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Full text of "Obras de don Nicolas y don leandro Fernández de Moratín"

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HARVARD 
COLLEGE 
LIBRARY 




FEOM THE 



Subscription Fimd 

BEGUN IN 1858 



BIBLIOTECA 



AUTORES ESPAÑOLES. 



TOMO SEGUNDO. 



OBRAS 



-/ , ^ , ^^ . « 



Don tticoia»^ lif Uotí itarúfvo Strnanlít} tít Movatm, 



BIBLIOTF£A 



UTORES ESPAÑOLES, 



DESDE LA FORMACIÓN DEL LENGUAJE HASTA NUESTROS DUS, 



ordenada é ilustrada 



POR B. BDSNAVENTURA CARLOS ARIBAU. 



TOMO SEGUNDO. 



/' 



^ MADRID, 



nrmBMTA, xwmirú, ruroiciON y kstimotvía de m. ritaskkkyra y covp.* , 

CALLE M! iUm WL VALLC, H.* 9. 

1846. 






f r' 



SllCLTi 4-ZiO. 



2. 






'S .■ 






/ 



ADVERTENCIA. 



Li merecida popularidad de que^oza el nombre de don Lbandbo Fbrnandbz db Mo^ 
im, como uno de nuestros mas insignes escritores, nos indujo á destinar á sus obras 
I segundo tomo de esta Biblioteca , después de Migubi^ db Cbbvantbs Saaybdba. Si 
Iguno, por su particular predilección á tai ó cual género de literatura , ó á determi- 
idos autores, hubiese preferido otra colocación, podremos decirle para abreviar ra* 
nes que, en una colección semejante , el orden de la publicación es materia hasta 
erto punto secundaria, mera cuestión dé tiempo, que satisfactoriamente para todos 
ledará resuelta , á medida que vayamos adelantando nuestros trabajos. 

Creimos desde luego que añadiríamos un grande interés á este tomo, si á las pro- 
acciones de tan señalado ingenio hiciésemos preceder las de su padre don Nicolás; 
} precisamente por los vínculos tap estrechos de la sangre^ que no siempre abarcan 
[oales disposiciones y tendencias , sino por la conformidad de miras con que sucesir 
unente procedieron padre é hijo, animados de una misma idea : la reforma del tea- 
t> español con arreglo á los preceptos clásicos; empresa que el primero acometió 
9Q ardor, y el segundo remató con singular felicidad. La breve vida de un solo hom- 
re DO fué suficiente para realizar el arduo pensamiento ; pero hubo un heredero que 
) aceptó; y los esfuerzos de los dos forman una sola acción en esta parte de los ana- 
ís literarios. 

Hay además la circunstancia de que las obras de Moratin el padre no son tan co- 
ocidas como merecen. Impresas separadamente en varias épocas, nunca han sido re- 
)piladas; pues recopilación no puede llamarse (ni tampoco lo pretende) el tomo de 
oesías postumas que salió á luz en Barcelona el año de 1821 , donde do se compren- 
eo sino muy pocas de las que en sus mocedades publicó en forma periódica bajo el 
lulo de El Poeta : algunas de ellas se hallan mutiladas y reducidas á lijerísimas mués* 
as, como el poema de la Ca%a, y se omiten las cuatro composiciones dramáticas que 
i le deben : monumentos preciosos , si no por su mérito absoluto, á lo menos por las 
Bllezas que encierran, y por la influencia que sin duda ejercieron en los progresos 
íl arte y en la revolución de las ideas. 



TI ADVERTENCIA. 

A esta falta hemos procurado suplir » valiéndonos de cuantos medios se han hallado 
á nuestro alcance ; y para dar alguna muestra de su prosa (si bien en nuestro con- 
cepto la prosa castelhma no recobró su majestad y energía hasta los tiempos de Jo- 
vellanós] hornos reproducido los apuntes del autor sobre las fiestas de toros, que por 
su curiosidad parecerán sobrado concisos, aun á los menos aficionados. 

De las obras del hijo existen varias ediciones mas ó menos completas; pero nin- 
guna tanto como la que presentamos, liemos comparado los testos • escogiendo los 
mas legítimos , y tales deben considerarse los de las ediciones revisadas por el mismo 
autor en los últimos años de su vida; pues á nadie puede disputarse el derecho de 
pulir sus propios escritos , á guisa de codicilo de la herencia intelectual que lega á 
la posteridad. Pero como algunos de los retoques fueron conocidamente hechos' por 
motivos ajenos á la literatura ^ y por respetos transitorios y caducados que no nos 
hallamos obligados á guardar, donde quiera que hemos adquirido este convencimien- 
to , notamos las variantes que resultan de las copias mas autorizadas y de las edi- 
ciones primitivas. Bastante inédito sacamos de la oscuridad, como verá el lector, aun- 
que sospechamos que existe algo mas. No queremos desaprovechar esta ocasión de 
rendir públicamente las gracias á los amigos que nos han proporcionado tan precio- 
sos hallazgos. 

No sin cortedad annnciamos que nos hemos atrevido á poner algunas notas, mas 
de las que al principio nos habíamos propuesto. Si esto no se juzga como un mérílo 
que recomiende la presente edición, séanos lícito siquiera alegar algo en nuestra de- 
fensa. MoRATiN en sus Orígenes del Teatro expañol trazó en grandes líneas la histo- 
ria do el hasta Lopb db Vega ; luego en el Discuno preliminar á sus comedioi w» 
describe la regeneración dramática que se verificó en el siglo pasado. Sus repelidas 
ausenciiis en el estranjero, al paso que le proporcionaron el examen de muchos do- 
cumentos, le privaron de otros que hubiera probablemente descubierto y no han sido 
conocidos hasta después, ocultándole noticias tradicionales que hemos procurado re- 
coger, y hubiéramos hecho mal en no publicar , ya que tan oportuna ocasión se nos 
venia á la mano. Aun en esto hemos, para no errar, solicitado auxilios ajenos, péró 
tan autorizados que bastará leer los nombres suscritos á algunas de las notas para 
lograr que se disimule y aun se aplauda nuestra osadía. 

Finalmente, como Mosatin no se desdeñaba, antes bien hacia cierto alarde de ser 
buen traductor , en las composiciones que tomó de otras lenguas hemos copiado él 
testo original : prodigalidad, si se quiere, pero insignificante en una edición tan eco- 
nómica. Cuando esto no produzca otra ventaja que la de enseñar por ejemplos prác- 
ticos el arte de traducir, que en tan torpes manos suele andar hace dias, habremos 
bgrado acudir á uno de los puntos débiles y poco defendidos por donde de contra- 
bando se introduce tanta corrupción en el campo de la lengua castellana. 

La Vida de Moratiü 'D. Nicolás) es la que escribió su hijo para la edición. postuma 
de Barcelona : no podíamos escoger otra sin perder en el cambio, y sin defraudar á 
nuestro; lectores de una obra que de todas maneras está comprendida en el objeto 
de este toipo. í.a Vida de Morati^t (D. Leandro) ha sido escrita con presencia de las 
pablicsdas hasta pI dia, y fundada además en testimonios los mas auténticos. Espe- 
ram.>s que el públim apreciará nuestra sincera voluntad. 



AWV^VW^^M%VM^VbWM^%(%^W^%*^MW%%%^M%^%V * %ftWI,%iri)%%%'ViW%WIVi^.%%^íiri.\%l.^)^llfc%li^fc^%]yM,^%^'MI'^MMI.^^M.M 



VIDA 



DON NICOLÁS FERNANDEZ DE MORATIN, 



FLUMISBO THERMOOONCIACO (I). 



DoH Nicolás Fbrnandb di Mobatin nació en Madrid, de fbmilia noble de Asturias, en el año 
de Í7S7. En su padre jefe de guardajoyas de la reina doña Isabel Famesio , la cual , muerto 
ia esposo Felipe V, se retiró acompañada del infante don Luis al sitio de San Rdefonso , en 
donde permaneció durante el reinado de Fernando VI. Allí recibió Moratin su primera instruc- 
cfa»; 7 como desde muy niño hubiese manifestado un talento, en gran manera superior al de 
otros hermanos que tuvo , quiso su padre que siguiera la carrera de las letras, y le envió á 
C0wr filosofía al colegio de jesuitas de Calatayud. Pasó después á Valladolid á estudiar leyes, 
dteraando las lecciones de la escuela con la amenidad de los poetas clásicos griegos y latinos, 
arebatado de una inclinación vehemente, que le hacia preferible aquella distracción á cuan- 
tH ofrecen la juventud y la libertad. 

Graduado en leyes volvió á San Udefonso , en donde se casó muy á gusto de sus padres (S) 
j de la reina, que inmediatamente le nombró ayuda de su guardajoyas. Muchas veces, procu- 
aodo aquella señora alguna diversión á sus frecuentes melancolías , le llamaba á su cuarto, 
ii pedia noticias de la vida escolástica, y se reia con las graciosas descripciones que la hacia 
failhi del impertinente y ridiculo ceremonial de las borlas , de los trabajos y angustias de 
Itt posadas t Ias músicas , los vítores, las palizas* y las incursiones nocturnas que padcdan las 
dUeías del malcocinado de Valladolid. 

Por la muerte de Femando VI cesó el retiro en que habia vivido doce años la reina madre, 
fie entró en Madrid con alegrías de triunfo, y en calidad de gobernadora, en tanto que su 
lio Carlos III llegase á España. Restituido Moratin á su patria , que no conocía, tuvo ocasión 
do observarla sin las preocupaciones de la costumbre : vio sus bibliotecas , sus espectáculos, 
ns fiestas populares , sus tribunales , sus templos ; procuró el trato de los que mas sobresa- 
le en d estadio de las ciencias y de las artes; y á pocos meses de haber llegado ya era amigo 

(f) EfU vida feé escrita por éUm Letmdro Fernandez de Moratín , quien cumpüendo la voliioud de sa padre, quiso 
■^Me este boaienide de respeto, cuando en i82i publicó en Barcelona la colección de las obras postumas del mismo, 
ca areglDal manoscríto que pocos meses antes de su muerte habla entregado corregido y firmado á su amigo don Ig- 
iWliBcniascone. Podría quejarse el público de un grave perjuicio, si hubiésemos sustituido otra relación, que nunca 
füfai competir coa la presente , dictada por el amor filial, escrita con una elegancia digna de tan docta pluma , y 
■ipnlili coD noticias preciosas y bien agrupadas sobre los sucesos públicos de aquella' época , y el estado y pro- 
|Mos de nuestra literaiara durante la mayor parte del reinado de Carlos III. 

m Lhii^^**^ so padre don Diego, natural de Madrid, y su madre doiia Inés González Cordón , natural de Pastrana, 
4t koarada firaulb de labradores de la misma villa : su esposa fué doña Isidora Cabo Conde, natural de Aldeaseca, cerca 
ée Arér^lo. 



▼III VIDA DE DON NICOLÁS FERNANDEZ DE MORATLN. 

de don Luis Hison , insigne músico, del escultor don Felipe de Castro , de don Juan de triarte, 
del erudito maestro Florez, de don Agustín de Montiano, de don Luis Velazqucz , y de la in- 
comparable cómica María Ladvcnant. 

No había dado en aquel siglo la poesia castellana pasó alguno que no fuese encaminado á 
8u decadencia. En vano el benemérito jdon Ignacio de Luzan quiso estimular á sus conciuda- 
danos con la doctrina y el ejemplo. Su Poética^ impresa en el año de i737, no se leía en el 
de 1760, y sus composiciones líricas, en que celebró los esfuerzos que empezaron á hacer las 
bellas artes, se oyeron con privado aplauso en la academia de San Fernando; pero no sirvie- 
ron de otra C9sa que de abultar los cuadernos de sus actas. Don Agustiu de Montiano, su com- 
patriota y BU amigo 9 con menos ingenio y no inferior cnltura y celo de nuestra opinión li- 
teraria, había publicado dos tragedias, arregladas y decorosas, que no se han representado 
nunca (3), y dos discursos críticos, en que resumiendo la historia del arte recomendaba los 
buenos principios, que nadie intentaba seguir. El teatro, agitado por las parcialidades de chori- 
zos, polacos y panduros, había llegado á su mayor corrupción. Lapoesfía lírica toda era para- 
nomásias y equívocos , laberintos , ecos , retruécanos, y cuanto desacierto es imaginable : en 
el género sublime, hinchazón, oscuridad, conceptos falsos, metáforas absurdas; en el gra- 
cioso , bufonadas truhanescas, chocarrerías, chistes obscenos, ninguna imitación de la natu- 
raleza visible ó patética, ningún precepto del arte que moderase ó dirigiese los ímpetus de la 
fantasía. 

Empegó su reinado Curios III, seguido de aquellas lisonjeras esperanzas que siempre acom- 
pañan i la exaltación de un nuevo principe ; y si en lo sucesivo no se vieron cumpUdas todas, 
á lo menos empezaron á darse acertadas providencias en beneficio público. Adquirió la nación 
nuevo espíritu , deseosa de adelantar y perfeccionarse en los varios conocimientos que cons- 
tituyen la ilustración y la prosperidad de un, estado; y por todas partes se veian los efectos de 
su actividad , y los desvelos de un soberano interesado en estimularla. La prudente libertad 
que se dio á la imprenta fué un aUciente poderoso para que muchos literatos publicasen obras 
útiles en todos géneros , y la multitud de periódicos (que siempre escitan á que lean algo los 
que nada leeriaq, si no los hubiese) empezó á fomentar el buen gusto , la sana critica y la 
erudición. 

Escribió Moratin por aquel tiempo la Petimetraf comedia sujeta al rigor del arte, la pri- 
mera original que se había escrito en España con este requisito , y la Lucrecia^ tragedia igual- 
mente estimable por su regularidad. Estas dos piezas se publicaron impresas» pero ninguna 
de ellas se representó (4). El teatro, tiranizado entonces por estúpidos copleros, i^dministrado 
por cómicos del mas depravado gusto , y sostenido por una plebe insolente y necia , solo se 
alimentaba de disparates (8J. 

Gozaba Calderón en aquella época de tal concepto , que parecía atrevimiento sacrilego no- 

(3) La Virginia y el Ataúlfo, 

(4j La Petimetra se imprímió eo 1763, con una dedicatoria k la duquesa de Medioasidoaia y una disertación prelimi- 
fiar. A poco salió i luz la Lucrecia con otro discurso. 

(o) Hablando de la Petimetra, deci3 su autor en los Desengaños al teatro español: c No me ba sido posible ba- 
» corla representar, ni lo ba conseguido un nú apasionado que en viéndola lo ha solicitado en Cádiz; pues en oyendo 
y que esta arreglada la desprecian ; y advierta usted que no son los académicos de la Academia española^ ni los de la 
» de las ciencias de Londres ó París, ni do los Arcades de Roma, sino los mismos comediantes, y aun mas los poetas- 
« iros ó versificantes saineteros y entremescros , que andan siempre agregados á las coropafíias : estos son lof, jueces 
vque ru España tiene la poesia.» Sin embargo, tal vez esta prevención le evitó un amargo desengaík), que, recibido 
en la Juventud , es frecuentemente una herida mortal para el ingenio. Don Leandro, autor de esta Vida, en medio de la 
gran veneración que profesaba á las obras de su padre , estampó este severo juicio sobre la Petimetra : « Esta obra 
> carece de fuerza cóiiüca , de propiedad > corrección de estilo ; y mezcbdos los defectos' de nuestras antiguas come- 
V diüs con la regularidad violenta á que su autor quiso reducirla , resultó una imitación de carácter ambiguo y poco á 
jíffnpósilo pira s'^fteri*»r«;p en el teatro, si alguna vez hubiera intentado reprejeniarb: -• 



VIDA DE DON NICOLÁS FERNANDEZ DE MORATIN. ix 

tos en sus comedias ó en sus celebrados autos sacramentales, que repetí. ii)8 anual- 
la escena con la pompa y aparato posibles, entretenian al vulgo de todas clases, y 
>an los aplausos de su famoso autor. Horatin publicó tres discursos, que intituló Des^ 
;I teatro etpañoU escritos con todo el acierto de un hombre de buím gusto, y con 
ño de un ciudadano interesado en los progresos y la gloria literaria de su nación. En 

de ellos manifestó los defectos de que abundaban las piezas antiguas, igualmente 
lodemas con que los poetas chabacanos enriquecian á los cómicos , autorizando de 
tnas la irregularidad y la ignorancia. En los dos siguientes discursos probó que los 

Calderón, tan admirados de la multitud, no debian sufrirse en una nación que se' 
de ilustrada y católica ,' asi por el aband(mo de todas las reglas que en ellos se ad- 
>mo por el desacierto con que están tratados los dogmas de la religión , la violencia 
le interpretan y acomodan los testos de la Escritura, y el inconveniente gravísimo de 

á vista de] pueblo, con toda la ilusión que presta el teatro, unas acciones cuya imita- 
nática degrada la majestad de la ley y sus altos misterios , dignos solo de existir para 
a nuestra en los libros sagrados, ó de oirse en el templo como asunto peculiar de 
ilocuentes ministros. No hay para qué decir cuánta oposición sufrieron estos discur- 
itos necios escritos se publicaron contra ellos, cuánto abominaron de su autor los 
, los protectores de las cómicas y los fanáticos mantenedores de la barbarie ; baste 
rtir que , apenas salió á luz el tercer discurso, prohibió el gobierno la representación 
tos. Época memorable en los fastos del teatro español, que nunca podrá recordarse 

1 de aquel escritor juicioso é intrépido á quien se debió tan útil f eforma. 

fa estas prendas , y conocidas sus opiniones literarias, bien merecía tener enemigos, 
ae se hacia estimable entre los sujetos mas doctos, asi nacionales como estranjeros. 
mía de los Arcades de Roma le recibió en el número de sus individuos , dándole el 
le Flumisbo Thermodonciaco. El marqués de Ossun , embajador de Francia en Ma- 
coyo destino*permaneció diez y siete años, mereciendo la confianza de ambas cortes 
tad de Carlos III), favoreció á Horatin, le trató con la franqueza mas cordial, y le faci- 
sspondencia con algunos de los mas distinguidos sabios franceses del tiempo de 
Napoli Signorelli, Bernascone, Conti, Bordoní y otros eruditos italianos, que resi- 
hdrid, apetecieron su amistad. Reparó la pérdida de su buen amigo Montiano con la 
I que' mereció á don Eugenio de Llaguno , mas ilustre por la traducción de la AtaliOy 
ios altos empleos que sirvió después , sujeto de fino gusto en la literatura y en las ar- 
Casimiro Gómez Ortega, erudito botánico y humanista, don José Clavijo y Fajardo, 
la obra periódica intitulada el Pensador, la mas estimable de cuantas se publicaron 
, y otros distinguidos literatos , proporcionaban á Moratin fácil consuelo en los dis- 
ic sus enemigos procuraban darle; y conociendo que seria perder el tiempo ocuparse 
staciones interminables, que irritan y no persuaden á quien no se halla capaz de con- 
nto , aplicó su atención á reunir algunas poesías sueltas, que tenia escritas, y las dio á 
I en forma de periódico, que intituló el Poeta (6). Poco después concluyó y publicó 
I, ó Arte de la caza , poema didáctico, dirigido al infjinte don Luis Jaime de Borbon, 
había merecido desde su niñez una afición particular (7). 
ta obra manifestó Moratin cuánto podía esperarse de su pluma, y desde luego se cono- 

I obra sp publicó rn I76i con un prólogo en prosa, 

MnasaUó precedida de su prólogo, cuyo objeto es prevenir los ataques de la critica, que pbr aquellos ticm- 

btado descarriada, por no baberse (¡jado todavía en la opinión los principios fliosóficos del gusto. 

u por entonces publicó una égloga sobre haberse colocado en la academia de San Fernando, de orden de S. M., 

• de Gon/aWz y Vela^co, insignes dtfrnsores de la pla/.a de la Habana, cuando de ella se apoderaron los inglc- 



z VIDA 1« DON raCOLAS FSBNANDBZ DE MORAT». 

ció que, floreciendo en edad menos inbusta para las letras , seria un digno sucesor de Luzan, 
y caerían en desprecio y olvido las musas tabernarias del Piscator salmantino , Julián de Cas- 
tro, el marqués de la Olmeda, Nieto, Rejón, Bazo, Camacho, Montero, Benegasi, Navarro, 
Lobera, Bidaurre, Ibañez, Furmento, Niío, Iparraguirre, Cemadas y otros mil, en cuyas ma- 
nos perecía la poesia castellana, sin doctrina, sin decoro, sin arte. Así se verificó después; 
pero las turt)adones políticas ocurridas en el año de 1766 interrumpieron por algún tiempo el 
progreso de las letras, mudaron la suerte y las costumbres del pueblo, hicieron suspicaz al 
gobierno, y alteraron en gran manera los planes y las ideas benéficas del soberano. 

No es de este lugar referir las causas, las circunstancias y las resultas del tumulto de Madrid : 
baste decir, que muy de antemano conocieron los mas prudentes cuánto peligro amenazaba a 
la quietud pública, en vista de la poderosa influencia^delos que preparaban una revolución, di- 
rigida á mudar todo el ministerio, poner otro á su gusto, y evitar por este medio las innovacio- 
nes y reformas que se meditaban , tan perjudiciales á los privados intereses de muchos, como 
favorables al bien general. Sucedió, en fin, el alboroto popular que unos solicitaban y otros te- 
mian ; anticipóse la ejecución, y se desvanecieron mil atrevidas esperanzas. La imprevista mu- 
danza de la corte, desde Madrid i Aranjuez, evitó muchos daños, y quedó desmentido el fil- 
móse pasquín que apareció el martes santo : 

Fídmt», expuKmus : facilisjam copia regHu 

Nombró el rey al conde de Aranda presidente del Consejo y capitán general de Castilla la , 
Nueva, fió de su prudencia y talento el remedio de tantos males, y es necesario convenir en 
que no fué desacertada la elección. 

En el año siguiente salieron espatriados de todos los* dominios de España los religiosos de 
la Compañía de Jesús, j mientras se pedia en Roma con el mayor empeño la estincion de la 
orden , se imprimían en Madrid una multitud de escritos encaminados á desacreditar los prin- 
cipios y la conducta^ moral y política de aquella corporación. Ganábase dinero y favor diciendo 
mal de los jesuítas ; y una turba de escritores famélicos (siempre dispuestos á vender su pluma 
á quien se la quiera comprar) sació con esta clase de opúsculos la curiosidad común , si bien 
d mismo que los estimulaba y protegía se hallaba poco satisfecho de que la causa del gobierno 
hubiera de encomendarse á tan ruines autores. Hablaba un día el conde de Aranda con Mora- 
tin acerca de esto : hizole algunas insinuaciones, de las cuales no se daba por entendido; pero 
viéndose apurado en demasía, respondió con aquellos dos versos de la JermaUn librada : 

Nesstma d me col busto esangtte e muto 
Riman piü guerra : egli moñ qual forte. 

El conde, sonriéndose, dijo : escelente poeta era el Tasso^ y siguió hablando de otra mate- 
ria con los demás que se hallaban presentes. 

No ignoraba aquel gran político cuan grande sea la influencia del teatro en la cultura de una 
nación ; advertía el estado de abandono en que se hallaba el nuestro , y solicitaba que Mora- 
tin, en el ocio que le permitía la muerte de la reina madre, ocurrida en el año anterior, se 
dedicara á componer algunas obras dramáticas. El, entre tanto, mejoró los teatros de Madrid, 
arreglando su policía interior y esterior , cortando en su origen la discordia que reinaba en 
ellos, reprimiendo las parcialidades de los que se llamaban apasionados, y dando al espectá- 
culo mucha parte de la ilusión y el decoro que le faltaban. Hizo traducir las mejores piezas del 
teatro francés é italiano ; y aunque no logró que desapareciesen todas las monstruosidades de 
que se componia el caudal cómico, mandó representar algunas buenas traducciones, en que 
vio el público una prueba certísima de que no están vinculados los aplausos á los desaciertos. 

Cultivaba por entonces Moratin la amistad del célebre Cadahalso : juntos frecuentaban la 



VIDA DE DON MCOLAS FERNANDEZ DE MORATIN. xi 

sa de llarialgiiaciallmñez, sensible /modesta, hermosa, joven actriz, á quien el segundo 
í dios amaba con la mayor ternura, y, para honor de las que pisan el teatro, era igualmente 
ureqKHidido. La celebró en sus versos con el nombre de Filis ^ y apenas empezó á llamarse 
ehoso , lloró su muerte. No quiso Dalmiro que su amiga representase la tragedia de Sancho 
srvtet hasta que Horatin la hiciese recomendable al público en el papel de Hormesinda. 
Estft tragedia hubo menester toda la protección del conde de Aranda para darla al teatro ; 
1 era la oposición, que tenia la mayor parte de los cómicos, á lo que llamaban estilo francés. 
» es de omitir una anécdota que manifiesta con evidencia el estado de error en que se halla» 
m los actores y el público en el alio de 1770. Espejo , barba de la compañía de Ponce, 
ijeto tan inútil para los piq>eles que piden nobleza y espresion patética , como inimitable en 
« caracteres de bajo cómico, era muy apasionado de ttoratin. Leyóse la tragedia en el ves- 
lirio del teatro del Principe. Maria Ignacia no puso otñi dificultad que la de creerse poco- 
tba para el desempeño de su papel. Vicente Merino , ¿ quien llamaron El abogado , galán de 
piella compañía, y amigo intimo del poetjG^ repitió lo que habia dicho la divina Filis ; los de- 
as dqeron despropósitos, ó callaron entonces para murmurar después. Espejo, que debia 
presentar el papel de TrasamundOj esperó la ocasión de hablar al autor separadamente, y 
dijo con todo el candor de la amistad y de la ignorancia : La tragedia £8 escelente, señor Mo^ 
i/ín, y digna de su buen ingenio de usted. Yo por mi parle haré lo que pueda ; pero, dígame us- 
i la verdad: ¿áqu¿ viene ese empeño de componer á la francesal Yo no digo que se quite de 
piexa ni siquiei-a un verso; pero iqu¿ írabajo podía costarle á usted añadirla un par de gra^ 
nosí Horatin le apretó la mano , llorando de risa, y le dijo : Usted es un buen hombre ^ tío 
tpejo^ estudie usted su papel ^ bien estediodtto, q¡ue lo demás sobre mi conciencia lo tomo. 
En efecto, ni el corrompido gusto del público, ni los anuncios fiítales que habían esparcido 
s poetas tonadilleros, ni las voces de sedición, con que uno de los mas audaces pedantes de 
[oel tiempo acaloraba debajo de la cazuela á la siempre temible turba de los chorizos, pu- 
eron impedir* que aquella pieza se recibiese con aplauso en el primero^ y los siguientes dias 
I que se repitió. Impresa después , mereció á los inteligentes el concepto de ser lo mejor que 
I aquel género se habia visto , después de dos siglos continuos de ingenioso desatinar (8). 
A este esfuerzo de Horatin se debieron las tragedias originales que desde aquel tiempo en 
Idante empezaron á componerse. El desmintió la opinión absurda de que los españoles no 
istaban de tragedias ; confimdió á los ignorantes que suponían imposible que una obra es- 
ita con regularidad y buen giisto agradase al público de Hadrid; introdujo este género en el 
atro , ¿ pesar de la resistencia que le opusieron , y hoy vemos con cuánto placer acude la 
lultitud á ver los celos de Orosmán^ la envidia de Eteocles y Polinices^ y la funesta venganza 
s Orestes^ cuando se sostienen en la escena con una regular ejecución. En el año siguiente 
B 1771 se representó Ja tragedia de Sancho Garda^ y Horatin celebró en elegantes versos el 
lérito del autor (9) y el de la interesante actriz que desempeñó, menos tímida con los aplau- 
» de Hormesinda, el papel de la condesa de Castilla. 

Persuadido el gobierno, por la esperiencía, de que la espulsion de los jesuítas causaba un 
raso funesto en la educación pública , habia procurado remediar este mal , acelerando la 
'eccion de nuevos colegios , cátedras particulares y escuelas generales en toda la Península; 
ereciéndole el mayor cuidado la habilitación délos estudios de Hadrid, que antes se conocían 
m el nombre de colegio Imperial. Publicado el concurso para las cátedras que*habian de es- 

(8) Elogiaron esta conposicioD don Juan de Iríarte con un epigrama latino, don Casimiro Gómez Ortega con otros dos 
b misma lengua , y don J. B. Gonli con un soneto italiano. Don Ignacio Bemascone escribió el prólogo con esquí- 

I enidícion. 

(9) El referido coronel don José Cudahalso , quien en aquel afk> publicó su tragedia bajo el nombre de don Juan de 
He, hasta que con el suyo verdadero la reimprimió eo 1784. 



Til VIDA DE DON NICOLÁS FERNANDEZ DE MORATIN. 

tableccrse, Moratín fué uno de los opositores^ y solo don Ignacio López de Ayala pudo, 
muchos, hacer vacilar los dictámenes de la censura, que consideraba á los dos como h 
sobresalientes. Concluidos los ejercicios, le dijo un dia Moratin : No dude usted ^ Ayah 
la cátedra de poética será para usted. En estos casos no basta el mérito , si falta la habilh 
recomendarle. Acabada la oposición me he metido en nti casa, no he visto á nadie y y por 
tjuiente, nadie se acordará de mi. Usted, animado del deseo justísimo de lograr lo que soKi 
. babrá diligencia que no practique, y hará muy bien. Usted ha sido discípulo, pasante y i 
. i'e losjesuitas : todos los apasionados qtte ellos tienen lo serán de usted ,y yo^ el primero 
dosy aplaudiré una elección que va á recaer en un sujeto de verdadero mérito y amigo m 
ct't>cto. Avala obtuvo la cátedra, y ambos siguieron durante su vida en amistad inalteral 

La ct*nsura de un critico tan imparciul como Moratin y que tanto se interesaba en € 
miento de sus amigos , era inestimable en el concepto de Ayala , y no quiso leer á na 
tragedia de Numancia destruida , hasta que Moratin la viese y le dijera su parecer. Asi I 
y supo aprovecharse de sus instrucciones con aquella docilidad que es peculiar de los 
íuena de aplicación y estudio llegan á conocer la dificultad del acierto. Entre los pasají 
le tachó fué el de mayor importancia una escena entera en que el poeta hacia salir al ti 
ios jóvenes de Lucia con los brazos cortados. Dióle á entender Moratin lo repugnante, I 
y ridiculo de este episodio; y el autor, agradeciendo el aviso, suscribió á su dictamen. 

Incapaz Moratin de resolverse á malograr el tiempo en las antesalas , de recomcud 
lacayo confidente, ni de acariciar á los faldcritos de la señora, 'poco á propósito para ti 
en sus mesas y animarlas con chistes y cuentecillos alegres , demasiado austero para su 
prichos y aplaudir desórdenes, inútil en las contradanzas, ignoranüsimo y torpe en el i 
de los naipes, mal podia hallar los caminos que dirigen con facilidad á la fortuna. Se c 
á sí mismo, y no se quejaba de su suerte, persuadido de que era temeridad desear que I 
más mudasen de opiniones y de carácter, cuando él no era poderoso á alterar el suyc 
consideración le retrajo siempre de entablar pretensiones que no había de saber llevs 
lante; y á pesar de la estimación que debió á los infantes don Luis y don Gabriel, al co 
Aranda, á los duques de Medinasidoniay Arcos, á don Manuel de Roda, á Campoi 
Bayer, Llaguno, á los embajadores de Veneda y Francia, y á otros sujetos de grande ; 
dad é influjo, nunca se presentó á ellos en calidad de pretendiente : nada les pidió, y i 
«lieron. Sin embargo, las atenciones de su casa, el amor á su esposa, la educación de \ 
(en qui»Mi ya descubría prendas no desconformes á la celebridad del apellido que ha 
horedarli'), todo le inspiró el des^o de solicitar los medios necesarios al desempeño de I 
portantes obligaciones. Volvió al estudio de las leyes, y asistió en calidad de pasante c 
de un amigo suyo, todo el tiempo que fué menester para roribirse de abogado oii el < 
de Madrid, como lo verificó en el año de 177S. 

La práctica de los tribunales le dio á conoc(>r muy presto que no era a(|uella la cam 
debió s«'^'uir. LiiuiiMitabase de la multitud, rontriuüccion y oscuridad dt' las ya <'nve 
leyes; del conllirlo de jurisdicciones, de las (Jases pn\i)e^iad:is, de lo arbitrario de I 
ríos, de la facilidad on admitir apelaciones, de la inflüi*nria funesta de los escribanos, 
de la pereza ó la ignorancia de los jueces ; de los artificios le^'aKis que han hallado la i 
y el interés para que los pleitos se eternicen ; ilel triunfo , casi siempre cierto, (mi fa> 
po<leroso, casi nunca obtenido de la pobreza desvalida y oscura. No tomaba todas las 
^.ls qu(í so le otrcciari , desMnpranaba á muclios liti^.iiitos, y les daba á conoct^r que la < 
rion de un letnido no es desfigurar lo injusto y lo fidso con apariencias de justicia y v 
no apoyar rualqnií'ra acción que se presente, sino solf» ac{uellas que según su coni.in 
par«^zcan licitatn'*nte intentadas. Aun en estas hallaba ul;<unas, que por ^u naturaleza o 
a la parte rnutraria medios fáciles de dilatar la resolución o torcer a su favor la son! 



VIDA de: don NICOLÁS FERNANDEZ DE MORATIN. xiii 

idábaselo desde luego á sus clientes, y les esplicaba cuáa diferente cosa es tener raxon que 
rner justicia. No es difícil de inferir que este sistema, seguido por él constantemente, era el 
líemenos seguro de enriquecer; pero ni la rectitud de sus principios, ni el deseo que siem- 
tanro de conservar la estimación de los hombres de bien, le permitieron obrar de otra manera» 
D tanto que continuaba, como le era posible, practicando la abogacía, no se olvidaba de 
la naturaleza le había formado para poeta, mas que para escribir pedimentos, y em- 
ba las horas que le dejaba libres aquella árida ocupación en componer algunas obras li« 
s, sujetándolas con la mayor docilidad á la censura de sus doctos amigos , lo cual dio 
idpio á una especie de academia privada, en que se reunían los literatos mas estimables 
iquella época. 

abia cesado ya en el mando el conde de Aranda. Ni su talento , ni su iniegridad , ni la im- 
Uncia de sus servicios, fueron bastantes á sostenerle por 'mas tiempo en el puesto que tan 
ásmente ocupó. Pasó de embajador á París, y todos los que habían sido favorecidos por 
es decir , los sujetos mas distinguidos por su mérito en todas clases , adoptaron el partido 
dente de oscurecerse y no escitar los resentimientos de la envidia, que en las mudanzas 
ücas se manifiesta siempre de un modo feroz. Reuníanse frecuentemente Moratin ,> Ayala, 
dá. Ríos , Cadahalso, Pineda, Ortega, Pizzi, Muñoz, Iriarte» Guevara, SígnoreUi, Conti, 
oascone y otros eruditos, en la antigua fonda de San Sebastian, para lo cual tenían to« 
lo un cuarto con sillas , mesas, escribanía, chimenea y cuanto era necesario á^la celebra* 
I de aquellas juntas, en las cuales (por único estatuto) solo se permitía hablar- dié teatro, 
oros , de- amores y de versos. Allí se leyeron las-mejores tragedias del teatro francés, las 
ras y la poética de Boileau, las odas de Rousseau, muchos sonetos y canciones de Fru- 
i, Filicaja, Chiabrera, Petrarca y algunos cantos del Tasso y del Ariosto. Leyó Cadahalso 
Cartas marruecas^ Iriarte algunas de sus obras, Ayala el primer tomo de las Vidas de es- 
toles ilustres, que se proponía ir publicando con el titulo de Plutarco español, y una trage- 
de Abidis , que probablemente se habrá perdido también. Leyéronse, conforme iban sa- 
ldo, algunos tomos de El Parnaso español^ y la critica á que dio lugar su lectura inspiró á 
ratin y Ayala la idea de escribir un papel intitulado : Reflexiones críticas dirigidas al colee- 
ie el Parnaso, don Juan. López Sedaño. La junta las examinó, y había resuelto ímprimir- 
; pero Moratin, considerándolo m^or, la hizo desistir de^su propósito. Conoció que tal 
: la publicación de aquella obra desanímaria al colector, en vez de corregirle ; que siempre 
L laudable su celo, aunque el acierto no lo fuese; que en aquella ^olecciojo , aunque tan 
ngual y poco meditada , había sin embargo escelentes composiciones, y que el benemé- 
D don Antonio de Sancha, común amigo de todo» ellos, no merecía que se le diera un dis* 
sto, cuando empleaba gran parte de su caudal en imprimir aquella obra con un esmero y 
lujo tipográfico desconocidos hasta entonces. Sin embargo, el colector de el Parnaso se 
revio algún tiempo después á censurar en el tomo nde su obra á don Vicente de los Ríos 
i Iriarte. Ni uno ni otro le perdonaron esta agresión, y el último publicó un difuso opús- 
lo intitulado : Donde las dan las toman , en que se aprovechó de* las citadas Reflexiones de 
natin y Ayala para la amarga critica que hizo de la colección de Sedaño y de sus opiniones 
orarias. La junta de San Sebastian vio con mucho sentimiento esta discordia ; pero no la 
ido calmar. 

Allí se leyó- también la tragedia de Numancia destruida^ impresa y representada poco antes, 
seando su autor hacer una segunda edición de ella con las correcciones que pareciesen mas 
endales. Examinada de nuevo en aquella docta tertulia, y oídas las juiciosas reflexiones de 
gnorclli, quedó no obstante aprobada la obra, con algunas cortas alteraciones, en gracia 
i los escelentes trozos que hay on ella, del espíritu nacional que la anima y de la seguridad 
i fiito on el teatro. 



xif VIDA DE DON NICOLÁS FERNANDEZ DE MORATIN. 

Comí , que habia publicado ya la traducción italiana de la primera ¿¿[loga de Garcilaso , vi- 
vía en la misma casa que Moratin » en la calle de la Puebla, núm. 30, junto á Doña Marta de 
Aragón , y en sus frecuentes conversaciones le^ persuadía Moratin á que emprendiese la tra» 
duccion de algunas obras de poetas españoles , y les procurase nueva celebridad » dándolos á 
conocer en la culta Italia. Conti se dedicó efectivamente á ello , consultando siempre los dic- 
támenes de su amigo ; á cuyo celo deben agradecerse los bellísimos versos italianos en que s# 
halla traducido lo mejor de Garcilaso, Padilla, Herrera, Figueroa, los dos Argensolas y otroe 
insignes autores nuestros. Solo llegaron á publicarse cuatro tomos de esta colección; al 
quinto se perdió manuscrito entre los papeles de don Eugenio de Llaguno, y el sesto, aunque 
enteramente concluido en el año de 1793, le retuvo en su poder el traductor, viendo el poco 
aprecio que merecía á la corte una empresa literaria que tanto fiívorederon veinte años antes 
los ministros que ya hablan dejado de mandar y de existir. 

Ocupábase por entonces Signorelli en escribir la Hiitoria crlliea de los teatros ; y Moratin, 
qne cuando habló á sus compatriotas filó el mas rigido censor de los defectos del nuestro, no 
queria que Signorelli ignorase los rasgos de ingenio felieisimos, las situaciones patéticas 6 
cómicas, ni el márito de lenguaje, fisusilidad y armenia que se encuentra en los desarreglados 
dramas de Lope , Calderón , Morete , Rojas , Salazar , Solis y otros de su tiempo. El puso en 
manos de aquel docto escritor cuanto halló de mas apreciable en este género ; y efectiva* 
mente , ningún critico estranjero ha hablado con mayor acierto que Signorelli del mérito do 
los dramáticos españoles, particularmente en la segunda edición de su obra, hecha en el afio 
de 1787 , diez años después de publicada la primera. 

Entre tanto, las asambleas literarias de la fonda de San Sebastian continuaban siendo um 
escuela de erudición , de buen gusto , de acendrada critica; y las cuestiones que alli se ofre- 
cían daban motivo á los concurrentes de indagar y establecer los principios mas sólidos, apH- 
cados en particular al estudio y perfección de las letras humanas. Alguna vei se trató del me* 
canismo de las dos lenguas italiana y española, y convenian en que la nuestra , dedicada d^ 
género sublime, puede competir con su hermana, y aun escederia en robustez y majestad;, 
que es aptisima para la epopeya, para la tragedia t.pan la historia , para la narración elegant^ 
y ftcíl de las novelas , igualmente que para la malicia y viveza del diálogo cómico , en lo cuil, 
no la esoede ninguna de las mas cultivadas de Europa. En esta ocasión escribió Iriarte unas^ 
curiosas observaciones, que leyó á la junta, sobre la varia construcción de las voces castella-, 
ñas y su aptitud para las combinaciones armónicas : escrito muy apreciable, que reducido á 
menor ostensión , le sirvió después para una de las notas con que ilustró su poema de Za 
Música. 

Una vez habló Signorelli de la dificultad que se hallaria en traducir al español , con iguales 
estrofas y el mismo número de versos, cualquiera buena composición italiana, y ofreció por 
ejemplo aquel célebre soneto de Juan de la Casa, que empieza : 

Oh sonno ! oh della eheta , umida , ombrosa 

Notie , placido figlio / > 

Encargáronse de traducirle en otro soneto castellano Ayala, Iriarte, Moratin y Cadahalso, 
conviniendo en que la versión que hiciese cada uno seria examinada y juzgada por los otros 
tres. Llevaron una noche las traducciones y las censuras (los italianos protestaron que no ha- 
blarian palabra, y serian meros espectadores en aquel tribunal) ; leyóse todo, y los cuatro opi« 
naron de común acuerdo que el soneto se habia traducido muy mal , y que no se podía tradu- 
cir. Moratin, poco satisfecho, recogió todos los papeles, los tiró al fuego de la chimenea, y 
dijo : Scribitmts^ et scriptos absummus igne libeUos. 
Esta reunión , compuesta de individuos tan recomendables , fué amenorándose por la au- 



VIDA DE DOn NICOLÁS FERNANDEZ DE MORATIN. Xf 

mosa de algunos de ellos » y á los que permanecieron y la sostenían no lea pareció 
otros. La amistad , la identidad de principios é inclinaciones, la moderación y la pru- 
babian formado y continuado por algunos años aquella junta , y no era fácil hallar es- 
das en los que aspiraban á reemplazar á los ausentes. Conti se fué á Italia, Cadahalso 
anca, Iriarte pasaba muchas temporadas en los Sitios, Ayala padecía dolencias habi- 
para cuyo alivio tuTO que retirarse á Grazalema su patria , en donde permaneció largo 
Antes de salir de Madrid solicitó que Moratin se encargase de sustituirle en la cate- 
queriendo dejarla en otras manos, interesado, como todos los demás profesores de 
itablecimiento , en que no decayese el buen concepto que yahabia empezado á adqni- 
I pAUico. Nombrado pues Moratin sustituto de la clase de poética con una parte de 
cíon , halló en si mismo toda la disculpa que deseaba para desistir de un empeño á 
o habia podido inducirle el anhelo de mejorar su escasa fortuna. Dejó á un lado la Cu- 
¡fica^ el Gómez ad ¡eges toirí, el Señor Covarrubias^ el Villadiego^ el Salgado de re- 
\ el Rojai de ineompaHlrilitaU y otros doctor libros no menos útiles; y trató de ense- 
• discf polos qoe quisieran oirie el camino mas florido, aunque el mas estéril, de la 



en amistosa conTersacion , sin hacerles sospechar que los instruía. Indagaba 
is la razón del arte , y advertían libremente en las obras mas célebres los descuidos y 
rtos. Repetialet con frecuencia que él no enseñaba á nadie á ser poeta , porque sin un 
fMdal de la naturaleza ninguno lo es; pero les prometía que con el estudio de la poé- 
[uiririan buen gusto y sólida doctrina, para saber la dificultad que tiene el serlo , y es- 
I mérito de los mas distinguidos autores ; á la manera que en una escuela de bellas ar- 
io se forman grandes artífices, resultan á lo menos aficionados inteligentes. Burlábase 
Umines de aquel tiempo (pedantes por o^o y verdugos por inclinación), que apenas 
Mar i los muchachos el tenüdo puente de quis vel qmí., les hadan perder las horas mas 
is de la vida en medir dáctilos y pirriquios, y componer q>icedios y genetUacos en la 
le Marón , cuando en la suya no eran capaces de escribir una carta. No ejercitaba en 
anos la memoria, sino el entendimiento; mas les hacia radocinar que aprender; ni 
piarse la benevolencia de sus padres y tíos les proponía un determinado número de 
as, á que debia corresponder otro igual de respuestas, á manera de letanía: ridicula 
ion , á la cual se redudan todos los exámenes públicos que se hadan entonces. Deda 
hallaba difisrencia entre este género de enseñanza y la que se da á los papagayos, de 
les nunca se exige que entiendan lo que dicen; basta que lo digan; y cuando en los 
oes de otros estudios oía chillar á los disdpulos, respondiendo atropelladamente á las 
as que se les hadan, según el arancel impreso^ decía á los suyos : Vean ustedes aqiA 
dada de cotorras y tardos^ que están Ao^iondo de ¡o que no entienden. El que guste de 
míe y fatuo , lUerato superficial y hablador Mrépido, venga á estas aulas, que el maestro 
\eñará. Asistía á la suya un joven de escelente disposidon para la poesía , sobrino de 
lilero muy acomodado, el cual deseando que continuase en aquel estudio , al ver su 
le aplicadon y el ingenio que manifestaba, le dijo á Moratin que le indícase, entre 
tas dásicos, de cuál nadon deberia preferirlos, para arreglarte con ellos y algunos 
m selecta librería. Moratin le respondió : griegos y espafioles, latinos y españoles, ita^ 
españoles , franceses y españoles , ingleses y españoles. Los que tengan algún conoci- 
éd arte advertirán cuánto dijo en esta respuesta. 

Indio de nuestra lengua le meredó tan particular atendon , que llegó á ser eminente 
r en ella, y á este conocimiento debió la abundancia que liallaba de fiases y giros poé- 
le palabras acomodadas al género y al estilo de sus composidones, y aquella fadlidad 
adquiere tan dificilmente, con la cual parece que las obras de mayor mérito no costa* 



ivi VIDA DE DON NICOLÁS FERNANDEZ DE MDRATIN. 

ron trabajo particular al que las compuso , y ¿pie otro cualquiera sabrá hacer lo misino. Error 
común y que solo con la esperiencia se desvanece. Pnieba fué de su maravillosa aüuencia una 
comedia que compuso sobre la defensa de Melilla, en el año de 1775. Este suceso Ui^nó de 
alegría al rey, á la corte , á toda la nación , viendo destruido el numeroso ejército de los mar- 
roquíes delante de una débil plaza, que solo pudieron hacer inespugnable la prudencia, el 
valor, la generosa constancia de los jefes, soldados y presidarios que la defendieron. Instado 
Moratin, no solo de los cómicos, sino de otros muchos sujetos que le pcdian lo mismo, tomó 
sobre si el empeño de improvisar una comedia en que se pintase aquella acción gloriosa , di- 
ciéndole al duque de Medinasidonia, que era uno de los mas interesados en ello : Haréundis- 
párate; pero le haré pronto, una vez que V. E. $e declara jefe de esta conspiración. Hágale usted, 
Moratin, respondió el duque; disparates de esa clase solo usted puede hacerlos. Desde ahora le 
digo á usted lo que será su comedia : un monstruo del arte, en que veremos la fantasia , la dic^ 
cion, la sonoridad de Lope, ya que no sea posible hallar en él la regularidad de Hacine. En seis 
horas, repartidas en tres noches, dictó la, comedia á un escribiente, delante de algunos ami- 
gos que le quisieron acompañar ; y mientras ios cómicos se repartían los papeles pare estu- 
diarla, el duque halló ocasión de enseñársela á Carlos III, el cual, aplaudiendo los mas 
sobresalientes pasajes de ella, dijo : Moratín es gran poeta; mi madre le quiso mucho, y yo 
aprecio su talento estraordinario ; pero tw se represente por ahora esta comedia. La guerra con 
Marruecos no se ha concluido , y no es conveniente fiamos demasiado de la fortuna; a estos su- 
cesos prósperos pudiera seguirse alguna desgracia. Esperemos á que se haga la paz. En el mes 
de julio de aquel mismo año sucedió la infeliz jomada de Aijel. 

Talassi, célebre poeta repentista italiano, había llegado por entonces á Madrid, y de todas 
partes le solicitaban , deseosos de oírle. Moratin asistió dos ó tres noches en casa del embaja- 
dor de Venecía, y quedó sorprendido al verle componer de repente sobre cualquier asunto 
que se le proponía, con buen plan , buenas imágenes, afectos oportunos, pura elocución, fá- 
ciles y armoniosos versos. A ninguno de los que entonces cultivaban en Madrid la poesia le 
ocurrió el temerario intento de alternar con él; pero el duque de Medinasidonia miraba co- 
mo una mengua nuestra que Talassi pudiese decir que no había hallado en España quien se 
hubiere atrevido á competirle , como ya lo decía de los franceses , entre los cuales habia luci- 
do esclüsivamente su habilidad. Signorellí, á quien el duque habló sobre esto, le dijo: que 
aquella prontitud de poetizar se habia hecho peculiar de Italia, por la abundancia de espre- 
siones que presta el idioma, y lo cultivado y formado que está ya para la composición , en la 
cual el poeta repentista aplica fi&cílmento hemistiquios, y aun versos enteros que pertenecen á 
otros autores, siendo muy difícil que se verifique con otra lengua, mioniras el arte de decir 
de reponte no se promueva, no se cultive, y no sea un medio seguro de adquirir estimación y 
recompensas. Dijole también que aquella práctica (aun suponiéndola en hombres de muy fe- 
cunda imaginación, buen gusto y erudición estensa) producía siempre composiciones mas 
brillantes que sólidas, capaces de sorprender en el momento en que se oyen ; pero no tales 
que puedan sufrir impresas el detenido examen de la critica. Añadió que la mayor pesadumbre 
que puede darse al mas eminente poeta estemporáneo , es ponerle al lado un amanuense que vaya 
escribiendo lo que dice, y que si en España y Francia no se hallaban, como en Italia, impro- 
visadores de crédito , también era de considerar que en ninguna de las tres naciones se ha- 
bían compuesto de repente aquellas obras mas estimables con que se ha ilustredo la moderna 
literatura. No obstante, el duque hizo empeño particular de que Moratin alternara con Talassi, 
y al fin lo consiguió una noche en su casa , y á presencia de un concurso el mas capaz de apre- 
ciar el mérito de los dos poetas. A Talassi le tocó por suerte la muerte de Adonis, y á Moratin 
el paso de los israelitas por el mar Rojo. Uno y otro escitaron la admiración del auditorio; y 
es necesario suponer que en la preferencia que obtuvo Moratin no dejaria de tener parte el 



VIDA DE DON NICOLÁS FERNANDEZ DE MORATIN. zrii 

espíritu nacional; pues por mas impárciales que se quiera suponer á los oyentes, uno de los 
poetas era español , y le juzgaban españoles. El duque se proponía repetir aquel certamen al- 
guna otra noche; pero Horatin, abrazando á Taiassi , le dijo : señor duque , esto de hacer ver- 
sos de repente no es para todos , ni para todos los dias. En, mi podrá ser una gracia , en Taiassi 
es un ejercicio de muchos años. Si hemfts alternado dignamente^ bástele á V. E. esta prueba. Ni 
i mi me agradaria verme atropellado por otro , esponiéndome voluntariamente á ello ^niá él le 
conviene que n€uUe le oscurezca ni le compita. Gocemos de su estraordinaria habilidad ; cante él 
folo, y está seguro de los aplausos de cuantos tengan la fortuna de oirle; pero no se me estorbe 
i mí la dulce satisfacción de ser su amigo. Dicho esto , y renovando á su competidor las mas 
sinceras demostraciones de afecto, escitó una aclamación general del concurso, que repetía 
con entusiasmo : basta , señor duque , basta ; y sean amigos Taiassi y Moratin. 

Concluyó este por entonces lá tragedia de Guzman el Bueno ^ impresa poco después (10), y 
dedicada á su especial favorecedor el duque de Hedinasidonia. De esta pieza habló Signo- 
relli, con toda la estimación que merece , en su Historiar critica de los teatros^ y alli puede 
verse el juicio que de ella formó. Nunca se. ha representado, aunque en su lectura hallan los 
inteligentes muchas cualidades dignas del mayor elogio. Has de una vez han solicitado los có- 
micos que pusiera la mano en ella el autor de El sí de las ninas ^ y siempre se ha negado á 
hacerlo. 

En medio de estas agradables tareas á que Moratin dedicaba su estudio, halló ocasión de 
manifestar que la fantasía de un gran poeta no impido , como presume el vulgo, la adquisición 
de aquellos conocimientos políticos y económicos tan necesarios á la buena administración 
pública, y tan ignorados muchas vece^ de Iqs que tienen á su cargo la prosperidad de los 
pueblos. Escribió una Memoria sobre los medios de fomentar la agricultura en España , sin 
perjuicio de la cria de los ganados^ y en ella y un cuaderno de adiciones, dirigido todoá la so- 
ciedad económica de Madrid, dio bien á entender cuánto le interesaba la felicidad de su na- 
ción , cómo conocía el verdadero origen de sus males , y los medios mas eficaces para dismi- 
nuirlos; cuan particular estudio había hecho de nuestra viciosa legislación, d^l carácter 
nacional , sus prendas laudables, sus defectos, sus eri^ores, sus preocupaciones funestas. La so- 
ciedad le nombiió socio de mérito, y estractó en sus actas lo que halló mas digno de estima- 
ción en aquella obra. Individuo ya de un cuerpo compuesto de celosos é ilustrados vocales, 
que protegía el soberano, y animaba el gran Campomanes (consumado jurisconsulto y econo- 
mista de aquella edad) , creyó Moratin que allí podria ocuparse útilmente, y desahogar el de- 
seo que siempre tuvo de ver menos atrasada á su nación, mas industriosa , menos ignorante, 
menos satisfecha de su ignorancia. Asistía sin intermisión á las sesiones de su clase y á las 
íontas públicas, en que alguna vez elogió con sonoros versos la aplicación y la virtud (i 1); des- 
empeiiaba los informes que se le pedían, los encargos que se fiaban á su actividad y conoci- 
mientos; y en cuanto era relativo á la utilidad de su patria, ninguno le escedió en laboriosi- 
dad, tesón y diligencia. 

Esta fué la' única corporación nacional de que quiso ser individuo. Nunca aspiró á ocupar 
im puesto ni en la Academia española, ni en la de la Historia , á las cuales parece que debió 
conducirle naturalmente su mérito y su celebridad. No solo se abstuvo de solicitarlo , sino que 
habiéndoselo propuesto algunas veces , manifestó su repugnancia, y aun pudiera existir entre 
los papeles de don Eugenio de Llaguno una carta que le escribió Moratin al Escorial, en res- 
puesta á las instancias que aquel le hacia para que solicitase entrar en la Academia española, 
asegurándole que seria admitido inmediatamente en ella. Decíale Moratín entre otras cosas : 

(10) En 1777. 

(11) Véanse la Anacreónlica xxtiii, pág. 7, y 1» Elegía 111, pág. 2 de este tomo. 

TOSO II. h 



IY1II VIDA DE DON NICOLÁS FERNANDEZ DE MORATIN. 

fiíff jftino ie mete monje de San Benito , si la regla de San Benito no le gusta. A mi no me agra^ 
dan los reglamentos de la Academia , y mientras no se hagan otros^ no seré yo miembro de aquel 
cuerpo. El sólido mérito debe hallar abierto el paso á las sillas académicas , señor don Eugenio ; 
no ha de facilitarle el favor ni la súplica. La Academia ^ si ha de valer algo , necesita de los so- 
bios^ y estos para nada necesitan de la Academia. No puede concebirse absurdo mas torpe que 
el de exigir un memorial de los aspirantes , como si se tratara de pretender un estanquillo. Aun 
por eso nuestras congregaciones literarias significan tan poco en la Europa culta. Cualquiera que 
repase la lista de sus i^idividuos (esceptuando unos pocos) creerá que está leyendo la de los her* 
manos del Refugio. Esta escasez de hombres demérito no se suple con bandas ni toisones, que oífi 
fio son del cdso ; tales dijes parecen muy bien al pié del trono ; pero enuna corporación cientlfiea 
son cosaintempestiva^ridicula éincómoda.Taninjustomepareceria ver á Ayala con la gran eru% 
de Carlos III y la casaca de gentilhombre, por haber escrito la Numancia, como me lo parece ver 
ifue á un ignorante le hagan académico, porgúese llama Osorio, Manrique ó Tellex Girón. 
Mientras estas eqmvocaciones no se remedien (vuelvo á repetirlo), mientras no se hagan nuevos 
estatutos, nuestras academias servirán solo de aparentar lo que no hay, y de añadir una hoja 
mas á la Guia de forasteros. Es de suponer que con estas' opiniones tendría poca seguridad de 
obtener el premio ofrecido por la Academia española , en el ano de i777, al que mejor des* 
empeñara en un canto heroico el elogio de Cortés , cuando hixo quemar las naves en Vera- 
cruz; pero Moratin no pudo resistir al deseo de celebrar aquella señalada acdon, que tiene 
tan pocos ejemplos en la historia, fiscribió efectivamente un canto en octavas , que intituló : 
Las naves de Cortés; le remitió á la Academia, y esta no halló en aquella composición mérito 
bastante, ni para el premio, ni para el accésit. Premió y publicó únicamente la de don José 
Vaca de Guzman; y como estas dos obras son ya muy conocidas del público , toda reflexión, 
que acerca de ellas quisiera hacerse, parecería inútil en este lugar y fuera de si^on. 

En vista del poco aprecio que habia merecido su ensayo épico , no quiso Moratin aspirar de 
nuevo á los premios que la misma Academia propuso después; y pensó en ocupar las horas 
que le quedaban libres en elegir de sus obras impresas y manuscritas las que mereciesen coi^ 
reccion, limarlas con esmero, formar una colección de ellas, y publicarlas. Ha sido no poca 
fortuna que entre la dispersión y saqueos judiciales, que han padecido en estos años últimos 
los libros y papeles de aquel literato, se haya logrado conservar la colección de sus obras 
poéticas, como hoy se publica, y en los términos en que él la tenia arreglada y dispuesta ya 
para la prensa; pero no ha sido lo mismo de muchas de sus obras en prosa , y de su corres- 
pondencia literaria 9 que toda ha desaparecido , juntamente con una gran parte de su escogida 
librería. 

Entre sus cartas (que todas ellas versaban sobre materias de critica y erudición) eran las 
mas estimables las que habia escrito en ^-arias ocasiones ¿ Bayer, á Llaguno, á Conti y á Ca- 
dahalso. Este le escribía desde Salamanca , y le daba noticia de los jóvenes que allí se distin- 
guían por su aplicación al estudio de las buenas letras y su talento poético ; prefiriendo entre 
ellos á don Juan Melendez Valdés, que empezaba entonces á componer en el género amato- 
rio algunas poesías llenas de gracia y de dulzura, imitando lo mejor de nuestros antiguos poe- 
tas , y absteniéndose de los errores en que tropezaron tantas veces. Moratin veía con mucho 
placer las composiciones de aquel nuevo alumno de las musas ; censuraba los defectos, aplau- 
día las bellezas , y estimulaba á Cadahalso á que le hiciera continuar por aquel género , sin 
p^der de vista jamás los buenos ejemplares griegos y latinos , y los que ofrece la literatura 
moderna en las lenguas vivas. Sus advertencias , su docta critica, y sus apreciables elogios, 
contribuyeron en gran manera á que Melendez se confirmara en ios buenos principios que ha- 
bia empezado á seguir, y que durante su vida le han adquirido tan bien merecidos aplausos. 

En los últimos años de la suya ocuparon á Moratin atenciones domésticas , encargos de la 



VIDA DE DON NICOLÁS FERNANDEZ DE MORATiN. xix 

noedad, la enseñam le sus discípulos, la corrección de sus obras y la correspondencia li- 
íicon sus amigos lusentes.' Retirábase durante el verano á un pueblo de la Alcarria , y 
tfiateodia al cuidado de sa salud, que sucesivamente iba debilitándose. Asistia á los afanes 
de aquella ¿ente laboriosa, abatida y misera; alternaba en sus conversaciones, se 
en sus rudas fiestas, y hallando en su trato los mismos afectos, los mismos vicios que 
hs sociedades mas corrompidas (donde solo es diferente el objeto que los estimula) , huia 
Yeces de los hombres , para entregarse á la contemplación de la siempre hermosa na- 
La fecunda vega de Almonacid, las cumbres de Altomira, el castillo de Zorita, famoso 
^k historia (ya destruido por las guerras y el tiempo), los precipicios de donde se derrunü)a 
el Tajo, y el desierto hórrido deBolarque (morada que usurpan á las fieras hombres 
ios y penitentes), todo acaloraba su fantasía y ejercitaba su talento. Allí encontraba 
lliidependencia , la tranquilidad que anheló siempre su corazón, y en alguno de aquellos 
pelos premeditaba establecerse en adelante, y prevenir la vejez y la muerte ; pero no le fué 
verificarlo : sus obligaciones le precisaban á residir en Madrid, en donde, agravan- 
pksaehaques de que adolecía, falleció el día 11 de mayo de 1780 , á los cuarenta y dos 
Ittdesaedad. 

liiió en aquella medianía que tanto recomiendan los sabios : ni padeció las angustias de la 
Anta, ni los estímulos de la ambición. Su templanza, su cortesía , su ingenio, su erudición, 
ptavicter indulgente y sencillo ,'le adquirieron muchos y escelentes amigos en todas las cla- 
Hdd estado. La envidia le persiguió , como acostumbra , por los medios mas viles , y solo 
i sos tiros la estimación de los hombres de bien y su propia conciencia. Acompañado 
lliaaeq^osa inculpable y de un hijo, cuya educación mereció todo su desvelo, sabia olví- 
delos desabrimientos y los aplausos que le adquiría su celebridad, gozando en los de- 
kns de esposo y padre aquellas delicias que solo saben disfrutar las almas sensibles y 



(¡nodo y practicó la filosofía del arte , aplicado á la composición poética , examinando la 
n y la necesidad de sus preceptos. Se familiapzó desde su primera edad con la lectura de 
KlMloriadores, oradores y poetas antiguos, modelos de la mayor perfección á que ha sa- 
livar el talento humano. Estudió la lengua de su nación, su historia, sus leyes, sus ya 
costumbres , y á la imitación de los mas eminentes poetas nuestro^ añadió la de 
y franceses, emulando de los primeros la fantasía y el sonido armónico , y de los sc- 
el método, la exactitud y la doctrina. Halló la poesía castellana en el último grado de 
ion ; y él se atrevió á sostener nuevos principios, y á combatir errores, nacidos del mal 
|Kto que generalmente se estendia á todos los ramos de la literatura. Desterró del teatro 
UmIUa composiciones absurdas, que habiendo tenido su origen en los siglos de barbarie, 
1M después á tan alta estimación el mas ingenioso de nuestros dramáticos. Dio ejemplos en 
Ji^ aieena española de una regularidad que se consideraba como impracticable. Adelantó los 
mgresos de la poesía lírica ; y habiéndola encontrado grosera y trivial ,en manos de igno- 
autores, se la dejó elegante, florida, patética, docta y armoniosa, á los que le 
después. 

[ fina dificultad ofrecen las artes , si ha de sobresalir en ellas el que las cultiva ; pero atre- 
>K i prescindir de la opinión y de la costumbre, luchar intrépido contra la tenacidad de la 
ia, hallar nuevos caminos para conseguir el acierto, fijar el gusto, y demostrar con 
(Kgnas de aplauso la utilidad de la innovación , es fatiga reservada solo á a(|a(:llos ta- 
estrtordinaríos que produce la naturaleza no muchas veces. 

rm DI LA MDA DE DON NICOLÁS FERNANDEZ DE MORATlN. 



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VIDA 



DON LEANDRO FERNANDEZ DE MORATIN. 



La relación que precede de la breve vida de don Nicolás Fernandez de Horatin, al paao que 
nos descubre el bello fondo de un alma singular , nos esplica también hasta cierto punto las 
miras que se propuso en la educación de su hijo don Leandro» único que sobrevivió á tres her- 
manos muertos en la infancia. 

Descendiente de una familia noble , no habia conocido mas orgullo qiie la modesta con- 
ciencia de sus propios merecimientos ; criado al lado de una reina apartada del bullicio de la 
corte y aprendió temprano á conocer la vanidad de la humana grandeza y los peligros del trato 
palaciego; educado para la carrera del foro, halló por esperíencia que para medrar en él «ra 
insuficiente el talento, inútiles ciertos estudios, y alguna vez nociva la franqueza, de que no 
podía desprenderse ; halagado por los hombres mas eminentes de su tiempo en saber y en 
dignidad, prefirió el honor de su intima confianza á una protección aneja á cierta dependen- 
cia que le repugnaba: circunstancias todas que debieron influir poderosamente en su ánimo 
para dar á las inclinaciones de su hijo una dirección mas cierta y menos arriesgada. 

Verificábase entonces en las clases elevadas de la sociedad una revolución lenta, pero cons- 
tante, y todo tendia á una nivelación, aunquS por camiiíos enteramente contrarios. Iba desa- 
pareciendo aquel aislamiento que cerraba al pueblo la entrada en las altas regiones, salvas las 
puertas de la lisonja y la servidumbre. Algunos nobles se confundían con las gentes mas des- 
preciables; y entre chisperos, rufianes y mujercillas pasaban aquella vida que tan enérgica- 
mente nos. describió poco después Jovellanos en una de sus sátiras. Otros empero , mejor na- 
cidos, abandonándose á la corriente de la época y de las nuevas necesidades, no descendían 
de su altura, sino que elevaban las demás clases, buscaban en ellas los hombres dignos, los 
admitían en su familiaridad, fundaban sociedades económicas, se instruían, se comunicaban, 
fomentaban las artes útiles y ennoblecían el trabajo y el ingenio. 

Asi es como Moratin el padre, sencillo en sus costumbres, exento de preocupaciones , des- 
engañado de la privanza y nada ambicioso de honores y riquezas , llegó á concebir una idea 
fija de la doméstica felicidad , y descubriendo su genio poético nuevas bellezas en las humil- 
des manipulaciones que hasta entonces como de servil condición eran despreciadas , se pren- 
dó de la decorosa aplicación que cundía en los hábitos populares, y por tres veces fué el can- 
tor de ella en presencia del concurso mas escogido que tenia la espléndida corte de Carlos III. 

Aun después de tantos años trascurridos, en que la sociedad no se ha desviado de aquella 
corriente, preocupaciones renadeutes , aunque débiles y sin fuerza, nos han conducido á con- 
signar aquí estas consideraciones, para que no se crea efecto de rareza de genio' ó ciego an- 
tojo la carrera <iue don Nicolás Fernandez de Moratin señaló á su hijo don Leandro, quien al 
quedar huérfano de padre contaba veinte años y trabajaba de oficial aventajado en una joye- 



XXII VIÜA DE DON LEANDRO FERNANDEZ DE MORATIlf. 

ria, donde ganaba diez y ocho reales diarios. No propondremos por modelo absoluU 
conducta paternal ; para' esto fuera preciso que Moratin hubiese salido un artista tan emi 
como Bcnvenuto Ccllini : no se ha inventado todavia el arte de conocer las predisposit 
del individuo para'el ejercicio á que le llaman la gloria y la fortuna; y cuando este arte 
vente , tendrá todavia que luchar con el orgullo , la necedad y las preocupaciones. Una < 
vacion haremos, por si puede importar. No es este el único ejemplo que nos presenta 1 
toria de grandes 'autores dramáticos salidos del taller, desde el batihoja Lope de Rueda 
uno de los mejores ingenios que en nuestros dias honran el Parnaso nacional. 

Probablemente si la literatura hubiese proporcionado recursos productivos para una 
lia de muy medianas conveniencias, bastante modesta para no ambicionar, y sobradó 
para pretender, Moratin el hijo hubiera abrazado alguna carrera literaria. Nacido en Madri 
de marzo de 1760 (1), habia mostrado desde luego felicísimas disposiciones. Por su ' 
despejo y amable travesura, y también por la estremada gracia de sus facciones, era el 
de su familia, cuando á los cuatro anos de su edad fué atacado por unas viruelas maligni 
después de haberle puesto al borde del sepulcro, le dejaron estremadamente desfigurad 
estrago que este azote de la infancia hizo en su fisonomía, dice su biógrafo don Manuel S 
no fué menor que el que causó en su índole, i En efecto, diBsde entonces perdió su gen 
gre , bullicioso y amable con todos , y volvióse tímido , receloso , taciturno : calidadet 
según veremos, no tuvieron corta influencia en los sucesos del resto de su vida. 

Aprendió los primeros rudimentos en la escuela de un tal don Santiago López, que p« 
.tonces debió de vivir en la calle de Santa Isabel. Un fragmento de su propia vida, que » 
todavia inédito , contiene curiosos recuerdos sobre aquella época de sensaciones prim 
cuyo estudio ofrece tanto interés cuando se trata de hombres estraordinaríbs. c Salí de 
cuela, dice él mismo, sin haber adquirido vicio, ni resabio, ni amistad alguna con mis 
discípulos; ni supe jugar al trompo , ni á la rayuela» ni á las aleluyas. Acabadas las ho 
estudio, recogía mi cartera, y desde la escuela, de cuya puerta se veía mi casa» me po 
ella de un salto. 

i Alli veia los amigos de mi padre ; oía sus conversaciones literarias , y alli adquirí lu 
medido amor al estudio. Leia á Don QuijotCy el l,a%arillo , las Guerras de Granada^ libn 
ciosisimo para mi ; la historia de Mariana, y todos los poetas españoles, de los cuales 
on la libreria de mi padre escogida abundi^cía. Esta ocupación y la de ir á ver á mi 
abuelo, á quien ya reducían los achaques y los largos años á salir muy poco de su cas 
entretenían el tiempo ; y asi pasé los nueve primeros años de mi vida , sin acordarme i 
era un muchacho. » 

'Entonces empezó á ensayar su musa en composiciones anacreónticas llenas de infant 
nura, que dedicaba á una niña de su misma edad, hija de don Ignacio Bemascone, intimo 
de su padre y vecino de la casa á que este trasladó su domicilio, que era la del número 3( 
calle de la Puebla, hoy del Fomento. Estos fueron sus primeros é inocentes amores, y • 
gen de sus inspiraciones. 

Descubría al mismo tiempo felicísimas disposiciones para las artes de imitación : api 
el dibujo con rápido aprovechamiento ; inventaba con facilidad , diseñaba con correc< 
delicadeza ; y el gusto esquisito que reinaba en todas sus obras anunciaba un perfecto 
nista. Hubo en la familia un proyecto de enviarle á Roma al lado del famoso Mengs , lis 
el Pintor filósofo , que probablemente hubiera tenido un discípulo muy aventajado ; p< 
oposición de su madre, que no podia soportar la idea de una separación , las dificultad 
UD estudio largo , costoso y de lejanos productos , y el presentimiento que tenia su pac 

(I) Nadó eo la calle de SanU Marta, cuarto iiriocipal de la casa qae forma esquiua coo la de San Jttao , frfi 
fticale del mismo nombre. 



VU)A DE DON LEANDRO FERNANDEZ DE MORATIN. xxui 

It prematora muerte que iba á arrebatarle, frustraron esta combinación, é inclinaron la pre- 
ferencia de todos acia otro arte análogo al gusto que habla manifestado , capaz de proporcio- 
narie desde luego alguna lijera retribuci>n, y ejercido además por personas muy allegadas, 
eomo eran don VictorGaleoti, casado con una tia suya, y su tío don MiguerdeHoratin, quien se 
lo DeTÓ á su taller de joyería , y emprendió su enseñanza con particular empeño de sacarle un 
distíDgaido artífice. 

Éralo en efecto el mismo don Miguel, y además hombre adornado de escelentes prendas, de 
buenos conocimientos literarios y mas que mediano poeta (2). Como tal fomentaba esta afición 
eo su sobrino, á quien profesaba un cariño casi paternal; y á su ejemplo y escitaciones se de- 
be til Tez que este no abandonase tan dulces entretenimientos , que fueron los primeros des- 
IsDosde sa gloria. Acogido á tan benévola protección , componia á hurtadillas de su padre, 
caja scTera censura temia, y mas si hubiese llegado á creer que estos inocentes ejercicios po- 
dían distraerle de su principal ocupación. 

£n el año de 1779 la Academia española abrió un concurso de poesía proponiendo por 
anoto un canto épico sobre la Joma de Granada por los Reyes Católicos. Llevó el premio don 
José María Vaca de Guzmán , poeta favorito de aquel cuerpo , que dos años antes habia obte- 
nido otro por las Naves de CortSk destruidas^ en competencia con Moratin el padre. Se conce- 
dió el aecesiU á un don Efrén de Lardnazy Morante, que presentó un romance endecasílabo (3). 
Bajo este pseudónimo se ocultó su verdadero autor, el mozo don Leandro, que lleno de sobre- 
salto tuvo que confesar á su padre su feliz atrevimiento. La escena que pasó entre los dos en 
esta revelación no puede describirse. Quien no sea padre , dice con razón el citado señor Sil- 
vela, renuncie ¿ sentir las delicias de una sorpresa semejante. 

Breve tiempo duró á don Nicolás esta paternal satisfacción que le llenaba de orguDo y espe- 
ranzas; pocos meses después tuvo que acompañarle su hijo á la última morada, quedando 
atenido al corto salario que ganaba , único recurso para su afligida madre , que sobrevivió po- 
cos años á tanto dolor. 

No pasaron otros tres años sin que sus solitarias tareas consiguiesen nn segundo triühfo, 
pndMblemente no esperado. La Academia española, en el concurso de 1782, distinguió con el 
ocecsftt la sátira contra los vicios introducidos en la lengua castellana, que con el titulo de 
Lecacn po¿Uca presentó Moratin bajo el nombre de don Meliton Fernandez (4) : con esta com- 
posición , mas análoga que la anterior al tono de su musa, confirmó su buena reputación en- 
tre los ingenios de la época ; al paso que la memoria de su padre aumentaba el interés de los 
hombres de gusto en favor del modesto oficial de joyería. El, sin embargo, seguia enteramente 
retraído de todo trato literario, y hubiera continuado en su oscuridad, si la suerte no le hubiese 
deparado algunos amigos q\xe por la corta diferencia de sus edades lograron inspirarle con- 
fianza , pudiendo convencerle de lo mucho que valia y de lo mas que de su buena disposición 
debía esperarse. 

Bajó una tarde al Prado en compañia de los padres Estala y Navarrete , de la Escuela pía, 
ambos jóvenes y ya grandes humanistas : allí se juntaron con el poeta don León de Arroyal, que 
por aquellos días acababa de publicar sin nombre de autor su fábula del Asno erudito^ y con 
don Joan Antonio Melón, que se distiiíguió después honrosamente en la república literaria. 
Prendóse este último de Moratin hasta el punto de contraer una amistad que duró sin inter- 
rupción toda la vida, y adquirió sobre él la mas poderosa influencia, que tuvo no poca parte 
m importantes ocasiones para vencer su habitual timidez é irresolución. 

(S) Remos tenido á la vista una Yolaminosa colección manuscrita de sns composiciones poéticas , en que manifiesta 
pande afluencia y focilidad , especialmente en el género erótico. 

0) Es el de la página 573 de este tomo. 

(4) Eata composidion , corregida después y reducida á dosdentos tres tercetos de doscientos ochenta y cinco que 
ttles tenia, es la inserta en la página 576 de este mismo tomo. 



ixiv VIDA DB DON LEANDRO FERNANDEZ DE MORATIN. 

Reuníanse estos amigos en la celda del padre Pedro Estala desde el anochecer hasta la hora 
de cerrar el convento , y en los días festivos á todas horas. Allí leía aquel aplicado religioso 
sus traducciones de varias rapsodias de Homero , y cada uno de les concurrentes llevaba sos 
borradores, que se examinaban con severa critica: se disputaba en grande sobre puntos litwa- 
ríos, se hincaba el diente sobre los escritos que sallan á luz y sobre sus autores, se improvi- 
saban églogas y coloquios dramáticos sobre asuntos serios y burlescos, y se formabaft mil pro- 
yectos de publicaciones interesantes , de los cuales ninguno llegó á sazón., Propúsose entre 
otros el plan de un diccionario de hombres ilustres , espurgando las colecciones francesas, y 
aprovechando con preferencia las noticias recogidas por don Nicolás Antonio y otros biógrafos 
españoles: comenzóse la obra; pero don Juan Pablo Fomer, que se habia recientemente agre* 
gado á la tertulia, se empeñó en que antes convenia publicar las disertaciones bíblicas del pa- 
dre ^Calmet, empresa sobre cuyo buen éxito fundaban las mas lisonjeras esperanzas, con el fin 
de emplear su producto en otras ediciones que, aunque menos seguras, se conformaban mas con 
los estudios comunes y con la índole de sus respectivos ingenios. También se empezó este tra- 
^jo ; pero tropezaron al momento con tantas dificultades, y hallaron tal discordancia entre so 
parecer y las interpretaciones del autor, que á pesar de la insistencia de Fomer, quedó este 
proyecto abandonado. Pensóse también en dar á luz, en tonlítos pequeños, una enciclopedia 
de damas, en la cual Horatin debía encargarse de la parte relativa á la historia, teatro y nove- 
las; pero una alta señora se opuso , por mas <(ue Melón con mucha gracia, y no sin ingenio y 
algún fondo de razón, quiso probar que el mejor modo de hacer aplicados á los jóvenes era 
procurar que las mujeres comenzasen á pedantear sobre toda clase de conocimientos. 

La memoria de Moratin el padre quedaba entre tanto desairada por el poco aprecio que ha- 
bía hecho la Academia de su cailto épico de Las Naves de Cortés , que ni le mereció siquiera 
los honores de la impresión. Don Leandro consideró como un deber filial sacar de la oscuri- 
dad esta escelente producción, apelando al voto público, que no ha confirmado la sentencia 
de aquel cuerpo esclarecido. Con este objeto, á espensas de su tío don Miguel, publicó en 1785 
en la imprenta real dicho poema, con unas reflexiones (5), las cuales deben considerarse como 
su primer ensayo de crítica literaria, y el símbolo de su fe en materias de gusto con arreglo 
á los preceptos del mas puro clasicismo, que era entonces el tema de la escuela reformadora 
contra los abusos del ingenio. 

Desde sus primeros años habia sido muy aficionado al teatro, reducido entonces al estado las- 
timoso que él mismo describió después en el discurso preliminar á sus comedias. Se ha visto 
ya cuánto se afanó su padre para introducir en el arte dramático las formas antiguas adoptadas 
por los franceses. El escaso resultado de sus conatos no arredró á Moratin , quien probando 
sus fuerzas iba conociendo que se hallaba destinado á dar cima á tamaña empresa, que como 
por herencia le pertenecía. Ya por aquel tiempo habia concebido el plan de El Viqo y la niñat 
y escrito algunas esconas que leyó en el pequeño círculo de sus amigos, los cuales con el ma- 
yor entusiasmo le animaron á seguir su buen propósito. 

Este repetido estímulo, de cuya sinceridad no podia dudar, la continuación de unos ejercicios 
tan seductores para quien sentía ya en su alma la fuerza de la vocación, y las muestras de apre- 
cio que recibía, así del público como de los inteligentes, debieron iríspirarlc cierta indiferen- 
cia y desvío con respecto á su ocupación ordinaria, no tan mecánica que dejase de absorberle, 
á mas del tiempo, una parle de sus facultades, ni tan lucida que pudiese satisfacer el natural 
deseo de alguna gloria. Con la muerto de su madre habia cesado la obligación que le enca- 
denaba al taller ; y podía ya entregarse con mas libertada la incertidumbre de la suerte. El 

(5) AsípI cinto como las roflexioncit que le ncompanao se LallaD e^la página 59 y siguientes de este tomo : una nota 
espHca la razón que heñios tenido |>ara atenernos i la edición de 1785, con preferencia al testo de las obras postumas 
de dnn Nicolás , dadas á luz muchos afios después. 



VIDA DE DON LEANDRO FERNANDEZ DE NORATIN. xxv 

stre Jovellanos, honra de nuestra nación, que ya le conocía personalmente, le llamó un dia 
-a proponerle pasar á París en calidad de secretario de su amigo el conde de Cabarrús, que 
sargado por el gobierno de una misión importante, se hallaba próximo á trasladarse á aquella 
)ilal. Al principio opuso el tímido joven mil dificultades : su tio don Miguel se resistió hasta 
último estremo; pero su amigo Melón , hombre persuasivo y eficaz , lo allanó todo ¿ gusto 
cuantos se interesaban en sus adelantamientos de saber y de fortuna. 
Pronto conoció Gabarras todo el precio de esta adquisición , y mas que como subalterno 
itó á Horatin como amigo, haciéndole participe y depositario de sus elevadas miras. En enero 
1787 emprendieron su viaje por Aragón y Cataluña, con bastante espado para poder hacer 
bre los países que recorrían las observaciones que aun genio despejado é indagador sugieren 
smpre los objetos nuevos en la edad de sensaciones mas vivas y profundas. Vio por primera 
z el mar en Barcelona, donde se detuvo ocho dias ; visitó la^ciudádcs de Honpeller y Mar- 
Ua« donde se hallaba á fines de marzo, en Aviñon en 43 de abril, y había llegado á su des- 
10 el 29 del propio mes. El viaje fué aprovechado, y en todo él no cesó de escribir á las per- 
nas que en Madrid le habían escítado simpatías ó prodigado obsequios. La mayor parte de 
la correspondencia versaba sobre puntos de literatura y bellas artes, y demuestra lo mucho 
le estimaban su trato los hombres de mas valer de la nación , como eran Cean-Bermudez, 
>mer, Jovellanos, Conti, don Eugenio Llaguno y otros. De esta manera esploraba el voto de 
8 jueces competentes, antes de presentarse al públióo, cuyo &llo temia tanto mas cuanto me- 
» rápida y eficaz era la acción de las ideas juiciosas contra los resabios del gusto estragado 
los destemplados antojos de la muchedumbre. 

Llevó á París el vivísimo deseo de conocer al célebre Goldoni , principe de la comedía ita- 
ma, que desterrado de su patria, Venecia, por motivos que no deshonran, vivía allí de una mo- 
ca pensión, con el título de lector de la reina Haria-Antonieta. Buscó aun amigo que le pre- 
intase á este anciano, y fué recibido con la amable cordialidad propia del ingenio en su de- 
idencia, cuando se encuentra con la lozana juventud destinada á continuar la grande obra 
ibeneficio de la ilustración del género humano. Se habló por supuesto de teatro, se recitaron 
gunos pasajes de comedias , de que su propio autor había perdido la memoria , y al llegar 
punto de la conducta de los gobiernos con respecto á los ciudadanos que mas honran á su 
itria, no pudo Goldoni contener algunas lágrimas, que Moratin recordaría después muchas 
íces, cuando tuvo que verterlas por semejantes ingratitudes. 

En aquella sazón tuvo Moratin el consuelo de abrazar á su amigo Melón, que se detuvo algu- 
os dias en París antes de proseguir su viaje por Inglaterra y Holanda. Vivían juntos (6), y sin 
s sujeciones y miramientos que debían guardar en Madrid, pasáronlos dias mas regocijados de 
1 vida charlando hasta deshora de la noche, y contrahaciendo los gestos y muletillas de algu- 
os palaciegos ridículos de la corte de Carlos III; en cuyos remedos, cuando se hallaba á 
uerta cerrada, solia Moratin soltar sin dique el torrente inagotable de sus gracias. 
De acuerdo con el gobierno español dio Cabarrús al francés algunas ideas y planes para es- 
oivar la revolución que ya próximamente amenazaba ; pero no fué escuchado , y dando por 
onduida su misión dispuso su regreso á España. Hallábase ya en Tolosa, cuando recibió una 
ivitacíon del gobierno francés, que le obligó á retroceder á París, dejando á su secretario, hasta 
ue volviendo á reunirse con él continuaron su camino por Vitoria ; pero en Pancorvo recíbie- 
OD contraorden, entraron de nuevo en Franci*^ y por último á fines del año se restituyeron 
la patria, hallándose ya en Madrid el 8 de enero de 1788. 

Conservó el conde todavía por algún tiempo su valimiento en la cortes pero á poco suscí- 
6se contra él tan deshecha tempestad, que alcanzó desagradablemente á su persona y á la do 

« 
í*)) Ocuparon dos cuartos cunliguos en la ílitc Viiieítne, hotel de la Cour de France , dcs|nirs hóU-l des Kirangers. 



x\M VIDA DE DON LEANDRO FERNANDEZ DE MORATIN. 

SUS allegados. Encarcelado, privado de sus papeles, que se le ocuparon, abandonado de sus 
tiguos amigos, perseguido y calumniado por sus émulos, sufrió todas las consecuencias d< 
que en los gobiernos absolutos se llama desgracia: calamidad estrema y misteriosa^ que n 
inocente ni al culpado deja los medios legítimos de defensa, y que tiraniza con vulgarida 
la publica opinión, obligándola á creer lo que ella resiste. 

La situación de Horatin no dejaba de ofrecer peligros; pues aunque nadie tenia interés 
recto en su perdición, ni motivos de odio ó de envidia, basta en tales casos que baya quiei 
proponga hacer alarde de su diligencia en pcrsegujf , solo por lisonja á los poderosos. Por < 
apeló al único recurso que resta al discreto , cuando cualquier paso que se dé es tina imp 
dencia que empeora la condición del individuo sin mejorar la causa social ; es decir, qui 
oscureció en medio del bullicio de la corte , refugiándose bajo el techo de su bondadoso 
y volviendo á ayudarle en su dbrador, que lo tenia en la calle de las Veneras^r 

Ocupó entonces sus ocios en retocar su primera comedia. El Viejo y la Niña, que admi 
dos años antes por la compañía de Manuel Martínez, no habia llegado á representarse por i 
lindres de una actriz que rehusó cierto papel ; en 1788 otra actriz de la compañía de Eusí 
Ribera se empeñó en encargarse de otro que á pesar de su mérito no le correspondía; • 
cunstancia que retardó los ensayos, y entre tanto el vicario eclesiástico negó la licencia, 
jando asi cortada la cuestión. 

Habia en aquel tiempo la peste de malos poetas que en todas épocas; pero con la desgr 
además de que eran aplaudidos por gran parte del pueblo, que ya admiraba sus rebozada 
ininteligibles conceptos, ya se recreaba con sus frialdades é insulseces. Quiso Moratin dist 
el mal humor consiguiente á su posición, ridiculizándolos según merecían, y en 4789 pub 
su folleto titulado La Derrota de los pedantes (7), en que algunos se vieron retratados, y no 
dieron perdonar al autor, en quien traslucían bajo el velo del anónimo la misma pesada m 
que en su Lección poética les habia descargado sin piedad su primer azote. 

Seguía entre tanto Moratin sin medios para dedicarse con tranquilidad á las amenas tareai 
su afición, y la idea de ser gravoso á su familia le era insoportable. Solicitó un empleo, últi 
recurso de los desocupados inútiles para otra cosa, y nada logró á pesar de las buenas n 
ciones de Melón, que todo lo andaba para sacar á^u amigo de los apuros cada día mas a[ 
miantes. Compuso una oda á la exaltación al trono de Garios IV, mas ni por ella logró llai 
sobre si la atención de los que podían valerle. Era entonces ministro el conde de Floridablai 
á quien, según dicen, divertían en estremo unos versos ramplones que le enviaba un tal M 
colini, músico de la capilla real. Creyó Moratin obtener su protección por un medio semej 
te; y asi le escribió un romance (8), esplicándole su necesidad y modesta ambición, reduc 
á ser abate. 

Si el ser abate es ser algo. 

Cayóle en gracia al atareado conde esta singular petición, y encargó á don Sebastian 
ñuela, oficial mayor de la secretaría, que era también aficionado á coplas y las hacía, que p 
pusiese al suplicante para un beneficio simple; hízolode la mejor gana el buen covachueli 
y creyó haber dado una muestrade regia liberalidad confiriéndole una prestamera de tresci 
tos ducados en el obispado de Burgos, con la cual se ordenó Moratin de primera tonsura 
quedó como antes, poco menos que pereciendo. 

Empezó luego á granjearse la privanza de los reyes el fangoso don Manuel Godoy, desp 
principe de la Paz, quien de la condición de simple guardia de Corps, no sin murmuUos d 
pública opinión, fué encaramándose hasta las mas altas dignidades de la monarquía. Su c( 

(7) Págíoa 561 del presente tomo. 

(8) Es el romance xi, página GOO. 



VIDA DE DON LEANDRO FERNANDEZ DE MORATIN. xxvii 

Mñero en el cuerpo y grande amigo era don Francisco Bernabeu , joven de prendas, amante 
le los hombres de mérito, y deseoso de favorecer. Conocía este á Horalin, á Forner y á Helon, 
r los presentó al nuevo valido, quien se declaró su protector, dándoles desde luego de su buena 
lisposicion mayores prendas que se atrevían á esperar. A Moratin se le confirió por su media- 
rion va beneficio en la iglesia de Montero, de valor de tres mil ducados, y una pensión de 
idsdentos sobre la mitra do Oviedo, renta que le aseguraba una subsistencia holgada, exenta de 
oda obligación, y propia para dedicarse á aquellos estudios que duran hasta la vejez. Tales eran 
m aquellos tiempos las anomalías de nuestra legislación, que llamarán absurda nuestros hijos: 
ú monarca disponía á su antojo de las rentas del Estado, que dividía sin proporción entre las 
itenciones públicas y las exigencias de una corte disipadora; no había presupuestos ni por con- 
Bgaiente cantidades destinadas al estimulo de los ingenios y al progreso de la literatura na- 
ñonal ; y entre tanto desorden, que hacia mas sensible la creciente insuficiencia de los recur- 
IOS, no quedaba otro para premiar la aplicación y el talento, que el de dedicar á este deber 
iocial los fondos de naturaleza eclesiástica^ que por una larga y constante acumulación habiap 
llegado á ser superabundantes con respecto ¿ los fines para que fueron constituidos. De aquí 
m abuñva provisión de los benefidos en personas seglares, las pensiones sobre las mitras, y 
la ridicalez de librar sobre la Iglesia los gastos de la reforma del teatro. Por fin, esta vez algo 
le hizo en iavor de la ilustración y las costumbres públicas, que no siempre fueron atendidas 
m la diq>ensacion de semejantes gracias. 

SiMoraUn, abandonándose al viento de la fortuna que tan propiciamente le soplaba, hubiese 
tfatado de esplotar Ja benevolencia de su Bf ecenas, como hicieron otros adulándole con bajeza 
para injuriarle después, hubiera podido con facilidad y en breve tiempo ser uno de los perso- 
najes mas influyentes de la corte de Carlos IV. Agradecido á un ministro en quien encontraba 
la buena acogida que en vano solicitó de sus antecesores , debía renunciar el derecho de 
lanrmurar de él, sin contraer por esto la obligación de adularle. Elogió si aquellos actos de 
IQ administración, que ahora forman su defensa y atenúan hasta el punto posible sus errores, 
f eq>ecíalmente aquella protección que en algunas épocas y como por lucidos intervalos pro- 
figtf á los conocimientos útiles en artes y en literatura, mas de lo que podía esperarse de un 
kombre de pocas letras, disipado y desvanecido por la ambición. Pero jamás fue participe de 
tm disoluciones, cantor de sus orgías, ni x^ómplice de sus intrigas palaciegas: le trataba con 
respeto, le visitaba con poca frecuencia, y abrumado por el peso de tantos halagos le corres- 
pondía con una cortedad que rayaba casi en indiferencia, con admiración de los que codicía- 
btn su valimiento. 

A este se debió el que se allanasen los obstáculos que se habían opuesto á la representación 
de El Viejo y la niña^ que se puso por fin en escena en el teatro del Príncipe el dia 22 de mayo 
de 1790 (9), y el público la recibió con aplauso. Satisfecho su autor con este primer triunfo en 
Ii carrera dnOnática, y deseoso de apartarse de una corte donde la corrupción cundia mara- 
riDosamente, se retiró á un pueblo de la .Alcarria para entregarse libremente al estudio y á 
li meditación. Andarín incansable, recorría diariamente largas distancias, componiendo de me- 
isoriá, que la tenia felicísima, lo que luego trasladaba al papel de vuelta á su casa. Allí iban á 
visitarle sus amigos de la primera juventud, para disfrutar de su instructiva conversación y de 
ns gracias. Hubo un día de decir que había escrito un poema tituladb La Huerteida , en bur- 
lesca celebridad de don Vicente Garcia de la Huerta; pero que conociendo se había sobrada- 
nente deslizado en la senda del ridiculo, había rasgado el borrador, aunque de algo se acorda- 
ba. Rogáronle todos que recitase los trozos que tuviese mas presentes, y después de muchas 

(9) Véase en la página 335 la advertencia preliminar. Gomo esta y las que van al frente de las demás comedia 
cootienen la historia de cada ana, omitiremos en la presente Vida algunos pormenores , que hatlarin los cariosos en su 
mpectíTo logar. 



iiTfii VIDA DE DON LEANDRO FERNANDEZ DE MORATIN. 

negativas y repetidas instancias, lo dijo desde el principio hasta el fin, imitando con tal p 
dad la fraseología, el ahuecamiento de la voz, los visajes, manoteo y prosopopeya de su 
gonista, que según el testimonio de Melón, fué cosa de desternillarse de risa (10). Era I 
como no ignorará la mayor parte de nuestros lectores, un poeta en aquellos tiempos í 
y de momentos felices, jefe de una pandilla que le escuchaba como un oráculo,* gran pred 
en el café, intolerante, esclusivo y furioso émulo de Moratin, tanto por el aplauso del pi 
como por la repentina mudanza de su suerte. Asi se vengó á sus solas quien le era tan 
rior, con la generosidad de condenar al olvido un trabajo que hubiera lisonjeado su ame 
pió á costa de su impertinente adversario. 

Allí arregló Moratin su Comedia nueva^ llamada comunmente £1 café (11), que se repi 
en el teatro del Príncipe, en 7 de febrero de 1792, precedida de una violenta conjurado 
hacerla naufragar para siempre en la primera noche. Razón tenian de alarmarse los p* 
autores que abastecían de necedades nuestro teatro ; pues sátira mas graciosa y terrible 
ellos era dificil imaginarla. El cuadro estaba bastante recargado ; pero, como pintado poi 
diestrisima, la misma exageración aumentaba la ridicula semejanza. A pesar de la prote 
autor en el prólogo, no era necesaria gran dosis de malicia para pillar al vuelo algunas c 
nes personales. En el pedante don Hermógenes se creyó ver al abate don Cristóbal Cl 
en don Serapio muchos asistentes al patio se miraron retratados ; y sobre todo^ el prota( 
don Eleuterío Crispín de Andorra presentaba numei*osos puntos de contacto con don L 
Francisco Comella, natural de Vich, dramaturgo infatigable, que trabajando á destajo i 
podía acudir á las necesidades de su numerosa familia. No había sido Cornelia, como don 
terio, paje de ningún consejero , pero si fomiliar y protegido desde su niñez por un graní 
había militado con su padre, y le acogió en su horfandad, fomentando su aplicación ma 
gida; no se casó de secreto con ninguna marisabidilla doncella de la casa, sino con una 
de su protectora, de la cual se separó con este motivo ; no le ayudaba su mujer en con 
comedias, pero tenia una hija jorobadilla y muy lista que versificaba de repente, y le 
de amanuense á deshora de la noche, hasta que se caía de sueño y el candil se apagaba, 
sucedió muchas veces, mientras el inspirado poeta le estaba dictando desde la cama c 
ojos cerrados : por lo demás era, igualmente que el fingido don Eleuterío, hombre servici 

(10) Melón relavo en la memoria algunos pasajes que apuntó, y son tal vez los únicos que de este poema 
conservado. Goncloia una octava, diciendo : 



¿Y Virgilio? Virgilio era un gandumbas. 
¿Acaso no sé yo lo que él sabía, 

Y basta dónde llegaban sus alcances? 
Cue cotejen ¿ ver su poesia. 

Que la cotejen con mis tres romances. 
£1 jamás de su asunto se desvia, 
YTeíiere sin gracia muchos lances ; 
El imitó como cualquier bolonfo: 

Y 50, ¿de quiéo imito? del demonio. 

Y hablando de ParU^ dke Huerta : 

París, la gran París ya me vio un día , 

En sus concursos mas acreditados , 
La vena confimdir y la armonía 
De los cisnes del ^na celebrados , 
Cuando su Apolo, su Volt;iire vivía. 
Aquel que en frígidísimos y helados 
Versos cantó de bU sal)cr por fruto 
La Alcira y Jaira , el Mahomrt y el Bruto. 

Alli vi de Hacine alguna cosa , 
Cuando la Dumesnil representaba. 
áY qué? si cuando aquella actríz fomosa 
Se esforzaba mejor, mas se notaJ)a 
La pesadez iusulüa y soporosa , 
La reguiarídad que Francia alaba : 
Reglas malditas, arte encarecida, 

(11) Véase la página !kí6. 



Que he despreciado yo toda ni vida. 



Mas de catorce tomos tengo escritos. 
Que de puro escribir me he vuelto loco ; 

Y en corrigiendo algunos defecütos» 
Dos ó tres (porque yo corrijo poco), 
Se quedarían todos tamañitos. 
Como los niños cuando viene el coco. 
iSi se imprimieran!! Pobre Betinelli, 
Tiraboscni, Masón y Sigoorelli. 

¡Si su imprimen!... no hay mas, los hago asi 
¡Pobres pelotas! ¿Si querrán aue sea 
Tan indulgente yo como Lampillas? 
O que mi musa Heve la librea 
Del tímido y mez(iuino Cabanillas ? 
Contra bichos mi numen no se emplea; 
Para acabar con tan maldita casta. 
Con que yo suelte un estornudo basta. 

Basta..', ¿y no ha de bastar? ¡haya virotes! 
í No soy entre los arcades activo , 
ínclito paladín? ¿Saben los zotes 
Que ya en las lenguas de la fama vivo? 

Y que desde los rudos hotentotes 

Al rubio inglés, al musulmán altivo, 
Escuchan las naciones con espanto 

Y religiosa adoración mi canto? 



VIDA DE DON LEANDRO FERNANDEZ DE MORATLN. xxix 

íl mundo, deseoso de acertar, si hubiesen valido algún dinero los aciertos literarios, ota- 
honrado á toda prueba, crédulo y tan dócil, que da lástima el ver que no hubiese topado 
taestros mejores que don Hermógenes ó con favorecedores tan juiciosos como don Pedro 
Ollar. 

o después pidió Morattn á Godoy, y consiguió de él, permiso para emprender un viaje por 
la, con el objeto de perfeccionar sus conocimientos, ó tal vez con el de huir los compro- 
á que se consideraba espuesto por su involuntaria privanza, unida á la ojeriza de los que 
«traban resentidos por sus escritos. Acababa de llegar á Paris cuando, el dia 3 de setiem* 
9S, oye por la calle un grande alboroto, se asoma á la ventana, y ve la cabeza de la prin- 
de Lamballe que, clavada en una pica, iba i)aseando en triunfo una furiosa muche- 
•re, que consagró aquel dia terrible á toda clase de crueldades y abominaciones. N% era 
o del ánimo de Moratin el presenciar tales espectáculos , que amenazaban reproducirse 
«cuencia. El mismo dia pidió su pasaporte para Inglaterra, y se trasladó apresuradamente 
idres horrorizado de tanto desenfreno, y ansioso de contemplar por primera vez la ver- 
a libertad arraigada en los hábitos populares, sin las mortales convulsiones de la licencia, 
yermadora huella de la opresión. 

lenró en Inglaterra y recogió en curiosisimos apuntes cuanto pudo causar en su espíritu 
ras impresiones de que era capaz, en punto al carácter, ideas, tradiciones, legislación y 
ncia política y comercial de aquella nación singular, tan digna de ser estudiada. Era con- 
míe que todos estos trabajos, de índole tan diversa, viniesen á parar en el principal objeto 
s indagaciones : en la literatura, y especialmente en aquella parte de ella que. juzgada 
ansaciones momentáneas, ante un jurado numeroso y compuesto de todas las clases y gra- 
¿ inteligencia, es la que mejor espresa el condensado conjunto de las ideas predominan- 
' el gusto instintivo de la sociedad. Empezó este e&ámen desde sus primeras fuentes : 
iró penetrarse del espíritu de Shakespeare; y preparado ya con el conocimiento de Lope 
íga, pudo medir el alcance dé estos dos grandes ingenios contemporáneos, que estampa- 
n sello profundo en sus respectivas naciones. Quiso dar una muestra del primero con su 
ccion del HanUet, que anotó y publicó posteriormente de vuelta á su patria (12). 
ipués de menos de un año de permanencia salió de Londres, en agosto de 1793, con direc- 
i Italia, previa licencia de su protector, quien al concedérsela le envió un socorro de treinta 
Miles para gastos de viaje. Desembarcó en Ostende, pasó á Flandes y recorrió varios puntos 
emania, visitando sus ciudades mas famosas. Pasó allí un buen su^o , que muchas veces 
ba, y filé : que viajando de noche en posta al través de la Selva-Negra, notó que se había 
do al postillón un hombre desconocido y de mala traza, con evidentes muestras de su 
lerto para asesinarle á la primera ocasión, escitados sin duda los dos por el cuidado con 
niraba sos cajones de papeles, donde supondrían que iban tesoros de otra especie. Pero 
ó á alcanzarios otra silla de posta, y no pudiendo por ordenanza pasar delante de la que pre- 
L, tuvieron que andar juntas, hasta que salvados los puntos favorables al crimen, y llegado 
I, desapareció aquella ñgura siniestra y cesó la zozobra del receloso viajero, cuyo miedo 
a infundado, atendida la multitud de desertores franceses y alemanes que ala sazón me- 
iban en aquel pais cometiendo todo género de atrocidades. Continuó su camino acia la 
i, y visitó en Lucerna á don Pascual Valiejo, secretario de aquella legación , á quien habia 
ddo en Madrid, y con quien se embarcó en el lago de los cuatro Cantones, bajando á Italia 
(I San Gotardo, donde se separaron el uno paraJénovay el otro directan^ente para Bolonia, 
i fijó Moratin su residencia habitual, obsequiado por sus amigos los españoles que á la 
)ra de aquella universidad vivían enseñando y aprendiendo en el colegio de San Ciernen*^ 
magnífico establecimiento que fundó en el siglo xiv el cardenal Albornoz, y que aun 
El Htimlfl so piihlicó on Madrid en 1798. Véase la página 473. 



XIX VIDA DE DON LEANDRO FERNANDEZ DE MORATIN. 

entonces conservaba buenos restos de su antigua nombradla. Fué recibido con particalar 0%.^ 
riño por don Simón Rodrigo Laso , rector del referido colegio ; y en compañía de don Jim^- 
Uneo, varón eruditísimo y de un mérito singular, fué ¿ recorrer la Italia en diferentes e»em^} 
siones que ensancharon la esfera de sus conocimientos. Hacia muchos años que deseaba 0Mi^> 
minar aquel pais clásico y rico de gloriosos monumentos literarios , ¿ los cuales el ejemplo-di^ 
su padre debia haberle inspirado la mas decidida afición. Con tan escelente guia estuvo enM^^ 
ián, en Parma (donde en las prensas del célebre Bodoni hizo una buena edición de la rnini ' 
dia El cafi)^ en Florencia, en Pisa, en Roma, en Ñapóles, en Ferrara, en Verona, en Viceim»;: 
en Padua, en Venecia y en otras ciudades, que en medio de las turbaciones de aquellos tien- I 
pos ostentaban mas que en otros de mayor sosiego la fecundidad de sus ingenios y los qu¡l|^ 3 
tes de su ilustración. . ] 

No cansado de Italia, pero si deseoso de volver á la patria, achaque que entre las majimíi 
comodidades y distracciones suele acometer ¿ los españoles, tras de breve tiempo de ausst-í 
cia, determinó Moratin su regreso ; y con este fin pasó ¿ Jénova y luego á Niza á embarcsBMii \ 
como lo verificó, el 18 de octubre de 1796, en la fragata española la Venganza. Perp fu¿ tai i 
poco afortunada esta navegación, que después de una furiosa tempestad, en que tuvo tenia- 1 
cienes de arrojarse al agua, y acortar por breves momentos una vida que consideraba ya pv-^i 
dida, para no ver tanta desolación en sus compañeros; después de huir por dos veces de ain^ 
escuadra que avistaron y creyeron inglesa; tuvo que fondear el buque en la isla de SanPl»-i 
dro, inmediata á Cerdeña, y después en el puerto deUahon, abstenerse de entrar en CártagaBí, 
y seguir arrastrado por los vientos, hasta que. por fin, el 11 de diciembre, logró entrar en la bhi 
hia de Aljeciras. 

Entre tanto Melón, solicito siempre en procurar los aumentos de su amigo, le preparaba iipM< 
agradable sorpresa. Habiendo quedado vacante la secretaria de la interpretación de lengoaSii 
sin consultar mas qué su buen deseo , hizo presentar en nombre de Moratin un memorial pír : 
diendo para él aquel destino , bastante lucrativo y descansado. Godoy, ya entonces duque dsj 
la Alcudia, se lo concedió sin vacilar; el agraciado, que recibió la noticia en Andalucía» sede-. 
tuvo mas de un mes en recorrer sus mas importantes poblaciones, y á principios de febrero ssti 
presentó en Aranjuez, donde su protector le prodigó las mas lisonjeras disthiciones de aprs- ^ 
cío. Era esto suficiente para que todos los cortesanos le rodeasen brindándole con su amistad» : 
que á pocos dias hubo de trocarse en el desvio mas completo. Hallábase en aquel real sitio 
una joven de singular belleza y travesura, por cuya mano, según fama, se repartían los empleos 
y pensiones de la monarquía. Antojóse al duque de la Alcudia que Moratin había de celebraila 
en unos versos; y por mas que le instó con aquellos ruegos que los mas encumbrados con ssf- 
vil obediencia se apresuraban á satisfacer, no pudo recabar del desdeñoso poeta, que asi pros» 
tituyese su musa á una deidad que no le inspiraba. Esta conducta, que en aquellas corrompidas 
antesalas se pintaba como un rasgo de ridiculez é ingratitud, hizo presagiar una desgracia iiK 
mediata. En efecto, el duque manifestó descontento y aun amenazó castigo ; pero la borrasca 
se disipó sin tardanza, y este incidente no tuvo ulteriores consecuencias. 

Trasladóse Moratin á Madrid para encargarse de su secretaria, arreglarla y despachar los ne^- 
gocíos de ella, que le dejaban espacio sobrado para dedicarse á sus preferidas ocupaciona» 
solitarias, y para alternarlas con las reuniones en casa del ya nombrado don Juan Tineo : so- 
ciedad entre tertulia y academia, que él llamaba de los Acalófilos. Quiso el gobierno atender 
á la reforma del teatro, el cual alimentado por comedias del antiguo repertorio, mejor ó peor 
refundidas, por traducciones detestables y por dramas sin plan, sin invención y sin verisími-* 
litad, continuaba en la mayor postración. A este efecto se creó una junta, recurso de cajón 
que antes y después ha sido la panacea de todos los males de España. Era su presidente, por 
serlo del consejo de Castilla, el general Cuesta : hombre muy entendido en materias de guerra* 



VIDA DE DON LEANDRO FERNANDEZ DE MORATIN. ixxi 

> en las de administración y literatura, y lo que es peor, impetuoso, dominante y per- 
la buena fe de que las funciones de su presidencia, con respecto á sus colegas, eran ni 
lenos que las de un jefe de batallón al frente de sus soldados. Seguíanle algunos go- 
is propios para perorar sobre materias desconocidas » que para resolver con acierto 
es de organización teatral; y entre ellos tenia asiento nuestro Moratín, el único tal vez 
aliaba en disposición de ilustrar los puntos que iban á controvertirse. Muy á los prin- 
I manifestó la discordancia de opiniones que de tan heterogéneos elementos debía es- 
hasta que un dia se puso tal de irritado y descompuesto el referido presidente , que 
! Moratin en disposición , según temió , de tirarle el tintero , juzgó prudente retirarse 
dar un escándalo , y presentó su renuncia inmediatamente. Lo que la junta hizo en su 
L no es cosa de contarse en este lugar ; basta para formar alguna idea d^ sus actos la 
na lista de comedias , que á guisa de índice espurgatorio mandó publicar á retazos, 
mdo la representación de centenares de ellas , algunas de las cuales no hubieran me- 
an severa censura, aun cuando fuera licito y conveniente aplicar el sistema prohibi- 
laterias que penden del gusto y opinión delpúblico. Corregir su estravio y estrága- 
le logra solo presentando ejemplos perfectos que puedan luchar con los depravados : 
podia hacerlo mas que Moratin, quien, á pesar de sus resabios de intolerancia en esta 
3), no creemos que hubiese autorizado semejante providencia, 
ñendo el gobierno la insuficiencia de la junta para lograr el objeto que se proponía, 
crear otra magistratura bajo el titulo de director de teatros, destino para el cual nom- 
oratin por una real orden. No era para él contraer un empeño , que reclamaba un ca- 
ías firme que el suyo, para desterrar abusos , luchar con dificultades de mil especies, 
todo para resistir y sortear con oportunidad y maña las exigencias de autores, cómí- 
isicos y danzantes. Agradeció al gobierno esta distinguida confianza, pero no la ad- 
ío vista de ello, hizole preguntar el rey sí conocía otra persona acomodada al intento : 
retirada, su larga ausencia de España, la estrechez del circulo de sus relaciones (tal 
lontestacíon) le ponían fuera del caso de hacer una propuesta acertada. 
inte un trato modesto y económico , pudo Moratin juntar por aquellos años algunos 
, que hubieran sido mayores á ser él menos desprendido y dadivoso. En Pastrana, 
olía veranear, compró una casa que reedificó, plantando su huerto de acacias; en 
compró también una en la calle de Fuencarral, y otra en la calle de San Juan, cuya cor- 
>nvirtió en jardín, y allí pasaba largas horas. Tuvo idea de casarse, I9 consultó con 
y oídas las reflexiones de esie , desistió de su pensamiento. 

sde antes de su segundo viaje al estranjero había compuesto, con el titulo deElBaron^ 
uela, que asi se llamaban las representaciones mistas de declamación y c^nto , á ma- 
1 vaudeville de los franceses. Destinada esta pieza á una diversión particular que no 
rerificarse, hubiera quedado entre los borradores, á no haber ocurrido las circuns- 
que en su propio lugar se refieren (14) , y que le obligaron á poner la mano en su ol- 
ibra. El resentimiento de la compañía que , protegida por personas de poder y vali- 
trabajaba en el teatro de los Caños del Peral, la prevención con que el famoso 
Haiquez miraba entonces al autor por influencia del ya difunto Huerta, y la docilidad 
il don Andrés Mendoza, oficial de la inspección de caballería, que era, según dicen, 
iven turado, fueron los elementos de aquella intriga, que se convirtió contra sus mis- 
movedores , ridiculamente envanecidos por un triunfo aparente y momentáneo. £1 
ue Mendoza intituló La Lugareña orgullosahñ caído en olvido sempiterno : la comedia 

apoyo de esta observación puede verse lo que decimos en la ñola 15, paeita al discurso prelimÍDar de las 

del autor (págioa 318). 

ise la advertencia que precede á la comedia El Barón, en la página 373. 



xixii VIDA DE DON LEANDRO Fti:RNANDE'¿ DE MORATIN. 

original de El Barón ^ representada en la Cruz, en iS de enero de 180o, durará mientras haya 
memoria de la lengua castellana. 

El 19 de mayo del año siguiente se estrenó en el mismo teatro otra comedia do Moraün * h 
Mojigata (15) , producción que debió escitar contra él otra clase de contrariedades^ i mas de 
las puramente literarias; pues atacaba de frente la hipocresía; y la hipocresía , especialmenle 
la de la mujer , no sufre la menor alusión, recelosa de que basta levantar una punta del ynlo 
para descubrir toda su odiosa fealdad. Ya esta comediarse había representado en casns parti- 
culares en el espacio de los doce años anteriores, en que corrió manuscrita, tal como había 
salido de las manos de su autor con algunas variantes. Cuando llegó ya el caso de darla al 
publico, quiso, como solía , corregirla minuciosamente ; y como observase que algunas espre- 
siones pudieran parecer demasiado duras, las modificó ó suprimió en obsequio de respeta- 
bles miramientos. Pero esto no bastó para desarmar á la envidia literaria, que desde estemiK 
mentó se conjuró con el fanatismo religioso para armarle cruda guerra. El público recibió ooo 
muestras de satisfacción este nuevo fruto de su ingenio ; pero á mas de las críticas mas ó me- 
nos decorosas á que dio lugar la comedia , llovieron tantas intrigas y anónimos , se le asesta* 
ron á traición tiros tan bajos y rateros, que bien se conoció que andaba en ello el vicio q^e 
emplea siempre las armas mas ruines : la hipocresía. 

Esta persecución sorda é incansable llegó á su punto cuando, en 24 de enero de 1806, se re- 
presentó la que consideramos por muchos títulos su obra maestra, la comedia El SI de las ni^ 
ñas (16) , cuyo triunfo fué completo en Madrid y en las provincias, en la escena y en la prensa. 
Ya no quedaba recurso á los enemigos de Horatin para disputarle una popularidad de que do 
podían disponer á su antojo ; apelaron al medio estremo, pero seguro, que entonces existía 
para inutilizar un ingenio : lo delataron á la Inquisición. Con esto lograron su principal objeto, 
que era aburrirle, conociendo bien su carácter tímido y poco amigo de luchar sin esperanxas 
de buen éxito. Todo el amparo de sus valedores, que se consideraban omnipotentes, no era 
suficiente para librarle de desagrados ; así que, hizo firme propósito de dejar para siempre de 
escribir para el teatro , abandonando el plan que tenia trazado para cuatro ó cinco comedias 
que hubieran sido probablemente otros tantos rayos de gloria para la escena nacional. Dando 
pues de mano á estas tareas, dedicó sus ocios á otras de distinta clase que para mas adelante 
tenia reservadas , y activó la recolección de materiales para los Orígenes del teatro espauoU 
dando tregua á las inspiraciones de su fantasía, y nueva materia de estudio á su talento jui- 
cioso é indagador, facultad que poseía también en alto grado. i 

Embebido en tales ocupaciones, á que admirablemente se conformaba su sistema de vida, 
ajeno de toda distracción bulliciosa, le encontraron los acontecimientos del año de 1808, des- 
tinados á dislocar tanto la situación de los negocios generales, como las privadas condiciones 
y esperanzas de todos los españoles. Jamás se había mezclado en la política, sin dejar por eso 
detener ideas propias acerca del gobierno que en circunstancias dadas consideraba mas conve- 
niente á su patria, de la cual era amante sincero, sin aquellas exageraciones que sirven machas 
veces de máscara, instrumento ó pretesto para otros fines. Sabida es la odiosidad quehabiaido 
granjeándose el príncipe de la Paz, y la tempestad que descargó sobre su cabeza en el memora- 
ble día 19 de marzo de aquel mismo año. Moratin no pertenecía al número de los ingratos 
que, después de haber adulado bajamente á aquel hombre poderoso, le insultaban en el infor- 
tunio, olvidando los beneficios recibidos ; y esto bastaba en aquellos días para ser tenido por 
enemigo de la cosa pública : tal era el esceso á que había llegado el furor popular, y tal el vér- 
tigo que se había apoderado de los ánimos. Retiróse temblando á su casa en aquella noche ter- 
rible, y á la mañana siguiente temió ser víctima de algún atentado al oirías desaforadas vocife- 



(15) Véase la página 502. 
(\ü) Véase la p;igiiia 418. 



VIDA OB DOiN LEANÜAO FERNANDEZ UE MORATIN. xxxv 

Mía, donde encontró jefes mas apreciadores del mérito, y mas considerados con la des* 
: tal fué el barón de Eróles, quien trató de persuadirle á que se quedase en aquella ciu- 
bqo su protección recobró algún tanto la calma, y pudo proveer á sus intereses. Pero 
anto, viendo agotados todos sus recursos, y no sabiendo resolverse á ser molesto á sus 
I, intentó dejarse morir de hambre, para cuyo efecto buscó fuera de la población un 
> en casa de unos pobres labradores, á quienes se proponia dejar dentro de una carta el 
del alquiler. Dn dia antes de ir á consumar tan funesta idea recibió de la corte noticias 
norables. Llegado á su término el juicio de purificación que habia promovido, declaró 
Fernando VII que no le comprendía el articulo 1.^ del decreto de 30 de mayo, llamado 
e, pero verdadera proscripción; y mandó le fuesen devueltos los bienes secuestrados. La 
le li calle de San Juan habia sido ya vendida ; recobró la de la calle de Fuencarral, cuya 
düeposo y logró con los sacrificios que eran consiguientes á la urgencia d^ la realización. 
1(0, con algunas cobranzas de ^u beneficio, y con la almoneda de varios efectos, tristes 
■s de su naufragio, pudo socorrerse, y aun depositar unos cuatro mil duros en una casa 
tercio que luego quebró, sin que este crédito baya podido hacerse efectivo. £1 obispo 
I entonces de Oviedo, á pesar de las reales disposiciones, se obstinó resueltamente en 
i al pago de la pensión que gravaba sobre las rentas de su mitra, cohonestando su co- 
resistencia con los mayores denuestos contra su caido acreedor. 
es de 1814 escribió con el titulo de El Médico ópalos (19), y con alteraciones impor- 
' bien meditadas, una traducción de otra comedia de Moliere, que fué representada en el 
le Bar^lona el 4 de diciembre. Asi vivía con alguna tranquilidad , pero con intervalos 
lo : tal era la constancia de sus enemigos, no ya literario's (pues la literatura habia casi 
eddo de entre nosotros, y no renació con algún brillo hasta muchos años despuiés), 
otra clase peor, que nunca satisface sus odios. So protesto denr á tomar los baños de 
?rovenza, solicitó su pasaporte para el estranjero; y el genera! Castaños, que le aprecía- 
le como hombre de mundo y consumada prudencia conocía lo espuesto de su sitúa- 
irobando su plan, le indicó cuánto deseaba que no difiriese su cumplimiento. En efec- 
ibud mucho en Cataluña en entibiarse las pasiones que en pos de si dejó la ocupación 
k; y á la verdad, ya por la tenaz resistencia del pais, ya por la desacertada elección de 
, aquella dominación fué alli incomparablemente mas dura y opresora que en otras pro- 
El mariscal Suchet, humano en Valencia, fué cruel hasta el estremo en Tarragona; y 
1 mando de Lecchi hasta el de Haurice Mathieu, Barcelona fué teatro de las mayores 
des. Esto, produjo indispensablemente una terrible y duradera reacción; y el pueblo 
se alborotó en varias ocasiones contra los que hablan cedido á la fuerza física y mo- 
QVBsor. Pero no estaba en esto el mayor peligro : la Inquisición iba cada dia convir- 
I en instrumento de persecución política; y Moratin no podía soportar la idea de aquel 
sentro de delación y espionaje. Averiguaciones posteriores le dieron á conocer que sus 
no eran infundados. 

mMontpellier la primavera de 1818, se trasladó luego á Paris, permaneciendo alli 
índpios de 1820 con su amigo Melón , á quien no quiso seguir en su vuelta á España, 
ido ir á Bolonia, con ánimo de establecerse en compañía de don José Robles Hoñino, 
grande amigo suyo desde su anterior estancia en aquella ciudad. Ocurrieron al mismo 
las notables mudanzas de aquel año. Una de las primeras providencias del gobierno 
donal nuevamente aceptado por el rey fué la de llamar á su patria á los españoles au- 
le ella por opiniones y hechos políticos : conducta que á los ojos de todo hombre ge- 
le cualquiera opinión recomienda un sistema que así se inaugura , bajo la piadosa 
I 'de que es posibh^ estudiar con aprovechamiento en la escuela de la desgracia. El 

as«1a |»¿igiiia i^l. 



xxxiv VIDA DE DON LEANDRO FERNANDEZ DE MORATIN. 

cien mil reales ; por un descuido fatal no habia retirado de las manos de su apoderado de 
Córdoba una gruesa cantidad que representaba como tres anualidades de su beneficio de Hon» 
toro, el mas pingüe de sus recursos, y la junta de defensa de aquella ciudad se echó sobre 
aquellos fondos como pertenecientes á persona residente en pais ocupado por el enemigo; 
habia cedido la casa de Pastrana en dote á su prima Anita, casada con Conde;ylasde Hadiid, 
on cuyas obras habia empleado sumas considerables , casi nada producían en aquella época 
de miseria y hambre espantosa ; su emigración fué una ruina , y al volver de ella encontró sa 
casa enteramente saqueada bajo la forma de un inicuo secuestro ; sus liberalidades (17), sa aft* 
cion á libros, pinturas y objetos curiosos, que desaparecieron en gran parte, babian absorbido 
todas SUS' economías, aun en las épocas mas holgadas. Hé aqui por qué, según consta por recOxis 
que se conservan en la biblioteca , tuvo muchas veces que tomar escasas partidas i cuenta da 
su haber mensual para subvenir á sus necesidades y remediar las ajenas. 

Por marzo de 181S dio al teatro una traducción de la Escuela de los maridos^ deHolifere (18), 
autor á quieiK profesaba el mas profundo respeto. Maiqaez, que le habia conocido, y por con* 
siguiente habia desechado las antiguas prevenciones , se encargó de un papel ; y el público, 
á pesar del mal humor dominante , asistió y aplaudió. 

Pero el mismo año las fuerzas francesas, de resultas de su derrota en los Arapiles, tavieron 
que abandonar la capital y retirarse acia Valencia. Hallábase Moratin en los mayores apuros 
para emprender su segunda emigración , enfermo , débil , sujeto á continuos vómitos y am el 
mas pequeño recurso. Pero tuvo la fortuna de que lo acogiese en el coche , donde iba em 
compañía de don Manuel Garcia de La Prada, la apreciable actriz Maria García, que le cuidó 
en este viaje con toda la delicadeza y esmero de la amistad. Era La Prada hombre instruido, 
acaudalado y cumplido caballero. Habia sido corregidor de Madrid durante la invasión, y desda 
este momento cobró ¿ Moratin un cariño que jamás se desmintió después. 

En Valencia encontró de gobernador militar al general Mazzuchelli , quien compadecido de 
su triste posición le encargó la redacción del diario, junto con su amigo don Pedro Estala, que 
secularizado ya y nombrado canónigo, habia venido á ser su compañero de desgracia. Sus ái^ 
ticulos en este periódico se limitaban á la literatura : así vivió con estrechez hasta que á la sa- 
lida de los franceses de aquella plaza pudo acomodarse en un mal calesín, que volcó en elch- 
mino. Iba en él una señora llamada doña Teresa Iturburu, que se quebró una clavícula ; y con 
este motivo se vio en la precisión de encerrarse en la fortaleza de Peñíscola, que á poco cereta 
ron nuestras tropas, estrechándola por espacio de once meses. Durante el sitio, una casualidad 
le salvó la\ida; pues convidado á comer por el gobernador, dejó pasar la hora entretenido en 
vestirse, cuando una eq[)losion violenta le derribó de la silla. Se habia volado la casa del gobo^ 
nador, y cuantos estaban en ella quedaban sepultados en las ruinas. La plaza capituló al fin ; y 
uno de los artículos convenidos fué que los españoles refugiados pudiesen salir con las tropas. 
Cansado Moratin de tan continuas vicisitudes, tomó una resolución tan superior á su natural apo- 
camiento, que bien da á conocer el estado de desesperación en que se hallaba. Cogió su bas- 
toncito; y solo, á pié, sin mas recomendación que su nombre, salió al campo, llegó á la trinche- 
ra, y filé detenido por un centinela. Acudió el oficial del puesto , y asi que supo quién «ra, le 
colmó de atenciones, y le dejó ir libremente á Valencia. El desgraciado fiígitivo tuvo con esto 
ánimo bastante para presentarse al general Elio, que en aquella provincia ejercía el mando su- 
perior; pero esta autoridad le hizo tan brutal acogida, que llegó á echar mano á la espada 
como para pasarle, quiso luego prenderle, y á duras penas le dio permiso para embarcarse en 
un falucho con dirección á Francia. El buque por el tiempo contrario tuvo que arribar á 

(i7) De sus apuntes consta que en aquella época hahia invertido la suma de cerca de seis mil dufos en socorrer á 
Tirios parientes necesitados, á quienes bizo completa donación de sus débitos. 
(18) Véase la página 449. 



VIDA OE DOiN LEANDRO FERNANDEZ DE MORATIN. luv 

Barcelona, donde encontró jefes mas apreciadores del mérito, y mas considerados con la des* 
gracia: tal fué el barón de Eróles, quien trató de persuadirle á que se quedase en aquella ciu- 
dad; y bajo su protección recobró algún tanto la calma, y (tudo proveer á sus intereses. Pero 
eolre tanto, viendo agotados todos sus recursos, y no sabiendo resolverse á ser molesto á sus 
amigos, intentó dejarse morir de hambre, para cuyo efecto buscó fuera de la población un 
coarto en casa de unos pobres labradores, á quienes se proponía dejar dentro de una carta el 
precio del alquiler. Dn dia antes de ir á consumar tan funesta idea recibió de la corte noticias 
mas bvorables. Llegado á su término el juicio.de purificación que habia promovido, declaró 
Arej Fernando VII que no le comprendía el artículo I."" del decreto de 30 de mayo, llamado 
indulto, pero v^dadera proscripción; y mandó le fuesen devueltos los bienes secuestrados. La 
casa de la calle de San Juan habia sido ya vendida ; recobró la de la calle de Fuencarral, cuya 
venta dispuso y logró con los sacrificios que eran consiguientes á la urgencia de la realización. 
Con esto, con algunas cobranzas de «u beneficio, y con la almoneda de ^-arios efectos, tristes 
rdiquias de su naufragio, pudo socorrerse, y aun depositar unos cuatro mil duros en una casa 
de comercio que luego quebró, sin que este crédito haya podido hacerse efectivo. £1 obispo 
que era entonces de Oviedo, á pesar de las reales disposiciones, se obstinó resueltamente en 
negarse al pago de la pensión que gravaba sobre las rentas de su mitra, cohonestando su co- 
didosa resistencia con los mayores denuestos contra su caído acreedor. 

A fines de 1814 escribió con el titulo de El Médico ópalos (19), y con alteraciones impor- 
tantes y bien meditadas, una traducción de otra comedia de Moliere, que fué representada en el 
teatro de Bar^lona el 4 de diciembre. Asi vivia con alguna tranquilidad , pero con intervalos 
de recelo : tal era la constancia de sus enemigos, no ya Uterarios (pues la literatura habia casi 
desaparecido de entre nosotros, y no renació con algún brillo hasta muchos años después), 
sino de otra clase peor, que nunca satisface sus odios. So protesto denr á tomar los baños de 
Aix en Provenza, soUcitó su pasaporte para el estranjero; y el general Castaños, que le aprecia- 
ba, y que como hombre de mundo y consumada prudencia conocía lo espuesto de su situa- 
ción, aprobando su plan, le indicó cuánto deseaba que no difiriese su cumplimiento. En efec- 
to, tardaban macho en Cataluña en entibiarse las pasiones que en pos de sí dejó la ocupación 
francesa; y ¿ la verdad, ya por la tenaz resistencia del país, ya por la desacertada elección de 
los jefes, aquella dominación fué allí incomparablemente mas dura y opresora <iue en otras pro- 
vincias. El marisca] Suchet, humano en Valencia, fué cruel hasta el estremo en Tarragona; y 
desde el mando de Lecchi hasta el de Maurice Mathieu, Barcelona fué teatro de las mayores 
atrocidades. Ésto, produjo indispensablemente una terrible y duradera reacción; y el pueblo 
esdtado se alborotó en vaiias ocasiones contra los que habían cedido á la fuerza fisica y mo- 
ral del invasor. Pero no estaba en esto el mayor peligro : ki Inquisición iba cada dia convir- 
tióidose en instrumento de persecución póhtica; y Moratín no podía soportar la idea de aquel 
oscuro centro de delación y espionaje. Averiguaciones posteriores le dieron á conocer que sus 
temores no eran infundados. 

Pasó en Montpellier la primavera de 1818, se trasladó luego á París, permaneciendo allí 
hasta principios de 1820 con su amigo Melón , á quien no quiso seguir en su vuelta á España, 
prefiriendo ir á Bolonia, con ánimo de establecerse en compañía de don José Robles Moñíno, 
también grande amigo suyo desde su anterior estancia en aquella ciudad. Ocurrieron al mismo 
tiempo las notables mudanzas de aquel año. Una de las primeras providencias del gobierno 
constitucional nuevamente aceptado por el rey fué la de llamar á su patria á los españoles au- 
sentes de ella por opiniones y hechos políticos : conducta que á los ojos de todo hombre ge- 
neroso de cualquiera opinión recomienda un sistema que así se inaugura , bajo la piadosa 
creencia 'de que es posible estudiar con aprovechamiento en la escuela de la desgi*acia. El 

(\9) Véasela página 461. 



mvi VIDA DE DON LEANDRO FERNANDIlZ DE MORATIN. 

principal motivo de la voluntaría espatriacion había desaparecido para Moratin. La Inquisición 
acababa de sucumbir á las manos del pueblo para no volverse á levantar» como no lleguen á 
realizarse los sueños de los que, sin hablar do ella, nos van empujando mañosamente acia to- 
dos los abusos é instituciones de siglos que nos pintan como modelo de felicidad. 

Participe Moratin de aquellas dulces esperanzas que animaban todos los corazones amantes 
de la reforma, se dirigió á España, y llegó otra vez á Barcelona, á cuyas comodidades, salu- 
bridad de clima, cultura intelectual y demás circunstancias, se agregaba otra para Moratin 
muy poderosa ^ el brillante estado de su teatro, que era en aquella época el primero de la na- 
ción, asi en la declamación española, como en el canto italiano. Alli encontró reunida buena 
porción de sus amigos. Antonio Pinto, hombre honradísimo y cómico jubilado , que por ana 
feliz ocurrencia hnbia salvado de un aparente desaire su comedía de El Barón, acababa de ser 
arrancado en triunfo de las mazmorras del santo oficio ; Felipe Blanco, en cuyo obsequio ha- 
bía traducido el Médico á palos, continuaba regocijando la escena con sus gracias inagotables : 
La-Prada había fijado alli su residencia, y el amable Cabanillas se lo llevó á la casa que habi- 
taba con vistas al puerto. Esta mansión le hubiera sido sumamente grata, si no la acibarara la 
noticia que recibió de la muerte de su deudo y amigo don José Antonio Conde , á cuya me- 
moria dirigió una oda rica en gusto y en sentimiento (20). Entonces le conoció el que esto es- 
cribe , y aun recuerda con veneración la benévola indulgencia con que fueron recibidos por 
aquel gran maestro los primeros ensayos de su pobre musa. 

Entretanto las concebidas esperanzas de paz y de buen gobierno menguaban de dfa en dia: 
la insubordinación iba cundiendo, y las masas se insolentaban, como sucederá siempre, cuando 
después de reconocida una reTorma aparece la vehemente sospecha de que no preside la sin- 
ceridad en las altas regiones del poder. Desde principios de 1831 los dudosos procederes de 
la Francia, la espedícion del Austria sobre Ñapóles, y la general disposición de los gobiernos 
europeos anunciaban de tejos la invasión de 1823. Una nueva calamidad vino á complicar la 
situación : la fiebre amarilla apareció en Barcelona, y sus primeros estragos, preludio de otros 
mayores, ahuyentaron á todos los que no se veían encadenados al país por intereses difíciles 
<le trasportar. Don Manuel García de La Prada precipitó su marcha, y ofreció á Moratin su com- 
pañía, que fué aceptada ; sortearon del mejor modo posible las precauciones. sanitarias adopta- 
das en los pueblos del tránsito y en la frontera, descansaron poco en Perpiñán, y se separaron 
en Bayona, donde permaneció Moratin esperando el consejo de los acontecimientos, que por 
cierto no convidaban á entrar de nuevo en España. Desde alli escribió á su amigo Silvela, quien 
después de muchas vicisitudes residía en Burdeos al frente de un estableciiníento de educa- 
ción para españoles, consultándole sobre lo que mas le convenia hacer ; y en vista de sus jai- 
cíosas reflexiones y sinceros ofrecimientos, se fué á vivir con él, con propósito de pasar mo- 
destamente los últimos años de su vida en el seno de la amistad, libre de cuidados enojosos^ y 
dedicado esclusivamente á sus mas caras ocupaciones. En todo el curso de la vida de Moratin 
se observará constantemente que para él era necesidad imprescindible el arrimo de algún ami- 
go con quien desahogar sus sentimientos, y dar algún ensanche á aquel espíritu poco espan- 
sivo, que se recataba de las relaciones superficiales ó indiferentes : necesidad que iba creciendo 
con su edad ya provecta, y sujeta á las incomodidades que á ella están vinculadas. Todo lo en- 
contró en aquella familia sencilla, afectuosa, bien educada, modelo de todas las virtudes do- 
mésticas y sociales : la vida metódica, la amena conversación, el moderado ejercicio, la diaria 
asistencia al teatro, que nunca dejó de ser su principal pasión, le mantenían en un estado de 
contento que jamás había disfrutado, t He llegado á la vejez, decía muchas veces, sin sentir 
todavía ninguno de sus achaques; y no cambiarla mi feliz independencia, mi plácida soledad, 
ni por la mas opulenta fortuna, ni por el esplendor de un trono. » 
(90) Se imprimió snelU, j ps la de la página 593. 



OBRAS DE DON LBANDRO FERNANDEZ DE MORATIN. xxxfii 

Entonces dio la última roano á sus Orígenes del teatro espafwl, obra formada lentamente en 
d espado de muchos años» que no se publicó hasta después de su muerte, y por consiguiente 
no se halla comprendida en la edición hecha en París, el año de 1825, por don Vicente Gonzá- 
lez Amao, quien por cesión del autor adquirió la propiedad de las obras dramáticas y líricas 
aOi recopiladas. 

Afines de aquel mismo año tuvo un amago de apoplejía , el cual se resolvió después en una 
irritadon -hemorroidal violentísima, que le mortificó por algún tiempo, y produjo un efecto 
sensible en su parte moral ; pues desde entonces empezó á darse á la vida sedentaria, perdió 
su alegría y hasta menguó su afición á los espectáculos teatrales. Solicitaciones de amigos, 
iníns de conveniencia pública y personal y otros motivos honrosos para un padre de familia y 
pira un celoso institutor de la juventud, hicieron que Silvela pensase en trasladar su estable- 
cimiento de Burdeos á París. No quiso tomar su resolución definitiva hasta saber si Horatin le 
seguiría voluntariamente, pues de otra manera estaba-decidido á desechar el proyecto, y á no 
abandonar á mi andano, que consideraba como un depósito precioso confiado por la Providen- 
cia á so cuidado. Moratin le animó ofreciéndole reunirse con él. Con esta promesa se adelantó 
Slvela, partiendo á París una mañana sin despedirse. Levantóse Moratin, y afectado por esta 
breve separación y por la soledad en que quedaba, escribió aquel mismo día su última volun- 
tad, monumento de ternura y -espresion de dulces y dolorosos recuerdos. Ya anteriormente 
hizo donación á la Inclusa de Madrid de su casa de Pastrana, que, muerto Conde en pos de su 
esposa, habia vuelto á ser propiedad de su primer dueño. Con esto no le quedaba ninguna fin- 
ca, y el dinero que habia juntado de sus ahorros, como que no tenia obligaciones postumas, 
lo habia convertido en rentas vitalicias, que le producían unos seis mil francos anuales. Por 
consigoiente apenas tenia de qué disponer: Legó á varios amigos algunos cuadros y objetos ar- 
tísticos, á la Academia su retrato pintado por Goya, sus libros y manuscritos á Silvela, insti- 
tuyendo i una nietecilla de este por única heredera de lo que restaba, reduddo á una inscríp- 
don de cuatrocientos francos de renta, y á créditos de alguna importancia nominal, pero de 
éñcñ y dudosa realización. Se despidió caríñosamente do su patria y de sus amigos, pidió per- 
don á los que hubiese ofendido ú olvidado, y cumplido este deber postrero, sintió que su alma 
quedaba aliviada de un peso enorme. 

Después de algún tiempo verificó su traslación á París, y á poco vio en la mayor constema- 
áon la femilia que consideraba ya como suya. Silvela el padre estuvo á pique de sucumbir á 
la ríolenda de una pulmonía en enero de 1828 ; recayó en febrero, y apenas convalecido lloró 
dos veces la pérdida del hijo que mas le auxiliaba en sus tareas profesorales; pero al fin lo vio 
salvado para consuelo de los suyos y utilidad de su patria. El espectáculo de tanta agitación 
y zozobra, de que como el que mas participaba, influyó fatalmente en la salud de Moratin ^ y 
predpitó probablemente el acometimiento de su última enfermedad. El 21 de mayo aparecie- 
ron los primeros síntomas, que procuró cuidadosamente ocultar, hasta que fué sorprendido 
am)jando en frecuentes vómitos una materia negruzca y de alarmante apariencia. A costa de 
mil instancias consintió en que se llamase al médico, que á pesar de sus esfuerzos y el ausdlio 
délos mas hábiles profesores de aquella capital, no pudo lograr mas que pasajeros alivios: no 
era dado al arte contener los progresos del mal ; procedía de lesión orgánica. Por la noche 
del 20 de junio perdió el conocimiento, y á las dos de la madrugada del siguiente dia quedó 
80 cuerpo en perpetua inmovilidad. 

El cementerio del padre Lachaise recibió aquellos venerables restos, entre las solitarias ca- 
lles que corren á la derecha do la capilla, en medio de las tumbas que cubren los cuerpos de 
Moliere y Lafontaine. Ningún español amante de la literatura, al visitar la capital de Francia , 
deja de pararse á orar frente de un sencillo monumento , on cuyo pedestal , que sostiene una ' 
urna cineraria, se lee la inscripción siguiente : 



xuviii OBBAS DE DOÜ LBANDRO FERNAlVDEZ DE MORATtN. 

AQUÍ YACE ' 

DON LKANDaO FIBICANDEZ DB MORATIN, 

INSIGNE POETA CÓMICO Y LÍRICO, 

DELICUS DEL TEATRO ESPAÑOL, 

DE INOCENTES COSTUMBRES Y AMENÍSIMO INGENIO: 

MURIÓ EL 21 DE JUNIO DE 1828. 

AUi en efecto » en tierra estranjera , yace un gran español» á quien la patria no ofreció ba»-' 
tante seguridad para morir tranquilamente en su seno. Hombre apartado de todo bando poli- 
ticoy obediente á la autoridad existente de becho ó de derecho, abstraído en sus estudios, 
propagador desde su retiro de una moral purísima y juiciosa, incapaz de dañar á nadie y de 
escítar» ni aun indirectamente , el desorden , anduvo errante largos años , no proscrito , sino 
ahuyentado por recelos sobradamente justos. La opinión echaba de menos su presencia ; solo 
el gobierno se mostraba indiferente. . 

Después de su muerte, las ediciones de sus ohtas se reprodujeron con rapidez, asi en Francia 
como en España. La Academia de la historia quiso honrar su fama europea, cuidando de darlas 
á luz aumentadas con los Orígenes del teaífo español, que adquirió y fieicilitó el rey Femando VII ; 
en algunos pasajes alteró el testo por respetos que ya no existen, y en sus elogios le tributó él 
homenaje que permitia la condición de los tiempos. 

A mas de los escritos sueltos y recopilados, existen otros trabajos suyos, ahora de propiedad 
particular, que no han visto la. luz pública, entre ellos las observaciones hechas en sus pri- 
meros viajes, y una voluminosa correspondencia literaria. Salió bajo su nombre, y dudamos 
que fuese con su anuencia, una traducción del Cándido de Voltaire. Algunas composiciones 
se le atribuyen con mas ó menos probabilidad : faltando su rerconocimiento , serian precisas 
algunas pruebas para conaiderarlaa auténticas. Ya hemos dicho que después de £1 Si de los niñas 
tenia trazado el plan de otras comedias, que abandonó por motivos de disgusto, superiores i 
su valor y no desvanecidos por los acontecimientos sucesivos. Con mayor tranquilidad de es- 
píritu hubiera sin duda enriquecido con nuevos tesoros nuestra literatura. 

Si fué severo con las obras de los demás, no era mas indulgente con las propias. Cuando 
manifestaba satisfacción por lo qae habia escrito, este natural movimiento nó era de vanaglo- 
ria, sino de fe en sus principios. Asi es que corregía y limaba sin cesar con una minuciosidad 
escrupulosa y descontentadiza , unas veces con acierto y otras con desgracia, como pintor, 
que suavizando los contomos les quita la rústica pero varonil energía de su primera concep- 
ción. 

Moratin llevó á feliz remate la empresa acometida por su padre de variar el gusto y las idea» 
del púbGco, y de reformar el teatro nacional segon los principiojs del puro clasicismo que ar- 
dientemente profesaba. Se halló solo en esta empresa; pues en aquella época no se pre- 
sentaron ingenios capaces de ayudarle en tan diñcil tarea , y cuando él desapareció , al ins- 
tante se relajaron las severas reglas que habia prescrito con la discusión y con el ejemplo. 
En la literatura estaban concentradas todas las fuerzas de su actividad intelectual ; solo en 
este campo era esforzado : hombre, y aun jefe de un partido, lo dirigía, pero no lo acaudillaba. 
Tuvo innumerables admiradores, pocos secuaces y ningún discípulo. Retirado, firio, casi es- 
quivo, concedía difícilmente su intimidad ; pero una vez concedida , la prodigaba sin tasa. 
Conocía á fondo la sociedad, como que tan al vivo la retrató; pero se mantuvo de ella á res- 
petuosa distancia, para mejor observarla desde todos sus puntos de vista. Variarán las opinio- 
nes sobre los medios de agradar y de conmover; pero Moratin , que agrado y conmovió, será 
siempre venerado como uno de los grandes maestros del arte , como un autor de inmensa in* 
fluencia sobre su siglo, como el Moliere español. 

FIN DE LA VIDA DE DON LEANDRO FERNANDEZ DE MORATIK. 



OBRAS 



DON NICOLÁS FERNANDEZ DE MORATIN. 



lKW«^ ^ MW»\»»IIMMl » » W %¡ V » < »IMWI<»WiVW»»MMMM»WM ^ '»MñWV W ^ WW>%W» 



OBRAS DE MORATIN 



(D. NICOLÁS). 



POESÍAS. 



ANACREÓNTICAS. 



I. A mimbro. 

Dime : ¿dónde camillas 
Tan solo y confiado. 
Sin protector alguob. 
Librillo desdichado? 

¿En qué elegancia fías 
Tu apredo y tu despacho? 
¿Que critico piadoso 
Te aseguró el aplauso? 

Coando en ti contuvieses 
Los Tersos que cantaron 
Con sonorosas liras 
El Pindaro y Horacio , 

De M ctíos y de Zoilos 
No pudieras librarlos, 
Pues aun al propio Homero 
Se le atrevió Aristarco. 

Siendo esto asi, no temas 
El verte censurado , 
Qae no es toda censura 
Prueba de que eres malo ; 

Y mas en este tiempq , 
Oue en la corte de Carlos 
Son muchos los que juzgan , 
Mas los que aciertan raros. 



IL A mi Musa, 

Saldrás á ver la corte, 
O inquieta Musa mia; 
Mas pues asi lo quieres , 
Oye mis profecias : 

Pararás en las manos 
De aquellos que critican 
Sin leer todas las obras, 

Y al punto las arriman. 
Después irás á aquellos , 

Que en un verso c[uerrian 
Ver armas, gaitas, muertes, 
Chanza y melancolías. 

Los necios presumidos. 
Leyendo lo que digas , 
Dirán muy satisfechos: 
£sto yo me lo baria. 

Los soberbios letrados. 
Que solo horror fuhninan , 
Dirán : ¡ que ha^a cjuien gaste 
El tiempo en niñerías ! 

Serás en las tertulias 
Gasto á unos, á otros risa ; 

Y alguien dirá : ¿ es acaso 
Ciencia la poesía? 

Mas aunque eres humilde , 
De los doctos confía. 
Aunque no con aprecio, 
Qoe con piedad te admitan. 

También, ¡ oh favor grande ! 
Entre sus almohadülas 
Pía, que albergue amable 

TOHO II. 



Te den las madamitas. 

Solo para con estas 
Llevas permisión mia 
De dar satisfacciones , 
Si acaso te replican. 

Dílas que tu sus (pnicias 
De cantar no te olvidas, 
Su beldad, el cortejo. 
La blonda ó la blasquiña. 

Di Gue tengan paciencia, 

Y en un, ó Musa, dilas. 
Que como ellas te apoyen, 
Lograste ya tu dicha. 

Esta será tu suerte, 

Y así nunca me digas. 
Cuando mal te suceda, 
Que no Aliste advertida. 



lU. Motivo de escribir mi obra 

(elPoeu). • 

Yo á cantar me aprestaba 
Las armas españolas, 
De Cortés y Pizarro 
Las ínclitas victorias. 

A nuestro ardor sujetos 
Los reinos de la aurora , 
Las gentes dominadas, 
Las tributarias flotas. 

Al Córdoba escelente , 
Y al Cevallos, que ahora 
Del portugués en Indias 
Conquistó las colonias. 

Al atrevido Aranda , 
Que cuando á Almeida toma. 
Con sus triunfantes armas 
Puso espanto á Lisboa. 

Al gran Garlos Tercero, 
Que mandando sus tropas 
Del Sebeto la orilla 
Manchó con sangre roja. 

Pero la musa... tente, 
Me dijo imperiosa , 
Muchacho temerario, 
¿A cuál golfo te arrojas? 

La avilantez repites 
Del que con furia loca , 
Con derretidas alas • 
Dio su nombre á las ondas.' 

Muy débil es tu aliento 
Para atronar con ronca 
Voz ^1 orbe al estruendo 
De la guerrera trompa. 

Solo a cantar alcanzas 
Tu pasión amorosa, 
Las damas de la corte. 
Sus lazos y sus cofias. 

Mas si aspirar pretendes 
A empresas mas heroicas , 
Limpia á Madrid del vicio , 
Cual Juvenal á Roma. 

Con satírico verso , 
Que al suyo contrapóogu , 



Ridiculiza el vicio, 

Y haz la virtud famosa. 
Destierra el ocio infome , 

Y estravagaucias todas , 
A que por su capricho 

Los hombres se abandonan. 

Solo asi serás di^o 
Del cristal de Beocia , 

Y así solo en Parnaso 
Se adquiere la corona. 



IV. Aventura. 

Erayopeqaeñito, 

Y aun no contaba un lustro, 
Cuando llegué jugando 

A un romeral inculto. 
Allí la blanca rosa , 
Allí el clavel purpúreo , 

Y el firio azul formaban 
Paraíso segundo. 

La Primavera y Flora 
De esquisito dibiijjo 
Tendieron sobre el suelo 
Taoetes amatuntos. 

Las flores y cantueso. 
Tomillo y serpol mustio , 
Perfumes evaporan 
Hinchendo el aire puro. 

Sobre laureles nobles 
Alternan por su tumo 
Las tórtolas quejidos. 
Las palomas arrullos. 

Aquí yo fatigado 
Una siesta de julio 
Me recosté á la sombra 
De un arrayán fecundo. 

Dormidome hube apenas , 
Cuando del valle oculto 
De abejas un enjambre 
A mi se viene junto. 

Unas se me pqsieron 
Sobre mi rostro pulcro. 
Que entonces no cediera , 
Ganimedes, al tuyo. 

Otras sobre las manos 

Y sobre el pelo rubio, 

Y otras colmena hicieron 
Mis labios rubicundos. 

Allí un panal fabrican , 

Y yo entre yoenos chupo 
Goloso la miel nueva , 

Y el paladar, endulzo. 
Despiértabme las aves 

Con su blando susurro; 

Y cantar dulcemente 
Desde entonces procuA, 

No las terribles armas 
De Marte ftiríbundo; 
Mas si de amor y Venus 
El regocijo y gusto. 

4 



Y. LosDosMños. 

Era JO nlik), cuando 
Por no bosque vagando. 
Hallé otro niño hermoso, 
Que alegre y prrsaroso 
Se acerca, y abrazúme; 
Un dulce beso dióme, 

Y balagúe&o á mi oído 
Dice : yo M>y Cuitido , 
Hijo de Marte y Veoos. 
Mi ciencia te interpreta 
Que serás gran poeta ; 
Pero mayor amante , 

Y asi nunca te espante 
Acometer osado 

Al mas alto imposible. 
Pues te será accesible 
Si de ti soy cantado. 
Yo, triste, conCado 
De sus voces traidoras. 
Cuerdas pulsé sooorat. 
Al numen engaik)ao 
En veno Duraeroao 
Olebré reverente , 

Y amé k Dorisa luego; 
Pero en vei del sosiego 
Oue esperé vanamente « 
Hallé fatiga y neAas , 
Prisiones y cadenas. 
En doloroso acento 

A solas loe lamento 
Del uiüo aleve y doble : 
Pues yo obré como noble , 

Y él como fementido : 
Y'o cumplí mi palabra , 

Y él no me la ha cumplido. 



VI. E¡ Nido de Amor. 

El hijo de Venus, 
El falso Cupido, 
EiitrtVse en mi pecbo 
Cuando era yo nifto. 

Los ojos cubría 
De uu volante sirio. 
Aljaba en el hombro 
Sonaba con tiros. 

Datiq sus alitas 
De luces y visos , 

Y al lado siniestro 
f ahrí(*a su nido. 

Allí se me esconde , 

Y allí es su retiro : 
De Chipre se olvida , 
Di* Pafos y Gnido. 

Pero en tales ftiegos 
Ardió «'I pecho mió , 
C|ue abrasó sus abs; 
> oUr no ha podido. 

Yo misero, lloro , 
Lamento y le digo : 
¿Oue placer encuentras , 
Aleve Cupido? 

O bien afrentado, 
O ya compasivo , 
Lleva tus incendios 
A luuar mas digno. 

Hirre á los c]ue nimca 
Rindió tu domniío ; 
Que apenas soy sombra 
De lo que ya he sido. 

Y si lu nv* j>ienles 
( Déj.iine derirlo ), 
¿Quienfiubrí «jue ensalce 
Tus hechos invictos? 

VMv acento d«-bil , 
Este canto mió. 
Es la mayor gloria 
Que tíeses, Cupido. 



OBRAS DE MORATiN (d. iucolas). 

Con ellos aplaudo 
Los ojos y rizos, 
La mano toraátil , 
El pié pcqueñito , 

La boca fragante 

Y el hablar divino 
De la nmfa mia ; 
Yasit hi'rmosoniño, 

Esfuerrale, y vuela 
A pechos altivos, 

Y rinde lus héroes ; 
Que yo ya me rindo. 



VIL E¡ Sueño. 

Hay una gruta 
En la olorosa 
Alcarria umbrosa , 
Entre zanales 

Y peñascales 

De humilde arroyo. 
Que en sus honduras 
Suena aguas puras, 

Y coge el Arlas 
Para llevarías 
Al rico Tajo, 

Que está allá abajo. 
La gruta enfriau 
Los cefiríllos, 
Que entre tonillos 
Vagan soplando. 
Muy trasparente. 
Casi á la entrada. 
De agua filtrada 
( La cual resuda 
La peña ruda ) 
Poza ha formado 
El destilado 
Humor deshedio. 
Que desde el techo, 
Cayendo grato 
De rato en rato. 
Forma sonido 
Blando al oido, 

Y hace pomplllas 
En las orillas. 

