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Full text of "Obras de Miguel de Cervantes Saavedra"

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BIBLIOTECA 



AUTORES ESPAÑOLES, 

DESDE LA FORMACIÓN DEL LENGUAJE HASTA NUESTROS DÍAS , 

ordsoada i iiuslrada 

POR D. BUENAVEiMüRA CARLOS ARIBAU. 



OBRAS 



iHtgurl Tir Crniántrsí daauttira. 



TERCERA EIMCION. 




MADRID. 

IMPtBNTA DE LA PDBLlaUAU , Á CARGO DB ». M. BIVADBNBVBA, 

CAUE DR JESDS DRL TALLB, mal. 6. 
1851. 



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::>(b^x,^^^^ H-3. 10. i. 2. 






"^ V 



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ADVERTENCIA. 



Er ^ Prospecto de nuestra Biblioteca Indiciemos lljeramente la consideración que 
DOS había movido á dedicar su primer tomo al autor ilustre de que mas se gloria nues- 
tra nación. Colocado Gkbyántks en el período mas luminoso de la historia literaria 
de España, ocupa allí el primer lugar :él por sí solo forma una época y una gran seo* 
don, donde no tiene compañero. Como novelista (y no de otra manera debe conside- 
lárseie) divide por mitad los cuaU'o siglos que han mediado desde el Bocacio hasta 
Waller Scott y Manzoni, y señala el punto donde concluyó el progreso y comenzó la 
decadencia del arte. 

Faltaba en España una colección de las obras de Gnv Antes que pudiese llamarse 
completa. Todos tenian el Don Quijote, muchos las Novias templares, algunos la Go' 
latea y el Pérsiles^, pocos las poesías, y nadie las habia recogido en un solo cuerpo. 
A esta necesidad hemos intentado acudir; y, cosa que parecia diñcilísima, hemos lo- 
grado reunirlo todo en un solo volumen , que coafíamos no desagradará , ó por lo 
menos será una prueba de los deseos que nos animan de propagar y popularizar las 
buenas lecturas, y ostentar á la vista de los extranjeros el tesoro de que somos po- 
seedores. 

Lo único que falta á la Integridad de las obras de GsBVÁirrRs'sonsus composiciones 
dramáticas. No por su escaso mérito hubieran dejado de ocupar un lugar en este tomo ; 
pues de losgrandes ingenios hasta los desperdicios se aprovechan y seguardan. Pero, 
s^nn el plan que nos hemos propuesto en nuestra empresa , estos documentos im- 
portantes de la historia del teatro tienen su lugar propio y exclusivo en otra sección, 
en la cual ó se echarían de menos ó deberían repetirse, so pena de culpable omi- 
sión ó manquedad. La literatura dramática ofrece un fenómeno digno de notarse, que 
la distingue, y es que ha caminado sola é independiente de los demás géneros, pros- 
perando cuando ellos decaían, y corrompiéndose cuando ellos se purificaban : gene* 



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VI ADVERTENCU. 

raímente hablando, los que han sobresalido por su admirable talento en la escena, han 
sido fuera de ella poetas muy medianos ; y por el contrario, autores felicísimos en la 
fábula cantada ó narrada, se han estrellado contra las dificultades del diálogo y de la 
disposición. Este hecho, que no hemos podido menos de tener presente en nuestros 
trabajos, ha debido por necesidad influir en. nuestro repartimiento. 

No encarecemos nuestra diligente escrupulosidad en la revisión del texto, y aun con- 
fesaremos que en esto hemos andado sobrado parcos y meticulosos. Otros mas autori- 
zados nos han dado el ejemplo, y no habiamos de atrevernos á lo que no se atrevió la 
Academia española. Algunas cosas leemos en Gbbvántbs que él no pudo escribir tales 
como están impresas ; pero otras hay, aunque pocas, en que podemos asegurar la ma- 
nera en que Cervantes las escribió ó quiso escribirlas en medio de su genial precipi- 
tación. Solo cuando hemos adquirido este convencimiento ha cesado nuestra perple- 
jidad : no hemos enmendado el texto ; hemos corregido una prueba. - 

€na variante curiosa, en la cual sin embargo nadie, que sepamos, habia parado la 
atención, se hallará en la segunda parte del Don Quijote. Su importancia se recomien- 
da tanto mas, cuanto tiene relación con el carácter dominante de la época. 

Nada inédito creíamos poder presentar en este primer tomo. Pero aun en esto nos 
ha sido la suerte favorable ; y una oda al conde de Saldaña, de cuya autenticidad no 
puede dudarse, cierra la marcha de las poesías sueltas hasta ahora no recopiiadus. 

Si ne en todo hubiéremos acertado, el público hará justicia á nuestro buen deseo. 



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VIDA DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDllA. 



Mas de un siglo después de muerto Migdbl di Cbrvántbs Saavedba , apenas eran conocidos 
los principales sucesos de su vida, hasta que lord Carteret, en obsequio á Carolina, esposa 
de Joije II de Inglaterra , encargó á D. Gregorio Hayans la biografía de aquel español escla- 
recido, que siendo la admiración del mundo, yacía casi olvidado en su propia patria. Desde 
entonces se manifestó picado el pundonor nacional ; y los mas eminentes literatos y curiosos 
investigadores de nuestras glorías, el P. Maestro Sarmiento, D. Juan de Iríarte , D. Agustín 
de Montiano y Luyando, D. José Miguel de Flores, Fr. Alonso Cano, obispo de Segorve ; Don 
Vicente de los Rios, D. Juan Antonio Pellicer y otros de menos nombradla, se empeñaron en 
esclarecer la verdad, logrando importantes descubrimientos ; por último, D. HarUn Fernandez 
de Navarrete , añadiendo á los hallazgos de los precedentes el fruto de sus nuevas pesquisas, 
escribió la vida de Cervántks con tanta copia de datos , tanta finura de crítica y tanta pureza de 
dicción, que nada dejó que desear. Nuestra tarea es mas fácil : libres del deber de demostrar 
hechos , antes dudosos y ahora averiguados , podemos dar á nuestra relación el tono de certi- 
dumbre que conviene, apuntar lijeramente como problemático lo que se ha ocultado á la 
diligencia de tan insignes maestros , y entre las vicisitudes de una vida inquieta y atribulada 
descubrir la belleza de un alma tan generosa en sus impulsos como rica en todas las pren- 
das del ingenio (1). 

Cesó la competencia entre las siete poblaciones que se disputaban la honra de haber reci- 
bido al nacer al príncipe de nuestros escritores; quedan eliminadas Sevilla, Madrid, Lucena, 
Toledo, Esquivias , Consuegra y Alcázar de San Juan : documentos in'ecusables deciden á favor 
de Alcalá de Henares , ufana de tan gloriosa maternidad. Allí nació Miguel de Cervantes , y fué 
bautizado en Santa María la Mayor, á 9 de octubre de 1347. La tradición señala todavía los res- 
tos de la casa en que dicen se crió , enclavados hoy en la huerta de los Capuchinos y reduci- 
dos á una pared y puerta tapiada, con indicias' de la pobreza de sus antiguos huéspedes. Ignó- 
rause las drcunstancias que fijaron en Alcalá la residencia de la familia de Cervantes. Llamá- 
base su padre Rodrigo , su m adre D.* Leono r de Cortinas, natural de Barajas; su abuelo 
Joan de Cervantes, corregidor de Osuna, donde dejó buena memoria de su gobierno, y des- 
cendiente (si es exacto el árbol genealógico publicado) del gi'an Alfonso Nufio , alcaide de 

(I) A mas de lu noticias y doeumeDíos conieoldos en las obras de ios citados escritores , bcmos tenido i la .vista 
■nos extensos estudios sobre Gerváíttes, que en el afio de 1832 preparaba en París para la impresión el Sr. Arrieta, 
cooocido ya por otros trabajos literarios. Este curioso manaecrito , fruto de laicos años de lectora y meditación, se halla 
en poder de nuestro amigo el Sr. Hart>!enbusch , quien ba tenido la bondad de facilitárnoslo para consultar ; y no 
será este el único favor que le deberá nuestra Biblioteca. Utra adquisición mucho mas preciosa hubiéramos podido lo- 
gnr, admiiiendo el generoso don que nos oflreció el Sr. Quintana , de la biografia de Ceuváhtis, que tiene escrita con 
desUoo á su aplaudida obra de las Vida* de eipañolet eiUbret. En poco estuvo que no rompiéramos lo que hablamos 
bomoeado, sustituyéndolo tan veniajosamenie, y encabezando nuestra colección con un nombre tan respetable como 
e¡ del digno patriarca de nuestra literatura ; y aunque él mismo con su amaUe franqueza nos manifestó que tal vez no 
podría convenirnos su producción , por lo distinto idel objeto i que se encaminaba, no hubiéramos seguido por esta vez 
tu consejo , á no considerar que con ello descabalábamos en cierta manera una obra , cuya deseada continuación ha de 
ameotar, si es pujible, la justa nombradla dé su autor. Con su antorixacion nos hemos aprovechado de algunas ideasf 
j mas que de haberlas concebido , si fuesen nuestras, nos gloriaríamos de haber merecido esta muestra de aprecio, y 
■Ih rendirle este homenaje de sincera gratitud. 

•j^A^v-f fí^ A^ ^i^ /t <•/-..» »■'>.< y. U't< 






VIII VIDA DE CERVANTES. 

Toledo , cuya rama vino á entroncarse con la de los reyes de Castilla , por medio de D.* Juana 
Enriquez de Córdova y Ayala, segunda mujer de D. Juan II. Sea como fuere, su fami- 
lia era conocida como de hidalgos principales , aunque decaída de su antiguo esplendor, á 
causa de los escasos bienes de fortuna , que con bastante frecuencia son señales de hereditaria 
honradez en repúblicas de cierta manera organizadas. Y como esta misma condición era en- 
tonces, aun mas que' en nuestros dias, obstáculo para ejercer ciertas profesiones lucrativas sin 
dejar de ser honestas , la escasez de recursos de los padres de Ckrvántbs, sobrecargados ade- 
mas con el sustento de otros hijos , no les habria permitido darle la educación que á su clase 
correspondia, si su residencia en Alcalá, emporio en aquel tiempo de las ciencias y liberales 
estudios, no les hubiera facilitado los medios económicos de atender á esta obligación, cul- 
tivando desde la cuna aquella clarísima y fecunda inteligencia. 

Pocas noticias tenemos de los primeros años de Cervantes, como no sea por algún fugaz 
recuerdo expresado casualmente en sus escritos. Asi sabemos que siendo todavía muchacho 
vio representar al famoso Lope de Rueda , insigne farsante y autor dramático, quien por aque- 
llos tiempos \ino de Sevilla , su patria, á Madrid y otras poblaciones de Castilla á dar muestras 
de su rara habilidad ; y quedaron tan impresos sus versos en la memoria de Cirvártes, que aun 
en edad muy provecta se deleitaba en recitarlos como modelo de cómica elocución (2). Desde 
tan tierna edad mostró decidida inclinación á la poesía, aunque, según él mismo confiesa , no 
le fué concedido este don por el cielo, que por otros caminos á la cumbre de la gloria le 
guiaba (3). De aquella vivacidad y donaire, que conservó constantemente hasta después de re- 
cibida la Extrema-unción , podemos inferir la que descubriría desde niño , porque estas son 
prendas que nacen con el hombre , y no se adquieren, aunque sí se dirigen y regularizan por 
el trato y la educación. 

De sus primeros maestros solo conocemos el nombre del presbítero Juan López de Hoyos, 
varón piadoso y grande humanista, que después fué nombrado catedrático de gramática latina 
en el estudio de la villa de Madrid, de donde era natural, y posteriormente cura de la parro- 
quia de San Andrés. Es de creer que Cervantes aprendería con singular aprovechamiento , si se 
atiende á los elogios y expresiones de cariño que le prodigó su maestro , según veremos den- 
tro de poco. Su aplicación , por lo menos , y ansia de saber era tanta , que á tenor de lo que él 
mismo refiere , iba recogiendo para leer los papeles rotos que encontraba por las calles (4). 
Sus obras demuestran que sin menoscabo de su ingenio y propio caudal poseía una erudición 
no vulgar , y abundante lectura de los buenos autores , á quienes unas veces alude y otras cita« 
si bien con frecuente descuido é infidelidad ; y esto explica satisfactoriamente la interrupción 

(2) <Yo, como el mas viejo qne alli estaba (escribía en el prólogo de sos comedias impresai en {614)^ dije qne me 
acordaba de haber visto representar al gran Lope de Rneda, varón insigne en la representación y en el eotendimieo- 
to....... y aunque por ser muchacho yo entonces no podia hacer juicio firme de la bondad de sus versos, por algunos 

qne me quedaron en la memoria , vistos agora en la edad madura qne tengo , bailo ser verdad lo que be dicho. • 

(3) Desde mis tiernos años amé el arte '• 

Dulcede la agradable poesía. 

(Viqje al Parmuo, pág. S9G.) 

Yo que siempre trabajo y me desvelo 

Por parecer qne tengo de poeta 

La grada qne do quiso darme el cielo. 

(BMem, pág. ¡!80.) 

Que yo soy un poeta desta hechura : 

Cisne en las canas y en la voz nn ronco 

V negro cuervo, sin que el tiempo pupda 

Desbastar de mi ingenio el duro tronco. 

(Ibidemi pág. S8d.) 

(() Y como soy aficionado ú leer aunque sean los papeles rotos de las calles 

(Don Quijote , (limera parte , cap. u, páu. ttSi.) 



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VIDA DB CERVANTES. It 

de sos estadios á consecuencia de su agitada vida , que pudo muy bien y debió debilitar la 
fonua material de sus primeras sensaciones literarias, pero nunca borrar el espíritu de ellas. 
Di it oportunidad y gracia con que se fundian y á su propósito se amoldaban en la activa ofi- 
ÓH de su entendimiento. Si hubiese seguido alguna carrera literaria tal vez se bailaría pri- 
ndo el mundo de aquellas obras, donde mas que la ostentación de las ideas ajenas campea y 
resplandece la originalidad de las propias, y sobre todo aquella travesura y práctica del 
mondo, que se aprende mejor en las posadas, campamentos y cárceles, que en las graves 
miiversidades , aun entre los pasajeros desahogos y escapadas de la bulliciosa estudiantina. No 
los hubo de desconocer Ckrvántxs^ supuesto que los describió con singular maestría en re- 
petidos pasajes, y de aquí han sospechado algunos que estudió dos años de filosofla en Sala- 
manca. Realmente ha asegfurado alguno haber visto en los apuntamientos de las matrículas 
corespondientes á aquellos años inscrito el nombre de un Miguel de Cervantes, que por mas 
señas vivia en la calle de Moros ; y las alusiones tópicas y de costumbres que se notan en va- 
ríos pasajes de sus obras, y sobre todo en su novela de la Tía Fingida , dan á entender que 
DO hablaba de oídas ciertamente. Sin embargo de todo, se hace diñcil comprender cómo , no 
hallándose niay holgada en recursos la familia de CsbvíÍntbs, y viviendo cabalmente en Alcalá, 
donde se daba á la juventud abundante instrucción en las ciencias que privaban en aquella 
época, pudo determinarse á sostener esta nueva carga, á no ser que recibiese el auxilio de 
m protector hasta aqui desconocido, ó que con mengua de su hidalga condición consintiese 
m mozo tan bien dispuesto la vida desairada de sopista. 

. Oe todas maneras, se hallaba Cervantes en Madrid, cuando en 24 de octubre de 1568 cele- 
braba la villa en las Descalzas ileales las solemnes exequias de la reina Isabel de Valois, mu- 
jer de Felipe II, cuya temprana muerte, combinada con otros sucesos contemporáneos, dio 
ocasión á tantas hablillas entre los desocupados, y atan misteriosos comentarios entre los his- 
ioñadores. El maestro Joan López de Hoyos, ya citado, tuvo el encargo por el ayuntamiento de 
componerlas historias, alegorías, geroglificos y letras que debían colocarse en la iglesia, y 
con este motivo publicó una relación de la enfermedad, muerte y funerales de aquella prin- 
cesa, insertando allí varías composiciones poéticas de sus discípulos, unas en latin y otras en 
castellano. Entre ellas figura con expresa y particular recomendación el nombre de Miguel ns 
CuvÁNTBs, al frente de un soneto, cuatro redondillas, una copla y una elegía en tercetos, com- 
puesta en nombre de todo el estudio y dirigida al cardenal Espinosa, inquisidor general (8). 
Tales son las primicias que conocemos de aquel grande ingenio , las cuales por su mérito 
iotrinseco estarían ya olvidadas , si el vuelo que tomó después no hicieran interesante y cu- 
ñoso cuanto á él se refiere, y mas que todo sus primeros arranques. En mucho los estimaria 
SD maestro, cuando en la referida relación colma de elogios á su autor, llamándole repetida- 
mente su caro y amado discípulo, que lo habria sido anteriormente sin duda , supuesto que á 
la sazón contaba ya veinte y un años. Ni deben extrañarse estas muestras de admiración, que 
ahora pasarían por desmedidas, si se considera el estado de la poesía española en aquella 
^K)ca. 

El gasto no estaba formado aun; en las manos de la juventud apenas corrían mas libros que 
lasprinütivas ediciones de los cancioneros ; todavía las obras de Boscan y Garcilaso no se ven- 
dían por dos reales, como decía Quevedo mas de treinta años después ; la mayor parte de las 
buenas composiciones de la primera mitad del siglo xvi se hallaban inéditas ; la novedad daba 
d nombre de divinos á poetas muy medianos; los mayores ingenios de aquel siglo, Fr. Luis 
de León, Hernando de Herrera y otros, borroneaban á sus solas los preciosos ensayos de su 
joTentod ; D. Alonso de Ercilla, recien venido de Chile, arreglaba los borradores de su Araur 

y 

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I COBO, y en aquel mismo a&o y mes nacía ejTValdepeñas gernardo de Valbuena.; no debe pucs^ ! 
sorprendernos el que los mas allegados á Cervantes , los que disirutaban de su conversación 
animada , llena de brio , salpicada de gracia, adivinasen ya, por sus primeras tentativas, lo que~^ 
en otro género habia de ser después. V 

Probablemente en esta ocasión hubo de conocerle y cobrarle afecto monseñor Julio Agua- \ 
viva, hijo de los duques de Atri, y muy estimado de la santidad de Pió V, quien le envió desde . 
Roma, en calidad de legado, so capa de dar á Felipe II el pésame por la muerte del príncipe ^ 
D. Carlos, y con el encargo de arreglar asuntos relativos al ejercicio de la jurisdicción ecle- ^ 
siástica, con motivo de ciertas competencias ocurridas en el Estado de Milán. Habia á la sazón t 
subido de punto el sombrío humor del Rey, á consecuencia de disgustos de familia, lo cual, 
unido á su extremada delicadeza en cuanto se rozaba con las regalías dala corona, dio lugar á '^ 
que el legado fuese recibido con desabrimiento y despachado no muy á su gusto, pues en 2 
de diciembre se le expidieron sus pasaportes para que saliese de España, por vía determinada, 
en el término de sesenta días. Era Julio Aguaviva mozo virtuoso y de muchas letras ; tenia ^ 
poco mas de veinte años , y á los veinte y cuatro recibió el capelo ; gustaba mucho, según el > 
testimonio de Mateo Alemán , de tratar á los hombres de ingenio, á quienes obsequiaba mag- ^ 
nificamente. Prendado de las buenas disposiciones de Cervantes, le recibió á su servicio eu \ 
clase de camarero y lo llevó coneigo á Italia. f 

Este viaje fué para Cervantes de sumo aprovechamiento, por cnanto desenvolvió en gran . 
manera su genio observador. Por las descripciones de países y de costumbres que diseminó . 
en numerosos pasajes de sus obras, se pnede casi trazar la ruta que llevó, por Valencia, Cata- ^ 
luna, el mediodía de la Francia, el Píamente, el Milanesado y la Toscana, hasia la capital del \ 
orbe católico. Hallábase entonces la Italia en el mayor grado dé cultura literaria : aun resona- ^ 
ban eu ella los cantos del Taso y del Ariosto ; delantera á todas las naciones en la grande obra < 
del renacimiento , aun conservaba frescamente impreso>el sello de León X, de los Médicis y < , 
del mismo Carlos V, quien, sea dicho de paso, favoreció roas la literatura italiana que la ^ 
nuestra. Grande era el concurso de españoles en aquella península, cuyos dos extremos y ais- ^ 
lados apéndices formaban parte de la vasta monarquía de Felipe , como puntos avanzados | 
para observare! Levante y amenazarlas contrapuestas costas africanas. Unos pasaban allá con * 
gobiernos, magistraturas y otros cargos de pública administración ; otros iban á militar bajo j 
las temidas banderas guiadas por acreditados capitanes ; otros acudían de propósito á ios- V 
truirse en aquellas famosas universidades y colegios , entre los cuales descollaba el fundado en * 
Rolonia por el cardenal Albornoz para sus compatriotas ; otros por ün mas escasos de medios > 
violaban el pais á la sombra de algún príncipe protector , de cuyo servicio los mas bien naci- i 
dos no se desdeñaban. ^ 

El palacio de un hombre tan ilustre , cortesano y accesible como el futuro cardenal , debia ? 
de ser frecuentado por los buenos ingenios que florecían entonces en Roma; y allí trataría ? 
Cervantes algunos que formarían su gusto, excitarían su emulación, y aun le pegarían los íta- r 
' líanismos de que se resienten alguna vez sus escritos. Pero este género de vida duró poco : > 

• sin ningún motivo de desagrado, dejó Cervantes una casa de la cual conservó siempre gratas 
memorias. En el año de 15'1 habla sentado ya plaza de soldado en los tercios españoles. O te- 
dioso de la domesticidad , que no cuadraba á su carácter independiente , ó lo que es mas pro- 
bable , ambicioso de todo género de gloria en un siglo entusiasta y emprendedor , abrazó con 
ardimiento una carrera que atraía á la noble juventud , y en que los ánimos esforzados veían 
ocasiones honrosas de distinguu^e y de medrar. Al orgullo nacional se agregaban entonces 
estimulosmuy activos, por la relación que tenían con las ideas religiosas y civilizadoi-as. I£l ser 
español era todavía un timbre de gloria : los conquistadores del Nuevo Mundo aspiraban taoi- 
bien á mantener su disputada superioridad en el antiguo , y desatiaban arrogantes a tudas lus 



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VIDA DE CEHVANTES. U 

naciones en el proceder generoso , en el valor de su ánimo y en la fuerza de sn espada. 
ElsnJtán Selim II se habia apoderado alevosamente de la isla de Chipre, perteneciente i la 
repñbiiea de Venecia , la cual imploró desde luego el auxilio de los principes de la cristian- 
iM, aonqne por celos y riralidades no todos ellos respondieron i su llamamiento. El rey 
Fefipe, sin embargo, excitado por el Pontífice, acudió presuroso al peligro común, y sin previo 
inudo formal facilitó sus naves y sus tropas para la expedición, que sin gran resultado se em- 
prendió en el verano de iS70, bajo el mando de Marco Antonio Colonna. A ella, en la humilde 
parte que le cupo, eoncurrió Mifiuu de Cirvántes, supuesto que tal fué el destino de su com- 
pañía, mandada por Diego de Urbina, capitán valerosísimo, dependiente del tercio de Don 
Miguel de Moneada, jefe no menos famoso por sus hazañas. 

Por la primavera del aBo siguiente de 1571 se concertó la liga contra el turco , en^ so 
Santidad, el Rey de España y la señoria de Venecia ; y en el mismo tratado se nombró gene- 
lalísiaio de todas las fuerzas de mar y tierra á D. Juan de Austria, hijo natural de Carlos V, 
quien, aprestándose con la celeridad del rayo, voló á organizar sus escuadras , que zarparon 
del poerto de Mesina , en 15 de setiembre, con el presentimiento de una gloriosa jomada. Tal 
filé la del 7 de octubre inmediato en las aguas de Lepante , donde forzada á batirse por su 
situación la armada turquesca recibió el mayor descalabro que vieron los siglos. Dividida la 
de los coligados en tres escuadras de combate y dos de reserva , formaba el ala izquierda la 
qne mandaba Agustín Barbarigo , proveedor general de Venecia , y por ella empezó el ataque 
sobre mediodía, empeñándose la reñida acción por todo el resto de las fuerzas. En esta es- 
cnadra tenia su puesto la galera Marquesa de Juan Andrea Doria , mandada por Francisco 
Sancto Píetro ; y en ella gemía Ckrvántks postrado por unas calenturas que le dispensaban de 
todo servicio. Pero apenas supo que se iba á entrar en combate, se levantó precipitado y 
corrió á su puesto. En vano su capitán y sus amigos quisieron persuadirle á que se estuviese 
qoedo abajo en la cámara de la galera, c Señores, respondió, ¿qué se diría de Migdkl dk Ckr- 
iTÁirrss? En todas las ocasiones que hasta hoy en día se han ofrecido de guerra á S. M. y se 
iba mandado, he servido muy bien como buen soldado ; y asi ahora no haré menos, aun- 
>qae esté enfermo é con calentura : mas vale pelear en servicio de Dios é de S. M. é morir 
>por ellos, que no bajarme so cubierta.! Pidió con las mayores instancias á su capitán que 
le colocase en el lugar mas peligroso , y así lo hizo este destinándole á la cabeza de doce solda- 
dos en el lugar del esquife. Desde allí, rechazando con valor y hasta el fin las arremetidas de 
los enemigos, recibió dos arcabuzazos en el pecho y uno en la mano izquierda, que le quedó 
estropeada hasta el pmito de no poder ya mas valerse de ella (6). 

Concluida la batalla, después de una breve estación en el puerto de Pétela p^ra repararlas 
STerías, volvieron las fuerzas navales á Sicilia, desde donde se repartieronlosbuques «n varios 
puertos de Italia para la próxima invernada. CcavÁims permaneció en el hospital de Mesina 
curándose de sus heridas, agravadas por efecto de sus otros males : la curación fué larga, su- 
puesto que duraba todavía en el mes de marzo del afio siguiente , con el consuelo de verse 
atendido por su ilustre general el Sr. D. Juan, quien , tan terrible para sus enemigos en el 
campo como benévolo y amoroso para sus soldados , hizo el debido aprecio de sus mereci- 
mientos, le socorrió varias veces, y le aventajó en tres escudos al mes, cuando ya restable- 
cido se halló en el caso de volver al servicio. 

A fines de abril de 1572 se vio incorporado en el tercio de D. Lope de Figueroa, que 
fué á Corfú en las galeras del esclarecido marques de Santa Cruz, concurriendo bajo las 

(6) Asi resalta de las declaraciones prestadas en 1S78 por los allSrecei Mateo de SanUstevan } Gabriel de Catta- 
Ma, en la iafomiacion becha ante no alcalde de corle , á solicitud de Rodrigo de Cerrantes, para obtener los medio* 
de rescatar i sa Ujo Micuru 



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xn VIDA DE CERVANTES. 

Órdenes de Colonna á la jornada de Levante, y bajo las del Generalisimo á la empresa de Na- 
varino. En medio de los brillantes proyectos que para la próxima campaña se concebían , los 
manejos de la Francia lograron apartar á los venecianos de la liga formidable que iba á antici- 
par en mas de doscientos cincuenta años la independencia de la Grecia. Así que , desviado el 
golpe que debia descargar sobre el turco , vino á caer sobre las potencias berberiscas. PeroT 
en vacilaciones y consultas perdióse la mejor estación, y hasta fines de setiembre i 573 no salió 
de Palermo la expedición , que se posesionó del fuerte de la Goleta y de la ciudad de Tunes, 
donde D. Juan de Austria, harto confiado en la benevolencia de su hermano, soñaba en asen- 
tar an codiciada soberanía. De esta expedición fué parte el tercio de Figueroa , y tal vez Cbk- 
vÁNTES pertenecía á las cuatro compañías del mismo, que según la expresión de VaoderiuH 
men (7), hacían temblar la tierra con sus mosquetes. No se hallaba Cxbvántbs en aquel pais 
cuando al año siguiente se perdieron Túnez y la Goleta, pues habia pasado áCerdeña de 
guarnición, después al Genovesado, y de allí á NápoleS y Sicilia, alas órdenes del duque de Sesa, 
siendo en todas ocasiones un modelo de valor y de subordinación militar. 

A pesar de tantos esfuerzos no mejoraba la suerte de Cbrváhtbs , reduddo á la miserable 
condición de simple soldado. Ansioso de volver á ver su patria y de obtener algún premio 
por sus servicios, solicitó su licencia, y la obtuvo desde luego deISr. D. Juan, quien le 
proveyó de expresivas cartas de recomendación para el Rey su hermano , á fin de que se lo 
confiriese alguna compañía; el duque de Sesa escribió también encarecidamente en su favor 
á S. M. y á los ministros. Con tan buen recaudo salió de Ñapóles en la galera de España lla- 
mada el Sol, en compañía de su hermano Rodrigo, de Pero Diez Carrillo de Quesada, goberna- 
dor que filé de la Goleta y después general de artillería, y de otras personas de cuenta. 

Pero tan lisonjeras esperanzas habían de desvanecerse en un momento. Navegaba la galera 
el Sol la vuelta de las costas de España, cuando en 26 de setiembre de 1575 se encontró 
rodeada de una escuadrilla de galeotas que mandaba en persona el amaute Mam!, renegado 
albanes, capitán de la mar de Arjel, que era destino de importancia en aquel reino. Diéronlc 
caza tres de estos bajeles, de los cuales el uno era de veinte y dos bancos al mando del arráez 
Dalí Mami, también renegado griego, y atacándola con denuedo vinieron al abordaje y la rin- 
dieron después de obstinada é inútil resistencia. La galera fué conducida ¿ Arjel , y lo mismo 
su tripulación y pasajeros, á sufrir todos los trabajos y humillaciones de la cautividad. 

El ánimo se estremece á la relación del indigno trato que sufrian los infelices cristiaoos 
cuando caían en el poder de hombres tan desalmados, dentro de aquella madriguera de pira- 
tas, que con mengua déla Europa y escándalo de la posteridad subsistió todavía por espacio 
dedos siglos mas con las mismas mañas, amenazando aun después repetirlas, hasta que en 
' 1830 convino á los intereses políticos de la Francia vengar de tamaño ultraje á la humanidad. 
Los cautivos eran adjudicados por tasación á los participes en el atentado , y estos quedaban 
dueños absolutos de sus personas , con potestad de vida y muerte, sin que legislación alguna 
coartase ni regularizase los derechos del señor sobre su siervo. Destinábanlos á los trabajos 
mas penosos , los encerraban en baños pestíferos , cargados de cadenas ; los vendían y trocaban 
á su placer, exigían por su rescate cuantiosas sumas, hasta dejar arruinadas á sus familias, y á 
la menor faltad desmán los ahorcaban con la mas fría indiferencia, ó les mfli^an castigos toda- 
vía mas atroces. AI mismo tiempo procuraban con halagos, con promesas y con la perspectiva 
de una holgada fortuna inducirles á renegar de su fe. Por lo demás les permitían el ejercicio 
de su culto, que llegó á celebrarse con cierta ostentación. «Probablemente (escribía Ciernen- 
>cin en 183S) no se hubiera permitido entonces otro tanto á los moros cautivos en España.» 
Es verdad, y dtbemos hacer justicia á nuestros mismos enemigos , que á pesar de su barbarie 

(7) Vanderliamen, Historia de D. Joan «le Aoslria, Ub. 4. 

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VIDA OE CERVANTES. n» 

dcjabiR al hombre este último asilo y consuelo inestimable en medio de las mayores miseria» 
j mas duros trances de la vida. 

Copo nuestro CERvJLirrBs en saerte al arráez Dalí Mami , que le habia apresado, y que por el 
^ndable aspecto de su cautivo, por el señorío de sus maneras, por su bravura en el combate, 
por el respeto que no obstante sus juveniles años le manifestaban sus compañeros de desgra- 
cia, y sobre todo, por las encarecidas cartas de recomendación que ie encontró de sus ilustres 
jefes, hubo de tenerle por persona principal de quien podria obtener un gran rescate. Expe- 
rimeotado en los medios de tan abominable granjeria , le trató con todo el rigor compatible 
con la coDservaeion de su misera existencia , teniéndole muy guardado y sujeto , y valiéndose 
de los padecimientos de un infeliz para la satisfacción de su codicia; de suerte que las mismas 
prendas exteriores y morales con que habia dotado el cielo á Cisviims, las muestras de apre- 
cio que en una ocasión singular babia recibido , sirvieron solo para sn mayor tormento. 

Sitoacion era esta capaz de abatir al hombre mas esforzado ; pero el alma de CbbvAntxs era 
inflexible : ana idea única se apoderó de ella , desde el momento en que se vio privado de su 
Sbolad; la de recobrar este bien que no tiene precio. Esta es la parte mas'interesante de toda 
hvida de CEsvÁirrEs: en ella se engrandeció su alma altanera, se aguzó su ingenio, y subieron 
de ponto su heroísmo y generosidad. Afortunadamente no escribimos una novela, aunque lo 
parece : ningún suceso de cuantos le atañen se halla mas plenamente justificado que esta serie 
de tentativas arriesgadas en que á cada paso comprometió su cabeza para alcanzar sn libertad, 
y cuando no, para salvar la vida de sus cómplices y clientes en causa tan gloriosa (8). 

A pesar de tanta vigilancia no tardó en presentársele oportunidad de fugarse de la casa de 
m amo ; y bascando un moro que le sirviese de guia , le indujo á que le acompañase por 
tierra hasta Oirán, plaza déla costa que ocupaban los españoles. Reuniéronsele para esta em- 
presa varios cautivos de su predilección , con quienes , á costa de aumentar su riesgo , quiso 
compartir el beneficio , siendo el alma y el caudillo de esta expedición, como lo fué siempre 
de todas las demás tentativas que trazó y dispuso su fecundo ingenio , estimulado por el deseo 
de la libertad. Pero después de haber andado alguna jomada el moro abandonó á los fugití- 
ms, quienes tuñeron que volver á Arjel á recibir severos castigos de sus patrones. El de 
CoTÍims, que según noticias no era de los menos duros, redobló sus cadenas y estrechó mas 
y ñas su triste encerramiento para asegurarla esperanza de un buen rescate. 

Asi que la familia de Cervantes tuvo noticia de la desgracia , bizo los mayores esfuerzos con 
d Un de juntar los medios necesarios para el recobro de tan caras prendas : desde luego mal- 
vendió su corto patrimonio , empeñó las dotes de las hijas, recurrió á los amigos, y sujetán- 
dose á toda clase de privaciones quedó reducida á mayor estrechez. Este caudal de lágrimas 
Begó á Arjel mas de dos años después del apresamiento; pero por su cortedad no pudo satis- 
fiíeer las exigencias de Dali Mamí, que no quiso soltar á su cautivo ; y asi fué aplicado al rescate 
de m hermano Rodrigo , quedando Miguel sin mas esperanzas de salvación que las que el cielo 
qnidese depararle. El único recurso que tuvo en aquella aniarga separación, fué encargará so 
iiemano que al llegar á las costas de las Baleares ó de Valencia procurase expedirle una em- 
barcación, que atracando de noche en punto determinado, tomase á áu bordo á los cautivos 
que se hallarían prevenidos para el caso. Cumplió Rodrigo fielmente este deber fraternal, y 
provisto de cartas é instrucciones de varios caballeros que entraban $n el plan, babUitd inme- 
diatamente una fragata armada al mando de un tal Viana , marino arrojado y práctico conoce- 
dor de aquellas costas. El punto de la recalada se designó junto á una casa de campo sita á 
■resmillas al Este de Arjel, propia del alcaide Azan, renegado griego, y cultivada por un cau- 
tira natural de Navarra, conocido bajo el nombre de Juan el Jardinero. Habiá allí nna coeva 

9) U infonnadon , de qne hablaremos después , comprueba todos estos liecbos de un modo que no de]a la menor 

Mi. 



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xn VIDA DE CERVANTES 

muy oculta, donde fliéron con mucha anticipación guareciéndose los cautivos á medida que 
iban escapándose délas casas de sus amos. Juan velaba por su seguridad, Cervántks con suma 
diligencia y disimulo dirigia aquella maquinación , proveyendo á todo y ofreciendo este medio 
de fuga ¿ los cautivos de su confianza. Pero la depositó muy sobrada en uno que llamaban el 
Dorador, natural de Melilla, que después de haber renegado de su fe en la juventud se habia 
vuelto á reconciliar con la Iglesia, y habia sido posteriormente cautivado. Este cuidaba de com- 
prar los víveres y conducirlos ¿ la cueva con el recato que es de suponer, y debia ser uno de 
los próñigos. Todo estaba dispuesto : la noche aunque incierta de la libertad seiba acercando, 
y Cbhvíntis se ocupaba en recoger ¿ sus amigos mas rezagados , con el disgusto de no haber 
podido atraer al Dr. Antonio de Sosa, eclesiástico de estoica virtud, que lleno de achaques 
y guardado con especial vigilancia por su amo no pudo ó no quiso acompañarle. 

Llegó por fin la fragata, que manteniéndose enfiranquía todo el dia 21 de setiembre , se ar- 
rimó ya de noche, y su tripulación verificaba el desembarco , cuando amedrentada por unos 
moros que acertaron á pasar por aquel sitio, tuvo que hacerse á la mar. Volvió en seguida; 
pero alarmada ya la población de aquel campo , que acudió y se puso en acecho, no solamente 
frustró la tentativa, sino que arrojándose sobre la embarcación , la apresó con toda su gente. 
Quedaron en consecuencia los de la cueva privados de toda esperanza y socorro, pues no vol- 
viendo i parecer el Dorador carecian de todo alimento, y se hallaban reducidos á la mayor 
desesperación. A los tres dias le vieron por fin ; pero conduciendo al comandante de la guar- 
dia del Rey con veinte y cuatro infantes armados de alfanjes, lanzas y escopetas, y algunos 
turcos de á caballo. Encamináronse todos derechamente á la cueva, y al oir el rumor de las 
pisadas y amenazas, tuvo tiempo Cbbvántis de advertir á sus compañeros que descargasen so- 
bre él toda la culpa; en seguida se adelantó a encararse con el comandante, diciendo con sin- 
gular entereza que él solo habia firaguado aquel proyecto y seducido á los demás, ad que sobre 
él solo debia recaer cualquier castigo. Asombrados los agresores , tanto como los capturados, 
en vista de tan rara presencia de ánimo, despacharon un propio al Rey, quien mandó que todos 
aquellos infelices fuesen conducidos á su baño, y que á Ccrváhtes solo le llevasen á su pre- 
sencia. Asi se verificó, y asi tovo que entrar en Arjel el animoso joven, mamatado, á pié, y 
perseguido por los insultos de aquel bárbaro populacho. 

£1 lector adivinará que quien delató esta conspiración fué el mismo Dorador , que en efecto, 
mudando de propósito y viendo firustradas por entonces sus esperanzas de libertad, quiso sacar 
partido de su posición, y renegando segunda vez vendió á sus cómplices, congraciándose con 
el Rey. Poco tiempo podo gozar la recompensa, pues murió miserablemente tres años después, 
en el mbmo dia 30 de setiembre , aniversario de su infame traición. 

Era el rey Azali hombre muy diferente de su antecesor Uchali, en quien reconocían los cau- 
tivos ciertos rasgos de hidalguia que honran su memoria. La ferocidad de aquel era sin lími- 
tes: trataba á sus esclavos peor que á las bestias, teniéndolos en la mayor desnudez y necesi- 
dad; sentía cierta firoicion incomprensible en atormentar á sus semejantes , y se deleitaba en 
ejecutar con sus propias manos los suplicios á que caprichosamente los condenaba. Cerván- 
ns le caracterizó perfectamente con un magnifico pleonasmo , diciendo que era condición 
soya el ser homicida de todo el género humano (9). Nada podia pues halagar tanto sus perversos 
instintos como la ocasión qme espontánea se le ofrecía, sobre la ventaja que lograba en sus in- 

(9) Don Quiote, primera parte, cap. zl. Azan era renegado veneciano, j intea de renegar se llamal» Andreu. Sirvió 
primero i Dragut, ; después que este molió en el sitio de Malta , al Uchali , por cojo favor fué dos veces re; de Arjel : 
lua desde 1S77 á 1S80 y otra desde <S82 hasta el aQo siguiente , en que por nombramiento del Gran Señor pasó al go- 
liienio de Tiipoli. A los dos afios , por hllecimlento del Uchali, tUé promovido á capitán baja ó general de la mar , y al 
fin fflorió de ponzoBa que le hizo dar el Cigala , uno de los famosos corsaiios de aqael tiempo , que pretendía y logró 
Mcederie en ra cargo. (Cubshcih, eomentatiot <l Do» Quiote.) 



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VIDA DE CEBV ANTES. xr 

tereses. Porque es do advertir que por costumbre de aquella bárbara república eran propiedad 
del Re; los esclavos perdidos ó fugados que cogian sus esbirros, y asi es que valiéndose ó abu- 
sando de este derecho tenia cerca de dos mil encerrados en su baño , que asi se llamaban por 
allí los depósitos de tan lastimosa mercadería. 

Puesto CsavÁims á la presencia de este monstruo tuvo que sufrir un capcioso interrogatorio 
acompañado de terribles amenazas. Ebibia en el Rey la intención de extender el número de 
los culpados para aumentar su botín, de modo que avisado el P. Jorje Olivar, de la orden 
de la Merced, comendador de Valencia, que á la sazón se hallaba de redentor en Arjel, de que 
se intentaba complicarle, tomó sus precauciones y trató de salvar en manos del Dr. Sosa 
sus ornamentos y vasos sagrados de la profanación de los infieles , por si llegaba el caso de 
(vendérsele. Has á pesar de todos los medios que se usaron para vencerla firmeza de Ckrván- 
ns, no pudieron recabarse de él otras declaraciones mas que la misma dada en el acto de su 
piiáon : que él solo era el autor de todo, y que todos eran victimas de su seducción. Respues- 
tas tan imperturbables, acompañadas de aquella mirada de águila que en apurados trances suele 
animar el semblante de los hombres superiores, hubieron de hacer bajar los ojos ¿ Azan, quien 
eoD gran sorpresa de cuantos conocían su carácter se contentó con mandar á CravÁims con 
los demás á su mazmorra. 

El otro Azan el alcaide , dueño de la posesión donde se hallaba la cueva , reclamó á su cau- 
tivo el pobre Juan, á quien ahorcó por sus propias manos. Oali Mamí usando de su valimento 
recobró también á Ckrvántks , pero muy poco tiempo después, por el precio de quinientos es~ 
endos, lo vendió al Rey, quien creyó haber hecho un buen negocio ; pues no podía creer que 
hombre tan extraordinario no valiese mucho mas en su patria. ¡Bárbara simplicidad! Los com- 
patriotas de Cbbvántxs no le estimaban en tanto. 

Entre los dos mil cautivos encerrados en el baño del Rey, gemian otros tres caballeros , re- 
lacionados con el gobernador español de Oran, donde tenia Cervantes también algunos ami- 
gos; y cinco meses después , juntando las recomendaciones de todos , halló medio para ganar á 
un moro que se ofreció á llevar las cartas , dirigidaá á que se les enviase algunos espías y per- 
I soaas de confianza con quienes pudiesen realizar la fuga. El desgraciado mensajero fué co- 
gido al entrar en el mismo territorio de Oran , y conducido otra vez á Aijel fué empalado sin 
deseabrir cosa alguna. Pero habiéndosele encontrado cartas de letra de CntvÁNTis , Azan 
' llamó á este á su presencia, y mandó darle dos mil palos, sentencia que iba á ejecutarse in- 
mediatamente. Pero alguna gracia como suya debió de decir Cbkvántks en aquel conflicto, su- 
puesto que el Rey, desarmada su cólera, revocó la orden del castigo , suerte que no tuvieron 
otros, á quienes en distintas ocasiones se imputaron iguales conatos. 

Tantos peligros corridos y milagrosamente esquivados infundieron en el ánimo de CaavÁitris 
mayor precaución ; pero no lograron extinguir aquella sed de libertad que de día y noche lo 
abrasaba. Vino á trabar amistad con un renegado natural de Osuna, llamado Girón, y entre los 
moros Abdaharramen , que deseaba volver al gremio de la Iglesia. Persuadióle á qae adqui- 
liese y armase una fragata bajo el pretexto de hacer el corso, y que en ella se huyese de Aijel 
nevando consigo una porción de cautivos de lo mas florido. Para los fondos se acudió á un 
mareader valenciano establecido en aquella plaza , por nombre Onofre Esarque ; y este con 
efecto «ptootó mas de mil treseientas doblas , con laa cuales y otros recursos se acudió á lo 
necesario. 

i Ya estaba todo dispuesto : sesenta cristianos debían romper sus grillos ; pero aun entre ellos 
i kobo un Judas. Cierto Juan Blanco de Paz, que se titulaba doctor y había sido religioso do- 
ninico , mal sacerdote y hombre perverso , revoltoso y malquisto de todos , ^upo el proyecto, 
1 7 cometió la villania de ir á delatarlo al rey Azan , de quien recibió por todo premio un escudo 
I de oro y un» jarra de manteca. £1 Rey, disimulando, para hacer su venganza mas estrepitosa. 



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xn VIDA DE CERVANTES. 

segura y extensiva á muchos conjurados , había dado ya sus disposiciones para sorprendeiios 
en el mismo acto. Pero estas mismas disposiciones que no pudieron ser tan secretas , ó algún 
otro indicio, les hicieron conocer que se hallaban descubiertos, y el terror se apoderó de 
todos. Onofire Exarque, viendo comprometida no solo su hacienda sino su vida, propuso enca- 
recidamente á CcRvÁNTEs que él daría desde luego la suma pedida para su rescate , suplicán- 
dole con las mayores veras que aceptase el partido, y salvándose asi mismo le líbrase de 
aquella angustiosa situación. Tentadora era la propuesta; pero no era Cbbvántes hombre para 
abandonar á sus amigos, de cuya constancia en la tortura no podia responder como de la suya 
propia. Tranquilizó al mercader, asegurándole que nada seria capaz de arrancarle una sola 
palabra : por de pronto y con el fin de ver cómo las cosas se encaminaban huyó del baño, 
acogiéndosobajoel amparo de un antiguo camarada, el alférez Diego Castellano. Mas pocosdias 
después oyó publicar por las calles de Arjel el pregón que declaraba su fuga, é imponía pena 
de la vida á quien le ocultase ; y no queriendo que nadie padeciera por su causa , y mucho 
menos su generoso amigo y encubridor , salió al momento de su asilo , ^ juntándose al paso 
con Horato Raez, por sobrenombre Maltrapillo, renegado murciano y amigo del Rey, se pre- 
sentó impávido á este para que dispusiese de su vida. Irritado Azan mandó atarle las manos 
atrás y ponerle un cordel á la garganta , como para ahorcarle, si no confesaba. Nada bastó para 
que nombrase á persona alguna : echó toda la culpa sobre si y sobre otros cuatro caballeros 
que estaban ya en libertad, basta que cansado Azan de sus inútiles pesquisas, ó vencido á los 
ruegos de su amigo Morato, ó cediendo á la fascinadora influencia de un esclavo cuya superio- 
ridad no podia menos de reconocer , dispuso que le encerrasen en la cárcel de moros que es- 
taba en su mismo palacio , y desterró á Girón al reino de Fez. Asi termmó esta tentativa des- 
graciada, que como las anteriores hubiera podido serlo mas, sin una misteriosa disposición de 
la Providencia. 

Pero los designios de CnvÁims no se limitaban á recobrar su propia libertad y la de sus 
compañeros de infortunio. En el largo tiempo que medió entre la sorpresa de la cueva y la 
segunda tentativa de escaparse por Oran, meditaba otro proyecto mas grande, que á tener re- 
sultado , cambiara sin duda la faz de los negocios del mundo , apresurando la civilización dd 
África septentrional. Aspiraba nádamenos que á alzarse con Arjel para entregarlo á Felipe n. 
La muchedumbre de esclavos cristianos amontonados en aquellas mazmorras, que pasaban en- 
tonces de veinte y cinco mil, la mayor parte hombres esforzados y embravecidos por la des- 
esperación; el descontento de los mismos habitantes, oprimidos por Azan, y provocados por 
sus locuras y crueldades ; la escasez y carestía de las vituallas, cuyo monopolio se habia re- 
servado el Rey ; las enfermedades epidémicas producidas por el hambre y la falta de aseo, y 
finalmente, el terror general en vista de los armamentos que preparaba la España con aparien- 
da de intentar un desembarco , eran circunstancias bastantes para disminuir el concepto de te- 
meridad que á tamaña empresa podia atribuirse. De estas complicaciones quiso aprovecharse 
GiBvÁNTEs, urdiendo una vasta conspiración que con la cautela necesaria dirigía, hastaqae sa- 
bido el objeto de los preparativos de la España, que se destinaron después á la expedición de 
Portugal , calmadas por este lado las inquietudes de los arjelinos , perdidas las esperanzas de 
apoyo exterior, y mejorada la situación del país con alguna mayor abundancia, se desvane- 
cieron todas las probabilidades de buen éxito, y hubo que abandonar el plan. El P. Haedo, 
autor contempor¿neo,'en su historia y topografía de Arjel atribuye esta contrariedad atraiciones 
y abusos de confianza. Si á su ánimo , industria y Irasua correspondiera la fortuna (dice ha- 
blando de Ckrvántis) , hoy fuera el dia que Arjel fuera de cristianos , porque no aspiraban amó" 
nos sus intentos..,. De su cautiverio y hazañas se pudiera hacer una particular historia.... Y si 
no le descubrieran y vendieran los que le ayudaban, dichoso hubierasido sucau&verio , con ser de 
los peores que en Atjel habia. Por esto solía decir Azan, que como él tuviese guardado al estro" 



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VIDA DE CERVáNTBS. xvii 

peado tspcRol, tenia tegvros tas eristianos, bajeles y aun toda la dudad : tanto era (aBade el 
mismo escritor) lo que temia las tratas de Miodkl di Cibvántks. 

Hiéotrasen tales proyectos andaba ocupado, sus desvalidos padres, arruinados ya con el 
rescate de su mayor hermano, contiauabau las diligencias para obtener el de Miguel. Con este 
fin bascaron docomontos con que hacer constar sus servicios. D . Juan de Austria , que de ellos 
babia sido testigo y justo apreciador , habia muerto ya ; el duque de Sesa dio una certificación 
en que muy expresivamente los encarecía, y los declararon judicialmente ante la autoridad 
mochas personas que habían presenciado sus hazañas en el ejército y en el cautiverio. Entre 
estos pasos vino á fallecer agoviado por tantas pesadumbres su padre Rodrigo , cuya viuda 
D.* Leonor de Cortinas los continuó áa descanso con todo el amor de una madre, hasta que 
ayudada de su hija D.* Andrea pudo entregar á los religiosos de ladrdende la Trinidad tres- 
cientos ducados, cantidad que distaba mucho todavía de la que exigía el codicioso berberisco. 
Ona persona piadosa (y no callemos el nombre de un bienhechor de la humanidad), Fran» 
citco Caramanchel , doméstico de un consejero, dio cincuenta doblas; otras cincuenta se le 
apficaron de la limosna general de la orden Redentora. Esperaban completar la partida con la 
pacía qae se habia solicitado del Rey, cuyo gobierno, después de las dilaciones y viciosos trá- 
mites que también entonces seguían los expedientes , y conforme al ridículo sistema de arbí- 
lilos pirtieolares para cada objeto , de que aun ahora nos quedan resabios , concedió por toda 
naced un permiso para exportar de Valencia á Aijel por valor de dos mil ducados de merca- 
deiias no prohibidas. Se trató de negociar el privilegio , y nadie ofreció por él mas de sesenta 
ducados: probablemente importarían mas los derechos curiales para la expedición de la cé> 
dib, qae por este motivo no se sacó. Nada tuvo Cbkvántes que agradecer en esta ocasión 
á los que después llevaron constantemente la ingratitud hasta la tenacidad. 

Por este tiempo, en mayo de 1580, los padres de la Santísima Trinidad , provistos de algu- 
n» finidos de la Orden y de particulares, llevaron á Arjel el estandarte de la Redención. Este 
sagrado instituto , lo mismo que el de la Merced , prestó por espacio de largos años eminen» 
les servicios á la causa de la humanidad indignamente ultrajada. Cuando los gobiernos no son 
capaces de satisfacer todas las necesidades de la sociedad que presiden, es indispeasable que 
el celo de los hombres generosos supla esta imperdonable falta ; y si se agrega á sus esñierzosel 
poderoso estímulo de la religión, suelen conseguir efectos maravillosos hasta que, cesando el 
objeto que vivifica la obra, viene naturalmente la corrupción en pos de la indiferencia. Dirigía ■ 
tstagioriosa expedición el P.Fr.Juan Gil,procuradorgeneraI, acompuiado delP. Fr. Antonio 
déla Bella, ministro del convento de Baeza. Asi que estos dos buenos religiosos llegaron á su 
dittino, solicitaron el rescate de Cervantes ; pero su amo se obstinaba en no querer rebajar el 
pmio de mil escudos en que lo habia tasado para dobliur el importe de la compra. 'Cuatro 
meses se pasaron en tan odioso regateo : en este intermedio espiró el término.del bajalato de 
Aan, qnien habia entregado ya el gobierno á su sucesor Jafer-Bajá. Ya iba á salir del puerto 
eoncoatro buques propios y siete de escolta; ya CbkvjImtbs estaba amarrado ásu banco y con 
dremo en la mano. Reflexiones, súplicas, empeños, apoyaron el último esfuerzo. £1 día 19 
de setiembre dé aquel año recibió sus quinientos escudos de oro en oro de Espuma, con mas 
BKTe doblas de derechos para el cómitre y demás oficiales de la galera ; mandó desembarcar 
iCnvisTKs ya libre, y pocas horas después pavegaba hacia Constantinopla. El dinero destinado 
áCiavims no alcanzaba á cubrir la suma exigida: fué preciso buscar entre mercaderes dos- 
óeotos veinte escudos, bajo la garantía de los religiosos, que nunca pudieron emplear mejor el 
ciédito de su Orden. 

Restituido CravÁirnts á la libertad permaneció todavía en Aijel hasta fines de aquel año, aga- 
llo de cuantos conocían sus bellas prendas. Solo su delator , el mencionado Juan Blanco 
^ la Paz, que como casi todos los perversos aborrecía con preferencia á quienes mas habia 

T. I. • > 

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xnit VIDA DE CERVANTES. 

agraviado, puso en jaego todas las artes que pudo sugerirle su infernal i&genio para desacre» 
ditar y perder á quien no habia podido asesinar. Temia tal vez que de regreso á España Cek- 
vÁNTES habia de descubrir sa infame proceder, y trató de ganarle por mano á fin de que sus re* 
laciones no fuesen creídas. Con este objeto se dedicó á esparcir voces denigrantes, y á 
recogerlas después, seduciendo á varios cautivos y excitándolos á declarar en cierta informa- 
ción que intentó. Pero odiado como era , si la crédula docilidad de algunos pudo hacerle 
concebir alguna esperanza, solo encontró en los mas desprecio y resistencia. Despechado, 
pero no arrepentido , acudió á un medio de terror que en aquellos tiempos alcanzaba aun á 
los infelices cristianos que bogaban en las galeras ó trabajaban en las obras públicas en tierra 
de infieles. Arrogóse el titulo de comisario del Santo Oficio, con cédula y comisión del Rey para 
ejercer allí sus ñinciones; presentóse al respetable Dr. Sosa para requerirle á que le reco> 
nociese como tal, y fué rechazado ; lo mismo exigió de los padres redentores , quienes le pi- 
dieron exhibiese sus despachos : no pudo hacerlo , porque no los tenia : todo era falso; la In- 
quisición no tuvo la desgracia de valerse de un hombre semejante. 

Sin embargo , era preciso rechazar un golpe que hubiera podido repetirse. Con este propóáto 
provocó Cervantes una información de testigos , que por fortuna existe original en el archivo 
general de Indias establecido en Sevilla. En este precioso documento dieron sus declaraciones 
los cautivos mas autorizados que existían entonces en Arjel , exponiendo los hechos que he- 
mos referido, y justificando la virtuosa conducta de Cervánteb en medio de aquellos trabajos. 
En efecto , no perdió ocasión de alentar á los renegados medianamente predispuestos para que 
volviesen á sus antiguas creencias tímidamente abandonadas; trataba á todos con una gracia 
particular, qué le concillaba el afecto de cuantos le conocían ; con lo poco que podia recoger 
socorría liberalmente á los mas necesitados, exhortaba á los pusilánimes, ilacois y tibios, cum- 
plia con los deberes de la religión , y componía versos , algunos de ellos sobre asuntos de pie- 
dad. Acaso á esta época deben referirse los romances infinitos de que habla él núsmo en so 
Vi<ge al Parnaso. 

Con este testimonio, que suplía con ventaja las perdidas cartas de recomendación, vino Cik- 
vJLntes lleno de seductoras esperanzas á besar las arenas de su pab-ia y abrazar á su desconso- 
lada familia. Su hermano Rodrigo , ascendido al grado de alférez , se hallaba sirviendo en las 
tropas que invadían el Portugal. Preparábase una expedición sobre las islas Terceras, que apo- 
yadas por la Francia y la Inglaterra negaban la obediencia á Felipe II y sostenían la pretensión 
de Ü. Antonio , prior de Ocrato. Gibvántes creyó inocentemente que el mejor medio de ade- 
lantar en su carrera sería multiplicar servicios buscando ocasiones de distinguirse , y con esta 
idea se resolvió sin tardanza, no embargante su manquedad, ¿ ofirecer su diestra ^ que vigo- 
rosa todavía y encallecida por los hieriros podia muy bien esgrimir la espada. 

Sirvió pues en las tres campañas de 1581 hasta 1583 , y según probables indicios concurrió á 
la acción naval del 25 de julio de 1582 en las aguas de la isla de San Miguel , y al sangriento 
desembarco verificado en la isla Tercera, en 15 desetiembre del año siguiente, álasórdenesde 
su antiguo general D. Alvaro de Bazan, marques de Santa Cruz; pero no tenemos noticias 
positivas de sus aventuras y hechos de armas en estas expediciones : solo sabemos que por 
aquellos tiempos fué enviado á Mostagán con cartas y avisos del alcaide de aquella fortaleza 
para Felipe II , quien le mandó pasar á Oran. También con esta época debieron coincidir cier- 
tos amores con una dama portuguesa, de quien hubo una bija natural llamada O.* Isabel de 
Saavedra, que formaba después parte de su familia, como se dirá. 

Concluida la guerra con la reducción de todas las posesiones ultramarinas pertenecientes á 
la monarquía portuguesa, y desvanecidas las probabilidades de fortuna por este camino, dejó 
CiRvÁims et servicio-militar y ^ó su domicilio, después de quince años de vicisitudes y ad- 
versidades. 



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VIDA DE CEBVANTES. xix 

O U ociosidad de sa nuevo género de vida, ó el deliberado propósito de tomar el ejercicio 
de eseriiMr como recurso para la subsistencia , fueron parte á que con mayor ardor se dedicase 
al culto de las Musas, que habian sido las delicias de su primera juventud y el consuelo de sus 
^ qDebraiitos. Durante su larga ausencia habian hecho grandes progresos las letras castellanas; y 
eo este movimiento de las inteligencias , aunque limitado y como encarrilado en direcciones 
parciales é incompletas, era ya mas difícil que la medianía obtuviese alguna tolerancia. Por 
entonces compondría su isleña, producción de que no conocemos mas que el nombre, por lo 
qoe él mismo indicó incidentalmente mucho después (10) , sin que podamos por ello inferir su 
Bitonleza, objeto é importancia. A ñnes de 1583 tenia ya concluida La Calatea, y solicitada la 
ucencia para su impresión, que se verificó pasado el mes de agosto del sAo inmediato, después 
del Mecimiento del insigne caudillo Marco Antonio Colonna , supuesto que en la dedicatoria 
isa hijo Ascanio, abad de Santa Sofia, se refiere ya á este suceso, dando asi un testimonio de 
ks gratas relaciones que habia conservado con sus favorecedores de Italia. Si es que Ckrván- 
TB escribió esta obra en el breve intervalo que medió entre su licénciamiento y la presenta- 
ción á la censura , esto sería una prueba bien relevante de su fecundidad. 

Ksla Calotea ana novela pastoral, género que se habia hecho muy de moda en todas las na- 
ciones cultas de Europa , desde que la introdujo el napolitano Sannazaro con toda la lozanía de su 
genio poético. Imitador de este ñié en España el portugués Jorje de Montemayor, que antes del 
año de 1562 habia publicado su Diana con tanto aplauso , que á muy poco salieron á la vez dos 
continuaciones de su mismo argumento , la una de corto mérito , compuesta por el salmantino 
Alonso Pérez, bajo el título de Diana segunda, y la otra llamada Diana enamorada, por el valen- 
óano Gil Polo, que compitió honrosamente con su modelo. Otras obras de la misma familia, 
qne seria aquí ocioso enumerar, anduvieron en boga en aquella época, mereciendo sm embargo 
alguna mención El pastor de Fllida, de Luis Galvez de Montalvo, dado á luz en 1582, no tanto 
por sus dudosas bellezas , como por la influencia que pudo ejercer el ejemplo del autor sobre la 
resolución que tomó su amigo Cervantes de ensayar su pluma en una composición bucólica. 
Pero el público empezaba á fastidiarse por la abundancia de un género .que sobjre. o&ecer 
Binados recareos , á fuerza de buscar Tá'nóvedad^iba extraviándose por caminos poco acomo- 
¿d^la naturaleza. Por eso La Calatea no excitó grande entusias mo , y la misma suerte cupo 
áotros poemas pastorales defechaposterior,ápesar de la fama y verdadero mérito de sus autores. 
OaTÍims, que no solía despreciar los frutos de su ingenio, se mostró severo con su Calatea en 
<1 discreto expurgo de la librería de Don Quijote , librándola del fuego solo por misericordia y 
con la esperanza de enmienda en la segunda parte prometida. Su censor oficial la calificó 
de provechosa, de mucho ingenio, de galana invención, de casto estilo y buen lenguaje. El 
censor tema razón : la mayor parte de sus defectos consistía en el género , la mas pequefie en 
el autor que lo habia escogido sin encontrar todavía en estos primeros pasos la senda á que 
lellamaban las condidones especiales de su privilegiada fantasía. 

Prescindiendo de los resabios bastante frecuentes de afectación y amaneramiento, el lenguaje 
es puro , elegante , armonioso mas bien que animado y correcto ; algunos caracteres están bien 
defineados; muchos incidentes inspiran el mas vivo Ínteres, y sobre todo la inventiva, este 
gnmdote de Cerváhtes, este órgano de su cerebro, como dirían los modernos, resalta allí 
magníficamente y sobresale entre todo lo demás. Pero esto no es bastante para disimular , ni 
hoimanúada complicación de sucesos que siendo inconexos entre si, embarazan, detienen, 
aterrampen y debiütan el curso de la acdo n principal , ni la inferioridad de dertos versos , ni 

( 10) También al par de Filia mi Filena 
Resonó por las sel «as, que escucharoo 
Mas de ana y otra alegre cantilena. 

(Yii^e al Panato, pig. 807.) 



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n \ VIDA DE CERVANTES. 

la sutil m^taHsica amorosa explicada como en una cátedra , ni la poca conformidad de las condi- 
ciones con las costumbres de los personajes, que desvanece toda la ilusión de la verosimilitud. 
Por esto convienen casi todos los críticos en que La Calatea ocupa el último lugar entre las 
obras de CbrvíIntks, en el orden de perfección literaria. 

Otros poetas intentaron disfrazar la sociedad con el traje de los pastores. GiavÁNtis quiso ademas 
retratar de intento á determinados personajes. Bajo los nombres del ya difunto Meliso quiso ce- 
lebrar á D. Diego Hurtado de Mendoza ; bajo el de Tirsi , Damon , Siralvo , Lauso , Larsileo y 
Artidoro, puso en escena á sus amigos Francisco de Figueroa, Pedro Lainez., Luis Calvez de 
Montalvo, Luis Barahona de Soto, D. Alonso de Ercilla, y micer Andrés Rey de Artieda;y 
si el tiempo no hubiera consumido las memorias que se hallaban frescas entonces , aun desci- 
fraríamos otras semblanzas , é interpretariamos otras alusiones. Es opinión generalmente re- 
cibida que en esta fábula los nombres de sus dos principales actores, el enamorado Elicio y la 
discreta Calatea, encierran los de Micnu. di Cebváhtbs y de D.* Catalina de Palacios, á quien 
á la sazón estaba el primero obsequiando con honestos fines. 

En efecto, consta que en 12 de diciembre del mismo año 1884 contrajo CERvÁims matrimo- 
nio con D,' Catalina de Palacios Salazar y Vozmediano, hija de Hernando de Salazar y Voz- 
mediano , y de Catalina de Palacios , ambos de las mas ilustres casas de Esquivias. Se echa de 
ver que habia estrechas relaciones entre las familias de los desposados, por cuanto el padre 
de Cervantes habia nombrado por albacea en su testamento ¿ la D.' Catalina, viuda ya, y 
madre de la que vino á ser después su nuera. El domicilio conyugal se estableció en la misma 
villa de Esquivias , al parecer muy modestamente , pues ni la dote de la mujer ni los recursos 
del marido á otra cosa daban lugar. Era preciso aguzar el ingenio para atender á las nuevas car- 
gas , y tanto la falta de ocupación como la proximidad de aquel punto á la corte de Madrid, da- 
ban á Cervantes frecuentes ocasiones para ir á activar sus pretensiones y cultivar sus amistades. 
Túvolas muy estrechas con los mas afamados ingenios de aquel tiempo , cuya benevolencia se 
habia ya granjeado por los elogios , á la verdad exagerados en su mayor parte , que acababa de 
^ prodigarles en el Catüo de Caliope , inserto en el libro sexto de su Calatea. Concuniria pro- 
bablemente á las academias particulares , donde sus amigos se juntaban á departir las cuestio- 
nes literarias del dia y á comunicarse el fruto de sus trabajos ; y así fué que á varios autores 
que publicaron por entonces sus obras , dedicó algunos sonetos y composiciones laudatorias 
para poner al frente de aquellas , urbana costumbre y tributo recíproco , que él mismo recibió 
y pagó, pero que con sumo donaire supo después ridiculizar en el prólogo de la primera 
parte del Don Quijote. 

Pero esto no daba medios de subsistir, y aunque generalmente la industria de escribir era 
entonces aun mas estéril que en nuestros dias, habia ciertos ramos que daban algún mes- 
quino producto, y uno de ellos era el teatro. La escena española estaba entonces aun en 
mantillas. Ni el artificio de Bartolomé de Torres Naharro , y sus secuaces Cristóbal de Castillejo 
y Juan de Malara, ni la cómica sencillez del insigne Lope de Rueda y su apasionado Juan de 
Timoneda, ni los esfuerzos de Fernán Pérez de Oliva, Pedro Simón Abril y Fr. Jerónimo 
Bermudez, para inocular en sus contemporáneos el gusto á las formas clásicas, hablan logrado 
formar un teatro verdaderamente nacional. Las reliquias de aquellos tiempos , preciosísimas 
para la historia del arte, como que señalan las huellas que dejó el ingenio español en su glo- 
riosa carrera, no podían servir de guia segura. No podemos detenemos mas en el examen de 
este punto, que fuera aquí digresión impertinente, y que en otra parte será, Dios mediante, 
oportuno objeto de investigación : baste decir que Juan de la Cueva en Sevilla y Cristóbal de 
Virués en Valencia, tomaban un rumbo nuevo y allanaban el camino al gran Lope de Vega, 
corrompiendo en su mismo origen la obra que preparaban. El pueblo entusiasmado por la 
brillante novedad corria en tropel á los corrales de comedias, y Cervantes, que escribía para 



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TIDA OE CERVANTES. zxi 

la snbBátencia y pan la gloria, se vio en el caso de contentar al pueblo qne pagaba y que 
aplaadii. 

Yante 6 treinta comedias , según él mismo nos dijo después, compuso en aquellos a&os ; y 
por la notable ineertidumbre conque se expresa sobre su número puede presumirse que en 
poco las estimaría. Sin embargo , ellas fueron bien recibidas por representantes y espectadores, 
jsin ofrenda de pepinos ni de otra cosa arrojadiza corrieron su carrera libres de silbos, gritas 
ybanumdas. De la mayor parte de estas primeras comedias ignoramos hasta los títulos : co- 
nocemos los de La gran íurqtiesea. La batalla naval, LaJerutaUn, La Amáronla ó La del 
Mtso, El bwqae amoro%o , La única y bizarra Aránda, que todas se han perdido , asi como La 
eaifuta, que él tenia por la mejor, habiendo llegado únicamente á nosotros El trato de Atjel 
j La NuHumeia. No analizaremos estas producciones : por la relación que tienen con la vida de 
noestro escritor , diremos únicamente que en ellas erró segunda vez su yocacion. 

Ocupaciones de otro género sobrevinieron á Cervantes, que desapareció de la escena lite- 
Ttria por el e^acio de cerca de veinte años. Pasemos rápidamente y como sobre ascuas por 
este periodo desagradable'. Obligado por la negra necesidad aceptó el encargo de temporal 
comisario ó factor de provisiones para la armada ; se trasladó con este motivo á Sevilla en 1S88, 
{«esto allí sns fianzas , desempeñó este cometido hasta 1592, y rindió sus cuentas. En el Ínterin 
no descuidaba sus pretensiones, como que en 1S90 solicitaba de S. M. un oficio de los que 
te hallaban vacantes en Indias , señalando particularmente la cbntaduria del nuevo reino de 
Granada, la de las galeras de Cartagena, el gobierno de Soconusco en Coate mala, ó el cor- 
regimiento de la ciudad de la Paz , pues con cualquiera de estos destinos se daba por satisfe- 
clio, apelando , como dijo él mismo, al remedio á que se acogian otros muchos perdidos en Se- 
ñUa, que era el pasarse á las Indias, refugio y amparo de los desesperados de España. El Rey 
ie sirvió decretar que no habia lugar, y que buscase por acá en qué se le hiciese merced. 
Dando á esta proniesa mas valor del que en sí tenia, volvió CsavÁirris á Sfadrid en 1394, y todo 
io qae pudo conseguir fué otra comisión del consejo de Contaduría mayor para la cobranza de 
dertas cantidades, que procedentes de tercias y alcabalas reales debían varios pueblos del 
reino de Granada, que recorrió en efecto, realizando estos créditos con suma eficacia, aunque 
no sin dificultades. En 159S tuvo que pasar á Sevilla con motivo de haber vuelto protestada 
ont letra sobre Uadrid de siete mil cuatrocientos reales , que habia remitido al tesorero gene- 
nl,y de cuyo importe se le hacia responsable; la quiebra del librador le puso en grandes 
q>aros , de que salió sin mas perjuicios que el desagrado. En 1S97 , según las cuentas forma- 
das por las oficinas, resultaba contra Cervantes un descubierto de dos mil seiscientos cuarenta 
7 on reales , y por real provisión se dio orden á un juez de Sevilla para que le prendiese y 'á 
n costa le enviase preso á la corte , á disposición del tribunal de Contaduría mayor. Verificóse 
la prisión, el encarcelado representó, y por buena composición se le puso en libertad, bajo 
fianza de presentarse dentro de treinta días en Madrid á rendir la cuenta y pagar el alcance. 

Corazón muy duro es preciso que tenga quien no se sienta penetrado de lástima al ver á 
CcBvÁims condenado á ocupaciones tan ajenas de su carácter, minuciosas, pesadas, capaces 
de yermar la imaginación mas fecunda y de abatir los mas altos pensamientos. Lejos de su casa, 
sin fija residencia, sin los consuelos de su familia, atenido á una misera retribución, luchando 
con la miseria de los contribuyentes, con las reclamaciones de las justicias y con las marru- 
Uerías de los arrendadores , sujeto á las caprichosas fórmulas oficinescas y á las estafas de los 
mercaderes de mala fe, mal agradecido por aquellos á quienes servia con el mayor esfuerzo 
qne puede hacer el hombre , cual es el sacrificio de las propias inclinaciones , expuesto con- 
únoamente á ser encausado y perseguido por partidas dudosas , cuya tenuidad nos da ver- 
güenza , CxRvÁHTKS debió sufrir extremadamente en esta época de su vida. ¡ Oh ! bien seguiros 
estamos de que en medio de tanto fastidio y tanta humillación , su ánimo altivo echaba de mé- 



) 



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XXH VIDA DE CERVAKTES. 

nos cada dia las húmedas mazmorras de Arjel, el duro trato de sus amos , el peligro de la vida, 
y aquella tarea incesante de combinar planes generosos, cuyo acicate era la esperanza y cuyo 
premio la libertad. 

Interpretando ciertas expresiones vertidas en el Viaje al Parnaso , han creido algunos que 
por imprudencia suya ó rareza de genio habia dejado perder ocasiones de medrar que se le 
venían á la mano. Harto conocemos lo que significan estos amargos desahogos en un hombre 
que habia manejado negocios de cierta naturaleza. Ckrvántks era honrado , era amante de su 
decoro , é incapaz de toda rastrera intriga ; era ademas compasivo , dadivoso , maniroto , si se 
quiere , en su pobreza como lo fué en su cautiverio : estas serian sus culpas ; Dios y los hom- 
bres se las perdonan. 

Terminada su segunda comisión, desempeñó algunas agencias de particulares, y en el año 
de 1S98 se hallaba todavia en Sevilla , donde compuso su célebre soneto sobre el túmulo eli- 
gido en aquella catedral con ocasión de las exequias de Felipe 11, asi como dos años antes 
habia escrito otro sobre el tardío socorro con que acudió á Cádiz el duque de Medina , después 
del desembarco de los ingleses al mando del conde de Essex. También desde el mismo ponto 
envió á Zaragoza una glosa en alabanza de S. Jacinto , para concurrir al certamen que en ce> 
lebridad de la canonización del Santo propusieron los padres dominicos del convento de dicha 
ciudad. La glosa de Cnaviims obtuvo el primer premio, lo cual nos da á entender que hube 
de habérselas con pobres contrincantes. Resulta pues que en el tiempo que le dejaban libre 
sus ocupaciones, se dedicaba á literarios ejercicios, y todos los indicios se reúnen para ha- 
cernos creer que por entonces escribió sus Novelas , las cuales , como composiciones de no muy 
larga extensión , bien pueden caber en la brevedad de sus ocios. A pesar de su subalterna po- 
sición, trató familiarmente con las personas mas distinguidas por su clase y su saber que exis- 
tían en Sevilla, ciudad culta y poderosa, patria entonces como siempre de clarísimos ingenios. 
Allí vio morir al divino Herrera , cuya memoria honró con un soneto , y concurrió á las ame- 
nas reuniones tenidas frecuentemente en el estudio del amable pintor y poeta Francisco Pa- 
checo, quien sacó su retrato entre los muchos de personas eminentes, que tuvo la laudable 
curiosidad de recoger. 

Desde fines de 1598 hasta principios de 1603 solo nos quedan de Cekvántks tradiciones, 
que si bien generales y constantes , no se apoyan en documentos conocidos : falta tanto mas 
sensible cuanto mas interesante seria saber las circunstancias que le dieron ocasión é impulso 
para escribir su libro inmortal : El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Sobre que en 
la Mancha estuvo por aquellos tmos, todos se hallan acordes ; y de que allí recibió algún desa- 
guisado en cierto pueblo, cuyo nombre recordaba con repugnancia, dan testimonio algunos 
pasajes de su obra. Pudo muy bien haberse trasladado á aquel pais , acogiéndose al amparo de 
algún pariente , entre los muchos y muy ilustres que por allí tenia ; pudo también haber ido á 
desempeñar alguna comisión , ya que este modo de vivir habia abrazado. (Unos aseguran (dice* 
Navarrete) que comisionado para ejecutar á los vecinos morosos de Argamasilla á que pagasen 
los diezmos á la dignidad del gran priorato de San Juan, fué atropellado y puesto en la cárcel; 
otros suponen que esta prisión dimanó del encargo que se le habia confiado relativo á la fa- 
brica de salitres y pólvora en la misma villa , para cuyas elaboraciones echó mano de las aguas 
del Guadiana, en peijuicio de los vecinos que las aprovechaban para el riego de sus campos; 
y no falta , en fin , quien crea que este atropellamiento acaeció en el Toboso , por haber dicho 
Cervantes á una mujer algún chiste picante , de que se ofendieron sus parientes é interesados. > 
La fama de quisquillosos y linajudos de que gozaban los pueblos de aquel distrito, la tradición 
que todavía subsiste en Argamasilla de que en la casa llamada de Medrano estuvo el encierro 
donde permaneció Ckrvántes padeciendo largos trabajos , y la expresión del mismo , confir- 
mada por otra de Avellaneda, de que su libro fué engendrado en una cárcel, donde toda inco- 



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VIOA DE CERVANTES. xiiu 

modidad tiene sa asiento, dan lugar á una multitud de conjeturas, que en vano se ha preten- 
dido ipnrar. Si lo que se refiere tiene , según parece , algún fundamento , es preciso confesar 
que DO se ha visto jamas en el mundo mas graciosa ni mas discreta venganza. Acaso esto mismo 
htbñ contribuido á que creyéndose alguno aludido en su persona ó en su familia por esta ó 
tqneQa expresión del Don Quijote , haya procurado ocultar los documentos que podían hacerle 
ndícolo n odioso. Por lo que á nosotros toca, deponemos todo resentimiento por aquella di- 
chosa prisión que tanto gusto y entretenimiento ha dado y dará aun al género humano , y el 
mismo CuTAKTKs quedaría agradecido á sus molestos perseguidores , en vista de la inmortidi- 
dtd qne inocentemente le granjearon. 

Se hallaba establecida la corte en Valladolid desde el año de 1600, y andaba todavía á vuel- 
to el ftstidioso etpediente del supuesto descubierto de Cervantes por resultas de las cuentas 
de sus cobranzas. Un informe que accidentalmente dieron en enero de 1603 los contadores de 
relaciones á la Contaduría mayor, iba á remover el asunto, dando lugar á nuevas vejaciones, 
cuando Cbbvántks, sabedor acaso de esta novedad, se presentó en Valladolid á dar sus des- 
caaos, que sin duda fueron satisfactorios, supuesto que habiendo residido en la corte y 
á vista del tribunal hasta el fin de sus dias, no volvió á ser molestado bajo el concepto de 
deodor á los caudales públicos. Disponía entonces á su arbitrio de la Monarquía el famoso 
doqne de Lerma, gran valido de Felipe III, que según las quejas de los contemporáneos y la 
TJsible decadencia del poderío , ríqueza y cultura de la nación , usó de su privanza en provecho 
propio mas qne en el común. En vano se esforzó Cervantes en exponerle sus servicios para con- 
segmr la apetecida recompensa : aquellos eran ya muy antiguos, y esta se guardaba solo para 
lissnjeros y paniaguados. El Duque, ambicioso de enlazar su familia con las mas esclarecidas 
del Reino, casó á su hijo segundo D. Diego Gómez de Sandoval con D.* Luisa de Mendoza 
que, como inmediata sucesora del titulo del Infantado, llevaba el de condesa de Saldaña. Al 
ñero Conde pues, que, según parece, era aficionado á la poesía, dirigió Cervantes una oda, que 
por primera vez sale al público inserta en la presente colección ; pero ni por este medio alcanzó 
d merecido &vor, y aseguran que fué redbido con despego por aquel orgulloso ministro. 

Desalentado Girvántes por este camino , y tratando de publicar la primera parte del Don 
Qif^oU, que acababa de escribir, se vio en la necesidad de buscar algún Mecenas poderoso, 
(pe, según se decia en la fraseología de la época, amparase la obra y la pusiese á cubierto de 
los tiros de la envidia. D. Alonso López de Zúñiga y Sotomayor, sétimo duque de Béjar, 
en DDO de los magnates que por aquel tiempo hacían gala de proteger las letras y honrar á los 
ntores, si bien no siempre con buena elección y discernimiento. Rehusando el Duque la de- 
dicatoria, ciñóse Cervantes á suplicarle se dignase oir un capítulo, y fué tanto lo que su lec- 
tm regocijó á los asistentes , que no le dejaron parar hasta el fin de la obra. Tanto fué menes- 
ter para aceptar un obsequio que habría llenado de orgullo al mas indiferente. Esta protección 
■daró muy poco , siendo de notar que Cervantes no dedicó al mismo Duque, que aun vivía, la 
upada parte del Don Quijote , ni volvió á mentarle en sus escritos. Atribuyese esto á la in- 
floeoda de un religioso entremetido que mangoneaba en casa de los duques, y que se empeñó 
eo desacreditar á Cervantes, hasta privarle de una acogida que miraba con los celos de un es- 
Mpido. 

La primera parte de El ingenioso hidalgo Don Quyote de la Mancha salió á luz publicada en 
Madrid á principios de 1605. ¿Qué dirérao$ de este esfuerzo del humano ingenio, de este libro 
asombroso, que ha sido durante mas de dos siglos la admiración del mundo, la envidia de 
las naciones extranjeras, el recreo del vulgo, la medicina de los mal humorados, y el reper- 
torio inmenso de todas las gracias de la conversación ? Las prensas no cesan de reproducirle 
ea todas partes , los doctos y los indoctos no se cansan de leerle , los hombres mas eruditos lo 
analizan y lo comentan, unos entusiasmándose por sus perfecciones hasta la idolatría, otros 



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uiv VIDA DE CERVANTES. 

rebuscando sus defectos., que los tiene sin duda, y parece que están aXá para abonar sus be- 
llezas , supuesto que á pesar de ellos la obra no deja de ser el modelo mas cabal. En hora feliz 
concibió Cervantes su gran pensamiento , tomó la pluma y la dejó correr libre y sin trabas, 
arrebatado por el impulso de su impetuosa imaginación. Nada era capaz de detenerla; si ta- 
Tíéramos el manuscrito , . hallaríamos en él pocos borrones. Olvidaba muchas veces lo que 
habia escrito , y caia en contradicciones y anacronismos ; tropezaba con una dificultad de 
lenguaje, y saltaba por encima, sacrificando la corrección á la enerjia ó á la gracia; le con* 
venia variar el plan , y tomaba otro rumbo con el mas gentil desenfodo : asi como su héroe, 
dice Clemencin , erraba por llanos y por montes , sin llevar camino cierto , en busca de las 
aventuras que la casualidad le deparaba, del propio modo el pintor de sus hazañas iba co- 
piando al acaso y sin premeditación lo que le dictaba su lozana y regocijada fantasía. Pudiera 
aplicársele, observa el Sr. Quintana en su Vida inédita, el dicho de Mengs al ver el cuadro 
de las Hilanderas de Velazquez : «Esto no está pintado con la mano, sino con la voluntad.* 

Es que Cervantes en esta ocasión , habiendo acertado con la horma de su ingenio , estaba lleno 
de su asunto , y tenia trazada en su mente , con rasgos precisos , firmes é indelebles , la origina, 
lisima figura de su héroe , de aquel loco amable é interesante , cuyas manías es necesario per- 
donar y aun aplaudir, en gracia de su generosa intención. A su lado presenta el mas bello con- 
traste la peregrina concepción del buen escudero Sancho Panza, segundo personaje de la 
fábula ; y la diversidad de los caracteres , la amenidad de las descripciones , la viveza del diá- 
logo, la oportuna verdad de los conceptos, la artificiosa naturalidad (si es licito decirio asi) 
de la narración , el inesperado desenlace de los sucesos intrincados , hacen desaparecer todos 
los lunares á los ojos del lector suspenso en la deliciosa lectura de un libro que no tuvo an- 
tes modelo , ni copia después. 

Hemos dicho la causa ocasional de la concepción del Don "Quijote ; pero esta pudo solo in- 
fluir en darle patria y lugar para sus hazsúias : el fin , la verdadera intención de la obra fué mas 
alta, filé eminentemente moral. La lectura délos libros llamados de cabaHerias, epopeyas in- 
formes y desatinadas , que traían su origen de la ruda ignorancia de la edad media, tenian tras- 
tomadas muchas cabezas. Era grande en todas las clases la afición á su lectura , que lejos de 
elevar los sentimientos é ilustrar á la sociedad , contribuía poderosamente á fomentar la cre- 
dulidad y la superstición , á confundir el valor racional con la antojadiza temeridad , á inspirar 
ideas equivocas sobre los deberes del hombre , y aun á corromper las costumbres , dando lugar 
á quimeras y locos devaneos, de que se seguían graves daños tanto á las familias como i U 
república. Todas las representaciones de las cortes del Reino, todas las disposiciones del go- 
bierno, todo el esfuerzo de los hombres eminentes, que como Luis Vives, Alejo Venegas, Be- 
nito Arias Montano y otros, habían declamado contra tales libros, no hubieran logrado dester- 
rarlos, si Cervantes, echando mano de la irresistible arma del ridiculo , que tan diestramente 
manejaba , no los hubiese arrojado para siempre á la sima del olvido que merecían. Jamas obra 
alguna logró triunfo mas completo. Tres años antes de su aparición se publicó la Crónica 
de Don Polieisne Boeeia; después de este acontecimiento literario, no hay ejemplar de que se 
imprimiese en España libro alguno de caballerías , hasta que en los tiempos modernos se ha re- 
producido uno que otro , no como pábulo de lectura entretenida , sino como objeto de curiosi- 
dad literaria. 

El ingenioso hidalgo fué recibido por el público con el aplauso que merecía, como que en 
el primer año salieron cuatro ediciones : dos en Madrid, ambas por Juan de la Cuesta ; una en Va- 
lencia , por Pedro Patricio Mey , y otra en Lisboa , por Jorje Rodríguez. Un tal Francisco Robles 
fué, según parece, quien compró á Cervantes el privilegio ; y atendido un éxito tan brillante y 
la necesidad del autor, es de creer que hizo una pingüe negociación. Esta popularidad aumenta 
las improbabilidades de la especie que anduvo muy válida y acreditada en el siglo último, de 

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VIDA DE CERVANTES. ssv 

qae povose CsRTÁims al ver qne so obra no obtenía el despacho que esperaba , hizo impri- 
gür sabrepticiamente un papel anónimo con el titulo de Buscapié, en el cual llamó la atención 
del público, dando la clave de las misteriosas aluúones esparcidas en su narración. Según es- 
to, el objeto del libro variaba de todo ppnto » supuesto que sus personajes no serían puramente 
iotCiDarios , sino caricaturas del emperador Carlos V y otros sugetos importantes de su corte, 
«D cajas empresas y regocijos reinaba á la verdad cierto espíritu caballeresco , que podia muj 
Ineo prestarse á la sátira. Pero nada confirma semejante hipótesis , y hay muchas razones que 
laoon&adicen y destruyen. Siempre CEKviims, especialmente en el Don Quyote, habló con 
lomo respeto y formalidad de aquel gran monarca, hasta darle el nombre de invicíisimo , pe- 
cando contra la gramática por esforzar el epíteto. No pudo pues ridiculizar á quien tanto en- 
cMoiaba; y fidtando conocidamente el motivo que se supone, no es de creer qu« un hombre 
tan comedido como CsavÁNTES quisiese exponerse gratuitamente á los peligros de una publi- 
cación qne hubiera podido costarle sinsabores de mas de un género. Pero una persona respeta» 
Ue aseguró á D. Vicente de los Rios que había visto un ejemplar del Buscapié en poder del 
conde de Saceda ; hecho que , sin ofensa de la veracidad del aseverante y sin menoscabo de la 
sana crítica , puede explicarse (observa Clemencin) por el artificio de idgun escritor para iludir 
al Conde, que era rico y goloso en la materia. cHas difícil era, añad^, contrahacer la edición 
primitiva de la gramática de Antonio de Lebrija, y se contrahizo en este siglo pasado : el fiw- 
eafié no tenia que temer comparaciones ni cotejos (*).> 

Oel entusiasmo público no participaron algunos escritores , ya por los celos del ofibio , ya 
por la creencia de hallarse comprendidos y señalados en las censuras literarias vertidas íncí- 
deatalmente y como de paso en el Don Quiote , ya en fin por efecto de estas malas tentaciones 
á que nos hallamos propensos sin poderlo remediar los que nos dedicamos á este ejercicio. Entre 
tales murmuradores deben contarse D. Luís de Góngora, inti-oductor del culteranismo, que 
aapezaba entonces á inficionar nuestra literatura, el Dr. Cristóbal Suarez de Figueroa , tra- 
ductor del Guorint, autor de la PUaa universal de ciencias, hombre excéntrico, como ahora diría- 
mos, en la sociedad donde vivía , y el escritor petulante que algún tiempo después, según vere- 
mos, se disfrazó bajo el pseudónimo de Alonso Fernandez de Avellaneda. Era este conocidamente 
ano de los ciegos admiradores del gran Lope de Vega, al cual iban sin duda dirigidas las dis- 
cretas observaciones del canónigo de Toledo, en el capitulo xlviii de la primera parte de Don 
Qiajoíe. Del mismo Lope hay indicios de resentimiento, que algunos se empeñan en negar, mas 
por macho que nos lastime el ver á dos hombres tan eminentes descender de su altura para 
eonñmdirse en el campo de las vulgares miserias , es fuerza confesar que hay en ello algo de 
Terdad, y que, si no hubo rompimiento, hubo desvio. ¿En qué punto debieron encontrarse los 
dn, caminando por distintos senderos hacia la cumbre de la gloria? Es verdad que quisieron 
reciprocamente invadir el patrimonio que la naturaleza les había señalado. Quiso Cervantes 
eiaihír comedias , y cayó en un punto mas abajo de la medianía ; quiso Lope escribir nóvelas, 
y apestó. En la vida de este últímo entraremos en mas pormenores sobre esta curiosa rivalidad. 

Pocos meses después de publicado el Don Quijote ocurrió, á Cekvántes un disgusto que de-, 
bió acibarar por algunos días su existencia. No parece sino que una tenaz fatalidad le andaba 
persiguiendo sin cesar por todas partes. Permanecia en Valladolid con alguna tranquilidad en 
dseao de su familia, compuesta de su mujer, de su hija natural, de su hermana viuda doña 

(') Desde qne escribimos la presente Vida no ba variado nuestra opinión en punto i la existencia del Btucapié , & 
pesar de haberse publicado el año pasado de i848 én Cádiz un libro de este titulo, con eruditisimas y abundantes no- 
tMi'por D. Alfredo de Castro, quien io encontró, no impreso como se saponia, sino copiado de mano, entre los pape- 
Ih que adquirió de un carioso. No es este lugar de exponer los Tundamentos que tenemos para pensar asi , de confor- 
■idad con otras personas mas inteligentes. Baste decir que la invención no corresponde al ingenio de Cerváhtes, 
Maque en el lenguaje se trató de remedarle, y que algún descaído cometido por el verdadero autor, colocando la 
, ja eo Madrid, ya en Valladolid, descubre la iocerlidambre con que escribía. 



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xsvi VIDA »E CERVANTES. 

Andrea, la misma que habia contribuido á su rescate , de una hija de esta , y de una persona 
allegadiza que se llamaba también su hermana y era beata. Por la noche del 27 de junia. es- 
tando ya recogido Cervántks y todos los de su familia , hubo en la calle cuchilladas , de que 
resultó herido gravemente D. Gaspar de Ezpeleta , caballero navarro , de la orden de Santiago, 
que andana rondando según la costumbre de los enamorados en aquellos tiempos. Pidió au- 
xilio; alborotóse la vecindad ; bajó Cervántks , y con la ayuda de otro fué colocado el herido en 
el cuarto de una vecina que se hallaba mas á mano , donde muñó en la mañana del 29. La dr- 
cunstancia de haberse depositado sus vestidos en casa de Cirvímtbs dio logar á que se le pu- 
siese en la cárcel junio con su hermana , hija y sobrina , según aquel dichoso método de enjui- 
ciar, que condenaba la compasión como un delito. Dias después, reconocida su inocencia, 
fué puesto en libertad; y los chismes de las mujeres sonsacadas por el juez en pesquisas y 
declaraciones impertinentes, han dado ocasión á la malicia de algunos para atribuir á Cervan- 
tes una industria vergonzosa , que es incompatible con la nobleza de su carácter. 

Restituida la corte á Ittadrid , la siguió Cervantes , siempre dedicado á las agencias que se le 
encomendaban , mientras su honrada familia le ayudaba con el trabajo de sus manos en cuanto 
puede ayudar el mezquino producto de las labores migeriles. En 1608 se reimprimió la pri- 
mera parte del Don Quijote á su vista : bizo algunas enmiendas, supresiones y añadiduras , pero 
tan á la lijera y con tal descuido , que parece inconcebible cómo pudieron escapársele errores 
que saltan á la vista de cualquiera. Sirva de ejemplo el olvido de la pérdida del rucio de San- 
cho Panza, distracción repetida siete veces én las primeras ediciones, corregida en dos pasa- 
jes de la de 1608 , y dejada sin tocar en los cinco restantes. No disminuía en un panto la boga 
que obtuvo la obra desde un principio , pues se reimprimió dos veces en Bruselas y una en Milán, 
y andaba en manos de los mas elevados personajes. Refiérese que liallándose Felipe III en un 
balcón de su alcázar de Madrid, vio de lejos á un estudiante que sentado á la orilla del Manza- 
nares con un libro en la mano , interrumpia á cada paso su lectura , dándose palmadas en la 
frente y haciendo grandes extremes de contento. «Aquel estudiante , dijo el Rey, ó está fuera de 
si , ó lee la historia de Don Quijote. > No faltaron palaciegos que corrieron inmediatamente á sa- 
ber la verdad del caso, y volvieron ganando albricias, á felicitar á S. M. , que habia acerta» 
do. Por respeto á la dignidad real , creemos que esta anécdota se refiere á tiempo posterior, 
cuando hubiese ya muerto Cervantes , pues no podríamos perdonar á Felipe el que, conociendo 
el mérito del Don Quijote, no premiase á su autor por los buenos ratos que había recibido , ó 
no le pagase por lo menos la deuda contraída por su padre. De todas maneras , los cortesanos 
tampoco le recordarían esta obligación ; siempre han sido lo mismo : esta es herencia que 
pasa intacta de padres á hijos sin necesidad de vincularse. 

Mayor aprecio encontró Cervantes en uno de los magnates que mas honraron en aquellos 
tiempos la grandeza española. Tal fué D. Pedro Fernandez de' Castro , conde de Lemos , gene- 
roso protector de los literatos y poetas , poeta él también, y no mediano cultivador de las letras, 
que en el año de 1610 fué nombrado virey de Ñapóles. Privado de su secretario Juan Ramírez 
de Arellano , que acababa de fallecer, ofreció inmediatamente este destino á Lupercio Leonardo 
de Argensola , rogándole que llevase consigo á su hermano Bartolomé, rector de Villahermosa, y 
buscase hombres de su genio y afición para oficiales de aquella secretaría. Argensola, que era 
tal vez el juez mas competente de su tiempo para graduar esta clase dé méritos, escogió con 
acierto singular entre sus amigos , que formando la mas lucida colonia fueron á convertir una 
oficina política en academia de las Musas. Muchos pretendientes de gran valia no cupieron en 
el arreglo de este personal , y no tuvieron por cierto quedas sus lenguas para quejarse de la 
forzosa exclusión. Cervantes, á no ser por su edad , que frisaba ya en los sesenta y tres años, y por 
su familia, que no era leve carga , hubiera probablemente formado parte de esta agradable expe- 
dición. En cambio los Argensolas le hicieron mil promesas , asegurándole que ni la ausencia 



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VIDA DE CERVANTES. . xsvn 

m la &lancia mengnaria en nn punto la protección del Conde, qne tanta merced les hacia. Pa- 
rece qoe con el tiempo anduvieron á la verdad sobrado tibios 6 desmemoriados, ó mas bien 
menos diligentes de lo que conviniera á las apremiadoras necesidades de su amigo, pues al 
puo qae este exhaló algunas reconvenciones en su Viege al Parnaso, bien se descubre el fondo 
del tienio cariño por entre las rendijas del descontento ; y es constante ademas que el buen 
Conde continuó favoreciendo á Cbrvíntbs, y Ckrvántbs dándole pruebas continuas de gratitud 
bastí el mismo trance de la muerte. 

La primera fué dedicarle sus Novelas (templares, que según hemos dicho habia ido compo- 
niendo en los intervalos que le dejaban libres sus fastidiosas ocupaciones por negocios ajenos. 
Antes de atreverse á eista publicación habia tratado de ediar la sonda en el gusto del publico, 
injiriendo en la primera parte del Don Quijote la novela del Curmo impertinente, y anun- 
eiudo qne aun quedaban otras en el cartapacio. La treta produjo su efecto , pues se le toleró 
fiáeilinente la caprichosa inoportunidad, en gracia del mérito de una composición, que en la 
o(Mnion de los inteligentes, y aun en la pobre nuestra, es la mejor de las novelas de Cbrvíntbs, 
il paso que estas son sos obras mas perfectas después del Don Quijote, Desglosándola de este, 
h imprimió en Paris en 1608 César Oudin , para el uso de sus discípulos , como modelo de 
lengua castellana ; lo cual debió alentar á su autor para dar á la prensa las demás de su género, 
como lo verifiicó en 1613, con licencia obtenida el año anterior. 

Mo se haHa en el mismo caso la relación del capitán cautivo Ruix Pérez de Yiedma. (^ván-> 
nsh eonsideró como parte integrante, annque descosida, del Don Quijote, ó por lo menos no 
h habia compuesto por separado : es de notar que en todas sus novelas el autor es quien re- 
fiere los sucesos ajenos, cuando el Caulxoo cuenta sus aventuras. El objeto que se propaso 
GnvÁRTBs en este episodio es evidente : en la mayor parte de sus obras, bajo uno ú otro pre- 
texto, introduce siempre una descripción de los trabajos del cantiverio en Arjel, recuerdo de 
los que él mismo sufrió en los mejores lAos de su vida , y protesta contra los que tan mal se los 
recompensaron. 

Doce fueron las novelas que publicó CbrvJIhtbs : La JitaniUa, La Fuersa de la sangre, Rin- 
cmaey Cortadiüo, La Española inglesa , ElAnumte liberal. El iieenctodo Vidriera, El Celoso 
airemeño. Las dos Doncellas, La ilustre Fregona, La Señora Cornelia, El Coíamiento enga~ 
iosojel Coloquio de los perros , todas de grande ingenio aunque de distintos quilates en cuanto 
i su mérito respectivo. Aunque no entraremos en un minucioso examen y cotejo sobre el valor 
qne i cada una corresponde, ni sobre las circunstancias que pudieron ofrecer materia para su 
composición , diremos en general que las dotes de buen narrador sobresalen , á nuestro modo 
de ver, en las de asuntos festivos y picarescos mas que en las de acciones serias y graves. Ckr- 
TÍnss sentía bien, no hay duda; pero al expresarlos sentimientos se echaba unas veces á su- 
tüiar y otras veces á disertar. Conmueve cuando se propone conmover , pero raras veces ar- 
luca una lágrima. Dejadle trazar caracteres ridiculos , describir costumbres extravagantes, 
contar travesaras, dialogar chistes y socarronerías, y veréis cómo todo se anima, todo ad- 
quiere movimiento y viveza; en vano querréis contener la risa, él la hará estallar. Este era su 
elemento, esta el arma privativa de su poder intelectual. 

Jactóse CKRviirrBs en su prólogo de haber sido el primero que habia novelado en lengua cas- 
tellana; segan lo cual, la palabra novela tendría entonces una significación menos lata que la 
aplicada en nuestros tiempos á este género de composición. Novelas se llamarían ahora los li- 
bros de caballerías, novelas la numerosa serie de poemas pastoriles que tenian inundado el campo 
de la litaratora, novelas las obras semejantes á la Celestina, que aunque bajo formas dramáticas 
no estaban destinadas á representarse ; novelas ElLaxariUo de Termes, de D. Diego Hurtado do 
Mendoza; El Picaro Giaman de Alfaraehe, de Mateo Alemán; los varios cuentos.incluidos en 
Ei Paírmuelo, de Joan de Timoneda; La Picara Justina, del P. Fr. Andrés Pérez; y retroce- 



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xxriii VIOA DE CERVANTES. 

diendó á época mas antigua, novelas se Uamarian también los pneciosos ejemplos morales que 
el infante D. Juan Manuel nos dejó en su Conde Lueanor. Por lo menos no se podrá negar que 
mas conviene tal denominación á estos libros, que al Coloquio de los perros, de nuestro autor, 
quien en este sentido no estaba en lo derto. Lo indudable es que Gbrvántbs dio á la novela 
una nueva forma y dirección , que no acertaron á conservar y seguir los imitadores que le su- 
cedieron : nadie en los tiempos inmediatos supo dar aquel color á los cuadros de costumbres, 
aquel interés á las acciones privadas, aquella soltura en la narración, aquella elegancia al len- 
guaje , aquel contraste y amenidad á los varios incidentes. Con esto logró CERVÁims desar- 
raigar una preocupación entonces muy común entre los extranjeros , que reconociendo la ro- 
tundidad y grandilocuencia de la lengua castellana, según el testimonio de Salas Barbadillo, la 
culpaban de corta y negaban su fertilidad, juzgándola menos acomodada á los asuntos de me- 
diana entonación ; idea falsa, que se hallaba mas que suficientemente refutada por la superio- 
ridad de nuestra comedia con respecto á los ensayos poco felices á que nuestra musa trágica 
se había aventurado. 

Llamó Cervantes ejemplares á sus novelas para distinguirlas de las poco edificantes de la es- 
cuela del Bocacio, que traducidas de idiomas extranjeros andaban en manos délos aficionados 
á este género de entretenimiento. Ninguna palabra soUó en ellas de que pueda darse por ofen- 
dido el pudor : (hasta los requiebros amorosos , dice él mismo , son tan honestos y tan medidos 
con el discurso cristiano , que no podrán mover á mal pensamiento al descuidado ó cuidadoso 
que las leyere ; pues de otro modo , antes me cortara la mano con que las escribí, que sacarlas 
al público» . Por esta razón sin duda , ó por otros buenos respetos , según decía , no incluyó en 
su colección la novela de La Tia fingida, queconsiderariaalgo libre y desenvuelta al lado de las 
demás , aunque según nuestra opinión particular la inmoralidad no consiste en retratar fiel- 
mente los vicios de la sociedad, sino en presentarlos bajo nn aspecto amable y seductor que 
estimule el apetito á la torpeza , en vez de descubrir las malas artes para que se precavan los 
menos advertidos , ofreciendo el amargo fruto de las pasiones ó hábitos desordenados , y seña- 
lando ya el castigo de la maldad, ya la ignominia de que se cubre ante la pública opinión, ya 
los consuelos del arrepentimiento y las ventajas de la enmienda. Con arreglo á estos principios 
La lia fingida está muy lejos de desmerecer el ser colocada entre las demás novelas ejempla- 
res. Una casualidad la salvó del olvido : alguna de las copias que se sacaron hubo de caer en 
manos del licenciado D. Francisco Porras de la Cámara, prebendado de la santa iglesia de Se- 
villa , quien la incluyó con otras del mismo Cervantes en una miscelánea que formó hacia el año 
de 1606, de varios opúsculos propios y ajenos, por encargo del arzobispo D. Femando Miño 
de Guevara , que quería pasar entretenido con esta lectura las siestas de verano en su quinta de 
Umbrete. Este manuscrito fué á parar en el archivo del colegio de San Hermenegildo de aque- 
lla ciudad , pasó luego al colegio Imperial de Madrid , y alli fué encontrado por O. Isidoro 
Rosarte : el Sr. Arriela sacó una popia de aquella novela , que con algunas mutilaciones pu- 
blicó en nuestros días. 

La manía de versificar contraída desde los primeros años duraba todavía en CERvÁimcs. Por 
aquella época hizo algunas composiciones sobre varios asuntos, y entre ellas una canción á los 
éxtasis de Santa Teresa de Jesús, para concurrir á la par de los mas a&mados ingenios al certamen 
que se celebró en Madrid con motivo de la reciente beatificación de aquella insigne española. Pero 
la obra poética de mas consideración fué la que dio á luz á fines de 1614, con el titulo de Vit^e 
al Parnaso. Quiso en ella imitar á César Caporali, natural de Perusa, poeta superior á él en el 
artificio de la rima, inferior en invención , y muy parecido tanto en el buen humor como en la 
mala suerte. Propúsose por objeto hacer, como en el Canto de Caüope , el elogio de los poetas 
españoles que entonces vivían y él reputaba por buenos, y la censura de los que corrompían 
el gusto y le guiaban por una senda extraviada, recomendando al mismo tiempo como de paso 



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TIQA DE CERVANTES. niz 

los propios méritos en la literatura y en la milicia. El pensamiento es ingenioso : no deja de ka- 
\tet tindas de tercetos que profaijaría cualquiera sin repugnancia. Los encomios son en gene- 
fil exagerados y propios de su natural indulgencia, la sátira es moderada, sin dejar de ser pi- 
cante, y mas que una maldición es ún conjuro á la nube de malos poetas que venia á descargar 
sobre naestro parnaso. La dedicatoria está dirigida al joven D. Rodrigo de Tapia, de quien no 
lenemo! mas noticia. Sigue al poema una adjunta en prosa, que es lo mejor por el donaire de 
Ja dicdoD : en ella habló de sus comedias y abrió asi el camino para darlas al público , como 
ardientemente deseaba. 

Pero ni los cómicos las querian representar , ni los libreros comprárselas para imprimir : en 
nno alegaba la buena acogida que hablan tenido las primeras que compuso, y aseguraba que 
DO eran tan malas las nuevas que con aquellas no pudiesen competir ventajosamente. Desde 
entonces habian ya trascurrido treinta años ; y en este intermedio babia aparecido Lope de 
Vega, alzándose con la monarquía del teatro, hasta granjearse una verdadera idolatría. Acudió 
ai librero Juan de Villaroel, quien le manifestó francamente que le comprarla desde luego las 
comedias, á no haberle dicho un autor de titulo, que de su prosa podia esperarse mucho, pero 
de sa verso nada : respuesta que le llegó al alma, pero no le conveneió. A. fuerza de instancias, el 
Kbrero acabó por tomárselas, mas por condescendencia y amistad, que por otra cosa , y se las 
pagó razonablemente. Todas estas curiosas circunstancias nos refiere el mismo Cervantes en un 
discreto prólogo que por su ingenuidad encanta y enamora. No es menos bella la carta de- 
totoria que dirigió al conde de Lemos. 

Gompónese esta colección de ocho comedias : El GaUardo etpañol , La Casa de los celos, 
LuSmos de Arjel , Et Rufián dichoso , La Gran Sidtana, El Laberinto de amor. La Entretenida 
j Pedro de Vrdemalas, y de otros tantos entremeses, que son : £2 Jue* de los divorcios, ElRu- 
fmmdo. La Elección de los alcaldes de Daganxo, La Guarda cuidadosa. El Fúcaino fingido^ 
ílReltí>l0 de las maravülas. La Cueva de Salamanca y £1 me;o celoso. No incluyó otro entre- 
oí títulado Los dos Habladores, que después de su muerte, en i624, fué representado é im- 
preso en Sevilla : no debió entonces de tenerle á la mano. 

Nada podemos decir en elogio de estas comedias , y aunque alguna mención honorífica mere- 
cerían los entremeses, la reservamos para otra ocasión mas oportuna y mas holgada, según hemos 
prevenido en la advertencia de este tomo. Las mayores pruebas de la inferioridad de aquellas son 
los mismos esfuerzos que han hecho en abono de CERvÁims sus ciegos admiradores. D. Blas 
deNasarre, que las hizo reimprimir en 1749, intentó persuadir que su autor las habia hecho 
artificiosamente malas para ridiculizar otras igualmente disparatadas que en su tiempo obtenían 
pan boga. El abate LampiUas atribuyó su publicación á malicia de impresores que las mutila- 
ña y trasformaron en uia todo , tomando el nombre y el prólogo de Cervantes. Uno y otro dic- 
tamen se hallan en manifiesta contradicción con hechos demostrados y constantes : mas cuerdo 
es reconocer con Horacio que alguna que otra vez dormitaba el buen Homero. 

CisvÁNTEs escribió indudablemente estas comedias, y con la mejor fe del mundo las dio cuando 
menos por pasaderas. Felicitóse en sa prólogo de haberse atrevido á reducir las comedias á tres 
jomadas, y de haber sido el primero en sacar figuras morales al teatro. Si los documentos relati- 
ntátiempos anteriores no son engañosos, estas proposiciones no son exactas. En 1SS3 Francisco 
de ivendifio, y en 1579 Cristóbal de Virués, se gloriaban también de lo primero ; y con respecto 
ib segundo , en el monumento mas antiguo entre cuantos se han conservado de la dramática 
española, en aquella danza general atribuida al rabí 0. Santo de Carrion, y fijada hacia el 
^de 1356, la Muerte es la que hace el primer papel. Nada quitamos á la gloria de Cervantes 
con rehusarte la prioridad en estas dos novedades , la una muy indiferente , y la otra de dudoso 
métito. 

Sntre tanto se ocupaba Cervantes en concluir la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, 

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sn VIDA DE CERVANXES. 

cuya próxima publicación había anunciado dos años antes en el prólogo de las Novelas; y ahora 
en la dedicatoria de las comedias decia nuevamente al conde de Lemos, que su héroe quedaba 
calzadas las espuelas para ir á besarle los pies. Pero otro se había anticipado á robarle el pen- 
samiento , atreviéndose á levantar el guante que arrojara Cortantes , cuando al concluir la pri- 
mera parte dijo lo del Ariosto : Forse alíri cantera con nñgUor plettro ; y lo hizo con tan poca 
gracia , que los graves defectos de que adolece esta continuación resaltan aun mas por el con- 
traste con su bello original. En 1614 en efecto se había nnpreso en Tarragona una Segunda parte 
del. Don Quijote, por el licenciado Alonso Fernandez de Avellaneda , natural de TordesiOas. 
Nombre y patria eran supuestos , y no ha podido averiguarse hasta ahora quién fuese el verda- 
dero autor. Conjeturas no sin fundamento hacen sospechar que era aragonés , y fraile domini- 
co , y tal vez autor de comedías ó por lo menos entusiasta de las de Lope de Vega. 

Es probable que cuando este libro llegó á las manos de Cehváktes se hallaba este en el ca- 
pitulo Lix de su segunda parte , pues allí empieza á hablar de él con el desden que su resenti- 
miento le inspiraba. Porque no se limitó el fingido Avellaneda á seguir el argumento de Ckr- 
vÁirris : atacaba ademas no solo su amor propio literario , sino también sus servicios militares, 
su triste situación y su moralidad, llamándole manco, viejo, pobre, envidioso, mal contentadizo, 
murmurador, delincuente ó encarcelado, y otras lindezas. No era Ckhvántks hombre que disi- 
mulaba sus defectos personales , y si no es por él mismo ignoraríiunos que fué tartamudo ; pero 
tocándole el punto de la honra, bien se echa de ver que sufría lo que no es decible. A este li- 
belo infamatorio aludió en su prólogo con una moderación ejemplar. A la nota de viejo con- 
testa que no estuvo en su mano detener el tiempo , y que no se escribía con las canas , sino con 
el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años; á la de manco, que este estropea- 
miento no nació en ninguna taberna , sino en la mas alta ocasión que vieron los siglos pasados, 
los presentes , ni esperaban ver los venideros , y tal que antes quisiera haber perecido en aque- 
lla facción prodigiosa, que verse sano después de sus heridas sin haberse hallado en ella; á la 
de pobre , que puede tener honra el desvalido , pero no el vicioso , y que la pobreza puede anu- 
blar la nobleza, pero no oscurecerla del todo; pero que como la virtud dé alguna luz de si, 
aunque sea por los inconvenientes y resquicios de la estrecheza, viene á ser estimada y favore- 
cida de los altos y nobles espíritus ; á la de envidioso , que de los dos géneros que hay de en- 
vidia solo conocía á la santa, á la noble y bien intencionada; á la de maldiciente , que á nadie 
tenia que perseguir , y menos á un sacerdote , y menos sí tenia por añadidura el ser familiar del 
Santo Oficio. Aquí paró su defensa, conteniéndose mucho, como expresó él mismo, en los tér- 
minos de la modestia. Se traslucen en efecto muchas reticencias forzosas : su detractor era, se- 
gún se sospecha , sacerdote ; pertenecía á la orden de Predicadores , cuya influencia es cono- 
cida en aquel tribunal suspicaz , que tan fücilmente se vengaba : harto dijo en su desagravio 
quien en tales, tiempos vivía. A lo de encarcelado nada contestó : para esto debía chocar con 
poderosos, y correr peligros sin gloria y sin resultado útil , y lo que es peor, con probable per- 
juicio de la causa de la pobre humanidad, si en odio de una censura determinada se hubie- 
ran prohibido las que mas generalmente lanzó sobre los vicios y ridiculeces de su siglo. 

Invectivas tan injustas han excitado el ínteres á favor del agraviado y la odiosidad contra su 
perseguidor. Por esto su obra, olvidada desde su nacimiento, se miró con cierta prevención, 
hasta que aquel espíritu de contradicción y apego á la rareza , que suelen con firecuencia invadir 
el campo de la literatura, lograron rehabilitar por un momento la memoria de Avellaneda. El 
célebre M. Lesage publicó en París, el año de 1704, una traducción de su Don Quiote, pero 
traducción alterada notablemente, con nuevas galas de estilo, y supresión de todo lo nausea- 
bundo : en fin , como sabia hacer estas cosas aquel habOisimo zurcidor. Apoyados en tal auto- 
ridad y en la creencia de que la traducción era fiel y ajustada , algunos literatos españoles , 
y entre ellos el Dr. D. Diego de Torres , reclamaron la reimpresión del original : D. Blas de 



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VIDA DE CERVANTES. xxii 

Naswre, hombre, segan hemos visto, de ideas algo singulares en semejantes materias, hizo 
una e<ficion en 1732, bajo el nombre de D. Isidoro Perales y Torres , que era un clérigo fami- 
liar sajo; y D. Agustín de Montiano y Luyendo, su amigo, llevado de una condescendencia 
difieilmente conciliable con sus buenos conocimientos , hubo de cometer , en una aprobación 
. qoefinnó, el solemne desatino de decir : cNo creo que ningún hombre juicioso sentenciará a 
ÜTor de CcBVÁNTxs , si forma el cotejo de las dos segundas partes. > En honor de la verdad no 
61ti en algunos pasajes soltura y gracejo ; pero la pesadez de otrqs , aquellas obscenidades 
repugnantes al lado de las miserables supersticiones que forman el claroscuro de la época, 
tqoella pobreza de invención y frecuente grosería de lenguaje, hacen á esta producción jac- 
tanciosa inferior en infinitos grados , no solo á la de Cervántks , sino á las de otros sus contem- 
poiineos. Nuestros lectores podrán juzgarlo con conocimiento de causa , cuando llegue su 
tono á la publicación de este bastardo Don Quyote, que tíene su lugar señalado en los tomos 
neesivos. 

Es cosa notable que cuantos han querido tomar esta gran concepción de GsavÁims por 
(sonto de sus composiciones, todos sin excepción, bástalos mayores ingenios, se han estre« 
liado, sin lograr otra cosa que reproducir pálidos reflejos. Presentaron á Don Quijote en la 
escena D. Guillen de Castro, Lope de Vega, D. Pedro Calderón de la Barca en su mismo 
ligio; en el siguiente lo hizo entre otros D. Juan Melendez Valdes, el restaurador del buen 
gusto en nuestra poesía ; y asi ensayó su talento cómico en estos tiempos D. Ventura de la 
V^, sin que ningimo de ellos se pueda gloriar de haber compartido con el autor original 
ma pequeña parte de su triunfo. 

La segunda parte del de Ckkvántks lleva indudablemente grandes ventajas á la primera. Sin 
dgir de adolecer de los defectos propios de la precipitación en el componer y de la pereza 
en el corregir, los descuidos son en menor número : es mas armónico el conjunto de las 
pules; no hay distracciones de importancia, ni digresiones que entorpezcan la marcha de la 
Cüwla hasta su fin; el héroe es consecuente en su locura, y Sancho Panza de cada vez mas. 
gndoso ; aparece desde el principio un nuevo personaje de un carácter magnificamente des- 
crito, el bachiller Sansón Carrasco, que contribuye del modo mas decisivo al desenlace. El 
(liento de Csaviims se engrandecía con la edad , y su fogosa imaginación en nada se resentía 
de 1m hielos de la vejez. Parece que Ccrvántis quiso desmentir la proposición que había ver- 
tido en boca del cura, de que nunca segundas partes fueron buenas. 

Piífió CcavÁHTEs licencia para imprimir esta á principios de 1618 : censuróla el licenciado 
Fnndsco Márquez de Torres, capellán de pajes del arzobispo de Toledo, quien en su apro- 
Iwdon, de fecha de 25 de febrero , nos ha conservado un hecho que vamos á trascribir en sus 
propios téiminos. «Certifico con verdad, dice el censor, que en 28 de febrero, habiendo 
ido el Dmo. Sr. D. Bernardo de Sandoval y Rojas, arzobispo de Toledo, mi señor, á pagar 
la visita qne á S. L hizo el embajador de Francia, que vino á tratar cosas importantes á lo& 
ctsamientos de sus principes con los de España , muchos caballeros franceses de los que vi« 
Dieron acompañando al Embajador, tan corteses como entendidos y amigos de buenas letras, 
te llegaron á mi y á otros capellanes del Cardenal mi señor, deseosos de saber qué libros de 
ingenio andaban mas validos; y tocando acaso en este que yo estaba censurando, apenas 
oyeron el nombre de Migckl di CntvÁirrfs, cuando se comenzaron á hacer lenguas, encare- 
ciendo la estimación en que asi en Francia como en los reinos sus confinantes se tenían sus 
obras. La GaUUea, que alguno dellos tiene casi de memoria la primera parte desta, y las No- 
Mbn. Fueron tantos sus encarecimientos, que me ofrecí llevarles que viesen al autor dellas, 
fie estimaron con mil demostraciones de vivos deseos. Preguntáronme muy por menor su 
«dnl, su profesión, calidad y cantidad. Hálleme obligado á decir que era viejo . soldado , 
tedalgo y pobre ; á que uno respondió estas formales palabras : i Pues á tal hombre no le tiene 



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nui VIDA OE CERVANTES. 

Espcnla muy rico y tuslmtado del erario público? Acudió otro de aquellos caballeros con este 
pensamiento, y con macha agudeza dijo : Sj necesidad ha de obligar á escribir, plega á Dios 
que mmca tenga abundancia, para que con sus obras, siendo él pobre, haga rico á todo el 
mundo.' De aqui, ¿.no tener otro dato mas positivo, hubo de sacar D. Antonio Capmany la 
especie de qae Gervántks fué solicitado con muy ventajosos partidos para ir á París á enseñar 
la lengua española, proponiendo sus propias obras por modelo de lenguaje. Si esta noüeia 
fuese cierta, no se hubiera podido elegir mas hábil maestro ni texto mas autorizado para una . 
enseñanza que era entonces común en toda Europa, y especialmente en Francia; donde según , ] 
decia Cervántks, ni varón ni mujer dejaba de aprender la lengua castellana. Pero aun asi, ni la li 
edad , ni el estado decadente de su salud, que anunciaba ya el próximo fin de sus días, le hubiera ' 
permitido ir á recibir en pais extranjero «I premio que no pudo obtener de sus compatriotas. 

En los últimos meses de 1615 salió por fin ¿ luz el complemento de la grande obra que to- I 
das las. naciones nos envidian. Fué acogida con aplauso por el público, y derramóse por todas | 
partes. Solo la Inquisición, á pesar del examen sufrido, quiso revisar la obra; y la minuciosa ! 
severidad con que verificó el expurgo puede conocerse por la inocencia de la única Grase que 
tuvo el gusto de tildar. Reprendiendo la duquesa é Sancho Panza en el capitulo xxxvi , por la 
demasiada blandura con que llevaba el importante negocio de los azotes para el desencanto de 
Dulcinea, le dijo en hora menguada : y advierta Sancho que las obras de caridad que se hacen 
tibia y flojamente no tienen mérito, ni valen nada; proposición que en buena teología puede 
no ser rigurosamente exacta, pero que lejos de ser malsonante, mas bien parece una pará- 
frasis de aquella enérjica expresión del sagrado texto : Tepidus est Vomam (e, y en una obra 
de este género bien puede permitirse alguna ponderación. Pero entonces la tibieza solamente 
era un delito cuando ¡se trataba de delatar, de perseguir, de hacer mal; cuando se trataba da 
hacer bien, toda indolencia era excusable. Los que habían perseguido á Fr. Luis de León, 
á Benito Arias Montano, al P. Juan de Mariana, debían cebarse en Gbkvántes en aquello 
poco á que se pudieron asir, pues ño era justo que se librase de la suerte común á los hom- 
breffmas eminentes .en letras y en piedad. De esta curiosa noticia no hemos encontrado rastro 
alguno en los autores que han escrito sobre Cbrvámtbs, y la hubiéramos ignorado nosotros, si 
nuestro eruditísimo amigo D. Luis de Usoz y Rio no hubiese llamado sobre ella nuestra 
atención , con presencia del índice expurgatorio publicado en 1619 , y de la edición de 1615. 
Ateniéndonos en la nuestra á tan indeclinable autoridad , hemos restituido el texto á su pureza 
original, seguros de que nadie se escandalizará, y menos después de esta advertencia. 

Nó en vano se acogió Cervantes á la sombra del cardenal arzobispo de Toledo D. Bernardo 
de Sandoval y Rojas, que como inquisidor general harto tendría que hacer con su consumada 
prudencia en contener á aquellos frenéticos. Este príncipe ilustrado , modelo de sólida virtud 
y amparo de los sabios honrados y menesterosos , estaba socorriendo hacia algún Uempo á 
Cervantes con una pensión, y con otra igual á Vicente Espinel. Despensero del patrimonio de 
los pobres y tío del duque de Lerma, quiso á la vez reparar una injusticia social y atenuar 
basta cierto punto las faltas de un individuo de su familia. 

Cervantes , hombre de religión sincera é ilustrada, se habia alistado en la congregación que 
todavía subsiste en el oratorio de la calle del Olivar, y que entonces celebraba sus ejercidos 
en el convento de la Trinidad, y fué recibido después en la Orden Tercera de San Francisco. 
Esta fué la moda de aquellos tiempos, y no era bien- mirado quien no la seguía, desde los 
reyes y grandes señores hasta los artesanos, de quienes decia el licenciado D. Pedro Fernan- 
dez de Navarrete , que con tanto número de cofradías andaban la mitad del imo atendiendo 
mas alas emulaciones y disputas, que á la devoción y á los medios de su honesta subsis- 
tencia. Esta confraternidad facilitaría á Cervantes el cultivar algunas buenas relaciones , y mi- 
tigar las amarguras de una vida apjesarada que por momentos se i])a acabando. 



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VIDA DE CERVANTES. xxxiii 

CuTÁNTis sobrevivió pocos meses á la publicación de su segunda parte del Don Quijote ; 
pero Uiro todavía lugar para dar la última mano á los Trabajos de Pérsües y Sigismunda, no- 
vela que, en el prólogo de las Ejemplares, tenia anunciada desde 4613, como librp que se 
atrevía i competir con el de Heliodoro , á no salir por atrevido con las manos en la cabeza. En 
la dedicatoria de la segunda parte del Don Quijote decia al conde de Lemos que dentro de 
cgiiro meses daría fin á este libro , que anticipadamente le ofrecía , el cual había de ser ó el 
mas malo ó el mejor que de los de entretenimiento se hubiese compuesto en nuestra lengua, c y 
lugo, añade, que me arrepiento de haber dicho el mas malo, porque según la opinión de mis 
amigos, ha de llegar al extremo de bondad posible.» Tal fué la estimación en que tuvo Cta- 
víiTRs á este reciente parto de su mgenio , juicio que no ba sido confirmado por la posteridad, 
sise exceptúan algunos pocos que le han preferido al Don Quiote ^inundándose en considera- 
eiúoes de orden accesorio y subalterno. Tal es la mayor corrección del lenguaje , que por sí 
sola DO basta á recomendar una obra de este género. I^ unidad de la acción , la concentrad- 
don del ínteres apenas se traslucen hasta el fin de los trabajos , cuando se ve el objeto de la 
larga, penosa y por mil accidentes contrariada peregrinación de aquellos singulares amantes. 
La narración .se halla interrumpida por continuos y prolongados episodios que distraen la 
atencioD, dividen y aflojan el interés,' y hasta borran de la memoria los personajes principales. 
Las escenas colocadas en países remotos y poco conocidos , como que no se hallan en el mapa, 
carecen de verdad; y si bien , cuando el autor conduce á sus viajeros por las tierras que corrió, 
aparece de nuevo la propiedad en los cuadros de costumbres , hay todavía una gran distancia 
de aquel movimiento que anima las aventuras de su Ingenioso Hidalgo. 

Tenia ya concluido el Pérsiles, cuando en 2 de abril de 1616, enfermo de hidropesía y sin 
poder salir de su casa , hizo en ella su profesión de la Orden Tercera. Dio el mal una breve tre- 
fu, que le permitió trasladarse á Esquívias , ó para despedirse de sus deudos , ó para buscar 
algún alivio en la variación de aires y alimentos , última receta de los médicos que pierden toda 
esperanza. Pero vista la ineficacia del arbitrio, se restituyó á Madrid á los pocos días : el en- 
cuentro que tuvo en el camino con un estudiante se halla descrito en el prólogo de dicha obra, 
y pmeba la jovialidad que conservó hasta sus últimos momentos, como quien satisfecho de su 
conducta, tranquilo en su conciencia, y confiado en la divina misericordia iba caminando 
alegre y animoso á los próximos umbrales de la muerte , que tantas veces arrostró. 

Pero donde mas resplandece la entereza del justo , es en la dedicatoria con que acompaftó 
el Pérñk* y Sigismunda á su constante protector el conde de Lemos , que relevado de su go- 
bierno de Ñápeles estaba próximo á regresar á la corte para tomar posesión de la presidencia 
de Italia. Deseaba Cervantes besarle las manos antes de morir; pero fué negado á su gratitud 
este consuelo. Recibido el sacramento de la Extremaunción el dia anterior, escribió en 19 de 
tbñl aquella carta tan festivamente tierna, que no tiene ejemplar en las agonías del mas firme 
estoico, é hizo su testamento encargando dos misas en sufragio de su alma, que restituyó dul- 
cemente al Criador en 23 de abril de 1616. ^ . . ' . , . , , , , • ''' 

En tal dia del mismo año , observa el doctor Bowle , falleció el célebre dramático Guillermo 
Shakespeare , honra y prez de la nación británica. Esta coincidencia es solo aparente. El dia 23 
de abril en el calendario inglés de aquellos tiempos correspondía al 12 del propio mes en el 
noestro : necias prevenciones religiosas habían retardado alli la adopción de la reforma grego- 
riana. Pero Shakespeare yace en un soberbio monumento bajo las suntuosas bóvedas de >^e8t- 
oinster, entre reyes y poderosos. El cuerpo de Cervantes, conducido humildemente por 
etutro hermanos de la Orden Tercera, con la cara descubierta, según la costumbre de aque- 
ta sociedad , fué enterrado en la iglesia de las Monjas Trinitarias , donde había profesado 
D.* Isabel, único finito de sus amores. Sus despojos, ¿dónde están? Cuando aquellas religiosas 
Ün y siete años después trasladaron su comunidad de la calle del Humilladero , en que se esta- 

T. I. ' C 



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XXXIV VIDA DE CERVANTES. 

blecieroii , á la de Cantarranas , donde aun permanecen , recogieron los restos de los que habían 
elegido aquel recinto para su último descanso , y los depositaron sin distinción en una huesa 
ignorada. Aun cuando un entendido frenólogo, escudriñando y rebuscando por entre aquellos 
montones de polvo y huesos descabalados , tomase un cráneo y nos lo presentase diciendo : 
«aquí pensó Miguel de Certántks Saavbdba», sería dudoso y desconfiado nuestro profundo 
acatamiento. 

En el año inmediato salieron á luz los Trabaos de Pérsiles y Sigismundo, en Madrid, Valencia, 
Barcelona y Bruselas. Se perdieron , probablemente para siempre , la segunda parte de La Ca- 
latea, Las Semanas del Jardín y El Bernardo, obras que se proponía concluir, si por un mila- 
gro , decía él al conde de Lemos , le restituía el cíelo la vida. 

Perdiéronse también suaretratos originales , que pintaron , según indicios Francisco Pacheco, 
y positivamente ü. Juan de Jáuregui. De cualquiera de los dos puede ser copia el que posee 
la Academia, atribuido por unos á Alonso del Arco, y por otros ¿ Vicente Carducho, ó ¿ 
Eugenio Cases ó alguno fle su escuela. Era Cervártbs, según la descripción que de si mismo 
nos hace , de estatura mediana, de color viva, antes blanca que morena, rostro aguileno , na- 
riz corva y bien proporcionada, frente lisa y desembarazada, ojos alegres, cabello castaño, 
barba un tanto mas clara, bigotes grandes, boca pequeña, dientes mal alineados, algo car- 
gado de espaldas y no muy lijero de pies , á la edad en que esto escribía, que era la de sesenta 
y seis años. 

Pero el retrato de su alma privilegiada se encuentra en sus escritos y en sus acciones. Im- 
pávido en los peligros, fuerte en las adversidades, modesto en sus triunfos, desprendido y 
generoso en sus intereses, amigo de favorecer, indulgente con los esfuerzos bien intenciona- 
dos de la medianía, dotado de juicio recto y clarísimo, de imaginación sin ejemplo en su fe- 
cundidad , pasó por el mundo como peregrino cuya lengua no se comprende. Sus contempo- 
ráneos no le conocieron, y le mvaron con indiferencia; la posteridad le ha dado una compen- 
sación justa, pero tardía; porque ha conocido que hubo un hombre que se adelantó á su siglo, 
que adivinó el gusto y las tendencias de otra sociedad , y que haciéndose popular con sus 
gracias inagotables, anunció la aurora de una civilización que amaneció mucho después. 

Los soberanos han honrado á porfía su memoria, los magnates amantes y protectores de las 
letras le han levantado monumentos, los sabios le han colmado de elogios, el pueblo venera 
su nombre con una especie de culto, las naciones extrañas nos le envidian, las artes todas han 
reproducido su efigie y las creaciones de su fantasía bajo mil formas , la imprenta multiplica 
sus escritos todos los años , y los difunde por todo el ámbito del mundo : nosotros no podemos 
prestarle otro homenaje que el de haber relatado sencQlamente sus hechos , y darle este pre- 
ferente lugar en la Biblioteca de Autores Españoles. 



VIN DE LA VIDA DK CERVANTES. 



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LOS SEIS LIBROS 

DE LA GALATEA. 



DEDICATORIA 

Al nmo. Sr. Ascanio Golonna, abad de Santa Sofía. 

Ha podido tanto conmigo el valor de V. S. I. que me ha quitado el miedo , que con razón 
debiera tener, en osar ofrecerle estas primicias de mi corto ingenio. Has considerando que el 
extremado de V. S. I. no solo vino á España para ilustrar las mejores universidades della, sino 
también para ser norte por donde se encaminen los que alguna virtuosa ciencia profesan (es- 
pecialmente los que en la de poesía se ejercitan), no he querido perder la ocasión de seguir 
esta guia , pues sé que en ella y por ella todos hallan seguro puerto y favorable acogimiento. 
Hágue V. S. I. bueno ámi deseo, el cual envió delante para dar algún ser á este mi pequeño 
servicio; y si por esto no lo mereciere, merézcalo á lo menos por haber seguido algunos años 
ks vencedoras banderas de aquel sol de la milicia que ayer nos quitó el cielo delante de los 
ojos, pero no de la memoria de aquellos que procuran tenerla de cosas dinas della , que ijié el 
eicdentisimo padre de V. S. I., juntando á esto el efeto de reverencia que hacían en mi ánimo 
las cosas, que como en profecía oí muchas veces decir de V. S. I. al cardenal de Aquaviva 
siendo yo su camarero en Roma ; las cuales ahora no solo las veo cumpUdas, sino todo el mundo 
que goza de la virtud, cristiandad, magnificencia y bondad de V. S. I., con que da cada dia se- 
dales de la clai-a y generosa estirpe do desciende : la cual en antigüedad compile con el prin- 
cipio y príncipes de la grandeza ae Roma, y en las virtudes y heroicas obras con la mesma vir- 
tndy mas encumbradas hazañas, como nos lo certifican mil verdaderas historias, llenas de los 
fañosos hechos del tronco y ramos de la real casa Colonna, debajo de cuya fuerza y sitio yo 
me pongo ahora, para hacer escudo á los murmuradores que ninguna cosa perdonan. Aunque, 
si V. S. L perdona este mi atrevimiento, ni tendré que temer ni mas que desear, sino aue nues- 
tro Señor guarde la ilustrisima persona de V. S. I. con el acrecentamiento de dignidad y estado 
que todos sus servidores deseamos. 

ILVSTBÍSIUO SENOa, 

B. L. H. de V. S. su mayor servidor, 

alGVEL DE cebvAntes saavediu, 

PROLOGO. 



Lfc ociqtacion de escribir églogas en tiempo que en general la poesia anda tan desfavoreci- 
da, bien recelo que no será tenida por ejercicio tan loable , que no sea necesario dar alguna 
puticalar satisfacción á los que siguiendo el diverso gusto de su inclinación natural , todo lo 
que es diferente del estiman por trabajo y tiempo perdido. Has pues á ninguno toca satisfacer 
i ingenios que se encierran en términos tan limitados, solo quiero responder á los que libres 
de pasión, con mayor fundamento se mueven á no admitir las diferencias de la poesía vulgar, 
creyendo que los que en esta edad tratan de ella se mueven á publicar sus escritos con lijem 
consideración, llevados de la fuerza que la pasión de las composiciones propias suele tener en 
)ds autores de ellas. Para lo cual puedo alegar de mi parte la inclinación que á la poesia siem- 
pre he tenido, y la edad, que habiendo apenas salido de los Umites de la juventud, parece que 
daficenda á semejantes ocupaciones : demás de que no puede negarse que los estudios de csfa 
T. t i 



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i PBÓLOGO. 

bcultad (en el pasado tiempo con razón tan estimada) traen consigo mas que medíanos prore- 
chos : como son enriquecer el poeta, considerando su propia lengua, y enseñorearse del arti- 
ficio de la elocuencia que en ella cabe para en:^)resas mas iütas y de mayor importancia, y abrir 
camino para que á su imitación los ánimos esb-echos que en la brevedad del lenguaje antiguo 
quieren que se acabe la abundancia de la lengua castellana, entiendan que tiene campo abierto, 
&cil y espacioso, por el cual con facilidad y dulzura, con gravedad y elocuencia, pueden correr 
con libertad, descubriendo la diversidad de conceptos agudos , sutiles , graves y levantados, 
que en la fertilidad de los ingenios españoles la favorable influencia del cielo con tal ventaja en 
¿versas partes ha producido, y cada hora produce en la edad dichosa nuestra ; de lo cual puedo 
ser yo cierto testigo, que conozco algunos que con justo derecho y sin el empacho que yo llevo, 
pudieran pasar con seguridad carrera tan peligrosa. Mas son tan. ordinarias y tan (aferentes las 
humanas dificultades, y tan varios los fines y las acciones , que unos con deseo de gloria se 
aventuran, otros con temor de infamia no se atreven á publicar lo que una vez descubierto ha 
de suflir el juicio del vulgo peligroso y casi siempre engañado. Yo, no porque tenga razón para 
ser confiado, he dado muestra de atrevido en la pubUcacion deste libro, sino porque no sabría 
determinarme destos dos inconvenientes cuál sea el mayor: ó el de quien con lijereza, de- 
seando comunicar el talento que del cielo ha recibido, temprano se aventura á ofrecer los fru- 
tos de su iugemo á su patria y amigos, ó el que de pujro escrupuloso, perezoso y tardío, jamas 
acabando de contentarse de lo que hace y entiende , teniendo solo por acertado lo que no al- 
canza, nunca se determina á descubrir y comunicar sus escritos. De manera, que asi como la 
osadía y confianza del uno podría condenarse por la licencia demasiada que con seguridad se 
concede , asimismo el recelo y la tardanza del otro es vicioso, pues tarde ó nunca aprovecha 
con el fruto de su ingenio y estudio á los que esperan y desean ayudas y ejemplos semejantes 
para pasar adelante sus ejercicios. Huyendo destos dos inconvenientes no he publicado antes 
de ahora este libro , ni tampoco quise tenerle para mí solo mas tiempo guardado , pues para 
mas que para mi gusto solo le compuso mi entendimiento. Bien sé lo que suele condenarse 
exceder nadie en la materia del estilo que debe guardarse en ella, pues el príncipe de la poesía 
latina filé calumniado en algunas de sus églogas por haberse levantado mas que en las otras; 
y asi no temeré mucho que alguno condene haber mezclado razones de filosofia entre algunas 
amorosas de pastores, que pocas veces se levantan á mas que tratar cosas de campo, y esto con 
su acostumbrada llaneza. Mas advirtiendo ( como en el discurso de la obra alguna vez se hace), 
que muchos de los disfrazados pastores della lo eran solo en el hábito, queda llana esta obje- 
don. Las demás que eu la intención y en la disposición se pudieren poner, discúlpelas la inten- 
don segura del que leyere, como lo hará siendo discreto, y la voluntad del autor, que fué da 
agradar, haciendo en esto lo que pudo y alcanzó, que ya que en esta parte la obra no respondí 
¿ su deseo, otras ofrece para adelante de mas gusto y de mayor artifido. 



AL AUTOR, POR VARIOS INGENIOS. 



DE LUIS CALVEZ DE MONTALVO. 

Wéntr» del yugo urtaelno anduvo 
Tu eaello preso y ta eerrii domada, 
T «lli ta aiiBt al de la fe amarrada 
A mas rigor, mayor firmeu taro , 

GozAse el cielo ; mas la tierra estuTO 
Casi viada sin ti; y desamparada 
De nnestrai musas la real monda, 
Tiisteu, llanto, soledad mantuvo. 

Pero despoes qne diste al patrio snelo 
Ta alma sana y ta garnsta aaelta , 
Dentro las faems Mnaras eonfasat, 

Deseabre claro ta valor d «lelo ; 
Góuse el mando en tti felice vnelta , 
T e«lin Espala lu perdidas masas. 



DE D. LUIS VARGAS HAMUQUE. 

Hicieron moestra en vos de su grandeía , 
Gran CEHvAitTxs, los dioses soberanos, 
Y cual primera, dones iiftnortales 
Sin tasa os repartió ualuraleu. 

Jove su ravo os ditf, que es la viven 
De palabras qne mueven pedernales , 
Diana en exceder i los mortalea 
En castidad de estilo con prestéis. 

Mercurio las historias maraAadas, 
Marte el raerte vigor qae el braio os maere. 
Cupido y Vinos todos sus amores, 

Apolo las canelones concertadas , 
Sa ciencia las Hermanas todas naeve, 
T al la el dios silvestre «w paatons. 



DE LÓPEZ MALDOKAOO. I 

Salen del mar y vuelven i sos sene» 
Después de una veloz larga carrera, 
Como i su madre universal primen. 
Los bijos della largo tiempo ajenos. 

Con su partida no la hacen mtaos, 
NI con su vuelta mas soberbia j Aera, 
Porque tiene qnedindose ella entera, 
De su bamor siempre sus estanques llenoi» 

La mar sois vos, 6 Calatea extremada. 
Los rios, los loores premia y fruto 
Con qae alcanzáis la mas ilustre vid* 

Por mas que dtis, lamas sertis mengwita 
T menos cuando os ota todos tribato: 
Con él veadrtls i tons mas erecida. 



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LA CALATEA. 



LIBRO PRIMERO. 



-ft>*-»4r*-vv. tMit«. 



T3*^ 



Utimis qnc (I triste lamentable acento 
M mal acorde («n del canto mió. 
En eco amargo M cansado aliento 
Responde el monte, e! prado, el llano, el rio , 
Demos al sardo y presuroso Tiento 
Las qnejas, qne del pecbo ardiente y Mo 
Salen i ni pesar, plnlendo en rano 
Ajada al rio, al monte, al prado, al llano. 

Crece el humor de mis causados ojos 
Las aptas de este no, y de este prado 
Las variadas lores son abroioa 
T espinas fue en el alma se nan entrado : 
Vo escacha el aho monte mis enojos, 
T el llano de eseoeharlos se ha cansado; 
T asi un peqnelo alivio al dolor mió 
Ho hallo en monte, en llano, en prado, en rio. 

Creí fae el taego, qne en el afma enciende 
El Biflo alado, el lazo con qne aprieta. 
La rrd sntil con qne los dioses prende, 
T la faria v rigor de sn saeta, 
Qne asi ofendiera como i mi me ofende, 
Al «■gcto sin par qiw me sujeta ; 
Mas eontn una alma qne es de mirmol hecha. 
La red no poede, el fuego, el lato y lecha. 

Yo si qne al fuego rae eonsnmo y quemo, 
T al laso pongo humilde la garganta, 
T I la red; invisible poco temo, 
T ei rigor de la leena no me espanta- : 
Por esto SOT llegado i tal extremo, 
A tanta dalo, 1 desventura tanta, 
Qne tengo por mi gloria y mi sosiego 
La saeta, la red, el lazo, el fttego. 

