 
quien no tiene otrasvirtudes excelentes de gran gober- 
nador. Tanto pueden estas eu un [u-incípe , que hacen 
tolerable su aspereza y rigor , recompensado con e|la8; 
aun los vicios grandes se excusan ó se disimulan en 
quien tiene también grandes virtudes. 

En las negociaciones es muy conveniente mezclarla 
dulzura con ,1a gravedad y las burlas con las veras, co- 
' mo sean á tiempo y sin ofensa del decoro ni de la gra- 
vedad déla materia; en que fué muy sazonado el em- 
perador Tiberio *. No hay quien pueda sufrir una se- 
veridad raelancúlica, tiradas siempre las cejas en los 
negocios , pesadas las palabras y medido el movi- 
miento. A su tiempo es gran prudencia interponer en 
los consejos algo de locura ^ , y entonces es sabiduría 
un despropásito S. Lo festivo del ingenio y un mote en 
su ocasión suele granjear los ánimos y reducir los mas 
ásperos negocios al fin deseado ; y tal vez encubre la' 
intención , burla la nlalicta, divierte la ofensa , y des- 
empeña el responder ápropúsito en loque no conviene. 

También se lian de mezclar las negociaciones con 
ta conveniencia del que procuramos persuadir, inte^ 
sdndole en ellas; porque todos se mueven por las co- 
modidades propias, pocos por sola obligación 6 gloria. 
Para incitar Seyano á Druso á liynuerte de su herma- 
no Nerón, le orrojd delante la esperanza del imperio ^. 
La destreza de un prudente ministro consiste en facili- 
tar los negocios con las intereses ajenos, disponiendo 
de suerte el tratada , que estos y los de su príncipe 
vengan á ser unos mismos. Querer negociar con solas 
conveniencias propias es subir el agua por arcaduces 
rotos ; cuando unos la reciben de otros, ayudan lodos. 
■ Circumlrc sancios, fir.ti singuloram eitoUcre, tolnen in- 
ucns.illiiiii spe, iliiim gloria, cüdcuj lUoqnlo, el cara slblqn*. 



Ana.) 

X MisMK atuliitíiin consUili breiem. (Horat.) 

A Preilosior eii saplíaUa , el gloria , pirn , el *i tempni itnl- 
t¡l)a.|ecc1es.,10,l.) 

' Qnl rrairem qnoqne Nemnii Drosan tnilt In parles , ipe ob- 
leeta Principls lacL (Tac. , lUi. 4, Ain-j 



ivGoosle 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



EMPRESA XLin. 



Todas las cosas animadas 6 inanimadas soa litijas 
desle gran libro del mundo, obra de la naluraleza, 
donde la divida Sabiduría escribid todas las sciencias 
para que nos enseñasen y amoueslaseit ú obrar. No be; 
virtud moral que no se baile en las animales. Can ellos 
mismos nace ¡a prudencia prática; en nosotros se ad- 
quiere con laenseñanza y la experiencia. De ios animales 
podemos aprender sin coufusionó vergüenza de nuestra 
rudeza, porque quien euseña en ellos es el mismo Au- 
tor de las cosas. Pero el vestimos de sus naturalezas , 
6 querer imitallas para obrar , según ellos , irraciaual- 
mente, llevados del apetito de los afectos y pasiones, 
seria hacer injuria á la razón, dote propio del bombre, 
coA que se distingue de los demis animales y merece 
el imperio de todos. En ellos, faltando la razón, falte la 
justicia, y cada uno atiende solamenle-ásu conserra- 
cioD, sin reparar en la%juria ajena. El booibre justiGca 
sus acciones j los mide con la equidad , no queriendo 
para otro lo que no quisiera para si. De donde se in- 
fiere cuín impío y feroz es el intento de .Macavelo , que 
forma á su principeconotro supuesto, ó iiaturulcza de 
león ó de raposa, para que lo que no pudiera alCBn7Ar 
con la razón, alcance con la fuerza y el eJifiaüo; en 
que tuvo por maestro á Lisandro , general de los lace- 
demonios, que aconsejaba al príncipe que donde no 
llegase la piel de lean , lo supliese cosiendo la de ra- 
posa! y valiéndose de sus artes y engaoos. Antigua 
fué esta dotrina. Polibio la reüere de su edad y de tas 
pasadas, y la reprende *. El rey Saúl la pudo ense- 
ñar á todos. Esta mAiima con el tiempo |ja crecida, 
pues no bay injusticia ni indignidad que no parezca 
honesta á los políticos como sea en orden á dominar 3, 

• Qaolconls pellii ilUafcreiioa potesi, Priacipl iisnendim 
Tulpinim. iPlulirch.) 

1 Fuií. cal In meuiidls iFgoUli dolm nulas placercí, qgem 
Re[i convcDire sins ncmo diiecil, clsl aan dcsum. qal in um 
erebo USD hafít doK mali , necessirium eum esse diunl id fO- 
blicarum rcram admlnis 

* Nibii j^orlosaní als' 
si a boncsU, (Salait.) 



juzgando que vive de merced el príncipe! quien solo lo 
justo es licito* ¡con que ni se repara en romperla pa- 
labra ni en faltar i lu fe y á la religión, camocotiTeii- 
ga á la conservación y aumento del Estado. Sobre esiK 
funilamentos falsos quiso edificar su fortuna el duque 
Valentín ; pero autes de vella levantada, cayó tan deslit- 
cba sobredi, que ni aun fragmentos 6 ruinas guedarao 
della. ¿Qué puede durarlo que se funda sobre el engs- 
ño y la mentira? ¿Cúmo puede subsistjr lovioleulo! 
¿Qué lirmeza habrá en los contratos si el prÍDcipe, 
que ba de ser la ^seguridad dellos , falta i la fe públi»! 
¿Quién se (lari del? ¿Como duraré el imperio en quien, 
ó no cree que Lay Providencia divina , ó Ga ma de m 
artes que della ? No por esto quiera al principe taa be- 
nigno, que nunca use de la fuerza, ni tan candida y sen- 
cillo , que ni sepa disimular ni cautelarse contra el en- 
giiño ; porque ^iviria eipuesto á la malicia , y lodos se 
burlarían del. Antes en esta empresa deseo que lengí 
valor ¡ pera no-aquel bestial y irracional de las BerdS, 
sino c) que se acompañA con la justicia, sigDilicadíi 
en tá piel del león, símbolo de la virtud, que por esto 
la dedicaron & Húrcules. Tal vez conviene al priucipe 
cubñr de severidad la frente y oponerse al engaño. So 
siempre lia de parecer liumuno. Ocasiones bay en fut 
es menestler que se revista de la piel dellcon,y<luí 
sus vasallos y sus enemigos le vean con garras j laa 
severo , que no se le atreva el engaño con las palubris 
halagüeñas de que se vale para domesticar el ánimo de 
los príncipes. .Esto parece que quisieron dar á enleu- 
derlos egipcios poniendo una imagen de león sobre la 
cabeza de su priucipe. No hay respeto ni revcreucii 
donde no bay algún temor. En penetrando el puebla que 
no sabe enojarse el principe y que lia de bailar siem- 
pre en él un semblante apacible y benigno, le despre- 
cia ; pero no siempre lia de pasar é ejecución esla seve- 
ridad , cuando basta que como amenaza obre, y evloo- 



.LiOOglC 



IDEA t>E UN PRINCIPE 
«DO te bi de perturbar el áDfmo del principe ; sírvase 
sohmenle de lo severo de la frente. Sin descomponerse 
([ÍMonipensBreneldañoABlosanimales, las atemoriza 
coDSuTÍstiisolBmeiiteí>: tal es la fuerza de la majestiid 
di sus ojos. Pero porque alguna m conviene cubrir la 
tatm con la astucia , y la indignación con la benigni- 
did , disimulando 7 acomoddndose al tiempo y á lasper- 
soaas, se corona en esta empresa la frente del león , no 
coalas artes de la raposa, viles y fraudulentas, indig- 
nan de la generosidad y corazón magniinimo del prin- 
cipe , sino con las sierpes, sfmbolo del imperio y de la 
mtjesltdpnidente y vigilante, y jeroglifico en las sa- 
gradas letras de la prudencia ; porque su astucia en de- 
Eeodtr le cabeza , encerrar las orejas al encanto, y en 
¡isdemás cusas, mira á su defensa propia; no al daño 
ijeno. Con este lln y para semejantes casos se díd á 
Kla empresa el mole : Üt iciat regnare; sacado de 
«juella sentencia que el rey Ludovico XI de Francia 
quise que solamente aprendie») su hijo Carlos VIH : 
()ñnadliliiNrrmlare,nescitrégnat'e; en que se in- 
claje toda la sciencia de reinar. Pero es menester gran 
idierlenctB, para que ni la fuerza pase á ser tiranía, ni 
kdisLDiulBcioa ó astucia á engaño, porque son medios 
mu; vecinos al vicio. Juste Lipsio 6, díBoiendo en los 
casos políticos el engaño , dice que es un agudo con- 
sto qne declina de la virtud y de las leyes por bien del 
rejy del reino ; j huyendo délos eitremos de Uacavelo, 
"í pareciéadole que no podria gobernar el principe sin 
algunifriude d engaño , persuadid el Tere, tolerú el 
medioycdodenó el grave; peligrosos conGnes'para el 
pnncipe. jQuiéo se los podrá señalar ejustadamenteT 
Na han de ponerse tan vecinos los escollos á la navega- 
ción política. Harto obra en muchos la malicia del po- 
dery la ambición de reinar. Si es vicioso el engaño , vj- 
rioso seri en sus partes , por pequeñas que sean , y in- 
digDo del principe. No jufre mancha alguna lo precioso 
de la púrpura real. No bay átomo tan sutil, que no se 
descubrtyareelus rayos destos soíesde la tierra. ¿Co- 
ma se puede permitir una acción que decliua de la vir- 
iDdydehts leyes, en quien es alma dellas? No puede 
baber engaño que no se componga de la malicia y de la 
mentira , y ambas son opuestas á la magnanimidad 
real; y aunque dijo Platón que la mentira era so- 
brada en los dioses, porque no necesitaban de alguno, 
pero DO en los principes, que han menester & muchos, 
7<pwisi se lespodia conceder alguna vez, lo que es 
ilícita nunca se debe permitir, ni basta sea el Un ho- 
nesto para usar de un medio por su naturaleza malo. 
Salaraente puede ser licita la disimulación y astucia 
cuando ni engañan ni dejan manchado el crédito de] 
principe; y entonces no las juzgo por vicias, antes 6 
por prudencia , ó por virtudes hijas della, convenientes 
yoecesarias en el que gobierna. Esto sucede cuando 
la prudeoc¡a,advert¡da en su conservación, se vale de 
li astucia para ocultaf-las cosas según las circunstan- 

* Ln rorlisslmns bestianuii, td nalllus pivebll occannni. 
(PniT.,J0,30,) 
Uips. , te dill. iatt. , Ub. 4 , e. U. 



POLÍTICO-CRISTIANO. j09 

cias del tiempo , del lugar y de las personas , conser- 
vando una consonancia entre el corazón y la lengua, 
entre el entendimiento y las palabras. Aquella disimu- 
lación se debe huir que con fines engañosos miente con 
las cosas mismas ; la que mira S que el otro entienda 
lo que no es , no la que solamente pretende que no en- 
tienda lo que es ¡ y asi , bien se puede usar de palabras 
indiferentes y equívoces , y poner una cosa en tugar de 
otra con diversa signilicacion , no para engañar, sino 
para cautelarse ó prevenir el engaña , ó para otros Snei 
lícitos. El dar d entender el mismo Maestro de la ver- 
dad á sus disflipulos que quería pasar mas adelante del 
castillo de Emaús'^, las locuras fingidas de David de- 
lante del rey Achis 8 , e! preteito del sacrificio de Sa- 
muel^ , y las pieles revueltas á las manos deJacobW, 
Fueron disimuiociones licitas, porque no tuvieron por 
fin el engaño, sino encubrir ot^ intento ; y no dejan de 
ser licitas porque se conozca quedeílas seha de seguir 
el engaño ajeno; porque este conocimiento no es ma' 
licia, sino advertimiento. 

Estas artes y trazas son muy necesarias cuando so 
trata con principes astutos y fraudulentos ; porque en 
talescasos la severídod y recato, la disimulación en el 
semblante, la generalidad y equivocación advertida en 
las palabras para que no dejen empeñado al principo 
ni den lugar á los desiuios 6 al engaño ,< usando de se- 
mejuntes artes , no para ofender ni para burlar la Fe pú- 
blica, ¿qué otra cosa es sino dobUir las guardas al 
ánimo ? Nucía seria la ingenuidad que descubriese el 
corazón, ypcligrosoel imperiosinel recalo. Decirsiem- 
pre la verdad seria peligrosa sencillez , siendo el silen- 
cio el principal instrumento de reinar.'Quien la entre- 
ga ligeramente á otro, le entrega su misma corona. 
Mentir no debe un príncipe; pero se le permite callar 
ocelaria verdad, yno ser ligeroenelcréilílonienla 
confianza , siuo maduro y tardo , para que, dando lugar 
á la consideración , no pueda ser engañado : parte muy 
necesaria en el principe, sin la cual estaría sujeto á 
grandes peligros. El que sube mas y ha visto mas, cree 
yfia menos, porque ú la especulación, ó la prdtíca j 
eipcriencia le hacen recatada. Sen pues el ánimo det 
principe candido y sencillo , pero advertido en las artes 
y fraudes ajenas. La misma eiperiencía diclarí los 
casos en que ha de usar el principo destas artes, cuan- 
do reconociere que lo malicia y doblez de los que tratan 
con él obliga á ellas ; porque en las demás acciones 
siempre se ha de descubrir en el principe una candidez 
real, de la cual tal vez es muy conveniente usar aun 
con losmismos que lequieren engañar; porque estos, si 
la interpretan á segundos fines , se perturban y desati- 
nan, y es generoso engaño el de la verdad, y sise ase- 

1 El Ipse 9C flniU loniiai Iré. (Lac. . £4 , 18.) 

eoram, el Implngebil la o^lia porlae, d ella ebiD [que lalivao eJBi 
ln barbara. (l.ReB., 11. 13.1 

landüm notnlUB veni. (1 , Reg. , 16, 1.) 

I" Prllicalasque baedorom circaaledll mmlbaí , el colli oadi, 
proleiil. (Gen,, IT, IB.) 

ü|..c.,LiOOglC 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



guran della , le hacen dueño de lo mas iotimo del alma, 

síd armarse contra él 'de segundas artes. ¿ Qué redes no 
se ban tejido , qué estratagemas no se han pensado 
contra la astucia y malicia de la raposa? ¿ Quién puso 
asechanzas & la sencillez doméstica de las golondrinos? 
Los principes estimados en el mundo por gobernado- 
res de mucha prudencia y espirilu, no pueden tts&r 
desle arte , porque nadie piensa que obran acaso ú sen- 
cillamente. Las demostraciones de su verdad se tie- 
nen por apariencias. Lo que en elloses advertencia, se 
juzga por malicia ; su prudencia por disimulación , y su 
recato por engaño. Estos vicios impusieroD al Rey Ca- 
túlico, porque con su gran juicio j eiperieocias eu la 
paz y en la guerra conocía el mal trato y poca Te de 
aquellos tiempos, y con sagacidad se defendia, obrando 
de suerte quesus émulos yenemigos quedasen en reda- 
dos en sus mismas artes, úque fuesen estas frustradas 
conelconsejoyconel tiempo. Foresto algunos princi- 
pes Gngen la senciUez y lamodestia para encubrir mas 
sus fines y que no los alcance la malicia , coma lo hacia 
Domiciano II . El querer un principe mostrarse sabioen 
todo, es dejar de serlo. El saber ser ignorante á su 
tiempo, es la mayor prudencia. Ninguna cosa mas con- 
veniente ni mas diñcuttosa que moderar lo sabiduría : 
en Agrícola lo alabó Tácito >i. Todos se conjuran con- 
tra el que mas sabe ; ó es invidia ó defensa de la igno- 
rancia , si ya no es que tienen por sospechoso lo que no 
alcanzan. En reconociendo SauIqueeraDavid muy pru- 
dente, empezú á guardarse dél i3. 



« simal simpliciuus, m nadtsiii 


imtEine in tltiíadloem 




qno Tclirel intuiDm. |T>e. , 1. i, Hlsl.) 




•IRellnnnpe.qgad diracillimum < 


1, ex iiplenUí modam. 


(Tie.,in vil. Agrle.l 




«. Viill ttiqae S»a\ quod prudeui es 


elnlmis, etcocpileivere 


caiB.(l,Reg.,18.1S.| 





Ot^s príncipes se muestran divertidos en sos tcc¡i>> 
nes, porque se crea que obran acaso. Pero es tal h nit- 
licia de la política presente , <fue , na solamente peneln 
estas arles, sino calumnia la mas pura sencilleí , con 
grave daño de ta vardád y del sosiego público ; no lii- 
biendo cosa que se interprete derocljamente ; j como 
la verdad consiste en un punto , y son inGnilos ios que 
están en la circunferencia , donde puede dar la malicii, 
nucen graves errores en los que buscan alas obrasy pa- 
labras diferentes sentidos de lo que parecen y suenas; 
y encontrados asi los juioios y las intenciones, se anau 
de artes unos contra otros , y viven lodosen perpetuis 
desconfianzas y recelos. El mas ingenioso en las sospe- 
chas es el que mas lejos da déla verdad, porque conli 
agudeza penetra adentro mas deloqueordinariameole 
se piensa ;ycreemosporciertoen los otros loque en nos- 
otros es engaño déla imaginación. Asi al navegante le pa- 
rece que corren losescollos, y es él quien semueve. Las 
sombres de la razón de estado suelen ser mayores que 
el cuerpo , y tal vez se deja este y se abrazan aqutllat; 
y quedando burlada la imaginación , se recibe mayor 
daño con los reparos queel que pudieraliacer lo que se 
temía, i Cuántas veces por recelos vanos se arma ud 
principe contra quien no tuvo pensamiento de ofende- 
lie, y se empeñan las armas del uno y del otro, redu- 
cido á guerra lo que antes fué ligerav mal fundadi 
presunción I A estos sucede lo que á los bajeles, que 
cuanto mas celosos , mas presto se pierden. No repnie- 
bo la disidencia cuando es hija de la prudencia , como 
*decimosen otra parte , sino acuso que falte siempre la 
buena fe, sin la cual ni babrá amistad ni parentesco 
firme ni contrato seguro , j quedará sin fuerzas el it- 
recbo de las gentes, y el mundo en poder del engaño. 
No siempre se obra con segundas intenciones, km 
el mas tirano suele tal vez caminar con honestos fines. 



EMPRESA XLIV. 



Dudoso es el curso de la culebra , torciéndose á una 
parte y á otra con tal incertidumbre , que aun su mis- 
mo cuerpo no sabe por dundo le lia de llevar la cabeza; 
señala el moñmienlo i una parte, y le hace á la contra- 



ria, sin que dejcnlmellas sus pasos ni se conozca la in- 
tención de su viaje t. Asi ocultos han de ser los consejos 
y desinios de los principes. Nadie lia de alcanzar adúode 
> Sed aetcls vade veilit, ni qB6 ndil. (iou. .3,8.) 

C^jucc.yLiOOglC 



IDEA DE UN PRlNCIt>B 
na eocftminkdos, procaraüdo imitar á aquel gran Go- 
bernador de lo criado , cujos pasos no hay quica pueda 
eotenderS : por esto dos serafines lo cubrían los pies 
coa sus alas 3. Con tanto recato deben tos príacipes ce- 
lar sus consejos, que tal Tez ni aun sus mioistros tos 
penetren; antes los crean diferentes y sean los pnme- 
ros que i¡ueden engañados , paraque mas naturalmen- 
te j con mayor eficacia , fin el peligro de la disimula- 
ción , que fácilmente se descubre , afirmen ; acrediten 
lo que no tienen por cierto , y beba el pueblo detlos el 
engaño , con que se esparza y corra por todas partes. 
Asi lohizoTiberíocuando, murmurando de que no pa- 
saba á ([Uietar las legiones amotinadas en Hungría y 
Gemiania , fingid que quería partir; y engañando pri- 
mero á los prudentes, engaña también al pueblo y ¿las 
povincias *. Asi también lo hacia el rey Filipe II, 
encubriendo sus fines á sus embajadores , y señalán- 
doles otros cuando conrenía que los creyesen y per- 
suadiesen á los demás. Destas arles no podrá valerse 
el principe si su ingenuidad no es tan recatada , que 
no (té lugar á que se puedan averiguar los movimientos 
de su ánimo en las acciones del gobierno , ni á que le 
ganen el corazón los émulos y eoemigos; antes se les 
deslice de las manos cuando piensen que le tienen asi- 
do. Esta disposición del hecho en que el otro queda en- 
gañado, mas es defensa que malicia, usándose delta 
cuando couTenga , cómo la usaron grandes varones. 

i,Qué obligacioa hay de descubrir el corazón, á quien 
no acaso escoudió la naturaleza en el'retrete del pe- 
cho? Auo eslas cosas ligeras 6 muy distantes es daño- 
sa la publicidad, porque dan ocasión al discurso para 
Tvtreallas. Con estar tan retirado el corazón, se co- 
nocen sns achaques y enfermedades por soto el movi- 
miento que participa á las arterias. Pierde la ejecución 
su fuerza, con descrédito dé la prudencia del priucipe, 
si se publican sus resoluciones. Los desin>os ignora- 
dos amenazan á todas partes y sirven de diversión al 
enemigo. En la guerra, mas que en las demás cosas del 
gobierno, conviene celallos. Pocas empresas descu- 
biertas tienen feliz suceso. -¡Qué embarazado se baila 
el que primero se vi6 herir que relucir el acero, y el 
que dispertó al ruido de las armas! 

Esto se ha de entender en las gnerras contra infieles, 
no en las que se hacen contra cristianos, en que se 
debieran mtimar primero para dar tiempo á ta satisfa- 
cion, con que se sicusarían rouclus muertes; siendo 
esta diligencia parte de justificación. En esto fueron 
muy loables los romanos, que constituyeron un cole- 
gio de veinte sacerdotes , que llamattan feciales, para 
intimar las guerras y concluir la paz y hacer ligas ; los 
cuales eran jueces de^mejantes causas , y las justifi- 
calnn, procurando que se diese satisf ación delosagra- 
vios 7 ofensas recibidas , señalando treinta y tres días 
de término, en el cual , si no se componían las diferen- 

1 El viu miis qni» imemfll? (Bcd, , 18 , ».) 
> Etdnjboi ilis telibaal pede! pjbI. {laii-, 6, i.) 
* Primo pmdEDiei, déla tslfam , dintJtilmé proilnelai tefellit. 
(Tm. , llb. 1 , Au.) 



POLÍTICO-CRISTIANO. i i 1 

cias por via de justicia 6 amigable composición , se in- 
timaba la guerra, tomúndolo por testimonio de tres 
hombres ancianos, y arrojando en el pais enemigo una 

lanza li errada. 



Desde aquel dia comenzaban las hostifidades y corre- 
rías. Desta intimación tenemos muchos ejemplos en las 
sagradas letras. Eligido Jeph por principe de los israe- 
litas contra los ammonitas , no levantó las armas hasta 
haberles enviado embajadores á saber la causa que los 
movia á aquella guerra^. íio se usa en nuestros tiem- 
pos tan humano y generoso eslilo. Primero se ven los 
efetos de la guerra que s» sepa la causa ni se penetre 
el desinio. La iuvasion impensada hace mayor el agra- 
vio y irreconciliables los ánimos; lo cual nace de que 
las armas no se levantan por recompensa de ofensas ó 
por satisfacción de daños, sino por ambición ciega de 
ensanchar los domiaios , en que ni á la religión ni á ta 
sangre ni á ta amistad se perdona , confundidos los de- 
rechos de ta naturaleza y de las gentes. 

En las sospechas de ioJidelidad conviene tai vez que 
tenga el principe sereno el semblante, sin darse par en- 
tendido deilas ; antes debe confirmar los ánimos con el 
halago y el honor y obllgallos ¿ la lealtad. No es siem- 
pre seguro ni conveniente medio el del extremo rigor : 
las nunasquesecortan,se pierden, porque no pueden 
reverdecer. Esto obligó á Itfarcello á disimular con Lu- 
cio Bancio de Nota, hombre rico y de gran parcialidad ; 
y aiuique sabia que hacia las partes de Aníbal , le llamó, 
y le dijo cuan emulado era su valiv y cuan conocido de 
los capitanes romanos , que habian sido testigos de sus 
hazañas en la batalla de Canas, itónrale coa palabras j 
te mantiene con esperanzas; ordena que se le dé libre 
entrada en las audienclasj y de tal suerte te deja con- 
fundido y obiigodo , que no tuvo después la repúbfica 
romana mas fiel amigo. 

Esta disimulación ha de ser con gran atención y pru- 
dencia ; porque, si cayese en ella el que maquina , cree- 
ría que era arte para castigalte después, y daría mas 
presto fuego á la mina, ose preservaría coo otros me- 
dios violentos ; lo cual es mas de tem^r en los tumultos 
y delitos de la multitud. Por esto Fabio Vatente, aun- 
que no castigó los autores de una sedición, dejó que 
algunos fuesen acusados '. Pero, como quiera que difi- 
citinentese limpia el ánimo de les traiciones concebí- 
das,^ que las ofensas á ta majestad no se deben dejar 
sin castigo, parece que solamente copviene disimular 
cuando es mayor el peligro de la declaración ó impo- 
sible el castigar á muchos. Esto consideraría Julio Cé- 
sar cuando, liabiendo desbalijado un correo despacha- 
do á Pompeyo con cartas de la nobleza romana contra 
él , mandó quemar la balija , teniendo por dulce mane- * 
TB de perdón ignorar el delito. Gran acto de magnani- 

■ TI^.,l.9.Aeiield, 

* El misil hdiiUoi ad Reiem Blioram Ammon, qal ex penona 
£B) dicereni : Quid mlbl el Ubi esi, qnla tedIiU coulrane,!! 
mUreí lemm meirnT |Jiid.,I< , a.) 

' KediniBiliMMipectlarrbrel. (Tu.,Ilb. l.tDU.) 



vLioóglc 



112 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



midad Y 6''"" prudeocis, no pudiendo castigar i lan- 
íos, no obligarse í disimular con ellos. Podríase tam- 
bién hacer luego la detnoslracion del castigo con los de 
baja condición y disimular con los ilustres, esperando 
mas segura ocasión para castígallos * ; pero cuando no 
hay peligro eu el castigo, mejor es asegurar con él que 
coolíar en la disimulación; porque esta suele dar ma- 
yor brío para la traición. Trataba Hanon de dar veneno 
al senado de Cartago; y sabida la traición, pareció á 
aquellos senadores que bastaba acudir al remedio , pro- 
mulgando una ley que ponia tasa á los convites ; lo cual 
dio ocasión á Hanoa para que intentase otra nueva trai- 
ción contra ellos. . 

El arle y astucia mas conveniente en el príncipe, y la 
di«mu)acion mas permitida y necesaria , es aquella que 
de tal Snerte sosiega y compone el rostro, las palabras 
y acciones contra quien disimuladamente trata de en- 

.gañalle, que no conozca haber sido entendido; porque 
se gana tiempo para penetrar mejor y castigar ó bur- 
lar el engaño, haciendo esta disimulación menos solíci- 
to al agresor, el cual, una vezdescubierlo, entra en te- 
mor, y le parece que no puede asegurarse sino es lle- 
vando al cabo sus engaños ; que es lo que obliga á 
Agrippina á no darse por entendida de la muerte que le 
babia trüzadosu bijo Nerón, juzgando que en esto con^ 
sistía su vida 9. Esta disimulación 6 fingida simplicidad 
es muy necesaria en los ministros que asisten i prfnci- 

. pes demasiadamente astutos y doblados, que hacen es- 
ludio de que no sean penetradas sus artes ; en que fué 
gran maestro Tiberioio. Della se valieron los senadores 
de Boma cuando el mismo Tiberio, muerto Augusto, 
les di6 á entender ( para descubrir sus añinos) que no 
quería acetar el imperio porque era grave su peso ; y 
ellos con estudiosa ignorancia y con provocadas lágri- 
mas [ffocuraban tnducille á que le acetase, temiendo 



■ SÓlom lislditrom renedjnm tttt , *i non UleUiíiírentar. 

'ic.,lib.U,ABn,) 

<* GoninllatabltaM. (T>c.,l)b. 13,Ánii.) 



n o llegase fi conocer ^ue penetraban sus artes^i. Ab«t< 
recen los principes injustas á los que entienden su; 
malas ínteDcioues, y los tienen por eaemigos; quie- 
ren un absoluto imperio sobre los ánimos, nosujeloí 
k ialeligeocia ajena, y que ios entendimientos de I» 
subditos les sirvan tan vilmente como sus cuerpos, te- 
niendo por obsequio y reverencia que el vasallo no en- 
tienda sus arteslí ; por lo cual es ¡licito y peligroso oUi- 
gara] príncipe á que descubra sus pensamientos ocul- 
tos 13. Lamentándose Tiberio de que vivía poco seguro 
de algunos senadores , quiso Asinio Gallo saber del los 
que eran, para que fuesen castigados; y Til^rio lieií 
mal que con aquella pregunta intentase descubrir lo 
que ocultaba». Mas advertido fué Germánico, quesaiv- 
que conocía las artes de Tiberio , y que le sacatia de 
Alemania por cortar el bilo de sus glorías , obedeciií sin 
darse por entendido is. Cuando son inevitables los mui- 
datosdel principe, es prudencia obedecellos y afeclarlt 
ignorancia, porque no sea mayor el daño. PoreeloAr- 
quelao , aunque conociú que la madre de Tiberio le lli- 
maba á Roma con engaño, disimuló y obedeció, te- 
miendo !a fuerza si pareciese baberlo entendido le. 
Ksta disimulación es mas necesaria en los errares t ''' 
cios de! principe; porque aborrece al que es testigD & 
sabidor dellos. li^n el banquete donde fué aveueaido 
Británico huyeron los imprudentes ; pero los de majir 
juicio se estuvieron quedos mirando ¿ Nerón , porque 
no se iaOriese que conocían la violencia de aquélli 
muerte, sino qiiela tenían por naturaM^. 

Qnibiis nnns melns, il tntelllgere vlderenUr. (Tic, Ub.l, 



1 obseqnil in eo 



n latelLi(ebintir ittei ; tcS t¡ 
dereolur. (Tac.ILb.i.Hlil.) 

<> AbdUoa PríDclpii lensis, eltíqildoccnlUnipinleiqliiUF 
m¡clluni,9iiceps; nee ideú isseiiuce. (T>c, lib. 6,Ais,) 

o Eí> legrluí icceplt rcclndL, que premerei. (Tic. 1.1, Adi.) 

o Hiud canitaliis e%t oltra Gennliilciii , qninqmii l>|l a, 
■eqae per Inddiam parlo Jim decorl abititbl IntettlgereL ( Tv.- 
lib, S, Aun.) 

i' SI [atelU|j«re credereiDr, vim attiieiis , In nrbem pnr"i>- 
{Tic.lbld.) 

■' Trepidibm i elrcamiedeiiUbui : di^nglant imprtiltDlcs ; it 
qatbiis illior Inlellecli], reslilnnl deBxl , eINeroDem Intornlti, 
(Tac.,lib.l3,Anii.] 



^vGoosle 



IDEA DE ÜK PRlNCVE POLtTICO-CRISTIAHO. 



EMPRESA XLV. 



El leoa(cuerpo de esla empresa) fué entra losegip- 
«os sfiQbúlo de la TÍgilaDcia , como son los qua ,se po- 
nen en los frontispicios y puertas de los templos. Por 
«slosehize esculpir Alejandra Magno en las monedas 
con ana piel de león en la cabeza , signlGcendo que eu 
61 noenmenorelcnidado qus el valor; pues cuando 
convenia no gastar mucho tiempo en el sueño , dormía 
tendido el braio fuera de la cama con una bola de plata 
«ota mano, que en durmiéndose le dispertase cayendo 
sobre una bacía de bronce. No fuera señor del mundo 
si se dunníera y descuidara , porque no ha de dormir 
profunduDente quien cuida del gobierno de muclias. 

ffra itat ifutnM Ula praáiuere MmiuMi 
Ifocti firtm , ñi cemilia , nt namiae aifiu 
Ttlpepiüi áeivit, mi rere» mra fiieiqv 
CrtiiU nmmtrm. (Homero.) 

Como el león se reconoce rey de los animales, ó 
duerme poce , á si daerme , tieue abiertos los oj«f ; no 
lia tinto de va imperio ni se asegura tanto de su ma- 
jestad, que DO le paretca necesario fingirse dtspierto 
CMB¿a esU dormido. Fuena éi que s« entreguen los 
sootidos al reposo; pero couTÍene que se piense délos 
reyes qae siempre están velando. Un rey dormido en 
nada se dibrencia de los demis bombras. Aun esta pa- 
EÍoii ha de encubrir á sus vasallos y á sus enemigos. 
Daema,perocraan que está díspierlo. No se prometa 
tanlo de su grandesa y poder, que cierre los ojos al cui- 
dado. Astucia y disimulaeioD es en el león el dormir 
con los ejof abiertos; pero oa intención de engañar, 
tne de disimular la enajenación de sus sentidos ; y si 
se engañaTe quien le armaba asechauzas pensando ba- 
ilarle dormido, ycreyere^e está dispierto, suyo será 
el engaño, no del león, Di indica esta preveneion de su 
caraion isagnéaimo , como ni tampoco aijuella adver- 
tencia de borrar con la cola las huellas para desroenti- 
llasalcaudor. No hay forlakoa segura sino está vigi- 
lante el recato. El mayor monarca con mayor cuidado 
ba de coronar wi Irente , no con k candidez de las palo- 



mas sencillas, sino con la prudencia de las recatadas 
serpientes; porque, no de otra suerte que cuando se 
presenta en la campaña el león se retiran de sus con- 
tiendas los animales, deponiendo sus enemistades natu- 
rales, y coligados entre sf , se conjuran contra él, asi 
todos se arman y ponen asechanzas al mas poderoso. 
Ninguna grandeza mas peligrosa al reino de Ingalaterra 
(como también á todos los principados) que la de los 
holandeses, porque le quitan el arbitrio del mar. Nin- 
guna cosa mas dañosa á franceses que la potencia de 
aquellas estados rebeldes, la cual, rotos los diques 
opuestos de España , inundaría el reino de Francia, co- 
mo lo reconoció la prudencia del rey Enrice IV ; y pu- 
diendo mas que sus peligros en ambas coronas el odio 
y temer d la monarquía de España, acrecientan aque- 
llas fuerzas, que algún dia, con la mudanza y turbación 
da los tiempos, podrán tener contra sf. Los peligros 
presentes dan mas cuidado que los fuüicos, aunque es- 
tos sean mayores. El temor erabaiaxt los sentidos, y 
no deja al eatendimieato discurrir aaloqu« ha de ser. 
Una vana desconfianza prevalece ceatra la mayor razón 
de estadb. El arbitrio de \%. corona de España en Italia 
es preservativo de los aciiaquea que padece la libertad 
de Genova, y quien asegura el prísdpado de Tosoana. 
El imperío espiritual de la Iglesia se dilata y se conser- 
va por medio de la potencia austríaca : con ella viven 
seguros los venecianos de la tiranía dd turco, y no sá 
sí lo conocen asi' algunos consejaros destos principes, 
ó si obran siempre en conformidad desla conveniencia 
propia. Tales celos, ciegos á la rason, trabajan en su - 
misma ruina. Los que creyeron asegurarse desarman- 
do al emperador Ferdina.^o II, se vieron después ne- 
cesitados de las armas qne le obligaron d licenciar. Mu- 
chas provincias que por razón de estado procuraron 
derribar la monarquía romana, perdieron .la libertad 
con su caída. 

No se líe el principe poderoso en las demostración 

nes con que los demás ie raverencian: porque todo es. 

ü^jucc.yCaOglC 



114 



DON DIEGO DE SAAVEDBA FAJARDO. 



fingimieiito y díTerenle da lo que parece. El agrado es 
lisonja, la idoracioQ niiedo, el respeto fuerza j la 
amistad necesidad. Todos coa astucia ponea asechan- 
zas A su sencilla generosidad, con que juzga i los de^ 
más I. Todos le mirau á laí garras y le cuentan las pre- 
sos. Todos velan por Tencelle con el ingenio, no pu- 
diendo con la fuerza. Pocos ó ninguno !e tratan verdad, 
portpie al que se teme no se dice; y así, no debe dormir 
en conlianza da su poder. Deshaga el arte con el arle y 
la Tuerza con la fuerza. El pecho magnánimo prevenga 
disimulado y cauto , y resista valeroso y fuerte, los pe- 
ligros. 
Auuqne en esta empresa permitimos y aun juzgamos 



necesarias las artes de la disimulación con tas circuns- 
taucias dichas, mejor están (cuando se pueden eico- 
sar) en los ministros que en los principes; porque ea 
estos hay una oculta divinidad que se ofende deste cui- 
dado. Es'ordinariamenle la disimulación hija del temor 
y de la ambición ; y ni esta n^ aquel se lian de descu- 
brir en el principe. Lo que lia de cautelar la disimula- 
ción , cautele el silencio recatado y la gravedad BdieN 
tida. Has amado es el priucipe d quien tienen todos por 
cauto , pero que obra con sancillaz real. Todos aborre- 
cen el artiFicio , y á todos es grato el proceder natunt- 
meutecon una bondad ingenua, como en Petronio lo 
advirtió Tácito >. 

S Ac dkU faclaquc ejos qtunlo soluliora , el quiDdin loi u- 
íliíCntiim pnererentia . lunlo gralios io speciBín ilmplIcluUiK- 
elplebamur. ( Tac, im. 16 , Ano.) 



EMPRESA XLVI. 



A la vista se ofrece torcido y quebrado el remo de- 
bajo de los aguas, cuya refracción causa este efecto : 
■ai nos engaña muchas veces la opinión de las cosas. 
Por esto la academia de los filósofos escépticos lo duda- 
ba todo, sin resolverse á afirmar por cierta alguna cosa. 
¡Cuerda modestia y advertida desconfianza del juicio 
humano I Y no sin algún fundamento ; porque para el 
conocimiento cierto de las cosas, dos disposiciones son 
necesarias : de quien conoce y del sugeto que lia de ser 
conocido. Quien conoce es el entendí miento, el cual se 
vale de los sentidos extemos y internos, instrumentas 
por los cuales se forman las fantasías. Los externos se 
alteran y mudan por divet^as afecciones, cargando mas 
d menos los humores. Los internas padecen también 
variaciones , ó por !a misma causa & por sus diversas 
organizaciones; de donde nacen tan desconformes opi- 
niones y pareceres como hay en los hombres, compren- 
diendo cada nno divers¡imente las cosas, en las cua- 
les también hallaremos la misma incertidumbre y varia- 
ción ; porque , puestas aquí d allí , cambian sus calores 
y formas, ó por la dislaiicra ú por la vecindad , ó porque 
ninguna es perfectamente simple, 6 por las núitionos 



naturales y especies que se ofrecen entre los sentidos j 
las co^ sensibles; y asi, deilas no podemos afirmarqua 
son , sino decir solamente que parecen , formando a|H- 
nion, ynoscteocia. Mayor incertidumbre hallaba Platón 
en ellas, considerando que en ninguna estaba aquelb 
naturaleza purísima y perfectisima que está en Dios; de 
las cuales, vivioudo, no podíamos tener conocimieDlo 
cierto, ysolumente velamos estas cosas presentes, que 
eran reflejos y sombras de aquellas , y que así , era íd)- 
posíble reducillas á sciencia. No deseo que el principe 
sea de la escuela de los escépticos, porque quien todo lo 
duda, nada resuelve, y ninguna cosa mas dañosa al go- 
bierno que la indeterminación en resolver y ejecutar. 
Solamente le advierto que con recato político esté ia- 
diferente en las opiniones , y crea que puede ser eap- 
ñado en el juicio que hiciere deilas, ú por emorápasioa 
propia , 6 por siniestra información , ú por los halagM 
de la lisonja, ú porque lees odiosa la verdad que le li- 
mita el poder y da leyes á su voluntad , 6 por la incerti- 
dumbre de nuestro modo de aprender, 6 porque poM* 
cosas son como parecen , principalmente las politicHi 
)»btándose ya hecho la razón de estado un arle de ei- 



.LiOOglC 



DEA DE UN PEfNCIPE 
ganar li de no ser engañado , con que es fueraa que ten- 
gao diversas iuces ; y asi , mas so deben considerar que 
rer, sin que el príncipe so mueva ligerameDle por apa- 
rieacias y relaciones. 

Estos eugaños y artes politicas uo se pueden conocer 
si DO se conoce bien la naturaleza de homtire , puya co- 
nocimiento es precisamente necesario al que gobierna 
para saber regille y guardarse áé\;porqiie, si bien es 
intención de los hombres el principado , en ellos peli- 
gra, y ningún enemigo mayor del liombre que el bom- 
bre. No acomete el Águila al águila ni im áspid á otro 
áspid , y el hombre siempre maquina contra su misma 
especie. Las cuevas de las íierus estúu sin defensa, y no 
bastan tres elementos á guardar el sueno de las ciuda- 
des, estando levantada en muros y baluartes la tierra, 
elagua reducida ¿fosos, y el fuego incluido en bom- 
bardas y artillería. Paraque unos duérmanos menester 
que velen otros. ¿Qué instrumentos no se han inven- 
tado contra la vida , como si por sí misma no fuese bre- 
ve y sujeta i los achaques de la naturaiezaí Y si bien 
se hallen en el hombre , como ensugetu suyo , todas los 
semillas de las virtudes y tas de los vicios, es con tal 
difervDcia , que aquellas ni pueden producirse ni nacer 
sin el roclo de la grada sobrenatural, y estas por sí 
mismas brotan y se extienden : efecto y castigo del pri- 
mer error del hombre ¡ y como casi siempre nos deja- 
rao& llevar de nuestros afectos y pasiones que nos in- 
ducen al mal, y en las virtudes no hay el peligro que 
en los vicios , por eso señalaremos aquí al príncipe una 
breve descripción de la naturaleza humana cuando se 
deja llevar de la malicia. 

Es pues et hombre el mas inconstante de ¡os anima- 
les, asi y í ellos dañoso. Con la edad, la fortuna, el in- 
terés y la pasión se va mudando. No cambia mus sem- 
blantes el mar que su condición. Con especie de bien 
yerra, y coa amor propio persevera. Hace reputación 
la venganza y la crueldad. Sabe disimular y tener ocul- 
tos largo tiempo sus afectos. Con las piilabras , la risa y 
la; ligrimas encubre lo que tiene en el corazón. Con la 
religión disfraza sus dusinios, con el juramento los 
acredita y con ia mentira los oculta, Obedece al temor 
y á la esperanza. Los favores to hacen ingrato , el mau- 
llo sobcrtiio, la fuerza vil yla ley rendido. Escribe en 
cera los beneUcios, las injurias recebidas, en mármol, y 
las que hace, en bronce. El amor le gobierna, no porca- 
riJatl, sino por alguna especie de bien ; la ira le manda. 
En la necesidad es humilde y obediente , y fuera della 
iirrogaDte y despreciador. Lo que en si alaba ó afecta, 
UfalU. Sejuzgallnoenlaamistad, yno la sabe guar- 
dar. Desprecia lo propio y ambiciona lo ajeno. Cuento 
aias alcanza, mas desea. Con las gracias ó acrecenta- 
mientos ajenos le consume la invidia. Has ofende con 
especie de amigo que de enemigo. Ama en los demás 
tt rigor de la justicia , y en sí le aborrece. 

E^ita descripción de ¡a naturaleza del hombre es uni- 
^■■Tial , porque no todos los vicios están en uno , sino 
fíparlidos ; pero aunque parezca al príncipe que algu- 
nu estii libre dellos, no por eso deje de recatarse dél. 



POLÍTICO-CRISTIANO. US 

j porque no es seguro el juicio que se hace de la condi- 
; cion y natural de los hombres. La malicia se pone la 
máscara de la virtud para engañar , y el mejor hombre 
suele falUr á sí mismo , 6 por la fragilidad humana, 
6 por la inconstancia de las edades , ú por la necesidad 
y interés , 6 por alguna especie de bien particulnró pú- 
blico, ú por imprudencia y falla de noticia; con que al- 
guna vez lio son menos dañosos los buenos que los ma- 
los ; y en duda, es mas conforme á la prudencia eslarde 
parte del peligro, imaginándose el principe (no para 
ofender, sino pura guardarse) que, como dijo Ecequie), 
íe acompañan engañadores y que vive entre escorpio- 
nes 1 , cuyas colas están siempre dispuestas á la ofensa, 
nieditaudt) los modos de herir I. Tales suelen ser loa 
cortesanos ;por(]ue casi todos procuran adelantar sus 
prelensiones con el engaño del principe ó con dos- 
Componer á los beneméritos de su gracia y favores por 
medio de su mismo poder. ¡ Cuántas veces , interpues- 
tas ías olas de la invidia ó emulación entre los ojos del 
príncipe y las acciones de su ministro , las juzgó por 
torcidas y inlieles , sieudo derechas y encaminadas á bu 
mayor servicio ! Padecióla virtud, perdido! principe 
un buen ministro, y logró sus artes la malicia. ¥ pw» 
que práticamente las conozca, yno consienta el agra- 
vio da la inocencia , pondré aquí las mas frecuentes. 

Son algunos cortesanos tan astutos y disimulados, que 
parece que excusan los defectos de sus émulos, y los 
acusan. Así reprendió Augusto los viciosdeTíberio^. 

Otros hay <]ue, para encubrir su malicia y acrcdítalla 
con especie de boudod, entran, & titulo de obligación 
ú amistad, por las alabanzas, refiriendo algunas det 
ministro á quien procuran descomponer, que son de 
poca sustancia ó no importan al príncipe; y dellas, 
con fingida disimulación de celo de su servicio , dando 
á entender que le pretieren á la amistad , pasan á des- 
cubrir los defelos que pueden moverle áretiralle de su 
gracia ó del puesto que ocupa. Cuando no es esto por 
umbicion ó malicia , es por acreditarse con los defetos 
que acusa en el amigo , y adquirir gloria para si y in- 
famia para él *. Muy bien estuvo en estas sutilezas ma- 
liciosas aquel sabio rey de Ñápeles don Alonso, cuan- 
do, oyendo ú uno alabar mucho ú su enemigo, dijo : 
aObservadelarte destc hombre, y veréis cómo sus ala- 
banzas son para hacerle mas daño, n Y así sucediú, ha- 
biendo primero procurado con ellas acreditar su inten- 
ción por espacio de seis meses, para que después se le 
diese fe á lo que contra él babia de decir. ¿ Qué enga- 
ñosa mina se retiró á obrar mas íéjos deí muro donde 
había de ejecutar su efeto ? Peores son estos amigos 
que alaban, que los enemigos que murmuran S. Otros, 

■ SnbversarasnalUcDD), el can Bcocpionlbashabilis. (Eie<b'., 
t,e-)- 

> Semper ooda in lela eit, nglIoiiaeEoaDienla mtdilarí ccsunl. 
De qnaido deílnl ocosinnl. ( P1<d. , 11b, II, c, tS.) 

> Qoiiniuiai hoBon anUDoe quiedim de bablM , cnUnqne, et 
íBilItulis ejuí jcc«n1, qaae tdal eicDsindi) elprobrarel. (Tac-, 
Ub. I, Aon.! 

* Undeamlco iaftinlam pinljnde Elorlim slbl reclpere.(Tai., 
lib. li,Ann.| 

* fcsilmamiDlmlcaningeani.landiales. (Tic.,intil. A|rl''> 



1)8 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



pan engallar mas eautamente, alaban ea público 7 
disfaman oa aecretoS, 

No es meDos maliciosa el artifido de los que adcv- 
Dan de tal suerte las caliunoias, que, siendo acusacio- 
nes^'parecen alabaniai, como en el Taso hacía Aleto : 



AestoaseFialátl salmista cuando dijo que se habían 
CftUTertido en arco torcido s , 6 seguD el profeta Oseas, 
en arco fraudulento 9, 4ue apunta i una parte 7 hiere 
áetra. 

Algunos alaban i sus émulos con tal modo j accio- 
Bas , que se conoica que no sienten asi lo Otismo que 
están alabando, como.se conocia en Tiberio cuando 
alababa fi Germinico 10. 

Ed otroi tales aprobaciones son para poner su ene- 
ndgo en cargo donde se pierda 6 donde esté lejos , aun- 
que sea con mayor fortuna; que es lo que obligd á Rui- 
Gomei(creo que tendría también otras razones)áTO- 
tar que pasase á Flándes ti duque de Alba don Fernan- 
do cuando se reiielaron aquellas estados. Con la mia- 
ña intención alabó Huciano en el Senado i Antonio 
Prime , y le propuso para el gobierno de España Cite- 
riwH; y para facilitan o mas, repartió oficios y digni* 
dades entre sus amigos i*. Es muy liberal la emulación 
cuando quiere quitara de delante á quien ó escurece 
susgloriastl Impide sus coiivem'encias : ola es, que al 
que DO puede anegar saca & las orillas de la fortuna. 

Algunas Teces las alabanzas son con inimo de levan- 
tar insidiosos que persigan al alabado. 1 Eitra3o modo 
de herir con los vicios ajeaos 1 

Hachos hay que quieren introducir hechuras propias 
en los puestos sin que se pueda penetrar su deseo ; y 
paraconseguillo, afean en ellos algunas faltas perso- 
nales y ligeras, y alaban y exageran otras que son i 
propósito para el puesto ; y aveces los favorecen como 
á no conocidos, como Lacón á Pisón, pai-a que Galba le 
adoptase i3. 

Otros i lo largo, por encubrir su pasión, arrojan 
«dios, yvanpocoá poco cebando con ellos el pecbo ^bI 
principe, para que, lleno, rebose en daño desu enemi- 
go. Destas artes usaba Seyano para descomponer con 
Tiberio A Gennánico i*. Y parece que las acusó el Es- 
píritu Santo debajo de la metáfora de arar las menti- 



uvent Ipinu, «t qsg 



a. (Tu. ,11b. 11, HbL) 



• CoBienl BDPf la irenn prtmm.-ÍPMl. TT, ÍT.) 
■ FuUwnlqiiailireasdalaini. (Oh. ,T,ie.) 
W MslUqne dsdraiB eja> memontli, migli la tpeelm ver- 

btl tdoniiti, quam ni pcnlLiu sentiré cradcretor. (Tac, , lili. 1, 

Asa.) 
II Ifilnr HadiDiLi. qila propiltn oparinl Anunlu leqalbtt, 

■alUí 1* S«Mta itidlbu euialtWm, iecralli pramluli oun- 

Tll,Cllcrloramllb|iiaiuiiiMeniuii,dl)wuiClinllRiaiicuH. 

[T*e.,lib.l, HUL) 
•I Si>iii aaleU duTritaaitat, PnerMtanaqM lirgliu ttt. 

ene. , Ibld.) 
n s«d ulllM, Bt Igiolu, tovehat. (Tk. , llb. 1 , BliL) 
u Odia In laniini JidcBi, que rt«iad«re(, mclaqu praua- 

nt.(Tte.,lia.l, Aai.) 



ras (S, que es \n mismo que sembrar en los áaimos la 
semilla de la cizaña, para que nazca después^ y se coja 
á su tiempo el fnito de la malicia u. 

No con menor astucia suelen algunos engañar priine- 
ro á los ministros de quien mas se fia el prlncijie , dán- 
doles á creer falsedades que impriman en él. Arte fué 
esta. de aquel espíritu mentiroso qué en la tísion del 
profeta HJqueas propuso que engañarja al rey Acab, in- 
fundiéndose enlos labios de sus profetas; y Id permitió 
Diostomo remedio eflcaí n.- 

Tal vez se baca uoo de la parte de ios agravios he- 
chos al príncipe, y le aconseja la venganza , ó porque 
asilequiere tomar de su enemigo con el poder del prin- 
cipe , ó porque le quiere apartar de su servicio j ha- 
celle difidente. Con este artiScib don luán Pacheco 
persuadía al rey don Enrique ri Cuarto <■ que prendiese 
ádon Alonso Fonseca, arzobispo de Sevilla, y después 
le avisó de secreto que se guardase del Rey: 

Estas artes suelen lograrse en las cortes ; j aunque 
alguna vez se descubran , tienen valedores, y hayquien 
vuelva á dejarse engañar ¡ con que vemos manteuers^t 
mucho tiempo los embusteros : flaqueza es de nnestra 
naturaleza depravada , la cual se agrada mas de la men- 
tira que de Iq verda,i]. Has noslleva los ojos y le admi- 
'racion un caballo pintado que un verdadero , siendo 
aquel una mentira deste. ;Qué es la elocuencia vestida 
de tropos y figuras sino una falsa apariencia y engaño, 
y nos suele persuadir alo quesos está mal? Todo e^ 
.descubre el peligro de que yerre la opinión del principe 
entre semejantes artificios y relaciones , si no las exa- 
minare con particular atención, manteniendo entre 
tanto indiferente el crédito, hasta que, no solamente 
vea las cosas, sino las toque, y principalmente las que 
oyere ; porque entran por las orejas el aura de la lison- 
ja y los vientos del odio y iuvtdia , y fácilmeote alteran 
y levantan las pasiones y afectos del ánimo , sin dar 
tiempo álaaveríguacioo; y así, convendría que el prín- 
cipe tuviese las orejas vecinas á la mente y i la razón, 
como la que tiene la lechuza (quizá también dedica- 
da por esto á Minerva), que le nace de la primen 
parte de la cabeza ,idonde está la celda de tos senti- 
dos ; porque lodos son menester para que no nos 
engañe el oído : del ha de cuidar mucho el princi- 
pe ; porque cuando eslAi libres de afectos las orejas , y 
tiene ea ellas su tríbuiwl la razón, se eiaminan' Inen 
las cosas , siendo casi todas las del gobierno si^etfts á la 
rdacion; yasl, no parece verisimilloque dijo Aristóte- 
les de las abejas, que no oían; porque sería de gran 
inconveniente en un animal tan advertido y político, 
siendo los oidos y los ojos los instrumentos por donde 
entra la sabiduría y la experiencia. Ambos son menes- 
ter para que no not engañe la pasión , ó el natural é in- 

» Noliinre auadtdBB idranai rrttraaintH. (Bcd., 7, 1S4 
t* ArMtis iif lelalna, IniqaiUUn noiiliUi, coaediMI* In- 

(CB nmdiell. (Ou., 10, 13.) 
<i BiD iptrlbii «endaí In are oulia Prorteura* ela*.Vi di- 

ilt Doainiu: Deeiplc) , et pnB*tlebii : «fiedtrt , al (ac lU. iS, 
,.Reg-.M,M.) 



■ llar.,BULHisp.,l.n,i 



vLiOOQlC 



iglC 



IDEA DE UN PRlNCIPe 
cUiikíod, a los moabitas les parecía de saagre el tor- 
rente de agoa áoaáe reverberaba el wl , lleTados de tu 
ifeeto s. Uq misino romor dsl pueblo sonaba i los oí- 
dos belicosos de Josué como clamiH- de batalla , y á loa 
deHoisen quietos 7 padticos como miisicaW. Foresto 
Dios, aunque tiene presentes las cosas , quiso ave ríguar 
coa los ojos la voz que oia de los de Sodoma j Gomor- 
raU. dundo puesaplicareelpríiicipeú las cosas las ma- 
DOfi , [os ojos j las orqas , ó no podrú errar 6 tendrá dis- 
Golpa. De todo esto se puede conocer cuan errado era 
el simulacro délos tábanos coa que sigoiBcabao las 
calidades de tus principes; porque tenia orejas, pwo 
no ojos , siendo tan necesarios estos como aquellas : las 
orejas para la poticia de las cosas , los ojos para la fe 
dellas ; eaque s(»i mas fieles los ojos , porque dista tan- 
to k verdad de la mentira cuanto distan los ojos de las 
orqas. 

No os menester menos diligencia f atención para, ate- 
riguar, antes que el principe se empeñe, la verdad de los 
aiiritríos y medias propuestos sobra sacar di ñero de los 
reinos ó mejorar el gobierno, 6 sobre otros negocios 
perteoecientes á la paz y á la guerra ; porque suelea 
teoer por Guiíileresos particulares, y no^emprecor- 
respondea los efectos á lo ^ue imaginamos y presupo- 
nemos. El ingenio suele aprobar los arbitrios^ y la ei- 
perieocia los reprueba. Desprecialios sería impruden- 
cia; porque ono que sale acertado, recompensa la vani- 
dad de los demás. No gozara la Espeña del imperio de 
. un nnevo orbe si los Reyes Católicos no hubiesen dado 
crédito (como lo hicieron otros principes )á Colon. El 
creelJos ligeramente y obrallos. luego, como si fueran 
segaros, es ligerexa ó locura. Primero se debe consi* 
derar la calidad de la pwsona que los propone , qué 
experiencia bay de sus obras , qué. fmes pnedeVoer el 
engaño, qué utilidades en el acierto, conque medios 
piensa conseguillo y en qué tiempo. Por no baber lie- 
cboestas diligencias Nerón, fué burlado del que le dijo 
haber bslladn un gran tesoro en África ^. Muchas co- 
tí PrlBOf u BiM rarieBM, ei «no tía kolc ex idisno (qna- 
nn. Tldemllfaibilia í cootn iqBii rnlir» quui unialuais, 
Sintils (i)dll csL [ 4 , nc|.,'3, ti.) 
inlca Jan» MBalum pOHl' 'Oelfsrinlis, dlill id 
i.t.. .._.. .ndii..i. ...»<. Qui rMpondlI : Non 
cl/enüo campe - 
tndla. ( Eiol., 



m Auwu inica jaii» uBtiiam pa^u 'ouie 
Xoiua : Utalitu ftfiu iDáJlnr In cwtrii, Qgl r 
HicUnor idliortMiiiia td pnpnm, neqic tac'l 
IIoHib »i ta§tm ; «ed T«cem caqUottom <(o 

ildebo, alraiD danorem, q(l 



a, i7., 

*■ Descendía, e. , , , .,,. . 

opere coBplínrtnl ; an noa eallli, at sclftn. lüen. , IS, ti.) 

*> Nm Mclorli , san ipiim negoUI flde uUi ipectaU., i 
lii TUoribat, per qBOl n"*—~' ■•" ~— ..—.»..•>— 
lik.lS,AiB.) 



POLÍTIGO-CWSTrANO. 117 

sas propuestas parecen al principio grandes, y se hallan 
después vanas y inútiies. Huchas son ligeras, délas 
cuale; resultan grandes beneficios. Huchas, experímeiw 
tadas en pequeñas formas, no saleo en las mayores. 
Huchas parecen fáciles i la razón , y ton dificultosas 
en la obra. Huchas en sus principios son de daño, y ea 
sus Gnesde provecho, y otras al contrarío; ymucha» 
saceden diversamente en el hecbo de lo que se presupo- 
nía antes. 

