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Full text of "Obras de sta. Teresa de Jesús"

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WELLESLEY COLLEGE 




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Boston Library Consortium Member Libraries 



http://www.archive.org/details/obrasdestateresa03tere 



BlBUPlECA MI5irCA Q^RMEIÍIaNA 



OBRAS DE STñ. TERESA DE JESÚS 



BIBLIOTECA MÍSTICA CARMELITANA 



— 3 



OBRAS 



DE 



STR. TERESA DE JESÚS 

EDITADAS Y ANOTADAS POR EL 

P. SILVERIO DE SANTA TERESA, C. D. 



TOMO III 



CAMINO DE PERFECCIÓN 




BURGOS: 

Tipografía de «El Monte CflRMELO> 

1916. 



L.f 



ES PROPIEDAD 






1. '*".^' 



APROBACIONES 



Imptími potest: 

Fr. Ez€chiel a S. C. Jesu, Provincialis 

Prov. S. Joachim Navarrae. 



Imprimatut: 

f JosEPHüs, Archp. Burgensis. 



INTRODUCCIÓN AL PATERNÓSTER 



R los ruegos amorosos y persistentes de las carmelitas del primitivo 
convento de San José de iflvila, se debe len primer lugar est€ libro, y 
también al aventajado teólogo dominico y afortunado director espi- 
ritual de Santa Teresa, Fr. Domingo Báñez, que le mandó en obediencia 
satisficiese las cariñosas exigencias de sus hijas las Descalzas. Tenían 
éstas conocimiento del Libro de la Vida, y aunque ninguna de ellas, 
probablemente, le había leído, barruntaban, sin embargo, con sobrado 
fundamento, que contenía enseñanzas muy útiles y elevadas de perfec- 
ción religiosa, de las cuales querían aprovecharse. Con todo, parecía in- 
discreto dárselo, por contener noticias de la vida de la madre que por 
el momento no era oportuno conociesen sus hijas. No había más me- 
dio, de no negarse rotundamente a tan insistentes y razonables peti- 
ciones, que atravesar el vado, tomar la pluma, y escribir un libro 
nuevo, que, sin inconvenientes de ningún género, pudiesen leer las re- 
ligiosas. Esto es lo que, con otras palabras, nos dice la Santa en el 
prólogo que al libro puso. 

El pensamiento capital de ella en este escrito, es aficionar a sus hi- 
jas a la oración, medio eficacísimo de virtud. R conseguirlo ordena todos 
los capítulos de que la obra consta. Comienza en el primero declarando 
la razón motiva que le indujo) a fundar el primitivo convento reformado 
de Carmelitas Descalzas, que fué aminorar en lo posible los malos 
efectos y grandes estragos que la Reforma protestante hacía en Fran- 
cia, principalmente, y dentro del alcance limitado de sus fuerzas, po- 
ner dique de contención al desbordamiento de apetitos desbocados, que 
por todas partes surgieron amenazadores al grito de libertad, dado 
en los países germánicos, y repetido en otros muchos de la Cris- 
tiandad, produciendo a la Iglesia dolorosas mutilaciones y desgarros. 

Considerando admirable freno de pasiones la vida pobre y humilde, 
encomia las ventajas de la pobreza, y aconseja a sus hijas la observen 
en pleno rigor, y hasta los edificios desea que sean pobres, y a ¡modo 
de humilde sobreveste que oculte a los profanos las galas espléndidas 
de vida interior con que deseaba verlas adornadas. Ya que las chozas 



Vni INTRODUCCIÓN 

miserables y los palacios majestuosos han de caerse igualmente el 
día del juicio, no quiere que los conventos de sus monjas hagan estré- 
pito en aquel último g temeroso derrumbamiento de todo lo existente. 

Exhorta también a sus hijas muy encarecidamente encomienden a 
Dios a los que han de defender la Iglesia de Cristo, que son, según 
ella, los predicadores y teólogos, para que adquieran grande caudal 
de letras y virtud y estén enriquecidos con las buenas partes que para 
tan alta y difícil empresa son menester (capítulos I-IV). 

Introducción o preámbulo al libro pudiéramos llamar lo dicho has- 
ta aquí por la Santa. Para llevar a feliz coronamiento el vasto plan 
que acaba de exponer, propone como instrumento definitivo de ayuda 
la guarda cabal de la Regla, Constituciones y santas costumbres, ñu- 
tes de hablar de la oración, trata de tres cosas que estima necesarias 
para las que desean tenerla, es a saber: «amor de unas con otras», 
«desasimiento de todo lo criado> y «verdadera humildad», que aun- 
que la cita a la postre, «es la principal y las abraza todas». 

Discurre luego minuciosamente acerca del amor que han de te- 
nerse las religiosas, dando lo que pudiéramos llamar recetas de medi- 
cina casera, sumamente útiles, como podía esperarse de quien tan 
perfecto conocimiento poseía de esa peculiar psicología femenina, que en 
los claustros se enriquece con nuevos matices, observados y señalados 
con gran perspicacia de ingenio por la insigne Doctora. No son fruto 
de alta especulación mental, sino más bien de una experiencia ma- 
dura, los hechos que observa y los consejos conforme a los cuales 
ha de regularse este amor mutuo, que siendo bueno, fomenta la ca- 
ridad, y siendo parcial y demasiado sensible, introduce bandillos en 
las comunidades, de resultados funestísimos para la paz y ejercicio 
de las virtudes. 

También discurre muy discretamente acerca del amor que puede 
y debe tenerse a los confesores, los peligros que en él hay, y cómo 
ha de ejercitarse la religiosa en esto, para que en vez de ser incentivo 
de virtud y allegamiento más estrecho a Dios, sea causa de continua 
inquietud de conciencia y de innumerables males que de él se derivan. 
Delicada y muy quebradiza doctrina es ésta, que las almas no deben 
pasar de ligero; antes harán muy bien en estudiarla y entenderla 
con aquella austeridad, sobriedad y alteza de miras que seguramente 
tenía la Santa al declararla. Interpretarla de modo menos rígido y 
con mayor dilatación de criterio, sería malísimo; y allí donde pensá- 
bamos hallar triaca, pudiéramos encontrar, por desarreglos de inteli- 
gencia y debilidades de corazón, veneno oculto, pero activísimo. 

Poco fecundas, o completamente estériles, habrían de resultar la 
parsimonia y discreta medida en los afectos de unas con otras, si 



INTRODUCaON IX 

se amasen demasiada a sí propias, por lo que comienza a tratar del 
desasimiento de todo lo criado: deudos y parientes, mundo y honra, 
pero sobre todo, de sí mismas, triunfo este último harto costoso de 
alcanzar. En su conseguimiento entra por mucho la humildad, porque 
ya se comprende que es difícil, propendiendo, como propendemos, a 
una estimación exagerada del propio valer, tener ajustada idea de 
nosotros mismos hasta tanto que la humildad, que en resumidas cuen- 
tas no es más que la verdad, según pensamiento profundo de la mís- 
tica Doctora, nos dé la valoración exacta de nuestras prendas y de 
nuestros méritos. Señoras de todo lo criado, emperadoras del mundo, 
y libradoras de todos los enredos diabólicos, llama Santa Teresa a 
estas tres virtudes: caridad fraterna, desasimiento de todo lo criado y 
humildad. Y a fe, que quien las practique con la perfección con que 
se exponen en estos capítulos, adquirirá aquel señorío imperatorio sobre 
todo lo criado que en ellos tanto se pondera, propio de almas grandes, 
de almas reales, como la Santa, con afortunado vocablo, las llama. Sinte- 
tizando toda la doctrina expuesta en estos capítulos, diremos con su 
autora, que el espiritual ha de procurar que su voluntad no sea es- 
clava de nadie, «sino del que la compró por su sangre» (capítulos V-XV). 

Temple admirable dan ai ¡espíritu estas tres virtudes para entrar ya 
de lleno y a paso tirado por las vías de la oración y contemplación 
perfecta. Comienza la Santa a declararlas con la graciosa compara- 
ción del ajedrez, a fin de dar por su medio jaque y mate al rey 
del amor, Jesús. Seduce a muchas almas la vida de los contempla- 
tivos, engañadas, sin duda, por la concepción incompleta y errónea de 
las inefables delicias místicas en que los creen perennemente sumidos. 
Contra tal idea protesta la Santa, y asienta en firme que, por regla 
general, en manera alguna se llega a la dulce unión con el ñmado, 
si no es mediante el ejercicio de virtudes grandes, las cuales no se 
adquieren sin constantes y muy prolijos sacrificios y vencimientos. 
Sólo por excepción, y transitoriamente, concede Dios regalos de con- 
templativos a almas ruines, para aficionarlas por ellos a la virtud y 
tomarlas a vida más fervorosa. 

Y aquí plantea la Santa una difícil cuestión, que ha dado no poco 
que discurrir a los escritores de Teología mística. ¿Puede una alma 
en pecado grave tener contemplación sobrenatural? R primera vista, 
leyendo el capítulo XVI de leste libro de Santa Teresa, parece que sí, 
aunque rara vez y por breves instantes. Sin embargo, en el autógrafo 
que se venera en El Escorial, lo niega expresamente, declarando que 
por almas ruines no entiende a las gravadas con culpa mortal, sino a 
las tibias, o poco fervorosas, que con facilidad caen en faltas veniales. 
No puede creer esta inteligencia extática que Dios se junte a un alma su- 



X INTRODUCCIÓN 

cia, y ique la limpieza idc los ciclos se deleite con ella. Entendemos que, 
en este caso, el autógrafo escurialense refleja con más diafanidad 
que el valisoletano el pensamiento de la Santa; y como no nos 
resignamos a ver contradicción en la insigne escritora en punto tan 
capital de doctrina mística, forzoso es concluir, que, a pesar de al- 
gunas frases que pudieran inducir a la persuasión de que Santa Te- 
resa admite la posibilidad, y aun el hecho, de que un alma en des- 
gracia de Dios pueda, con todo, gozar de la contemplación, no es 
ésa la genuina y verdadera inteligencia de sus palabras. Con esto se 
evitan las disquisiciones sutiles y revesadas de algunos teólogas a fin de 
explicar la aparente afirmación teresiana, y no hay razón para separar 
a la Doctora de Avila de la opinión general de los místicos, que niegan 
la contemplación propiamente dicha a las almas en pecado mortal. 
Para ver la solidez de este común sentir, nos bastaría examinar la na- 
turaleza de la contemplación mística, pero esto excede los límites de 
un preámbulo, y además puede estudiarse en cualquier obra de las mu- 
chas y muy buenas que se han escrito sobre esta difícil ciencia (1). 

R seguida de esta cuestión, propone otra la Santa, que también 
ha tenido largos y opuestos comentarios, sin que hasta el día 
hayan logrado unimismarse las opiniones de los místicos acerca de 
ella. ¿Pueden todas las almas llegar a contemplación? ¿Es dable sin 
ella ganar las altas cimas de la perfección cristiana? ¿Los siervos 
de Dios, canonizados por la Iglesia, han sido necesariamente con- 
templativos? ¿Beatifica la Iglesia a quien, en una forma u otra, no 
haya gozado las dulzuras de la contemplación? Estas y otras cues- 
tiones análogas, que formulan los tratadistas místicos, hallarán luz 
intensa en el capítulo XVII tie este libro, además de lo que sobre 
la misma materia enseña en otras partes de sus obras. 

De nuevo se encara Santa Teresa con los que creen que los con- 
templativos no sufren, sino que están continuamente regalándose en 



1 Véase el capítulo XVI, nota cuarta, p. 75. El P. Honorato de S. María, C. D., contes- 
tando a un teólogo que sostenía la posibilidad de la contemplación de un alma en pecado, dice: 
Las únicas palabras que parecen favorecer algo esta opinión, son éstas del capítulo XVI del Ca- 
mino de Derfección.- Quiero, pues, decir, que algunas veces querrá Dios, a personas que estén 
en mal estado, hacerles tan gran favor para sacarles por este medio de las manos a el demo" 
nio. Pero no entiende la Santa por estas palabras, que coexista el estado de pecado mortal con 
el de contemplación, sino que antes de levantar a estas personas a estado contemplativo, se ha- 
llaban en pecado, jj por efecto de la bondad inñnita de Dios, son libradas de él, en virtud del 
acto mismo de contemplación, ei cual va acompañado de intenso amor divino, que es lo que 
llama ella fervor grande. Para convencerse de que éste es el verdadero sentir de la Santa, 
basta reflexionar las palabras que siguen, las cuales lo dan bien claramente a entender: para sa- 
carles por este medio de las manos del demonio. Porque es evidente que aquí no intenta otra 
cosa que declarar cómo se sirve Dios del medio extraordinario de la contemplación para sacar 
las almas del pecado g admitirlas a su gracia, al modo como lo hizo con San Pablo, que en un 
momento lo transformó de perseguidor en apóstol», (Tradition des Peres sur la contemplation. 
part. III, diss. 7, prop. XIX). 



INTRODUCCIÓN XI 

Dios. Sufren más que los activos, porque, como la misma Santa dice, 
creer que Dios «admite a su amistad estrecíia gente regalada y sin 
trabajos, es disbarate». Recordando la doctrina expuesta en el capí- 
tulo XIX del Libro de la Vida, da diversos consejos para el ejer- 
cicio de la oración, valiéndose de símiles tomados del agua (la Santa 
era muy aficionada a ellos por el dulce pasaje de la Samaritana en el 
pozo de Jacob), consuela a los que no pueden discurrir con el entendi- 
miento, enseña cómo ha de rezarse vocalmente y juntar esta oración con 
la mental, y termina aconsejando a los que padecen de arideces en la 
oración, se representen a Jesús dentro del almai; y miren cabe sí a su 
dulcísimo Maestro, consideración transcendental y favorita de la gran 
contemplativa abulense (capítulos XVI -XXVI). 

Para hacer más asequible y entendedera su doctrina sobre el 
modo de orar mental y vocalmente, pone una admirable glosa al 
Paternóster u oración evangelical, como la Santa le llama, que en re- 
galados y muy devotos comentarios a cada palabra o frase de ella, 
explica la oración de recogimiento, de quietud y de unión, no con 
la extensión que en la Vida y las Moradas, pero sí con la misma 
elevación de pensamiento, efusión de corazón, profundidad de doc- 
trina y hermosura de metáforas o comparaciones. Léase, por ejem- 
plo, el símil dulce y candoroso de la madre que arroja la leche sobre 
la boquita de su niño para regalarle sus labios, sin ningún trabajo 
suyo (c. XXXI), con que da a entender el estado del alma en la 
oración de quietud, que constituye una de las más hermosas y expre- 
sivas declaraciones que acerca de este grado de contemplación han 
podido darse en libro alguno de vida interior. 

El comento a las palabras «el pan nuestro», es otra de las pá- 
ginas más cálidas y sugestivas que se han escrito acerca del Sa- 
cramento del ñmor. Leyéndola, parece que se siente calor eucarístico, 
y como que transciende de ella un perfume de banquete regio y se 
saborean viandas condimentadas por serafines. ¡Qué diferencia del vi- 
gor de expresión y fuego que pegan estas palabras al lector, a las 
desmayadas, forzadas e insulsas ponderaciones eucarísticas que se leen 
en tantos libros modernos! Es imposible que las plumas, por bien 
cortadas que parezcan, irradien calor, si primero no se han puesto 
al rojo en este horno de amor divino (1). 



1 Algo extraño nos parece hoy lo que dice a continuación de esto, acerca de la ambición 
desaforada que se advertía en algunos monasterios por las prelacias, cátedras^ dignidades y otras 
honras mundanas, de las que hacían tanto caudal en tiempo de S. Teresa, que frecuentemente 
se enredaban en pleitos interminables y ridículos. Santa Teresa fustiga en este capítulo, con du- 
reza e irónicamente, la pueril y fatua ostentación de tales cosas, que tan mal sientan a personas 
consagradas a Dios, cuyo principal intento debe ser imitar a Jesús humilde y mortificado. 



XII INTRODUCCIÓN 

flntcs de terminar sus piadosos comentarios sobre el Padrenuestro, 
hace en el capítulo XXXVIII una síntesis muy hermosa de su ex- 
celencia y utilidad espiritual. «De tal manera, afirma, podemos decir 
esta oración, que, como entienda no nos queda doblez, sino que hare- 
mos lo que decimos, nos deje ricas». Con mucha extensión habla de 
los peligros de tentación a que están expuestos los espirituales, si no 
proceden con humildad y cordura, ya por presunción, confiando en 
virtudes que no poseen, o no las tienen en aquel grado de solidez 
que se necesita para resistir los embates del enemigo, ya por en- 
cogimiento y extremos de dolor mal entendido que el demonio pone 
a ciertas almas sobre ila gravedad de sus pecados, sugiriéndoles un 
pesimismo feroz y desesperado, ñ las que propenden a engreimien- 
tos ampulosos por algunos favores espirituales que en sí experimentan, 
les aconseja que «en principio y fin de oración, por subida contem- 
plación que sea, siempre acaben en propio conocimiento; y a las en- 
gañadas con una humildad inquieta, desconcertada y arbolaria, les 
exhorta a confiar en la misericordia divina, que jamás desampara a los 
verdaderos humildes. 

Finalmente, encomienda a los contemplativos el amor y temor de 
Dios, dos castillos roqueros, según Santa Teresa, contra los cuales se 
estrellan las más furiosas acometidas de los enemigos del alma, y 
termina suplicando a Dios, con las últimas palabras del Padrenuestro, 
aparte de sus hijas y de todas las almas de vida interior, los males 
y peligros de que se ven rodeadas en esta vida, hasta alcanzar la 
otra, donde no hay más que paz y gozo en Jesucristo (capítulos 
XXVII-XLII). 