Esto cantaba Elido, pastor, en las riberas de Tajo, con 
faien natural^ se mostró tan liberal, cuanto la fortuna 
já amor éSasos; annque los discursos del tiempo, con- 
sumidor y renovador de las humanas obras, le trajeron 
itiinniíios, que tuvo por dichosos los infinitos y desdi- 
ckdos en qne se habia visto , y en los que su deseo le 
Uñ puesto , por la incomparable belleza de la sin par 
Stotea, p astora en h« misinas riberas nacid a: y annqne 
«nd pastoral y rustico ejercicio cnai^ fué de tan alto 
y nfaido entendimiento, que las discretas damas, en 
hs reales palacios crecidas y al discreto trato de la corte 
HostnmbradaSfSetuñeran por dichosas de parecería 
aalgo, así en la discreción como en la hermosura, por 
jhsnfinitosy ricos dones con qne el cieloáGalatea habia J 
■Aomado. Fué qoerid n y fon Rntmñnhla «hinrj^ amadaf 
^miif.lin<;pqftnn« y^auíderos, quepur las ribera del 
^_y iPWdft ap««Anta)Mjn ; fti^tfp ln« r.\]ii\p^ ^ tllrevirt 
A qnererla e l "tfU^ p*" Blicin . con tan pnro y sincero 
, caanto la virtud y honestidad de Calatea permi- 
ti». Pe Calatea no te entiende que aboi^<JftÍs&á Elicio. 
» Himnos que le a^ se ; porque a veces, casi como con- 
veacklayotilí^Sa á los muchos servicios de Elicio, con 
honesto favor le subia al cielo ; y otras veces ;in 
cuenta con esto, de tal manera le desdeñaba, qne 
«I enamorado pastor la suerte de su estado apenas cono- 
4ÍLNoeran las buenas partes y virtudes de Elicio para 
lioriLcene, ni la hermosura, gracia y bondad de Gala- 
la púa no amarse. Por lo uno. Calatea no desechaba de 
Wb ponto i Elicio ; por lo otro, Elicio no podia> ni de- 



bía, ni quería olvidar á Calatea. ParecíaleáGalalea, que 
pues Elicio con tanto miramiento de su honra la amabo, 
que seria demasiada ingratitud no pagarle con algún 
honesto favor sus honestos pensamientos. Imá^n^base 
Elicio^ue pues Calatea no desdeñaba sus servicios, que 
tendrían buen suceso sus deseos ; y cuando estas ima- 
ginaciones le avivaban la esperanza, hallábase tan con- 
tento y atrevido, que mil veces quiso descubrir áCalatet 
lo que con tanta dificultad encubria. Pero la discreción 
de Calatea conocía bien en los movimientos del rostro 
lo que Elicio en el alma traia;ytalelsuyo mostraba, 
que al enamorado pastor se le helaban las palabras en la 
boca, y quedábase solamente con el gusto de aquel pri- 
mer movimiento , por parecerle qne á la honestidad de 
Calatea se le hacia agravio en tratarle de cosas que en 
alguna oíanen pudiesen tener sombra de no ser tan ho- 
nestas, queja mUma honestidad en ellas se trasformase. 
Con estos allipajos de su vida , la pasaba el pastor tan 
mala, que á veces tuviera por bien el mal de perderla, 
á trueco de no sentir el qne le causaba no acabarla. Y 
asi un dia, puesta la consideración en la variedad de sus 
pensamientos, hallándose en medio de un deleitoso pra- 
do, convidado de la soledad y del murmurio de un de- 
leitoso arroyuelo que por el llano corría, sacando de sn 
zurrón nn polido rabel (al son del cual sus querellas al 
cielo cantando comunicaba), cdn voz en extremo buena 
cantó los versos siguientes : 

Amoroso pensamiento , 
Si te precias de ser mió , 
Camina con tanto viento , 
Qne ni te humille el desvio , 
Ni ensoberi)ezca el contento : 
Ten nn medio (si se acierta 
A tenerte en tal porfía), 
No huyas el alegría , 
NI menos cierres la puerta 
Al llanto que amor envía. 

SI quieres qne de mi vida 
No se acabe la carrera , 
No la lleves tan corrida , 
NI subas do no se espera 
Sino muerte en la calda : 
Esa vana presunción 
Bu dos cosas parar! , 
La una en tu perdición. 
La otra en que pagarl 
Tus dendas el corasen. 

Del naciste , y en naciendo 
Pecaste , j págalo tí , 
Hnyes del, y si pretendo 
Recogerte nn poco ea él , 
NI te alcanzo , ni te entiendo 
Ese vuelo peligroso 
Con que te subes al cielo 
(Si no fueres venturosa ) 
Ha de poner por el suelo 
Mi descanso y tu reposo. 

Diris que quien bien se emplea 
T se ofrece i la ventura , 
Qne no es posible que sea 
De tal jnzgado i locan 



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El brio de que se arrea ; 

Y qne en tan alta ocasión , 
Ks gloria que par no tiene 
Tener tanta presunción , 
Cuanto mis si le conviene 
Al alma y al corazón. 

Yo lo tengo asi entendida ; 
Mas quiero desengañarle. 
Que es sedal ser atrevido. 
Tener de amor menos parte 
Que el humilde y encogido : 
Subes tras una beldad 
Que no puede ser mayor : 
No entiendo tu calidad, 
Que puedas tener amor 
Con tanta desigualdad. 

Que si el pensamiento mira 
Un sngetn levantado , 
Contémplalo , y se retira 
Por no ser caso acertado 
Poner tan alta la mira : 
Cuanto mas que el amor nace 
Junto con la conlianza, 

Y en ella se ceba y pace, 

Y en fallando la esperania 
Como niebla se deshace. 

I>ues tü que ves tan distante 
El medio del tln qua quieres, 
Sin esperania y constante 
Si en el camino murieres, 
Moriris como Ignorante : 
Pero no te se de nada, 
Que en esta empresa amorosa 
Do la cansa es sublimada. 
El morir es vida honrosa , 
La pena gloria extremada. 



No dejara tan presto el agradable canto el enamorado 
Elicio, si no sonaran á ^derecha mano las voces de 
Eraslro, que con el i^auS de sus cabras hacia ^ej^hjg^r 
donde estaba se venia. Era Erastp un mstico ganadero; 
pero no le valió tanto su rústica y selvática suerte , que 
defendiese que de su robusto pecho el blando amor no 
tomase entera posesión, haciéndpJsjlUfiíer.lBas.auei 
su vida ala hermosa Calatea, á la cual sus querellas, 
cuando ocasión se le ofrecía, declaraba. Y aunque rús- 
tico , era, como verdadero enamorado , en las cosas del 
amor Un discreto, que cuando en ellas hablaba parecía 
que el mismo amor se las mostraba y por su lengua las 
proferia ; pero con todo eso (puesto que de Calatea eran 
escuchadas ), erah en aquella cuenta tenidas en que las 
cosas de burla se tienen. No le daba á Elicio pénala 
competencia de Erastro, porque entendía del ingenio 
de Calatea que á cosas mas altas la inclinaba, antes te- 
nia lástima y envidia á Erastro ; lástima , en ver que al 
fin amaba, y en parte donde era imposible coger el fruto 
de sus deseos : envidia, por parecerle que quizá no era 
tal su entendimiento, que diese lugar al alma á que sin- 
tiese los desdenes ó favores de Calatea de suerte ,6 que 
los unos le acabasen, ólos otros lo enloqueciesen. Venía 
Erastro acompañado de sus mastines , fieles guardado- 
res de las simples ovejuelas, que debajo de su amparo 
están seguras délos carniceros dientes de los hambrien- 
tos lobos , holgándose con ellos , y por sus nombres los 
Mamaba, dando á cada uno el título que su condición y 
ánimo merecía : á quién llamaba León, á quién Cavilan, 
á mién Robusto, á quién Manchado ; y ellos como si de 
entendimiento fueran dotados , con el mover las cabe- 
zas, viniéndose para él daban á entender el gusto que 
de su gusto sentían. De esta manpra llegó Erastro adon- 
dfljdeílHcio fué agradablemente recebido y aun rogado, 
que si eñ otra parte no había determinado de pasar el sol 
de la calurosa siesta, pues aquella en que estaban era 
un aparejada para ello, no le fuese enojoso pasarlo en 
sacompañia. Con nadie, respondió Erastro, la podna yo 



OBHAS DE CERVANTES. 

tener mejor que contigo , Elicio , si ya no fuese con 
aquella qfie está tan cnrobrecída á mis demandas, cuan 
hecha encina á tus continuos quejidos. Luego los dosM 
sentar on sobre la me nuda yerba , dejando andar a sos 
anchuras el gartádo, ¡Tespuntanao con los rumiadores 
dientes las tiernas yerbezuelas del herboso llano. Yco- 
pjpJEraslro jorjnuchas_yjdescubifirta_sjeriales_conoca 
claramente que EliciO á C alatea amab a , y que eTmere- 
círaiento de Elicio era de mayores qliilafes que el suyo, 
en señal de que reconocía esta verdaJ, en medio de sos 
plátícas entre otras razones le dijo las siguientes : 

No sé, gallardo y enamorado Elicio, sí habrá sido 
causa dedarte pesadumbre el amor que á Calatea tengo, 
y si lo ha sido, debes perdonarme, porque jamas ima- 
giné de enojarte ; ni de Calatea quise otra cosa que ser- 
virla. Mala rabia ó cruda roña consuma ó txc&be mis 
retozadores chivatos y mis temezuelos corderinos; cuui- 
do dejaren las tetas de las queridas madres , no hallen 
en el verde prado para sustentarse sino amargas tnerss 
y ponzoñosas adelfas, si no he procurado mil veces qai- 
tarla de la memoria , y si otras tantas no he andado á los 
médicos y curas delTúgar á que me diesen remedio para 
las ansias que por su causa padezco. Los unos me man- 
dan que tome no sé qué bebedizos de paciencia : los 
otros dicen que me encomiende á Dios, que todo lo cnn, 
ó que todo es locura. 

Permíteme, buen Elicio, que yo la quiera, pues pue- 
des estar seguro que si tú con tus habilidades y extrC' 
madas gracias y razones no la ablandas, mal podré yo 
con mis simplezas enternecerla. Esta licencia te pido, 
por lo que estoy obligado á tu merecimiento : que puesto 
que no me la dieses, tan imposible sería dejar de amar- 
la, como hacer que estas aguas no mojasen, ni el sol coa 
sus peinados cabellos no nos alumbrase. No pudo dejar 
de reírse Elicio de las razones de Erastro, y del comedi- 
miento con que la licencia de amar á Calatea le pedia; y 
as! le respondió : Nome pesa á mi. Erastro. que tújuna 
á Calatea : pésame bien •de'miténder de su condición, 
que podrán poco para con ella tus verdaderas razones] 
no fingidas palabras ; déte Dios tan buen suceso en tu 
deseos, cuanto merece la sinceridad de tus pensamien- 
tos : y de aquí adelante no dejes por mí respeto de qat' 
rer á Calatea , que no soy de tan ruin condición , que p 
que á mí me falfl ventura , huelgue de que otros no b 
tengan : antes te ruego , por lo que debes á la voluntad 
que te muestro , que no me niegues tu conversación ] 
amistad, pues de la mía puedes estar tan seguro, com< 
te he certificado : anden nuestros ganados juntos, pue 
andan nuestros pensamientos apareados : tú al son de b 
zampona publicarás el contento ó pena que el alegre i 
triste rostro de Calatea te causare , yo al de mí rabel, ei 
el silencio de las sosegadas noclies , ó en el calor de la 
ardientes siestas, á la fresca sombra de los verdes árbo 
les de que esta nuestra ribera está tan adornada, te ayu 
daré á llevar la pesada carga de tus trabajos, dando no 
ticía al cielo de los míos. 

-^ Y para señal de nuestro buen propósito y verdader 
amistad, en tanto que se hacen mayores las sombras d 
estos árboles, y el sol hacia el occidente se declina, acoi 
demos nuestros instrumentos, y demos principio i 
ejercicio que de aquí adelante hemos de tener. No a 
hizo de rogar Erastro ; antes con muestras de extras 
contento, por verse en tanta amistad con Elicio, yicá s 



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LA GALATEA, LimO I. 






m fíii^ ^ ^ir.in m raheT . y comenzando el ano , y re- 
plicandoelotro , cantaron lo que se sigue : 

lucio. 
BbDda , suave , reposadamente , 
iBgnlo amor, me sujetaste el día 
Qge los abellos de ero y bella frente 
Miri del sol , que al sol oscurecía : 
Ti losiero cruel , cual de serpiente 
En las rubias madejas se escondía , 
Yo por mirar el sol en los manojos. 
Todo vine i bcberle por los ojos. 

EKÁSnO. 

Atdnito qaed¿ y embelesado , 
Como estaba sin voz de piedra dura, 
Cuando de Calatea el extremado 
Donaire vi, la gracia ; bermosura : 
Amor me estaba en el siniestro lado , 
Con las saetas de oro (| ay muerte dura ! ) 
Haciéndome una puerta por do entrase 
Calatea , v el alma me robase. 
zucio. 

;Can qné milagro , amor, abres el peetao 
Del miserable amante qne te signe , 
T de la llaga interna que le has hecho 
Crecida gloria muestra que consigue? 
: Cúmo el dallo que haces es provecho? 
Cómo en tu muerte alegre vida vive 
El alma que prueba estos erectos todos? 
La causa sabe, pero no los modos, 
iiusno. 

No se ven tantas rostros Hgnrados 
En rolo espejo , A hecho por tai arte , 
Que si uno en él se mira , retratados 
Se ve una multitud en cada parte; 
Coantos nacen cuidados y cuidados 
De un cuidado cruel que no se parte 
Del alma mia i su rigor vencida , 
Hasta apartarse jnnto con la vida. 

EUCIO. 

La blanca nieve y colorada rosa , 

8oe el verano no gasta , ni el invierno , 
I sol de dos luceros, do reposa 
El blando amor, y á do esbrá tn eterno 
La voz cual la de Orfeo poderosa 
De suspender las furias del inllema, 

Y otras cosas iiue vi quedando ciego , 
Yesca me han hecho al invisible fuego. 

EKASTBO. 

Dos hermosas manzanas coloradas. 
Que tales me semejan dos mejillas, 

Y el arco de dos rejas levantadas , 

ttae el de Iris no llegó i sns maravillas. 
Dos rayos , dos tailenis extremadas 
Dt penas entre grana , si hay decillas , 
Mil gracias, que no tienen par ni cuento 
Niebla me han hecbo al amoroso viento. 

ELIGIÓ. 

Yo ardo y no me abraso , vivo y mnero , 
Estoy lejos y cerca de mi mismo , 
Espero en solo un punto y deaaspero , 
Sábome al cielo , bajóme al aoismo , 

Sgiero lo que aborezco : blando y Uero 
e pone el amaros parajismo : 

Y con estos contrarios paso i paso 
Cena estoy ya del último traspaso. 

KBASTIO. 

Yo te prometo , Eljcio , que le diera 
Todo cuanto en la Vida me ha quedado 
A Calatea , porque me volviera 
El alma y corazón que me ha robado : 

Y después del ganado , le aladiera 
lli perro Cavilan con el Manchado ; 
Pero como ella debe de ser diosa , 
Bl alma querri mas que no otra cosa. 

■uao. 
Erastro, el corazón qne en alta parte 
Es puesto por el hado , suerte ó sino , 
Quererle derribar por fuerza 6 arte, 
O diligencia humana, es desaliño: 
Debes de su ventura contentarte ; , 

Qne aunqae mueras sin ella, yo ima^no 

gue no hay vida en el munoo mas dichosa 
amo el morir por causa tan honrosa. 

Ya se aparejaba Erastro para seguir adelante en su 
OBto , cuando sintieron, por un espeso montecillo qne á 
naeipaMas estaba , un no pequeño estruendo y ruido. 



y teyantándose |f>a '!<« <*» p"» p»r y*"" '" T'? era , vieru 
que del imonte salla un pastor f^rrienrtn ^ 1^ myyt 
priesa del m undo, (»]^üuachillodesnudo en la mgnt 
y la color del rostro mudada : y .que tras él venia otro 1 
jercLjjastor, que á pocos pasos alcanzó al primero, 
asiéndole por el cabezón del pellico, levanta) el brazo c 
el aire cuanto pudo , y un agudo puñal que sin vaíi 
traia s t) le (scon dió dos veces en el cu^tpo.. diciendo 
Recibe, ó mal lograda Leónida ,1a vida deste traido 
que en venganza de tu muerte sacriGco. Y esto fué co 
tanta presteza , que no tuvieron lugar Elicio y Erasti 
de estorbárselo , porque llegaron á tiempo que ya el he 
rido pastor daba el último aliento, envuelto en estas p( 
cas y mal formadas palabras : Dejárasme, Lisandro, sa 
tisfacer al cielo con mas largo arrepentimiento el agravi 
que te hice , y después quitárasme la vida , que aboi 
por la causa que he dicho, mal contenta de estas camt 
se aparta ; y sin poder decir mas, cerró los ojos en sen 
pitema noche. Por las cuales palabras imaginaron El 
ció y Erastro, que no con pequeña causa habia el oti 
pastor ejecutado en él tan cruda y violenta muerte, 
por mejor informarse do lodo el suceso, quisieran pre 
guntárselo al pastor homicida ; pero él con tirado pas( 
dejando al pastor muerto , y á los dos admirados, se toi 
Dó á entrar por el montecillo adelante. Y queriendo El 
ció seguirle, y saber del lo que deseaba, le vieron tomi 
á salir del bosque, y estando por buen espacio desviac 
de ellos , en alta voz les dijo : Perdonadme , comedid) 
pastores, si yo no lo he sido en haber hecho en vuest 
presencia lo que habéis visto , porque la justa y mort 
ira que contra ese traidor tenia concebida no me dio li 
gar á mas moderados di^ursos : lo que os aviso es , qi 
si no queréis enojar á la deidad que en el alto cíelo m< 
ra, no hagáis las obsequias y plegarías acostumbrad 
por el alma traidora de aquese cuerpo que delante b 
neis, ni á él deis sepultura , si ya aqui en vuestra tier 
no se acostumbra á darla á los traidores ; y diciendo es 
i todo correr se volvió á entrar por el monte , con tan 
priesa que quitó la esperanza á Elicio de alcanzar! 
aunque le siguiese ; y asi se volvieron los dos contie 
ñas entrañas á hacer el piadoso oGcio,.y dar sepultu 
como mejo r p udirtsenal m isHrRhl^jíiiRrjinqiiH tan r 
pentinamente habia acabado el curso de sus cortos dii 
Erastro fué á su cabana, que no lejos estaba, y trayen 
suficiente aderezo hizo una sepultura en el mismo I 
gardo el cuerpo estaba, y dándole el último vale, le p 
«eron en ella. Y no sin compasi ón de su desdicha 
caso, se volvieron i sus< ^nadoSl y recogiéndolos o 
alguna priesa , porque ya eí sol se entraba á mas aní 
por las puertasdel occidente, se recogieron á sus at^ 
tumbrados albergues, donde no su sosiego dellos, nj 
poco que sns cuidados le concedían , podían aparta 
Elicio de pensar qué causas hablan movido á los ^ 
pastores para venir á tan desesperado trance ; y ya 
pesaba de no haber seguido al pastor homicida, y std 
del, si fuera posible, lo que deseaba. Con este pensami 
to, y con los muchos que sus amores le causaban, A 
pues de haber dejado en segura parte su robaño, se el 
de su cabana , como otras veces solia , y con la luz di 
hermosa Diana, que resplandeciente en el cielo se vá 
traba, se entró por la espesura de un espeso bosque é 
laute, buscando algún solitario lugar adonde en el 
lencio de la noche con mas quietud pudiese soltig 



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« OmAS- DE CERVANTES 

rienda á bu amoroBat únag^iiacioiies , por ser cosa ya 
averiguada qne á los tristes imaginativos corazones nin- 
guna cosa les es de mayor gusto qae la soledad, de^r- 
tadora de memorias tristes ó alegres. Y así yéndose poco 
á poco, gustando de un templado céfiro qiíe en el rostro 
le hería, lleno de suavísimo olor que de las olorosas fio- 
res de que el verde suelo estaba colmado , al pasar por 
ellas blandamente robaba envuelto en el aire delicado, 
oyó una voz como de persona que dolorosamente se 
quejaba, y recogiendo por un poco en sí mismo el alien- 
to , porque el mido no le estorbase de oir lo que era, 
sintió qne de unas apretadas zarzas, que poco desviadas 
del estaban , la entristecida voz salia ; y aunqne inter- 
! rota de infinitos suspiros , entendió que estas tristes rtt- 
' zones pronunciaba : Cobarde y temeroso brazo, eneroi- 
, go mortal de lo que á tí mismo debes , mira que ya no 
, qneda de quien tomar venganza sino de ti mismo : ¿ de 
qué te sirve alargar la vida que tan aborrecida tengo ? 
Si piensas que es nuestro mal de los que el tiempo suele 
curar , vives engañado, porque no hay cosa mas fuera 
de remedio que nuestra desventura ; pues quien la pu-' 
diera hacer buena la tuvo tan corta , que en los verdes 
años de su alegre juventud ofreció la vida al carnicero 
cuchillo que se la quitase por la traición del malvado 
Carino , que hoy con perder la suya habrá aplacado en 
parte á aquella venturosa alma de Leónida, si en la ce- 
leste parte donde mora puede haber deseo de venganza 
alguna. [Ah, Carino, Carino! ruego yoi los altos cielos, 
si dellos,las justas plegarías son oidas , que no admitan 
la dSíuJpá , si alguna dieres, de la traición que me hi- 
ciste, y que permitan que tu cuerpo carezca de sepul- 
tura, asi como tu alma caredió de misericordia. Y tú, 
hermosa yinaU^EI^^JíSánida , recibe en muestra del 
amor que en vida te túvenaTÜgrímas que en tu muerte 
derramo ; y no atribuyas á poco sentimiento el no aca- 
bar la vida con el que de tu muerte recibo ; pues sería 
poca recompensa á lo que debo y deseo sentir , el dolor 
que tan presto se acabase : tú verás , si de las cosas de 
acá tienes cuento, cómoyeste miserable cuerpo quedará 
undia consumido del dolor, poco apoco, para mayor 
pena y sentimiento : bien ansí como la mojada y encen- 
dida pólvora, que sin hacer estrépito ni levantar llama 
en alte , entre sí mesma se consume, sin dejar de sí sino 
el rastro de las consumidas cenizas. Duéleme cuanto 
puede dolerme, ó alma del alma mía, que ya que no pu- 
de gozarte en la vida, en la muerte no puedo hacerte las 
obsequias y honras que á tu bondad y virtud convenían; 
pero yo te prometo y juro, que el poco tiempo, que será 
bien poco, que esta apasionada ánima mia rigiere la pe- 
sada carga deste miserable cuerpo, y la voz cansada tu- 
viere aliento que la forme, de no tratar otra cosa en mis 
tristes y amargas canciones, que de tus alabanzas y me- 
recimientps. A este punto cesó la voz, por I» fnal '^üíja 
' conoció^clara mentegu g aq"ei erg el pastorhomicida . de 
1 que recibió üSHChógustoí por parecerle que estaba en 
parte donde podría saber del lo que deseaba : y querien- 
do llegar mas cerca , hubo de tornarse á parar , porque 
le pareció que el pastor templaba un rabel , y quiso es- 
cuchar primero si al son del alguna cosa diría, y no tardó 
mucho que con suave y acordada voz oyó que desta 
manera cantaba : 



¡OhitinaTeiiInrosa, 
Qne del hnmino velo 
Libre il alta región ñn Tolaitt , 
Dejando en tenebrosa 
Circel de deseonnelo 
Mi vida , annqoe conttfo la Uvnstel 
Sin ti , escura deiasle 
La lu clara del ala. 
Por tierra derribada 
La esperania rondada 
En el mas firme asiento de alegrft : 
En In , con tn partida 
Qoedd vivo el dolor , mnerta la vida. 

Envnelto en tas despajos 
La muerte se ha llevado 
El mas subido extremo de belleía. 
La luí de aquellos ojos 
Que en haberte mirado 
Tenían encerrada su riquen : 
Con presta lijeren 
Del alto pensamiento , 

Y enamorado pecbo 
La gloria se ha desbecho , 
Como la cera al sol 6 niebla al viento; 

Y toda mi ventara 
Cierra la piedra de tu sefaltai*. 

iCdmo pudo la-mano 
Inexorable y cmda , 

Y el intento cruel , facineroso 
Del vengativo hermano , 
Dejar libre y dosnnda 
Tn alma del mortal velo hermoso t 
: Por qué turbé el reposo 
De nuestros corazones? 
Que si no se acabaran, 
En uno se juntaran 
Con honestas y santas condiciones. 
¡ Av , Acra mano esquiva , 
Cdmo ordenaste que muriendo viva! 

En llanto sempiterno 
Ni inima mezquina 
Los alos pasari , meses j días : 
La tuva en gozo eterno , 

Y edad (Irme y contina 
No temeri del tiempo las porfías : 
Con dulces alegrías 
Veris Arme la gloria 
Qne lu loable vida 
Te tuvo merecida ; 

Y si puede caber en tn memoria 
Del suelo no perderla , 
De quien tanto te amó debes tenerla. 

Has i oh cuin simple he sido. 
Alma bendita y bella ! 
De pedir qne te acuerdes ni aun bariasdo 
De mi qne te be querido , 
Pues sé que mi querella 
Se iri con tal favor eternizando : 
Mejor es , que pensando 
Que soy de ti olvidado , 
Me apriete con mi llaga , 
Haga que se deshaga 
Con el dolor la vida qoe ha quedado , 
Con tauvitrafia suerte. 
Que no tiene por mal el de la muerte. 

Goza en el santo coro 
Con otras almas santas , 
Alma , de aquel seguro bien eterno. 
Alto , rico tesoro , 
Mercedes, gracias tantas. 
Que goza el qne no huye el buen sendero 
ahí gozar espero , 
Si por tns pasos guio. 
Contigo en paz entera 
De eterna primavera 
Sin temor , sobresalto ni detrio ; 
A esto me encamina , 
Pues seri haiaha de tus obras dina. 

Y pues vosotras, celestialeB alma*. 
Veis el bien qne deseo , 
Creced las alas i tan buen deseo. 



Aquí cesó la voz, pero no los suspiros del desdichado 
que cantado habia , y lo uno y lo otro fué parte de acre- 
centar en Eiicio la gana de saber quién era. Y rompien- 
do por las espinosas zarzas, por llegar mas presto á do b 
voz salía, salió á un pequeño prado, que todo en redon- 
do á manera de teatro de espesísimas é intrincadas ma- 
tas estaba ceñido , en el cual vio un pastor que coa ex- 



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LA CALATEA, LIBRO 1. 



teiudo brio estaba con el pié derecho delante y el 
iqnierdo atrás, y el diestro brazo levantado, á guisa de 
[oien «spenba hacer algún recio tiro. Y asi era la ver- 
dad, ponioe con el ruido que Elicio al romper por las 
matas babia hecho , pensando ser alguna íiera ( de la 
eaalcoavenía defenderse el pastor del bosque), se liabia 
paesto á punto de arrojarle una pesada piedra que en la 
Buo tenia. Elicio , conociendo por su apostura su in- 
leaco, intes que le efectuase, le dijo : Sosiega el pecho, 
Jastiióado pastor , qoe el que aquí viene trae el suyo 
ipirejado á lo que mandarle quisieres, y quien el deseo 
it saber tu ventura le ha hecho romper tus lágrimas y 
turbar el alivio qne de estar solóse le podría seguir. Con 
«tas Mandas y comedidas palabras de Elicio se sosegó 
^«i pastor , y con no menos blandura le respondió , di- 
deado: Tu buen ofrecimiento agradezco, cualquiera 
I qoe tú seas , comedido pastor ; pero si T<;ntnra g^iiere s 
saberde mi. qgy- r^nnc^ 1^ t^iva^ mal podrás ser satisfe- 
dio. Verdad dices , respondió~Elicio, pues por las pala- 
bras y quejas que esta noche te he oido , muestras bien 
claro la poca ó ninguna que tienes ; perú no menos sa- 
tis&ris mi deseo con decirme tus trabajos , que con de- 
chramie tus contentos ; y así la fortuna te los dé en lo 
qne deseas , que no me niegnes lo que te suplico , si ya 
d no conocerme no me lo impide ; aunque para asegu- 
nrte y moverte, te bago saber que no tengo el alma tan 
' cootentB, que no sienta en el punto que es razón las mi- 
serías q<ie me contares : esto te digo , porque sé que no 
hay cosa mas excusada y aun perdida , que contar el 
miserable sus desdichas á quien tiene el pecho colmado 
decantentos. Tus buenas razones me obligan , respon- 
dió el pastor , i qne te satisfaga en lo que me pides , asi 
porque no imagines que de poco y acobardado ánimo 
aacen las quejas y lamentaciones que dices que de mi 
has oido , como porque conozcas que aun es muy poco 
el sentimiento que muestro ala causa que tengo de mos- 
trarlo. Elicio se h) agradeció mucho , y después de ha- 
ber pasado entre los dos mas palabras de comedimiento, 
dando señales Elicio de ser verdadero amigo del pastor 
del bosque , y conociendo él que no eran Hngidos ofre- 
cimientos, vino á concederlo que Elicio rogaba. Ysen- 
tindose los dos sobre la verde yerba , cubiertos con el 
resplandor de la hermosa Diana, que en chindad aque- 
lla noche con su hermano competir })odia , el pastor del 
bosque, con muestras de un tierno dolor, comenzó á 
dedrdesta manera. 

Enbs riberas de Bétis, caudalosísimo río que la gran 
Vandalia enríquece, nació Lisandro (que este es el nom- 
bre desdichado mió ), y de tan nobles padres , cual pln- 
goiera al soberano Dios que en mas baja fortuna fuera 
engendrado ; porque muchas veces la nobleza del linaje 
pone alas y esfuerza el ánimo á levantar los ojos adonde 
la huDílde suerte no osara jamas levantados , y de tales 
atierimientos suelen suceder á menudo semejantes ca- 
lamidades como las que de mí oirás, si con atención me 
escocbas. Nació asimismo en mi aldea una pastora . cu- 
To nombre era Leónida . suma de toda la henñbsura. 
qu en gran parte de la tierra , según yo imagino , pu- 
rera bailarse : de no menos nobles y ricos padres naci- 
da, qne su hermosura y virtud merecían. De do nació 
tpie iior ser los parientes de entrambos de los mas prín- 
qgJe&jeUjigar, y estar en elTos eTmando y goBerBücíón 
íA pueblo , l a envidia , memiga mortal de la sosegada 



vida, sobre algunas diferencias del £pbierrioJ[el j^blo 
vino á poner entre e llos ciza ña y mortalisima discordia; 
de manera^ que erp uebjp {¿¿.diYidido en 4os paroiali- ^^ 

dalifiíillida, con tan arraigado rencor y mal ánimo, que 
no ha sido parte para ponerlos en paz ninguna humana 
diligencia. Ordenó pues la suerte, para echar de todo 
punto el sello á nuestra amistad, que yo me enamorase 
de la hermosa Leónida , Ijija de Parmiudro . principal 
cabeza del bando contrario : fué mi amor tan de veras, 
que aunque procuré cou iunnitos medios quiUríe de 
mis entrañas, el Gn de todos venia á parar á quedar mas 
vencido y sujeto. Poníaseme delanteiin monte de difi- 
cultides , qu,e conseguir el ím de mi deseo me estorba- 
ban, como eran el mucho valor de Leónida , la endure- 
cida enemistad de nuestros padres, las pocas coyunturas 
ó ninguna que se me ofrecían para descubrirte mi pen- 
samiento ; y con todo esto , cuando ponía los ojos de la 
imaginación en la singular belleza de Leónida, cual- 
quiera diCcultad se allanaba , de suerte que me parecía 
poco romper por entre agudas puntas de diamantes para 
llegar al fin de mis amorosos y honestos pensamientos. 
Habiendo pues por muchos dias combatido conmigo 
mesmo , por ver si podría apartar el alma de tan ardua 
empresa, y viendo ser imposible, recogí toda mí indus- 
tria á considerar con cuál podría dar á entender á Leó- 
nida el secreto amor de mi peche : y como los principios 
en cualquier negocio sean siempre dificultosos , en los 
que tratan de amor son por la mayor parte dificultosísi- 
mos, hasta que el mesmo amor, cuando se quiere mos- 
trar favorable , abre las puertas del remedio , donde pa- 
rece que están mas cerradas , y asi se pareció en mi, 
pues guiado por su pensamiento el mió, vine á imaginar 
que ningiin mediose.of rgcií mejor á raí deseo,. que ha- 
cerme am igo de los padres dejSilYia,, una pa stora que 
era en grande extremo amiga de Leónida , y muchas 
veces la una á la otra en compañía de sus padres en sus 
casas se visitaban. Tenia Silvia un pariente quesella- 
mabai^ariiu)»xompañero muy familiar de Crisüyo, her- 
mano d^ ja Itsjcinosa Leónida, cuya bizarría y aspereza 
de costumbres le habían dado renombre de cruel , y asi 
de todos los qne^le conocían el cruel Crísalvo era or- 
dinariamente llamado : y ni mas ni menos á Carino el 
pariente de Silvia, y compañero de Crísalvo, por seren- 
tremetido y agudo de ingenio, el astuto Carino le llama- 
ban, del cual y de Silvia (por parecerme que me conve- 
nia) con el medio de muchos presentes y dádivas forjé 
la amistad , al iMurecer posible ; á lo menos de parte de 
Silvia fué mas firme de lo que yo quisiera, pues los re- i 

galos y favores qne ella con limpias entrañas me hacia '. 

obligada de mis continuos servicios , tomó por instru- 
mentos mi fortuna para ponerme en la desdicha que 
aliora me veo. Era Silvia hermosa en extremo, y de Un- 
tas gracias adornada , que la dureza del crudo corazón 
de Crísalvo se movió á amarla : y esto yo no lo supe sino 
con mi darlo, y de alli á muchos dias; y ya quo con larga 
experiencia estuve seguro de I9 voluntad de Silvia , un 
dia ofreciéndoseme comodidad, con las mas tiernas pa- 
labras qoe pude, le descubrí la la llaga de mi lastimado 
pecho , diciéndole que aunque era tan profunda y peli- 
grosa, no lo sentía yo tanto, solo por imaginar que en su 
solicitud estaba el remedio de ella, advirtióndole ansi- 
mismo el honesto fin á que mis pensamientos se enc»- 



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8 



OBRAS DE CERVANTES. 



minaban , que era juntarme por legitimo matrimonio 
con la bella Lcónida : y que pues era causa tan justa y 
buena, no se había de desdeñar de tomarla á su cargo. 
En fin , por Qo serte prolijo , el amor me ministró tales 
palabras que le dijese, que ella vencida de ellas , y mas 
por la pena que ella como discreta por las señales de mi 
rostro conoció que en mi alma moraba, se determinó de 
tomar á su cargo mi remedio y decirá Leónida lo que yo 
por ella sentía, prometiendo de bacer por mi todo cuan- 
to su fuerza é industria alcanzase, puesto que se le ba- 
. cia dificultosa tal empresa, por la inimicicia grande que 
entre nuestros padres conocía , aunque por otra parte 
imaginaba poder dar principio al fin de sus discordias, 
si Leónida conmigo se casase. Movida pues con esta 
buena intención y enternecida con lágrimas que yo der- 
ramaba , como ya he dicho , se aventuró á ser interee- 
sora de mi contento; y discurriendo consigo qué entrada 
tendría para con Leónida , a>ají|and6 fl uelee scribie se 
u na carta, la . cual ella se oii^aádarlg. cuando tIé 5>o l e 
parecies e. PareciómeTmíbien su parecer, y aquel mis- 
mo 4iá le envié una que , por haber sido principio del 
contónto que por su respuesta sentí, siempre la be teni- 
doen^a memoria, puesto que fuera mejor no acordarme 
de cosas alegres en tiempo tan triste como es el en que 
ahora me hallo. Recibió la carta Silvia , y aguardaba 
ocasión de ponerla en las manos de Leónida. No, dijo Eli- 
cio, atajando las razones de Lisandro, no es justo que me 
dejes de decir la carta que á Leónida enviaste, que por 
aer la primera, y por hallarte tan enamorado en aque- 
lla sazón, sin duda debe de ser discreta. Y pues me has 
dicho que la tienes en la memoria y el gusto que por ella 
granjeaste, no me lo niegues ahora en no decírmela. 
Bien dices, amigo, respondió Lisandro, que yo estaba 
entonces tan enamorado y temeroso, como ahora descon- 
tento y desesperado, y por esta razón me parece que no 
acerté á decir alguna , aunque fué harto acertamiento 
que Leónida las creyese las que en la carta iban. Ya que 
tanto deseas saberlas, decia desta manera. 

V LlgADDRO Á LEÓNIDA. 

« Mientras que he podido (aunque con grandísimo do- 
lor mió ) resistir con las propias fuerzas á la amorosa 
llama que por ti, ó hermosa Leónida, me abrasa, jamas 
he tenido atrevimiento, temeroso del subido valor que 
en tí conozco, de descubrirte el amor que te tengo; mas 
ya que es consumida aquella virtud que hasta aquí me 
ba hecho fuerte, hamé sido forzoso, descubriendo la 
llaga de mi pecho , tentar con escribirte tu primero y 
Último remedio. Que sea el primero , tú lo sabes, y de 
ser el último está en tu mano, de la cual espero la mi- 
sericordia que tu hermosura promete y mis honestos 
deseos merecen. Los cuales y el fin adonde se encami- 
nan , conocerás de Silvia que esta te dará ; y pues ella se 
ba atrevido, con ser quien es, á llevártela, entiende que 
eon tan justos , cuanto á tu merecimiento se deben.» 

No le parecieron mal á Elicio las razones de la carta 
de Lisandro, el cual prosiguiendo la historía de sus amo- 
res, dijo : No pasaron muchos días sin que esta carta vi- 
niese á las hermosas manos de Leónida , por medio de 
las piadosas de Silvia, mi verdadera amiga : hi cual, 
junto con dársela, le dijo tales cosas que con ellas tem- 
pló en gran parte la ira y alteración que con mi carta 
teónida había recibido, como fué decirle cuánto bien 



se seguiría , si por nuestro casamiento la enemistad de 
nuestros padres se acababa , y que el. fin de tanbnena 
intención la había de mover á no desechar mis deseos; 
cuanto mas que no se debía compadecer con su hermo- 
sura, dejar morir sin mas respeto á quien tanto como yo 
la amaba , añadiendo á estas otras razones que Leónida 
conoció que lo eran. Pero por no mostrarse al primer 
encuentro rendida, y á los primeros pasos alcanzada, no 
dio tan agradable respuesta á Silvia como ella quisiera. 
Pero con todo esto, aor intercesión de Silvia, que á ello 
le forzó, resp ond ¡ LÓp gj[}^esta carta q'ue~aTiorá'te diré. 

LEÓMDAA LISAÜDRO. 

«Si entendiera, Lisandro, que tu mucho atrevimiento 
habla nacido de mi poca honestidad, en mi mesma eje- 
cutara la pena que tn culpa merece ; pero por asegurar- 
me de esto lo que yo de mi conozco, vengo á conocer 
que mas ha procedido tu osadia de pensamientos odo- 
sos , que de enamorados; y aunque ellos sean de la ma- 
nera que dices, no pienses que me has de mover ámi 
para remediallos, como á Silvia para creellos, de la cual 
tengo mas queja por Itaberme forzado á responderte, 
que de tí que te atreviste á escribirme , pues el callar 
fuera digna respuesta á tu locura. Si te retraes de lo co- 
menzado , liarás como discreto , porque te hago saber 
qne pienso tener mas cuenta con mi honra que con tos 
vanidades.» ^■ 

Esta fué la respuesta de Leónida, la cual junto con lu 
esperanzas que Silvia me dio , aunque ella parecía al§o 
áspera, roe hizo tener por el mas bien afortunado del 
mundo. Mientras estas cosas entre nosotros pasaban, no 
se descuidaba Crísalvo de solicitar á Silvia con infinitos 
mensajes , presentes y servicios ; mas era tan fuerte y ' 
desabrida la condición de Crísalvo, que jamas pudo mo- 
ver á la de Silvia á que un pequeño favor le diese. Oe lo 
cual estaba tan desesperado é impaciente , como no 
agarrochado y vencido toro. Por causa de sus amores 
había tomado amistad con el astuto Carino, pariente de 
Silvia , habiendo los dos sido primero mortales enemi^ 
gos , porque en cierta lucha que un dia de una grande 
fiesta delante de todo el pueblo los zagales mas diestn» 
del lugar tuvieron. Carino fué vencido de Crísalvo y 
maltratado : de manera que concibió en su corazón odia 
perpetuo contra Crísalvo , y no menos lo tenia contri 
otro hermano mío , por haberíe sido contrarío en unos 
amores, de los cuales mí hermano llevó el fruto que Ca- 
rino esperaba. Este rencor y mala voluntad tuvo Carino 
secreto hasta que el tiempo le descubríó ocasión como 
á un mesmo punto se vengase de entrambos, por el mas 
cruel estilo que imaginarse puede. Yo le tenia por ami- 
go, porque la entrada en casa de Silvia no se me impi- 
diese : Crísalvo le adoraba, porque favoreciese sus pen- 
samientos con Silvia; y era de suerte su amistad , que 
todas las veces que Leónida venía á casa de Silvia , Ca- 
rino la acompañaba ; por la cual causa le pareció bien á 
Silvia darle cuenta , pues era mi amigo , de los amores 
que yo con Leónida trataba, que en aquella sazón anda- 
ban ya tan vivos y venturosos , por la buena intercesión 
de Silvia , que ya no esperábamos sino tiempo y lugai 
donde coger-el honesto fruto de nuestros limpios de- 
seos; los cuales sabidos de Carino, me tomó por instru- 
mento para hacer la mayor traición del mundo. Porque 
un dia ( haciendo del leal con CrisaWo , y dándole á en- 



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LA CALATEA 

(cnder qoe tenia en mas sa amistad que la honra de su 
paiienla) ledijo, que la principal causa porque Silvia 
no le amaba ni favorecía , era por estar de mi enamora- 
()a, y que ya nuestros amores iban tan al descubierto, 
qnesiél no hubiera estado ciego de la pasión amorosa, 
en iDÜ señales lo hubiera ya reconocido ; y que para 
certificarse mas de la Verdad que le decia , que de alli 
idtliuile mirase en ello , porque vería claramente cómo 
M'nenipscho alguno Silvia me daba extraordinarios fa- 
vores. Con estas nuevas debió de quedar tan fuera de sí 
Crisalvo , como pareció por lo que de ellas sucedió. De 
allí adelante Crisalvo traia espías, por ver lo que yo con 
Silvia pasaba ; y como yo muchas veces procurase ha- 
Ibrme solo con ella para tratar, no de los amores que él 
pensaba, sino de lo que á los mios convenia , erante á 
Crisalvo referidas, con otros favores que de limpia amis- 
bil procedidos Silvia á cada paso me hacia. Por lo que 
TmoCngdyo á términos tan desesperados, que muchas 
veces procuró matarme, aunque yo no pensaba que era 
por semejante ocasión, sino porio deja antigua.en£mistad 
d e nuestros padre s. Mas por ser el hermano de Leónida, 
tenia yo mas cuenta con guardarme, que con ofender- 
le, teniendo por cierto que si yo con su hermana me ca- 
saba, tendrían fin nuestras enemistades , de lo que él 
e<Uba bien ajeno ; antes se pensaba que por serle yo 
enemigo habia procurado tratar amores con Silvia, y no 
porqne yo bien la quisiese ; y esto le acrecentaba la có- 
lera y enojo de manera que le sacaba de juicio , aunque 
el IcDB (an poco, que poco era menester para acabárse- 
la; y podo tanto en él este mal pensamiento, que vino á 
aborrecerá Silvia tanto cuanto la habia querido, solo 
[lorqne á mi me favorecía no con la voluntad que él pen- 
■ silB,sino como Carino le decia ; y asi en cualesquier 
I carrillos y juntas que se hallaba, decia mal de Silvia, 
dándole títulos ó renombres deshonestos. Pero como to- 
llos conocían su terrible condición yla bondad de Silvia, 
daban poco ó ningún crédito á sus palabras. En este 
medio habia concerbdo Silvia con Leónida; que los dos 
I nasdesposá-semos , y que para que mas á nuestro salvo 
I sebidese, sería bien que un dia que con Carino Leónida 
viniese á sii casa, no volviese por aquella noche á la de 
sa padres , sino que desde alli en compañía de Carino 
Mfaese á una aldea que media legua de la nuestra es- 
I taba, donde unos ricos parientes mios vivían , en cuya 
' caá con mas quietud podíamos poner en efecto nues- 
I Ins intenciones. Porqoesi del suceso de ellas los padres 
' de Leónida no fuesen contentos, á lo menos estando ella 
ausente seria mas fácil el concertarse. Tomado pues este 
ipaDtaniieqto, y dando cuenta del á Carino, le ofre- 
ció con muestra de grandísimo ánimo, que llevaría á 
Leónida á la otra aldea , como ella fuese contenta. Los 
servicios que yo hice á Carino por la buena voluntad 
qoe mostraba , las palabras de ofrecimiento que le dije , 
l<B abrazos que le di , me parece que bastaran ó desha- 
cer en un corazón de acero cualquiera mala, intención 
qoe contra raí tuviera. Pero el traidor de Carbio, echan- 
do i las espaldas mis palabras, obras y promesas, sin 
I teaer cnenla con la que á sí mismo debía , ordenó la 
tDícion qne ahora oirás. Informado Carino de la volun- 
, tad de Leónida, y viendo ser conforme á la que Silvia 
lebdña dicho, ordenó que la primera noche que por 
amaestras del día entendiesen que había de ser es- 
nn, se pusiese por obra la ida de Leónida, ofrccién- 



, LIBRO I. » 

dose de nnevo & guardar el secreto y lealtad posible. 
Después de hecho este concierto que has oído, se fué 
á Crisalvo, según después acá he sabido, y le dijo que su 
paríenta Silvia iba tan adelante en los amores que con- 
migo traia, que en una cierta noche había determinado 
de sacarla de casa de sus padres , y llevarla á la otra al- 
dea , do mis parientes moraban , donde se le ofrecía co- 
yuntura de vengar su corazón en entrambos : en Silvia, 
por la poca cuenta que de sus servicios había hecho ; en 
mí , por nuestra vieja enemistad , y por el enojo que le 
había hecho en quitarle á Silvia , pues por solo mí res- ' 
peto le dejaba. De tal manera le supo encarecer y decir 
Carino lo que quiso, que con mucho menos á otro cora- 
zón no tan cniel como el suyo moviera á cualquier mal 
pensamiento. Llegado pues ya el día que yo pensé que 
fuera el de mí mayor contento, dejando dicho á Carino, 
no lo que hizo , sino lo que habia de hacer , me fui á la 
otra aldea á dar orden cómo recibir á Leónida. Y fué el 
dejarla encomendada á Carino , como quien deja á la 
simple corderuela en poder de los hambrientos lobos, 6 
la mansa paloma entre las uñas del liero gavilán que la 
despedace. ¡Ay, amigo , que llegando á este paso con la 
imaginación , no sé cómo tengo fuerzas para sostener la 
vida , ni pensamiento para pensarlo , cuanto mas len- 
gua para decirlo! ¡Ay, mal aconsejado Lisandro! ¿cómo, 
y no sabias tú las condiciones dobladas de Carino? Mas 
¿ quién no se Gara de sus palabras , aventurando él tan 
poco en hacerlas verdaderas con las obras ? ¡ Ay , mal 
lograda Leónida! ¡cuan mal supe gozardela merced que 
me hiciste en escogerme por tuyo! En fín, por concluir 
con la tragedia de mi desgracia, sabnís, discreto pastor, 
que la hoche_que Carino.J«ibÍ9 de traer consigo d Leó- 
n ida ala rdea , donde xo la_ esperaba , él llamó áotro 
pastoTj que debía de tener por enemigo, aunque él se 
ItTiñcubria debajo de su falsa acostumbrada disimnla- 
títCpTílcual Libeo se llamaba, y le rogó que aquella no- 
che le hiciese compañía, porque determinaba llevar 
una pastora , su aficionada , á la aldea que te he dicho, 
donde pensaba desposarse con ella. Libeo , que era ga- 
llardo y enamorado, con facilidad le ofreció su compañía. 
Despidióse Leónida de Silvia con estrechos abrazos y 
amorosas lágrimíis, "como presagio que habia de sei* 
la última despedida. Debía de considerar entonces la 
sin ventura la traición que á sus padres hacia, y no la 
que á ella Carino le ordenaba, y cuan mala cuenta daba 
de la buena opinión que della en el pueblo se tenia. Mas 
pasando de paso por todos estos pensamientos , forzada 
del enamorado que la vencía, se entregó á la guardia de 
Carino , que adonde yo la aguardaba la trújese. ¡ Cuán- 
tas veces se viene á la memoria , llegando á este punto, 
lo que soñé el dia que le tuviera yo por dichoso, si en ét 
feneciera la cuenta de los de mi vida! Acuerdóme que 
saliendo de la aldea un poco antes que el sol acabase de 
quitar sus rayos de nuestro horizonte , me senté al pié. . 
de un alto fresno en el mesmo camino pofllbade Leóni- 
da había de venir, esperando que cerrase algo masía 
noclíe para'ádelantarme y recibilla , y sin saber cómo y 
sin yo quererlo me quedé dormido ; y apenas liube en- 
tregado los OJOS al sueño, coando me pareció qne el ár- 
bol donde estaba arrimado, rindiéndose á la furia de nn 
recísimo viento qne soplaba , desarraigando las honda» 
raices de la tierra , sotrenú cuerpo. se caia , y que pro- 
curando yo evadirme del grave peso, á una y otra partte 



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OBRAS DE CERVANTES. 



i!ie revolvía; y estando en esta pesadumbre, me pareció 
ver una blanca cierva junto á mi, á la cual yo aliincada- 
mente suplicaba que como mejor pudiese apartase de 
mis hombros la pesada carga; y que queriendo ella mo- 
vida de compasión hacerlo , al mismo instante salió un 
(jgCP ieon del bosque, y c^éndoja üpUe.sus agudas 
uñas^jsinfiti^ coa ella {tacITEósguc adelante"; y qoe 
despiies .411$. con graa liíibajo me había escapado del 
gravé peso, la iba á buscar al monte, y la hallaba dsspe- 
dazadajitsúda-por mil partes : de lo cual tanto dolor 
sentía , que el alma sé me arrancaba solo por la compa- 
sión que ella habia mostrado de mi trabajo ; y ansi co- 
mencé á llorar entro sueños, de manera que las mismas 
lágrimas me despertaron , y bailando las mejillas baña- 
das del llanto, quedé fuera de mi , considerando lo que 
li^j^iasoñado; pero con la alegría que esperaba tener de 
verámíLcóuida, no edié de ver entonces que la fortuna 
entre sueños me mostraba lo que de allí á poco rato des- 
pierto me había de suceder. A la sazón que yo desperté, 
acababa de cerrar la noche con tanta oscuridad, con tan 
espantosos truenos y relámpagos , como convenía para 
cometerse con mas facilidad la crueldad que en ella se 
cometió. Así cg mp Car i no salió de cas a de Silvia con 
Leónida, sela.entrcgu i l^ibeo, dic^énüoleque se fuese 
coaellapor el camino de la aldeaqu.ehéc[ichp;yaunque 
Leónida se alterado ver á Libeq, Carino küseguróque 
no era menor amigo mio'X,íbeo que él propio, y que con 
toda seguridad pód ia jr con él ))ocb á poco,^ en tanto que 
¿1 se adelantaba á darme á mi_1asimevas.de su lle^a. 
Creyó la simj)le, eífBñ^ cóiho enamoradaj^las^palabras 
del íalse Caiciuó ^ con menor recelo del qué convenía, 
guiada del comedido Libeo, tendía los temerosos pasos 
para venir á buscar el último de su vida , pensando ba- 
ilar el mejor de su contento. Adelantóse Carino de los 
kIos , como ya te he dicho , y vino á dar aviso á Crisalvo 
■áo lo que pasaba, el cual con otros cuatro parientes su- 
yos , en el mismo camino por donde habían de pasar, 
-que todo era cerrado de bosque de una y otra parte, es- 
condidos estaban : y dijoles como Silvia venía, y solo yo 
que la acompañaba, y que se alegrasen de la buena oca- 
sión que la suerte les ponía en las manos para vengarse 
de la injuria que los dos le habíamos hecho, y que él 
seria el primero que en Silvia , aunque era parienta sa- 
ya, prolüse los filos de su cuchillo. Apercibiéronse lue- 
£0 los cinco crueles carniceros para colorarse en la ino- 
■cente sangre de los dos, que tan sin cuidado de traición 
semejante por el camino se venían ; los cuales llegados 
íádo la celada estaba, al instante fueron con ellos los 
■pérfidos homicidas, y cerráronlos en medio. Crisalvo se 
;llegó á Leónida , pensando ser Silvia , y con injuriosas 
y turbadas palabras, con la infernal cólera que le seño- 
4'eaba , con seis mortales heridas la dejó tendida en tA 
suelo , á tiempo que ya Libeo por los otros cuatro, cre- 
yendo que á mi me las daban , con infinitas puñaladas 
se revolcaba por la tierra. Carino que vio cuan bien ha- 
bía salido el trmdor intento suyo, sin aguardar razones, 
;se les quitó delante; y los cinco traidores contentísimos, 
•como sí hubieran hecho alguna famosa hazaña , se vol- 
vieron ¿ su aldea , y Crisalvo se fué á casa de Silvia ¿ dar 
<él mesmo á sus padres la nueva de lo que había hecho, 
fiOT acrecentarles el pesar y sentimiento , diciéndoles 
pque fuesen á dar sepultura á su hija Silvia , ¿ quien él 
faabía quitado la vida, por haber hecho mas caudal de la 



fría voluntad de Lisandro su enemigo, que 00 de loa 
continuos servicios suyos. Silvia , que sintió lo qos 
Crisalvo decía , dándole el alma lo que habia sido , le 
dijo como ella estaba viva , y aun libre de todo lo que la ; 
imputaba , y que mirase no hubiese muerto á i^uien le ' 
doliese mas su muerte que perder él mismo la vida. V 
con esto le dijo , que su hermana Leónida se habia par- 
tido aquella noche il^u casa en traifijip a cóstñin&raJq . 
Atónito quedó Crisalvo de ver í Slívia viva, teniendo ílN 
por cierto que la dejaba ya muerta , y con no pequeño 
sobresalto acudió luego á su casa, y no hallando en ella 
á su hermana , con grandísima confusión y furia volvió 
él solo á ver quién era la que bahía muerto , pues Silvia 
estaba viva. Mientras todas estas cosas pasaban , estaba 
yo con una ansia extraña es perand o á Carino y Leónida : 
y pareciéndome que ya tardaban más dé lo que debían, 
quise ir á encontrarlos, ó á saber si por algún caso aque- 
lla noche se habían detenido, y no anduve mucho por el 
camino , cuando oí una lastimada voz que decía : ¡ Olí 
soberano Hacedor del cíelo I encoge la mano de tu jus- 
ticia , y abre la de tu misericordia , para tenerla de esta 
alma que presto te dará cuenta de las ofensas que te ha 
hecho. ¡ Ay, Lisandro, Lisandro, y cómo la amistad de 
Carino te costará ia vida , pues uo us posible que te la 
«cabe el dolor de haberla yo por ti perdido! ¡ Ay , cruel 
hermano! ¿Es posible que sin oír mis disculpas, lau 
presto me quisiste dar la pena de mi yerro? Cuando estas 
razones oí , en la voz y en ellas conocí luego ser Leónida 
la que las decía, y présago de mi desventura, con el sen- 
tido turbado fui á tiento á dar adonde Leónida estaba en- 
vuelta en su propia saugi-o , y habiéndola conocido lue- 
go , dejándome caer sobre el herido cuerpo , haciendo 
los extremos de dolor posible, le dije : ¿Qué desdicha es 
esta, bien mió? Anima mía, ¿cuál fué la cruel mano que 
no ha tenido respeto á tanta hermosura? En estas pala- 
bras fui conocido de Leónida ; y levantando con gran 
trabiyo los cansados brazos , los echó por cima de mi 
cuello, y apretando con la mayor fuerza que pudo, jun- 
tando su boca con la mía, con flacas y mal pronunciadas 
razones me dijo solas estas : MjJiMmRi^g vñf. \n ipufirlfl. 
Carino vendido, Libeo está sin vida, la cual te dé Dios á tí, 
Lisandro mío, largos y felices años, y á mí me deje gozar 
en la otra del reposo que á mí me ha negado; y juntando 
mas su boca con la mía , habiendo cerrado los labios pa- 
ra darme el primero y último beso, al abrillos se le salió 
el alma , y quedó muerta en mis brazos. Cuando yo lo 
sentí, abandonándome sobre el cuerpo , quedé sin nin- 
gún sentido ; y si como era yo el vivo , fuera el muerto, 
quien en aquel trance nos viera, el lamentable de Píra- 
mo y Tisbe trojera á la memoria. Mas desphes que vol- 
ví en mí , abriendo ya la boca para llenar el aire de vo- 
ces y suspiros , sentí que hacia donde yo estaba venía 
uno con apresurados pasos, y llegando cerca, aunque 
la noche hacía escura, los ojos del alma me dieron i 
conocer que el que allí venía era Crisalvo , como era la 
verdad; él tomaba á certificarse si por ventura era sa 
hermana Leónida la que habia muerto : y como yo le co- 
nocí, sin que de mí se guardase, lleguéáéloomo sañudM 
león , y dándole dos heridas, di con él en tierra ; y ántoi 
de espirar le lleve arrastrando adonde Leónida estaba|| 
y poniendo en la mano muerta de Leónida el puñal qoÉ 
suliermano traía, que era eí mismo con qué.£llaJl9bifl 
muerto, ayudándole yo i ello^ tres veces. {éLÍe¿i?gt>l 



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g\,T LA CALATEA 

por e l ootiKM; ; ooosobdo en algo el mió con ^ mner- 
ífiSí'lmUitó , sin mas detenerme tomé sobre mis hom- 
iHtKcicoer^ de Leónida, llévele á la aldea donde mis 
parientes vivian. Y contándoles el caso les rogue le die- 
sen iMonda sepultura , y luego determiné de tomar en 
Cvído la venganza que en Crísalvo; el cual por haberse 
anseotado de nuestra aldea' se ha tardado- basta hoy que 
l « fallé á b salida de este bosqH C, (^^pijg s'de haber sei s 
que ando "e& su demanda ; él oa hecho ya el Qn 



qie su baicíoa merecía, y¿roi no rae queda yade quien 
tomar vengansa , si no es de la vida , que tan contra mi 
raiontad sostengo. Esta es , pastor, la causa de do pro- 
eedeo los lamento&que me has oido. Si te parece que es 
bastante para causar mayores sentimientos , á tu buena 
discreción dejo que lo considere. Y con esto dio Gn i su 

pUtif-a Y P'^UfilBÍf A 'a"t«s lAprima»^ qiiB nn piidn flRJar 

¡ Elicio de tenerle compañia en ellas : pero después que 
> por laigo espacio habían desfogado con liemos suspiros 
el nno la pena que sentia , el otro la compasión que de , 
eOa tomaba, Elicio comenzó con las mejores razones que ' 
sapo á consolar á Lisandro , aunque era su mal tan sin 
consuelo como por el suceso de él había visto ; y entre 
I oirás cosas que le dijo , y la que á Lisandro mas le cua- 
dró, fué decirte : Que en los males sin remedio , el me- 
jor era no esperarles ninguno, y que pues de la honesti- 
dad y noble condición de Leónida se podría creer, según 
ü decía, que de dulce vida gozaba, intes debía alegrar- 
se del bien que ella había ganado , qne no entristecerse 
por el que él había perdido. A lo cual respondió Lisan- 
dro: Bien conozco , amigo , que tienen fuerza tus rozo- 
nes para hacerme creer que son verdaderas ; pero no 
que la tienen ni la tendrán las que todo el mundo decir- 
ne pudiere, para darme consuelo alguno : en la muerte 
de Leénida comenz ó mi desventura , la cual se acabará 
gando yo la tome á v er': y'pflgreao no puede ser sin 
que yo maera, al que rae inducíere á procurar la muer- 
te, teadré yo por mas amigo de mi vida. No quiso Elicio 
darle mas pesadumbre con sus consuelos , pues él no los 
tema por tales : "pl? 'fi r"6" q^?f) *" ^jjljflgfí fV) P f^l ^ su 
<¡ahañ a , en la cual estaría todo el tiempo que gusto le 
dfase I ofreciéndole su amistad en todo aquello que po- 
ém ser bueno para servirle. Lisandro se lo agradeció 
auto fué posible , y aunque no quería acetar el venir 
en Elicio , todavía lo hnbo de hacer forzado de su im- 
ptrtnnacion : y «"í ]% «<"« sp, l evantaron y se vinieron á 
¡ leahaña de Elicio . donde reposaron lo poco que de la 
■Me qnedaba. Pero ya que la blanca aurora dejaba el 
ledra del celoso marido , y comenzaba á dar muestras 
: áA Teaidero día , levantándose ErastnLC omenzó de po- 
s en orden el ganado de Elicio y suyo, para sacarle al 
pasto acostumbrado. Elicio convidó á Lisandr o á que 
n él se viniese ; y asi viniendo Ipstrg pastores con el 
anso rebaño de sus ovejas por una cañada abajo, al su- 
bir de una larfpni ^yjmn «1 <jff[ii(jff de una suave zani[io - 
ña , que luego por los dos enamorados Elicio y Erastro 
inS conocido, o ue era Calatea guíen la sonaba : y no tar- 
da mucho que porla cumbre de la cuesta se comenza- 
- na á d^cobrir algunas ¡¡¡¡¡a , y luego tras ellas Gala- 
I ta^ cuya hermosura era tanta , que sería mejor dejaMa 
I cam ponto , pues faltan palabras para encarecerla. Ve- 
ril vestida de serrana , con los luengos cabellos sueltos 
' diioito , de quien el mismo sol parecía tener envidia, 
fHque biriéiulolos con sus rayos, procuraba quitarles 



LIBRO L t< 

la luz si pudiera; mas laque salía de la vislumbre de 
ellos, otro nuevo sol semejaba. Estaba Erastro fuera de 
sí mirándola, y Elicio no podía apartar los ojos de verla. 
Cuando Calatea vio que el rebaño de Elicio y Erastro con 
el suyo se juntaba, mostrando no gustar de tenerles aquel 
diaensu compañia, llamó á la borrega mansa de su ma- 
nada, á la cual siguieron las demás, y encaminóla á otra 
parte diferente de la que los pastores llevaban. Viendo 
Elicio lo que Calatea hacia, sin poder sufrir tan notorio 
desden, llegándose á do la pastora estaba, le dijo : Deja, 
hermosa Calatea, que tu rebaño venga con el nuestro, y 
si no gustas de nuestra compañia , escoge la que mas te 
agradare , que no por tu ausencia dejarán tos ovejas do 
ser bien apacentadas ; pues yo . que nací pata.servirte| 
tendré mas cuenta de ellas que de las mías propia^^-yno 
quieras tan á la clara desdeñarme, pues no lo merece la 
limpia voluntad que te tengo , que según el viaje que 
traías, ala fuente de las Pizarras te encaminabas, y abo- 
raque mp Jia/i vj,''lQ.!I]iÍirnfi forner «I ragjjnn : y si esto 
es asi como pienso , dime adonde quieres hoy y siempre 
apacentar t^ ganado, g^^P yn ta j^jfij ja nn iiayar ?"jj"- 
maselmiff Vtfte prometo , Elicio , respondió, CaláteS, 
pe no por huir de tu compañía ni de la de Erastro he 
vuelto del camino que tú imaginas que llevaba, porque 
mi intención es pasar hoy la siesta en el arroyo de las 
Palmas en compañía de mi amiga Florisa , que allá me 
aguarda, porque desde ayer concehanli^ las dos de apa- 
centar hoy allí nuestros ganados ; l^^^o^^tí^es- 
cnídada sonando mi zampona , la TSS!^bon^!Vfmó 
el camino de las Pizarras como de ella ¡has acostumbra- 
do : la voluntad que me tienes y ofrecimientos que me 
haces te agradezco , y no tengas en poco haber dado yo 
disculpa á tu sospecha. ¡ Ay , Calatea ! replicó Elicio , ¡y 
cuan bien que íinges lo que te parece, teniendo tan po- 
ca necesidad de usar conmigo artificio , pues al cano no 
tengo de querer mas de lo que tú quieres ! Ora vayas al 
arroyo de las Palmas , al soto del Concejo , ó á la fuente 
de las Pizarras, ten por cierto que no has de ir sola, que 
siempre mí alma te acompaña , y si tú no la yes es por- 
que no quieres verla, por Jio obligarte á remediarla. 
Hasta ahora, respondió Calatea , tengo por ver la prime- 
ra alma , y así no tengo culpa , si no he remediado nin- 
guna. Nosé cómo puedes decir eso , respondió Elicio, 
hermosa Calatea , que las veas para herirlas , y no para 
curarlas. Testimonio me levantas , replicó Calatea , en 
decir que yo sin armas, pues á mujeres no son concedi- 
das , haya herido á nadie, i Ay , discreta Calatea ! dijo 
EUcío , i cómo te burlas con lo que de mi alma sientes, 
álacualinvisiblemente has llagado, y no con otras armas 
que con las de tu hermosura 1 Y no mejguejo yo tanto 
del daño qu e me has hecho^ como de que le tengas en 
poco. En menos roe tendría yo, respondió Calatea, si en 
mas le tuviese. A esta sazón llegó Erastro, y viendo que 
Calatea se iba y los dejaba , le dijo : ¿ Adonde vas ó de 
quién huyes , hermosa Calatea ? Sí de nosotros, que \p 
adoramos, te alejas ¿quién esperará de ti compañia? 
(Ay, enemiga, cuan al desgaire te vas , triunfando de 
nuestras voluntades! El cielo destruya la buena que 
tengo si no deseo verte enamorada de quien estime tus 
quejas en el grado que tú estimas las mías. ¿Ríeste de 
lo que digo , Calatea ? Pues yo lloro de lo que tú haces. 
No pudo Calatea responder á Erastro , porque andaba 
guiando su ganado hacia el arroyo de las Palmas, y aba- 



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!2 



OBRAS DE CERVANTES. 



jando desde lejos la cabeza en señal de despedirse , los 
dejó : y como se vio sola, en tanto que llegaba adonde su 
amiga Florisa creyó que estaria , con la extremada voz 
qne el cielo plugo darle , fué cantando este soneto. 



Arucn el fuego, el lazo , el hielo y Oecba 
ne amor (|uc abrasa , aprieta , enfria y liiere. 
Que tal llama ini alma no la quiere. 
Ni queda <lc tal fiudo satisfeclia. 

Consuma , ciña , hiele , mate , estrecha 
Tenga otra voluntad cuanto ijuisiere. 
Que |>or dardo, ó por nieve, ó red no espere 
Ti'ner la mia i'U su calor deshecha. 

Su fuego enfriardi rol casto intento, 
El Dudo romperé por fuerza ó arle, 
La nieve desliará mi ardiente celo, 

Ija flerha embotará mi pensamiento : 
Y asi 00 temeré en segura parte 
De amor el fuego, el lazo, el dardo, el hielo . 

Con mas justa oiusa se pudieran parar los brutos, 
mover los árboles y juntar las piedras á escudiar el sua- 
ve canto y dulce armonía de Calatea, qu& cuando ala 
citara de Orfco , lira de Apolo y música de AnGon los 
muros de Troya y Tébas por si mismos se fundaron, sin 
que artíGce alguno pusiese en ellos las manos; y las her- 
manas, negras moradoras del hondo caos, á la extrema- 
da voz del incauto amante se ablandaron. El acabar el 
4/ $Mito Calatea y llegar adonde Flo risa estaba fué todo á 
un tiempo , de la cual'fué con alegre rostro recebida, 
como aquella que era su amiga verdadera , y con quien 
Calatea sus pensamientos comunicaba ; y después que 
las dos dejaron ir á su albcdrío sus ganados á que de la 
verde yerba paciesen , convidadas de la claridad del 
agua de im arroyo que por allí corría, determinaron de 
lavarse los hermosos rostros (pues no era menester pa- 
ra acrecentarles hermosura el vano y enfadoso artificio 
«on qne los suyos martirizan las damas, que enlasgran- 
'des ciudades se tienen por mas hermosas); tan hermo- 
sas quedaron después de lavadas como antes lo estaban, 
«xcepto que por haber llegado las manos con movi- 
miento al rostro, quedaron sus mejillas encendidas y 
sonroseadas, de modo que un no sé qué de hermosura 
les acrecentaba , especialmente á Calatea , en quien se 
vieron juntas las tres gracias, á quien los antiguos grie- 
gos pintaban desnudas por mostrar entre otros efectos 
que eran señoras de la belleza. Comenzaron luego á co- 
|¡er diversas flores del verde prado, con intención de ha- 
cer sendas guirnaldas con que recoger los desordenados 
«abellos,que sueltos por las espaldas traian. En este 
' ^ ejercicio acidaban ocupadas las dos hermosas pastoras, 
cuando por el arroyo abajo vieron al improviso venir 
^r una pastora de g entil donaire y apostura, de que nai»- 
■co se admiraron, porque les pareció que no era pastora 
4le sú alSea m de las oti'as cOiiiarcanas á ella , á cuya 
«ausa con mas atención la miraron , y vieron que venia 
{x>co á poco hacia donde ellas estaban; y aunque estaban 
bien cerca, ella venia tan embebida y trasportada en 
&US pensamientos, que nunca las vio hasta que ellas 
quisieron mostrarse. De trecho en trecho se paraba , y 
vueltos los oj<» al cLelo jlafcajuíDSJuspicüilalLdtílPro.- 
s^, que'Hé lo mas íntimo de sus entrañas parecían ar- 
rancados : torcía asimesmo sus blancas manos, y dejaba 
«orrer por sus mejillas algunas lágrimas, que liquidas 
perlas semejaban. Por los extremos de dolor que la pas- 
tora hacia , cogocifiCQu Calatea y Florisa que de algún 
interpo di>lor traía el alma ocupada , y por ver en qué 



parabay sus sentimientos, entrambas se esoondieroD 
entre unos cerrados mirtos , y desde allí con cnriosoí 
ojos miraban lo que la pastora hacia : la cual llegándose 
al margen del arroyo, con atentos ojos se paró á mirar el 
agua que por él corría, y dejándose caer á la oñlla deé), 
como persona cansada , corvando una de sus hermosas 
manos , cogió en ella del agua clara , con la cual laván- 
dose ios húmidos ojos, con voz baja y debilitada dijo: 
¡Ay, claras y frescas aguas ! ¡ cuan poca parte es vuestn 
frialdad para templaf el fuego que eu mis entrañas sien- 
to! Mal podré esperar de vosotras , ni aun de todas 1» 
que contiene el gran mar Océano, el remedio que be 
menester, pues aplicadas todas al ardor que me consu- 
nie , haríades el mesmo efeto que suele hacer la peque- 
ña cantidad en la ardiente fragua , que mas su llama 
acrecienta. ¡ Ay , tristes ojos , causadores de mi perdi- 
ción , y en qué fuerte punto os alcé para tan gran calda! 
Ay, fortuna, enemiga de mi descanso, con cuánta ve- 
locidad me derribaste de la cumbre de mis contentos ti 
abismo de la miseria en que me hallo ! ¡ Ay, cruda her- 
mana! ¿cómo no aplacó la ira de tu desamorado pecho 
la humilde y amorosa presencia de Artidoro ? ¿Qué pa- 
labras te pudo decir él para que le dieses tan aceda j 
cruel respuesta? Bien parece, hermana, que tú no le te- 
nías en la cuenta que yo le tengo , qne si asi fuera , á fe 
que tú te mostraras tan humilde cuanto él á tí sujeto. 
Todo esto que la pastora decía , mezclaba con tantas lá- 
grimas, que no hubiera corazón que escuchándola no 
se enterneciera ; y después que por algún espacio hubo 
sosegado el afligido pecho , al son del agua que mansa- 
mente corría, acomodando á su propósito una copla an- 
tigua, con suave y delicada voz cantó esta glosa. 

Ya ¡a etferanza et perdida, 

Y Mt tole bien me consuela : 
Ote el tiempo que pata y vuela 
Llevari pretto la vida. 

Dos cosas hay en amor. 
Con que su gusto se alcanza , 
Deseo de lo mejor, 
Es la otra la esperanza 
Que pone esfuerzo al temor : 
Las oos hicieron manida 
Hn mi pecho , y no las Teo ; 
Antes en la alma afligida , 
Parque me acabe el aeseo, 
Ya la esperama a perdida. 

Si el deseo desfallece 
Cuando la esperanza mengua , 
Al contrario ru mi parece , 
Pues cuanto ella mas desmengua 
Tanto mas él se engrandece : 

Y no hay usar de cautela 
Con las llagas que me atizan; 
Que en esta amorosa escuela 
Mil males me martirizan, 

Y m tolo iien me cotuvela. 

Apenas hubo llegada 
El bien i mi pensamiento , 
Cuando el cielo , suerte y hado , 
Con lijero moviralento 
Le han del alma arrebatado : 

Y si alguno hay que se duela 
De mi mal tan lastimero, 

Al mal amaina la vela , 

Y al bien pasa mas lijero 

Que el tiempo que pasa y neta. 

i Quién hay qne no se constiina 
Con estas ansias que lomo, • 

Pues en ellas se ve en suma 
Ser.los cuidados de plomo, 

Y ios placeres de pluma 1 

Y aunque va tan de oaida 
Mi dichosa nueva andanza. 
En ella este bien se anida : 
Que quien llevó la esperanza 
Llettri pretle la vUa. 



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LA CALATEA, LIBRO L 



i 3 



Presto acabó el canlb la pastora, pero no las lágrimas 
con que le solemnizaba; de las cuales movidas i compa- 
sioD Calatea f Florisa , salieron de do escondidas esta- 
ban , j con amorosas ; corteses palabras á la triste pas- 
ión «ludaron , diciéndole entre otras razones : Así los 
ciete, hermosa pastora, se muestren favorables alo que 
pniíries quisieres, y dellos alcances lo que deseas , que 
DOS digas, si no te es enojoso, q ué ventura ó qué destino 
leiía traido por esta tierra, que según la plática que nos- 
olns tenemos della, jamas por estas riberas te habernos 
Tísto. Y por haber oído lo qne poco lia cantaste , y en- 
tender por ello que no tiene tu corazón el sosiego que 
ha de menester, y por las lágrimas que has derramado, 
. de qne dan indicio tus hermosos ojos, en ley de buen 
comedimiento estaraos obligadas á procurarte el con- 
suelo qne de nuestra parte fuere posible ; y si fuere tu 
mal de los que no sufren ser consolados , á lo menos co- 
nocerás en nosotras una buena voluntad de servirte. No 
sécoo qué podré pagaros , respondió la forastera pasto- 
ra, hermosas zagalas, los corteses ofrecimientos que me 
hacéis, si no es con callar, y agradecellos y estimallos en 
ti pnnto que merecen , y con no negaros lo que de mi 
saherquisiéredes, puesto que me seria mejor pasar en 
nleocio los sucesos de mi ventura , que no con decirlos 
daros indicios para que me tengáis por liviana. No 
■aestratn rostro y gentil postura, respondió Calatea, 
qie «I cielo te ha dado tan grosero entendimiento , que 
«n él hicieses cosa que después hubieses de perder re- 
fottcion en decirla; y pues tu vista y palabras en tan 
paco han hecho esta impresión en nosotras , que ya te 
tenemos por discreta , muéstranoslo con contamos tu 
lida, si llega á tu discreción tu ventura. A lo. que yo 
creo, respondió la pastora , en un igual andan entram- 
bas, si ^ no me ha dado la suerte mas juicio para que 
sienta mas ios dolores que se ofrecen; pero yo estoy bien 
cierta qne sobrepujan tanto mis males á mi discreción, 
cnanto dellos es vencida toda mi habilidad, pues no ten- 
p> ninguna para saber remediallos ; y porque la expe- 
iieiiGiaosdesengañesiquisiéredesoirme,bellas zagalas, 
;o os contaré con las mas breves razones que pudiere, 
cómo del mucho entendimiento qne juzgáis qne tengo 
ha nacido el mal que le hace ventaja. Con ninguna cosa, 
&creta zagala, satisfarás mas nuestros deseos, respon- 
dió Florisa , que con damos cuenta de lo que te hemos 
npdo. Apartémonos pues, dijo la pastora, de este lu- 
pr,; busquemos otro donde sin ser vistas ni estorbadas 
jieda deciros lo que me pesa de habéroslo prometido, 
porque adivino qne no estará en mas en perderse la 
buena opinión qne con vosotras he cobrado, que cnanto 
tarde en descubriros mis pensamientos , si acaso los 
Tiestros no han sido tocados de la enfermedad que yo 
padezco. Deseosas de que la pastora cumpliese lo qne 
prometía , se levantaron luego las tres, ysaiué ipnáun 
l ogar secreto y apartado que ya Calatea y Florisa sabían , 
donSe debajo de la agradable sombra de unos copados 
■ñrtos, sin ser vistas de alg uno , podian todas tres estar 
acatadas, y luego con extremado donaire y gracia la 
tnstera pastora comenzó á decir desta manera. 

En las riberas del famoso Henares, qne al vuestro do- 
nde Tajo , hermosísimas pastoras , da siempre fresco y 
agradable tributo, fui yo nacida , y criada i)o en tan baja 
iÑtana que me tuviese por la peor de mi aldea : mis pa- 
jjgMO la bradores, y á la labranza del campo acostum- 



brados , en cuyo ejercicio los imitaba , trayendo yo una 
manada de simples ovejas por las dehesas concejiles de 
nuestra aldea, acomodando tanto mis pensamientos al 
estado en que mi suerte me habla puesto , que ninguna 
cosa me daba mas gusto que ver multiplicar y crecer mi 
ganado , sin tener cuenta con mas que con procurarle 
los mas fructíferos y abundosos pastos , claras y frescas 
aguas quo hallar pudiese : no tenia ni podiu tener mas 
cuidados que los que podían nacer del pastoral oficio en 
que me ocupaba. Las selvas eran mis compañeras , en 
cuya soledad muchas veces convidada de la suave ar-- 
monia de los dulces pajarillos, despedía la voz á mil ho- 
nestos cantares, sin que en ellos mezclase suripiros ni 
razones que de enamorado pecho diesen indicio alguno. 
¡Ay cuántas veces , solo por contentarme á mi mesma y 
por dar lugar al tiempo que se pasase, andaba de ribera 
en ribera, de valle en valle, cogiendo aquí la blanca azu- 
cena, allí el cárdeno lirio, acá la colorada rosa, acullá la 
olorosa clavellina , haciendo de todas suertes de odorí- 
feras flores una tejida guirnalda , con que adornaba y 
recogía mis cabellos , y después mirándome en las cla- 
ras y reposadas aguas de alguna fuente, quedaba tan go- 
zosa de haberme visto , que no trocara mi contento por 
otro alguno! Y ¡cuántas hice burla de algunas zagalas 
que pensando hallar en mi pecho alguna manera de 
compasión del mal que los suyos sentían, con abundan- 
cía de lágrimas y suspiros los secretos enamorados de 
su alma me descubrían 1 Acuérd^ejihora,-iiermosas 
pastoras, que llegó á mi un día uSjB^|£$miga mía, y 
echándome los brazos al cuello , y juntando su rostro 
con el mió, hechos sus ojos fuentes, me dijo : ¡Ay, her- 
mana Teoiinda! que este es el nombre de esta desdicha- 
da, y ¡como creo que el fin de mis días es llegado, pues 
amor noMia tenido la cuenta conmigo que mis deseos 
merecían !'Yo entonces , admirada de ios extremos que 
la veía hacer, creyendo que algún gran mal le había su- 
cedido de pérdida de ganado ó de muerte de padreé 
hermano , limpiándole los ojos con la manga de mi ca- 
misa, le rogué que me dijese qué mal era el que tanto 
la aquejaba. Ella , prosiguiendo en sus lágrimas y no 
dando tregua á sus suspiros , me dijo : ¿ Qué mayor mal 
quieres, ó Teoiinda, que me hay» sucedido ^ que el ha- 
berse aus^UteílosijuleciriBeaada el hijo del may9raJ.d8r 
nuestra aldea , á quien yo quiero mas que ájog p.rQpios. 
ojos de la cara ; y liaber visto esta mañana en poder do 
Leocadia , la liija del rabadán Lisalco , una cinta encar- 
nada que yo había dado á aquel fementido de Elugenio, 
pordonde se me ha confirmado la sospecbaque yo tenia 
délos amores qne el traidor con ella trataba? Cuando yo 
acabé de entender sus quejas, os juro, amigas y señoras 
mías, que no pude acaibar conmigo de no reirme y de- 
cirle : Hia fe , Lidia , que asi se llamaba la sin ventura,, 
pensé que de otra mayor llaga venias herida , según te 
quejabas. Pero ahora conozco cuan fuera de sentido an- 
dáis vosotras las que presumís de enamoradas, en hacer 
caso de semejantes niñerías. Dime por tu vida , Lidia 
amiga , ¿ cuánto vale una cinta encamada , para que te 
duela de verla en poder de Leocadia, ni de que se la ba- 
ya dado Eugenio 1 Mejor harías de tener cuenta con tu 
honra y con lo qne conviene al pasto de tus ovejas , y no 
entremeterte en estas burlerías deamor, pues no se saca 
de ellas, segnn veo, sino menoscabo de nuestras honras 
y sosiego. Cuando Lidia oyó de mi tan contraria resr- 



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— tgAíj 



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OBRAS DE CERVANTES. 



puesta de la que esperaba de mi boca y piadosa condi- 
ción , no tiizo otra cosa sino bajar la cabeza , y acrecen- 
tando lágrimas á lágrimas y sollozos á sollozos, se apartó 
de mi , y volviendo á cabo de poco trecho el rostro , me 
dijo : Ruego yo á Dios , Teolinda, que presto te veas en 
estado que tengas por dichoso el mío, y que el amor te 
trate de manera que cuentes tu pena á quien la estime 
y sienta en el grado que tú has hecho la mía ; y con esto 
se fué y yo me quedé riendo de sus desvarios. Has ¡ay, 
desdichada ! y ¡cómo á cada paso conozco que me va al- 
canzando bien su maldición , pues aun ahora temo que 
estoy contando mi pena á quien se dolerá poco de ha- 
berla sabido 1 A esto respondió Galatea : Pluguiera i 
Dios , discreta Teolinda , que así como hallarás en nos- 
otras compasión de tu d^ño, pudieras hallar el remedio 
de él , que presto perdieras la sospecha que de nuestro 
conocimiento tienes. Vuesbra hermosa presencia y agra- 
dable conversación, dulces pastoras , respondió Teolin- 
da, me hacen esperar eso; pero mi corta ventura me 
fuerza á temer estotro ; mas suceda lo que sucediere, 
que al Gn habré de contaros lo que os he prometido. 

Con la libertad que os he dicho y en los ejercicios que 
os he contado , pasaba yo mi vida tan alegre j sosegada- 
mente, que no sabia qué pedirme el deseo , hasta que el 
vengativo amor me viuo á tomar estrecha cuenta de la 
poca que con él tenia, y alcanzóme en ella de manera, 
que con quedar su esclava creo que aun no está pagado 
ni satisfecho. Acaeció pues que un dia (que fuera para 
mi el mas venturoso de los de mi vida, si el tiempo y las 
ocasiones no hubieran traido tal descuento á mis ale- 
grías) , viniendo yo con otras pastoras de nuestra aldea 
á cortar ramos y á coger j uncia yilores y verdes espada- 
ñas para adornar el templo y calles de nuestro lugar (por 
ser el siguiente dia solemnísima fiesta, y estar obliga- 
dos los moradores de nuestro pueblo por promesa y voto 
á guardalla) , acertamos á pasar todas juntas por un de- 
leitoso bosque que entre el aldea y el río está puesto, á 
donde hallamosuna iunta de agrad adospastoPM . queá 
la sombiradelos verdes árboles pisasaiTéT ardor de la 
caliente siesta , los cuales como nos vieron , al punto 
fuimos de ellos conocidas , por ser todos cuál prímo, y 
cuál hermano, y cuál pariente nuestro ; ysaliéndonosal 
encuentro , y entendido de nosotras el intento que llevá- 
bamos, con corteses palabras nos persuadieron y forza- 
ron á que adelante no pasásemos, porque algubos de 
ellos traerían los ramos y flores porque Íbamos : y asi 
vencidas de sus ruegos, por ser ellos tales, concedimos 
lo que querían, y luego seis de los mas mozos, aperci- 
bidos de sus hocinos, se partieron con gran contento á 
traemos los verdes despojos que buscábamos. Nosotras, 
que seis éramos, nos juH^mos donde los demás pastores 
estaban, los cuales nos recibieron con el comedimiento 
posible, especialmente un pastor forastero quealli es- 
taba, que de ninguna de nosotras fué conocido , el cual 
era de tan gentil donaire y brío, que quedaron todas 
admiradas en verle ; pero yo quedé admirada y rendida. 
No sé qué os diga , pastoras , sino que asi como mis ojos 
le vieron, sentí enternecerme el corazón y comenzó á 
discurrir por todas mis venas un hielo que me encendía, 
y sin saber cómo, sentí que mi alma se alegraba de tener 
puestos los ojos en el hermoso rostro del no conocido 
pastor ; y en un punto , sin ser en los casos de amor ex- 
perímeatada, vine i conocer que era amor el que sal- 



tnado me habla; luego' quisiera quejarme de ¿I si el 
tiempo y la ocasión me dieran lugar á ello. En fin, yo 
quedé cual ahora estoy vencida y enamorada, aunque 
eon mas confianza de salud que la que ahora tengo. í Ay 
cuántas veces en aquella sazón me quise llegar á Lidia, 
que con nosotras estaba y decirle : perdóname , Lidia 
hermana, de la desabrida respuesta que te di el otro día, 
porque te hago saber que ya tengo mas experiencia del 
mal de que te quejabas, que tú mesma! Una cósame 
tiene maravillada, de cómo cuantas allí estaban no cono- 
cieron por los movimientos de mi rostro los secretos de 
mi corazón ; y debiólo de causar que todos los pastores 
se volvieron al forastero , y le rogaron que acabase de 
cantaruna canción que liabia comenzado antes qne nos- 
otras llegásemos; el cual, sin hacerse de rogar, siguió 
su comenzado canto con tan extremada y maravillosa i 
voz , que todos los que la escuchaban estaban trasporta- j 
dos en oiría. Entonces acabé yode entregarme de todoenJ 
todo á todo lo que el amor quiso, sin quedar en mí mas '] 
voluntad que si no la hubiera tenido para cosa alguna en 'd 
mi vida ; y puesto que yo estaba mas suspensa que lodos ' 
escuchando la suave armonía del pastor, no poreso dqé - 
de poner grandísima atención á lo que en sus venoi - 
cantaba , porque me tenia ya el amor puesta en tal ex- 
tremo, que me llegara al alma si le oyera cantar cosas 
de enamorado, que imaginara que ya tenia ocuprídoe sus 
pensamientos, y quizá en parte que no tuviesen alguna 
los míos en lo que deseaban ; mas lo que entonces cantó 
no fueron sino ciertas alabanzas del pastoral estado y de 
la sosegada vida del campo , y algunos avisos útiles á la '■ 
conservación del ganado : de que no poco quedé yo coik f 
tenta, pareciéndome que si el pastor estuviera enamo- 
rado , que de ninguna cosa tratara que do sus amore^ 
por ser condición de los amantes parocerles mal gastado 
el tiempo que en otra cosa que en ensalzar y alabar la 
causa de sus tristezas ó contentos se gasta. Ved , amigas, 
en cuan poco espacio estaba ya maestra en la escuela de 
amor. El acabar el pastor su canto, y el descubrir los 
que con los ramos venían, fué todo á un tiempo : los cua- 
les, á quien de lejos los miraba, no parecían sino un pe- 
queño montecUlo que con todos sus árboles se movía, 
según veiíian pomposos y enramados ; y llegando ya cer- 
ca de nosotras , todos seis entonaron sus voces , y comen- 
zando el uno y respondiendo todos, con muestras de 
grandísimo contento, y con muchos placenteros alari- 
dos, dieron principio á un gracioso villancico. Con este 
contento y alegría llegaron mas presto de lo que yo qui^ 
siera , porque me quitaron la que yo sentía de la vi 
del pastor. Descargados pues de la verde carga, viraos 
que traía cada uno una hermosa guirnalda enroscada en 
el brazo, compuesta de diversas y agradables flores . lai 
cuales con graciosas palabras á cada una de nosotras la 
suya presentaron y se ofrecieron de llevar los ramos 
basta el aldea : mas agradeciéndoles nosotras su buen 
comedimiento , llenas de alegría queríamos dar la vuelta 
al lugar, cuando Elenco, un anciano pastor que allí es- 
taba, nos dijo : Bien será, hermosas pastoras, que nos 
paguéis lo que por vosotras nuestros zagales han lieclu), 
con dejamos las guimaldas, que demasiadas lleváis do 
lo que á buscar veníades ; pero ha de ser con condicioa 
que de vuestra mano las deis á quien os pareciere. Si 
con tan pequeña paga quedareis de nosotras satisfechos, 
respondió la una, yo por mi soy contenta ; y tomando U 



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LA CALATEA, LIBRO L 



IS 



ggmtncon ambas manos , la pnso en la cabeza de nn 
gruido primo suyo ; las otras , guiadas de este ejemplo, 
dien» las suyas á direrentes zagales que allí estaban, 
qne todusus parientes eran. Yo que á lo último queda- 
ba jquenlli deudo alguno no tenia, mostrando hacer 
de h desenvuelta, me llegué al forastero pastor, y po- 
niMole la guirnalda en la cabeza , le dije : E^sta te doy, 
koeotagal, por dos cosas : la una, por el contento que 
i lodos nos has dado con tu agradable canto ; la otra, 
porque en nuestra aldea se usa bonrar á los extranjeros. 
Todos ios circunstantes recibieron gusto de lo que yo 
bada; pero ¿qué os diré yo de lo que mi alma sintió 
ñéodome tan cerca de quien me la tenia robada, sino 
qtwdien cualquiera otro bien que acertara á desear en 
aquí punto, fuera de quererle, por poder ceñirle con 
' US brazos al cuello , como le ceñí las sienes con la guir- 
nalda? El pastor ae me humilló, y con discretas pala- 
L jHaspie agradeció la merced que le hacia, y al des- 
. |ic£rse de mi, con voz baja, hurtando la ocasión á los 
^ mnclMS qos que allí habia , me dijo : Mejor te be pagado 
deloque piensas, hermosa pastora, la guirnalda que 
De has dado ; prenda llevas contigo , que si la sabes es- 
tíiaar conocerás que me quedas deudora. Bien quisiera 
JO responderle; pero la priesa que mis compañeras me 
(hbín era tanta , que no tuve lugar de responderle. De 
eria manera me volví al aldea , con tan diferente corazón 
, ddcon qne habia salido, que yo misma de mí mesma 
: BemaniTiliaba. La compañía me era enojosa, y cual- 
qiiera pensamiento que me viniese , que á pensaren mí 
pastor no se encaminase , con gran presteza procuraba 
Inego desecharle de mi memoria, como indignOde ocu- 
par el logar que de amorosos cuidados estaba lleno. Y 
lu s¿ cómo en tan pequeño espacio de tiempo me trás- 
fonné en otro ser del que tenia ; porque yo ya no vivía 
a mi . sino en A rtidoro ^ que ansi se llama la mitad de 
■ádmaqne añSo buscando : do quiera qne volvía los 
(ju me parecía ver su figura , cualquiera cosa que escn- 
diaba, luego sonaba en mis oídos su suave música y ar- 
«nia : á ninguna parte movia los pies que no diera por 
kaUnle en ella mi vida , si él la quisiera : en los manja- 
Rsiio hallaba el acostumbrado gusto, ni las manos acer- 
taban á tocar cosa que se le diese. En fin , todos mis sen- 
tÜH estaban trocados del ser que primero tenían , ni el 
ihoa obraba por ellos como era acostumbrada. En con- 
áderar la nueva Teolinda que en mi habia nacido, y en 
canlemplar las gracias del pastor, que impresas en el 
ima ON quedaron, se me pasó todo aquel dia y la noche 
iaies de la solemne fiesta , la cual venida , fué con gran- 
dísimo regocijo y aplauso de todos los moradores de 
■estra aldea y de los circunvecinos lugares solemniza- 
^ T despaes de acabadas en el templo las sacras obla- 
dmes y cumplidas las debidas ceremonias, en una an- 
cha plúa qne dehmte del templo se hacia, á la sombra 
decoatro antiguos y frondosos álamos que en ella esta- 
ban , se juntó casi la mas gente del pueblo, y haciéndose 
todos an corro , dieron lugar á que los zagales vecinos y 
tnsieros se ejercitasen por honra de la fiesta en algu- 
■es pastoriles ejercicios. Luego en el instante se mos- 
bnñi en la plaza un bnen número de dispuestos y ga- 
Budos pastores, los cuales, dando alegres muestras de 
■jnventod y destreza, dieron principio á mil graciosos 
pagos, ora tirando la ¡tesada barra, ora mostrando la 
^ñu de sus soeltoa miembros en los desusados saltos. 



ora descubriendo su crecida fuerza é industriosa maña 
en las intricadas luchas, ora enseñando la velocidad 
de sus pies en las largas carreras, procurando cada uno 
ser tal en todo, que el primero premio alcanzase de rou- 
ciios que los mayorales del pueblo tenían puestos para 
los mejores que en tales ejercicios se aventajasen; pero 
en estos que he contado, ni en otros muchos que callo 
por no ser prolija, ninguno de cuantos allí estaban ve- 
cinos y comarcanos llegó al punto que mi Artidoro , el 
cual con su presencia quiso honrar y alegrar nuestra 
fiesta y llevarse el primero honor y premio de todos los 
juegos que se hicieron. Tal era, pastoras, su destreza y 
gallardía'; las alabanzas que todos le daban eran tantas, 
que yo me ensoberbecía , y un desusado contento en el 
pecho me retozaba solo en considerar cuan bien habia 
sabido ocupar mis pensamientos ; peroren todo eso me 
daba grandísima pesadumbre qneArtidoro, como fo- 
rastero, se habia de partir prÑto de nuestra aldea, y 
qne sí él se iba sin saberi lo menos lo qne de mílfevaba, 
que era el alma, qué vida sería la mía en su ausencia, ó 
cómo podría yo olvidar mi pena siquierarcon quejarme, 
pues no tenía de quién sino de mi mesma. atando yo 
pues en estas imaginaciones, sg «pjhrt ¡a fiesta ^v rego- 
cijo, y queriendo Artidoro despedirse de los pastores 
sus amigos, todos ellos juntos le rogaron que por los días 
que había de durar el octavario de la fiesta, fuese con- 
tento de pasarlos con ellos, si otra cosa de mas gusto no 
se lo impedia. Ninguna me la puede dar á mi mayor, 
graciosos pasares, respondió Artidoro, que serviros en 
esto y en todo lo que mas fuere vuestra voluntad, que 
puesto qne la mia era por ahora querer buscar á un her- 
mano mioque pocos días ha falta de nuestra aldea, cum- 
pliré vuestro deseo , por ser yo el que gano en ello : to- 
dos se lo agradecieron mucho y quedaron contentos de 
su quedada ; pero mas lo quedé yo considerando qne en 
aquellos ocho días no podía dejar de ofrecérseme ocasión 
donde le descubriese lo que ya encubrir no podía. Toda 
aquella noche casi se nos pasó en bailes y juegos, y en 
contar unas á otras las pruebas que habíamos visto ha- 
cer á los pastores aquel dia, diciendo : Fulano bailó me- 
jor que fulano, puesto que el tal sabía mas mudanzas 
que el tal : Mingo derribó á Bras, pero Bras corrió mas 
que Hingo ; y al fin, fin, todas concluían que Artidoro, 
el pastor forastero, habia llevado la ventaja á todos, 
loándole cada una en particular sus particulares gracias : 
las cuales alabanzas, como ya he dicho, todas en mí 
contento redundaban. Venida la mañana del dia después 
de la fiesta, antes que la fresca aurora perdiese el rocío 
aljofarado de sus hermosos cabellos, y que el sol acabase 
de descubrir sus rayos por las cumbres de los vecinos 
montes, nos juntamos hasta una docena de pastoras, de 
las mas miradas del pueblo, y asidas unas de otra.s 
de las manos, al son de una gaita y de una zampona, 
haciendo y deshaciendo intricadas vueltas y bailes, nos 
salimos de la aldea á un verde prado que no lejos della 
estaba, dando gran contento á todos los que nuestra en- 
marañada danza miraban ; y la ventura, que hasta enton- 
ces mis cosas de bien en mejor iba guiando, ordenó qne 
en aquel mismo prado hallásemos todos los pastores de) 
lugar y con ellos á Artidoro, los cuales como nos vie- 
ron, acordando luego el son de un tamborino suyo coa 
el de nuestras zamponas, con eltaismo compás y baile 
nos salieron á recibir mezclándonos anos con otros oon- 



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10 



OBIIAS DE CEUV ANTES 



fusa y concertadamente, ; mudando los instrumentos 
él son, mudamos de baile, de manera que fué menes- 
ter que las pastoras nos desasiésemos y diésemos las 
manos á los pastores, y quiso mi buena dicha que acerté 
yo á dar la mía á Artidoro. No sé cómo os encarezca, 
amigas, lo que en tal punto senti, si no es deciros que 
me turbé de manera que no acertaba á dar paso concer- 
tado en el baile, tanto que le convenia á Artidoro llevar- 
me con fuerza tras sí, porque no rompiese soltándome 
el hilo de la concertada danza, y tomando dello ocasión, 
le dije: ;LE|i_qué te ha ofendido m i mano , Artidoro, 
que asi la aprietas? El me respondió con voz que de 
ningunu pudo ser oída : |Mas q^i^ te ha he cho átijiü al- 
ma , que asi la maltratas? Mi ofensa es clara, respondi 
yo mansamente ; mas k'luya ni la veo ni podrá verse. 
Y aun ahí está el daño, replicó Artidoro, que tengas 
vista para hacer mal y te falte para sanarle. En esto ce- 
saron nuestras razones, porque los bailes cesaron, que- 
dando yo contenta y pensativa de lo que Artidoro me 
habia dicho; y aunque consideraba que eran razones 
enamoradas, no me aseguraban si eran de enamorado. 
Luego nos sentamos todos los pastores y pastoras sobre 
la verde yerba, y habiendo reposado un poco del can- 
sancio de los bailes pasados, el viejo Elenco, acordando 
su instrumento, que un rabel era, con la zampona de 
otro pastor, rogó á Artidoro que alguna cosa cantase, 
pues él mas que otro alguno lo debia hacer, por haberle 
dado el cielo tal gracia, que sería ingrato si encubrirla 
quisiese. Artidoro, agradeciendo las alabanzas que le 
daba, comenzó luego á cantar unos versos que, por ha- 
berme puesto en mi sospecha aquellas palabras que an- 
tes me habia dicho, los tomé tan en la memoria, que 
aun hasta ahora no se me han olvidado, ios cuales, aun- 
que os dé pesadumbre de oírlos, solo porque hacen al 
caso para que entendáis punto por punto por los que me 
ha traído el amorata ocasión en que me hallo, os los 
habré de decir , que son estos. 

En isjiera , cerrada , escura noche 
Sin ver jamas el esperado dia , 

Y en contino crecido amargo llanto , i 
Ajeno de placer, contento y risa 

Merece estar, y en una viva muerte 
Aquel que sin amor pasa la vida. 

¿Ou¿ puede ser la mas alegre vida. 
Sino una sombra de una breve noche, 
O natural retrato de la muerte , 
Si en todas cuantas horas tiene el dii. 
Puesto silencio al congojoso llanta, 
No admite del amor la dulce risa! 

Do vive el blando amor, vive la risa, 
T adonde muere , muere nuestra vida , 

Y el sabroso placer se vuelve ea llanto , 

Y en tenebrosa sempiterna noche 
La clara luz del sosegado dia , 

Y es vivir sin él amarga muerte. 
Los rigurosos trances de la muerte 

No huye el amador ; intes con risa 
Desea la ocasión y espera el dia 
Donde puede ofrecer la cara vida , 
Hasta ver la tranquila última noche , 
Al amoroso fnego , al dulce llanto. 

No se llama de amor el llanto , llanto, 
NI su muerte llamarse debe mnerte. 
Ni i su noche dar titulo de noche, 
Ni su risa llamarse debe risa , 

Y su vida tener por cierta vida 

Y solo Testejar su alegre dia. 
¡ Oh venturoso para mi este dia 

Do pndo poner freno al triste llanto , 

Y alegrarme de haber dado mí vida 
A quien dármela puede, ó darme muerte! 
iMas qué puede esperarse, sino es risa 
De un rostro que al sol vence y vuelve en noche? 
Vuelto ha mi esciv;a noche en claro dia 
Amor, y en risa mi crecido llanto , 

Y mi cercana muerte en larga vid». 



\ 



Estos fueron los versos, hermosas pastoras, quecoD 
maravillosa gracia y no menos satisfacción de los queie 
escuchaban aquel día cantó qúJkÜM2£P> ^'^ los cuala 
y de las razones que antes me habla dicho, tomé yooca- 
sion de imaginar sí por ventura mí vista algún nuevo 
accidente amoroso en el pecho de Artidoro había can- 
sado , y no me salió tan vana mi sospecha, que él misnu 
no me la certificase al volvernos al aldea. A este pugjB 
del cuento de sus amores llegaba Teolinda , cúandoTu 
pastoras sintieron grandísimo estruendo de voces de pas-- 
tores y ladridos de perros, que fué causa para que deja- 
sen la comenzada plática, y se parasen á mirar por en- 
tre las ramas lo que era ; y así vieron que por nn verde 
Ilaii0£ue_á sjynano derecha estaba atravesaba uoíimBl- 
titud de pe rros, loscüaliírvenian sigiílendo iigajerM- 
rosa lieb rer^ufftf toda furia á las espesas matas veníaá 
giiarecerse ; y no lardó mucho, que por el mesmo lugar 
donde las pastoras estaban, lavierQn entrar y JigRJen^ 
''hp"' lailfítlprTalatPi''^ y allí vencida del cansancio^ la 
larga carrera y casi como segura del cercano peligro, se 
dejó caer en el suelo con tan cansado aliento , que pare- 
cía que faltaba poco para dar el último espíritu. Los pe^ 
ros por el olor y rastro la siguieron hasta entrar duode 
estaban las pastoras ; mas Calatea^ tomando la te meroa 
liebre ei Us g brazos , estórtó su vengativo Iñlerito á Iw 
codiciosos perros, por parecerle no ser bien si dejaba de 
defenderá quien della habia querido' valerse. De allíi 
poco llegaron algunos pastores, que en seguimiento de 
los perros y de la liebre venían; entre los cuales venii 
eljiadta_dkjGaiaiea, por cuyo respeto ella, Fjoriay 
T^glinda le salieron á recibir con la debida cortesía. Ú 
y los pastores quedaron admirados de la hermosura de 
Teolinda y con deseo de saber quién fuese , porque biea 
conocieron que era forastera. No poco les pesó desta lle- 
gada á Calatea y Florísa, ñor el gusto que les habiagni- 

'fl'lft tífi '¡"''q r . pl SIIPBSO de los amnrBS JFi Tpj^lindTpí || 

cual rogaron fuese servida de no partirse por alguBot 
días de su compañía, si en ello no se estorbaba acaso ^ 
cumplimiento de sus deseos. Antes por ver si pueddfj 
cumplirse, respondió Teolinda, me conviene estar al- 
gún día en esta ribera : y así por esto, como por no de- 
jar imperfeto mi comenzado cuento, habré de hacer Üi 
que me mandáis. Calatea y Florísa la abrazaron y le ofw 
cieron de nuevo su amistad y de servirla en cuanto sm 
fuerzas alcanzasen. En este entre tanto habiendo eLfit- 
die4Íl» Gttkitoa -y los otCSJiggtorgs en el margen del claro 
arroyo tendido sus gabanes y sacado de sus zurrones al- 
gunos rústicos manjares, convidaron á Calatea y sm 
compañeras á que con ellos comiesen. Acetaron ellas d 
convite, y sentándose luego, desecharon la hambre, qu 
por ser ya subido el dia comenzaba á fatigarles. En esta 
y en algunos cuentos que por entretener el tiempo los 
pastores contaron , se llegó la hora acostumbrada de n- 
cogerse al aldea. Y luego Calateay Florisa,dandovoelti 
á sus rebaños , los recogieron, y en compañía de la her- 
mosa Teolinda y de los otros pastores hAcia el lugar poc( 
á poco se encaminaron ; y al quebrar de la cuesta, doadt 
aquella mañana habían topado á Elicio, oyeron todos li 
zampona del desamorado Leníp^elcuaLer a un pastoral 
cuyo pecho jamas el am or pud o hace r mora da^ y de esa 
vTWü ei tUIl üTegre y satisfecho , que en cuarqulera con- 
versación y junta de pastores que se hallaba, no era oüt 
su intento sino decir mal de amor y tte los enamorados 



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; ttidtt m cantares á este fin se encaminaban; y por 
esbUn aireña coadicion que tenia, era de todos los 
pastores de todas aquellas comarcas conocido , y de unos 
alMiRCÍds,y de otros estimado. Galatea y los que allí ve- 
tímst pararon á escuchar , por ver si Lenio, como de 
CMiumbre tenia, alguna cosa cantaba, y luego vieron 
qie, dando su zampona á otro compañero suyo, al son 
(Uta comenzó á cantar lo que se sigue. 



LEmo. 

Un nno descnUido peasamiento , 
l'u Iota alui<n faotasit, 
ÜD DO sá qné , quiüa memoria cria 
Sin sír.sln calidad , sin fundamenta; 

l'u esperania qne se lleva el viento, 
Ci dolor con renombre de alegría , 
Oka Mche confusa do no hay ola , 






Ui d«fO error de nuestro entendimleaio; 

B las raices uropias de do nace 
Esta quimera antigua celebrada , 



Qie amor tiene por nombre en todo el suelo. 
T el alma que en amor tal se complace , % 
Hereee ser del suelo desterrada , 
¥ qu 10 la recojan en el cielo. 

Ahaion que Lenio cantaba lo que habéis oido, ha- 
Imd ya llegado con sus rebaños ElicioyErastro en com- 
piñía del lastimado Lisanj ro, y pareciéndole á Elicio que 
la lengua de Lenio en decir mal del amor á mas de lo 
qw era razón se extendía , quiso mostrarle á la clara su 
eogaio, y aprovechándose df I mismo concepto de los 
WMsque él habia cantado, al tiempo que ya llegaba 
Guatea, Florisa y Teolinda y los demás pastores , al 
MI de h zampona de Ekistro, comenzó á cantar desta 



ItlCl O. 

Merece qalen en 
En sa pecho i amor encierra , 
Que le desechen del cielo 
T no le safra la tierra. 



el «nelo / 



I tatr, que es ñrtnd entera, 
' Gn toa muchas que alcanza, 
Ki aa (I oUa aeaijuxa 
i tik i la cana primera : 
! Tnmceelaiieaa celo 
I leuliawrle destterra, 

Íit le Itsetben del cielo 
. ultMajaiattem. 
I Oi kelio rostro j Sgnra , 
Im^H caduca j mortal , 
ilB tnslado ; seBal 

I kb ATiaa bermossra : 

I I d ^ k) kermoso en el suelo 



Y el que tnviere recelo 
De amor que tal bien escierra. 
Merece no ver el cielo 
T que le trague la tierra. 

Bien se conoce que amor 
Está de mil bienes lleno. 
Pues hace del malu bueno, 

Y del que es bueno mejor : 

Y Bit el que discrepa m pelo 
En limpia amorosa enem , 
M merece ver el cielo , 
Ni sustentarse en la tierra. 

El amor es InBnito, 
Si se fnnda en ser honesto , 

Y aquel que se acaba presto , 
No es amor , sino apetito : 

Y ai que sin alzar el vuelo 
Con su voluntad se cierra , 
Mitele rayo del cielo , 

Y no le cubra la tierra. 



TKhaportiem, 

Hwkado sea del cielo, 
THknfra la tierra. 
laor tgaado en si solo , 
bnoda de otro accidente , 
balsKlo conveniente 
Cmo las n;os de Apolo : 

^tortdbieron poco gusto los enamorados pastores de 
Kreaiabien Elicio su parte defendía ; pero no por esto 
(idesamcndo Lenio dejó de estar firme en su opinión, 
falM quería de nuevo volver á cantar, y á mostrar en lo 
fK cuitase, de cuan poco momento eran las razones de 
Ocie pin escnrecer la verdad tan clara que él á su pa- 
meriQsleotaba ; mas el padre de Galatea, que Aurelio 
d wwrable «e llamaba, le dijo : No te fatigues pofaSSra, 
Lento, en querernos mostraren tu canto lé que 
■ti oonzon sientes, que el camino de aquí á la /aldea 
•hete, y me parece que es menester mas tienno del 
^piensas para defenderte de los muchos que /tienen 
knntnrio parecer. Guarda tus razones para lucar mas 
■fartaao.qne algún dia te juntarás tú y Elicio ccin otros 

»•*«$ en la fuente de las Pizarras ó arroyo dqrlas Pal- 
t. u 



LA GAUTEA, LIBRO I. 47 

mas, donde con mas comodidad y sosiego podáis argüir 
y aclarar vuestras diferentes opiniones. La que Elicio 
tiene, es opinión, respondió Lenio; que lamia no es 
sino ciencia averiguada , la cual en breve ó en largo 
tiempo, por traer ella consigo la verdad, me obligo á 
sustentarla; pero no faltará tiempo, como dices, mas 
aparejado para este efeto. Ese procuraré yo, respondió 
Elicio, porque iiic pesa queá tan subido ingenio como 
el tuyo, amigo Lenio, le falte quien le pueda requintar 
y subir de punto, como es el limpio y verdadero amor, 
de quien te muestras enemigo. Engañado estás, Eiícío, 
replicó Lenio, sí piensas por afeitadas y sofísticas pala- 
bras hacerme mudar de lo que no me tendría por hom- 
bre si me mudase. Tan malo es , dijo Elicio , ser pertinaz 
en el mal , como bueno perseverar en el bien ; y siempre 
be oido decir á mis mayores que es de sabios tomarcon- 
sejo. No niego yo eso, respondió Lenio, cuando yo en- 
tendiese que mi parecer no es justo ; pero en tanto que 
la experiencia y la razón no me mostraren el contrario 
de lo qne hasta aquí roe han mostrado, yo creo que mi 
opinión es tan verdadera, cuanto la tuya falsa. Si se 
castigasen los herejes de amor, dijo á esta sazón Eras- 
tro, desde ahora comenzara yo, amigo Lenio, á cortar 
leña con qne te abrasaran por el mayor hereje y enemigo 
que el amor tiene. Y aun si yo no viera otra cosa del 
amor , sino que tú , Erastro, le sigues y eres del bando de 
los enamorados, respondió Lenio, sola ella me bastara 
á renegar del con cien mil lenguas, si cien mil lenguas 
tuviera. Pues ¿parécete, Lenio, replicó Erastro, que 
no soy bueno para enamorado? Antes me parece, res- 
pondió Lenio , que los que fueren de tu condición y en- 
tendiniiento,.soBpropíos para ser minislros suyos ; por- 
que quien'tS'o^offcon el mas mínimo traspié da de ojos, 
y el que tiene poco discurso, poco ha menester para que 
le pierda del todo ; y los que siguen la bandera de este 
vuestro valeroso capitán , yo tengo para mi que no son 
los mas sabios del mundo ; y si lo han sido, en el punto 
qae se enamoraron dejaron de serlo. Grande fué e l eno[o 
que Erastro recibió de lo que LenioledíXo,yasÍ le res- 
ponaio : paréceme' Lenio, que tus desvariadas razones 
merecen otro castigo que palabras ; mas yo espero que 
algún dia pagarás lo que agora has dicho, sin que te 
valga lo que en tu defensa dijeres. Sí yo entendiese de 
tí, Erastro, respondió Lenio, que fueses tan valiente 
como enamorado , no dejarían de darmeTemorTüs ame- 
nazas'; más como sé que te quedas atrás en lo uno, como 
vas adelante en. lootrOrántes me causan risa quees- 
paiitó. Aquí acabó de perder la paciencia Erastro, y si 
no fuera por Lisandro y por Elicio , que en medio se pu- 
sieron, él respondiera á Lenio con las manos; porque 
ya su lengua, turbadacon la cólera, apenas podia usar 
su oDcío. Grande fué el gusto que todos recibieron de la 
graciosa pendencia de los pastores, y mas de la cólera 
y enojo que Erastro mostraba, que fué menester que el 
padre de Galatea hiciese las amistades de Lenio y suyas, 
aunque Erastro , si no fuera por no perder el respeto al 
padre de su señora, en ninguna manera las hiciera. 
Lluego que la cuestión fué acabada, tcdos con regocijo 
se^mminaronálaaldea.yen tanto que llegaban, la 
hermosa F'lonsa áTsoil de la zampona de Galatea cantó 
este soneto. 



/»-«--Ju\.5 



^ÍVIOL^ 



A' 



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18 



OBRAS DE CERVANTES. 



lUMUá. 



Creían las simples oftjnclas nUs 
Ki el cerrtda bosque y verde pndo, 
Y el calaroso estío é invierno helado 
Abunde en jrerbas verdes y aguas frías. 

Pase en snefies las noches y los días 
En lo que toca al pastoral estado. 
Sin que de amor u mínimo cuidado 
Sienta, ni sos ancianas niderias. 

Este mil bienes del amor pregona. 
Aquel publica del vanos enioados, 
To no sé si ios desandan perdidos. 

Ni sabré al vencedor dar la corona : 
84 bien que son de amor los escogidos 
Tan pocos, cnanto muchos los llamados. 

Breve se les liizo á los pastores el camino , engañados 
y ealretenidos con la graciosa voz de Florisa, la cual no 
dejó el canto hasta que estuvieron bien cerca del aldea 
y de las cabanas de Elicioy Erastro, que con Lisandro se 
quedaron en ellas, despidiéndose primero del venera- 
ble Aurelio, de Calatea y Florisa que con Teolinda al 
aldea se fueron, y los demás pastores cada cual adonde 
tenia su cabana. Aquella misma noche pidió el lastima- 
do Lisandro licencia á Elicio para volverse á su tierra, 
ó adonde pudiese conforme i sus deseos acabar lo poco 



que i sn parecer le quedaba de vida. Elido eon todas 
las razones que supo decirle, y con infinitíámos ofreci- 
mientos de la verdadera amistad que le ofreció, jamas 
pudo acabar con él que en su compañía siquiera idgoDos 
dias se quedase ; y así el sin ventura pastor abrazando á 
Elido con abundantes lágrimas y suspiros se despidió 
del , prometiendo de avisarle de su estado donde quien 
que él estuviese ; y habiéndole acompañado Elicio me- 
dia legua de su cabaila,le tomó á abrazar estrecha- 
mente, y tomándose á hacer de nuevo nuevos ofred- 
mientos, se apartaron, quedando Elicio con gran pesar 
del que Lisandro llevaba; y asi se volvió á su cabana i 
pasar lo mas de la noche en sus amorosas imaginacio- 
nes , y á esperar el venidero dia para gozar el bien que 
de ver á Calatea se le causaba. La cual , despnes que 
llegó á su aldea , deseando saber el suceso de los anxncs 
de Teolinda, ]Ht)coró hacer de manera que aquella no- 
che estuviesen solas ella y Florisa y Teolinda ; y hallan- 
do la comodidad que deseaba, la enamorada pastora 
proáguió su cuento como se verá en el segundo libro. 



LIBRO SEGUNDO. 



LiBBES ya y desembarazadas de lo que aquella noche 
con sus ganados hablan de hacer , procuraron recogerse 
y apartarse con Teolinda en parte donde sin ser de nadie 
impedidas, pudiesen oír lo que del suceso de sus amo- 
res les faltaba. Y asi se fueron á un pequeño jardin, que 
estaba en casa de Calatea, y sentándose las tres debajo 
de una verde y pomposa parra que intricadamente por 
unas redes de palo se entrelejia, tornando á repeür Teo- 
linda algunas palabras de lo que antes habla dicho, pro- 
siguió diciendo : Después de acabado nuestro baile y el 
canto de Artidoro, como ya os he dicho, bellas pasto- 
ras, á todos nos pareció volvernos al aldea á hacer en el 
templo los solenes sacrificios, y por parecemos asinies- 
mo que la solertidad de la fiesta daba en alguna manera 
licencia ; pero no teniendo cuenta tan á punto con el re- 
cogimiento, con mas libertad nos holgásemos, y por 
esto todos los pastores y pastoras en montón confuso, 
alegre y regocijadamente al aldea nos volvimos, ha- 
blando cada uno con quien mas gusto le daba. Ordenó 
pues la suerte y mi diligencia, y aun la solicitud de Ar- 
tidoro, que sin mostrar artificio en ello los dos nos 
apartamos de manera que á nuestro salvo pudiéramos 
hablar en aquel camino mas de lo que hablamos, si cada 
nno por si no tuviera respeto á lo que á sí mesmo y al 
otro debía. En fin, yo por sacarle á barrera, como de- 
cirse suele , le dije : Años se te harán , Artidoro, los dias 
que en nuestra aldea estuvieres, pues debes de tener en 
la tuya cosas en que ocuparte , que te deben de dar mas 
gusto. Todo el que yo puedo esperaren mi vida, trocara, 
respondió Artidoro, porque fueran no años, sino si- 
glos los dias que aquí tengo de estar; pues en acabán- 
dose, no espero tener otros que mas contento me ha- 
gan. ^Tanto es el que recibes, respondí yo, en mirar 
nuestras fiestas? No nace de ahí, respondió él, sino 
de contemplar la hermosura de las pastoras de vues- 
tra aldea. Es verdad, repliqué yo, que deben de fal- 
tar hermosas zagalas en la tuya. Verdad es que alli 



no faltan , respondió el , pero aqui sobran : de manen 
que una sola que yo he visto, basta para que en sa 
comparación las de allá se tengan por feas. Tu corte- 
sía te hace decir eso, ó Artidoro, respondí yo; porque 
bien sé que en este pueblo no hay ninguna que tantos» 
aventaje como dices. Mejor sé yo ser verdad lo que digo, 
respondió él, pues he visto la una y mirado las otras. 
Quizá hi miraste de lejos, y la distancia del lugar, dije 
yo, te hizo parecer otra cosa de lo que debe ser. De la 
mesma manera, respondió él, que á tí te veo y estoy 
mirando agora , la he mirado y visto á ella , y yo me hol- 
garía de haberme engañado, si no conforma su condi- 
ción con su hermosura. No me pesara á mi ser esa qsc 
dices, porel gusto que debe sentir la que se ve prego- 
nada y tenida por hermosa. Harto mas , respondió ArtH 
doro, quisiera yo que tú no fueras. Pues ¿qué perdí»- 
ras tú, respondí yo, si como yo no soy hi que dices, k 
fuera? Lo que he ganado, respondió él, bien lo sé; di 
lo que he de perder, estoy incierto y temeroso. Bien sa- 
bes hacer el enamorado , dije yo, ó Artidoro. Mejor sabei 
tú enamorar, ó Teolinda, respondió él. A esto le dije: 
No sé si te diga, Artidoro, quo deseo que ninguno d( 
los dos sea el engañado. A lo que él respondió : Oe qw 
yo no me engaño estoy bien seguro, y de querer tú dei- 
engañarle está en tu mano, todas las veces que quisie- 
res hacer experiencia de la limpia voluntad que tengo é 
servirte. E^ te (lagaré yo con la mesma, repliqué yo 
por parecerme que no sería bien á tan poca costa quedt 
endeuda con alguno. A esta sazón, sin que él tuviei 
lugar de responderme, llegó Eleuco el mayoral, ydy 
con voz alta : Ea, gallardos pastores y hermosas pasto 
ras, haced que sientan en el aldea nuestra venida, é» 
lonando vosotras, zagalas, algún villancico, de mod 
que nosotros os respondamos ; porque vean los del pu» 
blo cuánto liacemos al caso los que aquí vamos para ak 
grarnuestra fiesta. Yporque en ninguna cosa que Elent 
mandaba, dejaba de ser obededdo, luego los pastora 



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LA GAIATBA, LIBRO U 

na &ra á mi b muM pan qae comenzase , y asi 8ir- 
ñéodniídelaocasioayaproTeciiáiidoiDedeloqmoon 
AitUmlubia pando , di principio al villancico. 



I» 



El los e*Udos de amor 
Radie llega i ser peifcto , 
Silo el honexto j teeteto. 



hnBeiaraltlaTe 
CMb It •Bor, si se acierta, 
bd sienta li Bierta 
Tbkaaaiidad la llave; 
T olí ciliada ao la sabe 
Mea ircrane de discreto , 
, Siaa el hoaesloj secreto, 
iaartsaaaabddad 
Sade ler ref rekeadido , 
S til asar ao es aedido 
Caá laiaa j konesUdad : 
Taaordetal calidad 
Utt> le alcaau en efeto 
II fie a iMiesto } aeereio. 



Es ja caso areriraado , 
Que no s« paede negar, 
Uue i veces pierde el hablar 
Lo que el callar ha gaiado : 

Y el que fuere enamorado 
laius se vera en aprieto , 
SI fuere honesto j secreto. 

Cnanto una parlera lengu 
T gnos atrevidos ojos 
Soelen cansar mil enojos 

Y poner al alma en mengna , 
Tanto este dolor desmengoa , 

Y se libra de este aprieto 
El tac es honesto j secreto. 



lU sé H acerté , bennosas pastoras , en cantar lo que 
hiÍMÍsoido; pero sé muy bien -que se supo aprovechar 
ddloArtidoro.pues en todo el tiempo que en nuestra 
üeí estuvo, puesto que me habló machas veces, fué 
OB tinto recató , secreto 7 honestidad , que .os ociosos 
ojo y lenguas parleras ni tuvieron ni vieron qne decir 
eonqoei nuestra honra perjudicase. Mas con el temor 
ífK 70 tenia que acabado el término que Artidoro habia 
ffoiñetidode estaren nuestra aldea, se habia de ir i la 
■}!, procuré, aunque i costado mi vergüenza, que 
wqaedase mi corazón con listima de haLer callado lo 
§m deanes fuera excusado decirse estando Artidoro 
■<iaHate.Y asi, después que mis ojos dieron Ucencia 
' fK los suyos faermosísimosamorosamente me mirasen, 
10 estovieron quedas las lenguas , ni dejaron de mostrar 
cao palabras lo que hasta entonces por señas los ojos ba- 
tán bien claramente manifestado. En fin, sabréis, ami- 
(Kmias, que un dia hallándome acaso sola con Artidoro, 
oaseñales de un encendido amor y comedimiento me 
' dBMobrió el verdadero y honesto amor que me tenia ; y 
auqoe yo quisiera entonces hacer de la retirada y me- 
Badrota , porque temia , como ya os he dicho , que él se 
IHtiese, no quise desdeñarle ni despedirle, y también 
|ir|iarecerme qne los sinsabores que se dan y sienten 
'ttd principio de los amores, son causado que aban- 
'iooen y dejen la comenzada empresa los que en sus 
tesos no son muyexperimentados; y por esto le di res- 
fusta tal cual yo deseaba dársela, quedando en reso- 
'hdoo concertados en que él se fuese á su aldea, y que 
' dialli á pocos dias con alguna honrosa terceiía me en- 
viase i pedir por esposa á mis padres ; de lo que él fué 
'la contento y satisfecho , que no acababa de llamar ven- 
'teou el dia en que sus ojos me miraron. De mi os sé 
iaórqne no tn)cara mi contento por ningún otro qne 
[ iiHginar pudiera, por estar segura que el valor y cali- 
p M de Artidoro era tal , que mi padre seria contento de 
iwebiric por yerno. E^ el dichoso punto que habéis 
'■do, pastoras, estaba el de nuestros amores, que no 
'Vwdaban sino dos ó tres dias ¿ la partida de Artidoro, 
' nudo la fortni», como aquella que jamas tuvo término 
sos cosas , ordenó que una hermana mia de poco mé- 
ws edad qne yo, i nuestra aldea tomase de otra adonde 



wt/OM dias habia estado en casa de una tía jaiiestra, que 
Ü dispuesta se hallaba; y porque consideréis, seño- 
Mi, cuín extraños y no pensados casos en el mundo su- 
^ttden, quiero que entendáis nnacosa que creo no os 
'•iui de cansar alguna admiración extraña'; y es que 



esta bemuma mia que os he dicho, que hasta entonces 
había estado ausente , me parece tanto en el rostro , es- 
tatura, donaire y brio, si alguno tengo, que no solo los 
de nuestro lugar, sino nuestros mismos padres muchas 
veces nos han desconocido, y á la una por la otra ha- ''" 
bhtdo , de manera que para no caer en este engaño , por 
la diferencia de los vestidos, que diferentes eran, nos 
diferenciaban. En una cosa sola, á lo que yo creo, nos 
hizo bien diferentes la nutunileza, que fué en las con- 
diciones , por ser la de mi hermana mas áspera de lo que 
mi contento habia menester, pues por ser ella menos 
piadosa que advertida, tendré yo que llorar todo el 
tiempo que la vida me durare. Sucedió pues que luego 
que mi hermana vino al aldea , con el deseo que tenia de 
volver al agradable pastoral ejercicio suyo, madrugó 
luego otro dia mas de lo que yo quisiera, y con las ove- 
jas propias que yo solia llevar, se fué al prado, y aunque 
yo quise seguirla por el contento que se me seguía de la 
vista de mi Artidoro, con no sé qué ocasión mí madre 
me detuvo todo aquel dia en casa , que fué el último de 
misalegrias. Porque aquella noche, iiabiendo mi her- 
mana recogido su ganado, me dijo como en secreto que 
tenia necesidad de decirme una cosa que mucho me im- 
portaba. Yo, que cualquiera otra pudiera pensar de la 
que me dijo, procuré que presto á solas nos viésemos, 
adonde ella con rostro algo alterado , estando yo colgada 
de sus palabras, me comenzó á decir : No sé, hermana 
mia , lo q ue piense de tu honestidad , ni menos sé si calle 
lo que no puedo dejar de decirte, por versime dasal- 
guna disculpa de la culpa que imagino que tienes ; y 
aunque yo, como hermana menor, estaba obligada i 
hablarte con mas respeto , debes perdonarme , porque 
en lo que hoy he visto hallarás la disculpa de lo que te 
dijere. Cuando yo desta manera la oí hablar, uo sabia 
qué responderle, sino decirle que pasase adelante con 
su plática. Has de saber, hermana, siguió ella, que esta 
mañana, saliendo con nuestras ovejas al prado, y yendo 
sola con ellas por la ribera de nuestro fresco Henares, al 
pasar por el alameda del concejo salió á mi un pastor, 
quecon verdad osaré jurarque jamas le he visto en estos 
nuestros contomos ; y con una extraña desenvoltura me 
comenzó á hacer tan amorosas salutaciones, que yo es- 
taba con vergüenza y confusa, sin saber qué responderle; 
y él, no escarmentado del enojo , que á lo que yo creo en 
mirostro mostraba, se llegó á mi diciéndome : ¿Qué si- 
lencio es este, hermosa Teolínda, último refugio desta 
ánima que os adora? Y faltó poco que no me tomó las 
manos para besármelas , añadiendo á lo que he dicho un 
catálogo de requiebros que parecía qne los traia estu- 
diados. Luego di yo en la cuenta, considerando que él 
daba en el error en que otros muchos han dado, y que 
pensaba que con vos estaba hablando : de donde me na- 
ció sospecha que si vos, hermana, jamaste bubiérades 
visto ni familiarmente tratado , no fuera posible tener él 
atrevimiento de hablaros de aquella manera : de lo cual 
tomé tanto enojo, que apenas podía formar palabra para 
responderle ; pero al fin respondí de la suerte que su 
atrevimiento merecía, y cual á mi me pareció que está- 
bades ves, hermana, obligada á responder á quien con 
4anta libertad os hablara ; y si no fuera porque en aquel 
instante llegó la pastora Licea, yo le añadiera tales ra- 
zones , que fuera bien arrepentido de haberme dicho bu 
suyas : y es lo bueno, qne nnnca le quise ^ecir el engaño 



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9!D OBRAS DE 

en que estaba , sino que asi creyó él que yo era Teolindk, 
como si con tos mesma estuviera hablando. En fin, él 
se fué llainándome ingrata , desagradecida y de poco 
conocimiento ; y á lo que yo puedo juzgar del semblante 
que_ él llevaba, á fe , hermana, que otra vez no ose ha- 
blaros , aunque mas sola os encuentre. Lo que deseo sa- 
ber es, quién es este pastor, y qué conversación ha sido 
la de entrambos, de do nace que con tanta desenvoltura 
él se atreviese á hablaros. A vuestra mucha discreción 
dejo, discretas pastoras, loque mi alma sentiría oyendo 
loque mi hermana me contaba; pero al fin, disimu- 
lando lo mejor que pude , le dije : La mayor merced del 
mundo me has hecho, hermana Leonarda, que asi se 
llamaba la turbadora de mi descanso, en haberme qui- 
tado con tus ásperas razones el fastidio y desasosiego que 
rae daban las importunas dése pastor que dices : el cual 
es un forastero, que habrá ocho días que está en esta 
nuestra aldea, en cuyo pensamiento ha cabido tanta ar- 
rogancia ylócura, que do quiera que me ve, me trata 
deja manera que has visto, dándole á entender que 
tiene granjeada mi voluntad ; y aunque yo le he desen- 
pñado quizá con mas ásperas palabras de las que tú le 
dijiste , no por eso deja él de proseguir en su vano pro-^ 
pósito: y áfe, hermana, qoe deseo que venga ya el 
unevo dia para irá decirle que si no se aparta de su va- 
nidad , que espere el fin della que mis palabras siempre 
le han significado. Y asi era la verdad, dulces amigas, 
que diera yo porque ya fuera el alba cuanto pedírseme 
pudiera, solo por ir á ver á mi Arttdoro y desenga- 
ñarle del error eii que había caído, temerosa que con la 
aceda y desabrida respuesta que mi hermana le habla 
dado, él no se desdeñase y hiciese alguna cosa que en 
perjuicio de nuestro concierto viniese. Las largas noches 
del escabroso diciembre no dieron mas pesadumbre al 
amante que del venidero dia algún contento esperase, 
cuanto á mi me dio disgusto aquella, puesto que era de 
las escasas del verano, según deseaba ver la nueva luz 
para ir á ver la luz por quien mis ojos velan. Yasi , antes 
que las estrellas perdiesen del todo la claridad, estando 
Bunendudasi era de noclieódedia, forzada de mi de- 
seo, con la ocasión de ir á apacentar las ovejas, sali del 
aldea , y dando mas priesa al ganado de la acostumbrada 
para que caminase , llegué al lugar adonde otras veces 
solía hallar á Artidoro ; el cual hallé solo y sin ninguno 
que del noticia me diese , de que no pocos saltos me dio 
el corazón, que casi adivinó el mal que le estaba guar- 
dado. [Cuántas veces, viendo que no le hallaba, quise 
con mi voz herir el aire, llamando el amado nombre de 
mi Artidoro, y decir : ¡ven , bien mió , que yo soy la ver- 
dadera Teolinda , que mas que á si te quiere y ama i sino 
que el temor que de otro qne de él fuesen mis palabras 
oidas, me hizo tener mas silencio del qne quisiera; y 
asi después que hube rodeado una y otra vez toda la ri- 
bera y el soto del manso Henares , me senté cansada al 
pié de un verde sauce, esperando que del todo el claro 
sol con sus rayos por la faz de la tierra extendiese, para 
que con su claridad no quedase mata, cueva, espesura, 
choza ni cabana, que de mi mi bien no fuese buscado. 
Has apenas había dado la nueva luz lugar para discernir 
las colores, cuando luego se me ofreció á los ojos un 
cortecido álamo blanco , que delante de mi estaba, en el 
cual y en otros muchosvi escritas unas letras, qoe luego 
conocí ser de I9 mano de Artidoro , allí fijadas ; y levan 



(SUVANTES. 

tándomecon prisa averio qne dectao, vi, IteruMsai 
pastoras , que era esto : 



Pastora en qaien la belleu 
En tanto extremo se halla , 
Que no hay i quien comparalla, 
Sino i tu mcsma crueza : 
Ni armeaa y tu mudania 
Han sembrado i mano llena 
Tus promesas en la arena , 

Y en el viento mi eaperasia. 
Nunca imaginara yo 

Que cupiera eii lo que vi , 
Tras un dulce alegre si 
Tan amargo y triste no ; 
Mas yo nu fuera cngaOado , 
Si pusiera en mi ventura 
Asi como en to hermosura , 
Los ojos que te han mirado. 

Pnes cnanto tu gracia extraSa 
Promete, alegra y concierta, 
Tanto turba y desconcierta 
Mi desdicha , y cnmarafia : 
unos ojos me engasaron, 
Al parecer piadosos 
: Ay, ojos falsos, hermosos ! 
Los que os ven ¿en qué pecaron? 

Díme , pastora crdel : 
lA quién no podrí enga&ar 
Tu sabio honesta mirar 

Y tus palabras de miel? 
De mi ya esli conocido , 
Qoe con menos que hicieras, 
Sias ha que me tuvieras 
Preso, engafiado y rendido. 

Las letras qne lijaré 
En est.1 ispera corteza, 
Crecerán con mas llrmeza 
Que no ha crecido tu fe ; 
La cual pusiste en la boca 

Y en vanos prometimientos. 
No firme al mar y á los vientos 
Como bien fundada roca. 



Tan terrible y rigarom 
Como ,Yibora pisada , 
Tan emel como agraciada , 
Tan falsa cono hermosa : 
Lo qne Baoda tu emeldad 
Cumpliré sin mas rodeo. 
Pues nunca fué mi deseo 
Contrario i tu voluntad. 

Yo moriré desterrado. 
Porque tú vivas contenta ; 
Has mira que amor no sienta 
Del modo que me bȎ tratado; 
Porque en amorosa danza , 
Aunque amor ponga estrechéis. 
Sobre el compás de Srraeía 
Ño se sufre hacer mudanu. 

Ast como en la belleza 
Pasas cualquiera mnjer, 
Crei yo que rn el querer 
Fueras (fe mayor llrmeza ; 
Has ya se por mí pasión , 
Que quiso pintar natura 
Un ángel en tu Ugira , 

Y el tiempo en tu condicioi. 
Si quieres saber do voy 

Y el Un de mi triste vida , 
La sangre por mi veititla 
Te llevari donde estoy; 

Y aunque nada no te cale 
De nuestro amor y concieito. 
No niegues al cuerpo maerto 
El triste y último vale. 

Que bien seris rigurosa , 

Y mas que un diañíante don. 
Si el cuerpo y la sepultara 
No te vuelven piadosa : 

Y en caso tan cesdicludo 
Tendré por dulce ])artido, 
SI fui vivo aborrecido, 

Ser muerto y por U llondo. 



¿Qué palabras serán bastantes, pastoras, para daros 
á entender el extremo de dolor que ocupó mi corazón, 
cuando claramente entendi que los versos qne babía 
leído eran de mi querido Artidoro? Has no hay para qué 
encarecérosle, pues no llegó al punto que era menester 
para acabarme la vida, la cual desde entonces acá tengo 
tan aborrecida , que no sentirla ni me podría venir ma- 
yor gusto que perderla. Los suspiros que entonces di, 
las lágrimas que derramé, las lástimas que hice, fueron 
tantas y tales, que ninguno me oyera, que por loca no 
me juzgara. En fin , yo quedé tal, que sin acordarme de 
lo que á mi honra debía, propuse de desamparar la cara 
patria, amados padres y queridos hermanos, y dejar 
con la guardia de si mesmo al simple ganado roio : y sin 
entretenerme en otras cuentas, mas que en aquellas qae 
para mi gusto entendi ser necesarias, aquella mesma 
mañana, abmzando mil veces la corteza donde las ma- 
nos de mi Artidoro habían llegado, me parli de aqnel 
Ingarcon intención de venir á estas riberas, donde sé 
qoe Artidoro tiene y hace su habitación, por ver si faa 
sido tan inconsiderado y cruel consigo, que haya puesto 
en ejecución lo que en los últimos versos dejó escrito : 
que sí asi fuese, desde aqui os prometo, amigas mias, 
que no sea menor el deseo y presteza con que le siga en 
la muerte, que ha sido la voluntad con que le he amado 
en la vida. Mas ;aydem¡! i y cómo creo que no hay 
sospecha que en mi daño sea, que no salga verdadera ! 
pues ha ya nueve dias que á estas frescas riberas he lle- 
gado, y en todos ellos no he sabido nuevas de lo que de- 
seo ; y quiera Dios que cuando las sepa, no sean las úl- 
timas que sospecho. 

Veis aqui, discretas zagalas, el lamentable suceso de 
mi enamorada vida. Ya os he dicho quién soy y lo que 



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LA CALATEA 

bBico.ñ algunas sabéis de mi contento, así la fortuna 
oscmcedael mayor que deseáis, que no me lo neguéis. 
Coa tiotis ligrimas acompañaba la enamorada pastora 
laipilabras que decía, que bien tuviera corazondeacero 
qún de ellas no se doliera. Calatea y Florisa, que na- 
Itnlmente eran de condición piadosa, no pudieron de- 
tener tas soyas , ni menos dejaron con las mas blandas 
yeficaoes noones que pudieron de consolarla, dándole 
par consejo que se estuviese algunos días en su compa- 
íii, qaizá baria la fortuna que en ellos algunas nuevas 
de Artidoro supiese ; pues no permitiría el cielo que por 
Un extraño engaño acabase un pastor, tan discreto como 
ella le pintaba, el curso de sus verdes años ; y que podría 
ter qoe Artidoro, habiendo con el discurso del tiempo 
I Tselto á mejor discurso y propósito su pensamiento, 
míñese á ver la deseada patria y dulces amigos; y que 
]nre8io,ali¡ mejor que en otra parte, podia tener es- 
peranza de hallarle. Con estas y otras razones, la pastora 
alfo consolada, holgó de quedarse con ellas, agrade- 
déodoles la merced ({ue le hacian y el deseo que mos- 
traban de procurar su contento. A esta sazón la serena 
Docbe, aguijando por el cielo el estrellado carro, daba 
leñai qae el nuevo dia se acercaba ; y las pastoras con el 
deseo y necesidad de reposo se levantaron, y del fresco 
jardio i sus estancias se fueron. Mas apenas el claro sol 
I había con sos calientes rayos deshecho y consumido la 
f cenada niebla que en las frescas mañanas por el aire 
tóele eitendei-se, cuando las tres pastoras, dejando los 
I ociosas lechos, al usado ejercicio de apacentar su ga- 
I udo se volvieron, con harto diferentes pensamientos 
i GaUtea y Florisa del que la hermosa TeoUnda llevab», 
i b coal iba tan triste y pensativa , que era maravilla. Y á 
I esta cansa. Calatea , por ver si podría en algo divertirla, 
I le rogó que , puesta aparte un poco la melancolía, fuese 
servida de cantar algunos versos al son de la zampona 
deFlofisa. A esto respondió Teolinda: Si lamucha causa 
qge tengo de llorar, con la poca que de cantar tengo, 
entendiera que en algo se menguara, bien pudieras, 
hennosa Calatea, perdonarme, porque no hiciera lo que 
SK mandas ; pero por saber ya por experiencia que lo q ue 
mi lengua cantando pronuncia, mi corazón llorando lo 
uleníia, haré lo que quieres, pues en ello, sin ir contra 
m deseo, satisfaré el tuyo. Y luego lapastoraFlorísatocó 
n zampona, á cuyo son Teolinda cantó este soneto. 

TCOLlinM. 

Sabido he por ai nal addnde llega 
La erada faeru de an nutorio engafio, 
Tcóao amor procura con roi dafio 
Dame la vida , qae el temor me niega. 

Mi alma de las carnes se despega , 
Sigiiendo aquella qae por hado cxtrafio 
La üeoe puesta ei pena , en mal tamaAo 
Qae el bien la tnrba y el dolor sosiega. 

Si Tiro, tIyo en fe de la esperanza , 
ftic aiof ae es peqncfla j débil , se sastenta , 
Mcido i la íueraa de mi amor asida. 

¡Oh Irme comenzar, frágil mn danza , 
Anarga snaia de nna dalee cuenta , 
Cómo acabáis por términos la vida! 