A guarecerme 
De ardiente siesta 
Niño y cobarde 
Llegué una tarde , 
De angustia lleno 

Y acalorado. 
Llevé en el seno 
Diversas flores 
Quedan olores; 

Y recostado 
Con ptttiríl ceño , 
Suave sueño 

Me deló en cafana 
La débil alma; 
Las florecitas 
De las manitas 
Se me cayeron. 

Luego vinieron , 
Trayendo corvas 
Largas tiorbas 
l^s nueve hermanas, 
Niñas lozanas , 
Muv amorosas. 
Rojos claveles. 
Lirios y rosas , 
Forman caireles 
Al pelo de oro ; 
Que ron <lecoro 
Ksconfle á trechos 
Los albos iiechos 
Como la nieve. 
Arrullo leve 
De la qne alterna 
Tórtola tierna 



Oigo, y suspiro, 

Y en sueños miró 
Que las doncellas 
De flores bellas 
Me dan corona, 
YdeHeKcoDa 

Y Aonia fuente 
Bañan nif flrente. 
Erato hermosa. 
Que á Venus canta 
Con gracia tanta. 
Su dulce boca 
Une á lamia, 

Y alU imprimía 
Ardiente beso. 
Con muy travieso 
Abraso jimto. 

Desde aquel j 
Quedé inlliiMM 

Y enamorado 
SiUvemeule. 
Irasvbomret 
Del fiero Marte 
Vayan aparte; 
Solo la risa 
De mi Dorisa, 

Y el cerco ondoso 
De oro preeioso 
Que orna tu flrente, 

Y la hermosura 
Celeste y pora , 
Que absorto admfaní 
El uuiTerso, 
Canta mi vertOt 
Suena mi Bra. 



VllL U B^rtM4rtU§. 

En la olorosa , 
Áspera Alcarria , 
Antes que el Tajo 
Reciba al Arias, 
Corriendo lentas 
Sus verdes aguas. 
En un remanso 
Hay una barca. 
No la que ofirece 
Zorita la alU, 
Que al trato sirve 
De puente vaga; 
Sino en la selva 
Mas solitaria , 
Con cañamares , 
Nogueras anchas, 
Sabina, enebro. 
Junco y retamas. 

Llegué aquí el (fia 
Que en Libra iguala 
CJntio las horas , 

Y él tramontaba. 
Vi una barquilla 
Muy adornada 
Con gallardetes , 
Tendal y varias 
Flort*s, que penden 
Haciendo sartas. 
Una barquera 
Hallé bizarra. 

De pocos añc« 

Y muchas gracias. 
Sola y dichosa 
Chantando estaba , 
Libre de penas. 
De envidia v saña. 
La barca piso. 
Que desamarra , 

Y á la maroma 
Va la zagala. 
Cógehí pronta 
ConT 



T el pié siniestro 
Loego adelanta : 
Gracioso zuik> 
La hermosa cara 
Pone, y ^ fuerza 
La tierra aparta. 
Tanto silencio y 
Modestia tanta , 
Me deja absorto 
Mas que sos gracias ; 
Ni i hablar me atrevo , 
One annqae sin armas 
Temor inspira 
La Tírtiid santa. 
Mas cuando el medio 
Camino Calta , 
Veis nunerosa 
SoDora banda 
Que de perdices 
▲travesaba. 
Xo me detengo. 
Pongo ¿ la cara 
Mi arcabas, tiro. 
Cae ana al agua : 
La misma sesga * 
Corriente mansa 
La Tj trave.do, 

Y día la álcansa. 
irroCa,ladije, 

De esta comarca : 
IG don ensalcen 
Las dreonstandas ; 

Y aonqoe peqneüo 
Mírale grata, 

Qoe acaso ofreieo 
También el alma. 
Ella modesta 
Yavergofisada, 
Tüó la nieve 
Conescartota, 
Yacradecida 
P^b barca. 
Las pvas ondas 
So carao paran ; 
ElricoT^o, 
A qaieo la Alcarria 
Ho le ve anciano 
Coal Loaitania, 
Sálo qoe joven. 
Sobre pizarras 

Y entre albareilas 
Oüras marcha , 
EaviiSoso 

La frente aliaba, 
Qne balsaminas 
Se la engoimaldan. 

Coando á nú ruego 
La vi ja homaní^, 
Dqe: si gustas, 
Barqaera, canU. 

Caotó Fecundo 

Bosque de Palas, 
JtDqoeras verdes, 
Sütestrcs cañas. 
Qoe el eco oísteis 
De mi serrana, 
Sa melodía. 
Donaire 7 gracia : 
Decid si overon 
bnliquias barcas 
Taoto á sirenas 
SdfiaDas. 
Las soledades 
De aquella estancia. 
La sombra oscura 
Que se adelanta , 
Fresco favonio. 
Vareta blanda, 

Y el manso arraDo 
Que entre espadafias 
Forman las ola» 
DeaqaeDaspliyM; 



poesías. 

Todo suspende , 
Todo arrebata : 
Naturaleza 
Padece calma. 
Cantó las selvas 

Y sus ventajas, 
Con voK sonora 

Y regalada. 
Cantó la pompa 
Fugaz y vana 
De la opulenta , 
Soberbia Maotua. 
Yo, á quien hechiza 
Dulzura tanta , 
Dije : Barquera , 
:0h! si duraran 

.Navegaciones 
Tan íortUDadas , 
Para que juntos 
Fuéramos hasta 
Do no bararon 
Quillas hispanas! 
Cupido mismo 
Sentado en la alta 
Popa, la nave 
Nos gobernara. 
Venus en rica 
Concha de nácar, 
O Calatea 
Sobre las aguas 
Te juzgaría ; 
Mas débil aora 
Ya el leño en esta 
Ribera encalla. 

Salgo 4 la tierra 
No deseada, 
Cuando la noche 
Del cielo baja. 
Adiós, Barquera, 
Dije, gallarda : 
Adiós... Y al labio 
La voz le fíalta. 



IX. Súplica de^Bciad: 

Erato, dulce musa , 
Que con sonoras voces 
Cantas del ciego niño 
Delicias y rigores : 

Dictaníe aquellos versos, 
Que al son de lira acorde. 
Modulaba festivo 
El tevo Anacreoote. 

Asi dije, y la ninfa 
Con agrado escuchóme ; 
Mas Cupido la mira, 
Y el péríido rióse. 

De este amante, la dijo , 
Me alegran los dolores ; 
No perm.tas que cante, 
Yo fe mando que llore. 



X. El Arroyo, 

Vagaba por los montes 
Un arroyucio humilde , 
Jamás acostumbrado 
A salir de su linde. 

Viniéronle deseos 
De ver el mar horrible. 
Movido de las cosas 
Que de él la fama dice. 

Y con ocultos pasos. 
Entre espadaña y mimbres, 
Hiso que por el valle 
Sus aguas se deslicen. 

Ya que llegó á la orílla 
Que las ondas embisten , 



Los peligros le asustan , 
Los golfos y las sirtes. 
Y cuando ver creia 
Palacios de viriles, 

Y en trono de corales 
Neptuno y AnOtríte , 

Halló las bramadoras 
Tempestades terribles, 
(.adáveres y tablas 
De naves infelices. 

Atrás voiver el paso 
Quiso ; pero lo impiden 
Eiizados peñascos, 
Montes inaccesibles. ' 

Sin amparo en la tierra , 
El de los cielos pide : 
¿Hubo marinos dioses 
Que él no invocase humilde t 

Pero A su ruego sordos 
La súplica no admiten ; 
Que haber suele ocasiones 
En que el llanto no sirve. 

Asi sucede al hombre , 
Que su quietud despide, 

Y á los vicios se entrega 
Que halagüeños le brinden. 

Que al verse aprisionado 
Entre pasiones viles, 
Salir intenta cuando 
Salir es imposible. 



XI. Fuga inútil. 

Armaba Amor el arco 
Para con él tirarme ; 
Yo en fuga presurosa 
Evitaba su alcance. 

Y cuando me creia 
Seguro por los aires 
Vino un dardo, y mi pecho 
Pasó de parte á parte. 

Rióse Amor, y dijo : 
Necio, huir es en b^de , 
Que mis flechas alcanzan 
De poniente á levante. 



XII. Canto á DorUti. 

Busca, busca, Pizarro, 
Quien tu aliento bizarro 
Celebre dignamente 
Al son de la trompeta ; 
Busca, busca poeta, 
Que tus hazañas cuente, . 

Y á todo el mundo asombre 
Con tu famoso nombre ; 
Porque yo no me atrevo, 
Ni puedo enfurecerme. 

No me trasporta Febo; 
Venus y Amor me nfluyen, 
Tus triunfos se me huyen, 

Y no nie arrojo A tanto ; 
Mi voz es liertio llanto; 
busca |)U"S quien te cante, 
Que yo á Donsa canto. 



XIII. A Dorisa. 

Yo por región tranquila 
Libre me paseaba. 
Cuando encontré á Cupido 
Armado con la aljaba. 

Al punto el arco toma , 
Y contra mi dispara 
Coo sinrazón aleve. 
Con cólera inhumana. 



- Yo del rigor huyeado , 
Ya eo el bosque me entraba, 
Ya formaba mi escodo 
De peñas y de ramas : 

Fumlivo, acordó, 
Vine a dar donde estabas « 
Borísa, cuyos ojos 
Me hirieron en el alma. 

No sé, qué nuevo hechizo 
tuvieron tus miradas, 
Que el riesgo que iba huyendo 
Ya le solicitaba. 

No escapé á tus ojuelos. 
Aunque escapé á las jaras, 
Y asi huyendo del fuego , 
Vine á dar en las llamas. 



XIV. Amar aldeano. 

Hoy mi Dorisa 
Se va ik la aldea. 
Pues se recrea 
Viendo trillar. 
Sigola aprisa : 
Cuantos placeres, 
Mantua ^tuvieres , 
Voy á Olvidar. 

Oue ya no quiero 
Mas dignidades : 
Las vanidades 
Me quitó Amor. 
Ni fama espero. 
Ni anhelo á nada ; 
Solo me agrada 
Ser labrador. 

Voy amoroso 
Para servirla , 
Quiero seguirla 
Por donde va. 
Verá el hermoso 
Trigo amarillo. 
Luego en el tiülo 
Se sentará. 

Yo iré con ella , 
Y el diestro braxo 
En su regazo 
Reclinare. 
La ninfo bella 
Me dará vida 
Agradecida , 
Viendo mi fe. 

De esotros trillos 
Que estén mas lejos 
Los zagalejos 
Me envidiarán. 
Bul cupidillos. 
Viendo ala bella. 
En tomo de ella 
Revolarán. 

Yo alborozado 
Con dulces sones. 
Tiernas canciones 
La cantaré. 
Ni habrá cuidado. 
Ni habrá fatiga. 
Que con mi amiga 
No aliviaré. 



XV. Aioi ojos de DorUa. 

Ojos hermosos 
De mi Dorisa : 
Yo os vi al reflejo 

De luces tibias 

¡Noche felice, 
No te me olvidas ! 
Turbado y mudo 
Quedé á su vista , 



OBRAS DE MORATIN ( d. ;«icous). 

Susto de muerte 
Me atemoriza, 

Y solo huyendo 
Pude evadirla. 

Ojos hermosos : 
Yo asi vivia» 
Cuando Amor fiero 
Gimió de envidia. 
Quiso que al yugo 
La cerviz rinda, 

Y os me presenta 
Con pompa altiva 
Una mañana^ 
Cuando iluniina 
Febo ios prados 
Que abril matiza. 
Vi que con nuevas 
Flores se pinta 

El suelo fértil. 
La cumbre fria : 
Los arroyuelos 
Libres salpican, 
Sonando roncos. 
La verde orilla : 
Gratos aromas 
El viento espira, 
Cantan amores 
Las avecillas. 

Ojos hermosos : 
Yo me aturdía. 
Cuando me ciega 
Luz improvisa. 
Con mas incendios 

Y mas ruinas 
Que si centellas 
Júpiter vibra. 
Nunca posible 
Será que diga ' 
Que pena entonces 
Me martiriza. 
¡Qué feliz era. 
Qué bien hacia 
Mientras huyendo 
Sus fuegos iba 1 

i Ojos hermosos! 
Si conocida 
A vos os fuese 
Vuestra luz misma, 
O en el espejo 
La reflexiva 
Tanto mostrara , 
Conoceríais 
Qué estraj^o al orbe 
Se le desuna. 
Bien con enojos , 
Bien con deUcias. 
j Ay , cómo atraen , 
Cómodesvífm, 
Cómo sujetan , 
Cómo acarician ! 

Piedad , hermosas 
Lumbres divinas. 
De quien amante 
Os solemniza. 

Y si á mi verso 
La suerte amiga 
Da que en el mundo 
Durable exista , 
Aplauso eterno 
liaré que os siga , 

Y en otros -siglos 
Daréis envidia. 



XVI. A Dorisa, exhortándola al estudio 
de la poesía. 

Dorisa, si pretendes 
Aplauso y fama eterna, 
A obsequios de las musas 
Tus afk>s encomienda. 



Estas dulces, afables, 
Bellfsimas doncellas , 
liarán que de la muerte 
Siempre vivas exenta. 

Ellas d:in regocijo, 

Y el consuelo tranquean : 
Ellas dan el descanso, 

Y el júbilo dan ellas. 

La gracia y el donaire. 
La voz y la belleza. 
Los años lo arrebatan, 

Y á no volverlo llevan. 
Pero a los dulces versos 

Y sonoras cadencias, 
Del arle producidas. 

El tiempo no hace mella. 

Del alto Guadarrama 
Las rocas y las breñas 
Verás faltar primero, 
Que estos versos perezcan 

Fué Safo la mas docta 
De las muchachas lesbias, 

Y si no mas horrible, 
No fué la menos fea. 

No ob^nte, por sus vei 
Empozó vida nueva. 
Después del precipicio 
De la léucada peña. 

Viviendo la burlaban. 
Muriendo U celebran. 
Por ser grande en el núme 
La que en cuerpo pequeña 

No la fealdad sola. 
Mas la misma belleza 
Al valor de la musa 
Rendida se confiesa. 

Hermosa fué Corina 
Entre las damas griegas, 

Y en nuestra edad nincuní 
De su beldad se acuerda. 

Pero celebran todos. 
Que en métrica contienda 
Triunfó por cinco veces 
Del Pindaro de Tebas. 

Marcbitarán los años 
Tu juventud risueña; 
Pero borrar los versos 
Al tiempo se le veda. 

Vivirás celebrada 
En la edad venidera, 

Y no como á los necios 
Te ocultará la tierra. 

No son á las mujeres 
Imposibles las ciencias ; 
Nicostrata responda, 
Sabá é Hipsicratéa. 

Animo pues, hermosa. 
Tú sigúeme, y no temas ; 
Remóntate conmigo, 

Y basta el Parnaso vuela. 



XVII. El Premio detewk 

Dame la limetilla 
Con el Pedro-Jimenez, 
Dorisa, si me pides 
Que tus años celebre. 

De este néctar los diosc 
En sus convites beben, 

Y en copa de oro á Jove 
Le sirve Ganimedes. 

Este licor suave 
Da favores alegres. 
Disipando del alma 
Inqt ietudes crueles. 

Este licor el numen 
Para cantar enciende; 

Y asi, mientras de rosa 
Me corono las sienes, 

Y añado cuerdas de oro 



A b lira luciente, 
Pan qae el itlectro dócil 
Soii (felicado |>reste; 
IKiñsa, si me nides 
Que lu< años celebre, 
baiDO la limetilla 
Con el Petlro-iimenez. 



XVIII. Grato recuerdo» 

¡Noche postrera 
Del nies de marzo. 
Que última fuiste 
De mis trabajos ! 
Todo tu giro 
Yo destelado 
Ni envidié el snefio. 
Ni su descanso. 

¡Noche dichosa! 
Tengo jurado 
De vcDerarte 
Todos los auos. 
Para memoria 
De bif n tan alto, 

Y a^i^adecido 
Daré holocausto. 

Uiia cordera 
To te consagro, 
Que entre las altas 
Yerb:fe del prado 
Crece con brincos 

Y retozando: 
De adormideras 

Y de mastranzos, 
Tobas 7 murtas 
Te la enguirnaldo. 

Yof otros finos 
Amartelados, 
Que ser felices 
Vaises[)erando: 
Cuando tal noche 
Llegue, alegraos, 

Y aun obligadla 
Con el encanto 
Para que os traiga 
Propicios hados. 

Yo a sus tinieblas 
Prometo, en tanto ' 
Que el cielo oscuro 
Doren los astros, 
De celebrarlas 
Cor himno sacro ; 
Pues ellas fueron 
Las que premiaron 
Una esperanza 
De muchos años. 
Con las delicias 
Que gozo y callo. 



XOL. IHsetUpa de un error. 

Niña, mal haya 
Mi vida siempre, 
ím yo lo dye 
Por ofenderte. 

Fulmine el cielo 
Rayos <*rúeles, 
Y el mar en ondas 
Fiero me anegue. 

Los elementos 
Tu injuria venguen, 
Si yo lo dije 
Por ofenderte. 

Tenme por hombre 
Falaz y aleve. 
Nunca me inzgnes 
Por inocente; 

Jamás tos ojos 
Mire yo alegres, 



POESÍAS. 

La luz que al orbe 
Le dan, me nieguen ; 

En tu desgracia 
Etemanieule, 
De lí apartado. 
Muriendo pene ; 

Nunca sui odio 
De mí lo acuerdes, 
Si yo lo dije 
Por ofenderte. 



XX. Amante feliz. 

Vencí, vencí, Cupido, 
Madre Venus, Amores, 
La celestial Dorisa 
Ya por lio apiadóse. 

Cefiidnic de guirnaldas. 
Coronadme de flores, 

Y deshojad los mirtos 
Sobre mi frente joven. 

Yo vi los claros ojos 
Vibrando resplandores. 
Que entre negras pestañas 
Amorosos se esconden. 

Yo vi la hermosa boca, 
Que respiraba ardores 

Y fragantes aromas 

Y el néctar de los dioses, 
Pronunciar entre perlas 

Suavísimas razones, 
Que el pecho me colmaron 
De un consuelo sin nombre. 
Dichosas mis fatíffas 

Y mi ardimiento noble. 
Que merecer pudieron 
Tan ricos galardones. 

No, Aurora, te apresures 
A humedecer los montes. 
Ni á Febo le permitas 
Que con su luz los dore. 

Haz que su carro vuelqu.* 

Y dilate la noche, 

Y eternamente cubra 
De tinieblas el orbe. 

No desveles t^n presto 
A los cansados hombres ; 
Deja que ellos sosieguen, 

Y que uñ amante goce. 



XXI. El Yinú dulce. 

Venus y Baco un dia 
Quisieron que yo apure. 
Ella sus couOturas, 
El otro sus azumbres. 

Cada cual á su bando 
Procura que me junte : 
Yo dije , que ninguno 
Tomase pesadumbre. 

Que á entrambos servirla 
Con mil solicitudes; 

Y porqu? ni Dione 

Ni Bromio se disgusten. 

Ser goloso y beodo 
Es cosa que me cumple; 

Y asi, beberé vino. 
En siendo vino dulce. 



XXIL La Vida poltrona. 

Ahora que he comido 
Aun mas que troglodita, 

Y como un sibarita 

O un tudesco he bebido, 

Y el cielo oscurecido 
En el diciembre helado 
Tiene el suelo mojado, 

Y la tarde es pesada. 



Y el teatro me enftida 
Por tanto desatino. 
Échame otra vez vino, 

Y tiéndeme la cama, 
Muclincha remolona, 

Y sobre mi peisona 
La manta palenciana 
De veinte y cinco libras 
(Que es tara de mosquete), 

Y desde el pié al copete 
Envuélveme, chiquilla. 
El llover me molesta, 

Y dormiré una siesta 
Poltrona á maravilla. 

Y si algún majadero 
Viene, no hay que llamarme ; 
Que despertar no quiero 
Sino para acostarme. 



XXllf. Todas merecen. 

Agrádanme las feas 
Porque son agradables, 

Y las que son hermosas 

No es mucho que me agraden. 
Me gustan las morenas, 

§ue son algo marciales, 
las blancas , que tienen 
El rostro como un ángel. 
Las de los ojos negros 
Con imperio me atraen, 

Y los OJOS azules 
Son ojos celestiales. 

Me encanta el rubio pelo 
Al oro semejante, 

Y el negro, que es los hombros 
Cándidos se dilate. 

Son para mi heroínas 
Si son altas y grandes, 

Y damas señoritas 

Las que no fuesen tales. 
La gruesa me parece 
Matrona respetable, 

Y ninfa delicada 

La que es un poco grácil. 

Que el ser de buen contento 
Es cosa muy loable, 
Segim dicen antiguos 
Filósofos morales. 

Por eso todas ellas 
Logran enamorarme; 

Y ¿ veis cómo soy hombre 
Prudente y razonable? 



XXIV. Gocemos hoy. 

Hernando, si la vida 
Es circulo tan breve, 

§ue apenas se comienza 
a vemos que fenece ; 
Si el dia que se pasa 
Jamás al mundo vuelve, 
O bien se llore triste, 
O bien se goce alegre; 

Si los graves cuidados 
Aceleran la muerte, 

Y solo sabe huirlos 

Quien como tú es prudente ; 

Merezca tu desvelo 
Lo que enmendarse puede; 

Y de lo inevitable 

Ni aun quiero que te acuerdes. 

Brindemos dulces vinos 
En plácidos banquetes, 

Y con laurel y yedra 
Coronemos las sienes. 

Después de haber bebido 
La citara se temple, 

Y cantemos sñaves 
Amores y desdeoei. 



Recibe i U forluna 
Si á tus umbrales viene; 
Mas no para alcanzarla 
Te afanes y desveles. 

Pues es virtud y fuerza. 
Mostrar ánimo alegre 
En las adversidades 
Ouc remediar no puedes. 



XXV. Todos san ¡ocoa. 

Burla y desprecia el joven 
Los juegos de los niños, 

Y ya varón se rie 

De io (|ue joven hizo. 

Estos al vi(*jo insultan 
Keza(i(»r y ahurrídn. 
Que en su dictánuMi terco 
No se allana tk sufrirlos. 

Ninguno se retracta ; 

Y yo en discordia digo , 
Que tollos razón tienen, 
Que todo es desatino. 



XXVI. Corto poder de los hombres. 

Díme dónde se oculta 
El día que se pasa, 
Con que llave se encierra, 
O si es de brorce el arca 

Odlme, si tú sabes, 
Con qué máquiua ó trampa 
Se suspenderá el corso 
Que nuestra vida acaba; 

O si con cien millones, 
O con mas, si no bastan, 
Retardará su colpe 
La muerte sobornada. 

Si con dinero ó letras 
Se puede hacer, despacha. 
Si no, tu hacienda es polvo, 
Y tu ciencia ignorancia. 



XXVn. Jíi^l09¿fui. 

No como Anacreonte 
El lírico poeta, 
A quien siempre beoda 
Dictó la nmsa teya ; 

Ni como el otro amante 
De Lálage y (iiicera, 
Cuya lira latina 
Compite con la griega ; 

Tengo por Uipocrene 
La tínajilla añeja. 
Ni es mi Libetra el jarro , 
Ni Helicón la botella. 

Ni tampoco reparo, 
Si mi vino se acuerda 
Del viñadero moro 
Que le apretó la tuerca. 

A mi las nueve hennanas 
Su influjo me finmquean 
Mejor coi: la dulzura 
Que no con borraclieras.. 

Antes que de mosquitos 
Cercado iré de abejas; 
Mas por los colmenares. 
Que no por las bodegas. 

Y así, Dorisa, al pmito 
Saca de la despensa 
La almíbar lusitana. 
Con plato á la chinesca; 

O el tarro en que se guard.i 
La pinriana conserva. 
Con acitrón de Murcia, 
Las orzas de Valencia; 

n nn terrón duro y blanco 
*l alcarreña, 



OBRAS DE MORATIN (n. kicous). 

Que en romerales liban 
Mis aves aristeas. 

Y en una rebanada. 
Como las hostias mesmas. 
Estiéndela tú propia 

Con esas manos bellas. 

Y luego dame mi vaso 
De cristal de Verecia 
Con agua clara y fria, 

Que en los dientes la sienta. 
Con esto sí que el pecho 
Se endulza y se consuela, 

Y ya la voz suave 
Para cantar se apresta. 

De laureles y rosas 
La guirnalda me tejan 
Las ninüís delicadas 
Como a jóvjen t>oeta. 

Que no quiero corona 
Como la que nos muestran 
Del Buco semeleyo, 
Con pámpanos y yedra. 

Entonces si que alegre 
Cantaré de manera, 
Qut! haré que suene ronca 
La citara de Tebas. 

Despacha; mas si gustas 
Que yo del vino beba, 
Alcaíiza de Peralta 
La ensogada limeta. 

La de Jerez y Rota, 
O el canarino néctar, 
O aquella que escogida 
Remite Valdepeñas. 

Gustaré con templanza, 
Pero no a la tudesca ; 

Y si á brindar me obligas. 
Con golosina sea. 



XXVI II. EsceleuciOM del ingenio sobre 
¡as riquezas. 

Fortuna puede hacerme 
Rico, dándome renta, 
Y á tí no podrá, necio. 
Hacerte un gran poeta. 

Que al fin lAe haga á mi rico 
Puede ser que suceda ; 
Mas que te dé á ti ingenio. 
No es posible que sea. 



XXIX. A un rico ignorante. 

Dios y el rev á porfía 
Parece compitieron 
Con los dos en favores, 

Y nos enriquecieron. 
El rey, de sus bajeles 

Descargó el rico peso 
Para llenar tus arcas 
Del oro macilento. 

El soberano , el grande , 
El alto y el inmenso 
Dios no me dio riquezas ; 
Pero me dio el ingenio. 

Con él me dio la gracia 
De no ser avariento, 

Y el rey no puede darte 
De tu hacienda desprecio. 

Y así eres vil esclavo 
De tu propio dinero. 
Sin valor de gastarlo. 
Con temor de (perderlo. 

Yo no temeré nunca 
Perder lo (|ue no tengo, 
Ni el no tenerlo lloro, 
Ni a conseguirlti anhelo. 

Consumirán tu hacienda 
Notarios y herederos, 

Y en la mia no tiene 



Jurisdicción el tiempo. 

Cuando tú y tus doblones 
Estéis cenizas hechos. 
Cuantos amen las musas 
Celebrarán mis versos. 



XXX. Mi pobreza. 

Confleso que soy pobre , 

Y que lo he sido siempre ; 
Mas no de ruin estirpe 

Ni viles procederes. 

Todos me leen j dicen , 
El Moratin es este , 

Y tengo fama en vida 

Mas que muchos en muerte. 

Desde el Nilo te sirve 
La tórrida Siene , 

Y en tu rancho trasquilas 
Rebaños como nieve. 

Yo soy pobre , tú rico ; 
Pero con cuanto tienes 
No es posible que compres 
El numen que me enciende. 



XXXI. Hambre é inapetenc 

Muchos que comer tienen^ 
Pero no tienen ganas; 
Otros están hambrientos 
Y que comer les £ilta. 

El tener uno y otro 
No debo á herencia ó tramp: 
Solo á Dios se lo debo ; 
A Dios pues doy las gracias. 



XXX|L El sabia y el rico (' 

Soy pobre, pero tengo 
Virtud que me consuele; 

Y no envidio, Lícino , 
Tu grandeza y lus bienes. 

Admiración y aplauso 
Mis números adquieren, 

Y tengo fama en vida 

Mas que muchos en muerte. 

Los fechos de tu casa 
Cien columnas n aii tienen , 

Y encierras en tus arcas 
Las minas de occidente. 

Mas no con todas ellas, 

Y aun si dobladas fuesen. 
Adquirir lograrías 

El numen que me enciende. 
i, Y he de envidiarte , cuan 
Lo que soy ser no puedes 'i 
Lo que eres tú , cualquiera 
De la ignórame plebe. 



XXXIII. La mujer humiide 

Claudio , en toda la tierra 
No hay cosa mas sublime. 
Ni de valor mas grande , 
Que la mujer humilde. 

En tal virtud se cifran 
Escelencias insignes : 
Ni el oro de la Arabia , 
Ni Tarsis la compiten. 

Asi venció Briseida 
La cólera de Aquiles, 
Y apiadó Sisiganibis 
Al macedón terrible. 

Una mujer soberbia ^ 
Aunque mirando hechice , 

(*) E»t« aoacreAntira pantee Mr la r 
regida . en la cual heno* ■npriaiido loi 
que te repiten. 



Con toda su belleza 

Es moostnio aborrecible. 

Por eso, ya que el pecho 
A ODa pasioD reiidisle , 
Leonora te la inst>ira , 
Qae es hermosa y humilde. 



XXXrV. la fama postuma. 

Musa , dame coronas , 
Dije , que ja he cniiado , 

Y es consecuencia jusla 
El premio, del lr«ibajo. 

Pero desde la cumbre 
Florida del Parnaso 
Voló la uinfa , y dice : 
¡Oh, joven temenirío! 

Si algún honor merecen 
Ta numen y tu canto , 
La Tida siempre estorba 
Para adquirir aplausos. 

Pw-rque la torpe envidia 
Con atrevida mano, 
Arranca de las sienes 
Coronas que reparto. 

Mas para que no juzgues 
Que el, odio puedo tanto. 
Que ed olvido oscurezca 
>er80S c|ue yo he dicudo. 

Sabe que un OKMiumeoto 
Erigiste mas alto. 
Que el de tu rey ilustro 
MacniGco palacip. 

Y cuando Libitina 
En el sepulcro avaro 
Te precipite , j callen 
Los afectos humanos , 

Entonces fama eterna 
Hará tu nombre claro , 

Y sobre tus cenizas 

Se hacinaran los lauros. 



IXXV. A aún Agiuíin de Moniiano 
y Luifúndo. 

Soñé que al hijo rubio 
De Latona dije esto : 
Para aprender , Apolo, 
Enséñame tus versos. 

Enséñamelos, dije, 

Y él me respondió : necio, 
No los hago, que solo 
Influyo para hacerlos ; 

Pero si ver procuras 
U» mejores múdelos, 

Y tanto , que por mios 
Los adopto yo mesmo , 

Vete a la imperial corte 
Del gran Carlos Tercero, 

Y al trágico Lesinto 
Busca , busca al momento. 

Hallarasle en su estudio 
Consonancias midiendo, 
Cotejando las obras 
De latinos y griegos. 

Veras alli un estante 
A su lado derecho, 

Y un legajo precioso 
Con diferentes metros. 

Los mas son majmscrílos , 

Y muchos hay impresos , 
Que estarlo oierecian 

En marmoles eternos. 

Por señas que alli dice : 
Montiano los ha hecho ; 
Repásalos, y aprende , 
Que aquellos son mis versos. 



POESÍAS. 

XXXVI. A hs dios del coronel 

don José Cadahalso. 

Hoy celebro los dias 
De ni¡ (luíce poela , 
Do! Iriigico Daliuiro 
Blasón de nuestra escena. 

Vencía lu hermosa filis, 

Y mi Dorisa vonga , » 
Dorisa la que canta 
Con la voz de Sirena. 

Brindaremos alegres 
Hasta perder la cuenta 
Kn las lazas penadas 
Del oloroso néctar. 

O si mas nos agrada 
La antigua usanza nuestra; 
Muchachos diligentes , 
Sacad la pipa aneja. 

Y en aquel mar de vino. 
Como naves de guerra. 
Naden con altas asas 

Las anchas tembladeras. 

Bien hayan nuestros padres, 
Que en sus barbaras mesas 
Bebieron con toneles , 
Brindaron en gamellas. 

Asi hacerlo debemos, 
Dalmiro, y vayan fuera 
Los cui(lados molestos 
tjue la vida alropellau. 

Y si viene la muerte , 
En semblante severa , 
No podra ya quitarnos 
La cel(>brada tiesta. 

Pues SI para evitarla 
No sirve la tristeza , 

Y es su venida al hombre 
Tan pronta como cierta; 

Binidemos nmclias veces 
El tiempo que nos queda ; 
Dancemos y cantemos, 

Y déjala que venga. 



XXXVIL A mis dias. 

• Las vueltas de los cielos 
Hoy trajeron mí dia , 
Para que le aplaudamos 
Con regocijo y grita. 

Otros he celebrado 
Con placer y alearía ; 
Pero yo no sé como 
Se huveron tan aprisa, 

Ni dónde se escondieron , 
Que no tengo noticia 
De ellos, para volverlos 
A gozar todavía. 

El presente se pasa 
Con la prontitud misma, 

Y no sé si el futuro 

Me encontrara con vida. 

Pues , ¿ no es una locura 
Que yo anhelando viva 
Por lo (|uo, aunque me afane. 
No es cierto que consiga f 

Si no sé si mañana 
Veré la luz vecina , 
i. Por qué pierdo mi instante 
De aliviar mis fatigas? 

Pues, hu>an los pesares, 

Y bailo mi Dorisa, 

Y venga la botella 
Del licor de Montilla. 

Y de arrayan y yedra 
La guirnalda me ciña 
La rubia sien , y luego 
Venga , venga mi lira. 

No cantaré las armas 
De Aquiles, ni de Atrídas; 
Mas si de Amor y Venus 



Las amables delicias. 

Y de mis camaradas. 
Sentado eii compañía 
Recostado en la mesa , 

No escasa , aunque no rica, 
ManliMidré hasta la noche 
Plática divertida. 
Tocando las especies , 
Al naso que se blinda. 

^ estaré tan cont(>nto. 
Como si fuesen mias 
Las flotas orientales, 
Y el om de las Imlias. 

Y pues su curso el tiempo 
No es posible reprima ; 
Mientias viene'la muerte. 
Gocemos de la vida. 



XXXVHL Enelooio^de las niñas pre- 
miadas por la Sociedad económica 
de Madrid. 

No pido, sacro Apolo, 
La trompa penetrante. 
Que pende en las columnas 
De porüdo y de jaspe. 

Pues no cantar intento 
Fatigas militares. 
Las armas y varones , 
Banderas y estandartes. 

¡ Qué coro de doncellas , 
Hermosas en semblante , 
En manos oüciosas 

Y en celo infatigables , 
Con premios y preseas 

Hoy miro congregarse. 
De Mantua en el alcázar ; 
De Mantua, que es su madre ! 

Asi dije, y b Fama 
Volando por el aire , 
Con su clarin de plata 
Pronuncia voces tales : 

Su olímpica palestra 
La Grecia va no ensalce , 
Ni carros Jisparados 
Desde la eléa cárcel ; 

Que España la dichosa , 
España la triunlante 
Bajo el augusto Carlos , 
Al mundo saber hace , 

Que no solo la ilustran 
Sus fuertes capitanes , 
Siuo hasta lo mas tierno 
Del sexo bello ▼ frágil. 

Esa puericia honesta. 
Que es la virtud su esmalte , 

Y el ocio vil y torpe 
Bayo su planta vace « 

Huyó las anchas plazas , 
Las populosas calles , 
Los tratos licenciosos. 
Las danzas y donaires ; 

Fué de su casa al templo 
Cuando el lucero sale , 

Y antes que el alba asome. 
Ya á casa se retrae. 

. En ella se ejercita 
De Palas en las artes, 

Y asi como la diosa 

. Vencer pudiera á Aracne. 

Artificioso torno , 
Sonoro, está delante. 
Que próvida acomoda 
Con manos virginales. 

No forma tal susurro 
De abejas el ei^ambre , 
Ni es mas grata al oído 
La citara suave. 

Añade á su armonía 
Purísimos cantares : 
ConeBosteditierte» 



La alíTían y distneo. 

El pié sin detcubrirM , 
Llevando los compares, 
Hace voWer la rueda 
En giros circulares. 

Escarmenado copo 
Del iiuo que la place 
Coge en sutiles deaos , 
De rosa y alabares. 

Y en delicadas hebras 
Hace aue se dilate. 

En hcnras invisibles , 
En hehnis no palpables. 

Discípulos Je Apeles , 
Alumnos de Timantes, 
La doncella española 
Asi ha de retratarse. 

No la pintéis moviendo 
El cuerpo en tori>e baile , 
C^n lujos peregrinos , 
Vedados á sus madres; 

Sino al trabajo atenta 
Sin perder un instante, 
Llenas de rubof casto 
Sus luces adorables. 

Huyendo, roto el arco 

Y arpones penetrantes , 
Al pérfido Cupido, 

Y á su alevosa madre. 
Con miedo y reverencia. 

Ante ella se retraen 
Los ojos libertinos 
Del atrevido amante. 
Las matronas del pueblo 

Y ancianos venerables , 
Por nuera la apetecen , 

Y su virtud aplauden. 
Como aroma de Arabia 

Que el pebetero esparce. 
Asi vuela su nombre. 
Cual bálsamo fragante. 

Felicidad se espera 
Que de ella se propajpe ; 
Las prendas de tal hna 
Son gloria de sus padres. 

Toma, doncella, el premio 
Debido a tus afanes. 
Corona merecida 
De tu virtud constante. 

Y cuando las tareas 
Con tonos acompañes , 
Canta al piadoso Cirios 

Y su estirpe adorable. 
CanU cómo desean 

Verter por él su sangre 
Sus claros españoles , 
Guerreros y leales. 

Naciones enemigas 
De España formidable, 
Cubbid la faz adusta 
Con sombras y celajes. 

Que si un tiempo la visteis 
Belicosa y triunfante. 
Hoy se ilustra : esto solo 
La hará temida y grande. 

Y si esforzada y docta 
Cultiva nuevas artes , 
Su gloria , su potencia 
Crecerán admirables. 

Esto dijo la Fama. 
Vos, de la patria padres, 
i Es cierto , 6 quiere Febo 
Dulcemente engañarme? 

Mas ya el eco resuena 
Por plazas y por calles , 

Y tal vez al anuncio « 
Esceden las verdades. 

Y en tanto que de vuestro 
Celo debe esperarse 
Cuanto el arado rompe 
Como la mano labre ; 

No os desagrade el rodo 



OBRAS DE MORATIN (». rigolas). 

Concento disonante , 
Si aplaudiendo yirtudes 
Vuestro mérito aplaude. 

Que al paso que se aumenten 
Primores inmortales , 
Ya sucederán cisnes 
Que mas sonoros canten. 



XXXIX. Lo» lectores: 

Hay algunos lectores 
En este ingrato mundo 
De complexión tan rara. 
De genio tan adusto , . 

Que no cual las abejas 
Que en romerales mustios 
A las mas bellas flores 
Liban el dulce jugo ; 

Sino que como el torpe 
escarabajo oscuro , 
Que ama el cieno y estiércol 
Del muladar inmundo , 

Asi en cualquiera libro 
Los conceptos mas puros 
Sin reflexión los pasan , 
Ni se detienen mucho. 

Mas bailando algún yerro 
(Que es un milagro sumo) 
Parece que esto solo ' 
Procuraban algunos. 

Y á voces lo exageran 
Celebrando su triunfo , 

Y tildan á mis versos 
Escondiendo los suyos. 

Mas la musa des|Nrecia 
Tan frivolos insultos , 

Y yo, ó bien de malicia , 
O envidia les arguyo. 



ROMANCES. 

L Amor y honor. 

De la hermosa Belerifa 
Era Benzaíde el querido. 
Moro discreto y galán , 
Pocos años , mucho brío. 

El que en las fiestas y zambras 
Dando de su amor indicios , 
Bordó la verde marlota 
Con cifras de su apellido. 

Desembarazar la lanza 
Nunca le vio el enemigo , 
Sin que sacase del golpe 
En el adarga portillo. 

Gozábanse dulcemente 
De la dama en el retiro , 
Sin que tanta posesión 
Originase fastidio. 

Veinte lunas se pasaron 
Sin dar alguno motivo 
De recelo en la amistad , 
De tibieza en el cariño. 

Ya no se ven ni se buscan : 
i Qué causa puede haber sido 
La que llegó á separar 
Dos corazones tan linos? 

La ingrata Fortuna sola , 
Que por costumbre ha tenido 
A quien favorece Amor 
Mirur con ceños esquivos. 

El rey le negó los premios 
En la guerra n>ereciaos , 
Retii-ando a la alcazaba 
Sus despojos y cautivos. 

Triste llega á los umbrales 
De su dama y afligido , 
Sobre una encintada yegua 
Con el bozal de oro fino. 



Viola salir «Ibaleoo, 

Y con ademán sumiso. 
Arrodillando la aMtoa , 
Inclinó el penacho altivo. 

Humilde, con voz turbtda, 

Y suspirando la dijo : 

Mi linda mora , los cielos 
Guarden tus años floridos. 

No ignoras que para amor 
Ni me sirves, ni te sirvo ; 
Aunque estén los corazones 
Reciprocamente imidos. 

Para llamamos esposos 
(El honor asi lo quiso) 
Nos debe allanar primero 
Suerte feliz el camino. 

Y es tan escasa la mia , 
Como ya, mi bien, lo has visto: 
Que nada alcanzan mi celo , 
Mi valor ni mis servicios. 

Quédate en paz, y á los cielos 
Por último don les pido. 
Que antes de llegar á Loja 
Logre hallar á don Rodrigo, 

Maestre de Calatrava, 
Del rey Femando caudiUo ; 
Pues con su muerte 6 la mía 
Mi desgracia finalizo. . 

Si le venzo, volveré 
De recompensa mas digm>, 

Y el rey no sabrá negarme 
Las mercedes que le pido. 

Y si me vence, la vida 
Acaba que desestimo , 
Pues no la quiero sin U, 
Desdichado y ofendido. 

Belerifa le responde : 
No temas , Benzaide mió , 
Que mirando al interés - 
Ponga tu amor en olvido. 

Antes saldré de Granada, 
Huyendo sola contigo , 
A que nos den su favor 
Los cristianos fronterizos. 

Tomóla el moro la roano , 
Alzándose en los estribos, 

Y arremetiendo la alfana. 
La lanza pedazos hizo. 

A tu noble amor le toca 
Despecho tan atrevido , 

Y toca á mi pundonor 
Esta acción, el moro dijo. 

Y viéndola acongojada 
Con lágrimas v suspiros. 
Escaramuzando triste 
Siguió de Loja el camhao. 



11. Consuelo de una ausencia. 

Ausentábase Alboraya 
De los muros de Madrid , 
La mora que mas hermosa 
Plegó almaizar toneci. 

Blanca , rabia y colorada 
Con los ojos de zafir , 
En la zambra muy maestra , 
En el adufe y lili. 

A despedirla salió 
El gallardo Abenozmin , 
Un morillo que á la bella 
La sacó fuem de si; 

En las cañas y sortija 
El mas diestro y mas gentil. 
El ^ue de un golpe divide 
La jarameña cerviz. 

S<.Tvia á la mora el moro , * 
Y rendidos en la lid , 
Enviaba á sus mazmorras 
Los cristianos mil á mil. 

Sobre un alazán cabalga 
Hijo de Guadalquivir, 



tmina al tocarle 
ale sutil. 

I adornado el bonete 
brasdeorodeOfir, 
on rubios cabellos 
üdió su dama alH. 
lomas 7 martinetes 
Jen colores mil , 
lo estrellado imita 
irlota turqiii. 
rro alfanje suspende 
Jado tabal! , 
feces Tencedor 
canee y la lid. 
en la adarga de Fez 
zon de carmin , 
mote que decía : 
r cúraxon te di, 
3sa cadena de oro, 
I pecho, en un viril, 
el retrato adorado 
I diamante y nibi. 
íiarro salió el moro , 
damas de Madrid 
' los' miradores , 
MD de aplaudir, 
«ndo ya de las puertas 
niora salir, 
lo^do en tomo 
iaba gentil, 
ipondíóle agradable, 
rfe : Abenozmln , 
le lo gue siento 
nada infeliz, 
es eorreaponder 
^verÉs en mi, 
Bor el fvemf o puedes 
«liad medir, 
wobar los amantes 
i|Be nanea temi) 
UMA la ausencia , 
a que tiene fin. 
mo dices , me adoras, 
*bes afligir; 
■ociéndomemas, 
s h fe que hay en ti. 
Ide fesponde el moro : 
I señora, asi 
el cielo que venza 
lia al fiero Cid, 
ifoseré constante, 
f íioevan sobre mi 
idiebas, que al cristiano 
w Buesiro Tarif . 
lenie, pues sabes 
{CUD tan sutil , 
ido merecer, 
aauencia feliz. 



Itieküéir y Galiana, 

dtalga Abdelcadir 
» Febo se escondía : 
m qae acuerda el cristiano 
1 de su Mesías, 
t lenor de resbalos 
le Boro se anima, 
)m leyes de Marte, 
i a AiDor pruebas fijas, 
el gallardo africano 
feoo de la morisma, 
t en Goadabijarj, 
U de su milicia, 
i danzando la zambra, 
I ca cañas y sortija, 
ifaerzo era el asombro 
lambas ¿ dos Castillas. 
«a de Toledo, 
ímosa á maravilla, 
ra mas celebrada 
btamoferiau 



poesías. 

Boca de claveles rojos, 
Altu pecho que palpita. 
Frente ebúrnea, que adornó 
Oro flamante de Tíbar. 

Esta, con sus ojos bellos 

Y atractivos de su risa. 
Tiene el corazón del moro 

Y toda el alma cautiva. 
Cada vez que á verla va 

lina vereda practica. 
Que desde Guada lajara 
Hasta su jardín le guia. 

Nueve noches vive ausente. 
Que las nieves lo impedían ; 
Mas ya no puede suírir 
Celos que su pecho agitan. 

Ese ramoso Bernardo 
Que del Carpió le apellidan , 
Sobrino del rey AKonso, 
Joven de granáe valia, 

A León viniera entonces 
Triunfante de Francia altiva ; 
El emperador vencido, 

Y arrolladas sus insignias. 
Mató á Roldan encantado. 

Cuerpo á cuerpo, en lid reñida, 

Y la espada Balisarda 
Sacó de su sangre tinta. 

El rey cristiano su tio 
Con embajada le envia 
Al toledano Abencir, 

Y á Galiana su hija. 
Grandes presentes llevaba 

De joyeles de alta estima, 

Y un rico brocamantón. 
Cosa que par no tenia. 

El broquel de Durandarte 
Con Belerma alli esculpida, 

Y la almádana espantosa 
Que á Urjel de b Maza quita. 

Con esto, y cien estandartes 
De las naciones vencidas, 
Sale de León Bernardo 
Con muv gran caballería. 

Abdelcadir arde en celos. 
Que de ello tuvo noticias, 

Y teme que el leonés 

No le interrumpa su dicha. 
Mandó sacar de sus anchas 

Y hermosas caballerizas 
Su yegua, la mas veloz 
Que produjo Andalucia. 

Es fama que la alazana 
Del raudo cefíro es hija, 

Y le vence en la carrera 
Cuando al padre desafia. 

Dos cristianos curan de ella 

Y á recaudo la tenían : 
Nufio Fernandez de Salas, 
Fortun de Lara García. 

Las crines y riendas de oro 
Con la izquierda mano acidas. 
Sin poner pié en el estribo, 
Airoso el bárbaro brinca. 

Lanza loma de dos hierros 
Que acicalados lucían. 
En sangre de. sus contrarios 
No pocas veces teñida. 

Dos alas en el escudo 
Pintó, que al sol so encaminan, 
(^on una letra que dice : 
Alas mi amor necesita. 

El bonete á quien adorna 
Tcnibladora argentería, 
(iOn |)lun)as gualdas v azulesr, 
Al lado diestro derriba. 

Debajo del akfuifa 
Jaco apretó y coracinas. 
Que le diera Jaira , hermana 
De Abenrajel de Zorita. 

Desde el hombro pende al lado 
De aceradas cadenillas, 



O 

Presa con el almaizar. 
Cimitarra damasquina. 

Y en señal de estimación 
Se puso la manga rica 
Que le bordó Galiana, 
De inestimable cuantía, 

De perlas y de rtdiies 
Recamada y de amatistas : 
Que la aprecia el moro en mas 
Que á Zeca y Meca y Medina. 

Toma el oculto camino 
Por la senda conocida. 
De alhazor y de carrizos. 
De retamares y olivas. 

i Ah, Galiana cruel ! 
Iba diciendo con ira, 
Plepe á Aláh que á tu lindeza 
Tu inconstancia no compita. 

Bella intlsmU de Toledo, 
¿Por qué a un cristiano te inclinas, 
Pagando a tu amartelado 
Con rigores y falsías ? 

Mas ya cierra ne^ noche 
De vendaval y ventisca : 
Larga la apetece el moro, 

Y oscura la necesita. 
;Ah, míseros amadores. 

Que os da el peligro osadía, 

Y la esperanza os convierte 
Los afanes en delicias ! 

Lijero, mas que el llenares. 
Caminaba por su orilla, 
En la vega deleitosa 
Que sus aguas fertilizan. 

Inclina el rostro de lejos 
A Meco, la santa villa. 
Que le acuerda la que tiene 
Del Profeta las cenizas. 

Pasa en silencio el lugar 
Donde el secreto peligra. 
Que en sus lomas le repite 
Eco, la parlera ninfo. 

Huyó la antigua Alcalá, 
Torciendo un poco la vía 
Por la cuesta de Zulema, 
Entre sus breñas erguidas. 

Ya de Titúlela atraviesa 
Los olivares y viñas. 
Donde Jarama á Tajuña 
Aguas y nombre Ip quita. 

Vadeando pasa el rio, 
Aunque soberbio venía, 

Y en medio de sus toradas 
Cruza galopando y silba. 

Saluda det nuevo sol 
La luz que se descubría, 

Y durante su carrera 
Mas vagaroso camina. 

Deja á un lado los majuelos 
Que enriquecerán á Esquivias, 

Y á otro el inculto Aranjuez, 
Hoy jardin de Falerina. 

Ya llega a la alta Boroj, 
Aire toledano espira, 

Y á la yegua el fuerte moro 
Mas la acosa y mas la pica. 

Las llanuras atraviesa, 
Parte á carrera tendida, 
Suclu al aire el alquicel. 
Da en el cmlon la mochila. • 

Jamás olímpico £irco 
Vio escapada tan lucida ; 
Si es quien le conduce Amor, 
Este si que es buen auriga. 

Siguiendo el dorado Tajo, 
Entre copadas encinas, 
A'Moceyo dejó atrás 
Después de la árida villa. 

La noche su negro manto 
Estiende callada y fria, 

Y solo el viento se escocha 
Que los árboles agita. 



10 



Llega en pai, amante moro, 

Y el vano lenior disipa; 
Que los hechos Iciiierarios • 
A las miijrres oliligaii. 

Va esla <>ii Tuleilo, y oculto 
Itiisca filtre la sonitira auilga, 
Di' MI pi'iiicesa püurjtla 
Los ulcii/aros que liahila. 

Kllu iinparienio le agua nía ; 
Habla j sobs y suspira, 

Y iiialdicf «I iiMiiporal 
Quo asi luíala su dicha. 

Por los dorados andenes 
Vnp iiK'uieta, y no ac enfría : 
Quien sane lo que es amor, 
Si esto es im|K>sil)le diga. 

Pomposo zaragueol 
De hlaiico lúan vestía. 
Hasta el morado chupín. 
Con muchos pliegues j listas. 

Labrada con gnu primor 
Lleva una marlola encima, 
La mitad era turquí. 
La otra mitad amarilla. 

Un velo sobre el locado. 
Que un peine de nácar riza, 
Colgando el sutil cendal 
Con invención nunca vista. 

Verde listón ó diadema 
Su frente hermosa ceída. 
Con laíiros y balajes, 

Y una medía luna encima. 
Rojos corales al cuello, 

Fragante y ratil camisa, 

Y un apretador azul 

Con dos lazos que pendían. 

Llegando el moro al umbral 
Pequeño pito tañía. 
Otro le responde adentro» 

Y el postigo facilitan. 

Y atando la yegua al tronco 
Que un ancho moral cubría, 
Sube por un caracol 
Con la esclava GeloXra. 

Cual fué de los d(»s amantes 
El saludo y bienvenida. 
Juzgúelo quien apartado 
De sus amores suspira. 

S«)lo la fama contó. 
Que asi que llegó á su vista. 
Quedó el moro satisfecho 
De los celos que traía. 

Vanse a abrigado retrete 
De pt*rsianas alcatifas. 
Dorado guadamecí, 
Cañamazos y ataujía. 

Oculto perfumador 
De mármcd, ámbar espira, 

Y el alio zaquizamí 
Desde el suelo aromatiza. 

Hav neo escaño de alerce 
Yunnbndoalmadraoue encima : 
MU reposan, y en dulces 
Miradas su gozo esplícan. 

La esclava se retiró ; 

Y entre dos almas tan Anas, 
El amor, la soledad, 

Y la noche, ¿qué no harían ? 



IV. Von Sancho en Zamora. 

Por la ribera del Duero 
Tres iiiieles oabalgabao, 
Calía lien »s en^letlanos 
De gran noni|ir.iilia t fama. 

Tn nones llegan lijeros 
\ gaiif-Mi^ de tiülalla. 
De areni lueienle armados 
Desde la fr< ntv a las ancas. 

El aire manso tremola 
Peodoncillos de sus laous, 



OBRAS DE MORATIN (d. mcolas). 

La de enmedío va en la ciúa. 
Los del lado la eurístiaban. 

Martinetes y garzotas 
En las |)enaclieras altas 
Cnnman dorados yelmos. 
Que al rayo del sol brillaban. 

Sdbre los <p]ijotes penden 
De los Uros las espadas, 

Y ai mover do los caballos 
Ibíiii sonando las armas. 

Con escarces y bravura 
Llegan b'jtiendo hi estrada : 
Mirando van a Zamora, 
A /amura y sus murallas. 

Kn el las la plebe observa. 
Los ricos hombres y damas. 
Que quedan, aunque contrarios, 
De su apostura prendadas. 

De todos son conocidos 
Cuando las viseras alzan, 
Que ese noble rey don Sancho 
£s el que en el medio marcha. 

Y los (lue van a sus ladoa. 
Puestos a son de batalla. 
Eran b flor de Castilb : 

El de Vivar y el d« Lara. 

De pechos sobre una almena 
Mira y llora doña t'rraca; 
Con un delgado alfaremc 
Está cubriendo b cara. 

Por b muerte de su padre, 
Que ya en el cielo descansa. 
Leonado color se viste 

Y negro monjil arrastra. 
Sus escuderos y dueñas 

Mesurados b acompañan : 
Elias traen ricas patenas. 
Ellos flojas martingalas. 

Y quitando el antifaz. 
La voz un poco levanta, 

Y a sn hermano le decía. 
Que se detiene á escucharía : 

Rey don Sancho, rey don Sancho, 
El ardido en bs batallas , 
Valiente contra una débil 
Mujer, sin culpa, y tu hermana. 

¿ Así del rey nuestro pudre 
La dlsposieion se guarda ¥ 
¡ Oh, mal haya el caballero 
Que al Uñad» no le acata ! 

SufriMi Elvira y Carcía 
Los rigores de tus armas, 

Y allá en Toledo a los moros 
Favor Alfonso demanda. 

Cuando debiera Castilb 
Lil>erlar á toda España, 
(>>n foso cercas mi muro. 
Tu hueste mis campos tab. 

Y azar((ues y sarracinos 
En Sl^govia juegan cañas, 

Y en Zocodover con cifras 
Respbndecen sus adargas. 

Y gnarte, no llegue eldb 
Que dándoles tú la causa. 
Vengan a beber sus yeguas 
Del Thiraton y el Arbuza. 

Ambieioi.ando lo ajeno 
Que lu padre nos dejara, 
Cf>n los cristianos aceros 
Viertes b sangre crísliana. 

¡ Oh, ruánto fuera mejor 
Esas iras emplearlas 
Contra ciuien vieía lo que es 
l'nido el poder de España ! 

Eso mismo quieni yo. 
Responde ilon Sancho, infanta. 
Mi padre erro, jii/gue el mundo. 
Soy rey. Esto digo, v basta. 

Eiitinres ella quejosa 
Prosiguió con voces alLns : 
: Ah, sobertno castelbno 
El de la amarílb banda. 



El de ipibado goijal 

Y rapacejos de pbta, 

£1 de b dorada espueb, 
Que yo le calcé, cuitada! 

¿Quién creyera que Tizo 
Contra mi se desnudara. 
Cuando cabezas de reyes 
Pensé me diera por arras T 

Esto es|iere del amor 
La mujer apasionada : 
Bien sé lo que mereci. 
Bien sé cómo se me paga. 

Don RtMlrigo de Vivar 
Con b color demudada. 
Turbado la respondiera. 
Formando mal bs pabbrai 

Señora, sirvo k mi rey. 
Tu afán me pesa en el alm 
Lo domas hizolo amor. 
Contra amor iiínaono basta 

Entre multituu plebeya 
Bellido Dolfos estaba. 
Hijo de Dolfos Bellido, 
Muy artero de aseclianzas 

Y dfjo : á pesar del Cid 
No irá á sus tiendas mañai 
El rey don Sancho con vid 
Sí mil vidas me contara. 

Oyendo tales razones. 
Con semblante y vula ain 
Arremetió su caballo 
Don Diego Ordofiez de Lai 

Traidores sras, zamom 
Dice en voz tremenda v al 

Y os lo haré bueno en el ca 
Cuerpo íi cuernoy lanza al 

Anas Gonsalo, al oír 
Que á so ciudad denostalM 
Caballeros, los del rey. 
Gritó, no digáis infama; 

Que hay hidalgos en Zas 
De n<»bleza tan preciada, 
Que ni en virtna ni en valí 
Otro alguno los iguab. 

Y en cuanto al reto, mis 
Viven, y si honor los Iba 
Caballeros de mi sangro 
Estiman la vida en nada. 

Esto dijo Arias Gonzalo 

Y con astucia villana 

El traidor Bellido Dolfos 
Se apartó de b muralb. 



y. Empresa de Uieer Jt^ 
borgonon (*). 

En la vilb que Pbaergg 
Con diáfanas ondas cifte. 
Por alcázares reales. 
Entre huertas y jardines. 



(*) nicer Jaqvm, S liMb» it Laúd 
del Toltoa de oro. y coaiarleafo de Ft 
no, duque de Borfofta, ftad bijo batía 
dro de Loiemburgo, conde de San f ol 
aquel duque, y uno de lot prinihiTo«ca 
dicha ónlrn La corte de Rorirofta era > 
lirmpüt el teairo de lat empreta* ral 
que roDiiilian en una Iniigaia i on m 
llctaba el mantenedor, rrgnlarmenb 
quio de atfpina dama, publirand» de 
lai cnndiciiinei ron que la defendía ; 
de que algún caballero quería lidiar, i 
A BorgnAa puct aiudtan lotaienlureí 
laa narionoi É dUtinfiiirte,) no fuera 
que de EipaAa fueron i adquinr nc 
rrcibir loa obiequioft de aquel aobar 
remando del Pulgar en iu« Clarot l'a 
. i>or cierto no «i en ui» uemput. ni 
■ fot patailot «luievfn tanloi caballer 
I reino» j Üerrai eitraflas a eiio» iiue« 
• de Caitilla é de León, por baeer an 
irenrc, como ii qucltocmn caballerc 



Gran palenqne se dispone 
ulta nanndilla v firme, 
ra la sangrienta liza 
e pulilicun lus clarines, 
[he, mainiitico duque ( 1 ), 
ingenio eslérii y humilde 
s tiazañas del linaje 
que dichoso naciste. 
£sia la es|iaroida arena 
fiuesla ¿ marciales lides ; 
pueblo aiiliebnle corre, 
L'bos anduniios oprime. 
Uto solio se levanta 
ra el grau rey que preside 
D nuuto real, que adornan 
meraldas y amatistes; 
I' don Alvaro de Luna, 
in condestable, le sigue, 
:o iiileríor, escarchados 
kliófar lo6 kH>rceguies. 
f Je rica orfebrería 
*Ta un cdbr de oro insigne, 
e el rey de Aragón le diera, 
tiniado'eo mil florines. 
}¿n sa maguilico estrado 
Ivrocawkwi y tapices, 
bel de Portugal, 
iua de Castilla, asiste. 
En dos treiiKas uliieñadas 
hermosa crencha divide, 
e en los hombros se recogen 
n dos lazadas turquíes. 

« kovar por «iras partri de U crítiian- 
MMcl al-conde 4on Gonzalo de Cuzínstu. 
m áe Irrlo ; conotci i Juan de Torres é 
4* Folioe*. AUar*u de Virero « * iuos«n 
axqu^i de Sa>avedra,á GuÜerre Quijada 
sra bie(o de Valen ; é oi decir de otroi 
aaof, que c«a loimo de caballero» liic- 
r lot reinoB ealranjeros á Acer armas cou 
lier cabañero ifoe quuieae facerlas con 
e por cUa» faaaron bonra para si é faina 
esiea y eaforaados caJialIttros para Iua fi- 
lo» de Caatilla.* Otros nomttres pudiv- 
Aadir « loa que ciU Pulgar, y aunque no 
uttos ku que Tioieron & España coa igual 

0, alf unos ni'iy famosos acudieron atrai- 
el espirita de galantería y nagnlflcncia 
BUoduja ea la corte del ray don Juan il. 
>, en ti34, sa celebró junio á la puente 
Irbigo rl paso de Suero de QuiAones, que 
iiiu días ; el aúo siguiente bubo en S**- 
rasJiMU» mantenidas por Robeito, señor 
•.y en iUB iu\o lugar la empresa a quH 
T e^te romancr. Hicer jaovcs, apellidado 

eobaila^t qoiso raohtrar *us Hienas y su 

1, cooSrmando lo que detia la fjoia de 
idoa triunfos , y obtenida la ^euia del n-y 
ala. que le tu^o la plaza, cuinbatiú rn Vu- 

i4n Diego de Guzman, hermano dr i!on 
> de Couiao. seflor da Torija y conde Pa- 
¡oe babla tocado con fellcidail otras rm- 
!B varias partas. Diego de Guiman salió 
cwmbaK herido en la cabeza, según rene- 
ihiilcriaraan Gonaei de Cibdadreal.que 
, ca una carta al e^pre^ado conde : tA 
I merced le babrA arribado la loa de su 
ao; ca como Sju de padre de raza se ovo 
«i<>a de micer Jaque» bor;rufloo. Mi epia- 
vaanle no la mando para dar á vuestra 
i el anao; mas la mando á dos cosas, que 
Aaraa á vuestra merced conti-ntamipnio, 
: que su hermano va bien de laf<>rida de 
le, e guarirá si Dios quiere , é yo lo ali- 
I cuanto mi arte me ha liiostradu. La se- 
co«a es para raparos de la mente, qutt 
« Merlo É sabiendas le o\iese preatadQ i;I 
te con la plasta dr trrro sotil puesta A 
das; que si el rey \edado he lo no oiieru, 
f«rer un rielo al qua tai divolgu ; ca juró 
•florla por el cuerpo de Cristo, que fuera 
el fierro un aOo de primero que vuestro 
no le d4*mandara el baciqfie, etc.* —No» 
id* importante poner esta noia para ind;- 
kflfhrnii'lad •!«! -romance con los docu- 
nstúríi-os que deniue»tran el carácter de 
que se describe. 

le Med.Basidonia, A qnicn dirigió H su- 
rsenie romance. 



poesías. 

Muy garrida, al lado suyo. 
Color de púrpura viste 
Blanca, infanta de Navarra, 
Mujer del principe Enrique. 

Ambas están rodeadas 
De las damas que las sirven. 
De meninas y donceles, 

Y dueñas con sus moiúües. 
Salió la condestablesa 

Cnn preciosos faldellines, 

Y una aljuba á la morisca 
De cuchilladas sutiles. 

El principe, en rico escaño, 
Entre Tardas y Manriques, 

Y don Üeltran de la Cueva 
Muy en años juveniles. 

Al son de bastardas trompas. 
De un pabellón que se erige 
En un cantón de la plaza. 
Con damascos y ormesíes , 

De todas armas armado 
Salió un guerrero terrible, 
A quien de la frente al pié 
Pavonado acero viste. 

El a de bronce el escudo, 

Y en francés la letra dice : 
Que deja el alma cautiva 
En los ojos de Aniatilde. 

A un corpulento frison 
Los aiichub loicas oprime. 
Con paramentos de malla, 

Y aun las rieiidus que le rigen. 
Plumaje azulado oscuro, 

Que sacude si se engríe, 

Y al fuerte batir del casco 
Dirán que lalierra gime. 

El mantenedor valiente. 
Después que el palenque mide, 
Alta la visera, al rey 
Con voz atrevida dice : 

ilcy don Juan, si mis hazañas 
Llegaron á estos conünes, 
Sabrás quien soy, ^ si no. 
Tú y tus vasallos oídme : 

Jaques de Lalahig n^e llamo, 
De antigua prosapia inugne; 
Que soy noble y borgouon. 
De mi empresa se colige. 

Sov general de las armas, 

Y del senado sublime 

Do Üorgoña, y camarlengo 
De su gran duque Felipe. 
En mil justas ^ torneos 
Logré vicloria diDcil, 

Y a tu corle generosa 
Por el lauro último vine. 

Concédeme pues que en ella 
Rete, emplace y desafíe 
A todos lus caballeros 
De los que mas se distinguen. 

Esto, en público pregón, 
Con trompeta se repite ; 
Sordo rumor se difunde, 
Mucho furor se reprime. 

Iba el rey á responder ; 
Mas uor la calle que sigue * 
Desae el Ochavo k San Pablo 
Resonaron ministriles. 

Y eitire el vulgo que le cerca 
Un caballero dislinguen. 
Que ansioso de pelear 
Llega al paltnique, y le admiten. 

La lanza, asi como entró. 
Puso de la cuja al rislie : 
Randcrílla verdegay 
Tremolan los aires libres. 

El generoso caballo 
Despuiiió los tamarices 
Del Tajo en la verde orilla, 
Eiili'e céspedes y mimbres. 

Los ojos son de esmeralda % 
El color de blanco cisne. 



11 



La cola Joyante seda, 

Y hasta el estribo las crines. 
Entró tan galán el joven. 

Que sin poder reprimirse, 
Los unos le vitorean 

Y los otros le bendicen. 
Va un pajecito delante 

Cuyos anos no son quince, 
De azul, amarillo y plata , 
Color del dueño á quien síne. 
Lleva embrazado el escudo, 

Y el peso apenas resiste, 
Con siete cercos al canto 
De acero bruñido y firme. 

Todos del aventurero 
Alta esperanza conciben, 

Y sos|>echan que secreta 
Licencia allí le encamine. 

El |)oniéndose delante 
De los reyes, hace humilde 
Arrodillar al caballo, 

Y que la cabeza incline. 
Las doncellas de la reina 

Se alzaron en ^ié á aplaudirle ; 
Pero una el rojo clavel 
Trocó en blancos alelíes. 

Es fiama que era b bella 
De los Toledos insisnes. 
Condes de la casa de Alba , 
Con mas encantos que Circe. 

Amor descubrió un secreto 
Que muchas riendo envidien ; 
En tanto que los padrinos 
El sol á entrambos dividen. 

Micer Jaques borgoñon : 
Gallardo español, le dice. 
Alegra vuestra presencia 
De tal modo á quien os mire, ' 

Que aun yo, con ser eslrai^ero 

Y enemigo que os compite, 
Me prendo de ese valor; 

Y si gustáis de decirme 
Quién sois, lo tendré á merced; 

Pues sabiendo con quién lidie, 
O vencido, ó vencedor, 
Será mi suerte felice. 

Noble fnncés, le responde 
El español» tú me rindes 
Antes con tu cortesía. 
Que la dura lanza vibres. 

Don Diego soy de Guzman, 
De tan generosa estiipe. 
Que no es mas ilustre aquella 
Que en real dosel nos preside. 

Micer, que oyó que es Guzman 

Y los conoce, concibe 
Gran recelo, el trance teme ; 
Cauto disimula, y dice : 

Hermosísimo garzón , 
Cuanto siento, no es creíble , 
El que esponiéndttte así 
Tan poco tu vida eslimes. 

Por conservarte á tu rey 
Combatiré y por servirte. 
Hasta la primera sangre ; 
Después te dejaré libre. 

Sentido Guzman, responde : 
Todo tu esfuei-zo apercibe 
Hasta matarme ó morir. 
Que así en Castilla se riñe. 

Y revolviendo las bridas , 
Hace al caballo que brinque , 

Y con denuedo y braveza 
Escaramuzando gire. 

A medía rienda galopa, 
Le sosiega y le reprime ; 
Tomó gran parte del campo, 

Y hace á Micer que le imite. 
Don Juan de Guzman, de la alta 

Medinasidonia insigne 
Primer duque, y de su casa 
Escuderos y adalides^ 



19 



Con los do su acostamiento, 
La valla redonda ciñen, 
Llevando dobles corazas 
liüjo ropas carmesíes. 

Y en caso de rompimiento 
Procuraron prevenirse ; 

Que un estraojero en EspaOa 
llalla siempre quien le auniíre. 
Ma^ ya el condestable avisa, 

Y sonaron afiaUles : 

Los dos fuertes caballeros 
Con Ímpetu liero embisten. 
Temblaron ambos caballos, 

Y ellos en la silla firmes : 
Cerca don Diego á Micer, 

Y a lanzadas le persi{;ue. 
Pero viendo el borgoñon 

Que en su caballo consiste 
La desventaja, y Guzman 
Tanto en el suyo confie, 

Matársele pretendió : 
Sacó la lanza del ristre, 
Que arrojada , al noble bruto 
Hijo del viento, diiige. 

Pero al ver el castellano 
Venir el golpe terrible. 
Revuelve el veloz caballo 
Con prontitud de una tigre. 

Y aun(iue á su salvo pudiera 
Alancearle y herirle; 

Como hidalgo se portó, 
Como Guzman y Ramírez. 
Jaques ipiitó del arzón 
La partesana que esgrime, 

Y don Diego, a cuchilladas 
Trabándose, le recibe. 

El francés de un solo golpe 
Quiso que la acción termine : 
Alza los brazos en alto, 
Guzman (lue le aguarda finge ; 

Pen) picando al caballo 
Que dé en vacío consigue : 
Micer al suelo cayó 
Mal asido de las crines. 

Ya está el español á pié ; 
Entrambcs á voces piden 
Ilachetas de desjirmar, 

Y escuderos se las sirven. 
Faltó la esperanza en todos 

Cuando notaron que riñe 
Tierno un castellano Adonis 
Con un borgoñon Alcides. 
Al golpe que da parece 
Que Marte la espada vibre, 
l)espida Belona el asta , 

Y Jove el rayo fulmine. 
Blus Ouzmun, ejercitando 

Velocidad increíble , 

Entra y sale, y no hay encuentro 

En que el fi-ancés no peligre. 

El fiero l>atir confuso 
De los aceros que esgrimen. 
Hace al mas templado pelo 
Que se quebrante y se trice. 

Asi anduvieiiMi gran pieza ; 
Pero f, (¡uién sabrá aplaudirte, 
¡Oh Guzman! eu esta empresa 
Los hechos de;irmas que hiciste^ 

Avergonzado L:daing 
De que dura y no se rinde 
El joven, ron' andHis brazos 

Y cuanta fuer/.:i inisible 

Le fué, le descai-ga un golpe. 
Que el eco sordo repite. 
Haciéndole (¡ue un instante 
Desatinado vaeile; 

Y en la desiiejutia frente 
Pequeña heridu le imprime, 
Con que el rostro matizó 
¡Sajigre del Segundo Enrique. 

Mas no la pisatta sierpe 
AII4 en la barbara sirte, 



OBRAS DE MORATIN (n. nicolas). 

Ni león que la saeta 

Sintió en las anchas cervices. 

Lanzando fuego los ojos 
Y' precipitado embiste 
Por las puntas y los tiros 
I)e fulnimante salitre , 

Como arremete el Guzman, 
Da y hiere; y tanto resisten 
Las armas , que la st>gur 
En pedazos se divide. 

1 ira el borgoñon la suya , 
Nueva esperanza concibe, 

Y entrambos los combatientes 
Desiguales fuerzas miden. 

La corpulenta estatura 
Del de Lalaing se dLstingue , 
Que sobre el campeón de España 
La altiva cabeza engríe ; 

Pero si no hay en Castilla 
Luchador que le coirpite, 
¿De qué el cuerpo agigantado 
Al mantenedor le sirve? 

Los dos a brazo partido 
Asiéndose con ardides. 
El impulso de sus fuerzas 
Hace que en circulo giren. 

Saltan piezas de las armas. 
Rompen las hebillas firmes, 
Nube de polvo los cubre , 
De sangre y sudor se tiñen. 

Asi como dos mcmtañas 
De agua , que en el golfo trhite 
Noto y aqudon impelen, 

Y hacen (¡ue se arremolinen , 
Que gran tiemiio combatiendo 

Estremecen tuuo el linde; 
Huyen al centro profundo 
Tiburones y delfines, 

Hasta que la menos fuerte 
Llega allln á sumergirse, 

Y esotra los anchos mares 
Corre, alborotando libre: 

Asi combaten los dos ; 
Pero el de Castilla insigne 
Siente que el honor de España 
En él entonces se cifre. 

Y ardiendo en vergüenza noble 
De heroico ardor se reviste : 
Ase de nuevo al francés, 

Y en sus brazos le constriñe. 

Y aferrándole la gola 
Con ambas manos le oprime. 
Haciendo que el fuerte pecho 
Descoyuntudo palpite. 

Dentro del yelmo se escuchan 
Roncos suspiros y tristes : 
Cayó á tierra el ^n coloso. 
Dudando todos si aun vive. 

Guzn»aii, la rodilla al pecho. 
Por si piedad no le pide. 
Saca el brillante puñal, 
Levanta el brazo invencible. 

Pero don Juan el Segundo 
El cetro de oro (lue rige 
Tifo airado, y diligentes 
Los padrinos los dividen. 

Buen rey, vuestra señoría 
Perdone, él mancebo dici? : 
Que él es vano y afrentóme , 
Yo soy YSuzman, y vencile. 

El rey dio a Micer la ropa 
Rozagante que se viste, ! 

Y el vencedor medicrnas, ' 

Y un espléndido convite. 
Sus deudos , al son marcial 

De atabales y clarines. 
Le acompañan y conducen 
Al pié del trono sublime. 

1 urbado pregunta al rey. 
Si habrá mas eu qué ser^irle, 

Y él le respondió : Guzman , 
Como quien eres cumpliste. 



QUINTILLAS. 



Fiesta de toroi en Madrid 

Madrid, castillo famoso 
Que al rey moro alivia el miec 
Arde eu tiestas en su coso 
Por ser el natal dichoso 
De Alimenon de Toledo. 

Su bravo alcaide Aliatar, 
De la hermosa Zaida amante 
Las ordena celebrar. 
Por si la puede ablandar 
£1 corazón de diamante. 

Pasó, vencida á sus niegí 
Desde Aravaca á Madrid; 
Hubo pandorgas y fuegos. 
Con otros nocturnos juegos 
Que dispuso el adalid. 

Y en adargas jr colores, 
En las cifras y libreas. 
Mostraron los amadores, 

Y en pendones y preseas. 
La dicha de sus amores. 

Vinieron las moras bellas 
De toda la cercanía, 

Y de lejos muchas de ellas : 
Las mas a{>nestas doncellas 
Que España entonces tenia. 

Aja efe Jetafe vino, 

Y Zahara la de Alcorcon, 
En cuyo obsequio muy fino 
Corrió' de un vuelo ercaniic 
El moraicel de Alcabon. 

Jarifa de Almonacid, 
Que de la Alcarria en que lial: 
Llevó á asombrar á Madrid 
Su amante Audalla, adalid 
Del castillo de Zorita. 

De Adamuz y la famosa 
Meco llegaron allí 
Dos, cada cual mas hermosa 

Y Fatima la preciosa 
Hua de Ali el alcadí. 

El ancho circo se llena 
De multitud clamorosa. 
Que atiende á ver en su are 
La sangrienta lid dudosa, 

Y todo en torno resuena. 
La belUí Zaida ocupó 

Sus dorados miradores 
Que el arte afiligranó, 

Y con espejos y fiores 

Y damascos adonió. 
Añafilesy atal)ales, 

Con militar armonía. 
Hicieron salva y señales 
De mostrar su valentía 
Los moros mas priiioipales. 

No en las vegas de Jarama 
Pac-ieron la veidt; grama 
Nu*ica aniniales tan fieros, 
Jmito al puente que se llam; 
Por sus peces, de Viveros, 

Ctmio Uta que el vulgo vi¿ 
Ser lidiados aquel dia; 

Y en la fiesta <iue gozó. 
La popular alegría 
Muchas heridas costó. 

Salió un toro del toril, 

Y a Tarfe tiró por tiei i-a, 

Y Im'go a Benalguacil, 
Después con llámele cierra 
El temen)n de Citiiil. 

Traia un ancho listón 
Con uno y otro matiz 
Hecho un lazo |K)r airón, 
Sobre la inhiesta cerviz 
Clavado con un arpón. 

Todo galán pretendía 



Ofrecerle Teneedor 
A la dama qne servia : 
Por eso peraió Almanzor 
£1 potro que mas quería. 

Él alcnifie muy zambrero 
De Guadalajara, huyó 
Mal herido al golpe fiero, 

Y desde un caballo overo 
El moro de Horche cayó. 

Todos miran a Alialár, 
Que aunque tres toros ha muerto,' 
No se quiere avenlurar ; 
Porque en lance lan incierto 
El caudillo no ha de entrar. 

Mas viendo se culparía. 
Ya a ponérsele delante : 
La fiera le acometía, 

Y sin que el rejón la plante 
Le mató una yegua pia. 

Otra roonta*acelerado : 
Le embiste el toro de un vuelo, 
0»^tt'Midole entableradu; 
Iludo el bonete encamado 
Om las plumas por el suelo. 

IMó vuelta hiriendo y matando 
A los de á pié que encontrara, 
Kl circo desocupando, 

Y cmpla7,áiKlose, se para, 
Con la vista amenazando. 

Nailie se atreve ¿ salir : 
La plebe gríta indignada, 
Las damas se quieren ir. 
Porque la fíesta empezada 
No puede ya prosegunr. 

Niuj^no al riesgo se entrega 

Y esta en medio el toro fijo; 
Cuantío un portero que Ilegai 
De la puerta de la Yega, 
Hincó la rodilla, v dyo : 

Sobre un caballo alazano. 
Cubierto de galas y oro, 
Demanda licencia urbano 
Para alancear á un toro 
Ud caballero cristiano. 

Mucho le pesa á Aliatar; 
Pero Zaida dio respuesta 
Diciendo que puede entrar ; 
Porque en tan solemne fiesta 
Nada se debe negar. 

Suspenso el concurso entero 
Entre dudas se embaraza. 
Cuando en un potro lijero 
Yieron entrar por la plaza 
Uo bizarro cal»allert>. 

Sonrosado, albo color , 
Belfo labio, juveniles 
Alientos, inquieto ardor, 
£d el florido verdor 
De sos lozanos abriles. 

Cuelga la rubia guedeja 
Por donde el almete sube , 
Cual mirarse tai vez deja 
Del sol la ardiente madieja 
Entre cenicienta nube. 

Gorgnera de anchos follajes. 
De una cristiana primores. 
En el yelmo los plumages 
Por los visos y celajes 
Yerjel de diversas flores. 

En la cuja gruesa lanza. 
Con cecamado pendón, 

Y una cifra á ver se alcanza 
Que es de desesperación, 

O á lo menos de venganza. 

En el arzón de la silla 
Ancho escudo reverbera 
Con blasones de Castilla, 

Y el mote dice á la orilla : 
Nunca mi espada venciera. 

Era el caballo galán. 
El bruto mas generoso, 
De mas gallardo ademán : 



POESÍAS. 

Cabos negros, y brioso. 
Muy tostado, y alazán. 

Larga cola recogida 
En las piernas descamadas, 
Cabeza pequeña, erguida , 
Las narices dilatadas, 
Yista feroz y encendida. 

Nunca en el ancho rodeo . 
Que da Betis con tal fruto 
Pudo lingir el deseo 
Mas bella eslampa de bruto. 
Ni mas hermoso naseo. 

Dio la vuelta al rededor ; 
Los ojos que le veían 
Lleva prendados de amor : 
¡ Aláh te salve ! decian, 
¡ Déte el Profeta favor! 

Causaba lástima y grima 
Su tierna edad floreciente : 
Todos quieren que se exima • 
Del riesgo, ^ él solamente 
Ni recela, ni se estima. 

Las doncellas, al pasar. 
Hacen de ámbar y alcanfor 
Pebeteros exhalar, 
Yerliendo pomos de olor. 
De jazmines y azahar. 

Mas cuando en medio se para, 
' Y de mas cerca le mira 
La cristiana esclava Aldara, 
Con su señora se encara , 

Y asi la dice, y suspira : 
Señora, sueños no son ; 

Asi los cielos vencidos 
De mi ruego y aflicción, 
Acerquen á mis oidos 
Las campanas de León, 

Como ese doncel, que ufimo 
Tanto asombro viene a dar 
A todo el pueblo africano. 
Es Rodrigo de Yivar, 
El soberbio castellano. 

Sin descubrirle quién es , 
La Zaida desde una almena 
Le habló una noche cortés : 
Por donde se abrió después 
El cubo de la Almudana. 

Y supo, que fugitivo 
De la corte de Fernando, 
El cristiano, apenas vivo, 
Está á Jimena adorando 

Y en su memoria cautivo. 
Tal vez á Madrid se acerca 

Con frecuentes correrlas, 

Y todo en tomo la cerca : 
Observa sus saetías. 
Arroyadas y ancha alberca. 

Por eso le ha conocido : 
Que en medio de aclamaciones. 
El caballo ha detenido 
Delante de sus balcones » 

Y la saluda rendido. 

La mora se puso en pié, 

Y sus doncellas detrás : 
El alcaide que lo ve. 
Enfurecido además, 
Muestra cuan celoso esté. 

Suena un mmor placentero 
Entre el vulgo de Madrid : 
No habrá mejor caballero. 
Dicen, en el mundo entero, 

Y algunos le Hernán Cid. 
Crece la algazara, y él 

Torciendo las riendas de oro, 
Marcha al combate ciüel : 
Alza el galope, y al toro 
Busca en sonoro tropel. 

El bruto se le ha encarado 
Desde que le vio llegar. 
De tanta gala asombrado, 

Y al rededor le ha observado 
Sin moverse de un lugar. 



13 

Cual flecha se disparó 
Despedida de la cuerda. 
De tal suerte le embistió : 
Detrás de la oreja izquierda 
La aguda lanza fe hiñó. 

Brama la fiera burlada ; 
Segimda vez acomete. 
De espuma y sudor bañada , 

Y segunda vez la mete 
Sutil la punta acerada. 

Pero ya Rodrigo espera 
Con heróico-atrevimiento, 
El pueblo mudo y atento; 
Se engalla el toro y altera, 

Y finge acometimiento. 

La arena escarba ofendido , 
Sobre la espalda la arroja 
Con el hueso retorcido ; 
El suelo huele y le moja 
En ardiente resoplido. 

La cola inquieto menea. 
La diestra oreja mosquea, 
Vase retirando atrás, 
Para que la fuerza sea 
Mayor, y el Ímpetu mas. 

El que en esta ocasión viera 
De Zaida el rostro alterado 
Claramente conociera , 
Cuánto la cuesta cuidado 
El gue tanto riesgo espera. 

Mas ¡ avy que le embiste horrendo 
El animal espantoso ! 
Jamás peñasco tremendo 
Del Cáucaso cavernoso 
Se desgaja, estrago haciendo. 

Ni llama asi fulminante. 
Cruza en negra oscuridad 
Con relámpagos delante, 
Al estrépido tronante 
De sonora tempestad; . 

Como el broto se abalanza 
En terrible lijereza; 
Mas rota con gran piyonza 
La alta nuca, la fiereza 

Y el último aliento lanza. 
La confusa vocería 

Que en tal instante se oyó 
Fué tanta, que parecía 
Que honda mina reventó, 
O el monte y valle se hundía. 

A caballo como esuba 
Rodrigo, el lazo alcanzó 
Con que el toro se adornaba : 
En su lanza le clavó, 

Y á los balcones llegaba. 

Y alzándose en los estribos, 
Le alarga á Zaida. diciendo : 
Sultana , aunque bien entiendo 
Ser favores escesivos. 
Mi corto don admitiendo; 
Si no os dignáredes ser 
Con él benigna, advertid 
Que á mi me basta saber 
Que no le debo ofrecer 
A otra persona en Madrid. 

Ella, el rosíro placentero. 
Dijo, y turbada : señor, 
Yo le admito y le venero. 
Por conservar el favor 
De tan gentil caballero. 

Y besando el rico don. 
Para agradar al doncel. 
Le prende con afición 
Al lado del corazón, 

Por brinquiño y por joyel. 

Pero Aliatar el caudillo 

De envidia ardiendo se ve, 

Y trémulo y amarillo, 
Sobre un trcmecén rosillo 
Lozaneándose fué. 

Y en ronca voz , castelkmo. 
Le dice : con mas decoros 



u 



Suelo yo dar de mi nuno. 
Si DO penacbos de torost 
Las caS>ezat del crUiiano. 
Y M finieras de guerra 
Cual vienes de fiesU y gab, 
Vieras que en toda b tierra, 
Al valor que dentro encierra 
Madríd, pinguno se iguala. 

Así, dijo el de Vivar, 
Respondo, y la lama al nstre 
Pone, y espera á Aliatar ; 
Mas sin que nadie administre 
Orden, locaron k armar. 

Ya fiero bando con gritos 
Su muerte 6 prisión pedia. 
Cuando se oy6 en los distritos 
Del monte de Leganitos 
Del Cid la trompetería. 

Entre la Monclova y Soto 
Tercio escogido emboscó, 
Que viendo como tardó , 
Se acerca, oyó el alboroto , 

Y al muro se abalanaó. 

Y si no vieran salir 
Por la puerta á su se&or 

Y Zalda i le despedir, 

. Iban la fiíeria á embestir : 
Tal era ya su furor. 

El alcaide, recetando 
Que en Madrid tenga parlido, 
Se templó disimulando; 

Y por el parque florido 
Salió con él razonanjio. 

Y es fama, que á la bajada 
Juró por la en» el Cid 

De su fencedora espada « 
De no quitar la celada . 
HasU que gane á Madrid ( )* 



EPIGRAMAS. 



L Filena devota. 



OBRAS DE MORATIN (d. wcolas). 
III. Laudable Umplanxa. 

Ayer conrldé á Torcuato : 
Comió sopas y puchero. 
Media pierna de camero. 
Dos gazapillos y un pato. 

Üoile vino, y respondió : 
Tomadlo por vuestra vida, 
Que basta mitad de comida 
No acostumbro á beber yo. 



De impoaiblei aanU RiU 
Es abogada, y Filena 
Con devoción muy contriU 
RezailasanUbendiU 
▲ fin de que la haga boeiii. 

n. Corrección opartana. 

Anda, que con un indiano 
Se casa Marica Perea; 
Pero es indiano que va, ^ 
Que no es indiano que viene. 



(•) En «1 eoneeplo d« 1m iBUllgentot nU es 
l.eompotlcloo mas «ctbidadel autor : ella «ola 
ba«iaria para dar celebridad i uu poeta, y mere- 
ce proponerte por modelo en tu géniro , que ti 
ha tenido dcapue» avenlajado» «ocuace», nada ha 
producido que pueda compararle con e«le belll- 
•imo y animado coadro . lleno de Imaginación 
de ienllmiento y de verdadera peetU. 



lY. Saber $ia estudiar. 

Admiróse un portugués 
De ver que en su tierna infancia 
Todos los niños de Francia 
Supiesen hablar francés : 
Arte diabólica es , 
Dijo, torciendo el mostacho. 
Que para hablar en gabacho 
Un fidalgo en Portugal 
Llega á viejo, y lo habla mal; 
Y aquí lo parla un muchacho. 



V. Refleaian moral. 

La calavera de un burro 
Miraba el doctor Pandolfo, 
Y enternecido esclamaba : 
¡Válgame Dios, lo que somos! 



VI. La lenQua patria. 

Pregóntasme, ya lo veo^ 
Camilo, por que escribí 
Como el preste de Berceo : 
Respondo, porque naci 
Entre el mar y el Pirineo. 



VI!. Elgranteairo. 

El mundo comedia es, 

Y los que ci&en laureles 
Hacen primeros papeles.. 

Y k veces el entremés. 



VIII. Dorisa enojada. 

Enojada estás, Dorisa, 
Y no obsunte, tu afiiccion 
Mas que nunca se divisa : 
No te dé el cielo ocasión 
Por donde moverte á risa. 



VL.1>eun vizcaíno. 

En Madrid un vizcaíno 
Admirado se quedó 
Cuando pequonito vio 
Tanto muchacho doctrino. 



Después de veinte aSot vino» 

Y como ellos se parecen 
Mas cuidados le merecen; 

Y espantado dijo a dos : 
Juras demoiiias de Dios, 

Que estas muchachos no crecen 

X. A una dama. 
Me pienso ya el mas feliz 
De cuantos fueron y han sido , 
Pues en suerte me has caido , 
Bizarra y bella Beatriz : 
Humillase mí cerviz 
De muy buena voluntad , 
Y te digo de verdad 
Que es mi gusto tan estrano, 
Que aunque me has caldo en aS 
Hai de ser mi eternidad. 

DEGlllAS. 
Enla hedadeunoarientomayoi 

Celio esUba confiado 
En sus pasadas victorias; 
Pero nadie cantar glorias 
Piíede hasU haber acabado : 
No le venció Marte airado , 
Mas si un niño enredador, 
Porque vencerá el amor 
A saijentos superiores, 
Si los liubiera mayores 
Aun que el sánenlo mayor. 

Preciábase de taivencible, 

Y Amor fiero é insolente 
Dijo : no ha de haber vivienl 
A quien yo no sea temible : 
Juzgó vencerte ■ imposible ; 

Y asi armó treU gallarda. 
No desembrazó alabaida. 
Ni balazos le tiró : 

Por flechas le disparo 
Losdosojosde Bernarda. 
Ellos solos por despeaos 
A Celio pueden tener, 

Y él solo pudo ceder 
A tan soberanos ojos ; 
Con recíprocos antojos 
Los dos el alma han sentido 

Y asi en este kince han sido 
Sin contradicción alguna. 
Iguales en la fortuna 

El vencedor y el vencido. 

Trueca, beldad soberana 
Pues Venus te hace hoy mu^ 
Por su licito placer 
La austeridad de Diana ; 

Y tú, esposo, á quien se hum 
Deidad que pudo ensalzart< 
Sin temor puedes llegarte. 
Veris cuánto son nu^jor 
Las dulces guerras de Amo 
Que los honores de Marte. 

{') Aunque algunas de lai compos c 
Insertamos, comparada* ton otras de in< 
rior, podrún psrerer alfco Ooja», ya poi 
cion.ya por la calidad d^ los asuntos qi 
poco, siendo esus en Un corto Húmero, 
parrcido conveniente suprimirUis, en n 
de una colección que deseamos salga la 
ta como es posible. 



poesías. 



til 



SONETOS. 



I. Resitteneia inútii. 

Tiróme Amor d^ su carcaj luciente 
Ina amorosa jara pendrante : 
Resistita Talieute y arrogante. 
Pues quien resiste ¿ Ani«ir solo es valiente. 

Om mi constancia al Uto ¿ insolente 
Volvió á cimbrar el arco fulminante 
Disparando á mi pecho de diamante 
Hasta quedar sin munición ardiente. 

Empeñóle á vencer mi inobediencia ; 
Tiróme el arco y el flechero de oro; 

Mas Tiendo que ami no basta su Tiolencia ; 
Se entró en mi corazón : ya amante lloro. 

Cedió, por On, mi heroica resistencia ; 
Piedad, nuifo, piedad, pues que te adoro. 



IL Po^erdeÁmor. 

Aunque eD abril y mano las canales 
Padezcan supresión ó mal de orina, 
Aompie pronuncien cárcel y paulina. 
Vestidos de rífior los tribunales ; 

Aunque los'tamboriles ó atabales 
Roncos publiquen guerra y chamusquina, 
Aanaue á la ttota en tumba cristalina . . 
Sepulte el ponto haciendas t metales ; 

Nada es liastante á perturbar la fija 
Quietud poltrona mi que a Yivir me allano, 
Ni bay aprensión, ni antojo que dirija 
Mi albedrío absoluto, solierano : 

Nada tiene este mundo que me aflija; 
Solo el Amor : maldígale Solano. 



IIL A Leandro. 

(tmtímeUu dé MarúUU (I). 

Del mas eonstinte amor nave y pirata, 
I Faloca ardieme, y bergantín amante, 
Intrépido, amoroso y ai rogante 
Boga Leandro en piélagos de ptoti. 

Mas ¡ ay! que inquieto el euro se desata : 
Gime el ponto con silbo resonante, 

Y al TÍTiente batel ya flnctuaute 
Atropella, sumerge y arreiíata. 

Viéndose de la muerte amenazado, 
A las ondas con toz entristecida 
Asi clamaba el jÓTen desdichado : 
I Perdonadme (les dno) ahora en la Ida; 

Y sofocad mi aliento fatigado 
En TolTiendo de ver á mi querida. 



IV. Uherlad perdida. 

Cual gira el soto, de temor exento, 
D bruto que le asorda con bramidos. 
Si los yugos huyó desconocidos 
La alta cerriz, no usada al sufrimiento; 

Asi en dichosa libertad contento, 
No Tiendo mis espíritus rendidos, 
Cayeron mil arpones rebatidos 
Del que en lágrimas hace su alimente. 

Mas cuando halló que por violencia ó arte 
No es posible que siga su divisa, 
Ni ilcTe las cadenas que reparte ; 

Mira, dijo el Amor con f^lsa risa. 
Si me solira poder para humillarte; 
Y señaló ¿ los ojos de Dorisa. 



(1) Martialit, 0* Speettciilii, XTIH. 

Ooofii petrrel dulces aadn Leander amoreí, 
tifevta* tumKlltjam preanTi'tur aquis; 

Sic muer iostente» iftetaft dicllur andas : 
i>if«itc. dam proptro; Btrglte, dun rtdto. 



V. Jactancia amaro$a. 

Dirán otros amantes venturosos. 
Que en el tiempo feliz que ellos amaron 
Un disgusto siquiera no pasaron. 
Ni sufrieron desdenes rigurosos ; 

Que no sintieron celos venenosos, 
Ni en la imaginación se les pasaron; 
Que con fortuna pródiga lograron 
Del amor los contentos deliciosos : 

Dirán, que entre mil ámbares sábeos. 
En blando catre, ó en mullida cama 
Saciaron apetitos y deseos ; 

Que apagaron con júbilo su llama ; 
Que alcanzaron victorias y trofeos ; 
Mas no que amaron tan liiermosa danoa. 



VI. Etquivexde Dariga. 

\ Oh Eresma, que por madre retorcida 
Caminas presuroso acia el ocaso, 
Juzgando que te viene el tiempo escaso 
Para acabar en Duero tu partida ! 

Humilde te suplico por tu yida 

§ue detengas un poco el velos paso, 
digas de quién huyes. ¿Es acaso 
Del nermoso desdén de mi querida? 

Si, respondió un tritón con espantable, - 
Ronca, sonora voz y faz terrible ; 

P()r(|ue aunque a su beldad, sacra, admirable. 
Dejarla de adorar es imposible • 

Su altivo, riguroso é miplacable 
Fiero desdén también es insufrible. 



vil. Reconvención á Barita. 

Si tanto te impacienta cpie te quiera, 
De tu [tropia beldad, Dorisa avara, 
¿Por qué me consentiste que te hablara? 
¿Por qué ocasión me diste á oue te viera? 

Si mía vez que te vi imposinle era 
Que tus divinas luces no adorara, 
¿Por qué hiciste, cruel, que me abrasara 
El amoroso fuego de tu esfera? 

No cul|)es de mi amor la vigilancia. 
Culpa en verme tus muchas impiedades. 
Tu vista fué ocasión de mi arrojgancia ; 

Y asi, ó bien te enfurezcas, ó te apiades. 
Te condena el tesón de mi constancia 
A sufrir mi cariño eternidades. 



VIII. Atrevimiento amoroio. 

Amor, tú que me diste los osados 
Intentos y la mano dirigiste. 
Y en el candido seno la pusiste 
De Dorisa, en parajes no tocados; 

Si miras tantos rayos, fulminados 
De sus divinos ojos contra un triste. 
Dame el alivio, pues el daño hiciste 
O acaben ya mi vida y mis cuidados. 

Apiádese mi bien. Dila que muero 
Del intenso dolor quo me atormenta ; 
Que si es timido amor, no es verdadero; 

Que no es la audacia en el cariño aíirenta. 
Ni merece castigo tan severo 
Un infeliz , que ser dichoso intenta. 



IX. Amor cotutaníe. 

Dos veces vi la hermosa primavera 
De rosas y jazmines eoronada. 
Que la hicieron cantando a la alborada 
Mil avecillas salva placentera : 

Dos veces vi las mieses en la era, 
Y al padre Otoño la cabeza ornada 
De pámpanos alegres, y la helada 
Bruma dos veces empañó la esfera • 



i6 OBRAS DE MORATIN (o. nicolas) 

Después, Dorisa, que tus ojos bellos 
Dieron al triste corazón cuidado 

Y redes roe tejieron tus cabellos, 
El tiempo alterna, y vuela , y se ba mudado; 

No tus rigores, que amedrenta el vellos... 

Y yo ni estoy feliz, ni escarmentado. 



X. Aplauío á Dorua. 

Bendita sea la hora, el afio , el dia, 

Y la ocasión, y el venturoso instante. 
En que rendí mi corazón amante 

A a(|uellos ojos donde Febo ardia. 
Bendito el esperar, y la porfía 

Y el alto empeño de mi fe constante, 

Y las saetas y arco fíilminante 
Con que abrasó Cupido el alma mia. 

Bendita la aflicción que he tolerado 
En las cadenas de mi dulce dueño, 

Y los suspiros, llantos y esquiveces. 

Los versos que ásn gloría he consagrado 

Y han de vencer del duro tiempo el ceño, 

Y ella bendita innumerables veces. 



XI. IhrUa en traje magnifico, 

\ Qué bzos de oro desordena el viento 
Entre ^rzotas altas v volantes ! 
i Qué riqueza oriental , y qué cambiantes 
De luz, que envidia el sacro firmamento! 

¡ Qué pecho hermoso, do el amor su asiento 
Puso, y de allí fulmina á los amantes 
Absortos al mirar sus elegantes 
Fonuas, su delicioso movimiento! 

¡ Qué vestidura arrastra, de preciado 
Múnre tinta y recamada en tomo 
De perlas que produjo el centro frió ! 

¡Qué estremo de beldad, al mundo dado 
Para que fuese de él gloria y adorno ! 
¡ Qué neróico y noble pensamiento el mió ! 



Xll. Moúe$lia de Doriga. ' 

B^a los ojos mi Dorisa hermosa 
Por no mirarme, con vergüenza, honesta, 
Y en muy breves palabras da respuesta 
A una larga cuestión artificiosa. 

Mas si de enamrrada ó envidiosa 
Los vuplvel alzar, y halla mi \'ista puesta 
Siempre en la suya, tímida v honesta 
Vuelve a bajarios. ni moverlos osa. 

Y al enconlrar los suyos con los míos. 
De purpúreo color el rostro bello 

Con rubor casto y virginal enciende ; 

Y la añaden tal precio sus desvíos. 
Que ni piensa arribar ik merecello. 

Ni hay voz que diga lo que el alma entiende. 



XIV. Doriia ingrata. 



XIH. Dorisa mudable y hermeea. 

¿Temes acaso que indignado añora, 
Al ver b ingrata y fiera alevosia. 
Procurando vcnpnza el alma mía 
Con ira que escitó tu acción traidora. 

Acusara mi voz de engañadora, 

?Uf> ensalzó tu Mleza y gallardía, 
din*, que en pintaría procedía. 
Como todo amador qut* fíego adora ? 
¡ Ay ! no el escoso fué di« mi finrza. 
Ni mintió el labio con amante anhelo. 
Cuando alabó tu |)erfecoion, \ perjura ! 

Pues, siendo asombro en la naturaleza. 
Para mi |>erdicion te fítrnió el cíelo 
Housuuo de ingratitud y de hermosura. 



Un alto y generoso peustmieolo» 
Inspiración del cielo soberano. 
Me puso la áurea citan eo la nano 
Para cantar el dulce mal que siento. 

Y fué tan grato el sonoroso aceofo. 
Que la ancha vega, el apacible Itono 

Y el cavernoso monte carpeotano 
Mostraron compasión de mi tormento. 

Turbóse el no de cerúleo manto» 
Oculto entre los ¿laníos sombrtet, 
Al ver su cisne lamentarse tanto. 

Moviéronse los brutos mas impíos, 

Y los ásperos troncos á mi Ibmio; 

Y no la que causó los males mioa. 



XV. Funesto reeueria. 

Hoy vuelve el cielo á recordarme el ák 
Fatal y tríste, en que miré postrada. 
Con duros eslabones amarrada , 
La indómita hasta alli libertad mía. 

\ Ay, cómo me estremezco todafla,. 
Solo en pensar de aquella Circe airada 
La vista fascinante envenenada. 
Que trasformado en bruto me tenia! 

Vosotros, que escucháis mi canto abon 
Imaginad que tales habrán sido 
Mis males, y mi pena angustiadora ; 

Pues con haber sus baos ya rompido, 
La memoria no mas, vil y traidoim 
Me conturba aun el alma y el aentido. 



XVL Et escarmirnto. 

Si ftiese que después del Cital día 

8ue oscurezca 4 mis ojos b loa púa 
e mi brga jomada y mal segura 
Quiere alguno emprender b ¿pera vb, 

¡Ay, escarmiente en b desdicha mb! 
La huelb observe en lóbrega espesara. 
Con lagrimas borrada; y b amargura 
No probara de su infelice gub. 

No le engañen bs rosas y azncenas. 
El fresco arroyo, el floreciente prado. 
Ni el acento de armónicas sirenas. 

Ni el tríste ejemplo de otro que ba pan 
Ni el aparente fin oe taitas penas... 
Mire cuiü premio el fiero Amor me ha di 



XVII. A»is0 á quien ama, 

¿Son estos los sagrados joramentot 
Que acompañaron la palabra dada 
Por Dorísa, á mis pbutas bumilbda 
Con láarimas, sollozos y lamentost 

¿La Tuna, el cielo, el sol, los elemento 
Testigos de una fe tan mal guardada; 
Los celos que mintió, cuando irritada 
Acusó de mudables mis intentos t 

¿Las luces, que yo vi tan amorosas 
En mi fijarse llenas de ternura. 
Los labios, en ficciones abundantes? 

¿Estas, las espresivas, alevosas 
Caricias que estudiaba la peijura. 
Son?... Estas son. Escarmentad , amanta 



XVIII. Desengaño de amor. 

Verás, me dijo el flechador tirano. 
El estrenio áv gracia y hermosura 
Major ()U(* miró ol mundo : crbtura 
Que eu la t erra dosini(>nte el ser humane 

Yo te concedo amaría ; porque ufano 
Blasonar puedas en tu audaz locura. 
Que ninguno adoró deidad tan pura , 
Y presumhrlo es pensamiento vano. 



poesías. 



No por beOeía igiul Harte suspira ; 
Los dioses de sus orbes oo han bigado 
Por oinfii tal, aae adoradon iospira. 

Ni tanta perfección han celebrado 
La griega, ansoaia, ai la etnisca lira... 
Mas nanea esperes merecer su agrado. 



XIX. Amor platómco. 

No fué la rica, inestimable trenza , 
Que al oro escede en las tartesias minas, 
Ni el matiz de encamadas clavellinas 
Que el rostro enciende en virginal vergüenza; 

M aquella boca, que si ¿ hablar comienza , 
Ámbar exhala entre las perlas finas; 
Ni aquellas luces del amor divinas , 
Causa bastante que mi pecho venza ; 

Mas solo el yugo fué que me asegura 
Tanta virtud y un alma soberana , 
Que ensalza al grande autor de tal heclinra. 

Ni amé cosa mortal, ni la tirana 
Segur del tiempo perfección tan pura 
Puede volver en leve sombra y vana. 



XX. Alábanzat del matrimonio. 

(Trftdocclon de Goldonl.) 

¡Qué gusto que es tener la esposa al lado 

Y escucnar decir papa á los hijuelos ! 
\^\ matrimonio muchos son los duelos. 
Mas los gozos son mas y en mayor grado. 

En el alegre 6 en el triste estado 
Se truecan los consejos y consuelos, 

Y de los rojos lalnos sin recelos 
Se goza fiel deleite regalado. 

Y cuando llega ya la edad anciana , 
• Oh cuánto alivia y cuan fiel se esmera 
De la consorte ki piedad cristiana ! 

¡Santo, púdico amor! Antes que muera, 
Esta mayor felicidad humana 
Hazme lograr solo una vez siquiera. 



XXI. Ejecutoria de la verdadera nobleza. 

Si como tengo el padre noble, fuera 
El verduffo de Málaga mi padre, 
Y Flora, Lamia, ó "uis fuera mi madre , 
¿Qué culpa en ser su hijo yo tuviera? 

Si uno al nacer los padres eligt»ra , 
Sin tener al oido qpen le ladre , 
Que al mismo rey le pese 6 que le cuadre , 
Nd hay duda que por padre le escogiera. 

Pues si pudo nacer un sin ventura 
El hjjo del monarca y potentado, 
¿De .qué es su vanidad y su locura? 

Sepa que solo es noble y es honrado 
Aquel que con verdades asegura 
Ser de sus mismas obras engendrado. 



XXII. A unpreiumido. 

Si una mujer que tienes altanera 
No sabes gobernar, indigno Fabio, 
Y está, con tu permiso y con tu agravio, 
Notada por chocante y cotarrera, 

¿Por qué con faz hipécríta y severa 
Fiugiéndote estadista esperto y sabio, 
Pretendes gobernar con neciolabio 
De España la católica bandera? 

¿Juzgas que son cazuelas y pucheros 
De Carlos las fortisimas legiones , 
O como tu mujer los granaderos? 

Y pues para mandarla aun no supones, 
¿Cómo ameres mandar soldados fieros , 
No mandando en tu casa aun tus calzones? 



XXIll. DiftcuUades del escritor. 

Si escribo en verso heroico y elocuente, 
No me entienden los simples lalmidores; 
Si humildes tonos canto de pastores , 
Me mira el docto con rugosa firente ; 

Si acción emprendo de Mavorte ardiente , 
Temblarán las doncellas sus horrores ; 
Si canto el f^nesi de mis amores, 
No espero que á otro sino á mi contente. 

No sé en qué estilo adelantar procure. 
Ni dónde encontraré reglas ni modos 
Para que fama eterna me asegure. 

Solo se, que hallaré con mil apodos, 
Y que aun quien mas al arte el rondo apure, 
Es imposible el contentar á todos. 



XXIV. Al lector. 

O tú, cualquiera que del claro dia 
Las horas blandas, mudas y lleras. 
Faltando acaso á lo gue hacer debieras. 
Gastas en repasar mi poesía; 

Si cuanto ves alabas á porfía , ' 
De necedad son muestras verdaderas ; 
Y si todos los versos vituperas, 
üe envidioso también te argüiría. 

Que hay muchas cosas malas, es sm duda , 
y que hay algunas buenas, yo lo digo. 
Otras medianamente se disponen. 

Lo bueno, y malo, y lo mediano ayuda ; 
Pero te haao saber,' lector amigo. 
Que asi todos los libros se componen. 



XXV. A don Juan Bautista Conti, por su eseelente tra- 
ducción italiana de la primera égloga de Garcilaso. 

Las bellas ninfas del undoso rio. 
En que halló cristalino mauseolo 
El hlio audaz del rubicundo Apolo, 
Quisieron escuchar al cisne mío; 

Y dijo Febo : el instrumento fio 
A tu destreza, ¡ oh joven ! pues tú solo 
Desde el oro del Tajo al de Pactólo 
Llevarás de este amor el cruel desvío. 

Cantaste, Gonti ; v á tu voz volviaron 
Atónitas las ondas a escucharte 
Las quejas de SaUcio en son toscano. 

Lampecia y sus hermanas no sintieron 
Mientras cantabas con dulzura y arte 
El precipicio del perdido hermano. 



XXVI. A la reina madre en los dias del rey. 

Hoy que á luz distes al mayor monarca , 
Que reconocen climas y hemisferios; 
A aquel, que en sus vastísimos imperios 
Entrambos orbes poderoso abarca : 

Mi humilde musa, que fiel se marca , 
En vez de sumisiones, cautiverios. 
Sentir hace en los ¿onbitos hesperios 
El júbilo que alienta su comarca. 

Goza, augusta Isabel, tan grande dia , 
Celebre en nuestra historia nn segundo, 
Pues fué oriente del Sol que á España envía ; 

Y aplauda con respeto muy prorondo 
Los anos de este César mi Tana , 
De este Alejandro, á quién sehuiQilla el mundo. 



ROMANCES HEROICOS. 



I. A un amigo en sus dias. 

Rompa la voz el tímido silencio, 
[)ae hasu aquí mi respeto embarazaba , 
1 haga público el numen en cadenciy 



TOVO II. 



« OBRAS 

Lo que eD ecos padiera hacer U fama. 

El torrente bnllaute de Aganipe, 
Las niufas halagüeñas de Castalia, 
El Ponéo , que en perlas desatado 
Los Tempes fertiliza de Tesalia, 

El Pindó bt'Uo, el célebre Parnaso, 

Y toda la península de Aca^a , 
Con su lino piadoso patrocinio 

Me innuyan, me apadrinen y me valgan. 
Hoy eh el cielo angelicales coros, 

Y en 'la tierra la Iglesia sacrosanta 
La exaltación celebran prodigiosa 
Üel sol amanecido en la Gauiabría. 

Hoy aplauden las glorías y virtudes 
Del que supo tan bien ejecutarlas. 
De aquel ({ue solo para ser tan santo 
Informes pudo hacer en la campaña; 

De a(|uel valiente militar guerrero. 
Que dejando del mundo las escuadras, 
En basta rop a conmutó gustoso 
La loriga, la cota y la coraza. 

Hoy mi af <^cto rendido te desea 
Tan grande *bien, felicidades tantas, 
Que por su muchedumbre se confiese 
El guarismo incapaz de numerarlas. 

Tan próspero y feliz el mundo todo 
Te reconozca en lin, que juicio haga 
Ser dispensable para ti ei funesto 
Decreto irremisible de las parcas. 

Vive gustoso, y sóbrete crecida 
De placer v de dichas abmidaucia , 
Con ese Adonis que te prestó el cielo. 
Con esa Venus que le uíó la España ; 

Con esa rosa que produjo el lértil 
Verjel de la provincia castellana , 

Y en hermosos pimpollos por el orbe 
Multiplique el va!or de su fragancia. 

Y los dos en alegre compañía 
Ninfas, nereidas, musas y nayadas 
Os aplaudan, festejen y aiviertao 
Con citaras, con trompas j con arpas; 

Y pidiendo perdón rendido el numen , 
A tu benevolencia se avasalla, 
Repitiendo lo dicho muchas veces 
Con la lengua, b pluma y coo el ahna. 



H. Á un amigo , de$de San ildefoMC 

Poroue cual en el Ponto 
El infeliz Ovidio, 
Sufriendo desterrado 
Los enojos del César ofendido » 

Que acaso me imaginas , 
O Gabriel, imagino 
En esta de miserias 
Para mi pecador última Tibur; 

En este inculto valle. 
Cuyos gigantes riscos 
Son r^lM'za -melera 
El Chorro, Peíialara y Siele-picos ; 

En este seno en donde 
Sus nieves y sus frios 
Temieran erizadas 
Las árticas provincias de Calisto; 

En a(|uesta nevera , 
En a(|u<*ste real sitio. 
Mas malo (¡ue el de Troya , 
Y peor que el tebano y uumtntloa 

Por si aqui roe imaginas 
De la suerte que digo , 
Coo tu olvido recelo 
A mi desatención justo castigo. 

Le temo, y le recelo , 
Porque le he merecido. 
Aunque en el mismo tiempo 
De tu benevdlencia rae confio. 

Pero al mirar mi ofensa , 
Peroal vermidelilo, 
Dndo si su tijera 
De nuestra amistad firme cortó el liilo 

Dudo^ pero ¿qué dudo? 



DE MORATIN (d. xicolas). 

Yo mi maldad repito; 

Pues nunca dudar pude 

De tu fe, tu firmeza y tu carifio. 

Creo ; pero no creo 
El que hayas incurrido 
En olvidar al triste. 
Que en el alma te tiene, aunque no ha escrito 

^Autes que yo tal crea, 
Creeré que haya tenido 
Medusa, la gorgona. 
De serpientes v víboras los rizos ; 

Creeré que nay Quimera , 

Y creeré que haya nabido 
Bajo de una doncella 
Cachorros, que amedrente su ladrido ; 

Cuadrúpedos varones 
Por los pechos unidos. 
Un hombre de tres cuerpos, 

Y uii trifauce mastin en el aúsmo; 
Esfinge, harpias, y sierpes 

De cuerpo desmedido. 
Gigante con cien manos, 

Y el guarda medio buey del Uberioto : 
Esto creeré primero. 

Que crea aun por resquicios 

Que pueda haber faltado 

La constancia fiel de tu cariño. 

Entre los dos hay muchos 
Valles, montes, caminos; 
Pero al amor de veras 
Nunca jamás ausencias le han vencklo. 

Tu estás en la Armedilla , 
Yo estoy en este silo; 
Tú estás en la Tebaida , 

Y yo en bosque peor que los de Egipto. 
Xqui estoy desterrado, 

Y ya destituido 
De mirar los alegres 
Campos pincianos, para mt floridos. 

Ya no veré en Pisuergá 
Las nifas de aquel río, 
En cuyas dulces aguas 
Repetí las locuras de Narciso. 

Y en Un, ya de las leyes 
El gavilán dlicio 
üenunclé; pues no quiero 
Ciencia que ofende al pobre y salva al rico. 

A estudios mas sublimes 
Desde aqui me dedico ; 

Y !o que la fortuna 
Hacer quiera de mi yo determino. 

Aqui estaré esperando , 
Cual si fuera en el Ihnbo, 
La piedad de los cielos 

Y el amparo eficaz de mis amigos. 
Serán en este lance 

Sus acciones testigos 
Del que lo fué de veras, 

Y el que en prosperídad lo fué fingido. 
Ya del Verbo humanado 

Se acerca el natalicio , 
Feliz tiempo en que espera 
Mi triste corazón tener alivio. 

Ya á esperimentar viene 
En los hombres inicuos 
Ingratitud quien solo 
Por verlos hace fuga del empíreo. 

Ya se sujeta el tierno 
Omnipotente Niño 
A sufrir impiedades 
De a(|uellos á quien viene á dar auxilio. 

Ya por fin de Isaias 
Se cumple el vaticinio, 

Y ya de las Sibilas 
Se admiran verdaderos los escritos. 

Y ahora yo te deseo 
Todo gusto cmnplido, 
Felicidad te anuncio, 

Y tu bien solamente solicita 

Y ahora mandar puedes 
Al mas constante amigo. 
Que servirte desea, 



POKSiAS. 



19 



K>r esperíencia lo habrás visto. 

la helada bruma 

manee escribo , 

lo las roanos, 

orne los dientes con el frió. 



%V^\%MII\V 



SILVAS. 



sdicatoria al lector de ttu periódico 
titulado el Poeta. 

lector amiíjo, 
yo las métncas tareas , 
is yo contigo , 
piadoso seas, 
ro hablar un poco, 
juzgues por loco 
i€ confesar que soy poeta ; 
á desdicha tanta se sujeta 
•retende agradarle; 
•do aquel que escribe, 
tor! solo auhela á contentarte, 
il consiguiera , 
ichoso sería! 
i gusto diera , 
que á mi lector yo complacía, 

no tendría 

los fantásticos censores, 

uito ellos no lian hecho 

;ao de provecho, 

lad despreciando á los autores. 

cierio, lector, que si supiese, 

me era posible 

gusto te diese, 

rso te fuese aborrecible , 

ue le arrojaras, 

Q por él la viüta tü pasaras , 

se cansaría 

^r tu afición 1a musa mia; 

paedo jurarte, 

DO emprendería 

> yo supiera 

hubiese de haber quien me leyera. 

rque es estilo entre pedantes 

ledicalorias retumbantes, 

á b historia , 

ría eo cualquier dedicatoria, 

i voluntarías adiciones 

LOS ó fantásticos blasones 

senas loado ; 

me hallo de ti necesitado, 

oóM callaré? ¿Cual alabanza 

abio hallará paso cerrado? 

1 tu nobleza , 

nisiDo rey de España, ó lector pío , 
las en grandeza , 

> el rey leyese un verso mió. 
riste un horrendo desafío, 
liste una plaza , 

ODSta en la historia de Alcobaza. 
caste un río con su puente, 
is descendiente 

Ues, de su uadre y de su abuelo ; 
ierto medallón en Portobelo, 
encootró con inscripción vascuence, 
nal se convence 

tiempo del rev Wamba tus pasados 
alia vioieron derrengados, 
dijo de Anquises en cuadrilla , 
lo los penates á costilla. 
de mi lector las alabanzas 
(8, que oo á tanto, ó pluma , alcanzas. 
el absoluto , 

los sabios pa|^ su tributo. 
ijas ó tú premias 
obras trabaiao 
or las mas doctas academias, 
robacion falla, 
I se abatió mu grande y alU; 



Y tu voluntad solo 

La fama estiende en uno y otro polo ; 

Porque tú lo has querido 

El gran Virgilio es grande y aplaudido; 

Y como tú quisieras , 
Cantar mis versos vieras 

Por cuantos aman la española musa. 

Ni te sirva de escusa 

Para aceptar mis obras el asunto : 

Yo te daré mi conjunto , 

Para que con tu gusto en él tropieces ; 

Cantaré algunas veces 

A la sombra del mirto deleitosa 

Bli pasión amorosa, 

Y las gracias que ostenta singulares 
La ninfa angelical del Manzanares. 
Otras veces de vedra coronado , 

En los grandes banquetes suntiiosos. 

Diré el vino estimado. 

La Gesta y los manjares mas preciosos; 

Y á veces con zampona 
Los sencillos amores 

Que cantan en las selvas los pastores. 
Ni dejarán mis versos olvidadas 
Mil verdades certísimas, que inspira 
A amar el eco de la dulce lira , 
Aunque tal vez, lector, por agradarte, 
Violentando mi genio en esta parte , 
Cantaré la pavana 
Al gruñir de la gaita zamorana ; 

Y aun viendo que esto abonas, 
Fandangos, zarambeques y chaconas. 
Ni tampoco se escusa 

De el vicio reprender mi estoica musa. 

Y alabarán mis versos numerosos 

La patria, y á sus hijos mas famosos. 

Y acaso, acaso con horrenda trompa , 
Haciendo que furioso el aire rompa 
El ímpetu sonante, 

Tronaré guerra, escándalo y horrores , 

Cantando en Cozco al español triunfante. 

Si recibes, lector, con mil amores 

Lo que con ellos de verdad te ofrezco. 

Juzgaré que merezco 

Aplauso universal y alta alabanza. 

Pues dar gusto al lector mi musa alcanza ; 

Y juzgaré por vano 
Cualquier juicio que forme 
Quien mis versos no lea 

Porque ¿qué ha de juzgar quien do me vea? 



[. A las bodas de la infanta de España doña María 
Luisa de Bortón con el archiduque de Austria 
Pedro Leopoldo. 

Ven, Himeneo casto. 
Hijo de Urania bello. 
Que al tálamo las vírgenes conduces. 
Ven con lijeropaso. 
Suelto el rubio cabello. 
Con la antorcha nopcíaí que arroja luces ; 

Y cuando el aire cruces. 
Por toda su distancia 
Esparce la fragancia 

Del cinamomo indiano: de esto sea 
La esplendorosa tea. 
Ven , ¡oh mancebo alado! 
De rosas coronado 

Y de violetas , flor de loa amantes, 

Y vengan los cupidos 
Con citaras sonantes , 
Ei> coros divididos. 

Cantando alegres himnos y canciones, 
En alabanza justa 
De la función augusta 
Que hov celebrarse veo. 
Ven, Himeneo, ven. Ven, Hitneneo. 
Ven, y trayendo el velo delicado 
Para la nueva esposa » 
Con grata melodía 

Y voces de alegría 

Todo resuene el artesón dorado. 



20 



OBRAS DE 



Jamás á tan hermosa 

Deidad en dulce ardor has iiiílamaüo , 

Y como linda, honesta, 
Al tálamo dispuesta 
De Leopoldo dichoso , 

Que ni el blasón que hereda glorioso 
De la ilustre Alemania 

Y belicosa Hungría , 

Precia en mas eme la mano de María. 

Las ninfas del Sebeto cristalino 
Con acento divino 
Cantan, cómo la vieron 
En cuna de marfil que ellas mecieron , 

Y cómo la enseñaron 

Las primeras razones que escucharon 
Pronunciar dulcemente 
Con labio balbuciente ; 

Y los juegos pueriles 
De sus bellos abriles ; 

Hasta que el cielo decretó que vaya 

A la espa&ola playa , 

Dando paso oportuno 

Los cenileos estanques de Neptuno. 

De náyades un coró, 
Pulsando con el plectro cuerdas de oro , 
En las orillas del Danubio amenas 
Que mueve entre metales sus arenas , 
Conciertan por las anchas praderías 
Mil danzas y armonías , 
Celebrando al esposo ; 

Y él , no sufriendo á su pasión reposo , 
Con ellas alternando 

Repite, suspirando 
En amante deseo : 
Ven, Himeneo, ven. Ven, Himeneo. 

No asi las de mi patrio Manzanares , 
Que en otro tiempo ufano 
Salpicó el verde llano 
De perlas que vertía , 
Las veces que sus margenes vela 
Florecer con la planta 
De la divina infanta. 
Hoy, llenas de amargura. 
Su ruego importunándola, procura 
Detener la partida. 
Diriendo con acento doloroso : 
• Como la flor que en el veijel umbroso 
Nace en sitio ignorado , 
De espinas miamecida , 
NI la toca el arado , 
Ni de planta mortal se ve ofendida ; 
Con hunda lluvia crece 

Y el sol sus firescos tallos reverdece , 
Los céfiros la orean , 

Virgenes v mancebos la desean ; 

Mas cuando ya cortada 

Pierde el aroma y la color preciada , 

Ni las virgenes bellas. 

Ni los mancebos que la amaron antes 

La buscan anhelantes; 

Asi mientras intactas permanecen 

Las jóvenes hermosas , 

Son de todos queridas ; 

Pero si en las delicias amorosas 

De nudos conytigales 

Olvidan los rubores virginales. 

Ni los aplausos ni el amor merecen 

De niños ni doncellas. » 

Esto en vano la dicen , que el destino 
La llama á las onllas 
Del Istro deleitosas , 
Que su semblante han de gozar dirino, 

Y alli se escuchan voces sonorosas 
Que repiten cantando : 

« Cual vid desamparada , 

Inculta y sola y sin robusto arrimo , 

Sus estériles ramos ditetando, 

Inútil crece t ▼ive despreciada. 

No enriquecida de su frato opimo : 

Mas si á un olmo galán tiende lot bruos 

Y en tomo le circunda 
Con amorosos lazos , 



MORATIN (d. NICOLÁS). 

Bella se toma y próspera y fecunda : 
Asi la virgen que los añOs pierde 
£n soledad esouiva , 
Asi la que gozo de su edad verde , 
El) dulce unión , te (gloria ftigitiva. 

¡ Oh , ven , alta princesa 1 
Que el cielo se interesa 
En dar á te virtud premios debidos : 
Cuando suene agradable á tus oidos 
La risa bulliciosa 
De un generoso infimte, 
A sus progenitores semejante , 
Que arbolando algún dte , 
En fiera lid dudosa , 
Los temidos pendones , 
Con águilas augustas y leones. 
Dará mas timbres á su estirpe ctera. 
Austrte y Castilla le serán deudoras 
De los triunfos que Marte le prepara , 
Si acaudilla sus huestes Tencedoras.» 

Mas ya el Héspero viene : 
Corre, estrelte veloz, ¿qué te detiene ? 
Baiad los pabellones 
I Oh cupiclos! y echad loa aldabones 
A tes doradas puertas, 

gue ya presente veo 
1 instante feliz. Ven, Himenea 



III. Al conde de Arando^ capiUm general y preñé 
de CattiUa, 

Cuando mis Tersos á te edad futura, 
El tiempo perdonándolos, trasciendan 
( Que el verso inmortal dura), 

Y las gentes entiendan 

Las alabanzas que me inspira Febo 

De este Escipion, de este Licurgo nue?o « 

De admiración pasmadas 

Quedarán recorriendo 

Las edades pasadas. 

Con afán, entre muchas, distinguiendo 

Las prendas que tu mérito engrandecen. 

Ilustre A randa. Y si al sabertes crecen 

Mas sus admiraciones; 

Varón sublime, esctemarán , seria 

Aquel que merecía 

Tantas actemaciones , 

Que hizo feliz te edad que le ha logrado. 

Que el mimdo aun por su lama le respeta , 

Que fué tan venerado , 

Que tanto asunto en él halló el poeta. 

No fué , señor, obsequio reverente , 
Ni ficción mgeniosa v elocuente 
La que ha de hacer durables tus blasones ; 
Glorias son verdaderas. 
No tes dudéis, naciones , 
No , ciertas fueron , gentes venideras. 

Calteré tus primeras 
Juventudes , que dieron 
Ctero indicio de ti, cuando suptete 
En una y otra hazaña 
Las fieras huestes gobernar de España , 
Bajando á Italia, que temió su estra^ 
Mas que cuando rompió los Alpes fnoi 
El héroe de Cartago ; 

Y va depuestos militares bríos, 

A los uiuros oue el Yistute corona 
Paz y amistad llevaste. 

El hijo de Filipo , 
No haltendo á tu virtud premio que baste. 
Quiso , cerrado el templo de Belona, 
El cargo alijerar de tanto imperio 
En que ejercita el mando. 
De tu sublime rectitud fiaúdo; 

Y uno y otro hemisferio 

Te ve de te españote monarcniia 
Numen justo « benigno y pooeroso , 

Y ella por ti feliz, patrocinada 
De los temidos filos de tu espada. 

La ffran Madrid, ornato y alegría 
Te debe , y pai. 8« pveblo DQOíeroso , 



poesías. 



Al ?er que riges las soberbias gentes , 
De lenguas y cosUimbres diferentes , 
Con f^cii yugo, tus aplausos canta, 

Y á tu nombre levanta 
Monumento inmortal , en donde unidos 
Coronan tu trofeo 

La espada , la balanza , el caduceo. 

En tu escuela instruidos 
Los alumnos de Marte 
Templarán con prudencia la arrogancia 
(Que el valor se desluce en la ignorancia) , 

Y siguiendo el católico estandarte , 
Siendo tú su caudillo esclarecido , * 
Sera el nombre temido 

De la nación hispana 

Por cuanto ilustra el sol j el mar rodea. 

Que ya te tío la gente lusitana 

En pertinaz pelea 

Desordenar raíanles |)oderosas , 

Y las torres de Almeida en llama ardiendo , 
Atropellar sus quinas ffenerosas , 

Vencer terrible, y perdonar venciendo. 

Otros, al son de citara suave , 
Los ánimos feroces 
Templen con estudiadas armonías : 
Otros bonor procuren , imitando 
Bellezas naturales , 

Dando espíritu al lienzo y piedras frías , 
O velen calculando 
De los astros la máxima distancia , 
O del mundo el origen y la infancia : 
Que reprimir con ánimo prudente 
La malicia insolente , 
Dar justísimas leyes á la tierra , 
En paz segura prevenir la ^erra , 
Ocupar en virtud la larga vida 
Que ya le tiene el cielo prometida 
(Temido y grato á la nación que manda), 
Estas las artes son del grande Aranda. 

Dicte celeste Musa 
Moral ficción y número elegante 
A quien aspire á merecer corona 
Pur alegrar la multitud confusa 
Zou el cómico versó ; otros, calzando 
El cecropio coturno , 
Suspendan los sentidos en nociomo 
Espectáculo trágico , que inventa 
Melpómene sangrienta. 
Otro repita con acento blando , 
Entre olorosas flores , 
£/ dulce lamentar de dos pastores. 
Otro ensalce los timbres que engrandecen 
A Hesperia belicosa ; 
Que si tanto merecen , 
Aranda insigne , los esfuerzos míos, 

Y dócil á mi voz se presta Apolo , 
Tú bastas á mi citara. Tú solo 
Serás por mi cantado 

Con alabanza Justa , 

Que ha de triunfar del tiempo arrebatado , 

Y de la envidia y de la parca adusta. 



IV A ion Ignacio Bematcone , escelente en la esgrima. 

Los que á su dulce acento 
Las aguas en el rio 
Suspenden y las aves en el viento , 
Celebren de la olímpica palestra 
Los duros luchadores , 
O la braveza diestra 
De los que en voladores 
Carros, ganaron de laurel corona , 
O la caballería 
Veloz que el siciliano suelo cria. 

Que el hijo dé Latona 
Quiso inspirar en mi mayor deseo. 
Cantar será mi empleo , 

Y ¡ oh , corresponda al sran sujeto el canto ! 
Del diestro Bernascone la alta esgrima 

Y su invencible espada 

Que el vulgo ve con amarillo espanto , 



Y aquella gallardía , 

Don que á pocos el cielo igual envía. 

Marte , dios de la guerra , 
En la grama nacido , 
Si desciende á la tierra 
Cubierto con las armas de Vulcano , 
Verá de envidia herido 
Al generoso atleta carpentano 
Presentarse en el llano, 
La diestra armada del terrible acero , 

gue al revolver lijero, 
strago anuncia inevitable y muerte. 
En vano intenta el enemigo fuerte 
Por muchas partes acosarle , en vano ; 
Que por todas le encuentra defendido : 
La resistencia su valor inflama , 

Y triunfos le asegura 

Su brazo vencedor, nunca vencido. 

El rayo por los aires despedido 

De Jove poderoso , 

En tempestad oscura , 

No fué tan espantable. 

Ni causó a(|uel asombro pavoroso 

Que infunde disparada 

Su rápida y prontísima estocada. 

Cual hiere desde lo alto 
El águila atrevida 

Al dragón escamoso, y alza el vuelo ; 
Tal con lijero salto , 
Al dar la pronta herida 
Brinca veloz , hallando estrecho el suelo ; 
Que todo se estremece 
Debajo de su planta , 

Y el polvo que con Ímpetu levanta 
En torno le oscurece. 

Segura es su victoria , 

Y el aplauso , que en ecos resonantes 
Lleva su nombre al templo de la gloria. 

Musas, pues no mayores fueron antes 
Las istmias y neméas , 
Ni las pitias hazañas , 
En el afán circense , 
Dadme coronas de laurel febeas , 
Con que la frente adorne 
Al joven matritense , 
Maravilla y honor de dos Españas ; 

Y estro divino , y número sonante , 
Para que en verso lírico le cante. 



91 



Al infante don Gabriel de Borbon, durante la gutrra 
de España con Marruecos. , 

Celestes musas de belleza etenia , 
Que las altas virtudes 
Engrandecéis con métrica armonía , 
Dadme la que solia 
Cítara lesbia resonar Alceo, 
O la lira dulcísima de Orfeo. 

Garzón real , con atrevido cauto , 
Lleno ya de su espíritu, levanto 
Sobre el círculo azul de las estrellas. 
El joven Gabriel , á quien las bellas 
Gracias de nardo y mirto coronaron , 
Cuando á Venus miraron 
Dar suspiro doliente y amoroso ; 
Mientras él , de su afán no cuidadoso. 
Los bosques del Parnaso y la espesura 
Amó, y sus lauros y su fuente pura. 

Virtud en él reside generosa , 
Que admira el hemisferio. 
¡ Alma real , dignísima de imperio ! 

Si cantaré primero la hermosa^ 

ez sonrosada, los cabellos de oro , 
O el fulgor de sus ojos rutilantes? 
¿ O si h gentileza y gallardía , 
Que Libia con temor está mirando , 
Mal segura en sus huestes arrogantes 

Y su caballería ? 
Suenan las trompas y hórridos caTioiies , 

Y al viento tremolando 



OUIIAS DE 



Verde pendón , que á dura lid escita, 

Del dueño de dos mundos 

El pueblo de Ismael la saña incita. 

Y en tanto que su gente numerosa 
Llevar intenta á desi{(ual batalla , 
Sí acuerda de Gabriel ei ardimiento , 
Duda cobarde en su doi'ado asiento 
El llero Ben Audalla : 
No mande el padre que sus armas guie , 

Y el África arenosa 

Reduzca á sujeción y vil tributo. 
Guando á vencer le envié , 

Y á los muros de Fez y Tarudante 
Estragos lleve, y escarmiento y luto. 

Tanto promete en años juveniles 
El generoso infante , 
Que las prendas unió de sabio y fuerte , 
Huyendo el ocio y sus deleites viles. 
Tanto la patria espera , 

Y ¡ oh cisnes de Heliconal 

Mirad cuan digna al núo)ero j al canto 
Os da ocasión su mérito sublime ; 
Que ya de las injurias le redime 
Del tiempo y de la muerte , 

Y de lauros eternos le corona. 



MORATIN (D. :<icoLAs). 

(Valiendo por ejércitos su nombre) 

Al invasor audaz : pues viendo apenas 

De sus altas almenas 

Tremolar los pendones de Pelayo, 

Que listan cruces de oro , 

A sus ceníes turbó mortal desmayo. 

Gobarde abandonó la rica presa 

Y usurj)ado tesoro 
La fugitiva hueste portuguesa; 
Alas la dio el temor, mas la segoia 
Kl adalid de España ^ 
Que el paso la estorbó de la montaña, 

Y á su patria v su rev dio en aquel dia 
Nuevo renombre y gloría , 
Goronado del árbol de victoria. 

¡Oh Garlos! si la paz quesiempre anhelas 
laí 



VI. Al capitán general don Pedro Ceballos, por tu gloriosa 
espedicion á la colonia del Sacramento, 

Musa , cantemos al varón glorioso , 
Guya fama sonando 
Viene de las mansiones de occidente : 
De donde su corriente 
Vierte el Janeiro, raudo y espumoso. 

El gran monarca hesperio, 
Desde el trono que ocupa , gobernando 
Al universo que le está adorando. 
Miró en otro nemisferio 
Menospreciar sus heyes , 

Y á la santa amistad con saña dura 
Rasgar la respetable vestidura ; 
La re pública hollada. 
Implorar los auxilios de su espada 

Y bélica justicia ; 

Y llamando al blasón de su milicia : 
Ve y vence , dijo , al luso fementido ; 

Y fué al punto el monarca obedecido. 
Porque ardiendo el soberbio castellano 
Gon el ansia marcial de la victoria. 
Ganoso de alta gloria , 

Su armada entrega al móvil Océano. 

Gorre al mar con presteza 
El valor de la hispánica nobleza. 
La juventud del Lbro , la que alegre 
Baña sus cuerpos en el Giuca y Segre , 

Y ¡oh Duero! de tu orilla 

La flor de los guerreros de Gastilla. 
El ancho Guadiana 

Y el que en los montes de Segura mana 
Guadalquivir famoso , 

Alistaron su pueblo belicoso. 

Y al escuchar la trompa resonante , 
La ribera del Jucar abundante, 

Y la del Tajo con arenas de oro , 
Dejan sus hijos (que detiene en vano 
De anciana madre el lloro ) , 

Por el puerto de Alcides gaditano. 

Levan el ancla, y el canon horrendo 
Gon pavoroso estruendo 
Anuncia el buen viaie 
Que Neptuno concede en feliz dia , 

Y de nereidas grata compañía , 
Nadando alegres por las crespas oIa«, 
Va siguiendo á las naves españolas. 
Ya surcan las marinas 

Del ardiente Brasil, rico de minas. 

Llevando dustle Europa 

La fortuna de GaHdS en la popa ; 

Y va ocupando la enemiga tierra 

i> al lusitano encierra , 
re la suerte que su vista asítmlue 



No le reduce á deponer m ca|i<ivui. 
Verás, que ya la América humillada , 
Tu gran caudillo las hinchadas velaa 
Soltando al viento, el piélago profundo 
Surca lotra vez con resonante proa 
Hasta el opuesto limite del mundo. 
Allí tus leyes llevará triunfante, 
Tus armas v pendones , 
Sujetando á tus pies fieras naciones 
Gon nuevos timbres que la fama cante. 



M«\«WMWW 



ÉGLOGA 



A Velasco y González^ famosos españoleta con matív 
haberse hecho sus efigies en la real academia de 
Femando, por mandado de su Mqjestad, 

LUGINDO, GORIDON. 

CORIDOIf. 

¿ Gomo, Lucindo, tanto has retardado 
Tu vuelta á la majada, 
Que aguardándote estoy desesperado? 
Sin dueño tus temeros, 
Por las vesas y oteros 
Descarriados braman, 

Y no pude cuidarlos. 

Porque me dejó Perche encomendadas 
Las vacas de la reina, 

Y estos dias por mt fueron sacadas 
De los hondos calderos las mantecas, 

Y en las molduras huecas 
Sus lises estampadas, 

Y á la corte enviadas. 

¿Dónde tanto estuvistes divertido , 
Que te has mas de lo Justo detenido? 

LCaifDO. 

¡ Ay, Goridon amigo ! si tú vieras 
Lo que yo he visto, mas te detuvieras; 

Y acaso, tu redil abandonado. 
Trocaras el cayado 

Por cinceles sonoros. 

Por compases, buriles y pinceles. 

Porque eternizan fieles 

A los que con primor los ejercitan, 

Y de la muerte evitan, 
Gomo la sabia musa, 

A cuya voz en valle y monte suena 
El verso pastoril con dulce avena. 



Ya sé, que á ti en la margen 
De Eresma arrebatado, 
Te miró el Vulsain desmoronado 
Manejar los pinceles, 
Y marmoles herir con los cinceles: 
Que estas fueron allí tus diversiones 
Gon la musa alternando. 
Mientras que tus becerros 
(fizaron del verdor de aquellos cerros. 



poesías. 



S3 



Cierto es, que imitar quiso mi ruJeza 
A la madre común naturaleza 
(^11 li(¡uidos colores ; 
Diversión, aunque estraña. 
No ajena ni imposible á los pastores. 

CORIDON. 

Dime : ¿cómo en volver á la cabana 
Tanto te has detenido? 
¿ Y qué viste en la corte suntuosa ? 



Yo, aunoue en Mantua nacido, 
Por dilatada ausencia rigurosa 
De vería fui privado. 
Hasta que quito el hado 
Que la matrona escelsa y soberana, 
Semirarois fortlsima y robusta, 
(brande Isabel augusta, 
Fangosa en paz y en guerra. 
Católica Cibeles parmesana, 

Y madre de los dioses de la tierra, 
Dos mmidos admitió para mandarlos, 

Y á las plantas ponerlos del gran Carlos. 
Entonces yo, cuidando sus vacadas. 
Atravesé los puertos eminentes. 
Dejando atrás el monte carpentano ; 

Y en este verde llano 

Senté mi rancho, y los demás vaqueros 

Pararon en cañadas diferentes. 

Viniéronme á este tiempo los primeros 

Impulsos de ir á ver la patria mia : 

.Yo ioiorante creia 

defuera semejante á nuestra aldea. 

Aunque un poco mayor, como solemos 

Comparar con los chotos 

Loí^ toros bravos, dueños de los sotos. 

Pero esta población, con real grandeza, 

Levantó la cabeza 

Sobre esotras ciudades, 

Con mas escesos, mas desigualdades, 

Que álamo de Aranjuez, at cielo osado, 

Sobre el tomillo humilde y desmedrado. 

Es rústico mi acento 

Para poder contarte su opulento 

Esplendor sin igual : solo te digo 

Con sencillez (te ami^, 

Que no es indigno asiento 

(Aunque mil remos su corona encierra) 

Del monarca mayor que bay en la tierra. 

Mas lo que iirrebató la atención mia. 

Fué el saber que aquel dia 

Las artes nobles bellas. 

De la naturaleza imitadoras. 

Hermanas de la docta poesia, 

Cito honrosa porfía 

Al mismo original aventajaban. 

Yo vi cómo anhelaban 

Por el premio ofrecido 

Los jóvenes ansiosos » 

Y vi los primorosos 

Frutos de su trabajo esclarecido; 
Que nunca ha de ocnltarlos el olvido. 
La U(»cta arquitectort 
No solo con murallas 
Naestro reino asegura ; 
También aqui se emplea, 

Y trazando soberbios frontispicios 
La gran corte hermosea 

Oiu tantos ediiicios, 

Que vo para contarlos desaliento. 

Ni w |KKÍré pintar aquel portento 

be b t»ermosura, admiración del arte, 

AlcjTar suntuoso 

Drl gran Carlos augusto y poderoso. 

Campear alli se admira 

lu lirantez \istosa embalaustroda 

Il« ! ^nn lienzo que rasga el ventanaje, 

A!iMÍ>.iMle á bs nubes su homenaje 

Li ...i;ij ;.uilaz la fabrica tremenda 



Sobrepujando á algunas ; 

Alli donde descansa en cien colunas 

ForUsimas la máquina estupenda. 

No competirla entienda 

Clioza de mavoral ó lavadero 

De rico ganadero 

De los de mas copiosa y pingi^e hac\pnda, 

Porque es mucho mas grande, á lo que creo, 

Que al mayor esquileo 

Donde van al esquilmo los ganados, 

Que vuelven repastados 

Del suelo fértilísimo estremeño: . 

Solamente es menor que su gran dueño. 

Las otras dos hermanas. 

Con no menor esmero, 

Lo figurado dan por verdadero, 

Y admirado y celoso. 

Amigo Coridon, j quién lo creyera ! 
A mi Dorisa he visto en blanda cera 
Tan al vivo copiada, 
Que dudé si era propia ó figurada ; 

Y aunque no en la hermosura. 
Solo la distinguí por la blandura. 
Este arte y la pintura engañadora 
En los asuntos dados. 

Dejaron los sentidos encantados 

Con lienzos que el pincel sutil colora. 

Pero ¿ quién podrá ahora 

Contarle los primores que emplearon, 

Con que al grande Velasco eleniizaron? 

Yo lo he visto pintado v esculpido 

Tan bien, que afirmare que vivo ha sido. 

Yo vf, yo VI encresparse el mar undoso, 

A quien turbaba intrépido el reposo 

Con quillas aceradas 

PocoK el almirante. 

Yo ví á Albermarle fiero y arrogante 

Avasallar los muros de la Habana, 

De pocos españoles defendidos. 

Vi avanzar los ingleses atrevidos, 

En ser tantos fiados, 

Que en vano contra inmensos escuadroL^s 

Tronaban sobre el Morro cien cañones. 

Velasco, el gran Velasco, 

Conteniendo su ardor está en la brecha, 

Revolviendo la espada portentosa. 

Con que á ser viene mucho mas estrecha. 

Y en el modelo y tabla primorosa 
Tan vivo se veia, 

Que aun juzgué le escuchaba 

Lo que dicen que dijo en aquel dia : 

« No me veréis rendir, fieros britauos, 

Por mas que estéis ufanos 

Con tanta muchedumbre. 

No , no hallareis barata la victoria, 

Que hoy será á vuestra costa bien comprada ; 

Veréis rendir primero 

Mi vida que mi espada ; 

Mi rey, mi religión, mi patria amada 

Verán que soy cristiano y caballero, 

Y todo el mundo entero 

No bastará á rendir á mis soldados, 
Curtidos á los hielos y á los soles, 
Pocos, pero arrestados, 

Y todos verdaderos españoles ; 

A quien veréis con sangre enrojecidos 
Hechos pedazos , poro no rendidos. > 
Asi el campeón deeia, 

Y Albermarle esto dijo. 

Que alli en un lienzo escrito lo tenia : 

« Ya no es hazaña algima 

Vencerla poca y fatigada gente. 

Que á nuestros pies ofrece hoy la foríuna. 

A ellos, nación heroica, descendiente 

Del valeroso Arturo, 

Montad la brecha y coronad el muro, 

Que solo guarda un mozo temerario. 

Cerrad sobre él seguro. 

De que ya no hay defensa en el contrarío. 

Venguemos boy la afrenta recibida 

De Almansa y de tíribuega, 

Las que Italia no niega; 



24 OBRAS DE 

La que fué por el orbe tan sabida, 

Coando con nuestro oprobio 

Vimos teñirse en la fatal empresa 

Los mares de Tolón con sangre inglesa, 

Por quien se llama el vencedor navarro. 

Con mengua vuestra y mía. 

Marqués de la Victoria de aquel dia ; 

La que sufrió la cólera anglicana 

En la Cartago indiana 

De aquel español fiero, 

Que aim la envidia le alaba 

(Con vergüenza lo digo), el grande Eslaba. 

Tanta sangre vertida 

De estimulo aquí sirva á vuestro enojo. 

Paguen, paguen su arrojo, 

Por mas que ellos se precien 

Vanamente de estar toda su vida 

Acostumbrados á vencer los moros, 

Y á luchar cuerpo ¿ cuerpo con los toros.» 
Asi dijo ; y los lienzos figuraban 

El horroroso estruendo de la guerra : 

Los tiros se escuchaban. 

Haciendo estremecer toda la tierra. 

Que tembló algunas veces. 

Dicen que eran los ásperos ineleses, 

Escogidos los mas determinados. 

Que en sus selvosos montes. 

Para el duro ejercicio de la guerra 

Alimenta loglaterra ; 

Pero poco les vale allí su saña. 

Porque contienden con la flor de España. 

El capitán Velasco generoso 

La espada esgrime mtrépido y fogoso, 

Con asombro y terror del enemigo. 

De cuyos cuerpos muertos ciega el foso. 

De su valor testigo. 

Ninffuno aguardar osa, 

Deslümbralos la espada luminosa. 

Que los deja con furia castigados : 

Ellos vuelven el rostro amedrentados 

De tal ferocidad en un mancebo, 

De Marte envidia, y mas galán que Febo, 

Honor de la alta España. 

Arde Albermarle en saña, 

Al ver que un hombre solo. 

Con valor que fué asombro en aquel polo, 

Y con temeridad tan importuna, 
Quiera servir de estorbo á su fortuna. 

Y á Pocok luego ordena 

Que con ronca y horrísona armonía 
Dispare la espantosa artillería, 
Diabólica invención, que un monte allana, 

Y al punto de la inglesa Capitana, 
Con espanto y horror de los triones, 
Tronó toda una andana de cañones. 
El humo y polvo que piotado habia 
Distinguir me imocdia 

Lo que ver dcseana * 

Solo vi que llegaba 

La muerte rigurosa 

Al pecho triunfador del gran González : 

González que en la honrosa 

Facción no dejó el lado 

De su caudillo amado. 

Tremolando de España los pendones. 

Cuyo valor, del nuevo mundo espanto. 

Hizo á Londres cubrir de luto y llanto ; 

Hasta que el pecho abierto 

En tierra cavo muerto, 

Vertiendo el alma por la herida fiera, 

Sirviéndole de tuniba su bandera. 

El defensor del Morro 

La cabeza en dos partes separada. 

Con ún lienzo apretada. 

No se quiere rendir á quien le ruega. 

Por tres veces intrépido se llega, 

Y arroja las banderas anglicanas. 
Las pisa, y enarbola 

La bandera española. 

Que González tendió á las auras vanas ; 

Y en\idioso Velasco de su suerte. 

Se abalanza á encontrar la hermosa muertr, 



MORATIN (d. NICOLÁS). 

Que halló en la mnlüUid de los britanos. 

; Oh dichosos hispanos ! 

Si algo pueden mis versos, del olvido 

Será vuestro gran nombre redimido^ 

Obedeciendo a Carlos, 

Aunque al son de zampona. 

Con tan sonora voz, oue tenga Homero 

La ventaja no mas ae ser primero. 

¡Oh Carlos! que á mi pecho fatigado 

Das nuevo aliento habiéndote nombrado ! 

Tú el mérito premiaste ; 

De tu piedad mi musa ba adivinado. 

Que pues el premio al mérito acompaña. 

Vuelve el siffio de Augusto á nuestra España. 

Y si de Alelíes coronó la frente 
La antigüedad, porque limpió el inmundo 
Establo de Augia , ¡ cuántai mas razones 
Hay para que inmortal tü te corooes, 
Pues has tu patria ya purificado 1 
Empeño reservado 
A tu constancia solo, 
En vano pretendido 
De cuantos en tu cetro han precedido. 
Animo, pues : yo cantaré gustoso 
A la sombra tendido 
En tu Aranjuez, poblado de frondosos 
Arboles, que respiran por las hojas 
No de amor las congojas , 
Pero sí tu gobierno esclarecido ; 
Ni tus virtudes deiaré olvidadas, 
Cuando cante las Indias conquistadas. 
Corre, tiempo veloz. ¡Oh insigne Carlos ! 
Tus méritos yo propio he de cantarlos. 
Yo seré tu poeta : 

: Oh Carlos, gran monarca augusto y pío, 
Oh Carlos, dulce imán del canto mío! 

coRiDorr. 
Tente, Lucindo, espera: ¿á qué regiones 
Te remontas de Febo trasportado? 
iDe qué nuevo furor arrebatado 
fu espíritu se inflama ? 
Un pastorcillb, que en menuda ^ma 
Se recuesta á cantar, no asi debía 
Pronimpir con osada fantasía 
En son de guerra, y tanto 
Que entre tas armas y el horrible estruen4o 
De las trompetas suena ya tu canto. 
Paree eme, que oyendo tu zampona, 
Escucho la bocina resonante 
Del ciego esmirno, que cantó inflamado 
La cólera de Aquiles indignado. 
O pienso oir absorto 
A esotro mantuano. 
Que con favor del grande Octaviano, 
Dejadas las camenas sicilianas. 
Cantó con voz y espíritu divino 
Las armas y el varón que á ItaUa vino. 
O escuchar me parece 
El estruendoso y bélico aparato 
Con que suena la trompa de Torcuato. 

LUCIIIDO. 

No, Coridon, te espante. 
Que yo á tu parecer tan alto cante, 
Que un grande asunto heroico 
No es posible cantarse bajamente. 
Aunque un vaíjuero humilde hacerlo intente; 

Y estoy avergonzado, 
Porque el objeto es mas que lo cantado. 

CORIDON. 

Pues ya que la academia 
El trabajo tan bien, cual dices, premia, 
Lucindo, á los zagales encargadas 
Dejemos las vacadas, 

Y vamos cu su numero á alistamos. 
Para en las nobles artes emplearnos. 



Dices bien : vamos pues ; y tú, famosa 
Academia feliz, por quien se allana 



POESIAS. 



La juvcDtod ardiente castellana 

A desterrar el ocio 

CoD el sutil dise&o, 

Que luego sirve al militar empefio, 

Perdona la osadia 

Del que si mas supiera, mas haría 

Por solo celebrarte. 

Admite pues los rústicos loores, 

Rüsticaroente dados 

Del mayor de tus siempre apasionados. 

Del menor de los árcades pastores. 



25 



elegías. 



I. A la muerte de la serenfsima señara doña María Luisa, 
archiduquesa de Austria, hija del serenísimo duque de 
Vnrma. 



t 



¿De cuál generación será engendrado^ 

>e qué tigre fíerisima de Hircania 

ihra sido en su infancia alimentado? 