Tal es, en breve suma expuesto, el argumento de este libro, el 
más comprensible de los escritos por la Santa y cuya utilidad se 
extiende a mayor número de personas. Es también el más ascético, 
tomada en su verdadero y riguroso sentido esta palabra, que se di- 
ferencia no poco de la mística propiamente dicha. Mística y muy 
subida contienen algunos capítulos, como los que tratan de los grados 
de oración de recogimiento, quietud y unión, pero en los demás pre- 
domina el elemento ascético, a diferencia de Las Moradas, que es 
casi exclusivamente místico. Tomando no pocas ideas emitidas ya en 
su Autobiografía, les da en el Camino de Perfección un carácter más 
familiar y práctico, por lo mismo que las expone en forma menos 
subjetiva, y mirando, no tanto a sí misma, cuanto a sus hijas las 
Carmelitas Descalzas. Esta consideración le obliga a descender a por- 
menores de virtud y observancia regular, que parecen nimios, y no lo 
son, sino de suma utilidad para las religiosas, cuya condición, virtudes 
y flaquezas conoció la Santa como ninguno. De esta suerte, por modo 



INTRODUCCIÓN XIII 

hábil y provechoso, entremezcla los preceptos rudimentarios y elemen- 
tales de la vida religiosa, que expone con la misma claridad y llaneza 
que cualquier tratado clásico de ejercicios de perfección cristiana, a 
las enseñanzas más encumbradas de la obscura, divinísima y nunca 
bien aprendida ciencia mística. 



DOS AUTÓGRAFOS DEL CAMINO DE PERFECCIÓN 

Autógrafo de El Escorial. — Dos veces escribió Santa Teresa el 
Camino de Perfección, o Paternóster, como ella le denomina, el cual 
comenta devotamente desde el capítulo XXVII hasta el fin. Por 
fortuna, ambos escritos se conservan en muy buen estado. El más 
antiguo, en el monasterio de San Lorenzo el Real, y el segundo en 
el convento de Carmelitas Descalzas de Valladolid. Queda dicho en 
los Preliminares (t. I, págs. lxxii-lxxiv) cómo Felipe II, por los años 
de 1592, pidió y obtuvo para la magnífica biblioteca que estaba for- 
mando en El Escorial, algunos autógrafos de Sta, Teresa, entre ellos 
el primer manuscrito original del Paternóster. Tiene éste ciento cin- 
cuenta y tres hojas, de 215 por 155 milímetros, y foliación arábiga, 
la cual no es de la Santa, que siempre paginaba con números romanos, 
y está encuadernado en tisú amarillo floreado. La filigrana del papel, 
es un corazón, que lleva en el centro una cruz, y a los lados dos 
letras, que bien pudieran ser la F y la M (1). La primera de las 
tres hojas en blanco que vienen al principio del autógrafo, trae este 
título, que no es de letra de Santa Teresa: Tratado del Camino de Per- 
fectión. Comienza escuetamente por el prólogo, porque tanto el tí- 
tulo del libro como su argumento general, que han venido publicándose 
en las ediciones de estas obras, están tomados del autógrafo valiso- 
letano, y la humilde protestación de fe o sujeción de doctrina a 
la Santa Iglesia Romana, fué dictada por la Santa para la edición 
que de este libro hizo en Evora D. Teutonio de Braganza, y se lee 
en el códice de Toledo, de que luego hablaremos. 

El texto del Camino de Perfección no tiene división de capítulos. 
Únicamente indica la Santa, entre líneas, el lugar donde ha de ha- 
berlo, menos el primero, al que puso título completo. Los epígrafes 
se hallan al fin del autógrafo en seis hojas, del mismo tamaño que 
el libro, pero no de escritura de la Santa, a excepción de dos (2), si 
bien fueron dictados por ella a alguna de sus hijas; porque la letra 



1 D. Vicente de la Fuente cree que son el alpha h omega del alfabeto griego. 

2 Los conespondientes a los capítulos LVI y LVII. 



XIV INTRODUCCIÓN 

es de aquel tiempo, y de mujer, y conforman casi literalmente con 
los que más tarde puso al autógrafo de Valladolid su propia autora. 
Según este índice, el libro consta de setenta y tres capítulos, número 
que discrepa algo con el de las indicaciones de ellos puestas, como es 
dicho, por la misma Santa dentro del texto. Fácil es advertir en esto 
su colocación precipitada, hecha a media vista, como quien dice, aun- 
que no completamente al azar; por lo que es indispensable, para la 
distribución segura de capítulos, seguir el índice con la ayuda del 
atógrafo valisoletano. 

El texto tiene bastantes enmiendas y tachaduras, las más de la mis- 
ma Santa, que suele borrar las palabras de forma que hace muy difícil 
su lectura, y lalgunas completamente imposible (1). Ninguna de las fra- 
ses borradas pasó al autógrafo de Valladolid, señal evidente que lo 
fueron por ella, o al menos ella aprobó la omisión al no trasladar- 
las. Las acotaciones y ¡notas de manos extrañas, son más raras que en 
otros autógrafos suyos, y de escasa importancia. Esto se explica, tal 
vez, por la nueva redacción que de él hizo, la cual destinó ella para 
sus conventos y para la estampa; así que, ésta de El Escorial debió 
de andar en pocas manos, y no tuvo que soportar el minucioso y no 
siempre acertado examen que los demás manuscritos de la santa Doc- 
tora. La mayor parte de las correcciones y notas, por no decir todas, 
son del P. García de Toledo, a quien ya conocen nuestros lectores, con- 
fesor de la Santa, y uno de los que, a petición de ella, examinaron este 
libro, como luego veremos hablando de una nota que se lee en la 
copia que de este escrito guardan las Carmelitas Descalzas de Santa 
Teresa, de Madrid. Los subrayados de frases son pocos en compara- 
ción de los que hizo la propia autora en el manuscrito de Valladolid. 
En cambio, son bastante numerosas las líneas tiradas a lo largo del 
margen interior o exterior de los folios, a manera de llaves o cor- 
chetes, que abarcan, por lo regular, párrafos enteros. 

¿Qué año> escribió Santa Teresa el primer autógrafo del Paternós- 
ter? Nada se halla len este libro por donde se pueda rastrear la 
fecha precisa en que se compuso. Es cierto que lo escribió en su 
primitivo convento de San José de Avila, y para edificación y en- 
señanza de aquellas religiosas. Sábese, sin embargo, que es posterior 
en poco a su Autobiografía, como lo persuaden estas palabras del 
prólogo: «Pocos días ha escribí cierta relación de mi vida». Este escri- 
to, como ya dejamos apuntado (t. I, p. cxix), fué terminado en los últi- 
mos meses de 1565. Atendiendo sólo a estas noticias, diríamos que Santa 
Teresa comenzó el Camino de Perfección a fines de este mismo año. 



1 Todas se darán a conocer en sus propios lugares. 



INTRODUCCIÓN XV 

Ningún reparo habría que poner a esta afirmación si en una 
copia que se guarda en las Carmelitas Descalzas de Salamanca, co- 
rregida por la misma Santa, no se leyese, al fin de ella, una nota 
que contradice estos cálculos de cronología. Dice así la nota, de la 
misma letra que lo restante del códice: «Escribióse este libro año 
de sesenta y dos, digo de mil y quinientos y sesenta y dos». R con- 
tinuación añade la Santa unas líneas, y nada dice de la fecha se- 
ñalada por el copista a la composición del autógrafo. Pero el silencio de 
Santa Teresa, no debe considerarse como aprobativo de la nota, ya 
que no solía reparar gran cosa en puntualización de fechas, y es im- 
posible conciliaria con los primeros capítulos del libro, que suponen 
la comunidad bien asentada ya, g con trece religiosas. San José 
de ñvila no debió de contar este número de monjas hasta bien en- 
trado el año de 1563, en que tomaron el hábito María de San Je- 
rónimo e Isabel de Santo Domingo. Por lo menos hasta fines de este 
año, no parece pudo comenzar la Santa este libro. Si se tienen en 
cuenta, además, las palabras ya transcritas del prólogo, que indican 
comenzó el Camino de Perfección apenas hubo terminado la Autobiografía, 
y no pudiendo referirse a la primera redacción de ella (1562), porque 
aun no había en San José las trece religiosas que asegura en el ca- 
pítulo VI del autógrafo de El Escorial, habrá que retrasar la fecha 
de composición hasta fines de 1565, en que dio cima al Libro de la 
Vida, fecha que, si no cierta, tenemos por muy probable (1). 

Autógrafo de VaLladolid. — Escrito primeramente el Camino de Per- 
fección para sus religiosas de Avila, emplea un lenguaje más familiar, 
sencillo y casero que en las demás obras. Cuando comenzó ya a fundar 
nuevos conventos, debieron de parecerle demasiado íntimas, tiernas y 
domésticas ciertas frases y comparaciones que para regalo de sus hijas 
primitivas había empleado en él, y propuso darle forma más austera 
y correcta. R este fin escribió segunda vez este libro, el cual, afor- 
tunadamente, ha llegado hasta nosotros, y se venera en el convento de 
Carmelitas Descalzas de Valladolid. 

Las modificaciones, supresiones y aditamentos en este nuevo au- 
tógrafo, son más considerables que lo que hasta el presente nos han 
dado a 'entender los biógrafos de la Santa y los editores de sus libros. 
Comenzando desde el prólogo, no hay capítulo que no contenga al- 



1 Santa Teresa, en unas líneas que preceden al prólogo del Camino de Perfección de 
Valladolid, dice que al escribir este libro por primera vez, era priora de San José de Avila, ij 
aunque no se sabe cuándo tomó las riendas del gobierno, sucediendo en el priorato a Pitia de 
S. Juan, hija de la Marquesa de Velada, ciertamente fué después de 1562. (Cfr. t. I, p, 316). Nue- 
vo argumento para considerar posterior a esta fecha la composición de este libro. 



XVI INTRODUCCIÓN 

guna enmienda, ya de palabras, ya de frases, y hasta de párrafos ente- 
ros. El autógrafo de Valladolid no es, por consiguiente, una copia 
literal del primer Camino de Perfección, ni tampoco una refundición de 
él, sino un traslado muy libre en que, con la autoridad que todo autor 
tiene de retocar su obra, transcribe, suprime, cambia y modifica Santa 
Teresa a su talante. De ordinario, en estos repetidos toques, suelen 
perder los escritos algo de espontaneidad, facilidad y fluidez de la 
redacción primera, aunque ganen en corrección de forma, trabazón 
lógica de ideas y discreta proporción de partes. No sé si algo pa- 
recido ocurre con esta segunda escritura de la Santa. Tal vez los 
párrafos modificados han perdido algo de su nativa sencillez, pero, 
de fijo, han ganado en corrección y claridad de pensamiento, que 
valen mucho más. Hecha diligente comparación entre ambas redac- 
ciones, Santa Teresa, si a caso hay alguna excepción, siempre corrige 
mejorando su obra. Sus aciertos de corrección son indiscutibles. 

Otra de las mejoras evidentes del Camino de Perfección de Va- 
lladolid, es la distribución de capítulos, menos numerosa, pero más 
acordada y racional que la primera. R cuarenta y dos redujo en éste 
los setenta y tres del autógrafo escurialense, ganando por la re- 
ducción en simetría y unidad de argumento. En la primera división, 
están desligadas materias que reclaman un desenvolvimiento armónico 
debajo de título o epígrafe único. He dicho que redujo la Santa a 
cuarenta y dos los capítulos de este libro, y el aserto necesita una 
explicación breve. En el autógrafo valisoletano se leen hasta cuarenta 
y cuatro, pero es debido a que Santa Teresa unió en la copia de 
Toledo los capítulos IV y V, como en su propio lugar advertimos, 
y suprime, además, en el valisoletano, el capítulo XVII, sin que cuide 
de ir enmendando el orden de los restantes, porque la supresión 
fué hecha después de terminado el escrito. Así que hacen muy mal 
los que dicen que al manuscrito de Valladolid le falta un capí- 
tulo, y, por consiguiente, que está incompleto, fll autógrafo valisole- 
tano nada le falta, dado que los párrafos suprimidos, lo fueron por 
la Santa, que juzgó oportuno hacerlo, dejando así preparada defini- 
tivamente esta obra suya, de tanto valer ascético. Que luego no co- 
rrigiese la numeración de los siguientes capítulos, es solamente una 
prueba más del descuido de su autora en evitar errores materiales de 
poca monta. El mejor argumento de que Santa Teresa dio forma de- 
finitiva a este libro en el autógrafo de Valladolid, es la multiplicación 
de copias de él para los conventos de sus monjas y algunas personas 
espirituales de su intimidad y confianza. Del valisoletano está tomado 
el traslado que la propia Santa envió a D. Teutonio de Braganza, para 
darle a la estampa, y el que publicó Fray Luis de León, y se ha 



INTRODUCCIÓN XVII 

venido reproduciendo hasta nuestros días, con dos excepciones úni- 
cas, de que hablaremos luego, ñl de Valladolid prefirió siempre la 
Reforma del Carmen, tanto por las razones intrínsecas que abonan 
la preferencia sobre el escurialense, como por haberlo manifestado 
así su autor, y por tenerlo más a mano para cotejarlo e imprimirlo 
más correctamente (1). 

Sin embargo, si bien el de Valladolid sirvió siempre para las edi- 
ciones en que corre impreso este libro, no se reprodujo tan al pie 
de la letra, que mo se entreverasen con él algunos pasajes del escuria- 
lense, omitidos en la segunda redacción, aun después de los dete- 
nidos cotejos que los Carmelitas hicieron en los siglos XVII y XVIII 
de las impresiones con ambos originales. Verdad es que para obrar 
asi podíase invocar la altísima autoridad del Maestro León, que tomó 
del autógrafo de El Escorial y de las copias aprobadas por la Santa 
algunos pasajes para su edición de Salamanca. Nosotros no afeamos 
éste procedimiento, antes aplaudimos y celebramos como se merece 
la veneración del insigne Agustiniano a estos escritos, y que inserta- 
se en esta edición suya las sublimes enseñanzas que los pasajes in- 
cluidos contienen, evitando su desaparición, cosa que con facilidad 
pudo ocurrir, aunque felizmente no ha ocurrido; pero a nadie se 
le puede exigir don de profecía, ni que conozca lo que va más allá 
de toda previsión humana. El mismo La Fuente, que, con su habitual 
desenfado, reprueba estas licencias de impresión, incurre en la culpa 
que censura, dándonos un defectuoso trasunto del autógrafo escurialense 
con muchísimas adiciones del valisoletano. Ni por ello hemos de reñir 
a D. Vicente, porque no carecen de utilidad lestos procedimientos, si 
bien adoptamos otros en la presente edición, que nos parecen más 
completos, aunque de mayor costo intelectual y económico. 

El tamaño del autógrafo valisoletano, es el mismo que el de El Es- 
corial (215 por 155)!, y lleva foliatura romana de mano de Santa Teresa. 
La última hoja hace el folio ccvii. De hecho son algunos folios menos, 
por las supresiones que hizo la misma Santa, como advertiremos en 
sus lugares. No llevan paginación las dos primeras hojas, que contie- 
nen el título del libro, el argumento genera|l, y parte del prólogo (2). 



1 Acerca de las tazones que los Carmelitas Descalzos tuvieron para reproducir en las edi^ 
cienes de las obras de la Santa este segundo autógrafo, discurre largamente el P. Antonio de 
S. Joaquín en el /Iño Teresiano, día 7 de Julio. 

2 En una cuartilla que puso al comienzo del autógrafo, dice el P. Manuel de S. Ma- 
ría: «Fr. Manuel de Santa María, religioso presbütero, carmelita descalzo, en cuüo poder, en 
virtud de comisión de N. M. R. P. General y Definitorio, estubieron los SS. originales del 
Camino de Perfección y Cartas de N. Gloriosa M. S. Theresa, desde el día XXIV de No- 
viembre de MDCCLVII hasta XXV de el mismo mes de MDCCLIX, en que de orden del 
111. Sr. Obispo de esta ciudad, a pedimento mío, se depositaron y entregaron a dos notarios, 

lli , 2 



XVIII INTRODUCCTON 

La foliación comienza en la segunda llana de éste. Sin contar la 
de la Santa, se advierten en el texto cuatro letras distintas. Com- 
pulsadas diligentemente, hemos podido averiguar con certeza que dos 
pertenecen a los PP. Domingo Báñez y García de Toledo. Las co- 
rrecciones del primero son numerosas; a tres, o pocas más, se redu- 
cen las del segundo. Unas y otras quedan íiotadas en este tomo, y en 
los mismos pasajes en que fueron puestas. 

La tercera mano, hasta el presente desconocida, se reduce a poner 
al margen de algunos párrafos breve suma de su contenido (1). Estas 
acotaciones no tienen interés alguno. Sin embargo, para satisfacer la 
justa curiosidad del lector, las damos a conocer en nota. Por último, 
la cuarta, desconocida también, limítase a poner en claro, en papelitos 
aparte, que luego pega al tnargen de lo borrado, algunas frases que, 
por haberlas tachado la Santa, son a veces de lectura difícil. 

Las frases y párrafos borrados en este autógrafo son más numero- 
sos que en el escurialense, y creemos que la mayor parte lo fueron por 
la taiisma Santa. En general, las frases borradas no pasaron a las copias 
que hoy conocemos, corregidas por ella, y hasta creo que es indicio 
bastante seguro de haber sido borradura de su mano, el hecho de 
no trasladarse a los trasuntos lel período tachado. Santa Teresa tenía 
su modo peculiar de borrar las palabras en estos autógrafos, que si 
no del todo uniforme, lleva sello característico. Distingüese, por vigoro- 
sos trazos quebrados, sobre los cuales echa una raya rectilínea, que los 
cruza enteramente. Véanse, por ejemplo, los folios VIII, LXIV, CLXXII, 
CLXXIV, del original valisoletano, el 12, 52 y Otros del escurialense. 