No había bien acabado de cantar Teolinda el soneto 

qae habéis oído, cuando las tres pastoras sintieron á su 

mano derecha por la ladera del fresco valle el son de una 

zampona, cuya suavidad era de suerte, que todas se 

«upeadieron y pararon para con mas atención gozar de 

li suave armouia. Y de allí á poco oyeron que al son de 

la zampona el de un pequeño rabel se acordaba con tanta 

gncia y destreza, que las dos pastoras Calatea y Florisa 



, LIBRO II. St 

estaban suspensas, imaginando qué pastores podrían 
ser los que tan acordadamente sonaban, porque bien 
vieron que ninguno de los que ellas conocían, si Elício 
no , era en la música tan diestro. A esta sazón dijo Teo- 
linda : Si los oídos no me engañan, hermosas pastoras, 
yo creo que tenéis hoy en vuestras riberas á los dos nom- 
brados y famosos pastores Tirsi y Damon, naturales de 
mí patria ; á lo menos Tirsi, que en la famosa Compluto, 
villa fundada en las riberas de nuestro Henares , fué na- 
cido ; y Damon , su intimo y perfeto amigo, si no estoy 
mal informada , de las montañas de León trae su origen, 
y en la nombrada Mantua Carpentánea fué criado : tan 
aventajados los dos en todo género de discreción, cien- 
cia y loables ejercicios, que no solo en el circuito de 
nuestra comarca son conocidos, pero por todo el de la 
tierra conocidos y estimados : y no penséis , pastólas, 
que el ingenio destos dos pastores solo se extiende en 
saber lo que al pastoral estado le conviene ; porque pasa 
tan adelante, que lo escondido del cielo y lo no sabido 
déla tierra por términos y modos concertadas enseñan y 
disputan ; y estoy confusa en pensar qué causa les habrá 
movido á dejar Tirsi su dulce y querida Fíli , y á Damon 
su hermosa y honesta Amarilí: Fiii de Tirsi, Amarili 
de Damon, tan amadas, que no hay en nuestra aldea ni 
en los contomos della persona, ni en la campaña bos- 
que, prado, fuente ó río, que de sus encendidos y ho- 
nestos amores no tengan entera noticia. Deja por ahora, 
Teolinda, dijo Florisa, de alabarnos estos pastores, que 
mas nos importa escuchar lo que vienen cantando, pues 
no menor gracia me parece que tienen en la voz que en la 
música de los instrumentos. Pues ¿qué diréis, replicó 
Teolinda, cuando veáis que todo eso sobrepuja la exce- 
lencia de su poesía, la cual es de manera, que al uno ya 
le ha dado renombre de divino, y al otro de mas que hu- 
mano? Estando en estas razones las pastaras, vieron que 
por la ladera del valle por donde ellns mcsmas iban se des- 
cubrían dos pastores de gallarda d isposicion y extremado 
brío, de poco mas edad el uno que el otro ; tan bien ves- 
tidos, aunque pastorilmente, quemas parecían en su 
talle y apostura bizarros cortesanos, que serranos gana- 
deros. Traía cada uno un bien tallado pellico de bíanga 
y finísima lana, guarnecidos de leonado y pardo, colo- 
res á quien sus pastoras eran mas aOcionadas ; pendían 
de sus hombros sendos zurrones, no menos vistosos y 
adornados que los pellicos-, venían de verde laurel y 
fresca yedra coronados, con los retorcidos cayados de- 
bajo del bnzo puestos; no traían compañía alguna, y 
tan embebecidos en su música venían, que estuvieron 
gran espacio sin ver á las pastoras, que por la mesma la- 
dera iban caminando, no poco admiradas del gentil do- 
naire y gracia de los pastores, los cuales con concerta- 
das voces, comenzando el uno y replicando el otro, esto 
que se signe cantaban. 

DAVOI.— Tinsi. 

J>. Tirsi , qne el solitario cuerpo alcjat 
Con atrevida paso, aunque forzoso. 
De aqnella luz con quien el alma dejas : 

iCúmo en son no te docles doloroso. 
Pues bay tanta razón para quejarte 
Del flero turbador de tu reposo? 

T. Damon , si el cuerpo miserable parte 
Sin la mitad del alma en la partida , 
Dejando de ella la mas alia parte, 

ifíe qui virtud d ser será movida 
Mi lengua, que por muerta ya la cuento, 
Pues coB el alma se quedé la vida? 

Y tanque maestro que veo, oigo y lienio, 



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22 



OKUS ÜE CERVAMES. 



Fjntuna loy por el amor fomudí , 
Qoe con sola eapennu ms iutento. 

0. ¡ Ota Tlnl Tenturoso, j une enTldlada 
Es tu suerte de mi con caasa jnsta , 
Por ser de las de amor mas extremada ! 

A ti sola la ausencia te disgusta . 

Y tienes el arrima de esperanza , 

Con qnien el alma en sns desdichas (asta. 

Pero i ay de mi , que adonde «ojr me alcanza 
La fria mano del temor esquiva , 
T del desden la rigurosa lanía ! 

Ten la vida por muerte , aunque mas viva 
Se te muestre, pastor; que es cual la vela. 
Que cuando muere , mas so luí aviva. 
' NI con el tiempo que lijero vuela , 
Ni con los medios que el ausencia ofrece 
Mi alma fatigada se consuela. 

T.- El firme y puro amor Jamas descrece 
En el discurso de la ausencia amarga , 
Antes en fe de la memoria crece. 

Asi que en el ausencia corta 6 larga. 
No ve remedio, el amador perfeto. 
De dar alivio i la amorosa carga. 

Que la memoria puesta en el objeto 
One amor puso en el alma , representa 
La amada imigen viva al inteleto. 

Y alli en blando silencio le da cuenta 
De su bien 6 su mal , según la mira 
Amorosa , 6 de amor libre y exenta. 

Y si ves que mi alma no sospira. 
Es porque veo i FUI ad en mipecbo. 
De modo que i cantar me llama y Ura. 

D. Si en el hermoso rostro aigna despecho 
Vieras de Fiii cuando te partiste 
Del bien que asi te tiene satisfecho. 

Yo s¿ , discreto Tirsi , que tan triste 
Vinieras como yo cuitado vengo, 
Que vi al contrario de lo ene ti viste. 

T. Uamon , con lo que ne dicho me entretengo , 

Y el extremo del mal de ausencia templo, 

Y alegre voy, si voy, si qnedo 6 vengo. 
Que aquella que nació por vivo ejemplo. 

De la inmortal belleza acá en el suelo, 
Digna de mirmol , de corona y templo. 

Coa sn rara virtud y honesto celo 
Asi los ojos codiciosos ciega , 
Que de ningún contrario me recelo. 

La estracba sujeción que no le niega 
m alma al alma suya , el alto intento, 
Qae solo en la adorar para y sosiega , 

El tener deste amor conocimiento, 
Flli , y corresponder i fe tan pura 
Destlerran el dolor, traen el contento. 

D. Dichoso TirsI , Tirsi con ventara , 
De la cual goces siglos prolongadoi 
En amoroso gusto, en |ñi segura : 

Yo, a quien los cortos implacables hados 
Trajeron ■ un estado tan incierto. 
Pobre en el merecer, rico en cuidados , 

Bien es que muera ; pues , estando mnerto, 
No temeré i Amarlll rigurosa, 
M del ingrato amor el desconcierto. 

¡ Oh mas que el cielo, oh mas que el sol hermosa, 

Y para mi mas dura que un diamante, 
Presta i mi mal , y al hlen muy perezosa ! 

iCuíl ibrego, cuil cierzo, cual levante. 
Te sopló de aspereza que asi ordenas. 
Que kniga el paso, y no te esté delante? 

Yo moriré , pastora , en las ajenas 
Tierras, pues td lo mandas, condenado 
A hierros , muertes, yugos y cadenas. 

T. Pues con tantas ventajas te ha dolado, 
Damon amigo, el piadoso cielo 
De nn Ingeaio tan vivo y levantado: 

Templa con él el llanto, templa el duelo. 
Considerando bien, que no eontino 
Nos oiema el sol , ni nos enfria el hielo. 

Quiero decir que no signe an camino 
Siempre con pasos llanos reposados 
Para damos el bien nuestro destino. 

Que alguna vez por trances no pensados. 
Lejos al parecer de gnsto y gloria , ' 
Nos lleva i mil contentos regalados. 

Revuelve , dulce amigo, la memoria 
Por los honestos gastos que algún tiempo 
Amor te dio por prendas de victoria. 

Y si es posible , busca nn pasatiempo 

gue al alma engaAe , en tanto que se pasa 
ste desamorado airado tiempo. 
D. Al hielo que por término me abrasa, 

Y al fuego qae sin término me hiela , 

i Quién le pondrá , pastor, término ó tasa? 

En vano cansa , en vano se desvela 
El desfavorecido qae procura 
A sn gusto cortar de amor la tela , 
Qn« si sobra ea amor, bita ea veatua. 



Aqot cesó el extremado canto de los agraciados pas- 
tores ; pero no en el gusto que las pastoras habían reci- 
bido en escucharie; antes quisieran que tan presto no 
se acabara, por ser de aqueHos que no todas veces sal- 
len oirse. A ésta sazón ios dos gallardos pastores enca- 
minaban sus pasos faácia donde las pastoras estaban, de 
que pesó áTeolinda, porque temió ser deilos conocida, 
y por esta causa rogó á Galatea que de aquel lugar se 
desviasen : ella lo hizo, y. ellos pasaron, y al pasar oyó 
Galatea que Tirsi á Damon decia : Estas ^eras, amigo 
Damon, son en lasque la hermosa Galatea apacienta sa 
ganado, y adonde trae el suyo el enamorado Elicio, in- 
timo y particular amigo tuyo , á quien dé la ventara tal 
suceso en sus amores, cuanto merecen sus honestos y 
buenos deseos. Yo ha muchos dias que no sé en qué tér- 
minos le trae su suerte; pero según he oido decir de la 
recatada condición de la discreta Galatea, por quien él 
muere, temo que mas aina debe de estar quejoso que 
satisfecho. No me maravillaría yo desto, respondió Da- 
mon, porque con cuantas gracias y particulares dones 
con que el cielo enriqueció ¿ Galatea, al fin la hizo mu- 
jer, en cuyo frágil sugeto no se halla todas veces el 
conocimiento qoe se debe , y el que ha menester el que 
por ellas lo raénos que aventura es la vida. Lo que yo he 
eido decir de los amores de Elicio es, que él adora á Ga- 
latea sin salir del término queá su honestidad se debe, 
y que la discreción de Galatea es tanta, que no da maes- 
tras de querer ni de aborrecer á Elicio, y asi debe de 
. andar el desdichado sujeto i mil contrarios accidentes, 
esperando en el tiempo y la fortuna medios harto per- 
didos, qne le alarguen ó acorten la vida', de los cuales 
está mas cierto el acortarla que el entretenerla. Hasta 
aquí pudo oir Galatea de lo que della y de Elicio los pa»- 
tores tratando iban, deque no cecibió poco contento, 
por entender que lo que la fama de sus cosas publicaba, 
era lo que á su limpia intención se debia; y desde aquel 
punto determinó de no hacer por Elicio cosa que diese 
ocasión á que la fama no saliese verdadera en lo qne de 
sos pensamientos publicaba. A este tiempo los dos bi- 
zarros pastores con vagarosos pasos poco á poco hicia el 
aldea se encaminaban, con deseo de hallarse á las bodas 
del venturoso pastor Daranio,quecon Silveria de los 
verdes ojos se casaba ; y esta fué una de las cansas por 
que ellos habían dejado sus rebaños, y al lugar de Gala- 
tea se venían ; pero ya que les faltaba poco del camino, 
á la mano derecha del sintieron el son de un rabel que 
acordada y suavemente sonaba, y parándose Damon 
trabó á Tirsi del brazo , diciéndole : Espera , escucha an 
poco , llrsi , que si los oídos no rae mienten , el son qne 
á ellos llega es el del rabel de mí buen amigo Elicio , á 
quien dio naturaleza tanta gracia en muchas y divenas 
habilidades, cuanto las oirás si le escuchas y conocerás 
si le tratas. No creas, Damon, respondió Tirsi, qne 
hasta agora estoy por conocer las buenas partes de Elj. 
cío, que dias ha que la fama me las tiene bien manifes- 
tadas; pero calla agora, y escuchemos sí canta alguna 
cosa que del estado de su vida nos dé algún manifiesto 
indicio. Bien dices, replicó Damon, mas será menester, 
para qne mejor le oigamos , que nos lleguemoii por en- 
tre estas ramas, de modo que sin ser vistos del de mas 
cerca le escuchemos. Hicíéronlo asi y pusiéronse ea 
parte tan buena, que ninguna palabra que Elicio dijo ó 
cantó, dejó de ser deilos oída y aun notada. Estaba Eli- 



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LA CALATEA 

eioMconipiñíade ra amigo Erastro, de quien pocas 

veces te ipirtaba por el entretenimiento y gusto que de 

sa buena oooTersacion recebia, y todos ó los mas ratos 

dddúea cantar y tañerse les pasaba; y á este punto, 

toGudo su rabel Elido y su zampona Erastro, i estos 

ytoas dio principio Elicio. 

luao. 

Beiillila i un amaron pentamleoto 
Con mi dolor contento, 
Sil «spenr mas gloria , 
Sifo la qne persigue mi memoria , 
Porqoe con Uno en ella se presenta 
De los braios de amor libre j exeaia. 

Con los ojos del alma aun no es posible 
Ver el rostro apacible 
De la enemiga mía , 

Gloria T booor de cnanto el cielo cria, 
T los del cuerpo quedan solo cu vella 
Ciegos, por baber visto el sol en ella. 

¡Ob dura servidumbre, aunque gustosa! 
(n nano poderosa 
De amor, qae asi pudiste 
Oiilarme, ingrato, el bien que prometiste 
De baeerme , cuando libre me burlaba 
De U, del areo tuyo y de tu aljaba ! 

¡ Cniíla belleía , cuinta blanca mano 
He mostraste Urano ! 
¡cunto le fattgaste 

Ptimrre qae i mi cneUo el laso ecbaste : 
T aun quedaras vencido en la pelea , 
Si 10 bubiera en el mundo Calatea. 

Ella fué sola la que sola pudo 
Rendir el golpe rmdo 
De coraun exento, 
T avasallar el libre pensamlenlo , 
El cual , si i su querer no se rindiera , 
I Por de mármol ó acero le tuviera. 

¿Qué libertad puede mostrar su fuera 
Ante el rostro severo 
T mas qne el sol hermoso 
De la que turba y causa mi reposo! 
¡Ay rostro, qne en el suelo 
Descubres cuanto bien encierra el cielo! 

iCdmo pudo juntar naturaleza 
Tal rigor y sspereía 
Coa tanbr bermosara , 
i Tanto valor y condición tan dura? 

Has mi dlcba consien le 
En mí dafio juntar lo diferente. 

Esle tan fácil i mi corla suerte 
Ver con la amarga muerte 
I Junta la dulce vida , 

I T estar sa mal i do su bien anida , 

I Qne entre contrarios veo 

Que mengua la esperaoH , y no el deseo. 

i No cantó mas el enamorado pastor, ni quisieron roas 

i detenerse Tirsi y Damon, antes liaciendo gallarda é im- 

pnnisa maestra, hacia donde estaba Elicio se fueron, 

dual como los vio, conociendo á su amigo Damon, 

cu increíble alegría le salió á recebir, diciéndole : ;Qué 

Kitura ha ordenado, discreto Damon, que la des tan 

boeoa con tu presencia á estas riberas, que grandes 

tiempos lia que te desean? No puede ser sino buena, 

nsponfíó Damon, pues me ha traído á verte, ó Elicio, 

cuaque yo estimo en tanto cuanto es el deseo que de 

(Do tenia, y la larga ausencia y la amistad que te tengo 

ne obligaba ; pero si por alguna cosa puedes decir lo 

i|iM has dicho, es porque tienes delante al famoso Tirsi, 

^oriay honor del castellano suelo. Cuando Elicio oyó 

decir qae aquel era Tirsi , de él solamente por fama co- 

Buddo, recibiéndole con mucha cortesía, le dijo : Bien 

cnilbrma tu agradable semblante, nombrado Tirsi , con 

: leqne de tu valor y discreción en las cercanas y aparta- 

I das tierras la parlera fama pregona ; y así , á mi á quien 

: Inescrilos lian admirado é inclinado á desear conocerte 

i TKivirte, puedes de hoy mas tener y tratar como ver- 

, dadero amigo. Es tan conocido lo' que yo gano en eso, 

nspoodió Tirsi, que en vano pregonaria la fama lo que 

i) afición que me tienes te hace decir que de mi pre- 



, LIBRO U. £3 

gona , si no conociese la merced que me haces en que- 
rer ponerme en el numero de tus amigos ; y porque en- 
tre los que lo son, las palabras de comedimiento han de 
serexcusadas, cesen las nuestras en este caso, y den las 
obras testimonio de nuestras voluntades. 

La mía será contíno de servirte , replicó Elicio, como 
lo verás, ó Tirsi , si el tiempo ó la fortuna me ponen 
en estado que valga algo para ello ; porque el que agora 
tengo , puesto que no le trocaría con otro de mayores 
ventajas, es tal, que apenas me deja con libertad de 
ofrecer el deseo. Teniendo como tienes el tuyo en lugar 
tan alto, dijo Damon, por locura tendría procurar ba- 
jarle á cosa que menos fuese ; y as! , amigo Elicio, no 
digas mal del estado en que te hallas, porque yo te pro- 
meto, que cuando se comparase con el mío, hallaría yo 
ocasión de tenerte mas envidia que lástima. Bien pa- 
rece, Damon, dijo Elicio, que ha muchos días que fal- 
tas destas riberas, pues no sabes lo que en ellas amor 
rae hace sentir; y si esto no es, no debes conocer, ni 
tener expeñencia de la condición de Calatea, qne si 
della tuvieses noticia, trocarías en lástima la envidia 
que de mi tendrías. Qnien ha gustado de la condición 
de Amarili, ¿qué cosa nueva puede esperar de la de 
Calatea? respondió Damon. Si la estada tuya en estas 
riberas, replicó Elicio, fuere tan larga como yo deseo, 
til, Damon, conocerásy verás en ellas, y oirás en otras 
cómo andan en igual balanza su crueldad y gentileza : 
extremos que acaban la vida al que su desventura trujo 
á términos de adorarla. En las riberas de nuestro Hena- 
res, dijo á esta sazón Tirsi, mas fama tenia Calateado 
hermosa que de cruel ; pero sobre todo se dice que es 
discreta ; y si esta es la verdad , como lo debe ser , de su 
discreción nace el conocerse, y de conocerse estimarse, 
y de estimarse no querer perderse, y del no querer per- 
derse viene el no querer contentarte ; y viendo tú , Eli- 
cio , cuan mal corresponde á tus deseos , das nombre de 
crueldad á lo que debias llamar honroso recato ; y no me 
maravillo , que en fin es condición propia de los enamo- 
rados poco favorecidos. Razón tendrías en lo que has 
dicho, ó Tirsi, replicó Elicio, cuando mis deseos se 
desviaran (}el camino que á su honra y honestidad con- 
viene ; pero si van tan medidos como á su valory crédito 
se debe, ¿de qué sirve tanto desden, tan amargas y 
desabridas respuestas, y tan á la clara esconder el ros- 
tro al que tiene puesta toda su gloria en solo verle? 
¡Ay, Tirsi, Tirsi! respondió Elicio, ¡y cómo te debe 
tener el amor, puesto en lo alto de sus contentos, pues 
con tan sosegado espíritu hablas de sns efectos! No sé 
yo cómo viene bien lo que tú agora dices, con lo qae 
un tiempo decías cuando cantabas : 

¡ Ay de cuín ricas esperanzas vengo 
Al deseo mas pobre y encogido ! 

con lo demás que á esto ai'iadiste. Hasta este punto ha- 
bía estado callando Erastro, mirando lo que entre los 
pastores pasaba, admirado de ver su gentil donaire y 
apostura, con las muestras que cada uno daba de la mu- 
cha discreción que tenía. Pero viendo que de lance en 
lance á razonar de casos de amor se habían reducido, 
como aquel que tan experimentado en ellos estaba, rom- 
pió el silencio , y dijo : Bien creo , discretos pastores, 
que la larga experiencia os habrá mostrado que no se 
puede reducir á continuado término la condición de los 
enamorados corazones, los cuales como se gobiernan 



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24 OBRAS DE 

poTYolantad ajena, & mil contrarios accidentes están 
snjetos; y asi tú, famoso Tirsi, no tienes de qué mará- 
Tillarte de lo qne Elicio ka dicho, ni él tampoco de lo 
que tú dices, ni traer por ejemplo aqaello que él dice 
que cantabas, ni menos lo que yo sé que cantaste cuan- 
do dijiste : 

La amarilleí y la flaqueía mil , 

donde claramente mostrabas el afligido estado que en- 
tonces poseias, porque de allí á poco llegaron á nues- 
tras cabanas las nuevas de tu contento, solenizadas en 
aquellos Tersos tan nombrados tuyos, que si mal no me 
acuerdo comenzaban : 

Sale el anron , r de sn Krtll mano. 
Por ^0 claro se conoce la diferencia que hay de tiempos 
á tiempos, y cómo con ellos suele mudar amor los esta- 
dos, haciendo qne hoy se ria el que ayer lloraba, y que 
mañana llore el que hoy ríe. Y por tener yo tan conocida 
esta su condición , no puede la aspereza y desden zaha- 
reño de Galatea acabar de derribar mis esperanzas, 
puesto que yo no espero de ella otra cosa , sino es que se 
contente de que yo la quiera. El que no esperase buen 
suceso de un tan enamorado y medido deseo como el 
que has mostrado, ó pastor, respondió Damon, re- 
nombre mas qne de desesperado merecía : por cierto 
que es gran cosa loque deGalateapretendes. Perodime, 
pastor, asi ella te la conceda : ¿es posible que tan á re- 
gla tienes tu deseo , que no se adelanta á desear mas de 
lo qne has dicho? Bien puedes creerle, amigo Datnon, 
dijo Elicio, porque el valorde Galatea no da lugar á que 
de ella otra cosa se desee ni se espere , y aun esta es tan 
difícil de obtenerse, que á veces á Erastro se entibia la 
esperanza y á mí se enfría, de manera que él tiene por 
cierto, y yo por averiguado, que primero ha de llegar 
la muerte que el cumplimiento della. Has porque no es 
razón recebir tan honrados huéspedes con los amargos 
cuentos de nuestras miserias, quédense ellas aquí, y 
recójamenos al aldea, donde descansaréis del pesado 
trabajo del camino , y con mas sosiego , si de ello gustá- 
redes, entenderéis el desasosiego nuestro. Holgaron to- 
dos de acomodarse á la voluntad de Elicio, el cual y 
Erastro, recogiendo sus ganados, puesto que era algu- 
nas horas antes de lo acostumbrado , en compañía de los 
dos pastores, hablando en diversas cosas, aunque todas 
«namoradas, hacia el aldea se encaminaron. Has como 
todo el pasatiempo de Erastro era tañer y cantar, asi por 
esto como por el deseo que tenia de saber si los dos nue- 
vos pastores lo hacían tan bien como de ellos se sonaba, 
por moverlos y convidarlos á que otro tanto hiciesen, 
rogó á Elicio que su rabel tocase, al son del cual así co- 
menzó á cantar. 

EIIASTM. 

Ante la luz de unos serenos ojos 

Sne al sol dan Idi con qne da loz al snelo, 
1 alma asi se enciende, que recelo 
Qne presto tendrás, muerte, sns despojos. 

Con li luz se conciertan los manojos 
De aquellos rayos del señor de Deio : 
Tales son los cabellos de qalen suelo 
Adorar su beldad puesto de hinojos. 

¡Oh clara luí , oh rayos del sol claro , 
Antes ei mismo sol I de vos espero 
Solo qae consintáis que Erastro os quiera. 

SI en esto el ciclo se me muestra avaro, 
Antes que acabe del dolor que muero , 
Haced , ó rayos , que de un rayo muera. 

No les pareció mal el soneto á los pastores, ni les des- 
contentó la Toz de Erastro , que puesto que no era de las 



CERVANTES. 

muy extremadas, nó dejaba de ser de las acordadas, y 
luego Elicio, movido del ejemplo de Erastro, lebín 
que tocase su zampona, al son de la cnal este soneio 
dijo. 

Euao. 

i Aj, qae al alto desiinla qat m cria 
En mi amoroso llrme pensamiento, . 

Contradicen el cielo, el fuego, el viento, 
La agna , la tierra j la eoemi(a mil ! 

Contrarios son de quien temer debria, 
T abandonar la empresa j sano intento: 
Mas iqnién podri estorbar lo qne el Tioícalo 
Hado Implacable quiere , amor porfía? 

El alto cielo, amor, el viento, el fuego. 
La agua , la tierra j mi enemiga bella , 
Cada cual con fuerza , y con mi liado, 

MI bien estorbe, esparza , abrase, i liego 
Deshaga mi esperanza ; que aun sin ¿Ui 
Imposible es dejar lo comenzado. 

En acabando Elicio, luego Damon al sonde la mesma 
zampona de Erastro, dosta manera comenzó á cantar. 

Duon. 

Mas blando fui qne no la blanda cera, 
Cuando imprimí en mi alma la Sgura 
De la bella Amarili , esquiva v dura , 
Cnal doro mirmol ó silvestre flera. 

Amor me poso entdnces en It esfera 
Mas alta de su bien y sn ventura : 
Agora temo que la sepultura 
Ha de acabar mi presunción primera. 

Arrimdse el amor i la esperanza , 
Cual .vid al ajmo, y fué subiendo aprien. 
Mas faltóle el bnmor y cesó el vuelo: 

No el de mis ojos , que por larga nsanu 
Fortuna sabe bien , qne jamas cesa 
De dar tributo al rostro , al pecbo , al suelo. 

Acabó Damon, y comenzó Tirsi al son de los instru- 
mentos de los tres pastores á cantar este soneto. 



Por medio de los fllos de la muerte 
Rompid mi fe , y i tal punto he llegado. 
Que no envidio el mas alto y rico estado 
Que encierra bumana venturosa suerte. 

Todo este bien nació de solo verte. 
Hermosa Fili , ó FUI , jl quien el hado 
Dotó de un ser tan raro y extremado, 
Que en risa el llanto, el mal en bien convierte, 

Como amansa el rigor de la sentencia. 
Si el condenado el rostro del rey mira , 
T es ley que nunca tuerce su derecho; 

Asi ante tn bennoslslma presencia 
La mnerle huye , el daSo se retín , 
Y d^a en su lugar vida y provecho. 

Al acabar Tirsi, todos los instrumentos de los pasta- 
res formaron tan agradable música , que causaba graude 
contento á quien la oía, y roas ayudándoles de entre lu 
espesas ramas mil suertes de pintados pajarillos, que 
con divina armonía parece que como á coros les ibio 
respondiendo. Desta suerte habían caminado un trecho, 
cuando llegaron á una antigua ermita que en la laden 
de un montecillo estaba, no tan desviada del camino, 
que dejase de oírse el son de una arpa que dentro al 
parecer tañian , el cual oido por Erastro, dijo : Deteneos, 
pastores, que según pienso, hoy oiremos todos lo que 
j ha días qne yo deseo oír, que es la voz de un agraciado 
mozo que dentro de aquella ermita habrá doce ó catorce 
días se ha venido á vivir una vida mas áspera de lo que 
á mí me parece que puedan llevar sus pocos años, y al- 
gunas veces que por aquí he pasado, he sentido tocar 
un arpa y entonar una voz tan suave, que me ha puesto 
en grandísimo deseo de escucharla ; pero siempre he 
llegado á punto que él le ponia en su canto; y aunqae 
con hablarle he procurado hacerme su amigo, ofrecién- 
dole á su servicio todo lo que valgo y puedo, nunca be 
podido acabar con él que me descubra quién es, y las 



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LA CALATEA, LIBRO U. 



35 



etanqHlehaii movido á venir de bn pocos años á 
pwMtse a tanta soledad y estreclieza. Lo que Erastro 
áeciaddmoioy nuevo ermitaüo, puso en los pastores 
el missodeseo de conocerle que él tenia, y así acorda- 
ra de lieguse i la ermita de modo que sin ser sentidos 
podJeeiieDteDderlo que cantaba ¿otes que llegasen i 
Ukrie^y haciéndolo así, les sucedió tan bien, que se 
jasiefoa en parte donde , sin ser vistos ni sentidos , oye* 
naque al son de la arpa el que estaba dentro semejan- 
la venos decía. 

Si tan sido el cielo, taor 7 1* fortua 
Sil ser de mi ufendidos, 
Coateilo* de ponerme en tal estado, 
Bi rano al aire envío mis gemidot : 
Ea nuo hasta la lana 
Se rid mi pensamiento levantado. 
¡OkripiroMbado! 
¡Por endn eitrafias desosadas vías 
Mis dnlces alegrías 
Han f eoido i parar ea tal extremo 
Qge esto; mariendo, y aun la vida temo ! 

Contra mi mesmo estojr ardiendo en Ira, 
Por ver qae sníro tanto 
Sin romper est« pechOi-r dar al viento 
Esta alma , qoe en mitad del doro llanto 
U eoraion retira 

Las iltimas rciii^oias del aliento ; 
T allí de nuevo siento 
Die acndc ia esperanza i darme fueiM, 
Tanmiae fingida á mi vivir es fuerza. 
T 10 es piedad del cielo, porque ordena 
A larga vida dar mas larga pena. 

Del caro amigo el lastimado pecho 
Enteniecid este mió , 
T la empresa dideil tomé i cargo. 
¡Oh discreto tngir de desvario! 
01 nonea visto heelio ! 
Oh caso gastosísimo 7 amargo! 
¡Cnin dadivoso y largo 
Amor se me mustró por bien ajeno, 
Y eaia avaro j lleno 
De temor j lealtad para conmigo ! 
Pero i mas nos obliga un firme amigo. 

Iiljistas pagas, voluntades justas 
A cada paso vemos 
Dadas por mano de fortina esquiva , 
t de ti, falso amor, de fniea sabemos 
Que te alegras j gustas 
De qae sn Arme amador muriendo viva. 
Abrasadora j viva 

Llama se encienda en tus tijeras alas, 
T las boeaas jr malas 
Saetas ea ceniías se resuelvan , 
O al dispararlas contra U se vuelvan 

(Por qaé camino, con qni fraude 7 maSa , 
Por qué extrafio rodeo 
Entera posesión de mi tomaste! 
T¿cdmo en mi piadoso alto deseo, 
T ea bU limpias entrafias 
La sana voluntad , falso, trocaste! 
iMeio habii que baste 
A llevar en Baeieneia-el ver, peijaro, 
Qae entré llore y seguro 
A tratar de tus glorias y tus penas , 
T agora al cuello sienta tus cadenast 

Mas no de ti , sino de mi seria 
Raion qne me quejase, 
Qae i tu fuego 00 hice resístesela. 
To me entregué , yo hice qne soplase 
El viento qae dormía 
Se la ocasión con furia j violencia : 
JasUsima sentencia 
Ha dado el cielo contra mi qne muera , 
Araqae solo se espera 
De mi infellce hado y desventura , 
Ose no a49be mi mal la sepultura. 

¡Oh amigo dalee, oh dulce mi enemiga , 
Ttabrio, 7 Nlsida bella , 
Dichosos Jontamente 7 desdichados ! 
iCsil dará , Inicua, inexorable estrella 
De mi daSo enemiga ; 
Culi faena injusta de implacables hados 
Ños tiene asi apartadas! 
; Oh miserable , humana , frigil suerte! 
Cain presto se convierte 
Ea snbito pesar una alegría , 
T signe escura noche al claro dia ! 

De la Instabilidad de la mudanza- 
De las humanas cosas 
iCnll Mil el atrevido qae se le? 



Con alas vuela el tiempo presnrasas, 

Y tras si la esperanza 

Se lleva del q^ne llora y del qne rie; 

Y 7a que el cielo envié 

Su favor, solo sirve ai que con celo 

Santo levanta al cielo 

kt alma en fuego de su amor deshecha , 

Y al que no mas le dafia que aprovecha. 
Yo como puedo, buen Sefior, levanta 

La una yotra palma. 

Los ojos , la intención ai cielo santo. 

Por quien espera el alma 

Ver vuelto en risa su continno llanto. 

Con un profundo suspiro dio fin al lastimado canto el 
recogido mozo, que dentro en la ermita estaba ; y sin- 
tiendo los pastores que adelante no proseguía , sin dete- 
nerse mas, todos juntos entraron en ella, donde vieron 
á un -cabo sentado encima de una dura piedra á un dis- 
puesto y agraciado mancebo, al parecer de edad de 
veinte y dos años, vestido de un tosco buriel, con los 
pies descalzos y una áspera soga ceñida al cuerpo, que 
de cordón le servia. Estaba con la cabeza inclinada ¿ un 
lado, y la una mano asida de la parte de la tiínica que 
sobre el corazón caía, y el otro brazo á la otra parte flo- 
jamente derribado ; y por verle desta manera, y por no 
haber hecho movimiento al entrar de los pastores, cla- 
ramente conocieron que desmayado estaba , como era 
la verdad , porque la profunda imaginación de sus mise- 
rias muchas veces á semejante término le conducía. 
Llegóse á él Erastro, y trabándole recio del brazo, le 
hizo volver en si , aunque tan desacordado, que parecía 
que de un pesado sueño recordaba, las cuales muestras 
de dolor, no pequeño le cansaron á los que lo veian, y 
luego Erastro le dijo : ¿Qué es esto, señor, qué es lo que 
siente vuestro fatigado pecho ? No dejéis de decirlo, que 
presentes tenéis quien no rehusarán fatiga alguna por 
dar remedio á la vuestra. No son esos , respondió el man- 
cebo con voz algo desmayada, los primeros ofrecimien- 
tos que me has hecho, ni aun serian los líltimos que yo 
acertase á servir si pudiese ; pero hame traído la fortuna 
á términos, qne ni ellos pueden aprovecharme, ni yo 
satisfacerlos mas de con el deseo. Este puedes tomar en 
cuenta del bueno que me ofreces ; y si otra cosa de mi 
deseas saber, el tiempo, que no encubre nada, te dirá 
mas de lo que yo quisiera. Si al tiempo dejas que me sa- 
tisfaga de lo que me dices , respondió Erastro, poco debe 
agradecerse tal paga ; pues él á pesar nuestro echa en las 
plazas lo mas secreto de nuestros corazones. A este 
tiempo todos los demás pastores le rogaron que la oca- 
sión de su tristeza les contase , especialmente Tirsi, que 
con eficaces razones le persuadió y dio á entender que 
no hay mal en esta vida que con ella su remedio no se 
alcanzase, si ya la muerte , atajadora de los humanos 
discursos , no se opone á ellos ; y á esto añadió otras pa- 
labras, que al obstinado mozo movieron á que con las 
suyas hiciese satisfechos á todos de lo qne del saber de- 
seaban , y asi les dijo : Puesto qne á mi me fuera mejor, 
ó agradable compañía, vivir lo poco que me queda do 
vida sin ella , y haberme recogido á mayor soledad de la 
que tengo, todavía por no mostrarme e.squivo i la vo- 
luntad que me habéis mostrado, determino de contaros 
todo aquello que entiendo bastará, y los términos por 
donde la mudable fortuna me ha traído al estrecho es- 
tado en que me hallo ; pero porque me parece que es ya 
algo tarde, y según mis desventuras son muchas , seria 
posible que antes de contároslas la noche sobreviniese, 
será bien que todos jontos á la aldea nos vamos , pues á 



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26 



OBRAS DE CERVANTES. 



mí no me hace otra descomodidad de hacer el camino 
esta noche, que mañana tenia detenninado, ; esto me 
es forzoso , pues de vuestra aldea soy proveído de lo que 
lie menester para mi sustento ; y por el camino, como 
mejor pudiéremos, os liaré ciertos de mis desgracias. 
A todos pareció bien lo que el mozo ermitaño decía, y 
poniéndole en medio dellos , con vagarosos pasos toma- 
ron á seguir el camino de la aldea , y luego el afligido 
ermitaño con muestras de mucho dolor desta manera al 
cuento de sus miserias dio principio. 

En la antigua y famosa ciudad de Jerez, cuyos mora- 
dores de Minerva y Marte son iavorecidos, nació Tífií- 
brio, un valeroso caballero, del cual , si sus virtudes y 
generosidad de ánimo hubiese de contar, ádiricil em- 
presa me pondría. Basta saber que, no sé si por la mu- 
cha bondad suya , ó por la fuerza de las estrellas que i 
ello me inclinaban, yo procuré por todas las vías que 
pude serle particular amigo, y fuéroe en esto el cielo 
tan favorable, que casi olvidándose á los que nos cono- 
cían el nombre de Timhrio y el de Silerio, que es el mío, 
solamente los dos amigos nos llamaban , haciendo nos- 
otros con nuestra continua conversación y amigables 
obras que tal opinión no fuese vana. Desta suerte los 
dos con increíble gusto y contento los mozos años pasá- 
bamos, ora en el campo en el ejercicio de la caza, ora 
en la ciudad en el del honroso Marte entreteniéndonos, 
hasta que un día (de los muchos aciagos que el enemigo 
tiempo en el discurso de mi vida' me ha hecho ver) le 
sucedió á mí amigo Timbrio una pesada pendencia con 
un poderoso caballero , vecino de la misma ciudad. Lle- 
gó á término la cuestión , que el caballero quedó lasti- 
mado en la honra, yáTiinbrío le fué forzoso ausentarse, 
por dar lugar á que la furiosa discordia cesase, que en- 
tre las dos parentelas se comenzaba á encender; dejando 
escrita una carta á su enemigo dándole aviso que le ha- 
llaría en Italia en la ciudad de Milán ó en Ñapóles , todas 
las veces que, como caballero, de su agravio satisfa- 
cerse quisiese. Con esto cesaron los bandos entre los 
parientes de entrambos , y ordenóse que á igual y mor- 
tal batalla el ofendido caballero , que Pransiles se llama- 
ba , áTimbrio desafíase, y que en hallando campo seguro 
para la batalla se avisase áTimbrio. Ordenó mas mi des- 
graciada suerte, que al tiempo que esto sucedió yo me 
hallase tan falto de salud, que apenas del lecho levantar- 
me podía, y por esta ocasión se me pasó la de seguir á mi 
amigo donde quiera que fuese, el cual al partir se despi- 
dió de mi con no pequeño descontento , encargándome 
que en cobrando fuerzas le buscase, que en la ciudad de 
Ñapóles le hallaría, dejándome con mas pena que yo sa- 
bré agora significaros. Mas al cabo de pocos días (pn- 
diendo en mí mas el deseo que de verle tenia, qne no la 
flaqueza que me fatigaba) me puse luego en camino ; y 
para que con mas brevedad y mas seguro le hiciese, la 
ventura me ofreció la comodidad de cuatro galeras , que 
en la famosa isla de Cádiz de partida para Italia puestas 
y aparejadas estaban. Erabarquéme en una de ellas, y 
con próspero viento en tiempo breve las riberas catala- 
nas descubrimos; y habiendo dado fondo en un puerto 
dellas, yo que algo fatigado de la mar venía, asegurado 
primero de que por aquella noche las galeras de allí no 
partían, me desembarqué con solo un amigo y nn criado 
mió : y no creo que debía de ser la media noche cuando 
los marineros y los qne á cargo las galeras llevaban. 



viendoque la serenidad del cielocalma ó próspero viento 
señalaba , por no perder hi baena ocasión que se la ' 
ofrecía, á la segunda guardia hieieron la señal de par- ' 
tida; y zarpando las áncoras, dieron con muclia pru- 
teza los remos al sesgado mar, y las velas al sosegub 
viento, y fué como digo con tanta diligencia heclio, ' 
que por mucha que yo puse para volver á embarcanue^ 
no fui á tiempo , y así me hube de quedar en la ouriiii i 
con el enojo que podrá considerar quien por semejaoleí \ 
y ordinarios casos habrá pasado ; porque quedal» nal ] 
acomodado de todas las cosas que para seguir mi Tiqe j 
por tierra eran necesarias ; roas considerando que de, 
quedarme allí poco remedio se esperaba, acordé de toI-^ 
verme á Barcelona, afdonde como ciudad mas grande, 
podría ser hallar quien iiie acomodase de lo que me bl-, 
taba, correspondiendo á Jerez ó á Sevilla con lapagí, 
dello.' Amanecióme en estos pensamientos, y coade»^ 
terminación de ponerlos en efeto aguardaba á que el dii^ 
mas se levantase, y estando á punto de partirme, senl^ 
un grande estruendo por la tierra, y que toda la gente 
corría á la calle mas principal del pueblo ; y preguntandt 
á uno qué era aquello, me respondió : Llegaos, señor,( 
aquella esquina , que á voz de pregonero sabréis lo qii 
deseáis. Hicelo asi , y lo primero en que puse los ojaj 
fué en un alto crucifijo , y en mucho tumulto de gea^ 
señales que algún sentenciado á muerte entre ellos va; 
nia, todo lo que me certificó la voz del pregonero, qa 
declaraba qne por haber sido salteador y bandolero, I 
justicia mandaba ahorcar un hombre, que como i a 
llegó, luego conocí que era el mí buen amigo Tifflbrio,( 
cual venia á pié con unas esposas á las manos y una so§ 
á la garganta , los ojos enclavados en el crucifijo que de 
lante llevaba, diciendo y protestando á los dérigos qi 
con él iban , que por la cuenta que peusaba dar en bn 
ves horas al verdadero Dios, cuyo retrato delante de \t 
ojos tenia, que nunca, en todo el discurso de sund| 
había cometido cosa por donde públicamente merecíei 
recebir tan ignominiosa muerte, y que á todos rogxbi 
rogasen á los jueces le diesen algún término paraprobi 
cuin inocente estaba de lo que le acusaban. Considere! 
aquí, si tanto la consideración pudo levantarse, ca 
quedaría yo al horrendo espectáculo que á los ojos sea 
ofrecía : no sé qué os diga , señores , sino qne quedé ti 
embelesado y fuera de mí , y de tal modo quedé ajea 
de todos mis sentidos, que una estatua de marmol da 
biera de parecer á quien en aquel punto me miralM 
Pero ya que el confuso rumor del pueblo , las leviutadi 
voces de los pregoneros , las lastimosas palabras de Tía 
brío, y las consoladoras de los sacerdotes, y el venh 
dero conocimiento de mí buen amigo me hubíen 
vuelto de aquel embelesamiento primero, y la altera 
sangre acudió á dar ayuda al desmayado corazón, y dai 
pertando en él la cólera debida á la notoria venganza d 
la ofensa de Timbrío, sin mirar al peligro que me po^ 
nia, sino al de Timbrio, por ver si podía librarle óaa 
guirle hasta la otra vida, con poco temor de perder I 
mia, eché mano á la espada, y con mas qne ordinuí 
furía entré por medio de la confusa turba, basta qv 
llegué adonde Timbrio iba, el cual no sabiendo si «| 
provecho snyo tantas espadas se habían deseuvainadl 
con perplejo y angustiado ánimo estaba mirando lo qt 
pasid», hasta que yo le dije : ¿Adonde está, ó Tin 
brío, el esfnerxo de tu valeroso pechoT ¿Qué esp«is 



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mi 



LA GAUTBA 

)|né agnarte? iPor qué no te favoreces de la ocasión 
|Rwnte? Procun, verdadero amigo , salvar tu vida, en 
tuto que esli mia hace escudo á la sinrazón que, según 
creo,aqni(eeshecba. Estas palabras mías y el cono- 
cerme líinlirío. fué parte para que, olvidado todo te- 
mor, rooipiese bs ataduras ó esposas de las manos ; mas 
todo su ardimiento fuera poco si los sacerdotes , de com- 
paoB movidos , no ayudaran su deseo ; los cuales , to- 
ándole en p«o , i. pesar de los que estorbarlo querían, 
■eatranm con él en una iglesia que allí junto estaba, 
[A|ÍBilome i mi en medio de toda la justicia, que con 
inade instancia procuraba prenderme, como al fili lo 
ÍN,paes á tantas fuerzas juntas no fué poderosa la sola 
ik de reástirlas; y con mas ofensa que á mi parecer 
|i pecado merecia, á la cárcel pública, herido de dos 
■idas, me llevaron : el atrevimiento mío, y el haberse 
R^odo Timbrto aumentó mi culpa y el enojo en los 
Mes, ios cuales t>onderando bien el exceso por mí co- 
, pueciéndoles ser justo que yo muriese, luego 
wrael sentencia pronunciaron, y para otro dia guar- 
ía qecncion. Llegó i Timbrio esta triste nuera 
en la iglesia donde estaba , y según yo después sope, 
tallenicion le dio mi sentencia, que le habia dado la 
muerte ; y por librarme della , de nuevo se ofrecía 
Mtiegarse otra vez en poder de la justicia; pero los 
lerdotes te aconsejaron que servia de poco aquello, 
era añadir mal á mal, j desgracia á desgracia, 
ao sería parte el entregarse él para que yo fuese 
, pues no lo podia ser sin ser castigado de la culpa 
No fueron menester pocas razones para per- 
á Timbrio no se diese i la justicia ; pero sosegóse 
proponer en so ánimo de hacer otro dia por mi lo 
yo por él habia hecho, por pagarme en la misma 
ó morir en la demanda. De toda su intención 
■visado por un clérigo que á confesarme vino, con 
le envié á decir, que el mejor remedio que mi 
podia tener, era que él se salvase, y procurase 
eoo toda brevedad el virey de Barcelona supiese 
id saceso, antes que la justicia de aquel pueblo la 
en él. Supe también la causa por que á mi 
Timbrio llevaba al amargo suplicio, según me 
el mesmo sacerdote que os he dicho ; y fué que 
lo Timbrio caminando por el reino de Cataluña, 
salida de Perpiñan dieron con él una cantidad de 
iros, los cuales teman por señor y cabeza á un 
caballero catalán, que por ciertas enemistades 
en la compañía , como es ya antiguo uso de aq uel 
, coando los enemistados son personas de cuenta, 
e i ella y hacerse todo el mal que pueden, no so- 
lté en las vidas , pero en las haciendas , cosa ajena* 
toda cristiandad, y digna de toda lástima. Sucedió 
que al tiempo que los bandoleros estaban ocupados 
quitar i Timbrio loque llevaba, llegó en aquella sa- 
el señor y caudillo dellos, y como en fin era oeba- 
»,.iao quiso que delante de sus ojos agravio alguno á 
se hiciese ; antes pareciéndole hombre de valor 
, le hizo mil corteses ofrecimientos, rogán- 
qoe por aquella noche se quedase con él en un lu- 
wUí cerca, que otro dia por la mañana le daría una 
■I de seguro para que sin temor alguno pudiese se- 
Iraa cunino hasta salírde aquella provincia. No pudo 

Fhño de^r de hacer lo que el cortés caballero le pe- 



, LIBRO n. n 

ronse juntos , y llegaron á un pequeño logar, donde por 
los del pueblo alegremente recebidos fueron. Mas ta 
fortuna que hasta entonces con Timbño se habia bur- 
lado, ordenó que aquella mesraa noche diesen con los 
bandoleros una compañía de soldados, solo para este 
efeto juntada, y habiéndolos cogido de sobresalto, con 
facilidad los desbarataron; y puesto que no podienm 
prender al caudillo, prendieron y mataron ¿ otros mu- 
chos, y uno de los presos fué Timbrio, i quien tuvieron 
por un salteador que en aquella compañía andaba; y se- 
gún se debe imaginar sin duda le debia de parecer mo- 
cho, pues con atestiguar los demás presos que aquel no 
era el que pensaban , contando la venlad de todo el caso, 
pudo tanto la malicia en el pecho de los jueces , que sin 
mas averiguaciones lo sentenciaron á muerte, la cual 
fuera puesta en efeto , si el cielo , favorecedor de los jus- 
tos intentos , no ordenara que las galeras se fuesen, y yo 
en tierra quedase para hacer lo que hasta agora as be 
contado que hice. Estábase Timbrio en la iglesia y yo en 
la cárcel , ordenando de partirse aquella noche á Barce- 
lona; y yo qne esperando estaba en qué pararía la furia 
de los ofendidos jueces, con otra mayordesventura suya, 
Timbrio y yo de la nuestra fuimos librados. Mas ¡ojalá 
fuera servido el cielo que en mi solo se ejecutara la fu- 
ria de su ira, con tal que la alzaran de aquel pequeño y 
desventurado pueblo, que á los filos de mil bárbaras 
espadas tuvo puesto el miserable cuello ! Poco mas de 
media nocbe seria , hora acomodada á facinerosos insul- 
tos, y en la cual la trabajada gente suele entregar los 
trabajados miembros en brazos del dulce sueño, cuando 
improvisamente por todo el pueblo se levantó una con- 
fusa vocería, diciendo : Al arma, al arma, que turcos 
hay en la tierra. Los ecos destas tristes voces ¿quién 
duda que no causaron espanto en los mujeriles pechos, 
y aun pusieron confusión en los fuertes ánimos de los 
varones? No sé qué os diga, señores, sino que en nn 
punto la miserable tierra comenzó á arder con tanta 
gana, que no parecía sino que las roesmas piedras, con 
que las casas fabricadas estaban, ofrecían acomoidada 
materia al encendido fuego que todo lo consumia. A la 
luz de las furiosas llamas se vieron relucir los bárbaros 
alfanjes, y parecerse las blancas tbcas de la turca gente, 
que encendida con segures ó hachas de duro acero , las 
puertas de las casas derribaban, y entrando en ellas, de 
cristianos despojos salían cargados. Cuál llevaba la fa- 
tigada madre, y cuál el pequen uelo hijo, que con can- 
sados y débiles gemidos, la madre por el hijo, y el hijo 
por la madre preguntaba ; y alguno sé que hubo que con 
sacrilega mano estorbó el cumplimiento de los justos 
deseos de la casta recien desposada virgen y del .esposo 
desdicliado, ante cuyos llorosos ojos quizá vio coger 
el fruto de que el sin ventura pensaba gozar en término 
breve. La confusión era tanta , tantos los gritos y mez- 
clas de las voces tan diferentes, que gran espanto po- 
nían. La fiera y endiablada canalla, viendo cuan poca 
resistencia se les hacia, se atrevieron á entrar en los sa- 
grados templos, y poner las descomulgadas manos en 
las santas reliquias, poniendo en el seno el oro con que 
guarnecidas estaban, y arrojándolas en el suelo con as- 
queroso menosprecio. Poco le valia al sacerdote su san- 
timonía , y al fraile su retraimiento , y al viejo sus neva- 
das canas, y al mozo su juventud gallarda, y al pequeño 
niño 8H inocencia simple , que de todos llevaban el saco 



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OBRAS DE CERVANTES. 



aquellos descreídos perros ; los cuales, después de abra- 
sadas las casas , robados los templos , desflorado las vír- 
genes, muerto los defensores , mas cansados que satijfe- 
chos de lo hecho , al tiempo que el alba venia, sin impe- 
dimento alguno se volvieron á sus bajeles, habiéndolos 
ya cargado de todo lo mejor que en el pueblo habia, de- 
jándole desolado y sin gente, porque toda la mas gente 
se llevaban , y la otra á la montaña se habia recogido, 
i Quién en tan triste espectáculo pudiera tener quedas 
las manos y enjutos los ojos ? Mas ) ay ! que está tan llena 
de miserias nuestra vida , que tan doloroso suceso como 
el que os he contado, hubo cristianos corazones que se 
alegraron; y estos fueron los de aquellos que en la cár- 
cel estaban, que con la desdicha general cobráronla 
dicha propia , porque en son de ir á defender el pueblo, 
rompieron las puertas de la prisión y en libertad se pu- 
sieron, procurando cada uno no de ofender á los con- 
traríos, sino de salvarási mesmos; entre los cuales yo 
gocé de la libertad tan caramente adquirida. Y viendo 
que no habia quien hiciese rostro á los enemigos, por 
no venir á su poder ni tornar al de la prisión , desampa- 
rando el consumido pueblo , con no muy pequeño dolor 
de lo que habia visto , y con el que mis heridas me can- 
saban, seguí aun hombre que me dijo, que segura- 
mente me llevaria á un monasterio que en aqudlas 
montañas estaba, donde de mis llagas seria curado , y 
aun defendido, si de nuevo prender me quisiesen : se- 
guileenGn,comooshedicho,con deseo de saber qué 
habría hecho la fortuna de mi amigo Tímbrío, el cual, 
pomo después supe, con algunas heridas se habia esca- 
pado y seguido por la montaña otro camino diferente 
del que yo llevaba : vino á parar al puerto de Rosas, 
donde estuvo algunos días, procurando saber qué su- 
ceso habría sido el mió ; y que en fin, sin saber nuevas 
algunas se partió en una nave, y con próspero viento 
llegó á la gran ciudad de Ñapóles. Yo volví á Barcelona, 
y alli me acomodé de lo que menester habia, y después 
ya sano de mis heridas , tomé á seguir mi viaje, y sin 
sucederme revés algano llegué á Ñapóles, donde hallé 
enfermo á Timbrio ; y fué tal el contento que en vemos 
Iosdosrecebimo8,que no me siento con fuerzas pan 
encarecérosle por agora. Alli nos dimos cuenta de nues- 
tras vidas, y de todo aquello que hasta aquel momento 
nos habia sucedido ; pero todo este placer mío se aguaba 
con ver á Timbrio no tan bueno como yo quisiera, an- 
tes tan malo y de una enfermedad tan extraña, que si 
yo á aquella sazón no llegara, pudiera llegar á tiempo 
de haceria las obsequias de su muerte, y no solenizar 
las alegrías de su vista. Después qne él hubo sabido de 
mí todo lo que quiso, con lágrimas en los ojos me dijo : 
I Ay , amigo Silerio I j y cómo creo que el cielo procura 
cargar la mano en mis desventuras, pare que dándome 
la salud por la vuestra, quede yo cada dia con mas obli- 
gación de serviros! Palabras fueron estas de Timbrio 
que me enternecieron ; roas por parecerme de comedi- 
mientos tan poco usados entre nosotros, me admiraron. 
Y por no cansaros en deciros punto por punto lo que yo 
le respondí y lo que él mas replicó , solo os diré , qne el 
desdichado de Timbrio estaba enamorado de una señora 
principal de aquella ciudad , cuyos padres eran españo- 
les, aonqne ella en Ñápeles habia nacido : su nombre 
eraNísida, y su hermosura tanta, que me atrevo á de- 
cir que la naturaleza cifró en ella el extremo de sus per> 



facciones; y andaban tan á una en ella la honestidad 
belleza , que lo que la una encendía, la otra enfriibi; 
los deseos que su gentileza basta el mas sbbido dehí 
vantaba, su honesta gravedad hasta lomas bajo de 
tierra (batía. A esta causa estaba Timbrio tan polni 
esperanza, cuan rico de pensamientos, y sobre la 
falto de salud , y en términos de acabar la vida sin de 
cubrirlos : tal era el temor y reverencia que liibia e 
brado á la hermosa Nisida. Pero después que tumlii 
conocida su enfermedad, y hube visto á Nisida, jcoi 
siderado la calidad y nobleza de sus padres, detenni 
de posponer por él la hacienda, la vida y la bonn, 
mas si mas tuviera y pudiera, y asi osé de un artifi 
el mas extraño que hasta hoy se hobrá oido ni l«id«j 
fué que acordé de vestirme como truhán, y con ej 
guitarra entrarme en casa de Nisida , que por ser, cel 
ya he dicho , sus padres de los principales de to dudí 
de otros muchos truhanes era continuada. Pand 
bien este acuerdo á Timbrio, y resignó luego en lasa 
nos de mi industria todo su contento. Hice yo !■ 
Idego muchas y diferentes galas, y en vistiéndoiwe 
meneé á ensayarme en el nuevo olicio delante de TI 
brio , que no poco reia de verme tan truhanamente H 
tido; y por ver « la habilidad correspondía al tíÉ 
me dijo que haciendo cuenta que él era un gran pl 
cipe y que yo de nuevo venia á visitarle, le dijese e||l 
Y si yo no me acuerdo mal , y si vosotros, señoree, i 
08 cansáis de escucharme, diréos lo que entiooei 
canté, con ser la primera vez. Todos dijeron que á 
guna cosa les daria roas contento, que saber por exU^ 
todo el suceso de su negocio , y que asi le rogabaí f 
ninguna cosa, por de poco momento que fuese, dejl 
de contarles. Pues esa licencia me dais, dijo el «ij 
taño, no quiero dejaros de decir cómo comencé i^ 
muestras de mi locura , que fué con estos versos ^ 
Timbrio canté, imaginando ser un gran señor áqií 
los decía. 

SILEIIO. 

De principe que en el snelo 
V) por tan jaste nivel, 
i Qué te fmie etperar del. 
Que »o sam obrat del cielo f 



No se ve en la edid presente 
NI se vid en la edad pasada 
Repdbiica gobeinada 
De principe tan prudente : 
T del que mide su celo 
Por tan cristiano nivel, 
i Qué le puede eeperar dét 
Que no tetm atril del tíeh T 

Del ave trae por bien «{eno , 
Sin codiciar mas despoijo , 
Misericordia en los ojos , 
•Y la justicia en el seno : 
Del que lo mas desle sacio 
Es lo menos que hay en él, 
i Qui le puede enerar dét 
.Que M teas oiría del deht 



La liberal fama viestn, 
Que hasta el ciclo te lenal 
üe que tenéis alma taiH 
Nos da indicio rolara ■■a 
Del que no discrepa na pcN 
De aer al cielo riel, 
i Qué le puede etperir iil 
Que iw ten etru del eitlii 

Del que con cristiaao ||^ 
Siempre n el rifor se taoi 
Y i la jnsUcla le guarda 
Con demencia su drreao; 
De aquel que levaiU el m 
Do ninguno llega i íl, 
i Qué te puede eiperv da 
Cae *e ten oim del eie»i 



Estas y otras cosas de mas risa y juego canté eotdol 
á Timbrio, procurando acomodar el brío y donairei 
cuerpo á que en todo diese muestras de ejercitado tt 
han ; y sal! tan bien con ello , que en pocos días filie 
nocido de toda la mas gente principal de la ciudad, y 
fama del truhán español por toda ella volaba : basta tei 
que ya en casa del padre de Nisida me deseaban ver, 
cual deseo les cumpliera yo cou mucha facilidad, lii 
industria no aguardara á ser rogado. Mas en fln , no' 
pude excusar que un dia de un banquete allá no fiK< 



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LA CALATEA 

bide t\ mis cerca la jnsta cansa que Timbño tenia de 
■decer , } b que el cielo me dio para quitarme el con- 
imto lodos ios dias que en esta vida durare. Vi áNísida, 
iKísida tí pira no ver mas, ni hay mas que ver después 
ie haberb risto. ¡ Oh fuerza poderosa de amor , contra 
quien Tileo poco las poderosas nuestras ! Y ¿es posible 
que en u ponto, en un momento los reparos y pertre- 
diosde mi lealtad pusieses en términos de dar con to- 
dHcUos por tierra? ¡ Ay , que si se tardara un poco en 
jooirrerme la consideración de quien yo era, la amistad 
ni Umbrío debia, el mucho valor de Nisida,, y el 
latoso hábito en que me hallaba, que todo era impe- 
lió i que coD el nuevo y amoroso deseo que en mí 
qacido, no naciese también la esperanza de alcan- 
rfa, que es el arrimo con que el amor camina ó vuelve 
i «1 los enamorados principios 1 En fin, vi la belleza 
os he dicho, y porque me importaba tanto el verla, 
Bpre procuré granjear el amistad de sus padres y de 
Ik los de su casa; y esto con hacer del gracioso y bien 
ádo, haciendo mi oficio con la mayor discreción y 
ia i mí posible. Y rogándome un caballero que 
kI dia á la mesa estaba , que alguna cosa, en loor de 
kennosura de Nisida cantase, quiso la ventura que 
Kordase de unos versos que muchos d ias antes para 
ocasión casi semejante yo habia hecho , y sirvién- 
e pira la presente, los dije , que eran estos. 



, COI quira el cielo 
itenlKhi mostrado, 
ci lirw i TOS diá al snelo 
iaifeg j Indido 

ncabre sn ycIo : 
u Oto aas que os dar, 
Maufae desear, 
bdlidid se entiende 
b ia^ikle pretende 
L M pretende loar. 

ta kcidad peregrina 

|BteJ<ig soberaiia 
■1 arlo Ms encaalBa , 
10 es poabie la bOBuna , 
! Ii lenpia divina , 
j],kiei(ecanrieoe, 
il 3lu qge en si contieie 
la lito T milagroso, 

k&K el ralo nermoso 
fu el Bando tuvo ó Uene. 



Tomd del sol los cabellos. 
Del sesgo cielo la frente , 
La Inz de los ojos bellos 
De la estrella mas lieieile, 
Que ya no da luz ante ellos : 
Como qnien pnede y se atreve 
A la grana ; a la nieve 
Robo las colores bellas , 
Qne lo mas perfeto dellas 
A sus mejillas se debe. 

De marfil jr de toral 
Formo los dientes y labios, 
Do sale rico candal 
De agados dichos v sabios, 

Y armonía celestial : 
De doro marmol ha becho 
El blanco y hermosa peobo , 

Y de tal oíra ha quedado 
Tanto el snelo mejorada , 
Cuanto el cielo satisfecho. 

Con estas y otras cosas que entonces canté, quedaron 
tan mis aficionados , especialmente los padres de 
I, que me ofrecieron lodo lo que menester babie- 
i, y me rogaron que ningún dia dejase de visitarlos : y 
'lin descubrirse ni imaginarse mi industria, vineá 
con mi primer designio, que era facilitar la entrada 
uade Nisida, la cual gustaba en extremo de mis 
MTOlturas. Pero ya que los muchos dias, y la mucha 
lenacion mia , y la grande amistad que todos los de 
illa casa me mostraban , hubieron quitado algunas 
■bias il demasiado temor que de descubrir mi intento 
Iftida tenia, determiné ver á do llegaba la ventura de 
i^ino , que solo de mi solicitud la esperaba. Mas ¡ ay 
i\ qoe yo estaba entonces mas para pedir medicina 
mi Ikga, que salud para la ajena; porque el donaire, 
, discreción y gravedad de Nisida liabian hecho 
ni alma tal efeto , que no estaba en menos extremo 
ioloryde amor puesta, que la del lastimado Tiinbrio. 
consideración discreta dejo el imaginar lo que 
iiE«Dtir an corazón á quien de una parte combatían 
k]« de la amistad , y de otra las inviolables de Cu- 
li; foque si las unas le obligaban á no salir de lo que 



, LIBRO U. 29 

ellas y la razón le pedian , las otras le forzaban que tu- 
viese cuenta con lo que á su contento era obligado. Es- 
tos sobresaltos y combates me apretaban de manera, qae 
sin procurar la salud ajena, comencé á dudar de la pro- 
pia , y á ponerme tan flaco y amarillo , que causaba ge- 
neral compasión á todos los que me miraban , y los que 
mas la mostraban eran los padres de Nisida ; y aun ella 
mesma con limpias y cristianas entrañas me rogó mu- 
chas veces que la causa de mi enfermedad le dijese, 
ofreciéndome todo lo necessario para el remedio della. 
i Ay ( decia yo entre mi cuando Nisida tales ofrecimien- 
tos me hacia), ay, con cuánta facilidad, hermosa Nisida, 
podría remediar vuestra mano el mal que vuestra her- 
mosura ha hecho ! Pero precióme tanto de buen amigo, 
que aunque tuviese tan cierto mi remedio como le tengo 
por imposible é incierto, imposible seria que le acetase. 
Y como estas consideraciones en aquellos instantes me 
turbasen la fantasía , no acertaba á responder á Nisida 
co^ alguna , de lo eual ella y otra hermana suya , que 
Blanca se llamaba (de menos años, aunque no de njénos 
discreción y hermosura que Nisida), estaban maravilla- 
das ; y con mas deseo de saber el origen de mi tristeza, 
con muchas importunaciones me rogaban que nada de 
mi dolor les encubriese. Viendo pues yo que la ventura 
me ofrecía la comodidad de poner en efeto lo que hasta 
aquel punto mi industria había fabricado , una vez que 
acaso la bella Nisida y su hermana á solas se hallaban, 
tomando ellas de nuevo á pedirme lo qoe tantas veces, 
les dije : No penséis , señoras , que el silencio que hasta 
agora lie tenido en no deciros la causa de la pena que 
imagináis que siento, lo haya causado tener yo poco de- 
seo de obedeceros, pues ya se sabe que si algún bien mi 
abatido estado en esta vida tiene, es haber granjeado con 
él venir á términos de conoceros, y como criado servi- 
ros : solo ha sido la causa imaginar que aunque la des- 
cubra , no servirá para mas de daros lástima , viendo 
cuan lejos está el remedio della ; pero ya que me es for- 
zoso satisfaceros en esto , sabréis , señoras , que en esta 
ciudad está un caballero natural de mi mesma patria, á 
quien tengo por señor, por amparo y por amigo , el mas 
liberal , discreto y gentil hombre que en gran parte ha- 
llarse pueda , el cual está aquí ausente de la amada pa- 
tria por ciertas cuestiones que allá le sucedieron, que le 
forzaron á venir á esta ciudad, creyendo que si allá en la 
suya dejaba enemigos, acá en la ajena no le faltaran ami- 
gos; mas hale salido tan al revés su pensamiento, que & 
un solo enemigo que él mismo sin saber cómo aqu! se 
ha procurado , le tíene puesto en tal extremo , que si el 
cielo no le socorre, con acabar la vida acabará sus amis» 
tades y enemistades ; y como yo conozco el valor de Tlm- 
brio (que este es el nombre del caballero cuya desgracia 
os voy contando , y sé lo que perderé si le pierdo) , doy 
las muestras de sentímiento que habéis visto, y aun son 
pocas según á lo que me obliga el peligro en que Tim- 
brio está puesto. Bien sé que desearéis saber , señoras, 
quién es el enemigo que á tan valeroso caballero, como 
es el que os he pintado , tiene puesto en tal extremo; 
pero también sé qoe en dícíéndoosle , no os maravilla- 
réis sino de cómo no le tiene ya consumido y muerto : 
su enemigo es amor, universal destruidor de nuestros 
sosiegos y bienandanzas : este fiero enemigo tomó pose- 
sión de sus entrañas. En entrando en esta ciudad vio 
Timbrio una hermosa dama de singular valor y hermo- 



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30 



OBRAS DE CERVANTES. 



rara ; mas tan principal y honesta , qne Jamas el mise- 
rable se ka aventurado á descubrirle su pensamiento. 
A. este punto llegaba yo , cuando Msida me dijo : Por 
cierto, Astor, que entonces era este el nombre mió, que 
no sé yo si crea que ese caballero sea tan valeroso y dis- 
creto como dices, pues tan Tácilmente se ha dejado ren- 
dir i un mal deseo tan recien nacido , entregándose tan 
sin ocasión alguna en los brazos de la desesperación ; y 
aunque ¿ mí se me alcanza poco destos amorosos efetos, 
todavía me parece que es simplicidad y flaqueza dejar, 
el que se ve fatigado dellos, de descubrir su pensamiento 
á quien se le causa , puesto que sea del valor que imagi- 
narse puede; porque ¿qué afrenta se le puede seguir i 
ella de saber que es bien querida , ó á él qué mayor mal 
de su aceda y desabrida respuesta, que la muerte que él 
mismo se procura callando? Y no sería bien qne por te- 
ner un juez fama de riguroso , dejase alguno de alegar 
de su derecho; pero pongamos que sucede la muerte de 
un amante tan callado y temeroso como ese tu amigo, 
dime : ¿llamarlas tú cruel á la dama de quien estaba 
enamorado? No por cierto ; que mal puede remediar 
nadie la necesidad que no llega á su noticia, ni cae en su 
obligación procurar saberla para remediarla. Asi que, 
Astor, perdóname, que las obras dése tu amigo no hacen 
uiuy verdaderas las alabanzas que le das. Cuando yo oí 
¿ Nisida semejantes razones, luego quisiera con las mías 
descubrirle todo el secreto de mi pecho ; mas como yo 
entendía la bondad y llaneza con que ella las hablaba, 
hube de detenerme, y esperar mas sola y mejor coyun- 
tura , y asi le respondí : Cuando los casos de amor, her- 
mosa Nisida, con libres ojos se miran , tantos desatinos 
se ven en ellos, que no menos de risa que de compasión 
son dignos ; pero si de la sutil red amorosa se halla en- 
lazada el alma , allí están los sentidos tan trabados y tan 
fuera de su propio ser, que la memoria solo sirve de te- 
sorera y guardadora del objeto que los ojos miraron ; y 
el entendimiento de escudriñar y conocer el valor de la 
que bien ama; y la voluntad de consentir de qne la me- 
moria y entendimiento en otra cosa no se ocupen : y asi 
los ojos ven como espejo de alinde , que todas las cosas 
se les hacen mayores : ora crece la esperanza cuando son 
favorecidos, ora el temor cuando desechados : y asi su- 
cede á muchos lo que á Timbrio ha sucedido, que pare- 
ciéndotes á los principios altísimo el objeto á quien los 
ojos levantaron , pierden la esperanza de alcanzarle ; 
pero no de manera que no les diga amor allá dentro en 
el alma : ¿quién sabe? ¿podría ser? y con esto anda la 
esperanza, como decirse suele, entre dos aguas , la cual 
si del todo les desamparase, con ella huiría el amor. Y 
de aqui nace andar entre el temer y osar el corazón del 
amante afligido, que sin aventurarseádeciria, se recoge 
y aprieta en su llaga, y espera, aunque no sabe de quién, 
el remedio de que se ve tan apartado. En este mismo 
extremo he yo bailado á Timbrio, aunque todavía á per- 
suasiones mias ha escrito una carta á la dama por quien 
muere , la cual me dio para qne la viese y mirase si en 
alguna manera se mostraba en ella descomedido, porque 
la enmendaría : encargóme asimismo que buscase orden 
de ponerla en manos de su señora , que creo será impo- 
sible , no porque yo no me aventuraré á ello , pues lo 
menos que aventuraré será la vida por servirle ; mas 
porque me parece que no be de hallar ocasión para daria. 
Veámosla, dijo Nisida, porque deseo ver cómo escriben 



los enamorados discretos. Lnego saqué yo una cartaé 
seno , qne algunos días antes estaba escrita , esperaad 
ocasión de que Nisida la viese , y ofreciéndome lam 
tura esta, se la mostré;, la cual por haberla yo leido h 
chas veces se me quedó en la memoria, cuyas rasM 
.eran estas. 

Timuo k nísiDA. 

a Determinado había , hermosa señora , qne el I 
desastrado mío os diese noticia de quién yo era , puii 
ciéndome ser mejor que alabáredes mi silencio es I 
muerte, que no que vituperárades mí atrevimiento <•) 
vida; mas porque imagino que á mí alma convienepÉ 
tirse deste mundo en gracia vuestra , porque en el <| 
no le niegue amor el premio de lo que ha padecidO|| 
hago sabidora del estado en que vuestra rara beldadj 
tiene puesto , que es tal que á poder signíGcarie, 
procurara su remedio , pues por pequeñas cosas o 
se ha de aventurar á ofender el valor extremado vi 
tro, del cual y de vuestra honesta liberalidad es 
restaurar la vida para serviros , ó alcanzar la mi 
para nunca mas ofenderos. » 

Con mucha atención estuvo Nisida escuchando 1 
carta, y en acabándola de oír, dijo : no tiene de( 
agraviarse la dama á quien esta carta se envía , si jl 
puro grave no da en ser melindrosa , enfermedat 
quien no se escapa la mayor parte de las damas de< 
ciudad ; pero con todo eso no dejes , Astor , de dan 
pues como ya te he dicho no se puede esperar matl 
de su respuesta , que no sea peor el que agora dicesi 
tu amigo padece ; y para mas animarte te quiero aae 
rar, qne no hay mujer tan recatada y tan puesta ent 
laya para mirar por su honra, que le pese mucho de 
y saber que es querida; porque entonces conoce ellai 
no es vana la presunción que de sí tiene, lo cual sed 
revés , si viese qne de nadie era solicitada. Bien sé/ 
ñora, que es verdad lo que dices, respondí yo; masU 
temor que el atreverme á darla , por lo menos me hl 
costar negarme de allí adelante la entrada en iqa 
casa, de que no menor daño me vendría á mi qne á1 
brio. No quieras , Astor , replicó Nisida, conCtm 
sentencia que aun el juez no tiene dada : muestrat 
ánimo, que no.es rigurosotrance de batalla este áqi 
aventuras. Pluguiera al cielo, hermosa Nisida, re^ 
di yo, que en ese término me viera , que de mejor 
ofreciera el pecho al peligro y rigor de mil contrap 
tas armas, que no la mano á dar esta amorosa ciil 
quien temo que siendo con ella ofendida , ha de an 
sobre mis hombros la pena que la ajena culpa men 
pero con todos estos inconvenientes pienso seguir, 
ñora, el consejo que me has dado; puesto que aguan 
tiempo en que el temor no tenga tan ocupados nui 
tidos como agora : y en este entre tanto te suplico 
haciendo cuenta que tú eresá quien esta carta se el 
me des alguna respuesta que lleve á Timbrio, pait) 
con este engaño , él se entretenga un poco , y á ■ 
tiempo y las ocasiones me descubran lo que tengl 
hacer. De mal artíGcio quieres usar , respondió NÍ 
porque puesto caso que yo agora diese en nombre i 
alguna blanda ó esquiva respuesta, ¿no ves que el Ql 
po , descubridor de nuestros flnes , achirará el engl 
y Timbrio quedará de ti mas quejoso que satisfedl 
Cuanto mas, que por no haber dado basta agón m 



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LA CALATEA, UBRO H. 



31 



á«aejuites cartas, no querría comenzar á dar- 
motina y fingidamente ; mas aunque sapa ir con- 
tnloqoeimi mesma debo, sí me prometes de decir 
qoi&eslidama, yo te diré quédigasátu amigo,ycosa 
til qM él qnede contento por ahora ; y puesto que des- 
paelH cosas sucedan al revés de lo que él pensare, no 
L poreMStiTeriguari la mentira. Eso no me lo mandes, 
^éAládi, respondí yo, porque en tanta confusión me 
pmd decirte yo á tí su nombre , como me pondría el 
Miellilaearta: basta saber que es principal, y que, 
ÍD kicerte agravio alguno , no te debe nada en la her- 
Hean, qne con esto me parece que la encarezco sobre 
HBtu son nacidas. No me maravillo que digas eso de 
ú, dijo Níáda, pues los hombres de vuestra condición 
(nto , lisonjear es su propio oficio ; mas dejando todo 
(a i ana parte , porque deseo que no pierdas la como- 
iid de an tan buen amigo , te aconsejo que le digas 
M fubie á dar la carta á su dama, y qne has pasado con 
todas las razones que conmigo sin faltar punto , y 
le;ó tu carta , y el ánimo que te daba para que á 
dama la llevases, pensando que no era ella á quien 
oía, y que aunque no te atreviste á declarar del todo, 
le has conocido della , que cuando sepa ser ella para 
lien la carta venía, no le causará el engaño y desen- 
ío macha peaadumbre. Desta suerte recibirá él algún 
mta su trabajo, y después al descubrir tu intención 
adama, puedes responderá Timbrio loque ella te re»- 
ndiere ; pues basta el punto que ella lo sepa queda en 
tna esta mentira, y la verdad de lo que sucediere, sin 
e haga al caso el engaño de agora. Admirado quedé 
h discreta traza de Nisida, y aun no sin sospecha de 
Krdad de mi artificio : y así besándole las manos por 
ÍHun aviso , y quedando con ella que de cualquiera 
qoe en este negocio sucediere, había de dar parti- 
r caenta , vine á contar á Timbrio todo lo que con 
la me había sucedido^ qne fué parte para que la 
se en su alma la esperanza , y volviese de nuevo á 
lentarie , y desterrar de su corazón los nnblados del 
temor que hasta entonces le tenían ofuscado; y todo 
gosto se le acrecentaba el prometerle yo á cada paso 
I los míos no serían dados sino en servicio suyo , y 
¡otra vez que con Nisida me hallase , sacaría el juego 
a con tan buen suceso como sus pensamientos 
n. Una cosa se me ha olvidado de deciros ; que 
lodo el tiempo que con Nisida y su hermana estuve 
i, jamas la menor hermana habló palabra , sino 
coa un extraño silencio estuvo siempre colgada de 
lias: yséos decir, señores, qoe si callaba, no era por 
taber hablar con toda discreción y donaire, porque 
V estas dos hermanos mostró naturaleza todo (o que ella 
paede y vale , y con todo esto no sé si os diga que hol- 
án que me hubiera negado el cielo la ventura de lia- 
ierias conocido, especialmente á Nisida , principio y fio 
ie toda mi desdicha ; pero ¡, qué puedo hacer, si lo que 
lo hados tienen ordenado no puede por discursos hu- 
■angs estorbarse ? Yoquise, quiero y querré bien á Ní- 
ada , tan sin ofensa de Timbrio , cuanto lo ha mostrado 
lia mí cansada lengua, que jamas la habló que en favor 
ieTnobno no fuese, encubriendo siempre, con mas 
que ordinaria discreción, la pena propia por remediar 
h ^ena. Sucedió pues que como la belleza de Nisida 
laescDlpida en mi alma quedó desde el primer punto 
qumis ojos la vieron, no padiendo tener enmi pecho 



tan rico tesoro encubierto, cuando solo ó apartado al- 
guna vez me hallaba , con algunas amorosas y lamenta- 
bles canciones le descubría con velo üe fingido nombre; 
y asi una noche pensando que ni Timbrio ni otro alguno 
me escuchaba, por dar alivio un poco al fatigado espíritu, 
en un retirado aposento , solo de uu laúd acompañado, 
canté unos versos, que por haberme puesto en una con- 
fusión gravísima, os los habré de decir, que eran estos 

SILEmo. 

iQaé laberinto es este, do se encierra 
Mi loca levaoiada fuitisU? 
iQmén ha vnelto mi paz en erada nerra, 

Y en tal tristeía toda mi alegría? 
iO cudil hado me tmjo i ver la ttem 
Que lia de servir de sepultura mia? 
¿O quién reducir! mi pensamiento 
Al término que pide un sano intento? 

Si por romper este mi Mgil pecho, 
T despojarme de la dulce vida , 
Quedase el suelo ; cielo sati«recho 
De qne i Timbilo guardé la fe debida 
Sin que me acordara el crudo hecho, 
Yo fuera de mi mesmo el homicida ; 
Mas si vo acabo , en él acaba luego 
La amorosa esperanza y crece el fuego. 

Lluevan t caigan las doradas flechas 
Del ciego dios , j con rigor insano 
Al triste coraioo vengan derechas 
Disparadas con llera airada mano ; 
Qne aunque ceniza y polvo queden hechas 
Las heridas cnlraílas , lo que gano 
En encubrir su dolorosa llaga 
Es rica de mi mal Ilustre paga. 

Silencio eterno i mi cansada lengua 
Pondri la ley de la amistad sincera , 
Por cuya sin Igual virtud desmengua 
La pena que acabar jamas cspcn , 
Mas aunque nunca acabe y ponga en mengua 
La honra y la salud, seri cual era 
Mi limpia fe, mas firme y conlraslada 
Que roca en medio de la mar airada. 

Del humor que derraman estos ojos, 

Y de la lengua el piadoso odcio , 

Del bien que se le debe i mis enojos, 

Y de la voluntad el sacriteio 
Lleve loa doleos premios y despojos 
El claro amigo, y muéstrese propicio 
El cielo i mideseo, que pretende 
El bien ajeno , y 1 si mismo ofende. 

Socorre , ó blando amor, levanta y guia 
Mi bajo ingenio en la ocasión dudosa , 

Y al esperado punto esfuerzo envía 
Al alm> y i la lengua temerosa , 
La cual podrí , si lleva su osadía , 
Facilitar la mas difícil cosa , 

Y romper contra el hado y desventara 
Hasta llegar i la mayor ventura. 

El estar tan trasportado en mis continuas imaginacio- 
nes fué ocasión para que yo no tuviese cuenta en cantar 
estos versos que he dicho, con tan baja voz como debíe- 
.ra , ni el lugar do estaba era tan escondido , que estor- 
bara que de Timbrio no fueran escuchados , ol cual asi 
como los oyó , le vino al pensamiento que el mío no es- 
taba libre de amor, y que si yo alguno tenia, era á Nisida, 
según se podía colegir de mi canto : y aunque él alcanzó 
la verdad de mis pen.samiento$ , no alcanzó la de mis 
deseos, antes entendiendo ser al contrario de lo que yo 
pensaba, determinó de ausentarse aquella misma noche 
é irse adonde de ninguno fuese hallado, solo por dejar- 
me comodidad de que solo á Nisida sirviese. Todo esto 
aupe yo de un paje suyo , sabidor de todos sus secretos, 
el cual vino á mi muy angustiado , y me dijo : Acudid, 
señor Siierío, que Timbrio mi señor y vuestro amigo nos 
quiere dejar, y partirse esta noche, y no me ha dicho 
dónde , sino quo le apareje nosé qué dineros, y que á 
nadie diga que se parte ; principalmente me dijo que á 
vos no lo dijese; y este pensamiento le vino después que 



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OBRAS DE CERVANTES. 



estuvo escachando no sé qué versos qne poco ha cantá- 
bades, y según los extremos que le he visto hacer , creo 
que va á desesperarse ; y por parecerme que debo antes 
acudir á su remedio que á obedecer su mandado, os lo 
vengoádecir, comoáquieu puede ser parte para que no 
ponga en efeto tan dañado propósito. Con extraño sobre- 
salto escuché lo que el paje me decía, y fui luego á ver á 
Timbrio en su aposento ; y antes que dentro entrase , me 
paré á ver lo que hacia , el cual estaba tendido encima 
de su lecho boca abajo , derramando infinitas lágrimas, 
acompañadasde profundos suspiros, y con baja vozy mal 
formadas razones, me pareció que estas decia : Procura, 
verdadero amigo Silerio , alcanzar el fruto que tu soli- 
citud y trabajo tiene bien merecido, y no quieras por lo 
que te parece que debes á mi amistad, dejar de dar gusto 
á tu deseo , que yo refrenaré el raio , aunque sea con el 
medio extremo de la muerte ; que pues tú della rae li- 
braste, cuando con tanto amory fortaleza al rigor de mil 
espadas te ofreciste, no es raucho que agora te pague en 
parte tan buena obra con dar lugar á que sin el im|)edi- 
mento que mi presencia causarte puede, goces de aque- 
lla en quien cifró el cielo toda su belleza, y puso el amor 
todo mi contento : de una sola cosa me pesa, dulce ami- 
go, y es que no puedo despedirme de tí en esta amarga 
partida; mas admite por disculpa el ser tú la causa della. 
¡ Oh Nisída, Nisída, y cuan cierto está de tu hermosura, 
que se ha de pagar la culpa del que se atreve á mirarla, 
con la pena de morir por ella I Silerio la vio, y si no que- 
dara cual imagino que ha quedado , perdiera en gran 
parte conmigo la opinión que tiene de discreto ; mas 
pnes mi ventura asi lo ha querido , sepa el cielo que no 
soy menos amigo de Silerio , que él lo es mío ; y para 
muestras desta verdad , apártese Timbrio de su gloria, 
destiérrese de su contento , vaya peregrino de tierra en 
tierra, ausente de Silerio y de Kisida, dos verdaderas y 
mejores mitades de su alma : y luego con mucha furia 
se levantó del lecho y abrió la puerta, y hallándome alli, 
me dijo : ¿Qué quieres, amigo, á tales horas? ¿Hay por 
ventura algo de nuevo ? Hay tanto , le respondí yo , que 
aunque hubiera menos no me pesara. En ñn , por no 
cansaros mas , yo llegué á tales términos con él , que le 
persuadí y di á entender ser su imaginación falsa, noen 
cuanto estaba yo enamorado, sino en el de quién, por- 
que no era Nisída, sino de su hermana Blanca; y súpelo 
decir e^to de manera que él lo tuvo por verdadero ; y 
|iorque mas crédito á ello diese , la memoria me ofreció 
unas estancias que muchos días antes yo mesmo habla 
hecho á otra dama del mismo nombre, y díjele que para 
la hermana de Nísida las había compuesto, las ciudes 
vinieron tan á propósito , que aunque sea fuera del de- 
cirias agora, no las quiero pasar en silencio, que fueron 
estas. 

SIURIO. 

¡ Ob Blanc* . i <|nlen rendida esti la nieve, 
1 eo condición maa qne la nieve lielada ! 
No presumáis ser mi dolor tan leve , 
Qd« esleís de remediarle deseoidada : 
Mirad que si mi mal nu ablanda y mueve 
Vuestra alma en mi desdicba conjurada. 
Se volver! tan negra mi ventara , 
Cnanlo sois Blanca en nombre } hermosura. 

Blanca gentil, en cuyo blanco pecbo 
El contento de amor se anida y cierra : 
Antes oie el mió en ligrimas desbecbo 
Se vneiva polvo y miserable tierra , 
Mostrad efvBestro en algo satisfecbo 
Del «mor y dolor que el mío esciem ; 



Qne esta seri tan eindiloia pan , 
Que i cuanto mal padeico satistaga. 

Blanca sois vos, por qnten trocar quería 
De oro el mas flnisimo ducado , 

Y por tan alta posesión tendría 

Por bien perder la del mas alto estado : 
Pues esto conocéis , 6 Blanca mía , 
Dejad ese desden de enamorado, 

Y baced , 6 Blanca , que el amor acierte 
A sacar, si sois vos , blanca mi suerte. 

Puesta que con pobreta tal me hallara 
Qne tan sola una blanca poseyera , 
Si ella Tuirades vos, no me trocara 
Por el mas rico qne en el mundo hubiera : 

Y si mi ser en aquel ser tomara 

De Juan de Espera en Dios , dichoso fuera , 
Si al tiempo que las tres Blancas buscase, 
A vos, li Blanc*, entre ellas os bailase. 

Adelante pasara con su cuento Silerio, si no lo estow 
bara el son de muchas zamponas y acordados caniiii> 
líos, que á sus espaldas se oía ; y volviendo la cabea^ 
vieron venir hacía ellos hasta una docena de gallanÚ 
pastores , puestos en dos hileras , y en medio venia m 
dispuesto pastor, coronado con una guirnalda de mh 
dreselva, y de otras diferentes flores. Traia un bastón oi 
la una mano , y con grave paso poco á poco se movía , f 
los demás pastores con el mesmo aplauso, y tocuiils 
todos sus instrumentos, daban de si agradable y eitni^ 
muestra. Luego qne Elicio los vio, conodó ser Duaiai 
el pastor que en medio traían, y los demás ser todos dr^: 
cunvecinos, que á sus bodas querían hallarse, á lasixit^ 
les asimismo Tirsi y Oamon vinieron , y por alegnrli{ 
fiesta del desposorio, y honrar al nuevo desposado, d^ 
aquella manera hacia la aldea se encaminaban ; peq| 
viendo Tirsi que su venida había puesto silencio á 
cuento de Silerio , le rogó que aquella noche juntot Mi 
la aldea la pasasen , donde sería servido con la voIodIi4 
posible , y haría satisfechas las suyas con acabar el (üHi 
menzado suceso. Silerio lo prometió , y i esta saxMj 
llegó el montón de alegres pastores , los cuales cod»^ 
ciendo á Elicio , y Daranío á Tirsi y á Damon sus am^ 
go8, con señales de grande alegría se recibieron, y rt^ 
novando la música , y renovando el contento , tonuroni 
á proseguir el comenzado camino ; y ya que ll^baij 
junto al aldea, llegó á sus oídos el son de la zampona del, 
desamorado Lenío, de que no poco gusto recibieron tt^ 
dos, porque ya conocían la extremada condición snji^ 
y asi como Lenio los vio y conoció , sin interromperel 
suave canto, desta manera cantando hacia ellos seviDil. 



Por bienaventurada , 
Por llena de contento jr alegcia 
Seri por mi Juzgada 
Tan dulce eompallla , 
Si no siente de amor la Urania. 

Y besaré la Uerra 

gue pisa aquel que de su pensamiento 
I falso amor destierra , 

Y tiene el pecho exento 

De esta furia cruel , de este tormento. 

Y llamaré dichoso 

Al rustico , advertido ganadero , 
Que vive cuidadoso 
Hel pobre manso apero, 

Y muestra el rostro al crudo amor severo. 
Deste tal las corderas 

Antes que venga la sazón madura 
Serio ya parideras, 

Y en la ocasión mas dura 
Hallaran claras aguas y verdura. 

Si estando amor airada 
Con ¿I pusiere én su salud desvio. 
Llevaré su ganado 
Con el ganado mío 
Al abundoso pasto , al claro rio. 



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T (■ Unto del Incienso 
D himo santo iri taludo «I cielo, 
\4nen decirle pienso 
CMpio yjnstocelo, 
la rodillas postradas por el soelo : 

¡ Oh cielo santo j jnsto ! 
Pges eres protector del que pretenda 
Hacer lo gue es ta pisto , 
A la salas atiende 
De aqnel qne por servirte, amor le ofende. 

No lleve este Urano 
Los despojos i ti solo debidos , 
Antes con larga mano 
T prenios merecidos 
Res&tojc aa (nena i los sentidos. 



En acabando de cantar Lenio , fué de todos los pastó- 
les oortesanamente recebido ; el cual, como oyese nom- 
brar ¿DamoH y áTirsi.áquieu él solo por fama conocía, 
fuedó admirado en ver su extremada presencia , y asi 
! ks dijo : ¿Qué encarecimientos bastarían, aunque fue- 
L na los mejores que en la elocuencia pudieran hallarse, 
fipoder levantar y encarecer el valer vuestro , famosos 
[fBstores, si por ventura las niñerías de amor no se mez- 
rchnn coa las veras de vuestros celebrados escritos ? 
\fen pues ja estáis éticos de amor , enfermedad al pa- 
\ Roer incnrable , puesto que mi rudeza , coa estimar y 
fiblMT vnestra rara discreción os pague lo qae os debe, 
^¡■posible será que yo deje de vituperar vuestros pen- 
inmientos. Si los tuyos tuvieras, discreto Lenio, res- 
^fondió Tirsi , sin las sombras de la vana opinión que los 
Hcnpa , vieras luego la claridad de los nuestros , y que 
Mr ser amorosos merecen mas gloría y alabanza , que 
Dr ninguna otra sutileza ó discreción que encerrar pu- 
leran. No mas, Tirsi, no mas, replicó Lenio, que bien 
if qae con tantos y tan obstinados enemigos, poca fuerza 
lEBdrán mis razones. Si ellas lo fueran , respondió Eli- 
p», tan amigos son de la verdad los que aquí están, que 
rtaon burlando la contradijeran , y en esto podrás ver, 
■CBÍa , cuan fuera vas delta , pues no hay ninguno que 
ipt^ie tas palabras, ni aun tenga por buenas tus in- 
HKiones. Pues á fe , dijo Lenio , que no te salve á tí la 
ifa, ó Elicío, si no, digalo el aire, á quien continaoacre- 
ientas con suspiros, y la yerba destos prados que va 
ndeado con tus lágrimas, y los versos que el otro dia 
■otaste y en las hayas de aquel bosque escribiste , que 
ellos se verá qué es lo que en ti alabas y en mí vitu- 



LA CALATEA, LIBRO 111. 33 

peras. No quedara Lenio sin rcsi^nesta, si no vieran ve- 
nir hacia donde ellos estaban á la hermosa Calatea con 
las discretas pastoras Florisa y Teolinda ; la cual, por no 
ser conocida de Damony Tirsi, se habia puesto un blan- 
co velo ante su hermoso rostro. Llegaron y fueron de los 
pastores con alegre acogimiento recebidas , principal- 
mente de los enamorados ElicioyErastro, que con la 
vbta de Calatea tan extraño contento recibieron , qne 
no pudiendo Erastro disimularle, en señal del, sin man- 
dárselo alguno, hizo señas á Elido que su zampona to- 
case, al son de la cual con alegres y suaves acentos cantó 
ios siguientes versos. 



Vea 70 los ojos bellos 
Oeste sol que estoy mirando , 

Y si se van apartando, 
Viyase el alma tras ellos : 
Sin ellos no liaT claridad , 
Ni mi alma no (a espere ; 
Qne ausente drilos no quiere 
Luz, salud, ni libertad. 

Mire quien puede estos ojos, 
One Ib es posible alaballos , 
Mas ba de dar por mlrallos 
De la vida los despojos : 
¥0 los veo , y yo los vi , 

Y cada vei que los veo 
Les dOT un nuevo deseo 
Tras d'alma qne les di. 

Ya no tengo mas que dar, 
Niimagino mas que dé, 
SI por premio de mi fe 
No se admite el desear : 
Cieña está mi perdición , 
Si estos ojos do el bien sobra 
Los pusieron en la obra , 

Y no en la sana intención. 



Aanque durase este dia 
Mil siglos como deseo, 
A mt qne tanto bien veo, ■ 
Un pnnto me parecía : 
No nace el tiempo lijero 
Curso en alterar mi edad, 
Miintras miro la beldad 
De la vida por quien muero. 

En esta vista reposa 
Mi alma, y halla sosiego , 

Y vive ea el vivo fuego 
Re su luz pura y hermosa : 

Y hace amor tan alta prueba 
Con ella , que en esta llama 
A dulce vida la llama , 

Y enal fénix la renueva. 
Salgo con mi pensamlealo 

Buscando mi dulce gloria, 

Y al Qn hallo en nfl memoria 
Encerrado mi contenta : 
Allí está , y alli se encierra 

No en'mandos, no en poderfos. 
No en pompas, no en sefiorios, 
Ni en riquezas de la tierra. 



Aquí acabó su canto Eraslro , y se acabó el camino de 
llegar al aldea, adonde Tirsi, Damon y Sílerío en casa 
de Elicio se recogieron, pomo perder la ocasión de sa- 
ber en qué paraba el comenzado cuento de Sílerío. Las 
hermosas pastoras Calatea y Florisa, ofreciendo de ha- 
llarse el venidero dia á las bodas de Daranio-, dejaron á 
los pastores, y todos ó los mas con el desposad)^ se que- 
daron , y ellas á sus casas se fueron. Y aquella misma 
noche , solicitado Silerio de su amigo Erastro , y por el 
deseo que le fatigaba de volver á su ermita , dio fln al 
suceso de su historia como se verá en el siguiente libro. 



LIBRO TERCERO. 



El regocijado alboroto que con la ocasión de las bodas 
Ib Daranio aquella noche en el aldea habia, no fué parte 
que Elicio, Tirsi, Damon y Erastro dejasen de aco- 
Mdarse en parle , donde sin ser de alguno estorbados, 
■diese seguir Silerio su comenzada bUtoría ; el cual, 
qae todos juntos grato silencio le prestaron, si- 
desta manera. Con las fingidas estancias de Blanca, 
e os he dicho queá Tímbrio dije, quedó él satisfecho 
qne mi pena procedía, no de amores de Nisida, sino 
*a hermana ; y con este seguro , pidiéndome perdón 
b. falsa imaginación que de mi había tenido, me tornó 
iCBcargar sa remedio ; y asi yo olvidado del mío no me 
nidé an panto de lo que al suyo tocaba. Algunos' 
se pasaron , en los cuales la fortuna no me mostró 
atñerta ocasión como yo quiáera para descubrir á 
k verdad de mis pensamientos, aunque ellasiem- 



pre me preguntana cómo á mi amigo en sus amores le 
iba,y si su dama tenia ya alguna noticia dellos. A lo que 
yo le dije , que todavía el temor de ofenderla no me de* 
jaba aventurar á decirle cosa alguna ; de lo cual Nisida 
se enojaba mucho, y me llamaba cobarde y de poca dis- 
creción, añadiendo á esto que pues yo me acobardaba, ó 
que Timbrío no sentía el dolor que yo del publicaba , ó 
que yo no era tan verdadero amigo suyo como decía. 
Todo esto fué parte para que me determínase, y en la 
primera ocasión me descubriese , como lo hice un dia 
que sola estaba ; la cual escuchó con extraño silencio 
todo lo que decirle quise, y yo como mejor pude le en- 
carecí el valor de Timbrío, el verdadero amor que le 
tenia, el cual era tan fuerte, que me habia movido á mi 
á tomar tan abatido ejercicio como era el de truhán, solo 
por tener lugar de decirle lo qne decía, añadiendo á es- 

3 
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34 



OBRAS DE CERVANTES. 



tas otras razones que á Nisida le debió parecer que lo 
eran ; mas no quiso mostrar entonces por palabras lo 
que después con obras no pudo tener cubierto , antes 
con gravedad y honestidad extraña reprendió mi atre- 
vimiento, acusó mi osadía, afeó mis palabras, y desmayó 
mi confíanza, pero no de manera que me desterrase de 
su presencia, que era lo que yo mas temia; solo concluyó 
con decirme que de allí adelante tuviese mas cuenta coo 
lo que á su honestidad era obligado , y procurase que el 
artificio de mi mentiroso hábito no se descubriese : con- 
c! usion fué esta que cerró y acabó la tragedia de mi vida, 
pues por ella entendí que Nisida daria oídos á las quejas 
de Tirabrio. ¿En qué pecho pudo caber ni puede el ex- 
tremo de dolor que entonces en el mió se encerraba, 
pues el fin de su mayor deseo era el remate y fin de su 
contento? Alegrábame el buen principio que al remedio 
de Tirabrio habia dado , y esta alegría en mi pesar re- 
dundaba, por parecerme , como era la verdad , que en 
viendo á Nisida en poder ajeno , el propio mío se acaba- 
ba. ¡Oh fuerza poderosa de verdadera amistad, á cuánto 
te extiendes , y á cuánto me obligaste ! pues yo miaño, 
forzado de tu obligación , afilé con mi industria el cu- 
chillo que habia de degollar mis esperanzas, las cuales, 
roariendo en mi alma vivieron y resucitaron en la de 
Timbrio, cuando de-ml supo todo lo que con Nisida pa- 
sado habia ; pero ella andaba tan recatada con él y con- 
migo, qne nunca de todo punto dio á entender que de la 
solicitud mía y amor de Timbrio se contentaba, ni me- 
nos se desdeñó de suerte , que sus sinsabores y desvíos 
hiciesen á los dos abandonar la empresa. Hasta qne, ha- 
biendo llegado i noticia de Timbrio , cómo su enemigo 
Pransiles (aquel caballero á quien él habia agraviado en 
Jerez), deseoso de satisfacer su honra le enviaba á desa- 
fiar , señalándole campo franco y seguro en una tierní 
del Estado del duque de Gravina , dándole término de 
seis meses desde entonces hasta el día de la batalla ; el 
cuidado deste aviso no fué parte para que se descuidase 
de lo que á sus amores convenia ; antes con nueva soli- 
citud mía y servicios suyos , vino á estar Nisida de ma- 
nera, que no se mostraba esquiva aunque la mirase 
Timbrio y en casa de sus padres visitase, guardando en 
todo tan honesto decoro, cuanto á su valor era obligada. 
Acercándose ya el término del desafío, y viendo Timbrio 
serle inexcusable aquella jomada, determinó de partir- 
se, y antes que lo hiciese escribió á Nisida una canta, 
tal, qne acabó con ella en un punto lo qne yo en muchos 
meses atrás y en muchas palabras no habia comenzado. 
Tengo la carta en la memoria, y por hacer al caso de mi 
cuento, no os dejaré de decir , que así decia. 

Tmitio i rIsioa. 

Salnd te emii iqael qne no U tiene , 
Nisida , ni la espera en tiempo alguno , 
Si por tas manos mismas no le «lene. 

El nombre aborrecible de importuno 
Temo me adquirirán estos renglones. 
Escritos con mi sangre de uno en un». 

Mas la furia cruel de mis paisiones 
De tal modo me tnrban, qne no puedo 
Huir las amorosas sinniones. 

Entre un ardiente osar ; nn Trio miedo 
Arrimada i mi fe jr al valor tuyo, 
Hiéntras esta recibes triste quedo : 

Por Ver que en escribirle me destruyo, 
SI tienes i donaire lo que digo , 
Y entregas al desden lo que no es suto. 

El cielo verdadero me es tesUgo ' 
SI no te adoro desde el mismo punto 
. Qa* Ti esc rostro hermoso y mi enemigo 



El verte jraionrtt llegó ]nnto. 
Porque iqnién faen aquel qne no adonn 
De nn ingel bello el sin igual trasunto? 

Mi lima tu belleza al mundo rara 
Vid tan curiosamente, qne no qnlso 
En el rostro parar la vista clara. 

Alli en el alma tnya un paraíso 
Fué descubriendo de beileus tantas. 
Que dan de nueva gloria cierto aviso. 

Con estas ricas alas te levantas 
Hasta llegar al cielo, j en la Uerra 
Al sabio admiras, y al que es simple espaatas. 

¡ Dichosa el alma qne tal bien eseiem, 
T no menos dichoso el que por ella 
La suya rinde I la amorosa guerra ! 

En deuda soy i mi fatal estrella 

gue me qnlso rendir i quien encubre 
n tan hermoso cuerpo alma tan bella. 
Tu condición, seBora, me descubre 
. El desengaflo de mi pensamiento , . 

Y de temor i mi esperanza cubre. 

Pero en fe de mi Justo honroso iateato 
Hago buen rostro i la deseonñann, 

Y cobro al JMStrer punto nuevo aliento. 
Dicen qne no ba^ amor sin esperanza: 

Pienso que es opinión ; qne yo no espera , 

Y del amor la fuerza mas me alcaau. 
Por sola tu bondad te adoro y quiero. 

Atraído también de tu belleza. 

Que fué la red que amor tendw primero , 

Para atraer con rara sutileza 
Al alma descuidada Ubre mia 
Al amoroso findo j su estréchela. 

Sustenta amor su mando y tiranía 
Con cualquiera belleza en algún pecho , 
Pero no en la curiosa fantasía , 

Que mira , no de amor el lazo estrecho 
Que tiende en los cabellos de oro í no. 
Dejando al qne los mira satisfecho , 

ni en el pecho , i quien llama alahastrioo 

guien del pecho no pasa mas adentro , 
i en el marOl del cuello peregrino ; 
Sino del alma el escondido centro 
Mira , y contempla mil bellezas puras 
Qne le acuden y salen al encuentro. 

Mortales y caducas hermosuras 
No saUsfacen i.la Inmortal alma, 
Si de la luz perfeta no anda i escuras. 
Tu sin igual virtud lleva la palma, 

Y los despujos de mis pensamientos, 

Y i los torpes sentidos tiene en calma. 
Y en esta sujeción están contentas , 

Parque miden su dura tiaufi pena 
Con el valor de tus merecimientos. 

Aro en el mar, y siembro en el arena , 
Cuando la fnerza exirafia del deseo 
A mas que i contemplarte me condena. 

Tu alteza entiendo, mi bajeza veo, 

Y en eitremos qne son tan diferentes , 
Ni hay medio que esperar, ni le poseo. 

Ofrécense por esto inconvenientes 
Tantos i mi remedio, cnantas tiene 
El cielo estrellas , y la tien-a gentes. 

Conozca lo que al alma le conviene > 
Sé lo mejor, y á lo peor me atengo. 
Llevado del amor que me entretiene. 

Mas ya , Nisida bella , al paso vengo 
Se mi con mortal ansia deseada. 
Do acabaré la pena qne sostengo. 

El enemigo brazo levantado 
Me espera y la feroz aguda espada , 
Contra ni con tu saBa conjurado. 

Presta seri tu voluntad vengada 
Del vano atrevimiento de esta mia , 
De ti sin causa alguna desechada. 

Otro mas duro trance , otra agonía , 
Aunque fuera mayor que de la muerte , 
No turbara mi triste fantasía . 

Si cupiera en mi corta amarga suerte 
Verte de mis deseos satisfecha , 
Asi como al contrario puedo verte : 

La senda de mi bien hillola estrecha , 
La de mi mal tan ancha y e-spaclosa , 
Cual de-mi desventura ha sido hecha. 

Por esta corre airada y piesurosa 
La muerte en tu desden fortalecida. 
De triunfar de mi vida deseosa. 

Por aquella mi Bien va de vencida. 
De tu rigor, sefiora, perseguido , 
Que es el qne ha de acabar mi corta vida. 

A términos tan tristes conducido . 
Me Üene mi ventora , sue ya temo 
Al enemigo airado j oiendido. 

Solo por ver qne el flego en qne me qnemo 
Gs hielo en ese pecho, v esto «s parte 
Para que yo acobarde al paso extremo. 

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LA CALATEA 

Qm li U no te noesbru de mi fwrte, 
lAfilteao lemeri mi flaca mano, 
ka^u BIS la •eompalle esheno t artet 

fm si ne aridaras , ¿qut romaiio 
Opicfo capitán me contrastara , 
Quil Id sb ialeoto do saliera vano? 
For el major peligro me arrojara , 
Tle bs Kenii manas de la muerte 
Its despojos segoro arrebatara. 

Tásala puedes levantar mi suerte 
Sabn la bamana pompa , d derribarla 
Al rrairo , do no na; bien con que se acierte. 

Qae si COBO ba podido sublimarla 
El paro amor, qniaicra la fortooa. 
El ia diOeil cumbre snitealarla , 

Sabida sobre el cielo de luna 
Se viera mi esperanza , que ahora yace 
Ea lapr do no espera en cosa alguna. 

m esto; va , que va me satisface 
El nal que tu desden airado esquivo 
Por tan «trafios términos me bace , 

Solo por ver que en tu memoria vivo , 
T qae te acuerdas , Nisida , siquiera 
Oe baeense mal , que yo por bien recibo. 

Coa nis facilidad contar pudiera 
Del mar los granas de la blanca arena , 
Y las estrellas de la octava esfera , 

Qae 10 las ansias, el dolor, la pena , 
A qie el Sero rigor de tu aspereii, 
Sil kaberle ofendido , me condena. 
No midas tu valor con mi bajcaa ; 
Que ai respeto de tu s¿r famoso 
>^ tierra quedara cualquier alteza. 
Asi cual soy te amo , y decir oso 
Qae me adelanto en firme enamorado 
, Al Bas subido término amoroso. 
Por esto no merezco ser tratado 
Cono enemiga , inies me pareeo 
Qae debería ser remnneraoo. 

Nal con tanta beldad se compadece 
Tamaña cnieldad , y mal asienta 
Ingratitud do tal valor florece. 

Qaisiérate pedir, Nlsida , cuenta 
Dean alma qoe le di : ¿dónde la echaste! 
iO tima estando ausente me sostenía? 
iSer sefiora de un alma no acetaste? 
Pies ¿qué te puede dar quien mas te quiera! 
¡Cuan bien Id presunción aqui mostraste! 

Sin alma estoy desde la vez primera 
Que te rl por mi malV por bien mío; 
Que todo fuera mal si nu te viera. 

Alli el freno te di de mi albedrio; 

Tá me gobiernas , por ti sola avivo , 

T aan puede mucho mas tu poderlo. 

En el fuego de amor puro me vivo 

Y ae desbago , pues cual fénix Inego 
De la muerte de amor vida recibo. 

Ea fe desla mi fe te pido y ruego 
Solo «rae creas, Nlsida , que es cierto 
Qae VIVO ardiendo en amorosa fuego. 

Y que tó puedes ya después de muerto 
Reducirme i la vida , y en un pinto 
Del mar airado condnrinne al puerto. 

Qae esU para conmigo en ti tan junto 
El querer y el poder, que es todo uno 
Sin discrepar y sin faltar nn punto. 

Y acabo por no ser mas iin|iortuno. 

No sé si las razones desta carta , ó las muchas que yo 

«esíNísida había dicho, asegurándole el veinladero 

ir que Timbrío le tenia , ó los continuos servicios de 

ibrio, ó los cielos que así lo tenían ordenado, movie- 

Im entrañas de Nísida para que en el punto que la 

íbó de leer me llamase, y con lágrimas en los ojos me 

¡ese : ¡Ay, Silerio, SiUrio, y cómo creo que á cosía de 

alud mia ba-s querido granjear la de tu amigo! Hngan 

bados, que á este punto me lian traído, con las obras 

Tiiobrio verdaderas tus palabras ; y si las unas y las 

IM me han engañado , tome de mi ofensa venganza el 

áa, al cual pongo por testigo de'la fuerza que el deseo 

tace, para que no le tenga mas encubierto : mas ¡ ay, 

IB liviano descargo es este para tan pesada culpa! pues 

*ifTa yo primero morir callando porque mi honra vi- 

. que con decir lo que agora quiero decirte, enter- 

■h i ella , y acabar mi vida. Confuso rae tenían estas 

ihbraS de Nisida , y mas el sobresalto con que las de- 

n ; y qoeriendo con las mías animarla á qae sin temor 



. UBRO Itl. 35 

alguno se declarase, no fué menester importanarla mu- 
cho, que al fin me dijo que no solo amaba, pero que ado- 
raba á Timbrio , y que aquella voluntad tuviera ella cu- 
bierta siempre , si la foraosa ocasión de la partida de 
Timbrio no la forzara á descubrirla. Cuál yo quedé, pas- 
tores, oyendo lo que Nísida decia, y la voluntad lunorosa 
que tener á Timbrio mostraba, no es posible encarecer- 
lo : y aun es bien que carezca de encarecimiento dolor 
que á tanto se extiende ; no porque me pesase de ver á 
Timbrio querido , sino de verme á mi imposibilitado de 
tener jamas contento, pues estaba y está claro que ni po- 
día ni puedo vivir sin Ñisida, á la cual, como otras veces 
he dicho , viéndola en ajenas manos puesta , era enaje- 
narme yo de todo gusto , y si alguno la suerte en este 
trance me concedía, era considerar el bien de mi amigo 
Timbrio, y esto fué parte para que no llegase á un mes- 
mo punto mi muerte y la declaración de la voluntad du 
Nisida. Escúchela como pude, y asegúrela como supe de 
la entereza del pecho de Timbrio', á lo cual ella me res- 
pondió que ya no había necesidad deasegurarle aquello, 
porque estaba de manera , que no podía ni le convenia 
dejar de creerme, y que solo me rogaba, si fuese posible, 
procurase de persuadir á Timbrio buscase algún medio 
honroso para no venir á batalla con su enemigo : y res- 
pondiéndole yo ser eso imposible sin quedar deshonra- 
do, se sosegó, y quitándose del cuello unas preciosas re- 
liquias, me las díó para que á Timbrio de su parte las 
diese. Quedó ansimesmo concertado entre los dos , que 
ella sabia que sus padres habían de ir á ver el combate 
de Timbrio , y que llevarían á ella y á sn hermana con- 
sigo ; mas porque no le bastaría el ánimo de estar pre- 
sente al riguroso trance de Timbrio, que ella fingiría es- 
tar mal dispuesta , con la cual ocasión se quedaría en 
una casa de placer donde sus padres habían de posar, 
que media legua estaba de la villa donde se hania de ha- 
cer el combate , y que alli esperaría su mala ó buena 
suerte según la tuviese Timbrío : mandóme también que 
para acortar el deseo que tendría de saber el suceso de 
Timbrio , que llevase yo conmigo una toca blanca , que 
ella me dio , y que si Timbrío venciese , me la atase al 
brazo , y volviese á darle las nuevas ; y si fuese vencido, 
que no la atase, y asi ella sabría per la señal de la toca 
desde lejos el príncipío de su contentoó el fin de su vida. 
Prometilede hacer todo lo que me mandaba, y tomando 
las reliquias y la toca , me despedí della con la mayor 
trísteza y el mayor contento que jamas tuve : mi poca 
ventura causaba la tristeza, y la mucha de Timbrio el 
alegría. El supo de mí lo que de parte de Nísida le lle- 
vaba, y quedó con ello tan lozano, contento y orgulloso, 
que el peligro de la batalla que esperaba , por ninguno 
le tenia, pareciéndole que en ser favorecido de su se- 
ñora, aun la mesma muerte contrástamele podría. Paso 
agora en silencio los encarecimientos que Timbrio hizo 
para mostrarse agradecido á lo que á mi solicitud debía , 
porque fueron tales , que mostraba estar fuera de seso 
tratando en ello. Esforzado pues , y animado cou esta 
buena nueva , comenzó á aparejar su partida , llevando 
por pa'irinos un caballero español y otro napolitano. Y á 
la fama deste particular duelo se mowió á verlo infinita 
gente del reino, yendo también allá los padresde Nísida, 
llevando con ellos á ella y á su hermana Blanca : y como 
á Timbrío tocaba escoger las armas , quiso mostrar que 
no en la venta)a dellas, sino en la razón que tenia , fun- 

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3« 



OBtlAS ÜE CEtlVANTES. 



(]al>4 su derecho , y así las que e8C(^ó fueron espada y 
daga , sin otra arma defensiva alguna. Pocos dias falta- 
ban al término señalado, cuando de la ciudad de Ñapó- 
les se partieron con otros muchos caballeros Nisida y su 
(ladre, habiendo llegado primero ella, acordándome 
muchas veces que no me olvidase de nuestro concierto; 
pero mi causada memoria, que jamas sirvió sino de acor- 
darme solas las cosas de mi disgusto , por no mudar su 
condición, se olvidó tanto de lo que Nisida me habia di- 
cho, cuanto vio que convenia para quitarme la vida, ó i 
lo menos para ponerme en el miserable estado en que 
agora me veo. Con grande atención estaban los pastores 
escuchando lo que Silerio contaba, cuando interrompió 
el hilo de su cuento la voz de un lastimado pastor , que 
entre unos árboles cantando estaba, y no tan lejos de las 
ventanas de la estancia donde ellos estaban , que dejase 
de oirse todo lo que decia. La voz era de suerte que puso 
silencio á Silerio , el cual en ninguna manera quiso pa- 
sar adelante , antes rogó á los demás pastores que la es- 
cuchasen, pues para lo poco que de su cuento quedaba, 
tiempo habria de acabarlo. Hiciéraseles de mal esto á 
Tirsi y Damon , si no les dijera Elicio : Poco se perderá, 
pastores , en escuchar al desdichado Mireno , que sin 
duda es el pastor que canta , y á quien ha traido la for- 
tuna á términos, que imagino que no espera él ninguno 
en su contento. ¿Cómo le ha de esperar, dijo Erastro, si 
mañana se desposa Daranio con la pastora Silveria , con 
quien él pensaba casarse? pero en fin han podido mas 
con los padres de Silveria las riquezas de Daranio , que 
las habilidades de Mireno. Verdad dices, replico Eiicio ; 
pero con Silveria mas habia de poder la voluntad quede 
Mireno tenia conocida, que otro tesoro alguno : cuanto 
mas , que no es Mireno tan pobre , que aunque Silveria 
se casara con él, fuera su necesidad notada. Por estas ra- 
zones que Elicio y Erastro dijeron, creció el deseo en los 
pastores de escuchar lo que Mireno cantaba ; y así rogó 
Silerio que mas no se hablase, y todos con atento oído 
se pararon á escucharle; el cual afligido de la ingratitud 
de Silveria , viendo que otro dia con Daranio se despo- 
saba, con la rabia y dolor que le causaba este hecho se 
habia salido de su casa acompañado de solo su rabel , y 
convidándole la soledad y silencio de un pequeño prad¿- 
cillo que junto á las paredes de la aldea estaba , y con- 
fiado que en tan sosegada noche ninguno le escucharía, 
se sentó al pió de un árbol, y templando su rabel , desta 
manera cantando estaba : 

i cielo sereno, qae con tsstoi ojos 
Los dilcos amorosos turtos miras , 
T eoD tn curso alegras 6 entristeces 
A aqnel que en tn sllendo sos enojos 
A qnien los cansa dice, 6 al qne reliras 
pe gnsto Ul , j espacio no le oRreces ! 
81 acaso no careces 
De ta benignidad para conmigo. 
Pues ya con solo bablar me sallshgo, 
I sabes cnanto bago, 

No es mucbo qne alora escaches lo qocdico: 
Que mi TOi lastimera * 

Saldtl con la doliente inima afuera. 

Ya mi cansada voi , va mis lamentos 
Ken poco ofenderin al aire vano, 

SPues i término tal soy reducido , 
ue ofteee amor 4 los airados Tientos 
is esperanzas , j en ajena mano 
Ha puesto el bien que tuve merecido. 
Sera el fruto cogido , 
Que sembró mi amoroso pensamiento 
T regaron mis ligrimas cansadas. 
Por fas afortunadas 



Manos, i folM ÜM mertomlenta 

T sobró la veainra, 

Qne allana lo dificíl y ascgnra. 

Pues el qne ve sn gloria conTertida 
En tan amarga dolorosa pena , 
T lomando sn bien enaiqaier camino, 
J>or qué no acaba la enojosa ñda ! 
Por qué no rompe la Títal cadena 
C ontra todas las fnerus del desUno? 
Poco i poco camino 
Al dulce trance de la amarga muerte : 

Y asi , atrerldo aunque cansado brato. 
Sufrid el embarazo 

Del vivir, pues ensalza nuestra suerte 

Saber qne i amor le place , 

Qne el dolor haga lo qne el hierro baee. 

Cierta mi muerte estl, pues no es poslblii 
Que viMa aquel qne tiene la esperanza 
f*n muerta, y tan ajeno esU de gloria; 
Pero temo que amor baga Imposible 
Mi muerte, y que una falsa conüanu 
Dé vida , i mi pesar, i la memoria. 
Mas ¡ qué ! si por la historia 
De mis pasados bienes la paseo , 

Y miro bien que todos son pasados , . 

Y los graves cuidados 

Que triste agora en sn lugar poseo , 

Ella serima» parte 

Pan qae deUa y del vivir me aparte. 

¡ Ay , bien dnioo y solo al alma mía , 
Sol qne mi tempestad aserenaste, 
Ttrmino del valor qne se desea ! 
iSeri posible qne se llega el dia 
Donde be de conocer queme olvidaste ? 
i Y qne permita amor que yo le vea ? 
Primero qne esto sea , 
Primero qne tu blanco hermoao enello 
Esté de ajenos brazos rodeado , 
Primero que el dorado. 
Oro es mejor decir, de tn cabello 
A Dannio enriquezca , 
Con fenecer mi vida el mal fenezca. 

Nadie por fe te tnvo merecida 
Mejor que yo, mas veo qne es fe maerl* 
La que con obras no se manilcsta ; 
Si se estimara el entregar la vida 
Al dolor cierta y i la gloria incierta. 
Pudiera yo esperar alegre fiesta ; 
Has no se admite en esta 
Cruda ley qne amor usa, el buen deseo 
Poes es proverbio antlgno entt« amadores, 
(¡nc son obras amores, 

Y yo que por mi mal solo poseo 
¿a voluntad de hacellas, 

¿Qué no me ha de faltar, faltando ea ellaaf 

En ti pensaba yo que se rompiera 
Esta ley del avaro amor asada , 
Pastora , y que los ojos levantaras 
A una alma de la tuya prisionera , 

Y i tu propio querer tan ajustada , 
Qne si la conocieras la estimaras : 
Pensé qne no trocaras 

Una fe qne did muestras de tan buena , 

Por una que quilata sus deseos 

Con los vanos arreos 

De la riqueza de cuidados llena ; 

Kntregistete al oro 

Por entregarme i mi conUnno al lloro. 

AbaUda pobreza , cansadora 
Deste dolor que me atormenta el alma , 
Aquel te loa que jamas te min : 
Túrbese en ver tn rostro mi pastora , 
A sn amor tn aspereza pnso en calma , 

Y asi por no encontrarte, el pié retira. 
Mal contigo se aspira 

A conseguir intentos amorosos ; 
Td derribas las altas esperanzas , 

Y siembras mil mudanzas 

En mujeriles pechos codiciosos; 
Tú jamas perncionas 
Con amor el valor de las personas. 
Sol es el oro, cuyos rayos ciegan 
La vista mas aguda , si se ceba 
En la vana apariencia del provecho. 
A liberales manos no se niegan 
Las qne gustan de hacer notoria pmeba 
De un blando, codicioso , hermoso pecho. 
Oro tuerce ei derecho 
De la limpia intención y fe sincera , 

Y mas que la Ormcza de un amante 
Acaba un diamante, 

Pnes sn dureza vnelve nn peeko ccn 
Por mas duro que sea , 



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U galate:a 



tas n le da coa ti lo qve deiea. 

De ti ae peu , dilce mi enemiga , 
0« natas tojas par» perfeciones 
Cal ua ama maestra bas afeado : 
nato dd oro te mostraste amiga , 

?MNha5tei las espaldas mis pasiones, 
il alñdo entregaste mi eaidaao. 
Ib la , ¡ qne te lias casado ! 
¡Caddole has, pastara ! El cielo haga 
Tu kaena la eleecioa como qaeniat , 
T de las penas mias 
Iqastaa, go recibas jasta paga. 



Has ¡ ar ! one al eieío amigo 

Da premio a la vlrtad , t al mal castigo. 

Aqai dio fin á su canto el lastimado MÍTeno <xin mues- 
basde Unto dolor, que le cansó á todos los que le escu- 
cUmh, ptrincipalmente á los que le conocían y sabían 
ns Tírtodes, gallarda disposición y honroso trato. Y des- 
pués de haber dicho entre los pastores algunos díscar- 
Ms sobre la extraña condición de las mujeres, en espe- 
; ñl sobre el casamiento de Silveria, que olvidada del 
í KDor y braidad de Hireno , á las riquezas de Daranio se 
babia entregado , deseosos de que Silerío diese fin i so 
toeato, puesto silencio á todo, sin ser menester pedir- 
itdo,élGomenzóá seguir, diciendo. Llegando pues el 
libdel rigoroso trance, habiéndose quedado Nísida me- 
!llli legua antes de la villa en unos jardines como con- 
i Hgo babia concertado, con excusa que dio á sus padres 
de no bailarse bien dispaesta , al partirme della me en- 
tttf^ la brevedad de mi tomada, con la señal de la toca, 
^Qiqne er. traerla ó no, ella entendiese el bueno ó el mal 
MxsodeTimbrio. Tómeselo á prometer agraviándome 
de pe tanto me lo encargase. Y con esto me despedí 
ielhyde su hermana, que con ella se quedaba. Y llegado 
ll pnesto del combate , y llegada la hora de comenzarle, 
i^nes de haber hecho los padrinos de entrambos las 
ctreiDonias y amonestaciones que en tal caso se requie- 
n, puestos los dos caballeros en la estacada , al teme- 
Rsoson de una ronca trompeta se acometieron con tanta 
istmi. y arte , que causaba admiración en quien los 
>inba. Pero el amor, ó la razón , que es lo mas cierto, 
|ie i Umbrío favorecía, le dio tal esfuerzo, que aunque 
Ico^ de algnoas heridas, en poco espacio puso á su 
Inlrariode suerte , que teniéndole á sus pies herido y 
ieangrado, le importunaba que si quería salvar la vida, 
KriDdíese; pero el desdichado Pransilesle persuadía 
fíele acabase de matar , pues le era mas fácil á él y de 
■anos daño pasar por mil muertes , que rendirse una ; 
Mu el generoso ánimo de Timbrío es de manera, que ni 
füso matar á sa enemigo, ni menos que se confesase 
|or rendido: solo se contentó con que dijeseyconociese 
fuera tan bneno Timbrío como él : lo cual Pransiles 
ttafesó de buena gana, pues hacia en esto tan poco, que 
Él Terse en aquel término pudiera muy bien decirlo. 
Isdos los circunstantes que entendieron lo que Timbrío 
na 80 enemigo había pasado , lo alabaron y estimaron 
tt mucho. Y apenas hube yo visto el feliz suceso de mi 
migo, cnando con alegría increíble y presta lijereza 
*Añ á dar las nuevas á Nisida. Pero ¡ ay de mi I que el 
descaído de entonces me ha puesto en el cuidado de 
ipra- ¡Oh memoria, memoria mial ;por qué no la tuviste 
fin lo que tanto me importaba ? Mas creo que estaba 
ffdeoado en mi ventura, que el principio de aquella 
,lltpia fuese el remate y fin de todos mis contentos. Yo 
i*lfi á ver á Nísída con la presteza que he dicho , pero 
^i m ponerme b blanca toca al brazo. Nisida que 
(O crecido deseo estaba esperando y mirando desde 



, LIBRO III. 37 

unos altos corredores mi tomada , viéndome volver sin 
la toca, entendió que algún siniestro revés á Timbrío 
babia sucedido, y creyólo y sintiólo de manera; que sin - 
ser parte otra cosa , faltándole todos los espíritus , cayó 
en el suelo con tan extraño desmayo, que todos por 
muerta la tuvieron : cuando ya yo llegué , hallé toda la 
gente de su casa alborotada , y á su hemiana haciendo 
mil extremos de dolor sobre el cuerpo de la triste Nisi- 
da. Cuando yo la vi en tal estado, creyendo firmemente 
que era muerta, y viendo que la fuerza del dolor me iba 
sacando de sentido , temeroso que estando fuera del no 
diese ó descubriese algunas muestras de mis pensamien" 
tos, me salí de la casa, y poCo á poco volví á dar las des- 
dichadas nuevas al d^ichadoTimbrio. Pero como me 
hubiesen prívado las ansias de mi fatiga las fuerzas de 
cuerpo y alma, no fueron tan lijeros mis pasos, que no lo 
hubiesen sido mas otros que la triste nueva á los padres 
de Nisida llevasen, certificándules cierto, que de un 
agudo parasismo había quedado muerta. Debió de oír 
esto Timbrío; y debió quedar cuál yo quedé, si no quedó 
peor : solo sé decir que cuando llegué á do pensaba ha- 
llarle , era ya algo anochecido, y supe de uno de sus pa- 
drinos que con el otro y por la posta se había partido á 
Ñapóles, con muestras de tanto descontento, como si de 
la contienda vencido y deshonrado salido hubiera. Lue- 
go imaginé yo lo que ser podía , y púsome luego en ca- 
mino para seguirlo : y antes que á Ñapóles llegase,'tuve 
nuevas ciertas de que Nisida no era muerta, sino que le 
había dado un desmayo que le duró veinte y cuatro ho- 
ras, al cabo de las cuales había vuelto en sí con muchas 
lágrimasysuspiros. Con la certidumbre desta nueva me 
consolé, y con mas contento llegué á Ñápeles, pensando 
hallar allí á Timbrío ; pero no fué así , porque el caba- 
llero con quien él había venido me certificó que en 
llegando á Ñapóles se partió sin decir cosa alguna , y 
que no sabia á qué parte; solo imaginaba que según 
le vio triste y melancólico después de la batalla , que 
no podía creer sino que á desesperarse hubiese ido. 
Nuevas fueron estas que me tornaron á mis primeras 
lágrimas, y aun no contenta mi ventura con esb, ordenó 
que al cabo de pocos días llegasen á Ñapóles los padres 
de Nísída , sin ella y sin su hermana , las cuales , según 
supe y según era publica voz, entrambas á dos se habían 
ausentado una noche , viniendo con sus padres á Ñápe- 
les , sin que se supiese de ellas nueva alguna. Tan con- 
fuso quedé con esto que no sabia qué hacerme ni decir^ 
me : y estando puesto en esta confusión tan extraña, 
vine á saber, aunque no muy cierto , que Timbrío en el 
puerto de Gaeta en una gruesa nave que p^ra España 
iba se había embarcado, y pensando que podría ser ver- 
dad , me vine luego á España , y en Jerez y en todas las 
partes que imaginé que podría estar, le he buscado sin 
hallar del rastro alguno : finalmente he venido á la ciu- 
dad de Toledo , donde están todos los parientes de los 
padres de Nisida , y lo que he alcanzado á saber es , que 
ellos se vuelven á Toledo sin haber sabido nuevas de sus 
hijas. Viéndome pues yo ausente de Timbrio , ajeno de 
Nisida, y considerando que ya que los hallase, ha de ser 
para gusto suyo y perdición mía; cansado ya y desenga- 
ñado de las cosas deste falso mundo en que vivimos, he 
acordado de volver el pensamiento á mejor norte, y gas- 
tar lo poco que de vivir mequeda, en servicio del que es- 
tima los deseos y las obras en el punto que merecen ; j 



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3S OBRAS DE 

asi he escogido este hábito qne veis, y la ennita que ha- 
l>eis visto, donde en dulce soledad reprima mis deseos y 
encamhíe mis obras á mejor paradero: puesto que como 
viene de tan atrás la corrida de las malas inclinaciones 
que hasta aqui he tenido , no son tan fáciles de parar, 
que no trascorran algo , y vuelva la memoria á comba- 
tirme, representándome las pasadas cosas ; y cuando en 
estos puntos me veo , al son de aquella arpa que escogí 
por compañera en mi soledad, procuro aliviar la pesada 
carga de mis cuidados, hasta que el cielo le tenga y se 
acuerde de llamarme á mejor vida. 

Este es, pastores, el suceso de mi desventura; y si be 
sido largo en contárosle, es porque no ha sido ella corta 
en fatigarme. Lo que os ruego es, me dejéis volver á mi 
ermita, porque aunque vuestra compañía me es agrada- 
ble , he llegado á términos que ninguna cosa me da mas 
gusto que la soledad ; y de aqui entenderéis la vida que 
paso , y el mal que sustento. Acabó con esto Silerio su 
cuento; pero no las lágrimas con que muchas veces le 
había acompañado. Los pastores le consolaron en ellas 
lo mejor que pudieron , especialmente Damon y Tirsi, 
los cuales con muchas razones le persuadieron á no per- 
der la esperanza de ver á su amigo Timbrio con mas 
contento qne él sabría imaginar, pues no era posible 
sino que tras tanta fortuna aserenaseel cielo, del cual 
se debía esperai' que no consentiría que la falsa nueva 
de la muerte de Nisida , á noticia de Timbrio con mas 
verdadera relación no viniese antes que la desesperación 
le acabase ; y que de Nisida se podía creer y conjeturar, 
que por verá Timbrio ausente se habría partido en sa 
busca ; y que si entonces la fortuna por tiui extraños ac- 
cidentes los había apartado, agora por otros no menos 
extraños sabría juntarlos. Todas estas razones y otras 
muchas que le dijeron le consolaron algo, pero no de 
manera que despertasen la esperanza de verse en la vida 
mas contenta, ni aun él la procuraba, por parecerle que 
la que había escogido era la que mas le convenia. Gran 
parte era ya pasada de la noche , cuando los pastores 
acordaron de reposar el poco tiempo que hasta el dia 
quedaba , en el cual se habían de celebrar las bodas de 
Daranio y Sílveria. Mas apenas había dejado la blanca 
aurora el enfadoso lecho del celoso marido, cuando de- 
jaron los suyos todos los mas pastores del aldea , y cada 
cual como mejor pudo, comenzó por su parte á regoci- 
jar la Gesta. Cuál trayendo verdes ramos para adornar la 
puerta de los desposados , y cuál con su tamborino y 
flauta les daba la madrugada; acullá se oía la regocijada 
gaita , acá sonaba el acordado rabel , allí el antiguo sal- 
terio, aquí los cursados albogues ; quién con coloradas 
cintas adornaba sus castañetas para los esperados bailes, 
quién pulía y repulía sus rústicos aderezos para mos- 
trarse galán á los ojos de alguna su querida pastoreilla, 
de modo que por cualquier parte de la aldea que se fue- 
se, todo sabia á contento, placer y ñcsta. Solo el triste 
y desdichado Mireno era aquel á quien todas estas ale-r 
grias causaban suma tristeza ; el cual habiéndose salido 
del aldea por no ver hacer sacrificio de su gloria , se su- 
bió en una costezuela que junto al aldea estaba ; y allí 
sentándose al pié de un antiguo fresno , puesta la mano 
en la mejilla , y la caperuza encajada hasta los ojos , que 
en el suelo tenia clavados, comenzó á imaginar el desdi- 
chado punto en que se hallaba, y cuan sin poderlo es- 
torbar , ante sos ojos había de ver coger el fruto de sus 



CERVANTES. 

deseos ; y esta consideración le tenia de suerte, qu» 
lloraba tan tierna y amargamente , que ninguno eaU) 
trance le viera que con lágrimas no le acompanara.i 
asta sazori, Damon y Tirsi, Elicio y Eraslro, se levaott» 
ron, y asomándose á una ventana que al campo salia,|i 
primero en quien pusieron los ojos fué en el lastimadi. 
Mireno , y en verle de la suerte que estaba , conociena 
bien el dolor que padecía ; y movidos á compasión , de- 
terminaron todos de ir á consolarle , como lo hicieran,; 
si Elicio no les rogara que le dejaran ir solo, porque iat- 
ginaba que por ser Mireno tan amigo suyo, con él, 
abiertamente que con otro, su dolor comunicuria. 
pastores se lo concedieron , y yendo allá Elicio , liall 
tan fuera de si , y tan en su dolor trasportado , que ni' 
conoció Mireno, ni le habló palabra; lo cual visto 
Elicio, hizo señal á.los demás pastores que viniesen ; 
cuales temiendo algún extraño accidente á Mireno si 
dido , pues Elicio con priesa los llamaba, fueron Idi 
allá, y vieron que estaba Mireno con los ojos tan Gjos 
el suelo , y tan sin hacer movimiento alguno , que ai 
estatua semejaba , pues con la llegada de Elicio , ni ce 
la de Tirsi , Damon y Erastro no volvió de so a\tá 
embelesamiento, sino fué, que á cabo de un buen esp 
cío de tiempo, casi como entre dientes, comenzóáded 
¿Tú eres, Sílveria, Sílveria? si tú lo eres, yo no so; II 
reno, y si soy Mireno , tú no eres Sílveria ; porque noi 
posible que esté Sílveria sin Mireno, ó Mireno sin Sill 
ría : pues ¿quién soy yo, desdichado? ó ¿quién eresí 
desconocida? Yo bien sé que no soy Mireno, porqoel 
no has querido ser Sílveria , á lo menos la Silvería qi 
ser debías y yo pensaba que fueras. A esta sazou aliál 
ojos, y como vio al rededor de si los cuatro pastores, 
conoció entre ellos á Elicio , se levantó , y sin dejan 
amargo llanto , le echó los brazos al cuello , diciéndob 
] Ay, verdadero amigo mío ! y cómo agora no tendí 
ocasión de envidiar mi estado, como le envidiabas cut 
do de Silvería me veáis favorecido : pues si entonces! 
llamaste venturoso, agora puedes llamarme desüichai 
y trocar todos los títulos alegres que en aquel tiempti 
dabas, en los de pesar que agora puedes darme :]> 
que te podré llamar dichoso, Elicio , pues te consw 
mas la esperanza que tienes de ser querido, qoe no 
fatiga el verdadero temor de ser olvidado. Cunrusoí 
tienes, ó Mireno, respondió Elicio, de ver los e%lrea 
que haces por lo que Sílveria ha hecho, sabiendo qi 
tiene padres, á quien ha sido justo haber obedecido.' 
ella tuviera amor, replicó Mireno , poco inconveniel 
era la obligación de los padres para dejar de cumplirt 
lo que al amor debía; de do vengo áconsiderar, ó Elic 
que si me quiso bien , hizo mal en casarse ; y si fué li 
gído clamor que me mostraba, hizo peor en engañara 
y ofrecerme el desengaño á tiempo que no puede ap( 
vecharme, si no es con dejar en sus manos la vida.] 
está en términos la tuya, Mireno, replicó Elicio, i| 
tengas por remedio el acabarla , pues podría ser qna 
mudanza de Silvería no estuviese en la voluntad, li 
en la fuerza de la obediencia de sus padres ; y sita 
quisiste limpia y honestamente doncella, tainbiea 
puedes querer agora casada, correspondiendo ella agí 
como entonces á tus buenos y honestos deseos. Ual< 
noces á Silvería , Elicio , respondió Mireno, pues inn| 
ñas della que ha de hacer cosa de que pueda sernolafll 
Esta mesma razón que has dicho té condena, responm 



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LA CALATEA, LIBRO 111. 



gIicio,ptt«B<tá, Mireno, sabes de Sitveria, que no 
hari cea que mal le esté , en la que ha liecho no debe 
de haber enalo. Si no ha errado, respondió Mireno, ha 
acertado i quitarme todo el buen suceso que de mis 
boenos pensamientos esperaba : y solo en esto la culpo, 
qnemiaa me advirtió deste daño, antes temiéndome 
iñ, m finne juramento me aseguraba que eran ima- 
gindones luias, y que nunca á la snya había llegado 
pensar con Daranio casarse , ni se casaría , si conmigo 
H, cu ü ni con otro alguno, aunque aventurara en ello 
aiédiren perpetua desgracia con sus padres y parien- 
kcjdelwjo deste seguro y prometimiento faltar y rom- 
í ler la fe agora de la manera que has visto , ¿ qué razón 
lijfoe tal consienta, ó qué corazón que tal sufra? Aqui 
knóMiraw i renovar su llanto, y aquí de nuevo letu- 
ñna lástima los pastores. A este instante llegaron dos 
a^ adonde ellos estaban, que el uno era pariente de 
fbtao , y el otro criado de Daranio, que á llamar á Kli- 
m, Tirsi, Damon y blrastro venia , porque las fiestas de 
ndesposorío querían comenzarse. Pesábales & los pas- 
tRS de dejar solo i Mireno , pero aquel pastor su pa- 
iwte se ofreció á quedar con él ; y aun Mireno dijo á 
Dcio qne se quería ausentar de aquella tierra, por no 
wcada dia ilos ojos la causa de su desventura. Elicio 
le loó su determinación , y le encargó que doquiera que 
ttañese , le avisase de cómo le iba. Mireno se lo pro- 
Brtü; j sacando del seno un papel , le rogó que en ha- 
hgdo comodidad se le diese á Sil vería. Y con esto se 
kipidió de todos los pastores, no sin muestras de mucho 
Mor T tristeía : el cual no se hubo bien apartado de su 
|RKiKÍa, coando Elicio, deseoso de saber lo que en el 
ppel Tenia, viendo que pues estaba abierto, importaba 
pn leerle, le descogió, y convidando á los otros pastores 
iacscharle, vio que en él venían escritos estos versos. 

nURO i SILTCSU. 



[ Bfasur fie te ha entregado 
i<( cauto leñia , 
I, ipin le eoTia 
I Betos (M le ha quedado , 
o «timbre papel, 
diro Teils 



til fien U ao hallariis , 
fie qaeda ei él. 



KIMi 

IMar 

fm paco aeaio baee 
■k <ala cácala estrecha , 

■ le a« ae aproTectaa , 
liBilesilisnce : 

fimtt fie es mi iateneion 
line paraae ne d^as ; 
hlia tarde las qaqas 
(■i leaipraaa pasión. 
Seapa tai ya qae esenebaras 
'cania it mis enojos , 

■ állanna Bis ojos , 

■ lifrkaueaiipru: 
Mac» era llireao 
Ifaeendetitairado. 

i;, cdao le has trocada, 
j« kaeao , tiempo bneno ! 
Slinn asnel engafio, 
■fUiase m dissaslo , 
B US tale nn falso gosto , 
K ta aviario ; cierto dallo ; 
M lí , por qoiea se ordena 
llenitlenalaandaua, 
Bkedn con t( madama 
■fea dliíei, cierta la pena. 

THpalahns lisonjeras 
•iScrUalos oídos 
lia dado bienes Ingidos , 
t*aht qne son de vtras : 
nKcBes coa s« apariencia 
EMciaa al sanidad : 
¡•■ries con sa verdad 
■lUladd ai dolencia 



Por esto juigu y discierno 
Por cosa cieña y notoria , 
Que tiene el amor SD gloría 
A las puertas del inllerno : 

Y que un desden acarrea 

Y un olvido en un momento 
Desde la gloria ai tormento, 
Al que en amaf no se emplea. 

Con tanta presteza has hecho 
Este mndamiento extraño , 
Que estoy ya dentro del dafio 

Y no salgo del provecho : 
Porqne imagino qne ayer 
Era cuando me querías , 
Olio menos lo flngias , 
Qne es lo qne se ha de creer. 

Y el agradable sonido 
De tus palabras sabrosas 

Y razones amorosas 

Anu me sneoa en el oido : 
Estas memorias sñaves 
Al Un me dan mas tormento , 
Pues tus palabras el vienta 
Licvó, y las obrasquien sabes. 

i Eras tula que jurabas 
Que se acabasen tus dias , 
Si i Mireno no querías 
Sobre todo cnanto amabas ? 
Eras tú , Silvería , quien 
Hiló de mi tal caudal, 
Que siendo todo tu mal, 
He tenias porta bien ? 

¡Oh, qué títulos te diera 
De ingrata, como mereces. 
Si como tú me aborreces , 
También yo te aborreciera ! 
Has no puedo aprovecharme 
Del medio de aborrecerte , 
Qne estimo mas el quererte 
Qne Id has hecho el olvidarme. 



Triste gemido i mi canto 
Ha dado tu mano llera , 
Invierno i mi primavera , 

Y i mi risa amargo llanto : 
Mi gasajn ha vuelto en luto, 

Y de mis blandos amores 
Cambió en abrojos las flores , 

Y en veneno el dulce fruto. 

Y aun diris, y esto me daCa, 

?ne es el haberte casado , 
el baberme asi olvidado. 
Una honesta honrosa hazafla. 
Disculpa fuera admitida , 
Si no te fuera notario 
Que estaba en tu desposorio 
El Un de mi triste vida. 

Has en fln tu gusto fué 
Gusto, pero no fué justo , 
Pues con premio tan injusto 
Pagó mi Inviülable fe : 
La cual por ver que se ofrece 
De. mostrar la fe que alcanza , 
Ni la muda tu mudanza. 
Ni mi mal ia desfallece. 



3» 

Quien esloveidiiiealwdef > 
Cierto estoy qne no seasonbre. 
Viendo al Un que yo soy hombre, 

Y tú, Silvería, mujer, 
Adunde la lijereza 
Haré de cuntinn asiento, 

Y adonde en mi ei snfrimienlo 
Es otra naturaleza. 