¿ De cuál dragón, de qué león de Albania, 
El que no sienta el corazón rompido 
IVl gran dulor que aflige boj á Alemania? 

La tierra un mar de lágrimas ha sido. 
Eco triste en los montes no reposa 
Repitiendo el suceso con gemido. 

Murió Isabel, murió la mas hermosa 
Beldad feliz , que en sus augustos lares 
Produjo á Parma España belicosa : 

La princesa de gracias singulares. 
La hermosura del orbe idolatrada, 
La ninfa celestial del Manzanares. 

¿ Quién creyera , oue allí la muerte airada 
Se atretiera á dar golpe no debido 
Ci)n su guadaña trémula afilada ? 

;.De qué á la tiefna infanta le han servido 
Las águilas feroces del imperio, 
>¡ de Francia el ejército temido ? 

Ni la bastó á librar del cautiverio 
El fíoder del gran lio, que se estiende 
Desde este hasta el antárlito hemisferio. 

¡ Oh muerte inexorable ! ¿qué te ofende 
Nuestra vida, el gran bien de los humanos, 
Que tu envidia usurpárnosle pretende ? 

Arrebataste con injustas manos, 

Y sin tiempo, la flor naas delicada , 
Que prometió los frutos roas lozanos. 

Quedóse Europa atónita y pasmada 
Al ver tu crueldad, y el caro esposo 
Llama en vano á hi esposa regalada. 

Sin alivio, esperanza ni reposo, 
Inconsolablemente el lecho frió 
Le es campo de batalla riguroso. 

El alma exhala en uno y otro rio, 
Tiende los dulces brazos enseñados, 

Y solo halla el lugar triste y v:icio. 

Los mancebos, dejando otros cuidados, 
Se conduelen , ó joven, cuando clamas, 

Y atienden á tu lloro lastimados. 

Las rubias trenzas (que de amor son llamas) 
Descompuestas, lloró el caso Viena 
Con los ojos azules de sus damas. 

Las ninfas del Danubio, y las del Sena, 

Y amiellas del Eridano, que vieron 
Del loco Faetón la triste escena. 

Señas de su dolor acerbo dieron 
Con llantos y suspiros encendidos, 
Que á los montes sin alma enternecieron. 

Llorad, Venus^ llorad ; llorad Cupidos , 

Y cuanto el orbe tenga mas hermoso 
Los Juveniles rayos estinguidos. 

El nn>mo dios de Amor triste y lloroso , 
Rolo p1 arco, la aljaba sin provecho. 
La antorcha sin reflejo luminoso, 

liiere con tierna mano el bbnco pecho, 
Muere de enojo, angustia y desvarío, 

Y aun es estremo corto al daño hecho. 



Y vosotras, ó ninfas de mirlo, 

Que humildes la arrullabais en real cuna, 
Llorando acompañad el canto mío. 

Vosotras, que lograsteis la fortuna 
De oir del tierno labio balbuciente 
Su* voz angelical como ninguna, 

¿Cuántas veces la dio vuesura corriente 
Conchas, y caracolas, y corales. 
Que fué su diversión tan inocente? 

Vuestras anchas praderas desiguales 
Vieron armar sus ojos de atractivo. 
Que aun temieron los diosos celestiales. 

Aquí empezó á vibrar el fuego activo 
De sus divinos ojos, que ya ahora 
De envidia á las estrellas son motivo. 

Anuí cual la Diana cazadora 
Del Eurota en la margen florecida, 
O del Ciniio en la cumbre que el sol dora 

Ejercita las danzas divertida, ' 

Menospreciando amores y querellas 
De mil ninfas y vírgenes seguida. 

Así con hermosísimas doncellas 
Estas riberas hizo afortunadas. 
Causando admiración á las mas bellas; 

Y bordando las telas delicadas 
Con aguja §ulil pintó la historia 

De sü estirpe y empresas señaladas. 

Con las alas abiertas la victoria 
De laurel coronaba á sus abuelos. 
De sus sol)erbios triunfos en memoria. 

Pintaba los infieles por los suelos 
De nuestras armas al rigor llevados. 
Que auxiliaron tal vez los mismos cielos; 

Mas ya contra nosotros enojados, 
Mostraron su rigor severamente. 
Dejándonos de tanto bien privados. 

Pero si algún remedio se consiente. 
Solo es pensar que el alto Hmiamento 
Por astro la conserva eternamente. 

Y postrados al regio monumento 
Verbena, apio, ciprés y boj publiquen 
Por última fineza el sentimiento. 

Y nuestros votos tímidos .supliquen, 
Que el funesto lugar jamás se vea 
Sin lágrimas, que allí se multipliquen , 
Y que la tierra al cuerpo leve sea. 



11. A ¡a muerte de la reina madre doña Isabel Famesio, 

¿Cómo es posible que peí mita el llanto 
Luuar para la voz ? ¿Cómo la pena 
Podrá calmar un poco en tal quebranto ? 

De lágrimas la tieira miro llena. 
Con suspiros y afán se enciende el viento , 
Quejido ronco en lodo el orbe suena. 

La invicta España con funesto acento 
Llorando está angustiada y dolorida. 
Rasgado el preciosísimo oniamento. 

Sin su reina está ya muy afligida, 
Y trastornada la diadema augusta 
De tan grandes imperios guarnecida. 

Del león fíero la altivez robusta 
Yace mustia á sus pies aletargada. 
Con espantable faz, triste y adusta. 

La Europa melancólica, enlutada, 
También llorando, consolarla intenta; 
Mas no su aflicción es para aliviada. 

El padre Tajo , en vista macilenta 
De sus ojos con túrbidas corrientes , 
Su muy triste raudal llorando aumenta; 

Taray morado y hojas diferentes 
De nebros olmos ciñen su cabeza, 
Trastornadas las urnas de sus fuentes. 

¡Oh Tajo ! ¡ Oh Tajo ! ¡Oh bárbara aspereza 
Do tus riberas lóbregas, adonde 
El oro con la arena se tropieza ! 

Funesto buho y cárabo responde 
(iOn agüero á mi voz : ¿en dónde, dime, 
Mi ffran reina augustísima se esconde ? 

¡Oh muerte horrenda, de rigor sublime ! 



íg 



OBH.VS \)K MORATIN 



:0b inexorable, injusta, temeraria, 
Barban, indigna, qac i la vida oprime ! 

¿Qaé has hecho, Uera, á nuestro ser contraria, 
Furia implacable? ¿sabes lo (|ue liisciste? 
De todas tus crueldades la sumaria. 

áA la escelsa Isabela te atreviste , 
A la heroína augusta y escelente, 
Uue en campo celestial de luz se viste? 

Con esto ñas dado muestra solamente 
De ser rigurosísima tirana, 

Y de ser tu ffuadafia omnipotcmte. 

El (i(>spoli8mo, oue en fu especie humana 
Ejerce tu impiedad, yo no creía 
Que alcanzase á mi reina soberana. 

¿ Quién pensara (¡ue tanta tiranta 
Se pudiera entender con tul persona, 

Y con ({uien tal rigor no merecía ? 
A la alta, á la católica IkMona, 

Que ann mas que de victorias, con ser tantas , 
Ciñó (Je sus virtudes la corona. 

A a(|U('lla heroica, cuyas re^^ias plantas 
Ifcsanm las mas barí>arás naciones 
En honor de las cruces sacrosantas. 

Aquella, que de España l<»s pendones 
Hizo mil veces tremolar triunfantes, 
Produciendo en el orbe admiraciones. 

Sus hpchos con trompetas resonantes 
Publicara la Fama en totlo el mundo, 

Y atenderán los siglos mas distantes. 
Cantará Apolo en Ímpetu fecundo 

Las heroicas magnánimas acciones 
De su valor y espíritu profundo. 

Ya les faltó el asomliro á las naciones, 
Falló su reina á la triunfante España, 
Esliii^'uido el mayor de sus blasones. 

Tú, muerte aleve, con injusta hazaña, 
Manir<>staste el Ímpetu inclemente 
Dt'l bárbaro poder de tu guadaña. 

¡ Oh muerte inicua! dt>ja oue reviente 
Mi dolor en iHildonrs y en uiti-ajes 
Contra tu infame cólera insolente. 

:(>h inicua, á decir vuelvo ! ¿en qué parajes 
Del aurbilo terrestre no lloraron 
El fúiK'bre rigor de tus carcajes? 

Del Tajo las orillas resonaron 
Con eco femenil y tierno lloro, 

Y atónitas las hondas se pararon. 

Don<le entre el agua al mar varía im tesoro, 

Y la ausnsia Lislma se engrandece, 
Se oyó llanto tristísimo y s«)noro. 

Y la alta Italia, (lue inmortal florece, 
¡Cuantos suspiros uesnerdieia al viento! 
¡ Ay, cómo sin consuelo se entristece ! 

¿Quién bastará á contar el triste acento 
Con que la ninfa real del Amo llora, 
Di^l Anio que n*Miena en liel lamento? 

Ni el Seheto, ni el Pó pueden ahora 
Contener los dos pechos varoniles 
De aumentar su corriente brilUitlora. 

Pero la suma de tus hechos viles , 
Mayor oue el c«msentir que á Polixena 
Degüelle Pirro al túmulo de Aqtiiles, 

Fué,.pacca horrible, con inmensa pena. 
De la hija amada, y en Saboya amable , 
Amortiguar la luz clara y serena. 

Cuando no hirieras, muerte detestable, 
Mas que esta sola infamia , ella bastara 
A acreditarle iiillel y abominable. 

¿ Cuál sera el gran dohir de la lUja cara ? 
Dos vidas bellas una nueva impla 
Amenazando está con ira rara. 

Huérfana está : ya no como solía 
La escribira escribiendo tiernamente : 
¡ Ay , <iué pesar ! Querida madn* mia. 

¿Habra acaso furor, |>ara que cuente 
De aquel día fatal, triste y horrendo 
El lü;;ubre c:itástn>fe inclemente? 

Cnandii la imagen de su horror tremendo 
Cnii paxor se pr«^senta á mi memoria, 
lienibh» de horror tal rosa refiriendo. 

¿(^ual nnpetu si^ atreve a la alta gloria 
De ser el curonisia dignamente 



(d. :«IC0LAS). 

De tan funekta y Umeottble Uslorb? 

El Aranjuet samdo v florecientc« 
Que un tiempo á las delicias Uao^iero, 
Hizo que Chipre y Nénalo se afrente. 

Con eco dolorido y lastimero, 
Al valle averno en quejas semejaba « 

Y aun le escedió en martirio mas severo. 
Es fama que la ninfo qoe se bva 

Del turbio mar de Antigola en las fuentes. 
Entre el musco y verdm llonuido estaba. 

Y á las del real veijel tan esceleoies, 
O envió sus aguas negras y sangrientas» 
O retiró del todo sus corrientes. 

Las bóvedas forttoimas que asientas 
Sobre tus muros, ínclito palacio. 
Sonando están con quejas may violentas. 

Asi el do Dido, en muy pequeño espacio , 
Se anegó en lloro, y en clamor confuso. 
Cuando el hyo de Anquises huyó al Lacio. 

Y el alcázar de Troya, al ver intruso 
Tanto escándalo, al fin del engañoso 
Cerro que el griego eiército le puso ; 

Cuando huyendo Polites presuroso 
Del rubio hijo de Aquilea implacable, 
Al padre anciano acude temeroso : 

Y él con la espada argólica eanautaUe 
En los brazos paternos le degüella, 

Y esclama ansioso el viejo miserable. 

Y ofendo su justísima querella. 

De llecuba el ruego, el lloro y el regazo, 

Y los sacros altares atropella. 

No fué menos cruel auui tu brazo. 
Pérfida muerte, cuaiulo ue tal vida 
Cortó tu iilo corvo el Uruie lazo. 

Si A ser oinní|Mjtente y atrevida 
Quieres (|ue te concedan los huiiumos. 
Haz que mas justa acción tal nombre pida. 

¿Por (pié no celtas del mundo á los tirano 
Que arman soberbios de traidor acero 
Las robadoras execrables mauos ? 

Este si fuera triunfo verdadero. 
Limpiar de monstruos barbaros el mumlo. 
Restaurando el candOi que hubo primero. 

Mas ¡ privarle con ceño furibundo 
De su mas grande bien ! ^ ÍAimo afrentada 
No t(> sumerge el báratro ^irofundo? 

¿Qué te hizo mi uran rema? ^ Por qué airai 
Usaste tal rigor ? ¿ Qué te ha ofendido 
Toda Europa, que CNtá di^sconsolada ? 

Al monarca español te has atrevido : 
¿No sal)es que este golpe le ha locado, 

Y lo mas tierno al corazón le ha heri<lo ? 
Menos, menos le hubieras |M'rturbado, 

Si todo un muiiihi ronniovido hnbieMs 
Con iinnensas naciones conjurado. 
¡Oh la mas rgurosa de las lieras! 
:Ah, romo te arr«*|iieiitcs temerosa, 

Y te ocultas del Lete en las rilieras ! 
Pero si sonla Ci>tas, ¿cómo afrentosa- 

Mente te nimibni, ann para altominarte ? 
Date las alas, y huye, negra dios:i. 

Y á tí, reina, mevueho: hoy quiero hablar 
La vez i>ostrera : 1 u, tú te has huido , 

Que nadie se atreviera a molestarte. 

¿ A dómle vas ? ¿Tan mal te hemos servid 
¿ Asi dejas tus hijos y criados 
En desronsuelo y en etenio olvido ? 

Ya de madrt* los nombres r<*ga lados 
En la boca de Luis no escucharemas. 
De Luis, el Renjamin de tus cuidados. 

¡ Ah, qué presentes tengo h»s estremos 
Con (|ii(> a tu estaneia sin entrar miraba ! 
Nosotros eonsfdarle iw |H)deinos. 

Al rey tri^les notinas le anunciaba : 
Entenieeióse el hén)e po.leroso, 

Y un nnmdo v otit» atónito temblaba. 
Fné a(|iii bien menester su iM»rtentoso 

G')raZi>n. ?CaUare? DecÍ4llo, Musas, 
Que no es lanto mi atiento sononiso. 

Un mar fue el rio en lagrimas difusas : 
Tus nietos de |>esar se desatanuí 
En quejas lamentables y confiua.*. 



poesías. 



de la ÍD(áDta, ooe enseñaron 
lestamente, vi llorosos ; 
los nuestros reventaron, 
w soberanos y amorosos, 
ce en un mirar con señorío 
iel Erídano, dichosos, 
NI el espíritu j el brío, 
use están lágrimas bellas, 
concha el oriental rucio. 
>sa Juventud de tus doncellas, 
Mas por Orfeo en Hebro, 
mes ajaron las estrellas, 
celestial, que yo celebro, 
Míe con parpados enjutos 
o amoroso al dulce quiebro, 
as, ya arrastrando largos lutos, 
n en lágrimas bañados ; 
Le son justísimos tributos. 
iel escuadron de tus criados 
allj por los rincones 
s, rendidos, trasnochados. 
as noches, llenas de aflicciones, 
« & bien : ¡ Oh tiempo breve ! 
iras siglos á millones ! 
no DOS volvimos con pié leve 
os, del dolor trasuntos, 
lio el pastor, que pace nieve ! 
) DOS volveremos á ver juntos ? 

serk basta aquel gran valle 
uzguen vivos y difuntos. 

$to tanto afaiiY ;;Y que yo calle 
le? Que si el rielo puede, 
el cielo á mi alma alivio dalle. 
■s de tanto afán esto sucede? 
e nuestros males trabajosos 
qae la suerte nos concede? 
miro tus ricos v preciosos 
«, y alhajas ceíenradas , 
á los monarcas envidiosos. 
Iras del Mogol tan estimadas, 
oe templar digo llorando : 
s prenoas por mi mal halladas! 
'I memoria ! Yo me acuerdo cuando 
istos pies te las servia : 
hora no lo estov ejecutando? 
isa de tan granae tiranta ! 
ejas, 7 Ce vas. Señora? 
ir DO te agrada la voz mia. 
empo JDzgastela sonora : 
iaue: i quién me lo dijera, 
ie de cantar tu muerte ahora? 
sin duda , mi oblación postrera, 
e mil bienes : *, Oh ! taladre 
a el corazón, y al punto muera. 
ta piedad mas que de padre, 
fue, gue dudo agradecido, 
mi señora, ó á mi madre. 
, augusta reina, que te has ido, 
7 España el rostro á la alegría, 
)r el cielo se ha esparcido. 

1 perdió b melodía, 
lúgubre son, ronco ftii acento , 
lo cantar como solia. 
mandabas desde aquel asiento? 
»ria, dánie otra semejante, 

i es verdad lo que yo cuento, 
á Eresma fle^, cuando levante 
en sus urnas recostada, 
i quien te miró triunfante? 
^es al Tajo enviar le agrada ? 
Hres la vi ídirii) valiente, 
lo al bridón la crin rízada? 
?cíntla con torreatla frente, 
ooCo va en los frigios carros, 
tanto dios su descendiente; 
iterrando los guijarros, 
a vi ensayar la guerra 
con alientos tan bizarros. 
ü'AZOtta, ornato de esta sierra, 
leles parmesaoa, 
los dioses de la tierra. 
lare la cumbre carpcntana , 



Mientras yo lave el támulo reciente , 
Durará tu memoria en la fe humana. 

¡ Ah, cómo tríste agüero bien patente 
Ominoso anunció también ruina, 
Si no fuese liviana nuestra mentel 

Yo vi serpentear roja culebrina, 

Y un cometa : graznó con ronco grajo 
La siniestra coraeja en hueca encina. 

Donde se abrazan en el hondo bajo. 
Entre ova y limos (trasponiendo Apolo), 
Las ninfas de Jarama y las del Tajo. 

Vi, yendo por el bosque tríste y solo. 
Que las verdes doncellas levantaban 
Un cristalino y grande mauseolo. 

No entendí para quiéu le dedicaban; 
Solo oí con asombro, que llorando 
Las ninfas en el hondo susurraban. 

Entonces vi, que una águila chillando 
Deja los tristes pollos con mancillas, 

Y se remonta al cielo revolando. 
Atónito con tantas maravillas 

Quedé inmoríl con huella tembladora , 
Las lágrimas están en mis mejillas. 

Divina Elisa : pues el cielo ahora 
Te consiente mirar el ancho suelo, 
Desde Cádiz al Ganjes, y la Aurora; 

Pues que te es dado interoederque al cielo 
Vamos á verte , ruega te veamos, 
Que es en tal pena el único consuelo. 

Arboles mustios de marchitos ramos, 
Fresca ribera, diáliuia corriente, 
Grata una y otra á los silvestres gamos; 

Surtidor ronco de murmures fuente, 
Bosque opaco , palacio faraesino, 
Tibrc romano, honor de a<iuella gente. 

Vosotros, que pasáis por el camino, 
Al ver la alta pirámide espantosa, 
Suspéndete, estranjero peregrino. 

Gran semideo, alto hijo de la diosa. 
Garios augusto, calma en tantas penas, 
No desmayes á España poderosa. 

Vosotras, Gracias, dadme á manos llenas. 
En canastillos de pun>üreas flores, 
Mirto<;, aromas, lirios y azucenas. 

Y tú, enseñado á trágicos amores. 
Pobre instrumento, queda eternamente 
Por lo canlado, no por tus priviores , 
De un fúnebre ciprés aquí pendiente. 



!II. A las niñas premiadas por la Sociedad económica 
de Madrid en la distribución de 1779 ( * ). 

¿ Habéis ya , padres de la patria , dado 
El premio justo, el galardón debido , 
Que la virtud y el mérito han ganado? 

¿ Habéis ya con preseas distinguido , 

Y con preciosos dones este coro 
De vírgenes hermosas escogido ? 

¿ Haheisle honrado con gritar sonoro , 
Venciendo sus elogios las arenas 
Del mar íjiie baña desde el indio al moro ? 

¿ Están de joyas y de gozo llenas , 
Como en Elis los fuertes luchadores 
De las pitias y olímpicas faenas? 

¿Confiesa el mundo ya con mil loores 
Cómo el brazo español sabe igualmente 
Rendir monarcas, que ejercer primores? 

Pues si nadie veraad tan evidente 
Hoy ya disputa , ¡oh sacra poesía ! 
Baja del cielo á iluminar mi mente. 

Baja, y danre tu voz, que este es mi día , 

Y si yo no levanto á las estrellas 

A ese hermoso escuadrón, lo estrañaria. 
Mi verso aspira á celestial por ellas , 

(*) Bajo e8t<> titulo , no noy ronfnrrae con SQ ■siinto , ley4 t\ •iitor 
ftn 1779, pocos mer(«t.anm de tu nniritr, esta compoilcion, qae nerece 
c.ontenrariie siquiera por lat niueba* nnticii»- eruditai que enriem to* 
bre la» anli((Ardadeii madrileñas. Púsole alguaas notas aclaratorias, que 
ampliadas después por nuestro amiifo don Ramón Meionero Romanos, 
reproducimos también como objeto da Interesante carioaldtd. 



26 



Por cJMs soy en Maredit (1) nombrado 
El honesto cantor de las doncellas. 

Y pues yo falto solo, y escuchado 
Soy, gremio escelso. y el oído inclinas 
Al eco que otra ves has celebrado; 

Repito sus virtudes peregrinas. 
Como cuando á la ciura española 
Puse aciui cuerdas griegas y latinas. 

Y porque no lo goces, Madrid, sola , 

Y alíele su virtud por do triunfante 
El pabellón do Garlos se tremola ; 

La amiga musa en patrio verso cante 
A des4)echo de espíritus malignos , 

Y (le la envidia, que rabiando aguante. 
Ya con influjos que vertió benignos 

Sesgó el zodiaco iluminando Kebo 
Las (luce casas de los doce signos : 

Después que á impulsos del honroso cebo , 
De mano femenil vimos primores. 
Que estimularon á trabajo nuevo ; 

Cuando la fama en ecos voladores 
A nu(*vo empeño á la palestra llama 
Al virgíneo escuadnm y sus labores; 

Las niñas españolas, que la fama 
A ejemplo de sus padres apetecen, 
Anfen en iicl pmidonorosa llama. 

De Minerva al estrépito se ofrecen : 
Alzó la frente el patrio Manzanares , 
A (luien lirios entre álamos guarnecen; 

Y vio, no sin asombros singulares, 
En sus hijas la célica hermosura , 
Con quien no es justo, ó Venus, te compares. 

Vio la gala , el donaire y compostura , 
La gracia inimitable que enamora , 

Y alma mas que de humana criatura. 
La pompa y garbo, y la invención señora , 

El' modo, el atractivo y cuanto encierra 
La estrema perfección encantadora. 

No creeré que eran ninfas de otra tierra 
Las (¡ue hicieron los dioses animales, 

Y á las diosas con celos cruda guerra : 
Sino nacidas junto á los umbrales (z) 

Que el rey León de Armenia un tiempo habita 
Con pozos de agua dulce y pedernales. 

Donde reina el esmero y escpiisita 
Discreción y lindeza cortesana, 
Con fuerza que arrebata y •precipita. 

No hechizos dieron en la edacf anciana 
Las de Tiro y Sidon (3) mas halagíJeños , 
Ni hoy belleza de Persia ó georgiana. 

Si ésto juzgáis de la pasión empeños, 
Confesadlo, estranjeros, abrasados 
Al volcán de los ojos madrileños. 

Mas tales dotes, aun(iue no ne(][ados , 
No admiran tanto al car|>entauo no 
Cumo el verlos tan bien aprovechados. 

Pues sin virtud es todo desvario: 
L Ni de qué sirve cuanto acopia el cielo 
En los mortales con influjo pió ? 

La virtud , el trabajo y patrio celo 
Movieron á las niñas mocentes 
A la contienda y laborioso duelo. 

Vinieron de los barrios diferentes 
De Mantua, emperatriz de entrambos mimdos. 
Reina augusta y señora de las gentes. 

Vinieron con semblantes pudibundos 
Las (|ue habitan al austro, donde (4) lava 
Los pi(''s el agua de arboles iecundos. 

Ninguna de estas fué del oeio esclava, 
y antes (|ue suba á la piadosa escuela. 
Diestra en tejer cordones, los acaba. 

Ni las que miran de justar la Tela (o) 



O) Maredit, Majeril, Mantua ó Madrid. 

(1) El rey don Juan el I cedió esta villa al rey don Lcon de Armenia, 
ano dp «383. 

(5) Ciudades de Feniela, ttmoft* por la purpura dibafa, robtaurada 
enBtpafia á rosta de laa InTeatigaviones y doAvelo de don Juan Pablo Ca- 
nal*, barón de la Vall-Huja, tegun cuntía de las Memorias que ha pulili- 
i ailii. cuno dimt4»e general de tintes del mno. 

(i) Barrio de Lavapies 6 A\apl('ii. 

i:í) Fuera de la puerta de Segoxij, i la dm . lia. 



OHHAS DE MORATIN (u. mcolas). 

Faltan, ni las que ettán acia lot Juegos (6) 
De Rufina y (llampillo de Manuela. 
Desde alli hasta la cuesu de los Ciegoa, 

Y la calle (7) á quien dieron nombradla 
Perdida Rodas, fugitivos gríesos. 

Las que el cristal del Ave ae María 
Beben muy puro en misteriosa (8) fuente , 
Las de la nueva y vieja Morería. 

También vosotras, que el salitre (9) ardiente 
Veis destilar en el reciente hornillo , 

Y los baños (10) de fábrica reciente. 
De la Huerta del Rayo (11) y del Cerrillo 

Vienen, y del corral de las Naranjas, 

Y del moro Alamin (1S) y hoy AlamiUo. 
Estas saben tejer flecos y franjas , 

Obra morisca, y saben que el juzgado 
Suyo alli estuvo entre el arroyo y unjas. 

Tú, labrador (13) divino , que ñas sacado 
De la Almudena el agua á maravilla , 
Como el trigo en su cubo reservado : 

Enviarte de tu calle y la Vistilla 
Niñas honestas en virtud iguales , 

Y de los Torrejones (14) de la Villa. 
Ni holgaron con el IVesco en sus iM>rtales 

Las que de San Cebrían la antigua (15) ermita 
Buscan en torno, y no hallan las señales. 

Ni del <*iego Alcorán ven la meiquita (16) 
Que ya el apóstol príncipe mejora , 
Ni del maese ( 17) ilazán la obra esqnisita. 

También llegaron á la primer hora 
Las del Cerrillo (18) de la Cruz, que atmena 
Con ridicula farsa que desdora. 

Y de la plazoleta donde suena 
Solo el nombre del Ángel (19), que es segura 
Menos <iue aire la fábrica no buena. 

Las de la fuente ^iO) que condujo el cura 
De Colmenar, se ofrecen placenteras , 

Y de la calle que por tesón dura (21 ), 

Y de la de las Conchas (22) ó Veneras 
Con su casa hospital de Peregrinos (23) , 
Pues no hay vagas hipócritas romeras. 

El profundo arenal (24), que dio caminos 
Al agua, y dio llanura, que no habia 
Tragando en sí los cerros convecinos, 

Es ya calle que niñas mil envia, 

Y es casa (25) de doncellas laboriosas 
La que lo fué de vil manceberia (26). 

Dos calles (27) remitieron presurosas 
De sus pueblas las castas inocencias , 

Y tres (28) Cavas sus hijas oficiosas. 

Y el pretil y escarpadas eminencias 
Del Castillo (29) y Estudio, porque el moro 



(6) Jonto A las monjat Trlniurlaf. 

(7) Calle dt Rodas. 

(8) Fuente del Ate Maria, nombra dado por el beato Simón de I 
la calle y barrio de donde espuUó A las prostitutas, y por esto se li 
San Simón la calle qua cstA enfrente de la fuente. 

(9) Nueva fAbrica de salitre, Junto al purtiUo d« Valencia. 

(10) RaAos de Rerete. 

(ti) D<*1 clérifro don Francisco del Bayo, junto al cilio 4|ae ocnpi 
el Casino de la reina. * 

(11) Alli entuTo el Alamin ó tribunal de moros. 
(13) San Isidro. 

(U) Junto A San Francisco. 

(IS) Kntre San Sebaslian y Santa Crux, trente A la Trinidad. 

(ir>) Hoy parroi|uin d^ San Pedro. 

(17) Solo se ronsenra en el hospital de la LaUna nna etcal* 
[luerla de eite arquitecto moro. 

(18) Hubo allí sobre un cerrillo una crui, que aló nombre al 
luty teatro. 

M!<) Hubo allí ermita del Ángel de la Guarda. 

(iO) Fuente dol Cura. 

(Ü) Calle de Aunque-os-pese, Enhora-ranla-vayas, ySal-si-pucd 
Iu« disputas que hubo sobre vender el terreno. 

(ti) Casa i\f ins Conchas , que íul^ hospital de perefrrinos. 

{tü) Do ahi la denominación de la calle, por dirigirse A dlrhn h 

(It) La calle di>l Arenal se terraplenó con lo quedesmonlaruu i 
JMi-ntn«tn>io y otr.i<<. 

(i3) Knlaitille do Toledo. 

'*>) La manrrbia ofiaba en la calle de la Duda, frento A li 
4 huelas de San Felipe ya derribadas. 

ii7) Calles de la Puebla, nueva y vieja. Las Pueblas fueron hec 
(Iiui Joaquín de Per .lia. 

(■») Alta, Baja y de San Miguel. 

iMi Donde ota hoy la platuda de Rv\ciiuc yparrui|uta de San .N 



poesías. 



99 



Te lUmót ó Maredit, madre de ciencias ; 

PreseDtaron sos niñas con decoro, 
Qoe se admiran de oir en sa barriada 
Cómo retamba el cóncavo s<Hioro. 

Y es que allí la Alcaaaba torreada 
Ud tiempo fué del moro y el crisliano 
Con minas (50), silos, coevas y escapada , 

Qae darán á pesar del liempo cano, 

Y caatro torres (M) en la casa antigua. 
Obra real k estilo castellano. 

Moslema (32) tuvo habitación contigua. 
Sabio astrólogo moro, en Majeríto, 
Que los hados ñitnros averigua. 

Entre cercas de íbego en tal distrito 
Al rey (33) hallaron los embajadores 
Sobre on león con ánimo inaudito. 

Y por el aire y situación mejores 
Lnego en la torre (34) de Hércules, robusto 
Palacio deja qae el dragón (35) esplores. 

Y Carlos qainto, emperador augusto. 
La dio so nombre, y el que vive, y viva 
Desde ella manda con imperio justo. 

Decidiendo con rayo ó con ouva 
De la soerte del orbe, y los mortales 
AI oniverso que en su apoyo estriba. 

Las que ionto k las termas (36) minerales. 
Que tuvo Mijerit antiguamente 
Cao pilas de fogosos pedernales. 

Viven, dejaron el metal luciente, 
O calle (37) rica, qoe del irasmierano 
Herrera ves la secpoviana puente. 

Y vinieron también del altozano, 

{íat taé campo del rey, bov su armería (38), 

Y del portón de Balnadü (39) africano. 
No bs detovo la alta valentía 

Del gran Palacio, ni la nueva (40) puerta 
De Castilla, sos fuentes, y ancha via. 

Ni el jaste elogio dejará encubierta 
La virtod de vosotras, que babiundo 
JoDto al poaacbo (41), trabaúais alerU; 

Ni la qoe ve que ya no están manando 
Los Caños del Peral, antiguamente 
De Parailo, queda en ocio blando. 

O lasque labran junto la eminente 
Atalaya deshecha, que á su calle 
Nombran de Espejo (42) equivocadamente. 

Ni á las que aparta el legamoso valle 
De Leganitos con so alcantarilla (43), 
Va llana (44), teman qoe mi verso calle. 

¡Oh , monte espeso de la Ursaria villa, 
(^inta del rey don Pedro, donde yace (45) 
La luz del candilejo de Sevilla I 

Tu gran barriada, que añadir le place 
AI segundo Filipo en anchurosas 
Calles que forma, y mil cruceros hace. 

Envió niñas honestas y hacendosas, 
Que acia el ártico polo están mirando 
Al dragón enroscado entre las osas. 

Ni dejarán mis versos de ir loando 
Las que, hechas las hazañas de su casa. 
De Maravillas (46) vienen en fiel bando. 

W, Hay alU proítonilas miau j escapee. 

U) DítfinliTo dt cara mi. 

St^ HMlrma, ■•taral d« MtMd « tiempo dt moros. (BibUoth. Arab. 

Bi DoB Jo» II , COBO lo dico Juan do Mena. 
U: La torro de |HérciilM, qoe luego so llamó de Carlos V, es la del 
fie en el antiguo palacio. 
ÜS Armas aaügoas do Sadrid . 

»Í Deb^o do donde hoy eo capa de los Consejos estaban los bafiot. 
Isdrid, en la eaDe do Bcgovia, mas abi^o de la parroquia de San Pedro. 
;7. CaOe do Sogorfa y catas de Moneda. 

üi AHÍ eslavo el saotoario do Nuestra Soflora do la Caridad, que des- 
1 ■< onid i la cofradía de la Pax. 
n) Poeru de Balnadd, estaba Junto & la calle del Tesoro. 
i) Obras sontaosas del rey Carlos 111 , paeru de San Vicente , ca- 
to de la Florida. 
M I A la cano de loo Tintes. 
«. 5p«c«tafli, boy del Espejo. 

Si Lefanjtos 6 Leganéa, qniero decir kuerUu 6 deUu huertoM^ de la 
ikra ársbe tígmmmet , aiganuit. 

^ Se Arden do don Manuel Ventora Figaeroa , gobernador del cou- 
i. 

9¡Uri conTonto real do Stnto Domingo. 
»)lsrnM de Madrid. 



Y (íel Barquillo, término (47) que pasa 
De Yicálvaro al tuyo, que algún día, 

i O patria humilde ! en tierra fuiste escasa. 

Aguardad, que ya va la musa mia 
A celebrar las de U Red (48), en donde 
El ganado en un tiempo se vendia. 

Ni en silencio pasarte corresponde 
Gran (49) calle, andén de Olivo jebuséo, 
Que hoy tanta regia máquina le esconde. 

Tus hijas llegan con feliz deseo. 
Que ven venir al sol deltilaro oriente. 
Las damas de los toros y el paseo. 

Ningún precepto hará que yo no cuente 
A las que suben de la Redondilla (50), 
De mil ninfas veijel antiguamente ; 

Porque en el tiempo que ensanchó la villa, 

Y fundó el monasterio (31) edificado 
Del río al paso en la juncosa orilla. 

El Cuarto Enrique en el antiguo Prado 
Hizo ruar las damas muy oalanas, 

Y allí su caballero amartelado : 
Ellos en potros, y ellas en lozanas 

MuluÁ con sus gualdrapas, andariegas, 

Y con sillas jinetas y rudanas. 

Mas aunque* i oh tiempo! todo lo trasiegas. 
No evitarás por mi ser alabadas 
Las de otras calles, cuyo autor no niegas. 

De Jácome deTrezo (5á), y las barriadas 
De Juanelo, del de Alba, del Bastero, 
De las Urosas y las Maldonadas. 

Muchas vienen también del Mentidero (53) , 
De las Damas (54), plazuela de Noriana, 
Eras de San Martin, que fué primero. 

Los Fúcares de Jénova (55), y la anciana 
Permisión de los Francos, y de oriente 
La abada horrenda (96), ú clefonta indiana, 

Dan á sus calles nombre permanente. 
Que hov le afirman las niñas sus vecinas, 
Con el de los Octoes (57) juntamente. 

Y las que llenan alcarrazas finas 

De agua en Puerta-Cerrada, y de Toledo 
En la calle, San Juan y Cuatro Esquinas. 

Suplid, señores, que olvidar no puedo 
De Atocha la ancha estrada, v la pequeña 
Calle del Niño, en que vivió Quevedo (58) ; 

Ni la oculta plazuela (59), cuya leña 
Allí trajeron mil carreterías. 
Como el nombre en la calle nos lo enseña. 

Los comuneros, en turbados dias 
Por aquí vieron de la villa el foso 
Contra la rebelión y tropelías. 

Después siguiendo el Meinpo belicoso 
El gremio la ocupó de broqueleros (60) : 
Ya no usamos adorno tan honroso. 

Las madres, que habitando en los cruceros. 
De la Puerta del Sol ven el gentío, 



(i7) Fué de Vlcálraro. 

(48) Red de San Luis. Uamábanse red los parsjes on que so Tendía el 
pan y otros géneros, por estar dentro da rejas do hierro, como ea el peso 
real : a»t se decia red de las Velas el despacho de ellas Junto al Rastro. 

(49) Calle de Alcalá,' antiguamente olirares. 

(80) Aquí ruaban en tiempo de Enrique IV como ahora en el Prado. 

(51) F.1 conrento do San Joróninso , que remando el Catdlico traslada 
adonde boy está. 

(Si) Calles de estos nombres. 

(53) El Ueotidero se llamaba en Madrid una plasoletaqne habla con ár- 
boles en la que es ahora la entrada de la calle del León, entre esta y la de 
Ibs Huertas. 

(51) De las Damas y Primarera, que estaba junto al campillo de Manae- 
la, adonde acudían á divertirse, como ahora en Chamberí. 

(55) Los Fúcares fueron dos célebres hermanos contratistas en tiempo 
do Carlos II. Los flrancos formaban hairiadas aparte en muchas ciudades 
de Espaúa, como Sevilla, Madrid, Valladolid etc. 

(5C) La Abada era un animal monstruoso traído del Brasil por unos 
portugueses, que la rnseflaban en la calle á que dié nombre. 

(57) San Miguel de los Octoes d ocho hermanos. 

(58) Knft^nte de la callo del Niflo vivié Lopo de Vega , y Cerrantes en 
la esquina de la del León. Pudiera haberse dado á esta el nombre de 
Cervantes, do Lope á la de Francos y de Quevedo á la del NiAo, recor- 
dando asi la memoria de loa primeros ingenios espafloles que viTleron 4 
distancia «le muy pocos pasos. 

(59) Plasucla do la Lefia y calle de Carretas. 

(60) Los hhricantes de broqueles vivían en la calle de las Carretas ain 
en tiempo do Carlos II. 



30 OnUAS 1)K MOUATIN 

EslruoDílo 7 confusión de forasteros, 

Ño dejaron criar ii su albedno 
Sus hijas, ()ue en labores diverti<las 
Hoy de aspirar al premio tienen brío. 

Ño seréis en mis versos omitidns 
Las (|ue de Santa Cniz en clara fuente 
Laváis manos en lana entretenidas. 

Hubo aquí gran laguna antiguamente 
De Lujan, del vicaríi) aquí la audiencia. 
Hoy la torre sol^erbia y eminente. 

Del alto Capitel, y lá emineneia 
Se ven llegar las niñas, sin castigo. 
Se admira sin los anos la pnideneia. 

Desde el piadoso (61) alliergiie del mendi^'o 
Al altillo de Losa (62), y hasta donde 
Gil Imon (65) de la Mola abrió inistigo. 

Y en fin, la muchedumbre (|ue se esconde 
En esta regia Babilonia hispana 
Al superior influjo corresponde. 

El blando lino, la preciosa lana, 
Que al refino Melendex (6-4) fué tarea, 

Y en Segó vía amarró (6o) la flota indiana ; 
La hebra que al espadar mas hermosea 

Dada al desgargolar de los viciosos 
Cañamares, que huelen á ajedrea ; 

Fueron los materiales : con ansiosos 
Impulsos una y otra lo arrebata. 
Pone el copo con actos bulliciosos. 

La seña espera á su deseo grata, 

Y en sendos tomos, (pie en la sala había 
E) ímpetu de todas se desata. 

Allí se ve el afán y la porfía , 
La noble emulación, y volteando 
Los rodetes sonar con armonía. 

La mano, el pié, la vista, el dedo blando. 
El brazo, el pecho casto y anhelante, 
Sin tregua ni descanso trabajando , 

Cual enjambre de abejas siisurranle 
Que en la fuente (66) Locaya á las riberas 
Del Arlas (67) liba el toronjil fragante. 

No hay doncella laconia a quien pudieras 
Comparar su virtud, hilando lana. 
Que en púrpura dos veces la tlñeras. 

Asi serian en la edad anciana 
Del buen Garcian (68) Ramírez ambas hijas, 
Que amparó la de Atocha soberana. 

Ellas insisten al trabajo fijas 
Con tesón incansable porfiado, 
Acusando las horas de prolijas. 

Quien al brazo español ha sindicado 
De lento, admire y su opinión desmienta, 
O á otra causa lo achaque, si ha acertado : 

Que ya mi tropa femenil contenta 
Dio Un á la carrera comenzada, 
E intrépida, aunque honesta, se presenta. 

De amantes curadores escoltada 
Viene con su labor por la corona 
Tan dignamente en tal edad ganada. 

De la ancha plaza el término aliandona, 
De doña Nuda el Pozo (69) atWis dejando, 
Que de Isidro los méritos pregona. 

El gremio virginal camina entrando 
Ya por la puerta de Guadalfajara 
Por do entró Alfonso (70) á bollar el moro bando. 

No fué mayor la grita v algazara. 
Cuando á su rey sin'iondo generoso. 
Entró á alzar el pendón en su almenara. 



(01) El retí Hotpklo. 

(M) Estaba fuera del portillo 6 puena de la Vega. Esta era en lo anli- 
f uo la de Srgovia, y la llanada ahora de Sagovia era la de la Vega por tu 
»-<li(la 1 ella. 

(65.1 Fiscal del consejo, y después presidente de hacienda. 

(64i PaAo refino de Éelendez, Insigne fabricante antiguo de Segoiia. 

(ful La flo:a esperaba hasta que SrgoTÍa enviaba «us paAos. 

ifiA) Puente Locaya, en la Alcarria, Junti> i Pastrana. 

(r>7> Arlas, riachuelo que entra eu el Tajo. 

(68) Caudillo de Madrid en tiempo de moros. Esto alude á una fábula 
inrentada por los fb'iadorM de los falsos cronicones. 

(09) Nuda ú MuUa, lo mismo que Onofra. En la calle Maynr, portal de 
San Isidro, por haber hecho el santo allí un poio en los portales que se 
derribaron en IMI. 

(70) Alfonso IV ganó á Vadrid por la puerU dt Guad^lajara. aflo de tON3. 



(D. MC01.AS). 

Y ;i ser primer alcaide {1\\ valeroso 
(k>i) I>abieca y Tizona relumbrante 
1todrii;o de Vivar el vicloríoto. 

L:i hermosura pu(>ril sigue adelante. 
La preciosa arte de la platería 
La rinde al paso el oro y el diamante. 

Llegan al atiio, en que (Tá) se reunía 
El reino en coiles, y .se amenazaba 
Al bárbaro poder de Andalucía. 

Torro ijój (|ue vio la majestad esclava 
Dejan, ¡ ó patria ! y suben al asiento 
Donde el concurso ainptisimo esperaba. 

Ostentase el magiiilico aposento 
En el Alcázar (7 i) de Madnd la Ursaría, 
Qiie terrones (73) de luí'go es su cimiento. 

La urt]uitectura v comr>ostura varía, 

Y el real follaje del dosel au^^usto 
Del que es noche y aurora triimtaría; 

Todo respira amor, respeto justo : 
A<]ui está el {Kilriotismo entronizado 
Sobre el ocio vilísimo v adusto. 

A(iui están las viitudes, el sagrado 
Templo aquí tienen, y la envidia calle, 
De proceres insignes frecuentado. 

La Musa el nombre en claro verso entalle 
Del (7G) que dirige en la immera silla 
Con guirnaldas de lirios de su valle: 

Del pretor (77) justo de la imperial villa, 
Del poiitítice (7K) ilustre tol(*dano, 

Y el gran (7i)) jurisconsulto de Castilla. 
Todos adniinm de la tierna roano 

Primores increíbles, todos sienten 

Que es corto premio aun el tesoro indiano. 

Ellas que el ocio é inten^s desmienten, 
Sf)lo de honor el noble pecho lleno, 
Ni otra palabra articular consienten. 

A({ui la aclamación, roto ya el freno. 
Retumbó por las bóvedas zuml)ando, 

Y el ruido estiende 6 imitación del trueno. 
Si es licito decirlo, como cuando 

Al prado baja la di\ina Luisa (80) 
Con las gracias en tomo revolando : 

Que el pueblo denso con amante prisa 
Corre ; ni el gran tropel de los ardientes 
Caballos rom|>e la lealtad sumisa. 

Alzan alegre voz todas las gentes, 
Las subterráneas minas escncharon 
Los ecos de clarines diferentes. 

Timbales v plateles resonaron 
De música albanesa, que en Sicilia 
Los valientes (81) de Alcántara ganaron. 

Que así aplaude la hispánica familia 
A su princesa, que con real belleza 
Los ánimos de todos se condUa. 

Y ella en carroza de oriental riqueza 
Va estimando finezas tan estrnñas 
Con tanta majestad, y tal grandeza, 

Cuanta infunde esperar de sus eotrafias 
Un maguí neo príncipe heredero 
De dos mundos, dos Indias, dos Españas. 

No es menor el aplauso verdadero 
De la sociedad regia, que ha amparado 
El que fué entre los Carlos el tercero. 

¡Sacro Señor! habiendo pronunciado 
Tan portentoso nombre, ¿(juién pudiera 
No ser de humilde amor arrebatado? 

El respeto perdone : la alta esfera 



(7t) El Cid fué primer alcalde de Madrid. 
(7C) En la lonja que habla delanle de la iglesia de San Salradi 
lebrarüu tortas. 

(73) En la rasa de los Lujanes, donde estUTO Francisco I. 

(74) Ca«a« de ayuntamiento de la Villa. 

(75) Por lundarse sobre pedernal. 

(7G) El mar>|nés de Valdolirius, director. 

(77.1 Don Ji'se Antonio di* Annuna, ruireKíderde Madrid. 

(7f(; K! Sr. Lorvnxana, ariobis|io de Toledo. 

(70) (liiiniiuniunps. 

(Hit) La piimena de Asturias dofia María Lnist, mnjer del | 
ilcspiiPA rey ilv Eipafla, linn Carlos IV, !■ cual pi»r sus bellM ■ 
esmerada Jnsirurrion recibida en Parma, se grai^eó entre kti ei 
gran impularidad que desgrariadamente perdió después. 

(Kli Kl regimiento de cahallerlt de AlcénUra, I quitn wagn 
Brabante. 



poesías. 



SI 



Resoena con aplausos repetidos 
Del paeblo que por numen os venera. 

El Dios de los ejércitos, crecidos 
Premios dé al celo y religión constante, 
Dignamente por ella merecidos. 

Eche su bendición, que al Orco espante 
Sobre vuestras fortisimas legiones , 
Y poderosa armada fulminante. 

V, ó ninfas inocentes, oblaciones 
Al cielo dirigid, por quien merece 
Ser dueño universal de las naciones. 

Agradecedle el premio que os ofrece. 
Ya veis lo que es virtud, y su alto vuelo 
Hasta dónde arrebata y engrandece. 

Ya veis : por ella elo^o á vuestro anhelo : 
Sin ella, ¿cuándo fuerais en tal dia 
Con versos levantadas hasta el cielo? 

No desmayéis, <tue ya la musa mia 
Dulces epitalamios os empieza, 
Pues sigue á tal afán easta alegría. 

Ya no cantaré mas el aspereza, 
La rou fe, é ingratitud horrible 
De una inconstante y bárbara belleza : 

Sino el valor y aplicación plausible 
De vuestro pensamiento generoso, 
Y vuestra educación irreprehensible. 

Dichoso el tiempo que aplicáis, dichoso 
Al que le deis la nunca ociosa mano ' 
Con el nombre amantisimo de esposo. 

Mayor felicidad al reino hispano 
Dará vuestra labor, que la que pende 
De la instabilidad del Océano (8^). 

Y pues la patria á vuestro premio atiende. 
Trabajad, levantando al alto cielo 
Súplica humilde, que los aires hiende. 

Pedid que de esta patria el santo celo 
Se logre pronto, y oue con pompa altiva 
La paz anrme por el ancho suelo. 

Sus amas tnonfen, y que Carlos viva. 



SÁTIRAS. 



Satirica la Masa castellana, 
Al tiempo que riéndose la Aurora 
El oriente pintó con oro y grana, 

Se me ofreció á la mente : á aquella hora 
Bajaba á los antipodas huyendo 
La noche de pesares causadora. 

Entonces en el lecho revolviendo 
El cuerpo, de estar quieto ya cansado, 
A sueño mas gustoso me encomiendo; 

Porque el sentido apenas embargado 
Fué en dolces suspensiones de Morfeo, 
La musa imaginé ver á mi lado. 

Era la bella ninfa, á lo que creo. 
Tan estraño portento de hermosura, 
Que aun no ta juzgó tanto mi deseo. 

De sos Cándidos miembros la blancura, 
La riqueza pomposa del vestido 
Bizarro con airosa compostura, 

Me dejaron del todo persuadido, 
Que no es tosca la sátira, ni fea. 
Si su influjo á buen fin va dirigido. 

La mirra de Geilán, y la orontéa 
Sos dorados cabellos exhalaban, 
Que presumen vencer la luz febea; 

Por la espalda brillando la ondeaban 
Oon alarde bermosisimo y prolijo, 



(at Cao de lo« mayorM beneSHot que obtuvo Eipafta del reformador 
finUo de Carlos III, fué «I «aUblecimlento de las sociedades llamadas 
^ifri4tieaa 6 econÓBicas de amigos del pait, sobre la baae en que el 
Mdc d« Prflaflorlda fandó en Vergara la vascoof ada en el aAo de 1765. 
■watia ftié ono de toa primeros socios de la de Madrid, contribuyendo 
i >M saladablea Inea de aa lastitolo, no solo con sus elogios poéticos que 
Ma ta sni jonUt genernlM » afno también con otroe trabajos de no leve 
I ca el Mno de la sociedad. (Véase so Tida.) 



Y el cuello ebúrneo de oro perfilaban. 
Al fin en mi poniendo el rostro fijo , 

Voz sonora, dulcisima y divina, 
Por boca de coral sacó, y me dijo : 

Pues ¿ cómo tu pereza asi imagina 
Ceñirte del laurel gloriosamente. 
Que á tus sienes elcielo le destina? 

No el premio se consigue ociosamente. 
Ni Apolo con el árbol ha adornado 
De Dafne infiel la no cansada frente. 

El furor que en tu pecho ha derramado 
Fué para que solicito en su enmienda 
Fuese al mundo por ti comunicado. 

Y asi de otra manera nadie entienda , 
Que asiento ha de lograr en el Parnaso, 
Por mas (jue con dineros lo pretenda. 

1,3 dádiva del cielo no fué acaso; 

Y pues fecmididad te ha concedido 

De numen, aunque humilde, nada escaso, 
Tu aliento vuele ya mas atrevido , 

Y á tu patria, del vicio infiel morada, 
Amedrenla con cínico ladrido. 

Pues no bastó la cómica jomada. 
Ni el calzarte el coturno sofocléo. 
Para que la virtud fuese estimada. 

Ejecuta los fueros de tu empleo. 
Pinta de la maldad, que la sujeta, 
Lo infame, lo ridiculo y lo feo. 

Que estas son del dignísimo poeta 
Justas ocupaciones, y su verso 
Reduce la república á perfeta. , 

Solo para enseñar al universo 
Con dulzura, á él el cielo os ha enviado , 
Terror del ignorante y el perverso. 

Ni temas contra el vicio ser osado; 
Porque yo en nombre suyo te aseguro 
La noble protección del magistrado. 

Vuelve los ojos, vuelve al patrio muro, 
Verásie en mil errores sumergido, 
De los cuales sacarle yo procuro. 

¿No adviertes entre el tráfago y ruido. 
Que la hispana metrópoli alborota. 
El noble y el plebeyo confundido ? 

¿No ves que la verdad está remota, 
Porque de tus patricios la enajena 
La envidia que veneno infernal brota? 

¿No adviertes cómo audaz se desenfrena 
La juventud de España corrompida 
De Calderón por la fecunda vena? 

¿No ves á la virtud siempre oprimida 
Por su musa en el cómico teatro, 

Y la maldad premiada y aplaudida, 

Y desde el Tajo aurífero hasU el Batro, 
Está vuestra nación desestimada, 
Porque así lo quisieron tres ó cuatro? 

¿^fo ves el arte cómica ignorada, 

Y si la acción empieza en Filipinas, 
En Lima ó en Jetafe es acabada? 

¿No ves, no ves salir de las cortinas 
Cosas que ni en el mundo han sucedido , 
Ni pueden, si con juicio lo examinas? 

¿ No ves cuál ignorancia ha ya cundido , 

Y que con desvergüenza ya penetra 
Aun lo mas reservado y escondido? 

¿No ves que el no sal>er, ni aun una letra y 
En las clamas es hoy lo que mantiene 
El aire y presunción de petimetra, 

Y en su conversación á cuento viene 
Solo el corsé, la bata ó la basquina. 
Que la amiga prestada ó propia tiene? 

¿ No ves (fue no hay quien su desorden riña , 
Por no desazonar, como ellos dicen , 
Los chistosos gracejos de la niña? 

¿Que aguantan que su cuerpo martiricen 
La cotilla, el zapato, el sofocante. 
Hasta que de apretados se destricen? 

¿ No ves que el que se precia de su amante 
Por méritos alega monerías. 
Para que en sus favores adelante ? 

Esceden en suspiros á Macias, 
Hacen vil profesión de lisopjeros, 

Y asi pasan las noches y los dias. 



32 OimAS DE MORAUN 

Y aquellos que se precian do mas tients 
Y valienlcs, protcnüea por vilezas 
El líiuln (le fiicrles y Kui^rreros. 

V'lmt'nlo cnciMin^^ados vn lorpozas 
Frociiriilan las zahunhis, (jU(í oyen solo 
SacriU'ííios , blasfemias é impurezas. 

No solicitan ver el olw polo, 
Ni del indio los climas apartados 
Dehaj(t de los tnSpicas de Apolo. 

Ni tampoco á l(»s libros dedicados 
Ruscan la heroicidad que las historias 
Publican del valor de sus pasados. 

Pues sifMido estas verdades tan notorias, 
El estenderlas ¿cómo no a tu verso 
Dará contra los pedidos vicioiiüs? 

Veráse aver^^onzar todo perverso 
Al escuchar patentes sus m.dd;nles 
Por tu numen en todo el universo. 

Estas son propiamente heroicidades : 
Rendir los indomables corazones, 
Como rendir batallas y ciudades. 

No te escuses con tímidas razones, 
Joven incauto, que si me obedeces 
Haré que con laureles te corónos. 

Asi dijo la Musa : yo mil veces 
La quise replicar ; pero escondióse 
Del sueño en las Guívidas lobregueces. 

Y viendo que no es fácil (¡ue yo ose 
Resistirla, á su mando me someto : 
Satírico mi numen inOaroóse 
Contra el vicio; oías no contra el siúeto. 



¿En este siglo, Fabio, imaginabas 
Hallar el lustre y esplendor antiguo, 
Que en los doctos varones admirakis? 

¿Juzgabas cnie tuviesen ahora abrigo 
Las obras de los Ínclitos autores. 
Que celebraste alguna vez conmigo? 

De todas ciencias sabios profesores 
Lograron suspemler el universo. 
Desde el pastor idiota á los doctores. 

Ahora esiá, Fabio, todo tan diverso, 
Que solo por ser bueno desagrada 
Prosa elegante ó sentencioso verso. 

Dispula el labrador sobre la armada ; 
Juzga el soldado, porque fué su vida 
Solo en vonfler cigarros empleada , 

Que puede gobernar la esclarecida 
Ibera monarquía, que ha dejado 
El cielo al gnnde Carlos sometida. 

El mercader, que esta desocupado, 
Desde su mostrador con magisttirío 
El consejo gobierna y el estado ; 

Pone severa ley arministerio, 

Y trata con despego y sin caricia 

A los hombres mas grandes del imperio. 

Todo es, Fabio , soberbia é impericia. 
Nadie (|uiere bajarse á aquel que sabe , 
Que lo tiene por mengua su malicia, 

Reina en el siglo mas maldad, sí cabe. 
Que lloró Roma en tiempo del lascivo. 
Digno Me (|ue la fama no le alabe. 

A todo lu ignorancia da motivo, 

Y á aipiel que entre unos y otros mas disputa, 
Le juzgan digno del laurel t olivo. 

Aplauden la comedia disoluta, 
Que mas se estiende en aprobar el vicio, 

Y hace amable la vida resoluta. * 

Mas la que enlaza el cómico artifício, 

Y aplaude las virtudes, reprendiendo 
Los yerros, que nos sirven de nerjuicío; 

En <iue castiga al áspero y horrendo 
Traidor, ó al alevoso fementido 
Con suplicio cruel «u error tremendo; 

O vitupera al falso y atrevido 
Aniant<* engañador, y premia en ella 
Al virti'ioso, al cuerdo y comedido; 

No solo n ) .se ailmite, se atropella. 
Se desprecia, hq infama, y aim acaso 



(d. mcolas). 

Contra el autor se forma una querella. 

¡Oh triste! ¡Oh triste, ó lamentable caso. 
Que á la virtud triunfante y gloriosa. 
La han de cerrar en toda parte el paso! 

¿Qué mas imaginara la ambiciosa 
Libertad de Aristipo, que fundaba 
En debates la gloria venturosa? 

¿Qué mas se vio en el tiempo que reinalu 
La barbaridad fiera, que el pagano 
Pueblo giMitil feroz represen t:d)a ? 

Daba muerte cruel vi(denta mano 
Al que supone con acción Ungida 
Ser él el delincuente ó v\ tinino. 

No hay tan liera maldad, ni aborrecida. 
Que les causase horror, y vivamente 
Se miró en el teatro repetida. 

'I ealro fué de vicios claramente, 
X se gloriaban todos, y gozosos 
Del peligro se holgaban inminente. 

No se ven ya delitos tan odiosos 
En las tablas, verídicos, ni horribles, 
Espectáculos íorpes, sánanosos. 

P0ro se ven premiadas msufríbles 
Maldades, latrocinios y horrorosas 
Acciones, dignas de un furor terrible. 

Pintanse en ellas con las primorosas 
Frases que Demostenes ha ignorado , 
Falsas á las virtudes mas hermosas. 

Con retóricas voces esplicado 
Disimulan el vicio apetecido, 

Y hacen amable aun el mayor pecado : 
Lo doran con Um vivo colorido. 

Que pervierten sus voces á la honesta 
Doncella, y al mancebo inadvertido. 

Mas ¿(pié admira maldad tao manifiesta. 
Si en España no tienen mayor arte. 
Que la imaginación roas descompuesta? 

Arrima los preceptos á una parte 
Quien pretende escribir una comedia, 

Y en tres jornadas ó actos la reparte. 
Finge ser el piincipio en Nicomedia; 

Y acabando el sucé.so en Barcelona , 
En Filipinas ó en Tetuan la media. 

Una fábula inventa fanfarrona , 
En que agradando al público profono. 
La moral instrucción v arle abandona. 

Hace al galán soberbio é inhumano, 
E:ipadachin , sofistico, embustero. 
Jugador, jurador, falso ó liviano. 

No le falla un amigo y compañero, 
Que agregados los dos, a cuchilladas. 
Se burlan del alcalde mas severo; 

Persiguen las doncellas y casadas 
Con escándalo horrible, profanando 
Las casas mas honestas y guardadas. 

Pone un tercero y cuarto de otro bando, 
Opuestos á los dos antecedentes. 
Con quien se andan continuo acuchillando. 

El barba es de los viejos mas Talienles, 
En las leyes del duelo ejercitado. 
Ejemplo de los hombres imprudentes. 

En lugar de ser cuerdo, es arriscado. 
Que ensena á los mozuelos con afrenta, 
No la virtud, el duelo endemoniado. 

Bajo un honesto velo representa 
Una dama gallarda y soberana, 
Que hasta del amor casto vive exenta; 

Y luego se descubre mas profana. 
Mas des(>n vuelta y mas provocadora 
Que la lasciva emperatriz romana; 

Mas que la incasta reedifícadora 
De los muros de Tcbas, y que aquellas 
Rameras torpes Lamía, tais y Flora. 

¡ Qué honesto ejeuqilo para las doncellas. 
Que dóciles é incautas asistiendo. 
Les dan motivo de seguir sus huellas ! 

¡ Qué consejos les da el estar oyendo 
Premiados como gracia esclarecida 
Su desenvuelto proceder horrendo ! 

Ve allí h libertad apetecida 
La mas honesta dama y.recatada , 

Y aplaudirse la infame y libre vida. 



poesías. 



55 



IV. Sobre la fama de los poetas. 

(Traducción de Marcial) (1). 

¿Qué será, qae á los titos es negada 
La fama, y raras Teces los lectores 
iozgaroo á su edad aTeDlajada? 

Estos son de la enTídia los rencores. 
Que siempre despreciando á los presentes, 
k'ifMisa que los antiguos son mejores. 

Búscanse asi las sombras delincuentes 
r>e Pompeyo ; asi buscan loi ancianos 
Di* Catuio los templos indecentes. 

Enio es leído (R^>ma, los mantuanos 
Yers<»r te salTo), y del divino Homero 
£ii su siglo buríiibanse Tillaiios. 

Poco aplaudió el teatro al placentero 
Memiiidro, y de Nason Corina sola 
Conoció en vida el numen hechicero. 

Y asi , tú , ó Musa lírica española, 
Suspéndete ; porque si solameiile 
Lu fama con la muerte se acrisola, 
No presumas que ser famoso intente. 



ODAS. 



I. (Traduecion Ue Horacio) (2). 

Llb. 1.% Od. M. 

El de la Tída, Fiisco, religiosa 
Ni dardos usa» ni moriscos arcos, 
Ni de la aljaba llena de saetas 
' Envenenadas ; 
O por las sirtes calidas camine, 
O por el alio Caucaso desierto, 
O por la tierra, donde fabuloso 
Corre el Hidaspe. 
Mientras inerme la sabina selva 
Cmxo cantando á Lálaje; distante 
Ya de mi quinta, de mi vista uu lobo 
Fiero se aparta. 
Monstruo que nunca Daunia belicosa ^ 
Vio mas terrible en dilatados bosques. 
Ni Mauritania de leones bravos 
Árida madre. 



(i; MarüaliM, üh. t, eplg. x. 

kD REGCLUM DE FAMA POETARÜM. 

Esie qaid hoc dicam , vivit qood fama pegauír , 
Eisaa quoü rarat temporc lector aniai? 

Hl sanl invidic niniirum. Regule, mores 
Piatrerat aaUqiioa tetann ut Illa novia. 

Sic Tclerum ingraü Pompeií qu»riiiiu« umbram ; 
Sic laudant CatoDI ▼tila templa senes. 

Enaius est lectus, salvo Ubi, Roma, Marone; 
£t toa riscrunt aséenla Moeonidem; 

Rara coronal* plausere thealra Henandro ; 
Norat !«asonem sola Corinna sonm. 

Vos lamen, ó aostii, na festínale libelli; 
Si pott faU venit gloria, non propero. 

{i} Borathu, IH». i, ode nii. 

Integer vltse acelerisque poras 
Non eget mauri Jat-ulis, nee arcu. 
Nec veneaatis grávida sagitUs, 
Pnsct, pbaretra: 
Slve per syrtes iter sestuosas, 
Sive faclnras per 1 nbospitalem 
CaucaKum, vel quai loca fabulosos 
Lambit Uyilasprs. 
Namque me silva lupus In sabíAa, 
Dom meam canto Lalagen, et ultra 
Terminum rurís vagor expedilus , 
Fugit inerroem. 
Qaale portenttanf, oeque miliiaris 
Daunia in latís alit «scuteatis, 
Kec JttbSB lellus general leonum 
Árida nutrix. 
Pona me, pigris ubi nulla campis 
Arbor sesüva rccreatur aura ; 
Qood lalus mundi nebulse, malusqire 
Júpiter urget : 
Pone sab eurrn nimiom propinqui 
Solis In térra domibns negata : 
Dulce ridcntem Lalagen amabo 
Dnlc« loqncnlem. 



Ponq^ en los campos frígidos, adonde 
Ninguna planta goaa el aura estiva, 
Término al mundo, que la niebla y vientos 
Sufre malignos. 
Ponme debajo del vecino carro 
Del sol, en tierra de habitar negada ; 
Serás mi amada, ¡ oh Lálaje ! que dulce 
Cantas y ries. 



11. La poesía inmortaliza á la hermosura. 

Dorisa, el dulce verso armonioso. 
Por Apolo dictado, 

A lüs que enciende con sa;?rados fuegos 
Ciego Cupido el corazón amante. 
No solo obliga á amar ¿ los presentes 
La hermosura por.ellos ensalzada; 
Pero a los no nacidos. • 

Del músico del Ponto el abundoso 
Numen nos ha mostrado 
Cuan grata fué (^orina en dulces juegos. 
Hoy enamora Cintia, y la inconstante 
Lesbia, cantada en versos elocuentes. 
Némesis y Licoris celebrada , 
Cautivan los sentidos. 

*Quien oye atento el son tierno, amoroso, 
Del cisne laureado, 
Quisiera ver la causa á tales ruegos, 

Y al mirar que su mérito levante 
Con ^acias no comunes á las gentes. 
La ninfa de la Sorga es adorada 
Por siglos repetidos. 

Esto mismo, con verso numeroso. 
Intento enamorado, 

Y celebrar de mis errores ciegos 

La causa bella : que en la edad distante 
Tus prendas se conozcan escelentes. 
Dama gentil, y vivas admirada 
Con aplausos debidos. 



III. horUa ausente. 

En fin, Dorísa, en fin, \ que te partiste 
De mi presencia, y aun me tiene vivo 
La angustia del terrible sentimiento , 
Cuando el fiero dolor que ^o recibo, 
En el cuitado corazón y triste, 
Descanso no me da por un momento ! 
¡ Oh bárbaro tormento ! 
¡ Oh rigurosa ausencia ! 
Cuya dura violencia, 
Aunque de mil temores prevenida. 
Es mucho mas de lo que fué temida ; 

Y aun mi pasión desesperada siente 
Que no acabe^mi vida, 

La vida odiosa, que aborrezco ausente. 

Con tanto afán y tanto desconsuelo 
Paso las horas y molestos dias, 

Y las noches larguísimas velando ; 
El llamo baña las mejillas mías; 
Tiene mi queja importunado al cielo, 

Y cnfádanse los hombres escuchando 
Mi triste ücento. ¿Cuándo 

Vendrá señora mia, 

El suspirado dia. 

En que á mis ojos tu belleza pura 

Los colme de placeres y ventura, 

Y yo, admirando tu gentil presencia, 
Te logre ya segura, 

Sin mas peligro de temer ausencia ? 
Jamas tórtola amante y lastimada. 
En los opacos olmos y fresnedas. 
Llora al consorte que robó la muerte 
Con mas gemidos que estas arboledas 
Oyen de mi voz ronca, fatigada, 

Y en invocarte cada vez mas fuerte. 

Y de la misma suerte 
Me deja el sol partiendo. 



Zi 



ODRAS DE MORATIN 



Si medito estas cosas un.i h una , 
¿Por qué no he de dar yo mi amMn<'tida 
A i)rol>urcon \o% oíros mi fnrtiina? 

Su cisn ^ nadie lo es m:is cimocjda 
Que á mí de Cobadonga las montanas , 
Donde fu(^ la morísm:i rebatida. 

La historia sé muy liien de las Espafias , 

Y tamhiiMi los apócfifos uuldres. 
Que lo fueron de enredos y patrañas ; 

Pero n » están de suerte lt)S liumorcs, 
Que pUí»dn prometerme aJi^tm aprefit) , 
Si me remonto a empresas superiores; 

Poítpie Á(]ué hombre <le bien, aunque mas ucr 
Si espribir, no h:ira salinis ahoia , 
F'ersii^uirndo á Ims vícjí.s am der.prerio? 

Pues ¿cuándo la coseclia dañadora 
De este género fué tan abundante 
Como la de esta eíhnl, que el cuerdo llora? 

¿Quién sufrirá Ter ir tan relumbrante 
Lleno del barrigón de Celestino, 
Su forlón , que á cubrirle aun no es bastante ? 

^o bien me acuerdo cuando a Madiid vino 
Vestido do sayal, acompañado 
Con los mozos que pesan el tocino 

Canales en mi casa ha deslazado, 

Y ya cuando me ve , si es que me uilra , 
Aun no me corresponde saludado. 

¿A (piién no ba de encender en morlai ira 
Tal caterva de críticos , (pie al templo 
De la sapiencia impunemente tira? 

Con indignada admiración contemplo 
Tanl'j herir y enseñar con su censura , 

Y no dar una muestra para ejemplo. 
Soy la mas desgraciada criatura 

Que se halla desde Antartico á Calisto, 

Y menos de los críticos segura. 

Yo estuviera de todos muy bien quisto , 
Si solamente criticado hubiera , 

Y mis dramas ninguoo hubiese visto. 

Lo (¡ue hacen estos guapos , yo lo hiciera, 
Tirar stibre seguro , sin recelo 
De que nadie á mis obras rebatiera. 

Muchos me encaramaran hasta el cielo. 
Como hacen con otros criticones. 
Que traen á Calderón al redbpelo ; 

Pero sin atender á mis razones , 
Al instante que ves que yo censuro, 
Las gafas, ó causídico , te pones : 

Y en lugar de mirar lo que procuro 
Decir cuando al teatro desengaño. 
Mis escenas convocas á conjuro. 

Y en hallando un defecto (no lo esfraño, 
Que yo mmca negué que soy falible , 
Espuesto á la ignorancia y al engaño). 

Con algazara y jiibilo terrible 
Muestias a tus amigos y criados 
Los i'irores del crll ico inflexible. 

¡Oh mucha« veces bienaventurados 
Los f|ne disparáis tiros a metralla , 
Oi'tras de la trinchera agazapados ! 

Sin riesgo veis de lejos la batalla. 
Enseñáis desde el puerto al na^-egante, 

Y los t<»ros herís desde la valla. 
Pero, por (in, pasemos adelante. 

Veremos otras causas que yo tengo 
Para que escriba en sátira picanti». 
Contra tí, que nos cuenUiS tu abolengo, 

Y de tus aseendíentes degiMionis, 
Ya duro azote rígido prevengo. 

Y vosolnis, mnjen\s embusteras. 
Frágiles, sin razón . antojadizas, 
Presunu'das , ingi-atas y parleras , 

Ya xercis mis enojos y ojerizas: 
He de hacer á los liondires manifiesta 
Vue>(r.) vida y eoslundtres eidermízas. 

No hablo dé la prudente ni la b;)n(>sta: 
Si acuso alguna honcsla h:ty v pruder.le, 
.Mi musa a honrar su uiérit-.i se presta. 

Ni se ciimo en d lainido se con^^iente, 
Que un ciudadano tenga cien niiiioncs, 

Y hambrienta perecer la pibre giMile. 
Llegaron a hu colmo las traiciones , 



(n. M ,ol,\5). 

.MareJit en malíincs y bardajcs 
Abrió franca la entrada k las naciones. 
Las modas volanderas de los trajes. 
Traer al cuello u¡i |)atriinonio entero, 

Y en el dedo esiueraldas y balajes; 

Y (|U" esté sin pagar elcocinero. 
Rabiando el merca(ler, deses|)erado 
C(Mi cu^Milas atrasadas el platero : 

Esto silo es ser noble y s<?r honrado. 
Hacer (pie de las trampas el importe 
Al [iríneip.d esceda del estado. 

¡ Qué cosa es ver andar |K)r e5a corte 
Vago lili robu»iio y áspero niRüchego, 
Vei liiendi.) nieilias sin di slino ú norte, 

(ii itar su horreinla \oz anis y espliego, 
A pi>>ar (hrl fusil y su libranza, 

Y cantar malas coplas tanto ciego! 
¿Cuanto atrasa ai oslado la tardanza 

Mecánica de mil olieíalillos. 

Que se |»resumen dignos de alabanza? 

Seis años escolar de canastillos 
Está apnmdiendo á hacerlos Epitacio, 

Y otro tanto el que amuela los cuchillos. 
Si vilmente no fueran Um despacio. 

De artitic(>s la corte abundaría, 

Y holgaran las solanas de palacio. 

La dama qu(; al galán entRido había. 
Si el manilo impensadamente llega. 
La alborotada sangre se le enfria; 

Y toda de pavor tréumla v ciega 
Al ti(?rno y perfumado caballero 

Va corriendo , y le esconde en la Y gno? 

El critico pedante y palabrero. 
Que censure sin jugo ni sustancia. 
Preciado de farsante y vocinglero : 

De los hombres enVín la estravagancia 
La diversión, los gustos, el halago, 
Los vicios, el temor y la ignorancia, 

Y á todo cuanto hicieren daré el pago . 
Pues todas sus ridiculas acciones 

Serán de mis librillos el fairago. 

Mas ya advierto, que rígido te pones, 
Descouíiando tú de mi talento, 
E intentas disuadirme con razones : 

Que para la alta hazaña que yo int(»nto 
Dices no bastaran mis fuerzas solas. 
Ni aun(]ue me acompañaran otros ciento 

Las satíricas musas españolas 
De Rodrigo de Cota y Castillejo, 

Y de los dos herman(^s Argensolas, 
Añades, (¡ue con II ero sobrec(»jo 

Los vicios atacaron tan dichosas 
Qu(» no merezco entrar en su cotejo, 

Y que ocupado en mas útiles cosas. 
Mas dignam(>nte el tiempo gastaría, 
(^mtaiid > nuestras armas victoriosas. 

Qu(^ al campeón de Vivar cantar podía , 
O a nuestro tinéas el feíoz Pelayo, 
Que fundo la española monarquía. 

i) al manc<*bo del Carpió, que fué rayo 
En los valles del bronco Pirineo, 
Cau-^ando a un grande ejército desmayo : 

M is yo correspondiera á tu deseo, * 

Y horrorizara C(»ii guerrera trompa. 

Si a nuestra edad no viese cual la tpo. 

No es bien, (jue el eco sonoroso rompa 
Con e^ pan I o- o estruendo ariiiisonante , 
Con regia majestad. C(m alta pompa. 

Poiíjiie oístaiido hoy el vicio tan pujante 
N') es i.ieil e.scribir, sino que sea 
S.i'ira avinagrada \ monlicante: 

Y .siendo cínilrael vicio 1:. pelea, 

Y no cr ritra el smícIo, aunque vicioso. 
No tiene que enojarse el que me lea, 
P:):(pie no le imn^nnc sospechoso. 



» OBRAS DE MOR.\TIN(d. 

Y me encuentra ? oWieniio, 
Amortecido del dolor pasado : 
Habiendo, en larga noche derramado 
Lágrimas tristes. Que al tormento mío 
El sueño le es negado. 
Ni á mi se acerca silencioso y pió. 

Pero es mayor mi pena, cuando veo 
El oro relumbrar de tus balcones, 
Con la serena luz del uuovo día. 
j Ay tristes ojos, llenos do aflicciones. 
Cuántas veces os alza mi deseo. 
Pensando que alli esLii como solía 

Y hallándose vacia 
Mi gloria y mi coLtenlo, 
Te sigue el pensamiento 
Por anchas calles, templos suntuosas, 
Soberbios espeetaculos vistosos. 
Donde te hablé y segui contiuuamenle, 

Y afectos engañosos 
Imaginan que estás allí presente. 

Mas luego los parjjes conocidos 
Me dan tristeza, si esperanzas dieron 
( Propia fortuna de infeliz amante); 

Y como el bien me acuerdan que tuvieron. 
Padecen nueva angustia mis sentidos. 

Y se me representa en el instante 
Tu celestial semblante 
Placentero y modeslo, 

Y aíiuel amor honesto 
Tan difícil de hallar, que tú has hallada : 
Tu vista vencedora y dulce agrado , 
Kl labio hermoso de encendida grana, 

Y el hablar delicado. 
Que otra cosa parece mas aue humana. 

Si de la humilde tierra al alto asiento 
De Olimpo rutilante 
Las voces de un amante 
Llegan, ¡ Dios ciego, el de las flechas de oro ! 
Cuenta á la bella que doliente adoro 
f Antes que ausente de sos luces muera ) 
Los afanes que lloro ; 
Que ella roe amara, si penar me viera. 



IV. A Don Pedro Napoli Signoreili, autor de la 
Historia critica de ios teatros. 

De Febo las hermanas, 
Melpómene y Talla, 
Los (cosques dejan y la verde yerba : 
Ya cultas ciudadanas, 
Absorta las oía 
La celebrada Atenas de Minerva, 

Y Apolo las reserva 
En Roma la tríunf:mte, 
Proscenio, en que sonoros 
Alternaron los coros. 

Donde el coturno lidio se levanta, 

Y las catorce ^das 

De togados quintes ocupadas. 

Mas va tremendo suena 
El implacable godo, 
Armado de furor, espanto é ira. 
¡Oh barbara cadena! 
Cede á su impulso todo : . 
Destruye y tala cuanto el orbe admira. 
Ya pálido retira 
El miedo á ambas hermanas : 
El tiempo las oculta 

Y en olvido sepulta. 

Ai rigor de his armas inhumanas ; 

Hasta que en áurea copa 

Brindó con santa paz alegre Europa. 

Del Tibre vid la orilla 
Lucir restablecidos 
Los teatros, con mármoles de Paro, 

Y en la rica Sevilla 
Ingenios escogidos 

Dieron nuevo esplendor al Betis cluio. 
El Sena dio su amparo 
A entrambas dulces masas. 



MCOLAS). 

El Danubio, hondo' rio , 

Y el Tamesis umbrío : 

Mas aun amedrentadas y confusas. 

Procuran monumento 

De las injurias de la edad exento. 

Entonces tú. Pierio, 
Digno alumno de Apolos 
Ilustre é inmortal le has erigido. 
Un reino y otro hesperio. 
Admiran que tú solo 
Las musas consotar hayas podido; 
A íin de que el olvido 
No su gloria consuma, 

Y en los siglos futuros • 
Los aplausos seguros 

Gocen, que deben á tu docta pluma, 

De la Fama en el templo , 

Para durable admiración y ejemplo. 



V. A Pedro Romero^ torero insigne. 

Citara áurea de Apolo , á quien los dioses 
Hicieron compañera 
De los regios banquetes, y : oh sagrada 
Musa ! ^e el bosque de Helicón venera. 
No es tiempo que reposes : 
Alza el divmo canto y la acordada 
Voz hasta el cielo osada. 
Con eco que supere resonante 
Al estruendo confuso y voceria. 
Popular alegría 

Y aplauso cortesano y triunfante, 
Que se escacha distante 

En el sangriento coso matritense. 
En cuya arena intrépido se planta 
£1 vencedor circense. 
Lleno de glorías que la Fama canta. 
Otras quiere adquirir* y asi de espanto 

Y de placer se llena 

La villa que domina entrambos mandos. 
Corre el vulgo anhelante, nimor saena, 

Y se corona en tanto 

De bizarros flanes sin segundos 

Y atletas furibundos 

El ancho anfiteatro. Alli se asoma 
Todo el reino de Amor, y la hermosura 
Que á Venus desfigura, 

Y no hay humano pecho que no doma 
( Baldón de Grecia y Roma ), 

Y en opulencia y aparato hesperio. 
Muestra Madrid cuánto tesoro encierra 
Corte de tanto imperio, 

Del mayor soberano de la tierra. ' 

Pasea la gran plaza el animoso 
Mancebo, que la vista 
Lleva de todos su altivez mostrando. 
Ni hay corazón que esquivo le resista. 
Sereno el rostro hermoso. 
Desprecia el riesgo que le está esperantío : 
Le va apenas ornando 
E; bozo el labio superior, y el brío 
Muestra y valor en nüos juveniles 
Del iracundo Aquiles. 
Va ufano al espantoso desafío : 
¡ Con cuánto señori(» ! 
¡Qué ademán varonil ! ¡ qué gentilorat 
Pides la venia, hispano atleta, y sales 
En medio con braveza, 
Que llaman ya las trompas y timbales. 

No se miró Jason tan fieramente 
En Coicos embestido 

Por los loros de Marte, ardiendo en llamn. 
Como precipitado y encendido 
Sale el brulo valiente 
Que en las márgenes corvas de Jarania 
Rumió la seca grama. 
Tú le esperas, a un numen semejante, 
Solo con débil, aparente escudo. 
Que dar mas temor podo : 
El pié siniestro y mano está delante, 



POESÍAS. 



37 



e arrogante 

OD que hiera, el diestro brazo 
tras con alia gallardía ; 
ira basla el recabo 
la, qu<' Mavorte envidiaría. 
r pálido cubre los semblantes , 
idor bañados, 
lito vulgo silencioso : 
s tiernas damas mil cuidados 
a á sus amantes : 
concurso atiendo pavoroso 
i este dudoso 

La tiera que llamó el silbido 
re veloz, ardiendo en ira, 
i7^ndo mira 

reto al viento suspendido, 
endo bramido, 
toro de Fálaris ardiente, 
atrás, resopla, cabecea, 
ancba frente, 

I escarba y lan^ cola ondea, 
ciano padrf , el gladiador ibero 
recia España o|)one, 
Uvestre olivo coronado-; 
'n la áspera Ronda ya se pone 
lis, y el lijero 
I raodo curso lia refrenado^ 

al despeñado 

Dtin : tu padre, que el famoso 
y valor en ti ve renovarse, 
e serenarse, 

le mira al golpe poderoso 
impetuoso 

i tos pies, sin movimiento y frió, 
eraría y asombrosa hazaña, 
nativo brío 

le no es bárbara en España. 
D dirá el gríto y el aplauso inmenso 
ccicHi vocifera? 
cío de tus méritos pregona 
ik, con adorno á {a estranjera, 
^ : en el estenso 
^coál rey que ciña la corona, 
]05 de Belona 
lamiar á sos vasallos fieros 
^1 dueño feliz de las Españas) 
les hazañas ? 

»cerán á indómitos guerreros 
i^ verdaderos, 

sos juegos son y su alegría ? 
conozca España que varones 
ncibles cría ! 

lo á los cielos ¡ ob naciones ! 
|>or quien Vandadia nombre toma 
KiDiva Gorínto * 

io el circo máximo de Roma ), 
ifrece á mi verso el dios de Cinto, 

1 llevaré del occidente 

ora, pulsando el plectro de oro : 

I eternamente 

aplauso, y de Aganipe el coro. 



n. Á Den José #» sus días. 

rmosa primavera, 

i olorosas coronada, 

á templar la fiera 

d del cano invierno airada : 

a dichosa casa, 

20 dulce ! influye en este dia 

ImI sin ta.<ia, 

aoqoilo, bieoes y alegría. 

loe las favores 

anuente alguo tiempo he logrado, 

do que no ignores 

gradeeimienio en mi ha diu^do. 

f^ la Tírtod siiblune y bella 
ceDte espof^ 

I de Dios Madre y doncella. 



Goza alegre y ufone, 

Y repetirle asi por siglos ciento 
Conceda el soberano 

Gran padre, á quien es basa el firmamento. 

Humilde la fortuna 
Te jure esclavitud siempre durable 

Sin repugnancia alguna, 

Y detenga á tu voz la rueda instable. 
Vierta piadoso el cielo 

Copiosa y blanda lluvia en tus sembrados , 

Y colmen con desvelo 
Tus paneras los siervos fatigados. 

Tus hatos y majadas, 
Que cerros y montañas desparecen , 

Fingiéndolas nevadas, ' 
Sus vellones, que blanco abrigo ofrecen. 

Tan aumentadas sean, 
Que en todo bosque , erial , prado ú repecho 

Solo tuyas se vean 
Desde el gallego mar hasta el estrecho. 

Su Cándida cuagada, 
Tu mesa alegre, con el queso cano. 

Mas que la coagulada ' 
Leche al esmero de holandesa mano. 

Con larga descendencia 
De nietos héroes, generoso abuelo. 

Admire la opulencia 
De tu prosapia el rico hispano suelo. 

Eu tálamo de armiños 
Logra por mil edades con favores 

Los honestos caríños 
De esa madre feliz de los amores : 

M dejes nunca, no, desocupado 
De Bárbara la bella el tierno lado. 



TIL Al duque de Medinasidonia. 

¡ Ay, no á la hercúlea enfermedad rendido 

Y al acerbo dolor con mil afanes 

Te postres, oh mi dueño esclarecido, 
Blasón de los Guzmanes ! 
No asi te entregues á la pena dura 
Con quejas, que amansaran mares bravas, 
Que á mi tu siervo, tu feliz hechura, 
El corazón me clavas. 
Porque eres la mitad del alma mia, 

Y me la tiene tu aflicción confusa : 
Acorde unión, sagrada simpatía* 

De la divina musa. 

Y si fuese, ¡ ay dolor ! que á los humanos 
El cielo te robara, ¿ qué pudiera 

Hacer sin ti? Pusiérame en las manos 
De Libitina fiera : 
Un mismo dia á entrambos igualara : 
Ni el imperío del orbe y de sus bellas, 
Opulentas coronas , me estorí^ara , 
Para seguir tus huellas. 
¿ Ni qué hiciera la España generosa. 
De quien eres el lustre y ki grandeza. 
Huérfana inconsolable, en doloro.«a 
Y funeral tristeza? 
Sus cisnes sin amparo y de la avara 
Suerte quejosos, en común lamento, 
¿A quién hallar pudieran, que apreciara 
Su armonioso acento? 
¿ Quién cantara las ninfas y pastores 

Y el bosque umbroso lleno de frescura. 
Donde Venus habita y los amores. 

Faltando tu dulzura? 
No el numen, de^mi voz importunado. 
Lo consiente : tos años inmortales 
De la fénix te tienen acordado 

Las lumbres celestiales. 

Y asi será, que inspiración divina 
Me lo anuncia : no engaña mi deseo. 
Ni error cabe en la mente que ilumina 

Espéritu febeo. 

Y aunque el dolor te cause ofensa dma. 
Tú le amenoras con Yaior estoico : 



38 . OBHAS üE 

No siente, no, como la plebe oscura 

El corazón lieróíco. 
Vive, se&or, de tu consoile herniosa, 
Idolatrada en los honestos lazos, 
Y temple tus afanes amorosa 

Con sus dulces abra¿os. 



VIH. Madrid antigua y moderna. 

Los soberbios palacios 
Con que ¡oh Madrid altiva! te engrandeces, 
Ocupan los espacios 
Anchos que en tus niñeces 
Los arados rompieron tantas veces. 

Viñedos y aranzadas 
Del suelo que ocupaste has apartado, 

Y hay torres levantadas 
Donde en tiempo pasado 

Creció el olivo, á Palas consagrado. 

Por donde con el trillo 
Circularon las yuntas de los bueyes 
Sobre el haz amarillo, 
Van dando al orbe leyes 
En carro ebúrneo principes y reyes. 

Fuiste ifi;nonida aldea, 

Y eres cabeza ya de entrambos mundos : 
No aparta la febea 

Luz sus rjyos fecundos 

De tus tierras y piélafi^os profundos. 

Mas no de la grandeza 
Pres<Mito lies : todo es vanidades, 

Y aciiba cuanto empioza, 
Pues ya (*n nuestras edades 

Ni Troya, ni Palniira son ciudü'lcs. 

L:i Atlántica famosa 
Se hundió t-n el mar : voraz el tiempo aUer:i 
El globo, no reposa. 
No es hoy lo que antes era ; 
Ni ya Tule tampoco es la postrera. 



IX. Vanidad de las riquezas . 

^De qué te sirve el oro atormentado 
Bajo los duros cuños con mido, 
Con el rostro de Carlos estampado, 
En círculos pequeños dividido, 
A turbar tu quietud acá venido 
Desdf el indio remoto, 
A merced de Euro y Noto, 
Fiado á un leño enfermo y fugitivo 
Por el inquieto mar no compasivo? 

¿De qué el alcázar, ni el dorado techo 
En mánnnles de Paro sostenido, 
Mas de cuidados, que de piedras hecho. 
Con famoso pincel enriquecido? 
¿Ni el vino en clima estraño producido 
De sabor delicado. 
Ni el manjar sazonado 
De estranjero glotón, que el gusto adula 
Perjudicial ministro de la gula ? 

Iñifío, no te envidio tu riqueza. 
De pesares inüel producidora. 
Que no me es tan molesta mi pobreza. 
Que me estorbe cantar versos ahora : 
Aqui donde dulcísima y sonora 
Entre estos atochares 
Del patrio Manzanares 
Se desliza la diáfana corriente 
Me tiendo yo á cantar alegremente. 

De un ámol la alta copa al suelo envia 
Sombra apacible; y yo aqui me reclino : 
Ni alfombra de Florencia ó de Turquía, 
Ni menos del damasco granadino 
Compiten sus matices : del vecino 
Soto una aura suave 
Con respiración grave. 
Como suele soplar blanda marea. 
Las hojas de los árboles menea. 



MORiVTIN (d. mcolas). 

Su libertad las simples avecillas, 
Con pico de marfil \iielan cantando, 
Iñigo, no aqui lloran las mancillas. 
Que en tu jaula de hierro están llorando : 
Los simples conejuelos van saltando 
Por la luírmosa ribera, 
Yo miro su carrera 
Desile el pié de este fresno divertido 
I De la ferviente siesta defendido. 

Goza, goza tu casa edilicada 
A costa de pesares y cuidados. 
No te consientan hora descansada 
Sustos y pretendientes porfiados : 
Cénfuete el escuadrón de tus criados 
Necios, y aduladores. 
Pensión de los señores. 
Que yo sin tantos riesgos divertida 
Paso mas quieta y mas alegre vida. 

Asústate, si oyeres que el brítano 
Pirata inüel prendió la flota indiana» 
O si acaso voraz el Océano 
La sumergió con ambición tirana : 
Que mi conforniidad mejor se allma. 
Pues que perder no tengo, 

Y asi á estar siempre vengo ^ 
Con no turbado rostro prevenido, 

Y nunca un susto el sueño me ha rompido. 



X. Quietud del úniínQ, 

Doy oue dejes las Indias saqueadas, 

Y empobrecido á ocaso* y al orieale 
Desentrañado con avara mano, 

Y con duro cerrojo inobediente 
Eu tu sótano encierres apiladas 
Las arcas con el oro mejicano : 
Procuraras hallar descanso en WkO ; 
Descanso, el bien m^s grande de esta f ida. 
Que no basta a comprarle el gran tesoro. 
Que al persa, al turco y moro 

Hiuden el Asia y África oprimida : 
Ni el reluciente mármol granadino. 
Ni de cedro las vigas olorosas. 
Que estriban en comisas estocadas. 
Ni el jaspe de Liguria en animadas 
Estatuas, de la vida no dudosas. 
Ni las ricas molduras de oro fino, 
Ni v\ pincel del Protógeoes de Urbino, 
Ni poseído el nmndo todo entero 
Bastan á dar descanso verdadero. 

Mas solamente la conciencia pura. 
Ilustre Ganioneda, al varón justo. 
Le da invencibles fuerzas» inocentes': 
Ni ten)e al enemigo mas rotnisto, 
i\i lȒ amedrenta la fiereza dura 
De los tigres, leones y serpientes : 
Eu vano los carcajes msolenies. 
Pesados con los dardos africano^. 
Se aprestan contra él, ni la eucendida 
Pelota despedida 

De los cañones turcos, ó britanos. 
Esta es se;;uridud, y este apacible 
Descanso venladero, poco hallado. 
Esta es vida feliz, y esta es gustosa 
Fortuna abundantísima y dichosa, 
Mejoc (|uc la de aquel siglo dorado : 
En imcstra mano está, y es conseqoiblo 
Arribar de la dicha a lo' posible. 
No con desvelo hidrópico avariento ; 
Mas con desinterés y entendimiento. 

Canción, si quien te viere se espantare 
De la estoica doctrina en ti cantada. 
Impropia de mis años iuveniles; 
Hesponde, que tierra hay que en los abriles 
Da también flor, y fruta sazonada. 
Sin que por no ser tiempo se repare; 
Antes merece quien a4elantare 
Los frutos á la flor cuerdo y astuto; 
V en especialidad, si es bueno el íhito. 



poesías. 



59 



CANTO ÉPICO O. 



Las Naves de Cortés destruidas. 

r.antíí <•! vülor dol Oiipilán liispniío 
V.\w «'olió :i fontlo la urniudn y (;ul<'OReSf 
1':.: ii'iiilo en tmiicr, sin auxilio humams 
í)'' v;i¡i-er ü inoiir i\ sus l(*f;ioiies : 
\'\ ínn* liiilló i'l :inclM) imperio inejicaiio 
A (M>s:ir iW. tan h:irharns iiacioiics, 
l'in}'rcsa (li^n:i (Je su aüniito solo; 
^¡ • !i \»MSo cabo, y si in<* inspira ApoK). 

\ til , t.HM-a Pirr'üí' , si alpina 
liny iMi Parnaso por ft'liz destino , 
Qn<* á en^iarderer la hispánica fortuna 
i;i haiK* dichosísimo previno : 
Mi pi'cho iMiciiMide en liama cual ninguna, 
ViiTti> en mi labio cántico divino, 
^m«' esta esperando la impaciente IC5{):iña 
Del ^n-an Coritas la pmdif^iosa hazaña. 

[Métame, Musa, cómo ya arrollado 
El ni(*j¡c:ino ^niro lurliulénto, 
Kn mil coiuliales vencedor del hado, 
Cnyinida impuso al bárbaro sanf^ento; 

Y como á Veracnix el nombre ba dado, 
Lililicacla en sólido cimiento; 

Fn'Ho a las ;!entes (ieras y remotas, 
Esc.da y puerto n las indianas flotas. 

A(|ui ostentaba su milicia un dia 
Oiii pompa y gala , y en vistoso alarde : 
Alfombra la feroz caballería. 
Tal es el furrio (jue en los brutos arde. 
La robus' a española infai teiía 
Alit'i.t» infunde al pecho mas cobarde : 
T^'can clarines, y las cajas suenan, 
Mjres y playas y montañas truenan. 

Muestntsé altivo el niclito (^eireio, 
S:in<liival digr>, <'ii uu caballo armado, 
M "nto p:irece ilo bruñido acero 
A{ii'nns por su dueño sujetado : 
Aiirhn p:ivrs sin cifra !i¡ letrero, 

Y el piMiiisco de Aniaya relevado, 
So!ar de su linaje; y por decui'o 



" E;: e-ia r>licii>n Li>nif)ts«xui«lo l^tfiíusp híioeu 17^ rnla inipron. 
ir«al chii iirr-f.-mu-iii \ la ile Btri-ed na rn IKil. \.i\% rafonrs iine A vlhi 

■ ■«ban n.ottdo. ««.d la« misiuaM i|iir tu\o prr»i>iiit>fi <>l x-AorQuiulana rn 
> Ir <í;ix íf'ti-ta» tuFifllaiias flesilf el ti('iii|io ili* Juan de N«*na, doiid** 

i:.<iiir.-> i.-i juh iu«>a niila qu» mpiamo-t : < Aiiiiqu(> en luí olna» d ■ eiie 
.. r ¡,'.!i'!r..Í3- *n nurcchna fu 1821 ic lia reiin[»irs<>f<.ti> p-x-rna mii> 
i!— -:.t II]' ri'> de i-ninfi «iiiil «f liulla. %r ha Icnidn por ninvrni«Miir re- 
; 'i.r - .-n U fiirmo <\\\v rf ini-iiiyñ en la pi ¡mera «ilirinn d*- cst-i i n'ec- 
r; . i.iial 1*0 todií « la que it> hiiu de duiíu caiilo en la ini|irciit i rcül 
-.. IT^... K>(raiiarjn ■lK>niii« e<<la ]irerer>>nria. fundados en lu rtiiilljn;a 

■ 2 .¡'.r. ¡j.l í;i'v delit^n nierírer laa inaiiui por qiiiene» «iirriA la iin¡.rc- 
• n il<- l:a:v<loaa, tan interesadas en la i;Ioi1m del p-ieía, tan enteradas 
. ; « b*-! L'.i qMf le prrienci'fín, y tan liúlrlef en el :«i te. Pero la* inis- 
mr f .1 r n Iji qne ruidaron de la idkíon de ITW : el autor ha« ia nia- 

r ' .<',-.< .;;:e ha jía muertfi, y Ia nLra di-bii'í pnh]i(-:irse •-nt.int-rst-il fumo 
'•■ :>.:la^■ enUf *\i% piipfle«. XqneUa pues es la pri-|)ia . la pennina 
(■'•' '1 fi >)■ ..'á4 Uoratin, 7 no la de nairelnn»; donde si lat .tlier.irione.s 
'■■->' ii»n lievho hanpuiiidu mejorar al(nin tanto la ele.'?anrij de estilo 

• -■ ü ^ir::< ti:ra de K>s \ersii«, quiiá hau perjudií ado ik ]a« pntpon junes 
J- !u I mp- si< ifin.di^ininuidu fi \eie« tu grandeiu.&uraud.*!, su rolius- 

't>;,Yp.-r cciiisi^iiient'f alterado frei-uonl>'mente sucaiúiter. I'ero erta 
' • . i-ii-.>p niia pTirlieular en que no insisto, yquepodru il<i «>• r adofitada 

• ;.r t* lo. S-.i de eüa lo que *«' quiera, lo que no llene duda es quf las 

• -r-r. r.'S i'.f ia ••dicion de Barcelona on aun ni pueden sertialmio 
•>: [•-.•tj niieesiTüiiiíelí anto.yporcnniiiKulentp le hacen nienos^uyo 1 
> ó>l 'ij- {::■. i.tn autnriraiin roievtor, que se propuso pres<*nlar \o> ui.i- 
>í:> m.í .iiífertoí v n;y|iad' s de la pi'i',la i.n.d-llana , ron hiiria mas 
•i.c >l*nii»j. iiMidtMM '■•■iiHir su ej-inpi<-, 1 u.iudn el ihjeio deiiip -ira 
E>'(: TLXt fi e> tutilitel *i-rial;.r:aM:iiuip<i*ii:ioiii'sma> dianas de imita» 
'• :> V t-Ki u:a> di- ii.d«» dcfe< to, < uaiito el presentar il In-i mas nrim!ir.<ilo!s 
íKV; » » ¡.•.•i..>s. tales males fueron, sin eslraña eninienila ni alte, j» .m, 
'Li' ii n-i'ni^ ;: ¡a lerat historia de lus ideas \ del leMfiiinje, enjAsnui.-n- 
t j< J.» nmentos s;»mos recopilando. La opinión ííeoerulmente aduiitida 
".le V'-ratin el liiju, entitiices de edad de veinte y liino ni^(.*. fué ,\ 
»J:i.': J*i ramo éplfi» de Las .Varrt de Corl*'*, paní \indnar la memoria 
di *u P4ilrr . qii^ r.ODStderaba ofendida por no haher lle\adii prii|:;o 
■- 'i acfttttt en el conrurio ahlertoen 1777 por la Vi:idi>iuia efr(i:ii<,i. 
Iicr. uo>tjnria subrcla cual «e hallarán alpunannolicifiüen unn nota ú 
lívida del autor. Bajo este ronrepto, i rontinnai ion del ranlo hemos re- 
l'ojacid'^ la.« reflexiones criticas que acompaflaroo la citada edición pri- 



La banda negra sobre caiiipu d« oro. 

Con un sayo galán de tino paño. 
Con (;orbion de encarnado y amarillo , 
En un revuelto pisador castaño 
Monta Petiro González de Tiujillo ; 
Y' Dávila soberbio en }{enio estraño 
F;iti{ía los ¡jares á nn tordillo. 
Llevando en el escudo sin cuarteles 
Por aiilifíuo blasón tiece roeíes. 

De pecho íinne y ancha de cadera. 
Con lazos jald(?s y con borlas blancas. 
Muy brio.sa de jui'^'o y de can'Cra, 
Sin ti»nior de arrcíMfes ni banqueas. 
De bordada melania la nechera, 

Y bélicas cubiertas de las ancas, 
Hipe una yegua Pedro de Alvando, 
i^ue á tierra no |>asó mejí»r soldado. 

Tirada alias la roja sobreveste, 
Descubre el peto y espahlar bruñido. 
Vuelan las plumas dó color celeste 
Sobre el almete de oro {guarnecido : 
É indicando cuan poco le nudeste , 
Roto el arco y las flechas de Cupido 
Era su empresa ; en potros jerezaoo« 
Le s¡fí;uen y respetan sus hermanos. 

Ordaz, con fueites armas pavonadas. 
Fiero en palabras, rígido en semblante. 
Monta un peceño, y lleva recamadas 
De azul y negro las haldetas do ante : 
Ni las mudas edades ya pasadas, 
Ni el alto olvido haráii que yo no cante, 
¡ Oh insigne Láriz ! tu valor'que vuela 
Desde Panuco :itcabo de la Vela. 

Ni seras en mis versos tdvidado. 
Célebre Alfonso, honor de los Mendozas, 
Out* un corcel, cabos negros y inalado, 
(íobiernas, y corriendo te alborozas : 
El escudo en triángulos cortado 
Muestra las rojas bandas de (¡ue gozas, 

Y por orla y riquísimo tesoro. 

El Ave de Cabriel quitada al moro. 

Y Juan Velazquez de León movía 
Un valiente caballo, y con la espuela 
Le aflige, y con el freno le oprimía. 
Sonándole la espada en la escarcela. 
Yelmo con tembladora argentería. 
En ciifTpo y en el ristre la ai ándela : 
En él encncnti-a la razón abrigo, 

D( udo Velaztjuez, y Cortés amigo. 

Un león n>jo por blasón ponía 
En su< cuarteles con dorados marcos, 
J:u'tando«e con él , cpie descendía 
De les Leones tie la casa do Arcos : 
L'na Soberbia alfana, cuya cria « 
Vio el mar nact^r en los' veleros barcos. 
Sedeño el lico á paso lerto lleva, 
Y' un negro asido a la nielada greva. 

Y tú. Moría, tambi<*n «mi blanco armado 
Vas ese:'ramu/ando largo tn*cho 

Sobre un fuerte iirídon azabachado, 
Dt' moscas blancas s:il|)icado el pecho ; 
Pí'.checo un bayo arn-meliendo alade, 
Mne^lra, curnVndo al general derecho. 
Ancha f;ija de azules cuáns llena, 
bl.íscn de los señores de Vi I lena. 
Y'a í'esl liaba c<»n Uiover ainiso 
Saicr'!o, tierno joven rubicundo, 
Qm» él cri.il olio no fuera mas hernioso, 
M pasó tan gallardo al Nuevo- MuiHJo : 
El mirar de un Adonis auxTOso; 

Y uüicnüo á lo g-jláii lo furibundo, 
Va 0(11 e.' calces, vu<*ltas y reveses 
Sohre un pctro alazán de treinta meses. 

VwA casaca veide acuchillada 
De tiaslloi- y sutiles caniqníes, 
Mn>ti':!iMÍ') rica tela naca ada 
C' II bmcl.es y alhamares de rubíes : 
Cadena d<> labor muy es tremada, 
Y' 11 1 atibas de almaiz:ires luní cíes. 
Verjel de muchas y diversas flores, 

Y el lazo del codoii de n il colores. 
En un rucio rolado muy brioso 



40 



ORRAS DE MORATIN 



Salo Escobar con malla y finos anles : 

Y í*n 1111 caballo negro poderoso 
Yiliaroel con ojos centollanles. 
rdcbrará mi vers;» numeroso 
Tus hechos, v las armus radiantes, 

(>)n que, ¡oh «liestro Dominpinez! lú reluces. 
Domador de caballos andaluces. 
Admira tan ln<i<ra cabalgada 

Y espectáculo tal doña Marina, 
bxlia noble al caudillo presentada, 
De fortmia y belleza peregrina. 
De la injuria rtti clima reservada, 

Y del color del alba matutina. 

Muestra que herir bien puede el pecho humano 
Cupido con harnon americano. 

Con despejado espíritu y viveza 
r.ira la vista en el concurso mudo : 
Rico manto de estrema sutileza 
Con chapas de oro autorizarla pudo, 
Prendido cop bizarra gentileza 
Sobre los pechos en uiroso nudo ; 
Reina parece de la indiana zona. 
Varonil y bermosisima amazona. 

Ella atóniui mira, y asombrada 
De tanLi ponn^a y tanta gailardía ; 

Y ansiosa no queriendo dodar nada» 
Informarse de todo pretendía : 

El paso adelantó determinada 
Acia el casto Aguilar, qne allí venia. 
Primero haciendo en muestras de obediencia, 
A Cortés su señor la reverencia. 

t, inquieta dice : ¡ oh noble compañero ! 
A mi por tus desgracias semiente. 
Cuéntame de este ejército guerrero 
Quién son aquellos que se ven delante ; 
Que aun no a toflos conozco, y yo no (piiero 
Ignorar ni su nombre ni semblante : 
Di, acaba; y Aguilar se sonreía 
De ella, y con la alta permisión decía : 

Aquel membrudo, de mirar sangriento. 
Que cinco lirios por empresa tiene. 
Arguello es de León, que violento 
Vive en quietud, y así a-la guerra viene; 
Mírale cuan robusto y corpulento. 
Cómo cruje la lanza y la sostiene. 
Con la ancha cota de dobleces once, 

Y el escudo con láminas de bronce. 
Nájera es aquel rubio ríojano, 

Diestro en la esgrima ; aquel otro García ; 

Y el que sigue el intrépido Lezcano, 

Y Juanes por qiiien Tuna se gloría, 

Y Ortiz, cuva vihuela con su mano 
Tanto arrcí>ata en célica armonía, 
Que estar mas que la Iracia mereeiera 
Con diez luceros en h octava esfera. 

Ese determinado madrileño 
Es un noble Ramírez de los Vargas, 
Que mil veces al moro en duro empeño 
Partió con los turbantes las adargas ; 
Mira en la suya el muro malagueño, 

Y el puente roto, y en hileras largas, 
A cañonazos mnítifud de infieles 
Muertos entre marlotas y abpiiceles. 

vSoto el de Toro, Olea el de MetHna, 
Son aifuellos (¡ue ves; aquel Portillo; 
Pizarro, á qoien del rumbo descamina 
De sus primos nuestro ínclito caudillo; 
Juan es aquel de la coraza fina. 
Que el Tormes entre juncias y lomillo 
Le amilfó en la aula de las ciencias sola 
La celebrada Aleñas esiiañola. 

Mira aquel l>atallon de infantería 
Del aguerrido Heredia gol)emado. 
Que <»| francés en Italia le temía 
Cuando el Gnuí (Capitán le vio á su lado ; 
Farfán es aquel alto (jue blandía 
La pica, y de .su patria amartelado. 
Se va sinmpre aeordan<lo en sombra vana 
De la dulce Sevilla y de Triana. 

Aquel de la loriga, y ambos lados 
C^Hi j>istoleto6, llf*nos'de osadía. 
Es Mesa 1 1 montañés, (|iie sin cuidados 



(d. mcoi.as). 

h)\ maneja un canon de artilleria ; 
Dsagre y Catalán v.iii a sus lados, 
Por({ue son de la misma compañía, 

Y diestros artilleros los pregona 
La invencible nación de l^arcelona. 

A(iuellos de escaupiles acolchados 
Siguen al alcarreño Janimíllo ; 
Mas le riguen tus ojos inflamados. 
Si ¡ oh cacica ! permítesme el decillo : 
A(|uel (|ue allí escuadrona los soldadM 
Es el fiel Bernal Díaz del Castillo, 
Que sirve en esta célebre jornada 
Cual (U^sar, con la pluma y con la espada. 

Prosiguiera Aguilar; pero venia 
Ratiendo el acicate de ambos lados, 
Mercado en una remendada pía, 
El mas niño de todos los soldados : 
Por su doncel al general servia, 
A))artaba los indios apiñados, 
Diciendo plaza á infinidad de gente. 
Plaza, que pasa el general al &nte. 

Háceule salva, y alta vocería 
Se levanta ¿ los cielos, resonando 
Gentil descarga de arcabucería. 
Que hasu Méjico el eco fué bramando ; 
Atruena la espantosa artillería, 
Por las concavidades retumbando. 
Coiral, Volante con Ranjel lijeras 
Abatieron al suelo las banderas. 

Corles, el gran Cortés... ¡Divina Cllo, 
Tu alto influjo mi espíritu levante ! 
i Quién jamas tuvo objeto como el mío. 
Ni tan glorioso capitán triunfante? 
¡Con qué a$|>eclo real y señorío 
Se le muestra á su ejército delante? 
¡ Oh qué valor que ostenta y qué nobleza ! 
¡ Oh cuánta heroicidad y gentileza • 

Ricas armas de esmero y maestría, 
Listadas de oro puro centellaules. 
Con pernos de preciosa pedrería. 
Hebillas y chatones de cliamantes. 
Gorjal grabado , en cuyo canto babia 
De |K*rlas y crisólitos pinjantes. 
Cegando como el sol , á quien |)arece 
El aniés con oue armado resplandece. 

Deslumhra la finísima celada 
Cual fúlgido cristal resplandeciente, 
<'on plumajes y airón empenachada. 
Que el céfiro halagaba mansamente ; 
El brazal ,y esquhiela burilada 
Rayos saca de hiz como el oriente; 
Música forman guarnecidas de oro 
Templadas piezas al crujir sonoro. 

Al hondiro izquierdo el capellar tremola 
Favonio airosamente, v con laza<]as 
De phiia y «eda atidoén una sola. 
Que vuelve las vislumbres duplicadas : 
Rojr. banda af(dlada en la pistola 
Con muchos ra¡)acejos, y enredadas 
Puntas al cinluron, y allí pendiente 
D»? Toledo la espada omnipotente. 

Ancho escudo embrazó de fuerte acero , 
(.on labores en torno rutilante, 
Que mas reveri)erando que el lucero. 
Parece de un limpísimo diamante; 
Esculpió en medio por blasón guerrero 
Kiitre las uñas do un león rapante, 
Lm mundo encadenado, v quebrantadas 
Las columnas de Alcides derribadas. 

La gruesa lanza, estriada y rebutida 
De barras de metal lleva en la ciija, 

Y un pendonc illo ó líanderilla ashla 
Qui' bordó con primor sutil aguja ; 

Y al encuentro y veloz arremetida 
Hace corriendo que al impulso cruja, 
(Juando con duro y resonante callo 
Embiste el hermosísimo caballo. 

Era alazán tostado, cor|>uleuto. 
De ardiente vista, y con feroz ultraje 
Rale el suelo, mirándose opulento 
Con tan pn^cioso y bárbaro equipaje : 
De ormesí recamado el paramento. 



poesías. 



41 



r oro }' borlas el rendaje, 
es onlal lados la estribera, 
bala jes la testera, 
^rbio animal la crin estioiidc, 
ien sabe el dueño que pasea, 
lo reliiicbo el aire encieude 
lo \ afano se pompea : 

¡ oh liétis! tu raudal comprende, 
verdes olivas se Itennosea, 

»inin no abortó naturaleza, 
anta hermosura en tal fiereza 

recorro así los escuadrones 
s ojos, placido semblante, 
or ademán y por acciones 
las que humana semejante : 
dice : i oh fuertes campeones ! 
gano mortal será bastante 

tanta hazaña celebrada, 
> )o al valor de vuestra espada? 
les nuevos, de portentos fieros 
riunfado con asombro mió : 
e España, ilustres compañeros, 
•á ensalza vuestro heroico brío, 
•eran los audaces mensajeros 
lar saladu por el norte frío, 

1 sesgo con tajante quilla 
(ales nuevas h Castilla ; 

\v don Carlos, al monarca hispano, 
esta acción tan señalada, 
tiene va por vuestra mano 
la en iierra y nombre duplicada? 
imero, cómo el monstruo insano 
k'idía en Velazt^uez halló entrada, 
ar quiere heroicos pensamientos 
de enemigos elementos; 
triunfando de él y de las olas, 
lores del terríble infierno, 
imel las naves españolas, 
ilaero con escarnio eterno : 
io también de Banderolas, 
a siguit*o^o ^u gobierno, 
s pwTto en la obstinada tierra , 
ISO defendió con cruda guerra. 
i(>n ha de callar la memorable 
e Tabasco y gran conuuista , 
de l(H( indios formidable, 
iincia íncreible \wt no vista? 
I el tn*n de gente innumerable 
npeones que la cruz alista, 
al fin la indómita cabeza, 
>aro toson de su braveza ? 
1 los arcos y las armas fieras, 
dos con fuegos abra.sados, 
!san naciones tan guerreras 
del rey católico sagrados : 
[loales'de largas Cctbelleras, 
is sierras con el dardo osados, 
aciago y Quiabislan, que ataques 
un los rolMistos Tolonaques. 
, en fin, que al fuerte y poderoso 
lor de ocaso, Motezuma, 
!íU inm«?nsa Méjico en precioso 
adora, y entre aroma y pluma, 
IOS á vedar el horroroso 
»to en (¡ue al Ídolo perfuma 
imas humanas y anhelantes, 
?8 y entrañas ¡talpilantes. 
V a to«los tímido recelo 
h guerra la respuesta ataja ; 
eo que Velazquez con desvelo 
une solícito trabara, 
cubriendo su cerúleo velo, 
iba al Darien de naves cuaja, 
alijvo con velera popa, 
15 de la Améríca a ki Europa. 
ijD potrr> de Córdoba lijero, 
carmesí pliimaieria, 
f eo el verde mosquitero, 
suba audaz con ufanía : 
lo al ^a I a II Portocarrero, 
rucio nnlado le seguía, 
la V fuerte lanza arniudn, 



Carpetas v gualdrapas de brocado. 
Joven, le dijo, si dejar la guerra 
PareciiTe vileza y cobardia. 
No ya por las delicias de mi tierra 
Eslá abandono en tan urgente dia : 
Tantos peligros que ese golfo encierra, 

Y Cíuislante desprecia mi osadia. 
Serán resimesta al que decir intente 
\){io de este suelo tímido me ausente. 

Yo solo por los mares procelosos, 
Honipiendo de Velaz(|uez ¡as armadas, 
Itararé con mis buques presurosos 
De España en las ríl>eras apartadas : 
Mas si tú con alientos generosos 
Seguirme quieres, y las alteradas 
Hondas surcamos en nadante pino, 
La fama nos dará blasón divino. 

Estremecióse el generoso mozo 
Con ansia de la gloria concebida, 
Kl rostro enciende, donde el blando bozo 
Muestra la tierna juventud florida ; 

Y dice : la nobleza de que gozo 
Sabes bien : ves mi empresa conocida. 
Con escaques azules jaquelada, 

Y las quince banderas de Granada. 

Si sabes del de Palma las accione;, 
¿Cómo presumes que el seguirte deje 
En las dificultosas ocasiones? 
Contigo muera, y no de tí me aleje. 
Dijo, y se derríbó de los rrzones. 
Montejo sin saber qué le aconseje. 
Le abraza afable, los caballos dieron 
A sus amigos, y á Cortés se fueron. 

Los principales cerca de él estaban 
En gruesas y altas lanzas apoyados : 
l'nos en los mosquetes descansaban, 

Y otros en los escudos muy pesados. 
Del mensaje dificíl razonaban. 
Cuando ofrecen los dos determinados 
Llevarle al rey, volviendo desde España 
Con nueva gente á hallarse en la campaña. 

Entonces de contento alborozado. 
Torres el veterano esclama : ¡ oh cielo I 

Y ¡oh deidad, qoe en tu auxilio se ha fiado 
Mi patria con solicito desvelo ! 

No esta el brío español tan apagado. 
Ni aun en tal clima y üm distante suelo, 
(.uando aun se a.imira entre enemigas gentes 
Tal esfuerzo de jóvenes valientes. 

Así diciendo el venerable anciano 
Con lagrimas ternísimas lloraba; 
Muestra el cabello bajo el yelmo cano, 

Y sollozando apenas jironunciaba; 
C(m la antes fuerte y ya trémula mano 
Ciñe sus cuello!!, y sus rostros lava. 
Palpándoles con ámoi-osas muestras 
Los fuertes pechos y robustas diestras; 

Y ¡ oh mancebos tortísimos ! decía. 
Id á la dulce España, á quien no espero 
Ver ya jamas, (¡ue al lemnlo de María 
Mi última (Klad .<;acríficarla quiero : 

Y al punto del alto hombro desprendía 
El rico tahalí, que en trance fiero 

El quitó cueriM) á cuerpo en ancha plaza 
Al malique Alabéz, ganando k Baza. 

Este que en pierias y esmeraldas orna 
I«e da al mas joven con luciente espada 
Mallorquína ; á Montejo luego toma , 

Y al morrión quitó fuerte lazada : 

Con él la frente en otro tiempo adorna, 
Le dice, Boabdeli, rey de Granada, 
Oue el alcaide prendió de los Donceles, 
Terror de los Zegrtes y Gómeles. 
Abrázanlos csotn)s capitanes, 

Y los despiden amorosamente, 

Y c(m el mito traen de .sus afanes 
De Motezunra el bárbaro pres4>ntc : 
C^irtéscon amistosos ademanes 

I es lia su justicia, y reverente 
Al caro padre y tierna madre envia 
Dones, (pie ya |H)r muerto le tenia. 
Y. I parten los dos iuclitos guerreros 



43 



OÜUAo D'¿ MOU.VTIN 



Con aubia de la faina presurosos ; 
Yn li's dan los amados coui pañeros 
Mil doi:es (\v. la América iir-ciosos : 
Adornados de liaiidas y pfumeíos 
Trcmolabaí! galanes y'animo>os 
I)r nni i>n billiililancs oaparcles 
(iarzotas v\ tr«' blancos marlinelcs. 

Todos los arompañan al navio, 
Desde cn\a alta oopa >a tomando 
Ksl.i Antón de Alaminos señorío 
Del m.ir, (|iie c<>de a su timón y mando ; 
Al canal de llahama y su bajío 
K>(a la vi>ta y proa endt reyando, 
Por donde minea se alre\ió nin^^uno 
A romper los eslanipies de Nepluno. 

Cuando el rabio>o i>s|)iriiUf (|ue encíeniie 
La discordia y rencor en los moríales, 
OpoieiÑf al liesi^nio anda/ pretende 
Desde lc»s calabo/os inl'einales, 
Kl centro iníiel del batallóse hiende, 
Pues >a st> ven píenles las señales 
ijue lár^a edad se eslán allí temiendo. 
Con el recelo al Orco esln*mecíeudo. 

Kn el abismo anticua fama babia, 
(Jue la ^'ente española \enccdura 
Al católico >ugo iiumillaria 
l.as uenles ilel ocaso y de la aurora. 
I!l prnieipe infernal, que ya veía 
Cumplirse los proi.óslicos ahora, 
Conrilio horrenUi> de la ne^ra ^ente 
Llama, y liabU) ct n cólera impaciente 

;,Coir(|ue no solo habéis de ser \eucid4)s 
D>Í alio arcángel, (|ue brille en luz pura, 
Sino d(> iiond>ies inlanies abatidos. 
Sino ( ;(|iie horror! ) de humana criatura? 
¡(Ui espíritus eternos, i\\iv atrevidos 
Fuislris al Hacedor! ¿teméis su hechura? 
;.Snri iréis con ulliaje y vitupeiio 
ijueun hondire emprenda el tin de vuestro im[:cri 

¡ Mas ay ! que ese mancebo el mismo dia 
Que nacei' \ irnos al sajón Lutero, 
Le vio Kspaña naeer con an^ía una, 
I^ues piel do en el cuanto en esotro adquiero. 
Visteis con cuan escasa compañía, 
Misero fugitivo y comunero. 
Le l.evó el mar á iucój<iiitas regiones, 
Que no vieron Colon ni los Pinzones. 

Ya allí los sacrilicios no consiente, 
Fn que \o contra el hombre vengativo 
Víctima* U> hago á un tiempo y delíucuenle. 
De vifla eterna y tempond le privo ; 

Y ya templo consagra reverente 

A í'sa Madre del hrjo de Dios vivo, 
A esa Mujer, que lo es, aunque divina, 

Y a ({iiii'o mi freiite a mi pesar se inclina. 
Ln fila estriba toilo el gran denuedo 

De lii «>spaiiola iiitrépiíia osadía ; 
Klla al indio eiiiel dio 4'spanlo y miedo; 
Poripie sin ella tápana ^qiie seria? 
Ya miro (pie la fe de K cea redo 
Alumbro los aiiii|>odas del tlia, 

Y el sacerdote (asombro allí no visto) 
Itaja a sus manos con su voz a Cristo. 

(!oi) pacilicos ramos en hilera 
Les si<ldado> cantaron el Ilossana, 
Con tal si'guridaij cu il si allí fuera 
La hasilíra insigne tidedana; 

Y jiresaua la mente veidaijera 
Ya \(> (|ue la k- beibia castellana 
\i\ p'irsu r»'> > ri'li>iii>n tiíuidante 

A hac'-i piiil«'iitii«>, que al inlieiiio espaiit'-. 

i A%, qrie >a iiiC p.neee ipie mirando 
LnIov eiie.iileiiado a 31<>li'/iima 
pnr i'se liniiil.n* fer- /, iligno d»*! bando 
Que re^iislio l.i omnipi-ti-neía suma! 
Md nariones humildes liibut^iiido 
A<loi.ieiiin con oío, aiom:i ) pluma : 
: I reini-nd'i Dios! ¡ tanto fa\or a sola 
|.:i ^obi'ibja iieiisima i'spañola! 

Mas no nos ücobanli* el giaiido intento. 
K^piiitus nbeliles, que mavofes 
Fueron los nuestros, cuanJo al alto awenio 



( D. Mi.oi..*.-; I. 

Del mismo Dios clauínmos con fui-ores. 
La glande empresa escile nuesln> aliento, 
De ellos mismos nos valgan los r«*neorei; 
Pues i'aia Kspaña no hay en la campaña 
Maviif c«:i)ti.irio (|ue la iiiism» Ksiiaña. 

Mi<>nlras >aivae7. «i impedirlo llega 
Mínchi iido el liaste su volante lona. 
Coi! ^edil-ion amotinada v ciega 
Arda en ti.iiiinlto el pueblo de lieloua. 
:);jo ; y al (unbi el báratro se entrega 
A lioireida confusión, gimió Gorgona, 
Silban y biamaii monstruos diferentes. 
De (piimeías, dragones y serpientes. 

No <l(> otra suerte, ó (ion menor estniend* 
Desgajándose el polo centellante, 
Su clara ln?. td cielo oscureciendo, 
Heventando el iiilieriio horror tronante, 
Los astros de sus circuios cayendo, 
N.itm'ale/.a absorta y vacilante. 
Temblaran cielo, tierra y mar profundo 
Kn la profetizada lín del niiiiido. 

Mas ya Poilocarrero las amarras 
De un tajo rompe, al piélago sonante 
Los lleva el viento, ondean ya las garras 
Kn las banderas del león rapante ; • 
Kl rumbo anhelan de española^ barras, 

Y a lo lejos el peto i'clunibrantc 
Muestra Montejo, é izan pn*surosos. 
Dejando largos surcos espumosos. 

Con lágrimas los siguen v gemidos, 

Y el buen viaje gritan desJe tierra : 
Los tósigos de averno enfurecidos 
Kn los ánimos Macos hacen guerra. 
(irado con los Penates atrevidos. 
Mal en el pecho su fumr encierra ; 
Junta en corriUo el vulgo bajo y fiero. 
Lenguaraz a la chusma habló Kscudero. 

¿Y hasta cuándo, infelices, les decia. 
Durará vuestro engaño? ;^y hasta cuándo 
(a-eeieis la temeraria altanería 
De esc inqumlente, á quien le dais el mane 
.No es \alor la frenética osadía, 
.Ni el ir a un mundo entero contrastando 
Con tan coila escuadrón, que aunque triuii 
Que ci edito le den no lograremos. 

Ya s»' «pie el macedón, sé que el romam 
Venció batallas é intinitas gentes; 
¿Mas «pie ejercito impulso dio a su mano? 
;. Y que prepaiati\os difeientes? 
So neg.ire el esfuer/o castellano. 
Supondré a los c<H:lrar¡es in) \ alientes ; 
Mas ¿qué espivitu'basla a la defensa 
De qnií'ii resiste a multitud inmensa? 

Finja el caudillo (pie animaihts troncos 
Volcáis cual la segur en la moi.taña, 

Y (|ii(* su aiitara y caracoles roncos 

Ni a la venganza incita, ni a la hazaña; 
Que son cobardes, barbai-os y bifircos, 
Que el fulminarile azufre los ei gaña; 
Que cual cei.taiims juzgue su i-U(h'za 
llembre y caballo todo de una iiieza. 

Mas ¿ cómo negara la miichetiumbre 
1'einible, que á Hechazos descendiendo 
Sobre nosotros, hizo >a costumbre 
De las bt)inbardaK v\ íeiiible e.slni'-ndo? 
¿Ni el impulso y tremenda pes.idiimbre. 
Que inueslra el que eviti) SU tin horrendo 
Ln loto escinlo y abollado casco 
De his lueiles iii'acaiias de Tahasco? 

Y ( uaiido el cbiiia y la naturaleza 
Coiitia iio^otios mismos no se armara, 
¿Cii:inia \entaja Ueva la tiere/a 
D I Ind.o iiHii.tara/. y astucia rara? 
¿Quien Ignora el ejercito y grandeza 
Í)f Mi>te/nma atn<z, <pie va pnpara 
A sii^ deidades en banqiii'te infausto 
Dr nuestros (iieipos hórrido l obuau^to" 

¡ Ay, eiiánto af.iii y muerte no« espera ! 
; Y «-lian pocos á Ks|iaña volveremos ! 
\a espciimentareis el alma Ib'ra 
I>( Cuauhtemuch, su furia y sus estreñios; 
De .Miscuac, que un caimán trae por cimer.i 



poesías. 



45 



Tarde el ímpetu audaz conocerenros : 

Y es, si acaso triuiifamos, solameote 
Porque otro en torpes tícíos se aUmenle. 

Yo \i a Teuiili» y Piípaioc severo 
i:ó:no voUió la espalda, despreciando 
Al mismo Hernán Cortés ; sé oue guerrero 
Se amia en Ttascala iimumeraule bando : 
Si el esti'uder el cullo vertladero, 
.Ni el gran deseo de humillar al mando 
DA monarca espaííul la tierra opresa, 
Üisculparau tan temeraria empresa. 

¡ Oh locura ! \ Los moros africanos, 
Iticos, Tcciiioi^, moros y valientes, 
lüfestan uuestras costas ; y lejanos 
Venimos a verdearlo en otras gentes! 
Sin trabajo, ; ob famosos castellanos ! 
Mil reinos les tomáramos |)Oteutes ; 

Y mas nos cuesta aqui solo buscarlos, 
Que lo qve allá costara el conquistarlos. 

¿ No es afrenta del pueblo bautizado, 
Que esté en prisiones la sagrada Helia , 
Habiendo él con sus armas va llegado 
Hasta el nadir j el túmulo deL día ? 
Allá si que católico soldado 
(Ion fe valieille desalojaría 
l)e tu muralla el bárbaro gentío, 
Santa Jerusalen, el brazo mió. 

Mas si Coi tés tan imposible hazaña 
Quiere hacer, nmera, o pierda la obediencia; ' 
l*ues no es razón de la lealtad de España 
Que asi se abuse en tanta continKcncia : 
Ciega espeniiuui al cerrazón engaña ; 
i'ero sepa enmendarlo la prudencia. 
Seguidme, dijo, al mar : gríta la gente. 
Cunde el tumulto arrebatadamente. 

Como cuando en la octava maravilla 
l>f I grande Escorial tan celebrado 
Se mueve el coro, donde el arte brilla 
Al furíoMi huracán desenfrenado : 
Tiembla el psuiteori, la altisiuia capilla 

Y estupendo cimborio agigantado, 

Pur los claustros bramando el aire zumba, 

Y el pórtico ma^niltco retumba ; 
Asi la zuiza militar en tierra, 

Y a bordo la maHtima zaloma 

Se escucha con uotiu y civil guerra, 

Y oculta rebelión el rostro asoi»a. 
Cortés, en cuyo corazón se encierra 
Valor, a quien nintfun peligro doma. 
Las Illas corre, y lleno de osadía : 
Compañeros heroicos, les decía, 

4 Qué es esto, generosos españoles ? 
¿ Qué es de vuestro valor? ¿qué estoy oyendo? 
¿Vosotros sois de la milicia soles? 
«A vuestro brazo el or|^ esta temiendo? 
Con que vuestras niesunas y ptrnoles 
Despreciaron del Ponto el monstruo horrendo ; 
Con que osasteis lo mas con alma presta , 

despreciáis lo poco (^uc nos resta? 
Pues no lo despreciéis, (rae alkis hazañas 

Dignas de vuestro ardor habrá algún din. 
¿bl riesgo apetecéis de bs campañas? 
¡Qué propio en la española valentía ! 
Va uiC da^*is albricias por eslrañas 
Empresas, que hollara vuestra osadía ; 
La rama con escelso y imevo canto 
Pondrá en el mundo admiración y espanto. 

No el vil temor ataja vuestro brío, 
Ni olvido tanta hazaña celebrada : 

1 Dónde esta, dónde, aquel soldado mió, 
Qae a Maíla disidió su ardiente espada? 
4O el que en el espantoso desafio 

Con Tuinpolon de maz^i barreada 

De una eslocada, que alto impulso encierra, 

AI bárbaro clavó contra la tierra ? 

Aqui estáis todos, compañeros iieles, 
Yo por vosotros moríré el prímero : 
Vansos, d^o, á Ycncer. Mas los noveles 
Se arremolinan en tumulto tiero ; 
CoQ las dagas hiriendo en los broqueles 
losta por Cuba el vulgo vocinglero. 
Crece en las voces el tesón é msiancia, 



Y en el caudillo íuviclo la constancia. 
Bion como cuando el mar embravecido 

Se altera, se entumece y alborota, 

Y de uno y do otro vionlo competido 
De la alta (^ades la nmralla azota ; 

A cuyo chotiue, auii(|ue t-m repetido, 
Klenlamente |>ermanecc inmota. 
Sin que ú las olas su constancia amanse. 
Ni (le embestirla el piélago se canse. 

Mas vi( ndo que eran sus esfuerzos vanos. 
Arremetió el calillo poderoso, 
Que alza mf nuda braja con las roanos 
Al Ímpetu feroz y sonoroso ; 

Y dice : auxilios débiles humanos 
No den favor al corazón medroso : 

O venza, ó muera ; su única esperanza , 
Ca¡<;a deshecha al tiro de mí lanza. 

Y alta la diestra atrás con gallardía. 
En los estríbos todo el cuerpo alzando. 
Fulmina el fresno, y rápida cngia 
La banderilla, y silba reguilando ; 

Y á la nao capitana , á quien mecía 
Blanda mareta, lleni atrave^ndo 

De una á otra banda, y al Impulso internas 
Retumbaron las lóbregas cavernas. 

Vieras la chusma y los grumetes luego 
Saltar á nado á la cercana orilla. 
Que el ancho boquerón con agua ciego 
A borbotones llena la escotilla, 
La amura de estribor cede al trasie 
Cae de costado, y la alta popa hL 
Su balconaje, y fas furiosas olas 
Entran por las abiertas portañolas. 

Á pique va sin tempestad la armada. 
Porque los españoles animados 
De la alta acción, con prisa acelerada 
Dan barreno á k» bucpies ancorados. 
El fíero Hernán Cortés con vista airada 
Terror infunde, y á los alterados 
Que en la conjuración mostraran brío 
Hace dar al través con su navio. 

Esto mismo Carrasco; y esto hacia 
Alvarez Chico; Yañez arrebata 
Una hacha de armas, la Carlinga hería 
Dando al f^lto su golpe entrada grata ; 
Cines en el bt^d que conducía. 
Cual si fuera enemigo desbarata 
Toda la eslora, á cuyos roncos sones 
llu/eron los voraces tiburones. 

El fuerte galeón empavesado, 
Que comandaba Ordaz el arrogante. 
Su mismo capitán le ha despaunado 
Por dar satisfacción de sí bastante ; 

Y Arvenga el levantisco ha disiiarado 
Al branque de otro un tiro fulminante, 

Y lu proa y bauprés desaparecen 
Entre pompas, y círculos que crecen. 

A fondo van así los corpulentos 
Bajeles; pero ciegos los soldados, 
I. os estragos del agua juzgan lentos. 
Tal los tiene el caudillo ya inflamados. 
Impacientes, furiosos y violentos. 
De alquitrán mil hachones y embreados 
Fuegos arroian, prenden al instante 
Los restos de la flota naufragante. 

Arde la pez y estopa resinosa, 

Y el betún y fortisimos tablones; 
De Vulcaiio la cólera furíosa 
Desune el calafate y trabazones, ^ 
Estiéndese la llama sonorosa, 

Y a formar condensados riubaiTOT.es 
Con vapor negro asciende hasta lo'sumo 
En confusas p:rámides el humo. 

Fenece asi el bellí^^imo navio 
Del hermoso Saucedo bombardeado, 
Al t|ue en Sanlúcar vio zni'par el rio 
De flámulas y jarcias adornado : 
También, Godoy, al tuyo fuego impío 
Quemó, y al de'Moron bien artillaoo, 
Al que condujo a Dávila violento, 
Moría el fuerte, y Arguello el corpulento. 

Ya en la llanura inmensa aparecían 



OBRAS DE MORATIN (d. mcolas). 



De tanta armada trozos solamente 
Medio quemados : poims se veían 

Y proas de oro envuelto en llama ardiente, 
Pedazos de banderas que se hundían, 
Que el agua ó fuego nada allí consiente, 

Y un¡()uí!an los miseros fragmentos 
Ya unidos los opuestos eleuientos. 

Todo es horror, cuando hasta los oscuros 
Senos del mar con ímpetu silbando 
Ciega legión de espíritus impuros 
Se precipita, el ponto rebramando. 
¡Alnrícias, noble España ! que seguros 
Tus vencimienlos son, y al cielo alzando 
La alegre vista, mira como el cielo 
Te da el premio, esperanzas y consuelo. 

Pues Cándida paloma descendiendo 
Sobre los pabellont^s, el alado 
Giro tendió acia Méjico, luciendo 
(Ion los visos y albor tornasolado , 
El aire en luz purísima vistiendo : 
Cual descogiendo e\ arco variado # 
La ninfa de Taumante acia poniente 
Trae mil colores con el sol enfrente. 

Cortés ambas las mai.os levantadas 
Dice : ya entiendo, espíritu divino, 
Oue no de mi fervor te desagradas ; 
Sigo pronto tu anuncio y mi destino. 
Los suyos por la cruz de las espdas 
Juran no desistir del grdn camuio. 
Hasta ensalzar, tm vez del dios horrendo , 
La cruz que tremolada van siguiendo. 

En la hazaña el ejército se empeña ; 
Ya resuena el clarín y cajas luego. 
Crece la aclamaci(»n,V hecha la seña, 
Marcha el campo español : ya no hay sosiego ; 
Equilibrase el bronce en la cureña ; 

Y aplicando la mecha al botafuego. 
Con ronco estruendo globos infernales 
Reventaron los cóncavas metales. 

Los Ídolos de Méjico temblaron 
Al gran rimbombe, y í\uví á su culto aguarde 
Mudanza triste, absortos recelaron' 
CJegos ministros con terror cobarde. 
Si las musas mi verso eternizaron. 
Mientras fiero el león de España guarde 
Con las terribles zarpas ambos mundas, 
A pesar de enemigos furibundos ; 

Heroico Hernán Cortés, será canaila 
Tu acción por cuantos doblan la rodilla 
Al monarca español, que en fe acendrada 
El orbe ({ue ganaste se le humilla ; 
Tu acción, que dio «^ la fama voz no usada, 
Al universo espanto y maravilla. 
Júbilo al cielo, llanto al orco impío, 

Y alta materia al rudo canto mió. 



REFLEXIONES CRITICAS 

(Ip la vilicion (le 1783, 
QUE SE ATRIBUYEN Á MOIUTLN EL HIJO. 

En este canto se propuso el autor seguir el rumbo de 
los mejores épicos antiguos y modismos, sin ceñirse ri- 
gurosamente ii la historia, ni alterar ó confundir los hechos 
|irincipales de <>lla ; pues uno y otro sería culpable. Asi es 
que Krcilla |K)r seguir lo verdadero, se olvidó de la ficción 
|MM*iica ; y queríen'do después u:i¡r en algunas parles una 
y otra circunstancia, como la falla consistía en el plan, 
no consiguió lo que deseaba , h icie;i(lo u:ia obra que ni 
/'shistoría, ni menos epopeya. Valbuena, por imitar en su 
Iternardo la di*sarrcglada abundancia de Ludo\ico Aríosto, 
to<*ó el estremo opuesto. Allí todo es tiecion , todo adorno 
¡knHíco, todo epi.sodios : el suceso principal se confunde 
«entretantos accesorios, que hacinados sin oportunidad ni 
ro:ieiion, fatigan al lector, y no le deleitan ; le llevando 



una á otra parte, sin dirigirle á la contemplación de 
cipal y único objeto , mostrándole infinitas riqueza 
no dejarle gozar ninguna. 

E\itando pues Moratin tales defectos, ordenó : 
bula de esta manera. Después de la proposición é 
cacion, se describe la reseña del campo español 
cercanías de Vera-Cruz. Cortés, deseando enviar m 
jtrros á Castilla, pri-gunta á los suyos, quién será d€ 
(^1 que se atreva á hacerlo. Preséntanse Alonso Heru 
Portocarrero y Francisco Moiitejo; admítelos el g(! 
y se previenen para el viaje. Luzbel en tanto convc 
espíritus infernales , mandándoles que se opongan 
ideas de los españoles. Hácénlo asi , y escitan la d 
día y motín en el campo , cuando Montejo y Portoc; 
se hacen al mar. Cortés procura aplacar los áninr 
(piíetos : habla á sus gentes ; pero viendo la obsti 
de los sediciosos, resuelve dar al través ton toda 
mada : arroja la lanza á la nave capitana; y advir 
sus parciales la determinación , queman y- destruy 
navios. Cortés, viendo manifiestas señales de la prot 
que el cielo le cpncede , se infiama en nuevos deseí 
vanta el campo, y marcha con los suyos la vuelta de) 

Convenia dar noticia de los famosos capitanes qi 
vieron en aquella jornada : [)or eslo introduce el 
con oportunidad la reseña del ejército. Los prínci| 
la épica, Homero, Virgilio, Tasso, y entre losnuestn 
pe de Vega, Valbuena etc., lo hicieron también 
mismo intento. En los demás poemas , además de 
las anuas , caballos etc. en particular descríhien 
sus autores varías naciones guerreras, cuyos trajes 
ses , costumbres y otras particularidades ofrecen 
campo para lucir la fantasía y erudición del poeta, 
Homero lo practicó felizmente en el segundo libro 
lUada. Pero el autor de este canto se vio reducido 
estrechos límites. ¿Cómo podría hacerse una tan po 
descripción de un ejército tan pequeño? ¿cómo 
allí mención de naciones diversas en patria y costnii 
Aun usando toda la licencia de exageración , que s 
cede al poeta en tales circunstancias , no pudo es 
cerlo sin nota de inverosimilitud. Ciñóse üiiicam< 
pintar con los mas vivos colores los ilustres persc 
que tan nombrados Hieron por sus hazañas en a 
conquista ; estendióse cuanto le pudo permitir el i 
que manejaba ; y no dudo que hallará el lector j 
que admirar en este punto. 

No basta que haya varíedad en las cosas que refi* 
poeta : es necesario que la haya también en el me 
referirlas ; pues suele suceder en una narración [ 
que siendo todas las partes de que se compone esc 
y diferentes, resulta no obstante el todo desagrada!) 
demasiada uniformidad en el plan de la narracio 
esta causa varió el autor artificiosamente este pasaj 
liéndose de la narración épica y de la dramática, 
Lope de Vega en el canto xix de snJerusaien. En I 
meras octavas habla por si solo el poeta ; y despai 
guiendo la misma materia que había comenzado, 
(luce á la india doña Marina, que deseosa de saber 
son a(|uellas que ve presentes, hace i Jerónimo de 
lar (¡ue la diga sus nombres y circunstancias : asi p 
autor en boca de este todo lo restante, y anima el di 
por este medio con agradable variedad. En la q 
habla el poeta, é introduce personajes, que oculti 
él, alternan en la narración con discursos, que él 
solo no podía proferir. De aquí resulta que el lector y 
seiites a(|uellos sucesos ; pierde de vista la ficción ; 
es Homero el que habla ; es Aquilesque se quejad 
inenoii por las injurias recündas ; es Priamo, que pií 
gustiado el cuerpo de su tpierido Héctor, ó Andró 
(pie viendo á .su es[>oso difunto, llora inconsolable si 
pía desventura, la del tierno Astianacte y la total d< 
don de Trova. 



poesías. 



45 



reinos cuánto lució la fantasia del autor en el 
se va examinando. Todo él forma un cuadro 
radable ; y el motivo de serlo es, que un poeta 
ecaiida imaginación (dádiva de la naturaleza), 
ar>e presentes las cosas sucedidas ó posibles : 
lente todos los objetos que realmente se ofrece- 
as circunstancias, después valiéndose del arte, 
es mas oportuno para su intento ; y aquello lo 
iirua y onlena i>oet¡raniente. No todos tienen 
1 de fantasia , no todos tienen gusto delicado 
elf pr lo mejor, ó lo mas conveuientei; y esta es 
que manejando dos poetas un mismo asunto, el 
üile y arrebata, cuando el otro disgusta, ó por- 
I abundante fantasia, que le presentase imáge- 
ue no su[>o escogerlas y mejorarlas, ó porque 
» ordenar. 

íla música militar se presentan sucesivamente 
.^Oi's á quienes debe la nación sus mayores glo- 
scodos con divisas diferentes, ya con blasones 
ilias, ya con empresas particulares ; ios yelmos 
üe plumas, que mueve el viento ; los trajes de 
ilori'S, las Itandas, las armas, los caballas de ge- 
1 : ;qué vista presenta todo esto tan agradable I 
ríe A(;uilar, que razona con doña Marina vestida 
a india, ofrece otro objeto diverso y homioso. 
MtUiado de corla edad, paje de Cortés, viene ú 
tartaiido multitud de indios , que adniiían a(|uel 
íhUcuIo; y avisa al ejército que el general se 
eu4 coufusa vocería \wr todo i.'l campo, dispara 
fña y aitilieria, cu\o estruendo llega retum- 
»la la opulenta Méjico. Corral , Voiacle y Uangel 
imlo las banderas. Ya llega Cortés. Kl poeta 
4taordijiaríaniente invoca á la divina Clio, para 
tesa ingenio a cantar con digno espíritu Uní gran 
y pasa después á pintarle con toda la fuerza y 
de que es capaz la iK>»'Sia y la lengua nuestra.' 
i i mi parecer este pasaje; pero sus perfecciones 
aquellas cuyo concHtinnento está reservado á la 
iaüelos profesores del arte : cuaUíuiera que con 
le leyere no puíile menos de alabar el acierto 
lo espresó el autor ; y el <iue no halle en él cosa 
p. DO sé si diga que tiene nmcba ignorancia, ó 
vidía, ó todo junto. 

aioDauiento <|ue hace Cortés á sus soldados re- 
eneoleios sucesos mas notables de aquella jor- 
ra que asi lo cuenten en Es|)aña los mensajeros 
eeniiar. Por este medio se informa al lector de 
oode Diego Velaz(|uez á Cortés, del viaje de este, 
lnocion de los ídolos en Cozumel, la entrada por 
Gfpva, la resistencia de los indios y su venci- 
y por áitimo se da noticia de Motezuma , á cuya 
se el capitán su marcha para estorbar la crueldad 
wewlos sacríticios, y establecer en aquel vasto 
^ k católica. 

OéutM, Lntida, Henriaday otros poemas tene- 
lín de estas narraciones episódicas, en las cuales 
wlor de lo que precedió al principio de la acción 
1 La relación de Eneas 6 Dido, en el segundo y 
bvo de b Eneiáüy no era absolutamente necesa- 
ineb acción fuese completa : esta comienza en la 
d qoe arrojó las na\es troyanas desde Sicilia á las 
África : asi que, dichos dos cantos son una parte 
del poema ; pero sin ellos quedaría la obra im- 
pncmmenie, i)or ignorar el lector sin este auxi- 
Bis anteriores de que resultaron después aque- 
M». El iK)eta épico elige un solo pedazo de la 
va disponer sobre él la fiibuia de su poema; i>ero 
uáen «lenciolos antecedentes que tengan pre- 
Joo con el asunto que trata ; si bien necesita no 
dio para saber cuáles cosas debe manifestar , y 
iUr, en caá! ocasión y de (jué mo<lo debe refe- 



rirlas. En el presente canto se insinúan por boca de Cortés 
los acaecimientos anteriores al tpie sirve de asunto, como 
ya advertí ; y aunque pudiera el autor haberse dilatado 
mas en ellas , ciñó su discurso cuanto fué posible ; pues 
siendo toda la obra de corta duración, debia guardar en 
todas sus partes la proporción correspondiente, para que 
ninguna de ellas fuese monstruosa por su demasiada gran - 
deza. En una epopeya completa podía el escritor ocupar 
algunos cantos con la narración de tales sucesos, pero en 
esta obra seria defecto dar á aiiuel pasaje mayor eslension. 

Cuando Montejo y Portocaixero se ofrecen á llevar el 
mensaje á Espaiía , Torres , soldado anciano , esclama al 
cielo lleno de regocijo , viendo el esfuerzo intrépido de 
aquellos jóvenes ; se acerca á ellos , y apenas pronuncia 
sollozando tiernamente , vierte lágrimas de alegría , los 
abraza, y con trémula mano los tienta el pecho y las dies- 
tras robustas ; ({uitase de los hombros el tahaU, que fué 
un tiempo del Malique Alabez, y el morrión que cubría sus 
canas venerables ; él mismo da estos des|>ojos á aquellos 
dos guerreros ; despídese de ellos amorosameífle ; ya no 
espera volver á ver su dulce España , y fatigado de los 
años y los trabajos, desea acabar su vida en aquellos paí- 
ses, cuidando del templo de la Virgen nuestra señora. ¡Qué 
afectos tan tiernos escita este pasaje! Aquel fuerte sol- 
dado, que venció en Baza á Malique Alabez , hoy culnerto 
de canas ofrece sus armas, para que las manejen en nue- 
vas empresas los que go2dn florída edad, fuerzas y. valor : 
se regocija de ver que aun «o se ha estinguido el anli- 
miento español ; que todavía, como cuando él era man- 
cebo, hay varones osados que acometan grandes peligros; 
se despide por última vez de aquellos jóvenes guerreros, 
y conoce (|U0 ya no verá mas á España. ¡ Qué sentimiento, 
morir entre gentes bári)aras, en regiones tan apartadas de 
la patria dulcísima! Pero quiere ya descansar de tantos 
ufanes : su edad y su virtud no deben inspirarle sino ideas 
de r(^ligion : él se ofrece á cuidar del templo y aras de la 
Virgen : él solo se va á quedar entre tantos oiillares de 
idólatras, y se queda contento : después de una carrera 
tan larga , tan llena de glorias , en <|ue espuso su vida al 
furor enemigo por la fe, por su principe, por la pública fe- 
licidad , habitador del santuarío, ({uiere dedicar en él los 
últimos instantes de su vida al culto de Dios , coronando 
con esta religiosa accioii todas las otras. 

A este tiempo Luzbel congrega en los abismos á sus se- 
cuaces , para estorbar los designios de los esi)añoles. Eu 
esta oposición consiste lo maravilloso de la fábula. En la 
epopeya luce particularmente lo majestuoso y admiraldt* 
de la poesía. InQamado el iK>eta de un ardor divino, se ar- 
rebata á lo mas grande, á lo mas sublime : ve nuevas re- 
giones, produce, digamos o asi, nuevos mundos : lo cierto, 
jo posible, lo ideal, todo contribuye á facilitar al héroe las 
empresas mas difíciles. De aquí resultan aquellos sucesos 
maravillosos , que deciden de la suerte de los imperios, 
vencidos los mayores obstáculos, y ensalzando á lo sumo 
á un hombre , que favorecen las mismas deidades. De hi 
unión de acciones humanas y divinas, posibles y sobrena- 
turales , resulta lo que se llama máquina en las obras épi- 
cas. Los antiguos introdujeron en sus poemas los dioses 
que veneraban, y estos favoreciendo ó estorbando con su 
poder las empresas de los hombres , componían lo mara- 
villoso de la fábula, su progreso, nudo y solución. 

Si debe ó no usarse la mitología , después (¡ue la verda- 
dera religión ha destruido aquella vana creencia , ha sido 
siempre materia muy disputada entre los críticos. Pero 
¿quién será el que haciendo revivir las fíbulas del paga- 
nismo, se atreva á usarlas en un asunto sacado de la his- 
toria moderna? ¿A cuántos errores y contradicciones tiene 
que esponerse? Sannázaro , Camoens y otros incurrieron 
en esta falta. El mas ciego partidario de la ficción antigua, 
leyendo las Lusiaáas hallará en ellas ana general confb- 
siou de ideas, y una mezcla de lo mas sagrado de nuestra 



46 



ORRAS DE MORATIN (d. mcoias). 



religión cou lo mas profi&oo de la gentílica : defecto que 
oscurece en gran parte el conocido mérito de aquel autor. 
Y á la verdad, ¿qué cosa puede hallarse mas repugnante 
que el concilio celebrado por Júpiter para tratar do las co- 
sas del Oriente, y del éxito que deben tener las nave^^a- 
ciones de los portugueses? Daeo los aborrece sobrema- 
nera, y pretende por todos modos estorl»r su llegada á la 
India. Venus los ampara , pon|ue tiene entendi(Ío de las 
parcas, que aquella gente ha de celebrarla |K)r todos los 
paises que domine. Marte sigue el partido de esta diosa ; 
y de a(|ui provienen despu»*s todas las felicidades y des- 
gracias que esperimentíi el héroe en su larga navegación. 
Pero donde á mi parecer hay mas que notar sobre este 
punto , es en el canlo segundo de dicha obra". Vasco de 
(iama, habiendo partido de Melinde , navega acia la In- 
dia ; Baco baja á los palacios de Neptuno ; ruégale que 
convoque á los dioses marinos : Tritón los llama , y es- 
tando juntos, Baco implora su favor contra los portugue- 
ses sus enemigos : los dioses prometen ayudarle ; y lo ha- 
cen , escíkndo una furiosa tempestad , que pone á la ar- 
mada cristiana en próximo riesgo de perderse : Vasco de 
Gama, á vista de tal conflicto, esclama diciendo : 

Divina guarda, angélica, celeste. 
Que os ceos, <> mar, et térra senhorens, 
1'C^que á tmlo Israel refugio deste 
Por metade das agoas eritreas, 
Tú que libraste Paulo, et defendestc 
Das sirles arenosas H ondas feas, 
R guardaste eos filhos o segundo 
Povoador do alagado et vacuo mundo, etc. 

No lim de tantos casos trabalhosos, 
Poniue somos de ti desamparados 
Se este noso Irabalho uaon te ofende, 
Mas antes teu servido só pretende ? 

De esta manera pide al cielo le libre del riesgo en que se 
halli ; y parece que á tal súplica debía descender un pa- 
raninfo enviado del Omnipotente á sosegar con sola su 
presencia las embravecidas ondas del mar. Pues no es asi; 
él invoca al verdadero Dios, protector del pueblo de Is- 
rael, de Noé y del apóstol Pablo ; y la diosa Venus viene í\ 
socorrerle a(fi[)mpariada de varias ninfas. No es necesario 
detenerme mas para hacer ver lo desatinado de este pasaje. 
Tales inconvenientes resultan del uso de las fábulas an- 
tiguas en la epopeya : hoy son despreciables para noso- 
tros aquellas ficciones ; como no son creídas, no pueden 
mover el corazón, ni causar los efectos que desean los 
que las usan. 