Otra de las cosas que llama poderosamente la atención en este 
original, son los subrayados, que se prodigan en grande abundancia, 
mucho mayor de la acostumbrada por la generalidad de los escritores; 
porque no se limita a palabras o frases determinadas, sino a párra- 



nombrados en el papel adjunto, jj hoi, día de la fecha, al convento de NN. Religiosas de 
Valladolid, cuyos son: Certifico, y, siendo necessario, juro in verbo sacerdotis, que estos tres 
papelitos (los trae pegados a la misma hoja en que escribe), han sido parte y se despren^ 
dieron, sin poderlo remediar, el primero, que es el mayor, de la extremidad superior de la 
hoja en que la Santa comienza el Prólogo de este libro (véase la nota sexta de la pág. 7), 
y las tres medias letras, son parte de la marginal de un corrector, que comienza: S. Gre-- 
goiio etc. El segundo papelito también es, a lo que me acuerdo, de la extremidad de las dos 
priiueías hojas rozadas con el adorno de el mismo relicario. El tercero se desprendió al des- 
pegar uno de los diez papeles de que hablé en el adjunto, y pertenecía al folio del original 
CLXXII. Advirtiendo que sólo el papel que se describe de este lado es de el S. libro, no el que 
por el otro se ve pegado con engrudo. Y por ser assí verdad, lo firmo de mi nombre en Valla- 
dolid, a XI de Marzo de MDCCLX. Ft. Manuel de Sta. Maña, comisario». Los tres papeles 
de que habla el Padre son muy pequeños, y fuera de uno, no llevan nada escrito. 

1 Quizá sean estas acotaciones del Dr. Ortiz, que, según la Santa, fué uno de los que 
examinaron este libro en Toledo. Comoquiera que ello sea, estas notas no tienen ninguna im- 
portancia, y hag que agradecer al anotador desconocido el que no cometiese la irreverencia de 
tocar el original para nada, limitándose a breves apostillas marginales, que el lector verá regis- 
tradas en sus propios lugares. 



INTRODUCCIÓN XIX 

fos y capítulos casi íntegros (1). El modo de tirar las líneas del sub- 
rayado es muy parecido al que se ve len el ejemplar del Tercer Abeceda- 
rio que guardan las Carmelitas Descalzas de Avila, y manejó Santa 
Teresa, como dijimos en nota del capítulo IV del Libro de la Vida 
(t. I, pág. 22). 

Encuadernado se conservó este manuscrito hasta los años de 1753, 
en que el Marqués de Monte Alegre, gran devoto de la Santa y ami- 
go de las Carmelitas de Valladolid, costeó un relicario de plata en 
forma de libro. Para colocarlo en iél, hubieron de quitarle la cubierta que 
tenía, y partirlo en dos mitades, que es como actualmente se venera. 

No se sabe a ciencia cierta el año en que el autógrafo vino a 
parar a las Carmelitas Descalzas de Valladolid, ni entre las religio- 
sas queda hoy vestigio de tradición alguna que lo indique. El cro- 
nista de la Reforma de Santa Teresa, P. Francisco de Sta. María, que 
trabajó no poco por restituir los escritos de la insigne Doctora a su 
pureza original, escribía por los años de 1649, que, según tradición 
de las Descalzas de Valladolid, recibieron de manos del P. Gracián 
este autógrafo. Las religiosas que por aquella fecha vivían, depusieron 
jurídicamente habérselo oído decir a las más antiguas, y que se tenía 
por ellas como cosa averiguada (2). Gracián sentía especial predi- 
lección por aquel convento, levantado en la ciudad donde él había 
visto la luz primera, y tenía además en él a su hermana María de 
San José, que después pasó a Madrid y Consuegra. Es indudable 
que su pertenencia alcanza fecha muy antigua, y hasta pudieron 
poseerlo en vida misma de Santa Teresa. En Valladolid está fe- 
chada la carta que /escribió a D. Teutonio de Braganza (22 de Ju- 
lio de 1579), la cual habla de este libro, y del mismo lugar es la 
escrita unos días antes, hoy perdida, donde le dice que se le había 
remitido para que lo diese a la estampa. Sea de esto lo que fuere, es 
cierto que el segundo autógrafo del Camino de Perfección pertenecía a 
las Descalzas de Valladolid en 1586, como parece inferirse de una 
carta del P. Francisco de Ribera a la M. María de Cristo, vicaria 
a la sazón de esta comunidad, que fué escrita probablemente en la 
fecha indicada (3), en la cual trata de este autógrafo, que aquel 
convento poseía. En la búsqueda que de orden de Felipe II se hizo 
en 1592 de los originales de Santa Teresa para colocarlos en la Bi- 
blioteca Escurialense, no se comprendió este manuscrito, contentándo- 
se, a lo que parece, su majestad católica con el protógrafo. 



1 V. gr.: el XXIX, XXX, XXXI y el XLI, que corresponden al XXVII, XXVIII, XXIX y 
XXXIX de la presente edición. 

2 Memorias Historiales, letra R., núm. 227. 

3 Cfr. t. I, p. LXXXVIII. 



XX INTRODUCCIÓN 

Como muchos otros escritos, compuso éste la Santa en Toledo, 
según afirmación de la Madre María de San Francisco, en las In- 
formaciones de canonización, hechas en Hlba de Tormes, donde esta 
religiosa fué dos veces priora. Contestando al artículo que habla de 
los libros de Santa Teresa, dice: «Otro que se intitula Camino de 
Perfección, le escribió en Toledo; y esta testigo se lo vía escribir, 
porque a ila sazón acompañaba a la dicha santa Madre Teresa de Je- 
sús, y dormía en su propia celda». Tomó el hábito esta religiosa en 
Toledo el mismo año de la fundación, que fué a 14 de Mayo de 1569. 
El 30 del propio mes salió la Santa para fundar en Pastrana, y allí 
permaneció hasta el 31 de Julio, que regresó de nuevo a la ciudad 
imperial. 71 partir de lesta fecha, ya no se movió de aquí hasta el 10 
de Julio de 1570 en que tomó a Pastrana para asistir a la profesión de 
los carmelitas descalzos Ambrosio Mariano y Juan de la Miseria. R fi- 
nes de Agosto de este mismo año, salió para Avila', y después de breve 
estancia allí, pasó a Salamanca y Alba de Tormes. Conjeturamos, se- 
gún estos datos, que la Santa escribiría esta segunda redacción de] 
Paternóster desde Agosto de 1569, vuelta ya de la villa de los Príncipes 
de Evoli, hasta el mismo mes del 70. Asentada aquella fundación, y con 
bastante buena salud, según carta suya, de 17 de Enero de 1570, a 
D. Lorenzo de Cepeda (1), tuvo tiempo suficiente para hacer nuevo trasla- 
do de este libro suyo, con las modificaciones que dejamos apuntadas. 

TRES COPIñS DEL CAMINO DE PERFECCIÓN CORREGIDAS POR SANTA TERESA 

Copia de Salamanca. — Además de los dos autógrafos menciona- 
dos, consérvanse hasta nuestros días varias copias o traslados del va- 
lisoletano, por haberlo destinado la Santa para sus monjas, que en 
él aprendían a practicar la perfección religiosa, ya que no siempre 
podían recibir estas doctrinas celestiales de labios mismos de su santa 
Fundadora. Hasta la publicación en Evora de este libro, 1583, segura- 
mente todos los monasterios de Carmelitas Descalzas poseían algún 
ejemplar manuscrito, y no es temerario suponer lo mismo de los con- 
ventos de religiosos de la misma Reforma. Salido de las prensas el 
Camino de Perfección, y jsobre todo desde que Fr. Luis de León publicó 
en 1588 los principales libros ide la Santa, los traslados perdieron su 
importancia y fueron poco a poco desapareciendo. 

De esta inevitable desaparición, se salvaron tres importantísimas 
copias, a lo que sospechamos, por contener correcciones de la mis- 



1 «Al presente», le dice, entre otras cosas, «estoy en Toledo... Y he estado mijor de salud 
este invierno, porque el temple de esta tierra es admirable». 



INTRODUCCIÓN XXI 

ma Santa. Guárdanse en las Carmelitas Descalzas de Salamanca, To- 
ledo y Madrid (convento de Santa Teresa). La más antigua de las 
tres es, probablemente, la salmantina. Según nota que el mismo co- 
pista puso en ella al final del último capítulo del libro, la concluyó el 
día' de San Nicolás (6 de Diciembre) de 1571. Forrada en seda 
floreada, hace un tomo len ^.Q, de setenta y nueve hojas. Por hojas 
se hace la paginación en números romanos, y por la misma pluma 
que lo restante de la copia. Comienza en la primera por el argu- 
mento del libro, tal como lo trae el autógrafo valisoletano, que tras- 
lada. R continuación, viene el prólogo y los demás capítulos, tan literal- 
mente copiados, que suprimiendo, como lo hace el de Valladolid, el 
capítulo XVII, ni siquiera rectifica la numeración de los siguientes, 
saltando al XVIII, como el autógrafo. 

Todo esto induce a creer, que se copió directamente del original de 
Valladolid tan pronto como la Santa lo dejó terminado. Así lo persuade 
la fidelidad del traslado, que no copia nunca las frases tachadas por 
Santa Teresa, ni tampoco las enmiendas que en dicho autógrafo in- 
trodujo el P. Báñez y otros correctores, lo que parece indicar que es 
anterior a ellas. No se comprende, de otro modo, que procediendo de 
tan alta autoridad, y hechas, además, a requerimiento de Santa Te- 
resa, no se trasladasen en copia que con tanto esmero hizo una de 
sus hijas. Otra de las razones que me inducen a creer que este traslado 
está hecho directamente del original, es la semejanza de los subra- 
yados que advertimos en el autógrafo de Valladolid, los cuales, en 
gran parte, reproduce la copia salmantina. Como, por otra parte, 
Santa Teresa, después de salir de Toledo en ñgosto de 1570 y 
descansar unos meses en ñvila, pasó a fines de Octubre a Salaman- 
ca, y aquí y en ñlba de Tormes -estuvo hasta muy entrado el año 
de 1571, bien pudo ordenar este y otros traslados del Camino de 
Perfección, que, como hemos dicho ya, acababa de dar fin en Toledo. 

Si no nos engañamos, la letra, redonda y muy clara, es de Isabel 
de Jesús (Ximena), la aventajada novicia de Salamanca, que por el mes 
de Abril de 1571 cantó en la recreación la célebre tonadilla que arro- 
bó a la Santa, sin poderlo remediar (1). En el Proceso de canoniza- 
ción hecho en aquella ciudad, entre otras cosas, declaró esta reli- 
giosa: «Digo que le oí decir a la Santa que había escrito los cuatro 
libros que andan suyos {2), y los vi yo de su letra, y trasladé el 
Camino de Perfección^. La letra del códice es muy parecida a la 



1 Cfr. t. II, Relación XV, p. 47. 

2 Refiérese a la Vida, Datemoster u Las Moradas, que editó Fr. Luis de León. Las Fun- 
daciones, aun no se habían publicado. 



XXn INTRODUCCIÓN 

finna que Isabel de Jesús pone al pie de su profesión en el Libro 
primitivo de Profesiones de las Descalzas de Salamanca. Así que nos 
parece probable que a lella se debe este importante traslado del Ca- 
mino de Perfección. 

Pocas son las enmiendas de la Santa, y éstas ordenadas, por lo 
regular, a subsanar erratas materiales del copista. Valga por ejemplo, 
la que pone en el prólogo. Dice la copia: «Y a cosa tan flaca como, 
porque las sotilezas del demonio...» La amanuense se dejó en el tin- 
tero: «somos las mujeres, todo nos puede dañar», frase que se lee 
en el autógrafo de Valladolid. La Santa lo corrige así: «A cosa tan 
flaca como nosotras, lo son, porque etc.» Alguna excepción se ad- 
vierte, sin embargo, en que la enmienda no es mera corrección de 
errores materiales, sino modificación o explicación más clara del sentido 
de alguna frase. Así, en el capítulo XXIX (XXVII del impreso), la 
copia y el autógrafo de Valladolid dicen: «Bendito seáis por siempre, 
Señor mío, que tan amigo sois de dar, que no se os pone cosa 
delante», y Santa Teresa enmienda: «Bendito seáis por siempre, Je- 
sús mío, que tan amigo sois de dar, que no miráis otra cosa sino 
agernós bien». La ortografía difiere muy poco de la usada por la 
Santa. De no existir los autógrafos, habría sido este traslado de 
grande valor para la pureza del texto teresiano. El códice está muy 
bien conservado', y no lleva otras 'enmiendas que las de la propia copista 
y de la Santa. 

En la mitad inferior de la última hoja, después del «Laus de» {sic), 
dice Isabel de Jesús: «Escrivióse este libro año de sesenta y dos, digo 
de mil y quinientos y sesenta y dos; y este traslado se sacó año de 
mil y quinientos y setenta y uno. Acabóse oy día de {sic) señor 
san nicolás. Tiene setenta y nuebe o jas». A renglón seguido, añade 
la Santa: «E pasado este libro. Páreseme está conforme al que yo 
escriví, que cstava esaminado por letrados. Tiene las (1) setenta (2) 
y nueve ojas que aquí diqíe, con ésta en que firmo en este monesterio 
de nuestra S.a de la anuníia^ión del Carmen, en esta villa de alva de 
tormes, a VIII de febrero, año de MDLXXIII. Teresa de Jesús, car- 
melita» (3). Ignórase cómo fué a parar esta copia a las Carmelitas 
Descalzas de Salamanca. 



1 Trene las, había escrito equivocadamente, jj lo borró. 

2 Ojas q, añadía aquí y lo tachó. 

3 Duda muü fundada ocasiona la verdad de la fecha que la Santa señala a la corrección 
de esta copia. En Febrero de 1573 Santa Teresa estaba al frente de la comunidad de la Encar- 
nación de Avila, u no hay memoria de que en este mes se ausentase de allí. Cabalmente, del 
22 de Enero de este mismo año se conserva una carta del P. Pedro Ibánez a la Duquesa de 
Alba, en que respetuosamente le niega el permiso que le había pedido para que la Santa pasase 
a su villa ducal. Funda su negación el Comisario Apostólico, así en la necesidad que la En- 
carnación tenía de ella, como en la prohibición del Papa para que la Madre saliese de su monas- 



INTRODUCCIÓN XXIIl 

Copia de Madrid.— Otro traslado del Camino de Perfección de 
Valladolid, corregido por la Santa, veneran las Carmelitas Descalzas 
de Santa Teresa de Madrid. Hace un tomo en 4.a, de letra muy clara, 
encuadernado en planchas de plata, con el escudo de la Reforma car- 
melitana en el centrq, y debajo una inscripción que dice: «Este libro 
es del convento real de S. Teresa de Jesús de Madrid. Año de 1755», 
no 1575, como copia el señor Herrero Bayona. La fecha indica el 
tiempo en que fué hecho el estuche con sus broches de plata. La 
primera hoja dice: Libro de perfección. — Comienza el libro llamado 
camino de Perfección, fl la vuelta: Este libro trata... Traslada aquí 
el argumento y texto del (autógrafo de Valladolid. Lo mismo que éste 
y la copia salmantina, no hace uno de los capítulos IV y V, 
al contrario del códice de Toledo. La ortografía discrepa bastante de 
la empleada por la Santa, así como la fonética de algunas palabras, 
V. gr.: trufo, intinción y otras; carece de puntuación, y no copia con 
tanta fidelidad el original como el manuscrito de Salamanca. No son 
muchas las correcciones de Santa Teresa, y éstas de escasa importan- 
cia, hechas las más, como en el códice salmantino, para evitar erratas 
que saltan a la vista, y creemos que de memoria, porque no suelen 
coincidir con las palabras que en los pasajes corregidos se leen en 
el autógrafo de Valladolid. ñjustar la copia al original, habría exi- 
gido un tiempo de que la Santa no disponía, ni tampoco fué nunca 
intención suya al hacer estas correcciones, conformar en los más pe- 
queños pormenores las copias a los originales. 

En la misma página en que la copia termina, escribe la Santa: 
«Tiene este libro ciento y ochenta y tres ojas (1). Está probado y 
visto por el pe. fray García de toledo, de la orden de santo domingo, 
y por el dotor ortiz, ve9ino de toledo. Es traslado de vno que yo 
escriví en sa josef de avila (2), que vieron los que digo, y artos más. 
Y por ser verdad, le firmo de mi nonbre. Teresa de Jesús, carmelita». 

No se sabe lel año en que la copia fué sacada. Pudo serlo tan 



terio. (Véase el tomo II, pág. 217, donde publicamos íntegro este documento). No es fácil que a 
raíz de escrita la carta, cambiase de parecer, ü más estando de por medio el veto pontificio. 
Cuando éste fué levantado, o benignamente interpretado, sí que salió la Santa para arreglar no 
pocos negocios de sus fundaciones. Está fuera de toda duda que a principios de \bTi se hallaba 
la Santa en Alba de Tormes, de paso para Avila y Segovia, donde fundó en el mes de Marzo 
un convento de Carmelitas Descalzas. Como de costumbre, la Santa pone la fecha, de cuya 
exactitud sospechamos, en números romanos, y muy fácilmente pudo trazar tres rayitas en vez 
de cuatro, que así signifíca ella este número, no con el signo IV, como hacemos ahora. De esta 
misma opinión son los PP. Andrés de la Encarnación y Manuel de S. María. (Cfr. Ms. 12.703 
de la Biblioteca Nacional, p. 12). De no rectificar esta fecha, habría que suponer un viaje muy 
precipitado en la Santa, para volverlo a realizar otra vez dentro de muy poco. 

1 Ochenta y tres debió decir la Santa. 

2 Mejor dicho, en Toledo, el cual, a su vez, es copia del escrito en S. José, con las mo- 
dificaciones que ya conocemos. 



XXIV INTRODUCCIÓN 

pronto como se terminó la escritura del original, y ciertamente antes 
de la copia de Toledo. En cuanto a lo que dice del examen hecho 
por personas de reconocida competencia y autoridad, ha de entenderse, 
no de la copia donde pone la nota, sino del autógrafo de donde se sacó, 
el cual, dejamos ya escrito, se cscrivió en Toledo, y lo vieron, entre 
otros, el P. García de Toledo, y el Doctor Ortiz (1), que menciona en 
la nota. Del primero, ya conocido de los lectores (2), hemos visto va- 
rias correcciones en los dos autógrafos de este libro, como en sus 
lugares advertimos. No conocemos la letra del Doctor Ortiz, y no 
podemos afirmar si puso en el autógrafo valisoletano alguna enmien- 
da (3). Por fortuna, estas notas, son pocas y de ninguna importancia 
y están escritas en el margen. 