■ Ya te contemplo casada , 

Y de serlo arrepentida , 
Porque ya es cosa sabida 

Que no'estarás firme en nada : 

Procura alegre Uevallo 

El yugo que echaste alcuello, 

?ue podras aborrecello, 
no podrás desecballo. 
Mas eres tan inbomana 

Y de tan mudable ser. 
Que lo que quisiste ayer , 
Has de aborrecer maliana : 

Y asi por extraña cosa 
Dirá aquel que de ti bable : 
Hermosa, pero mudable ; 
Nndable , pero hermosa. 



No parecieron mal los versos de Mireno á los pastores, 
sino la ocasión á que se habían hecho, considerando con 
cuánta presteza la mudanza de Silvería le había traído á 
punto de desamparar la amada patria y queridos amigos, 
tepierosocadaunoqueenelsucesode sus pretensiones lo 
mesmo le sucediese. Entrados pues en el aldea, y llega- 
dos adonde Uaranio y Silvería estaban , la fiesta se co- 
menzó tan alegre y regocijadamente, cuanto en las ribe- 
ras del Tajo en muchos tiempos sé había visto : que por 
ser Daranio uno de los mas ríeos pastores de toda aque- 
lla comarca, y Silvería de las hermosas pastoras de toda 
la ríbera , acudieron á sus bodas toda ó la mas pastoría 
de aquéllos contomos, y así se hizo una célebre junta de 
discretas pastores y hermosas pastoras ; y entre los que 
á los demás en muchas y diversas habilidades se aven- 
tajaron fueron el triste Orompo y el celoso Orfenio , el 
ausento Crísio y el desamado Marsilio, mancebos todos, 
y todos enamorados, aunque de diferentes (Msiones oprí- 
midos, porque al triste Orompo fatigaba la temprana 
muerte de su querida Listea, y al celoso Orfenio la insu- 
frible rabia de los celos , siendo enamorado de la her- 
mosa pastora Eandra; al ausente Crísio el verse apartado 
de Claraura, bella y discreta pastora á quien él por 
único bien suyo tenía ; y al desesperado Marsilio el des- 
amor que para con él en el pecho de Belisa se encerraba. 
Eran todos amigos y de una mesma aldea, y la pasión 
del uno el otro no la ignoraba ; antes en dolorosa com- 
petencia muchas veces se hablan juntado á encarecer 
cada cual la causa de su tormento, procurando cada uno 
mostrar como mejor podia, que su dolorácualquier otro 
se aventajaba, teniendo por suma gloría ser en la pena 
mejorado; y tenían todos tal ingenio, ó por mejor decir, 
tal dolor padecían, que como quiera que le significasen, 
mostraban ser el mayor que imaginarse podia : por estas 
disputas y competencias eran famosos y conocidos en 
todas las riberas de Tajo , y habían puesto deseo á Tirai 
y á Damon de conocerlos; y viéndolos allí juntos, unos á 
otros se hicieron corteses y agradables recibimientos, 
príncipalmenté todos con admiración miraban á los dos 
pastores Tirsi y Damon hasta alli dellos solamente por 
fama conocidos. A esta sazón salió el ríco pastor Daranio 
á la serrana vestido ; traía camisa alia , de cuello plega- 
do , almilla de frísa, sayo verde escotado, zaragüelles de 
delgado lienzo, antiparras a/ules, zapato redondo, cinto 
tachonado, y de la color del sayo una cuarteada cape- 
ruza . No menos sqMí) bien aderezada su esposa SilvwiAt 



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OBRAS DE CERVANTES. 



1 



porque Tenia con saya y cuerpos leonados , gnarnecidos 
de raso blanco, camisa de pechos, labrada de azul y ver- 
de, gorguera de hilo amarillo, sembrado de argentería, 
invención de Calatea y Florisa que la vistieron , garbin 
turquesado con Huecos de encarnada seda, alcorque do- 
rado , zapatillas j ustas , corales ricos , y sortija de oro , y 
sobre todo su belleza, que mas que todo la adornaba. 
Salió tras ella la sin par Calatea, como sol tras el aurora, 
y sn amiga Florisa, con otras muchas y hermosas pasto- 
ras que por honrar las bodas á ellas habían venido , en- 
tre las cuales también iba Teolinda con cuidado de hur- 
tar el rostro á los ojos de Damon y Tirsi por no ser dellos 
conocida : y luego las pastoras , siguiendo i los pastores 
que guiaban , al son de muchos pastoriles instrumentos 
hacia el templo se encaminaron : en el cual espacio le 
tuvieron Elicioy Erastro de cebar los ojos en el hermoso 
rostro de Calatea, deseando que durara aquel camino 
masque la larga peregrinación de Ulises ; y con el con- 
tento de verla iba tan fuera de sí Erastro , que hablando 
con Elicio, le dijo : ¿ Qué miras, pastor, si á Calatea no 
miras? Pero ¿cómo podrás mirar el sol desús cabellos, 
el cielo de su frente, las estrellas de sus ojos, la nieve de 
su rostro, la grana de sus mejillas, el color de sus labios, 
el marfil de sus dientes, el cristal de su cuello y el már- 
mol de su pecho? Todo eso he podido ver, ó Erastro, 
respondió Elicio , y ninguna cosa de cuantas has dicho 
es causa de mi tormento , sino es la aspereza de su con- 
dición, que si no fuera tal como tú sabes, todas las gra- 
ciasy bellezas que en Calatea conoces, fueran ocasión de 
mayor gloría nuestra. Bien dices, dijo Erastro; pero to- 
davía no me podrás negar, qne á no ser Calatea tan her- 
mosa, no fuera tan deseada ; y á no ser tan deseada , no 
fuera tanta nuestra pena, pues toda ella nace del deseo. 
No te puedo yo negar , Erastro , respondió Elicio , que 
todo cualquier dolor y pesadumbre no nazca de la priva- 
ción y falta de aquello que deseamos; mas juntamente 
te quiero decir que ha perdido conmigo mucho la cali- 
dad de amor con que yo pensé que á Calatea querías; 
porque si solamente la quieres por ser hermosa, muy 
poco tiene que agradecerte, pues no habrá ningún hom- 
bre, por rústico q ue sea , que la mire , que no la desee, 
porque la belleza donde quiera que está trae consigo el 
hacer desear : asi que á este simple deseo , por ser tan 
natural, ningún premio se le debe, porque si se le de- 
biera, con solo desear el cielo, le tuviéramos merecido; 
mas ya ves, Erastro, ser esto tan al revés, como nuestra 
verdadera ley nos lo tiene mostrado ; y puesto caso que 
hermosura y belleza sea una príncipal parte para atraer- 
nos á desearla y á procurar gozaría, el que fuere verda- 
dero enamorado no ha de tener tal gozo por último bien 
suyo ; sino que aunque la belleza le acarree este deseo, 
la ha de querer solamente por ser bueno , sin que otro 
algún interese le mueva ; y este se puede llamar aun en 
las cosas de acá perfeto y verdadero amor, y es digno de 
ser agradecido y premiado, como vemos que premia 
conocida y aventajadamente el Hacedor de todas las co- 
sas aquellos que sin moverles otro interese alguno de 
temor, de pena ó de esperanza de gloría, le quieren, le 
aman y le sirven solamente por ser bueno y digno de ser 
amado ; y esta es la última y mayor perfecion que en el 
amor divino se encierra, y en el humano también, cuan- 
do no se quiere mas de por ser bueno lo que se ama, 
sin haber error de entendimiento , porque muchas ve- 



ces lo malo nos parece bueno, y lo bueno malo, y 
amamos lo uno , y aborrecemos lo otro, y este tal 
no merece premio, sino castigo. Quiero inferir de loi 
lo que he dicho , ó Erastro , que si tú quieres y amas 
hermosura de Calatea , con intención de gozaría , f i 
esto para el On de tu deseo sin pasar adelante á quer 
su virtud, su acrecentamiento de fama, su salud, < 
vida y bienes, entiende que no amas como debes, | 
debes ser remunerado como quieres. Quisiera EruQ 
replicar á Elicio , y darte á entender como no entei 
dia bien del amor con que á Calatea amaba; pero eüo 
bolo el son de la zampona del desamorado Lenio, el ci 
quiso también hallarse á las bodas de Daranio, y reg 
cijar la fiesta con su canto ; y asi puesto delante de I 
desposados , en tanto que al templo llegaban, al son d 
rabel de Eugenio estos versos fué cantando. 



Desconocido , Ingrato Amor, qne asombns 
K Teces los gallardas cantones , 
T con Tinas flgnns, Tan» sombras. 
Pones al alma libre mil prisiones : 
Si de ser dios te precias , j te nombras 
Con t*D snbldo nombre, no perdones 
Al qne rendida al lazo de himeneo 
Rindiere i noevo findo sn deseo. 

En r^nsenrar la le;pnra ; sincera 
Del santo matrimonio pon tu fneita. 
Descoge en este campo to bandera, 
Hai i tu condición en esto faeru : 
¡Qué bella Oor, qné dniee fruto espera 
Pnt pequcfio trabajo el que se csfnena 
A llevar este yogo como debe , 
Qne aunque parece carga , es carga leTc! 

Tú puedes, ti te olvidas de tus beclios 
T de tu condición tan desabrida , 
Hacer alegres tilamos ; lechos 
Do (1 jngo conjugal i dos anida : 
Enciérrate en sus almas y en sus pechos 
Hasta qne acabe el curso de su vida , 

Y Tairan i goiar, como se espera. 
De la agradable eterna primavera. 

Deja las pastoriles cabaDnelas, 

Y al libre pasturcillo hacer sn oOeio, 
Vuela mas alto ;a, pues tanto Tnelas, 

Y aspira i mejor grado j ejercicio : 
En vano te fatigas y desvelas 
En hacer de las almas saerilleio. 
Si no las rindes con mejor Intento 
AI dulce de himeneo ayuntamiento. 

Aquí puedes mostrar la poderosa 
Mano de tu poder maravilloso , 'I 

Haciendo qie la noeva tierna esposa 
Qaiera , j que sea querida de so esposo , 
Sin qne aquella infernal rabia celosa 
Les turbe so contento j su reposa, 
Ni el desden sacudido y tahareHo 
Les prive del sabroso y dulce suelo. 

Mas si, pérOdo Amor, nunca- escuchadas 
Fueron de ti plegarías de tu amigo, 
Bien serin estas mias desechadas, 

?ne te>say y seré siempre enemigo : 
u condición, tns obras mal miradas , 
Deqniea es todo el mondo baen testigo. 
Hacen qoe yo no espere de tu mano 
Contento alegre, ventaroso j sano. 

Ya se maravillaban los que al desamorado Lenio es- 
cuchando iban , de ver con cuanta mansedumbre las co 
sas de amw trataba, llamándole dios y de mano pode- 
rosa; cosa que jamas le habían oído decir : mas habiendi 
oído los versos con que acabó su canto, no pudieron de 
jar de reírse, p9rque ya les pareció que se iba colerízan 
do, y que si adelante en su canto pasara, él pusiera a 
amor como otr»s veces solía; pero faltóle el tiempo 
porque se acabó el camino. Y así llegados al templo; 
hechas en él por los sacerdotes las acostumbradas cere- 
monias , Daranio y Sílveria quedaron en perpetuo y es- 
trecho ñudo ligados, no sin envidia de muchos qne lo 



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tA CALATEA, 

' ninbas , m an dolor de algonoa que la hennoRura de 
Silvem coüeiaban ; pero á todo dolor Mbrepujara el 
qnesialiBielsin ventura Mireno, si á este espectáculo 
w bilbRpresente. Vaeltos pues los desposados del tem- 
plo canki misma compañía que habían llevado , llega- 
mi h plaza de la aldea, donde bailaron las mesas 
faamTidonde quiso Daranio hacer públicamente de- 
■Hliuion de sus riquezas , haciendo á todo el pueblo 
■gHKTOSo j suntuoso convite. Estaba la plaza tan en- 
rníái, que una hermosa verde floresta parecía, entre- 
kpths bs ramas por cima de tal modo , que los agudos 
upa del sol en todo aquel circuito no hallaban entrada 
pncalealarel fresco suelo , qne cubierto con muchas 
ispadañas j con mucha diversidad de flores se mostra- 
'> k. Ain pues con general contento de todos se solemnizó 
elgeoeroso banquete al smi de muchos pastoriles ins- 
trumenlos, sin que diesen menos gusto que el que sue- 
■ leo dar las acordadas músicas que en los reales palacios 
ie acostumbran ; pero lo que mas autorizó la liesta , fué 
Tcrque en alzándose las mesas , en el mesmo lugar con 
iBiiciía presteza hicieron un tablado , para efeto de que 
ios aiatro discretos y lastimados pastores Orompo, Har- 
iilio, Crisio y Orfenio, que por honrar las bodas de su 
uuigo Daranio, y por satisfacer el deseo que Tirsi y Da- 
i Boo tenían de escucharles , querían alli en público re- 
citar Doa égloga , que ellos mesmos de la ocasión de sus 
mesmt» dolores habían compuesto. Acomodados pues 
astts asientos todos los pastores y pastoras que allí es- 
'bhan , después que la zampona de Erastro , y la lira de 
Lesio y los otros instrumentos hicieron prestar á los 
preentes un sosegado y maravilloso silencio, el primero 
fw se mostró en el humilde teatro, fué el triste Orom- 
ficoD on pellico negro vestido , y un cayado de ama- 
inflo boj en la mano , el remate del cual era una fea fi- 
g»n de la muerte : venia con hojas de funesto ciprés 
emnado, insinías todas de la tristeza que en él reinaba 
yorla inmatura muerte de su querida Listea; y después 
4«econ triste semblante los llorosos ojos á una y á otra 
firte hubo tendido , con muestras de infinito dolor y 
marera rompió el silencio con semejantes razones, 
oiioapo. 
Silid de lo koil* del pecho eaitado , 
Pilibras snnloDt» can aserie aeicladu , 
T il los »(|Mros os Unen aladas , 
AMd T roióped el siniestro costado : 
El aira os iaapide, ^m estl .ra infamado 
Del lero TCieno de neatros acentos , 
Salid, j siqniera os Ueren los Tientos, 
Qaetodo mi bien lamUen me han Uendo. 

Poco perderéis en teros perdidas, 
Pses Ts os ba faltado ei alto sajelo , 
Por qnieo ea estilo gnie y perléto 
Uabiabades cosas de pnnlo sobidas : 
Soladas nn tiempo j bien conocidas 
Fiisiels por dnices , alrgres, sabrosas. 
Agora por tristes, amargas, llorosas. 
Seréis de la tierra j del cielo tenidas. 

Pero aonqne salgáis, palabras, temblando, 
; Coa cnilés podréis decir lo qne siento. 
Si es incapax mi Sera torroento 
Detrae cual es al vivo pintando? 
■as ; ST, qae me falta ei cima j el ciindo 
De Eigñilicar mi pena y mi meDgna ! 
AqaeUo qne íaUa y no paede la lengua , 
Saplan mis ojos costino llorando. 

¡¡Ob moerte , qse ataias y seortas ei hilo 
De mil pretensioMS gustosas hnmaias , 
Tea in toItct de mo6 las sierras allanas, 
T baces igiales i Uenires y ai Hilo ! 
i Por qné M lenplaste , traidora, ei esUIo 
Tajo crnel ? Por qué i mi despecho 
Probaste en el blanco y mas lindo pecho , 
De ta tero alMe 1* "■na T él <U«^ 



LIBRO m. 



41 



; Ea qné te ofendiaii, 6 falsa, loSaBos 
Tan liemos j verdes de aquella cordera ! 
i Porfié te mostraste con ella tan Hera? 
Por osé ei el sayo creciste mis dsBos? 
lOh Di enemiga y amiga de engafios ! 
De mi , qne te bisco, te escondes y aosentas , 

Y quieres y trabas ratones j cuentas 
Con ei que mas teme tas males tamaSos. 

En aüos maduros in ley tan injusta 
Pudiera mostrar safuena crecida, 

Y no descargar 11 dura herida 

En quien delvivir hi poco que gnsta : 
Mas esa tu hoi que lodo lo ajusta. 
Ni mando ni ruego jamas la doblega , 
Asi con rigor la ñor tierna siega 
Como la caSa iludosa y robnsta. 

Cuando i Lislca del suelo quitaste, 
Tn ser, tn valor, tn fuena, lu brio , 
Tu ira , tu mando y tu seaorio 
Con solo aquel trinnro al mundo mostraste. 
Llevando i Listea , también te llevaste 
La gracia, ei donaire, belleza y cordura 
Mayor de la tierra, y en su sepultura 
Este bien todo con ella encerraste. 

Sin ella en Uniebla perpetua ba qnedado 
Mi vida penosa , que tanto se alarga , 
Qne es insufrible i mis hombros su carga , 
Qne es muerte la vida del que es desdichado ; 
Ni espero en lortana , ni espero en el hado , 
Ni espero en el tiempo, ni espero en el cielo. 
Ni tengo de quién espere consuelo , 
Ni es bien que se espere en mal tan sobrado. 

¡ Oh, vos que sentís qué cosa es dolores ! 
Venid y lomad consuelo en los mios , 
Que en viendo su ahinco, sus fuerzas, sus bnos , 
Veréis que los vuestros son mucho menores : 
iDó esttis agora, gallardos pastores? 
ÍCrisio, Marsilio y Orfenio, qué hacéis? 
i Por qué no venís ? i por qne no tenéis. 
Por mas que los vuestros , mis daí os mayores T 

Mas i quién es aquel que asoma y que quiebra 
Por la encrucijada de aqneste sendero? 
Marsilio es sin dnda, de amor prisioaerp, 
Belisa es la causa i quien siempre celebra; 
A este le roe la fiera culebra 
Del crudo desden el pecho y el alma , 

Y pasa su vida en tormenta sin calma , 

Y aun no es cual la mia su suerte tai negra. 

Ei piensa que el arma, qne el alma leaqncja. 
Es mas que el dolor de mi desventura. 
Aquí seri bien que entre esta espesura 
Me esconda por ver si acaso se queja. 
Mas i ay ! que i la pena que nunca me ««la. 
Pensar igualarla es gran deaaUno , 
Pues abre la senda y cierra el camino 
Al mal qaa se acerca , y al biea qa«se M«|a. 

■IRSUIO. 

Pasos que al de la muerte 
He lleváis paso i paso, 
Forzosa he de acusar vuestra pereza. 
Seguid tan dulce suerte , 
Que en este amargo paso 
EsU mi bien, y en vuestra UJereía. 
Mirad qne la dureza 
De la enemiga mia 
En el airado pecho 
Contrario i mi provecho. 
En su enteren estí cual ser sol» : 
Holgamos, si es posible, 
Oeíaspero rigor suyo terrible. 

; A qué apartado clima , 
A qué región incierta 
Iré i vivir, qne pueda asegurarme 
Del mal qne me lastima , 
Del ansia triste y cierU , 

Sue no se ha de acabar hasu acabarme? 
I estar quedo, d mudarme 
A la arenosa Libia, 
O al lugar donde babiU 
El Itero y blanco scita. 
Un solo punto mi dolor aliña ; 
Que no esU mi contento 
En hacer de lugares mudamiento. 

Aquí y allí me alcanza 
El desden riguroso 
De la sin par cruel pastora mia. 
Sin qne amor ni esperanza 
Un término dichoso 
Me pueda prometer en tal porfía 
Belisa , luz del dia , 
Gloria de la edad nuestra , 



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4S 



OBRAS DE CERVANTES. 



Si Talen n eontiio 

Riego» ae an Irme imira, 

Templa el rigor airado de ta diestra , 

Y el fuego drste miu 

Pncda en ta pecho desliacer el frió. 

Mas sorda i mi lamento , 
Mas implaetble jr llera 
Die i la «01 del cansado marinero 
El rigaroso viento, 
Que el mar turba y altera , 

Y amenaza i la vida ei lin postrero : 
Mirmol, diamante, acero, 
Alpestre y dura roca,- 

Robusta antigua encina, 

Roble qne nunca inclina 

La altiva rama al rieno que le toca, 

Todo es blando y suave 

Comparado al rigor que en tu alma cabe. 

Mi duro amargo bada, 
Mi inexorable estrella , 
MI TOlonlad que lodo lo consiente , 
Me tienen condenado , 
Belisa ingrata y bella , 
A que te sirva y ame eternamente : 
Aunqoe tu bermosa Trente 
Oon riguroso cello, 

Y tus serenos ojos 

Me anuncien mil enojos, 

Seria desta alma conocido dueüo. 

En tanto qne en el suelo 

La cubriere mortal corpdreo velo. 

¿Hay bien que se le iguale 
Al mal que meatormcnUT 
lY hay mal en todo el mundo tan esqnivo? 
Bl uno y otro sale 
De toda humana eaenta , 

Y aun yo sin ella en viva mnerte vivo : 
En el desden avivo 

Mife,? alliseencleBd« 
Coa el helado frió : 
Mirad qgí desvario, 

Y el dolor desusado qie ne ofeade, 

Y al podii igualarse 

Al mal qne mas quisiere aventajarse. 

(Ibs qniéa es el qne maeve 
Las ramas iniricadas 
Deste acopado mirto y verde asienlot 

Or. Va ]>aslor que se atreve. 
Coa raioaes randadas 
Kn la para verdad de su tomento, 
Noatiar qae el senllBiento 
De sa dolor crecido 
Al tayo se avent^ia , 
Por asas qne tñ lo estimes, 
Levantea y aibllmes. 

Mart. Venddo qaedaris en tal baraja, 
Orompo, del amigo, 

Y til mesmo setis dello testigo. 
Si de las ansias alas, 

Si de mi aal Insano, < 

La mas mínima parte conocieras , 

Ceuran tas porfías, 

Orompo, viendo llano, 

Qae ti penas de baria , y yo de viras. 

Or. Hia, Marsllio, quimeras 
De ta dolor extrato, 

Y al mío menoscaba. 

Ene la vida me acaba : 
ue yo espero sacarte deste engaño, 
Mostrando al descnbierto 
Que el tuyo es sombra de mi mal , qne es cierto: 
Pero la vos sonora 
De Crlsio oigo que snena, 
I'astor qne en la opinión se te parece : 
Esencbemosle ahora , 
Que su cansada pena 
No menos qne la taya le engrandece. 

Man. Hoy el tiempo me ofrece 
Lagar y coyuntura , 
Donde pueda mostraros 
A entrambos , y enteraros 
De qae sola la mía es desventan. 

Or. Atiende ahora, Marsllio, 
La voi de Cristo y lamenuble estilo. 

caisio. 



! Ay dm» , ay importaaa , ay triste anseneU ! 
iCnin fuera deblA estar de conocerte 
El qne Igualó tu faena y violencia 
Al poder invencible de la muerte ! 
Qae cuando con mayor rigor sentencia , 
¿Qué puede mas sn limitada suerte 
Oae deshacer el lado y recia Un, 



Qae i eaerpo j alna estredameate Hgaf 

Tu duro alfanje i mayor mal se extiende. 
Pues un espirtn en dos mitades parle. 
¡Oh milagros de amor que nadie entiende, 
NI se alcania por ciencia ni por arte, 
Que deje su mitad con quien la entiende- 
AlU mi alma , y traiga aci la parte 
Mas frigil , con la cnal mas mal me siente, 
Qne estar mil veces de la vida ausente ! 

Ausente estoy de aquellos ojos bellos 
Qae serenaban la tormenta mía , 
Ojos, vida de aqnel que pudo vellos. 
Si de aili no pasó la fantasía ; 

gne verios y pensar demerecellos 
s loco atrevimiento y demasía : 
Yo los vi, desdichado, v no los veo , 

Y mátame de verlos el deseo. 
Deseo , y con raion , ver dividida 

(Por acortar el término i mi dabo ) 
Esta antigua amistad , que tiene unida 
Mi alma al cuerpo con amor tamaflo, 

8ue siendo de las carnes despedida 
oa lljereía presta y vuelo eitralio 
Podrí tomar á ver aquellos ojos, 
Qne son descanso y gloria i sus enojos. 

Enojos son la paga y recompensa 
Que amor concede al amador ausente. 
En quien se cifra el mayor mal y ofensa , 
Que en ios males de amor se encierra y siente : 
Ni poner discreción i la defensa , 
Ni un querer Arme, levantado, ardiente, 
Aprovecha i templar deste tormento 
La dura pena y el furor violento. 

Violento es el rigor desta dolencia , 
Pero junto con esto es tan durable, 
Qne se acaba primero la paciencia 

Y aun de la vida el curso miserable : 
Mnerte , desvíos, celos, inclemencia. 
De airado pecho condición mudable. 
No atormentan asi ,, ni daban tanto 

Cobo este mal , que el nombre pone espanto. 

Espanto fuera , si dolor tan llero 
Dolores tan mortales no causara , 
Pero todos son flacos, pues no moero 
Ausente de mi vida dulce y cara ; 
Mas cese aqnl mi canto lastimero. 
Que i compalia tan discreta y rara 
Como es la que allí veo, serl justo 
Que muestre al veria mas sabroso gusto. 

Or. Gusto nos da, bnen Cristo, tu presencia , 

Y mas viniendo i tiempo oue podrimos 
Acabar nuestra antlgna diferencia. 

Crit. Orompo, si es tn gusto, comenoemos, 
Pnes que jñei de la contienda nuestra 
Tan recto aquí, en Marsllio le tendremos. 

JTora. Indicio dais y conocida muestra 
Del error en qae os trae tan embebidos 
Esa vana opinión notoria vuestra ; 

Pues queréis que i los míos preferidos 
Vuestros dolores tan peqnelos sean , 
Harto llorados, mis qne conocidos. 

Mas porque el suelo y cielo juntos vean 
Cninto vuestro dolor es minos grave 
Que las ansias qne el alma me rodean , 

La mas peqnela qae en mi pecho cabe, 
Pienso mostrar en vuestra competencia 
Asi como mi ingenio torpe sabe. 

Y dejaré i vosotras la sentencia , 

Y el Joz^r si mi mal es muy mas fuerte 
Qae el nguroso de la larga ausencia : 

O el amargo espantoso de la muerte. 
De quien entrambos os quejáis sin ttento. 
Llamando dura y curta i vuestra suene. 

Or. Deso yo soy, Marsilio, muy contento. 
Pues la raían que tengo de mi parte 
El triunfo le asegura i mi tormento. 

Cria. Aunque de exagerar me falta el arte. 
Veréis casado yo os muestre mi tristeía , 
Cómo quedan las vuestras i ana parle. 

Jfora. ¿Quéausencia llega i la Inmortal dureza 
De mi pastora, qne es con ser tan dura , 
Seflora universal de la belleza? 

Or. ) Oh , 1 qué baen tiempo llega y eoyontnr* 
Orfenlo ! i Veisle asomado? Estad atentos, 
Oiréisle ponderar sa desventara. 

Celos en la ocasión de sus lormentoa, 
Celos , euebillo y ciertos turbadores 
De las paces de amor y los contentos. 

Crif . Escachad , que ya canta ans dolores, 



¡Oh sombra escara, qne contino sigaes 
A mi coBfnsa triste fantasía , 



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LA CALATEA, LIBIIO lU. 



bMosa Uaiebla , tieapre Mt , 

Qv 1 mi contento T i mi Ini penlfttes ! 
:Ciisdo serl qne to rigor mitlgnes, 

IJBino erad j rigorosa arpia? 

;Oié nnas en turbarme el alegría? 

OJiwt bien en qnitirmela consignes? 
las si la condición de que te arreas 

Se extieade i pretender quitar la vida 

Al Jie te di4 la tUTa y te na engendrailo, 

Ko me debe admirar nne de mi seas 
T de todo mi bien Sero homicida , 
Sin) de Terme tIto en tal estado. 

Or. Si el pndo deleitoso, 
Orfeiio, te es alegre cual solia 
Ea tiempo mas dichoso, 
Tei.pasariseldla 
Ea laestra lastimada compañía. 

Coa los tristes el triste 
Bien res qie se acomoda Hcilmcnte 
Ven.qaeaqai se resiste 
Par desta ciara fkente 
Del lerantado sol el rajo ardiente : 

Ten.yelnsado estilo 
Leranta , j como sueles te dellende 
De Crisio j de Harsilio, 

8 se cada cial pretende 
asilar qne solo es mal el fae le ofende. 
T« solo en este caso 

Contrario babré de ser i ti } i ellos, 

Pies los malea qne paso 

Bien podré encarécenos , 

■as no mostrar la mayor parte dellos. 

Orf. No ai gnsto le es sabrosa 
Asi i la corderoela desbambrida 
La yeika.Dl gastosa 
SalBd resatnidí 
A aqnel qne ya la tnro por perdida , 

Como es 1 mi sabroso 
Mostrar en la contienda qne se ofrece, 
Qne el dolor rigiroso 
Qne el coraion padece , 
Sobre el mayor del siei» te «agraadece. 

Calle sa mal sobrado 
Orampo, encobra Crisio sa dolencia 
Manilio esU callado : 
Maerte, desden ni ansencia. 
No tengan con los celos competencia. 

Pera si el cielo qnlera 
Qae boy salga al campo la contienda nnestn . 
t^mienee elqoe qiislere, 
Y di i los otros maestra 
Se sn dolor con torpe lengna 6 diestra. 

Qne no esti en la elecaneia , 
T iHido de decir el fnndamento 
Tpilneipal sustancia 
Del verdadero cuento, ' 
Qne ea la pora verdad tiene sn asiento. 

Cria. Siento, pastar, qne tu arrogancia mocha 
El esta lacha de pasiones nuestras 
Dail mil maestras de ta desvario. 

Orf. Templa ese brío, é muéstralo i so tiempo, 
Ote rs pasatiempo, Crisio, tu congoja ; - 
Qne alma qae afloja con volver el paso , 
Ko hay qar bacer caso de su sentimiento. 

Cris. Es mi tormesto tan exlraBo v llero, 
Qae presto espero qne tú mesmo dips, 
Qne a mis fatigas no se iguala alguna. 
. M*n. Desde la enna soy yo desdichado. 

Or. Aun engendrado pienso que no estaba. 
Cundo sobraba en mi la desventura. 

Orf. Ea mi se apura la mayor desdicha. 

Cria. Ta nal es dicha , comparado al mió. 

Jíart. Opuesto al brío de mí mal extn&o, 
Es gloria el dafio que i vosotros daDa. 

w. Esta marala jnedari muy clan , 
Caaad» i la clan mi dolor descubra : 
Klagaao eacnbn agora su tormento , 
Qae yo del mió doy principio al cuento. 



lis speraazas , qae ruéron 
Smbndas en parte buena , 
Nke (rato proitetieroB , 
T coaado darle qaisieron , 
CiDfiítidle el délo en pena : 
n sa lar ■anvillosa 
b Bfl Biestras deseosa 
le diiae laa rica suerte , 
T a aqiel paalo la maerte 
CMUaeta de eaTidioaa. 

Ttqiedé caal labrador, 
(m del trabajo contino 
aim espaciosa labor 
hrio amargo de dolor 
Uoocedesadestiao: 



T aun le quita la espérenla 
De otra buena nueva andansa, 
Porone cabrio üon la tierra 
El cielo donde se encierra 
De su bien la conllanta. 

Pues si i término be llegado 
Qne de tener gasto d gloria 
Vivo ya desesperado, 
De qne yo soy mas penado. 
Es cosa cierta y notoria : 
Que la esperanza asegura 
En la mayor desventura 
Un dichoso fln qne viene ; 
Mas i ay de aquel que la tiene 
Cerrada en la sepultara ! 



To, qne el hnmor de mis ojos 
Siempre derramado ha sido 
Ea lagar donde han nacido 
Cien mil espinas y abrojos, 

?ae el corazón me ban hendo : 
o si soy el desdichado. 
Pues con nunca baher mustrado 
Un momento el rostro enjuto, 
NI hoja , ni flor, ni Trato 
He del trabajo sacado. 

8ue si alguna muestra viera 
e algnn pequefio provecho , 
Sose^rase mi pecho, 
Y aunque nunca se cumpliera. 
Quedara al fln satisfecho : 



To, que teniendo en taxoa 
El fruto que se debia 
A mi continua pasión , 
Una sdbita ocasioa 
De gourla me desvia ; 
Muy bien podré ser llamado 
Sobre todos desdichado, 
Pues que vendré i padecer. 
Pues no puedo perecer 
Adonde el alma he dejado. 
Del bien que lleva la maerte. 
El no poder recobrallo , 
En alivio se convierte , 
Y en coraion diro y fuerte 
El tiempo suele ablandallo : 



El frato que fué sembrado 
Por mi trabajo contino, 
A dolce saioa llegado 
Pai con próspero destino 
En mi poder entregado : 

Y apenas pude llegar 
A términos tan sin par, 
Cuando vine i conocer 

La ocasión de aqnel placer 

Ser para mi de pesar. 

Ye tengo el frato en la mano, 

Y el tenerle me fatiga , 
Porque en mi nal inhumano 
A la mas granada espiga 
La roe an lero gusano : 



43 



Porque viera qae valia 

Mi enamorada porfía 

Con quien es tan desabrida , 

Que a mi hielo esll encendida, 

Y i mi fuego helada y fría. 
Pues si ea el trabajo vano 
De mi llanto y sospirar, 

Y del no pienso cesar, 
1 A mi dolor inhumano 
Cuil se le podri igualar? 
Lo que tu dolor concierta 
Es, qne esll la causa muerta, 
Orompo, de tu tristcta , 

La mía en mas enteréis 
Cuando mas me desconcierta. 



Mas en ansencia se siente 
Con un extraflo accidente , 
Sin sombra de ningún bien. 
Celos, muertes y desden ; 
Que esto y mas teme el sustente. 
Cuando tarda el cumplimiento 
De la cercana esperania , 
Aflige mas el tormento, 
Y allí llega el sufrimiento 
Adonde ella nanea alcania : 
En las ansias desiguales 
El remedio do los males 
Es el no esperar remedio ; 
Has carecen deste medio 
Las de ausencia mas aorlalrs. 



AlMrreico lo qae quiero, 

Y por lo que vivo muero, 

Y yo me fabrico y pinto 
Iln revuelto laberinto , 
De do salir nunca espero. 
Busco la muerte en mi dallo. 
Que ella es vida i mi dolencia 
Con la verdad mas me engafio, 

Y en ausencia y en presencia 
Va creciendo un mal timafio. 
No hay esperania que acierte. 
A remediar mal tan fuerte, 

NI por estar ni alejarme 
Es imposible apartarme 
Desta triste viva muerte. 



OkOIPO. 

iNo es error conocido 
Decir que el dafio qae la muerte hace 
Por ser tan exteadido, 
En parte satisface, 
Paes la esperanu qaita 
Qae el dolor administra y solieita? 

SI de la gloria muerta 
No se quedan vira la memoria 

gue el gusto desconcierta , 
a cosa ya notoria 
?ue el no esperar tenella 
empla el dolor en parle de perdella. 
Pero si estl presente la memoria , 
La memoria del bien ya fenecido 
Has viva y mas ardiente 
Qne casado poseído, 
iQulén duda que esta pena 
No esti mas que otras de miserias llena T 

lURtlUO. 

Si i na pobre caminante 
Le sucediese por eitniia vía 
Huírsele delaate 
Al fenecer el dia 
El albergue espendo, 

Y con vana presteza proeando, 
Quedaria sin duda 

Confuso del temor qae alii le ofrece 
La escara noche y mada , 

Y mas si no amanece; 
Que el cielo i sn ventara 

No concede la luí serena y pan. 

Yo soy el que camino 
Para llegar i albergue ventaroto, 

Y cuando mas vecino 
Pienso estar del repaso. 
Cual fugitiva sombra 

El bien me huye , y el dolor me asooibn. 



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44 



OBRAS DE CERVANTES. 



Cual ranilo j hondo rio 
Suele impedir al caminante el pato, 

Y al viento, nieve y frío 
Le llene en campo raso, 

Y el albergue delante 

Se le nuestra de alli poco distante ; 

Tal mí contento impide 
Esta penosa jr tan prolUa aiueoeia , 
Que nunca se comide 
A aliviar su dolencia, 

Y casi ante mis ojps 

Veo qnien remediara mis enojos. 

Y el ver de mis dolores 
Tan cerca la salnd, tanto me aprieta 
Que los hace mayores, 
l'ues por cansa secreta. 
Cnanto el bien es cercano. 
Tanto mas lejos huye de mi mano. 



Mostrdseme i la vista 
Un rico albergue de mil bienes lleno, 
Triunré de su conquista , 

Y ciando mas sereno 

Se me mostraba el ha¿o . 

Vilo en escnridad negra cambiada. 

Alli donde consiste 
Kl bien de los amantes bien qneridos. 
Alli mi mal asiste, 
Alli se ven nnidpt 
Los males y desdenes, 
Donde suelen estar todos los bienes. 

Dentro desta morada 
Estoy, de do salir nnnca procnro. 
Par mi dolor fundada 
De tan extraSo muro. 
Que pienso que le abaten 
Cuantos le quieren , miran y combaten. 

onoHPO. — CRisio.— H«nsiuo. 

Or. Antes el sol acabari el camino. 
Que es propio suyo, dando vuelta al cielo 
Después de haber tocado en cada sino. 

Que la parte menor de nuestro duelo 
Podamos declarar como se siente , 
Por mas que el bien hablar levante el vuelo. 

Tú dices, Crisio, que el que vive ausente. 
Muere: yo, que estoy muerto, pues mi vida 
A muerte la entregd el hado inclemente. 

Ytd, Marsillo, aflrmas que perdida 
Tienes de gusto y bien toda esperanza. 
Pues un Oero desden es tu homicida. 

Tú repites , Orfenio, que la lanza 
Aguda de los celos te traspasa , 
No solo el pecho, que hasta el alma alcania. 

Y como el uno lo que el otro pasa 
Mo siente , sn dolor solo exagera , 

Y piensa i|ne al rigor del otro pasa. 

Y por nuestra contienda lastimera 
De tristes argumentos esU llena 
Del caudaloso Tajo la ribera. 

M por esto desmengua nuestra pena , 
Antea por el tratar la llaga tanto 
A mayor sentimiento nos condena. 

Cuanto puede decir la lengua, y cuanto 
Pueden pensar los tristes pensamientos 
Es ocasión de renovar el llanto. 

Cesen pues los agudos argumentos, 

8ue en Bn no hay mal que no latigne y pene, 
i bien que dé seguros los contentos. 
Harto mal tiene quien sn vida tiene 
Cerrada en una estrecha sepultura , 

Y en soledad amarga se mantiene. 

¡ Desdichado del triste sin Tentnra 
One padece de celos la dolencia , 
Lon qnien no valen fuerzas ni cordura : 

Y aquel que en el rigor de larga ausencia 
Pasa los tristes miserables días. 
Llegado al flaco arrimo de patiencia : 

Y no menos aquel que cu sus porfías 
Siente, cuando mas anlc, cu sn pastora 
lEntraílas duras c.inlenriones frias! 

Crii. llágase lo que pide Orompa agora , 
¡Pues ya de recoger nneslro ganado 
Se va llegando i mas andar la hora ! 

Y en tanto que al albergue acostumbrado 
Llegamos, y que el sol claróse aleja, 
Escondiendo su faz del verde prado. 

Con voz amarga y lamentable queja , 
Al son de los acordes instrumentos 
Cantemos él dolor que nos aqueja. 

Man. Comtenu pncs. 6 Cristo, y tus acentos 



Lleguen i los oídos de Claraura 
Llevados mansamente de los vientos, 
Como i quien todo sn dolor restaura. 



Al que snseneia viene i dar 
Su cilii triste i beber. 
No tiene mal que temer. 
Ni ningún bien que esperar. 
En esta amarga dolencia 
No hay mal qne no esté cifrado. 
Temor de ser olvidado , 
Celos de ajena presencia : 
Quien la viniere i probar. 
Luego vendri i conocer 

8ue no hay mal de qne temer, 
i menos bien que esperar. 

onoiiro. 

Ved si es mal el qne me aqueja 
Mas qne muerte conocida , 
Pues forma quejas la vida 
De que la muerte la deja. 
Cuando la muerte llevd 
Toda ni gloria y contento. 
Por darme mayor tormento 
Con la vida me dejó : 
El mal viene , el bien se aleja 
Con tan lijera corrida 
Que forma quejas la vida 
Se que la muerte la deja. 



En mi terrible pesar 
Ya faltan por mas enojos 
Las Ugrimas-i los ojos, 

Y el aliento al sospirar. 
La ingratitud y desden 
Me tienen ya de tal suerte. 
Que espero y llamo i la manís 
Por mas vida y por mas bien : 
Poco se podril tardar. 

Pues faltan en mis enojos 
Las ligrimas i los ojos, 

Y el aliento al sospirar. 



Celos , ü fe , si pndiera , 
Qne vo hiciera por mejor 
Que fueran celos amor, 

Y que el amor celos fuera. 
Deste tmeeo granjeara 
Tanto bien y tanu (toiia , 

gn« la palma y la Vitoria 
e enamorado llevara : 

Y aun fueran de tal manen 
Los celos en mi fiTur, 
Qne i ser los celos amor. 
El amor yo solo fuera. 



Con estaúltima canción del celoso Orfenio dieron Gg 
á su égloga los discretos pastores, dejando satisfecboi 
de su discreción á todos los que escuchado los habían: 
especialmente á Damon y á Tirsi, qne gran contento «k' 
oírlos recibieron, pareciéndoles que de mas de pastoril 
ingenio parecían las razones y argumentos que ptit; 
salir con su propositólos cuatñ) pastores babian pnh 
puesto. Pero habiéndose movido contienda entre m^. 
chos de los circunstantes sobro cuál de los cuatro babÍK 
alegado mejor de su derecbo, en fin se vino á confoiH 
mar el parecer de todos con el que dio el discreto Damo^ 
diciéndoles : Que él para sí tenia que entre todos losdi»^ 
gustos y sinsabores que el amor trae consigo, ninguÉ 
fatiga tanto al enamorado pecbo , como la incurable peK 
tilencía de los celos, y que no se podían igualar A ellal 
pérdida de Orompo, ausencia de Crisio, ni la de 
fianza de Marsilío : La causa es, dijo, que no cabe en t 
natural que las cosas que están imposibilitadas de ate 
zarse, puedan por largo tiempo apremiar la voliintidl 
quererlas, ni fatigar al deseo por alcanzarlas; porqneéjj 
que tuviese voluntad y deseo de alcanzar lo imposihlC£ 
claro está que cuanto mas el deseo le sobrase, tanto vat, 
el entendimiento le faltaría: y por esta mesma raall 
digo, que'la pena que Orompo padece, no es sino dvI 
lástima y compasión del bien perdido ; y por babeill 
perdido de manera que no es posible tomarle á cobnrj 
esta imposibilidad ha de ser causa para que su dolorsé 
acabe; que puesto que el humano entendimiento M 
puede estar tan unido siempre en la razón, que áqft 
de sentir la pérdida del bien que cobrar no se puede, ] 
que en efeto ha de dar muestra de su sentimiento ÓÉ 
tiernas lágrimas, ardientes sospíros y lastimosas pata 
bras,sopena de que quien esto no hiciese, antes M 
bruto que por hombre racional serla tenido : en fin. I 
discurso del tiempo cura esta dolencia , la razón k im 
tiga, y las nuevas ocasiones tienen mucha p&ne pM 
borrarla de la memoria. Todo esto es al revés en el «- 
sencía, como apuntó bien Crisio en sus versos, qne e#< 
mo la esperanza en el ausente ande tan junta con el der 
seo, dale terrible fatiga ladilacion de la tomada ; porqtM 
como no le impide otra cosa el gozar su bien, sino algiifa 



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LA CALATEA 

bnio lie mar, 6 algnna distands de tienra, 'parécete 
que teaiendo lo principal , que es la voluntad de la per- 
sona amala, qae se hace notorio agravio á su gusto , que 
cosas fK son tan menos como un poco de agua ó tierra, 
le impiílaii su felicidad y gloria. Júntase asimesmo i. 
esta pena el temor de ser olvidado , las mudanzas de los 
lioBuatK corazones; y en tanto que la ausencia dura, 
sífiMa alguna que es extraño el rigor y aspereza con 
^tntaalalnia del desdichado ausente. Pero como 
b'enebn cerca el remedio, que consiste en la tornada, 
poédese llevar con algún alivio sn tormento ; y si suce- 
diere ser la ausencia de manera que sea imposible vol- 
lerála presencia deseada, aquella imposibilidad viene 
iserel remedio, como el de la muerte. El dolor de que 
Uarsilio se queja, puesto que es como el mesmo que yo 
pidezo),} por esta causa mehabia de parecer mayor 
que otro alguno , no por eso dejara de decir lo que la ra- 
UD me muestra, antes que aquello á que la pasión me 
india. Confieso que es terrible dolor querer y no ser 
querido, pero mayor seria amar y ser aborrecido, Y si 
los DueTos amadores nos guiásemos por lo que la razón 
y la experiencia nos enseña, veríamos que todos los 
pincipios en cualquiera cosa son dificultosos , y que no 
liadece esta regla excepción en los casos de amor , áutes 
en ellos mas se confirma y fortalece : asi que quejarse el 
nievo amante de la dureza del rebelde pecho de su se- 
! Mn, va fuera de todo razonable término ; porque como 
: daiiK)rsea,y hade ser voluntario, y no forzoso, no 
debo JO quejarme de no ser querido de quien quiero, 
oideú) hacer caudal del cargo que le hago,diciéndole 
: que está obligada á amarme, porque yo la amo : que 
i poestoque la persona amada debe en ley de naturaleza 
! ;« baena cortesía no mostrarse ingrata con quien bien 
bquiere, no por eso le ha de ser forzoso y de obligación 
qw corresponda del todo y por todo á los deseos de su 
loante; que si esto asi fuese, mil enamorados impor- 
bmos habría que porsu solicitud alcanzasen lo que quizá 
nieles debría de derecho; y como el amor tenga por 
; padre al conocimiento , puede ser que no halle en mf la 
i qie es de mí bien querida partes tan buenas que la 
i mrrané inclinen á quererme : y así no está obligada, 
ten» ya he dicho, á amarme , como yo estaré obligado 
iadararla, porque hallé en ella lo que á mi me falta : y 
I pw efta razón no debe el desdeñado quejarse de su 
¡ amada, sino de su ventura, que le negó las gracias que 
' al eooocimiento de sn señora pudieran mover á bien 
iiuererle; y así debe procurar con continuos servicios, 
naamorosas razones, con laño importuna presencia, 
csnbs ejercitadas virtudes, adobar y enmendar en él 
li ¡alta que naturaleza hizo: que este es tan principal 
ninedio, que estoy para afinnar que será imposible 
ilejar de ser amado el que con tan justos medios procu- 
r me gnmjear la voluntad de sn señora ; y pues este mal 
M desden tiene el bien desto remedio, consuélese Mar- 
lüio, y tenga lástima al desdichado y celoso Orfenio, en 
coya desventura se encierra lamayorqueen las deamor 
imaginarse puede. ¡Oh celos turbadores de la sosegada 
PB amorosa 1 ¡celos, cochillo de las mas firmes espe- 
noas ! no sé yo qué pudo saber de linajes el que á vos- 
•ttMoi hizo hijos del amor, siendo tan al revés, que 
(R el mesno caso dejara el amor de serlo , si tales hijos 
cageodrara. ¡Oh celos, hipócritas y fementidos ladro- 
w! pues para que se haga cuenta de vosotros en el 



, LffiRO in. 4ü 

mundo, en viendo nacer alguna centella de amor en al- 
gún pecho, luego procuráis mezclaros con ella, vol- 
viéndoos de su color, yaunprocurais usurparle el man- 
do y señorío (|ue tiene : y de aquí nace que como os ven 
tan unidos con el amor, puesto que por vuestros efetos 
dais á conocer que no sois el mesmo amor, todavía pro- 
curáis que entienda el ignorante que sois sus hijos, 
siendo, como lo sois, nacidos de unn baja sospecha, en- 
gendrados de un vil y desastrado temor, criados á los 
pechos de falsas imaginaciones, crecidos entre vilísi- 
mas envidias, sustentados de chismes y mentiras. Y 
porque se vea la destruicion que hace en los enamora- 
dos pechos esta maldita dolencia de los rabiosos celos, 
en siendo el amante celoso , conviene , con paz sea dicho 
de los celosos enamorados, conviene, digo, que sea co- 
mo lo es, traidor, astuto, revoltoso, chismero, antoja- 
dizo, y aun mal criado : y á tanto se extiende la celosa 
furia que le señorea , que á la persona que mas quiere es 
á quien mas mal desea. Querria el amante celoso que 
solo para él su dama fuese hermosa, y fea para todo el 
mundo : desea que no tenga ojos para ver mas de lo que 
él quisiere, ni oídos para oir, ni lengua para hablar; 
que sea retirada, desabrida, soberbia y mal acondicio- 
nada ; y aun á veces desea , apretado desta pasión diabó- 
lica , que su dama se muera , y que todo se acabe. Todas 
estas pasiones engendran los celos en los ánimos de los 
amantes celosos : al revés de las virtudes que el puro y 
sencillo amor multiplica en los verdaderos y comedidos 
amadores, porque en el pecho de un buen enamorado 
se encierra discreción, valentía, liberalidad, comedi- 
miento y todo aquello que le puede hacer loable á los 
ojOB de las gentes. Tiene mas asimismo la fuerza deste , 
crudo veneno, que no hay antídoto que le preserve, con- 
sejo que le valga, amigo que le ayude, ni disculpa que 
le cuadre : todo esto cabe en el enamorado celoso , y 
mas ; cualquiera sombra le espanta, cualquiera niñería 
le turba , y cualquiera sospecha falsa ó verdadera le des- 
hace. Y á toda esta desventura se le añade otra, que son 
las disculpas que le engañan. Y no habiendo para la 
enfermedad de los celos otra medicina que las discul- 
pas, y no queriendo el enfermo celoso admitirlas, sí- 
gnese que esta enfermedad es sin remedio , y que á to- 
das las demás debe anteponerse. Y asi es mi parecer, 
que Orfenio es el mas penado, pero no el mas enamo- 
rado; porque no son los celos señales de mucho amor, 
sinode mucha curiosidad impertinente ; ysi son señales 
de amor, es como la calentura en el hombre enfermo, 
que el tenerla es señal de tener vida , pero vida enferma 
y mal dispuesta ; y asi el enamorado celoso tiene amor, 
mas es amor enfermo y mal acondicionado ; y también 
el ser celoso es señal de poca confianza del valor de si 
mesmo. Y que sea esto verdad , nos lo muestra el dis- 
creto y firme enamorado, el cual sin llegar á la oscuri- 
dad de los celos, toca en las sombras del temor, pero no 
se entra tanto en ellas, que le escurezcan el sol de su 
contento, ni dellas se aparta tanto que le descuiden de 
andar solícito y temeroso : que si este discreto temor 
faltase en el amante, yo le tendría por soberbio y dema- 
siadamente confiado ; porque, como dice un común pro- 
verbio nuestro, quien bien ama , teme ; y aun es razón 
que tema el amante, que como la cosa que ama es en 
extremo buena, ó á él le pareció serlo, no parezca lo 
mesmo ¿ los ojos de quien la mirare : y por la mesmá 



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«9 OBRAS DK 

causa se engendra el amor en otro que paedn y venga á 
turbar el suyo. Temo, y toma el buen enamorado las 
mudanzas de los tiempos, de las nueviis ocasiones que 
en su daño podrían ofreceriie, de que con brevedad no 
se acabe el diclioso estado qiie goza : y este temor ha de 
ser tan ^«creto , que no le salga á la lengua para decirle, 
ni aun á los ojos para signlGcarle : y hace tan contrarios 
efetos este temor del que los celos hacen en los pechos 
enamorados, que cria en ellos nuevos deseos de acre- 
centar mas el amor si pudiesen, de procurar con toda 
solicitud que los ojos de su amada no vean en ellos cosa 
que no sea digna de alabanza, mostrándose liberales, co- 
medidos, galanes, limpios y bien criados : y tanto cuanto 
este virtuoso temor es justo se alabe, Linto y mas es dig- 
no que los celos se vituperen. Calló en diciendo esto el 
femosoUamon,y llevó tras la suya las contrarías opinio- 
nes dealgunos que escuchado le hablan, dejando á lodos 
satisfechos de la verdad que con tanta llaneza les liabia 
mostrado. Pero no su quedara sin respuesta, si los pasto- 
res Orompo , Crisio , Marsilio y Orfenio hubieran estado 
presentes á su plática; los cuales, cansados de la reci- 
tada égloga, se habían ido á casa de su amigo Daranio. 
Estando todos en esto, ya que los bailes y danzas que- 
rían renovarse , vieron que por una parte de la plaza en- 
traban tres dispuestos pastores, que luego de todos fue- 
ron conocidos; los cuales eran el gentil Francemo,el 
libre Lauso y el anciano Arsindo, el cual venia en me- 
dio de los dos pastores con una hermosa guirnalda de 
verde lauro en las manos ; y atravesando por medio de 
la plaza, vinieron aparar adonde Tirsi, Uamon, Elicio 
y Erastro, y todos los mas principales pastores estaban, 
álos cuales con corteses palabras saludaron, y con no 
menor cortesía fueron dellos recibidos, especialmente 
Lauso de Damon, de quien era antiguo y verdadero 
amigo. Cesando los comedimientos, puestos los ojos Ar- 
sindo en Damon y en Tirsi, comenzó á hablar desta ma- 
nera : La fama de vuestra sabiduría, que cerca y lejos se 
extiende, discretos y gallardos pastores, es laque á es- 
tos pastores y i mi nos trae á suplicaros queráis ser jue- 
ces de una graciosa contienda que entre estos dos pas- 
tores ha nacido; y es, que la fiesta pasada Francenio y 
Lauso, que están presentes , se hallaron en una conver- 
sación de hermosas pastoras, entre las cuales por pasar 
sin pesadumbre las horas ociosas del día, entre otros 
muchos juegos ordenaron el que se llama de los propó- 
sitos. Sucedió pues que llegando la vez de proponer y 
comenzar á uno destos pastores , quLso la suerte que la 
pastora que á su lado estaba, y á la mano dereclia tenia, 
fuese, según él dice, la tesorera de los secretos de su 
alma, y la que por mas discreta y mas enamorada en 
la opinión de todos estaba. Llegándose pues al oído, le 
dijo: 

Hofendo y» la esperanii. 

La pastora, sin detenerse en nada, prosiguió adelante, 
y al decir después cada uno en público lo que al otro ha- 
bía dicho en secreto, hallóse que la pastora habia se- 
guido el propósito, diciendo : 

Tendía con el deseo. 

Fué celebrada por los que presentes estaban la agu- 
deza desta respuesta, pero el que mas la solenízó fué el 
pastor Lauso, y no menos le pareció bien á Francenio : 
y asi cada uno viendo que lo propuesto y respondido eran 
versos medidos, se ofreció de glosallos; y después de 



CERVANTES. 

haberlo hecho , cada cual procnra que su glosa & la áá 
otro se aventaje ; y para asegurarse desto , me quisieron 
hacer juez dcllo; pero como yo supe que vuestra pre- 
sencia alegraba nuestras ribens, aconsejóles que á vos- 
otros viniesen, de cuya extremada ciencia y sabidnrá 
cuestiones de mayor importancia pueden bien fiarse. 
Han seguido ellos mi parecer, y p he querido tomar ei 
trabajo de hacer esta guirnalda, para que sea dada en 
premio al que vosotros, pastores, viéredes que mejor 
ha glosado. Calló Arsindo, y esperó ht respuesta d« lo* 
pastores , que fué agradecerle la buena opinión que da- 
llos tenía, y ofrecerse de ser jueces desapasionados eo 
aquella honrosa contienda. Con este seguro, I negó Fraa- 
cenío tornó á repetir los versos , y á decir su gtosa , qne 
era esta. 

Hafendo M te etperaua : 
Taulla am el teto. 



Cundo me pienso salvar 
En la fe de mi querer. 
Me Tienen luego i faltar 
Las fallas del merecer 
Y las sobras del pesar : 
Maérese la cnndanza , 
No llene pulsos la vid» , 
Pues se ve en mi mala andanza, 
Que del temor perseguida 
Utt¡/aii9 »a la esperaua. 



Hnjre, T llévase coBsif» 
Todo el gusto de mi peas , 
Dejando por mas castign 
Las llaves de mi cadena 
En poder de mi enemigo : 
Tanto se aleja, que creo 
Que presto se hará iavisiUe 
Y en su lijereza veo 
Que ni puedo, ni es posible 
fenella en el ieseo. 



Dicha la glosa de Francenio, Lauso comenzó la suva^ 
que asi decía. 



En el punto que os miré, 
Como tan hermosa os vf , 
Luego temí y esperé ; 
Pero en Un tanto temí, 

8ue con ei temor quedé. 
e veros esto se alcanza: 
Una Oaca conllanza 
Y na temor acobardado, 
Qoe por no verle i sn lado 
Huf/etuio va la eiperama. 



Y aunque ne deja y se ra 
Coa tan extraha corrida , 
Por milagro se veri 

?ae te acabar! mi vida , 
mi amor ao acabar! : 
Sin esperanza me veo; 
Mas por llevar el trofeo 
De amador sin interese. 
No querría , aanqae padiest» 
TentUá tm el ieteo. 



En acabando Lauso de decir so glosa, dijo Arsinüe^: 
Veis aquí, famosos Damon y Tirsi, declarada la causa' 
sobre que es la contienda destos pastores : solo r«slt! 
agora que vosotros deis la guirnalda á quien viérede* 
que con mas justo titulo la merece , que Lauso y Frann 
cenio son tan amigos, y vuestra sentencia será tan justa.: 
que ellos tendrán por bien lo que por vosotros foerf 
juzgado. No entiendas, Arsindo, respondió Tirsi, t^J 
con tanta preí^teza, aunque nuestros ingenios fueran " 
la calidad que tú los imaginas, se puede ni debej 
la diferencia, si hay alguna, en estas discretas gii 
lo que yo sé decir deltas, y lo que Damon no quei 
contradecirme, es que igualmente entrambas son bue- 
nas , y que la guirnalda se debe dar á la pastora que dié' 
la ocasión á tan curiosa y loable contienda : y si desle pK- ' 
recer quedáis satisfechos, pagádnosle con honrar las^ 
bodas de nuestro amigo Daranio , alegrándolas con vues- ' 
trc|,s agradables canciones , y autorizándolas coa vu est<^ 
honrosa presencia. A todos pareció bien la sentencia «hSj 
Tirsi, los dos pastores la consintieron, y se ofrecieroiS 
de hacer lo que Tirsi les mandaba. Pero las pastoras j-^ 
pastores que á Lauso conocían, se maravillaban de ver: 
la libre condición suya en la red amorosaenvuelta ; por^J; 
que luego vieron en la amarillez de su rostro, en ei si— .' 
iencio de su lengua y en la contienda que con Francenio-.' 
había tomado , que no estaba su voluntad tan exenta oo»- ! 
mo solía , y andaba entre si imaginando quién podría sor 
la pastora que de su libre corazón triunfado babia. Quiéii 




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lA CALATEA, LIBRO IV. 



imagiiábi que h discreta Belisa, y quién que la ga- 
llarda Leíadra, y algunos que la sin par Arminda, mo- 
TÍéodoles i imaginar esto la ordinaria costumbre que 
LiBM leaia de vistar las cabanas destas pastoras , y ser 
cada omiieHas para sujetar con su gracia, valor y her- 
DHian otros tan libres coraxones como el de Lauso; y 
deiti doda tardaron mucboa dias en certificarse, porque 
el eunwrado pastorapénas de sí mesmo fiaba el secreto 
de las amores. Acabado esto, luego toda la juventud del 
pKbk) renoTÓlas danzas, y los pastoriles instrumentos 
(anoiroa una agradable música. Pero viendo que ya el 
ísl apresuraba su carrera hacia el ocaso , cesaron las 
ancertadas voces ; y todos los que alli estaban determi- 
nron de llevar á los desposados hasta su casa. Y el an- 
dano Arsindo, por cumplir lo que á Tirsi había prome- 
tido, en el espacio que liabia d^e la plaza hasta la casa 
deOáraiiio, al son de la zampona de Erastro estos vei^ 
{(H fué cantando. 



Stfi sflaln et délo 
BtrefKljo ; fODleato 
El ba TcataroM dia : 
CeWrese ta todo el nelo 
Kile alefTC uumiealo 
Cm ititral alefria : 
GiokieM de liojr na* el llanto 
El fú<e T dalee casto, 
T a lapr <ie los peures 
VMpí giatof 1 Billarea 
Qie ttsüenni el quebiaalo. 
M< ti Meo nccda ea rnlmo 
EaM deapoaadoa Ulca, 



Tan para en no naeidoa: 
Peras les ofreica el olmo, 
Ceretas los carrascales. 
Guindas los mirtos lloridos ; 
Hallen perlas en los riscos, 
Uias les den los lentiscos. 
Manzanas los algarrobos, 

Y sin temor de los lobos 
Kusa uchen mas sus apriscos. 

Y sns machorras OTCias 
Vengan i ser parideras. 
Con qne doblen sn ganancia; 
l^s solicitas abejas 



Que si scrin , r aun sel ores. 
Si no salen Baoores 
De agudos alcabaleros. 
Mas aBas qne Sarra vhan 
Con salnd tan conlrmada , 

?ne dello pese al dotnr: 
ningnn pesar reciban 
Ni por hija mal casada , 
Ni por hyo jugador: 

Y cuando los dos estén 
Viejas cual Matusalén , 
Mueran sin temor de dafio, 

Y faiganles su cabo de abo 
Por siempre jamas amen. 



En los surcos de sus eras 
Hagan miel en abundancia : 
Logren siempre sn semilla 
En el campo y en la villa 
Cogida 1 tiempo j sazón : 
No entre en sus filas pulgón. 
Ni en su trigo la neguilla. 

Y dos hijos presto tengan 
Tan hechos en pai j amor 
Cuanto pueden desear: 

Y en siendo crecidos «engan 
A ser el uno dolor, 

Y otro cura del lugar: 
Sean siempre ios primeros 
En virtudes j en dineros; 

Ck)n grandísimo gusto fueron escuchados los rústícos 
versos de Arsindo . en los cuales mas se alargara , si no 
lo impidiera el llegar á la casa de Daranio , el cual con- 
vidando á todos los que con él venían, se qaedó en ella; 
si no fué que Calatea y Florisa , por temor que Teolinda 
de Tirsi y Damon no fuese conocida , no quisieron que- 
darse á lacena de los desposados. Bien quisieran Elicio 
y Erastro acompañar á Calatea hasta su casa, pero no fué 
posible que lo consintiese, y asi se hubieron de quedar 
con sus amigos ; y ollas se fueron cansadas de los baile* 
de aquel dia, y Teolinda con mas pena que nunca, 
viendo qne en las solones bodas de Daranio , donde tan- 
tea pastores habían acudido, solo su Artidoro fallaba. 
Con esta penosa imaginación pasó aquella noche en 
compañía de Calatea y Florisa, que con mas libres y des- 
apasionados corazones la pasaron, hasta queen el nuevo 
venidero dia les sucedió lo que se dirá en el libro que se 
ñgue. 



LIBRO CUARTO. 



Ca:i gran deseo esperaba la hermosa Teolinda el veni- 
dera dia para despedirse de Calatea y Florisa, y acabar 
de buscar por todas las riberas de Tajo á su querido Ar- 
tidoro, con intención de fenecer la vida en triste y 
aaiarga soledad , si fuese tan corta de ventura, que del 
imaüo pastor alguna nueva no supiese. Llegada pues la 
kon deseada, cuando el sol comenzaba á tender sus ra- 
ywpor la tierra, ella se levantó, y con lágrimas en sus 
«ios pidió licencia i las dos pastoras para proseguir su 
demanda ; las cuales con muchas razones le persuadie- 
no que en su compañía algunos dias mas esperase, ofre- 
ciéndole Calatea de enviar algún pastor de los de su pa- 
die á bascar i Artidoro por todas las riberas de Tajo , y 
pordonde s«ima:ginase que podría ser hallado. Teolinda 
i^eció sns ofredmientos, pero no quiso hacerlo qne 
le pedían ; antes después de liaber mostrado con las rae- 
jofes palabras que supo la obligación en que quedaba de 
xrñt todos los dias de su vida las obras que dellas había 
Rcibido, y abrazándolas con tierno sentimiento, les ro- 
a¡a qne una sola hora no la detuviesen. Viendo puesGa- 
itu 7 Florisa cuan en vano trabajaban en pensar detener- 
la, le Rucargaron que de cualquiera suceso bueno ó malo 
i|ae eo aquella amorosa demanda le sucediese, procu- 
nse de avisarlas, certificándola del gusto quede su con- 
tento, ó la pena qne de su desgracia recebirian. Teolinda 
K ofreció ser ella mesma quien las nuevas de su buena 
Acha trajese, pues las malas no tendría sufrimiento la 
^ para resistirlas, y así sería excusado que della sa- 
tine pudiesen. Con esta promesa de Teolinda se satis- 



facieron Calatea y Floiisa, y determinaron de acompa- 
ñarla algún trecho fuera del lugar. Y así tomando las 
dos solas sus cayados, y habiendo proveído el zurrón de 
Teolinda de algunos regalos para el trabajoso camino, se 
salieron con ella del aldea , á tiempo que ya los rayos del 
sol mas derechos y con mas fuerzas comenzaban á herir 
la tierra. Yhabiéndula acompañado casi media legua del 
lugar, al tiempo que ya querían volverse y dejarla, vie- 
ron atravesarpor una quebrada, que poco desviada de- 
llas estaba, cuatro hombres de á caballo y algunos de i 
pié, qne luego conocieron ser cazadores en el hábito y 
en los aleones y perros que llevaban : y estándolos con 
atención mirando por ver si los conocían, vieron salir 
de entre unas espesas matas, que cerca de la quebrada 
estaban , dos pastoras de gallardo talle y brío : traian los 
rostros rebozados con dos blancos lienzos ; y alzando la 
una dellas la voz , pidió á los cazadores que se detuvie- 
sen, los cuales así lo hicieron, y llegándose entrambas 
á uno dellos, que en su talle y postura el principal de 
todos parecía, le asieron las riendas del caballo, y estu- 
vieron un poco hablando con él, sin qne las tres pasto- 
ras pudiesen oír palabra de las que decían, por la dis- 
tancia del lugar que lo estorbaba. Solamente vieron que 
á poco espacio que con él hablaron , el caballero se apeó, 
y habiendo, á loque juzgarse pudo, mandado á los que 
le acoinpañaban que se volviesen , quedando solo un 
mozo con el caballo , trabo á las dos pastoras de las ma- 
nos, y poco á poco comenzó á entrar con ellas por media 
de un cerrado bosque que allí estaba : lo cual visto par 



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48 OrauS DE 

tos tres pastoras Calatea, Florísa y Teolinda, determi- 
naron de ver, si pudiesen, quién eran las disfrazadas 
pastoras y el caballero que las llevaba : y asi acordaron 
de rodear por nna parte del bosque, y mirar si podían 
ponerse en alguna que pudiese serlo para satisfacerles 
de lo que deseaban. Y haciéndolo asi , como pensado lo 
hablan, atajaron al caballero y á las pastoras, y mirando 
Calatea por entre las ramas lo qne hacian, vio que tor- 
ciendo sobre la roano derecha , se emboscaban en lo mas 
espeso del bosque, y luego por sus mesmas pisadas ]es 
fueron siguiendo hasta que el caballero y las pastoras, 
pareciéndoles estar bien adentro del bosque, en medio 
de un estrecho pradecillo que de infinitas breñas estaba 
rodeado, se pararon. Calatea y sus compañeras se llega- 
ron tan cerca, que sin ser vistas ni sentidas veian todo 
lo que el caballero y las pastoras hacian y decían; las 
cuales, habiendo mirado á una y otra porte por ver si 
podrían ser vistas de alguno, aseguradas deslo, la nna 
se quitó el rebozo, y apenas se le hiibo quitado cnando 
de TeoUnda fué conocida ; y llegándose al oído de Gala- 
tea, le dijo con la mas baja voz que pudo : Extrañísima 
aventura es esta, porque si no es qne con la pena que 
traigo he perdido el conocimiento, lin duda alguna 
aquella pastora que se ha quitado el rebozo es la bella 
Rosaura, hija de Roselio, señor de una aldea qneá la 
nuestra está vecina, y no sé qué pueda ser la causa que 
la haya movido á ponerse en tan extraño traje , y á dejar 
su tierra , cosas que tan en perj uicio de su honestidad se 
declaran. Mas ¡ ay desdichada I añadió TeoUnda, que el 
caballero que con ella está es Grisaldo, hijo mayor del 
ripoLaurencio,quejuntoá esta vuestra aldea tiene otras 
dos suyas. Verdad dices, Teolinda, respondió Calatea, 
que yo le conozco ; pero calla y sosiégate , que presto ve- 
íamos con qué intento ha sido aquí su venida. Quietóse 
con esto Teolinda, y con atención se puso á mirar lo que 
Rosaura hacia, la cual, llegándose al caballero, que de 
edad de veinte años parecía, con voz turbada y airado 
semblante le comenzó á decir : En parte estamos, fe- 
mentido caballero , donde podré tomar de tu desamor y 
descuido la deseada venpnza. Pero aunque yo la toinsM 
de ti tal, que la vida te costase, poca recompensa seria 
al daño que me tienes hecho. Vesme aquí, desconocido 
Crisaldo, desconocida por conocerte ; ves aquí que ha 
mudado el traje por buscarte la que nunca mudó la vo- 
luntad de quererte. Considera, ingrato y desamorado, 
que la que apenas en su casa y con sus criadas sabia mo- 
ver el paso, agora por tu causa anda de valle en valle y 
de sierra en sierra , con tanta soledad buscando tu com- 
pañía. Todas estas razones que la bella Rosaura decía, 
las escuchaba el caballero con los ojos hincados en él 
suelo, y haciendo rayas en la tierra con la punta de un 
cuchillo de monte que en la mano tenia. Pero no con- 
tenta Rosaura con lo dicho, con semejantes palabras 
prosiguió su plática: Dime, ¿conoces por ventura, cono- 
ces, Grisaldo, que yo soy aquella que no ha mucho tiem- 
po que enjugó tus lágrimas, atajó tus suspiros, remedió 
tus penas, y sobre todo la que creyó tus palabras? ó¿por 
suerte entiendes tú que eresaquelá quien parecían cor- 
tos y de ninguna fuerza todos los juramentos que imagi- 
narse podían para asegurarme la verdad con que me en- 
gañabas? ¿Eres tú acaso, Grísaldo> aquel cuyas infinitas 
lágrimas ablandaron la dureza del honesto corazón mío? 
Tú eres, que ya te veo, y yo soy, que ya me conozco. 



CERVANTES. 

Pero si tú eres Grisaldo, el que yo creo, y yo soy Ro- 
saura, la que tú imaginas, cúmpleme la palabra qne me 
diste, darte he yo la promesa que nunca te he negado. 
Hahme dicho que te casas con Leopersia, la hija de Mar- 
celio, tan á gusto tuyo, que eres túmesmoel que h 
procuras : si esta nueva me ha dado pesadumbre, biea 
se puede ver por lo que he hecho por venir á estorbar d 
cumplimiento della ; y si tú la puedes hacer verdadera, 
átu conciencia lo dejo. ¿Qué respondes á e8to,eneraig» 
mortal de mí descanso ? ¿ Otorgas por ventura callandé^ 
lo que por el pensamiento sería justo que no te pasaseT 
Alza los ojos ya , y (wnlos en estos que por su mal le m- j 
raron ; levántalos, y mira á quién engañas, á quién de*, i 
jas,yá quién olvidas. Veris que engañas, si bien to j 
consideras , á la que siempre te trató verdades ; dejas i _ 
quien ha dejado á su honra y á si mesma por seguirte; ; 
olvidas á la que jamas te apartó de su memoria. Cosai^' 
dera, Grisaldo, que en nobleza no te debo nada, y qot^ 
en riqueza no te soy desigual, y que te avenlajo eu bol^^ 
dad del ánimo y en la firmeza de la fe. Cúmpleme, 8e*f 
ñor, la que me diste , si te precias de caballero y no 1^ 
desprecias de cristiano. Mira que si no correspondes £ 
lo que me debes , que rogaré al cielo que te castigue , ij^ 
fuego que te consuma, al aire qne te falte, al agua qo^ 
te anegue , á la tierra que no te sufra , y á mis paríentei 
que me venguen ; mira que si faltas á la obligación qú 
me tienes, que has de tener en mi una perpetua tuita- 
dora de tus gustos en cuanto la vida me durare : y tmí 
después de muerta , si ser pudiere , con continuas som^ 
bras espantaré tu fementido espíñtu , y con espantosat 
visiones atormentaré tus engañadores ojos : advierte qii4 
no pido sino lo que es mió, y que- tú ganas en darlo h 
que en negarlo pierdes; mueve agora tu lengua paii 
desengañarme, de cuantas la lias niovido para ofender^ 
me. Calló diciendo esto la hermosa dama , y estovo ui 
poco esperando á ver lo qne Crisaldo respondía, el cua 
levantando el rostro, que hasta allí inclinado habia te- 
nido, encendido con la vergüenza que las razones d4 
Rosaura le habían causado, con sosegada voz le respoih 
dio desta manera : Si yo qnistese negar, ó Rosaura; 
que no te soy deudor de mas de lo que dices, negari 
asimesmo que la luz del sol es clara, y aun diría que ( 
fuego es frío y el aire duro. Así que en esta parte cos^ 
fieso lo que te debo, y que estoy obligado á la paga; peMJ 
que yo confiese que puedo pagarte como quieres, es ínH 
posible , porque el mandamiento de mi padre lo lia prih 
¡libido y tu riguroso desden imposibilitado; y no quien 
en esta verdad poner otro testigo que á tí ilfcsma, conN 
á quien tan bien sabe cuántas veces y con cuántas lágií 
masroguéque me aceptases por esposo, y qne ínest 
servida que yo cumpliese la palabra qne de serlo te ba^ 
bia dado ; y tú , por las causas que te imaginaste , ó pa 
parecerte ser bien corresponder á las vanas promesas di 
Artandro, jamas quisiste que á tal ejecución se llegase¡ 
antes de día en dia me ibas entreteniendo y haciend< 
pruebas de mi firmeza, pudiendo asegurarla de toddi 
punto con admitirme portuyo. También sabes,RosauraJ 
el deseo que mi padre tenia de ponerme en estado, y laT 
priesa que daba á ello, trayendo los ricos y honrosos ca- \ 
samientos que tú sabes, y cómo yo con mil excusas mtí < 
apartaba de sus importunaciones, dándotelas siempre i} 
ti para que no dilatases mas lo que tanto á ti convenia y ' 
yo deseaba, yque al cabo de todo esto te dije un dia que 



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La gautea 

hlolpbdde mi padre era que yo coa Leopenia me 
Gcase, y ti en oyendo el nombre de Leopersia, con 
nna fuiia desesperada me dijiste que mas no te liablase, 
; qae me casase norabuena con Leopersia ó con quien 
mas gula me diese. Sabes también que te persuadí mu- 
chas ncesqoedqases aquellos celosos devaneos, que 
pntajo f no de Leopersia , y que jamas quisiste ad- 
nifriiijsdiscalpas ni condescender con mis ruegos-, 
te perseverando en tu obstinación y dureza, y en fa- 
i weceri Artandro, me enviaste á decir que te daría 
['|HtD en que jamas te viese. Yo hice lo que me mandaste, 
jfor (10 tener ocasión de quebrar tu mandamiento, 
.lindo lambien que cumplía el de mi padre , determiné 
^desposarme con Leopersia, ó á lo menos desposaréme 
■mana, qne asi está concertado entre sus parientes y 
pmios; porque veas, Rosaura, cuan disculpado estoy 
i h culpa que me pones , y cuan tarde has tú venido en 
¡podmiento de la sinrazón que conmigo usabas. Mas 
■qne no me juzgues de aqui adelante por tan ingrato 
en tu imaginación me tienes pintado, mira si hay 
Den que pueda satisfacer tu voluntad, qne como no 
casarme contigo, aventuraré por servirte la hacienda, 
lida 7 la honra. En tanto que estas palabras Gñsaldo 
, tenia la hermosa Rosaura los ojos clavados en su 
.vertiendo por ellos tantas ligrimas, que daban 
i entender el dolor que en el alma sentia ; pero 
ndo ella qne Grisaldo callaba, dando un profundo y 
inraso suspiro , le dijo : Como no puede caber en tus 
rte años tener, ó Grisaldo, larga y conocida expe- 
de los infinitos accidentes amorosos, no me ma- 
líBo qne un pequeño desden mió le baya puesto en la 
tadque publicas; pero si tú conocieras que los ce- 
temores son espuelas que hacen salir al amor de 
fso, vieras claramente que los que yo tuve de Leo- 
en que yo mas te quisiese redundaban ; mas co- 
ta tratabas tan de pasatiempo mis cosas, con la me- 
focasion que imaginaste, descubriste el poco amor 
la pecho, y confirmaste las verdaderas sospechas 
B, y en tal manera, qne me dices que mañana te ca- 
eooLeopersia, pero yo te certifico que antes queá 
lleves al tálamo, me has de llevar á mi á la sepul- 
I, si ya no eres ttm cruel qne niegues de darla al 
ipo muerto, de cuya alma fuiste siempre seiior ab- 
ito ; y porque claro conozcas y veas que la que per- 
por Ú su honestidad y puso en detrimento su honra, 
fai en poco perder la vida, este agudopuñal que aqui 
p) pondrá en efeto mi desesperado y honroso intento, 
■á testigo de la crueldad que en ese tu fementido 
ko encierras. Y diciendo esto sacó del seno una des- 
lidaga, y con gran celeridad se iba á pasar el cora- 
coo ella, si con mayor presteza Grisaldo no le ta- 
a el brazo y la rebozada pastora su compañera no 
yara á abrazarse con ella. Gran rato estuvieron Gri- 
y la pastora primero que quitasen á Rosaura la 
de las manos, la cual á Grisaldo decia : Déjame, 
idor enemigo, acabar de una vez la tragedia de mi 
án que tantas tu desamorado desden me haga pro- 
' la moerte. Esa no gustarás tú por mi ocasión, re- 
éGrísaldo, pues quiero que mi padre falte antes á 
Biabra qne por mí á Leopersia tiene dada , que faltar 
•n panto á lo que conozco que te debo : sosiega el 
*o , Rosaura , pues yo te aseguro que este mió no sa- 
IdeKar otra cosa que la que fuere de tu contento. 



, LIBRO IV. 49 

Con estas enamoradas razones de Grisaldo resucitó Ro- 
saura de la muerte de su tristeza á la vida de su alegría, 
y sin cesar de llorarse hincó de rodillas ante Grisaldo, 
pidiéndole las manos en señal de la merced que le hacia. 
Grisaldo hizo lo mesmo , y echándole los brazos al cue- 
llo, estuvieron gran rato sin poderse hablar el uno al 
otro palabra , derramando entrambos cantidad de amo- 
rosas lágrimas. La pastora arrebozada, viendo el feliz 
suceso de su compañera , fatigada del cansancio que ha- 
bla tomado en ayudar á quitar la daga á Rosaura, no - 
podiendo mas sufrir el velo, se le quitó, descubriendo 
un rostro tan parecido al de Teotinda, que quedaron ad- . 
miradas de veríe Calatea y Florisa ; pero mas lo fué Teo- 
linda , pues sin poderlo disimular, alzó la voz, diciendo : 
¡Oh cielos , y qné es lo que veo ! ¿ no es por ventura' esta 
mi hermana Leonarda , la turbadora de mi reposo ? ella 
es sin duda alguna. Y sin mas detenerse salió de donde 
estaba, y con ella Calatea y Florisa; y como la otra pas- 
tora viese á Teolinda, luego la conoció, y con abiertos 
brazos se fueron la nna á la otra, admiradas de haberse 
halhido en tal lugar , y en tal sazón y coyuntura. Viendo 
pues Grisaldo y Rosaura lo que Leonarda con Teolinda 
hacia, y que hablan sido descubiertos de las pastoras 
Calatea y Florisa , con no poca vergüenza de que los hu- 
biesen hallado de aquella suerte , se levantaron , y lim- 
piándose las lágrimas, con disimulación y comedimiento 
recibieron á las pastoras, que luego de Grisaldo fueron 
conocidas. Has la discreta Calatea, por volver en segu- 
ridad el disgusto qne quizá de su vista los dos enamora- 
dos pastores hablan recibido , con aqnel donaire con que 
ella todas las cosas decia , les dijo : No os pese de nuestra 
venida, venturosos Grisaldo y Rosaura, pues solo ser- 
virá de acrecentar vuestro contento, pues se ha comu- 
nicado con quien siempre le tendrá en serviros. Nuestra 
ventura ha ordenado que os viésemos, y en parte donde 
ninguna se nos ha encubierto de vuestros pensamien- 
tos ; y pues el cielo los ha traido á término tan dichoso, 
en satisfaccion^lello asegurad vuestros pechos y perdo- 
nad nuestro atrevimiento. Nunca tu presencia, hermosa 
Calatea, respondió Grisaldo , dejó de dar gusto do quiera 
que estuviese ; y siendo esta verdad tan conocida , antes 
quedamos en obligación á tu vista, que con desabri- 
miento de tu llegada. Con estas pasaron otras algunas 
comedidas razones, harto diferentes de las que entre 
Leonarda y Teolinda pasaban, las cuales, después de 
haberse abrazado nna y.dos veces, con tiernas palabras, 
mezcladas con amorosas lágrimas, la cuenta de su vida 
se demandaban, teniendo suspensos mirándolas á todos 
los que allí estaban, porque se parecían tanto, que casi 
no se podían decir semejantes, sino una mesma cosa; y 
si no fuera porque el traje de Teolinda era diferente del 
de Leonarda, sin duda alguna que Calatea y Florisa no 
supieran diferenciallas : y entonces vieron con cuánta 
razón Artidoro se había engañado en pensar que Leo- 
narda Teolinda fuese. Mas viendo Florisa que el sol es- 
taba hacia la mitad del cielo, y que sería bien buscar 
alguna sombra que de sus rayos las defendiese, ó alo 
menos volverse á la aldea, pues faltándoles la ocasión 
de apacentar sus ovejas, no debían estarse tanto en el 
prado , dijo á Teolinda y á Leonarda : Tiempo habrá, pas- 
toras, donde con mas comodidad podáis satisfacer nues- 
tros deseos, y daros mas larga cuenta de vuestros pen- 
samientos, y por agora busquemos á dó pasar el ñgorde 

4 



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so 



OKUS DE CERVANTES. 



la siesta qneitos amenaza, ó en ana fresca fuente que 
está á la salida del valle qne atrás dejamos , ó tornándo- 
nos á la aldea, donde será Leonarda tratada con la vo- 
luntad que tú, Teolinda, de Calatea y de mí conoces. Y 
si á vosotras, pastoras, hago solo este ofrecimiento, no 
es porque me olvide de Grisaldo y Rosaura, sino porque 
me parece que á su valor y merecimiento no puedo ofre- 
cerles mas del deseo. Ese no faltará en mí mientras la 
vida me durare, respondió Grisaldo, de hacer, pastora, 
lo que fuere en tu servicio, pues no se debe pagar con 
menos la voluntad que nos muestras ; mas por parecer- 
me que será bien hacer lo que dices , y por tener enten- 
dido que no ignoráis lo que entre mi y Rosaura ha pa- 
sado, no quiero deteneros ni detenerme en referirlo : 
solo os ruego seab servidas de llevar á Rosaura en vues- 
tra compañía á vuestra aldea, en tanto que yo aparejo 
en la mia algunas cosas que son necesarias para concluir 
lo que nuestros corazones desean ; y porque Rosaura 
quede libre de sospecha, y no la pueda tener jamas de 
la Fe de mi pensamiento, con voluntad considerada mia, 
siendo vosotras testigos della, le doy la mano de ser su 
verdadero esposo : y diciendo esto, tendió la suya, y 
tomó la de la bella Rosaura, y ella quedó tan fuera de si 
de ver lo que Grisaldo hacia, que apenas pudo respon- 
derle palabra, sino que se dejó tomar la mano, y dis'alli 
á un pequeño espacio dijo : A términos me había traído 
el amor, Grisaldo, señor mió, que con menos que por 
mi hicieras te quedara perpetuamente obligada; pero 
pues tú has querido corresponder antes á ser quien eres, 
que no á mi merecimiento, haré yo lo que en mí es, que 
es darte de nuevo el alma en recompensa deste benefi- 
cio, y después el cielo de tan agradecida voluntad te dé 
la paga. ISo mas, dijo á esta sazón Galatea, no mas, se- 
ñores, que adonde andan las obras tan verdaderas, no 
han de tener lugar los demasiados comedimientos. Lo 
que resta es, rogaral cielo que traiga á dichoso fin estos 
principios, y que en larga y saludable paz gocéis vues- 
tros amores. Y en lo que dices, Grisaldo^ que Rosaura 
venga á nuestra aldea, es tanta la merced que en ello 
nos haces, que nosotras mesmas te lo suplicamos. De 
tan buena gana iré en vuestra compañía, dijo Rosaura, 
que no sé conque lo encarezca mas, que con deciros 
qne no sentiré mucho el ausencia de Grisaldo, estando 

- en vuestra compañía. Pues ea , dijo Florlsa, que el aldea 
es lejos , y el sol mucho , y nuestra tardanza de volver á 
ella notada : vos, señor Grisaldo, podéis ir á hacer lo 
que os conviniere que en casa de Galatea hallaréis á 
Rosaura, y á estas, una pastora, que no merecen ser 
llamadas dos las que tanto se parecen. Sea como que- 
ráis, dijo Grisaldo ; y tomando á Rosaura de la mano, se 
salieron todos del bosque, quedando concertado entre 
ellos que otro dia enviaría Grisaldo un pastor de los mu- 
chos de su padre á avisar á Rosaura de lo que había de 
liacer : y que enviando aquel pastor, sin ser notado po- 
dría hablar á Galatea ó á Florísa , y darla orden que mas 
conviniese. A todos pareció bien este concierto, y ha- 

. hiendo salido del bosque, vio Grisaldo que le estaba es- 
perando su criado con el caballo, y abrazando de nuevo 
á Rosaura , y despidiéndose de las pastoras , se fué acom- 

. panado de lágrimas y de los ojos de Rosaura , que nunca 
del se apartaron hasta que le perdieron de vista. Como 
las pastoras solas quedaron, lubgo Teolinda se apartó 
con Leonarda con deseo de saber la causa de su venida. 



Y Rosaura asi mesmo fué contando á Galatea y i Flotiil 
la ocasión que la había movido á tomar el hábito de p»; 
tora , y á venir á buscar á Grisaldo , diciendo : No m om 
Sara admiración ; hermosas pastoras, el verme á mii 
este traje, si supiérades hasta do se extiende la podei 
fuerza de amor , la cual no solo hace mudar el vesti( 
los que bien quieren , sino la voluntad y el alma, de{ 
manera que mas es de su gusto ; y hubiera yo peí 
el mió eternamente , si de la invención deste tnje 
me hubiera aprovechado. Porque sabréis, amigas, 
estando yo en el aldea de Leonarda , de quien mi 
es señor, vino á ella Grisaldo con intención de esl 
allí algunos días , ocupado en el sabroso ejercicio dij 
caza; y por ser mi padre muy amigo del suyo, oi 
de hospedarle en casa , y de hacerle todos los regaloi ( 
pudiese. Rizólo así : y la venida de Grísalde i m 
fué para sacarme á mi della-, porque en efeto, ai 
sea á costa de mi vergüenza, os habré de decir< 
vista, la conversación, el valor de Grisaldo, hick 
tal impresión en mi alma, que sin saber cómo, á 
días que él allí estuvo , yo no estuve mas en mi , ni qúl 
ni pude estar sin hacerle señor de mi libertad. Peí 
fué tan arrebatadamente, que primero no estuvieseí 
tisfecha que la voluntad de Grisaldo de la mia un 
no discrepaba , según él me lo dio á entender con 
chas y muy verdaderas señales. Enterada pues yo a 
verdad, y viendo cuan bien me estaba teneri Grii 
poresposo, vine ácondescender con snsdeseos,yi 
en efete los míos : y asi, con la intercesión de una 
celia mia en un apartado corredor nos vimos Grial 
yo muchas veces, sin que nuestra estada solos i 
extendiese que avernos, y á darme él la palabra qoej 
con mas fuerza delante de vosotras me ha tomado &< 
Ordenó pues mi triste ventura que en el tiempo qi 
de tan dulce estado gozaba, vino asimesmo á 
mi padre un valeroso caballero aragonés, que Ai 
se decía, el cual vencido, á lo que él mostró, de mi! 
mesura, si alguna tengo, con grandísima soliciludí 
curó que yo con él me casase sin que mi padre ' 
píese. Había en este medio procurado Grisaldo 
efeto su propósito, y mostrándome yo algo mas di 
lo que fuese menestef, le iba entreteniendo con 
bras con intención que mi padre saliese al caui 
casamte, y que entonces Grisaldo me pidiese pori 
pero no quería él hacer esto , porque sabia que la 
tad de su padre era casarle con la rica y hermosa! 
persia, que bien debéis conocerla por la fama de 
queza y hermosura. Vino esto á mí noticia, y torné' 
sion de pedirle celos, aunque fingidos, solo por' 
prueba de la entereza de su fe ; y fui tan descuii' 
por mejordecir tan simple, que pensando que gnu 
algo en ello, comencé á hacer algunos favores á 
dro , lo cual visto por Grisaldo , muchas veces me 
ficó la pena que recibía de lo que yo con Artandi 
saba, y aun me avisó que si no era mi voluntad del 
él me cumpliese la palabra que roe liabia dado, qi 
podía dejar de obedecer á la de sus padres. A todasi 
amonestaciones y avisos respondí yo sin ninguno,! 
de soberbia y arrogancia, confiada en que los li 
mí hermosura había echado al alma de Grisaldo, 
drian tan fácilmente ser rompidos, ni aun 
otra cualquiera belleza. Mas salióme tan al revés ini' 
fianza, como me lo mostró presto Grisaldo, e! cual' 



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LA GaLATEA, UBRO IV. 



5< 



■do deimiwcias y esquivos desdenes, tovo por bien 
de d^anne 7 venir obediente al mandado de su padre. 
Pera apéaese hubo él partido de mi aldea, y apartado 
deini|icsciK¡a,cuandoyoconocí el error en que había 
caido, jcon tanto ahinco me comenzó á fatigar el au- 
lendide Grisaldo y los celos de Leopersia, que la au- 
Kaádél me acababa, y los celos della me consumían. 
C(HÍdenndopuesqttesimiremediosedilataba,habiade 
éjfí m bs manos del dolor la vida , determiné de a ven- 
tar i perder lo menos , que á mi parecer era la fama, 
pr guar lo mas , que es á Grisaldo : y así con excusa 
|pi¿ i mi padre de ir ¿ ver una lia mía, señora de otra 
á la nuestra cercana, salí de mi casa acompañada 
nachos criados de raí padre ; y llegada en casa de mi 
,ledescabrí todo el secreto de mi pensamiento, y le 
é fuese sernda de que yo me pusiese en este hábito, 
i hablará Grisaldo, certificándole que si yo 
DO venía, que tendrían mal suceso mis negocios, 
me lo concedió con condición que trújese á Leo- 
coomigo , como persoua de quien ella mucho se 
j enviando por ella á nuestra aldea, y acomodan- 
destos vestidos, y advirtiéndonos de algunas co- 
qae las dos habíamos de hacer, nos despedimos de- 
bibñ ocho días; y habiendo seis que llegamos i la 
de Grisaldo, jamas hemos podido hallar lugar de 
irie á solas como yo deseaba, hasta esta mañana 
supe que venia á caza, y le aguardé en elmesmo 
doode él ae despidió : y he pasado con él todo lo 
vosotras, amigas, habéis visto : del cual venturoso 
quedo tan contenta, cuanto es razón lo quede 
fK bato lo deseaba. Esta es, pastoras, la historia de 
vida, y sí os he cansado en contárosla , echad la cnl- 
iildtseoque teníades de saberla, y al mío, que no 
ib hacer menos de satisfaceros. Antes quedamos tan 
ipdas, respondió Florisa, á la merced que nos has 
(Im, que aunque siempre nos ocupemos en servirte, 
nldiémos de la deuda. Yo soy la que quedo en ella, 
iicó Rosaura, y la que procuraré pagarla como mis 
CBS alcanzaren. Pero dejando esto aparte, volved ios 
I, pastoras, y veréis los de Teolinda y Leonarda tan 
Mde ligrimas, que moverán á los vuestros á no de- 
íde acompañarlos en ellas. Volvieron Calatea y Florisa 
pbrlas , y vieron ser verdad lo que Rosaura decía : y 
|K el llanto de las dos hermanas causaba era que, 
yiies de haber dicho Leonarda á su hermana todo lo 
■Rosaura habla contado á Calatea y á Florisa , le dijo : 
ñs, hermana, que asi como tú faltaste de nuestra 
a, se imaginó que te habia llevado el pastor Arti- 
n,qae aquel mesmo día faltó él también, sin que de 
ie se despidiera : confirmé yo esta opinión en mis 
Ira, porque les conté lo que con Artidoro habia pa- 
ken la floresta : con este indicio creció la sospecha, 
lí padre procuraba venir en tu busca y de Artidoro, 
■ efelo lo pusiera por obra , si de allí á dos dias no vi- 
ni nuestra aldea un pastor, que al momento que fué 
It, lodos le tuvieron por Artidoro : llegando estas 
«nsámi padre de que allí estaba el robador tuyo, 
tpiíDo coD la justicia adonde el pastor estaba , al cual 
fiegantaron si te conocía , ó adonde te había llevado. 
|Ktor nejgó conjuramento que en toda su vida te ha- 
iréto, ni sabia qué era lo que le preguntaban. Todos 
(^ estaban presentes se maravillaron de ver que el 
Nk negaba conocerte, habiendo esUdo diez diasen 



el pueblo , y hablado y bailado contigo muchas veces , y 
sin duda alguna creyeron todos que Artidoro era cul- 
pado en lo que se le imputaba, y sin querer admitir 
disculpa suya, ni escucharle palabra, le llevaron á la 
prisión, donde estuvo algunos dias sin que ninguno le 
hablase, al cabo de los cuales, yéndole á tomar su con- 
fesión, tomó ajorar que no te conocía, y que en toda su 
vida habia estado mas de aquella vc7. en nuestra aldea, 
y que mirasen (y esto otras veces lo habia dicho) que 
aquel Artidoro que ellos pensaban ser él, por ventara 
no fuese un hermano suyo , que le parecía en tanto ex- 
tremo como descubriría la verdad cuando les mostrase 
qnese habían engañado, teniendo á él por Artidoro; 
porque él se llamaba Galercio, hijo de Bríseno, natural 
del aldea de Grisaldo ; y en efeto , tantas demostraciones 
dio, y tantas pruebas hizo, que conocieron claramente 
todos que él no era Artidoro, de que quedaron mas ad- 
mirados, y decían que tal maravilla como la de parecer- 
nos yo á tí, y Galercio á Artidoro, no se habia visto en 
el mundo. Esto que de Galercio se publicaba , me movió 
á iráverle muchas veces á do estaba preso ; y fuá la vista 
de suerte que quedé sin ella , á lo menos para mirar co- 
sas que me den gnsto , en tanto qne á Galercio no viere; 
pero lo que mas mal hay en esto , hermana , es que él se 
fué de la aldea sin que supiese que llevaba consigo mi 
libertad, ni yo tuve lugar de decírselo, y asi me quedé 
con la pena que imaginarse puede, hasta que la tia de 
Rosaura me envió á pedir á mi por algunos dias, todo á 
fin de venir á acompañará Rosaura, de lo que recebí 
sumo contento por saber que veníamos á la aldea de Ga- 
lercio, y que allí le podría hacer sabidor de la deuda en 
que me estaba ; pero he sido tan corta de ventura, que 
ha cuatro dias que estamos en su aldea, y nunca le he 
visto, aunque he preguntado por él, y me dicen que 
está en el campo con su ganado. He preguntado también 
por Artidoro, y hanme dicho que de unos díase esta 
parte no parece en el aldea ; y por no apartarme de Ro- 
saura no he tenido lugar de ir á buscar á Galercio, del 
cual podría saber nuevas de Artidoro. Esto es lo que á 
mi me ha sucedido , y lo demás qne has visto con .Gri- 
saldo, después que faltas, hermana, de la aldea. Admi- 
rada quedó Teolinda de lo que su hermana le contaba ; 
pero cuando llegó á saberque en el aldea de Artidoro no 
se sabía del nueva alguna, no pudo tener las lágrimas, 
aunque en parte se consoló, creyendo que Galercio sa- 
bría nuevas de su hermano ; y asi determinó de ir otro 
día á buscar á Galercio do quiera que estuviese, y ha- 
biéndole contado con la mas brevedad que pudo Leo- 
narda todo lo que le habia sucedido después que en 
busca de Artidoro andaba, abrazándola otra ve7., se vol- 
vió adonde las pastoras estaban , que un poco desviadas 
del camino iban, por entre unos árboles que del calor 
del sol un poco las defendían ; y en llegando á ellas Teo- 
linda, les contó todo lo que su hermana le habia dicho, 
con el suceso de sus amores, y la semejanza de Galercio 
y Artidoro, de que no poco se admiraron, aunque dijo 
Galatea : Quien ve la semejanza tan extraña que hay en- 
tre ti , Teolinda , y tu hermana, no tiene de qué mara- 
villarse aunque otras vea, pues ninguna, á lo que yo 
creo , á la vuestra ¡guala. No hay duda, respondió Leo- 
narda, sino que laque hay entre Artidoro y Galercio es 
tanta , que si á la nuestra no excede , á lo menos en nin- 
guna cosa se quedará atras. Quiera el cielo, dijo Florísa, 



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S2 



OBRAS DE CERVA.NTES. 



que ast corno los cnatro os semejáis anos á otros, asi os 
acomodéis y parezcáis en la ventura , siendo tan buena 
laque la fortuna conceda á vuestros deseos, que todo e 
mundo envidie vuestras contentos , como admira vues- 
tras semejanzas. Replicara ¿ estas razones Teolinda, si 
no lo estorbara la voz que oyeron que dentro los árboles 
salía , y parándose todas á escucharla , luego conocieron 
ser la del pastor Lauso , de que Calatea y Florisa grande 
contento recibieron , porque en extremo deseaban saber 
de quién andaba Lauso enamorado, y creyeron quedesta 
duda las sacaría lo que el pastor cantase ; y por esta oca- 
sión , sin moverse de donde estaban , con grandísimo si- 
lencio le escacharon. Estaba el pastor sentado al pié de 
au verde sauce , acompañado de solos sus pensamientos 
y de un pequeño rabel, al son del cual úesta manera 
cantaba. 



Si yo dijere ei bien del pensamiento. 
El m>i se vuelva cuanto bien poseo, 
Qne no es para decirse el bien que siento. 

De mi mesmu se encubra mi deseo, 
Enmudeica la len^a en esta parle , 
Y en el silencio ponga su trofeo. 

Pare aquí el artiOcio, cese el arte 
De.exaterar el gusto, que en una alma 
Con mano liberal amor reparte. 

Baste decir que en sosegada calma 
Paso el mar amoroso, connado 
Oe bonesto Iriunro y vencedora palma. 

Sin saberse la causa , lo causado 
Se sepa; que es un bien tan sin medida , 
Que solo para el alma es reservado. 

Ya tengo nuevo s¿r, ya tengo vida , 
Ya puedo cobrar nombre eu todo el suelo 
De ilustre y clan fama conocida. 

Que el limpio Intento, el amoroso celo 
Que encierra el pecho enamorado mió. 
Aliarme puede al mas subido cielo. 

En ti , Sllena , espero, en ti confio , 
Sllena , gloria de mi pensamiento, 
Norte por quien se rige mi albedrio. 

Espero que el iln par entendimiento 
Tuyú levantes i entender que valgo 
Por fe lo que no esH en. merecimiento. 

Confio que tendría , pastora , en algo 
(Después de bacerte cierta la cipcriencla> 
La sana libertad de un pecho hidalgo. 

iQné bienes no asegura tu presencia? 
Qttt males no destierra, y quién sin ella 
SnfHrl un punto la terrible ausencia? 

¡Oh mas que la belleza misma bella , 
Mas qne la propia discreción discreta, 
Sol i mis OJOS y i mi mar estrella ! 

No la qne fne de la nombrada Creta , 
Robada por el falso hermoso toro, 
Igaald.i tu hermosura tan perfeta. 

Ni aquella qne en sus faldas granes de oro 
Sinüd llover, por quien después no pudo 
Guardar el virginal rico tesoro. 

Ni aquella que con brazo airado y erado 
En la sangre castísima del pecho 
Tiaó ei puSal en su limpieza agudo. 

No cantó mas el enamorado pastor,ni porlo que can- 
tado había pudieron las pastoras venir en conocimiento 
de lo que deseaban , que puesto que Lanso nombró á Si- 
lena en su canto , por este nombre no fué la pastora co- 
nocida : y asi imaginaron que como Lauso hiibia andado 
por machas partes de España , y aun de toda Asia y Ea- 
Topa , qne alguna pastora forastera seria la que habia 
rendido la libre voluntad suya; mas volviendo á consi- 
derar que le habían visto pocos días atrás triunfar de la' 
libertad, y hacer burla de los enamorados, sin duda 
creyeron que con disfrazado nombre celebraba alguna 
conocida pastora, á quien habia hecho señora de sus 
pensamientos : y asi sin satisfacerse en su sospecha se 
fueron hacia la aldea, dejando al pastor en el mismo lu- 
gardonde estaba. Mas nohubieronandadomucho, cuan- 
do vieron venir desde lejos algunos pastores que luego 



fueron conocidos, porque eran Tíraí, Damón, Elid^ 
Erastro, Arsindo, Francenio, Crisio, Orompo, Dan* 
nio, Orfenio y Harailio, con todos los mas prindpriei 
pastores de la aldea, y entre ellos el desamorado Lea% 
con el lastimado Silerio, los cuales salían á tenerk 
siesta ala fuente de las Pizarras, á la sombra queM 
aquel lugar hacían las entrícadas ramas de los espeso] | 
verdes árboles ; yantes que los pastores llegasen, fiht 
vieron cuidado Teolinda, Leonarda y Rosaura de rebt^t 
zarse cada una con un blanco lienzo , porque de rirñ n 
Damon no fuesen conocidas. Los pastores llegaroa IMH 
ciendo corteses recibimientos á las pastoras , convidM 
dolas á que en su compañía la siesta pasar quisiesN 
mas Calatea se excusó con decir que aquellas fonsttl 
pastoras que con ella venían , tenían necesidad de íri 
aldea : con esto se despidió dellos, llevando tns ál 
almas de Elício y Erastro, y aun las encubiertas puli 
ras los deseos de conocerlas de cuantos alli estalM 
Ellas se fueron á la aldea, y los pastores á la fresca fneri 
pero antes que allá llegasen, Silerio se despidió detti 
dos, pidiendo licencia para volverse á su ermita; 
puesto que Tirsi , Damon , Elício ,y Erastro le rogín 
que por aquel día con ellos se quedase, jamas le pudií 
ron acabar con él , antes abrazándolos á todos se desf 
díó, encargando y rogando á Erastro que no dejiseí 
verle todas las veces que por su ermita pasase. Ecidí 
se lo prometió ; y con esto, torciendo el camino, acM 
panado de su continua pesadumbre, se volvió á la sol 
dad de su ermita , dejando á los pastores no sin dolori 
ver la estrecheza de vida que en tan verdes años hik 
escf^ido ; pero mas se sentía entre aquellos que le ai 
nocían y sabían la calidad y valor de su persona. Ue§ 
dos los pastores á la fuente, hallaron en ella átres^ 
balleros y á dos hermosas damas que de camino veaíl 
y fatigados del cansancio y convidados del ameni 
fresco lugar, les pareció ser bien dejar el camino | 
llevaban, y pasar allí las calurosas horas de la sieri 
Venian con ellos algunos criados, de manera que eoi 
apariencia mostraban ser pei'sonas de calidad . Quisiei 
los pastores, así como los vieron, dejarles el lugar df 
ocupado; pero uno de los caballeros, que el prináf 
parecía, viendo que los pastores de comedidos se qi 
rían ir á otra parte, les dijo : Si era por ventara vuÑI 
contento , gallardos pastores , pasar la siesta en esta i 
leitoso sitio, no os lo estorbe nuestra compañía, Ul 
nos haced merced de que con la vuestra aomeaii 
nuestro contento, pues no promete menos vuestra 9 
til disposición y manera ; y siendo el lugar, como lo 
tan acomodado para mayor cantidad de gente, bn 
agravio á mí y á estas damas, si no venís en lo que' 
en su nombre y el mío os pido. Con hacer, señor, lo q 
nos mandas, respondió Elício, cumplii^mos nnell 
deseo, que por agora no se extendía á mas que yeaU 
este lugar á pasar en él en buena conversación las ea 
dosas horas de la siesta ; y aunque fuera diferente nm 
tro intento , le torciéramos solo por hacer lo que ped 
Obligado quedo, respondió el caballero, á muestnséj 
tanta voluntad, y para mas certificarme y obliguní| 
con ella, sentaos, pastores, al rededor desta fre^ 
fuente, donde con algunas cosas que estas damas tnM 
para regalo del camino , podéis despertar la sed , y ni^ 
tigar en las frescas aguas qne esta clara fuente vá 
ofrece. Todos lo hicieron asi , obligados de su buen 00 



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LA CALATEA. LIBRO IV. 



S3 



pedinüeBlD. Hasta este punto habían tenido las damas 
ealñeitiB te rastros con dos ñcos antifaces ; pero viendo 
<{ue los pastores se quedaban , se descubñeron , descu- 
' briendtiiailieUeza tan extraña, que en gran admira- 
cioDiMWá todos los que la vieron, pareciéndoles que 
despiH de la de Calatea no podia haberen la tierra otra 
qoeieigoalase. Eran las dos damas Igualmente hermo- 
sB.auíqiiela ana dallas, que de mas edad parecia, á 
h os pequeña en cierto donaire y brío se aventajaba. 
Seriados paesy acomodados todos , el segundo caba- 
; Hm, que hasta entonces ninguna cosa había hablado, 
idgt: Cuando me paro i considerar, agradables pastó- 
la, la ventaja que hace al cortesano y soberbio trato 
rtputoni y homilde vuestro, no puedo dejar de tener 
JÜmi i mi mesmo , y á vosotros honesta envidia. ¿Por 
fié dices eso, amigo Darinto? dijo el otro caballero. 
Kplo, señor, replicó estotro, porque veo con cuánta 
aritádad vos y yo, y los que siguen el trato nuestro, 
fncarunos adornar las personas, sustentar los cuer- 
yos,yaamentar las haciendas, y cuan poco viene á lu- 
, paes los rostros están marchitos de los mal di- 
manjares comidos á deshoras, y tan costosos 
mal gastados : la púrpura, el oro, el brocado, nin- 
coea DOS adornan ; ni pulen , ni son parte para que 
bien parezcamos á los ojos de quien nos mira : todo 
oalpnedes ver diferente en los que siguen el rústico 
del campo, haciendo experiencia en ios que 
delante, los cuales podría ser, y aun es así, que 
bobiesen sustentado y sustentan de manjares simples 
en todo contrarías de la vana compostura de los nues- 
,ycoQ todo eso mira el moreno de sus rostros, que 
inetemas entera salud que la blancura quebrada de 
l~>iuieslios, y cuan bien les está á sus robustos y suel- 
fK miembros un pellico de blanca lana, una caperuza 
|)Miay anas antiparras de cualquier color que sean; y 
esto á los ojos de sus pastoras deben de parecer mas 
que los bizarros cortesanos á los de las retira- 
damas. ;Qué te diría pues, si quisiese , de la senci- 
de so vida, de la llaneza de su condición, y de la 
"id de sus amores? No te digo mas, sino que 
tnmigo puede tanto lo que de la vida pastoral conozco, 
fKde boena gana trocaría la mía con ella. En deuda té 
íMbdos todos los pastores, dijo Elicio, por la buena 
Wnioa qoe de nosotros tienes ; pero con todo eso te sé 
porqoe hay en la rústica vida nuestra tantos resbala- 
pns y trabajos , como se encierran en la cortesana 
ífMra. No podré yo dejar de venir en lo que dices, re- 
[{ioA Darinto, porque ya se sabe bien que es una guerra 
vida sobre la tierra ; pero en fin , en la pastoral 
menos que en la ciudadana, por estar mas libre de 
ioneg que alteren y desasosieguen el espíritu. Cuan 
se conforma con tu opinión, Darinto, dijo Damon, 
de nn pastor amigo mió , que Lauso se llama , el cual, 
ft^es de haber gastado algunos años en cortesanos 
^Rcici«, y algunos otros en los trabajosos del duro 
Ikte, al fin se ha reducido á la pobreza de nuestra rús- 
foñda.yántes que á ella viniese, mostró desearlo 
*Kbo,como parece poruña canción que compuso y 
■ñi al (aqoso Larsileo, que en los negocios de la corte' 
fc« larga y ejercitada experiencia, y por haberme á 
■I perecido bien, la tomé toda en la memoria, y aun 
* h dijen, si imaginara que á ella me diera lugar el 
•"•"•P* , y á vosotros no os cansara el escucharla. Nin- 



guna otra cosa nos dará mas gusto que escucliarto , dis- 
creto Damon , respondió Darinto , llamando á I^mon 
por su nombre, que ya le sabia por haberle oído nom- 
bVar á los otros pastores sus anligos ; y así yo de mi parta 
te ruego nos digas la canción de Lauso, que pues ella 
es hecha, como dices, á mi propósito, y tú la has to- 
mado de memoria, imposible será que deje de ser bue- 
na. Comenzaba Damon á arrepentirse de lo'que había 
dicho, y procuraba excusarse de lo prometido ; mas los 
caballeros y damas se lo rogaron tanto , y todos los pas- 
tores, que él no pudo excusar el decirla. Y así , habién- 
dose sosegado un poco , con gentil donaire y gracia dijo 
desta manera. 



El noo imaglur de naestn menie , 
De mil eontnrios Tientoi irrojida 
Ad ; allí COD cano presuroso : 
La hoiaan* eoBdldoi Saca, doliente 
En cadaeoe placeres oeapaüa , 
Do busca (in hallarle algnn repose : 
El mundo menttroso , 
Falso .promeledor de alegres gustos : 
La voz de sns sirenas 
Mal escuchada apenas , 
Cuando cambia su gusto en mil disgustos : 
In babilonia , el eaos'que miro y leo 
En lodo cnanto veo : ' 
El cauteloso trato cortesano 
Junto con mi deseo , 
Pnesto han la pinma en la cansada asno. 

Quisiera yo, seSor, ({ue allí llegara 
Do llega mi deseo , el corto vuelo 
De mi grosera mal cortada pluma , 
Solo para que luego se ocupara 
En levantar al mas sabido cielo 
Vuestra rara bondad j virtud suma; 
Mas ¿quién haj qne presuma 
Echar sobre sns hombros tanta carga , 
Si no es un nuevo Atlante 
En fuerzas tan bastante, 

?ue poco el cielo le fatiga y carga ? 
aun le seri forzoso que se ayude , 
T el grave peso mude 
Sobre los brazos de otro Alcldes nuevo ; 
T aunqne se encorve y sude, 
To tal fatiga por descanso apruebo. 
Ya que i mis fuerzas esto es imposible, 

Y el inótil deseo dov por muestra 

De lo que encierra el jnstu pensamlenio , 
Veamos si quizi ser4 posible 
Mover la flaca mal contenta diestra 
A mostrar por enigma algún contentó : 
' Mas un sin fuerzas siento 
Mi fuerza en esto, que seri forzoso 
Que apliquéis los oídos 
A los tristes gemidos 
De un desdeíado pecho congojoso, 
A quien el faego, el aire, el mar, la tierra , 
Hacen contlno guerra , 
Todos en su desdicha conjandos , 

8Be se remata y cierra 
ou la corta ventura de sus hados. 
Si esto no fuera, ficil cosa fuera 
Tender por la región del gnsto el paso , 

Y reducir cien mil i la memoria 
Pintando el monte , el rio y la ribera. 
No amor, el hado, la fortuna y caso 
Rindieron á un pastor toda su gloria : 
Has desta dulce historia 

El Uempo triunfa, y solo queda della 

Una peqnella sombra , 

Que ahora espanta , asombra 

Al pensamiento qne mas piensa en ella : 

Condición propia de la humana suerte 

Que el gnsto nos convierte 

En pocas horas en mortal disgusto , 

Y nadie hahri que acierte 

En muchos alas con un firme gusto. 

Vuelva y revuelva en alto, soba 6 baje 
El vano pensamiento al hondo abismo, 
Coria en un punto desde Tilo i Batro, 
Que t\ dirl cnanto mas sude y trabaje , 

Y del término saiga de si mismo 
Pnesto en la esfera , d en el cruel báratro. 
¡Oh una , y tres, y cuatro, 
Ciqco , y seis , y mas veces venturoso 
"* de 



El simple ganadera , 



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64 



OBRAS DE CERVANTES. 



One con m pobre (pero 

Vive con mas contento jr mas reposo 

Qne d rico Craso, ó el avarienta Mida! 

fucs con aquella vida 

Robusta , pastoral , sencilla j sana. 

De todo ponto olvida 

Esta misera , falsa cortesana. 

En el rigor del erizada invierno 
Al tronco entero de robusta encina 
De Valeano abrasada se calienta , 

Y alU en sosiego Inta del gobierno 
. Mejor de si ganado, ; determina 

Dar de si al eieto no entricada cuenta : 

Y enando ya seabuyenta 

El encoglao, estéril , verlo frió , 

Y el gran seSor de Délo 
Abrasa el aire, el suelo, 

En el mirgen sentado de algún rio 
De verdes sauces jr iiamos cnbierto , 
Con rústico concierto 
Saella la voi ,ú toca el caramillo , 

Y i veces se ve cierto 

Las aguas detenerse por oillo. 

Poco alii le fatiga el rostro grave 
Del privado , que muestra en apariencia 
Handar allí do no es obedecida ; 
Ni el alto exagerar con voz suave 
Del falso adulador, que en poca ausencia 
Muda opinión, scfior, bando j partido; 
NI el desden sacudido 
Del sutil secretaria le fatiga , 
Ni la altivez honrada 
De la llave dorada. 
Ni de los varios príncipes la liga, 
Ni del manto ganado un ponto parte. 
Porque el furor de Marte 
A una y olr« parte suene airado , 
Regido portal arte, 
Que apenas so secuaz se ve medrada. 

Reduce i pocos pasos sus pisadas 
Del alto monte al apacible llano , 
Desde la fresca fuente al claro rio , 
Sin que porverlas tierras apartadas 
Las movibles campanas del Océano 
Are con loco, antiguo desvario : 
No le levanta el bno 
Saber que el gran monarca invicto vive 
Ilien cerca de su aldea , 

Y aunone su bien desea , 

Poco disgusto en no verle recibe . 

No como el ambicioso entremetido , 

Qne con seso perdida 

Anda tras el favor, tras la privanza , 

Sin nunca haber tefiidq 

En tarca d mora sangre , espada ó lanza 

No su semblante ó su color se muda 
Porque mude color, mude semblante 
El sefior i quien sirve ; pues no tiene 
Sefior que raeree i que con lengua moda 
Siga cual Clicle i sn dorado amante 
El dulce 6 amargo gusto que le viene : 
No le veréis que pene 
De temor que un descaído , nna nonada 
En el ingrato pecho 
Del sefior el dereclio 
Borre de sus servicios, y sea dada 
he breve despedida la sentencia : 
No muestra en apariencia 
Otro de lo uue encierra el pecho sano ; 
Que la nistica ciencia 
No alcanza el falso trato cortesano. 

¿Quién tendri vida tal en mcnospreciu'! 
Quién no dirá que aquella sola es vida 
Que al sosiego del alma se encamina? 
El no tenerla el cortesano en precia, 
Hace qne su bondad sea conocida 
De quien aspira al bienyai mal declina, 
i Oh vida do se aliña 
En soledad el j^sto acompasado ! 
Oh pastoral bajeza , 
Mas alta que la alteza 
Del cetro mas subido y levantado! 
Oh flores olorosas, oh sombríos 
Unsques, oh claros ríos! 
i Quién gozar as pudiera nn breve tiempo 
Sin que los males míos 
Turbasen Un honesto pasatiempo ! 

Canción , i parte vas do seiín luego 
Conocidas tas faltas y tus sobras : 
Mas di , si aliento cobras. 
Con rostro humilde enderezado i niego : 
Schor, perdón , porqne el que *ci me envía , 
En TOS y en so deseo se eonfia. 



Esta es, seilores, la canción de Lanso,dijo Damonei-I 
acabándola : la cual fué tan celebradadcLarsileo,caantg I 
bien admitida de los que en aquel tiempo la vieron. Coa ' 
razón lo puedes decir, respondió Darinto, pues la ver- 
dad y artificio suyo es digno de justas alabanzas. EsHi 
canciones son las de mi gusto*, dijo á este punto el dea- 
murado Lenio; y no aquellas que á cada paso Ilegal i 
mis oidos, llenas de mil simples conceptos amorosos, tlt 
mal dispuestos é intricados, qu.e osaré jurar que hay d- 
gunas, que ni las alcanza quien las oye,pordiscnto; 
que sea, ni las entiende quien las hizo. Pero no méM* 
fatigan otras que se enzarzan en dar alabanzas á Copijb 
y en exagerar su poder, su valor, sus maravillas y ■£• 
lagros, haciéndole señor del cíelo y déla tierra, d4lr¡ 
dolé otros mil atributos de potencia, de mando y seSn- 
rio; y lo qne mas me cansa i mí délos qne las haceíL 
es, que cuando hablan de amor, entienden de un noa 
quién, que ellos llaman Cupido, que la mesma sigmt^ 
caciondel nombre nos declara quién es él, que a|i( 
apetito sensual y vano, digno de todo vituperio. EM, 
el desamorado Lenio, y en fin hubo de parar en áeát 
mal del amor ; pero como todos los mas de los que d| 
estaban conocían su condición, no repararon mnchoei 
sus razones, sí no fué Erastro, que le dijo : ¿Piensai^ 
Lenio, por ventura, que siempre estás haLlando codc 
simple Erastro, que no sabe contradecir tus opiniooM 
ni responderá tus argumeDtos?Pues quiérote adveiti 
que te será sano callar por ahora, ó alo menos trataré 
otras cosas que de decir mal de amor, si ya no giubl 
que la discreciony ciencia de Tirsi y de Damon te alus 
bren de la ceguedad en que estás, y te muestren i I 
clara lo que ellos entienden y lo que tú debes entendí 
del amor y de .«us cosas. ¿Qué me podrán ellos decir ign 
yo no sepa ? dijo Lenio ; ó ¿ qué les pod ré yo replicar ^ 
ellos no ignoren? Soberbia es esa, Lenio, respoim 
Elicio, y en ella muestras cuan fuera vas del caminad 
la verdad de amor , y que te riges mas por el norte de I 
parecer y antojo, qile no por el que debías regirte, qi 
es el de la verdad y experiencia. Antes por la mucha qt 
yo tengo de sus obras, respondió Lenio, le soy tan co» 
trario como maestro y mostraré mientras la vida al 
durare. ¿En qué fundas tu razón? dijo Tirsi. ¿En qnij 
pastor? respondió Lenio : en que por los efetos quebí 
cen, conozco cuan mala es la causa que los prodo^ 
¿Cuáles son los efetos de amor qne tú tienes por ti 
malos? replicó Tirsi. Yo te los diré, si con atención 01 
escuchas, dijo Lenio; pero no querría qne mi plilie 
enfadase los oídos délos que es(án presentes, pudieaij 
pasar el tietripo en otra conversación de mas gusto. Ni* 
guna cosa habrá que sea mas del nuestro, dijo Daríid^ 
que oir tratar desta materia, especialmente entre peí 
sonas que tan bien sabrán defender su opinión ; j n 
por mi parte, si la destos pastores no lo estorín,! 
mego, Lenio, que sigas adelante la comenzada pláticat 
Eso haré yo de buen grado, respondió Lenio. poiqiilj 
pienso mostrar claramente en ella cuánta razón ^i 
fuerza á seguir la opinión que sigo, y á vituperar caá- 
4|uiera otra que á la mía se opusiere. Comienza pues, f ! 
Lenio, dijo Damon, que no estarás mas en ella de cuaolt¡ 
mi compañero Tirsi descubra la suya. A esta sazón, jé 
que Lenio se preparaba á decir los vituperios de amo^ 
llegaron á la fuente el venerable Aurelio, padre de Gt- 
latea, con algunos |)astores, y con él asimismo veniíB 



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LA CALATEA, LIBRO IV. 



09 



GtbteayFlorisa, conlastres rebozadas pastoras. Ro- 
sara , Teofinda y Leonarda , á las cuales , habiéndolas 
tapado i li entrada de la aldea, y sabiendo dellas la ¡anta 
de pastores qne en la fuente de las Pizarras quedaba, á 
raegosajo las hizo volver, fiadas las forasteras pastoras 
ea fM pdr sus rebozos no serían de alguno conocidas. 
Leñtironse todos á recibir á Aurelio y i las pastoras, 
(ásenles se sentaron con las damas, y Anrelio y los pas- 
lORs om los demás pastores. Pero cuando las damas vie- 
iw ia singular belleza de Calatea, quedaron tan admira- 
das, qne no podían apartar los ojos de mirarla. No lo fué 
inéBüs Calatea de la hermosara dellas, especialmente de 
h que de mayor edad parecía. Pasó entre ellas algunas 
pilibras de comedimiento ; pero todo cesó cuando supie- 
trm lo qne entre el discreto Tirsi y el desamorado Lenío 
estaba concertado , de lo que se holgó innnito el vene- 
oble Anrelio, porque en extremo deseaba ver aquella 
jnnla, y oír aquella disputa; y mas entonces, donde 
tendría Lenío quien tan bien le supiese responder ; y así 
sin mas esperar, sentándose Lenío en un tronco de un 
desmochado olmo , con voz al principio baja , y después 
sonora, desta manera comenzó á decir. 

LERIO. 

Ya casi adirino , valerosa y discreta compañía , como 
ja en voestro entendimiento me vais juzgando por atre- 
vid» y temerario, pues con el poco ingenio y menos ex- 
periencia qne puede prometer la rústica vida en qne yo 
algún tiempo me he criado, quiero tomar contienda en 
naieria tan ardua como esta con el famoso Tirsí, cuya 
ciianza en famosas academias, y cuyos bien sabidos es- 
tadios no pueden a!«gnrar en mi pretensión sino segura 
pérdida. Pero confiado que i las veces la fuerza del na- 
(ini ingenio adornado con algún tanto de experiencia, 
nele descubrir nuevas sendas, con que facilitan las 
(uncías por largos años sabidas, quiero atreverme hoy 
amostraren publico las razones que me han movido á 
tertan enemigo de amor, que he merecido por ello al- 
eiBzir renombre de desamorado ; y aunque otra cosa no 
ne moviera á hacer esto sino vuestro mandamiento , no 
■eexcnsara de hacerlo : cuanto mas, que no será pe- 
^ña la gloría que de aquí he de granjear, aunque 
pierda la empresa, pues al fin dirá la fama que tuve ani- 
ño para competir con el nombrado Tirsi ; y as! con esta 
prKupuesto, sin querer ser favorecido sino es de la ra- 
na qne tengo, á ella solo invoco y ruego dé tal fuerza 
i mis palabras y ai^umentos, que se muestre en ellas y 
ea ellos la que tengo para ser tan enemigo del amor 
tomo publico. 

Es pnes amor ,segun he oído decir á mis mayores, un 
deseo de belleza : y esta diíinicion le dan entre otras 
Duchas los que en esta cuestión han llegado mas al cabo. 
I'nes si se me concede que el amor es deseo de belleza, 
Cviosaniente se me ha de conceder que cual fuere la be- 
lleía qne se amare, tal será el amor con que se ama. Y 
poiqne la belleza es en dos maneras , corpórea é incor- 
1^, el amor que la belleza corporal amare como úl- 
limo Gn suyo , este tal amor no puede ser bueno , y este 
*sel amor de quien yo soy enemigo ; pero como la be- 
"eu corpórea se divide asimismo en dos partes, que 
•men cuerpos vivos y en cuerpos muertos, también 
jioede haber amor de belleza corporal qne sea bueno. 
Viiéstrase la una parte de la belleza corporal en caerpos 



vivos de varones y de hembras, y esta consiste en que 
todas las partes del cuerpo sean de por si buenas , y que 
todas juntas hagan un todo perfeto, y formen un cuerpo 
proporcionado de miembros y suavidad de colores. La 
otra belleza de la parte colrporal no viva, consiste en 
pinturas, estatuas, edificios; la cual belleza puede 
amarse, sin que el amor con que se amare se vitupere. 
La belleza incorpórea se divide también en dos partes : 
en las virtudes y ciencias del ánima ; y el amor que á h 
virtud se tiene, necesariamente ha de ser bueno, y ni 
mas ni menos el que se tiene á las virtuosas ciencias y 
agradables estudios. Pues como sean estas dos suertes 
de belleza la causa que engendra el amor en nuestros 
pechos , sigúese que en el amar la una ó la otra consista 
ser el amor bueno ó malo ; pero como la belleza incor- 
pórea se considera con los ojos del entendimiento lim- 
pios y claros , y la belleza corpórea se mira con los ojos 
corporales, en comparación de los incorpóreos, turbios 
y ciegos; y como sean mas prestos tos ojos del cuerpo á 
mirar la belleza presente corporal qno agrada, que no 
los del entendimiento á considerar la ausente incorpó- 
rea que glorifica , sígnese que mas ordinariamente aman 
los mortales la caduca y mortal bellezat^ne los destruye, 
que no la singular y divina que los mejora. Pues deste 
amor, ó desearla corporal belleza han nacido, nacen y 
nacerán en el mundo asolación de ciudades, ruina de 
estados, deslruicion de imperios y muertes de amigos : 
y cuando esto generalmente no suceday¿qué desdichas 
mayores , qué tormentos mas graves , qné incendio, qué 
celos, qué penas, qué muertes puede imaginar el hu- 
mano entendimiento, que á las que padece el miserable 
amante puedan compararse ^Y es la causa desto que, 
como toida la felicidad del amante consista en gozar la 
belleza que desea , y esta belleza sea imposible poseerse 
y gozarse enteramente , aquel no poder llegar al fin qne 
se desea, engendra eu él los suspiros, las lágrimas, las 
quejas y desabrimientos. Pues que sea verdad que la 
belleza de qnien hablo no se puede gozar perfeta y en- 
teramente, está manifiesto y claro; poitiue no está en 
mano del hombre gozar cumplidamente cosa que esté 
fuera del, y no sea toda suya ; porque las extrañas, cono- 
cida cosa es que están siempre debajo del arbitrio de la 
que llamamos fortuna y caso, y no en poder de nuestro 
albedrio, y asi se concluye que donde hay amor hay do- 
lor: yquien esto negase, negaría asimismo que el. sol es 
claro, y que el fuego abrasa. Mas porque se venga con 
mas facilidad en conocimiento de la amargura que amor 
encierra, por las pasiones del ánimo discurriendo se 
verá clara la verdad que sigo. Son pues las pasiones del 
ánimo, como mejor vosotros sabéis , discretos caballe- 
ros y pastores , cuatro generales , y no mas. nesear de- 
masiado, alegrarse mucho, gran temor de las futuras 
miserias, gran dolor de las presentes calamidades; las 
cuales pasiones , por ser como vientos contrarios que la 
tranquilidad del ánima perturban, con mas propio vo- 
cablo perturbaciones son llamadas : y destas perturba- 
ciones la primera es propia del amor, pues el amor no 
esotra cosa qne deseo : y ast es el deseo principio y ori- 
gen de todas nuestras pasiones, de do proceden como 
cualquier arroyo de su fuente. Y de aquí viene que to- 
das las veces que el deseo de alguna cosa se enciende en , 
nuestros corazones, luego nos mueve á seguirla y á bus- 
carla, y buscándola y siguiéndola, á mil desordenados Qr^ 



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s« 



OBRAS DE 



nes nos conduce. Esta deseo es aquel queinciUal herina- 
no¿ procurar de la amada hermana los abominables ábra- 
los, la madrastra del alnado , y lo que peor es , el mismo 
padre de lapropia hija : es tedeseo es el que nuestros pen- 
samientos á dolorosos peligros acarrea. Ni aprovecha 
que le hagamos obstáculo con la razón, que puesto que 
nuestro mal claramente conozcamos , no por eso sabe- 
mos retiramos del : y no se contenta amor de tenemos 
á una sola voluntad atentos, antes como del deseq de las 
cosas, como ya está dicho , todas las pasiones nacen , así 
del primer deseo que nace en nosotros, otros mil se de- 
rivan , y estos son en los enamorados no menos diversos 
que inQnitos , y aunque todas las mas de las veces miren 
¿ un solo Gn, con todo eso , como son diversos los obje- 
tos y diversa la fortuna de los amadores de cada uno, 
sin duda alguna diversamente se desea. Hay algunos 
que por llegar á alcanzar lo que desean, ponen toda su 
fuerza en una carrera, en la cual ¡ oh cuántas y cuan du- 
ras cosas se encuentran ! ¡ cuántas veces se cae , y cuán.- 
tas agudas espinas atormentan sus pies, y cuántas veces 
primero se pierde la fuerza y el aliento , que den alcance 
á lo que procuran ! Algunos otros hay que ya do la cosa 
amada son poseedores, y ninguna otra desean ni pien- 
san , sino en mantenecse en aquel estado, y teniendo en 
esto solo ocupados sus pensamientos, y en esto solo to- 
das sus obras y tiempo consumido, en la felicidad son 
míseros , en la riqueza pobres, y en la ventura desven- 
' turados. Otros que ya están fuera de la posesión de sus 
bienes, procuran tomar á ellos, usando para ello mil 
ruegos, mil promesas, mil condiciones, infinitas lágri- 
mas, y al cabo en estas miserias ocupándose , se ponen 
á término; de perder la vida. Mas no se ven estos tor- 
mentos en la entrada de los primeros deseos, porque enr 
tónces el engañoso anior nos muestra una senda por do 
entremos , al parecer ancha y espaciosa, la cual después 
Poco á poco se va cerrando de manera, que para volver 
ni pasar adelante ningún camino se ofrece: y as! enga- 
ñados y traídos los miseros amantes con una dulce y 
falsa risa, con un solo volver de ojos, con dos mal for- 
Uiadas palabras que en sus pechos una falsa y flaca espe- 
ranza engendran, arrójanse luego á caminar tras ella, 
aguijados del deseo , y después á poco trecho y á pocos 
días , hallando la senda de su remedio cerrada, y el ca- 
mino de su gusto impedido, acuden luego á regar su 
rostro con lágrimas , á turbar el aire con suspiros , fati- 
gar los oídos con lamentables quejas ; y lo peor es, que 
si acaso con las lágrimas, con los suspiros y con las que- 
jas no pueden venir al Gn de lo que desean , luego mu- 
dan estilo, y procuran alcanzar por malos medios lo que 
por buenos no pueden. De aquí qacen los odios, las iras, 
las muertes , así de amigos como de enemigos. Por esta 
causa se ha visto y se ve á cada paso , que las tiernas y 
delicadas mujeres se ponen á hacer cosas tan extrañas 
y temerarias, que aun solo el imaginarlas pone espanto. 
Por estas se ven los santos y conyugales lechos de roja 
sangre bañados, ora de la triste mal advertida esposa, 
ora del incauto y descuidado marido. Por venir al fiq 
deste deseo es traidor el hermano al hermano, el padre 
alhijo.yelamjgoal amigo. Este rompe enemistades, 
atropella respetos, traspasa leyes, olvida obligaciones y 
solicita parientas. Mas porque claramente se Vea cuánta 
es la miseria de los enamorados, ya se sabe que ningún 
apetito tiene tanta fuerza en noíotros, ni con tanto im- 



(XRVANTES. 
pettt al objeto propnesto nos lleva , como aqaet qne di 
las espuelas de amor es solicitado ; y de aquí viene qátf 
ninguna alegría ó contento pasa tanto del debido tér- 
mino , como aquella del amante cuando viene i conse- 
guir alguna cosa de las que desea; y esto se ve, porqae 
jqué persona habrá de juicio, si no es el amante, qnt 
tenga á suma felicidad un tocar la mano de su am^^ 
una sortijuela suya , un breve amoroso volver de ojos , t 
otras cosas semejantes de tan poco momento cual ' ~ 
considera un entendimiento desapasionado? T no pol 
estos gustos tan colmados , que á su parecer los amantet 
consiguen , se ha de decir que son felices y bienaventu- 
rados; porqne no hay ningún contento suyo, que no vengí 
acompañado de innumerables disgustos y sinsabores, coi 
que amor se los agua y turba, y nunca llegó gloria aroa< 
rosa adonde llega y alcanza la pena : y es tan mala el ala 
gría de los amantes, que los saca fuera de si mesmos, tol 
nándolos descuidados y locos ; porqne , como ponen tod 
su intento y fuerzas en mantenerse en aquel gustoso 
tado que ellos se imaginan, de toda otra cósase descnidaí 
de que no poco daño se les sigue, así de hacienda coi 
de honra y vida. Pues á trueco de lo que he dicho, 
hacen ellos mesmos esclavos de mil congojas, y enemi 
gosde si propios. Pues ¿qué, cuando sucede que ei 
medio de la carrera de sus gustos, les toca el hierro frii 
de la pesada lanza de los celos? Allí se les escurece 
cielo, se les turba el aire , y todos los elementos se l( 
vuelven contrarios. No tienen entonces de quién es[ 
rar contento , pues no se le puede dar el conseguir el Gi 
que desean : allí acude el temor contino, la desespeí 
cion ordinaria, las agudas sospechas, los pensamú 
varios, la solicitud sin provecho, la falsa risa y el vei 
daderollanto,con otros mil extraños y terribles acciden- 
tes que le consumen y atierran. Todas las ocasiones de la 
cosa amada le fatigan, si mira, si ríe, si toma, si vaelve, 
si calla, si habla; y analmente todas las gracias que le 
movieron á querer bien, son las mesmas que atormen- 
tan al amante celoso. Y ¿quién no sabe que si la ventura 
á manos llenas no favorece á los amorosos principios, y 
con presta diligencia á dulce fin los conduce, cuan cos- 
tosos le son al amante cualesqnier otros medios que el 
desdichado pone para conseguir su intento?¿Qué de lá- 
grimas derrama? Qué de suspiros esparce? ¿Cuántas 
cartas escribe? Cuántas noches no duerme? Cuántos 
y cuan contrarios pensamientos le combaten? Cuántos 
recelos le fatigan, ycuántos temores lesobresaltant^Hay 
porventura Tántalo que mas fatiga tenga entre las aguas 
y el manzano puesto, que la que tiene el miserable 
amante entre el temor y la esperanza colocado? Son los 
servicios del amante no favorecido los cántaros de las 
hijas de Dánao, tan sin provecho derramados, que ja- 
mas llegan á conseguir una mínima parte de su intento. 
¿ Hay águila que así destruya las entrañas de Ticio, co- 
mo destruyen y roen los celos las del amante celoso? 
Hay piedra que tanto cargue las espaldas de Sísifo, co- 
mo carga el amor coutino los pensamientos de los ena- 
morados? Hay rueda de Ixion que mas presto se vuelva 
y atormente , que las prestas y varías imaginaciones de 
los temerosos amantes? Hay Minos ni Radamanto que 
así castiguen y apremien las desdichadas condenadas ai- 
mas, como castiga y apremia el amor al enamorado pe- 
cho qne al insufrible mando suyo está sujeto? No liay 
cruda Megera, ni rabiosa Tisifoiie, ni vengadora Álcelo, 



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LA CALATEA , LIBRO IV. 



5T 



i{ne idadtnten el ininn do se encierrui, como mal- 
inU esta ñtria , este deseo i los «in Tentara que le reco- 
Boceo porseñor y se le humillan como vasallos : loe cua- 
les por dir alguna disculpa de las locuras que hacen, 
dicea,dá lómenos dijeron los antiguos gentiles, que 
iqBeJ instinto que incita y mueve al enamorado para 
uaraus que á su propia vida la ajena, era un dios á 
peo pusieron por nombre Cupido ; y que así , forzados 
desn deidad, no podian dejar de seguir y caminar tras 
bqae él quería. Movióles á decir esto, y á dar nombre 
de dios i este deseo, el ver los efetos sobrenaturales 
qw hace en los enamorados. Sin duda parece que es so- 
brerntaral cosa estar un amante en un instante mesmo 
temeroso y confiado, arder lejos de su amada, helarse 
caaado mas cerca della : modo cuando parlero, y par- 
tero cuando mudo. Extraña cosa es asimismo seguir á 
^u me huye, alabar á quien me vitupera, dar voces 
iquien no me escucha, servir á una ingrata, y esperar 
ffi quieu jamas promete ni puede dar cosa que buena. 
sea. ¡ Oh amarga dulzura , oh venenosa medecina de los 
amantes no sanos ! Oh triste alegría, oh floramorosa, que 
niagun fruto señalas, sino de tardo arrepentimiento! 
Ejtos son los efetos deste dios imaginado , estas son sus 
Inañas y maravillosas obras : y aun también puede 
Terse en la pintura, con que Qgurabaná este su vano 
dios, cnin vanos ellos andaban : pintábanle niño, des- 
ando , alada, vendados los ojos , con arco y saetas en las 
maoos, por damos á entender, entre otras cosas, que 
easiemlo uno enamorado, se vuelve déla condición de 
«aniño simple y antojadizo, que es ciego en tas preten- 
steoes, lijero en los pensamientos, cruel en las obras, 
desando y pobre de las riquezas del entendimiento. De- 
ráa asimismo que entre las saetas suyas tenia dos, la 
laa de plomo y la otra de oro, con las cuales diferentes 
efetos hacia, porque la de plomo engendraba odio en los 
pechos que tocaba, y la de oro crecido amor en los que 
hería, por solo avisarnos que el oro rico es aquel que 
hace amar , y el plomo pobre aborrecer. Y por esta oca- 
non no en balde cantan los poetas á Atalanta vencida de 
tres hermosas manzanas de oro ; y á la bella Dánae pre- 
üada de la dorada lluvia ; y al piadoso Eneas descender 
al infierno con el ramo de oro en la mano : en Gn , el oro 
rh dádiva es una de las mas fuertes saetas que el amor 
litoe.ycon laque mas corazones sujeta: bien al revés 
debde plomo, metal bajo y menospreciado, como lo es 
hpobreza, la cual antes engendra odio yaborrecimíento 
donde llega, que otra benevolencia alguna. Pero si las 
nzones hasta agora por mi dichas, no bastan á persua- 
dir la que yo tengo de estar mal con este pérfido amor, 
de quien trato boy , observad en algunos ejemplos ver- 
daderos y pasados los efetos suyos, y veréis, como yo 
teo, que no ve ni tiene ojos de entendimiento el que no 
ilcanxa ki verdad que sigo. Veamos pues ¿quién, sino 
este amor, es aquel que al justo Lot hizo romper el casto 
intento, y violar á las propias hijas suyas? Este es sin 
duda el que hizo que el escogido üavid fuese adúltero y 
bomicida; y el que forzó al libidinoso Amon á procurar 
d torpe ayuntamiento de Tamar , su querida hermana ; 
Tdqae puso la cabeza del fuerte Sansón en las traido- 
nibidasde Dálida, por do perdiendo él su fuerza, per- 
dienm los suyos su amparo , y al cabo él y otros muchos 
bvida : este fué el que movió la lengua de Heredes para 
rrameter á la bailadora niña la cabeza del Precursor de 



la vida : este hace qae se dude de la salvación del mas 
sabio y rico rey de los reyes, y aun de todos los hom- 
bres : este redujo los fuertes brazos del famoso Hércu- I 
les, acostumbrados á regir la pesada maza, á torcer un ? 
pequeñueto huso , y ejercitarse en mujeriles ejercicios : ■• 
este hizo que la furiosa y enamorada Medea esparciese ^ 
por el aire los tiernos miembros de su pequeño her- ' 
mano : este cortó la lengua á Progne , Aragne y á Hipó - ' 
lito , infamó á Pasifae , destruyó á Troya y mató á Egisto : 
este hizo cesar las comenzadas ohras de la nueva Car- 
tago, y que su primera reina pasase su casto pecho con 
la aguda espada': este puso en las manos de la nombrada 
y hermosa Sofonisba el vaso de mortífero veneno, que 
la acabó la vida. Este quitó la suya al valiente Tumo, y 
el reino á Tarquino , el mando á Marco Antonio , y la vi- 
da y la honra á su amiga. Este en fin entregó nuestras 
Españas á la bárbara furia agarena, llamada á la ven- 
ganza del desordenado amor del miserable Rodrigo. 
Mas porque pienso que primero nos cubrirá la noche 
con su sombra, que yo acabase de traeros á la memoria 
los ejemplos que se ofrecen á la mía, de las hazañas que 
el amor ha hecho y cada dia hace en el mundo, no quiero - 
pasar mas adelante en ellos, ni aun en la comenzada 
plática,pordarlngaráque el famoso Tirsi me responda, 
rogándoos primero, señores, no os enfade oír uiia can- 
ción , quealgunos días ha tengo hecha en vituperio desle 
mi enemigo, la cual , si bien me acuerdo, dice desta 
manera. 