El vulgo torpe y ciego no conoce la verdad si no topa 
con ella, porque forma ligeramente sus opiniones sin 
que la razón prevenga los inconvenientes , esperando í 
tocar las cosas con las manos para desengañarse con el 
suceso, maestro de los ignorantes ; y asi, quien quisie- 
re apartar al vulgo de sus opiniones con argumentos, 
perderá el tiempo y el trabajo. Ningún medio mqorquft 
hacelle dar de ojos en sus errores , y que los toque , co- 
mo se hace con los caballos espantadizos , obligándolos 
á que lleguen á reconocer la vailídad de la sombra qua 
los espanta. Deste consejo usó Pacuvio para sosegar el 
pueblo de Capua , conmovido contra el Senado. Enciela 
ra los senadores en nna sala, estando de acuerdo con 
ellos, junta el pueblo y le dice: a Si deseáis remoTor y 
castigar á los senadoras , ahora es tiempo , porque i 
todos los tengo ilebajo desta llave y sin annas ; perv 
convendrá que sea uno á uno , eligiendo otro eo su lu» 
gar, porque ni un instante puede estar sin cabezas e»- 
tanpública. Echa los nombres en una urna , saca uno 
por suerte , pide al puebla h que se ha de hacer del ; 
crecen las voces y los clamares contra él, y todos h 
condenan á muerte. Dlceles que elijan otro ; confún* 
denseentre si, y nosaben á quién proponer. Si alguna 
es propuesto, hallan en, él grandes defetos. Suc^ lo 
mismo en la segunda y tercera elección sin llegará 
concordarse, y ai ün su misma confusión los adrirtítf 
que en mejor conformarse con el mal que ya babiu) 
experimentado, qua intentar el remedio; y mandan que 
sean Sueltos los senadoras. Es el pueblo furioso en sos 
opiniones, y tal vez (cuando se puede temer algún da- 
ño ú inconveniente notable) es gran destreza del prii^ 
cipe gobernalle con su misma ríenda , ¿ ir al paso de 
su ignorancia. También se reduce el pueblo poniéndole 
delante los daños de otros casos semejantes , porque se 
mueve mas por el ejemplo 'juo por la razona. 



ivGoosle 



DOS DIEGO DE SAAVEDRA FAIARDO. 



EMPRESA XLVII. 



Aun en las TÍrtudes hiy peligro : estén todas en el 
dniíno del príucipe, pero no siempre en ejercicio. La 
conveniencia pública le ha de dictar el uso dellas , el 
cómo y el cuándo. Obradas sin prudencia , ópasanáser 
vicios, ó DO son menos dañosas que ellos. En el ciuda- 
dano miran á él solo ; en el príncipe , d él ; ú la repú- 
lilica. Con la conveniencia común, no con le propia, 
lian de liucer conaonancia. La sciencia civil prescribe 
términos á la virlud del que manda y del que obedece. 
En el ministro no tiene la juslicia arbitrio ; siempre se 
lia deajustar con la ley. En el principe, qiieesel alma 
della , tiene particulares consideraciones que miran al 
gobierno universal. í,a el subdito nunca puede ser ei- 
ceso la conmiseración ; en el príncipe puede ser daño- 
sa. Pan mostrallo en esta empresa se formó la caza de 
. las cornejas que refieren San^zaro y Garcilaso usaban 
los pastores ; la cual enseña á los príncipes el recato 
con que deben entrar á la parte de los trabajos y peli- 
gros ajenos. Ponían una corneja en tierra ligada por 
laspuntas do las alas, lá cual, eu viendo pasar la banda- 
da de las demás por el aire, levantaba las voces , y con 
clamores los obligaba á que bajasen d socorrella , movi- 
das de piedad. 

Ccrelbanlt . f alganí , mas piídoli 
Del mil ijenn de b conpaBeri 
0>c del suyo afiígda ú lemecosi , 

Ucttlbiae atai ¡xmt , ; la primen 

Que eslo hacia , pigjba su Inocencia 

Con priitloa li con muerte lasliniíra. 

(C.rcil.) 

Porque fa que estaba fije on tierra se asia de la otra 
para librarse , y esta de la que con la misma compasión 
se le acercaba , quedando todas perdidas unas por otrus; 
en que también tenia su parte la novedad del caso ; por- 
que á veces es curiosidad ó natural movimiento de in- 
quietud lo que parccecompasion. En Tas miserias y tra- 
bajos de los príncipes extranjeros muévanse ú sus voces 
) tauíeiitos los ojos y el orazon bañados de piedad, y 
lal vez lüs oficios ; pero no las manos armadas ligera- 



mente en su defensa. Que se aventure un particular per 
el remediode otro, fineza es digna de alabanza ; pero de 
reprensión en un príncipe si empeñase la salud pú- 
blica por la de otro principe sin suficientes conveniea- 
cÍBs y razones de estado ; y no baslan las que ímpoiK 
el parentesco ó la amistad particular , porque primen) 
nacíú el principe para susvasallos que para suspaiiea- 
tesó amigos : bien podrd esistjllos , pero sin daño dp*> 
ligro considerable. Cuando es la asistencia en pelifíro 
tan común, que la cuida del uno lleva tras si la del olro, ■ 
DO liay causa de oBllgacion 6 piedad que la pueda ei' 
cusiir de error ; pero cuando los intereses son enire si 
tan unidos, que, perdido el uno, se pierde el otro, su 
causa hace quieu le socorro, y mas prudencia es(coiDii 
hemos diclio) oponerse al peligro en el estado ajem) 
queaguardalleenel propio. Cuando también conviaíese 
al bien y sosiego público socorrer al oprimido, debe 
hacello (I principe mas poderosa ; porque la justicii 
entre los principes no puede recurrir á los tribuüíles 
ordinarios , y le tíéne en la autoridad y poder del mas 
soberano, el cual no debedejarse llevar de la polilicada 
que estén trabajados los demás principes, para eslar 
mas seguro coD sus dísensioDeSj'iJ para fabricarse ma- 
yor fortuna con sus ruinas ; porque aquel suprenoJuei 
de las intenciones las castiga severa mente. 

En estos casos es menester ^an prudencia, pesando 
el empeño con la conveniencíq , sin que hagamos li)t^ 
raraente propio e! peligro ajeno , ó nos consumamos en 
él ; porque después no hallaremos ta misma correspon- 
dencia. Compadecida España de los males del imperio, 
le ha asistido con su sangre y con sus tesoros ; de doo- 
de le ban resultado los invasiones que Francia Iti ba- 
cilo en Italia, Pldndes, Borgoña yEspaña; ybabíeo- 
do hoy caldo sobre la monarquía toda la guerra, no Id 
reconocen algunos en Alemania, ni aun piensan queba 
sido por su cansa. 

La eiperiencia pues en propios y ajenos rfaños n»5 
puede hacer recalados én la conmiseración yeolas fi- 
nezas. ¡Cuántas veces nos perdimos, ypeidimosElaoií- 



ifiEA DE m PRlNaPE 
go, por ofrecernos ToluDUriameate al remedio de sus 
trabajos, iogralo después al beoeBcioI Cuántas veces 
cüntrsjeroa al odio del principe los que mas se deSTe- 
laroa na hacelle extraordioaríos servicios I Hijo adopti- 
vo era Genn¿aica de Tiberio , destioado á sucedelle en 
el imperio, flan Odo ensu servicio, que Luto poriufa- 
mia que las legiones le ofreciesen el imperio i , y por- 
que Ifl obligaban á ello , se (]uíso alravesar el pecho con 
suprapiaespada!;ycuantomaslielse mostraba en su 
servicio , menos grato era á tiberio. Su atención en so- 
segar les legiones con donativos, le daba cuidados. Su 
piedad en sepultar las reliquias del ejército de Varo , le 
parecía {«"etension al imperio * ; la misericordia de su 
mujer Agrippina en vestir los soldadas , ambición de 
maadarS. Todas las acciones de Germánico interpre- 
taba siniestramente 6. Conoció Germánico estp odio , j 
que con especie de bonor le retiraba de las glorias de 
Alenoania ,-; procuró obligalle mas con la obedíeocia ; 
sufrimiento 1; pero esto mismo le liacis mas odioso, 
hasta que, oprimido el agradecimiento con el peso de la 
obligación, le envió i las prorincias de oriente, eipo- 
niéndole al engaflo y peligro ^ , donde le avenenó por 
medio de Pisón, teniendo por felicidad propia la muer- 
te^ de quien era la coluna de su imperio. Ídolos son 
Blgunosprlncipes,cuyosojos (como advirtió Jeremías) 
lüegan con el polvo de los mismos que entran & adora- 
Dos lO, j no reconocen servicios ; y lo peor es que ni 
aun quieren ser vencidas dellos, ñique su libertad esté 
sajela al mérito , y con varias artes. procuran desempe- 
ñarla. Al que mas ba servida le bacen cargos, para que, 
ledocida í defensa la pretensión, no importune con 
ella, y tenga por premio ser absuelto. Se muestran mal 
stlísfecbos de los mismas servicios que están interior- 
mente aprobando, por no quedar obligados, ó les atri- 
buyen á BUS órdenes ; y tal vez iftspués de alcanzado io 
mismo que deseaban y mandaron , se arrepienten y se 
desdeñan con quien lo facilitó, como si se hubiera h&- 
cho de motivo propio. No hay quien pueda sondear la 
condidon de los principes ii : golfo profundo y vario, 
que se altera boy con lo mismo que se calmó ayer. Los 
bienes del ánimo y fortuna, los agasajosy honores, unas 
veces son para ellos mérito y otros injuria y crimen i!. 
Fácilmente se cansan con las puntualidades. Ann en 

< Quil tulewcoDboiiDareliir. (Tic, lib. 1, Ann.) 

t Al lile mori ID rum poli ns , ijoam fldem eincrct, clamilans, fcr- 

nn t liierc diripnli, clalnmque detercbíl In peeiu. (Tac, Ihlil.) 
■ Scdqiad l3r|lei)dii pacnnili, el misslonc resüniu faiorem 

nilitBin qDaeililuelj belllcí quaqae GermiDÍci gloria angabaur. 



(Tac, Ibld.l 

* (taoit Tiberio biDd probitan. (Tic.Jbid.) 

. ...^... .:,..: .... ... jT,j_ ,[|¡J , 

1. (Tac. .ibid.) 
. . --. — J impeoElus pro Tiberio 
mu. (Tac, ibld.l 

* NDTlsqne Prorlndií laposllom dolo «Imul, et cuIbDj objcc- 
UreLi.Tic.,lib.3,Aiio.} 

» Nain Cermanlci mortem ioler prospera ducebal. (Tac, lib.4. 



( Id Tlberi 

* Cuiicta Germán id In delerlus in 
' QoaDU summaespei praplor, 



il puliere i pedlbus ínltoennUnm. 



,1.) 

■^ Oculi eomín píen 
(Banicb,6,16.) 

" CorHegom imcrulabile, (Prov., SS.S-l 

" Noblliüi, opes, omiisi geslique bonores pro crimine, i 
tiiUKtcerllHliaBineilUiiB. (Tac. ,lib. liHiiU) 



POLÍTICO-CRISTIANO. i I» 

Dios fué peligrosa la del sacerdote Oza en arrimar el 
hombro al arca del Testamento, que se trastornaba , y 
le costé la vida^s. Has suelen los príncipes premiar 
descuidos que atenciones, y mas bonran al que menos 
les sirve. Por servidumbre tienen el dejarse obligar , y 
porde menos peso la ingratitud que el agradecimiento. 
Las Huesas y liberalidades que usó Junio Bleso con el 
emperador Viiellio le causaron el odio en vez de la 
gracia i*. Pasa á Constantinopla aquel iusigoe varón 
Rugier, cabo de la gente catalana que asistió al rey 
don Fadrique de Sicilia , llamado del emperador Andró- 
nico para defendelle el imperio ; hace en su servicio 
increíbles hazañas con su valerosa nación, aunque po- 
cos en número ; llbranle de la invasión de los turcos; 
y cuando esperaba el premio de tantas victorias, le 
mandó matar por muy ligera causa. Cualquier ofensa 
ó disgusto, Buaque pequeño, puede mas que tos mayo- 
res beneficios ; porque con el agradecimiento se agrava 
el corazón , con la vengaaza se desfoga ; y asi , somos 
mas fáciles á la venganza que al agradecimiento. Esta 
es le infelicidad de servir á los príncipes , que no se s^ 
be en qué se merece 6 desmerece con ellos ^s ; y si por 
lo que nos enséñenlas historias, y por los daños que nos 
resultan de las finezas , hubiésemos de formar una po- . 
litica, seria menester hacer distinción entre las virtu- 
des, para saber usar detlas sin perjuicianuestro, con- 
siderando que, aunque todas están en nosotros como 
en supuesto suyo, no todas obran dentro de nosotros; 
porque unas se ejercitan fuera j otras internamente; 
Estas son la fortaleza, la paciencia, la modestia, la 
humildad, la religión y otras, éntrelas cuales son al- 
gunas do tal suerte para nosotros , que ed ellas no tie- 
nen mas parte los de afuera que la seguridad para el 
trato humano y la estimación por su eicelencia , como 
sucede en la humildad , en la modestia y en la benigni- 
dad ; y así, cuanto fuere mayor la perfección destas vir- 
tudes, tanto mas nos ganará los ánimos y el aplauso de 
losdemás, como sepamos conservar el decoro. Otras 
destas virtudes, aunque obran dentro de nosotros en 
ios casos propios, suele también depender su ejercicio 
de las acciones sjenas, como la fortaleza y la magoani- 
midad. En estas no hay peligra cuando las gobierna la 
prudeocia.que da el tiempo yelmodoá las virtudes; 
porque la entereza indiscrAa suele ser dañosa á nues- 
tras convenieocbs , perdiéndonos con especie de repu- 
tación y gloría ; y entre tanto se llevan los premios y el 
aplauso lasque mas atentos sirvieron al tiempo, á la 
necesidad yú la lisonja. 

En el uso de las virtudes que tienen su ejercicio en 
el bien ajeno , como la generosidad y la misericordia, 

<> Eilendil Ou ninnm id irum Del , et lennli eam : qionlaní 
calcilrabanl bo'ei.el decliDiverunl eam. Iralnsqne esl indigna- 
tione Dominas tontra Oum , el percossil enm super lemerilale : 
elmonunsesIiblJuii3>rcaiiiDel.(í,Reg.,G,E.| 

" nonec Lngdunensis Galliie rector, genere lllnslri, Itrgna 
animo, el par opibas, ctrenDdirel Prlncipl mlnialeria . comjtire- 
Inr tibenlller, eo ip^o Ingnluí , qnimvis odlum Vilelliui vcraili- 
baiblandlltbvelirel. |Tic.,lib. l.Ulsl.l 

» Nescli bono, uirnm añore, in odia dlgiai tlt. (Eecles., 



1.} 



vLiOOglC 



1» 



DON DIEGO DE SAAVEORA FAJARDO. 



se suela peligrara padecer, porqi» m corresponde á 
ellas el premio de los ^rioclpes ni el agradecúneoto 
7 baeaa coirespOBdeMcia de losamigos y paneotes; ao- 
tes, orejando por cierto ^m agodlos esliiBaráo nues- 
tros sernoios, ;<]Ue estos ■ventnreráo por nosotros ea 
el pelTgroy Deoesldades las bacieodas y ks vidas , fiu- 
damos esta fala opinión en obli^cioD propia , 7 para 
satísTacer i elk, no reparamos ea perdemos por ellos ; 
perociiuido naa venMs ea alguna caiamidad, se reti- 
ran 7 nos abandonan. En los trabajas de Jobiolos tres 
amigos le lisftarón, y estos inspirados de Dies impero 
no le asistJeroaoon obras, sino con palabras 7 eihoi^ 
taoioim pesadas quele apunroa te paciencia; mas cuan- 
do vot*ió Dios i él BHS ofos pladoRoe, y empead á mul- 
tiplicar sos bienes , seestnrron por sus psertas todos 
sus parientes, fusta 4os qnesolamente le conociaa do 
vista, yaesentaroniMinesa, para tener parte eosui 
prosperidades ví. 

Este engaüo , con especie de Uen y de buena cor- 
respondenoia 7 (ditigacion , ha perdido á nMKlws;l»s 
cuates, creyeñd» sembrar beneficios, cogieroa Ingrati- 
tudes y odios¡baciando de amigos enemigos, «on que 
después *i*ieron y muñeron inrelioes. El Espíritu San- 
to dijo que daba á clarar sn mano, y se enlaaaka y ha- 
cia«sdavocon nsmismaspatebrasquiea salía fiador 
por su enligo t8,7nMemoDeBta qne detente del este- 
nios coQ los'ojosabieTtos , guarddndonos de sus nanos, 
como se guardan el gamo 7 el are de las del caisdor ^. 
Haibien 7 guárdate, es proTerbiocastelUDO, hijo de 
la eiperieaoia. No sucede esto.i los que títou pan si 
solos, stn que la roieericordia y caridad los mueva al 
remedio de los malea ajenes; hicense sordos 7 ciegos 
á los gemidos 7 1 lascasos.hayendo las ocasiones de 
mezclarse en ellos; con lo coiü rivea IHhvs de cuida- 
dos 7 trebejos, y si no hacen grandes amigos, no pier- 
den í los que tienen. No serán estiniados por lo que 
obran, peros! por la que dejan de obrar, toBiéndoks 
por prudentes los íemis; fuera de que naturalsaente 
lutxmos mas estimación de quien no nos ha menester, 
ydesprecUttdonos, vive conrigo mismo; 7 así, parece 
que , conocido el trate ordinario de los hombres , nos 
hablamos de estar quedos día vista de sus males, sin 
damos por entendidos , atendiendo solamente 4 nues- 
tras conienrencias , y á no liexclallas con el peUgro y 
calamidad ajene. Pero esta política sena opuesta á las 
obligaciones cristianas , i la caridad humana , y á las 
Tírtades mas generosas y que mas nea hacen parecidos 
á Dios; con ella se disolvería la compañía civil , ijne 

•• Andienteí ireí amicl Job omnc milmn qaad ■ecldluet tí, 
Kimant, llciil loenlni faent Bomlnm id eos. iJob , t , 11. 1 

■1 Teneraal lalera ad cdbi omnes fnlreí inl , et miimtt lo- 
'rom me , et catatü qnl noienot ewn pilii , et eonederut enn 
«opiarm In doBDci»!- (lab, 41, 11.) 

t* fíW al, >i fpopwdarli pra inlc» luo , deSilsll ipid eiln- 
neiii miiuiai laim , llli|nnla« et «erbii orii Ui , et eiploi pn- 
príli serRiimlbDt. <Pr«T., 6 , 1.) 

<• Ernen qiul dimili ée mía , el qoail (tIb de inildld 11- 
cipli. (liem , T. G.) 



ooQsiste en que cada uae viva para sf 7 para los demk. 
No ha menester la virtud las demoslraoiones eiler- 
nas; de ai miama esprenio bastante, siendo nuforn 
perJécoion ysn gloria cuando no es eorre^ondida; por. 
que baoer Jiiea por la retribudoa as especie de a*an* 
ci«,7cttMidonasealCBiua,(f«edaaHdDteráitalcn- 
ble en el coraaoa. Obremos pues solamente por lo qus ¡ 
debemos d nosotros mismos, 74erdnws paracldui 
Dios, que hace siem^ae bisB aun i los que no aonagrn 
decidos. Pera es prudencia estar can tieafo advertir 
dos de que A una correspondencia buena oorrespeads 
una oahkiforqtM vive infelit el qoeaeeipuio al gaste, I 
al trabsio i al peligro qjeno , 7 eTe7aad* cager apade- 1 
cknetttos, cogió ingratitudes. Al que tiene cenocimies- 
to de la nilMraleu 7 trato erdinario da las hembras 
no le haJte auevo este caso , y cenra le vio antes, pre- 
vjÉoBDgolpa, y no quedó ofendido del. 
También detiamas considerar ai ea e«iTaDÍencÍB M I 



haocoMs mas daño con Buestrae diligencias , ó par im- 
portunas ó por imprudentes, queriendo parecer bisar- 
ros y fiuec por eUos ; con que los perdemos j nos per- 
doBOB. EatalñaBiTia, dañoaa al roiwie que la bace, n- 
primió Tnsea, annque era i bvor suyo, en RútUcA 
Aruleno, para que no rogase por éf, sabiendo que w 
sGoies serian dañoeoí al inieraesar y vanos al reo *>- 

Noes menos imprudente 7 peligrosa et celo del bin 
ptiMico 7 de los acjertns dd principa cuando , aio to- 
oamos.por oficie ó siaesperenaas del remedio, noae»' 
treoetenos, sin ser llamados , en sus negocios j ait- 
roses con evidente riesgo nuestro. No quiero que io- 
humama esternas i la vista de los daños qjenos, niqn* 
vilmente sirva nueetro silencio i la urania 7 al tiespa, 
sino quena nos perdamos iraprudeoteraenle, 7 f 
■■ganes las pasos de Sucio Pisón , que en tiempos ti- 
ranos 7 calumniosos supo conservarse coa tal destren, 
qne no fiíé voluntariamente autor de conatos servileí, 
y cuando le obügebe la necesidad, conleiBporiiabs a 
algo coa gras saUduria, pan moderallos laejor u. Mu- 
cbes veces nos anticipamos á dar consejos en lo que so 
DOS toca, persuadidos i que en eUot esti «1 remedio de 
les males púldicos, 7D0«dverlimas loque suele enga- 
ñar el amor profu de nueatras opinionea, sin las noti- 
cias particulares que tienen los que gobiernan 7 se ha- 
llan sot»-e el hecho. Ninguna cosa nws peligrosa qae el 
nconsejar; aun quien lo tiene por oficio, debe eicusa- 
flo cuando no es Hemedo y requerido, porque sejesgan 
I0S consejas por el suceso, 7 este pende de accideotes 
futuros que no puede prevenir la prudenda; 7loipie 
sucede mal se atríbaye al consejero , pero no lo qu« M 
acierta. 



10 Ne Tini , el rea non prafatnn , Intercetsori eiHlMi ■x'F^ 
reL(Tae.,llb.<e, Add.I 

ti NnULus leniLLi lententlie aponte miar, et qnatiea saio- 
lituiapaerct.sipieDleinaderMa. {Tac, llb. fl.Aai.) 



(LiOOglC 



IDEA DE UN PRÍNCIPE POLITICO-CRISTUNO. 



EMPRESA XLVni. 



■ Qoéprerenidos estinlds príncipes contra los ene- 
migos eiteraos; qné deurmadns contra los domésti- 
cos ! Entre las cacbillas de la guardo les acompañan , ; 
no repann en ellos. Estos son los aduladores ; lisonje- 
m, no menos peligrosos sus halagos que las armas de 
los enenügos; amas príncipes ha destruido la lisonja 
qoe U toena, iQué púrpura real no roe esta polillB.qué 
ceptoD no barrena esU carcoma! En el mas levantado 
cedro se introduce, y poco á poco te taladra el corazón 
; da coa ¿I eu tiem. Daño es que se descubre con la 
nismannDa*, primero se vesnefiíto que su causa: di- 
tinabdo gusano, que habita en los artesones dorados 
de los palacios. Al estelion , esmaltada de estrellas la 
espalda y voaenoso el pecho, la compara esta empresa. 
Coa UD manto estrellado de celo ipie encubre sus fines 
dañoso* a« représenla al principe i. Adrierla bien que 
no todo lo que reluce es por buena calidad del sugeto, 
pues por aeñal d« lepra lo ponen las difinas letns *. Lo 
podridM de na tronco esparce de noche resplandores; 
ea ana dañosa intención se ven apariencias de bondad. 
Tal rea eotre vislarabres de severidad, amigu de la li- 
bertad y opuesta al principe , se encubre serrilmente 
la lisonja ; como cuando Valerio Hesalla votÚ que se re- 
BOrase cada año á Tiberio el juramento de obediencia; 
¡'preguntado^ con quéordenlopropoma,respondi4 
que de motÍTO propio, porque en lo que tocase á la re- 
pública había de seguir siempre su dictamen , aunque 
fuese con peligro de ofender 3. Semejante áesta fué la 
adalacioa de Ateyo , cuando , acusado L. Ennio de ha- 
ber fundido una estatua de plata de Tiberio para ha- 
cer niüla, y no queriendo Tiberio que ss admitiese tal 

< Viefni didlit nilom bonimi, «t tontniíatini; paoMteile- 
wkm tBc«n,(lliicraiIeiiebnii. {lial.,S, V).l 

■ Aat qaul Jacni qaippliai. id etl pUd lepnc. <Le>lL, 13,1.) 
* S|>«nlc ihltM , reípondit : ge^at la lis , qu>e id Rempabll- 

tin pcrtiaercDl , eoutilio nisi ido unmiii . vel CDm pertcilo af' 
■tnloDlt, qaae uli ipedM adnlandl mpennl. ITac.IU). 1, 
iM.Í 



acusación , se le opuso, diciendo qne no se deUa qiñ- 
tar á los senadores la autoridad de jtiigar ni dejar sin 
castigo langranmaldad; que fuese sufrido en sus sen- 
timientos , y no pródigo en las injurias hechas á la re- 
pública *. 

Muda el estelion cada año la piel ; con el tiempo sni 
consejoslalisonjB, al pasa que se muda la voluntad del 
principe. Al rey don Alonso XI S aconsejaron sus mi- 
nistros que se apartase de la reina doña Violante, teni- 
da por estéril , fundando con razones la nulidad del 
matrimonio, y después los mismos le aprobaron, per- 
suadiéndole que volviese á cohabitar con ella. 

Ningún animal mes fraudulento que el estelion , por 
quien llamaron los jurisconsultos crimen tieliionatut á 
cualquier delito de engaño. ¿Quién tos usa mayores 
que el lisonjero , poniendo siempre lazos i la votunlad, 
prenda tan principal , que sin ella quedan esclavos los 
sentidos? 

No mata el estelion al que inficiona, sino le entorpe- 
ce y saca de si , introduciendo en él diversos afectos : 
calidades muy propias del lisonjero, el cual con varias 
apariencias de bien encanta los ojos y las orejas del 
principe, 6 le trae embelesado, sin dejalle conocer la 
verdad de las cosus. Es el estelion Un enemigo de los 
hombres, que, porque do se valgan para el mal cadu- 
co de la piel que se desnuda , se la come. No quiera el 
lisonjero que el principe convalezca de sus errores, 
porque el desenfjtiño es hijo de la verdad , y esta ene- 
miga de la lisonja. Invidia el lisonjero las felicidades 
del príncipe , f le aborrece como á quien por el poder 
y por la necesidad le obliga á la servidumbre de la li- 
sonja y disimulación , y á sentir una cosa y decir otra. 
Gran advertencia es DieDesl«r en el príncipe para 

* Palim aipeniiate Awjo Cipilaae, qutl per libertilEm. Ron 
GDÍDi itiere crlpl Pilrlbus «Ira ilaloendl ; atqte Untam nilca- 
elnm Impnoe biDcndnin : nnb leotloi )n ano doioré euei, Rel- 
pDbtlcic Isjnrl» ae lirginlor. (Tae. , Ub. 3, Ano.} 



t llar.,HitLlliip.,UlS,( 



vLiOOglC 



122 



DON DIEGO DE SA.AVEDRA FAJARDO. 



conocer la lisonja, porque consiste en la alabaazB, 7 
también alaban los que no son lisonjeros. La diferen- 
cia esU en que el lisonjero alaba lo bueno ; lo malo , 7 
el otro solamente lo bueoo. Cuando pues viere el pria- 
cipe que le atribuyen los aciertos que ó se deben £ otro 
6 nacieron del acuso 6; que le alaban las cosas ligeras 
que por si no lo merecen, lasque son masde gusto que 
de reputación, las que le apartan del peso de los nego- 
cios, las que miran mas á sus conTenienci,as que al be- 
nefício público; y que quien asi le alaba no se mesure 
ni entristece, ni le advierte cuando le ve hacer alguna 
cosa indecente é indigna de su persona 7 grandeza; 
que busca disculpa á sus errores 7 vicios ; que mira 
mas á sus acrecentamientos que d su servicio.; que di- 
simula cualquier ofensa y desaire por asistille siempre 
al lado; que n(i se arrima á los bombresseverosj ce- 
losos; que alabaá los que juzga que le son gratos, mien- 
tras no puede derriballos de su gracia; que, cuando se 
halla bien firme en ella y le tiene sujeto, trata de gran- 
jear la opinión de los demás, atribuyéndose d si ios bue- 
nos sucesos, y culpando al principe de no haber segui- 
do su parecer ; que, por ganar crédito con los de atue- 
ra, se jacta de liubcr reprendido sus defectos, siendo 
el que en secreto los disculpa y alaba; bien puede el 
principe marcar á este tal por lisonjero, y liuya del co- 
mo del mas nocivo veneno que puede tener cerca de 
sf, y mas opuesto al amor sincero con que debe ser ser- 
fido'. 

Pero, si bien estas señas son grandes, suele ser tan 
ciego el amor propio, que desconoce la lisonja, deján- 
dose halagar de la alabanza, que dulcemente tiraniza 
los sentidos, sin que haya alguna tan desigual, que 1 
crean los principes qne se debe á sns méritos. Otras 
veces nace esto de una bondad floja, que, no advirlien- 
do los danos de la lisonja, se compadece della, y aun la 
tiene por sumisión y afecto; en que pecaron el rey de 
Galicia don Femando ^, aborrecido de los suyos porque 
dabaoidosilisoDÍeras,jelrey don Alonso el Nono, que 
por lo mismo escureciú la gloria de sus virtudes y ha- 
zañas. Por tanto, adviertan los principes que puede ser 
vivan tan engañadas del amor propio ú de la propia 
bondad, que aun con las señas dadas no puedan cono- 
_ cer la lisonja ; y asi, para conooella y librarse della, re- 
vuelvan las liistorlas , y noten en sus antepasados y en 
otros los artes con qne fueron engañados de los lison- 
jeros, los daños que recibieroo por ellas , y luego con- 
sideren si se usan con ellos las mismas. Sjla una vez 
que el rey Asuero^mondú (hallándose desvelado) que 
le leyesen los anales de su tiempo , le dijeron lo que 
ninguno se atrevía, oyendo en ellos las urtes y tiranías 
de su valido Aman y los servicins de Mirdoqueo; aque- 
llas ocultadas de la lisonja , 7 estas de I J malicia , con 
que desengañado, castigó al uno, 7 premió al otro. Pe- 



* Popule meot , qille bealim dlcaat, lp>[ U 
TliPi Bresínnm inorniD dlulpínl. (Isil- ,3,1*.) 

T Blanillilie pessimaní vcil afTectiij (enennii : 
IlUs. (Tic. Ub. I.Hlit.) 

I. Hlsp.,l.ll,c.lB. 



dcciplin 



m aun en esta lección estén advertidos; no se halle dis- 
frazada la lisonja; lean por si mismos las historias, por- 
que puede ser que quien las leyere pase en silencio los 
casos que habian de dése nga nal I os, 6 que trueque lai 
cláusulas y las palaliras. ¡Oh infeliz suerte de la majes- 
tad, que aun no tiene segúrala verdad dé losMbros, 
siendo los mas fieles amigos del hombre I 

Procure también el principe que lleguen i sus ojos 
los libelos inraroatorios que salieren contra él ; porque, 
si bien los dicta la malicia , los escribe la verdad, y ea 
ellos bailará lo que le encubren los cortesanos , 7 que- 
dará escarmentado ensu misma infamia. Reconocien- 
do Tiberio cuan engañado habla sido en no haber pe- 
netrado con tiempo las maldades de Seyano , mandé w 
publicase el testamento de Fulcinio Trio, que era uní 
sátira contraél, por ver, aunque fuese en sus-ofreotas, 
las verdades que le encubría la lisonja >0. 

No siempre mire el principe sus acciones al espejo 
de los que están cerca desf; consulte otros de afuera 
celosas 7 severos , 7 advierta si e$ una misma la apro- 
bación de los nnos y de los otros; porque los espejos de 
la lisonja tienen inconslantas 7 varias las lunas, y ofre- 
cen las especies , no como son , sino coma quisiera el 
principe que fuesen; y os mejor dejarse corregir de los 
prudentes que engañar de los aduladores K. Para esta 
es menester que pregunteáunosyéotros.ylesquite 
el empacho y el temor , reduciendo á obligación que 1< 
digan le verdad. Aun Samuel no se atrevió á decir i 
Heli lo que Dios le liabia mandado Hbasta quese lo pre- 
gunta (3. 

Hirese también el príncipe al espejo del pueblo, en 
quien no ha7 falta tan pequeña que no se re[»esente; 
porque la multitud no sabe disimular. E( rey de Fran- 
cia Ludovico ly se disfrazaba 7 mezclaba entre la ple- 
be, 7 oia lo que decían de sus acciones y gobierno. A 
liis plazas es menester salir para hallarla verdad. Una 
cosa sola decia el rey l.udovico X( de Francia que fal- 
taba en su palacio, que era la verdad ; es esta muy en- 
cogida y poco cortesana , y seretiradellos, porquese 
confunde en la presencia real. Por esto Saúl, querien- 
do consultar á la Pitonisa , mudó de vestiduras, para 
que mas libremente le respondiese, y él mismo le bizo 
la pregunti^ sin fialla de otro 1*. Lo mismo advirtió Je- 
roboan cuando , enviando á su mujer al profeta Ablai 
paru saber de la enfermedad do su hijo , le ordenó qae 
se disfrazase; porque , si la conociese, ó no le respon- 
derla ó no le diría la verdad is. Ya pues que no se ha- 

1* Qsie >b hieredibat gecnllila , retlliri Tiberios Jisiit : pi- 
lienUim libertiUi iltenae oslentans, el coalemptar soie inrimíic; 
■n leelsnim Srjinl dig ne*diis . moi qaoqic mado dicta Toliari 
Ddebil. verii9tisque,cu[ idulalli) ottcit, perprabnuluapi- 
nislierLiTic.,lib.6.Anii.! 

■' Meiius eslt uplenia carrlpi, qolai ualianiii idoliIiDnede- 
cipl. (EcdD). , T, S. 1 

11 El Üanme] limebal Indicare tislonen Hdi, ( 1 , Reg, , 3, IS.) 

" "■ 'nterrega vil ruin : Onls ejl senüo, quem loculoi cslDí- 



nus ad le 
* Habvll 



llbid., 



«EXb., 



p.O. 



, lesUlnsqueest aliis vesiimei- 
I US, etibliKpse.il, Re(. ,»,«.) 

•> Diiilqne Jeroboini niori saae: Snrge, el conisDla blbi- 
, UiB,neco(ioiurÍ9 4«odiiiDiorJerobDiia. (3,R«t., 11,1., 
C^jucc.yLiOOglC 



IDEA BE UN PRINCIPE 
lia en las recámaras dejos principes, menester es la 
industria para buscalia en otras partes; gloria es de 
los reyes investigar lo que se dice deíloíis. El reyFi- 
lipc II tenia un criado favorecido, que le refería lo que 
decían del dentro y fuera del palacio. Si bien es de ad- 
*ertlr que las voces del pueblo en ausencia del princi- 
pe 500 verdaderos , pero d sus oidos muy vanas y lison- 
jeras, 7 causa de que corra cicgameate tras sus victos, 
infiriendo de aquel aplauso común que ostAn muy acre- 
diUdas BUS acciones. Ningún gobierno mas tirano que 
el de Tiberio ; ningún ralirlo mas aliorrecido que Seya- 
no; y cuando estaban co Capri los requebraba el sena- 
do, pidiéndoles que se dejasen ver ". Nerón vivía tan 
engañado de las adulaciones del pueblo, qlie creía que 
no podría sufrir sus ausencias de l\oma, aunque fuesen 
breves, j que le consolaba su presencia en las adversi- 
dades 18; siendo tan mal visto.que dudaban el Sentido y 
los nobles sí seria mas cruel eu ausencíu que en pre- 
sencia 19. 

Otros remedios liabria para reconocer la lisonja; pe- 
ro pocos principes quieren uplicallos, porque se con- 
forman con ios afectos y deseos naturales; y asi, vemos 
castigar A los falsaiíos, y no á ios lisonjeros, aunque es- 
tos soD mas perjudiciales; porque, si aquellos levantan 
la ley de las monedas, estos la de los vícioi, y los bacen 
parecer virtudes : daño es este que siempre se acusa, 
y siempre se mantiene en los pitlacios , doftile es peli- 
grosa la verdad, príncipalmeJi'.c cuando sedtceá prín- 
cipes soberbios, que rücilraente se ofenden ^. La vida 
lecostú i don Fernando de Cabrera el bajier querído 
deseagBDiralrcydoD PedroelCuartode Aragón^, sin 
que fe valiesen sus grandes servicios y el haber sido su 
ayo. E( quedesengañft, acusa lis acciones y se muestra 
superiorén juicio ú en bondad; y no pueden sufrirlos 
priDcipeseslasupcrioridiid.parocíéndolesqueles pier- 
de el respeta quien )cs habla claramente. Con ánimo- 
sencillo y lenlrepreieiilóGulíerreFornondci de Tole- 
do «al rey don Pedro el Cruel loque suntia de su go- 
bierno, para que moderase su rigor; y este advertimien- 
to, que merecía premio, le tuvo el rey por tan gran de- 
lito , que le mandÚ cortar la cabeza. Mira el principe 
como á juez-i quien le nota sus acciones , y no pjieJe 
tener delante de los ojos al que no le parecieron acer- 
tadas. El pelrgroeslúenaconsejarloqize conviene, no 
lo que a|)etece el príncipe ^; de aqui nace el encoger- 
se la verdad y el animarse la lisonja. 



. iTlt-, 






I* VidiiM t'níaa mocsutiultiu. indlre secrelasqDerlnDnds, 
aod lintuDí aditurns essel [ter. cujus dc mndieos quidfm egres- 
iilolmrent, íncli idTeraiiEii fortulU ispectu PriDCipis reldierl. 
rie.,lib. 15, Ana.) 

•* Sentías, et piioileí lii<DceilocraDt,pii>i;iil,in contnalro- 

ir baberelDr. ITir,, tib. 1, Ai 



il Inlnm ipudaorcssiiperbas, elor- 



M Can lanicias loqal D 
reailoni proulorcs. {T)c. , ibis.) 

» Mir.,H¡s(. llJsp.,l.l5. 

U Id-, id.,t.lS,c.4. 

"t^ Nm saidere PriacLpl quod oporteal, iiDiti laboris : uses 
(jüo crp IMaeipem qucmniaiqie siae ifleciu pengiiar. [Tac 
bb. 1 , mn] 



POLiTICO-CRISTÍANO. 123 

Pero si algún príncipe fuere tan generoso que tuvie- 
re por vileza rendirse á iu adulación, y poi> desprecio 
que le quieran engañar con falsas apariencias de ala- 
banza, y que hablen mas con su grandeza que con su 
persona !>, Fúcilmcnte se librara de los aduladores ar- 
mándose contra ellos de severidad ; porque ninguno se 
atreve á un príncipe grave que conoce la verdad de 
las cosas y desestima los vanos honores. Tiberio con 
igual somiíianle oyó las libertades de Pisón y Jas lison- 
jas de Gallón; pero, si bien disimulaba, conocía la li- 
sonja , como conoció la de Ateyo Capito , atendiendo 
mas al dninio que á las palabras^. Premie el principe 
con demostraciones piiblicas á los que ingenuamente 
le dijeren verdades, como lo hizo Clistenes, tirano de 
Sicilia , que levantó una estatua á un consejero porque 
le contradijo un triunfo ; con lo cual granjeó la volun- 
tad d^l pueblo , y oblígú á que los demás consejeros le 
dijesen sus pareceres libremente. Hallándose el rey 
don Alonso XII eu un consejo importante , tomó la es- 
pada desnuda en la mano derecha y fel ceptro en la iz- 
quierda, y dijo 3' : H Decid todos libremente vuestros 
pareceres , y aconsejadme lo que fuere de mayor gloria 
desta espada y de mayor aumento desle ceptro, sin re- 
parar en naiiu. » ¡ Oh feliz reinado, donde el consejo ni 
se embarazaba con el respetoni se encogía con el temor! 
Bien conocen lO'^ hombres la vileza de Iu lisonja ; pero 
reconocen su daño un la verilad , viendo que mubpeli- 
gran por esta que por aquella. ¿ Quión no hablaría con 
entereza y celo il los príncipes si fuesen de l&coudicíoa 
del rey don Juan el Segundo de l'ortugat **, que, pi- 
diéndole muchos una dignidad, dijo que la reservaba 
par.i un vasallo suyo tan (iel , que nunca le hablaba se- 
gún su gusto, sino según lo que era mayor servicio 
suyo y de su reino? Pero en muy pocos se liallará esta 
generosa entereza ; casi todos son de la condición del 
rey Acab , que, baliíendo llamado á consejo á los pro- 
fetas, excluyó á Miqueas, ú quien aborrecía porque no 
le profetizaba cosas buenas, sino inalas*^; y asi, peli- 
gran mucbo los ministros que, llevados del celo , hacen 
conjeturas y discursos de los daños futuras para que se 
prevenga el remedio ; porque mas quieren los príncipes 
ignorallos que temellos anticipadamente. Están muy 
bccliassus orejas t'ilaarmonía de la música, y no pue- 
den sufrir la disonancia de las calamidades que amena- 
' ¡tan. Do aqui nace el escoger predicadores y confesores 
que les digan lo que dcseunSO, no lo que Dios les dicta, 
como hacia el profeta Miqueas ^l. ¿Qué mucho pues que 
sin la luz de la verdad yerren'íi] camino y se pierdan? 

» Eliiia egn, ic Iu >i[DpLicis9iiiii ínter nos bodic loqalmnr; 
cáete ri liben U US cota Tortuní nastn.,quam nabiscuoi, lTic,,ibid.) 
u Aniilente liioc Tibiarlo, ic silente. <Tic. ,lib. !, Aun. I 

Tiberius, al eraat migis, qnim ul dicebau- 



ur. iTic. 



b. 3, Al 



Har. , ülsl. Hlsp. 

M Id. ,li. ' / 

*■ Sed tgo Ddi eum , ipiia dod proplictai mibi boaum , sed mt- 
lum. (3.Reg.,ÍÍ,8.) . 

*" Ad sua desldcrii coaecrtabunl sibi ibijislros. (!, ad Tlm,, 
*.3.) 

II Qaadcumqae dixerlt mlhl Deas nieas,boclaqnar. (1, Paral., 

18, a.) 



iyLldOglC 



1S4 



D0?1 DIEGO DB SAAVEDRA FAJARDO. 



Si liubiese discrecioD en los que <]icen terdides al 
prfDcipe,mu las estiinaríB que las lisonjas; pero po- 
cos saben usar dallas á tiempo con blundura y buen 
modo. Casi todos los que son libres son dsperos , y na- 
tunlmeote cansa á los prlacipes un semblanie seco ; 
armado con la terdad; porque tiaj algunas, virtudes 
aborrecidas , como son una seteridad obstinada j nn 
inimoiQTenciblecootra ios favores, teniendo loiprio- 
dpea por desesiÚDacion que se desprecien las artes con 
que leadquieresu gracia, y juzgando que quien no la 
procura no esté sajelo á ellos ni los ba menrater. El su- 
perior use da la lanceta ó navaja de la verdad pora en-, 
rer al inferior; pero este solamente del cáustico que 
sin dolor amortigüe y roalo vicioso del superior. Las- 
timar con las verdades sin tiempo ni modo, mas es ma- 
licia qne celo, mas es atrevimiento que advertencia. 
Aun Dios las manifesU con recato á los principes ; pues, 
aunque pudo por Josefy por Daniel notificar i Faraón y 
á Nabucodonosoralguuas verdades de calamidades fu- 
turas, se las representó porgúenos coando estaban en- 
ajenados los sentidos y dormida la majestad 3>; y aun 
entonces no claramente, sino on Sgurds y jeroglíficos, 
para que se interpusiese tiempo en la interpretación ; 
con que previno el inconveniente del susto y sobrosal- 
to, y excusó el peligro de aquellos ministros si se las 
dijesen sin ser llamados^. Conténtese el ministro con 
qne Im llegue i conocer el principe; y si pudiere por 
señas, nousedepal^iras. Pero hay algunos tan indis- 
cretos ó taa mal intencionados, que no reparan ep de- 
cir desnudamente tas verdades y ser autores de malas 
nuevas. Aprendan estos del suceso del rey Baltasar, á 
qníeslama^ que le anunció la muerte no se descu- 
brió toda , sino solamente los dedos ; y aun no los de- 
dos, sino tos artículos de ellos, sin verse quien losga- 
beniaba; joo de día, sino de noche, escribiendo aque- 
lla amarga sentencia i la hii de las hachas y en lo dudo- 
so de la pared M con tales letras, que fué menester 
tiempo para leeree y entendene. 

Siendo pues la intención buena y acompasada de la 
pnidencia , bien se podría liallar Dn camino seguro en- 
tre lo servil de la lisonja y lo contumaz de la verdad; 
porque todas se pueden decir u se suben decir, miran- 
do solamente ala enmienda, y no á la gloria de celoso y 
de libre , con peligro de le vida y de la fama ; arte con 
que corregía Agrícola el natural iracumlo de Domicia- 
no3S. El que con el obsequio y la inodesliu mezcla el 
valor y la industria , podrá gobernarse seguro entre 



O! sopón dcprs! 



" Cil-ill 



l : Vldl >i 



,15.) 



L. (GCD., 



,t,í) 



tI te saplenlluLnib eonjlcere. {Cea. .' 

VliloDts MmDiDriim meoram qDU vldl , el lolnlloneii ci 
mm. (Dan..*, B.1 

'• AppirDeruiil iigfll qoisl manns bominls unbentll conlri 
cindctibruD Ib saperflde parJtUí aotie resiic : e( llel isplde- 



icrlbenlis. 



S.S.) 



H Nodcnllone ümeo , pradFnlliqae A^Ical*c leniebalnr, q 
n*n coaiumaela, neiíae Ininl JieuiioM liberuilt riaiim hlsmi 
ptoToubaL (Tic, Ib vlt. Agiic.) 



principes tiranos^, y ser nal ^oriMO ^ los qne lo- 
camente con ambición de finu m perdieroa ún aiib- 
dad de la república. Con esta aleoeion pudo Marco La- 
pido templar y reducir i bira muclns adutacioots da- 
ñosas , y conservar el valimiento y gracia de Tiberio v. 
El salinw del Senado Trasaa por no oír tos votos qoe 
para adular á Tiberio se daban contra la tnemorii di i 
A£rippina,fué deñAo al Senado, á él de peligro, jm 
por eso dio i los demás principio de libertadR 

En aquelh» es muy peligrosa la verdad , que, bnytit- 
do de sor aduladores, quieren parecer libres y ingemo- 
sos, y con agudos motes acusen las acciones y lidoi 
del príncipe , en cuya memoria qoedan siempre GjnsV, 
principalmente cuando se fundan en Verdad, coom le 
sucedió á Nerón con Vestino, á quien quitó la vida por- 
que aborrecía su libertad contra sus vicios^. Dadr 
verdades mas para descubrir el mal gobierno que pan 
que se enmiende, es una libertad que parece adToití- 
miento, y es murmuración; parece celo, yesmiücit. 
Por tan malata juzgo como i la lisonja } porque, si u 
esta se halla el feo delito de servidumiw, en aqurili 
una falsa especie de libertad. Por esto ios príncips 
muy entendidos temen la libertad y Ia damasiaiia li- 
sonja, Itallando en ambas su peligro ; y así, se hadebuir 
destosdoseilremoSjComase bacía en tiempo de Ti- 
berio *1. Pero es cierto que conviene tocar en It sda- 
lacion para introducir la verdad. No liaonjear algo s 
acuaallo todo ; y asi , no es menos peligrólo en ua go- 
bierno desconcertado no adular nada que adular ma- 
cho U. Desesperada de remedio quedaría la república, 
inhumano sería el príncipe , si ni la verdad ni la lisoají 
se le atreviesen. Áspid sería u cerrase los oidoe al ha- 
lago de quien discretamente le [Hocura obligará loji»- 
toC Con los tales amenasú Dios, por la boca de Jere- 
mías, al puebla de Jerusaleo, diciendo que le daña prio- 
ctpe^ serpientes, que no se dejasen encantar y los mor- 
diesen u. Fieroes el ánimo de quien alo suave de ou 
lisonja moderada no depone sus pasiones y admite i^ 
frazados con ella loü consejos sanos. Porque suele «r 
amarga la verdad , es menester cndulzalle los labios ni 
vaso para que los principes la beban. No las quieren oír 



* PosM eiliBi lata ai 



ibid.1 



ue. (Tic, 



Nía plmqoe ib siBrli idslttlaBlbDs aliariB in aeliii ■<- 
lit : ñeque tamea lempenmenli «gebat, cnm aeqoíblti aunonli- 
te , el gnlia ipud TiberLin tirncril- |Tae. , Jlb. i. A».) 

H Tlinseí PiFlua illenllo , tM bretl i|scnin prioreí idolilii- 
aes traiitmllleresallU>.«iLa:IniiiSeBani,icilblf»>aa ft- 
rícDllfecil, cieUrls llbenilli iBlUum saa pnebatl.(T*c.,llt.ll. 
ABn.) 

" Ttbertni acertaJ* facetüt lrridereHllnii,qunaip*dpiM- 
potentH ¡o longuDí nnnarii ai. (Tic, lib. S, Adb.) 

u Saepb laperls ftceiiis ülaiai , qaae ubi molUiit ei «n n- 
lerei icrcm sal meoioriini rellniíDaiit. iTac, [Ib. 19. Abd.) 

*t l'Dde ansula el lubrica onllo iBb Prloclpc, qui lUiertiM 
DCteeliil, ailiilalioneii] odenl. (Tac, llb. 1, Aon.) 

'* QiM moribni compila , pedade aieeps , il iiüla, el *" 
atisla esl issentali». (Tac. , Ub. 4, Abd.) 

u Focar illÍDi secundan atmllilDdiBciB («rpesUi.ilcal upH» 
iDrdae. e! abmnmls aareitula : qnie aoa eianillel louai I*" 
cintiiUvm. elveseScl iBcanuatii tapIcnler.irMl. i^,i■) 

** Efo Dilttaii fobt» terpealet Rcfaloi, qulbu aoi cM 1>k*^ 
UUo, etai«rdebimiTDi.liereia.|<, 17.) 



o. , a, 17.) 

Líaoglc 



IDEA DE UN PttÍNaPE 
lifOD secta, j suelen con ellas lucene peoreB. Cuanto 
mis Is datMD ea rostro i Tiberio coa su crueldad, se 
eastogreotaba mas ^. ConTeniente es alabilJes algu- 
zias accioDM imenis , como si las hnbieseo lieclio, para 
(|ue lu hagan, 6 eiceder algo en alabar el valor y la vir- 
tud , pare qae crezcan ; porque esto roas es halago ar- 
tificioso con que se enciende el ánimo en lu glorioso, 
que lisonja. Asf dice Ticito que usaba el Senado roma- 
no con Nerón en la infancia de su imperio «. El daño 
está en alabaDes los vicios y dalles nombre-de virtud, 
porque es sollalles la rienda para que los cometan ma- 
yorn. En riendi Neron que su crueldad se tenia ]iot 
justicia, se cebd mas en ella'i. Has principes hace ma- 



u Citar Dbjtctam ilbl adrerans re< 
oriu mpletiu rail. (Tac. , llb. i , Aan.| 

** ■ipra pitram liiidUios, alJoreniJIa animas lerlain qooqis 
winflorii inUslDi, mljorea coitlInEinl. {Tte-, Uti. IS . Anii.) 

« Pnlqnam cDncti tíclenipi pro ttKgü* acclpl Tldcl, cilitbat 
Ocuiian. I Tac. , lib. ti, Aim. ) 



POtfTICO-CRISTUNO. iSS 

los la adulación que la malicia. Contra nuestiii misma 
libertad , contra nuestras haciendas y vidas nos desve- 
lamos en extender con lisonjas el poder injusto de los 
principes , dándoles medios con que cumplan sus ape- 
titos y pasiones desordenadas. Apenas hubiere princi- 
pe malo si no hubiere ministros lisoujeros. La gracia 
que no merecen por sus virtudes , la procuran con los 
males públicos. ¡Oh gran maldad! Por un breve favor, 
que á veces do se consigue, ó se convierte en daño, 
vender la propia patria y dejar en el reino vinculadas 
las tiraniasl ¿Qué nos maravillamos de que por los de- 
litos del príncipe castigue Dios á sus vasallos si son 
causa dellos, obrandoelpríncipepor susministros, los 
cuales le advierten los modos de cargar con tributos ti 
puebla , de humillar la nobleza y de reducir á tírenla el 
gobierno, rompiendo los privilegios, los estilos y las 
costumbres, y son después instrumentos de la eje- 
cución? 



EMPRESA XLIX. 



Muchas razones me obligan ú dudar si la suerte de 
Bicer tiene alguna parte en la gracia y aborrecimiento 
de los principas , 6 si nueitro consejo y prudencia po- 
liri hallar camino seguro sin ambición ni peligro entre 
una precipitada contumacia y una abatida servidum- 
bre. Alguna fuerza oculta parece que, si no impele, 
nmevenuestre voluntad y la inclina mas á uno que á 
otro ; y si en los sentidos y apetitos naturales se halla 
masimpaüaóanliptianaturalálas cosas, ¿por qué 
■w SQ 1(« afectos y pasiones? Podrán obrar mas en el 
speiitoqueen la voluntad, porque aquel es mas rebel- 
de al libre albedrio que esta ; pero uo dejarí de poder 
mucbo la inclinación, fi quien ordioariamente se rinde 
Unten, principalmente cuando el arte y la prudencia 
^aboD valerse del natural del principe y obrar en con- 
unsacia del. En todas las cosas animadas 6 inanima- 
das tunos una secreta correspondencia y amistad , cu- 
yos viuculoi mas fácilmente se rompen qne se dividen. 
NihatrenUytratiajosenelreydon Juan el Segundo* 

<iiu.,aiii.Bi«p., i.so,cis. 



por el valimiento de don Alvaro de Luna , ni en este los 
peligros evidentes de su caida, fueron bastantes para 
que se descompusiese aquella gracia con que estaban 
unidas ambas voluntades ; pero, cuando esto no sea in~ 
clinacion ,• obra lo mismo la gratitud á servicios recibi- 
. dos, 6 laexcelencia del sugeto. Por si misma se deja afi- 
cionar la virtud , y trae consigo recomendaciones gra- 
tas i la voluntiid. Inhumana ley seria yi el principe 
mantener como en balanza suspensos y indiferentes sus 
afectos, los cuales por los ojos y los mauos se están 
derramando del |>echo. ¿Qué severidad pudo ocultarse 
ai valimiento? Celoso de su corazón fué Filipe II; y en él, 
no uno , sino muchos privados tuvieron parte. Aun en 
Dios se conocieron , y les diú tanto poder, que detuvie- 
ron al sol y á la luna^, obedeciendo el misma Dios á su 
voz3. ¿Por qué ba de ser lícito (como ponderó el rey 

t Sol coitra Gabaon ne moiciiii.et Ina* tootn Tillen Aialov. 
SleterDDlqne sol el liiiii. (Jos.. 10, II.) 
> ObedlenuDoDlno toct bonlnls, et pngnaale proltr>el.(R>id., 



,L,ooglc 



1S6 



' DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



don Pedro el Cruel) eligir amigos á los particulares , y 
nn A los príncipes? Flaquezas padece ladominucíoa, 
en que es menester descansar con alguo coníidente. 
DiliculLades se ofrecen en ella que no se pueden vencer 
i solits. El peso de reinar es grave y pesado á los liom- 
bros de uno solo. Los mas robustos se rinden y , como 
dijo Job, se encorvan coa élf Foresto Dios, aunque 
asistía á Moisen y le daba valor y luz de lo que liubia de 
hacer, le mandú que en el gobierna del pueblo se va- 
liese (le los mas viejos para que le ayudasen á llevar el 
trabajos ; ys su suegro Getro le pareció que era raayor 
que sus fuerzas^. Alejandro Maguo tuvo á su lado á 
Pormenon, David úJoub, Salomón á Zabud , y Dario á 
Daniel ; los cuales causaron sus aciertos. No hay prin- 
cipe Un prudente y tan sabio^ que con su sciencia lo 
pueda alcanzar todo ; ni tau solícito y trabajador, que 
todo lo pueda obrar por sí solo. Esta Ququeza bumana 
obligú ú formar consejos y tribunales y á criar presi- 
dentes, gobernadores y vtreyes, en los cuales estuvie- 
se la autoridad y el poder del príncitte : «Ca él solo 
(palabras son del rey don Alonso ei Subió) non podría 
ver, niu librar todas las cosas , porque ha menester por 
Tiierz» ayuda de otros, en quien se fie que cumplan en 
su lugar, usando de|.poderque del reciben, en aquelkis 
cosas que él non podría por sí cumplir^.» Así pues como 
se volé el principe de los ministros en los negocias de 
aftiera, ¿qué mucboque los tenga también- para los de 
su retrete y de su ánimo? Conveniente esquu alguno le 
asblavl ver y resolver las consultas de los consejos que 
suben á él \ con el cual confiera sus dudas y sus desi- 
nios,y(Ie quien se informe y se valga para la eipedi- 
cion y ejecución dellos^. ¿No seria peor que, embaraza- 
do coo tantos despachos , no los abriese? Fuera de que 
es menester que se halle cerca del principe algún mi- 
nistro que, desembarazado de otros negocios, oiga y 
reüeni, siendo como medianero entre él y los vasallos ; 
porque no es posible que pueda el principe dar audien- 
cia y satisfacer & todos, ni lo permite el respeto & la 
majestad. Foresto el pueblo de Israel pedia & Moisen 
que hablase por elimos á Dios , temerosos de su prescn- 
Cía9;yAbsalon, para liucer odioso á David, le acusa- 
ba deque no tenia ministro que oyese por él d losaflí- 
pdos'o. ■ 

El celo y la prudencia del valido pueden, con la licen- 
cia que concede la gracia , corregir ios defectos del go- 
bierno y las inclinaciones del principela. Agrícola con 



* Sab qno turvaoiar, qui porunt arlxin. (Job, 9,iZ.) 
' UUBSlsnleDl tKBm onni pqpnli, ti naa |s lolis gn 
|Niiai.,ll.n.) 
o Ultra Tir«; Inas tsl ncgolinm , solas illuil non gtolerls su 



'lib.,8, ept,st.9.i 

" Loquere m nohil, et aadiemns : non loqnai 
BBS, oe fnrW niDrlaninr. lEíod. . SO, 19.) 



destreza detenia-lo precipitado de Domidano;yaua. 

queSeyanoera malo, fué peor Tiberio, euaddo faltán- 
dole del lado, dejii correr su naturuM^; y aveces ohn 
Dios por medio del valido la salud del reino, como por 
Naaman la de Siria 13 y por Josef la de Egipto. Sieodo 
pues fuerza repartir este peso del gobierna, natural 
cosa es que tenga alguna parte la afición 6 confronti- 
cion do sangre en lii elección del sugeto ; y cuando esta 
es advertida y nace del conocimiento de sus buenas 
partes y calidades, ni en ella hay culpa ni daño;aoies 
es conveniencia que sea grato al príncipe el que ha de 
asistillo.l.adiScultad consiste en si estaeleccioaiíade 
Mr de uno ó de muchos. Si son muchos igualmente fa- 
vorecidos y poderosos, crecen en ellos las emulacio- 
nes, se oponen en los consejos y peligra el gobierno;; 
asi , mas conforme parece al urden uatural que se re- 
duzcan los negocios & un ministro solo que relé sobre 
los demás, por quien pasen al príncipe digeridas las 
materias , y en quien esté sustituido el cuidado, no el 
poder ; luS consultas , no las mercedes. Un sol da luz al 
mundo, y cuando se trasmonta, deja por presidente de 
la Docho, no ú muchos , sino solamente d la luna , y con 
mayor grandeza de resplandores que los demás astros, 
los cuales como ministros inferiores' I a asisten ; pero al 
en elia ni en ellos es propia, $tno prestada la luz, la 
cual reconoce la tierra del sol. Este valimiento no des> 
acredita d la majestad cuando el príncipe entrega parle 
del peso de los negocios al valido , reservando d si el 
arbitrío y la autoridad; porque tal privanza no essola- 
mente gracia , sino olicio ; no es favor, sino sustiíncioa 
del trabajo. No la conociera la ¡nvidia si, adverliiios 
los principes , le hubieran dado nombre de presideneíi 
sobre los consejos y tribunales , como no reparabAn eo 
los prefectos de (tolna , aunque eran segundos Césares. 
La dicha de los vasallos consisle en que él principe no 
sea como la piedra imán, que atraed si el hierro y des- 
precia el oro, sino que se sepa hucer buena elección de 
un valido que le atribuya los aciertos y las mercedes, 
y tolere en si los cargos y od,ios del jiuoblo ; qne sin di- 
vertimiento asista, sin ambición negocie, sin desprecio 
escuche, sin pasión consulte y sin interés resuelva; 
quedlautiltdad'públ¡ca,y nodlasuyanid la conser- 
vación de la gracia y valimiento, encamine los negocios. 
Esta es la medida por quien se conuco si es celoso 6 ti- 
rano el valimiento. En la elección de un tal mioisln) 
deben trabajar murlio los principes, procurando qae 
no sea por antojo ú ligereza de la voluntad , sino porsus 
calidades y méritos, porque tol vez el valimiento no es 
elección , sino acaso ; no es gracia , sino diligencia. Ua 
concurso del palacio suele levantar y adoraron ídolo, 
á quien da una cierta deidad y resplandores de tnajes- 



[Qivatarreligio, flat leqnllas. Ecdesia ilila 



r. (Pelr.. Bln., 



., dainSelaiiiimdileili,tiauil<e 
e decora prorupií.poíiqaam Kan 
tngenio nlebalnr. (Tac. , llb. E, ' 



(LiOOglC 



IDEA DE UN PRINCIPE 

lacl el cullo de lODcbos que le hincaa la rodilli , le en- | 
t'nnáea candelas yleabraMn inciensos, acudiendo á 
él coa sus ruegos y Tolos 11; y como puede la industria 
iBudiUe el curso á uu rio y divertille por otra parte, así 
dejando los uegociantes la madre ordinaria de los De- 
gocios, que es el principe y sus consejos, los hacen 
cdfTerporlaUel tb I ido solamente , cuyas artes después 
tienen cautira la gracia , sin que el principe mas enten- 
dido acierte i librarse dellas. Ninguno mas cauto , mas 
seüorde si que Tiberio 1^, y sesujetdáSeyano. Eneste 
casono sé^si el valimiento es elección bumaoa á Tuerza 
soperior para mayor bien ú para mayor mal de la re- 
púlilica. El Espiritu Santo dice que es particular Juicio 
de DiosW. licito atribuye la gracia y caida de Seyano 
i ir* del ciek) para ruina del imperio romano i'. Daño 
ts muy difícil de atajar cuando el valimiento cae en 
gran personaje, como esordinario en los palacios , don- 
de unen los mas principales ; porque el que se apode- 
ra mu lez dél , le sustenta con el respeto á su naci- 
mieoto y grandeza , y nadie le puedederribar fúcil men- 
te, como hicieron á Juan Alonso de Rubíes en tiempo 
del re* don Juan el Segundóos. Esto parece que quiso 
dirienteDderelreydoQAlobso el Sabio cuando, tra- 
tando déla fomilia real, dijo en unn ley de las Parti- 
dasi9: >E otrosí, délos nobles liomcs, 6 poderosos, 
Donse puede el Rey bien servir en los oficias de cada 
di). Ca por la nobleza desdeñarían el servicio cotidia- 
na: é por el poderío atreverse yen á facer cosas, que 
seloTDUiaiiendaño, éendeapreciamento dél.» Peli- 
groso etli el corazón del príncipe en la mauo de un va- 
sallo i qoiea los demfts respetan por su sangre y por el 
poder da sus estados ; si bien cuando la gracia cae en 
persoDija grande, celoso y atento al servicio y bonor 
desu príncipe y al bien público, es do menores incon- 
mieoles ; porque no es tanta la invidia y aborrecí- , 
nieato del pueblo , y es mayor la obediencia i las ór- 
denesqoe pasan por su mano ; pero en, ningún caso 
destos habrá inconveniente si el principe supiere con- 



" KilUtado inlan bonlDim abdiicui per spaeiem operlt, aum 
fiiule icBpu Itaqum liomo tioDanlai fnenl, naDeDeam aei- 
uw'fniBLISip., tí, SO.) 