Une mer\e¡IIe absnrde est pour moi sans appas : 
L*esprit n*est point ému de ce c|u'il ne croit pas. 

¿Ni cómo podrá espresarse con {iropiedad el carácter de 
los héroes, si se mezclan en la fábula las deidades gentí- 
licas? Pelayo . Alfonso VIII, Femando V no pueden tener 
otro carácttT que el de inincipes religiosos, restauradores 
de la monar(iuía española , azote y terror de los infieles : 
sus acciones y discursos deben mauifi>star, en cualquier 
poema que de ellos se forme, estas pn*ndas su>a>; prro 
si un poeta nos presentase á cual(|uiera de ellos comba- 
tiendo ejércitos enemigos con el favor de Juno ó .Minerva, 
destruiría precisament<í lo verosímil , hallaría á cada paso 
¡deas opuestas y dilicuUades (|ue no es ¡«o ibie vencer, 
formando d^» su obra una masa iufur:n •. de^ireciable á 
los ojos de cualquier hond)rede me<iiano tálenlo. 

Y si observamos nuestra religión , ¿qué no hallaremos 
en ella adapUble ala poesía heroica? Uu Dios onniiiio- 
tenle, que fornuí el universo con sola su palabra, que to- 
do lo cria, lo alimenta y lo sostiene ; un Dioi, á cuya voz 
terrible tiemblan ios cielos y los abishios ; los ángeles, 
ministros suyos ó para el favor ó para el castigo ; los bien- 
aventurados, otros tantos héroes fortisimos, que en pre- 



mio de su virtud gozan de un eterao ú incompuable 
galardón protectores de los hombres que los iuvocM f 
revereni'ian. Por otra parte el príncipe de las ünieblat f 
secuaces infelices , que ven con dolorosa envidia levas* 
lar!»e el linaje humano á ocupar las moradas celestes, qm 
ellos perdieron por su soberbia. ¿Cuan abuudante matoii 
ofrece todo esto á un poeta, (|ue ayudado de iogenloj 
gusto, ({uiera unir en la epopeya lo verosiuiil á lo mafa- 
villoso? 

Ni solo á esto se reducen sus facultades : las cosas Mo- 
rales y físicas toman nueva forma , las da cuerpo, vos y 
acción. La envidia, el sueño, la discordia, la guerra* la 
muerte, el furor etc. suplen muy bien por otras deidades 
que perdemos abandonando la mitología. Ademas que esta 
privación no se esliendc á ciertas frases y modos de decir 
poéticos con que los mejores escritores han espresada 
ciertas cosas, que sin imitar á los antiguos no podrían de- 
cirse tan gallardamente. Llamar Febo al sol, al iris la oínft 
de Taumante, á la aurora esposa de Titán, y otAs espía- 
siones semejantes á estas, además de no alterar ellas por 
si solas la composición de la fábula, están ya recibidis 
de suerte que no es posible ni conveniente desecharlas. 

El Tasso reformó con mucho acierto este punto,y ean 
Jerusalen abrió nueva senda , que han seguido despoél 
otros muchos con mas ó menos felicidad. El autor de eili 
canto, Grmemente persuadido de la solidez de estas Metii 
adoptó lo mejor. Resta saber si usó lo maravilloso eos 
oportunidad y acierto. 

No debe el poeta, por ostentar lo sobrenataral y prodi- 
gioso , mezclar á cada instante hs deidades siu aparente 
necesidad. Nec Deus intenit^ nui dignus vináiee míu 
inciderit, Homero, según algunos críticos, no guardó es- 
crupulosamente este precepto ; y parece que Virgilio |«- 
diera haber omitido la intervención de Iris en la moeila 
de Dido : para morir no necesitaba aquella reina anilis 
celestial ; la espada de Eneas bastaba para matarla. 

Luzbel se declara enemigo implacaíble de Cortés; fie 
es decir, va á estorbar las empresas de aqoel famoso Cfr* 
pitan ; aquel á cuya prudencia y va'or ha de nmdirsa si 
dilatado imperio de Méjico; el que ha de aniquilar la iaí- 
piedad y ciega idolatría de sus habitantes, espardeodoca 
ellos la fe de Jesucristo. Apenas se hallará en la hisiorii 
de muchos siglos otro héroe y otra conquista, que dea 
igual motivo á introducir en una epopeya semejante 8c- 
cion. Veamos pues si el autor la usó en lugar oporttmo. 

Habla Luzbel á sus secuaces cuando se embarcan pan 
España los dos enviados de Cortés, soldados qae han sido 
ya testigos de la sufíciencia del general ; que han visto p 
los primeros ensayos de su constancia, valor y atrevi- 
miento en los peligrosidel mar, que ha superado dichosa- 
mente* en Cozumel, do.ide á vista de innumerables ges- 
tes ha destruido los horrendos ídolos , en que el deiMiio 
recibía adoración é inciensos; y en Tabasco» cuyos habi- 
tantes, que le recibieron como enemigos, ya vencidos y 
escarmentados, le reverencian. Ya saben las ideas de sa 
caudillo; tienen noticias ciertas de Méjico, la estensioo de 
sus límites, las calidades del clima y demás riminif 
cías. Esto , acompañado con los magníficos presentes qie 
llevan va á escilar en el ánimo guerrero de los españoles 
deseos vivísimos de cruzar el Océano, y ser participes 
de las fatigiks \ la gloria de aquella jomada. Carlos V« 
príncipe belicoso y grande , se agradará de ver eslendidt 
su imperio hasta aipiellos remotos |)aises. La ocasión se 
acerca eu <|ue las monai'(piías de occidente van á rendine 
al yu^o español. Todo esto mira presente Satanás, y co- 
nociendo lo que prniru resultar de tales priiicipioo, va á 
estorbar ( si le es posible ) el disgusto que le ameoaia. 

Como se halla agitado de la indignación y el furor, ao 
es creíble que en tal ocasión se valga de largo exonKoy 
preámbulos artiUciosos para manifestar á los que lo < 
chan su deseo. «¿C^on que no solo, dice, seréis ve 



gel« que rcsplaiiJcció Oün \tu:n li»r. , ^iuo Urni- 
16 abatidos hombres? ¡Qué horror! Vosotros, ó 
i9uiius,que os atrevisteis contra el Críador, 
icis á los que so.i hi chura suya? ^Surríreis, eon 
ifreDU \ue^tra, que uu hombre intente la d(>s- 
de vuestro i.iqierio?o Asi eiupicxa. Des[)ués 
/los a la vi'hguiiZii pinta el estado vu que se ve 
I : \a Cortes prohibe l0i> sucrilieios de victimas 
(0:i>a^ra templos á la Madre di* Uios, y en i'llos 
tí luce cu.i su voz que bjjf a sus manos Jcsu* 
üilirü iiU '\o en aqm*llos países. Pa.sa después á 
jc resultar.! precísauXMítt', para (pie no se dilalt; 
), \iiMulo maiiiiit'sto el pi.lijj:i(». Va ve (|Ur la so- 
luiH)li\a por ^u religio.i y su principe á ejecu- 
po» ijui.' darán espanto al mismo intierno; \a le 
« \« ajiñsio.iadn al gran Motezuma por aquel 
iTible ; ve mil naciones tributarias rendii-se obe- 
IHider espafiui. l'ero conviene no desanimar á 
^bfo ayudarle : la pií.tura del ríes^o se dirige á 
ta ar>lucíj , no á escilar t'U ellos el desaliento; 
iciha su discurso animándoles á la empresa. 
In-Timiento fue el nuestro, les dice, cuando as- 
il alto tro:: o de Dios : escite nuestro brio la 
iücaltad : (tara vencer á los españoles, ellos mis- 
I el instrumento; y mientras ib -^a^ar^'aez¿lrs- 
L« IriUiitos, haced vosotros (|Ut> reine v\ tumulto 
n fior lotio el ejército ciístiano. ^ Asi concluye, 
ititmo secoiituiba : oyese por todas partes el 
^tnii'iidu t|U" causan los munstiuos i\\w se en- 
cl. Va el fiOt'ta a dar una conqiiiraeíon de este 
liieque 1.0 sera de otra suerte (fl trastorno ge- 
la iaturu!i-/.a , cuando la inmensa má(|uina del 
!á su tin. Ignoro ciertamente cual comparación 
br>« mas propia ó nias (ioeliea para denotar 
m ¥ trastorno horrendo (pie causaron en el 
|»aial>ras del indignado Saltanas. 
:eu al uiar b)s dos enviado^ de C.ortés, y h este 
arcén la sedición y albo/ulo en el ejí-reito los 
Teníales. Alonso de (irado, b)s Pefules de (ii- 
f^ro EsiNkiero renuevan la instancia de vol- 
I, uohien ludladoseon la iij;¡da disciplina (pie 
iür el ^eneml en todas sus tropas, 6 indi^:ia- 
•r ellos sido esearmiento á lo-i demás con el 
lis deiit(»s. Hseudero.mas (pie tndo-; in(|uíeto y 
bla á los soUlados : dice primero cuan ditu'il 
isla que ha proyectado (sirtes ; h; moteja de 
ífr|jone los peliifTOs y afanes (pie van á pad.'- 
»lo I oadera la ferocidad y multitud de eiieini- 

agiiaidju, su astucia, su intrepidez, sus ar- 
ertfiícia del clima, la escasa noticia (pie se 
aellas tierras, el |K)der de Motezuma, su ejér- 
[titanes cuya fama ha llegado ya á los espaíio- 
»lo lo acuerda \ ara atraerlo-; á su voluntad, 
va temor , y h jciendoles i|ue duden did ('*\ílo 
eiN*r aquella jornada. l*er«i cono iendo (|ueel 
trüpon y el deseo justísimo de esteitder en 
,o la fe eatólieu, son motivos suficientes para 
las mayores diiicultades, pivvien- esta obje- 
o. (]ue ^i tal deseo los anima, 4*n el At'riea, 
aüa. pueden cumplirle, ó ya espoaiendo ^lo 
M vida por lÜMTtar del yu^o bárbaro la ciuilad 
UMien. Asi indignado contra el caudillo, es 
las débiles la rebelión, pi-ocuraiido peisua- 
negando laol>edienciaal jefe, le(b'samparen. 
fo sus razones á los que le escuchan ; cunde 
liboroln por todas pailes ; compara el p'Oela 
il que forman los aires impetuosos en la real 
Mrorial. ; Pero «lué ideas ofrece en esta coni- 

a«inii ra bles ! La robustez y magnitud giiran- 
el pditlcio, el estruendo hon-ible que se es- 
odo él, y el i:iipetu furioso del huracán , á 



SIAS. 41 

cuyo impulso rclicndila el co;o. el panteón y la sober- 
bia cúpula. 

Cortés, invencible á vista del p ligro. corre las lilas, y 
ron alegre semblante dice a los suyos: ('¿Qué es esto, 
V españoles, compañeros míos? ¿Vosotros sois honor de 
»la milicia? ¿Vosotros sois el terror del orbe? ; (pié estoy 
«oyendo! Conque cupisteis despreciar intrépidos los ma- 
dres alterados : con (|ue os atrevisteis á vencer madores 
diiicultades?... ¿O despreciáis lo p(K'o (pie nosre.'ita?...» 
A la verdad no pudiera Cortes val(M*s(> en tal ocasión de 
m(.'jor exordio : i*ii estas bi(?ves razones va á captar su 
benevolencia, é infundir en ellos (>slimuios de verdadera 
gioría : los alaba, b'S acuerda su patria, para (pi(f el ho- 
nor los anime á no hacer bajezas indignas, pori|ue sop 
españoles; los llama compaueros suyos, partiendo con 
ellos el mérito de tantas hazañas ; ensalza su constancia 
y valor en los trabajos padecidos, para que an'ostren los 
venideros con ánimo uoble ; y cuando parece ({uc ib:i 
a reprender su debilidad , corrige el pensamiento eon 
a(iuella espresiou : «¿O de preciáis lo poco que nos resta?» 
Como si dijera : no es posible que esta coumocion sea 
efecto de hicoustaiicia 6 temor : vosotros creéis que m 
la^i altos hechos no pueden seguir otros mayores, y des- 
preciáis lo restante como indigno de todo vuestro aliento. 
A Pues no lo despreciéis, prosigue, que algún día admi- 
«•rareís nuevas empresas, muy dignas de tales varones. 

• ¿Apetecéis los riesgos de la guerra ? propio es devoso- 
*tros. que sois españoles, este deseo; pero ya llegara 
>. tiempo en que me agradezcáis haberos conducido adoiidt; 
^ lograreis victuiias, que publicará después la fama, para 

• dar con ellas admiración al mundo.» De esta manera, 
olvidando el deklo, los acuenla únicamente su obliga- 
ción ; y con singular arülicio, cuando los aconseja , los 
alaba, proitoniéndolcs el medio de borrar la cometida 
culpa. Después hace mención de a(iuellas hazañas parti- 
culares, en que mostraron su valor otras vcMres. a ¿Donde 
"Crtá aquel soldado mió (pie di\idió á Maila? ¿Ihnidc 
»está, añade, el (pie en el desafio de Tumpoton clavó al 
b bárbaro contra la tierra? A(iui estáis todos, ó leales 
sconq>añeros mios. Yo el primero sabré morír por la pa- 

• tría : vamos a vencer. * Pero olistinados los sediciosos en 
su intento, ya no escuchan las razones del capitán : él ec 
medio de tal desorden resiste invicto el tesón horrible de 
a(piellas gentes: ¡ (pié heroísmo ! ¡qué grandeza de alma! 
I'.ompáraletd poeta en tal situacitm al peñasco de Cádiz, 
(pie resiste inmoble el furioso Ímpetu de las ondas; y re- 
lieV(> después la última detenninacion de a(|uel caudillo, 
que fonna la solución de la fábula. 

ViiMxIo pues el capitán que no era obedecido, pica el 
caliallo, y corríendo acia el mar, habla airado } resuelto : 
tira su lanza á la nave capitana ; acuden de una y de otra 
fiarle los que le son fíeles ; y oliedeoíendo sus intentos, 
destruyen á porfía U)da la escuadra. Por no dilatarme 
fuera (íe lo justo, hablaré de a(|uello mas notable (pie se 
halla en t(Hlo este pasaje. Ki modoco:i que está dispuesta 
es verdaderamente poético; y juzgo el autor ser co^a 
oportuna ai íirtai-se algún tanto de la historia en el, para 
hacerle digno de la tnmipa épica. Kl (pie juzgue ser mi 
def<>eto no haber S4*gu¡do con ei^crupulosa nimiedad :i 
Solis ('» Iternal Dia/, S(>guramente ignora los pnncipios(bd 
arte. Su mérito pues coiiMsle ya en lo admirabb» y siir- 
gnlar del suceso, (|ue se debe á la buena disposición de 
la í.dMila, y ya en las imágenes, que voy citar, con que lo 
adorno lelizmenie el autor. í:ortes picando al caballo, (pie 
("iparce con las manos menuda arena , se levanta sobre 
los estiilH)^, alzit atrás la diestra fortisinia, arroja su lanza, 
<pie va silbando por el aire, y atraviesa íh' una á otra parto 
la na\e capilaüa, (|ue mecía en las aguas blanda mareta; al 
^-:oI|)e reluinlmu las cavernas l(>bregas;la dmsma se ar- 
roja al mar para oeufiar la cercana ribera; el gran l>ajel se 
sumergp poco á poro entre las ondas: los soldados dí»stni- 



48 



ORRAS DE MORATIN (d. m<:olas). 



ven pront ámenle las naves reslantes, y huyen al ornlro 
los |HMvs tímidos ; Arvenga el artillero dispara un caño- 
nazo á uno de los bwiues , cuyo bau|)rés y proa desapa- 
recen, formando al hundirse grandes circuios en el agua : 
otros aplican fuegos, suena la llama, y asciende el humo 
l>or los aires en negra nube ; ya solo se ven por aquella 
inmensa llanura popas y doradas proas medio abrasadas y 
deshechas ; una legión de espíritus malignos se precipita 
á los profundos senos del mar, y descendiendo una palo- 
ma sobre los pabellones, dirige después su vuelo acia 
Mcjico : ('orles y los suyos, rcironocitlos á los l)eiieticios 
del Altísimo, prometen no apartarse de a(piella empresa 
h.^cese la sefia, suenan los instrumentos bélicos, desti- 
lan las tropas, y A las descargas de artillería tiemblan en 
Méjico los simulacros abominables. 

Tales son las imágenes poéticas con que adornó Mo- 
ralih el último pasaje de su obra. Como todas ellas son 
propias y escogidas, resulta una pintura agradable y viva, 
en que se presenta á nuestra id(*a aquella heróií;a acción 
de Cortés , digna sin duda de los mayores encarecimien- 
tos. Si hubieran de notarse las demás circunstancias dig- 
nas de aprecio, que se hallan en esta composición, se 
alargaría este ex.'imen demasiadamente : baste haber dado 
una idea de su mérito, esi)oniendo lo que me pareció 
oportuno en la disposicrion de la fábula , sus principales 
partes, y los afectos, caracteres, com|»araciones , pensa- 
mientos y adornos de la fantasía, [>or ser esto lo mas no 
ble y digno de consideracio'i en cual(|uier poema. Mis lec- 
tores po<lrán observarlo restante, ya por lo que toca á la 
moralidad que encierra la obra, ya t>or las máximas y el 
ejemplo que ofrece de una virtud no muy coumn , y de un 
heroísmo el mas digno de imitación y aplauso. Podrán asi- 
mismo reflexionar sobre la obsen'aucia de los principales 
pn^ceptos', y Uunbien el mérito singular en la versilicacion, 
colocación de ideas, imitaciones, lenguaje poético, y otras 
circunstaticias menores (aunque esenciales) que omiti \h)t 
no dilatarme en demasía. 

Pero <iuisiera advertir 4 los menos instruidos en este 
estudio, que si estraüaren algunas frases y modos de dt'cir 
no ya muy comunt>s, que usó Moratín eu su canto épico, 
antes de reprobarlos consulten las obras de nuestros me- 
jores poetas ; examinen con atención el lenguaje que hay 
en ellas , y cotejándole con el de la presente, hallarán 
entre este y a(iuel no poca semejanza. Es verdad (|ue 
en sentir de algunos será culftable esta imitación; t»ero 
no lo juzgan asi los pocos que cultivan con acierto la poe- 
sía castellana. Hernando de Herrera en sus comen laríos 
á las obras de (iarcilaso dice asi : • Por nuestra ignoran- 
fe cía habemos estrechado los términos estendidos de nues- 
vtra lengua, de suerte que ninguna es mas corta y me- 
i^nesterosa que ella, siendo la mas abundante y rica de 
fe todas las que viven ahora; |>orque la rudeza y (loiro 
fe entendimiento de muchos la han reducido á estrema po- 
febn'za; escusaudo por delicado gusto, siendo muy aje- 
fe n(»s del buen Gonoeimieulo, las dicciones puras, propias 
fe y elegantes... Los italianos , hombres de juicio y erudi- 
kcion, y amigos de ilustrar su lengua, ningún vocablo de- 
V jym de admitir sino l<»s lor|>('s y rústicos. Mas nosotros 
> olvidamos los nuestros nacidos en la ciudad, en la corte, 
fe en las casas de los hombres sabios, por parecer sola- 
fe mente religiosos en el lenguaje; y padecemos pobrera 
fe en tanta rí(|Ueza y en tanta abundancia. P«'rinit¡do es que 
fe el escritor se valga de la dicción per4'grína cuando no la 
«tiene pmpia ó natunl, ó cuando es de mayor signilica- 
kcion. Y Aristóteles alaluí en la {Ntética y en la retorica 
«el uso de las voces estraíias, porque dan mas gracia á 
felá compostura, y la hacen mas deb'itosa y mas retirada 
• del hablar onlinario. Pero nosotros, solo por huir el uom- 
febnt de ignorantes, publicamos la ignorancia de la pru- 
fedenria, y el |mk*o juicio nuestro, desechando lasifue son 
>CD nuestra lengua puras, hermosas y eücaces, y sir\iéu- 



ndonos de las ajenas, impropias y de significicioi 
» vehemente. Si esto es enrí(|uecer 1i Icngiui y a 
o con joyas peregrinas, júzguenlo los que saben 
• veitladero conocimiento de estas cosas. ■ 

¿ Y qué |)odrá decirse de muchos de nuestros 
nos escritores, que despreciando la dicdon poél 
tanto ornamento y gala añade á las obras de los a 
usan en las suyas un lenguaje común , débil y i 
toda belleza ; de tal suerte cpic quitando las v« 
sonantes y la medida de los versos , quedan coi 
sus poesías en una prosa despreciable ? Dirán qi 
razón para admitir en nuestros días la locuckw 
de los antiguos , porque el uso la desterró. P« 
cierto cuando una dilatada serie de hombres d 
esta ciencia hubiera ido desechando sucesivan 
voces y frases antiguas, usando en su logar otras 
pías y elegantes. Pero sabida cosa es que asi coi 
las demás ciencias y artes , la poesía castellao 
notablemente en el pasado y presente siglo. A 
hombres grandes, cuyas obras merecieron general 
sucedió una turba servil de co|>leros infelices, Cá 
tas ridículos, cjue careciendo, si no de higenio, 
d(>ncia y buen gusto , inundaron el Parnaso csp 
escritos insípidos, dignos solamente de aprecio 
vulgo de los ignorantes. ¿Serán estas obras las 
de probar que el lenguaje poético no debe a 
cual fué en los tiempos de nuestra buena poesú 
mos (|ue estos autores se valieron de nuevos n 
decir, poniue los recibidos hasta entonces eni 
nos estimación, ó porque no su|>ieron otros? Y 
tentó adopuron otra dicdon, ¿porqué adoplai 
bien otra poesía? ¿por que i los pensamientos f 
á las pinturas admirables , á las felices imilac 
grí(>gos y latinos, que tan abundantes son en nuesl 
nos i)Oi>tas , sustituyeron tantas Bguras de palab 
tos (equívocos, tanta falsedad en los pensamíen 
tas puerilidades, que se hallan i cada paso eu a 
tos? Confesemos con ingenuidad que asi como i 
lo (|ue (*ra buena |K>esia, asi también carecieron 
y ehfccion para lo demás. Después de Herrera, G 
Fr. Luis de León, Jauregui, Lope , Ercilla , los * 
las , y otros de su tiempo , solo hallamos copl 
l.oetas. ¿ Pues ((uién tuvo autoridad para desterr. 
tigua locución |>oética? ¿ Deberemos buscarla en 
de Montoro, (it*rardo Lobo, Uenegasi, Ceruad: 
Manhante, y otros de esta secta; ó eu aquell 
producciones tan alabadas son entre los hombres 
gusto? Lo sabrán sin duda algunos modernos, que 
de (]uen'r puríUcar imestro idioma, le enervan ; 
yen enteramente; de tal modo, que si llega i 
este errado método, dentro de pocos anos ha 
poeta el mismo lenguaje que el orador , y p« 
divina poesía aquel preiio singular que sienip 
distinguido y realzado sobre la prosa mas eleg 

Por lo que toca á esta com|K)sic¡on no hallo ti 
mas esencial que poder añadir; si bien imagino > 
que logre entre algunos estimación, no faltar 
|)o<^'o censores í\ue la crilí(|uen ; pues como no 
de hacer otra obra original mejor que ella, ce 
difícil, el notar defectos y destireciarla es ba^l 
cil para cualquiera que se dedique á ello. 

La corte abunda de eruditos, que nohaiúem 
cido á la naturaleza un talento sublime, cual s«» 
para enqiezar á ser po<*ta; no habiéndose molest 
p(R-o en cultivar el árído estudio de los preceptc 
la filosofía y demás ciencias que deben acoinp: 
mucho menos la lectura de buenos originales 
esta pe<pieua falta con la \aiia ostentación de 
sueltas , halladas |)or acaso , reteiiitbs sin con 
disceruimieuto, y producidas con trastorno é igr 
Cstus censuran libremente lo que no entienden: 1 



poesías. 

ectas son defectuosas á su vista; y como la sa- 
la ignorancia hacen atrevidos (i lo<) honittres, 
el segundo motivo se erigen en jueces arbitros 
i) de los demás. Otros menos advertidos pre- 
dquirír el mismo derecho por tul cual obríila 
ible que han escrito : un elogio insulso, una tra- 
uua comedia desatinada, digna por sus moiis- 
!es de represcutai'se en nuestros teatros, dan 
í autoridad ú cualquier atronado para crcorse 
notar errores en los Horneros y Virgilios. Si fuc- 
sia clase los críticos que han de juzgar el pro- 
ito, serán sus fatigas despreciadas de los lioni- 
figentes y de buen gusto. Si por el contrario 
alguno, que según los principios iufalibles del 
tale lo que hay eu él digno de alal)anza, y lo que 
la corregirse , será en tal caso acreedor á los 
elogios. 

r de esta obra tío muchas veces levantarse con- 
scrítos numeroso tropel de críticos impcrtinen- 
I siendo iguales en ellos la maliguidad y la nio 
inca osaron dar al público una obra suya original, 
Qostrar por el modo mas breve cuál era el ca- 
los aciertos. Fácil es censurar ; pero muy difícil 
obras estimables. Para conocer los delicados 
de un Virgilio ó un Torcuato, acaso no bas- 
de memoria cuantas poéticas hay escritas : es 
> tener la grande alma de aquellos hombres para 
[garlos ; el que no sea capaz de añadir un cauto 
isaUn Obrada, calle y admire, y deje el empeño 
3sura á quien sea capaz de competirla. 
s veces un preceptista rígido juzga defectos los 
acaso primores inimitables en una obra de poe- 
[) quiere reducirlo á ciertas medidas geométricas, 
posilñlidad física , que en las producciones del 
I DO hallan cabida , ó si la tienen , es en tales 
lucias y de tal modo , que no es comprensible á 
trece de un genio superior, ({ue burla y confunde 
ráctica las áridas especulaciones de los teóricos. 



40 



POEMA DIDÁCTICO. 



CANTO PRIMEKO. 
ntigúedad, origen y escelencias de la caza. 

No, como suelo, del Amor titano 
koto injustas hazañas dolorosas , 
tampoco de Marte el inhumano 
is furibundas armas espantosas , 
le cubren de cadáveres la tierra ; 
!ro la viva imagen de la guerra. 
Con cual arte las Ceras y las aves 
ijete el hombre, ó tú, deidad campestre , 
ista Diana, que ejercerlo sabos , 
cta á mi inculta música silvestre, 
les nunca otro español subió al Parnaso 
jt donde yo dirijo el nuevo paso. 
¡Luis, oh gran Luis! mi am^iaro, y ornamento! 
une esfuerzo y valor para invocarte , 
ae a(iuel soy, que con alto pensamiento 
estinaron los cielos á cantarte, 
yo te llamaré con nombre justo , 
ecenas español, ibero Augusto. 
Tú, que benigno v plácido escuchaste 
un trémula á mi Musa balbuciente , 
No la has de oír ahora? Tú lltMiaste 
1 mundo de la fama de clemente : 
n virtud, tu piedad faltar no pudo : 
nimo, ó Musa, arrojóme : ¿qué dudo? 
A dos hermanos hijos de Latona 
06 dos seguimos, y esto nos ha unido : 
polo la infhíctífera corona 
>xo II. 



Del triunfante laurel me ha prometido, 

Y á tí, Dictina, eiuriquecerte traza 
De abundantes despojos de la caza. 

Tú has dado testimonios relevantes 
De (|ue en los premios clásicos se internan 
De la literalura los amantes , 
Siempre que sabios principes gobiernan , 

Y que á pesar del odio mas perverso 
Los versos ama quien merece el verso. 

Sin duda tu gran madre soberana , 
A cuya planta augusta yo me postro. 
Para cantarte el arte de Diana 
Me dará tiempo con sereno rostro. 
Que un breve rato es mérito nmy Ajo 
Dejar la madre por servir al hijo. 

Si acaso el gran Monarca me escuchare 
Benignamente con oído atento, 
Díle que á mas empresas se pre()are ; 
Pues pronunpiendo en ímpetu violento , 
Ya vendrá tiempo, y cantaré con saña 
Los grandes triunfos de la horrible España. 

Mientras tanto conti{][o por la umbrosa 
Selva feliz discurriré, siguiendo 
La caza, de tus tiros temerosa : 
Mil ninfas dulces coros disponiendo 
En la espesura, allí con voz amiga 
Aliviarán de entrambo s la fatica. 

Díctame pues la nmsa castellana 
Versos dignos de un principe, cual eres : 
Ni asiste a formación de docta plana 
Mejor que á aquella en que alabado fueres, 

Y reducido á números suaves. 
Cazador diestro, escucha lo que sabes. 

Hubo algún tiempo en los remotos años 
Del mundo infancia, en que la dura tierra 
No le causaba al hombre algui^ps daños , 
Ni con zarzas ni abrojos hizo guerra, 

Y sin cultivo pródiga y esclava 
Los frutos de sus árboles le daba. 

Todo era paz : aun no nacido hablan 
A turbar la quietud los monstruos tíeros 
De ambición y nolitica ; escondían 
Los montes no labrados los aceros , 

Y aquel siglo inocente con decoro , 
Por no le conocer, se llamó de Oro. 

Retozó con los tiernos recentales 
El lobo carnicero, y humillados 
Amaban los mas Ueros animales 
Ser con humanas palmas halagados, 

Y en la ley natural, que allí observaban , 
Los hombres y los brutos descansaban. 

Mas corrompiendo la malicia humana 
La sencillez y candida inocencia , 
Naturaleza se mostró tirana , 

8ue así lo ([uiso eterna Providencia : 
uyeron de la mano audaz los frutos , 
Bramaron rebelándose los biiitos. 

Y el hombre miserable condenado 
A ganar con sudores el sustento , 
La primer vez rompió con tosco arado 
De la gran madre el rostro macilento. 
Encerrando en su seno las semillas, 
Que luego son garzotas amarillas. 

Pero impaciente el hambre porGada 
De la tardanza, aun antes que él arase 
Le dio principios de la caza osada , 
En que con prontitud se remediase , 

Y fué la primer arte que él procura , 
Antes que la robusta agricultura. 

Los ramos de las selvas desgajados 
Fueron primeras armas, los crecidos 
llénaseos de la cumbre derribados , 
Los garrotes volteando despedidos , 
Pemi(|uebraron cabras y corderos , 

Y alguna vez los corzos'mas lijeros. 
Poco después las hondas baleares. 

Con guijarros, que salen al cbasquido, 
Llevaron á los vientos y á los mares 
La muerte al pez y al pájaro del nido. 
Hasta que al ün Lamech en feliz dia 
Diestro facilitó la cacería. 
El prínuTo dobló las fuertes varas 



SA 



OmtAS DG IIORATIN 



Para hacer arcos ; bízo k los estremos 
Distantes acercarse con muy raras 
Fuerzas, y ató la cuerda, como hoy Temos; 
Este calzó para volar derechas 
Coi) las plumas del águila las flechas. 

Las reses en el monte perse^idas 
Su nuevo anlid con llagas publicaron , 
Do esto al que ojemplo díú á los homicida** . 
Los primeros arpones trasi>asaron ; 
Pues juzgándolo { oculto en un grimazo) 
Por fiera, lo mato de un saetazo. 

Asi íueroi) los hombros cazadores, 
Sin mas arte que el arco y la fatiga. 
Hasta (|ue halló los últimos primores 
(k)n sabio acuerdo, ú Luú, tu grande amiiM . 
Tu grande amiga, de mi Apolo hermana . 
La casta y hermosísima Diana. 

E.sta beldad, del parto temerosa, 
Aborreció los túlamos nupciales; 
Por la ciudad trocó la selva umbrosa , 

Y habita en los espesos robledales, 
Kn los bosques y páramos montunos. 
Huyendo los amores importunos. 

Ésta primera y linda cazadora. 
De los perros notó primeramente 
Las diferentes castas ; fué inventora 
De la alta red, que cerca el continente , 
En la (lue sin remedio al fin cautivos 
Los animales sou muertos ó vivos. 

Y c<mio hija de Jove, jior quien crecen 
Al cielo sus blasones, bien sabia 

La hermosa infanta cuanto se parecen 
El urle de reinar y montería , 

Y que la astucia tiene tanta parte. 
Como en las duras guerras del dios Marte. 

Y como el gran Monarca se previene 
Con ejércitos, naves y legiones. 

Con que á ser respetado y señor viene. 
Aun de las mas indómitas naciones, 
Asi la real doncella halló la traza 
De tmlos los pertrechos de la caza. 

Sonando va la aljaba de Corinto 
Con las etolias flechas en el hombro, 
Debajo de l<»s pechos brilla el cinto. 
Donde miran las fieras con asombro 
Del javali <le Arcadia la cerdosa 
Testa, y del aervo epireo la ganchosa. 

La rubia trenza, afrenta de su hermano. 
Prende blanco listón, que acaso pierde , 
Dos broches alzan con donaire ufano 
A un lado y otro la basquina verde , 
Las columnas de Paro descubrieiido|, 
Que el real coturno calza y va luciendo. 

En medio de cien ninfas sobresale 
Como alta palma entre el centeno blando , 
Pues no hay otra gallarda que la iguale : 
¡Oh deidad! ¿cómo estoy un ti cantandot 
¡ Oh virgen ! ¿con cuál verso en este dia 
Te podrá celebrar la musa mia? 

¿Porqué, dime, te agrada en la floresta 
Huir los ocios y sufrir robusta 
El estivo calor de la alta siesta. 
Por ((ué e] estrado persa no te gusta , 
Ni las delicias del genial retrete , 
O el espejo en juntado gabinete T 

Guanta los ojos, ninfa , pues si vieras 
A Lif», joven galán, que >o celebro, 
El proposito firme tú pertiieras , 
Tú le buscaras desde el Ebro al Hebro, 
Si el sonrodado rostro le miraras , 
De nuevo Endimion te enamoraras. 

Tú fuiste la inventora del gran arte. 
Que con el conquistar se ha equivocado. 
Tus ardides aprende el fiero Marte, 
.Mucho el cazador tiene de soldado : 
O Diana feliz, beldad estrema , 
Que el tuyo daní nombre á mi poema. 

¿rinantos provechos á la especie humana 
Tu deidad enseñó T Ningún inaigno 
Podn'i, cazando, la traición villana 
Tramar cou fiero espíritu maligno, 
Pups robas la atención, y los cuidados 



(D. NICOLÁS ). 

Penosos por ti fueron i 

Tu al hambre mal sufrida socorriste, 
Los ánimos alefpas : con tus manoi 
Las artes |K>dalirías escediste. 
Útil gusto, y salud de los humanos : 
Tú mantienes el cuerpo duro y fuerte, 
Que ni teme á la guerra ni á la muerte. 

Ni te agrada alistar en tus banderas 
La generación débil y bastarda , 
Que niega á sus abuelos, y que altens 
Con el trueno infernal de la bomberda. 
Ni afeminados lindos deliciosos. 
Con dijes y perfumes olorosos. 

Y vosotros, que en ocio abandonados 
Torpemente vivís, la fama oculte 
Vuestros nombres del cielo detestados, 

Y en olvido oscurísimo sepulte : 
Afrente vuestra inflamia abominable 
Del gran Luis el real pecho infiíügable. 

De principes y dioses aplaudida 
("recio el arte : siguió su afán violento 
Hipólito, que halló dos veces vida, 
Niso, Euríaio, Orion, Céfalo atento, 
Carpóforo, Melea^ro, Cipariso, 
Atis, Apolo, Adonis y Narciso. 

Ni el icrande emperador callar pretendo. 
Que de la caza piscatoria k Oi^no 
Los elegantes números oyendo. 
Con franca, liberal y larga mano. 
Dio al poeta dulcísimo y sonoro 
Por cada verso una moneda de oro 

Fué asi la caza hasta que halló el averno 
La invención de la pólvora tremenda : 
Osó en las selvas el silencio eterno, 

Y viéndose morir con muerte horrenda 
El bruto se espantó de oir el trueno, 
Estando el cielo plácido y sereno. 

No fué hecho este durísimo ejercicio 
Para complexión leve y enfermiza , 
O encenapda en el deleite ó vido ; 
Gente quiere furtisima y rolliza. 
De aguante pertinaz, nunca vencido. 
De á^l cuerpo y espíritu atrevido. 

M importa menos que elegir la gente , 
Saber cuál varío género de lleras 
Ciada lugar, cada región sustente. 
En bosques, peñascales ó en praderas. 
Ni será para el arte menos bueno 
Saber las diferencias del terreno. 

Asi el caudillo esp(>rto reconoce 
Del enemigo fuerza ^ calidades , 
De cuál cielo y ambiente el cUma goce , 
M deja sin vencer dificultades, 

Y anticipada y cierta de su gloria , 
Le ofrece sus laureles la victoria. 

Los gamos apetecen las llanadas , 
Huye el lobo á los rudos peñascales. 
Se acoge á las malezas intrincadas 
El puerco, y los flrondosos huecadales , 
Seguidos de sabut'sos y ventores , 
Procuran los venados voladores. 

El oriental idólatra sujeU 
Al veloz tigre, el bárbaro africano 
Al león rojo desafia v reta , 
Pronto el alfaide y el venablo en mano, 

Y el lapon blanco caza audaz al oso , 
Terrible, guedejudo y espantoso. 

El Peni de sus Añiles, asombrado 
Tiembla los formidables culebrones. 
En el desierto hbico abrasado 
Dan silbos las ceraslas v dragones, 

Y al caimán sijmr' el imlio americano , 
Vas:ilh) occidental del rey tu hennano. 

De la España ausentó naturaleza 
Piadosn tales monstruos : no en el monte 
Al eaz:idor asusta la braveza 
Del indómito audaz rinoceronte, 
Ni temas que al villano le amedrente 
lUííi sus muy grandes roscas la serpiente. 

Mas no dejó sin caza las montaiias , 
En que el valor y el susto se ejercitn : 
No hay fieras horrendisimas y estnfias ; 



poesías. 



51 



Pero porque esta ftlu se des((uite , 
Cou prudencia y agrado (no te asombres ) 
Lo ferox de los brutos dio á los hombres. 

De esta patria feliz, no del Sabéo 
Las fértiles campiñas, los floridos 
Verjeles de Ceilan, ni del Hibleo, 
Ni del Pactólo yermo enriquecidos , 
Ni cuanta amenidad, ó Temue, alcanzas, 
Pretendan competir las alabanzas. 

Los Cándidos rebaños desparecen 
Las mas altas colinas, y los prados 
Céou ártK>les y trigos reverdecen. 
Eterna primavera dan ios hados : 
Neptuno puso estala en esta tierra 
De caballos lijeros y de guerra. 

Añade tanto tren, tantas ciudades, 
Tantos reinos vencidos, tantas gentes 
Esclavas, tanta pompa y majestades , 
Los sobeibios iKilacios eminentes 



De aquel que rige tierra v mar profundo , 
'"érios Tercero, emperaaor del mundo. 
¡ Salve, ó patria feliz , región de Blarte ! 



ínclita engendrado» de varones ! 
Los cielos me iiiclinaron á cantarte, 
¡Oh Luis! da heroico aliento á mis razones : 
¡Salve, ó madre de tanto esclarecido 
Famoso capitán, nunca vencido! 
Esta orodujo al fuerte Yiríato, 
Terror ae Boma v Rómulo de España , 
A Trajano y Teodosio : el moro ingrato 
De Bernardo y el Cid lloró la saña : 
A los Laras, Bazanes y Girones , 

Y Ponces, que domaron los leones. 
Esta arrulló de acero en los paveses , 

Los Cerdas generosos , y sin miedos 
A Córdobas, Pizarros y Corteses, 
Esu á los duques de Alba, á los Toledos , 
Que envió Fehpe k reprimir los grandes 
Alborotos y escándalos de Flandes. 
Esta dio cuna k Carlos soberano, 

Y á ti, ffran ¿mú, mancebo esclarecido, 

Que si nubiera al«) mas, que ser su hermano, 
Ya tu virtud lo hubiera conseguido : 
Celebrad á mi patria, ó mis Camenas , 
Por ser patria también de mi Mecenas. 

Diana, ciegamente enamorada , 
Por las selvas al sol te va buscando. 
Jamás vio juventud que asi la agrada , 
Por Cuna te está solo idolatrando : 
Ella te dio presteza, aliento y traza 
Para el duro ejercicio de la caza. 

En la flor de tu edad robustamente 
Latiendo los espíritus, que a^tan 
El bien formado cuerpo y emmeote , 
Al afán venatorio le habilitan 
Con movimiento grave, mas no tardo^ 
Despejo airoso, intrépido j gallardo. 

Al céfiro con oro le ennquece 
La vaga inundación del rubio pelo , 
El rizo mal peinado bien parece. 
Oíos azules del color del délo : 
Plantel de acanto, rosa y maravillas. 
Vertiendo leche y sangre las mejillas. 

Al lado izquierdo inclina el galoneado 
Castor fino , y con vista muy ^larda 
Brilla un diamante, y el íavonio osado 
Va al des^pire moviendo la cucarda 
Con cambiantes de visos y celajes. 
Haciendo tornasoles los plumajes. 

Mas, ¡ oh cuan incansable el hombro sufre 
El peso de la fúlgida escopeta. 
Que vomita relámpagos de azufre ! 
Si no va la punzante J)ayoneta, 
Del ancho cinturon resplandeciente 
Pende al lado la espada omnipotente. 

Pero ¿cuál versó esnñmo ó mantuano] 
Bastará á celebrar las perfecciones 
Del espíritu beróico, soberano? 
De tanto empeño, ó Fama, no blasones ; 
Pues su Dooibre. que al mundo se derrama , 
Aun Bo cabe en las lenguas de la fama. 

Y no solo á las fieras lazos pones. 



Qno, ó joven, tu piedad ha cautivado , 
Aun los mas Intratables corazones ; 
Nadie se fué de ti desconsolado. 
Que este es el gran cuidado que desvela 
Ai hijo de Filipo y de Isabela, 

¡ On, qué amante respeto que diíhnde 
Ei semblante real, benigno y pió! 
Solo el mirarle al pérfido confunde : 
¡Oh (]ué agrado ! y ¡con cuánto señorío ! 
¡ Qué hermosa juventud que alli florece ! 
¡ Oh ! cuánta majestad que resplandece * 

¡Cuánta niufsi real en sus retiros. 
Tu tálamo nupcial procura ansiosa ! 
¡ Oh cuántos ardentísimos suspiros 
Kstá por ti exhalando alguna diosa! 
Quejándose envidiosas y severas 
De ver que las desdeñes por las fieras. 

Solo así al duro Amor se le quebranta , 
Ni la fuga con él es afrentosa; 
Pero i ay dolor del triste que te canta! 
Pues ni el huir, ni vida tan penosa , 
Ni la fiel musa, ni tu ejemplo apenas 
Me pueden libertar de sus cadenas. 

Fatigando los montes todo el dia 
Menosprecias los hielos y los soles, 

Y no te da temor la noche fria : 
Adoran tu valor los españoles, 

Y esperan verse dueños de los hados , 
Por tan fuerte adalid acaudillados. 

Ni temes precipicios ni asperezas. 
Los riesgos, intemperie y batideros : 
Por las fragosidades y malezas 
Ucvuelves los caballos mas leeros ; 
Ni de la sed te rinde la fatiga, 
Ni del hambre, doméstica enemiga. 

El gran Fernán González vio cazando 
El pronóstico fiel de su victoria. 
El casto Melanion, el bosque amando. 
Su pureza libró con alta gloria, 

Y Ganimedes fué con presto vuelo 
Desde la caza arrebatado al cielo. 

En la caza, Alejandro macedonio 
Engendró aquel valor, que al orbe pisa, 
El Hércules jayán amfitriouío , 

Y el arrogante Aquiles de Larisa 
Fueron con ejercicio tan terrible 
El uno vencedor, y otro invencible. 

Diré (y no juzgo que el discurso yerra ) 
Mirando tanto alan , peligro y traza , 
Que no es la caza imagen de la guerra ; 
Sino la guerra imagen de la caza , 

Y aua esta ha menester mayores brios, 
Porque vence contrarios mas imyios. 

Felices, si sus bienes conocieran. 
Los cazadores, que en el campo ameno 
El premio encontrarán, que aerto esperan : 
Aunque no su ancho pórtico esté lleno 
Del gran tropel de entrantes y salientes , 
Ni le insten unportunos pretendientes. 

Ni anhelan por el techo artesonado 
En dóricas columnas suspendido , 
Ni con oro el vestido realzado : 
Ni cou uso estranjero han corrompido 
Las costumbres patricias, ni á su lana 
Blanquísima manchó tintura indiana. 

Mas no les falu con quietud segura 
De varios bienes rica y sana vida , 
Los anchos campos, lagos de agua pura , 
Las cuevas, la floresta divertida. 
Las presas, el balar de los ganados , 
Los apacibles sueños no inquietados. 

Mis dulces musas, cuyo amor me ha herido, 
Me enseñen qué fué el caos ó la nada , 
Antes que el universo hubiese habido ; 
Cuál del alma inmortal es la morada ; 
Qué origen tuvo el hombre y negro fiero; 
Qué dijo al ver sus manos el primero ; 

En qué consiste lo que llaman vida ; 
Si es ae los astros vida el movimiento ; 
Qué es la luz ; si hay mas mundos á medida 
De los soles que ostenta el firmamento ; 
Cómo el nuestro en el aire está librado ; 



tn 



onUAS DE MORATIN 



Si está inmófil, ó en tomo es volteado ; 

Cómo al bombrc las islas dioroa casa ; 
Si hay esferas, ó gran rcKion vacia ; 
Qué es muerte; ¿mas t[uién sabe lo que pasa 
De esotra |Mirte de la muerte fría? 
Feliz el (lue en materias tan dudosas 
Averiguó las causas de las cosas. 

Mas si estas partes de naturaleza 
Al humano indagar no se consiente , 
Del Escorial y el Pardo la aspereza 
Mo agrade, y Aranjuez el Qoreciente, 
El Partiuo, el Yalsain y Eresmaft-io, 
Caudaloso tal vez con llanto mió. 

Dichoso el que en obsequio dt* Diana 
Busca la opaca sombra en las fresnedas : 
Estos huyen la pompa cortesana, 
El fausto y ruido en peligrosas ruedas, 
("on que suena ol confuso lal>erinto 
De la villa imperial de Carlos Quinto. 

No les turba el tambor que incita u guerra, 
Ni el saber que á la mar estén botando 
Naves los astilleros de Inglaterra , 
Ni los reinos, que se han do ir acabando. 
Ni los altos palacios de los reyes , 
Ni la verdad confusa entre las leyes. 

Pero ellos de la caza sustentados. 
Logran de las meriendas muy sabrosas, 
Al margen de una fuente recostados ; 
En casa aguardan fieles sus esi>osas, 
Los hijuelos están junto á la madre. 
En torno de los besos de su padre. 

Con el trabajo el cuerpo está robusto , 

Y los fornidos miembros se ejercitan; 
No cual los viles, que con nondire injusto 
Del ocio en los ejércitos militan : 
Desprecian con los hielos y calores 

La vida sin afán los cazadores. 

Tal vida los antiguos castellanos 
Tuvieron : los Alfonsos, los Benmidos, 
Ramiros, los Fernandos soberanos , 
Ordoños, Sanchos Bravos y sañudos, 

Y tal vez Manzanares vio al famoso 
Gradan Ramírez alanceando á un oso. 

(k)n tal geutc creció la fuerte Espaiki , 

Y asi la gran Madrid ha dominado 
Cuanto el sol dora y cuanto Dorís baña : 
Sus fábricas al cielo ha levantado , 

Y ofrece en sus bellísimos espacios. 
Para albergue á su rey siete i^alacios. 

Indivil Argantonio, y los primeros 
Españoles tal vida ejercitaron , 
Cuando aun no domeñados los aceros , 
El yunque y los martillos resonaron : 
Tanto promete el que con juicio abraza 
El muy noble ejerado de la caza. 

Esta arte hasta la cumbre has sublimado , 

Y esta te canto, ó real garzón de España, 
Mientras me endeudo a celebrarte armado, 
CiUbríendo de enemigos la campaña : 

O Joven, de Pelayo descendiente, 
O consuelo y Masón de nuestra gente. 



CANTO II. 



Peligros de la caza ; pertrechos necesarios, como inslrn 
mentas, animales etc., y su enseñanza. 

Pero en todas las cosas se requiere 
Cierta medida : luce con templanza 
Cualquiera acdon; mas si en esceso fuere, 
Nemesis justa niega la alabanza, 
Y nada con pasión obrar debemos. 
Pues siempre son vidosos los estrcmos. 

¿Quién crevera que este art<» que yo aUil» , 
Con su embeleso y atractivo hechizo 
Reduzca al hombre de la infamia al cabo ? 
Pues, ó fiel Musa, cuenta lo trae él hizo 
En quien no le ejerdó con juldo tanto, 
Gomo el real cazador á quien yo canto. 

ffo ba de seguirte con aquel anhelo , 



( D. NICOLÁS ). 

Que Nicias, que aiguieodo los venados 
Cayó en un homo, ardiente Mongibelo : 
Rindió el alma en sus cueroot eoraoiadot . 
Basilio emperador, y el Gidno rico 
Ahogó después de caza á Federico. 

De tal manera al hombre arrastra y doma. 
Que olvidados los triunfos t combales, 

Y el gran valor con quefotigó A Roma 
El asombro del Ponto, Mitndates, 
En siete años al bosque abandonado , 
Cual Nabuco, jamás entró en poblado. 

De Adriano rompió la caía un dfci 
Con dolor una pierna : ¿quién ignora 
Los hados de Acteon? Al joven uia , 
Hijo de Atlante, un león cmel devora : 
Por vil predo Esaú después de caía 
Yendió el ser mayorazgo de tal raía. 

El bosc^e de Úniols á Juan Primero, 
Que un tiempo tuvo en Aragón la alUa, 
Llora : salióle al rey un lobo fiero, 

Y él armado de acero con que brilla, 
Al ir con arroaanda á alauceallo, 
Cavó muerto a los pies de sa caballo. 

ifas la traaedia mas boneoda, v triste 
Que España lamentó, ftié de Favila : 
¡Oh monte Anseba, que el suceso viste! 
Tú lo reflert», porqat> ya destila 
Mi vista fid de lá^mas un rio, 
Yiendo tal ruina en un monarca mío. 

Era Favila estirpe de Pelayo. / 
Sucesor de su padre y tierno joven : 
Temblando calló el moro con desmajo, 

Y él, para que los ocios no le robeo 
El ánnno heredado, en las laderas 
Se cjerdtaba en perseguir las fieras. 

Una tarde, sigmendo el rey á úa oao 
Membrudo, corpulento, encapotado. 
Con zarpas y mdenas espantoso. 
De sus perros y gente desviado. 
Cebado en el alcance, se 



En la fragosklad de la montaña. 

Y calando el cerdoso papahígo, 
El bruto vuelve la espantable can , 

Y aunque el garzón se mira ¿ü tesUgo, 
Rechinando un venablo le dispara : 
Erróle el golpe, y como el rie«BO creoe, 
Desnuda la ancha espada respüodece. 

Levántase en dos pies, y aore las man 
El tremendo anhnal, y k bnuos viene 
Con el segundo rey de los hispanos : 

Y aunque el estoque ya envasado Uene, 
Se traba entre los dos con fhena 
Dura, aunque desigual, dudosa hi 

Cada cual, semín puede^d olio „ 
En torno revolviéndose, y nrefando 
Como Alcides y el h|jo de la tiein : 
Está la fiera al rey sobrepujando 
Con muy alta cervii; pues teme ymbe. 
Que un leve golpe allí su vida aeabe. 

Pero enojado d rey de la tardann, • 
Dos veces por d vientre le Im metido 
El brillante poñil con gran p^Ianu : 
Dio el oso un horrendinmo oranido. 

Y aprieta estremedéndose de sberte. 
Que á ambos dieron las ansias de la 

Cuando veis de monteros la 
Con dardos y con lamas, y m 
Los perros íorccjeando en la 

Y coa ropas de caza rocagantes 
La esposa joven rema, que aquel dlt 
Del rey quiso alegrar la cacona. 

Pásmanse todos de suceso tanto. 
La ronca voz se pega i la oarganu : 
¿Habrá acaso ftiror, lira, nfcanto. 
Que pondere el dolor de la alt» infinita t 
Si atónitos pinté los drcunstanles. 
Mi ingenio apele al velo de limantes. 

Muerto y despedasado mi m de runfla 
Yace, y muerta la fien so booncida, , 

Y á entrambos la mesclada sangra bef 
Pues tanto hnporU sn preciosa vida. 
i Oh dck» ! por mi roego I 



POESÍAS. 



De mi LuU apartad tan fieros hados ! 

Jamás el general ha de arriesgarse 
De quien la salad pública de^nde. 
Mas debe que un ejército estimarse : 
Que un fuerte brazo, que atrepella y hiende, 
Se halla pronto; mas no con tal presteza 
Una heroica y dentiOca cabeza. 

Cual tú cazas, asi los cazadores 
Deben cazar desde este al otro polo, 
Tu heroicidad los reyes y señores 
Imiten para serlo ; pues no solo 
Al cazador enseña tu desvelo : 
De príncipes también eres modelo. 

De uu principe han de ser primeramente 
Las soberanas ciencias alto empleo, 
Las ciencias que distinguen noblemente 
Al hombre racional del oruto feo; 
Pues un hombre isnOrante , aúneme se alabe , 
No es mas que el bruto, y si es, el no lo sabe. 

Y si on plebeyo necio asi es horrible , 
¿Cuál monstruo ftiera un princi|)e ignorante, 
Oprobio de su patria aborrecible? 
Con ul azote, 6 Júpiter tenante. 
No castigues jamte á las naciones , 
Ni aun A los turcos, persas, ni jaiiones. 

Pero si quieres dar felicidades 
A algún pueblo tu amado, da un famoso 
Príncipe como Luis : ¿Qué habilidades 
O ciencias imioró? Pues yo no oso, 
Musas, decidlo tos, si podéis tanto. 
Con Tuestro celestial divino canto. 

Así está coo los libros en la mano 
El que hizo su maestro en guerra y corle 
Ai héroe de Veletri, al rey tu hermano , 
El Al^andro, el gran César del norte , 
El gran campeón dentiiico y robusto , 
El rey de Prasia Federico Augusto. 

En manejar las armas fulminantes 
Se ejercite ya un príncipe instruido : 
Retratos de la guerra semejantes 
La caza y su fiítioa siempre han sido : 
En esu siga 4 mi Diana bella. 
Mientras el fiero Ibrte llama á aquella. 

Pero ante todas cosas es preciso 
Salier qué prcTenciones de instrumentos 
Ln ninfa hermosa para el arte quiso : 
Estos son los primeros fundamentos. 
Pues ta esperíencia halló que siempre yerra 
Quien camina sin armas á la guerra. 

Tacos de enjuto esparto, lavadores. 
Yescas, bolsas de pólvora y de balas 
Deben siempre llevar los cazadores : 
Redes de malla mndes y no ralas 
Con estacas de hierro, en que IQeras 
Caen las timidas liebres prisioneras. 

Para los simples eonejuelos, chillos, 

Y lazadas de alambre escurridizas. 
Perchas de blancas cerdas y capillos. 
Frascos y sacatrapos, y tomizas. 
Ganchos de muelle , cuerdas y podones, 
yachetas, pedernales y azadones. 

Ni olvides al martillo con boqueta. 
Trabillas y collares pespuntados, 

Y para hacer llamada la cometa, 
O para agamitar i los venados : 
Reclamos de las delias codornices. 
Señuelos de palomas y perdices. 

El cazador se adorna y se deüende, 
Llevando al cinto el cuchillón de munlc, 

Y calada penetra, rasga y hiende. 
Aun contra la pitanza deTifonle , 
Aquella arma punzante de Belona, 
Que el moderno furor halló en Üayonu. 

Para el cerco dé telas ó de redes. 
De cáñamo torcido prevendría 
Varales, <pie apmiCalen las paredes, 
Con recatón de hierro clavaría 
Los estacones de áspera corteza, 
O por la prontitud ó la Urmeza. 

Los cuerpos elegidos de niaiicel)os 
Cátn Imena paga «sien bien mantenidos. 
Alégranse en llevar vestidos nuevos. 



Y viéndose robustos y lucidos. 

Se empeñan en saber su ministerio ; 

Y aquel que sabe, en todo tiene imperio. 
Este es el gran secreto en que consiste 

El cantado valor dé las naciones : 
No teme un cuerpo que brocado viste 
El fulminante horror de los cañones, 

Y serán mas valientes los soldados. 
Mas galanes y mas disciplinados. 

Asi las reales guardias, que lucidas 
Resplandeciendo están cbn los galones, 
Son la tropa meior: lo distinguidas 
Invencibles las hace en lás funciones : 
Después de ellas, ninguna gente iguales 
A los carabineros siempre reales. 

¿No ves cuan arrogantes y cuan fleros 
Con las gorras, terciados los fusiles. 
Marchan los espantables granaderos. 
Trasunto cada cual del bravo Aqulles 
Con bizarra y triunfante gallardía. 
Honor de la española infantería? 

Pues lo mas á la gala le es debido, 
Que otros vieras no seríes inferiores 
Con su hacha, berretina, y su vestido : 
Con la escopeta dló á los cazadores 
Principios de tirar el muy bizarro. 
Valiente capitán Pedro Navarro. 

De Riela, de Fernandez, ó de Algom, 
De Bis, ó de Esquivel, ó el Solo diestro 
Se elegirá el canon : siempre, y ahora 
El que forjó en Madríd algún maestro 
De Europa á todo príncipe le agrada 
Con llaves de Ripoll ó de Igualada. 

Con sus hojas contenta esté ToIíhIo, 
Roma ostente pinturas rafaelas. 
Cristal Venecia, del sirviente miedo, 

Y Londres y París sus bagatelas ; 

Que mi patria guerrera armó al hispano 
Las mácpiinas horrendas de Vulcaiio. 

L»s cóleras del pueblo reventaran 
0[Trim¡do con cargas insufiribles : 
Los cañones y el pueblo se comparan. 
La piedad y política apacibles 
Contienen á los dos, y la esperíencia 
De ambas cargas dará segura ciencia. 

Cubrírás con el punto la cabeza 
Del ave que está enfrente y repinada. 
Descerraja al pausad : tira á la pieza 
Pronto y á tenazón, si va emboscada, 
Si lleva el curso rápido ó lijero 
Dispara el tiro un poco delantero. 

Justo es que sepas, porque te señales, 
Cómo á los animales oíebe hacerse 
La guerra con los mismos animales : 
Mandó así la política entenderse, 

Y es arbitrío, que el trímifo trae consigo 
La guerra á costa hacer del enemigo. 

Asi Roma á las gentes no domadas 
Venció con las vencidas : con sus brazos 
Hizo soberbias fábrícas preciadas, 

Y asi mi rey los toscos embarazos 
Del alto reventón allana y doma 
Con los ciegos secuaces de Mahoma. 

De la África vinieron los hurones 
Contra la muchedumbre innumerable 
De conejos : contra ellos protecciones 
A Augusto por legado res|)etable 
Pidió algún pueblo, pues si audaz pelea 
Cualquiera ofende, amique pequeño sea. 

Mezcla el cpieso manctiego bien rallado 
Con agua tibia, y los mantiene fuertes : 
Los conejos en vano se han fiado 
De sus cuevas; que alli con duras muertes 
Los atormentan, y con presa fiera, 
Arrastrando los sacan acá fuera. 

Asi, viendo las fustas africanas 
Con los prontos javeques de su mando. 
Rompiendo el seno á las espumas canas, 
A vela y remo caza les va dando : 
Ellas á Aijel procuran acostarse 
Debajo del cañón á refugiarse. 
. Y aunque de sus fortines al abrígo 



ni 



ííBUAS I)K MOUATIN 



Al oorsariu espaüul vencer desean, 
Las rinde, y á remolco trae consigo. 
Por mas que sin ces:ir le acafioneau 
(iOn retumbante estrépido sonoro, 
Ki fiero Ikirceló, terror del moro. 

Ni lia de costarte el último cuidado 
La cria de los fierros ; ante todos 
Klijíe el blanco, el rojo y el melado, 

Y el negro, y ponpie eviten de mil modos 
La rabia, harás que verlos nacer pueda 

Kl si^no actuario y G(*niinis de Leda. 

Y con su Miclinacíon y la enseñanza 
Los liarás diestros: uim al ciervo sigue. 
Otro á la zorra 6 puerco se abalanza. 
Otro á la liebre, al bibo otro persigue. 
Uno los anchos rios atraviesa. 

Otros <le sangre son, y otros de presa. 
Luego que los cachorros la luz viesen, 

Y empiecen á correr, un gato vean 
Con carne, y cuando todas le siguiesen. 
De aquellos' que mas ladran y jadean 
Saca el mayor, y es bien le engolosines 
Con carne de la caza á ([ue le inclines. 

Ni te agnide adestnirlos de mañana, 
O al fresco ambiente en la serena tarde; 
Sino cuando cuajó la nieve cana, 
O la alta siesta con bochornos arde : 
Aman limpieza en jalbegada casa, 
Las aguas puras, frescis y sin tasa. 

Salvia, retama, ruda y el romero, 

Y el vinagn; les cura enfermedades, 

Y el /iima(|uc da alivio al pié iijero 
Del despeado en las fragosidades, 

Y el vitriolo, azufre y vedegambre 
De la sarna molesta quitó el hambre. 

Son menester acémilas de machos 
Lozanos, con bordados reposteros, 
Con borlas, cascabeles y penachos : 
Ksta recua llevó 6 los cazadores 
Las redes, arcabuces y estacones, 

Y el convoy de las otras prevenciones. 

Y hasta entrar cu el bosque el coche tiren 
Las fuerzas de las muías corpulentas. 

Las pardillas de Almagro en él se miren : 
Ana con diligencias muy violentas 
Halló esta especie cuando insu'i al jumento 
Al no usado y monstruoso ayuntamiento. 

Este humilde animal sirte de cebo 
Del voraz lobo á la ansia carnicera. 
Pues trabajando bien cuando era nuevo, 
Kste c<msuelo en la vejei le es|M.»ra : 
; Oh infeliz bruto, ejemplo desdichado 
De aquel que sirve bien y es mal premiado ! 

Por el monte el caballo muy brioso 
Sigue la caza con veloz carrera. 
De él esta el cazador menesteroso: 
Procure (me la i'aza muy I ¡jera 
So nmitíplíque : (iauo fué el primero 
Que entrego los caballos al montero. 

A conocer aprende los humores. 
La viveza, arrogancia y calidades 
l*or la dixersidad de los colores: 
Yo el bayo elegiría : es bien te agrades 
Del negro, el tordo y alazán tostado, 
Qu(> antes le verás muerto (¡ue cansado. 

Son los potros del Betis generosos. 
Debajo de sus pies los campos truenan : 
(<on agudos relinchos sonorosos 
Los establos de (Córdoba resuenan : 
l^iial es de Aninjuoz la casta inesma. 
Los tuyos beben del nevado Eresma. 

Inquieto en sus praderas el potrillo 
Esta temblando intrépido, y levanta 
La fniíte con nmy alto ccrViguillo, 
Com? por el contorno, y no se espanta, 
Sube al cerrt», y bajando velozmente, ■ 
Corta al rio la rápida corriente. 

Si acaso alguna vez oyó clarines, 
O estruendo de anuas, salta d(>sgreñando 
Al diestro la<lo las espesas crines : 
Al viento en el correr desafiando, 
Pide con los relinchos el jinete. 



(d. mcolas^. 

Y ciego por los campos arremele. 
En el ojo y las sólidas jouturat 

Al buey imite, al áspero nmlelo 
En el iirme sentar las herraduras : 
Al gato en el andar limpio y secreto : 
En la vista y voltear muy velozmente 
A la escamosa y lúbrica serpiente. 

Del león la arrogancia y la fiereza. 
De zorra oreja t cola , del jumento 
La uña , el cuello del lobo en forteleia« 

Y el pecho de mujer : para este intento, 
áQuó otro modelo mí atención divisa. 
Sino el angelical de mi Dorisa? 

Nota, silo'consiente su desvio, 
¡ Con qué arte el pecho dividido ostenta ' 
¡ Con cuánta gracia mira y señorio ! 
¡ (U)n qué marcialidad que se presenta ! 
¡ Cómo es de cuanto ve reina j sefiora. 
Todo lo mira, y todo lo enamora ! 

Tal el Babieca fué, y el que ¿ Castilh 
Quitó el feudo : los tuyos luuy valientes 
Tascando están en la montuosa orilla 
Los espumosos trenos, impacientes 
En los altos pesebres empotrados 
De un tirón muchas veces arrancados. 

Las yeguas son furiosas, oprimidas 
Di'l liero amor, que á nadie es mas dañoso. 
Destilan de las ingles encendidas 
El espeso hipomaues ponzoñoso, 
Que la madrastra en yerbas venenosas 
Con palabras mezcló sopersticioeas. 

Trejian estimuladas de la ardiente 
Indómita lujuria al encumbrado 
Peñalara, y al soplo de poniente. 
Sin otro algún consorte han engendrado 
Potro veloz, que al viento ha de igualarse: 
¡Cosa por cierto estraDa de contarse 1 

Este bruto galáu nunca ha sabido 
La vil adulación : al mal jinete 
Jamás sobre sus lomos ha sufrido: 
Del loco hijo de Febo se promete 
Los tristes hados el que no se ^oste 
Con gentileza en el l>orrén y el fuste. 

La ignorancia y lisonja envilecida. 
Monstruos de los palacios execrables. 
Jamas ante el gran Luü tendrán cabida : 
Los lisonjeros son mas detestables. 
Que el traidor, aue de aceros inhumanos, 
A ejército rebelde annó las manos. 

Si asisten á su lado aduladores 
Solo un [tríucipeeslá, amique acompañado. 
En medio de asesinos y tnidores : 
Es vieio en ignorantes vinculado ; 

Y ofenden, aunque astutos disimulan. 
Pues juzgan incapaz a aifuel que adulan. 

¡ Oh ingratos á la patria y vuestro dueño ! 
Afrente un animal tanta vileza: 
Tú , Luúj no temes del caballo el cefior 
áQuc Lápila montó con tal destreza? 
Ni Héctor troyano en su caballo Etonte , 
Ni en Pegaso el galán Belerofonte. 

Queriendo acaso remontarte al cielo. 
Sin ser bastante el freno á sujetallo. 
Guian jinete, haces temblar el suelo 
Debajo de los pies de tu caballo. 
Que uta o con tu peso y furibundo, 
Ya amenazando al viento , al mar y al muido. 

liUando en tu resplandor salir dlspoües, 
Tntcando los guijarros en centellas, 
La gran Madrid asoma á los balcones 
La hermosa juventud de sus d jocellas, 
Qu4» te aclama en estremos amorosos. 
Dejando á mi y á muchos envidiosos. 



CANTO 111. 

Cura (le los CahaUoi , Pesquería tf Astrohgfa , como 
nevesana ú los Cazaderes. 

Tandúen tiene el caballo enfermedades; 
Mas ¿ quién la esplicacion de un bnito mudo 



POESÍ.VS. 



»S 



Coniprroilo bien? O nobles facultades. 
Ni mi musa os burló, ni hacerlo pudo; 
Sjue antes bien ama su aflcíon rendida 
La virtud en los libros escondida. 

Ni qutTré yo negar que la esperiencia 
Al¿n enseñó'tal vez ; mas fuera de esto 
Uelira en vano imaginaria ciencia 
Otn arbitrario anlidoto molesto, 

Y prueba los dudosos ingredientes, 
A iH»sta de los brutos inocentes. 

Ni ¿iiuíen persuadirá que al tigre íiero, 

Y a la borrenda senciente y su braveza, 
Al loro, a la ave y lobo carnicero, 

Lt'S «lió instinto la gran naturaleza 
Para curarse y conservar la especie, 
Sin (]ue la humana medicina aprecie ; 

\ al potro intiuieto, mucho antes criado 
Que hubiese albéilar, le ha destituido 
De instinto, y á su error le ha abandonado? 

Y vi hombre de otros brutos ha aprendido 
La ciencia de curarse ; de manera, 

gue ella sola es la fija y verdadera. 

La amable libertad, que el gozque tiene, 
(aervo, grulla, león é hipopótamo. 
Le dio despacio, con que a buscar viene 
La pilosela, quina y el díctamo. 
La sancria y clislef ; y Progne lista 
Con ceudonia dá al pblluelo vista. 

Si tú al caballo libertad le dieses, 
Si le hav, halló remedio á su dolencia: 
Pazca sm frenos ásperos las mieses, 
Escárzase en el campo k la inclemencia, 
Hasu que asi cobrando nuevos bríos. 
Se atreva á vadearlos anchos ríos. 

Pero el hombre ignorante y presumido 
De saber mas que tu. Naturaleza, 
Al animal que doma ha sometido 
A la timiila ley de su simpleza: 
;Tanti» pudo con él la aprensión ftierte , 

Y sin Umite el miedo de b muerte ! 
Apenas destemplados los humores 

Ve, cuando el inieliz desatentado 
Multiplica remedios dañadores: 
Acude á este y ¿ aqpiel, acongojado, 

Y sin conformidad en tal abismo, 

Cn-e que otro sabe de el mas que no él mismo. 

>i basun treinta lustros que ha vivido. 
Que aun sin ejemplar, quiere mas de vida, 

Y aun ser eterno, loco y atrevido : 

Y esta imprudencia, y algo de adquirida 
Oirnria, que el monao física la llama, 

A L>culapio y á Apolo dieron fama. 

Mas ; oh del hombre afrenta vil! ¡con cuánta 
Sereniíiad b muerte el bruto espera ! 
E> héroe el Jumentillo, y no le espanta : 
Conoce que es fonosa, y persevera, 

Y snn los mas humildes animales 
Tt^niistocles y Marios y Aníbales. 

Añade la grandeza generosa 
Del caballo español : lleva á su dueño, 
A qnif^ baMar el siervo apenas osa, 

Y él no le mira, ó mirale con ceño, 
Pues juzga por la banda ó la venera, 
Qu«; es de otra especie ó superior esfera ; 

Y el noble broto, al que al criado lleva, 
Sin vanidad se meive cariñoso. 
Ni tiene por baldón, que se le atreva : 
Conoce que es su hermano, y amoroso, 
Al r*iens<f que le ponen con medida. 
En ün mismo pesebre te convida. 

Ni le engrieo las cinchas tachonadas, 
Paramentos, gualdrapas y jireles. 
Ni la plata en hevillas martilladas : 

Y pues asi 1/^ hombres infieles 

No «ihran consigo, Justo es pref^ntallo : 
i,Ou\ es mas bruto, el dueño ó el caballo ? 
Ma» (Hies juntas ya están las provenciones, 
A caza salga el cazador famoso : 
Caza es la |iesca, si ir allá dispones : 
Neja cortezas de color verdoso 
De nuez, que porque tlmao hoyen de ellas 
Uf manos rlc marfil de lis donceliai. 



De allí nacen lombrices para cebo : 
¡ Estraña metamorfosis ! ó sea 
Semilla oculta en invisible huevo, 
O que el calor de nuevo la procrea , 
Seúun el libertino y el impuro 
Dulce Lucrecio y célebi'o Epicuro. 

Porque uno y otn> bárbaro ateísta. 
Inventor de maldad la mas horrenda, 
Átomos juzga cuanto ve la vista , 

Y acaso osU gran máquina estupenda, ' 
Negando independencia v cetro de oro 

Al numen santo, al gran bíos que vo adoro. 

Esta es de la ignorancia la insolencia , 
Negur que hay dueño, aun del supuesto acaso, 
Porque no alcanza á com^irender su esencia : 
Jamas confesará su ingenio escaso, 
Que es conceder, que alguno le adelante, 

Y siempre es presumido el ignorante. 
Con sedales y redes prevenido 

(Bajando á desovar el no abajo) 
Serás á Andrés y á Pedro parecido. 
Llenas las redes en el hondo Tajo: 
Quien de la caña amó la imperliiiencia, 
Sinmlacro será de la paciencia. 
También al pez con yerbas se adormece, 

Y se pesca de mimbre en los cañales, 
Cuando tapando el agua desparece : 
Despojos te darán no desiguales 

A los del Tajo de Aranjuez, que un diu 
Dio mil libras de peces en la ría. 

Pero huye siempre el viento deJevanti* 
Para la caza y pesca : ábrego es bueno , 

Y no pesques de Cintia en el menguante, 
Ni con cielo enojado y no sereno, 

Ni en mañanas con vientos destempladas 
Del Ercsma las truchas regaladas. 

Ni tienes que estrañur que te aconsejí* 
Para cazar la observación del cielo : 
Jamás tu vista ese cuidado deje, 
Porque de él pende el régimen del suelo, 

Y por su aspecto puedes ir seguro 
En la adivinación de lo futuro. 

Mas no imitar pretendas vanidades 
Del fanático astrólogo aj{orero, 
Que sobre el libre arbitrio y voluntades 
Del hombro juzgar quiere muy severo. 
Pues solo alcanzarán tus predicciones 
Del vario temporal las mutaciones. 

Las plantas, las estrellas y animales, 

Y aun las cosas sin vida al hombre ensefian : 
Advirtió estas certísimas señales 

El noble labrador, que hoy le desdeñan, 

Y el ocio que entretiene á los pastores 
En el campo , y también los cazadores. 

Esperarás que lluvia inundo el prado. 
Cuando las puntas de la luna nueva 
Se ven oscuras, ó si ya ha llenado, 

Y algún círculo espeso ú negro lleva : 
Si la graja se espulga, ó si á la orilla 
De los estanques se zambulle y chilla. 

También los gansos de la diosa Tetis 
La lluvia anuncian con sonoras alas, 

Y los caballos que alimenta Betls 
lU'fregándose mucho en las estalas : 
La paloma y la abeja, esta cobarde 
Se recoge temprano, aquella tarde. 

El grueso buey tendido ardiestro lado, 
importuna la mosca porfiada. 
El lobo en embestir precipitado. 
El gallo que cantó de maunigada. 
La rana sumergida, ó con estruendo 
Las querellas de Lycia repitiendo. 

Todo te avisará tiempo llovioso, 
\ la campana (jue aumentó el sonido, 

Y de la grulla el vuelo presuroso, 

O el relámpago y trueno ensordecido : 
Si las lámparas altas centellean, 

Y los bufetes de nogal chasquean. 
El ábrego de Libia trae las nubes, 

Y cuando en ellas desde el claro oriente 
A ocultar tu semblante, ó Febo, subes, 
O cuando vas cubierto al occidente, 



96 OBRAS I)E 

O cuando te oscureces de improfiso, 
Jamás ave casera el campo quiso. 

Conocieron también las hl Linderas 
De Abades, del Otero y San García 
Por el mechón las lluvias venideras : 
Entonces los cameros á porfía 
Se topan, y á la aurora el solitario 
Mas ai(.»grc cantó que lo onlinario. 

Mudó la hormiga el nido, y la becerra 
Con las romas narices levantadas 
Coge el aire después que olió la tierra : 
Los charcos ven sus aguas calentadas. 
Grazna la infiel corneja, y se pasea, 
Las gotas hacen pompa y menude-a. 

Pero si el sol está rojo al ponerse* 

Y una encendida imbe arrebolada 
Le cul>re, ó si la luna d^a verse 
De rubicunda cinta rodeada, 

Si el nubarrón se eleva al alto cielo, 
O con figuras amedrenta al suelo; 

Si acaso en las alturas de los montes 
Se oye un sordo ruido, como cuando 
El) Iñs fraguas de Liparí los bronte» 
Están ron anchos fuelles resoplando, 
O si ropresonláudosc mas bellas, 
Corren á todas iiartes las estrellas; 

Si tronó en el invierno á la mafiana, 
O mas (pití lo que suele en primavera, 

Y el eco se perdió de la cam|)aiia ; 
O de Araciies la tela muy lljera 

Voló, y los perros á estregarse acuden. 
Las añades y gansos se sacuden; 

O si las nubes blancas y pequeñas 
Aniuni'ciendo raso, en las alturas 
Se divisan : son todas ciertas seiías 
De que rotas las fuertes ligaduní. 
Que amarran siempre á los furiosos vientos. 
Trastornaran del mundo los cimientos. 

Portiue advertido el Padre omnipotente 
Los encerró en cavernas muv profmidas ; 
A lio hacerlo, con cólera inclemente 
Kjenriendo sus rabias furibundas. 
Man tuvieran continua y cruda guerra 
Por toilüs los conlines do la tierra. 

Un calabozo horriMido en las montañiis 
Del grande Esc(M-ial kis aprisiona : 
Ellos braman con furias nmy cstraiías ; 
Del monte que está encima la corona 
Tiembla al niurinureo; sus furores crecen, 

Y i»or forzar la cárcel se enfurecen. 
De allí salen fortisimos zumbando 

Por la ancha lonja en donde el arte brilla. 
Los carros de gran peso arrebatando : 
Trastórnase la octava niara vi Iki, 
Corren la tierra con silbido horrendo, 
Los mas prul'und(»s mares revolviendo. 

Y t-n la carrera de Indias el piloto 
(«ántabro, roto el mástil del navio, 
¡tilico y fjito del arte aoela al voto, 

Y a la violen cía del norueste frió : 
Las armadas inglesas y espaüohis 
Subi'ii hasta los cielos con las olas. 

También conocer puedes los serenos 

Y alegres dias con señales ciertas : 
En los Itosifues fructíferos y amenos 
Miisica dulce, ó pajaro, ctmcíerlas. 
Ni el alción apartó del mar sus ojos. 

Ni el leclioii sucio lioclca en los manojo*.. • 

El cuervo grazna, Scila hija de Mmi 
Paga la culpa del cabello de oro ; 

Y el ga\¡laii la asalta de iinpMviso : 
La garza en vuelo rápido y sonon» 
r.()rta los aires, sopla i*l tfannmtana, 

Y abunda de n)Ci(» la mañana. 

Fel>e después ilel cuarto nacimiento 
S4Mniieslra alegn*, limpia y afilada, 

Y esta clara en llegando al complemento : 
El cielo con la leche derfamada 

De Jnno ( instando el Hércules infante ) 
Stí ostenta mas hermosa y rutilante. 

La Aunira el lecho de Titou dejando 
Sale fresca de oriente á las baramlas, 



MOHATIN (n. mcOLAS). 

Las sierras descnliiertas pialeando» 

Y por el llano, ó niebla sutil, andis, 

Y al plaustro dando Apolo riendas llQJss 
De verde se vistió con l>andas rojas. 

Pero si se volvíeren blautiuecioos 
Los nublados oscuros, y el solano 
Te cegare con sucios remolinos ; 
Si en tomo de la luna y de su bemiaDO 
Cerco páHdo ú rojo se mostrare, 
O el aire por la broma se engrnesire; 

Caerán calladas amas en vellones 
De blanca nieve, la áspera FoeBfria 
Tendrá en sus ventisqueros cleo mooloiies: 
Ningún precepto mande que aquel dia 
Suba por el camino alto y cubierto 
Hasta los pinos del da&oso puerto. 

En ki cuajada nieve el rastro sf isa 
A las perras albanias y laconias 
Si el lobo, gamo ó liebre boyó de prisa, 
O de Tracia bs grullas estrioioalas: 
Manda entonces, que usando su piérdelo 
Cierna los plomos liquidos Mauricio. 

Dicen que este en las fraguas de Vnleano 
Trabajó con los ciclopes lu día, 
Forjando rayos á la eterna mano» 
Oue con ellos terror al mundo en? b, 

Y en derretir metales salió diestro, 

Y en los fflobos mortíferos maestro. 
Mas solamente el aqniloo soplaudo. 

Cuando el cartM» de arranque arde mas vin> 

L.0 ejecuta, caatisimo evitando 

Que se introduzca el tofo muy nocivo 

Del plomo en la cabeza, cuyo peso 

Será mortal, si fbere con eseeso. 

Asi orillas del bárlMro Orinoco 
El maligno Curare, qoe está hirieudo 
Con pestilente vaho en tiempo poco 
Tres ancianas reduce á fln horreodo. 
Antes que miren con veneno ungidas 
De sus flechas las puntas homicidas: 

Ni asi te admire el plomo introducido : 
De las yerbas his fibras delicadas 
Con limalla sutil se han advertido, 

Y al crisol zamorano examinadas 
Se encuentren muchas veces (no te asombres] 
Con hierro las entrañas de los hombres. 

Si en otoño y estío á la mañana 
Crece el calor, y el torbellino ha alzado 
El suelo, y se espesó la nube cana, 

Y descogiendo el arco variado 
La niiifi deTaumante acia poniente 
Trae mil colores con el sol enfn*iite ; 

Gran tempestad se apresta. ¡Ay, cuántas vccei 
TemiTá el pavoroso marinero 
Monstruos marinos y diformes peces! 
Dorimllará bramando el surgidero 
T<;rril>le, (|ue á pesar de mil afanes 
Uompió el muy temerario Blagallanes. 

El jiadrt^ Jove en noche tan horrible 
l'ulmnia él pro|)ío rayos y centelbs ; 
Creyeras ser del mundo el fin temible, 
Desplomándose el cielo v las estrellas. 
Las estrellas, que ( ó piélago ) oscureces 
Mojadas cou tus olas muchas veces. 

Mas si al tiempo que el toro a Agenor (ier> 
Con los dorados cuernos relucientes 
Abre al año las puertas, y el frontero 
Can le cede y se esconde a nuestras gentes 
La oveja escope muclioy tose; en vano 
Templarás los incendios del «'erano. 

Quema los pastos el anuente sirio, 

Y S(>co el vendaval corre furioso, 
Ia sarna es a los brutos cruel martirio, 
Ni la ca/a evitó el contagio odioso: 
Llueve sin viento, esüéudesc la peste, 

Y á rabia iiieita estotro can celeste. 
Azogue y fuego matara la sama. 

La sarna, qiit? es gusanos engendrados, 
Cu}o diente voraz mordiendo encama: 
llerodes y el gran Sila atoraientados, 

Y Seusi|K> el lilósofo asi fueron; 
Insectos asquerosos los comieron. 



poesías. 



57 



CDle en el sol hallarás cierto 

de todo : ^ quién creyera 
í engaña ? Si oació cubicrlo 
,s, ó con manchas eu su esfera 

1 nacimiento, ó si le sube 
quierdo una pequeña nube; 
rüleo sale, la cami»aña 

se inunda ; rojo viento indica ; 
tuvo oomiiasion de España, 
I inliel conjuración inicua 
'.ar el siglo se movía 
ibera escelsa monarquía, 
buho prodigios tan monstruosos, 
raroii mascrinitos cometas, 
€iue los necios temerosos 
ilialacion, siendo planetas, 
onio y Oísini observadores 
n a los siete superiores. 
> es ancho el ámbito del orbe, 
ravilla suceder azares 
mpo : mas ¿ quién habrá ^e estorbe, 
ciega ignorancia, c^e en millares 
recto del astro malicioso 
i» el vulgo vil supersticioso? 
s trastrocaron sus corrientes, 
sacia el alto nacimiento 
I asomiii-ados á sus fuentes : 
nda voz se oyó nocturno acento, 
do al ver de Aoolo oculto el coche 
^1 primer caos la eterna noche, 
interponiéndose su hefmana, 
el paso de las luces bellas, 
luto oscuro la mañana : 
mettia tarde las estrellas, 
¿sus con general estrago, 
b, honor del Areopago. 
iballo Teroz del rey tu padre 
es con horror bufó , saltando 
inieblas, aunque no le cuadre 
ampeon que audaz le esta enfrenando, 
oven monarca vio en sus tierras 
civiles intestinas guerras. 
! una vez se vio en combate horrendo 
nes Til í picas y austríacas, 
les banderas ejerciendo 
■as, ó Venus, que hoy aplacas, 
.e procurándose enemigos 
lr«, los hermanos, los amigos, 
furor, ó españoles, dio licencia 
de al hierro ? Ni los cielos santos 
(¡utf con bárbara inclemencia 
»tra sangre j nuestros propios llantos 
campos se munden : otro acento 
dolor que rompe mi instrumento. 

vendrá que el cazador cavando 
as niadrímieras, él se asombre, 
grandes huesos encontrando : 

ra ensalzarse el regio nombre 
* fué preciso, arda la guerra, 
^ con la sangre el mar y tierra. 
des, cuyo amparo ha protegido 
j España ! ¡Oh gran Madre concebida 
la! ;0h Millan esclarecido 
tiS enemigos homicida ! 
patrón Jacobo el cóbedeo, 

1 rompida la coyunda veo. 
ibeis cuánto le promete el hado, 

c(»nser^adme este real mozo 
mto : bastante hemos pagado 
de Roilrigo con sollozo : 
baste en penas tan internas 
' estas lágrimas tan tiernas, 
yn a caza sale n|>ercibido 
os pertrechos y advertencias, 
TOS y get tes asistido, 
fio, y pcnJoiien hoy las cioncia5, 
3, compai'Míra fiel ! disponte, 
moslé los (los al monte. 



CANTO IV. 
La Yolaíeria , ó Caza de ias aves. 

Vario se ostenta, hermoso y adornado, 

Y parte de la gran naturaleza 

Desde el monte la vista ha registrado : 
Vese allí de las sierras la aspereza. 
Los cerros, y los riscos, y las viñas 
En la cuesta, y las fértiles campiñas. 
Hondas cañadas y frondosos sotos, 

Y los recién quemados verdugales, 
nus(iue y los altos páramos remotos ; 
Los caminos y bajos mohedales, 

Y otra diversidad, donde hace cría 
La fuerte veiiatoría y cetrería. 

Dejemos á los rubios alemanes 
Del Danubio ki usad» cacería 
Con lanero, punic ó azor galanes, 

Y el alcon de Tartaría ó Bert>eria, 

Y á las tímidas aves alborote 

El águila encrespándose el grupotc. 

Las alas bate y rota la pihuela. 
De la alcándara el sacre enfurecido 
A ser pirata de los aires vuela : 
Al borni y al cernicalo atrevido, 
Al voltor y e^meríl ceben, v salte 
Sobre la presa audaz el jenfalte. 

Tampoco trataré b americana 
Caza volátil y terrestre, en pago 
De ocultarnos su orígen con tirana 
Ansia de [lersuadir, que del estrago 
De aguas común, que el universo abarca, 
No halló puerto, salvándose en el arca. 

Porque si esta es <Se aquella descendieiite. 
¿Cómo i)asó á la America apartada. 
Aun suponiendo unido el continente, 
Por el norte ó la Atlántica soñada? 
Pues los brutos enseña la esperíencia. 
Que nunca abandonaron su querencia; 

Pero si la embarcaron, ¿es posible 
Que llevaron los géneros mejores? 
;LTantas aves da canto apetecible, 
O por la variedad de Uis colores? 

Y ¿ tan de quicio el género arrancaron. 
Que un individuo solo aun no dejaron? 

L Qué diré del cuadrúpedo, que habita 
Alli , por falta de alas mas pesado? 
Ni el veronés, ni el docto estagiríta, 
Que la naturaleza han indagado 
Ue él se acuerda, ni de otros animales 
Útiles mil y mil |)erjudiciales. 

En tanto que averíguan estas cosas, 

Y el tránsito ú orígen de su gente. 
Si la produjo el mar, pues populosas 

Son las costas y yermo el centro ardiente : 
No menor duda, que la aun no acabada 
Del seco Egipto y de la Escitia helada. 
En tanto pues, bs ninfas de Víñuebs 
Seguir me agrade, ó verlas en Bohadilla 
Danzando al son de alegres castañuelas, 
O en el alto corral de la Lastrílla, 

Y en la casa del Campo v sus vivares. 
Que fecunda mi patrio Manzanares. 

Cuando en la primavera huyen los frión. 
Las Atlántidos lujas de Pleyone, 
Que abrun del mar la puerta á los navios 
Te avisarán (pie entonces se dispone 
Cazar las codoniices muy lascivas, 
O con trasmallos ó redamos vivas. 

Si al coniigon, que siempre entre ellas anda 
Cuiáiidulas, tus tiros van certeros, 
Dejaráse tirar toda la banda : 
Dusca su nido en los abrevaderos, 
Soplando el cieno : un canto las levante, 

Y asi se adiestra el perro vigilante. 
Entonces entre fusta y las sembradas, 

Y en rastrojos por tienipt) caluroso 
La perdiz con las medias encamadas 
Duscarás : la |>erdiz, manjar sabroso. 
Digno de que en cazarle no reposes, 

Y digno de las mesas do los dioses. 



58 OBRAS DE 

Fué uii joven catador antigaameute, 
Pero como & violar incestuoso 
Los maternales tálamos se aliente, 
La figara madó, no lo vicioso ; 

Y empolla ajenos huevos, entre tanto 
Quo á su madre conocen por el canto. 

Actid(>n de la hembra rechimados, 
Que o\ aire á concebir hace se apreste, 

Y en los aportaderos son tomados : 
O ¿ la |>ociiuffa de color celeste 
Tirando, te dará despojos fijos 

La munición con nombre de sos hijos. 

A estos el galgo cansa, y cuando Astrcu 
Los (lias con las noches igualare 
Siguen al sembrador : el ala sea 
Señal de (|ue acia el lado á que Inclinare 
Guando al rebozadero llega ansiosa, 
Podrás asegurar la perezosa. 

La chocha encontrarás en los chortales 
(Pero huye siempre el cierzo y el solano) 

Y al margen de los la^y humedales. 
Cuando al sentar de pico'dió en el llano 
Acia allí, gordos mas, si el hielo eriza. 
El rayuelo y pardusca agachadiza. 

Y tú, garza, que inquieta pronosticas 
(Graznando mucho, un temporal furioso, 
Y, ó trinquetes, que sois aves mas chicas, 

Y os :i grada el solano fastidioso, 
(Uinndu |H'squeis al margen de los ríos 
Señalan vuestm Un los versos mios. 

Al pollo de agua al sol el diestro tira, 

Y ii las ardientes ánades nevando, 
Kl perro de aguas los estanques ^ra 
A nado, cuando alli se están bañando, 

Y desde un chozo vuelque tu escopeta 
Lu avefría, alabanco y la zarceta. 

Tira en verano en los agostaderos 
En t(»llus á la ortega moy hermosa 
Perdigones mortíferos zorreros : 

Y entre el buey y la vaca perezosa 
Al chorlito, si el tordo le abandona, 
Qu<* vuela mucho menos que apeona. 

Al tordo en las rebalsas y chorreras 
Pescando le acompaña el anda-rio, 

Y en otoño destruyen las higueras, 

Y entonces él sazone el plato mió : 
Si en bs florestas y los verdes prados 
Asisten, serán de aguas inundaaos. 

Ni tu inocencia, palomilla zura, 
Ni el carecer de hiel te ha aprovechado 
De quo del cazador estés seáura : 
No un gran hurto la vida te ha contado; 
Sino el rebusco de lo que desgrana 
En campo hiríal la inútil albeijana. 

Si tú hurtases provincias y regiones 
Fueras héroe y monarca noderoso : 
Mas porque vil semilla á hurtar te pones 
Te engañan con señuelo malieioso. 
Que en este mundo de nuddades lleno 
Hurtar es malo y conquistar es bueno. 

Y á la Cándida tórtola viuda. 

Que en los rastrojos llora á su consorte , 
O en la frondosiilad solloza muda. 
Hizo Diana de su tiro el norte, 

Y llevó desde el risco y selva espesa 
Los zorzales inquietos á su mesa. 

Al bello abejaruco parecido 
A la hermosa oropéndola en colores 
(kiza en un colmenar por atrevido : 
La nube de estorninos voceadores 
Con la red cazariis en campo raso, 
O romo l<»s cataba Garcilaso. 

Dicen que ellos se curan á si mismos, 

Y su idi(»ma admiró Roma y Atenas 
Kn uno, sin notarle barbarismos : 
Por esi:is esperiracias harto buenas 
Ves que no al liombre solamente ha sido 
El don de la patabra concedido. 

También he visto yo tirar al vuelo 
Al sisón y alcoUn agradecido, 
(«uando por la canícula arde el socio : 
Él de la vista hnmana oculta el nido, 



MORATIN (n. NICOLÁS). 

Respeta al muerto, al bienhechor da tnto 
Bueno, que en esto escede al hombre íopric 

A las gangas , que dan vuelos muy largos 
(Chillando, y en el suelo son calladM , 
RLis perspicaces que los ojos de Argos, 
Tira en clima templado: si azoradas 
Andan al fin de estio, la corona 
Se ajará de Vertumno ▼ de Pomooa. 

No el ser reina jurada de las ares 
Con fuerte pico y uña oorvf armada. 
Ni las piedras que al nido poner sabes. 
Águila, te libraron coronada ; 
Pero mas te remontas y alzas, cuando 
Caos á los pies de LmU revoloteando. 

Ni el ave a quien dio nombre tu tardania 
Callaré, con ojeo ó cabestrillo 
Se matan desde donde el tiro alcania 
Detrás del manso buey 6 fiel novillo : 
De tal suerte... |ah memoria, qué constante 
Que eres en dar tormentos á un amante! 

De tal suerte me acuerdo, que en la luiduf 
Margen florida entre Pisuerga y Duero 
Salió á verme cazar la ninfa hermosa 
Celestial , por quien vivo ó por quien uuem, 

Y al grajo astuto, que en su olfiíto fia , 
A falta de otra caza yo seguía. 

Y oculto entre las yuntas y el vilbno. 
La pólvora sintió, sin que se queme. 
La negra vanda : tiro, y deja el Uano 
Volando con estrépito: enójeme; 
Mas viendo en uno herido menos prisa, 
Reime y se rivó también Dorlsa. 

¿ Ni por qué callaré cómo se coge 
La cenicienta grulla desvelada? 
Al tiempo tirarás que se recoge. 
Yendo acia el gorronal» que el ruido eitfada, 
O cuando b^ el céfiro penein. 
Formando de Pytágoras la letra. 

Al buitre anacoreta en los desiertos ' 
De las sierras mas ásperas su vista 

Y olfato le enseñó los cuerpos muertos : 
Flores al aran Filipo su conmiista 
Facilitó : del Pardo alcaide el era, 

Y el arco embovedó de la buitrera. 
¿Dónde, Ascalafo, llevas ya cansado 

De LttU al humildisímo poeta? 
Ascalafo, que en buho trasformado 
Te miras hoy por no tener secreta 
f Jusio pago) la inútil golosina 
De la desventurada Proserpina. 

Aunque en las apartadas soledades. 
Del sol aborreciendo la luz santa 
Te ocultes, llorarás fatalidades. 
Cuando á la tarde el tirador te espanta, 
Ni amparan á las choas nunca quedas 
De Aranjuez las frondosas alamedas. 

No dejarán mis versos olvidados 
Los miembros juveniles mnv bemnosos 
Del hijo de Tereo trasformaoos: 
O sol, mas en convites tan odiosos 
Debieras esconder rayos celestes. 
Que v^ la ueAnda mesa de Tiestes. 

De ti digo, faisán, que en las orillas 
Del Fasis navegable, undoso rio, 
A C<»lcos aumentó las maravilbs 
Tu canto, navegando el cristal frió, 

Y hecho despojo solo tú competes < 
A los regios espléndidos banquetes. 

Saso, maestro mió, tus pinceles 
Con su retrato obligan á tal ave 
A (|tie se enrede absorta en los cordeles. 
Pues tanto su hermosura estimar sabe, 
Que la naturaleza en elb quiso 
Repetir las locuras de Narciso. 

Al picapuerco agradete al pasillo 
Tirarle v á las mirlas vocingleras 
Ruscanoo en la boñiga el gusanillo, 
O en el zarzamoral y guindaleras : 
Son blancas en Antadía y con desveli>:< 
Nunca mudan las plumas ni los celos. 

Tampoco á ti te pasaré en silencio. 
Hermoso francolín escarolado, 



poesías. 



59 



ir á la patria reverencio : 
nn mi kspaña tú bas dejado ; 
birn, pues no hay en esta vida 
p'ande que una despedida. 
'Ti} y arcabuz, a monr vienes, 
I invierno y en veriuo, 
dos tiempos la desj^raria tienes , 
piones del canon do Cano 
il |>nso al rabilargo astuto, 
I otoño ofrece el tlulce fruto, 
fiicejns de cabc/a chata 
>:Mln> Filipo el Animoso 
irurins divi'rsi(»ii nuiy (;rata 
Icón del alcázar poderoso 
lad, que ser la hace escalente 
d I orig<'n de sn puente. 

mudanza! v\ gran monarca Au{;usto, 
, el mu};iiániiuo, el guerrero, 

padre de la ]>atria, el justo, 
Igo, rn mansión de Marte fiero 
abriendo su marcial persona 
i«nd:is escuelas de Belona. 

• advertido el militar caudillo, 
no dan solo la escelencia 

de Toledo, v del Perrillo: 
ado, que hallar quiere alta ciencia 
»r debe, si triunfar le agrada, 
s libros, que la de la espada. 
Techo del valor hispano, 
•1 mismo en Veletriy en Bitonto, 
pretendió la horrenda mano 
lar el rayo altivo y pronto, 
cido sera, si es ignorante, 
>berbio espíritu arrogante, 
do faltaba : ya ampliamente 
lió el pran rey ; ya es veterana 
ud inoúmita y anuente ; 
la nobleza castellana 
e la guerra furibundo 
lufgo escándalo del mundo, 
lamia arrojado al foso horrible 

en asquerosa estancia 
obios el monstruo aborrecible , 
ule y vil de la ignorancia , 

el alcázar donde Alfonso el Sabio 
le el cielo en él vengue su agravio. 
aojado el Padre omnipotente 
dentase corregir su hechura , 

• un rayo al tálamo luciente , 
^ aclaró la noche oscura : 
os altos techos se horadaron , 
' de b reina se abrasaron. 

fitro im gran salón, que, ó Feho, doras, 

stá la armisera academia : 

in las virtudes triunfadoras , 

lilltar mérito se premia, 

tun las terribles prevenciones 

irnta la Castilla á sus leones. 

»ua con fuerte chapería 

1 esta debajo del gran peso 
mdo cafion de artillería : 
tes mosquetes con esceso , 
rcazas, bombas y fusiles, 

, culebrinas y esmeriles. 

le á ejemplo de héroes valerosos 

ud se alíente, en las paredes 

están retratos i>rimorosos , 

e ponpie, ó Rizzi, atrás te quedos 
ítiera af>enas el divino 
do pincel de Palomino, 
kguilar V Santa Cniz. tres soles 
rra, baldón del de Farsalia, 
r. que pasó los españoles, 

1 Üempo Anil»al contra Italia , 
f a Vela SCO , y al valiente 
¡ríunfador del occidente. 

da luf:ar la regía sala, 

de Austria asombro de Lepanlo; 

imiracion el lienzo exhala , 

á otros vivo» con espanto : 

m ejército que manda , 

' gran rainino, el grande Aranda. 



Sn gobierno le entrega ya enselvado 
A humillar la frontera, (pie ha corrido 
De canas y laureles coronado 
Kl cauto Sarria, esperto y detenido. 
Sujeto digno de segunda Eneida , 
El Fiibio hispano, el Josué de Almeida. 

De los guardias al frente está pint;ido 
El Pon ce de León , y en edad tierna 
Kl joven Huesear resplandece armado 
Con los carabineros que gobierna , 

Y entre otros muchos, que nombrar no oso , 
Mendoza, y tú, Manrique el estudioso. 

Tanibirn del mar la imagen espumosa 
De mil quillas de acero se ve herida , 
Sangrienta, y con oleadas espantosa : 
De lo último' del norte viene unida 
Gran muchedumbre contra la alta España 
En la escuadra holandesa y de Bretaña. 

De estotra parle está nuestro armamento, 
Que comanda Navarro, el gran Navarro : 
¡ Oh campecm ! al minir tu vencimiento 
Prendada de tu espíritu bizarro, 
Yu por la fama autorizadas tienes 
Con la naval corona entrambas sienes. 

A un tiemi)o se embistieron , y alteradas 
Las ondas resonaron con estruendo : 
Creyeras que nadasen arrancadas 
LnsFilipinas , ó en combate horrendo 
Alterando los canos horirx)ntes 
Chocar los montes con los altos montes. 

La capitana real, que al golfo manda , 
A siete naves que la atacan tira 
Cien cañonazos de una y otra banda : 
La que no se va á pi(fue* se retira , 
Porque la munición no parlrcipe 
Del tronante cañón del Real Felipe. 

Con el bastón y la triunfante espada 
Está á sus españoles animando 
Navarro en la alta popa embalaustrada : 
Neptuno, el ro.stro pálido sacando , 
Vuelve á esconderie absorto del estruendo , 

Y al verse dominar del grande Otpiendo. 
De Etna revienta incendios La Isabela , 

¡Oh nombre augusto! y vence ya el San Carlos, 
Pues quien tiene tal nombre ño recela : 
¡ Oh gran bajel ! no dudes sujeUtrios , 

Y á los dos mundos de tu dueño asombre 
La triunfante potencia de tu nombre. 

El humo , el agua , el fuego , la algazara , 
Los truenos y espantosos alaridos, 
La rabia fulminante, el ansia avara , 
Los brulotes ardientes sumergidos , 
Todo era asombro y confusión tan fiera , 
Como si el cielo abajo se viniera. 

Mas nada impide, ó hispanas naves bellas, 
Que cantéis la victoria y el trofeo : 
Las hijas de Nereo todas ellas , 

Y el padre de las hijas de Nereo 
Danzimdo os acompaña á la carena 
Debajo del canon de Cartagena. 

De Carlos la alta estatua en mármol duro 
Preside á esotros reyes castellanos : 
Dirás (pie con cincel* de acero puro 
Del Fidias Castro las gallegas manos 
Lo hicieron, y al ver vivo al gran sujeto 
Dejaron de acabarle por respeto. 

Puesta se ve á sus pies en larga fila 
La multitud inmensa de \-a8allos 
Desde su real palacio hasta Manila : 
¿ Quién podrá distinguirlos, ni contallos ? 
¡ (iUánta estraña nación ! ¡ Cuan varias gentes 
De lenguas y costumbres diferentes ! 

Están sus españoles muy leales 
Alli , y los desceñidos africanos , 

Y los últimos pueblos orientales : 
Un mundo en reinos mil americanos , 

Y el MarañoD, que, ó Nilo, hace te afrentes, 

Y no sufre los yugos de las puentes. 
Aqui es la plaza de armas , aquí vieras 

De Marte al carro uncir cuatro animales : 
(iOn serpentinas vivas cabelleras 
Silbando están las furias infernales : 



ím) obras de 

Tíonihla ol alcázar de su boca inmunda , 
Movióndoso «1 peñasco en que se funda. 

Suhre un gran nioiiioii de amias aherrojado 
Cíin las manos airas con cien cadenas 
Kstá allí el furor hOlico amarrado : 
lio vientan sangre las hinchadas venas, 

Y «'1 morder quiere, esUmdo á su despecho, 
Las pinas y artesón del alto techo. 

Revuélcase rabiando con estruendo, 
Vnclvf; en blanco los oji>s espantosos 
Encarnizados con visaje horrendo : 
('olérico los dientes espumosos 
('nijí*, hace estremecer la firme roca 
llrniiiando horrible con sangrienta boca. 

P(*n» «>1 gran rey sus Ímpetus oprime, 
('errando a Jano el templo, y á la tierra 
Con larga paz del miedo la redime , 
Los brazas descansados de la guerra, 
Domando á sus preceptos obedientes 
Con blando freno las soberbias gentes. 

El hi/o a los soldados estudiantes , 

Y ellos harán de hazañas grande serie, 

Y vencerán altivos las pujantes 
Hambre, sed, desrtbrígo y la intemi)erie, 
{)\iO esto, ó rey español, son tus soldados , 
Esto y aun mas serán bien gobernados. 

Afini el rayo se forja, que asustando 
Esta á las mas indómitas naciones : 
De a<ini saldrá la guerra, como cuando 
0)11 los carros los ImHícos bridones 
Se desbocan , los llanos apetecen , 
Ni al dueño ni á las riendas obedecen. 

Mas , ¿dónde, ó Musa, tú me remontaste? 
Salgamos del alcázar seiíoviano , 
Prisión de Ki|K.Tdá, donde te entraste: 

Y pues la caz;i con estilo llano 
Propusiste cantar, deja la trompa, 

Y mas fácil tu acento el aire rompa. 



CANTO V. 
La Caza de las fieras , y su naturaleza. 

Desde el aire á la tierra descendiendo 
No menrrs caza al tirador se ofrece : 
Nembrot cuando á las fíeras defendiendo 
La entnida , con bastión se fortalece, 
Con cuadrillas de gente armado y íiero 
Enseñó á perseguirlas el primero. 

Este inventó los dioses, que invenciones 
Fueron del hombre vano en triste dia, 

Y el vil temor redujo á .las naciones 
A la supersticiosa idulatria 

Y la ignorancia ; y él, que el mundo abarca. 
Le conoeienin |)or primer monarca. 

Pero aim(iue con astucias delincuentes 
Quitó la libertad a los humanos. 
El natural d(irecho de las gentes 
Reservó el campo de él y otros tiranos, 
Poniue de esta <»presion el ansia toda 
Fué privativa á la barl)arie goda. 

Huyendo de las Ursas temerosas 
De bañarse en el mar, y del Rootes 
Vienen cien mil escuaifras numerosas, 
Poripie , ó Roma , ya esclava ser denotes, 
0)mo cuando fallaiido Apolo rubio, 
Anegó el orbe universal diluvio. 

Rotas las cataratas de los cielos , 
Reventados los cauces del gran fondo , 
Las fuentes del abismo hundiendo su4-los, 
S(> ovaló el mundo, (|ne antes fué ledundo; 

Y asi gimió, dejando los triones 

Tan inmensos eiyaiid>n>s de naciones. 

Mas ellos halagando á .su litTeza, 
Queriendo s<t los üiiicos atroces, 
De los montes vtMlaron la as|H>re/a : 
O en el lobo o los ciervos nmv veloces 

Y otn».s veras con no leves indieios 
Del htunbn* las virtudes y ins vicios. 

1^1 ingratitud , la lealtad amiga , 
La codicia y lascivia no saciadas. 



MORATIN(D. mcoiAs). 

La envidia, de los buenos enemiga , 
La traición, la inocencia , y aunque anadas 
Los vicios y virtudes mas morales, 
Lo hallarás en los brutos animales. 

Por({ue advertido el gran Dios que yo adoro, 
Cuando mezcló las masas de las cosas 
Al principio, que creo, aunque le ignoro. 
Formó de mil materias muy dudosas 
Con organizaciones diferentes 
Las máquinas hidráulicas vivientes. 

Este es el gran secreto en que consiste 
De unas el mieth» y de otras la arrogancia , 
En cada cual su inclinación insiste , 
De ella se aparta ik)co, y solo á instanci;i 
De rápidos contrarios movimientos , 
Accidentales si, pero violentos. 

Porcpie mas fu(.*go lí(|uido amarillo 
Tiene el liKín marmarico valiente , 
Que el conejuelo tímido, y sencillo 
Es mas feroz, amuiue cualquiera intento 
De cólera encender en este el fuego. 
Como no es natural , se apaga luego. 

¿Mas cuál enojo el Padre omni|>otente 
En quien está la autoridad suprema 
Le infundió á este animal, para que intente 
Sus hiiuelos comer con ansia estrema? 
Decidfu, ;oh sabios! ó admirar plausibles 
Los juicios del gran Dios incomprensibles. 

Al tiempo que los Hedos lloviosos 
Salen siguiendo á Arturo , y respbndece 
La cretense corona en los reposos. 
Que en Naxos á Ariadna Baco ofrece. 
Los montesinos tímidos y al vares 
Busca entre la romaza y tomillares. 

Y agradóte cazarlos en ojeos, 

Y en los frescos arroyos en verano , 
O con iKTCIias de crin y hurones feos : 
Hermafroditas juzga efvulgo vano 
Que son el macho y hembra, y que conciben 
Los dos, y engendran, y fecundos viven. 

Mas la naturaleza há dividido 
En sexos lo viviente : en las fragosas 
Lomas el perdiguero le ha cogido : 

Y las Iii:bres, manjar de las hermosas , 
De blancas, pardas y tf>stailas nieles 
Del color de las uvas moFcatetes : 

Cazar <d diestro suele en |»rimaTcras 
En los panes crecidos , ó criando 
En las recién segadas rastrojeras : 
Debajo de las cepas ; ó bien cuando 
A alcanzarlas en llano , ó galgo , llegas, 
O con redes ti razas y albanegas. 

Ni hallarlas dudes, cuamlo están cebadas 
En el poleo, (im> aplaudió Virgilio, 
En siinií'nte (le enebro , ó hs moradas 
Flores del odorífero S4>r|i¡lio , 
Del serpilio, del cual agradecida 
Mi nnisa hace mención restablecida. 

Tienen partido el labio inquieto, es lama 
Que no ciemuí los ojos vigilantes, 
(^.orreii mas cuando hiela, hacen la cama 
(iontra el viento, y la dejan ellas antes 
De calentarla, busca de agua lejos , 

Los barcenos lebnitos y bermejos. 

I^is montes de Toledo y altas sierras 
Dan el gato montes en cacería , 
Que nniy lijero corre por las tierras 
Que la reja de Wamba arar solía , 

Y el (lastañar y Cuerva por tu mano 
Ven nuierto de <lastílla al tigre hircano. 

Ni senis tú en mis versos no aplaudido, 
O animal muy astuto, que nK'ianflo 
Detienes al iKisete que ha seguido : 
Así i-n las sucias armas confíarido , 
Al león fiero, liom>r de su distrito. 
Desprecia el pequeñuelo mapurito. 

Y á lf»s informes osos abortados 
Por rabias de su madre, que lamiendo 
Los ve en su fealdad perfeccionados , 
O iranios en ojtíos remetiendo, 
O alguna cabra atada cebo sea , 
Cuando oprimida intrépida garrea. 



poesías. 



61 



bayoneta á so pojanza 
I, pues si no le acal>a oí tiro 
irremete á la venganza : 
nilituü que tiene admiro 
libre , no en esto soianientc ; 
is obras del amor ardiente, 
doncella robador y amanto 
ó , depuesta la fiereza : 
i tal mezcla babrá que no se espante, 
•generar naturaleza? 
í en dos pies pnra que asombre , 
délo sin pulir del hombre, 
isefió á hacer choza en que viviera, 
uamente el hombre fué selvajc, 
I enseñado no lo fuera : 
Tacilita á (|ae trabajo , 
animal no esceden los humanos 
>n los trinco dedos de las manos, 
para las obras y arliticios 
ini parece <|ue so ha hecho ; 
la aplicó el uso a los olicios : 
>so trabajo y no provecho , 
íto, insidie Lui$, se parecía 
iza i mi dulce poesía. 
9ya los célebres sabuesos 
puerco jabalí cerdoso , 
ajas de tajantes huesos 
como alfanje rimirnso : 
rra un caballo de alta fama 
de mil Ubras de Jarama. 
pzuña y ásperos garrones, 
la y su eslampa en los bañiles, 
do aguzar los remolones, 
scremento, hoz:uido en lus barcilcs 
r conoce con certeza, 
ho, ó su gordura y su grandeza, 
a oye nacer ; ¿ mas cual ha sido 
I se lo dijo? Su liereza 
ion acaso no ha tenido : 
(lirarlc acosado en la maleza, 
¡líos y vista amenazando 
s vertiendo y rebudiando ? 
» los monteros y lebreles, 
« de presa con collares 
ero dudando, aunque heles : 
losos barros espaldares, 
se armó cota mas íina, 
jel celebrada jacerina. 
ae un tiem{>o le infundió el dios Marte 
KTÍdad cuando zeloso 
linizos, 6 Venus, encontrarte 
«lis, galán muchacho henuoso, 
vistió brutal figura 
»e la piel de cerda dura. 
mJo y las cerdas erizadas, 
dmilto al joven descuidado 
i de marfil sobredoradas : 
:ó, lloró la si^lva y prado, 
u sangre tifie siempre vivo 
funeral vegetativo. 
:turno tojiiii, que panza arriba 
ira limpiar la tejonera 
'O que la tierra se reciba , 
irraslra y vacia, estando fuera , 
15 cogerás, ó con destreza 
M|ueno golpe en la cabeza, 
con ignorancia religiosa 
al niuo nianos de tejones, 
on gentílica, afrentosa, 
! cnstianos corazones : 
I, cazador, tal ¡m|H)stura 
obscenísimo figura. 
»s cuerpos grandi s, diligonlos 
lian venado procurares, 
;e lai( aguas de las fuentes ; 
I los frondosos ganial lares 
rtc, y si se oculta luego 
á la büllcsta el Lizo ciego. 
•Je él tus lomos conocidos 
esin ; ctiBUi^o cslá pacieudo , 
on pasos no s<'ntid<»s , 
iustanie que el se este movieodo; 



Y el que lacear un ciervo bien desea , 
Ni le eche el viento, ni su sombra vea. 

Suelen también cazarse en sacadillas. 
Perros y gente en hutas repartidos ; 
Pero huye del arroyo las orillas : 
Los que á estribo le tiran , escondidos 
Tras de un caballo van con muda planta , 
Que siendo de su pelo no le espanta. 

Tú elige los castaños generosos , 

Y anda con tiento y no a c:irrera ó saltos , 
Mus si él sintió tus pasos silenciosos , 

Y de las cuernas los candiles altos 
Alza, el lado á que mire la csperioncia 
Manda ganarle, que esta es su querencia. 

Entonces con denuedo y gallardía 
Suelta el perro goloso, á quien yo acaso 
Con vinagre el olfato atinaría : 
Si llovió , un matapolvo ya es escaso, 

Y el rastro pierde todo en los verdores, 
Que próvidos quemaron los pastores. 

Pero el buen cazador lleva a la c;ima 
Al i)erro, y coge el rasiro nuevaiiionle; 
Mas el engaño y máquinas (|ue trama 
Para librarse, ¿ quién habrá que cuente , 
Ni la velocidad que por los cerros 
Lleva, seguido de anhelantes perros? 

Asi pues en esta última campaña 
Los enemigos tímidos huían , 
A quien, diciendo á voces : cierra España , 
Los voluntarios de Madrid seguian , 
Resplandeciendo, alzadas las cuchillas. 
Con las casacas verdes y amarilkis. 

Pero si el ciervo se entra en las vacadas, 
Sobre una res se pone cauteloso , 
Las pezuñas del suelo levantadas : 
O da mil giros por el bosuue umbroso , 
O de alguna manada que na encontrado 
Levanta de refresco otro venado. 

Mas el Uno lebrel distingue astuto 
Al que de tu cañón dio el pelotazo, 
O en hondas huellas del herido bruto, 
O en ouc agitados el pulmón y el bazo 
Mas eftuvios exhala el sobrealiento , 
Que á Un seca nariz \v trajo el viento. 

Amor que con durísimos arpones 
Las fieras doma y las pintadas aves , 
En el ciervo encendió vivas pasiones : 
Si en tiempo de la brama imitar sabes 
Su voz, aganiitarle con reclamos 
Debes, y á tiempo esfuerza los rebramos. 

Ciego corre á las hembras , y ki muerte 
Suele hallar, que este premio amor ha dado , 
Yo lo sé , ¡ ay cíelos ! con infausta suerte : 
("on la yerba sanícula ha curado 
Su herida el ciervo, y en el parque herboso 
Pace el haros v el seselis sabroso. 

Su corazón de antídoto ha servido » 

Y es su cola mortífero veneno : 

Á Quién tal contradicción en él ha unido ? 
Saca las sierpes del terrestre seno 
Su aliento cual imán, todo le admira , 
Párase al silbo , y asombrado mira. 

Así se (juedó un Uempo, cuando ansioso 
Por Diana las selvas discurría 
Flor á flor, tronco á tronco sin reposo : 
Mas ¿ qué espanta su anhelo y su itortia 
;. Pues qué oculto ríneon no es inuagadc 
De un hombre cazador y enamorado ? 

Hay on la España citerior wi monte , 
Canato los antiguos le llamaron , 

Y hoy Peñalara : si el feroz Tifonte 
Cuando el Pelion y el Osa colocaron 
Sobre Olimpo, este risco carpentano 
Pone , tocara el cíelo con la mano. 

Bajo mía peña cóncava pendiente 
Se ve grutesca lM)ve<la escavada 
(ionlra el rayo estival del sol ardiente : 
De náyades y ninfas es morada, 
\' en larga vena ofrece cristal frío 
Por cauce iuU'rno oculto manantío. 

Reviértese, formando gran laguna 
De agua dulce , y do allí como eu tramoya 



G9 <»BUAS \íK 

A probar de otros lioR la forlana 
liaja precipitándose el Lozoya , 

Y liotalete es ya pctrifícada 

La lúe te de mil sislos coi^elada. 

Aqui Diana en el fogoso estío 
Venh* suele á bañarse calurosa. 
Por ser aU»ergue lóbrego y sombrío : 

Y de f»us ninfas la cuadrilla hermosa 
Tejerla suele con ebúrneas manos. 
Cenador de ceresos y avellanos. 

Mas siempre esta agua so miró con tanta 
Veneración, que no la han profanado 
De bruto ni varón la inmunda planta : 
Ni ramo de algún árl>ol desgajado 
(*ayó ik enturbiarla, ni alterar las ondas, 
Poniue no altivo, ó Báratro, respondas. 

Pues si tal vez tiraron los pastores 
Con el s(mante cáñamo algún canto, 
Que dilata los círculos mayores. 
Con gran tomienta y horroroso espanto 
Responden desde adentro, v á montones 
Cubren el cielo oscuros nubarrones. 

Y la sonora tempestad creciendo , 
Granizo espeso con furor da al valle ; 
La laguna de Credos resi)ondiendo 
Desde las sierras de Avila, á encontraltc 
Despide otn> turbión , y con desmayos 
To<lo es truenos, relámpagos y rayos. 

Aiiui pues con sus castas compañeras, 
Dorando al Cancro el sol, llegó Dictina, 
Soberbia con despojos de las lleras , 

Y dijo : con el agua cristalina 

(Los cuerpos de las ropas despojados) 
Refi'es(|uemos los miembros fatigados. 

Y el arco de oro y el carcaj de plata 
C^on las tiriidas flechas deponiendo , 
Kl cristal ya desnuda la retrata, 

A (|uien su hermosa tropa va siguiendo : 
M.ts veis a(|iii á Acteon, que entonces era 
Galán mozo, y cazando persevera. 

Levanun gran clamor las ninfas bellas , 
Nunca usado en tan mudas soledades , 

Y á Cintia rodearon todas ellas , 

V¡ue el rostro vuelve, y maestra crüelüales, 

Y vergonzosa al joven traspasara , 
Si a mano las saetas encontrara. 

Y asi al rostro le arroja con ki mano 
Colérica las agu^s vengadoras : 

Si puedes, dice, blasonar ufano , 
Que desnuda me has visto y á estas horas , 
Taiéntalo ; y luego que rociados fueron 
Las orejas y hocico le crecieron. 

Mudj los muslos en delgadas piernas , 
1)4' ás|>ero vello el cuerpo se ha poblado , 

Y empiezan le ¿ crecer (as astas tiernas : 
Kn puñal el pitcm se ha prolongado , 

Ya es^rorrea el aspon , que antes fué usero , 
Garzotas echa, y busca esco<ladcro. 

Viendo en el agua su bestial Ugura, 
¿ Cual fué su ^an dolor y sentimiento? 
Mientras medios inútiles procura 
(Pues no perdió al instante su talento ), 
El primero Melampo el atrevido , 

Y Vcnobates alzaron el ladrido. 
Knibiste Dnimas, Canache y Dorcco, 

Pánfigo y Oríbaso , arcades todos , 
Ilarpaío, Too, Ksllcte y Melaneo : 
Penifíiis , Aire « Labniís y Agríodos , 
Temii, Ladon, Nebrófonós valiente, 
Leucon blanco y Aelo el diligente. 

Con dos híjfis llariiia , y la engendrada 
.\ai)e de un lobo y Prérelas lijero , 
Asltolo con Lirisca acompañada 
De su berinano Ciprion é llilactor fieni , 
Kl muy bravo Lacón y la pfluda 
Lacnei á quien Tigre y Lelape b ayuda. 

Y ansi(»sos de lajircsa le seguían 
Pur la ruda montana inaccesible , 

Y aun sus quejas parece que decían : 
Conoced vuestro dueño, si es posible, 
Acteon soy; no lo oyen : repeUdos 
Vuclfe el eco aumentaüoi lo« ladridos. 



MOUATIN (u. NICOLÁS). 

Melanquetes le dio una denlelladt 
Primero por detrás, Teridamanta 
Otra cerca, Oresitrofo se enfada « 

Y un hondo mordiscon hace que aguante 

Y sus perros asi desconocieron 
Al amo, & quien poco ha oue obedecieroi 

Asi en el parque y alto bosquecillo 
Del fresco Balsain queda espantado 
Del cazador que sigue al cervatillo : 
Aun no sus ojos tristes ha eiúogado, 

Y en su semblante muestra que ion ahoi 
Por el antiguo bien perdido llora. 

A la cabra montes, cono y paleto, 

Y al gamo caza de ki misma suerte. 
Pues á la propia re^la está sujeto : 
Su fuga es pico ¿ viento aguda y facrie, 

Y en las hembras no Unto ; gastan ellas 
Del agridulce humor de las raaellaa. 

Las hembras de esta especie han demoi 
Que no el materno pecho es muy preclsr 
Para que el hombre llegue á firme eslAd 
Amor, el fiero amor asi lo quis > 
Con el nieto de Gárgoris, de estrafia 
Fortuna, antiguo principe de Espa&a. 

Dio á luz la infanta en parto clandesli: 
Al montaraz Abidis , y una cierva 
Lo crió al pecho , 4 ser cazador vino , 

Y en correr diestro por la verde yert» : 
Kl nos dio leyes ; dividió con maní 
En conventos jurídicos la España. 

Pizarro, que aunque mas la repugnase 
Llevó su audacia, ó temeraria ó cuerda. 
Los nuestros al Perú , porque admirasen 
El ver sus sombras i la mano izquierda , 
Espuesto á la inclemencia fué encontrad 
Cual Jove por ki cabra amamantado. 

¿ Ni por qué callaré cómo se caía 
El pardo lobo de oios rehicienles , 

Y abierta boca, con que despedaia. 
Que aguza con orégano los dientes? 
Tú con bracos , lebreles y golosos, 

Y de hierro con cepos espinosos. 
Tomarle debes; ó con red ungida 

Con su estiércol, los perros atrevidos 
Serán por agasajo y la comida : 
Gustan ser haUgados y queridos. 
Cual mayorazgo necio, mal criado. 
Mimoso, consentido y regalado. 
En la ribera del Meandro cana 
Está el ciervo veloz amedrentado 
Del latir de los perros de Diana : 
El lobo en Sietéfiicos se ba albergado, 

Y á vísu á veces del pastor atento 
Lleva la res, ganado el sotavento. 

Nota siempre en lo inculto del l>oscaj< 
(iuando llamase el perro de parada « 
Que allí es fácil que acuda el camalaje : 
Cauto le notarás la retirada ; 
Mas porque no se ofenda el duro callo. 
No siga sus pisadas tu caballo. 

Son brutos Un voraces y Un fieros. 
Que ni á su misma especie han perdonad 
('^)miendo al flojo alia en sus ahulladeros 
Donde naciendo Ercsma despeñarlo , 
Hasla el alcázar de Segovia v torre , 
Mas (|ue los corzos de su orilla corre. 

Su gran ferocidad el rostro indica , 
Pues del alma es señal no muy dudosa ; 
Mas tal vez, aunque rara, ello se implica 
Con maravilla : aM la ninfa herroofa 
A quien ni á amarla , ni a aplandirb liast 
Tiene el rostro bsoivo, el pecho casto. 

Pero el ingrato Amor ha prohíbiiio 
Echar ¡térro á la loba ; pues del dueño 
Se olvida y la enamora en lo escondido : 
Yo á no flar en lealtad ti^ enseño 
Con su ejemplo del hombre mas bonrad( 
Sí es de alguna pasión muy dominado. 

Mas el cazador diestro la lebrela 
Fuerte con prontitud desatrahilla , 

Y en su alcance no corre, sino vuela; 
NI tiene que causarte maravilhi , 



poesías. 



m 



ÁlMÜáfie b pérfida protervia. 
La presoDcloD, lisonja y la arrogancia ; 
Deshieiste la fil pobreza, en donde 
Sos iras te infernal envidia esconde. 

Ya vencedor, triunfante de las fieras, 
Erigirte maffoifico trofeo : 
Pompeyo asL ilomadas las iberas 
Gentes, le aoó en el alto Pirineo, 

Y i to gran padre, que en qnietud descansa, 
Sa triunfo escribe en gran colima Almansa. 

Con la testa ganchosa y colmillada 
Del iabali, que encama rabo á viento, 
La del lobo traidor y astuta anuda. 
La boca abierta, en ademán hambriento, 

Y estén aves y brutos diferentes 
Con las armas atados y pendientes. 

Entonces coronó la montería 
Con los caemos de casa resonantes. 
Las trompas, la algazara y vocería : 
Carga el despojo ; ni te olvides antes 
De premitf grato al venatorío gremio , 
Que es consecoenda del traba^ el premio. 

El engendró los héroes, este mneve , 

Y á él coD vileza sigue disfrazado 

Con nombre de intorés la humilde plebe : 
Cuando á los españoles han premiado, 
Ellos mostraron del valor la suma. 
Encadenando al Inca y Motezuma. 
Por él founloondas fué valiente , 

Y el soberbio' Taríf abominado 

De nuestros padres: ni el decir afrente 
Que á él deben las hazafias que han obrado 
El grande capitán duque de Sésar, 
Cortés, Pizarro, y Alejandro, y César. 

Los trabi(josos nároeros de Sillo 
Fáciles hizo, v remontó á los cielos 
Los versos éa altísono Virgilio; 

Y encontrando en los príncipes consuelos 
Los humildes que siguen las Camenas, 
No faltarán Marones, si hay Mecenas. 

Luego á las plantas de tu madre augusta 
Ofrece el gran botín, que está prestando 
La brava res , qué con la llaga adusta 
Fosca empezó a sormar desatinando. 
Que está enseflada á semejantes dones, 
Vencidas por so DMmdo las naciones. 

Aquí, si de mi lira asunto fuera, 



Yo de esu gran Semiramis canUra 
El orado á oue ensalzó la gloria ibera ; 
Su luz al soí primero le faltara. 
Nieve al invierno, y el bochorno á esUo, 
Que materia sublime al canto mió. 

Ya le acabé; feliz si por su ventura. 
Benigno Luis, me hubieses dado oído 
A mi, que con incógnita dulzura. 
Habiendo hallar tu agrado pretendido. 
Te canté las empresas de Diana 
En mi florida Juventud lozana. 

Madrid, la gran Madrid me alimentaba 
En tiempo tan dichoso, y fué aplaudido 
Sin méritos mi canto; aquí empezaba 
La ciencia á abrir su alcázar escondido : 
Vi en él los Malebranches, y Bacones, 
Los Lokes, los Leibnitzes, y Neutónes. 

Feijoó, mi gran Feijoó, las pirineas 
Cumbres pasar los hizo, y ha mostrado 
El rumbo á solidísimas ideas; 
La física á ahuyentar ha com^zado 
El falso pundonor caballeresco 
De la nación, y el genio quijotesco. 

Y yo, croe como el dsne mantuano 
Se ensayo en la geórgica, y saliendo 
De lai selvas, cantó al varón troyano» 
Canté la caza : con terrible estruoido. 
Triunfantes en las tierras y en las olas, 
Me esperan ya las armas espafiolu. 

Para entonces mis méritos pretenden 
La venia de aquella alma soberana. 
De cuya alta atención dos orbes penden; 
E inflamada la musa castellana, 
Seré nuevo Virgilio Mantuano, 
A sombra de otro Augusto Octaviano. 

Cantando á este campeón tan escelente, 
Debelador de monstruos y vestiiílos, 
Su nombre llevaré de gente en gente. 
Hasta el fin de la tierra y de los siglos, 
Y pondrá atento al orbe temeroso 
Armisonante estruendo escandaloso. 

Luis : entre tanto mis pequeños dones 
Admite, y reglas, que á admhrar atento 
Cómo en ejecución diestro las pones. 
Quedo en el bosque recobrando aliento. 
De mi cantar un poco fatigado, 
A la sombra de una haya recostado. 



TOiMn. 



64 



Inqaieta h Pcriucha forcojean<lo 
Casi rompe el collar, lina lenrcta , 
Qu<* ostá las blancas presas ücinostrando, 
Con la piel del color de la c:inela, 
Qiu^ Pizurro encontró, manchailu á trechos 
Úe blanco, y las pczuíius y los pechos. 

De tal casia, pelaje y escelenciu 
Fué atjuel famoso pén'o su ascendiente. 
Que sirvió al arce<u:ino de Palencia, 
Llamado Bruto; jr siendo tan valiente, 
Para dejar sus miembros bien pagados 
Contaron por millares los ducados. 

Ni tu gran magnitud Si>rá callada 
De mis versos. Sultán, perro atrevido, 
Por quien la altivez turca es Imítaila : 
De liiTuiosa capa blanca te ha vestido 
Naturaleza, y |)orqae te adornaras 
De grandes manchas barcenas y claras. 

Y las dos |)erd iberas ambas diestras, 
La Mona con la Linda van trabadas, 
Las dos en tmla caza muy maestras : 
Y tu, á quien las moliendas celebradas 
De l'aracas dan iiombn*, que derrama 
De Guayaiiuil y Maracaibo fama. 

Ya en illas onlenadas las cuadrillas 
Obedecen á Hilario y á Calero : 
Ya de aldeas, lugares y de villas 
S:dió de mozos escuadrón guerrero 
K caballo y á pió, batiendu ufanos 
De callada los montes comarcanos. 

Como cuando el gran rt>y publico gueri*n. 
Que con denuedo, esfuerzo y alegría 
Cimió asnstiida al im|»etu la tierra : 
Todo el reino a las armas acudía 
Oui victorioso y bélico deseo 
Desde el Calpe al auemado Pirineo. 

Ya á trechos eo las mangas cmbu Jadas 
En hutas ciento están asegurando 
De caballos y iierrcw las {taradas : 
Ni la caza que está contra mangueando 
Puede hacer punta en los aportaderos. 
Que lo estorita el afán de los rederos. 

Ya á la g«.'nte de campo hacer la entrega 
Kl sarjento mayor de b Perscma 
Es|H*r.i, pues se dice aue ya llega : 
Ya mas veloz que Ai>olo y cpie Lalona 
Corriendo, autometlon de mas destreza, 
£1 látigo chas<iueó Mala-cal»eza. 

O a caballo, gran Lifú, vienes al puesto 
Sobre un animal bárbaro, arrogante. 
Galán, (»sado, furibundo y presto. 
Dril laudo el preciosísimo frontante, 
C(m ricos paramentos n*camados 
De alcachofas do plata en los dos lados. 

Acaso al lado vas del grande hermano, 
A quien con miedo y con temblor profmido 
La tierra v el undísono Ocenáo 
Li* da el fm|>erio universal del mundo, 
O i I principe don Carlos te acoin|)aito, 
KsiMTanza feliz de la alia España. 

Jóvi'n Augusto, si a mi humilde tromiia 
Le es dado alzarse, con seguir tus huellas. 
Haré (|ue el aire diáfano se rompa. 
Levantando tu nombre á las estrellas, 
A las estrellas (|ue en vistoso alarde 
Uu(*ga mi afecto (pie visites tarde. 

Ya vendrá tiem|K> en «pie mi voz te cante 
Heroico triunfador de las naciones ; 
Ahorj tiiTiio y castim«Mite amante 
Ir coiiUMuplo : Cupido, tiisariiones 
Al primer descollaren sus abriles 
Tr.isp:is:in)n dos pechos juveniles. 

Ojala pronto, pues del mirlo amado 
KsfN'ra coronarte el Himeneo , 
Logres |Nir Himeneo conmado 
(De la unión felicisinia trofeo) , 
En blando catre de mullidas llores 
La dulce nosesion de tus amores. 

¡ Oh cuanta pronostico en tu semblanle 
Grandeza y lieroismo en breve idea. 
Cuando empuñes el cetro de diaiuanti* 
Aliviaudo al gran Padre ! ¡Oh, nunca sea ! 



ORRAS DE MORATIN (n. rigolas). 

Y entrambos orbef «on invicta mino 
Gobierna anciano con el mas anciano 1 

Después aue á la hermosisima priocen 
Llegues ansioso con amantes lazot, 
¡ Oii, cuánto al univiMrso le iuleresa 
La resulta felix de estos abrazos! 

Y hará (¡ue, ó España, en júbilo reboses 



La i)rogenie adorada de los dioses. 

Y tú, delicias de la hispana gente. 
Hermoso Gabriel idolatrado. 

No, no te olvido, joven floreciente, 
Que al venatorio estrépito llamado. 
Vienes al bosque lóbrego y sombrio 
A admirar las bazaftas oel gran Uo. 

Y en carroza imperial sobredorada 
Llega la hermosa infanta archiduquesa. 
Que á no estar de su hermana acompañada 
Dirás que la hermosura sola espreu, 
Y los tiernos Javier y Antonio nen 
Que api-eclan los juguetes de mis i 



¿Qué diré del concurso y la nobleza 
Feliz del T^o aurifero hasta el Batro? 
De España poderosa la grandeza, 

8UC corona el soberbio anfiteatro, 
onde las fieras UtU humillar quiso. 
Como el hombre en el sacro paraíso. 

El perro pico k viento inquieto ha dado 
Señal que está la res ya levantada. 
Ya han los fuertes mancebos erap«í¡adü 
Rlandamente la caza concertada : 
No cual la seña alegra al coliseo 
La solfa de Mison, que envidia Orfeo. 
La cometa sonó, y indica el gamo. 
Que por b ronca el hondo picadero 
Cava, la mano abierta : un verde ramo 
Da muestras del venado muy lüero, 

Y la montera, que el iabali embista 
De blandas nieles y de corta vista. 

El lienzo blanco tremolado al viento 
Bluestra que entre badenes y garranchos 
Se esconue el lobo audaz sanguinolento. 
De manos fuertes y de pechos anchos, 
A quien tú esperas, Luu, del triunfo cierto 
O en un tollo, ó á pecho descubierto. 

El pié siniestro al diestro adelantando, 
En ambos firme con gentil despejo, 

Y el cuerpo muy airoso perfilando : 
Descompuesto con gracia el entrecejo. 
Aprieta el pecho rebutida pbta 

Del bruñido marfil de h culata. 

La mano izquierda corres al niebdo 
Limpísimo canon resplandeciente. 
La res con media vista has apuntado : 
Tocando la derecha diestranieiitc. 
Porque de golpe, ó pedernal, te estrelles. 
Muestran su fuerza elástica los muelles. 

Peina el rastrillo, y con la chispa breve 
La salitrosa pólvora encendiendo. 
No cabe dentro, y rígida se atreve 
A salir con estrépitos, haciendo 
Al instrumento que tu mano tiene. 
Sin licencia de Júpiter, que truene. 

La cierva del Menalo cayó al tiro, 
Canon de Ortiz alarga el Italleslero, 
En quien como en espejo yo me miro : 
De krimanto el horror con su escudero 
Mataste de otro con destreza tanta. 
Como Meleagro, que ofreció á AtalanU. 

Ni las muy grandes liebres catabnas. 
Ni la astuta rafiosa se han librado 
De las p(»sta8 mortíferas tiranas : 
De López y Cenarro el azulado 
Cañón, de bab en (donit» muy lijero. 
Envió la nmerte al lobo carnicero. 

Cayó : mas no á las fieras espantosas 
Joven heroico, vences solamente. 
Los virios y maldades mas monstruosas 
Desvaneciste, estando tú presente. 
Pues solo hiciste con tronante rayo 
En los brutos lierisimos ensayo. 

Oprimiste el urgullo y la sobeibia. 
Con el inóiiOroo m:iyor tie b ignorancia» 



poesías. 



(55 



pérfida protenria, 
ion, lisonja y la arrogancia ; 
la fil pobreza, en donde 
infernal envidia esconde. 
fdor, trinnfaote de las fieras, 
lenifico trofeo : 
a, domadas las iberas 
atxó en el alto Pirineo, 
I padre, que en quietud descansa, 
escribe en gran coluna Almansa. 
sta ganchosa y colmilluda 
que encama rabo á viento, 
) traidor y astuta anuda, 
lierta, en ademán hambriento, 
es y brutos diferentes 
nat atados y pendientes. 
B coronó la montería 
enios de caza resonantes, 
as, la algazara y vocería : 
Bspojo ; ni te olvides antes 
r grato al venatorio gremio , 
oecoencia del trabajo el premio, 
idró los héroes, este mueve , 
vUexa sigue disfrazado 
re de interés la humilde plebe : 
os españoles han premiado, 
nron del valor la suma, 
ido al Inca y Bfotezuma. 
paminondas fué valiente , 
leo' Tarif abominado 
8 padres: ni el decir afrente 
soen las hazañas que han obrado 
sapitin duoue de besar, 
arro, y Alejandro, v César. 
liosos números de Silio 
o. Y remontó á los cielos 
da altísono Virgilio; 
ndo en los príncipes consuelos 
les que siguen las Camenas, 
Marones, si hay Mecenas. 
las plantas de tu madre augusta 
rao botín, que está prestando 
m • aaé con la llaga adusta 
mó i ffonnar desatinando, 
iseSada á semejantes dones, 
v so mando las naciones. 
le Bü lira asunto fuera, 



Yo de esta gran Semiramis cantara 
El ffrado á que ensalzó la gloria ibera ; 
Su luz al sol prímero le fallara, 
Nieve al invierno, y el bochorno ¿ estio, 
Que materia sublime al canto mió. 

Ya le acabé; feliz si por su ventura. 
Benigno Luit, me hubieses dado oido 
A mi, que con incógnita dulzura, 
Habiendo hallar tu agrado pretendido, 
Te canté las empresas de Ihana 
En mí florida juventud lozana. 

Madrid, la gran Madrid me alimentaba 
En tiempo tan dichoso, y fué aplaudido 
Sin méritos mi canto; aquí empezaba 
La ciencia á abrir su alcázar escondido : 
Vi en él los Malebrancbes, y Bacones, 
Los Lokes, los Leibnitzes, y Neutónes. 

Feijoó, mi gran Feijoó, las pirineas 
Cumbres pasar los hizo, y ha mostrado 
El rumbo á solidísimas ideas; 
La física á ahuyentar ha comenzado 
El falso pundonor caballeresco 
De la nación, y el genio quijotesco. 

Y yo, oue como el cisne mantuano 
Se ensayo en la geórgica, y saliendo 
De las selvas, cantó al varón troyano» 
Canté la caza : con terrible estruendo. 
Triunfantes en las tierras y en las olas, 
Me esperan ya las armas españolas. 

Para entonces mis méritos pretenden 
La venia de aquella alma soberana. 
De cuya alta atención dos orbes penden; 
E inflamada la musa castellana, 
Seré nuevo Virgilio Mantnano, 
A sombra de otro Augusto Octavlano. 

Cantando á este campeón tan escelente, 
Debelador de monstruos y vestiiílos, 
Su nombre llevaré de gente en gente, 
HasU el fin de la tierra y de los siglos, 
Y pondrá atento al orbe temeroso 
Armisonante estruendo escandaloso. 

Luis : entre tanto mis pequeños dones 
Admite, y reglas, que á admhtff atento 
Cómo en ejecución diestro bs pones. 
Quedo en el bosque recobrando aliento. 
De mi cantar un poco fatigado, 
A la sombra de una baya recostado. 



LA PETIMETRA, 



COMEDIA. 



PERSONAS. 



DON DAMIÁN. 
DON F£LIX. 



DOÑA JBRONIMA. 
DOÑA MARÍA. 



DON RODRIGO, iu tic. 
ANA, criada. 



MARTINA, erUda. 
ROQUE. 



La etcena $e repreunta en Madrid en el cuarU de daña UrMma. 



ACTO PRIMERO. 



ESCENA PRIMERA. 

DON DAMIÁN t DON FÉLIX. 

DAMIÁN. 

Que esperemos aquí un poco 
La criada respondi6. 

FÉUZ. 

Hicn digo, don Damiao, yo, 
Que vos debéis de estar loco : 
Cuando acalx) de llesar 
Uoy desde ValladoUü, 
Alienas cnlro en Madrid, 
¿ Y ya me liaceis visitar ? 

DAVIAN. 

Presto, don Félix, veréis, 
Que tenéis ({ue agradecerme. 

Ft'LlX. 

Pues si queréis com|>laeernic, 

Y si obligarme querois. 
Dadme cuenta, don Damián, 
De lo <|ue queréis de nil, 

Y á ouc venimos aiiui ; 

¿Que casa es esta? ¿qué afón 
Es el que tenéis con vos? 

DAMIAIf. 

Don Féln, yo os lo diré ; 

Pero primero veré 

Si estamos solos los dos. 

fílix. 
Solos parece qoe estamos. 

DAMIÁN. 

Pues atended.... 

FÉLIX. 

Ya os escacho. 

DAMIÁN. 

Bien sabéis que habrá tres años 
Que á Yailadoiid partisteis, 
Con harto pesar de entrambos, 
A estudiar, y bien sabéis 
Cuan libre yo de los lazos 
Viví, con (|ue amor enreda 
Los jóvenes descuidados. 
Pues no ha, don Félix, tres meses 
Que una mañana en el Prado, 
Al pié de un árbol sentarla. 



Del fresco ambiente gozando. 
Hallé una dama tan bella. 
Que no cabiendo en el labio 
Su perreceion, no la pinto ; 
Pues siendo hermoso milagro. 
La apoco si la exagero, 
La ofendo si la retrato. 
Valido de la ocasión. 
Con el sombrero en la mano. 
Disimulando lo amante 
Con muestras de cortesano. 
La hablé ; res{>ond¡ó discreta 

Y afable ; mas no es estraño, 
Siendo discreta, que huyese 
Del vulgar grosero trato 

De aquelbs, que encubrir quieren 
La necedad con lo ingrato. 
Acompáñela á su casa, 
É inquirienfJo y nregmitando, 
Llegué á saber ünalmente. 
Por los vcdníís del barrio, 
Que es la dama por quien muero 

Y en cuyos ojos me abraso, 
Doña Jeróniína Pérez, 

En cuya casa hoy estamos. 
Es tanta su hizama. 
Su pcpffccion y su garbo, 
Que es lo menos su hermosura. 
Con tenerla en sumo grado. 
Aquel andar tan airoso. 
Aquel chiste y desenfatio, 
A(¡uel primor con aue juega 
De la basquina y el manto. 
Su discreción, su gracejo. 
La invencitm de su tocado. 
El buen gusto en el vestir, 

Y del veslido lo estraño, 
Admiración de la corte 

Es, y aun de la España ; y tanto. 
Que ya por antonomasia ' 
( Siii nacer cuenta ni caso 
De tan l>ellas damas como 
Tiene el recinto mantuano ) 
La Petimetra la llaman, 
Titulo con (lue se ha alzado, 

Y en Madiiu es conocida. 
Discurre tú por un rato 
Cual será la (|ue hace raya 
En pueblo tan dilatado. ' 

Y aun te aseguro quisiera 
No fuese su primor tanto. 
Por el peligro que tiene 
Lo culto con lo afectado. 
Es su dote, cuando menos, 
Diez y siete mil ducados. 



dlamelohadidiOé 
María Fajardo 
Es su prima, y ambas Jontas 
Viven en un mismo coarto ; 
Pero es de doña María 
Tan circunspecto el recato, 
'^ue ni atm que la hablen pemiUe; 

es su genio tan cerrado. 
Cuanto abierto el de sa prtaa; 

Y en rol su modestia ha obrado 
Ocultamente, de suerte 

Que aunnuc estoy enamorado 
De Jerónuna, si el dote 
Fortuna hubiera trocado. 
Me trocara yo tamÜhsn ; 
Que la hermosora edi6 el bllo 
En su rostro, y k gutar 
El adorno y aparato 
De estotra, no fhera menoa; 
Pero pues asi los hadoa 
Lo qiueren, j)erdone el mundo, 
Que á Jerómma idolatro. 
A las dos las cela un tío, 
Tan ridículo abogado, 
Que si por algún desáiido 
Nos bailara en este coarto. 
Con ambas primas por faena 
Nos casáramos entrambos; 

Y |)or saber que á estas horas 
Don Rodrigo está estudiando. 
Vengo, porque por de noche 
Ni á la tarde es escusado, 
Según la gran vigilancia 

(]k)n que las está guard^^o; 
Pues no hay Mercurio qoe baste 
Para adormecer tal Argos. 

FÉUX. 

Cierto, don Damián amigo, 
Que admiración me ha causado. 

DAMIÁN. 

Pues aun es mas lo callado, 
Don Félix, que lo que digo. 

FÉUX. 

Me hace admirar el saber 
Que es don Rodrigo su tio. 

ESCENA n. 

Dichos t MARTINA. 

MARTINA. 

Usted y este señor mió 



leden, t volver 

de aqm á inedia hora. 

DAMIAÜ. 

qué hay de nuevo , Martina? 

MARTINA. 

i ama está en la cocina, 
I cama mi señora. 



na, 7 tu seikMra? di, 
is tu señora, y tu ama? 

■ARTIKA. 

cocina y la cama 

|ue lo distinguí ; 

quién hay que en buena cuenta 

ue por conclusión, 

das las amas son 

1 puerca cenlcfentat 

lo esto último en casa , 

laffa,«lé,áfe 

> hay duda alguna en que 

ido de ama no pasa ; 

estotra es disparate 

llamarla señora; 

na la Hevó ahora 

tma el chocolate, 

empelarse á vestir. 

DAHIAS. 

dios, Martina. 

Adiós... 

■ARTtHA. 

para entre los dos 
«aquededr. 

ESCENA ni. 

ON DAMIÁN T MARTINA. 

DASIAIf. 

;es? 

HABTnU. 

una friolera, 
d no lo tiene á mal. 

hamuic. 
lo por eierto : di, ¿cuál 
[uieres? 

■AETIHA. 

Yoguisiera 
;o gordo, señor, 
ngo de menester. 

»AU1A]I. 

qué te quieres hacer? 

■ARTCfA. 

lantal de labor, 

DO se ha cumplido el mes, 

e quiero pedir. 

DAWAR. 

lue tengo que venir, 
le daré después. 

MARTniA. 

qué mejor oeasioD, 
[ue teoeis Tolnntad? 

nAUIAM. 

de prisa. 

■ABTUIA. 

En verdad, 
]nesas disculpas son... 

DAUUIf. 

Mm? 

■ARTIZIA. 

Ganas de no darle. 



LA PETIMETRA. 

DAMIÁN* 

¿ No te he dicho ya que si ? 

VARTINA. 

El equívoco entendí. 

DAHIAir. 

No tienes que interpretarle. 
Adiós, hasta luego. 

ESCENA IV. 

MARTINA. 

En humo 
Verle quisiera volver. 

Y ¡que nava simple mujer. 
Que á galán que no da zumo, 
Por mas que le aprietan, quiera, 

Y por él esté muriendo, 
Siendo un don Juan Pereciendo, 
Sin blanca en la fisütriquera ! 

¡Y que esta mujer se muera 
Por aqueste mentecato. 
Paseante y almirantero. 
Viga derecha y pehnazo! 
Si, señor : mucho galón. 
Que ayer lo desechó el amo. 
Mucha vuelta con festón. 
Buena media y buen zapato. 
Sombrero fino, y la capa 
Coa tanto terciopelazo. 
Espadín preso al ojal. 
Cual venera ó relicario ; 

Y todo esto len qué se funda? 
En que soy don Damián Pablos, 
Escribiente de un señor, 

Con ración de nueve cuartos. 
Acribillado de trampas, 
A puro pedir prestado, 

Y andar engañando bobas 
Con íiñsidos mayorazgos. 
Pero á fe, que de los dos 
No sé c\ii\\ mas engañado 
Será, porque la tal dama. 
Sin ser juicio temerario. 
Entre veinte compañeros 
Valdrá cuatro ó cinco ochavos 
Ella, su dote y su ropa. 

ESCENA T. 

DOÑA MARÍA y MARTINA. 

HARÍA. 

¿Qué estás ahí, Martina, hablando? 
¿Quién era aquel forastero. 
Que con don Damián ha estado? 

MARTINA. 

Yo no se lo he preguntado. 

MARÍA. 

Pues yo de su traza inGero, 
Que es hombre de calidad. 

MARTINA. 

¿En qué lo conoce usted? 

MARÍA. 

En su porte. 

MARTINA. 

Conoced 
Quién es él por su amistad. 

MARÍA. 

Pues ¿qué amistad es la suya? 

MARTINA. 

La del que le trajo aquí. 

MARÍA. 

Yo nunca en mi vida vi 
Libertad como la tuya. 

MARTMA. 

¿Qué es libertad? no, señora. 



07 



Bien la pura verdad ves, 
Porque cual la amistad es. 
Tal es el amigo ahora. 
Y él será, aunque es tan galán. 
Siendo de su mesmo estambro. 
Un don Rabiando de hambre, 
Como el señor don Damián. 



Galla, no lo oiga mi prima. 
Que sale. 

MARTINA. 

i Y con qué alborozo! 

MARÍA. 

No me parece mal mozo. 

MARTINA. 

Dale. 

ESCENA VI. 

DOÑA JERONIMA v ANA. 

JERÓNIMA. 

Tengo en mucha estUna, 
Anita, ese pitibü. 
Anda, y búscamele t&. (Va$e Ana.) 

MARTINA. 

¿No era mejor la coBeta 
Con cinta del cigarrito? 

JERÓNIMA. 

No. que me la puse ayer, 

Y hoy ponérmela es delito. 

MARTINA. 

Pues ¿qué importa? 

JERÓNIMA. 

Mentecata, 
¿Te has criado en las Batuecas? 
Díme : ¿dónde has visto tú. 
Que una mujer de mis prendas 
Use dos veces sesuldas 
Una cosa mesma? que eso 
Se estilará en tu lugar. 
Donde todo el año entero 
La propia saya j iubon 
Trae la mujer aeí alcalde, 

Y si no lo halla de balde» 
No se muda ni un cordón. 
Mas yo qué tal cual me veo, 
A Dios gracias, poderosa, 

¿ Por qué he de usar una cosa 
Como tú dices arreo? 

MARTINA. 

Es que el buen crusto pudiera 
Ese defecto suplir. 

JERÓNIMA. 

No hay gusto en el repetir. 
(Vuelve Ana). 

ANA. 

Juzgué que con él no diera. 
Según estaba escondido; 
Pero en fin ha parecido. 

JERÓNIMA. 

¿Y el espejo? 

ANA. 

Ya está aquí. 

lERÓNlMA. 

Oyes, me parece á mi 

Que mas limpio puede estar. 

ANA. 

Pues ¿cómo le he de Mmplar? 

JERÓNIMA. 

¿Cómo has de limpiarle? así. 

(Umpiaif). 
¿No ves esas listas anchas? 
¡ Qué curiosidad tan pura ! 
Asi á mi se me figura 
Que tengo el rostro co.n manchas. 



18 

AÜA, 

Yo bien le limpié. 

JERÓÜIMA. 

^Qué altercas? 
: No es ciorto para rabiar, 
No poderse bien peinar, 
Por el teso» de estas puercas f 
: Que tal necesidad reine 
En un siglo tan e^ntrarío, 
Que he de pagarla un salario. 
No mas de porque me neine ! 

Y esU'i con su habilidatl 
Tan vana la tal criada. 