Slu qae me pongan miedo el hielo y fnego, 
El arto j lechas del amor Urano, 
En sa deshonra he de mover mi ¡engna : 
Que ¿qnién ha de temer i un niflo ciego 
Ue vano antojo y de juicio insano, 
Annqne mas amenace dato j mengua? 
Ni gnsto crece, mi valor desmengua 
Cuando la voz levanto 
Al verdadero canio , 
Que en vituperio del amor se forma 
Con tal verdad , con tal manera y forma , 
Que i todo el mundo su maldad descubre, 

Y claramente informa, 

Del cierto daBo que el amor encubre. 

Amor es fuego que consume el alma , 
Hielo que biela , flecha oue abre el pecho 
Que de sus maSas vive descuidado : 
Turbado mar do no se ha visto calma , 
Ministro de ira, padre del despecho, 
Enemigo de amigo disfrazado, 
Dador de escaso bien y mal colmado: 
Afable, lisonjero, 
Tirano, crudo y liero, 

Y Circe engañadora que nos mnda 

En varias mostruos, sin que humana ayuda 
Pueda al pasado ser nuestra volvemos, 
Annqne lyera acoda 
La luí de la raion i socorremos : 

Yugo que humilla al mas erguido cuello, 
Blanco á do se encaminan los deseoa 
Del ocio blando sin razan nacidos : 
Red engañosa de sutil cabello. 
Que cubre ir prende en torpes actos feos 
Los que del mundo son en mas tenidos : 
Sabroso mal de todos los sentidos. 
Ponzoña disfrazada 
Cual pildora dorada: 
Rayo que adonde toca , abrasa y hiende: 
Airada brazo que i traición ofende. 
Verdugo del cautivo pensamiento, 

Y del que se dcllcnde 

Del dulce halaga de su falso intenta : 

Dalla que aplace en los principios , cuando 
Se regala la vista en el sujeto 
Que cual cl cielo bello le parece; 
Mas tanto cuanto mas pasa mirando, 
Tanto mas pena en público y secreto 
El corazón que todo lo padece : 
Hado hablador, parlero qae cnmadcec. 
Cuerdo qae dcsaUna , 
Pan total ruina 



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OBRAS DE CERVANTES. 



De la mat concertada alegre vida : 
Sombra de bien en males convertida, 
Vnelo qne nos levanta hasta la esfera. 
Para que en la calda 
Quede vivo el pesar y el gusto muera : 

Invisible ladrón que nos destruye 
Y roba lo mejor de nuestra hacienda , 
Llevindonos el alma i cada paso: 
Lijereía que alcanza al que mas huye , 
Enigma que ninguno hay que la entienda. 
Vida que de camino está en traspaso, 
Guerra elegida , y que nace acaso : 
Tregua que puco dura. 
Amada ilesvenlura , 
Preiiei, que par Jamas i saion llega, 
Knrermeilad que al ánima se pega : 
Cobarde que se arroja al mal y atreve. 
Deudor que siempre niega 
La deuda averiguada que nos debe : 
' Cercado laberinto, do ge anida 

Una Uera cruel (jae se sustenta 
De rendidos humanos coraiunes : 
Lazo donde se enlaza nuestra vida , 
SeQor que al mayorilomo pide cgenta 
De las obras, palabras é intenciones : 
Codicia de mil varias pretensiones, 
Gusano qne Tabrica 
Estancia pobre ó rica 
Bo poco espacia habita , y al fin muere: 

Snerer que nunca sabe lo que <|iiere, 
nbe que los sentidos eseirece, 
Cochillo que ios blere ; 
Este es amor : segntdle , si os parece. . 

Con esta canción acabó su razonamiento el tlesamo- 
rado Lenio, y con ella y con él dejó admirados á algu- 
nos de los qne presentes estaban, especialmente i los 
caballeros, parecióndoles que lo que Lenio babia dicho, 
de mas caudal que de pastoñi ingenio parecía, y con 
gran deseo y atención estaban espetando la respuesta de 
Tirei, prometiéndose todos en su imaginación, qne sin 
duda ajguna á la de Lenio baria ventaja, por la que Tirsi 
le hacia en la edad y en la experiencia, y en los mas acos- 
tumbrados estudios, y asimismo les aseguraba esto, 
porque deseaban que la opinión desamorada de Lenio 
BO prevaleciese. Bien es verdad que la lastimada Teo- 
tinda, la enamorada Leonarda, la bella Rosaura, y aun 
la dama que con Darinto y su compañero venia, clara- 
mente vieron figurados en el discurso de Lenio mil pun- 
tos de los sucesos de sus amores ; y esto fué cuando llegó 
á tratar de lágrimas j suspiros , y de cuan caros se com- 
praban los contentos amorosos. Solas la hermosa Gala- 
tea y la discreta Florisa iban Tuera desta cuenta, porque 
basta entonces no se la babia tomado amor de sus her- 
mosos y rebeldes pechos, y asi estaban atentas no mas 
de á escuchar la agudeza con que los dos famosos pasto- 
res disputaban, sin que de los efetos de amor que oían 
viesen alguno en sus libres voluntades; pero siéndola 
de Tirsi reducirá mejor término la opinión del desa- 
morado pastor, sin esperar ser rogado, teniendo de su 
boca colgados los ánimos de los circunstantes, ponién- 
dose frontero de Lenio, con suave y levantado tono desta 
manera comenzó á decir. 

TIRSI. 

Si la agudeza de tu buen ingenio, desamorado pastor, 
no me asegurara que con facilidad puede alcanzar la 
verdad, de quien tan lejos agora se halla, antes que po- 
nerme en trabajo de contradecir tu opinión, te dejara 
con ella por castigo de tus sinrazones. Mas porque me 
advierten las que en vituperio del amor lias dicho, los 
buenos principios que tienes para poderreducirte á me- 
jor propósito, no quiero dejar con mi silencio á los que 
DOS oyen escandalizados, al amor desfavorecido, y i tí 



pertinaz y vanaglorioso : y así ayudado del amor, á quiea 
llamo, pienso en pocas palabras dar á entender cnin 
otras son sus obras y efectos , de los que tú del has pu- 
blicado, hablando solo del amor que tú entiendes : el 
cual tií difiniste, diciendo que era un deseo de belleza, 
declarando asimismo qué cosa era belleza, y poco des- 
pués desmenuzaste todos los efectos qne el amor, de 
quien hablamos , hacia en los enamorados pechos, con- 
firmándolo al cabo con varios y desdichados sucesos por 
el amor causados. Y aunque la difinicion que del aiBor 
hiciste sea la mas general que se suele dar, todavía no 
lo es tanto que no se pueda contradecir, porqne amor y 
deseo son dos cosas diferentes ; que no todo lo que $e 
ama se desea, ni todo lo que se desea se ama. La razón 
eátá clara en todas las cosas que se poseen , qne enton- 
ces no se podrá decir que se desean, sino que se aman : 
como el que tiene salud , no dirá que desea la .salud , si- 
no que la ama ; y el que tiene hijos , no podrá decir qne 
desea hijos, sino que ama los hijos; ni tampoco las ca- 
sas que se desean se puede decir que se aman , como la 
muerte de los enemigos, que se desea y no se ama. Y 
asi que por esta razón el amor y deseo vienen á ser di- 
ferentes afectos de la voluntad. Verdad es que amor es 
padre del deseo, y entre otras diflniciones que del amer 
se dan, esta es una. Amores aquella primera mntacioD 
que sentimos hacer en nuestra mente, por el apetito 
que nos conmueve y nos tira á sí y nos deleita y aplace; 
y aquel placer engendra movimiento en el ánimo, el 
cual movimiento se llama deseo ; y en resolución , deseo 
es movimiento del apetito acerca de lo que se ama : y 
un querer de aquello qne se posee, y el objeto suyo e> 
el bien : y como se hallan diversas especies de deseos, 
el amor es una especie de deseo qne atiende y mira al 
bien que se llama bello ; pero para mas clara diOnicion 
y división del amor , se ha de entender que en tres ma- 
neras se divide, en amor honesto, en amor útil y en 
amor deleitable. Y á estas tres suertes de amor üe redu- 
cen cuantas maneras de amar y desear pueden caber en 
nuestra voluntad : porque el amor honesto mira á lai 
cosas del cielo, eternas y divinas; el útil á las de la 
tierra, alegres y perecederas, como son las riquezas, 
mandos y señoríos; el deleitable á las gustosas y pla- 
centeras, como son las bellezas corporales vivas, que tú, 
Lenio, dijiste. Y cualquiera suerte destos amores qm 
he dicho, no debe ser de ninguna lengua vituperada; 
.porque el amor honesto siempre fué , es y ha de ser lim- 
pio, sencillo, puro y divino, y que solo en Dios para y 
sosiega. El amor provechoso , por ser como es natural, 
no debe condenarse, ni menos el deleitable, por ser 
mas natural que el provechoso. Que sean naturales es- 
tas dos suertes de amor en nosotros, la experiencia nos 
lo muestra, porque luego que el atrevido primer padre 
nuestro pasó el divino mandamiento, y de señor quedó 
hecho siervo , y de libre esclavo ; luego conoció la mi- 
seria en qne habia caldo , y la pobreza en que estaba : y 
asi tomó en el momento las hojas de los árboles que le 
cubriesen, y sudó y trabajó rompiendo la tierra para 
sustentarse y vivir con la menos incomodidad que pu- 
diese; y tras esto (obedeciendo mejor á su Dios en ello 
que en otra cosa) procuró tener hijos y perpetuar y de- 
leitar en ellos la generación humana ; y asi como por su 
inobediencia entró la muerte en él , y por él en lodos sus 
descendientes, asi heredamos juntamente todos sus afeo- 



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LA CALATEA 

taj^aiones, como heredamos su mesma naturaleza; 
f oooM fl procuró remediar su neceádad y pobreza , 
tunbieo nosotros do podemos dejarde procurar y desear 
reowdiir la uuestra ; y de aquí nace el amor que tene- 
msi tas cosas útiles á la vida humana ; y tanto cuanto 
BUS llamamos dellas, tanto mas nos parece que reme- 
dianos nuestra falta; y por el mismo consiguiente he- 
icdunos el deseo de perpetuamos en nuestros hijos, y 
deste deseo se sigue el que tenemos de gozar la belleza 
Tira corporal, como solo y verdadero medio que tales 
deseas á dichoso fin conduce. Asi que este amor delei- 
table , solo y sin mezcla de otro accidente , es digno an- 
tes de alabanza que de vituperio. Y este es el amor que 
tá, Lenio, tienes por enemigo; y cánsalo que no le en- 
tiendes ni conoces , porque nunca le has visto solo y en 
n misma figura, sino siempre acompañado de deseos 
perniciosas , lascivos y mal colocados ; y esto no es culpa 
del amor, que siempre es bueno , sino de los accidentes 
qne se le llegan , como vemos que acaece en algún cau- 
daloso río, el cual tiene su nacimiento de alguna liquida 
yetara fuente , que siempre claras y frescas aguas le va 
ministrando, y apoco espacio que déla limpia madre 
se ilqa, sus dulces y cristalinas aguas en amargas y tur- 
bMssen convertidas por los muchos y no limpios arro- 
jes que de ana y otra parte se le juntan. As! que este 
primer movimiento , amor ó deseo , como llamarlo qut- 
«ieres.no puede nacer sino de buen principio; y aun 
¿ellos es el conocimiento de la belleza , la cual , cono- 
tida por tal , casi parece imposible que de amar se deje ; 
y üenela belleza tanta fuerza para mover nuestros áni- 
mos, que ella sola fué parte para qne los antiguos fil6- 
mfos (ciegos y sin lumbre de fe que los encaminase) Ile- 
vadosde la razón natural, y traidos de la belleza que en 
los estrellados cielos y en la máquina y redondez de la 
tierra contemplaban, admirados de tanto concierto y 
bermosnra, fueron con el entendimiento rastreando, 
haciendo escala por estas causas segundas hasta llegar 
á taprímer causa de las cansas, y conocieron que habia 
BB tolo principio sin principio de todas las cosas ; pero 
lo que mas los admiró y levantó la consideración, fué 
Ter la compostura del hombre tan ordenada , tan perfeta 
ytan hermosa, qne le vinieron á llamar mundo abre- 
viado: y asi es verdad , que en todas las obras hechas por 
el mayordomo de Dios , naturaleza , ninguna es de tanto 
piimor ni qne mas descubra la grandeza y sabiduría de 
*a Hacedor. Porque en la figura y compostura del hom- 
bre se cifra y cierra la belleza que en todas las otras par- 
tas della se reparte : y de aquí nace que esta belleza 
conodda se ama, y como toda ella mas se muestre y res- 
ptandezca en el rostro , luego como se ve un hermoso 
rostro llama y tira la voluntad á amarle. De do se sigue, 
que como los rostros de las mujeres hagan tanta ventaja 
ta hermosura al de los varones , ellas son las que son de 
nosotros mas queridas , servidas y solicitadas , como á 
cesa en quien consiste la belleza que naturalmente mas 
i nuestra vista contenta. Pero viendo el Hacedor y cria- 
dor nuestro, qne es propia naturaleza del ánima nues- 
tra estar contíno en perpetuo movimiento y deseo, por 
mpoderella parar sino en Dios, como en su propio cen- 
tro, quiso, porque no se arrojase á rienda suelta á do- 
nar bs cosas perecederas y vanas , y esto sin quitarle la 
Bbertad del libre albedrio, ponerle encima de sus tres 
foteocias una despierta centinela, qne la avisase de los 



, LIBRO IV. , S9 

peligros qne la contrastaban y de los enemigos que la 
perseguían ; la cual fué la razón que corrige y enfrena 
nuestros desordenados deseos : y viendo asimesmo que 
la belleza humana había de llevar tras si nuestros afec- 
tos é inclinaciones, ya que no le pareció quitamos este 
deseo, alo menos quiso templarle y corregirle, orde- 
nando el santo yugo del matrimonio, debajo del cual al 
varon y á la hembra los mas de los gustos y contentos 
amorosos naturales le son lícitos y debidos. Cou estos 
dos remedios puestos por la divina mano, se viene á 
templarla demasia que puede haber en el amor natural 
que tú , Lenio , vituperas , el cual amor de sí es tan bue- 
no, que si en nosotros faltase , el mundo y nosotros aca- 
baríamos. En este mesmo amor de quien voy hablando, 
están cifradas todas las virtudes, porque el amor es tem- 
planza ; que el amante conforme la casta voluntad de la 
cosa amada la suya templa ; es fortaleza, porque el ena- 
morado cualquier adversidad puede sufrir por amor de 
quien ama; es justicia, porque con ella á la que bieu 
quiere sirve , foraáudole la mesma razón á ello ; es pra- 
dencia, porque de toda sabiduría está el amoradoraado. 
Has yo te demando, ó Lenio, tuque has dicho que el 
amor es causa de ruina de imperíos , destruicion de ciu- 
dades, de muertes de amigos, de sacrilegios hechos, 
inventor de traiciones, transgresor de leyes; digo que 
te demando que me digas, ¿cuál loable cosa hay hoy ea 
el mundo , por buena que sea , que el uso della no pueda 
en mal ser convertida? Condénesete filosofía, porque 
muchas veces nuestros defetos descubre, y muchos filó- 
sofos han sido malos ; abrásense las obras de los herói'- 
cos poetas , porque con sus sátiras y versos los vicios re- 
prenden y vituperan ; vitupérese la medicina, porque 
ios venenos descubre ; llámese inútil la elocuencia, por- 
que algunas veces ha sido tan arrogante, que lia puesto 
en duda la verdad conocida ; no se forjen armas, porque 
los ladrones y los homicidas las usan , ni se fabriquen 
casas, porque pueden caer sobre sus habitadores; pro- 
híbase la variedad de los manjares, porque suelen ser 
causa de enfermedad ; ninguno procure tenerliijos, por- 
que Edipo, instigado de cruelísima furia, mató á su pa- 
dre, y Oreste hirió el pecho de la madre propia ; téngase 
por malo el fuego, porque suele abrasar las casas y con- 
sumir las ciudi^es; desdéñese el agua, porque con ella 
se anegó toda la tierra; condénense en fin los elemen- 
tos, porque pueden ser de algunos perversos perversa- 
mente usados. Y desta manera cualquier cosa buena 
puede ser en mala convertida, y proceder della efetos 
malos, si en las manos de aquellos son puestas, que 
como irracionales, sin mediocridad del apetito gober- 
narse dejan. Aquella antigua Cartago, émula del impe- 
rio romano , la belicosa Numancia , la adornada Coriu to, 
la soberbia Tébas , y la docta Atenas, y la ciudad de Dios, 
Jerusalen , que fueron vencidas y asoladas ; digamos por 
eso, que el amor fué causa de su destruicion y ruina. 
Así que debrian los que tienen por costumbre de decir 
mal de amor, decirlo dellos mismos, porque los dones 
de amor, si con templanza se usan, son dignos de per- 
petua alabanza ; pues siempre los medios faéron alaba- 
dos en todas las cosas , como vituperados los extremos; 
qne si abrazamos la virtud mas de aquello que basta , el 
sabio granjeará nombre de loco, y el justo de inicuo. 
Del antiguoCremo trágico fué opinión , que como el vino 
mezclado con el agua es bueno, asi el amor templado es 



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OBRAS DE CERVANTES. 



provechoso, lo que es al revés en el inmoderado : la ge- 
neracion de los animales racionales y brutos seria nin- 
guna , si del amor no procediese , y faltando en la tierra, 
quedaría desierta y vacua. Los antiguos creyeron que el 
amor era obra de los dioses , dada para conservación y 
cura de los hombres. Pero viniendo á lo que tú, Lenio, 
dijiste de los tristes y extraños efetos que el amor en los 
enamorados pechos hace, teniéndolos siempre en con- 
tinuas lágrimas, profundos suspiros, desesperadas ima- 
ginaciones , sin concederles jamas una hora de reposo ; 
veamos por ventura, qué cosa puede desearse en esta 
vida , que el alcanzarla no cueste fatiga y trabajo ; y tanto 
cuanto es de valor la cosa , tanto mas se ha de padecer y 
se padece por ella. Porque el deseo presupone falta de 
lo deseado, y hasta conseguirlo es forzosa la inquietud 
del ánimo nuestro. Pues si todos los deseos humanos se 
pueden pagar y contentarse sin alcanzar de todo punto 
lo que desean , con que se les dé parte dello, y con todo 
esosecompadece el seguirlos,. ¿qué mnchoesque por 
alcanzar aquello que no puede satisfacer ni contentar 
al deseo, sino con ello roesmo, se padezca, se llore, se 
tema y se espere? El que desea señoríos , mandos, hon- 
ras y riquezas, ya que ve que no puede subir al último 
grado que quisiera, como llegue á ponerse en algún 
buen punto, queda en parte satisfecho , porque la espe- 
ranza que le falta de no poder subir á mas, le hace parar 
donde puede , y como mejor puede. Todo lo cual es con- 
trario mi el amor, porque el amor no tiene otra paga ni 
otra satisfacion sino el mismo amor, y él propio es su 
propia y verdadera paga : y por e^ta razón es imposible 
que el amante esté contento hasta que á la clara conozca 
que verdaderamente es amado, certiBcándole desto las 
amorosas señales que ellos saben , y asi estiman en tanto 
un regalado volver de ojos, una prenda cualquiera que 
sea de su amada, un no sé qué de risa, de habla, de bur- 
las que ellos de veras toman, como indicios que les van 
asegurando la paga que desean, y asi todas las veces que 
ven señales en contrario destas,esle fuerza al amante 
lamentarse y afligirse, sin tener medio en sus dolores, 
pues no le puede tener en sus contentos, cuando la fa- 
vorable fortuna y el blando amor se los concede ; y como 
sea hazaña de tanta dificultad reducir una voluntad aje- 
na á que sea una propia con la mia, y juntar dos dife- 
rentes almas en tan indisoluble ñudo y estrecheza, que 
de las dos sean unos los pensamientos, y unas todas las 
obras , no es mucho que por conseguir tan alta empresa, 
se padezca mas que por otra cosaalguna, pues después 
^e conseguida satisface y alegra sobre todas las que en 
«sta vida se desean. Y no todas veces son las lágrimas 
«on razón y causa derramadas, ni esparcidos los suspi- 
ros de los enamorados; porque si todas sus lágrimas y 
.suspiros se causaron de ver que no se responde á su 
voluntad como se debe y con la paga que se requiere, 
¡iiiliria de considerar primero adonde levantaron la fan- 
itasla ; y si la subieron mas arriba de lo que su mereci- 
imíento alcanza, no es maravilla que cual nuevos Icaros 
■caigan abrasados en el rio de las miserias, de las cuales 
>no tendrá la culpa amor, shio su locura. Con todo eso 
yo no niego, sino afirmo, que el deseo de alcanzar lo 
<que se ama , por fuerza ha de causar pesadumbre , por la 
razoH d«la carestía que presupone, como ya otras veces 
he dicho; pero también digo que el conseguirla sea de 
grandísimo gasto y contento, como lo es al cansado el 



reposo, y la salud al enfermo. Jnnto con esto confieso qw 
si los amantes señalasen, como en el uso antiguo, con 
piedras blancas y negras sus tristes ó dichosos días, sin 
duda alguna que serian mas los infelices; mas también 
conozco que la calidad de sola una blanca piedra haría 
ventaja á la cantidad de otras infinitas negras. Y por 
prueba desta verdad ,^emos que los enamorados jamas 
de serlo se arrepienten ; antes si alguno les prometiese 
librarles de la enfermedad amorosa , como á enemigo le 
desecharían, \porque aun el sufrirla les es suave : y por 
esto, ó amadores, no os impida ningún temor para de- 
jar de ofreceros y dedicaros á amar lo que mas a<! pare- 
ciere dificultoso, ni os quejéis ni arrepintaissi á la gran- 
deza vuestra las cosas bajas habéis levantado , que amor 
iguala lo pequeño á lo sublime, y lo menos á lo mas: 
y con justo acuerdo templa las diversas condiciones de 
los amantes, cuando con puro afelo la gracia suya en 
sus corazones recibe. No cedáis á los peligros, porque 
la gloria sea tanta que quite el sentimiento de toülo do- 
lor; y como á los antiguos capitanes y emperadores ea 
premio de sus trabajos y fatigas les eran, según la gran- 
deza de sus Vitorias, aparejados triunfos, así á los aman- 
tes les están guardados muchedumbre de placeres y 
contentos : y como á aquellos el glorioso recibimienío 
les hacia olvidar todos los incómodos y disgustos pa- 
sados, así al amante, de la amada amado, los espantosos 
sueños, el dormir no seguro, las veladas noches, los 
inquietos días en suma tranquilídady alegría se convier- 
ten. De manera, Lenio, que si por sus efetos tristes les 
condenas, por los gustosos y alegres les debes absolver. 
Y á la interpretación que diste de la figura de Cupido, 
estoy por decir que vas tan engañado en ella conao casi 
en las demás cosas que contra el amor has dicho. Por- 
que pintarle niño, ciego, desnudo, con las alas y sae- 
tas , no quiere significar otra cosa , sino que el amante 
ha de ser niño en no tener condición doblada , ano pura 
y sencilla; ha de ser ciego á todo cualquier otro objeto 
que se le ofreciere, si no es aquel á quien ya supo mirar 
y entregarse ; ha de ser desnudo , porque no ha de tener 
cosa que no sea de la que ama ; ha de tener alas de lije- 
reza, para estar pronto á todo lo que por su parte se le 
quiere mandar; pintanle con saetas, porque la llaga del 
enamorado pecho ha de ser profunda y secreta, y que 
apenas se descubra sino á la misma causa que ha de re- 
medialla. Que el amor hiera con dos saetas, las cuales 
obran en diferentes maneras, es damos á entender qae 
en el perfeto amor no ha de haber medio de querer y no 
querer en un mesmo punto, sino que el amante ha de 
amar enteramente, sin mezcla de alguna tibieza. En fin, 
Lenio, este amor es el qne si consumió á los troyanos, 
engrandeció á los griegos : si hizo cesar las obras de 
Cartago , hizo crecer los edificios de Roma : si quitó el 
reino áTarquino, redujo á libertad la república; y ann- 
que pudiera traer aquí muchos ejemplos en contrario 
de los que truje de los efetos buenos que el amor hace, 
no me quiero ocupar en ellos, pues de sí son tau noto- 
rios : solo quiero rogarte te dispongas á creer lo que he 
mostrado, y que tengas paciencia para oir una canción 
mia, que parece que en competencia de la tuya se hizo ; 
y si por ella y por lo que te he dicho no quisieres redu- 
cirte á ser de la parte de amor, y te pareciere que no 
quedas satisfecho de las verdades que del he declarado, 
si el tiempo de agora lo concede, ó en otro cualquienn 



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LA CALATEA, LIBRO IV. 



()t 



qaetB escogieres yseñalares, te prometo satisfacer ¿ 
todaslKiéplicas y argumentos que en conlrario de los 
míos decir quisieres; y por agora estáme atento y es- 
coda. 

Salga del limpio enamorado pecho 
La Toz soBora , j en suave acento 
Caite de amor las altas maravillas, 
De modo qoe contento ; aatisfecha 
Quede el mas libre y suelto pensamiento. 
Sin une las lienta con no mas de oüla$. 
Ti, «olee amor, «ae puedes referilUs 
Por mi lenna, si qaierea. 
Tal gneU le concede, 
Qm coa la palma qnedn 
De psto y gloria por decir quién eres ; 
Qae si me ayudas , como yo eonflo , 
Verlse en presta vuelo 
Sabir ai cielo ti valor y el mío. 

Es el amor principio del bien nuestro, 
Nedla por do se aleania y se granjea 
El ñus dicboso fin fue se pretende: 
De todas ciencias sin igual maestro , 
Facgo, que aanqie de nielo in pecho >ei. 
El ctaias llamas de virtid le enciende : 
Poder qie al flaco ayuda , al fuerte ofende 
llaU de adonde lace 
La venturosa planta 
Qne al cielo nos levanta 
CoB tal rmo, qne al almaiatidiiee, 
De bondad , de valor, de honesto celo , 
De fisto sin segundo , 
Qae alegra al mudo y enamora al elelo : 

Cortesano , galai , sabio , discreto , 
Gallardo , liberal , manso, esfonado , 
De aguda vista , aunque deciegos ojos : 
Guardador verdadero del respeta , 
Capitán qie en la guerra do na tnnifado 
Soh la honra quiere por despojos : 
Flor qne crece entre espinat j entre abrojot 
Que i vida y alma adorna : 
Del temor enemigo , 
De la esperauza amigo : 
Hntsped que mas alegra cuando tona , 
instrumento de honrosos ricos bienes , 
Por quien se mira y medra 
La huirosa yedra en las honradas sienes : 

Instinto oatiral , qie nos conmueve 
K lenntar los pensamieitos, tanto 
Qoe apenas llega allí la vista humana : 
Escala por dosibeel que se atreve 
A ta dulce región del délo santo : 
Sierra , en su cumbre deleitosa y llana 
Facilidad que lo inlricado allana : 
Norte por quien se guia 
'Ha este mar insano 
El pensamiento sano : 
Alivio de la triste fantasía. 
Padrino que no quiere nuestra afrenta : 
Faml que no se encubre , 
Has nos descobre el puerto en la tormenta : 

Pintor, qae ei lueatra» taimas retrata 
Con apacibles sombras y colores 
Ora mortal , ata Inmortal belleza : 
Sol qae lodo iiblado desbarata , 
Gusto i quien son sabrosos los dolores , 
Espcio en quien se ve naturaleza-. 
Liaenl , qie eo si pinto la franqueza 
Pone coD justo memo : 
Espirita de Aiego 
Qae alambra al que es mas ciego : 
Del odio y del temor solo remedio: 
Argos qne nunca puede estar dormido, 
Pur mas que i sus orejas 
Lleguen consejas de algún dios Ungido: 

Ejército de armada infantería 
Que airopeila cien mil dlDciltades , 
I siempre queda con Vitoria y palma 
llanda adoade asiste el alegría , 
•ostro qae niica «acubre las verdades , 
Mostrando claro lo que esta en el alma: 
Por donde la tormenta es dulce calma. 
Coa solo qae se espere 
Tenerla en tiempo alguno : 
Refrigerio oportuno 
Que cara el desdeiado ciando muere ; 
En la . amor es vida, es gloria , es gusto , 
Almo, feliz sosiego: 
SegiMI' loes»» 4ae el tegnlrie es justo. 

□ fin del razonamiento y canción de Tirsi fué princi- 
po para conGrmar de nuevo en todos la opinión quede 



discreto tenia, si no fué en el desamorado Lenio, i quien 

no pareció tan bien su respuesta , que le satisfaciese al 
entendimiento y le mudase de su primer propósito. 
Vióse esto claro , porque ya iba dando muestras de que- 
rer responder y replicará Tirsi, si las alabanzas queá 
los dos daban Darinto y su compañero, y todos los pas- 
tores y pastoras presentes, no lo estorbaran, porque to- 
mando la mano el amigo de Darinto, dijo : En este punto 
acabo de conocer cómo la potencia y sabiduría de amor 
por todas las partes de la tierra se extiende , y que donde 
mas se afina y apura es en los pastorales pechos , como 
nos lo ha mostrado lo que hemos oido al desamorado 
Lenio y al discreto Tirsi, cuyas razones y argumentos 
mas parecen de ingenios entre libros y las aulas criados, 
que no de aquellos que entre pajizas cabanas son creci- 
dos. Pero no me maravillarla yo tanto desto', si fuese de 
aquella opinión del que dijo que el saber de nuestras al- 
mas era acordarse de loque ya aabian, presuponiendo 
que todas se crian enseñadas : mas cuando veo que debo 
seguir el otro mejor parecer del que alirmó que nuestra 
alma era como una tabla rasa, la cual no tenia ninguna 
cosa pintada, no puedo dejar de admirarme devercómo 
haya sido posible que en la compañía de las ovejas , en la 
soledad de los campos, se puedan aprender las ciencias, 
que apenas saben disputarse en las nombradas univer- 
sidades : si ya no quiero persuadirme á lo qoe primero 
dije, que el amor por todo se extiende, y á todos se co- 
munica; al caido levanta, al simple avisa y al avisado 
perfeciona. Si conocieras, señor, respondió á esta sa- 
zón Elicio, cómo la crianza del nombrado Tirsi no ha 
sido entre los árboles y florestas , como tú imaginas, sino 
en las reales cortes y conocidas escuelas, no te maravi- 
llaras de lo que ha dicho, sino de lo que ha dejado por 
decir : y aunque el desamorado Lenio , por su humildad 
ha confesado que la rusticidad de su vida pocas prendas 
de ingenio puede prometer , con todo eso te aseguro que 
los mas floridos años de su edad gastó , no en el ejercicio 
de guardar las cabras en los montes, sino en las riberas 
del claro Tórmes en loables estudios y discretas conver- 
saciones. Asi que, si la plática que los dos han tenido, 
de mas que de pastores te parece, contémplalos como 
fueron , y no como agora son : cuanto mas, que hallarás 
pastores en estas nuestras riberas , que no te causarán 
menos admiración si los oyes, que los que ahora has 
oido ; porque en ellas apacientan sus ganados los famo- 
sos y conocidos Franio, Siralvo, Filardo, Silvano, Li- 
sardo y los dos Hatuntos, padre y hijo, uno en la lira y 
otro en la poesía sobre todo extremo extremados ; y para 
remate de todo, vuelve los ojos y conoce el conocido 
Damon , que presente tienes, donde puede parar tu de- 
seo, si desea conocer el extremo de discreción y sabi- 
duría. Responder quería el caballero á Elicio, cuando 
una de aquellas damas que con él venían dijo á la otra : 
Paréceme, señora Nisida, que pues el sol va ya decli- 
nando , que sería bien que nos fuésemos, si habemos de 
llegar mañana adonde dicen qne está nuestro padre. No 
hubo bien dicho esto la dama, cuando Darinto ysu com- 
pañero la miraron, mostrando que les habia pesado de 
que hubiese llamado por su nombre á la otra. Pero ansí 
como Elicio oyó el nombre de Nisida , le dio en el alma 
si era aquella Nisida de quien el ermitaño Silerio tanUs 
cosas habia contado , y el mismo pensamiento les vino ¿ 
Tirsi , Damon y á Erastro. V por certiOcarse Elicio de k» 



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OBRAS DE CERVANTES. 



que sospechaba, dijo: Pocos días ha, señor Darínto, 
que yo y algunos de los qae aqai estamos oímos nom- 
brar el nombre de Nisida , como aquella dama agora ha 
hecho , pero de mas lágrimas acompañado y con mas so- 
bresal tos referido. ¿Por ventura, respondió Darinto, hay 
alguna pastora en estas vuestras riberas, que se llame 
Nisida "i No , respondió Elicio ; pero esta que yo digo, en 
ellas nació , y en las apartadas del famoso Sebeto fué 
criada. ¿Qué es lo que dices, pastor? replicó el otro ca- 
ballero. Lo que oyes, respondió Elicio, y lo quemas oi- 
rás , si me aseguras una sospecha que tengo. Dimela, 
dijo el caballero, que podría ser te satisfaciese. A esto 
replicó Elicio : A dicha, señor, ¿tu propio nombre es 
Timbrio? No te puedo negar esa verdad, respondió el 
otro, porque Timbrio me llamo, el cual nombre quisiera 
encubrir hasta otra sazón mas oportuna; mas la volun- 
tad que tengo de saber porqué sospechaste que asi me 
llamaba , me fuerza á que no te encubra nada de \o que 
de mí saber quisieres. Según eso, tampoco menegaiis, 
respondió Elicio, que esta dama que contigo traes se 
llama Nisida, y aun por lo que yo puedo conjeturar, la 
otra se llama Blanca, y es su hermana. En todo has acei^ 
tado, respondió Timbrío ; pero pues yo no te he negado 
nada de lo que me has preguntado , no me niegues tú la 
causa que te ha movido á preguntármelo. Ella están 
buena y será tan de tu gusto, replicó Elicio, cual lo ve- 
rás antes de muchas horas. Todos los que no sabian lo 
que el ermitaño Silerío á Elicio , Tirsi , Damon y Erastro 
había contado, estaban confusos oyendo lo que entre 
Timbrío y Elicio pasaba. Mas ¿ este punto dijo Damon 
volviéndose á Elicio : No entretengas, ó Elicio, las bue- 
nas nuevas que puedes dar á Timbrío; y aun yo, dijo 
Erastro , no me detendré un punto de ir á dársela al las- 
■timado Silerío del hallazgo de Timbrío. (Santos cielos, 
y qué es lo que oigo I dijo Timbrío ; y ( qué es lo que di- 
ces, pastor? ¿Els por ventura ese Silerío que has nom- 
brado el que es mí verdadero amigo, el que es la mitad 
de mi vida , el que yo deseo ver mas que á otra cosa que 
me pueda pedir el deseo? Sácame desta duda luego, asi 
crezcan y multipliquen tus rebaños de manera que te 
tengan envidia todos los vecinos ganaderos. No te fati- 
gues tanto, Timbrio, dijo Damon, que el Silerío que 
Erastro dice es el mesmo que tú dices, y el que desea 
saber mas de tu vida que sostener y aumentar la suya 
propia ; porque después que te partiste de Ñápeles , se- 
gún él nos ha contado , ha sentido tanto tu ausencia, que 
la pena della, con la que le causaban otras pérdidas que 
él nos contó, le ha reducido á términos, que en una pe- 
queña ermita que poco menos de una legua está de aquí 
distante, pasa la mas estrecha vida que imaginarse puede, 
con determinación de esperar allí la muerte, pues de 
saber el suceso de tu vida no podia ser satisfecho. Esto 
sabemos cierto Tirsi, Elicio, Erastro y yo, porque él 
mesmo nos ha contado la amistad que contigo tenia, con 
toda la historia de los casos á entrambos sucedidos, hasta 
que la fortuna portan extraños accidentes os apartó para 
apartarle á él á vivir en tan extraña soledad que te cau- 
sará admiración cuando le veas. Véale yo , y llegue luego 
el último remate de mis días, dijo Timbrío: y así os 
ruego, famosos pastores, por aquella cortesía que en 
vuestros pechos mora , que satisfagáis este mío con de- 
cirme adonde está esa ermita adonde Silerío vive. Adon- 
de muere podrás mejor decir, dijo Erastro ¡pero de aquí 



adelante vivirá con las nuevas de tu Venida ; y pues tanto 
su gusto y el tuyo deseas , levántate y vamos , que antes 
que el sol se ponga te pondré con Silerío : ñas ha de ser 
con condición que en el camino nos cuentes todo lo qne 
te ha sucedido después que de Ñápeles te partiste, qne 
de todo lo demás hasta aquel punto satisfechos están al- 
gunos de los presentes. Poca paga me pides, respondió 
Timbrío, para tan gran cosa como me ofreces; porque 
no digo yo contarte eso, pero todo aquello que de mi sa- 
ber quisieres y mas; y volviéndose á las damas que con 
él venían, les dijo : Pues con tan buena ocasión, qnerída 
y señora Nisida, se ha rompido el presupuesto que traía- 
mos de no decir nuestros propios nombres, con el ale- 
gría que requiere la buena nueva que nos lian dado, os 
ruego que no nos detengamos, sino qne luego vamos i 
ver á Silerío, á quien vos y yo debemos las vidas y e) 
contento que poseemos. Excusado es, señor Timbrio, 
respondió Nisida , que vos me rogueis que haga cosa que 
tanto deseo y que tan bien me está el bacerhi : vamos 
enhorabuena, que ya cada momento que tarda de verte 
se me hará un siglo. Lo mesmo dijo la otra dama, que 
era su hermana Blanca, la mesma que Silerío habia d»- 
cho, y la que mas muestra dio de contento. Solo Darinlo 
con las nuevas de Silerío se puso tal, que los labios no 
movía, antes con un extraño silencio se levantó y mandó 
á un su criado que le trújese el caballo en que allí habia 
venido : sin despedirse de ninguno subió en él, y vol- 
viendo las ríendas, á paso tirado se desvió de todos. 
Cuando esto vio Timbrío, subió en otro caballo, y con 
mucha priesa siguió á Darinto basta que le alcanzó, j 
trabando portas ríendas del caballo, le hizo estar quedo, 
y allí estuvo con él hablando un buen rato, al cabo del 
cual Timbrio se volvió donde los pastores estaban, y 
Darínto siguió su camino, enviando á disculparse con 
Timbrio del haberse partido sin despedirse dellos. En 
este tiempo Calatea, Rosaura, Teolínda, Leonarda j 
Florisaá las hermosas Nisida y Blanca se llegaron; y te 
discreta Nisida en breves razones les contó la amistad 
tan grande que entre Timbrio y Silerío habia, con mu- 
cha parte de los sucesos por ellos pasados; pero con la 
vuelta de Timbrío todos quisieron ponerse en camino 
para la ermita de Silerío ; sino que á la mesma sazón 
llegó á la fuente una hermosa pastorcilla de hasta edad 
de quince años , con su zurrón al hombro y cayado en la 
mano, la cual como vio tan agradable compañía, con 
lágrimas en los ojos les dijo : Si por ventura hay entre 
vosotros, señores, quien de los extraños efetos y casos 
de amor tenga alguna noticia , y las lágrimas y suspiros 
amorosos le suelen enternecer el pecho, acuda quien 
esto siente áversi es posible remediar y detener las mas 
amorosas lágrimas y profundos suspiros que jamas de 
ojos y pechos enamorados salieron : acudid pues, pas- 
tores , á lo que os digo , veréis cómo con la experiencia 
de lo que os muestro hago verdaderas mis palabras; y 
en diciendo esto volvió las espaldas , y todos cuantos allí 
estaban la siguieron. Viendo pues la pastora que la se- 
guían, con presuroso paso se entró por entre unos árbo- 
les que á un lado de la fuente estaban ; y no hubo an- 
dado mucho, cuando, volviéndose á los que tras ella iban, 
les dijo : Veis allí, señores, la causa de mis lágrimas, 
porque aquel pastor que allí parece es un hermano mío, 
qne por aquella pastora ante quien está hincado de hi- 
nojos, sin dada alguna él dejará la vida en manos de sn 



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¡ .LA CALATEA 

I «raeVbi. Volvieron todos los ojos á la parte que la pas- 

i tonsañliba, y Tieroa que al pié de un verde sauce es- 
taba tmnaiik una pastora , vestida como cazadora ninfa, 
coa luu rica aljaba que del lado le pendia, y un encor- 
«ado uto en las manos , con sus hermosos y rubios cabe- 
llos cagkios con una verde guirnalda ; el pastor estaba 
sote ella de rodillas con un cordel echado i la garganta 
y m cuchillo desenvainado en la derecha mano, y con 
ji itfuierda tenia asida á la pastora de nn blanco cendal 
fM encima de los vestidos traia. Mostraba la pastora 
ceño en su rostro, y estar desgustada de que el pastor 
lUiporfuersa la detuviese; mas cuando ella vio que la 
estaban mirando, con grande ahinco procuraba des- 
asiré de la mano del lastimado pastor, que con abundan- 
citdelágrimas, tiernas y amorosas palabras, le estaba 
n^ané) qne siquiera le diese Ingar para poderle signi- 
fiarla pena que por ella padecía; pero la pastora desde- 
ñon jairada se apartó del, á tiempo qne ya todos lospas- 

; lares llegaban cerca tanto, que oyeron al enamorado 
mato, que en tal manera á la pastora hablaba. ¡ Oh in- 
grata j desconocida Gelasia , y con cuan justo título has 
oieaniado el renombre de cruel que tienes ! Vuelve, en- 
durecida, los ojos á miraral que por mirarte está en el 
edicmo de dolor qne imaginarse puede. ¿Por qué iin- 
ntdeqoicnte signe? Por qué no admites á quien te 
tirve, y porqué aborreces al que te adora? ¡ Oh sin ra- 
nn eoemiga mia , dura cual levantado risco , airada cual 
olieudida sierpe, sorda cual muda selva, esquiva como 

. rislica , rústica como fiera , fiera como tigre , tigre que 

' eo mis entrañas se ceba 1 ¿Será posible que mis lágrimas 
note ablanden, que mis suspiros no te apiaden y que 
BÜ servicios no te muevan? Si que será posible, pues 
19 loqniere mi corta y desdichada suerte; y aun será 

; boibien posible que tú no quieras apretar este lazo que 
áiígai^ganta tengo, ni atravesar este cuchillo por me- 
dio deste corazón que te adora : vuelve, pastora, vuelve 
vacaba la tragedia de mi miserable vida , pues con tanta 
bólidad puedes añudar este cordel á mi garganta, ó 
oaangrentar este cuchillo en mi pecho. Estas y otras 
nnqantes razones decia el lastimado pastor, acompa- 
ñadas de tantos sollozos y lágrimas , que movian á com- 
pasión á iodos cuantos le escuchaban. Pero no por esto 

; h cmel y desamorada pastora dejaba de seguir su ca- 
nino, sin querer ann volver los ojos á mirar al pastor 
qae por ella en tal estado quedaba : de que no poco se 
«liniraron todos los qne su airado desden conocieron ; 

, jW de manera, que basta al desamorado Lenio le pa- 
reció mal la crueldad de la pastora : y ansí él con el an- 

' ciano Anindo se adelantaron á rogarle tuviese por bien 
de volver i escuchar las quejas del enamorado mozo, 

I aunque nunca tuviese intención de remediarlas. Mas no 

\ loé poñble mudarla de su propósito, antes les rogó que 
ñola tuviesen por descomedida en no hacer loque le 
■oíodaban, porque sa intención era de ser enemiga 
mortal del amor y de todos los enamorados , por muchas 
meata que á ello la movian, y una dellas era haberse 

. desde su niñez dedicado á seguir el ejercicio de la casta 
Diana : añadiendo á estas tantas causas para no hacer el 
lego de los pastores, que Arsindo tuvo por bien de 
dejvta y volverse , lo que no hizo el desamorado Lenio, 
<lcnai como vio qne la pastora era tan enemiga del amor, 
<Wio parecía, y que tan de todo en todo con la condi- 
ñxi desamorada suya se conrormaba , determinó de sa- 



, Lleno IV. 63 

ber quién era, y de seguir sn compañía por algunos 
dias , y asi le declaró como él era el mayor enemigo que 
el amor y los enamorados tenian, rogándole que pues 
tanto en las opiniones se conformaban , tuviese por bien 
de no enfadarse con su compañía , que no seria mas de 
lo que ella quisiese. La pastora se holgó de saber la in- 
tención de Lenio, y le concedió que con ella viniese 
hasta su aldea, que dos leguas de la de Lenio era. Con 
esto se despidió Lenio de Arsindo , rogándole que le 
disculpase con todos sus amigos, y les dijese la causa 
que le había movido á irse con aquella pastora : y sin 
esperar mas, él y Gelasia alargaron el paso, y en poco 
rato desaparecieron. Cuando Arsindo volvió á decir lo 
que con la pastora había pasado, halló que todos aque- 
llos pastores habían llegado á consolar al enamorado 
pastor, y que las dos de las tres rebozadas pastoras, la 
una estaba desmayada en las faldas de la hermosa Gala-, 
tea, y la otra abrazada con la bella Rosaura, qnea-si- 
mesmo el rostro cubierto tenía. La que con Calatea es- 
taba eraTeolínda, y la otra su hermana Leonarda, las 
cuales asi como vieron al desesperado pastor, que con 
Gelasia hallaron, un celoso y enamorado desmayo les 
cubrió el corazón, porque Leonarda creyó que el pa»- 
tor era so querido Galercio , y Teolinda tuvo por verdad 
qne era su enamorado Artyloro : y como las dos le vie- 
ron tan rendido y perdido por la cruel Gelasia , llególes 
tan al alma el sentimiento, qu$ sin sentido alguno la 
una en las faldas daGalatea, la otra eh los brazos de Ro- 
saura desmayadas cayeron. Pero de allí á poco rato, vol- 
viendo en sí Leonarda , áRosaura dijo : ¡Ay, señora mia, 
ycómo creo que todos los pasos de mi remedio me tiene 
tomados la fortuna, pues la voluntad de Galercio está 
tan ajena de ser mía , como se puede ver por las pala- 
bras que aquel pastor ha dicho á la desamorada Gelasia! 
porque te hagosaber, señora, que aquel es el qne ha ro- 
bado mi libertad , y aun el que ha de dar fin á mis días. 
Maravillada quedó Rosaura de lo que Leonarda decia : 
y mas lo fué cuando habiendo también vuelto en si Teo- 
linda, ella y Calatea la llamaron, y juntándose todos 
con Florisa y Leonarda, Teolinda dijo cómo aquel pas- 
tor era el su deseado Artidoro ; pero aun no le hubo bien 
nombrado , cuando su hermana le re.<ipondió que se en- 
gañaba , que no era sino Galercio su hermano. ¡ Ay, trai- 
dora Leonarda ! respondió Teolinda, y ¿no te basta ha- 
benne una vez apartado de mi bien , sino agora qne le 
hallo quieres decir que es tuyo ? pues desengáñate , que 
en esto no te pienso ser hermana, sino declarada ene- 
miga. Sin duda que te engañas, hermana, respondió 
Leonarda, y no me maravillo, que en ese mismo error 
cayeron todos los de nuestra aldea , creyendo que este 
pastor era Artidoro, hasta que claramente vinieron á 
entender que no era sino su hermano Galercio; que 
tanto se parece el uno al otro, como nosotras la una á 
la otra : y aun si puede haber mayor semejanza , mayor 
semejanza tienen. No lo quiero creer, respondió Teo- 
linda, porque annqne nosotras nos parecemos tanto, no 
tan fácilmente se hallan estos milagros en naturaleza ; 
y así te hago saber que en tanto que la experiencia no 
me haga mas cierta de la verdad, que tus palabras me 
hacen , yo no pienso dejar de creer que aquel pastor que 
allí veo es Artidoro ; y si alguna cosa me lo pudiera pe- 
ñeren duda , es no pensar que de la condición y firmeza 
que yo de Artidoro tengo conocida se puede esperar 6 



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«4 OBRAS DE 

temer que tan presto haya hecho mudanza, y me olvide. 
Sosegaos, pastoras, dijo entonces Rosaura, que yo os 
sacaré presto desa duda en que estáis ; y dejándolas á 
ellas, se fué adonde el pastor estaba dando á aquellos 
pastores cuenta déla extraña condición de Gela8ia,yde 
. las sinrazones que con él usaba. A su lado teniael pas- 
toría hermosa pastorcilla que decía ser sa hermano, á 
la cual llamó Rosaura , y apartándose con ella á un cabo, 
la importunó y rogó le dijese cómo se llamaba su her- 
mano, y si tenia otro alguno que le pareciese. A lo cual 
la pastora respondió que se llamaba Galercio , y que te- 
nia otro que sa llamaba Artidoro, que le parecía tanto, 
que apenas se direrencíaban, si no es por alguna señal 
de los vestidos, ó por el órgano de la voz, que en algo 
diferia. Preguntóle también qué se había hecho Arti- 
doro. Respondióle la pastora que andaba en unos mon- 
tes algo de allí apartados, repastando parte del ganado 
de Grísaldo, con otro rebaño de cabras suyas, y que 
nunca habia querido entrar en el aldea , ni tener con- 
versación con hombre alguno, después que de las ribe- 
ras del Henares habia venido ; y con estas le dijo otras 
particularidades tales, que Rosaura quedó satisfecha 
de que aquel pastor no era Artidoro, sino Galercio, 
como Leonarda había dicho y aquella pastora decía, de 
la cual supo el nombre , que se llamaba Maurisa : y tra- 
yéndola consigo adonde Galatea y las otras pastoras es- 
taban, otra vez en presencia de Teolinday Leonarda 
contó todo lo qne de Artidoro y Galercio sabia, con lo 
que quedó Teolinda sosegada , y Leonarda descontenta, 
Tiendo cuan descuidadas estaban las mentes de Galercio 
de pensar en cosas suyas. En las pláticas que las pasto- 
ras tenian , acertó que Leonarda llamó por su nombre á 
la encubierta Rosaura, y oyéndolo Maurisa, dijo : Sí yo 
no me engaño, señora , por vuestra causa ha sido aquí 
roí venida y la de mi hermano. ¡, En qué manera? dijo 
Rosaura. Yo os lo diré , sí me dais licencia de que á so- 
las os lo diga, respondió la pastora. De buena gana,re- 
plicó Rosaura; y apartándose con ella la pastora, le 
dijo : Sin duda alguna, hermosa señora , que á vos y á 
la pastora Galatea , mi hermano y yo con un recaudo de 
nuestro amo Grisaldo venimos. Así debe ser, respon- 
dió Rosaura , y llamando á Galatea, entrambas escucha- 
ron lo que Maurisa 8e Grísaldo decía, que fué avisarles 
como de allí á dos días vendría con dos amigos suyos á 
llevarla en casa de su tía , adonde en secreto celebrarían 
sus bodas , y juntamente con esto dio de parte de Gri- 
saldo á Galatea unas ricas joyas do oro, como en agra- 
decimiento de la voluntad que de hospedar á Rosaura 
había mostrado. Rosaura y Galatea agradecieron á Mau- 
risa el buen aviso, y en pago del la discreta Galatea quft- 
ria partir con ella el presente que Grisaldo le habia en- 
viado , pero nuncaMaurisa quiso recíbirio. Allí de nuevo 
se tomó á informar Galatea de la semejanza extraña que 
entre Galercio y Artidoro habia. Todo el tiempo que Ga- 
latea y Rosaura gastaban en hablar á Maurisa , le entre- 
tenían Teolinda y Leonarda en mirará Galercio, porque 
cebados los ojos de Teolinda en el rostro de Galercio, 
que tanto al de Artidoro semejaba, no podía apartarlos 
de mirar; y como los de la enamorada Leonarda sabían 
lo que miraban , también le era imposible á otra parte 
volverlos. A esta sazón ya los pastores habían consolado 
á Galercio, aunque para el mal que padecía cualesqnier 
consejos y consuelos tenia por vanos y excusados, todo 



CERVANTES. 

lo cual redundaba en daño de Leonarda. Rosaura y Ga- 
latea , viendo que los pastores hacia ellas se venían , des- 
pidieron á Maurisa, dicíéndole qne dijese á Grísaldo 
como Rosaura estaría en casa de Galatea. Maurisa le 
despidió dellas, y llamando á su hermano, en secreto 
le contó lo que con Rosaura y Galatea pasado habia, y 
así con buen comedimiento se despidió dellas y de los 
pastores, y con su hermana dio la vuelta á su aldea; 
pero las enamoradas herraanasTeolinda y Leonarda, qne 
vieron que en irse Galercio se les iba la luz de sus ojos y 
la vida de su vida , entrambas á dos se llegaron á Galaica 
y á Rosaura, y les rogaron les diesen licencia para se- 
guir á Galercio , dando por excusa Teolinda que Galer- 
cio le diria adonde Artidoro estaba; y Leonarda, qne 
podría ser que la voluntad de Galercio se trocase viendo 
la obligación en que le estaba. Las pastoras se la conce- 
dieron, con la condición que antes Galatea á Teolinda 
habia pedido , que era que de todo su bien ó so mal la 
avisase. Tómeselo á prometer Teolinda de nuevo, y de 
nuevo despidiéndose, siguió el camino que Galercio y 
Maurisa llevaban. Lo mismo hicieron luego, aunque 
por diferente parte, Timbrio , Tirsi , Damon , Orompo, 
Crisío, MarsílioyOrfenio.que á la ermita de Síierió 
con las hermosas hermanas Ñisida y Blanca se encami- 
naron , habiendo primero ellos y ellas despedídose del 
venerable Aurelio, y de Galatea, Rosaura y Florisa, y 
asimismo de Elicío y Erastro, que no quisieron dejarde 
volver con Galatea, ofreciéndose Aurelio que en lle- 
gando á su aldea iría luego con Elicío y Erastro á bus- 
carios á la ermita de Silerío, y llevaría algo con que sa- 
tisfacer la incomodidad que para agasajar tales huéspe- 
des Silerío tendría : con este prosupnesto unos por una, 
y otros por otra parte se apartaron , y echando al despe^ 
dirse menos al anciano Arsindo, vieron que sin despe- 
dirse de ninguno iba lejos por el mismo camino que Ga- 
lercio y Maurisa y las rebozadas pastoras llevaban, de 
que se maravillaron : y vipndo que ya el sol apresuraba 
su carrera para entrarse por las puertas del occidente, 
no quisieron detenerse allí mas, por llegar i la aldea 
antes que las sombras de la noche. Viéndose pues Bicio 
y Erastro ante la señora de sus pensamientos , por mos- 
trar en algo lo que encubrir no podían , y por alijerar el 
cansancio del camino, y aun por cumplir el mandado 
de Florisa, que les mandó que en tanto qne á la aldea 
llegaban, algo cantasen, al son de la zampona de Florisa, 
desta manera comenzó á cantar Elicio, yá responder 
Erastro. 

EL El qoe quisiere ver l> hermoSDra 
Mjyor qne toYO, á tiene, 6 temí el snelo. 
El rnego y el crisol , donde se apnn 
La blanca castidad y el limpio celo. 
Todo lo qne es valor, ser y cordura , 
Y cifrado en la tierra nn nuevo cielo, 
Juntas en uno alteza y cortesía. 
Venga i mirar i la pastora mia. 

£r. Venga i mirar i la yastoia mia 
Qnien quisiere contar de gente en gente 
Qne vid otro sol, qne daba luz al dia. 
Mas claro, que el qne sale del oriente : 
PodrS decir cdmo su fuego enfria, 
T abrasa al alma qne tocar se siente 
Del vivo rayo de sus ojos bellos , 
T que no hay mas qne ver después de vellos. 

El. Y que no hay mas qne ver después de vello», 
sánenlo bien estos cansados ojos, 
Ojos, que por mi mal fueron tan bellos. 
Ocasión principal de mis enojos : 
Vllos , y ri que se abrasaba en ellos 
ili alma, y que entregaban los despoiM 
De todas sos potencias i su llama , 



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LA CALATEA, LIBRO V. 



•S 



QK«e abran j ae hiela, arroji y Uaaa. 
b. Qoe ae ibrasa t ae Uela , atroja i llana. 

En telce eaeain de mi gloria , 

te aja ilustre ser piede la bma 

bar extraía j «eroadera Mstoria : 

Mo m ojos, do el aaor derraaa 

Tata n paeia y foena mas notoria , 

Buii malcría qne lettsle al cielo 
1) ^laa del mas baja haailde ráelo. 

gL La alama del mas b:do hamiide tdcIo. 
8i teiere levantarse basta la esfera , 
Gaate la cortesía y jnsto celo 
Desia féaix lin par, sola j primera : 
Gloria de nuestra edad , boora del raelo , 
Tilor del claro Tajo j so ribera. 
Cordura sin ignal, rara belleía 
Donde mas se extremó natnraleía. 

Er. Donde mas se extremó natnraleu , 
Onde ha inalado el pensaatenlo al irte. 
Donde jonto el falor j genUleía 

?re en dirersos sujetos se reliarte : 
■donde la hamildad con la grasdeía 
Oeapai solas nna mesma parte , 
T adonde üeae amor sa albergue j nido. 
La bella iacnU mi enemiga ha sido. 

SL La bella ingrau mi enemiga ha sido 
Qaien qniso, j pndo, j sopo en nn momento 
Tenerme de an sntil cabello asido 
El libre ngaroso pensamiento : 
T anaqae al estreeho lazo estojr rendido. 
Tal gnsto j gloria en las prisiones siento, 
pie extiendo el pié ; el cuello i las cadenas. 
Llamando dolces tan amargas penas. 

Er. Llamando dnices tan amargas penas 
Paso la corta fatigada vida , 
Del alma triste snstenuda apenas, 
T an apenas del cuerpo sostenida : 
Ofredóie fortana i manos llenas 
A Bü brere esperanza fe cumplida ; 
iQní gnsto pues, ¡¡ai gloria ó bien ae ofrece 
Do mengna la esperanza y la fe crece? 

El. Do mengna la esperanza y la fe crece, 
ge deseobre y parece el alto Intento 
Del flime pensamiento enamorado. 



Que solo eonflado eo amor poro. 
Vire cierto y segnro de una paga 
Qne al alma satisfaga limpiamente. 

Kr. El misero doliente , i quien («jela 
La enfermedad y aprieta , se contenta 
Cuando mas le atormenta el dolor Aero, 
Con eualqniera lijero breve alivio ; 
Mas cnando ya mas tibio el dallo toca , 
A la salad invoca y busca entera ; 
Asi desta manera el tierno pecho 
Del amador, deshecha en llanto triste , 
Dice que el bien consiste de su pena 
En qne la luz serena de los ojos, 
A qaien did los despojos de sn vida , 
Le mire een Inglda á cierta maestra ; 
Mas luego amor le adiestra y le desmanda , 
Y mas cesas demanda que primero. 

EL Ta traspone el otero el sol hermoso, 
Enstro, y i reposo nos convida 
La noche denegrida que se acerca. 

Er. T el aldea esU cerca , y yo cansado. 

£1. Pongamos pues aUeneio al canto usado. 

Bien tomaran por partido los que escuchando á Elicio 
yáErastro iban, que mas el camino se alargara, por 
gustar mas del agradable canto de los enamorados pas- 
tores ; pero el cerrar de ia noche , y el llegar á )a aldea 
hizo qne del cesasen, y que Aurelio, Calatea, Rosaura 
y Florisa en sn casa se recogiesen. Elicio y Erastro hi- 
cieron lo mismo en las suyas, con intención de irse lue- 
go adonde Tirsi yDamon, y los demás pastores estaban, 
que asi quedó concertado entre ellos y el padre de Ca- 
latea : solo esperaban á que la blanca luna desterrase la 
oscuridad de la noche; y asi como ella mostró su her- 
moso rostro, ellos se fueron á buscar á Aurelio, y todos 
juntos la vuelta de la ermita se encaminaron, donde les 
sucedió lo que se verá en el siguiente libro. 



LIBRO QUINTO. 



, Eu tanto el descoque el enanlorado Timbrío y las 
' ia hermosas hermanas Nísida y Blanca llevaban de 
Oepr á la ermita de Silerio , que la lijereza de los pasos, 
iiaqaeeramncha, no era posible qne á la de la volun- 
tad Uegase; y por conocer esto, no quisieron Tirsi yDa- 
noD importunar i Timbrio cumpliese la palabra que ha- 
Viadado de contarles en el camino todo lo por él suce- 
dido después que se apartó de Silerio; pero todavía, 
Devados del deseo que tenian de saberlo , se lo iban ya á 
pregantar, si en aquel punto no hiriera en los oídos de 
todos ooa voz de un pastor, que mi poco apartado del 
camino entre unos verdes árboles cantando estaba, que 
luego en el son no muy concertado de la voz y en lo que 
eaotaba, fué de los mas que allí venían conocido , prin- 
dpalmente de sn amigo Damon, porque era el pastor 
liuso el qne al son de un pequeño rabel unos versos de- 
da, y por ser el pastor tan conocido , y saber ya todos la 
mudanza que de su libre voluntad había hecho, de co- 
Miin parecer recogieron el paso, y se pararon á escuchar 
toque Lamo cantaba , que era esto. 

UOSO. 

tOmén ai Ubre pensamiento 



i liieviía i sujetar! 

! Mi* nado en flaco cimiento 

i wawitora fabricar 

i Va ates torres de viento? 

Oii^ rindió mi libertad 

bmdo eu seguridad 

Be ai vida satisfecho? 

^•ía abrió y rompió mi pecho, 

TnMBl voluntad? 



¿Donde esti la fanlasfa 
De mi esquiva condición? 
Dd el alma que ya fué mia, 
T dónde mi corazón 
Qoe no esUi donde solía? 
Mas yo todo ¿dónde estoy? 
Dónde vengo? ¿adonde voy? 
;A dicha se yo de mi? 
iSoy por ventura el que fui, 
O nunca he «Ido el qne soy? 



Estrecha cuenta me pido 
Sin poder averigualla , 
Paes i tal punto he venido 

gue aquello qne en mi se halla 
s sombra de lo qae he sido : 
No me entiendo de entenderme 
Nlme valgoporvalerme; 

Y en tan ciega confusión 
Cierta esti mi perdición 

Y no pienso de perderme. 
La fuerza de mi cuidado 

Y el amor que lo consiente 
He tienen en Ui esttdo, 

Que adoro el tiempo presente, 

Y lloro por el pasado: 
Viome en este morir, 

Y en el pasado vivir; 

Y en este adoro mi muerte , 

Y en el pasado la suerte 
Qae ya no puede venir. 



En tan extraía agoni* 
El sentido tengo dego. 
Pues viendo que amor porfía , 
Y que estoy dentro del fuego. 
Aborrezco el agua fria : 
Que sino es Ii de mis ojos 
Que el hiego aumenta y despajos 
Eu esta amorosa fragua, 
No quiero, ni busco otra agua , 
Ni otro allTio i mis enojos. 

Todo mi bien comenzara , 
Todo mi mal feneciera , 
Si mi ventura ordenara 
Que de ser mi fe sincera 
Suena se asegurara : 
Suspiros, aseguralda. 
Ojos míos , enteralda 
Llorando en esta verdad : 
Pluma , lengua , voluntad. 
En tal ratón conürmalda. 

No pudo ni quiso el presuroso Timbrio aguardará que 
mas adelante el pastor Lauso con su canto pasase, por- 
que rogando á loS pastores que el camino de la ermita le 
enseñasen , si ellos quedarse querían, hizo muestras de 
adelantarse , y asi todos le siguieron , y pasaron tan cerca 
de donde el enamorado Lauso estaba , que no pudo de- 
jar de sentirlo y de salirles al encuentro, como lo hizo, 
con cuya compañía todos se holgaron, especialmente 
Damon , su verdadero amigo , con el cual se acompañó 
todo el camino que desde allí á la ermita había, razo- 
nando en diversos acaescimientos que á los dos habian 
sucedido después que dejaron de verse, que fué desde 
el tiempo que el valeroso y nombrado pastor Astraliano 
había dejado los cisalpinos pastos, por ir á reducir 

S 



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OBRAS DE CERVANTES. 



aquellos que del fai;noso hermano y de la verdadera re- 
ligión se habían rebelado^ y al cabo vinieron á reducir 
su razonamiento á tratar de los amores de Lauso, pre- 
guntándole ahincadamente Damon que le dijese quién 
era la pastora que con tanta facilidad de la libre volun- 
tad le había rendido ; y cuando esto no pudo saber de 
Lauso, le rogó con grandes veras que i lo menos le di- 
jese en qué estado se bailaba , si era de. temor ó de espe- 
ranza, si le fatigaba ingratitud , ó si le atormentaban ce- 
los. A todo lo cual satisfizo bien Lauso /contándole al- 
gunas cosas que con su pastora le habían sucedido : y 
entre otras le dijo, como hallándose un día celoso y 
desfavorecido , habla llegado á términos de desesperarse 
ó de dar alguna muestra que en daño de su persona y en 
el del crédito y honra de su pastora redundase ; pero que 
todo se remedió con haberla hablado , y haberle ella ase- 
gurado ser falsa la sospecha que tenia. Ckinfirmado todo 
esto con darle un anillo de su mano, que fué parte para 
volver á mejor discurso su entendimiento, y para sole- 
nizar aquel favor con un soneto, que de. algunos que le 
vieron fué por bueno estimado. Pidió entonces Damuí á 
Lauso que le dijese ; y así sin poder excusarse le hubo 
dedecir, que era este. ' 

UDÍO. 

Rica j dichosa prenda , qne adornaste 
El precioso marlll , ta nieve para ; 
Prenda qne de la muerte y sombra escnra 
A nueva luz y vida me tarnaste : 

El claro cielo de tu bien trocaste 
Con el infierno de mi desventara ,' 
Porque viviese en dulce pal segura 
. La esperanza qne en ral resucitaste. 

«Sabes cnanto me cuestas , dulce prenda? 
El alma , y aun no quedo satisfecho , 
Pues menos doy de aquello que recibo. 

Mas porque el mundo tu valor entienda , 
Sé td mi alma, enciérrate en mi pecho, 
Verla cómo por U sin alma viva. 

Dijo Lauso el soneto , y Damon le tomó á rogar qué si 
otra alguna cosa á su pastora había escrito , se la dijese, 
pues sabía de cuánto gusto le era á él oir sus versos. A 
esto respondió Lauso : Eso será, Damon, por haberme 
sido tú maestro en ellos, y el deseo que tienes de ver lo 
que en mi aprovechaste, te hace desear oírlos : pero sea 
lo que fuere , que ninguna cosa de las que yo pudiere , te 
ha de ser negada : j; asi te digo, que en estos mesmos 
dias, cuando andaba celoso y mal seguro, envié estos 
.versos'á mi pastora. * 

unto k simiA. 



En tia notoria simpleza 
Nacida de Intento sano 
El amor rífela mano, 

Y la Intención tu belleza : 
El amor y to hermosura , 
Silena, en esta ocasión 
Jazgarin i discreción 

Lo qne tendris tii i locura. 

El me fuerza , y ella mueve 
A' que te adore y escriba , 
T como en los dos estriba 
NI fe , la mano se atreve : 

Y aunque en esta grave culpa 
Me amenaza tu rigor. 

Mi fe , tu hermosura , amor, 
Darln del yerro disculpa. 
Pues con un arrimo tal 
(Puesto qne culpa me den) 
Bien podré decir el bien 

8ne ha nacido de mi mal : 
1 cual bien , según yo slanlo , 
Ho es otra cosa , Suena , 
Sino qne tenga en la pena 
Da «xttalla sufrimiento. 



Y no lo encarezco poco 
Este bien de ser sufrido , 
Que si no lo hubiera sido. 
Ya el mal me tuviera loco : 
Mas mis sentidos de acuerdo 
Todos han dado en decir. 
Que ya que haya de morir , 
Que muera sufrido y cuerda. 

Pero bien considendo. 
Nal podri tener paciencia 
En la amorosa dolencia 
Un celoso desamado ; 

?ue en el mal de mis enojos 
odo mi bien desconcierta 
Tener la esperanza muerta , 
Y el enemigo i los ojos. 

Goces , pastora, mil afios 
El bien de tu pensamiento , 
Que fo no quiero, contento 
Granjeado con tus daDos : 
Sigue tu gusto , selora , 
Pues te parece tan bueno ; 
Que yo por el bien ajeno 
no pienso llorar agora. 



Porque fuera liviandad 
Entregar mi alma al alma 
Que Ueae porgioria y palma 
BlnolenerUbertad: 
Masj ay ! qne fortuna quiere, 

Y el amor que viene en ello , 

8ue no pueda huir el cuello 
el cucniilo que me hiere. - 
Conozco claro que voy 
Tras quien ha de condenarme, 

Y cuando pienso apartarme , 
Mas quedo y mas orme estoy. 

i Qué lazos, qué redes Uenen, 
Silena , tus ojos bellas , 
Que cuanto mas huvo dellos , 
Mas me enlazan y ietienen ? 

i Ay , ojos de quien recelo 
Que si soy de vos mirado, 
Es por crecerme el cuidado, 

Y por menguarme el consuelo ! 
Ser vuestras vistas fingidas 
Conmigo , es pura verdad. 
Pues pagan mi voluntad 

Con prendas aborrecidas. 



íQaé recelos, qué Ioumh 
Persiguen mi pensamiento ; 

Y que de contrarios siento 
En mis secretos amores ! 
Déjame , aguda memoria , 
Olvídate, no te acuerdes 

Del bien ^eno , pues pierte 
En ello tu propia gloría. 

Con tantas firmas alrmai 
El amor que etíi en tn pe^s, 
Silena , que i mi despeelio 
Siempre mis males confinas; 
¡Oh pérfido amor crfiel ! 
1 Culi ley tuya me condena 
Que dé f o rl alma i Sílna , 

Y que me niege un papel T ^ 
No mas , Silena , que loe* ' 

En puntos Be tal porlia , ' 

Qne el menor dellos podria 
Dejarme shi vida , ó loco : i 
No pase de aquí mi pinna. 
Pues tú la haces senttr , 
Que no puedo reducir 
Tanto mal i breve suma. 



I ventdL^ 
ihabiéM 
leríobM 
pe»^ 
odríatil 



En lo que se detuvo Lauso en decir estos versos , y ea : 
alabar la singular hermosura, discreción, donaire, biH \ 
nestidad y valor de su pastora, á él y á Damon se lesali<i 
jeró la pesadumbre del camino, y se les pasó el tiempo; 
sin ser sentido, hasta que llegaron junto de la ermita d»] 
Silerío, en la cual no querían entrar Timbrio, Msidaf* 
Blanca, por no sobresaltarle con su no pensada venidki 
Has la suerte lo ordenó de otra manera, porque babii 
dose adelantado Tirsi y Damon á ver lo que Silerío ' 
cia, hallaron la ermita abiertay sin ninguna 
dentro, y estando confusos, sin saber dónde pod 
tar Silerío átales horas, llegó á sus oídos elson deM 
arpa , por do entendieron que él ho debía de estar lejos; 
y saliendo á buscarle guiados por el sonido de la arp^ 
con el resplandor claro de la luna vieron que estaba sea 
tado en el tronco de un olivo, solo y sin otra compañl 
que la de su arpa, la cual tan dulcemente tocaba, qa 
por gozar de tan suave armonía nb quisieron los pasto- 
res llegar á hablarle , 7 mas cuando oyeron que oon Vi 
tremada voz estos versos comenzó á cantar. 

SILERÍO. 

meras horas del lijero Uempo , . 
Para mi perezosas y cansadas , 
SI no esttls en ni dalo conjuradas , 
Parézcaos ya que es de acabarme tiempo. 
SI agora me acabáis , haréislo i tiempo 
Que esttn mis desventuras mis colmadas : 
Nirad quq menguarln si sois pesadas ; 
Que el mal se acaba , «i da tiempo al tiempo. 
No os pido qne vengáis dulces . sabrosas. 
Pues no hallaréis camino, senda 6 paso 
De reducirme al ser qne ya he perdido , 
Horas , i cualquier otro ventnrous , 
Aquella dulce del mortal traspaso. 
Aquella de mi muerte sola os pido. 

Después que los pastores escucharon lo qué Sileri 

cantado había, sin que él los viese, se volvieroná 

contrar los demás que allí venían con intención que Tid 

brío hiciese lo qiie agora oiréis. Que fué, que habi&i 

dolé dicho de la manera .que habían hallado á Silerío , 

en el lugar do quedaba, le rogó Tirsi que sin que 

guno dellos se le diese á conocer, se fuesen Ilegal 

poco á poco hacia él, ora los viese ó no, porque aui 

la noche hacia clara, no por eso sería alguno coi° 

y que hiciese ansimismo que Nisida ó él algo canta! 

y todo esto hacía por entretener el gusto que de su 

nida había de recibir Silerío. Contentóse Timbrio di 

y diciéndoselo á Nisida, vino en su mesmo parecer, 

así cuando á Tirsi le pareció que estaban ya tan cei 

qne de Silerío podrían ser oídos, hizo á la bella Nisidt 



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LA GAUTEA. LIBRO V. 



67 



que conenBfle ; la cual al son del rabel del odoso Orfe- 

iiio,desti minera comenzó ¿ cantar. 



Aaifaeesd bies qu pauo 
Td, <¿ il alai satisface , 
Le lirii a parte jr deshace 
Otn Ka fie <1 v do Teo ; 
Qietaar; (ortua escua , 
Eic^lH de ai Tida , 
ti tu ti tiei por medida , 
Telailaii ttmim i lasa. 

b d iBoroio estado , 
ilB(M sabré el merecer 
la «Ao lieae el placer 
Gula el nal aeompafiado ; 
itiu loi males Doidos 
Si iDEoaeato apartarse, 
¡j» Ueaes por acabarse , 
El Bjl partes dindidoi. 

lo (le cuesta , isl se aleatiza, 
IM uor algiB contento , 
Oetbirio el ufrimiento , 
£1 anorr la esperanza : 
n ¡mu cuesta ana gloria , 
b caattilo ail enojos , 
tUtalo bien estos oiot , 
T ■! tusada ■emorta: 



La cnal se acaerda contino 
De quien pndo mejoralla , 
T para bailarle, no halla 
Alguna senda ó camino. 
¡A; dnice amigo de aqnel 
Qoe te tovo por tan snTo, 
Cuanto él se tuvo por tafo , 

Y cnanto fo lo sor del ! 
Mcjon con tu presencia 

Nuestra no pensada dicha , 

Y no la TnelTa en desdicha 

Tn tan larga esqnin ausencia : 
A duro mal me provoca 
La memoria qne me acaerda , 
Que fniste loco, y yo cnerda , 

Y eres cnerdo, y yo estoy loca. 
Aquel que por buena suerte 

Td mesmo quisiste darme. 
No ganó tanto en ganarme 
Cuanto ha perdido en perderte : 
Mitad de su alma Tuiste , 

Y medio por quien la mía 
Pudo alcanzar la alegría 
Que tu ausencia tiene triste. 



: Si laextremada gracia couque la hermosaNísidacaa- 
tabacaosó admiración á los que con ella iban , ¿ qué cau- 
tariaen el pecho de Silerío, qne sin fallar punto, notó 
jegcacbó todas las circunstancias de su canto? Y como 
[ tBiia tui en el alma la voz de Nísida, apenas comenzó i 
■baaar en sus oídos el acento suyo , cuando él se llegó á 
Aorotar, y á suspender y enajenar de sí mesmo, ele- 
lado en lo que escuchaba. Y aunque verdaderamente le 
, pareció que era la voz de Nísida aquella, tenia tan per- 
ida b esperanza de verla , y mas en semejante lugar, 
: qae en ninguna manera podía asegurar su sospecha. 
Desta soerte llegaron todos donde él estaba ; y en salu- 
dindole Tirsi, le dijo: Tan aGcionados nos dejaste, 
!ami^Silerío,de la condición y conversación tuya, qne 
itnidos Damon y yo de la experiencia , y toda esta com- 
fañiade la fama della, dejando el camino qne llevába- 
tt», te hemos venido á buscar i tu ermita, donde no 
i talándote , como no te hallamos , quedara sin cumplirse 
nestro deseo, si el son de tu arpa y de tu estimado 
(anta aquí no nos hubiera encaminado. Harto mejor 
fceta, señores, respondió Silerio, qne no me hallara- 
is, pues en mi no hallaréis sino ocasiones que á tris- 
tea os muevan , pues la que yo padezco en el alma, 
fine dudado el tiempo cada día de renovarla, no solo 
•inla memoria del bien pasado, sino con las sombras 
id presente, que al fin lo serán, pues de mi ventura no 
• poede e^rar otra cosa que bienes fingidos y temo- 
Rsdertos. Lástima pusieron las razones de Silerio en 
■dos los que le conocían, principalmente enTimbrio, 
lUdayBlanca, que tanto le amaban, y luego quisie- 
IM dársele á conocer, si no fuera por no salir de lo que 
Brá les había rogado : el cual hizo que todos sobre la 
iBtde yerba se sentasen , y de manera que los rayos de 
aclara lona hiriesen de espaldas los rostros de Nisida y 
hoca, porqne Silerio no los conociese. Estando pues 
feíta suerte , y después que Damon á Silerio había dicho 
■ÍKiius palabras de consuelo, porque el tiempo no se 
lliasetodo en tratar en cosas de tristeza, y por dar 
pxápío á qne la de Silerio feneciese, le rogó que su 
[«fatocase, al son de la cual el mesmo Damon cantó 
(Ntatmeto. 



oAvon. 

Si el ispero furor del mar airado 
Por largo tiempo en sn rigor durase , 
Mal se podría bailar filen entregase 
Sn flaca nave al piélago alterada. 

No permanece siempre en nn estado 
El bien ni el mal , que el uno y otro vase ;' 
Porque si huyese el bien , v el mal quedase , 
Ya serla el mundo i confusión tornado. 

La noche al dia ', y el calor al frió , 
La flor al fruto van en seguimiento. 
Formando de contrarios igual tela. 

La sujeción se cambia en selorio, 
En el placer el pesar, la gloria en viento , 
Che per tal variar natura i tella. 

Acabó Damon de cantar, y luego hizo de señas áTím- 
brío que lo mismo biciesé : el cual al son de la arpa de 
Sileriodióprincipioá un soneto, que en el tiempo del 
hervor de sus amores había hecho, el cual de Silerio era 
tan sabido, como del mesmo Timbrío. 

TIKUIO. 

Tan bien fundada tengo la esperania, 
Que aunque mas sople ngaroso viento, 
No podri desdecir qe sn cimiento ; 
Tal fe, tal sierte y tal valor alcanu. 

No pudo acabar Timbrio el comenzado soneto, por- 
que el oir Silerio su voz , y el conocerle todo fué uno , y 
sin ser parte á otra cosa , se levantó de do sentado esta- 
ba , y se fué á abrazar del cuello de Timbrío con mues- 
tras de tan extraño contento y sobresalto, que sin hablar 
palabra se transpuso y estuvo un rato sin acuerdo , con 
tanto dolor de los presentes, temerosos de algún mal 
suceso , que ya condenaban por mala el astucia de Tirsi; 
pero quien mas extremos de dolorhacia, era la hermosa 
Blanca , como aquella que tiernamente leamaba. Acudió 
luego Msida y su hermana á remediar el desmayo de Si- 
lerio , el cual á cabo de poco espacio volvió en sí , di- 
ciendo : ¡Oh poderoso cielo ! ¿ es posible que el que tengo 
presente es mi verdadero amigo Timbrio? Es Timbrio 
el que oigo? Es Timbrio el que veo? Sí es, sí no me 
burla mi ventura , y mis ojos no me engañan. Ni tu ven- 
tura te burla , ni tus ojos te engañan , dulce amigo mío, 
respondió Timbrío, que yo soy el que sin ti no era, y el qoe 
no fuera jamas, sí el cíelo no permitiera que te hallara. 
Cesen ya tus lágrimas , Silerio amigo , sí por mi las has 
derramado , pues ya me tienes presente ; que yo atajaré 
las mías, pues te tengo delante, llamándome el mas di- 
choso de cuantos viven en el mundo , pues mis desven- 
turas y adversidades han traído tal descuento , que goza 
mi ánima de la posesión de Nísida, y mis ojos de tn pre- 
sencia. Por estas palabras de Timbrio entendió Silerio 
que la que cantado había, y la que allí estaba era Nísida; 
pero certificóse mas en ello , cuando ella mesma le dijo: 
¿Qué es esto, Silerio mió? Qué soledad y qué hábito es 
este, que tantas muestras dan de tu descontente? Qué 
falsas sospechas, ó qué engaños te han conducido á tal 
extremo , para que Timbrio y yo le tuviésemos de dolor 
toda la vida , ausentes de tí , que nos la diste ? Engaños 
fueron , hermosa Nísida, respondió Silerio ; mas por 
haber traído tales desengaños , serán celebrados de mi 
memoria el tiempo que ella me durare. Lo mas deste 
tiempo tenia Blanca asida una mano de Silerio^ mirán- 
dole atentamente al rostro , derramando algunas lágri- 
mas, que de la alegría y lástima de su corazón daban 
manifiesto indicio. Largo seriado contar las palabras de 
amor y contento qne entre Silerio , Timbrío , Nísida y 
Blanca pasaron , que fueron tan tiernas y tales , que to- 
dos los pastores que las escuchaban teniaa Va ojos baña- 



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«8 OKIAS DE 

dos en ligrimas de alegría. Contó laego Silerío breve- 
mente la ocasión qne le habia movido á retirarse en 
aquella ermita, con pensamiento de acabar en ella la 
vida, pues de la dellos no habia podido saber nueva al- 
guna, y todo lo que dijo fué ocasión de avivar mas en el 
pecho de Timbrio el amor y amistad que á Silerío tenia; 
y en el de Blanca , la amistad de su miseria : y as! como 
acabó de contar Silerío lo que después que partió de Ña- 
póles le habia sucedido , rogó á Timbrio que lo mesmo 
hiciese , porque en extremo lo deseaba ; y que no se re- 
celase de los pastores que estaban presentes, que todos 
ellos ó los mas sabían ya su mucha amistad , y parte de 
sus sucesos. Holgóse Timbrio de hacer lo qne Silerio 
pedia ; y mas se holgaron los pastores , que ansimesmo 
lo deseaban : que ya porque Tirsi se lo habia contado, 
todos sabían los amores de Timbrio y Nisida, y todo 
aquello que el mesmo Tirsi de Silerío habia oído. Sen- 
tados pues todos , como ya he dicho , en la verde yerba, 
con maravillosa atención estaban esperando lo que Tira- 
brío diría , el cnal dijo : Después que la fortuna me fué 
tan favorable y tan adversa, que me dejó vencerá mi 
enemigo, y me venció con el sobresalto de la falsa nueva 
de la muerte de Nisida , con el dolor que pensarse pue- 
de , en aquel mesmo instante me partí para Ñapóles , y 
confirmándose allí el desdichado suceso de Nisida , por 
no ver las casas de su padre ,- donde yo la habia visto , y 
porque las calles, ventanas y otras partes donde yo la 
solía ver no me renovasen continuamente la memoria 
de mi bien pasado , sin saber qué camino tomase , y sin 
tener algún discurso mialbedrio, salí de la ciudad , y á 
cabo de dos días llegué á la fuerte Gaeta, donde hallé una 
nave que ya queria desplegar las velas al viento para 
I>artirse á España: embarquéme en ella-, no mas de por 
huir la odiosa tierra donde dejaba mi cielo ; mas apenas 
los diligentes marineros zarparon los ferros y descogie- 
ron las velas , y al mar algún tanto se alargaron , cuando 
se levantó nna no pencada y súbita borrasca , y una rá- 
faga de viento embistió las velas del navio con tanta fu- 
ria , que rompió el árbol del trinquete, y la vela mesana 
abrió de arriba abajo : acudieron luego los prestos marí- 
nerosal remedio, y con dificultad grandísima amaina- 
ron todas las velas , porque la borrasca crecía , y la mar 
comenzaba á alterarse , y el cielo daba señales de dura- 
ble y espantosa fortuna. No fué volver al puerto posible, 
porque era maestral el viento que soplaba , y con tan 
grande violencia , que fué forzoso poner la vela del trin- 
quete al árbol mayor, y amollar, como dicen , en popa, 
dejándose llevar donde el viento quisiese ; y así comenzó 
la nave llevada d^sn furia á correr por el levantado mar 
con tanta líjereza, que en dos días que duró el maes- 
tral, discurrimos por todas las islas de aquel derecho, 
sin poder en ninguna tomar abrigo, pasando siempre á 
vista deltas , sin qne Estmmbalo nos abrigase , ni Lipar 
nos acogiese, ni el Cimbalo, Lampadosa, ni Pantanalea 
sirviesen para nuestro remedio : y pasamos tan cerca de 
Berbería, que los recien derribados muros' de la Goleta 
se descubrian, y las antiguas ruinas de Cartago se ma- 
nifestaban. No fué pequeño el. miedo de los que en la 
nave iban , temiendo que si el viento algo mas reforza- 
ba, era forzoso embestir en la enemiga tierra; mas 
cuando desto estaban mas temerosos, la suerte que 
mejor nos la tenia guardada , ó el cíelo que escuchó los 
votos y promesas que allí se hicieron, ordenó que el 



CERVANTES. 

maestral se cambiase en nn mediodía tan reforsado, y 
que tocaba en la cuarta del jaloque , qne en otros da 
días nos volvió al mesmo puerto de Gaeta , donde habit- 
mos partido; con tanto consuelo de todos , que alguna 
se partieron á cumplir las romerías y promesas qne a 
el peligro pasado habían hecho : éstnvoallí la nave oinii 
cuatro días reparándose de algunas cosas que le falta- 
han, al cabo de los cuales tomó á seguir su Tíaje coa 
mas sosegado mar y próspero viento , llevando á vista k. 
hermosa ribera de Genova , llena de adornados jardines, 
blancas casas y relumbrantes chapiteles, que bcridos da 
los rayos del sol , reverberan con tan encendidos rayw 
que apenas dejan mirarse. Todas estas cosas que desda 
la nave se miraban , pudieran cansar contento , como la 
causaban á todos los que en la nave iban . si no á mí que 
me era ocasión de mas pesadumbre: solo el descans* 
que tenia era entretenerme lamentando mis penas, can- 
tándolas, ó por mejor decir, llorándolas al son de na 
laúd de uno de aquellos' marineros : y una nociie nw 
acuerdo , y aun es bien que me acuerde, pues en eUt 
comenzó á amanecer mi día, qne estando sosegado oK 
mar, quietos los vientos, las velas pegadas á los árb»>j 
les , y los marineros sin cuidado alguno , por diferentaaj 
partes del navio tendidos , y el timonero casi dormida 
por la bonanza que habia , y por la que el cielo as 
raba ; en medio deste silencio, y en medio de mis 
ginaciones , como mis dolores no me dejaban ent 
1 os ojos al sneño, sentado en el castillo de popa , tonoé i 
laúd , y comencé á cantar unos versos que habré de i 
petir agora ; porque se advierta de qué extremo de trí»^ 
teza, y cuan sin pensarlo roe pasó la suerte al mayor dli 
alegría que imaginar supiera : ere, si no me ocaerál 
mal , lo que cantalNt, esto. 



Agora que eilb el tiento , 
T el sesgo mar esU en calma , 
No se calle mi tormenta , 
Salga con la toi el alma 
Para major sentimieito : 
Que para cantar mis males , 
Mostrando en parte que soa 
Por faena , ban de dar seAales 
El alma y el corazón 
De Tivas ansias mortales. 

LieTóme el amor en nielo 
Por ano jr ntro dolor 
Hasta ponerme en el cielo , 

Y agora muerte j amor 

Me han derribado en el sacio : 
Amor j muerte órdenaroi 
Una muerte j amor tal, 
Cnal en Nisida causaron, 

Y de mi bien y sa mal 
Eterna fama ganaron. 

Con nnen toi y terrible 
De hoy mas, y en son espántese 
Harila fama creíble 

§ue el amor es poderoso, 
la muerte es invencible : 
De su poder saüsfecho 
Qnedari el mnndo, si advierte 
Qué hazafii los dos ban hecbo, 
Qué vida llevd la muerte. 
Qué tai tiene amor mi pecbo. 

Mas creo , pues no he venido 
A morir, 6 estar mas loco 
Con el dafio que he sufrido, 
O que muerte puede poco, 
O que no tengo senUdo; 
Que-si sentido tuviera , 
Según mis penas crecidas 
Me persignen donde quiera , 
Aunque toviera mil vidas , 
Cien mil veces muerto fuera. 



MI Vitoria Un subida 
Fué con muerte celebrada 
De la mas ilustre vida ' 

Que en la presente i usadla 
Edad fué, ni es conocida : 
Della llevé por despojos 
Dolor en el corazón . 
Mil ligrimas eu los ojos , 
En el alma coifusioB, 

Y en el Irme pecho enojos, 
j Oh flere mano enemiga ! 

¡Cómo si allí me aubans , 
Te tuviera por amiga , 
Paes con laatarme estorbaras 
Las ansias de mi fatiga ! 
¡Oh cuin amargo desiéamlo 
Trujo la vitarla mis , 
Pues pagaré , srgni siento , 
El gusto solo de un dia 
Con mil siglos de tonneato ! 

Ttf ,mar ,que escncbasml Itamta 
Tü , eleio, qne lo ordenaste . 
Amor, por quien lloro tanto , 
Muerte, que mi bien llevaste. 
Acabad ya mi quebranto ; 
Ti, mar, mi cuerpo recibe , 
Ti, cielo , acoge mi alma . 
Ti , amor, con la fama escrike ' 
Qne muerte llevi la palma 
Desta vida que no vive. 

No os descDideis de ayndataseu 
Mar. délo, amor v la Bierte - 
Acabad ya de acabarme , 
'^ne ser« la mejor suerte 

laeyoespeioypodréisdanM ; 

'nes ai no me anega el mar, 

Y no me recoge el cielo, 

Y el amor ha de darar, 

Y de no morir recalo. 

No aéen qué habré de parar. 



Acuerdóme qne llegaba á estos últimos versos «pie 1» 



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LA CALATEA 

i Aciio, catado sin poder pasar adelante, interrompido 
! deinbiitaitiispinK y sollozos que de mi lastimado pe- 
cho despeih, aquejado de la memoria de mis desven- 
tólas, del poro sentimiento dellas vine á perder el sen- 
tidoGOBia parasismo tal, que me tuvo nn buen rato 
fuende lodo acnerdo; pero ya después que el amargo 
acódente hubo pasado, abrí mis cansados ojos, y ballé- 
nepoesta la cabeza en las faldas de una mujer vestida 
■Unto de peregrina, y i mi lado estaba otra con el 
¡ ■esDo traje adornada, la cual estando de mis manos 
't aidí, la una y la otra tiernamente lloraban. Cuando yo 
f Bt tí de aquella manera, quedé admirado y confuso, y 
: estaba dudando si era sueño aquello que veía, porque 
nuca tales mujeres había visto jamas en la nave des- 
í pies qae en ella andaba. Pero desta confusión me sacó 
I presto la hermosa Msida, que aquí está , que era la pe- 
¡ ngrina que allá estaba, diciéndome. ¡Ay, Timbrio, 
[ «Bdadero señor y amigo mió 1 ¡ qué falsas imaginacio- 
; Ks, ó qaé desdichados accidentes han sido parte para 
poneros donde agora estáis, y para que yo y mi hermana 
'tañésemoe tan poca cuenta con lo que á nuestras hon- 
ns debíamos, y que sin mirar en inconveniente alguno 
kjamos querido dejar nuestros amados padres, y nues- 
tras asados trajes con intención de buscaros , y desen- 
fñaros de tan incierta muerte mía , que pudiera causar 
Pl Terdadera vuestra ! Cuando yo tales razones oi, de 
ndo panto acabé de creer que soñaba, y que eia alguna 
SJoon aquella que delante de los ojos tenia , y que la 
«ontinua ima^nacíon que de Nisida no se apartaba , era 
kcaosa que allí á los ojos viva la representase. Mil pre- 
notas les hice , y á todas ellas enteramenle me satisfa- 
dnoD |HÍmero que pudiese sosegar el entendimiento, y 
enterarme que ellas eran Nisida y Blanca. Has cuando 
I jDfoí conociendo la verdad, el gozo que sentí fué de 
! unen, que también me puso en condición de perder 
la vida, como el dolor pasado había hecho. Allí supe de 
ICsida cómo el engaño y descuido q ue tuviste, ó Sílerio, 
(O hacer la señal de la toca , fué la causa para que cre- 
jeodo algún mal suceso mío, le sucediese el parasismo 
ydamayo tal , que todos creyeron que era muerta, co- 
BM JO lo pen.se , y tú , Sílerio, lo creíste : dijome tam- 
Ueo cómo después de vuelta en sí supo la verdad de la 
litaría mía , junto con mi súbita y arrebatada partida , y 
I buaencia tuya, cuyas nuevas la pusieron en extremo 
I de hacer verdaderas las de su muerte ; pero ya que al úl- 
I timo término no la llevaron , hicieron con ella y con su 
I lienoana, por industria de una ama suya que oon ellas 
Knía, que vistiéndose en hábitos de peregrinas , desco- 
Mddimente se saliesen de con sus padres una noche 
qae llegaban junto á Gaeta á la vuelta que á Nápoics se 
nhiao; y fué á tiempo que la nave donde yo esta- 
fa embarcado, (después de reparada de la pasada tor- 
Boita, estaba ya para partirse, y diciendo al capitán 
<f^ querían pasar en España para ir á Santiago de Galí- 
ó», se concertaron con él , y se embarcaron con presu- 
puesto de venir á buscarme á Jerez , do pensaban ha- 
Binne , 6 saber de mi nueva alguna : y en todo el tiempo 
<|Ken la nave estuvieron, que serian cuatro días, no 
Inlñn salido de un aposento que el capitán en la popa 
lo había dado, hasta que oyéndome cantar los versos 
loe 09 he dicho, y conociéndome en la voz , y en lo que 
nelhsdecia, salieron al tiempo que os he contado, 
Atndeaolemnizaudo con alegres lágrimas el contento de 



. LIBRO V. 69 

habernos hallado , estábanlos mirándonos los unos á los 
otros, sin saber con qué palabras engrandecer nuestra 
nueva y no pensada alegría, la cual se acrecentara mas, 
y llegara al término y punto que agora llega, sí de ti, 
amigo Sílerio, allí supiéramos nueva alguna : pero co- 
mo no hay placer que venga tan entero , que de todo en 
todo al corazón satisfaga , en el que entonces teníamos 
no solo nos faltó tu presencia , pero aun las nuevas della. 
La claridad de la noche, el fresco y agradable viento 
(que en aquel instante comenzó á herir las velas prós- 
pera y blandamente), el mar tranquilo y desembarazado 
cíelo, parece que todos juntosyoada uno por si ayuda- 
ban á solenízar la alegría de nuestros corazones. 

Masía fortuna variable, de cuya condición no se puede 
prometer firmeza alguna , envidiosa de nuestra ventura Jr 
quiso turbarla con la mayor desventura que imaginarse 
pudiera, si el tiempo y los prósperos sucesos no la hu- 
bieran reducido á mejor término. Sucedió pues que 
á la sazón que el viento comenzaba á refrescar, los so- 
lícitos marineros izaron mas todas las velas , y con ge- ' 
neral alegría de todos seguro y próspero viaje se asegu- 
raban. Uno de ellos , que á una parte de la proa iba 
sentado, descubrió con la claridad de los bajos rayos de 
la luna, que cuatro bajeles de remo á larga y tirada 
boga, con gran celeridad y priesa hacia la nave se enca- 
minaban , y al momento conoció ser de coutrarios,y con 
grandes voces comenzó á gritar : Arma, arma, que ba- 
jeles turquescos se descubren. Esta voz y súbito alarido 
puso tanto sobresalto en todos los de la nave, que síu sabor 
darse maña en el cercano peligro, unos á otros se mira- 
ban ; mas el capitán della (que en semejantes ocasiones 
algunas veces se había visto) viniéndose á la proa , pro- 
curó reconocer qué tamaño de bajeles y cuántos eran, y 
descubrió dos mas que el marinero , y conoció que eran 
galeotas forzadas, de que no poco temor debié de reci- 
bir ; pero disimulando lo mejor que pudo, mandó luego 
alistar la artillería , y cargar las velas todo lo mas que se 
pudiese la vuelta de los contrai'ios bajeles, por ver si po- 
dría entrarse entre ellos, y jugar de todas bandas la ar- 
tillería. Acudieron luego todos á las armas, y repartidos 
por sus postas como mejor se pudo, la venida de los ene- 
migos esperaban. ¿ Quién podrá signiíicaros, señores, la 
pena que yo en esta sazón tenia, viendo con tanta cele- 
ridad turbado mi contento , y tan cerca de poder per- 
derle ; y mas cuando vi que Nisida y Blanca se miraban 
sin hablarse palabra , confusas del estruendo y vocería 
que en la nave andaba, y viéndome á mí rogarlesqueen 
su aposento se encerrasen, y rogasen á Dios que de las 
enemigas manos nos librase? Paso y punto fué este, que 
desmaya la imaginación, cuando del se acuerda la me- 
moria : sus descubiertas lágrimas, y la fuerzaque yo me 
hacía pomo mostrar las mías, me tenían de tal manera, 
que casi me olvidara de lo que debía hacer, de quién era, 
y á lo que el peUgro obligaba ; mas en fin las hice retraer 
á su estancia casi desmayadas, y cerrándolas por defue- 
ra, acudí á ver lo que el capitán ordenaba, el cual con 
prudente solicitud todas las cosas al caso necesarias es- 
taba proveyendo ; y dando cargo á Darinto, que es aquel 
caballero que hoy se partió de nosotros, de la guarda 
del castillo de proa, y encomendándome á mi el de po- 
pa, él con algunos marineros y pasajeros, por todo el 
cuerpo de la nave á una y á otra parte discurría. No tar- 
daron mucho en llegar los enemigos, y tardó harto mé- 



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70 



OBRAS DE CERVANTES. 



ooe en calmar el vieulo, que faé la total causa de la 
perdición nuestra. No osaron los enemigos llegar á bor- 
do , porque viendo que el tiempo calmaba , les pareció 
mejor aguardar el dia para embestimos. Hiciéronlo asi, 
y el dia venido, aunque ya los habiamos contado, acaba- 
mos de ver que eran quince bajeles gruesos los que cer- 
cados nos tenian, y entonces se acabó de conQrmar en 
nuestros pechos el temor de perdemos. Con todo eso, 
no desmayando el valeroso capitán ni alguno de los que 
con él estaban, esperó á ver lo que los contrarios harían, 
los cuales luego como vino la mañana echaron de su ca- 
pitana una barquilla al agua , y con un renegado envia- 
ron á decir á nuestro capitán , que se rindiese, pues veia 
ser imposible defenderse de tantos bajeles, y mas que 
eran todos los mejores de Argel ; amenazándole de parte 
deAmaut Mami, su general, que si disparaba alguna 
pieza el navio , que le habia de colgar de una entena en 
cogiéndole, y añadiendo á estas otras amenazas, el rene- 
gado le persuadía que se rindiese : mas no queriéndolo 
hacer el capitán, respondió al renegado que se alargase 
de la nave, sino que le echarla á fondo con la artillería. 
Oyó Amaut esta respuesta, y luego cebando el navio por 
todas partes, comenzó á jugar desde lejos el artillería 
con tanta príesa , furía y estmendo, que era maravilla. 
Nuestra nave comenzó á hacer lo mesmo tan venturosa- 
mente, que á uno de los bajeles que por la popa le com- 
batían echó á fondo, porque le acertó con una bala junto 
á la cinta, de modo que sin ser socorrido, en breve es- 
pacio se le sorbió el mar. Viendo esto los turcos apresu- 
raron el combate, y en cuatro horas nos embistieron 
cuatro veces, y otras tantas se retiraron con mucho daño 
suyo, y no con poco nuestro. Has por no iros cansando 
contándoos particularmente las cosas sucedidas en este 
combate, solo diré que después de habemos combatido 
diez y seis horas, y después de haber muerto nuestro 
capitán y toda la mas gente del navio, á cabo de nueve 
asaltos que nos dieron , al último entraron furíosamente 
en el navio. Tampoco, aunque quiera, no podré enca- 
recer el dolor que á mi alma llegó, cuando vi que las 
amadas prendas mías , que agora tengo delante , liabian 
de ser entonces entregadasy venidas á poder de aquellos 
crueles carniceros ; y asi llevado de la ira que este temor 
y consideración me causaba, con pecho desarmado me 
arrojé por medio de las bárbaras espadas, deseoso de 
morir al rigor de sus filos, antes que ver á mis ojos lo 
que esperaba ; pero sucedióme al revés mi pensamiento, 
porque abrazándose conmigo tres membrudos turcos, y 
yo , forcejando con ellos, de tropel venimos á dar todos 
en la puerta de la cámara donde Nísida y Blanca estaban, 
y con el ímpetu del golpe se rompió y abrió la puerta, 
que hizo manifiesto el tesoro que allí estaba encerrado, 
del cual codiciosos los enemigos, el uno dellos asió á Ní- 
sida , y el otro á Blanca ; y yo que de los dos me vi libre, 
al otro que me tenia , hice dejar la vida á mis pies , y de 
los dos pensaba hacer lo mismo , si ellos advertidos del 
peligro no dejaran la presa de las damas, y con dos gran- 
des heridas no me derribaran en el suelo. Lo cual visto 
por Nisida , arrojándose sobre mi herido cuerpo , con 
lamentables voces pedia á los dos turcos la acabasen. En 
este instante , atraído de las voces y lamentos de Blanca 
y Nísida, acudió á aquella estancia Amaut, el general 
de los bajeles , é informándose de los soldados de lo que 
pasaba , hizo llevar á Nísida y á Blanca á su galera , y á 



ruego de Nisida mandó también que á mi me llevasen, 
pues no estaba aun muerto. Desta manera , sin tener je 
sentido alguno, me llevaron á la enemiga galera capí- 
tana, adonde ful luego curado con alguna diligencia, 
porque Nísida habia dicho al capitán, que yo era hom- 
bre principal y dé gran rescate , con intención que ce- 
bados de la codicia y del dinero que de mí podrían !»• 
ber , con algo mas recato mirasen por la salud mía. Su- 
cedió pues que estando curándome las heridas , con el 
dolordellasvolvienmiacuerdo, y volviendo los ojos á 
una parte y á otra , conocí que estaba en poder de mii 
enemigos, y en el bajel contrarío; pero ninguna cosa me 
llegó tan al alma como fué ver en la popa de la galera á 
Nísida y á Blanca sentadas á los pies del perro genera], 
derramando por sus ojos infinitas lágrimas, indicios áá 
interno dolor que padecían. No el temor de la afrentosa 
muerte que esperaba , cuando tú della, buen amigo Si- 
lerío, en Cataluña rae libraste : no la falsa nueva de la 
muerte de Nisida, de mí por verdadera creida: no el 
dolor de mis mortales heridas, ni otra cualquiera aflic- 
ción que imaginar pudiera, me causó , ni causará mas 
sentimiento, que el que me vinode ver á Nísida y Blanca 
en poder de aquel bárbaro descreído , donde á tan cer- 
cano y claro peligro estaban puestas sus honras. El dolor 
deste sentimiento hizo tal operación en mi alma, qoB 
tomé de nuevo á perder los sentidos, y á quitar la espe- 
ranza de mi salud y vida al cirajanoque me caraba, ds 
tal modo, que creyendo que era muerto , paró en medía 
de la cura , certificando á todos que ya yo desta vida ha- 
bia pasado. Oídas estas nuevas por las dos desdichadas ' 
hermanas, digan ellas loque sintieron, si se atreven, 
que yo solo sé decir, que después supe que levantándose 
las dos de do estaban , tirándose de sus rubios cabellos, 
y arañándose sus hermosos rostros, sin que nadie pu- 
diese detenerlas, vinieron donde yo desmayado estaba, 
y allí comenzaron á hacer tan lastimero llanto , que los 
mesmos pechos de los cmeles bárbaros enternecieron. 
Con las lágrimas de Nisida , que en el rostro me caia^^ 
ó por las ya frías y enconadas heridas, que gran dolor ' 
me causaban , tomé á volver de nuevo en mi acuerdo, 
para acordarme de mi nueva desventura. Pasaré en sí- 
iencio agora las lastimeras y amorosas palabras qneea 
aquel desdichado punto entre mí y Nisida pasaron, por i 
no entristecer tanto el alegre en que agora nos baila- i 
mos; ni quiero decir por extenso los trances que eUt I 
me contó que con el capilan había pasado : el cual, ves- 1 
cido d^su hermosura, mil promesas, mil regalos, mil I 
amenazas le hizo porque viniese á condescender con k ¡ 
desordenada voluntad suya ; pero mostrándose ella coa ' 
él tan esquiva como honrada, y tan honrada como es» i 
quiva, pudo todo aquel dia y la noche siguiente defen- ; 
derse de las pesadas importunaciones del cosario. Ifas ¡ 
como la continua presencia de Nísida iba creciendo ea ; 
él por puntos el libidinoso deseo , sin duda alguna se 
pudiera temer, como yo temía, que dejando los me- 
gos y usando la fuerza, Nísida penliese su honra, ób 
vida, que era lo mas cierto que de su bondad se podía 
esperar ; pero cansada ya la fortuna de habemos puest» 
en el mas bajo estado de miseria, quiso damos á enten- 
der ser verdad lo quede la instabilidad suya se pregona, 
por un medio que nos puso en términos de rogar al cielo 
que en aquella desdichada suerte nos mantuviese, i 
trueco de no perder la vida sobre las hinchadas ondas 



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LA CALATEA 

éA nat lindlo : el cual (á cabo de dos días que cautivos 
faimos , y i la sazón que llevábamos el derecho viaje de 
BerbeÁ) , movido de un furioso jaloque, comenzó á ha- 
cer montañas de agua , y azotar con tanta furia la cosa- 
ria amada , que sin poder los cansados remeros apro- 
vecbuse de los remos, afrenillaron y acudieron al usado 
remedo de la vela del trinquete al árbol, y & dejarse 
Uenr por donde el viento y mar quisiese: y de tal ma- 
■aracreaó la tormenta, que en menos de media hora 
empardó y apartó á diferentes partes los bajeles, sin que 
ñgaoo pudiese tener cuenta con seguir su capitán; 
intes en poco rato divididos todos , coino he dicho, vhio 
•nestro bájela quedar solo, y á ser el que mas peligro 
JBcauaba ; porque comenzó á hacer tanta agua por las 
eastnras, que por mucho que por todas las cámaras de 
popa , proa y mesana le agotaban, siempre en la sentina 
H B^ h a el agua á la rodilla ; y añadióse á toda esta desgra- 
cia sobrevenir la noche, que en scmejaüles casos mas 
^oe ea otros algunos el medroso temor acrecienta : y 
ñno coa tanta escuridad y nueva borrasca, que de todo 
en todo, todos desesperamos de remedio. No queráis 
■as saber , señores, sino que los mesmos turcos roga- 
^aa á los cristianos que ibaii al remo cautivos, que invo- 
casen y llamasen á sus santos y á áil Cristo , para que de 
Id desventura los librase; y no fueron tan en vana. las 
'ftegarias de los míseros cristianos que allí iban, que 
jMnido el alto cielo dellas dejase sosegar el viento, 
■Méate creció con tanto ímpetu y furia, que al amane- 
$nr del dia , que solo pudo conocerse por las horas del 
|ldog de arena por quien se rigen, se halló el mal gober- 
aado bajel en la costa de Cataluña, tan. cerca de tierra 
f bn sin poder apartarse delta , que fué forzoso alzar un 
. foco mas la vela , para que con mas furia embistiese en 
va ancha playa que delante se nos ofrecía ; que el amor 
áe la vida les hizo parecer dulce á los turcos la esclavi- 
tad que esperaban. Apenas hubo la galera embestido en 
Sara , cnando luego acudió á la playa mucha gente ar- 
aada, COJO traje y lengua dio á entender ser catalanes, 
^ser de Cataluña aquella costa ; y aun aquel mismo lu- 
;^ donde á riesgo de la tuya, amigo Silerio, la vida mia 
eapaste. ¡ Quién pudiera exagerar agora el gozo de los 
;ciístiaiios , que del insufrible y pesado yugo del amargo 
anÚTerio veían libres y desembarazos sus cuellos, y las 
fregarías y ruegos que los turcos , pocO antes libres, 
:ftwaan á sus mesmos esclavos, rogándoles fuesen parte 
ifin que de los indignados cristianos maltratadas no 
fcesen ; los cuales ya en la playk los esperaban con de- 
no de vengarse de la ofensa que estos mesmos turcos 
les habían becho, saqueándoles su lugar, como tú, Si- 
kiio, sabes! Y no les salió vano' el temor que tenían, 
: fotqne en entrando los del pueblo en la galera que en- 
callada en la arena estaba, hicieron tan cruel matanza 
«B los cosarios , que muy pocos quedaron con la vida : y 
, ú ao fuera que les cegó la codicia de robar la galera , to- 
das los turcos en aquel primero ímpetu fueran muertos. 
ftaaimente, los turcos que quedaron, y cristianos cau- 
Svosqne allí veníamos, todos fuimos saqueados, 'y si 
iH vestidos que yo traía no estuvieran sangrentados. 
Meo que aun no me los dejaran. Darinto, que también 
affi venía , acudió luego á mirar por Nisida y Blanca , y á 
pocufar que me sacasen á tierra, donde fuese curado. 
dando yo salí y reconocí el lugar donde estaba , y con- 
■deré el peligro en que en él ine había visto , no dejó de 



, Limo V. ^l 

darme alguna pesadumbre, canuda de temor no fuese 
conocido y castigado por lo que no debía ; y así rogué á 
Darinto que sin poner dilación alguna procurase que á 
Barcelona nos fuésemos, diciéndole la" causa que me 
movía á ello ; pero no fué posible , porque mis heridas 
me fatigaban de manera , que me forzaron á que allí al- 
gunos días estuviese, como estuve, sin ser de mas de nn 
cirujano visitado. En este entre tanto fué Darii\to á Bar- 
celona , donde proveyéndose de lo que menester había- 
mos dio la vuelta , y hallándome mejor y con mas fuer- 
za . luego nos pusimos en camino para la ciudad de To- 
ledo, por saber de los parientes de Nisida, que sí sabían 
de sus padres , á quien ya hemos escrito todo el suceso 
de nuestras vidas, pidiéndole perdón de nuestros pasa- 
dos yerros. Y todo el contento y dolor de estos buenos y 
malos suc&sos , lo ha acrecentado ó diminuido la auseu; 
cía tuya, Silerio. Mas pues el cíelo agora con tantas ven- 
tajas ha dado remedio á nuestras calamidades, no resta 
otra cosa sino que , dándole las debidas gracias por ello, 
tú, Silerio amigo, deseches latristeza pasadacon la oca- 
sión de la alegría presente , y procures darla á quien lia 
muchos días que por tu causa vive sin ella , como lo 
sabráscuando masa solas y contigo lascomanique. Otras 
algunas cosasmequedanpordecir, que me han sucedido 
en el discurso destami peregrinación ; pero dejarlas he 
por agora, por no dar con la prolijidad dellas disgusto á 
estos pastores,, que han sido el instrumento de todo mi 
placer y gusto. Este es pues, Silerio amigo, y amigos 
pastores, el suceso de mi vida. Ved si por la que he pa- 
sado y por la que agora paso , me puedo llamar el mas 
lastimado y venturoso hombre de los quehoy viven. Con 
estas últimas palabras dio fín á su cuento el alegre Tím- 
brío, y todos los que presentes estaban se alegraron del 
felice suceso que sus trabajos habían tenido ; pasando el 
contento de Sileño á todo lo que decirse puede, el cual, 
tomando de nuevo á abrazar á Timbrío, forzado del de- 
seo de saber quién era (a persona que por su causa sin 
contento vivía, pidiendo licencia á los pastores, se apartó 
con Timbrío auna parte i donde supo del que la her- . 
mosa Blanca , hermana de Nisida, era la que mas que á 
si le amaba, desde el mismo día y punto que ella supo 
quién él era, y el valor de su persona; y que jamas, por 
no ir contra aquello que á su honestidad estaba obliga- 
da, había querido descubrir este pensamiento sino á su 
hermana, por cuyo medio esperaba tenerle honrado en 
elcumplimiento de sus deseos. Díjole asimismo Tim- 
brío , cómo aquel caballero Darinto, que con él venta, 
y de quien éltiabia hecho mención en la plática pasada, 
conociendo quién era Blanca, y llevado de su hermosu- 
ra, se había enamorado della con tantas veras, que la 
pidió por su esposa á su hermana Nisida, la cual le des- 
engañó que Blanca no lo haría en manera alguna ; y que 
agraviado desto Dañnto, creyendo que por el poco valor 
suyo le desechaban, y por sacarte desta sospecha, ló 
hubo de decir Nisida cómo Blanca tenia ocupados los 
pensamientos en Silerío : mas que no por esto Darinto 
había .desmayado , ni dejado la empresa , porque como 
supo que de tí,Sflerío, no se sabía nueva alguna, ímuginó 
que los servicios que él pensaba hacer, á Blanca y el 
tiempo la apartarían desu íntencion.primcra ; y con este 
presupuesto jamas nos quiso dejar, hasta que ayer, 
oyendo á lo^ pastores las ciertas nuevas-de tu vida , y 
conociendo el contento que con ellas Blanca había reci- 



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OBRAS DE CERVANTES. 



bido, y considenndo ser impotíble que pareciendo Sile- 
lio pudiese Dañnto alcanzar lo que deseaba, sin despe- 
dirse de ninguno se habia con muestras de grandísimo 
dolor apartado de todos. Junto con esto aconsejó Tim-' 
brio á su amigo fuese contento dé que Blanca le tuviese, 
escogiéndola y acetándola por esposa, pues ya la co- 
nocía, y no ignoraba su valor y honestidad, encare- 
ciéndole el gusto y placer que los dos tendrían viéndose 
con tales dos hermanas casados. Silerio le respondió que 
le diese espacio para pensar en aquel hecho, aunque él 
sabia que al cabo era imposible dejar de hacer lo que él 
le mandase. A esta sazón comenzaba ya la blanca aurora 
á dar señales de su nueva venida , y las estrellas poco á 
poco iban escondiendo la claridad suya : y ¿ este mismo 
punto llegó á los oídos de todos la voz del enamorado 
Lauso , el cual como su amigo Damon habia sabido que 
aquella noche la hablan de pasar en la ermita de Silerío, 
quiso venir á hallarse con él y con los demás pastores : y 
como todo su gusto y pasatiempo era cantar al son de su 
rabel los sucesos prósperos ó adversos de sus amores, 
llevado de la condición suya, y convidado de la soledad 
del camino y de la sabrosa armonía de las aves, que ya 
comenzaban con su dulce y concertado canto á saludar 
el venidero dia, con baja voz semejantes versos venta 
cantando. 



Airo b Titta i U mas nobtt parte 
Qoe pnede imaginar el peisimiento , 
Soaae miro el Talor, admiro el arle 

Sae snapende el mis alto entendimiento : 
as si qaereis saber quién fné la parte 
One poso dero jngo ai cuello exenlo, 
Qulín me entrego, quién lien mis despojos. 
Mis ojos son , suena , y son tns ojos. 

Tus ojos son , de esn luz serena 
lie viene la que al eiefo me encamina. 
Luí de cualquiera escuridad ajena , 
Segura nnestn de la luz divina : 
Por ella el fuego, el jrngo y la cadena , 

gne me consume, carga jr desatina, 
s rerrigerlo, alivio, es gloria, es (ñlmt 
Al alma , y vida que te ba dado el alma. 

Divinos oíos, bien del alma mía , 
Término y lin de todo mi deseo, 
OJos que serenáis el turbio dia , 
(qos por qnien yo veo, si algo veo : 
En vuestra Ini mi pena y mi alegría 
Ha puesto amor; en vos eontemplo y leo 
La dulce amarga verdadera historia 
Del cierto Inflemo, de mi incierta gloria. 

En dega escuridad andaba , ciando 
Vnestra luí me faltaba, 6 bellos ojos, 
Aei y alM , sin ver el cielo, errando 
Entre agudas espinas y entre abrojos ; 
Ñas luego en el momento que tocando 
Fnéron al alma mía los manojos 
De vuestros ra^os claros, vi i la ciara 
La senda de mi bien abierta y clara. 

Vi que sois y seréis, ojos serenos , 
Qnien me levanta y puede levantarme 
' A que entre corto numero de buenos 
Venga como mejor i seüalarme : 
Esto podréis bacer no siendo ajenos, 
T con peqneSo scnerdo de mirarme : 
One el gasto del mas bien enamorado 
Consiste en el mirar y ser mirado. 

Si esto es verdad , Sllena , ¿qnlén ba sido 
Es , ni seri , qne con flrmeía pnra , 
Cual yo, te quiera , ni te babra querido, . 

Por mas que amor le ayude y la ventura! 
La gloría de tn vista he merecido 
Por mi inviolable fe ; mas es locura 
Pensar qne pueda merecerse aqiello, 
Qne apiñas pnede contemplarse en ello. 

El canto y el camino acabó á un mismo punto el ena- 
morado Lauso, el cual de todos los que con Silerío esta- 
ban fué amorosamente recebido, acrecentando con su 



presencia el alegría qne todos tenian , por el bnen n* 
ceso que los trabajos de Silerío hablan tenido : y estiit- 
doselos Damon contando, asomó por junto á laermilad 
venerable Aurelio, que con algunos de sus pastores tnii 
algunos regalos con que regalar y satisfacer ¿los qoe ili 
estaban.como lo habia prometido el dia intes que delloi 
se partió. Maravillados quedaron Tirsi y Damon de verte 
venir sin Elicio y Erastro , y mas lo fueron cuando vi- 
nieron ¿entender la causa del haberse quedado. Llegi 
Aurelio, y su llegada aumentara mas el contento de to- 
dos , si no dijera, encaminando su razón ¿ Timbño: Si 
te precias , como es razón que le precies , valeroso Um- 
brío, de ser verdadero amigo del que lo es tuyo, agón 
es tiempo de mostrarlo, acudiendo ¿ remediar i Dtria- 
to, que no lejos de aquí queda tan triste y apasionado, y 
tan fuera de admitir consuelo alguno en el dolor qm 
padece , que algunos que yo le di , no fueron puta 
para que él los tuviese por tales. Hallárnosle Elicio, En»- 
tro y yo habrá dos horas en medio de aquel monte que i 
esta mano derecha se descubre, el caballo arrendado i 
un pino, y él en el suelo boca abajo tendido, dando tieN 
nos y dolorosos suspiros , y de cuando en cuando deda 
algunas palabras, que ¿ maldecir su ventura se encaoú- 
naban. Al son lastimero de las cuales llegamos á él, y 
con el rayo de la luna, aunqne con dificultad, fnédt 
nosotros conocido, é importunado qne la cansa den : 
mal nos dijese : dijonosla , y por ella entendimosel poei . 
remedio que tenia. Con todo eso se han quedado con A ' 
Elicio y Erastro, y yo he venido á darte tasnuevuidei 
término en que le tienen sus pensamientos ; y pues á ti 
te son tan maniflestos, procura remediarlos con obra^ 
ó acude á consolarlos con palabras ; Palabras sería le- 
das, buen Aurelio, respondió Timbrio, las que yo ei 
esto gastare , si ya él no quiere aprovecharse de la oca- 
sión del desengaño, y disponer sus deseos á que el üeiii- 
po y la ausencia hagan en él sus acostumbrados efetoi; 
mas porque no se piense que no correspondo á b qne i: 
su amistad estoy obligado , enséñame, Aurelio, i qii 
parte le dejaste , que yo quiero ir luego á verle. To irf 
contigo , respondió Aurelio , y luego al momento se le 
Yantaron todos los pastores para acompañar ¿ Timbtis, 
y saber la causa del mal de Darínto, dejando ¿ Silerii» 
con Nísida y Blanca, con tanto contento délos tres, qas 
no se acertaban á hablar palabra. En el camino que ha- 
bia desde allí adonde Aurelio á Darínto bahía dejado, 
contó Timbrio á los que con él iban la ocasión de la pos 
de Darínto , y el poco remedio que della se podría espe- 
rar , pues la hermosa Blanca , por quien él penaba, tenia 
ocupados sus deseos en su buen amigo Silerío, didés- 
doles asimismo , que había de procurar con toda so is- 
dustría y fuerzas, que Silerío viniese en lo qne Blanca 
deseaba , suplicándoles que todos fuesen en ayudar y ía- 
Torecer su intención, porque en dejando á Darínto, que- 
ría que todos á Silerío rogasen diese el si de recebiri 
Blanca por su legítima esposa. Los pastores se ofredenk 
de hacer lo que les mandaba, y en estas pláticas llegfr* 
ron adonde creyó Amelio que Elicio , Darínto y ErtsW 
atarían ; pero no hallaron alguno, aunque rodeano J 
anduvieron gran parte de an pequeño bosque qne aOt 
estaba, de que no poco pesar recibieron todos. Pero es- 
tando en esto , oyeron un tan doloroso suspiro que le) 
puso en confusión y deseo de saber quién le habia dado; 
mas sacóles presto de esta duda otro que oyeron no m^ 



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LA CALATEA, L1I»0 V. 



-3 



nostiiftqn el pasado, y acudiendo todos á aqnella 
jarte danieel saspiro veiiia, Tieron estar no lejos dellos 
dpi di umcido nogal dos pastores, el nno sentado 
aobRÍi;etba terde, y el otro tendido en el suelo, y la 
cdKBineda sobre las rodillas del otro. Estaba el sen- 
tido an la cabeza inclinada, derramando lágrimas y 
minado atentamente al que en las rodillas tenia; y asi 
porato, como por estar el otro con color perdida y ros- 
tndesnayado, no pudieron luego conocer quién era : 
■ascnodo mas cerca llegaron, luego conocieron que 
ln pastores eran Elicio y Erastro , Elicio el desmayado, 
jStastro el lloroso. Grande admiración y tristeza causó 
•todos los que alli nenian la triste semblanza de los 
dw lastimados pastores, por ser grandes amigos suyos, , 
ypor ignorar la causa que de tal modo los tenia ; pero el 
, (K mas se maravilló fué Aurelio , por ver que tan poco 
iales los había dejado en compañía de Darinto , con 
meslras de todo placer y contento, como si él no hu- 
Kera sido la causa de toda su desdicha. Viendo pues 
Etistro que los pastores áél se llegaban, estremeció á 
Hielo, diciéndole : Vuelve en ti , lastimado pastor, lo- 
ríale, y bo^ logar donde puedas á solas llorar tu 
desTentora , que yo pienso hacer lo mismo hasta acabar 
' h ñda ; y diciendo esto , cogió con las dos manos la ca- 
lca de Elicio , y quitándola de sus rodillas , la puso en 
daaelo, sin que el pastor pudiese volver en su acuerdo; 
yleíantándose Erastro , volvia las espaldas para irse , si 
Hcsi y Oamon , y los demás pastores no se lo impidieran. 
UegiDamon adonde Elicio estaba , y tomándole entre 
ks brazas, le hizo volver en si. Abrió Elicio los ojos , y 
poiqne conoció á todos los que alli estaban, tuvo cuenta 
con qne su lengua, movida y forzada del dolor, no dijese 
algo que la causa del manifestase ; y aunque esta le fué 
prcgsntada por todos los pastores , jamas respondió sino 
que no sabía otra cosa de si mismo, sino qne estando 
Uriaodo con Erastro le había tomado un recio desmayo: 
iapropio decía Erastro, y á esta causa 10% pastores deja- 
Jio de preguntarle mas la cansa de sn pasión ; antes le 
npnin que con ellos á la ermita de Silerío se volviese, 
J que desde alli le llevarían á la aldea ó á sn cabana ; mas 
Jwfué posible que con él esto se acabase, sino que le 
■i^n volver á la aldea. Viendo pues que esta era sn 
irinotad , no quisieron contradecírsela*, antes se ofre- 
(¡HQD de ir con él ; pero de ninguno quiso compañía, ni 
kllenra , si la porfía de su amigo Damon no le vencie- 
n;Tasí se hubo de partir con él, dejando concertado 
Daoion con Tirsi que se viesen aquella noche en el aldea 
icabaña de Elicio, para dar orden de volverse á la suya. 
Anrelio y Timbno preguntaron á Erastro por Darinto, el 
tad les respondió que así como Aurelio se había apar- 
'tidodello8,letomó el desmayo á Elicio, y que entre 
luto que él le socorría, Darínto se había partido con 
Mi priesa, y que nunca mas le habían visto. Viendo 

ETmibrio, y los que con él venían, que á Darínto no 
bin, determinaron de volver á la ermita á rogar á 
Snio aceptase á la hermosa Blanca por su esposa ; y con 
'(^intención se volvieron todos, excepto Erastro que 
1^0 seguir á sn amigo Elicio , y así despidiéndose de- 
■», acompañado de solo su rabel , se apartó por el mís- 
■a camino que Elicio había ido , el cual habiéndose un 
nto apartado con sn amigo Damon de la demás compa- 
■fa, coa lágrímas en los ojos y con muestras de grandi- 
■■■utñsteíaasí le comenzó á dedr: Bien sé, discreto 



Damon , que tienes de los efetos de amor tanta expe- 
ríencía, que no te maravillarás de lo que agora pienso 
contarte, que son tales, que á la cuenta de mi opinión 
los estimo y tengo por de los roas desastrados que en el 
amor se hallan. Damon , que no deseaba otra cosa que 
saber la causa del desmayo y tristeza sup , le aseguró 
qne ninguna cosa le serta á él naeva, como tocase á los 
males que el amor suele hacer. Y así Elicio, con este 
seguro y con el mayor que de su amistad tenia, prosi- 
guió diciendo : Ya sabes , amigo Damon , cómo la buena 
suerte mía , que este nombre de buena le daré siempre, 
aunqne me cueste la vida el haberla tenido; digo pues, que 
la buena suerte mia quiso, como todo el cíelo y todas estas 
riberas saben, que yo amase, ¿ qué digoamase? que ado- 
rase á la sin par Galatea con tan limpio y verdadero amor 
cual á su merecimiento se debe ; juntamente te confieso, 
amigo , que en todo el tiempo que ha que ella tiene no- 
ticia de mi cabal deseo, no ha correspondido á él con 
otras muestras que las generales que suele y debe dar un 
casto y agradecido pecho ; y asi ha algunos años , que 
sustentada mi esperanza con una honesta corresponden- 
cia amorosa, he vivido tan alegre y satisfecho de mis 
pensamientos, que me juzgaba por el mas dichoso pas- 
tor que jamas apacentó ganado, contentándome solo de 
mirará Galatea, y de ver que si no me quería, no me 
aborrecía, y que otro ningún pastor no se podia alabar 
que aun della fuese mirado ; que no era poca satis- 
facción de mi deseo tener puestos mis pensamientos en 
taneegura parte, que de otros algunos no me recelaba : 
confirmándome en esta verdad la opinión que conmigo 
tiene el valor de Galatea , que es tal , que no da lugar á 
qne se le atreva el mismoatrevimiento. Contra este bien 
que tan á poca costa el amor me daba , contra esta glo- 
ria tan sin ofensa de Galatea gozada, contra este gusto 
tan justamente de mi deseo merecido, se ha dado hoy 
irrevocable sentencia, que el bien se acabe , que la glo- 
ría fenezca , que el gusto se cambie , y que finalmente 
se concluya la tragedia de mi dolorosa vida. Porque sa- 
brás, Damon, que esta mañana, viniendo con Aurelio, 
padre de Galatea , á buscaros á la ermita de Silerío , en 
el camino me dijo cómo tenía concertado de casar á Ga- 
latea con un pastor lusitano, qne en las riberas del blando 
Lima gran número de ganado apacienta : pidióme que le 
dijese qué me parecía, porque de la amistad que me te- 
nia y de mi entendimiento esperaba ser bien aconseja- 
do : lo que yo le respondí, fué que me parecía cosa recia 
poder acabar con su voluntad privarse de la vista de tan 
hermosa hija , desterrándola á tan apartadas tierra; ; y 
qne si lo hacia llevado y cebado de las riquezas del ex- 
tranjero pastor, que considerase que no carecía él tanto 
dellas , que no tuviese para vivir en su lugar mejor que 
cuantos en él de ricos presumían, y que ninguno de los 
mejores de cuantos liabitan las riberas de Tajo dejaría 
de tenerse por ventufoso cuando alcanzase á Galatea por 
esposa. No fueron mal admitidas mis razones del vene- 
rable Aurelio ; pero en fin se resolvió, diciendo que el 
rabadán mayor de todos los aperos se lo mandaba, y él 
era el que lo había concertado y tratado , y que era im- 
posible deshacerse. Preguntóle con qué semblante Ca- 
latea había recibido las nuevas de su destierro. Dijome 
que se había conformado con su voluntad , y que dispo- 
nía la soya á hacer todo lo que él quisiese, como obe- 
diente hija. Estü'Supe de Aurelio, y esta e^, Damon , k 



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74 



OBRAS DE CERVANTES. 



causa de mi desmayo, y la que será de mi muerte ; pues 
de ver á Galatea en poder ajeno , y ajena de mi vista , no 
se puede esperar otra co^ que el fin de mis dias. Acabó 
su razón el enamorado Elicio , y comenzaron sus lágri- 
mas , derramadas en tanta abundancia, que enternecido 
el pecho de su amigo Damon no pudo dejar de acompa- 
ñarle en ellas ; mas á cabo de poco espacio comenzó con 
las mejores razones que supo á consolar á Elicio ; pero 
todas sus palabras en ser palabras paraban , sin que nin- 
gún otro efecto hiciesen. Todavía quedaron de acuerdo 
que Elicio i. Galatea hablase , y supiese della si de su 
voluntad consentía en el casamiento que su padre letra- 
taba, y que cuando no fuese con el gusto suyo, se le 
ofreciese de librarla de aquella fuerza, pues para ello no 
le faltaría ayuda. Parecióle bien á Elicio lo que Damon 
decía , y determinó de ir á buscar á Galatea para decla- 
rarle su voluntad , y saber la que ella en su pecho en- 
cerraba ; y asi trocando el camino que de su cabana lle- 
vaban , hacia el aldea se encaminaron , y llegando á una 
encrucijada que junto á ella cuatro caminos dividía, por 
uno delíos vieron venir hasta ocho dispuestos pastores, 
todos con azagayas en las manos, excepto uno dellos que 
á caballo venia sobre una hermosa yegua , vestido con 
un gabán morado, y los demás á pié , y todos rebozados 
los rostros con unos pañizuelos. Damon y Elicio se para- 
ron hasta que los pastores pasasen , los cuales pasando 
junto asilos, bajándolas cabezas cortesmente les saluda- 
ron, sin que alguno alguna palabra hablase. Maravilla- 
dos quedaron los dos de ver la extrañeza de los ocha, y 
estuvieron quedos por ver qué camino seguían ; pero 
luego vieron que el de la aldea tomaban , aunque por 
otro diferente que por el que ellos iban. Dijo Damon á 
Elicio que los siguiesen, mas no quiso, diciendo que 
por aquel caminoqueél quería seguir, juntoá unafuente 
que no lejos del estaba, solía estar muchas veces Galatea 
con algunas pastoras del lugar/y que seria bien ver si la 
dicha se la ofrecía tan buena que allí la hallasen. Con- 
tentóse Damon de lo que Elicio quería, y asi le dijo que 
guiase por do quisiese ; y sucedióle la suerte como él 
mismo se había imaginado, porque no anduvieron mu- 
cho cuando llegó á sos oídos la zampoiía de Flúrisa, 
acompañada de la voz de la hermosa Galatea , que como 
de los pastores fué oida , quedaron enajenados de si 
mesmós. Entonces acabó de conocer Damon cuánta ver- 
dad decían todos los que las graciasde Calatea alababan, 
la cual estaba en compañía de Rosaura y Florísa, y de 
la hermosa y recien casada Silvería , con otras dos pas- 
toras de la mesma aldea. Y puesto que Galatea vio venir 
á los pastores, nó por eso quiso dejar su comenzado can- 
to, antes pareció dar muestras de que recebia contento 
en que los pastores la escuchasen , los cuales ansí lo hi- 
cieron con toda la atención posible : y lo que alcanzaron 
á oír de lo que la pastora cantaba , fué lo siguiente. 



;A qaién ToWeré los ojos 
En el mal qne se apareja , 
SI caanto mi bien se alpja 
Se acercan mas mis enojos? 
A duro mal me condena 
El dolor que me destierra : 
Qne si me acaba en mi tierra , 
iQai bien me hari en el ajena? 

¡Oh justa amarga obediencia, 
Qne por cumplirte be de dar 
El si , que ha de confirmar 
De nú mnertQ la leolencia ! 



Puesta estoj en tanta mengnt. 
Que por gran bien estimara 
Quela vioame faltara , 
O por lo menos la lengua. 

. Brevc.s boras j capsadas 
Fueron las de mi contento, 
Eternas las del tormento , 
Mas conTusas t pesadas : 
Gocé de mi libertad 
En la temprana sazón -, 
Pero ya mt sojecion 
Aoda tras mi voluntad. 



Ved si es el combate lero 
Qne dan i mi fantasía ; 
Si al cabo de su porfía 
He de querer, y no quiero. 
¡Oh fastidioso gobierno! 
¡Qué i los respetos humanas 
, Tengo de cruzar las manos, 

Y abajar el cuello tierno! 

i Que tengo de despedirme 
De ver el Tajo dorado! 
¡Que ha de quedar mi ganado, 

Y va triste he de partirme ! 
¡Que estos árboles sombríos 

Y estos anchos verdes prados 
No serin ya mas mirados 

De los tristes ojos míos ! 

Severo padre i qué haces ? 
Mira que es cosa sabida 

gue i mi me quitas la vida 
o 



Si Ibis sjaftto* Bs niea 
A descubrirte ni mengiu , 
Lo que no puede mi leng«a 
Mis ojos te lo sefialen. 

Ya triste se me fi^n 
El punto de mi partida, 
1.a dulce gloria prnUda , 
Y la amarga ai>.pultun : 
El rostro que no se alegra 
Del no conocido esposo. 
El camino trabajoso , 
La antjgna enfadosa suegra. 

Y otros mil inconvenientes 
Todos para ni contrarios. 
Los gastos extraordinsrios 
Del esposo y sus parientes : 
Mas todos estos teaiores 
Que me Bgnra mi suerte. 
Se acabaran con la mnerte. 
Que es ct Un de los dolores. 



.on lo que i ti satisfaces : 

No cantó mas Galatea , porque las lágrimas qne derra- 
maba le impidieron la voz, y aun el contento á todos ki 
qne escuchado la habían, porque luego supieron clanK 
mente lo que en confuso imaginaban del casamiento da 
Galatea con el lusitano pastor , y cuan contra su volun- : 
tad se hacia. Pero á quien mas sus lágrimas y snsfñros : 
lastimaron, fué á Elicio, que diera él por remediarbs ■ 
su vida, si en ella consistiera el remedio dellas; pero | 
aprovechándose de su discreción , y disimulando el ros- 
tro el dolor que el alma sentía, él y Damon se llegan» 
adonde las pastoras estaban, á las cuales cortesmente sa- 
ludaron , y con no menos cortesía fueron deltas receM- 
dos. Preguntó luego Galatea á Damon por sa padre,;' 
respondióle queen la ermita de Silerío quedaba en con»> 
pañia de Timbrío y Nisida , y de todos los otros pastores 
queáTímbrío acompañaron, y asimismo le dio cuenta 
del conocimiento de Silerío y Timbrío, y de los amons 
de Darínto y Blanca, la hermana de Nisida, con todat 
las particularídadesqueTímbrío había contado de lo qi» 
en el discurso de sus amores le había sucedido, á lo cual 
Galatea dijo : ¡ Dichoso Timbrío y dichosa Nisida , pmi 
en tanta felicidad han parado los desasosiegos hasta aqal 
padecidos , con la cual pondréis en olvido los pasadit 
desastres 1 Antes servirán ellos de acrecentar vuesU 
gloría , pues se suele decir que la memoría de las pa- 
sadas calamidades aumenta el contento en las alegría 
presentes. Mas ¡ay del alma desdichada, que se it: 
puesta en término^ de acordarse del bien perdido, y caá 
temor del mal (fae está por venir, sin qué vea ni haB» 
remedio, ni medio alguno para estorbar la desventail 
que le está amenazando ! pues tanto mas fatigan los da» 
lores, cnanto mas se temen. Verdad dice$, hermosa Ga?' 
latea, dijo Damon, que no hay duda sino que el repe»« 
uno y 110 esperado dolorque viene, no fatiga tanto, ano* 
que sobresalta, como el que con largo discurso de tiempa 
amenaza y quita todos los caminos de remediarse ; peii 
con todo eso digo , Galatea , que no da el cielo tan apon» 
dos los males, que quite de todo en todo el remedio de- 
llos, principalmente cuando no los deja ver primeroi 
porque parece que entonces quiere dar logar al discunt 
de nulestra razón, para que se ejercite y ocupe eu tem- 
plar ó desviar las venideras desdichas , y mochas veces | 
se contenta de fatigarnos con solo tener ocupados noes-'j 
tros ánimos con algún especioso temor, sin que se veog^ { 
á la ejecución del mal que se teme; y cuando i ella sa | 
viniese, como no acabe la vida , ninguno por ningna '■ 
mal que padezca debe desesperar del remedio. No dudo : 
yo deso , replicó Galatea , si fuesen tan líjeros los males 
qne se temen ó se padecen , que dejasen libre y desem- 



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LA CALATEA 

lunado d discnreo oe nuestro entendimiento; pero 
lúen sabes, Damon , qae cuando el mal es tal que se le 
poede dar este nombre, lo primero que hace es añublar 
nuestro «ntido, y aniquilar las fuerzas de nuestro albe- 
drio, descaeciendo nuestra virtud de manera que apenas 
puede lenotarse, aunque mas la solicite la esperanza. 
No sé JO, Calatea , respondió Damon , cómo en tus yer- 
daams puede caber tanta experiencia de loemales, sino 
esfieqaieresqne entendamos que tu mucha discreción 
seeitieodeá hablar por ciencia de lascosasque por otra 
Buaera ninguna noticia dellas tienes. Pluguiera al cielo, 
discreto Damon, replicó Calatea, que no pudiera con- 
Indecirte lo que dices, pues en ello granjeara dos cosas: 
quedaren la buena opinión que de mi tienes, y no sen- 
tir la pena pe me hace hablar con tanta experiencia en 
jlella. Qasta este punto estuvo callando Elicio ; pero 
ao podiendo sufrir mas ver á Calatea dar muestras del 
snargo dolor que padecía, le dijo : Si imaginas por ven- 
tnn , sin par Calatea , que la desdicha que te amenaza 
puede por alguna ser remediada, por lo que debes á la 
nloitad que para servirte de mi tienes conocida, te 
negó me la declares ; y si esto no quisieres por cumplir 
COD lo qoe á la paternal obediencia debes, dame á lo mé- 
MB licencia para que yo me oponga contra quien qui- 
siere llevamos destas riberas el tesoro de tu hermosura, 
qieen ellas se ha criado ; y no entiendas , pastora, que 
piesamo yo tanto de mi mesmo, que solo me atreva á 
camplir con las obras lo que agora por palabras te ofrez- 
co; qoe pnesto que el amor que te tengo, para mayor 
empresameda aliento, desconfío de mi ventura, y asi la 
kibré de pener en las manos de la razón , y en las de to- 
dos los pastores que poresas riberas de Tajo apacientan 
(osganados, los cuales no querrán consentir que se les 
indiate y quite delante de sus ojos el sol que los alum- 
ki, y la discreción que los admira , y la belleza que los 
ÍKÍIaj anima á mil honrosas competencias. Ansí que, 
kmosa Calatea , en fe de la razón que he dicho y de la 
fie tengo de adorarte, te hago este ofrecimiento, el cuaV 
te ha de obligar á que tu voluntad me descubras, para 
que yo no caiga en error de ir contca ella en cosa alguna; 
|en considerando que la bondad y honestidad incompa- 
^le taya te ha de mover á que- correspondas antes al 
qoerer de tu padre que al tuyo , no quiero, pastora, que 
■ekdeclares, sino tomar á mi cargo hacer lo que me 
>>reciere, con presupuesto de mirar por tu honra, con 
dcoidadoqnetúmesma has mirado siempre por ella. 
IbaGalatea á responder á Elicio , y agradecerle su buen 
deseo; mas estorbólo la repentina llegada de los ocho re- 
alzados pastores , que Damon y Elicio habian visto pasar 
poco intes hacia el aldea. Llegaron todos donde las pas- 
loni estaban, y sin hablar palabra los seis dellos con in- 
creíble celeridad arremetieron á abrazarse con Damon 
ycoD Elicio, teniéndolos tan fuertemente apretados, que 
a mngnna manera pudieron desasirse. En este entre 
hato, los otros dos (que era el uno el que á caballo ve- 
^) se fnéron adonde Rosaura estaba dando gritos por la 
herza que áDamon y á Elicio se les hacia ; pero sin apro- 
wbaile defensa alguna, uno de los pastores la tomó en 
^Xttca, y púsola sobre la yegua y en los del que en ella 
^Biia , el cual quitándose el rebozo se volvió á los pasto- 
Hsy pastoras, diciaado : No os maravilléis, buenos ami- 
pi, de la sinrazón que al parecer aquí se os ha hecho, 
Vpn la faena de amor y la ingratitud desta dama han 



, LIBRO V. 75 

sido causa della: ruégoos me perdonéis, pues ooestá 
mas en mí mano ; y si por estas partesllegare (como creo 
que presto llegará) el conocido Grísaldo, diréisle como 
Artandro se lleva i Rosaura, porque no pudo sufrir ser 
burlado della; y que si el amor y esta injuria le movie- 
ren á querer vengarse, que ya sabe que Aragón es mi 
patria y el lugar donde vivo. Estaba Rosaura desmayada 
sobre el arzón de la silla, y los demás pastores no que- 
rían dejar á Elicio ni á Damon hasta que Artandro mandó 
que los dejasen ; ios cuales, ñéodose libres , con vale- 
roso ánimo sacaron sus cuchillos, y arremetieron contra 
los siete pastores, los cuales todos juntos les pusieron las 
azagayas que traían á los pechos, diciéndoles que se tu- 
viesen, pues veían cuan poco podían ganar en la e<n- 
presa que tomaban. Harto menos podrá ganar Artandro, 
les respondió Elicio, en haber cometido tal traición. No 
la llames traición, respondió uno de los otros, porque 
esta señora ha dado la palabra de ser esposa de Artandro, 
y agora por cumplir con la condición mudable de mujer, 
la ha negado, y entregádosé á Grísaldo ; qnees agravio tan 
manifiesto, y tal que no pudo ser disimulado de nuestro 
amo Artandro. Por eso sosegaos, pastores, y tenadnos en 
mejor.opíníon que hasta aquí, pues el servir á nuestro 
amo en tan justa ocasión nos disculpa: y sin decir mas, 
volvieron las espaldas , recelándose todavía de los malos 
semblantes con que Elicio y Damon quedaron , los cuales 
estaban con tanto enojo por no poder deshacer aquella 
fuerza , y por hallarse inliabilitados de vengarse de la 
que á ellos se les hacía, que ni sabían qué decirse ni qué 
hacerse. Pero los extremos que Calatea y Florisa hacían 
por ver llevar de aquella manera á Rosaura eran tales, 
que movieron á Elicio á poner su vida en manifiesto pe- 
ligro de perderla ; porque sacando su honda , y haciendo 
Damon lo mesmo, á todo correr fué siguiendo á Artan- 
dro, y desde lejos con mucho ánimo y destreza comenza- 
ron á tirarles tantas piedras, que les hicieron detener y 
tornarse á poner en defensa; pero con todo esto no dejara 
de sucederles mal á los dos atrevidos pastores, si Artan- 
dro no mandara á los suyos que se adelantaran y los de- 
jaran, como lo hicieron , hasta entrarse por un espeso 
montezuelo que á un lado del camino estaba, y con la 
defensa de los árboles hacian poco efecto las hondas y 
piedras de los enojados pastores ; y con todo esto los si- 
guieran , sino vieran que Calatea y Florisa , y las otras 
dos pastorasámas andar hacia donde ellos estaban se ve- 
nían , y por esto se detuvieron, haciendo fuerza al enojo 
que los incitaba, y á la deseada venganza que preten- 
dían ; y adelantándose á recebir á Calatea, ella les dijo : 
Templad vuestra ira, gallardos pastores, pues á la ven- 
taja de nuestros enemigos no puede igualarvuestra dili- 
gencia, aunque ha sido tal, cual nos la ha mostrado el 
valor de vuestros ánimos. El ver el tuyo descontento. 
Calatea, dijo Elicio, creí yo que diera tales fuerzas al 
mío , que no se alabaran aquellos descomedidos pasto- 
res de la que nos han hecho ; pero en mi venturacabe no 
tenerla en cuanto deseo. El amoroso que Artandro tie- 
ne, dijo Calatea, fué el que le movió á tal descomedi- 
miento, y así conmigo en parte queda disculpado: y 
luego punto por punto les contó la historia de Rosaura, 
y cómo estaba esperando á Grisaldo para recebirle por 
esposo , lo cual podría haber llegado á noticia de Artan- 
dro , y que la celosa rabia le hubiese movido á hacer lo 
que habian visto. Si asi pasa, como dices, discreta 



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OBRAS DE CERVANTES. 