') TUwtliiia nriis ittibiu ileilmU . idaóilolisciniiDidTenDiD 
ilios, ubi nnl ioeiDlam, laleclnnqne eíOícarel. (Tic. , lib.,4, 

^ Xilti nqnlranl t»cítm Prlnclpts, etjnillelum i Damlnoesre' 
dilar liiiiiilDnim. |Prov. , !9, IS-I 

" Non uoi lolerU) (itnippe lisdem irtibaí vicias esl) qDkpa 
IMn Ir) la lem namanim , lojai parí eilUo ilgail . cecldllqae. 
Tu., Jib.i, Aii.) 

''■lat.,llilI.Hltp.,l.ia,c.l5. 

''L.i,B1.9, patti. 



POLtTICO-CRISTIANO. 127 

trepesar su gracia con su autoridad y con loe méritos det 
valido, sirviéndose solamente dél en aquella parle del 
gobierna que no pudiere snstenlnr por s! solo; porque, 
si todo se lo enlregH , le entregará el oQcío de principe, 
y eiperimentará los inconvenientes que ezperimentd el 
rey Asnero por liaber dejado sus vasallos al arbitrio 
de Aman ». Lo que puede dar ó flrpiar su roano , no lo 
ha dedarní firmar la ajena. No ha de ver por otros ojos 
lo que puede ver por los propios. Lo que toca A los tri- 
bunales y consejos, corra por ellos, resolviendo des- 
pués en voz con sus presidentes y secretarios, concuya 
relación se bard capaz do las materias, y serünsus reso- 
luciones mas breves y mas acertadas, conferidas con 
los mismas que han criado los negocios. Asi lo hacen 
los pepas y los emperadores, y asi lo hacían los reyes 
de España , hasta que Filipo II , como preciado de la 
pluma , introdujo las consultas por escrito : estilo que 
después se observd y ocasionú el valimiento ; porque, 
oprimidos los reyes coii la prolijidad de varios papelesj 
es fuerza que los cometan á uno , y que este sea valido. 
Haga el príncipe muchas favores y mercedes al valido, 
pues quien merecía su gracia y va i la parte de sus fa- 
tigas, bien merece ser preferido. La sombra de san Pe- 
dro hacia milagros*'; ¿qué mucho pues que obre con 
mas autoridad que todos el valido , que es sombra del 
príncipe? Pero se deben también reservar algunos fa- 
vores y mercedes para los demás. No sean tan grandes 
las deniostmciones, que excedan la condición de vasa- 
llo. Obre el valido como sombra , no como cuerpo. En 
esto peligraron los reyes de Castilla que en los tiempos 
pasados tuvieron privados ; porque , como entonces no 
era tanta la grandeza de los reyes, por poca que les 
diesen, bastaba á poner en peligro el reino, cómo suce- 
dió al rey don Sancho el Fuerte ** por el valimiento de 
don Lope de Aro , al rey don Alonso XI for el del con- 
de Alvaro Osorio , al rey don Juan el Segundo y á don 
Enrique el Cuarto por el de don Alvaro de Luna y don 
Juan Pacheco. Todo el punto del valimiento consbte en 
que el príncipe sepa medir cuAnto debe Tavoreceral 
valido, y el valido cuánto debe dejarse favorecer del 
principe ; lo que eicede do esta medida causa (como 
diremos) celos, invidfas y peligros ». 

U De pspala >se , qaod Ubi placel. ( EtUt. , 3 , il.) 

t< til ven leo te Pairo, ulten aaibra IIJIdi obncabratti qnem- 
qaam lllaram , el libcrarenlar ib inOraiitatibus suia. (Act., 5, 15.) 

nHar.,H<sl. Hijp.l. 4, c. 10. 

*) Di aterqae measoram Implere aoveril , Princepi qnintnm trl- 
boere tmicú poisii, el hit qaaaluní a PriQClpe acclpen : Melera 
iDvldiain aagcDt. <J>t., lib, ll,A^a.] 



ivGoosle 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJAEtDO. 



EMPRESA L. 



Desprecia el monte laq demás obras de la naturalexa, 
y eotre todas se leTanta i comunicarse cod el cielo. No 
invidie el valle sufjrandeía; porque, si bien estimas 
vecino á ios favores de Júpiter , también está & las iras 
desús rayos. Entre sus sienes se recogen las nubes , alU 
se arman las tempestades, siendo el primero á padecer 
sus iras. Lo mismo sucede eo los cargos ; puestos mas 
vecinos á los reyes. Lo activo de su poder ofende i lo 
que tiene cerca de sf . No es menqs venenosa su comu- 
nicaciooquela de una víbora'. Quien anda entreellos, 
anda entre ios lazos y las armas de enemigos ofendi- 
dos X Tan inmediatos esLdo en los principes el favor j 
el desden , que ninguna cosa se interpone. No toca en 
lo tibio su amor. Cuando se convierte en aborrecimien- 
to, saltade un extremo al otro, del fuego al bielo. Un 
instante mismo los vio amar y aborrecer con efectos de 
rayo, que cuando seoye el trueooó vesu lux, ya de^ eu 
ceniza ios cuerpos. Fuego del corazón es la gracia : con 
la misma facilidad que se enciende, se extingue. Algu- 
nos creyeron que era fatal el peligro de los favorecidos 
de principes s. Bien lo testifican los ejemplos pasados, 
acreditados con los presentes, derribados en nuestra 
edad los mayores validos del mundo : en España el du- 
que de Lerma , en Francia el mariscal de Ancre , en In- 
glaterm el duque Boquingan , en Holanda Juan Olden 
Vemaliélt, en Alemania ol cardenal CItselio, en Roma 
el cardenal Nazaret. Pero hay muchas causas i que se 
puede atribuir: i porque el principe dio todo lo que 
pudo, <i porque el valido alcanal todo lo que deseaba *; 
y en llegando í lo sumo de fas cosas , es fuerza caer ; y 
cuando en las mercedes del uno y en la ambición del ' 
otro baya templanza, ¿cómo puede haber constancia 



• Lant^*beilaiblioDliepoleslalmli>beDt«i)eeldeiidl, etnon 
tuplubcrli ÜmoreDB mortlt. Conimiiilaiicm mortli BciU). (Eccl., 
9, 18.) 

1 QloDiam In Bcdio laipiearaiilDgrcdícrU, elinper dolínlliuil 
■imi HubiJabls. (Bcd., S,90.) 
■ Filo pateniiie nro umpUcrnie. (Tic, lib. 3 , Aun.) 

* An MtiDS opit, aai illos, cum onnia tribaertai ; tat bos, 
can Jim nihU rcllinnn tu qaod cipiínL ( Tic. , ibil.) 



en la volantad de los principes, qoe, como aos velw- 
mente , está mas B^jetft á la variedad y á obrar dívenn 
efectos opuestos entre si? ¿Quién afirmará el aEecbi 
que se paf^adelasdiferenciasdelasespeeiesy yeiu- 
mo la materia primera, que no repbaa en naa Fonu ; 
se deleita can la variedud? Quiín podrá cebar y mu- 
tener el agradp sujeto á les achaques y afecciones del 
ánimo? Quién será tan cabal , que coMerve en ua es- 
tado la estimación que Lace del el principe? A todotili 
enlos ojos ei valimiento. Los amigos def principe crees 
queel valido les disminuye la gracia ; tes enemigas, qw 
les aumenta Los odios, si estos se reconcilian, se pone 
por condición la desgracia dal valido ; y si aquellos m 
retiren, cae la culpa sobre ól. Siempre está armidi 
contra el valido la emulación y la invidia , atentis i kií 
accidentes para derríballe. El pueblo -le aborrece tu 
ciegamente, que auilel mal natural y vicios del prioci- 
pe los atribuye á él. En daño da Bernardo de Cibrai 
resultaron las violencias del rey don Pedro el Cuarto de 
AragonS, de quien fué favorecido. Con lo mismo que 
l^ocura el válido agradar al prfKÍpe, la bae< odiosoi 
ios demás; y a^, dijo bien aquel gran varón Alfoitsode 
Alburqnerqne, goberaador de los Indias Orieatales, 
que si el ministro satisfacía á su rey, se ofendían In 
hombres; y si procuiaba la gracia de los hombres, pe^ 
dia la del Rey. 

SI la privanza se funda en la adoración esterna fo- 
mentada de las artes de palacio, es violenta y burtadi, 
y siempre k libertad del príncipe trabaja por ñbnt» 
de aquella servidumbre, impuesta , y no voluntaría. 

Si es inclinación, está dispuesta i las segundas cau- 
sas, y se va mudando con la edad 6 con la ingratitud 
del sugeto, que desconoce áquieole dio el serO. 

Si es fuerza de las gracias del valido que prendan )a 
voluntad del principe, ó brevemente se marcbitaa, i 
dan en rostro, como sucede en los amores ordlnarioi' 

B II>r.,Hiíl.IIisp.,l. 7, c. 7. 

• QdodIiid Ignorartl, i|ai sefloill, ePqailoiplnifliUi""^'"' 
qate openiot, «¡qBiininfniylleispirllniD TililíB.(Sip-.l'i'''l 



(LiOOglC 



IDEA DE UN PRÍNCIPE 
Si«5 porlu calidades del inimo, mayores que las 
:r< príucipe , en recooociéDdolas cae la gracia ; porque 
i -U >ufre Teatajas eti el eiileodi miento ó eo el valor, 
US (stimbles que el poder. 

SÍMporel desvelo y cuidado- en los nef;ocios, no 
netos peligra la vigilancia que la negligencia ; porque 
ü'jiieinprecarrespoadeDlossucesosii los medios , por 
U lirer^dad de los uccidentes , y quieren los príncipex 
f^i' mío salga á medida de,sus deseos y apetitos. Los 
^v^iiii^cesosseatribuyeDaiacaso ó i la forluDa del 
'^. pe', y DO ala prudencia deUalidn ; y los errores 
t'.fiíi, aunque sea ajena la culpa ; porque todos se 
Ar.'iaásí las felicidades, y las advcrsiJiuies úotro^, 
jtSt siempre es el valido. Aun de los casos fortúí- 
Sj-liai;encargn,aoinoáSeyanael ¡lalierse caido el 
taLltitro y quemado el monte Celio?. No solamente 
"i'pjn en ios negocios que pnsau por su mano, sino 
-..ri-a¡«QúS,óeD los accidentes que penden del ar- 
k'ii ilel príncipe y de la naturaluza. A Séneca atri- 
tioB el luber querida Nerón ahogar á su niadre >0. No 
otúea la imaginación de loa hombres rnalJad tan aje- 
t, ielaTRrdaJ, que no se creyese de Seyaou». No 
li< muerle Datural de ministro grande bieu afecto al 
pi'ijie, ni de pariente íujo, que no seacliaquein- 
¡rtnuraleal valido, comoal duque deLerma ie muer- 
iciklpríadpe Filipe Emanuel, hijo del duquu Curios 
.'';:!ah)fa, habiendo sido natural, 
^c'nliniienlo nace de lu obligación ti grandes ser- 
m*i, se cansa el príncipe con el pesn dellos, y se 
^ii^nudio la gracia, porque mira como á acreedor 
tl'^io; t no pudiendo satisTucelIe , baseu pretextos 
;tn futbrtf y levantarse con ¡u deuda *i. El recouoci- 
itmoeespecie de seTridumbre,pon^o quien obliga 
v'ir'r superior al otro : cosa in compatible con la ma- 
;*-'iJ,cuvi) poder se disminuye en no siendo mayor 
i' li 'litigación ; y apretados los príncipes con la 
^•'Tii!ela;;ndecimiento y con el peso de la deuda, 
u fB nulables ingraliludea por librarse della i^. El 
£o-.-iit«r Adriano liiio malar á su ayo Ticiano, á 
;'V<itbi)i;l imperio; fuera de que mucfios años de 
'''fo'4 pierden con un descuido, siendo los princi- 
^n.iííici'es í castigar una ofensa ligera que á pre- 
"TjudKS servicios. Si estos son gloriosos, dan ce- 
-)..>ntia al mismo principe que los recibe, porque 



u uul impiiuatai. (Tac, 



I, Aid.) 



. cajos immaliilas amnlnD qocini inlel- 
■■'l'-fwni«oreSíieej íTM.qaod gitliane UU confes- 
■^ív„pl..Tj(.,ifb.ll,Anii.l 

¡IviiSriusarióBaniiiaiDniDD rcpertoT hibebitnr, ex 
- '''in »■ Cirurls, et eiflecarap] Ln mniaiqae odio, 
-'»w'iu«t loBiiii CKdtbinur. [Tac, Uta, 4, Aiin.l 
'úv-irtdi rous^n lleta >iDl, dim vides t«r eialvl jat- 
■■ anua uKiHwn, pn> (nUtodiiu redáiior. (Tic, 



POLlTICO-CmSTFANO. 129 

algunos se indignan mas contra los que feliz y valero- 
samente acabaron grandes cosas en su servicio, que 
contra los que en ella procedieron flojamente, como 
socedió á Filipe, rey de Macednnia, parecíéndole que 
aquella se quitaba d su gloria ^'; vicio que heredó dét 
sujiijo Alejandro i^, y que cayó en el rey de Aragón 
don Jaime el Primera cuando , habiendo don Blasco dd 
Aragón ocupado d Morella, sintiú que se le hubiese 
adeianta4o eti la empresa, y se la quitó, diindoledSás- 
tago. Las Vitorias de Agrícola dieron cuidado d Domi- 
cíano , viendo que la fama de un particular se levantaba 
sobro la del príncipe ^B ¡ de suerte que en tos aciertos 
está el mayor peligro. 

Si la gracia nuce de la obediencia pronta del valido 
rendido á la voluntad del principe, causa un gobierno 
desbocado , que fiicilmente precipita al uno y al otro, 
dando en los inconvenientes dichos de la adulación. No 
suele ser menos peligrosa la obediencia que ia inobe- 
diencia , porque lo que se obedece , si se acierta , M 
airíbuye alas órdenes del principe ; si se yerra, at va- 
lido. Loque s% dejó de obedecer, parece que faltó al 
acicrluó quecausóel error. Si fueron injustas las ór- 
denes , no so pueitu disculpar con etlas , por no ofen- 
der el principe. Cae sobre el valido toda la culpa á los 
ojos del mundo; y por no parecer el príncipe autor de 
la maldad, le deja padi'cer ó en la opinión del vulgo ó 
en las manos del juex ; como liizo Tiberio con Pisón, ha- 
biendo esteavenenado d Germfinicn por su orden, cuya 
causa remitió al Senado i^ ; y poniéndosele delante, no 
se dio por entendido del caso, aunque era cómplice, 
dejándole confusa de verle ton cerrado sin piedad OÍ 

Si el valimiento cae en sugeto de pocas partes y 
méritos, el mismo peso de los negocios da con él en 
tierra, porque sin gran valor é ingenio no se mantiene 

mucho la gracia de los principes. 

Si el valimiento nace de la conformidad de las virtu- 
des , se pierde en declinando dellas el príncipe , por- 
que aborrece al valido como dquien acusa su mudan- 
za y de quien no puede valerse para los vicios W. 

Si el principe urna al valido porque es instrumento 
con que ejecuta sus malas inclinacioues, caen sobro 
él lodos los malos efectos que nacen deltas d.su per- 
son^ó al gobierno , y se disculpa el principe con der- 
riballe de su gracia , ¿ le aborrece luego, como A testi- 
go de sus maldades, cuya preseucia ledeenrostrocon 
ellas. Poresta causa cayó Aniceto, ejecutor de tarauer- 

<t Eamila gloriae cupidDm esse dknot ramlllircí, ut omnia 
pneclin raclnora sDi este viilerl cupll, el migis loiligiiiLDr Ds- 
eJbaset PnctecLli, qul prospere el liudibilller itJfald gelserioV 
qggn iis, qui infclicilcf el igiine. (Denioílb.l 

'ü Suie demplum gloriae eiliUmaui quldqnid ce&sisiet aliene. 
ICnK.) 

ts Id sibi miiliaí' [arm i dolosa m , priíali taoKiBis Domen upra 
Prtntipls illolll. iTae. , In tII. Agrit.l 

■'' Inie^m caosam >d Senalun remlsil. (Tac. , iib. 3 , Ana.) 

claassmqaeiidit, se i|bo aíTeeti per- 



,L,6oglc 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



te de Agríppina , en desgracia de NeroD *»■ y Tiberio 
se cansaba de los mioistros que eligía para sus cruel- 
dades,ydiestrBmentelos oprimía, y se valia de otros». 
Con la ejecución se acaba el odio contra el muerlo 
y la gracia de quien le matú , y le parece al príncipe 
que se purga coa que este sea castigado , como su<y- 
did á Plancina *>. 

Sí el Talimieutü se funda en la confianza ya hecha 
de grandes secretos, peligra en ellos, siendo vi )|oras en 
el pecho del valido , que le roen [as eutraüas y saleo 
aTuera; porque , 6 la ligereza y ambición de parecer fa- 
Torecidos los revela , 6 se descubren por otra parte , 6 
ae sacan por discurso , y causan la indignación del prin- 
cipe contra el valido ; y cuando no suceda esto, quiere 
el príncipe desempeñarse del cuidado dc^haberlos Gado, 
rompiendo el saco donde están. Vn secreto es un pe- 
ligro K. 

No esTOenor el que corre lagracía fundada en ser el 
valido satiidor de las flaquezas y indignidades del prlo- 
cipe ; porque tal valimiento mas es temor que inclina- 
don, y no ^ufre el príncipe que su bonoi' penda del si- 
lencio ajeno, y que haya quien internamente le des- 
estime. 

Si el valimiento es poco, no basta i resistir la furia 
de la invidia, y cualquier viento le derriba como á 
árttol de flacas raices. 

Si es grande , al mismo príncipe , autor del , da ce- 
losy temor, y procura librarse del, como cuando, pi>- 
niendo unas piedras sobre de otras , tememos no cai- 
ga sobre nosotros el mismo cúmulo que liemos le- 
vantado , y le arrojamos i la parte contraría. Reco- 
noce el principe que la estatua que ha formado hace 
sombra á su grandeza , y la derriba. No sé si diga que 
gnstan los príncipes de mostrar su poder tanto en 
deshacer sus liecliuras como en liaberías hecho ; por- 
que, siendo limHado,no puede parecerse al inmenso, 
si novuelveal punto da donde saJiújd anda en circulo. 

Estos son los escollos en que se rompe la nave del 
valimiento, recibiendo mayor daño laque mas tendidas 
lleva las velas ¡ y si alguna se salvó , fué , ú porque se 
retird con tiempo al puerto , 6 porque dio antes en las 
costes de la muerte. ¿Quién pues será tan diestro piloto, 
que sepa gobernar el timón de la gracia , y navegar en 
tanpeligrosogolfo?¿Ou^ prudencia, qué artes le 1%B- 
rdndél7Qué sciencia química lijará el azogue do 1a vo- 
luntad del principe ? Pues aunque su gracia se funde en 
los méritos del valido con cierto conocimiento dellos, 
no podrá resistir á la invidia y oposición de sus ímolos 
unidos en su ruina , como no pudieron el rey Darío ni 
el rey Acfais sustentar el valimiento de Daniel y de Da- 
vidcontralasinstanciasde los sátrapas ><, y para com- 
ió LcTlposiidiiluiunicdiufralli, d«lii rrtiiore odio: qnli 
nalorara hclnoniii Btnlitri qoiil cipnibnsics iipleinatar-iTie,, 
Ub. U.AflB.) 

V Qni lulcroB Dlniítrai, atpemrtl ab ilili noleliil, Iti plo- 
nnqae utlatas , ct obItUs (lundcBopenn rKeitlbu, nt»- 
ttt tí pne|ra?H «niilL (Tic, lib. 11, Adb.) 
•■ ütodliía el (nlii datecsra. Jai nlill. [Tic.,lib. B. Aai.) 
a* Secrcnm mean nlhlT Vm nibl. (luí., U, 16.) 
M pMrt Rn M|liib» MHliuen em MpM oui« refaiB: 



placollos fui menester desterrar á este y echar itgiA 
i los leones, auuqueconocian la bondad y fidelidad dt 
ambos K>. 

Perosi bien no hay advertencia ni atención que bas- 
ten á detener los casos que no penden del valido, nn- 
cho podrán obrar en los que penden del , y por lo me- 
nos no será culpado en su caída. Esta coosídoi>cionnM 
obligaáseüalalle aquilas causas príncipslesque laapre- 
suran, nacidas de su impruj^encia y malicia, para que 
advertido, sepa huir dolías. 

Considerando pues con atención las mliimasytccio- 
nesde los val i dos pasados , y príocipalmeote de Seyíoa, 
líallarémos que se perdieron porque no supieron con- 
tinuar aquellos medios buenos con que granjearon la 
gracia del príncipe. Todos psra merecella y tañer dt 
su parte él aplauso del pueblo , entran en el valimiento 
celosos, humildes, cortesesy oficiosos, dandocoose- 
jos que tuiran á la mayor gloria del principa y conser- 
vación de su grandeza, arte con que se prOcurd acre- 
ditar SeyanoK; pero en viéndose señores de la gracia, 
pierden este limón , y les parece que no le han menes- 
ter para navegar , y que bastan las auras del favor. 

Estudianenque parezcan sus primeras acciones dei- 
cuidadas de la conveniencia propia y atentas i la de 
su principe , anteponiendo su servicio á la liacieath j 
ata vida; con que engañado el príncipe, piensa húa 
hallado en el valido un fiel compañero de sus trabijiK, 
y por tal le celebra y da i conocer á todos. Así cele- 
braba Tiberio á Seyano delante del Senado y del pue- 
blo ". 

locura acreditarse con el príocipe en alguna k- 
cion generosa y heroica qne le gane el ánimo , como m 
acreditó Seyano con la fineza dekostenlarconsui bri- 
zos y rostro la ruina de un moot^que caia sobre Tibe- 
rio , obligándole i que se fiase mas de su amistad j 
constancia ^. 

Empresa una vez esta buena opinión de la lineii M 
valida en el principe , se persuade á que ya no puede 
faltar después , y so deja llevar de sus consejos, aunque 
sean perniciosos , como de quien cuida mas de su pe^ 
sena que de si mbmo. Asi lo hizo Tiberio después deile 
suceso^. De aquí nacen todos los daños; porque d 
príncipe cierra los oídos al desengaño con la fe concer 
bida, y él mismo enciende la adoración del valido, |x> 
mi tiendo que se le llagan honores eitraordinarios, co- 
mo permitió Tiberio se pusiesen los retratos de Sejaso 

ande Prllelpci et Silnp» qniirebinl occulonem illiiTeiiTm 
Dinlell ei latera Hcgii : oalLiDquB uuim tí sospiclopen refe- 
riré palieniDl. (Dta., B, 4.1 

u NoD loveal Ib U qaldqviB Bal) tí die qu leniiii >1 bí, 
uqne Id diem banci sed Salrapls ana places. (1, Rer.,19,S.I 

Taoc Kei praeeepil, el adduMrant Danlelem , el mlitraot eul 
Id lacín lesniD. OliiUiae Reí Dasiell : Deui uní, qgcBulii 
semper. Ipse le Uberabll. {Dan., 6, 18.) . 

*■ Qali Sf)aBus liclpleate adhac poteatti , boili conillUi 1>- 
nOIeieere lalebal. (Tie. , 11b. 4, Aan.l 

V tlliueloai labonm, noa nuda U lermoalbiii, •«<■;•' l>- 
Ireí , et popolin eelebnreL | Tac. , ihld.) 

M PraebDltqne ípu malerlam, cor lEaitítlae coBitinlUtíie 
inae magia Bderel. ( Tic. , Ibld.) 

M Majar ei eo , et qaipqoam eilllasi audersl, al aoi wi •>' 
ilni , am (de aaUckuar. (Tie. , Uk. i. Au.) 



vLiOOglC 



IDEA DE UN PRINCIPE 
m lo* teitroi, en las plazas y 'entre las insignias de 
lasiegiáDSs». Pasaluegnel susurro de tosTavores de 
DDis orejas á oins , y del se ronun el nuevo ídolo , co- 
mo de los urcilloí el otro que fundid Aaron^' ; porque, 
A no hubiera TalimieulO'ó uo durara, sino hubiera 
iclamacion y séquito. Este cuKo le hace arrogaule y 
codicioso para sustealar la grandeza : vicios ordinarios 
de los poderosos 31. Olrídase el Tulido de si mismo , y 
le caen aquellas buenas calidades con que empezó á 
prinr,conio postizas , sacando la prosperidad afuori 
los vicios que liabia celado el arte. Así sucediú i Anto- 
nio Primo , en quien la felicidad descubrió su avarída, 
íD soberbia y todas las demás costumbres malasqne 
lates estaban ocultas y desconocidas 33. Pertúrbase la 
raiOQ con la grundeza , y aspira el valido d grados des- 
iguales i su pvsona , como Seyano á casarse coa Li- 
bia u. No trata los negocios como ministro , sino como 
coinpañero (en que pecó gravemente Muciano^^) , y 
quiere que al principa solamente le quede el nombre, 
jqueenéise Irensti era toda la autoridad 36, sin que 
h);a quiei^ atreva á decille lo que Betsabé í David, 
cuaudole usurpó Adoulas el reiuo : n Olí , Señor, repa- 
rad en que qtro reina sin sabello vos st. » Procura, el 
valida exceder al príncipe en aquellas virtudes propias 
del oBcio real, para ser mas estimado que él : arte de 
que se valló A.bsalon para desacreditar al rey David, 
irtclanda la iMnignidad y agrado en las audiencias , 
COD que robó el corazón de lodos ^. 

No le parece al valido que lo es si no participa su 
gnadeiiiloB domóslicos , parientes y amigos, y que 
fanestirs^uro couTÍene abrazar con ellos los pues- 
tos majores y cortar las fuerzas á la invidin. Con este 
intento adelantó Seyano los 3uyos3S; y porque este po- 
der es desautoridad de los parientes del principe , los 
cuttei siempre se oponen al valimiento, uo pudien- 
dosutrir qiie sea mas poderosa la gracia que la san- 
ir^, j que se rinda el principe al inrerior, de quien 
liayan de depender (peligro que lo reconoció Seyano 
en los dría familia de Tiberio «>}, siembra el vulid» 
discordia entre ellos y el principe. Seyano daba ti en- 
tender i Tiberio que Agrippiaa maquinaba coutra él , 



" Ca1ii|Be f«r Uintn , et ron eFIlfie* eiu , inlerqu principia 
>(ti<UiBiÍBerrL(ne., lit. 4, Ann.) 

■' Qui tnB lile icccpiuel , Fumiirii «iierB Iniorlo , el tecli ex 
^ 'ilolia cMlitlIeD. < Biod. , SI , i.) 

*' Anritiígi el irrofiailMi , prinlpu lalldiarBn rtUa. (nc, 

^ rdlduda l«lliatnloinrlilab,ia|iH'bi*ni.iielenqieoc- 
alD Bill paler>ell. iTae, , llb. 3, Hisl.) 

** Al Sciaiai al>ia fonaoi locon, vi mnliebrl Insipcr enfil- 
<lM liKfuu, pronusam nalrlinoDiam flaillante Uiil couponli 
¡iCituitm coditiLIcu. iTic, , lib. 4, Ann.) 

" Mocíhu cim eipedita mann soctom magii Impertí, qnaco 
«iiiiiniii , aini. ( Tai. . tib. í " 

" v¡B Princlplt aoiplrcli , nu 

" Ette BBnc AdoBi» rcfnal, 
IS.Flti.,1, 1g.i 

'* l'oraliitir torda TlrDnnlinrl.O, Rcg., IS,6,) 

** !<rqBe Senalorla aaibila absUnebal (líenles iBus hODOribBt 
a»l hiiinelia ornamla. iTíc. , lib. i , Ann. ) 

" Cictcrnin plena Cacuram domni, jBVcnla StiBt, nepolN 
aliIU, DOttM capJUí affrtebiBI. (Tac. , IbM.) 



POLÍTICO-CRISTIANO. 131 

y i Agríppina que Tiberio le quería dar veneno *i. 

Si un caso destos sale bien al válido , cobra conliaoza 
para otros mayores. Muerto Druso, tratd Seyano da 
extinguir toda la fuinilía de Germánico- Ciego pues el 
valido con la pasión y el poder , desprecia las artes 
ocultas , y usa de abiertos odios contra los parientes, 
como sucediód Seyano contra Agrippina y Nerón. Nin- 
guno se atreve á advertir al valida el peligro de sus ac- 
ciones , porque en su presencia , ilustrada con la ma- 
jestad , tiemblan todos , como temblaban en la de Moí- 
sea cuando bajaba de privar con Dios 41; y viéndose 
respetado como principe, maquina contra él W y opri- 
me coa desamor á los vasullos , no asegurándose que 
los podrá mantener gratos ; con que desesperados, lle- 
gan á dudar si seria menor su avaricia y crueldad ai 
le tuviesen por señor; porque no siéndolo , los trata 
como á esclavos propios, y los desprecia y tiene por 
Tiles , como á ajenos ; lo cual ponderó Otón en un fa- 
vorecido de Galba U. 

Todos estos empeños hacen mayores los peligros, 
porque crece la invidia y se arma la malicia contra et 
valido; j juzgando que no la puede vencer sino con 
otra mayor , se vale de todas aquellas artes que le dic- 
tan los celos de la gracia , mas rabiosos que los del 
amor ; y como su firmeza consiste en la constancia de 
la voluntad del principe , la ceba con delicias y vicios, 
instrumentos principales del valimiento , de los cuales 
usaban los cortesanos de Vitellio para conservar sus 
favores^. Porque no dé crédito el principe á nadie, le 
bace el volido dilideute de todos , y principalmente de 
los buenos, de quien se ti'memas. Con este artiGcio lle- 
gó Ssermuy favorecido Vutinio *B y también Seyano *'. 

Considerando ef valido que ninguna cosa es mas 
opuesta al valimiento que la capacidad del príncipe, 
procura que ni sepa ni entienda ni vea ni oiga, ni tonga 
cerca de si personas que le despierten. Que aborrezca 
los negocios, travéitdolo embelesado con los diverti- 
mientos de la caza , delosjuegosy(ie.sla5; con que di- 
vertidos los sentidos, ni los ojos atiendan á los despa- 
chos ni las orejas & lus murmuraciones y lamentos dtí 
pueblo , como liaciun en los sacriiicios del ídolo Ho- 
loch, tocando panderos para que no se oyesea los gemi- 
dos de los hijos sucrilicados. Tal vez con mayor artifi- 
cio le pone en los negocios y papeles, y le cansa , como 
á los potros en los burbeclios, para que les cobre ma- 



II immliali qBl per ipecleDi anlcltite nanemtl, pinlBB U 
leneanm , vlianM» íoeeri «pulís. \ Tac. , lib. 1, Ana.) 

11 Videnlcs aaleai Airnn, el UtlI linel cornaUm Mojil ütítm, 
Umnemnl prape auedire. i£i<id.,14, ::o.l 

** HbIU bonlute Prlncipnn, el hiinore.qnl la eat eollatni eil, 
•bBitlisnnl In snperbiam : et nug sulnm Mobjecioi Rrglbua niutit- 
IBr apprlmere . sed ditaia sibl ghirlam non fercBlea, In Ipaos, qsl 



imperauet ; ngnc el lubjccl 

M üiiBu id polenlian iler prodlRli epalli, el anaipla, ¡mt»- 
qnesallire ineipicbileí Vileltii libidinei. iTae., llb. 1, Hlsl.l 

« OpUmi ruinsiiañ crimlnilinne en uiqne raluU . al (ralla , pf 
tnnla, ti Bocendi eliam oíalan praemlnFrel. (Tae,, lib. 13, Ann.) 

41 Sniobieteaa, laaljoiu' - - - 



'■"tLixWglC 



138 



DON DIEGO DE SAAVGDIU FAJARDO. 



yorborror, y M nuda al frenóla la silla. Coa el min- 
ina fin le persuade la Bsistencia & las audiencias, de las 
cuales salga tan rendido , que deje al valido los nego- 
, cios , pareciéndole haber satisfecho á su oficio con oír 
los negociantes. De suerte que, como dijo Jeremias de 
los ídolos de Babiloaia, no es mas el príncipe que lo 
que quiere el valido^. 

No desea que las cosas corrao bien, porque en la bo- 
nanza cualquiera Sabe navegar, sino que eslé siempre 
tan alto el mar y tan turbadas las olas del Estado, que 
tema el pHncipe poner la mauo al timón del gobierno y 
necesite mas del valido; y para cerrar todos los res- 
quicios i la verdad y quedar arbitro de los negocios, 
lejos de la invidia, le trae fuera de la corte y entre po- 
cos, que es lo que movió áSeyanod persuadirá Tibe- 
no que se retirase de ftoma ^j 

Todas estasartesresultan en grave daño de la repú- 
blica y de la reputación del príncipe, en que viene á 
pecar mus quien cou ellas procura su gracia que quien 
le ofende!*; porque para la ofensa se comete un deli- 
to, para el valimiento muchos, y estos siempre tocan 
al bonor del príncipe y son contra el beneficio público. 
Mucho se alende d la república con la muerte violenta 
de su príncipe ; pero al liu se remedia luego coa el su- 
cesor; lo que no puede ser cuando, dejando vivo al 
príncipe, le haceo con semejantes artes incapaz é in- 
útil para el gobierno ; mal que dura por toda su vida, 
con gravísimos daños del bien público; y como cada 
día se sienten mas, y los lloran y murmuran Iodos, per- 
suadidos á que tal valimiento no es voluntad , sino vio- 
lencia, no elección, sino fuerza, y muchos fundan su 
fortuna en derribarle como á pedimento de su gracia, 
. estando siempre armados contra él*, es imposible que 
DO se les ofrezca ocasión en derriballe , ó que el prSnci' 
pe no llegue á penetrar alguno de tantas artiücios, y 
que cae sobre él la invidia y los odios concebidos con- 
tra el valido , como lo llegó d conocer Tiberio^; y en 
empezándose & desengañar el príncipe, empieza i te- 
mer el poder que ba puesto en el valido, que es lo que 
hizo dudar á Tdeito si Tiberio amaba ó temia á Seya- 
no^'^; y como antes le procuraba sustentar la gracia, 
le proburalyi después desbacer el cdio. 

Este es el punto critico del valimieuto en que todos 
peligran; porque ni el principe sabe disimular su mala 
satisfacion, ni el valido >manleiierse constaule en el 
■desden, y secándose el uno y el otro, se descomponen. 

** Nlhll alfud enttl.nisl'ld qnod nlaateitt Sawtdoiet.lBir , 
6,45.) 

•D Acnciisidaosln donan tocias «TTendo.lDrriDgeretpolea- 
Uui, iil rcMplawlD. facullaleiD criminialilins praebeKt; Knc 
Deill, atT">criaiD id vllan procnl Rnmi, imaenia loiis dcg«iu 
dan impeLlerel. MdIU qnippe proiiilebal : saa íd manu idltus. lil- 
lerarumqDe niasna ti parte se arbilmni fate, cum per milites cdd- 
meareol; mo> Caeaarem urgente Ja m senec la BecrctoiiDe loco moJ- 
liium maní) imperii faciliaa Iraní mi ssurum ; el mlnnl sjbi tovl- 
diam, adempta salutaalam turba, lublalisiiae Inauibus yera po- 
lentia ingert. CTac. , lib. 4, Asa.) 

M Plora saepí peccanlnr, dam demercmnr, quiíiD cddi alTeadi- 
IDUE. (Tac, , llb, IS, Ann.) 

El Perquc iatiiliam tai me qaoque incusant. (Tjc.,llb. i, Aan.) 

n Cgm SejaDnia dllcilt, Uiaallve. (Tac, lib. 6, Ann.) 



Mira el piíncipe comoS indigno de SU gracia al viRdo, 
y este al príncipe como áingraloá sus servicios; y cre- 
yendo que le ha menesl^ y que le llamará , se reiin, j 
da lugar d que otro se introduzca en los negónos ^ 
cebe los disgustos, con que muy aprisa se va convir- 
tiendo en odios recíprocos la gracia, siendo Is impa- 
ciencia del valido quien pnas ayuda d rompella. Cwre 
luego la voz de la desgracia y disfavor, y todos te m- 
man contra él y se le atreven , sin que baste el nisini) 
principe á remediallo. Sus parientes j amigas, aat«- 
viendo su calda y el peligro que los amenaza, temes 
que no los lleve tras si la-ruinaílS, como suele el árbol 
levantado sobre el monte llevarse cnando cae á los de- 
más que estaban debajo su sombra. Ellos son los pii- 
meros á cooperar en ella por ponerse en salvo ; y final- 
mente todos tienen parte, unos por am^;os, otros por 
enemigos, procurando que acabe de caer aquella pai^ 
ya inclinada'^'. El principe, corrido de sí mismo, pro- 
cura librarse de aquella sujeción y restituir su crédito ' 
haciendo causa principal al valida de los males pasH 
dos ; con que este viene á quedar enredada ep sus mis- 
mas artes, sin va)elle su atención, como sucedida Se- 
yano^; y cuanto mas procura librarse dellas, mas ace- 
lera sa ruina ; porque si una vez enferma la gracia, 
muere, sin que baya remedio con que pueda coDra- 
lecer. 

De todo lo ijicbo se infiere claramente que el major 
peligro del valimiento consiste en las trazas que apíici 
la ambición ppraconservalle, sucediendo á los favore- 
cidos de principes lo que á los muy solícitos de su sa- 
lud , qQe , pensando mantenella cou variedad de medi- 
cinas,' la gastan, y abrevian la vida; y com^ niogua re- 
medio es mejor que 1a abstinencia y buen gobierno, 
dejando obrar á la naturaleza, así en los achaques del 
valimiento el mas sano consejo es no curallos, sino ser- 
vir al príncipe con buena y recta intención , libre de 
intereses y pasiones , dejando que obre el mérito j li 
verdad, mas segura y mas durable que el artíBcio, j 
usando solamente de algunos preservativos, los cuales 
ó miran ala persona del valido, úú la del prij^cipe.ó 
á la de sus ministros, ó al palacio, ó al pueblo, ó Alus 
eiiranjeros, 

En cuanto al valido , de^e conservarse en aquel es- 
tado de modestia , afabilidad y agrado en que le liallA 
la fortuna. Despeje de la frente los resplaiidures de la 
privanza, como bacin Hoisen para hablar al pueble 
cuando bajaba de privar con Dios ¡K, sin que en él s« 
conozcan motivos de majestad ni ostentación del tali- 
miento. Daniel, aunque fué valido de muchos reyes, 
se detenia con los demás en las antecámaras 5''. Eicuse 



B> Qnidam milít ilacrea . <)nlbiis lofanslae micitiie graiií cil- 
ios loiinliiebal. (Tac. , lib. i , Ann.) 

st QnoDsqne Irrailis In homliieiBl lat«rlcilÍsuBtversi'o>iU'- 
qaam parleli incUnito, el maeeriac depulsae. IP^I. Gl> 4.) 

S5 Non tamaolerlia, luippe iiadeai anibu» vlems esLjr»., 
lib. 4, Acii.l 

e« Sed operlebalilleniTsas raciemuan, si fianda loipcba- 
tandeos. lEíod., 34, 35.) 

s' Daniel lulem nal la forlbas It«|i«. (Du.. i, t»^ 

ü,,.,c<.=,L,O0glC 



IDEA DE US PRÍNCIPE 
iqadloslionoresqDQ 4 pertenecen al principe 6 exce- 
deD la esfera d^ ministro \ y si al^no se Iqs quisiere 
kcer,advii!rtaleque,con:K>éÍ,es criado del príncipe, 
i quien solamente se deben aquellas demostraciones, 
cüDM lo advirtió el ángel asan Juan, queriendo adorar- 
le^. >oejecule sus afectos ó pasiones por medio de la 
gracia. Escuche con paciencia y responda con agra- 
do^. Mo nlecte los favores , ni tema tos desdenes , ni 
celeelTalimiento, ni ambicione el manejo y autoridad, 
ni se anne contra la iavidia, ití se prevenga contra la 
emuiBcion , porque en los reparos destas cosas consiste 
d pdigro. Tema i Dios y á la infaii)ia. 

En la familia y parentela peligra mucho el valido ; 
porque cuando sus acciones agraden al principe y al 
pueblo , no suelen agradar las do sus domésticos y pa- 
ríeoles, cuyos desórdenes, indiscreción, soberbia, 
araricia y'ambiciojí le hacen odioso y Id derriban. No 
w engañe con que las tiochuras propias son firmeza del 
Tilimíeiito ; porque quien depende de muchos, en mu- 
chos peligra; y asi, conviene leneilos muy humildes y 
compueslus , lujos del manejo do los negocios , desen- 
gañenilo á los demiis de que no tienen alguna parte en 
t] Bolúenio ni en su gracia , ni que por ser domésticos 
bao de ser preferidos en ios pueslos; pero si fiiereo 
beneméritos, no ban de perder por criados ó parientes 
dd rdtido. fiñslo nos enseñó este punto , pues dio á 
prímoisuyos la dignidad de precursor y del apostola- 
do-, pero uu la de doctor de las guntes oí del pontiüca- 
da , d«bi(lis á la fe de san Pedro y á la sciencta de san 
Pablo. 

Con el principe observe estas máximas. Lleve siem- 
pre presupuesto que su semblante y sus favores se 
puíden mudar fácilmente ;'y si bailare alguna mudan- 
u,nLÍuquiera la causa ni se dé por entendido, para 
que ni el priucipe entre eo desconliitnza , ni los émulos 
«o esperanza de su caida, la cual peligra cuando se 
piensa que puede suceder. No arrime el valimiento d lu 
iodinacion y voluntad del príncipe, fáciles de mudarse, 
siaoal mérito; porque, si con él no está ligado el oro 
if la gracia , no podrá resistir el martillo de la emula- 
ción. Ame en qI príncipe mas la dignidad que la perso- 
na. Temple el celo con la prudencia, y su entendimien- 
tu con el del principe ; porque ninguno sufre á quien 
compite coa él en las calidades del ánimo. Considérese 
vasallo, no compañero suyo , y que, como hechura , no 
se ha de igualar con el liacedorG". Tenga por gloria el 
perderse (en los casos forzosos) por adelantar su gran- 
deza. Aconséjele con libertad gracioea , humitde y sen- 
cilla ei^ jÍQ temor al peligro y sin ambición de parecer 
celoso, contumaz en su opinión. Ningún negocio tiaga 
su?o, ni ponga su reputación en que salgan desla ó de 



» TIde DC reecrls : i 



mJcin^ 



el fninm nontw hi- 






(E«l.,óí,».l " ■ 
'■> ODtd ttl, inqnam , liomo, al seqnl poisil Hegem raclorem 

" Dai 4111(11 eardls mondillam , pcopwr gntlaní bblorom ibo- 
tin iBbcbU uoicBtt Reieo. iPrDv.,n,li.) 



POLlTlCO-CRISTIANO. 133 

aquella manera , ni en que sus dictámenes se sigan , 6 
que, seguidos, no se muden, port[ue tales empeños sOn 
muy peligrosos ; y asf,'canviene que en los despachos y 
resoluciones ni sea tan ardiente que se abrase , ni tan 
frío que se hiele ; camine al paso del tiempo y de los 
casos. Atienda mas á sits aciertos que li su gracia, pero 
sin afectación ni jactancia Gi; porque el que sirve solo ' 
con lin de hacerle fumoso burla la reputación al prin- 
cipe. Su silencio sea oportuno cuando convenga , y sus 
palabras despejadas si fuere necesario, como lo alabó 
el rey Teodorlco en un privado suyo 65. Anteponga e! 
servicio del principe á sus intereses , liacíendo su con- 
veniencia una misma con la del principe. Respete mn- 
cbo á los parientes del príncipe, poniendo su seguridad 
entenellos gratos, sin fomentur odios entre ellos, ni 
en el principe ; porque la sangre se reconcilia Hcilraen- 
te i daño de! valido. Desvélese en proctiralle los mejo- 
res ministros y críodos , y en enseñalle üelmenle fi rei- 
nar. No le cierre los ojos ni las orejas; antes trabaje 
para que vea, toque y reconozca las cosas. Represén- 
tele cou discreción sus errores y defectos, sin reparar, 
cuando fuereobligacion, en dis^justalle; porque aunque 
enferme la gracia, convalece después con et desengaño' 
y queda mus fuerte ^ , como sucedió á Daniel con los , 
reyesde Babilonia. En las resoluciones violentas ya to- 
madas procure dedinallas, no rompullas, esperando i 
que el tiempo y los inconvenientes desengañen. Deje 
que lleguen á él las quejas y sátiras, porque estas, 
cuando caen sobre la inocencia son granda ile sal que 
preservan el valiniietilo , y avisos para no errar ópara 
enmendarse. Atribuya al principe los aciertos y las 
mercedes , y desprecie en su persona los cargos délos 
erruresymalossucesos. Tenga siempre porcterta la cai- 
da , esperándola con conslancia y ánimo franco y des- 
interesado, sin pensar en los medios de alargar el va- ' 
limiento , porque el que mas prestocaede los andamlos 
altos , es quien mas los terne. La reflexión del peligro 
turta la cabeza , y el reparar en la altura desvanece , y 
por desvanecidos se perdieron todos los validos : elque 
no hizo caso della, pesó seguro^. 

Con los ministros sea mus compaííero que maestro; 
mas defensor que acusadorse. Aliente á los buenos y 
procure hacer buenos & los malos. Huya detener mano 
en sus elecciones ó privaciones. Deje correr por ellos 
los negodos que les tocan. So altere el curso de los 
consejos en las consultas; pasen todas al principe , y si 
las confiere con él, podrá entonces decílle su parecer, 
sin mas afecto que el deseo de acertar. 

El pidacJo es el mas peligroso escollo del valimiento, 
y con todo eso, se vulen todos dél pura a firmal le y que 

** Can fecerilli amnt), qnae priecejiU snnl TobU, ilctle : 
Serví iDiUlMiaiBus. iLuc.n, tO.^ 

*> Sob {«lili Doslri Luce iaUF|>ldus quldeno , sed reverenier aS' 
Ubat. O]iporiunb laFitns.necesirle coplosus. ;Cis., Iib.3, eplsl. 3.) 

o* Qalcorrtpil homlneiB, graliam fíate» iDveniel ipod eiD 
DUgis. qnau ille qnl per llnguae blandí neau decipll. «Prav., 18, 13.} 

i'í Üai ambulal slmplidlec, aigbulat couUdeuler. iProv., 10, 9.) 

M KetiarcDi le posaerooi! aali eiiolli ; etto iu lilis qoasl laoa 

""^■"^■■"■'■' u,,„=,L,OOglC 



134 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



dure. No hay en ét piedn que do trabaje por desasirse 
y caer i derribar la estatua del Talidu , uo menos sujeta 
á deshacerse que la de Nabucodúnosor, por la diversi- 
dad ~de sus metales. Ninguno ea el palacio es seguro 
amigo del valido : si elige algunos, cria odios y inri- 
dias en tosdeipás. Si los pone en la gracia del principe, 
pone apeligro su prinoza, y si do, se vuelven enemi- 
gos; y así, parece mas seguro caminar indifereii temer- 
te con todos , sin mezclarse en sus oficios , procurando 
teDetlos satisfechos, si es posible, y no embarazallos; 
antes asislillos en sus pretensiones y interese). Si al- 
guno fuere adelantado en la gracia del príncipe , mts 
prudente consejo es toielle grato, por si acaso suceda 
re ea ella, que tratar de retiralte ó deseo mponelle; por- 
que á veces quien se abrazú con otro para derriballe, 
cayó con él i y suele la contradiccioD encender ios fa^ 
Tores. Hasprívadossehanperdído por deshacer i unos 
que por hacer á otros. Desprecie sus acusadones ó 
aprobadones con el prfnci|je , y déjelas al acaso. 

El valimiento estimuysujeto al pueblo ; porque síes 
aborreddo del , no pnede el principe suslentalle contra 
la voz común ; y cuando la desprecie , suele serel pue- 
blo juez y verdugo del valido, habiéndose visto muchos 
despedazados i sus manos. Si le ama el pueblo con ex- 
ceso, noesttienor el peligro, porque le causa üiridio- 
•ot y émulos , y da celos a^ mismo principe , de donde 
nace el ser brevesy infaustos los amares del pueblo t^; 
y asi, pora caminar seguro el valido entre estos extre- 
mos, huya In demostraciones públicas que le levan- 
tan los aplausos y clamares vulgares , y procure sola- 
mente cobrar buen crédito y opinión de sí con la pie- 
dad , liberalidad , cortesía y agrado , solicito en que se 
administre justicia , que haya abundanda, y que en 
«1 tiempo DO se perturbe la paz y sosiego público, ni se 
droguen los privilegios , ni se introduzgan novedades 
en el gobierno ; y sobre lodo , que se eicusen diferen- 
das en mateKas de religionycompetendosGOQ los ecle- 
siásticos , porque levantará contra sí las iras dd pue- 
bbsi le tuvieren por impio. 

Los extranjeras, en los cuales falta el amor natural 
il prÍDdpe , penden mas del valido que del , y son los 
que mas se aplican i su adoración y £ conseguir por su 
mediólos ñóesque pretenden, con gran desestimadon 
del príncipe y daño de sus estados, y é veces dan causai 
lacaida del valido cuando no corresponde á suMeseosy 
fines. Ptvesto d^ estar muy atento enno dejarse ado- 
rar, rehusándolos inciensos y culto extranjero, y tra- 
bajando en quí se desengañen de que es solamente 
quien corre los velos al retabJo , y solo el prf ndpe quien 
hace los milagros. 

Los embajadores de principes afectan la amistad del 
valido , como medio eGcaz desús negocios ; y juzgando 
por conveniencia deUos los daños y desórdenes que re- 
sultan del valimiento, procuran sustentalle con bue- 
nos oficios, inducidos tal vez de) mismo valido; y co- 
mo tienen ocasión de aloballe en las audiencias, y pa- 



ís etinfiiuioifapnii n 



rM.iTie.,llli.l,Ai 



recen i primero vista ajenos de interés y de emnlacioa, 
obren buenos efectos; pero son peligrosos imigoi, 
porque el valido no los puede sustentar sino es i cosía 
desu principeydel bien público; y si fino en sus oUi- 
gaciones no les corresponde , se convierten en enenii- 
gos, y Uenen industria y iibertad para derriballe; yari, 
lo mas seguro es no empeñarse con ellos en mas deique- 
Uo que conviene al servicio de su príncipe, procurando 
solamente acreditarse de un trato sincero y apecilijs 
con las nadones , y de que es mas amigo de conservir 
lasbuenas correspondendas y amistades de su príncipe 
quede rompellas.. 

Todos estos preservativos dd valimiento pueden re 
tardar la caida como se ejerciten desde e) prÍDCí|Hi^ 
porque, de^ués de contraído ya el odio y la invidit ,se 
atribuyeni malicia y engaño,y hacen roas peligrosala 
gracia , como sUcedié i Séneca , que no le eicnsddelt 
muerte d haber querido moderar su volimientolcnaad» 
sevié perseguido W. 

Si con estos advertimientos ejecutados por el vilid» 
oyere de la gracia de su príncipe , seré caida gloríosi, 
habiendo vivido hasta alli sin lot viles temores d« per- 
dalla y sin el desvelo en buscar medios indignos de oq 
coraion generoso ; lo cuel es de mayor tormento qns 
elmismodisfavorydesgraciadelpríndpe. Si algo tiene 
de bueno d valimiento, es la gloría de hafearm«Mido 
la estimadon dd prindpe. La duración esti ttsnade 
cuidados y peligros. El que mas presto y con mayor 
honor salió del , fué mas feliz. 

He escríto , serenísimo Señor , las artes de los vali- 
dos; pero no cómo se ha de^obemar con dios el pría- 
dpe, por no presuponer que los haya de tener; porque, 
si bien se le concede que incline «i voluntad y suib- 
vorei mas á uno que i otro , no que substituya su po- 
testad en uao.dequien reconozca el pud>loelmando, 
el premio y la pena ; porque tal valimiento es una eu- 
jenadon de la corona , en que siempre peligra el ge- 
bienio , aun cuando la gracia acierta en le eleccioa de 
Bugeto , porque ni la obediencia ni elrespeto se naden 
al valido como al príncipe, ni su atendon es al benefi- 
cio universal , ni Dios tiene en sa mano d corazón del 
valido como el del prindpe. ¥ así , aunque muchos de 
los antecesores de vuestra alteza tuvieron validos que 
con gran atendon y celo (como le hay hoy) desearon 
acertar, ó no lo consiguieron ó no se logró. Y noen- 
gañe i vuestra alteza al ejemplo de Francia , donde á 
valido ha extendido EUsconfines, porque es rouyicotli 
del reinoydelcréditode aquel rey. Yquienconiteiw 
don considerare la persecución de la Reina Hadrejdel 
duque de Oríiens, la sangre vertida de Memaransi, 
del prior de Vandoma , de (Hloran y de monaíur de Sn 
Marcos , la prisión de Bullón , los tributos y vtyado- 
nes de los vasallos , la usurpación del ducado de L»- 
reuB , los ligas con holandeses , protestantes y suece- 
ses ; el intento de prender al duque de Saboya Caries 

M ImütDli priorls TlUe commuUI , prahtSel coetai illiBe- 
tieB.TlUlcoDiitadies. nrn» per urben, iu*l iileudlDf Infei- 
u, tnt upienUu wnllU tumi alliMfeui. |IityUt,U,Au.) 