Que hace esto, y no hace mas nnd.i ; 
Pues por cierto y por verdad, 
Que veinte reales al mes, 
Dos cuartos (|ue almuerzo llam:i, 

Y los desechos del ama, 
Moco de pa\ono es. 

Y esto de que es menester 
Estar por fuera decente 

Es lo que te hace iusoh'ínte, 

Y te hace ensoberbecer. 
Ahora digo, y con razón. 
Habiendo en vestir tal norma> 

?uc las mujeres de forma 
enemos gran si^ecion. 
¿Vamos á peinar? 

Señora... 
Si usted sabe que en piinar 
No la pudo contentar 
Otra criada hasta ahora , 

Y que luego (|ue yo entré, 
Sin ser esto vanidad. 
Con mi grande habHfdad 
Toda la corte admiré , 
¿Para qué es tanto rigor. 
Por ún descuido no mas? 

JERÓIfiXA. 

¿Cuándo tú refrenarás 
El pico tan hablador? 

▲KA. 

iPues no me has de permitir, 
ni hablar con modo debido, 
Habiéndote merecida 
( Déjamela ahora decir ) 
La cooüanza tan grande. 
Que no á todas se la dan,. 
Del amor de don Damiau? 

JERÓ^IMA. 

Ya recela yo que ande 
Bien en tu boca mi honor, 
Mas ¡ desdichada de ti ! 

A5A. 

No receles tal. y di. 
Sin lisonja ni favor : 
En acertarse á peinar, 
Y en ponerse el pitibá, 
¿Hay alguna como Ui? 

JERÓKIXA. 

No te lo puedo negar. 

ARA. 

Mi negarás que to porte 
Es ya por mi aplicación 
Envidia y admiración 
De las danuks de la corte. 



Cierto. 



JERÓ.fl]IA. 



Y ai mas se penetra. 
Según todo el mundo vióv 
B^e que te peino yo. 
Te llaman la Petimetra. 



Ii verdad. 



JEROniXA. 



OnRAS DE MORATIN (n. xicoi.as). 

A>A. 

Pues si es, ¿porqué 
Al punto te has de enojar 
En oyéndome parlar 
Cual(|u¡er cosa? 

JERÓTVIVA. 

He enoié, ^ 

No tanto por lo que hablaste. 
Como que por tu descuido 
Lleno de polvo y torcido 
El espejo me sacaste; 

Y no es modo de servir 
Este. 

ANA. 

No me riñas mas, 

Y aplaude otras prendas nm'as. 

JERÓMMA. 

Y tantas habladurías, 
¿A qué asunto las dirás? 

ANA. 

Digolo, porque pudiera 
Darme alguna estimación 
El tener con perfección 
Mi habilidad pefuqaera. 

Y no es eso sofamente 

Lo que en mí se encontrará. 
Porque otra ninguna habrá 
Que pueda poner decente 
('On menos costa á su ama. 
Pues de cualquier trapo viejo 
Formado un vestido dejo, 
Digno de la mejor dama ; 
Que los vestidos de hoy dia 
No son de coste, señora. 
Porque solo se usa ahora 
Hojarasca y policía ; 

Y los pocos que tú tienes 
(Ahora que solas estamos) 
Bien sabes que siempre andamos 
Mudándolos. 

JERÓNIMA. 

Te entretienes 
Mas de lo que es menester. 

ARA. 

Porque parezcan distintas, 
Ya guarniciones, ya cintas 

JERÓNIMA. 

Qué habladora estás, mqjer ! 

ANA. 

En la bata. 

JERÓN»A. 

Déjalo. 

ANA. 

En la basquina y la falla. 

JERÓNIMA. 

Vamos á peinarme, y calla. 

ANA. 

Pero todo lo bago yo. 

JERÓNIMA. 

Si, mas tráeme el peinador. 

ANA. 

Ya le tengo aquí, señora. 

JERÓNIMA. 

Anita, digo que ahora 
Quitarme el vello es mejor, 
Antes que venga mas gente. 

ANA. 

Pues qué, ¿no se quitó ayer? 

JERÓNIMA. 

No importa, que da en crecer, 
Y apenas tengo los veinte; 
Trae el \idrio, si te place, 
Si no, con pez ó con cera. 



Tengo mi madre vellen, 
Y ¿no sabré cómo se hace? 

JERÓNIMA. 

Mas calla, que Mariquita 
Ya con sus ridiculeces 
Viene aqui. 

ESCENA Vn. 

DOÑA MARÍA T Dichas. 



¡Jesús mil veces! 
I Es posible, Jeromita, 
Que á estas horas sin vestir 
Estés en el tocador, 
Sin ponerte á hacer labor. 
Ni quererte persuadir 
A que tanto señorío 
Como el tuyo no está bien. 
Ni le corresponde á quien 
A espensas vive de on tio? 
Ya sabes que la fortima 
Hoy me tiene reservados 
Diez y siete mil dneados, 

Y que á ti mas importitna 
Te miró. No te alborote ; 
Pues no es vileza infiunada 
El que una dopcella honrada 
Lleve en honor todo el dote; 

Y tú no contenu, priq|^. 
Con andar vodíeraodo 

Que es tuyo, me estás tmtind;> 
Con desprecio y slo estima. 
Ya ves que tü no haces nada, 

Y yo siempre codoen 
Te sirvo, como si fuera 
La mas indigna criada. 
Pues no, prima, no es nooo. 
Que la que ha de sernu^er 
De todo debe saber, 

Del estrado y del fogOD. 
Bien sabes que nuestro tio 
Muy agrio contioo está, 

Y por eso te habla ya 
Con despego V con desvio. 
Todos se burfan de ti, 

Y tú lo juzgas Ihvor, 

gue el celebrarte el bamor 
s chanza que se usa aqoi. 

JKRÓNnU. 

Bueno es eso ; tú quisieras 
Que una puerca tam yo, 

Y (lue me arrastren, ó no 
Calandrajos y arpilieraa. 
Arpillera y calandr^Jot 
Fuesen nu adorno v mi treo, 

Y que llevara tammea 
Por defuera los lanc^os. 
Quisieras que yo anduviese 
Con tanto moeo colgando, 

Y que con los piésaadando 
Hiciera una y otra ese. 
Que llevara el delantal 
Arrastrando por un ladoi 

Y del otro levantado 
Con bs rodillas IgoaL 
Quisieras que me peinara 
En bolsa, moño, ó rodete, 
O que anduviera el copete 
Oñiscándome b cara. 

Que el manto sin punta ftieae. 
Como \iuda ó alcahueta, 

Y una cola de bayeta 

Con que las calles barriese. 
Quisieras... 

■arIa. 

No quiero nada : 
Entendámonos, mi^er. 
Que un medio se ha de escoger* 



a acabada, 
oni tan poco 
pido yo : 
me gusto, 
gaodo el moco. 

JERÓ7I1MA. 

I limpieza 
sna crianza. 

MARÍA. ^ 

;rece alabanza 
uerpo la pureza. 

JERÓmHA. 

lenes que notar? 



JEItóinHA. 

Ho hay esceso 
[oe para eso 
so destinar 
res. 



Pues á mí 
; me los ha dado? 

JEItóIflMA. 

has declinado 
íyosubi. 



o? ¿qaé motivo 
zon como esta 
? ¿por ventura 
s tu nobleza 
y con vanidad, 
e dónde venga? 
» á mi linaje 
) con modestia 
> escandalosa, 
, y no deshonesta? . 
e es mi desaseo, 
>mpo que tú empleas 
le gastara 
!sma diligencia, 
Meo mi papel 
er parte que foera? 
>es, prima mia, 
raigan en lenguas, 
s todo el mundo 
a Petimetra? 
r que tü juzgas, 
rapan tí inmensa 
ieran por nada 
laraviJienis. 
tan famoso! 
que si tuvieras 
curso, la cara 
ote se cayera; 
aun el ir contigo 
or y veraúenza, 
los son fantasmas, 
ages y muecas, 
qué wterés 
» el que te lleva 
mbre vagabundo; 
ien es consideras, 
lo menos malo 
es svoia pobreza, 
o, mucha hambre, 
en la cabeza, 
está burlando, 
Ksoiijea, 

que es discreción 
solapa y cautela, 
da, que el diablo 
meta te pierdas, 
leoe la culpa 
de tas simplezas. 
18 embelecos 

a» y 



. LA PETIMETRA. 

A>'A. 

Señora, buenas 
Noticias, por vida mia ; 
Pues no, yo no aguanto de esas. 
Si imagina que en Madrid 
Me faltará conveniencia... 
Pues tasadamente en casa 
De cuatro ó cinco duquesas 
Me están rogando que vaya 
Con mucho empeño, y si mera 
Allí me celebrarian 
Lo que aquí me vituperan. 

USGENA Vm. 

Dichas y MARTINA. 

MAIITnfA. 

Señora, don Damián viene. 

JEEÓXnA. 

Pues lo que mi amor te mega. 
Mariquita, es que te acuerdes 
Que naciste con prudencia. 

haría. 
¿Viene aquel otro también? 

MARTIIVA. 

Si, señora. 

MARÍA. 

No, no temas, 

?ue una cosa es estar solas^ 
otra haber gente de fuera. 

MARTIlfA. 

Aprisa, que está esperando. 

MARÍA. 

Dile que entre. 

jERÓnnA. 
DI que venga. 

MARTINA. 

Voy. ^ (Vase,) 

JERÓNIMA. 

Al instante, al instante. 
Añila, limpia esa mesa. 
Arrima esos taburetes. 
Corre esa cortina apriesa. 
Quita de allí aquella jarra, 

Y eso que emporcó la perra, 
Llévate ese candelero, 

Y las despabiladeras, 

Y venga quien venga ahora. 

ESCENA IX. 

Dichos, MARTINA, DON DAMIÁN 
T DON FÉLIX. 

MARTtMA. 

¿Y aquello? (De dentro.) 

DAVIAlf. 

No has de ser necia. 

MARTINA. 

Pues no dijo usted que luego? 

DAMIÁN. 

Es verdad. 

MARTltíA. 

Pues vaya. 

JERÓNraA. 

¿ No entra 
VA señor don Damián ? 

BAHIAN. 

Solo (Salen.) 
Esperaba esa licencia. 

JERÓNIMA. 

Dichosos, señor, los ojos 
Que os ven. 

DAMIÁN. 

Muy enhorabuena i 



Pues s'endi) los vuestros, pido 
Pai*a ellos dichas eternas. 

JERÓNIMA. 

Discreto venis. 

DAMIÁN. 

Señora, , 

Ya todo el mundo conflesa 
Que lo SOY, no porque en nada 
Mis estudios lo comprueban ; 
Mas |>or ver cuan acertada 
Es mi elección, pues venera 
Vuestras órdenes. 

JERÓNIMA. 

Mil gracias: 
Tomad sillas. 

rúux. 
La obediencia 
Disculpe la confianza. 

JERÓNIMA. 

Y aunque curiosidad sea 
Propia en nosotras, sepanpos. 
Si no hay cosa que lo veda, 
Quién es este caballero. 

MARÍA. 

Eso mi atención espenu (Aparte.) 

fÉlML 

Vuestro esclave. 

JERÓNIMO. 

Señor mío. 

DAMIÁN. 

Es don Félix de Contreras, 

Sue de Valladolld vino 
oy, y amistad muy estrecha 
Profesamos, y fiado 
Yo en la benignidad vuestra, 
Me tomé el atrevhniento 
De traerie. 

JERÓNIMA. 

Y desde hoy sepa. 
Que es muy suya aquesta casa. 

FÉUX. 

Paria acudir siempre 4 ella 
A ofrecer mis rendimientos, 
Como debo. 

marIa. 
A poseerla. 

JERÓNIMA. 

Y ¿qué os parece la corte? 

FÉLIX. 

No es para mi cosa nueva. 

JERÓ?IIMA. 

¿Habéis otra vez estado? 

FÉLIX. 

.Señora, si nací en ella. 

JERÓNIMA. 

Pues no estraftareU tampoco 
De hallarme á una hora como esta 
Tan indecente; y es cierto. 
Que asi estar yo no debiera. 
Viniendo á favorecerme 
Vos. 

F¿UX. 

' De cualquiera manera 
Estáis digna del aplauso. 
Del obsequie y reverencia ^ 
Del mundo. 

JERÓNIMA. 

Es fiíver qve os debo. 
rÉUx. 
No es en mi favor, que es deuda. 



70 

HARÍA. 

¡ Válgame Dios , cnié razones 

Tan seuUdas y discreUs • (Aparte,) 

JEROXIVA. 

¿Os haüms desayunado? 

UANIAÜ. 

Ya está hecha esa diligeDcia. 

JERÓÜIRA. 

Trac, Martina, el chocolate. 

DAHIAM. 

Hablemos de otra materia. 

JERÓMSA. 

De la que gustareis tos. 

ESCENA X. 

Dichos t ROQUE. 

ROQUE. 

Ituonos dias. La lavandera, 
Señor, pide aquellos cuartos. 

DAVIAIf. 

¡Que ahora con eso te vengas ! 

ROQUE. 

¿Pues no he de venir, si dice 
Que tieiie el marido en pena. 
Rabiando de sabañones, 
Con dos potras y una bernia, 
Y no puede trabajar? 

DAVlATf. 

Anda, ve, y düa que vuelva 
Otro dia, y no me enfades. 

HAR-miA. 

Roque, cuidado si cuentas 
A alguien, (^ue tu sefior viene 
A ver á mi ama. 

ROQUE. 

Necia, 
Tü serás la que lo diga. 

HARTIXA. 

No por cierto , no lo creas ; 
Sé yo callar de mis amas 
^Cosas mayores que no estas. 

ROQUE. 

Y yo también de mis amos. 

MARTINA. 

Secreto eres. 

ROQUE. 

Tü secreta. 

DAWAÜ. 

Si al insUnte no te vas. 
Te he de romper la cabeza. 

ROQUE. 

Si asi dieses los almuerzos, 

Y por las noches las cenas. 
No ayunara yo al traspaso 
bteruamenle. 

DARIAlf. 

¿Qué rezas? 

ROQrE. 

El pan nuestro dinosle boy, 

Y perdona nuestrti dendiá. 

RAHIAIf. 

Anda, infame. 

ROQUE. 

Usted, señor. 
Quede coo Dios. 



OBRAS DE MORATIN (d. racOLAs). 

ESCENA n. 

Dichos , menos Roque, 

iCRÓNIlIA. 

Gasta flema. 
Que no hay diablos que le aguanten. 

DAHIAÜ. 

Que me perdonéis es fuerza 
Su ignorancia. 

F¿UX. 

A vos, señora, 
Os servimos de molestia. 

JERÓ.niHA. 

¿Porqué? 

FÉUX. 

Porque no os peináis. 

JERÓ!<mA. 

Fuera eso mucha llaneza. 

r¿ux. 
Pues estotro es despedimos. 

JERÓinMA. 

Pues por no perder tan buena 
Conversación, peinarme. 
Puesto que me dais licencia. 
Anita, vamos. 

ANA. 

Las flores 
De la última moda estas 
Que traigo son. 

JKRÓNIMA. 

¿Qué os parecen? 

DAMUIf. 

De buen gusto. 

F^.LIX. 

Son muy bellas. 

JERÓNIRA. 

Lo hacéis por no disgustarme? 

DAMIÁN. 

No, señora , aunque no fueran 
Ituenas de por si, es muy cierto. 
Que á ser célebres empiezan, 
Cuando es|)enui verse ufanas. 
Siendo airun de tu cabeza. 

JERÓNIMA, 

si en otra acaso estuviesen, 
Uicn sé yo que os parecieran 
Algo mejor. 

DAMIÁN. 

Si en el cielo, 
Trasformadas en estrellas , 
Las viese resplandecer, 
Como la lira y la flecha, 
No las estimara mas. 

JERÓN1MA. 

Bien sé que otra cosa os queda. 

DAMIÁN. 

Queda mucho oue decir. 
Que si esplicarlo pudiera, 
O hacer mi razón visible. 
Ciertamente que no oyera 
De tu boca lo que escucho. 

jerAmima. 
Que me picas. 

ama. 

Si es que no entra 
Ese alfiler, y et por eso. 
damiam. 
Ponpie en mi fe verdadera 
No se trasluce mentira 
Ni ücriones. 

lERÓinMA. 

Qoe ne aprietas. 



AMA. 

Si es que do tíeoet, ojeado» 
Muy segura la cabeza. 

JEM6MIMA. 

Pues ¿cómo la be de tener? 

AMA. 

Siquiera vo instante quieta. 

JKRtolMA. 

iQué os parece á foc; don FéHx, 
Las disculpas, si son buenas 
De vuestro aniigoT 

fÉLBL 

Que ni la hay, ni poede baberia. 
Juzgo, para no eitimarai 
Únicamente en la Uaná. 



Pnes él no es de 61 

WtUOL. 

Dodo yo que cierto se 



rtUK. 



¿Porqué? 



Poroaeno 
Que haya en el 1 
Ingratitud, que ' 
No digo corrcst — ^ — . , ^ 
Que esto es mucho, sino nidos 
De TOS, atrevido ' 
Animo para mirar 

ISn el mundo otra 

Yo. á lo menos si lograra 
ral favor, que no lo espera 
Ni mi indignidad humilde. 
Ni mi encogida modestia. 
Girasol eterno vuestro 
ArrebaUdo Tiviera, ^ 
Y absorto en cootemplacioii 
De cuanto oatnralesa 
Apuró para formaron. 

jcnóHinA* 

Pues aqni está 
Todo lo que af 



TOS. 



No me apuréis la paciencia. 
Que eso es ya desesperarme. 
Con Tuestras palabras mr 
Y las de don Félix tengo 
De mostrar con eTidencia 
1^ que os amo : tos decís 
( Bien lisoiya, ó Terdad sea) 
Que soy discreto. 



Ylo 



Don Félix, que sob perCecU 

Acaba de confesar. 

rtux. 
Lo confesará y confleu. 



Luego siendo yo discreto. 
Como vos decís, es fbersa 
Que ame lo que confesáis 
Vos que es |)erfeclo; pues 
Necia discreción la 1^ 
lia perfección no quisiera. 

lERÓMIMA. 

Que me tiras. 

AMA. 

C^mo eslis 
Rmbvbt*cida y sosnensa. 
No juzgué que te umba. 



JEROMViL 

nncDlo de cuerda, 
r Dios, UD poco. 

DAHUN. 

f 

JERÓRIMA. 

No, sino á esta 
e me mortifica. 

DAMIÁN. 

olveis la respuesta? 

jERÓmaA. 
ysí uo me acordaba. 

OAHIAH. 

el cielo, qué pena ! 
I de baber siempre acastw 
oriuoaft allenn I 

neolos, señor, 

á lo que suenao 
e, pareceo claros, 

hace refleja, 
aieuta que algunos 
etica falsean ; 
lor don Damián, 

1 discreción vuestra 
Lieos engaños 

ada (]ue ine quiera, 
J« fjivures, lleno 
•iuoes jagudeías; 
ueba el silogismo 
la es|)erienda. 

FÉUX. 

ir habla como 
L* las «scuelas. 



(.\p.) 



, por mi desgracia, 
ua tan discreta. 
jsataiuA. 
•oodeis? 

DAVIAÜ. 

Si. señora: 
muy satísiecha 
ne iabeis convencido. 

porque se vea 
reparad, fleBora, 
:i06a elocuencia 

me iiyuriais; por cíerlu 
*o cualquiera materia 
ice el artiftciOy 
ice la cautela. , 
azon vuestro bendo, 
ngo yo, tuvierais, 
Aados tuvieseis 
idos y potencias, 
ieraii Un espertos 

1 tanta preiOeza 
ir lu que do es, 
ume a mi que crea 
u boca me dicta, 

el alma me lo niega ; 
» esto inferíreinos, 
«imiso y licencia, 
r discreU anduvistes, 
muy veidadera. 

makía. 
tente se disculpa. 

icaúMUA. 
90 estoy satisfecha. 

SABÍA. 
9 

JEltÓ!VI]U. 

jlocljacba. despacio, 
ra» y repelas. 

laoo tan pcfa<*a v,. 
DicNi! i aoi«a pudiera 



(Ap.) 



LA PETlMETRiV. 

Ser cualquiera de vosotras, 
Que de mes á mes se peina, 

Y cou lodo está decente ? 
Ksle trabajilo lleva 

La que ti(>iic obligaciones, 
Comu yo. 

FÉLIX. 

Seíiora , es fuerza. 
Que las mujeres de modo 
S(f rindan á la tarea 
('ulidiana de adornarse 
('^umo convieue á su esfera. 

JERÓniXA. 

Ks verdad. 

DAMIÁN. 

Parece que 
De nuestra cuestión te alejas : 
Sepamos en qué te ofendo. 
Que hasta tanto que lo sepa 
No estaré yo sosegado. 

JBRÓNIMA. 

Pues por ver si te sosiegas. 
Ya que eres tan importmio. 
Anoche ¿ qué dependencias 
Tuvisteis, que no os be visto? 

DAMIÁN. 

Como contingente sea, 

Y auu imposible el hablaros, 
Según dijisteis vos mesma, 
No vine anoche. 

JEKÓniMA. 

Es verdad ; 
Mas bien sabéis que á las rejas, 
O al balcón suelo estar siempre, 

Y aíjuel que adora de veras. 
Si hablar no pnede, con ver 
Lleva el alma satisfecha. 

DAMIÁN. 

Es asi, pero 

MARÍA. 

MiUo. 
: Ay Jesús ! vamos apriesa, 

Y buscar dónde esconderse. 

JCRÓMMA. 

Meteros en esa pieza, 

Y tú, Martina, con ellos, 
Para que con maña puedas 
Impedir, si quiere enlrar. 

MART1I<(A. 

¡ Y que esto á mi me suceda ! 
¡ Yo encerrada con dos hombres ! 
Por Cristo, que nada sepa 
Roquillo. 

iERÓlUMA. 

Nada sabrá. 

MARÍA. 

Entrad, y cerrad la puerta. 
ESCENA Xn. 

DO^A MARÍA, DOSA JERONIMA, 
MARTINA, ANA T DON RODRIGO. 

RODRIGO. 

Este caso, por mi vida. 
Me ha de perder la cabeza; 
No le ha habido semejante 
En consejos ui en escuelas, 
Ni el Vinio me da razón. 
Ni Cuiacio, ni Valencia, 
Ni toda la lurba-mulu 
De los autores, que llenan 
Los estantes de mi estudio; 

Y quiero ver si en Ortega, 
Que me le dejé olvidado. 



71 



Hallo algo de esta materia : 
¡Válgame Dios! 

haría. 
Tío mió, 
¿ Dónde vais con tan suspensa 
Admiración? 

RODRIGO. 

Calla, niña. 
Porque no son cosas estas 
Para vosotras. 

MARÍA. 

Si estáis 
Malo, ó la terciana os entra. 
Id por Dios á recogeros. 
Que yo con la diligencia 
Que acostumbro os cuidaré. 

RODRIGO. 

No es terciana, ¡ ojalá fuera ! 
Que esto es cosa del honor. 

MARÍA. 

¡ Cielo santo ! ya cstov muerta. 
Cosa del honor ha dicho. 

RODRIGO. 

Y así, á entrar voy á esta pieza. 

JERÓMMA. 

¿A qué? 

RODRIGO. 

A que he de menester 
Informarme con certeza... 

JERÓIUMA. 

¿Deque, señor? 

RODRIGO. 

De una cosa. 

JERÓNIMA. 

; Ay ! ¿ qué cosa será esta ? 

HARÍA. 

No entréis, señor. 

RODRIGO. 

Pues ¿por qué? 



0^) 



(Ap.) 



Está cerrada la puerta. 

RODRIGO. 

Pues abridla, porque es 
Preiriso que un libro vea, 
Que me le dejé olvidado. 



Esto es ya de otra materia. (Ap.) 

RODRIGO. 

Y va mi hODOr en sacar 
Con lucimiento y presteza 
A un litigante, que fia 

De mi vida, honra y hacienda. 

JERÓlflMA. 

Martina, tu señor tiene 

Que hacer dentro de esa pieza, 

Y quiere entrar. 

HARTIIIA. 

}Ay, señora! (Dentro.) 
Por san Blas y santa Elena, 
Que no le dejéis. 

/BRÓNIHA. 

¿Porqué? 

HARTUIÁ. 

Porque estoy muy deshonesta. 

RODRIGO. 

¿Pues qué haces así, muchacha? 

HAirrna. 
Ay, señor! me da vergAenza 
dechrlo. 



\l^- 



RODIIIGO. 

Aprisa, acaba : 
4 Como estás de esa manera? 

■ARTmA. 

Me estoy mirando las pulgas. 

RODRIGO. 

Paes que me abras aquí es íberza, 
Que DO quiero verte oada. 

MARTIIIA. 

Si estoy pu camisa puesta, 
¿Cómo lo lie de hacer, sin que 
Oe empacliome caiga muerta? 

RODRIGO. 

j Qué bien que á mi me parece 
El recato eu las doncellas ! 
Pues mira, dame ese libro 
Por debajo de la puerta, 
Que está ahi. 

MARTINA. 

¿En dónde, señor? 

RODRIGO. 

Ahí sobre esa papelera. 

HARTUCA. 

Señor, aqui hay tres ó cuatro. 

RODRIGO. 

Veremos cuál de ellos sea. 

(Bájase á mirar por debajo de la 
puerta.) 

■ARTINA. 

¿Será este? 

RODRIGO. 

Dácale á ver. 
(Entretiénnc con loi Ubroi) 

ESCENA Xni. 

Dichos t ROQUE. 

ROQUI. 

Deo gracias, la lavandera 
Dice que esperar no puede. 

JERÓRIMA. 

I Maldita sea tu leugua ! 
Vete al instante. 

ROQUE. 

No puedo. 
Que sube por la escalera 
Ll soplón del escribiente. 

JERÓIflMA. 

Todo lo perdimos de esta. 
Si alli le abren, ve á los dos; 
Si vuelve acá b cabeía. 
Ve á estotro: aprisa, enemigo, 
Métete bajo esu mesa. 

ROQOE. 

Allá voy. (Uéteie.) 

RODRIGO. 

i Válgate Dios ! 
: El pleito, y lo míe me cuesta ! 
Pero el Barbosa lia de estar 
Juago en esta cuadra mesma. 
¡ Ah Martina ! un libro grande 
¿No esu ahi? 

■ARTINA. 

Porque no le diera 
El polvo, yo esta mañana 
Al barrer las agujetas 
Le até, y muy curiosamente 
Le meli Dajo la mesa 
Del tocador de mi ama. 



Y ¡ que anden de esta manera 

Mis libros ! (Va á sacarla.) 



OBRAS DE MORATÜf (d. mcous). 

■ARÍA. 

i Dónde vais, Uo ? 

RODRIGO. 

¿ Hay alguna otra doncella 
También en cueros aqui? 

haría. 
No, sino que no es decencia. 
Que os arrastréis vos, que yo 
Puedo saoarlc. 

RODRIGO. 

Pues ea, 
Despacha. 

haría. 
¡ Virgen del Carmen 1 (Búscale,) 

RODRIGO. 

¿Qué sucede? ¿ No lo encuentras? 



No, señor. 



RODRIGO. 



Quita, que yo 



Le hallaré. 

JERÓmMA. 

Eso temo. 

RODRIGO. 

Necia, 
Aparta ; le buscaré. 

■ARÍA. 

Nadie hará mas diligencia 
Por daros gusto que yo. 
Ya le encontré. 

RQfiRIGO. 

Si me llega 
Níidie á mis libros, aunque 
De polvo no se les vea, 
A palus con el bastón 
La he de romper la cabeza. (yate.) 

ESCENA znr. 

Dichas, menoi don Rodrigo. 

ATI A. 

Gracias á Dios, que salimos 
De tal confusión y pena. 

■ARÍA. 

Yo no soy para estos sustos, 
Jeromita, yo estoy muerta ; 
Yo no sé qué gusto tienes 
Eu esto. 

JBRÓm^A. 

Vaya, eso deja. 
¡ En qué poca agua te abogu I 



(Vate.) 



Voime á esparcir allá fbera. 

iÍRÓHlUA. 

Ya podéis salfa*, señores. 

ESCENA XV. 

Dichas, DON DAMIÁN t DONFEUX. 



Ya impaciente lo desea 
Mi afecto. 

iERÓ?(UIA. 

No hay que temer 
De que ya mi tío vuelva. 
Que aquello fué un accidente. 
A ver, ese espejo lle^: 
¿ Si estaré yo bien peinada ? 



Estás, Jerónima bella, 
Trasformada en una Venus. 

lERÓimu. 
Las flores, ¿qué tal me sientan? 



TÉMJSL 

Mejor que no en so Janfio. 

jERóimu. 
¿Y los polvos? 



Tel 

jBsóimu. 
¿Cómo me dice el lonirT 

HUOL 

Gomo al cielo las estrellit. 



Pues tráeme, Añila, i 

AJTA. 

iGnál quereli? id 4e 1i fle«a 
De loa toroa de Anq|Mi? 

¡ieiiis, qa¿ coaa tan vi^t* 

Axa. 
¿El del Penaquet 



¿Del empedrado? 
lá 
El 

GomonoaeaaRi 



Bl de la moda postran 
Es este. 



May bien: tea 
Las sorteas, las polsci 
El collar, el ranlllele. 
Los coantes, c^ y fira 
El relej, bs arraeadaa, 
Y lo que sabes aoe Itefa 
Una mi^er de mi poite. 

AKA. 

Todas estas cosas poeataa 

Por su orden tengo en la aldte. (Ite 



Pues Toy, con vuestra tteoBdaf 
A acabarme de vestir. 



SI os fallase camarera. 
Aquí tenéis quien os sirva. 



Lo estimo. 



■ARiniA. 



ÍF« 



Una trampa Inwm 
Le armamos al pobre Tiejo; 
Mi astucia la paga espera. 
conüia. 



Voy á mirar mi < 



(Tm 



DON DAMIÁN, DON FÉLIX t ROQ) 
etcanéiéa. 



Ahora bien, mi atendon i 
Qué habéis jozgado, don P¿lii» 
Del mérito de mi prenda. 
¿Hela exagerado moebo? 
¿Ponderé sus escelencias? 
1 No respondéis ? Qoé, ¿ tenéis 
Encogimiento ó vergueraa 
De decir que no os parece 
Tan hermosa y tan discreta 
Como yo os be ponderado? 

r¿Lix. 
¡ Pluguiera á Dioa qjoe eso Amci ! 



I JO os tnie acpii, 
■ielo me dió á mi 
I y eleccioD, 
lis usurpar, 
la cortesiat 
i>sa qoe es niia 
eimenar? 
Hux. 
puesta es : 
los soo testigos, 
os tan amigc^, 
, ya lo Tes. 
fsta verdad 
ara que 
iteis que violé 
ft 1a amistad ; 
ne nos conoxcamos 
tiempos atrás, 
to no mas, 
slad profesamos, 
cita aiferencia, 
ipwi desi^ldad 
nseca amistad 
■espondencia. 
agradedmiento 
^ traído aqni, 
sido afecto á mi, 
fanecimiento, 
í me admirara, 
por advertido 
»r dama escogido 
nnosa y rara, 
esatté, 
?DOjado, 
que proTOcado 
arrof^anda fué. 

satisfecho, 

> para campaña, 
lan Til hazaña, 
ia haberla hecho, 
róoiroa muera, 
leros a vos. 
que entre las dos 

1 vuestro amor quiera. 
, un buen discurrir 
tnferíré, 

iasteis porqué 
e en elegir. 
>te lo hacéis, 
le necesito, 
I dama quito, 
, ahí le tenéis. 

rabie. 

WÍU3L 

Pnesea, 
s conclusión, 
e á su elección 
«gusto sea. 

B8GEKA Vn. 

IM T UOnx MARÍA. 

■abía. 
■o es cortesía 
dos dejaros, 
■MNtiicaros 
pcmcion mía. 

rtu%. 
leacion: 
ansioso el cuello 
»Siendo tan bello, 
lOft p«»nas son. 

■ahía. 
V el lisonjear 
tan usatio 
deUxJo estado! 

(Kleís engafiar ; 



LA PGTIMETRA. 

Y que quien tiene osadia. 
Como veis, de replicaros, 
No querrá lisonjearos. 
Hermosísima María. 



Pues ¿ en qué me replicáis? 

rtux. 

Qué, ¿no es réplica bastante 
El que diga yo arrogante. 
Señora, que os engañáis T 
Pues yo dijera, por Dios, 
Al querer lisonjear. 
Que no se puede engañar 
Una dama como vos. 



Ú 



Lisonja entonces no era. 
Porque si yo me ennñara, 
Entonces se comprobara 
Que yo tan hermosa fuera. 
Mas i av, que viene mi tío ! 
Esconcíeros al instante. 

DAMIÁN. 

Siempre da un misero amante 

De uu bajio á otro b^jío. (Escóndense.) 

ESCENA Vm. 

Dichos t DON RODRIGO. 

RODRIGO. 

Sobnna, ¿ qué haces ? 

MARÍA. 

Soñnr : 
Amiqnc estoy un poco mala. 
Ibaine á entrnr á la sala 
A i)onerme a hacer labor. 

RODRIGO. 

De ti, niña, bien lo creo. 

¡Ojalá como tü hiera 

Esotra loca altanera, 

Porque de ella, según veo, 

Nada se puede esperar, • 

Solo emplear noclies y días 

En hacer mil cortesías, 

Y en cómo se ha de adornar. 

é está haciendo? lestá coáendof 
. _ace alguna otra labor 
De provecho? 

HARÍA. 

No, señor : 
Juzgo que se est4 vistiendo. 

RODUGO. 

Pues ¿cómo? ¿aun no está vestida? 



m 



Ya bien presto acabará. 

RODRIGO. 

Pues ¿por qué no acaba ya, 
Y va á guisar la comida/ 

■ABÍA. 

¡ Ay qué engañado que estás! 
Tío, fuerza es que lo avise. 
Si tú aguardas que lo guise. 
En tu vida comerás. 



RODRIGO. 



Pues ¿cómo? 



A mi no me toca 
Decir de mi prima nada; 
Llama á una ú otra criada, 

Y sábelo de su boca, 

RODRIGO. 

A ella tengo de llamar, 

Y de ella lo be de saber, 
\ darla bien á entender 
Lo que quiero ejecutar : 
Ye y llámala. 



MARÍA. 

Ya está aquí. 

ESCENA IX. 

DON RODRIGO i DOÑA JERONIMA. 

RODRIGO. 

Jé haces? ^ en qué te entretienes? 
iué ropa cosida tienes 
la que está para mi? 

JEBÓKIHA. 

Ya lo haré. 

RODRIGO. 

Luego no has hecho 
Todo el tiempo mas que holgar. 
Ni hemos pomdo lograr 
De ti cosa de provecho. 
Pues mira : la ultima vez 
Que yo te doy reprensión. 
Sabe que es esta ocasión, 
Portí, nopormi vejez. 
Dos hermanas me Quedaron, 
Una loca, otra pmoente, 

Y á su tiempo competente 
Ambas á dos se casaron. 

Tu madre. Dios la dé gloria, 
Neciamente se casó 
Con tal sujeto, que aun no 
Quiero tener de él memoria ; 
Pues después de haber Jugado 
Cuanto de tu madre era. 
No fué mucho que muriera 
Miserable y desdichado. 
Huérfana entonces quedaste , 
Trájete á pisar mis salas; 
Mas de tu padre las malas 
Condiciones heredaste. 
La madre de esa tu prima 
Casó con don Luis Fajardo , 
Mozo hacendado y gallardo, 

Y hombre al fln de toda estüna. 
Este al morir la dejó 

Diez y siete mil ducados. 

gne se los tengo guardados 
n mis escritorios yo. 
Las dos os diferenciasteis : 
Ella modesta ha salido, 
De honesto genio, encogido , 

Y en todo os desigualasteis ; 
Porque tú, aunque ser debieras 
Mas humilde por mas pobre, 
Eres muy soberbia, sobre 

Mil locuras aluneras. 
Al mundo andas encañando 
(Ves con qué verdad te arguyo) 
IMciendo, que el dote es tuyo. 
Que de estotra estoy guardando. 
Tú la debieras servir, 

Y ella á U te está sirviendo. 
Las cosas esU ella haciendo, 

Y tú haces solo dormir. 

La otra nocbe aquella letra, 
lúe sonó con mekKtta, 
ra sé muy bien que decia , 
^e eres tú la Petimetra. 
.hies vive Dios, que si quieres 
Echarte mas á perder. 
En otra parte ha de ser 
Donde alli te desesperes. 
Yo vivo muy afírenUdo 
De ver tantos galanteos. 
Bufonadas y paseos. 
Que ya todos lo han notado; 

Y asi, porque tanto yerro 

Se haya una vez de enmendar» 
O al punto te has de casa^ 
O meterte en un encierro. 



74 

IIARTi:iA. 

Pues ¿qué lienes? 



¿Serás fiel? 

1IABTi:<A. 

Pues qué, ^cso dudando estás ? 
Mi lidelidau verás. 

haría. 
Pues mira, Martina, aquel 
Que boy desde Yalíadoliü 
vino, y trajo don Damián, 
Tan discreto y tan galán, 
r A hacerme guerra en Madrid, 
Del alma se apoderó, 

Y yo el alma le entregué; 
No sabe nada, porqué 
No es razón mostrarlo yo. 

■ARTIIIA. 

Bien hayas tú, que te pagas. 

Para ({ue á tu prima asombre. 

De un hombre, que en todo es hombre 

Om <|ue tu amor satisfagas. 

Este si (|ue es grande hatlaigo, 

Pues de los dos be entendido, 

Cuando estaba allí escondido. 

Que es un rico mayorazgo ; 

ICsie si que es caballero. 

De tu pnma el disparate 

Se enamoró de un petate, 

Solo porque es lisoigero. 

MARÍA. 

Pues bien, Martina, te encargo 
Notar, sin ([ue te diviertas. 
Sus acciones, y me adviertas 
De esto, (jue queda á tu cargo. 
Mira, que en callar te esmeres, 
Que te está bien el callar, 
Ten cuidado de avisar, 

Y toma para alüleres. 

ESCENA ni. 

MARTINA. 

Yo por aquí ó por allí, 
SuMnpre tengo de |>Ular; 
Tal modo de negociar 
De mi amo lo aprendí; 
Pues vienen dos litigantes, 

Y auntjue ellos conUraríos son, 
A entrambos da la raxon ; 

Y asi del que vmo antes, 
(>jmo del que fué el postrero. 
De entrambos logra coger 
Por su injusto parecer 
Muchas gracias y el dinero. 
Doüa María no sabe 
Cómo los dos repuntados 
Salieron desafiados 
Por su prima á od duelo grave, 

Y yo todo lo atisbé ; 
Mas no lo quiero decir, 
ijuiérola asi divertir. 
Porque no lo perderé. 

IV. 



OBRAS DE MORATiN (o. mcolas). 

ROQUE. 

Lo que he visto nada es. 
Lo que no he visto es el cuento : 
De puro zelos reviento 
Convertido en portugués. 

MARTIKA. 



MARTINA T ROQUE. 

ROQUE. 

ÍAh Martinilla ! ¡ ah taimada ! 
lúe con los niRJos te escondes ; 
¿Asi á mi amor correspondes, 

Y así injuriarme te agrada? 

BARTIIIA. 

Roque, como te escondistes 
Til, tanibien me fué preciso ; 

Y aun()uc mí amor no lo quiso. 
Tuve que hacer lo que vistes. 



Vaya, Roque, deja eso, 

Y sabe que te soy fiel ; 

Y dímc en qué paró acjuel 
Lance atrevido y travieso 
De los dos enamorados. 

ROQUE. 

Pues que lo atisbaste tú, 
All;i va con Bercebú : 
Salieron muy mesurados, 
Cabizbaios y mohínos , 
Haciéndose de valientes, 

Y murmurando entre dientes 
Las coplas de Calaínos. 
Don Félix iba delante, 

Don Damián, que no ha nacido 
A ser guerrero atrevido. 
Sino á ser chistoso amante, 
Con mil consideraciones 
Lo que pensaba no sé ; 
Pero cuando me arrimé 
Le apestaban los calzones. 
Acia el Prado enderezaron, 
Frente á fronte se pusieron, 

Y de que solos se vieron 
Las tremendas aprontaron. 
Dümian perdió los estribos, 

Y el color se le mudó 

Al punto que á Félix vio 
Con la esiKida en cueros vivos; 

Y con tiple de capón. 
Muy preciado de prudente. 
Le dijo : no es ser valiente 
Esto, Félix, ni es razón 
De que dos amigos tales. 
Como somos vos y yo, 

Se maten por lo que no 
Puede valer cuatro reales ; 

Y asi á su elección dejemos 

El que ella escoja al que quiera; 

Y haciendo de esu manera. 
Los dos nos satisfaremos. 
Dijo don Félix que sí ; 

Con que juzgo, ({ue á engañarla, 
A rendirla y obligarla 
Vendrán los dos presto aquí. 

MARTHA. 

Pues, Roquito, entre los dos 
No habrá celos ni desdén ; 
Querámonos los dos bien, 

Y venga la paz de Dios. 

ESCENA V. 

Dichos t DON DAMIÁN. 

DAMIÁN. 

¿Y don Félix ha venido ? 

MARTÜIA. 

No le be visto. 

ROQUE. 

No, señor. 

MARTINA. 

Nunca vi ocasión mejor, 
De lo que habéis prometido. 

nAiiu:(. 
¿De qué? 

MARTIKA. 

De lo que pedí. 

DAMIÁN. 

¿ Qué pediste ? 

MARTIXA. 

Aquellos cuartos. 



.Déjame, por Dios, que hartos 
Males me cercan á nu. 

HARTIJTA. 

Si adentro no me llamaran. 

Yo os pusiera como un trapo. (Yatf. 

ROQUE. 

Vaya, señor, que eres guapo. 
Cual los diablos no pensaran. 

DAIUAK. 

Déjame, y calb. 

ROQUE. 

Señor: 
Yo en mi vida (üi discreto ; 
Pero ahora me prometo 
Un discurso superior. 
Esta madama fatal, 
Exsahumnda con incienio. 
Que la faltan, según pienso. 
Ocho cuartos para un real, 
i Posible es que te ha ligado 
Con tal fuerza, señor mió. 
Que te tenga el albedrfo 
Ciego y enibarraganadof 
¿No miras su presunción. 
Su melindre y su desdén, 

Y aquel andar ten con ten. 
Cual paso de procesión? 
Pensando en el uso nuevo, 

Y en darse en la cara el unto. 
Ni sabe coser un punto. 

Ni sabe echar sal á un huevo. 
Yo por mujer escogiera 
Una fresca mocetona 
Entre marquesa y gorrona. 
Entre madama y frutera. 
Juzgarán tus opiniones, 
Si la vieras por debajo 
Entre tanto calandrajo. 
El solar de k>s Girones. 



Calla, atrevido. 

ROQUI. 

Señor, 
Si la vista no me engaña. 
Callando, piedras apaña, 
Félix tu competidor. 

DAnAlf. 

Pues ve, y espera en la calle. 
E8GEIIA VI. 
DON DAMIÁN T DON FÉLIX. 

F¿UX. 

Ya, don Damián, juegue yo 

Que del dia instante no 

Puede haber que aqui no os halle. 

DAXIAII. 

Es mi centro. 

Y también mió. 

RAUUIf. 

Don Félix, sentido estov 
De que me ofendieseis noy 
Con tan grande desvario. 

FÉLIX. 

Yo con nada os ofendí. 

DAMIÁN. 

Faltasteis á la amistad. 
rÉux. 
No probareis que es verdad. 

DAUlAlf. 

¿ No lo pn)baré ? pues di : 
¿Es amistad, ni es raion. 



yo os tra|e aqui, 
ido me (lió á mi 
y eleceioD, 
is usurpar, 
a cortesUt 
>sa ^e es mia 
enajenar? 
riux. 
pnesta es : 
los son testigos, 
IOS tan amigos, 
;, ya lo ves. 
ísta verdad 
lara que 
atéis que violé 
á la amistad ; 
ue nos conozcamos 
tiempos atritf , 
ito no mas, 
stad nrofesamos. 
icba diferencia, 
gran des^[i»ldad 
inseca amistad 
respondeocia. 
> agradecimiento 
c traido aqui, 
I sido afecto á mi, 
ivanecimiento, 
o me admiran, 
por adrertido 
ur dama escogido 
prmosa y rara, 
ilesaüé, 
enojado, 
{ que provocado 
arro^ncia fué. 
yo satisfecho, 
s para campana, 
tan vil hazaña, 
>sa haberla hecho. 
Tónima muera, 
ideros á yos. 
i que entre las dos 
il vuestro amor quiera. 
Q un buen discurrir 
inferiré, 
>iasteis porqué 
lé en elegir, 
lote lo hacéis, 
3 le necesito, 
la dama quito, 
1, abi le tenéis. 

DAXUIf. 

irable. 

riux. 

Puesea, 
en conclusión, 
te á su elección 
80 gusto 8ea« 

ESCENA VII. 

aot T DONA MARÍA. 



rnoes eortesia 
s dos ddaros, 
ámoftificares 
Bversacion mia. 

ftux. 
UBcadon : 
■a ansioso el cuello 
oe Siendo tan bello, 
IS sos penas son. 

haría. 
ipre el lisonjear 
iT tan usado 
es de todo estado ! 

réu%. 
is podéis engañar ; 



LA PETIMETRA. 

Y que quien tiene osadia. 
Como veis, de replicaros, 
No querrá lisonjearos. 
Hermosísima María. 

HARÍA. 

Pues ¿ en qué me replicáis T 

fAux. 

Qué, ¿no es réplica bastante 
Ll que diga yo arrogante. 
Señora, que os engañáis 7 
Pues yo dijera, por Dios, 
Al querer lisonjear. 
Que uo se puede eng 
Una dama como vos. 



73 



Lisonja entonces no era. 
Porque si yo me engsñajra. 
Entonces se comprobara 
Que yo tan hermosa fuera. 
Mas i av, que viene mi tío ! 
Esconiíeros al instante. 

DAMUlf. 

Siempre da un misero amante 

De uu bajio á otro b^jio. (Etcóndente.) 

ESCENA Vm. 

Dichos t DON RODRIGO. 

RODRIGO. 

Sobrina, ¿qué haces? 

MARÍA. 

Soñor : 
Aunque estoy un poco mala. 
Ibaine á entrar á la sala 
A ponerme a hacer labor. 

RODRIGO. 

De tí, niña, bien lo creo. 

¡Ojalá como tü fuera 

Esotra loca altanera, 

Porque de ella, según veo, 

Nada se puede esperar, * 

Solo emplear nockes y dias 

En hacer mil cortesías, 

Y en cómo se ha de adornar. 

lué está haciendo? lestá cotiendoT 

lace alguna otra laoor 
De provecho ? 



haría. 
Ya está aquí. 



6t 



No, señor: 
Juzgo que se está vistiendo. 

RODUGO. 

Pues ¿cómo? ¿aun no está vestida? 



Ya bien presto acabará. 

RODRIGO. 

Pues ¿por qué no acaba ya, 

Y va á guisar la comida/ 

■ARfA. 

: Ay qué engañado que estás ! 
Tío, fuerza es que lo avise. 
Si tú aguardas que lo guise. 
En tu vida comerás. 

RODRIGO. 

Pues ¿cómo? 

MARÍA. 

A mi no me toca 
Decir de mi prima nada ; 
Llama á una ú otra criada, 

Y súbelo de su boca, 

RODRIGO. 

A ella tengo de llamar, 

Y de ella lo he de saber, 

Y darla bien á entender 
Lo que quiero ejecutar : 
Ve y llámab. 



ESCENA IX. 

DON RODRIGO t DOÑA JERONIMA. 

RODRIGO. 

lé haces? ¿en qué te entretienes? 
lué ropa cosida tienes 
la que está pan mf? 



Ya lo haré. 

BODUGO. 

Luego no has hecho 
Todo el tiemno mas que holgar. 
Ni hemos po<fido lograr 
De ti cosa de prorecho. 
Pues mira : la ultima vez 
Que yo te doy reprensión, 
Sabe que es esta ocasión. 
Por ti, no por mi vejez. 
Dos hermanas me quedaron, 
Una loca, otra prudente, 

Y á su tiempo competente 
Ambas á dos se casaron. 

Tu madre. Dios la dé gloria. 
Neciamente se casó 
Contal sujeto, que ami no 
Quiero tener de él memoria ; 
Pues después de haber jugado 
.Cuanto de tu madre era. 
No fué mucho que muriera 
Miserable y desdichadQ. 
Huérfana entonces quedaste , 
Trajele á pisar mis salas; 
Mas de tu padre las malaüi 
Condiciones heredaste. 
La madre de esa tu prima 
Casó con don Luis Fajardo , 
Mozo hacendado y gallardo, 

Y hombre al fin de toda estima. 
Este al morir la dejó 

Diez y siete mil ducados. 

gne se los tengo guardados 
n mis escritorios jo. 
Las dos os diferenciasteis : 
Ella modesta ha salido, 
De honesto genio, encogido , 

Y en todo os desigualasteis; 
Porque tú, aunque ser debieras 
Mas humilde por mas pobre» 
Eres muy soberbia, sobre 

Mil locuras aluneras. 
Al mundo andas enoafiando 
(Ves con qué verdadfte arguyo) 
Diciendo, que el dote es tuyo. 
Que de estotra estoy guardando. 
Tü la debieras servir, 

Y eUa á ti te esU sirviendo, 
Las cosas esU ella haciendo, 

Y tü haces solo dormir. 

La otra noche aquella letra, 

§ue sonó con melodía, 
a sé muy bien que deda. 
Que eres tü la Pelimetra. 
Pues vive Dios, que si qnierea 
Echarte mas á perder. 
En otra parte ha de ser 
Donde allí te desespeies. 
Yo vivo muy afirenudo 
De ver tantos galanteos. 
Bufonadas y paseos. 
Que ya todos lo han notado; 

Y asi, porque tanto yerro 

Se baya una vez de enmendaTi 
O al punto te has de casa^ 
O meterte en un encierro. 



76 



ESCENA X. 



DOSA JEROMMA t IK).SA HAUIA. 

haría. 

Enojado v\ lio va , 
¿Qué bd dicho T 

JERÓMIMA. 

Nada, María : 
lina vez que no lo oia 
Nadie, nada se me da ; 
Porque todo lo que pasa , 
Que nada im|vorta verás, 
lanno no lo sei»an mas 
Que los de dentro de casa. (A;> ; 

Voime á acabar de vestir. 
No quiero perder la misa, 
Que aunipje corriendo y de prisa 
No be de dejarla de oir. 

ESCENA XI. 

DON DAMIÁN Y DON FÉLIX, Y 
iuego DON RODRIGO. 

DASIAÜ. 

Don FcUx , ¿ qué habéis oído ? 

FÉUX. 

Don Damián : ¿qué oísteis vos? 

DAMIAÜ. 

Nada percibí, por Dios. 

FÉUX. 

Por Dios, que nada be entendido. 

DAMIÁN. 

Á Posible es que no entendisteis ? 
¿Posible es que vos Umpoco? 

DAMIÁN. 

Yo nada. 

fílix. 

¿Nada ?iÑi un poco? 

DAMUN. 

¿Yo? lo que vos percibisteis. 
Poro aquí vuelve su tio. 

DAMIÁN. 

Escondimonos, por Dios, 
Que si nos baila i los dos, 
Mayor pesar es el mío. 

(Eicóndeiue^ y iaU don Rodrígo. 

RODRIGO. 

1 -n disparate iba á hacer, 
Sin juido ni reflexión, 
Al ver b disoluc-ion 
De esta improdenle mujer. (\ a$e. 
(Salen don Damián y don Félix, 

DAMIÁN. 

Pues salir hemos podido, 
Voy, Félix, en un instante 
A cierta cosa importante. 
Que es de mi cargo , y no olvido. 
Vuelvo. 

ESCENA Xn. 

DON FÉLIX. 

Adiós, solo quedé; 
Y i que haya hombre como yo, 
<iue de lo (Tue le pasó 
Avergf mxado no esté ! 
¿Posible es que me cegara 
Tan pronto y de tal manera , 
Que a tal mujer yo quisiera, 
\ por ella me prendfura ? 
Sin Juicio estuve por cierto, 



OBRAS DE MORATIN (d. nicous). 

Los sentidos tuve en calma, 
O yo tuve absorta el alma, 

el entendimiento muerto. 
Vivo afrentado y corrido. 
Loco estoy de avergonzado. 
Solo de hal>erme engañado 
De un presupuesto finado. 
¿Yo á una tan loca miyer. 
Tan sin juicio ni razón. 

Me he de rendir con pasión, 

Y por roía be de querer? 
Recobremos lo perdido, 
Que el todo no se perdió, 
Pues aun longo tiempo yo 
De enmendarlo arre(>entido. 
Motare soy, no es mucho que 
Tan de pronto me engtiíara, 

1 Pero aqui está el juicio para 
I Corregir lo que yo erré. 

Suele uno incauto mirar 
Él engañoso oropel, 

Y enamorado de aquel 
Falso lucir v brillar. 
Oro flno lo imagina ; 
Pero ya mas advertido 
Conoce que no ha salido 
De tan escelen te mina. 
Yo asi, yo asi me engañé : 
Calidad la presunción. 
Lo atrerido discreción 
Incautamente juzgué. 

Su locura es conocida. 

No solo 011 Madrid, mas fuera, 

Y yo solo juzgué que era 
Por su virtud aphiudida. 
Quiso hi ignorancia mia 
Mas de Jerónima aquel 
Engañador oropel. 

Que no el oro de Maria. 
Aquella modestia, si, 
Aquel honesto mirar, 
Aquel vergonzoso hablar, 
Si que me ha hechizado ¿ mi. 
Sin duda es doña Maria 

?uien me dio conversación, 
apada en el espolón 
DeValladolidundia. 
¡ Y que tan ciego esté yo. 
Que no la haya conocido. 
Ni el alma nne baya advertido 
Que entonces me enamoró ! 

Y que yo desafiado 

Saliese por la otra ( {oh cielos! ). 
De mi propio tengo zek>s 
Por haberlo ejecuUdo, 

Y ami es pesar grande el mió, 

Y sin ponderación siento 

El que en mi arrepentimiento 
Tuviese parte su tío. 
Para don Damián es propia. 
Pues yo estoy dudando cuál 
De los dos of iginal 
Es, ó cuál de IiM dos copia. 
Goce el doto y su riqueza. 
Pues mejor la suerte mía 
Es, si logro de María 
La honestidad y pobreza. 
Porque so doho escoger. 
Por el \i(rio <3 por la fama, 
Desenvuolta para dama, 

Y bonesU para mujer. 
Habiéndole yo atisbado. 
Fortuna me ayuda bien. 
Porque su tio es a quien 
Vengo vo recomendado. 
Si me cfoy á conocer. 

Sé que me agasajara : 
Cuanto tonga me dará, 

Y su huóspod nic hará sor. 



DON FEUXt MARTINA. i 

BAiraU. 

Í Todavía no ha salido 
li señora? 

Fiux. 

No, Martina. 
máxtnuu 
Vaya, á mime dtsatina 
Lo que dura eile venido. 

rÉLOL 

¿Qué te parece? 

■amuu. 
Seftor, 

Yo respondo, qoe nmy «ni. 

De tos dos amas 4 á cuál 
Quieres maa, ó es iamcjoi? 



¡Jesús! no me dlgh» MUS 
De eso, porque eiUsefton 
Es mala trabajadora. 
Presumida y entoldada. 
A todos tiene engaBadoa 
Con fingida preaundoo ; 
Pues dice que sovoa aoB 
Diez y siete mil docadost 
Que son de dofia Marta, 
ráux. 
Esto no sabia yo; 
Ahora digo <pie salió 
Mas feliz la suerte mta. 

HABTniA. 

Pues qué, ¿la queréis? 

Yoil. 

■ABmA. 

También ella ot quiere á m. 

ráux. 
CalU, Martina, por Dioa, 
Que no me eogaftea ail. 

HABTmA. 

No os engaño, en buena le. 
Proseguid y porfiad, 

Y encontrareis ta verdad 
De lo que oa asegwé. 

rAux. 
Pues dila que jo la adoro. 
Que tenga pieoad de mi. 
Que á sus ojos me rendí, 

Y que de ella amante lloro; 

Y toma esta nifteria, 
Pira (|ue puedas entrar 
En mi nombre á refreacar 
En una botiUeria. 

ESCENA ZIV» 

DON FEUX T DON DAMIÁN. 

DAWUkll. 

Me be dado prisa bastante. 
Por juzgar que ya tardaba, 
rius. 



Que vinieses < 

Porque me voy al t 

A ver si han venido cailaa. 

Que después que yo aaldriaa 

En bs que me avisarían 

De mis dependencias, que hartas 

Tengo, don Damián, que hacer. 



Id con Dios. 

rtux. 

Guárdeos el cielo. 

ESCENA XV. 

DON DAMIÁN. 
Solo quedé, solo estoy : 



4 discurrir toy, 

7 con desvelo, 

ae mas me conviene ; 

1 loca miqer 
vil proceder 
ido me tiene T 
»lo es jasticia, 
(talado conmigo; 
cielo -es castigo 
ndar mi codicia ; 
lo yo imaginaba, 
jyos los cantados 
; mil ducados, 

le pensaba, 
iño este dia, 
; la perfección, 
ara y dote son 
rda Marta, 
lo lo ha entendido, 
e ha declarado ; 
e ha enamorado, 
iir ha salido 
na, será 
:ase con ella, 
acendada y bella 
cuenta está. 
í de servir, 
^nima él ; 
e no soy fiel, 
( Uegaé á rendir. 
Qima querer, 
)re viene á estar! 
ella que cenar, 

que comer. 

esto no tengo, 

mvú^ buena, 
o, comida y cena 
al bi«i me prevengo, 
lofia Marta, 
nimaesU, 
la Félix ya, 
otra ha de ser mia. 
>s mudable ser, 
u en un scgeto, 
•se discreto 
o parecer. 

ESC3CNA XVI. 

MUN, DOSA JERONINA 

ANA een mantos, 

JEBÓNIHA. 

o, 1 hemos tardado? 
pa ha tenido ; 
le habia p^ido, 
e le hemos hallado, 
podido salir. 



DAUIAll. 

li es disimular, 
tarde en hallar, 
^qne decir; 
mtento estuviera 
aquí, señora, 
) os mirara añora, 
la vida os viera. 

ÍERÓ:flMA. 

eso? 

BAHIAN. 

Digo, que 
I llegue á lograr, 
onesfMerar 
ito viviré. 

JEBÓIflHA. 

ozgué otra cosa. 

DAMIÁN. 

s nada, por Dios, 
oe no dejéis vos 
'ecta y hermosa. 



(Ap.) 



LA PETIMETRA. 

JERÓNIHA. 

¿Qué OS parece, don Damián? 
Tengo buena? ¿está bien puesto, 
me sienta bien todo esto? 

DAMIÁN. 

Todas las cosas están 
Gomo en su centro, señora. 

ICRÓNIMA. 

Pueslabatay elbríal 
Dijo que me estaba mal 
Esta criada habladora. 

DAMIÁN. 

No hay tal, que os está de modo, 
Que aunque ahora no se ve, • 
Yo aseguraré bien que 
Es de vuestra gala el todo. 

JERÓNIMA. 

Este pañuelo he estrenado, 

Y también estas manillas 
Con muy graciosas hebilbs, 

Y este rosario estrellado. 

ANA. 

Y como yo me esmeré 

En peinarte hoy á la moda, 
¿Qué va. que la corte toda 
Se admira cuando te ve? 

JERÓNIMA. 

Aunque tú no me peinaras. 
No me has de poder quitar 
Este garbo en el andar, 
Ni otras circunstanciáis raras. 
Que me dio naturaleza. 

Y aquesto no es alabanne. 
Pues de ello quiso adornarme. 
Ya que no me dio belleza. 

DAMIÁN. 

[Qué pesadez ! ambas cosas 
Naturaleza te dio. 
Porque nunca he visto yo 
No ser bellas las garbof as ; 
Que amique la cara no sea. 
El alma, que encierran dentro 
De aquel bien dispuesto centro. 
Se da á entender que no es fea. 

JERÓNIMA. 

Lo mesmo me dicen todos. 
Todos no me han de engañar ; 
A Dios tengo que alabar 
Por muy diferentes modos. 

DAMIÁN. 

Vamos, si á misa hemos de ir. 
Que yo no puedo esperar, 

Y no os podré acompañar, 
Si es que tardáis en salir. 

JERÓNIMA 

Qué, ¿OS enfadáis de ir conmigo? 

DAMIÁN. 

No, señora. 

JERÓNIMA. 

Es que creí. 
Que ibais á decir que sí. 

DAMIÁN. 

Pongo al cielo por testigo. 

JERÓNIMA. 

Pues vamos acia allá fuera. 
Damián, dadme el brazo vos, 

Y ojalá que quiera Dios 
Que hallemos misa lijera. 
Mas por ver si bien tocada, 
O algo olvidado me dejo. 
Alcanza, Anita, ese espejo 
Para darme otra mirada. 



Aqui está : ¡ Jesús mil veces ! 



77 



Que 
Que 



Ya van treinta miraduras, 
Yo suelo mirarme á oscuras, 
Sio aquestas pesadeces. 

JERÓNIMA. 

¿Quieres igualarte tu 
Conmigo? ¡qué gracia, niña ! 

t Necesitas tu Irasqiiiña, 
tanto, puntaypitibá? 
Daca el espejo, ntbhidora. 

ANA. 

Ahí está. 

JERÓNIMA. 

Pienso, señor, 
)ue me está mejor la flor, 
jae no endenantes, ahora ; 

Y es que como fatigada 
Estoy de haberme vestido. 
Con el afán que he tenido 
Estoy algo sonrosada. 

DAMIÁN. 

Todo está bien : vamos pues. 

JERÓNIMA. 

Vamos bajando, y en tanto. 
Repara, Anita, ese manto. 
No sea que vaya al revés. 
¡ Ay Jesús ! yo me iba á misa 
Con los vuelos de dormir, 

Y así no puedo salir; 

Ve, y tráeme esotros aprisa. 
Vaya, vava, que la eente 
Que en ello reparam 
Sin duda alguna dina 
Que iba en estremo decente ; 
Despáchate. 

ANA. 

Voy, señora. 

JERÓNIMA. 

Ni un rato pude lograr 
De poderme sola hallar 
Con vos, don Damián, y ahora, 
Que se ofreció esta ocasión. 
Hablemos de una vez claros. 
Porque mis sucesos raros 
De todas maneras soo. 
Por vos anda el honor mió 
En peligro, don Damián, 
Todos ladrándole están 
Contra vos siempre á mi tío. 
Mucho escándalo se ha dado. 
Esto bien lo conocéis; 

Y pues cual decís tenéis 
Un mayorazgo colmado ; 
Si nos hemos de casar. 
Como me habéis prometido, 
No lo echemos en olvido. 

Ni en esto hay que retardar; 
Pues como estoy hacendada^ 

Y el dote saben que tengo, 
A esur cada dia vengo 

De muchos importunada ; 

Y si acaso os descuidáis. 
Aunque yo firme he de ser. 
Mirad que podréis perder 
JLo que tanto deseáis. 

DAMIÁN. 

Yo siempre me alegraría, 

Y nunca son mis intentos 
Otros que vuestros aumentos 

Y bien, Jerónima mia; 

Y si os he oalanteado. 
Fué por solo imaginar 
Que no hubiera de intentar 
Nadie lo que yo he intentado. 
No porque os juagué olvidada. 
Ni en oscura esclavitud; 
Sino porque la virtud 
Nunca suele ser buscada. 
Pero pues me decís vos 



(Voie.) 



78 

Qac no falU qiiicn os quiora, 
Si esto bien se considera. 
Dar mil gnicias debo á Dios ; 
Pues ya sabido se está. 
Sin <pic el decirlo me asombre, 
Que otro cualesquiera hombre 
Mas di(;no (|ue yo será : 

Y asi estoy muy consolado, 
Sin que ik mi pena me aumente 
De que en lo que es conveniente. 
Señora, hayáis mejorado. 

jERÓ:nMA. 
i. Con que ya ingrato decís. 
Con lisonja y mala fe, 
Que yo me case? Y bien sé. 
Que en cuanto me habláis mentís. 
iCon que ya tantas finezas, 
Tantas vueltas y paseos, 
Favores y galanteos 
A menospreciar empiezas? 
Todo el tiempo se ha perdido. 
Que se ocupo en desear 
Lo que no se ha de gozar 
Por tu ingratitud y olvido. 
Pues vive Dios, que has de ver. 
Aunque me cueste b vida. 
Que es víbora enfurecida 
Despreciada una mujer. 

DAMUII. 

De lo que gracias debieras 
Rendirme, ¿(piejas me das? 
Considéralo, y verás 
Mis palabras verdaderas. 
Nb digo yo que no quiero 
Casarme contigo, digo, 
Que es mejor case contigo 
Algún rico caballero, 
Que con toda la decencia 
Te trate que tú mereces. 
Donde estés mejor mil veces 

Y con mayor opulencia. 
Mas sentiré yo el dejarte 
Que tú lo puedes sentir; 

Y no me he de despedir, 
Aunque te pierda, de amarte. 
¿Puedo hacer mavor portento. 
Ni de mayor escelencia. 
Que es buscar tu conveniencia 
A costa de mi tormento? 

jEióimiA. 
Dien con eso te disculpas. 

DAMIAÜ. 

Mayor disculpa es, por Dios, 
Que Félix os quiere á vos. 

jEaóiinfA. 
Pues de eso á mi ¿qué me culpas? 

nAMIAM. 

Rendido á vos le miré ; 

Por vos no ha mocho que al Prado 

Me sacó desafiado. 

JEaÓRMA 

Pues yo no se lo mandé. 

(Sale Ana,) 

AlfA. 

Aqui están. 

JERÓNIHA. 

Vamos aprisa. 
Que ellos causa hubieran sido, 
Si no hubiesen parecido. 
De que hoy perdiera la misa. 
Id delante ; yo ya voy (Vase Damián.) 
Un poco mas consolada. 
Puesto que galanteada 
De dos a lo menos sov ; 

Y uno ú otro bien se infiere 

8ue caerán, y yo lo espero : 
el uno porque lo quiero, 
O el otro porque me (piiere. 



ORRAS DE MORATIN vD. kicolas). 



ACTO TERCERO. 



ESCENA PRIMERA. 

DON FÉLIX. 

Ahora que solo he llegado, 

Y Jeióniína y Damián 
Discurro que en misa están , 
Porque yo los he atisbado. 
Puede ser que lialle ocasión 
De hablar a doña María, 

Y decir la pena mia 
Con respeto y sumisión. 
Marlinilla puede ser 
Que dijese alguna cosa. 
Que una es parlera, curiosa 
Otra : una y otra mi^er. 

ESCENA n. 

DON FÉLIX Y DOSA BIARIA. 



Don Félbí , seáis bien venido. 

fAux. 
Seáis, señora, bien hallada. 

«arIa. 
Sea feliz vuestra llegada. 

FÉUX. 

A los cielos eso pido. 



Qué, ¿no habéis acompañado 
A mi prima? 

FÉLIX. 

No, señora. 



¿Porqué? 

FÉLIX. 

Porque estoy ahora 
Mas altamente empleado. 



¿Pues no estuvierais mejor 
Con mi prima? 

FÉLIX. 

No estuviera, 
Que á estarlo, lo dispusiera 
De otra manera el amor. 

■ARÍA. 

¿Qué amor? 

FÉLIX. 

El mucho que os tengo. 

■AltfA. 

Ahora es buena ocasión, 
Que de vuestra adulación 
A hacer burla me prevengo. 

FÉUX. 

¿De mis afectos hacéis 
Burla? 

HAnfA. 

Si, don Félix, si. 
Porque lisonjero os vi, 
Y vos bien lo conocéis. 

FÉUX. 

¿Es lisonja la verdad? 



¿Qué verdad? 



FÉLIX. 

El que yo os quiero. 



Dudo el que sea verdadero. 

FÉUX. 

¿ En qué halbis dificultad ? 



El corto mérito mió 
Me hace dudar. 

FÉUX. 

Pues, señora. 
Rompa de una vex los grillos 
A mi silencio, y aunque 
El atrevimiento indigno 
De proferir que os adoro 
Pague con un ceño esquivo. 
Mas que morir de cobarde, 
Vale morir de atrevido. 
Don Félix soy deContreras, 
Tengo un mayoraigo rico, 

Y esperando por instantes 
Estoy, señora, el aviso 

De un pleito que á mi fhvor 
Se habrá sentenciado j tísIo; 

Y por si acaso ^iese 

En contrario, yo be venido 
A hacer estas diligeiiclas ; 

Y porque sepáis que os digo 
La verdad, esta mañana. 
Cuando á una posada arribo. 
Hallé á este Damián, que no tiempo 
Solo fué mi conocido. 

Aunque él, por lo que le importa. 
Dice que somos amigos. 
Trájome al instante aoni. 
Ponderándome el hecnizo 
De vuestra prima, á quien ama 
ti con afecto escesivo. 
Yo confieso ( ahora veréis 
Que es verdad lo queyooc digo) 
Que á la primer vista todo 
Me arrebaté suspendido 
De sus aparentes gracias. 
No me avergüenzo al decirlo; 
Pero ya desengañado, 

Y habiendo bien advertido 
Cuan diferentes las dos 
Sois ( y agradeced que omito 
Contar vuestras pcnecciones ), 
Ya de veras me he rendido 

A vos; vuestro esclavo sov : 
No queráis que amor tan fino 
Se malogre; que yo os Joro 
Por los cielos cristalinos. 
Que no dejaré de amaros, 
Mientras me miraren vivo. 
Yo vengo recomendado 
Por cartas á vuestro tio, 

Y al instante que me vea, 
Como yo le be cooocido 
En VaUadolid, me baii 
Cuanto agasajo imagino 
Pueda hacerme; y vos, señora. 
No olvidéis lo que os be dicho. 
Ved qué respondéis; que ahora. 
Sin salir de aqueste siuo. 
Espero de vuestra boca 

La libertad ó el snpUcio. 



Para responder, don PéKx, 
Muchas cosas necesito. 



Decidme. 



FÉUX. 
■ASÍA. 



Satisfacerme 
Primeramente es preciso 
De vuestro amor, poique quien 
Sin consideración quiso 
A mi prima, y la aborrece 
Casi en el instante misir 
Es claro que no podrá 
Mostrar constancia ( 

rtuz. 
El querer á vuestra prima 
Fué impensado é improviso ; 
Mas el qoererosá yob 



ya muy prevenido, 
no os acordáis 
n Valbdolid fino 
lichosa tarde 
Je aquel peligro? 



I : bien os conozco. 

fílix. 
: amor es antiguo. 



mo amaste 4 mi prima? 

Fita. 
»ia conocido. 



coDoeeis tampoco 
méfttomio. 

nkn.* 
>s respondo también, 
la el alma os digo, 
tífice sunremo 
u habiUoad ouiso, 
s formó tan Lermosa ; 
r no queráis oirlo, 
e es por despreciarme, 
loets eolorMos 
I rigor ; y ahora, 
1 desengaño be visto, 
con Dios. 



Don Félix: 
9 tan ejecutivo 1 

TÉUX, 

irme si ó no, 

instante tiempo he visto. 



id , si & mi prima 
ts y habéis querido . 
I peqnefio espacio, 
lo vano el mío? 

liía, 
lise á vuestra prima 
pie á haberlo dicho, 
. que la onisiert, 
estorbos infinitos 
Tan á mi Intento ; 
vos os lo diffo. 
que es verdad, 
r por ofendido 
un hombre como yo 
5 de fementido; 
en engaña á una dama 
granoe delito. 
¡onDios. 

■AtU. 

lIira,Félix. 
ftui. 



lada. 



MARÍA 

Que no me animo 



fita, 
¿Porqué? 



!S grande empacho el mió. 

Féux. 
engañar le tengo; 
ido la verdad digo, 
na me da alientos 
lo que solicito. 

■abIa. 

nele á mi umbien : 
íes, 4oii Félix mío, 
recato, en mi propio , 



LA PETIBIETBA. 

Me tenga el labio encogido. 
Ni estraues, que va que suelto 
La voz, parezca al decirlo. 
Que yo estoy acostumbrada 
A semejantes estilos ; 
Porque el que una mujer mire 
Al santo fin que yo miro, 
Ni es de su calidad mengua , 
Ni es de su fama delito. 
Te vi, y bien me pareciste; 
Perdona, si no te digo 
Que te quiero, que me abrasa 
La vergüenza al proferirlo. 
Diez y siete mil ducados, 

Y aun mas es el dote mió. 
Yo soy luya, asi los cielos 

Lo han dispuesto y lo han querido : 

Y siento no tener cuanto 
Engendra el Potosi rico. 
Para ofrecerte por muestras, 
Félix, de lo que te estimo. 

F¿UX. 

No al oro y plata, señora, 
A tí solamente aspiro. 



79 



¿Me faltarás? 

FÉUX. 

¿Qué es faltar? 
Primero que lo que digo 
Falle, verás desplomarse 
Los circuios de zafiros. 



¿Y mi prima? 

FÉUX. 

Que tal cosa 
No me nombres te suplico. 

MARÍA. 

Es que temo... 

fílix. 

Pues ¿qué temes? 

MARÍA. 

Si serás para cumplirlo. 

FÉUX. 

Mas temo yo tus mudanxas, 

MARÍA. 

Que no las temas te digo* 

FÉUX. 

Con que ¿no temo? 

MARÍA. 

No temas. 

FÉUX. 

¿Serás mía? 



Si. 



Si. 



¿Serás mió? 

FÉUX. 
MARÍA. 



FÉUX. 

Pues adiós, señora. 

MARÍA. 

Adiós... pero aquí mi tio 
Viene. 

FÉLIX. 

No importa, que yo 
Saldré bien de este peligro. 

ESCENA m. 

Dichos y DON RODRIGO. 

RODRIGO. 

¿Con quién estaba? hablando? 
M.as ¡ riólos ! ¿ qué es lo que miro ? 
¡ Don Félix ! 



FÉUX. 

A vuestras plantas 
Estoy, señor don Rodngo. 

RODRIGO. 

Enhorabuena á mi casa 
Vos seáis muy bien venido ; 

Y ¿cuándo fué la llegada? 

FÉLIX. 

Poco tiempo ha : de mi tio 
El catedrático traigo 
Esta carta, oue á vos mismo 
Dijo que se la entregan. 

RODRIGO. 

Somos muy grandes amigos. 

Y ¿cómo esta? 

FÉLIX. 

Leddé 
Con salud para serviTOs. 

RODRIGO. 

¿Y toda la demás gente? 

FÉUX. 



RODRIGO. 

Todos los antiguoii 
Concurrentes á la mesa 
De naipes de vuestro tio, 
¿Cómo están? 

FÉUX. 

Con salud todos. 

RpDRIQP. 

Qué bien que nos divertimos 
^s noches de los inviernos ! 

FÉLIX. 

Y ahora hacen todos lo mismo. 
Roomco. 

Me alegro ; y vos ya sabéis. 
Aunque es ocioso el decirlo. 
Que tengo casa en Madrid ; 

Y aunque deba haber sentido. 
Que sin atender á aquesto 

A una posada hayáis ido, 
Can todo , aun tiene remedio. 

FÉLIX. 

Es fineza que yo estimo ; 
Mas no quiero molestaros. 

RODRIGO. 

Ninguna disculpa admito ; 
En mi casa habéis de estar: 
Dile al escribiente mió. 
Mariquita, que se llegue 
Por los trastos mas precisos 
A la posada, que asi 
Sé yo honrar á mis amigos. 

FÉUX. 

Obligado me confieso. 

RODRIGO. 

Y en el cuarto Junto al rolo 
Poned la cama á don Félix. 



Voy, señor. (Yase,) 

RODRIGO. 

Debo advertiros. 
Que al cuarto de mis sobrinas 
No entréis con nhigun motive, 
Porque no parece bien, 

Y tal llaneza no admito. 

Ni aun de sus mesmos parientes : 
Esto acá es cierto capncho, 
No de viejo, sino de 
Hombre de maduro juicio. 
Que sabe lo que es el mundo ; 

Y cuando á casa rendido 
Vengáis de pasear la corte. 



80 

Podéis muy bi^ divertiros 
En rol esludio con mis cuadros, 
Con mis mapas y mis libros. 
Ved, que lo dicho, don Félix, 
No lo pongáis en olvido. 

FÉLIX. 

A todo cuanto mandáis 
Obediente me resigno. 

(Sale daña Maria.) 

HARÍA. 

Ya todo dispuesto queda. 

RODRICO. 

Pues ahora yo me retiro 
Con vuestra licencia ¿ leer 
La carta. 

fílix. 
En ella mi tio 
Os informa por estenso , 
Señor, i lo que be venido. 

RODRIGO. 

Ved que lo dicho, don Félb[, 
No lo pongáis en olvido. 

ESCENA IV. 

DON FÉLIX T DOflA MARIA. 

HARÍA. 

Dichosa ha ^o mi suerte. 

r¿Lix. 
Mas feliz la mia ha sido. 
Porque así habr4 conseguido 
k menudo hablarte y verte ; 
Y aunque con tanto rigor 

guiere impedirlo tu tío, 
8 un loco desvario 
Poner riendas al amor. 
Ahora voy k la posada 
A decirle al escribiente. 
Que traiga lo conveniente^ 
Porque no se olvide nada. 



(Vau,) 



Adiós. 

FÉUX. 

Adiós. 

HARÍA. 

¡ Santo cielo ! 
Hoy vuestro poder me valga, 
Permitidme que bien sal^ 
Mi cuidado y mi desvelo. 
Mi casto intento premiad. 
Pues que lo sabéis bien claro, 
Y halle en vosotros amparo 
La encogida honestidad. 



EMENA V. 

DOÑA MARÍA, DOfiA JERÓNIMA 
T DON DAMIÁN. 

lERÓraUA. 

¡Jesús! ¡Jesús! ¡qué cansada, 
Prima, vengo, y qué molida ! 
Una silla, por tu vida. 
Arrima, y ponía una almohada. 

HARÍA. 

Ya dos silbs aqui están. 

JERÓTUHA. 

Pues vendréis cansado vos, 
S<*ntaos un poco, por Dios, 
Que ya os iréis, don Damiú. 

DAHIAÜ. 

Poco estaré. 

JERÓMHA. 

Vaya, vaya. 
Que está la callo Mayor 
Con tanta gala y primor. 
Que casi pasa de raya. 



OBRAS DE MORATIN (d. nicolas). 

Un aderezo que vi , 
Mejor no se puede hallar. 
Con su peto y su collar. 
Con lazos y escusall. 
Por no buscarle no estreno, 
Porque estará ya olvidado 
Otro que tengo guardado 
Que es, si no mejor, tan bueno. 
No me puedo levantar, 
Cierto que esto es penitencia ; 
Pero con vuestra licencia 
Voy á entrarme á desnudar. 

ESCENA VI. 

DONA BfARIA T DON DAMIÁN. 

HARÍA. 

Yo también me voy. 

DAHUlf. 

Señora, 
¿Solo me queréis dejar? 

HARÍA. 

Si. 

DAHIAN. 

Es que OS tengo yo que hablar. 

HARÍA. 

¿ Qué queréis hablarme ahora ? 

DAHIAlf. 

Suspended un poco el paso, 

Y escuchadme. 

HARÍA. 

Ya os escucho. 

DAHUlf. 

Con amor y miedo lucho. 

Todo me hielo y me abraso. (Ap,) 

HARÍA. 

Decid, pues. 

DAHIAlf. 

Digo, sefiora. 
Que antes de todo postrado 
A vuestras pbotas os pido 
Perdón de lo temerario 
Que he de andar en lo que diga ; 
Mas yo solo confiado 
En vuestra piedad, espero 
Que no formareis agravio. 
Yo , señora, conociendo 
Los quilates y los grados 
De vuestra hermosura, digo 
Que humilde los idolatro, 
Digo que os quiero de veras, 

Y mas que á mi vida os amo; 

Y en fio 

HARÍA. 

No me digáis mas. 

DAHIAlf. 

Con que ¿os habéis enojado? 



Primero que me 
DoAestictreis un 



¿No me he de enojar, si veo 

Claramente un desengaño 

De vuestra inconstancia ingrata? 

DAHIAH. 

Pues sabed, que porfiando 
Se vence un muro , y un monte 
Suele venir desplomado. 
Se labra un diamante, y todo 
Se le rinde al tíempo cano. 

HARÍA. 

Monos mi pecho, que está 
De vos muy desengañado. 

DAHIAlf. 

Pues por mas que os retiréis. 
Yo no he de dejar ie amaros ; 
Y en oyendo nu raion 
i Os reducIreiB acaso. 



No hay mujer qoe á h Hsoojí 
Resista por grande eipado. 



DON DAMIÁN T DON FEín 

WÉIBL 

Don Damián. 



Un 



To á TOS n 

vtuz. 
Las abridas que yo agotnlob 
Por la noticia qoe os áé^ 
Son muy gramles. 



DooPélli. 
wiuoL 



Que aun me las daréis mayores 
Por las Duevaí qoe yo os traigo. 

r¿uz. 
Yo quiero bahiar el primero. 



Antas yo pretendo hablaros. 
He de ser yo. 



No has de ser. 

WÉUE. 

Pues hablaroBOi ( 
DeoDives. 



wtLa. 

Mas ¿qué os esuis recelsHdo 
De lo qoe voy á decirt 



Mas ¿qué tos habéis pensada?.. 

PELO. 

Nada pensé : oid. 

•AHIAH. 

Noeaencho. 

PÉUX. 

Pues lo dfa< al aire Tsno. 



Fneniespir;oigopves. 

PÉUI. 

Pues ya veis qae ba poco rato. 
Que porque os dQe que mnaba 
A Jerónima, enojado 
Con razón de que os cniitase 
Lo que ha tanto estás aoiando, 
Con dolor de la amistad 
SaUmos desafiados. 



Es verdad... 



DAHIA5. 
FÉUX. 

Paes, porque DO hai 
masagravloi, 



Entre amigos 
U olridé... 



^ Nolosabrá, 

^ yo también It be dsjMlo. 



FÉia. 
uanladgae acabe, 
acharé despacio. 

DAMAN. 

le toca á mí. 

FÉLIX. 

} no he fioalízado 
lamiento,/ es justo 
queráis estorbarlo? 
d, ó TÍYC Dios... 

t>AVUN. 

era no escucharlo. 

fílix. 
»s que porque no haya 
niigos mas agraTíos , 
ma dejé , 

azoQ me ha robado 
I do&a Haría. 

DAHUlf. 

LO escucho, y no le mato! (Ap ) 

¥ÍUJL 

ÍCÍS? 

DAMIAIV. 

¡ HombrOt á cniien juzgo 
jo á Bladrid el diablo, 
' mortiGcanne, 
;erm! contrario! 
i es que i cuantas cosas 
o, imagino y trato 
le oponer? 

FÉUX. 

Pues ahora 
•gre estaba esperando 
igradecimientos 
íneza oueoshago, 
idar del beneficio 
ratitud os hallo? 

DAIIUH. 

neGcio me has hecho , 
, que el infierno trajo 
;orbar mi (]|uietud? 
le yo imagmando 
grande fairór te hacia, 
idome todo cuanto 
ible, te he cedido 
¡ma ; mila^ 
de mi amistad ; 
nunca inclinado 
su prima, escogila; 
e una me has quitado, 
etendes quitarme, 
e si yo la alargo , 

r'én pongo los ojos , 
de contado. 

FÉLIX. 

le á la bella María 

DAMIÁN. 

Estoes, FéHx, claro. 

FÉLIX. 

)mo con la espada 
aesta no os he dado, 
le tal atrevhniento 
il ver aue yo honrado, 
gusto antiguo Tuestro 
la , os la he dejado ! 

DAMIAX. 

de parecer mudo. 

FÉLIX. 

podréis lograrlo. 

DAMIAÜ. 

lo con la espada. 

Féux. 
anqne viole el sagrado, 

TOMO II. 



LA PETIMICTRA. 

Y aunoue el honor aventure 
De ambas |)rímas, porque osado 
Mas no seáis , no habéis de 
Salir vivo de este cuarto ; 
Sacad la espada... 

. DAHlAlf. 

Aunque cierto 
Es que el sacarla es estraño 
Contra un amigo, allá voy. 

FÉLIX. 

Siempre andáis muy remirado 
Cuando llegáis á reíUr. 

DAMIÁN. 

Y ahora mas que nunca ando. 
Lo primero y principal 

Por el paraje en que estamos ; 
Lo otro , poroue si de antes 
Que eligiese ella dejamos. 
Será bien hecho que ahora 
Lo que allí hicimos hagamos. 

FÉLIX. 

1 Con que á su elección queréis 
Que este duelo remitamos? 



Sí. 



DAMIÁN. 
FÉLIX. 



Pues aunque sé muy bien , 
Que afrenta a un enamorado 
Consentir competidor 
Que se muestre apasionado , 
Como sé que contra mi 
Sois tan pequeño contrario, 
Que aun me afrentara el venceros, 
Para ver si os desengaño 
He de consentir en ello; 

Y así obliguémosla entrambos, 

Y esté en su elección el ser 
O dichoso ó desdichado. 

DAMtAN. 

Pues porque á mí me es preciso 
Ir á hacer cierto recado. 
Iré y volveré, don Félix, 
De aquí á brevísimo rato. 



Id con Dios. 



FÉLIX. 



EBCERA Vn. 

DON FÉLIX Y DOSA JERONIMA. 

JERÓIiraA. 

Señor don Félix , 
¡Cuánto me alegro de hallaros! 

FÉLIX. 

Pues ¿que mandáis ? 

JERÓNIMA. 

Seré breve. 

FÉLIX. 

Decid. 

lERÓNmA. 

Vos sois avisado, 

Y sabéis muy bien lo que 
Una mujer de mi estado 

Se corre al decirle á un hombre. 
Que de su amor se ha prendado ; 

Y bien sabéis que cualquiera 
Debe estar muy obligado 

A semejante favor. 
Yo (aunque me afrento al hahlario) 
Os quiero bien , ya lo he dicho. 
Ved que respuesta no aguardo, 
Porque supongo que á vos 
No os conviene el ser ingrato. 
Ved que una mujer os ruega 
De mi sangre y de mi estado. 



81 

ESGERA Vm. 

DON FÉLIX. 

iVálgame Dios! ¿qué he de hacer 
En un lance tan estraño? 
Si lo que á mi me sucede 
Se fingiera en un teatro , 
Lance propio de comedia 
Lo juzgara el vulgo vano. 
Apenas á Madrid lleco, 

Y aun mis cosas no he empezado 
A disponer, y tan pronto 
Tantas concisiones hallo. 
Despechada una mujer. 

Que me quiere me ha mostrado; 
El otro quiere á la otra. 
Que es á quien de veras amo. 
A esta< cierto, no la quiero; 
Mas ¿cómo he de ser ingrato 
A una mujer que me ruega? 
Mas si á su prima idolatro, 
¿Cómo he de poner en otra 
Ni mi amor ni mi cuidado? 

Y si el otro me ha cedido 
Cauteloso ó cortesano 
Laque él primero adoraba, 

Y ahora á mi me está adorando, 

Y él quiere la que yo quiero, 
Le hago grandísimo amvio 
En no ceder, pues Gedló, 

Y él su gusto na si^etado. 
Pero todas estas cosas 
Vinieran muy bien al caso. 

Si no hubiera en medio amor ; 

Pero, pues amor ha entrado, 

NiJerOnhnaóDamian, 

Ni el mundo que esté en contrario. 

Ni uno con sofisterías. 

Ni la otra con halaaos 

Me apartarán, ó María, 

Del amor que te he mostrado, v 

CMEIfA ce. 

DON FÉLIX, DON DAIHAN, v luego 
ANA. 

DAMIÁN. 

¿He tardado? 

FÉLIX. 

No por cierto , 
Don Damián, no habéis tardado. 

DAMIÁN. 

Pues yo ya habla juzgado 
Que el cuarto estuviese abierto, 
O que hubiesen ya salido 
Las dos á conversación. 

FÉLIX. 

Aun no será la ocasión. 

DAMIÁN. 

Pues á buen tiempo be venido. 

FÉLIX. 

Pues mientras tanto que salen, 
Ya que no hemos de reñir. 
Mirad si queréis venir 
Fuera. 

DAMIÁN. 

Tus palabras valen 
Mucho hoy conmigo ; gustoso, 
Aunque yo que hacer no tengo, 
A seguirte me prevengo. 
Por no hacerme sospechoso 
Con quedarme. 

^ ANA. 

Andad con Dios ; 
Mas presto volver podéis , 
Si por ventura queréis 
Hablar despacio á las dos. 

6 



Ya Tolvemo». 



rih.ix. 



ESCENA X. 

DOÑA JEROMMA t ANA. 

. JERÓRIMA. 

Ya te dije, 
Anita , como le hablé; 
La respuesta no aguardé , 

Y el aguardarla me aQige. 
No se dt'biera buscar 
Bien alguno, ni querer. 
Tan solo por no tener 

El trabajo de esperar. 

Y es tan grande este dolor. 

Que según llego á pensar, , 

Si es malo el desesperar, 

El esperar es peor ; 

Porque el bien , si es que se alcauía, 

No causa placer cumplido, 

Como está el pecho rendido 

Al rigor de la espeninia. 

Y á no haber sabido cierto, 
Que poi* mi desaflado 

Sacó ík don Damián al Prado , 
Primero me hubiera muerto. 
Que decirle mi pasión ; 
Pero como su amor sé. 
Por eso, Anita, le hablé 
Con tanta resolución. 
Don Damián ya he conocido , 

Y me lo dijo el criado. 

Que es un tramposo , preciado 
De discreto , y presumido. 
Estotro es rico y galante, 

Y es sin duda que roe quiere ; 

Y como se dispusiere 
Nuestra boda en un instante. 
Til sen'is mi camarera, 

Y por de día y de noche 
Siempre hemos de ;indar en coche, 
Tú al vidrio y yo ¿ la testera. 

Si una bata entonces saco , 
Sacaré otra psira U, 
Un reloj y escusali. 
Con tu caja de tabaco. 
Estando asi tan bonitas. 
Tendremos mil galanteos, 
Por lucir en los paseos 

Y campar en las visitas. 

AllA. 

¿Y las cosas no escusadas. 
Que en casa sean menester? 

JERÓRraA. 

Para lo que haya que hacer 
Recibiré otras criadas. 

ARA. 

Bien. 

iiRÓaniiA. 
Compraré manteletas 
De tmas (|ue he visto A la moda , 
Bata hecha de aguja toda. 
Paletinas y cofietast 

ARA. 

Cualquiera moda que salga. 
Por DioR, señora, que sean 
Las primeras que se vean 
Nosotras con ella. 

JEBÓRIMA. 

Y valgan 
Las cosas lo que valieren, 
\o mi nombre he de perder. 
Si habrá en la corte nmjer 
Que antes con ellas las vieren. 

ARA. 

No tengo gue responder. 
Ni responaerá el mas ducko; 



OBRAS DE MORATIN (d. rigolas). 

Ahora me afirmo en que es mucho 
Lo que alcanza una mujer. 

JERÓRnA. 

Pues ahora solo me falta 
Componerme mas y mas. 
¿Van bien los pliegues de atrás? 
La chinela azul resalta? 

ARA. 

Todo está bien. 

JERÓNIMA. 

La verdad, 
Di : ¿le parezco donosa? 

ARA. 

No vi mujer mas hermosa 
Ni con tanta gravedad. 

JERÓ.MMA. 

¿Está este peinado igual? 

ARA. 

Él está, que ni pintado. 

JERÓRIXA. 

¿ Es porque tú me has peinado ? 

ARA. 

Por Dios que no digas tal. 

JERÓRIMA. 

Con que ¿ puedo parecer ? 

ARA. 

Y tan bien, que el que te viera. 
Es preciso que te qvdera 
Sin poderse contener. 

JERÓRIIA. 

¿A Félix le gustaré? 

ÍlRA. 

Al instante que te vea 
Se ha de hacer una jalea. 

JERÓRIMA. 

Pues yo albricias te daré ; 
Pero entrémonos lijeras. 
Verás con la astucia rara 
Que me compongo la cara. 
Éntrame aqui las salseras. 

ARA'. 

Que^ queráis entrar me espanto, 
Pues ¿ no está aqui el tocador? 

JERÓNIMA. 

Si, pero adentro es mejor. 
Por si vienen mientras tanto. 

ESCENA XI. 
Dichas t DONA HARÍA. 

ARA. 

Aqui está doña Maria. 

JERÓRIMA. 

Adiós, que tengo que hacer. 

MARÍA. 

Pues vuelve presto, mujer. 

JERÓRIMA. 

Alinstante, prima i 



ESCENA Xn. 

DOÑA MARÍA Y MARtLNA. 

MARTIRA. 

Contenta estás. 

MARÍA. 

Si lo estov, 
Martina ; y el caso fuera 
Que el caso se compusiera, 
V quedara acabado hoy. 

MARTINA. 

Puede ser. 



MARÍA. 

No es imposible. 

■ARTIRA. 

Con que ¿.él de veras te quiere? 



Lo cierto es que por mi muere. 

MARTIRA. 

Mas ya sabes lo terrible 
Que á las dos habló tutio. 
Sobre que no entrase aquí. 

MARÍA. 

Pero ¿ qué se me da á mi. 
Si ha de ser esposo mío? 

MARTIRA. 

Ya presto vendrá á comer. 



Mucho no puede tardar. 

MARTIRA. 

Pisadas oigo soñar. 



Alárgate un poco á ver. 

MARTOA. ' 

No es él, que es el pistverde. 



¿Damián? Voime como no tmeno. 
Que este hombre en o^lo ni en bue 
Quiero que de mi se acuerde. 

ESCENA XUI. 

MARTINA, DON DAMIÁN T R0QUÍ 

DAMIAH. 

Calla , Roque. 

ROQDI. 

Si es Yerdad.... 



Galhi,diaMo. 

■OQOB. 

Lo que digo. 

MARinu. 
Voime, pues no hablan conmigo. 
Por no oir su necedad. (Viss 



Calla, y da gradas á Dios, 
Que no te he roto allá ^ 
Esa cabeza altanera. 



ROODE. 

Pues ya que estamos los dos 
Solos, y no me das tilaoca. 
Cobrar quiero en modo raro. 
Porque por hablarte churo 
El corazón se me arranca. 
Dime, infeliz meauetrefe. 
Pobre trompeta, kolgasán. 
Que eres un pobre úusán , 

Y andas Gngiéndote un Jefe : 
¿Quién demonios te ha soplado, 
Por arte de Bercebú, 

O de dónde sacas tü 
Que he de ser yo tu criado? 
Bien sabes tuque sfa^endo 
Kstamos <ítín cierto usia, 

Y en su casa todo el dia 
Te llaman Juan Pereciendo. 
El tal amo lamerón. 

Que el soltar cuartos le amarga. 
Bien ves que la paga alarga, 

Y que acorta la ración. 

Tú estos daños resarcidos 
Tienes en los bienes suyos ; 
Pues diciendo que son tnvos. 
VasáhKir sos vestidos. 



DAHIAH. 

I malicia, 
ifielcaprídio; 
loque has dicho, 
! follar justicia. 

ROQUE. 

ahorqueu en hablando. 

DAMIAIf. 
ROQCE. 

iero callar. 

DAMIÁN . 

» alborotar. 

tOQCE. 

enamorado 
i pobretona, 

ni ha tenido 
enes creido 
ran señorona ! 
;osa de risa, 
ijero tanto 
I de manto 
su camisa, 
da tan á lo majo 
f pulidito, 
K)brecito, 
maula debajo. 

á otra cosa : 

ser tu mujer, 
lé sabe hacer, 
i y hacendosa 9 
yo la pregunto, 
niña : ¿cuál 
ito pascual? 
sábana el punto? 
neun guisado? 
ima una olla? 
^08 de cebolla 
un estofado? 
o sabe nada 
illa k> ha estudiado ! 
ir un guisado 
rá estremada. 

DAUAM. 
BOQUE. 

camero verde, 
cosa infiero, 
hacer camero 
icfaa se acuerde. 

DAVUlf. 
ROQUE. 

Yo, i por qué? 

BAHIAIf. 

as equivocado. 

BOQUE. 

, 6 te has casado? 



irtyaladejé. 

BOQUE. 

Sr vida mia. 
mat 

DAMIÁN. 

Si. 

ROQUE. 

Bien : 
bremos quién? 

DAMIAH. 

ofiaMaria. 



LÁ PETIMETRA. 
ESCENA XIV. 

DON DAMIÁN, DON FÉLIX t ROQUB. 

FÉLIX. 

Aquel de Valladolid, 
Don Damián, me ha detenido ; 
IlI lio sabe que be venido 
Esta mañana á Madrid. 
¿Han salido? 

DAMIAH. 

Todavía; 
Mas abora digo que si. 
Jerónima viene aqui, 

Y también doña Maria. 

ESCENA XV. 

Dichos, DOÑA lÉROMMA, DONA 
MARtA, ANAt MARTINA. 

FÉUX. 

Señoras , á vuestros pies. 

DAMIÁN. 

Mi rendimiento se Uiclina. 
roque. 

Y yo á los tuyos, Martina. 

MARÍA. 

Ya es bien tarde ; ¿ qué hora es ? 

jeróiuma. 
Ved el reloj, don Damián. 

ROQUE. 

Adiós, fueros guapetones; 
Cosidas á los calzones 
Las cadenillas están. 

DAMIÁN. 

¡Infame! 

FÉLIX. 

No os inquietéis. 
Dejadle por donde estáis. 
Señora, la oue buscáis 
En mi reloj la hallareis. 

(Da el reloj á doña Marta.) 



Tarde es ya. 

JERÓNIMA. 

Sillas tomad. 

LOS DOS. 

Con vuestra Mcencia. 



Aquí 



Fijamente la hora vi; 
Tomad el reloj. 

FÉLIX. 

Dejad. 

JERÓNIMA. 

Oyes, necia, descuidada. 
Sosa, díme : ^por qué no 
Me trajiste el dominó? 

ANA. 

Tiene una punta rasgada. 



Tened. 

FÉLIX. 

Miradle despacio. 

MARÍA. 

Ya le he mirado bastante. 

FÉLIX. 

Ved, qué firme este diamante, 
Y qué hermoso este topacio. 

ANA. 

Mas ¿quién viene? 

JERÓNIMA. 

El tío es. 



MARTINA. 

Ahora aquí será la risa. 

MARÍA. 

Tomad el reloj aprisa. 

FÉLDC. 

Yo le tomaré después. 

ESCENA XVI. 

Dichos t DON RODRIGO. 

RODRIGO. 

¡ Válgame Dios ! honra mia, 
Que a tan infeliz estado 
¿Posible es que hayas llegado 
Por la inüsimia y picardía 
De dos sobrinas malvadas. 
De un huésped que infiel ha sido. 
De un picaron atrevido 

Y dos perversas criadas? 
Bf as no quiero alborotar ; 
Con paz averiguar quiero 
Lo que responden pnmero, 

Y después determinar. 
No cuido de este bribón ; 
De Félix quiero saber. 

Que á estotro yo le haré hacer * 
Lo que fuere de razón. 
Don Félix, hablemos claros, 
¿Qué os he dicho cara á cara? 

FÉLIX. 

La verdad : que aqui no entrara 
Por los motivos mas raros 
Que se ofrezcan. 

rodrigo. 
Y que ávellas. 
Sin á nadie esceptuar, 
Nadie á este cuarto ha de entrar. 
Que no se case con ellas. 

FÉLIX. 

Cierto. 

RODRIGO. 

Y no lo habéis cumplido. 

FÉUX. 

¿ No cumplí ? i cómo que no ? 
Vuestro honor licencia dio 

gue el que fuese su marido 
ntre sin repulsa alguna, 

Y aunque hoy vine, y entré hoy. 
Yo cumplo como qmen soy 

En casándome con una. 

ROQUE. 

Yo con otra. 

RODRIGO. 

Tú, alcahuete, 
¿También estabas aqui? 

ROQUE. 

Yo vengo á tratar por mí , 
Que no por ningún pobrete. 

RODRIGO. 

Y vos podéis de contado 
A la otra prima elegir. 
Pues ninguno ha de salir 
Sino que saiga casado. 

ROQUE. 

Esto va bueno, por Dios. 

DAMIÁN. 

Yo lo acepto. 

ROQUE. 

Yo también. 

RODRIGO. 

Solo resu el ver á ouién 
Los dos queréis de las dos. 



Yo, sefior... 



DAMIAM. 



84 

¥ÍU\. 

Tened on poco. 

DAMIÁN. 

A mí me toca escoger. 

FÉLIX. 

No sé cómo podrá ser, 
Porque yo ya me sofoco. 

DAMIÁN. 

Yo también. 

RODBIGO. 

No haya oiiimera : 
Mientras lo hablamos los tres. 
Vosotras, niñas, bien es 
Que os retiréis allá fuera. 

ESCSENA XVn. 

DON FÉLIX, DON DAMIÁN y DON 
RODRIGO. 

DAMIÁN. 

Don Félix está prendado 
De Jerónima la bella. 

FÉLIX. 

Vos me trajisteis por ella , 
Siendo de ella enamorado. 

DAMIÁN. 

Yo (le ella ya no lo estoy. 

FÉLIX. 

Don Damián, si no lo estáis, 
¿Por ventura os acordáis, 
Que do ella me hicisteis hoy 
Una arenga tan famosa, 
Que pareció relación 
De don Pedro Calderón, 
Alabándola de hermosa? 
Pues (lueredla tos, que á mi 
Me toca doña María; 
Ella tiene prenda mia. 

DAMIÁN. 

¿Cuál? 

FÉLIX. 

El reloj qae la di. 

DAMIÁN. 

Viste á Jerónima ; al verla. 
Sin respetar mi amistad, 
Con ciega temeridad 
Te incliuastes á quererla. 

FÉLIX. 

Y la dejé, aunque la quise, 
Por solo ver que era vuestra. 

DAMIÁN. 

Yo os la cedí. 

FÉLIX. 

Yo taml)ien , 

Y mi afícion á las prendas 
Rendí de dona María. 

DAMIÁN. 

Con tal que no sea á ella. 
Servid y amad á la otra. 



No ha mucho que en esta pieza 
Me dijisteis , poi'suadieudo 
Que mi afecto la rindiera : 



OBRAS DE MORATIN (d. nicolas). 

Si á Jerónima no es, 
A doí^a María sea. 
Doña María ha de ser. 
Aunque el mundo se opusiera. 

DAMIÁN. 

Pues os haré mil pedazos 
Antes que caséis con ella. 

FÉUX. 

Ya ni atención, ni cordura, 
Ni respeto , ni prudencia 
Bastan ; la espada responda 
A semejante insolencia. 

DAMIÁN. 

También la mia. 

RODRIGO. 

Teneos: 
Ningmio á violar se atreva 
El decoro de mi casa ; 
Dejémoslo á elección de ellas. 

FÉUX. 

Soy contento. 

DAMIÁN. 

Muerto estoy. 
Mas el conceder es fuerza. 



(^.) 



Salid. 



RODRIGO. 



ESCENA XVlll. 



Todos. 



LAS DOS. 

¿Qué mandas, señor? 

RODRIGO. 

Que cada cual al que quiera 
filija para mando. 

LAS DOS. 

Don Félix, mi mano;es esta. 

RODRIGO. 

¡ Qué es esto ! 

DAMIÁN. 

Perdido soy. 

JERÓNIMA. 

Que Don Félix me corteja, 

Y es mi amor ; hoy por mí al Prado 

Fué á reñir una pendencia. 

MARÍA. 

Don Félix me ha prometido 
Hoy ser mi esposo, y en esa 
Suposición hablo asi. 

RODRIGO. 

Nueva confusión es esta. 

JERÓNIMA. 

Mi esposo es. 



Es mi marído. 

RODRIGO. 

Apuremos la matería : 
Don Félix, ¿ á cuál queréis ? 

FÉLIX. 

Di palabra , y cumpliréla, 
Señor, á doña Haría ; 
Su príma se engaña ciega, 
Pues juro que no la debo 



Obra, palabra ni oferta , 
Mas que su necia esperanza. 

RODRIGO. 

Pues sin acomodo queda. 
Dad la mano al ponto vos. 

DAMIÁN. 

Yo no me caso con ella. 

RODRIGO. 

Pues ¿porqué? 

DAMIÁN. 

Por ser quienes. 

JERÓNIMA. 

Pues no quede yo en afrenta : 
Cií'iseme, v sea el que ftiere. 
Sombra de marido tenga ; 
Cumplid, don Damián, lo que 
Me oñreceis por estas letras. 

(SacM un ptp 

RODUCO. 

No hay remedio. 

DAMIÁN. 

Si no le hay. 
Preciso es qae me coorenga. 
Aunque desde aqueste instante 
Mi iuñemo va en üák emi^eza 
Con tal mujer. 

ROQUE. 

Chica. 

MARTINA. 

¿Qué? 

ROOVE. 

¿Te cansas de ser soltera? 

MARTINA. 

Yo sí. 

ROQUE. 

Pues daca esa mano. 

MARTINA. 

¿Y comer? 

ROQUE. 

Aqueso deja. 
iCon qué ha de comer tu ama, 
Y se casa? pues pasa ella. 
No hay que temer. 

RODRIGO. 

A esta infame. 
Porque obró como quien era , 
Los vestidos de su prima 
Quitadla. 

MARÍA. 

No. 

RODRIGO. 

Vayan fuera. 
(Quitanla la bala^ y qMéda mug riáic\ 

ROQUE. 

Si á él quitaran lo prestado. 
Sin duda que pareciera. 
Por la desnudez de entrambos 
Matrimonio de Adán y Eva. 



Y todas las que la imiten , 
Si para tias no quedan, 
Pararán en el estado 
Que paró la Petimetra. 



HORMESINDA, 



TBAGEDIA 



PERSONAS. 



PELAYO. 


GAUDIOSA. 


MUNUZA. 


GDAIDIA8 DK MOIfUZA. 


HORMESINDA. 


ELVIRA. 


ZULEMA. 


GUABDIAS DE PELAYO 


TRASAMUNDO. 


PEfiRANOEZ. 


TULGA. 





La etcena te representa en una $ala del alcázar de Jijón, 



ACTO PRIMERO 



E8GEHA PRIMERA. 

HORMESINDA, ELVIRA. 

ELVttA. 

Belb Hormesinda, templa el sentimienlo, 
Suspende ta codÜdiio y triste llanto; 
Da fugar al consuelo , amada, y tanto 
No llores y suspires afligida. 
Mucho tardar no puede ya lu hermano 
En voWer ¿ Jüon; su brazo heroico 
Dejará la insoieoda castigada 
Del tirano Munuza : tú vengada 
Por su acero serias; no desconfies , 

Y vuelve á serenar el rostro bello , 
Que contemplan los miseros cristianos 
ik>mo única señal de su fortuna. 

La miseria en que gimen importuna 
Consuelan con mirarte como hermana 
De Pelayo, su asilo y su esperanza ; 

Y asi, porque su aliento no desmaye , 
Suspeode el llanto, esfuerza la alegría. 

BORMESIXDA. 

¿Cómo podré alegrarme, Elvira míu, 
Ni cómo l^cil «s que se consuele 
La infeliz Hormesmda, que iubmada 
Se mira por im bárbaro villano ? 

ELVIBA. 

No es cual juzgas tan áspero tirano : 
Su mucho amor cegó su entendimiento , 

Y atropello con fino atrevimiento 
Por lo que otro galán no atrepellara 
Qué DO fuese Un ciego y tan amante ; 
Pero tft dio satisfacción bástanlo 

En el modo que pudo, pues afano 
Solo aspiró á la oicha de tu mnno. 

UORlESi:(DA. 

i Y cómo era posible que pensara 
Un moro vi!, infame y atrevido, 
Entre tostados árabes nacido , 
Llegar á consegm'r fuera su esposa 
La bemiana de Pelayo? El gran Pelayo, 
Que en las funestas márgenes del Lete 
Al afríc9no ejército fué rayo. 
Un moro, que en escuela abominable 
Los dogmas aprendió torpes y rudos , 
Con ouie ensena falaz su errada seta 
La falsa religión del vil profeta , 
¿Pudiera presumir que una cristiana 
Le admitiera por di^o de sus brazos 
Sacrilega con no licites lazos 1 



¡Ay Elvira! mi bárbara* fortuna 
Dio tanta libertad á sa deseo. 
Sin poder los cristianos resistirlo. 
El verme en el ultraje que me veo 
Le prestó alientos. ¿Qmén me lo dijera 
A mi, cuando el obsequio desdeñaba 
De tanto conde godo; cuando fiera 
Despedí esDosos nobles en la Galla, 

Y me negué á los principes de Italia? 

¡Ah memoria! ¡ An memoria! ] Qué tormento 

Tan bárbaro me das ! ¿No soy yo aquella 

Por quien mas de una vez la real Toledo 

De principes augustos se poblaba? 

¿ No soy la que los ánimos prendaba 

A un tiempo de los godos y españoles? 

; Pues cómo (¡ay de mi!) pudo un falso moro 

Prender mi libertad con torpe nudo? 

¿Cómo aspirar á ser mi esposo pudo 

Quien no merece ser esclavo mío? 

Yo, de la sangre astura descendiente , 

Con la real casa ^oda emparentada; 

Yo española y cristiana ; yo hija amada 

De Luz y de Favib; yo heredera 

De mil cántabros pueblos y asturianos , 

§ue la vida espondrán por su señora, 
en cautiverio vil me miro ahora ! 

ELVIRA. 

Consolarte, señora, ya procura. 

HORMESINDA. 

i Que asi se ha malogrado mi hermosura . 
¡Oh cielo santo! ¡Oh temeroso dia! 
Qué lóbrego amanece ! Qué funesto ^ 
A una alma triste ajena de alegría! 
¡Ay , cómo yo me acuerdo del pasado 
Tiempo feliz , en oue hasta el rey Rodrí(;o 
Se vio por mi desoén martirizado ! 
\ Cuántas veces de envidia fué tocada 
Con desesperación la hermosa y linda , 
Aunque infeliz, bellísima Florinda ! 
¡Cuántas veces de mi ftié reputada 
Por infeliz! ¡Mas ay! ¡Oh cuántas veces 
Vengo á ser yo mas que ella desdichada ? 
¡Es esta la fortuna que envidiaion 
Cuando mis fieros émulos juzgaron 
Que el tálamo real yo le ocupase , 
Despreciadas las prendas deEgilona, 

Y estimé en poco entonces la corona ! 

ELVIRA. 

Consuélete, señora, la desdicha 
Común que lamentamos; no eres sola : . 
Ya ves la nación incUta española 
En su patria cautiva y sojuzgada 
Por la canalla vil que Afinca eñvia. 
¡, Quién ignora el conflicto y agonia 
De aquella horrenda y pertinaz batalla 



80 



OBRAS DE MORATiN (d. rigolas). 



Que de nuestra prísioo la causa ha sido? 
iHay por ventara alguno, ¿ cuyo oído 
Nuestra infelicidad no haya llegado? 
No se escucha en desierto ni en poblado 
Sino quejas y miseros lamentos 
De madres infelices y de esposas» 
Que vagando afligidas y llorosas 
En vano con su voi hieren los vientos. 
Los hijos de los padres separados , 
En hondas y oscurísimas mazmorras 
Lloran su desventura encadenados ; 
Los templos, los aliares profanados 
Sirven ya de |)esebres y mezquitas. ■ 
No hubo infamias horrendas ni malditas 
Que no ejerciese el bárbaro enemigo ; 
Mas su culpa asegura su castigo; 
Pues Dios no sufrirá por mucho tiempo 
Tanta prosperidad en un tirmo. 
Acaso no esiá lejos ya tu hermano. 
En CUYO amparo el ciclo se desvela , 
Y él pondrá fin á tu dolor acerbo. 

nORXESlXDA. 

Esa esperanza sola me consuela, 
i Mas íjué dirá ; ay Elvira I cuando llegue 
A comprender Pelayo mi deshonra? 
; Qué dirá cuando entienda que engañado 
Cqu fingidas promesas fué enviado 
A Córdoba á tratar aleves pace»? 
: Ah Munuza, ah Hunuza! ¿Qué bien haces 
En alejarle asi ! ¡Mas qué sangriento 
Catástrofe te espera! ¡ Cuan sediento 
De sangre arrancará la espada fuerte ! 
El estrago menor será tu muerte. 
Pero i con qué vergüenza iré delante 
De Pelayo á conune mis afi entas ! 
En vano, en vano, ó corazón, intentas 
Esforzarme á decirlo; mas si callo 
Muerte é infamia en mis silencios hallo; 
Toda soy confusión, horror soy toda. 

ILVIRA. 

Munuza y Tulga, de la sangre goda 
Bastardo descendiente, y renegado 
De la cristiana ley, que na abandonado , 
Acia acpii salen. 

ESCENA lia 

MUNUZA, TULGA T dichas. 

MVXDZA. 

Adorada InfanU, 
i Te vas porque yo vengo? ¿Qué te espanta? 
No me presento del acero armado 
Feroz guerrero con semblante airado ; 
Sumiso busco tu real clemencia 
Para lograr el fin apetecido. 
Por que tanto anhelaron mis deseos, 
De nuestros empezados himeneos. 

HonnsiifDA. 

Munuza, si con fuerza y rito impio 
Puedes llamarte al fin esposo mío, 
Qué mas quieres de rol ? Va se ha acabado 
Cuanto en mi cabe; y ojalá no fhera 
Jamas nuestro himeneo comenzado. 
Permíteme llorar; si mi hermosura 
Es conliao cual dices |>oderosa , 
Déjame lamentar mi desventura. 
¿Imaginas que poco has conseguido? 

MinfüZA. 

Juzgo que nada, ó que muy poco ha sido 
Mientras no logre ver tu rostro bello 
Bañado en alegría. Qué , ¿es posible 
Que aun no obligó a tu amor la afición mia ? 
Que no te he de mirar sin confusiones , 
Sin lágrímas, sus()iros, ni lamentos ? 
Que no han de tener fin tus sentimientos , 
Que acrisolan mí amor y fe? Que nunca 
Con párpados ei^utos he de verte ? 



UOKMESnmA. 

Verás primero mi violenta muerte, 
Que un agrado ; mi ley no lo permite : 
Antes al centro infiel me precipite 
Mi desgracia , que yo dé seña alguna 
De no acusar tu arrojo temerario. 

MUNUZA. 

Yo, Hormesinda, iuzgué muy al contrario 
De mi amor verdadero y tu nobleza. 
Juzgué que mas prudente tu belleza 
No olvidara el blasón de agradecida; 
Sé que de mi piedad es don tii vida» 

Y no lo reconoces. 

H0IUIE8IIIDÁ« 

¡ Ab inhumanot I 
Que en no matando, imagináis dar vida ! 
Esta es la condición de ios tiranoa-, 

Y esta es, moro, la tuya. 

> HUXl'ZA. 

Yo amoroso 
No he podido hacer mas que ser to esposo, 

Y tü me has despreciado ; el gran Maboma 
Me es testigo fiel, que abandonada 

Mi lealtad y le, de esus regiones 
Te quise hacer Jurar reina y señora , 
Poniendo afectuosísimo en tu mano 
El cetro del califa soberano , 
Guando abati á pesar de tu fortuna 
A tus pies mi soberbia y media Juna. 
Estas son las ipjurias recibidas 
Por mi, y en recompensa tú me premias 
Con no correspondientes galardones. 

wmuESoxüJu 
No malogres, alcalde, tusrazonet 
Con quien no entender puede so eficacia 
Pues no soy vo absoluta : tengo hermano, 

Y acaso de J^on ya está covano. 
El sabrá tus razones y las mias , 

Y pues en tu bondad tanto confms. 
De tus obras espera ciertamente 

Que el premio te dará correspondiente. 
Vamos, Elvira. 

ILVmA. 

Sigote,sefionu 

E9CaE3fA nía 

MUNUZA, TULGA. 



¿Querrás, seftor, desengañarte ahora? 

t Estás ya satisfecho ? ¿No conoces 
a indómita soberbia de esta gente? 
Despechada , ¿ qué dudas que ella intente 
Sino tu perdición? No, gran Honusa, 
Tengas seguridad de tu enemigo , 
Tu vida la asegura su castigo. 

■UKCZA. 

Yo le prometo, y Ul que asombro sea ' 

De mujeres ingratas a la dicha 

Que en ellas Aláh santo en vano emplea. 

TULGA. 

Y aun ;si evitar pretendes tu ruioal 
Fuerza es que muera, y tu rigor se abona , 
Pues mujer ofendida no perdona. 
¿No adveí liste cuan fiera y confiada 
Pono Lis esperanzas en su hermano? 
¿ No te he uicho mil veces que es en vano 
Con la santa piedad rogar á gentes 
Que ponen en las armas su fortuna? 
Menguará la tríniífanle media luna 
Si olvidas el rigor, y si no arrancas 
De raíz la semilla aquí escondida 
En la fragosidad de estas montañas. 

MUHUZA. 

Nuevo asombro he de ser de las EspaSas. 



HOBMESINDA. 



«7 



TULGA. 

liacion Jamás esperes 
poes su ley se lo prohibe. 
üho en sos entrañas tí? e, 
>re juzgué por sospechosa 
on altira de Pelayo. 

MOXUZA. 

en campos de Jerez fué rayo 
lo las huestes africanas , 
cual horror , con cuál asombro 
I su semblante ; roe parece 
terrible fin me faticina; 
ndré por obra su ruina 
nos tratado ; ya , cual dije , 
irera vez la he suplicado, 
into desdén, el amor mió 
cioiiento se ha trocado. 

TOLGA. 

>ntes irrita la clemencia 
le obligarlas; no presumen 
Ion con su ley, si no aborrecen 
il odio a cuantos agarenos 
Alcorán de tu profeta. 
re ellos, sin desprecio y rabia , 
t y horror , tu nombre suena, 
n'as que ignore ya Pelayo 
I pasado; acaso la venganza 
erbio ya premeditando. 

ML'irOZA. 

>rovechará su atrevimiento 
poder de la África, que rijo 
lemador de estas regiones ? 
I sacrosanto, que al momento 
le, ha de sufrir violenta muerte 
dos filos de mi alfanje, 
e tampoco que no alcance 
lana ingratísima mi furia. 
lará inoenme de b injuria 
en mi á Coda la nación alarbe, 
r mas horrible, por mas grave 
ice llegue á ser, ¿tendrás aliento 
r mis vastísimas ideas ? 

TÜLGA. 

ran Munuza, (¡ue aun no creas 
ynr me ven^s : i tan grandes cosas 
ivii y espíritu prometo ! 
irevine las Ungidas letras , 
1 soy artitice escclente. 

(Mostrando unos papeles.) 

II MUZA. 

I disponer voy , que con secreto 
íes se cumplan. 

TCLGA. 

Me es muy fácil 
corazón de los cristianos , 
que abandoné sus ritos vanos, 
i fiel astucia persuadido 
soy aiióstata íiiigÍ4lo , 
trar la ntente del califa, 
lento scrvúr con el secreto. 

HGÜUZA. 

con los brazos de Jarib 
d : yo, 50 te lo prometo. 

EBCEHA IV. 

TULGA, TRASAMUNDO. 

TKASAIUÜDO. 

dices, Tolga , son tan sanas 
nas ATultas intenciones, 
I parabién; ya á estas regiones 
nos condujo al gran Pelayo. 
ien vuelve de un morlal desmayo , 
ros cristianos foragidos 
I los espíritus perdidos 
rer á sa principe. 



TOLGA. 



¿Y es cierto 
Que Pelayo de Córdoba ya ha vuelto? 

^ THASAIIÜSIDO. 

¿Pues qué no lo acredita mi alegría? 
;No te lo dice el corazón que viene 
Quien nos ha de librar de Urania? 
¿ No te alegras que al fin haya venido ? 

TOLGA. 

Noticia para mf gustosa ha sido ; 
Mas dilatar no puede mi fineza 
El ir á saludarle. Trasamundo, 
Permíteme ir á ver á nuestro inlante. 

ESCENA V. 

TRASAMUNDO, GAUDIOSA. 

OAOMOSA. 

Cosa notable ha sido, que ti instante 
Pelayo echó de nftoiOB a su hermana. 

TBASAaONDO. 

. No lo estrafio , Gaudiosa , pues la sangre 
Avisa al corazón : ¡qué cortesana, 
Y dulcemente habló! Pero aqui viene. 
Mi» , h\¡a mia, al joven Saleroso, 
Restaurador insigne de su patria , 
Que el cielo destuó para tu esposo : 
Haz reverencia al principe de España. 

ETCENA ¥1. 

PELAYO, FERRANDEZ t meaos. 

nCLATO. 

Mi admiración, Ferrandez, no es estraña. 

rEBBAlfDEZ. 

Aun no sabrá Hormesinda que has venido. 

TRASAHDÜOO. 

Nuestro muerto placer ha revivido 
(>>n tu presencia ; ya las esperanzas 
De libertad renacen ; ¿qué tardanzas 
Tan largas nos privaron de tu vista? 

GAOMOSA. 

Desde antes de la bárbara conquista 
No lo|;rarou mis ojos el consuelo 
De nurar tu semblante. 

PELAYO. 

Sabe el cielo 
Cuan importunamente le he rogado ; 
iPero ay de mi, princesa! ¡Guán distintos 
Están los tiempos! ¡Cuánto yo he pisado 
Hasta llegar á conseguir el verte ! 

GAOMOSA. 

De nuestra adversa desgraciada suerte 
Cuéntame los sucesos laaümosos , 
Pues no te puedo oir otras razones, 

Y te hallaste presente. Di , Pelayo, 
De aquella pertinaz batalla horrenoa 
El conflicto , la angustia j el desmayo. 
Refiéreme «uán bárbaras naciones 
Acaudillaba el arrogante Muza. 

¿Quién fué aquel que empezó la eicaramuza, 

Y el primero rompió nuestras legiones ? 
¿ Con qué armas Alcamán resplandecía ? 
1 Cómo eran los caballos que traia 
De Arabia y Persia el Humani sangriento? 

Quién fué Olit? ¿Coán robusto y corpulento 
Sra el caudillo? ¿Cómo gobernaba 
Las inmensas falanges que mandaba? 
Relátame, (lor fin, cuántos estragos. 
Cuantos horrores, cuántos homicidios 
Haya hecho sin piedad con mano impía, 
P(»r castigo del cielo acá enviado, 
Taríf, soberbio y bárbarcMoldado. 

KLATO. 

i Por qué me mandas que renueve el triste, 
Lamentable dolor de aiqoella liistoria , 



El 



88 OBRAS DE 

Que sirve de martirio á la memoria ; 
Pues tú lo sabes y lo sabe el mundo? 
¿Ni quién podría sin lágrimas amargas 
Referirte, princesa, la agonía 

Y el lamentable estrago de aquel día? • 
La niedad y el horror confusamente 
Retiran de mi lengua las palabras ; 

Ni es posible tampoco que yo cuente 
Tanta calamidad, asombro tanto. 
Vieras alli mezclarse con espanto 
Los unos y los otros confundiendo 
Armas é insignias con atroz desorden , 

Y vn infernales cóleras ardiendo. 
Allí en sangriento estrago se miraban 
Mil lastimas, mil géneros de muertes : 
Alli los mas robustos y mas fuertes 
En tierra con furor serefolcabon. 
Siete veces el sol, siete la luna. 

Sin cesar admiraron el combate 

De que pendió el aumento ó el remate 

De la africana y gótica fortuna ; 

Hasta que (;ay cielos !| al octavo día * 

:0h dia triste ! oh lúgubre , funesto , 

indigno de la luz del sol divina ! 

i Quién bastará con lágrimas y voces 

A ponderar el horroroso estrago 

De aquel dia infeliz y desastrado. 

Que ojalá nunca entre los otros caenten , 

Y perezca en olvido sepultado , 
Pues en él solo se amancilló toda 

La altivez, presunción y pompa goda! 
Al dia octavo : ¡ ob cielo ! oh suerte impía ! 
Me horrorizo diciéndolo : : oh amada 
Patria infeliz ! oh España desgraciada ! 
Oh gloria goda ! oh generación fuerte 
. De tenüdos varones! oh Rodrigo ! 
:0b amor impuro, origen del castigo ! 
Oh antiffua religión ! oh culto santo ! 
No puedo referirlo sin que el llanto 
Contunda mis acentos : el infame 
Traidor Julián, apóstata, y los bijus 
Del lascivo Witiza, y el prelado 
Que entregó al voraz lobo el fiel ganado, 
Pasáronse al contrario. Desde entonces 
Fué la ruina total de los cristianos ; 
En montes trasformáudose los llanos , 
De hacioadoi cadáveres son pira. 
Murió alli Atanagildo por la ira 
Del furioso Alboal; moríó Ildefonso 
Al ri(;or de Muley; mi primo Andeca 
El ánuna exbaló por el impulso 
De la diestra fatal del vil Audalla. 
¡Oh almas nobles! que en esta cruel batalla, 
No al valor , sino al número cedisteis , 
Mi desesperación V arrojo visteis. 
No vivo ue cobarde : sed testipos 
De que no evité el ríesjgo mas urgente. 
No sé si fué cruel ó fue clemente 
0<»nmigo el cielo : entonces no le plugo 
Llevar mi vida ; (juáso que yo solo 
Quedase por testigo del sangriento 
Destrozo lamentable de mi patria. 
Me abalancé mil veces con intento 
De morir; ni temblaba aunque mil veces 
Contra mi pecho viese ya enristrada 
La lanza del Tarif ensangrentada. 
Mas tú preguntarás cuál haya sido 
El suceso del rey : en tanto tiempo 
Como duró el combate, ni podido 
Verle yo habia ; al fin se me presenta 
Casi al morir la luz del postrer dia. 
Pero i ah cielos! ¡qué horrible y demudado! 
¡ Ay de mi, cuál estaba, y cuan trocado 
De aquel Rodrigo a quien Toledo augusta 
Vio en las fiestas de galas adornado! 
La faz terrible, pálida y adusta , 
Todo sangriento y del sudor y el polvo 

Y heridas con horror desfigurado. 
La barba yerta; soci^y erizado 

Tenia el cabello, que empapado en sangre, 
Ajena y propia en hilos destilaba. 
Lloroso, triste, acougojado estaba 



MORATlN(n. iucolas). 

Con el manto real todo rasgado, 

Y la corona ya no la tenia. 
Del carro de marfil saltado había. 
Porque grandes montones de difuntos 
El curso de las ruedas impedían, 

Y con largos gemidos y profundos 
Tristísimos suspiros, sollozando 

. Dice : i oh Pelayo ! todo lo perdimos ; 
Fuimos un tiempo godos y vencimos ; 
Fué Toledo , fué España ; fué Rodrigo ; 
Mas Dios de mi lascivia por castigo 
Contra mi levantó cuantas naciones 
La media luna en África y en Asia 
Tremolan en sus bárbaros pendones. 
A Damasco de Siria y á la Arabia 
El gótico poder ha trasladado. 
Huye, hijo de Favila, que encargado 
Te dejo el reino; tú eres la esperanza 
De nuestra religiou, que yo he perdido; 
Mas voy por mi castigo merecido. 
Pues injusto violé las sacras leyes, 

Y en mi infortunio escarmentad ¡ oh reyes ! 
Dijo, y viendo á Tarif ctián orgulloso. 
Con homicidios mil iba insolente 
Gritando furibundo, á grandes voces. 
Dando aliento á sus báji>aros soldados , 
Para mas no volver ante mis ojos, 
A matarle ó morir determinado ; 
Por el tropel de las confbsas armas 
Batió el Qar á Orella su caballo, 

Y se arroja al contrario, poderoso , 
Audaz, desesperado y espantoso. 
Ya á todas partes que me vuelvo veo 
Mezclarse con mil llantos la ruina 
Del bando fiel y el bárbaro trofeo. 
Por el campo tendidos se veían 
Cuerpos de capitanes, de magnates 
Despedazados y sangrientos oostos , 
Cadáveres de jóvenes robustos. 
Guadalete en sus ondas revolvía , 
Turbio ya con la sangre, los penachos, 
Los caballos y escudos de varones. 
Ya el furor de las árabes leones , 
Roto el campo, el monarca logitivo. 
Cebada el ansia en su riqueza inmensa , 
Tenia por el suelo destrozadas 
Las tiendas de Rodrigo saqueadas. 
Pero ¿por qué en contarte me detengo 
El suceso fatal? La gente ^a , 
Que la roca tarpeya bumílló un tiempo ; 
La que invencible sojuzgó, poniendo ■ 
Coyunda á la cerviz del Capitolio. 
Cayó abatida ; fué el honor perdido ; 
La patria á esclavitud se ha reducido , 
Con mortandad horrible de sus fuertes 
Hijos amados ; la religión santa. 
Que nuestros padres con fervor y tanta 
Veneración siguieron tantos años. 
Todo violado fué por los estraños. 

Y asi lloran sus hijos profanados 
Los templos sacrosantos ; los altares , 

Y los vasos divinos ultrajados ; 
Violadas las purezas virginales , 

Y la nación cautiva y aherrojada 
En poder mas sacrilego y tirano 
(Sin que Dios ofendido se lo estorbe) 
De la nación mas bárbara del orbe. 

Todo al fin se perdió. Pero ¿qué es esto? 

Á Princesa, te enterneces? ¿Y vosotros 
Sentís también el pecho lastimado? 

TBASAMülinO. 

2 De qué generación será engendrado, 
De cual osa fierisima nacido, 
(Cualquiera que no se haya enternecido 
Habiendo nuestra lástima escuchado ? 

FEIRAÜDEZ. 

Yo estoy absorto y todo conturbado. 

GADDIOSA. 

No puedo mas con mi dolor; ; oh patria! 
Oh antigua libertad ! oh rito santo I 



Dejadme reünr, porque yo sota 

La rienda suelte amargameDte al llanto. 

ESGEIfA VII. 

PELAYO, TRASAMUNIk), FERRANDEZ. 

TRASAHUNOO. 

Si aqni finalizara el desconsuelo. 
Fuera el daño mayor ; pero t ah Petayo ! 
Que aun hay mas granae mal. 

PELATO. 

Señor, ¿qué dices? 

FERRANDEZ. 

Mayor mal, Trasamundo, es imposible. 

PELATO. 

;Qne aun tiene ftienas el rigor del hado ! 

TRASAVDRDO. 

Kse gran corazón acostumbrado 
I^reveole para el golpe mas horrible , 
Que acaso nunca habrás imaginado. 

PELATO. 

Si el haberse mi hermana rejtiíado 
De mi presencia á tiem|>o que yo vengo 
Es indicio ñital; ya me nrevenao 
A morir de dolor : mi irada acaBe 
Al bárbaro rigor de mal tan graye ; 
DI , Trasamundo , que te oiré constante. 

TEASAMOIIDO. 

Hay cosas que es preciso ditatartas, 
Y asi perdona mi silencio, infimte, 
Que el respeto y ta afrenta me acobardan. 
La causa de este mal Hunuza sabe : 
De él te importa saberlo ; mejor puede 
Que ninguno informarte. 

PELATO. 

I Santos cielos! 
i Qué mas queréis de mi ? ¿ No me bastaba 
Ver lo Tisto; llorar lo que he llorado ; 
Sido que cuando al puerto ya he llegado 
Juzoaodo bailar bonanza, fugitivo 
De la mar borrascosa y turbulenta, 
Encuentro aqui mas brava la tormenta? 



HORMESINDA. 



ACTO SEGUNDO. 



ESCENA PRIMERA. 

PELAYO, FERRANDEZ. 

PERBARDEZ. 

No te entregues, Petayo , al sentimiento 
Coo Ul obsunacion : nuestro contento 
Estriba polo en ti i tu rostro mhran 
Los miseros cristianos, que suspiran 
Eo Til etctaritud, ▼ si afligido 
Te imaginan, su celo, su esperanza, 
Y todo su Talor está perdido. 

PELATO. 

Si con ta muerte el mal que me amenaza 
Pudiera remediar, dichosa suerte 
Fuera ta mía en conseguir ta muerte. 

FEUlAIfOEa. 

Mnnuza de su gente acompañado 
Vieoe acia este higar; el retirarte 
Discurro que será mas acertado. 
No sin la pompa y tren correspondientes 
De dádivas, esctavos j presentes 
Lltfgues a su presencia : mucho abona 
La ostentación y fausto á ta persoua. 

n. 



FERRANDEZ, MUNUZA, TULGA, ZLLEMA. 

FEMAITOEZ. 

l^yo , mi señor, de su embayada 



Acaba de llegar, y ta licencia 
Aguarda de ponerse en tu presencia. 

HUIflKA. 

No solo á mi permiso, á mi deseo 
Petayo es acreedor : di que impaciente 
El rato viviré que no le veo. 

FERRANDEZ. 

Vendrá á gozar tal dicha prestamente. 

ESCSENA m. 

HUNUZA, TULGA, ZULEMA. 

■UNOZA. 

¡ Ab, cómo sus frenéticos intentos 
Le aunaré vo pronto ! ¡Ah, cuan ufano 
Le abatiré los altos pensamientos I 

ZULEMA. 

Todo cuanto einprendierea , gran M unuza , 

Será á tu valor fácil ; mi persona 

Tus órdenes aguarda sotamente 

Para que al vilcristiano, al insolente 

Necio despreciador de su fortuna 

Dé á entender que á ta cruz de su profeta 

Del nuestro bumiltará ta medta lona. 

MUIfOZA. 

Su esterminio latal he decretado. « 

ZULBKA. 

La beldad que Petayo ha destinado 
Para su esposa ocupará mi lechó. 
De todos los cristianos á despecho. 
Si me ayuda el poder del gran Mahoma. 
Mi corazón tornóle solo doma 
Su vista soberana, desde el punto 
Que acaudillando la valiente tropa. 
Que el sagrado Alcorán á fuerza de armas 
Introdujo en los términos de Europa, 
Su palacio abrasé , que en tas montañas 
Puestas al septentrión de tas Espaftas 
Era defensa á forajida gente ; 
Pero I ab cielos , y cuan mas vorazmente 
Mi pecho se abrasó con su hermosura ! 

HÜIfUZA. 

Zulema, el lograr de elta te asegura 
El suceso feliz que pronto espero. 

TULCA. 

Si el parecer admites, que te ha dado 
Tu mas fiel y sumiso consejero , 
Presto, Munuza, te verás vengado. 

MUNUZA. 

Su esterminio frital he decretado ; 
El disimulo importa sotamente. 



IV. 

PELAYO, con varios presentes; MUNUZA, 
ZULEMA, FERRANDEZ, TULGA t acompa- 

ÑAMIE2fT0 DE MOROS T CRISTIAHOS. 
PELATO. 

Gracias, señor, al sumo Omnipotente , 
Que salvo á tu presencia me condujo. 

MUNUZA. 

Pelayo, Aláh te salve«; no rehuses 

Admitir fino los estrechos tazos . 

Con que te brindan mis amantes brazos. 

PELATO. 

En ellos se confirme ta firmeza 

De nuestra amistad fiel, de ta alianza 

Y confederación establecida 

Entre nosotros. Alahor, gue el mando 

Está en nombre do Ulit ejercitando. 

Por sustituto suyo en tas Españas , 

Salud y paz de Córdoba te envia. 

MUNUZA. 

A Alahor y á Petayo la fe mia 



90 OBRAS DE MORATIN 

Siempre agradecerá lo que es debido. 

PILATO. 

Peqaefia moestra de so amor ha sido 
La finesa que ves : con ser tan grande 
Es menor que su afecto. 

MOÜCSA. 

La fineza 
Mayor que pudo hacerme* fué enviarme 
Un amigo tan fiel, (fue tanto estimo. 
Pero ¡ah cielo ! ¡Por qué no permitiste 
Que reciba á Peíayo menos triste ! 

PCLATO. 

i Qué te altera, Munusa? i Qué? ¿Imaginas 

Que acaso han blandamente afeminado 

Las delicias de Córdoba mi pecho? 

Ütí nuestra amistad firme el nudo estrecho 

Aflojas, si no rompes, acusando 

Mi falu de valor con tu tristeza. 

La pena mas horrible, la 4ierezi 

Di* todos los abismos coniundos 

En vano asalUrán mi pecho heroico 

A poder de trabi^os infleiible. 

■CHUZA. 

Sé tu valor, tu espíritu invencible , 

Y tu sangre real : eso me anima , 
A lio escusarte el golpe mu horrible 
Que imaginado habrás ; no lo fiara 
De menor corazón, aunque importara 
Mas, si posible fuera, ni á otro alguno « 
Aunque igual mistad con él tuviera. 

PELITO. 

No me tengas suspenso, ni impaciente. 

■UlfÜZA. 

Tulga, Zulema, retirad Ja gente, 

Y todos despejad. 

PCLAVO. 



Mándalos apartar. 



Ferrandez, pronto 



ESCENA V. 

MUNUZA, PELAYO. 

MBROZi* 

¿Estamos solos? 

PILATO. 

Según parece, nadie nos escucha. 

TOIUZA. 

Verás si de tu mal la causa es mucha; 
Pero es tal, ¡ oh Pelayo! que recelo 
Que mi verdad |)eUgre en tus oídos « 
Pues no parecen tal, sino fingidos 
Por maligna traición de amiffo falso 
Los sucesos que oirás, si valor tienes 
De escuchar una infamia tan horrenda. 

PELATO. 

: Una infamia ! ¡ Qué es esto! ¡Tan tremenda 
Ks mi suerte , que aun Juzgas que me falte 
(Constancia para oírla ! ¡ Qué, es posible 
Que no me (altó el ánimo, aunque viese 
El ultimo conflicto de mi patria! 
: Que he visto con aliento no turbado 
Mi sangre derramar! ¡Que vi roí esUido 
Con fuego arder, mis gentes degolladas , 
Cautivos los cristunos infelices , 
Las basílicas santas profanadas, 

Y nunca me falto valor heroico ! 

Y ¡aun de mi dudas! ¿Cómo tmlo tarda, 
Siendo tan grande el daño que rae aguarda 1 

HUItOZA. 

Pues, gran Polayo, no de alevosía 
Qui<fro que acuses tu la amistad mía , 
Quo lo fuera muy grande mí silencio : 
Tu |)ersona y estirpe reverencio , 

Y no es hwn que un borrón en ti consienta. 
Hormesinda, tu hermana, poco atenta 



(d. rigolas). 

Al decoro y blasón de so ptotapia, 
Que á cosu de peUgros tú mantienes 9 
Frágil como mi^, de los desdenes 
No se armó cual debiera : esto ftié causa 
De que (tu honor manchando) cometiese 
El mas torpe y mas vil de los deslices. 

PELATO. 

¡Tente, Munuza báriiaro! ¿Qué dices? 

MÜRDZA. 

¿Conocerás las firmas de to hermana? 
Pues por ellas sabrás... 

rELATO. 

:Será posOile!.... 
¡Mi hermana infiel ! ¡Que horror! ¿Qné dices, 

MimozA. 
Me estremezco al decírtelo ; confieso 
Que es noticia cruel ; ^eto por eso 
Te la dice un amigo. 

PILATO. 

¡ Cielo santo ! 
Mucho mal esperaba ; mas no tanto. 
¿Para esto de las armas espantosas 
Tu piedad me libró? ¿ Para este golpe 
Conservaste mi vida? iOh, cuánto toen 
Mejor morir en hi batalla fiera , 
Que no ver mi deshonra! ¡Oh IMos etenw , 
Por oué no fué á Pelayo permitido 
Quedar en campos de Jerez tendido 9 
Donde tantos varones eminentes 
Murieron por la patria ; donde yaee 
En flor el hermosishno Leandro , 
Teodoro 7 Ranimiro, y los vallenlet 
Iñigo y Sancho ! ¡Oh ! Jarafin soberbio 9 
El mas cruel del ejército africano, 
¿Por qué no exhalé esta ánima' raeaqoiDa 
Al rigor de tu invicta v diestra mano? 
O ¿ por qué no despedazó mi cuerpo 
Cuando con filo agudo y radiante 
Tantos cristianos miseros desgarra 
De Tarif la espantosa cimitarra? 
1 la tuya , Alboal, capitán bravo 
De los fuertes maliques Alabéeos T 
¡Oh , bienaventurados muchas veces 
Los que allí fenecieron trastornados 
De las sangrientas turbulentas ondas 
Del Guadalete, que llevó con safia 
Tanto cuerpo difunto al mar de Espafia! 

HUIIOZA* 

Pelayo, á tus promesas corresponden 
Esos estremos mal : ¿no blasonabas 
De corazón de pórfido invencible? 

PELATO. 

¿ Quién pensara qne pena tan boniide 

Me hubiese de asaltar? La mnerte fiera * 

De bárbaros tormentos motivada , 

Es lo que yo no temo ; horror mas grande. 

Si acaso puede haberie, despreciaba; 

Pero tanto dolor no imaginaba , 

Ni á mi nobleza obliga el sufrimiento. 

Mas, ¿ cómo sin vengarme ni un momento 

Puedo vivir? Pero, Munuza, dime : 

¿Ks i>osible que es cierto , que no hay dad 

jue no te has engañado, que evidente 

Es cuanto de Hormesinda me has contado? 



é! 



Es el suceso tal, que yo no en vano 
De mi verdad juzgué que dudarlas ; 
Pero, dime, Pelayo, ¿te conflu 
De la fiel amistad que te profeso? 

PELATO. 

Sé tu amistad y mi desgracia , y eso 
Me contirnia en mi mal : ¿qné (>ena fuera 
La que á mi corazón no acometiera? 
¿Cual dolor me faltó pan acabarñse? 

HURCSA. 

Aunque para contigo acredUanae 



HORHESniDA. 



91 



No necesito apofo, es buen testigo 
De mi Terdad Zueflia. 

PELATO. 

Sé, ¿Znlema 
e tan estrema 
Es mi infelicidad , que aun el consuelo 
De ser oculta me ha negado el cielo ! 
¡Y que infimie he de ser publicamente ! 

MQUOIA. 

Conozco tu raion ; no me consiente 
Mi amistad verte con serenos ojos. 
Veris las firmas, de mi fe testigos, 
Y Aláh santo dii^a tu ?eoganza. 

VI. i 



PELAYO, FERBANDEZ. 

FniUlfDEZ. 

Y á tu infiel pecho el hierro de mi lanza. (J^.) 

PELATO. 

¡Qué es lo que me sucede ! ¡Acaso el délo 
Of>iijuró contra mi todos los males 
Para rendir mi pecho solamente ! 
¡Tan grande es mi soberbia! |Tan caliente 
(kintra el cielo mi espíritu be mostrado, 
C^e tanto en abatirle se ha empe&ado I 
;Qué, no farola un dolor para rendirme! , 
; Uué, tantos ban de ser, ;[ los mayores! 
Mas ¿cómo inátihnente mis furores 
Al aire desperdicio? ¿ Cómo tengo 
Valor para miracnie? ¿Cómo un punM> 
VíYO afrentado? Quien me ofende muera. 

(Quiere ír$e.) 

PEIBAIIDEZ. 

Señor, 4 adonde vas? 

PELATO. 

El que no quiera 
Conmigo de leal perder el nombre, 
No me detenga. 

FEBBAünEZ. 

Deja que me asombre 
De tal resolución, y en premio solo 
De mis servicios, la atención merezoa 
De escucharme un instante. 

PELATO. 

Gomo ignoras 
La causa de mi mal, y es imposible 
Quepa en mi boca, aunque en mi pecho cabe, 
Nc intentas detener : si lo supieras. 
De cobarde á mi brazo reprendieras. 

FERlAimEZ. 

Ningún dolo , ninguna alevosia 
Por Munuza y los suyos fabricada, 
De mi notida hqyó. 

PELATO. 

¿Cómo en Munuza 
Caber puede traidon, ni en mi consuelo ? 

FERBAllDEl. 

Señor, si escuchas, apiadado el cielo 
Quná abrirá cauíino. 

PELATO. 

¿Qué camino 
Sin matar ó morir ha de encontrarse? 

FERRAlfDEZ. 

Mns ¿ cuál obligación mandó fiarse 
De un infiel tan del todo? 

PELATO. 

No equivoques 
Las cosas malicioso : no los ritos, 
No la contraria religión al hombre 
Con el otro hombre á ser iofiel obliga. 
Ni impide que la ley cada cual siga 
Que halló en su educación ó su destino 
(Arcano que venero, y no examino ), 



Para que el pecho, k quien razón gobierna , 
Sensible ft la amistad , al fin humano 
Corresponda, á pesar del dogma vano. 



FERRAimEE. 



Si el pensamiento noble y generoso. 
Que adorna la grande alma de Pehyo , 
Se difundiera en todos iguabnente , 
Pensaras sin ertror. 

PELATO. 

¿No has escuchado. 
Que el mismo Trasamundo, que encargado 
De Hormesinda quedó, tembló al dedrme 
Su culpa? Aun cuando fuese aleve el moro, 
¿ También será d cristianp delincuente ? 

ISBEAIOBl. 

¡Cielos , qué eonfhsion ! 

PELATO. 

No me consiente 
Mi impacienda esperar..... ¿Pao qué miro? 
¡Qué asombro! ¡Que (hror! ¿Cómo mi hermana 
Se atreve sin honor?... ¿Por qué liviana 
A buscar mi presenda f 



Gnn Pelayo, 
r blasón de nuestra gente : 
L eres beróico, si cual flnne rayo 
De luz, de Cindasvinto y Recaredo 
La ilusdre sangre enardedó tu peeho, 
Dame palabra de escuchar templado 
La razón de Hormesinda, ó de tu phmta 
No me levantaré. 

PELATO. 

Desconfiado 
Prometo hi atendon ; mas no es posible. 



HORMESINDA, ELYOIA T Picaos. 

BLVIBA. 

Llega!, sefiora. 

HOHICSUCDA. 

lAy, qué dolor tenfble 
Me oprime el corazón ! De la congoja 
Desfiíllezco temblando ; soy de h&lo. 

PELATO. 

Su delito la aumenta el desconsudo. 



No es delito d rubor. 



Sefior.... hennano.. • 
¿Qué digo? ¡Ay Infeliz! 

PELATO. 

En TUio, en vano 
Me apellidas eco nombre que aborrezco. 

■OaVESHfDA. 

lAy délos! ¡Qué es de mi! Qué, ¿no merezco 
Ni atendon, ni piedad? ¿Qué es esto? ¿Cómo? 
¿Los ojos vuelves con anido rostro? 
¡Hermano! ¡ Oh dulce hennano ! 

PELAÍrO. 

¡Infiel hermana! 



¡Qué nueva ansia! ¡Cuál bárbaro tormento 
De nuevo me acomete ! ¡Cuando aliento 
De mi hermano me dio Ja confianza , 
Hallo este alivio ! ¿Es esta la esperanza 
Que en ti fundé , Pelayo ? 

PELATO. 

¿Qué mas quieres 
Que ver que con indigna tolerancia , 
Viéndote sin honor , mire primero 
Tus lágrimas fingidas que tu sangre ? 
Pero remedie el vengador acen 
Mi tardanza y tu culpa. 



ELTIIA. 

¡Cielo santo! 

B0BMESI2IDA. 

¡Ay de mi ! 

FIRKAICDES. 

Ten la cólera y la espada , 
Por mi, por ella y la palabra dada. 



ORRAS DE MORATIN (0. nicolas). 

Cuál la poso en el fdlimo eoolllto 
Solamente el horror de ni delito? 
¿Son Maiinza, Zalema, ni lot moros 
Los qae lo dicen solos ^ ¿Trasainaido , 
Y ella misma, que es mu , no lo publica 
Con la propia afeiccion de sa deshonra? 
¿Qué suplicio mas fiero A un delincuente 
lUbrá, que hacerle su maldad presente? 
¿Y habrá ya quien se opobga á su castigo? 



Pues ya que de leal 6 de imprudente 
Me intentas detener, recto Juex quiero 
Su descarun escuchar ; nunca se cuente 
Que hubo juez sordo ; ni la mas violenta 
Pasión obste al que aspira ¿Justiciero. 
¿Mas, qué disculpa (¡ on cielos !) dar intenta? 
¿Cómo es posible hallarla? ¡Oh si la bailara ! 
¡Qué feliz fuera vo! pero son vanos, 
Inütiles deseos. Di, mfelice. 
Desgraciada miyer ; que hermana es nombre 
Que se estremece el labio, si lo dice. 
Di : ¿son estos los firutos de tan grandes 
Trabajos por la patria tolerados? 
¿Son estos los laureles deshojados 
bobre nuestra prosapia generosa? 
¿Es posible que es esa tu alevosa 
Sangre, sanñe del justo Recaredo? 
¿Que en medio de la cólera espantosa 
(hie oprime k tu nación, tá inicua puedas 
Mirar su ruina con enjutos ojos? 

ÍQue no tiembles de bomr viendo despojos 
)e la muerte k los tuyos , que k Isidoro , 
Tu joven primo en piezas dividieron? 
Murió gritando el bravo Teudiselo 
Del estribo arrastrando, y su caballo 
Le lleva revolcándose en el suelo. 
Que.... 

fekhahdex. 
Escúchala, leftor. (Deteniéndole.) 

ELVUA. 

Piedad, infante. 

KLAVO. 

¿Cuál puede ser satisfacción bastante 
Dtí crimen tan horrendo? ¿Asi mantienes 
Kl honor de tu estirpe, que sostengo 
A precio de mi sancpre y de mi vida? 
¿Para esto ver de Córdoba yo he vuelto, 

Y Ahdalasis mi cuello ha perdonado? 

¡ Qué ! ¿en poco tiempo que íalté á tu lado 

Mas perdiste , que en tantos infortunios 

(V)n inmensas fatif^ yo he ganado ? 

: Oh ley barbara injusta ! ¡ Oh imprudente 

Lcgisladur, que promulgó primero 

Laloy cruel, que el crédito y la fama, 

Por la virtud mil siglos conservados. 

Pendan de los volubles pareceres 

De la fragilidad de bs mujeres ! 

Blas no pudo embotar con fieros hados 

La punta á bs durísimas espadas. 

■OMESUinÁ. 

Hermano... ¡Avdemi triste! infante... Hermano... 
Yo...si...¡Qiié norror! No hay culpa.. jQuién pensara.. 
Eftto es|M*ré... este apoyo. Amparo vano... 
Triunfará mí enemigo... Angustia rara... 
Dos|Niés de mis desdichas... Esto solu 
Faltaba a mí dolor... Desamparada , 

Y ofendida... ¡Oh rigur! ¿A <|uién los ojos 
Funestos volveré? ^a , ya el aliento 

Me falta, y yo también... muero. 

(Cae de$mayada.) 
ranaANnEs. 



S(K'orred á b infanta. 



Al momento 



KLVIRA. 

¡Ay Dios! ¡Ay triste! 

(ReÜroHla.) 

PkLAVO. 

Sufrirlo iMicdo aiK>uas ; ¿pero vibte 



R^HAIinEZ. 

Yo , señor, te suplico.... 

FELATO. 

¡Qué!¿eiieBigo 
Aun serás de mi honor y mi reposo? 
¿ Qué mas iudicio quieres? 



TRASAMUNDOti 

iHASAHinmo. 

Valeroso 
Principe nuestro : pues la ocask» llega 
No h malooe, ni vengar duales 
La aíirenta de la hermana. Ftté el suceso.. 

PSLATO. 

jGíelos ! ¿Otro dolor? Seior, no Intet 
Tan funestos asuntos : la i *— " 



Venganzi que yo tome le asegure 
De que esU^ ya Informado de ni ' 
No tú me b renueves. 

TBASAamiDO. 