Calatea, dijo Damon , del descnido de Grisaldo, y atre- 
vimiento de Artandro, y mudable condición de Rosau- 
ra, temo que han de nacer algunas pesadumbres y dife- 
rencias. Eso fuera, rospondió Calatea , cuando Artandro 
residiera en Castilla; pero si él se encierra en Aragón, 
que es su patria , quedarse ha Grisaldo con solo el deseo 
de vengarse. ¿No hay quien le pueda avisar deste agra- 
vio ? dijo Elicio. Si , respondió Florísa , que yo aseguro 
que antes que la noche llegue, él tenga del noticia. Si 
eso así fuese, respondió Damon, podría ser cobrar su 
prenda antes que á Aragón llegasen ; porque un pecho 
enamorado no suele ser perezoso. No creo yo que lo será 
el de Grisaldo, dijo Florisa ; y porque no le falte tiempo 
y ocasión para mostrarlo , suplicóte. Calatea , que á la 
aldea nos volvamos, porque yo quiero enviar á avisar á 
Grisaldo de su desdicha. Hágase como lo mandas, ami- 
ga, respondió Calatea, que yo te daré un pastorque lleve 
la nueva : y con esto se querían despedir de Damon y de 
Elicio, si ellos no porfiaran i querer ir con ellas : y ya 
que se encaminaban al aldea , á su mano derecha sintie- 
ron la zampona de Erastro , que luego de todos fué co- 
nocida, el cual venia en seguimiento de suamigo Elicio. 
■ Paráronse á escucharlo, y oyeron que con maestias de 
tierno dolor esto venía cantando. 

Por iaperos eamiios joj ilgniCBdo 
El Id dndoso de mi boUsli , 
Siempre en cerrada noche, escora j fría. 
Las raereas de la vida consumiendo. 

Y aanqne morir me veo, no pretendo 
Salir nn paso de la estrecha via, 
One en fe de la alta fe sin igoal mia 



Il»ares miedos contrastar entiendo 

egn 
Quien promete buen 9n i mi viaje , 



ayores 

■i re es la inz que me seAala el puerto 
Seguro i mi tormenta , j sola es ella 



Por mas que el medio se me muestre Incierto, 
Por mas que el claro rayo de mi estrella 
Me encubra amor, y el cielo mas me ultraje. 

Con un profundo suspiro acabó el enamorado canto 
el lastimado pastor, y creyendo que ninguno le oía, soltó 
la voz á semejantes razones : Amor, cuya poderosa fuer- 
za , sin hacer ninguna á mi alma , fué parte para que yo 
la tuviese de tener tan bien ocupados mis pensamientos, 
ya que tanto bien me hiciste , no quieras mostrarte ago- 
ra , haciéndome el mal que me amenazas ; que es mas 
mudable tu condición, que la de la variable fortuna: 
mira , señor , cuan obediente he estado á tus leyes, cuan 
pronto á seguir tus mandamientos , y cuan sujeta he te- 
nido mi voluntad á la tuya; págame esta obediencia con 
iiacer lo que á ti tanto importa que hagas : no permitas 
que estas riberas nuestrasqueden desamparadasde aque- 
lla Itermosuní que la pooia y la daba á sus frescas y me- 
nudas yerbas, i sos humildes plantas y levantados ár- 
boles : no consientas, señor, que al claro Tajo se le quite 
le prenda que le enriquece , y por quien él tiene mas fa- 
noa, que no por las arenas de oro que en su seno cría : 
no quites á los pastores destos prados la luz de sus ojos, 
la gloría de sus pensamientos, y el honroso estimulo 
que á mil honrosas y virtuosas empresas los incitaba : 
considera bien , que si desta á la ajena tierra consientes 
que Calatea sea llevada, que te despojas del dominio que 
en estas riberas tienes ; pues por Calatea sola le usas , y 
si ella falta , ten por averiguado que no serás en todos 
estos prados conocido, que todos cuantos en ellos habi- 
tan te negarán la obediencia, y no te acudirán con el 
usado tributo : advierte que lo que te suplico és tan 



conforme y llegado á razón , que irías de todo en todo 
fneradella,si no me lo concedieses; porque ¿qué kj 
ordena, ó qué razón consiente, que la hermosura que 
nosotros críamos ,°Ia discreción que en estas selvas y al- 
deas nuestras tuvo príncipio, el donaire por particufas 
don del cielo á nuestra patria concedido, agora qnees- ' 
perábamos coger el honesto fruto de tantos bienes y ri- 
quezas , se haya de llevar á extraños reinos á ser poseído 
y tratado de ajenas y no conocidas manos ? No quiere el 
cíelo piadoso hacemos tan notable daño. ¡Oh verdes pra- 
dos, que con su vista os alegrábades ¡ Oh flores olorosas, 
quede sus pies. tocadas , de mayor fragancia éradee lle- 
nas ! Oh plantas, oh árboles desta deleitosa selva I haced 
todos en la mejor forma que pudiéredes , aunque á vues- 
tra naturaleza no se conceda , algún género de smt»- 
miento que mueva al cielo á concederme lo que le supli- 
co. Decía esto derramando tantas lágrimas el enamorado 
pastor, que no pudo Calateadisimular las suyas , ni me- 
nos ninguno de los que con ella iban, haciendo todos un 
tan notable sentimiento , como si lloraran las obsequias 
de su muerte. Llegó á este punto á ellos Erastro, á quien 
recibieron con agradable comedimiento ; el cual , como 
vio á Calatea con señales de haberle acompañado en las 
lágrimas , sin apartar los ojos della, la estuvo atento mi- 
rando por un rato al cabo del cual dijo : Agora acabo de 
conocer. Calatea, que ninguno de los humanos se escapa 
de los golpes de la variable fortuna , pues tú , de qniea 
yo entendia que por particular privilegio habías de estar 
exenta dellos , veo que con mayor ímpetu te acome- 
ten y fatigan: de donde averiguo, quebaquerídoel del» 
con un solo golpe lastimar á todos los que te conocen, y 
á todos los que del valor tuyo tienen alguna noticia; pera 
con todo eso tengo esperanza que no se ha de extender 
tanto su rigor, que lleve adelante la comenzada desgra- 
cia, viniendo tan en peijuiciode tu contento. Antes par 
esamesma razón, respondió Calatea, estoy yo menos 
segura de mi desdicha, pues jamas la tuve en lo que de- 
sease ; mas porque no está bien á la honestidad de que 
me precio, que tan á la clara descubra cuan por ios ca- 
bellos me lleva tras s¡ la obedienciaque á mis padres de- 
bo , ruégete , Erastro , que no me des ocasión de renovar 
mi sentimiento , ni de ti, ni de otro alguno se trate coaa 
que antes de tiempo despierte en mi la memoria del dis- 
gusto que temo ; y con esto asimesmo os ruego, pasto- 
res, me dejéis adelantar á la aldea , porque ñendo avi- 
sado Grisaldo, le quede tíempo para satisfacerse del 
agravio que Artandro le ha hecho. Ignorante estaba 
Erastro del suceso de Artandro ; pero la pastora Florisa 
en breves razones se lo contó todo , de que se maravilit 
Erastro , estimando que no debia de ser poco el valor de 
Artandro, pues á tan dificultosa empresa se habia pues- 
to. Querian ya los pastorea hacer lo que Calatea les rnaa- 
daba, si en aquella sazón no descubrieran toda la ooib- 
pañía de caballeros, pastores y damas que la iif>cim 
antes en la ermita de Silerío se quedaron ; los cuales en 
señal de grandísimo contento á la aldea se venian, y Ira- 
yendo consigo á Silerio con diferente traje y gusto.de lo 
que basta allí habia tenido, porque ya había dejado el de 
ermitaño, mudándole en el de alegre desposado , como 
ya lo era de la hermosa Blanca con igual contento y s»- 
tisfacion de entrambos, y de sus buenos amigos Tim- 
brío y Nisida, que se lo perauadieron, dando con aquel 
casamiento fin á todas sus miserias, y quietud y reposo i 



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LA GALATEA, UHIO V. 



77 



Id penanientos qne por Nfrida le btigaban : y asi con 
A regrajo que tal suceso les causaba, venian todos dando 
mnestnsdil, con agradable música y discretas y amo- 
nnatanñmes, de las cuales cesaron cuando vieron i 
GilatMyi los demás qne con ella estaban, recibiéndose 
mioiiatns con macho placer y comedimiento, dándole 
GiblM i Silerio el parabién de su suceso, y á la hermosa 
Bhixael de sn desposorio, y lo mesmo hicieron los pas- 
tora Damon , Elicio y Erastro , que en extremo á Silerio 
estiban aficionados. Luego que cesaron entre ellos los 
jmlHeoes j cortesías, acordaron de proseguir su ca- 
nino al aldea ; y para entretenerle, rogó Tirsi á Timbrio 
fie acabase el soneto que habia comenzado á decir, 
caando de Silerio fné conocido. Y no excusándose Tim- 
brio de hacerlo, al son de la flauta del celoso Orfenio, 
m extremada y suave Toz le cantó y acabó, qneera este. 

TUBaiO. 

Tu bies fandada tengo la espennu , 
flic iiiqu mas sople rigoroso Tiento , 
No Bodrt desdecir de sn cimiento : 
Til te, tal faena y tal valor alcanza. 

Tan léjM Tor de consentir mndanu 
Eo al Irme amoroso pensamiento , 
Cían cerca de acabar en mi tormento 
AMe* la vida , %aa la eonlanza. 

Ote si al coatraste del amor vadla 
Biecko enmorado , no merece 
Bel mesao aaaar la dnice pax tnnipilli : 

Por esto el mío , qne tn fe engrandece, 
i Rabie Caribdis ó amenace Clla , 

al mar se arroja , j al amor se ofrece. 

i Pwedó bien el 8(«eto de Timbrio á los pastores, y no 
i niños la gracia con que cantado le había, y fué de ma- 
nen qne le rogaron que alguna otra cosa dijese ; mas 
' acosóse con decir á su amigo Silerio respondiese por él 
n aqnelia causa , como lo habia hecho siempre en otras 
US peligrosas. No pudo Silerio dejar de hacer lo que 
n amigo le mandaba : y asi, con el gusto de verse en 
tan Telice estado , al son de la mesma flauta de Orfenio 
(auto lo qne sigue. 

SUflIO. 

GndM al cielo dojr, pnes be esespado 
De los peligros deste mar incierto , 
T al recogido favorable pnerlo 
Tan sin saber por ddnde he ya llegado. 

Rfcdjanse las velas del cuidado , 
Bepirese el navio pobre abierto , 
Cñpla los votos qnien con rostro maert» 
Hiio promesas en el mar airado. 

Beso I* tierra , reverendo al cielo , 
H snerte abraso mejorada y buena , 
Llamo dicboso 1 mi faul desUno. 

T i la nieva sin par blanda cadena 
Con nuevo intento y amoroso cele 
El lastimado eaello alegre inclino. 

Aeabó Silerio, y rogó á Nisida fuese servida de alegrar 
Radios campos con su canto ; la cual mirando á su que- 
lido Umbrío, con los ojos le pidió licencia para cum- 
plir lo qne Pierio le pedia, y dándosela él ansimesmo 
coa la vista , ella sin mas esperar, con mucho donaire y 
pacii, cesando el son de la flauta de Orfenio, al de la 
ampona de Orompo cantó este soneto. 

■iSISÁ. 

VoT contra la opinión de aqnel quejara, 
Qie Jamas del amor llegó el contento 
Ad« Uep el rigor de sn tormenta, 
Por IMS qne el bien ayude la ventara. 

lo sé qaé es bien , yo sé oné es desventara , 
I sé de sos efetos claro, y siento 
Qne enalto mas destruye el pensamiento 
n mal de amor , el bien mas lo asegura. 

Ro el verme en brazos de la amarga muerte 
Por la mal referida triste nueva , 
n i los cosarios barbaros rendida , 

Fné im pena, fné dolor tan faerte. 



aae ngam lo eoaaiea j kiga pnrta 
ne es mas el gusto de mi alegre vida. 



Admiradas quedaron Calatea y Florisa de la extre- 
mada voz de la hermosa Nisida, la cual por parecerle 
que por entonces en cantar Timbrio y los de su parte 
hablan tomado la mano, no quiso que su hermana que- 
dase sin hacerlo ; y asi sin importunarle mucho, con no 
menos gracia que Nisida , haciendo señal á Orfenio que 
sa flauta tocase , al son della cantó desta manera. 

■uncÁ. 

Cual si estiviera en la arenosa Libia, 
O es la apartada Cilla siempre helada , 
Tal vei del frió temor me vi asaltada , 
Y tal del fuego qne Jamas se entibia : 

Ñas la esperanza qne el dolor alivia 
En ano y otro extremo disfrazada , 
Tuvo la vida en sn poder giardadi, 
Cuándo con fuenas, cnindo flaca y libia. 

Pasó la furia del Invierno helado. 



T aanqne el fuego de amor quedé en n poato , 
Llegó la desesda primavera, 
I>onde en un solo venturoso punto 



Goio del dulce flmto deseado 

Con largas pmebas de una fe sincera. 

No menos contentó á los pastores la vozy lo qne cantó 
Blanca , qne todas las demás que hábian oido. Y ya que 
ellos querían dar muestras de qne no toda la habilidad 
le encerraba en los cortesanos caballeros, y para esto 
casi de un mesmo pensamiento movidos Orompo , Crí- 
alo, Orfenio y Marsilio comenzaban á templar sus ins- 
trumentos, IÑ foraó á volver las cabezas un ruido queá 
sus espaldas sintieron , el cual cansaba un pastor , que 
con furia iba atravesando por las matas del verde bos- 
que, el cual fué de todos conocido, qne era el enamorado 
Lauso, de que se maravilló Tirsi, porqne la noche antes 
se habia despedido del , diciendo que iba á un negocio 
que importaba el acabarle acabar sn pesar y comenzar 
su gusto; y que sin decirle mas, con otro pastor su amigo 
se habia partido, y qne no sabia qué podia haberle suce- 
dido agora que con tanta prisa caminaba. Lo qne Tirsi 
dijo movió á querer llamar á Lauso , y asi le dio voces 
que viniese ; mas viendo que no las oía , y que ya á mas 
andar iba trasponiendo un recuesto, con toda lijereza 
se adelantó , y desde encima de otro collado le tomó á 
llamar con mayores voces. Las cuales oidas por Lauso, 
y conociendo quien lellamaba, no pudo dejar de volver, 
y en llegando á Damon le abrazó con señales de extraño 
contento , tanto que admiraron á Damon las muestras 
que de estar alegre daba, y asi le dijo : ¿Qué es esto, ami- 
go Lauso? ¿Has por ventura alcanzado el fín de tus de- 
seos , ó hante desde ayer acá correspondido á ellos de 
manera, quehallescon facilidad loque pretendes? Mucho 
mayor es el bien que traigo, Damon, verdadero amigo, 
respondió Lauso ; pues la causa que á otros suele ser de 
desesperación y muerte, á mí me ha servido de espe- 
ranza y vida , y esta lia sido de un desden y desengaño 
acompañado de un melindroso donaire que en mi pas- 
tora he visto , que me ha restituido á mi ser primero. 
Ya, ya , pastor , no siente mi trabajado cuello el pesado 
yugo amoroso, ya se han deshecho en mi sentido las en- 
cumbradas máquinasde pensamientos que desvanecido 
me traían, ya tomaré á la perdida conversación de mis 
amigos , ya me parecerán lo que son las verdes yerbas y 
olorosas flores destos apacibles campos, ya tendrán tre- 
guas mis suspiros, vado mis lágrimas y quietud mis de- 
sasosiegos ; porque consideres, Damon , si es causa esta 
bastante para mostrarme alegrey regocijado. Si es, Lau- 



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78 



so , respondió Damon ; pero temo qne alegría tan repen- 
tinamente nacida, no ha de ser duradera, y tengo ya ex- 
periencia que todas las libertades que de desdenes son 
engendradas, se deshacen como el humo, y toma luego 
ja enamorada- intención con mayor priesa á seguir sus 
intentos. Así que, amigo Lauso, plegué al cielo que sea 
mas firme tu contento de lo que yo imagino, y goces lar- 
gos tiemp<& la libertad que pregonas ; qne no solo me 
holgaría por lo que debo á nuestra amistad, sino por ver 
un DO aeostumbrado milagro en los deseos amorosos. 
Como quiera que sea, Damon , respondió Lauso , yo me 
siento agora libre y señor de mi voluntad ; y porque se 
aaüsfaga la tuya de ser verdad lo que digo, mira qué 
quieres que haga en prueba dello : ¿quieres que me 
ausente? quieres que no visite más las cabanas donde 
imaginas que puede estar la causa de mis pasadas penas 
y presentes alegrías? cualquiera cosa haré por satisfa- 
certe. La importancia está en que tú, Lauso, estés satis- 
fecho , respondió Damon , y veré yo que lo estás cuando 
de aquí á seis días te vea en ese mesmo propósito : y por 
agora no quiero otra cosa de tí, sino que dejes el camino 
que llevabas , y te vengas conmigo adonde todos aque- 
llos pastores y damas nos esperan , y que la alegría qne 
traes, la solemnices con entretenernos con tu canto 
mientras que al aldea llegamos. Fué contento Lauso de 
hacer lo que Damon le mandaba, y así volvió con él á 
tiempo que Tirsi estaba haciendo señas á Damon , que 
se volviese ; y en llegando que él y Lauso llegaron , sin 
gastar palabras de comedimiento, Lauso dijo : No vengo, 
señores, para menos que para fiestas y contentos : por 
eso si le recibiereis de escucharme, suene Marsiliosu 
zampona , y aparejaos á oir lo que jamas pensé que mi 
lengua tuviera ocasión de decirlo, ni aun mi pensa- 
miento para imaginarlo. Todos los pastores respondie- 
ron á una , que les sería de gran gusto el oírle. Y luego 
Harsilio con el deseo que tenia de escucharle , tocó su 
zampona, al son de la cual Lauso comenzó á cantar desta 
manera. 

uno. 

Con las rodillas en el suelo hlseadas 
Las manos en humilde modo puestas 

Y el coraion de un justo celo lieao, ' 

Te adoro, desden sanio, en quien cirradas 

luUn las causas de las dulces flettos 

Que gozo en tiempo sosegado y bueno • 

Tí del rigor del 4spero reneno 

Que el mal de amor encierra , 

Fuiste la cierta y presu medicina ; 

Tu mi total ruina 

Volviste en bien, en sana paz mi gnern ■ 

Y asi como i mi rico almo tesoro ' 
No una yei sola, mas cien mil te adoro. 

Por ti la luz de mis cansados ojos. 
Tanto tiempo turbada y aun perdida. 
Al ser primero ha vuelto que tenia ■ 
Por ti tomo á gozar de los despojos 
Que de mi volunud y de mi vida 
Llevó de amor la anligna Urania - 
Por ti la noche de mi error en día 
De sereno discurso 

Se ha vuelto, y la razón que íntcs estaba 
En posesión de esclava , 
Con sosegada y advertido curso , 
Siendo agora sehora , me conduce 
1)0 el bien eterno mas se muestra y luce. 

MosMsteme, desden, cuan engatosas. 
Cuin falsas y ungidas habían sido 
Las seAales de amor que me mostraban . 

?i que aquellas palabras amorosas 
ue tanto regalaban el oído , 
el alma de si mesma enajenaban . 
En falsedad y burla se forjaban . 

Y el regalado TUemo 
Mlnr de aqaello* ojos solo era 



OBRAS DE GERVAOTES. 



Pocque mi primavera 
Se convirtiese en desabrido invleno 
Cuando llegase el claro desengalo ; 
Mas tú , dulce desden , curaste el dato. 
Desden , que suele ser espuela aguda 
Que hace caminar al pensamiento 
Tras la amorosa deseada empresa , 
En mi tn efeto y condición se muda , 

?ue yo por ti me aparto del intento 
ras quien corría con no vista priesa : 

Y aunque contino el fiero amor no cesa 
Mal de mi satisfecho 
Tender de nuevo el lazo por cogerme, 
T por mas ofenderme 
Encarar mil saetas i mi pecho : 
Tú, desden, solo , solo tii, bien puedes 
Romper sus flechas, y rasgar sus rede<. 

No era mi amor tan flaco, aunque sencillo, 
Que pudiera un desden echarle á tierra : 
Cien mH han sido menester primero ; 
Que fué cual suele sin poder sufrillo 
Venir al suelo el pino , que le atierra 
En virtud de otros golpes el postrero : 
Grave desden , dé parecer severo 
En desamor fundado 
T en poca estimación de ajena suerte , 
' Dúlceme ha sido el verte. 
El hirte y tocarte , y que gustado 
Hayas sido del alma, en eoyuntnn ' 
Que derribas y acabas mi locura. 

Derribas mi locura , y das la mano 
Al Ingenio, desden, que se levante , 

Y sacuda de si el pesado sneSo, 
Para que con mejor intento sano 
Nuevas grandezas , nuevos loares cante 
De otros, si le halla agradecido dueüo : 
Td has quitado las fuerzas al beieSo 
Con que el amar ingrato 
Adormecía i mi virtud doliente, 
T con la tuya ardiente 
Soy reducido i nueva vida y trato ; 

?ne ahora entiendo que yo soy quien puedo 
emer con tasa, y esperar sin miedo. 

No cantó mas Lauso, aunque bastó lo que cantado . 

bia para poner admiración en los presentes, que co 

todos sabían que el dia antes estaba tan enamorado y 

contento de estarlo , maravillábales verle en tan peq 

ño espacio de tiempo tan mudado y tan otro del que _ 

lia. Y considerado bien esto , su amigo Tirsi le dijo] 

No sé si te dé el parabién , amigo Lauso, del bien eni 

breves horas alcanzado, porque temo que no debe,^ 

ser tan firme y seguro como tú imaginas; pero todaij 

me huelgo de que goces , aunque sea pequeño espaa(| 

del gusto que acarrea al alma la libertad alcanzada, pn« 

podría ser que conociendo agora en lo que se debe esti 

mar, aunque tornases de nuevo á las rotas cadenas y 1* 

zos, hicieses mas fuerza para romperlos , atraído del 

dulzura y regalo que goza im libre entendimiento jm 

voluntad desapasionada. No tengas temor alpno,diÉí 

creto Tirsi , respondió Lauso , que ninguna otra qdi 

asechanza sea bastante á que yo tome á poner los ] 

en el cepo amoroso, ni me tengas por tan liviano y ai. 

jadizo, que no me haya costado ponerme en el estado— 

que estoy infinitas consideraciones, mil averiguad!!^ 

sospechas, y mil cumplidas promesas hechas al cielopoí . 

que á la perdida luz ine tornase; y pues en ella veoagoil 

cuan poco antes veía, yo procuraré conservarla en ¿ 

mejor modo que pudiere. Ninguno otro será tan buemí,; 

dijo Tirsi, como oo volverá mirar lo que atrás dejav 

porque perderás , si vuelves , la libertad que tanto te ha I 

costado , y quedarás cual quedó aquel incauto amantei» ¡ 

con nuevas ocasiones de perpetuo llanto; y ten por cier-' 

to, Lauso amigo, que no hay tan enamorado pecho en el ' 

mundo, á quien los desdenes y arrogancias excusada» 

no entibien, y aun le hagan retirar de sus mal colocado» 

pensamientos ; y báceme creer mas esU verdad saber 

yo quién esSilena, aunque tújamas no me lo has dicho. 



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LA CALATEA 

y saber ausimesmo la inadable condidon snya, sus ace- 
leradas \mpetos, y la llaneza, por no darle otro nombre, 
de susdieaeos : cosas que, á no templarlas y disfrazarlas 
con la sin igual hermosura de que el cielo la ha dotado, 
fuera por ellas de todo el mundo aborrecida. Verdad di- 
ces, Tksi, respondió Laaso , porque sin duda alguna la 
singular belleza suya, y las aparencias de la incompa- 
rable honestidad de que se arrea, son partes para que 
■o salo sea querida , sino adorada de todos cuantos la 
niFUien ; y asi no debe maravillarse alguno que la libre 
wluntad mia se baya rendido á tan fuertes y poderosos 
eoatraños : solo es justo que se maraville de cómo me 
be podido escapar de líos, que puesto que salgo desús 
BuiCM tan mal tratado , estragada la voluntad , turbado 
el enlendlmiento , descaecida la memoria , todavía me 
parece que puedo triunfar de la batalla. No pasaron mas 
adelante en su plática los dos pastores, porque i este 
IHnto vieron que por el mesmo camino que ellos iban , 
TCoia una hermosa pastora , y poco desviado della un 
pastor , que luego fué couocido , que era el anciano Ar- 
jiodo, y ¡a pastora era la hermana de Galercio, Haurisa. 
La cual como fué conocida de Calatea y de Florisa , en- 
Indieron que con algún recaudo de Grisaldo para Ro- 
jura Tenía, y adelantándose las dos á recebirla, Maurisa 
fiegó á abrazar á Calatea , y el anciano Arsindo saludó á 
ledos los pastores , y abrazó á su amigo Lanso , el cual 
estaba con grande deseo de saber lo que Arsindo habia 
^kccho después que le dijeron que en seguimiento de 
iiaiirisa se habia partido. Y viéndole agora volver coii 
icBa . luego comenzó á perder con él y con todos elcré- 
Ao que sos blancas canas le babian adquirido, y aun le 
biabara de perder, si los que allí veuian no supieran tan 
jIb experiencia adonde y á cuánto la fuerza del amor se 
latendia, y asi en los mesmos que le culpaban halló la 
~ Ipa de su yerro. Y parece que adivinando Arsindo 
^■e los pastores del adivinaban , como en satisfacion 
~~ Ipa de su cuidado, les dijo : Oíd, pastores, uno de 
mas extraños sucesos amorosos, que por largos años 
estas nuestras riberas, ni en las ajenas se habrá visto. 
en creo-que conocéis, y conocemos todos al nombrado 
Lento, aquel cuya desamorada condicion'le ad- 
renombre de desamorado : aquel que no ha mu- 
dias que por solo decir mal de amor, osó tomar 
iteocia con el famoso Tirsi , que está presente : 
I, digo, que jamas supo mover la lengua , que para 
mal de amor no fuese : aquel que con tantas veras 
lia á los que de la amorosa dolencia vela lastima- 
Este pues tan declarado enemigo del amor , ba ve- 
á término que tengo por cierto, que no tiene el 
cpiien con mas veras le siga, ni aun él tiene vasallo 
i^oien mas persiga, porque le ha hecho enamorar de 
bdesamorada Gelasia, aquella cruel pastora que al her- 
■ano desta , señalando á Maurisa , que tanto en la con- 
Scion se le parece, tuvo el otro dia, como vistes, con el 
,wrdd á la garganta, para fenecer á manos de su cruel- 
áad sns cortos y mal logrados dias. Di|o en fin, pastores, 
Lenio el desamorado muere por la endurecida Ge- 
, y por ella llena el aire de sospiros y la tierra de 
Hpiraas; y lo que hay mas malo en esto es, que me pa- 
see que el amor ha querido vengarse del rebelde cora- 
awde Lenio, rindiéndole á la mas dura y esquiva pas- 
tara qae se ba visto ^ y conociéndolo él , procura agora 
w coanto dicey hace TeconcUiaise con el amor ; y por 




, LIMIO V. 79 

los mismos términos que antes le vituperaba , agora le 
ensalza y honra ; y con todo esto, ni el amor se mueve á 
favorecerle, ni Gelasia se inclina á remediarle , como lo 
he visto por los ojos ; pues no ba muchas horas que vi- 
niendo yo en compañía desta pastora , le hallamos en la 
fuente de las Pizarras tendido en el suelo, cubierto el 
rostro de sudor frió, y anhelando el pecho con una extra- 
ña priesa : llegúeme á él, y conocíle , y con el agua de la 
fuente le rocié el rostro, con que cobró los perdidos espí- 
ritus ; y juntándome junto á él le pregunté la causa de su 
dolor, la cual él me dijo sin faltar punto, contándomela 
con tan tierno sentimiento, que le puso en esta pastora, 
en quien creo cfue jamas cupo señal de compasión algu- 
na : encarecióme la crueldad de Gelasia , y el amor que 
le tenia, y la sospecha que en él reinaba de que el amor 
le habia traído á tal estado por vengarse en uh solo punto 
de las muchas ofensas que le habia hecho. Consoléle yo 
lo mejor que supe, y dejándole libre del pasado parasis- 
mo, vengo acompañando á esta pastora, y á buscarte á 
tí, Lauso , para que si fueres servido, volvamos á nues- 
tras cabanas , pues ha ya diez dias que deltas nos parti- 
roos, y podrá ser que nuestros ganados sientan el au- 
sencia nuestra, mas que nosotros la snya. No sé si te 
responda, -Arsindo, respondió Lauso, que creo que mas 
por cumplimiento que por otra cosa me convidas á que 
á 'nuestras cabanas nos volvamos, teniendo tanto que 
hacer en las ajenas, cuanto la ausencia que de mi has 
hecho estos dias , lo ha mostrado. Pero dejando lo mas 
que en esto te pudiera decir, para mejor sazón y coyun- 
tura, tórname á decir si es verdad lo que de Lenio dices, 
porque si es asi podré yo afirmar que ba hecho amor en 
estos dias dos de los mayores milagros, que en todos los 
de su vida ha hecho : como son , rendir y avasallar el 
duro corazón de Lenio, y poner en libertad el tan sujeto 
mío. Mira lo que dices , dijo entonces Orompo , amigo 
Lauso , que si el amor te tenia sujeto , como hasta aquí 
has signiíicado,¿córooelmesmO amor agora te ha puasto 
en la libertad que publicas? Si me quieres entender, 
Orompo , replicó Lauso , verás que en nada me contra- 
digo, porque digo, ó quiero decir, que el amor que rei- 
naba y reina en el pecho de aquella á quien yd tan en 
extremo queria, como se encamina á diferente intento 
que el mío, puesto que todo es amor, el efeto que en mi 
ba hecho , es ponerme en libertad ,. y á Lenio en servi- 
dumbre ; y no me hagas, Orompo, que cuente con estos 
otros milagros : y diciendo esto , volvió los ojos á mirar 
al anciano Arsindo, y con ellos dijo lo que con la lengua 
callaba; porque todos entendieron que el tercero mila- 
gro que pudiera contar, fuera ver enamoradas las canas 
de Arsindo de los pocos y verdes años de Maurisa. La 
cual todo este tiempo estuvo hablando aparte con Gala- 
tea y Florisa , diciéndoles como otro día sería Grisaldo 
en el aldea en hábito de pastor, y que allí pensaba des- 
posarse con Rosaura en secreto , porque en público no 
podía, á causa que los parientes de Leopersia, con quien 
so padre tenia concertado.de casarle, habían sabido que 
Grisaldo queria faltar en la prometida palabra, y en nin- 
guna manera querían que tal agravio se les hiciese; pero 
que con todo eso estaba Grisaldo determinado de cor- 
responder antes á lo que á Rosaura debía , que no á la 
obligación en que á su padre estaba. Todo esto que os 
he dicho,- pastoras, prosiguió Maurisa, mí hermano<ia- 
lercio me dijo que os lo dijese, el cual á vosotras con este 



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80 



OBEtAS DE CERVANTES. 



recaudo venia ; pero la cruel Celada , cuya hermosura 
Uevasiempre tras si el alma de mi desdichado hermano, 
fué la causa que él no pudiese venir á deciros lo que he 
dicho , pues por seguir á ella , dejó de seguir el camino 
que traía, fiándose de mi, como de hermana. Ya habéis 
entendido , pastoras , á lo que vengo : ¿dónde está Ro- 
saura para decírselo? ó decídselo vosotras, porque la 
angustia en que mi hermano queda puesto, no consiente 
que un punto mas aquí me detenga. En tanto que la pas- 
tora esto decia , estaba Calatea considerando la amarga 
respuesta que pensaba darle , y tas tristes nuevas que 
habían de llegar á los oídos del desdichado Grisaldo ; 
pero viendo que no excusaba de darlas , y que era peor 
detenerla, luego le contó todo lo que á Rosaura había 
sucedido, y cómo Artandro la llevaba, de que quedó ma- 
ravillada Maurisa ; y al instante quisiera dar la vuelta á 
avisar á Grisaldo, si Calatea no la detuviera, preguntán- 
dole qué se habían hecho las dos pastoras que con ella y 
con Galercio se habían ido. A lo que respondió Manrisa: 
Cosas te pudiera contar dallas. Calatea ,que te pusieran 
en mayor admiración , que no es la en que á mi me ha 
puesto el suceso de Rosaura ; pero el tiempo no me da 
lugar á ello : solo te digo que la que se llamaba Leonar- 
da , se ha desposado con mí hermano Artidoro por el 
mas sotil engaño que jamas se ha visto, y Teolínda la 
otra está en término de acabar la vida , ó de perder el 
juicio, y solo la entretiene la vista de Galercio , que co- 
mo se parece tanto á la de mi hermano Artidoro , no se 
aparta un punto de su compañía : cosa que es á Galercio 
tan pesada y enojosa, cuanto le es dulce y agradable la 
compañía de la cruel Gelasía: el modo como esto pasó te 
contaré mas despacio, cuandootra vez nos veamos, por- 
que no será razón que por mi tardanza se impida el re- 
medio que Grisaldo puedetener en su desgracia, usando 
en remediarla la diligencia posible ; porque si no ha mas 
que esta mañana que Artandro robóá Rosaura, no se po- 
drá haber alejado tanto destas riberas, que quite la espe- 
ranza á Grisaldo de cobrarla, y mas sí yo aguijo ios pies 
como pienso. Parecióle bien á Calatea lo que Manrisa 
decía , y así no quiso mas detenerla : solo le rogó que 
fuese servida de tornarla á ver lo mas presto que pudie- 
se, para contarle el suceso de Teolínda , y lo que había 
en el hecho de Rosaura. La pastora se lo prometió, y sin 
mas detenerse, despidiéndose de los que allí estaban, se 
volvió á su aldea, dejando á todos satisfechos de su do- 
naire y hermosura. Pero quien ma^ sintió su partida fué 
el anciano Arsindo , el cual por no dar claras maestras 
de su deseo, se hubo de quedar tan solo sin Maurisa, 
cuanto acompañado de sus pensamientos. Quedaron 
también las pastoras suspensas de lo que de Teolínda 
hablan oído, y en extremo deseaban saber su suceso ; y 
estando en esto oyeron el claro son de una bocina, queá 
su diestra mano sonaba , y volviendo los ojos á aquella 
inrte, vieron encima de un recuesto algo levantado dos 
ancianos pastores que en medio tenían un antiguo sa- 
cerdote, que luego conocieron ser el anciano Telesio; y 
habiendo uno de los pastores tocado otra vez la bocina, 
todos tres s€j[)ajaron del recuesto, y se encaminaron hacia 
otro que allí j unto estaba, donde subidos de nuevo toma- 
ron á tocarla : ácoyo son, de diferentes partes se comen- 
zaron á mover muchos pastores, para venir á ver lo que 
Telesio quería, porque con aquella señal solía él con- 
vocar todos los pastores de aquella ribera, cuando que- 



ría hacerles algún provechoso razonamiento, 6 dedrleí 
la muerte de algún conocido pastor de aquellos cout» 
nos, ó para traerles á la memoria el dia de algima soleni 
fiesta, ó el de algunas tristes obsequias. Teniendo paa 
Aurelio , y casi los mas pastores que allí venían, coot- 
cida la costumbre y condición de Telesio, todos se fila- 
ron acercando adonde él estaba , y cuando llegaron , ji 
se habían juntado. Pero como Telesio vio venir tanúi. 
gentes, y conoció cuan principales todos eran, bajuio 
de la cuesta los fué á recebír con mucho amor y corte- 
sía, y con la mesma fué de todos recebido. Y Uegiodon 
Aurelio á Telesio , le dijo : Cuéntanos, si fueres serñdo^ 
honrado y venerable Telesio, qué nueva cansa te rnneit 
áquererjuntar los pastores destos prados. ¿Esporvea- 
tura de alegres fiestas, ó de tristes fúnebres sucesul 
¿Qttiéresnos mostrar alguna cosa perteneciente al m- 
joramiento de nuestras vidas? Dinos, Telesio, lo qnetl 
voluntad ordena, pues sabes que no saldrán las nueibii '• 
de todo aquello que la tuya quisiere. Pagúeos el cid^ I 
pastores , respondió Telesio , la sinceridad de TuetWj 
intenciones, pues tanto se conforman con ladeaqudgnJ 
solo vuestro bien y provecho pretende. Has por ítüáh 
cer al deseo que tenéis de saber lo que quiero, qoiérM 
traer á la memoria la que debéis tener perpetauMiÉ 
del valor y fama del famoso y aventajado pastor Meliül 
cuyas dolorosas obsequias se renuevan , y se irán reot* 
vando de año en año tal dia como mañana, en tanto qá 
en nuestras riberas hubiere pastores, y en nnestnsdíi 
mas no faltare el conocimiento de lo que se debeit 
bondad y valor de Heliso . A lo menos de mi os sé decirqM 
en tanto que la vida me durare , no dejaré de aconM 
á su tiempo la obligación en que os tiene puestos li&li 
bilidad, cortesía y virtud del sin par Meliso; y asi, igofl 
os la acuerdo, y os advierto que mañana es el dia qael 
ha de renovar el desdichado , donde tanto bien perdí 
mos, como fué perder la agradable presencia del jn 
dente pastor Meliso : por lo que á la bondad suya deM 
y por lo que á la intención que tengo de serviros estl 
obligados, os ruego, pastores, que mañana al romperé 
dia os halléis todos en el valle de los Cipreses, dooÉ 
está el sepulcro de las honradas cenizas de Meliso, pd 
que allí con tristes cantos y piadosos sacrificios, prseif 
remos alijarar la pena, si alguna padece, á aquella tm| 
turosa alma, que en tanta soledad nos ha dejado, t di 
cíendo esto con el tierno sentimiento que la memoritl 
la muerte de Meliso le causaba , su venerables ojosH 
llenaron de lágrimas, acompañándole en ellas casi Id 
mas de los circunstantes, los cuales todos de una misM 
conformidad se ofrecieron de acudir otro dia adond^ 
Telesio les mandaba, y lo mesmo hicieron Timbrio ySi^ 
leño, Nísída y Blanca , por parecerles que no sería bieo; 
dejar de hallarse en ocasión tan piadosa, yenjuntadeWj 
célebres pastores, como allí i maginaron que se jontariiu 
Con esto se despidieron de Telesio, y tornaron á seguirá 
comenzado camino del aldea. Mas no se habían aporlifl 
muchodeaquel lugar, cuando vieron venir hacia eUMÍ| 
desamorado Lenio con semblante tan triste y pensativa 
que puso admiración en todos; y tan trasportado en Mj 
imaginaciones venía, que pasó lado con lado de los|M*i 
tores, sin que los viese, antes torciendo el camino i k 
izquierda mano, no bobo andado muchos pasos, coaadl 
se arrojó al pié de un verde sauce , y dando un recio} 
profundo suspiro, levantó la mano, y poniéndola ptf^ 



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LA GALATEIA 

ulUr del pellico, tiró tan recio que le hizo pedazos 
tnsUalHJo.ylnego.seqaitóelznrroii del lado,ysacando 
délmpüido rabel, con grande atención y sosiego se le 
poso i templar; y á cabo de puco espacio, con lastimada 
Tcoocertida voz comenzó ú cantar de manera, que forzó 
i hale te que le babian visto, á que se parasen á escu- 
dürliiastael fin de su canto, que fué este. 



IMttunr.Tiae irrepieato 

blekOTnscoBllesof siento 

(■htálirebarierias 

InaAto a cimiento : 

Ti H nlicMe cuello ergaido , 

tmUt pMfs J rendiao 

ilnp lela obediencia , 

Titoamcoiapoleneia 

IcIaiilireileiMHdo. 

SrpenedeseBantoqaiercs 
T^K i|aier» lo ímiiosible , 
Siíi««KsU» bien qaiín eres 
El II cudidos leniole , 
Ea Ib ftta 1 iiliceres : 
I «n la ^le;!! soy quien 
bnsirapie i ul tn l>ien , 
^neaío por deseog^i&o , 
Ik entras por cngaao, 
Dr amias u desden. 

SCüís IMM bien sabidas 
■ Kon detcibierto 
Irii ealnfas rendidas 
ttk alo eres cipuertn 
(HcaKia meütns vidas : 
LÜIiiiipluable tannrnt:i 

&■! alia ñas atoriaeula 
íes «I strejia ulma : 
ViRi pslo 1 Ui del alma , 
iMijartaelatnstenia. 



Pwn fué le que cantó Lenio , pero lo que lloró fué 
É), qne allí quedara desbeclio en lágrimas , si ios pas- 
hresDo Kudienin á consolarle. Mas como él los vio ve- 
ir, j conoció entre ellos á Tirsi , sin mas detenerse se 
kmtó, y se fué á arrojar á sus pies , abrazándole estre- 
ikuieak! las rodillas , y sin dejar las lágrimas, le dijo : 
,lpn puedes, famoso pastor, tomar justa venganza del 
Ihsiiimentoquc tuve de competir contigo, defendiendo 
iüoJDsta causa que mi ignorancia me proponía : agora 
ipqae poedes levantar qI brazo , y con algún agudo 
IKÜlio traspasar este corazón donde cupo tan notoria 
jfnplea, como era no tener el amor por universal señor 
Mundo ; pero de una cosa te quiero advertir , que si 
•Kna tíMoar al justo la venganza de mi yerro , que me 
AJB con la vida que sostengo , que es tal , que no hay 
Mote que se le compare. Habia ya Tirsi levantado del 



Poes esto jizgo y conlleso, 
Aanque Urde vengo en ello , 
Templa tn rigor y exceso. 
Amor , y del flaco cuello 
Alijera un poco el peso : 
Al ya rendido enemiga 
No se ha de dar el castiga 
Como aquel qne se deOende, 
Cuanto mas que aqui se ofende 
Quien ya quiere ser tu amigo. 

Salgo de la pertinacia , 
Do me tuvo mi malicia 

Y el estar en tu desgracia, 

Y apelo de tu justicia 
Ante el rustro de tu gracia: 
Que si i mi poco valor 

No le qnilata el Favor 
De tu gracia conocida, 
Presto dejaré la vida 
En las manos del dolor. 

Las de Gelasia me han puesto 
V.ü tan exIraQ;! ngonia , 
Que si mas porfía en esto, 
Mi dolor y su uorria. 
Sé que acabnran bien presto. 
¡Oh dura Gelasia, esquiva , 
ZahareSa, dura, altiva ! 
¿ l'vr qué gustas , di, pastora , 
Que el corazón que te adora 
En lautos tormentos viva! 



, LIBRO VL 81 

suelo al lastimado Lcnio , y teniéndole abrazado , con 
discretas y amorosas palabras procuraba consolarle, di- 
ciéndole : La mayor culpa qiiR hay en las cul|ias, Lenio 
amigo, es el estar pertinaces encllas, porque osde con- 
dición de demonios el nunca arrepcntii^e de los yerros 
cometidos : y asiinusmo una de las prini.i|iales causas 
que mueve y fuerza á perdonar his ofensas , es ver el 
ofendido arrepentimiento en el que ofende, y mas cuan- 
do está el perdonar en manos de quien no hace nada en 
liacerlo, pues su noble condición le tira y compele á que 
lo haga, quedando mas rico y satisfecho con el perdón, 
que con la venganza : como se ve esto á cada paso en los 
grandes señores y reyes , que mas gloría granjean en 
perdonar las injurias que en vengarlas : y pues tú , Le- 
nio, confiesas el error en que has estado, y conoces agora 
las poderosas fuerzas del amor, y entiendes dé! que es 
señor universal de nuestros corazones, por este n nevo co- 
nocimiento y por el arrepentimiento que tienes, piiedus 
estar confiado y vivir seguro, que el generoso y blando 
amor te reducirá presto á sosegada y amorosa vida ; que 
si agora te castiga con darte la penosa que tienes, hácelo 
porque le conozcas, y porque después tengas y estimes 
en mas la alegre, que sin duda piensa darte. A estas ra- 
zones añadieron otras muchas Elicio y los demás pasto- 
res que allí estaban, con las cuales pareció que quedó 
Lenio algo mas consolado. Y luego les contó como tno^ 
fia por la cruel pastora Gelasia, exagerándoles la cs(|uiva 
y desamorada condición suya, y cuan libre y uxeiita es- 
taba de pensar en ningún efuto amoroso : ciicarociciido- 
les también el insufrible tormento que por ella el gentil 
pastor Galercio padecía , de quien ella hacia tan poco 
caso, que mil veces le habia puesto en termines de des- 
esperarse. Mas después que por un rato en estas cosos 
hubieron razonado , tornaron á seguir su camino , lle- 
vando consigo á Lenio, y sin siicederles otra cosa llega- 
ron al aldea , llevándose coiisigu Elicio á Tirsi , Uarnon, 
Brastro, Lauso y Arsindo. Con Daranio se fueron Crisio, 
Orfenio , Marsilio y Orompo. Florísa y las otras pastoras 
se fueron con Gatatea y con su padre Aurelio, qiiulaiiJo 
primero concertado, que otro dia al salir del alba se 
juntasen para ir al valle de los Ciprcses , como Telesio 
les habia mandado, para celebrar lasobsequiasde Meliso. 
En las cuales, como ya está dicho, quisieron hallarse 
Timbño, Silerio, Msida y Blanca, que con el venerable 
Aurelio aquella noche se fueron. 



LIBRO SEXTO. 



Msis habían los rayos-del dorado Febo comenzado 
iitepontar por la mas baja línea de nuestro horizonte, 
(■odo el anciano y venerable Telesio hizo llegar á los 
iHoide todos los que en el aldea estaban el lastimero 
de sn bocina , señal que movió á los que le escucha- 
i dejar el reposo de los pastorales lechos, y acudir á 
Itqoe Telesio pedia. Pero los primeros que en esto to- 
■no la mano, foéron Elicio, Aurelio, Uaranio y todos 
lx|«U)res y instoras que con ellos estaban, no faltando 
iBltennoaas Ñisida y Blanca, y los venturosos Timbrio 
{üloio, con utra cantidad de gallardos pastores y bellas 
Ptms que á ellos se juntaron , y al número do treinta 
Nuiu. EiUri! los coaies iban la sin par Galataa, nuevo 

T. I. 



milagro de hermosura, y la recién desposada Silveria, 
la cual llevaba consigo á la hermosa y zahareña Belisa, 
por quien el pastor Marsilio tan amorosas y mortales an- 
gustias padecía. Habia venido Belisa á visitar á Silveria, 
y darle el parabién del nuevo recehido estado, y quiso 
ansimesmo hallarse en tan célebres obsequias, como 
esperaba serian las que tantos y tan famosos pastores 
celebraban. Salieron pues todos juntos de la aldea, fuera 
de la cual hallaron á Telesio, con otros muchos pastores 
que le acompañaban, todos vestidos y adornados de ma- 
nera , qne bien mostraban que para triste y lamentable 
negocio hablan sido juntailos. Ordenó luego Telesio, 
porque con intenciones mas puras y pensamientos mas 



6 



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R2 



OMIAS DE CEllVANTES. 



reposados so hiciesen aquel dia tos solenes sacrificios, 
que todos los pastores fuesen Juntos por su parte, ; des- 
viados de las pastoras , y que ellas lo mesmo hiciesen-: 
de que los menos quedaron contentos, y los mas no muy 
satisfechos, especialmente el apasionado Harsilio, que 
ya había visto á la desamorada BeJisa , con cuya vista 
quedó tan fuera de sí y tan suspenso, cual lo conocieron 
bien sus amigos Orompo , Crisio y Orfenio , los cuales 
viéndole tal se llegaron á él, y Orompo le dijo : Esfuerza, 
amigo Marsilio , esfuerza , y no des ocasión con ta des- 
mayo á que se descubra el poco valor detn pecho: ¿qué 
sabes si el cielo, movido á compasión de tu pena, ha 
traido á tal tiempo áestas riberas ala pastora Belisa para 
que la remedie? Antes para mas acabarme , i lo que yo 
creo, respondió Marsilio, habrá ella venido á este lugar, 
que de mi ventura esto y mas se debe temer ; pero yo 
haré, Orompo, lo que mandas, si acaso puede conmigo 
en este duro trance mas la razón que mi sentimiento : y 
con esto volvió algo mas en si Marsilio, y luego los pas- 
tores por una parte , y las pastoras (wr otra , como de 
Telesio estaba ordenado, se comenzaron á encaminar al 
valle (le los Cipreses, llevando todos un maravilloso si- 
lencio , hasta que admirado Timbrio de ver la frescura 
y belleza del claro Tajo por do caminaba, vuelto á Eliciu, 
que al lado le venia, le dijo : No poca maravilla me causa, 
Elicio, la incomparable belleza destas frescas riberas, y 
no sin razón; porque quien Im visto como yo las espaciosas 
del nombrado Bélis, y las que visteny adornan al fomoso 
Ebro, y al conocido Pisuerga , y en las apartadas tierras 
liii pascado las del santo Tiber, y las amenas del Po, ce- 
lebrado por la caida del atrevido mozo, sin dejar de ha- 
ber ro<leado las frescuras del apacible Scbeto , grande 
ocasión había de ser la que á maravilla me moviese de 
rer otras algunas. No vas tan fuera de camino en lo qno 
dices, según yo creo, discreto Timbrio , respondió Eli- 
cio, que con los ojos no veas la razón que de decirlo tie- 
nes , porque sin duda puedes creer que la amenidad y 
frescura de las riberas deste rio hace nptoría y conocida 
ventaja á todas las que lias nombrado, aunque entrase 
eu ellas las del apartado Janto , y del conocido Anfríso, 
y del enamorado Alfeo ; porque tiene y ha hecho cierto 
la experiencia, que casi por derecha linea encima de la 
mayor parte destas riberas se muestra un cielo luciente 
y claro, que con un largo movimiento y con vivo res- 
plandor parece que convida á regocijo y gusto al cora- 
zón que del está mas ajeno : y si ello es verdad , que las 
estrellas y el sol se mantienen, como algnnos dicen , de 
las aguas de acá bajo, creo Grmemente que las deste rio 
sean en gran parte ocasión de causar la belleza del cielo 
que le cubre, ócreeré que Dios, por la mesma razón que 
dicen que mora en los cielos , en esta parte haga lo mas 
de su habitación : la tierra que lo abraza, vestida de mil 
verdes ornamentos , parece que hace fiestas y se alegra 
de poseer en si un don tan raro y agradable; y el dorado 
rio, como en cambio en los abrazos della dulcemente en- 
tretejiéndose , forma como de industria mil entradas y 
salidas, que á cualquiera que las mira , llenan ol alma 
de placer maravilloso : de donde nace , que aunque los 
ojos tomen de nuevo muchas veces á mirarle , no por 
eso dejan de hallar en él cosas que les causen nuevo pla- 
cer y nueva maravilla. Vuelve pues los ojos , valeroso 
Thnbrío, y mira cuánto adornan sus riberas las muchas 
aldeas y ricas caserías, que por ellas se vea fundiuks. 



Aquí se ve en cualquiera sazón del año andar la risneña 
primavera con la hennosa Venus en hábito sucinto y 
amoroso, y Céfiro que la acompaña, con la madre Flora 
delante , esparciendo á manos llenas varias y odoríferas 
flores : y la industria de sus moradores ha hecho tant», 
que la naturaleza encorporada con el arte, es hecha ar- 
tífice y connatural del arte , y de entrambas á dos m b» 
hecho una tercia naturaleza, á la cual no sabré dar nom- 
bre. De sus cultivados jardines, can quien les huertos 
Hespéridos y de Alcinoo pueden callar ; de los espeso» 
bosques , de los pacíficos olivos , verdes laureles y aco- 
pados mirtos ; de sus abundosos pastos, alegres vaMes y 
vestidos collados , arroyos y fuentes , que en est» ribera 
se hallan , no se espere qae yo diga mas, sino que si eo 
alguna parte de la tierra las campos Elíseos tienen asien- 
to , es sin duda en esta. ¿Qué diré de )a industria de las 
altas ruedas , con cuyo continuo movimiento sacan las 
aguas del profundo rio , y humedecen abundosamente 
las eras, que por largo espacio están apartadas? Añádese 
á todo esto criarse en estas ñberas las mas bermoaas y 
discretas pastoras que en la redondez del suelo puedes 
hallarse : para enyo testimonio , dejando aparte el qoe 
laiexperiencia nos muestra, y lo que tú, Timbrio, ba 
que está» en ellas y has visto , bastará traer por ejempla 
á aquella pastora que allí ves, 6 Timbrio; y diciendo »■ 
to, señaló con el cayado á Calatea, y sin decir mas, dejó 
admirado á Timbrio de ver la discreción y palabras con 
que había alabado las riberas de Tajo, y la hermosura de 
Calatea. Y respondiéndole que no se le podía contrade- 
cir ninguna cosa de las dichas, en aqneUK y en otras en- 
tretenían la pesadumbre del camino, hasta que llegad» 
á vista del valle de los Cipreses , vieron que dé! salían 
casi otros tantos pastores y pastoras , como los que con 
ellos iban. Juntáronse todos, y con sosegados pasos co- 
menzaron á entrar por el sagrado valle , cuyo sitio en 
tan extraño y maravilloso , que aun á los mesmos qae 
muchas veces le habían visto , causaba nueva admira- 
ción y gusto. Levántanse en una parte de la ribera del 
famoso Tajo en cuatro diferentes y contrapuestas parlas 
cintro verdes y apacibles collados, como por mamj 
defensores de un liermoso valle que en medio contie- 
nen, cuya entrada en él por otros cuatro lugares es eos- 
cedida, los cuales mesmos collados estrechan de modo, 
que vienen á formar cuatro largas y apacibles calles, i 
quien lucen pared de todos lados altos é infinitos cipñ- 
ses, puestos por tal orden y concierto, qae basU las 
mesmas ramas de los unos y de los otros parece qae 
ignahuents van creciendo, y que ninguna se atreivei 
pasar ni salir un punto mas de la otra. Cierran y ocnpaa 
el espacio que entre ciprés y ciprés se hace, mil olorosos 
rosales y suaves jazmines , tan juntos y entretejidos, co- 
mo suelen' e$ta»ea los vallados de las guardadas tíS» 
Us espinosas zarzas y puntosas cambroneras. De tredio 
en trecho destas apacibles entradas se ven corr«r por en- 
tre la verde y menuda yei1>a claros y frescos arroyos da 
limpias y sabrosas aguas , que en las faldas de los mea- 
n>os collados tienen su nacimiento. Es el remate y fia 
destas calles una ancha y redonda plaza, que los recues- 
tos y los cipreses forman, en medio de la cual está poesía 
una artificiosa fuente , de blanco y precioso minno! fa- 
bricada , con tanta industria y artificio hecha , qae las 
vistosas del conocido Tíbuli , y las soberbias de la anti- 
gua Tioaraia no le pueden ler comparadas. Goo el agua 



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LA GAUTEA, LIBRO Vi. 



83 



detU uuriTiliosa fuente se hnmedeeen ; sustentan las 
{rocas yerbas de la deleitosa plaza, j lo que mas hace á 
esteagndablesitíodigno de estimación y reverencia, es 
serpriiilegiado üe las golosas bocas de los simples cor- 
denete f aunsts ovejas, y de otra cualquier suerte de 
gmdo, qoe solo sirve de guardador y tesoro -Je los hon- 
nd« huesos de algunos famosos pastores , que por ge- 
geni decreto de todos ios que quedan vivos , en el con- 
tonode aquellas riberas se determina y ordena ser digno 
fserecedor de tener sepultura en este famoso valle, 
íorestoseveian entre los muchos y diversos árboles, 
que por las espaldas de loscipreses estaban, en el lugar 
jdistincia que faabia dellos hasta las faldas de los colla- 
dos, algunas sepulturas , cuál de jaspe , y cuál de már- 
mol bbricada , en cuyas blancas piedras se leian los 
sombres de los que en ellas estaban sepultados. Pero la 
que mas sobre todas resplandecía, y la que masa los ojos 
de todos se mostraba, era la del famoso pastor Meliso, 
Ucnal, apartada de las otrasánn lado de la ancha plaza, 
de lias y negras pizarras , y de blanco y bien labrado 
ilaiii:!tro hecha parecía ; y en el mesmo punto que los 
ojos de Telesio la miraron , ToWiendo el rostro á toda 
aquella agradable compañía, con sosegada voz y lamen- 
tables acentos les dijo : Veis alli, gallardos pastores, dlv 
«eiasy hermosas pastoras : veis alli, digo , la triste se- 
pnlloradonde reposan loshonradoshuesosdel nombrado 
HeBsa, honor y gloría de nuestras riberas : comenzad 
poes i levantar al cielo los humildes corazones, y con 
puros afectos, abundantes lágrimas y profundos suspiros 
entonad loe santos himnos y devotas oraciones, y ro- 
gidie tenga por bien de acoger en su estrellado asiento 
la bendita alma del cuerpo que allí yace : en diciendo 
esto, le llegó ánn ciprés de aquellos, y cortando algunas 
nioBs, hizo dellas una funesta guirnalda con que coronó 
Ms blancas y venerables sienes, haciendo señal á losde- 
iBsqae lo mesmo hiciesen. De cuyo ejemplo movidos 
todos, en un momento se coroi^aron de las tristes ramas; 
yguiados de Telesio llegaron á la sepultura , donde lo 
primero que Telesio hizo , fué inclinar las rodillas , y 
besar la dura piedra del sepulcro : hicieron todos lo 
■eran, y algunos hubo que tiernos con la memoria de 
Mdño , dejaban regado con lágrimas el blanco mármol 
fK besaban. Hecho esto , mandó Telesio encender el 
aero fnego , y en un momento al rededor de la sepul- 
tara se hideron muchas , aunque pequeñas hogueras, 
en las cuales solas ramas de ciprés se quemaban ; y el 
venerable Telesio con graves y sosegados pasos comenzó 
i rodear la pira, y echar en todos los ardientes fuegos 
algona cantidad de sacro y oloroso incienso, diciendo 
oda vez que lo esparcía alguna breve y devota oración 
i rogar por el alma de Heliso encaminada , ai fin de la 
coal levantaba la tremante voz, y todos los circunstantes 
con triste y piadoso acento respondían , amen , amen, 
tres veces, á cnyo lamentable sonido resonaban los cer- 
naos collados y apartados valles , y las ramas de los al- 
tos cipreses,y de los otros muchos árboles de que el 
valle estaba lleno, heridas de un manso céflro que so- 
plaba, l)acían y formaban un sordo y tristísimo susurro 
can como en señal de que por su parte ayudaban á la 
"isteadel fonesto sacoflcio. Tres veces rodeó Telesio 
h «paitara, y tres veces dijo las piadosas plegarías, 
! otras nueve se escucharon los llorosos acentos del 
■aen, que los pastores repetian. Acabada esta ceremo- 



nia , el anciano Telesio se arrimó á un subido ciprés, 
que á la cabecera de la sepultura de Meliso se levanta- 
ba, y con volver el rostro á una y otra parte , hizo que 
todos los circunstantes estuviesen atentos á lo que decir 
qneria : y luego levantando la vuz todo lo que pudo con- 
ceder la antigüedad de sus años , con maravillosa elo- 
cuencia comienza á alabar las virtudes de Meliso, la in- 
tegridad de su inculpable vida , la alteza de su ingenio, 
la entereza de su ánimo, la graciosa gravedad de su plá- 
tica y la excelencia de su poesia ; y sobre todo la solici- 
tud de su pecho en guardar y cumplir la santa religión 
que profesado había , juntando á estas otras tantas y ta- 
les virtudes de Meliso , que aunque el pastor no fuera 
tan conocido de todos los que á Telesio escuchaban, solo 
por lo que él decía , quedaran aficionados á amarle, si 
fuere vivo , y á reverenciarle después de muerto. Con- 
cluyó pues el viejo su plática , diciendo : Si á do llega- 
ron, famosos pastores, las bondades de Heliso, y adonde 
llega el d^seo que tengo de alabarlas , llegara la bajeza 
de mi corto entendimiento , y las flacas y pocas fuerzas 
adquiridas de mis tantos y cansados años no me acorta- 
ran la voz y el aliento , primero este sol que nos alum- 
bra le viérades bañar una y otra vez en el grande Océa- 
no , que yo cesara de la comenzada plática : mas pues 
esto en mí marchita edad no se permite, suplid vosotros 
mi falta, y mostraos agradecidos á las frías cenizas de 
Heliso , celebrándolas en la muerte , como os obliga el 
amor que él os tuvo en la vida ; y puesto que á todos en 
general nos toca y cabe parte desta obligación , á quien 
en particular mas obliga es á los famosos Tírsi y Damon, 
como á tan conocidos , amigos y familiares suyos ; y asi 
les ruego cuan encarecidamente puedo, correspondan á 
esta deuda , supliendo y cantando ellos con mal repo- 
sada y sonora voz lo que yo he faltado llorando con la 
trabajosa mía. No dijo mas Telesio, ni auu fuera menes- 
ter decirío, para que los pastores se moviesen á hacer lo 
que se les rogaba, porque luego sin replicar cosa algu- 
na, Tirsi sacó su rabel , y hizo señal á Damon que lo 
mesmo hiciese, á quien acompañaron luego Elicio y 
Lauso, y todos los pastores que alH Instrumentos tenían; 
yápoco espacio formaron una tan triste y agradable mú- 
sica, que aunque regalaba los oidos, movía los corazones 
á dar señales de tristeza, con lágrimas que los ojos der- 
ramaban. Juntábase á esto la dulce armonía de los pin- 
tados pajarillos que por los aires cruzaban , y algunos 
sollozos que las pastoras, ya tiernas y movidas con el 
razonamiento de Telesio , y con lo que los pastores ha- 
cían, de cuando en cuando de sus hermosos pechos ar- 
rancaban; y era de suerte, que concordándose el son de 
la tríste música , y el de la triste armonía de los jilgue- 
rillos , calandrias y ruiseñores , y el amargo de los pro- 
fundos gemidos , formaba todo junto un tan extraño y 
lastimoso concierto, que no hay lengua que encarecerlo 
pueda. De allí á poco espacio, cesando los demás instru- 
mentos , solos los cuatro de Tirsi , Damon , Elicio y do 
Lauso se escucharon, los cuales llegándose al sepulcro 
de Meliso , á los cdatro lados del sepulcro se pusieron : 
señal por donde todos los presentes entendieron que 
alguna cosa cantar querían ; y así les prestaron un ma- 
ravilloso y sosegado silencio , y luego el famoso Tirsi 
con levantada, triste y sonorosa voz, ayudándole Elicio, 
Damon y Lauso , desta manera comenzó á cantar. 
T. Til cuil es la ocasioa de naeslro Uanlo. 



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M 



OBRAS ÜE CERVANTES. 



No aoto anestro, mas-de Mo el Meló, 

Pastores, entonad el tHsle canto. 

D. El airi! rompan , llrcuen hasb rl rielo 
Los saspiros dolientes, (abrlcados 

Entre justa piedad y justo duelo. 

E. SerlD de tierno tiumor siempre bailados 
Mis ojos, mientras viva la memoria , 
Hcliso, de tus liechos relebradas. 

L. Mellso , digno de Inmortal hisloria , 
Digno qae goces en el cielo santo 
De alegre vida t de perpetua gloria. 

7. Mientras qne i las grandeías me lenato 
De cantar sus haiaftas , como pienso , * 
Pastores, entonad el triste canto. 

D. Cobo puedo, Heliso, recompenso 
Ata amistaa, con ligrimas vertidas. 
Coa raegos píos , y sagrado incienso. 

£. Ta maerte tiene ea llanto convertidas 
Nnestras dalces patadas alegrías , 
T i tierno sentimiento redocidas. 

L. Aiiaellos claros , venturosos días 
Donde el mando gozó de tu presencia , 
Se ban vuelto en nocbes miserables, irlas. 

T. ¡Ob maerte, que con presta violencia 
m vida en poca Úerra reduciste ! 
¿A qaiíji no alcanzará in diligencia? 

J). Después, ó mnrrte, qne aquel golpe (lisie , 
Qae ecbá por tierra nuestro fuerte arrimo , 
De verba el prado , ni de flor se viste. 

£. Con la memoria deste mal reprimo 
El biea, si algnno llega i mt sentido , 
T eon aueva aspereía me lasliroo. 

í. iCaiado suele cobrarse eb Men perdid»? 
Caindo el mal sin buscarle no se halla? 
Cnindo baj qnletnd en el mortal raido? 
' T. Calado de la mortal llera batalla' 
Trianfd la vida , 7 cuándo contra el tiempo 
Se opnso 6 inerte arnés, ó dura malla? 

B. Es aaestra vida an suefio , an pasatiempo. 
Un vano encanto que desaparece 
Cuando mas llrme parecid en .lu tiempo. 

5. Dia qne al medio corso se escarcee, 

Y le sucede noebe tenebrosa , 

Envuelta en sombras, que el temor ofrece. 

L. Has tú , pastor famosu, en venlarosa 
Hora pasaste oeste mar insano 
A la (Inlce regios maravillosa. 

T. Despaes qae ea el aprisco veneciano 
Ids causas jr demandas decidiste 
Del gran pastor del ancho suelo hispano... 

tt. üespnes también ane con valor lafristc 
El trance de forlnna aceleíado 
Ooe i Italia blzo, r ann i Espafia triste... 

£. Y después que en sosiego reposada 
Con bs nueve doncellas solamente 
Tanto tiempo estuviste retirado... 

L. Sia qne las aeras armas del Oriente , 
Ri la francesa furia inquietase 
Ta levantada j sosegada mente... 

T. Enlúnces quiso el ciclo que ilefasa 
La fria mano de la muerte airada , 

Y en lo vida e! biea nuestro arrebatase. 
b. Qnedó ta suerte entonces mejorada, 

?uedd la nuestra i un triste amargo lloro 
eipetna, eternamente condenada. 

B. Viose el sacro virgineo hermoso coro 
De aqaeilas moradoras del Parnaso , 
Bomper llorando sas cabellos de oro. 

L. A ligrimas movió el doliente caso 
Al gran competidor del niflo ciego , 
Qae entonces de dar los se mostrd escaso. 

T. Ño entre las armas j el ardiente faego 
Los tristes (cueros tanto se adigieron 
Con el engaOo del astuto griego , 

Como lloraron, como repilieron 
El nombre de Mellso los pastores 
Cuando informados de su muerte fníron. 

6. No de olorosas variadas Dores 
Adornaron sus frentes , ni cantaron 
Con voi suave algnn cantar de amores. 

De funesto ciprés se coronaron, 
Ten triste repetido amargo llanto 
Lamentables canciones entonaron. 

E. Y asi, pues ho; el i.^pcro quebranto , 

Y la memoria amar^ se renueva. 
Pastores , entonad el triste casto. 

Que el duro caso que i doler ñus lleva , 
Es tal , que seri pecho de diamante 
El qae i llorar en tí no se conmacva. 

L. El Urme pecho , el inímo constante 

§ue en las adversidades siempre tuvo 
ste pastor, por mil lenguas se cante. 
Como al desden que de continua hubo 
Kn el pecho de Filis indignado 
Cual llrme roca contra el mar estuvo. 

7. Repítanse los versos qne ha cantado , , 



Qneden en la memoria de las gentes 
■ ' Por muestras de su genio levantado. 

B. Por tierras di' las nuestnis diferentes 
Lleve su nombre la pariera fama 
Cou pasos prestos y alas diligentes. 

£. Y de su casta y amorosa llama 
Ejemplo tome el más lascivo perho, 

Y el que en ardor monos cabal se inflama. 
L. ¡Venturoso Mcliso , que i despecho 

De mil contrastes fieros de fortuna 
Vives abora alegre y satisfecho ! 

T. Poco te cansa , poco te Importuna 
Esta mortal bajeza qne dejaste, 
Llena de mas mudanzas que la luna. 

D. Por firme alteza la humildad trocaste. 
Por bien el mal , la muerte por la vida : 
Tan seguro temiste y esperaste. 

£. Desta mortal al parecer calda 
Quien bien vive ai cabo se levanta. 
Cual td, Meliso, i la región florida. 

Donde por mas de nna inmortal garganta 
S<- despide la vos qne gloria saeaa , 
t;ioria repite, dulce gloria canta. 

Donde la hermosa clara faz serena 
Se ve, en cuya visión se goza y mira 
I.a suma gloria mas perfecta y buena. 

Mi flaca voz i tu alabanza aspira, 

Y tanto cuanto mas crece el deseo. 
Tanto , Melisa , el miedo le retira. 

Qae aquello que contemplo ahora, y veo 
Con el enteudlmiento levantado 
Del sacro tuyo sobrehumano arreo. 

Tiene mi entendimiento acobardado, 

Y solo paro en levantar las cejas , 

Y en recoger los labios de admirado. 

L. Con ta partida en triste llanto dejas 
Cuantos con tu presencia se alegraban , 

Y el mal se acerca , porque td te alejas. 
T. En tu sablduria se enscfiaban 

Los rdsticós pastores, y en un panto 
Con nuevo ingenio y discreción quedaban. 

Pero iiegdse aquel forzoso ponto 
Donde td te partiste , y do quedamos 
Con poco ingenio y corazón difunta. 

Esta amarga memoria celebramos 
Los que en la vida te quisimos tanto , 
Cuanto ahora cu b muerte te lloramos. 

Por esto al son de tan confuso llanto , 
Cobrando de continuo nuevo aliento , 
Pastores , entonad el trisle canto. 

Lleguen do llega el duro sentimiento 
Las l'Agrímas venidas y soijpiros. 
Con quien se auiaeula oí presurosa viento. 

Poco os enrargo , poco sé pediros : 
Mis líabeis de sentir qne ra;iiitii altura 
Puede mi atada lengua referiros. 

Mas pues Febo se au.sent;) , y desrolora 
La tierra que se cubre en negro manto 
Hasta qne venga la esperada iiurora. 
Pastores, cesad ya del triste unto. 

Tirsi, que comenzado habia la trisle y dolorosa elfgia, 
rué el que le puso fin , sin que le pusiesen por un buen 
espacio a las lágrimas todos los que el lameiilable canto 
escHcliado hablan. Mas á esta sazón el venerable Tele- 
sfo les dijo ; Pues habernos cumplido en parte , ga- 
llardos y comedidos pastores , con la obligación que al 
venturoso Meliso tenemos, poned por agora silencio á 
vuestras tiernas lágrimas, y dad algún vado á vuestras 
dolientes sospiros , pues ni por ellas ni ellos podciuos 
cobrar la pérdida que lloramos; y puesto que el Iininano 
sentimiento no pueda dejar de mostrarle en los adver- 
sos acaecimientos , todavía es menester templar ta de- 
masía de sus accidentes con la razón que al di^^creto 
acompaila; y aunque las lágrimas y sospiros sean seña- 
les del amor que se tiene al que «e llora , iiuis pruvcciio 
consiguen las almas por quien se derraman, con los pios 
sacrificios y devotas oraciones , que por ellas se hacen, 
que si todo el mar Océano por los ojos de todoelmuudo 
hecho lágrimas se destilase. Y por esta razón y por la 
que tenemos de dar algún alivio á nuestros cansados 
cuerpos, sen'i bien que dejando lo que nos re-sta de ha- 
cer jKira el venidero dia, por agora visitéis vuestros zur- 
rones, y cumpláis con lo que naturaleza os obliga : y en 



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LA GAUTBA 

dieiendsesto, dio orden como todas las pastoras estn- 
rásesiuna parte del valle junto á ta sepultura de He- 
)¡iO, dqando con ellas seis de los mas aucianos pastores 
que ilU babia, y los demás poco desviados dellas en otra 
parte se estuvieron , y luego con lo que en los zurrones 
Inisiijcon el agua de la clara Tueiite satisfacieron á la 
cüODi necesidad de la hambre; acabando'á tiempo que 
nliiMcbe vestía de una mesma color todas las cosas 
jdajo de uaestro horizonte contenidas, y la luciente 
lum mostraba su rostro hernioso y claro en toda la en- 
tena qoe tiene , cuando mas el rubio hermano sus ra- 
jos le comunica. Pero de allí á poco rato, levantándose 
analterido viento, se comenzaron á ver algunas negras 
anbes, que algún tanto la luz de la casta diosa enuu- 
hifi, haciendo sombras en la tierra : señales por donde 
dgiinos pastores que allí estaban, en la rústica astrólo- 
ga miestros , algún venidero turbión y borrasca espe- 
niiui; tnas todo paró en no mas de quedar la noche 
lania y serena, y en acomodarse ellos á descansar sobre 
hfnsca yerba , entregando los ojos al dulce y reposado 
skío, como lo hicieron todos, si no algunos que repar- 
beroncomo en centinelas la.guarda de las pastoras, y el 
deilgunas antorchas ^ue al rededor de la sepultura de 
lelL» ardiendo quedaban. Pero ya que el sosegado si- 
leoóo se extendió por todo aquel sagrado valle, y ya que 
el penaoso Morfeo había con el bañado ramo tocado las 
senes y párpados de todos los presentes , á tiempo que 
ibretiouda de nuestro polo buena parte las errantes 
estrellas andado habían, señalando los puntuales cursos 
(le h noche; en aquel instante de la mesma sepultura 
de Meliso se levantó un grande y maravilloso fuego, tan 
JKiente j claro , qne en un momento todo el escuro va- 
lle qaedó con tanta claridad , como si el mesmo sol le 
ilimbrara : por la cual improvisa maravilla , los pastó- 
les qae despiertos junto á la sepultura estaban, cayeron 
tiónilos en el suelo deslumhrados y ciegos , con la luz 
dd tnosparente fnego , el cual hizo contrario efeto en 
Indemasque durmiendo estaban, porque heridos de 
w rayos , huyó dellos el pesado sueño , y aunque con 
diícQllad alguna abrieron los dormidos ojos , y viendo 
beitnñeza de la luz que se les mostraba, confusos y 
aduÍFüdus quedaron , y asi cuál en pié , cuál recostado, 
jcail sobre las rodillas puesto cada uno, con admíra- 
ÓM y espanto el claro fuego miraba. Todo lo cual visto 
forTelesio, adornándose en un punto de las sacras ves- 
tdans, acompañado de Elicio, Tirsi, Damon , Lauso y 
4eotras animosos pastores, pocoápoco se comenzó á llu- 
{Vil fuego con intención de con algunos lícitos y aco- 
' sodados exorcismos procurar deshacer ó entender de 
d( procedía la extraña visión que se les mostraba. Pero 
Jique llegaban cerca de las encendidas llamas , vieron 
foe dividiéndose en dos partes , en medio dellas pare- 
canna tan hermosa y agraciada ninfa, que en mayor 
adniradon les puso , que la vista del ardiente fuego : 
aHstnb* estar vestida de una rica y sotil tela de plata, 
RNgiila y retirada á la cintura de modo , que la mitad 
délas piernas se descubrían adornadas con unos cotur- 
iKócahadojusto, dorados, llenos de iuQuitos lazos de 
knoes de diferentes colores : sobre la tela de plata traía 
tofestidara de verde y delicado cendal, que llevado 
i na y otra parte por un vientecillo qoe mansamente 
Bpbba, extremadamente parecía : por las espaldas traía 
cfBrcidos los mas luengos y rubios cabellos que jauías 



, LIORO VI. 83 

ojos humanos vieron, y sobre ellos una guirnalda solo de 
verde laurel compuesta : la mano derecha ocupaba con 
un alto ramo de amarilla y vencedora palma, y lu iz- 
quierda con otro de verde y pacilicu oliva. Con los cua- 
les ornamentos tan hermosa y admirable se mostraba, 
que á todos los que la miraban tenia colgados de su vista 
de tal manera , que desechaudo de si el temor primero, 
con seguros pasos al rededor del fuego so Ilugaron, per- 
suadiéndose que de tan hermosa visión ningún daño 
podía sucederles. Y estando como se ha dicho todos 
trasportados en mirarla , la bella nipfa abrió los brazos 
auna y á otra parte, y hizo que las apartadas llamasmas 
se apartasen y dividiesen para dar lugar á que mejor 
pudiese'ser mirada; y luego levantando el sereno rus- 
tro, con gracia y gravedad extraña, á semejantes razones 
dio principio : Por los efetos que mí improvisa vista lia 
causado en vuestros corazones , discreta y agradable 
compañía , podéis considerar que no en virtud de luu- 
lignos espíritus ha sido formada esta figura mia que aquí 
se os representa; porque una de las razones por do' se 
conoce ser una visión buena ó mala , es por los efetos 
que hace en el ánimo de qiiien la mira; porqu&la buena, 
aunque cause en él admiración y sobresalto , el tal so- 
bresalto y admiración viene mezclado con un gustoso 
alborozo que á poco rato le sosiega y satisface , al revés 
de lo que causa k visión perversa , la cual sobresalta, 
descontenta , atemoriza , y jamas asegura : esta verdad 
os aclarará la expenencia cuando me conozcáis, y yo os 
diga quién soy , y la ocasión que me ha movido á venir 
de mis remotas moradas á .visitaros; y porque no quiero 
teneros colgados del deseo que tenéis de saber quién yo 
sea, sabed , discretos pastores y bellas pastoras , que yo 
soy una de las nueve doncellas que en las altas y sal- 
das cumbres del Parnaso tienen su propia y conocida 
morada : mí nombre es Caliope, mi oficio y condición es 
favorecer y ayudar á los divinos espíritus , cayo loable 
ejercicio es ocuparse en la maravillosa y jamas como 
debe alabada ciencia de la poesía : yo soy la que hice ix>- 
brar eterna fama al antiguo ciego, natural de Esminia, 
por él solamente famosa : la que liai-á vivir el mautuaiio 
Titira por todos los siglos venideros, hasta que el tiemp* 
se acabe, y la que hace que se tengan en cuenta desde 
la pasada hasta la edad presente los escritos tan ásperos 
como discretos del antiquisimo Enío. En fin, soy quieu 
favoreció á Catulo , la que nombró á Horacio , eternizó 
á Propercio , y soy la que con inmortal fama tiene con- 
servada la memoria del conocido Petrarca, y la que hizo 
bajar á lus oscuros infiernos y subir á los claros cielos ai 
famoso Dante : soy la que ayudó á tejer al divino ArioslD 
la variada y herniosa tula que compuso , la que en esta 
patria vuestra tuvo familiar amistad con el agudo Boscan 
y conel famoso Garcilaso, con el doctoysabio Castillejo 
y el artificioso Torres Naharro, con cuyos ingenios y con 
los frutos dvllos quedó vuestra («tria enriquecida y yo 
satisfecha : yo soy la que moví la pluma del celebrado Al- 
dana, y la que no dejó jamas el lado de D. Femando de 
Acuña, y la que me precio de la estrecha amistad y con- 
versación que siempre tuve con la bendita alma del 
cuerpo que en esta sepultura yace, cuyas obsequias por 
vosotras celebradas uo solo han alegrado su espíñtu, 
que ya por la región eterna se pasea , sino que á mí me 
han salísfeclio de suerte, que forzada he venido á agra- 
deceros tan loable y piadosa costumbre, como es la que 



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OBRAS DE CERVANTES. 



entre vosotros se asa : asi os prometo con las veras que 
de mi virtud pueden esperarse , que en pngo del bene- 
ficio que A las cenizas de mi querido y amado Melíso ha- 
béis hecho , de hacer siempre que en vuestras riberas 
jamas falten pastores que en la alegre ciencia de la poe- 
sía á todos los de la otra ribera se aventajen : Tavo- 
receré ansimesroo siempre vuestros consejos , y guia- 
rá vuestros entendimientos de manera que nunca deis 
torcido voto, (¡uando decretéis quién es merecedor de 
enterrarse en este sagrado valle ; porque no será bien 
que honra tan particular y señalada , y que solo es me~ 
recida de los blancos y canoros cisnes, ia vengan á gozar 
los negros y roncos cuervos; y así me parece que será 
bien daros alguna noticia agora de algunos señalados 
varones que en esta vuestra España viven, y algunos en 
las apartadas Indias á ella sujetas, los cuales, si todos ó 
alguno dellos su buena ventura le trujere á acabar el 
curso de sus dias eh estas riberas, sin duda alguna le 
podéis conceder sepultura en este famoso sitio: junto 
con esto os quiero advertir , que no entendáis que los 
primeros que nombrare son dignos de mas honra que 
los postreros, porque en esto no pienso guardar orden 
alguna ; que puesto que yo alcanzo la diferencia que el 
uno al otro , y los otros á los otros hacen , quiero dejar 
esta declaración en duda ; porque vuestros ingenios en 
entender la diferencia de los suyos tengan en que ejer- 
citarse, de los cuales darán testimonio sus obras; irélos 
nombrando como se me vinieren á la memoria, sin que 
ninguno se atribuya á qw ha sido favor que yo le he he- 
cho en haberme acordado del primero que de otro, por- 
3ue, cortio digo, á vosotros, discretos pastores, dejo que 
espues les deis el lugar que os pareciere que de justi- 
cia se les debe; y para que con menos pesadumbre y 
trabajo á mi larga relación estéis atentos , hai-éla de 
suerte, que solo sintáis disgusto por la brevedad della. 
Calló diciendo esto la bella ninfa, y luego tomó una arpa 
qne junto á sí tenia, que hasta entonces de ninguno ha- 
bía sido vista , y en comenzándola á tocar , parece que 
comenzó á esclarecerse el cielo , y que la luna con nuevo 
y no usado resplandor alumbraba la tierra ; los árboles 
á despecho de un blando céfiro que soplaba , tuvie- 
ron quedas las ramas, y los ojos de todos los que alli 
estalran no se atrevían á bajar los párpados , porque 
aqnel breve punto que se tardaban en alzarlos no se pri- 
vasen de la gloria que en mirar la hermosura de la ninfa 
gozaban, y aun quisieran todos que todos sus cinco sen- 
tidos se convirtieran en el del oir solamente : con tal ex- 
trañeza , con tal dulzura , con tanta suavidad tocaba la 
arpa la bella musa. La cual des[mes de haber tañido un 
poco , con la mas sonora voz que imaginarse puede, en 
semejantes versos dio principio. 

CAUTO DE CALIoPE. 

Al dolcc son ric mi tempLiila liri 
Prestad , pastores, el niilo «trnto. 
Oiréis cómo en mi voz v en t\ respira 
lie mis liermanas el sai;rii(to aliento, 
Veréis cdmo os suspende y os ailmira, 
Y colma vuestras almas de contento. 
Cuando os dé relación aquí en el suelo 
De los ingenios que ya son del cielo. 

Pienso cantar de aquellos solamente 
A quien la parca el liiio aun no lia cortado. 
De aquellos que son dignos justamente 
De en tal lugar tenerle seiialado ; 
Donde i pesar del tiempo diligente. 
Por el laudable olicio arostumorado 
Vutsiro, vivan mil «igios sus renombres , 
Su claras obras, sus famosos nombres. 



T el que con jisto tltnlo i 
Gotar ae alta y honrosa preeminencia , 
Un Dos Alosso es, en quien florece , 
Del sacro Apolo la divina ciencia ; 

Y en quien con alta lumbre rcsplaudece 
De Marte el brio y sin ignal patencia: 
De LtivA tiene el sobrenombre ilustre. 
Que i Italia In dado , y aun Espada lastre. 

Otro del mesmo nombre , que de Aranco 
Cantd las guerras , y el valor de Espafia , 
El enal los reinos donde habita Glauco 
Pasó, y sintió la embravecida salla : 
No fué sn voz , no fué sn acento rauco ; 
Que uno y otro Tué de gracia extrafia , 
\ tal que Ebcill* en este hermoso asienta 
Merece eterno y sacro monumento. 

Del lamoso Ooi) Jcah de Silva os digo 
Que toda gloria v tuilu honor merece. 
Asi por serle Fcbo tan amiga, 
Como por el valor que en él florece : 
Serán desto sus obras buen testigo. 
En las cnales su ingenio resplannece. 
Con claridad que al ignorante alumbra, 

Y al sabio agudo i veces le deslumhra. 
Crezca el numero rice desta cuenta 

Aqnel con quien ia tiene tal el cielo , 

?ae con febeo aliento le sustenta , 
con valor de Marte ari en el suelo : 
A Homero iguala , si escribir intenta, 

Y i tanto llega de sn pluma el vuelo. 
Cnanto es verdad que i todos es notario 
El illo ingenio de box Dtcco Osorio. 

Por cuantas vias la parlera fama 
Puede Inar nn caballero ilustre. 
Por tantas su valor claro derrama 
Dando sus hechos i sn nombre lastre : 
Su vivo ingenio, su virtud inflama 
Mas de una lengua i qne de lustre en lastre 
Sin qne cursos de tiempos las espanteu. 
De Don Francisco oe Mesdoia canten. 

Feliz Don Diego de Sarhiknto Ilustre , 

Y Carvajal famoso, producido 

De nuestro coro , y de Hipocrene lustre. 
Mozo en la edad , anciano en el sentido : 
De siglo ea siglo iri , de lustre en lustre 
(A pesar de las aguas del olvidó ) 
Tu nombre , con tus obras excelente , 
De lengua en lengua , y de gente en gente. 

Qniéroos mostrar por cosa soberana 
En tierna edad maduro entendimiento. 
Destreza y gallardía sobrehumana , 
Cortesía, valor, comedimiento : 

Y quien puede mostrar en la tosrana 
Como en su propia lengua, aquel talento 

8 ue mostró el que cantó la casa de Este: 
n Don Gbtierre Carvajal es este. 

Til, DoH Luis de Vargas, en quien veo 
Maduro ingenio ea verdes pocos dias. 
Procura de alcanzar aquel trofeo 
Que te prometen las hermanas mlis : 
Mas Un cerca esUs del, que i lo qae creo 
Ya triunfas , pues procuras por mil vías 
Virtuosas y sabias , que tu fama 
Resplandezca con viva y ciara llama. 

Del claro Tajo la ribera hermosa 
Adornan mil espíritus divinos. 
Que hacen nuestra edad mas venturosa 
Que aquella de los griegas y latinos. 
Dellos pienso decir sola una cosa , 
Que son de vuestro valle y honra dinas. 
Tanto cuanto sus obras nos lo muestran, 
Que al camino del cielo nos adiestran. 

Dos famosas dotores, presidentes 
En las ciencias de Apolo se me ofrecen , 

?oe no mas qne en la edad son diferentes, 
el trato é ingenio se parecen : 
Admiran los ausentes y presentes, 

Y entre unos y otros tanto resplandecen 
Con sa saber altísimo y profundo. 

Que presto han de admirar i todo el mando. 

Y el nombre que me viene mas i mano 
Destos dos que i loar aquí me atrevo , 
Es del DoTOB famoso Campuearo, 
A quien podéis llamar segundo Febo : 
El alto ingenio suyo, el sobrehumano 
Discurso nos descubre un mundo auevo 
De tan mejores Indias y excelencias. 
Cuanto mejor que el oro son las ciencias. 

Es el DoTOR SuAREZ, que de Sosa 
El sobrenombre tiene, el que se sigue, 
Qne de una y otra lengoa artlBclosa 
Co mas cendrado , y lo mejor consigue : 
Cualquiera que en la fuente milagrosa 



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lA GÍÜ.ATEA, UBRO VI. 



«7 



cm él U milita , b tea miüpu , 

Ho IcmM fBC cnTÍ4iir il docto (riego, 

10 i aVMl qu nos cantii el trojraBO fiefO. 

Del DoToi Bixí, >i decir padien 
U qae ja siento del , sin duda cr«o 
' Qu aunlos aqni estiis os suspendiera ; 
Til ei sn ciencia , su virtud y arreo : 
Tb he sido el ensalzarle la primera 
Bti sacro coro , t soy la que deseo 
Clemlzar sa nomore ea eganto al soele 
Diere aa lu el gran señor de Délo. 

Si la faaa as trajere i los oidos 
De algu bmosa ingenio maravillas , 
Coocetos bien dispuestos y subidos , 
Tdeueias que os asoaibren en olllas. 
Cesas qae paran solo en los sentidos, 
T la lengua no puede referillas , 
El dar salida i todo dubio y traza 
Sabed qne es el LicExciino Dáia. 

Del Maistio Gaiat las dulces obrai 
■e Incitan sobre todos i alabarle : 
Tá. fama , qne al lijero tiempo sobras, 
Tea por herdiea empresa el celebrarle : 
Veris como en él mas fama cobras , 
Faaa , que esta la tura en ensalzarle ; 
Qae bablando desta tama , en verdadera 
Has d« trocar la lama de parlera. 

Aqael ingenio , qne al mayor humano 
Sed^a atrás, y aspira al qne es divino , 
T deja'ndo I una parte el castellano. 
Signe el bertfieo verso del latino : 
El anevo Homero , el nievo Dantdano 
Es el Hiisno Cdioocí , que es diño 
De cclebrane en la dichosa Espala , 
T en eaanlo el sol alambra j el mar bafia. 

De d , el DoToi Fuiícisco Dut , paede 
Asesorar i estos mis pastores, 
One con segura corazón y ledo 
Pncdea aventajarse en tus loores : 
T si en ellos yo agora corta qnedo , 
Debiéndose i tn ingenio los mayores. 
Es porque el tiempo es breve , y ne me ainve 
A poderte pagar lo qne le debo. 

LoiAi, qne con la toga merecida 
Honras el propio y el ajeno suelo, 
T con tn dulce masa conocida 
Sabes la fama hasta el mas alto cielo, 
To le daré después de muerto vida. 
Haciendo qne en lijero y presto vieio 
La fama de la ingenio , iuico , solo , 
Taja del nnestro basta el contrario poln. 

El alto ingenio y so valor, declara 
Dn licenciado tan amigo vuestro , 
Cnanto ra sabéis que es Juam di Vxauíu , 
Honra ifel siglo venturoso nuestro : 
Por la senda que (I signe abierta y clara , 
To mesma el paso v e( ingenio adiestro, 
T adonde él llega ile llegar me pago, 
T en SI ingenio y virtud me satisrago. 

Om os qaiero nombrar, porqne se estime 
T teaga en precio mi atrevido canto. 
El cual barí qne ahora mas le anime , 
T llegae allí donde el deseo levanto : 
T es este qae me fuerza y qne me oprime 
A decir solo del y cantar cnanto 
Ganut de los ingenios mas cabales 
El iMiaciAM A1.0XSO na Horalis. 

I>ar la dilieil enmbre va subienda 
Al templo de la fama , y se adelanta 
Da generoso mozo , el cual rompiendo 
Vna dilcnltad qae mas espanta , 
Tta presto ha de llegar alli , qne entiendo 

Sue en profecía ya la fama caula 
ei lauro qne le tiene aparejado 
Al LlCDOABO HxuiAiino Maloohaoo. 

La sabia (renta de laurel honrosa 
Adornada verüs de sqnel qne ha sido 
Ea todas ciencias y artes tan famoso , 
Qae es va por iodo el orbe conocido : 
¡Edad oonda, aiglo venturoso , 
Qae gozar de tal bonbre has merecida ! 
•XaÜ sigla, cuál edad ahora le lien. 
Si ea U esü Marco Axtomo di la Vi«a? 

Cn Diico se me viese i la memoria , 
Qie de Mnaneu es cierto qne se llama , 
Dignii qne solo del se hiciera historia , 
Tal, qne llegara «IK donde su fama : 
Sa deada y su «irtad , qne es tan notoria , 
Qae ya par toda el orbe ae derrama , 
Adnin los ámenles y présenles , 

lie las remotas y cercanas gcnles. 
Ca conocida ei alto Febo tiene , 

iQaé digo nn conoeido ? nn verdadero 

Aaifo , con qnien solo ae entretiene , 



Que es de (oda eleitcia tesorero : 

Y es este qne de Industria ae detiene 
A no comunicar su bien entero, 
liiECO Duran, en quien de contlno dará 

Y durar! el valor , ser y cordura. 

¿Qnién pensáis que es aquel, que en «ox sonora 
Sus ansias canta regaiadamenle; 
Aquel , en cuyo pecho Febo mora , 
El docto Orfeo, y Arion prudente ; 
Aquel que de los reinos del anrora 
Hasta los apartados de occidente 
Es conocido , amado y estimado 
Por el famoso Lope HiLDosxno! 

i Quién pudiera loaros, mis pastorea 
Un pastor vuestro , amado y «auocido , 
Pastor mejor de eiantos son mejores , 
Qne BE FiLiDA tiene ei apellido! 
La habilidad , la ciencia, los primores, 
El raro ingenia y el valar sabido 
De Ldis de Montalvo le aseguran 
Gloria y hunor mientras los cielos duran. 

El sacro ibero de dorado acanto. 
De siempre verde yedra y blanca uliva 
Sn frente adorne , y co alegre canto 
So gloría y fama para siempre viva : 
Pues sn antiguo valor ensalza tanto. 
Que al fértil Nilo de su nombre priva 
De Pedro de Liüah la sutil jiluma. 
De todo el bien de Apolo cil^ra y suma. 

De Aloxso de Valdes ne estl incitando 
El raro y alio ingenio 1 que dil cante, 

Y que os vaya, pastures, dccliranda 
Que i los mas raros pasa , y va adelante : 
Halo mostrado ya, y lo va mosuando 

En e( fidl estilo y elegante 

Con qie descubre el lastimado pecho , 

Y alaba el mal que el llero amor le ha hecho. 
Admíreos un ingenia, en quien se encierra 

Todo cuanto pedir puede el deseo , 
Ingenio qne aunque viva aci cn la tierm , 
Bel alto délo es sn caudal y arrea : 
Ora trate de paz , ora de guerra , 
Todo cuanto yo miro , escucho y leo 
Del celebrado Pedro de Padilla, 
Me causa nuevo gusto y maravilla. 

Td, famosa GAsrAi ALroaso, ordenas, 
Segu aspiras i inmortal subida , 
4ne yo no pieda celebrarte apenas , 
Si te be de dar loor i tu medida : 
las plantas fértilísimas , amenas, 

?ue nuestro celebrado monte anida, 
odas ofrecen ricas laureolas 
Para cehir y honrar tus sienes solas. 

De CniSTdBAL de Mesa os digo cierta 
Qne puede honrar vuestro sagrado valle, 
no solo en vida , mas después de muerto 
Podéis con justo titulo alaoalle : 
De sus heroicos versos el concierto , 
Sn grave y alto estilo pueden dalle 
Mto y honroso nombre, aunque callara 
La fama del , y yo no me acordara. 

Pues sabéis cuanto adoroa y enriquece 
Vuestras riberas , Peuro de Ribera , 
Dadle el honor, pastores , qne merece , 
Que yo seré en honrarte la primera : 
Sn dniee musa , sa virtod ofrece 
Un sngeto cabal , donde pudiera * 

La fama y cien mil famas ocuparse. 
En solo sus loares extremarse. 

Tú, qne del uso el singular tesoro 
Trajiste en nueva forma lia ribera 
Del fértil rio, i quien el lecho de oro 
Tan famoso le hace adonde quiera ; 
Con el debido aplauso y el de<-4>ro 
Debido i t( , Bekito dx Caldera , 

Y i tn Ingenio sin par, prometo honrarte , 

Y de lauro y de yedra coronarte. 
De aquel qne la cristiana poesía 

Tan en sn punto ba puesto en tanta gloria. 
Haga la fama y la memoria mía 
Famosa para siempre su memoria : 
De donde nace adonde mnere el día 
La cicada sea y la bondad notoria 
Del gran Frahcisco dx Gdzhak , qne el arte 
De Febo ssbe asi como el de Marte. 

Del capitán Salcbdo esti bien claro 
Qne llega su divino entendimiento 
Al panto mas subido , sgndo y raro , 
Qne pnede imaginar el pensamiento : 
81 le compara , i él mesmo le comparo , 
Qne Bo hay comparación que llegue i cuento 
De tamafio valor ; qne la medida 
Ha de mostrar ser falta , 6 ser torcida. 

Par la curiosidad j entendimieaia 



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ss 



OBRAS tíE CERVANTES. 



De Toma! di Graciax, dadme Ucegcta 
Que ya le escoja en este valle asiento 
Igual i su virtud , valor } ciencia : 
El rual si llega i su merecimiento, 
Scri de tanto grado ; preeminencia , 
Que i lo que creo pocos se le igualen ; 
Tanto su ingenio y sus virtudes valen. 

Agora, hermanas bellas, de improviso 
Báptista de Vivas quiere alabaros 
Con tanta discreción, gala y aviso, 
Uue podáis, siendo musas, admiraros : 
No cantari desdenes , no , Narciso, 
Que i Eco solitaria cuestan caros, 
Sino cuidados suyos , qne ban nacido 
Entre alegre esperanza j triste olvido. 

Ud nuevo espanto , nn nnevo asombro y miedo 
Me acude y sobresalta en este punto , 
Solo por ver que quiero y ^ue no pnedo 
Subir de honor al mas subido punto 
Al grave Baltasar, que de Tolkdo 
El sobrenombre tiene , aunque barnnto 
Que de su docta pluma el alto vuelo 
Le ba de subir basta el impireo cielo. 

Muestra en nn ingenio la experiencia 
Que en aQos verdes y en edad temprana 
Hace su habitación ansi la ciencia , 
Cumo en la edad madura, antigna y cana : 
No entraré con alguno en competencia 
Que contradiga una verdad tan llana , 

Y mas si acaso i sus oídos llega , 
Que lo digo por vos , Lopk de Vica. 

De paclUca oliva coronado 
Ante mi entendimiento se presenta 
Agora el sacro Délis indignado , 

Y de mi inadvertencia se lamenta : 
Pide que en el discurso comenzado 
De los raros ingenios , os dé cuenta. 
Que en sus riberas moran , y yo ahora 
Uarélo con la voz muy mas sonora. 

Has ¿qué haré, que en los primeros pasos 
Que doy, descubro mil extraiias cosas, 
Otros mil nuevos Pindns y Parnasos, 
Otros coros de hermanas mas hermosas. 
Con que mis alliis brios quedan lasos, 
Y.mas cuando por causas milagrosas 
Oigo cualquier sonido servir de eco, 
Cuando se nombra el nombre de PiCHECoT 

Pacheco es este con quien tiene Febo 

Y las hermanas tan discretas mias 
Nueva amistad , discreto trato y nuevo 
Desde sus tiernos y poqueios días : 
Yo desde entonces iiasta agora llevo 
Pur tan eitraOas desusadas vias 

Su ingenio y sus escritos , que ban llegado 
Al titulo de honor mas encumbrado. 

En punto estoy, donde por mas qne diga 
En alabanza del divino Herrera, 
Será de puco Trulo mi fatiga , 
Aunque te suba hasta la quinta esfera : 
Mas si soy sospechosa por amiga , 
Sus obras y su fama verdadera 
Dirán que en ciencias es Uernahdo solo 
Del Canje al Nilo, y de ano al otro polo. 

De otro Ferxasdo quiero daros cuenta 
Que Decancas se nombra, en <|iien.se admira 
El suelo, y por quien vive y se sustenta 
La ciencia en quien al sacro lauro aspira : 
Si al alto cielo algún Ingenio intenta 
De levantar y de ponerla mira, 
Póngala en este solo , y dari al punió 
En el mas ingenioso y alto panto. 

De DoK Cristóbal , cnvo sobrenombre 
Es DE Vii.lahroel , tened creído 
Que bien merece que jamas su nombre 
Toi|UC las aguas negras del olvido : 
Su ingenio admire, su valor asombre, 

Y el ingenio y valor sea conocido 
Por el mayor extremo que descubre 

En cuanto mira el sol, ú el suelo encubre. 

Los ríos de elocuencia , qne del pecho 
Del grave antiguo Cicerón manaron, 
Los que al pueblo de Atenas satisfecho 
Tuvieron , y i Demóstrnes honraron : 
Los ingenios que el tiempo ha ya deshecho 
(Que tanto en los pasados se estimaron) 
numillense i la ciencia altn v divina 
Oel Maestro Framcisco de Medima. 

Puedes , famoso Bétis , dignamente 
Al Mínelo , al Amo , al Tibre aventajarte , 
T alzar contento la sagrada frente , 

Y en nuevos anchos senos dilatarte : 

Pues quiso el ciclo , que en tu bien cousicnle, 
Tai gloría , tal honor, tal fama darle, 
Cual te la adquiere » tus riberas bellas 



Baltasar del Alcáiaii , qae estt es ellas. 

Otro veréis , en qnlen veréis cifrada 
Del sacro Apolo la mas rara ciencia, 
Qae en otros mil sugetos derramada, 
Hace en todos de si gnive aparencia : 
Mas en este sugeto mejorada 
Asiste en tantos grados de excelencia, 
Que bien puede Mosadera el LicERCtASS 
Ser como el mesmo Apolo celebrado. 

No se desdeña aquel «aron prudente 
Que de ciencias adorna y enriquece 
Su limpio pecho , de mirar la lóente 
Qne en nuestro monte en sabias aguas crece : 
Antes en la sin (lar clara corriente 
Tanto la sed mitiga, que Sorece 
Por ello el claro nombre ad en la tierra 
Del gran Dotor Dovihco de Becerra. 

Del famoso EsrinEL cosas diria 
Que exceden al humano entendimiento. 
Ge aquellas ciencias que en sn pecho cria 
El divino de Febo sacro aliento; 
Has pues no puede ya la lengua mia 
Decirlo menos de Ib mas que siento. 
No digo mas , sino que al cielo aspira , 
Ora tome la ploma , ora la lira. 

SI queréis ver en una igual balaua 
Al rabio Febo y colorado Harte , 
Procurad de mirar al gran Carrarza, 
De quien el uno y otro no se parte : 
En él veréis amigas pluma y lanza 
Con tanta discreción , destreza y arte. 
Que la destreza en partes dividida , 
La tiene i ciencia y arte reducida. 

De LÁZARO Luis Irarzo , lira 
Templada habla de ser mas qne la mia , 
A cuyo son cantase el bien que inspira 
En él el ciclo y el valor que cria : 
Por las sendas de Harte y Febo aspira 
A subir , do la humana fantasía 
Apenas llega , y él sin duda alguna 
Llegari contra el hado y la fortina. 

Baltasar de Escobar , que agora adorna 
Del Tíbrr las riberas tan famosas , 

Y con su larga ausencia desadorna 
Las del sagrado Bétis espaciosas , 
Fértil Ingenio , si por dicha toma 

Al patrio amado suelo, i sus honrosas 

Y Jnveniles sienes les ofrezco 

El lauro y el honor que yo merezco. 

¿Qué titulo, qué honor, qué palma ó lauro 
Se le debe i Joan Sarz que de Zoieta 
Se nombra , si del indio al rojo maur» 
Cual sn musa no hay otra tan perfeU? 
Su fama aqni de nuevo le restauro 
Con deciros .pastores , cuín aceta 
Seri de Apolo cualquier bonra y lustre 
Qne i Zdieta bagáis que mas le lustre. 

Dad i Jdar de las Coevas el debido 
Lugar, cuando se ofrezca en este asirntu, 
Pastores , pues lo tiene merecido 
Su dulce- musa y raro entendimiento : 
Sé que SDs obras del eterno olvido 
(A despecho y pesar del violento 
Cuno del tiempo) llbrarin su nombre, 
Quedando con un claro alto renombre. 

Pastores, si le viércdes, honraldo 
Al famoso varón que os diré ahora, 

Y en graves dulces versos celebraldo 
Como i quien tanto en ellos se mejora : 
El sobrenombre tiene de Bibaldo, 

De Adán el nombre, el cual Ilustra y dora 
Con sn llorido ingenio y excelente 
Ia venturosa nuestra edad presente. 
Cual suele estar de variadas llores 
Ornado y rico el mas llorido mayo , 
Tal de mil varias ciencias y primores 
Está el Ingenie de Don Joan Agdato: 

Y aunque mas me detenga en sus loores. 
Solo sabré deciros qae me ensayo 
Agora , y que otra vez os diré cosas 
Tales, que las tengáis por milagrosas. 

De Joan Gotierrez Rdfo el claro nombre 

? ulero que viva en la inmortal memoria, 
que al sabio y al simple admite, asombre 
La heroica que compuso ilustre taistoria : 
Déle el sagrado Bétis el renombre. 
Que su eslilo merece, denle gloria 
Les que pueden y saben , déle el cielo 
Igual la fama i su encumbrado vuelo. 
En Don Luis de Góroora os ofrezco 
Un vivo raro ingenio sin segundo : 
Con sus obras mo. alegro y enriquezca 
No solo vo , mas todo el ancho mundo : 

Y si por'lo que os quiero algo mereieo. 



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LA GALATBA, LIHRO VI. 



89 



Haenl qie so uber illo J profgodo 
El Tiestns alibinus siempre ñn 
Cnin el lijen» Uempo j maerte Mqain. 

Cib el Terde laurel , la rerde Tedr*, 
Tin la robnsta encina aqnelli mote 

Bt GOKULO CeRTÁUTES SuVESftA , 

hes la deben ceiir tan justamente : 
Pw él la ciencia mas de Apolo medra , 
El il liarte nos maestra el brio ardiente 
Be sn liiror , con tal razón medido , 
Q« por él es amado y es temido. 

Tn, qne de Celidon con dalce plelro 
Hidste resonar el nombre ; fama, 
C>;o admirable j bien limado metro 
A lairo j triunfo te convida ; llama ; 
Redbe el mando , la corona y cetro , 
GoauLO GoiEZ, desta qne te ama, 
Eb setal que merece tu persona 
El julo aeflorfo de HeUeona. 

Ti, Darro , de oro conocido rio, 
Caín bien agora puedes sefialarte , 
T con nnen eornentey nucYo brío 
Al apartada Hidaspe aventajarte , 
Paes Goiixai.0 Mateo di BemIo 
Tiito procara con su incenio honrarte, 
Que n ta nombre la parlera fama 
Par el por todo el mundo le derrama. 

Tejed de verde lauro una corona , 
Pastores , para bonrar la dina frente 
Del LiciacuDo Soto Babahoxa, 
Taron insigne , sabio y elocuente : 
El ei santo licor de Helicona , 
Si se perdiera en la sagrada fuente. 
Se pudiera hallar ; oh extraHo caso ! 
Cono en las altas cumbres de Parnaso. 

De la región anUrtica podría 
Eternizar ingenios soberanos , 
Que si riquezas bo^ sustenta y cria , 
nmbien entendimientos sobrehumanos: 
Ñoslrarlo pnedo en muchos este dia, 
T en dos os quiero dar llenas las manos; 
Uno de Nueva Espafia y nuevo Apolo, 
Del Perú ei otro , un sol único y solo. 

Fuacisco el uno de Terrazas tiene 
El nombre acé y alli tan conocido. 
Cuya vena caodal nueva Hipucrene 
Ha dado al palrio venturoso nido : 
La mesma gloría al otro igual le viene , 
Pues su divino ingenio ha producido 
En Arequipa eterna primavera , 
Que este es Diego maktirei di Ribika. 

Aquí debajo de felice estrella 
Un resplandor salió tan scfialado, 
Qie de sa lumbre la menor centella 
nombre de oriente al occidente ba dado : 
Ciando esta Ini aaeid, nació eoi ella 
Todo el valor, nacid Aiomo Picado , 
Hacid mi hermano , y el de Pilas junto , 
Qae ambas vimos en ti vivo trasunto. 

Pies si be de dar gloria á ti debida , 
Gran Aioiso de Estbada , hoy eres diño 
Que no se cante asi tan de corrida 
fu sír y entendimiento peregrino : 
Contigo está la tierra enriquecida, 
Qne al Bétis mil tesoros de conUno , 
Y aun no da el cambio igual , que no hay tal paga 
Qae á tan dichosa deuda satisraga. 

Por prenda rara desta tierra ilustre, 
Claro DoE JUAX, te nos ha dado el cielo , 
Di AiAios gloria, y de Ribera lastre, 
fionia del propio y del ajeno snelo : 
Dicbosa España , do por mas de un lastre 
Maestra serin tus obras , y modelo 
De canato puede dar aataraleta 
De ingenio claro y singular loblexa. 

B que en la dalee patria estt contento , 
Las puras aguas de Limar gozando , 
La famosa nbera, el fresco viento 
Con sus divinos versos alegrando ; 
Venga , j veriis por sama oeste cuento 
Sn beroieo brio y discreción mirando , 
Que es Saicho di Ribera , en toda parte 
rebo primero , y sin segundo Marte. 

Este nesmo famoso insigne valle 
Gn tiempo al Bills nsnrpar solia 
L'n nuevo Homero , i quien podemos dalle 
La corona de ingenio y gallardía : 
Las Gracias le cortaron i su talle , 
T el cielo en todas lo mejor le envía : 
Este ya en vuestro Tajo conocido, 
PzDEo de MoKTEsnocA es su apellido. 

En todo cuanto pcdlrdi el deseo 
Ua DiEco ilustre de Agdilar admira 
Un igvila real , que en vuelo veo 



Alurse t do llagar niaguno iipisa : 
Sa pluma entre cien mil gana trofeo 
Qie ante ella la mas alta se retiii : 
Sn estilo y su valor tan celebrado 
Gninnco fo diri , pues lo ba gozado. 

Un Gonzalo Fernahdez se me ofrece , 
Gran capitán del escuadrón de Apolo, 

8ne hov de Sotoiator se ensoberbece 
I nombre con su nombre heroico y solo * 
Eb verso admira , y en saber florece 
En enanto mira el uno r otro polo , 
T si en la pluma en tanto grado agrada , 
No menos es famoso por la espada. 

De on Emioui Garóes, que al pirdano 
Reino enriquece , pues con dulce rima , 
Con sutil , ingeniosa y ficii mano 
A la mas ardua empresa en él dio cima ; 
Pues en dulce espafiol al gran toscino 
Nuevo lenguaje ha dado y nueva estima , 

Í Quién seri lal que la mayor le quite , 
nnqne el mesmo Petrarca resucite? 

Un RODllGO FlRRANIXZ DE PiKEDA, 

Cuya vena inmortal , cuya excelente 
T rara habilidad , gran parte hereda 
Del licor sacro déla equina fuente; 
Pues cnanto quiere dil no se le veda. 
Pues de ul gloria goza en occidente. 
Tenga también aqui tan larga parte 
Cual la merecen boy su ingenio y arte. 

T td, que al patrio Betis has tenido 
Lleno de envidia , y con razón quejoso 
De qne otro cielo y otra tierra han sido 
Tesngos de tu canto numeroso , 
Alégrate , qie el nombre esclarecido 
Tuyo, JuAK DE Mestahza generoso, 
Sin segundo tai por todo e) suelo 
Mientras diere sn luz el coarto cielo. 

Toda la suavidad que en dulce vena 
Se puede ver, veréis en uno solo 
Qne al son sabroso de su musa enfrena 
La furia al mar, el curso al dios Eolo : 
El nombre deste es Baltasai di Oiiha, 
Coya fama del ooo al otro polo 
Corre tijera , y del oriente a ocaso 
Por honra verdadera de Parnaso. 

Pnes de una fértil y preciosa planta 
De alU traspnesta en el mayor collado, 
Qne en toda la Tesalia se levanta , 
Planta que ya dichoso fruto ha dado , 

t Callare yo lo que la fama canta 
leí ilustre Don Pedro de Alvarado, 
Ilustre, pero ya no menos claro 
Por su divino ingenio al mundo raro? 

Td que con nueva musa extraordinaria, 
Caiiasco, cantas del amor el Inimo, 
T aquella condición del vulgo varia 
Donde se opone al fuerte al pusildnimo : 
Si i este sitio de la ^n Canaria 
Vinieres con ardor vivo y magninlmo. 
Mis pastores ofrecen i tus méritos 
MU lauros, mil loores beneméritos. 

iQnlén es , 6 anciano Tdrmes, el que niega , 
Que no puedes ai Nilo aventajarte? 
Si puede solo ei Licenciado vega 
Mas que Titiro al Mincio celebrarte : 
Bien sé , Daiian , que vuestro ingenio llega 
Do alcanza deste honor la mayor parte, 
Poes sé por muchos aSos de experiencia 
Vuestra tan singular virtud y ciencia. ' 

Aunque el ingenio y la elegancia vuestra , 
Fraicisco Sánchez , se me concediera , 
Por torpe me juzgara y poco diestra , 
SI i querer alabaros me pusiera : 
Lengua del cielo única , y maestra 
Tiene de ser la que por la carrera 
De vuestras alabanzas se dilate ; 
Qoe hacerio humana lengua es disparate. 

Las raras cosas y en estilo nuevas. 
Que un espíritu muestran levantado 
En cien mil ingeniosas arduas pruebas 
Por sabio conocido y estimado , 
Hacen qne Don Francisco de las Cuevas 
Por mi sea dignamente celebrado,' 
En tanto que Ta fama pregonera 
No detuviere su veloz carrera. 

Quisiera rematar mi dulce canto 
En tal sazón , pastores , con loaros 
Un ingenio que al mundo pone espanto, 
T qae pudiera en éxtasis robaros : 
En él cifro y recojo todo cuanto 
He mostrado hasta aqui y he de mostraros , 
Fiat Luis de León es el que digo , 
A quien yo reverencia , adoro y sigo. 

í Qué modos, qué caminos 4 qaé vias 



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•o 



OBRAS DE CBtVAM'ES. 



De alabar boicaié ftn mu el loabré 
Viva Bil alglM de a^ael |nn NatIai 
Qoe de UntCA Ueae el aobreiombre! 
A él se dta las alabaaua mias, 
Que auiifae yo soj' dirlna r él es hombre. 
Por seras iagenlo como lo ea divino, 
De major boira j alabaau e* diao. 

Volved el presiroso pensamiento 
A las riberas de PIsueiva belUs, 
Veréis nae aumentaa este rico cneato 
Ciaros ingenios con qnien se hoaraa ellas . 
Kllas no sulo , sino el flrmamento 
Do lucen las clarfllcas estrellas, 
Honrarse pnede bien cuando consigo 
Tenga alli lus varones que aqni digo. 

Vos , Dakisio na Fkus , podéis rala 
Loaros i vos mismo , pues no pnede 
Hacer, aun^ne os alabe el aüsmo Apolo, 
One en tan jnsto loor corta no qnede : 
Vos sois el cierto jr el segaro polo , 
Por qnien se guia aqnel qee le sacede 
En el mar de las eienciaa bien pasaje. 
Propicio vieato jt paerto ea sa Tiaja. 

Axoaas Sais aa PoaTiLLO, id me cavia 
Aqael aliento eoa que Febo maeve 
Tu sabia plama v alta faatasia , 
Porque te dé el loor que se te debe ; 
Que no podrí la ruda lengua mía, 
Por mas caminos qne aqnl tiente j praebe 
Hallar alguno asi, cual fe deseo. 
Para loar lo que ea Ü siento jr veo. 

Felicísimo lagenio , que te encambras. 
Sobre el que mas Apolo ba levantado , 

Y con tus claros rajos noa alumbras , 

Y sacas del caoriao mas errado : 

Y aunque ahora can ella me deslambtas, 

Y tienes i mi Ingenio alborotado , 

Yo te dov sobre mncbos palma y gloria , 
Pues i mi me la has dado , DoToa Soru. 

Si vuestras obras son tan estimadas. 
Famoso Cauvoral, en' toda parte, 
Serin mis alabansas exeasaaas , 
Si en nuevo modo no os alabo j alte : 
Con las palabras aus eailAeadas , 
Con cuanta ingenio el cielo en mi reparte , 
Os admiro y alabo aqni callando, 

Y llego do llegar no puedo hablando. 
Id , JiadiiiHa Vaca t si QoiRoais , 

Si tanto me he tardada eo celebrarte , 

Mi pasado descuido me perdones 

Con la enmienda que olresco de mi parle : 

De boy mas en claras vosea y pregones , 

En la cubierta y desenbierla parte 

Del ancho mundo, haré eoa clara llama 

Lacir tu nombre y extender tu faau. 

Tn verde y rico mirgen , no de aebro 
Ni de ciprés funesto enriqnecido, 
Clara, atnindaso y conoado Bbro , 
Sino de laaro y mirlo iloTeeida : 
Ahora como paedo te celebra , 
Celebrando aqad biea qne ha coneedide 
El cielo i tus riberas , pues ei ellas 
Noran ingenios claros mas qne estrellas. 

Seria testigo desto dos hermaaoa. 
Dos laceros , dos soles de poesía , 
A qaiea el «icio eoa abiertta maaoa 
Did cnanto ingenio y arte dar podia : 
Edad temprana, pensamientos caaos. 
Maduro trato, hamilde fantasía 
Labran eterna y dina laureola 
A Loriacio Lbokardo dk Arcusoiju 

Coi santa eavidia y competeaela aaata 
Parece qae el meaor hermano aspira 
A Igaalar al mayor, pnes se adelaala, 

Y sabe do no llega hamaaa mira : 
Por esto escribe, j mil saeesos canta 
lk>B taa stave y acordada lira , 

Qne este BAaroLoat menor merece , 
Lo qne al mayor Lonacto se le ofreee. 

Si el baen principio j atedio da esperaau 
Qne el fln ha de ser raro y excelente 
En enalqaier caso , ya mi ingenio aieann 

§ue el tuyo has de encambrar, Cosai PAaiERti. 
asi puedes con cierta conlTania 
Prometer i tn sabia honrosa frenle 
La eoroaa qae Uene merecida 
Ta claro ingenio, ta inculpable vida. 
En soledad del délo acompaBado 
Vives, ó gran Meaiuo, j allí mnestrat 

8ne naaca dejaa ta erisuaao lado 
tras masas mas santas y maa diestras : 
De mis hermanas fuiste alimentado, 
T ahora en pago deilo nos adiestras 
T ettsrau i caaiar divinaa cosas , 



Gnus al cielo , al saelo proveitaosu. 

Taris, td qae otra vez con vos aoaora 
Cantaate de taa hijos la excelencia , 
Si gaaus de eseaehar la mia ahora 
Formada , no en envidia ó compelncis , 
Oirls cuinto tn fama se mejora 
Coa loa que yo diré , cuya presencia , 
Valor, virtad, ingenia, te enriquecen , 

Y sobre el Glndo d Gaaje te engrandecen. 
O td, Don JDAn Colova, en cuyo seno 

Tanta gracia del cielo se ba eaeenado, 

?ae i la envidia nasista ea dara freno, 
en la fama mit leognas bas criado, 
Coa qne del geaUI Tajo al fértil Reao 
Ta aombre y ta valor va ievaalado : 
Td, Coma na Elba , en todo tan dichoso, 
Haeea el Tnria mas qae el Po famoso. 
Aquel en cuyo pecko akaada y liiave 
Siempre una fueate qae a* por él divina , 

Y i quien el coro de sus tambres mueve. 
Como i seBor con gran raaun se inclina , 
A quien dnico nombre se le debe 

De la etiope hasta la gente anstrioa , 
Don Luis GAaciiAK es sia segando , 
Maestre de Monleaa j bien del mundo. 

Merece biea ea «ale iasigne valle 
Lugar ilastre , asieato conocido , 
Aqael 1 quien la fama qaiere dalle 
El nombre que su ingenio ha merecido : 
Tenga cuidado el cielo de loaile , 
Paes ea del cielo sa valor crecido; 
El cielo alabe lo que yo ao puedo. 
Del sabio Don Auiaao Riboiledo. 

Alzas , DoroR Falcor , tan alto vaelo , 
Qae al dgaila caudal atrás te d^as , 
Pnes te remontas con ta lageaio al délo , 

Y deste valle misero te alejas : 
Por esto temo j con raion recelo 

Rae auaqae te alabe, formarla mil qoijas 
e mi , poiqae ea tn loa noche y dia 
No se ocupa la voz y lengua mía. 

Si tuviera , cual tiene la fortuna , 
La dnice poesía varia rueda , 
Lljera y mas movible qne la luna,. 

gne ni estovo, ni esti, ni estarl qneda; 
n ella sin hacer mudanza alguna 
Pastera solo i Micaa Rkt di Artieda, 

Y el mas alto lugar siempre ocupara. 
Por ciencias , por ingenio y virtud rara. 

Todas eoaotas biea dadas alabanzas 
Diste i raros iagenios, ó Gil Polo, 
Té las mereces solo y las alcanzas, 
Td las aicanus y mereces solo : 
Tea ciertas y segaras esperanus , 
Qaeea este valle aa naevo lunseolo 
Te barda en»» pastores , do goardadu 
Tos eealzas serla j eeiebradaa. 

CaisTdCAL 01 Viaims, pues se adelaala 
Tu eleacia y valor tanto i tus atoa , 
Td mesmo aquel lagenio y virtad eaata 
Coa qae hnyes del maado los engaBos : 
Tierra dichosa , y biea nacida plaau , 
Yo haré que en propios retnoa y ea extralos 
El fruto de tn ingenio levantado 
Se conozca, se admire y sea eslimado. 

Si conforme ai ingenio «ae nos muestra 
SiLTEsrai na EsniosA, asi se hubiera 
De loar, oCra voz mas viva j diestra , 
Mas tiempo y mas caadal menester fuera : ' 
Ñas pnes la mia i sa ialeacion adiestra , 
To te daré por paga verdadera 
Coa el bien qae del dios de Délo tiene 
El mayior de las aguas de Hlpocrene. 

Entre estoa como Apolo venir veo 
Hermoseando al mando con an vista 
Al discreto galán GAacU Roieao , 
Dignísimo oe estar en esta lista : 
Si la bija del hdmido Peneo, 
De qnien ha sido Ovidio eoronlsts. 
En campos de Tesalia le hallara , 
En él y no laurel se transformara. 

Rompe el silencio y santo encemaüenlo, 
Tnsnasa el aire, al ciclo ae levanta 
De Frat Pidro be Hoete aquel acento 
De sn divina masa , herdica y saala : 
Del alto sayo rara eateadimieato 
Canta la fama , ha de «antar jr eaata , 
Llevando para dar al mando espanta 
Sas obras por testigo de sa canto. 

Tiempo es ya de llegar al ta postrero, 
Dando principio i la mayor haufia 
Que jamas emprendí, la cual espero 
Que ba de mover al blando Ap<no i sala : 



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U GALA'reA, UBRO VI. 



91 



Pies COI ingenio nUUeo j grosero 
A ios soles i|ie slumbnn nuestra EspaSs , 
He solo i BsHia , m^s al mudo UmIo, 
Pioso loar, sno^ie me falte el mudo. 

Dr Peko la sagrada honrosa ciencia , 
li cortesana disencion madura , 
Us bien gastados aios , la experiencia 
Qieail sanos consejos asegnra , 
U igodeza de ingenio , el advertencia 
El apsntar y en descubrir la escara 
Diltnllad ; dnda qne se ofrece , 
En estos soles dos solo Soreee. 

ga dios nn epilogo, pastores, 
Dd largo canto mió ahora hago , 

Y i ellos enderezo los loores , 
Coaaios habéis oido , j no los pago : 
Qne todos los Ingenioa son deudores 
Aeslos, de quien yo me satisfago; 
SatisHeese dellos todo el suelo, 

Y inn los admira , porque son del cielo. 
Estos qoiero que din In i mi canto , 

T i «na nieva admiración comlenio , 
T d pensáis qne en esto me adelanto , 
! Ciando os diga qnlin son , veréis qne venzo 

Por ellos hasta el cielo me levanto , 

Y sin ellos me corro v me avergúento. 
Til es LaIrsz , tal es Figoeuoa , 
Dignos de eterna j de incesable loa. 

No habia aun bien acabado la hermosa ninfa los últi- 
! msicentosdesa sabroso canto, cuando tomándose á 
I ^uilxr las llamas que divididas estaban , la cerraron en 
I aedio, y lu^ poco i poco consumiéndose, en breve 
I «puto desapareció el ardiente fuego, y la discreta musa 
ídi^tsde los ojos de todos, á tiempo que ya la clara 
I nrora comenzaba á descubrí r sus frescas y rosadas me- 
I lilas por el espacioso cielo, dando alegres muestras del 
! «eaiderodia. Y luego el venerable Telesio , poniéndose 
tDcima de la sepultura de Meliso, y rodeado de toda la 
iagndable compañía que allí estaba, prestándole todos 
I inaagradable atención y extraño silencio , desta manera 
(omeoióá decirles : Lo que esta pasada noche en este 
nisno lugar, y por vuestros ojos habéis visto , discre- 
|tK y gallardos pastores, y hermosas pastoras, os habrá 
¡dvloi en tender cuan acepta es al cielo la loablecostum- 
ihe que tenemos de hacer estos añales sacrificios y hon- 
[ mas obsequias, porlas felices almas de los cuerposque 
[por decreto vuestroen este famoso valle tener sepultura 
Berecieron. Digoos esto, amigos mios, porque de aquí 
idelante con mas fervor y diligencia acudáis á poner on 
efetotu santa y lamosa obra, pues ya veis de cuan raros 
faltas espíritus nos hadado noticia la bella Caliope, que 
Mos son dinofi no solo de las vuestras, pero de todas las 
fotibles alabanzas : y no penséis que es pequeño el gusto 
Mi he recebido eu saber por tan verdadera relación 
cain grande es el número de los divinosingenios que 
•nouestra Españahoy viven ; porque siempre ha estado 
íf»tien opinión de todas las naciones extranjeras que 
Msofl muchos, sino pocos los espíritus que en la cien- 
cia de la poesia , en ella muestran que le tienen levanta- 
é); siendo tan al revés como se parece , pues cada uno 
de los que la ninfo ha nombrado , al mas agudo extran- 
,jtn» te aventaja, y darían claras muestras dello, si en 
lata nuestra España se estimase en tanto la poesia como 
oins provincias se eslima; y asi por esta causa los 
'„ íes y claros ingenios que en ella se aventajan, con la 
(Ka estimación que dellos los príncipes y el vulgo hacen, 
•■ aolo sus entendimientos comunican sus altos y 
Btnños conceptos, án osar publicarlos al mundo; y 
logo pan mí que el cielo debe de ordenarlo desta ma- 
Mf», porqne no merece el mundo, ni el mal conside- 
nfo siglo nuestro gozar de manjares al alma tan gusto- 
Mi: mas porque me parece, pastores , que el poco sueño 



desta pasada noche , y las largas ceremonias noestras os . 
tendrán algún tanto fatigados y deseosos de reposo, será 
bien que haciendo lo poco que nos falta para cumplir 
nuestro intento , cada uno se vuelva á su cabana ó al al- 
dea , llevando en la memoria lo que la musa nos deja en- 
comendado : y en diciendo estoseabajóde la sepultura, 
y tomándose ácoronarde nuevas y funestas ramas, turnó 
á rodear la pira tres veces , siguiéndole todos , y acom- 
pañándole en él algunas devotas oraciones qbe decia. 
Esto acabado, teniéndole todos en medio, volvióel grave 
rostro á una y otra parte, binando la cabeza, y mostrando 
agradecido semblante y amorosos ojos, se despidió de 
toda la compañía, la cual yéndose, quién por una y quién 
por otra pvte de las cuatro salidas que aquel sitio tenia, 
en poco espacio se deshizo y dividió toda, quedando so- 
los los del aldea de Aurelio, y con ellos Timbrío, Sile- 
ño, Niñda y Blanca, con los famosos pastores Elicio, 
Tlrsi, Damon, Lauso, Erastro, Daranio, Arsindoy los 
cuatro lastimados Orompo, Marsilio, Crísio y Orfenio, 
con las pastoras Calatea, Florisa, Silvería y su amiga 
Belisa, por quien Marsilio moría. Juntos pues todos es- 
tos, el veneiuble Aurelio les dijo que seria bien partirse 
luego de aquel lugar para llegar á tiempo de pasar la 
siesta en el arroyo de las Palmas, pues tan acomodado 
sitio era para ello. A todos pareció bien lo que Aurelio 
decia, y luego con reposados pasos hacia dondeél dijose 
encaminaron. Has como la hermosa vista de la pastora 
Belisa no dejase reposar ios espíritus de Marsilio, qui- 
siera él , si pudiera y le fuera lícito, llegarse á ella, y 
decirle la sinrazón que con él usaba : mas por no perder 
el decoro que á la honestidad de Belisa se debía, está- 
base el triste mas mudo de lo que habia menester su de- 
seo. Los mismos efetos y accidentes hacia amor en las 
almas de los enamorados Elicio y Erastro, que cada cual 
por sí quisiera decir á Calatea lo que ya ella bien sabía. 
A esta sazón dijo Aurelio : No me parece bien, pastores, 
qae os mostréis tan avaros , que no queráis correspon- 
der y pagar lo que debéis á las calandrias y ruiseñores, y 
á los otros pintados pajarillos, que por entre estos árbo- 
les con su no aprendida y maravillosa armenia os van 
entreteniendo y regocijando : tocad vuestros instrumen- 
tos, y levantad vuestras sonoras voces , y mostraldes que 
el arte y destreza vuestra en la música, á la natural suya 
se aventaja ; y con tal entretenimiento sentiremos me- 
nos la pesadumbre del camino y los rayos del sol , que ya 
parece que van amenazando el rigor con que esta siesta 
han de herir la tierra. Poco fué menester para ser Aure- 
lio obedecido, porque luego Erastro tocó su zampona, 
y Arsindo su rabel , al sen de los cuales instrumentos, 
dando todos la mano á Elicio, él comenzó á cantar desta 
manera. 



Por lo imposible peleo, 

Y (i quiero reUrarme , 
Ni paso ni senda veo ¡ 

Qne hasta vencer ó acabnme 
Tras si me lleva el deseo : 

Y aunque aé qne aquí es fonoso 
Antes morir que vencer. 
Cuando estojt mas peligroso 
Entonces vengo i tener 
Majror fe en lo mss dudosa. 

Ekdeto qae me condena 
A no esperar buena andanza , 
Me da siempre i mano llena 
Sin las obras de esperanza 
Mil certidumbres de pena : 



Mas mi pecho valeroso 
Qne se abrasa y se resuelve 
En vivo fuego amoroso , 
En contracambio le vuelve 
Mayor fe en lo mas dudoso. 
Inconstancia Qrme , duda , 
Falsa fe, cierto temor, 
Voiantad de amor desnuda , 
Nunca turban el amor 
Que de arme no.se muda : 
Vuele el Uempo presuroso , 
Suceda ausencia 6 desden , 
Gresca el mal, mengde el reposo; 
Que yo tendré por mi bien 
Mayor fe en lo mas dudoso. 



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92 

í N(i ps conocidí locorj , 
YiiuUible desvario, 
UuiTcr yo lo (|ue ventora 
Me mena y el liado mió. 
Vía suerte no u^eguri? 
líe tildo estoy temerosa, 
Nu liay guslo iiue me eiitráteoga, 
Y en trance tan peligroso, 
Ne liare el amor que tenga 
Mayor fe en lo mas dudosa. 

Alcanio de mi dolor 
Que esU en tal término puesto, 
Que llega donde el amor; 
\ el imaginar en esto 
Templa eu parte sa rigor : 



OBUAS ÚE CERVANTES. 



De pobre y menesteroso 
Hoy á üi imaginación 
Alivio tiin rongojoso, 
l'urque tenga el eorazoB 
Mayor h en lo mas dudoso. 

T mas agora que vienen 
De golpe lodos los males , 
Y para i|ue mas me penen. 
Aunque todos son mortales, 
Kii la vida me entretienen : 
Alas eu Un , un Un hermoso 
Nuestra vida en honra sube, 
El inio me hará fomoso , 
Piirque en muerte y vida tuve 



Mayor fe en lo mas dudoso. 
Parecióle á Marsilio que lo que Elido babia cantado, 
tan á su propósito hacia, que quiso seguirle en elmesmo 
concepto, y así sin esperar que otro le tomase la mano, 
al son de los mesmos instrumentos desta manera co- 
menzó á cantar. 

muiLio. 



i Cuin Heil cosa es llevarse 
El viento las esperantas , 
Que pudieron fabricarse 
De ias vanas confianzas 

?ue suelen imaginarse ! 
udo concluye y fenece : 
Las esperanzas de amor , 
Los medios que el tiempo ofrece, 
Mas en el buen amador 
Sola la fe permanece. 

Ella en mi tal fuerza alcanza, 
Que i pesar de aquel desden, 
Lleno de desconfianza , 
Siempre me asegura nn bien 
Que sustenta la esperanza : 
\ aunque el amor desfallece 
En el blanco airado pecho 
ttue tanto mis males crece , 
En el mío i su despecho 
Sola la fe permanece. 



Sabes, amor, lü que cobras 
Tributo de mi fe cierta , 

Y tanto en cobrar le sobras, 
Que mi fe nunca fué muerta , 
Pnes se aviva con mis obras : 

Y sabes bien que descree 
Toda mi gloria s contenta 
Cuanto mas tu furia crece, 

Y que en mi alma de asiento 
Sola la fe permanece. 

Pero si es cosa notoria , 

Y no hay poner duda en ella, 
Que la re no entra en la gloria. 
Yo nae no estaré sin ella, 
¿Que triunfo espera i Vitoria! 
■i sentido desvanece 

Con el mal que se Ogura , 
Todo el bien desaparece, 

Y entre tanta desventura 



Sola la fe permanece. 
Cnn un profundo sospiro dio íiii á su canto el lasti- 
mado Marsilio : y luego Erastro dando su zampona, sin 
mas detenerse , desta manera comcnzáá cantar. 



En el mal que me lastima , 
Y eu el bien de mi dolor 
Es mi fe de tanta estima , 
Que ni huye del temor. 
Ni i la esperanza se arrima ; 
No la turba ó desconcierta 
Ver que esti mi pena cierta 
En su difícil subida, 
M que consumen la vida 
Fe viva , esperanza muerta. 

Milagro es este en mi mal , 
Mas esTo , porque mi bien , 
Si viene , venga i ser tal, 
Que entre mil bienes le den 
La palma por principal : 
La fama con lengua experta 
Dé al mundo noticia cierta , 
Que el Urme amur se mantiene 
En mi pecho , adonde tiene 
Fe vira , esperanza muerta. 



Vuestro desden riguroso 

Y mi humilde merecer 
Me tienen tan temeroso , 
Que ya que os supe querer. 
Ni puedo hablaros , ni oso : 
Veo de contino abierta 

A mi desdicha la puerta, 

Y que acabo poco i poco ; 
Porque con vos valen poco 
Fe viva , esperanza muerta. 

No llega i mi fanusla 
Un tan loco devaneo, 
Como es pensar que podrta 
El menor bien que deseo 
Alcanzar por la re mia : 
Podéis , pastora , estar cierta 
Que el alma rendida acierta 
A amaros cual merecéis ; 



Pues siempre en ella hallaréis 
Fe viva , esperanza muerta. 

Calló Erastro , y luego el ausente Crisio, al son de los 

mesmos instrumentos, desta suerte comenzó i cantar. 



Si i las veces desespera 
Del bien la flrme alicion, 
Quien desmaya en la carrera 
De la amorosa pasión , 
xQué fruto ó que premio espera? 
Yo no sé quién se asegura 
Gloria , gustos y ventura 
Por un ímpetu amoroso , 
Si en él y en el mas dichoso 
No es fe la fe que no dura. 

Kn mil trances ya sabidos 
Se han visto , y en los amores 
I.OS soberbios y atrevidos, 
Al principio vencedores , 

Y á la Uu quedar vencidos : 
Sabe el que tiene cordura , 
Que en la linneza se apura 
VA triunfo de la batalla , 

Y sabe que aunque se halla , 
No es fe la fe que nu dura. 



En el que quisiere amar 

No mas de por su contento. 
Es imposible durar 
En su vano pensamiento 
La fe que se ba de guardar; 
Si en la mayor desventura 
Mi fe tan Urme y segura , 
Coma en el bien no estuviera, 
Yo mismo della dijera , 
No es fe la fe que no dura. 

El Ímpetu y lijereza 
De un nuevo amador insano , 
Los llantos y la tristeza , 
Son nubes que en el verano 
Se deshacen con presteza : 
No es amor cl que le apura, 
Sino apetito y locura , 
l'ucs cuando quiere, no quiere ; 
No es amante el que no mucre , 
No es fe la fe que no dura. 



A todos pareció bien la orden que los pastores eu su 
canciones guardaban , y con deseo atendian á qne Tai 
ó Damon comenzasen ; mas presto se lo cumplió Oimoi, 
pues en acabando Crisio, al son de su mesmo rabel culi 
desta manera. 

' DUIOII. 

Amariii ingrata j bella, 
: Qnién os podrj enternecer. 
Si os vienen i endurecer 
Las ansias de mi querella , 

Y la fe de mi querer? 
Bien sabéis , pastara, vos, 
Que en el amar que mantengo, 
A tan alto extremo vengo. 
Que después de la de Dios , 
Sola es fe la fe que os'tcngo, 

Y puesto que subo tanto 
En amar cosa mortal , 
Tal bien encierra mi mal. 
Que al alma por éi levanto 
A su patria natural : 
Por esto conozco y sé 

8ue tal es mi amor tan luengo, 
orno muero y me entretengo , 

Y que si en amorlay fe , 
Sola es (e ia fe que os tengo. 



Los muchos aüos gutalM 
En amorosos servicios, 
Del alma los sacríDcios, 
Ue mi fe y de mis coididoi 
Dan manillestos inlicios : 
l'or esteno oi pediré 
Hemedio al mal que sostap, 

Y si ó pedírosle veseo, 
Es , Amaríli , porqae 
Sola es fe la fe que os Uxtt. 