IDEA DE UN PRINCIPE 
Emam»), la paz de Honiotí sin ntiUciade los coliga- 
dos , el freao impuesto á yaltdinos ; grisoaes ', la asís- 
teacia á Escocia 7 a) parlamento de Londres , las rotas 
de PaflDterafcla , Sao Oraer, Triumbila , Tomatento ; 
Caslelet ; tas pérdidas de geote en Lovaioa , Tarragona, 
PsrpiñaD, Salsas , Valencia del Po, Imbrea ; Roca de 
Ertso , la recuperación de Aer y La Base ; hallará que 
i ns consejos gobernó elímpetu, jquaenlanolenda 
re^ su Talimiento , ea sn tiranía se detuvo el acaro 
itrerido á la majestad , y qne i su temeridad favore- 
cía la Fortuna tan declaradamente, que con los sucesos 
sdrersos se ha ganado y con los prósperos sos hemos 
perdido : señas de que Dios conserva aquel valimiento 
pin ejercicio de la cristiandad y castigo nuestro, per- 
Tirtirado nuestra prudencia y embarazando nuestro 
Tilor. Las monarquías destinadas á la mina tropiezan 
en lo que las habia de levantar; y asi, la entrada por el 
Ádríltico causó difideocias , la protección da Mantua 



POLItICO-CRISTIANO. 135 

celos, la oposición i Nivers guerras, la dirersion por 
Isladeras gastos , el ejército de AJsacía émulos, la guer- 
ra por España rebeliones. Las armas marítimas , ó' no 
salieron á tiempo ó las desliizo el tiempo , y las ter- 
restres no obraron por falta de bastimentos. En los ase- 
dios de Casal perdimosla ocasión de acabar la guerra. 
Ud cousejo del secretario Pasiers , impreso en el prín- 
cipe Tomás, impidió el socorrer ú Turíu y triunfar da 
Francia ; por una vana competencia no se hizo lo mi»- 
mo en Aer, por un aviso de la circunvalación de Airas, 
no fué socorrida : por una ignorante flnezano se admi> 
lid el socarro de Ambillers, por cobardía 6 inteligencia 
se rindió la Cápela. ¡Oh divina Providencial ¿áqnéfl- 
nea se encamina tal variedad de accidentes, desiguales 
á sus causas? No acaso está en manos de validos el ma- 
nejo de Europa. Quiera Diosque coiresponda el suceso 
á los deseos públicos. 



EMPRESA LI. 



Ningnna cosa mejor ni mas provechosa i los morta- 
le> qne la prudente diSdenGÍa. Custodia y guarda es 
de la hacienda y de la vida. La conservación propia nos 
obliga al recelo. Donde no le hay, no hay prevención , 
Tiíd esta todo está expuesto al peligro. El príncipeque 
H fiíre de pocos gobernará mejor su estado. Sola- 
meate una couBanza hay segura , que es no estar á ar- 
Ulrio T voluntad de otro ; porque ¿quién podrí asegu- 
rarse del cerazon humano , retirado á lo mas ocultodel 
¡Mcbo , cuyos deainios encubre y disimula la lengua y 
desmienten los ojos y los dunas movimientos del cuer- 
po 'T Golfo es de encontradas olas de afectos , y un mar 
lleno de senos y ocultos bajíos, sin que haya habido 
arta de marear que pudiese demarcallos. ¿Qué aguja 
tws tocada de la prudencia se lepodrádaral principe 
para que seguramente navegue por tintos y tan diver^ 
sos mares >? j Qué reglas y advertencias de las señales 



H CtElta llllDi, tire lo boaa , ilie tn mi- 
ilan, el laMralalille ; ini* coiaotcet Ulnd! 



de los vientos, para que , reconocido el tiempo, tienda 
ó recoja las velas de la confianza? Eu esto consiste el 
mayor arte de reinar. Aquí soulos mayores peligros del 
prínci pe por lalta de comunicación , experiencia y noti- 
cia de lossucesos y de los sugetos; siendo asi que nin- 
guno de los que tratan con él parece malo. Todos en su 
presencia componen el rostro y ajustan sns acciones. 
Las palabras estudiadas suenan á amor, celo y fideli- 
dad ; sus semblantes, rendimiento , respeto y obedíet^ 
cia, retirados al coreson el descontento, el odio y laam- 
bicion. En lo cual sefundú quien dijo que no se fiase 
e) principe de nadie. Pero esto nó seria menos vicio 
quefiarsedetodoss. No fiarte de alguno es recelo de 
tirano ; fiarse de todos, facilidad de principe impru- 
dente. Taaimportanteesenél la confianza como la di- 
fidencia. Aquella es digna de un pecho sincero y real, 
y esta conveniente al arte de gobernar, con lacual obra 
la prudencia política y asegurasus acciones. La dificul- 
tad consiste en saber usar de la una y de la otra á su 
tiempo , sin que la confianza dé ocasión á la inOdeüdad 
i Dtftmqaeinvlüont, etamnibnicredere, etnaUl. (Sencu.) 



DON DIEGO DE SAAVGDRA, FAJARDO. 



7 á los peligras por demasiadamente crédula, ni la di- 
fidencia, por muy prevenida y sospectiosa, provoque 
al o'dio y desesperación , y sea intratable el príncipe no 
oseguiiodose de nadie. No todo se ha de medir y juz- 
gar COD la confianza oí todo con la diridencia. Si nun- 
ca se asegurase el principe, ¿quién le podría asistir sin 
«ridenle peligro? Quién duraría en su servicio? Núes 
menos peligrosa infelicidad privarse por vanas sospe- 
chas de los ministros ñeles que entregarse por ligera 
credulidad á los que no lo son. Confie y crea el prínci- 
pe, pero no sin alguna duda de que puede ser enga- 
ñado. Esta duda no le lia de retardaren la obra, sino 
advertir. Si no dudase , seria de.iCQÍdado. El dudar es 
cautela propia que le asegura , es un contrapesar )as 
eoiag. Quiennodudano puede conocer la verdad. Con- 
fie como si creyese las cosas , y desconfie como si no 
las creyese. Mezcladas así la confianza y la difidencia, 
y gobernadas con la razón y prudencia , obrarán mara- 
villosos efectos. Esté el príncipe muy advertido en los 
negociosque trata, en las confederacíonesque asienta, 
en las paces que ajusta y en los demás tratados tocan- 
tes al gobierno ; y cuando para su confirmación diere la 
mano, sea mano con ojos (como representa esta em- 
presa) que primero mire bienio que hace. Nosemovia 
en Plauto por las promesas del amante la tercera, di- 
clendoque tenia siempre con ojos sus manos,quecreÍBn 
lo que veían. Y en otra parte llamú día con ojos á aquel 
en que se vendía y cobraba de contado. Ciegas son las 
resoluciones tomadas en-conüanza. Símbolo fué dM*!- 
tágorasque no se liabia de dar la mano á cualquiera. 
La facilidad en fiarse de todas sería muy peligrosa. 
Considere bien el principe cúmo se empeña, y tenga 
entendido que casi todos, amigos ó enemigos , tratan 
de engañalle, unos grave y otros ligeramente; unos 
para despojulle de sus estados y usurpalie su hacienda, 
y otros para gaiíalle el ugrado , los favores y Jas mer- 
cedes. Pero no por ei,to lia de reducir á malicia y 
engaño este p re sit puesto', dilndose por libre de conser- 
tarde su parte lu palabra y las promesas, porque se 
turbaría la fe pública y se afearía su reputación. No 
ha deSer en él este recelo mas que una prudente cir- 
cnnspeccion y un recato político. La difidencia bija de 
]fl sospecha condenamos en el priocipe cuando es li' 
gera y viciosa, que luego ileseubreau efecto y se eje- 
cuta ; no aquella circunspecta y universal , que igual- 
mente mira á todos sin duclararse con alguno, mien- 
tras no obligan i ella las circunstancias examinu^iasde 
la razón. Bien se puede no fiar'de uno y tener del buena 
opinión ; porque esta descontianza no es particular de 
sus acciones , sino una cautela general de 1h prudencia. 
Están las fortalezas en medio de los reinos propias , y 
se mantienen los presidiosyse hacen las guardas co- 
mo si estuvieren en las fronteras del enemigo. Este 
recato es conveoientA , y con él no se acusa la fidelidad 
de los subditos. Confie el príncipe de sus parientes, de 
BUS amigos, desús vasallos y. ministros; pero no sea 
tansoñolenla esta confianza, que duerma descuidadode 
los vasos en que la ambición, el interés ú el odio sue- 



len perturbar la fidelidad , violados los mayores vlnni< 
los del derecho de la naturaleza y de las gentes. CuaiMo 
uu príncipe es tan Dojo que tiene por peso esta diligea- 
cia, que estima en menos el daño que vivir con los s^ 
bresaltosdel recelo , que deja correr las casas sin repa- 
rar en ios inconvemenles que puedan suceder, lian 
malos y tai vez infieles á sus ministros ; porque, alribu- 
yéndolo á incapacidad , le desprecian , y cada uno pn>- 
cura tiranizarla parte dogobterno que tiene asnear^. 
Perocuendoel príndpees vigilante, que, si bien confii, 
no pierde de vista los recelos ; que está siempre prcvt- 
nido para que la iufidelídid no le Iiali« desannado de 
consejo y de medios ; que no condena , sino previene-, 
no arguye, sino preserva lalealtad, Mu dar lugari qu 
peligre , este mantendrá Segure en sus sienes la coro- 
na. No hubo ocasión para que entrase en el pecho del 
rey don Fernando el Católico 4 sospecha alguna de la 
fidelidad de! Gran Capitán , y con todo eso le lenii per- 
sonas que de secreto notasen y advirtiesen sus acela- 
jes , para que, penetrando aqnella diligencia , míese 
mas advertido en ellas. No fué esta derechamente d»- 
conüanza , GÍno ohciode la prudencia^ prevenida en toias 
los casos y celos de la dominación, los cuales nosíem- 
pre se miden con la razón , y á veces coaviene lejiellw 
con pocas cansas ; porque la maldad obra ñ ciegas r 
fuere de la prudencia , y aun de la imaginación. 

Con todo esto, es menester que no sea ligero eüíit- 
mor, como sucedió después al mismo rey don Fernan- 
do ^ con el mismo Grao Capitán , que aunque, perdida 
la batalla de Ravena , habla menester su persona pare 
las cosas de Italia, no se valió delle cuando rídel 
aplauso con que todos en España querían salir á servir 
y militar debajo de su mando ; y previno para en cual- 
quier acontecimiento al duque Valentín, procurando 
medios para asegurarse del ; de suerte que, dudando de 
una,Gdolidud ya experimentada, seeiponia á otra sos- 
pechosa. Asi los ánímosdemesiadamcnte recelosos, pur 
huir de un peligro, dan en otros mayores, aunqiK'^ 
veces en los príncipes el no valerse de tan grandesso- 
getos mas es iuvidra á iograUtud que sospecha. H^o 
también ser que juzgase aquel astuto rey que no le 
convenia servirse de quien tenia mal satisfecbo. Al 
principe que una vez desconfió, poco le debe lalealtad. 
Cuanto unoesmasingenho y generoso de ánimo, uidi 
siente que se dude de su fi'Jelidad , y mas fácílnieiile 
se arroja, desdeñado, á fallar á ella. Por esto se itrerid 
Getuiio á escribir & Tiberio que s«ia firme su ie si o^ 
le pusiese asechanzas b. El largo uso y eiperíencia da 
casos propiosyajenosbsn lie enseñar al príncipe cJiun 
se ha de fiar de los sugetos. Entre los acuerdos qw el 
rey don Enrique el Segundo,' dejó á su hijo el piíiicipe 
don Juan , uno fué que mantuviese lasmercedesbecbíis 
i. los qi;e hablan seguido su parcialidad couirt el rey 



* Mxt., HUÍ. Hisp. 
» Id., id. 

* SIbi Odcm liiti>gnm, 
im.aic.lib. G, Aaa.) 
tUtt., Qist. Iliip. 



. il auUJs InsJdüi p«lereIor, na'"- 



IDEA. DE m PHlNCIPE 
dM Peilro, su señornatural ; penxjuede talsuerle fiase ; 
dallos, que le fuese sospecliosa bu lesUaií. Queaesir- ] 
líese en loa car(>os y oficios de los que habían se(!UÍdo | 
al rey dou Pedro cómo de iiombres constan tes y fteles, : 
que procurarían recompensar con servicios las orensss 
pasada" ; y que no se Tiase de lo» neutrales , porque se ' 
liubian mnsindo mas atentos á sus intereses particula- 
res que al bien público del reino. El traidor aun al que 
sirve coa la traición es odioso |. El leal es grato al mis- 
mo cunlra quien obró. En esto se fundó Olon para ftar- 
s*- de Celso, que liabiaserrídnccinstantementeáGulbaS. 
No ts conveniente levantar de golpe un ministro á 
{n^ndes pUestns , porque es criar la invidiu contra él y 
el odio de tos d .más contra el príncipe , cayendo en 
opinión (le ligero. No hiiy ministro tan modesto, que 
n<) se ofunda, ni tan celoso, que acierte Aserviroiian' 
do se ve preferido injustamente. Queda uno satisfecho 
y muchns quejosos , y con ministros descontentos nin- 
gún gobierno es acertado. Tales cli^cciones Mempre 
son diforaies abortos, y mas se arraiga d la lealladcon 
la atención en ir mereciendo los premios al paso de los 
«ervicios. Entretanto tiene e) principe tiempo de ha- 
CfT experiencia del ministro , priinero en los cargos 
menores paraqueno sal^a muy costosa, ydespuéseiilos 
mayores W, procure wr, antes de empicará uiioen ¡o* 
caraí<s de la paz y de la guerra , dónde puede peligrar 
su&delidad, qué prendas dejadenacimiealo, de honor 
adquirido y de liacieuda. Esta atención es muy nece- 
saria en aquellos puestos qne son la llave yseguriilad 
de los estados. Augusto no permiliaqoe sin urden suya 
entrase algún senadoró caballero romano en Egipto, 
porque era el granare del imperio', y quien se alzase 
con aquella provincia seria arbitro del ; y así, era este 
uno de l-K secretos de la dominación. Por esto Tiberio 
síatió (anlo quesinsu licencia pasiise Genniíníco li Ale- 
jamlria 11. Para mayor seguridad , ó para tener mas en 
freno al ministro, conviene dar mucha autoridad al 
mnüistrado y consejos de la provincia , porque ningu- 
nas piliuelas mejores que estas , y que mas se opougan 
á los e.icesos del que gobierjie. 

Paraningun puesto son buemis los ánimos bajos qne 
DO aspiran á to glorioso y á ser mas que lo^ otros. La 
mayor calillad que halló Diosen Josnépara introducille 
en los negocios , fué ef ser de mucho espíritu ?*. Pero 
no ha de ser tan grande el corazón , quedesprecie el ha- 
ber nacido vasallo, ynosepacanleuurse en su fortuna; 
porqueeoestospeligra la fidelidad, aspirando al mayor 
grado , y el que dejó de pretendello , ó no pudo ó no 
supo ; fuera de que falla en ellos el celo y la puntuali- 
dail ú la obediencia. 

a Qalppe prvdllarM tUlB li>, q»m iDUpranil, iivlil siat 
tlu., lib. I.Ana.i 

> Hjasítquo Celso velDl rilalilcr, cliam pro Othone Hiles iplc- 
ínt\ infriíi. iTac.lih. t,lll«M 
u <iuiBá(IÍiciliii«lBlDo,etlDBijartadiiUs«it.(LBt..l«,t».) 
X Aierrioii' inrrepui[, quad ciintra iiislilula AugusU, n^Dftfitme 
Prinnpi! . Alraindrlim Inlroliütl. üin Anüustus inlrr alfi iliiiill- 
■ititnii areaii, letllis, ubi p«riiiui.'ligr«4i.Snatiirlbas, tat 
«initibo) Ronanis UltwIríbDa.aepaanii Aenp'iin. (Tac.lib.S, 



poLlTico-cnisTrANo.^ m 

Los ingenios grandes , si no son modestos y dóciles, 
son también peligrosos ; porque, soberbios y pagados 
desf, desprecian las órdenes, y todo les parece que se 
debe gobernar según sus dictámenes. No menos em- 
barazoso suele ser uno por sus eicelentes parles que 
por notenellas; parque nohay lugar donde quepa quien 
presume mucho de sus méritos. Tiberio no buscaba 
pirs los cargos grandes virtudes, y aborrecía los vi- 
cios, por el peligro de aquellas y por la infamia destos O, 

No son Imenns para ministros los hombres de gran 
séquito y riquezas; porque , como no tienen necesidad'' 
del principe y están hechos al regalo, no se ofrecen á 
los peligros y trabajos , ni quieren ni saben obedecer 
nidejarse gobernar <*. Por esto dijo Sosíbio Británico 
que eran odiosas á los príncipes las riquezas de ios 
particulares *^. 

Cuando pues fuere elegido un ministro con e) exa- 
men quií conviene , haga del entera confianza e) prin- 
cipe en lo exterior; pero siempre con atención á bus 
acciones y á sn^intéligencias , y si pudiere pelijiTar en 
ellas, pásele á otro cargo donde ni tenga granjeadas 
las voluntades ni tanta disposición para malos intentos; 
porque mas prudencia y mas benignidad es preservará - 
uno del delito queperdonalledespuésde cometida. Las 
Vitorias de Germánico en Alemania , el aplauso de sus 
soldados , si bien por una parle daban regocijo á Tibe- 
rio , por otra le daban celosía ; y viendo turbadas las 
cosas de oriente , se alegró por el pretexto que le daban 
de exponelle á los acasos, enviándole al gobierno de 
aquellas provincias". Pero si conviniere sacara! mi- 
nistro del cargo, sea con alguna especie de honor y. 
antes que se toquen tos inconvenientes , con tal recato, 
que no pueda reconocer que dudó del el principe; por- 
que, asi como el temor de ser engañado enseña á enga- 
ñar, así el dudar de la fidelidad hace infieles. Por esto 
Tiberio , queriendo después llamar á Germánico á Ro- 
ma , fué con pretexto de que recibiese el triunfo , ofre- 
ciéndole otras mercedes i8, en que son muy liberales 
los príncipe^ cuando quieren librarse de sus recelos. 

Si el subdito perdió una vez el respeto al principe, 
no le asegura después la cnnllanza. Perdonó el rey don 
Sancho de León el Primero iB al conde Gonzalo, que 
habia levantado contra él las armas. Procuró reducillo 
con sus Tuvores , y los que le habian de obligar le die- 
ron mas ocasión para avenenar al Rey. 
Cuandoenlrelosreyes hay intereses, ningún vlncu- 

I* Nfque cpiín cmlneDlis vlrluleS'SeclabalQr, el runas (ilia odc- 
nl ; M opiEmis pericalam sibi , t pesslmis dedecas paUicim ac- 
liiebil.(Taii.,llb.1.AnD.l 

" Qni In aauevtlafiiriuaie, viriam. opnm,elaniiuiram,alii)- 
ronnup miiim cnnílituti suiíf, redi íli|ae obi^dire nequí voluat, 
nM|iieDariiit.|Ari3l.,l.i,Pal.. c. II.) 

is Aun \i0, alque opFS PHncipIbys infcnsii. (Tac, llb. 11, 






■* Sanilata aa Tibcrlgs 



1, CDnqpe atteceK. fTac. 



» Tolk Jone tiran. Ib qo» ett.Sf Iriíat. (Noia. , ti, 18.J 



.LiOOglC 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



lo de UDÍstad ú parentesco es bisUate seguridad para 
que uDos se Cea de otros. Estaban SDCoatrados los 
ánimos del rey de Castilla doo Fernanda el Grande *> y 
don Garda, rey de Navarra ; y Iialldndose este enfermo 
en Nájera , trató de prender á su hermane , que habia 
veoidoávisitalle; pero, no habiéndole salido su intento, 
quiso después disimular, TÍsilando ádonFemando, que 
estaba enfermo en Burgos , el cual le mandó prender. 
Has fuerte es la Ténganla ó la moa de estado en los 
principes que la amistad ó la sangre. Lo mismo suce- 
dió al rey de Galicia don García ^ , habiéndose Gado del 
rey den Alonso de Castilla, su hermano. Losmasirre- 
ccñcUiables odios son los que se encienden entre los 
mas amigos ó parientes. Do un gran amor suele resul-' 
tar un grao aborrecimiento ^. De donde se podrí infe- 
rir cuinlo mas errada es la canGania de los principes 
que se ponen en manos de sus enemigos. La vida le 
cosió al rey de Granada, habiendo ido con salvocon- 
dutoá pedirsocorroal rey donPedroel Cruel. Uasad- 
Tertido ere Ludonco Esrorcia , duque de Hilan , qge 
no quena avocarse con el. rey de Francia si no era en 
medie de un rio y en una puente cortada : condición 

W Mar. , mu. Hisp. 

« Id.-, Id. 

V nimellM fnirain UucdiIoih , ct qul nldc imaot, nli» 
odia hibenl. lAiiiL , 1. 7, Pol. , c 6.) 



de principe italiano , que no se aseguno jamás de lit 
descontiaDzas;y así, se admiraron mucho en llslii de 
que el Gran Capitán se rioe con el rey don Fernaado 
el Católico , y este coa el rey de- Francia, sn enemigo. 
Casos hay en que es mas segara la coaGann que la di- 
lidcncia, y en que es raejor obligar con ella. Oespojulo 
el re; don Alonso el Sexto del reino de León , se biUi- 
ha retirado en la corte del rey muro de Toledo cuando, 
por muerte del rey don gancho, le llamaron con grag 
secreto á la corona , recelándose que , entendiendo loj 
moros lo que pasaba, detendrían su persona ; pero, co- 
mo prudente y reconocido al hospedaje y amistad, la 
diócuenladetodoii. Esta confianis obligó tan túéiqnel 
rey bárbaro (que,yasabÍeQdoelcaao, leteDÍapueslu 
asechaaias para prendelle), que le d^ópartb- libre; 
le asistió con dineros para su vl^je ; fuerza de la gnü- 
tud , que desarma al coraien mas inhuman^. 

Las difidencias entre dos principes no se bin de cu- 
rar con descargos y satisfacciones , sino coa aclw ea 
contrario. Si el tiempo no las sana , no las sanará U di- 
ligencie. Heridas suelen ser que se enconan mis coa 
la lienta y con la mano , y una especie de celos deelin- 
dos , qne inducen i la inGdelidad. 

i>iiir.,DliLHUp.,L3,».(. 



EMPRESA LlI. 



Aun trasladado el escorpión en el cielo , y colocado 
entre 8nsconstelaciones,itopierde su malicia; antes es 
tanto mayor que en la tierra, cuanto es mas extendido 
el poder desusiuflueocias venenosas sobre todo lo crin- 
do. Consideren bien los principes las calidades y partes 
de los sugetos que levantan á los magistrados y digni- 
dades , porque en ellas las inclinaciones y vicios natu- 
rales crecen siempre, y aun muchas Veces peligran las 
virtudes -, porque , viéndose fomentada y briosa la vo- 
luntad con el poder , so opone d la razón y la vence , si 
no es tan compuesta y robosla la virtud , que puede ha- 
celle resistencia sin que le deslumhren y desvanezcan 
los esplendores de la prosperidad. Sí Iqs buenos se sue- 



len hacer malos en b grandaia de los puestos , los u- 
los se harán peores en ella. Y si aun castigada y infa- 
mado el vicio, tiene imitadores, mas los tendrá si fnen 
favorecido y exaltada. En podiendo la malicia llegará 
merecer los honores , jquién seguirá d medio de 1> 
virtud? Aquella en nosotros es natural , esl« adquirida 
ó impuesta. Aquella ürebala , esU espere los premio!; 
y el apetito mas se satisface de su propia violeacia qu« 
del mérito , y como impaciente, antes elige pender de 
snsdiligenciaa que del arbitrio Eyeno. Premiar al lualo 
ocupándole en los puestos de la república, es acobar- 
dar al bueno y dar fuenas y poder ala malicia. Uociu- 
dadano injusto poco daño poede^ucw uJa vida f n* 



IDEA DE UN PRlNaPE 
ndi; coaira pocos ejercí lará sus malas costumbres; 
pero en el magistrado, codItb todos, siendo arbitro de 
li justicia f de la admiaistracioa j gobierno de lodo 
iJcuerpo da la repúbiicB t. No selüi de ponerítos 
duIm en puestos doade puedan ejerciUr su malicia. 
UnrlidadesteiDconTemeuteJ&naturaleza.oodiiiBlas 
al pies i los auimalen muy Tenenosos , porque no lii- 
úeseo mucho daño. Quien á la maJicIa da pies ó alas, 
quiere que corra 6 que vuele. Suelea los principes va- 
lerse mas de los malos que de ios buenos , viendo que 
iqnellos son ordíuriameote mas sagaces que estos t; 
pero u engaDU ; porque no es sabiduría U malicia, ni 
poedebab^ juicio claro donde no haj virtud. Por esto 
d nj don Alonso de Aragón j de Ndpolas alababa la 
pradancia de los romanos eu haber edíGcado el templo 
delibonradeatn) del de la virtud, en forma tal, que 
{on eabir en aquel se liabia de pasar por este ; juz- 
pDdo que no era digno de honores el que do era vir- 
Iuoso,DÍquecoiiveaia pasasen á luí oüciosy digni- 
duIakisqaeQo hablan eolredo por los portales de la 
wtDd. Sin ella jCÓmo puede ua mioistro ser útil i la 
npáUícaT Cómo entre los vicios se podrá hallar la 
pndtDdi , la jusLicia , la clemencia , la fortaleza y les 
deaiii virtudes necosarías en el que mendaí Cómo el que 
obedececoDservará las que le tocan , si le falta el ejem- 
plo de los mioislros, cuyas acciones y costumbres con 
iteocionnola y con adulación imita? El pueblo venera 
ilminisira virtuoso, y se da á entender que en nada 
puede mu ; y al coulrarío, nioguna acción recibe bien 
Di ipniebi de no BÍnistro malo. Did en el senado de 
IsfKtt DD consejo acertado Démostenos; y porque el 
poebfcilfltema por hombre vicioso, uo le acetó ,y fué 
inaiaUerqaede orden de losEToros diese otro conse- 
jera estunado por su virtud el mismoconsejo, paraque 
leidmiiiasen yejeci)taseu. Es tan coavenienle que sea 
Insoa esta opinión del pueblo, que , auu cuando el mi- 
Utroesbueoo, peligra en sus manos el gobierno si 
(i poeblo, milinrorniado, le tiene por malo y la abor- 
lect. Por esto el rey de Ingelaterra Enrique V ( cuando 
ealrd i reinar ) echó de su lado i aquel los quele hablan 
■compaüadoen las solturas de su juventud, y quiUi los 
'■üininínistnM.paoieDdoea su lugar augetos virtuo- 
us; bien aceptos^l reino. Los felices sucesos 7 vit% 
nu del rey Teodoríco se atribuyeron ú la buena e|ec- 
cionquehacia de ministros, teniendo por consejeros i 
los prelados de mayor virtud. Son los ministros unos 
ntntos de la m^esUd , la cual , no pudiéndose hallar 
ea todu parte», se representa por ellos ; y así, conviene 
fue se parezcan al príncipe eu las costumbres y virtu- 
^- Ta que el principe no puede por sí solo ejercitar 
eatodasparteslapotestad que ledió el consentimiento 
iMana, mire bien cdmo la reparte éntrelos ministros; 
porqoe cuando se ve con ella el que no nació príncipe, 
ímere , soberbio , parecelle en obrar violentamente y 



— .«iHB BBHBL [AniL, 1. 1, ror., e. ».i 
< Fiíü haju iMaiU pradeaUar» lilis lacl* le tneniloac su 
"■L tUe., 18, a.) 



POLlTICO-CIUSTIAPCO. 13» 

ejecutar sus pasiones 3. De donde (e puede decidir k 
cuestión , cuál estada de )s república sea mejor : ó aquel 
en que el príncipe es bueno, y malos los ministros, 6 
aquelenque el príncipe es malo, y buMioslos ministros 
(pudiendo suceder esto, como dijo Tácito*); porque, 
siendo fuerza que el príncipe substituya su podaren 
muchos ministros, si estos fueren matos, serán mas 
nocivos i la república qne provechoso el príncipe 
bueno, porque abusarán de su bondad, jcon especie 
de bien, le llevarán á sus fines y conveniencia s propias, 
y no al beoelicio comuu. Va principe malo puede ser 
corregido de muchos ministros buenos ; pero no mu- 
chos ministros malos de un príncipe bueno. 

Algunos juzgan que con loa nüniatroc buenos tiene el 
principe muy atadas las manos y muy rendida su li- 
bertad , y que cuanto mas vicioaos fuereii los subditos, 
mas segiuQ vivirá dellos. Implo oonsqu , «puesto á la 
razón , porque la virtud mantiene quieta y obediente la 
república, cuyoestado entonces esmai finnecuaudowi 
él se vive sin ofensa y agravio y Qorecen la justicia y U 
clemencia. Has fácil es el gobierno de loi buenos. Si fal- 
ta la virtud , se pierde el respeto á las I^^ , se ame la 
libertad y se aborrece el dominio; de donde nacen las 
mudanzas de los estados y las caídos de los príncipes; 
y asi , es menestn- que tengMa ministros virtuosos, que 
les aconsejen con bondad y celo , 7 que con su ejem- 
plo y entereza introduigan y mantengan la virtud en It 
república. Tiberio tenia por peligrosos en el nüaiitro 
loseitremoede ñrlndf vicie,yeleglann medio, co- 
mo decimos en otn parte. Temor ts de tirano ? si es 
bueno el miuistro virtuoso, mejor será el mas vir- 
tuoso. 

Pero no basta que sean los ministros de eicelentes 
virtudes , si no resplandecen también en ellos aquellas 
calidades y partes de capacidad j experiencia conve- 
nientes al gobierno. Aun llora Etiopia, y muestra en 
los rostrosycnerpoeadustosy tiznados de ttu habitado- 
res , el mal consejo de Apollo (si nos podemos valer da 
la Slosofiay moralidad de los antiguos en sus fábulas), 
por haber entregado el carro de laluiá su hijo Faetón, 
moznelo íneiparto 7 no merecedor de tan alto 7 claro 
gobieruo. Este peligro corren taseleccionei hechas por 
salto, 7 no por grados, en qne la eiperieo cía descubre 
ygradúa lossugetos. Aunque em Tiberio tan tirano, 
no promovió á sus sobrinos sin esta considereciou , co- 
mo la tuvo para no dar á Druso la potestad tribunicia 
basta haber hecho eipeñencia dé) por ocboaüosS. Dar 
las dignidades á un iuexperto es donativo ; á un eipe- 
rimentado, recompensa 7 justicia. Pero no todas las 
eiperíencias., como ni todas las virtudes , convienen i 
los cargos públicos, sino solamente aquellas que miran 
al gobierno político en la parte que toca á cada uno ; 



t RígiiB potenKae Wiiistrl , q«u delulit inpeitl» ! 
pm ■peclacnlum, minuqDe ae Judltint ixmm, oiil día 
qu ilnfBlli, nv\i psuint, auewlsiit. iSeiecs.) 

* Poue etliDii Hb milla Ptlnclplb» mepi» rira* «i 
Inilla Afrli.) 

■ Neqn* Due promete, Mdpeíocte 
{Ttc.,ilb.3,A]U.] 



LiOOglC 



140 



porque los que son buenos para un ejercicio público, 
no son siempre buenos jwra otros ; ni las eiperlencias 
dala mar sirven para las obras de la (ierra, ni los que 
son hAbiles pera domar y gobernar con las riendas un 
cabaJto , podrán unejércílo^jen que se engañó Ludo- 
vico Esrorcia, duque dé Hilan , entregando sus armas 
contra el rey de Francia & Galeazo Sanseverino , dies- 
tro eo el manejo de los caballos é Inexperto en el de 
la guerra. Mas acertada fué la elección de MalatíaB en 
Ea horadesumuerie,qus fiJódasMacabeo, robusto y 
ejercitado en las armas , tino general , j d su hermano 
Sinwn , varón de gran juieio y experiencia , consejero ">. 
Eü esto betnos visto cometerse grandesyerros, troca- 
doslos rrenos y los manejos. Eslos son diferentes en 
losreioo^y repúblicas. Unos pertenecen d lajuslieia, 
otros d lu abniKtincia ; nnoa d la guerra y oíros á la 
paz; j aunque eitre si son diferentes, una facultado 
virtud civil hi conforma y encamina todos al fin de la 
conservación deja reptkUica , atendiendo cada uno de 
ios que la gobiernan fíestn fin con medias proporcio- 
nados al cargo' que ocupa. Eala virtud civil es diversa 
según la diversidad de formas de repúblicas , las cuales 
se diferencianen los medios de su gobierno ; de donde 
nace que puede uno sor buen ciudadano , pero no buen 
gobernador; porque , auaqve leiiga muclias viHudes 
morales, tío baslarfüisi le fallaren las civiles y aque- 
lla aptitud natural conveniente para saber disponer y 
mandar. 

' Por esto es iihportante queet|rh)cipe tenga gran co- 
nocimiento dé to* nitRrfile? y Enctiíaciones de lossu- 
getos pera sabelles emplear aporque en esta bueoaelec- 
cion consislen los aciertos de su gobierno. El ingenio 
de Hernán Cortés tüénioj d propúsito para descubrir y 
conquistar las indias , el de Gonzalo Fernandez de Cór- 
doba para guerrear en el reino de Mápoles ; y si se liu- 
bieran trocado j ewiando el primero contra' franceses 
I bI segundo ú descubrir las Indias, no habrian sido 
tan felices los sucwiM- IVo did la naturaleza d uno ¡gua- 
les calidades para tmJBS las oosas, sino una excelente 
para un soki oficio :4tilé escasez d advertencia en criar 
uninstrtiment* par* cadacosa 8. Por esta razón acusa 
Aristóteles á los cartagineses, les cuales se servían de 
uno para muebos tocios; porque ninguno es á propó- 
sito pam todos, ni es posible (como ponderó el empe- 
rador Justini ano )■ que paeda atender á dos sin liucer 
fallaalunoyal-otrop. Mas bien gobernada es una re- 
pública cuando en ella , como en la nave , atiende cada 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



« Nim usan opat ab un 
gl L(giu)IMaris [iroildere 
:t idtin ral Feos coiilldal. i. 



opUmí perBcilDr.quDdDl 



liui mil \otiis paler. El Judas Hacbabacns Tor^ 
Dle sai sil vobls Princeps mlllliae, el tpsc aget 

... , ,Math..í,65.) , 

m optlinJtfnslrnmeTilaproSdenl. si ennm slngnia ion 



e[iiirinsqii«]iidlcllCD 

bus necestariis 

tocrtt, a1l«ri al 

Invitiiil. IL. 15, 1 . 1 , C. de Jan».) 



nao ú su ofidio. Cuando alguno fuese capaz de lodoi 
los manejos, no por esto los lia de llenar todos. Aquel 
gran veso de bronce para ios sacrificios, Uaoiadii el 
mar , queestaba delante del altar sobre doce bueyesen 
eltemplo'de Salomón, cabía tres mil medidas, llanas 
dasmetrelas'ó, pero solamente le ponian dos rail «, 
No conviene que en uno solo rebosen los cargos y dig- 
nidades,, con invidla y mala satisfacion de todos, y que 
fallen empleos d los demds. Pero, ó por falla deconoci- 
' miento y noticia , ó por no cansarse en buscar los sd- 
getos d propósito , suelen los principes valerse de l« 
que tíenen cerca, y servirse de uno ó de pocos en lo- 
dos los negocios; con que son menores los empleos j 
las premios , se biela la emulación y padecen los des- 
pachos. 

Por la misma causa no es acertado qne dosnsisiu 
d un mismo negocio ; porque saldría disfonne, como li 
imagen acabada por dos pinceles , siendo siempre dile- 
renles ene! obrar : el uno pesadoen los golpes, el nLro 
ligero; el uno ama las luces, el otro afecta las sombns; 
fuera de que es casi imposible que se conformea eolis 
condiciones, en los consejas y medios, y quenn rom- 
pan luego, condsñode la negociación y del servido del 
príncipe, funestas causas segundos cada uuatieiieüi 
oficio y operaciones distintas y separadas de lasile- 
más. Por mejor tengo que en un cargo eslé un itÍdís- 
tmsolo, aunqueno sea muy capaz, que dos mayo- 
paces. 

Siendo pues tan conveniente la buena elección de 
los ministros , y muy diHculloso acertar en ella , con- 
vienequelos principes no la fien de si solos. El pipi 
Paulo UI y el rey don Fernando el Católico las consol- 
taban primero cou la vuk 'del pueblo , dejando descui- 
dadamente que se publjcnson antes que saliesen. El 
emperador Alejandra Severo las proponía al eiániín de 
todos, para que cada uno, comí interesado , dijese si 
eran ú no d propósito u ; si bien el aplauso común no es 
siempre seguro T unas veces acierta, y otras yerra ''y 
se engaña en el conocimiento de los nalumleii y vicios 
ocultos á muchos; y suelen la diligencia y el interét, 6 
la malicia y emuldcíon hacer nacer estas voces públicas 
en favor ó en conlra : ni basta haber probado bien as 
n^istro en los oQcios menores para que sea bueno en 
los mayores; porque la grandeza de los puestos A» 
pierta d unos , y d otros entorpece l*. Menos peligrnu 
era la diligencia del rey Filipe II , que aun desde Ids 
planteles reconocía las varas que podrían ser después 
árbolesde fruto , trasladadas al gobierno lemporatúcs- 



«> Capiebalciaf tria milliá in«tre)as. [t . Paral., 4, S.) 
<i Dúo mulla batos caplebal. [i, Reg., 7, 16,) 
<> Ubi alicidos voluisscl tol rectorts pravlnctis daré, vel fnt 
posUos tírete, vet prncuralgres , \i esl, ralioniles ordinarc, Do- 
mina «orom proponebat, honans popnlnm , al al qnli quid hlb^ 
ret crlmiais , probarel dmdíImUs lebas. {Limf. , in viu Ua- 
Sevec.) 
<i Haud sempír eml rima , allqnandoel digll. (Tic.laiiii 
i Apic) 

'' fon ti ruinori! suUíndnmniDllosin prorlndli, csninilii» 
:i, luimelDida lilis facrit, tglat, *uilarl qmsdin ad at- 
■jaignliudine fííuiii,liebíM(- -"-- "■- "' ' "— ' 



'"T,'iSó'í;tc''-'-""' 



IDEA DE ÜN PRÍNCIPE 
pirilual; y antes que la ambición celase susderelos,ad- 

lertia, coa secretas inrormacioDesenlBJuTsatud, si se 
¡liaD leíantaado dececha ú torcidamente, j tenia notas 
tjelossuícetosimpartantesdosureino, de sus virtudes 
dcicios ; y asi, todas sus elecciones fueron muy acerta- 
das , y tiorecieroa en su tiempo insignes varones , pria- 
cijialraente en la prelacia ; porque tenia por mejor bus- 
car pan los puestos i los que no liubiesen de Taltar á 
su obligación, que castigallos después is. Felin el reino 
donde ai la ambición ni el ruego ai la solicitud tieaen 
parteen laselecciones^ y donde la virtud mas retirada 
no ha meaester memoriales ai relaciones para llegar ¿ 
keoidosdel principe; elcnal por s! mismo procura co- 
nocer los sugetos. Esta alabanza se diú al emper&dor 
Tiberio 16. El eidmen de las orejas pende de otro, el 
de los ojos de sí mismo. Aquellos pueden ser engaña- 
dos, yestos no ; aquellas iurorman solamente el ánimo, 
estos, le inTormaD, le mueven y arrebatan ó á la pie- 
dad ó al premio. 
Algunas repúblicas se valieron de la suerte en la elec- 



9 potias non peKalaras, q 
e , cam peccasscnl, ITac. , in viu Agrie.) 
111 ilDesmbittane, inl praiimurDoi preclbus ignotos el 
< iccilM mniüceulli Juierit. ( Tic. , ilb. i , Apn.) 



POLiTICO-CRISTIANO. 141 

cion de los miaistros. Casos haj en que convieiie, para 
excusar las efectos de k invidia y el furor de la comr 
petencia y emulación , de donde fácilmente nacen los 
bandos y sediciones ; pero cuando para la adminístra- 
cioa de la justicia y manejo de Jas airmas es menester 
eligir sugeto á propósito , de quien lia de pender el 
gobienio y lasalud publica, no coaviene cometello á la 
iacertidumbre de la suerte , sino que pase por el eiá- 
mea de la elección ; porque la suerte no pondera las ca- 
lidades, los méritos y la fama como los connjos, don- 
de se confieren j se votan secretamente i^ ; y si bien 
la consulta de los consejos suel*. gobernarse por las 
conveniencias y intereses partieulares, podrá el prin- 
cipe acertar en la elección si secretamente se infor- 
maré de las partes de los sugetos propuestos , y de los 
Gnes que pueden haber movido ú los que los consul- 
taron, porque cuando ciegamente aprueba el prlndpe 
todas las consultas , están sujetasáeste inconveniente; 
pero cuando ven los consejos que las examina , y que 
no siempre se vale de los sugetos propuestos , sino que 
elige otros mejores, 'procuran baceilas acertadas. 



<l SorM, el ama mores non discerní ; 
lionem SeDalas repertí . ni in tujtsqne vi 
renl.tTie.,Iib.i.Ilisl.| 



la ftmimqne penetri- 



EMPRESA luí. 



SigmGcabanlústebanoslaintegrídaddelosmínistros, 

; principal mente de los de justicia, porunaestatuasin 
■nanos , porque estas son símbolo de la avaricia cuando 
esiúi cerradas, y instrumentos del la cuando siempre 
esUo abiertas pera recibir. Esto mismo se representa 
tqoi en el jardin , puestas en las frentes de los viales 
estaluassínbrazos, comohoy scvencii los jardines de 
Roma. En ellos ningunas guardas mejores que estas ; 
coa ojos para guardar sus llores y frutos , y sin brazos, 
paranotocalios. Silos ministros fuesen como estas es- 
(aiuas , roas llenos estarían los erarios plíblicog y mas 
bien gobernados los estados, y principalmente las repú- 
liUcu,enlas cuales, como se tienen por comunes sus 
bienes y rentas, le parece & cada nno del tnagistrado 
que puede aricarse con ellas sil fortuna, y unos con 



otros se excusan y disimulan ; y como est« victo crece, 
como el fuego, con lo mismo que linbla de satisfacer- 
se 1, cuanto mas se usurpa , mas se desea *. Cebada una 
vezlacudiciaen ios bieoespúblícos, pasa & cebarse en 
los particulares ; con que se descompone el fln principal 
de la compañía política , que consiste an la conserva- 
ción de los bienes de cada nno. Donde reina lacudicia, 
falta la quietud y la paz. Todo se perturba y se reduce 
á pleitos, á sediciones y guerras civiles. Húdanse las 
formas de los dominios y caen los imperios , liabiéo- 
dose perdido casi todos por e^ causa. Por ella fueroit 
echados de Büpaña tos fenicios , y por ella predijo el ' 
oráculo de Pilla la ruina de k república de Esparta. 



I.IE. 



Üa.[B(xl.,H,e.> 

vLiOOglC 



142 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



Dios advirtid d Hoisen que eligiese paro los cargos va- 
rones que aborrecieseD la avarícia ^. No puede aer bien 
goberaado un''esudo cuyos ministros son avarientos 
y cuJciosos; porque ¿cómo serAjusliciero el que des- 
poja á otrosf Cónio procurará )s abundancia el que 
tiene sus logros en la carestia? Cómo amará á su repú- 
blica el que idolatra en los tesoros? Cómo aplicará el ' 
ánimo á los negocios el que le tiene en adquirir mas ? 
Cómo procurará merecer los premios por sus serricios 
el que de n mano se hace pago? Ninguna acción sale 
como convieDe cuando se atraviesan intereses propios. 
.A la obligación y al honor los antepone la conveniencia.' 
No seobrugenerosamentesin la estimación déla fama, 
y no la apreda un ánimo vil sujeto á la avaricia. Ape- 
nas hay detito que no nazca della 6 de la ambición *. 
Ninguna cosa alborota mas ¿ los vasallos que et robo y 
soborno de los ministros, porque se irritan con los da- 
ños propios, con las injusticias comunes, conlaihvi- 
dia d los que Se enriquecen , y con el odio al principe, 
qne no lo remedia. Si lo ignora, es incapaz; si lo con- 
siente , flojo ; sí lo permite , cómplice , y tirano si lo 
arecla,paraque, como esponjas, lo chupen todo, y pue- 
daeiprimillosdespuéscoh algún pretexto. ¡Ohinrelizel 
principe y el estado que se pierden porque se enriquez- 
can sus ministros 1 No por esto juzgo que hayan de ser 
tan escrupulosos, que se hagan intratables ; porque no 
recibir de alguno es inhumanidad; de mucbos, vileza, 
y de todos , avaricia. 

La cudicia en los príncipes destruye los estados^; y 
no pudiendo sufrir el pueblo que no estén seguros sus 
' bienes del que puso por guarda y defensa dellos, y que 
haya £1 mismo armado el ceptro contra su hacienda, 
procara ponelleen otra mano. ¿Qué podrá esperar el 
vasallo de un príncipe avariento? Aun los hijos aborre- 
cen á los padres que tienen este victo. Donde falla la 
esperanza de algún interés, falta el amor y la obedien- 
cia. Tirano es el gobierno que atiende á las utilidades 
propias, y no á las públicas. Por esto dijo el rey don 
Alonso el Sabio < : « Que riquezas grandes además non 
debe el Rey cobdicíar para tenerlas guardadas , é non 
obrarhien con ellas. Canaturalmenteel que paráoste las 
cobdicia, non puede ser que non faga grandes yerros 
para averias, lo que no conviene ai Hey en ninguna 
manera, n Las sagradas letras camparan el principe 
avaro que injustamente usurpa los bienes ajenos , al 
león y al oso hambriento T; y sus obras á las casas que 
labnenlosárboleslBcarcomB,queluego caen con ella, 
ó i las barracas que bacen los que guardan las viñas, 
que duran pocoS. Lo qae se adquirió mal, presto se 
deshace. jCuán i costa de sns entrañas, como la araña, 

* ProiideinlemdeoanlpIftbciiTDSpalNlea, clUntnluDcín, 

Id quibas sil veril», el qui oderint inriliam. (Eiod., 18, ü.) 

* Plenqoe conit , que bomiDcs Injistí fietnnl , ftt tobiUo- 
nem el atiriUm coiii>lttHlsr. (Ari*t. , llb. S, Pol, , cap. 7.) 

Reí Jasini criglt um», Tir miu deitniei Mi».*lPrDT., 39., 4.) 
' L.4,Ul. l,pirl.í. 

1 Leo ingieoE , el arws «lirlCDt , Príncep» laplns taper po- 
pnlnmpiaperem. (Pro'.,t8,]t>.) 

» Acdiacatil ilcnl iIum domiB nía, «Klwt cutos redlaia- 
bncelom. [Jiib. , t7, 18.) 



se desvelan algunos principes con mordaces cuidados 
en tejer su fortuna con el estambré de los súbdiiog , j 
tejen redes, que' después se rompen>y dejan burlada so 
confianza 3 1 

Algunos remedios hay para este vicio. Los mas ú- 
caces sonde preservación; porque, s¡ una vez la uals. 
raleza se deja vencer del , difícilmente convalece. U 
última túnica es que se despoja. Cuando los principa 
son naturalmente amigos del dinero , conviene que no 
le vean y manejen , porque entra por los ojos la aTui- 
cía , y mas fácilmente se libra que se da. Tambieas 
menester que los ministros de la hacienda sean gene- 
rosos ; que no le aconsejen ahorros viles y arlútriasiD- 
dignos con que enriquecerse, como decimos ea oln 
parto. 

Para la preservación déla cudicia délos ministros» 
conveniente que los oficios ygahiemos no seta ren- 
dibles , como lo introdujo el emperador Cómodo ; por- 
que el que los compi;p los vende. Asi les pareció aleo- 
perador Severo y al rey Ludovlco XII de Fnocia; Á 
cual uid deste remedio, mal observado después. De- 
recho parece de las gentes que se despoje la proviocii 
cuyogobiemoBevendió,y que se ponga alBocanto,; 
se dé el tribunal comprado al que mas ofrece ">. Casti- 
lla experimenta algo destos daños en los regimienUs 
de las ciudades , por ser vendibles, contra lo que en 
buen acuerde se ordenó en tiempo delrey donJitanei 
Segundo, que fuesen perpetuos y se diesen pemüm- 
bramieuto de los reyes. 

Es también necesario dar á los oficios dote compe- 
tente con que se sustente el que los tuviere. Así lo biu 
el rey don Alonso el Nono, señalando é losjuecess*- 
laríoB, y castigando severamenl»al que recibíi de lu 
partes. Lo mismo dispusieron los Reyes Catálicos dos 
Fernando y doña Isabel, liahiendo puesto tasa i los 
derechos «. 

Ajos de! magistrado sales lia de prohibireltralo]' 
mercancía l>; porque no cuidará de la a hunda ocia qtiia 
tiene su interés y logro en la carestía , ni dará cods¿¡a 
generosos si se encuentra con sus ganancias*, !ata 
deque el pueblo disimula la dominación y eleslartn 
otros los honores cuando le dejan el trato y ganancias; 
pero si se ve privado de aquellos y de estas, seirríu; 
se rebala u. A esta causa se pueden atribuir lis dife- 
rencias y tumultos éntrela nobleza y el pueblo de Ge- 
nova. 

Los puestos no se han de dar á los muy pobres, ^r- 
que la necesidad les obliga al soborno y á cosas nal 
hechas. Discurríase euel senado de Roma sobre loelec- 



* SlcniíelianneinimlldEicliejBi.linlteurnperdodiiaK"- 
elBauíubU: fnlelel em, elaol contargeL (Jok.í.l'-I 

■« ProvlDdií spoliirl , et Dmamirlnv (rlbontl, arnliu >uni" 
licllitlonc. alicrl iridicl sqd mlram . qaando, quae eaerii.in' 
dere tcnUBB iu esi. (Sra. , 1. 1 , c 8, de bel.) 

<l Mar.,Hlih Hiip. 

>* Sed capBt eti in «mnl Repnbliu , nt leslbaí , el ""I '" 
faUone proiliniii ill, ne qua racoilat qaiesloi fKlMdi «"P"* 
tibni rellDqaaUr. Arlil. , 1. B , Pal. , e. 8.) 

<> Tone eniín ntniDiqae el moleslnm ei(, qaod lec ''^'P' 
parliupa all.el qnnd ii quaesUbns lEbnoTealir. < Ariit- . il"*'> 



vLiOOglC 



IDEA DG UN PRÍNCIPE 
cioa de un gobernador pira Es[Ȗa , y coasultado Sul- 
pICLO Gelbi y Aurelio Cotta, dijo Scipíon que no le 
■gradaban , el uno porque no tenia nada y el otro por- 
que oada le hartaba. Por esto los cartagiDSBes escogían 
para el magistrado á los mal caudalosos ; y da por n- 
vm Arisldteles que es casi impasible que el pobre ad- 
ministra bien y ame la quietud 1*. Verdad es que en 
España vemos varones insignes, que sin caudal eutra- 
roD en los oficios , y salieron sin él. 

L» ministros de namerosa familia son carga pesada 
ilis pravincias; porque, aunque ellosaean Íntegros, no 
JOD los suyos; jasl, el senado de Romajuzgú por ia- 
conveaieute que se llevasen tas mujeres á los gobier- 
Dos ts. Los reyes de Persia »e serTÍan de eunucos en los 
nujo res cargos del gobierno IB; porque, sin el eraba- 
nzD de mujer ni el afecto á enriquecer los hijos , eran 
mu desinteresados y de menos peso á los nsallos. 

I* Qojtl lipoBsibile sil, qni tgeniu ciliUI, eam beiit migij- 
Ii9ln(erere. mi qiiieMm úpUre. I ArliU, llb. 1, Pal. , e. 9.) 
!■ Hiid «nTtn fmstn placlium olim , üb raenloic in mcIm, tal 

* ScplcD EdudcIiíe, qnl in coupeota ejii ulalilnkiil. (BlUi. 
1 , 10.) 



político-cristiano. U3 

Los muy atentos & engrandecerse y fabricar sn for- 
tuna son peligrosos en los cargos ; porque.si bien algu- 
nos Ib procuran por el mérito y la gloria , y estos son 
liempre acertados ministros, muchos tienen por mas 
seguro fundalla sobre las riquezas, y na aguardar el 
premio y la satisracion de sus servicios de la mano del 
príncipe, casi siempre ingrata con el que mas merece. 
El cónsul Lúculo , á quien la pobreza hizo avariento y 
la avaricia cruel, intentú injustas guerras en España 
por enriquecerse. 

Las residencias , acabados los o6cios , son e6caz re- 
medio , temiéndose en ellas la pérdida de lo mal ad- 
quirido y el castigo-, en cuyo rigor no ha de haber gra- 
cia , sin permitir que con el dinero usurpado se redima 
la pena de los delitos, como lo hizo el pretor Sergio 
Galba , siendo atusado en Roma de la poca fe guardada • 
6 los lusitanos. Si en todos los tribunales fuesen hechos 
losasientos de las pieles de los que se dejaron loboruar, 
como hizo Camblses, rey de Persia, y á su ejemplo Rn- 
gero, rey de ^cilia, seria mas observante y religiosa']! 
integridad. 



EMPRESA LIV. 



La libertad en los hombres es natnral, la obedien- 
cia Tonosa. Aquella sigue al alltedrio , esta se deja re- 
ducir de la razoD. Ambas son opuestas y siempre bala- 
llia entre si, de donde nacen las rebeldías y traiciones 
■I señar natural ; y como no es posible que se susteo- 
lea las repúblicas sin que haya quien mande y quien 
obedezca! , cada uno quisiera paru si la suprema potes- 
tad y pender de si mismo ¡ y no pudlendo , le parece 
que consiste su libertad en mudar las formas del go- 
bierno. Este es el peligro de los reinos y de las repúbli- 
cas, j ta causa principal de sus caldas , conversiones y 
mudanzas; por lo cual conviene mucho usar do tales 
artes, que el apetito de libertad y lo ambición humana 
estén lejos del ccptro, y vivan sujetas i la fuerza de la 

< Nitann di» neteutrlu rn, eudeeotae uliilire* honina 
tneh conpiniic, Bt alii cnia Imperio esunt ilil el mbjIcereD- 
<" : Dibiliiar qnod clin biee, oes MlBini) inidea lueal isiUa 
fc"lanre.iDUB..Uk.41.) 



razón y i la obligación del dominio, sin concederá na- 
die en el gobierno aquella suprema potestad que es 
propia de la majestad del pilncipe, porque expone i 
evidente peligro la lealtad quien entrega sin algún freno 
el poder. Aun puesta de burlas en U frente del vasallo 
la diadema real, le ensoberbece y cria pensamientos 
altivos. No ha de probarel corazón del subdito la gran- 
deza y gloria de mandar absolutamente; porque, abu- 
sando della, después la usurpa, y para que no vuelva á 
quien lu dio , le pone asechanzas y maquina contra él. 
En solo UG copltulo señalan las sagradas letras cuatro 
ejemplos de reyes muertos & manos de sus criados por 
haberlos levantado mas de lo que convenia. Aunque fué 
tan sabio Salomón , cayó en este peligro , habiendo he- 
cho presidente sobre lodos los tribunales i Jeroboaní, 
* Viileni Silomon idoleietnleía borne Indolls , el lidnslrlmii 
eoislUncnt eD> PnereelBia luper UlblU nnlnnis domil Jd- 
iepli.|3,Ref.,ll,ÍS.] 



vLiOOglC 



144 DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 

el cQalsa atrevió áperdelle el respetos. Estéopuos los ' maestra de la verdadera política, que no dio í aquellos 

príncipes muy advertidos so la méiima de estado > de , mÍEijstros celestes de la Itiz perpetuas las prcsideucias 

no engrandecerá alguno sóbrelos demás, y si fuere i y vireinados del orbe, sino á tiempos limitados,^ coma 

forzoso, sean muchos, para que se coutrapesen entre* ^ vemos en las cronocracins y dominios de los planetas, 

si , ; unos con otros se deshagan los bríos y los desi- ; por no privarse de lu provisión dellos y porque oole 

Dios 1. No consideró bien esta política (si ya no Tué oe- j usurpasen su imperio. Considerando también quü se 



cesidad) el emperador Ferdi na odo el Segundo cuando 
entregó el gobierno absoluto de sus armas y de sus 
provincias, sin recurso i su majestad cesárua, al du- 
que de Fridlant; deque nacieron tantos peligrosy in- 
convenientes,, y el mayor Tuó dar ocasión coa la gracia 
y el poder & que se perdiese tau gran varón. No mueva 
ú los príncipes el ejemplo de Faraón , que diú toda su 
potestad real újosers, de que resul tú la saludde su rei- 
no; porque Josef fué símbolo de Cristo, y na se hallan 
muchos losefes en estos tiempos. Cada uuo quiere de- 
pender de sí mismo, y no dei tronco, como losigiiirica 
esla empresa eu el ramo puesto en un vaso con tierna 
(como usan los jardineros), donde criando raices, 
quAda después árbol independiente del nativo , sin re- 
conocer del SQ grandeza. Este ejemplo nos enseña el 
peligro de dar perpetuos los gobieruos de los estados ; 
porque, arraigado la ambición , los procura hacer pro- 
pios. Quien una vez se acostumbró i mandur , no se 
acomorln después á obedecer. Huchas experiencias es~ 
critas con la propia sangre nos puede dar Francia. 
Auii tos ministros de Dios en aquella celestial monar- 
quía no-son estables 0. La perpetuidad en los cargos 
mayores es una enajenación de la corona. Queda vano 
y sin fuerzas el ceplro, celoso de lo mismo que da, sin 
dote la liberalidad , y la virtud sin premio. Es el vasallo 
tirano del gobierno queno ha de perder. El subdito res- 
peta por señor natural al que le ha de gobernar siem- 
pre , y desprecia al que no snpo ó no pudo gobernalle 
por si mismo; y no pudiéndole sufrir, se rebela. Por 
es'lo lulio César redujo las preturas á un año y los con- 
sulados i dos. El emperador Carlos V aconsejó 6 Fili- 
pe n que no se sirviese largo tiempo de un ministro en 
los cargos , y principalmente en los de guerra ; que los 
mayores diese á personas do mediana fortuna , y las 
embajadas á los mayores, en que consumiesen su po- 
der. Al rey don Fernando el Católico fué sospechosa el 
valor y grandeza en Dalia del Gran Capitán , y llemún- 
doleá Espeña, si uo desconlió del , no quiso que estu< 
viese & peligro su lidelided con la perpetuidad del vi- 
reinado de Ñápeles. Y si bien Tiberio coutiiiiisba ios 
cargos, y muclias veces sustentaba algunos ministros 
eu ellos hasta la muerte ', era por consideraciones ti- 
ranas, lascualesDO deben caer en un príocipe pruden- 
te y justo; y asi, debe consultarse con la naturaleza, 

) L«railt iDiDim eeatn Regen. ( S, »tg., 11 , 

* EbI aotcD •moii Moairtblac ciuilo coi 
cer« niiUí niinum , aul ceni plus qnlm ni 
ÍDtfr se , quid qaisque ij!>l, obicrvanl. (Ar 

G Td cris snper dOBmniiieaii. el ad tal i 
papnliii obcdlel : uno tiDluia repl solio 



;., Ub.S, Pol.,e. 11.1 



B eccflqnl servlont el. boi sinl stabüts. I Job , 4, IB.) 

' Id mamm Ttberli fail, canllnnare imperia, ac plerosi|a« td . 

lem ñüe tu iluden eietcitlbusj aal Jntisdiclioniligs taaberc. 



hallaría oprimida la tierra si siempre predominan la 
melancolía de Saturno, ó el furor de Marte, ó la seit- 
ridail de Júpiter, ú lu lalsedad de Mercurio, ó la iucooi- 
tanciade lu Luna. 