Sin que las religiosas de Santa Teresa puedan precisar el año en 
que entraron en posesión de este precioso códice, es cierto que se 
remonta a los orígenes de su fundación en Ocaña (1595), de donde se 
trasladaron a Madrid. Fué a Ocaña de fundadora la M. María de 
San Jerónimo, que del convento de Avila había pasado a la Corte, 
cuatro años antes, para ponerse al frente de la comunidad de Carmeli- 
tas de Santa Ana. Muy querida de Santa Teresa, y compañera suya 
durante muchos años, no es improbable llevase consigo a Madrid, y 
más tarde a Ocaña, algún recuerdo de la insigne Fundadora, que 
además podía servirle de lectura espiritual. Cuando en 1684 las religio- 
sas de Ocaña fundaron el segundo monasterio de Carmelitas Descalzas 
en Madrid, se llevarían a la nueva casa esta y otras reliquias de San- 
ta Teresa. 

Copia de Toledo.— L^ tercera y biás importante copia de las corre- 
gidas por Santa Teresa, es propiedad de las Carmelitas Descalzas de 
Toledo. Hace un tomo en 4.a, que en el siglo XVIII estaba cosido en 
pergamino, y después se encuadernó y forró de seda encarnada, y se 
doraron los cantos (4). La foliatura, posterior a la copia, llega al 
número 126, aunque de hecho tiene solamente 125 hojas, debido a 
que se saltó, al paginarlo, /del folio 120 al 122, error que perdura 
hasta el fin. R la copia le faltan dos hojas, que comprendían, la 
primera, las últimas líneas del capítulo VII, todo el capítulo VIII y 



1 De este sujeto dice un testigo en las Informaciones de canonización de la Santa: «Este 
era el Doctor Gutierre Ortiz, Decano de Teología en la Universidad de Toledo, hombre de 
gran virtud u espíritu». Gran letrado u varón santo, le llama el P. Diego de Yepes. (Cfr. Ms. 
12.703 de la B. N., p. 13, nota 25). 

2 Cfr. t. I, p. 286, nota segunda. 

3 Véase lo que dejamos escrito en la página XVIII, nota primera. 

4 Por cierto que, al hacerlo, se recortaron algo las márgenes, y con los recortes desapare- 
cieron algunas letras, ü hasta palabras, que la Santa escribe en ellas, como notaremos en sus 
lugares respectivos. 



INTRODUCCIÓN XXV 

el título del siguiente; y la segunda, parte de los capítulos XXXI 
y XXXII, si bien la paginación no echa de menos esta falta, por ser 
posterior a la desaparición de las hojas, las cuales existían de fijo 
cuando fué remitida la copia a D. Tcutdnio de Braganza. 

Hízose este traslado, a lo que presumimos, por un hombre de 
letras, que no sólo se aparta del original en muchas palabras y fra- 
ses (1), sino que introduce en la copia considerables modificaciones, 
que a veces alteran el sentido. Su ortografía es muy caprichosa y va- 
riable. Como traslado, es más infiel que los dos anteriores. La impor- 
tancia excepcional de él procede de las frecuentes correcciones y adicio- 
nes que le puso la Santa y algún otro corrector, más numerosas e im- 
portantes que las que hizo en las copias de Salamanca y Madrid. Borró, 
además, Santa Teresa, no pocas frases de su autógrafo de Valladolid, 
que el copista fielmente traslada. No todas las adiciones interlineales o 
marginales son de la Santa, pero a su pluma se deben ciertamente la 
mayor parte y las de más interés. Las restantes, salvo alguna muy 
contada de letra que no hemos podido identificar, son, probablemen- 
te, de Jerónima del Espíritu Santo. En las Informaciones de Madrid 
para la canonización de la Santa, depone esta religiosa, a la sazón 
priora de las Carmelitas Descalzas de la Corte, que vio sus libros 
originales «en particular el del Camino de Perfección, que ella (la 
Santa) lo corrigió con esta testigo, para enviarlo a D. Theutonio de 
Barganza, arzobispo de Evora, que ahora es» (2). Profesó la M. Jeróni- 



1 Hag en la copia muchas palabras escritas a la latina, v. gr.: charidad, cognoscida, leo- 
tión, scriptos, dubda, summo, etc., etc. Los textos latinos que cita la Santa, también los copia, 
casi siempre, conforme a la ortografía más autorizada entre las persona.*; cultas. Es difícil averi- 
guar la razón que pudo inducir a la Santa a preferir esta copia a otras más conformes con su 
autógrafo de Valladolid. K nuestro modo de ver, Santa Teresa, que desconfiaba mucho del valor 
de sus escritos, g creía sinceramente que contenían no pocas faltas, gustaba, por lo mismo, de 
que se los corrigiesen hombres de letras, y al tratar de dar éste a la estampa, encomendó una 
copia a persona que las tenía muy cabales, con orden suya de modificar y suprimir cuanto a 
juicio del copista pareciese oportuno. Así se comprende que, corrigiendo ella de nuevo la copia 
en muchísimos pasajes, respete todos aquellos en que el autor del traslado se aparta del original, 
enmendando, en cambio, o suprimiendo muchísimos de los que están fielmente transcritos. 

2 Alguna duda suscitan las palabras de la M. Jerónima del Espíritu Santo en cuanto 
al tiempo preciso que las correcciones de esta copia fueron hechas. Según la carta, citada 
ya, a D. Teutonio de Braganza, el Camino de Valladolid había sido remitido a este prela- 
do en el mes de Julio de 1579. Hasta mediados de Agosto de este mismo año, no llegó a 
Salamanca Santa Teresa, donde estuvo sobre dos meses y medio, tiempo suficiente para 
corregir la copia, ayudada de la M. Jerónima. Como en esta fecha ya había enviado el 
libro, ¿se lo devolvió D. Teutonio a la Santa para que lo examinase de nuevo, o no satis- 
fecha ésta con la copia remitida, le mandó otra corregida con más esmero? Ambas suposi- 
ciones caben muy bien. Cuando la Santa salió para Avila, se llevó consigo a la M. Jeró- 
nima del Espíritu Santo, con el fin de ponerla al frente de la comunidad de Malagón, en 
circunstancias un poco difíciles para el desempeño del cargo. En 1590 salió a fundar un con- 
vento de Carmelitas Descalzas a Genova, y después de bien asentada la vida regular, vol- 
vió a España, fué priora de las Descalzas de Madrid, y, por fin, pasó al convento de Are- 
nas (Avila), donde murió santamente, dejando en todas partes donde anduvo, el buen olor de 
sus virtudes. 



XXVI INTRODUCCIÓN 

ma el 16 de Enero de 1576 en las Descalzas de Salamanca, y por 
la firma que al pie de la profesión pone, nos parece que algunas de 
las enmiendas del códice de Toledo bien pudieran ser de ella, aun- 
que los rasgos de las letras son algo más delgados y finos, debido, 
sin duda, al poco espacio de los interlineados, Asegurando esta reli- 
giosa haber corregido con la Santa la copia que mandaron a D. Teutonio, 
no carece de probabilidad el que le pertenezcan las mencionadas enmien- 
das, ni es tampoco inverosímil que las hiciese por indicación de la 
■misma Santa. Unas y .otras se ponen en sus lugares respectivos, indican- 
do en nota su procedencia cierta, o dudosa, según honradamente juzga- 
mos. Es de advertir, que ni Santa Teresa, ni la M.^ Jerónima tratan en 
estas correcciones de restituir la copia a la pureza del autógrafo, ya que 
casi siempre enmiendan pasajes en que el traslado y original están con- 
formes, no rectificando, en cambio, los lugares en que discrepan; sino 
que introducen enmiendas con intención de mejorar el período corre- 
gido. Sin sustituirlas por otras, borra también la Santa no pocas fra- 
ses de la copia, que se hallan en el autógrafo, tal vez por considerar- 
las superfinas, o poco oportunas. De todo damos cuenta en la publi- 
cación de este códice. 

Las adiciones y enmiendas de esta copia, fueron en dos ocasiones 
sometidas a examen pericial, con el fin de cerciorarse de si eran o 
no de Santa Teresa. Dieron ocasión a este examen algunos padres 
jesuítas, que se quejaron de las omisiones que se venían haciendo 
en las obras de la Santa de algunas frases que cedían en alabanza 
de la Compañía. En cuanto al Camino de Perfección, echaban menos 
ciertas palabras referentes a San Francisco de Borja, que el P. Ribera 
cita, y no traían las ediciones. En el capítulo X del libro I de la 
Vida de Santa Teresa por el P. Francisco de Ribera, se lee a este 
propósito: «En un libro de mano del Camino de Perfección, en el 
capítulo 31, hallé escrito de mano de la Madre estas palabras, ha- 
blando de sí: Yo sé de una persona que la ponía el Señor aquí muchas 
veces, y no se sabía \entender, y preguntólo a un gran contemplativo, 
que era €l P. francisco, de la Compañía de Jesús, que había sido 
duque de Gandía, y ydijo que era muy posible, quíe a él le acaecía así». 
En ninguna de las ediciones se decía que este gran contemplativo fuese 
el santo Duque de Gandía, y como la afirmación de Ribera era termi- 
nante y no podía ponerse en tela de juicio la veracidad de hombre 
tan grave y virtuoso, achacaron la omisión a mala fe de los editores. 
Estos, por su parte, se disculpaban con los originales autógrafos de 
la Santa, en los cuales no se hallaban estas palabras, dándose el caso 
peregrino de que todos tenían razón, si bien ninguno llegó a cono- 
cer el fundamento de ella, y la causa de sus mutuos reproches. No 



INTRODUCCIÓN XXVH 

se leen en los autógrafos de Santa Teresa las palabras que traslada 
el P. Ribera, y como los Carmelitas Descalzos se guiaron en sus 
ediciones por copias sacadas del autógrafo valisoletano, no podía re- 
prendérseles, en buena justicia, por no publicar frases que en el ori- 
ginal no se leían (1). 

R fin de poner término a tan desagradable contienda, el P. Ge- 
neral de los Carmelitas Descalzos, Fr. Nicolás de Jesús María, or- 
denó al P. Lector, Fr. Julián del Santísimo Sacramento, el año de 
1753, que examinase, con testigos aptos para ello, si las enmiendas de la 
copia de Toledo eran de letra de Santa Teresa, Cinco fueron los 
testigos, y hechas las diligencias y cotejos que estimaron necesarios, 
unánimem.ente afirmaron, bajo juramento, no ser de la Santa tales 
enmiendas, si bien concedían que había algunas semejantes a su escritu- 
ra. No debió de parecer muy competente este tribunal, cuando algunos 
años después (1759), se nombró, con fin análogo, otra comisión. La 
mayor parte de los miembros de ella, declaró que la casi totalidad de 
las enmiendas fueron hechas por Santa Teresa, de otras parecía dudoso 
se debiesen a su pluma, y algunas pocas, ,no eran ciertamente de ella. 
Este fallo es muy acertado, como puede verlo por sí mismo cualquiera 
que conozca la letra de la Santa. Muy pocas son las notas cuya proce- 
dencia no pueda señalarse con seguridad. 

ñntes que la segunda comisión toledana emitiese dictamen, habían 
afirmado pertenecer a la Santa la mayor parte de estas correcciones, 
padres tan competentes como Fr. Andrés de la Encarnación, Gregorio 
dei Carmelo, Pablo de la Concepción, José de Jesús María y Jeró- 
nimo de San Joaquín, religiosos todos muy aventajados en virtud y 
letras, de la Reforma de Santa Teresa, que examinaron la copia 
detenidamente, y de su examen levantaron acta notarial en Madrid, 
fecha 8 de Agosto de 1756 (2). 



1 Todavía hoy, cuando tan fácil es el estudio de los originales, incurre el P. Zugasti 
en la candida inexactitud de acusar a los antiguos editores de este libro de falta de pro- 
bidad literaria por no haber publicado este texto, que según él, se lee en los autógrafos. 
Cita en su apoyo al P. Ribera, quien, dicho sea de paso, nunca afirmó haberlo leído en 
el original, ni podía afirmarlo tampoco. (Cfr. Santa Teresa y la Compañía de Jesús. Estu- 
dio hlstórico-crítico, por el P. Juan Antonio Zugasti, S. ]., pág. 19.— Madrid, 1914). Lástima 
que en obras de tal índole, se cometan éste u tantos otros errores críticos e históricos. 

2 Todo esto consta en documentos, que hemos visto, del archivo de las Carmelitas 
Descalzas de Toledo. En diez hojas que preceden al texto de la copia que estamos exami- 
nando, escribió el P. Andrés de la Encarnación un estudio de ella, en que afirma haber 
servido a D. Teutonio para la edición de Evora, a Que la mayor parte de las enmiendas 
pertenecen a la Santa. No cree que la M. Jerónima del Espíritu Santo escribiese nota algu- 
na, por no hallarlas parecidas a su letra, en lo cual no seguimos al docto crítico, como ni 
en lo que da entender de que hasta fines de 1579, no envió la Santa a D. Teutonio ej 
Camino de Derfección, sino sólo otros cuadernos (los Avisos y la Vida de S. Jllberto), 
cuando en la carta de aquel prelado, fechada en 22 de Julio de este mismo aflo, lo afirma 



XXVm INTRODUCCIÓN 

Nuevos traslados de este libro. — Existiendo afortunadamente dos 
autógrafos y tres copias autorizadas por la Santa misma de este libro, 
ya se alcanza que los demás traslados que de él se conservan, han de 
tener importancia muy secundaria; así que no nos detendremos a descri- 
bir aquí algunos que conocemos, si bien tenemos propósito de hacerlo 
en otro lugar. Añadimos únicamente, que el manuscrito que se guar- 
da en la Biblioteca Escurialense, el cual copia este libro con bas- 
tante fidelidad, no tiene nota ninguna de la Santa, ni de otro, co- 
rrector, ni las palabras Teresa de Jesús, que vienen en el primer folio, 
están escritas por ella, como afirma D. Vicente de la Fuente (1). 
La copia es muy hermosa y bien puede ser de fines del siglo XVI. Está 
encuadernada en piel, lleva impresas las parrillas y tiene los cantos 
dorados, como tantos otros manuscritos de la importante Biblioteca de 
S. Lorenzo el Real. Sospechamos que algún monarca devoto de la Santa 
(hasta ahora todos lo han sido en España) mandaría quizá sacar esta 
copia para enriquecer su Biblioteca, comoquiera que no se hallaba entre 
sus fondos el autógrafo valisoletano, que este códice traslada. El ma- 
nuscrito termina en el folio 257, vuelto. Contiene cuarenta y tres ca- 
pítulos, por no haber hecho uno del IV y V, siguiendo en esto al 
códice de las Carmelitas de Madrid. 

Acerca de las copias que /de este libro ise sacaron en los siglos 
XVII y XVIII, discurre larga y eruditamente el P. Antonio de San 
Joaquín en ei tomo VII del Año Teresiano, día 7 de Julio, y no que- 
remos repetir lo que allí se dice con bastante exactitud. Por no haber 
tenido en cuenta la existencia de dos autógrafos de este libro, se 
suscitaron vivas quejas y dudas muy vehementes acerca de la fidelidad 
de las impresiones, sobre todo desde que por orden del rey se saca- 
ron traslados de ellos, a mediados del siglo XVIII, para colocarlos 
en la Real Biblioteca de Madrid. Los reproches eran infundados 
en gran parte, porque las ediciones publicaban, no el códice escuria- 
lense, sino el valisoletanos y éste se reproducía con relativa fidelidad, 
desde que en 1645, por orden del P. General de los Carmelitas Des- 
calzos, Fray Juan Bautista, los PP. Francisco de los Santos, supe- 
rior de los Carmelitas Descalzos de Valladolid, y Nicolás de San 
Alberto, conventual de aquella casa, sacaron un traslado que sirvió 
para la edición que la Reforma de Santa Teresa hizo el año de 1661, 
en la imprenta de José Fernández de Buendía (Madrid). A este tras- 



textualmente, como luego veremos. Intenta con esto el P. Andrés conciliar la fecha del 
envío de la copia a D. Teutonio con el tiempo en que S. Teresa ü la ■^- Jerónima hicie- 
ron las correcciones, que no fué antes del mes de Agosto. Pero las palabras de la Santa no admi- 
ten discusión, ü es necesario apelar a la conjetura ua expuesta en la página XXV, nota tercera. 
1 Esciitos de S. Teresa: Prólogo al Camino de Derfecdón. 



INTRODUCCIÓN XXIX 

lado, que se guarda en la Biblioteca Nacional (Ms. 13. 520), puede la 
crítica moderna hacer no pocos reparos, y muchos más a la edición 
que por él se reguló; pero así y todo, dan a conocer los nobles afanes 
de la Orden del Carmen por editar con limpieza y exactitud los es- 
critos de su santa Reformadora. 

R pesar de haberse visto en la compulsación la diferencia notable 
de las ediciones, desde la príncipe, con el autógrafo de la Santa, es- 
timaron aquellos editores, que debían publicarse con el de Valladolid 
algunos párrafos del escurialense, siguiendo el autorizado ejemplo de 
Fray Luis de León; criterio que ha prevalecido hasta nuestros días, 
pues ni siquiera después de los excelentes trabajos llevados al cabo 
por los PP. ñndrés de la Encarnación y Manuel de S. María, promedia- 
do ya el siglo decimoctavo, se reformaron gran cosa las ediciones 
posteriores. La autoridad del gran Maestro augusíiniano seguía im- 
perando, a mi ver, con persistencia plausible; porque no ocurriendo- 
seles a estos claros varones la publicación de ambos Caminos, no era 
justo privar a los devotos de las útiles enseñanzas que Santa Teresa 
vierte en el primer escrito y nos quita en el segundo. 