En el mar de mi tomnti 
Jamas he vista bonaaia, 

Y aquella alegre espenau 
Con quien la fe se snültila 
De la mia no se alcmu : 
Del amor y de fortima 

Me quejo, mas no mevaig, 
Pnes por ellas i lal venias. 
Que sin esperanza algiia 
Sola es fe la fe qne os mu,, 



El canto de Damon acabó de confirmar en Timbñ 
en Silerio la buena opinión que del raro ingenio i 
pastores qne alU estaban habían concebido, y mas c 
á persuasión de Tirsi y de Elicio , el ya libre y desdei 
Lauso al son de la flauta de Arsindo soltó la vu i 
mejantes versos. 

LiUSO 

Rompió el desden tus cadenas, 
Falso amor, y i mi memoria 
El mesmo ha vuelto la gloria 
De la ausencia de tus penas : 
Llame mi fe quien quisiere 
Antojadiza y no firme, 

Y en su opinión me conllrme 
Como mas le pareciere. 

Diga que presto olvidé , 

Y que de un sotil cabella , 
Que un soplo pudo rompello , 
Colgada estaba mi fe : 
Diga que fueron fingidos 
Mis llantos y mis sospiros, 

Y que del amor los tiros 
No pasaron mis vestidos. 

Que no el ser llamado vano 

Y mudable me atormenta , 
A trueco de ver exenta 
Mi cerviz del yugo insano : 
Sé yo bien quien es Silena 

Y sn condición extrafia , 

Y qne asegura y engafla 
Su apacible faz serena. 

A su exlraSa gravedad 

Y i sus bajos bellos ojos 
No es mucho dar los despojos 
De cualquiera voluntad : 
Esto en la vista primera ; 
Mas después de conocida , 
Por no verla, dar la vida, 

Y mas , si mas se pudiera. 
Silena del cielo y mía 

Muchas veces Ja llamaba. 
Porque tan hermosa estaba 
Qne del cielo parecía : 



Mas abora sin recelo. 

Mejor la podré llamar 
Serena falsa del mar. 
Que no Silena del cielo, j 

Con los ojos, con la plmi 
Con ias veras y los jitgas 
De amantes vanos y eiepi 
Prende innumerable sana: 
Siempre es primera A futan 
Mas el mas enamorado 
Al cabo es tan mal tratado, \ 
Cnanto q uerido primero. 

¡ Oh cainlo mas se tstMI 
De Silena la hermosaia, ! 
Si el proceder y cordin 
A su belleza igualara I i 
No le falla discrecioa; 
Mas empléala tan mal. 
Que le sirve de dogal 
Que ahoga su presundoiu 

Y no hablo de corrida, 
Pues seria apasionado; 
Pero hablo de cngalade 

Y sin razón ofendida : 
Ni me ciega la pasión , ' 
Ni el deseo de su meogn; i 
Que siempre siguió mi leagM 
Los términos de razón. 

Sus nucbos antojos vsriai 
Sn mudable pensanieaio • 
Le vuelven cada momeiltt 
Los amigos en cantrarío;^ -. 

Y pues hay por tantos no ' 
Enemigos de Silena , 
O ella no es toda buena, 
O son ellos malos todos. 



Acabó Lauso su cauto, y aunque él creyó que ningl 
le entendía por ígnot-ar el disfrazado nombre de Síl( 
mas de tres de los que alli iban la conocieron, y ana 
maravillaron que la modestia de Lauso á ofender al{ 
se extendiese , principalmente á la disfrazada pai 
de quien tan enamorado le habían visto. Pero en la 
nion de Damon su amigo quedó bien disculpado, pÑ 
que conocía el término de Silena , y sabia él que d 
Lauso había usado , y de lo que no dijo se maranllati 
Acabó, como se ha dicho, Lanso ; y como Calatea esld 
informada del extremo du la voz de Mísida, quiso fi 



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LA CALATEA 

gfaU^ cinlarena primero ; y por esto iiites qae otro 
pKtor comenzase, haciendo señal á Arsindo qne en ta- 
ñer» Oauta procediese , al son della con su extremada 

voi cantó desta manera. 

CALATEA. 

Tnlo cnanto el imor conrida j llama 
Aldiía con saa gastos de apareneia , 
Tula tan hnjc su mortal dolencia 
Qain sabe rl Dombre qae le da la fama. 

T H pecho opaesto á su amorosa llama 
kmiio de una honesta resistencia , 
Pncn fteic empecerle so inclemenda , 
Pko sa fuego y su rigor le inOama. 

Seinira está quien nunca Fué querida 
ITisaiin qnercr Dirn , de aquella lengua 
Qie e» su deshonra se adelgaza j lima. 

Xjs si el querer T el no iiuercr da mengua, 
:Ec qaé eirrcicios pasari la vida 
la fue mas que el vivir la hoara estima t 

Keoseecbódeveren el canto de Calatea, qae rea- 
poodia al malicioso de Lauso , y qae no estaba mal con 
bwluntades libres, sino con las lenguas maliciosas y 
Ih ínimos dañados , qae no alcanzando lo qne quieren, 
(«Tierten el amor , que en un tiempo moatraron, en on 
«fio malicioso y detestable , como en Laaso imaginaba; 
firoqaizá saliera deste engaño, si la buena condición 
ͻLiuso conociera, y la mala de Sirena no ignorara, 
taego que Calatea acabó de cantar, con corteses pala- 
IhsrogóáNísida que lo mismo hiciese. La cual como 
n tu comedida como hermosa, sin hacerse derogar, 
iImd de la zampona de Flnrísa cantó desta suerte. 

SisiDA. 

Bien puse yo valor i la detenía 
Del diro encuesiro j amoroso asalto. 
Bien levante mi presunción en alto 
i Contra el rigor tic la noioria areasa. 

Mas fué tan rcfoníada y tan iutcDsa 
La baleria , y mi poder tan falto , 
Qae sin cogerme amor de sobresalto 
Medid i entender su potestad inmensa. 

Valor , honestidad , recogimiento , 
Recata, ocupación , esquivo pecho , 
Amor coa poco premio lo conqalsu. 

Ansí qne para huir el vencimiento 
Coiuejús jamas faérOD de provecho : 
Desla verdad testigo soy de vista. 

Gaando Nisida acabó de cantar , y acabó de admirar á 
iCibtea, y á los qne escuchado la habian, estaban ya 
tieo cerca del lugar adonde tenían determinado de pasar 
:iiáes(a. Pero en aquel poco espacio le tuvo Belisa para 
|CiUDplir lo que Silvería le rogó , que fué que algo cánta- 
le ; la cual , acompañándola el son de la flauta de Atsiu- 
it, cantó lo que signe. 



Libre voloitad exenta , 
Aksded i la raion 
|Vi anesiro crMito anmeuta , 
BÓad la vaaa aleioa 
jMcidndora de afrenta : 
Ak catado el alma se encarga 
le aliaga amoro.sa carga , 
«a gasta es cualquier cosa 
SMjposicioa venenosa 
Vh jB|s de adelía amarga, 
ttt la mayor cantidad 
^■liqíeíasobida 
niary es calidad, 
es Uñ dada ni vendida 
feciosa libertad : 
>i1<nta sepondrl i perdella 
•u simple querella 
■ amador porfiado, 
Oaats bien bay criado 
'StMmpara con ella? 



Si es insufrible dolor 
Tener en prisión esquiva 
El cuerpo libre de amor , 
: Tener el alma capUva 
No seri pena mayort 
SI sera , y aun de tai suerte , 
Que remedio i mal tan fuerte 
No se halla en la paciencia, 
En aSos , valor ó ciencia , 
Porque solo estí en la muerte. 
. Vaya pues mi sano intento 
Lejos deste desvario , 
Huiga tan falso contento , , 
Rija mi libre albedrio 
A su modo el pensamiento : 
Hi tierna cerviz exenta 
No perdiita ni consienta 
Sobre si el yugo amoroso , 
Por quien se turba el repuso , 
Y la libertad se ausenta. 



Al alma del lastimado Marsilio llegaron los libres ver- 
os de la pastora , por la poca esperanza que sus palabras 
fiMetiande ser mejoradas sus obras; pero como era 



, LintO VI. 93 

tan firme la fe con que la amaba , no pudieron, las noto- 
rias muestras de libertad qnu habia oído, hacer que él no 
quedase tan sin ella , como hasta entonces estaba. Aca- 
bóse en esto el camino de llegar al arroyo de las Palmas, 
y aunque no llevaran intención de pasar alli la siesta, en 
llegando i él, y en viendo la comodidad del hermoso si- 
tio, él mismo i no pasar adelante les forzara. Llegados 
pues á él, luego el venerable Aurelio ordenó que todos se 
sentasen junto al claro y espejado arroyo, que por entre 
la menuda yerba corría, cuyo nacimiento era al pié de 
una altísima y antigua palma (que por no haber en todas 
las riberas del Tajo sino aquella , y otra que junto á ella 
estaba , aquel lugar y arroyo el de las Palmas era llama- 
do), y después de sentados, con mas voluntad y llaneza, 
que de costosos manjares, de los pastores de Aurelio 
fueron servidos , satisfaciendo la sed con las claras y 
frescas aguas que el limpio arroyo les ofrecía ; y en aca- 
bando la breve y sabrosa comida, algunos de los pasto- 
res se dividieron y apartaron á buscar algún apartado 
y sombrío lugar , donde restaurar pudiesen las no dor- 
midas horas de la pasada noche; y solo se quedaron solos 
los de la compañía y aldea de Aurelio, con Timbrio, Sí- 
lerio , Nisida y Blanca , Tirsi y Daroon , á quien les pa- 
reció ser mejor gustar de la buena conversación que allí 
se esperaba, que de cualquier otro gasto qae el sueño 
ofrecerles podía. Adivinada pues y casi conocida esta su 
intención, Aurelio les dijo : Bien será, señores, qne los 
que aquí estamos , ya que entregamos al dulce sueño no 
habernos querido , que este tiempo que le hurtamos , no 
dejemos de aprovecharle en cosa que mas de nuestro 
gusto sea ; y la que á mí me parece que no podrá dejar 
de dárnosle, es que cada cual, como mejor supiere, 
muestre aquí la agudeza de su ingenio, proponiendo al- 
guna pregunta ó enigma, á quien esté obligado á res- 
ponder el compañero que á su lado estuviere ; pnes con 
este ejercicio se granjearán dos cosas : la una pasar con 
menos enfado las horas que aqui estuviéremos , la otra 
no cansar tanto nuestros oídos con oír siempre lamenta- 
ciones de amor y endechas enamoradas. Conformáronse 
todos luego con la voluntad de Aurelio, y sin mudarse 
del lugar do estaban, el primero que comenzó á pregun- 
tar fué el mesmo Aurelio , diciendo desta manera. 



Coa diferentes medidas 
Mide su ser y su nombre , 

Y suele tomar renombre 
De mil tierras conocidas. 

Sin armas vence al armado , 

Y es fonoso que le venia , 

Y aquel qae mas le ha tratado 
Mostrando tener vergüenza , 
Es el mas desvergonzado : 

Y es rosa de maravilla , 

Que en el campo y en la villa , 
A capitán de tal prueba 
Cualquier hombre se le atreva , 
Aunque pierda en la rencilla. 



{Cuil es aquel poderoso 
Que desde oriente i ocldente 
Es conocido y famoso t 
A veces fuerte y valiente. 
Otras flaco y temeroso : 
Qalla j pone la salad. 
Maestra y cubre la virtud 
En muchos mas de una vez , 
Es mas fuerte en la vejez 
Que ea la alegre juventud. 

Múdase en quien no se muda 
Por extraña preeminencia : 
Hace temblar al que suda , 
Y i la mas rara elocnenciii 
Snele tomar torpe y muda : 

Tocó la respuesta desta pregunta al anciano pastor 
Arsindo, que junto á Aurelio estaba; y habiendo uu poco 
considerado lo que signílicar podía , al fin le dijo : Pa- 
récenie , Aurelio, que la edad nuestra nos fuerta á an- 
dar mas enamorados de lo que significa tu pregunta, 
que no de la mas gallarda pastora que se uos pueda ofre- 
cer ; porque si no me engaño, el poderoso y conocido 
que dices , es alvino ; y en él cuadran todos los atribu- 
tos que le has dado. Verdad dice» , Arsindo , respondié 



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»4 



OntAS DE CERVANTES. 



Aurelio, y estoy para declrque me pesa de haber pro- 
puesto pregunta que con tanta facilidad haya sido deck- 
rada; mas di tú la tuya, que al lado tienes quien te la 
sabrá desatar por mas añudada que venga. Que me pla- 
ce , dijo Arsindo : luego propaso lo siguiente. 



iQgién es qotni pierde el color 
Donde se suele avivar, 

Y lurgo toma i cobrar 
Oüru mas «Ivo j mejor? 

Ks llardo en su nacimiento, 

Y después negro atezado, 

Y al cabo tan colorado 
Que su vista da contento : 



No gurda fueros ni leres, 
Tiene amistad coa las llamas , 
Visita i tiempos las camas 
De seloies j de reyes : 
Huerto se llama varón, 
Y vivo hembra se nombra , 
Tiene el aspecto de somkn. 
De fuego la condición. 



Era Oamon el que al lado de Arsindo estaba ; el coal, 
apenas habia acabado Arsindo su pregunta, cuando le 
dijo : Paréceme, Arsindo , que no es tan escura tu de- 
manda como lo que significa , porque si mal no estoy en 
ella , el carbón es por quien dices que muerto se llama 
varón , y encendido y vivo' brasa , que es nombre de 
hembra, y todas las demás partes le convienen eu todo 
como esta; y si quedas con la misma pena que Aurelio, 
por la facilidad con que tu pregunta ha sido entendida, 
yo os quiero tener compañía en ella ; pues Tirsi, á quien 
loca responderme, nos hará iguales, y luego dijo la suya. 



iCoilesladamapollda, 
Aseada j bien compuesta. 
Temerosa J atrevida , 
Vergoniosa v deshonesta , 
Y gustosa j desabrida ! 



Si son michas, porque asombre. 
Mudan de mgjer el nombre 
En varón , j es cierta ley. 
Que va con ellas el rey , 
Y las lleva cualquier hombre. 

Bien es , amigo Damon , dijo luego Tirsi, que salga 
verdadera tu porfía, y que quedes con la pena de Aure- 
lio y Arsindo, si alguna tienen; porque te hago saber 
que sé que lo que encubre tu pregunta, es la carta y el 
pliego de cartas. Concedió Damon lo que Tirsi d|jo. Y 
¡liego Tirsi propuso desta manera. 



Y aunene tantos o] os tiene 

Desruorc mny pocas DiBas : 
Tiene nombre de un dolor 



8u« se tiene por mortal , 
acc bien y hacr mal, 
I Enciende y templa el amor. 



i Quién es la que es toda ojos 

De la cabeza i los pies, 

Y á >ecc8 sin su ínteres 
Causa amorosos enojos? 
También suele aplacar rihas, 

Y lio le va ni le viene ; 

En confusión puso á Elicio la pregunta de Tirsi , por- 
que á él tocaba responder á ella , y casi estuvo para dar- 
se , como dicen, por vencido ; pero á cabo de poco vino 
á decir , que era la celosía ; y concediéndolo Tirsi, luego 
Elicio preguntó lo siguiente, 
lucio. 

Es muy escura y es clara. 



uy 

Tiene mil contrariedades. 
Encúbrenos las verdades, 

Y al cabo nos las declan : 
Nace i veces de donaire. 
Otras de altas fantasías, 

Y suele engendrar porfías. 
Aunque trate cosas de aire. 

Sabe sn nombre cualquiera , 
Hasta los nillos pcqueDos; 
Son muchas y tienen dueBos 
Ue diferente manera : 



No hay vieja que no se abrace 
Con una destas sefioras : 
Son de gusto algunas horas , 
Cuiíl cansa , cnil satisface. 

Sabios hay que se desvelan 
Por sacarles los sentidos , 
Y algunos quedan corridos , 
Cuanto mas sobre ello velan : 
Cuii es necia , cnil curiosa , 
Culi ficii, cuil intrieads , 
Pero sea o no sea nada , 
Decidme , qué es cosa y cosa. 



No podía Timbrio atinar con lo que significaba la pre- 
go nta de Elicio, y casi comenzó á correrse de ver qne 
mas que otroalguno se tardaba en la respuesta ; mas ni 
aun por eso venía en el sentido della ; y tanto se detuvo, 
que Calatea, qne estaba después de Nísida, dijo: Si vale 
á romper la orden que está dada , y puede responder el 
que primero supiere , yo por mi digo qne sé lo que sig- 
nifica la propuesta enigma , y estoy por declararla , si el 
señor Timbrio me da licencia. Por cierto , hermosa Ca- 



latea , respondió Timbrio , que conozco yo que asi 
á mi falta , os sobra á vos ingenio para aclarar mayor 
dificultades; pero con todo eso quiero que teDgaisp 
ciencia , hasta que Elicio la tome á decir ; y si desla i 
no la acertare , confirmarse na con mas veras la opinii 
que de mi ingenio y del vuestro tengo. Tomó Elidí 
decir su pregunta , y luego Timbrio declaró lo que ei 
diciendo : Con lo mesmo qne yo pensé que tu demaoil 
Elicio , se escurecia , con eso mesmo me parece qae 
declara , pnes el último verso dice : te digan qué esct 
y cosa. Y asi yo te respondo á lo que me dices, y digo q 
tu pregnnta es , el que es cosa y cosa ; y no te manvill 
haberme tardado en la respuesta , porque mas me mu 
villara yo de mi ingenio , si mas presto respondien : 
cual mostrará quién es en el poco artificio de mi prego 
ta , qne es esta. 

Tinaio. 



I Qnién es el qáe i su pesar 
Mete sus pies por los «jos , 
T siu causarles enojos 
Le< hace luego eailar? 



Elsacariosesdegisle, 
Aunque i veces qdea laii 
No solo sn nal no apliri , 
Vas cobra mayor ditpistt. 



A Nísida tocaba responder á la pregunta de Timbii 
mas no fué posible que la adivinasen niellaniGalal 
que se le seguían. Y viendo Orompo que las pastom 
fatigaban en pensar loque significaba, les dijo: No 
canséis, seiforas,ni fatiguéis vuestros entendimientM 
la declaración dcsta enigma ; porque podría ser que 
guna de vosotras en toda su vida hubiese visto la &§ 
que la pregunta encubre , y asi no es mucho que m 
en ella ; que si de otra suerte fuera, bien seguros est 
mos de vuestros entendimientos , que en menos espi 
otras mas dificultosas hubiérades declarado ; y por 
con vuestra licencia, quiero yo responderá Timbrio 
decirle que su demanda significa un hombre con gríl 
pues cuando saca los pies de aquellos ojos que él dice 
es para ser libre , ó para llevarle al suplicio : |ioi 
veáis , pastoras , sí tenía yo razón de imaginar que qi 
ninguna de vosotras habia visto en toda su vida d 
ni prisiones. Yo por mi sé decir, dijo Calatea, que jai 
he visto aprisionado alguno. Lo mesmo dijeron Ms 
Blanca, y luego Nisida propuso su pregunta en 
forma. 

alSIDA. 



Muerde el thego.y el bocado 
Es daOo y bien del nordido , 
No pierde sangre el herido. 
Aunque se ve acuctaillado : 



Mas si es profunda li brii 

Y de mano qae no acierta 
Cansa al herido la aaeiic 

Y en tal muerte esti sa i 



4>oco se tardó Calatea on responder á Nísida , poi 
luego le dijo : Bien sé que no me engaño , hermostl 
da , si digo que á ninguna cosa se puede mejor atii 
tu enigma que á las tijeras de despabilar, y á la vi 
cirio que despabilan ; y si esto es verdad , como lo i 
quedas satisfecha de mi respuesta, escucha agora I* 
que no con menos facilidad espero que será declara! 
tu hermana, que yo he hecho la tuya, y luego la diji 
fué esta. 



Tres hijos que de una madre 
Nacieron con ser perfctn , 
Y de un hermano era nieto 
El uno,yelolrapadre; 



UIÁVU. 

y estos tres tan sin clcmn 
A su madre mallrataban, 
Que mil ñafiadas le dabn 
Hostrando en ello su rii 



Considerando estaba Blanca lo que podía signiGc 
enigma de Calatea, cuando vieron atravesar corrii 
por junto al lugar donde esUdian dos gnllardos pasli 
mostrando en la furia con que corrían que alguna 



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LA GALATBA 

deimporttnciales foruba i mover k» pasos con taola 
üjena , j Inego en el mismo instante oyeron unas dolo- 
itntTOoei, como de personas que socorro pedian;y 
con este sobresalto se levantaron todos , y sigaieron el 
tino doode las voces sonaban; y á pocos pasos salieron 
lie iqgd ddeitoso sltiOj y dieron sobre la ribera del 
fmce Tajo, que por allí cerca mansamente corría; y 
aiiónsTienHielrio, cuando se les ofreció á la vístala 
uieilnña cosa que imaginar pudieran , (urque vieron 
dn ptatons al parecer de gentil donaire, que tenían á un 
pHtor asido de las faldas del pellico con toda la fuerza á 
(Ib posible , porque el triste no se abogase , porque te- 
ú ja el medio cuerpo en el rio , y la cabeza debajo del 
Igu , forcejando con los pies por desasirse de las pasto- 
lu. que su desesperado intento estorbaban ; las cuales 
]i casi querían soltarle , no pudiendo vencer al tesón de 
su porfía con las débiles fuerzas suyas. Has en esto Ue- 
' guoii los dos pastores que corriendo habían venido , y 
ueodo al desperado , le sacaron del agua i tiempo 
qie ja todos los damas llegaban , espantándose del ex- 
I laño espectáculo ; y mas lo fueron cuando conocieron 
^K el pastor que quería ahogarse era Galercio , el her- 
■Baode Artidoro, y las pastoras eran Maurisa su lier- 
Kanay la hermosa Teolinda , las cuales como vieron á 
l^latea y á Florísa , con lágrimas en los ojos corrió Teo> 
■■da á abrazar á Calatea, diciendo : \ Ay, Galatea, amiga 
dblce y señora mía 1 ¡ cómo ha cumplido esta desdichada 
h palabra que te dio de volver á verte y á decirte las 
\ieTa de su contenió 1 De que le tengas , Teolinda, 
'nspoodió Galatea, holgaré yo tanto, cuanto le lo asegura 
b Toluntad que de mí para servirte tienes conocida ; mas 
' paréceme que no acreditan tus ojos tus palabras , ni aun 
^hj me satisCaceu de modoque imagine buen suceso de 
^lúdeseos. Eln tanto que Galatea con Teolinda esto pa- 
gaba, Elicio y Artidoro con los otms i^stores habian des- 
jnJadoá Galercio, y al desceñirle el pellico, que con 
^bdoel vestido mojado estaba, se le cayó un papel del 
^(BH , el cual alzó Tirsi , y abriéndole, vio que eran ver- 
iJHi; y por no poderlos leer por eslar mojados, encima 
^ >ina ajta rama le puso al rayo dul sol para que se en- 
jugase. Pusieron á Galercio un guban de Arsindo , y el 
I desdichado mozo estaba como atónito y embelesado, sin 
I liililar palabra alguna , aunque Elicio le pregunlabaqué 
tra b causa que á tan extraño término le había condu- 
cido. Mas por él respondió su hennana Maurisa , dicien- 
do : Abad los ojos, pastores, y veréis quién es la ocasión 
¡ fM ai desgraciado de mi hermano en tan extraños y de»- 
iC^Mnulos puntee ha puesto. Por lo que Maurisa dijo, 
[fiáronlos pastores los ojos, y vieron encima de una 
;)eadienteroca, que sobre el río caía, una gallarda y dis- 
l'^iesta pastora , sentada sobre la mesma peña , mirando 
ítao risueño semblante todo lo que los pastores hacían. 
|lieoal fué luego de todos conocida por la cruel Gelasia. 
'Jy^oella desamorada , aquella desconocida , siguió Mau- 
ra , es , señoree, la enemiga mortal destedesventurado 
knmnomio, el cual, como ya todas estas riberas sa- 
ken, y voeotros no ignoráis , la ama , la quiere y la ado- 
n ; J en cambio de los continuos servicj^» que siempre 
I fckabecho, y de las lágrimas que por ella ha derrama- 
4, esta mañana con el mas esquivo y desamorado des- 
daqge jamas enla crueldad pudiera hallarae, le mandó 
||wdesa presencia se partiese, y que agora ni nunca 
JilUiáeUa tomase ; y quiío tan de veras mi hermano 



. Limo VL m 

obedecerla, que procuraba quitarse la vida, por excusar 
la ocasión de nunca traspasar su mandamiento ; y si por 
dicha estos pastores tan presto no llegaran, llegado fuera 
ya el fin de mi alegría y el de los días de mi lastimado 
hermano. En admiración puso lo que Maurisa dijo á to- 
dos los que la escucharon, y mas admirados quedaron, 
cuando vieron que la cruel Gelasia , sin moverse del lo- 
gar donde estaba , y sin hacer cuenta de toda aquella 
compañía que los ojos en ella tenia puestos, con un ex- 
traño donaire y desdeñosobrio sacóun pequeño rabel de 
su zurrón, y parándosele á templar muy despacio, á cabo 
de poco rato, con voz en extremo buena, comenzó á 
cantar de esta manera. 

GKLASM. 

iQaiéa dei>rt del verde prado umbroso 
Las (rescaí yerbas ; lai frescas faeotes? 
QaiéB de segair con pasos diligentes 
La taelta liebre i Jabalí cerdoso? 

Quién con el toa «migo y sonoroso 
No detendrl las aves inocentes? 

Sniéa en las horas de la siesta ardientes 
o bnscari en las selvas el reposo , 
Por seguir los Incendios, los temores. 
Los celos, iras, rabias, muertes, penas 
Del falso amor, uve tanto aflige al mundo? 

Del campo son t han sido mis amores , 
Rous son y jazmines mis cadenas , 
Libre naci , y en libertad me fundo. 

Caniudo estaba Gelasia, y en el movimiento y ade- 
man de su rostro la desamorada condición suya descu- 
bría; mas apenas hubo llegado al último verso de su 
canto, cuando se levantó con una extraña lijereza, y co- 
mo si de alguna cosa esi^ntable huyera, así comenzó á 
correr por la peña abajo, dejando á los pastores admira- 
dos de su cond icion , y confusos de su corrid a . Mas 1 uego 
vieron qué era la causa deila con ver al enamorado Le- 
nio , que con tirante paso por la mesma peña subía con 
intención de llegar adonde Gelasia estaba ; pero no quiso 
ella, aguardarle por no faltar de corresponder en unsolo 
punto á la crueldad de su propósito. Llegó el cansado 
Lenío á lo alto de la peña , cuando ya Gelasia estaba al 
pié della ; y viendo que no detenia el paso, sino que con 
mas presteza por la espaciosa campaña le tendía , con 
fatigado aliento y laso espíritu se sentó en el mesmo lu- 
gar donde Gelasia había estado , y allí comenzó con des- 
esperadas razones á maldecir su ventura, y la hora en 
que alzó la vista á mii-dr á la cruel pastora Gelasia ; y en 
aquel mismo instante, como arrepentido de lo que de- 
cía, tomaba á bendecir sus ojos y á tener por buena la 
ocasión que en tales términos le ponia ; y luego incitado 
y movido de un furioso accidente, arrojó lejos de si el 
cayado, y desnudándose el pellico, le entregó á las aguas 
del claro Tajo, que junto al pié de la peña corría. Lo 
cual visto por los pastores que mirándole estaban, sin 
duda creyeron que la fuerza de la enamorada pasión le 
sacaba de juicio; y asi Elicio y Erastro comenzaron á 
subir la peña para estorbarle que no hiciese algún otro 
desatino que le costase mas caro ; y puesto que Lenío los 
vio subir, no hizo otro movimiento alguno, sino fué sa- 
car de su zurrón su rabel, y con un nuevo y extraño re- 
poso se tomó á sentar, y vuelto el rostro hacia donde su 
pastora oía, con voz suave y de lágrimas acompañada, 
comenzó á cantar desta suerte. 



iQalén te Impele, erael , quién i« desiiat 
Quién te retira del amado intento? 
Quién en tus ptés teloees alas cria , 
Coa q.M correa Uiera ■!• fM el «icatot 



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9» 



OBRAS DE 



iPor qné tienes en poco la fe mía , 
I desprecias el alto pensamiento? 
Por qué hujei de mi? Por oué me iijtsl 
i Ota m» dora que mármol a mis qnejas ! 

(Sov por ventura de tan bajo estado 
Ooe no merezra ver tris ojos oellos? 
^J pobre , sov avaro ? i Hasmc bailado 
En falsedad desde que supe vellos? 
¿La condición primera no be randado? 
;No pende dol menor de tus cabellos 
Mi alma? Pues ¿por qné de mi le alejas? 
¡ Ob mas dnra qne marmol i mis quejas! 

Tome escarmiento tu altivez sobrada 
Ce ver mi libre volnnud rendida , 
Mira mi antigua presunción trocada 
Y en amoroso Intento convertida ; 
Mira que contra amor nn puede nada 
I.a mas exenta descuidada vida'; 
Deten el paso ja ; ¡ por que le aqiejis? 
i Oh mas dura que mirmol i mis qnejas! 

Vime cual tü te ves, ; agora veo 
Que como ful , jamas espero verme: 
Tal me tiene la fuena del deseo , 
Tal quiero que se extrema en no quererme. 
Tü bas ganado la palma , td el trofeo 
De que amor pueda en su prisión teneamc; 
Tú me rendiste, ij tu de mi te alejas? 
¡Ob mas dura qne mirmol i mis qnejas! 

En tanto qne el lastimado pastor sus dolorosas qnejas 
entonaba, estaban los demás pastores reprendiendo á 
Galercio sa mal propósito, afeando el dañado intento 
qne habla mostrado. Mas el desesperado mozo á ninguna 
cosa respondía, de que no poco Manrisa se fatigaba, cre- 
yendo que en dejándole solo habia de poner en ejecución 
su mal pensamiento. En este medio Calatea y Florisa, 
apartándose con Teolinda , le preguntaron qué era la 
cansa de su tomada , y si por ventura habia sabido ya de 
su Artidoro. A lo cual ella respondió llorando: No sé qné 
08 diga, amigas y señoras mías , sino que el cielo quiso 
que yo hallase á Artidoro para que enteramente le .per- 
diese; porque habréis de saber que aquella mal consi- 
denda y traidora hermana mia , qne fué el principio de 
mi desrentara, aquella mesma ha sido la ocasión del fin 
y remate de mi contento; porque sabiendo ella, así como 
llegamos con Galercio y Maurisaá su aldea, qne Arti- 
doro estaba en una montaña no lejos de alli con su gana- 
do , sin decirme nada se partió á buscarle : hallóle , y 
fingiendo ser yo (que para solo este daño ordenó el cielo 
que nos pareciésemos), con poca dificultad le dio ¿en- 
tender que la pastora que en nuestra aldea le Iiabia des- 
deñado, era unasu hermana, que en extremo le parecía; 
en fln , le contó por suyos todos los pasos que yo pnr él 
hedadoy los extremos de dolorque he padecido; y como 
las entrañas del ))astor estaban tan tiernas y enamoradas, 
con harto menos qne la traidora le dijera, fuera de él 
creída, como la creyó tan en mi perjuicio, que an 
aguardar qne la fortnna mezclase en su gnsto algún 
nuevo impedimento , luego en el mesmo instante dio la 
mano áLeonarda de ser su legitimo esposo, creyendo 
que se la daba á Teolinda. Veis aquí, pastoras, en qué ha 
parado el fruto de mis lágrinas y sospiros ; veis aquí ya 
arrancada de miz toda mi esperanza ; y lo qne mas sien- 
to, es que haya sido por tamaño que á sustentarla estaba 
mas obligada. Leonardagoza de Artidoro por el medio 
del falso enpño que os he contado, y puesto que ya él 
lo sabe, aunque debe de haber sentido la burla, hala 
disimulado como discreto. Llegaron luego al aldea las 
nuevas de sn casamiento, y con ellas las del fin de mi 
alegría: súpose también el artificio de mi hermana, la 
cual dio por disculpa ver que Galercio, jí quien tanto ella 
amaba, por la pastora Gelasia se perdía, y que asi le 



CERVANTES. 

pareció mas fácil reducirá su voluntad la enamoraiiide 
Artidoro, que no la desesperada de Galercio, y quepan 
las dos eran uno solo en cuanto á la apariencia y gentile- 
za, que ella se tenia por dichosa y bien afortuDada con 
la compañía de Artidoro. Con esto se disculpa , como be 
dicho , la enemiga de mi gloria ; y así yo , por no verla 
gozar de la que de derecho se me debía , dejo el aldea y 
la presencia de Artidoro, y acompañada de las mas tris- 
tes imaginaciones que imaginarse pueden , veoia á di- 
ros las nuevas de mi desdicha en compañía de Maurisi, 
que anairoesmo viene con intención de contaros lo qae 
Grisaldo ha hecho después que supo el hurlo de Rosau- 
ra ; y esta mañana al salir del sol topamos con Galercio, 
el cual con tiernas y enamoradas razones estaba percu- 
diendo á Gelasia que bien le quisiese ; mas ella con rl 
masextrailo desden y esquiveza que decirse puede, le 
mandó que se le quitase delante, y que no no fuese osado 
dejamashablarla:y el desdichado pastor apretado d« 
tan recio mandamiento y de tan extraña crueldad, qui« : 
cumplirle, haciendo lo que habéis visto. Todoe.<4««lt ', 
qne por mí ha pasado, amigas mías, después que de j 
vuestra presencia me partí. Ved agora si tengo mas qat i 
llorar que antes , y si se ha aumentado la ocasión fa%¡ 
que vosotras os ocupéis en consolarme , si acaso mi vA^ 
recibiese consuelo. No dijo mas Teolinda, porque la la;^^ 
Anidad de lágrimas que le vinieron á los ojos, y lossot-, 
piros que del alma arrancaba, impidieron eluticio jb. 
lengua ; y aunque las de Calatea y Flurisa quisieron nio»- 
trarse expertas y elocuentes en consolarla, fuédepwsj 
efeto su trabajo. Y en el tiempo que entre las pastora] 
estas razones pasaban , se acabó de enjugar el papel qotí 
Tirsi á Galercio del seno sacado habia, y deseoso de leer- 
le, le tomó , y vióque desta manera decía. 

CiLERCIO i CEUSIA. 



Ángel de humana llgura, 
Puria con rostro de dama , 
Fría V encendida llama 
Donilc mi alma se apura : 
Escucha las sinrazones 
De M desamor causadas, 
De mi alma trasladadas 
En estos tristes renglones. 

No escribo por ablandarte, 
Pues con tu dureza extrafia 
No valen megos ni mafia , 
Ni servicios tienen parte : 
Escrlbole, porque veas 
1.a sinrazón qne me haces, 
T euin mal qne satisfaces 
Al valor de qne le arreas. 

Que alabes la libertad 
Rs muy josto , jr razón tienes; 
Mas mira que la mantienes 
Solo ron la rrueidad : 

Y no es jasto in que ordenas, 

guerer, sin ser ofendida, 
uslentar tu libre vida 
Con tantas mncrtes ajenas. 
No imagines que es deshonra 

8ne te quieran todos bien , 
i que eM en usar desden 
Depositada tu honra : 
Antes templando el rigor 
De los agravios que haces, 
Con poco amor satisfaces , 

Y robras nombre mejor. 

Tu crueldad me ffn i entender 
Que. las lleras te engendraran, 
U que los mnnu-s formaron 
Tu duro Indomable ser : 
Que en ellos en tu recreo, 

Y en los piramos y valles. 
Do n« es posible que halles 
Qnlen te enamore el deseo. 



En una fresca espesara 
Una vez Ip vi sentana, 
y dije : estatua es formiiii 
Aquella dfl piedra dura : 

Y aunque el moverle desfi» j¡ 
Contradijo i mi op'nion, 
F.n fln en la rondiriali. 
Dije , mas qne estataa es. 

¡V ojala qne estatua taran 
De piedra ! que jo espcrjia 
Que el cielo por mi tanitiao 
Tn s*t, j en mnjer volfifta» : 
Oue Pigmalf on no fot 
Tanto i la snya rendido. 
Como jro te soy ; he sido. 
Pastora , y siempre ser*. 

Con razón y de derecho 
Del mal y bien me das pago, \ 
Pena por el mal qne hagOj^, 
Gloria por el bien qne behcM 
En ei modo qne metnias 
Tal verdad es conocida ; 
Con la vista me das vidí. 
Con la condición me matas. 

Dése pecho, que se »lr«» . 
A esquivar de amor los titol,?' 
Gl fuego de mis sospiros 
Deshaga un poco la nieve: 
Concédase al llanto nio 
T al nunca admitir descansa, : 
One vuelva aundabie y ma^ 
Va solo punto tn brio. 1 

Bien sé que babris df il<*íj 
One me alargo, v yo lu rrea, ■ 
Per» acorta tü i'l dl■^co, 

Y acortaré yo el pedir : 
Mas según lo que me ias 
En cuantas demandas Wf''i 
A U te importa moy poro, 
Qne pida aateoa 6 mas. 



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Si 4c II ntnlli dnea 
MinRfrcliMdnte, 
THKibttial ponerte, 
QKaiHln aiestn iHi^nii 
Mim liol* ti s4r, 
TMisinMMfiseAa : 
AoMaU fie eres pela, 
1 N peii le k» ie TolTer. 



Mm icis Mb 4> leerv, 
Biro máimol é dlimante, 
l)e m acero loj aaanle, 
flan pefia téot» j faiero : 
Si em iagel disrraiado, 
O faria , qnc toda ea cierto. 
Por bl iimei viro nnerto, 
Y por tal faria poaado. 



Vqorte parecieron i Tirsi los versos de Galercio , que 
tacaidicioodeGelaáa; yqueñéadolosinostrvrá Elicio, 
nfletumadadodecolorydeseroblanle, que unairná- 
¡m da nMMrta parecía. Llegóse á él , y cuando le quiso 
|iigDR(arsi algún dolor le Tatigaba, no fué menester es- 
fnrai respuesta para entender h causa de sn pena, 
fVfae locgo oyó publicar entre todos los que allí esta- 
I hi, como los dos pastores , qne á Galercio socorrieron, 
(OB amigos del pastor lusitano , con quien el venerable 
'iorello tenia concertado de casar á Calatea; los cnales 
m'un á decirie como de allí á tres dias el venturoso 
fator Tendría á sn aldea á concluir el felicísimo despo- 
T Inego vio Tirsi qne estas nuevas nrns nuevos y 
accidentes de los cansados habian de causar en 
de Elicio; pero con todo esto se llegó á él, y le 
: Agora es menester, buen amigo, que te sepas valer 
hdtecrecion qne tienes, pues en el peligro mayor se 
los corazones valerosos; y aseguróte que no sé 
i mi me asegnra , qne ha de tener mejor fin este 
ipeio de lo qne tú piensas ; disimula y calla , que si la 
ahnlad de Galatea no gusta de corresponder de todo en 
rit i la de su padre , tú satisfarús la tuya , aprovechán- 
Me de las nuestrasy ann de todo el favorqne te puedan 
keer cnantos pastores hay en las riberas deste río y en 
■del manso Henares ; el cnat favor yo te ofrezco , qne 
in imagino qne el deseo que todos han conocido que 
i tengo de servirles, los obligará i hacer que no salga 
1 Taoo lo qne aquí te prometo. Suspenso quedó Elido, 
indo el gallardo y verdadero ofrecimiento de Tirsi, y 
psaponi pudo responderle mas que abrazarle estre- 
lunente, y decirie : El cielo te pague, discreto Tirsi, 
IcMBoelo qne me has dado , con el cual y con la vo- 
litad de Galatea , qne á lo que creo , no discrepará de 
lioestra, sin duda entiendo, que tan notorio agravio 
Mm el que se haceá todas estas riberas en desterrar 
das la rara hermosura de Galatea, no pase adelante : y 
' lie á abrazar tomó á sn rostro la color perdida, 
no tornó al de Galatea , á quien fué oir la embajada 
los pastores, como si oyera la sentencia de su muer- 
Todo lo notaba Elicio , y no lo podia disimular Eras- 
, ni menos la discreta ñorisa , ni aun fné gustosa la 
á ninguno de cuantos alli estaban. A esta sazón ya 
declinaba sa acostumbrada carrera : y asi por esto, 
por ver qne el enamorado Lenio había seguido i 
, y que alli no quedaba otra cosa que hacer , tra- 
i Galercio y á Maurisa consigo , toda aquella com- 
movió los pasos hacia el aldea , y al llegar junto á 
;, Elido y Erastro se quedaron en sus cabanas , y con 
Tirsi, Damon , Orompo , Crísio, Harsilio, Arsindo 
iBio se quedaron con otros algunos pastores : y de 
ellos con corteses palabras y ofrecimientos se des- 
los venturosos Timbrío, Silerio, Nisida y'Blan- 
I, didéndoles qne otro dia se pensaban partir á la cin- 
' de Toledo, don(te había de ser el fin de sn viaje; y 
Anzindo á todos los que con Elicio quedaban , se fué- 
Na con Aurelio, con el cual iban Florisa, Teolinda y 
y la triste Galatea tan congojada y pensati- 

T. I. 



LA GALATEA, UBRO VL 97 

va, que con toda su discreción no podia dejar de dar 
i muestras de extnilo descontento. Con Uaranio se fueron 
I sn esposa Sil vería y la hermosa Belisa. Cerró en esto In 
noche , y parecióle á Elicio que con ella se le cerraban 
todos los caminos de su gusto ; y si no fuera por agasajar 
conboen semblantea los huéspedes que tenia aquella 
noche en su cabana , él la pasara tan mala que desespe- _ 
rara de ver el dia. La mesma pena pasaba el misero Eras- 
tro, aunque con mas alivio, porque sin tener respeto á 
nadie , con altas voces y lastimeras palabras maldecía su 
ventura, y la acelerada determinación de Aurelio. Eb> V 
tando en esto , ya que los pastores habian satisfecho á la 
hambre con algunos rústicos manjares, y algunos dellot 
entregádose en los brazos del reposado sueño , llegó i la 
caballa de Elicio la hermosa Maurisa, y hallando á Elicio 
á la puerta de su cabai'm , le apartó, y le dio un papel, 
diciéndole qne era de Galatea, y que le leyese luego, 
que pues ella á tal hora le traía , entendiese que era de 
importancia lo que en él debía de venir. Admirado el 
pastor de la venida de Maurisa , y'mas de ver en sus ma- 
nos papel de tu pastora, no pndo sosegar un punto hasta 
leerie , y entrándose en su cabana , á la luz de una raja 
de teoso pino le leyó , y vio que asi decia. 

CALATEA A ELICIO. 

aEn la apresurada determinación de mi padre está la 
que yo he tomado de escribirte , y en la fuerza que me 
hace la que á mi mesma me he hecho hasta llegar á este 
punto : bien sabes en el que estoy, y sé yo bien que qni- 
siera verme en otro mejor, para pagarte algo de lo ma- 
cho que conozco que te debo. Mas si el cielo quiere que 
yo qnede con esta denda, quéjate del, y no de la volun- 
tad mía. La de mi padre quisiera mudar , si fuera posi- 
ble ; pero veo que no lo es , y asi no lo intento. Sí algún 
remedio por allá imaginas, como en él no intervengan 
ruegos , ponle en efeto, con el miramiento que á tu cré- 
dito debes y á mi honra estás obligado. El que me dan 
por esposo , y el que me ha de dar sepultura , viene pa^ 
sadomailana: poco tiempo te queda para aconsejarte, 
aunque á mí me queda harto para arrepenlímie. No digo 
mas , sino que Haurísa es Oel , y yo desdichada. » 

En extraña confusión pusieron i Elicio las razones de 
la carta de Galatea, pareciéndole cosa nueva, ansí el e»- 
críbiríe, pues basta entonces jamas lo liabía lieclio, 
como el mandarle buscar remedio á la sinrazón que se 
le hacia: mas pasando por todas estas cosas , solo paró 
en imaginar cómo cumpliría lo que le era mandado, 
aunque en ello aventurase mil vidas, si tantas tuviera. 
Y no ofreciéndosele otro algún remólo , sino el que de 
sus amigos esperaba , confiado en ellos , se atrevió á 
responder á Galatea con una carta que dio á Maurisa , la 
cual desta manera decia. 

BLiaO k CALATEA. 

«Si las fuerzas de mi poder llegaran al deseo que tengo 
de serviros , hermosa Galatea , ni la que vuestro padre 
os hace, ni las mayores del mundo fueran parte pare, 
ofenderos ; pero como quiera que ello sea, vos veréis 
agora, si la sinrazón pasa adelante, cómo yo no me 
quedo atrás en hacer vuestro mandamiento, por la vía 
mejor que. el caso pidiere. Asegúreos esto la fe qne de 
mi tenéis conocida , y haced buen rostro á la fortuna 
presente, confiada en la bonanza venidero ; que el cielo. 



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M 



OnnAS DE CERVAKTES. 



que os lia movido á acordaros de mí y á escribirme, me 
dará valor para mostrar que eu algo merezco la merced 
que me habéis hecho , que como sea obedeceros, oí re- 
celo ni temor serán parte para que yo no ponga en efeto 
lo que á vuestro gusto conviene, y al mió tanto importa. 
No mas, pues lo mas que en esto ha de haber sabréis 
de Maurisa , á quien yo he dado cuenta dello ; y si vues- 
tro parecer con el mío no se conforma , seaf o avisado, 
porque el tiempo no se pase , y con él la sazón de nues- 
tra ventura, la cual os dé el cielo como puede y como 
vuestro valor merece.» 

Dada esta carta á Maurísa, como está dicho , le dijo 
Bsimesmo cómo él pensaba juntar todos los mas pasto- 
res que pudiese , y que todos juntos irían á hablar al 
padre de Calatea, pidiéndole pormerced señalada, fue!:e 
servido de no desterrar de aquellos prados la sin par 
hermosura siiya i y cuando esto no bastase , pensaba 
poner tales inconvenientes y miedos al lusitano pastor, 
que él roesmo dijese no ser contento de lo concertado : 
y cuando los ruegos y astucias no fuesen de provecho 
alguno , determinaba usar la fuerea, y con ella ponerla 
en su libertad , y esto con el miramiento de su crédito 
que se podía esperar de quien tanto la amaba. Con esta 
resolución se fué Maurísa , y esta raesma tomaron luego 
todos los pastores que con Elicio estaban , á quien él 
dio cuenta de sus pensamientos , y pidió favor y consejo 
en tan arduo caso.Loego Tirsi y Damon se ofrecieron 
de ser aquellos que al padre de Calatea hablarían. Lau- 
80, Arsindoy Erastro, con los cuatro amigos, Oroni- 
po, Mansílío, Crisio y Orfenio, prometieron de buscar 
y juntar para el día siguiente sus amigos, y poner en 
obra con ellos cualquiera cosa que por Elicio les fuese 
mandada. En tratar lo que mas al caso convenía, y en 
tomar este apuntamiento, se pasó lo mas de aquella no- 
che. Y la mañana venida, todoslos pastores se partieron 
á cumplir lo que prometido habían, sino fueron Tírsi 
y Damon , que con Elicio se quedaron. Y aquel mesmo 
dia tornó á venir Maurisa á decir á Elicio, cómo Gala- 
tea estaba determinada de seguir en todo sa parecer : 
despidióla Elicio con nuevas promesas y confianzas , y 
con alegre semblante y extraño alborozo estaba espe- 
rando el siguiente dia, por ver la buena ó mala salida 
que la fortuna daba á su hecho. Llegó en esto la noche, 
y recogiéndose con Damon y Tírsi á su cabana, casi todo 
el tiempo della pasaron en tantear y advertir las diQcul» 
tades que en aquel negocio podían suceder, si acaso 
no movían á Aurelio las razones que Tírsi pensaba de- 
cirle. Mas Elicio , por dar lugar á los pastores que repo- 
sasen, se salió de su cabana, y se subió en una verde 
cuesta que frontero della se levantaba : y alli con el apa- 
rejo de la soledad revolvía en su memoria todo lo que 
por Calatea liabia padecido, y lo que temía padecer si el 
délo i sus intentos no favorecía ; y sin salir desta imagi- 
nacion , al son de un blando céfiro ,quemansamente so- 
plaba, con voz suave y baja comenzó á cantar desta ma- 
nera. 

UICIO. 

Si deste herricnlc mar } (olfo iuMe, 
Donde Uinlo «aeíaza li lorouBti , 



Libro la vida de tan dora afrente, 

Y loco el sielo veDioroso j sano ; 
Al aire aliadas una y otra mano 

Con alma humilde j volintad coatenb , 
Haré me amor conoica , el cielo aienta , 
Qne el bien les agradezco soberana. 

Llamaré renturosos mis tospiros. 
Mis liKrimas tendré por agradables , , 

Por refrigerio el fuego en qne me quemo. 

Diré que son de amor los recios tiros, 
Dnlces al alma, al cuerpo saludables, 

Y qne en su bien no bay medio , sino extremo. 

Cuando Elicio acabó su canto, comenzaba ú descu- 
brirse por las orientales puertas la fresca aurora, con 
sus hermosas y variadas mejillas, alegrando el nelo, 
aljofarando las yerbas y pintando los prados; coyi de- 
seada venida comenzaron luego á saludar las parlem i 
aves con mil suertes de concertadas cantilenas. Lena- ' 
tose eu esto Elicio , y tendiendo los ojos por la esficioH 
campaña, descubrió no lejos dos escuadras de ^Him, 
las cuales según le pareció bacía su cabañase encamiii»- 
ban, como era la verdad, porque luego conocióqoe ena 
sus amigos Arsindo y Lauso, con otros quecoosg» 
traían. Y los otros Orompo , Haisilio , Crisio y Orfesiy 
con todos los mas amigos que juntar pudieron. Conoei*, 
dos pues de Elicio, bajó de la cuesta para ir á recebiilA 
y cuando ellos llegaron junto de la cabana, ya esti 
fuera della Tirsi y Damon, que á buscar á Elicio il 
Llegaron en esto todos los pastores , y con alegre 
blante unos á otros se recebieron.-Y luego Lauso, 
viéndose á Elicio , le dijo : En la compañía (]ue traei 
amigo Elicio , puedes ver si comenzamos á dar luae 
de querer cumplir la palabra que te dimos : todos ki 
que aqut ves, vienen con deseo de servirte, aunque ea 
ello aventuren las vidas : lo que ialta es, que tú no li I» 
gas en lo que mas conviniere. Elicio, con las mqo^ 
razones que supo, agradeció á Lauso y á los demás t 
merced que le hacían: y luego lescontó todo lo quena 
Tírsi y Damon estaba concertado de hacerse para silii 
bien con aquella empresa. Parecióles bien álospastoM 
loque Elicio decia : y así, sin mas detenerse híciaelil- 
dea se encaminaron, yeiido delante de Tirsi y DaaiML 
siguiéndoles todos los demás, que hasta veinte pasUM 
serian , los mas gallardos y bien dispuestos que ea todl 
las riberas de Tajo hallarse pudieran , y todos llevikl 
nlencion de que si las razones de Tirsi no movían iqi 
Aurelio la hiciese eu lo que le pedían , de usar en su II 
garla fuerza, y no consentir que Calatea al forastei 
pastor se entregase : de que iba tan contento EraiM 
como si el buen suceso de aquella demanda en solo I 
contento de redundar hubiera, porque á trueco én 
verá Calatea ausente y descontenta , tenia por bieoflí 
pleado que Elicio la alcanzase, como lo imaginaba, ;■ 
tanto Calatea le había de quedar obligada. 

EU fin deste amoroso cuento y historia , con lossaei 
sos de Calercio, Lenío y Celásia, Araindo, Uauní 
Grísaldo, Artandro y Rosaura, Marsilio y Belisa, Cl 
otras cosas sucedidas á los pastores basta aquí noailR 
dos, en la segunda parte desta historia se prometen.! 
cual , si con apacibles voluntades esta primera viere I 
cebida , tendrá atrevimiento de salir con brevedad i < 
vista yjuzgada de losojosyentendimieatosde 



rin UE LA CALATEA. 



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NOVEUS EJEMPLARES. 



DEDICATORU 

A O» Pedro FeíBandn de Caitro, conde de LetaaM , de Andrade 7 de Vilialbe , ete . 

Ex dos errores casi de ordinario caen los que dedican sus obras á algún principe. El primero 

nqae eu ia carta que llaman dedicatoria, que ha de ser breve v sucinta, muy de propósito y 

«pteio, ya llevados de la verdad ó de la lisonja , se dilatan en ella en traerle á la memoria , no 

tolo las iuiañas de sus padres y abuelos, sino las de todos sus parientes, amigos y bienhechores. 

I h t\ segundo deciries que fas ponen debajo de su protección y amparo, porque las lenguas 

laiMicieDtes y marmuradoras no se atrevan á morderlas y lacerarlas. Yo pues huyendo destos 

\'é>» inconvenientes, paso en silencio aquí las grandezas y títulos de la antigua y real casa de vuestra 

licelencia, con sus infinitas virtudes, asi naturales como adquiridas, dejándolas á que los nuevos 

jTidias y Lisipos busquen mármoles y bronces adonde grabarlas y esculpirlas, para que sean 

faitbs á la duración de los tiempos. Tampoco suplico a vuestra Excelencia reciba en su tutela 

^ libro, porque sé que si él no es bueno, aunque le ponga debajo de las alas del hipógrífo de 

l^lfo, y a la sombra de la clava de Hércules , no dejarán ios Zoilos, los Cínicos, los Aretinos 

Im Bernias de darse un tilo en su vituperio, sin guardar respeto á nadie. Solo suplico que 

' ';ru vuestra Excelencia que le envío, como quien no dice nada, doce cuentos, que á no 

fse labrado en la oficina de mi entendimiento, presumieran ponerse al lado de los mas 

los. Tales cuales son, allá van, y yo quedo aquí contentísimo por parecerme que voy mos- 

I en algo el deseo que tengo de servir á vuestra Excelencia, como á mi verdadero señor 

kienhechor mío. Guarde nuestro Señor, etc. De Madrid ¿ 13 de julio de 1613. 

Criado de vuestra Excelencia. 

MlGDKL Dü CEKviNTeS SAATt'DHA. 
NMM><WWMI»HaB«gW>aMtaWIW< MM I WI Wr) M B ( l«(WKWB{WKl<WWWWW«aKWB<e«'Mi« 

PROLOGO. 



OuBinA yo, si fuera posible (lector amantisimo) excusarme de escribr este prólogo, porque no 
ibé tan bien con el que puse en mi Don Quijote, que quedase con gana de segundar con este, 
esto tiene la culpa algún amigo de los'muchos que en el discurso de mi vida he granjeado 
■as con mi condición que con mi ingenio : el cual amigo bien pudiera, como«s uso y costum- (^^ ^"\ 
n, grabarme y esculpirme en la primera hoja de este libro, pues le diera mi retrato el famoso \ /|^/ A 
> Juan de Jáuregui , y con esto quedara mi ambición satisfecha, y el deseo de algunos que quer- \ * '^i 
n saber qué rostro y talle tiene quien se atreve á salir con tantas invenciones en la plaza del J ((f ( 
udo á los ojos de las gentes, poniendo debajo del retrato : Este gue veis aquí de rostro agui-^/ ' ^ 
k, de cabello castmo, frente lisa y desembarazada, det alegres ojos, y de nariz corva aunque .)><. . /. 
'*' -Toporcionada , las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes '*' "■ *> 
s, la boca pequeña, los dientes no crecidos, porque no tiene sino seis y esos mal acondi- \ 
idos y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo i 
dos extremos, ni grande ni peaueño, la color viva, antes blanca que morena, algo cargado de / 
^das, y no muy lijero de pies : este digo, que es el rostro del autor de La Galútea y de^ 
M Qu^oú de la iícmcha, y del que hizo el Viaje del Parnaso á imitación del de César Caporal 
Vnsino, y otras obras que andan por ahí descarriadas, y quizá sin el nombre de su dueño; llá- <^ 
■e comunmente Miguxldb CebvántbsSaavbdra : fué soldado muchos años, y cinco y medio cau- , *^- 
v, donde aprendió á tener paciencia en las adversidades : perdió en la batalla naval de Lepanto In. r^ /^ 
■UDO izquierda de unarcabuzazo; herida, que aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por 
nía cobrado en la mas memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan 
bsveniderosy militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra; ¡^ 
iV,defelice memoria; y cuando á la de este amigo, de quien me quejo, no ocurrieran otras 
de las dichas que decir de mí, yo me levantara ¿mi mismo dos docenas de testimonios, y 
ioi dijera en secreto; con que extendiera mi nombre y acreditara mi ingenio ; porque pensar 
"(ficen puntualmente la verdad los tales elogios, es disparate, por no tener punto preciso ni 



>^ 



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PROLOGO. 



determinado las alabanzas ni los vitaperios. En fin, pues ya esta ocasión se pasó, y yo he quedado 
en blanco y sin figura, será forzoso valerme pormipico, que aunque tartamudo, no lo será pan 
decir verdades, que dichas por señas suelen ser entendidas. Y asi te digo (otra vez lector amule) 
que destas novelas que te ofrezco, en ningún modo podrás hacer pepitoria, porque no tienes 
pies ni cabeza, ni entrañas, ni cosa que les parezca : quiero decir, que los requiebros amoioset 
que en algunas hallarás, son tan honestos y tata medidos con la razón y discurso cristiano, que k * 
podrán moverá mal pensamiento al descuidado ó cuidadoso que las leyere. Heles dado el nombre ' 
de E¡}emplareí, y si bien lo miras , no hay ninguna de quien no se pueda sacar un ejemploproT^ ' 
cboso ; y si no fuera por no alargar éste sujeto, quizá te mostrara el sabroso y honesto fruto queiti' 
podria sacar-, asi de todas juntas, como de cada una de por si. Mi intento ha sido poner en la plak- 
de nuestra república una mesa de trucos, donde cada uno pueda llegar á entretenerse sin dti(¿ 
de barras : digo, sin daño del alma ni del cuerpo, porque los ejercicios hol^esto5 y agradables ánlet^' 
aprovechan que dañan. Si ; que no siempre se está en los templos, no siempre se.ocupau los otm 
torios, no siempre se asiste alos negocios por calificados que sean : horas hay derecreacion, doidfl» 
el afligido espintu descanse : para este efeto se plantan las alamedas, se buscan las fuentes, se sOm 
nan las cuestas, y se cultivan con curiosidad los jardines. Una cosa me atreveré á decirte : queil 
por algún modo alcanzaraque la lección de estas novelas pudiera inducirá quien las leyeraáslpí 
mal deseo ó pensamiento, antes me cortara la mano con óue las escribí, que sacarlas éii públicij 
mi edad no está ya para burlarse con la otra vida, que al cincuenta y cinco de los años gano pti 
nueve mas, y por la mano. A esto se aplicó mi ingenio, por aquí me lleva mi ioclinacion, yni 
que me doy á entender (y es asi] que yo soy el primero que he novelado en lengua casteilaní 
que las muchas novelas que en ella andan impresas, todas son traducidas de lenguas extnmieii 
y estas son mias propias, no imitadas ni hurtudas : mi ingenio las engendró y las parió mipluai 

I van creciendo en los brazos de la estampa. Tras ellas, si la vida no me deja, te ofrezco los Tn 
ajo» de Pérsiles, libro que se atreve á competir con Heíiodoro, si ya por atrevido no sale cont 
manos en la cabeza : y primero verás, y con brevedad, dilatadas las hazañas de DmQu^oU^é 
naires de Sancho Panza ; y luego las Semanas delJardin. Mucho prometo con fuerzas tan p( 
como las mias; pero i auien pondrá rienda á los deseos? Solo esto quiero qve consideras : 
pues yo he tenido osaaia de dirigir estas novelas al gran conde de Lemos, algún misteno tiei 
escondido, que las levanta. No mas, sino que Dios te guarde, y á mi me dé paciencia paralle^ 
bien el mal que han de decir de mi mas de cuatro sotíles y iJmidonados. Vale. 

AL AUTOR, POR VARIOS INGENIOS. 






DEL MARQUES DE ALCAflfCBS. 

SI eu el moni ejemplo j dniee itIso, 
Ceiváktes , de la diestra graTC Hra, 
En.daela trisis el concepto mira 
El lector retratado in paraíso ; 

Mira m«)or, ijae con el arte qalso 
Voestro Ingenio sacar de la menUM 
La verdad, can llana solo aspira 
A l« qie es Yolantarlo hacer preciso. 

Al asnnto ofrecidas las memoriat 
Dedica el tiempo, que en tan breve smga 
Caben todos snelntos los eitrenos. 

T es noMe calidad de Tnestr«s riorias, 
One el ono te le deba i nesira *■«■* , 
T el otro i las grandezas del de Lemos. 

DB FERNANDO BERMUDEZ CARBAJAL. 

Hizo la memoria clara 
De aquel DMalo ingenias» 
El laberinto famoso. 
Obra peregrina j rara : 
Mas ti ta nombre alcanian 
Creta en to monstruo crtel. 
Le diere al bronce j pincel, 
Coando en términos distintos 
Viera en doce laberintos 
Major ingenio qne en él. 

I «I la nataraleza 
En la mieba variedad 
Ensefiama;ar beldad, 
ÜMirUlcloj belleza: 
Celtbn con mu presteza 
Cenrdntes raro j sutil , 
Aqnetlt florido abril , 
Cajra variedad admira 
La fama veloz, qne mira 
B« ¿I variodaies mil. 



DE DON FERNANDO DE LODGfiA. 

Defad, nereidas, del albergue umbroso 
Las piezas de cristales fabricadas, 
De la espama lUets mal techadas. 
Si bien gnamidaí de coral preciosa: 

Salid del sitio ameno ; deleiloe». 
Dríades de las selvas no tocadas : 
T vosotras. 6 masas eelekndas , 
D<iiad las inentet del Hcor copioso : 

Todat iantas traed un ramo tole 
Del irbol en quien Dafne convertida 
Al rubio dios mostrd tanta dureza; 

Que cuando no lo fuera para Apola, 
Hojr se hiciera laurel por ver eetid» 
A MiwzL DI CeivAmtxs la cabeza. 

A LOS LECTORES. 

POR niAN DE SOLIS HEJIA, 
tnra loaiu coantuo. 

¡OIi U , que aqnettai Hbnlas leíste ! 
Si fo secreto delias contemplaste , 
Veris qne ton de la verdad engaste 
Qae por tu gusto tal ditfrat te vitte. 

Bien, CntvÁnTB* iatlgne, eonoeltte 
La hnmana inclinación, cuando meteiaate 
Lo dulce con lo honesto, y lo templaste 
Tan bien , que plato al oaeipo j alma Udatr. 

Rica j pomposa vas , fllotolla : 
Ya, dotrina moral , coa ecte tni* 
Nohsbri quien de ti bnrli- i te detprecie. 

Si agora te faltare eompaSia, 
Jamas esperes del mortal linaje 
Qn tu virtud j tu grandezas precie. 



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LA JITANILLA. 



'Pun^ loajitanoi yjituiaB loliineDle nacieron en 
el mukfn nr ladrones : nacen de padres ladnmes, 
. criuKCHlMlroDes, eatndian para ladrones, y flnal- 
■ak aleo cm ser kdrones corrientes y molientes i 
Uk laeds; y la gana da hurtar y el hurtar son en ellos 
. OM KddaiteB inseparables qne no se quitan sino con 
kMNte. Usa pues de esta nación , |iiaiia vieia , que 
faiiMT JBbilada en k ciencia de Caco, crié una mu- 
ekiohi ea nombre de nieta suya, i qoien poso por nom- 
be Praeiosa, y á quien enseñó todas sns iitanerias y mo- 
4iide embelecos y trazas de hurtar. Salióla tal Preciosa 
h BB única bailadora que se hallaba en todo el jitanis- 
M, y b ñas hennosa y discreta que pudiera hallarse, 
Motn losjitanos, sino entre cuantas hermosas y dis- 
xMaspndiera pregonar la fama. Ni los soles, ni los av- 
ia, ni todas laa inclemenciat del cielo, i quien mas qne 
Mnt gentes están sujetos losjitanos, pudieron dedus- 
ítwta rostro ni cnrtir gus manos ; y lo que es mas, qne 
i hcriama tosca en que se criaba , no' descubría en ella 
ler nacida de mayor^ prendas que de jitana , por- 
era en extremo cortés y bien razonada : y con todo 
en ligo desenvuelta, pero no de modo que descn- 
algun género de deshonestidad ; antes con ser 
en tan lionesta, que eu su presencia no osaba al- 
jitaoa vieja ni moza cantar cantares lascivos, ni dei> 
pabbnsno bnenas : y finalmente, la abuela conoció 
il tesoro qoe en la nieta tenia , y asi determinó el águila 
ñtjasacar i volar su aguilucho, y enseñarle á vivir por 
Mañas. Salió Preciosa ríca de villancicos ; de coplas, 
ItgiiidiUaa y zarabandasy de otros versos, especialmente 
iie mBances, que los cantaba con especial donaire; 
IHque su taimada abuela echó de ver que tales jugue- 
fe y gracias en los pocos años y en la mucha hermosura 
fcsa nieta hablan de ser felicísimos atractivos é incen- 
Bns pan acrecentar su caudal ; y ansí se los procuró y 
ÍBKó por todas las vías que pudo ; y no faltó poeta que 
kl« diese ; que también hay poetas 'que se acomodan 
Majitaoos, y les venden sus obras, como los hay para 
lieps, que les fingen milagros, y van á la parte de la 
lUBflda : de todo hay en el mundo, y esto de la hambre 
U Td hace arrojar los ingenios á cosas que no estín en 
rinapa. Cñóse Preciosa en diversas partes de Castilla, 
Jilos qaince años de su edad su abuela putativa la vol- 
HU i la corte y á su antiguo rancho , que es donde ordi- 
kriamente le tienen losjitanos , en los cam|iDS de'Santa 
kitara, pensando en la corte vender su mercadería, 
iaade todo se compra y todo se vende, Y ]& primera 
ninda que hizo Preciosa en Madrid, fué un dia de San- 
te Ana , patrona y abogada de la villa , con una danza en 
lae ihao ocho jitanas, cuatro ancianas y cuatro mucha- 
^.yunjítano, gran bailarín, que las guiaba; y aun- 
||K todas iban límpiasy bien adere^das, el aseo dePre- 
(■»era tal que poco á poco fué enamorando los ojos de 
••MtOB la mhaban. De entre el son del tamboril y cas- 
picias y faga del baile salió un rumor que encarecía la 
waydonairedela Jitanilla, y corrían los mncha- 
■Kíveria.ylos hombres á mirarla; pero cuando la 
lew cantar, porserla danza cantada, allí fué ello, allí 
'lK cobró aliento la fama de la iilanitla , y de conmn 



oonsentiraiento de los dipatados de la fiesta desde luego 
le señalaron el premio y joya de la mejor danza; y cuando 
llegaron á hacería en la iglesia de Santa María delante de 
la imagen de la gloriosa Sta. Ana, después de haber bai- 
lado todas, tomó Preciosa unas sonajas, al sop de las 
cuales , dando en redondo largas y lijerísimas vueltas, 
cantó el romance siguiente. 



Árbol preelosiiino , 
Qie urdit en dar fratu 
AAos que pidieron 
Cibrirle de lato, 

Y bacer los deseos 
Del cunsorte paros, 
Contra sa esperana 
No ma; bien seguros : 

De eojo tardarse 
NaciO aqnel disgusto. 
Que lanid del templo 
Al varan mas justo : 

Santa tierra estéril , 
Qoe al cabo prodigo 
Toda la abundancia 
Que sustenta el mando : 
Lasa de moneda 
D» se rorjd el cuto 
Qne did i Dios la forma. 
Une como bombre tuvo : 

Madre de una hija , 
En quien ^ niso ; pudo 
Moslrar Dios (randeías 
Sobre bnmano curso : 



Porros y por ella 
Sois, Ana, el refugio, 
Do xan per reiáedio ' 
Niestros iafortunlos. 

En etena manera 
Tenéis, no lo dido. 
Sobre el nieto imperio 
Piadoso ] justo. 

A ser comunera 
Del aldiar sumo. 
Fueran mil parientes 
Con vos de cunsuno. 

¡ Qni bija ! qué nielo ! 
Y i qni yerno ! Al punto, 
A ser causa justa, 
Cantirades triunfos. 

Pero vos bomllde 
Fuisteis el estadio. 
Donde vuestra Hija 
Uiio bumildes cursos. 

Y ahora 1 su lado 
A Dios el mas junto 
Gozáis del áltela 
Que apenas barrunta. 



El cantar de Preciosa fué para admirar i cuantos la 
escuchaban. Unosdedan : Dios te bendiga, la muchacha. 
Otros: Lástima es que esta mozuela sea jitana; en ver- 
dad, en verdad que merecía ser hija de un gran señor. 
Otros había mas groseros que decían : Dejen crecer á la 
rapaza , que ella hará de las suyas ; á fe que se va añu- 
dando en ella gentil barredera para pescar corazones. 
Otro mas humano, mas basto y mas modorro, viéndola 
andar tan lijeraen el baile , le dijo : A ello, h^a, á ello, 
andad , amores, y pisad el poivito á tan menudito. Y ella 
respondió sin dejar el baile : Y pisarélo yo á tan menudo. 
Acabáronse las vísperas y la fiesta de Sta, Ana , y quedó 
Preciosa algo cansada , pero tan celebrada de hermosa, 
il e aguda y de discreta y bailadora , que á corrillos se ha- 
blaba delk en toda la corte. De allí á quince dias volvié 
á Madrid, como tenia de costumbre, con otras tres mu- 
chachas con sonajas y con un baile nuevo, todas aperce- 
bídas de romances y de cantarcillos alegres, pero todos 
honestos ; que no consentía Preciosa que las que fuesen 
en su compañía cantasen cantares descompuestos , ni 
ella los cantó jamas , y mnchos miraron en ello , y la tu- 
vieron en mucho. Nunca se apartaba della la jitana vie- 
ja, hecha su Argos, temerosa no se la despabilasen y 
y traspusiesen ; llamábala nieta, y ella la tenia por abue- 
la. Pusiéronse á bailar á la sombra en la calle de Toledo 
por complacer á los que las miraban, y de los que las ve- 
nían signiendo se hizo luego un gran corro; y én tanto 
que bailaban , la vieja pedia limosna á los circunstantes, 
y llovían en ella ochavos y cuartos como piedras á tabla- 
do; que^mbien la hermosura tiene fuerza de despertar 
la caridad dormida/vcabado el baile, dijo Preciosa : Si 
me dan cuatro cuartos , les cantaré un romance yo so- 
la, lindísimo en extremo, que trata de cuando la reina 
nuestra señora D.* Margaríta salió á misa de parida en 
ValladoUd, y fué áSan Llórente : digoles que es fa- 



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OBRAS DE CERVANTES. 



DIOSO, y compuesto por un poeta de los del núme- 
ro, como capitán del batallón. Apenas liubo diclio esto 
cuando casi todos los que en la rueda estaban dijeron á 
voces : Cántale , Preciosa , y ves aqui mis cuatro cuar- 
tos; y asi granisaron sobre ella cuartos, que la vieja no 
se daba manos acogerlos. Hecho pues su agosto y su ven- 
dimia , repicó Preciosa sus sonajas, y al tono correntio 
y loquesco cantó el siguiente romance. 



Salid t misa de parida 
La najTOF reina de En ropa , 
El el valor jr en el nombre 
Rica j admirable Jon. 

Como los ojos se Uen, 
Se lleva lits a!m:ts !odas 
De cuantos miran y admiran 
Su devoción y su pumpa. 

Y para mostrar que es parte 
Del cirio en la tierra toda , 
Aun lado lleva el sol de Austria, 
Al otro la líenla aurora. 

A sus espaldas la sigue 
Vn lucero que i deshora 
Salió la noche del dia 
(jue el cielo y la tierra llnratl, 

Y si en el cielo hay estrellas 
Que lucici)tes carros forman, 
Ivn otros carras su cielo 
Vivas estrellas adornan. 

Aqui el anciano Saturno 
l.a barba pule y remoza, 

Y aunque tardo, va lijero ; 
Üue el placer cura la gula. 

Ivl dios parlero va en lenguas 
Lisonjeras y amorosas, 
Y' (tupido en ciTras varias, 
Que rubíes v perlas bordan. 

Allí va el furioso .Marte 
En la persona cpriosa 
lie mas de un gallardo joven 
Que de su somora se asombw. 

Junto i la casa del sol 
Va Júpiter; que no hay cosa 
Diricil i U privanza 
l''undada en prudentes obras. 

Va la luna eo la< mejillas 
l>e ana j otra humana diosa, 
Venus casta en la belleza 
De las que este cielo forman. 

Peqvedielas Ganimédes 
Criiian , Tan , «nelven y toman 
Por el cinto tachonada 
Desta esfera milagrosa. 

Y para qae todo admire 

Y todo asombre, no hay cosa 

8ae de liberal no pase 
asta el eilremo de prddiga. 
Mtlan con sus ricas telas 
ahí n en vista curiosa. 
Las Indias con sns diamantes, 

Y Arabia con sus aromas. 
Coi los mal Intencionados 

Va la envidia mordedora , 

Y la bondad en los pechos 
De la lealud espaBola. 

La alegría universal 
Hnvendo de la congoja , 
Calles j platas discurre. 
Descompuesta y casi loca. 

A mil mudas bendiciones 
Abre el silencio la boca, 

Y repiten los muchachos 

Lo que los hombres entonan. 



Cnil dice : — Fecunda vid, 
Crece , sube, abrasa ; loca 
El olmo felice tuyo. 
Que mil siglos te haga sombra, 

l>ara gloria de ti misma, 
Para bien de EspaSa j honra. 
Para arrimo de la iglesia , 
Para asombro de Mahoma.— 

Otra lengua clama v dicn : 
—Vivas, o blanca paloma. 
Que nos bas dado por crias 
Águilas de dos coronas , 

Para ahuyentar de |os aires 
Las de rapiSa furiosas. 
Para cubrir con sus alas 
A las virtudes medrosas,— 

Otra mas discreta y grave. 
Mas aguda ; mas curiosn 
Dice, vertleqdo alegría 
Por los ojos y la boca : 

— Esta pena que nos djste. 
Nicar de Austria , lipica y sola, 
¡Qué de mtquinas que rompe! 
Qué de designios que corta! 

Qué de esperanzas que infunde! 
Qué de deseos malogra ! 
Qué de temores aumenta ! 
Qué de preflidos aborta! — 

En esto se llegó al templo 
Del fénix santo que ;n Roma 
Paé abrasado, y quedó vivo 
En la fama y en la gloria. 

A la Imigen de la vida. 
Ala del cielo ScBora, 
A la que por ser humilde, 
Las estrellas pisa ahora : 

A la Madre v Virgen Junto, 
A la Hija y i la Esposa 
De Dios, niñeada de hinojos 
Narcarita asi razona : 

—Lo que me has dado te doy, 
Mano siempre dadivosa; 
Que i do falta el favor tuyo 
Siempre la miseria sobra. 

Las primicias de mis frutos 
Te ofrezco , Virgen hermosa : 
Tales cuales son las mira. 
Recibe , ampara y mejora. 

A su padre te encomiendo ; 
Que homano Atlante se encorva 
Al peso de tantos reinos 

Y de climas tan remotas. 
Sé que el corazón del Rey 

En las manos de Dios mora, 

Y sé que puedes con Dios 
Cuinto pidieres piadosa. — 

Acabada esta oración, 
Otra semejante entonan 
Himnos y voces que muestran 
Que esU en el suelo su gloria. 

Acabados los olidos. 
Con reales ceremonias 
Volvió jt sa punto este ciclo 

Y esfera maravillosa. 



Apenas acabó Preciosasu romance, cuandodel ilustre 
auditorio y grave senado que la oia, de muchas se formó 
una VOZ sola que dijo : Toma á cantar. Preciosa, que no 
faltarán cuartos como tierra. Mas de doscientas personas 
estaban mirando el baile, y escuclianilo el canto de las 
jitanas, y en la mayor fuga del acertó á pasar por alli uno 
de los tinienlesde la villa, y viendo tanta gente junta, 
preguntó qué era : y fuéle respondido que estaban es- 
cuciíando á I» Jitaiiilia hermosa que cantaba. Llegóse 
el tiniente, que era curioso, y escuchó un rato, y por 
no ir contra su gravedad , no escuchó el romance hasta 
|a fin : y habiéndole parecido por extremo bicti la Jita- 



nilla, mandó á un paje suyo dijese á la jitana viejiq 
al anocliecer fuese á su casa con las jitauillas, qoen 
ría que las oyese D.* Clara su mujer. Hizolo aá 
paje, y la vieja dijo que si iría. Acabaron el baile ; 
cauto, y mudaron lugar ; y en esto llegó un paje o 
bien aderezado á Preciosa , y dándole un paptl dobli 
le dijo : Preciosica, canta el romance que aqoin, p 
que es muy bueno, y yo te daré otros de cdu¿« 
cuando, con que cobres fama de la mejor roinaiicen< 
mundo. Eso aprenderé yo de muy buena gana , resp 
dio Preciosa ; y mire, señor, que no me deje de dar 
romances que dice , con tal condición (¡ue seas h« 
los; y si quiere que se los pagiie, conoertémonos 
docenas , y docena cantada docena pagada ; porque |i 
sar que le tengo de pagar adelantado, es peosv ki i 
posible. Para papel siquiera que me dé la señora P 
ciosica, dijo el paje, estaré contento : y mas, que 
romance que no saliere bueno y honesto, no ha tle 
trar en cueuta. A la mía queda el escogerlos, r«spM 
Preciosa : y con esto se fueron la calle adelante, y 
una reja llamaron unos caballeros á las jitanas. 
Preciosa á la reja , que era baja , y vio en una sala i 
bien aderezada y muy fresca muchos caballera q 
unos paseándose, y otros jugando á diversos juegos 
enti^tenian. ¿Quiérenme dar barato, zeñoresl dijo I 
ciosa , que como jitana hablaba ceceoso , y esto es i 
ficio en ellas que no naturaleza. A la voz de Pretnosa 
su rostro dejaron los que jugaban el juego, y el p 
los paseantes : y los unos y los otros acudieron i h 
por verla, que ya tenian noticia del la, y dijeron: Eati 
entren las jitanillas, que aqui les daremos barato. ( 
seria ella, respondió Preciosa , si nos pellizcasen, 
á fe de caballeros, respondió uno ; bien puedes ent 
niña, segura que nadie te tocará á la vire de tu zapato; 
por el hábito que traigo en el pecho, y púsose li 
sobre uno de Calatrava. Si té quieres entrar, Pred 
dijo una de las tres jitanillas qne iban con ella, enM 
horabuena , que yo no pienso entrar adonde hay 
hombres, Mira, Cristina, respondió Preciosa : de lo 
te has de guardar es de un hombre solo y á solas, ; 
de tantos juntos ; porque antes el ser inndios qail 
miedo y recelo de ser ofendidas. Advierte, Cristii 
y está cierta de una cosa : que la mujer que se deten 
áser honrada, entre un ejército de soldados lo pi 
ser. Verdad es que es bueno huir de las ocasiones; 
lian de ser de las secretas y no de las públicas. En 
inos. Preciosa, dijo Cristina, que tú sabes mas 
un sabio. Animólas la jitana vieja, y entraron : yap 
hubo entrado Preciosa, cuando el caballero del tí 
vio el papel que traía en el seno , y llegándose á ella 
le tomó, y dijo Preciosa : Y no me le tome, seüor, 



es un romance que me acaban de dar ahora, que 
le he leido. Y ¿sabes tú leer, hija? dijo uno. Vescr 
respondió la vieja, que á mi nieta la be criado yo 
si fuera hija de un letrado. Abrió el caballero el pap 
vio que venia dentro del un escudo de oro, y dijo 
verdad. Preciosa , que trae esta carta el porte dea 
toma este escudo que en el romance viene. Basta, 
Preciosa, que me ha tratado de pobre el poeta; { 
cierto que es mas milagro darme á mi un poeta ni 
cudo, que yo recebirle : si con esta afiadidura liai 
venir sus romances , traslade todo el Romancero $ 
ral , y envíemelos uno á uno , que yo les tentaré el 



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LA ilTANILLA. 



«03 



ii^}8ñmerendarus,8eréjob(aDdaenrecebUios. Ad- 
,IHn<k)>4iaedaroa los que oían á la jiUnica, asi de su 
jBcrtcion como del donaire con que hablaba. Lea , ao- 
ñor, <lij<)tU*i T l*!o *lto > veremos si es tan discreto ese 
pueU,cooioes liberal. Y el caballero leyó asi : 



Xilai el mná» Precios*. 
liBlí laiii me negara 
■a.MwaiiTerta; 

ÍlMKtpnti jamas 
pfám ] la üermosiira. 
■aM ea lalor sabido , 
llCRtieBd* ea anoiaida , 
llfeurieado la nnaocia 
jktM (i ne iaa lacldo. 
^^ ■ luiam ae cria 
dfiembHinndo, 
liaieM, n< ain([ae blando. 



I 



Porque eo el peligro fuerte 
De mirarle ó contemplarte, 
Tu intención va i descniparte , 

Y ta hermosura i dar muerte. 
Uicen que son hechiceras 

Todas las de tu nación ; 

Pero tus hechizos son 

De mas Tuerzas y mas réras ; 

l'aes por llevar los despojos 
De todos cuautos te ven , 
Haces , ó nina , que esi¿n 
Loa hechizos en tus ojos. 

En sus fuerzas le adelantas , 
Pues bailando uos admiras, 

Y nos malas, si sus miras, 

Y nos encantas, si eanUs. 
De cien mil modos bectaltaa ; 

Hables, calles, cantes, mires, 
O te acerques A retires , 
El fuego de amor atizas. 

Sobre el mas exento peebo 
Tienes mando y señoría; 

Se lo 9ue es testigo el mió, 
e tu imperio satisfecho. 
Preciosa joya de amor. 
Esto humildemente escribe 
El que por ti muere vive 
Pobre, aunque humilde amador. 



^ Mires y aduares 
iCtaaaKMtalkeUeíaT 
ttcáMCridlalpiea 
kaiUe HaaiaaaresT 
ola lerl hmoao 
id Tajo dorado , 
Fmioia preciada 
. (aeei Unges caudaloao. 
■ea la toeaavtntaia , 
iHia Bala coatino ¡ 
1 11 ni por u eamlao 
UeaciM y tn hermosura. 

^ El pobre acaba el último verso, dijo á esta sazón Pre- 
, mala señal ; nunca los enamorados han de decir 
!oa pobres, porque á los principios ¿ mi parecer ta 
tí muy enemiga del amor. ¿Quién te enseña 
I, rapaza? dijo uno. ¿Quién me lo ha de enseñar? res- 
óPreciosa ; ¿no tengo yo mi alma en mi cuerpo? 
leago ya quince años? No soy manca, ni ronca, ni es- 
k del entendimiento : los ingenios de las jitanas 
por otro norte que los de las demás gentes ; siempre 
" itan á sus años, no hay jitano necio , ni jitana 
jque como el sustentar su vida consiste en ser 
astutos y embusteros , despabilan el ingenio á 
, y no dejan que crie moho en ninguna mane- 
estas muchacha^ mis compañeras, que están 
, y parecen bobas ? pues éntrenles el dedo en la 
, y tiéntenlas las cordales, y verán lo que verán : no 
■ynucfaachade doce qnejno sepa lo que de veintiein- 
^ponjue tienen por mi^^ps y preceptores al diablo 
'oso, que les enseña eil una hora lo que hablan de 
leader en un año. Con esto que la Jitanilla decía , te- 
isospensos álov oyentes, y los que jiXgaban ledie- 
birato, y aun los que no jugaban. Cogió la hucha de 
iñja treinta reales , y mas rica y mas alegre que una 
de flores, antecogió sus corderas, y fuese en casa 
iiñortiniente, quedando que otro dia volvería con 
Buadaádar contento á aquellos tan liberales so- 
les. 

Ti tenia aviso la sefiora D.* Clara, mujer del señor 
ate , como hablan de ir á su casa las jitanillas, y es- 
lías esperando como agua de mayo ella y sus donce- 
y dueñas, ooD las de otra señora vecina suya, que 
fase juntaron para ver á Preciosa ; y apenas hubie- 
■citrado las jitanas, cuando entre las demás resplan- 
lit Preciosa , como la luz de una antorcha entre otras 
menores ; y asi corrieron todas á ella : unas la abra- 
, otras la miraban, estas la bendecían , aquellas la 
D.* Clara decía : Este si que se puede decir 
Mío de oro, estos si que son ojos de esmeraldas. La 
Mn su vecina la desmenuza toda , y hacia pepitoria 



de todos sus miembros y coyunturas ; y llegando á ala-* 
bar nu pequeño boyo que Preciosa tenia en la barbit, 
dijo : ¡Ay qué hoyo! en este hoyo han de tropezar cuan- 
tos ojos le miraren. Oyó esto un escudero de braju» de la 
señora 0.« Clara, que allí estaba, de luenga barba y 
largos años , y dijo : ¿ Ese llama vuesa merced boyo , se- 
ñora mía? pues yo sé poco de hoyos , ó ese no es huyo, 
sino sepultura de deseos vivos: por Dios Un lindu es hi 
Jitanilla, que hecha de plata ó de alcorea no podría ser 
mejor. ¿Sabes decir la buenaventura, uiim?De tres ú 
cuatro maneras, respondió Preciosa. Y ¿eso mas? dijo 
D.* Clara, por vida del Uniente mi señor, que me la 
hasde decir, niña de oro, y niña de plata, y niña de 
perlas , y nífía de carbunclos , y niña del cíelo, que es lo 
mas que puedo decir. Denle , denle la jialma de la mano 
á la niña , y con qué haga la cruz , dijo la vieja , y verán 
qué de cosas les dice ; que sabe mas que un dotor do 
melecina. Echó mapo á la faldriquera la señora tinienta, 
y halló que no tenia blanca ; pidi,ó un cuarto á sus cria- 
das, y ninguna le tuvo, ni la señora vecina tampoco. Lo 
cual, visto por Preciosa, dijo : Todas lascrucesen cuanto 
cruces son buenas ; pero las de plata ó de oro son mejo- 
res , y el señalar la cruz en la palma de la mano con mo- 
neda de cobre, sepan vuesas mercedes que menoscaba 
la buenaventura, por lo menos la mía: y asi tengo afi- 
ción á hacer la cruz primera con algún escudo de oro, á 
con algún real de á ocho , ó á lo menos de á cuatro; que 
soy como los sacristanes que cuando hay buena ofrenda 
se regocijan. Donaire tienes, niña, por tu vida, dijo la 
seilora vecina , y volviéndose al escudero le dijo: Vos, 
señor €ontreras, ¿ tendréis á mano algún real de á cua- 
tro? dádmele, que en viniendo el dotor mi marido os lo 
volveré, Si tengo, respondió Contreras, pero téngolo 
empeñado en veinte y dos maravedís que cené anodie : 
dénmelos , que yo iré por él en volandas. No tenemos 
entre todas un cuarto , dijo D.* Clara, ¿y pedís veinte 
y dos maravedís ? Andad , Contreras, que siempre fuis- 
teis impeitineute. Una doncella de las presentes, viendo 
la esterilidad de la casa, dijo á Preciosa: Niña, ¿liará 
algo al caso que se haga la cruz con un dedal de plata? 
Antes , respondió Preciosa , se hacen kts cruces mejores 
del muqdo con dedales de plata , como sean muchos. 
Uno tengo yo, replicó la doncella; si este basta, liéle 
aquí, con condición que también se me ha de decir á lui 
la buenaventura. ¡Por un dedal tantas buenasventuras! 
dijo la jitana vieja ; nieta , acaba presto , que se hace uo- 
che. Tomó Preciosa el dedal, y lamano do la señora tt- 
nienta, y dijo : 



Hermosita , hermosita , 
La de las manos de plata , 
Mas te quiere tu marido 
Que al rey de las Aipujams. 

Eres paloma sin blel, 
Pero i veces eres brava 
Como leona de Oran, 
O como Ugre de Ocafia. 

Pero en un tras, en un tris. 
El enojo se te pasa , 
V quedas como alfeHiqoe , 
O como cordera mansa. 

Rifles mucho , y comct pOM ; 
Algo celosita andas; 

?ae es juguetón el tiniente, 
quiere arrimar la vara. 
Caando doncella te qniso 
lino de una buena cara ; 
Que mal hayan los terceros 
Que loa guatos destraratan. 

Si i dicha tú fueras moiga , 
Hoy tu convento mandans, 



Porqne tienes de abadesa 
Mas de cnatrocicnlas rayas . 

^o te lo quiero decir, 
Pero puco importa, vaya 
Enviudaris uira vez, 
T otras dos seris rasada. 

No llores, seOora mía. 
Que no siempre las Jitanas 
Décimas el Evangelio ; 
No llores, señora, acaba. 

Como te mueras primero 
Que el señor Uniente, basta 
Para remediar el daSo 
De la viudez que amenau. 

Has de beredary muy presto 
Hacienda en macha abundancia: 
Tendrás un hijo candnigo. 
La iglesia no se señala. 

De Toledo no es posible. 
Una hija rubia y blanca 
Tendrás, que si es religiosa. 
También vendti i «er pr«ia«. 



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JOi 

Si tacipoM ao le muere 
Dentro de cnslro semanas, 
VeiMe corregidor 
Da Bdrgot ó SalMMBca. 

Un luoar tienes : jqné lindo, 
¡Ay Jesu, qaé lima clan ! 
¡Quésol,qaealláenlOianUpoilaM 
Buoros valles aclara ! 

Has de dos ciegos por rerle 
Dieran mas de cuatro blancas : 



OBRAS DE CERVANTES. 

Agorasie*l»iislea; 

i Av, qne bien ba;a esa Krteit! 

Galrdale de lis etidas, 
Priicipalmente de espaldas; 
One suelen ser pellcrosas 
En las principales damas. 

Cosa.i hay mas que. decirte : 
SI para r! viernes mé teauiis. 
Las olrls, qne son de gusto, 
Y algunas hay de desgracias. 



Acabó su buenaventura Preciosa , y con ella encendió 
el deseo de todas las circunstantes en querer saber la 
suya, y así se lo rogaron todas; pero ella las remitió para 
el viernes venidero , prometiéndoles que tendrían rea- 
les de plata para hacer las cruces. En esto vino el señor 
tíniente, i quien contaron raaravHIas de la Jilanilla : él 
las hizo bailar un poco, y confirmó por verdaderas y 
' bien dadas las alabñizas que á Preciosa habían dado : y 
poniendo la mano «n la raldriquera, hizo señal deqae- 
rer darle algo ; y habiéndola espulgado y sacudido, y 
rascado mochas veces, al cabo sacó la mano vacia, y 
dijo: Por Dios que no tengo blanca, dadle vos, doña 
Clara, nn real á Preciosica, que os le daré después. 
Bueno es eso, señor, por cierto; si,aliiestá el real de 
miinifiesto: no hemos tenido entre todas nosotras un 
cuarto para hacer la señal de la cruz, j;y quiere qne ten- 
gamos un real ! Pues dadle alguna valoncica vuestra, ó 
alguna cosa, que otro día nos volverá ¿ ver Preciosa, y h 
regalaremos mejor. A lo cual dijo D.* Ciara : Pues por- 
que otra vez venga , no quiero dar nada ahora á Precio- 
sa. Antes si no me dan nada , dijo Preciosa, nunca mas 
volverá acA : mas , s! , volverá á servir á tan príncipales 
señores; pero traeré tragado que no me han de dar na- 
da , y ahorraréme la fatiga del esperarlo. Coheche vnesa 
merced , señor tinrente , coheche y tendrá dineros , y no 
haga usos nuevos , que morirá de hambre. Mire , señor; 
por ahi he oido decir (y aunque moza , entiendo que no 
son buenos dichos) que de kn oflcios se ha de sacar di- 
neros para pagar las condiciones de las residencias, y 
para pretender otros cargos. Así lo dicen y lo hacen los 
desalmados, rephco el tiniente; pero el juez que da 
buena residencia , no tendrá que pagar condenación al- 
guna, y el haber usado bien su oficio, será el valedor 
para qne le den otro. Habla vuesa merced muy á lo san- 
to , señor tiniente , respondió Preciosa ; ándese á eso, y 
cortarémosle de los harapos para reliquias. Mucho sa- 
bes , Preciosa, dijo el tiniente : calla , que yodaré traza 
que sus Majestades te vean , porque eres pieza de reyes. 
Querránme para truhana , respondió Preciosa , y yo no 
lo sabré ser, y todo irá perdido; si me quisiesen para 
discreta, aun lievarmeian ; pero en algunos palacios mas 
medran los truhanes que los discretos : yo me hallo bien 
conserjitanaypobre, y corra la suerte por donde el 
cielo quisiere. Ea , nina , dijo la jitana vieja , no hables 
mas , que has hablado mucho , y sabes mas de lo que yo 
te he enseñado; no te asotiles tanto, que te despuntarás : 
habla de aquello que tus años permiten, y no te metas 
en altanerías, que no hay ninguna que no amenace cal- 
da. El diablo tienen estas jitanas en el cuerpo, dijo á esta 
sazón el tiniente. Despidiéronse las jitanas, y al irse dijo 
la doncella del dedal : Preciosa, dime la buenaventura, 
ó vuélveme mi dedal, que no me queda con que hacer 
labor. Señora doncella, respondió Preciosa, haga cuenta 
que se la he dicho, y provéase de otro dedal , ó no haga 
vainillas hasta el vientes , que yo volveré , y le diré mas 
ventiUtis y aventuras que las que tiene ualíbrode caba- 



llerías. Fuéronse , y junlánmse con las maciías kbndK 
ras qie á la hora de las Avemarias suelen salir de MadrU, 
para volverse á sus aldeas, y entre otras vielven idimím, 
oon quien siempre se aoomfoñaban las jitanas, y vtl- 
vian seguras; porque la jitana vieja vivía en continuo te- 
mor no le salteasen á su Preciosa. 

Sucedió pues que la magaña de un dia que volviaa i 
Madrid acoger la gan-ama con las demás jitanilhs^ can j 
valle pequeño que está obra de quinientos pasos ánlcs J 
que se llegue á la villa, vieron un mancebo gailaidoy \ 
ricamente aderezado de camino : la espada y daga qne 
traía eran , como decir se suele , un ascua de oío : awa- 
brero con ríco cintillo, y con plumas de diveraas celoni i 
adornado. Repararon las jitanas en viéndole, y posiém- 
sele á mirar muy despacio, admiradas de que á tales ho- 
ras un tan hermoso mancebo estuviese en tal lagar á jii 
y solo. El se llegó á ellas, y hablando con la jitana ma- 
yor, le dijo : Por vida vuestra, amiga, que me bagm 
placer que vos y Preciosa me ováis aquí aparte dos pab- 
bras, que serán de vuestro proveclio. Como no nos de»- 
viemos mucho, ni nos tardemos mucho, sea eu biM 
hora , rospondió la vieja ; y llamando á Preciosa , se des- 
viaron de las otras obra de veinte pasos , y así en pié c^ ' 
mo estaban, el mancebo les dijo: Yo vengo de raaiM' 
rendido ála'discrecion y belleza de Preciosa, qne dm-' 
pues de haberme hecho mucha fuetza para excu&ar U*' 
gar á este punto, al cabo lie quedado mas rendido, y umi : 
imposibilitado deexcusallo. Yo, señoras mías (que siea- 
pre os he dar este nombre, si el cielo mi pretensirii, 
favorece) , soy caballero, como lo puede mostrar el ha- 
bito; y apartando el hen-eruelo , descubrió en el peclN 
uno de los mas calificados que hay en España : soy hijodá 
fulano (que por buenos respetos aquí no se declara m 
nombre) , estoy debajo de su tutela y amparo : say fa^ 
único , y el que espera un razonable mayorazgo i mi pa« 
dre está aquí en la corte pretendiendo un cargo , y 
está consultado, y tiene casi ciertas esperanzas de ai 
con él ; y con ser de la calidad y nobleza que os be rd»> 
rido, y de la que casi se os debe ya de ir trasluci( 
con todo eso quisiera ser un gran señor para levaniar| 
mi grandeza la humildad de Preciosa, haciéndola i4 
igual y mi señora : yo no la pretendo para burlalla, ni 
las veras del amor que la t«Dgo puede caber género éb 
burla alguna : solo quiero servirla del modo que H^ 
mas gustare : su voluntad es la raia ; pero con ella es 
cera mi alma, donde podrá imprimir lo que quisiere , f^ 
para conservarlo y guardarlo , no será como impreso < 
cera , sino como esculpido en mármoles, cuya dureza 
opone á la duración de los tiempos : si creéis esta 
dad , no admitirá ningún desmayo mi esperanza ; 
sino me creéis, siempre me tendrá temeroso vnesl^H 
duda : mi nombre es este , y dljoselo : el de mi padre jH 
os le he dicho : la casa donde vive es en tal calle, y Úemn 
tales y tales señas : vecinos tiene de quien podréis im^ 
formaros , y aim de los que no son vecinos taulúeo; qa» 
no es tan escura la calidad y el nombre de mi padre, y 
el mío , que no le sepan en los patios de Palacio , y ao^ 
en toda la corte : cien escudos traigo aquí en oro pum. ' 
daros en arras y señal de lo que pienso daros ; porque mm- 
ha de negar la hacienda el que da el alma. En tanto qo* 
el caballero esto decia, le estaba mirando Preciosa atwa . 
lamente, y sin duda que no le debieron de parecer nal 
ni sus razones ni su tallo; y volviéndose á la vieja, la 



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U ATANILfcA. 



109 



dqo: PenidnM» , abuela, de que me tome licencia para 
mfgoder i este tan enanwrado señor. Responde lo qne 
míeaes, nieta , respondió la ^eja, que yo sé qne tie- 
nndecrecion para todo. Y Preciosa dijo: Yo, señores- 
hallen, aunque soy jitaua, pobre y humildemente na- 
ádi, leagü un ciet^ espirítillo fimtásticó acá dentro, 
migrandes cosas me lleva : á mi ni me mueven pro- 
KH, bí me desmoronan dádivas , ni me inclinan sa- 
rjóos, ni me espantan finezas enamoradas : yannque 
^fiioce años (qne según la cuenta de mi abuela para 
«leSan Mignel los haré), soy ya vieja en los pensamien- 
ti, y alcanzo mas de aquello que mi edad promete, más 
|grmi baen natural qne por la experiencia ; pero con lo 
w j con lo otro sé que las pasiones amorosas en los re- 
da enamorados son como ímpetus indiscretos qne ha- 
«aalirila voluntad de sus quicios, la cual atrope- 
lado inconvenientes, desatinadamente se arroja tras 
aáeieo, y pensando dar con la gloria de sus ojos, da 
m el infierao de sus pesadumbres : si alcanza lo que 
ém., mengua el deseocon la posesión de ht cosa desea- 
4i,y quizá abriéndose entonces los ojos del entendi- 
0¿áta, se ve ser bien que se aborrezca lo que antes se 
•loaba : este temor engendra en mi un recato tal , que 
inas palabras creo , y de muchas obras dudo : una 
joya tage , que la estimo en mas qne á la vida , que 
hde mi entereza y virginidad , y no la tengo de ven- 
ipredo de promesas ni dádivas, porque en fin será 
' , y si puede ser comprada, será de muy poca es- 
tai me la han de llevar tnoas ni embelecos , antes 
inne con ella á la sepultura , y quizá al cielo, que 
en peligro qne quimeras y fantasías soñadas la 
ó manoseen : flor es la de la virginidad que á 
jnable aun con la imaginación no habia de dejar 
cortada la rosa del rosal , | con qué brevedad 
lad se marchita I Este la toca, aquel la huele, el 
la deshoja, y finalmente, entre las manos rústtcM 
Bliace:stvos, señor, por sola esta prenda venis, 
hkibeis de llevar sino atada con las ligaduras y hizos 
■alrimonio ; que si la virginidad se ha de inclinar, 
áeserá este santo yugo , que entonces no serla per- 
áoo emplearla en ferias que felices ganancias pro- 
: áqoídéredes ser mi esposo , yo lo seré vuestra; 
kan de preceder muchas condiciones y averígua- 
prímero : primero tengo de saber si sois el que 
luego, hallando esta verdad , habéis de dejar la 
de Toestros padres y la habéis de trocar con nues- 
nnchos, y tomando el traje de jitano, habéis de 
ir dos años en nuestras escuelas , en el cual tiempo 
satisfaré yo de vuestra condición, y vos de la mia : 
tobo del cual, si vos os conteiitades de mi, y yo de 
,Be entregaré por vuestra esposa; pero hasta en- 
ER tengo de ser vuestra hermana en el trato , y vnes- 
Mlaia en serviros : y habéis de considerar que en fel 
4«;ie noviciado podría ser que cobrásedes la vis- 
óle agora debéis de tener perdida, ó por lo menos 
, y viésedesque os convenía huir de lo que agora 
con tanto ahinco ; y cobrando la libertad perdida, 
I boen arrepentimiento se perdona cualquier cul- 
lUioon estas condiciones queréis entrar á ser soldado 
stia milicia , en vuestra mano está, pues faltando 
dellas , no habéis de tocar un dedo de la mia. 
tkanése el mozo á las razones de Preciosa , y púsose 
'tn eaibelesado mirando al suelo, dando muestras que 



consideraba lo qne de responder debia. Viendo lo cual 
Preciosa, tomó á decirle : No es este caso de tan poco 
momento, que en los que aquí nos ofrece el tiempo 
pueda ni deba resolverse : volveos, señor , á la villa, y 
considerad despacio la que viéredes que mas os conven- 
ga, y en este mismo logarme podéis hablar todas las 
fiestas que quisiéredes, al ir ó venir de Madrid. A lo cual 
respondió el gentil hombre : Cuaide el cielo me dispuso 
para quererte. Preciosa mia, determiné de hacer por tí 
cuanto tu voluntad acertase á pedirme, aunque nunca 
cupo en mi pensamiento que me hablas de pedir lo qne 
me pides; pero puea es tu gusto, que el mío al tuyo se 
ajuste y acomode, cuéntame por jitano desde luego, y 
haz de mi todas las experiencias que mas quisieres, que 
siempre me has'de hallar el mismo que ahora te sinifi- 
co : mira cuándo quieres qne mude el traje, que yo que- 
ría que fuese luego , que con ocasión de ir á Flándes en- 
gañaré á mis padres, y sacaré dineros para gastar algu- 
nos dias, y serán hasta ocho lasque podré tardar en aco- 
modar mi partida : á lo» que fueren conmigo , yo los sa-^ 
bré engaSar de modo qne salga con mi-determinacion ; 
loque te pido es, si es que ya puedo tener atrevimiento 
de pedirte y suplicarte algo, que si no es hoy donde te 
puedes informar de mi calidad y de la de mis padres, 
que no vayas mas á Madrid , porque no querría que tV' 
gnnas de las demasiadas ocasiones que allí pueden ofre- 
ceree, me salteasen la buena ventura que (anto me cues- 
ta. Eso no , señor galán,, respondió Preciosa : sepa que 
conmigo ha de andar siempre la libertad desenfadaiia, sin 
que la ahogue ni turbe la pesadumbre de tos oelos ; y en- 
tienda que no la tomaré tan demasiada que no seeche de 
ver desde bien lejos, que liega mi honestidad á mi des- 
envoltura; y en el primero cargo en que quiero enteraros, 
es eneldelaconfianzaquehabeisdeliacerdeml'.y mirad 
que los amantes que entran pidiendo celos, óson simples 
óeonfiados. Satanás tienes en tu pecho, muchacha, dijoá 
esta sazón la jitana vieja: mira que dices cosas; que no las 
dirá nn colegial de Salamanca : tú sabes de amor, tú sa- 
bes de celos, tú de confianzas: jcómo es esto? que me 
tienes loca , y te estoy escuchando como á una persona 
espiritada, que habla latin sin saberlo. Calle, abuela, 
respondió Preciosa, y sepa que todas las cosas que me 
oye son monadas, y son de burlas para las muchas quede 
mas varas me quedan en el pecho. Todo cuanto Preciosa 
deéia, y toda la discreción qne mostraba, era añadir leña 
al fuego que ardía en el pecho del enaitaorado caballero. 
Finalmente, quedaron en que de allí a ocho dias se ve- 
rían en aquel mismo lugar, donde él vendría ádar cuenta 
del término en que sus negocios estaban., y ellas habrían 
tenido tiempo de informarse de la verdad que les habia 
dicho. Sacó el mozo una bolsilla de brocado, donde dijo 
que iban cien escudos de oro, y dióselos á la vieja ; pero • 
no quería Preciosa que los tomase en ninguna manera, ' 
á quien la jitana dijo : Calla, niña, que la mejorseñat 
que este señor ha dado de estar rendido, es haber entre- 
gado las armas en señal de rendimiento; y el dar, en 
cualquiera ocasión que sea, siempre fué indicio de ge- 
neroso pecho; y acuérdate de aquel refrán que dice : al 
cielo rogando, y con el mazo dando; y mas, que na 
quiero yo que por mi pierdan las jilanas el nombre qu» 
por luengos siglos tienen adquirido de codiciosas y apro- 
vechadas : ¿cíen escudos quieres tú que deseche , Pre- 
ciosa, que pueden andar cosidos en el alfonude una saya 



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Í0O 



OBRAS oe 



qno no valga dos reales , y tena-Ios allí como qniui tiene 
un juro sobre las yerbas de Extremadura? Si alguno de 
nuestros hijos, nietos ó parientes cayere por alguna dea- 
gracia en roanos de la justicia, ¿liabrá favor tan bueno 
que llegue á la oreja del juez y del escribano, como estos 
escudos , si llegan á sus bobas ? Tres veces por tres deli- 
tos diferentes me he visto casi puesta en el asno , para 
seraiotada ; y de la una me libró uu jarro de plata, y de 
la otra una sarta de perlas, y de la otra cuarenta reales 
de i ocho , que babia trocado por cuartos , dando veinte 
reales mas por el cambio: mira, niña, que andamos en 
oficio muy peligroso y jleno de tropiezos y de ocasiones 
forzosas , y no hay defensas que mas presto nos amparen 
y socorran, como las armas invencibles del gran Filipo: 
no hay pasar adelante de su plu» ultra : por un doblón de 
dos caras se noe muestra alegre la triste del procurador 
y de todos los ministros de la muerte , que son arpias de 
nosotras las pobres jilanas , y mas precian pelamos y 
desollarnos i nosotras , que á un salteador de caminos : 
jamas por mas rotas y dráastradas que nos vean, nos tie^ 
nen por pobres , que dicen que somos como los jubones 
de los gabachos de Belmonte, rotos y grasientoü, y lle- 
nos de doblones. Por vida suya, abuela, que no diga 
mas, que lleva término de alegar tantas leyes en favor de 
quedarse con el dinero , que agole tas de los emperado- 
res : quédese con ellos , y buen provecho le bagan, y 
plega á Dios que los entierre en sepultura donde jamas 
tomen avería claridad del sol, ni haya necesidad que 
le vean : i estas nnestias compañeras seri forzoso darles 
algo, que ha mucho que nos .esperan , y ya deben estar 
enfadadas. Asi verán ellas, replicó la vieja, moneda des- 
tas, como ven al turco agora : ese buen señor veri si le 
ha quedada alguna moneda de plata, ó cuartos, y los re- 
partirá entre ellas, que con poco quedarán contentas. Si 
traigo , dijo el galán , y sacó de la foidriquera tres reales 
de iocho, que repartió entre las tres jitanillas, con que 
quedarou mas alegres y mas satisfechas , que suele que- 
dar un autor de comedias cuando en conpetenciade otro 
le suelen retular por las esquinas , vietor , victor. En re- 
solución ooticertaron, como se ha dicho, la venida de 
alli í ocho días, y que sehabia de llamar cuando fuese 
jitano Andrés Caballero, porque también habia jitanos 
entre ellosdeste apellido. No tuvo atrevimiento Andrés, 
que asi le llamaremos de aquí adelante, de abrazar á 
Preciosa , antes enviándole con la vista el alma, sin ella, 
si asi decirse puede, las dejó, y se entró en Madrid, y 
ellas contentísimas hicieron lo mismo. Preciosa, algo 
aflcionada, mascón benevolencia que con amor, déla 
gallarda disposición de Andrés, ya deseaba informarse 
si era el que habia dicho : entró en Madrid, y á pocas ca- 
lles andadas encontró con el paje poeta de las coplas y el 
escudo: y cuando él la vio, se llegó á ella diciendo: 
Vengasen buen hora. Preciosa; ¿leíste por ventura las 
coplas que te di el otro dia ? á lo qn^Preciosa respondió : 
Primero.que le responda palabra, me ha de decir una 
verdad , por vida de lo que mas quiere. Conjuro es ese , 
respundió el paje , que aunque el decirla me costase la 
vida , no la negaré en ninguna manen. Pues la verdad 
que quiero que me diga, dijo Preciosa , es , si por ven- 
tura es poeta. A serlo, replicó el paje, forzosamente 
había de sor por ventura ; pero has de saber. Preciosa, 
que ese nombre de poeta muy pocos le merecen, y asi 
yo no lo soy, sino un aGcionado á la poesía : y para lo 



CERVANTES. 

que he meoester,nóvoyá pedir ni buscar versos igeiKit: 
losque te di sop míos, y estos que te doy agora ttm- 
bien , mas no por esto soy poeta , ni Dios lo quien. ^Ta 
JM(fo es ser poeta T replicó Preciosa. No es malo , dijo el 
p^e ; pero el ser poeta i solas no lo tengo por muy bue- 
no : hase de usar de la poesía, como de una joya precio- 
sisima, cuyo dueño no la traecadadia,nilamuestni 
todas gentes , ni i cada paso , sino cuando coiivengt j 
sea razón que la muestre : la poesía es una beliisim 
doncella, casta, honesta, discreta, aguda, retirada, j 
que se contiene en los limites de la discreción jnas alta: 
es amiga de la soledad , las fuentes la entretienen, i« 
prados la consuelan, los árboles ki desenojan, las llora 
la alegran ; y Analmente , deleita y enseña á cuantos coa 
ella comunican. Con todo eso, respondió Preciosa, he 
oído decir que es pobrisima , y que tiene algo de no- 
diga. Antes es al revés, «lijo el paje, porque no bj 
poeta que no sea rico , pues todos viven contentes ca 
su estado : filosofía que alcanzan pocos. Pero ¿qué Itk 
movido. Preciosa, á hacer esta pregunta? Hame movida 
respondió Preciosa, porque como yo tengoá tod(H,i 
los mas poetas por pobres, causóme maravilla aquel o- 
cudo de oro, que me distes entre vuestros versasen- 
vuelto ; mas agora que sé que no sois poeta, sinoafid*- 
nado de la poesía , podría ser que f uésedes rico , aunqN; 
lo dudo, á causa de que por aquella parte que os tocada 
hacer coplas , se ha de desaguar cuanta hacienda tani- 
redes ; que no hay poeta, según dicen, que sepacta- 
servarla hacienda que tiene, ni granjear la que noticiL 
Pues yo no soy desos . replicó el paje ; versos bago, JM 
soy rico , ni pobre : y sin sentirlo ni descontarlo, coM 
hacen los jinoveses sus convites, bien puedo dar m 
escudo, y dos á quien yo quisiere : tomad. Preciosa pe^ 
la, este segundo papel, y este escudo segundo que na 
él, sin que os pongaisá pensar sí soy poeta, óoo:míi 
quiero que penséis y creáis que quien os da esto, quisi»-. 
ratener para daros las riquezas deMídas : y eaeslo l«d^ 
un papel, y tentándole Preciosa halló que dentro veoíai 
escudo, y dijo : Este papel ha de vivir muchos años, píx^ 
que U-ae dos almas consigo ; una la del escudo, y utnlfc 
de los versos, que siempre vienen Henos de almas ; da 
corazones; pero sepa el señor paje que no quiero tai- 
tas almas conmigo , y si no saca la una, no haya niieda 
que reciba la otra : por poeta le quiero , y no por dadi- 
voso, y desta manera tendremos amistad que dure; pnei 
mas aína puede faltar un escudo por fuerte que sea, 
que la hechura de un romance. Pues asi es, repliñ 
el paje, quejquieres. Preciosa, que yo sea pobre pr 
fuerza, no deseches el alma que en ese papel te enii^ 
y vuélveme el escudo , que como le toques con la mana, 
le tendré por reliquia mientras la vida me durare. Saca 
Preciosa el escudo del papel , y quedóse con el papel, y 
n« le quiso leer en la calle. El paje se despidió y se rué 
contentísimo, creyendo que ya Preciosa quedaba rea- 
dida, pues con tanta afabilidad le había hablado. Yel- 
mo ella llevaba puesta la mira en buscar la casa delpa» 
dre de Andrés , sin querer detenerse á baiUr en ninguai 
parte, en poco espacio se puso en la calle do estaba, qu 
ella muy bien sabía ; y habiendo andado hasta la loibj, ^ 
alzó los ojos á unos balcones de hierro dorados, qua ii | 
habian dado por señas, y vio en ellaáun caballero debaSH ; 
edad de cincuenta años, con un hábito de cruz oolondi 
en los pechos, de venerable gravedad yprei«ttcia;cl 



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LA JITANILLA. 



107 



nal ipénH tambMi hnbo visto la Jitmilla , cuando 

I 4ip:SaÍH(l, niñas, que aquí os darán limosna. A etta 

: m MHÜoon al balcón otros tres caballeros, y entre 

: eÜMiinDel enamorado Andrés, que coando vio á Pre- 

óm perdió la color, y estuve i pu ato de perder loseen- 

tid«:t>ato fué el sobresalto que recibió con su vista. 

SokienH tai jitaníllas todas, sino la grande que se qae- 

#itijo para informarse de Ibs criados de las verdades 

éiaÁcs. Al entrar las jitanillas en la sala, estaba di- 

limlo el caballero anciano á los demás: Esta debe de ser 

á Alda la Jitanilla hermosa , que dicen que anda por 

Mrid. Ella es, replico Ahdres. y sin duda es la mas 

tarmoa criatura que se ha visto. Asi lo dicen, dijo 

fncioa (qne lo oyó todo en entrando) ; pero en verdad 

fR se deben de engañar en la mitad del josto precio : 

koaita, bien creo que lo soy, pero tan hermosa como 

éeea, nipor pienso. Por vida de D. Juanico mi hyo, 

4|oel anciano, qne aun sois mas liermosa de lo que di- 

«N, fiada jitana. Y ¿quién es O. Juanico su hijo ? pre- 

gulá Preciosa. Ese galán i^ue está á vuestro lado, res- 

ftadió el caballero. En verdad que pensé, dijo Precio- 

a, que juraba vuesa merced por algún niño de dos 

aülH: mirad quéD. ioanico,y qué brinco. A miver- 

iéi qne pudiera ya estarcasado , y que según tiene unas 

f ttyia en la frente , no pasarán tres años sin qne lo esté, 

¡ I noy i so gusto, si es que desde aquí allá no se le pier- 

I #, ó ae le trueca. Basta, dijo nno de los presentes : 

\ iqaé sabe la Jitanilla de rayas T En esto las jitanillas que 

i íbineoa Preciosa, todas tres se arrimaron á un rincón 

4> la sala, y cosiéndose las bocas nnas con otras, se 

joatano por no ser oidas. Dijo la Cristina : Mucbacluis, 

Hleeiel caballero que nos dio esta mañana los tres reales 

éii ocho. Asi es la verdad , respondieron ellas ; pero no 

fe k) mentemos, ni lé digamos nada si él no nos lo 

Bii«ila:iqné sabemos si quiere encubrirse? En tanto 

fM esto entre las tres pasaba, respondió Preciosa á lo 

¿Ib rayas : Lo que veo con los ojos , con el dedo lo 

tiam: yo sé del señor ü. Juanico, sin rayas, que 

aalgoeoamoradizo, impetuoso y acelerado, y gran pro- 

aetedorde cosas que parecen imposibles; y plague á 

tXosqne no sea mentirosito, que sería lo peor de tode : 

aa viaje hade hacer agora muy lejos de aquí, y uno 

fíeasael bayo, y otro el que le ensilla : el hombre pone, 

yOiosdispone : quizá pensará que va á Oñea, y dará en 

Camboa. A esto respondió D. Jnan : En verdad , jitani- 

ca, que has acertado en muchas cosas de mi condición; 

tero en lo de ser mentiroso vas muy fuera de la verdad, 

ftrqae me precio de decirla en todo acontecimiento : en 

bdel rájebirgo hasacertado, pues sin duda siendo Dios 

ttrrido, dentro de cuatro ó cinco dias me partiré á Flán- 

dú, aunque tú me amenazas que he de torceré! camino 

T no querría que en él me suciediese algún desmán que 

lo estorbase. Calle, señorito, respondió Preciosa, y ed- 

comiéndese á Dios, que todo se hará bien ; y sepa qu6 yo 

Usé nada de lo que digo; y no es maravilla, que como 

IbUo macho y á bulto , acierte en alguna cosa , y yo 

fKrria acertar en persuadirte á que note partieses, sino 

fK uaegases el pecho , y te* estuvieses con tus padres 

)n darles buena vejez , porque no estoy bien con estas 

Ub y Tenidas á Fláudes, principalmente los mozos de 

Ka tierna edad como la tuya : déjate crecer un poco para 

V puedas llevar los trabajos de la guerra, cuanto mas 

fKliartagaerra tienes en tu casa, hartos combates amo- 



roaos le lobresaltaii el pecho : sosiega, soñega, alboro- 
tadito, y mira lo que haces primero que te cases, y da- 
B0« una limosnita por Dios , y por quien tú eres ; que ea 
verdad que creo que eres bien nacido; y si áestuse junta 
el ser verdadero, yo cantaré la gala al veociniiento d» 
haber acertado en cuanto te be dicho. Otra vez te lie di- 
cho, niña, respondió el D. Juan, quehabia de ser Andrés 
Caballero, que en todo aciertas, sinoenel temor que tie- 
nes , que no debo de ser muy verdadero, que en esto le 
engañas sin algnna duda : la palabra que yo doy en el cam- 
po, la cumpliré en la ciudad , y adonde quiera, sin ser- . 
me pedida ; pues no se puede preciar de caballero quien ' 
toca en el vicio de mentiroso : mi padre te dará limosna 
por Dios y por mi , qne en verdad que esta mañana di 
cuanto tenia á unas damas , que á ser tan lisonjeras co- 
mo hermosas , especialmente nna dellas, no me arrien- 
do la ganancia. Oyendo esto Cristina, con el recato de la 
otra vez , dijo á las demás jitanas : ] Ay , niñas ! que me 
maten si no lo dice por los tres reales dea ocho que nos 
dióesta mañana. Noeaasi, respondió una délas dos, por- 
que dijo que eran damas , y nosotras no lo somos : y sien- 
do él tan verdadero como dico, no había de mentir en 
esto. No es mentira de tanta consideración, respondió 
Cristina, la que se dice sin peijuicío de nadie y en pro- 
vecho y crédito del qae iv dice ; pero con todo esto, veo 
no nos da nada , ni noa manda Itailar. Subió en estola 
jitana vieja , y dijo : Nieta, acaba , que es tarde , y hay 
mocho que hacer y mas qne decir. Y i qué hay, abuela, 
preguntó Preciosa , hay hijo ó hija ? Hijo , y muy lindo, 
respondió la vieja: ven. Preciosa, y oirás verdaderas 
maravillas. Plegaá Dios que noaaen de sobreparto, 
dijoPrecioaa. Todose nurará mnybien, replicó la vieja, 
cuanto mas que hasta aqui todo ha sido parto derecho, y cu 
infante es como nn oro. } Ha parido alguna señora T pre- 
gunto el padre de Andrés Caballero : Si, señor, respon- 
dió la jitana; pero ha sido el parto tan secreto, que 
le sabe sino Preciosa, y yo, y otra persona ; y asi no po- 
demos decir quién es. Ni aqui lo queremos saber , dijo 
uno de los presentes; pero desdichada de. aquella que 
en vuestras lenguas deposita su secreto y en vuestra 
ayuda pone su honra. No todas somos malü , respondió 
Preciosa : quizá hay alguna entre nosotras que se precia 
de secreta, y de verdadera, tanto cnanto el hombre mas 
estirado que hay en esta sala : y vamonos , abuela, ^ue 
aquí nos tienen en poco ; pues en verdad que no somos 
ladronas, ni rogamos anadie. No os enojéis. Preciosa, 
dijo el padre , que á lo menos de vos imagino que no se 
puede presumir cosa mala ; que vuestro buen rostro os 
acredita y sale por fiador de vuestras buenas obras: por 
vida de Preciosita, que bailéis un poco con vuestras 
compañeras , que aquí tengo un doblón de oro de á dos 
caras, que ninguna es como la vuestra, aunque son de 
dos reyes. Apenas hubo oído esto la vieja , cuando dijo: 
Ea, niñas, haldas en cinta, y dad contento á estos seño- 
res. Tomó las sonajas Preciosa, y dieron sus vueltas, 
hicieron y deshicieron todos sus lazos con tanto donaire 
y desenvoltura, qne tras los pies se llevaban los ojos de 
cuantos las miraban, especialmente los de Andrés, que 
así se iban entre los pies de Preciosa, como si allí tu- 
vieran el centro de su gloría; pero túrbesela la suerte 
de manera que se la volvióen infierno; y fué el caso que 
en la fuga del baile se le cayó á Preciosa el papel que le 
liabia dado el paje , y apenas hubo caido cuando le alió 



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OBRAS DE CERVANTES. 



i 



elqueno tasto bnenooncapto de lujitanu, y abriéndolB 
al punto dijo : Bueno, sonetico tenemos, case el baile, y 
escúchenle, que según el primer verso, en verdad que no 
es nada necio. Pesóle á Preciosa , por no saber lo que en 
él venia , y rogó que no le leyesen y que se le volviesen, 
y todo el ahinco que en esto ponía, eran espuelas que 
apremiaban el deseo de Andrés para oirle. Finalmente, 
ul caballero le levó en alta voz, y eca este. 

Cundo Preciosa el plnderete toet, 

Y hiere el 4glee son loi aireí nao«, 
Perlis >0D qae derrama con la* manos. 
Floree son qne despide de la boca : 

Snayens* el alaa, j la cordura loet 
Qaeda i los dalces actos sobrejiumanos , 
Qne de limpios, de honístos j de sanos 
sil bma ai cielo levantado loca, 

Cplpdas del menor de sus cabellos 
Mil almas lleva, y i sos plantas tiene 
A«or rendidas una y otra Aecha : 

Ciega, y alumbra con sus soles bellos, 
Sn Imperio amor por ellos le mantiene, 

V aun maa grandezas ds sn lét sospecha. 

Por Dios, dijoel que leyó el soneto, qoe tíene donaire 
el poeta que le escribió. Ño 'es poeta > señor, sino un paje 
muy galán y muy hombre de bien , dijo Preciosa. Mirad 
lo que habéis dicho, Preciosa , y lo que vais i decir, que 
esas no son alabanzas del paje, sino lamas que traspa- 
san el corazón de Andrés que tos escucha : ¿quereislo 
ver, niña? pues volved los ojqs y veróisle desmayado 
encima de la silla con an trasudor dé muerte ; no pen- 
séis, doncella, qoe os ama tan de biírlas Andrés, que 
no le hiera y sobresalte el menor de vuestros descuidos : 
llegaos á él enhorabuena, y decikle algunas palabras al 
oído que vayan derechas al corazón , y le vuelvan de su 
desmayo : no, sino andaos á traer sonetos cada dia en 
vuestra alabaña. y veréia euál os le ponen. Todo esto 
pasó asi como se ha dicho, que Andrés en oyendo el so- 
neto, mil celosas imaginaciones le sobresaltaron ; no se 
desmayó , pero perdió la color de manera que viéndole 
su padre , ledijo : ¿Qué tienes, D. Jun , que parece que 
te vas á desmayar, según se te ha mudado el color? Es- 
pérense, dijo ¿ esta sazón Preciosa, déjenmele decir 
unas ciertas palabras al oído, y verán cómo no se desma- 
ya : y llegándose á él le dijo casi sin mover los labios : 
] Gentil ánimo para jitauo I ¿ cómo podréis , Andrés, su- 
frir el tormento de toca , pues no podéis llevar el do un 
papel? y haciéndole media docena de cruces sobre el 
oorizon, se apartó del ; y entonces Andrés respiró un 
poco, y dio á entender que las palabras de Preciosa le 
babian aprovechado. Finalmente , el doblón de dos ca- 
ras se le dieron a Preciosa ; y ella dijo á sus compañeras 
que le trocaría y repartiría con ell¿ hidalgamente. £1 
padre de Andrea le dijo que le dejase por escrito las pa- 
labras que había dicho á D. Juan , que las quería saber 
«n todo caso. Ella dijo que las diría de muy buena gana, 
y que entendiesen que aunque parecían cosa de burla, 
teuian gracia especial para preservar del mal el corazón 
y los vaguidos de cal)eza, y que las palabras eran : 

Cab«elU,ealMeita, 

Teale en U, no te resbales , 

Y apareja dos pnnules 

Ue la ittcienci» bendlln. 

SollelU 

LabonUa 

ConlaaeiU, 

Con la mitad destas palabras que le digan , y con seis 
emees qne le hagan sobre el corazón á la persona que 
tuviere vaguidos de cabeza, dijo Preciosa, quedará como 
una r^""na. Cuando lafitana vieja oyó el ensahno y el 



No le ineliaef 

A pensamientos mines. 

Verte cosas 

Oue loquen en BllagroSM, 

üios delante 

Y San Cristóbal gignt». 



embnsle, quedó pasmada,y maslequedó AndrMqasñi 
que todo era invención de su agudo ingeiüo. Qoedánm 
con el soneto, porque no qniao pedirle Preciosa, psrnt 
dar otro tártago á Andrés qne ya sabia ella sin nrea- 
señada lo que en dar sustos , martelos y sobresaltoi ce- 
losos á los rendidos amantes. Despidiéronse las jitm, 
y al irse dijo Preciosa á D.'Juan; Mire, señor, cuil- 
quiera dia de esta semanaes próspero para putidis, y 
ninguno es aciago; apresure el irse lo mas pteats fw 
pudiere, que le aguarda una vida ancha, libreyíiajr 
gustosa, si quiere acomodarse á ella. No es tan lilnh 
del soldado, á mi parecer, respondió D. Joan, quesi 
tenga mas de sujeción 'que de libertad; pero con tnb 
esto haré como viere. Mas veréis de lo que pensáis , r» 
pendió Preciosa , y Dios os lleve y traiga con bien cobw 
vuestra buena presencia merece. Con estas últiiBas|i- 
labras quedó contento Andrés, y las jítanss se fuérá 
oontenlíámas : trocaron el doblón, repartiéronle eoln 
todas igualmente , aunque la vieja guardiam Uenti 
siempre parte y media de lo que se juntaba , ssí porh 
mayoridad , como por serelQt el aguja por quien segal»' 
han en el maramagno de sus bailes , donaires , y añade 
sus embustes. 

Llegóse en fin el dia que Andrés Caballero se apueeií 
una mañana en el prímer lugar de su aparedmienlo n- 
bre una muía de alquiler, sin criado alguno; bailó en él 
á Preciosa y á su abuela, de las cuales conocido, le n- 
cibieron con mucho gusto. El les dijo que le guiasenil 
rancho antes que entrase el dia, y con él sedescolmt-* 
sen las señas que llevaba , si acaso le buscasen : ellai^- 
que como advertidas vinieron solas , dieron la vuelu, j 
de allí apoce rato llegaron á sus barracas: entró Andrn' 
en una , que era la mayor del rancho , y luego acudiena 
á verle diez ó doce jitanos , todos mozos y todos f^liv- 
dos y bien hechos, á quien ya la vieja había daducoeoU 
del nuevo compañero que les había de venir , sin leoer ' 
necesidad de encomendarles el secreta, que corno ]t' 
se lia dicho, ellos le guardan con sagacidad y puntui- 
lidad nunca vista : ecliaron luego ojo á la muU, y dijo ' 
uno dellos : Esta se podrá vender «t jueves en Tole- 
do. Eso no, dijo Andrés, porque uo liay muía de al- 
quiler que no sea conocida de todos los mpzos de mulN 
que trajinan por España. Par Dios, señor Andrés, dijt 
uno de los jitanos, que aunque la muía tuviera mal 
señales que las que han de preceder al dia tremeado, 
aquí la transfisrmarémos de manera que no te cooociera 
la madre que la paño, ni el dueilo que la ha criado. Coa 
todo eso, respondió Andrés, por esta vez se ha de ae- i 
guir y tomar el parecer mío : á esta muía se le ha di í 
dar muerte, y ha de ser enterrada donde aun los buetoa 
no parezcan. Pecado grande, dijo otro jitano :¿i un 
inocente se ha de quitar la vida ? no diga tal el buen An- 
drés , sino baga una cosa : mírela bien agora , de mantn ¡ 
que se le queden estampadas todaü sus señales ea It I 
memoria, y déjenmela llevará mi, y si deaqui id«< 
horas la conociere, que me lardeen como á negro (ogi- 
tivo. En ninguna manera consentiré , dijo Andrés, qis 
te mute no muera, aunquatnas me aseguren su trani- 
formación ; yo temo ser descubierto , si á elte do la co- 
bre la tierra : y si se hace por el provecho que de Ten- 
derte puede seguirse, no vengo tan desnudo á esta 
cofradía que no pueda pagar de entrada mas de lo qne 
valen cuatro muías. Pues asi l«r quiere el señor Andrés 



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LA JITANILLA. 



109 



OdaBero, dije otro jitano, naenlasineiilpB, y.Dioe 
ariita me pe» asi por SH mocedad^ paet aun 00 ha cer- 
ndt, esn no luada eiitre malas de alquiler, como 
pMqatdsiieaer andariega, pues no tiene costras en las 
ijadit, ■ llagas de la espuela. DUatóse su muerte hasta 
haidn, f en lo que quedaba de aquel día se hicieroa 
lüMRiionias de k entrada de Andrés á ser jitano, que 
faena: desembamaron luego un rancho de los mejo- 
méiadoar, y adornáronle de ramos y juncia, y sen* 
Üadae Andrea sobra un medio alotmoque, pusiéronle 
■ Im Bioos un martiUo y anas tenazas , y al son de dos 
gnianas que daejitaoos tañian , le hicieron dar dos ca- 
kisiu: luego le deenudaron un brazo, y con una ciitta 
it leda Bueva y un garrote le dieron dos vueltas blan- 
ásMote. A kido se halló presente Pieciosa y otras mu- 
dHsjibnB viejas y nunas, que las unas con manvilla, 
lilHcoa amor le miraban : tal era la gallarda disposi<- 
dude Andrea que hasta loa jitanas le quedaron aficio- 
■aümnoe. Hechas pues las reiartdas ceremonias, un 
jitano viejo tomó por la mano <l Precioga , y puesto d»> 
haiede AAdres, dijo : Esta muohacha.que es la flor, y 
haiia de teda tahcámoanra de las jitanas que sabemos 
fae viven en España, te la entregamos, ya por esposa, 
ijaperamiga, que en esto puedes hacer lo que fuere 
iMsdetu gusto, porque la libre y anehavida nuestra no 
•U njeta á melindres ni & mochas ceremonias : rnírah 
Üea, y nñra A te agrada, 6 si ves en ella alguna cosa 
fH te descontento, y sí la ves, escoge entre bis donce> 
loque aquí están la que mas to contentare , que la que 
«engieres te daremos; pero has de saber que una vez 
am^, no la has de dejar por otra, ni te has Ae empa> 
áu ai entremeter ni con las casadas , ni con las donce- 
Ih: nosotros guardamos inviolablemente la ley déla 
notad : aingano solicite la prenda del otro ; libres y 
oeatm vivimos de la amarga pestilencia de los celos : 
«be nosotros, aunque hay muchos incestos, no. hay 
lii|Bn ^uUerio ; y cuando le hay en la mujer propia, 
ia^nnabeUaqnaría en la amiga, no vamos á la justicia 
ifedir castigo ; nosotros somos los jueces y los verdu- 
JHde nuestras esposase amigas : con la misma facili- 
M bs matamos y las enterramos por las monteñas y 
imertos , como ñ fueran animales nocivos : no hay pa- 
líenle que las vengue, ni padres que nos pidan su 
haote : con este temor y miedo ellas procuran ser cas- 
Ui,Tnosotro8,coraoya be dicho, vivimos seguros: pocas 
OBS tenemos que no sean comunes á todos, excepto 
kmojer 61a amiga, que queremos que cada una sea del 
fie le cupo en suerte : entre nosotros así hace divorcio 
livqet como la muerte: el que quisiere puede dejar la 
Mjór viqa como él sea mozo , y escoger otra que cor- 
n^oodaal gusto desús años : con estas y con otras le- 
]K y estatutos nos conservamos y vivimos alegres : so- 
■01 tenores de los campos, de los sembrados, de las 
ítins, de los montea , de las fuentes y de los ríos : los 
Moles nos ofrecen leña de balde, los árboles frutas, las 
liuavas, las huertas liortaliza, las fuentes agua, los 
'Aipeees, y los vedados caza, sombras las peñas, aire 
iineolasqgúebras, y casas las cuevas: para nosotros las 
Uenencias del cielo son oreos, refrigerio las nieves, 
hits la Hnvia , músicks los truenos y hachas los relám- 
Mn : para nosotros son los duros terrenos colchones 
■Mandas plumas : el cuero curtido de nuestros cuer- 
fXBoe sirve de ames impenetrable qoe nos defiende : 



ánuestraJijereía nota impiden grillos, ni ta detienen 
barnmoos, ni la contrastan paredes: á nuestro ánimo no 
le tuercen cordeles, nilemenoscabangarTOcbas,nile 
ahogan tocas, ni le doman potros : del si al no, no.ha- 
ceaaos diferencia cuando nos conviene ; siempre nos 
preciamos mas da mái^s que de confasores: para 
Boaotroa ae crian las bestiaa de carga en loa campos, y ae 
cortan las foldriqueras en las ciudades : no hay agüita, 
ni ninguna otra ave de rapiña que mas presto se abwtan- 
ceátapresaque se le ofrece , que nosotros nos abalan- 
zamos á las ocasiones que algún interés nos señalen : y 
finalmente , tenemos muchas habilidades que felice On 
nos prometen ; porque en ta cárcel cantamos , en el po- 
tro callamos, da du trabajamos , y de noche hurtemos, 
y por roeier decir avisamos que nadie viva descuidado 
de mirar donde pone su lucieuda : no nos fatiga el te- 
mor de perder ta honn, ni nos dosveta ta ambición del 
acrecenUrla: ni snstentamoa bandos, ni madrugamos i 
dar memoriales, ni á acompañar magnates, ni á solici- 
ter favores : por dorados teclras y suntuosos pataciosea- 
timaroosestas barracas y movibles ranciios : por cuadros 
ypaiaeedeFlándesloaquenoadata naturaleza en esos 
levantedea riscos y nevadas peñas, tendidos pradua y es- 
pesos boaquas que á cada paso á los ojos se nos mues- 
tran : somos aatixilogos rústicos, porque como casisiem- 
pre dormimos al cielo descubierto , á todas horas sabe- 
mos las que son del día y las que son de la luiclie : vemos 
cómo arrincona y barra ta aurora las estrellas del cielo, 
y coma ella sale con su compañera el alba, alegrando al 
aira, enfriando el agua y humedeciendo ta liem , y lue- 
go tras ella el sol, dorcmdo cumbres (como dijo el otro 
poeta) y nzondo montu : ni tememos quedar helados 
por su uusencta cuando nos hiere á soslayo con sus ra- 
yos, ni quedar abrasados cuando con ellos perpendicur 
tarmente nos toca : un mismo rostro Imcemos al sol que 
al hielo, á ta esterilidad que á ta abundancia : en conclu- 
sión, somos gente que vivimos por nuestra industria y 
pioo, y sin entremeternos con el antiguo refnn : igle- 
sia, ó mar, ó casa real , tenemos lo que queremos, pues 
nos contentamos con lo que tenemos : todo esto os he di- 
cho, generoso mancebo, porque no ignoréis la vida á 
qoe habéis venido, y el trato que habéis de profesar, el 
cnal os he pintado aqui en borrón ; que otras muchas é 
infinitas cosas iréis descubriendo en él con el tiempo, no 
menos dignas de consideración , que la que habéis oido. 
Calló en diciendo esto el elocuente vieju jitauo, y el no- 
vido dijo , que se holgaba mucho de laiber sabido tw 
loables estatutos, y que él pensaba hacer profesión eo 
aquelta orden ten puesta eu razón y en políticos fundar 
mentoe, y que solo le pesaba no haber venido mas presto 
en Gooocimiento de tanalegre vida, y que deade aquel 
punto renunciaba ta profesión de caballero y ta vanaglo- 
ria de su ilustre linaje, y lo ponta todo debajo del yugo , 
ó por mejor decir, debajo de las toyea con que ellos vi* 
vían , pues con tan alta recompensa le satisfacian el de- 
seo de servirlos , entregándole á ta divina Preciosa , por 
quien él dejaria coronas é imperios, y solo los desearía 
para servirta. A lo cual respondió Preciosa : Puesto que 
estos señores legisladores han baUado por sus leyes que 
soy tuya, y que por tuya teme han entregado ^ yo he 
'hallado por la ley de mi voluntad , que es ta maa fuerte 
de todas, que no quiero serlo sino es con las condiciones 
que antes que «qúi vinieses entre los dos couoertamw t 



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110 OBSáSDK 

dos años has de vivir en nuestra oompañia primero que 
de la mía goces, porque tú no te arrepientas por lijero, 
ni yo quede engañada por presurosa : condiciones rom- 
pen leyes; las que te he puesto sabes, si las quisieres 
guardar, podrá ser que sea tu^ y tú seas mió; y donde 
no, aun no es muerta la ronla , tus vestidos están ente- 
ros , y de tu dinero no te Taita un ardite : la ausencia que 
has hecho no ha sido aun de un dia , que de lo qne del 
falta te puedes servir y dar logar que consideres lo que 
roas te conviene : estos señores bien pueden entregarte 
mi cuerpo, pero no mi alma, que es libre, y Mció Ubre, 
y ha de ser libre en tanto que yo quisiere : si te quedas, 
te estimaré en mucho; si te vuelves, no te tendré en 
menos , porque á mi parecer los Ímpetus amoroMM cor- 
rea á rienda suelta hasta qne encuentran con la raion ó 
con el desengaño : y no querría yo que fueses tú para 
conmigo como es el catador, que en aleamando la lid)re 
qne sigue , la coge , y la dqa por correr tras otra que le 
huye : ojoehayenga^dosqneá la primera vista tan bien 
les parece el oropel com» el oro, pero apoco rato bien 
conocen la diferencia qAe hay de lo fino alo falso:esta 
mihennosura, qne tú dices que tengo, que la estimas 
aabre el sol y la encareces sobre el oro, ;qué sé yoside 
cerca te parecerásombra, y tocadacaerás en que es de al- 
quimia? Dos años te doy de tiempo para que tantees y 
ponderes lo que será bien que escojas, 6 qué será justo 
que deseches : qne la prenda que nna vea comprada, na- 
die se puede deshacer de ella sino con la muerte , bien 
es que haya tiempo y mucho para miralla, y miralla , y 
-wr en ella las faltas ó las virtndes qne tiene ; qne yo no 
DM rijo por la bárbara é insolente Ucencia que estos mis 
parientes se han tomado de dejar las mujeres, ó casti- 
garlas cuando se les antoja : y como yo no pienso hacer 
cosa que llame al castigo, no quierotomar compañía que 
por su gustóme deseche. Tienes raion , ó Preciosa, dijo 
á este punto Andrés ; y asi si quieres que asegure tus te- 
mores, y menoscabe tus sospechas jurándote que no sal- 
dré un punto de las órdenes que me pusieres , mira qué 
juramento quieres qne haga , ó qué otra seguridad pue- 
do darte; que á todo me liallarás dispuesto. Los jura- 
mentos y promesas qne hace el cautivo porque le den 
libertad, (xicás veces se cumplen con elta, dijo Preciosa; 
y asi son según pienso los del amante , que por conse- 
guir (u deseo prometerá las alas de Merourio, y los rayos 
de lúplter, como me prometió á mi un cierto poeta , y 
juaba por k laguna Estigia : no quiero juramentos, se- 
fior Andrés, ni quiero promesas; solo quiero remitirlo 
todo á la experiencia desle noviciado, y á mi se me que- 
dará el cargo de guardarme, cuando vos le tuviéredes 
de ofenderme. Sea así , respondió Andrés *. sola una cosa 
fído.i estos señores y compañeros mios, y esqueoome 
Aieróen á que hurte ninguna cosa por tiempo de un mes 
aiquieía, porque me parece que no he de acertar á ser 
ladrón, si áirtes no preceden muchas liciones. Calla, 
hijo, dijo el jitano viejo, que aquí te industriaremos de 
manera que salgas un águila en el oficio, y cuando le se- 
pas has de gastar del , de modo qne te comas las manos ' 
tías él -. ¿ya «s cosa de burla salir de vacio por la maña- 
na, y volver cargado á la noche al rancho? De axotes he 
visto yo volver algunos desos vacíos , dijo Andrés. No se 
toman truchas, etc., replicó el viejo: todas las cosas desta* 
vida están sujetas á diversos peligros; y las acciones del 
ladren al de las galeras . axotes y horca ; pero no porque 



CERVANTES, 
corra mi na^ tormenta ó se anegue, han de dqirlii 
otnede navegar : buena seria que porque la gnemcMH 
los hombres y los cidrallos, dejase de habw toldad»: 
cnanto mas , que el ser azotado por justida, entre bh- 
otroa es tener un hábito en las espaldas, qaslepinn 
mejor qne si le tnyese en h» pechos, y de lastaaM: 
el toqoe está no acabar acoceando el aire as la flor di 
nuestra juventud , y á los primeroe delitos ; que el n» 
queo de las espaldas , ni el apalear el agua en ha gilem, 
no lo estimamos enjín cacao. Hijo Andrés , repetid liw- 
ra en el nido debajo de nuestras alas , qne á su tienfen 
sacaremos á volar , y en parte donde no volváis tin jh- 
aa : y lo dicho dicho, qne os habéis de lamer IwdcdN 
teas cada hurto. Puea para recompensar, dijo Aadre^ 
lo que yo podía hartar en este tiempo que se medí di 
venia, quiero repartir docienlos escudos de ora estn 
todos ios del rancho. Apenas hubo dicho esto, csiadt 
arremetieron á él muchca jitanos, y levantándole lalN 
braxosysobre los hombros, le cantaban el victor,«io- 
tor, el grande Andrea, añadiendo : Y viva, vinPndi; 
sa, anuda prenda suya. Las jiianas hideroii lo núiM 
con Precioaa, no sin envidia de Cristina y deotmjüi* 
nillas que se hallaron presentes ; que la envidia M 
bien se aloja en kM aduares de kM barbarea y ea tal ck*> 
zas de los pastores, como en palacios de |MÍBeipei;| 
esto de ver medrar al vecino, qne me pareca quiM 
tiene mas merecimiento qne yo , fatiga. Hecboeáo,ii« 
mienm lautamente , repartióse él dinero piDOWiideM 
equidad yjusticia, renováronse las alabaniasdeAadn^j 
y subieron al cielo la hermosura de Preciosa^ Uegd li 
noche, «coootaron la muía, y enterráronla de modo qni 
quedó seguro Andrés de ser por ella descubierto : jla» 
bieu enterraron con ella soa alhajas , come fnérsu «11^ 
freno y cinchas, á uso de los indios que sepaltan CH 
ellos sus mas ricas preseas. De todo lo que babia visto) 
y oi^o, y de los ingenios de los jitaoos quedó adminda 
Andrés, y con propósito de seguir y conseguir ni*' 
presa, sin entremeterse nada en sasGOStumbcti,«á: 
k) menos excusarlo por toda» las vias que pudiese, pea* 
sando exentarse de la jurisdicción de obedecerlo! 4 
las cosas injustas que le maudasen, á costa de sa diaa> 
ro. Otro dia les rogó Andrés que mudasen de slUo , y* 
alejasen de Madrid, porque temía ser conocido á H 
estaba : ellos dijeron que ya tenían determinado imi 
los montes de Toledo, y desde alli correr y garramar toÜ 
la tierra circunvecina. Levantaron pues el rancbo,jdiá- 
ronle á Andrés una pollina en que fuese; pero él no li 
quiso, sino irseá pié, sirviendo de lacayo á PreciM 
que sobre otra iba : ella contentísima de ver cómo UiUr 
faba de su gallardo escudero , y él ni mas ni méoos di 
ver junto á sí á la que había hecho señora de su lUie- 
drio. [ Oh poderosa fuerza deste que llaman dulce dios di 
la amargura (titulo que le ha dado la ociosidad y el d^f! 
cuido nuestro) , y con qué veras nos avasalla! ¡ycat| 
sin respeto nos tratas ! Caballero es Andrés, y moio,| 
de muy buen entendimiento, criado casi toda su iM^ 
en la corte , y con el regato de sus ricos padres: y dM 
ayer acá ha hecho tal mudanza, que engañó á sus cáf 
dos y sus amigos , defraudó las esperanzas qne sos (Sr 
dres en él tenían , dejó el camino-de Flándes donde hK 
bia de ejercitar el valor de su persona y acrecentarla 
honra de su linaje , y se vino á postrar á los pies de iiM 
muchacha y ú sersu lacayo, que puesto que hermostsima. 