En esta mudanza de cargos conviene mucho inlriK 
ducirquooo se tenga por quiebra de reputación pasar 
de los mayores alus menores, porque no son infiailm, 
y en llegando al último so pierdenqtiel sugeto , no po- 
diendo emplearse enjosque Na dejado atrás. Vaunque 
la razón pide que con el mérito crezcan los premios, li 
conveniencia del principe ha de vencer á la raioa del 
vasallo cuaiidu por causas gravas de su servicio y de 
bien público , y no pi)rde!;precio,c(Hiviaue quepo» 1 
puesto inferior , pues entonces le califica laímportao- 
ci a de los negociaciones. 

Si algún cargo se puede sustentar mucho tiempo, 
es el de las embajadas, porque en ellas se inlcrceile, 
no se manda ; se negocia , no se ordena. Con In parii.b 
del embajador se pierden las noticias del país, y hs 
intraduccionespanicularesconelprlncipe'áquienasis- 
ten y con sus ministros. Las fortalezas y puestos qut 
son llaves de los reinos sean arbitrarios y siempre ia- 
mediatos al principe. Por esto fué mal consejo «1 del 
rey don Sancho s en dejar, por la minoridud de su hijo 
el rey don Alonso e! Tercero , quo tuviesen lus granJes 
lasciududes y castillos eu su poder hasta que fuese de 
edad de quince años; de donde resultaron al reina gn- 
ves daños. Los demás cargos sean ¿tiempos, y nataa 
largos que peligren, soberbios lus ministros coa ellar- 
go mando. Así lo Juzgó Tiberio s, aunque uo lo ejecu- 
taba asi. Ld virtud se causa de merecer y esperar; pero 
00 sean l;in breves, que no pueda obrar en ellos el co- 
nocimiento y prútica, ó que la rapiña despierte sus alas, 
como á los azores de Noruega, porlu brevedad del «lia- 
En las grandes perlurlmciones y peligros de los reinos 
se deben prolongarlos gobiernos y puestos, porqueno 
caigan en sugetos nuevos y inexpertos : um lo biza Au- 
gusto , habiendo sabido lo rote de Quintilío Varo, 

Esla dolrbiu do que sean los olicioa á tiempos no sf 
hn de enleuderde aquellos supremos instituidos pira 
ei consejo del principe y para la administración oe » 
justicia; porque conviene que sean lijos, por loquees 
ellos es útil la larga eirperieocia y el conocitrienio d» 
las causas pendientes. Son estos olicios ile la repúblif" 
como los polos en el cielo , sobre los cuales volieun bs 
demüs'esferas , y si se mudasen , peligraría el mundo, 
descompuestos sus movimientos naturales. Este InMi^ 
venienle consideró Solón en los cuatrocientos senado- 
res que cada año se eligiao por suerte en Atenas, y <"- 



»llar.,H!sl.Hisn.,l.ll,c,7. 

' Sopcrbiru bauMies ellim aiiDua de^^gnaU 

s pfr iininquguDium aiileiii?(Tii:,, Ub.S, Aun.} 






D,5,t,2ccb,L,OOglC 



IDEA DE UN PRINCIPE 
dead UD senado perpetuo desewnta varones , que eran 
los areopagilas, ; niientras dura , se conservó aquella 
república. 

Es también peligroso consejo y causa de grandes re- 
vueltas ; iaquieludes entregar el gobierna de las rei- 
nos, durante la rainoridaddel sucesor, & quien puede 
tener alguna pretension-en «!los, aunque sea injusta, 
como sucedió en Aragón iO por la imprudencia de los 
que dejaron reinar á don Sandio, conde de Rosellon, 
Lastaque [uviaseedad bastante el rey don Jaime el Pri- 
mero. La ambición de reinar obra en los que ni por 
sanpre ni por otra causa tienen acción á la corona ; 
¿qué hará pues en aquellos que en las estatuas y re- 
tratos ven con ella ceñida la frente de sus progenito- 
res? Tiranos ejemplos nos dae<:taedad y nos dieron las 
pasadas de muchos parieotes que liicieroB propios los 
reinos qae recibieron en conlianza. Los descendientes 
de reyes son mas fáciles i la tiranía , porque se hallan 
con mas medios para consc^ir su intento. Pocos pue- 
den reducirsed que sea justa la ley que antepuso la an- 
leriaridud en el nacer á la virtud , y cada uno presume 
de si que merece mas que el otro la corona; y cuando 
eoalguno sea poderosa la razón , queda el peligro en sus 

"ll>r.,Hist.HitF. 



POLÍTICO-CRISTIANO. «5 

favorecidos , los cuales , por la parte que han de tener 

en su grandeza, la procuran con medios violentos, y 
causan disidencias entre los parientes. Si algunas tuvo 
el. rey Fillpe II del señor don Juan de Austria , nucieron 
deste principia. Gloriosa excepción de la politice diclia 
fué el infante don Fernando " , reliusando la corona 
que tocaba al rey don Juan el Segundo , su sobrino, 
con que mereció otras muclios de) cielo. Antigua es la 
generosu fidelidad y el entrañable amor de los infautea , 
deste nombro á los reyes de su sangre. No menor res- 
plandece en el presente , cuyo respeto y obediencia el 
Rey nuestro señor mas es de vasalla que de hermano. ' 
No están los esferas celestes tan sujetas al primer mó- 
vil como li h voluntad de su majestad , porque en ellas 
liay algún movimiento opuesto; pero ninguno en su 
alteza. Mas obra por la gloria do su majestad que por la 
propia. ¡01) gran principe, en quien la grandeza del 
nacimiento (con ser el mayor del mundo) no eslo mas 
que hay en ti I Providencia fué divina, que en tiempos 
tan revueltos, con prolijas guerras que trabajan los 
ejes y polos de la monarquía , naciese un Atlante que 
con valor y pradencia sustentase la principal parte della. 

« Har. , Htil. Hilp. , 1. tB , e. 19. . 



EMPRESA LV. 



Pira mostrar Aristóteles i Alejandro Magno las ca- 
lidadesdelosconsejeros, los compara d los ojos. Esla 
comparación trasladó 6 sus Partidas el sabio rey don 
Alonso, liicieudo un paralelo entre ellas. No fué nue- 
vo este pensamiento , pues los reyes do Persíu y Babilo- 
nia los tlumubun sus ojos , como & otros ministros sus 
orejas y sus manos, según el ministerio que ejercita- 
ban. Aquellos espíritus , ministros de Dios , enviados á 
la tierra , eran los ojos del Cordero inmaculado >. Un 
príncipe que lia de ver y oír tuntas cosas, todo liabia de 

' hfigm itantem lanqnim occlisini, habíiitera cornni ip]ilem, 
Mocaioi lepicip : qii BualMpicM tpirUnaOei, miulinoDiieii 
ittna.(\pi»e.,5,fl.) 



ser ojos y orejas >¡ y ya que no puedo serlo, lia me- 
nester valerse de tos ajenos. Destu nucosidail naco ul no 
liaber príncipe, por ejilendidn y prudente que sea , que 
no se sujete & sus ministros , j sean sus ojos , sus piít 
y sus manos S; con que vendrá á vo.'y oircon los ojos 
y or^as de muclios , y acertará con los consejos de to- 
dos V Esto sígnilicaban también los egipcios por un ojo 
s Sipcrior debel me toloi mcns, eltolns otilas. (S. Anlloeh., 

* Nim PiiDcipM . ic fítfes nanc qnaqnc mnllos libl OCDIM, 
sialusaDm, mullí! ilcm miDui. glque pedes ficiauL (Arlsl., 



,L,OtíglC 



DON DIEGO DE SUVEDRA FAJARDO. 



pnasto tobn et ceptro; porque los censaos son ojos 
que miraD lo futuro s. a lo cual parece que aludid J»- 
TOBlas cuando dijo que yeia una vara vigilante s. Por 
etfo en la presente empreui se piuta un c^lro lleno ds 
ojos, sjguiGcando que por medio de sus consejeros lia 
de ver el principe ) prevenir las cosas da su gobierno, 
yno es muclio que pongamos en el ceptro £ los conse- 
jeros , pues en las coronas de los emperadores 7 de los 
^nyas deEspaSa se solien esculpir sus nombres, y con 
luon , pues mas resplandecen que las diademas de los 
pctocipes. 
' Estaoomparaciondeloepjosdefiae las buenas cali- 
dades que ha de tener el consejero ; porque , como la 
vístase extiende en larga distancia por todas partes, 
■sien elingenfoprítico del consejero se baderepre- 
■Wtar lo pasado, lopresenteylotuturo, para que lla- 
ga buen juicio de las cosas ; dé acertados parec^vs; 
lo cual no podrá ser sin muclia elección y muclia expe- 
ríenüt de negociosy comunicación de varías naciones, 
cenocieodo el natural del principe y las costumbres y 
ingenios déla proviocia. Sin este conocimiento la per- 
derán, y seperderdo loscoasejeros^,; paratenellees 
menester la pritica ; porque no conocen los ojos á las 
COSBsqne sotas no vieron. Aquienliapraticadomucho, 
se le abre el entendimiento , y se le ofrecen fácilmente 
losmedios^. 

Tan buena correspondencia bay entre los ojos 7 el 
CoraEon, que los afectos y pasiones deste se trasladan 
uego d aquellos : cuando está triste , se muestran llo- 
rosos, y cuando alegre, risueños. Si el consejero no 
amare muclioá su principe, y no sintiere como propias 
ius adversidades 6 prosperidades, pondrá poca vigilan- 
cia y cuidado en las consullas , y poco se podrá fiar de- 
Das ; y asi , dijo el rey don Alonso el Sabio * u que los 
consejeros han de ser amigos del Rey. Ca si tales non 
fUesen, poderle ya ende venir gran peligro, porque 
Dunca los que á orne desaman , te pueden bien aconse- 
jar, oilealmente». 

No consienten los ojos que llegue el dedo á tocar lo 
■ocreto de su artificio y compostura : con tiempo se 
ocultan y se cierran en los párpados. Aunqueseael con- 
sejero advertido y prudente en sus consejos, si fuere 
fácil y ligero en el secreto , si se dejare poner los dedos 
dentro del pecho, será mas nocivo á su principe que 
nn consejero igoorantej porque ninguo consejo es bue- 
no si se revela , y son de mayor daño las resoluciones 
acertadas si antes de tiempo se descubren, que las 
. eR-adassi consécrela se Reculan. Huya' el coosejero 
la coofereucia con los que no son del mismo consejo; 
ciéirese á los dedos que le anduvieren delante para to- 
car lo intimo de su corazón ; porquo, en admitiendo dis- 
cursos sobre las materias , fácilmente se penetrará su 
intención, y con ella las mdximas con que camina el 

■ ConsiliaiB ocvLas fnlnronni. (Arial. , 1. 6, De reglm.} 

• Viril ■ liglla ítem cfD jiita. IJcrem., 1, II.] 

) XftniíB, uiiiarODi|iie provlnclac lili lioi fiiari , i|iU de ei 
coBSBlunt.pcrdanlae.etReiDpBtitlciiil. ICicer.) 

f vic in nvius npciMi , «ogiubit mnll* : 1 qil dbIU tiáitti, 
«■•nabU lBlell««Uii. iKmI. , U , S.) 

»L.S., 111.9. p.l 



príncipe. Son los labios ventanaa del coraioD, y« 
abriéndolos, se descubre lo que bay en 61. 

Tan puros son los ojos y tan desinteresados, q« ni 
una paja, por pequeña que sea, admiten; y si tlguu 
entra en ellos, quedan luef;oembaraiadosy nopoedta 
ver las cosas , d se les ofrecen diferentes ó duplindai. 
El consejero que recibiere , cegará luego con el poha 
de la dádiva , y no concebirá las cosas como soa,siiu 
como se las da á entender el interés. 

Aunque los ojosson diversas, no representandiw- 
SB, sino unidamente las cosas, concordes amboiN 
la verdad de las especies que reciben , y en remKiflu 
al sentido comu o por medio de los nervios ópticos,)» 
cuales se uner para que no entren diversas y le engs- 
lien. Si entre los consejeros no hay una misma volun* 
tnd y un mismo fin de ajusiane al consejo mas acu- 
tadoy conveniente, sinque el odio, el emoróestímaciM 
propia los divida en opiniones, quedará el prlnd[n 
confusoy dudoso, sinsaber4eterminBrEeenlaelecciH 
del mejor consejo. Este peligro sucede cuando UDod* 
los consejeros piensa que ve y alcana mas qu« et 
compañero, ó no tiene juicic para cfmocer lo mejor i", 
ó cuando quiere vengar con el consejo sus ofonsis y 
ejecutar sus pasiones. Libre dellas ha de estar el <c'i- 
uistro,sin tener otro fin sino el servicio de su princi- 
pe, ají tal consejero (palabras son del rey don Aíobm 
el Sabio^i) llaman en latín E^trlcio, que es asi, c»- 
mo-padre del Principe: éeste nome tomaron á seaie- 
janza del padre natural : é asi como el padre se muere, 
según natura , á aconsejar á su b^o lealmente , catiD- 
dol«su pro, é su honra mas que otra cosa; asi aquel 
por cuyo consejo se guia el Principe, lo debe iniir,é 
aconsejar lealmente, á guardar la pro, é la hoandel 
señor sobre todas las cosas del mundo, noncatioili) 
amor, nin desamor, nin pro, nin danoqueselepu«di 
ende seguir: é esto deben fazer sin lisonja nia(iuDi, 
non acatando si le pesará , ó le placerá , bien ansicaao 
el padre non.lo cala quando aconseja á su hijo.» 

Dividiú la naturaleza la jurisdicciouá cada uno del» 
(jos, señalándoles sus términos con una línea ialer- 
puesta; pero no por eso dejan de estar ambos muy con- 
forme) en las operaciones, asistiéndose con celo (u 
recíproco, que si el uno se vuelve á la perle que le lo- 
ca , et otro también , para que sea mas cierto el reconih 
cimiento de las cosas, sin repararen si sonó nadesn 
circunferencia. Esta buena conformidad es muyo»- 
veniente en los ministros , cuyo celo j atención itbt 
ser universal, que no solamente mi^e á lo que pertaoe- 
ce i su cargo , sino también al ajeno. No hay partt ea 
el cuerpo que no envia luego su sangre y sus eapirítoi 
á la que padece, para mantener el individuo. Estaña 
un ministro á lu vista de los trabajos 7 peligres de otra 
ministro, es malicia, es emulación, ó poco afecta á ai 
principe. Algunas veces nace esto del amorálaeonK- 
niencia y gloria propia , ó por no aventuralla, 6 porque 



u Cam titais con^....... ...... »•-»• , x 

re, Blsi tote elt pUeenU |Ec«l., t, Sí.) 



baheu ; aoi mLv potarut üUp- 



jOOg le 



IDEA DE UN PRÍNCIPE 

MtiDtror con al desaire del compaSero. Tales idídíb- 
tros soa buenos para si, pefo no para ol priocipe ; dé 
donde resultan dañosas difereDcias enire sns mismos 
eslados, entre sus tnisrans tnnas j entre sus mismas 
tesorerías; con que se pierden las ocasiones, y i ve- 
ces las platas j las provincias. Los desinios j opera- 
ciones de los ministros se han de comunicar entre si, 
cuno las alas de loa querobioes en el templo de Salo- 
Si bien son tan importantes al cuerpo los ojos, no 
poso en él la Dalureleza muchos, sioo dos solamente. 
porque la multiplicidadcmiwrazaria el conocimiento de 
las cosas. No de otra suerte , cuundo es grande el uú- 
msro de los consejeros , se retundan las consultas , el 
secreto padece J la Terilail se confunde, porque se 
cuentan, no se pegan los votos, y el éitíe^o resuelve 
daños que se experimentan eu las repúliljcas. La mul- 
titud es siempre ciega jipipruden te, y el mas sabio so- 
nado, en siendogrande, tiene la cundicitiu y ignorancia 
del vulgo. ^SS alumbran pocos pianolas .que muchas 
estrellas. Por ser tantas lus que liay enla via Láctea, se. 
embarazan con'la rerraccioo.y es menor allí la luí que 
en olra parte del cielo. Entre muchos es atrevida la 
libertad , y con dilicultad se /educen & la voluntad ; 
fines det principe <l, como se eiperimeiita en las jun- 
tas de estados y en las cortes gi'neraics. Por tanto, 
conviene que sean pocos ios consejeros , aquellos que 
basten para el gohieroD del Estado, mostrándose el 
pñncipe indiferente con ellos , sin dejarse llevar de so- 
lo «1 parecer de uno, porque no verá tanta como por 
todos. Asilo dijo Jenofonte, usando déla misma com- 
pandun de llamar ojos y orejas á l<>s consejeros de los 
reyes de Persia i*. En tul ministro so trasladaría la ma- 
jestad, no pudiendo el principa ver sino por sus 
ojos 15, 

Suelen los principes pagarse tanto de un consejero, 
que coosnltaa con él todos losneg'Kios, aunque no sean 
de su profesión, dednnderesulla el sulircmiilassus ru- 
soluciones; porque los letrados no pueden aconsejar 
bien eo las cnsus de la guerra , ní los soldados en las de . 
pu. Reconociendo esto el emperador Alejandro Severo, 
consultaba á cadu uno en lo que liabiu tratado iS. 

Con las calidades dichas do tos njos , se gobierna el 
cuerpo en sus moviuiieiitns; y si le faltasen , no padria 
dar paso seguro. Así succdcri al reino que no tuviere 

H AliK Cherab. illerius cocIJngebil. (3, Panl.,3, li.1 
ti Popoli laperlDiB luu liberlacein : paacaram domioilfo re. 
|ue libidlil prapriar nt. iTie. , lib. S , Ann.) 

■* fllDc futan eu, di iuIko jactiiam . Penarnm nrgciD sullas 
tubtre aculM , isretqae multis ; quod slqnls pulelunum iicuIliid 
npcctenilia Rtfi , eam «pt^ii Ftlli cerlnin nt : üiids enlm ti 
pwca ndaí , et r><K* isaial ; «isriqaailiii regla Niniairiiquat 
ntglíieDlIa qaaeilaia, el seKoE iiiilIciuLn olium, si Id eni soliim 
alini aemandilam euel atUdum. I'nrlcrra qnpm subditl cognas- 



at lUlB 



endum , quod onmlaú prae- 



, Deqae quMplam lili con 
tcr rcB Pri«ci|ili lata. iXeaopb. , 

I* El uaietUs qBidpm Impírli baerere aliud mlnislrDOi 
Real, ail Priatipl orbam [•oteDlia'c nomro rcliaquilur. il'lul 

N Unde ai dejar* inctarelur, In cunslllaii Hitoi doclos 
feebat;ii niiie re mililiri, piJilM «tiereí, el tenca, ac 
Berilt» , el locorsD peritos. ( Lamp. , in >11. Ale).) 



POLÍTICO-CRtSTIANO. 147 

buenos consejeros. Ciego quedará el ceptro úa estos 
ojos, y sin vista la majestad, porque no hay priucips 
tan sabio que pueda por si mismo resolver las materias. 
aEl señorío (dijo el re; don Alonso i'), no quiera 
compañero , ni lo ha menester, como quiera que en to- 
das guisas conviene que haya omes buwios é sabldores, 
que le aconsejen é le ayuden.» Y si algún principe se 
preciare de tan agudos ojos, que pueda por si mismo ver 
yjuzgar las cosas sin valerse de los otros , será mas so- 
berbio que prudente , y tropezará á cada paso en el go- 
bierno IB. Aunque Josué comunicaba con Dios sus 
acciones, y tenia del drdenas ; instrucciones distintas 
para la conquista de Hay , oia á sus capitanes ancianos, 
llevándolos á su lado i9. No se apartaban de la presenois 
del rey Asuere sus constaros, con los cuales lo consol- 
taba todo, como era costumbre de los reyes %. El Gs- 
pErilu Santa señala por sabio al que ninguna cosa in- 
tenta sin consejo H. No hay capacidad grande en la 
naturaleza que baste sola al impeno, aunque sea pe- 
queño , no tanto porque no se puede bailar en uno lo 
que saben todos ^. Y si bien muchos ingenios no ven 
mas que uno perspicaz, porque no son como las can- 
tidades, que se multiplican por si mismas, y hacen 
uoasuma grande, eslose entiende en la distancia, no en 
la circunferencia , i quien mas pt^to reconocen mu- ' 
chosojosqueunosalo*3, como no sean tantos, quesa 
confundan entre si. Un ingenio solo sigue un discurso, 
porque no puede muchos á un mismo tiempo, y ena- 
morado de aquel , no pasa á otros. En hi consulta oye 
el principe á muchos, y siguiendo el mejor parecer, 
depone el suyo, yreconoce los inconvenientes de aque- 
llas que nacen de pasiones y afectos particulares. Por 
esto el rey don Juan el Segundo de Aragón ^, escn* 
bieodo á sus hijos los Reyes Católicos una carta en ta 
bora de su muerte, les amonestó que ninguna cosa iii- 
cieseu sin consejo de varones virtuosos y prudentes. En 
cualquier paso del gobierno es conveniente que estos 
ojos de los consejos precedan y descubran el camino tt. 
EtemperudorAntonino, llamado el Pilésófo de losmas 
sabios de aquel tiempo , tenia por consejeros i Scévola, 
Muciano, Ulpiano y Hurcello , varones insignes; yeuan- 
dole parecían mas acertados sus pareceres, se confor- 
maba con ellos y les decia : « Mus justo es que yo siga 
el cousejo de tantos y tales amigos, que m ellos el mió.» 
El mas sabio, mas oye los consejos V; y mas acierta 
un principe igiioraute que se consulta, queunenten- 
dídoobstinado en sus opiniones. Na precipite ai principa 

" L.S,m.9, p.í. 

<a SI de sui Daiaa sMlenlIa amnia gerel.sDperbBm huaejaA- 
cabo matils qoinl prailenlBiu. ¡ LHnt-l 

I* Bl aacendlt eam seniuribas íd rronle eieratloi. I Job.,S, i0.t 

I' bierroRiiit sapienies , qul ci m.ire regio sempcrel adMaa^ 
el illnmni fielebal canela coasllio. iCsI,, i, 13.) 

1 Qii agint onaii eam codiIIIo, regaaiar taplentla. (Pnv., 
iJ.IO.I 

" Níoo «olua sapit. (Plani.l 

V Saina liten ubi malU conallia. (Pcov, , 11 , 11.) 

M llar.,Híst. Mlsp. 

1^ Ocnli inl rccL) víiluit. et palpebrae tuie pi 
t«*UDS.lProi.,4,ÍS.i 

*• QdI lalem aapieu eil, audil saaslUi. (1 



». (P™v.,«,IW , 



M8 



DON DIEGO DE SAAVEDRA PAIARDO. 



]> armgancia de que dividirá la gloría del acierto, te- 
niendo eu él parte los consejos; porque no es menos 
alabanza rendirse li escuclier el consejo de otros i]ue 
acertar por sí mismo. 

¡fie i Btx hau cautUlt , el fvi¡» 
pfCiHiB. (Hamer.) 

Esta obediei^cia al consejo es suma potestad en el 
príncipe. El dar consejo es del iorerjór, y el lomalle 
del superior. Ninguna cosa mas propia del principado, 
ni masoecesaria, que la consulta; la ejeiíucion. «Dig- 
na acción es (dito el rey doo Alonso XI en las cor- 
tes de Madrid) de la reiil magniGcencia tener según 
su loable costumbre varones de consejo cerco de st , 7 
ordenar todas las cosas por sus consejos ; porque si todo 
borne debe trabajar de aver consejeros, mucho mas lo 
debe Tazer el Rey.» Cualquiera, aunque ignorante, 
puede aconsejar; pero resolver bien , solamente el pru- 
dente <\ No queda delraudada la gloríi del prínci- 
pe que supo consultar j eligir. «Ln que se ordenare 
con vuestro consejo (dijo el emperndor Teodosio en 
una ley) resultará en fetiddad de nuestro imperio y 
en'gloría nuestra ^.u Las victorias de Scipion Afri~ 
cano nucieron de los consejo^ de Cayo Lelio ; y as!, 
ae decía que este componia y Scípion representaba la 
comedio ; pero no por esto se escurecieron algo los es- 
plendores de su [amo ni se atribuyii á Lelio la gloria 
de sus hazañas. Lo Importaiicia esli en que sepa el 
príncipe. representar bien por sí mismo la comedía, ; 
que no sea el ministro quiun la componga y quien la 
npresenic; porque, si bien los consejeros son los ojos 
del príucipe , no ha de ser tan ciego, que no pueda mi- 
rar sino por ellos; porque seria g'ibernarA tientas, y 
caería el principe en gran desprecia de los suyos. Lucio 
Torcnato, siendo tercera vez eligida cdnsul , se eicusó 
conque estabd enferma de la vista, y quo seria cosa 
indigna de la repfiblíca y peligrosa á la salud de los 
ciudadanos encomendar el gobierno á quien lial>ia 
menester valerse de otros ojos », El rey don Femando 
el Catálico decia qne los embajadores eran los ojos del 
principe, pero que sería muy desdichado el que sola- 
mente-viese por ellos. Na lo fiaba todo aquel gran po- 
lilico de sus ministros : por ellos veía , pero como se ve 
porloB antojos, teniéndolas delante y aplicando á ellos 
sus propias ojos. En rocnnociendi) los consejeros que 
son arbitros de las resoluciones , las encaminan d sus 
fioes particulares , y cebada la ambición , se dividen en 
parcialidades, procurando cada uno en su persona 
aquella potestad suprema que por flojo 6 por iuhúbil 
les permite el príncipe. Toda se coníunde sí los con- 
sejeros son mas que unas atalayas que descubren al 
príncipe el horizonte de las materias , ^ra que pueda 
resolverse en ellas y etigir el consejo que mejor le pa- 
reciere. Ojos le did le naturaleza; y si ú cada uno desús 

V AstDtDi onmla iglt cnm coasiUD. (Pri». , 13, K.\ 

aa Bene ealm qaud ciim tcitro contlllo fiieril orilinilum , lil id 

bealludineni nasirl imperii , el >d Dostram gloriam redundare ar- 

Utrnr. (L. biiniaiiiiin , C. At li<|.i 
n Indlgnum cue, Rcinpiiblicaní , ti forUiiiis eivlnm el Mm- 

niUl , tal lllenl) «cnlli sUcrederelir, (Til. Lh., 11b. %t.) 



estados asiste un áugel,y Dios-gobiemasu coraiooM, 
también gobernarán su vista, 7 la harán mas dan y 
mas perspicaz que la de sus ministros. Algunas veces 
el rey Filipe II se recogía á pausar dentro de silosne- 
gocios, y encomend lindóse á Dios, tomaba la reso1i>- 
cían que se le ofrecía , aunque fuese contra )a optaioa 
de sus ministros, y le salía acertada. No siemprepueden 
estar ios consejeros al lado del principe , porque ó el 
estado de las cosas ó la velocidad de ocasiones no b 
permiten 3<, yes mejieslerque él resuelva. No seres- 
petan como conviene las órdenes cuando se entiende 
que las recibe y no Iss toma el príncipe. Resohello 
todo sin consejo es presumida temeridad; ejecutilio 
todo por parecer ajeno, ignorante servidumbre. W- 
guD arbitrio ha de tener el que manda en mudar, bd»- 
dír dquitarío que le consultan sus ministros; y tal vn 
conviene encubrílles algunos misterios y enganallH, 
como lo hacía el mísmorey FlIipe II , dando descifrados 
diferentemente al consejo de Estado los despaclios de 
sus embajadores cuando quería traellos á una resolu- 
ción ó bo convenia que estuviesen informados de 
algunas circunstancias. Un coloso lia de ser el consejo 
de Estado, que, puesto el príncipe sobre sus hombros, 
descubra mas tierra que él. No quisieron con tanta Tis- 
te á su principe los tebanos, dúndoloá entender ea el 
modo de pintalle con las orejas abiertas 7 los ojos veo- 
dados, sigoíGcando que üubia de ejecutar á ciegas lo 
que consultase y resolviese el Senado. Pero aquel sím- 
bolo no era de príncipe absoluto, sino de príncipe de 
rapúlilica , cuya potestad es tan limitada, que basta que 
oiga; porque el ver lo que se lia de hacer esti reser- 
vodo oí Senado. Una sombra cie);a es de la majestad,] 
une apariencia vana del poder. En él dan los reflejos 
de la autorídad que está en el Senado; y asi, no ha me- 
nester ojos quien no lia de dar paso porsi misma. 

Si bien conviene que el príncipe tenga en deiibenr 
algún arbitrio, no se ha de preciar tanto dé!, que por 
no mostrar que lia menester consejo se aparte del que 
le dan sus ministros; porque cairía en gravísimos io- 
convenienlas, como dice Tdcito le suceijía á Pello S. 

Si fuera praticablo , hablan de ser reyes los conse- 
jeros de un rey, pura que sus consejos no desdijeseadd 
decoro , estíroiicíon y autorídad real. Muchas veces oln 
vilmente el príncipe parque es vil quien le acouseji. 
Pero ya que no puude ser esto, conviene hacer elecdoo 
de tules consejeros, que, aunque no sean príncipes, li>- 
7an nacido con espíritus y pensamientos de principes y 
de sangre generosa. 

En España con gran prudencia están constituidos di- 
versos consejos para el Robíerno de los reinos y prono- 
cías y para las cosasTUas importantes déla monarquli; 
pero no se debe descuidar en fe de su buena ínslita- 
cion, porque no liuj república tan bien establecida, qui 

H Cor Regis li mana TÍobíiiI : qnocniítae lolierll, iiclíiiti' 
lllDri. |ProT.,tl,1,) 

>i Non omnli consilii cnaelii praeieatlliDS trKUri. rallo rtni. 
aal sccaslonaní lelodlai ptlitor. [Tac, llb. 1, HisL) 

n Ne alleDae senieniiie fndiieni «fdtielir, la diiena, ic ^ 
lerlonlnasiliii.tTiclia. S, Abi.) 



,L,ooglc 



IDE* DE UN PRINOPE 
DO deshaga el tiempo nu fundamentos ó los desmo- 
rone la malicia j el abuso. Ni basta que estí biea orde- 
nada cada una de sus parles, si alguna vezndsejuo- 
tan todas para tratar de ellas mismas j del cuerpo uni- 
?eraal. Y asi, por estas consideraciones hacen las reli- 
giones capítulos proTÍDciales j generales , y la monar- 
quía de la Iglesia concilios, y por las mismas parece 
coQTeniente que de diez en diez años se forme en Jtfa- 
drid un consejo general, ócorles Je dos coosejerosde 
cada uno de los consejos , y de dos diputados de cada 
una de las proTiuciasde la monarquía, para tratar de 
su coDserracion y de la de sus partes , porque si no se 
renuevan, se envejecen y mueren los reinos. Esta junta 
huú mas unido el cuerpo de la monorqula para cor- 
responderse y BSistirse eu Ibb necesidades. Con estos 6- 
nes se convocaban los concilios de Toledo, en los cua- 
les, no solamente se trotaban las materias de religión, 
ñúo también las de gobierno de Castilla. 

Estas calidades de los ojos deben también concurrir 
en los confesores de los príncipes , que son sus conseje- 
ros , jueces y mídicos espirituales : oilciós que n^uie- 
ren sugelos de mucho celo al servicio de Dios y amor 
al principe; que tengan scienci a para juzgar, pruden- 
cia para amonestar, libertad para reprender, y valor 
para desengañar, representando (aunque aventuren su 
gracia) los agravios de los vasallas y los peligros de 
los reinos, sin emberrar(comodijo Ecequiel) la pared 
abienaque esld para caerse ^. En algunas partease va- 
len los principes de los confesores para solo el ministe- 
rio de confesar; en otras para lascoosallas de estado. 
No ennúno las razones polilicas en lo uno ni en lo otro; 
solamente digo que en España se ha reconocido por 
importante su asistencia en el consejo de Estado , piira 
calíGcar y justiñcar las resoluciones, y para que, liBciéu- 
dosecapac de gobierno, corrija al príncipe si faltare á 
fli obligación; porque algunos conocen los pecados que 
cometen como hombres , pero no loa que cometen co- 
mo príncipes, aunque son mas graves los que tocan 
al oücio qno los que á la persona. No sotuniente pa- 
rece conveniente que se halle el conresor en el cnn- 
sejo de Estado, sino también algunos prelados d ecle- 
siásticos constituidos en dignidad , y que estos asistan 

*) nu aalen llaiebaal rain tsto atisqacpalelt. (Eiccb., 13, 10.) 



POLlTICO-CEllSTUNO. ití 

en las corles del reino, por lo que pueden obrar con su 
autorídad y letras, y ^rque asi se uniríanniasen la con- 
servación y defensa del cuerpo los dos brazos espiritual 
ytemporal. Los reyes godos consultaban las cosas gran- 
des con los prelados coagregados en los concilios to- 
ledanos. 

Lomismoquede losconfesnres se ha de entender de 
los predicadores , que son clarines de la verdad 31 y io- 
lérpreies entre Dios y los hombres ^, en cuyas lenguas 
puso sus palubrasSG. Conellos es raenesterque estí mny 
advertido el principe, como con arcaduces por donde 
entran al pueblo los manantiales de la dolríua saluda- 
ble ó venenosa. Dallos dependo ta multitud, siendo ins- 
trumentos dispuestos ásolevalla óá componella,como 
se eiperimenla en las rebeliones de Cataluña y Portu- 
gal. Su fervor y celo ei>la repreusion délos vicios sue- 
le declararse contra los que gobiernan , y i pocas te- 
nas lo entiende el pueblo, porque naturalmente es ma- 
licioso contra los ministros ; de donde puede resultar 
el descrédito del gobierno y la mala satisfacion de los 
subditos, y deslocl peligro délos tumultos y sedicio- 
nes , princípalmenie cuando se acusan y se descubrea 
las faltas del prlnvípe en las obligaciones de su oficio ; 
y así , es conveniente procurar que talos reprensiones 
sean generales , sin señalar las personas , cuando do e> 
públÍBo el escándalo, y no han precedido la amonesta- 
cion^fangélicayolrascircunstancias contrapesadas coa 
el bien público. Cnntuhnodesiinreprende Diesen el Apo-^ 
calipsi ñ los prelados, que parece que primero los bula- 
ga y aun los ailuta^^. A ninguno ofendió Crista desde 
el pulpito : sus reprensiones fueron generales, y cuan- 
do llegú á las particulares, no parece que hablú como 
predicador, «no como rey. No se ha de decir en el pul- 
pito lo que se prohibe en las esquinas y se castiga; en 
que suele engañarse el celo, d por muy ardiente, 6 
porque le deslumhra el aplauso popular, que corre áoir 
losdefetosdel principe ó id magistrado. 

11 Cbliii,nc eeues. qn)Sl Inbi culti (oum Inim. (lul-, 

68,1.1 
u Pro honlnlb» coistHnllsi in iit, qnie.siQt ti Dean. (Al 

Bib.,5,1.) 
u Ecee dedl lert» mti In ora tvD. ( Irmn., í, 9.) 
" Noli upen tm , el adem , el cliiriUleni tnim , el ■lalile- 

rinm , et palienliam laim , el 0|>er> lúa nonlulmi plan prlortbaa; 

aed b9b«o advenus te pinct. (Apoc., t, 19.) 



,vGoosle 



DON D[EGO DE SAAVEDRA TAJARDO. 



EMPRESA LVI. 



DelentendtmíeDto, no delt pluma, es el oficio de 

secretaría. Si riieso de pintar las letras , serian buenos 
secretarios los impresores. A él toca el consultar, dis- 
poner y perficionur las materias. Es una mano de la to- 
luiitad del principe j un instrumento de su gobierno ; 
UD Índice porquien señala sus resoluciones; y como di- 
jo el rey don Alonso i ; « El Clianciller (á quien hoy cor- 
responde el secretario) es el segundo Oficial de casa 
del Rey, de aquellos que tienen oficios deporidadiCa 
bien asi como el Cape1lan(hiibla del mayor, queentoo- 
ees era confesor de los reyes ) es medianero eotre Dios 
é el Rey espiritualmenle en fecho de su anima , otro si 
lo es el Chanciller entr ; él é los ornes. » Poco importa 
que en los consejos se hagan prudentes consultas, si 
quien las lia de disponer las yerra. Los consejeros di- 
cen sus pareceres , el principe por medio de su secreta- 
rio les da alma; y una palabra puesta aquí ú allí mu- 
da las formas de los negocios, bien así como en los i>e- 
tratos una pequeña sombra ó un ligero toque del pincel 
losliace parecidos uno. El concejo dispone la idea déla 
fábrica de un negocio, el secretario saca la planta; y 
■i esta ra errada , también saldri errado el ediScio le- 
Ta'ilado por ella. Para significar esto en la presente 
empresa, su pluma es también compis; porque no so- 
lo ha de escribir, sino medir y ajuslar tas resoluciones , 
compasar las ocasiones y los tiempos, para que ni lle- 
guen anles ni después las ejecuciones : oGcío tan unido 
cou el delprlncipe, que si lo permitiera el trabajo, no ha- 
bla de concederse i otro ; porque, si no es parle de la 
majestad , es reOejo della. Esto parece que did á en- 
tender Cicerón cuando edvirtid al procónsul que go- 
bernaba i Asia que su sello (por quien se lia de en- 
tender el secretaría) no fuese como otro cualquier 
instrumento, sino como él mismo; no como ministro 
déla voluntad ajena, sino como testigo déla propia*. 

< L. 4.IILB.P.1. 

* su anijalai ruui, dbd dI lai lElqiod, Md Uiqaan Ijibc Xa; 
nao mliilileralkaicioliiDt>U»,*ed uiiii tute. (Cltcr., eplsl. 1, 
al Quiul. fíat.) 



Los demás raiti i stros representan en una parte seltil 

principe, el sccrelarío en tudas. En los demás basUli 
sciencia de lu que manejan;enpstees necesario ua co- 
nocimiento y prálica común y particular de las arles 
dclapazy deia guerra. Los errores de aquellos son en 
una materia , los de este en todas ; pero ocultos y atri- 
buidos á los consejos, como á la enfermedad las cuní 
erradas dul múdico. Pueda gobernarse un principe ees 
malos ministros, pero no con un secretario inexperto. 
Estómago es dimite se digieren los negocios ; y si salie- 
ren del mal cocidos, será achacosa y breve la vida del 
gobierno. Mírense bien los tiempos pasados y cingoD 
estado se brillará bien gobernado sino aquel en que 
hubo grandes secretariosi ¿Qué importa que resneln 
bien el principe , si dispone mal el secratario* y no en- 
mina con juicio y advierte con prudencia algunas cir- 
cunstancias , de las cuales suelen depender los nego- 
cios? Si le falta la elección , no basta que tenga plátici 
de formularlos de cartas; porque apenas hay ncgocioi 
quien se pueda aplicar la minuta de otro. Todos con el 
tiempo y los accidentes mudan la forma j substandi. 
Tienen los boticarios recetas de Tariós médicos pin 
diversas curas ; pero las errarían todas si , igaonaV» 
de la medicina, las aplicasen ú las enfermedades siael 
conocimiento de suscausas, delacompleiion del enfer- 
mo, del tiempo, y de otras circunstancias que hillí 
la eiperiencia ; consideró el discurso y especulación. 
Un mismo negocio se ha deescribirdiferentementeí Da 
ministro flemúLico queá un colérico; á un tlmidoqueíun 
arrojado. A unos y otros bao de enseñaré obrar los des- 
pachos. ¿ Qué son las secretarias sino unas escuelas que 
sacan grandes ministros? En sus advertencias han de 
aprender todos d gobernar. Dellag lian Resalir adverti- 
dos los aciertos y acusados los errores. De todo lo di- 
cho se infiérela conveniencia de elegir secretaríosdi 
señaladas partes. Aquellosgrandesministrosdeplnnut 
secretarios lie Dios, los evangefistas.se figuran enel Apa- 
calipsi por cuatro animales con Blas.jknude'ojosex- 



IDEA. DE m PRINCIPE 
lemosykiteraDBS, significanda por sus ulus litTttloci- 
dad 7 ejecución de sus ingenios; por sus ojos externos, 
que todo lo recoQúcian; por los internos, su coiilempla- 
cion: Uq aplicados al trabajo, que ni de di» ni de an- 
che reposaban * ; tan asistentes á su obligación , que 
(como da á entender Ecequiel ) siempre estaban sobre 
la [rfuma j papel ^, conrarmea y unidos á la mente y e^ 
pirita de Dios, sin apartarse del e. 

Para acertar en la elección de ud buen secretario 
ttría coDTenienle ejercitar primero lossugetos, dando 
el prfocipe secretarios i sus embajadores y mijiistros 
grandes, lea cuales fuesen de buen ingenio j capnciilad, 
con cooocimieuto da la lengua latina , llevándDÍiis por 
diversos puestos, j trayéndolus después á lu^secrelarfus 
de la corte, donde sirrlesen de oliciales y se perQcio-. 
nasea para secretarios de estado y de oíros cou'iejos, y 
pan tesoreros, comisarios j veedores; cuyas experien- 
cias ; noticias importarían mncbo al bu ii go'iierno y 
expedición de los negocios. Con esto se excusarían la 
mala elecciui que los ministros sueleo bacer ile secre- 
tarios , *eUóndose de los que tenian ante' , los coales 
ordÍDariamente no son á propósito; de donde resulta^ 
que suele ser mas dañoso al principe eligir un ministro 
bueno que tiene mal secrelarío.queeligír un maloque 
le tíene bueno ; fiíera de que, eligido el secretario por 
la mano del principe, de q^ieo espera su acrecenla- 

a Slinli mtim htbebint abs leiii : el ia clrcalta , al Intu 

fitu laal ocBlls. (Apoe., i, 8.) 
* Bi ntilcn non babebini dic, >c noite. ( Iblrl.i 
a PitíMMnJat, el pciiDie eoniiB eiteatiB deMper. {Eiecb,, 

1,11.1 
■ Vbí tnt liapeua ipirilu, illic gradiebamar. (Ibid , «. li.) 



POLlTICO-CRlSTrANO. JIt 

mienta , velarían mas los ministros en fin Mítieio , f 
estarían mas atentos i las obligaciones de sus car^ "f 
álabuenaadministrucioadelurealliacienda.Couocitt^' 
do el rey don Alonso el Sabiolg importancia de un buen 
secretario, dijo^ «que debe el Rey escoger tal liam« 
para esto, que sea de buen linage, é haya buen seso 
natural , é sea bien razonado, é de buena manera , 6 de 
buenas costumbres, é sepa leer , é escribir también eS 
latin como en romance». No parece que quiso e) rej 
don Alonsoque solamente snpiese el secretario escribir 
la lengua latina , sino también hsblalla , siendo tan im' 
portante i quien lia de tratar con todas las naeioMS. 
En estos tiempos que la monarquía española se fts di- 
latado por provincias y reinos extranjeros es muy M' 
cesarlo , siendo Trecueate la correspondencia de carta* 
latinas. 

La parle mas esencial en el secretario es el secnftiq 
de quien se le diú por esto el nombre , para que en sui 
oidos le sonase i todas horas su obligación. La lenpu 
y la pluma son peligrosos instrumentos del corazón, y 
suele manifestarse por ellos , 6 por ligereza del juiCñlf 
incapaz de misterios, <i por vanagloria, queriendo IM 
secretarios parecer depósitos de cosas importanies J 
mostrarse entendidos, discurriendoó escribiendo sobra 
ellasácorrespondieniesque noson ministros; y ari, DO 
serú bueno para secretario quien no fuere tan modes- 
to, que escuclie mas que reSera , conservando si«npn 
nn mismo semblante , porque se lee por ello que ooif 
tienen sus despachos. 

I L.4,HLS.í.l 



EMPRESA LVII. 



Obras eD tí rdoj las ruedas con tan mudo y oculto si- 
lencio, que ni se ven ni se oyen, yaunquedellas pende 
todo el artificio, no le atribuyen á si , antes consultan i 
la mano su movimiento , y ella sola distingue y señala 
las horas , mostrindose al pueblo autora de sus puntos. 
Este concierto y correspondencia se ba de bailar entre 



el principe y sus consejeros. Conveniente es que los ten- 
ga, porque (como dijo el rey don Alonso el Sabiol) sel 
Emperador, y el Rey maguer sean grandes señores, non 
puede fazer cuila uno delh>5 mus que un orne i , y el g^ 
bierno de un e.tado ba menester í muclius; pero tu 

"■•"■'"•'■'•'■ ü, :,L,OOglC 



m 



DO:f DIEGO DB SAAVEDRA FAIARDO. 



Mijatos 7 modostos, qué no Iibjh resolución que lautri- 
bujinásu consejo, fiino al del príncipe. Asístanle al 
trabajo, no al poder. Ttmga ministros, no compañeros 
del imperio. Supun que puede ^mandar sin ellos , pero 
no ellos sin él. Cuamlo pudiere ejercitar su grandeza 
j liQcer osleataciuu de su poder sin dependencia ajena, 
obre por sí sob. Ea Egipto , donde está bien dispuesto 
el calor, engendra el cielo unitnales perfetos siu ta asis- 
tencia de olro. Si todo lo cunliare el principe , mas ser¿ 
Consulíorquepriucipe.LadominaciaiisedisuelTe cuan- 
do Ib sunm de las cosas no se reduce á uno!. Lamoaar- 
quta se diTerencia de los denids gobiernos en que uno 
solo manda y lodos los demds obedecen ; ysf et prín- 
cipe cousiuliere que mandeo mucbos, no será monar- 
quía, sino arísloc rae iu. Donde muelos gobiernan, no 
gobierna alguno. Por castigo de un estado lo tiene el 
Espiriiu Santo ^, y por bendición que solo uno go- - 
bierne *. En reconociendo los ministras Qojedad en el 
principe y que los deja mandar, procuran para si la 
mayor autoridad. Crece entro ellos la emulación y so- 
berbia. Cada uno lira del mantoreal, y lo reduceiji- 
rooes. El pueblo, confuso, desconoce entre tantos seño- 
res al verdadero , y desestima el gobierno , porque lodo 
le parece errado cuando no cree que nace de la mente 
de su principe, y procura el remedio con la violencia. 
Ejemplos funestos nos dan [as bistorias en la priTacion 
del reino y muerte del rey ie Galicia don Garda >, el 
cual ni aun mane quiso ser que señalase los movimien- 
tos del gobierna : todo lo remi tiaá su valido, á quien 
tamMen cosió la vida. El rey don Sandio de Portugal 
fui privada del reino porque en él mandaban la Reina 
y criados de bumilde nacimiento. Lo mrsmo sucedió al 
rey don Enrique el Cuarto, parque vivia tan ajeno de 
loa negocios , que firmaba los despacios sin leellos ni 
saber lo que con teuiun. A todos los males está expuesta 
UD príncipe que sin eiúmen y sin consideración ejecu- 
ta salumeutu lo que otras ordenan , porque en ái impri- 
me cada uno como en cera lo que quiere : asi sucediú 
al emperador Claudio 6. Sobre los hombros propios del 
príncipe, no sobre los de lus ministros, fundó Dios su 
principado ', como diú & entender Sumueld Soul cuando, 
ungida rey, le liixu un banquete, en que de industria 
satamente le slrviii la espiilda de un carnero s. Pero no 
I» do ser el principe como el camello, que ciegamente 
se inclina A Iu carga ; menester es que sus espaldas sean 
conojos, camillas de aquella visión de Ecequiel^, para 
que vean y sepan lo que llevao sobré sf . Carro y carrete- 
1 NeTeTIbcrloavlm Prlncipildi resalicKl, cnoFla ad SenatuiD 

coDilcl, qaim si iiiii reddilur. Jae. , llb. 1 , Ana.) 
I Pniplpr peccjti (rrne diuIU Principes f jua. iPrOi. , ffi , S.) 
íreíal'ialoreiii uaiiiii.iiijl pucattii,|Eiech., 



I, W.l 

« Har., Hiit. Hlsp, , I. 9. c 



ino Princlpii, cii non jodiciDD, 

issi. íTic, l)b. 3, Ann.) 
humeriin ejns. iluj., 9, 6.) 
, ct paiiiK inlB Sinl, Dl^lqac 



1 Fjclai *>l Principaloj 

a Lcnvli ■ítem cucas > 
SiBoel : Heec qyud iea»m 
Inditlril tcnlluQi eil Ubi , qoinda popninm voc 
).«■) 

t io>DiiMrfMocaU(plnai«. iEiecb.,1, IS.) 



rodelsrael llamó Elíseo fi Elias «>, porque sustentabí] 
regia el peso del gobierno. Deja de ser príodpe el qst 
por sí mismo no sabe mandar ni contradecir, como se 
vio en Vitellio , que , no teniendo capacidad para or- 
denar ni castigar, mas era causa de la guerra queeoh 
. perador H; y asi , no solamente ha de ser el priacipi 
mano en el reloj del gobierno, sino también volanu 
que dé el tiempo al movimiento de las ruedas , depuh 
dieodo del lodo el artificio de los negocios. 

No por esto juzgo que haya de hacer el prÍQdpecj 
oficio de juez , de consejero ó presidente : mas suprM 
mo y levantado es el sUyo H. Si á todo atendiese, la !tí^ 
taria tiempo para lo principal. Y asi adebeaver (palt^ 
brassondel rey dan Alonso i3) ornes sabidores,éaH 
tendidos, y leales, é verdaderos, que le ayuden, é la 
sirvan de fecho en aquellas cosas que son menesterpirt 
su consejo , é para fazer justicia é derecho i la gealc; 
ca él solo non podría ver, nin librar todas las cobi^ 
porque ha menester por fuerza ayuda de otros en tpiieU 
se fle.u Su ofida es valerse de los ministros como ioin 
Inimentos de reinar, y dejullos obrar; pero atendiendo! 
á io que obran con una dirección superior, mas 6 mt- 
nos inmediataó asistente, según la importancia de los 
negocios. Los que son propios de los ministros, tnls 
los ministros. Los que tocan al oficio de príncipe sda 
el principe los resuelva. Por esto se enojó Tiberioan 
el Senado, que todo lo remilia á él >*. No se han de em- 
barazar los cuidados graves del PríndpeconcoosuilK 
ligeras , cuando sin ofensa de la majestad las puede re- 
solver el ministro. Por esto advirtió Sanquinío al seu- 
do romano que no acrecentase los cuidados del Empe- 
rador en la que sin dalle disgusto so podía remedúri^. 
En habiendo hechoel principe conliania de un miaistra 
para algún manejo, deje que corra por él entenmenle. 
Entregado á Adán el dominio de la tierra , te puso Di» 
delante los animales y aves para que les pusiese ne 
nombres, sin querer reservallo para sí 16. También ba 
ds dejar el príncipe potros las diligencias y falígisordí- 
narias, porque la cabeza no se canse en los oficios de 
tas manos y pies; ni el piloto trabaja en las (áoDis.BB- 
tes sentada en Iu popa gobierna la nave con un repo- 
sado movimiento de la mano, con que obrs mas H^ 
lodos. 

Cuando el príndpe por su poca edad, ó por ser de- 
crépila, ó por uatural insuGcieucia no pudiere atender 

m Bllxeoí inlem ildebal, el climabil: Pllet ni, Pilenú 
eirriii Isnel , et larlfi «i». (1. Reí. , 1 . IL) 

<l Ifít ñeque ¡ubcndl, neqae ilundi p«teni , non j)» lapti- 
lar, sed lanlum belll can» er>t. (Tac. , llb. I , Hlil.) 

o Non AedUii, ail Praetorls, lul ConiDlIa parles siiUi'o: 
milis sliíald et nctlilas h Principe paamlalsr. (Tic, libA 
Ann.l 

a L.3, 111.1. p-í. , ^„ 

u El pruilml Senitua dle , Tlberíai perlltlens usilmii! '>'"' 
qae Pairibni, iDod cvdcu cgninm ad PrJpclpeartJiureot("'-> 
1.6. Ana. I 

<i SaniitilnlDa Waxlniíst Csninlarlbns oriilt SenaliBi ""' 
nsJnipenlorla cuaquisllis Insaper acerblniibu isfer»'' "'*' 
cere ipsum iiilaeodls remrdlia. i Tac. , Ibid.) 

■' Kiifmilii de bama cnnclla ai lina atiba > teme, et aalttn'i 
Tolanilbat cnell addaxlt ea ad Adam , ni ilderet, «nld nartí » 
{Gen. ,.1.19.) 



vLiOOglC 



lOGA DE (JH PRINCIPE 

i [] (ürcttioD da los negocios por mayor, tenga quien- 
jíitisti, sieDdo de menos iaconremeDle f;obernarse 
ye otra que erratlo todo por si. Los primeros años 
iá imperio de Nerón rueron Felices porque se gobernó 
fit bueaos consejeros ¡ y cuando quiso por si solo , se 
jaéó. El rey Pittpo II , viendo que la edad y los aclia^ 
^ le lucjaa inhábil para el gobierno , se valió de mt- 
L.-:rof lielesy eiperímenlados. 

Pera lUD cuando la necesidad obligare i, esto al prin- 
áp. na ba de títít descuidado y sjcuode tos nago'cios, 
luqge tenga ministros muy capaces y fieles; porque 
ilcicrpode los estados es como los naturales, que en 
íiudoles el calor interior delaíma, ni)]gunns rcnM- 
iüii diligencias bastaa á manlenellos ó ú sustentar 
ft 00 se corrompan. Alma es el principe de su re nú- 
ib^, ; para que viva es menester que en alguna ma- 
:n lúitt i sos miembros y úrganos. Si no pudiere 
iMtrjmetite, dé i entender que todo lo oye y ve , con 
m áMlreía, que se atribuya á su disposición y juicio. 
Upreseocia del principe , aunque no obre y «sté diver- 
tli.bice recalados los ministros. £1 saber que van ú. 
» minos tas consultas , les da reputación aunque ni 
i> muit ni los vea ; ¿qué serú pues si tal vez pasare los 
t.v por ellas, ó inrormado secretamenteJas corrigiere, 
;:-süg]r«los descuidos desús miuislros y se biciere 
uoerH'oi sola demiistrac ion destas los tendrá cutda- 
l'KiK,treyeDdi>, 6 que todo lo mira ó que suele mi- 
r.l'.'i.Hapa los consejos laa consultas de los negocios 
j4r !«ngelos beneméritos para los cargos y las dig- 
uiiinles; pero vengan á£l, y sea su muño ta que señale 
L'revfooenes y las mercedes, sin permitir qi|p, como 
■I'';* »l, las muestren sus sombras (por sombras en- 
t'UfolfHíniaistrosyr validos), y que primero las publi- 
?<ii,itríbuyéndolBS á ellos; porque si en esto TattaTe el 
>^<[o, perderán los negocios su autoridad y las mer- 
'^«Kgradecimienlo.yquedarádesestimailoelprin- 
'C de quien se hablan de reconocer. Pur esta razón 
rxrjo.coindo vio inclinado el Senado á hacer merv;e- 
^íH. Horlalo, se opuso & ellas i'?, y se enojó contra 
i'jitGillion porque propuso los premios que seha- 
-ude dar i los soldudos preloriaaos , psrcciéndole 
;t 30 cooveota los señalase otro, sino solamente el 
tipidor «. iXo se respeta á un principe porque es 
^■xilir.iina porque, como principe, manda, castiga y 
F^sá. Las resoluciones ásperas , ó les sentencias pe- 
'-* [asea por la mano de los ministros, y encubra la 
^!!( ^'acipe. Caiga sobre ellos la aversión y odio na- 
'«; ü rigor y á la pona, y no sobre él^De Júpiter 
-fi) k iDligOedad que solamente vibrad los rayos 
'•'^^i^M que sin ofensa eran amagos y ostentación de 
i'P^r, ytosdemá^ por consejo de los dioses. Esté en 
•i niiisirDS la opiniw de rigurosos y en el principe 

' hi'iiKig SeatMi iBcHantilnm Uberlo (gil , am proiapiiu 
'"•■wmr.iTie.,lib.í. Aun.) 
"'tWmaitf itetttaU, lelil Cdnm ragllini, 1BÍ4 lili «> 
'^>.1»< M^ie 4icu Impenloríi, neqnc pnemli, niii ib 
*J"''*" «íi^tre pir Euet. iTjc. , Lib. « , Aun.) 

" iMtnt ipw prr M irlbii«re,paeiiaiiülcm ptt ■llo»Hl■ 
| >-'><«. m|i«u* In^src. lAriíL, 1. S, Pol.,C, II.) 



POLfTICO-CRISTUNO. 153 

la de clemente. Dellos es el acusar y condenar ; del 
principe et absolver y perdonar. Gracius daba el rey don 
Uaiiuel de Portugal al que liallulta razones para librar 
de muerte algún reo. Asistiendo el rey do Portugal don 
Juan el Tercerodla vista de un proceso crimiual, fue- 
ron iguales los votos, unos absolvían al reo, otros le 
condenaban ; y habiendo dedurel suyo, dijo : uLosqm 
le hubeis condenado, luibeis hecho justiciad mi enten- 
der, y quisiera que con ellos se buliíesen conformado 
los demás. Pero yo voto que sea absuelto, porque nose 
digaque por el voto del Rey fué condenodod muerto un 
vasallo. u Pura la conservación dellos fué criado el prin- 
cipe , y si no es para que se consiga , no bu de quitar la 
vida á alguno. 

No o'^iste al artifício de las ruedas la mano del releí, 
sino las deja obrar y va señalando sus movimientos: asi 
le pareció al emperador Carlos V que debian los prínci- 
pes gobernarse con sus consejeros de Estado , dej'ludo- 
los hacer las consullas sin intervenir & ellas, y lo <li6 
por instrucción á su hijo Filipe II ; porque la presencia 
confunde la libertad y suele obligar d lu lisonja ; si bieo 
parece que en los negocios graves conviene mucho la 
presencia del príncipe , porque no dejan lan informado 
el dnimo las consultas laidas como las conferidas , en 
que aprenderá mucho y lomerd amor d los negocios, 
conociendo los naturales y linos de sus consejeros. Pero 
debe estar el principe muy advertido en no declarar su 
mente, porque no le siga le lisonja ó el respeto ó el te- 
mor, que es lo que obligrt á Pisón d decir á Tiberio 
(cuando quiso votar la causa de Uarcello , acusado de 
haber quitado la cabeza de la estatua de Augusto j 
puesto la suya) que ¿en qué lugar quería votar? Porque 
si el prímero , tendría d quien seguir ; y si el último , t»- 
min contrndecille inconsideradamente lo. por esto fué 
alabado el decreto del mismo emperador cuando orde- 
nó que Druso,Bu hijo, novotaseel prímero en el Senado, 
porque no necesitase á los demás d seguir su parecer u. 
Este peligro es grande, y también lu conveniencia de 
no declarar el príncipe ni antes ni-deapués su dnimo en 
lus consultas, porque podrd con mayor secreto ejecu- 
tar d su tiempo el consto que majarle pareciere. El rey 
don Enrique de Poriugal fué tan advertido en esto, que 
proponía los negociosa su consejo, sin que en las pala- 
bros ó en el semblante se pudiese conocer su inclina- 
ción. Deaqui naciú el estilodeqne los presidentes y vi- 
reyes no voten en los consejos, el cual es muy antiguo, 
usado entre los etolos. 

Pero en cuso que el príncipe desee aprobación, yno 
consejo, podríí dejarse entender antes, señnlíiudo su 
opinión; porque siempre hallant muchos votos que le 
sigan , Ó por agradulle, ó porque fácilmente nos incli- 
namos al parecer del que manda. 