De 1757 a 1759 se hizo un cotejo de las ediciories impresas con 
el autógrafo de Valladolid, mucho más fiel y acabado que el de 1645, 
por lois PP. ñndrés de la Encarnación y Manuel de Santa María, de 
orden del General de la Reforma, Fr. Pablo de la Concepción. El tra- 
bajo de los dos insignes críticos teresianos es tan acabado como podía 
esperarse de su capacidad! y competencia en estos estudios. Un resumen 
de lo hecho por ellos, aparte de otros manuscritos que no están al alcan- 
ce de todos, puede verse en el Códice 13.245 de la Biblioteca Nacional, 
en documentos repetidos, que por su extensión y fastidiosas fórmulas 
cscribaniles, que prueban lo en serio que tomaban estos beneméritos 
carmelitas su oficio de depuración crítica de los escritos de la Santa (1), 
no los reproducimos aquí, ni es necesario; porque tanto en las observa- 



1 La entrega del autógrafo del Camino de Perfección se hizo con muchas solemni- 
dades legales, el 2 de Noviembre de 1757, al P. Andrés de la Encarnación; ij con no menor so- 
lemnidad se devolvió el manuscrito a las religiosas el 11 de Marzo de 1760. El P. Andrés 
apenas pudo hacer en este cotejo otra cosa que dar oportunas instrucciones para que la 
obra saliese perfecta. Su competencia en estos trabajos era reconocida jj acatada por todos. 
El traslado fué hecho por su compañero, el P. Manuel de S. María, con la limpieza, 
exactitud u esmero que puede suponerse en amanuense tan atildado ij escrupuloso, que en 
ápices de fidelidad tj legalidad de copia, deja muy atrás a los más exigentes sj melin- 
drosos depuradores de textos de la novísima escuela crítica. Tuvo el P. Manuel en su poder 
el autógrafo, desde el 24 de Noviembre de 1757 hasta el 25 del mismo mes de 1759. El 
tiempo restante, hasta entregarlo a la comunidad, se invirtió en las compulsaciones que del 
traslado y el original hicieron los notarios. La copia del P. Manuel, que sería probablemente de- 
positada en el archivo generalicio de nuestro convento de Madrid, ha debido de perderse; al 
menos, no hemos tenido la dicha de hallarlo, ni en la Biblioteca Nacional, donde se guardan 
otros escritos de este religioso, ni en los muchos archivos que llevamos ¡ja registrados. 



XXX INTRODUCCIÓN 

clones que llevamos hechas en lesta Introducción, como en las notas 
con que ilustramos este libro, damos al lector un conocimiento del au- 
tógrafo mucho más completa y ide más fácil inteligencia que publicando 
juntos los reparos de ambos padres. Posteriores a los de estos Descal- 
zos, no conocemos estudios inéditos acerca de este libro dignos de es- 
pecial mención (1). 



PRIMERAS EDICIONES DE ESTE LIBRO. 

Edición de Ev ora. —Tesoros tan estimables de vida espiritual, no 
debían estar más tiempo escondidos, corriendo el riesgo de adultera- 
ción o desfiguramiento al multiplicarse en copias poco fieles, peligro 
que entrevio ya la misma autora y quiso ponerle oportuno remedio. 
Luchaba la Santa con su humildad y modestia, por una parte, y el te- 



1 Antes de hablar de las principales impresiones del Camino de Perfección, no pode- 
mos menos de hacer mérito, siquiera en nota, de un supuesto fragmento de este libro, que mi 
querido amigo, D. Bernardino Melgar, marqués de San Juan de Piedras Albas, puplicó como 
autógrafo en el número de Septiembre-Octubre de 1915, del Boletín de la Real Hcademia de 
la Historia. El presunto autógrafo es como sigue, salvo la puntuación: «f Jhs. ansi como los 
pájaros que eseñan a ablar no saben más de lo que les muestran u ogen, y esto rrepiten muchas 
veces, ansi acen muchas sus oraciones, rrepitiendo las cosas a bobas, sin parar a discurrir 
mucho con el entendimieto en lo que dicen. Por ello, después de decir padre nuestro que 
eres en los cielos, sanctificado sea el tu nombre, venga el tu rreyno, fágase la tu voluntad, ansi 
como se fage en el cielo, ansi en la tierra. El pan nro. de cada día, dánoslo oy, e dexanos 
nras. deudas ansi como nos dexamos nuestros devdores, e no nos traigas en tentación, mas 
líbranos de mal, amén; devéis considerar por menudo todo lo que en esta oración, que es la 
mejor, pedís a su divina mag., y ansi, sin ser letradas, sacaréis arto provecho en ello, t teresa 
de jesús». 

El entusiasmo y bien probado amor del señor Marqués a Santa Teresa, le han inducido sin 
duda a considerar como autógrafo teresiano un documento que para cualquiera que esté un poco 
versado en el conocimiento de la escritura de la Santa, no es difícil ver que se trata de una 
imitación poco feliz de su letra. Considerado como autógrafo el documento que el Boletín ci- 
tado reproduce fotográficamente, hace sobre él algunas observaciones eruditas, con los cuales 
sentimos no estar conformes. Dice el señor Marqués: «El Padre nuestro del autógrafo que 
ilustramos, tiene grandes analogías con el que la Doctora mística intercala en su Camino de 
Derfecciónj con agregar y suprimir artículos, según los casos, casi iguales resultarían las ver- 
siones, siquiera la misma observación pueda hacerse comparando los autógrafos de El Esco- 
rial y de Valladolid, que son los más conocidos; de donde se infiere que el hermoso docu- 
mento que publicamos, debe ser, sin género alguno de duda, parte integrante del primer Cs- 
mino de Derfección, escrito por Santa Teresa en hojas de papel sueltas, sin curarse de dis- 
tribuciones en capítulos, o tal vez fragmento de borrador, si por acaso la gran Santa algu- 
na vez hubiérase valido de borradores, lo que no es de presumir por la poca importancia 
que daba a la grandísima de sus escritos insuperables, en los que campea un descuido en- 
cantador en lo tocante, por ejemplo, a la repetición de palabras y enlace de los unos pe- 
ríodos con los otros. 

»Pero no, estamos en presencia de un autógrafo auténtico y legítimo de la esclarecida 
Virgen avilesa; seguramente en la de un fragmento del primer Camino de Derfección que bro- 
tó por divinas inspiraciones de su pluma admirable, escrito en términos lacónicos más propios de 
Mvisos o advertencias que de obra doctrinal por el fondo y por la forma, que después la sir- 
viera de sinopsis o guión, para escribir aquel libro, que sólo encuentra par en las Moradas». 

Después de algunas consideraciones, a las que habría que hacer no pocos reparos, termina 
así: «El autógrafo teresiano de que se trata, debe ser un fragmento de la primera y desordenada 
redacción del gran libro ascético y doctrinal, tantas veces mencionado, de la Doctora eximia, 



INTRODUCCIÓN XXXI 

mor fundado, por otra, de que sus escritos llegasen a leerse en tras- 
lados tan mendosos, que no reflejasen bien su pensamiento. Para evi- 
tación de este mal, apenas había otra solución que darlos a la es- 
tampa, bien corregidos y enmendados. Su intención primera fué limi- 
tarse al Camino de Perfección, y únicamente para sus hijas. Con este 
fin escribió a D. Teutonio de Braganza, grande amigo suyo y admirador 
de su Reforma, una carta, que se ha perdido, a mediados de Julio de 
1579, enviándole una copia, corregida por ella, como ya hemos visto; 
y pocos días después (22 del mismo mes y año), en otra carta, le 
decía: «La semana pasada escribí a V. S. largo y le envié el libri- 
llo (1), y ansí no lo seré en ésta; porque sólo es por habérseme 
olvidado de suplicar a V. S. que la vida de nuestro Padre S. Alberto, 
que va en un cuadernillo en el mismo libro, la mandase V. S. impri- 
mir con él, porque será gran consuelo para todas nosotras, porque 
no la hay sino en latín». 



cuya primera redacción sufrió la propia suerte que la del Libro de su Vida, esto es, que por 
desapariciones involuntarias o intencionadas, tuvo la Virgen avilesa que redactar de nuevo, ¡j 
bajo tal supuesto le atribuuo, como fecha probable, últimos del año 1562.» 

Ni el pretendido autógrafo es tal autógralo, ni forma parte integrante, ni substancial, del Ca- 
mino de Derfección, que por dicha se conserva completo en El Escorial, ni S. Teresa escribió 
jamás borrador de este libro en hojas sueltas, que pudiera servirle de sinopsis o guión, como 
quiere el Marqués. Santa Teresa era muy sencilla, y sabía únicamente el Padrenuestro de un 
solo modo, que reproduce, sin cambio ninguno, en los dos Caminos de Derfección que escri- 
bió, y no modifica en las tres copias por ella corregidas. De ser fragmento del autógrafo de El 
Escoria!, ¿dónde ha de colocarse esta peregrina recitación del Paternóster, que no disienta de lo 
restante de la oración dominical que la Santa reproduce y comenta? Si es parte fragmentaria de 
dicho original, ¿cómo empieza con las letras Jhs. (Jesús), con que encabeza sus escritos, y lo 
firma como si fuera terminación de otro? No hay para qué insistir más en cosa tan evidente. 
El autor de este documento (que no es el único que se conserva de su mano), ni siquiera 
se propuso fingir con él un pasaje del Camino de Derfección, sino entretenerse y ejercitar su 
habilidad de calígrafo imitando la letra de la Santa y su estilo, y se le ocurrió escribir el Pa- 
ternóster, como él le recitaba, sin importarle un ardite de su conformidad o discrepancia con el 
de la Santa. Pero si resulta bastante afortunado en la imitación de algunas letras, no lo está 
en otras, y menos en la unión de ellas para formar sílabas y palabras, en que tanto se dife- 
rencia este documento de los verdaderos autógrafos de la Santa. Hasta la exactitud, a todas 
luces forzada, limpieza y esmero que se pone en la reproducción, son clara prueba de su 
procedencia espuria. Las mismas dimensiones (15 por 20 y medio cm.) distintas, por cierto, de 
las del escurialense (215 por 155 milímetros), están pidiendo a voces un primoroso cuadro para 
adorno de oratorio, capilla o habitación, que era el ordinario destino de estas imitaciones de 
escritos de Santa Teresa, aunque no todos han logrado este honor. Como de ellas pensamos 
escribir largamente en otro lugar, no decimos más aquí. Harto me desazona tener que hablar 
contra ciertos extremos de devoción teresiana de muchas personas, que inocentemente reciben 
como de la Santa, lo que es sólo remedo más o menos feliz de su letra. 

1 Entre los muchos favores que los hijos de Santa Teresa deben a D. Teutonio, es uno 
la fundación en Evora, año de 1594, de un convento de Carmelitas Descalzos. Hablando de este 
sabio y virtuoso prelado portugués, de la real familia de los Braganzas, dice el P. Andrés en 
las Memorias Historiales, letra N, núm. 129: <<Consta de las Memorias de la Real Academia de 
Portugal (tomo V, p. 230), que D. Theutonio de Braganza entró a ser coadjutor de D. Enrique, 
cardenal-arzobispo de Evora, año de 1578, pero estaba nombrado de antes, y por eso le pudo 
escribir Santa Teresa a 16 de Enero del mismo año, dándole el trato de arzobispo. El 7 de Di- 
ciembre del mismo año, tomó posesión de él en propiedad, porque D. Enrique hizo cesión de 
la mitra...» 



XXXn ' INTRODUCCIÓN 

El libro, sin embargo, Ino se imprimió hasta 1583, a pesar de iia- 
berlo aprobado la censura eclesiástica con fecha 7 de Octubre de 1580. 
Quizá D. Teutonio, obedeciendo órdenes secretas de la misma Santa, 
no quiso darlo a la estampa hasta después de muerta ella. En el 
prólogo que el piadoso prelado le puso, y que va al frente del libro, 
dice la razón que le movió a suprimirlo, por estas palabras: «Y no 
es pequeña consolación ver que aun después de su fallecimiento, su 
espíritu bive en la doctrina deste libro, que ella, con el sancto zelo 
que tenía de aprovechar a sus hijas, ordenó y compuso para solas 
ellas, pidiéndome encarecidamente lo mandase yo imprimir para solo este 
effecto. Porque auicndo algunos traslados de mano, halláronse muchas 
cosas trocadas de como ella las auía escrito, lo qual se remediaría con 
la impressión. Y assí lo hize yo imprimir para satisfacer a este su tan 
piadoso deseo». D. Teutonio, en efecto, lo imprimió en Evora con 
este título: 

TRATADO / que escrivlo la madre ¡ Teresa de lesvs. A ¿as her- 
manas I Religiosas de la orden de nuestra j señora del Carmen del 
Monejsterío del Señor sanct ¡ Joseph. de Auila j de donde a la j 
sazón era / Priora y fundadora. / (f). Fué impressa la presente obra, 
I en la muy noble y siempre leal ciudad / de Euora, en casa de la 
Viuda Mujger que fué de Andrés de Burjgos, que sancta gloria aya. I 
1583. Vienen ocho hojas de preliminares sin foliar, que comprenden: 
las aprobaciones de los censores (fol. 1, vuelto); la carta de Don 
Teutonio, que publicamos en los Apéndices (cuatro folios y medio); 
Avisos de la Madre Teresa de Jesús (cuatro folios y medio) ; Comienza 
el tratado llamado camino de perfectión (media hoja) ; Prólogo (fo- 
lio y medio). La paginación, por hojas, comienza en el capítulo I y llega 
hasta el número 113, en que termina el capítulo XLI y último del libro. 
La segunda página del folio 143 y el siguiente, vienen en blanco. Con 
nueva foliación comienza la Vida de S. Alberto, que llena cuarenta 
y tres hojas. Termina el volumen con una carta del traductor de esta 
Vida, en la que hace relación de su trabajo a las Carmelitas Descalzas, 
y se encomienda a sus oraciones (folio y medio). 

Tal fué el primer volumen de escritos de Santa Teresa, que luego 
habían de hacer sudar continuamente a las prensas. Tímido, y sin 
elegancias ni primores tipográficos, se presentaba al público este 
libro de la inmortal Doctora de Avila, que a tantos ingenios ha- 
bía de prender en las doradas mallas de sus enseñanzas, y aficio- 
narlos a la práctica de la virtud. La edición evorense reproduce al 



1 El Camino de Derfección, que llama así la Santa por su reducido volumen comparado 
con el Libro de la Vida. 



INTHODUCCION XXXIII 

autógrafo de Valladolid, no al pie de la letra, sino conformie a la copia 
corregida por la Santa, que está hoy, como ya hemos visto, en las 
Carmelitas Descalzas de Toledo. No conocemos testimonio escrito que 
lo afirme categóricamente, pero lo convencen una multitud de coin- 
cidencias entre el impreso y manuscrito, que ponen la cuestión fuera 
de toda controversia. De los códices que conocemos, únicamente el de 
Toledo contiene la hermosa «Protestación» de fe y obediencia a la 
Iglesia católica, que D. Teutonio publica al frente del libro; sólo 
en el toledano se lee la nota que está al fin del capítulo IV, para que 
de éste y del siguiente se hiciesen uno, como, en efecto, se ejecutó en 
la edición de Evora, además de las innumerables enmiendas y frases 
que, discrepando del original valisoletano, conforman con este ma- 
nuscrito (1). 

La edición de Evora, sin embargo, salió muy descuidada, no sólo 
por las erratas materiales que el abandono de los correctores dejó 
pasar, y por los portuguesismos o lusitanismos que a veces se advier- 
ten; sino por el poco esmero que se puso en imprimirlo conforme a 
la copia enviada por Santa Teresa, de ía cual se diferencia en mu- 
chos pasajes, y en ocasiones, ni siquiera se publican bien las en- 
miendas que ella puso. Claro es que estos cargos no los hacemos a 
D. Teutonio, que no corregía las pruebas, pero es necesario sacarlos a 
la luz para conocer el valor de esta edición primera del Paternóster, 
y para que se vea que las quejas de algunos amantes de la pureza de 
los escritos teresianos no carecían de fundamento. Se suprimió, ade- 
más, todo el capítulo XXXI (2). 

Edición del P. Jerónimo Gradan. — Dos años después que salió de 
las prensas portuguesas el Camino de Perfección, hacíalo imprimir de 
nuevo en Salamanca el P. Jerónimo Gracián de la Madre de Dios, con 



1 Tan evidente es que la copia de Toledo, u otra igual, sirvió a D. Teutonio para la edi- 
ción de este libro, que parece inútil insistir en ello. Basta compulsar cualquier capítulo de los 
que contienen enmiendas, ija de la Santa, ya de otra pluma, para convencerse de la conformi- 
dad de la copia ¡j del impreso. D. Teutonio publica las adiciones hechas por la Santa, así como 
omite las muchas frases, y aun párrafos, que ella tachó. Ya se comprende que tal coincidencia es 
de todo punto imposible de no tener delante el códice toledano, que, de los conocidos hasta hoy, 
es el único que las contiene. Pero D. Teutonio, no siempre sigue literalmente a la copia; con fre- 
cuencia añade, suprime o modifica alguna palabra, y, a veces, frases enteras. Adopta en la im- 
presión distinta ortografía, jj se aparta también mucho de la copia en la pronunciación de mul- 
titud de palabras, como puede verse en el capítulo VIII de la impresión que hacemos en el pre- 
sente volumen, el cual capítulo, por faltar en la copia, lo tomamos de la edición de Evora. 
Calcúlese lo defectuoso que saldría el famoso, librillo de las prensas evoritanas, cuando a las 
muchas libertades del copista, hay que acumular otras innumerables que se tomaron los editores. 
' 2 La omisión de este capítulo fué debida, verosímilmente, a que trata de la oración de 
quietud, y no se juzgaría oportuno su publicación entonces, por la torcida inteligencia que 
al leerlo pudieran darle muchas falsas contemplativas, que a la sazón abundaban en Portugal 
tanto o más que en España, 

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XXXIV INTRODUCCIÓN 

este título: TRATADO ¡ llamado cami-jno de Perfección, ¡ que es- 
criuio para sus Monjas la madre Teresa de Jesvs, fun- 1 dadora de los 
^onaste-jrios de Carmelitas ¡ iiescal^s. ¡ Con Licencia y Priuilegio. j 
En Salamanca j En casa de Guillermo Foquel. Año M.D. LXXXV. En 
8.2, con doce hojas de preliminares sin foliación, ciento ochenta y 
nueve foliadas, y una, sin foliar, de colofón. El texto del Camino 
de Perfección, termina en lel folio 182, y en este mismo, vuelto, con- 
mienzan los Avisos. Hunque la impresión no salió hasta el 85, en 
Agosto del año anterior ya había alcanzado el P. Gracián cédula real 
para editar la obra. 