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an/pri 



n fkíenjilaMV^privflegiodela liermosan, qne trae 
al rekifielo y por la melena á sus pies á Ja volanlad mas 
«eoU./ 

Dediácaatro días llegaron á una aldea dos leguas 
dtToJedo, donde asentaron suadnar, dando primero 
alggias prendas de plata al alcalde del pueblo en Ganzas 
fcqiKaél ni en todo su término noliurtarian ninguna 
«MI. fieefao esto , todas las jitanas nejas , algunas roo- 
ai, j los jitanos se esparderon por todos los lugares, ó 
ilménosapaitadosporcuatroócinoo leguas de aquel 
Me faabiaa asentado su real. Fué coa ellos Andrés á 
'bBirli primera lidonde ladrón; pero aunque ledie- 
tn mocfaas en aquella salida , ninguna se le asentó, án- 
IB oonespondiendo i su buena sangre , con cada hurto 
^Ktasmaestros hacían se le arrancaba el alma, jtal 
whtdM qne pagó de su dinero los hurtos que sus com- 
pwfM habiaa hecho , conmovido de las lágrimas de 
mivñot : de lo cual los jitanos se desesperaban , di- 
cíMdo qne en contravenir á sus estatutos j ordenamas, 
^pniUbian la entrada á la caridad en suspechos, la 
(■I «n tiniéndola, habían de dejar de ser hidnmes, 
MI qae DO les estaba bien en ninguna manera. Viendo 
pan esto Andrés, dijo que él quería hurtar por si solo, 
ñiren compañfai de nadie; porque para huir del pe- 
1^ tenia lijereza, ; para aoometelle no le faltaba el 
ÍHao:tsiqueel premio, ó el castigo de lo que hur- 
te, qoeria que fuese solo suyo. Procuraron losjitaaos 
tiiáliilii deste propósito , diciéndole que le podrían 
■ceder ocasiones , donde fuese necesaria la compañía, 
I ai pan acometer como para defenderse ; y qne una 
i fCBona sola no podia hacer grandes presas. Pero por 
i wtqiie dqeron , Andrés quiso ser ladron solo y señero, 
: 4niiilencion de apartarse de la cuadrilla y comprar 
' par ta dinero alguna cosa que pudiese decir que la ha- 
i kla hartado , y deste modo cargar lo menos que pudiese 
i Hbre SQ ruiiciencia. Usando pues de esta industria, 
amalas de un mes trujo mas provecho á la compañía 
: ^trajeron cuatro de los mas estirados ladrones delta, 
deque no poco se holgaba Preciosa viendo & su tierno 
I ■ainlf lin lindo y tan despejado ladron; pero con lodo 
m estaba temerosa de alguna desgracia, que noqui- 
I ám ella verte en afrenta por todo el tesoro de Vene- 
i ih, obligada á tenerle aquella buena voluntad por kw 
' aadm servicios y regalos que su Andrés le hacia. Poco 
tw de nu mes se estuvieron en los términos de Tole- 
da, donde hicieron su agosto , aunque era porel mes de 
Setiembre, y desde allí se entraron en Extremadura por 
aertiem ríca y caliente. Pasaba Andrés con Preciosa 
fcaneatos, discretos y enamorados coloquios, y elta|K>- 
at i poco se iba enamorando de la discreción y buen 
tnio de su amante , y él del mismo modo; si pudiera 
cnoersu amor, fuera creciendo : tal era la honestidad, 
iaersdoo y belleza de su Preciosa. A do quiera que lle- 
|rtnn, él sé llevaba el precio y las apuestas de corredor, 
} de saltar mas que ninguno : jugaba á k» bolos y á la 
Irfotaextreinadamente, tiraba la barracón mucha fuerza 
I Aignlar destraaa : íiniílmente , en poco tiempo voló su 
iaa por toda Extremadura, y no había lunr donde no 
•Iriilase de la gallarda disposición del jiBuia Andrés 
QMlero, y de sns gracias y habilidades, y al par desta 
ha corría la de la hermosura de la Jitanilla, y nohabia 
lia, logar ni aldea donde no los llamasen para rego- 
^bs fiestas votivas sujas, 6 para otros particuhut» 



LA JITANILLA. ill 

regocijos : desta manen ¡be el -aduar rieo, próspero y 
contento , y los amantes gozosos con solo mirarse. 

Sucedió pues que teniendo el adhar entre unas enci- 
nas algo apartado del camino real, oyeren nna noclie 
casi á la mitad della ladrar sos perros con mucho ahinco 
y mas de lo que acostumbraban : salieron algunos jita- 
nos, y con ellos Andrés i ver i quién ladraban, y vieron 
qne se defendía dellos un hombre vestido de blanco , á 
quien tenían dos perros asido de una pierna: llegaron, 
y quitáronle , y uno de los jitanos le dijo : iQniéndiabhM 
os trujo por aqui , hombre, á tales horas y tan fuera de 
«amino ? ¿ venis & hurtar por ventura 1 porque en ver- 
dad que habéis llegado á buen puerto. No vengo á hur- 
tar , respondió el mordido , ni sé si vengo ó no fuera de 
camino, aunque bien veo que vengo descaminado : pero 
decidme, señores, ^ está por aquí alguna venta óhigar 
donde pueda recogerme esta noclie , y curarme de las 
heridas que vuestros (térros me han beclio? No hay lu- 
gar ni venta donde podamos encaminaros, respondió 
Andrés ; mas para curar vuestras heridas y alojaros esta 
noche no os faltará comodidad en nuestros ranchos; ve- 
nios con nosotros , que aunque somos jitanos, DO lopo- 
recemos en ta carídad. Dios la use con vosotros , respon- 
dió el hombre, y llevadme donde quisiéredes, que el 
dolor desta pierna me fatiga mucho. Llegóse á él An- 
drés y otro jitano carítativo (qne aun entre los demonios 
luy unos peores que otros, y entre muchos malos hom- 
bres suele haber alguno bueno) , y entre los dos le lleva- 
ron. Hacu ta noche clara con luna , de manera qne pu- 
dieron ver que el hombre era mozo, de gentil rostro y 
talle : venia vestido todo de lienzo blanco, y atravesada 
por las espaldas y ceñida á los pechos una como camisa 
ó talega de lienzo. Llegaron á ta barraca ó toldo de An- 
drés , y con presteza encendieron lumbre y lu, y acud ió 
luego la abuela de Preciosa á curar el herido, de quien ya 
le habían dado cuenta ; tomó algunos pelos de los perros, 
friólos en acate y lavando primero con vino dos morde- 
duras que tenta en la pierna izquierda , le puso los pelos 
con el aceite en ellas, y encima un poco de romero 
verde mascado: líeselo muy bien con paños limpios, y 
santiguóle las heridas, y dijole: Dormid, amigo, que 
con el ayuda de Diosno será nada. En tanto que curaban 
al herido , estaba Preciosa detante, y estúvole mirando 
ahincadamente , y lo mismo hacu él á elta , de modo que 
Andrés echó de ver en ta atención con que el mozo la 
miraba ; pero echólo á que ta mucha henaosura de Pre- 
ciosa se llevaba tras si los ojos. En resolución, después 
de curado el mozo , le dejaron solosobre un lecho hecho 
de heno seco , y por entonces no quisiotn preguntarle 
nada de su camino ni de otra cosa. 

Apenas se apartaron del cuando Preciosa llamó á Aa- 
dres aparte, y le dijo : ¿Acuerdaste, Andrés, de un pa- 
pel qne se me cayó en tu casa cuuidobaitalw con hús 
compañeras, que según creo te dio un mal rato? Si 
acuferdo, respondió Andrés, y er^nn soneto enluata- 
banza, y no malo. Pues has de saber, Andrea, re^lioó 
Preciosa , que el que hizo aquel sonetees ese mozo mor- 
dido que dejamos en la choza, y en ninguna manera me 
engaño , porque me habló en Madrid dos ó tres veces , y 
aun me dio un romancé muy bueno: allí andaba á roí 
parecer como paje, mas no de los ordinarios, sino de lus 
favorecidos de algún principe : y en verdad te digo, Aii- 
dn-s, qne el mozo es discreto y bien raxoaado, y sobfe- 



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H2 



OBBAS DB CERVANTES. 



manera honesto, y no sé qué pueda imaginar deata an 
venida y en tal traje. ¿Qne puedes imaginar. Preciosa T 
respondió Andrés; ninguna otra cosa, sino que la misma 
fuerza que á mí me ha hecho jitano, le ha hecho á él pe* 
recer molinero, y venir 4 buscarte. jAh, Preciosa, 
Preciosa, y cómo se va descubriendo que te quieres pre- 
ciar de tener mas de un rendido ! y si esto es asi, acá- 
bame á nü primero, y luego matarás á ese otro, y no 
quieras sacríficamosiuntos en las aras de tu engaño, por 
00 decir de tu belleza. |Válame Dios ! respondió Precio- 
sa, Andrés, y ] cuan delicado andas, y cuan de un sotil 
cabello tienes colgadas tus esperanzas y mi crédito, pab» , 
con tanta facilidad te ha penetrado el alma la dura espada 
de los celos. ¡ Dime , Andrés , si en esto hubiere artifi- 
cio ó engaño alguno, ¿no supiera yo callar y encubrir 
quién era este mozo? ¿Soy Un necia por ventura que te 
habia de dar ocasión (te poner en duda mi bondad y buen 
término? Calla, Andrés, por tu vida, y mañana procura 
sacar del pecho deste tu asombro, adonde va, ó á lo que 
viene; podría ser que estuviese engañada tu sospecha, 
como yo no lo estoy de que sea el que he dicho : y para 
mas satisfacción tuya , pues ya he llegado á términoa de 
satisfacerte , de cualquiera manera y con cualquiera in- 
tención que ese mozo venga, despídele luego, y haz que 
se vaya, pues todos los de nuestra parcialidad te obede- 
cen, y no habrá ninguno qne contra tu voluntad le quiera 
dar acogida en su rancho ; y cuando esto asi no suceda, 
yo te doy mi palabra de no salir del mió, ni dejarme ver 
de sus ojos , ni de todos aquellos que tú quisieres que no 
me vean; y prosiguiendo adelante dijo: Mira, Andrea, 
no me pesa á mi de verte celoso, pero pesarme ha mucho 
si te veo indiscreto. Como no me veas loco, Preciosa, 
respondió Andrés, cualquiera otra demostración será 
poca ó ninguna para dar á entender adonde llegay cuánto 
fatiga la amarga y dura presunción de los celos ; pero con 
todo eso , yo haré lo que me mandas, y sabré, si es que 
es posible, qué es lo que este señor paje poeta quiere, 
dónde va , ó qué es lo que busca ; que podría ser que por 
algún hilo que sin cuidado mne^ltre, sacase yo todo el 
ovillo con que temo viene á enredarme. Nunca los celos, 
á lo que imagino, dijo Preciosa, dejan el entendimiento 
libre pera que pueda juzgar las cosas como ellas son: 
siempre miran los celosos con antojos de allende, que 
liacen las cosas pequeñas grandes, los enanos gigantes, 
y las sospechas verdades : por vida tuya y por la mia, 
Andrés, que procedas en esto y en todo lo que tocare á 
nuestros conciertos cuerda y discretamente ; que si asi 
lo hicieres , sé que me has de conceder la palma de ho- 
nesta y recatada , y de verdadera en todo extremo. Cop 
esto se despidió de Andrés, y él se quedó esperando el 
día para tonar la confeáon al herido, llena de turbación 
el alma y de mil contrarias imaginaciones : no podia 
creer sino que aquel paje habia venido alli atraído de la 
hermosura de Preciosa ; porque piensa.el ladrón que to- 
dos cota de su condición : por otra parte la satisfaction 
que'Preciosa le habia dado, le parecía ser de tanta fuer- 
za, que le obligaba á vivir seguro y á dejar en las manos 
de su bondad toda su ventura. 

Llegóse el dia (que á él le pareció haberse tardadomas 
qne otras veces), visitó al mordido, preguntóle cómo se 
llamaba, y adonde iba, y cómo caminaba tan tarde y tan 
fuera de camino ; aunque primero le preguntó cómo es- 
taba, y si se sentía sin dolor de Ins mordeduras. A lo 



cual respondió el mozo, que se hallaba mejor ywndnlot 
algano) y de manera quepodría ponerse enciunÍBo:ilo 
de decir su Wmbre, y adonde iba, no dijo otra c«a siao 
que se llamaba Alonso Hurtado, y que iba áNoe8lnS^ 
ñora de la Peña de Francia á nn cierto negocio , y qw 
por llegar con brevedad caminaba de noche, yqatli 
pasada habia perdido el camino, y acaso habia dado cob 
aquel aduar, donde loe perros qne le guardabau le bi- 
bian puesto del modo que habu visto. No le pmdái 
Andrés legitima esta declaración, sino maybatlirda,j ' 
de nuevo volvieron á hacerle cosquillas en ti alma m 
sospechas, y asi le dijo: Hermano, si yo fuera jom.im 
babiérades caído debajo de mi jnrísdicion por algnniifr ' 
lito, el cual pidiera que se os hicieran las pregaatit qm ,' 
yo 06 he hecho, la respuesta qne me habéis dedo oblip- [ 
ra á que os apretara los coideles : yo no quiero uiw } 
quién sois, cono os llamáis, ó adonde vais; pero adní» 
toos qne si os conviene mentir en este vneitro viíji, 
mintáis con mas apariencia de verdad : decís qne nbá 
la Peña de Francia , y dejaisia á la mano derecha, an 
¿tras deste lugar donde estamos bien treinta legnu: » 
miniis de noche por llegar presto, y vais fnen de cani- 
no por entre bosques y encinares que no tienen Mndn 
apenas, cuanto mas caminos: amigo, levantaos y ipns- 
ded á mentir, y andad enhorabuena ; pero por etfe kM 
aviso que os doy, ¿no me diréis una verdad ?qoe si diiii 
pues tan mai sabéis mentir: decidme, ¿sois porveiitM '. 
uno que yo he visto machas veces en la corte entre ni 
y caballero, qne tenía fama de ser gran poeta, uaoqM i 
hizo un romance y un soneto á una Jitanilla que los^ 
pasados andaba por Madrid, que era tenida por singsiir 
en la belleza? decídmelo, que yo os prometo por li hk 
caballero jitanode guardaros todo el secreto que* 
viéredes que os conviene : mirad que el negarme ItM^ 
dad de que no sois el que yo digo, no llevaría caaniHi 
porque este rostro qne yo veo aqui es el propio que ñdi 
en Madrid : sin duda alguna , que la gran fama de mei- 
tro entendimiento me hizo mnchas veces que os mini 
como á hombre raro é insigne : y asi se me quedó tan e*' 
taropada en la memoria vuestra figura, que os be Teniél 
á conocer por ella, aun puesto en el diferente traje ea 
qne estáis agora del en qne yo os vi entonces : no os tn^ 
beis, animaos, y no penséis que habéis llegado á ■ 
pueblo de ladrones , sino á un asilo que os sabrá gnaiAr 
y defender de todo el mundo: mirad, yo imagino nn 
cosa, y si-es asi como lo imagino, vos habéis topado <n 
vnestra buena suerte en haber encontrado conmigo: li 
que imagino es que enamorado de Preciosa (aquellalM^ 
masa jitnnica á qnien hicisteis los versos) habéis niáit 
á buscarla, por lo que yo no os tendré en menos, suuil 
raiiclio mas ; que aunque jitano, la experiencia m ki 
mostrado adonde se extiende la poderosa fueru de uir 
y las transformaciones qne hace hacer á los que cop él> 
bajo de su jurísdicion y mando : si esto es asi, como (M 
que sin duda lo es, aqui está la jitaníca. Si, aquieslá, ¥■ 
yo la vi anoche , dijo el mordido : razón con que Andiv 
quedó como difunto, pareciéndole que habia salido al 
cabo con liMpnlirmacion de sus sospechas : Anoclw la i% 
tornó áre^r el mozo; pero no me atrevía á deciiil 
quién era, porque no me convenia. Desta manen, d(j| 
Andrea, ¿vos sois el poeta q iie yo he dicho? Sí soy, repii* 
có el mancebo, que no lo puedo ni lo quiero negar: qn- 
zá podría ser que donde be pensado perderme, ' 



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LA JITANILLA. 



113 



wudtiguiniie.iiiesquclMy Gdelidad en las selvas 

} bnea KogiiDiento en loa montes. Haile sin duda , re»- 

y«idié Andrés, y entre nosotros losjitanosel mayor se- 

{Rio M Bundo : con esta confianza podéis, señor, des- 

(ubriraeTuestro pecho, porque bailaréis en el mió lo 

que Toü sin doblez alguna : la JitaiúUa es pariente mia 

y esü aje» i lo que yo quisiere hacer della : si la qui- 

^iéfeije por esposa, yo y lodos sus parientes gustari- 

■wJello, T lo tendremos por bien : y si por amiga , no 

eRonsde ningún melindre con tal que tengáis dine- 

M, porque la codicia por jamas sale de nuestros ran- 

éé. Dioem traigo, respondió el mozo ; en estas mangas 

étunisa, que traigo ceñida por el cuerpo, vienen cna- 

(ndealos escudos de oro. Este fué otro susto mortal que 

ndbió Andrés , viendo que el traer tanto dinero no era 

m fu* conquistar ó comprar su prenda ; y con lengua 

ptariíada dijo: Buena cantidad es esa, w hay sino des- 

olriras, y manos á la labor, que la muchacha que no es 

IMkboiN.veri cuinbien le está ser vnestra. ;Ay, ami- 

p.'dijs i esta sazón el mozo: quiero que sepáis que la 

iHtaqne me ha hecho mudar de traje no es la de amor 

jfK vos deds, ni de desear á Preciosa ; que hermosas 

|m ibdrid que paeden y saben robar los corazones y 

«iilr las almas tan bien y mejor que las mas hermosas 

jpVBs; puesto que confieso que la hermosura de vues- 

li^irienta átodaslasqueyohe visto se aventaja : quien 

Wt 6m en este traje , á pié y mordido de perros , no es 

', tino desgracia mia. Ck>n estas razones que el mozo 

ladÍEÍeodo, iba Andrés cobrando los espiritas perdi- 

Ih, ptieciéndole que se encaminaban á otro paradero 

Mqae M imaginabii, y deseoso de salir de aquella con- 

, volvió á refoizarle la seguridad con que podia 

|Kibritse,yasi él prosiguió diciendo: Yo estaba en 

Mridencasade un titulo á quien servia, no como á 

', iino como á pariente; este tenia un hijo único h&. 

pitrosayo, el cual asi por el parentesco, como por ser 

' M de ana edad y de una condición misma , me tra- 

eon familiaridad y amistad grande : sucedió que 

ctinllero se enamoró de una doncella principal, á 

B él escogiera de bonísima gana para su esposa , si 

tirien la voluntad sujeta como buen hijo á ü de sus 

I, que aspiraban á casarle mas altamente ; pero con 

ICM la servia á hurto de todos los ojos que pudieran 

ks lenguas sacar á la plaza sus deseos ; solos los mios 

itestigos de sus intentos : y una noche que debía de 

er escogido hi desgracia para el caso que ahora os 

feé, pasándolos dos por la puerta y calle desta señora, 

iMMs arrimados i eUa dos hombres al parecer de bueo 

lile: quiso recooooerloe mí pariente, y apenas se enca- 

■iBé lucia ellos, cuando echaron con mucha lijereza 

Hno i las espadas y á dos broqueles, y se vinieron á 

Hatros, que hicimos la mismo, y con iguales armas 

pRaeometimos : daró poco la pendencia, porque no d aró 

la vidade los dos contrarios, que de dos estocadas 

gaiaivn los cehis de mi pariente y la defensa que yo 

' I, las perdieron (caso extraño, y pocas veces vis- 

iñaiifuük) pues de lo que aquí no quisiéramos , vol- 

á casa, y secretamente tomando todos los dineros 

irnos , nos fuimos á San Jerónimo, esperando el 

pK descubriese lo sucedido y las presunciones que 

in de los matadores : supimos que de nosotros no 

indicio alguno, y aconsejáronnos los prudentes re- 

isioNs qne nos volviéramos á casa , y que no diésemos 



ni despertásemos con nuestra ausencia alguna iBospecha 
contra nosotros : y ya que estábamos determinados de 
seguir su parecer, nos avisaron que los señores alcaldes 
de corte habían preso en su casa á los padres déla don- 
cella yak misma doncella , y que entre otros criados á 
quien tomaron la confesión y una criada de la señora dijo 
cómo mi pariente paseaba á su señora de noche y de dia, 
y que con este indicio habían acudido á buscamos, y no 
bailándonos, sino muchas señales de nuestra fnga, s6 
confirmó en toda la corte ser nosotros los matadores de 
aquellosdos caballeros (que lo eran, y muy principales). 
Finalmente, con parecer del conde mi'fMiríeDte, y del 
de los religiosos, después de quince días que estuvimos 
escondidos en el mouesterio, micamarada en hábito de 
fraile con otro fraile se fué la vuelta de \ragon , con in- 
tención de pasarse á Italia , y desde allí ji Flándes , hasta 
ver en qué paraba el caso : yo quise dividir y apartar 
nuestra fortuna , y que no corriese nuestra suerte por 
nna misma derrota : segni otro camino diferente del su- 
yo, y en hábito de mozo de fraile, á pié salí con un reli- 
gioso que me dejó en Talavera ; desde allí á aquí lie veni- 
do solo y fuera de caminoj hasta que anocbellegué á este 
encinar, donde me ha sucedido lo que habéis visto : y si 
pregunté por el camino de la Peña de Francia, fué por 
responder algo á lu que se me preguntaba, que en ver- 
dad que no sé dónde cae la Peña de Francia, puesto que 
sé que está mas arriba de Salamanca. Así es verdad, res- 
pondió Andrés, y yu la dejáis á mano derecha casi vcúi- 
te leguas de aquí, porque veáis cuan derecho camino llc- 
vábades, sí allá fuérades. El que yo pensaba llevar, 
repiioó el mozo, no es sino á Sevilla , qué alli tengo ou 
caballero jinoves, grande amigo del conde mi pariente, 
que suele enviar áJénova grancnnüdad de plata, y llevo 
designio que me acomode con los que la suelen llevar 
como nnodellos, y con esta estratagema seguramente 
podré paéar hasta Cartagena^ y de alli á Italia, porque 
han de venir dos galeras muy presto á embarcar esta 
plata. Esta es , buen amigo, mi historia : mirad si puedo 
decir que nace mas de desgracia pura, que de amores 
aguados; pero si estos señoresjítanos quisiesen llevarme 
en su compañía hasta Sevilla, sí es que van allá, yo se lo 
pagaría muy bien , que me doy á entender que en su 
compañía iría mas seguro, y no con el temor que llevo. 
Si llevarán, respondió Andrés ; y sí no fuéredes en nues- 
tro aduar, porque hasta ahora no sé si va al Andalucía, 
iréis en otro que creo que habemos de topar dentro de 
dos ó tres días , y con darles algo de lo que lleváis, faci- 
litaréis con ellos otros imposibles mayores. Dejóle An- 
drés, y vino á dar cuenta á los demás jitanos de lo que el 
mozo le bahía contado y de lo que pretendía, con el ofre- 
cimiento que hacia de la buena paga y recompensa. To- 
dos fueron de parecer que se quedase en el aduar ; solo 
Preciosa tuvo el contrario : y la abuela dijo que ella no 
podía iráSevillaniásu8contomos,ácausaque los años 
pasados había hedió una burla en Sevilla á un gorrero 
llamado Triguillos, muy conocido en ella, al cual le habm 
hecho meter en una tinajade agua hasta el cuello, desnu- 
do en carnes, y en la cabeza puesta una corona de ciprés 
esperando el filo de la media noche, para salir de la tina- 
ja á cavar y sacar un gran tesoro que ella le habia hecho 
creerque estaba en cierta parte de su casa : dijo que como 
oyó el buen gorreru tocar á maitines, por no perder la 
coyuntura so dio tanta priesa á salir de la tinaja, que 

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OBRAS DE CERVANTES. 



4Ké opn ella y coa é{ en el snelo, y con el golpe y con los 
cascos se magulló las carnes, derranaándose el agua, y 
¿ I quedó nadando en ella y dando Toces , que se anegaba: 
acudieron al momento su mujer y sns vecÚMM con luces, 
y halláronle bacieudo efectos de nadador, soplando y ar- 
rastrando la barriga por el suelo, y meneando los brazos 
y las piernas con mucha priesa, y diciendo á grandes vo- 
ces : Socorro, señores, que me «bogo ; tal le tenia el mie- 
do, que verdader^ente pensó que se abogaba : abrazá- 
ronse con él , sacáronle de aquel peligro, volvió en si , 
contó la burla de la jitana, y con todo eso cavó en la parte 
señalada mas de un estado en hondo, á pesar de todos 
cuantos le decian qué era embuste mió; y si no se lo es- 
torbara un vecino suyo, que tocaba ya en los cimientos 
de su casa, él di^ con entrambas en el suelo, si le de- 
jaran cavar todo cuanto él quisiera: súpose este cuento 
por toda la ciudad , y hasta los muchachos le señalaban 
con el dedo, y contaban su credulidad y mi embuste : 
esto contó la jitana vieja, y esto dio por excusa para no ir 
á Sevilla. Los jitanos, que ya sabían de Andrés Caballero 
que el mozo traía dineros en cantidad, «on facilidad 
le acogieron en su compañía y se ofrecieron de guar- 
darley encubrirle todo el üempoqueélqnisie8e,ydeter- 
ininaron de torcer el camino amano izqnierda,yentrarse 
en la Mancha, y en el reino de Murcia : llamaron al mozo 
y diéronle cuenta de lo que pensaban hacer por él ; él se 
lo agradeció, y dio cien escudos de oro para qiie los re- 
partiesen entre todos. Con esta dádiva quedaron mas 
blandos que unas martas : solo á Preciosa no contentó 
mucho la quedada de D. Sancho (que así dijo el muzo 
que se Ihimaba), pero los jitanos se lo mudaron en el de 
Clemente, y asi le llamaron desde allí adelante : también . 
quedó un poco torcido Andrés, y no bien satisfecho de 
haberse quedado Clemente , por parecerle que con poco 
fundamento habia dejado sus primeros designios ; mas 
Clemente como sí le leyera la intención, entre otras co- 
sas le dijo se holgaba de ir al reino de Murcia por estar 
ceica de Cartagena, adonde si viniesen galeras, como él 
pensaba que habían de venir, pudiese con facilidad pa- 
sar á Italia. Finalmente, por traerle mas ante los ojos , y 
mirar sus acciones, y escudriñar sus pensamientos, qui- 
so Andrés que fuese Clemente su camarada, yCiemente 
turoestaamistad por gran favor qnese le bacía : andaban 
siempre juntos, gastaban largo, llovían escudos, corrían, 
saltaban, bailaban y tiraban la barra mejor que ninguno 
de los jitanos, yerande lasjitanas masque rncüdianamente 
queridos, y de los jitanos en todo extremo respetados. 
Dejaron pues á Extremadura, y entráronse en la Man- 
cha, y poco á poco fueron caminando al reino de Mur- 
cia : en todas las aldeas y lugares que pasaban había 
desafíos de pelota , de esgrima , de correr, de saltar, de 
tirar la barra , y de otros ejercicios de fuerza , maña y 
lijereza, y de todos salían vencedores Andrés y Clemente, 
como de solo Andrés queda dicho ; y en todo este tiem- 
po , que fué mas de mes y medio, nunca tuvo Clemente 
ocasión, niel la procuró, de hablará Preciosa, hasta 
que uu día estando juntos Andrés y ella , llegó él á la 
conversación porque le llamaron, y Preciosa le dijo : 
Desde lu vez primera que llegaste á nuestro aduar te 
conocí, Clemente, y se me vinieron ala memoria los 
versos que en Madrid me diste; pero no quise decir nada 
(>or no saber con qué intención venias á nuestras estan- 
cias, y cuando supe tu desgracia me pesó en el alma , y 



se aseguró mi pecho que estaba átdiresaltado, pentudt 
qiie como habia D. Juanes en el mundo que se midi- 
ban en Andreses, así podia haber D. Sanchos qne k 
mudasen en otros nombres : hablóte desta manen, por- 
que Andrés <Ue ha dicho que te ha dado cuenta de qníéii 
es , y de la intención con que se ha vuelto jitano ( ; asi 
era la verdad, que Andrés le habia hecho sabidor de 
toda su historia por poder comunicar con él sos pensa- 
mientos) : y no pienses que te fué de pooo proTCcInel 
conocerte, pues por mi respeto y por lo que jo de ti 
dije, se facilitó el acogerte y admitirte en nuestra com- 
pañía, donde plegaáDios te suceda todo el bien qw 
acertares á desearte : este buen deseo quiero que me 
pagues en que no afees á Andrés la bajeza de sd intento, 
ni le pintes cuan mal le está perseverar en este estado : 
que puesto qne yo imagino que debajo de los candidos 
de mi voluntad está la suya, todavía me pesaría de ferie 
dar muestras, por mínimas qne fuesen, de algún im- 
pentimiento. A esto respondió Clemente : No picases, 
Preciosa única, qne D. Juan con lijereza de ánimo do 
descubrió quién era : primero le conocí jo, y primen 
me descubrieron sus ojos sus intentos : primero le dije 
yo quién era , y primero le adiviné la prisíou de su w- 
Inntad que tú señalas, y él dándome el crédito qne en 
razón que me diese, fió de mi secreto el suyo, y él a 
buen testigo si alabé-su determinación y escogidoem- 
pleo; que no soy, ó Preciosa , de tan corto ingenio que 
no alcance hasta dónde se extienden las f nenas deit 
hermosura ; y la tuya , por pasar de los límites de i» 
mayores extremos de belleza , es disculpa bastante di 
mayores yerros, si es que deben llamarse yerros losqai 
se hacen con tan forzosas causas : agradézcote , sefiofi, 
lo que en mí crédito dijiste, y yo pienso pagirteloe^ 
desear que estos enredos amorosos salgan á fines felice^ 
y que tú goces de tu Andrés , y Andrés de sii Precia 
en conformidad y gusto de sus padros, porque de H 
hermosa junta veamos en el mundo los mas bellos m 
nuevos que pueda formar la bien intencionada naluit 
leza : esto desearé yo. Preciosa, y esto le diré siempa 
á tu Andrés, y no cosa alguna que le divierta de sus \aa. 
colocados pensamientos. Con tales afectos dijo las nioi 
nes pasadas Clemente, que estuvo en duda Andrés si ' 
habia dicho como enamorado ó como comedido ; 
la infernal enfermedad celosa es tan delicada y 
manera, que en los átomos del sol se pega , y de los qil 
tocan á la cosa amada se fatiga el amante y se desespenj 
pero con todo esto no tuvo celos confirmados, más fiad^ 
de la bondad de Preciosa , que de la ventura suya; <M 
siempre los enamorados se tienen por infelices en taii| 
que no alcanzan lo que desean. En fin , Andrés y Clan 
mente eran carneradas y grandes amigos, asegurindd^ 
todo la buena intención de Clemente , y el recalo y pru- 
dencia de Preciosa, que jamas dio ocasión á que Aodni 
tuviese della celos. 

Tenia Clemente sus puntas de poeta, como lo niosti^ 
en los versos que dio á Preciosa , y Andrés se piuba n« 
poco, y entrambos eran aficionados á la música. Sw»' 
dio pues que estando el aduar alojado en un valle cui^ 
tro leguas de Murcia , una noche por entretenerse, ser 
tados los dos, Anidresal pié de un alcornoque, Clementi 
al de una encina , cada uno con una guitarra , cooTÍd»' 
dos del silencio de fai noche, comenzando Andrés yrw 
pondiendo Clemente , cantaron estos versos. 



19 n»^ 

essilÉ 
rdeul 



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LA JITANILLA. 



(19 



J. Wn , dcBcAe . el ««relUlo vela 
Coa «le («a nocke fría 
CsBpite coa el día , 
De laces tellas adargado el cielo : 
T n cata searjanza , 
S balo tg UtIio infenio alcanu , 
AfKl IMITO Inra 
Male aaisle el extremo de hermnsura. 

C Dotde asíate el extnno de kemosara , 
Tadeade la frecioaa 
Itaeitidad beraosa 

Coa lado «treno de boadad ae apir* : 
Ea an aajeto cabe , 

Qae Bo baj banano iagenlo qae le alabe, 
SI ae laca ea dlñno , 
Ea illo , ea raro , n irave j pereftlao. 

Á. En alto , en raro, ei grare jr peregrim 
Ralilo anca asado, 
Aleidolenntado, 

Por dulce al mnado j tii Ignal camino. 
Ta aonbre, ¡ob Jitanilla! 
Cinsaado asombro, espanto j oararilla , 
La hau yo qnlsiera' 
Qae le lletara taaata la octava esíera. 

C Qae le Iterara haata la ocian esfera 
Faera decente * jnsto , 
Baado i loa délos gnalo 
Caaado el son de an nombre alU se oyera ; 

Y n la tierra cansara 

Par doade el dnice nombre resonara 
I lasica ea loa oidoa, 

Pai ea las almas, (loria en los sentidos. 

A, ht el las almas , gloria en los sentidos 
Se sieate cnando canta 
U sirena qne encanta , 

Y adormece i loa mas apercebidoa : 
' Y ul es mi Preciosa , 

I Qae es lo míaos qne tiene ler hermosa : 

Delee regalo mío , 
! Coroaa del doaaire , honor, del brío. 

C. Corona del donaire , honor del brio 

Eres, bella Jitana. 

Frescor de la maSana , 
I Uiro blando ea el ardiente estío : 

I Bayo coa «ae amor dego • " 

Coañerte el pecho mas de aleve en ínego: 

Faena qae ansí la hace 
¡ Qae blaodaaeale mata y satiarace. 

I Señles iban dando de no acabar tan presto el libre y 
iti tutívo , si no sonara á sus espaldas la voz de Pre- 
mm qne las suyas había escuchado : suspeudiólos el 
mK T 'in moverse , prestándola maravillosa atención, 
[kascacharan : ella (no sé si de improviso, ó sí en algún 
||hBpo los versos qae cantaba le compusieron ) con ex- 
giacia , como si para responderles fueran he- 
cantó los sigoientes. 



Ea esta empresa amorosa 
~de d laor ebtretengo , 
Bsyar vealua tengo 
, kaaesla qie hermosa. 

Kt uqaen a» hBBÜde planta, 
isahiiis radereía 
|Brl> i aataraleía , 
trida* se levanu. 
ib este mi baüo cobre 
wad« boimtiilad sn esmalte, 
nkiy barn deseo qae falle, 
W riqaeu qne no sobre. 

Ke aie avta alguna peni 
■Mwrtime á no estimanne ; 
p ya picase fabrícame 
■ laarle y ventara baena . 



llaga yo lu qne en mi es 

?ne i ser baena me encamine, 
haga el cielo y determine 
Lo que quisiere despaes. 

Quiera ver si la belleza 
Tiene Ul prerogativa , 
Qae me encumbre tan arriba 
Que aspire i mayor alteza. 

Si las almas son iguales. 
Podrá la de nn labrador 
Igualarse por valor 
Con las que xon Imperiales. 

De la mia lo qae sienta 
Ne sube al grado mayor. 
Porque majestad y amor 
No tienen an mismo asiento. 



Aquí dio Tin Preciosaásu canto,yAndFesyClemente 
le levantaron á recebilla : pasaron entre los tres díscre- 
iHnzDoes, y Precioaa descubrió en las suyas su discre- 
|(>M> su honestidad y sn agudeza, de tal manera que en 
perneóte halló disculpa la intención de Andrés, que 
pB hasta entonces no la habia hallado, juzgando mas 
iaueedad que i cordura su arrojada determinación. 

iqaella mañana se levantó el aduar, y ae fueron i 
¡119» eu an lugar de la jurisdicion de Murcia, tres le- 
ffMde U dudad , donde le sucedió i Andrés una des- 
uncía que le puso en panto de perder la vida ; y fué qne 



después de haber dado en aquel lugar algunos vasos y 
prendas de plata en Danzas como tenían de costumbre. 
Preciosa y su abuela, y Cristina con otras dos jitanillas, y 
los dos, Clemente y Andres, se alojaron en un mesón de 
una viuda rica, la cual tenia una hija de edad de diez y 
siete ó diez y ocho años, algo mas desenvuelta que her- 
mosa, y por mas señas se llamaba Juana Carducha : esta 
habieiÑlo visto bailar á las jitanas y jitanos , la tomó el 
diabla, y s« enamoró de Andrés tan fuertemente que 
propuso de decírselo y tomarle por marido, si él qui- 
siese, aunque ¿ todos sus parientes les pesase; y asi 
buscó coyuntuit para dedraelo , y liallóla en un corral 
donde Andrés habia entrado á requerir dos pollinos : 
llegóse á él, y con priesa por no ser vista le dijo : Andrés 
(qiie ya sabia su nombre) , yo soy doncella y rica , que 
mi madre no. tiene otro hijo sino i mí , y este mesou es 
suyo, y amen desto tiene muchos majuelos, y otros dos 
pares de casas ; hasme parecido bien ; si me quieres por 
esposa , i ti te está bien , respóndeme presto , y si eres 
discreto quédate, y vei-ás qué vida nos damos. Admi- 
rado quedó Andrés de la resolución de la Carducha , y 
con la presteza que ella pedia, le respondió : Señora 
doncella, yo estoy apalabiiulo para casarme , y los jita- 
nos no nos casamos sino con jitanas : guárdela Dios por 
la merced que me quería hacer, de que yo no soy digno. 
No estuvo en dos dedos de caerse muerta la Carducha 
con la aceda respuesta de Andrés , á quien replicara , si 
no viera que entraban en el corral otras jitanas : salióse 
corrida y asendereada , y de buena gana se vengara si 
pudiera. Andrés como discretodelenninó de poner tierra 
en medio, y desviarse de aquella ocasión que el diablo- 
le ofrecía ; que bien leyó en los ojos de la Carducha que 
sin los lazos matrimoniales se le entregara á toda su vo- 
luntad , y no quiso verse pié á pié y solo en aquella es- 
tacada; y así pidió á todos los jilauos que aquella noclie 
se partiesen de aquel lugar. Ellos, que siempre le obe- 
decían, lo pusieron luego por obra, y cobrando sus lian- 
zas aquella tarde, se fueron. La Carducha, que vio que 
en irse Andrés se le iba la mitad de su alma, y que 110 
le quedaba tiempo para solicitar el cumplimiento de sus 
deseos, ordenó de hacer quedar á Andrés por fuerza, ya 
que de grado no podía : y asi con la industria, sagacidad 
y secreto que su mal intento le ensefió, pusp entre las 
alhajas de Andrés, que ella conoció por suyas, unos ri- 
cos corales, y dos patenas de plata con otros brincos su- 
yos; y apenas habían salido del mesón , cuando dio vo- 
ces diciendo que aquellos jitanos le llevaban robadas sus 
jtyas, á cuyas voces acudió la justicia y toda la gente del 
pueblo. Los jitanos hicieron alto , y todos juraban quo 
nuigun^ cosa llevaban hurtada, y que ellos liarían pa- 
tentes todos las sacos y repuestos de su aduar : desto se 
congojó mucho la jitana vieja, temiendo en aquel escru- 
tinio no. se manifestasen los dijes de la Preciosa y los 
vestidos de Andres, que ella con gran cuidado y recato 
guardaba; pero la buena de la Carducha lo remedió cou 
mucha brevedad todo, porque al segundo envoltorio 
que miraron , dijo que preguntasen cuál era el de aquel 
jitano gran bailador que ella habia visto entrar «d su 
aposento dos veces , y que podría ser que aquel las lle- 
vase. Entendió Andres que por él lo decía , y riéndose, 
dijo : Señora doncella, esta es mi recámara, y este es mi 
pollino ; si vos halláredes en ella ni en él lo que os falla . 
yo os lo pagaré con las setenas, fuera de sujetarme, al 



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li« 



OBRAS DE CERVANTES. 



castigo que ia i«y da ú los ladrones. Acudieron luego loa 
ministros de la justicia á desbalijar el pollino , y á pocaa 
vueltas dieron con el hurto, de que quedó tan espantado 
Andrea y tan absorto, que no pareció sino estatua sin 
'VOZ , de piedra dura. ¿No sospeché yo bien ? dijo á esta 
sazón la Carducha : mirad con qué buena cara se encu- 
bre un ladrón tan grande. El alcalde , que estaba pre- 
lente , comenzó ádecir mil injurias á Andrés y á todos 
los jitanos, llamándolos de públicos ladrones y salteado- 
res de caminos. A todo callaba Andrés, suspenso é ima- 
ginativo , y no acababa de caer en la traición de la Car- 
ducha. En esto se llegó á él un soldado bizarro, sobrino 
del alcalde , diciendo : ¿ No veis cuál se ha quedado el 
jitanico podrido de hurtar? apostaré yo que hace melin- 
dres , y que niega el hurto con habérsele cogido en las 
manos : que bien haya quien no os echa en galeras á to- 
los ; mirad si estuviera mejor este bellaco en ellas, sir- 
viendo á su Majestad, que no andarse bailando de lugar 
on lugar , y hurtando de venta en monte : á fe de solda- 
do, que estoy por darle una bofetada que le derribe á 
mis pies; y diciendo esto, sin mas ni mas alzó la mano, y 
lu dio un bofetón tal que le hizo volver de su embelesa- 
miento, y le hizo acordar que no era Andrés Caballero, 
sino D. Juan y caballero; y arremetiendo al soldado con 
umcha presteza y mas cólera le arrancó su misma es- 
pada de la vaina, y se la envainó en ol cuerpo , dando 
con él muerto en tierra. Aqni fué el gritar del pueblo : 
aqui el amohinarse el tío alcalde : aquí el desmayarse 
Precicsa, y el turbarse Andrés de verla desmayada : aquí 
el acudir todos á las armas, y dar tras el homicida; cre- 
do la confusión, creció la gritli , y por acudir Andrés al 
desmayo de Preciosa, dejó de acudir á su defensa ; y 
quiso la suerte que Clemente no se hallase al desastrado 
suceso, que con los bagajes había ya salido del pueblo : 
finalmente, tantos cargaron sobre Andrés, que le pren- 
dieron y le aherrojaron con dos muy gruesas cadenas: 
bien quisiera el alcalde ahorcarle luego , si estuviera en 
su mano; pero hubo de remilirloáMurcia, por ser de su 
jurisdicion : no le llevaron hasta otro día, y en elqoe 
aUí estuvo pasó Andrés muchos martirios y vituperios, 
qne el indignado alcalde y sus ministros, y todos los del 
lugar le hicieron. Prendió el alcalde todos los mas jita- 
nosyjitanas que pudo, porque los mas huyeron, y entre 
ellos Clemente, que temió ser cogido y descubierto. Fi- 
nalmente, con la sumaria del caso, y con una gran cáfila 
de jitanos entraron el alcalde y sus ministros , con otra 
nmcbagente armada, en Murcia, entre los cuales iba Pre- 
cio8a,yel.pobre Andrés ceñido de cadenas sobre un m»- 
choy con esposasy piédeamigo. Salió toda Murciaá ver los 
presos, qne ya se tenia noticia de la muerte del ¡¡oldado. 
Pero la hermosura de Preciosa aquel dia fué tanta , qne 
ninguno la miraba que no la bendecía, y llegó la nueva 
de su belleza á los oídos de la señora corregidora , que 
por curiosidad de verla hizoque el corregidor su marido 
mandase que aqHella jitanica no entrase en ki cárcel , y 
todos los deraas-si, y á Andres le pusieron en un estrecho 
salabozo , cuya escuridad y la falta de la luz de Preciosa 
le trataron de manen, que bien pensó no salir de allí 
sino para la sepultura. Llevaron á Preciosa con su abuela 
á qne la corregidora la viese, y asi como la vio, dijo : 
Con razón la alaban de hermosa; y llegándola á sí la 
abrasó tiernamente, y no se hartaba de mirarla ; y pre- 
gtVtó i su abuela qne qné edad tendría aquella niña. 



Quince años, respondió la jüani, dos metes mió ni- 
ños. Esos tuviera agora la desdichada de nüCottisn; 
¡ay, amigas 1 qne esta niña me ha renovado mi denei. 
tura, dijo la corregidora. Tomó en esto Precioalu ni- 
ños de la corregidon, y besándoselas macha vecaa 
las bañaba con lágrimas , y le deda : Señora mia , eljí- 
taño que está preso no tiene culpa , porque fné prow' 
cado : llamáronle ladron , y no lo es : diéronle ua bo(»- 
ton en su rostro, que es tal que en él se descubre li 
bondad de su ánimo : por Dios y por quien vos sois,!» 
ñora, que le hagáis guardar su justicia, y qne el mm 
corregidor no se dé priesaá ejecutar en él el castigo ea 
que las leyes le amenazan : y sí algnn agrado os ha didí 
mi hermosura, entretenelda con entretener el preso, 
porque en el fin de su vida está el de la mía : él bi de 
mi esposo, y justos y honestos impedimentos bao tim 
hado que aun hasta ahora no nos habernos dadolarm 
nos : si dineros fueren menester para alcanzar perda 
üe la parte ,' todo nuestro aduar se venderi en públii 
almoneda, y se dará aun mas de lo que pidieren : 
iiiia, sí saJaeis qué es amor, y algún tiempo le tnnstá 
y ahora le tenéis á vuestro esposo, doleos de mi,fi 
amo tierna y honestamente al mío. En todo el tleni 
que esto decía, nunca la dejó las manos ni apartólotojí 
de mirarla atentísimamente, derramando amirgH 
piadosas lágrimas en mucha abundancia : asimisoM 
corregidora la tenia á ella asida de las suyas, miak 
ni mas ni menos con no menor ahínco, y con no n 
pocas lágrimas. Estando en esto entró el corregidor 
hallando á su mujer y á Preciosa tan llorosas y taní 
cadenadas, quedó suspenso asi de su llanto como del 
hermosura : preguntó la causa de aquel sentimientt, 
la respuesta que dio Preciosa fué soltar las manosdi 
corregidora, y asirse de los pies del corregidor, didá 
dolé : Señor, misericordia , misericordia : á oúeifi 
muere, yo soy muerta : él no tiene culpa, pero si la liei 
déseme á mi la pena : y si esto no puÑle ser, á lo inil 
entreténgase el pleito en tanto que se procuraDybm 
tos medios posibles para su libertad ; que podrí »rf 
al que no pecó de malicia le enviase el cielo la salud 
gracia. Con nueva suspensión quedó el corregidor 
oírlas discretas razonesdela jitan¡lla,yqueya,á 
fuera por no dar indicios de flaqueza, le acompañara! 
sus lágrimas. En tanto que esto pasaba , estaba la jil 
vieja considerando grandes, muchas y diversas 
al cabo de toda esta suspensión é imaginación, dijo; 
pérenme vuesas mercedes, señores míos, on poco, 
yo haré que estos llantos se conviertan en risa, aan 
á mí me cueste la vida ; y así con lijero iwso se salió 
donde estaba, dejando á los presentes confusos con 
que dicho había. En tanto pues que ella volvía , mu 
dejó Preciosa las lágrimas ni los ruegos de que se enli 
tuviese la causa de su esposo, con intención deavisai 
su padre qoe viniese á entender en ella. Volvió la jital 
con un pequeño cofre debajo del brazo , y dijo al con 
gidor qne con sq mnjer y ella se entrasen en un ipoM 
to , que tenia grandes cosas qne decirles en secreto. ! 
corregidor , creyendo qne algunos hurtos de los jUu 
quería descubrirte por tenerle propicio en el pleito^ 
preso , al momento se retiró con ella y con su ronjeri 
su recámara, adonde la jitana , hincándose de rod3 
ante los dos, les dijo : Sí las buenas nuevas ijoe « qii 
ro dar, señores , no merecieren alcanzar en albrícias4 



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LA JITANILLA. 



111 



Hiéii de no gran pecado mió, aquí estoy para recebir 
ti caidp q<M qnisiéndes darme; pero antea q ae le con- 
Cese, qwen que me digáis, señores, primero, si cano- 
Mii HW jojai ; y descubriendo un cofrecito donde ve- 
uiin lisdt Preciosa, se le puso en las manos al corre- 
l^or, jaibríéndole vio aquellos dijes pueriles; pero 
JO oféao h) qne podían signiGcar : mirólos también la 
oorre¿iAin, pero tampoco dio en la cuenta ; solo dijo : 
atanix'óroos de alguna pequeña criatura. Asi es la 
[ dijo la jitana , y de qué criatura sean lo dice ese 
tqoe «suénese papel doblado. Abrióle con priesa 
larreipdor, y leyó que decia : Llamábase la niña 
ffCmUmsa de Aeevedo y de Menetes, su madre Doña 
r dt Meneses, y $u padre D. Femando ds Ace- 
k, cabdkro dd hábito de Calatrava : despareéila 
Il¿ b jlwenMbn del Señor, á las ocho de la maña- 
\Utícéemüy quinientos y noventa y cinco : trata 
l'lMa fuettos estos brincos que en este cofre están 

hnbo oido la corregidora las razones del pa- 
cando reconoció los brincos, se los puso á la boca, 
Woles infinitos besos, se cayó desmayada; acudió 
negidorá ella antes que i preguntará la jitana por 
liji, y habiendo ynelto en si, dijo: Mujer buena, 
ingél qae jitana , ¿adonde está el dueño, digo , la 
cayos eran estos dijes? ¿Adonde, señora? 
la jitana : en vuestra casa la tenéis, aquella 
da que 08 sacó las lágrimas de los ojos es su dueño, 
■a duda alguna vuestra hija, que yo la hurté en 
M de vuestra casa el dia y hora que ese papel dice, 
eito la turbada señora, soltó los chapines, y 
y corriendo salió á la sala , adonde había dejado 
:, y hallóla rodeada de sus doncellas y criadas, 
llorando; arremetió á ella, y sin decirle nada, 
I priesa le desabrochó ol pecho , y miró si tenia 
jidela teta izquierda una señal pequeña á modo 
ir blanco con qne liabia nacido, y hallóle ya 
, qoe con el tiempo se habla dilatado : luego 
■isma eeierídad la descalzó , y descubrió un pié 
y de niariil iieclio á torno, y vio en él loque 
, qae era que los dos dedos últimos del pié dé- 
se trababan el uno con el otro por medio con un 
lodecame, la cual cuando niña nunca se la habían 
cortar por no darle pesadumbre. El pecho, los 
.los brincos, el dia señalado del hurto, laconfe- 
deii jitana, y el sobresalto y alegría que habían re- 
' «as padres cnando la vieron , con toda la verdad 
imán» en el alma de la corregidora ser Preciosa 
y asi colándola en sus brazos se volvió con ella 
el corregidor y la jitana estaban. Iba Preciosa 
, qne no sabia á qué efecto se habían hecho con 
laqnelbs diligencias, y mas viéndose llevar en brazos 
íkesnegidora, y que le daba de un beso hasta cien- 
Uegien fin con la preciosa carga O.* Guiomar á la 
Mcia de su marida , y trasladándola de sus brazos á 
H earregidor , le dijo : Recebid, señor, á vuestra 
tCMama , que esta es sin duda ; no lo dudéis, señor, 
li^nn modo , que ia señal de los dedos juntos y la 
he visto ; y mas que á mi me lo está diciendo 
la desde el instante que mis ojos la vieron. No lo 
I, nipoadió el corregidor teniendo en sus brazos á 
ÍM, que kw mismos efectos han pasado por la mia 
>Tw la vuestra; y mas que tantas particularidades 



juntas ¿cómo podían suceder si no fuera por mihigro? 
Toda la gente de casa andaba absorta , preguntando unos 
á otros qué seria aquello, y todos daban bien lejos del 
blanco; qne ¿quién habia de imaginar qne la Jitanilla 
era hija de sus señores? El corregidor dijo á su mujer, y 
á su hija, y á la jitana vieja, que aquel caso estuviese se- 
creto hasta que él le descubriese : y asimismo dijo á la 
vieja que él la perdonaba el agravio que le habia hecho 
en hurtarte la mitad de su alma, pues la recompensa de 
habérsela vuelto mayores albricias merecía; y que solo 
le pesaba que sabiendo ella la calidad de Preciosa , la 
hubiese desposado con un jítano, y mas con un ladrón y 
homicida. ¡Ay! dijo á esto Preciosa, señor mío, que ni 
es jítano ni ladrón, puesto que es matador; pero fué 
del que le quitó la honra, y no pudo hacer menos de 
mostrar quién era, y matarte. ¿Cómo? ¿qué, no es jíta- 
no, hija mia? dijo D.* Guiomar. Entonces la jitana 
vieja contó brevemente la historia de Andrés Caballero, 
y que era hijo deD. Francisco de Cárcamo, caballero 
del hábito de Santiago, y que se llamaba D.Juan de 
Cárcamo, asimismo del mismo hábito, cuyos vestidos 
ella tenia cuando los mudó en los de jítano. Contó tam- 
bién el concierto que entre Preciosa y Di Juan estaba 
hecho de guardar dos años de aprobación para despo- 
sarse ó no : puso en su punto la honestidad de entram- 
bos, y la agradable condición deD. Juan. Tanto se ad- 
miraron desto como del hallazgo de su hija, y mandó ei 
corregidor á la jitana que fuese por los vestidos de 
D.Juan: ella lo hizo ansí, y volvió con otro jilanoque los 
trujo. En tanto que ella iba y volvía , hicieron sus pa- 
dres á Preciosa cíen mil preguntas , á que respondió con 
tanta discreción y gracia, que aunque no la hubieran 
reconocida por hija, los enamorara : preguntáronla si 
tenia alguna añcion á D. Juan : respondió que no mas 
de aquella que le obligaba á ser agradecida á quien su 
había querido humillar á ser jítano por ella ; pero que ya 
no se extendería á mas el agradecimiento de aquello que 
sus señores padres quisiesen. Calla , hija Preciosa , dijo 
su padre, que este nombre de Preciosa quiero que se tu 
quede en memoria de tu pérdida y de tu hallazgo, que 
yo como tu padre tomo á cargo el ponerte en estado qim 
uo desdiga de quien eres. Suspiró oyendoesto Preciosa, 
y su madre como era discreta entendió que suspiraba de 
enamorada de D. Juan, y dijo á su marido : Señor, 
siendo tan principal D. Juan de Cárcamo comoHo es, 
y queriendo tanto á nuestra hija , no nos éstaria mal dár- 
sela por esposa ; y él respondió : Aun apenas hoy la habe- 
mos hallado, ¿y ya queréis (fue la perdamos? Gocémosla 
algún tiempo, que en casándola no será nuestra, sinu 
de su marido. Razón tenéis, señor, respondióella ; pero 
dad orden de sacar á D. Juan, que debe de estarenalguii 
calabozo metido, pasando las penalidades que s^ pueden 
considerar de sus prisiones, las humedades y sabandijas 
inmundas, qne inquietan á los pobres pacientes, qiiu 
están esperando salga el dia para gozarte , y verse libruf 
de tanta opresión y mala vecindad como padecen. Si es- 
tará , dijo Preciosa, que á un ladrón matador , y sobre 
todojitano, no le habrán dado mejor estancia. Yoquiero 
irá verte, como que le voy á tomarla confesión, res- 
pondió el corregidor, y de nuevo os encargo, señora, 
que nadie sepa esta historia hasta que yo lo quiera : 
y abrazándola Preciosa , fué luego á la cárcel y entró en 
el calabozo donde D. Juan estaba, y no quiso que nadi* 



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H8 



OKtAS DE CERVANTES. 



entrase con él : hallóle con entrambos pies en nn cepo, 
y con las esposas á las manos, y que aun do le hablan 
quitado el piedeamigo : era la estancia escura , pero hizo 
que por arriba abriesen una lumbrera, por donde en- 
traba luz, aunque muy escasa; y asi .como le vio, le 
dijo : ¿Cómo está la buena pieza? que así tuviera yo 
j atraillados cuantos jitanos hay en España para acafaór 
con ellos en un dia, como Nerón quisiera en otro con 
Roma, sin dar mas de un golpe : sabed, ladrón puntoso, 
que yo soy el corregidor desta ciudad, y vengo á saber 
de mí á vos , si es verdad que es vuestra esposa una Jita- 
nilla que viene con vosotros. Oyendo esto Andrés ima- 
ginó que el corregidor se debía haber enamorado de 
Preciosa; que los celos son de cuerpos sutiles y se en- 
tran por otros cuerpos sin romperlos, apartarlos ni di- 
vidirlos; pero con todo esto respondió : Si ella ha dicho 
que yo soy su esposo, es macha verdad : y si ha dicho 
que no lo soy , también ha dicho verdad , porque no es 
posible que Preciosa diga mentira. ¿Tan verdadera es? 
respondió el corregidor; no es poco serlo pard ser jitana : 
ahora bien , mancebo , ella ha dicho que es vuestra«s- 
posa, peroque nunca os ha dado la maiio; ha snbidoque 
según es vuestra culpa habéis de morir por ella, y hame 
pedido que antes de vuestra muerte la despose con vos, 
porque se quiere honrar con quedar viuda de un tan 
gran ladrón como vos« Pues hágalo vuesa merced , señor 
corregidor, como ella lo suplica , que como yo me des- 
pose con ella , iré contento á la otra vida como parta 
desta con nombre de ser suyo. Mucho la debéis de que- 
rer, dijo el corregidor. Tanto , respondió el preso , que 
á poderlo decir no fuera nada : en efecto, señor corregi- 
dor, mi causa se concluya : yo maté al que me quiso 
quitar la honra : yo adoro á esa jitana, moriré contento 
si muero en su gracia, y sé que no nos ha de faltar la du 
Dios, pues entrambos habernos guardado honestamente 
y con puntualidad lo que nos prometimos. Pues esta 
noche enviaré por vos , dijo el corregidor , y en mi casa 
os desposaréis con Preciosica, y mañanaámediodia esta- 
réis en la horca, con lo que yo habré cumplido con lo 
que pide la justicia y con el deseo de entrambos. Agra- 
decióselo Andrés ; y el corregidor volvió á su casa y dio 
cuenta á su mujer de lo que con D. Juan había pasado, 
y de otras cosas que pensaba hacer. Eu el tiempo que él 
faltó de su casa, dio cuenta Preciosa á su madre de todo 
el discurso de su vida, y de cómo sienipre había creído 
ser jitana y ser nieta de aquella vieja ; pero que siempre 
se había estimado en mucho mas de lo que de ser jitana 
se esperaba. Preguntóle su madre que le dijese la ver- 
dad, si quena bien á D. Juan de Cárcamo. Ella con 
vergüenza y con los ojos en el suelo ledijo que por ha- 
berse considerado jitana , y que mejoraba su suerte con 
casarse con un caballero de hábito y tan principal como 
D. Juan de Cárcamo, y por haber visto por experien- 
cia su buena condición y honesto trato, alguna vez le 
había mirado con ojos aficionados ; pero que en resolu- 
ción ya había dicho que no tenía otra voluntad de aque- 
lla que ellos quisiesen. 

Llegóse la noche , y siendo casi las diez sacaron á 
Andrés de la cárcel sin las esposas y el piedeamigo, pero 
no sin una gran cadena que desde los pies todo el cuer- 
po le ceñía. Llegó deste modo sin ser visto de nadie sino 
de los que le traían en casa del corregidor,- y con silen- 
cio y rúcalo le entraron en un aposentó donde le dejaron 



solo ; de alli á un rato entró un clérigo , y le ^jo qum 
confesase, porque había de morir otro dia. A ¿ni 
respondió Andrés : De muy buena gana me coafearí; 
{wro ¿cómo no me desposan primero? T si me haii 
desposar, por cierto que es muy malo el tálamo qo« m. 
espera. D.' Guiomar, que todo esto sabia, dijaia 
marido que eran demasiados los sustos que áD.In 
daba, que los moderase , porqne podría ser perdimh 
vida con ellos. Parecióle buen consejo al corregidor, y 
asi entró á llamar al que le confesaba, y dijoleqDe|ii> 
mero habían de desposar al jitano con Preciosa la jila% 
y que después se confesaría, y que se encomendntl 
Dios de todo corazón , que muchas veces suele Uoni 
sus misericordias en el tiempo que están massecit 
esperanzas. En efecto, Andrés salió áunasiia(M| 
estaban solamente D.* Guiomar, el corregidor, Pa 
ciosa y otros dos criados de casa. Pero cuando Pnda 
vio á D. Juan ceñido y aherrojado con tan gran cnloi 
descolorido el rustro y los ojos con muestra de 
llorado, se le cubrió el corazón , y se arrimó al bt 
su madre que junto á ella estaba, la cual abrazíBA 
consigo, le dijo : Vuelve en tí, niña, que todo h» 
ves ha de redundar en tu gusto y provecho. Ella, 
estaba ignorante de aquello , no sabía cómo consola 
y la jitana vieja estaba turttada , y los circunstanleii 
gados del Gnde aquel caso. El corregidor dijo:9i 
tiniente-cura , este jitano y esta jitana son los qae 
merced ha de desposar. ^ no podré yo hacer, i 
preceden primero las circunstancias que para tal asa; 
requieren : ¿dónde se han hecho las amoneslacioM 
¿adonde está la licenciada mi superior para qae ci 
ellas se hüga el desposorio? Inadvertencia ha «ido 
respondió el corregidor; pero yo haré que el vicaria 
dé. Pues hasta que la vea, respondió el tiniente-cu 
estos señores perdonen ; y sin replicar mas palabra, 
que no sucediese algún escándalo, se salió de 
los dejó á todos confusos. El padre ha hecho 
dijo á esta sazón el corregidor, y podría ser 
videncia del cielo esta para que el suplicio de Ai 
dilate , porque en efecto él se ha de desposar con 
ciosa, y han de preceder primero las ami 
donde se dará tiempo al tiempo, que suele dar 
salida á muchas amargas dificultades : y con todo 
querría saber de Andrés, si la suerte encaminase 
cesos de manera que sin estos sustos y sol 
hallase esposo de Preciosa, ¿ si se tendría pordtehM 
siendo Andrés Caballero, ó ya O. Juan de 
Asi como oyó Andrés nombrarse por su nombre, d 
Pues Preciosa no ha queiido contenerse en los lia 
del Silencio, y ha descubierto quién soy, aunque 
buena dicha me hallara hecho monarca del miúid«,i 
tuviera en tanto que pusiera término á mis deseos, 
osar desear otro bien sino el del cíelo. Pues por ese h 
ánimo que habéis mostrado, señor D. Juan de CM 
mo , á su tiempo haré que Preciosa sea vuestra I 
consorte, y agora os la doy y entrego en esperuaf 
la mas rica joya de mi casa , y de mi vida , y de mi 
y estimadla en lo que decís, porque en elia asál¡ 
D.'Costanza deAcevedoyMeneses, mi única hija, bel 
sí os iguala en el amor, no os desdice nada en el liiq¡ 
Atónito quedó Andrés viendo el amor que le roostnilil 
y en breves razones O.* Guiomar contó la pérdida dea 
hija y su hallazgo con las certísimas señas que la jiM 



>muyl 



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EL AMANTB UBERAL. 



ti» 



¡ iB/jfi hiim dado de sa hurto, conque acabó D. Jiuui 

I ét^Qtiu atónito y sospenso , pero alegre sobre todo 

i «RHtdfflieatoabFaió i sm suegros, llamólos padres y 

i «iomnjog, besó las manos á Preciosa, que con M- 

griou le pedia las suyas. 

RoapiJHel secreto, salió la nueva del caso con la 

de los criados que habian estado presentes : el 

chI aMo por el alcalde , tio del muerto , vio tomados 

idoainos de su vengama , pues no había de tener lu- 

¡ ftü rigor de la justicia para ejecutarla en el yerno del 

'inegidor. ^^atióse D. Juan los vestidos de camino que 

(tlliibia treido la jitana ; volviéronse las prisiones y ca- 

ima de hierro eo libertad y cadenas de oro : la tristeza 

AlnjiUnos presos en alegría , pues otro dia los dieron 

vSido: recibió el tio del muerto la promesa de dos 

Bfldwados que le hideron porque bajase de la quere- 

~ f penkKiase i D. Juan, el cual no olvidándose de su 

(■vida Clemente, le hizo buscar; pero no le hallaron 

(IsqÑeroa del basta que desde alli á cuatro días tuvo 

dettas que se había embarcado en una de dos 

plena de Genova que estaban en el puerto de Cartagena 

ya se habían partido. Dijo el corregidora D. Juan que 

Bt par Bueva cierta que su padre D. Francisco de 

iicemo estaba proveído por corregidor de aquella ciu- 

' ', y que seria bien esperalle para que con su bene- 

y consentimiento se hiciesen las bodas. D. Juan 

lljeqie DO nidria de lo que ól ordenase ; pero que ante 

coas se había de desposar con Preciosa. Concedió 



licencia el arzobispo para que con sola una amonestación 
se hiciese. Hizo fiestas la ciudad, por ser muy bien- 
quisto el corregidor, con luminarias, toros y cañas el 
dia del desposorio : quedóse la jitana vieja en casa, que 
no se quiso apartar de su nieta Preciosa *. llegaron 
las naevas°& la corte del caso y casamiento déla Jitanilla : 
supo ü. Francisco de Cárcamo ser su hijo el jitano, y 
ser la Preciosa la Jitanilla que él liabia visto, cuya her- 
mosura disculpó con él la liviandad de su hijo, que ya 
le tenia por perdido , por saber que no había ido á Flán- 
des ; y mas porque vio cuan bien le estaba el casarse con 
hija de tan gran caballero y tan rico como era D. Fer- 
nando de Acevedo : dio priesa á su partida por llegar 
presto á ver á sus hijos, y dentro de veinte días ya estaba 
en Murcia , con cuya llegada se renovaron los gustos , se 
hicieron las bodas, se contaron las vidas, y los poetas de 
hi ciudad, que hay algunos y muy buenos, tomaron á 
cargo celebrar el extraño caso, juntamente con la sin 
igual belleza de la Jitanilla; y de tal manera escribió 
el lamoso licenciado Pozo , que en sus versos durará la 
&ma de la Preciosa mientras los siglos duraren. Olvídá- 
baseme de decir cómo la enamorada mesonera descu- 
brió á la justicia no ser verdad lo del hurto de Andrés el 
jitano, y confesó su amor y su culpe, á quien no resr- 
pondiópena alguna, porque en la alegría del hallazgo 
de los desposados se entórró la venganza y resucitó la 
clemencia. 



EL AMANTE LIBERAL. 



¡Oi lamentables ruinas de la desdichada Nicoúa,' 
Kins enjutas de la sangre de vuestros valerosos y mal 
Hctanados defensores 1 Sí como carecéis de sentido , le 
Mérades ahora, en esta soledad donde estamos, po- 
lamentar juntamente nuestras desgracias, y 
el haber hallado compañía en ellas alivÍBría nues- 
itonnento : esta esperanzaos puede haber quedado, 
il derribados torreones, que otra vez, aunque no para 
D justa defensa como la en que os derribaron, os po- 
IB ver levantados ; mas yo desdichado ¿qué bien podré 
ir en la miserable estrecheza en que me hallo, 
Biqne vuelva al estado en que estaba antes desteen 
veo? tal es mi desdicha, que en la libertad fui 
fin ventura , y en el cautiverio ni la tengo ni la espero. 
Eitas razones decía un cautivo cristiano, mirando 
•de un recuesto las murallas derribadas de la ya per- 
tizKcosia , y asi hablaba con ellas, y hacia compara- 
óen de sus miserias á las suyas, como si ellas fueran 
opicesde entenderle (propia condición de aQigidos, 
fM llevados de sus imaginaciones hacen y dicen cosas 
detoda razón y buen discurso). En esto salió de 
pebellon ó tienda, de cuatro que estaban en aquella 
puestas, un turco mancebo de muy buena dis^ 
lliiaon y gallardía, y llegándose al cristiano le dijo : 
'testaría yo, Ricardo amigo , que te traen por estos lú- 
pulos continuos pensamientos. Si traen, respondió 
■wdo (que este era el nombre del cautivo) ; mas ¿qué 
*|nncha si en ninguna parte á do voy hallo tregua ni 
en ellos, antes me los han acrecentado estas 



minas que desde aquí se descubren? Por las de Nicosía 
dirás, dijo el turco. Pues ¿por cuáles quieres que lo 
diga , repitió Ricardo , si no hay otras que á los ojos por 
aqui se ofrezcan? Bien tendrás que llorar, replicó el 
turco, si en esas contemplaciones entras; porque los 
que vieron habrá dos años á esta nombrada y rica isla de 
Chipre en su tranquilidad y sosiego, gozando sus mora- 
dores en ella de todo aquello que la felicidad humana 
puede conceder á los hombres , y ahora los ven , ó con- 
templan ó desterrados della , ó en ella cautivos y misera- 
bles , ¿cómo podrán dejar de no dolerse de su calamidad 
y desventura? Pero dejemos estas cosas, pues no llevan 
remedio, y vengamos á las tuyas, que quiero ver si le 
tienen ; y asi te ruego por lo que debes á la buena volun- 
tad que te be mostrado y por lo que te obliga el ser en- 
trambos de una misma patria , y habernos criado en 
nuestra niñez juntos, que me digas ¿qué es la causa que 
te trae tan demasiadamente triste ? que puesto caso que 
sola la del cautiverio es bastante para entristecer el co- 
razón mas alegre del mundo, todavía imagino que de 
mas atrás traen la corriente tus desgracias; porque los 
generosos ánimos como el tuyo no suelen rendirse á las 
comunes desdichas tantoque den muestras deeztraoidi- 
naríos sentimientos : y hácemeureeresto,el saber yo 
que no eres tan pobre que te falte para dar cuanto pi- 
dieren para tu rescate; ni estás en las torres del mar 
Negro , como cautivo de consideración que tarde ó nun- 
ca alcanza la deseada libertad : asi que no habiéndole 
quitado la mala suerte las esperanzas de verte libre , y 



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ISO . OBRAS D£ 

con lodo esto verte rendido á dar miserables maestras, 
üe tu desventara, no es mucho que imagine que tu 
|H¡na procede de otra causa que de la libertad que per- 
diste, la cnal causa te suplico me digas, orreciéndote 
cuanto puedo y valgo ; quizá para que yo te sirva ha 
traido la for tona este rodeo de haberme hecho vestir 
deste hábito , que aborrezco. 

Ya sabes, Ricardo, que es mi amo el cadi desta ciu- 
dad (que es lo mismo que ser su obispo) ; sabes también 
lo mucho que vale y lo mucho que con él puedo : junta- 
mente con e^ no ignoras el deseo encendido que tengo 
de no morir en este estado que parece que profeso, pues 
cuando mas da pueda teugo de confesar y publicar á vo- 
ces la Te de Jesucristo . de quien me apartó mi poca edad 
y menos eutendin^iento/ puesto (|ue sé que tal confesión 
me ha de costar la vida, que á trueco de no perder la 
del alma, daré por bieo empleado perder la del cuerpo : 
tie todo lo djcbo quiero que infieras y que consideres 
que to puede ser de algui^ provecho mi amistad, y que 
para saber qué remedios ó alivios puede tener tu desdi- 
cha, es menester quo me la cuentes como ha menester 
el médico la relaeion del ^nfermo, asegurándote que la 
depositaré en lo mas escondido del silencio, A todas 
u-stas razoites estuvo callando IlicardQ , y vLindose obli- 
gado dellas y de la necesidad le respondió con estas : Si 
asi como lias acertado, ó andigo Hahamut (que así se lla- 
maba el turcg), en loqaede mi desdicha imaginas, acer- 
taras en su remedio, tuviera por bien perdida mi liber- 
tad , y no trocara n^í desgracia con la mayor ventura qae 
iuiaginarse pudiera; mas yo sé que ella es tal que todo 
el muudo podrá saber bien la causa de donde procede, 
mas no liabr^ en él persona que se atreva no solo i ha- 
llarle remedio, pero oi aun ajivio : y para que qaedes 
satisfecho desta verdad , te la contaré en las menos razo- 
nes que pudiere ; pero antes (^ue entre en el confuso la- 
berinto de mis malos , (jjuiero que iqe digas ^ qué es la 
causa que I^m bajá mi amo lia hecho plantar en esta 
campaña estas tiendas y pabellones antes de entrar en 
Nicosia, adonde viene proveído por virey, ó por bajá 
como los turcos llaman á los vireyes? Yo te satisfaré bre- 
vemente, respondió Hahamut ; y así has de saber que 
es costumbre entre jk>s turcos, que los que van por vice- 
yes de alguna provincia no entran eo la ciudad donde su 
antecesorhabita hasta que él saiga della y deje hacer libre- 
mente al que viene la residencia; y en tanto que el bajá 
nuevo la hace, el antiguo seestáenlaeampaña esperando 
loque resultede sus cargos, los cuales se le hacen sin que 
él pueda intervenir á valerse de sobornos y amistades, 
si ya primero no lo ha hecho : hecha pues la residencia 
se la dan al que deja el cargo en un pergamino cerrado y 
sellado, y con ella se presenta á la Pujerta del Gran 
Señor, que es como decir en la corte ante el gran consejo 
del turco : la cual viste por el visir bajá, y por los otros 
cuatro bajaes menores (como si dijésen;ios ante el presi- 
dente del real consejo y oidores ), ó le premian ó le cas- 
tigan según la relación de la residencia ; puesto que si 
viene cnlpado, con dineros rescate y excusa el casti- 
go ; si no viene culpado y no le premian , como sucede 
dé ordinario, con dádivas y presentes alcanza el cargo 
que mas se le antoja, porque no se dan allí los cargos y 
oficios por merecimientos, sino por dineros : todo se ven- 
de y todo se compra : los proveedores de los cargos roban 
j^ los proveídos en ellos y los desuellan : deste oQcin com- 



CERVANTES. 

prado sale la sustanc» para comprar otro que mas ga- 
nancia promete : todo va como digo , todo este impetii 
es violento, señal que pfometia no ser durable; pera i 
lo que yo creo, y asi debe de ser verdad , le tienea sobn 
sus hombros nuestros pecados : quiero decir, los de 
aquellos que descaradamente y á rienda suelta orendei 
á Dios como yo hago : él se acuerde de mí por quien a 
él. Por la causa que he dicho pues, tu amo Hazan b^ 
ha estedo en este campaña euatro días , y si el deJiicosii 
no ha salido como debia, ha sido por liaber estado naj 
malo ; pero ya está mejor y saldrá hoy ó mañana sin dwla 
alguna , y se ha de alojar en unas tiendas que están de- 
tras deste recuesto que tú no has visto, y tu amo entrui 
luego en la ciudad : y esto es lo que hay. que saber de It 
que rae pregunUste. 

Escucha pues , dijo Ricardo ; mas no sé si podré can- 
plir lo que antes dije , que en breves razones te cooUm 
mi desventura, por ser ella tan la^ga y desmedida, qui 
no se puede medir con razón alguna ; con todo eso iúi< 
lo que pudiere y lo que el tiempo diere lugar : y asi ti 
pregunto primero, si conoces en nuestro lugar de Tii- 
pana una doncella á quien la fama daba nombre de k 
mas hermosa mujer que había en toda Sicilia : iuiadi»> 
celia, digo, por quien decían todas las curiosas lengut 
y afirmaban los mas raros entendimientos, que era iidi 
mas perfecta hermosura que tuvo la edad pasada, tieü 
la presente y espera tener la que esta por venir : una por 
quien los poetas cantaban que tenía los cabellos de on^ 
y que eran sus ojos dos resplandecientes soles, y su, 
mejillas purpúreas rosas, sus dientes perlas, suslabies 
rubíes, su garganta alabastro : y que sus partes couel 
todo, y el todo con sus partes hacían una maravillosa y 
coacertada armonía , esparciendo naturaleza sobre todt 
una suavidad de colores tun natural y perfecta, que ja- 
mas pudo la envidia hallar cosa en que ponerle tacha. 
Qué ¿es posible, Mahamut, que ya no me has didit; 
quién es y cómo se llama? sin duda creo, ó que no n^ 
oyes , ó que cuando en Trápana estabas carecías de sea^, 
tido. En verdad, Ricardo, respondió Mahamut, qu«i^ 
la que has pintado con tantos extremos de hermosura n|' 
es Leonisa, la bija de Rodolfo Florencio, no séquiéa 
sea, que esta sola tenia la fama que dices. Esa.es, ó Ma- 
hamut, respondió Ricardo, esa es, amigo, la causa 
principal de todo mí bien y de toda mí desventura : e« 
es, que no la perdida libertad, por quien mis ojos lúa 
derramado, derraman y derramarán lágrimas sin cues- 
to , y la por quien mis suspiros encienden el aire certa } 
lejos , y la por.quien mis razones cansan al cielo que iñ 
escucha, y á los oídos que las oyen : esa es por quien 
tú me has juzgado por loco , ó por lo menos por de poco 
valor y menos ánimo : esta Leonisa, para mi' leona, ; 
mansa cordera para otro , es la que me tiene en este mi- 
serable estado ; porque has de saber que desde mis 
tiernos años, ó á lo menos desde que tuve uso de razoa 
no solo la amé, mas la adoré y serví con tauU sulicilnd 
como si no tuviera en la tierra ni en el cíelo otra deidad 
á quien sirviese ni adorase : sabían sus deudos y sus pa- 
dres mis deseos, y jamas dieron muestras de que les pe- 
sase, considerando que iban encaminados á fin bonestn 
y virtuoso ; y así muchas veces sé yo que se lo dijeroui 
Leonisa , para disponerle la voluntad á que por su es- 
poso me recebiese, conociendo mi calidad y nobleza ; mas 
ella, que tenia puestos los ojos en Cornelio, el \n¡»^ 



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EL A3JANTE 

Amum Bótalo, que tá bien coooces (mancebo guian, 
iIBÍkío, de Mancas manos y rizos cabellos, de voz me- 
liSuyikioMnMis palabras, y finalmente todo hecho 
de isilarj de aifeñiqae, guarnecido de tetas y adornado 
de bnodoa), no qniso ponerlos en mi rostro no tan de- 
Ucado eme el de Comelio , ni qniso agradecer siquiera 
rasnactoy continuos aerricios , pagando mi voluntad 
coa Meñarne y aborrecerme ; y^ tanto llegó el extre- 
M de anula, que ton^^ por partido dichoso que me 
nian i pura fuerza de desdenes y desagradecimientos, 
M que no diera descubiertos aunque honestos favores 
iCñelio: mira pues si llegándose á la angustia del 
Aadea y aborrecimiento la mayor y mas cruel rabia de 
iRcdes.coü estaría mi alma de dos tan mortales pes- 
te eonbatida : disimulaban los padres de Leonisa los 
h*aes qne i Comelio hacia, creyendo , como estaba 
a nion qoe creyesen , que atraído el mozo de su in- 
'■ «npaiable y bellísima hermosura, la escogerla por su 
eqxK, ven ello granjearían yerno mas rico que conmi- 
p : y bien pudiera ser, si asi fuera ; pero no le alcanza- 
lÉi, ña arrogancia sea dicho , de mejor condición qne 
kfflia, ai de mas altos pensamientos , ni de mas conoci- 
danlor fue el mió. Sucedió pues qne en el discurso de 
aii pretensión alcancé á saber que un dia del mes pasado 
ét Biayo , qne este de hoy hace un año , tres días , y cin» 
caliotas, Leonisa y sus padres, y Comelio y Ibs suyos 
aeibu i solazar con toda su parentela y criados al jar- 
dín de Aseanio , que está cercano á la marina en el ca- 
■aao de las salinas. Bien lo sé , dijo Maliamut, pasa 
adebate, Ricardo, qne mas de cuatro dias tuve en él, 
«ando Dios quiso, mas de cuatro buenos ratos. Sápelo, 
nplicó Ricardo, y al mismo instante que lo supe me 
oenpóelalma una forta, una rabia y un inSerno de ce- 
los con tanta vehemencia y rigor, qne me s^có de mis 
aealidos, como lo veris por lo qoe luego hice, qne fué 
Inaealjardin donde me dijeron qne estaban, y hallé 
ihmasde la gente solazándose, y debajo de un nogal 
MiiiidMá Comelio y á Leonisa, aunque desviados un 
|oe«: cail ellos quedaron de mi vista no lo sé ; de mi sé 
Ütór qne quedé tal con la suya que perdí la de mis ojos, 
jfBe quedé como estatua sin voz ni movimiento alguno; 

Ero no tardó mucho en despertar el enojo á la cólera, y 
cólera i la sangre del corazón , y la sangre á la ira , y 
h in á los manos y la lengua : pnesto que las manos se 
Marón con el respeto á mi parecer debido al hermoso 
rostro qne tenia delante ; pero la lengua rompió el «i- 
hocio con estas razones : Contenta estarás , ó enemiga 
aortal de mi descanso , en tener con tanto sosiego de- 
le de tus ojos la causa que hará que los mios vivan en 
perpetuo y doloroso llanto : llégate , llégate, cruel , na 
poco mas, y enrede tu yedra á ese inútil tronco que te 
basca : peina ó ensortija aqnesos cabellos de ese tu 
iiKvo Ganimédes , qne tibiamente te solicita : acaba ya 
de entregarte á los banderizos años dése mozo en quien 
' eootemplas; porque perdiendo yola esperanza de alean- 
arte, acabe con ella la vida que aborrezco: ¿piensas 
loryenlnra, soberbia y mal considerada doncella, que 
OMtijo sola se han de romper y faltar las leyes y fueras 
fK en semejantes casos en el mundo se usan? ¿Piensas, 
^MTo decir, qne ese mozo altivo por su riqueza , arro- 

Cle por su gallardía , inexperto porsu edad poca, con- 
porsu linaje, ha de querer, ni poder, ni saber guar- 
infirmezaen sus amores, ni estimar lo inestimable, ni 



LIBERAL. 



191 



conocer lo que conocen los maduros y ezperímenlados 
años? No lo pienses, si lo piensas , porque no tiene otra 
cosa buena el mundo, sino hacer sus acciones siempre 
de una misma manera, porque no se engañe nadie sino 
por su propia ignorancia : en los pocos años está la in- 
constancia mucha , en los ricos la soberbia , la vanidad 
en los arrogantes , y en los hermosos el desden , y en los 
que todo esto tienen la necedad, que es madre de todo 
mal suceso: y tú, ó mozo, que tan á salvo piensas llevar 
el premio mas debido á mis buenos deseos que á los 
ociosos tuyos, ¿por qué no te levantas dése estrado de 
flores donde yaces , y vienes á sacarme el alma que tanto 
la tuya aborrece? y no porque me ofendas en lo que ha- 
ces. Bino porque no sabes estimar el bien que la ventura 
te concede : y vese claro que le tienes en poco, en que 
no quieres moverte á defenderle por no ponerte á riesgo 
de descomponer la afeitada compostura de tu galán ves- 
tido : si esa tu reposada condición tuviera Aquiles, bien 
seguro estuviera Ulises de nosalir con su empresa, aun- 
que mas le mostrara resplandecientes armas y acerados 
alfanjes: vete, vete, y recréate entre las doncellas de 
tu madre, y allí ten cuidado de tus cabellos y de tus 
manos, mas dispuestas á devanar blando sirgo, qoe ú 
empuñar la dura espada. A todas estas razones jamas se 
levantó Comelio del lugar donde le hallé sentado ; antes 
se estuvo quedo, mirándome como embelesado sin mo- 
verse : y á las levantadas voces con que le dije lo que 
has oido , se fué llegando la gente que por la huerta an- 
daba, y se pusieron á escuchar otros mas improperios 
que á Comelio le dije, el cual tomando ánimo con la 
gente que acudió, porque todos ó los mas eran sus pa- 
rientes , criados ó allegados, dio muestras de levantar- 
se; mas antes que se pusiese en pié puse mano á mi 
espada y acometile no solo á él , sino á todos cuantos alU 
estaban; pero apenas vio Leonisa relucir mi espada 
cuando le tomó un recio desmayo, cosa que me puso en 
mayor coraje y mayor despecho; y no te sabré decir, si 
los muchos que rae acometieron atendían no mas de á 
defenderse, como quien se defiende de nn loco furioso, 
ó si fué mi buena suerte y diligencia, ó el cielo que 
para mayores malesqueria guardarme, porque en efecto 
herí siete ñ ocho de los que hallé mas á mano : á Cor- 
nelio le valió su buena diligencia, pues fué tanta la que 
puso en los pies huyendo , que se escapó de mis ma- 
nos : estando en este tan manifiesto peligro, cercado de 
mis enemigos, qne ya como ofendidos procuraban ven- 
garse, me socorrió la ventura con un remedio, que 
fuera mejor haber dejado allí la vida , que no restaurán- 
dola por tan no pensado camino venir á perderla cada 
hora mil y mil veces : y fué que de improviso dieron en 
el jardín mucha cantidad de turcos de dos galeotas de 
cosarios de Viserta , que en una cala que allí cerca es- 
taba habian desembarcado sin ser sentidos de las centi- 
nelas de las torres de la marina, ni descubiertos de los 
corredores ó atajadores de la costa : cuando mis con- 
traríos los vieron, dejándome solo, con presta celeri- 
dad se pusieron en cobro : de cuantos en el jardín esta- 
ban, no pudieron los turcos cautivar mas de á tres 
personas, y á Leonisa que aun se estaba desmayada : á 
roí roe cogieron con cuatro disformes heridas, vengadas 
antes pormimano con cuatro turcos que de otras cuatro 
dejé sin vida tendidos en el suelo : este asalto hicieron los 
turcos con su acostumbrada diligencie, y no muy con- 



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tt2 



OHtAS DE CERVANTES. 



lentos del suceso se fueron á emoarcar, y luego se hi- 
cieron á la mar, y á vela y remo en breve espacio se pu- 
sieron en la Fabiana : hicieron reseña por ver qué gente 
les faltaba , y viendo que los muertos eran cuatro solda- 
dos de aquellos que ellos llaman levantes, y de loe me- 
jores y mas estimados que traian ..quisieron tomar en mi 
la venganza, y asi mandó el arráez de la capitana bajar 
la entena para ahorcarme. Todo esto estaba mirando 
Leonisa , que ya había vuelto en si , y viéndose en poder 
de los cosarios derramaba abundancia de hermosas li- 
grimas, y torciendo sus manos delicadas, sin hablar 
palabra estaba atenta i ver si entendía lo que los turcos 
decían : mas uno de los cristianos del remo le dijo en 
italiano cómo el arraez mandaba ahorcar aquel cristiano, 
señalándome á mi , porque habla muerto en su defensa 
á cuatro de los mejores soldados de las galeotas : lo cual 
oído y entendido por Leonisa, la vez primera que se 
mostró para mi piadosa, dijo al cautivo que dijese á los 
turcos que no me ahorcasen, porqáe perderían un gran 
rescate, y que les rogaba volviesen á Trápana , que lue- 
go me rescatarían : esta, digo, fué la primera, y aun 
será la última caridad que usó. conmigo Leonisa , y todo 
para mayor mal mió. Oyendo pues los turcos las razones 
que el cautivo italiano les decia, le creyeron fácilmen- 
te, y mudóles el interés la cólera. Otro dia por la ma- 
ñana, alzando bandera de paz volvieron á Trápana: 
aquella noche la pasé con el dolor que imaginarse pue- 
de, notante por elque tais heridas me cansaban, cuanto 
)ior imaginar el peligro en que la cruel enemiga miy 
entre aquellos bárbaros estaba. Llegados pues como digo 
á la ciudad , entró en el puerto ht una galeota , y la otra 
se quedó fuera : coronóse luego todo el puerto y la ribe- 
ra toda de cristianos, y el lindo de Cornelio desde lejos 
estaba mirando lo que en la galeota pasaba : acudió 
luego un mayordomo mió á tratar de mi rescate, al cual 
dije que en ninguna manera tratase de mi libertad sino 
de la de Leonisa , y que diese por ella todo cuanto valia 
mi hacienda, y mas le ordené que volviese á tierra, y di- 
jese á los padree de Leonisa, que le dejasen á él tratar 
de la libertad dé su hija , y que no se pusiesen en trabajo 
por ella. Hecho esto , el arraez principal , que era un re- 
negado griego llamado Yzuf, pidió por Leonisa seis mil 
escudos, y pormi cuatro mil, añadiendo que no daría 
el uno sin el otro : pidió esta gran suma, según después 
sn()e, porq ue estaba enamorado de Leonisa, y no quisiera 
él rescatarla sino darla al arraez de la otra galeota, con 
quien habia de partir las presas que se hiciesen por mitad, 
ámi en precio decuatro mil escudos, y mil en dineroque 
hacian cinco mil , y quedarse cou Leonisa por otros cip- 
00 mil: y esta fué la causa porque nos apreció á los dos 
en diez mil escudos. Los padres de Leonisa no ofrecie- 
ron de su parte nada, atenidos á la promesa que de mi 
parte mi mayordomo les habia hecho : ni Cornelio mo- 
vió los labios en su provecho; y asi después de muchas 
demandas y respuestas , concluyó mi mayordomo en dar 
por Leonisa cinco mil , y por mí tres mil escudos. Aceptó 
Yzuf este partido forzado délas persuasiones de su com- 
pañeroyde lo que todos sus soldados le decían; mas como 
mi mayordomo no tenia junta tanta cantidad de dine- 
ros, pidió tres días de término para juntarlos, con in- 
tención de malbaratar mi hacienda hasta cumplir el 
rescate. Holgóse desto Yznf , pensando hallar en este 
tiempo ocasión para que el concierto no pasase adelan- 



te, y volviéndose áhi isla de b Fabiana, dijo qulleg^g 
el térmüm de los tres días volvería por el duero. fn 
la ingrata fortuna , no cansada de maltralanne , oriai 
que estando desde lo masallode laistapoestai iagm^ 
una centinela de los torcos , bien dentro á la mar doci- 
brío seis velas latinas, y entendió, como fué venU 
que debían ser ó la escuadra de Malta, ó alguDw de tu 
de Sicilia : bajó corriendo á dar la nueva, y <o as pa- 
samiento se embarcaron los turcos que estabanentiein, 
cuál guisando de comer, cuál lavando so ropí, y ar- 
pando con no vista presteza dieron al agua los resmj 
al viento las velas, y poesías bu proas en Beitetíi, ei 
menos de dos horas perdieron de vista las galeras; j tá 
cubiertos con la isla y con hi noche que venia cera, h 
aseguraron del miedo que hablan cobrado. A tu buesi 
consideración dejo , ó Mahainut amigo, que considm 
cuál irla mi ánimo en aquel vuje tan contrarío del qai 
yo esperaba ; y mas cuando otro dia habiendo \\e¿it 
las dos galeotas á ia isla de la Pantanalea por la pirttdd 
mediodía, lo» turcos saltaron en tierna hacer l«üi) 
carne, come ellos dicen , y mas cuando vi que los arm. 
ees sallaron en tierra, y se pusieron á hacer laspirtei 
de tedas las presas que hablan hecho ; cada acción del- 
tas fué para mi una dilatada muerte : viniendo pan áli 
partición mia y de Leonisa , Yzuf dio á Fetala (queiáit 
llamaba %l arraez de la otra galeota ) seis cristianos , I» 
cuatro para el remo, y dosmuchachos hennosisiinM, dt 
nación corsos, y á mi con ellos , por quedarse con Le»- 
nisa, de lo cual se contentó Fetala; y aunque están 
presente átodoesto, nunca pudeentender loquededH, 
aunque sabía lo que hacian, ni entendiera poreatóoM 
el modi) de la partición, si Fetala no se llegan á mi j 
me dijera en italiano : Crístiano, ya eres mió, ea dw 
mil escudos de oro te me han dado; si quieres libeitii, 
has de dar cuatro mil , si no acá monr. Pregúntele, « 
era también suya la cristiana : díjome que no , sino qii 
Ysnf se quedaba con ella con intención de volverla omi^ 
y casarse con ella : y asiera la verdad , porque me lodjji 
uno de los cautivos del remo que entendía bien el ta^ 
queseo , y se lo habia oído tratar á Yzuf y á Fetali. Di- 
jele á mí amo que hiciese de modo como se quedase CH 
la cristiana, y que le daría por su rescate solodiet mil 
escudos de oro en oro. Respondióme no ser posibk. 
peroquehariaque Yzuf supiese higran sumaqueleofn 
cía por la cristiana, que quizá llevado del interese, m» 
daría de intención y la rescatarla. Hizolo asi , y maisk 
que todos los de su galeota se embarcasen luego , por 
que se quería ir á Tripol de Berbería , de donde él en 
Yzuf asimismo determinó irse á Viserta : y así se embir 
caron con la misma priesa que suelen cuando descubra 
ó galeras dequien temer, ó bajeles á quien robar : movió 
les á darse príesa, por pareceríes que el tiempo mudib 
con muestras de borrasca. Estaba Leonisa en tiem 
pero no en parle que yo la pudiese ver, sino fué qoe i 
tiempo del embarcamos llegamos juntos á la marím 
llevábala de la mano su nuevo amo y su mas nuevotniu 
te, y al entrar por la escala que estaba puesta dad 
tierra á la galeota, volvió los ojos á mirarme, y los mioi 
que no se quitaban della, la miraron con tan tierno m 
timiento y dolor, que sin saber cómo, se me puso oi 
nube ante ellos que me quitó la vista, y sin ella y ú 
sentido alguno di conmigo en el suelo : lo mismo me d 
jeroades{iaesque babia sucedido i Leonisa, porque I 



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EL AMANTE LIBERAL. 



IS3 



wm oerde h «cala á la mar, y qae Yznf se había 
«gWs (nselk y la sacó en brazos : esto nie contaron den- 
Xhíh b galeota de mi amtí , donde me hablan puesto 
iiaqn JO lo sintiese ; mas cnando volví de mi desmayo, 
T me Tinto en la galeota , y que la otra tomandv otra dsr- 
rataiSeipartaba de nosotros, llevándose consigo la mitad 
(leaitiina.ópormejor decirtodaellB,cubrióaeme elco- 
made aoevo, y de nuevo maldije mi ventura, y llamé 
ih Biierta á voces; y eran tales los sentimientos que 
ket.ifaa mi amo enfadado de oírme, con un grueso 
fát me amenazó que si no callaba me maltrataría : re- 
inan lis ligrimas , recogí los suspiros , creyendo que con 
kfieniqDe les bacía reventarían por parte que abrie- 
M poertaal alma , que tanto deseaba desamparar este 
■JMnUecaerpo; masía suerte, aunnu contenta de lia- 
kenat puesto ea tan encogido estrecho , ordenó de aca- 
te ooo todo , quitándome las esperanzas de todo mi re- 
■edio, y fa¿ que en un instante se declaró la borrasca 
^yi w temía, y el viento que de la parte de mediodía 
«plifaa y nos embestía por ú proa comenzó á reforzar 
cía Uato brío, que toé fonoso volverle la popa y dejar 
ctmer el bajel p«r donde el viento quería llevarle , con 
krto riesgo de los que en él llevaban puesta la conéanza 
de sas vidas. Llevaba designio el arráez de despuntar la 
tk, y tomar abrigo en ella por la banda del norte ; mas 
acedióle al revés su pensamiento, porque el viento 
eugicoo tanta furia, que todo lo que habíamos nave- 
|idaea dos días, en poco mas de catorce horas nos ví- 
■ot i leb millas ó siete de la propia isla de donde ha- 
lÚDM partido . y sin remedio alguno íbamos á embestir 
« clU, y no en alguna playa , sino en unas muy levan- 
tada! peñas que á la vista se nos ofrecían , amenazando 
ée iaevítable muerte nuestras vidas: vimos á nuestro 
M> la galeota de nuestra conserva , donde estaba Leo- 
■ia, y todos sos tarcos y cautivos remeros haciendo 
iMnacoa los ramos para entretenerse y no dar en las 
fñt: lo mismo hicieron los de la nuestra con mas ven- 
liji y eafaerzo á lo que pareció , que los de la otra , los 
oaleí cansados del trabajo, y vencidos del tesón del 
moto y de la tormenta, soltando los remos se abando- 
■na y se dejaran ir á vista de nuestros ojos á embestir 
ca las peñas , donde dio la galeota tan grande golpe, 
^a« toda se hizo pedazos : comenzaba á cerrar la noche, 
Jrfaé ümaña la grita de los que se perdían y el sobre- 
nltade los que en nuestro bajel temían perderse, que 
■iagoaa cosa de las que nuestro arráez mandaba se en- 
leidia ni se hacia ; solo se atendía á no dejar los remos 
de las manos , tomando por remedio volver la proa al 
vieato y echar dos áncoras á la mar para entretener con 
«ts algún tiempo la muerte que por cierta tenían ; y 
Haqae el miedo de morir era general en todos, en mi 
nmay al contrarío, porque con la esperanza engañosa 
dtvw en el otro mundo á la que liabia tan poco que 
déla se bahía apartado, cada punto que la galeota tar- 
Um en anegarse ó en embestir en las peñas, era para 
■i an siglo de mas penosa muerte : las levantadas olas 
fie por encima del bajel y de mí cabeza pasaban, me 
lañan estar atento á ver si en ellas venia el cuerpo de 
béesdichada LeonLsa : no quiero detenerme ahora , ó 
Vihamut , en contarte por menudo los sobresaltos, los 
taaores, las ansias, los pensamientos que en aquella 
heaga y amarga noche tuve y pasé , por uo ir contra lo 
<|K primera propase de contarte brevemente mides- 



ventura; huta decirte que foéron tantos y tales que si 
la mnerte viniera en aquel tiempo, tuviera bien poco que 
hacer en quitarme la vida : vino el día con muestras de 
mayor tormenta que la pasada, y hallamos que el bajel 
había virado un gran trecho, habiéndose desviado de las 
peñas un buen espacio, y llegádose á una punta de la is- 
la; viéndose tan á pique de doblarla turcos y cristianos 
con nueva esperanza y fuerzas nuevas , al cabo de seis 
horas doblamos la punta, y hallamos mas blando el mar y 
mas sosegado, de modo que mas fácilmente nos aprove- 
chamos de los remos, y abrigados con la isla tuvieron la- 
gar los turcos de saltaren tierra para irá ver si había que- 
dado alguna reliquia de la galeota , qne la noche antes dio 
en las peñas ;masaun no quiso elcieloconcedermeel ali- 
vio que esperaba tener de ver en mis brazos el cuerpo de 
Leonisa , que annqne mnerto y despedazado holgara de 
verle , por romper aquel imposible que mi estrella me 
puso de juntarme con él como mis buenos deseos mere- 
cían ; y asi rogué fl un renegado que quería desembar- 
carse , qne le buscase y viese si la mar lo había arrojado 
á laoríHa; pero, como ya he dicho, todo esto me negó el 
cielo, pues al mismo instante tornó á embravecerse el 
viento de manera que el amparo de la isla no fué de álgnn 
provecho : viendoestoFetala,no quiso contrastarcontra 
la fortuna que tanto le perseguía ; y así mandó poner el 
trinquete al árbol y hacer un poco de vela, volvióla proa 
á la mar y la popa al viento ; y tomando él mismo el 
cargo del timón , se dejó correr por el ancho mar, se- 
guro que ningún impedimento le estorbarla su ca- 
mino : iban los remos igualados en la crujía, y toda la 
gente sentada por los bancos y ballesteras , sin que en 
toda la galeota se descubriese otra persona que la del có- 
mitre , que por mas seguridad suya se hizo atar fuerte- 
mente al estanterol : volaba el bajel con tanta lijereza 
que en tres días y tres noches, pasando á la vista de Trá- 
pana, de Melazo ydePalermo, embocó por el Faro deMe- 
sina, con maravilloso espanto de los que iban dentro y de 
aquellos qne desde la tierra los miraban. En fin , por no 
ser tan prolijo en contar la tormenta como ella lo fué «n 
su porfía, digo que cansados, hambrientos y fatigados 
con tan largo rodeo, como fué bojar casi toda la isla de 
Sicilia , llegamos á Trípol de Berbería , donde á mí amo 
(antes de haber hecho con sus levantes la cuenta del 
despojo, y dádoles lo que les tocaba , y su quinto al rey, 
como es costumbre) , le díó un dolor de costado tal, 
que dentro de tres dias dio con él en el infierno : púsose 
luego el rey de Tripol en toda su hacienda , y el alcaide 
de los muertos que allí tiene el^ran Turco (que como 
sabes es heredero de los que no le dejan en su muerte ), 
estos dos tomaron toda la haciSnda de Pétala mí amo , y 
yo cupe á este que entonces era vírey de Trípol ; y de 
allí á quince dias le vino In patente de virey de Chipre, 
con el cual he venido hasta aquí sin intento de rescatar- 
me, porque aunque él me ha dicho muchas veces qne me 
rescate , pues soy hombre principal, como se lo dijeron 
los soldados de Fetala , jamas lie acudido á ello, antes 
le he dicho que le engañaron los que le dijeron grandezas 
de mi posibilidad : y si quieres , Mahamut , que te diga 
todo mí pensamiento, lias de saber qne no quiero volver 
á parte donde por alguna via pueda tener cosa que me 
consuele , y quiero que juntándose á la vida del cauti- 
verio los pensamientos y memorias qne jamas me dejan 
de la muerte de Leonisa, vengan i ser parte pare que 



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134 



OBRAS DE CERVANTES. 



yo I» la tenga jamas de gusto alguno : y si es verdad 
que los continuos dolores fonosamente se ban de acabar 
ó acabar á quien los padece, los míos no podrin dejar 
de hacerlo, porque pienso darles rienda de manera que 
á pocos d ¡88 dan alcance i la miserable vidaque tan contra 
rai voluntad sostengo. Este es, ó Hahamnt herqiano, 
el triste sucesomio : esta es la causa de mis suspiros y de 
mis lágrimas , mira tú ahora y considera si es bastante 
para sacarlos de lo profundo de mis entrañas, y para en- 
gendrarlos en la sequedad de mi lastimado pecho. Leo- 
nisa murió, y con ella mi esperanza ; que puesto que la 
que tenia ella viviendo, se sustentaba de un delgado ca- 
bello, todavía, todavía : y en este todavía se le pegó la 
lengua al paladar, de manera que no pudo hablar mas 
palabra ni detener las lágrimas que, -como suele de^ 
cirse , hilo á hilo le corrían por el rostro en tanta abun- 
dancia que llegaron á humedecer el suelo. Acompañóle 
en ellas Mahamut; pero pasándose aquel parasismo 
causado de la memoria renovada en el amargo cuento, 
quiso Mahamut consolar á Ricardo con las mejores razo- 
nes que supo ; mas él las atajó dictándole : Lo que has 
de hacer, amigo, es aconsejarme qué hará yo para caer 
en desgracia de mi amo y de todos aquellos con quien 
yo comunicare , para que siendo aborrecido del y dellos, 
los unos y los otros me maltraten y persigan de suerte, 
que añadiendo dolor á dolor y pena á pena , alcance con 
brevedad lo que deseo, que es acabar la vida. Ahora he 
hallado ser verdadero, dijo Hahamnt, lo que suele de- 
cirse, que lo que se sabe sentir se saibe decir, puesto 
que algunas veces el sentimiento enmudece la lengua; 
pero como quiera que ello sea , Ricardo (ora llegue tu 
dolor á tus palabras , ora ellas se le aventajen), siempre 
has de hallar en mi un verdadero amigo ó para ayuda ó 
para consejo; queaunque mis pocos años y el desatino que 
he hecho en vestirme este hábito, están dando voces 
que de ninguna destas dos cosas que te ofrezco se puede 
fiar ni esperar cosa alguna , yo procuraré que no salga 
verdadera esta sospecha , ni pueida tenerse porcierta tal 
opinión; y puesto que tuno quieras ni ser aconsejado ni 
favorecido, no por eso dejaré de liacer lo que te convi- 
niere, como suele hacerse con el enfermo que pide lo 
que no le dan y le dan loque le conviene : no hay en toda 
esta ciudad quien pueda ni valga como el cadi mi amo, 
ni aun el tuyo, que viene por visorey della, ha de poder 
tanto : y siendo esto así , como lo es , yo puedo decir que 
soy el que mas puedo en la ciudad , pues puedo con 
mi patrón todo lo que quiero : digo esto , porque podría 
ser dar traza con él patt que vinieses á ser suyo, y es- 
tando en mi compañía , el tiempo nos dirá lo que habe- 
rnos de hacer, á ti para cdtisolarte si quieres ó pudieres 
tener consuelo, y á mi para salir desta á mejor vida ó á lo 
menos á parte donde la tenga mas segura cuando la deje. 
Yo te agradezco , contestó Ricardo , Mahamut , la amis- 
tad que me ofreces , aunque estoy cierto que con cuanto 
hicieres no has de poder cosa que en mi provecho re- 
sulte; pero dejemos ahora esto, y vamos á las tiendas, 
porque á loque veo, sale de la ciudad mucha gente, y 
sin duda es el antiguo virey que sale á estarse en la cam- 
paña por dar lugar á mi amo que entre en la ciudad á 
liacerla residencia. Asi es, dijo Mahamut; ven pues, 
Ricardo, y verás las ceremoniasconque se reciben, que 
sé que gustarás de verlas. Vamos en buen hora, dijo Ri- 
cardo , quizá te habré menester, si acaso el guardián de 



cantivos de mi amo me ha echado menos , que es an re- 
negado corso de nación , y de no may piadosas enlnSas. 
Con esto dejaron la plática, y llegaron á las tiendas á 
tiempo que llegaba el antiguo bajá , y el nuevo le salía á . 
recebir á la puerta de la tienda. 

Venia acompañado AU bajá (que as! se llamaba el que 
dejaba el gobierno) de todos los genizarosque de ordi- 
nario están de presidio en Nioosia después que los tur- 
cos la ganaron , que serian hasta quinientos : vfenian en 
dos alas ó hileras, loe unos con escopetas , y los otros coa 
albnjes desnudos; llegaron á la pnertadel nuevo bajá 
Hazan , la rodearon todos', y AU bajá inclinando el cuer- 
po , hizo reverencia á Hazan , y él con menos inclinación 
le saludó :'luego se entró AU en el pabellón de Hazan , y 
los turcos le subieron sobre un poderoso caballo rica- 
mente aderezado , y tnyéndole á la redonda de las tien- 
das y por todo unbnen espacio de la campaña, daban 
voces y gritos, diciendo en su lengua : Viva, viva Soli- 
mán sultán, y Hazan bajá en su nombre : repitieran 
esto muchas veces , reforzando las voces y los alaridos, 
y luego le volvieron á la tienda, donde había quedado 
AU tuya , el cual con el cadi y Hazan se encerraron en 
ella por espacio de una hora solos. Dijo Mahamnt á Ri- 
cardo, que se había encerrado á tratar de lo qne conve- 
nía hacer en la ciudad acerca de las obras que allí de- 
jaba comenzadas. De allí á poco tiempo salió el cadi á la 
puerta de la tienda , y dijo á voces en lengua turquesca, 
arábiga y griega, que todos los qne quisiesen entrará 
pedir justicia, ó otra cosa contra AU bqá, podrían en- 
trar libremente, qne aUi estaba Hazan bajá , á quien el 
Gran Señor enviaba por virey de Chipre, qne les goar- 
daria toda razón y justicia. Con esta licencia los geniza- 
ros dejaron desocupada la puerta de la tienda, y dieitM 
lugar á qne entrasen los que quisiesen. Mahamnt hito 
que entrase con él Ricardo , qne por ser esclavo de Ha- 
zan no se le impidió la entrada. Entraron á pedir joati- 
cia , asi griegos cristianos como algonos turcos , y todos 
de cosas de tan poca importancia , que las mas despaché 
el cadi sin dar traslado á la parte, sin autos, demandas 
ni respuestas, que todas las causas (si no son las matri- 
moniales) se despachan en pié y en un panto, mis á 
juicio de buen varón que por ley alguna : y entre aque- 
llos bárbaros , si lo son en esto , el cadi es el juez compe- 
tente de todas las causas, que las abrevia-en la aña , y 
las sentencia en un soplo, sin que haya apelación de sn 
sentencia para otro tribunal. En esto entró unchanz, 
que es como alguacil , y dijo que estaba á la puerta de la 
tienda un judio, que traía á vender una herniosísima 
cristiana : mandó el cadi que le hiciese entrar : salió et 
chauz, y volvió á entrar luego, y con él un venerable 
judío .que traía de la mano á una mujer vestida en há- 
bito berberisco, tan bien aderezada y compuesta, que 
no lo pudiera estar tan bien la mas rica mora de Fez ni 
de Marruecos , que en aderezarse llevan la ventaja á to- 
das las africanas , aunque entren las de Argel con sas 
portas tantas : venia cubierto el rostro con un tafetán 
carmesí; por las gargantas de los píes que se descu- 
brían, parecían dos carcajes (que asi se llaman las mani- 
llas en arábigo) , al parecer de purooro{ y en los bra- 
zos , que asimismo por una camisa de cendal delgado se 
descubrían ótraslucian , traía otros carcajes de oro sem 
brados de muchas perlas : en resolución , en cuanto el 
traje , ella venía riea y gaUardamente aderezada, Admi- 



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EL AMANTE UBERAL. 



US 



nte desU pnimn Tista el cadi y los d«iiU8 baiies, in- 
tnqwotn con dijeiennipregantasen, mandaron al 
jn^fM bkÍMe que se quitase el antifac la cristiana : 
Mnleisi, 7 deenibrió nn rostro que asi deslumhró los 
ojos T ile^ los corazones de los circunstantes, como 
áa)iqM por entre cerradas nubes después de mucha 
«nridid se ofrece ¿ los ojos de los que le desean : tal 
en JibcHeza de la cautiva cristiana, y tal su brío y su 
fdwiía; pero en quien con mas efecto hizo impresión 
ItMiaTÍlloaa luz qne habla descubierto, fuá en el las- 
laudo Ricardo, como en aquel que mejor que otro la 
NMcia, poes era su cruel y amada Leonisa , que tantas 
raes y can tantas lágrimas por él había sido tenida y 
Iknda por muerta. Quedó i la improvisa vista de la 
tiognbr belleza de la cristiana, traspasado el corazón 
deAlí, yenelmismo grado y con la misma herida se 
UM el de Hazan, sin quedarse exento de la amprosa 
Ihgi el del cadi , q«e mas sBspenso qne todos , no sabia 
quitar los qos de ios hermosos de Leonisa. Y para en- 
onoer las poderosas fuerzas de amor, se ha de saber 
ip» en aqael mismo punto nació en los corazones de 
its tres, una i su parecer firme esperanza de alcanzarla 
; de gozarla: y asi, sin querer saber el cómo, ni el 
ilóade, ni cuándo habia venido á poder del judie, le 
pngantaroa el precio que por ella quería : el codicioso 
judio respondió que cuatro mil doblas , que vienen á ser 
ÉKiaíl escudos ; mas apenas hubo declarado el precio, 
nudo Ali bajá dijo qoe él loa daba por ella , y que fuese 
biegoácoatar el dinero á su tienda : empero Hazan bajá, 
que estaba de parecer de no dejaría , aunque aventurase 
ea ello la vida , dijo : Yo asimismo doy, por ella las cua- 
In mil doblas que el judio pide, y no las diera ni me 
; iMsiera á ser contrarío de lo que Ali ha dicho , si no me 
Itmara lo qne éi mismo dirá que es razón que me obli- 
gue y fuane, y es que esta gentil esclava no pertenece 
í pan ninguno de nosotros, sino para el Gran Señor sola- 
! arate ; y así digo que en so nombre la compro : veamos 
I agm quién será el atrevido que me la quite. Yo seré, 
! tiflkó Ali, poique para el mismo efeto la compro, y 
otáiue á mí mas á cuento hacer al Gran Señor este pre- 
; feat»por la comodidad de llevaría I uego á Constantino- 
; |ib, granjeando con él la voluntad del Gran Señor ; que 
I cMno hombre que quedo (Hazan, como tú ves) sin cargo 
I alguno, be de buscar medios de tenerte, de loque tú 
, tüís seguro por tres años , pues hoy comienzas á man- 
. dtf f á gobernar este riquísimo reino de Chipre : así 
qoe por estas razones y por haber sido yo el primero que 
ofrecí el precio por la cautiva, está puesto en razón, 
óHaiau , que me la dejes. Tanto mas es de agradecerme 
I á mí , respondió Hazan , el procurarla y enviarla al Gran 
Señor, cuanto lo liago sin moverme á ello inleres aU 
pno; y en lo de la comodidad de llevarla, una galeota 
VBiaré con sola mi chusma y mis esclavos, que la lleve. 
Aloróse con estas razones Ali, y levantándose en pié, 
empuñó el alfanje, diciendo : Siendo, ó Hazan, nues- 
Inis intentos unos, que es presentar y llevar esta cris- 
láM al Gran Señor, y habiendo sido yo el comprador 
Rimero, está puesto en razón y en justicia que meta 
<IÓes á mi , y cuando otra cose pensares , este alfanje que 
•puso defenderá mi derecho y castigará tu atrevi- 
■Mate. El cadi , que á todo estaba atento , y que no mé- 
M qoe los dos ardía, temeroso de quedar sin la cris- 
bw, imaginó cómo peder atajar el gran fuego que se 



halña encendido , y juntamente quedarse con la cautiva 
sin dar alguna sospecha de su dañosa intención y traido- 
ras entrañas ; y asi , levantándose en pié , se puso entre 
los dos, que también lo estaban , y dijo : Sosiégate, Ha- 
zan, y tú, Ali, estáte quedo, que yo estoy aquí, que 
sabré y podré componer vuestras diferencias de manera 
que los dos consigáis vuestros intentos, y el Gran Señor, 
como deseáis , sea servido , y quede juntamente agrade- 
cido y obligado á ambos. A las palabras del cadi obede- 
cieron luego ; y aun si otra cosa mas dificultosa les man- 
dara, hicieran lo mismo (tanto es el rápete (fbe tienen 
á sos canas los de aquella dañada secta) ; prosiguió pues 
el cadi , diciendo : Tú dices , Ali , que quieres esta cris- 
tiana para el Gran Señor, y Hazan dice lo mismo : tú 
alegas que por ser el primero en ofrecer el precio, ha 
de ser tuya : Hazan te lo contradice, y aunque él no 
sabe fundar su razón, yo hallo que tiene la misma que 
tú tienes, y es la intención que sin duda debió de nacer 
á nn mismo tiempo que la tuya, en querer comprar la 
esclava para el mismo efeto; sob le llevaste tú la ventaja 
en haberte declarado primero, y esto no ha de ser parte 
para que de todo en todo quede defraudado su buen de- 
seo ; y asi me parece será bien concertaros en esta for- 
ma : qne la esclava sea de entrambos , y pues el uso della 
ha de quedar á la voluntad del Gran Señor, para quien se 
compró , á él toca disponer della ; y en tanto pagarás tú, 
Hazan , dos mil doblas , y Ali otras dos mil , y quédese 
la cautiva en poder mío para que en nombre de entram- 
bos yo la envié áCk>nstantinopla, porque no quede sin 
algún premio, siquiera por haberme hallado presente : 
y así me ofrezco de enviaría á mi costa, con la autoridad 
y decencia qne se debe á quien se envía , escribiendo al 
Gran Señor todo lo que aquí ha pasado, y la voluntad 
que los dos habéis mostrado á sn servicio. No supieron, 
ni pudieron, ni quisieron contradecirle los dos enamo- 
rados turcos; y aunque vieron qne por aquel camino no 
conseguían su deseo, hubieron de pasar por el parecer 
del cadi , formando y criando cada uno allá en su ánimo 
una esperanza que , aunque dudosa , les prometía podei- 
llegaral fin de sus encendidos deseos: Hazan, qne .«e 
quedaba por virey de Chipre , pensaba dar tantas dádi- 
vas al cadi , que vencido y obligado, le diese la cau- 
tiva. Ali imaginó de hacer un hecho qne le aseguró sa- 
lir con lo que deseaba , y teniendo por cierto cada cual 
sn designio, vinieron con facilidad en lo que -el cndi 
quiso, y de consentimiento y voluntad de los dos, se la 
entregaron luego, y pagaron al judío cada uno dos mil 
doblas : dijo el judío que no la habia de dar con los ves- 
tidos que tenia, porque valían otras dos mil doblas ; y 
asi era la verdad , á causa que en los cabellos (que parte 
por las espaldas sueltos traia, y parte atados y enlazados 
por la frente) se parecían algunas hileras de perlas que 
con extremada gracia se enredaban con ellos : las ma- 
nillas de los pies y manos asimismo venían llenas de 
gruesas perlas : el vestido era una almalafa de raso ver- 
de , toda bordada y llena de trencillas de oro : en fin, les 
parecida todos que el judio anduvo corto en el precio 
que pidió por el vestido, y el cadi, por no mostrarse 
róenos liberal que los dos bajaes , dijo que él queria pa- 
garle, porque de aquella manera se presentase al Gran 
Señor la cristiana : tuviéronlo por bien los dos compe- 
tidores, creyendo cada uno que todo habia de venir á 
su poder. Falta ahora por decir lo que sintió Ricardo du 



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126 



OBRAS DE 



ver andar en almoneda so alma , y los pensamientos que 
en aquel panto le vinieron, y los temores que le sobre- 
saltaron viendo que el haber hallado á su querida pren- 
da era para mas perderla : no sabía darae á entender si 
estaba dormido ó despierto , no dando crédito á sus mia- 
mos ojos de lo que veían ; porque le parecía cosa impo- 
sible ver tan impensadamente delante dellos á la qae 
pensaba que para siempre los había cerrado : llegóse en 
esto i su amigo Mabamut, y dijole : ¿ No la conoces, ami- 
go? No la conozco, dijoMahamut. Pues has de saber, 
replicó Ribardo , que es Leonisa. ¿ Qué es lo que dices, 
Ricardo? dijo Mahamut. Lo que has oído, dijo Ricardo. 
Pues calla, y no la descubras, dijo Hahamnt; que la 
ventura va ordenando que la tengas buena y próspera, 
porque ella va á poder de mi amo. ¿Parécete, dijo Ri- 
cardo , que será bien ponerme en parte donde pueda ser 
visto? No, dijoMahamut, porque no la sobresaltes ó te 
sobresaltes , y no vengas á dar indicio de que la conoces 
niquelabas visto; que podría ser que redundase en 
perjuicio de mi designio. Seguiré tu parecer, respondió 
Ricardo ; y así anduvo huyendo de que sus ojos se en- 
contrasen con los de Leonisa , la cnal tenia los suyos en 
tanto que esto pasaba clavados en el suelo , derramando 
algunas lágrimas, cuyo valor podría competir con las 
orientales perlas. Llegóse el cadí á ella, y asiéndola de 
la m^no , se la entregó á Mahamut ; mandóle que la lle- 
vase á la ciudad y se la entregase á su señora Halima, y 
le dijese la tratase como esclava del Gran Señor : hizolo 
asi Ifahamut, y dejó solo á Ricardo, que con los ojos fué 
siguiendo á su estrella hasta que se le encubrió con la 
nube de los muros de Nicosia. Llegóse al judio, y pre- 
guntóle que adonde había comprado , ó en qué modo ha- 
bía venido á su poder aquella cautiva cristiana. £1 judio 
le respondió que en la isla de Pantanalea la había com- 
prado á unos turcos que allí habían dado al través;, y 
queriendo proseguir adelante, lo estorbó el venirle á 
llamar de parte de los bajaes que qaerian preguntarle 
lo que Ricardo deseaba saber; y con esto se despidió del. 
En el camino que había desde las tiendas á lu ciudad 
tuvo lugar Mahamut de preguntar á Leonisa en lengua 
italiana que de qué lugar era. La cual ie respondió que 
de la ciudad de Trápana; preguntóle asimismo Maha- 
mut, si conocía en aquella ciudad á un caballero rico y 
noble que se llamaba Ricartlo. Oyendo lo cual Leonisa, 
dio un gran suspiro, y dijo : Si conozco pormi mal. ¿Có- 
mo por vuestro mal? dijo Mahamut. Porque él me co- 
noció á mi por el suyo y por mi desventura , respondió 
Leonisa. ¿Y por ventara, preguntó Mahamut, conocis- 
teis también en la misma ciudad á otro caballero de gen- 
til disposición, hijo de padres muy ricos, y él por su 
persona muy valiente , muy liberal y muy discreto , que 
se llamaba ComelioT También lo conozco, respondió 
Leonisa, y podré decir mas por mi mal que no á Ricar- 
do ; mas ¿ quién sois vos , señor , que los conocéis y por 
ellos roe preguntáis? que sin duda el cielo, condolido 
«le cuantos trabajos y fortunas hasta aquí he pasado , me 
ha echado á parte donde, ya que no se acaben, halle 
con quien me consuele en ellos. Soy, dijo Mahamut, 
natural de Palermo , que por varios accidentes estoy en 
este traje y vestido diferente del que yo solía traer, y'co- 
nózcoloe parque no lia muchos días que entrambos es- 
tuvieron en mí poder , que á Comelío le cantivaron unoa 
moros de Tripol de Beroeria , y le vendieron á un turco 



CERVANTES, 
que le trujo á esta isla , donde vino coa mercaiictas, por 
que es mercader de Rodas , el cnal fiaba de Cometió toda 
su hacienda. Bien se la sabrá guardar, dijo Leonis^ 
ponfue sabe guardar muy bien la suya; pero decúiiB% 
señor , ¿ cómo ó con quién vino Ricardo á esta isU? Viac^ 
respondió Mafaamut, con un cosario que le cautivó es- 
tando en un jardín de la marina de Trápana, y con él 
dijo que había cautivado una doncellt qae nanea me 
quiso decir su nombre : estuvo aqui algonosdias con sa 
amo, que iba á visitar el sepulcro de Mahoma, que está 
en la ciudad de Almedina , y al tiempo de la partida cavé 
Ricardo tan enfermo é indispuesto, que su amo me lo 
dejó por ser de mi tierra, para que le curase y taviese 
cargo del basta su vuelta , ó que si por aqui no volviese, 
se le enviase á Constantínopla , que él me avisaría 
cuando allá estuviese; pero el cielo lo ordena de «itn 
manera, pues al sin ventura RicafdD, sin tener acci- 
dente alguno , en pocos días se acabaron los de na vida, 
que tanto aborreda, siempre llamando entre sí á una 
Leonisa , á quien él me habia dicho que quería niM que 
á su vida y á su alma; la cual Leonisa, me dijo ^e ea 
una galeota que habia dado al través en la isla de Pan- 
tanalea se habia ahogado, cuya muerte siempre lloraba 
y siempre plañía , hasta que le trujo á término de per- 
der la vida , que yo no le sentí enfermedad en el cnerpa, 
sino maestras de dolor en el alma. Decidme, señor, re- 
plicó Leonisa, ese mozo qoe decis, en las pláticas qm 
trató con vos (que, como de una patria, debieron aer 
muchas) ¿nombró alguna veza esa Leonisa, caotóel 
modo con que á ella y á Ricardo cautivaron? Si nombté, 
dijo Mahamut , y me preguntó si halña aportada por eaia 
isla una cristiana dése nombre , de tales y tales señas, á 
la cual holgaría de hallar para rescatarla, síes qoesa 
amo se h^ia ya desengañado de que no era tan rica 
como él pensaba , aunque podría serque por haberla go- 
zado la tuviese en menos; que como no pasasen de treo- 
cíentosó cnatrocientos escudos, él los daría de m^ 
buenaganaporella, porque nn tiempo la habia teñid» 
algnna afición. Bien poca debía de ser, dijo Leoniss^ * 
pues no pasaba de cuatrocientos escndos : mas iibent 
era Ricardo, y mas valiente y comedido : Dios péMona 
á quien fué causa de su muerte , que fui yo , qae yo soy 
la sin ventura que él lloró por muerta ; y sabe Ños á 
holgara de que él fuera vivo para pagarle con el senli- 
miento que viera que tenia de su desgracia el qn« A 
mostró de la mia ; yo , señor , como ya os lie dicho, a&f 
la poco querida de Cometió, y la bien llorada de Ri- 
cardo , que por muy mnclios y varios casos he vendo i - 
este miserable estado en que me veo ; y aunque es taa 
peligroso , siempre por favor del cielo he conservado ea 
él la entereza de mi honor , con la cual vivo contenta en 
mi miseria : ahora ni sé dónde estoy, ni quién es mi 
doeño, ni adonde lian de dar conmigo mis contrarios 
hados , por lo cnal os ruego , señor , siquiera por la san- 
gre que de cristiano tenéis, me aconsejéis en mis In- '' 
bajos ; que puesto que el ser muchas me ha heche algs ' 
advertida, sobrevienen cada momento tantos y tales, 
que no sé cómo me he de avenir con ellos. A lo cual res- 
pondió Mahamut que él haría loque pudiese en aervirli^ 
aconsejando y ayudándola con su ingenio y con sos f ner- 
zas; advirtíéndola de la diferencia que por su causa habían 
tenido los dos bajaes , y cómo quedaba en poder del cadi 
su amo para llevarla presentada al gran torco Seto, i 



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EL AMANTE UBERAL. 



tvt 



IJiatiiitbioph; pero que intes que esto toTÍeSe efeto, 
Híiapenna en el verdadero Dios , ea quien él creia, 
nal cristiano, que lo había de disponer de otra 
,;qtte la aconsejaba se hubiese bien con Hali- 
_j h Mjerdel cadí su amo, en cuyo poder habia de 
(Sltf Wi ({ue l> enviasen á Constantinopla , advirtién- 
M4e h condición de Halima ; y con estas le dijo otras 
üHBituk provecho, basta que la dejó en su casa y en 
•itrde Balima, i quien dijo el recado de su amo. Re- 
dHibieala mora por verla tan bien aderezada y tan 
tnoH. Mahamnt se volvió ¿ las tiendas á contar á Rí- 
anlo lo que con Leonisa le habia pasado; y hallándole, 
■bcoató todo punto por punto, y cuando llegó al del 
Mlimiento que Leonisa habia hecho cuando le dijo que 
mniierto, casi se le vinieron las lágrimas á los ojos : 
^eómo habia fingido el cuento del cautiverio de 
Cndio por ver lo que ella sentía : advirtióle la tibieza 
fniicia con que de Cornelio habia hablado : todo lo 
tmi M plctima para el afligido corazón de Ricardo , el 
«HJdijo i Mahamut : Acuérdeme , amigo Hahamut, de 
■coentoque me contó mi padre, que ya sabes cuan 
kñsoruá, y oíste cuánta honra le hizo el Emperador 
Hrtos V, á quien siempre sirvió en honrosos cargos de 
Ijicm. Digo que me contó que cuando el emperador 
riiTD sobre Túnez, y la tomó con la fuerza de laGoleta, 
•do an día en la campaña y en su tienda, le truje- 
ipresentar ana mora por cosa singular en belleza, 
le al tiempo que se la presentaron entraban algunos 
■del sol por unas partes de la tienda y daban en los 
éellos de la mora , que con los mismos del sol en ser 
ÉÍNCompetian : cosa nueva en las moras, que siem- 
Ric precian de tenerlos negros ; contaba que en aqae- 
«wion se hallaron en la tienda, entre otros muchos, 
caballeros españoles ; el uno era andaluz , y el otro 
•Otalin, ambos muy discretos, y ambos poetas; y 
Éiéadola visto el andaluz , comeii^ con admiración á 
inosversos que ellos llaman Coplas, con unas con- 
iciis ó consonantes dificultosos, y parando en los 
)veno3 de la copla, se detuvo sin darle fin ni á la 
ni i la sentencia, por no ofrecérsele tan de ímpro- 
iiloi consonantes necesarios para acabarla; mas el 
Raballero que estaba á su lado y habia oido los ver- 
i/viéndole suspenso , como si le hurtara la media 
pkideltboca, hi prosiguió y acabó con las mismas con- 
Kías, de que el Emperador recibió particular con- 
i; y esto mismo se me vino á la memoria cnandb vi 
ir i la hermosísima Leonisa por la tienda del bajá, 
ntaoiente escureciendo los rayos del sol si la toca- 
I, ano á todo el cielo con sus luces y estrellas. Paso, 
BM.dijo Hahamut, detente, amigo Ricardo, qnei 
kfm temo que has de pasar tanto la raya en las ala- 
Mtdeta beUa y hermosa Leonisa, que dejando de 
Ifnrcristíano , parezcas gentil : dime, si quieres, esos 
I ó espías, ó como tú los llamas, que después de 
UtUréffloa en otras cosas que sean de mas gusto, 
' 'deniasprovecho.Enbuenhora,dijoRicardo, 
inte á advertir que los cinco versos dijo el uno, y 
cinco el otro, lodos de improviso, y son estos : 

■• mil* d sal atoaa Como la piedra balaja 

■i acatafla kaja , Oae no coaaiente carcoma ; 

"ipu 103 toma , Tal es el tu rostro, Aja , 

antidaaof doma Hará lanza de Mahoma , 

*> liua ; la relaja : Ole las mis éntralas raja. 

iea me suenan al oído, dijo Mahamut, y mejor me 



suena y me parece que estés para d«cir versos, Ricardo, 
porque el decirlos ó el hacerlos requiere ánimos des- 
apasionados: también se suelen, respondió Ricardo, llo- 
rar endechas, como cantar himnos, y todo es decir ver- 
sos ; pero dejando esto aparte , dime qué piensas hacer 
en nuestro negocio, que puesto que no entendí lo que 
los bajaes trataron en la tienda , en tanto que tú llevaste 
á Leonisa, me lo contó un renegado de mi amo, vene- 
ciano, que se halló presente, y entiende bien la lengua 
turquesca : y lo qne es menester ante todas eosas es bus- 
car traza cómo Leonisa no vaya á mano del Gran Señor. 
Lo primero que se ha de hacer, respondido Mahamut, es 
que tú vengas á poder de mi amo , que esto hecho , des- 
pués nos aconsejaremos en lo que roas nos conviniere : 
en esto vino el guardián de los cautivos cristianos de Ra- 
zan , y llevó consigo á Ricardo : el cadí volvió á la ci udad 
con Razan, qne en breves días hizo la residencia de Ali, 
y se la dio cerrada y sellada , para que se fuese á Cons- 
tantinopla : él se fué luego, dejando muy encargado al 
cadi , que con brevedad enviase la cautiva, escribiendo 
al Gran Señor de modo que le aprovechase para sus pre- 
tensiones. Prometióselo el cadi con traidoras entrañas, 
porque las tenia hechas ceniza por la cautiva : ido Alí 
lleno de falsas esperanzas, y quedando Razan no vacío 
dellaí, Hahamut hizo de modo que Ricardo vino á po- 
der de su-amo : ibanse los días, y el deseo de ver á Leo- 
nisa apretaba tanto á Ricardo, que no alcanzaba un 
punto de sosiego; mudóse Ricardo el nombre en el de 
Mario, porque no llegase el suyo á oídos de Leonisa an- 
tes que él la viese , y el verla era muy diOcultoso.á causa 
que los moros son en extremo celosos, y encobren de 
todos los hombres los rostros de sns mujeres, puesto 
qne en mostrarse ellas á los cristianos no se les hace de 
mal , quizá debe de ser que por ser cautivos no los tie- 
nen por hombres cabales. Avino pues que un dia la se- 
ñora Halima vio á su esclavo Mario, y tan visto y tan 
mirado fué , que se le quedó grabado en el corazón y fijo 
en la memoria : y quizá poco contenta de los abrazos 
fictos de su anciano marido, con facilidad dio lugar á un 
mal deseo, y con la misma dio cuenta del á Leonisa, á 
quien ya quería mucho por su agradable condición y 
proceder discreto , y tratábala con mucho respeto, por 
ser prenda del Gran Señor : dijole como el cadí habia 
traído á casa un cautivo cristiano de tan gentil donaire 
7 parecer, que á sns ojos no habia visto mas lindo hom- 
bre en toda su vida, y que decían que erachiiibi, que 
quiere decir caballero, y de la misma tierra de Maha- 
mut su renegado, y que no sabia cómo darle á entender 
su voluntad , sin que el cristiano la tuviese en poco por 
habérsela declarado : preguntóle Leonisa cómo se lla- 
maba el cautivo, y díjoie Halima que se llamaba Mario; 
á lo cual replicó Leonisa : Si él foera caballero y del lu- 
gar que dicen , yo le conociera ; mas dése nombre Mario 
no hay ninguno en Trápana; pero haz, señora, que yo 
le vea y hable , que te diré quién es y lo que del se puede 
esperar; asi seii, dijo Halima, porque el viernes, cuan* 
do esté el cadi haciendo la zalá en la mezquita, le haré 
entrar acá dentro , donde le podrás hablar á solas, y s) 
te pareciere darle indicios de mr deseo, harásio por e! 
mejor modo que pudieres. Esto dijo Halima á Leonisa , } 
no habían pasado dos horas cnando el cadi llamó á Ma- 
hamut y i Mario, y con no menos eficacia que Halima 
habia descubierto su pecho áLeonisa . descubrió el enn- 



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OBRAS DE CERVANTES. 



inorado viejo el sayo á ms dos esclavos, pidiéndoles 
concejos en lo que baria para gozar da la cristiana, t 
cumplir con el Gran Señor, cuya ella era, dicíéndoles 
que antes pensaba morir mil veces que entregarla al 
Gran Turco. Con tales afectos decía su pasión el religioso 
moro , que la puso en los corazones de sus dos esclavos, 
que todu lo contrario de lo que él pensaba, pensaban. 
Quedó puesto entre ellos que Mario, como hombre de 
su tierra , aunque había dicho que no la conocía , tomase 
la mano en solicitaria y en declararie la voluntad suya, 
y cuando por este modo no se pudiese alcanur , que usa- 
ria él de hi fue^ , pues estaba en su poder ; y esto he- 
cho, con decir que era muerta se excusarían de enviaría 
iConstantinopla. Contentísimo quedó el cadi con el pa- 
recer de sus esclavos , y con la imaginada alegría ofreció 
desde luego libertad i Hahamut, mandándole la mitad 
de su hacienda después de sus días : asimismo prometió 
ii Mario, si alcanzaba lo que quería, libertad y dineros 
<x>n que volviese á so tierra rico, honrado y contento : 
si él fué liberal en prometer, sus cautivos fueron pró- 
digos, ofreciéndole de alcanzar la luna del cíelo, cuanto 
masa Leonisa , como él diese comodidad de hablarla: 
1*^ daré yo á Mario cnanta él quisiere, respondió el cadi , 
porque haré qne Halima se vaya en casa de sus padres, 
qne son griegos cristianos , por algunos días, y estando 
fuera , mandaré al portero que deje entrar ¿ Mario den- 
tro de casa todas las veces qne él quisiere , y diré á Leo- 
nisa que bien podrá hablar con su paisano cuando le 
diere gusto : desta manen comenzó á volver el viento 
de la ventura de Ricardo , soplando en su favor, na sa- 
ber h) que hacían sus mismos amos. Tomando pues en- 
tre los tres este apuntamiento , quien primero le puso en 
plática fué Halima, bien así como mujer, cuya natura- 
leza es fácil y arrojadiza para todo aquello que es de su 
gusto. Aquel mismo dia dijo el cadi á Halima que cuando 
quisiese podría irse á casa de sos padrea á holgarse con 
ellos los días que gustase ; pero como ella estaba alboro- 
zada con las esperanzas que Leonisa le había dado , no 
solo no se fuera á casa de sus padres , sino al fingido pa- 
raíso deMalioma no quisiera irse; y así le respondió que 
por entonces no tenia tal voluntad , y que cuando ella la 
tuviese lo diría, mas que había de llevar consigo á la 
cautiva crístiana. Eso no , replicó el cadi , que no es bien 
que la prenda del Gran Señbr sea vista de nadie, y mas 
que se le ha de quitar que converse con cristianos, pues 
sabéis que en llegando á poder del Gran Señor la han de 
encerrar en el serrallo y volverla turca, quiera ó no 
quiera. Como ella ande conmigo, replicó Halima, no 
importa qne esté en casa de mis padres, ni qne comu- 
nique con ellos, que mas comunico yo, y no dejo por 
eso de ser buena turca ; y mas que lo mas que pienso es- 
tar en su casa serán hasta cuatro ó cinco días, porque el 
amor que os tengo no me dará licencia para estar tanto 
ausente y sin veros. No la quiso replicar el cadi por no 
darle ocasión de engendrar alguna sospecha de su in- 
tKiicion. Llegóse en esto el viernes, y él se fué á la mez- 
quita , de la cual no podía salir en casi cuatro horas ; y 
apenas le vio Halima apartado de loe umbrales de casa, 
cuando mandó llamar á Mario; mas no le dejara entrar 
nn cristiano corso que servia de portero en la puerta del 
patio, si Halima no le diera voces que le dejase , y asi 
entró confuso y tembhtndo como si fuera á pelear con 
un ejército de enemigos^ 



Estaba Leonisa del mismo modo y traje qne cuando 
entró en la tienda del bajá , sentada al pié de una aic»- 
lera grande de nánnol , que á los corredores sabia : t^ 
nta la cabeza inclinada sobre la palma de la mano doi^' ' 
cha y el brazo sobre las rodillas, los ojos á la parte em- 
traríadela puerta por donde entró Maño, de manan 
que aunque él iba hicia la parte donde día estaba , «Ha 
no le veia. Así comO entró Ricardo, paseó toda la cm 
con los ojos , y no vio en toda ella sino un mado y s«»> 
gado silencio, hasta qne paró k vista donde Leona 
estaba : en un instan