En tos negocios de gnerra, y príncípalmenle cuando 
se hulla el príncipe en ella , ei mas importante su usis- 

n Ouo toro crnirlils CirurT KJ príDSi, babeo qnori aequr: 
ilposl onnei.ieroír oe Imprndeni diisraliiin.iTac.. lib. I, Ann.) 

II UirMll ellin ncuiiim CtinsNleni doifnilurii dicendie primo 
iKo wpieuilie , quod alU clvile rebanlur, ne'ciBlcrit (ítenUtudl 
■fc«uiU>aerct.|Tac.,lib. 3, Ann 



(LiOOglC 



194 



teocia á tas consultan por las razones dichas , y porque 
anime con ella , 7 pueda Uego ejecutar la<) resolucinnes, 
sin que sépasela ocasión mientras se las refieren. Pe- 
ro eslé advertido de que' muclios consejeros delante de 
SO príncipe quieren acreditarse de Talerosos , y pare- 
cer mas iinimosos qae prudentes , y dan arrojados con- 
Mjos , aunque ordinarhimenle do suelen ser los ejecu- 
tores de ellos; antes los qne mas huyen del peligro, 
como sucedió i los que aconsejaban á Vitellio que to- 
mase las armas », 

Cuestión es ordinaria entre los políticos si el prínci- 
pe lia de asistir Aliacer justicia en los tribunales. Pe- 
sada ocupacioQ parece, y ea que perdería el tiempo 
para los nei^ocios políticos y del gobierno , si bien Tibe- 
rio , después de liaberse bailado en el Senado , asistía ¿ 
los tribunales^. El rey don Fernando el Santo se halla- 
bi presente á los pleitos , oía , y derendía á los pobres, 
y favorecia á los flacos contra los poderosos. El rey 
dffn Alonso el Subió U ordenó que el rey juzgase las 
causas de las viudas y de los güérfanos. «Porque ma- 
guerel reyes temido de guardar todos los de su tierra, 
Moaladammle tó debe fazerd. estos, porque son asi 
coiiiodeseroparedos,é mas sin consejo que los otros.* 
A Salomón acreditó su gran juicio en decidir las cau- 
sas K; y los israelitas pedian rey, que como los que 
tenian las demás naciones, los juzgaseis. Sola la pre- 
sencia del principe hace buenos i los jueces >>, y sola 
la fuerza del rey puede defenderilosflacos^. Lo qne 
mas obligó á Dios á liaccr rey á David Tué el ver que 
quien libraba de los dientes y garras de los leones d sus 
ovejas V, sabria defender i los pobres de los podero- 
sas. Tan grato es á Dios este cuidudo , que por él solo 
se obliga é borrar los demds pecados del príncipe, y 
nducillosi la candidez de la nieve 00. v asf, no niego 
«I Mr esta parle principul del oficio de rey, pero sesa-. 
lishce á etla con elegir buenos ministros de justicia 
J con mirar cómo obran ; y bastard que tal vex en las 
cansas muy graves ( llamo graves [as que pueden ser 
oprimidas del poder) se halle el votallas, y que siem- 
pre teman los jneces qne puede esbir presente á ellas 
desde alguna parte oculta del tribunal. Por este lin es- 
tán todos dentro del pala<TÍo real de Madrid, y en las sa- 
las donde se hacen Iwy ventanas , i las cuales sin ser 

. *> Sed fnot li «]»madl rekni luldil , aoMllinn ib omaiiMí 
dinsí csl, perleilam piDci sumpicre. iTic. , llb. 3, Anii.i 

H Mee piirtiD coívtllonihis HUítns, Judicllsissfdtbal la «irna 
tribamlis. iTac.lib. l.Anii.) 

1* L. «1,111.11,;. 3. 

*■ A.iidJ>il iUqne omnfs Itnel Juflcinm , qnad jndluMel Reí, 
el ttniBerunt ne|em , virientci sapienUaii Del cue in eo ad [■-. 
«iciiliii jBdlcliia. [I, neg., 3, VI.) 

so CoQsillDe DDliLa ttegcm , n( Judlcet noi , sicgt et snireraae 
tabentnalionei. (1, net.,e,S.l 

V Reí, qu) aedeiii aollDiiulidi, dlsilpal oniie aalm litnitn 
Ha.|Prai.,H),S.) 

n Tibi derellctnl eat pgaper : orphiDO in erii adjalor. (Paatm. 
9, f4.) 

a* Persequrtur eos, el pereallebam, ersebamqtie de ore e«- 
nnií.(l,R'í.,n,5S.| 

M óvaerlie judielDD. aabrtille opprtiao, Jadíale paptlfa, 
ffeTrsdlie ildian. Ri (entie, el artolie me , dlctt DomlDua : si 
herlii peccaii fettn nicsMlaia , ifnsf oii dMibabBaiar. (Iiai., 
1.".) 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



visto se stiele asomar SU majestad rtrais que se aprea. 
dio del diván del Gran Turco , donde se juntan los la- 
jdes á conferir los negocios, j cuando quiere los oje 
por una ventana cubierta con un tafetán carmesí. 

Este concierto y armonía del reloj , y la correspon- 
deficia de sus ruedas con la mano que señala' las hons, 
se ve observado en eigobiemode la monarquía de Es- 
paña , fundado con tanto juicio, que los rcinosy pro- 
vincias que desunió la naturaleza los une la prud». 
cia. Todas tienen en Madrid un corfSpjo particular rd 
de Castilla, de Aragón, de Portugal, de llalla, da ht 
Indias y de FIdndes; d los cuales preside n no. Allí ■ 
consultan to3os los negocios de justicia y gracia 19- 
canlead cada uno de los reinos á proviocias. Suben il 
reyesUscojwulUs.y resuelve lo que juzga mas ci»- 
veniente ; de suerte que son estos consejos las nied«, 
su majestad la mano ; ó son los nervios ópticos por 
donde pasan las especies visuales, y el rey él sentiJo 
común qile lasdiscierne y conoce, haciendo juicio de 
ellas. Estando pues asi dispuestas las cosas de la mo- 
narquía, y todas presentes á su majestad, se gobienuo 
con tanta prudencia yquietud , que en mas de cien ara 
que se levantó, apenas se ha visto un desconcierto 
grande , con ser un cuerpo ocasionado i él por 1> íIm- 
nnion de sus partes. Has unida fuá la monarquía it los 
romanos, y cada dia había en ella movimientos jio- 
quietudes: evidente argumento de lo que eslacicedt 
á aquella en sus fundamentos, y que la gobiernto ti- 
rones mas fieles y de mayor juicio y prudencia. 

Habiéndose pues de reducir toda la suma de las casis 
al príngpe, conviene que no solamente sea padre dt 
la república en el amor , sino también en la economü, 
y que no se contente con tener consejei^os y ministrtis 
que cuiden de las cosas , sino que procure tener dellis 
secretas noticias, porquíen se gobierne, como los mu- 
caderes por un libro que tienen particular y secreto ós 
sus tratos y negociaciones. Tal le tuvo el empendor 
Augusto , en el cual escribía de su mano las rentas ^i- 
biicaa, la gente propia y auiiliar que podia' tomar l^ 
mas, las armadas naveles, los reinos y provincias del 
imperio, los tributos y eiacciones, los gastos, gijes 
y donativos 31. la memoria es depósito de las upe- 
riencias, pero depósito frdgíl si no se vale déla pln- 
mu para perpetuallas en el papel. Mucho llegard í ubtr 
quien escribiere loque, enseñado de los aciertos yii« 
los errores, notare por conveniente. Si vuestra alten 
despreciare esta diligencia cuando ciñere sus sieaesli 
corona, y jepareciere que no conviene bumillard ella li 
grandeza real , yque basta asistir con la presencia, so 
con la atención, al gobierno, dejándole en manos de sas 
ministros, bien creo, de la buena constitución y drdea 
de la monarquía en sus consejos y tribunales, que pasi- 
rá'vuestra alteza sin peligro nouble la carrera de su rei- 
nado; pero babrd sido mano de reloj gobernada de otras 

>i Opea pnblleae conUDebanlor, qnanlia elTIait , K>denai« 
In anula, qaotclauea, regna , proiliefle , Irlbala , el aecessiU- 
tee.icliritliiuea, qaae canM au uaaa ■etMriMeniAifiiUat. 
(Tac.ltb.i,Aim.J 

ü, ....vLiOOglC 



IDEA DE UN PRl^CrPE 
nMdH,yiWUv«rén los «retos de ungobiernoIeTBnlado 
yglorio»), como sería el <ln vuestra alteza si (como es- 
pera) procurase en otrnllliro, como en el de Augusto, 
Mtarcidaañoen cada reino iip;irteaque1[ns mismas co- 
su, añadiendo las fortalcia'i princípules ileél, qué presi- 
dios lieoen, qué varoaes señulartos hüj para el gobierno 
delipaiTdeiagueiTa,suacaiidui1es, partes yservh:ioB, 
I otnscosas semejantus; hacieudo también memoria 
de In negocios grandes que van sucediendo , en quí 
uiuistieroR sus aciertos ó sus errores , j de oíros pun- 
to! ¡r advertencias conTeuiei)tes al buen gobierno. Por 
Me cuidado ; ateni-íou es tan admirable la armonía 
del gobierno de la compañía de Jesús , á cuyo general 
M earáo noticias particulares de todo lo que pasa en 
tOi, con listas secretas de los sügetos;; porque estos 
madiQ con el tiempo stis calidades y costumbres, se 
nn renovando de tres en tres años, aunque cada año 
te eof Jan algunas i nrin naciones, no Enn generales, sino 
ds accidentes que conviene ten)(a entendidos , con lo 
cual siempre son acortudaS las elecciones , ajuslando 
licapacidaddelosaugelosálos puestos, no al contra- 
rio, atuviesen loe principes estiis natas de las cosas y 
délas personas, DO serían engañados en las relaciones y 
consultas; se liuríaa capaces del arte de reinar, sin de- 



POLÍTICO-CRISTIANO. 135 

pender en todo de sus ministros ; eerían servidos con 
mayor cuidado dellos, sabiendo queíodo liabiade llegar 
i su noticia y que todo lo notaban; con que no se come- 
terían descuidos Lid notables como vemos , en no pre- 
venir i tiempo las cosas necesarias para la guerra y la 
paí; la virtud crecería, y menguarla con el vicioel temor 
á tales registros. No serán embarazosas estas sumarías 
relaciones, unas por mano del mismo principe y otras 
por los ministros que ocupan los puestos principales, ó 
por personas inteligentes, de quien se pueda fiur que las 
harin punlu:iles. Pues si , como dijo Cicerón , son ne- 
cesarias las noticias universales y particulares i un se- 
nador a, que solamente tiene una parte pequeña en el 
gobierno, ¿cuinlo mas serin al principe, que atiende al 
universal? Y si Filipe, rey de Hacedonia , hacia que le 
leyesencudadiados veces las capitulaciones de la con- 
federación con los romanos, ¿por qué se ha de desil»- 
ñar el principe de ver en un libro abreviado el cuerpo 
de su imperio, reconociendo en él, como en un pequeño 
mapa, todas las partes de que constaT 

n BsLSemiaH nccMtirlan iMM RenpiblietM , Ifqie Ulb 
pilil , Ví\i btbeal ■Hilan, iiild nleit ttittít , f noi locioi Ubi- 
[mblic) babel', qDot imicns, qooj ihpeniUirliii, qai quliqüeiit 
legB, undlUoDt, rueden, «le. iCicer.l 



EMPRESA LVIII. 



Es el honor nao de los principales instrumentos de 
reÍDar:áno fuera liíjo de lo honesto y glorioso, le tu- 
viera pariovmcion politice. Firmezaes de los imperios. 
NmgUDosepuede sustentar sin él. Si [altaseen el prin- 
cipe, hitaría la guardadesusvirludes, el estimulo de 
b fiuna y el vinculo con que se hace aiAar y respetar. 
Querer eicederen las riquezas, es de tiranos; en los 
honores, de reyes *. No es menos conveniente el lio- 
Dor en los vasallos que en et principe , porque no bas- 
tarían las leyes áreprimir los pueblos sin él; siendo asi 
que no obliga menos el temor de la infamia que el de 



la pena. Luego se disolvería el óráea de república u 
no se hubiese hecho reputación la obediencia , la fide- 
lidad , la integridad y fe públicii. La ambición de glo- 
ria couíerva el respeto á los leyes , y para alcauzalla se 
vale del trabajo y de las virtudes. No es menos peli- 
grosa la república en quien lodos quieren obedecer que 
aquella en quien todos quieren mandar. Un reino hu- 
milde y abntido sirveé la fuerza y desconoce sus obli- 
gaciones al señor natural; pero el nltivn y preciado 
del Imnor desestima los trabajos y los peligros y aun 
su misma ruina, por conservarse obeilieute y liel. ¿Quí 
goerras, qiíé calamíilades, qué inct'ndios no luí tol»- 
rado constante el condado de Burgofia por conservar 



106 



DON DIEGO DB SAAVEDRA FAJARDO. 



■u obediencia ; lealtad i sa re;? M la tiranía y bárba- 
ra crueldad de los enemigos, ni la iufoccio» de los ele- 
mentos , conjurados todos contra ella , lian podido der- 
ribar su coastuncia. Pudieron <fuitar d aquellos fieles 
vasallos las haciendas , las patrias y las vidas , pero no 
su generosa Te y amor entrañable d su señor natural. 

Para los mules internos suele ser remedio el teaer 
. bajo al pueblo , sin honor y reputaciou política; de que 
usan los chinos , que solamente peligran en si mismos; 
pero en los demds reinos , eipuestos á la invasión , es 
necesaria la reputación y gloría de los vasallos, pera 
que puedan repeler á los enemigos ; porque donde no 
hay honra, no hay valor. Ko es gran principe el que 
no domine li corazones grandes y generosos, ni pudri 
sin ellos hacerse temer ni dilatar sus dominios. La re- 
putación eu los vasallos les obliga d procuralla en el 
principe, porque de su grandeza pende la dellos. Una 
sombra vana de honor los hace constimtes en los tra- 
bajos y animosos en los peligros. ¿ Qué tesoros basta- 
rían á comprar la hacienda que derraman, la sfngre 
que vierten por voluntad y caprichos de los principes, 
•i no se hubiera introducido esta moneda pública ilel 
lionor, con que cada uno se paga en su presuocfonT 
Precio es de las hazañas y acciones heroicas, y el pre- 
cio mas barato que pudieron bailar los principes; y usf, 
cuando no firera por grandeza propia , deben por con- 
veniencia mantener vivo entre los vasallos el punto del 
honor , disimulando ó castigando ligeramente los de- 
litos que por conservalle s^comelen , y animando con 
premios y demostraciones pfibltcas las acciotiM gran- 
des y generosas; pero adviertan que es muy dañosa en 
los subditos aquella estimación ligera ó gloria vana 
fundada en la ligereza de la opinión , y no en la subs- 
tancia déla virtud; porque della nacen las competen- 
cias entre ios ministros, d costa del bien pública y del 
■errido del principe , los duelos , las injurias y homici- 
dios; deque resultan las sediciones. Con ella es pun- 
tuosa; mal sufrida la obediencia, y j veces se ensan- 
grienta en el principe, cuando jui^ando el vasallo en el 
tribunal de su opinión ó en el de la voz común que es 
tirano y digno de muerte , se la da por sacriliearse-por 
li patria 7 quedar Tamoso i ; y así , es menester que el 
príncipe cure esta superstición de gloria de sus vasa- 
. líos, i II fie mandolas en ta verdadera. 

No se desdeñe la majestad de honrar mucho d los 
■úbdilosyAlos eilranjeros; porque no se menoscaba 
el honor de los principes aunque honren larguiuonte, 
bien así como no se disminuye la luz de la hacha que 
Be comunica ú otras y las enciende. Por esto comparó 
Ennio i la llama la piedad defque muestra el camino al 
que va errado. 

¡loma, ful oTiaili camller natutral vlam, 
Qaaii hnuu it ns bamne arandal, fácil , 
SaUloBlm ipil laeel, cuín lia aeenáenl. lEnnia.) 

Decuya comparación inÜriúCicerou que todo loque 



se pudiere sin daño nuestro se debe íiacer por los de- 
mds, aunque no sean conocidos 3. De ambas senteoctu 
se sacó el cuerpo desta empresa en el blandón gobIi 
antorcha encendida, simholo de la divinidad é iosignji 
del supremo magistrado; de la cual se toma la luí, pan 
signilicar cudu sin detrimento de la llama de su haaiir 
le distribuyen los principes entre los beuemériLos. 
Prestada, ; no propia, tiene lajionra quien teme que le 
ha de faltar si la pusiere en otro. Los manantiales ai- 
lurales siempre dan y siempre tienen que dar; ídu- 
heusloes eldotedelhonoreulos principes, por mas li- 
berales que sean. Todos los honran como i deposila- 
rios que han de repartir los honores que recibeu ; bien 
asi como la' tierra refresca con sus vapores el ure, el 
cual se los vuelve en roclos que la mantienen. Esta re- 
ciproca correspondencia entre el principe y sus vasi- 
llos advirtió el rey don Alonso el Sabio^, dicieodo 
«que honrando al Bey, honran á sí mismos, é d la (ie> 
ra donde son, éfazenJeallad conocida; porque debes 
Bver bien , é honra del ». Cuando se corresponden isí, 
florece la paz y la guerra y se establece la domínacioi. 
En ninguna cosa muestra mas el prfncipe su graadeu 
que en honrar; cuanto mas nobles son los cuerpos de 
Ib naturaleza, tanto mas pródigos en repartir sus cali- 
dades y doned. Dar la haciéndaos caudal humano ;dr 
honras poder de Dios ú de aquellos que están mas cer- 
ca del. En estas máximas gejierosas deseo ver í vues- 
tra alteza muy instruido , y que con particular estudie 
iionre vuestra alteza la nobleza , principal columoa de 
la monarquía. 

0t eatilánt Inte ta mtlüi uümt , 
Piiit rvm ic» m/iu intrefida, ttferwetU 
Eilenden mum umente t leí deñm», 
Ma mdtnut im 



Oiga vuestra alteza sobre esto d sii glorioso ante- 
cesor el rey don Alonso el Sabio, el cual , ameeslranda 
á los reyes sus sucesores, dícefi: «Otrosí, deben miar 
é honrar i los ricos ornes, porque son nobleza é kan 
desús cortes é desusreynos;éamaré honrar deben 
los cavalleros, porque son guarda é amparamieotod» 
la tierra. Cu non se deben recelar de recibir tnueite 
por guardarla é acrecen tnrliAi > 

Los servicios mueren sin el premio; con élriteny 
dejan glorioso el reinado; porque en tiempo de un pn'»- 
crpo deíBgrndocido no se acometen cosas grandes lú 
quedan ejemplos gloriosos d la posteridad. Apenas hi- 
cieron otra hazaña aquellos tres valientes soldadosqoe, 
rompiendo por los escuadrones, tomaron el agua de li 
cisterna; porque no los pemió David '. El principe f» 
honra los méritos de una familia , funda en ella un Wd- 
culo perpetuo de obligaciones y un mayorazgo de ser- 
vicios. No menos mueve d obrar gloriosamente i Ik 

■ llt quldquld ilne delrlmcDto lUonmiadiri poull, úl Uibu"'» 
Til Ignnlo. l€icer.) 

* L. n, iii, ij, f. 1. 

a Cin., Lui..ci[ii. 10. 

* L. 17. til. lS,p. 1. 

> llruperanl trgo ires rerleí eiilra Pmiislbiaonm, tí biiK- 
nnlaquiddecJtleniiBeUilebeD. iI,IUt..^>'^-l 



vLiOOglC 



IDEA DE UN PRÍNCIPE 
Mbles lo que sínlerOD sus progenitores y las honras I 
que recibierou de tos reyes , que las que esperan. Estas ' 
consideracioaes obtigaroo á los antecesores de Tuestra 
■Iteía á señalar con eternas memorias de lionor los 
serriciosde las casas fundes de España. El rey doD 
Joan el Segundo preniiú y honró los que hicieron los 
condes de Etihadeo , concediéndoles que comiesen á la 
mesa de los reyes el dia de los Reyes , y se lea diese el 
vestido que trajese el Rey aquel dia. El Rey Catúlico hi- 
zo la misma merced á los condes de Cádiz del que vir- 
tiesen los reyes en la Festividud de la inmaculada Vir- 
gen nuestra Señora por setiembre; i los marqueses de 
Hoya, Ib copa en que bebiesen eldia á/i Santa Lucia; i 
los de la casa de Vera, conitesde la Roca B, que podie- 
sen cada año hocer cíenlos de, tributos á treinta todos 
ios sucesores en ella ; y cuando el mismo rey don Fer- 
nando B se fió en Saona con el rey de Francia, asentú á 
su mesa al Gran £apitan , á cuya casa se Tué á apear 
cuando entró en Ñápales. ¿Qué mucho,si ledebiaun 
reino, y España la felicidad y gloria de sus armas 7 Por 
quien pudo decir lo que Tácito del otro valeroso capi- 
tán , que en su cuerpo estaba todo el esplendor de 
los cherusGos, y en sus consejos cuanto se bahie hecho 
ysgcedido prósperamente 10..EI valor y prudencia de 
nn ministro soh) suele ser el fundamento y eialtacion 
de ana monarquía. Le que se levantú en América se 
debe ¿Hernán Cortés y á los Pizarros. El valor y des- 
tr«ia del marqués de Aytona mantuvo quietos los es- 
tados de Flándes , muerta la señora infanta doña Isabel. 
hstrnmenlos principales han sido de la continuación 
del imperio eo la augustísima case de Austria, y de la 
seguridad y conservación de [talia, algunos ministros 
présenles, en los cuales los mayores premios serán 
deuda y centella de emulación gloriosa á los demás. 
Con la paga de unos servicios se compran otros mu- 
chos; usura es generosa conque ^ e enriquecen los prin- 
cipes, y adelantan y aseguran sus estados. El imperio 
otomano se mantiene premiando y exaltando el valor 
donde se halta. La fábrica de la monarquía de España 
crecid tanto porque el rey don Fernando el Catúlico, 
y después CúrlosV y el rey Filipe II, supieron cortar y 
labrar las piedras mas á propósito para su grandeza. 
Quéjanse los principes de que es su siglo estéril de su- 
gelos ; y no advierten que ellos le hacen estéril porque 
lio los buscan , ó porque, si los hallan, no los saben ha- 
cer lucir con el honor y el empleo, y solamente levan- 
tan d aquellos que nacen ú viven cerca dellos, en que 
tiene mas parte el acaso que la elección. Siempre la 
naturaleza pnxiuce grandes varones ; pero no siempre 
se valen dellos los principes. ¿Cuántos excelentes in- 
genios, cuéntosánimos generosos nacen y mueren des- 
conocidos, que, si los hubieran empleado y ejercitado, 
fueran admiración del mundo? En la capellanía de la 
iglesift de san Luis en Roma hubiera muerto Osat un 

• pgeiU , Tnl. étl liD>je Ji los Ver». 

• lfir..lltit. Hliii.,1. W.c. 9. 

» Ulo íb carpo» ítem omne Cheraiconu, ÍIIIhb consUil* 
im», qucprMpne tuMerint, IMtibitor. iTae.,Uk.3, Au.) 



POLÍTICO-CRISTIANO. «7 

gloría y sin haber hecho señalados servicio^ & Francia, 
si el rey Enrique IV, teniendo noticia de su gran talen- 
to, no le hubiera propuesto para c-irdenai. S¡ i uo su- 
geto grande deja el principe entre el vulgo, vive y mue- 
re oculto como uno del vulgo, sin acertar á obrar. Re- 
tírase Cristo al monte Talwr con tres discípulos, de- ^ 
jnndo á los demás con la turba , y como é desfavoreci- 
das , se les entorpecía la fe K y no pudieron curar á un 
endemoniado <i. No crecen ó no dan flores los ingenios 
si no tos cultiva y los riega el favor ; y asi , el principe 
que sembrare honores, cogerá grandes ministros; pe- 
roes menester sembrullos con tiempo , y teueltos he- 
chos para la ocasión, porque en ella dillcilmenle se ha- 
llan. Eu esto suelen descuidarse los grandes principes 
cuando viven eo pazysosiego', creyendo que uo ten- 
drán necesidad dellos. 

No solamente deben lospríncipes honrar á tos nobles 
y grandes ministros, sino también á los demás vasa- 
llús.comolo encarga el rey don Alonso el Sabio 13 en 
una ley de las Partidas , diciendo : «G aun deben hon- 
rar á los Hiicstros de los grandes saberes. Ca por ellos 
sefazen muctios de ornes buenos, é por cuyo consejo 
se mantienen, é se enderezan muchas vegadas los rey- 
nos é los grandes señores. Ca asi, como diieron los sa- 
bios antiguos, la sabiduría de los derechos es otra ma- 
nera de cavalloría , con que se quebrantan los atrevi- 
mientos, ése enderezanlosluertos.£ aun deben amar 
é honrará los ciudadanos, porque ellos son como te- 
soreros é raíz de tos reyoos. £ eso mismo deben fazer 
á los Mercaderes , que traen de otras partes á sus se- 
ñoríos las cosas que son y menester. É amar é ampa- 
rar deben otrosi á los menestrales , y á los labradores, 
porque de sus menesteres , é do su!í Libranzas se ayu- 
dan, é se gobiernan los Reyes, é todos los otros de sus 
señónos, é ninguno non puede sin ellos vivir. É otrosi, 
todos estos sobre dichos, é coda uno en su estado debe 
araur é honrar al Rey, é al royno, é guardar é acrecen- 
tar sus derechos, é servirle cada uno en la manera que 
debe, como á su señor natural, que es cabeza, é vidaé 
mantenimiento dellos. £ quando el Rey esto Gcierecon 
su pueblo , avrá ahondo en su reyno , 6 será rico por 
ello, é ayudarseha de los bienes que y fueren , quando 
ios huviere menester , é será tenido por de buen seso, 
é amarlohan todos comunalmente , é será temido tam- 
bién de los eitraños como de los suyos. » 

En la distribución de los honores ha de estar muy 
atento el Príncipe, considerando el tiempo, la calidad 
y partes del sugeto , para que ni eicedao de su mérito, 
ni fallen; porque distinguen los grados, bien asi como 
los fondos el valor de Jos diamontes. Si todos íiieran 
ijtunles, bajaría en lados la estimación. Especie es de 
tiranía no premiar é tos beneméritos , y tu que mas ír- 
rita al pueblo contra el príncipe. Huciio se perturba la 

1. IT, 
tn|l. Mallh.) 

M ObtiIltamDUcipBltielnon p«lneninl unr« tan. (NilU., 
«, 15.) 

II L, 3, til. 30,0.1, 



v.LiOOglC 



168 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



república cuando sq reparten mal las honras. Las des- 
iguales a\ mérito son de Dota á quien las recibe y de 
desden á los que las merecen. Queda uno premiado , ; 
ofeudidos muclios. Igualarlos á todos es do premiar al- 
guno. No crece la virtud con la igualdad, ni se arriesga 
elvalorqueDo lia de ser señalado. Uua estatua levao- 
tada auno hace gloriosos áoiuchosque trabajaron por 
Rierecella. La demostración de un honor en un minis- 
tro beaeméríto es para él espuela, para los demás 
aliento y para el pueblo obediencia. 

Si bien ningana cosa afirola é ilustra mas a! Principe 
que el hacer honras, debe estar muy atento en no dar 
á otros aquellas que bod propias de la dignidad , y le 
direrencian de los demds; porque estas no son como la 
luz, que, pasando á otra materia , queda entera en la 
Buya; antes todas las que diere, dejarán de lucir en 
él, y queduri oscura la majestad , acudiendo todos á re- 
cibilla de aquel que la tuviere. Aun en su misma madre 
Livia no consintió Tiberio las demostraciones particu- 
lares de honra que le quería hacer el Senada , porque 
pertenecían al imperio, y juzgaba que disminuían su 
autoridadll. Ni aun las cerimonias que introdujo elaca- 

t«CMleraa inlMlii(i41>, «t aaliabrc faiUglim Id dlmlnn- 



so á la lisonja , y son ya propias del príncipe, hio de 
ser comunes i otras; porque, si bien son vanas, senilin 
al respeto los coiíGoes de la majestad. Tiberio mió 
mui^o que se hiciesen por Neroa y Druso las raisiuai 
oraciones públicas y plegarias que por 61, aunque ena 
sus Ilijos y sucesores en el imperio lü. Los honores de 
los principes quedan desestimados si los hace volpres 
la adulación i^ ; si bien cuaado los ministros represen- 
tan en ausencia la persona real, seles pueden partid- 
par aquellos honores y cerimonias que tocariaa il 
principa si se hallase presente,. como se praticacoo 
los vireyes y tribunales supremos, á imitación de lu 
estrellas, las cuales en ausencia del sol lucen; pero u 
en su presencia, porque entonces aquellas demostn- 
cionas miran á la dignidad real, representada eDlM 
ministros, que son retratos de la majestad yrefleJM 
de su poder. 



Üaatt» tai MCipieni, la lictOKn qaldeB el deuni piuu tiL 
I Tic, lib. 1, Ann.i 

" Tam (crAaeqoíri ■do1««DlciuD«Ue iate,\mjM¡ttltl'a- 
doliilt.iTic..lib.l,Ain.) 

■■ ViBcscll Piincipum bonor, ti fioMÍtcilt idlllUonIku nl- 
calnr. (Tac. , Ibid.) 



EMPRESA LIX. 



Advertida la naturaleza, distinguidlas provincias, y 
las cercó, ya coa murallas de montes, ya con fosos de 
ríos y ya con las soberbias ulas del mar, para dificul- 
'tar sus intentos 6 la ambición humana. Con esle fin 
constituyó la diversidad de cumas, de naturales, de len- 
guas y estilos ; con lo cual diferenciada esta nación de 
aquella, se uniese cada una para su conservación, sin 
rendirse Tácilmenle al poder y tiranía de los ettranjer 
ros. Pero no-bastaron losreparos de estos límites y térr 
minos naturales para que no los violase el apetito insa- 
ciable de dominar; porque lá ambición es tan poderos^ 
en el corazón humano, quejuzgaporestrechas las cinco 
zonas de la tierra. Alejandro Magno lloraba perqué uo 
podía conquistar mucti os mundos. Aun li» biectes d« 



la vida, y la misma vida, se desprecian contra el deM 

natural de proluogalln por un breve espacio de reintf. 
Pretendía Humaya él reino de Cúrdoba ; represeati- 
bunle sus amigos el peligro, y respondió i : aLlamad- 
me [(ijy rey, y miitadme mañane, d Ninguna p^sioo 
mas ciega y peligrosa en el hombre que esta. Huchoi 
por (Mu perdieron la vida y el Estado , queriendo ata- 
pliaíLe. Ti-Wa un prtucipe de Tartaria un vaso con qoe 
bebía , taitrado en los coseos de la cabeza de otro prin- 
ci^ de Huscoviu , ej cual , quaríéndide quitar el Esta- 
do, había perdido el suyo y la vida; y corría por la 
orla del vaso este letrero : 

Biclina apfi(aiia,frepria a>Mt: 



,.|fl«i.Hítfi-,l-f,* 



.LiOOglC 



IDEA DE UN PRINCIPE 
Casi la mísnio sucedió al rey don Sancho por haber 
querido despojar á sus liermanos de los reíaos que di- 
Tidíd eatre ellos el rej doa Feroaudo, ui padre. Peli- 
gra la ambicionsialurga fuera de sureino el brazo; co- 
mo ta tortuga, que, ensaraado la cabeza del pavés de su 
conclia, queda eipuesta a I petizo 1. Yauaque, como dijo 
•lre;Tiridates,esde particulares manteaer lo propio 
7 de reyes bnlallar por lo ajeoo 3, debe eatenderse esto 
cuiudolarauíiy prudencia lo ecoasejan, no teniendo 
el poder otro tribuoal sino el delasarmaa; porque quien 
JDJiíslameate ijuita á otro su estado , da acción y de- 
recho para que le quiten el suyo. Primero ha de consi- 
dererel principe el peligro de los propios que los me- 
dios para conquistar los ajenos *, Por esto el empera- 
dor Hoduiro et Primero solia decir que era mejor 
gcberoar bien que ampliar el imperio. Si hubiera se- 
guido este consejo el rey don Alpnso el Sabio, no se 
hubiera dejado llevar de la pretensiou del imperios con 
peligro de su reino, haciendo cierta la senteDcia del 
rey don Alonso de Ñapóles, que comparaba los tales á 
losjugadores, los cuales, cou vana esperanza da bu- 
rneutar su hacienda , la perdiaa. El conservar el estado 
propio es obligación; el conquistar el ajeno es to- 
lontariD. La ambición lleva i muchos engañosamente 
i la novedad y al peligro B. Cuanto uno alcanza mas, 
masdessa. Crece conel imperio la ambición de aumen- 
talle ''. Las ocasiones y la facilidad de las empresas ar- 
tebalanlos ojosy los corazones de los príncipes , sin 
adverlirque no todo lo que se puede alcanzar se ha do 
preleuder. La bizarría del ánimo se ha de ajustar i la 
raioa y justicia. No se conserva mejor el qa€ mas po- 
see, sino el que mas justamente posee. La demasiada 
potencia, causando celos y invidia, dobla los peligros, 
uniéndose todos y armándose contra el mas poderoso ; 
como lo hicieron los reyes de España contra el rey don 
Alonso el Tercero », cuya prosperidad y grandeza les 
en sospechosa ; por lo cual coofieoe mas tener en dis- 
posición que en ejercicio el poder , porque no hay me- 
nos peligro en adquirir que en liaber adquirido. Cuan- 
do faitea enemigoseiteroos, la misma opidencla der-' 
rib« los cuerpos, como se eiperimentó en la grandeza 
romana 9; lo cual antevisto de Augusto, Iratd do re- 
raediallo poniendo limites al imperio romano io, como 
después k> jecuto el emperador Adriano. Ponga el 
principe freno á su felicidad si la quiere regir bieu ü. 



, prlvjtia dodiai : de i1[mU tMtire, leiiiB 
liudra («c. iTac. , lita. 15, Aon.l 

* SniiD qaiíqdc leruaam iu cdnsUia liibeil, Mn da alleni it- 
UtenL iCartÍM.) 

* Mar.Hiil. Hisp., 1. 13, e. 10. 

« ODíbaíooTí, at iDtípilla praMolan , avldi , , el plaramqiit 
fanu lobilia ral. (Tac , lib. 4, Ain.) 

' VeMj, *ejin pridiu laiiu aorUiitns poteailie tapido caía 
laipcrü aujiiiíadlne adoIavU , enpibme. (Tac, Ub. 3, Ulat.) 

* Mar. . Hlit. Hiip. 

■ El qM«al> eitgiüa piofecU inlUii, eo crtT«nt, nt jam mag- 
■lUdine laborard ana. i Livins, lib. I.| 

<• AddidefihiDe cwuiíian iwercendi Intn MrmiaM lapetil. 
a*«- , lib. 1 . Aon.) 

'■ lafOBertlicibUlw«IrHB«s,Iscllt*siCft>.iCan.} 



POLlTlCO-CRISTIANO. 159 

El levantar 6 ampliar las monarquias no es muy difi- 
cultoso i la injusticia y tiranía armada con la fueria. 
La dlBcultad está en la conservación , siendo mas difi- 
cultoso el arte de gobernar que el de vencer li , porque 
en las armas obra las mas veces el acaso , y en el go- 
bierno siempre el consejo. La felicidad suele entrarse 
por los portales sin que la Hume el mérito ú la dili- 
gencia ; pero el detenella no sucede sin gran pruden- 
cia 13. El rey don Alonso el Sabio » da la razón de 
que no es menor virtud la que mantiene que la que ad- 
quiere : (I Porque la guardia aviene por seso , é la ga- 
nancia poraveuturu.nFácilmentesa escápala fortuna 
de las manos si con ambas no se detiene i^. El hallar 
un espin ( que es el cuerpo de esta empresa ) no es di^ 
íici] ; el detenelle ha menester el consejo para aplicar 
la manocon tal arte, que les coja el tiempo á sus puat, 
con las cuales parece un cerrado escuadrón de picas. 

Se pUarOra, toe jtcalo, tat Mt»r oroi. (Cliid.f 
Apenas seretiraron deles Países- Bu jos las armases- 
pañoles (en tiempo del señor don Juan de Austria), cuan- 
do se cubrieron deüas los rebeldes. Fácil fué al rey de 
Francia apoderarse injustamente del estado de Lore- 
na;perOBl retenello le cuesta inucbos gastos y peli- 
gros, y siempre liubri de tener sobro él ur(nada kma- 
DO. Las causas que concurren para adquirir no asis- 
ten siempre para mantener ; pero una vez mantenido, 
lo sustenta el tiempo ; y usi, uno solo gobierna los es- 
tados que con gran diCcuItad fabricaron muchos prin- 
cipes. 

Siendo pues et principal oficio del principe conser- 
var sus estados, pondré aqui los medios con que se 
mantienen, ú ya sean adquiridos por la sucesión, per 
lu elección 6 por la espada, suponiendo tres causas 
universales que concurren en adquirir y conservar, que 
son : Dios, cuando so tiene propicio con la religión y la 
justicia; la ocasión, cuando un concurso de causas 
abre camino á la grandeza ; la prudencia en hacer na- 
cer las ai;asiones , ó ya nacidas por sí mismas , saber 
usar dellas. Oíros instrumentos hay comunes á la scien- 
cia de CDuserrar : estos son el valor y aplicación del 
principe, bu consejo, la estimación, el respeto y amor 
á su peraona , la reputación de la corona , el poder de 
las armas , la unidad déla religión , laobservancia de la 
justicia, la autoridad de las leyes, la distribución de 
los premios , lu severidad del casligo, la integridad del 
magistrado, la buena elección de los ministros, la coui- 
servucion de los privilegios y costumbres, la educa- 
ción de la juventud , la modestia de la nobleza , la pu- 
reza de la moneda, el aumento del comercio y buenas 
artes, la obediencia del pueblo, la concordia, la abun- 
dancia y la riqueza de los erarios. 

Con estas artes se mantieneu los estados ; y aunqne 
en todos se requiere mucha atención , no haa menester 

« Picillu ail i|E9cdaia viacera, uvim tenace. (Cnn.) 
u Foriasiiii masoain ciliis inveDlra, qmm catiDeu. (Pabl.) 
l'L.3,IU, 3, p. L 

u FaiUiam taam preesis nuiUiat lene , labricr CU. (Cartiai.^ 
C^jucc.yLiOOglC 



DON DIBCO DE SAAVEDBA. FAJARDO. 



tanu los heredados por sucesión de pndj-es fi hijos; 
porgue.yaconFerti.laennuluralczalarfomiDacinii y la 
eb«iliencia, vireu los vasallDs olviduJos de que Tué la 
corona institución , 7 no propiedad. Nudie se atreve i 
perder el respeto al que en naciendo recooncid por se- 
ñor. Todos temen en el sucesor la venganza ; castigo 
de In que cometieren contra el que giibierna. Campa- 
deceo los Tasallos sus defetos. El mismo curso de los 
negocios (que con el lar;ío uso yeiperíencia tiene ya 
hecliB SU madre, por donde se encaminan] le llevase- 
^ro,auD'{ueseainlidbilpara el gobierno, como ten- 
ga un natural ddcil , deseoso de acertar , y haga buena 
elección de ministros, 6 se los dé el acaso. 

.En los estados heredados por lineu Irasveraal 6 por 
matrimonio es menester mayor cuMado y destreza, 
principalmenle en los primeros años del gobierno, en 
quesuelen'peligrer los sucesores que con demasiado 
celo & con indiscreto deseo de gloria se oponen á las 
íccionea y coslumbres de sus anlecesores , y entran in- 
novando el estado pasailo sin el recalo y moderación 
que es meoester, aun cuando se trata de reducillede 
tnalen bien, par>]ue l¡i sentencia de Platón, quo todas 
las mudanzas son peligrosas sino es la de lus males, 
00 parece que se ptiede entender en el gobierno, don- 
de correa grandes riesgos sino se hacen pncod poco, á 
imitación de la naturaleza , que en loa pasajes de unos 
eitremos i otros interpone la templanza de la primave- 
ra y del otoñoentre tos rigores del invierno y del estío. 
Degrunrit.'Bgo y trabaja es una mudanza repentina, y 
niuyiácil la que se va declinando dulcemente *f. En la 
navegaciones peligroso mudar las velas, haciendo el 
«ero , porque pa^an de repente del uno al otro costado 
del bajel. I'or esto conviene mucho que cuando entran 
i gobernar los principes, se dejen llevar del movimien- 
to del gobierno pasudo, procurando reducillo li sn mo- 
do cou tal dulzura, que el pueblo antes ae halle de la 
otra parte que recen. ixca liis pasos por donde le lian 
llevada. Tilwrio no se atrevió cu el principio de su im- 
perio & quitar los juegos público;, introducidos por 
Augusto'^. Pocos meses le duri3 & Gnlba el imperio, 
porque entrú en él casti^undii los excesos y rerorniando 
los doniitivos y no permitiendo las licencias y desea- 
■volturas intruducidas en tiempo de Nerón : tan hecho 
^ á ellas el pueblo , que no menos amaba entonces los 
-vicios que veneraba ñutes las virtudes de sus princi- 
pes IS. Lo mismo surediú al emperador Pertinaz por- 
que dio luego 6 entender que quería rerormar la disci- 
plina militar, relajada en el imperio da Camodo. Tam- 
bién cayó en este error el rey de Francia Luis XI, el 
cual entró d reinar haciendo grandes justicias en per- 
sonas principales. Como es vicio dul principado aati- 

<t Aoctlit , el opetoBa nlnli cst mutaUa , quie subitii , el cim 
igiiadini vlolealii smciiiilur ; Ticllior lulein , qiic scuslm, el paa- 
litim declÍD3iido tt. «Arlst., lih. 6, T>i<!.) 

" 8cd]iopiilu[ii per loL iiiaus nioíliur tiibiliim , nondam ande- 
liit ed iluriora Yertcre. I Tjc, , líb, 1 , Anii.l 

'< Anüebal coaspcmanies trler^m dlacipllnam, abjne lia qia- 
iDordcclD aniiii ii HeroDe assne'acioi , ui baud mlnai vilia Prin- 
ctsujiaiilareiil, quiB oliiB virio lo reiierabaBlur. (Tac. , lik. I. 
Mil.) 



guo el rigor , ha de ser virtad del nuevo la benig- 

Sil ¡miel titutbn leeptrii , militUma un ai 
Rernanm t*t ñtii *ne. ( Lacu. | 

Tiempo es menester para ajustar el gobierna, parque 
no es dd menor trabajo reformuruna república que For- 
mulla de nuevo ^. Por esto David se eicusd de castigar 
d Joab por Iq muerte alevosa que dio i, Abaer, dicieadt 
que era racien ungida, y delicado aun su reinado, pan 
hacelle aborrecible con el rigor «>. No se perdiera Re- 
boa n si iniblera tenido esta consideración cuando, 
mal aconsejado , respondió al pueblo (que le pedia le 
tratase con menor rigor que su padre) que agravaría ti 
yugo que le había puesta, yquesi los liabia casligtdt 
con azotes , él los castigaría con escorpiones^. 

Ninguna cosa mas importante en los principios del 
gobierno que acreditarse con acciones gloriosas ; por- 
que, ganado una vez el crédito, no se pierde rácilmente. 
Por esto Domicio Corbnlou , cuando fué enviado d Ar- 
menia , puso tanto cuidado en cobrar buena opiuioa ^. 
Lo mismo procuró Agricola en el gobierno de Bretaña, 
reconociendo que según el concepta y buen suceía de 
las primeras acciones seria lo demds B. 

Siempre es peligrosa la comparación que hace d 
pueblo del gobierno pasada con el presente caandií 
no halla en este la felicidad que ea aquel , ó no ve end 
sucesor el agrado y las buenas partes y calídadesqu 
aplaudía en el antecesor. Por esto conviene mucho pro- 
curar que no desdiga et un tiempo del otro, yqaepi- 
rezca que es una misma mano la quo rige las rieodaj; 
y si d no supiere ó no pudiere el principe disponerde 
suerte sus acciones que agraden como las pasadaí, bo- 
ya las ocasiones en que puedan compararse ; que es lo 
que moviú é Tiberio á no hallarse en los juegos públi- 
cos , temiendo que lo severo y melancólico de sugeaio, 
comparado con lo Testívo y agradable del de Augnsto, 
no daria satisfacion al puebla U. Y asi , debe reeoao- 
cer el principe que entra á reinar qué cosas se repm- 
diun y eran odiosas en el gobierno pasado , para do ia* 
currir en ellas. Con esta máxima entré Nerón i gober- 
nar el Imperio, instruido de aquellos dos grandes varo- 
nes que tcnu por consejeros K. 

Procure el principe acomodar sus acciones al estilo 
del país y ul que observaron sus antecesores; porgue 
aun liis virtudes nuevBsdcl sucesor, noconocidasead 
antecesor ó en la provincia , las tiene por vicias el pue- 
blo y las aborrece. Llaman tos partos por su reyd Ve- 

» Nnn mlnuí nrKOlilest Rempnblicaní emendare, qabDiblil' 
UocoiiíiUaurp, lArlsi-, lib. 4. Po1.,e. i.) 

M Rióantemadhaedentalas, el uñetas tlei. ( t , Hen., 3 , 39] 

*■ l'jteriDeusaRKnviiril jugum veslmiii, egonlemaddimjili 
lestro: Paler büus ciceirtil yus BigFllis.egaiiilea oedin '« 
scorplonibis. (3, Reg.. 1t , U.) 

w UHiiBaeLnservIrel, qaae In oo»ií cotpil» 



1. Agrie 



idlssiml l^ 
rX pronl primí eeulisnl, Ion 



spcctaeain Ipse, tarib Irabebii)! ' alii linli) 
eorlua, quídam trlslilia logenM, Pl iiiHafnn|nnUuiill,qiil>A>' 
Cvclm rniniter Inlerfaliírl. iTm., lib. I , Ann.l 

tt Tanc fnriRiim fiilarl Principilai (iriCiH^ripalt, ei BiifaiCe- 
cliiuM, quoiiD tecens Oasrabil Invldla. [Tac. lÁ. 13, Aan.J 



D,5,t,2ccb,L,OOglC 



IDEA DE UN PRINCIPE 
■OH, hecho áiis costnmbres cortesanas de Roma (don- 
de lia bis «s todo en retienes)., v coa elkis perdió el arec- 
ta<]eui reino, ;teiiiéado|¿s por nuevos vicios U. eIqo 
salir á caza ni'tener cuidado de ]o$ cdbaDos, cirmolo 
bacina sus aolepasiidos, indignaba al pueblo ; al coih 
trario, Zano fué amado de la nobleza y del pueble po^' 
gue se acomodgba-á sus costumbres^ ; y si aun- las 
Doiedades en la propia persona causao estos cfetos, 
¿cu^dU) mafores los caosard la muitanzadd eslilos'y 
costumbres del pdeUu ? Pero si'coDviniere corregirlas, 
sea con tal templanza, que hi parezca el príncipe d,e-. 
masíadamenle justiciero m remiso; si bien cuando'la 
ami£i«n del antecesor Tué grande , y d pueblo desea el 
remedio, es muyaptautlija fa actividad del sucesor, 
como se experíQieiltú en los primeros años del gobierno 
glorioso del pádre.de vuestra alteza. 

Etilrar & reiqar perdonando ofensas propias y casti- 
gando los ajeqas es tan generosa justicia „que ^acredita 
maclio i los príncipes, y les reconcilia las voluntades 
de lodosas, como sucedida los emperadores VespasiiHio 
tTíIo j al rey Carlos Vil de Francia. Reconociendo 
esto el rey Witiza , levantó el destierro á los que su pa- 
dre había condenado , y, Inandú quemtr sus procesos, 
procurando con este medio asegurar la corona en «us 
sienes. 

$i bien todas estas artes son muy convenientes; la 
principal es granjear el ambr y obedienciayde los vasa- 
llos , en que fueron glandes maestros dos reyes de Ara- 
gón. El nao fuó don Alonso' el Prínleró^,. cuando pa- 
só i guberaár á.'Custilla por su' njujer doña Urraca', 
mostrjodose afable y benigno con todos/ Oía por sf 
mismo los pleitos, hacib Justicia, amparaba los güér-' 
&aos, socorría d los pobres, bonrubdypremiubalano- 
bleía , levanlabii 1^ vi[Uid , ilustraba el reino , procura- 
ba la ahaadancia ypopulacion'; con que robó los cora- 
unes de lodos. El otro fué el rey don Alonso el Quinto, 
que aseguró et afecLotle los vasallos del reino de Nápo~ 
les con la atención y prudencia en los negocios j con el 
premio y castigo , i;oii la liberalidad y agrado, ycon la 
facilidad de lasaudieucias ; tan celoso d^lbienpúblicoy 
particular, y (attliecboal ttuto y estilos del reino, que 
no parecía principe eitrunjcro, sino natural. Estos re- 
tes , como se liallAron presentes , pudieron mas fdcil- 
nente granjeiii^lasvoiantades de los subditos fbac^se 
amar ;locuale«tnas dificultoso en lospriüdpes ausen- 
tes que Lienen-su corte en otros estados ; porque- la li- 
delidad, sino'se hiela, seentibiü con su larga ttusencia, 
jsolamealela podrá mantener ardiente la excelencia 
del gobierno, procurando Jiacer acertadas elecciones 
de ministros,' .{ castigando severamente sus desórde- 
nes, prinoipain^nte los que'se cometieren conlqa la 

** SediiroiÉpllidiiiii.abtiiMiiiiUB, ignotic Parth'lsvlrntei. 
■on •llji; el<iai> ipsorum DJJdnbaf illtsa, parlad* odivu pra> 
n», elboattlii. ¡Tic, Nb. S,1lin>.| ' ' 

■> (tiod Is priiBi ilr lutaallii lasUlaU, et en llum Armen loniin 
acBDliMi. teniln, cpoUi, ti qmcili* barbar! cclebranl, proee- 
rei plEbemqqe Jaita dcTia^enL I Tac, Ibid.j _ 

» Nonn laparlnrii Inebuanilbín utilli deñeatiae boa. (Tic, 
lib. t.Hisl.l 

»Nar.,HiU..HI^.,l.lO,c& 



POLITÍCO-CRíSTIANO. ^ Mi ■ 

justicia , las honras y tas liaciendas ; porque sola este 
consuelo tienen los vasallos ausentes, que si fuere bue- 
no el principe, los trato rd tan bien como d los presen- 
tes, ysi fuere malo, topará primero con estos 6a tira- - 
nía 30; pero, porque casi siempre semcj;intes reinos 
anfan las novedades y mudanzas, y desean un'prhi- 
cipe presente que los gobierne por si mismo, -y no por . 
Otros, conviene que sea armada la conlianzaque deellos 
se liiclereypreveoida para los casos, usandode los me- 
dios que diremos para la conservación de los reinos ad- 
quiridos con la espada. . : '_ ■ 

Los imperios electivos que díó la grado , la misma, 
gracia los conserva, atyique esta suele durar poco; poir-' 
que, si bien todos los imperios nuevos se reciben. con 
aplauso , en estq«e cae luego. En la misma aclamación,,'. 
cuando Saúl fu¿.'elígido rey, empezó el pueblo á'des- 
couíiar del y d desprecialle 3< , aunque fué de Dios su 
elección; pero bayarlescon que puede el eligido man- _ 
tener la opinión concebida de sí, procurando con ser<- 
var las buenas partes y calidades que le bicierofl' digno 
déla corona; porque se mudun los hombres en la'fbr- 
tuna próiper(i. Tiberio tuvo buenas costumbresy nom- 
bre cuamlofuépartlcularyviviú debajo delímperro de 
A^igustn^. DeGutba se refiérelo mismo^. Sea grat^ y ' 
apacible con lodos ; muéstrese agradecido y liberal oon 
los que le eligieron , y benigno con los que le contradi- 
jeron ; celoso del bien pl^ltlicu y de la conservación jle 
los privilegios y costumbres del reino. Aconséjele con 
los naturales , emplciindolos en los cargos y olicios, sin 
admitir forasteros ni dur mucha mano á sus parientes 
yamigos. Mantenga modesta su familia, mezcle la 
majesluil con el adrado y la justicia con la clemencia ; 
gobieriie el reino como heredado, que lia de posará 
los suyos,* y no como eloctivo, desfrutándole en su 
tiempo; enquesuule do perdonar á los pueblas un rei- 
no breve 3i, síeddo mny dilicultoso el templarnos en la 
grandeza que ha do morir con nosotros 3&. 

Es menester lam> íen que el príncipe ame la paz, par- 
que los reinos electivos temen por senoral que tiene va- 
lorpara domar ú otros, y aman al que trata de sil conser- 
vación (cemo sucede d Polonia), conociendo qua todos 
los reinas fueron electivos en sus principios, y que con-' 
ombicion de eitenderse , perdieron la libertad que qui- 
sieron quitar i los otros, adquiriendo nuevas provin- 
cias ; porque la grandeza de muchos estados no puede 
mantenerse lirme á los accidentes y peligros de íu elec- 
ción; yJas mismas armas que los conquistan, los re- 
ducen d monarquía hereditario, que es lo que dio por 
escusa Gjilbu para no volver el imperioal ónlen de re- 
püblicaM. 

lo Laiid9tDraiilT>rlneipiimiisiit eiteqao, laanvlt procDlagas- 
llbas : aaevl pmxlmls InfirDiinL [Tac, llb. 4. HIsL) 

*i Ngn sallare dos palerIL IsteT Bl deipeiemnl esa;, el ara al- 
laleraal el miaera. (1, Reg., 10, S7.| 

" Egreginia illa, Tapiique, qnoadpilTalBs,TeMn Imperilsinb 
Angnilu rull. (Tac, tib.i, HIal.) 

" Mljor prívalo 'isiis , daai prUalna fall. (Tac, , lib. 1 , HisL) 

H Non paren papallx Hegnun breve. | Statiut.) 

^ Üirndllgí tt>l leaiperare lellcllatl . qai le asa pites din isn- 
rem. (Tac, llb. l,Hi(i.{ 

•«SilmmeaaumliuptrileDrfuilare, k Ubnri tlae «Mtom 



16S 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



Los rétaos electivos aman la libertad ; ; asi, coavie- 
ne golMmallos con ella , y que siempre se muestre et 
priDcipe departe de la elección, porque en ella tieoea 
librada su littertad ; y eo descubriéndose que trata de 
reducir d sucesioa la corona , la perderá. 

Ed los estados adquiridos (od Ib espada , con mayor 
dificultad adquiere que maotiene la Tiolencia ; porque 
■Deten ser potros iodiimitos , que todo el trabajo esti 
en ponerse sobre la sil le, rindiéndose después al peso y 
si hierro. Et temor y la adulación abren los caminos i 
la dominación 3'; con todo eso, como son fingidas aque- 
llas voluntades , se descubren contrarias en pudiendo, 
y es menester confirmallas con buenas artes , prínci- 
palinente en los principios , cuando por las primeras 
acctones se hace juicio del gobierno /uturo, como se 
hizo -del de Vitellio, odioso por la miierte de Dolabe- 
lla^B; y aunque dijo Pisón que niaguao había mante- 
nido con buenas artes el imperio alcanzado con msi- 
' dad 39 , sabemos que con ellas el rey don Sancho legi- 
timó el derecho dudoso del reino que ganó con la te- 
padaí Los principes que quisieron mantener con la Tio- 
lencia lo que adquirierou con ella, se perdieron presto. 
' Elata mala razoode estado destruyó i todoslos tiranos, 
f si alguno se coaserró, fué trocando la tiranía en be^ 
nevoleocia y la crueldad en clemencia. No puede man- 
tenerse el vicio sino se substituye la virtud.- La am- 
bición que para adquirir fué injusta , trueqúese para 
conservarse en celo del bien público. Los vasallos 
aman al príncipe por el bien común y particular que 
reciben del ; y como lo consigan, convierten fácilmente 
el temor en reverencia y el odio en amor. En que es 
menester advertir que la mudanza de los vicios ya co- 
nocidosno sea tan repentina y afectada, que nazca del 
engaño, y no de la naturaleza , la cual obra con tiem- 
po. Esto conoció Otón , juzgando que con una súbita 
modestia y gravedad antigua no pedia retener el im- 
perio adquirido con maldad *o. Ugs teme el pueblo ta- 
les trasformaciones que los mismos vicios, porque da- 
llas arguye mayor malicia. La virtud artificiosa es peor 
que la maldad, porque esta se ^equta por medio de 
aquella. 

-, AngustoQésar fué valerosoyprudenteenlevantarse 
pon el imperio y en mantenelle,y puede ser ejemplar 
á los demás principes. De diez y nueve años se mostró 
dfgno del, sustentando las guerras civiles ^<. Desde 
entonces comenzó á fabricar su fortuna. No se alcanzan 
los imperios con merecellos , sino con liabellos mereci- 
do. Una Vitoria le hizo emperador *l, valiéadose do la 
pois«l,dlgn«icnm,kqDO Reipnkllu liclpcKl. (Tu,, lib. I, 
Hlil.) 

." Primas deainandl ipes In irdiio ; obl ils iDgressns , ideste 
itgdli, M miDlilras. i Tic, 11b. i, Ann.) 

M Miiiia can livldíi nOTí Prlnclpilni , cfljm hoc primnin ipc- 

'** Neno enira nnqniD Impciiom Bagilia ipiie*Ui« bml* trtt- 
' bnienrcnit ITig., iib. 1, Hlil.l 

u Simnl repnlana, m» poaie Prlaeipitnin Bceleie i|iiaeBllits, 
lililí* modesUt et pclaei (nvilato rellnen. | Ibld.) 

*i Nonodcclmn Ctcaar OcttvJailai ciitlii belti iuUdiíI. (Tac, 
lib. 13, Aun.) 

" MiMlsM Caeiare AiI(iisId vlclnre Inpcriam. (Tac, lib. 1, 
Hlat.) , 



ocasión y de la prudencia. De la ocation, porqneluit- 
mas de Lapido y Antonio cayeron en sus maaos A. a 
todoseran ya pesadas las guéfras civiles **. fio hibit 
armas de la república *^, ni quien le hiciese opouciim, 
porbaberseacabado los hombres de vBlor,d en la gD«^ 
ra ó perseguidos fie la proscripcien u. Aborredu Ui 
[«DvtDCias el gobierno de república , y mostraban d*- 
sear mudanzas en éM^. Las discordias y mates inl«r- 
noE necesitaban del remedio ordinario de coavertirse 
en monarquía la aristocrecia ^. Todas estas ciusas le 
Jacilitaron el imperio, ayudadas dtfsnprudeocia, jdes- 
pués le sustentó con astas artes. Granjeó la plebe, da- 
feúdiéndola con la autoridad de Irikinot^. Por eico- 
sar el odio , no eligió el nombre de rey ni el de dicta- 
dor,sino el de [^acipe ¡S". Dejó en pié el magistradoK. 
Ganó la voluntad de los soldados con dádinsEi,lt del 
pueblo con la abundaociaU, jdioiunasy dios otrot 
con lu dulzura de la paz st^ con el agrado , la banigoi- 
dad y la clemencia. Hizo mercedes á sus émulos B. F»- 
vocedó con riqueías y honores á los que se adduiti- 
ban en su servicio S6. Pocas veces usó del rigor, yea- 
tonces no por pasión , sino porel soüego público!'. Cau- 
tivó los ánimosde lodos con la elocuencia, usando deUi 
según el decwo de principéis. Era justiciero con losiúb- 
ditos y modesto con los confederados ^. Mostró su rocli- 
tud enno perdonar las desenvolturasjloEuhijay nieta». 
Procuróque se conservasen lasfumilias nobles, como 5« 
TÍÓ .en las mercedes que hizo i Harco Hortalo «■. Casti- 
gó severamente' las sátiras contra personas ituilres O, 
ydesprsció los libelos infamatorios contra su persou 
y gobieluQSS. TmIÓ de la política y órnalo de HoaiiU. 
M L.eTldl,il4iieABtotl)1>niall'ADiiiitincei««Ta.(Tt^,lIk.1, 

iUbus lorésia. {Ibid.) 

na. (ibid.) • . 