Esta edición ha sido ignorada de casi todos los editores de las 
obras de la Santa y escritores teresianistas, pero no lo fué del dili- 
gente P. Andrés de la Encarnación, que, hablando de ella, dice en las 
'Memorias Historiales, letra W, número 109: «El año 1584, a 25 de 
Agosto, se despachó cédula real en el Escorial, dando licencia al Padre 
Gracián, Provincial que era, para que imprimiese el Camino de Perfec- 
ción que antes había impreso en Evora D. Teutonio de Braganza; y 
así puso al principio la carta dedicatoria de aquel limo, a las Car- 
melitas Descalzas. Imprimióse en Salamanca, año de 1585, por Gui- 
llermo Foquel. Varióse en esta impresión el que los avisos, que es- 
taban al principio, los puso al fin el P. Gracián, y omitió la vida 
de S. Alberto que imprimió con él el señor D. Theutonio». 

La presentación del libro es muy superior a la edición de Evora, 
por el esmero que ponía Foquel en sus impresiones; pero el texto 
difiere muy poco de aquélla, así que con razón se quejaron de estas 
dos ediciones el P. Francisco de Ribera y Fr. Luis de León. Cierto 
que Gracián enmendó algunas cosas de la impresión de Evora, pero 
no por los autógrafos, sino, como dice muy bien el primero de los es- 
critores citados, «más por buena cabeza que por original». Esta ra- 
zón movió al P. Ribera a publicar otra más correcta, si bien no 
llegó a realizar su pensamiento (1). De esta edición salmantina son 
más raros aún los ejemplares que de la de D. Teutonio (2). 

Edición de Valencia.— R\ año siguiente (1586 )se imprimió de nuevo 
este libro en Valencia por Pedro de Huete. Habla de esta edición el Año 
Teresiano (t. IX, p. 298) en los términos siguientes: «Dknos a en- 
tender que había sido la primera de las impresiones de las obras de 
la Santa, la que gobernó el Maestro León, executada en Salamanca, año 



1 Léase lo que escribimos acerca de esto en los Preliminares, t. I, p. LXXXVIII. 

2 Sólo de dos tenemos noticia: el primero se guarda en la Biblioteca Nacional de París, ¡j 
el otro lo adquirió no hace mucho D. Juan M. Sánchez, que dio de él información detallada en 
la Basílica Teresiana, número del 15 de Junio de 1916, p. lóS'-ló?. 



INTRODUCCIÓN XXXV 

de 1588, por Guillermo Foqucl, lo cual no sucede así por lo perteneciente 
al libro del Camino de Perfección, pues hallamos impreso este tratado 
dos años antes, ^^n el de 1586, en la ciudad de Valencia, formada en 
8.a la impresión, en la oficina de Pedro de Huete, a que concurrió 
el limo. Sr. D. Juan de Ribera, Patriarca de ñntioquía, Arzobispo 
de la misma ciudad de Valencia, firmado en este día, dieciocho de 
Septiembre, la licencia o permiso para que saliese a la pública luz», 
ñcerca de esta edición, dice el P. Andrés {Memorias Historiales, letra N, 
núm. 12^): «ñño 1586, por orden y licencia del Sr. Patriarca D. Juan 
de Ribera, imprimió en Valencia Pedro de Huete, o Güete, el Camino 
de Perfección en dos cuadernitos de octavo». También se hace mérito 
de esta edición en la Biblioteca Gabrielis Sora (Zaragoza, 1618). Aun- 
que no hemos visto ningún ejemplar, sospechamos que es reproducción 
de las dos precedentes. 

Edición de Fray Luis. — Reservado estaba al gran agustino Fr. Luis 
de León, mejorar la impresión de este escrito de la Virgen de Avila en 
la primera edición que de sus principales libros hizo, donde, a continua- 
ción de la Vida, publica esta obra con paginación propia, bajo este 
título: Librp J llamado / Camino de / Perfección, qve ¡ escritiio para 
sus monfas la madf\0 j Teresa de Jesús fundadora de los / monesterios 
de las Carmeli-jtas descalzas, a \ruego ¡ dellas. Imprcsso confor-/mie a los 
originales de mano, enmendadas / por la misma madre, y no conforme 
a los / ímpressos en que faltauan muchas cosasj, y / otras andauan muy 
corrompidas.— En Salamanca, por Guillermo Foquel. M. D. LXXXVIIL 
Tres hojas de preliminares. Comienza la paginación en el capítulo 
I y tiene 259 páginas. 

La edición es incomparablemente Stnejor que las tres anteriores, de 
las cuales prescinde para seguir los autógrafos y copias corregidas por 
la Santa. Fr. Luis de León se dirige por el original de Valladolid, pero 
ingiere párrafos del escurialense, y algunas frases que sólo pudo ver- 
las en las copias corregidas por Santa Teresa (1). Esto confirma 
lo que él mismo idice en la portada. Según uso de los escritores de 
su tiempo, no se molesta en dar cuenta en notas o apostillas de estas 
innovaciones, que no son pocas; moderniza muchas palabras, escri- 



1 Valga por ejemplo la frase siguiente, que se lee tanto en el autógrafo de Valladolid como 
de El Escorial: «No haga caso del entendimiento más que de un loco». (Cap. XXXI, p. 146, línea 
29). Fr. Luis de León, capítulo XXXI, p. 181, la modifica así: «No haga caso del entendimiento, 
o pensamiento, o imaginación, que no sé lo que es, más que de un loco». Pues bien, las pala- 
bras en bastardilla, corresponden exactamente a una enmienda que puso la Santa en este pasaje 
a la copia de Toledo, que ya conocemos. Sólo en ella hemos visto estas palabras. Vea el señor 
Herrero Bayona (Camino de Perfección, p. 292), si hace bien en reprender al insigne Maestro 
por esta enmienda; yo no me atrevo. 



XXXVI INTRODUCCIÓN 

biéndolas según que las personas cultas de entonces las pronunciaban; 
altera, en gracia de la claridad, el orden de ellas en muchas frases, 
e introduce otros cambios, de algunos de los cuales hacemos mérito 
en notas del texto (1). 

Las ediciones posteriores, hasta nuestros días, han reproducido la 
de Salamanca, aumentando sus yerros. Por su escasa importancia, no 
merecen particular mención las mejoras introducidas en este libro en 
la edición de 1661 y en las últimas del siglo XVIIÍ. El ajuste fiel al 
autógrafo valisoletano no se hizo hasta 1883, en una edición muy poco 
conocida. Don Vicente de la Fuente en sus Escritos de S, Teresa, que 
preparó para la Biblioteca de Autores Españoles (tomos 53 y 54, Ma- 
drid 1861 y 1862), separándose de los editores anteriores, sacó a la 
luz el Camino de Perfección según el autógrafo escurialense, aun- 
que entreveró, indicándolo en nota, muchos pasajes del de Valla- 
dolid. Para su publicación no se valió del autógrafo mismo, sino de 
una copia de la Biblioteca Nacional. Su trabajo, aunque contiene no 
pocas variantes respecto del original, es digno de loa, porque este texto 
se conocía sólo por algunos fragmentos que publicó Fray Luis de 
León, y como diíiere bastante del autógrafo de Valladolid, no carece 
de utilidad conocer los dos. Por no haberse fijado suficientemente en 
el índice que al fin del autógrafo viene, puso hasta setenta y seis 
capítulos, cuando sólo ha de haber setenta y tres. De aquí la confusión 
de algunas divisiones introducidas en el texto, y el que no siempre co- 
rrespondan al epígrafe las materias de los capítulos respectivos. 

Hablando en los Preliminares (t. I, págs. lxxv-lxxvh) de las edi- 
ciones que reproducen en fotografía los escritos de la Santa, hicimos 
mérito del Camino de Perfección que se guarda en El Escorial, pu- 
blicado en 1883 por el canónigo de Valladolid, D. Francisco Herrero 
Bayona. R cada página fotolitografiada, acompañan, en columnas pa- 
ralelas, el trasunto de El Escorial en letra cursiva, y el del valisoletano 
en redondilla. Con esto se facilita el cotejo de ambos autógrafos y el 
conocimiento de las muchas variantes que contienen. Avaloran la impre- 
sión, las notas con que el editor le ilustra, acertadas, de ordinario. Al- 
gunas equivocaciones contiene esta magnífica edición (las más importan- 
tes quedan consignadas en la nuestra), que en nada empañan la gloria 
de este modesto y laborioso admirador de Santa Teresa. Más atento, 
según creo, el ilustrado canónigo a la reproducción fiel del original 
que a otros pormenores de impresión, descuida en grado increíble la 



1 Léase lo que dijimos en les Preliminares (tomo I, p. LXXXVII) acerca de esta edición 
de Fr. Luis de León. 



INTRODUCCIÓN XXXVII 

puntuación, que es defectuosísima. Por lo mismo que estas obras de 
fotolitografía son muy caras, y se tira de ellas un número muy li- 
mitado de ejemplares, el trabajo del Sr. Herrero Bayona es muy poco 
conocido. 



Lfl PRESENTE EDICIÓN. 

En la presente edición se publica en primer lugar el Camino de 
Perfección de Valladolid, completamente ajustado al autógrafo, valién- 
donos de la copia fotográfica que hemos sacado ex profeso para 
este trabajo. Las pocas veces que por completar el sentido de al- 
gunas frases hemos recurrido al original escurialense, o a la edición 
príncipe, indicadas quedan en nota. Para comodidad de los lectores se 
han puesto también en nota algunos párrafos de la primera redacción de 
este libro que la Santa suprimió en la segunda, aunque pueden leer- 
los en los Apéndices. Ninguno se ha incluido len el texto, si exceptuamos 
los que se supone hacían el capítulo XVII en el autógrafo de Valla- 
dolid, suprimido por la Santa; pero como fué publicado por Fr. Luis 
de León, y es conocidísimo, en todas las lenguas, de los aficionados 
a estos libros, por la graciosa comparación del ajedrez con los pro- 
cedimientos de la oración mental, ,nos ha parecido oportuno incorporar- 
lo, como el Maestro León, al capítulo XVI, entrecomándolo, para dis- 
tinguirlo de lo restante del texto. 

Ocioso nos parece razonar la preferencia que damos a este autó- 
grafo sobre el escurialense. Ya adujimos algunas razones hablando de 
ellos. Tan notoria es la superioridad del valisoletano, que no queremos 
perder tiempo en su demostración. El lector puede por sí mismo apre- 
ciarla en la edición presente. Sin embargo, hay pasajes en el de 
Valladolid que se aclaran por el primeroi, y no faltan tampoco en éste 
rasgos admirables de ingenio, suprimidos o desfigurados algún tanto en 
aquél por la misma autora. Dijimos también que el original de San 
Lorenzo es de redacción más familiar que el de Valladolid, y con- 
tiene expresiones más tiernas. Lo más obvio, para que nadie se nos 
enfade, es imprimir los dos, que buena necesidad tienen de correr 
por esos mundos en ediciones depuradas. 

En los Apéndices de este tomo, publicamos el autógrafo de 
El Escorial con la peculiar ortografía de la Santa, ya que en los 
demás libros suyos no hemos podido hacerlo por razones que declaradas 
quedan en los Preliminares. Si para la generalidad de los lectores pu- 
diera tener esto importancia secundaria, no así para los filólogos y aficiO' 
nados al estudio del desenvolvimiento progresivo de nuestra lengua. Con 



XXXVni INTRODUCCIÓN 

mucho sentimiento hemos visto algunas veces en trabajos muy laudables 
de gramática histórica, citar palabras de la Santa, tomadas de ediciones 
que se creían definitivas, que no estaban conformes con los originales, y 
estropear así las disquisiciones fonéticas, morfológicas, temáticas, y 
otras análogas, por fundarse precisamente en vocablos y frases defec- 
tuosamente impresos. En la presente publicación podrán evitarse estos 
inconvenientes. No siempre, pero sí con alguna frecuencia, indicamos 
en nota la disparidad entre ambos originales de frases, palabras y 
párrafos enteros. 

Bien merecen asimismo los honores de la publicación las copias 
que del Camino de Perfección, corregidas por la Santa, han llegado 
hasta nuestros días; pero por no aumentar desproporcionadamente este 
volumen, nos contentamos por ahora con la de Toledo, dejando las 
otras dos, que guardamos en cartera fotografiadas y preparadas, para 
cuando tengamos más espacio y vagar. El códice toledano es acreedor 
a la primacía de las prensas, por haberse dirigido por él la edición 
de Evora, y contener más enmiendas de la Santa que los demás tras- 
lados. Para conocer éstas con facilidad, se imprimen en letra cursiva, 
que únicamente para ellas se empleará. Entre otras ventajas, trae 
este método la de saber el sentir íntimo de la Santa en las mo- 
dificaciones que introduce (1). Creemos hacer con ello grato servi- 
cio a los estudiosos, harto mayor que atiborrando el texto con no- 
tas acerca de las discrepancias que se advierten en ediciones que nin- 
guna o escasa importancia tienen, trabajo fácil y muy del gusto de 
ciertos eruditos superficiales, que todo el mérito de una edición lo 
hacen consistir en esta pedantesca enumeración de variantes. Lo que 
necesitan los sinceros y cultos admiradores de Santa Teresa, es ma- 
nejar su propio texto, depuradamente impreso, no el frivolo y vani- 
doso recuento de errores de impresión de cuantas ediciones se han 
hecho hasta el presente. Frecuentemente hemos lamentado, leyendo al- 
gunos escritos, el prurito infantil de algunos autores en señalar las 
deficiencias de Foquel, Foppens, Buendía, o de cualquier otro impresor 
de estas obras, mientras que ellos mismos nos dan un texto tan men- 
tiroso como el que candida y jactanciosamente fustigan. ¡Cuándo apren- 



1 Deseamos que se ponga atención a esta advertencia, pues siendo tantas las anotaciones 
de la Santa, resultaba fastidioso notarlo en todos los casos. Se advierte siempre que no es 
adición, sino enmienda, para tener al tanto al lector de la palabra o palabras que la Santa borra 
o modifica. Todas las palabras y frases que, estando conformes con el autógrafo de Valladolid, 
se hallan borradas en la copia sin que se pongan otras en su lugar, tengo por averiguado que 
lo fueron por S. Teresa; porque es seguro que la M. Jerónima no se atrevería a semejante cosa, 
ü el copista, que tantas libertades se tomó al hacer el traslado, modificando en muchos lugares 
el original, al copiar las frases que después se borraron, es señal que las dio por buenas ¡j 
dignas de continuar como en el autógrafo se hallaban. 



INTRODUCCIÓN ' XXXIX 

deremos a trabajar modesta y honradamente, sin vanas arrogancias, ni 
estólidas fanfarronerías! 

ñccediendo a los deseos de algunas personas piadosas, lectoras asi- 
duas de estos escritos, ponemos a este tomo algunas notas más de las 
acostumbradas, para facilitar la inteligencia de ciertas palabras que 
hace mucho tiempo dejaron de ser usuales en la conversación y es- 
critura. 

Con la publicación de los dos originales de este libro, y la copia, 
con autoridad de autógrafo, que hasta el presente no se conocía, es- 
peramos haber hecho no corto servicio a los admiradores de la in- 
mortal Doctora castellana, que así podrán apreciar la valía de esta 
obra, la más castigada y corregida por su autora de cuantas salieron 
de su fecundísima pluma. 

Fr. Silverio de Shntü Teresa, C. D. 



LIBRO LLAMADO 

CñMINO DE PERFECCIÓN 



COMPUESTO POR 



STñ. TERESñ DE JESÚS 



LIBRO LLAMADO 

CAMINO DE PERFECION 



COMPUESTO POR 



TERESA DE JESÚ 

MONJA DE LA ORDEN DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN. VA DIRIGIDO 

A LAS MONJAS DESCALZAS DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN DE LA 

PRIMERA REGLA (1). 



ARGUMENTO GENERAL DE ESTE LIBRO 

Jhs. 

Este Libro (rata de avisos y consejos que da Teresa de Jesús 
a las hermanas relisiosas, y hijas suyas, de los monesterios 
que con el javor de Nuestro Señor y de la gloriosa Virgen 
Madre de Dios, Señora nuestra, ha jundado de la Regla 
primera de Nuestra Señora del Carnten. En especial le di- 
rige a las hermanas del monesterio de San Josej de Avila, 
que fué el primero de donde ella era priora cuando le es- 
cribió (2). 



1 Este título fué escrito por la Santa en la primera hoja del autógrafo de Valladolid, 
que, como dejamos dicho en la Introducción, es el que reproducimos aquí. Un corrector, a lo 
que presumo, contemporáneo de la Santa, borró las palabras Libro llamado camino... compues- 
to por Teresa de Jesú, monja de la Orden de Nuestra Señora del Carmen, jj luego puso 
por su cuenta sobre la primera línea: Libro llamado camino, que con las palabras de perfeción, 
que no tachó, dejó el título de la obra, suprimiendo el nombre de la autora. 

2 Estas líneas, de letra de Santa Teresa, vienen en la primera hoja del autógrafo. Aquí 
mismo puso el P. Domingo Báñez de su puño jj letra: io e visto este libro, y lo (jue del 
me pareze, está escrito al cabo del y ñrmado de mi nombre. Así está, en efecto, como ve" 
remos en su lugar. 