¿Infbnnado 
Estás, y con verdad? 

FBLATO. 

Ya nada ignoro. 



¿De lengua fiel? 

RLATO. 

El gran Diot que yo adoro 
Dirigirá mi brazo. 

nAtAHunno. 
¿Yte parece ' 
Que hice bien en callárleb? 

KLATO. 

Herece 
Tu lealud mil premios. 

TEABAUmOM. 

^e creyera 
Delito tan atm y abominable? 

PELA YO. 

Tan solo contra mi posible ftoera. 

TRASAlUnK». 

¿Qué dirá el mundo? |0h crimen eiecrabte 

PEtATO. 

Verás hoy mi venganza. 

TIIASAnONDO. 

Mis consejos. 
Mis fuerzas, aunone débiles, mis gteles. 
Estamos á tal príncipe obedientes. 
¿Y hoy ha de Ser? 

PELATO. 

L.OS tdtimos reflejos 
No \ eremos del sol, sin que yo fiero 
La venganza ejecute justiciero. 

TRASAHUrVDO. 

Dispon de nuestros bienes y bs «idas , 
Que ya son tuyas ; un deseo ardiente 
Reina en nosotros de mirar cumpUdaí 
Tus venganzas, y verte satisfecho. 

FEUAKDES. 

Solo b confusión reina en mi pedMi. 



HORMBSINDA. 



05 



\CTO TERCERO. 



SSGEaiA PRIMEHA. 

0, GAUDIOS\, TRASAMUNDO, 

FEKRANDEZ 

GAUDIOSA. 

3, señor, que la fortuna 

an adversa , que vencidos 

n inmensos parecía 

ft amanecer un claro día, 

> horror nos vemos sumergidos? 

18 los altares se ocultaban,. 

i\ santo incienso, que ofrecía 

;ada, caando ya sus iras 

e el abismo ha coi^urado 

iotros! 

PELATO. 

Al corason fuerte, 
)si los cielos han querido, 
ue le quieren le acrisolan. 
3 de tu grandeza digno 
I fieros males agitado, 
rezco un pecho acostumbrado 
ibies penas que la muerte ; 
e á tos pbntas ofrecerte 
t>mo yo pensé algún dia, 
de los godos estendidos 
rdiente Libia basta Narbona. 

GAUDIOSA. 

ta Tírtud , no á la corona, 
iro en ti ; de mi amor casto 
ido los cetros de los godos , 
rio oriental : si dable fuera 
i lofbrtunios no sintiera , 
i celebrara que ya tengo 
r que es ái ti , no al poderío, • 
pura sacra el amor mió. 

rBLATO. 

icesi : ¡ Oh quién se hallara ahora 

ales voces ! Mi desgracia 

de tan gran bien merecedora. 

(Vase Gaudiosa.) 

TRASAHUÜIK). 

s y cántabros famosos 
dcNonable, escándalo de Roma), 
la cerviz poco enseñados , 
cadena mal atados , 
K pies humildes : todos claman 
lor ; por todos , sus ancianos 

1, la vida, las haciendas 
depositan en tus manos. 

PELATO. 

:ipio ha de ser á las hazañas 
Miración de las Españas 
u primero ; en este dia 
admitiré la grande ofrenda 
ue vengue yo la afrenta mía. 

TRASAHimnO. 

icio imagino al grande intento. 

PELATO. 

í pundonor, sobra 4 mi aliento. 

TÜASAHinfDO. 

lebo el noble ardor ; mas dudo 
ridad. 

PELATO. 

Señor, no dudes , 
que la vida considero 
MDO castigo de mi afrenta , 
¡ve el culpado impunemente. 
Gaudiosa que yo intente 
I qaé borror ! ) mi enjuta mano 
3dda con aleve sangre. 



TaAsAnniDo. 



Yo admito ese contrato, si, y lo ¡aro. 

¡Qué grande almal ¡Qué heroico! ¡Cielo santo! 

y*í vos, inteligend» celestiales, 
n cuya protección espera España , 
Vuestra piedad venero : tan del todo 
No aniquilasteis el aliento sodo. 
Guando en medio de tales inlbrtanios 
Conserváis, á pesar del moro ardiente , 
Juventud tan heroica y tan valiente. 
Vive dichoso, ¡ ohjóvenl ¡ Quién pudiera 
Seguirte con mas firme y veloz planta 
Como en la edad pasada , cuando al moro , 
Que ya está á mis heridas enseñado , 
Le hice volver al África gimiendo , 

Y el estrecho cegué con sos navios. 
Caliente con su'sangre, y al rey Wamba 
Presenté de Bncelh el neo aiflije I 
¡Oh, quién tuviera aquel antiguo brío, 
La Juventud gallarda y fiorecienle 

De aquel tiempo! ¡Ofa« qué tiempo tan dichoso! 
Cuando contra Hilderlco sedicioso 
El justo Wamba al fidso conde Paulo 
Envió á las Caites, y el aleve conde 
Amotinó el ejército : en persona 
Fué el rey á castigarle y vo á su lado ; 

Y el piadoso monarca solamente 
Se limitó á quitarle el talabarte 

Que á mi me puso con sus propias'manot , 

El mismo que del hombro esta pendiente. 

Veisle aqol, y las insignias y el eaoKlo 

De su pérfido dueño : en días solo 

Como este en que Pelayo á vemos vuelve , 

Le uso, al cuidado de esta mi Gaodiosa. 

Con él la vez postrera ( ; oh dolorosa 

Memoria ! ) fui á ver al rey Rodrigo, 

Que no le ne visto mas : ¡qué lozanía 

Mostraba yo con él en algún tiempo ! 

A Pelayo en un todo parecía; 

Asi marchaba y me planté á ese modo ; 

Asi sobre las armas descantaba 

Cuando alguno me habló. ¿Mas qué simplezas 

Digo? Perdona, intente, á un triste anciano, 

Que es este nuestro genio. 

FELATO. 

No lo sano 
Del discurso me aparta ; otea asuntos 
Me retiran, señor, de tu presencia. 



FERRANDEZ, lltASAMIINDO. 



Trasamundo, -á tu celo y Ui prudencia 
Toca evitar ¿ran mal; sin duda alguna 
Mucho enniio pa«lece nuestro infinte , 
Yo procure advertirle, y no me escucha. 
Tus canas, tu consejo... 

TaASAnUMPO. 

Ni mis canas 
Ni mi consejo (altan á Pelayo. 
Sé bien tu lealtad, sé bien tus sanas 
Intenciones, por eso te haces digno 
De que yo no te /¡alie una advertencia. 
De los principes siempre reverencia 
Los muy altos designios que emprendieron. 
Menos daño los godos padecieron . 
Cuando en los baños de Toledo holgaba 
Rodrigo con la Cava y sus amores. 
Del cielo los decretos superiores 
Le hubieran castigado i el solamente. 
Un vasallo usurpó la acción del cielo. 
Pues castigar al rey toca á Dios solo ; 

Y asi han llovido indiferentemente 
Desdichas sobre todos, aun mayores 

Que el daño á quien se dio venganza horrenda; 

Y siendo asi esto, boy que venera España 
Tal padre de la patria, rey tan Justo, 

De corazón invicto no domado. 
En las doras baUltas entenado , 



OBRAS DE MORATOf (». mcoLAf ). 



Eipertnxa y delldat de lot fOf os : 
lGoii cu&I estremo agndecer debemos 
un bien tan gnaáñ y tan ditino al cielo» 
Qae le costó cnidado el escogerle? 



ts 



Ta dict&meii, sefior, de mi fiel celo 
Nada dista. 

TIASAVORDO. 

Losé. 



Pero advertencias 
Ck»n el debido obsequio no repugnan 
A mi vasallo leal. Pelayo piensa... 



ELVIBA, nERRANDDL 

■LTBA. 

iQalén dari á mi se&ora la defensa 
Que so desgracia necesUat 



El délo 
No ignora mi coidado y mi desvelo. 
Si otro medio no es dable, en desafio 
Defenderé á Honneslnda y su pureza. 
De una asta penderA la infiel cabeza , 
Y el morado albornoz de cifras lleno , 
Bordadas por sa mora, baré se rinda 
Por alfombra al esliado de Honneslnda. 

ILTnA. 

I ese alivio ba de negarte. 



La suerte i 



lA IV. 

ELVIRA, TOLGA. 



Munuxa, mi selior, acia esta parte 
Pensativo parece se retira ; 
QuisÉ le aqueja algún gran mal, Blfka, 
Será en ti urbeaidad el retirarte. 



No me es desagradable boir su vista. 



MÜNUZA, TULGA. 

TUUá. 

No esti finalizada la conquista 

De la Iberia, sefior : de tus piedades, 

t Quién creyera ser bQu este dia 
A infiel obstlnadoD y rebeldía ? 

■URUZA. 

No sé con eso (pié decirme intentas. 

TOLGA. 

Gran M unuza , las prontas y violentu 
Ejecuciones, en rebelde gente, 
Aseguran el cetro solamente. 
El inconsiderado atrevimiento 
Del vil pueblo, nn catástrofe sangriento 
Le repnme tan solo, é insolenda 
La escesiva bondad cansa al«obarde. 
Pues juiga la bondad por cobardía. 
De estos viles esclavos ¿quién diria 
Oue volviesen á unfa* los escuadrores , 
naciendo ufanos de su gente alarde , 
Pues ya armados estárt? Nuestros parciales 
Nada me ocultan, ni oculur quisieron. 
Que á Pelaje por rey reconocieron , 
Y tu muerte solícitos faitenUn, 
£1 morado pendón ya tremolando. 



iQué dices, Tulga? ¿Ese enemigo bando 

De esclavos foragidos. Infelices , 

A quien su abatimiento y mi desprecio 

Los libertó de estar encaídenados, 

A tanto se atrevieron? ¡Qué! ¿Aon ignoran 



Que el poder nuJiomético 
Trastornó los Imperios de levwta? 
1 Y que escedlendo á Mario, en la 
Libia y sus espantosoe arenalea 
Hicimos, á pesar de sos dragonee. 
De Catón ta gran marcba celebrada? 
No miran el Joyel de mi tmbanle, 

Y el real calzado, de sa rey despejos, 

Y baldón sujo, que de mis enoioe 

Hujó aunque berido (el bruto reventado). 
Librándole la noche eneapotada. 
Si á España, con efércitos armada. 
Pusimos jugo en b cerviz altiva , 
iGómo podrá oponerse^ja canllfa 
Al poder sarraceno? iQoé! lAon inon 
Que una débil mqjer cansa Itaé aom 
De la infame cadena ene I 
Pues otra mi^er pérfida e 
De España los postreroe e 

Y el triunfb me ba de dar i 

•TDL6A. 

Cid Munnza, ¿qué dices? ¿De caál 
Tan difíciles máqninai dispoMs? 



Oye, y admirarás mis invenciooes. ' 
Cuanao mi brazo y prevenida gente 
Inútil fuera, 6 ta ponzofia ardiente 
Dispuesu rára el fin, se malograra ; 

Y cuando fa fortuna me eatotoara. 
Que al cncMllo á al tósko se rinda 
La vida de Petayo y de Hormeilnda; 
Entonces, Tulga, cuando parecia 
Que todo el gran proyecto se perdta , 
Le verás conseguir : so mismo bermano, 
O por sentencia 6 por sa propia mano. 
La dará muerte fiera. Horror tan grande 
Supe astuto inftmdirle : no lo dndes. 
Mas si ni esto se logra, está Zalema 
Pronto á materia átodo riesgo, y hugo 
Sabrá esparcir ta voz de que Pebyo 
Fué el bárbaro j horrible flratriclois. 

Y esta fiíma en los aqvos esténdida 
(La piedad infundiendo loa lencorea) 



ÍQué esperu que prodasca, sino bomres 
Sscáodaios, tomnítos ▼ alboraloe 
Contra Peta jo? Y del fhror validen 
En medio del motin de su vil plebe 
Equivocada, muerte le darinnoe. 
De sus mismos parciales ayudados. 

T0I.«4. 

Prontos tendrás tus árabes ioldndos. 

■URDÍA. 

Asi toda ta EspaBa sometemos 
Al africano jugo, j les cortamos 
La esperanza ue nueva monarqnta. 
Aun cuando á tal aspire sa osadta. 

TCLCA. 

Solo encargo, sefior, ta diligencia 
(Antes que el ciego migo se repare). 
Pues elta en tas empresas importanlee 
Principalmente el éxito asegora. 

E§GEIIA VI. 

IIUm}ZA,PELATO. 

KLATO. 

¡Cuan en vano en un pecho gene 
Los esfuerzos inútiles procaran 
Dar alientos á un noble y ofendido! 
Munoza amigo, si Petajo ha sido 
Digno de tu amistad, pues tantas teces 
Nuestras desgracias has compadecido , 
Ajúdame á sentir mi pena horrible , 
Y duélete del trance en que me veo. 
¡Olí triste precisión ! ¡Qoé! ¡no et poalble 
Hallar medio en mi grande de e ve ntai a. 
Sino es el serinf^mie ó fhrtridda? 
¿Yo á mi hermana quitar ta dolee vidat 
¿Yo vivir por aoi I ' - - - 



¡Terribleí dos estremosl Dfane, «mado, 
Y amigo moy leal , ¿qaé ejecnuns 
Si eo tal coafUcto como yo te ballarasf 

■ONDZA. 

Lo que debes bacer, Pelayo amigo , 
Por tierna compasión do te lo digo ; 
Pero lo qae yo biciera, esto seria : 
En mi imaginación yo 6jaria 
La angosta y nobilísima ascendencia , 
Venerada de todas las naciones, 
Llena de bniros, triunfos y blasones ; 
El clamor de la fama voladora, 
El pundonor de un noble delicado ; 
Con qué poco se pierde lo ganado ; 
Con qué facilidad se recopera ; 
Cuan poco ¿ un corazón neróico altera 
Ni el vinculo de sangre, ni otras viles 
Pasiones vergonzosas remenlles; 
Coántos nobles ejemplos da la bistona, 
Dando al alma valor con la memoria ; 
Qué infame qoe es on noble ya afrentado ; 
Qué beróico que es on noble ya vengado ; 
Qué poco al ofiMisor nadie le debe ; 
Qué hazaña es el castigo de iu aleve ; 
Cuanto mas le conviene á un godo hispano 
Ser noble beróico, que afrentado bermano ; 
Cuánto el vencerse a si... 

PCLATO. 

Basta, Munuza. 
iQué dices? ¿Pues Un débil me imaginas, 
Que repare en estracos , ni en ruinas 
Por mi decoro t Morirá Hormesinda 
Con esta espada. 

■UNÜZA. 

Lo que á tí te toca 
Sabrás sin duda hacer : como tu amigo 
Que soy, DO debi yo ser un testigo 
De tu d^honra : el cómplice perverso 
Sacrifiqué en tu honor con cruda muerte. 

PELATO. 

; Oh fiel amigo ! \ Oh cielos! De tal suerte, 
Que todo el mundo ya mi bien procura, 
« ¿Y solo aomento yo mi desventura 
Con piedad afrentosa?... Ya está dada 
La sentencia fatal. 

■iniüKA. 

¡Cuan ffeneroso 
Es tu pecho , Pelayo ! ¡ Qué f;lorio8o 
Te veré sin Ul mancha ! Amigo digno 
De Munuza, y entonces en tus sienes 
Pondré (mi juramento te lo abona ) 
De Astorias y Cantabria la corona. 

ACTO CUARTO. 

EBGENA PRIMERA. 

PELATO, HORMESINDA, FERRANDEZ, 
ELVIRA. 

hormesiuda. 
No tenéis qne animarme : i los vencidos 
No haber ya que perder infunde aliento. 
No puede ser mas grande mi tormento. 
Ni mi afrenta mayor. ¡Pelayo! muera. 
Muera tu hermana, si ; pero siquiera 
Viva mi fama, y no con mancha indigna 
De mi progenie ilustre, repuUda 
Por vil mcyer ; cobarde y desmayada 
No me verás ahora ; tu decoro 
Me anima para hablarte ; no la vida 
Te pido, que aborrezco sin la fama. 
Yo misma al opio, al hierro y á la llama 
Me entregaré gustosa ; pero advierte, 
Qoe á tu inocente hennana das la muerte , 
Crevendo en asesinos y traidores. 
No son Tulga y Munuza mis mayores 
Enemigofl : me ofende mas Pelayo. 



HORMESINDA. 



Pelayo , tú te acuerdas de la escuela 
De nuestra dulce y suspirada madre. 
¡ Ay madre mtal Di, ¿de nuestro padre 
Desgraciado los santos docnmeotos 
'^ue DOS daba, olvi4aste? Qué, ¿has creido 

iue los haya también puesto en olvido? 

Juzgas que aquella educación ; ejemplo 
Palto de mi memoria, haciendo agravio 
A tus padres y mios, 6 ti propio , 

Y á mi que soy tu hermana, aunque hdfelice? 
Lo que el vil, el traidor Mmioza dice, 

Sin examen creíste; desgraciada 
Nací : la infame vida estioio en nada. 
Mas no tendrás disculpa : cruel hermano 
Te llamará el alarbe y el cristiano. 
Terribles infortunios te^amenazan 
Entre los moros : las reliquias godas, 
Reliquias de Tarif y el floro Muza , 
Que esta montana conservaba, todas 
Serán aniquiladas. Traición pando. 
Sin duda hay contra ti ; tendré el consuelo 
De que muero sin culpa : no se diga 
Jamas que hubo en li hermana de Pelayo 
Mancha, ni dolo, y dígase que muero 
Por tu gusto; (masayl ¡ como algún dia 
Sentirás con dolor la muerte nda, 

Y con remordimieiitos famiortales 
Juzgarás que las fbrias infernales 
Albergas en tu pecho, y It memoria 
Te atormentará horrible , coando sepu 
Que por creer la acusación impla 

De la canalla infiel mahometana 

(¡ Qué horror!) mataste á tainocente hermana! 

PBUtTO. 

¡Válgame Dios ! iQué dices? Vive , ti ve , 
Mi hermana, mi Hormesinda, que no puedo 
Tu llanto resistir. 

ELVIBA. 

I Albricias, délos! 

RRRANDIX. 

FlnaliBaron ya los desconsuelos. 

BOBnSIlfDA. 

No á mi razón atiendas solamente : 
Mi inocencia sabrás de Trasamundo; 
Justo y cierto será lo que él dijere. 

PELATO. 

jVálffame Dios! ¿Qué dices? Muere, muere, 
bescBichada mujer, baldón y afrenU 
De godos y españoles. 

■oiHKsmnA. 

¿Qué? qué es esto, 
Pelayo? ¿Aun hay mas penas? 

PELATO. 

Trasamundo 
Es tu mayor contrario. ¿Pues creftis 
Que apo]rise su honor tos demasías ? 
No cabe en tal virtud : él , él intenta 
Que con tu sangre lave yo la aft'enta 
De los cristianos, ni me da á Gaodiosa 
Hasta que mueras tú, para mi esposa, 
¡Ni cómo era posible! 

lORHESHfDA. 

¡Ay Dios eterno! 
¡Ah nuevo! Ah horrible! Ah imprevenido golpe! 
Armóse contra mi todo el infierno. 
¡ También esto I Esto solo me faltaba. 
¿Contra mi Trasamundo? ¿Quién creyera 
Tan repentino horror? iDe quien fiaba 
Oigo tal? ¿Dónde iré? Piérdase todo. 
¡Vida vil! Ya no quiero honor ni vida. 
Por mi volverá el cielo. Ea, matedme. 
Que el mundo hálame y pérfido aborrezco ; 
Porque con esto de una vez se acaben 
(Guando al cuchillo mi cerviz se rinda) 
Las horrendu desgracias de Hormesinda. 



Ott 



OBRAS DE MORATIN (d. xicolas). 



ESCENA II. 



IIORMESIXDA, TRASAMUNDO, ELVIRA. 

TRASAMUKDO. 

¿Qué alteraciones en vosolras miro ? 
¿Qué nueva confusión y sobresalto 
Vuestro semblante anuncia? No perdamos 
La esperanza , Hormesinda , que aun no todo 
So anegó en Gnadalete el valor godo. 

HORMESníDA. 

No es tiempo de callar ; ya que yo muera 
No juzguen culpa en mi la cobardia. 
Trasamundo, Señor, ¡quién Juzgaría 
De vos tan gran maldad ! 

TRÁSAMaNDO. 

Precipitada 
Hormesinda, ¿qu6<dices? 

HORMESIXDA. 

¿Qué esperabais 
De mi sino lamentos dolorosos, 
Eternas y tristísimas querellas. 
Por vuestro proceder tan no esperado 
De vuestro ejemplo, canas y prudencia? 
¿ Conoc4Msme? ¿Sabéis mi ¿la ascendencia? 
¿Sabéis mi pundonor? Y aunque lo diga, 
¿Mi honestidad, virtud, recogimiento, 

Y regia educación ? 

TBASAVDIfBO. 

Lo sé, Hormesinda. 

HORMESIÜDA. 

Pues ¿en qué os ofendi ? ¿Por qué sangriento 

Mi muerte procuráis? ¿Tal se creyera 

Del justo padre en quien la patria espera? 

Vos prometisteis del traidor Munuza 

Defenderme ; mas yo quien me defienda 

De vos ya necesito. ¿Tan infame 

Soy, que pedis mi muerte ? ¿Cuál delito 

Me onginó tal odio? ¿Soy yo acaso 

La (jue llamó a los duros agarenos 

De los altos alcázares de Ceuta 

Con el rojo pendón de lunas lleno, 

Y á voces á embarcar los animaba 
Contra los godos en venganza ardiendo , 
E incitando bs armas espantosas , 



?uc tan grandes desdiclias nos trajeron? 
o, misera, infeliz, ¿qué desventuras 
A los godos causé ? ¿Qué formidables 
Ejércitos armé contra la patria ? 
Yo no traje á Tarif desde Damasco , 
Ni de Libia llamé al soberbio Muza. 
¡Misera! ¿Qué hacer pude que incita.se 
r«(mira mi tal furor en los cristianos? 
Yo lloré sus desgracias. ¿No fué el cielo 
Por mis ruegos también importunado ? 
; No imploré sus piedades? Ofendida 
Mas que yo ¿quién habrá? ¿Quién de la suerte 
Sufrió mavor tormento ? El vil Munuza 
Valido del conflicto , violentada 
Me desDOsó con ritos execmblcs 
(Tiemblo de horror diciéodolo) ¡ Ah cuitada ! 
¡Moriré sin venprme! Aborrecida 
De los mios, iré prófuga y triste 
A pedir el favor de los inheles, 
O a morir entre bárbaros crueles. 
Pues soy abominada ; y Trasamundo, 
Hasta verme niorír, niega á mi hermano 
De su (vaudiosa la ofrecida mano, 
Queriéndula dotar con mi inocente 
Sangre, pues juzga que su estirpe afrente. 

TRASAVt::SDO. 

Hormesinda infeliz , mal informada 
^uj^r* ¿qué dices? ¿Yo matarte intento? 
¿Yo culpo tu conducta? ¿Yo me afrento 
De tu sangre? ¿Yo hacer nada en tu ofensa? 
¿Yo dejar de morir en tu defensa? 
¿Cómo es posible? 



nORXESIXDA. 

Es vano el disimulo : 
Pclayo, si, Pelayo, él mismo ahora 
Acaba de decímielo, y el nombre 
De Trasamundo le escitó los odios 
Que á templar ya empezaba con mi llanlo. 

TRASAMONDO. 

¿ Qué nuevo asombro es este? ¡Cielo santo! 
Aqui hay gran mal oculto ! ¿Satisfecha 
Aun no está tu justicia, ya deshecha 
En campos de Jerez con rabia impía 
La goda triunfadora monarquia ? 
¿Aun no con tanta sangre hemos pagado 
Del infeliz Rodrigo el gran pecado ^ 
Qué, ¿dura el justo enojo todavía? 
Engañada Hormesinda... 

ELVIRA. 

Infanta mía, 
Trasamundo, callad, que he divisado 
A Munuza que viene. 

TRASAMU?íDO. 

Del malvado 
Quiero huir la presencia. Vendré ¿ verte. 

E8GE1ÍA m. 

MUNUZA, HORMESINDA, ELVIRA. 

B0IUIESI7(DA. 

No quede á mi dolor ninguna suerte 
De alivio que no busque. Despechada 
Tendré siquiera el frivolo consuelo 
De insultar con furor á mi enemigo. 
De furias implacables agitada : 
En fin, Munuza, en fin... 

NUÜCZA. 

Si despechada 
Ble pretendes hablar, á solas quiero 
Satisfacerte; haz que se aparte Elvira. 

{Vase Eh'ira) 

HORMESIÜDA. 

Ya nadie escucha. En rabia y mortal ira 
Arde mi pecho. ¿Estás, cruel, contento 
Con mi desgracia va ? ¿ Quedó tormento 
Que no me hayas llerisimo buscado ? 
Engañar á mi hermano tú has logrado, 

Y hacerme aborrecible. El Dios ctorno 
De los cristianos á quien firme adoro , 

Y en quien espero, ios castigos justos 
Por infamia te dé tan execrable. 

■VÜUZA. 

Mujer desesperada , aunque mas hable 
Tu pasión, no se ofende mi grandeza. 

HOIIVESI!n>A. 

¿También ese desprecio? i hay tal fiereza I 
¿Pues tuquien eres? ¿Cuáles tus acciones 
Son, sino mfamias, robos y traiciones ? 
¿ CiÉándo entre árabes fuiste tú estimado? 
¿Y entre los nobles godos qué has valido? 

MUNUZA. 

¿ Valdré al menos los godos que he vencido? 

HORMESINDA. 

Con infidelidad v alevosías. 



Ya no puedo sufrir mas demasías. 
Ahora sabrás á quién has ofendido. 
Con inaudita especie de tormento 
He de darte el mas bárbaro castigo. 
Pues no oye ahora mi voz ningún testigo. 
Conozco tu razón, sé tu inocenóia. 
Que atrepellé con Ímpetu y violencia. 
A tu hermano engañé, te lo confieso. 
Por lograr tus (avores, v |)or eso 
Con fingidas promesas fue enviado 
A Córdoba, v allí á ser degolbdo. 
i No se logro mi intento! Por gozarte. 



Paes no hubo otro remedio, desposarte 
Logré conmigo, aunque desesperada ; 
Pero tft, aunque conmigo desposada , 
Mi lecho abominaste : tal desprecio 
Pagué con tu descrédito, y has sido 
Reputada por fr6gU ; te ba adquirido 
La mfamia tu imprudente resistencia. 

HOmUlHDA. 

Viva mi bonestidad en la presencia 
Del cielo; y téngame por delincuente 
El mundo por tu esceso temerario. 

No fué esceso : ipor qué el fitvor no alabas 
Df? servirse el seiior de sus esclaTas t 
¿No te amé, j tanto bien tü le has perdido ? 
¿Qué mayor bien que amor correspondido? 
Corrido estoy, rabioso y despechado 
De no bab^ tus favores conseguido. 
Aunque de ello en tu oprobio me he jactado. 
Pues sufre mis enojos ; de mi mano 
Digna te quise hacer, y me ultrajaste. 
¿No advertiste miién fberas, y quién eres ? - 
A ser creyente nubieras ya ascendido 
De la alta religión del gran Mahonia ; 

Y iK>r fin, con el tiempo hubieras sido 
Qnixá la principal de mis mujeres, 

I 4 tu hermano mandaras como esclavo. 
¿Imaginaste oue tan necio fuese 
Que hablar primero á ti te permitiese 
Con lágrimas y estremos eogafiosos. 
Propios de muestro sexo, acostumbrado 
CoD ellos i triun&r, v me espusiese 
A on desaire tai vez? ¿Eso querías ? 
¡Ah. cómo Ignoras las cautelas mias ! 
Desde los anos de mi tierna infancia 
Aprendí con astucias y traiciones 
El arte de engañar los corazones; 

Y sé, que al (pie se Juzga poderoso, 
La primera noticia impresión hace, 

Y es dülcil borrársela : escelente 
Virtud se necesita, que hay en pocos, 
Pues pocos inuttinan que se atreva 
Nadie á engáñanos, ni que serio puedan. 
Mira k quien ofendiste, desgraciada, 

Y 00 será ( te Juro } impunemente. 
¿Quién te librará ya de mi venganza ? 
Tu mismo hermano (tanta confianza 
De mi le persuadí) poder me ha dado 
De que haga yo Justicia á mi albedrio. 
No hay piedad, ni remedio : tu desvio 
Te costará la vida, y al instante 

A una hoguera voraz con mil cadenas 
Serás llevada presa á quemar viva. 

MOURSIRDA. 

i Cielo! ¿Esto 8ulires?iPiera tan altiva 
Consientes en el mundo? ¿Para cuándo 
Guardas los rayos? ¡Cuan abominable 
Maldad ! ¡ y qué horrorosa ! Detestable 
Político mfemal, feroz, ii^uslo . 
Autor de los delitos mas atroces, 
Pérfido, ¿de cuál monstruo de las Sirtes 
Fuiste engendrado? ;0h si pluguiese al cielo 
Que en las ondas se hubiera sumergido 
Con remolinos la maldita nave 
Que pasó á las riberas españolas 
Monstruo tan inhumano y ten horrendo ! 

hohdza. 
Para tu pena y tu mayor tormento 
Vuelvo a decirte, que eres inocente; 
Pero todos te juzgan delincuente, 

Y has de morir infame y despreciada 
De los tuyos, y al fuego condenada. 

ESCaSNA IV. 

HORMESINDA, ELVIRA. 

HOIHESUTOA. 

Eo fin, ¡qué! ¿no hay remedio á mis desdichas? 
¿QiBén serió en tal angustia? 
Toao u. 



HORMESINDA. 



OT 



ELvauí. 



¡ Ay de nosotras ! 
Reducidas de nuevo á ser esclavas 
Entre bárbaros fieros y crueles, 
¿Adonde iremos miseras cuitadas ? 
A que nos deu por arras á sus moras , 
A serrir en sus baños deliciosos , 
O á labrar sus mariotas y almaizares. 

BOBMESINDA. 

í Ob, acábeme mi angustia y mis pesares ! 
ESCENA V. 
FERRANDEZ, ELVIRA. 
BLvnú. 
lie que á Pelayo • 



No podáis disnaclirt ¿-Que solo pende 
De su verro la vida de su hermana , 

Y aun la suya y la miestra, y un tan leve 
Inconveniente causa tal desdicha, 

Tan fácil de enmendarse, y no se enmienda? 
¡Nueva especie dé pena, y mas tremenda 
Que si fliera h pena irremediable ! 

nCRBAHOEZ. 

¿Qué quieres que en dolor tan lamentable 
Yo te responda , Elvira ? Yo he Qiado 
Carteles en que reto y desafio 
Al que acuse á Hdrmesioda ; mas Pelayo 
Mismo lo estorba : dice que es implo 
Modo de hacer justicia echar la suerte , 
O en el mas venturoso, ó el mas fuerte. 

ELVIRA. 

Pues yo voy á morir con mi señora. 
ESCENA VI. 
TRASAMUNDO, FERRANDEZ. 

TaASAHDROO. 

Ferrandez. tu lealtad conozco ahora : 
¡Quién lo hubiera pensado! nos perdemos. 
Ya el gran palenque y grande hoguera vemos 

Í Horroroso cadalso de Hormesinda ) 
¡n la llanura próxima que linda 
Con el muro; alli tiene el crael Munuza 
Escuadrones de yeguas africanas. 
Sus tostados lanjetes y barraiis. 
Con adargas de Fez resplancfecientes , 
Aljubas y alauifaes de escarlata 
Están sobre las armas; á los cielos 
Sube la llama ; nifios y doncellas 
Timidsf^» los ancianos y matronas 
Suspiran con silencio, pues los moros 
A los que oyen llorar los alaneean. 

Y culpan á Pelayo de sqs lloros , 

Pues publica el pregón que atl lo manda. 



¡Que esto se sufra! i Una española infanU 
Morir asi ' ¡ A los principes se debe 
Advertir, cuando acaso se equivocan, 
Lo que es muy cierto que saiber quisieran ! 
Quien debe y puede, ofende si lo calla. 
No hace el vasallo al rey otros favores. 
Sino avisarte humilde lo que ignora. 
El modo hace rebeldes y traidores. 
Que los consejos no ( cuando es preciso ) ; 
Los vasallos leales de rodillas 
Advierten á su principe llorando, 

Y él lo agradece ; están los españoles 
Exentos de sospecha, no á sus reyes 
Solo veneran , sino aun al tirano : 
Responda Juba y César el romano. 

TEASAWKfDO. 

Mas es padre que rey un rey de España. 

rERRA:<(DEZ^ 

Pues de rodillas quiero, que le engaña 
Munuza el vil, con lágrimas decirle, 

Y haga entonces su agrado, que á serririe 

Y á obedecerle nadie irá mas presto. 
Vamos, señor, al punto. 



98 



OBRAS DE MORATIN (d. nicoiAs). 

TRASAMUMK). BORMESCIDA. 

Solo 68 liempo 
De convertir ya en mérito la pena. 



Mas ¿qué es esto? 
*, Qué confusión ! i Qué estrr|)iio se escuclia ! 
1 Qu(^ iu(iuieta y dolorosa vocería ! 
\'a oigo el rumor del pueblo , ya vecinas 
Se oyen las armas , y aun lucir las veo, 
Ya suenan herraduras de caballos » 
Y ¿ lo lejos el son de las sordinas. 

^ (Ruido.) 



ACTO QUINTO. 



BSGCNA PRIMERA. 

TLLGA, TRASAMUiNDO. 

TULGA. 

Nada Munuza obró que con Pelayo 
Antes no consultase : asi de Justo 
Lo¡^ el renombre, y de Pelayo ba sido 
Por eso en tal reputación tenido. 
Y es ir contra Pelayo el que á Munuza 
Repugne. 

MUNUZA (saliendo), 
¿Qué es acfuesto? Di á Pebyo , 
Que hoy vera mi amistad, que hoy se establecen 
Kntrc nosotros las propuestas paces 
Con pactos ventajosos. 

TaASAMUNDO. 

¿Y Hormensinda 
Dónde está? 

MUNUZA. 

A mi me toca esc cuidado. 
Haré lo que su hermano me ha rogado. 

TRASAMUXDO. 

Voy temblando y confuso. (Vau.) 

TULGA. 

Está dispuesto 
Cuanto encargaste : el fuego, la ponzoña» 
Las tropas, los amibos, las veredas. 
Los pasos, los camnios, las celadas, 
Los rumores , promesas y cizañas... 
Todo está, nada falta. 

MUIfUZA. 

Pues al punto 
Entren ¿ esa infeliz encadenada. 

ESCENA U. 

HORMESINDA con priHones, ELVIRA , ZU- 
LEN A, TULGA, MUNUZA, guardias de 
MOROS T ALGu:«os cristia:«os con grande 
aparato. 

B0RMESI5DA. 

¡Ay infeliz mujer! i Ay desdichada f 

MUNUZA. 

Escuchad, moros ; atended, cristianos. 

No juzguéis mis decretos por tiranos. 

Pues yo mas que vosotros me enternezco 

De un triste espectáculo, y tan tierna 

Juventud malograda y hermosura. 

Yo la contemplo una inocencia pura ; 

Mas iqué he de hacei^ su hermano á voces clama 

Que la entregue á voraz y ardiente llama : 

Quizá tendrá motives cnie le impebn. 

Yo protestando al nomnre sacrosanto 

De Miramamoiin y el gran Hahonia , 

En su nombre ejecuto la justicia , 

Las órdenes cumpliendo de Pelayo. 

ZULCMA. 

Tu compasíoB y rectitud admira. 

ELVIRA. 

¡ Señora f ¡Ay de nosotras I 



ELvraA. 
¡Ay qué desdicha! ¡Ay muerte de horror lien 

BORMESIXDA. 

En fin, ¡que ni mis ruegos, ni mi llanto. 
Ni mi llanto tristisimo é inútil. 
Ni mis tiernos suspiros arrancados 
Con profundo dolor de mis entrañas. 
Ni el transito fatal en que me veo 
Cercada de congojas y de angustias. 
Ni mi razón, ni mi Inocencia al cielo 
Pudo apiadarle! ¡Ay qué dolor terrible 
Me oprime el corazón! ¿A quién los ojos, 
Los tristes ojos de llorar cansados , 
Tanto tiempo en los cielos enclavados 
Sin fruto, volveré? Por todas partes 
La imagen espantosa de mi muerte 
Miro en visión horrenda : en vano fuerte 
Me intento hacer. Soy débil muJer Aacay 
De innumerables jpenas eombatida : 
Mil enemigos mi moceóte vida 
Tiene sin culpa. ¡Ay bárbaro tormento! 
¡Infeliz Hormesinda! ¡Av desdichada! 

É Adonde voy? ¿Qaé haré ? Precifrftada 
¡n un abismo de ansia y desconsuelos 
(i Qué pena !) estoy : ¡valedoie , santos del 



ELVIRA. 

¡ Ay Dios! ¡Ah España! ¡Ay miseros crisUai 



¡Ay! El mas infeliz de los hennanos.... 
¡Que esto quieres! ¡ Pebyo! ¡Ay, si meviers 
:Ay! ¡Cómo acaso ya te enternecieras 
En ver á tu inocente hermana triste 
En tal angustia y trance! ¡Ay! ¡Y nacida 
De las mismas entrañas que naciste! 

Í Dónde estas, que no me oyes? ¡Oh crisüai 
.levadle mis suspiros postrimeros , 
Decid que su ignorancia le perdono » 
Que resignada por su gusto muero. 
Que solo siento el lance temeroso 
Cuando se desengañe. ¡Ayi ¡Cuáutu Teces 
Repetirá mi nombre pavoroso ! 
¡Qué grande horror le espera! INos eleriio, 

tVoy a morir cargada de cadenas? 
Racime en este conflicto fortaleza : 
Sirva mi muerte de espiar la culpa 
De España, y pague solo mi cabeza. 

UM caisnARO. 
¡Oh trance horrible ! i Oh birbira ieicia ! 

TULGA k MOHOSA. 

Fortuna nuestro intento fiívorece. 

HORMESINDA. 

Mas ya gue muera, si algo te merece 
Hormesinda , Munuza, pues mi her — 
Te fué leal, pues ful de U querida. 
Que me des te suplico, no la vida 9 
Sino la muerte menos rigorosa. 



Cualquiera muerte es ui 

HORMESniDA. 

Pues muerta yo, publica mi inocencia. 

MUnUZA. 

Ejecutad al punto la sentencia. 

HORMESINDA. 

¡ Ser una hermana por su mismo benntno 
Sentenciada á morir! :Y sin delito! 
¡Y á su (MUMnigo pérfido entres^a! 
¡ Qué atrocidad ! ¡ Oh cielo ! ¡ Ay desdicbad 

MURUZA. 

Ve, infeliz, á morir, y haz con ta vida 
Inútil sacríiicio á tu Profeta ; 
Y vosotros guardad el gran saplicio, f A tal « 
liasta ser en cenizas reducida. 



HORMESINDA. 



E8GCNA m. 

TULGA, PELAYO. 

PELATO. 

t ¡miginacion ! ¡Qué combatida 
testas ideas ! Mas ¿qué estruendo 
lor de la plebe ensordecido 
los moros de b antigua Gigia? 
, ¿es Mttouza fiel? ¿Me be equivocado 
juicio que de él tengo fonnado ? 

TVLGA. 

ludas, Pelayo? Vendrá ahora 
tar los tratados de alianza. 

ESCENA IV, 

TRASAMÜNDO, PELAYO. 

TBASAXUTOK). 

?éUíjo, fiel y última esperanza 

iofeliz Espsma que ya esoira : 

i% esto (\ue nos pasa ? ¿ Ln qué desgracias 

5 precipitándqpos? 

PELATO. 

El cielo 
permitió ; cod menos Tuertes 
diot ao es posjble que se cure 
idooor herido y mancillado , 
doy gracias al cielo, pues roe ba dado 
tDoe amigo, qtie á su cargo tome 
ihonor y á su Teoganza acuda ; 
J^ el fiel Munoza.... 

TIASAMCIIDO. 

¿El fiel Munoza? 

PELATO. 

MaMiia« si, ¿qué te sospepde? 

TIASAMUNDO. 

I HoBUia? ¡Oh cielos! ¿Con que entiende 
t qae Monuza, el vil Munuza 
amigo? 

PELATO. 

Pues ¡ qué ! De lo que < 



TIASAVORDO. 

Séme testigo , 
; (fttt lo fes todo, que Munuza 
foao, es pétfido enemigo... 
^ eogafiado TÍTes : él soberbio 
ica i Hormesinda á su fiereza, 
radoeroso ; ella inocente. 
Itad de Espafta es obediente, 
coB inportar tanto, dilataba 
giiarte, porque te enojaba. 

PELATO. 

Doodo, no adules mi deseo 
leros imposibles : ¡ si asi fuera ! 
ty, que es muy cruel mi suerte fiérat 

TaASAHCHDO. 

croeL es benigiia; el cíelo quiere 
' por la ioocencia de Hormeaioda , 
osa perseguida : despechado 
a de haber sido despreciado, 
leudo la honor, te nabló primero 
10 te hablara , para que severo 
ras muerte y odio te adquirieras 
cristianos, y acabar con todos. 
mdiosa, Ferrandes y los godos 
lo saben ; solo td lo ignoras. 

PELATO. 

|ie ftieroo sos mixiaas traidoras ? 

imASAMimiK). 
ras , y á tu muerte dirigidas. 

PELATO. 

lime : y ¿estas letras ?... 
mASAumuH). 

Son fingidas 



Por mano infame del falsario Tulga. 
Lo sé... Y.la trama y pérfido^rtiiicio... 

PELATO. 

Trasamundo , ¿ es verdad ? 

TRASAMONDO. 

¿Pues auu lo dudas? 
Dios sacrosanto, que con infinita.... 

PELATO . 

Suspende el juramento : ¿y mi inocente 
Hermana dónde está? 

TRASAMUNDO. 

Con SUS doncellas 
Juzgo que está llorando recogida, 
Esperando la muerte por instantes. 
Para lo cual se la entregaste al moro. 

PELATO. 

¿Yoal roorolaentregué?Yo...Qné... ¿Qué dices? 
1 Tanta vileza en la soberbia hispana 
Fuera posible?... ¿Dónde está mi hermana? 
Voy á abrazarla y f6y con penetrantes • 
Heridas á matar al falso anügo. 
¿Es verdad , 6 me engaño ? 

nUSAKUHDO. 

Lo que digo , 
Dioseteno, confírmalo. 

PELATO. 

No estorbes * 
Mis venganzas , sefior, con detenerme : 
¡Oh ! qué funesto y qué terrible dia 
Es este para mi de mi llegada ! 
¡Que tanta infamia estaba preparada ! 
SuelU , señor. (Deteniéndole siempre.) 

TEASAMUSrDO. 

Pelayo , los furores , 
La precipitación , ni la violencia 
No lo remedian : solo la prudencia 
Puede valer cuando el contrario es fuerte , 
Y si te precipitas, nos ^&FÚemoi.(Detenién(icl€.) 

PELATO. 

¡Eterno Dios ! ¿Qué dices ? Me horrorizo. 

¿Oh Pelavo infeliz ! ¡ Ay de mi triste , 

Hombre inconsiderado y sin sentido I 

¡Ay , Dios ! ¿Qué iba yo á hacer? En un momento 

¿Cuánto comprendo que ignoré hasta ahora ? 

¿De oué sueño proftando yo despierto ? 

¡Québorror! ¡Ah vil Munuza! Ay Hormesinda, 

Mi hermana , mi querida y dulce hermana ! 

Présago el corazón me lodecia : 

Injusto fui en creerte yo culpada. 

Yo tomaré venganza tan horrenda 

De tu agravio , que al fin le satisíiíga. 

\' j uro por las almas generosas , 

Que dejaron los cuerpos insepultos 

Ya blancos esqueletos , á la orilhi 

Del infausto y sanoriento Guadalete , 

Que si una miiyer fué la dMventura 

De España , otra será quizá la causa 

De ser la mas triunfante monarquía , 

Que á pesar de la tierra y mar profunda 

Se iguale con los términos del mundo. 

¿Dónde mi hermana está? 

ESCENA V. 

GAUDIOSA T DICHOS. 

CAUniOSA. 

Traición hay grande. 
Zulema , del amor que me ha tenido 
Bárbaramente ciego, no ha podido 
Un secreto callar. Que no bebiese 
Del vino me encargó , que se ofreciese , 
Cuando juréis las paces. « 

PELATO. 

: Ah traidores ! 
¿Dónde mi hermana está ? (Queriendo ine.) 



100 



OBRAS DE MORATIN (d. meoLAS). 



ESpENA VI. 

FERIfANDEZ t dichos. 

FERRANDEZ. 

Creyó que fuese 
Fácil , el vil Munuza , hacer odioso 
Su principe á los claros españoles ; 
No le valdrá su iofamia ; rodeados 
De tropa estamos ja por todos lados 
Por traición de los moros. 

PELATO. 

Al instante 
Acudid á las armas. 

TBASAMUNoo (deUñUndole) . 
Galla , infonte * 
No son esos estremos tan precisos» 
Ni anduvieron los tuyos tan omisos , 
Que no estén prevenidos k la muerte 
Por librará tu bennana y defenderte. 
De Pedro , duque de Cantabria , el h(¡o 
Está avisado : espera; posque á feces 
No os'licito en la guerra errar dos Teces. 
Pues si el golpe s<' loffra , como espero , 
Contra el África vil , oe la montaña 
Rugiendo bajará el león de España. 

PELATO. 

;LDón(lo mi hermana está , que no la Teo ? 
Voy á buscarla , aunque se oponga el mundo. 

TRASA1IL':<(D0. 

Disimula un instante , porque creo 
Que aquí va á echar el resto la fortuna. 

(Yiue Pelayo.) 

ESCENA Vn. 

ZULE3ÍA, MUNüZA, con grande acompañamiento, 

T DICU08. 
MCXUZA. 

Hoy se ve llena la agarena luna 
De Jíion en la torre embanderada , 
Hoy la paz y alianza confírmada 
Se verá entre los moros y cristianos. 
Yo haré justiria indiferentemente 
Ku nombre del califa soberano. 
Entre unos y otros hoy establecemos 
La confederación con firmes pactos. 
Con finezas , con dádivas v estremos 
La amistad se confirme : hoy brindaremos , 
Y en señal de la fe que os he jurado, 
Tan recta es mi justicia , que forzado 
Mi coruzon piadoso, é iófurmado 
Por Prlayo , que muerte merecía 
Su triste bennana , en este mismo dia , 
Dando de mi virtud insigne muestra, 
Sin distinguir personas , juez severo , 
Abandonando aquello que roas quiero 
La s(>ntt>n('ié á quemar. Ya ejecutada 
Estaia la justísima sentencia. 

TRASAMU^DO. 

Cirios, ¿ qué escucho? 

FERRAXDEZ. 

¿Cómo tal violencia? 

■UXUZA. 

Esperad á Pebyo. 

CAODIOSA. 

i Av desdichada ! 
Ilonnrsinda infrli/. ! Ay malograda ! 
I Ay dulce hcruiuna y compañera mia 
En todos mis trabajos ! ¿ Esto h:tbia 
La suerte reservado á tu hermosura? 

FERRAXOEZ. 

Piéniase todo. 

TRASAXL-?(DO. 

Nada se aventura. 

MIMZA. 

Teneos, ó mis goanlias... Mas ¿qué es esto? 



EBGEIfA Vm. 

PELA YO , trayendo 4 TULGA, trota de cAütíbi 

ASTURIAROS, f DICHOS. 
PELATO. 

Esto es , infame , haber ya conocido. 
Por la vil confesión de un fementido. 
Tus traiciones ; ahi tienes al mahado 
Digno ministro tuyo ; ya ha apurado 
Por fuerza el vaso qáe me preparabas. 
¿De los terribles godos esperabas 
Otras dádivas que estas , aleTOSo? 

Arma , arma , mia alarbes y alHcanos. 

PELATO. 

Arma , cántabros mios y asturianos. 
(Ruido de guerra, y éntrame rtííeMio,) 
miüiizA (enttáuieee). 
Arma. 

TQLGA. 

¡ Indigno Munuza !' da tal docfio 
Y tal servicio , premio tal se espera : 
Con desesperadon ardiendo muero. 
¡El corazón de angustia se me airanea ! 
: Av qué dolor tan bárbaro me opitee ! 
Mil víboras me muerden las entraSas. 

(FcsfceyMMto.) 

E8GE1IA ce* 

ELVIRA , GAUnOSA. 

ELVIRA. 

¡Ay infeliz! Gandiosa, ¡ ay desgraciada! 
Los bárbaros verdugos de mi amada 



CAODHMA. 

ÍQué es esto, Elvira? : Ay cielo! ¿A tal eslreo 
A desdicha llegó de los cristianos ? 
¡Ay esperanzas y deseos vanos 
De nuestra libertad ! Mas dlme... cómo... 
¿Por qué á Hormesinda tan desamparada 
Dejaste eri tal augusta ? Di , ¿el malvado 
Precepto habrá ya sido ejecatado? 

ELVmA. 

Ya los ojos hermosos la vendaban , 

Y á la hoguera voraz ya la acercaban , 
(Uiyo estallido y ftiego conociendo « 
Tembló, y tiernos suspiros dolorosos 
De nuevo se escnchjron. Yo aparuda 
Fui con violencia , y á buscarte Tengo, 

Y á ayudarte á llorar. 

GAODIOSA. 

Pero ¿qué escucho? 
¿Qué estruendo de armas y rumor confuso? 
¿Qué roncos aubales y bocinas. 
Acercándose vienen ? ¿ qué bmentos , 
Qué asombrosa algazara y Toceria ? 
: Ay triste España! ¡Hoy es tu postrer día , 
Mas fatal que en Jerez 1 \ Ay oe nosotras , 
Espuesto el cuello al damasquino alfanje ! 
Ay ciclo santo, y qué terrible trancí* ! 
a hasta atpii llegan. ¡ Ay! aparta , Elvira. 

MOROS Y CRiSTiA!ios(riJi<rjuftf deuiro ¡. 

OX CRISTIANO. 

Hoy ya la España , ó bárbaros , respira. 

C7C VvRO. 

Desde hoy seréis con yugos mas pesados 
Conducidos á Siria encadenados. 

GADDIOSA. 

Elvira , I ay de nosotras infelices! 
¿Mas quién ,ó cielos , viene aquí ? 



ELVIRA. 



«iQué dice: 



üORMfiSlMDA. 



101 



ESCENA X. 



DA, Con ¡as cadenas rotas, GAUDiOSA, 

ELVIRA T SÉQUITO. 
GAODIOSA. 

9? ¿Es ilusión? ¿Cómo? i Hormesinda ! 

HORMESIKDA. 

e gracias á los cielos rinda 
ien ; puedo apenas esplicarlo : 
leDcla asi quiso ordenado, 
(oera fatal roe amenazaba , 
reís alU á Alfonso, que llegaba 
¡inetes ; el gallardo Alfonso , 
^edro , duque de Cantabria, 
ffriento combate ! ¡ qué terrible ! 
ó mis cadenas : sorprendidos 
los infieles... 

ESCENA ZI. 

I3ND0 apresurado, dichos f cristiakos. 

TEASAMUNDO. 

Ya vencidos 
ios ODoros con borríblc estrago , 
Mro Munuza , que esforzaba 
lada defensa , de Pelayo 
otado brillar la ardiente espada. 
itCD ferocísimos. ¡ «^lé asombro ! 
ntoso combate ! Al fin el moro , 
odo colérico y iremen'do , 
rao gemiido , y con horrenda herida, 
rostro de color de muerte , 
tierra el bárbaro espantoso , 
lofai rabiando en sangre t<nto , 
dose iiiqaieto , y con risajes ,* 
o abominable y horroroso , 
encía infernal yerto cadáver. 

GAUDIOSA. 

» castigo , y no venganza. 
cristiano la cabeza de mumza clavada 
liúMza.) 

TAASAinniDO. 

Ofrible cabeza en esa lanza , 

i , y arrastrando el cuerpo , 
i Uefm el valgo ai fuego 



Qae antes para Hormesinda fué encendido. 

TODOS. 

¡Albricias! que ya el cielo se ha apiadado. 

ESCENA Xn. 

PELAYO, FERRANDEZ, bichos t cbisturos 
can espadas desnudas, 

PELATO. 

¿Perdonas i un bermanno , que engañado 
Con tanto indicio , aunque por tiempo breve, 
Dudó de tu virtud ? 

BOMUBSnniA. 

Hermano mió 

(Atrdzanse.) 

FELATO. 

Digna de ser hermana de Pelayo. 

¡lu hermana! Mi Hormesinda, hermana amada.. 

¡Que logro verte viva y verte honrada ! 

BOaaESIKDA. 

¡En qué peligro estuve ! 

PELATO. 

Destilando 
Viene aun mi espada la caliente sanare 
De tu enemigo. I Vesla aun exhalando 
Kl último vapor? 

■OaMBSINDA. 

Dios soberano 
Volvió por mi kiocencia. 

PELATO. 

Pues lo allana 
Todo el cielo, marchad á Cobadooga. 
Desde alli la conquista s^ dispon^p 
De España , y escarmienten los tiranos , 
Y en su prosperidad no estén ufanos ; 
Ni jamás desespere el inocente , 
Pues Dios hace Justicia; y si enojado 
Nos castigó en jerez, ya se ha apiadado. 

COBO. 

iOh si pluguiese al cielo 

Que Pelayo lomse , 
Como ha logrado esta feln hazaña , 
La mas gloriosa de librar i España! 



LUCRECIA, 



trasoía. 



PERSONAS. 



LUCRRCIA, matrona romana^ mujer de 
COLATINO, Mobrino de Tarquino Prisco, 
TIU<:il>TlNO TARQUINO, padre de Lucrecia. 
SRXTO TARQUINO, MJo ae Tarquino el Soberbio 
ESPURIO LUCRECIO, apú de Tarquino, 



MEVIO, su adulador. 

VALERIO wnUO.imodeyúUrU^ammUedeai 

BRUTO LUaO JUMO. 

CLAUDIA, amauU dt ViOarh. 

FULYIA, amauk de Tarquino. 



La euona so representa en Roma, en el salón de Lucrecia. 



ACTO PRIMERO. 



E8GENA PRIMERA. 
TARQUINO, COLATINO. 

TARQUINO. 

Ya, Colatíno, hemos llegado ¿ Roma, 
Ya, como sabes, hemos discurrido 
Por la ciudad, y ya de la conducta 
De sus matronas vamos informados. 
Ya sé, que tantos nobles capitanes. 
Que por la patria «apuestos peleando 
El nmro pertinaz de Árdea cercan , 
Infelizmente tifen ensañados. 
Cada cual celebrando á su consorte, 
A las de los demás la anteponía. 
Pintando sa virtud y perfecciones ; 
Ya la docta esperiencia nos avisa 
Cuan frágil la mvijer y cnán mudable 
Es, Colatino, en todas sus acciones. 
Ya vistes como bailamos divertidu 
A algunas en chistosas asambleas, 
Cuando están en cam|Kiña sus esposos 
T(*niendo compasión del llanto de ellas; 
Pero la tengo yo mayor de esotros 
Cuyas mujeres en nocturnos juegos 
Esponen a una suerte el patrimonio. 
A algunas en los coros indecentes. 
Cual las bacantes de la antigua Tracia, 
Vem(»s dunzar con tor|)e movimiento 
Provocando al galán que la acompa&a ; 
Otras vimos prestar benigno oido 
Al desh(»nesto mozo, que cantando 
Junta con blando son verso bscivo, 

Y muchas, «lue ya el miedo abandonando. 
El infame adulterio consentían 

Aun antes de mirarse importunadas. 

Ponpie no haya maldad sm cometerse. 

Aun no qi]ien*n dorar con la disculpa 

De I» violencia un hecho tan aleve. 

No juzgo, Colatino, que á Lucrecia 

Tan iniiec<iitrmfnie entretenida 

Hallemos, qni* es de esotras diferente ; 

Se (¡ue es honesta, y que es también prudente ; 

Pero es al fin mujer , cuyo marido 

En su entender a Roma no ha venido, 

Y asiste en el ejército ; y segura, 
Poniue es ocasionada la* hermosura, 
Puf*de ser que, no aleve, cortesana. 
Por aliviar la ausencia a amor tirana. 
Alguna fiel visita haya admitido : 
Que en la (■í\ilidad es |)ermilido 

El trato Ririonnl, V no es seguro 

Que estés tan connado en miyer frágil : 



Pues 00 siendo contnria á mi decoro 
La urbanidad, al menos sospechoso 
Puedes tItAt de que aunque sin afrenta 
AlgUD carjfto licito consienta. 

GOLATniO. 

O TarquhM, qné bi^ na pcnfiadea 
Con voces habgikellas y suatos 
A que imagine ei daiko que está lejos. 
Para si acaso llegi no temerle; 
Pero estoy altamente satisfecho 
Del amor conyugal de mi Lucreciat 

Y no me bastan tantos ejemplares 
Como hemos Tisto , ni otras den mlUaies» 
Para que de sa amor yo desconiie. 

TAmomHO. 
No hay fe con un aosentCt ColatiDO. 

COLATOIO. 

Que hay en Lucrecia fe veris , Tarqnino. 

TAigODCO. 

Posible es que te Juzgues mas dkfaoao. 
Que todos los demis ; lamUen los otros. 
Lo mismo que t& aGiínas, aflimi ' 
Ya adviertes como entonces se < 

COUITUIO. 

Entonces dije , y te repito ahora. 
Que no eran menester palabras vai 
Podiendo remitirse á la esperiencia, 

Y pues con mayor prisa que pmdcnda ; 
A Roma , como ves , hemos venido, 

Y nos han ya mis lares recibido 
Con silencio en h estancia nia~ ' 
De mi casa, verás acreditadas 
Con obras mis palabras reftitadas 
Tanto por ti, quedando satisfecho 
Del noble conizon v casto pecho 

De mi Lucrecia flel y amada esposa ; 

Y pues en el ejército forzosa 
Nuestra fa'ta ha de ser , démonos prisa, 

Y antes que venga el alba con sa nsa 
Volvámonos á nuestros pabellones. 

TAKQCniO. 

Puesto que á la esperiencia te dispones. 
Mira que hemos de hacer, que obedecerte 
En todo determino. 

COLAimO. 

Ya la suelte 
Nos presta la ocasión, porque he sentido 
El quicio de esas puertas con ruido, 

Y m>sotros aqui , sin ser notados 
Podemos informantes retirados. 
Mira á Lucrecia sobre aquel tapete 
(>in sus damas velando en su retrete : 
i Ves? 



LUCRECiá. 



105 



TARQUIXO. 



Ya la veo. 



COLATMO. 

Escacha lo qae dice. 
ESCENA n. 

LCCRECIA, CLAUDIA, FULYIA, t dichos 
(retíradoi), 

LVCRECIA. 

¡ Ay de la esposa auseDte é infelice, 
Caro consorte en la enemiga tierra 
Sufre el rigor de la espantosa guerra 
Al frente de contrarios tan feroces, 
Solo por ensalzar la patria ! ¡ Oh dioses ! 
¡Santos genios domésticos ! ¡ Oh lares ! 
¡ Oh deidades de Roma tutelares ! 
Avasallad las bárbaras naciones. 
Que su yugo resisten , no los nobles 
Lechof desamparéis de las romanas. 
Que en triste idndedad temiendo viven ; 
Sea á la patria el muro ya rendido, 
Y Colatino á mi restituido. 

GLAUMA. 

Temph, hermosa Lucrecia, el sentimiento, 
No con ligrimas ajei tu hermosura. 
Que presto vendrá tiempo en que triunfante 
Llegue áRoaa feliz tu esposo amante. 
Pues ya por largo espacio defendida 
No puede ser, según está oprimida 
La barban civdad ya temerosa. 
De injustas almat pertinaz albergue. 

FOLVIA. 

De su ignorancia el cielo ya apiadado 
Permitirá que advierta cuánto ha errado 
Eo no admitir por dueño á la ^ran Roma, 
Pues no absoluta Iil>ertad se iguala 
Al timbre her6ico de vivir rendido 
A la ciudad que Rómulo ha erigido. 

UJCRECIA. 

¿Oísteis por ventara algunas nuevas, 
Paes v(»6otras soléis oir bastantes, 
Del ejercí to nuestro ? á Habrá empezado 
A ser del ariete atormentado 
El muro infiel ? ¿Acaso nuestras gentes 
Con fuegos de alquitrán resplandecientes 
Abrasanin las fabricas soberbias 
Contra Roma y el cielo levantadas ? 

Oh nación dura! ¡Oh pueblo enftirecido, 

^ue obligas á olvidar el dulce nido 

n eterno dolor de las romanas 
A los patricios nobles ! ¡Cuánto temo 
La juvenil intrepidez y el brio 
Del bizarro y galán esposo niio ! 
El en toda ocasión será el primero. 
Que el pecho heroico esponga al duro acero 
Con sobresalto mió y honor sayo. 
No durarás en pié mucho, rebelde 
Indómita ciudad , si Colatino 
Combate audaz tu maro <&imantino. 

CUVDIA. 

La patria en él se mh^ como espejo 
De la fe , del valor y del consejo. 

LUCRECU. 

Ahora es menester, doncellas mias, 
Que os apliquéis con diligente mano 
A conclair al son de mi suspiro 
La clámide con púrpura de Tiro, . 
Que ha de vestir mi esposo rozagante 
£l dia venturoso que triunfante 
Volver le mire Roma , coronado 
Del eterno laurel de Febo amado ; 
Pero dejadme sola v encerrada, 
En tanto que con lágrimas bomiides 
k los cielos mil súplicas envto. 
Porque me restituyan el bien mío. 



fe 



ESCENA m. 

COLATINO,TARQUiNO. 



¿Has visto? 



Si. 



COLATIXO. 
TARQDLNO. 
COIJlTi:fO. 

Qué dices? 

TARQOINO. 



Quedo absorto. 

• COLATmO. 

No te respondo porque el tiempo es corto ; 
Pero antes de marcharnos determino. 
Que no quede sin verle Triciptino, 
De mi casta Lucrecia padre anciano, 

Y padre de la patria ; su prudencia 
Retínó con larguísima esperiencia. 
Ensalzando el honor de tus abuelos, 

Y sentirá no vemos, y ofrecerte 

Su hacienda y su persona hasta la ma^e. 

ESCENA IV. 

TARQUINO, ESPURIO, MEVIO; 
TAnonoio. 
¡Válffame el Cielo ! ¿ Qué invasión de dudas. 
Qué furioso tropel de confusiones 
Mi triste corazón lian inquietado ? 
: De cuántos pensamientos agitado, 
Mi espíritu vacila ! ¿A qué he venido? 
¿Qué he visto? ¿Qué me angustia? ¿Quién me ha herido 
Con rayo celestial ? 

ES Pimío. 
Sei^or. 

MEVIO. 

^^ , . Mi dueño, 

¿Qué tienes? 

ESPURIO. 

Lo qoe miro ¿es cierto, ó sueño? 

TARQUnfO. 

No es sueño, amigos, ojalá que fuera, 

Y yo quieto en el campo me estuviera, 

Y no hubiese venido adonde creo 
Que victima he de ser de mi deseo. 

ESPURIO. 

Si acaso, pues merezco tu privanza, 

Y me juzgas capaz de confianza, 
Puedo en alguna cosa yo aliviarte. 
Con fe leal te juro aconsejarte. 

MEVIO. 

Yo aunque indigno, señor, tus escepciones. 
Tus favores logré no pocas veces : 
Alto agradecimiento en mi ha durado, 
Siempre fiel me tuvistes á tu lado , 

Y si esta vida á tu servicio pronta 
Hubieses menester, para eso solo. 
Desde Árdea, como sabes, te he segm'do ; 
No dudes de mi amor. 

TARQDIIfO. 

iVgradecído 
Me confieso á los dos, de los dos tengo 
Satisfacción ígpual ; ya me prevengo 
A descubrir mi pecho : A Roma vine... 
(¿Estamos solos, nos escucha aigmio?) 

ESPURIO. 

Ninguno percibir puede tus voces. 

TARQUlIfO. 

A Roma vine, y vi á Lucrecia herniosa , 
¡ Oti cuánta perfección miré en ug punto ! 
En ella vi un dechado y un conjunto 
De toda la beldad que el mundo tiene, 

Y aun dudo si él prodQo tal belleza. 
Rindiéronme sus ojos; recogida 
Estaba en sus labores divertida. 



lOf 



OBRAS ÜE MORATIN (D. Kicous). 



Llorando por la ausencia de su esposo; 

Me robó mi quietud y mi reposo. 

Aun mas su honestidad que sa hermosura; 

Si tnn rico tesoro no poseo, 

¿!)tí (lué nic sii-vti ser de la alta^^stirpe 

1)(; los valerosísimos Tarquines? 

1)0 ({uc el huber domado á los jabinos 

dm industria y heroico atrevimiento? 

No hay mas remedio al grave mal que siento : 

Nuda reparo, nada me acobarda, 

Al tif nqM) solo acuso uor(|ue tanla. 

La industria, el interés, o la violencia 

Me han de ayudar, no basU resistencia 

Para mi intrepidez y mi denuedo; 

Ni á Colatino temo, ni k los suyos. 

Ni aunque lodo el ejército conjare. 

Ni temo el ser escándalo & mi patria, 

Ni escuso por mi gasto destndna. 

Ni con voraces llamas consumirla. 

Ni el baldón, ni la infamia me horroriza. 

Ni el mirar zozobrando el Capitolio 

En onda^ puras de inocente sangre. 

Ni me acobarda el riesgo, aunque evidente , 

Ni la muerte, ni el cielo.... 

ESPURIO. 

Se&or, tente, 
¿Qué dices? ¿Quiín te priva del sentido? 
¿Qué loco frenesí te ha poseído? 
; Oh , cuántos infortunios considero 
giic están va amenazando! ¡Oh Patria! ¡oh patria! 
i Oh antigua libertad ! 

MEVIO. 

Lo que ha pedido, 
Espurio , nuestro principe no ha sido 
Hrprension, que al vasallo no compete; 
Conhejo te piJlió, [ara que logre 
<:«)ii el sigilo y brevedad posible 
Su intento, que a un monarca es consequible. 

r.sPi'Rio. 
No hallará en mi Tarouino consejero , 
ijue con semblante falso y lisonjero 
Medrar procure á costa de su mina : 
Mi fe, mi gratitud.... 

TAKQViyO. 

Este no es tiempo 
De cuidar de otra cosa: que mi vida. 
Si no logro mi amor , está perdida. 

Esranio. 
4 No consideras? 

TURQUINO. 

Nada considero. 

ESPURIO. 

¿ No quieres escucharme ? 

TARQUINO. 

Nada quiero. 
Sino es solo mi amor. 

ESPl'RIO. 

Pero ¿es posible, 
Que con tal prontilud le haya rendido, 
dual repentino insulto, 6 cual desmayo? 

TARQUINO. 

Es el amor de condición do raya. 

ESPURIO. 

Ni» os eso amor, es bárbaro deseo, 
Y el |«iiii(-i|M' nKi^nanínio no debe 
Dij.ir 4|ue indigna una |»asion le arrastre; 
lil del)e doniiiKir a luí las ellas. 

A^i lo dispus^M'on las estrellas. 

i.sriRio. 
Aunque inclinen, al sabie no compelen. 

TARQL'150. 

A mi el eielrt y pI hado me hacen fuerza. 



ESPURIO. 

¡Cuan bien yo la desgracia prevenia 
Desde el punto faUl que la porfia 
Malvada se empezó, mojado el seso 
Con el licor ferviente y espumoso 
Que en las Carquesias pródigas de Bmo 
Brindó la ociosidad y el desatino ! 
Considera el escándalo, Tarquino, 
Que á Roma vas á dar: ¿qué dirá Roña 
Al ver xiue sus matronas mas honesias 
Mientras que sus esposos en campaña 
Al p^igro la amable vida esponen. 
No se ven libres de suIHr la iniuria 
De la barbaridad de Ui lojuria?^ 
¿Qué sentirá su esposo ColaÜDoT 
¿Qué dirá el noble anciano Mdptino? 

TABQurao. 
No vivo de stt9 dichos yo pendiente. 



¿Qué dirá el grande Bnito» de b patria 

Y de la libertad de sus patrictea 
Defensor obstinado, si tus vicios 
Annenoran tal vez su atrevimiento T 
¿No ves su militar furor violento, 

Y cómo esUn de Roma bs legiones 
Debajo de su mando y su c ondncto? 

TABQUnO. 

Son Taños los peligros que me espooes : 
¿Quién se pueoe atrc^'er al soberano? 

ESPUUO. 

Responda Amulio, y Numitor 
\ Alba longa, de Aséenlo 
Con la tirana sangre rodada. 

TARQUOIO. 

No fué el amor autor do esa 

ESPURIO. 

Es causa de mayores infortonios : 
El conmovió las espantosas armas, 

Y envuelta en odio y en engafio griego 
Llevó á Troya el amor desatinado 

La cólera de Aquiles indignado. 

TARQOINO. 

Menos sabio pretendo y mas sumbo, 
Espurio, al inferior; de mi presencia 
Te aparta al pimío. 

ESPURIO. 

Triste te obedeieo. 
Porque es para tu mal. 

E8GEIIA ¥. 

TARQUINO, MEVIO. 

MEVIO. 

Ya que mereico 
Tan noble distinción, manda y ordena : 
¿ En qué puede senirte lu cliente ? 
¿ Qué presumes bacer ? 

TARonxo. 

Deja primero 
(Confesar que lo justo y venladero 
Espurio me amonesta : ¡Oh cuánta 1 ¡oh ctt 
Razón y fuerza la verdad desnuda 
Tiene, aunque hallada en boca humilde y n 
Bien la conozco, y no puedo abraaarb , 
Mi amor me trajo al mas funesto estado 
Que arrojar á un amante puiio el hado. 

■EVIO. 

Mira, señor, por lu preciosa vida. 
Que mas (|ue no el Iiunor de Colalino, 
Ni de Lucrecia importa; ¿qué te inquieta? 
No es gran dificulud la que pretendes. 
No es combatir á la ciudad de Niuo 
De sus floridos muros coronada : 
(ina frágil mujer desamparada 
Ha de ser lu enemigo y lu trofeo ; 



LUCRECiA. 



105 



& alta empresa ta deseo. 
, señor, licito es todo 
:are. 

TABQVlüO. 

Con que de ese modo 
ré de injusto infame nombre? 

MKVIO. 

ijo puede haber que asombre 
real. 

TARQCINO. 

No, no prosigas, 
le menester que mas me digas. 

HEVIO. 

ierto el disimulo cauto; 
larás los altos montef , 
I aqut viene Triciptino 
lo que tu bien usurpa, 
*o hasta el umbral , Tarquino, 
pjo mas; en mi confia 
Ittd solicito pretendo), 
ite y que leal te atiendo. 

E8CE3VA VI. 

rmO, COLATINO , TARQUINO. 

TEicirriNO. 
na el joven valeroso , 
su patria, sea venido 
r los blasones de mi casa 
sencia : anduvo muy escasa 
fortuna hasta este dia , 
i concedió á mi bizarría; 
o se iguala al honor grande, 
Dsigue el anciano Triciptino 
ledaje al hijo de Tarquioo. 

TARQUINO. 

io debido á tus hazafias 
rores escepciones; pero 
;uyo amparo y honor eres, 
fts estatuas y altos arcos, 
e tus triunfos erigidos, 
orml. 

TUICirTllCO. 

Se ven cumplidos, 
esperanza, mis aeseos, 
ncebos Ínclitos, volveos, 
ria privéis de vuestro auxilio. 

COLATIKO. 

4dre, que ¿ Lucrecia vea, 
me veráis volver á Árdea. 

TUCIPTncO. 

ilidtd te maniOesta 
gabinete retn*ado : 
jioo, la matrona honesta, 
il ta abuela fiel traslado. 

ESCENA Vn. 

i, CLAUDIA, T DICHOS (demados), 

LCCRECU. 

cea el incesante lloro, 
porfiado ni escesivo , 
o causa un esposo que está ausente. 

CLAUDIA. 

!ce ; pero algún consuelo 
o corazón consiente : 
d no es justo que estragada 
r to angustia inconsolable. 

LCCRECIA. 

I ! tengo yo por variable, 

a fe no guardadora 

a mujer, que fiel no llora 

as ÍDcesaiitemente, 

dulce esposo tiene ausente : 

ifeliz á llanto eterno 

seocía vivo condenada; 



Ni me consuela ni divierte nada. 
Mas siempre la memoria me fatiga. 
Representando ¿ mi querido esposo, 
Cuyos amores solicito en vano, 

Y es tan intenso este dolor tirano. 
Que á la tenacidad de su tormento 
Me falta (; ay cielos !) el vital aliento. 

COLXnNO. 

Recóbrate, Lucrecia, esposa mia. 
Ya vengo, aqui me tienes amoroso; 
Consuélate, señora. 

LUCRECIA. 

iVelOvófueño? 

COLATCVO. 

No sueñas, qna yo soy. 

* LbCRKCU. 

Mi bien, mi dueño, 
Colatino, mi amor, mi dulce esposo, 
¿A qué vinistes ? 

COLATUfO. 

A volverme al pimto. 

LUCRECU. 

¡Cuándo el mal con el bien no llegó junto 
A un corazón amante! ¿A qué has venido? 

COLATÜfO. 

¿No en el joven real has reparado 

be quien para honra nuestra vengo al lado? 

LDCIECU. 

La vista apacentada solamente 
Kn ti que eres su objeto, nada ha visto 
Sino es á ti, Tarquino; tú perdona 
La licita pasión de una matrona. 
Del amor conyugal ejemplo casto. 

TARQUINO. 

El tiempo solo en admirarte gasto. 

COLATinO. 

Lucrecia , á lo que solo yo he venido , 
Acompañado de Tarquino, ha sido 
A admirar tu recato y tu modestia. 
De la do su consorte cada uno 
En las tiendas estaba hoy altercando, 

Y con viva pasión exagerando. 

Yo dije : á las palabras solamente 
No creáis, remitidlo á la esperiencia; 
Vínimonos aqui con diligencia... . 

TARQDOIO. 

Y vimos que mereces mil coronas. 

COLATmO. 

Ejemplo de casiitimas matronas. 

LOCRBCU. 

Yo me retiro á que loa tantos dioses 
Miren mi graüti¿d. 

TRICIPTIHO. 

Y yo c<»itigo. 
Que de tan gran fortuna soy testigo, 

E8GERA Vm. 

TARQUINO, COLATINO. 

COLATIÜO: 

Nada me digas. 

TARQUmO. 

Callo, y te obedezco. 

COLATllfO. 

Pues aun hay mas que ver. 

TARQUIHO. 

No, Colatino, 
Hacer mayor pesquisa determino : 
He visto que Lucrecia, al fin romana, 
Es única en la fe y en la benDOsara. 



106 OBRAS DE 

GOLÁTUIO. 

Desengaños mayores te procura, 
TarquiDO, mi deseo. 

TAIIQ0I5O. 

Salisfécbo 
Estoy, y conTencIdo. 

COLATUIO. 

No repugnes, 
Qae procuremos ver otras matronas. 

TARQUIIVO. 

Por ahuyentar recelos de tu pecho 
Te sigo, aunque forzado. 

COLÁTUIO. 

Vamos, vamos. 
TABoeno. * 
En vano competir otra belleza 
Con ella inleotará : yo estoy rendido, 
I^crecia, á tu hermosura mas que humana; 
Yo infeliz procuré ocasión de verte , 
Y esta cunosidad ser¿ mi muerte. 



ACTO SEGUNDO. 



ESCENA PBmiEEA. 

FULVU, CLAUDIA. 
rcLvu. 
No juzgué que Valerio te debia 
Tanto cuidado, Claudia, como dices. 

CLACDIA. 

Fuhia, con él espera mi deseo 
Unirse al }Ugo santo de bfaneneo. 

rotnA. 
Nunca do mi amistad te he dado muestras 
Mayores que las que hoy pretendo darte. 
Pues un secreto quiero revetorte. 
Que siempre en mi interior tuve guardado. 

CLACDU. 

Serái con gratitud recompensado» 

Y con silencio grande retenido. 

rULTU. 

Si i otra menos prudente que t6 ftiera. 
Tal cosa no dijera, que peligro 
Muy grande me será que se publique. 

CLAUDIA. 

Si algún consejo es menester que aplique. 
No te le negaré. r ^ . 

niLvu. 
Pues sabe, Claudia, 
Como es Tarquino oculto amante mió, 

Y en sus promesas y en su amor confio 
Que de Roma he de ser jurada reina. 
Cuando llegue á empuñar su augusto cetro: 
Por verme sobmente he presumido 

Que del acampamento bava venido. 
Aunque otra cosa con engaño finja. 

Y no te maravilles de que aspire 

A presumir ser reina, pues lo fueron 
Ya mis antepasados; descendiente 
Soy, como sabes, del antiguo Evandro, 
Con cuyo auxilio el fugitivo Eneas 
Dejó á sus nietos de Satunio el Lacio; 

Y no presumo que mi amor desdeñe. 
Pues no me escede, ni en la noble sangre, 
Ni en otros dotes, Claudia, no tamaños. 

CLAl'DIA. 

Pero te escede, ó Fulvia. en los engaños 
Con que á tu sencillez burlar pnicura. 
i Ah ! :quc no le conoces cuan aleve, 
Cuan fulso engañador y liaoojero 
Tiene el semblante, y cuan mgrato y fiero 
El doble corazón, lleno do astucias! 



MORATIN (d. NICOLÁS). 

¿Posible es, Fulvia amka, que iaiagia 
Aunque de abuelos ioclitos Masonea, 
Que el intrépido ardor de sus pasio 
lia de rendir á la razón TarquinoT 
¿Y que por fin A sola una belleza 
Sujetará su irracional antojo? 
No permitan los dioses que da 
De su cautela ser te mire dau 
i Oh , cuánto yerra la doncella iocanta 
Creyendo el llanto del fingido amante. 
Que no repara en aumentar promesas ! 

FULVIA. 

Mucho en mi desengafto te imereaM: 
Tanto debes de amarme, Claudia amiga. 
Cuanto á él aborrecerle. 



¿Por qué T 



Ahora veril si yo fliereieo 
Que tú cualouier secreto no me celes. 
Pues con saber tu amor no me rehuso 
De ponerme á peligro que reteles 
Lo qu9 voy á decir. 

roLvu. 
En mi confia. 



Leaboireieo. 

FULVIA. 



Mi padre en posesión qnleu regla 
La opulenta dudad de na gaUnoa, 
Los gabinos feroces y gnemroa 
En ¿speras batallas indoniableai 

Y en arrolarse al riesgo loa primeree. 
Aqui llego una noche acengi^ado 
Taniuiíio aleve, engallador malvado 
Con no menor astucia y disimulo. 
Que el ingrato Sinon. que á Trqya aolo 
Fué, lleno el pecho de traición j dolo. 
Arma tocó h juventud gabina 

Al instante que cerca le miraron, 

Y con presto furor desenvahiadaí 
Las fúlgidas espadu relumbraran. 
Maudme, dyo a voces, ó nbinos, 

A mi el mas infeliz de los Tarquinos. 
Ningunas armas jugaré en defensa 
De esu angustiada y miseryíle vida , 
Sin razón de los míos perseguida 
Por voluntad de mi soberliio padre. 

8 lie ansiosamente por mi fin anl 
I con azote rígido mi espalda 
Cruelmente, como vds, ha castl^ 
Dijo : y las volmiurias cicatrices 
Les mostró á los gabhiea infelices. 
Ajenos de juzgar que sus beridM 
De propósito fuesen recibidas. 
Para engañar mejor su piMted slnpln. . 
Recíbele mi padre, y los maipiBles 
Admitiéndole amigo le abrasaran, 

Y las manos derechas se apretaran ; 
Pero él ingrato al Ínclito beapedi^, 

A Tarquino el soberbio un nuodo envb, 
Pidiéndole consejo depravado. 
Porque con él al punto i' 



Vender injusto la du^ gallina. 

Encuentra al duro padre el nrensí, 

En an jardin ameno, y con b espada 
Los vastagos mas altos y macollas. 
Sin resfionder, al suelo derribaba. 
Sábelo el hyo, y dice : ya comprendo 
La mente de raí padre, y furibundo 
Reduce la ciudad i lañ> Inmundo 
De senatoria y de patricia sangre ; 

Y en tanto las murallas sin dcrensa 
Sus ¡(revenidas huestes asaltaron, 

Y de ellas con traición se apodtraren. 

Y no contento de hecho tan inCime, 
Solicito pretende que yo le ame. 
Sin advertir, «me Ikfo y alcveeo 
Huerica me dejó con mano Inpin. 



LUCRECIA. 



407 



nisma vi los dintM filos 
ible espada ensangrentarse 
ir con Ímpetus crueles, 
eLcia de mi propia madre, 
gaobi de nri anciano padre, 
^le piedad llevó tal premio, 
tú, rulf ia, mis razones, 
las bay para que ansiosa 
Tezc», y para oue tú temas 
Kfiar de on pecno fementido. 

FULVU. 

laudia, queda agradecido 
tencia tal; y sospechosa, 
aré desde boy en adelante, 
adero ó si es fingido amante. 

CLAUDU. 

juigoes, que por solo verte 
|uino á h ciudad venido, 
ra maldad le babr¿ traído. 

FCLVU. 

ier suerte, Cbudia, te prometo 
mis dudas con secreto. 

ESGElfA ■• 

VALERIO, CLAUDU. 

VALEIIO. 

b venida de Tarquino, 
a proceder injusto ignoro, 

dejé ; los altos dioses 
ieron, Claudia, ¿ tu presencia : 
oso estoy de su Insolencia, 

(O k asistirte, y saber quiero 
ira el amor tan verdadero, 
es de partirme. 

CLAOniA. 

Las doncellas 
e ihis|re y generosa sangre 
ío sonmente su fe entregan, 
an la fe que ban entregado, 
Tarquino intrépido y osado 
¡procuró, mi pecbo bieróico 
;oo desdenes su osadía, 
as mi pundonor que su porfía. 

VALERIO. 

, poco atento á tu decoro, 
líente fué? ¿ Qué dices, Claudia, ? 
iendo mi amor, ¿ cómo este aleve 
i Publicóla se atreve ? 
que á mi vos y á la de Bruto 
laslegiones maniplares 
obedientes? ¿ Duda acaso, 

1 hado contrario le amenaza ? 
TedijerOD las estrellas, 
rquino imperio : ya asaltada 

I de tu padre, y aquietada, 
•8 solemnes se ofrecían, 
ma sierpe con ral)iosos ojos 
1, con boca silbadora, 
pnro84:andose de en medio 
oros atures, y apagados 
íriosos fuegos, arrebata 
los espuestos intestinos 
íiiistro solicito espiaba, 
eferentes y medrosos 
n, y el oráculo responde : 
»culo de paz diese primero 
Iré, será este el verdadero 
rencedor ; la turba frágil, 
fácil y engabosamente 
ecipítada, y cada uno 
madre de paz ósculo santo. 
Bruto fueron advertidos 
los misterios no entendidos ; 
le las cautelas y asechanzas 
rbio Tarquino se lil>rase, 
se arrojó disimulado, 
idre común besó amoroso, 
it se mostró Febo servido. 



Y sí Tarquino injusto no ha entendido 
Que aun tiene Roma espíritus romanos 
Queridos de los dioses soberanos. 

La vez primera (pe agraviarte intente, 
Las iras, los enojos de Valerio 
Será bien que el tirano esperimente. 

CLAUDIA. 

A Lucrecia, Valerio, he divisado, 
No me será placer que aqui te vea ; 
¿ Volveremos á vemos?" 

VALKRH). 

Luego, Claudia, 
Primero que al ejército me marche. 

CLAUDIA. 

Guárdete el cielo. 

VALmilO. 

El cielo te prospere. 

E8CE1IA ni. 

CLAUDIA, LUCRECU. 

LUCBECIA. 

La suerte haga de mi lo que quisiere ; 
Ya no pretendo alivio ni consuelo* 

CLAUDIA. 

Ahora te oigo quejar sin causa al cielo, 
Pues ya te concedió ver á tu esposo. 

LUCBECU. 

Si ; ¿ mas no .ves con cuan poco reposo 
A la ciudad los dioses le han traído? 
Aun si ha sido ilusión estoy dudando, 

Y llego á imagmar que no le he visto. 

CLAUDIA. 

No volverá al ejército sin verte. 

LUCRECIA. 

Lo que quisiere baga de mi la suerte. 
ESCENA IV. 
TARQUINO, CLAUDIA. 

TARQUUfO. 

Claudia, si haber venido á verte solo. 
Abandonadas las romanas huestes, 
Merece algún favor, solo deseo 

V Que seguir á Lucrecia me permitas ; 

' A la patria y á mi dédrla importa... 



Mientras no esté delante Colatino, 
O el padre de I^ucrecla TYiciptinow 
En vano solicllas que te escuche. 

TAAQUOIO. 

Lucrecia me conoce, y yo bien puedo... 

CLAUDIA. 

No puedes, porque á nadie es permitido... 

TAItQUIIfÓ. 

A mi me es permitido entrar... 

CLAUDIA. 

Te engañas. 
TARounco. 
Donde Lucrecia esté. 



V. 

FULVIA, TARQUINO. 

rULVIA. 

No se permite, 
Tarquino, que nfngnn amante mió 
A costa de mi afecto y mi desaire. 
Ver otra dama en mi presencia intente. 
Mientras no se confiese fementido. 

TARQUnO. 

Fulvia, si para amarla hubiera sido 
Mi pretensión, á ti le agraviaria; 



iOa OBRAS DE NORATIN (d. mcolas) 

Poro como Intereses de la patria 
A tal soUcilnd me compelían. 
No juzgué que tu cólera escitasen 
De la causa común las pretensiones. 



: Ah Tarquino! Si piensas (me yo ignoro 
l)ü tu ingrata cautela el doble trato, 
Por mas que disimule con recato 
Indicios que 5a llegan á evidencias, 
Comprobados con largas esperiencias, 
Te engañas, porque ya tus procederes 
No pudieron estar mas tiempo ocultos 
A quien de averigaarlos se mteresa. 

TAROtmo. 
O FulTia, para mi tan nueva es esa 
Espresion, que no sé qué responderte. 

CLAUDIA. 

Con tu maldad delante tiemblas verte. 

TARQvnro. 
¿ Qué maldad ? Pues ¿ en qué yo te he ofendido ? 

FULTIA. 

¿Eso preguntas? Dime: ¿á qué has Tenido 
Del camiK) ¿1 la ciudad? 

TARODIHO. 

A Terte solo. 

FDLVIA. 

¿A verme solo? Dame algún seguro. 

TAKQCIIirO. 

Lo juro por los dioses. 

FDLTU. 

¡Ah,peijuro! 
i. Asi para que apoyen tus engaños 
Citas a las rccUsímas deidades? 

TARQÜIÜO. 

Crédito ellas me dan , tú me le niegas ; 
Dudo cómo poder satisflacerte. 

FOLTIA. 

Si libre de mis xeioi' quieres Terte, 
Cúmpleme una palabra que has de darme. 

TAIOOINO. 

A todo cnanto quieras obligarme 
Para satisfacerte, no reimso. 

FULTU. 

Pues supuesto que i Roma solamente 
Por verme, como dices, has venido, 

Y ya verme por fin has conseguido, 

Y ac/i uü te condujo mas intento, 
Que vuolvas al ejército al momento 
Es lo que mi recelo y mi amor pide. 

TAIODIHO. 

Nn sé por qué pretendes apartarme 
De tus divinos ojos , FulTia mia. 

FULVIA. 

Por solo acreditar tu alevosía. 



El irme lo será. 



TARQUIXO. 



rCLTIA. 

No has dt? engafiamie 
Con aleve ficción ; nada le pscuchn , 
Porqui* si Ter no esperas otra dama 
Mas q\w la (|ue tu afecto dices ama , 
Al campo tomarás , sin darme plazos , 
Par:i V(>nir mas digno de mis brazos ; 
Mas si en Roma te quedas esta noch«^ , 
Tú lograrás el fin á que has venido. 
Persuadirás tu amor , que yo no croo, 
A la infeliz que digas que' es tu amada ; 
Pero yo quedaré desengafiada. 



CMENA VI. 



COLATINO, TARQUINO. 

COLATIlfO. 

Tarquino , ¿qué motÍTo ha ocasionado 
Que desampares tú mi compafiia? 
¿Estábate tan mal ir á mi lado? 
¿ O te avergüenzas de que la gran Roma 
Al hijo de mi rey conmigo vea ? 
Pues no te avergonzaste en la pelea 
(Aunque el decirlo no me es decoroso ) 
De asistir á mi lado en el fogoso 

Y aventurado aprieto del combate. 
Alli no te eché menos , y aqni al panto 
Que tuviste ocasión de mf te apartas 
Iffoorándolo yo, quete guiaba ; 

Y después que por Roma te be buscado 
En vano , de tu vida culdadoio , 
Debajo de mis techos te he eacoatrado ; 
Para venir á honrarlos no imagino 

Que de mi cautelarte necesites , 

Y yo no sé tu accioo á qué atiflmya. 

TAKQUmO. ^ 

Solo á malicia y vA presnndoo tuya , 
Porque yo no atscurro que un acaso 
A nadie ocasionar pueda sospechas. * 

COLATmo. 

¿Pues qué acaao infellx te ha sucedido? 

TAIQDIMO. 

Solamente el habérteme perdido , 

Y aunque por la dudad yo te he bascado. 
No me ha sido posible haberte haUado « 

Y vinete á busciir donde pensaba 
Que era preciso que acodir dcbieies. 

COLATWO. 

Tarquino , ello será como quisieses , 

Y pues que satisfechos ya nos n 
Volvemos al ejército podemos.' 

TABQOJIIO. 

Volvámonos; mas ¿goé ocasSon k Broto 
También le pudo á Roma haber traído ? 



BRUTO, TARQUINO, GOLAUN 0. 



El amor de la patria , qae perdido 

Miro en vosotros, i Oh desgracia nestra ! 

Y ¡ohdesfpciadeRoBial ¡Qoesithgos, 

A quieu ella Juigó por los mas fjot 

Apoyos de su firme consisteacla. 

Asi Ui desamparen ! ¿Gaál 0190000, 

Tan grande os arrastró del campo i Rooia? 

¿Os rendísteis acaso álaCiÜga 

Que el áspero ejercicio de la goem 

Produce en los medrosos comoaet ? 

¿Asi desampanis los escoadronet , 

Que de la patria el nombre soberano 

Dilatan por los términos de Esperta , 

indómitas naciones domefiando? 

No es esta Roma , no : Roma es aqoelb ; 

No es tanto Roma el boque suntooso 

De ediíicios soberbios adornado. 

Cuyas campiñas fertiliu el Tibre, 

(^.omo aquel noble ejército famoso 

Formado de sus hqos escogidos. 

Que el nombre angosto y la opinión romana 

SostiPHon , á morir apenábidos. 

Allí asistir debéis, alli el honroso 

Laurel se adquiere , y no en el pereaoso 

Tálamo.conyugal , que aunque no obsceno . 

Con licitas placeres afemina. 

áNo advertís |>or ventura la rvina 

A que sin capitán están espnestas 

Las huestes que dejais desamparadas ^ 

¿Por íjaó adalid juigais serán maor'^''-' 

Si el atento enemigo las embiste 

De \ucstra sinrazón aprovechado? 



LUCRECIA. 



109 



así el gran Rómulo olviüaflo 
>VL deber; al crudo bielo 

es del invierno riguroso 
bina lanza sofrió armado. 
ido á la escelsa monar([uía , 
undo rendirá , dio fuiulamento ; 
jra en vosotros tal intento, 
por ventura, que los hados 
»eñabrou por cabeza 
Tso , cuando fué una hallada 
■y erguido se aUa el Capitolio? 
isolros el romano solio 

1 esplendor , ni sois romanos , 

C0LAT150. 

Romanos somos , no la afrenta 
* ha de ser. ¡Qué ! Bruto, ¿ intenta 
) vilipendio tu osadía 
T la nobleza y sangre mía , 
a amistad el nudo santo ? 

BRUTO. 

liero decir ; pero no tanto. 

TARQÜINO. 

mi tu oración no me comprende , 
Je mi pensar el tuyo dista ; 
uve del ejército Tarquino , 
I las batallas Colatino. 

BROTO. 

qué os detenéis ? 

TARQÜIKO. 

No de Lucrecia 
ra apartar menos airoso 
que da lugar la cortesía. 

COLAH^O. 

tan urgente no querría 

?s tan atento : en despedirme 

tipo he de gastar que á Roma debo : 

' á caballo voy al punto. [Vase.) 

TARQCKCO. 

anidad. 

BRCTO. 

¡ Oh gran romano ! 
de tu patria ! El soberano 
re de los dioses celestiales , 
triunfos al deseo iguales , 
has con tu ejemplo ya ensenado , 
|ue reine en el pecho enamorado 
Diosa consorte regalada 
afecto, dulce y verdadero, 
ie la patria es lo primero. (Vase.) 

TARQUI50. 

I seguir ; roas no , no desconfío , 
:|ne se frustren mis intentos , 
lusencia y mi enpno me asegura 
r de Lucrecia la iiermosura. 



ACTO TERCERO. 



ESCENA PRIMERA. 

MEVIO, FULVIA. 

HEVIO. 

rbe un afecto despreciarse 
e, Fulvia ingrata , como ol uno ; 
a ser d»»spreció tudes\íí> 
ie mi sangre y mi persona. 

FIXVIA. 

ef to tu mérito se abona , 
debieras ser tan atrevido , 
jo de tu rey, que te ha ascendido 
ra que tanto te envanece, 
de aspirar á competirle 
ccion despótica del gusto : 
e y que acaso será justo , 



6' 



que enseñada á escuchar quejas reales. 
Las baja» de un vasallo desiguales 
Benignamente admitan mis oídos? 
Si Tarquino tu esceso no ignorara, 
Tan opuesto ¿ su amor y ¿ su designio , 
Aunque tn en su privanza te confias , 
Despojo de su cólera serias ; 
¿Y aun á decir te arrojas que me quieres? 

MEVIO. 

¡ Oh loca ceguedad de las mujeres ! 

¡ Que siempre al verdadero y íino amante , 

Cual yo lo soy, menospreciáis ingratas, 

Y estimáis al que falso y halagüeño 
Solo alef^a por mérito el engaño ! 

Pues que , el mal que amenaza tan estraño 
A Roma, ó Fulvia , ¿no llegó á tu oído? 
A mi suspiro solo es prohibido 
^ue pretenda llegar á tus orejas? 

FtlLYIA. 

En grande confbson , Mevio , me dejas ;• 
¿Qué mal está k la patria amenazando? 

MEVIO. 

No imagino posible que lo ignores, 

Awique ha poco que el mal tuvo principio. 

Tarquino ciegamente enamorado , 

La nutria , el riesgo v cielo despreciado,. 

La beldad de Lucrecia solicita 

Con bárbara intención y atrevimiento. 

Algnn insulto rápido y violento 

Verás en deshonor de su hermosura. 

Entonces quedarás, Fulvia , segura 

De mi verdad y su ficción aleve. 

Y nunca mi lealtad la publicara. 

Si el injusto arrancarte no intentara 
Del pecho donde sabe que tü vives. 
Por Lucrecia está en Roma : bien conozco 
Que tú de mi verdad estás dudando; 
Mas lograré te destingañes, cuando 
Llore afrentada su rigor Lucrecia, 

Y será tanta infamia abono mió ; 

Y de Tarquino en las maldades fío, 

Que abog[arán por mí, pues la esperiencia 
Te empeñará á estimarme, cuando injusto 
Logre Tarquino el vil intento Oero, 
Juzgándome ya tü por verdadero. 

ESCENA n. 

CLAUDIA, FULVIA. 

CLAUDIA. 

¿ En qué el tiempo diviertes, Fulvia amiga ? 

FÜI.VIA. 

A^, Claudia, yo no sé lo que te diga, 
Ni sé qué me sucede. 

CLAl'DIA. 

Di, no temas. 

FDLVIA. 

Esc Tarquino, ese Tarquino aleve,. 
Que aun contra el cielo intrépido se atreve, 
Con engañarme, Claudia, no contento, 
A estremo llegó ya su atrevimiento. 
Que ni aun seguro de él está el recato 

Y honor de la nermosisima Lucrecia. 
La infamia aborrecible que pretende. 
Solo pensarla, á mi discurso ofende : 

¡ Tan grande es su malicia detestable ! 
Mevio, Mevio su indigno confidente, 
A mi atrevido, al principe es in||ralo, 

Y obligarme pensó con aas traiciones ; 
Mira SI algún remedio, Claudia, pones, 
Porque no así la patria escandalice. 

CLAUDIA. 

Mi oración fué pronóstico infelice. 

FDLVIA. 

Apenas te apartastes de mi lado. 
Le vi ya por mi mal verificado. 
Porque ver á Lucrecia pretendiendo, 



lio OBRAS DE MORATIN 

Incumbencias poUticu fingí»; 

Mas no pudo encubrir la pasión ciega 

De sus viles y bárbaros antojos, 

Y auiique él se afectó ajeno de la culpa. 
Fuego exhalaban los impuros ojos. 

Y luego solicita que yo crea, 
Persuadiendo con labio fementido, 
Que solo del ejército ba venido 
Por verme á Roma. 

CLAUDIA. 

Con el mismo engaño 
Pensó mirar templada mi repulsa, 

Y no le sucedió como pensaba : 
Su error manifestar determinaba 
Yo á Lucrecia ; mas helo suspendido. 
Mirándola anegada en tierno llanto 
Por la ausencia veloz de Colatino; 

Y pues que en Roma no está ya Tarquino 
Por diligencia audaz del noble Bruto, 
No ocultaré estas cosas á Valerio, 
A Vallrio , que espero prontamente. 
Primero que al ejército se ausente, 

Y dé cuerdo remedio á tantos males. 

ESCENA ni. 

MEVIO (aceehando)^ t mcias. 

HBVIO. 

Aun no la casa está con el silencio 
Que necesito yo; mas ya parece 
Que dejan libre el campo. 

rOLTIA. 

Está bien, Claudia, 
Vamos pronto, que á todo me resuelvo. 

ESCENA IV. 

MEViO, vdenméi TARQUINO, ESPURIO. 

MEVlO. 

Ya bien puedes entrar. 

TABQUniO. 

Temblando vengo, 

Y no es de miedo, Mevio, te aseguro, 
Pues no temiera el asaltar el muro 
De horribles enemigos coronado ; 
Pero esto de atreverme á quien adoro, 

Y no poder vencerla sin injuria, 

Y morir ciertaanente, si no venzo. 
Es hazaña temible. 

BSPUBIO. ' 

Me avergüenzo. 
Me avergüenzo, señor, de callur tanto; 
Ayude a mi razón mi triste llanto, 
Por sí puede ablandar tu pertinacia, 
i Aun no te has convencido? ¿Aun imaginas , 
Que Espurio te ensañó con su consejo ? 
No desprecies el Uel de un cauto viejo. 
Que desde tus niñeces te ha educado. 
Ea, vuelve por ti. Mira, Taniuino, 
Que siempre asiste al principe divino 
Espíritu, que al cielo le levanta. 
Aspira, as()ira á distinguirte heroico 
De la plebe común, baja é infame : 
Ella de sus pasiones arrastrada, - 
Sin ser á resistirlas poderosa 
Precipitar se deja en cie^ abismo: 
No ha de pasarle al principe lo mismo 
Que á un nombre vil del abatido vulgo. 
rS'o te horroriza h maldad horrible 
Que intentas cometer tan obstinado? 
Venciéndote á ti propio, te acreditas 
Justamente de invicto y soberano, 
Digna hazaña de un principe romano. 

TAaoc»o. 
Espurio, si no quieres ver perdida 
La atención que á tus canas se le debe, 
Desiste de la plática emprendida. 

ESPURIO. 

Ni yo debo callar, ni tá debieras 



(D. mCOLAS). 

No escodbaria, Tarquina 
TASQunro. 

Loque debo 
Hacer, lo sé muy bien : Espurio, vete. 
No obligues á que mas ya no respete 
Tu ancianidad tan llena de imprudencia. 

BSKimo. 
Ese será tu mal, que yo te deje 
Entregado á un infame lisonjero, 

?ue funda su interés en tu ruina, 
u perdición. Tarquino, se avecina. 
Pues no pueae venirle mayor daño 
A un príncipe, que ver que se retiran 
Los que la verdad justa le aconsejan, 
Y que en poder de aduladores falsos 
Entregado á sus máximas le depu. 
Ya te abandono, ya ; mas, 6 inlelice, 
[Qué males mi recelo te predice! 
No olvidará, no olvidará el casÜBO 
Debido á tu insolencia el alto cielo; 
El cuidará de sostener indemne 
La libertad y la opinión romana. 
Destruyendo tu colera tirana. 

ESCENA ▼. 

TARQUINO, MEVIO. 

TAaOOlNO. 

No sé cómo ha sufrido ni paciencia 
Tan obstinada y bárbara Imprudencia. 



No es digno de escitar tu real enojo 
Un trémulo decrépito, demenlCy 
Que apoya su razón solo en soa afiot ; 

Y asi, dime, señor, ¿por cuan estraños 
Modos dejaste á Bruto y Colatino? 

TAHQcnvo. 
Apenas comenzamos el camino. 
Cuando fingida rápida carrera» 
Mostrando desear que mi persona 
Al ejército llegue u primera. 
Me alejé de ellos, y volviendo al ponto 
La rienda al velocísimo caballo, 
Aqui llesué por senda desusada. 
Ellos haorán seguido, y €a Árdea 
Pensarán encontrarme, y presurosos. 
Viendo que alli no estoy, darán la vuelta 
Acá sin duda alguna sospechosos; 
Mas ¿qué aprovechará su diligencia 
Contra mi pertinaz atrevimiento? 
Pues no espero que Apolo me salude 
Desde el oriente esperanzado aoumte. 
Sin que mire ( dejaaa la tardanza ) 
Vuelta en posesión dulce mi espáranza; 

Y asi, Mevio, prevente á todo nesgo. 
Que mientras á mi tado esté mi espada, 

Y tñ fiel no me faltes de mi lado. 

No hay que temer ; ya tengo acá ideado 
El éxito feliz, que cierto espero, 

Y en tanto piensa tú los galardones 
Con que pretendes ver recompensada 
Tu lealud. 

HEV10. 

Si Fulvia mi adorada 
Fuese mia, señor, nada mas quiero. 

TAaQUÜVO. 

Su gusto ó mi poder lo facilita. 

MEVIO. 

Objeto de tu amor yo la juzgaba. 

TAEQVIXO. 

No era á ella, era á Lucrecia á quien busc 

■EVIO. 

Pues siendo asi, no temas descubrirte, 
Manda, S(>üor, que emprenderé alevoso 
La maldad mas berrenda por servirte. 

TAEQCKVO. 

Retírate, que ruido allí be sentido. 



LUCRECIA. 



lli 



VI. 

VALERIO T CLAUDIA, eoila cual por iu 
puerta^ f üehat te retiran. 



¿Valerio V 



CLAUMA. 

TAunuo. 
¿Gtondut 

Timounvo. 

Escicbi aquí eaoondido. 

CLAimiA. 

Temf que do finieses, por lo mismo, 
Valerio, que ta ? isU deseaba ; 
Sabe que hty grMde mtl ; tú solo puedes, 
Jantaodo tos pardales, aujarlo. 
Defendiendo el honor de las romanas ; 
Tarquino el lnsolente...nas ¿ qaé es esto ? 
{SMomrMé.) 

VALEMO. 

Ota, ¿qidén es efloco temerario* 
Que aqoi se atrevió á entrar? 

TAlQinilO. 

Yo soy, Valerio, 

vAuaio. 
Pues t6 en este par^ recatado, 
4 Qué pretendes, Taiqnino? ¿A qué has venido? 

TAaoomo. 
No estás de ani totola tA encargado. 
Para tomarme asi la residencia. 
Ni es fácil te coasicnta esa licencia 
Quien en Roma te encuentra delincuente. 
1 Asi tos escoadrones desamparas, 

Y á Roma vienes con nbctnma fuga*? 

VALXaiO. 

No iniporta qne prevenga to malicia 
Lo que escacbar debieras con justicia 
De mi boca eo oprobio de tu infamia. 
4 Qué? ¿Son acaso aqoi tus pabellones ? 

TAROOOfO. 

Yo para estar aquí tengo razones. 

vAumo. 
Si imaginas qoe imoro el vil motivo. 
Te engañas; Glanaia es mia, y quien quisiere 
Contradedno 

CLAOMA. 

Suspended, romanos, 
Las iras, que bacen falta al enemigo. 
No quiera el cielo bacerme á mi testigo 
De una desgracia ; á Triciptino al ponto 
Vov á llamar : ¡ qoe no pudiese, cielos, 
A Valerio avisar lo qne Intentaba I 

Y él la intención de Sesto ha equivocado. 

VALERIO. 

Cedo , no á tu valor , sino al sagrado 
Qoe de mí ciega cólera te indulta ; 
Mas no cuentes deade hoy seguridades, 
Poes mientras de tus viles procederes 
La nobleza romana esté ofendida , 
No bltarán peligros á tu vida. 

ESCaCRA Tila 

TARQUINO , TRICIPTINO. 

TIICIPTIKO. 

Pues, i cómo aquí volvistes , ó Tarquino , 
En hora tan dd todo Intempestiva ? 

TABOomo. 
No estrafies mi venida, Triciptino, 
Poes no me vale menos que la vida , 
Que para bien común de nuestra patria 
Discurro <pie los dioses han guardado. 

TBiciprnió. 
Pues, ¿cuál el daño hié que has evitado? 



TABoono. 
Adetantéme á Eruto y Gotatiao , 
Apárteme por yerro del camino, 

Y en la red engañosa y enemiga 
De contrarias partidas avanzadas 

Cai ; anhelaron por prenderme osadas , 

Y á precio de no pocas de sus vidas 
Admiraron heroica mi defensa. 
Libres siguieron Cotatino y Bruto, 
Porque en prenderme todos obstinados. 
No cuidaron de mas ; bati los lados 

Al caballo de Trada ; á Rema llego, 

Y á tu amparo doméstico me entrego 
Mientras la oscura noche oííisca al mundo. 

Tiuciprnio. 
Las gracias rindo al cielo y dioses santos, 
Que para nuestro bien, libre de tantos 
Peligros á mi casa te han traído , 

Y aun á tu riesgo estoy ai^ecido , 
Poes me hará en los anales memorable, 
Por los muy bonoriflcos blasones 

Que constó el anciano Tridptfaio, 
Dando hospedaje al hijo de Táñpiino. 



TARQUINO, TRICIPTINO, LUCRECU 

TARQtmiO. 

Mi diestra con la tuya amablemente 
Junto por tal fovor. ¡ Lucrecia beimosa ! 

TRIGIPTIIfO. 

Hga , Roma le encarga á tu desvelo. 
Le cuides á su principe TarqidnOt 
Como á tu mismo esposo Colatloo.*' 

LOCaEGlA. 

Deudora seré siempre á mi fortuna 
Por tal honor de mi no merecido , 

Y será á mi linaje heroico timbre. 
Que en sus lares Lucrecia la romana 
A Tarquino hospedó con fe sencilla; 
Ven , señor , á ocupar sin susto sjeno 
La estancia á tu reposo destínada. 

TAaoomo. 
Venci, venci, mi astucia está lograda. 
Vamos, señora, trémolo tosigo, 
: Tanto respeto en mi tu vista causa ! 

Y 00 olrides que d^o el padre anciano , 
Discreta y bermosisima Lucrecia , 
Que atiendas á tu principe Tarqufaio, 
Como á tu mismo esposo ColaUno. 



(V«sí.; 



ACTO CUARTO. 



ESCENA PRIMERA. 

LUCRECIA , CLAUDIA cm luz. 

UICRECIA. 

Ya está toda la casa recogida , 

Y Tarquino mi huésped albergado 
Según le corresponde , ya entregado 
Al sueño habrá su fiítigado cuerpo, 

Y asi ve, Claudia, y goza del reposo 
Con qoe brinda la noche á los mortales. 

CLAUDIA. 

A obedecerto voy ; mas mis leales 
Afectos advertirto procuraban. 

Lucascu. 
No da lugar mi nena por ahora 
A nada ; veto , Claudia. 

CUUDU. 

Voy, señora. 



III 



OBRAS DE BIORATIN 



injusto y alevoso ! ¡Descreído ! 
i De viles procederes ! 

TARQDIRO. 

Oyes, oyes; 
¿Asi se trata á un príncipe temido? 
Vive el ciclo, traidora, que me canso 
De rogar lo que puede mi albedrío. 
Vil.... (Arremete d ella.) 

LtCREciA, áe rodillas j 
Tarquino, señor, príncipe mió. 
Muévate á compasión mirar |>ostradia 
L'na inrellz mujer, que te suplica ; 
Vcncoto á ti, señor, con real grandeza , 
Seré tu humilde esclava, mi pureza 
Ha de ser solo el precio á que me compros. 
Mira á mi ^bre esposo Colatino, 
Que de amistad y sangre el nudo santo 
Contigo le une ; muévate mi llanto 
Derramado por él copiosamente ; 
No es digno de tal premio quien Taliente 
La patría ensalza á nesgo de su vida. 
¿Qué esperas que haga en viéndome ofendida? 
Del dolor morirá mi anciano padre. 
Que no es posible menos. ¡ Madre, nuidre ! 
¿Dónde estas que no me oyes ? ¡Qué bien hizo 
La muerte en escusarte de que vieras 
En tal afrenta la hija regalada 
Que educastes aqui con tanto esmero ! 
¡Ay, CiOkitino, mi último y primero 
Amor! ¡Ay dulce esposo Colatino ! 
¡Piedad, piedad, señor ! ¡ Piedad Tarquíno ! 

TARQUIKO. 

Falsa mujer, frenética, sin juicio, 
Engañosa con lágrimas Ungidas. 
Mas me enfureces con aleve llanto. 
Di* mi no ha de librarte todo cuanto 
Poder la tierra y cielo tiene junto. 
Por fuerza he de gozarte. 

LCCRECIA. 

Vil Tarquino, (LevdnUue.) 
Que tal pronuncias con infame lengua; 
No eres hombre, cruel^ni eres romano, 
Fiera espantosa é insaciable monstruo 
Eres ; silbos horrendos de dragones 
Debieron de arrullarte. Los leones 
Sin (luda en sus cavernas te criaron. 
¿Cómo esto consentfs, cielos Injustos ? 
¿Para cuándo guardáis rayos adustos? 
Ayudadme 6 rendir tk este tirano. 

(Arrójase del, y le quita el puñal.) 

TARQriMO. 

Procurar tú vencerme será en vano. 

LUCRECIA. 

No es en vano, ya está mi honor seguro. 
Este agudo imñal de acero puro. 
Que te quite, y en ti emplear no pude , 
Mi vida acabe, y salve mi pureza. 

TARQCIIVO. 

Escucha antes de herirte. 

LtCRECIA. 

Un solo paso 
No des, y escucho. 

TARQIIXO. 

Ya sé tu altanero 
Pensamiento cuál es; al venidero 
Tiempo dejar pretendes fama heroica ; 
Pues no te h:i de valer ; serás infame 
Después de muerta ; ya que de otro modo 
No puedo, he de vengarme de esta suerte. 
Al esclavo mas vil daré la muerte , 
Y el tuyo y su cadáver en tu lecho 
He de poner, y al punto de adulterio, 
Pescubierlo i><)r mi y por mi v(>ngado , 
Te he de acusar, y adúltera juzgada 
Para siempre serás en las historias, 
Que guartiau de los hechos las memorias; 
Escáudalo has de ser. 



(D. NICOLÁS). 

LOCUOA^ 

tOh délo! ¡oh délo! 
¿Aun me ni^is este Cnioo coosodo? 
¿Aqoiéü me acogeré? 

TABOmilO. 

Ya no biy remedio. 
(Ácosáaii 
Lucrecia, á mi ftiror, los mismos dioses 
Procurarán en vano tn defensa, 
Y de la infamia ó la violenta moerle 
No bastará ya el délo á defenderte. 



ACTO QUINTO. 



E8CE1IAP] 

BROTO, COLATINO. 

BECTO. 

¡Tarquino ad engañamos! Vite d délo, 
Que es maldad iosufrilde ; ] asi la patria 
Con tan poco reparo se abandona I 
¿Y aspirará ii ceñirse la corona 
Quien es indigno de dta, y solo mbrto 
Le conviene mejor, qoe no laureles t . 

COLATINO. 

Yo no sé. Broto, qué presagios fieles , 
O ilusivos acaso, annqae lo dodo. 
Me anuncia el corasen ; estoy torbado , 
Ni sé qué me sucede. 



Acia aqui sale. 



tridptino 



n. 

TRICfPTINO T menos. • 

TMCIPTCfO. 

Broto, Colatino, 
El cielo os trajo aqui sin dada alguna, 
Cuando era menester: Lucrecia manda 
Que al punto se os avise : no el autivo 
Pude saber, y con recelo viro 
Pensando oué será; mas ella sale 
Con traje de dolor. 

ESCaBKA WOm 

LUCRECIA de luto^ t moos. 
eoLATmo. 

¡Gidos!¿qnémirof 
nictPTixo. 
Yo me conturbo todo. 

ni2T0. 

Yo me admiro. 

COLATIÜO. 

Lucrecia, ¿ cómo ad T 

Tiicrpinco. 

jQné horror! Lucre 
¿Qué novedad es esla? 

BROTO. 

Di, sefiora. 

Del luto la ocasión.... ¿Qué es esto ? 

TRICIPTRIO. 

¿Ll 

COLATIKO. 

Mi bien : ¿qué asombros tn silendo dice? 

LUCRECIA. 

¡ Ay desdichada ! ¡ ay misen infelice ! 

(Itorwütti 

COLATIXO. 

Levanta, dulce dnefio; ¿el rostro casto 
De mi retiras? ¿con verg&efina escondes 
Los ojos soberanos, de nermosnra 



LUCRECIA. 



lis 



1 



Por U me bke á la patria sospechoso , 

Y abandonó el ejércllo ; no rueUo 
Sin qae mire cumplida mi esperanza. 
¿Por qué dudas amarme? Un soberano 
Qae gobierna al sabinQ y al romano , 
¿Es tan pequeño triunfo de tu planta? 

LOGBECIA. 

No sojr» Tarquino , digna yo de tanta 
Ni taa grande fortuna ; tengo esposo, 

Y en él te^go mi amor. 

TARQUINO. 

Es infinito 
El amor ; no i uno solo se limita» 

LUCRECIA. 

No sofistico arguyas : quita , quita , 
Mira (¡ue soy Lucrecia , y Colatino 
Es mi esposo. 

TARQUI^fO. 

Pues yo/ que soy Tarquino, 
Mostraré mi poder : ¿no los bálagos 
Rinden In ingrato pecho? ¿el rendimiento' 
Fioo desprecias? Trocaré en violento 
Furor arrebatado el amor mió ; 
CosUráte bien caro tu desvio , 

Y al impeta y rigor oe mi violencia 
loütil has de ver tu resistencia : 
Goiaré á tu despecho xu hermosura , 

Y no he de tardar mucho. 

LUCRECIA. 

A tal locura 
Recódate mi fuga y mi desprecio. 
Deja que venga ¿ Roma Colatino, 
Qae A dará el pago k tu maldad, Tarquino. 

ESCENA m. 

TARQUINO, MEVIO. 

• TARQUUfO. 

Primero que él presuma dar el pago, 
Verá su deshonor, ó yo tu estrago. 

HEVIO. 

No vi constaDcia igual ; alli escondido 
Lo escuché todo. 

TARQUÜfO. 

Al oroo enfurecido 
Vence mi pecho con desprecios tales; 
Las horrorosas furias infernales 
Prendieron alquitrán en mis entrañas : 
No te valdrá la fuga. 

MEVIO. 

Mas estrañas 
Dificultades noto ; su retrete 
Cerró Lucredt , ya sin alboroto 
No es fádl que consigas tus intentos , 
E imposible con él. 

TARQUINO. 

Gracias al oro 
Qoe esu llave me dio; Mevio, no temas , 
Guárdame las espaldas, ten aliento , 
Porque me afirento ya de haber andado 
Con esu infiel mujer tan reportado. 

ESCENA IV. 

MEVIO. 
No imaginé el empeño tan horrible 
Cómo na llegado a«er; temblando espero 
Resaltas infelices , consejero 
Malvado íul, án duda mi ruina 
El cielo prontamente determina. 

. EMOENA V. 

LUCRECU huyendo, TARQUINO can laespada 
desnuda, 

TARQUmO. 

Veremos si mi espada , ii^fiel , le domji. 

TDIO II. 



MEVIO. 

Te pierdes, me perdí, perdióse Roma. (Vasig.) 

TARQunvo. , 

En vano con la fuga te redimes. (Ásela.) 

LUCRECIA. 

¡Qué horror! ¡Tarquino bárbaro! ¿qué internas? 

(Suénase.) 

TARQUmO. 

i Qué ? ¿ obligarme protendes con afrentas ? 
Ya no hay remedio á mi pasión bastante , 
Ya declaré mi intento , no es posible 
Que pasión tan indómita y horrible 
Se temple : despechado y aburrido. 
Contra mi honcr, te supuqué rendido, 

Y tú me has despreciado. A mi, que el terco 

Y obstinado tesón del enemigo 
Rindo feroz , ¿ se ha de oponer la débil 
Fragilidad de una mujer ingrata ? 

LUCRECIA. 

¿Por qué con tal ultrage á mi me trata 
Tu sinrazón. Tarquino? ¿Qué ? ¿Es acaso 
Porque á mí sangre y ascendencia beróica 
Correspondo, tu Infomia detestando? 
No pienses tal. Un rayo centellante. 
Vibrado de los cóncavos del cielo , 
Me destruya primero. El hondo abismo 
Abra la horrenda boca , y me sepulte 
Viva en su centro , antes que la f$ dada 
A mi esposo quebrante. 

TARQUOfO. 

Me provocas 
A perderte el respeto : por bien sea - 
Lo que ba de ser por fuerza ; vamos , vamos, 
(Acosándola.) 

LUCRECU. 

Repárate , detente, no profanes 

El pundonor antiguo y venerado 

De mi ilustro prosapia. ¿Asi agradeces 

La fineza del ínclito hospedaje , 

Que protendes pagarla con mi ultraje? 

¿Esta es la confianza? 

TARQUUfO. 

Amor es ciego , 
Es loco , no ropara, es temerario. 
Cuanto menos rospeto , mas adoro. 

LUCRECU. 

¿Tú me adoras, buscándome un desdoro 

Y un baldón á mi esthrpe generosa? 

TARQUINO, 

Mas que tú indianamente cavilosa 
Juzgas que no Uene ámbito mi pecho 
Para guardar secreto : en mí confia. 

LUCRICU. 

Tal cosa no oroia : mi real sangre , 
Mi obligación, mi punto, mi decoro 
No ignorarán mi infamia : ¿el tiérao lloro 
No te mueve á piedad? { Ay Colatino ! 
: Mi bien , mi dulce bien! Ea , Tarquino , 
Mira si has de matarme : acaba, acaba ; 
Derrama con furor la sangro pura 
De la mas fiel consorte ; el alma eásta 
Sin mancha volará á los hondos senos ; 

Y no tendrán disculpa las miqeros 
Contra la mas violenta tiranía ; 
Su confusión será la muerte mia. 

TARQUINO. 

No propendo matarte , no , Lucrocia , 
En mucho m» mi amor tu vida aprecia ; 
De mi reino despótica , el tesoro 
Será tuyo, y aun mas. 

LUCRECIA. 

lAhiqfame, infame! 
¿Protendes eúrroroperme con el oro , 
Gomo á ndgar moler? ¡Eso Csltaba 
A mi dolor r¡ Ah, bárbaro Urano, 

8 



liC 



De su pecho arrancó , y al cielo chva 
Los ojos en sus lágrimas bañados , 
T aprestando el puüal , con tiernas voces 
Ksla deprecación hizo á los dioses : 
Ya, deidades, sabéis que al vil Tarquino 
Cedió mi honestidad , solo vencida 
Del miedo de la fama sospechosa. 
Si entonces un testigo mas piadosa 
Me hubiese dado vuestra providencia , 
llubiérame yo muerto en su presencia , 
Sin dar lusar á que mi honor manchase ; 
Mas pues lo quiso asi vuestra justicia , 
Recibid este don tal como fuere , 

Y apoyad la inocencia de quien muere 
Gustosa por su honor. Dijo , y en vano 
La disuadí con lágrimas y ruegos , 
Pues desnudando el pecho de alabastro , 
Clavó en él con furor la a^da punta. 
Cayó sangrienta , y ya casi difunta , 
Desperdicia el aliento por la herida , 
Que la sangre derrama á borbotones. 
Ella sin resplandor los claros ojos 
Trémulos mueye ya , y á todos lados 

Se vuelve con las ansias de la muerte. 
La joyante madeja destrenzada 
En la sangre caliente y encharcada 
Se empapa con horror , y ella muriendo 
Aun cuidadosa ¿ su decencia atiende ; 
Con débil mano ya la falda estiende , 
Pues ni alli faltar quiere á la modestia. 
Murió en flor de sus años juveniles 
La matrona de alientos varoniles , 

Y sin ella á ver voy si yo merezco 
Abandonar la vida que aborrezco. (Vate.) 

ESCENA V. 

BRUTO, COLATINO, TRICIPTINO. 

TRiapnifo. 

¡Qué horror! La puerta rompe, á ver si aun vive! 

BRUTO. 

Caerá, aunque tenga el gonze diamantino. 

COLATI^IO. 

Ya la puerta saltó. 

BROTO. 

¡Qué tarde vino 



OBRAS DE MORATIN (d. migólas). 

¿Son estos los magnificos bonof es, 
Que consiguió el anciano Triciptioo 
Dando hospedaje al hijo de Tarauino? 
¡Ay anciano infeliz ! Me f^llt aliento. 
Tan horrible espectáculo saneríento 
No permitáis que mire. Ya mi muerte 
Lejos no pueae estar. ¡Infeliz suerte! 

(RetiranU.^ 

Bruto saca el puñal á Lucrecia, y dice 



El infeliz remedio ! 



TRICIPTINO. 

¡ Cielo santo! (Dcimáyase,) 
Cae la puerta, y aparece muerta Lucrecia. 

COLATINO. 

¿Qué veo? ¡Ay infeliz Lucrecia mia. 

Posible es que yo miro tu belleza 

Muerta con tal rigor! ¡Que la fiereía 

De Tarquino llegar pudiese á tanto I 

Mi infeliz vida á eterno y triste llanto 

Condeno desde aqui. Ya no respira , 

Ya, ya el calor vital se le retira. 

Avudadme á llorar; ¿tú traspasado 

El pecho casto con puñal sangriento ? 

¿Tu muerta, inocentísima cordera, 

I yo estoy vivo? Uarayo de tu esfera 

Jove, ¿ por qué no vibras, y la vida 

Me arrancas va con causa aborrecida? 

¡Ah Tarquino! ¡Ah Tarquino! ¡Ah infiel Tarquino . 

Te daré cien mil muertes..! 

BRUTO. 

Colatino, 
Aquí se ha de mostrar que eres romano, 
Ten fortaleza , alivia al padre anciano; 
No aumentemos el daño. 

COLATIVO. 

Padre mió. 
Mirad que sois romano. 

TRICIPTIKO. 

¡Oh cielo iropio! 
¿Esto permites ? A mi edad cansada 
Le das este consuelo? ¡ Ay hija amada ! 



BRUTO. 

Por esta sangre generosa juro, 

Y por el casto espíritu, que heroico 
Será mi tutelar en esta empresa , 
Que al infame Tarquino con ultraje 
Daré cruel muerte, y todo su linaje 
He de estinguir. Sucedan las segures 
Al cetro ; con sus haces los lictorcs 
Ostenten el poder del magistrado. 
Gobiernen providencias consolares 
CK>n las jurisdicciones anuales, 

Y acabemos con monslraos tan tiranos. 
Ven , Colatino. 

ESCENA VI* 

ESPURIO, VALERIO T Picaos. 

VALERIO. 

Suspended, romanos ; 
Ya sé vuestro dolor; al fuso Mevio 
Hicele con íüror que reventara 
Por cien mil estocadas penetrantes 
A un tiempo las traiciones y la vida. 
A qui me confesó que está escondida 
La causa de la angustia que lloramos. 
Como paraje el menos sospechoso, 
Tarquino le escogió para su asilo. 
Hasta ver qué resulta. Aquí se esconde. 
Busquémosle. 

BROTO. 

¿Aquí está? 

COLAMNO. 

Valerio, ¿dónde? 

ESPUMO. 

Allanemos la casa. 

ESCENA VII. 

TARQUINO T MC808. 

TARQUIHO. 

Despechado 
Me arrojo ya á morir desesperado ; 
Digno soy de la muerte. Ea, matadme. 

COLATIlfO. 

¡Ah alevoso ! 

BROTO. 

¡ Ah cruel ! 

YALERIO. 

¡ Ah fementido ! 

ESPURIO. 

I Ah falso vil ! 

COLATmO. 

Muere, Urano. 

BROTO. 

Muere. 

VALERIO. 

Injusto forzador. 

ESPURIO. 

Traidor infame. 

TAROtlXO. 

¡Ay de mí! Muerto soy. 

BRUTO. 

Muere, bscivo. 
Vü al hondo inQemo, y para siempre Uora 
La cólera de Bruto vengadora. 



LUCRECIA 



ESPimo. 



Al punto á coronar el Capitolio 
Vamos para domar los conjurados. 



Vamos. 



VALERIO. 
COLATIMO. 

Vamos, amigos muy amados. 



BftUTO. . 

Vamonos pues, y de la infame raza 
No quede al mundo grande ni pequeíii», 
Y antes que las exequias de Lucrecia 
^ celebren con regio fausto y pompa , 
No quede gota de malvada sangre 
Que DO se vierta con furor violento , 
Porque sirva á los siglos de escarmiento 



117 



GÜZMAN EL BUENO, 



TRAGEDIA. 



PERSONAS. 



DON ALONSO PÉREZ DE GUZMAN 

EL BUENO. 
DON PEDRO, 8U hijo. 
DOÑA haría CORONEL. 
DOÑA BLANCA. 



JIHEN JIMÉNEZ. 
JACOB ABEN JÜSEPH. 
REDUAN AMm. 
ELVIRA. 

AC0MPA5ÍAHIEIIT0. 



la escena te representa en Tarifa. 



ACTO PRIMERO. 



ESCENA PRIMERA. 

Vista de Tarifa algo alta ^y dun lado acampamento 
del moro. 

DON ALONSO DE GUZMAN, JIMEN 

Y SOLDADOS. 
jniEN. 

Gran don Alonso de Guzoian el Bueno , 
Ya sabes los sucesos de la guerra 
Cuan inconstantes son. 

GUZMAIf. 

Lo sé, Jimeno. 

JIVEIf. 

Pues no te admirarás que la fortuna 
No te sirva, cual suele, vez alguna. 
El cielo sabe mi dolor, y cuánto 
Me pesa ser el triste mensajero 
De funestas noticias ; mas no quiero 
Ni las debo callar, no uu imprudente 
Se adelante á contártelas pnmero. 



Jimen Jiménez, quieta está la ^ente- 
Por los muros y alcázar de Tarifa , 
Cuya tenencia por don Sancho el Bravo, 
Monarca de León y de Castilla , 
Concedida me fué ; buenos soldados 
Militan á mis órdenes ; la plaza 
Abmida en provisión de boca y guerra. 
Y aun(iue piense inundar toda la tierra 
Jacob Aben Juseph con gente armada. 
Que hizo pasar (la tregua (fuebrantada ) 
De la Afnca á las playas españolas , 
El invencible esfuerzo castellano 
Fuerzas divinas le contrastan solas* 

JIMEN. 

Pues hoy el día amaneció aciago. 

GCZMAIf. 

No me tengas suspenso ni impaciente. 



JIVEN. 

Ya oiste á la alborada aquel rebtto : 

Pues fué que Aben Joseph, Aero, insolente 

Con los nuevos socorros j la gente 

Que de Fez j Marruecos fe enviaron, 

Ln tanta multitud, que contra Espafia 

Jamás tantos millares de agarenos 

A Europa desde el África pasaron ; 

Y esperando lograr buenos sucesos 

Con los nuevos jinetes de Granada, 

A tiempo que cansados de la vela 

Juzgó á los nuestros, embistió furioso. 

Contra él opuse un escuadrón famoso 

De caballos lijeros y peones ; 

Mas ¿qué harán contra inmensos batallonesf 

Salió don Pedro de Gozman tn hijo , 

Señor, contra tus órdenes esprasis; 

Salió no obstante sin noticia mia. 

Que como ayo que soy desde so infancia 

Procuro contener su loiania. 

La muchedumbre alarbe con pnjansa 

C^argó sobre los nuestros, que en la faga 

Solo hallaron remedio... 

GUZHAlf. 

¿Y qué mi hijo 
Volvió la espalda Tergonzosameute? 

JIHEN. 

No, alcaide, antes intrépido y Talionte... 

GCZMAIf. 

¿Murió como cristiano caballero ? 

JIMEN. 

No murió ; pero queda prisionero. 

GIZVAN. 

¿ Prisionero? ¿ que dices? 

JIMEN. 

Fueron vanos 
Nuestros esfuerzos, y Beltran Lainez 
Como bueno quedó muerto en el campo. 

GUZMAN. 

¡Qué un joven temerario é imprudente 
Cause tanto pesar! ¡ Que mis consejos 
De tal manera este rapaz desprecie! 



GUZMAN EL BUENO. 



i 19 



Si acaso puede haber algnn consuelo , 
Tenle por sa valor : desde la torre 
Le vi arrogante atropeUaiido moros 
Por medio las escuadras y armas fieras 
Entre las partesanas y. montantes; 

Y el bárbaro Muley, que su pujanza 

Se atrevió á contrastar, cayo en la arena , 
Sin que bastasen á evitar su muerte 
Ni la adarga de Fez ni el jaco fuerte. 

GOXBAlf. 

No repruebo el valor ; mas él sabia 
Que el arte de vencer no se reduce 
A singular combate : el gran caudillo 
Que á su mando un eiército conduce , 
Mover y sustentar deoe el gran cuerpo , 

Y verá que el valor es una parte 
Mínima de la guerra ; mas no el todo , 

Y aun es nocivo si le falta el arte. 



Con semejantes máximas ba sido 
Don Pedro de Guzman por mi instruido 
En el dillcil arte de la guerra ; 
Pero los SUJOS le dejaron solo. 

' GUZHAIV. 

¡Oh cuánto el miedo del soldado yerra 
Pensando redimirse con la fuga ! 
Pues quien va fugitivo no pelea. 

iUElf. 

Don Ñuño en vano rehacerlos quiso. 

GOZMAN. 

Si el soldado supiera cuan preciso 
Le es el obedecer, fuera valiente 
Eo ocasión, y en ocasión remiso; 

Y el triunfo del que sabe es evidente , 
Pues nunca va dudoso 4 la pelea. 

junsif. 
Mas ¿qué mandas, señor, que se provea 
Sobre el rescate de tu hijo? 

GUZMAN. 

Hablando 
Como soldado, me olvidé ser padre. 
Cuido antes del común oue el propio daño. 
Pero mi hijo está en poder de moros.... 
Corre, Jiñien, y di que los tesoros 
Que en España y en Aftrica he ganado 
Los doy todos por él ; todo mi esudo, 

Y el puerto de Sanlúcar, y Medina 
Sidonía por don Sancho prometida, 
Todo se venderá para el rescate. 

jncif. 
Sai bien que algún tiempo se dilate,. 
Pues hoy aon Juan Ramírez con socorro 
De Sevilla vendrá, y sus aduares. 

GUZMAN. 

Recelo las violencias del rey moro, 

Y mi hijo en su poder me da cuidado , 
Pues yo ni los jmetes de la costa , 

Ni de Sevilla ese socorro aguardo. 

JIMEN. 

Asi las cartas últimas lo dicen. 

GOEMAN. 

Pero, Jinñenez, loque mas me aflige 

No es su prisión, es la fatal noticia 

Que yo mismo he de dar ¡ terrible trance ! 

Precisamente. ¿Qué dirá mi esposa 

Doña María Coronel , su madre ? 

Su madre, cuyo amor afectuoso 

De b guerra apartarle pretendía , 

Y á su lado eontimio le quería , 
¿Qué dirá cuando sepa la impensada 
Prisión del hijo? ¡Ay madre desdicha: 

IIMEN. 

Esa noticli á ti solo es debida. 



¿Pues Iqué dhrá tu Blanca , prometida 
Por esposa al rapaz ? ¡Triste doncella ! 
Tú en nn procura consolar á ella , 
Que yo á su'madre animaré si puedo ; 
Pero ella viene aquí. 

ESCENA n. 

DOÑAMARUTniCHos. 

DOÑA MARÍA. 

.... I Qtté horror! I qué miedo! 
¿ Es verdad, o ilusión ? ¡ Sueño espantoso! 
¡ Qué anuncio tan faUl ! ¿Y mi hijo Pedro? 

GUZMAN. 

I Qué turbación , qué afán , doña MaiNa , 
De tu semblante pálido col^o ? 
¿De qué es tu pena? 

DOÑA MARÍA. 

¿Dónde está mi hijo? 

GUZMAN. 

Cobra el perdido aliento, esposa mia i 

Y diuos tu dolor. 

B05(A MARÍA. . 

|£ómo no veo 
A mi hijo Pedro, ot su padre al ladot 
Sin duda es cierto fay Dios! lo que be soñado. 

GUZMAN. 

¿ Por qué vanos pronósticos te guias ? 

MOÑA MAllA. 

Desmienta el cielo las sospechas roias , 

Y ojalá no se cumpla el triste sueño 
De esta noche fatal, sueño espantoso, 
Que me hizo ver en el común reposo 
A mi hijo ¡ ay h»jo nu'o ! en ese llano, 

Y que un león fierisimo africano 

Con las sangrientas garras y los dientes 
Su cuerpo con íüror despedazaba. 
Aun me parece escucho todavía 
Del feroz bruto los rugidos roncos, 

Y miro el fuego que en su vista ardía , 

Y escucho los suspiros lastimosos 

De mijhijo ensangrentado... Mas ¿ qué es esto? 
Señor... Guzman... esposo...¿el rostro vuelves? 
¿Al cielo alzas los ojos lagrimosos? 
¿Reprimiéndote en vano el color pierdes? 
¿Dónde mi hijo está? ¿con que el terrible 
Sueño fué cierto ? Ac^a, espos*^ mió. 

GUZMAN. 

¿ Quién da crédito á un ciego desvario? 

DOÜÍA MARÍA. 

Pero mi hijo ¿ dónde está ? Jiménez, 
¿Sabes algo? Ve, tráele á mi presencia , 
Que quiero en mi regazo acanciarle , 

Y que con tiernos besos él consuele 
El corazón de una asustada madre.... 
¿Mas también tú enmudeces? 



Si, señora. 

DOf A MARÍA. 

¿Luego mi hQo es muerto? 

iWEN. . 

Aun vive ahora. 

DOÑA MARÍA. 

¿Le ha cautivado el moro? 

GUZMAN. 

Y si asi fuera , 
¿Qué importaba el llorar? 

DOÑA MARÍA. 

¿Con que cautivo 
Pedro está entre cadenas ? y ¿yo vivo? 
¿(iUándo un sueño infeliz no salió ^o 
A una roadr«.que teme el mal de un hijo ? 



m 



GOZMAN. 

No tan cierto salió ; que Pedro am vive « 

Y ya proDto el rescate se apercibe. 

D05ÍA MAIÜA. 

Pues ¿en (|ué os detenéis T ¡ ay desdichada ! 
¡Que tal angustia estoro preparada 
Para mi tierno corazón ! ¡ Oh Pedro, 
Hijo del alma, mi querido Pedro ! 
Desvelo de tu madre regalada , 
; Dónde esUrás ahora? entre prisiones 
£n poder de abembizes y gómeles , 
Sin tu madre, que siente tus dotores. 

GÜZHÁIf. 

Cesen, dofia María, los clamores, 

Y ninguna desgracia tü receles. 

DOSÍA MARÍA. 

Cesen ya los clamores , pues son vanos 
Donde hay esfuerzo... Al arma , castellanos ; 
Id , traedme á mi bno... El que volviere 
Con él , pida á su aroitrio las preseas. 

GUZHAH. 

Átiora la prudencia se requiere : 

Con fortuna cualquiera es virtuoso, 

La desgracia examina el que es prudente. 

No supo qué es ser madre qken tal dijo, 
Ni vio en poder de bárbaros un hQo , 
De bárbaros sin ley , de quien recelo 
Cualquier atrocidad'', y aun me parece 
Que el corazón latiendo me la anuncia. 
Mi labio apenas trémulo pronuncia 
£1 nombre de mi hijo , recelando 
Quizá algún grave mal. 

GOZMAN. 

Pues qué ¿ en (al caso 
No tuviera valor dofia María ? 

D05ÍA MAiiA, asustada, 
¿Para qué preguntáis que si tendría 
-Valor? 

GUZMAN. 

Para ver muerto... 

D05ÍA üAllA. 

A hablar no acierto: 
¿A quién? 

GOZMAIf. % 

AlhQo... 

IK>5ÍA VARÍA. 

¡Ay Dios! Pues qué ¿le han muerto? 

GCZMAN. 

No : mas con todo, ensaya el sufrimiento , 
Que un gran mal debe hallamos prevenidos. 

nO^A MARÍA. 

.Desventurada madre! en vano aliento. 
No entiendo esos misterios escondidos. 

GUZVAlf. 

No ha muerto Pedro, no , doña María ; 
Mas yo tu corazón probar quería... 

DO^A haría. 
¡ Prueba inhumana I Y qué, ¿ asi de una madre 
Burla el afecto y la ternura un padre? 
1 Esto es posible ? ¡Oh, cuanto mejor fuera 
Que este tiempo no asi se consumiera , 
Sino en dar libertad al hijo mió! 
¡Lentitud afrentosa ! yo no tío 
Su libertad al tiempo, y pues su padre 
No la procura , corro á ver si acaso 
La encuentra ansiosa una afligida madre. 

E§GElf A m. 

GUZMAN , JtMEN. 

GUZMAN. 

[Oh cuántos males nacen de un nul solo! 



OBRAS DE MORATTN (». KtCOLAs). 

Quizá algún iloitMlo ; aqni ei precito 
Que se inteipooga It prodesda nit. 

A mi bQa Blncí wat M diviso ; 
Te seguiré en bablándobu 

GOUAK. 

Tea luego. 



nr. 

ilMEN , BLANCA , ELVIRA. 

. RLAIICA. 

Yo moriré de este dolpr; Elvir» « 
Que no es posible menos. Pero , padre , 
4 Don Pedro está cautivo ? 



iQaédelin 
Tu imaginación , Blanca? &Um tetsca 
Son propios de la guerra. Su rescate 
Se va á asustar ahora , y asnardiBioB 
De Sevilla el socorro. Si eligiera 
Un hombre sin valor para tu espofo, 
No lloraras pw él ; mas no tuvióas 
Tan nottie duefio que á Castilla ensaba. 
Ni esperaras , cualmiedes, que otro dte 
Alfombre con pendones afHcanos 
El sevillano templo de María « 
Ni que á Toledo se conduzca eD 
De los moros gaAÜes tu litera « 
Donde verás que sus cautivos Jeques 
Del claro Tajo regarán tus huertas. 
Consuélate, y adiós. 

V. 



lyii «.uaiiun» luaieB naccD ae un hmi 

Despechada su madre hacer podría 



BLANCA , ELVIRA. 

RLANCA. 

¡ Consuelo tsm! 
Déjame , Elvira, lamentar contigo 
La desventura de un amante triste. 
De cuya ruina yo la causa he aklo. 

ELVmA. 

Pues tú, selk>ra, ^qué motivo díate? 

BLANCA. 

Sabes que Pedro « mi adorado Pedio 
Para nu esposo estat>a destinado ; 
Hoy era , Elvira , el dia suspirado 
De nuestra dicha, y f a laa prevendones 
Debidas de su casa a loa biasoiiea 
Estaban prontas , pues Guzman el Bueao, 
Para mostrarse de recelo áÍeiio« 
Al moro despreciando , pretendia 
Hoy celebrar las sacras ceremoolaf , 
Poniendo colmo á la ventura mia. 

ELVIRA. 

Castilla apUude tan solemnes bodas. 

BLARCA. 

Bodas cubierus de tlniebla j luto 
Por la temeridad de un ciego amante ; 
Pues él ardiendo en generoso eslberso 
De su florida juventud lozana , • 
Galán con la esperanza de este dia. 
De amor lleno me dQo : «Blanca mia , 
9 1 Viste en qué airoso y bárbaro caballo 
» Con las cubierus bélicas de grana 
» Fáiima escaramuza ? pues yo quiero 
» Que sirva de trotón á tu escudero , 
> Y tu esclava ha de ser la altiva mora 
» A pesar de las huestes africanas.» 
: Oh cuánto engaiían esperanzas vanas! 
Yo lo confieso , Elvira : arrebatóme 
Presunción mujeril ; le armé yo misma , 
Y en los tiros pendió pbr mi la espada. 
i Qué bizarro y marcial ! ¡oué empenachada 
Cimera! ¡ que alma , y que purpureo Vostro 
Mas el número en fin al valor vence. 

ELVnA. 

¡ Oh, mal haya, aellora, el fiero monstruo 



GUZBIAN EL BUENO. 



i2i 



De la guemí , baldón de los humanos ! 
¡Execrable iuTenU»' , qae i los hermanos 
Enseñaste á matar! ¡ acción horrible ! 
Qué, ¿asi la Tirtud reina? Qué, ¿es posible 
Que no halló otro alffun medio la malicia 
De inquirir la verdaa y la justicia ? 

BLANCA. 

: Mas qué añafiles y atabales roncos (Tocan,) 
Se escuchan? Muerta voy ; todo me asombra. 

ELfiKA á Jimen, alencontrane. 
Si no TuelTe den Pedro , tu h^a muere. 

ESCENA VI. 

GUZMAN, JIMEN, soldados. 

JIMCN. 

El africano hiio lU^ada , y quiere 
Seguro para hablar ; bandera blanca 
So araldo tremoló , yo los rastrillos 
Y puentes lefadizas mandé luego 
Facilitar , y Amir pasó y ya llega. 

GüZMAll. 

A tratar vendrá acaso de la entrega 
De mi hqo ; preféngase el rescate , 
Por magni6co y grande que le pida , 
Nada se niegue , quede confundida 
Su altivez , su codicia bien saciada , 
Que sin duda será desmesurada , 
Viendo h rica presa de que es dueño. 
Pida hasta lo imposible : es deuda todo 
A un hijo mió, honor del nombre godo. 

jniEN. 
Ya entró el embajador ; plaza , soldados. 

ESCENA Vn. 

AMIR , ARALDO con una bandera planea^ 

MOROS, T DICHOS. 
AMIR. 

No hay Dios sino Dios mismo ; él tiene hollados 
Con su planta á los fuertes, fuerte es solo , 
Que con la noche cul)re el claro dia ; 
Este te ensalce. Cid Guzmañ. 

6UZHAN. 

Confia', 
Don Reduan Amir, di tu embajada. 



GCZMAII. 



A Aben-Jacob tas gracias y el rescate 
Daré á su Toluntad. - 



Aiáh supremo y misericordioso , 
Que á su pueblo mostró misericordia , 
Vencedor de Salan , Dios poderoso,* 
Señor de muchos mundos , sublimado 
Con gran sublimación , reina en la altura ; 
Pero en la baja tierra el mando ha dado, 
Como á di?ino entre los otros hombres , 
A Aben-Jacob, de Fez y Tarudante 
Monarca, y de Marruecos, y las playas 
Muy estendidas que domina Atlante. 

GüZMAIf. 

Prosigue , embajador. 

AUIR. 

Este arrogante 
Guerrero es el amado de Mahonia , 
De nuestra ley intér(irete divino , 
Que abrió con llave de doctrina santa ; 
Las estrellas le adoran por destino , 
V de su amor se mueren los luceros. 
No hay roas rey que él y Aláh , por esto quiso 
Pasar inmensas huestes contra España, 
Por repetir, cual vio en Jerez Rodrigo , 
De Muza y de Taríf la horrenda hazaña. 
Puso cerco á Tarifa , y la fortuna 
Que adora su triunfante media luna , 
Le dio en sus sacras manos á tu hijo. 
Es piadoso mí rey : dile , me dijo , 
Que permito el rescate , agradeciendo 
Cuanto sirviendo ¿ mi divino padre 
En África lidió siempre venciendo. 



¿Tendrás deseo 
De ver en libertad tu hermoso hjjo? 

GUZHAN. 

Por medio del rescate ya le veo. 

AMlR. 

¡CuánUs láffrimas tiernas y suspiros 
Habrá por él perdido ya su madre ! 

GÜZMAR. 

Embajador, propon las condiciones 
Del trato , y lleno irás de ricos dones. 

AMIR. 

Ya ves que el preso es joya inestimable , 
No solo , Cid Guzman , por ser el hQo 
Primogénito tuvo ,' aunque es gran timbre, 
Sino por su gallarda bizarria , 
Su esfuerzo y tierna juventud amable , 
Pues ya es muy gentil hombre y arriscado , 

Y imán del campo moro es su hermosura. 

La intencloh de mi dueño , qiie es mas pura . 
Que alba leche de candidas ovejas, 
Conoce los afectos paternales , 

Y no pretende á costa de caudales 
Inmensos deslucir tu ilustre casa , 

Ni que le des el oro que en sus naves 
Hiran llevaba á Tiro para el templo 
De Salomón desde esta rica Taráis. 
Un corto precio pide solamente 
Por alhaja tan digna y escelente : 
Fácil medio se halló para que veas 
Presto á tu lado al hijo que deseas. 

GUZMAlf. 

Sin duda Aben-Jacob, agradecido 
De lo bien que en el África he servido. 
Quiere mostrar <]ue la virtud se encuentra 
Aun entre religiones diferentes , . 
Propia grandeza de Ínclito monarca. 
El rescate y magníficos presentes 
Le llevarás. 

AMIR. 

Pues solamente pide... 

GUZMAlf. 

¿Qué pide el fiel magnánübo califa ? 

AMIR. 

Que le entregues la fuerza de Tarifa. 

GDZMAH. 

¡Tarifa... yo!... entregar!... ¿qué dices, moro? 

AMIR. 

No te admire, Guzman; nadaimposible 
Te pide mi señor ; ¿ qué menos quieres ? 

GOZMAÜ. 

Pues qué ¿ tan incapaz de ñzon eres 

8ue ignoras que esta insigne fortaleza 
o es mia propia , que es de mi rey solo ? 
Soy su lugar-teniente , y defenderla 
Juré solemnemente al cíelo mismo , 
Haciéndole homenaje y pldtesfa 
En manos del maestre don Rodrigo 
Al espirar : de aquesa Andalucía 
Pídanme mis estados , ó «i quiere 
Cien mil doblas , y aun mas le llevarías. 

AMIR. 

Guzman , los que se precian de prudentes 
Saben que esa fantasma , que honor llaman, 
Es solo ima^naria , y que no existe 
Sino en débiles almas ; mi gran dueño, 
A quien hace la luna reverencia , 
Te ofrece inmensa y bárbara opulencia , 

Y llegarás á merecer la dicha 

De tocarte su barba, y en fiel muestra 
De cariño besarla. 



\99 



OBRAS DE MORATIN 



GUZMAÜ. 

No pretendo 
Por tales medios honra ; ni españoles 
Jamás piensan asi : Dios es primero ; 
Pero después su honor , que al rey ofrecen. 

AMIR. 

Pero algunos se encuentran , que merecen 
Mas que los naturales : en Marruecos 
SitMnpre honrado te vi , ni disgustado 
Fuiste como en España por los fieros 
Bandos sobre el derecho de los Cerdas. 

GUZMAIT. 

En vano agravios frivolos me acuerdas. 
Siempre segui lo que pensé justicia. 

AVIR. 

Mas sin que sutilice la malicia , 

La villa de Tarifa, que deiiendes. 

No es de tu primo el rey , que es tuya propia ; 

Pues tú con tus parciales , acostados 

Y escuderos la tienes á tu costa. 

GOZMAÜ. 

Los nobles siempre estamos obligados 
A cumplir la palabra: y asi, moro, 
Menos Tarifa, lo que quieras pide. 

AMlR. 

El cumplimiento de la fe se mide 
Por distinta medida : nadie pudo 
PrevtMiir al jurar « que preso fuera 
Por nosotros tu hijo , y pues varia 
Tan impensada circunstancia y cierta , 
En ley ninguna el jurameuto obliga. 

GÜZMAN. 

Quien toma á cargo alffuna fortaleza , 
Todo previene, y aun lo no posible : 
No ese solo , sí mil hijos tuviem, 
Los diera por mi patria. 

AMIR. 

Y di, ¿si acaso 
No le vuelves á ver ? ¿ si á Fez le llevan ? 

GCZHAIf. 

Mientras viva Guzman , mientras mi brazo 
Maneje espada y lanza, su rescate 
No es difícil. 

AMIR. 

Mas tú ya has prometido 
Dar por él á Tarifa. 

GÜZMAN. 

¿Yo tal dije? 
¿ Qué es lo que dices, inoro alavecino ? 

AMIR. 

Aun lo imposible oi que prometías. 

GCZMAN. 

No te diviertas con las ansias mias : 
Vuélvete, embajador. 

AMIR. 

Pero si llega 
La posible ocasión de que la villa 
A fuerza de armas se entre, y toda España 
Como en tiempos de Ulit , entonces quedas 
Vil esclavo , sin hijo y sin lionores. 
i Cuánto dieras por no haber malogrado 
Entonces la ocasión de ser amigo 
De tan gran rey por solo el corto obsequio 
De un fortín, que va á dar al saco y fuego ? 
Repárate , Guzman , y desde luego 
Vuelvo en tí , haz lo preciso voluntario , 
Que el sabio se acomoda á la fortuna. 

GUZMA?f. 

Téngale tu rey preso ; mas su cuna 
Deberá respetar , que aunque cautivo 
Bien conoce quién es. 

AMIR. 

Voy ft hablar claro : 
(iuzíuan ol justador , alcaide invicto , 



(D. NICOLÁS). 

No te alteres , escucha , pues quisiste 

Que me llamase en África tn amigo. 

Sabe , que Aben-Jacob el alto, el grande , 

Que venció eo guerra á los alinoravides , 

Y el imperio afirmó en los almohades. 

Sobre el alcorán sacro jurar hizo 

Mirando el rostro acia el oriente 4 todos 

Los arrayaces de África y Egipto , 

Que han de volver á Hacer que España toda 

Vuelva á adorar á aquel profeta hermoso , 

Que ablandó los peñascos con su ruego ; 

Que han de ultrajar vuestra nobleza , y lucg( 

Volver en Cobadonga á acorralaros , 

Saípicar á la incendiada Compostela, 

Robando el cuerpo del patrón Santiago. 

Para principio de tan ñrande estrago 

Quiso como Tarif renair los muros 

De (a antigua Tarteso , á quien dio nombre, 

Ejército juntó que á EÍspana asombre 

De numerosas líbicas íalanges: 

No evitareis el cuello ¿ sus alCM^es, 

O á su yugo , aunque huestes mil aborte. 

Ni con sus ricos hombres la Castilla , 

Ni Aragón con sus bravos infanzones , 

Que en defender se ocupan á Girona. 