B reraclaslni ftt idu , mi protolp- 

inclae lllais rtraai ilalnn abnnebail, tnspKU 
Senih». pspiiliqae Imperio ab ccniínliit palMllani,«t anrlliw 
Maglsirannn. (Ibid.) 

Han allild dluoidinlis patrtae remeiliDD fiisae, qotmilili 
uno rtgerelDt ¡Ibld.) 

*' M tuindim plebem Trlbanlüii Jar« eontanlvu. <lbid.) 

M Non Regoa lameo , Dtqnc Dlclalara, ted Prloelpl] dobíic 
consliluutn RrDipBbtiNm. i lbld.1 

)> Eadem Miililnliiim loeibila. (Ibid.) 

MMililenidonli. (lbld.1 

"* PopuluDiinnoni. (Ibid.) 

H Cnacloa dilccdli 
.'U Hnlta Anión lo, 
Lcpida eoncessísse. llbid.l 

«■ Qnanlo qaii lerrltlo promptlor, opEbos el famotíbiil «ÍHI»- 
retar. |Ibld.| 

I' FiDca idmodum ti Iraclala, qno ueteris qoiea euet. ifM.) 

u hatasui promplí k proaneai,qBae d«erM Principen, d» 
qaenlU fnluflbld. I 

■■ ini apad dies, modestiam apud lOdoi. Ilbld.) 

MObimpidlclliiiaBllae.elnepilB.qDasutbe depnill. (Ttc, 

«l-llleclagídlToAagnRloliberaUliledeeiet-Mxlcrtlin inrm 
sxore^, ne clarisiimí fimüla eilln|a«relar. iTac. , Ub. 1, Abd.I 

1 Prtmn) Angaiuis topitlaneB de fimosls Ubdlli, ipKi* 
legls «ini tractiiíl, lonimota* CaaU Srteri llkidi» , qu lin» 
roenkaaqae lUnalres procacíbns icrlptli dl/Amaverat (Tic, ilb.f, 
Ann.) 

•> Sed Ipie dlTu Jiilu , ¡pie divi* Ai|iiitU , et. títere IM. 
et rellquere ; haud faellC dlierla , nodentlaH aifli, ai lap'C'' 
ti*. iTii:.,llb.«,Ann.| 

•* Urlmi ipMn iu(nllc« oraita. (Tac , Uk I , Aaa-) 
ü^jucc.yLiOOglC 



<» CoQCla dlscordilsc 
M Nmll Jam pabllca : 
** NillotdieiMDte,! 



IDEA DE UN PnfKCIPE 
Puso tírntinos ^os al imperío^t, teoíeiuia (como w ba 
dicho) UD libro de sus reatas y gastos. Fuadó. un era- 
río militar, ydistribujó de talsuerle las fuerzas, que se 
diesen las iDaaot^. Cou estas buenas caliaadesy acre- 
centamientos públicos estim<i mas el pueblo romano 
lo presente-y soKuro que lo pasado y peligroso BT ;<cofl 
que se bizo amar Ja tiranía. No refiera estas arles para 
eBseñar á ser tirano , siao para que sea bueao el que ya 
es tirano , acompañándolas con el temor nacida da la 
fíjena ; porque lo que se ganó coa las armas, con las 
armas se conserva; y asi, cooTÍeoQ mautener tales esta- 
dos con rorlaleíos levantadas con tal arle , que no pa- 
rezcan freno de la libertad del reino , sino seguridad 
contra ias invasiones eiternos, y que el presidioes cus- 
todia, y no deseo nAanza; porque esta pooe en la últi- 
ma desesperación á los vasallos. Losespaüolesseofeo- 
dieroQ tanto de que Constante , apellidado César, diese 
i eitraojeros la guardia de loa Pirineos , dudando de 
su lealtad, que llamaron i España ( aunque en grave 
daño deila) i los vándalos, nlunos, suevos y ¿ otras 
naciones. La confianza bace fieles á los vasallos : por 
esto ios Scipiones concedieron á los celtiberos que no 
tuviesen alojamientos distintos y que militasen debajo 
de las banderas romanas , y Augusto tuvo guarda de 
españoles sacados de la legión Calagurítana. 

Procuro el principe trasformar poco á poco las pro- 
vincias adquiridas en las costumbres , trajes , estilos y 
lengua de la nación dominante por medio de las colo~ 
nías, como se liizo en España con las que se fundaron 
en tiempo de Augusto, áque fácilmente se dejan in- 
ducir Jas naciones, porque siempre imitan ú los vence- 
dores, lisonjeándolos en parecerse d ellos en lostnyes 
y costumbres, y en eslimar sus privilegios y honores 
masque los propios : por estelos romanos daban ásus 
amigos y confederados el titulo deciudadaoo, con que 
tos maotenion líeles. El emperador Vespasiano , para 
granjear Jos españoles , les comuoicó los privilegios de 
Italia. Las pro vine ius adquiridas, sise mantienen como 
eilrañas, siempre son enemigas. Esta razón mnvió al 
emperador Claudio i dar los honores de la ciudad de 
Roma i la Galia Cometa , diciendo que los lacedemo- 
nios y los atenienses se babian perdido par tener por 
extraños A los vencidos, y que númulo en un día tuvo 
á muchos pueblos por enemigos y por ciudadanos 6^. 
Cun.estos y oíros medios se van haciendo naturaleza 
los dominios eitranjeros, habiéndolos prescrito el tiem- 
po , perdida ya la memoria de la libertad pasada. Esta 
pulilica se despreció en España en su restauración ; y 
estimando en mas conservar pura su nobleza que mez- 
clarse con la sangre africana , no participó sus prívi- 



u Viri Oceini) 
iTac.,lik.l, Ani., 

** ne«lnDM,Prorind»,clai», caneU 

rítslDM tatUei 
t» Qgid 



langlDqals leplnin ImptrlDM. 

ineu.dMd.; 



a tatUent. i Ibid.) 

)gid illnd nilli] LiUdemDall*, clAlbmlcDslbnatBlt, i|»ii' 
imii poltirenl . nial qnoil 'icios pro illeorfcnll «rcebult 
iilor juMtr Roinilu unlim iipleDUa iilall, nt pJenuqas 
' -"'-■ dj» bosVa, deíD cítu htbucrit. (Tic, 11b. 11, 



polItico^rishaño. loa 

legios y honores á los rendidos de sqoella nación; con 
que , unidos , cooswvaron juntamente con el odio sna 
estilos , su lenguaje y su perfidia , y fuá menester ez- 
pelellos de todo punto , y privarse de tantos vasa- 
llos provechosas 6 la cultura de los campos, no sin ad- 
miración de la razón de estado de otros principes, vien- 
do antepuesto el esplendor de la nobleza á la conve- 
niencia , y la religión d la prudencia humana. 

En las mudanzas de una forma de república en otra 
diferente es conveniente tal arle, que totalmente no se 
halle el pueblo nuevo en ellas , ni eche menos la forma 
del gobierno pasado, como se hizo en la eipnlsion de 
los reyes de Roma, coastituyendo con tanta destreza 
lo sagrado y lo profano, que no se conociese la faltado 
los reyes, que cuidaban de lo uno y de lo otro; y cuando 
después se convirtió la república en imperio , se man- 
tuvieron los nombres de los magistrados eü y el orden 
de senado con una imagen de libertad , que afirmó el 
principado T>. Lo mismo hicieron en Florencia los do- 
ques de Toscana. Dasta razón de estado fué gran 
maestro etempemdor Augusto, disponiendo luego al- 
gunas cosas, y dejando otras pera después, temiendo 
que no Je sucedería bien si juntamente quisiese tros- 
feriry trocar los hombres ?■. Pero mas digno de admbra- 
cion fué Samuel, que mudó el gobierno y policía del 
pueblo de Dios sin que á alguno pareciese mal n. Coa 
' tal prudencia se han de ir poco i poco desbacien do es- 
tas sombras de libertad, que se vaya quitanda de tos 
ojos al mismo paso que se va arraigando el dominio. 
Asi juzgaba Agrícola que se habla de hacer en Bre- 
taña i3. 

Ninguna fuerza mas stiave y mas elkaz qne el bene- 
ficio para manteqer las provincias adquiridas. Aun i 
las cosas inanimadas adoraban los hombres y les alrí- 
buiau deidad si dellas recibían algún bien. Fácilmente 
se dejan los pueblos engañar del interés, y no reparan 
en que tenga el ceptro la mano que da , aunque sea ex- 
tranjera. Los que se dejau obligar con beneficios y fal- 
tan i su obligación natural , no pueden después maqui- 
nar contra el principe, porque no tienen séquito, no 
habiendo quien se prometa buena fortuna de un ingra- 
to. PorlocualScipion, ganada Cartago , mandó resti- 
tuir sus bieues á los naturales ; y Sertorío granjeó las 
voluntados de España bajando'los tributos y hacien- 
do udseuado do españoles como el de Roma. ParaaBr- 
mar su corona moderó el rey Ervigio i* las imposicio- 
nes , y perdonó lo que se debía á la Cámara. Los roma- 
nos en las provincias debeladas abajaban los tributos 

" Eidtm Vagljlnluan locibnli. [Tac, Ub. 1, Ana.) 

1° Sed Tibcrlas vitD PrlDclpilBS ilbl Qrmiag, lma|laciB anli- 
qnlMlLi Senilsi praebebal. iTac. . Ub. 3 , Ana.) 

11 Ndd amala slaliin, mi decrtmn eral, «reniña cal, trritna, 
ne parnmiacuderet, si Blmnl bumincí uaatrcne eliaierlcre ie- 
llet; ledqaaediai ei lempore diiposait, iiaaedim rejecll in leoi- 
pas. iDiBn.l 

'* Reiomlt [niperiBEa . el nuil Prlnelpciln |cnu ana, el non 
icenurlt lltom homo. (Bcci. , 4S, 16 el H.) 

11 id^ae adieraus BrlUnniíQ protnturam, al Romana nhlqna 
arma, el lelnl i caaspecln llberui tolleretnr. (Tac , In tlli 
Agrie.) 

»ll>r.,Hltl. ni«p.,l. e,e.lT. 

ü, .....vLiOOglC 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJABDO. 



por hacer suave su domiaio ^. Mas sienten las pueblos 
latTBricíadel que domioaque la serridumbre, como 
loeiperimealaron losrotDBaos ea la rebelioa de Fri- 
sa^; jasl, liadeliuirmuclioelprincipedecargarcon 
tributos Jas'pro* ¡acias adquiridas , y principal méate de 
introducir los que se usan en otrai parles , porque es 
aborrecida tal iutroducciou. Los de Cupadocia se robe-^ 
loroQ porque Arquelao les echaba imposicioues al mo- 
do deRoma i^. 

La modestia es couTenienle para mantenerlos reinos 
adquiridos. Hassiuiió el senado romano que JulioCésar 
no se levantase á los senadores cuando entraban en el 
Senado, que la pérdida de su libertad. Advertida deslo 
Tiberio, les bablabá breve' y modestamente^. Mas 
atiende el pueblo ú los* accidentes que ¿ la substancia 
de las cosas, y por vanas preleusJoaes de autoridad se 
suele perder el aplauso comuD y caer en aborrecimien- 
to. A Seyano le pareciú que era mejor despreciar inú- 
tiles apariencias de grandeza y aumentar el verdadero 
poder T^. Los rumanos atendían al aumento y conser- 
vación de su imperio, y no bacian caso de vanidades 8o. 
Foresto Tiberio, como prudente estadista, fué gran 
despreciador de lionores 8i , y no consintió que España 
Ulterior le levantase templos ni que le llamasen padre 
de la patria^, reconociendo el peligro de una ambi- 
cien desordenada, que da á todos en losojosK. Obser- 
Tsuda esta rason de estado los duquesde Florencia , se 
muestran muy bumanoscon sus vasaHos, sin admitir 
el duro estilo de pararse cuando pasan, como se usa en 
R<Hna. Habiendo Castilla negado la obediencia álos re- 
. yes, no diú nombres vanos degrandeza á los que babian 
de {obemar, sino soiamuote de jueces, para que Tuesen 
mas bien admitidos del pueblo. Con esta prudencia y 
moderación de ánimo el rey don Fernando el Católica 
naqoiso (muerta la reina doña Isabel ) tomar titulo da 

n QaiedimciRcKiliUlbBiIsdImlliaU, qnimlUas Raumiid 
iBperiiiiii sperarcUr. iTac.llb.l, Aun.) 

1* Paum tinere, noiin mavii aviriUi, qalm obaeiinlls Im- 
pitlCDUi. ¡Tic, Ltb. i, Aed.) 

71 Qnli uojlrnm iotuodumdererre censos, piü IrlhaU-idi^ 
bitDr. (Tac. Llb. G.Ana.) 

)* Vcrbí ¡un piuca, el senin ptraodMto. (Tie.,]ib. 1, Aan.) 

n Bl mlnui slbi livldiam, adempta laluUntnai mtba , giülUtlt' 
qñ« Inan iba s , vera poten lia aogerl. Tac, Ub. í, Aon.i 

M Afti HBDi tís iDperli lalel, ioanli masmllmotir. (Tic, 
Ilb. IS, Ana.) 

■< Vilidni itioqai ip«rnendls honoribus. fTic, lib. 4, Ann,) 

*■ Nqmen Piirii patriae Tibeiiu t populo kiepint iD|cstgin 
rcpndlailt. (Tac, Ilb. i , Ann.J 

** Canela murlailnni incerla , qaanloqae plni adeptas Torel, 
tuto se oigis a iBbrico dieuni. ^Tic, Ibid.) 



rey, sino de gobernador de Castilla. Algnoaspotendu 
en lUlÍEi, que aspiran á la majestad real, craoceria 
con el tiempo (quiera Dios que me engañe el discano) 
que el apartarse de su antigua modestia ea dar eo d 
peligro , perturbándose el público sosiego ; porque a» 
se pÁdrá Italia sutrir á sf misma si se viere con mucbu 
cabezas coronadas. Con menos inconvenientes se inf- 
len dilatar los términos de un estado que mudar den- 
tro de si lu forma de su grandeza, ^ en competencia dt 
los mayores ó en desprecio de losÍg;uales, con qnel 
anos y i otros se incita vanamente. De la derigualdid 
en las comunidades resaltó la dominación común. El 
eetar en ellas y no verse el principe , es lo que los nuo- 
tiene libres. Si se siembran espíritus regios , nacerin 
deseos de monarquía que acechen á la libertad. 

La paz, como decimos en otra parte , es la guemaiH 
tiene los reinos adqu^idos, como sea paz cuidado» y 
armada , porque da tiempo para que la poseMon pres- 
criba ei doinioio y le dé titulo justo, sinqueieperta^ 
be la guerra , la cual confunde los derechos , ofrece 
ocasiones i los ingenios inconstantes y mal contentas, 
y guita el arbitrio al que domina ; y así, na solameate 
se ha de procurar la paz en los reinos adquiridos, sino 
también en sus conQnantes, porque -fácil meo le saitu 
centellas del fuego vecino , y pasan las armas de imu 
partes á otras, encendido su furor en quien las miradt 
cerca ; que es la raion qne obligó al rey Filípe III i to- 
mar las armas contra el duque Carlos Emanuel de Si- 
boya cuando quiso despojar del Honfcrrato al duqat 
de Mantua, procurando su majestad que la justicii, j 
no la espada, decidiese aquellas pretensiones, porque 
no padeciese la quietud pública de Italia por los aolo- 
jos de uno. El mismo peligro corre hoy, si no secois- 
ponea las diferencias que bao obligado á levaclur lu 
annasá todos los potentados; porque, desnuda una *ei 
la espada, ó la venganza piensa en satisfacerse de agn- 
. vios recibidos, ó la justicia en recobrar lo injustameste 
usurpado, d la ambición en ampliarlos domiaios,A<l 
mismo Harte armado quiere probar el acero. 

Cierro el discurso desta empresa con cuatro veiSM 
delTasso, en que pone con gran juicio los verdaderos 
fundomentos con que se ba de establecer y consemr 
un nuevo reino. 

g (Miar Beemnio lí aWM reg"* 
Steí iiUíoehltiiiapTinarUmira: 
Ekfgi UfOTTe, tlhUrsi»T ntlime. 



,,Goosle 



IDEA DE UN PRÍNCIPE POLÍTICO-CRISTIANO. 



EMPRESA LX. 



La stets impelida del arco, 6 sube 6 baja, sin suspen- 
derse enelaire;semejanteal tiempo présenle, tan iin- 
perccplible, que se puede dudar si untes dejú de ser 
qué llegase ; ó como los ángulos en el círculo, que pasa 
el agudo á ser obtuso sin tocar en el recto. El primer 
[KiDto de la consistencia de la saeta lo es de su declina- 
ción. Lo que mas sube , mas cerca est¿ de su catila. En 
llegando las cosas i su último estado , han de volver á 
biijar £ia detenerse. Bnlos cuerpos humanos lo notó 
Hipócrates , los cuales , en no pudiendo mejorarse , no 
pueden subsistir, y es fuená que empeoren <. Ninguna 
cosa perrnanenle en la naturaleza. Estas Causas sef;un- 
das de los cielos uunca paran , y asi tampoco los elec^ 
los que imprimen en las cosas, ú '|uc Súcrate; atribuyó 
las mudanzas de las repúblicas K No son las monarquías 
difereutes de los TÍTÍentes ó Tegetables. Nacen , viven 
ymnerencomoellos, sin edad firme de consistencia; y 
asi, son naturales sus caídas^. En no creciendo, descre- 
cen : nada interviene en la declinación de la mayor for- 
tuna. El detenella en empezando & caer es casi impa- 
sible. Has di6cultDS0 es á la majestad de los reyes bajar 
del sumo grado al medio , que caer del medio al ínfi- 
mo * ; pero no suben y caen con iguales pasos las mo- 
narqul.is , porque las mismas partes con que crecieron 
les son después de peso, el cual con mayor inclinación 
yvetocidad baja, apeteciendo el sosiego del centros. 
Endoceaüus levantó Alejandro su monarquía, y cayó 
en pocos, dividida en cuatro señoríos, y después en di- 
versos. 

• NccenlniiiinelliiivcrU.nccdivsisierenleni; rclifODii en, 
al íB iiUtits dilabinliir, { Hippoc.) 

1 (foi eauum «su Iradtt , qnod nlhil |>erp(tno mancat, sed om- 
■it nolu qiodim orbienlirl mutenlnr. (Atlsl. . Ilh. 5 , Pol.) 

* rciiiraltscsseconitniaiicsRcriiiDpDblicirDni.iCker., lib. !, 
IW »t. DeoM 

t Regam majtjlaleni dirilclliai i tiimcao faiÜEid ad medlimí de- 
inhi, quam > mcdils ad Imi praecipiUri. iLiv.l 

lamDum perdacli , rarsns ad indiniiDo iClodBt quidcm , qntm as- 
ccDderaiil , relabaalDr. (Sciiec.) 



Huellas son las causas de los crecimientos y descre- 
cimientos de las monarquías y rep'úblicas. El. que las 
atribuye al acaso , ó al movimiento y fueraa de los as- 
tros, 6 á los números de Platón y años climatéricos, 
niega el cuidado de las cosas inferiores á la Providencia 
divina. No desprecia el gobierno dcstos orbes quien no 
despreció su fábrica, pues bacella y no cuidar della 
fuera acusar su misma acción. Si para iluminar el cue- 
llo de un pnvon ó para pintar las alas de una mariposa 
no fia Dios de otro sus pinceles, ¿cómo creeremos que 
deja al acaso ios imperios y monarquías , de las cuulcs 
pende la felicidad ó infelicidad, la muerte ó vida del 
íiombre, por quien crió todas las cosas? Impiedad seria 
nuestra el creello, 6 soberbia, para atribuir d nuestro 
consejo lo^sucesos. Por iSl reinan losrejes, por su m^- 
no se distribuyen los ceplros ; y sí bien en su conserva- 
ción ó pérdida deja correr las inclinaciones naturales, 
que ó nacieron con nosotros ó son inlluidas, y que con 
ellas se hulla el libre albedrío sin obligar su libertad, 
con él mismo obra , disponiendo con nosotros las fábri- 
cas ó ruinas de las monarquías ; y así, ninguna se per- 
dió en que no haya intervenido la imprudencia huma- 
na ó sus ciegas pasiones^. No sé si me atreva á decir 
que fueran los imperios perpetuos si en los principes 
se ajustara siempre la voluntad al poder y la razón ú los 
acasos. 

Teniendo pues alguna parte la prudencia y consejo 
humano en las declinaciones de los imperios, bien po- 
dremos señalalles sus causas. Las iiníversales, que com- 
prendan é todos los reinos , á adquiridos por la suce- 
sión ó por la elección ó por lu espada, son mucbas; 
pero todiis se podriai) reducir á cuatro fuentes, de las 
cueles nacen las demás, así como en el liortzojilc del 

• Ego ila camperi , omiija rfgn» , elYitales , naUoncsunc asi|ae 
to proüpcmni Impenam habulsse, dutn apud eos lera consllia 
valiu'runt ; ublcumque griUi , limor, lolupUs ci turrupere , post 
pinl j IniHilnulac opes. deiade ademptam ImperlniD, pDjirEmü se 
tima impositi csl. (Salust.) ' ----- 



vLiOOglC 



DOrf DIEGO DE SAAVEDRA FAIARDO. 



mundo salen de cuatro vientos principales muchos co- 
laterales. Estas causas son la religión , lalionra.lavida 
j la hacienda. Por la 'conservación dellas se instíLuyó 
la compañía civil, ysesujetd el pueblo al gobierno de 
uno , de pocos ó de muchos; y as!, cuando ve <]ue al- 
guna dasUts cuatro cosas padece , se alborota y muda 
]a forma del jíobierno. Dellaslocarémosalgocoulabre- 
vedadque pide esta obni. , 

La refigion, si bien es vínculo de la república, como 
hemos dicho , es hi que mas la desune j reduce á curias 
formas de gpbiemo cuando no es una sola, porque no 
puede hiiber concordia ni paz entre los que sienteu di- 
versamente de Dios ; pues si la diversidAd en las cos- 
tumbres y trujes hace opuestos los ánimos , ¿qué hará 
la inclinación y fidelidad natuQiI hI Autor de lo criado, y 
la rabia de los celos del enlendimíento en el modo de 
entender lo que [unto importa? La ruina de un estado 
es la libertad de conciencia. Vn clavo i los ojos , como 
dijo al Espíritu Santo , y un dardo al corazón son entre 
■I los que no convienen enla religión ^. Las obligacio- 
nes de vasallaje y los mayares vínculos de amistad y 
sangre se descomponen y rompen por conservar el cul- 
ta. Al rey Witerico mataron sus vdsbIIos porque hubiq 
querido introducir lu secta de Arrio, y también á W¡- 
tjza , porque al terú los estilos y ritos de ia religión. Ga- 
licia se alborotó contra el rey don Fruela^ por el abuso 
de los CBSomienlos de los clérigos. Luego que entrú en 
los Países-Bajos la diversidad de religiones, faltaron ¿ 
la obediencia de sn principe uataral. , 

La honra también, asi como deliende y conserva las 
repúblicas y obl¡í,'ad la fidelidad, las suele perturbar 
por presermrse de lu infamia en la ofensa, en el des- 
precio y en la injuria, anteponit^ndo los vasallos el ho- 
nor á la hacienda y á la vida 9. A los africauos llamó á 
España el conde don Julián cuando supo que el rey 
don Rodrigo había manchado el honor de la Cava, su 
bija. Loshidalf^DS de Castilla lomaron las armas contra 
el rey don Alonso el Tercero porque les quiso romper 
«US privilegios y ubiigallesá pechar. No pudieron sufrir 
tos vasallos del rey de Lean dou Ramiro el Tercero que 
los tratase áspera y servilmente, y se levantaron contra 
él. Las afrentas recibidas siempre están incitando á 
Teiiganza contra el príncipe W. La desestimación obli- 
ga A sediciones h, 6y% el príncipe la tenga de los va- 
sallos, óellos del, cuando ño tiene las partes y calida- 
des dignas de principe, juzgando que es vileza obede- 
cer á quien no sabe mandar ni hacerse respetar, y vive 
descuidado del gobierna ; cómalo hicieron los vasallos 
del rey don Juan el Primero de Aragón , porque noaten- 
dia á los negocios ; los del rey de Castilla don Juan el 

1 ErDntvoliisqluslda>l Inocnlli, el lincet« íq tauribos.et 
aávenibuniur roblí Id ierra hibiíationis vesine. iNam. , 33 , 5S.¡ 

■ llir.,Hist.Utsp..I.?.c.e.) 

■ Uongr ijaDqne quotin valcal, el quomodo ilt cinsa scdllio- 
nls, nanircslain esl. lArlll-, lib. S, Pal., c. S.¡ 

. IV üi mulla» eonaplrailoiieSi ei iniasioncs , ia Monarebas prop- 
Itrpudendasconliimuliai iii rorpuí illalai TacUC suDl.(ArlcL, Üb.S, 
Pol., c. 10.) 



Segunda , porque era incapaz del ceptro ; los del rey 
don Enrique el Cuarto, por sus vicios y poco decoroy 
autoridad ; y los del rey don Alonso el Quinto de Por- 
tugal , porque se dejaba gobernar de otros. No menos 
sienten lossübdílos por agravio y mengua el ser man- 
dados de eitranjcros, ó que entre ellos se repartan las 
dignidades y mercedes ; porque (como dijo el rey don 
Enriquecí) «es mostrar que, en nuestros reinos haya 
{alta de personas dignas y hábiles n. Lo cual dio motivo 
á los movimientos de Cuslilta en tiempo del emperador 
Cáríns V. Lo mismo sucede cuando los honores son mal 
repartidos, parque no lo pueden sufrir los hombres de 
gran corazón 13 , teníejiilo par desprecio que otros de 
menas mérito sean preferidos á ellos 'V 

La mayor enfermedad de le república es la inconli- 
nencia y lascivia. Dellas nacen las sediciones , las mu- 
danzas de reinos y las ruinas de principes, porque lo- 
can en la honra de muchos ; y las castiga Dios severa- 
mente. Por muchos siglos cubrió de cenizas á España 
uda deshonestidad. P^r ella cayeron tantas plagas en 
Egipto is , y padecid David izrandes trabajos ea su per- 
sona y en las de sus descendientes K , perseguidos y 
muertos casi todos á cuchillo. 

No es menor peligrn en la república el l|aber muchos 
eicluidos de ios cargos , porque son otros tantos ene- 
migos deda 1^ , no habiendo hombre tan ruin que ou 
apetezca el honor y sienta verse privado del *^. Esle 
peligro corren las repúblicas donde uri número cierto 
de nobles goza de! magistrado, excluidos los demás. 

La tercera causa de las mudanzas y alborotos de los 
reinos es por la conservación de la vida, cuando los 
subditos tienen por tan flafo y cobarde á su príndpe, 
que no los podrá defender; ó le aborrecen por su se- 
veridad , como al rey dnn Alonso el Décimo , ó porso 
crueldad , como al rey don Pedro; 6 cuando le tienen 
por injusto y tirano en sus acciones, y peligra en sus 
manos la vida de todos , como al rey don Ordoño >9 por 
la muerte que con mal trato dio á los condes deCosli- 
lla , de donde resultó el mudar de gobierno. - 

La última causa es la liacienda , cuando el principe 
consume las de sus vasallos; lo cual fué causa para que 
don García , rey de Galicia ^ , perdiese el reino y la 
vida ; ó cuando disipa pródigamente tas rentas reales, 
preleito de que se vulió don Ramón para dar la muer- 
te á su, hermano el rey de Navarra don Sancho ; ú CDin- 

I* Lf; 14,111.3, Itb.l.Recop. 

t¡ tíim Diuliilado quideiD ^viler fert InaeqnglLlalem palríatH 
nloruiu , praFslaDleí intem vlrl boaorum Inicqnaliuiem. lArist,, 
lib. i. P»t.l 

■> Htm hamines Ibis, qaod ipsi tnhonorall Bul, noieBl srdi- 
Uoncs. lum quod aliui ildeunliD horiur(.tAriil.,llb. 5, Pol.. c.3.) 

O FlaKcllivil anteiii noMiOD» Pbananrn plips iDaiimií. M 
damum rjus, propler Siral niorcn Abnm. ilisiet., tí, I7.i 

■B Non recedel gladius te domo laa usque luiciafíileriianí, eo 
quad deipneris me , ellulcrii uiorem Uriac, li. Iteg.,li, lU.) 

" Cum enim mulliladn iBopini til la cirilalr , eademquc ib 
honorlliui eiclusí neccsse esl, «am civiuiem essu ploum bús- 
Uaní Hvlpabllcae. lArlsl., lib. 3, Pol-, e. ^.l 

I» Hoiiari incombit um Ipavu, qnaai bono*. (Ariil., Ub. i; 
Poi.,t. 5.) 

<■ )lar.,lllsl.Uilp.,l.9.,cS. 

M Id., id., 1.8, e " 



.LiOOglC 



IDEA. DE UN PRtNCrPE 
¿oesawÍ6t)IO,C4)inosl rey don Alonso «I Sabio; ó . 
caindo por el mal gobierno se padece necesidad , f se 
allere el precio de las cosas, y falta el comercio y Irato, 
lo cual hito también odiosa al mismo ref don Alonso; 
A cuando está desconcertada la moneda, comoen tiem- 
po del rey don Pedro de Aragón el Segundo y de 
otros muchos reyes, 6 mal repartidos los cargos útiles 
ó las haciendas ; porque la iii?idia y fa necesidad toman 
las armas contra los ricos, y causan sediciones l< ; las 
cuales lambien nacen de la mala administración de la 
jusliciaj de los alojamientos, y de otros pesos que car- 
gan sobre las rentas y bienes de los vasallosi 

Fuera destas causas universalesy comunes, lisyotras 
muy particulares ú cada una de tos tres direr^iicius di- 
clias de reinoSj las cueles so pueden inferir de las que 
hornos propuesto para su conservación ; porque, cono- 
cido lo que da salud á los estados , se conoce lo que les 
da muerte, ó el contrario^. Con todo eso me extenderé 
algo en ellas , aunque con riesgo de tocar en la^ ya re- 
feridas. 

Los estados bereditarios se suelen perder cuando en 
ellos reposa el cuidado del sucesor , principalmente si 
soQ muy poderosos, porque sumism^gniudezaleliace 
descuidado , despreciando los peligros, y siendo irre- 
soluto en los consejos y tímido en ejecularcosasgran-' 
des , |H)r no turbar la posesión quieta en que se lialla. 
No acude al daño con las prevenciones, sino con los 
remedios cuando ya ba suceditjo , siendo entonces mas 
costosos y menos elicaces s. Juzga el Blreverse por pe- 
ligro, yftfocurando la paz con medios flojos y indeter- 
minados, liama con ellos In guerra, y por donde piensa 
conserrarse, se pierde. Este es el peligro de Jas monar- 
quías, que, buscando el reposo, dan en las inquietudes. 
Quieren parar y caen. En alejando de obrar enferman. 
Bien sigujücú tpdo esto aquella visión de Ecequiel, de 
los cuatro animales alados , sfmbolo de los principes'; 
de las monarquías; los cuales cuaudo caminaban pare- 
cía de muchos el rumor de sus alas- semejante á la 
marcha délos escuadrones, y en parando se les calan 
jas plumas ^. Pero uo es menester pera mantenerse que 
siempre hagan nuevas conquistas; porque habrían de 
ser infinitas y locarían en la injusticia y tiranía. Bien 
se puede mantener un estado en la circunferencia de 
su circulo, con tal que dentro dclla conserve su acti- 
vidad, y ejíroite «u valor y las mismas artes con que 
llegó d su grandeza. Las aguas se conservan dentro de 
su movimiento : si falta, se corrompen; pero no es ne- 
cesario que corran; basta que se muevan en si mismas, 
como sucede A las lagunas agitadas de los vientos. Así 
las monarquías bien disciplinadas y prevenidas para la 

tt iDsnper sedíllonst orinntnr bou soIdih nb piIrlmnnlDmiii, 
Tcmid etjim ob lionoriiDi inaeqailllalta. lArisL, llb. 3, Pol., t. S.| 
H Std illid prímaTnomiiinip dub tari nuQ iiolujl, quin cag1iUi& 
lis que Reipablicae interílam imporliDl, «a quoquc qnie silulem 
afrtruDt, inleLllganlDr, cum coDlrarla canlririotuní sIdI efDeitii- 
Ua.(Arisl.,lib.5,Púl., c.S.) 
t> Tirdlan aBummedLa , qUm mli: iTlcfn vita Agrie.) 
u CumimbalaKiil.ilMaisbniíserilmuUitudtnís utsonusus. 
ironiD : cnmi|Be lUteal, dcmliubinlw peiilat eonim.t Eiecb., 
1,41.) 



POLÍTICO-CRISTIANO. í«7 

ocasión , duraa por largo espacio de tiempo sin ocu- 
parse en la usurpación. Aunque no haya guerra , se 
puede ejercitar la guerra. En la paz manleniaC. Cassio 
las arles de la guerra y la disciplina militar antiguase. 
Sí al principóle follare e! ejercicio de las armas, no se 
entorpezca en los ocios de la'pas ; en ella etnprenda 
gloriosas acciones que mantengan la opinión. No dejú' 
Augusto en el sosiego de su imperio cubrir de cenizas 
su espirito fogoso; antes cuando no babia en qué obrar 
como hombre, Intentó obrar como Dios, componiendo 
los movimientos de los orbes, ajustando los meses y 
dando úrdenes al tiempo. Con este Gn el rey Filipe II 
levantó aquella insigne obra del Escuria] , en que pro* 
curó vencer con el arte las maravillas de la naii>rateia, 
y mostrar al mundo la grandeza de su ánimo y de su 
piedad. 

Peligran también los reinos hereditarios cuando el 
sucesor, olvidado de los institutos de sus mayores, 
tiene por natuml la servidumbre de los vasallos ; y 
no reconoriendo delios su grandeza, ios desama y 
gobierna como á esclavos , atendiendo mas í sus ühes 
propios y al cumplimiento de sus apetitos que al be- 
neficio público, convertida en tiranía la dominación % ; 
de dtmde concibe el pueblo una desestimación del prín- 
cipe y un odio y aborrecimientos su persona y accio- 
nes, con que se deshace aquella unión recíproca j|ub 
hay entre el rey y el reino *i donde este obedece y 
aquel manda, 'por el beneGcio que reciben, el. Uno eo 
el esplendor y superioridad de gobernar , y el otro en 
la felicidad de ser bien gobernado. Sin este reciproco 
vínculo Ee pierden los Atados hereditarios 6 se mudan 
sus formas de gobierno, porque el principe que se ve 
despreciado y aborrecido teme; del temor nace la 
crueldad,ydes(a la tiranta; y no pudiéndolasufíir, los 
poderosos se conjuran contra él, y con la asistencia del 
pueblo le eipelen , y entonces reconociendo el pueblo 
dellossu libertad, les rinde el gobierno y se introduce 
la aristocracia, en que mandan los mejores; pero se 
vuelve á los mismos inconvenientes de la monarquía; 
porque , como suceden después sus hijos , haciéndose 
lieredilario el magistrado yel domiuio, abusan del, go- 
bernando á utilidad propia; de donde resulta que, vién- 
ilose el pueblo tiranizado dallos, les quita el poder y 
quiere que manden todos , eligiendo para mayor liber- 
lad la democracia , en la cual no pudiéndose mantener 
la igualdad, crece lá insolencia y la injusticia, y d ella 
resultan lus sediciones y tumultos, cuya confusión y 
dañoj obligan d buscar uno que mande á todos; con que 
se vuulve otra vez i la monarquía. Este circulo suelen 
hacer las repúblicas , y en él acontece muchas veces 
perder su libertad cuando alguna potencia vecina se 

u Allamen quanlnm sloe bello dabalur. revotare piisFim mo- 
ren , eierdUre legiones, cara , protlso agfre perinde, >c li hoi- 
lis ingracrtl. i Tac. , lih. li. Aon. ) 

M Allie ttranides a Itegibus , qui morlboi , Inslitutlsque ma- 
JoTBiB viotaUs, impcria migís conciipieruiil.( Arlal., llb. 5, Pol-, 



I' Mm 



TOlentlbos llaperct', prolinas il«eÍB II eise re 
lArlsL, ibld.) 

ü|..x.,L.OOglC 



i9» - 



vate de fi ocasioQ de sus inquietudeí para sujelsllas 7 
domiiiall.as. 

Los imperios electivos se pierdeu , 6 e) afecto de los 
nsaJiQS, cuando DO correspoiideii las obras del eligido 
álu«piuioncoucel)iila anles , Imlliadose enguüada la 
elecdon en los presiipue&tos Tulsos del mérito ; porque 
iDUClíps pdrecea buenos paro gobernar oates de liaber 
gobernado, como pareciu Gulba ^. Los que no coocur- 
rierOD en la elección , 00 se aseguran jamds del eligido, 
y este-temor les obliga á desear y á procurar la mu-' 

. daazB.'.Losqueasislieroüconsus votos se prometieron' 
ta^tode su favor, que, no vieodo cumpiidussus espe- 
ranzBS,.viveD quejosos , síeudo imposible que elprfn~ 
cipepuedasotisfacer á lodos; fueru de quo se canso la 
grititiid bumaoa de tener delante de si I os instrumentos 
de sugntudeza, y los aborrece coma á acreedores della. 
hai vasallos beclios á las mudanzas de la elección las 
aman , y siempre se persuutlen d que otro nuevo pría- 
cip« será mejor. Los que lieoeo voto en la elección 
)leváá mal que esté por largo tiempo suspensa y muer- 
ta an potestad de eligir, de la cual pende su estimación. 
El eligido, soberbio con el pi)dor, quiere eiteiidelle, y 

• rompe los juramentos y condiciones con que-Tué eli- 

.- gido ; ydespreciando ios nacJonale» (cuando es foras' 
tero), pone eoel gobierno d ios de su nación yengran- 
decQ i los de su familia ; con que cge en el odio de sus 
vasallos y da ocasión á su ruina, porque todos llevan 
mal ser pandados de extranjeros. Porlrístu anuncio de 
Jerusalen lo puso Jeremías ^. 

JjOS imperios adquiridos con la espada se pierden, 
porque con ias delicias se apag» ei espíritu y el vaior. 
Li felicidad perlurba]oscoiisejos,ytnielandÍTerlidas 
á los principes , que desprecian los medios que los puso 
en aquella grandeza. Llegan á ella con el valor, la be- 
nignidad y el crédito , y la pierdeo .con la llaqueza , el 

- rigor y la desestimación ; cun que inudiudose la domi- 
nación , se rauda c«i ella ei afecto y la obediffticia de 
los vasallos 30. Esla Ía6 la causa de la expulsión de los 
V oñTiium conseaM eipii Inpcrll , nltf impenítcL (Tac, 

t^GcCe i'ndllDn estln JcruHlem cistodnmlK ds tern loo- 
SlPlin><, el dire sgpcr clillilcí initi luccm mm, iJcr., i, 16.) 
*«■ filad' daram , ItililaiiqBC eictig|ii etl, qnod boalici fell- 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



cartagineses, en España,. no advirtiendo que con I» 
mismos artos con queso adquieren los estados, se man- 
tienen; en que ^Delen ser mas atentos los conquistado- 
res que sus sucesores ; porque aquellos pera adquiri- 
Hos y mantenellos aplicaron todosu vulory iogenio, y 
á estos hace descuidados la sucesioo. t>e donde aace 
. que casi todos los que ocuparon reinos los maniaiie- 
nía, y casi todos los que los recibieron deolrosku 
perdieran 31. El Espíritu Santo dice qud.losrelDospi- 
san de unas gentes eñ' otras por iu injusticia , a^vios 
y éngunos 3S. 

. Cterro'eitajnateriacondasadvertencias: laprimen, 
que las repú]jjicas se conservan cuando esLin léjoide 
aí[uella9co3al que causqn su muerte, y lámbieq cuan- 
do están cerca deltas; porque Ja cooúauza es peligrosa 
y ^ temor solicito y'vtgilante íi. La segunda , que ni tn 
h persona-dul principe ni en el cuerpo déla répúlriicast 
lioB de despreciar los inconvenientes ó daños, aunqn« 
seas pequeños, porque secretamente .y poco á poco 
crecelí, descubriéudose'después ¡rremediables^i. [ja pe- 
queño gusano roeel corazón á un cedrb y le derriba. A 
lu'nove mqs favorecida de los vientos detiene un pece- 
zuelo. Cuanto es pies poderosa y mayor su vehiddiil, 
más fiici Intenten desbace en cualquief cosa qpe topi. 
' Ijigeras pérdidas «casi on aro o la ruiuÉ de la manar- 
quia romana. Tul.ye'k es mas peligroso un achaque qae 
una enfermedad) por el descuido en aquel yladüi- 
gencia en esta.. Luego, (catamos de curar una fiebre, y 
despreciamos una distilacion al pedio , de que suelan 
resultar mayores enfermedades. ■ 

ciutcin aueqainur becigDltate in ilios, ct boni de ic «pliioit. 
Ikfcm cmn idcpli, Hjite Toluennl, ad iojilriis el imputan liioi li 
Iiapectli'dUibuplnr. Bl mcriÍi>sloiD,.al unicimi JmjicngUdaBi- 
-■' - - ■[!? Ipil sutiditl se el sfreelv» nnileiil. jPoljWuil . 



>i QdI o. 






mpletiaoBL 

[ ilaílni f;rí pi 



iiul verví iradila ab allf« iccepcre, t 
rom. iAriii.,lLb.S,Pol.,e:9ri ■ 

" Regnam » geale in gcatein iransfertur propler fnlosliUii.tl 
iuiíriis, elMmuoiellii.'eldlviirsoiilotos. ;E(el., 10,8.1 

*' CDaservjniiir,i>(laiii Rripubliue, nqa íalmn qaii proculiití 
it.ili, que InleriÍMi afCerunl, sed eliim qnla pope >dd[. Nía 
iaienilore.cnr) RelpubDue taetulerecogU. (Arlil.JIb.S, 



Pol., I 



• Miiim 






t,DHri- 



DgitizcctyL-«O0glC 



IDEA DE UN PIUNOPE POLÍTICO-CRISTIANO. 



EMPRESA LXI. 



Porma'i^rpa una perfeta arUtocracia , compuesla 
del gobierno, monárquico y democriitico. Preside un 
enlendimienlo, gobiernsQ luuciios dedos, y obedece 
uD pueblo de cuerdas, lodas templadas y todas confor- 
mes en la consonancia, no particular, sino comiin y 
pública, sin que las mayoresdiscrepen de las menores. 
Semejante é lo arpa es una república, en quien el lar- 
go UM y eiperíencia dispuso los que bahian de gober- 
nar y obedecer, esta blectú las leyes, constituyó los ma- 
gistrados , distinguid [os oGcios , señalú los estilos y 
perficionú en cada una de las naciones el érden de re- 
pública mas conforme y conveniente ¿ la naturaleza 
dellas. De donde resulta que con peligro se alteran es- 
tas disposiciones anlíguas. Ya está formada en [odas 
parles la arpa de los reinos y repúblicas, y colocadas, 
en su lugar las cuerdas; y aunque parezca que alguna 
eslaria mejor mudada , se ba de tener mas fe de la pru- 
dencia y consideración de los predecesores , enseñados 
del largo usof eipericncia ; porque los estilos del go- 
bierno, aunque tengan incouveiiiciiles , con menos da- 
ños se toleran qu? se renuevan. El principe prudente 
temple las cuerdas asi como están; y no las mude, si 
ya el tiempo y los accidentes no las descompusieren 
tanto, que desdigan del fm cou que fueron constitui- 
das, como decimos en otra parte. Pur lo cwil es con- 
veniente que el principe tenga muy conocida esla arpa 
del reino , la majestad que resulta <lé1 , y la naturaleza, 
condición y iugeaio del pueblo y del palacio , que son 
sus principales cuerdas; porque, como dice el rey don 
Alonso el Sabio l en una ley de las Partidas : n Saber 
conozcrlosomes.esunadelascusasdequeollleymas 
se debe trabajar ; ca pues quecon ellos ba de fazer todos 
sus fechos, menester es que los conozca bien. » En 
esto consisten las principales arles de reinar. 

Los que mas estudiaron en esto, con mayor facilidad 

I L.lJ,UI.5,p.S. 



gobernaron sus estados. Uucbos ponen las manos en 

esta arpa de los reinos, pocos saben llevar los dedos ■ 
por sus cuerdj^s , y raros son los que conocen su natu- 
raleza y la tocan bien. 

Esté pues advertido el principe en que el reino es 
una unión de muchas ciudades y pueblos, un consenti- 
miento común en el imperio de uno y en la obediencia' 
de los demús , & que obligó la ambición y la fuerza. La 
concordia le formó, y la concordia le sustenta. La jus- 
ticia y la clemencia constituyen su vida. Es un cuidado 
di! la salud ajena. Consista su espíritu en la unidad de 
la religión. De las mismas partes que consta, pende su 
conservación , su aumento y su ruina. No puede sufrir 
lacompaiiíu. Vire expuesto á los peligros. En él, mas 
que en otra cosa, ejercítala fortuna sus incOnslancias. 
Está sujeto á le emulación y á !a iiividia. Mus peligra 
en la prosperidad que en la adversidad, porque coa 
aquella se asegura . con fa seguridad se ensoberbece y 
con la soberbia se pierde. O por nuevo se descompone 
ópur ontifjuo se deslince. No es mpnor su peligro en la 
continua paz. que en la guerra. Por si mismo se cae 
cunado ajenas armas uo le ejercitan ; y en empezando 
¿caer, no se detiene. Entre su mayor altura y su pre- 
cipicio no se interpone tiempo. Los celos le delienden, 
y Ibs celos le suelen ofender : si es muy pequeño , no se 
puede defender; si muy grande, no se sabe gobernar. 
Mas obedece al arte que á la fuerza. Ama las noveda- 
des, y está en ellas su perdición. La virtud es su salud, 
el vicio su enfermedad. El trabajo le levanta y el ocio 
le derriba. Con las fortalezas y confederaciones se afir- 
ma y con las leyes se mantiene. El mngistrado -es su 
corazón, los consejos sus ojos, las armas sus brazos y 
las riquezas sus pies. 

Üesla arpa del reino resulla la majestad , la cual es 
una armonía nacida de las cuerdusdel puebla y apro- 
bada del cielo 1. l'na representación del poder y un 



í.M.) 



eicollauvii me snjieriallda 



•LiOOglC 



DO» DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



eapleDiior de la suprema jurisdicion. Una Tuerza que se 
hace respetar y obedecer. Es guarda y salud del pria- 
cipado. La opinión y la fama le dan ser, el amor segu- 
ridad, el temorautoridad, la oslenlacioo grandeza, la 
cerímonia rcTerencía , la se?erídad respeto , el adorno 
estimación. El retiro la liace venerable. Peligre en el 
desprecia y en el odio. M se puede igualar ni dividir , 
porque consisle en la admimcioa y en la unidad. En 
ambas fortunas es constante ¡ el culto la afirma , las ar- 
mas y las leyes la mantienen. Ni dura en la soberbia ui 
cebe en ia humildad. Vive con ¡aprudencia y la benefi- 
cencia , y mitere ú manos del ímpetu y del vicio. 

El TUlji^ de cuerdas destaarpa del reinoesel pueblo. 
Su naturaleza es monstruosa en todo y desigual & sí 
misma, inconstante y varia. Se gobierna por las apa- 
riencias sin penetrer el fondo: Can el nimorse eonsulu, 
És pobre de medios y de consejo , sin saber discernir lo 
falso de lo verdadero. Inclinada siempre & lo peor. Una' 
misma Itora le ve vestido de dos afectos contrarios. Has 
se deja llevar dellos que de la razón , mas del ímpetu 
quédela prudencia, mas délas sombras que de la ver- 
dad. Con el castigo se deja enfrenar. En las artulucio- 
nes es disforme, mezclando alabanzas Verdaderas y 
falsas. No sabe contenerse en los medios; óoma ú abor- 
rece con extremo, ó es sumamente agradecido ó suma- 
mente ingrato, ó lenie ose bace temer, y en temiendo, 
sin riesgo se desprecia. Los peligros menores le pertur- 
ben si los ve presentes , y no le espantan los grandes 
si estúD lejos. O sirve con humildad ó manda con so- 
berbia. Ni sabe ser libre a} deja de serlo. En lasamc 
nazBs es valiente y. en las obras cobarde. Con ligeras 
causas sealtera y con ligeros medios se compone. Si- 
gue, no guia. Las mismas demostraciones buce por 
uno que por otro. Masficilmentese deja violentar que 
persuadir. En la fortuna próspera es arrogante y impío, 
en la adversa rendido y religioso. Tan fácik á la cruel- 
dad como ú la misericordia. Con el mismo furor que 
favoreceá uno, le persigue después. Abusa de la dei- 
masLada clemencia , y sej)recipíta con el demasiado ri- 
gor. Si una vez se atreve á los buenos, no le detienen 
la rezan ni ¡avergüenza, fomente los rumores, los Un- 
ge, y crédulo, acrecienta su fama. Desprecia la voz de 
pocos y sigue la de muchos. Los malos sucesos atri- 
buyeála malicia del magistrado, y las calamidades á 
los pecados del principe. Ninguna cosa le tiene mas 
<íbedientequefa abundancia, en quien solamente pone 
su cuidado. El interés ú el deshonor le conmueven fá- 
cilmente. Agravado cae, y aliviado cocea. Ama los in- 
genios fogosos y precipitados , y el gobierno ambicioso 
y turbulento. Nunca se satisface del presente, y siem- 
pre desea mudanzas en él. Imita las virtudes ó vicios 
de los qué mandan. Invidia los ricos y poderosos y 
maquina contra ellos. Ama los juegos y divertimien- 
tos , y con ninguna cosa mas que con ellos se gana su 
gracia. Es supersticioso en la religión , y untes obedece 
. ú los sacerdotes que á sus principes. Estas son lasprín- 
cipalescondicionesycaliiladesde la multitud. Pero ad- 
vierta el principe que no hay comunidad 6 consejo gran- 



de , por grave que sea y de varones selectos , ea qne 
no baya vulgo y sea en muchas cosas parecido il po- 
pular. 

Partees también destaarpa, y no la menos piipci- 
pnl , el palacio, cuyas cuerdas, si con mucha prudendi 
y destreza no las tocare el principe, liarin disonante 
todo el gobierno; yasf, pera lencllasbien templadas coa- 
viene conocer estas t^alidades de su naturaleza. Es pre- 
suntuoso y vario. Por instantes muda colores, como e1 
camaleón , según se le ofrece delante la fortuna prós- 
[tera ó adversa. Aunque sulengu^e es común étodot, 
no todos le entienden. Adora al príncipe que nace, j 
no se cura del que trasmonta. Espía y murmura sas 
acciones. Se acomoda á sus costumbres y remeda sos 
faltas. Siempre anda á caza de su gracia con las rcdet 
de la lisonja y adulación , atento A la ambición y al io- 
teres. Se alimenta con la mentira y aborrece la reniíd. 
Con facilidad cree lo malo , con dificultad la bueco. 
Deseajas mudanzas y novedades. Todo lo teme yde 
todo desconfié. Soberbio en ntandur y liumilde en 
obedecer. Invidioso de sf mismo y de los de almn. 
Gran artífice en disimular y celar sus desínios. Encu- 
bre el odio con la risa y las cerimonias. En público ati- 
ba y en secreto murmura. Es enemigo' de sí mismo. 
Vano en las apariencias y ligero en lasofertas. 

Conocido pues este instrumento del gobierno y lis I 
calidades y consonancias de sus cuerdas , conviene quo . I 
el principe lleve por ellas con tal prudencia la miDO, 
que todas hagan una igual consonancia , en que es me- 
nester guardar el movimiento y el tiempo , sin detener- 
se en favorecer mas una cuerda que otra de aquelloque 
conviene d la armonía que ha de hacer , olvidándose d( 
las demás ; porque todas tienen sus veces en el instni- 
menlo de la república, aunque desiguales ealre si;; 
fácilmente se desconcertarían y harían peligrososdí- 
sonancias s¡ el príncipe diese larga mano & los magi^ 
trados, favoreciese mucbo la plebe 6 despreciase Ii 
nobleza ; si con unos guardase justicia y no con otras, 
si confundiese los oficios de las armas y letras, sino 
conociese bien que se mantiene la nujestad conelres- 
pelo, el reino con el amor, el palacio con la enteren, 
la nobleza con la estimación, el pueblo con la abundan- 
cia , la justicia con la igualdad , las leyes con el temor, 
las armas con el premio , el poder con la parsimoDÍa, 
la guerra con las riquezas y la paz con la opinión. 

Cada imo do los reinos es instrumento distinto del 
otro en la naturaleza y disposición de sus cuerdas , que 
son los vasallos; y asi, con diversa mano y destrea se 
han de tocar y gobernar. Un reino suele ser como li 
arpa , que no solamente ha menester lo blando de las 
yemas de los dedos , sino también lo duro de las uñas. 
Otro es como el clavicordio, en quien cargan ambas ' 
munos , para que de la opresión resulte la conso naacii- 
tro es tan delicado como la citara, que aun do sufre 
los dedos y con una ligera pluma resfiena.dutcemeale. 
Yasi,esté el príncipemuy advertido en el conociíaienlo 
dcslos instrumentos de sus reinos y de las cuerdas de 
eus vasallos, para teneilas bien templadas, sin torcer 



vLiOOglC 



IDEA DE ÜN PRÍNCIPE POLÍTICO-CRISTIANO., 171 

(como en Dios la consideró saa Crisóstomo 3) con i mucha seve'ndail ó cudicia sus clavijas; porque la mas 
1 Una cuerda , si no quiebra , quetta resentida, j la diso- 
nancia de una descompone á las demüs , y sultán todas. 



EMPRESA LXII. 



Artiliciosa la abeja, encubre cautamente el arte con 
que labra los panales. Hierve la obra , y nadie sabe el 
estado que tiene ; y si tal vez la curifisidad quiso ace- 
challa, formando una colmena de vidrio, de.smieute lo 
trasparente con un baño de cera, para que no pueda 
haber testigos de sus acciones domésticas. ¡Olí pru- 
dente república , maestra de las del mundo! Yate tm- 
bieras lennlado con el dominio universal de los. ani- 
males, sí, como )a naturaleza te dictó medios para tu 
coDSerracion , te hubiera dado Tuerzas para tu aumen- 
to. Aprendan todas de ti la importancia de un oculto 
silencio y de Un impenetrable secreto en las acciones 
y resoluciones , j el daüodequese descubra el artificio 
T mixjmas del gobierno, las negnciaciones y tratadiis, 
los intentos y Unes, los achaques y enfermedades in- 
lemas. Si hubiera entendido este recnto de las abejas 
el tribuno Druso cuando un arquitecto le ofreciú que 
le dispondría de tal manera las venlanasdesu casa que 
nadie le pudiese sojuzgur, no responderla que antes 
las abriese tanto , qne de todas parles se viese lo que 
hacia en ella i. Arrogancia fué de ingenuidad ó confian- 
za de particular, no de ministro ni depriiicipe, en cuyo 
pecbo y palacio es menester que haya retretes donde, 
sin ser yislo , se consulten y resuelvan los negocios. 
Como misterio, se ha decomuaicnr con pocos el cgnse- 
jo 3. Ala deidad que asiste áél levantóaras Roma, pero 
eran subterráneas , eignificando cuáb ocultos lian de 
ser los consejos ^. Por este recato del secreto pudo cre- 
cer y conservarse tanto aquella grandeza , conociendo 
que el silencio es un seguro vinculo del gobiferno '. Te- 



< Td TcrA, inquil, si qnid in te irlls t 
Bcam.nl iiildíuid agín , ib omnlbiis 
Pitrr.. Ilb.t.) 

* Habslt caiB eis mTiterlum coBsItfl >i 
iRosin. ,i, Anl. Hom. 

* Tacilaraim opUmun ilqaí Inlisalolg 
rao liDCplnm. (Vil. Hai., Ilb. 1, c. i.) 



th.i.f.) 

m idDiiDistnii da- 



ma aquel senado tan Tiel y profundo pecho , que jamás 
se derramaron sus consultas y resoluciones. En muchos 
siglos no hubo senador que las manifestase. En todos 
babia orejas paní oir , en ninguno lengua para referir. 
Ko sé si se podría contarlo mismo de fas monarquías y 
repúblicas presentes. Lo que ayer se tratÚ en sus cos- 
sejos, hoy se publica en los estradas de las damos, á 
cuyos halaROs( contra elconsejo del proletaHiqueasS) 
se descubren fácilmente los maridos, y ellas luego ¿ 
otras, como sucedió en el secreta que ñó Máximo á su 
mujer Marcial. Porestos arcaduces pasan luego los se- 
cretos á los embajadoresde principes, d cuya atención 
ninguno se reserva. Espías son públicas y buzanos de 
profundidades. Discreta aquella república que no los 
admite de asiento. Mus dañosos que útiles son al públi- 
co sosiego. Uas guerras ha'n levantado que compuesto 
poces. Siempre fabrican colmenas de vidrio para pce- 
cliar lo que se resuelve en los cons^os. Viva pues el 
principe cuidadoso en dar baños á los resquicios de sus 
consejos , para que no se asome por ellos la curiosidad; 
porque, si los penetra el enemigo, fácilmente los con- 
tramina y se arma contra ellos, como hacia Germánico 
sabiendo los desínios del enem'igo '. En esto se fundi^l 
consejo que dio Sallustio Crispo áLiviu, que nosedí- 
vulgasenlossecretosdelacasa, los consejos de losami- 
gos ni los misterios de la milicia S. En descubriendo 
Sansón á Dalida dónde tenía sus fuerzas S , dio ocasión 



' Abel, quie dormlt li sinn bto, cnitodi claaslra orla Hl. 
(MIch. , 7, 5.) 
a Qaud Hiilmas morí Marliae spernil , illi Liniae. (Tic. i lib. I, 



vulprenlut. ITac, Ilb. 1, Add.) 