PROTESTACIÓN (1) 

En todo lo que en él dijere (2), me sujeto a lo que tiene la 
madre santa Iglesia (3) romana, y si alguna cosa fuere contraria 
a \esto, es por no lo entender. Y Wlsí, a los letrados que lo han 
de ver, pido, por amor de Nuestro Señor, que muy particular- 
mente lo miren y enmienden si alguna falta en esto hubiere, y 
otras muchas que terna en otras cosas. Si algo hubiere bueno, 
sea para gloria y honra de Dios y servicio de su sacratísima 
Madre, Patraña y Señora nuestra, cuyo hábito yo tengo, aunque 
harto indina del. 



1 Dictó la Santa esta protestación para el Camino de Perfección publicado en 1583 en 
Evora, por D. Teutonio de Braganza. Tráela el códice de las Carmelitas Descalzas de Tole^ 
do, de letra de Ana de San Pedro, que por tenerla muij legible y bonita, copió muchos es- 
critos de Santa Teresa. (Véase lo que dejamos escrito de esta religiosa en el tomo II, InttO" 
ducción, p. XVIII). 

2 Dixere, puso la amanuense, en vez de dijere, que escribe la Santa. 

3 Eglesia, escribe la M. Ana de S. Pedro, pero la Santa solía decir iglesia, a más fre- 
cuentemente ilesia, casi nunca eglesia. 



PROLOGO 



Jhs. 



Sabiendo las hermanas de este monesterio de San Josef 
cómo tenía licencia del Padre Presentado Fray Domingo Ba- 
ñes (1), de la Orden del glorioso Santo Domingo, que al pre- 
sente es mi confesor, para escribir algunas cosas de oración, en 
que parece podré atinar por haber tratado con muchas personas 
espirituales y santas, me han tanto importunado les diga algo 
de ella, que toe he determinado! a las obedecer (2), viendo que el 
amor grande que me tienen puede hacer más aceto (3) lo imperfe- 
to, y por mal estilo que yo les dijere, que algunos libros que es- 
tán muy bien escritos de (4) quien sabía lo que iescribe (5) ; y confío 
en sus oraciones que podrá ser por ellas el Señor se sirva acier- 
te a decir algo de lo que (al modo y manera de vivir que se 
lleva en esta casa conviene. Y si fuere mal [acer]tado (6), el Padre 
Presentado, que lo ha de ver primero, lo remediará, u lo que- 
mará, y yo no habré perdido nada en obedecer a estas siervas 



1 Las palabras Fray Domingo Bañes, están tachadas, probablemente, por el mismo Padre 
Bánez, como lo hizo también al fin del autógrafo. 

2 ñ obedecerlas, diríamos hoy. 

3 Por acepto. 

4 Mas usual es emplear en este caso la preposición por: por guien sabía lo que escribe. 

5 Algún corrector cambió la e en o, haciendo decir a la Santa escribo. Fr. Luis de León 
puso en su edición escribió. Al margen del autógrafo hay una nota de letra antigua, pero no 
del P. Báñez, como insinúan lag Carmelitas de París (Oeuvres, t. V. p. 30), que dice: Y algo 
escrivió sobre Job i los morales, importunado de siervos de Dios, confiado en sus oraciones, 
como él mismo dice. Consta por una carta de San Gregorio a San Leandro de Sevilla, que 
después del viaje que el primero hizo a Constantinopla, fué forzado por sus religiosos jj por 
el mismo prelado hispalense a escribir esta grande obra. 

6 Por una pequeña ruptura de la hoja autógrafa, desaparecieron las dos primeras silabas 
de esta palabra. 



8 PROLOGO 

de Dios, y verán lo que tengo de mí cuando Su Majestad no 
me ayuda. 

Pienso poner algunos remedios para algunas tentaciones me-^ 
nudas que pone el demonio, que, por serlo tanto, por ventura no 
hacen caso de ellas, y otras cosas, como el Señor rae diere a 
entender y se me fueren acordando, que como no sé lo que he 
de decir, no puedo decirlo con concierto; y creo es lo mijor (1) 
no le llevar, pues es cosa tan desconcertada hacer yo esto. El 
Señor ponga en todo lo que hiciere sus manos para que vaya 
conforme a su santa voluntad, pues son estos mis deseos siem- 
pre, aunque las obras tan faltas como yo soy. 

Sé que no falta el amor y deseo en mí para ayudar en lo 
que yo pudiere para que las almas de mis hermanas vayan 
muy adelante en el servicio del Señor, y este amor, junto con 
los años y expirienda que tengo de algunos monesterios, po- 
drá ser aproveche para atinar en cosas menudas más que los 
letrados, que por tener otras ocupaciones más importantes y ser 
varones fuertes, no hacen tanto caso de cosas que en sí no pa- 
recen nada, y a cosa tan flaca como somos las mujeres, todo nos 
pueda dañar; porque las sotilezas (2) del demonio son muchas para 
las muy encerradas, que ven son menester armas nuevas para 
dañar (3). Yo, como ruin, heme sabido mal defender, y ansí 
querría escarmentasen mis hermanas en mí. No diré cosa que 
en mí, u por verla en otras, no las tenga por expiriencia. 

Pocos días ha m.e mandaron escribiese cierta relación de 
mi vida, adonde también traté algunas cosas de oración; po- 
drá ser no quiera mi confesor le veáis, y por esto porné aquí 
alguna cosa de lo que allí va dicho y otras que también me pa- 
recerán necesarias. El Señor lo ponga por su mano, como le he 
suplicado, y lo ordene para su mayor gloria. Amén. 



1 Por mejor. 

2 Por sutilezas. 

3 El P. Báñez, bonando el verbo dañar, puso en su lugar defender, aunque luego lo 
tachó. No necesita enmienda el texto, entendiéndolo de las nuevas astucias del diablo contra 
las almas hambrientas de perfección. 



CAPITULO PRIMERO (1) 



DE LA CAUSA QUE ME MOVIÓ A HACER CON TANTA ESTRECHURA ESTE 
MONESTERIO. 

Al principio que se comenzó este monesterio a fundar, por 
las causas que len el libro que digo tengo escrito (2) «stán di- 
chas, con algunas grandezas del Señor en qu€ dio a entender 
se había mucho de servir en esta casa, no era mi intención hu- 
biese tanta aspereza en lo exterior, ni que fuese sin renta, an- 
tes quisiera hubiera posibilidad para que no faltara nada; en fin, 
como flaca y ruin, aunque algunos buenos intentos llevaba más 
que mi regalo. 

En este tiempo vinieron a mi noticia los daños de Francia 
y el estrago que habían hecho estos luteranos, g cuánto iba en 
crecimiento esta desventurada seta (3). Dióme gran fatiga, g 
como si yo pudiera algo, u fuera algo, lloraba con el Señor 
ü le suplicaba remediase tanto mal. Parecíame que mil vidas 
pusiera yo para remedio de un alma de las muchas que allí 
se perdían. Y como me vi mujer y ruin, y imposibilitada de apro- 
vechar en lo que yo quisiera en el servicio del Señor, y toda mi 
ansia era, y aun es, que pues tiene tantos enemigos y tan pocos 



1 Expresa la Santa el orden de capítulos, ija con todas las letras, ga por números romanos. 

2 Habla del convento de San José de Avila. Véase el Libro de la Vida, cap. XXXII- 
XXXIV. 

3 Por secta. Los conatos de reforma protestante en Francia, reprimidos durante los reina- 
dos de Francisco I y Enrique II, tomaron peligroso incremento cuando la Santa fundó el conven- 
to de San José (1562). Al margen del autógrafo valisoletano, de letra antigua, se lee: El int&iío 
que le movió a escrevir vida tan estrecha. 



10 CftMINO DE PERFECCIÓN 

amigos, que esos fuesen buenos, determiné a hacer eso poquito 
que era en mí, que es siguir (1) los consejos evangélicos con 
toda la perfeción que yo pudiese, y procurar que estas po- 
quitas que están aquí hiciesen loi mesmo, confiada en la gran 
bondad de Dios, que nunca falta de ayudar a quien por él se 
determina a dejarlo todo. Y que siendo tales cuales yo las pin- 
taba en mis deseos, entre sus virtudes no temían fuerza mis 
faltas, y podría yo contentar en algo al Señor, y que todas ocu- 
padas en oración ¡por los que son defendedores de la Iglesia, y 
predicadores y letrados que la defienden, ayudásemos en lo que 
pudiésemos a leste Señor mío, que tan apretado le train (2), a los 
que ha hecho tanto bien, que parece le querrían tornar ahora a 
la cruz estos traidores, y que no tuviese adonde reclinar la 
cabeza. 

¡Oh Redentor mío, que no puede mi corazón llegar aquí 
sin fatigarse mucho! ¿Qué es esto ahora de los cristianos? 
¿siempre han de ser los que más os deben los que os fatiguen? 
¿a los que mijores (3) obras hacéis, a los que escogéis para vues- 
tros amigos, entre los que andáis y os comunicáis por los sa- 
cramentos? ¿no están hartos de los tormentos que por ellos 
habéis pasado? 

Por cierto, Señor mío, no hace nada quien ahora se apar- 
ta del mundo; pues a Vos os tienen tan poca ley, ¿qué esperamos 
nosotros? ¿Por ventura merecemos nosotros mijor nos la ten- 
gan? ¿por ventura hémosles hecho mijores obras para que nos 
guarden amistad? ¿qué es esto? ¿qué esperamos ya los que 
por la bondad del Señor estamos sin aquella roña pestilencial, 
que ya aquéllos son del demonio? Buen castigo han ganado por 
sus manos, y bien han granjeado con sus deleites fuego eterno. 
Allá se lo hayan, aunque no me deja de quebrar el corazón ver 
tantas almas como se pierden ; mas, del mal no tanto, querría 
no ver perder más cada día. 



1 Un corrector puso al margen seguir. 

2 Desinencia anticuada del verbo traer, que emplea mucho Santa Teresa. 

3 Por mejores, vulgarismo bastante usado en tiempo de Santa Teresa, u aun se dice en 
algunas regiones de España. 



CAPITULO PRIMERO ] ] 

¡Oh hermanas mías len Cristo! ayudadme a suplicar esto a 
el Señor, que para eso os juntó aquí; éste es vuestro llama- 
miento; estos han de ser vuestros negocios; éstos han de ser 
vuestros deseos; aquí vuestras lágrimas; éstas vuestras peticio- 
nes; no, hermanas mías, por negocios del mundo, que yo me 
río y aun me congojo de las cosas que aquí nos vienen a en- 
cargar supliquemos a Dios de pedir a Su Majestad rentas y di- 
neros, y algunas personas que querría yo suplicasen a Dios los 
repisasen todos. Ellos buena intención tienen, y, en fin, se hace 
por ver su devoción, aunque tengo para mí que en estas cosas 
nunca me oye. Estése ardiendo el mundo, quieren tornar a sen- 
tenciar a Cristo, como dicen, pues le levantan mil testimonios; 
quieren poner su Ilesia por el suelo, ¿y hemos de gastar tiem- 
po en cosas que por ventura, si Dios se las diese, temíamos un 
alma menos en el cielo? No es, hermanas mías, no es tiempo 
de tratar con Dios negocios de poca importancia. 

Por cierto, que ¡si no mirase a la flaqueza humana, que se 
consuela que las layuden en todo (y es bien si fuésemos algo), que 
holgaría se entendiese no son éstas las cosas que se han de su- 
plicar a Dios con tanto cuidado. 



CAPITULO II 

QUE TRñTñ COMO SE HAN DE DESCUIDAR DE LAS NECESIDADES COR- 
PORALES, Y DEL BIEN QUE HAY EN LA POBREZA. 

No penséis, hermanas mías, que por no andar a contentar a 
los del mundo os ha de faltar de comer, yo os asiguro (1); jamás 
por artificios humanos pretendáis sustentaros, que moriréis de 
hambre, g con razón; los ojos en vuestro esposo; él os ha de 
sustentar; contento él, aunque no quieran, os darán de comer 
los menos vuestros devotos, como lo habéis visto por expiricn- 
cia. Si haciendo vosotras esto murierd^s (2) de hambre, bien- 
aventuradas las monjas de San Josef. Esto no se os olvide, 
por amor del Señor, pues dejáis la renta, deja (3) el í^iidado 
de la comida; si no, todo va perdido. Los que quiere el Señor 
que la tengan, tengan enhorabuena esos cuidados, que es mu- 
cha razón, pues es su llamamiento (4) ; mas nosotras, herma- 
nas, es disbarate (5). 

Cuidado de rentas ajenas me parece a mí sería estar pen- 
sando en lo que los otros gozan; sí, que por vuestro cuidado 
no muda el otro su pensamiento, ni se le pone deseo de dar 



1 Un corrector antiguo, trocando la i en e, hizo decir a la Santa aseguro, como escribi" 
riamos hoy. 

2 Por muñereis. 

3 Por dejad, modo de escribir que repite a menudo la Santa, cuando emplea la forma 
imperativa, como lo hicieron muchos otros escritores de la época clásica de nuestra literatura, 
ü se usa todavía en América. Téngase en cuenta para casos análogos. 

4 Al margen dice el mismo que puso la última nota de la página 9: Diversos estados y 
llamamientos de Dios,. 

5 Por disparate. 



14 CñMINO DE PERFECCIÓN 

limosna. Deja csg cuidadol a quien los puede mover a todos, que 
es el Señor de las rentas y de los renteros; por su mandamiento 
venimos aquí; verdaderas son sus palabras; no pueden faltar, 
antes faltarán los cielois y la tierra. No le faltemos nosotras, que 
no hayáis miedo que falte; y si alguna vez os faltare, será para 
mayor bien, como faltaban las vidas a los santos cuando los 
mataban por el Señor, y era para aumentarles la gloria por el 
martirio. Buen trueco sería acabar presto con todo y gozar de 
la hartura perdurable. 

Mira, hermanas, que va mucho en esto muerta yo, que para 
esto os lo dejo escrito; que níientra yo viviere, os lo acordare, 
que por expiriencia veo la gran ganancia; cuando menos hay, 
más descuidada estoy; y sabe el Señor que, a mi parecer, me 
da más pena cuando mucho sobra, que cuando nos falta: no sé 
si lo hace, como ya tengo visto nos lo da luego el Señor. Sería 
engañar el mundo otra cosa, hacernos pobres no lo siendo de 
espíritu, sino en lo exterior. Conciencia se me haría, a manera 
de decir, y parecerme hía (1) era pedir limosna las ricas, y 
plega a Dios no sea ansí, que adonde hay estos cuidados dema- 
siados de que den, una vez u otra se irán por la costumbre, u 
podríar. ir y pedir lo que no han menester, por ventura a quien 
tiene más necesidad; y aunque ellos no pueden perder nada 
sino ganar, nosotras perderíamos. No plega a Dios, mis hijas: 
cuando esto hubiera de ser, más quisiera tuviérades renta. 

En ninguna manera se ocupe en esto el pensamiento, os 
pido, por amor de Dios, en limosna; y la más chiquita, cuando 
esto entendiese alguna vez en esta casa, clame a Su Majestad 
y acuérdelo a la mayor; con humildad le diga que va errada; 
y valo tanto, que poco a poco se va perdiendo la verdadera po- 
breza. Yo espero len el Señor no será ansí, ni dejará a sus sier- 
vas; y para esto, aunque no sea para más, aproveche esto que 
me habéis mandado escribir por despertador. 



1 Por me parecería, de uso frecuente en la Santa. Sabido es que en lo antiguo, el pie-- 
térito de subjuntivo, en su segunda terminación, se usaba como compuesto, v. gr.: respon- 
derles ía, o responderles hia (había). En tiempo de S. Teie.sa, tal empleo, se había limitado 
mucho. 



CAPITULO II 15 

Y crean mis hijas, que para vuestro bien me ha dado el 
Señor un poquito a entender los bienes que hay en la santa po- 
breza, y las que lo probaren, lo entenderán, quizá no tanto 
como yo; porque no sólo no había sido pobre de espíritu (1), 
aunque lo tenía profesado, sino loca de espíritu. Ello es un bien 
que todos los bienes del mundo encierra en sí; es un señorío 
grande; digo que es señorear todos los bienes del otra vez a 
quien no se le da nada de lellos. ¿Qué se me da a mí de 
los reys (2) y señores, si no quiero sus rentas, ni de tenerlos 
contentos, si un tantito se atraviesa haber de descontentar en 
algo por dios a Dios? ¿Ni qué se me da de sus honras si 
tengo entendido en lo que está ser muy honrado un pobre, que 
es en ser verdaderamente pobre? 

Tengo para mí, que honras y dineros casi siempre andan 
juntos, y que quien quiere honra, no aborrece dineros; y que quien 
los aborrece, que se le da poco de honra. Entiéndase bien esto, 
que me parece que esto de honra siempre tray (3) consigo algún 
interese de rentas u ídineros ; porque por maravilla hay honrado (4) 
en el mundo si es pobre, antes, aunque lo sea en sí, le tienen 
en poco. La verdadera pobreza tray una honraza consigo que 
no hay quien la sufra; la pobreza que es tomada por sólo Dios, 
digo, no ha menester contentar a nadie sinol a El, y es cosa muy 
cierta, en no habiendo menester a nadie, tener muchos ami- 
gos; yo lo tengo bien visto por expiriencia. 

Porque hay tanto escrito de esta virtud, que no lo sabré 
yo entender, cuánto más decir, y por no la agraviar en loarla 
yo, no digo más en ella; sólo he dicho lo que he visto por 
expiriencia, y yo confieso que he ido tan lembebida, que no me 
he entendido hasta hora. Mas pues está dicho, por amor del 
Señor, pues son nuestras armas la santa pobreza y lo que al prin- 
cipio de la fundación de nuestra Orden tanto se estimaba y guar- 
daba en nuestros santos Padres (que me ha dicho quien lo sabe, 



1 Rl margen: Dobreza de spu. 

2 Por reyes. 

3 Por trae. 

4 No quiere decir la Santa que los pobres no sean buenos u dignos de honra, sino que 
laia vez la granjean de los demás, ya que la pobreza es oidinaiiamente desestimada. 