No está aun quieta Castilla , y la corona - 

Portuguesa buscó sus intereses. 

Aim no están castellanos y leoneses 

Con la reciente unión bien hermanados. 

Ya arma toca el rey moro de Granada 

Con la flor de su tropa ▼ sus linajes. 

El infante don Jua|i mal enojado 

Con -nosotros milita , y en el lecho 

Postrado yace el rey don Sancho el Bravo. 

Atm se acuerdan los godos españoles 

Del trance funeral deGuadalete, 

Del de Alarcos y Uclés : Ñuño de Lara , 

Muerto por Almanzor , y el rey Alfonso 

De Aragón , también muerto sobre Fraga 

Por los moros ; de Jaime al h|jo amado 

La mitrada cabeza dividióle 

Fiero Atar el de Málaga-; horror tanto , 

Junto con el poder de mi gran dueño. 

Derramador de sangre de crisüanos , 

Amedrenta á Castilla ; y... 

GCZMAIf. 

¿Hasta cuándo, 
Amir, abusarás de mi seguro? 
Di á la morisma que combata el muro , 
Que mas no ouíero oír , que otra Numancia 
Verá en Tarifa , á quien rendir preteode , 
Que la flor de Castilla está 4mi lado , 
l>onde es soldado aun el menor del pueblo, 
Y un fuerte capitán cada soldado. 

AMm. 
¿ Mas no te aflige el riesgo de to hijo ? 

GOZMAH. 

O por el oro, ú el acero fijo 
Su rescate será; yo daré modo. 
Jímen , atiende. 

Mientras habla Guzmim con Jimen^ dice á An 
el araldo : 

ARALDO. 

Bn gran |)eligro estamos, 
Cidi , volvámonos, y no irritemos 
Mas á tan feroz hombre , que da espanto. 

AMIR. 

Las rehenes de su hijo te aseguren. .«, 

ARALDO. 

No hay mucho que fiar ; ¿ no Tes con cnanto 
Desprecio mira el riesgo de su hjjot 
Quien de él no se apiadó, iqné piedad qnier 
Que tenga de nosotros, si le irritas? 
No vi tan atroz alma ; al campo vamos. 

AMm. 
K Esa respuesta á Abcn-lacob llevamos? 



6UZMAN EL BUENO. 



i25 



GUZVAIf. 



Conforme te la di , dala al rey moro , 
Y di que caballeros castellanos 
Jamás rinden la plaia al enemigo, 
Mientras pueda en la mano estar la espada ; 
Que es fuero de Castilla muy antiguo , 
Oue el alcaide á la puerta de su alcázar 
Debe morir ; primero en mi cadáver 
Con honrosas neridas destrozado 
Ha de poner los pies ; y el entrar solo 
Por encima de mi no está vedado. 



Aláh Quinr te salve é ilomine : 
¿ Y de tu hijo ? 

GtzaAif. 

El moro determine. 
AMiR (yéndose). 
; Qué lealtad! 

AHALOO. 

¡Qué barloara constancia! 
BftGEKA Vm* 

DOSA MAWA, BLANCA, ELVIRA, GUZMAN, 
JIMEN. 

htíSk MARÍA. 

Dlanca, tu llanto enjuga, la distancia 

No es mucha, ni de tiempo ^ ni camino, 

Que hay para ver á tu querido esposo 

Pedro , mi dulce j regalado hijo , 

Pues su padre , ai fin padre , habrá ajustado 

Su rescate prudente , y va sin duda 

A traérnosle Amir , suspende el lloro. 

gli}íak( aparte). 
¡ Otro dolor , otro tormébto , cielos ! 

bla:yca. 
Valido de esto el insolente moro 
Pedirá suma inmensa ; mas no importa : 
Mi dote , mis alhajas y preseas. 
Piérdase todo si don Pedro vuelve. 

D05ÍA HARÍA. 

Blanca , cosas inútiles deseas , 

Vu^s f. qué podrá pedir el moro altivo , 

Que no le de sa padre fácilmente? 

GDZVA!«. 

Todo pudiera darle ; solamente 
El rescate que pide es imposible. 

DOÑA haría. 
¡Cielos! ¡señor! ¡esposo! 

BLARCA. 

Qué, ¿no vuelve 
Al instante don Pedro? 

CDZilAN. 

¡Trance horrible! 
Ya volverá. 

DOÑA HARÍA. 

¿Pues cómo ya no ha vuelto? 
Coando pensé míe la pnidencia tuya , 
Que sabe mi dolor y sentimiento , 
Diera disposición de que al momento 
Volviera yo á vivir viendo á mi hijo , 
¿Hyy esta lentitud? ¡ Toda soy hielo ! 
¿Qué es esto? ¿Pues qué ha dicho el enviado? 

GDZMAN. 

Aun no el contrato está finalizado ; 
Gran madurez las grandes cosas quieren. 

D05ÍA HARÍA. 

Pues darles sin tardar cuanto pidieren. 

GDZXAN. 

Quizá no podré darle lo que pida. 

Do5íA haría. 
PQes ¿ qué puede pedir tan inposible ? 



GUEHAR. 

Que le entregue las llaves de Tarifa. 

DOÑA HARÍA. 

¿Eso pide? iQué horror! j Ay Blanca amada! 

Ü^ué sobresalto, y cuánta desventura 
e anuncia el corazón ! que es muy terrible 
Su padre. 

RLANGA. 

¡Oh infamia ! ¡oh bárbara insoleDciai 
Do5íA haría. 
¿Y qué determinasteis ? 

GOZHAR. 

La padencia 
Todo lo Trace. 

DOÜÍA HARÍA. 

¡Ah cielos! Y si acaso 
Le embarcan para el África , y no puedo 
Quizá volverle á ver en muchos años , 
i Qué será de su madre , que le adora 
Como prenda infeliz de sus entrañas? 

«HEN. 

Con la esperanza os consolad, señora. 

DOÑA haría. 
Pero , señor , si el moro no se allana , 
¿ Consentirás que vaya entre cadenas 
A las mazmorras de África tal b^'o 
De tal padre , ó que reme en sos galeras , 
O en ministerios viles ocupado 
Desdiga de quien es ? 

GOZHAN. 

Vivo fiado. 
Que no hará cosa indigna á su persona. 

DOÑA HARÍA. 

Mas que su estirpe su virtud le abona. 
Eso mismo á cualquiera empeñaría, 
Que no fuese su padre , á dar el modo 
Mas pronto de que vuelva; pero veo 
Con dolor tal demora : ¡ oh si yo fuera 
A ouien el contratar correspondiera ! 
: Oh cómo no gimiera ya en prisiones , 
No digo el hijo de doña Mana 
Corone! , que son pocos mis blasones ; 
De Alouso Pérez de (Guzmau el Bueno , 
Digo, que esclavo está del sarraceno! 

GUZHAN. 

No aumentes mi tormento , esposa amada , 
¿Qué cosa me dirás que yo no intente 
Por dar la libertad tan deseada 
A nuestro hijo ? ¡ Oh, qué acertado fuera 
Que en las plazas mig'er ninguna hubiera , . 
Que hacen daño ma^or que el enenugo ! 

DOÍlA HARÍA. 

O piensa qué has de hacer , ó yo no sigo 
Lentitud tan severa. 

GUZHAN. 

Pues ¿qué baria 
Sin faltar á sa honor doña Varia? 

DOÑA HARÍA. , 

Le librara una madre á todo riesgo. 

GUZHAIf. 

¿ Y á riesgo del honor también y fama? 

DOÑA HARÍA. 

Y qué ¿es posible no hay otro remedio? 
Un caudillo escelente da mil trazas 
En la guerra : vasallo y padre debes 
Discurrir ; mas naturaleza misma 
Dice que eres esposo y eres, padre. 

COIHAH. 

Pero Cuzmas y alcalde de Tarifh. 



«34 



OBRAS DE MORATIN (o.iacous). 



ESGEaiA IX. 

u)S MISMOS, menos doña Marta, 

BLANCA. 

Señor , doleos de la triste suerte 
De toda vuestra miserable casa : 
Ved qué bodas las mías , qué torneos , 
fíalas dispuestas , y sortija y cañas. 
Mirad mis infelices casamientos , 
Que bastaban ser mios y de un hijo 
Vuestro , que ol alma le conserva fijo , 
Para ser todo desconsuelo y llanto. 

JIME!f. 

Mitiga el tuyo «hija querida , y tanto 
No inquiete á don Alonso tu porfía : 
Ve , y consuela U gran doña Maria , 
Que el cielo dará luz ; pero parece 
Que el moro se descubre. 

GUZMAIf. 

Pues al puuto 
Retiramos adentro nos conviene ; 
Si algo quisiere , llame, no presuma 
En mi debilidad , porque don Pedro 
Está cautivo en la potestad suya. 

JIMEIf. 

Nuestras postas descubren todo el llano. 

ESCOEIIA X. 

Campamento del moro á un lado, y al otro 
vUta de la plaza algo moi alta. 

ABEN-JACOB, AMIR, araldo, mokos. 

ABBN-JAGOB. 

Amir, ¿con que ese floro castellano 
Tan inflexible estuvo? 

AMIR. 

Fueron vanas 
Mis artes orientales, vano el mego, 
B inüüles también mis amenaias. 

ABEM-JACOB. 

Pues al remedio apelaremos luego 
Premeditado, porque á ftaena ó arte 
Yo be de entrar en TariRi, si el sol entra. 



Pues ve que lidias con el propio Marte. 

ABBü-JACOB. 

Ya te advertí que mi voluntad regia 
Fué el conquistar di España , y que ya tengo 
Preparativos, máquinas horreiiaas. 
Ejércitos de tierra y mar inmensos, 

Y mil galeras en el puerto surtas. 
Sin contar dromedarios y elebnies, 

Y en Algeciras berberiscas ftisus. 
Vn mundo traigo entero, ya lo sabes, 
Para lograr que la dichosa España 
Vuelva a humillarse al yugo de Mahouia, 

Y para que la gloría resplandezca 

De Abu-Nazar como en los claros días 
De los Abdeiramanes y Almanzores, 
Consagrados de Zeca en la mezquita : 
Cuando oprimido el lustre v valor godo 
La casa real de Córdoba dfe leyes 
Desde este nuestro mar al de Cantabria 
A los soberbios y vencidos revés. 
El puerto de Tarif , llave de ¿s|>aña, 
Carteva de Argantonio antiguamente. 
Quiero ganar primero, que hace frente 
A África el mas cercano, y es su punta 
La mas meridional on el estrecho. 
Atpii empezó Tarif con su fortuna, 

Y a su imilaoion yo : Tarifa tiene 
Kl destino de España , si ella viene 
A mi poder , España vendrá tiMia, 

Y holbrc como uu tiempo en Cuadalot«' 
La altiva presunción y pompa goda. 



Escucho yo ti señor de lot creyentet 
Con gran humiliicioD ; pero bien sabes, 
Que fiesde el día santo de It hegira 
Hasta el frió mayor del erado hivierao 
Seis lunas hace ya que en libias naves 
Llegamos á poner cerco i Tarila: 
¡Cuanto hemos paaeddo , qué rebatos 
Nos dieron , qué constancia y qué salidas! 

Y al fin , señor, et ftierza que advirtamos , 
Que la guarda Guzman , el gran torneante. 
Si en España otra esnada semdante 
Hubiera al tiempo del btal Rodrigo, 
Nunca k entraran ni Tarif, ni Muza. 

ABBN-IAOOi. 

Soy irreconciliable su esemlgo, 

Y el deseo me llama á la veogana 
Desde que me engañó coo aaechanxa, 

Y embarcó sus tesoros y sa esposa, 

Y desde África dio la vuelu á España. 

AMm. 
No olvidarás , señor, la peligrosa 
Baulla en que fM puesto por camelas, 

Y habiendo muerio á diei aa heroico alien 
Luego le echamos nn león hambriento, 
El mas tremendo que abortó Getulia, 

Y el soberbio animal ¡ raro portento ! 
Rugió , y humilde se postró á su planta. 
África toda U victoria canta 

Oue hubo en los valles de la gran serp 
Que hombros y bmtos fiera devoraba. 
Ruina y desolación del continente ; 

Y en su caballo el espaftol valiente 
Combatió con hi bestia levantada 
Sobre sus alas , que coo roncos silbos 
Los montes atronó feros hiriendo ; 
Todos huimos del drason horrendo, 

Y él solo con su espada el escamoso 
Cuero rompió, cayo del aire á tierra 
Con grande estraendo el espantable monit 

ABEN-JAGOi. 

A mas de la venganza qne devora 
Mi pecho , yo p«Dsé vencerá España, 

Y sé que svQetaria es imposible 
Mientras haya Guzmanes ; aieoipce han ski 
Sus campeones, su defensa 'y muro, 

Y hasta Oriedo liallaré paso seguro. 

Si áél mato ó prendo, aunque se nombre a 
Domador de leones y serpientes. 

AMm. 
Difícil cosa , Aben-ittseph , pretendes. 

ABE5-JAC0B. 

Por su hijo él con Tarifii está en mi roano. 

AMm. 
Del hijono lo dudo, soberano 
Niramamolin ; pero al fiero padre 
Quizá no habrá conOido que le rinda. 
No vi ul fortaleza ; le observaba 
Después de muchas esta noche misoa. 
Por el muro tal vez se i 



Vigilante ; en su gran lanza apoyado 
Tal vez atiende, el peto le renimbn. 
La alta visera y el penacho altivo, 
Y sus ojos al rayo de la luna. 
Con el silencio oi cómo cnriian 
Las fuertes armas , que ni día ni noche 
Se quitó en todo el cerco de Tarifa. 

ABEM-JACOB. 

Pues hágase la seña y la llamada. 

ABALDO. 

Toca añafil. Castilla : ¡ah de b plaza! 

ESGEIfA XI. 

nUESenlo alto.y luego CLAMAN r solba 

JIMEÜ. 

Moros , 4 á quién llanuis ? 



GUZMAN EL BUENO. 



12S 



ABEÜ-IACOB. 

A Gazman llamo. 

CUZMA!!. 

ya escacho lo que mandas. 

ABEÜ-JACOB. 

Íie llegue tu osadía 
ad tao obslinada, 
í posible defenderte 
1^ bárbaro ¿ la muerte 
naje, y tus soldados? 

GOZHA!<. 

en los tiempos ya pasados 
Iré me entregó la costa 
le Oran , Tánger v Ceuta, 

vendido con traidora 
I por justo lo aprobaras? 

ABEÜ-JACOB. 

isputar ; mas pues reparas 
I raerza ; Amir , al punto 
ordenes. 

GUZIfAü. 

Jiménez, 
d rey bárbaro? recelo, 
9, de angustias oprioúdo, 
e como niño tierno.... 
es Guzman , y es hijo mió. 

ESCENA Xn. 

8, DON PEDRO T GUARDIAS. 
JIMCN. 

'?¡qué lástima! 

ABEN-JACOB. 

¿ Conoces» 
te doncel ? 

GUZMAN. 

Negar no puedo 
dre. 

DOü PEDRO (recio), 
Y yo, señor, tu hijo. 

ABElf-JACOB. 

b plaza, ó.... 

GüZMAIf. 

No prosigas : 
ido , haz lo que quieras, moro. 

ABEH-JACOB. 

ihora le guardé el decoro, 
inacidki me desobligas. 
Guzman , rendid la espada. 

DON PEDRO. 

eros castellanos 

a ceden , y aunque presos 

la en la atrevida mano. 

CUZMA!!. 

a espada ; asi se sirve 
I rey ; llegará día 
, sufra el valor algo. 

DOÜ PEDRO. 

garán por cobardía 

en sus casas descansando 

caños de Castilla ? 

GUZMAN. 

Ion Pedro. 

DON PEDRO. 

Esa voz sola 
n-Jacob, toma la espada, (Dásela.) 
mi padre, y le obedezco ; 
looque ahora te la ofrezco 
tosíante español fuerte 
rabeos , ni á la muerte. 
GCZMAN (recio). 
¡o mío. 



ABEN-JACOB. 

¿En fin te obstinas 
En no entregar la plaza? 

GUZMAN. 

Antes la vida. 

ABEN-JACOB. 

Pues no estrañes si á todo rigor llevo 
Las cosas al estremo mas temblé. 

GUZMAN. 

Yo soy leal. 

ABEN-JACOB. 

Tenaz, lireducible 
A la razón, i Ah fiero castellano ! 

GUZMAN. 

Si no aviso á mi rey , no está en mi roano... 

ABEN-JACOB. 

Ni en la mia tampoco la paciencia 
Con tal hueste , y Un poca resistencia 
Como tenéis ; el último recurso 
Es el que ves : este almaizar encierra 
En su seno , Guzman, la paz y guerra : 
Ahí te le arrojo, elige lo que quieras; (Le arriba.) 
O amistad buena, ó formidable estrago. 
GUZMAN , y luego los cristianos. 
¡Guerra! ¡guerra! já las armas « Santiago! 

ABEN-JACOB. 

i Qué rabia ! ¡qué balden ! 

amir. 

Alma terrible. 
Digna de ser creyente. 

ABEN-IACOB. 

Al mas horrible 
Calal>ozo llevad al prisionero. 

DON PEDRO. 

Contento , ó padre , por España muero. 



Corriendo viene alli doña Maria. 

ABEN-JACOB. 

Pues no le vea. 

DON PEDRO. 

¡Ay dulce madre mia! (Uévanle.) 
ESCENA Xm. 
DOÑA MARÍA, GUZMAN, JIMEN t soldados. 

D05ÍA MARÍA. 

Hijo mió, don Pedro, aguarda, h^o. 
¿ Adonde vas? 

ABEN-JACOB. * 

Tu bárbaro consorte, 
Cristiana; te dirá la triste suerte 
A que le condenó, pues yo colQo 
Que no piensa Guzman qné'ese es so hijo. 

ESCENA ZIV. 

Amenórau el acan^iMmentOt y ie emaneha laplaxa, 

DOÑA MARÍA, GUZMAN, IIMEN, cristianos. 

do^amarIa. 

¿Qué es esto? ¡ ay Dios! ¡qué horror ! Yo estoy turbada 
¿Qué es lo que me sucede? Un temblor frió 
La sangre me cuajó. Yo me estremezco 
DesatenUda. ¿Qué es aquesto, esposo? 

GUZMAN. 

Esto es mostrar un pecho valeroso 
Contra la obstinación de la fortuna. 
Esto es ser infeliz, ó ser dichoso. 
Esto es hacer la mas tremenda prueba 
De lo que puede el corazón de un noble. 
Esto en fin ser leal. 

DollA haría. 
¿Eres tú padre 



m 



OBRAS DE MORATIN 
Do ese infeliz y aprisionado joven ? 

GUZXAN. 

Como del rey de España fiel vasallo. 

DOÑA MARÍA. 

¡ Ay hijo mió! ¿Que eslo escucho, y callo? 
Pues, cruel, ¿cómo asi dejas que lleven 
Ai iiiuceule niño desdichado 
Con padre tan omiso? 

GUZMAX. 

El ansia mia 
No aumente tu clamor, doña Maria. 
Éntrale a las tarimas de tu estrado 
Con tus esclavas, ó con tus doncellas. 
Ruega de España al gran patrón Santiago. 
Retiradla. 

JIMEIf. 

Señor... 

DO^A MARÍA. 

Ya te abandono, 
Inflexible Guzman, padre inhumano, 
De corazón indómito. A los cielos 
Vuelvo niis ruegos anegada en llanto, 
Pues lio hay medio en la tierra. ¡O padre horrible 
Indigno de honra tal ! 

B9GENA XV. 

GUZMAN, JIMEN. 

GUZMAX. 

¡Trance terrible ! 
¿Qué es esto? ¡Ay Dios! ¡qué horror! Qué, ¿meaban- 
Todos como á una abominable íiera? (donan 
¡Qué fmieral horror en mi semblante 
Llevo por ser leal ! ¡ Oh patria ! oh España ! 
Üb rey, cuanto me debes ! ¿No es bastante 
El dolor paternal? ¿Y tü, Jiménez, 
Me abandonas también? 

JIME!f. 

Señor... 

GUZMAN. 

Amigo, 
Déjame lamentar aqui contigo. 
Pues qué, ¿imaginas, dime, que no siento 
Eu mi pecho el mas bárbaro tormento ? 
Pero es fuerza fingir. ¡ Honores vanos, 
Que obligan a olvidar el ser humanos ! 
Déme el cielo ¡ay dolor! la resistencia 
Que necesito, y necesita España, 
i Oh Jacobo, patrón, apóstol santo! 
Libra ¿ tu pueblo en su fatal quebranto. 



ACTO SEGUNDO. 



ESCENA PHIBIERA. 

DON PEDRO, BLANCA. 

BLANCA. 

^Qué es esto? ¿es ilusión? Don Pedro amado, 
¿Que te vuelven á ver mis tristes ojos 
Hendidos de llorar? qué, ¿se ha apiadado 
Cl cielo a mi dolor ? Dulce bien mió, 
Habla, dueño y señor, esposo, amante. 

hOTi PEDRO. 

¡ Oh cielo ! ¡ oh Blanca ! ¡ oh pena penetrante ! 
Cielos, ¿ para qué vine ? 

BLANCA. 

¿A qué viniste? 
¿Como csUs libre? dime, acaba. 

DON PEDRO. 

i Ay triste ! 

BLANCA. 

Di, y no permitas (lue al dolor reviente ; 
¿A qué has venido? 



(d. mCOLAS). 

DON ^EDBO. 

A verte solamente, 
fibnca adorada mia. 

BLANCA. 

Yo fui causa 
Fatal de tu prisión, por mis errores. 

DON PEDRO. 

¡Infeliz suerte, y trágicos amores I 

BLANCA. 

No ya tan infelices, pues te veo ; 
Ya al fin todo calmó ; mas tu severo 
Padre viene. 

DOIf PEDRO. 

Rethrate, señora. 

BLANCA. 

Búscame presto, 6 tú mi muerte llora. 

Escasif A n. 

GIJZMAN, DON PEDED. 

GOZMÁN. 

Hijo... 

WM nDBO. 

Padre, i tus plés beso postrado (De t 
La mano paternal y vencedora. 

GUZMAN. 

De confusiones mil estoy cercaoo ; 
Sácame pronto de ellas. 

DON PEDRO. 

Vengo solo 
Por la postrera vez á despedirme 
De mis padres y esposa, pues la muerte 
Temo iv3rca en pooer de aquel tirano. 

GUZMAN. 

¿ La muerte temes, y eres castellano ? 

DON PEDRO. 

No la temo, la espero. 

GUZMAN. 

Pero;cómo 
Volviste? ¿Te has huido, ó te soltaron ? 

DON PEDRO. 

No, señor : óyeme. La infanta mora 
Perdidamente mi desprecio adora, 

Y yo de su pasión ciega valido, 
En secreto permiso la he pedido 
Para venir, aunque por tiempo breve; 
Ella facilitólo, pues de todos 

Con sus hechizos el corazón maeve. 
Pero pleito homenaje bice primero 
De volver antes fiel á sus reales 
Que me pueda su padre echar de meóos. 

GUZMAN. 

Pues, don Pedro, los nobles y leales 
No faltan nunca á su palabra, ni aunque 
Importara mil vidas ; vuelve, vuelve, 

Y da á Fátima gracias de mi parle. 
Vete antes aue tu falta se conozca, 

Y ella sutra las iras de su padre. 

DON PEDRO. 

Yo sé el tiemiH) que tengo concedido ; 
Permitid que á las plantas de mi mafire 
La dé el ultimo abrazo. 

GUZMAN. 

En varooíles 
Pechos nunca espresiones femeniles 
Tienen digno lugar : estará ahora 
Retirada en su estancia : vete al punto. 

. DON PEDRO. 

Aun puedo esperar mas. 

GUIMAM. 

Pues que te d^ 
Este rato, oye á un padre que te estimai 
P( r si estos son los últimos consejos. 



GUZMAN EL BUENO. 



IS7 



]M>R PEDRO. 

¡Qaé tormenlo flerisiniOf qaó angustia! 

GuauN. 
Ya Tes la ufana jayentad robusta 
A cuántos precipicios te despeña ; 
Ya ves h andas desobediencia tufa 
A qué fin te condujo tan amargo. 
Tú uo estimaste ni el militar cargo, 
Ni la paterna autoridad, y ciego 
Contra mi voluntad saliste al campo. 

DOTf PEDRO. 

Es verdad, señor... Padre, no lo niego. 

GQZHAIf. 

Pues ya te castigó la Providencia 
Veladora por taldesobediencia, 

Y si á mi poder vuelves, en consejo 
De guerra con rigor tu culpa trato. 

DOH PEDRO. 

Me honro en ser \ú¡o de español Torcuato. 

GOZMAIf. 

Mas no eres solo tü quien lo padece ; 
Tu madre desdichada, ¿qué merece. 
Para padecer tjinto? Jimen, Blanca, 
Todus, lilspaña, y yo, que á todos sufro 
Con penas mas acerbas y crueles? 

DOIf PEDRO. 

i Oh cielo! ¿y de esta angustia no te dueles? 

GUZMAN. 

Y mi suerte infeliz á tal estado 

Me abatió, que aunque padre me es preciso 

Olvidarme de serlo ; y así quiso 

Mi desgracia, que tenga que olvIdarmB 

De Castilla ó de ti ; ya no hay remedio. 

Hijo, i qué pena y riguroso trance ! 

Mas DO es justo tampoco que padezca 

Por solo uno la patria. Yo reviento 

Del tremendo dolor ; mas ¿qué he de hacerme? 

Que aunque soy padre, soy leal vasallo. 

Yo por la patria cosa mas no hallo 

(^e ofrecer que mi hilo : este le ofrezco, 

Y la ofendiera haciendo lo contrarío. 

DON PEDRO. 

Desgraciado naci : ¡ valedme, cielos ! 

GOZIUN. 

Mas no puede quedar otro consuelo 
Que es el de la constancia generosa, 
Que al noble levantó sobre la plebe. 
Muñendo, si es preciso, cual se debe, 
Borrarás dignamente tu delito. 
Aprende en el rigor de este conflito 
A servir á tu rey, si libre fueres ; 

Y si no, estos instantes que vivieres 
Sabe cómo has de usarlos. Uoa hazuña ^ 
Te puede hacer blasón y honor de España ; 
Tanto la virtud puede : esta grandeza 

De alma levanto á Roma á tanta alteza ; 
Esta ensalzo á Castilla, y grandes triunfos 
Amontonó ; ni pienses que un romano 
Escede en el valor á un castellauo, 
Que á su rey dará acaso nuevos mundos. 

DO;f PEDRO. 

Padre y señor, humildemente admito 
Consejos tan hidalgos como justos. 
¡Mas ay ! mi madre viene. ¡ Madre mía ! 

ESCENA lU. 

DOÑA MARÍA t dichos. 

DO^A MARÍA. 

¡Hijo del alma, ay hijo ! ¡ ay qué alegría '. 

GUZHATV. 

I Nueva confusión, cielos ! Viene á verle 
Í)on Pedro, y vuelve' al punto al campo moro. 

DOÜA haría. 
¿Gimo volver? mis joyas y tesoro 



Le llevad ; pero el hijo de mi vida... 
Primero he de morir. 

GUEHÁN. 

ISsposa, es fuerza, 
Que así está prometido. 

DON PEDRO. 

Es cierto, madre. 

D0^4 MARÍA. 

Pues yo no le hice al moro tal promesa. 
Entra á reposar, hijo. 

GÜZIAN. 

No desmientas 
A tu antiguo esplendor, doña Maria. 

DOÜ PEDRO. 

No puede ser. ¡ Ay dulce madre mia ! 

DO^ÍA MARÍA. 

¡Prenda de mis entrañas, regalado 
Dulce amor de tu madre ! Oui, criados. 
Servidle con la salva y la escarlata, 
Y en su albei^e descanse. 

D0:f PEDRO. 

i Madre mia ! 

D05ÍA MARÍA. 

Hijo, qué, ¿ no te acercas k tu madre. 
Que te adora en estremo? 

DOZfPEDftO. 

Humilde beso 
Tus pies, señora. 

D05fA MARÍA. 

Álzate, llega, vuelve 
Mil veces á mis brazos. Mas, ó Pedro, 
Jürame no apartarte de mi lado. 

DON PEDRO. 

Señora, ya sabéis lo que he jurado. 

DOSÍA MARÍA. 

Nada me aquieta. 

GtJZMAIf. 

Ya sufrir no puede 
Tanto mi pundonor : doña Maria, 
Ya que tu ciega sinrazón no cede 
A lo que es justo y manda la hidalguía. 
Advierte que don Pedro se ha buscado 
Por su mano este mal : él 4 otros padres 
Obligara á quebrar la fe jurada. 
Pues él se lo adquirió, que sufra honrado 
Cualouier suerte que tenga preparada. 
Bien lo merece todo ; ¿por qué ciego 
No obedeció á su padre? ¿al mas prudente ? 
i Al ayo? ¿al general que le mandaba? ' 
Qué , ¿ la obediencia militar es esta ? 

D05ÍA MARÍA. 

Mis lágrimas te sirvan de respuesta. 

< GOZMAN. 

Pero bien : ¿qué mas tiene ese soldado 

Que otro alguno? También Fortun Fernandez 

Está en el real del moro aprisionado. 

¿Es mas que un hombre el uno y otro? ¿j quiereí^ 

Que por un hombre entregue yo una plaza. 

Que es el .inteuiural , y es la barrera * 

Sola que tiene la afligida España? 

Aquí rechaza embates y avenidas 

De la inmensa morisma : si esta presa 

Rompe el Ímpetu suyo y grandes furias. 

Se inundará con sangre , incendio y muertes 

Hasta las rocas ásperas de Asturias. 

¿Y esto he de darle al moro? 

DDÑA MARÍA. 

¿ Mas no adricrtes, 
Señor, la distinción de lo» sujetos? 
¿ No es hyo ti^o Pedro, y muy amado ? 

•OZMAlf. 

Hijo mío es aquí cualquier soldado. 



IÍ8 



OBRAS DE MORATIN 



doHa iiab|a. 
En fin, i qoe ni te doelet , ni eres padre ? 

ODZaAll. 

Si, me daelo; mas soy también fasallo. 

iQaé es del valor antigao y celebrado 
Que es heroico blasón de los Gozmanes? 
1 Diré , esposo , que en ti ya se ha acabado ? 
Eso si , para justas y torneos, 

Y fiestas entre damas y galanes 
Con fingidas batallas, eres Bueno ; 

Y en la ocasión que mas te convenia, 
No libertas , quizá por cobardía, 

Al hgo único tuyo en riesgo tanto. 

GUZHAIf. 

¡Qué esto sufra ! Señora , no me espanto 
De tu delirio : el Afirica lo cuente. 
¿Habr4 espada en Castilla tan valiente, 
Üue á la mia se oponga? Mas dejemos 
De hablar con tan inútiles estremos, 

Y el corazón sosiega. 

doAamabU. 

¿Quién baria 
Barbaridad tan fiera , aunque criado 
Fuese en Libia en los montes de la luna? 

GDZHAÜ. 

Cualquiera que tuviese esta fortuna 
De ofrecer por la patria un hijo solo. 

DOÍVA MARÍA. 

Meior es con valor que tiemble el polo 
Defender k Tarifa ; si los hombres 
No se atreven , yo , yo con mis mujeres 
Cada cual como libica leona 
A defender saldremos i mi hQo, 
Pues su padre no quiere. 

GÜZVAÜ. 

¿A mi persona 
Se trata asi? ya falta el sufrimiento. 
¿Posible es que su madre en mi presencia 
A un hyo mió dé tales consejos? 
Por la vida del rey Don Sancho juro, 

Y por vida del principe Femando, 

Que mas me inquieta la imprudente madre. 
Que del África unida el moro bando. 

DON PEDáÓ. 

No aflyais mas, sefiora , á mi gran padre. 

D05lA MAlliA. 

¡Ay madre infelicísima! 

GUIHAN. 

Dichosa 
Mejor puedes decir, si á costa solo 
De un hyo de tu vientre á lograr llegas 
Que Espajía de cadenas se lioerte. 
¿Cuántas dueitos de honor quizá te envidian 
La dicha de ser madre de aquel hyo. 
Que liberte á Castilla amenazada? 

t* Oh cómo todas sin reparar nada 
entregaran sus hijos , si supieran 
Que con eso á la patria redimieran ! 
¿ Y tú no lo agradeces ? 

nO^ÍA MARÍA. 



¿Y es posible 



Que tendrás corazón tan inflexible 
Para dar otra vez el hijo al moro? 

CUZHAH. 

No hay remedio , y á mi si me admitiera, 
Y á ti también , esposa , aunque te adoro. 

no^A haría. 
Yo iré á servir de esclava , v en la frente 
Me dejaré marcar, libre á mi hüo, 
£l viva , y muera yo entre estrana gente. 

GUZMAN. 

¿ En (In dices , esposa , que la filena 



(b.iocolas). 

Entreoue , y que vendamos hoy i Espala? 
Que al rey y religioB coo mil tnicloMS 

Y peijurios liiHemos? ¿Eslo quieres? 
Di, acaba. 

DOJlA haría. 

Ubra á mi hyo sí i 

GORMAN. 

Como padre lo haré , como < 

También si puedo ; mas si do es posible, 

Y no hay remedio ya , no solamente 
Ho de entreffarle yo ; pero su madre 
Gustosa ha ae decir que lo cooaiente. 

DOSa MARÍA. 

: Sentencia injusta de terrible padre ! 
Ven , hyo, á consolarme el tiempo brete 
Que te queda. 

OOZMAH. 

Yairá,dofiaMarit; 
Darle algunos avisos yo quería 
Útiles. Düespejad ; solos quedemos. 

DOifAMARlA. 

Venme á ver presto, mira mis eetremos. 



GUZMAN, DON PEDRO. 

GUZMAH. 

Estremos de flaqueza femeniles 
Capaces de infundir la cobardía 
En el pecho mas fuerte. Yo quería, 
Don Pedro, examinar adonde llega 
Tu valor : si los llantos de tu oíadre 
Te enternecieron ; y si Blanca nega. 
Si débil cederás ; qae á tal Instancia 
Casi recelo ya de tu constancia. 

DON raoRo.^ 
¿Eso dudas, señor? 

GUZMAN. 

¿Estamos solos? 

DON rSDRO. 

Nadie escucha. 

GUZMAN. 

Pues di : ¿vuelves gustoso 
A la prisión del moro? 

DON reoRO, 

IQ palabra 
Di , y cumplo siempre alegre mis 

GUZMAN. 

¿Pues no es mejor yantar aqni á mis 
Que alli irritar del árabe la sifta ? 

DON rCDRO. 

Soy hyo de Guzman , y soy de Espafia. 

GUZMAN. 

Habla claro , hyo mió : ino confias 
Tu secreto á tu padre? iM , no teoias. 
¿Piensas , que estrañaré que los temores 
De la muerte , en el hombre naturales. 
Te estremezcan? Son débiles los hombres; 
Confiésalo á tu padre que te estüua ; 
No habbs va con Guzman el riguroso, 
Nada sabrá el alcaide de Tari£ 
Confíate. 

DON PEDRO. 

Señor , no me acobarda 
La prisión , ni la muerte si es predsa. 

GUZMAN. 

Y diroe , Pedro, ¿el tierno amor de Bboca, 

Y su dulce himeneo hoy preparado 
Te detendrá en la plaza ? 

DON PEDRO. 

Si estuviera 
Con el honor que ayer , si ya que hubiera 
Sido preso , me hubiese rescatado. 



GUZMAN 
í CQiUiiiler modo Ubertado, 
forUoipwicrft el arando ÚMOútí 
do Melft vo llflfo á imagiiiarBie, 
a BoMo y tMMroto evjpteho 
I €m rubor de ra presencia. 

» b modestia y refermda 
UiS|nialira8;demlfta 
: CBliambo» somos mlliurei, 
lo al alcaide de Tarib; 
rá Gwman ta adusto padre. 

MR PIDSO. 

imor tiene hecha so manida 
adosas almas : no entre guerras • 
entre el honor; siempre qae reine 
as fuerte « ▼ varonil , y heroica, 
de eali el impeta contiene. 

roer qae salfn de ta boca 
Ineorniptas? 

nofirEMM». 
Ve si acaso 
t seik>r, i los preceptos 
ts me has dado. 

COSMAÜ. 

i Con que puedo 
I valor? 

MU mno. 
Segoramente. 
cmmAii. 
( ertt iHin Oniman? 
MNi mío. 

Si. 

GOXHAlf. 

«YhQomio? 
noü rEvio. 
lo diga. 

GCZgAü. 

Con que el desvario 
dre y espnsa ¿ no es bastante o 
tn valor slenipre trian fante? 
Is, si es preciso, atrevimiento 
le la moerte el fln violento ? 

noü PEnno. 
ornarla por mi propia mano. 

GUXHAÜ. 

qne U| pecho es castellano, 
ega é mis braaos , hijo digno 
taso de Gosman. jQoé goio! 
Éht yo menos de mi sangre, 
eloya. 

non ramo. 

Pero qnisiera, 
lefior, ami antes qne me fuera, 
aMMTte cercana ya contemplOt 
I los mayores el ejemplo : 
i Ékhna hora qne me diesen 
100 patmn de las Espafias 
pretendo : soy cristiano. 

COZMAN. 

no carezcas de sos gracias. 
lo á prepararlo. 

BtCElf A ▼• 
mmO , DOÑA MARÍA , BLANCA. 

DO^A lAliA. 

¿Por qué, Ó Pedro, 
desde in nmdre qne te ama? 
M nrf tfiedo y mi lemesa ? 
» le oaeresco á lo finett ? 
itmihigrato. 

BONFiano. 
Madre mía, 
ft tanto me ofendes? ¿yo me oNMo 



EL BUBNO. 



í 



Bel entrafaMe amor y !■ teninra 
De mi oNdre adorada? ¡qoé locnra 
Foera ta mta! ¿Yo no te venero? 
- Yo mas qne á mi persona no te quiero ? 
To, seftora , qnien tal dice se engaita. 

noJlA BAniA. 
¿Venciste de to padre yi ta eitraia 
Severidad ? ¿ dio algdna proviikmeta f 

DOÜ FIMO. 

Me es preciso volver , no hay resistencia. 

do.1a lunU. 
¿Esto se adelantócon sn consejo? ' ^ 
¿Qaé dices, Blanea, t&? 

ILAIICA. 

Donde "M madre 
Y mi htío , y aun m ptdre. están tratMMlo 
Tan Íntimos asantes, ¿qné babtar puede 
Una ijniorante y misera donéelta» 
Sino llorar so i^pron eitreltat 

a0.lAr «AllA. 

Mira , Blanca, mi esposo á tf te quiere 
Con amor paternal; qniais podriaa 
Rogándole con llanto, soMroz ahna. 
Rendir, vol fhj w do sus entrañas pies, 

non nmio. 
NoalUilabámipndre. 



IS9 



¿Quién, sefiora. 
Mejor consegniri lo qne pidiere, 
Que t& de un doelko 4|Be tan tel te quiere? 



jAy que es 

Pnes * 



itRMgaA 

» t6 podrás eon él ottf «w so 
Que no se vuelva al eampo de los mom 
Que enviaré dan aaB maaces deiescate 
Kuégaselo tft , Haneat por tn vida : 
U mta esU en tn mano « U)a querida, 
Pues yo no pnedo reaiHir tal psHL 

EMCBMA in. 

DOMPEDRO, BLAIVCA. 

MMiriMO. 

Mayor mal que ta báibain cadfena. 



En fln, ¿que logro verte, y 
Sin riesgo?. 



(Ya no mta), que vuelan loa I 

auiOA. 
Pues cuando trntaun maán me eenlln 
E I reducirle , ¿ asi leapmidae iero? 
i Se dirá qne una e^pott á mi eabtf léro 
Le snpUoó algo en vano, y no Ibé eida? 



D^tBM por ta taya y por mi vida. 



¿ Esta , Ingnto , es ta fií^ qpe me tedie? 
¿Nade haa de hacer por mí? por u. ¿qué pode 
Hacer que yo no hldese ? Por o solo. 
Por ti deiié mi patria y mi reipilo, 
Y me vine á eneemf OMN láBii 
Entre el eaimendo,gnmaa y i 
Ten piedad de mi trtaie, dw ' 
YdemldíiBwparoymluli 
Doétate tanto r' 



No te vayas, m 

Por eates e|M ^ lltirár 

Por estas ialet iáfrtaMS qne vtarlOi. 

81 me amaste aljnn tiempo, al nmi ' 

Bnelpecbotaimánndftn' 

Que tan rendidiTSn taWlta 




«Sd 



OBRAS DE MORATIN (d. kicolas). 



¡iVy que yo temo ea desgraciada muerte 
V(>rte morir! que el corazón me auuiicia 
No sé qué grande mal . i ay dueño mío ! 
No aumeutes mi tormeoto y desvario. 

DON PEDRO. 

Blanca, consuélate : si no estoy digno 
De tu grande hermosura, no merezco 
Lograrla por ahora : yo te ofrezco 
Volver digno de ti. 

BlXSCk. 

¿Cjii que mi Uanlo 
Tan poco alcanza con mi amante ? ¡ O cuánlo 
Misera me eugaíié ! Terrible día 
Para tormento y desventura mia. 

DON PEDRO. 

Consuélete mi padre, Blanca amada , 
Y no me des tan b¿rt>arü tormento. 



En fin, ¿que ni mi amor, ni mi lamento 
Pudo vencerte ? 

DON PEDRO. 

No es posible. 

BLAKCA. 

Aleve, 
Ya tus traiciones pérfidas entiendo. 
Jamás me amaste, ó ingrato; es imposible. 
No lo creo, juraste falsamente. 
Va pi'uetro el motivo tan urgente 
De tu fidelidad aparentada, 
t'atkna es quien te arrastra, la jurada 
Fe sera a ella, y si esto asi no uiere. 
No es heroica virtud la que te incita 
A ejecutar acción tan inaudita : 
Es vamdad y altísima arrogancia 
De tu alti«u linaje, que pretende 
Levantarse a Los cielos con hazañas» 
Siempre hicieron asi tus ascendientes- : 
Propia soberbia y barbara osadía 
De la casa Guzman, que entronizada 
Siempre mdómita obró por fantas&a. 

DON PBDIiO. 

Mi sangre eC'Cierto quien me obliga , Blanca. 

BLANCA. 

¿ No os bastan tantos timbres adquiridos 

De tu abuelo el rey godo Gundemaro? 

i Ni haber atropellado tantos reyes, 

Taklas falanges i>arburas hollando? 

¿ Ni en Scvjha tu abuelo entrar triunfante 

Al lado invicto de Femando el Sanlu? 

¿Ni haber sido tu padre sabio amigo 

De Alfonso emperador, rey de romanos ? 

¿Tantos triunfos y célebres blasones? 

¿Ni de Sevilla ser mayor alférez, 

i alcaide de su alcázar y su torre? 

¿Ni que te llame deudo muy cercano 

bl rry de Portugal y el castellano? 

¿Tanto DO basta a la ambición inmensa 

lie honra a que siempre aspiran los (iQzmane>? 

4 V{ue mas lauros queréis? ¿mayores innlires 

Tuvo otro alguno? ¿en |»ecbo humano califii? 

DON PEDRO. 

Esos mismos oprobios que me dices 

Quien soy me acuerdan, y lo que hacer debo. 

DLANCA. 

Ceguedad loca d« soldado nuevo : 

¿Vas a poner por colmo a tus hazañas 

La indigna acción de que a una es|K)ea engañas, 

que le creyó inocente ? ¿ A este trofeo 

Por ultimo aspiro tu devaneo ? 

¿Una humilde doncella fiel y amante 

Es de quien triunfas fiero y arrugante ? 

¿En esto para ? ¿osar ya mas no puede 

La gloria de Guzman, que al mundo eacede? 

DON PEDRO. 

Basta ya : no me insultes, en mi fia, 
Y adiós, adiós, queritb esposa roía. 



En fin ¿le Tit, y yo & moririM qaedo, 

Y sin vengar tu ingratitodf Malvado, 
Pérfido, no eres ta como te Jactat 
De sangre real y abneloB engendrado. 
Temerario y falaz, bárbaro joven. 
Feroz como tu padre, ¿asi me dejas? 
Ni eres Guzman : las sirtes abrasadas 
De Libia entre dragones le aborlaroo, 

Y con ponzoña v hiel le aumentaran. 
Vengúeme de U el délo. 

(Vme e&m ietfeclm.) 

EaGEM A VII* 

DON PEDRO, IIMEN. 

DON PEDftO. 

¡Ay desgraciado! 



Don Pedro, ¿adonde vas predpiltdo? 

DONPEDaO. 

A salirme al instante de Tarifa. 



Fuerza es que le detengas retirado , 
Qoe Amir entró en la plaia, y aqni vitne 
con tu padre. 

DON PKDao. 
¿Qué quiere? ¡toerte fmpls! 
S( i Fitima dañé con mi tardanza, 
Y eUa sufre del padre la venganza? 

E8GEIIA Yin. 

GUZMAN, JINEN,AMIIL 
«ocniüi. 
¿De qué es la turbación? Amhr, soriega 
El alterado pecho. 

AHia. 

Guzman i miía 
Que me han jurado en jiombre de la rdaa 
J«os tuyos el seguro para hablarle. 

GUZMAN. 

PuecTes segwamente confiarla 
(k)n tal prenda: h#bla, moro. 



Mocho pido 
Si no roe favoreces soy perdido. 
Mi vida esu en tu mano. 
cuzaAM. 

¿Con qué puedo 
bervirte (acaba, di) por mar y lietra? 
Que mía cosa es la paz, y otra la gnerra. 

Alia. 
Mucho dudo lograr lo que pretendo. 

GUZMAN. 

En no siendo el alcázar de Tarifa 
Pide cuanto qoisieree. 

AMIR. 

Tal no pido. 

OOZMAII. 

Pues concedido está. 

AMia. 
Guzman, lo siento : 
Mas lo que busco solo es a ta hijo. 

CUZMA?I. 

Pues ¿qué novedad ha>? 
▲Mía. 

£1 r«.*y mi diieiío 
Gomo almocaden suyo á mi custodia 
Le fió : soy de Fatima el amante 
Mas ciego (me se ha visto ; ella constante 
Ama k don Pedro, y él rogarla podo 
Que le dé libertad un breve instante. 
Mándemelo ünperíosa, obedeclla 



GUZMAN 

«r, que do debiera; pero 
rjstra aii amor : juro primero 
weiile de volver al campo 
le el rey le llame, j eu secreto. 

gvema:«. 
lé dudas, si mi liijo lo lia jurado? 

AlIR. 

]ue no fuese él yo dudaría. 

CrZMAN. 

de entereza ni«Ti riu 
r; mas si aquestos militares 
aces, cuida tu caliera, 
encontraras siempre cüo Guzmanes. 
otvera al caiii(K). 

AMIR. 

La presteza 
na la vida. 

GUZMAN. 

¿Qué mas quieres? 
oslante. 

A»1R. 

Tu virtud me asombra. 

GOIMAM. 

I aprecias, mi amistad te nombra 
r de mi hijo : en ti confio 
efeuderás de algún insulto. 



EL BUENO. 



131 



I, alcaide, que es empeño mió, 
iiplo con menos. Asombrado 
gran valor al campo moro. 
ú el mas terrible y esforzado 
cion, y espanto y maravilla ? 

GCZMAN. 

ne mi rey alia en Castilla, 
enero, y África conoce; 
»to que tú (luieres que yo goce 
listad, la admito, y la disfruto. 
ud en todas religiones 
gar, un hijo te encomiendo ; 
le eu él se note cobardía, 
para sufrir penas enormes. 
u>le está dona María, 
quien solo contener pretendo, 
e algún mensajero cada dia 
i nuevas de él, que bien pagadas 
este trabajo de ampararle 
rari mocbo, pues avisos 
e que socorros al instante 
n de la costa, y de Sevilla 
( de armas, y mil almogávares, 
* coo mil lanías á estas horas 
I 08 inquietan los Farfaiies : 
wranza de la paz muy pronta, 
llastilla un mensajero coire : 
. pon^e cobrar pueda a mi hijo 
oonrosas capitulaciones. 

AMIR. 

<é que DO deba. 

Cl*ZHAN. 

Hidalgo moro, 

AVIR. 

ab le salve, y vu mí fia. 

tal virtud eu pecho humano : 

lita el ser mahometano. 

E8GE1IA IX. 
CUZMA N, JIMEN, soldados. 

CUZUAR. 

orotü escuché? 

JI1E7I. 

Ya su remedio 
instante : inquietos los soldados 
Jarle la muerte pretendieron. 



GCCMAlf. 

¿X Aroir ? ¿y estando con seguro mió? 

JIIEN. 

Ya enfrené el imprudente desvarío. 

GUZMAN. 

¿Cómo á tanto desorden se atrevieron.' 

JIMElf. 

Dijeron muchos hoy en nuestras haces. 
Que el Minimauíolin rompió las paces, 

Y pues no guarda fe, no la merece. 

GUZXAX. 

Y qué, ¿no es Justo que haya diferencia 
De la fe del crístiano y su creeucia 

A la del moro? El obre como qui^a. 
Nosotros por la ley que es venfadera. 
"1 quién dio tales fueros al soldado? 
ildrá Amir libre, y pref to, y escoltado. 

ESCENA Z. 

JIMEN, y fuego BLANCA. 

JIMER. 

¿Rectitud admirable, y hidalguía 
De valor sin igual ! 

BLANCA. 

¿Adonde hria 
Don Alonso, seftor, vibrando enojos 
Con la mano en la espada , que azorado 
Centelkis arrojaba por los ojos? 

jiacN. 
¿Qué dices? A aplacarle iré á su lado. 



^i 



BLANCA, DON PEDRO. 

MLAMCA. 

j Ay! de cuánto dolor loy combatida ! 

0031 PEDBO. 

Blanca, esta ei la postrera despedida. 



¡Qué tormento! ¡qné horror! ¡qué escueho, délos! 
\ Morír no basta, sino ausencia y celos ! 

DOHKDRO. 

Consuélate, y adkm. 

BLANCA. 

¿Cómo es posible? 
¿A cada instante otro dolor terrible? 
¿Desesperación nueva á cada punto? 

DON KDBO. 

Adiós, esposa, que me espera el moro. 

BLANCA. 

Y qué, jjo he de callar? y qué ¿el decoro 
Mmeríl na de ser nuevo tonnent» 
Muríeudo airada , y con Inútil lloro? 

DON PEDRO. 

Qué, ¿aun no me dices el adiós postrero? 

BLANCA. 

¿Adonde vas? 

DON PEDRO. 

A ley de caballero 
A cumplir mi |ialabra. 

BLANCA. 

¿A quién, ingrati»* 
¿Pan qué disimulo? nü recato 
¿De que sirve contigo? 

DON PEDRO. 

¿Ese consuelo 
En medio de mis penas y desgracias 
Llevo de tus piedades 

BLANCA. 

¡Oh el mas fiero 
De los hombre»! Ya supe tos maldades. 



i34 



La muerte no es funcsU si es gloriosa. 
ik mi |>a(lre tan viles condiciones 
Como a lui desconocido le ¡tropones? 
Rey moro , biim sé yo que es imnosiblo 
Que las admita; pero á ser ractible 
Que mi padreen el trato consintiera. 
Por mí u*. jf por mi rey muerte me diera. 
No entraras en Tarifa, te lo juro. 

abe:(-iacob. 
Pues con tu sangre regaré su moro. 

DON PLDRO. 

Me conrormo gustoso. ¡ Olí madre roia 
Kspiífiu ! ¿quién tal cosa me diría, 
Que había yo de .ser sacriflcado 
hn tu honor? Jamás vi tal alegría, 
Pues tanto timbre ¿ mi gran casa añado. 

ABEN-JACOB. 

Temerario rapaz, bien se conoce 
Que eres brutal estirpe abominable 
Üb ese horrendo Guzman, fiera espantable, 
xquien ya cerno á tal tengo cercado. 
Sin que nadie le valga ; iri el Salado 
Y el Guadalmeji tintos y espumosos 
Con vuestra hispana sangre aborrecida. 

DOX PEDRO. 

Si la mía apeteces, los preciosos 
Instantes no malogres; libra á España 
A costa de mi vida, y soy dichoso. 

ABElf-JACOB. 

Amir, no vi braveza tan estraña. 

Tal despreciar la muerte , apetecerla» 

Provocarla, y con gozo padecerla. 

AUIR. 

¿No te lo dije, grao seftoi^ 

AUN-IACOB. 

Al nmro 
Llamada haced. 

ARALDO (recio). 

Guzman, Castilla, España» 
¡Ah de las alcazabas de Tarífal 

ESCElffA VI. 

GUZMAN, ilMEN, cristianos en el mura. 



OBRAS DE MORATiN (o. Nicolás). 

¿Amir, ese es tn auxilio y tu segoroi 



Todos velan, ó moro, en sus castillos. 
¿Qué pides, di, con tanU vocería! 

ABEII*JAGOB. 

(;uzman, llegó mi cólera al estremo. 
Me irritaste imprudente, y el supremo 
Poder mió ultrajaste; ve en qué estado 
Consientes á tu hijo aprisionado 
Por lu tenacidad ; con paz te ruego 
Otra, y otra, y mil veces; mas si luego 
No la admites rindiéndome la ñiena. 
Tu hijo va á morir. 

JIUEN. 

iQué horror! 

GCZKAJI. 

Jiménez, 
¿Quién tal cosa, aun en bárbaro creyeran 

ABEIf-JACOB. 

¿Qué respondes, alcaide? 

«UZHAN. 

¿En regia sangre. 
Aunque mora, cabrá tal vilbnla? 
Nunca á tanto cref que llegaría 
Tu rigor, ni (lermite tal la guerra. 

ABEN- JACOB. 

Yo tengo de rendir toda tu tierra, 
Y todo medio es licito. 

GCZMAN. 

Aun es varo 
Tentar asi la le de un castr llano. 



A ley de moro hidalgo, nazareno, 

Y por mis ascendientes yo te Juro, 
Que inculpable me miras. 

ABEIf-JACOB. 

No malogres 
La oportuna ocasión ; para que veas 
Lo que es una amistad que no deseas: 
Don Pedro libre irá, y en casamiento 
Feliz le ofrezco á Fátima mi hQa, 
Que alegre le honrará coa su real mano. 

«DZVAN. 

¿Y habia de bajarse tm castellano 
A una princesa mora? Mas urgente 

Y útil ocupación hablarme teda 
Contigo asunto vano : adiós te queda. 

ESCENA VIIs 

ABEN-JACOB, AMIR, ARALDO, T DON PEDRO 
retirado con «uaamas. 



Ya respiro, Aláh santo. 

ABEN-JACOB. 

¡Qué osadia! 
¡Qué barbaridad fiera! ¿quién creerla 
Aun viéndolo tal hommiT Amir, ¿qué es estof 
Tú los conoces bien, la verdad dices: 
Mira con qué nación y con qué gentes 
Ferocísimas tanto pelesroos, 
Que ni estiman sus nijos inocentes, 

Y el rostro vuelve, y en poder te dé|i 
De sus mas rigurosos enemigos, 

Sio que pueda ablandar su duro pecho 
En ver al que es su sangre en tal eoníHcto. 
¿Qué ejército lidió con tales fieras? 
Vengan á combatirlas con nosotros. 
Que en África dejamos los leones, 

Y encontramos aqui mayores monstruos. 

AUIR. 

Apenas creo loque estoy SBlnado; 
Mas prevente, califa , á nuevo asombro. 



BLANCA T 

BLAIirWI. 

He de entrar á pesar del mundo entero. 

ABSN-IACOe. 

Mujer, ¿quién eres? 



De este pri s fanero 

Soy esposa infeliz ; ¡ duefio adorado! 

ABBR-JACOB. 

A mi tienda real , ¿cómo has entrado f 



Atropellando inmensos escuadrones. 

ABEK-IACOt. 

¿Tanto ultraje á mis regios psbelloiies? 



I Cómo asi estás , señor y esposo año ? 



Blanca , ¿á qué te arrojó tu desvario ? 

ABEN-JACOB. 

¿Qué quieres , dime , intrépida cristianar 

BLANCA. 

Escucha, Aben -Jacob : va á sufrir i ^ 

Don Pedro de Guzman , muerte tirana 
Por lu rigor injusto ; si de humana 
Sangre sediento buscas b inocente, 
Tampoco contra ti soy delincuente; 
Vierta la nia lu furor tremendo : 
Yo me ofrezco á la muerte por nri 4 
Mútame en lugar suyo : no con 



GUZMAN EL BUENO. 



ISS 



DifiereodacD kM reos ; d ef odioto 
A 11,70 lo seré, te iomlto y reto 
De iüMUDMio moauet ; yo tas in» 
Irrito , iodigno de glorfoM eetro. 
Y 00 soy menor Tictimí i lii enejo. 
Pues si de estirpe , y eon rtson se Jacts, 
El de los reyes de León y Of iedo, 
Yo de Gard iimenez de Navaira. 



¿Qué haces, Blaoca! 

ASBf-JAGOS. 

De cólera yo tiemblo. 

BLANCA. 

El vita , y muera ya 

BOIIPBBBO. 

¡Terrible pena 
Mayor que las pasadas! 

AUER-JAGOB. 

I Q«é desprecio 
Mi soberbia padece ! ambos procuran 
Por dicha el olanoo ser de mis rigores, 
Sin temerlos : por ser mis enemigos 
Los dos se afiman ; cnilenla meerte fiera 
Basca, ¿qué temerá? 



Tal no consientas^ 
Bey moro, porane solo el que mUiu 
Debe sufrir las leyes de b jgnerra. 
Ye coanu gloria y esplendor te quite 
Mater á una mojer tiema , Inocente ; 
Ynélf esela k su padre heroicamente. 

BLAW^A. 

Yoelve & mi eqiosd á so afligida madre, 
Y nmer» yo, pues que sin ¿I no vi^. 

DON t»EDRO< 

Yo my ofiosor tuyo , y tu caotif o. 

BLANCA. 

Yo me entrego, y te Iqiurio , y sí no muero 
Te quittfé li Tida á puñaladas. 

ABEN-JACOB. 

¡Qué frenesí! Por si es hidustria , quiero 
Que no les valga : ¿ entraibbos morfr quiereilt 
Pues mi bondad otorga sa demanda. 
Mueran loa flos. 



Aben Yo4le8m<o. 



Yo me ooaionno,sl don Pedro muere. 
Con no sobceñvlr al doeiomio. 

ABKN-JACOB. 

Pues si los dos qnereb amable vida 
Goiar en dulce unión, ft vuestro padre 
Decid que abra las puertas de TariCi. 

LOSBOS. 

iDónde el verdqgo está qué. ha (fe matarme t . 

ABUhiACOB. 

¿Eso dedst ¡qué nA>ia ! No está lejos 

De vuestro cuello. Amir , ven , ya es preciso 

Aprontar los tonnentos mas crueles. 

E9GEIIA >IX. 

D(Nf PEDRO, BLANCA, ABALDOTOUABBIAS. 
BONrEBBO. 

¿Qué hidste, Blanca? Todo lo has perdido. 



Perdiólo todo qnlen á ti te pierde. 

Btm rcBRO. 
60a los üos qne te preste el cielo 
Mas feliees qne á nf ; vendrá himaerte 
9d qne la busques tá : yo no la temo; 



Salo me aflige la tristeza y llanto 
De mi madre infeliz , y el gran quebrante 
De mi padre , que sufre los pesares 
De todos con magnánima entereza. 
Vuélvete , Blanca. 

BLANCA. 

No hay en mi flaquesa. 
Señor , jpara arrostrar los infortunios 
Que á tí te cercan sin acobardarte. 
Tü para España debes conservarte, 
A quien acaso colmarás de triunfos ; 
Pero á una mujer débil , que no espera 
Laurel trinnfrf, permitela que muera: 
Muera por ti. 

BOU PBBBO. 

¡Virtud esclarecida! 
¡Oh digna de otro dueño y laisá vida! 
Si algo te merecí, si alivio quieres 
Darme en esta aflicción , piensa qué pent 
tSerá la que atormente á nuestros padres 
Cuando sepan tan 1ȇfbam tragedia. 
De cuyo horror yo aolo Alá le causa. 
Vuélvete, Blanca , vuelve, y de eoosoelo 
Sirva te viste á su v«jez cansada. 
Esto te pide quien te ador6 un4iempo ■ 
De ti correspondido ; ve , acompaña 
La amarga soledad que los espera. 



¡ Ay , que yo moriré desesperadla! 

BON nSBRO. 

No es valor el despecha ; ni negada 

Está del todo la piedad del cielo. 

Que aun puede haber remedio , aun el socorre 

Quizá pronto vendrá. 

BLANCA. 

De anguatia muero 
Adiós de cnalq^ modo para siempre. 

BONPBBBO. . ' 

No ha mucho, Blanca . que te afecto tierno 
mo lo mismo : i ves si se ha apiadado 
De nosótrob cuidando al fin el cielo Y - * 
Lo propio será ahora. 



Los abrazos ' 

Ultimes y primeros toma, eii^o, * 

Por prenoa, aunque inféliz,'de mi in^or casto. 

BONPKDáo. 

Deja antes que á tos plantas.^. 

ABALBO. 

Nazarenos, 
EIlfiramaBNHn. se aeerea: pnao. (há$^^m4a.) 



\ Desventondo amor ! 



¡ Desdicha taertet 
ABEÑ-IAGOB, AMIR, bicbos t goabbias. 

ABEN-IACOB. 

Haced con la cristisna de la slMvie 
Que manda mi grandeza ; ea , llevadla, 
Y á la plaza llamad. 



¡aelosl 



Rey.. 



csenor.. 



Gnardiaf.... Oran señor... 

BLANCA. 



134 OBRAS DE 

La muerte no es funcsU si es gloriosa. 
jlA mi ¡NMlre tan viles condiciones 
Gomo a im desconocido le propones? 
Rey moro , bitrn sé yo que es imnosiblo 
Que bs admita; pero á ser factible 
üuemi padreen el trato consintiera. 
Por mi ítí V por mi rey muerte me diera. 
No entraras en Tarifa, te lo juro. 

ABEX-JACOB. 

Pues con tu sangre regaré su muro. 

ÜON PtDRO. 

He conformo gustoso. ¡ Oh madre roia 
España ! ¿({uien tal cosa me diría, 
Oue hahia yo de sor sacriücado 
Eli tu honor? Jamás vt tal alegría. 
Pues tanto timbre ft mi gran casa añado. 

ABEIÜ-MCOB. 

Temerario rapaz, bien se conoce 
Que eres brutal estirpe abominable 
Djg ese horrendo Guzman, fiera espantable, 
X quien ya como ii tal tengo cercado, 
Sin que nadie le valga ; irá el Salado 

Y el Guadalmeji tintos y espumosos 
Con vuestra hispana sangre aborrecida. 

DO?! PEDRO. 

Si la mía apeteces, los preciosos 
Instantes iio malogres; libra a España 
A costa de mi vid!, y soy dichoso. 

AKIV-MCOB. 

Amir, no vi braveza un estraña. 

Tal despreciar la muerte, apetecerla, 

Provocarb, y con gozo padecerla. 

AMW. 

¿No te lo dije, gran señora 

AlER-JACOV. 

Al muro 

Llamada haced. 

ARAU>o (recio), 

Guzman, Castilla, España» 

\Xh de las alcazabas de Tarifa! 

E8CEIVA VI. 
GUZMAN, ilMEN, cristia?io8 en el mura. 

CUMAS. 

Todos velan, ó moro, en sus castillos. 
¿Qué pides, di, con unU vocería? 

AiEIloJAGOB. 

Guzman, lle|(6mt cólera al estremo. 
Me irritaste imprudente, y el supremo 
Poder mió ultrajaste; ve eo qné estado 
CiOUMPUtes á tu hijo aprisionado 
Por tu tenacidad ; <.'on paz te ruego 
Otra, y otra, y mil veces; mas si luego 
No la admites rindiéndome la lueru. 
Tu hijo va ft morir. 

IIHE?I. 

¡Qué horror! 

GCZBAll. 

Jiménez, 
¿Quién tal cosa, aun en bárbaro creyera? 

ABEII-JACOB. 

¿Qué respon Jes, alcaide? 

GUZHA?I. 

¿En regia sangre, 
Aunque mora, onbrá tal villanía? 
Nunca á t^into creí qu«^ llegaría 
Tu rigor, ni i^ermite tal la Kt>erra. 

ABF?I- JACOB. 

Yo tengo de rendir toda tu tierra, 

Y todo medio es licito. 

GCZMAX. 

Aun es varo 

Tentar asi la ie de un cíistrllano. 



MORATI.N (d. ¡ficoLAs). 

¿Amir, ese et ta «nilio y !■ fegorol 



A ley de moro hidalgo, naxareno, 
Y por mis ascendientes yo te Joro, 
Que inculpable me 1 



ABUI-JAOOa. 

No 



La oportuna ocasión ; para que veas 
Lo que es una amistaúti que oo deseas: 
Don Pedro libre irá, y en casamiento 
Feliz le ofrezco á Fitlma milita. 
Que alegre le boorará con ia real mano. 

«UZMAH. 

¿Y había de bajarse un castellaoo 
A una princesa mora? Mas urgente 
Y útil ocupación hablarme veda 
Contigo asunto vano : adiós te qoeda. 



ABEN-JACOB, AMIR, ABAUM, T DON PEDRO 
retirado eo» GOAaaiAa. 
AHia. 
Ya respiro, AlAh santo. 

ABBN-IACOa. 

¡Qaé osadía! 
¡Qué barbaridad fiera! ¿qolén creería 
Aun viéndolo tal hombre! Amir, ¿qné es estol 
Tülos conoces bien, la verdad dicea: 
Mira con qué nación y coo qné geotei 
Ferocísimas tanto peieamoa. 
Que ni estiman sos nijot fnocentet, 

Y el rostro vuelve, y eo poder le deja 
De sus mas rigurosos enemigos. 

Sin que pueda ablandar su duro pecko 
En ver al qu(* es su sangre en tal confllcfo. 
¿Qué ejército lidió con tales fieras? 
Vengan á combatirias con nosotroi. 
Que en África dejamos los leooet, 

Y encontramos aquí mayores monstruos. 
Awa. 



Apenas creo lo qoe estoy knimio; 
Mas prevente, califa , á nuevo asoóibro. 



BLANCA T 

■¡.AUCA. 

He de entrar á pesar del 
Mujer, ¿quién eres? 



entero. 



De este prisioDero 

Soy esposa infeliz ; ¡ dueño adorado! 

ABEII-JACOB. 

A mi tienda real , ¿ctaohasentrMlo? 

Avm. 
Atropellando inmensos escuadrones. 

ABKH-IACOB. 

¿Tanto ultnje á mis regios pabellonesf 

BLANCA. 

¿ Cómo asi estis , señor y esposo mió ? 

DeNFBBBO. 

Blanca , ¿i qué te arrojó to desvario ? 

ABEN -JACOB. 

¿Qué quieres, dime, intrépida cristiana? 

bla:ica. 
Escucha, Aben -Jacob : va i sufrir muerte 
Don Pedro de Guzman , muerte tiíaoa 
Por tu riKor injusto ; si de humana 
Sangre sediento buscas la inocente. 
Tampoco contra ti soy delincuente; 
Vierta la mía tu furor tremendo : 
Yo me ofrezco á la muerte f>or mi esposo; 
Mátame en lugar suyo : no comprendo 



:fai€D lot reos ; si et odioso 
» lo seré , le insslto y reto 
taMomoiarrcí ; yo tos iras 
odigno de glorioso cetro. 
y menor ▼Ictíma i tu enojo, 
de estirpe , y con mon se Jacta, 
« reyes de León y Oviedo, 
rarei Jimenex de Na?arra. 

D09I PEDRO. 

ices, Blanca? 

ABDf-JACOB. 

De cólera yo tiemblo. 

BLANCA. 

, y muera ya 

DOS FKDIO. 

¡Terrible pena 
loe las pasadas ! 

ABüf-JACOB. 

j 0«é desprecio 
rbia padece ! ambos procuran 
Im el blanco ser de mis rigores, 
erlos : por ser mis enemigos 
; ae abnan ; quien la muerte llera 
4 qaé temerá? 

DON FBMO. 

Tal no conslenus, 
ffo, porcne solo el que milita 
ifrir las leyes de b guerra. 
lU gloría y esplendor te quiu 
ua mufer tierna , inocente ; 
lela á iu padre beróicamente. 

BLANCA. 

á nrf esposo i su afligida madre, 
a yo , pues que sin él no yíto. 

DON PEDBO. 

ofesaor tuyo , y tu cautivo. 

BLANCA. 

entrego, y te Injurio , y si no muero 
■é la Tida * puñaladas. 

ABKN-IACOB. 

neii! Por si es industria , quiero 
les valga: ¿entrambos morfr quiereif? 
i bondad otorga s« demanda. 
loidoa. 



GUZMAN EL BUENO. 



jü>en Yo desmio. 



y^ú don Pedro muere, 
iobrovivir al dueio mió. 

ABBN-JACOB. 

k» dos queréis amable vida 
■ dÉke ujikMi, á vuestro padre 
■e abra las puertas de TariCi. 

LOS DOS. 

el verdugo está que ba ^e matarme? 

ABEH-iACOB. 

«Is? ¡qué rabia ! No está l^os 

itio cuello. Amir, ven , ya es preciso 

ir los tormentos mas crueles. 



BOBO, BLANCA, ABALDOTGUABDIAS. 
DON I 



dBte, Blanca? Todo lo bas perdido. 



stodo quien áti te pierde. 



n ifsi que te presu el cielo 
lees que á ni ; vendrá la muerto 
» h basques 16 : yo no la temo; 



Solo me aflige la tristexa y llanto 
De nd madre Infeliz , y el gran quebranto 
De mi padre , que sufre los pesares 
De todos con magnánima enteresa. 
Vuélvete , Blanca. 



ns 



No bay en mi flaquesa. 
Señor , para arrostrar los infortunios 
Que á 11 te cercan sin acobardarte. 
Tü para España debes conservarte, 
A quien acaso colmarás de triunfos ; 
Pero á una mujer débil , que no espera 
Laurel triuniu, permítela que muera: 
Muera por ti. 

DONmao. 
¡Virtud esclarecida! 
¡ Ob digna de oiro doeSo y laiga vida ! 
Si algo te merecí, si a1lvu> quieres 
Darme en esta aflicción , piensa qué pena 
Será la que atormente á nuestros padres 
Cuando sepan tan bárbara trai^iá. 
De cuyo borrar yo^lo Alá In causa. 
Vuélvete, Blanca , vuelve, y de eonsnelo 
Sirva tu vista á su v«ies cansada. 
Esto te pide quien te ador6 un tiempo 
De ti correspondido; ve , acampaba 
La amarga soledml <p» los espera. 



¡ Ay , que yo morirá desesperad^! 



No es valor el 
Está del todo la 

& aun puede 
i pronto vendrá. 



nnao. 

ni negada 

ddelo, 
remedio, aim él 



Adiós de cnalqdér modo para siempre. 



Donnnao. 



No ba mucbo, Blanca • que tu afecto tierno 
DQo lo mismo : i ves si se lia apiadado 
De nosótrob coiaaodo al fln el cleléiY - ' 
Lo propio será aboca. 



Leeabnsos 

Últimos y primeros toma, eilkHMo, 

Por prenda, eunqoe ÍDÍtíis,'de'ipl áflMetslo. 



Deja antes qpio á Uw flautas*— 



Naiarenos, 
flás^MNk-i 



I Desvemando MBor! 



jBMlicbaftMrlol 

ABEif-IACbB, ÁIÜB» menos t ooaimas. 

flaced con la erfeulana de la suerte 
gue manda nd grandeta ; ea , llevadla. 



Rqy.... 



Gnarilaf.., 



H^flic^. 



iCklosI 



■ ■»o.; 



i36 OBRAS DE MORATIN 

4BElf-iAC0B. 

Arrastrando.... 

KLAKCA. 

Escuchad.... 

I>0?l PEDIO. 

Un instante. 

aieu-jacob. 

Con violencia 
La retirad sin que bable. 

Aua. 

La obediencia 
Al califa se obscnre, Drasulmanes. 

BLAÜCA. 

¡ nárbaro , mónstmo ! 

DOH PEMO. 

¡Indigno! 

BLA2CCA. 

¡Ay! entre a&nes 
Agonices rabiando , y por traidores 
Pagues la pena horrenda que mereces. 

(UémmUi.) 

BONRIBO. 

¡ Valedme , cielo , inumerables reces ! 



(d. mcolas). 



Llamad. 



(Tocan.) 



LOS mismos, menos BLANCA. 

ABElf- JACOB. 
AMIB. 

Toca, aoaQl. 

ABALDO. 

¡Ah de los muros ¡ 

BSCSEIfA Xlla 

LOS nsMos, GUZMAN, JIHEN, t cnsnAifos 
en lo alio. 

GVZMAlf. 

Moros , i qué resolvéis? 

ABEK-iACOB. 

_ No estéis seguros 

Por to ftierza y socorro. Alá y Mahoma 
A su amparo su pueblo amado toman, 
Y al secuaa de Jesús no le consienten 
Sobre te haz de la tierra sino esclavo ; 
Visteis vuestras cruzadas en Oriente. 
A tu hijo, alcaide , de aherrojar acabo; 

antrega los alcázares, ó muere. 

GDZMAIf. 

1 Desgracia y sHuadon faul b aria! 

jraEif. 
¿Dónde esUrás? ¡ ay hQa Blanca mia f 

ABE1I- JACOB. 

4 Qué respondes , cristiano ? 

GUZMAM. 

He respondido. 

ABEÜ-JACOB. 

Tu mismo hyo aqui te ruega triste 
No le quites la vida que le diste. 

CrZMAff. 

Para Dios y la patria fué la vida 

(No lo Ignora don Pedro ) concedida : 

Ni en él creo Ul •súplica , pues sabe 

Que la muerte con btmn es muerte bella. 

Ni es mas que el miedo que se tiene de ella. 

JIMElf. 

I Qué valor, que me aft^nta ! ¡ Ay bija amada ! 

ABE1«-JAC0B. 

Pues ya , Guarnan , que no le rinde nada 
A tu indomable corazón , advierte , 
¿Cómo tendrás valor de ver su muerte 
Delante de tus ojo» al instante ? 



GCEMAM. 



Tente, bárbaro, aguarda, ¡/k nm Ueroobiflalfl 



Te atreves solo? 

EjerciU el valor : ai a el nwo» 

O en campo raso * ■«. 

ABEH-JACOB. 

EspiAol dlMt 
Rinde á Tarifa , ó morirá tn hQo. 

GOZMAX. 

Moros , tiraos atrás , que ya se dyo 
Que aborrezco tal pacto: ó mis flecheros 
fnndilHilos, trabucos y ballestas, 
Y máquinas de guerra al foso poestai 
Os harán apartar roto el seguro. 

ABEIf-JACOB. 

Con todo , mis piedades desde el moro 
Permiten á su madre que le vea 
La vez postrera , si es que lo deiei. 

GUEMAÜ. 

Piedad crftel cual tova : ya su madre 
No necesita verle, ni aim yo | 



¿Podré eoo tal templo yo qn^tmier 

ABEM-JACOi. 

¿Qué esperamos visto estof tHorrflile wti 
Rapaz , ui cuello siegue ya mi ilft^je. 
Agárrale, y al kerirU oakaa amara pnw maaí 



DOflA MARÍA T 

noiAMAMlA. 

Detente, Aben-Jacob, aguarda, . 
¡ Ay hQo mió! ¡ay cielo! im breve 



Di presto , ó va á morir. 

GUIMAH. 

i Laue terrible! 
^XahabU. 
Duélete , Aben , de una aflkidji audre. 
Asi la suya á ver vuelva tu h||a. 



Cristiana , vence á ese insensible pidr». 

* BOflA «aiIa. 

Guzman , stfior, esposo. 



iQoé tfoftla! 

i, Nu me basta el pesar, doia Marte, 

Que el corazón me oprime, que en tu llanto 

Me das mas fiero y bárbaro quebnnlo? 

BOffAMABiA. 

¿No ves el espectáculo terrible. 

Que aun pasma al enemijpi ? ^ vea los «ierros 



¿Ves sobre el cuello ya la cumam r 

Y que el que va á morir^ ves que es tn hfjo? 

cozmah. 
Todo lo veo, y miro aai desgraeii. 



4 Quién basta contra tantos enemigoat 

GonAM. 
Yo. 

noffASAllA. 

Por un hyo pide su fiel madre. 



Sefiora . antes ftii hUe de md padre. 
Que padre de mi byó. 

¿Nota 
De una Hotosa madre los ai 
Padre... 



GliZMAN EL BUENO. 



137 



cmiiAii. 
Llámame alcaide. 



M)^ haría. 

¡Ay, que es ta amado 
Hijo don Pedro! 

GUZMAH. 

No es sinann soldado. 

BOflA HAaU. 

Co soldado bQo tojo. 

cciaAif. 
LosoDtodoe. 
iknIaiiaiía. 
No penoitas , sefior, que de ansia mnera 
Entre ajes y sospiros dolorosos. 

CUUAIf. 

Para abera es el füor , dofia Varia. 

DOffA MAIÍA. 

¡ Qoé horror toesto este tremendo (fia 
A nuestra casa tnjo ! 

GDZHAlf. 

Antes la ensalza. 

DOflA «AaÍA 

Ganan, dne&o,seikNr: ¡aybyomio, 
Qne en ui soplido á verte modr llego 
Entre fieros ? erdogos sin delito ! 
¿Para este trance te crié á mis pechos) 
4 Qoién creyera que asi te malogran», 
Tpenas tan Inmensas me caosaias T 
iTe acoerdasv dolce esposo, de aqoel tiempo 
k so hermosa nifies, ¡sy tiempo, ay b^o! 
En qoe era tos delicias y consocio. 
Sos dnlces joegos , so inocencia y gracias, 
Los tiernos b^os y amorosas muestras, 
Qne en él tedaila toda to esperanza T 

QJSiMJJU 

D^iame, esposa mía. 

noiAMAlfA. 

¿Al fin no escuchas? 



Siento tas malM,l08 de Pedro y Blanca. 



{Ay bija mía! 

MrffA «AMIA. 

El ooraaon se altera. 
Por fio, ¿qué delermfaiasT di. 
crauíi. 

Qoemoera. 
noflAOAaiA. 
4 Hada eso mi padre? ¡ay cielos! 



Un alcaide. 

BOllAMAlfA. 

T qoé ¿ no habrá remedio ? 

«OZIAM. 

No es posible. 

BOff A BAIÍA. 

¡Desrentorada madre 1 J PMlre horrible ! 
¿ A qoién me volf eré ? voros, doleos 
De ona madre infeliz, qoe ya os sopUca ; 
Si hay en AlHca madres «le se pre ' 
De serio, y si es qoe on nQo alli se 
Dolees de esu m^ier desconsolada. 
De on padre y de on esposo abandonada, 
A foftotros me voelvo, socorredme, 
KoestrafieisqoeossopUqoe aooqoe 
Ved coal es mi dolor, y coán intenso , 
Pies DO encoeotro piedad entre kismios. 
Ann-iACot. 

Craüana, si á piedad de io MJo propio 
El terrible Cozman no se connraefe, 
¿C6aio quieres bailarla en sos contrarios? 
F.I D€t da loa cjemotos mas ciíMm, 
So h^o y él morirán, » 



Y todos los sectarios del ongido 
Nazareno ; Gozman qoiere qoe acabe 
Mi rigor con el poeblo incircunciso. 
Pues, lo conseguirá ; por este empiezo. 

(Levama el alfanje.) 

DOffA HAliA. 

Aben-Jacob, seftor, suspende el filo. 
Yo moriré por él, rleñe mi sangre. 
i En qué podo ofenderte un tieno nlfio ? 
A mi, á mi, yesme aqui ; quiero arrojarme 
Del moro á que me mates por mi byo. 

ABER-JACOB. 

Pide á su padre que á Tarifa entregue. 

BoílA había. 
Si ; no le mates, deja qoe le raegoe. 



Seiíor, no lo apresares, poes si moere 
Don Pedro, es imposible entrar la plua. 
jiMER, kMéndae eniraáú m f§U. 
Señor, noe&tro consocio el délo traza ; 
Salieron con foror onos soldados , 
Y embistiendo atretidos t emboscados 
CaotiTaron á Fátfans, y Iqeros 
Con gran valor por el portillo entraron. 

GOZMAII. 

¿Lo oyes, mord? 

ABn-IACOB. 

Siloolgo. 

«UZMAH. 

¿Ves, si el dalo 
Meesoodió! 

AKN-IAOOn. 

iQné pesar! iMaboma fa^ofto! 

GOZMAII. 

Poes on Ujo por otro es cambio Josto » 
Dame á Pedro y á FaUma te entroga 

AKR-JACOn. 

De rabia boirenda y cólera estoy dogo. 

GUZMAH. 

¿Qoé dices? 

ABBI-aACOB. 

Qoe á despedio de k» mismoG 
Cielos he de Tenpr mi horrenda safia , 
Que no te ha de valer la suerte estrafiat 
Aunque tengas á Fátlma en prisiooes. 

GUZMAH. 



Pues ya qoe á mis {ostia 
Te niegas, sufre el bmI que yo paden*. 
Verás cuál es ; no mates á mi hijo, 
O tn hya morirá, qoe presa tengo. 

ABER-lACOn. 

¡Ah báriNTO espafiol ! AlHca tiene 
También heroicas almas, ni por eso 
Se rinde mi talor; dala h muerte. 



Traédmela, soldados , y él la tea 
Morir: Si asi lo qoieres, oaaU y mato. 

ABBH-JACOB. 

Ni el impensado lance me acobarda ; 
To croeldad diaeolpará la mis. 

(AhA ei alfkme.) 
Y poes asi lo qoieres, mato y mata. 



Detente, Aben, qoe Hbre está to hga ; 
Yo la amparo. 

ABIH-IAOOB. 

To espero agradecido 
Otro instante no mu; Gozman se rinda. 



¿Qoé es rendir? 

WOSÜL MABÍA. 

HI palabra está 



ts» 



MIMAN. 

Pues cumplídsela al moro ; libertada 
Vaya Fatima al'tMinto. 

ABEN-JACOB. 

No me obligo 
Por eso al tanto, intrépido enemigo, 
Ni me Mffaña tu astucia ; alguna causa 

f anidad tendrás, fiero cristiano, 
Para emprender tan espantosa basaffa. 

GOUAN. 

Los soberbios leones de Castilla 
Nunca se ceban en corderas mansas ; 
El contemplar á Palima inocente 
Es lo que me enternece solamente , 
No pague ajena culpa. 

AHIB. 

Ahora digo 
Que es sacra religión la de mi amigo. 

1 Cu¿l dio tan gran Tirtud, ni cuál perdona 
Pudiéndose Tengar de su enemigo? 

ABEN-JACOB. 

Si pretendes, 8(4>erbio castellano, 
A? ergonzarme con alarde úCauM) 
De fingidas virtudes , le equivocas ; 
Mas con eso mi cólera provocas; 
Ya no te ruego, esU es b ves postrera. 

doHa manía. 
Gran Miramamolin, deja siquiera 
Que baga el ultimo esfuerzo. 

ABEN-JACOB. 

Acaba, acaba. 
D05ÍA manía. 
Ea, seSor, cuanto en lo bumaiior estaba 
Hiciste por el rey ; no bay fuerza alguna 
Que baste á tal Taiveo de la fortuna 
Ya se vio tu constancia ; i mas no obliga 
La lealtad i nadie ; no se diga 
Que por ser buen vasallo fuiste padre 
Despiadado y ciüel, y que no sientes 
Ver con tus ojos derramar tu sangre. 

CrZMAN. 

¡Oh esposa muy amada ! ] qué tormentos 
Turban mi corazón ! mi sentimiento 
Aumentas con tus lágrimas ; ahora 

guisiera yo el valor en ti, seAora. 
i tu hijo Pedro muere, considera . 
Que es mártir de la fe , que gloría espera 
Del cielo y de los hombres ; mi esperanza 
También se pierde, y todas mis ideas. 
¡Ay byo mió ! Esto es para que veas, 
Que no soy insensible ; mi desgracia 
Me ()uso en la ocasión de que parezca 
Crüe'l, que no lo soy. Hyo del alma , 
A (luien pensaba yo \ mas ay qué eojgafio 1 
Dejarte mi loriga y mi caballo. 
Para algún tiempo defender á Espafia ; 
El ejemplo te anime; á Abraban su padre 
Le mandó Dios sacrificar el hijo. 

DO^A manía. 
A su padre , es verdad ; mas no á su madre. 

CUZMAN. 

Retirate. 

Do^A MANÍA, de rúdittv. 
Con lágrimas te nido 
A tos planus, se&or, arrodillada. 
Que en un mar no me dejes anegada 
De conffoJM y lástimas ; del suelo 
No me levanto sin algún consuelo , 
No dejaré tus pies, que aBe|;o en llanto , 
Si no me otorgas para un hijo vida. 
Duélete de mía madre amortecida 
Del tremendo dolor que apenas sufiro ; 
Mira á toda tu gente condolida 
Llorando tu entereza ya culpable. 
No solo oigo lamentos femeniles , 
Loi mas robustos pechos varoniles 



OBRAS DE MOR ATIN ( ». mcoLAS ). 

Se enternecen y ea lágrinsas deakacea ; 
Todos conmigo llonn y le pide»» 
Que te adolezcas de la pena nia. 

¡Válgame el délo ! en fin, dofta 



iQúé estremos son aquesto^! ¿qué hacer jnedo 
¿CnálestupetidodT 

BOifA MABil. 

Si luego ó tafde 
Se ha de rendir la plaaaal mnde asedio, 
Liberta al meóos tan amable vida. 

€CSHAK. 

¡ Que á un alcaide espaiol Mom pidi! 

doXa manía. 
¡ Que no te; venoeasi auspifo j lluilol 



Mucho puede counigoi Mías no UaU. 

no.^A manía. 
¿Con que morirá? 



■Si. 

N05ÍA manIa. 

¡Faulseateaeia! 
¡ Dém^ el cielo divino resiateDcla, 
Que no la tengo ya! Padre inbmiaio i 
Monstruo cruel , ¿eonsentiráa tinao , 
Que no corra tu sangre por ha veaat 
ie humaba criatura? Las afenaa 
Vidas estimas poco , si b taya 
Fuera,. quizá ya hoMeras entregado... 



¿Que á mi de tal inlMnia ae menp^it 

Mo 



üoros. 



ABEN- JACOB. 



DI. 

Nuevo pacto. 

ABBR-JACOB. 

Yate 

GOIHAII. 

Que á don Pedro entregpeiafty que yo ea 
Dajaré á morir. 

no^A mamU. .. 
¡aeloa! 

ABCN-JACOB. 

Ningnn pacto 

Quiero. 

60BMAN. 

¿Tienes valor, b^o doo Pedro t 

DON FBBNO. 

Muero como Guarnan, como criMteo. 

CHIMAN. 

Hijo, el cobarde muere taatas vecea 
Cuantas I eme el morir; el valeroso 
Que la muerte deepreeb, aoaca magro 

BoffA manía. 
No lo sufriré yo, viva mi hQo; 
A defenderie, al arma, casteñanoa. 
Salid á libertarle; bs mujeres 
Guardaron solas el Pefton de Manos. 

CUZMAN. 

¿Qué es esto, castelbnos y leoneaea? 
Aquí de b lealtad ; sobre las anaat. 
Alerta ; tú modéralos , Jimenet. 
Infelice mujer, refrena el bbio, 
O vive Dios castigaré el agravio 
Hecho al monarca, no me tamultóes 
Con Ibntos sediciosos mte.soldadoc. 

aO^A MANÍA. 

¡ Nadie se maeve á ori baacnto! O 
Que estáis vieado tal padre; ea , al 



GUZMAN KL HIEXO. 



139 



d pronlo al moro hs escalas ; 
vuestras fobDges ; jo, yo misma 
firé de escudo , eni'nid'la plaza. 
1 (odcts, matadnie á mi |>rímero 
) llegue a mirar el trance fiero, 
eniios queréis aventajados, 
í riqueza teii};o en mis estados , 
^-uestn codicia en esas joyas, (Tíralas.) 
I, enriqueceos ; mas rescato 
jHibien ; me entregaré i mí pnipía, 
üjaré del muro hasta el adarve. 

(Quiere arrojarse. Detiénela.) 

GL'ZMA!«. 

iriada mujer, detente ; amigos, 
ledla. ¡Qué horror 

OO.SA MARÍA. 

Esfuerzos vanos. 

GCZaA5. 

I, ¡ch cielo! Alerta, castellanos, 

i sorprenda el moro. Escucha, atiende. 

doSa haría. 
el muro que débil se defiende, 
»5e a mi hijo por ahora, 
«deis luego recobrar la plaza 
ODor, con masuúniero de tropas. 

cuzma:!. 
i algo se pudiera á fuerza de armas, 
10 intentara yo ? ¿ cuáles remedios 
s que no habré, esposa, imaginado? 
10 maquiné, lo pensé todo : 

• rendirse un noble hispano godo? 

DOSa MARÍA. 

á Tarifa, porque Pedro viva. 

GIZMAÜ. 

blasfema tu voz? Viven los cielos, 
' attandonaré, doíia María, 
le el materno afecto te disculpe, 
'res vulgar madre. ¿Cuál esposa 
lombre como yo tai decir osa? 
man, que me curro ¡ vive el cielo ! 
rarte a mi lado, ¿quién tal dice? 
se escucha entre cristianos? ¿esto 
las fembras de Castilla piensan? 
ran consorte de Guzman el Bueno ? 

D0.9A M.\RÍA. 

adres digan si merezco saña. 

GtZMAn. 

undonor y lealud de España, 
il se le aconseje ! No es posible; 
cucho, y no lo creo. Heroicas almas 
-an Fenian González, de Bernardo , 
pt el Campeador, Bustos y Vargas, 
de muestras tumbas do reposan 
ibezas de lauros coronadas, 
i cuanta mancilla eo la española 
za cabe ya ; ya se propone, 
; entregue la tierra que ganasteis 
uesira sangre, afenes y sudores, 
ilfar solo a un joven temerario, 
k) escucho? ¿y esta infamia habia 
bmilia el cielo reservado? 
RM maridos tal traición dirían 
nenas. Violantes, ▼ las Sanchas? 
pena .' Vuelve en ti, doña liaría 
Ddei Coronel, mira los triunfos 
bcróico linaje : no amancilles 
timbre ▼ victoria esclarecida, 
a sin virtud ¿bcaso es vida? 

* es preciso es justo, no hay remedio : 
estin los cielos destinando 

w nuestra sangre con tal hecho, 
lestra desGcndeiicia pmpa^ndo 
Níio de naufragios y conquisUs, 
b. admiración del universo. 
*su mi rev en la su rilla 
lia noticioso <IH gran cerco 
lio de «u» grandes de Castilla, 



Y aunque sabe el poder y el tren del moro, 
Dice a los caballeros de su corte : 

AHÍ tengo á Guzman el valeroso. 
No hay riesgo ni Peligro que me iiLporte. 
Toda bastilla, al un, España toda 
Tiene puestas en mí las esperanzas ; 
Toda la cristiandad sabe que ahora 
Defiendo yo del bárbaro esta plaza. 
Todos en mi se fian ; por mi piensan 
Que cautivos no irán a las mazmorras, 
üue soy campeón de la religión sania, 

Y que del mismo Dios guardo la honra ; 
Que en esta fuerza España está fiada, 

Y q«ic si rompe la morisma airada. 
Todo se pierue ; restaurador nuevo 
Me llaman, y creen todos en tal lance 
Deberme tanto á mí como á Pelayo. 
África misma mira con desmayo 

El valor español ; el mil verso, 
Que lo sabe, mi acción está mirando ; 
Todos lo aguardan, y la fama siento 
Que la lleva á los siglos mas distantes. 
¿Y habrá con esto pechos de diamantes, 
¡jue la virtud no encienda? ¿y será acaso 
Posible que en los tiempos venideros 
Se deshonre á Guzman, y oue se diga 
Que solo un llanto femenil le obliga 
A eterna infamia y á deshonra inmensa? 
Que una mujer, que fueron la defensa 
e España sus abuelos, hoy la pierde. 



é¡ 



i,! 



Cual la Cava Florinda, y que yo fácil 

Repito de Julián la acción aleve ! 

¿ Esto quieres, señora ? ¿ y es posible ? 

¿La nota de traidor eternamente 

Le impones á tu esposo de perjuro. 

De falso, en quien su rey no está seguro? 

¿De que vende su patria, la fe, el ciclo? 

¡Cuánta abominación ! \ qué asombro! el suelo 

Que piso me sepulte, esposa mia : 

La pasión te cegó, vuelve en tí; que esto 

No cabe en tu valor, doña Marta. 

D05ÍA HARÍA. 

: Válgame Dios ! ¡ de qué profundo sueño 
Me despierta tu voz ! He animo en vano. 
Me aliento noble, y madre desfallezco. 
En pasión maternal nada es estraño, 
Señor; me la enseñó naturaleza. 
Mas vo manchar no intento la nobleza ; 
Soy Coronel, tu esposa, aunque soy madre. 
Conozco ;av Dios! que tan pnidenlc padre 
Lo miró todo, t qne aunque calla siente 
La desgracia del nijo, y la imprudente 
Sinrazón de la madre ; mi disculpa 
Será el perdón que de mi audacia pido. 
Yo aumenté tu pesar. Con esta angustia 
Probamos quiere el cielo, lo conozco; 
Humilde adoro la voluntad suya. 
Venciste mi pasión, venciste, esposo; 
Me asombra tu virtud, y aunque perezca 
Al sentimiento horrible que me cerca. 
Si no hay otro remedio, y Dios se agrada, 
Si mi tormento j mi dolor conduce 
A ensalzar la grandeza castellana. 
Muera mi h^o á manos mas cr&elcs. 

GOZMAX. 

Digna corona de los Coroneles, 
I Oh gran doña Marta, preí y gloria 
De españolas matronas! ¡raro ejemplo 
De valor sin igual ! llega á mis brazos. 
Esposa digna de Guzman el Bueno. 
No hay oue tardar, las mesas prevenidas 
Saquen a este bastión. 

jiMF.;if. 
¡Raro portento! 

ABCÜ-JACOR. 

Por las señas que vemos allá arriba 
Guzman se vence de la madre al ruego ; 
Rendí a Tarife, Amir, y gané á España. 

AMIR. 

Yo me atrevo á rendh'al universo. 



140 



ORRAS DE MORATIN (d. nicolas). 



Pero DO di Ginnuui b feroi alma. 

ABEN-JACOB. 

GuzuMoi, TB tu piedad sbIm tu hQo, 
Que agradece; quiudle las prisiones, 
Y ¿ sus padres les lleve ricos dones. 
Baja, alcaide, las puentes, que allá f amoa. 

GUZUAIV. 

Moro, ya mas palabra no escuchamos; 
Guerra, guerra; Tarifi por Castilla. 

JACOB. 



Vano, ly podrás sufHr que mi cuchilla 
Degüelle al hQo tuyo? 

GUZUAH. 

Y si te falu 
Espada, ahi tienes, bárbaro, la mía. 
Desenvaina la espada^ tírala^ y la eo§a Amif. 

DONPEDBo (eselamandü). 
Lumbrera celestial, este es el dia 
Ultimo que le ven mis tristes cjos. 

ABCH*JA€0B. 

Ahora yo tiemblo al ver ules anejos. 

non KBBo. 
Padre, yo ftii la causa de tan nandea 
Desdichas como sufres este du 
Funesto y memorable para Espafia. 

ABEM-JAGBB. 

Pues no cuente sin ligrimas la haafia. 

BON FEDBO, onoáUMú, 
Perdón y bendidoB en este trance. 

«onAii. 
Hijo, la mia y la de Dios te alcance. 

yueUie la etj^aida; Uávante Ui maroi 4 Un 
Pedro: siéntanu á la meta Guanam^ Mía Ma» 
ría y Jimen^ y wiene 



¡Odiosa libertad! 



i Qué OB esto, cielos I 



No es virtud del alaibe ; violentada 
Me traijeron por taena basta la entrada 
Para que los soldados tumultúe 
Con mis llantosy voces, y avauarse 
Entre b confasion i b muralb. 
Alli vi una gran piedra prepararse, 
Para sacrificar aquel cordero ; 
No me fué pemilldo que muriera 
Por él; BBBS ya del sumo dolor SMiero. 

B05lA UABÍ A. 

¡AyhQoBsIo! ¡Inaguantable peni! 

GDUAH. 

Esposa, ¿qué es de tu valor constanteT 

mu» (reiMHmnia). 
Si no engalb b vista lo distante. 
El socorro ya llqn ; ya divbo 
El guión de Gastiíb, y los pendones 
Bordados de castillos y leones ; 
Y con las huestes moras avanzadas 
Ya escaramuzan nuestros batidores. 
Don Juan Ramirea es... 

Gran niéa^ f laréntame íaias. 



¿Mas qné alboroto? 
MOBos, áenlr». 
LaElbhebAlbh. 

GÜZMAN. 

¡Terrible estraendo! 
A su puesto, soldados, ¿qué es aquesto? 

Vm ienir: 
Ya á don Pedro cortaron b caboa. 

GOZIAB. 

Cuidé que iban á entrar b fortaleza. 

Demápase Blanca^ y la retínm;$ daña Jfa- 
ria derrmmdo las me$a$. 



¡Ay de mi! ¿dónde estoy? ¡qué horror! qué aso 
¡ Desdichada nujer, madre mfettce I 
: Ay madre! ya no madre, tristes dbs 
Y luto esperan ábsi ' 



¿Hay dolor semejanle? lodlosa vida! 
¡Desesperación llera ! ¡ horrible traace I 
Cielo, ¿V esto consientes? ¿b looceDelft 
Atropelbda asi ? Rayoa tregaendos, 
Y muerte, ¿dónde estáis? H(K> adorado, 
Qué, ; va no te veré? qué, ¿tu cabeza 
Dividida del cueipo aun boqueando 
Hueve los tristes moribundos i^os 
Cárdenos y sin luz? ¿ para ealo vivo ? 
¿Por qué no abrasa lui rayo vengatlto 
A tan mfellz madre? Moros fieros, 
Bárbaros, inhumanos y crteles. 
De implacable fiereza, airado el délo 
Os sepulte en nanfkaim: fieras peales 
Consuman vuestra raza. O espafioles. 
Jamás b paz queráis con tan vil gente ; 
Sed enemigos de su odioso noÉabre. 
Salsa algún vengador, ó desc endie nte 
De ui sangra guzmana y ooronefak 
Que lleve á sos riberas el espailo, 
La desesperación, b amarte y ibtilo. 
Ni eternamente eesen los rencores ; 
Nuestras pbyaa infesten á Isa soyas : 
Mandadlo ávoestm I' 



Asi será ; ve, esposa ; el Ibnto eqiogB. 
AsIfroBfo. 



Castelbno Abrahan, 16 htt aoabadd 
Lo que el otro vio solo coBsensado. 
Ya no hay remedio, en vano le * 



¿Conoces á Guzman, y le eonsoelas?^ 



Si, hay consuelo : corrido y i 
Diviso al moro huir ya destrosado 
Por el socorro, qoe aunque taidn fibOi 



Maa Türib y Espafia ae I 
Lo que me dió el Sefior, él lo bu 
Su poder teneremos faifinilo^ 
Y el nombre del Se&or sao ' 



CARTA HISTÓRICA 



SODRE 



Kl. ORIGEN Y PROGRESOS DE LAS FIESTAS DE TOROS EN ESPAÑA (1). 



Escvo. Sr. PifücirE Pigxatelli : 

««unto 5obre que V. G. se ha dignado mandarme es- 
', ha siün siemprtí tan olvidado como otras cosas de 
ira España *. |»or lo que faltándome autores (|ue me 
ux, dir«* las |MM.*as noticias que casualmente he leido, 
unas iiue de las conversaciones se me han quedado 

memoria. 

s Gesus de toros, conforme las ejecutan los cspaño- 
no traen so origen « como algunos piensan , de los 
iiM>s. ú no ser que sea un origen muy remolo, desíi- 
•1f.i, y ciui violencia ; |Hin;ue las tiestas de acpiella na- 
fn su^ circos y anfiteatros, aun cuando entraban to- 
Hi e!la.«, T estos eran lidiados por los homl)res , eran 
cir«-un«tancias tan diferentes, (pie si en su vista se 
KinM>tir en que ellas dieron origen á nuestras lii's- 
If loros , se |iodrá tand)ien aiirmar , (|ue todas las 
one» humanas deben su origen precisamente á los 
pirri. , y no al discurso, á la casualidad , ó á la misma 
nieta. 

lien ejemplo tenemos de esto en los indios del Ori- 
X que Mn noticia de los espectáculos de Roma , ni 
de las tic'itas de Kspafia, burla» á ios caimanes fero- 
no* cim no menor destreza (pK* nui'slros capeadores 
• loros: X el burlar y sujetar :i las üenis de sus res- 
úfOi pá'ise» ha sido siemprt> ejiTcicio de las naciones 
ítifB^ii valor naturalmente, aun antes de ser este au- 
llido Clin artilicio. 

j^Hü-id^d de los toros que cria Kspafia en sus abun- 
9t* d'hesas y salitrosos pastos, junto con el valor de 
rsfMúüles, son dos cosas tan notorias desde la mas 
Ma aati|;uedad , que el que las quiera negar acredi- 
i sa HiTÍdia 6 su iguorancia , y yo no me cansaré en 
hfcewle : solo pasarte á decir que haliiiMulo en este 
iiVQi> U previa disposición en hombres y brutos para 
•pnti-* oiiutiemlas, es nmy natural qui» desde tiem- 
■ «lii|uis)inos se haya ejenriíado esta destripa, ya para 
ifrel peK'^o, ya ¡lara ostentar el valor, ó ya para bus- 
'cifHsiento con la sabrosa carne de tan grandes rescs, 
tacu»lf« perseguirían en los primeros siglos ápié yá 
^ **u latuUs y cacerias. 

^ pasadlo de los discursos á la historia, es opinión 
^rieti la nu»^<ira que el famoso Rui , ó Rodrigo Díaz 
^iTAr, Ibmado el Cid Camfieador , fué el primero que 
**•<> l^ loms á caballo. Esto debió de ser por bizar- 
toinilar de aquel héroe , pues en su tiempo sabe- 

«pe Alfonso el VI, otros dicen el VIII, en el siglo xi 

anas fiestas piib1i<*as, que se reducían h soltar en 
pbu do< rerdos , y Inegí» sallan dos hombres cie- 
óai-a^i Clin los iijos vcnda<t(»s, y cada cual con un 

en ia mano buscaba como podía al cerdo, y si le 



^ r«i :*'. .!* !■ mal^ri», 1ol.r<«vp de li eitcniion y lo raeain de loi 
t*r-« .1' l»% iniíTi'irefc Hu i'^nr» {lailriil 1777, Valencia ISIS) nos 
íiK»a - a in*^rtjr i ^n il||iinat nnian me opiiirul» de don Mrola* 
id#i í- « 'jIíd para dar alfritna maestra di> iu pr<>«a. esrriía ron 
t . • r .- ,,!-/ ^ »i«i part-nilar ««iiiijto, que liiibh'ra sido impirti- 
'fc d .• ■ i-f»p«»-i «•¡••ít-ilar. 



daba con el palo era suyo, como ahora al correr el gallo, 
siendo la diversión de este regocijo el que , como nin- 
guno veia, se solian apalear bien. 

No obstante esto, el licenciado Francisco de Cepeda, 
en su Resumpta Historial de España , llegando al año de 
! 100, dice : Se haila en memorias antiguas que (este afm) 
se corrieron en fiestas públicas toros, espectáculo solo de 
España , etc. 

También se halla en nuestras crónicas que el año 1194, 
en que cas<) Alfonso Vil en Saldaña con doña Herenguela 
la Cliica , bija del conde de Barcelona , entre otras fun- 
ciones, hulH) también tiesta de toros. 

Hubo también dicha función , y la enunciada arriba de 
los ceñios, en la ciudad de L(on, cuando el rey don Al- 
fonso VIII casó ú .su hija doña Crraca con el rey don Gar- 
cía de NavaiTa ; pero delx' notarse i\mo testas funciones 
no se hacían con las cinrunstancias del día , y mucho me- 
nos fuera de Espunn, en donde se corrían también, pero 
enmaromados y con perros, y aun hoy se ol>serva en Ita- 
lia ; y no pudo ser menos <pn* con este desorden y atrope- 
llamiento, la finalidad que acaeció t;n Homa el año de 133¿, 
cuando murieron en las astas de los toros muchos ple- 
beyos , diez y nu-ve caballeros romanos , y otros nueve 
fueron heridos : desgracia que no se verificara en Espafia 
siendo el ganado mucho mas bravo (2). Por este suceso se 
prohibieron en Italia(.'S) : pero en España prosiguieron per- 

(i) En este punto parera que refrA á Moralin sii hereditaria aflrioB á 
las funriune* de Ion»». >'■■ baa ururrido en Bueslro< Uempof nvcacntet 
desdrarias de esto géneru ; pi'ro si liemos da dar crédito á esrriiores mai 
antiguos, las hubu niu) lamentables por au número y sus rirrunalandai. 
El padre Pedro de Guinian , Jesuíta, que i principios del siglo zvn escri- 
bió un libro con el titulo de Bienc» del komulo trubajo, drcia que no se 
corrían toros vei en que no muriesen dos d tres, 6 á veces mas hombres. 
1 El mesmo dia , aflade , que te escribe esto flaurieron en esta corta en 

• unas flestus destas «ruairo hombres, y en algunas han muerto en España 

■ mas. En Valladulid, en el aAo de lAK, en unas fiestas de la Crui muiie- 

• nm en lu plaza, currióodose en ella unos toros, dici peritnna* ; y si sa 

• averigua, mueren rn toda Ktpafla un aflo con otro en ettoi ejeniriue 

• doscientas y aun trestrientas personas, cosa digna de sonlirsey Uurars» 

• mufho.B Bastantes aftos antea escribía dou Luis Zapóla su Mitedañtm, 
que existe manuscrita en la biblioteca nacional; y en el capitulo de Torot y 
torero» dice : f Ki peligni es tan poco qne no se sabe que en nuestros llem- 

• pos hayan muerto loros sino á Mateo Vaiqnea Corunadi». alguacil mayor 

• de Valladolid. que le birid un loro en una pierna, de qiia round en pocos 

• dlas.t Pero el mismo escritor contradice después en otro lugar de esta 
obra la singularidad de esta desgracia; pues cuandn pasa i la manera 
nuevamente intrudutfida en su tiempo de torear ron gnrmi-hon, diré: 

• Mas aquel fué lasUmuso caso de dou Diego de Toledo, hermano iiaiural 

■ del duque de Alba, un caballero m<>io,miiy gentil-bomlire « muy seAa- 

• lado: andando á los toros en Alba con un garrochón á las alegrías del 

■ rasnoileato del duque su hermano , puso A uno el hierro en la frente 

• que no acertó A desrogolarlo ; did un rebufo el toro en alio, revuelve 

• el garrochón, y escurre por su misma mano, y dale con el cuenta en un 

• '^i'^t y pésBbele y la rabeía y sesos, y silele envuelto en ellos por la olri 

• parte ; y al caer muerto se le quebraron dos roslillas sobre su misma 

• espada. • Sobre este suceso eslAn llenos de lamentaciooM los canti»s po- 
pulares de aquel tiempo. Después que esta lucha pa«4i. de noble afición 
que era, á oficio extipendiado, la esposii-ion se hifo iiiennr; porque el re- 
petid» uso enseAaio* medios de e\iiarla ;pnr lo rual. «in dejar d*' recono- 
cer las \entaj.i« de rii-rlos ejeuiriua di> gimnástica gfiilile<4 , pfopins de 
Im4 clases elc^adaii , crcemon que «e lia dailo un iff^iii |i:i«ii acia la ru lu- 
ra, abandonando esl** género de %alur y halulidad á 1ü» iiui* df ello forman 
particular eatudiu. y narait ^u subsi!>leiiria. 

(3) También se priihihleroii en F.>pañu ma» de dii< nlglos di-«pii«''i> . en 
I.*íii7, por fl papa nan Pin V, \ ant>MÍ •nui'uii» había nido pedida su «iipre- 
tiun por las COI le« de Valladolid ili' |.K>5;peiola afición dolos esp^iñuli't y 



m 



OBRAS DE MOIUTIN (d. iocolas). 



fecdo le despaldillase ó le degoflase etc., pnetaim á 
eoíBarraJoft 6 cimarrones los encoJalMm oon la medSa 
«na, cuya memoria ni aun existe. Pero boy la llegado 
á tanto la deBcadeta, que parece que se taá hacer mía 
sangria á «na dama, y no i matar de mía estocada mía 
fiera tan espantosa. Y amiqoe algmaos reclaman contra 
esta ftindon llamindola barbaridad, lo cierto es qae los 
faealutitos diestros la tienen por gananda y dirersioo; 
y naestra difunta reina Amalia al verla sentenció : «que 
»no era barbaridad, como la baUan informado, sino di - 
• tersion donde brilla el valor y la destreza.» 

Y ba llegado esto k tal punto, que se ha visto varias 
▼eces un hombre sentado en una silla ó sobre una mesa, 
y cpn grfllos á los pies poner banderillas y matar ¿ un 
toro. JuanQon los picó en Huelva con vara larga, puesto 
él á caballo en otro hombre. Los varilargueros, cuando 
caen, suelen esperarlos i pié, con la garrocha enristrada, 
y al ^ amon le vimos mfl veces cogerlos por la cola y 
montar en ellos. Para suplir la fklu de los caballeros 
eotnunoQ loa toreros de á caballo, que son ima especie 
de nqperw que con deilrea y mucha fútru plcaír á 



los toros con varas de deteuer : entre ellos han tíáúím» 
signes los Marchantes, Camero, Dau (que tietendoi to- 
mos del arte inéditos). Femando de Toro, y hoyTara^y 
Gomes, y Nufies etc. (5) 

Fto me detengo en pfaitar las dicunstandas de cada 
clase de estas fiestas, nilas castas de los toras, nlcrao 
que no reste que decir, pues obras de esta natnnlai 
deben su perfección á la casuafidad y altien|ipo,qaeva 
descubriendo mas noticias. Quedo no obstante moy go- 
toso de haber servido á V. E. en esto pocoqne paoÁo, 
y deseo que prosiga honrándome con sos preceptot, co- 
mo que le guarde Dios muchos y felices aftos. 
Madrid 25 de juBo de i77e. 

mcoutf rBuiAiiKs k mmATiii. 



(I) DM^««é« la épMt m f«t McrIMé «I ftMM,teii •M#Immm« «i «i 
•rt« Im ylcadATM l.a«rMB« Ortffa, Cortli>4< y llf n Orttt; y §««§•» 
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S* («I CMctaMM), y IMMlac* Mmim • 4 

NflM fM to fBfaUI MI 



roí K LAS oaaAs »b mm mcous tcMáiiMi ns mokatui. 



ORIGEN Y PROGRESOS DE 
an sotameote empleo de los caballeros eotre 
j moros; entre estos hay memoria de Muza, 
ilabea y el animoso Gazul. 
os cristianos , además de los dichos , celebra 
4 Cea, Velada y Villamor; al duque de Maqueda, 
Cantfllana , Ozeta ,. Zarate , SásUgo , Riaño etc. 
*oé InsigDe el conde de Villamedlana; y don Gre- 
lo, caballerizo de S. M. y del orden de Santiago, 
diestro en los ejercicios de la plaza, é inventó 
era para defensa de la pierna, que por él se Ila- 
^goríana. El poeta Tafalla celebra á dos caba- 
nados Poeyo y Suazo , que rejoneaban en Zara- 
aplauso, á fin del siglo pasado, delante de don 
Vnstria ; y si V. E. me lo permite, también diré 
buelo materno Aié muy diestro y aOcionado á 
dcio, que practicó muchas veces en compañía 
iiés de Mondéjar , conde de Tendilla ; y el du- 
[edinasidoDia, bisabuelo de este señor que hay 
era tan diestro y valiente con los toros , que 
M de que ftiese bien ó mal cinchado el caba- 
decía que las verdaderas cinchas hablan de ser 
s del jinete. Este caballero mató dos toros de 
lazos en las bodas de Carlos 11 con doña Maria 
o, año de 1679, y rejonearon el de Camarasa y 
y otros (4). 

colas Rodrigo Novell imprimió el año de 1726 
a de torear ; y en su tiempo eran buenos' caba- 
I Jerónimo de Olaso y don Luis de la Peña Ter- 
1 hábito de Calatrava, caballerizo Del duque de 
loofo ; y también fué muy celebrado don Ber- 
^nal, hidalgo de Pinto, que rejoneó delante del 
mocho aplauso el año de 2S ; y aqui se puede 
; se acabó la raza de los caballeros (sin quitar el 
los vivos) ; porque como el señor Felipe V no 
estas funciones , lo (üé olvidando la nobleza; 
faltando la afición de los españoles, sucedió la 
ercitar su valor, matando los toros á pié, cuerpo 
con la espada, lo cual no es menor atrevimiento, 
tuta (por lo menos su perfección) es hazaña de 

imente eran las Gestas de toros con mucho des- 
imontonada la gente, como hoy en las novilla- 
is logares , ó en el toro embolado , ó el jubillo 
n, del cual no hablaré \\ot sor barbaridad ini- 
li de los despeñaderos para ios toros de Valla- 
ranjuez, porque esto lo puede hacer cualquiera 
r asi se dice que en unas fiestas del rey Chico 
la mató un toro cinco ó seis hombres y atropello 
incnenta. Solo se hacia lugar a los caballeros, y 
tocaban á desjarrete, á cuyo son los de á pié (que 
no habia toreros de oficio) sacaban las espadas, 
una acometían al toro acompañados de perros; 
desjarretaban (y la voz lo est.^ recordando), y 
remataban con chuzos y á pinchazos con el es- 
»rríendo y de pasada, sin esperarle y sin habi- 
mo aun hacen rústicamente los mozos de los 
yo lo he visto hacer por vil precio al Mocaco de 
I. 

\o es insufrible , y no obstante en la citada fiesta 
»2S, delante de los mismos reyes y en la plaza 

. «oabre» de InsigBM lidiadores •ntlguo* pudieran afladirse 
>a, Merecieado distinguido lugar don Diego Ponce de León, 
|uéa d« Zabara. á quien celebran á porfía Gómalo Argote de 
I diteono de la Montería , don Luis Bafiuelos rn su libro de 
laaaerilo. Cómalo Femandei de Oviedo en tuiQuincuage- 
■la Zapau en la MUeelanea citada en la nou anterior. Mien- 
allaro lacia su singular destreza en Sevilla, gozaban de gran 
'e4ro Afuayo de Heredia en Cdrdoba, don Rodrigo de Paz en 
doo Dieyo Bamirai (nombrado por el autor) en Madrid, don 
pala en Cranada, y en varios puntos de Castilla don Francisco 
aurqaét de Bardales , y don Luis de Gusman , marqués de 
•■ , lefan parece , toé el primero que toreó con garrocbon, 
eia coa otroa, entre ellos don Pedro de Médirin, hermano dol 
reacia. 



lAS FIESTAS DE TOROS, 
de Madrid, se mataron asi los toros, desjarretados 
vive quien lo vio, y lo pinta asi la Tauromaquia c,^ 
aquel aito ; prueba evidente de que no habia mayor de, 
treza. Los que de^arretaban eran escUvoa moros; des- 
pués fueron negros y mulatos, k los que también hadan 
los señores aprender á esgrimir para su guarda : lo se- 
gundo se colige de Góngora, y lo primero de Lope de 
Vega, quien hablando en mJerusalen de desjarretar, dice : 

Que en Castilla los esclavos 

Hacen lo mismo con los toros bravos. 

Cuando no habia caballeros se mataba á loa toros ti- 
rándolos garrochones desde lejos y desde los tablados, 
como se colige de Jerónimo de Salas Rarfoadillo, Juan de 
Yagüe y otros autores de aquellos tiempos ; y hasta que 
tocaban i desjarretar los capeaban también, cayo ejeitd- 
cío de i pié es muy antiguo, pues Tos moros lóluícian con 
el albornoz y el capellar. Mi anciano padre cuenta que 
en tiempo de Carlos II dos hombres decentes se pusie- 
ron en la plaza delante del balcón del rey , y durante la 
fiesta, fingiendo hablar algo i9i(K>rtante, no movieron loa 
pies del suelo, por mas que repetidas Teces les acome- 
tiese el toro , al cual buriaban con solo un quiebro de 
cuerpo ú otra leve insinaacion; lo que agradó mucho á 
la corte. 

El año de 26 se evidencia por Novell que todavía no 
se ponían las banderillas á pares, sino cada vez ana, que 
la llamaban harpon. Por este tiempo empezó i sobresa- 
lir á pié Francisco Romero , el de Ronda, que fué de los 
primeros que perfeccionaron este arte usando de la ma- 
letilla, esperando al toro cara á cara y á pié firme , y ma- 
tándole cuerpo á cuerpo ; y era una cierta ceremonia que 
el que esto hacia llevaba calzón y coleto de ante, cor- 
reen ceñido y mangas atacadas de terciopelo negiro para 
resistir á las cornadas. Hoy que los diestros ni aun las 
imaginan posibles, visten de tafetán, fundando la defensa, 
no ai la resiálencla, sino en la destreza y agilidad. Asi 
empezó el estoquear, y en cuantos libros se hallan es- 
critos en prosa y verso sobre el asunto no se halla no- 
ticia de ningún estoqueador, habiendo tanta de los ca- 
balleros, de los capeadores, de los chulos , de los parches 
y de la lanzada de á pié, y aun de los criollos, que en- 
maromaron la primera vez al toro en la plaza de Madrid, 
en tiempo de Felipe IV. 

También debo decir, no obstante, que en la Alcarria 
aun viven ancianos que se acuerdan haber visto al nom- 
brado abuelo mió tender muerto á un toro de una esto- 
cada; pero esto ó fué acaso , ó gentileza estraordinaria, 
y por lo tanto muy celebrada en su tiempo. En el de 
Francisco Romero estoqueó también Potra, el de Tala- 
vera, y Godoy, caballero estremeño. Después vino el fraile 
de Pinto, y luego el fraile del Rastro, y Lorenzillo , que 
enseñó al famoso Cándido. Fué insigne el famoso Mel- 
chor y el célebre Martincho con su cuadrilla de navar- 
ros, de los cuales ha habido grandes banderilleros y ca- 
peadores, como lo fué sin igual el diestrísimo licenciado 
de Falces. Antiguamente hubo también en Madrid plaza 
de toros Junto á la casa del duque de Lerma, hoy del de 
Medinaceli, y también acia la plazuela de Antón Martin, 
y aun dura la calle del Toril, por otro nombre del Tinte. 

Pero después que se hizo la plaza redonda en el soto 
Luzon, y luego donde ahora está, tnjo el marqués de la 
Ensenada cuadrillas de navarros y andaluces, que lucie- 
ron á competencia. Entre estos últimos sobresalió Diego 
del Álamo el malagueño, que aun vive; y entre otros de 
menor nota se distinguió mucho Juan Romero, que hoy 
está en Madrid con su hijo Pedro Romero , el cual , con 
Joaquín Rodriguez, ha puesto en tal perfección esta arte, 
que la imaginación no percibe que sea ya capaz de ade- 
lantamiento. Algunos años ha , con tal que un hombre 
matase á un toro, no se reparaba en que fuese de cuatro 
á seis estocadas, ni en que estas fuesen altas ó bajas, ni 



/:. 



fé^P le despalcKIlaBe ó le degoOase etc., pues aun á 

«áVrtmJos ó cimarrones los encojaban con la media 

Jma, cuya memoria ni aun existe. Pero hoy ba Bogado 

.«^^Tuntola dettcadeca, que parece que se faábaeernna 

'' sangHa á una dama, y no á matar de una estocada una 

fiera tan espantosa. Y aunque algunos reclaman contra 

esta ftmdon llamándola barbaridad, lo derto es que los 

foeultatlTos diestros la tienen por ganancia y dirersioo; 

y nuestra difunta reina Amalia al yerta sentenció : «que 

>no era barbaridad, como la habian informado, sino di- 

Btersion donde brilla el yalor y la destreza.» 

Y ba llegado esto i tal punto, que se ba visto varias 
Teces unbombre sentado en una silla ó sobre una mesa, 
y OQQ grillos á los pies poner banderillas y matar i un 
toro. Joaod¡jon los picó en HueWa con vara larga, puesto 
él á cabaUo en otro hombre. Los varilargueros, cuando 
caen, suelen esperarios i pié, con la garrocha enristrada, 
y al \ amon le vimos mil veces cogerios por la cola y 
montar en ellos. Para suplir la &lu de los caballeros 
entraron loa toreros de á caballo, que son una especie 
da vaqueros que coo deatreu y mucha füeru pican' 4 



OBRAS DE IIORATIN (d. ricolas). 



los toros con varas de deteaer : 
signes los Mardiantes, Camero, Dua (que tloMa te Itj 
mos del arte inéditos), Pernaado da Toro, y iMqrfM^f 
Gomes, y Kufiei etc. (5) 

Ño me detengo en pfantar tas Atimstiiirtas 4a ai| 
ctose de estas fiestas, nilas ca is da loa tofoit ricng; 
que no reste que dedr, pues obras da asta wlmsktá 
deben su perfeccioQ * la casoaBdad y allieippo,^^' 
descubriendo mas noticias. Quedo no obstante wm^^i 
soso de haber servido á V. E. en esto poooqne paal^ 
y deseo que prosiga honrándome coa8aspreeeplos,fl». 
mo que le guarde Dios mudios y félieas aftoa. 
Madrid S da joVo da ITTB. 



(I) DMpatt é« te 4pMt w f«t MoMi «I a«l« 
arle !•• plcadorw Um«M« Oil0S>« firc^Ma y AImm 



MMw d« OB traiaa*^ fwiáh*, aifltea. Lmb, a^MM (CMaamÉ^a 

«•(•lCkictaMM).yr 

r«s>M fM It fvtaifB nt f 




rn DG US OBiAS M DO» RIGOLAS fttSIAII»BS M MOaATIH. 



OBRAS 



DON LEANDRO FERNANDEZ DE MORATIN. 



MÍMMMMMIMMIMMWMIMMIMI 



«MMMMMMMMMMMMíMMMMIIMMMíMWMWMM 



"— '^' •''••■'•'nv^'nTrnrirnrnrrniriir i iwwwi tMi » 



BRAS DE MORATIN . 



LEANDBO). 



orígenes del teatro español. 



PROLOGO. 

»ra DO 86 ha escrito una historia del teatro espa&ol ; la mojetta fiuiga de buscarlos 
relativos á él desde su orígep hasta fines del 8i|^o m ba debido retraer á muchos, 
lalento y su buen gusto hubieran sabido desempeñar esta empresa dificil. 
llosa abundancia de autores dramáticos en el siglo xvn, y el crecido número de 
aadén á la necesidad de conocerlos la de clasificarlos» compadrarlos y jozgaHos 
ud que pide la buena crítica. 

en el siglo anterior y en lo que va del presente la poesía featral^ siguiendo unos 
e los que les hablan precedido» y ateniéndose otros á los-prindpios que conoció 
d y ba restablecido el gusto moderno» se hace indispensable un estudio particular 
lir el mérito respectivo de obras que pertenecen ¿ escuelas tan opuestas entre sL 
liente para este eximan aprovecharse de b que juzgaron los coetáneos acerca de 
e en el choque de las opiniones que sostenían» muchas veces dirigió su pluma la 
y muy pocas la inteligencia. 

igrte el influjo que han tenido siempre en las producciones literarias el sistema del 
gusto de la corte» el método de estudios» 1% política y Us costumbres» obligará á 
ponga escribir la hist^oria de nuestro teatro á buscar el origen verdadero de sos 
BU decadencia ; y esta indagación gstá sujeta á las restricciones que imponen el 
do á la autoridad, y las demás circunstancias del tiempo en que se escribe, 
sribieron nuestros mejores bibliógrafos acerca 4e la dramática espadóla no pasa 
idicaciones sueltas» traídas por incidencia» diminutas» mal ordenada»» y no capa- 
icer la curiosidad de los que desean una historia de nuestro teatro (l).Lo8 según- 
i á los primeros» y los últimos nada han a&adido. de particular» repitiéndose por 
las equivocaciones» la falta de plan y de verdad histórica y critica que se advierte 
itos. Llegó el tiempo de las apologías» y apoyados los defensores de nuestro eré- 
sobre tan débiles fundamentos, .compusieron libros enteros llenos de sofismas y 
laron largamente del teatro, clasificaron obras que jamás babian visto» y manifes- 
Gtrecian (por la clase de estudios que hablan tenido» p<v el estado que proíasa- 
l lugar en que escribian) de los auxilios y de la inteligencia que hubieran sido 
ra que el desempeño hubiese correspondido á su celo toudable (f). 



lontin escribió el presente prólogo , no 
robaMemeDie á luz las obras literirias de 
hrtines de la Rosa , quien en su apéndice 
s dió estensos pormenores y atinados jai- 
rlneros pasos y posteriores ticisltudes del 
a. 

ipvesioaes del autor se deduce que quiso 
lavier LantpIUss, jetoita, quien traslidado 
Itas de la espulsioo de su órdlm» se de- 
Utamios que le dieron suma celdMldad. 
enteso eipa&ol fulnerado el nonlMfí de 



su patria por algunos eseiltores qoe se | 

trar la Usloria de los < 

sus ramos, publicó en Mueva dafio ds^tTTgi y reimprimió 

en Roma tros saos después, foa oferab^o el titalo de Si^ 

fi0 HMú0 §fi9U§M§$ JMIs U U t rBk u rM § i ^ §$im§ t9^ doede 

á mekas de ana stadielea eopisrisima se dífó llevar por 

un exsflersoo esnirilai ae oacNsaüdad* JkceaapSDHPOiiie 

deaqadla bri- 
■o poce á I ~ 

aalos 




i4S OBRAS DE MORATIN (o. leaudro). 

¿Qué pudieron hacer los cstranjcros cuando quisieron decir algo de nuestra poesii escé- 
nica, sino repetir las pocas noticias que hallaron esparcidas en algunos libros, ó cortar la di- 
iicultad diciendo que la literatura española es una pobre mina, que no paga el trabajo del be- 
neficio ? Asi han creido algunos de ellos disimular con un desatino el orgullo de su ignoran- 
cia (3). 

Falta pues á la cultura de nuestra nación una historia critica de su teatro» empresa tan su- 
perior á mis débiles fuerzas, que nunca tuve el atrevimiento de intentarla. No obstante, ha- 
biéndome aplicado desde mi juventud á reunir y ordenar cuantas noticias pude adquirir acerca 
de esto, asi en España como fuera de ella, me persuadí de que podría ya formar con lo que 
tenia escrito una obra (que hoy presento al público) en que ilustrase los orígenes del teatro 
español (4). 

No intento recomendar mi trabajo, ponderando la constante diligencia que supone la ad- 
quisición de materiales que forman este libro, la lectura que me ha sido necesaria para ilus^ 
trarle, la meditación que ha precedido á mis dictámenes, y el empeño nunca desmentido de 
hallar la verdad, rectiñcar las equivocaciones de los que me habían precedido, juzgar por mí 
propio, y presentar á los inteligentes un resumen crítico en que manifiesto cuál fué el origen 
de nuestra escena, cuáles sus progresos, y cuáles las causas que influyeron en las alteraciones 
que padeció, hasta que Lope de Vega las autorizó con su ejemplo. Este es en compendio el 
plan del discurso histórico que precede á todo lo demás. 

En las notas que le acompañan creo haber dado las pruebas de cuanto en él se afirma con 
autoridades irrecusables, mediante las cuales se aclaran muchos puntos pertenecientes ¿ núes» 
tra antigua literatura mal entendidos hasta ahora, ó del todo ignorados. 

Sigue á esto un catálogo histórico y crítico de piezas antiguas, el primero que se ha publi- 
cado de este género. En él se da razón de mas de ciento y sesenta composiciones dramáti&s, 
todas anteriores al tiempo en que Lope de Vega comenzó á escríbir. Hablo del mérito de las 
que he tenido á la vista, hago mención de sus bellezas y sus defectos, cito á la letra los pasa- 
jes mas sobresalientes de muchas de ellas, y no me olvido de copiar aquellos que merecen 
severa censura. Sé muy bien cómo se desacredita una obra escelente, citando solo sus faltas, 
y cómo se recomienda otra de poquísima estimación, entresacando de ella los pasajes en que 
el autor, sin mérito suyo, acertó por casualidad ; pero he querido apartarme de uno y otro es- 
tremo. No he querido hacer ni una apología, tii una acriminación de nuestro teatro, sino una 
historia crítica de sus orígenes, presentándole tal como fué durante la época á que me he 
querido ceñir. Acompaña al examen de las obras la noticia de muchos de sus autores. Los es- 
tranjeros más que nosotros necesitan esto para salvar las equivocaciones que frecuentemente 
han padecido en sus atropellados diccionarios biográficos. En el orden que he dado á las pie- 
zas se observará toda la exactitud de que es susceptible, habiéndole sujetado ala autoridad da 
escritores los mas inmediatos que hablaron de ellas, á las fechas conocidas de sus primeras 



(3) Respondiendo Sígnorelli á las impagnaciones que le 
había dirigido el abute Lampillas sobre su /^tj(/0na crítica de 
eos teatros, descargaba su C(»noiencia literaria quejándose 
de la úicuria de los aulores españoles en recoger unos do- 
cumenlos (¡uc (:uitulosiiupurtaba producir en aquella gran 
cuestión. «Si los escritores nacionales (decía) se hubie- 
sen antiripudo a mi tt>jiendo una historia del teatro espa- 
ñol, menos afán me hubiera costado coordinar mis noti- 
cias , y me hubria aprovechado de semejante obra con la 
mayor satisfacción.» 

(4) La academia de la Historia, en la magnifica edición de 
las obras de don Leandro Feniandez de Moratin que hizo 
diez y seis años ha , tratando del Discurso histúrico sobre 
¡os orígenes del teatro español decia en su prólogo : «No 
» obstante lo a|>reciable üe este tr&bajo , la academia en- 
» tiende que Moratin no acalló de agotar enteramente su 

> argumento, y que á pesar de sus doctas investigaciones 

> todavía dejó mucho que hacer á la diligencia y laborio- 
1 ad de los que le sucedan en esta empresa.» Pene- 



trado de la verdad de esta observación nuestro Infatigi- 
ble y erudito amigo don Eugenio de Ochoa, en la colecckm 
de Autores españoles que dio á luz en París, conocida bajo 
el nombre de edición de Baudry , agregó algunas compo- 
siciones dramáticas escogidas entre las correspondientes 
á la época á que se contrae nuestro autor. Tal vei noso- 
tros hubiéramos seguido su ejemplo, á no proponernos pu- 
blicar muy en breve un tomo de Dramático* anteriores i 
Lope de Vega, en el cual cou el auúlio de los amigos que 
nos favorecen procuraremos suplir con las propias noti- 
cias y observaciones las tpie pudieron babiTse escapado a 
la perspicacia de Moratin. Üe esta manera , dando en d 
presente tomo el testo legitimo del autor, exitamos lu co- 
tejo que no ¡todia menos de sernos desventajoso. Solónos 
atreveremos á poner alguna que otra nota en aquellos 
pasajes que en nuestro concepto exijan alguna mayor es- 
plicacion , ó en que no estemos enteramcoto de acuenlo. 
— Debemos también citar con elogio y gratitad al aleaán 
(Ion J. N. Bohl de Fal>er, benemérito de nuestra litera- 



PROLOGO. 149 

íes, y á las épocas en que pudieron ser escritas y representadas, según lo que resulta de 
de sus autores, y las indicaciones que he sacado de la lectura de las mismas piezas. La 
parte de las fechas que les he puesto es de una absoluta certeza ; lo restiuite, de una 
niidad la mas verosímil. En este caUilogo solo se incluyen las piezas dramáticas que so 
entaron ó pudieron representarse en los teatros de la nación privados ó públicos ; no se 
de las obras que con el titulo de comedias, tragedias, tragicomedias, fueron tan ab un- 
en el siglo XVI, que componen crecidos volúmenes, y nunca se hicieron para represen- 
ni es posible hacerlo. A escepcion de la Celestina, origen primero de esta clase de com- 
unes, á quien la prosa y diálogo castellano debieron conocidos adelantamientos, se ha 
o hablar de las otras, porque no siendo obras de teatro, piden una clasificación distinta, 
onviene mezclarlas con las que se hicieron para representarse en él. De estas hablo es- 
imente, de las otras no. He mezclado las obras de los poetas dramáticos que vivian y 
mian en un mismo tiempo, para evitar el retroceso de los años y la confusión que ne- 
úñente hubiera producido. 

)ntiauacion del catálogo sigue una colección de piezas de teatro, elegidas según me pa- 
conveniente para presentar lo mas digno de aprecio que nos queda de nuestros antiguos 
itícos asi en prosa como en verso, y en todos los géneros que se cultivaron entonces. 
licas alteraciones que he practicado en ella han sido poner titulo á algunas piezas que 
tenían, indicar el lugar y las mudanzas de la escena, dividir en actos dos comedia» para 
oías perceptible la regularidad de su fábula, suprimir algimas lineas del diálogo, ó por 
teramente ocioso lo que en ellas se dice, ó porque la oscuridad del sentido anuncia 
luego que el impresor estropeó por descuido, ó no llegó á entender el original que co- 
. Esto es lo que me ha parecido no solo licito, sino necesario : pero á esto solo he redu- 
as alteraciones y las enmiendas. El testo que presento es todo de los autores; no hay ni 
liaba añadida á lo que ellos escribieron. Fácil me hubiera sido hacer una colección mas 
la, incluyendo en ella Qtras piezas de mérito; pero h£ creido que para desempeñar el fin 
le propuse, la que he formado será suficiente (8). 



¡¡■en , además de sa Floresta de rimas coitellamu , 
ió en Himbuigo, el año de 1832, im Teatro español 
wéUpe de Vega, —El ilustre académico don Bu- 
le Tapia, en 00 periódico mensual que coo el nom- 
Mlbueo literario empezó á publicar en i 844, nos 
catálogo, que reproduciremos en su lugar, de los 
é interloculores de noventa y cinco piezas drama- 
«Uenldas en un precioso códice que adquirió nue- 
ie b biblioteca nacional, á cuyo frente se halla dkho 
—Finalmente, nuestro amigo don Fermin Gonzalo 
if ea sa Revista^ de España y del estranjero^ to- 



mos iT, ?, TI, vn y vui, insertó, difididoen diez y ocbo ar- 
Uculos, un Ensayo hist&rico fllosáfico defanügao teatro es- 
pañol» .en que á la par de la gran cuestión social que se 
propone discutir derrama luz abundante sobre la cuestión 
literaria. 

(S) Hubo indudablemente otras muchas , y algunas se 
conser?an todavía, ya impresas, ya inéditas. Nos abstene- 
mos aqui de citar todas las que hasta ahora han llegado 
k nuestra noUcia, esperando poder dar una lista mas com- 
pleta , cuando llegue su tumo al tomo que hemos anim- 
ciado en la nota anterior. 



í ^ 



DISCURSO HISTÓRICO 



SOBRE 



LOS ORIGEiNES DEL TEATRO ESPAÑOL. 



El origen de los teatros modernos debe considerarse posterior á la formación de las len- 
guas que hoy existen en Europa; si se les quiere atribuir mayor antigüedad, seria confondir- 
fos con el teatro latino. Este acabó cuando las naciones sujetas antes al imperio de Roma y 
después á los bárbaros, corrompida la lengua latina, formaron dialectos diferentes» varían- 
dolos según la influencia física de los climas que habitaban , y según la que pudieron ejercer 
en el régimen y propiedad, en la acepción y pronunciación de Jos vocablos, ó en la mtro- 
duccion de otros nuevos las gentes advenedizas que se mezclaron y confundieron con ellas. 

Los visogodos (1), que por espacio de tres siglos dominaron nuestra Península, no nos de- 
jaron otras reliquias de su lenguaje primitivo que algunas palabras, y en tan corto numero» 
que no componen la milésima parte del nuestro, debiendo añadirse á ellas el uso de loa ar- 
tículos , lo indeclinable de los nombres, y alguna otra alteración gramatical* Ni en códices, ni 
en monedas, ni en mármoles se halla ningún vestigio gótico : casi todo se habló y todo se es- 
cribió en latín. 

Este idioma , conservado en las obras estimables de los sabios que florecieron en aquella 
edad, fué corrompiéndose con mucha rapidez en boca del pueblo , y no es fácil aTeri^[aar 
cómo le hablaba al empezar el siglo vii. Baste decir que si se representaron piezas dramáticas 
en España durante la dinastia de los visogodos (2) » debieron escribirse en el lenguaje cjae 
usaba la multitud: mezcla informe del latín que ya se perdía, y del romance que se iba 
formando. 

Conauistada España por los árabes en el siglo vin, y empezada en el mismo su recupera- 
cion, el idioma vulgar fué apartándose cada vez mas de su origen primero, y enriqueciéndose 
con palabras, fhises y modismos arábigos. Las conauistas fueron dilatándole por los países qoe 
los cristianos iban ocupando, y la prosa castellana rué adquiriendo sucesivamente corrección, 

f propiedad y copia de palabras hasta que se halló capaz de vulgarizar en ella las leyes y la 
listoria. 

La poesía (3), siguiendo los progresos de la lengua , imitó por aproximación la medida de 
los versos latinos, supliendo la falta de cantidad con el uso de los consonantes; y acompa- 
ñada algunas veces dfe la música y otras sin ella , sirvió })ara celebrar las alegrías privadas y 
públicas, ó para recomendar ala posteridad las virtudes cristianas de los santos, ó las acciones 
heroicas de los principes y capitanes. 

Además de estas composiciones sagradas y profanas, habia otras mas cortas, cantadas al son 
de instrumentos por los yoglares y yoglaresas (4) , gentes que hacían profesión de la música, 
del baile y la pantomima graciosa ó ridicula , con lo cual ganaban la vida entreteniendo al 
pueblo. También acudían á las casas particulares y á los palacios, donde ejercían sus habili- 
dades á presencia de los reyes y de su corte. No hay que buscar el principio de esta costum- 
bre , que se pierde en la oscundad de los siglos. La combinación de los sonidos agradables , 
el canto , la risa, la danza , la imitación de la flffura, gesto , voz y acciones caracUnisticas de 
nuestros semejantes son tan geniales en el hombre , que en todas las edades y en todos los 
países habitados se encuentran mas ó menos perfeccionados por el arte. 

Han sido inútiles hasta ahora las investigaciones de los eruditos, que se lisonjearon de ha- 
llar entre las poesías de los árabes ó de los provenzales el origen de los teatros moderaos de 
Europa, y por consiguiente del nuestro. 

Los árabes , así los que se estendían por el Oriente , África , Italia y las islas del Mediterrá- 
neo , como los que hicieron á Córdoba capital de su imperio en España, cultivaron con teito 
feliz las ciencias naturales , la medicina , las matemáticas y la historia. En la poesía nada hi- 
cieron , fuera de los géneros narrativo, descriptivo, amoroso, encomiástico y satírico, desem- 
peñando sus argumentos en poemas cortos, llenos por lo común de metáforas, trasUdonet^ 
enigmas, de acrósticos, laberintos, antítesis, paronomasias y equívocos. Los diálogos sin a^ 



orígenes del teatro ESPA5Í0L. m 

.e hallan entre sus composiciones poéticas (a) no pertenecen al género dramático (5). 
vénzales , con un idioma mucho mas pobre sin comparación que el de los árabes, 
dos como ellos en el conocimiento de las ciencias, pero dotados de una imaginación 
lo estraviada fuera de los términos justos, no viciada con ornatos pueriles), y mo- 
monte por los poderosos estímulos del heroismo y del amor, cultivaron un género de 
£5 les fué peculiar , y períeccionándose después con el estudio de la antigüedad y el 
buena crítica , llegó á ser común á todas las naciones modernas (6). Las ciudacles 
, Aviíjon, Aix, Bessieres, Barcelona y Tortosa fueron célebres por el estudio de la 
icia (7), en que se ocuparon sujetos muy ilustres para celebrar amores y victorias, 
r las diversiones cortesanas con los frutos del ingenio, de la sensibilidad y la armo- 
poetiis, que se llamaron trovadores, llegaron áfonnar colegios y academias ; algunos 
y cantaban sus propios versos , otros tiaban este encargo á los músicos ; pero nada 
atre las obras que se conservan de ellos que pueda llamarse teatral (b). Las trovas, 
illanescas, tensiones, serventesios y otras piezas que se escribieron entonces, no son 



«tambres de los árabes difirilmcnle pudieron 
:on los espectáculos escénicos. La senidum- 
ijer esparce i^n la vida doméstica de atiuoUos 
monotoüta lánguida, que no puede prestarse 
to animado que el drama requiere. El amor es 
ina pasión muy di reren te de la que entre nos- 
;ar a vanados aíeclos y á lances interesantes; 
( el elemento del teatro en todas las nació- 
poseen. El mas honesto galanteo sería para 
iandad insoportable. Por esto los árabes, aun 
doode sus hábitos adquirieron cierta libertad, 
m b comedia , á no ser que demos este nom- 
átogos en prosa ó verso en que entran mas 
rlocutores. En la biblioteca del Escorial se 
i08 obras de este género , escritas ambas por 
luces. La una, que está marcada con el nú- 
8 ui dialogo entre mi juez y un abogado, que 
e cosas pertenecientes á su profesión. No se 
bese el autor , aunque \)0t el estilo se ínQere 
aluz. La otra, (¡ue tiene el número 497, es un 
|ae intervienen roas de cincuenta personas de 
rofesiones, los cuales platican alteniativamente 
vs asuntos que les son peculiares, sin que por 
a \ez en escena mus que dos de ellos. El autor, 
lammad-ben-Mohammad-ben-Ali, natural de 
;a, según Casiri, floreció en el siglo xiv de nues- 
rircunst'mcia de estar la primera de esta dos 
da en tn.>s parles hizo creerá aquel distinguido 
que era una comedia , y como tal la describe 
1, pág. 136 de su Bibliotheca Arábico-Hispana 
U; proposición cuando menos aTenturada, au- 
las dichas partes no tienen relación alguna en- 
Jo en todas diferente el asunto y diversos los 
«s. De todas maneras es un hecho averiguado 
» árabes son de todo punto desconocidas las 
iones teatrales. (ífota de don Pascual Gayan- 

nhargo de lo que dice aqui el autor, puede muy 
erse sin gran temeridad la opinión contraría, ó 
», alegar razones muy poderosas para dejar eu 
Iniente el teatro moderno se introdujo en Cas- 
tliode los trovadores provenzalesó lemosines. 
in se dice mas adelante, dieron origen á fai poe- 
m todas las naciones « inclusa la italiana. La 
osaron fué la primogénita del latin , y sus pri- 
(tares se estendieron por el levante á Italia, por 
Fmcia, y á España por el occidente. CttlU\-a- 
no de poesia que les fué peculiar, si, mas no 
jaron de cultivar otros géneros ; y si se prueba 
¡ellos fue el dramático, podrá con suma proba- 
ieturarse que también lo importarían junto con 
los plises domle ejercieron su influencia cirí- 

ocoovenimos con el autor en que no deben cla- 



siücarse como dramáticas las composiciones poéticas que 
se n*ducen á diálogos sin acción ; y por consiguiente uos 
adherimos al parecer del señor Martinez de la Ro.sa , el 
cual (Apéndice sobre la comedia española^ época 1.*) no 
considera como representación dramática la tiesta cele- 
brada en Barcelona con motivo de la coronación de Al- 
fonso IV en 13¿8, de que se habla después ; y en apoyo de 
ello, para evitar toda duda, hemos rcctiticado en su propio 
lugar (iVo/a 19 del autor,) el testo del historiador que la 
refiere. 

Pero timpoco creemos con aquel distinguido crítico 
{ibidifn^ época 2.a) que la primera composición dramática 
española fuese la representación alegórica , verificada el 
año de 1414 en Zaragoza por la coronación del rey don Fer- 
nando de Aragón, llamado el Honesto. Indicaciones de fe- 
cha anterior nos obligan á pensar de otramanera. En primer 
üigar debemos espresar aqui nuestro sentir de que aquella 
composición se escribió en lemosio y no en castellano. 
Gonzalo , ó sea Alvür García de Santa Maria, que es quien 
nos ha trasmitido el hecho, dice espresamente eu su cró- 
nica hablando de dicha alegoría, que lomeen palabras 
castellanas : laego estaba en otra lengua, y siendo la le- 
mosina ó catalana la dominante en la corte de Aragón , y 
además la convencional entre los poetas , asi como ahora 
la italiana entre los músicos , es probable que no se es- 
cribiría en otra : asi opinaron Sismondí y Bouterweii , á 
quienes sin embargo , contradice el señor Martínez de la 
llosa. Blancas en sus Coronaciones de los reyes de Ara • 
fjon copia á Santa Maria en este pasaje ; pero da también 
notíciu de otras alegorías representadas en iguales so- 
lemnidades anteriores , y especialmente en la elevación 
al trono del rey don filartin, en abril del año 1399 , antes 
del advenimiento de la casa de Castilla. Esto bastaría para 
alejar algunos años mas el principio de las representa- 
ciones dramáUcas eo España , en cuya historia literaria 
deben comprenderse los reinos diversos que vinieron des- 
pués á oomponer y redondear esta monarquía. 

Entro los trovadores del siglo un y siguientes, en cuyo 
catálogo figuran nombres de la mas alta nobleza, era muy 
comim la tensó ó tansó, especie de escena en la cual dos 
ó mas interlocutores defendian á su vei en coplas de la 
misma medida y en rimas parecidas, casi siempre iguales, 
dictámenes contradictorios sobre diversas cuestiones de 
moral, de amor ó de caballería, que se sometían al fallo 
de otro trovador nombrado juez. De esta costumbre no 
hallamos en Castilla documento anterior á la época de Vi- 
llasandíno, el coa! disputó con los mas afamados versifica- 
dores de su tiemiM), como Micer Francisco Imperial, Ma- 
nuel de Lando, Ferran Pérez de Guzman , Fernandez de 
Gerona, Fernán Sánchez de Calavera, y otros que se hallan 
en el cancionero de Baena , y reproduciremos en el tomo 
correspondiente. 

Pen> largo Uempo antes los poetas catalanes se dedi- 
caban á este ingenioso ejercicio. Las tensas eran unas ve- 



i^% OBRAS DE MORATIN (o. LEAimno). 

(le la clase de poemas activos que pide la escena. Es pues inútil buscar en la pocsia de los 

árabes ni de los provenzales los orígenes del teatro moderno. 

Italia fué la primera nación de Europa que después de la dominación de los bárbaros (cujas 
últimas dinastías desaparecicroihá vista de las armas vencedoras de Carlomagno) empezó é cul- 
tivar las letras y renovar las perdidas artes. Muchas circunstancias políticas contribuyeron á sa 
oi)uloncia y su* ilustración durante los siglos xi, xii y xni. Venecia trecuentaba todos los puer- 
tos del Meclitorráneo y trayendo por Alejandría los frutos de Asia; y desde Istria, Dalmacia v 
las islas que ocupó en ol Archipiélago ^ amenazaba con sus ejércitos y sus naves á la capital 
del imporio do Orionte. Pisa, Florencia, Padua, Cremona, Luca, Siena, Jénova y otras ciu- 
dades apellidaron libertad, y la sostuvieron con varia fortuna, haciéndose florecientes por el 
comercio con el auxilio de la política v las armas. Bolonia empezó á ser docta ; Milán rena- 
ciendo de sus ruinas, adquiría el nomLre de espléndida; Amalfi se enriquecía con el trafico 
y la industria; y Roma, después de algunos siglos en que fué común la ignorancia, gobernada 
ya por sabios pontiiices, aíiadia á las donaciones de Pepino y de la condesa Matilde los teso- 
ai paso que consla su antigüedad por el códice tilubdo 
Cofuuetay que se formó en 1360 para el arreglo del cnlto j 
sus ceremonias, y se guarda en el archivo de aquelta sama 
iglesia. En este códice se hace mención, como de cos- 
tumbre muy antigua, de la representación del martirio de 
san Esteban en las segundas vísperas de Navidad; en las de 
san Juan Evangelista se celebraba la forsa Ibroadadei OM- 
pillo; pero era sumamente escandalosa, y contra ella de- 
clamaba, pidiendo su abolición ante el cabildo, Andrés Al- 
fonselo en 1475. Habia además entre otras la de las Tra 
Marías^ señalada para el domingo de pascoa deResimec- 
cion ¿ la hora de maitines, y la ejecutaban los tres canó- 
nigos mas jóvenes, interviniendo además otros personaies, 
como el adúltero y so mujer, el boücario k quien Magda- 
lena compraba su ungüento, su mujer y su hyo. 

Entre los códices salvados del famoso archif o do Ripol, 
y existentes ahora en el de la corona de Aragón» el de nu- 
mero 155 contiene entre otras cosas curiosas un fragmeolo 
de una obra de ingenio que lleva por Utulo Moicaronieí 
de letra de fines del siglo xiii ó principios del xi?. La con- 
tinnaclon y final de este drama se halbn en otro códice del 
mismo archivo titulado Miscelánea ascética^ y es de los 
procedentes del monasterio de san Cugat del Valles. El ar- 
gumento se reduce á una demanda entablada con todH 
las formalidades de derecho por Mascaron, apoderado coa 
poder bastante de los demonios, contra el linaje humano 
ante el tribunal de Dios. Los personajes que hablan son 
Dios, madona santa Marta, abogada del género.hnmanoy 
Mascaron, procurador del infierno. El diálogo se halla io- 
temimpido por relaciones y descripciones en boca del 
poeta, lo cual no seria un obstáculo insuperable para b 
representación, pues podría recitarbs el coro, ó un cnartu 
personaje, como se practica ahora eu bs iglesias coando 
se canta b pasión en los oficios de b semana santa. 

No eran los templos el único teatro de semejantes es- 
pectáculos. El citado padre maestro La Canal refiere que 
en la procesión del Corpus, fiesta instituida en Gerona por 
Hcrenguer de Palaciolo, que murió en 1314, al llegar á b 
pbza de San Pedro y á la del Vino, los beneficiados de b 
catedral reprcsentiban el sacrificio de Isaac, b venta y 
sueño del patriarca José y otros asuntos de la Escritura. 
En un libro colorado do notas manuscrito ó recopilado, 
de orden del antiguo magistrado municipal de Uarceloaa, 
por Francisco Vilar, secretario de su conladurb, en 1583, 
que se conserva en el archivo del ayuntamieuto, y traude 
algunei cosas asseuyaladas succehidas en BarceioM, li- 
bro i.^, que comorende casi los dos primeros tercios del 
siglo XV ( hasta 1403 ), el ca)>itulo 106 describe el SMdfCffi 
sefeye en lo temps antich laprofessó del düou^de Corpus, 
Alli se refiere que después de los ganfalones, de bs hachti 
de b Seo, de la ciudad, gremios y cofradías, emees j 
cierta fiarte del clero, seguían las represeníachiíei {¿t 
esla manera las liamu ) asi del antiguo como del nuevo Tei- 
taniento. En b do la creación del mundo habia iloce án* 
gcles cantando : Senyor ver Deu : á esta y otras segnia d 



ees improvisadas , otras preparadas de antemano por va- 
rios trovadores, otras en fin por un mismo autor qne 
hacia dcfondor encontrados temas por personajes distin- 
tos; y de todo se halla noticia en las rebelones de fiestas, 
tomóos y cortes de amor. Como muestra notable por de- 
más, citáronlos la cuestión entre el vizconde de Rocaberti 
y mosson Jaumo March sobre lo Deperliment del esliu é 
del ivern, y la sontonoia de ella dada por don Pedro el Ce- 
remonioso, qiio roinó desde el año 1328 al 1336, cual puede 
verse en ol Diccionario de escritores catalanes del señor 
Torres Amut, copiuda de un códice del siglo xiv que po- 
see don José Grau. V en otro códice, magnífico por cier- 
to, del mismo siglo, que se conserva en el archivo de la 
corona de Araí^on con el titulo de Lleys de amor, hay una 
preciosa Arte poética , donde se leen varias reglas para 
i» tensó , la cual , dice, es com tracts 6 debat, en lo cual 
quinen mmité , snsté é rahona son propi sag, hablándose 
<lo esta conip(»«>ioion como de un género de poesía muy 
conocido. No lo llamaremos dramático; pero no podrá 
nogúrsonos qne do tales coloquios al drama no hay mas 
quo un paso. 