>> St lasnm raerllcipgl mruní, recejel i me I 
ieitlim-, eroilde slcvl caelerl bomines. iJadic, 



iem Ipsls (iTtebai. 
miiiislcrll nllilnnD 



í'Vij^c'" 



172 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



á Is malicie y fas perdió lO. Los dasinios ocultos llenan 
i todas de temor, y lleniD consigo el crédito ; j ava- 
que sean mal fuadados , les lialla después causas razo- 
nables el discurso, en Te de lu buena úpim'on. Perderiu- 
mosel concepto que tenemos de lospríncipesvd^Ias 
repúUicas si supiésemos intememente lo que pasa 
deulrode sus consejos. GigBniessondebulto.quese 
orrecen altos y poderosos á ia vista , y mas atemorizan 
que ofenden; pero si Jos reconoce el miedo , hallari 
que SDD fantíísticos, gobernados y* sustentados de 
hombres de no mayor estatura que los demás. Los im- 
perios ocultos en sus consejos y desinios causan respe- 
to; loa demAs desprecio, j Quá hermoso se muestra un 
rio profundo '< 1 Qué feo el que descubre j^s piedras 
y las obras de su madre! A aquel ninguno se atreve i 
Tadear, i este todos. Las grandezas que se conciben 
con la opinión se pierden con la vista. Desde lejos es 
mayor la reverencia». Por eso Dios en aquellas confe- 
rencias con Moisen en el monta Sinai sobre )h ley y go- 
bEerjio del pueblo, no solamente puso (luardns de fuego 
( la cumbre , sino la cubrid con espesas nubes u j^ira 
que nadie Jos acechase ; manando que ninguno se ar- 
rimase i la falda, so pena de muerte i*. Aun para las 
consultas y drdenes de Dios convino liacellas misterio- 
sas con el retiro; ¿qué serd pues en las humanas, no 
habiendo consejo de sabios sin ignorancias? Cuando 
salen eupúblico.sus resoluciones, parecen compuestas 
y ordenadas con gran juicio. Hepreseatan la majestad 
y Id prudencia del principe , y en ellas suponemos con- 
sideraciones y causas que no alcanzamus, y A veces les 
damos muchas que no tuvieron. Si se oyera la confe- 
rencia, los fundamentosy los desinios, nos riéramos 
dellas. Asi sucede en los teatros, donde salen com- 
puestos tos personajes y causan respeto, y allá dentro 
ene] escenario se reconoce su vileza , todoeslá revuelto 
y confuso. Por lo cual es de mayor inconveniente qu» 
los misterios del gobierno se comuniquen á forasteros, 
i los cuales tenia por sospechosos el rey don Enrique 
el Segundóos; j aunque muchos serán fieles, lo mas 
seguro es no admitillos al manejo dé estado ó de ha- 
cienda cuando no son vasallos Ú de igual .calidad i6. 

Si el príncipe quisiere que se guarde secreto en sus 
consejos, déles ejemplo con su silencio y recato eu ce- 
l^rius desinios. Imileá Metelio, el cuul decía (como 
tagibien el rey don Pedw de Amgon) que quemaría 
su camisa si supiese sus secretos. Hiig;i estudio parti- 
cular en encubrir su ánimo ; porque quien fuere dueño 
de SU intención lo será del principal instrumento de 
reinar. Conociendo eslo Tiberio, aunque de su natu- 
ral era oculto, puso mayor cuidado en serlo cuando 



16 Qgia gane mibl ipcnit cor xnam. Dudic. , i. IS.) 

ti SicBlaiiai prornDdi , sieconsiliuiB U conle viri, iProt.,10,5.> 

o Xijir b longli^qno rcvcrenlb. ( Tic , Uh. 1 , Aiin.l 

ti Etce cocptrunt aliliri tanllroi , le mlcire ralgnn , el BUbct 

danstsslna operire monuin. (Eiod., 19, 16.) 
1* Catete, pe Hccndalis in monlcm, ne laaíiUi fines iUini : 

omnii qul Icllgrrit monlrm , mirle uioritlor. ( Ibld, t. Ij.) 
" Ur*.tiU9,Iib.1,necap. 
<s Ne nllcnl rctni, quod nin conicnit, tciulenlDr ircM). (L. 

Merularví , C. de Commfr.l 



trató de stKeder i Augusto en el inperío n. Losiecre- 
tos no se ban de comunicar á todos los roinistrosioD- 
que sean muy fieles, sino á aquellos que han de teaer 
parte en ellos 6 que sin mayor inconveniente ao le I 
puede eicusar el baccllos participes. Cuando Cristo I 
quiso que no se publicase un milagro suyo, solameiile 
sefíú de tres apóstoles, porque en todos no estaría te- 
guro el secreto ^. Mucho cuidado es moiester pin 
guardalle; porque, si bien está en nuestro arbiuio d ¡ 
callar 1B , no eslá aquel movimienlo ÍDlemo de los aÍM- 
tos y pasiones ó aquella sangre ligera de la verguean 
que en el rostro y en los ojos representa lo qua' esti 
oculto en el pecho W. Suele el ánirao pasarse coma el i 
papel, y se lee por encima lu queestá escrita denhvdél, I 
como en el de Agrippina se traslucía la muerte de Bri- 
tánico, sin que pudiese encubrílla el cuidada M. Ad- 
vertidus desto Tiberio y Augusto , no les pareció qae 
podrían disimular el gusto que tenían do la muerte de i 
Germánico , y no se dejaron ver en público **. No es 
sola la lenguaquien maniOesta loqueocultacl coraioa, 
otras muchas cosas hay no menft pariera^ que ellr, 
estos son el umur, que, como es fuego, alumbra y dejí 
patentes los retretes del pecho; la ira, que hierve j re- 
bosa; el temor á la pena, la fuerza del dolor, eliateréí, 
elhouur ó la infamia; lu vunugloría de loquesecoa- 
cibe, deseosa que se sepa antes que se ejecute; y la 
enujeoacion de las suutidos ú por el vino ó por otra 
accidente. -No hay cuidado que pueda desmentir eslu 
espías natumles; antes con el mismo se descubren mes, 
coma sucedió á Scevino en ia conjuración qué maqui- 
nobu; cuyo semblante; cargado de imaginaciones, mi- 
tiifcstuha su iulenio y le acusaba, auuque cou vagos 
razonamientos se mostraba alegre ^. ¥ si bien con el 
largo uso se puede corregir la naturaleza y eoseaalli 
al secreto y recato, como aprendió Octavia (^uaqoe 
era de poca edad ) á tener escondido su duior ó su afec- 
to^, y Nerón perlicionósú natural astuto en celar SU! 
odios y disfrázanos con halagos engañosos^, no sieot- 
pn puede estar el arle tan en si , que no se descuide ] 
di.'je correr al' movimiento natural, principal rueate 
cuando la malicia le despierta y incita. Esto sucede de 
diferentes maneras, las cuales señalaré aquí paraqus 
el príncipe esté advertido , y no se deje abrir él pecho 
y reconocer lo que en ó! se oculta. 

iT TllMrioqae ettin In rehis. 401S non euultiet, tea unn, 
■lie- aiDelv diñe sBlpensa «rnipiT cl abicnn verki : une mi, 
■ilenlt ul íensassuos pcnitus ibderel. l1'ac. , llb. ( , Aon.i 

<■ NuD prjoitsit [nlrare secuio qdeuqsaoi ilsl Petrnn, elJi- 
cabom, el Joainern. iLne. , 8 , Sl.i 

I* Si tam Id BUítn puleslaleesMl obllilul, fBamUcere.tTiL, 
In «ili Aiiric.i 

•> Quoniam neqnlllae ia habitacutis eanim, li caedio conv. 
iPtil. U,16.| 

u Al Agri|ip[ii>e ts pavor, ea Eonslernalio menüi, qnimis nlu 
premerelor, «intcull. , Tac, lib. 15 , Ann.J 

K An ne omnium ocnlia lulliun eoram icrntaDUbos, Mil iau- 
Xiiereolar. iTac. , llb. 3 , Aun.) 

niagBaecOliUlionisiiianItesliHtnl, 



qaam 






tl.iTae.,1 



ia quuqiie, qMm*li tudibuaaali.dolareDi, ti 
■i» irrerlBs abstoudrre dlüinni, iTic, ibid.) 
it fictuí naiora , el con&iu'indiae neccii», itlare « 



3glC 



IDEA W UN PRfNaPE 

Suele pues la malicia tocar astutamente ea el Iiumor 
pecante para que salle afuera ¡r maoJDeste los peosa- 
mienlos **. Asi lo liizo Seyano, ¡DdacieDdo A loa pa- 
rieutes de Agríppina que encendiesen sus espíritus al- 
tJTos, ; la obligasen á descubrir su deseo de reinar v; 
con que Aiese sospechosa á Tiberio.- 

Lo mismo se consigue con las injurias, las cuales son 
llaTcs del corazón. Muy cerrado era Tiberio, j no pudo 
conteoerae cuando le injurió Agríppina ". 

Quien encubriendo sus intentos du á enteuder otros 
contrarios, descubre lo que se siente dellos; artificio 
de que se valló el mismo emperador Tiberio cuando, 
para penetrar el ánimo de los senadores, mostró que 
no quería aceptar el imperio ■>. 

Es también astuto ardid entrar d to largo en las ma- 
terias alabando 6 vituperando lo que se quiere descu- 
brir, fhaciéndosecúmplice en el delito, ganarla con- 
fianza y obligar ¿descubrir el santimtenlo y opinión. 
Con esta treza Laiiar, alabandaá Germánico, Compa- 
deciéndose de Agríppina y acusando á Seyano , se bizo 
confidente de Sabino y descubrió en él su aborrecimien- 
to y odio contra Seyano " 

Muchas preguntas jumas son como muchos golpes 
tirados á un mismo tiempo , que no los puede reparar 
el cuidado, y desarman el pecho mas cerrado, coniobs 
que bizo Tiberio al hijo de Pisón ". Hechas también de 



» Qnl piDi» tai, prafert sensnm. (Eccl.. 31, U.) 
v Attippisic queque proiimi Inliciebaular pnvls aermanibm, 
nBtlw iflillDi ptnUoalir». ¡Thc, llb. t, Aon.l 

M Aidilabiee ntim ounlll peclatli Toccm tllcBcn, corri^ 
tiBiie GriKO lena idmoDuil : ideo lieiti, qull non refutrel. 
iT».,lík. J, Ano.) 

* PoUa eofnllin ni , >i UUolpitJendu etltm prseaiun to- 
lulatrt, IndDCUní dabititioDem. {Tic, lib. 1, Aun.) 

<■ SIbdI haDora de Germiiileo , Auripplniíii miicniíi, disie- 
nbiL Et fodqiiiia Sibim*, nt lum nalleí ia eilimluie morta- 
lla>' 111011, eñndll l»rTiiu>, Jault ^acitiii ; lodentlai Jim oift- 
Ijl Selanun. saeiiliam, luperbiam, spes rjai, ne iii Tiberinm 
qiiáen coiilUo ibillBcl. llqneitmiDnei, tiBqaio veliU miscuií- 
KDl, ipeclcv >eue amicillie ftcm. Ac Jim nllra S>b<Diii,qDae- 
ren IjUirem. vcaliiare domuili , dolar» luos qaisí id Bditiimum 
fcftrre. (Tac.llij.i, Ann.) 

■■ Ctekríi lalMTOfitloiilbiii uqnlrli, qoalmPiM dien ilprc- 
aiB, noclcnqne cieiiuel. Alqae Illa pleraqae aaplealer, qaac- 
4tBlaco*MlUusmpeDdenlc. (Tic, lib. S, Ana.) 



POLlTlCO-CBISTIANO. 113 

repente, turban el dnimo , como las de Asinio Gallo á 
Tiberio '*, que, aunque tomó tiempo para responder, no 
pudo ocultar taulo su enojo , que no le conociese Asi- 

La autoridad del principe y el respeto ¿ la majestad 
obliga mucho á deCir la verdad, aunque alguna vei 
también á la mentira por bacer buena su pregunta; 
así sucedía cuando el mismo emperador Tiberio ezemi- 
naba d les reos". 

Por las palabras caldas en diversos razonamientos j 
conversaciones introducidas con destreza se lee el áni- 
mo, como'por los pedazos juntos de una carta rota so 
lee loque contiene; con esta observación conocieron 
los conjurados contra Nerón que tendrían desuparte i 
FenioRufo», 

De todo esto podrá el príncipe inferir el peligro de 
lossecretos, y que si en nosotros mismos no ^tán se- 
guros , menos lo estarán en otros. Por lo cual no los 
debe Car de alguno si fuere posible, porque son como 
lus minas, que en teniendo mucbas bocosse exhela por 
ellas el fuego , y no hacen efeto; pero si la necesidad 
obligare & Callos de sus ministros , y viendo que se re- 
velan, quisiere saber en quién está la culpo, finja diver- 
sos secretos misteriosos, y diga á cada unodell<»un sa- 
creto diferente, y por el qne se divulgare, conocerá 
quien los descubre. 

No parezcan ligeras estas advertencias, pues de can- 
sas mny pequeñas nacen los mayores movimientos de 
las cosas **. Los diques de loa imperios mas poderosos 
están sujetos á que los desbaga el mar por un pequeño 
resquicio de la curiosidad. Si esta roe lis raices del 
secreto, dará en tierra con el árbol mas levantado. 

** Percnlsat ImproilM IntcrTottUoDe , piilnlam ralicBll. CTac, 

» Elenlm tdHd orTuiiioaen conlecUTcnt (Tae, , fUd.) 
>^ Non lemperinle Tiberio, qaln preaienltpca, *alli,«oqB»d 
Ipse creberrimc lalerrogalial : n^que r«reliere , inl cJsdere diba- 
tar ac iitpt eUin coiStcadHai ettt, at rroitra qnaeiitistet. (Tac, 
lib. 3, Aaa.) 
u Ccebra ijisiiis teriDoaii! Tacla fldti. ( Tac. , llb. IS , Aun.) 

tíat atn rucrit, lDU-09|ilMre lili prino atputn 
ipí tmm natas orluuai. (IM., 
llb. 1 



^vGoosle 



DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO. 



EMPRESA LXJII.- 



A si mismis deben con-espooder tas obras en sus 
principios f fines. Pei'Gciónese le forma que ban de 
tom&r, sin Tarjaren ella. No deja el alfarero correr 
tan libre la rueda ni llevi tan inconsiderada la mano, 
que empiece un vaso y saque oLro diferente. Sea una la 
obra, pareci^ y conformej si misma. 

Amphira uepit 

BuMá aimiiiirvl*,carwtaaaUl 

Onifw lU fsi (It , tímplex Jmf a ra t, ti nwn. (Hont.) 

Ninguna cosa mas dañosa ni mas peligrosa en los 
prfncipeg que la desigualdad de sus acciones y gobier- 
no, cuando no corresponden los principias & los ñnes. 
Despreciado queda el que empezó i gobernar cuida- 
doso y se descuidó después. Mejor le estuviera liaber 
seguido siempre un mismo paso, aunque fuesa flojo. La 
alabanza qve merecieron sus principios, acusa sus fi- 
nes. Perdió Galbael crédito porque entró ofrecíeado 
tareforinaciondelaroiUcia, y le¥aDtd después en ella 
personas indignas *. Muchos principes parecen bue- 
nos y son malos. Muchos discurren con prudencia y 
obfan sin ella. Algunos ofrecen mucho y cumplen po- 
co. Otros son valientes en la paz y cobardes en la 
guerra, y otros Id intentan todo y nada perGcionan. 
Esta disonancia es indigna 4e la majestad, en quien se 
ba-de Ter uempre una constancia segura en las obras 
y palabras. Ni el amor ni le obediencia están Bmws en 
UD principe desígu^ á sí mismo. Por tanto, debe con- 
siderar antes de resolverse si en la ejecución de sus 
consejos corresponderán ios medios í los principios y 
GneSjComolo advirtió Gofredo: 

A fMti , che mto alñ priMipil orditi 
Di talla r tpra II fh.e [ fluí rúfiduda *. 

La tela del gobierno no será buena, por mas realces 
que tenga, si no fuere igual. No basta mirar cúmo se ha 
de empezar, sino cómo se ha de acabar un negocio. 
Por la popa y proa de un navio entendiab los antiguos 
un perfecto consejo, bien considerado en su principio 



I. (Tic, I 



y fin 3. De donde tomó ocasión el cuerpo desta empre- 
sa, significando en ella un consejo prudente , atealo i 
sus principios y lines por la nave que con dos áncoru 
por proa y popa se asegura de la tempestad. Poco ioi- 
portaria la una sola en la proa , si jugase el viento con 
la popa y diese con ella en los escollos. 

Tres cosas se requiereu en la^ resoluciones: pfod»)- 
ciapara deliberallas, destreza para dísponellasycoas- 
tancia para acaballas. Vano fuera el trabajo y ardor 
en sus principios si dejásemos (como suele suceder) 
inadvertidos los fines *. Con ambas áncoras es menes- 
ter que las asegure la prudencia. Y porque esla sola- 
n)ente tiene ojos para lo pasado y presante , y no pin 
lo futuro , y deste penden todos los negocios , por eu 
es menester que por ilaciones y discursos conjetare y 
pronostique lo que por estos 6 aquellos medios se poe- 
de conseguir, y que para ello se .valga de la coofereo- 
cia y del consejo , el cual (con)o dijo el rey don Alonw 
elSubibSjdesbuananlevidimienlo que orne tomaso- 
bre cosas dudosas». Bnél se lian de coonderar otns 
(res cosas: lo fácil , lo honesto y lo provechoso; y «a 
^uien aconseja, qué capacidad y experiencia tient , á 
te. mueven intereses ó lines particulares , si se ofrece 
al peligro y dificultades de la ejecución, y por quién 
correrá la infamia á la gloría del suceso 6. Heclio esle 
eiímeu, y resuelto el consejo, se deben aplicar medios 
proporcionados á las calidades dichas , porque no seti 
honesto ni provechoso lo que se alcanzare por medí» 



* Mlhi prora, et pnppii, 
me lili dimillciiili , at nUoni 
puppl samiiiin consilil noslfl niniiii 
'n, el popiii, laiqnam » eafile, et 
(Cicero. I 

nirenae Ulia, IniUb, 



Graecorum proierbiai 









tae. (Tii.,lil-f, 
CDiiilla jnseipliinl, «supure 



9, p. 1 
B Omnes, qni mitnarviii .. . 
delHiil, an quod Inclioilnr, n«lpabliue utile, ipiis Kloritiasii, 
promplum effetto , íolcerU» non arduao sil. Simal ipse,q"i»"" 
iel.consiileíaiiíiiieit, adiicillne consiliü pericalin síí» :" 
si rarluní eoefUa afTaerit, cui íummum decus icqalnlar. i"^ 
lib.s.Uiíi.) 



vLiOOglC 



IDEA DE m PRINCIPE 
injustos ó coBtosos; ea quien tambíes se debea con- 
siderar Giutro tiempos, que concurren en todos los ne- 
gocios, 7 príDcipal mente en las enrermedades de todas, 
las repúblicas, no de otra suerte que en lasde los cuer- 
pos; estos son el [H'incipio, el aumento, el estado y 
. la declinación, con cuyo conocí nfiento, aplicados los 
medios A cada uno de los tiempos, se alcatiza roes fá- 
cilmente el intento, 6 se retarda si se truecan, come 
serelardariael curso de una navesi se pasase ala proa 
el ümon. La destreza consiste en saber eligir- los me- 
dias proporcionados al Su que se pretende, usando ¿ 
reces de anos y á veces de otros, eo que no menos 
ajudan los que se d^jan de obrar que los que se obran, 
como sucede enlosconciertos de varias voces, que, I e- 
Tanladas todas, unas cesan j otras entonan, y aque- 
Uts y estas causan la armonfa. Ha obran por si solos 
los negocios, aunque los solicite su misma buena dis- 
posicioD y la justiflcacion 6 la conveniencia común, 
; sino se aplica á ellos el juicio, tendrán infelices suce- 
sos ''. Pocos se errarían si se gobernasen con atención; 
pero, ó se cansan los principes 6 desprecian las eulí- 
leies, 7 quieren, obstinados, conseguir sus intentos á 
faena del poder. Del se vale siempre la ignorancia, y 
de los partidos la prudencia. Lo que no puede facilitar 
la violencia, facilite la maña consultada con el tiempo 
y la ocasión.' Aaí lo biso el legado Cecida cuando, no 
pudieodo con la autoridad y los megos detener las le- 
giones de Germania, que, concebido un vano temor, 
huían , se rwolvió á echarse en los portales por don- 
de bibiande.pasar; coa que se detuvieron todos por 
Doatropellirle ^. Lo mismo babia becho antes Pom< 
peye en otro coso semejante. Una palabra á tiempo da 
luu rilwia. .Estaba el conde de Castilla Fernán Gon- 
zález 9 puesto en drden sa ejército para dar la batalla 
i los africanos, y habiendo un caballero dado de chue- 
las al caballo pare adelantarse, se abrió la tierra y le 
Ingi. Alborotóse el ejiírcito, y el Conde dijo : «Pues 
li tierra no nos puede sufrir, menos nos sufrirán los 
enemigos»; y acometiendo, los venció. No menos fué 
idvertido lo que sucedié eo la batalla de Chirinola, 



' Kim uopc bonciUi rcnuneaiMs, iiljiidiciiiniiiltalbeas,per~ 
sitiotíeiitnscaBseiiDEiiiar. (Tic. , llb.i, HiiL) 

■ Projtcwi In llmlnc porbs, mluntlúD* deEonin, igali jier 
uiruLe^laudnnent, eliotlt tIiib. (Tic, ilb. I, Aiid.J 

*llir.,lii«Lllii;.,l. S,c.8.) 



POLÍTICO-CRISTIANO. 173 

donde creyendo if n italiano qne los españolas eran ven- 
cidos, echó fuego á ios cerros de pólvora; y conturbado 
el ejército con tal accidente, le aaimó el Gran Capitán 'ó . 
diciendo : n Buen anuncio, amigos ; estas son las lumi- 
narias de la Vitoria ;u y asi sucedió: tanto importa la 
viveza de ingenio en un ministro y el sabor usar de las 
ocasionüS, aplicando los medios pro p o reto na dos i los 
fines y reduciendo los casos & su conveniencia. 

Cuando , hecha buena elección de ministros para los 
negocios, y aplicados los mudios que dictare le pruden- 
cia, no correspondiere el suceso que se deseaba, no 
se arrepienta el |H-Incipe; pase por él con constancia; 
porque no es el acaso quien mide las resoluciones, sino 
la prudencia. Los accidentes que no se pudieron preve- 
nir , no culpan el beclio ; y acusar el haberse intentado, 
es imprudencia. Esto sucede ti los principes de poco 
juicio y valor; los cuales, oprimidos de los malos suce- 
sos y fuera de »', se rinden á la imaginación , y gastan 
en el discurso de lo que ya pasó el tiempo y la atención 
que se liahia de emplearen el remedio, Mlallando con- 
sigo mismos por no haber seguido otro consejo , y cul- 
pando á quien le dio, sin cousidu^rsi fué fundado en 
razón ó no ii. De donde nace el acobardarse los con- - 
sejerós en dar sus pareceres, dejando pasar las ocasio- 
nes sin advertillas al principe, por do exponer su gra- 
cia y la reputación i la iocertidumbre de los sucesos. 
Desloa inconvenientes debe huir el principe, y estar 
constante en los casos adversos, eicusandoá sus minis- 
tros cuando no fueren notoriamente culpados en ellos, 
para que con mas aliento le asbtai) í vencellos. Aunque 
claramente haya errado en las resoluciones ya ejecuta- 
das, es menester mostrarse sereno. Lo que fué, no 
puqde dejar de haber sido. A los casos pasados se ha de 
volver los ojos para aprender , no para afliginios. Tan- 
to ánimo es menester para pasar por los errores como 
por los peligros. Ningún gobierno sin ellos. Quien los 
temiere demasiadamente, no sabré resolverse, y ron- 
chas veces es peor la indeterminación que el error. 
Cousiderado y resuello ingenio han menestM- los nego- 
cios. Si cada uno hubiese de llevarse toda la atención, 
padecerían los demds, con grave daño de los negocion- 
tes y del gobierno. 

<» Hir., Hlsl. msp.,t.l7,e.31.' 

« Pili, sli]cai)(DsillODlhliradii,«tp<uiriclniD aoi pocDiUkit. 



abvGooole 



DON DIEGO DE SAA YEDRA FAJARDO. 



EMPRESA LXIV. 



Usd la anllgüedad de carros Talcados en la guerra, 
Im cualesúuD tiempo semoTÍaiiyeJeculabaD.gaber- 
DBdas de ud mismo impulso las ruedas y las Talcas. La 
resolución eo aquellas era berida en estas , igual á am- 
bas la celeridad y el efecto; símbolo en esia empresa de 
las condicionesde la ejecución, como lo fueron eo Da- 
niel las ruedas de fuego encendido del trono de Dios *, 
aigniücandojMr ellas la actividad de su podery la pres- 
ten coa que obra. Tome la prudeucia el tiempo con- 
Teniente (como liemos dicho ) para In consulta ; pe- 
ro el resolver y ejectitar tenga eiiLre sí tal correspon- 
dencia, <i.ue parezca es un mismo movimiento ef que los 
gobierna, sin que se interponga ia tardanza de la eje- 
cución; porque es menester que la consulta y la eje- 
cución se den las manos, para que, asistida la una de la 
Otra, obren Inienos efectos i. El emperador Carlos V 
Mlia decir que le tardanza era alma del consejo , y la 
«alendad de la ejecución, y juntas ambas, la quinta 
«seucia de un principe prudente. Grandes cosas acabó 
el rey don Fernando el Catúlico porque con maduro 
consejo prevenía las empresas y con gran celeridad 
las Dcometia. Cuando ambas virtudes se hallan en un 
principe, no se aparta de su lado la fortuna, la cual 
nace de la ocasión, y esta pasa preslo, y nunca vuelve. 
En un instante llega lo que nos conviene 6 pasa lo que 
nos daña. Por esto reprendía Demústcnes ú los alenien- 
sas, diciéudoles que gastaban H tiempo en el aparato 
de las cosas , y que las ocasiones no esp'erabaii í sus 
tardanzas. Si el consejo es conveniente , lo gue se tar- 
dare en la ejecución se perderá en lu conTeiiiencia ; no 
lia de haber dilación en aquellos consejos que no son 
laudables sino después de ejecutados *. Embrión es el 



< nironis i^Di Rimmae ignía: ralaetJDsIt 
7,9.1 

s Prinsqatai Inclpias, consulllo, el ubi 
bao opm esi : it> nfrunqnc per se indigeoB 
lUio vigei. iSillDil.) 

I HbUu ciueltUoiil iociis eii Id ea consiU 
bidirl, nisl peracUin. (Tac, lib. 1, Hlsl.J 



ulteramalterlLiaii- 
I, qood noD poleil 



consejo; ymientnslaejecucion, que es SU almt, no le 
anima y informg , está muerto. Operación es del enteo- 

dimiento yactode laprudeDcia-prúlica; y si sequedi 
en la contemplación , liabrd sido una vana imaginacioQ 
y devaneo, a Presto, dijo Aristdteles, se lia de ejecutar 
lo delJberado,'y tarde se ha.de deliberer.n Jacobo, rey 
de Ingulaterra, aconseja á su hijo que fuese advertido 
y atento en consultar, firme y constante en determinar, 
prontoy resuelto enejecutar, pues para esto último ha- 
bía dudo la naturaleza pies y manos con fábrica de de- 
dos y arterías tan di^uestaa para la ejecución de las 
resoluciones. A la tardanza tiene por servidumbre el 
pueblo. La celeridad es de principes , ponjue todo es 
fácil el poder *. En sus acciones fueron los román» 
considerados , y todo lo vencieron con la constancia y 
paciencia. En iasgrandea monarquías es ordinario el vi- 
cio de la tanjanza en las ejecuciones, nacido de la con- 
lianza del poder, como sucedía al emperador Olon', 
y también por lo ponderoso de aquellas grandes rue- 
das, sobre las cuales juega su grandeía, y por no aven- 
turar lo adquirido, contento el príncipe con los confi- 
ncsde su imperio; loque es flojedad se tiene por pru- 
dencia, como fué tenida la del emperador Galba 6. Así 
creyeron todos conservarse, vse perdieron. La juven- 
tud de los imperios se liace robusta con la celeridad, 
ardiendo en cllala sangre y los espíritus de mayor glwia 
y de mayor dominio y arbitrio sobre las.demás nacio- 
nes. Obrando yalreviéndose creciú la república roma- 
na, no con aquellos consejos perezososque llaman cau- 
tos los tímidas ^. Llega después la edad de consislencia, 
y el respeto y autoridad muniieneu por largo espacio 
los imperios , aunque les fulle el ardor de la fama y ^ 

* Barbarls (ddcUIIo aertllls : iliUm eieqal-, reglan >idelir> 
(Tac, llb.6,Aiiii.) 

« fluo plnl vlrliimacToli(iris,í Bdida urdllag iieriL (Tac, 

1 El me lus temporil m obleulni; il qnod leiniUei ertt, aa^n- 



(LiOOglC 



IDEA DE m PRfNaPE 

gpfllilodead^rÍrimt;s*[ como el mar conserva al- 
gún tiempo su moT i miento aun después de cuimadoslos 
TÍeulos. Mientras pues durnre esta edad de consistencia, 
te puode permitir luespiciosoen las resoluciones, por- 
que se giios tiempo para goiaren quietud lo adquirido, 
} son peligrosos los consejos arTújados. En este caso se 
Ih de enlender aquella sen teucia de TúcÍto,quescmaD- 
tieaeu mas seguras las potencias con los consejos cau- 
Ut^quecoo lusorgu liosos ^ ; pero en declina odo de aque- 
Jlt ednd , cuando Taltanjas fuerzas, cuando les pierden 
el respeto y se les atreven , conviene mudar de estilo y 
apresurar ios consejos ; las resoluciones, y volver i re- 
cobrar losbriosy color perdiólo , ; rejuvenecer, antes 
que cou lo decrépito de k edad no se puedas susten- 
tar , I caigan minera blemenU dcslúllecidas sus fuerzas. 
En ios estados menores no se puedeu considerar estas 
edades, y es menester que siempre está vigilante la 
■leocioa para desplegar todas las velas cuaudo soplare 
cicéGro de su fortuna, porque ya á unos y ya á otros 
fivorece á tiempos, bien asi como por U circunferen- 
cia del liorÍKoale to levantan vientos, que ulternativa- 
ncBte domina» sobre la tierra. Favorables tramonta- 
«s tuvieron los godos y otras naciones vecinas al polo, 
lie ios cuales supierou leo bien gozar, desplegando lue- 
go sus estandartes, que penetraron liastu las caluñas de 
Hércules , términos entonces de la (ierra. Pa^ó aquel 
temporal , y corríú otro en favor de otros imperios. 

La coostancia en la ejecución de los consejos resuel- 
tos, 6 sean propios ó ajenos, es muy importni)le. Por 
fatlallfl i Peiiio , dejú de triunfar de los partos 9. Ciisi 



* Mean» calila qüa atrlsrlbig coiilllls titlns hibtri. 
ITx.,llk.l,ABD.I 

* Eludi PirtliDS tritio beHi pnlent , si Ptiho , ant In (a)i , iDl 
dalienli cOBSlIJii constaalia fuisscl. (Tac. , lib. 15, Adi.) 



POLItICO-CRISTÍANO. i77 

lodos los ingenios fogosos y apresurados se resuelven 
presto , y presto se arrepienten. Hierven en los priací- 
pios y se liielan en los Ooes. Todo lo quieren intentar, 
y nuda acaban , semejantes á aquel animal llamado ca- 
lípedes, que se mueve muy aprisa; pero no adeliiuta un 
paso en muclio tiempo. En todos les negocios es me- 
nester la prudencia y la fortaleza , la una que disponga, 
y la otra que perGcione. A una buena resolución se alia- 
na todo, y contra quien entra dudoso se arman las di- 
ficultades y se desdeñan y buyen de él las ocasione*. 
Los grandes varones se detienen en deliberar y temen 
lo que puede suceder; pero en resolviéndose, obran 
con coiifieDza <0. Si esta fuUa, se descaece el ánimo, 
y no aplicando los medios convenientes, desiste deis 
empresa. 

Pocos negocios bay que no los pueda vencer el in- 
genio, ó que después no los facilite la ocasión óel tiem- 
po; por esto no conviene admitir en ellos la exclusiva, 
sino dejollos vivos. Roto uu cristal , no se pueda unir; 
asi los negocios. Por mayor que sea la tempestad de 
las dificultades, es mejor que corran con algún seno 
de vela para que respiren , que amainatlas todas. Los 
mas de los negocios mueren i manos de la deiespfr* 



que los que ban de ejecutar tai 
órdenes, las aprueben; parque quien las contradijo, 6 
no las juzgú convenientes 6 bailó dirtcultail en ellas; 
ni se aplican) como conviene ni te l»dará mucbo que 
se yerren. El ministro que las aconsejó seri mejor 
ejecutor , porque tiene empeñada su reputación en el 
acierto. 



EMPRESA LXV. 



Ectiadauno piedra cnunlago, se van encrespando y 
roi.il ip I ícanüo laiilainlas, nucidas unas do otras, que 
cuando Ik'gun & lu orilla so» casi inijnitas, turbando el 
crKlal de a((Uel liso y iipacible espejo, donde los espe- 
cies de las cosas, que antes se representaban perfecta- 



menle, so mezclan y confunden. Lo mismo sucede en 
el Animo, despuésdecometido un error, del nacenolros 
otuciios, ciego y confuso el juicio, y levnnladas lasólas 
de la voluntad; con que no puede el entendimiento dis- 
cernir la verdad de las imágenes de las coms . y, ere- 



17B 



DON DIEGO DE SA.AVEDRA FAJARDO. 



■jtaáo remediar an error, da en otro; y así, se tbd mul- 
tiplicando muclios, los cuales, cuanto mas distantes del 
primero, son mayores, como las olas masapartadas del 
centro que les produce. La razoa es porque el pritici- 
[tfo es la mitad del todo, y ud pequeño err»- en él cor- 
responde á las demda partes <. Foresto se ha de' mirar 
mucho en los errores primeros , porque es imposible 
que después no resulte dellos algún muí i. Esto se ex- 
perimentó en Hasinisa ; cúsase con SofcDista, reprén- 
dele ScJpion, quiere remediar el yerro, y hace otro 
mayor, matándola con yerbas Teneoosas. Entrégase el 
rey Witiía á los ncios, borrando la gloria de los felices 
principios de su gobierno, y para que en él no ae nota- 
se el número que tenia de concubinas, las permite A 
tua vasallos ; y porque esta licencia se disimulase mas, 
promulga una ley dando licencia para que los ecle- 
■iásticos se pudiesen casar; y viendo que estos errores 
se oponían á la religión , niega la obediencia al Papa; 
de donde cayd en el odio de su reino , y para asegu- 
nrse del, mandó derribarlas fortalcias y murallas; con 
que España queda expuesta á la invasión de ios africa- 
nos. Tmlos estos errores, nacidos unos de otros y mul- 
tiplicados, le apresuraron la muerte. En la persone del 
duque Valenün se vio también esta producción de in- 
cODTeoientes: penad fabricar sn fortuna cou las ruinas 
de muchos; para ello no hubo tiranía que no intenta- 
te; las primeras le animaron á las dernüs 3, y lo preci- 
pitaron , perdiendo el estado y la vida : 6 mal discípulo 
d mal maestro de Hacavelo. 

Lo9 errores de los príncipes se remedían con díflcnl- 
lad, porque ordinariamente son mucbos interesados 
en ellos; tambicQ la obstiuaciond la ignorancia suelen 
causar tales efectos. Los ingenios gragdes, que casi 
líempre son ingenuos y dáciles, reconocen sus errores, 
y quedando enseriados con ellos, los corrigen, volvien- 
do d desliacer piedra d piedra el edilicío mal fundado, 
para afirmar mejor sus cimientos. Mote fué del empe- 
rador Filipe el Tercero : Quod malé coeptum at , ne 
|MÚ;eatmuía«e. El que volvió alrds, reconociendo que 
no llevaba buen camino, mas fácilmente le recobra; 
vano fuera después el arrepentimiento. 

El la raxon de estado una cadena , que , roto un es- 
labón, quedo inútil, si no se sueldo. El principe que, 
reconocido el daño de sus resolucioues, las deja cor- 
rer, mas ama su opinión que el bien público , mas una 
vana sombra de gloría que la verdad; quiere parecer 
constante , y da eu pertinaz. Vicio suele ser de la so- 
beranía, que hace reputación de no retirar el paso. 



I Ii principio enla pcuitir. Prtnclpianí tnlem dlcltur tsat dl- 
■IdlUD Ullal , llaquc pimB li prloelplo emlaa correipondcnt 
ntUatlitpirtn. lArtiL, llb. S,Pol.,e. 1.) 

* CiB flerlaaapiMiill, nt il li prlno atqaEpTlaelpÍDpe«eata« 
fterit, non ad ciIremaB miloiB ilLiiBod evidil. (ArisL , llb. S, 
Fal.,c.l.| 

* Pctoxuclcma.et qniípriaiprornfriBt, nilitira ucnm, 
iWBM nodo Gcrmiald libero* pen«ner«t. tT*«.,Ub. 4, Ana.) 



En esto fné tan sujeto i la razón el emperador Cir* 
los V, que, habiendo SnnadounprÍTÍlegio, IgidTÍF> 
tieron que era contra justicia; y mandando qae te la 
trujesen, te rasgó, diciendo : «Has quiero rasgara 
firmaque mi alma.» Tirana obstinación es conocer ifu 
emendar los errores; el sustentotlos porreputacioD, ti 
querer pecar muchas veces y complacerse de la ign»- 
rsncÍH ¡ el dorallos , es dorar el hierro , que presto se 
descubre y queda como antes. Un error emendada lu- 
ce mas seguro el acierto, y d veces convino haber er- 
rado para no errar después mas gravemente; tan ñia 
es nuestra capacidad, que tenemos por nuestra á 
nuestros mismos eirores : dellos aprendimos d acerUr. 
PrimerodímosenlosinconvenienteflqBecnlubneui 
leyes y constituciones del gobierno *. La mas sabían- 
pública padecid muclias imprudencias en sa fomadi 
gobierno antes que llegase i perDcionarse. Sola Diu 
comprendió ab aelemo sin error la fdbríca de eU 
mundo, y aun después en cierto modo se vid arrepea- 
tido de haber criado al hombre >. Has debemos i!gn< 
ñas veces d Dueslros errores que d nuestros acierlot, 
porque aquellosnosenseñan.y estosnns desvaaecei. 
No solamente dos dejan advertidos los patriarcas qnt 
enseñaron, sino también los que erraron e. Lasombn 
did luz á la pintura , naciendo della un arte tan onn- 
vi lioso. 

No siem|H^ta imprudencia esculpa de losenoi«;el 
tiempo y los accidentes los causan. Loque al princijiit 
fué conveniente, es dañoso después. La pmdeaciinii- 
yor no puede tomar resoluciones que en todos tiempiB 
sean buenas ; de donde noce la necesidad de mudir la 
consejos ó revocar !a^ leyes y estatutos, .príncipolinu- 
te cuando es evidente la utilidad 1, ó cuando h lopí 
con los incouve ni entes, -6 se halla el príncipe engaüiili) 
en la relación que le hicieron. En esta ratón fuDdd d 
rey Asnero la excusa de haber revocado his drdcnei 
que, mal informado de Aman , había dado coalntl 
pueblo de Dios 8. En estos y otros casos nn es ligere- 
za, sino prudencia , mudar de consejo y do resolud»- 
nea; y no se puede llamar inconstancia, antes cootUa- 
te valor en seguir la razón , como to es en ki veleti á 
volverse al viento , y en la aguja de marear uo quíell^ 
se hasta haberse lijado d la vista del norte. Ei laiix» 
muda los remediossegUQ la variedad de losaccidenUs, 
porque su Gn en eiios es la salud. Las enfennedxln 



* Um probíUi» «t P. C.ltffi tgrtfltt, íieÉpl» hM(* 
tpid bolos ci delietli tUorom l^cnl. <Tie. , llb. IS, Aoi.l 

■ Paeni[iilleiim,q<i^dbaniÍDCin reciuelln Urn.(Gnn.,G,E<1 

* InilraDnlPilriirchx.nanMlgip dMaile>,iede(Liaemiifi. 
(Aaib.,lib. I, il*Abr.,<:. S.) 

^ Non debcl rcprrbensfbtle jxHurl ,il itcaidiB nrlFUln 
UmporDm íUtDli qflindnijBi: Tiricnlir bnaiiDi, pnptnliB <■■ 
nrgenioecHiliis, wl evldcaí nllliUi Id npoKll. iCip- ■» ''' 
bel. do cooe. el amo. 1 

* Necpatiredebetie,!! dliem lEbeanuí , n 'dIdI nutrí n- 
iltel»ltiit;Mil proquIlUMei aetoMhiiotMiponni, ■>■<'' 
piblluo poecU Dtilllit, rtrreM 



re HnleoUaH. (Eitk,, (6, *J 
."CTOOglC 



IDEA DE UN PEtlNCffE 

quplilMeDhtrepúblícassaD varios; y bs[, Itnadeser 
nrios los modos de curallas. Tenga puos el príncipe 
porgloríuel reconocer y corregir sus decretusy lam- 
bien sus errores sin afergoazarse. El conielellus pudo 
wr descuiíh), el emendullos es discreto valor, y taobs- 
liaacion siempre necia y culpable; pero sea olicio de la 
prudencia imcello con tales pretextos y en tul sazón, 
que QD caiga en ello et vulgo; porque, como ignoranie, 
cuip« igualmente por i Dconsi duración el yerro y por 
Ii'naudad la emienda. 

Aunque aconsejamos i a retractación de los errores, 
Dolia de ser de lodos, porque algunos son tan peque- 
oos, que pesa mas el incDUveniente de la ligere/a y 
descridilo en emendallos ; y así, coaviene dejullos pa- 
sar cuando en si mismos se desliacen y no lian de pa- 
nirea mayores. Otros liay de tal naturaleza , que im- 
partí seguíllos y aun esrorzullos con ánimo y constan- 
cia, porque es mas coasideralile el peligro de retirarse 
ddlos ; lo cual sucede muclias veces en los empeños de 



POLÍTÍCO-CRISTIANO. . Í79 

h guerra. Negocios hay en que para acertar es meoeS-' 

- ler exceder, aunque se toque en los errores, comoquiei)' 
tuerce mas una vara para enderezalla; y eutooilesnp 
se debe reparar mucho en ellos ni en las causa» gi ea. 
los medios , como no sean inhonestos ni injustos,- y. se - 
esperen grandes erectos ¡ porque coq ellos se califican, 
y mas so pueden llamar disposiciones del acierto que ' 
errores. Otros van mezclados en tas grandes resolución 
nes, aunque seau muy acertadas, no de otra suerte', 
que están los rosas tan cercadas de las espinas, quesín 
ofensa do puede cogellos la mano. Esto sucede porque 
en pocas cosas que convienen á lo universal deja dt^ÍD-- 
tervenir algan error dañoso d lo particular. Constan los 
cuerpos de las repúblicas de partes diferentes y opues- 
tas en las calidades y humares , y el remedio que mira 
á todo el cuerpo , ofende á alguna parte ; y asi, es me- 
nester la prudencia del que gobierna para pesar los 
daños con los bienes , y un gran corazón para ta qecu- . 
cion , sin que por el temor de aquellos se pierdan estos. 



EJiPRESA LXVI. 



U renovación da perpetuidad & las cosas caducas por 
ntunleía. Unos indiviiiuossevan eternizando en otros, 
Moservadas asi las especies. Por esto con gran pruden- 
:íae[ labrador bace planteles, pora substituirnuevosdr- 
Mjnen lugar de los que mueren. No deja al acaso este 
nidada, porque ó le faltarion plantas, 6 noserinn tasque 
labria menester y en los lugares convenientes ; ni na- 
criaa por si mismas derechas si el arte ifo las enca- 
minase cuandtf estín tiernas, porque después ninguna 
uerza seria bastante í corregillas. No menor cuida- 
lia menester )a juventud puraque sniga acertada, y 
ñacipalmente en aquellvs provincias donde la dispo- 
cian del clima cría grandes-ingenios y coruzoues; los 
u^lessoacdmolosGiimposfúrillus, qiiemuy prestóse 
invierten en selvas si el arto y la cultura no corrigu 
}a liemposurocuiididad. Cuanto es mayor el i'Spirün, 
into mus [lañoso á lu república cuando no le modera 
educación. Asimismo nose puede sufrir un ánimo al- 
'O y brioso. Desprrcia el frenn do las leyes y amu la 
tieriad , y es menester que en él obre muchO el arte y 



la enseñanza, y también la ocupación en ejercicios |to-. 
riosos. Cuando la juventud es adulta , suele ser grita 
lastredcsuligerezaelocupailaeu manejos públicos, par- 
te tuvo (según creo) esta razón para que alguuaG npür- - 
blicas uiimillesen los mancebos en sus senados^perod' 
medio mejor es el que hace el labrador, trasplántand* . 
losárbiiles cuando son tiernos ,' con que las ralces.que- 
viciosuniente se babian esparcido se recogen, y se levan-. . 
tan derechamente los troncos. Ninguna juventud sate 
acertada en la misma patria. Los paríentesy los amigos 
la hacen licenciosa y alrovida.'No asi en las üerrasei- 
tmñao. ilmidii la necesidad obliga í la consideración 
cu riiMipoi'Tlii'íaccionesyengranjearvoluutádes. En 

lu pulri i-i-nnis tener licencia para cualquier eiceso, 

r i|n>: iva U- (ivrilnuardn ficilmente; donde no souidt 
ciinH'idns, ii'iouinos el rigor de las leyes. Fuera de.la. 
piítriii NO iirnk aquella rudeza y encogimieutfr natural, 
■qni'ltn allivcz necia y inhumana que ordinaria mente 
nuce y >l<irii un lo^ que no han praticado con diversas 
naciúues. Entre ellas se aprenden las lenguas^frcpUi<^ 



180 



DON DIEGO m SAAVEDRA FAJARDO. 



c«D los notnndes , m adviertan las costumbres y los as- 
tiloa, cuyas noticias forman grandes varones para las 
artes de la paz y de Ib guerra. PlaUía , Licurgo , Sor 
loa yPilágoras, peregrínaudo por diversas provincias 
apreudiaroQ ú ser prudentes legisladores y Glásofos. En 
Ja patria una misma fortuna nace y muere con los hom- 
brea ; fuera della se liallan las mayores. Ningún planeta 
se exalta en su casa , sino en bs ajenas , si bien suelen 
padecer detrimentos y trabajos. 

La peregrinación es gran maestra da la pradencia 
cuando se emprende para informar, noparadeloiterso- 
4amenle el ánimo. En esto sen dignas de alabanza las 
naciones septentrionales, que no con menos curiosi- 
'dad que aleocion salen á reconocer el mnndo y á apren- 
der las lenguas , artes y sciaucias. Los españoles , que 
«on mas comodidad que los demás pudieran praticar 
el mundo , por lo que en todas partes se extiende su 
monarquía , son los que mas retirados esUn en sus pa- 
trias, sino es cuando las armas los sacan fu ura dellns; 
importando tanto que los que gobiernan diversas na- 
ciones y tienen guerra en difereutes provincias tengan 
dallas perfecto conocimiento. Dos cosas detienen & los 
nobles en sus patrias : el bañar á España por casi todos 
)as partes el mar, y no estar tan á la mono las navega- 
ciones como ios viajes por tierrajj '■ presunción, juz- 
gandoque sin gran ostentación y gastos no pueden salir 
de Éus casas ; en que son mas modestos los extranjeros, 
aunque sean liljos de las mayores principes. 

No solóse ha de trasplanlar la juventud, sino también 
fomjarplantelesdesugetosque vayan sucediendo en los 
cargos y oficios , sin dar lugar á que sea menester bus- 
can para ellos hombres nuevos sin noticia de los nego- 
cios y de las artes, los cuales con daño de la república 
cobren experiencia en sus errores; que es lo que da á 
entender esta empresa en las faces , signUicondo por 
ellas el magistrado , cuyas varas brotan á otras ; y por- 
gue en cada una de los tres formas de república , mo- 
narquía, aristocracia y democracia , son diversos tos 
.gobiernos , ban de ser diversos los ejercicios de la ju- 
TMitud, según sus institutos y según las cosas en que 
cada una de las repúblicas ha menester mas hombres 
aminenles. En esto pusieron su mayor cuidado los per- 
las , les egipcios , los caldeos y romanos , y principal- 
píente en criar sugetos para el magistrado; porque en 
■er bueno ó malo consiste la conservación ó ia ruina 
de las repúblicas, de las cuales es ulma; y según su 
«riganizacion, asi son tus operaciones de todo el cuerpo. 
£a España con gran providencia se fundaron colegios 
gue fuese» seminarios de insignes varones para el go- 
bierno y administración de lajusticia, cuyas constitu- 
cioites, aunque parecen ligeras y vanas, son muy pru- 
dentes, porque enseñan ü ser modestos y á obedeced á 
los que después lian de mandar. 

En otra parte pusimos las sciencias entre los instru- 
mentos políticos de reinar en quien manda ; y aquí se 
duda si serán convenientes en los que obedecen , y si se 
ha de instruir en ellas á la juventud popular. La natura- 
leza coloca en la cabeza , como en quien es principesa 



del cuerpo, el entendimiento queapreodiesebí scieg- 
cias y la memoria que las conservase ; pero & las hiiidih 
y á los demás miembros solamente dio una aptitud pan 
obedecer. Los hombres se juntaron en comunidídescm 
fin de obrar, no de especular; mas por lacomodidid 
de los trabajos rer-iprocos que por la o^deza de lu 
teóricas. No son felice^ las repúblicas por lo que pea». 
tra el ingenio , sino por lo que perGcioaa la maoo. U 
ociosidad del estudio se ceba en los vicios, y coas«ni 
en el papel & cuantos invenid la malicia de los sígl»; 
maquina contra el gobierno y persuade sediciones ili 
plebe. A los espartanos les parecía que les bastaba siber 
obedecer, sufrir y vencer'. Los vasallos mny d iscurat- 
tas y scientilicos aman siempre las novedaaes, ca!utD- 
Ulan el gobierno, disputan las resoluciones del príncipe, 
despiertan el pueblo y le solevan. Mas pronta que ingt- 
niosa ha de ser la obediencia, mas sencilla queistuli). 
La ignorancia es el principal fundamento del irapoii 
del Turco. Quien en ó] sembrase las sciencias kitt- 
ribaría fácilmente. Muy quietos y felices vivea losas- 
gu[iaros,dondenose ejercitan muclio las scieociun 
desembarazado el juicio de sofisterías, no se gobiemu 
con meaos buena política que las demás nacioaes, Cog 
la atención en las sciracias se enflaquecen las fuerzísj 
se envilecen los ánimos, penetrando 'Con dema;iidin- 
veza los peligros, Sn dulzura, su gloria y suspremin 
traen cebados á mbclms; con que falta gente ¡unlu 
armas y defensa de ios estados , á los cuales canvieM 
mas que el pueblo exceda en el valor que en las lelns. 
Lo genero<;o deltas hace aborrecer aquellos ejerciciiK 
en que obra el cuerpo, y do el entendimiento. Con el es- 
tudio se crian melancóKcos los ingenios, emank sole- 
dad y el celibato i todo opuesto á lo que lia meoesl^b 
república pera multiplicarse y llenar los oficios y pues- 
tos, y para defenderse y ofender. No hace abundantes! 
populares á las provincias el ingenio en las sciewits, 
sino la industria en las artes , en los tratos y cooieíaot, 
como vemosen los Pajses-Büjos. Bien ponderaroa esloi 
inconvenientes kis ulemaKS y otras provincias, qat 
fundaron su nobleza en las armas solamente, tenienlo 
por bajeza recibir grados y puestos do letras; y asi, l> 
dos los nobles se aplican á Jasurmas, y (torece la mili- 
cia. Si bien con las sciencias se apura el coDocimieilD 
del verdadero culto , también con ellos se red ncei opi- 
niones, de donde resulta ka variedad de lassecut,; 
dellas la mudanuí de los imperios ; y ya conocidí liw- 
dadera religión , mejor le estuviera al mundo utii sin- 
cera y crédula ignorancia, que la soberi>Ía y presuacioo 
del saber, expuesta i enormes errores. Estas y otns ra- 
zones persuaden la extirpación de tas sciencias se^ 
las regios políticas , que solamente atienden á la d«ni- 
nacioD , y DO al benelicio de los subditos ; pero nt» >«> 
máximas de tirano que de príncipe justo, que déte w- 



■ Paires lalcre dwet Masillo, pópalo (aptrnctiiii caü'^ 

•"•""'■"•' ., =,L,ooglc 



IDEA DE UN PRlNOPE 
TU por el decora 7 gloria de sus estados , en los cuales 
UD conveDÍentes y aun necesarias las sciencias para 
desLacer los errores de los sectarios introducidos don- 
de reina la ignorancia, para administrar la justicia 7 
pira conserrary aumentar lasarles, ; priucipalioente 
las militares; pues do menos deQen den d las ciudades 
las lionibres doctos que los soldados, como lo eiperí- 
mentú Zaragoza de Sicilia en Arquimedes, y Dola en su 
docto y lealseaado, cuyo consejo jingeniosaamáquioas 
j reparos , y cuyo heroico valor mantuvo aquella ciu- 
dad coDtT^a todo el poder de Francia , bebiéndose vuel- 
to (os museos en armerías, las garnachas en'peíos y es- 
paldares, y las plumas en espadas; las cuales, teñidas 
eo sangre lrancesa,escríbJeroa sus nombi-es y sus Iiaza- 
ñas eu el papel del tiempo. El eiceso solamente puede 
ser dañoso , asien el número de las universidades como 
délos que se apiicau alas sciencias (dañoqueseexpe~ 
rimenta en Espaüa), siendo conveoieute que pocos se 
empleen en aquellas que sirven á ¡a especulación y & la 
justicia, y muchos en las arles de la navegación y de la 
guem. Parv esto convendría que fuesen mayores los 
premios de estas que de aquellas , para que mas se in- 
clinen á ellas , pues por no estar asi consliluidos en Es- 
paña , son tantos los tjue se aplican á ios estudios , te- 
niendo la monarquía mas necesidad para su defensa y 
conservacian de soldados que áo letrados ( vicio que 
también suele nacerjnntamentecon los tríunfosy trofeos 
miUtares), queriendo las naciones victoriosas vencer con 
el ingenio y pluma á los que vencieron con el valor y la 
espada. Al principe buen gobernador tocard el cuidado 
deste remedio, procurando disponer la educación de la 
juventud con taLjuicio , que el número de letrados, sol- 
dados, artistas y de otros oGcios sea proporcionado al 
coerpo de su estado. 

También se pudiera considerar esta proporción en 
(os que so aplican & la vida eclasiíslica y monástica, cu- 
yo eiceso es muy dañoso á la república y al príncipe; 
pero DO se debe medir la piedad con la regla política , y 
en la iglesia militante mas sueleo obrar las armas espi- 
/itiíalcs que las temporales. Quien inspira á aquel osla- 
do , asiste & su conservación sin daño de la república. 
Con todo eso , como la prodencia liumana ha de creer, 
pero no esperar milagros, dejo considerar á quien toca 
si el exceso de eclesiásticos y el multiplicarse eo si mis- 
mafi las religiones es desigual al podtr de los seglares, 
que los lian de sustentar, ú.dañoso al mismo (in de la 
lglesia,enqueyala providencia de los sagrados cánones 
y decretos apostólicos previnieron el remedio, biibiendo 
el concilio Laleraocose, en tiempo de Inocencio III, pro- 
liibido la introducción de nuevas religiones 3. El con- 
sejo real de Castilla consulta á su majestad el remedio, 
propooi&idolo que se suplicase al Papa que en Castilla 
no recibiesen en las religiones á los que no fuesen de 
diez y seis aüos , y que basta los veinte no se hiciesen 

> Ve oinli Rcllctoaam diirnilas graTem in Ecclcsla Del MD- 
fn^iODem ImlDol, trmilcr probibenms ae qol; de cneLcra norim 
Rrliciüiirm Ipttnlal , sed qoicDnniiie >d Rrliglonein eonvcrll 1»- 
l«<ril, aaam h appToballi uiamit (Candi. LaLj 



P(H.(T[CO-CIUSTIAN0. 181 

I las profesiones; pero la piedad confiada y el scrúpalo 
opuesto á la prudencia dejan correr semejantes incoif 
venientes. 

Poco importaría esta proporción en los qne han ds 
atender al trabajo ó á la especulación , si no cuidase el 
principe del plantel popular, de donde ha de nacer el 
número bastaiitedecíudadanosqneconstituyen la fornM 
de república ; los cuales por ínstaotas va disminuyendo 
el tiempo y lu muerte. Los antiguos pusieron gran cui- 
dado en la propagación , para que se fuesen substitiH 
yendo los individuos; en qne fueron tan advertidos los 
romanos, que señalaron premios á la procreación .7 
notaron con infamia el celibato. Por mérito y servicio 
alpúblicoproponiaGennánicoqueteiua seis hijos, pa- 
ra que se vengase su muerte * ; y Tiberio retirid al Se- 
nado ( como por presagio de felicidad ) haber parido Ir 
ra^jer de Dniso dos juutos S. La fuerza de los reinw 
consiste eo el número de los vasallos. Quien tiene mas 
es mayorprincipe , no el que tiene mas estados , porquo 
estos no sedeliendeu ni ofenden por s[ mismos, sino por 
sus habitadores , en los cuales tieoeu un firmísimo or- 
namento; y asi dijoel emperador Adriano que quería mu 
tener abundante de gente el imperio que de riquezas*; 
y con razón, porque los riquezas sin gente llaman la 
guerra, y no se pueden defender, y quien tiene mochos 
vasallos, tiene nmctmsfueriasyríqaeías. En la multi- 
tud dellos consiste (como dijo el Espíritu Santo ) la 
dignidad de príncipe, y en la despoblación su ignomi» 
nial. Por eso ni rey don Alonso el Sabio ^ le pareció 
qne debia el príncipe ser muy solicito en guardar su 
tierra de manera 11 que se non yermen las villas, nin ios 
otros lugares,'ninse derriben losmuros, nin las torres, 
nin las casas por mala guardia ; é el Rey que desta gui- 
sa amara, 6 tuviere honrada é guardada su tierra, será 
él,éloBquehiliubieren, honrados, y ricos, é abundados, 
é tenidos por ella». Pero, cometan prudente y advertido 
legislador, advirtiúSqueelreinosedebia poblar udebue- 
na gente, y antes de los suyos que delosagenos, si lospu- 
diereaver, asi como de Ca valleros, é de labradores, é ds 
menestrales». En que con gran juicio previno que la po- 
blación no fuese solamente de gente plebeya , porque 
obra puco por si mismas! noes acompañada de le noble- 
za, la cual es su espíritu que la anima, y con su ejemplo 
la persuude á lo glorioso y á despreciar los peligros. 
Es el pueblo un cuerpo muerto SLR la nobleza; y asi, de- 
be el principe cuidar mucNode su conservación y mul- 
tiplicación, como lo Nacia Augusto, el cual ,nosolamen- 
le trató de casará Hnrlulo , noble rom;mn, sino Je dio 
tambiencon que sesuBtentasc, porque no se eitioguiese 

* Ojtendtte pópalo Romano DI' 



edilim. [Tac, ibid.l 

^ Cum ampijari Imperlam hominura adjecUona 
ptcDDlaruiii copia milim. (L, cum rallo., g. ti plvri 



T In mulUlDdEne popali dlgnim Regís : 
noiolitla Prinolplí. 1 Prai., U, Su.) 
' Le]r3,11t.ll,p.3. 
•