Los fr.mceses, quo no sin graves fundamentos aspiran á 
una romotiantigüodud on la representación de los Pasos ó 
Misterios de (|uo fueron teatro sus iglesias, encuentran en 
el pais lomosin los primeros vestigios de esta composición 
dramática. Raynonard, famoso y habilísimo recopilador de 
l:is poesías originales de lo« trovadores, nos copia la pa- 
rábola dialogada de las Vírgenes prudentes y las vírgenes 
locas, cuyo manuscrito del siglo xi, según el testimonio de 
F. Mandol (Uistoire de la langue romane, chap 7 ), se ha- 
lla on la biblioteca real de París, procedente de b abadía 
de San Marcial de Limoges. En elb habla Jesucristo en 
latiii, y las \irgenos locas en provenzal, y de las pabbras 
del final so inlioro que e^te drama, no solo se recitaba, sino 
(|ne so roprosontaba on la igloi^ia por distintas personas. 
Prooisan)(>nte á príiicipíos dol siglo xii ( 11 lá ) Ramón Be- 
roiiguor III adquirió el condado de Proven7.a por el dere- 
cho do su esposa doña Dulcía, heredora de aquel estado, 
quo siguió bajo la dominación de la casa de Barcelona 
hasta ol año lá-í.^), on que pasó á la de Anjou. Todas bs 
historias roconí)Con unáuimemontc el celo empleado por 
aipiollos osclarooidos príncipes españoles pira pulir y her- 
nu»soar ol idioma que ora cuniun con leves variedades en 
sus eslonsos dominios al nno y al otro lado del Pirineo, 
hasta formar ol romance mas dulce y primoroso queso Labia 
conoírido ; y sin gran rocoh) de equivocamos, pudiéramos 
afirmar do nuestra propia cuonta y riesgo quo por enton- 
<'«>s so propagaría ol drama sagrado en Cataluña, aun cuando 
(l«>cnniontoji iiTt>r usables no viniesen á poner fuera de toda 
(lililí su oxistonoia en liompos inmediatos. Citaremos al- 
gunos. 

Kl oonoionziido padre maestro La Canal, continuador de 
la España sagrada ( tomo iT), trat. 88, cap. 2), habla do 
los misterios representados en b catednil de Gerona, do 
cuya introducción dice no haber halbdo positiva noticia, 



ORICENES DEL TEATRO ESPAÑOL. 



i55 



3on ocasión de las novedades introducidas en la disciplina eclesiástica, empezaban á 
>s negocios de todo el orbe católico. Las cruzadas , llevando al Oriente miinerosos 
contribuían á la prosperidad de la Italia , que suministraba en sus ciudades y sus 
is armas , las provisiones y los trasportes necesarios ¿ una espedicion malograda y 
tantas veces. Los mercados y las ferias que se celebraban frccuentem<»nte propaga- 
undancia y el lujo, y con el las fiestas y las diversiones públicas. Solemnizábanse con 
incia los desposorios de sus principes (8), sus paces y coronaciones, en las que se 
Corti bandite; y todas estas causas, dando estímulos af carácter nacional, produjeron 
lud de Juglares, bufones, truhanes, mimos, bailarines, músicos y cantores, que acu- 
ide los llamaba la ocasión del interés y del aplauso. 

es empezaron á renovarse ( si del todo se hablan perdido) (9) las ficciones dramáti- 
indo á la naturaleza en farsas groseras con íiguras ridiculas, disfraces y acciones que 
m las costumbres de aquella edad. Los eclesiásticos (10), después de haber intentado 
eces la abolición de tales espectáculos, cuya desenvoltura era en estremo perjudicial, 
m la insuficiencia de las leyes contra la fuerza de la opinión ; y continuando la eos- 
5St<nbIecida en las iglesias catedrales algunos siglos antes, de celebrar con músicas 
canciones, bailes y máscaras las fiestas mas solemnes de la religión , determinaron 
nuevos atractivos, y dar al pueblo con mas honestidad en el santuario los mismos 
que disfrutaba en los paseos y plazas públicas. 

le mitigar por este medio el escándalo , le hicieron mas grande. Unieron á la pompa 
RS libertades del teatro , y los mismos ({ue predicaban en el pulpito y sacrificaüan en 
livertian después á los líeles con bufonadas y chocarrerías, depuestas las vestiduras 
lies, disfrazándose de rufíanes, rameras, matachines y botargas. Entre los pasos a 
n lugar estas figuras, se mezclaban otros alusivos á los misterios de la religión , á la 
de sus dogmas, á la constancia de sus mártires, á las acciones, vida y pasión de 
ledentor : unión por cierto irreverente y absurda. 

ste abuso hasta que Inocencio III prohibió severamente, al empezar el sislo xiu, que 
!sen los clérígos como actores en tales farsas; pero si en Italia, y particularmente en 
»gró moderarse esta costumbre, ni el mal se estinguió enteramente allí , ni dejó de 
■ por algunos siglos en las demás naciones de Europa (11), adonde se había propa- 
mucha rapidez. 

cuatro reinos cristianos en que se dividía la mayor parte de España en el citado si- 
los mas poderosos el de Aragón, que gobernaba don Jaime llamado el Conquistador, 
de esclarecida memoria, y el de Castilla, en que reinaba Fernando III , que mereció 
e de Santo. Los moros que (quisieron permanecer en las provincias que uno y otro 
)nquistado, profesaban las ciencias físicas y matemáticas, las buenas letras , la agri- 
las artes industriales ; los judíos que vivieron bajo la dominación de aquellos sobe- 
»bresalian en el estudio de la medicina, y ejercitaban el comercio, que aumenta las 
¡r las comodidades de las naciones. Los vencidos contribuyeron á suavizar las eos- 
de los vencedores. La corte de Alfonso X de Castilla apadrinó y aprovechó en favor 



1 su maza y veiiito y cualro diablos que bata- 
', con veiiile áng«>lcs de espada capilanoados 
nel ;y ontn* otras ropreseiilacíones iuliiiitas ha- 
clarión de la Vírj^en, cu la cual cantaban áuge- 
^emét de Belén con los reyes magos á caballo ; 
s de santa Kulalia con sus compañeras ; el en- 
b miuna santa con Daciano y doctores, y otros 
sería largo enumerar. Una observación curiosa 
wyo de la antigüt^dad de semejante costumbre : 
c que se ciUin como concurrentes á la función 
kmente los que existían durante el siglo xiii, sin 
se ninguno de los instituidos después de aquel 

nnenle al advenimiento de don Femando el de 
•I trono de Aragón, sobran los ejemplares de 
naticas en (K'asíones solenmes. Asi es que eii- 
fn el mismo libro bw festejos con que fué ob- 
V hijo el rey don Alfonso el Magno á su regreso 
leo 8 de diriembre de li¿<i; representarons<; 
•wiris entremeses y entre ellos el del Paraiso y 
« con b batalla de san Miguel yias ángeles bue- 
k Lucifer y sus si'cuaces; húbolos igiv^Imenteen 
*■ de MTiá cuandd el rey dmi Juan y su esposa 
tjiinron en la |>laz;i llamada hoy del Duque de 
i los firivilegios y constituciones de Cataluña ; co 



marzo de li61, cuando la ciudad celebró la entrada del 
malogrado don Carlos, principe de Viana, recién puesto en 
libertad, según refiere también Feliu de la Peña en sus 
anales ; en noviembre de! mismo año, en la recepción de 
don Femando el Católico eitonces principe todavía; en 
1477, en los despeónos de la hija del rey don Juan con el 
hijo del rey de Ñapóles ; en 1481, en la entrada de la reina 
de Castilla doña Isabel. Entonces, dice el citado códice, 
á mas de los fuegos artificiales hubo en la puerta de San 
Antonio una representación alegórica de santa Eulalia y 
de ángeles, en la cual habia tres cielos girando el uno con- 
tra el otro, con luminaria y diversas imágenes de reyes, 
profetas y vírgenes, las cuales, supuesto que dichos cielos 
girasen constantemente, |H*mianecian y mostndian estar 
en pié : circunstancia notable , pues indica que se tenia 
ya algún conocimiento del aparato escénico. 

Estos hechos , á los cuales pudiéramos todavía añadir 
otros, prueban que en aquella parte de Es|):iua, si no encon- 
tramos los orígenes de nuestro teatro, hallaremos por lo 
menos vestigios de mas remota antigüedad, y algún funda- 
mento á la sospecha de que los poetas pmveuzales debie- 
ron influir poderosamente en la introducción y propagación 
del arte dramático en el resto de la Península. 

(Nota de don Jo*¿ Sol y Podrís, ) 



154 OBRAS DE MORATIN (d. leaüoio). 

de las ciencias los conocimientos de los sectarios del Talmud y del Alcorán : en ella y en la 
de su padre el rey san Fernando , y e;i la de su hijo y sucesor don Sancho » resonaron ya los 
versos de los trovadores y los cantos de los juglares, y se difundió la inclinación á los ealudioi 
útiles y agradables. No estuvo ya ceñido el saber á los monasterios « adonde lo había retraído 
en tiempos feroces el estrépito de las armas : se acercó al trono de los principes ; y est<M y 
los ricos hombres, y los caballeros que componían la corte, empezaron á ffustar de los ador- 
nos del entendimiento y de los placeres de la civilización, sin descrédito del vdor. 

No es posible lijar la época en que pasó de Italia á España el uso de las representaciones 
sagradas; pero si se considera aue al principio del siglo xm eran ya intolerables los abusos 
que se habian introducido en ellas , puede suponerse con mucha probabilidad que ya en el 
siglo XI se cmpczarian á conocer en nuestra Península. 

Cultivada la lengua patria con felices adelantamientos , hecha ya la poesía estudio de los 
eclesiásticos, do los caballeros y de los reyes, sonando ya en los templos» en los palacios y 
en los concursos populares las armonías de la música , y uniéndose a ella muchas veces las 
habilidades de la pantomima y la saltación, poco era menester para que llegaran ¿ formarse 
espectáculos dramáticos, queson el resultado de todos estos primores juntos. 

Las fiestas eclesiásticas fueron en efecto las que dieron ocasión á nuestros primeros ensayos 
en el arte escénica : los individuos de los cabildos fueron nuestros primeros actores , el ejem- 
plo (le Roma autorizaba este uso, y el obieto religioso que le motivó disipaba toda.£OspecIia 
de profanación escandalosa. En aquellas farsas se representaban varias acciones tomadas del 
antiguo y nuevo Testamento, y no pocas también de los evangelios apócrifos. La festividad 
establecida por Urbano lY en honor de la sacrosanta Eucaristía se estendió á toda la cristian- 
dad reinando en Castilla Alfonso X, y esto dio motivo á otras composiciones teatrales, 
que empezaron á introducirse figuras fantásticas, mezclándose con repugnante unión la 
goría y la historia. 

La escasez de documentos no permite dar una idea mas individual de aquel teatro ; pero 
resumiendo cuanto puede colegirse de los datos que eiisten relativos á este propósito, parece 
seguro que el arte dramática empezó en España dfurante el siglo xi ; que se apfioó esctusiv»- 
mente á solemnizar las festividades de la Iglesia y los misterios de la religión ; que las piaas 
se escribían en castellano y en verso; que se representaban en las catedrales» adornadas con 
la música de sus coros ; y que los actores eran clérigos , como también los poetas qae las 
componían. 

Alfonso X, conformándose en parte con lo que Inocencio III habia dispuesto, indicó (19) i 
los eclesiásticos la clase de piezas en que podían representar lícitamente; y estas, ya históri- 
cas , ya alegóricas , morales ó dogmáticas , continuaron por espacio de algunos siglos , hasta 
que desterradas del santuario pasaron á los teatros públicos. El mismo Alfonso X {Í3) declaró 
infames á los que ejecutaban por dinero las habilidades pantomímicas , las de bailar, cantar 
y tañer; y esta pudo ser entre otras la causa principal de que tardase tan largo tiempo en 
pasar el arte escénica á manos de representantes de oficio , puesto que siendo entonces una 
diversión puramente sagrada y religiosa, no era posible fiar su desempeño á los qae se ha- 
llaban declarados infames por la ley. 

Sandio IV tenia á su servicio (14) esta clase de gentes, juglares, bufones y faeedores de es- 
carnio, r|uc con cantares y romances , diciendo agudezas, saltando y tocando instrumentos, 
entretenían privadamente á la familia real. 

El breve reinado de aquel monarca, lleno de turbulencias, como el de su hijo Femando IV» 
y la menor edad de Alfonso XI, en que se vio Castilla agitada de parcialidades y discordias, fue- 
ron épocas no favorables para el progreso de las artes,. hijas de la abundancia y la pai, pero 
no se interrumpieron del todo los estudios filosóficos, la erudición y las buenas letras. 

El ilustre don Juan Manuel (15), nieto de Fernando III, fué un distinguido profesor en todas 
ellas , al paso que sus victorias le acreditaron de escelente caudillo. En sus obras doctrinales' 
y poéticas dejó un testimonio de su estonsa literatura y su buen gusto, y en las novelas ó 
cuentos de que se compone El conde Lucanor^ la primera colección de este género que se 
vio en España, anterior sin duda al Decameron del Bocacio, aunoue en. el mérito no le compita. 

Juan Ruiz(i6), arcipreste de Hita, floreció igualmente en el reinado de Alfonso XI, y aunque 
no escribió ninguna pieza dramática, imitó aquel género en sus composiciones, mezclando en 
ellas chistes, cuentos, descripciones y diálogos cómicos que le fueron geniales. Este y los 
demás trovadores de su tiempo usaban ya diferentes combinaciones y medidas de versos (17) 
con que habia ido enriqueciéndose nuestra poesía, al paso que la música llegó también i ad- 
quirir el uso de muchos instrumentos (18) tomados délos árabes, de los italianos v franceses. 

Entre tanto la corte de los reyes de Aragón disfrutaba con mas segura trancruilídad de hs 
composiciones de sus poetas y de las gracias de sus juglares. Eh la coronación de Alfonso IV (19), 
año de 1328, se representaron, cantaron y bailaron por él infante don Pedro (c), conde deRi- 

(c) he la crónica no consta que en h fiesta ile la coro- i puesto : los recitaron y canUron los Jaglares qae alli st 
nación cantase los versos que á este propósito hal)ia com- | nombran. (Véase la nota 19 del autor.) 



OaiGBNES DEL TEATRO ESPAf^OL. 159 

Versidades de España (39), aunque rectiflcaron y amenizaron sus estudios, no altera- 
ganizacion antigua; y en aquellas escuelas generales, en que la juventud debió hallar 
I elemental de todas las ciencias, solo se enseñaron la teología, los cánones, la ju- 
ida y la medicina. De estas facultades las tres primeras obtuvieron la preferencia : 
I se establecieron colegios magnifícos , par^ ellas se guardaron las mas altas digni- 
1 estado ; la última , poco estimada de los que se dedicaban á las otras , existia en 
la importancia que le ha dado en todos tiempos el miedo de morir; pero el profesor 
leate en ella no podia aspirar jamás ni al premio ni al honor que obtenian un tcó- 
canonista ó un jurisconsulto. Las demás ciencias se consideraban como auxiliares ó 
ias, V por consiguiente ni el estudio de las lenguas, ni la erudición histórica , ni la 
norai , ni la oratoria , ni la poética , ni la amena literatura obtenian otra recompensa 
I facilitar á sus profesores una cátedra en que poder enseñarlas ; y si estas que ser- 
iomediatamente á las facultades privilegiadas merecían tan escasos premios, ¿cuál 
[uese destinase á las ciencias naturales y exactas? ¿y cuáles podian ser los progre- 
^atro ? ¿ ni quién habia de aplicarse á un estudio tan diñcil , tan apartado de las sen- 
fortuna , si desatendido de las clases mas elevadas y. menospreciado de los que se 
I doctos , era solo el vulgo el que debia premiar y aplaudir sus aciertos? 
I edad hablan merecido las rudas producciones de nuestra dramática mas favorable 
Dio; los mas esclarecidos personajes la protegieron y la cultivaron, siendo igual- 
timada en los palacios y en los templos ; pero aquella época habia pasado ya. Fer- 
Católico , cuyo desabrido carácter nabian hecho mas melancólico la vejez v las do- 
aunca unió las prendas de literato ni estudioso á las que tuvo de buen caballero, de 
^ pradente rey. Germana de Fox , estranjera á nuestra lengua y nuestras costumbres, 
Protectora que mas convenia para fomentar el teatro. Felipe 1 y toda su corte , ve- 
Flandes para introducir en el palacio desconocidas etiquetas y ceremonias , hecho 
hicieron mas; ni la temprana muerte de aquel soberano permitió otra cosa. Carlos V* 
[40) y guerreando mientras reinó , flamenco , y rodeado de flamencos que se dispu- 
I escandalosa codicia las dignidades v los tesoros de la nación , ni contribuyó al es- 
te nuestro teatro , ni supo conocerle : su corte ambulante y guerrera imitaba las 
oes del monarca. Los tumultos y discordia civil que alteraron las provincias en los 
años de su gobierno fueron incidentes poco favorables á los progresos de la escena 

ros de caballerías , que empezaron á conocerse en Europa acia el siglo xi , se es- 
por toda ella , y entretuvieron el ocio de los que* gustaban de leer ; apasionados de 
ande y estraordinario , suplieron con ellos el abandono de la historia. En España 

que se habia escrito fuera de ella, se compuso el libro de Amadis de Gaula^ acaso 
tad del siglo xiv, y después de él otros del mismo género, aunque menos ingenio- 
*r eso menos desatinados. Su crecido volumen, el coste escesivo de las copias ma- 
41), V por consiguiente la escasez de sus ejemplares mantuvieron escondida esta 

1 erudición en las bibliotecas privadas de los reyes y de los grandes señores , y no 
manos del pueblo, ni pudo hacerse general su lectura hasta que la imprenta, eco- 
9 el tiempo y el coste , halló el secreto de multiplicar prodigiosamente los escritos 
idénticas. La primera obra de esta clase que se imprimió en España (i) fué la citada 
J Amádls^ como la mas célebre de todas ellas entre nosotros , y antes de acabarse 
V era ya la común lectura del pueblo. 

guíente se dieron muchos á imitar aquel género de ficción y aquel estilo , y como 
se de la verdad de la naturaleza , encuentra la fantasía espacios inmensos en que 
fué tal ia abundancia de libros caballerescos publicados en aquella centuria (42), que 
\ compondrían hoy una numerosa biblioteca, si la pluma del mas escelente de núes- 
istas no hubiera acelerado su esterminio, dejándonos solo la memoria de que existie- 
• depravaron el gusto de la multitud, presentándole ficciones brillantes v maravillosas, 
I fisico y moral diferente de todo lo que existe, otro universo y otros nombres. Ha- 
rodigios para exaltar la fantasía, enredaron las fábulas con artificiosa complicación 
ites para sostener en movimiento la curiosidad, y pintaron afectos heroicos ó tiernos 



kabbr con toda exactitud debe decirse la 
le imprimió en lengua castellana ; y es la que 
ú Ordoñez de Hootalvo , regidor de Medina 
ignoramos en qué año , pero posiUvamente 
espnés de la toma de Granada , ocurrida á 
t i40i. Con anterioridad, en iiOO, se habia 
Ulmia del famoso caballero Tirante el Blan- 
en leogna lemosina , y de esta edición existe 
npiar conocido en la biblioteca de bSapieau 



en Roma. Otra edición se hizo en Barcelona el a&o de 
1497. (Méndez, Tipografía eipañola^p^g, 72 y 115>) En la 
misma equivocación incurrió Cervantes en el capitulo vi 
de la primera parte del Don Quiote; pero la recUficó don 
Diego Clemencin en sus comentarios al mismo. Del ori- 
gen del Amadle y libros de caballería , trataremos mas 
estensameate eo el tomo que destinamos 4 esta clase de 
obras. 



iS6 OBRAS DE M0RATIN<1>. lULNDBO). 

miraba atÓDito las galas , la riqueza , el buen susto , la bizarría y el valor de los que tan mal 
le gobernaban. Don Alvaro de Luna, buen caballero en el campo y en la tela, temido de sos 
émulos por su estremo poderío , la constancia de su fortuna y la energía de su carácter, grato 
a las damas por su gallarda presencia , su donaire natural , su cortestniía y su discreción , en 
tanto que reunía en si toda la autoridad que abandonaba su rey indolente , sabia entretenerle 
y apartarle de sus obligaciones con espectáculos ingeniosos y magníficos, dignos ya de b 
cultura de aquellos tiempos. 

En el ano de i 456 se vieron en Soria el rey don Juan y su hermana la reina de Aragón: hubo 
grandes íiestas (26), y los juglares y remedadores entretuvieron á la corte eon música, bailes 
y acciones cómicas. 

En el de 1440 don Pedro de Yelasco, conde de Haro, el marqués de Santillana (27), y don 
Alonso de Cartagena, obispo de Burgos, fueron á Logroño á'recibir y acompañar á la infanta 
doíia Blanca , esposa del principe don Enrique, y á su madre la reinare Navarra. El conde de 
Haro , entre varias diversiones que dispuso en Óriviesca para obsequiar á aauellas señoras, 
tuvo íiestas de toros, juegos de cañas, danzas y representaciones teatrales (28). 

Enrique IV heredó con el reino la incapacidad de gobernarle. Entendía muy bien el latín, 
gustaba mucho de leer, de tocar el laúd y cantar; tenia á su servicio escelentes músicos de 
instrumento y de voz que asistían á su capilla privada , en donde pasaba mucho tiempo 
oyendo las horas canónicas. Lo restante de su vida se entretenía en el monte : fué gran cala- 
dor, y mientras perseguia las fieras en los bosques del Pardo y de Balsain , los grandes le 
apoderaban de su autoridad y de sus tesoros, allanaban sus alcázares, se le alzaban con las 
fortalezas , alborotaban las ciudades y mantenían en todo el reino la anarquía mas espantosa. 
Si algunas íiestas permitió á la corte el genio melancólico del rey en los primeros años de sa 
administración , fueron solo algunas danzas en palacio , y algunas justas y ejercidos de caba- 
llería , como los que dio en el camino del Pardo don Beltran de la Cueva. Leís habilidades mlk 
micas, que en tiempo de don Juan el 11 habían sido estimadas, en el de su hijo decayeron 
considerablemente , y hasta el nombre de jufflar se fué olvidando en el lenguaje común. 

La conducta libre de la reina , los escándalos del palacio , la impotencia ñsica y moral dd 
rey dieron ocasión al atrevimiento de muchos prelados, grandes y caballeros para declararle 
desposeido de la corona, ehgiendo en su lugar al infante don Alfonso, cuya temprana muerta 
dejó á su hermana doña Isabel la esperanza y el deseo de reinar. Entre los que solicitaroD sa 
mano eligió á don Fernando , príncipe de Aragón , con el cual se casó sin noticia del rey don 
Enrique, en el año de 1469% Viniendo don Fernando a Castilla ocultamente para celebrar sa 
desposorio le hospedó en su casa el conde de (Jreña , haciendo representar en su obse- 
quio una comedia (6), de la cual se ignoran todavía el autor v el titulo (29). 

Los males políticos siguieron aumentándose durante los últimos años de Enrique IV, y una 
délas consecuencias que produjeron fué la ignorancia que se estendió á todas las clases dd 
estado. Entre el corto númeip de escritores que florecieron en aquella edad funesta á las le- 
tras, se distinguió Rodrigó de Cota, autor de un Diálogo entre el Amor y un Vie¡¡0 (30), pieza 
rcprescntable , escrita con gracia y elegancia; tambiei) comjp^uso un diáloffo pastonl entre 
Mingo Revulgo y Gil ArribatOj en que pintó con una alegoría bien sostenida Tos desórdenes y 
calamidades de sg tiempo. 

Los eclesiásticos vivian en la mas crasa ignorancia y en la corrupción de costumbres mas 
escandalosa , como se infiere por los decretos del concilio míe mandó celebrar en Aranda en 
el año de 1473 don Alfonso Carrillo, arzobispo de Toledo. Allí se trató de mejorar la disciplina 
y los estudios del clero español, y entre otras cosas se prohibió (51) á los clériffos de las cate- 
drales y demás iglesias que celebrasen ni permitiesen en las fiestas de Navidad , de San Este- 
ban , San Juan , Santos inocentes y misas nuevas las diversiones escénicas en que intervenían 
máscaras, figuras monstruosas, coplas indecentes, bufonadas y otros desórdenes indignos de 
la majestad del templo , que hasta entoncesse habían acostumbrado, permitiendo no oba- 
tante que continuasen las representaciones sagradas y honestas que fuesen á propósito pan 
escitar la devoción de los fieles. 

El reinado de los Reyes CatóUcos dio principio á una época mas feliz para la monarquía. La 
autoridad real, única, vigilante y justa aseguró la paz interior del estado, ya reprimiendo las 



{e) Sobre la realidad da esta representación hay dadas 
uiuy poderosas. La Duticia no tiene basta ahora mas au- 
toridad que la de don Blas de Nasarre en su prólogo á las 
comedias de Cervantes, donde lo aseguró, no sabemos con 
qué fundamento, y bien pudo ser una equivocación de las 
umchas que padeció este escritor asi en hechos como en 
iuicios..I)esde luego salta á la vista que por lo menos el 
autor de aquella composición no pudo ser Juan de la En- 
cina, que nacerla probablemente en aquel mismo año, su- 
puesto que cumplió cincuenta en el de 1519, según se in- 



fiere de lo que dice en su Dribagia. Loscrooistas coeláMOS, 
alguno de los cuales intervino muy activamente en aque- 
lla boda cuyas particularidades describe con soma proli- 
jidad, no hacen mención alguna de una círcunstaDcIa qoe 
por su novedad debió ser estraordinaria. Y finalmente, es 
del todo improbable, cotfio observa el citado señor Ihiti- 
nez de la Rosa, el que una ceremonia verdaderameiiie 
clandestina, celebrada en ciudad tan popoHMa como Va- 
lladolid, sin el consentimiento y contra la esprest foianlid 
del rey, fuese acompañada de tan ruidosos regoc^. 



ORÍGENES DEL TEATRO ESPAf90L. 



i57 



¡as de tantos ilustres tiranos que le tenian sacrificado á su ambición y á sus venganzas, 
iciendo á moderados limites la libertad del pueblo, que solo es feliz en la obediencia RV^ 
leyes. En vano el rey de Portugal quiso apoyar con las armas los dudosos derechos de 
lia doña Juana su sobrina ; la suerte de la guerra, que da y quita los imperios, aseguró 
3 á Isabel y Femando. 

i\o de la religión hizo á estos principes emprender la conquista del reino de Granada : 
empeño, que necesitó diez años de fatigas y de combates, hasta que vencida la obs- 
resistcncia de sus enemigos , acabaron dichosamente en las torres del Alhambra la re- 
cion que Pelayo empezó en Cobadonga. Grande y poderosa la nación bajo su gobierno, 
los sus dominios , y abierto el paso por el mar á las desconocidas regiones de occi- 
, empezó á disfrutar los beneficios que traen consigo el estudio de las letras y de las 
la agricultura , la industria , la navegación y el comercio. 

3ste tiempo dándose á conocer Juan de la Encina (32) con sus composiciones dramáti- 
aereció la asistencia y el aplauso de la corte, que admiró en aquellas fábulas (aunque 
Cadamente sencillas) buen lenguaje , gracia natural y versificación sonora. Estas priva- 
versiones, y otras hechas á su imitacign, pasaron al pueblo, que desde entonces empezó 
i^ómicos de oficio dedicados á representar pequeños dramas de tres ó cuatro persona- 
esempeñando algunos muchachos los papeles de mujer (/). 

contemporáneo de Juan de la Encina el célebre Femando de Rojas, continuador de la 
I dramática intitulada Celestina (33), en la cual añadió veinte actos al primero que 
escrito ya por autor no conocido. Juan de la Encina en sus composiciones representa- 
irvió de ejemplo á los que le siguieron y aventajaron después , cultivando la dramática 
■so ; y Roías, aunque no hizo su obra para el teatro , dejo en ella tan escelente diálogo 
)sa, que habiéndole imitado muchos, fueron muy pocos los que llegaron á igualarle, 
stos felices ensayos en el genero escénico acabó el siglo xv. 

nvencion de la imprenta , destinada á fijar y propagar verdades útiles á los hombres, 
lia ya por todas partes sus artífices á principios del siglo xvi. Italia, siempre maestra 
ber, cultivaba las letras con éxito feliz , buscando los ejemplares de perfección en las 
clásicas de la antigüedad, imprimiéndolas, traduciéndolas é imitándolas. La historia, 
^uencia , la poesía , la erudición y todas las artes del diseño empezaron á florecer en 
eminente. Ycnccia, Milán, Ferrara, Florencia, Roma y Ñapóles eran las capitales mas 
de Europa en aquella sazón. La plausible ocupación de los Mediéis, y el pontificado de 
X , renovaron en Italia la edad de Pericles y de Augusto. 

»te tiempo nuestros ejércitos acaudillados por el que mereció el nombre de Gran Capi-* 
^guraban la posesión de Ñapóles , y nuestra influencia sobre todos los estados de aque-^ 
tion. En vano el poder de («rancia quiso oponerse á la fortuna de nuestras armas ; unas 
as eran presagio de otras mayores : la derrota del Garellano y la rendición de Gaeta 
íaban para después la prisión de un rey y el saqueo espantoso de Roma, 
comunicación con los ifalianos propagó , mejoró y amenizó nuestros estudios ; y como 
;ste Lacio se había ilustrado muchos siglos antes con las artes y literatura de la Grecia 
la, asi España supo aprovecharse en igual ocasión de las que halló tan florecientes en 
ises que sujetaba á su gobierno. 



!sta es la época en que , según los datos mas pro- 
debe fijarse la introducción de las verdadems re- 
iciones dnimáticas en Castilla. Dice Rodrigo Mcn- 
SiUá en su Catálogo real de España, ano de 1493: 
liaron en Castilla las compafiias á representar pu- 
nte comedias , por Juan de la Encina , poeta de 
ttiaire , graciosidad y entretenimiento , festejando 
is á don Fadrique Enriquez , alnn'rante de Castilla, 
Ifiigo López de Mendoza , segundo duque del In- 
. k De la cüincideucia de esta novedad con otros 
públicos de importancia habla Agustín de Rojas 
laje entretenido, {\\w si bien escribió mas de un 
*spués, es auloridad res[»ctablc oii la materia. 

Y donde mas ha subido 
De quilates la comedia, 
lía sido donde mas tanle ^ 

Se ba alcanzado i*l uso de ella , 
Que es en nne.^lra madre España ; 
Porque en la dichona era 
Que aquellos gloriosos reyes , 
Dignos de memoria eterna , 
Don Fernando é Isabrl 
(Que ya con los santos reinan) , 



De ecbar de España acababan 
Todos los moriscos, que eran 
De aquel reino de Granada , 

Y entonces se daba en ella 
Princinio á te inquisición , 
Se le dio á nuestra comedia. 

Juan de la Encina el primero, 
Aquel insigne poeta 
Que tanto bien empezó, 
De quien tenemos tres églogas 
Que él mismo representó, 
Que estas fueron las primeras; 

Y para mas honra suya 

Y de la comedia nuestra , 
En los días que Colon 
Descubrió la gjran riqueza 
De Indias y Nuevo Mundo, 

Y el Gran Capitán empieza 
A sujetar aquel reino 

De Ñapóles y su tierra , 

A descubrirse empezó 

El uso de la comedia. 

Porque todos se animasen 

A emprender cosas tan buenas, 

Heroicas y principales 

Viendo qiíe se representan ele. 



198 OmMb DE MORATIN (d. leandm)). 

Tuvo gran parte en esta revolución el talento creador de Cisneros, ayudado de la instruo- 
cion que había adquirido en sus viajes y de la estraordinaria fortaleza de su carácter, prenda 
necesaria para ilustrar y gobernar á los hombres. A principios del siglo xvi ie erigia bijo 
sus auspicios la célebre universidad complutense, j en ella y en las demás del reino em- 
pezaron á distinguirse muchos profesores en todas uicultades, que sobre el conocimiento de 
las lenguas sabias y de una selecta erudición, ensenaron ciencias no conocidas en Espa&a 
hasta aquella época, ó mejoraron el método y la doctrina de lasque antes se ensenaban mal. 
A los esfuerzos de aquel gran ministro debieron sus adelantamientos las letras sagradas, la 
jurisprudencia, la medicina, las humanidades, la historia, las lenguas doctas, la gramática, 
y la critica, aunque no todos estos estudios pudieron prosperar igualmente, porque no en to- 
dos se adquirían iguales recompensas. 

Francisco de Villalobos (34), erudito médico y buen prosista, dio á conocer el Anfitrión ó» 
Planto con la traducción oue publicó de aquella comeaia en el año de 1515. 

Bartolomé de Torres Nanarro (35), que vivia en ItaUa por entonces , compuso ocho come- 
dias en que manifestó mucho conoumiento de su lengua, facilidad en la versificación y te- 
lento dramático. Apartándose de )a manera tímida de componer aue Juan de la Encina lubia 
seguido , dio á sus comedias mayor interés y estension ; las diviaió en cinco jomadas , au- 
mentó el número de los personajes, y pintó en ellos caracteres y afectos convenientes á la 
fábula , adelantó el artificio de la composición , y sujetó algunas de sus piezas á las unidades 
de acción , lugar y tiempo. Representaidas é impresas en Italia pasaron á España , en donde 
sucesivamente impresas y prouibidas, y vueltas á imprimir (según el influjo de las circm»- 
tancias), sirvieron de estudio á los que entonces se aplicaron á cultivar la poesía cómica. 

Vasco Diaz Tanco (36) escribió tres tragedias (las primeras que se hicieron en Espaika) to- 
mando sus argumentos de la historia sagrada , las cuales no han llegado á nosotros. 

Las graciosas comedias (37) que Cristóbal de Castillejo empezó á componer poco después 
fueron recibidas con mucho aplauso. Puede considerarse este poeta como el último y acaso 
el mejor de la anticua lirica española, y en el género cómico el mas di^no sucesor de Torres 
Naharro. Fecunda imaginación, conocimiento de costumbres, recto juicio, agudeza satírica, 
espresion clara, versificación suave, tales prendas hicieron estimables sus fábulas cómicas, 
al mismo tiempo que las personas honestas las desaprobaron por su falta de moralidad y dea- 
envoltura de sus personajes y situaciones. 

En el año de 15:27 se celebró en Valladolid con la representación de algunos autos el baiH 
tismo de Felipe II. Estos cortos dramas, representados en las calles v sitios públicos, los 
desempeñaban los cómicos , que ya en aquel tiempo componían su caudal indistintamente de 
piezas sagradas y profanas, aplicándolas según la ocasión lo reaueria. 

Fernán Pérez de Oliva (38) tradujo en prosa el Anfitrión de Planto, IhElectra de SdCodei, 
y la Hécuba de Eurípides. Su talento era mas á propósito para la gravedad de la tragedia míe 
para los chistes y lijereza cómica ; y asi es que aunque la versión que hizo de Plauto es infe- 
rior á la de Villalobos,en las dos tragedias elevó la prosa castellana á tanto decoro y robos* 
tez , que pudiera haber servido de ejemplar á los que hubiesen querido poner en la escent 
argumentos heroicos ; pero no tuvo imitadores. Estas piezas nunca se representaron, y cuando 
llegaron á imprimirse, el mal gusto eia ya general y dominante en nuestro teatro (g). 

Estos fueron los autores mas distinguidos que cultivaron en España la poesia escénica an- 
tes del año de i 540 (h) ; pero no es posible pasar de esta época sin hablar de las causas que 
empezaron á motivar su corrupción. Las principales fueron falta de estímulos y recompensa en 
favor de los que aplicaban su talento á este difícil género ; decidida afición á todo lo maravi- 
lloso , efecto inmediato de la común lectura de los libros caballerescos ; espíritu de mal en- 
tendida devoción, que profanó los sagrados misterios de la fe , haciéndolos asunto de las re- 
presentaciones histriónicas ; abusos de la autoridad censoria. 



(g) A los autores que poraquellot tiempos se dedicaron 
á traducir loa dramas del teaut) antiguo, debe añadirse un 
nombre ilustre, el de Juan Boscan, introductor de las for- 
mas italianas en nuestra poesia. Consta de él ájae tradujo 
al castellano una tragedia de Euripidei, con la singulari- 
dad de que lo veriticó en Terso , cuando los demás sus 
contemporáneos lo hicieron en prosa. Este trab^o se ba 
l»erdido , sin embargo de baber estado para imprimirse, 
según el privilegio que para ello fué concedido á suTiuda 
el año de i 3 43. 

( h ) Entre los autores dramáticos que florecieron á fi- 
nes del siglo XV j principios del siguiente omite Mora- 
tin á Gil Vicente, de quien no hace mención basta una 
(>poca bastante posterior, 4 saber : en el año 1933 , según 
es de ver en su nota 48 , y «o los Dümeros 49 4 56 del ca- 



tálogo. Conviene rectificar este punto, para eiitar qoe 
seamos acusados de injusticia acia duestros vecinotloB 
portugueses, que se i^orian de aquel ingenio. GH ^ 
cente era en efecto portugués , aunque escribió tambiei 
en nuestra lengua. Fué contemporáneo de luso de b Ba- 
cina , 7 sobre el año de i488 era ya conocido en sa patria 
por sus ensayos dramáticos. En 6 de junio de 150S, se- 
gunda noche del nacimiento del príncipe don Juan, des- 
pués rey tercero de su nombre en Portugal, se repráscMá 
en castellafio su auto del Nadmieoto, en preaoKta del 
rey don Manuel , que murió en ISSl, por lo cual no poedt 
negarse la anterioridad de la fecha á este autor, de qám 
y desu8(^ras volveremos á hablar en sa logar correipaa' 
diente. 



ORÍGENES DEL TEATRO ESPAÍ^OL. 



159 



Las.uniVersidades de Espdia (39), aunque reetiflcaron y amenizaron sus estudios, no altera- 
tm su organización antigua ; y en aquellas escuelas generales, en que la juventud debió hallar 
HMeñanza elemental de todas las ciencias, solo se enseñaron la teologia, los cánones, la ju* 
íspradencia y la medicina. De estas facultades las tres primeras obtuvieron la preferencia : 
«n ellas se establecieron colegios magníficos , par^ ellas se guardaron las mas altas digni- 
iides del estado ; la última , poco estimada de los que se dedicaban á las otras , existia en 
iton de la importancia que le ha dado en todos tiempos el miedo de morir; pero el profesor 
Das eminente en ella no podia aspirar jamás ni al premio ni al honor que obtenían un teó- 
ogo, un canonista ó un jurisconsulto. Las demás ciencias se consideraban como auxiliares ó 
ecundarias, y por consiguiente ni el estudio de las lenguas, ni la erudición histórica , ni la 
ilosofía moral, ni la oratoria, ni la poética, ni la amena literatura obtenían otra recompensa 
[oe la de facilitar á sus profesores una cátedra en que poder enseñarlas ; y si estas que ser- 
ian mas inmediatamente á las facultades privilegiadas merecían tan escasos premios , ¿ cuál 
eria el que se destinase á las ciencias naturales y exactas? ¿y cuáles podían ser los progre- 
os del teatro ? ¿ ni quién había de aplicarse á un estudio tan difícil , tan apartado de las sent- 
ías de la fortuna, si desatendido de las clases mas elevadas y. menospreciado de los que se 
lamaban doctos , era solo el vulgo el que debía premiar y aplaudir sus aciertos? 

En otra edad hablan merecido las rudas producciones de nuestra dramática mas favorable 
leogimiento ; los mas esclarecidos personajes la protegieron y la cultivaron , siendo igual- 
oente estimada en los palacios y en los templos ; pero aquella época había pasado ya. Fer- 
iando el Católico , cuyo desabrido carácter habían hecho mas melancólico la vejez y las do- 
encias» nunca unió las prendas de literato ni estudioso á las que tuvo de buen caballero, de 
>olitíco y prudente rey. Germana de Fox , estranjera á nuestra lengua y nuestras costumbres, 
)0 era la protectora que mas convenia para fomentar el teatro. Felipe I y toda su corte , ve- 
ndos de Flandes para introducir en el palacio desconocidas etiquetas y ceremonias , hecho 
ísto , no hicieron mas; ni la temprana muerte de aquel soberano permitió otra cosa. Carlos V. 
riajando (40) y guerreando mientras reinó, flamenco , y rodeado de flamencos que se dispu- 
taron con escandalosa codicia las dignidades y los tesoros de la nación , ni contribuyó al es- 
plendor de nuestro teatro , ni supo conocerle : su corte ambulante y guerrera imitaba las 
inclinaciones del monarca. Los tumultos y discordia civil que alteraron las provincias en los 
primeros años de su gobierno fueron incidentes poco favorables á los progresos de la escena 
española. 

Los libros de caballerías , que empezaron á conocerse en Europa acia el siglo xi , se es- 
endieron por toda ella , y entretuvieron el ocio de los que* gustaban de leer ; apasionados de 
odo lo grande y estraordmario , suplieron con ellos el abandono de la historia. En España 
[DÍtando lo que se había escrito fuera de ella, se compuso el libro de Amadis de Gaula, acaso 
cia la mitad del siglo xiv, y después de él otros del mismo género, aunque menos ingenió- 
os, no por eso menos desatinados. Su crecido volumen, el coste escesivo de las copias ma- 
luscritas Í41), y por consiguiente la escasez de sus ejemplares mantuvieron escondida esta 
leijudicial erudición en las bibliotecas privadas de los reyes y de los grandes señores , y no 
tasaron á manos del pueblo, ni pudo hacerse general su lectura hasta que la imprenta, eco- 
lomizando el tiempo y el coste , halló el secreto de multiplicar prodigiosamente los escritos 
Q copias idénticas. La primera obra de esta clase que se imprimió en España (i) fué la citada 
listona de Amádls, como la mas célebre de todas ellas entre nosotros , y antes de acabarse 
¡1 siglo XV era ya la común lectura del pueblo. 

En el siguiente se dieron muchos á imitar aquel género de ficción y aquel estilo , y como 
partándose de la. verdad de la naturaleza , encuentra la fantasía espacios inmensos en que 
erderse, fué tal la abundancia de libros caballerescos publicados en aquella centuria (42), que 
Uos solos compondrían hoy una numerosa biblioteca, si la pluma del mas escelente de núes- 
ros novelistas no hubiera acelerado su esterminío, dejándonos solo la memoria de que exístie- 
on. Ellos depravaron el gusto de la multitud, presentándole ficciones brillantes y maravillosas, 
tro orden fisico y moral diferente de todo lo que existe, otro universo y otros hombres. Ha- 
inaron prodigios para exaltar la fantasía, enredaron las fábulas con artificiosa complicación 
e incidentes para sostener en movimiento la curiosidad, y pintaron afectos heroicos ó tiernos 



{i) Para hablar con toda exactitud debe decirse la 
'imeraquese imprimió en lengua castellana; y es la que 
ibücó Garci Ordoñez de Hontalvo, regidor de Medina 
H Campo , ignoramos en qué año , pero positivamente 
ny poco después de la toma de Granada , ocurrida ¿ 
iicipios de ii&ñ. Con anterioridad , en d490 , se babia 
ipreso la Historia del famoso caballero Tirante el Blan- 
; pero fué en lengua lemosina , y de esta edición existe 
único ejemplar conocido en la biblioteca de la Sapiensa 



en Roma. Otra edición se hizo en Barcelona el año de 
1497. (Méndez, Tipografía española^paig. 72 y 115.) En la 
misma equivocación incurrió Cervantes en el capitulo vi 
de la primera parte del Don Quijote; pero la rectificó don 
Diego Clemencin en sus comentarios al mismo. Del ori- 
gen del Amadis y libros de caballería , trataremos mas 
estensameate en el tomo que destinamos á esta clase de 
obras. 



160 OBRAS ÜE MORATIN (o. leakdro). 

\Kiva interesar el corazón. Damas hermosísimas, principes, reyes y emperadores ; ausencias, 
celos, placeres de amor, torneos, divisas, conquistas, empresas temerarias, fatigas sobrehu- 
manas, torres de bronce, palacios de cristal, lagos' hir\1entes, desiertos hórridos, islas nadan- 
tes, carros aéreos, hechiceros, fadas, genios, monstruos, enanos, gigantes, dragones, hipógri- 
íos; todo esto tüé materia de aquellos libros que llamaron historias. ^Cómo el pueblo acos- 
tumbrado á ellas sabria contentarse en el teatro con una ficción verosímil, imitada de la vida 
doméstica, animada con la espresion de los caracteres y afectos comunes, complicada porme- 
dios naturales, desenlazada con imprevista y fácil solución, y todti ella ingeniosamente dis- 
puesta para enseñar al auditorio verdades útiles, inspirándole horror al vicio y amor ¿ la vir- 
tud? Ni el arte se hallaba tan adelantado que pudieran esperarse muchas obras dramáticas con 
estos requisitos, ni el concurso que habla de oirías (acostumbrado en los libros caballerescos 
á inv<>ii('ionos mas seductoras) era ya capaz de percibir y estimar el mérito de una pieza tea- 
tral buíii escrita. Asi fué que apenas se empezó á cultivar la poesia escénica, los mismos que 
la adelantaron contribuyeron á corromperla, mezclando en sus composiciones personajes é 
incidintes exagerados, lantáslicos, imposibles; y este error propagado de unos en otros« t 
alentado por el aplauso que recibía, inutilizó en adelante las prendas del ingenio, y atropello 
los buiMios principios de la fíccíon dramática, cuyo objeto es la imitación de lo que existe, de 
lo (|ue lia existido, de lo que puede existir entre los hombres. 

A las maravillas del género romancesco se añadieron las que son inherentes ¿ la relipon ; 
y como sus misterios iban desterrándose de los espectáculos que el pueblo acostumbraba á 
ver en las iglesias, iácilmente pasaron á los tablados públicos, v abrieron nueva senda á los 
poetis para escitar la admiración con dramas sagrados, en que la creencia común hacia vero- 
símiles los prodigios, y el total abandono del arte aseguraba los aplausos. De aquí resultó la 
multitud de comedias de santos y de autos sacramentales ó nataUcios (43), que por tanto 
tiempo alimentaron la equivoca devoción del vulgo, haciendo cada vez mas dificil la reforma 
,de nuestro teatro. 

La poesía lírica, no sujeta á la censura de la plebe, libre en sus argumentos, hija de la fanta- 
sía, intérprete de los propios afectos, émula de los mas calificados originales, llegó en la plu- 
ma (le Garcilaso y de los que le siguieron á un alto punto de belleza, que desde el Duke b- 
mcntar de Salicio y Nemoroso hasta las Santas ceremonias pias de Lupercio, la profecía del 
Tajo de Luis de León, y la victoria de Lepanto celebrada por Hernando de Herrera, produjo 
admirables obras ; pero tanto distan entre si los géneros poéticos, que lo que en uno es per- 
fección, es desacierto en otro. El uso de la pompa épica y de los raptos y armonía lírica mi! 
aplicados á las Hxxiones del teatro contribuyeron á descaminar el gusto. La destemplada ima- 
ginación de los (jue pusieron en la escena argumentos y personajes ni históricos ni posibles 
mezcló todos los estilos, y adoptó locuciones tan distantes de la Verdad, que la tragedia y la 
comedia, á fuerza de peregrinos adornos, perdieron aquella decorosa sencillez que debe ca- 
racterizarlas. 

Las nuevas doctrinas que separaron de la comunión catóhca una gran parte de Europa, y el 
recelo de que su introducción produjese iguales males y escándalos en España, dieron ocasión 
á precauciones e^raordinarias, que quizá no se hubieran tomado sin esta causa, imponiendo 
restrií^ciones á los ingenios y á la libertad de imprimir, y conteniendo en estrechos limites las 
artes de la imaginación, á quienes tal estado no era ciertamente favorable. La autoridad sacri- 
íicó lo útil á lo necesario, y contuvo los vuelos de la ilustración en obsequio de la paz y tran- 
(piilidad del reino (j). Pero no fué de tal modo que se sofocasen enteramente los esfuerzos; lo- 
zanía do los tah^ntos españoles ; y hoy en dia admiramos las producciones de los que siguiendo 
la sublime inspiración de las musas, ilustraron en aquella época nuestras letras, y dejaron mo- 
delos (|ue la edad presente procura, y no siempre consigue imitar. 

Kn el año de iols se celebró en Valladolid, ausente el emperador Carlos V, el casamiento 
de la infanta doña María su hija con el archiduque Maximiliano. Para festejar á la corte se re- 
]>n>sent() (mi palacio una comedia adornada con suntuoso aparato y decoraciones, á imitación 
de las (|ue se hacían entonces en Roma. Ningún ingenio español mereció emplear su pk 
en obseíjnio de aquellos príncipes ; la comedia se representó on itahano(í), como Jahabia 
crito nniehos años antes su autor Ludovico Ariosto (44). 



luma ¿ 
es- * 



(j) Olist'ivrsí» «11 «'slíí n:isaj«* la oirounspcecion con 
«|Ui' se fS|>rrs:»l»a Mnraiiii «mIífo la censura, y recuérdpse 
lo que dijo en el ¡nólo^o sohre la influenriu de la política 
y las oostuiiiUres en las producciones literarias, y sobre 
las reslricí'iones que imponen á un autor el respeto á la 
autoridad v las demás circunstancias del tiempo en que se 
escrilie. No es fácil lijar la época en que se eslamparia el 
prc'Sfíile pasaje en una obra, fruto de largos años; |>ero 
lio SI» olvide que salió á lux bajo el reinado del último 
ni'Hiarca, cuando si' coiicedij muy poco ensanche al pen- 



iamiciito. 



ciou produjeron sin necesidad efectos mas dafiosos qoe ^ 

los apuntados por el autor. La censura era solo iodulgealc ' 

con las ideas desenvueltas relativameote á la moral y el * 

público decoro*; y bajo la aprobación y elogios degravtaK fe 
mos examinadores se imprimían libros , á que el boakK 
mas cínico no daría su nombro en nuestros liempoi. Ea 

esta parte , un rubor discreto (]ue ha echado hondas ral- " 

oes en la opinión , suple con conocida ventaja oí único la * 

útil que pudiera proponerse la antigua censura. f 

(/) Años después, cuando ya el tealro español poseía n I 



Las tmbas puestas por el gobierno y la inquísi- | regular reperlorío, el pueblo se alicionó grandemenle a ^ 



oniGE.NKs i)i:l tkatuo i:.spa5Iol. ioi 

La prosa familiar aplicada al teatro no iiabia tenido liasta aquella época escritores que la 
cultivasen, y este mérito le reservó la naturaleza precisamente en favor íM que parecía menos 
lispuesto ¿conseguirle. Un sevillano, hombre del pueblo, sin maestros, sin estudios, aplicado 
,^iar la vida en un ejercicio mecánico, Inzo en la escena española una inniovacion plausi- 
lie, y abrió á los autores dramáticos un n; evo camino que no acertaron a seguir. Tal fué Lope 
le Rueda (-4S), que antes de la mitad del siglo xvi apareció en los teatros de su patria como 
Dffciiíoso autor y gracioso representante. 

La Celestina y las demás novelas en prosa que se hicieron á su imitación tenian dos defec- 
as, que en la escena son intolerables : erudición afectada y pedantesca, y largos discursos de 
loportunas doctrinas, prescindiendo de la escesiva duración de a((uellas fábulas, que no se 
jcieron para ser representadas, sino meramente leidas. Rueda, estudiándolas con prudente 
iscem ¡miento, conoció sus defectos, imitó sus primores, y acomodándose á la impaciencia 
el publico (que liabia de oirle en una plaza, en un corral ó un almacén, de pié, apretado, y 
Djeto ¿ continua distracción), escribió pequeños dramas do tres ó cuatro personas, con una 
ccion muy sencilla, caracteres naturales, lenguaje castizo, diálogo chistoso y popular. Com- 
uso además algunas piezas de mayor estension con mas interés y artilicio, mezclando en ellas 
[>isodios poco necesarios, que representaba separadamente cuando le convenia; pero en es- 
s piezas, (¡ueriendo imitar el gusto que reinaba entonces en Italia, se apartó algunas veces 
e aquella inapreciable sencillez que caracterizaba su talento dramático. Todavía fué ma^ es- 
nable en los ingeniosos coloquios pastoriles que escribió en verso y se imprimieron después 
B su muerte ; pero esta edición es absolutamente desconocida, y solo nos ha quedado uno 
Itero y un fragmento de otro. Por estas obras mereció el nombre de padre del teatro espa- 
)l; y en ellas mismas, y en el testimonio unánime de los hombres doctos que se las vieron 
ipresentar, se hallará la razón que tuvo su patria para colmarle de elogios, y recomendar a 
posteridad su memoria. 

El valenciano Juan de Timoneda (46), contemporáneo suyo, su amigo y editor de sus obras, 
imitó en algunas piezas cómicas que compuso en prosa, no desnudas de mérito, por la faci- 
dad de la dicción, la rapidez del diálogo y la regularidad de la fábula. Las (|ue hizo en 
3rso no merecen el mismo elogio, pues además de oue la versificación de Timoneda es tra- 
ajosa y desaliñada, queriendo darles novedad, se valió para conseguirlo (aunque no en todas 
lias) de incidentes imposibles y personajes maravillosos, que no existiendo en la naturaleza, 

son á propósito para el teatro. Hasta en esto quiso imitar á Lope de Rueda; que los des- 
nidos de un hombre célebre producen por lo común resultados muy intelices. 

Alonso de la Vega (47), representante y autor de compañía, escribió algunas comedias en 
rosa, que en su tiempo tuvieron mucha aceptación; pcu'o la buena critica halla tantos defec^ 
»s en las tres que han llegado á nosotros, ya por ia composición de la fábula, ya por los ca- 
ictcres y el estilo, que no justifican el aplauso aue sus contemporáneos le dieron. 

A competencia de estos componían otros mucJios, de los cuales se conservan algunas obras, 
la noticia de ellas. Las compañías cómicas (48) vagaban por todas las provincias entrete- 
iendo al pueblo con sus comedias, tragedias, tragicomedias, églogas, coloquios, diálogos, pa- 
», representaciones, autos, farsas y entremeses; que todas estas denominaciones tenian las 
iezas dramáticas que se escribieron entonces. 

La propiedad (49) y decencia de los trajes, ¡a decoración y aparato escénico se hallaban 
KÍa\ia en un atraso miserable; porque como no había en ninguna villa ni ciudad teatro per- 
lancnte, v los actores se detenían muy poco en cada una de ellas (no permitiéndoles mayor 
iladon el escaso caudal de piezas que llevaban), no era posible conducir por los caminos ni 
ecoraciones, ni máquinas, ni utensilios de escena, ni la pobre ganancia que les resultaba de 
a ejercicio les permitía mayores dispendios. 

Duraban todavía los abusos que el concilio de Aranda habia auerido estinguir. Seguía cele- 
rándose en el templo la fiesta ridicula de los Inocentes, y los aramas sagrados cuyo uso ha- 
ia tolerado aquel concilio distaban mucho de la honesta^ y religiosa compostura que habia 
ligido en ellos. Fué pues preciso que el concilio toledano* celebrado en los años de 15G3 y 
5(56 tomase otra vez en consideración este puntp, prohibiendo de nuevo el grotesco regocijo 
e los Inocentes (50), previniendo que no se interrumpiesen los oficios divinos con ningún gé- 
ero de divei'sion; que las representaciones no se hiciesen dentro de la iglesia, y. que los 
bispos mandasen examinar previamente las piezas de asunto sagrado que se diesen aí pueblo, 
spitiendo la prohibición á los clérigos de vestirse de máscara, ni representar en los citados 
^ectáculos. En las demás dióeesis de España se repitieron sucesivam.mte iguales providen- 
as, y todo fué menester para desterrar del santuario desórdenes tan escandalosos, y sujetar 

1 represeDUciones italianas que Irajo á España con su viveza de la gesticulación en que eran estremados aquellos 
opiftia OD famoso mimico llamado Alberto Ganusa en acto<'es. Las entradas que dieron tales funciones, cuyas 
74, j salió lan bien de su primera escursion , que pos- cuentas todatia se conservan, atestiguan la aceptación que 
íoniieDte to repitió. Asi como ahora el placer de la mú- merecieron. Ganasa volvió á su patria rico, suerte que no se 
a sople el conorimienlo del idioma, «iiiplia entonces la cuenta deningunrepresentnntcespañol de aquel los tiempos. 

TOno II. n 



105 ORRAS DIÍ MORATIN (d. leaxdro). 

a SUS minislros á no snr liistriorií^s, ni onvilocor á vista del público la dignidad de su carácter. 

U'icílaivm pues redurid-is las anlií^iiis arriiines dramáticas de la.^ iglesias á unos breves diá- 
logos nii'zciados con canciones y d mzas ÍKinestas, que dcsiMnpiM'iaban los sacristanes, nioios 
de coro, cantínes y arólilos en la liiísta de Navidad, precediendo á su ejecución la censura del 
vicario erleMsislico. Ya no interveniaii patriarcas, profetas, apc^stolcs, confesores ni mártires, 
sino áiTfriMes y pastores : liguras mas acomoiladas a la edad, al semblante, á la voz y estatura 
de los iiinos y J(')V(mií*s .pie liabiaii lU) l)ac<>rlas. De a<iui tuvienm origen las piezas can ladas que 
hoy duran c()i) ol nombre de villancicos («^)1 ), los cuales mas^ arliliciosos entonces que ahora, 
se tompíniiaii da n?presenlac¡on, canto, d-uiza, acción muda, trajes, aparato y música ins- 
trumiMital. 

Los (Irain is sagrados, históricos, alegóricos ó morales, que por tantos años habían sido ejer- 
cicio peculiar de los saci'r; lotes. (Uísapare(¡<^r.>n enlv»rainiínte. Nada se iiabia impreso : los 
cabihios (!ons(>rval)an los m inuscritv>s de estis obras como propiedad suya, y así les fué tanfi- 
cil destruirlas tod.is. VA mismo celo reiigioNO <]ue las fomentó, acabó con ellas después;; 
aunque efcctivamrute gano mucho eu esto el decoro del templo y de sus ministros, la historia 
Hteraria se n'^irute de su pérdida uíi). 

Esta prohibición dio nuevo iuqjulso á los teatros públicos, en los cuales se vieron desde en- 
tonces con mayor frecuencia comp(»siciones sagradas ([ue atraían á la multitud ; el número de 
los autores dramáticos se fué aunüMitaudo, como igualmente el de las compañías cómicas. LiS 
emulación de los actores, su interés y el deseo de ser a[daudidos les hizo adelantar en su arte, 
y nada omitieron para añadir á sus es])ectáculos el aparato y brillantez de que tanta necesi- 
dad tenian. 

Un cómico natural de Toledo, llamado Nnvarro (52), autor de compañía, íwi'Ciitó los tealrot 
por los aúos de 1570, (|ue es decir, iuirodujo en ellos decoraciones pintadas y movibles, según 
el arguuiento lo recpicria; mudo el sillo d<i la músi<*a, auuiiMUó los trajes, hizo varias altera- 
ciones eu las tigur.is de la comedía, puso eu movimiento las maquinas, imitó las tempestades, 
y auimó sus lábulas con el a|)arato estrepitoso de coudjates y ejércitos. 

Ya se iuliere de aipii que la dramática española iba apartándose de aquella sencillez quelí 
habia hecho esiiuiable eu las mejores com[)os¡ciones de ios autores precedentes. Vanos fue- 
ron los CNfuerzos d<>l docto anouimo (o3) (pie m el aíio de i5o5 publicó en Amberesuoa 
buena traducciiui de doscouiedias de IMauto. E\ benemérito humanista Pedro Simón Abril \Si) 
dio a conocer a sus compatriotas en los anos de 1370 y 1o77 el Pluto de Aristófanes, \HMtdea 
de Euripiíles y las comedias de Terencio en lengua vulgar; nuda de esto sirvió de ejemplo a 
los <pie escribiaii para el teatro. Jerónimo Uernmdcz (55), en el mismo año de 1377, present» 
en su tragedia de Mise laatimosa una acción interesante, patética, llena de situaciones veíosi- 
niiles y afectuosas, espresadas con grave y decoroso estilo. Las tragedias en prosa de FeniaD 
Pérez de Oliva, publicadas ya por Ambrosio de Morales, se leian con estimación de ios doctoi, 
pero niuguno cuidó de imitarlas. 

Otros literatos escribieron en la misma época comedias y tragedias latinas con aprecíaUe 
regularidad : obras de mera erudici(ur, <pje no pu(iier(m iulluir en los adelantamientos del tea- 
tro. Don Luis Zapata tradujo y publicó <d Arte poética de Horacio ; Juan Pérez de Castro la 
de Aristóteles. Alonso Lopt^z. llamado el Pinciaiio, dio á luz poco después una difus» y jui- 
ciosa poética, en que reunió con buen gusto y elección ios preceptos de la dramática; todo 
fué inútil, la depravarion de la escena española era ya inevitable. 

El sevillano Juan de Malara (56) fué uno (Ut los que mas contribuyeron á ella, escribiendo 
dramas desarreglados en que aplaudió el público muchas veces la dicción iacil y sonora con 
que supo hermosear los estravíos <le su brillante imaginación. 

Juan de la Cueva ^57) , su compatriota, atlu.Mite versilicador, que cultivando todos loa gé- 
neros de la poesía para no ser |)erfecto en ninguno, siguió las huellas de Malara, empezó de»* 
de el año de 1579 a dar al público sus ccwnedias y tragedias, oidas primer<i con general con- 



(m) T:il voz á csle p'-ncro pertenecen algunas, cuínulo 
menos, ii(^ las conlcnidüs en el códice de la nil)lioleca na- 
rional, d(> (jue lirnKvs liabludo en la nolu 5 del Prólogo, y 
cuya descripción nos da suriiilamenle don Rni;eni() dt> Ta- 
pia al firnle de las dos muestr.!*: (pie puhlicó. — « Los dra- 
* mas (dice) de esla rarísima colección Tornian un vo!úiu> n 
sf en f>»lio de 40K fojas numeradas con titila encariíad.i ; 

> está muv bica escrito loiJo lI, y la IcUa es del si^\o xvi. 
B Todas las composiciones sriaanóninkas, y no liayuna sola 
) notaóadvert(>ncia pordnndc pueda rastreai-se quién fuese 
» el compilador y quiénes los autores de tan distintas pie- 

> zas ; el eúflice está f.tllo de las ocho priuHüras hojas, y 
) acaso en alf^ima de ellas se daría razítn de uno y olro. 
- Las mas de las composiciones llevan el nombre de autos. 



« otras el de farsas, y dos ó tres se üUilan coloquíoB,} 
•> tanibien liay un enli*emés liluiadu do la¿ Esttras. Fide 
j> presumir (]in lodas ó la mayor par{i' sc hubiesen rq^rf- 
)• sentido, sej^un las loas ó inlrnüaeeiones que piT*Ctilffl« 

V y la licencia (|ue para representarse nmsl a al pié rleobi 

• de ellas. MucJias pan'ceii, por su estilo y Srnfilloi,ckl 

V priuKT tercio del si^lo xvi , oirjs son iiidiidableiMirt« 
» posleiioH's. Todas son de ct»rla esliMisiun, y licnea poco 

• arliiiciodiamalico; ilislnsguensenoobslanlemuclias por 
^' la naturalidad del dialogo, la facilidad de b TersiBeadoi. 
:• y a veces por su gracia cómica, aunque todos sos asa- 
» tos son tomados del antigim ó nuevo Testamento, ó éf 
- alí;una leyenda misLicn. ^ *- Kste códice sera okjelfide 

nuevin> estudio [tarticiiiar en su tieni|M) opnitnno. 



orígenes del teatro ESP^SOL. 



ifir> 



tfflnto en Sevilla, y repelidas después en todas las ciudades del reino, sirviendo de modelos o 
de disculpa á los que con menos talento se propusieron imitarle. 

Entonces se vieron ya con Tundidos los géneros cómico y ti'ágico en los argumentos de la 
iibiila, en los personajes, en las pasiones y en el estilo. Se adoptaron todas las combinado- 
oesUncas, épicas y elegiacas, olvidándose de la nnida<l y conveniencia imitativa que pido la 
espresion de los afectos y caracteres en el teatro. Empezó á desatenderse como cosa de poca 
estima la prosa dramática, que en ambos géneros habla llegado tan cerca de la perfección, 
merced al estudio da algunos beneméritos autores. Las comedias eran ya novelas en verso, 
compuestas do patrañas inverosímiles é inconexas; las tragedias un enredo confuso, que se 
desataba á fuerza de atrocidades repugnantes y feroces, ó una serie de situaciones faltas de 
anidad y artificio, copiadas de la historia, sin que el autor pusiera otra cosa de su parte que el 
dülopo y los versos. 

Asi lialló él teatro Miguel de Cervantes (58), el cual, bien lejos de contribuir á mejorarle, 
como pudiera haberlo hecho, solo atendió á buscar en él los socorros que necesitaba su lia- 
bitual pobreza, escribiendo como los demás, y olvidando lo que sabia para acomodarse al 
gusto del vulgo y merecer su aplauso. 

Esta escuela, si tal debe llamarse, siguieron después Cetina, Virués (39), Guevara, Luper- 
ciode Argensola (^BO), Aríieda (61), Saldaña, Gozar, Fuentes, ürtiz, Berrio, Loyola, Mejía, 
Vega, Cisneros (6á), Morales, y un número infinito de poetas de menor celebridad, que 11o- 
recieron en Castilla, Andalucía y Ysilencia (n). 

Hecho va el teatro necesidad del pueblo, y multiplicándose por todis partes las compañías 
cómicas, llegaron á establecerse en la corte,' ocupando los dos corrales (Oo) de la Cruz y el 
PríDcipe, construido el primero en el año de 1579, y el segundo en el de 1582. 

En ellos empezaron á oírse con admiración los fáciles versos del joven Lope de Vega, aquel 
hombre estraordinario á quien la naturaleza dotó de imaginación tan fecunda, de tan alluonte 
vena poética, que en ninguna otra edad le ha producido semejante. Nada estimaba el público 
en los teatros si no era de Lope; los demás poetas vieron que el único medio de ad(|uirir 
aplausos era imitarle, y por consiguiíMite abandonaron el estudio de los buenos dramáticos de 
la antigüedad, las doctrinas de los mejores críticos, y aquellos preceptos mas obvios que dicta 
por si solo el entendimiento sin necesidad del ejemplo ni de la lectura. 

Al acabarse el siglo xvi (64), no cumplidos los cuarenta años do su edad, ya habia dado Lope 
á los teatros mas de cuatrocientas comedias, improvisadas, ya se entiende, como todas las que 
hizo después, como todas las demás obras que salieron de su pluma en prosa y en verso ; pero 
si es admirable la fecundidad de su fantasía, que nunca supo sujetar á los preceptos del arte, 
no es menos de maravillar que improvisando siempre, muchas veces acertó. Los que prescin- 
diendo de las infinitas bellezas que se hallan esparcidas en sus composiciones dramáticas, gus- 
ten solo de acriminar sus defectos, no les láltará materia abundantísima para la censura; pero 
si esta la estienden hasta el punto de culpar á Lope como corruptor de la escena española (65), 
no hallarán las pruebas que se necesitan para apoyar una acusación tan injusta. 

Lope no desterró el buen gusto del teatro, que ya estaba ejiteramente perdido cuando él 
empezó á escribir. Si algún cargo puede hacérsele, será solo el de no haber intentado corre- 

Í;irje; y en efecto, mucho podía esperarse de un talento como el suyo, de su esquísita sensibi- 
idad, de su ardiente imaginación, de su natural afluencia, su oído armónico, su cultura y 
propiedad en el idioma, su erudición y lectura inmensa de autores antiguos y modernos, síi 
conocimiento práctico de caracteres y costumbres nacionales. Si con estas prendas no aspiró 
á la gloria que adquirieron en Francia algunos años después Gomeille y Moliere, esta es la sola 
culpa de que se le puede acusar. 

Ll teatro español que, como ya se ha dicho, empezó en el templo, sujetaba á la ficción es- 
cénica los misterios de la religión. En el templo, y después en las plazas y corrales, se oyó la 
voz de Dios, la de Cristo, la de su divina Madre, la de los apóstoles y mártires ; los ángeles, 
los diablos, los vicios y las virtudes eran figuras comunes en aquellos dramas* £sto no lo in- 
ventó Lope, ^a lo halló establecido en los teatros de su nación. Si enredó sus fábulas con in- 
verosímil artificio, huyendo el orden natural en que se suceden unos á otros los acaecimientos 
de la vida, sí mezcló en ellas altos y humildes personajes, acciones heroicas y plebeyas, si 
pasó los términos del lugar v el tiempo, si faltó á la historia y á los usos característicos *de las 
Daciones; los poetas que le íiabian precedido le dieron ejemplo. Si puso en el teatro lo que 
solo cabe en las descripciones de la epopeya, lo que solo se permite á ios movimientos líri- 
cos, si aduló la ignorancia vulgar pintando como posibles las apariciones, los pactas, los he- 
chizos y todos los delirios que una vana credulidad autoriza ; otros antes que él habían hecho 
lo mismo. Si se atrevió á mezclar entre sus figuras las deidades gentílicas, cuya existencia es 



(«) Si nos propusiéramos citar nombres de ingenios que 
'fcríbieron para el teatro en ki época que medió entre 
loan fie b ('iic\'a y la apriricion de Lope de Vega , resui- 



larifl una lista mny eslensa. Pero limitándonos á los de 
mayor nombradla, nopoderao^^mitir al canónigo Tarraga, 
y á Gaspar Agilitar, secretario del diirpie de Gandía. 



104 OBRAS DE MORATIN (d. liakdro). 

tan absurda que destruye toda verosimilitud teatral; nada hizo do nuevo, repitió solame 

auc halló practicado ya, lo que el pueblo habia visto y aplaudido por espacio de muchos 
o corrompkS el teatro ; se allanó á escribir según el gusto que dominaba entonces ; n< 
de enseñar al vulgo, ni de rectiflcar sus ideas, sino de agradarle para vender con estin 
lo que componía, y aspiró á conciliar por este medio (poco plausible) las Usonjas de su 
propio con los aumentos de su fortuna. 

E\ examen de sus obras dramáticas y las que escribieron imitándole sus conterapori 
las innovaciones que introdujo Calderón dando ala fábula mayor artificio, los defectos, h 
llezas de nuestro teatro y su mfluencia en los demás de Europa durante todo el siglo r 
ftccadencia en el siguiente, los esfuerzos que se hicieron para su reforma, el estado ei 
hoy se halla v los medios de mejorarle, darán materia á quien con mayores luces y menoi 
ximo al sepulcro se proponga continuar ilustrando esta parte de nuestra literatura, que 
puede influir en los progresos del entendimiento, y en la corrección y decoro de las coi 
Dres privadas y púbhcas* 



orígenes del teatro español. 



NOTAS DEL AUTOR. 



ir el siglo ▼ ocuparon los Tisogodos una 
tafia, y en los sucesivos (vencidas otras aa- 
ras) la dominaron toda. Cuando entraron en 
1 con mas ó menos propiedad la lengua la- 
que había ya mas de medio siglo que atrave- 
inbío se habían establecido en varías pro< 
mperío, primero en calidad de refugiados, 
lo aliados , y por último como enemigos y 
es. La mayor parte de la nobU^xa gótica ba- 
su educación entre los romanos. Asi es que 
ron á internarse en España , su lengua y sus 
¡ran las mismas que tenían los pueblos ven- 

s españoles que florecieron durante la mo- 
ta pert 'necea esclusivameute á la baja latí - 
Uno, Elpidio , Justo, Nebridio, Agripio, Lu- 
ro, Eutrupio, Leandro, Juan Ü.clarense, 
áiimo, Isidoro, Baigasaiio, Sisebuto, Artuago,, 
ense, Bniu.io, los dos Eugenios, Fructuoso, 
rencio, Tajón, Juliano, Valerio: todos escrí- 
lin. 

doctos y el vulgo tenían un mismo idioma, 
Lürerencia de q le los unos le cultivaban en sUs 
la pureza que les era dable, en tanto que 
le iba corrompí (fudo cada vex mas, no es de 
DO se conserve ni un solo documento de la 
I. Ha sido estudio particular de algunos eru 
los vocablos que nos qui'dan de ella, yuo 
! añadir á sus investigaciones, 
acumularse citas sin númiTo en apoyo de 
aba de decir. Don Tomás Sánchez redujo á es 
leas una aserción tan autorizada y tan evi- 
odo entraron eu España los godos y demás 
i\ norte, era vulgar y casi universal en todo 
itinente la lengua latina introducida por los 
tro como los godos que le dominaron después 
Q á introducir la suya, se conformaron con 
ámanos vencidos, introduciendo eula latina 
uiblos de la gótica, dejando indeclinables los 
on|ue lo eran en su idioma. Este fué el prín- 
corru|>cion de la lengua latina en España, y el 
romance i\\iv. ahora usamos. • 
seo de opinar al revés de cuanto han dicho 
udo determinar al traductor del Blair á de- 
lengua castellana es deongengodo; admi- 
tiempo vocaJ)los lathios. » hebe leerse precí • 
contrario. « La lengua castellana es de origen 
litio con el tiempo vocablos godos. » 
te la dinastía de los visogodos. 
mes bárbaras del norte (|ue invadieron á 
-ataron en España, como en todas las demás 
el imperio romano, de los espectáculos del 
el circo y de la i-scena, que hallaron estable - 
HDás de li)s teatros de madera que se cons- 
¡askmes particulares, existían usuales todavía 
a de piedra en las principales ciudades de 
ínsula : tales eran los de Saguuto , Acinipo, 
»MU Augusta, y otros que yacen hoy desco- 
las minas, 
siglo if , eo que el concilio iliberítano hizo 



meodon de los aurigas , pantomimos y oómicos , hasta 
el vil, en que todavía existian , se advierte la conünuacioo 
de los espectáculos que los godos adoptaron y sostuvie- 
ron. San Isidoro en sus Orígenes^ lib. 18, cap. 4iy¡S9, 
exhorta á los cristianos i que se abstengan de las fies- 
tas del circo, del anüteatro y de la escena : lugares qu« 
según lo espresa a(|uel santo doctor infectaba todavía la 
superstición gentiUca, y ofrecían á los ojos pompas y va- 
nidades mundanas, crueldades feroces, imágenes de las- 
civia y torpezas abominables (1). Por los años de 6i0 Si- 
sebuto c depuso & Ensebio, obispo de Barcelona, é Jiiu 

• poner otro en su lugar, como se entiende por las mismas 
» cartas suyas. La causa que se alegaba fué que en el tea* 
otro los farsantes representaron algunas cosas tomadas 
»de la vana superstición de los dioses, que ofendían las 

• orejas cristianas. Esta pareció por entonces calpa bas- 
»tante por haberlo el obispo permitido. » Asi refiere Ma- 
riana esta anécdota en su Historia general de España, Ub. 6. 

Resulta de aqui (|ue noventa años antes de la irrupcioo 
de los árabes duraban en España los espectáculos del tea 
tro, y puede inferirse con toda verosimilitud que conti- 
nuaron hasta que Rodrigo perdió en Jerez la corona y b 
vida. Esclava la nación en poder de los agarenos , solo 
una pequeña parte de ella conservó su libertad al abrigo 
de montañas inaccesibles : desde allí fué dilatando pro- 
gresivamente sus conquistas, y durante algunos siglos no 
conoció mas ocupaciones que la de pelear, ni mas artes 
que las necesarias á la guerra. Si eu alguna de las na- 
ciones de Europa cesaron del todo las diversio.ies de la 
escena, ninguna tuvo como la nuestra tanto motivo de 
abandonarlas. 

(3) La poesía siguiendo los progresos, ele. 

El primer poema castellano de los que hoy se con- 
servan es el del Cúf , escrito por desconociflo autor i mitad 
del siglo XII , como lo manifiesta su misma rusticidad. En 
él todo es deforme : el lenguaje, el estilo, la versiUcacioD 
y la consonancia. La única regularidad que se advierte 
(y no es plausible eu un poema) es la de haber seguido eo 
su narración el orden de los sucesos según los refiere la 
historia. 

El clérigo Joan Lorenzo , natural de A.storga, escribió 
por los años de í2j0 uu poema de la vida de Alejandro, 
siguiendo en general la narración de Quinto Curdo, aña- 
diendo á veces circunstancias y hechos fabulosos que ha- 
lló en otros autores. El lenguaje de Joan Lorenzo es ya 
mucho mas culto que el del poema del Cid, la versifi- 
cación mas sonora , la consonancia mas exacta. 

Por el mismo tiemi>o floreció el presbítero Gonzalo de 
Berceo, que compuso entre otras obras poéticas , la Vida 
de Santo Domingo de Silos , la de San Millan, la de Sania 
Oria y el Martirio de San ¡prenso. En eüas dñéndese con 
poca invención a! asuiito histórico que se había propuesto 
desempeñar, manifestó ilublrado taiento , sencillez , fádl 
abundancia , y iao puro y religioso candor (no desnudo 
de grada en el estúo ni de armonía en ios v rsos), que 
puede contarse entre los que ilustraron el primitivo S^- 

(1) ¿Se propondria Mn ltld«ro moniliur «I Uatr«, IntrodoclMid* •■ 
él UD género duc«o | cundo coiapuso aa opoKuio dialogado . Com/Imím* 
vUioruM tí wirtmtmm, que m leo eolre «ai eMrtiooT AlguDo* han aoapo- 
chado por lo mono* qao osU obra fui desiioada i la rrpreaeotorioa ; 
DOflotroa Bo ooa crtomoa coa tesiaaua coaocialoaloo pora Uailrar, 
manto meno* para rraolTrr, eato probioma. 



106 ODUAS DK MOKA' 

naso castellauo couio el luas diguo cuutor de la devoción 
y la virtud : sus vel-^os anunciau la iiioceu<^a de s>us cos- 
tumbres. ¿Uiii*'" li^y <iue los lea si» prendarse del poeta 
íjutí los compuso? 

Alfonso X, llinuudo con í?obr;ula razón el Sabio, entre 
varioÑ inonumtMitos <iul* no . dejo de su literatura, escri- 
bió algunas coni|K):>icio::cs po.-ticas en cistrllano y on ga- 
llego, y las que iledicó á e "¡i-biar los luilayros do la Vir- 
gen se conservan co.i la música ([ue Iva puso él mismo. Así 
se cantaron dura'.tte al>;unos aiio^ en la catedral de Sevilla. 

Seanie bcito con estvMnot¡^ o esponer mi opinión acerca 
del Liliro de ias Qucreilan y el do 7:7 Tesoro. No creo que 
estas composiciones sean de Alfonso X. Cualquiera (¡ue 
tenga coaix:imiento de los pro^rosos de la lengua y poe- 
sía ca>tellaaa les dará dos siglos meiios di; antigüedad. 
Si las eoleja (;on las demás obras en verso do aiiuel rey 
hallará mas fundada e>ta aserción, y si relleiíona íjue se 
baliaro.i eiilre ios nianu>critos del manjués do Villena, 
sospecliará «luién pudo ser el verdadero autor, y á cual 
época pertenecen (á;. 

Hecha \a mención de lo^ primeros autores de nuestra 
poesía vulgar, no es do mi propóMlo continuar la seri.- 
de lodos ellos. Vela/qu:'/. hab.ó dií eslo, y después do 
él (lo.i Tonnts Sai)(-ho¿ añadió cuantas noticias pudo ad- 
quirir sti diligencia. 

{i) Los yuijlarea y yoíjlurt'sas. 

Juglar, del laiin juitiaris, músico de instrumento y 
voz, pantomimo y reproseiiLiiiti?. La primera iüdicacion 
que li.; podido hallar, acerca do los juglares en tspaiía, 
i.e encuentra en la crónica g-n<*ral, en donde hablaiiiio.^o 
del casamiento do lai» hijas del Cid co.i los coades de Car- 
rion ^que dibio ser acia el año do iÜUÜ;, so reliere (pie 
los juglari's intervinieron eu las liestas ceK brada» en Va- 
lencia con aquel motivo. 

Lo mismo so veriricó después cuando el Cid casó otra 
\e¿ a sus hijas coa don lUniiio, infante de >a\arra, y don 
Sancho, infante de Aragón , según reliere también la ci- 
tada Clónica. 

Ln u.i piivilegio dado en Uurgos por Alfonso Vil, en 1 1 
año de* lir.íi, lirma entre otros un juglar con estas pa 
labras : I'alU'ujuyiur coufirmat. 

tln los s:},1os pOí.t.-noies so hace frecuento mencio:i de 
ios juglares, > a esto Un pueden verso las Leyes de Par- 
tida, la.^ Obras de Berceo y Juan Lureaza , el manuscrilu 
de cuenlns de Suuchj i\\ la Utsíonu de los reyes de .1/ ./- 
gou por Monlan;.*r, ÍJ cunde Litcanur, las (Juras del .l/\ i ■ 
preste dr Hila , la Ilistuna del m:iiia.\terh de S.iliaya.i^ el 
Ceremonial del rey don ¡*edro de Arayuif y Ijs i.ol.ci.i.> 
que el I*. Liciniano Sacz suco del aiih.'vo íL' Co.ilo.^ de 
Savarra. 

La cita mas reciente (¡ue ha llegado á mi noticia rela- 
tiva a jugl.ues, es la que cop.o ilon Tomas Sancho/. de| 
Laai ionern de iSaena , en donde s' ii.cluye una cantiga 
del poeta Villasandino, h^•cha «por aiaba.jZa e loores d:- 
. la T^ dundaute ciuJad de ^>e^illa, v pr.iscnloia on cai);I(io 
.0 ñzüla cantar con juglares delante délos oUciales , c 
^ ellos mandáronlo dar e.i aguinaldo eient dobla.? de uio 
• por e>la cintiga.- lieíiere.-íO esto a los p.iucipios del - i - 
gio XV, dnra.ile el cual , aua«iu • la> h.ib iiiia.le.-. de los Ju- 
g.aies permanecieroa, la denominaeioa se fue olvidainlo, 
_, Le^o a fallar eiitera:n .'nto on el uso co.nun del idioma 
dopues de iLib^r durado ea el por e«*p.iCio de mas de 
cnaUo siglos. 

ii- K>U fjiiilj liiiiiij «•■■¡irrliJ iJil juior ü-I'iuierr iiiui l.-u iiiu^ ;:rj]j« 
di |iriiii.ibl:iij \. <i ft lui • tj im JflJ Un.r (i.i.. n.a.cj ». ^¿.k-¿\i wl'J lu..>- 
lui;ioitJiiii!, rvlJlKj •*\ aMliitu U'-l iib.'u ii>-l 'hi,-i--t r-dui i'lu al liulUi'u 

Op lac-i-ilr.i ti ifil. Súii-Ij ■ • lu l.niij .li- iii,;rMri!:iiit- ) a:<ii.iriiiaj »i.n- 

ki' |fr4iijr>i ■■II «•! Iii .ii;i-i i-i iii !r ¡ui« üe Viüriig. >y ri iciiho^jIiIi; «i'ie 
i m j jiivi ui :¡¿:it,3 iii ili-^ j|. j.| o iijk^j uliui J, l.i! ir¿ i-j,irii-iii.> n y riii 
ki,iuiii>a. iuii , 'i<i>* «.111 tiiiiTiiuijilu* luit Iji* i-.iaiii.ibs I a>i-'ilj!ia», .lui- 
• •e»e dnrturic luu iui ireJuIo*. cmiiiu cri>riii('S 'i'-i- «r jirjpvit ) f n tM 
■ -iru del '>o;.iiiiltllt«i, crui i cü:>i i toiirm K :• 'i « i>! ■ 



UN (U. LLANDRO). 

(5) No pertenecen ai género úramátic 

Na)»arrü dijo en el prólogo 6 las c 
% antes: «Los árabes y moros fueron e 
9 clones con hechos , gestos y palabras 
>. ayudados del genio poi'tico y eleganl 
«nación, como se hará ver cuando se 
vliquias de su literatura, que porfelíci 
«hallado |>Oi'0 ha en la famosa liliren; 
«aun sin ellas se puede probar cou ni 
Lo cierto es (fue en nuestras histoiias 
autorice tal opinión. En el Escorial no e\ 
posición de teatro escrita por los árabe 
blicü la Biblioteca arábiga escuríalease, 
adquirió si(iuiera la oolicia de que eulre I 
vase este género de poesía. Jam vero ar 
more nec tragasdiag nec comcedias aguM 
rint, altum apud scriptores süentium. E 
Antonio Conde, á quien merecí la mas 
conlianza, me aseguró rep::tidas veces 
chos manuscritos que habia U ido y estra 
macion de su Historia de ios árabes en 
encontrado el nnfíior indicio de que ei 
hubiese conocido nunca la poesía leat 

(0) IJegó (i ser común, etc. 

No es dudable que la iioesia italian 
de la provenzal ó íemosina. En cuanto 
demos asegurar que tuvo el mismo pi 
abandonó la imitación latina. Do esta o^ 
qués dfi Santillana , el cual dijo : « EkU 
• de aquellas tierras y comarcas de los I 
•) tes á los gallicos, é á esta |K)striniera < 
víjue es la nuestra España, donde as: 
vuiosamentc se han usado... Los catal 
vy aun algunos del reino de Aragón fui 
» oticiales de esta arte. . . 0^ o entre tilos < 
»bres, asi en las invenciones como eu 

Don Luis Velaz(|ue7. dijo : •< Los poet: 
«España de que tenemos noticia suben h 
V él vivia don Pedro I de Aragón, si ai asi 
■Pedro 11, á (luien deben atribuirse le 
"/.ahrs de quti habla Cuillermo Castel. 
»lii/o don Alfonso I de Aragón;* y coi 
algunos célebres poetas catalanes y vale 
varón la poesía en lenguaje lemo>iiio I 
.V estas noticias d>.'ben añadirse las qu 
más Sanche/, relativas al mi>mo propo 

Los trovadores de Castilla esciibie roí 
gua imitando á los |>ro\enzales y adop 
colocación de sii< versos. Los araguní 
aUo en lemo^ino , y la ina\or parte e 
era su idioma natural. Los portugueses 
ion también la misma escuela, es decif 
versilicacion y el 1 ngiiaje pro\euzalfu 
Cataluña y en Valencia; p<To lo» aragc 
ses y caslellauos culli\aron ebelusi\aui 
troduciendo en ella las formas poética 
los t>rovenzules. 

(7) hWrun célebres por el estudio de 

DesJe el siglo \ii empe/.aro:i á llort 
ineriilMifial de Francia nmcbos trovado; 
po^'^ia que se llamó proven/.al. Du.-ñosl 
celtí.ia lie grandes estado* a la otra parle 
t.ieilnií'ijle pasó á Cataluña el guslod.' 
lina ii;ÍMna la lengua vulgar en U'ia \ i 
m lo sucisixo seesteudió a Valencia ci 
rey do:i Jaime I. 

En el libio que < scríbió el m'irqués de ^ 

siiencia, liablamlo do ius progresos i\iw 

de Aiag.»n,dice : ^ El rey dou Juan de Ai 

este noinlire, fijodi»! rey ditii l*e«lio U. 

•'hajj'ia A rey de Francia p¡d:éiMlu!e ni 



ORIGKNBS DEL TEATRO ESPAl^OL. 



IC7 



«s que viniese á plantar en su reino el estu- 
ifa scieucia, é obtóvolo, é fui üuron estudio 
cibdad de Barcelona dos manlonedores que 
Tolosu pjn esto, ordenándolo destainuneni : 
t»ii el estudio 6 consislnrio de ebla srii'nria 
ni euairo nruitnirdores : el uno o:d)ullero, el 
n» de leiilOi;i:i, rl olro de h»yí»s , el olro lion- 
d.nio; é cuando alguno deslos t'idleriese, 
Je su cniídiciun eirgido por el coiei;io de los 
é continuado por el lev. 
)o del rey don Marlin su hermano fueron mas 
lis é acresciMitadas las reñías del consistorio 
speiisas f jcederas , asi en la reparación de los 
lite é vei-gas de plata de los vei güeros ((ue van 
los nidiiteuedores ó sellos del consistorio, 
s joras (|u«' se dan cada mes é para celebrar 
^m^rales, é liciénmse en este lieuipo muy se- 
i*as, que fueron dignas de corona. 
. de muerto el rey don Martin por los debates 
«n el reino de Aragón subn* la sucesión, ovie- 
Lir'ttiguiios de lns mantem-doivs é los iirinci- 
'oiisisloiio para Tolosa, y ceso lo del colegio 
oa. 

t^ias (|ue se próponian en Üarccdona estando 
ríque ^habta de si mismo), algunas veces loo- 
t:iMjn.i,olius de amores e de buenas costnm- 
gadü el ilia prtdigido C()ngre¿;abanse los man- 
e inivadot-es en el palacio donde yo estaba, y 
tumos ordenadamente cmi los vei-gmnos de- 
is libros del arlu (¡ue I raían y el registro ante 
ledorfs; c llegados al diclio capilul,(|Ue yaes- 
fjado é emparamentado di; paños de pared al 
; ffclK) nn asiento de nenie con gradas in ilon- 
dOD Eniii|ue enincdio, c los manlriiedoies de 
', e a nuestros pies los escril)an(»s del cl•li^^is- 

• ^ergueiits mas abajo, é el sucio cubicilo de 
! fecbús dos ciicuilos de asii-nlos donde esla- 
iTiMibtes , é en medio un bastinuMito cuadiado 
iHiuun altar cubierto de t>aruii>deoi-o,éeiicÍMia 
« libros del ui te é la joya , e a la man derecha 
Mlla alta para el rey , que las mas veces era 
, éutra mutba gi-nle que se ende allegaba : é 
ncio Itfvaiiiababc el maestro en teología, que 
elisoianliriiedores, e lacia una presuposición 
Da y sui alegaciones y loores de la g.iva scíeii- 

a'iaHta materia de (|Uü se había de tratar en 
Buslurío, é tornábase a sentar. E luego uno de 
CTOs üecia que los trovadores ahí congregados 
IWT |Hibltcasen las <»bras que tciiian beehasde 
I a dios asmada ; é lufgo levantábase cada uno 
^4 que tenía fecha, en vox inteligible, e traían- 
41(11 pjpt les damasquinos du divei>as colores 
idvuro e de plata, e iluininaduras lermosas lo 
lecüüa uno podía ; é descjue todas eran publica- 
iVuu \m presentaba al escribano del consistorio, 
ise después «los consistorios , uno secreto y otro 
tu el M'crelo facian lodos juramento de ju/gar 
urute sin parcialidad alguna, según las regias del 
'l(n uiejor de las obras allí esamiiiadasé leidas 
'lut^le por el esciibano. Cada uno de ellos apun- 
'iiios rn ella cometidos, é señalábanse en las 

* ite fuera. L todas asi requeridas , a la que era 
>u vicio, o a la que tenia menos , era juzgada la 
ws toi'js del consistorio. 

l^licoi:ou¿reg.d»anse los mantenedores é tro- 
jel lulacio, é don Eiiri(iue partia dende con ellos 
l*<hchupai'a el capitulo de los frailes prcdica- 
^ííílücaii.js é fei:lM»sileui¡o, yo les fa» i.i una in'e- 
«Iwiüüü la» obras que ellos habían leí lio, ó de- 
»«! esiKíciil cuál de ellas iner-;iia la joya, e 
íirjía Vil fi esctH).tn'i del consistorio en perga- 



Ntnino bien iluminada é eocima puesta la corona de oro, y 
»iir nábaludonEnri(fue al pié, é luego los mantenedores, e 
vsel.^bala el escribano con el sello pendiente del consis- 
M torio, é traia la joya ante don Enri<iue, é llamado el que 
«)li/.o aciuella obra, entregábale la joya é la obra coronada 
»\íor ineinoría, la cual era asentada en el registro del con- 
«sístorío, dand» autoridad é licencia para que se pudiera 
(Cantar é en público deeir. 

)»E acabado esto tornábamos de allí á ftalacio en orde- 
)• lianza, é iba entre dos mantenedores el (|ue ganó la joya, 
■<*é lle\ábale un mo/.o delante la joya con ministriles y 
vtrompeUis, é llegados a palacio hacíales dar coniites y vi- 
»iio ; é luego partían dende los mantenedores e trovadores 
»con los niin.striles e joya acompañando al (|ue la ganó 
i» fasta su posada, é mostrábase a(|uel aventaje que Dios y 
u natura licieron entre los claros ingenios é los obscmt>s.t 
(Orígenes de la ietgua española, por Mayans.) 

{H) Los deposorios de sus priiuipes. 

El docto Muratori en sus disertaciones sobre las an- 
tigúeda^ies de Italia nos da una idea de la pompa esplen- 
dida de tales tiestas. En cuauto á los cspectacuk» teatra- 
les que empezaron a usai-se en aquella nación, mereceu 
consultarse, entre muchas olu'as que tratan de e>ti>, la 
H.storia literaria de Italia de liraboscbi y la de los teatros 
deSigiioreili. 

(Uj Si del todo se habían perdido. 

A las coiiieliias y tragedias griegas 6 latinas , que se 
represenlabíin |)or toda la esleusion del imperio romano, 
sucedieron los mimos y paiitomimoN, que durante los ul- 
linios emperadores gentiles llegaron a ocupar casi esclu- 
sivaineiiic los teatros de Uonia y de las provmcias siiyctas 
a su dmiiinaeion. 

La paz dada a la Iglesia por Constantino en el siglo tv no 
Í1Í/.0 cesar los aco!»tuinbradüS espectáculos ; apenas pudo 
contener la sangrienta lerocidad del antiteatro y reprimir 
en la escena la torpe diboluciou de sus mimos y acciones 
mudas. Constantino prohibió los gladiadores, obedeeién- 
dose tan mal su decreto que ai cabo de nmcuos am>s Af- 
eadlo y Honorio volvieron de nuevo a prohibirlos. El papa 
(ielasio i se lamentaba a üiies del v siglo de la celebración 
de las tiestas lupercales, que su celo y su autoridad no i>0- 
(lian estinguir. l'anto tardan las naciones co ubaudonar 
sus costumbres y olvidar lo que las deleita. 

Duraiim pues los teatros con mas ó menos esplendor no 
solo en el Oriente (hasta que en el siglo xv acabó aquel 
imperio) sino también entre kis demás naciones de Euro 
pa. En España, como ya se ha dtcho, cesaron con la ir- 
rupción de los moros en el siglo vin. Véanse algunas prue- 
bas de hi conünuacioD de las tiestas teatrales, supuesta 
siú'inpre la diferente forma que debieron iradquirieuüocui} 
el trascurso de los años y ki mudanza de las costumbres. 

— Silgo IV, concilio cartaginense 5, año de 31)7 : Ltsceui- 
cis utque histroniouf casterisquc hujusmodi persouis vel 
apostaticis conuersis vel reversis ad UomiHum grutia vel 
reconciliatio non negetitr. 

El poeta Ausonio, que murió a Anes del mismo siglo, 
escribiendo a su amigo Auiio Paulo, le dice en su epís- 
tola 10 : 

Ojctytlcoi elegoi choriambum carmen eiHKtot 
Succi el uoUiuiDi niuiiciun 
CarpfnUf imiioii* luii : nam tota inpallax 
Vauím jiioruiQ cburtea eii. 

Y en la epístola U : 

Atuiiicii u( ciüus Tcniai Irriüiiuc rcbarc, 
Uitiuriau, uioios, i-ii-muia liuqu* üomi. 

— Siglo V, concilio arricano, año de 417 : Petendam ab im- 
per atore tit prohibeat spectuenla theatrorum tn diebus do- 
miiiicis et aliis sanctorttm festis. 

— íbiglo VI. Teodorico inamtó hacer en el teatro de Pom- 
peyo en Koma las rep:ira<'í'nos que fueran itecesarias, 
como se lee en la epístola ol de Casiodoro, lib. 4, en que 
escribiendo a Si¡iii<-.o le di«e el rey : Etideo Iheatri fabri- 



IOS 



OÜRAS DE MORATIN (d. Leandro). 



cam fhagna te moie tolventem^ comUío vesiro credimu» 
esxe rifborandaifí . Eii <*1 iiiisnio lugar hace mención de la 
(*xist«'ii(-l;i (Ir liis mimos y |)untomim(i.«, y de la iierfeccion 
a fiu.í liahiin ll(*(;a(lo en sus di:is aquellas artes. 

ALilarico. su iiiiiicdiiiln <uci?s->r, (ísoribicndo al senado 
romano, dii-c (lib. í), rpislola il de la cnlocciou deCusio- 
4Íoi-o) : \am si upe» nostras sccnivis pro populi oblectatio- 
ne ¡argimur, et ea stndiosiisiiné coiuequuntur^ qui adeo 
necesunrii non hubentur, quanto magis Uiis sine dilatione 
prebendas siint, per quon et honesti mores proveniunl, el 
paiiitto Hüitro facunda nutriuntur ingenia T 

Lu el cijiicilio ci»iisUintiiiüpolilauu, auo de S36, contra 
los hiTcjes auéfjlus, so dice hubiaudo de Pedn), uno de 
rlloss : Quantam servavit voluptuouiuimam affectimem 
circa Slephanam scenicaot, quam adducendo pertuasione 
et blandiliit monasterio iniqué immittit el omni tempore 
privalim et continuó ipsi assidel. 

Las aiit'cdota» de la misma Teodora, elevada por Justi- 
niano al Ulanu) y solio im[>erial, son tan conocidas en la 
liisliiria i|ue s^Tia ocioso repetirlas (5). 
— SíhIii \ii, C(»nciliu rumano, aiio de tíSOiStaluimut etiam 
alque decernimns ut episcopio vel quicumque ecctecias- 
tici reliífiosam viíam professi sunt, armis non ulanlur, nec 
cithartr.dos habeant^ vel quacumque symphonia^ nec quos- 
cumque jocos vel Ittdos ante se permiitant. 

Cuurilio cofisiaiiliuupulitanu 5, uño de 680: Omninó 
pruhibet hac sancta et univrrsatis synoduseos^qui dicun- 
tur fuiíni, et eorum spec tácala, deinde venationum quoque 

spcctationes atque ia scena sailationes fieri Xec quid 

liceat evrum qui in sacerdutali ordine enumerantur vel 

monai hvruin tu equorum curriculis subsislere, vel sceni- 

cos lados sustincrc. 

—Siglo vui, eu los capitulares de Carlomagno ( por lus 

aíios de 7'JU> : 17 episcupi et abbates el abbatissa; capias 

canum non habeanl, nec /'aleones, nec accipilres, necjo- 

culatores. 

Por el mismo tiempo el monje Alcuino exhortaba en 
uia de sus curtas a Aitgilberto, yerno de Oailomu^no^ a 
que se ab>tuviese de asistir a los espectáculos del teatro. 
^Mabillon, Anales benedictinos, lib. ¿6. num. 15.) 
— Siglo IX, concillo turoniMise, aíui de 813 : Uistrionum 
quoque el abscenurum insoUntias jocvrum el ijtsi animo 
cceterisque sacerdotibus effugicnda prasdicare debcnt. 

Concilio aquisi(r.inciise, año de 8lü : Quod non oporteat 
sacerdotes aul cítricos quibuscumquc spectaculis in ste- 
HÍs aul in uupltis interesse. 

Concilio parisiense, uño de 8¿0 : Hac quippe á sane lis 
viris penitus sunt prope tienda , quibus mayis convenit lu- 
gere , qaiim ad se lar Hita tes et stuililoquia et histrionum 
obscenas jocationvs el ca'teras vanitaUs, qua: animum 
ihrtslianum ii riyore suoe rectitudinis emoUire solent^ in 
cacHiwtos ora dissoU-ere. 

—Siglo X. bu la oración del rey Edgar de Inglaterra , año 
de Ut>7 , se dice hablando de los \ii lus del clero : Üicam 
quod boni iugent , maii riJent , dwum dolens, et *i turnen 
úici potest quomodo dtf/iuant in comessationibus, in ebric- 
iattbus, in cuOilibus el impudiciHis, ut jam domas cleri- 
corum patentar prvstibula meretricam, conciliabalam hi- 
strionum. 

En este siglo Roswita , religiosa benedictina de Cran- 
desheim , compuso en lalin bárbaro scis di aiiias iutiluia- 
dos : Gallicanus, ÜukttiuSy Caliimachas , Abrahamus he- 
remita^ Vaphnutias , \ Ftdes , spes et charitas. L(.s argu- 
mentos de tales piezas y la calidad de la autora hacen ciecr 
que las compuso para representarse en el templo, según 
costuuibre de aquella edad , y a vi»ta de un escogido au- 
ditorio. 



(S (•lYforlo dt Tuun (Ite Clona coffeaioriim. r O < doi r^fint qiic 
tu la» rirquiM <i« S^iiu Kii(lc||ituUa . ii-l"brrfilri» tn L*', irrtu ilr di-t- 
r i'n U* rt I i|loiaa t-nnlarwn uua etirna fuu>-bri' -1 aiüi^ddrf »\ itil«i|uC Jvl 
léirfro, racrna Uc qii^ f'i* tflic". ú laJ «n uno ir l'it aciurc*. 



—Siglo XII. Un monje de Caitterbiirj , 
Stephanides ó Filz Stepben , que escrili 
nado de Enrique II una obra iolitnhida 
iissimo! civitatis i^ndonias , dice en e 
a vez de las Tanas ordinarias propias del 
amas de un asunto mas santo, reprcseoí 
alagros que lus santos conresores obrar 
ymientos en que la gloriosa constancia 
amaniílesta.a {Biografía dramática. — I 

A este siglo se retiere, en b opioton d 
un drama latino escrito en Alemania inli 
schalis de advenía et interitu Aniiehris 
res el papa, el emperador, lus soberano 
Grecia y de Babilonia , el Anticríslo , U 
cresia, la Sinagoga y el Gentilismo. 
— Siglo xiii. Concilio lateranense, año 
mimis , foculahribus et histrionWus noi 

Concilio ravenateuse, año de 1280 : 
lores vel histriones á laicis transmiuoi 

Pertenecen á este siglo las primeras n 
servan de la existencia de piezas drao 
orígenes de nuestro moderno teatro. 1 
esta época en adelante continuaron est 
todas las naciones de Europa , y solo G 
derlos ¿ fines del siglo xv, como ya se I 

(10) Los eclesiásticos t etc. 
Sigiiorelli , en su Historia de ¡os iet 

11 clero cui importava che i popoli noa 
dalla divozione, alia prima proscrisse 
indi cangiando condolía e seguendo lo 
denti etá (quando ad onta di úivicU i 
nelle chiese) ne ripiglio egli stesso t'u, 
I' arte istrionicoy e mascherandosi, e ca 
fane nel santuario. 

(11) Eu las demás naciones. 

Para comprobar esta aserción bastar 
indicaciones. El que aspire k mayor no 
en las muchas obras estrai^eras bistónc 
tan de esto (4). 

En 1¿¿3, dia de Pascua de Re.surrecc 
presentación cnPadua,cnla grau plaza 
dcUa Valle. 

En 1¿Ü4 se estableció en Roma la coi 
Gonfalonej con el objeto principal de n 
leríos de b iinsion de Jesucristo, como 
tó t>or espacio de muclios años. En el • 
taba en el coliseo. En el de 1584 se iui 
deiianzns en Homa. 

En 1¿01 se estableció b compañb i 
viso, y uno de sus regbmeiitos dice qu* 
aquella iglesia debian dar in anno quo 
dúos clericos sufficientes pro iiaria et . 
structos ad canendum in festo fiendo 
Annunciationis,.. Cantores habeantsoidi 
in die .innuHciationis tí. M. V. cum fiel 

En 1¿U8 el clero de Friuli dio una i-e 
pasión de Jesucristo en el db de Pentec 

(i'i Lo« francrtfs hao htshú lobrc rtta parte d 
linifuiiila» é iRi|iurtanlri latrilt^acioRri , que hi 
luK en ella nau-na. Lilarrinu* alifiuiua «ulorea. 
tuliarlu* lu» i-uiiuiua : /rwusa/d, fcktUtm, Saur» 
ro^nnt Par.att , ru cu Iliituna del Irairu franir* 
Bibllulna dr loi lealrui, BraMChamp , rn au« ii 
tealio, la lliklviia ucueral de lúa lealrua, t. ii, el Di 
)u de W1» y jiiuiu de IM6. el Uiinu iii de la Uulor 
VilUmaiH, ea ku Cuadro de la literatura de la edi 
re, en lu Lnsaro sobre el aparato cti-éako drtdt 
traf edia del Cid, Lartoi Mugmm , vú lua OflgrBci 
tubre t>du p»r la especialidad dei atuutv Omuumo 
•ubre Ivi niisiirniit. M en tuda lii»iuria literaria par 
luí puntos Jr • untarlo t oo li historia ^nrral cou 
alyu á tundo Us primeras tentativas draattliras ei 
pri*4cioilir df riaiuiDar Li* vii'iMiudet que luio ' 
«.iones I un la» rujies lia esiklido >lem|ire ud lomei 
d» lenf i'ajf ) •!«■ ro?iuinbrea. 



OUIGENES DEL lE. 
hicioroD represeiiUciuiies üe esle género, 
i tiempo iDmemoríal se hacia en Lauciaiiu 
Abruzo) ea la noche del viernes santo , que 
una devota procesión , duró hasta el año 
ue rué prohibida por el gubíenio. 
hacia en Toscana una íiesta teatral en que 
ifierno con los diablos y lus cundcnados, que 
>s espantosos, 
lañu el cabildo y clero de Friuli representó 

Adán y Eva , la Anunciación y el parlo de 
a. 

if'l siglo se representaron por toda Italia la 
la Magdalena y la de s:tn Pablo, 
pute se representó en liorna el drama sa- 
Lor4'n7.o y Paulo, y en la semana sania del 
t represtMitaron los misterios de la pasión 
i Santa dará de Nápolcs, con magniiicas dc- 
I pn>stMieia de Alfonso i. 
y Ah'm:»nia se usaron igualnn'nle estas fies- 
Federico, landgrave de Tmiíigia , asistió en 
•jsenacli en el año de ió'l'l a una represen- 
irguntento era las vírgenes del Evangrlio. 
afta dramática, citada ya, se dic<* hablando 
;lés : " Kl año de 1378 los estudiantes de la 
M Pablo prestaitaron una petición a Uicar- 
iidoleque pr'diibiese al pueblo ignorante re- 
aisioria del antiguo Testamento con gran |)er- 

ritada cbírecia , que tenia hechos grandes 
^presentarla en la pascua de .Navidad, 
doce años después , esto es , en <'l de 1300, 
las parroquias de Lóndn^s se dice haber re- 
arsas ♦n Skimn-rs-NVell el 18, \\) y áO de ju- 
le Í40U, el décimo aí.ode Enrique IV, reprc- 
Clerkenwell (pozo de los clérigos), que to- 
»re de la costumbre de representar farsas allí 
» las parroquias , una farsa que se repitió por 
uisecutivos, en la cual se trataba de la crca- 
ido, y acudió a verla la mayor parte de ha no- 
illeros del reino. 

le en 1378 representaron los coristas de San 
i dramáticas, y cerca de doce años después de 
) haber representado misterios los curas de 
m de Lón4tres en Skinners-^Vell. » 
M de i380 se hacian ya en Fi-ancia represen- 
moralidades y misterios. 
mUermoaos de la Panion , obtenida líceucia 
I, establecieron su teatro en Paris , y ropre- 
raDÍb aquel siglo farsas de la pasión y miste- 
iguo Testamento. En la que se atribuye al 
bgm üilervenian el Padre Eterno, Jesucristo, 
MUS, la JlagiJalena y algunos de sus amantes, 
luaa paliza a Satanás por no babcr sabido ten- 
coQio era menester. La hija de la C.nnanea con 
w el cuerpo» sif desahogaba diciendo mil tor- 
itioüs. El alma de Judas, no pudiendo salir 
qoe babia liesado al d;\iao Maestro, se esca- 
ra parte, Ib'váiidose de camino las entrañas del 
I- batanas volalta al pináculo con Jesucrist» 
ito se repres>entaba en b capital de Francia á 
d siglo \\ • y esto duró hasta pasado el wi. 
ei á esta última é|»oca , ademas de las vidas y 
'los saulos reducidas á accicm dramática , las 
^juibleríos intitulados : Encarnación y Naci- 
*«írfi Señor Je»ucriito, Misterio de la Padon. 
Uinúe Critto. Misterio del culallero que dio 
^tfioMp. Iju Acta-i de tos Ajjóstolet. La Ásun- 
'flf Señora. ComOale de la carne y del espi- 
'ú ie ¡a Encarnación de nuestra Señora. El 
fffui .Moralidad del llijo de perdición que 
» P^rr. Tragedia del naci'uiento y creación 
.te. etc. 



\TUü ESPAÑOL. lü» 

(lá) Indicó á los eclesiásticos. 

«Los clérigos... non deben jugar «fados uín euvol- 
» verse con tafures, i*in atenerse con ellos , niu deben cn- 

• traren tabernas a beber, fueras ende sí lo ficieren por 

• premia andando camino, niii deben ser facedores de juc- 
»gos de escarnios porque los vengan a ver gentes cómo se 
«facen. E si otros ornes los ücieren , non deben los cién- 
agos hí venir, por(|ue facen hi muchas villanías édesapos- 
» turas. Nin deben otrosí estas cosas facer en kis eglesias : 
«antes decimos que los deben echar de elhis dcsonrada- 
» mente á los que lo liciereu : cada eglesia de Dios es fe- 
»cha para orar é non para facer escarnios en ella , ca asi 

• lo dijo imestro señor Jesucristo en el Evangelio : que b 
»su casa era llamada casa de oraeíon , é non debe ser fe- 
»cha cueva de ladrones. Pero representación hay que pue- 
vden los clérigos facer, asi como de la nacencia de nueir- 
»tro señor Jesucristo en que muestra cómo el ángel vino 
vá los pastores, é cómo les dijo cómo era Jesucristo na- 
»cido. E otrosí de su aparición cómo los tres reyes magos 
»le vinieron á adorar. E de su resurrección, que muesti;* 
»que fué cruciücado é resuritó al tercero día : tales cosas 
»como estas que mueven al ume a facer bien é á haber 
«devoción en la fe, {Hiédenlas facer , é demás, porque los 
«ornes hayan remend>ranza que seguu aquellas fueron bis 
«otras fechas de verdad. Mas esto deben facer apuesla- 
» mente é con muy grand devoción é en his cilMiades grau- 
«des donde oviere arzobispos ó obispos, é con su manda- 
»do de ellos ó de los otros que to vieren sus veces , é non 
«lo deben facer en Lis aldeas.* (i.* Partida, UL vi, leyZÁ,) 

(13) El mismo Alfonso A\ etc. 
«Otrosí los que son juglares é los remedadores é 

«los facedores de los zaharrones que públicamente andau 
«por el pueblo ó cantan ó facen juegos |>or precio, estoe» 
«porque se envilecen ante otros por aquel precio que les 
«dan. Mas los que tañeren estrumentos ó cantasen por fa- 
«cer solaz á si mesnios, ó por facer placer á sus amigos ó 
«dar solaz a los reyes ó a los otros señores , non seríai» 
«por ende enfamados. > (7.« Partida^ tít. vi, ley 4.) 

«Ilustres personas son llamadas en latín las personas 
«honradas é de gran guisa é que son puestos en dígnida* 
«des, así como los reyes é los que descienden dellos, é 
«los condes, é otrosí los que descienden dellos, é los otros 
«ornes honrados semejantes destos. E estos aules, como 
«quier que según kis leyes iKicdeii recebir las barraganas, 
«tales mujeres ya que non deben recebir asi como la sierva 
«^ lija de la sierva. Mn otrosí, la que fbese aforrada nin su 
«fija , nin juglaresa nin sus fljas , nio tabernera, nin rega- 
«tera, nin alcahueta nin sus tijas, nin otra persona de aque- 
«llas que son llamadas viles por raion de si mismas, ó por 
«nUzon de aquellos do descendieren; ca non sería guisada 
«cosa que la sangre de los nobles fuese embargada nin 
«ayuntada á tan viles mujeres. E si alguno de los sobre- 
> dichos Heiere contra esto, sí o viese de tal mujer fijo se- 
«gun las leyes, non síTia llamado fijo natural, ante seria 
«Ibmado spurío, qu'' quier tanto decir como fornecino. E 
«demás tal fijo como este non debe partir en los bienes 
«del padre , nin es el padre tenudo de criarle si noo qoi- 
» sitare. » (4.« Partida, til. xiv, ley 3.) 

(14) Tenia á su servicio» etc. 

En los libros de cuentas de este rey pertenecien- 
tes al año de 1303 se hace mención de los Testidos j ra- 
ciones que se daban en palacio á quince tamboreros ú 
ornes de los atamborfs , á cuatro tromperos , á dos salla- 
dores y á los joglares 6 músicos del tamboret, del ayabeba, 
del añafil, de la rota, j al maestro de los órganos. Dábase 
ración a uno (|ue tocaba el tamboril , Ibmado Jnanot. Los 
saltadores parece que eran moros ; mío deellosselbmaba 
Fate. Había mujeres músicas de voz y de instrumentos , ^ 
en una de las partidas se apunta h) que costó un asno para 
las juglaresas. Existe esle curioso manuscrito en la real 
biblioiiTa üc Madrid. 



1 70 



OÜHAS ÜK MORATIN (». LEANfiBo). 



f 15; Ll ilustre dun Juan Manuel , etc. 

Floteció 011 los n'iiiudos de Suoclio IV , Fernando IV 
y Alfonso XI. La historia reüere sus acciones militares 
ypuliliciis; la lileraluru conserva noticias de lus doctas 
ubras (|uo compuso , si bien hasta ahora solo se ha publi- 
cado por medio do la prifusa la del Conde Lucanor, Escri> 
bíó ademas la Crónica de España , el Libro de ios Sabios , 
Libro del Caballero y del Escudero , Libro del Infante , 
Ubro de Caballero f. Libro de la Caza , Libro de los En- 
genos , Libro de los Cantares , Libro de los Ejemplos , Li- 
bro de los' Consejos. Esl:is obras existieron en el monas- 
terio de Pl*. dominicos de Sao P;iblo de la villa de Peña- 
licl : alli estaban hace dos siglos y medio. ¿Quién sabe en 
dónde panrán ahora , ó si habrán perecido como otras 
muchas que la ignorancia y el total abandono de los bue- 
nos estudios ha dejado |>erecer? 

El docto alemán Bouterwek se inclinó á creer que cier- 
tos versos que se hallan en el Cancionero general Tuesiui 
compuestos por el que escribió el Conde Lucanor; imto 
no son de él , sino de alguno de sus descendientes, que 
según la cullum del lenguaje y la corrección de los versos , 
debió florecer muy |>oco antes de la publicación del Can- 
cionero. Una sola reflexión bastará para comprobarlo. En 
el romance que cita bouterwek se hace mención de los 
frailes del Paular. El infante don Juan JAanuel murió en el 
año 1347, y el convento del Paular se fundó en el de 1440. 

(10) Juan RuiSj arcipreste de Hita. 

Son muy escasas las noticias que dos han cpiedndo 
de este autor. Se cree que fué natural de Alcalá de Hena- 
res, y (pin murió de edad avanzada artes del año de 1351. 

«De los poemas misceláneos (dijo don Juan Antonio Pe- 
» Uicer ) de que se compone este códice del Arcipreste de 
» Hita, el mas principal es la fábula en que se liiige que 
» por consejo de la diosa Venus, y con la tercena de la 
» vieja Trota-conveittos, consigue don Melón de la Huerta 
9 casarse con una viuda llamada doña Endrina. Pero este 
» poema no es parto original del Arcipreste, sin embai-go 
» de su fecundo ingenio. Hallóle inventado por un poeta 
» de la baja latinidad, y de él le ado| tó. Hay en efecto un 
«poema jocoso atribuido á Ovidio, intitulado De Veíala. 
N Habla de él Fabrício (UibL latina, tomo i^pdg. ¿77), y 
« dice que se atribuye a Ovidio sin niiigmi fundamentu, y 
» que acaso es obra de Púnülo .Mauñliano, monje que Ilo- 
» recio en la media edad. Hace mención de dos ediciones 
9 que se hicieron de él, una en el año de 1470 y otra en el 

• de 1471» (no conoció otra de 131 1 (¡ue he visto eu la curiu- 
(ia librera de mi amigo don Manuel Silvela) ; «perooniite 
« la única que se ha tenido presente para esta adverten- 
9 cia, publica<la en París, año de 1530, con este titulo : 
> Pamphilus de Amore cum commento f'amiliari, en culir- 
» to. consta de treinta y cuatro ht^jas con testo y comen- 
fe tario. El autor de Oi'te es Antonio Proto, que antes que 
h Fabricio y otros conoció (¡ue no era obra de Ovidio, pur- 

• (|ue es fácil de conocer, pues solo es semejante a las de 
» aquel poeta en la materia amatoria de que trata ; ó por 
» mejor decir, antes que tudos lo descubrió nuestro Arci- 
« preste, que habló de Ovidio y PaiiUlo como dos [nietas 
» distintos, si \a no es que entonces no se hubii*seu ami 

• contundido. KsUi escrito en liexameti-os y pentámetros, 
t> es dramático : iiiti-otiüceuse en él cuatro |KTSonas que 
^ mu : Venus, Panlilo, una vieja y una doncella llamada 
p <ialat('a ; dividese en cinco actOb De este breve es- 
to tracto resulta que bobre esta tela tejió el Arcipreste de 
j Hita MI p4H*uu exótico de las bodas de don Melón de la 

• llwrta con la hija de don Endrino y duna Kaiía. En él se 
j i>hserv.in trasladados \us pe n:»am lentos y comparaciones 
n del poiruia latino. Pero esta traducción es tan libre y pu- 

• rafru>4¡i'a, y el intérprete supo con la agude7u) de .•^u in- 
é grnio \ amenidad de su imaginación añadir binius cosas 
u \ik de suvo, ya tomadas de Ovidio, que hizo una como 

• Jhru iiU'.'xa, pero en quien siempre se trasluce la trama 



» ajena etc. i (Véate la colección de poeiias 
anteriores al siglo xy, por don Tomis Sencbe 
(17) Composiciones g medidas de vereos^ efe 
Prescindiendo de hi irregular venüficacio 
ma del Cid, en que ae bailan versoí de do( 
quince, diez y seis y diez y ocbo silabas, y ci 
las composiciones posierlores eschlaa ya con 
tura y exactitud |)or los trovadores del xiii y xi 
mos en ellas diferentes medidas de versos ccl 
mayor artiücio. 

De cuatro silabas, 

Madrt tl« Diot glorio», 
▼irg'Q lanu María, 
lij* * lr*l «ipoia 
UelUiflJonwlAi 
Td, Svftora, 
Dame agora 
La la gracia (oda hora 
Qiw te tinra todavía. 

De seis silabas. 

Eadnia d 
Cuidé »tt muerto 
n« nieve 4 de Mo. 
E deie rotio, 
E de graad elada. 

£ i la decida 
ni una corrida : 
Palié una Mtrano 
VernwM. ioiaaa, 
£ bieu culurada. 

Dije yo A ella : 
lloiiiniome, bella. 
Día tú que bieo corroa. 
Aquí ouD te engorrct, 
Aoda tu Jomada. 

De Siete silaifos. 

SI no e» lo qae jo quiero, 
Quiera yo lo quo ei. 
Si pe»ar be pnoicro. 
Placer babié despuee. 
Tened eito por i-irrto: 
Ca ot «erdad probada 
Que bunra y «icio grania 
Mo ban una morada. 

De ocho silabas. 

■uy fuerte fué la conUeada : 
nioi ayuda i loa crittianoi. 
El arras volvid la rioada, 
E funi con nut pagauoa. 

Si por vi I icio ú tulgura 
La bufoa fama perdrmoa. 
La liJa nuy |iocu dura ¡ 
Debosiadus ducaremoa. 

De nueve y diez silabas. 

Porque trovar c couaa en que y^a 
EuteDUniiientn por en'|u«n ú faii 
A dvber ¿ de raí oa assai : 
Purque entenda é «obla di««r, 
A que eulfnd • Je decir lie praa; 
Ca bea trovar a>ai s* a de facer. 

En el comieaio debe ome moatirtr 
A aa mujer como debe paaar. 

De once silabas. 

Moa aveatun-i mucbo ta rlqnasa 
Por conteio de oue que ba pubreaa. 
Por íal«o dicbu di> ome menUroso 
Non pienlai al amigo prove«*boio. 
Kon ca»üituei ai muio maltrayéndola: 
Mas dile couio vaya» aplacténduic. 
Qineru seguir i it, flor de lai dores. 
Slfinpre deáir, caiiUr de lúa loores. 

De doce silabas. 

Maguer que algunos tr La>an rrrada. 
Por e>ii uoii (lejfs laci-r aguisado. 

A r>ia lui dJiir4 tr^x de piesi'nle 
Kitad d^i ilonceilas que vedes. ferntoM» . 
Kilas «iniiT>ju de muy in^la mente 
4 vil ioi> raiu ion<'f, «lui* so.-i líriiomsas 



OKIGh.NtS ÜtL 
De catorce filaba*, 

ta nauccba de Dio* enauíurada; 
I lauidaile» non dab» oNa nada; 
■ án díMt, <lf sf«i> acallada; 
•rif <rr rii'K» que Vfcrtv tusada, 
ii !■ «••;;uratiia e» burna lu pobreza, 
'ini>ro.^-.i fs pubir la rii|ue/a; 
tji-ii»- ii>i^|ii, ó ciiu niiffdo tristeza ; 
ilut aleare c» atgurt nobleza. 

trumeníos, etc, 

s anli);uas , y particularmente en las 
reste üe Hila, se hace mención de Ioí; 
»e usaban antes de la mitad del siglo xiv, 
sera ocioso copiar aquí. Arpa, alambor, 
albogon, adedura, aíiaiil, albardana, 
lela, bilmela de péndola, bibuela de ar- 
entero, chirimía, caramillo, citóla, duU 
lilaira morisca, guitarra latina, jiga, ga- 
mandurría, medio caño, ministril, 04lre- 
Mn, órgano, pandero, panderete, rabé, 
I, salterio, sinfonía, sonajas, tamborete, 
Kn las obras manusciitas de Alfonso X 
blioteca del Escorial se hallan pintados 
tniiiifiitos deque va hecha mención. 
wciou, etc. 

)r n'v e tu> ts hagueron menjut en lo pa- 
I seii niiJt rich e honnil al senyor rey é 
segueren en aquel I scti com avien fet á 
' rey ub hi corona en la testa , axi com 
lia, el poní en la ma dreta é la verga en 
is de la taula é vench s' enseure al dit 
ais seus peus en torn d'ell segueren 
é nosallres ciutadaiis. K com foren tuyts 
aMf/jutglar canta altes veus un ser^-en- 
nytir rey iinvelL que'l senyor iidant en 
mr del dit senyor rey , é la sentencia 
I ci-a a>tal qm^M dit senyor iiifant li dix 
liliravi' la corona é 'I p<Mii é la verga, é 
t^a lo senyor rey com debia fer; é pervó 
ll-vos ho dir en suma ; mes si pus ciar 
'Ciírels al dit s«Tvenlesch, é lia trovar- 
la signiiicanva de la corona qui es tota 
lesa no ha comencanient ne íi , axi que 
noslre senyor ver Deu tol poderos qui 
ni ne.aura li, é per^^ó com signiíica Üeu 
m posarle al cap, é no en la mitjania, nc 
n li> cap, hont es IVnteniment: e |»er- 
, aver a Deu tol poderos , é que li vaje 
lia corona ipie ha presa pu.sca guanyar 
i* celestial , lo (pial regne es perdura - 
lilica justicia que deu (enir sobre totes 
I la verga es lloiiga é tesa , é la verga 

I justicia castiga queMs malváis no go- 
ms sVn milloren de llurs condicions. 
que axi com ell te lo pom en la sua ma, 
s té in la ma é en poder seu ; c pus 
Miats , ((ue'ls defiMia é 'Is reja é'ls go- 
¡uslicia é ab misericordia é «pie no con- 

II ne p<*r si ne per altri los fassa torl 
«nentesch entes be \o dit senyor rey 
porta ; e si á Deu piau ell ho metra en 
que lot lo mon no sera pagat : aixi li*n 
[iréfi com lo dil Romaset hach dit lo dit 
ii/dix una caneó novella que hachfeyta 
L en Pere : é peryó com cu Comi canta 
en CathitliHiva, dona-la á ellquelacan* 
inlada, calla, é llevas en jV<;i'f?//í'/julglar, 
:enlvers<is rimáis qu."'l dit .senyor infant 
!laci?nl feyts, é la tensó v. '1 regimenl 
it «¡ue 'I dit seii\<.r i y deufer, é laor- 
orl, é de tots los scus ofTicíals, axi en 

I lot"s les sues provincies : é lot aro en • 



IKATHO ESPAÑOL. 171 

iéi be lu dil senyor rey, aii com aquell senyor qui es lo 
pus sabi que senyor qui al mon sia ; é pen^ó si á Deu plau 
metra-ho en obra. E com lot a^ó fó cantal é dit , fó vcs- 
|)re, é axi reglamenl ab la dita corona al cap é ab lo pom 
tn la ma dreta é la verga en la sineslra , mmitas en la 
cambra , é reposa que be li era ops , u luyls auam-nosen 
á les nobtres posades t> (ü). 

(¿0) Que se fia creído de aquel tiempo, etc. 

Véase el número i del catálogo. 

(:21) Etcribió piezas dramáticas, etc. 

t Pedro González de Mendoza mi abuelo... usó una 
» manera de decir cantares asi como cénicos, pbutiuos y 
i lerencianos, también en estrambotes como en serranas.» 
(Marqués de Sanlillana en su proemio al condestable). 

(22) Los célebres italianos, etc. 

Guido Cavalcanli murió en el año de i300, Dante en 
el de Í3¿1, Ciño de Pisloya en el de 1530 y Petrarca en 
l1 de 1374. 

(áS) Los romances históricos y amorosas. 

El origen de nuestro romance se pierde en la oscu- 
ridad del tiempo : solo sabemos que los castellanos toma- 
ron de los árabes esta composición métrica. Conde en el 
prólogo de su estimable Historia de los árabes en España 
dijo : «Gomo Ui erudición y la |H>esia eran una parte prín- 
» cipal de la edutacion caballeresca de nuestros árabes, 
>» y sirven lanío para notar su ingenio y sus costumbres, 
» no he querido privar á mi historia de este ornato do 

> gusto arábigo, pues no hay entre ellos historia aigmia de 
» mérito que no esté adornada de versos con mas ó menos 
» profusión. Por eso he insertado los que me han parecido 
A mas característicos, y que per lo reguUr tienen relación 
j» con los sucesos hislóriGOs. Aun en esta parte he querido 
» imitarlos en hi traducción, haciéndola en nuestros ver- 

> sos de romance, que es género mas usado en la métrica 
)t aiabiga de donde procede sin duda. Y los he hecho im- 
» primir como ellos los escriben, poniue cada dos versos 
« do nuestros romances equivalen á imo arábigo que ellos 
» dividen en dos liarles. » Véase por ejemplo uno muy 
corto de los que Conde incluyó en b citada historia : es 
composición de uno de los poetas favorecidos de Alman- 
zor, que le eu\iaba en el invierno un cesto de rosas. 

Cuando yo do ni JardiD — w envío las rosas ballu. 
Lo ttatraúa la geole y dict — coa admiración de «erlas : 
IViU ke apretura el aüu— flor tenipraaa ttl prado lleva ; 
CA que el tiempo de Almautor— ei perpetua prlmaTeri. 

Fernando UI dio repartimientos en SeWlIa á dos trova - 
dures que le acompañaron en la conquista de aquella ciu- 
dad, llamados el mío Nicolás de los Romances, y el oln» 
Domingo Abad délos Romances, 

Los rouiauces mas antiguos que hoy conocemos perte- 
necen al reinado de Juan el II : los anteriores lodos se 
han perdido. Tal ves pudieran hallarse algunos entre las 
poosiasnianuscritas de don Juan Manuel, sí por fortuna 
llegasen á parecer algún dia. 

Este género se fué perfeccionando como bs demás 
combinaciones líricas, y en él se espresaron alectos deli- 
cados ó heroicos, segmi los varios argumentos á que su- 
piífi'un aplicarle. Góngora y los que le imitaron mejor des- 

I*) Eflla rita ñt\ autor, amAn de diminuta, ■« halla notablenenfe et^ 
tropeada en las ediciones anlüriores. En vista de estas faltas, parle ú% 
lu» cualf» dfbeii auibuiriM! al co|»l«ta y parte A los impresoreí , proi:urs« 
niix ri-»tituir el t «tu 1 tu primiliTa pureía é Integridad, lupueitn qur r% 
rn r«trrino curiosa la relación de aquella poétira crremunia. A f>ta 
cfetto hemoft consultado la Ckr^nif dtsU He§» áe Ármgp^ felá ptr A». 
moH Montuna; autor de tüta, que lonch stampaúa en ta tn*tgnt*cíutak 
de Itaicrlona per Jaume Cortey^ impretuor en rany moliii. Urmos adi-^ 
más comparado esta edición con un cddier en Mlfi bien con.^er^aüo , de 
papel y letra de principios del sigto iv, fal. 307 y SOS, i|ue sa baila en la 
biblioteca de Sau Juan de dicba ciudad. Lntre algunas \ arlantes de le%e 
rulidad , observamos una úe mayor tmportauria , y rs que el manuscrito 
4lnmn Joralel al juirlar qne en el impreso lleva el pombre de XoreUel. 
K-«(<- fra^iiioiito curre«ponde al rspimlo ÜKi, que es el ultimo de dichw 
Cronit u, y m- tiiula : r.'um aprti d'habcr rebudu U cotamn del rtalme tin 
trli muU ixch fom hfettal trnyor flry n'Am¡ihon en qne teek ak tot rtfAs- 
Homent rmbnUerit e ké tentaren en Romatet.fen Cémijnl§lmi$. 



171 

f lupefiaron cod mucho acierto esU parle de nuestra poe- 
sía iiacioDal. 

Eti el siglo anterior don Vicente García de la Huerta y 
don Nicolás Fernandez de Moralin renovaron la composi- 
ción de romances liistóricos ; y en los amorosos manifestó 
MelendeE su delicada sensibilidad y su buen gusto. 
{%i) Una comedia alegórica, etc. 
Véase el iiiim. i del catálogo. Cervantes no tuvo ra- 
lun en decir que él babia sido el primero tquc represen- 
» lase las imai^itiacioues y los pensamientos escondidos 
« del alma, sucaiido figuras morales al teatro». Desde que 
el nuestro empezó u existir iiiirurrieron algunos autores 
dramáticos en eslr desjcicrtu. Ya se liabia visto en él «la 
> muerte, la justicia, la fama, la veidad, la ra%oii, la fortu- 
» na, la mísericurdia, el amur, la paz, el t enipo, el sueño, 
» el consuelo, el remedio* el nmiido y la carne » , antes 
que le ocurriese a Cerviuiles hacer liablar en sus come- 
dias a * la enfermedad, el liumbre, la curiusidad, la guerra, 
V la necesidad, la desesperación, el temor, la ocasión y 
» y los celos V. 
(£>; IjOS ma$ Huslres personajes. 
En el Cancionero generáis compilado por Hernando 
del Castillo, impreso en Valencia en el año de i5il, se 
halla una lista do ciento treinta y seis autores, cuyas 
obras se incluyen en el citado Cancionero. Muchos de ellos 
pertenecen al reinado de don Juan el 11, y los Últimos al de 
los Heves Católicos, y aunque no es de este lugar mencio- 
narlos todos, dará mía idea del ardor con que se cultivó la 
poesía en aquellos tiempos la enumeración de los siguientes 
poetas , perteneciente» a la mas alta nobleza de España : 
Duque de Mediuasidoiiia. Duque de Alba. Duque de Al- 
burquerque. Marques de Santillana. Marqués de Astorga. 
Marques de Villena. Marques de Villafnnca. Conde de Oli- 
va. Conde de Ueuaveiite. Conde de Haro. Conde de Hiva- 
dco. Conde de Coruña. Conde de Castro. Conde de Feria. 
Conde de Ureña. Conde de Paredes. Conde de Uibagorza. 
Vizconde de Altamira. Almirante do Castilla. Adelantado 
de Murcia. Mariscal Sayavedra. Fernán Pérez de Cuzman. 
tíomez Manri(iue. Loiie de Estúñiga. Don Enruiue Henri- 
quez. Don Diego López de Haro. Don Iñigo de Velasco. 
Don Luis de Vivero. Don Antonio de Velasco. Don Alonso 
deSilva. Don Rodrigo Manrique. Don JuandeMeueses. Don 
Alvaro de Bazan. Don Alonso de Cardona. Don <^rlos de 
Guevara. Don Pedro de Acuña etc. Si lioy se tratase de pu- 
blicar una colección de poesías de los que han cultivado 
este arte en los cien años últimos, no seria posible enri- 
quecerla con nombres tan ilustres. 
(Ü6) Hubo grattíUs fiestas, etc, 
> El rey hi/.o gran tiesta a la reina en tanto que en 
B Soria estuvo : se hicieron grandes tiestas donde salieron 
» los caballeros ricamente habillados, y después de aque- 
» lias se liicierun danzas y momos.» (Crónica de Don Juan 
el IL) 
{il) El marqués de Santillana^ etc. 
Entre las muchas obras poéticas de este céli>bre li- 
terato se conserva una titulada Comedíela de Pouza. Cual- 
quiera presumirá por este titulo que fuese una (lieza tea- 
lr.il, pen» ni es comedia ni dialogo re|)resentable : es un 
poema escrito en coplas de arte ma)or, en que el poeta 
jii'dpoiie, invocii, desi-ribe, retlexioiía, reücie y lleva al 
4.-:d)o ^\i dilusa iiuiricion, mezclando en ella varios razona- 
uñen los de las dn& reinas de Aragón, la de iN a varia y la 
iiklanta doña Catalina. Docacio las conduela, y la Furluiia 
les promete la próxima libertad de los reyes de Aragón y 
N.ivarra, pre!»oN por los jeno\ eses en la batalla na\al do 
INtiiTia, el dia ^ de agosto de 1435. Si se pregunta poriine 
llamó cniíiedia a este poema, podra decirse «lue tu\o las 
mismas rabones que el Dante para dar igual denominación 
;il suyo. 
(¿K) I' representaciones teatrales, 
« Y cu los tres dias siguientes hubo danzas de los ca- 



OBRiVS DE MüRATlN (d. leaüdro). 



> balleros y gentiles bonbres en palacio y m 
» y juegos de caikas. • (Cr&niea 4a ú. Man «I 

(20) Se ignora todavía el autor $ ei fífaii. 

Véase el número 3 del catalogo. 

(30) Autor de un dialogo, ele. 
Véase el número 4 del catalogo. 

(31) ¿Mf prohibió d los clérigos^ ele, 

Ab ecclesia ubi redemptor noster Jesús, ia 
ne omne genuflectitur, JugUer pro nobis im» 
pitudo quaque mérito est abolenda. Quia p 
tam in metropolitanis quám in eaihedraHhu 
clesiis Rostro! provincite consuetudo inolettí,t 
festis Natiintatis Domini rostri Jesu Ckristi^ e, 
Stephani, Joannis et innocenUum aliisque i 
festim^ etiam in sotemnitatibus wúuarum no 
divina aguníur) ludi Iheatrales, larwE, moas 
cula, necnon quám plurima inhonesta et diseí 
in ecclesiis introducunlur, tumuitaationes f i 
pia carmina et derisorii sermones dicualur, m 
vinum ofjficium impediunt et popuium reddant 
nos hanc corruptelam sacro approbante coaei 
les, hujusmodi larvas, lados, monttra, speclae 
la, tumultuationes fieri, carmina quoquelurp 
nes illtcitos dici, tam in metropolitanis qabm 
bus caterisque noslree provincitB ecelesiis 
celebranlur prwsentium serie oamind prolá 
tuentes nihilominus, ut clerici, qui praaaisa 
inhonesta figmenta ofíiciis diviais immiscueri 
sceri permisertnt, si inproefális metropoliUuÁ 
dralibus ecclesiis beneflciati extiterint, ex 4 
sem portionibus suis mulctenlur; si vero inp 
fuerinl beneflciati triginta, el si beneflciati 
quindecim, regalium pocnam incurranl fabri 
rum et tertio synodali cequaliler applicandam 
men honestas repngsentationes, et devota qaa 
devotionem movent, lam ia prmfdlis diebas f 
non inlendimus prohibere. 

(3i) Juan de la Encina. 

Véase desde el número 5 basta el 10 y < 
tilogo. 

(33) Intitulada Celestina. 

La primera edición de la Celestina se li 
manca en el aíio de 1500. Algún tiempo aaU 
nuscrita entre los curiosos toda la parte que 
primer acto, que míos atribuyen k Juan oe I 
a Rodrigo de Cota. El bachiller en leyes Pen 
jas, natural de la (Puebla de Monta Iban, anadie 
al que halló escrito, en lo cual ocupó quince 
<:ioiies, que á decir verdad no pudieron sei 
picados. 

Si él mismo Ignoraba quién babia compuef 
lió inédito, dilicil sera, si no imposible, a veri) 
baste decir que ni se reconoce en el primer ; 
de Juan de Mena , ni se puede comparar con 
puesto que solo so conservan de estos antoi 
c iones en verso. El que examine con el deln 
primer acto y U» veinte añadidos , no halU 
notable entre ellos , y si nos faltase la no 
acerca de esto Fernando de Rojas , lecrtaniu 
como producción de una sola pluma. Esponi 
apartándome de la del autor del Uiálogo de i 
de los (|ue le han copiado después. Creo en f 
mer autor no pudo ser muy anterior al segí 
el igii(»rarse quién haya ronqiuesto una o 
nunca ha sido razón bastante {lara suiKmerb 

Como la tragedia griega se cnm|>iiso de U 
Homero, la comedia española debió sus priui 
la Celestina. Esta novela dramática , escriu 
pn»sa castellana , con una fábula regular vari 
dio de situaciones verosímiles c interesantes 
la espresioo de caracleres y afecto», la fiel pií 



ORÍGENES DEL TE 
nales , J un diálogo abundante de donaires 
)bjeto del estudio de cuantos en el si^lo xvi 
;>ara el teatro. Tiene defortos que un hom- 
e haría desaparecer sin añadir por su parte 
:estu ; y entonces conservaiido todas sus he- 
amos considerarla como una do las obras mas 
la pro<lucido la literatura españob. 
es de la Celestina de (¡ue lie podido adqui- 
de las cuales la mayor parte be tenido prc- 
i que siguen : 

O, Salamanca. — 1501 por Estanislao Poloiio, 
i, Sevilla.— 1514, por Tanotli da Ciarlrom*, 
, Vt-neoia.— 15á3, Sevilla.— 15-25, Venecia.— 

Viíiao, Valencia. — í^mí, por Estefano Sa- 
— 1333, Vene4'ia.— 155H, (lor Juan de Ayab, 

0, Sevilb.— Iaü3, por Gabriel Gi<>lito,Yenc- 
pur los herederos de Juan de Junta , Sala- 

1 , por Juan de Canova , Cuenca.— iüG5, por 
Cormellas, Alcalá.— 1369, por Francisco de 
la.— Í5ü9 , por Martin Marea , Salamanca. — 
itlas Gast , Salamanca. — i 30 i , por Fernsndo 
:ala.'15UCS , oficina plantiniana , Ainberes.— 
plantiniana, Amberes.— 1601, oficina planti- 
•res.— 1601 , por Andrés Sánchez , Madrid.— 
ID de la Cuesta , Madrid.— 1633 , con traduc- 
ipor Carlos Labayeu, Pamplona.— 1634, Rúan* 
raduccion francesa por Carlos Osinont.— 1822» 
BdeAmarita, Madrid. 
ziuo de Yillaloboiy etc. 
omero 20 del catálogo. 
iUrné de Torres Naharro, ele. 
ide el número 21 hasta el 29 del catálogo. 
Bis libros la rarísima edición de Roma de 1517 
ra gótica, de la cual ninguno de nuestros bí- 
iTO noticia. Era dádiva de don Gaspar de Jo- 
le habia ilustrado con notas marginales de su 
» pasaje» del testo : circunstancias que aña. 
Dgularídad del libro, le haciaii para mí mucho 
>. Las revueltas de los tiempos me privaron 
y ipreciable alhaja, sin que después me baya 
sveríguar su paradero. 
^DúuTimco. 

\ Dameros 30, 31 y 32 del catálogo. 
T§ciosas comedias. 
limero 35 del catalogo, 
m Peres de Oliva. 

1 Dameros 43 , 44 y 45 del catálogo. 
tbertidadeif etc. 

ir de Jovellanos , en un informe dirigido al 
sa ministerio , le decia : « Hubo un tiempo 
aa, saliendo de los siglos oscuros, se dio con 
letras : convencida al principio de que todos 
úe&tos humanos estaban depositados en las 
i antiguos , trató de conocerlas ; conocidas, 
Uicarlas é ilustrarlas ; y publicadas , se dejó 
» preferencia de aquellas en que mas brillaba 
f Ibonjeaban mas el gusto y la imaginación. 
Hú buscar en estas la verdad , sino la ciegan- 
liru descuidaba los conocimientos útiles , se 
ñtras de las chisjtas del ingenio que brilb- 
s... Viao después otra época en que los ríes- 
feUgioD arrebataron toda su atención acia su 
ao el tiempo de las herojias y las sectas, lauto 
M á los estudios, cuanto entrándose á discur- 
M derechos de los príncipes y los pueblos, pa- 
:ar b autoridad pública, y presentar b borrí- 
I de b anarquía y del desorden. Desde enton- 
•clu eclesiásticas merecieron todo su cuidado, 
«» progresos hi<irron en ellas pueden ser ejem- 
Kilb trídeniino y las insignes obras que nos 
ia riU época nacieron nuestras uni venid ades 



ATRO ESPa5I0L. 17^ 

«formadas para el mismo objeto y sobre el mismo gusto. 
» Ellas fueron desde el principio unos cuerpos eclesiásti- 
>cos; como tales se fnndaroo con autoridad pontiiicia. Tu- 
y vieron b preferencia en las asignaciones de sus cátedras 
yb teología y el derecho canónico. La Glosofia .se cultivó 

• solamente como un preliminar para entrar á estas cieu- 
»cias, y aun la jurisprudencia y la medicina hubieran sido 
» descuidadas, si el amor del hombre á b vida y a los bie- 
>nes pudiera olvidar el aprecio de sus defensores. No ha- 
fe bbré aquí de los vicios de esta enseñanza, que de una 

• parte eran derivados del estudio general de b literatura 
>de Europa, y de otra inherentes a la constitución misma 
«de estos cuerpos. En b renovación de los estudios el 

• mundo literario fué |>eripatético ; y el método escolás- 
vtico, su hijo mal nacido, lijó en todo él b ensefianza. Mas 
•ó menos tarde fueron las naciones sacudiendo este yu-> 
»go... La nuestra le siente todavía.» 

(40) Carlos V, pifiando y guerreando^ ete. 

Sus empresas políticas y militares le tuvieron casi 
siempre ausente de España , en dqnde no había corte ni 
residencia estable para el soberano ni para los grandes 
caballeros y caudillos que le acompañaban. Dos veces es- 
tuvo en África, dos en Inglatora, cuatro en Francia, siete 
en Italia, nueve en Alemania y diez en Flandes. 

(41) El cosle escesivQ , eU. 

En una de bs eruditas notas con que ilustró el pa- 
dre Liciniano Saez su tratado de bs monedas del reinado 
de Enrique lil , se hallan noticias interesantes acerca de 
b escasez de libros y su escesivo coste antes de b inven- 
ción de b prensa. No será Inoportuoo resumir aqui parla 
de elbs. 

Alfonso X, en b Partida 2.« , ley 11 del Ut. uxi , pre- 
vino lo siguiente : t Estacionarios ha menester que baya 
•en todo estudio general para sercomplido que tenga en 
•sus estaciones buenos libros é legibles é verdaderos de 
•texto é de glosa: que los loguen á los escobres para 
•facer por ellos libros de nuevo, ó para enmendar los quo 
•toviesen escrítos, etc. etCB 

El arcediano de Alcor, que vi\ia en el año de 1401, dice 
que habb tanta falta de libros en Castilb , que se arren- 
daban por añes, y valbn á bs fábricas de bsiglesbs cate- 
drales que los ienbn muchos maraTedís... Se arrendaba 
el uso de ellos cada aSo públicamente á dinero , á quien 
mas daba á b iglesia. 

El abate Pinche, en su obra del EspeetácMh de la natu- 
raleza^ dice : t En un hermoso ejemplar manuscríto de los 
•cánones de Graciano, que se guarda con mucho cuidado 
•en b biblioteca de los PP. Celestinos de París, nos ad- 

• vierte el copiante (al mismo tiempo que nos dice su nom- 
•bre y patria) que tardó veintiún meses en acabar b co- 
•pía. Con que en esta suposición seria menester para sacar 
•cuatro mil ejempbres de esta colección emplear cuatro 
•mil copiantes cerca de dos años, ó un copiante conti- 
•nuado por espacio de casi ocho mil años, cosa que puede 
•hacerse hoy en menos de cuatro meses. > 

La librería mas copiosa de que pudo hallar noticia rl 
P. Liciniano, es la que tenían los condes de Benavente en 
la fortaleza de aquelb vilb á mcflbdos del siglo xv. Todo 
el catálogo de elb contiene unos ciento veinte volúme- 
nes , debiendo advertirse que muchos de ellos son dupli- 
cados, puesto que solo de Uto Livio habia ocho copias 
mas ó menos completas. 

Mas numerosa debió ser b librería del marqués de Vi- 
llena, pues con los tomos que sacaron do elb se llenaron 
dos carros. 

Por el dinero que hoy cuestan dos mil volúmenes ape- 
nas podrbn entonces adquirirse cincuenta. La lectura es- 
taba reservada á los muy ríeos ; el pueblo no leb. 

(42; IjO abundancia de libros caballerescús. 

Para dar una idea del entosbsmo con que se reci- 
bieron en España las Acciones de la andante caballería. 



174 



OURAS DE MORATIN (d. leakdro). 



cuánto debieron inflair «n la o|iiMÍnn y en bs costumbres, 
y qpié gusto fantástico delHeroii esritur en la multitud que 
se entregó á tan peijndícial Iccturj, basUm pres(Milaruna 
lista de las que se publicaron desde los últimos años del 
siglo iv hasfa unes del xvi, su[HMiióiidose que on la que 
lie formado no se incluyen todas, ni era |iosible, sino aque- 
llas únicamente de cuya exislencia be bailado noticia . 

Debe advertirse que niuebns de estas obms se reimpri- 
mieron, Kpgnn la aceptiirioii que hablan adípiirido. 

Carecí de amor^ por Diego Hernández de San Pedro, en 
Burgos, año de 14ÍNK 

El lialaüro del xahio Merlin §on sus profecías , en Bur- 
gos, I líW. 

Meriin y demanda del santo GriaK Sevilla, i 500. 

Historia de los nobles caballeros Oliveros de Castilla y 
Artas de Algarve, Sevilla, loÜ7. 

tA seslo libro de Amadis de Caula , en que se cuentan 
los grandes hechos de Florisando, príncipe de Canluaria, 
su sobrina , fijo del rey Flor están, i»ur Paez de Hibera, Sa- 
lamanca, 151Ü. 

Tirante el lilanco de Roeasalada^caballerp de la Jarre- 
Itera, que por su alta caballerea alcanzi é ser principe p 
César úe Grecia, Valluiiotid, iüll. 

Historia amorosa de Flores y Ulaneafíor, io\± 

Crónica del caballero Cifar, Sevilla, 15 lá. 

Libro del esforzado caballero conde Puntinoples , que 
fué emperador de Cotutantinopla, Alcalá de llenares, iolü. 

Historia del valeroso caballero Polismau Florisio , que 
por otro nombre se llamó el caballero del Üesierlo, el cual 
por su gran esfuerzo y mucho saber alcanzó a ser rey de 
liuhemi'i, pur Fernando Itcrnal, Valr'nriu, 1517. 

libro del esforzado caballero Alderique , traducido en 
leni^na etyunola. Valencia, 15 lU. 

Libro del muy esforzado caballero ClaribaÜe , nueva- 
mente venido a esta lengua castellana, por Gonzalo Feruaii- 
der. de Oviedo, Vairutia, lol'J. 

Los cuatro libros del caballero Amadis de Caula, |»or 
García Orduíiez de Moiitalvo, impresos por Antonio de^a- 
lamajica, 1519. 

Crónica del emperador Clarismuudo, por Juan de Bar- 
ios, (A)imbra, 15iü. 

Historia de don Olivante de Ijtura^ por Amonio de Tor- 
quemada. 

El séptimo libro de Amadis , en el cual se trata de los 
grandes fechos en armas de Lisuarte de Grecia , f^o de 
Eiplandian y de Periom de Gaula, Sevilla, 1525. 

Libro del moble y esforzado caballero Reinaldos de Mon - 
talban y de tas grandes proezas y estranos hechos en ar- 
mas que él y Roldan y lodos los doce pares paladinos hi ■ 
cieron, Sevilla, 15¿5. 

Historia de la linda Magalona , hija del rey de Xtipoles 
y de k*ierres, hijo del conde de Provenía, Toledo, 15¿U. 

Historia de Gresil y Mirabella, con la disputa de Torre- 
lias y Branzayda, por Juan de Flores, Toledo, lo^tí. 

Libro del famoso caballero l^aimeriu de Oliva, que /Mr 
el mundo grandes hechos en armas hizo , siu saber cuyo 
hijo fuese, Vt^neeia, 15¿U. 

Historia del caballero don Polindo, Toledo, 15%. 

Libro de caballería celestial del pié de la rosa fragante, 
por Jerónimo de S-m Pedro. 

Libro primero del esforzado caballero don Ciarían de 
Landanis, hijo del nuble rey ÍMutedoude Suecia, por Je- 
rónimo López, Sevilla, 15¿7. 

La cuarta parte de don Ciarían , en la cual se tratan 
los grandes hechos de 1 Adaman de Ganail , hijo de Rira- 
mon de Ganail y de la princesa baribea, Toledo, 15¿S. 

Libro del esforzado caballero éTon Tristan de Leonís , y 
de sus grandes lieehús en armas, Sevilla, 15¿K. 

Historia de ÍAinsarote de