16 CAMINO DE PERFECaON 

qu€ de un día para otro no guardaban nada), ga que en tanta 
pcrfeción en lo exterior no se guarde, en lo interior procure- 
mos tenerla; dos horas son de vida, grandísimo el premio; g 
cuando no hubiera ninguno sino cumplir lo que nos aconsejó 
el Señor, era grande la paga imitar en algo a Su Majestad. 

Estas armas han de tener nuestras banderas, que de todas 
maneras lo queramos guardar: en casa, en vestidos, en palabras, 
g mucho más en el pensamiento. Y mientra esto hicieren, no 
hagan miedo caga la relisión de esta casa, con el favor de Dios, 
que, como decía Santa Clara, grandes muros son los de la po- 
breza. Destos, decía ella, g de humildad quería cercar sus mo- 
nesterios, g a buen siguro, si se guarda de verdad, que esté 
la honestidad g todo lo demás fortalecido mucho mijor que con 
mug suntuosos edificios. De esto se guarden, por amor de Dios, 
g por su sangre se lo pido go; g si con conciencia puedo decir, 
que el día que tal hicieren se torne a caer (1). 

Mug mal parece, hijas mías, de la hacienda de los pobreci- 
tos se hagan grandes casas: no lo primita (2) Dios, sino pobre en 
todo g chica. Parezcámonos en algo a nuestro Reg, que no tuvo 
casa, sino en el portal de Belén adonde nació, g la cruz adon- 
de murió; casas eran estas adonde se podía tener poca recrea- 
ción. Lx)s que las hacen grandes, ellos se entenderán; llevan 
otros intentos santos; mas trece pobrecitas, cualquier rincón le 
basta. Si porque es menester por el mucho encerramiento tu- 
vieren campo, g aun aguda a la oración g devoción, con algunas 
ermitas para apartarse a orar, enhorabuena (3); mas edificios 
g casa grande ni curioso, nada; Dios nos libre. Siempre os 
acordá (4) se ha da caer todo el día del juicio; ¿qué sabemos 
si será presto? 

Pues hacer mucho ruido a el caerse casa de trece pobreci- 



1 La casa, añadió el P. Báfiez, si bien luego lo tachó. En el códice de Toledo, corrige 
la Santa esta frase asi: y si con conciencia puedo decir, digo que el día que los hicieren, se 
tomen luego a caer. 

2 Por permita. 

5 Gustaba mucho Santa Teresa de tener ermitas dentro del jardin o huerto de sus con- 
ventos, ü retirarse a ellas con frecuencia para vacar a Dios en completo soledad. (Cfr. t. I, cap. 
XXXVllI, p. 332; ü t. II, págs. 86 y 336). 

4 ñcotdaos, decimos al presente. 



CAPITULO II 17 

lias, no es bien; que los pobres verdaderos no han de hacer rui- 
do; gente sin ruido ha de ser para que los hayan lástima. Y 
cómo se holgarán, si ven alguno por la limosna que les ha 
hecho librarse del infierno; que todo es posible, porque están 
muy obligadas [a rogar por ellos] (1) muy continamente, pues 
os dan de comer; que también quiere el Señor, que, aunque viene 
de su parte, lo agradezcamos a las personas por cuyo medio 
nos lo da, y desto no haya descuido. No sé lo que había comen- 
zado a decir, que me he divertido; creo lo ha querido el Señor, 
porque nunca pensé escribir lo que aquí he dicho. Su Majestad 
nos tenga siempre de su mano para que no se caya de ello. Amén. 



1 Las palabras entre los paréntesis rectangulares, están sobrepuestas por el P. García de 
Toledo, confes\)r de la Santa. 



IH ? * 



CAPITULO III 



PROSIGUE LO gUE EN EL PRIMERO COMENZÓ A TRaTAR, Y PERSUA- 
DE A LAS HERMANAS A QUE SE OCUPEN SIEMPRE EN SUPLICAR 
ñ DIOS FAVOREZCA A LOS QUE TRABAJAN POR LA IGLESIA. 
ACABA CON UNA EXCLAMACIÓN. 

Tornando a lo principal para lo que el Señor nos juntó 
en €sta casa, y por lo que yo Iriucho deseo seamos algo pa- 
ra que c5ontentemos a Su Majestad, digo que, viendo tan gran- 
des males, que fuerzas humanas no bastan a atajar este fuego 
de estos herejes (1), con que se ha pretendido hacer gente, 
para si pudieran a fuerza de armas remediar tan gran mal (2), 
que va tan adelante, hame parecido es menester comO' cuan- 
do los enemigos en tiempo de guerra han corrido toda la tie- 
rra, y viéndose el Señor de «lia apretado se recoge a una du- 
dad, que hace muy bien fortalecer, y desde allí acaece algu- 
nas veces dar en los contrarios, y ser tales los que están en la 
ciudad, como es gente escogida, que pueden más ellos a solas 
que con muchos soldados, si eran cobardes, pudieron; y muchas 
veces se gana de esta manera Vitoria; al menos, aunque no se 
gane, no los vencen; porque, como no haga traidor, si no es 
por hambre, no los pueden ganar. Acá esta hambre no la pue- 



1 Los protestantes. 

2 La Santa borró las palabras Con que. se a pretendido hacer gente para si pudieran a 
fuerza de armas remediar tan gran mal, que hacen en el autógrafo dos líneas completas u 
parte de otras dos. 



20 CAMINO DE PERFECCIÓN 

de haber que baste a que se rindan; a morir sí, mas no a que- 
dar vencidos. 

Mas ¿para qué he dicho esto? Para que entendáis, herma- 
nas mías, que lo que hemos de pedir a Dios, es que en este 
castillito que hay ya de buenos cristianos, noi se nos vaya ya 
ninguno con los contrarios; y a los capitanes de este castillo u 
ciudad los haga muy aventajados en el camino del Señor, que 
son los predicadores y teólogos. Y pues los más están en las 
Relisiones, que vayan muy adelante en su perfeción y llamamien- 
to, que es muy necesario; que ya, ya, como tengo dicho, nos 
ha de valer éi brazo eclesiástico, y no el seglar; y pues para 
lo uno ni lo otro no valemos nada para ayudar a nuestro Rey, 
procuremos ser tales que valgan nuestras oraciones para ayudar 
a estos siervos de Dios, que con tanto traba jq se han fortalecido 
con letras y buena vida, y trabajado para ayudar ahora a el 
Señor. 

Podrá ser digáis que para qué encarezco tanto esto, y digo 
hemos de ayudar a los que son mijores que nosotras. Yo os 
lo diré, porque aun no creo entendéis bien lo mucho que debéis 
a lel Señor en traeros adonde tan quitadas estáis de negocios, y 
ocasiones y tratos; es grandísima merced ésta; lo que no están 
los que digo (1), ni es bien que estén, en estos tiempos menos que 
en otros; porque han de ser los que lesfuercen la gente flaca, 
y pongan ánimo a los pequeños. ¡Buenos quedarían los solda- 
dos sin capitanes! Han de vivir entre los hombres, y tratar con 
los hombres, y lestar en los palacios, y aun hacerse algunas veces 
con ellos len lo exterior: ¿pensáis, hijas mías, que es menester 
poco para tratar con el mundo, y vivir en el mundo, y tratar 
negocios del mundo, y hacerse, como he dicho, a la conversa- 
ción del mundo, y ser en lo interior "extraños del mundo, y ene- 
migos del mundo, y estar como quien está «n destierro, y, en 
fin, no ser hombres sino ángeles? Porque, a no ser esto ansí, 
ni merecen nombre de capitanes, ni primita el Señor salgan 



1 Conviene a saber: los teólogos y predicadores, de quienes acaba de hablar la Santa, 
que forzosamente han de tratar con el mundo, del cual sus hijas están libres. 



CAPITULO IIÍ 21 

de sus celdas, que más daño harán que provecho; porque no es 
ahora tiempo de ver imperfeciones en los que han de enseñar. 

Y si en lo interior no están fortalecidos en entender lo mu- 
cho que va en tenerlo todo debajo de los pies, y estar desasidos 
de las cosas que se acaban, y asidos a las eternas, por mucho 
que lo quieran encubrir, han de dar señal. Pues ¿con quién lo 
han sino con el mundo? No hayan ¡miedo se lo perdone, ni 
que ninguna imperfeción dejen de entender. Cosas buenas, mu- 
chas se les pasarán por alto, y aun por ventura no las ternán 
por tales; mas mala u imperfeta, no hayan miedo. Ahora yo 
me espanto quién los muestra la perfeción, no para guardarla, 
que de esto ninguna obligación les parece tienen, harto les pa- 
rece hacen si guardan razonablemente los mandamientos, sino 
para condenar, y a las veces, lo que es virtud les parece regalo. 
Ansí que no penséis es menester poco favor de Dios para esta 
gran batalla adonde se meten, sino grandísimo. 

Para estas dos cosas os pido yo procuréis ser tales que me- 
rezcamos alcanzarlas de Dios. La una, que haya muchos de los 
muy mucho (1) letrados y relisiosos que hay, que tengan las 
partes que son menester para esto, como he dicho; y a los 
que no están muy dispuestos, los disponga el Señor, que más 
hará uno perfeto que muchos que no lo estén. La otra, que des- 
pués de puestos en esta pelea, que, como digo, no es pequeña, 
los tenga el Señor de su mano para que puedan librarse de tan- 
tos peligros como hay en el mundo, y tapar los oídos en este 
peligroso mar del canto de las serenas (2). Y si en esto podemos 
algo con Dios, estando encerradas peleamos por El, y daré yo 
por muy bien empleados los trabajos que he pasado por hacer 
este rincón (3), adonde también pretendí se guardase esta Re- 
gla de Nuestra Señora y Emperadora con la perfeción que se 
comenzó. 

No os parezca inútil ser contina esta petición, porque hay 



1 Escribió muchos, u luego medio borró la ese. Pd margen, de letra desconocida: Quanto 
importan letrados perfectos. 

2 Por sirenas. 

3 Convento de San José de Avila. 



22 CñMINO DE PERFECCIÓN 

algunas personas que les parece recia cosa no rezar mucho por 
su alma; ¿y qué mijor oración que ésta? Si tenéis pena por- 
que no se os descontará la pena del purgatorio, también se os 
quitará por esta oración, y lo que más faltare, falte. ¿Qué va 
en que esté yo hasta el día del juicio en el purgatorio, si por 
mi oración se salvase sola un alma? ¡Cuánto más el provecho 
de muchas y la honra del Señor! De penas que se acaban, no 
hagáis caso de ellas cuando intreviniere (1) algún servicio ma- 
yor al que tantas pasó por nosotros; siempre os informa (2) 
lo que es más per feto. Ansí que os pido, por amor del Se- 
ñor, pidáis a Su Majestad nos oya en esto; yo, aunque mi- 
serable, lo pido a Su Majestad, pues es para gloria suya y 
bien de su Iglesia, que aquí van mis deseos. 

Parece atrevimiento pensar yo he de ser alguna parte para 
alcanzar esto; confío yo, Señor mío, en estas siervas vuestras 
que aquí están (3), y sé no quieren otra cosa ni la pretenden, 
sino contentaros. Por Vos han dejado lo poco que tenían, y 
quisieran tener más para serviros con ello. Pues no sois Vos, 
Criador mío, desagradecido para que piense yo dejaréis de ha- 
cer lo que os suplican, ni aborrecistes. Señor, cuando andábades 
en el mundo las mujeres, antes las favorecistes siempre con mu- 
cha piedad. Cuando os ¡pidiéremos honras, no nos oyáis, u rentas, u 
dineros u cosa que sepa a mundo; mas para honra de vuestro 
Hijo (4), ¿por qué no nos habéis de oir. Padre eterno, a quien 
perdería mil honras y mil vidas por Vos? No por nosotras, Se- 
ñor, que no lo merecemos, sino por la sangre de vuestro Hijo 
y sus merecimientos. 

i Oh Padre eterno! Mira que no son de olvidar tantos azo- 
tes, y injurias y tan gravísimos tormentos. Pues, Criador mío, 
¿cómo pueden sufrir unas entrañas tan amorosas como las vues- 
tras, que lo que se hizo con tan ¡ardiente amor de vuestro Hijo 
y por más contentaros a Vos, que mandastes nos amase, sea te- 



1 Por interviniere. 

2 Hoy diríamos: Informaos siempre. 

3 Tachado por la misma Santa: q veo. 

4 Primero puso Padre, y luego enmendó !a palabra conforme se ve en el texto. 



cñPrruLO III 23 

nido en tan poco como hoy día tienen lesos herejes el Santísi- 
mo Sacramento, que le quitan sus posadas deshaciendo las igle- 
sias? i Si le faltara algo por hacer para contentaros! Mas todo 
lo hizo cumplido. ¿No bastaba, Padre eterno, que no tuvo adon- 
de reclinar la cabeza mientra vivió, y siempre en tantos traba- 
jos, sino que ahora las que tiene (1) para convidar sus amigos, 
por vernos flacos y saber que es menester que los que han de 
trabajar se sustenten de tal manjar, se las quiten? ¿Ya no había 
pagado bastantísimamente por lel pecado de Adán? ¿Siempre que 
tornamos a pecar, lo ha de pagar este amantísimo Cordero? 
No lo primitáis. Emperador mío; aplaqúese ya Vuestra Majes- 
tad; no miréis a los pecados nuestros, sino a que nos redimió 
vuestro sacratísimo Hijo, y a los merecimientos suyos, y de 
su Madre gloriosa, y de tantos santos y mártires como han muer- 
to por Vos! 

jAy dolor. Señor, y quién se ha atrevido a hacer esta pe- 
tición en nombre de todas! ¡Qué mala tercera (2), hijas mías, 
para ser oídas, y que echase por vosotras la petición, si ha de 
indinar más a este soberano Juez verme tan atrevida, y con ra- 
zón y justicia! Mas mira. Señor, que ya sois Dios de misericor- 
dia; habelda (3) de esta pecadorcilla, gusanillo que ansí se os 
atreve. Mira, Dios mío, mis deseos y las lágrimas con que 
esto os suplico, y olvidad mis obras, por quien Vos sois, y 
habed lástima de tantas almas como se pierden, y favoreced 
vuestra Ilesia. No primitáis ya más daños en la Cristiandad, 
Señor; dad ya luz a estas tinieblas. 

Pídoos yo, hermanas mías, por amor del Señor, encomen- 
déis a Su Majestad esta pobrecilla y le supliquéis la dé humil- 
dad, como cosa a que tenéis obligación. No os encargo particu- 
larmente los reys (4) y perlados de la Iglesia, en especial nues- 
tro Obispo (5); veo a las de ahora (6) tan cuidadosas de ello. 



1 El P. Báñez puso al margen: moradas que He. 

2 Intercesoia, medianera. ^ 

3 Habelda, metátesis de habedla, harto común en tiempo de la Santa. 

4 Por reyes. 

5 Don Alvaro de Mendoza, obispo de Avila. (Cfr. t. I, c. XXXIII, p. 282). 
O Al margen se repite: ñ las de eorn. La letra no es de la Santa. 



24 CAMINO DE PERFECCIÓN 

que ansí me parece no es menester más. Vean las que vinie- 
ren, que tiniendo santo perlado, lo serán las súditas, y como 
oosa tan importante la pone (1) siempre delante del Señor; y 
cuando vuestras oraciones, y deseos, y diciplinas (2) y ayunos no 
se emplearen por esto que he dicho, pensá que no hacéis ni cum- 
plís el fin para que aquí os juntó el Señor. 



1 Donedla, escribiríamos ahora. 

2 Por disciplinas. 



CAPITULO IV 



EN QUE PERSUADE Lñ GUARDA DE LA REGLA, Y DE TRES COSAS 
IMPORTANTES PARA LA VIDA ESPIRITUAL. DECLARA LA PRIMERA 
DE ESTAS TRES COSAS QUE ES AMOR DEL PRÓJIMO Y LO QUE 
DAÑAN AMISTADES PARTICULARES (1). 

Ya, hijas, habéis visto la gran empresa que pretendemos 
ganar; ¿qué tales habremos de ser para que en los ojos de Dios 
y del mundo no nos tengan por muy atrevidas? Está claro que 
hemos menester trabajar mucho, y ayuda mucho tener altos pen- 
samientos para que nos esforcemos a que lo sean las obras; 
pues, con que (2) procuremos guardar cumplidamente nuestra Re- 
gla y Costituciones con gran cuidado, espero en el Señor admi- 
tirá nuestros ruegos. Que no os pido cosa nueva, hijas mías, 
sino que guardemos nuestra profesión, pues es nuestro llamamien- 
to y a lo que estamos obligadas, aunque de guardar a guar- 
dar va mucho. 

Dice en la primera Regla nuestra que oremos sin cesar. 
Con que (3) ise haga esto con todo el cuidado que pudiéremos, 
que €s lo más importante, no s€ dejarán de cumplir los ayunos, y 



1 Como veremos en la nota tercera de la página 26, por indicación de la misma Santa, se 
hace uno sólo de los caps. IV y V de su autógrafo. Los editores españoles desde D. Teutonio 
de Braganza hasta nuestros días, se han atenido a esta indicación; pero no cuidaron de unir al 
título del c. IV el que la Santa puso al V antes de aconsejar la unión de ambos, resultando así 
el título general insuficiente, pues nada dice de la exposición de la primera de las tres cosas 
que encarga a sus hijas para obtener la paz del alma, que trata del amor al prójimo y de los 
inconvenientes de las amistades particulares. 

2 Equivalente a con tal que. 

3 Véase la nota anterior. 



26 CAMINO DE PERFECCIÓN 

diciplinas y silencio que manda la Orden; porque ya sabéis 
que para ser la oración verdadera, se ha de ayudar con esto, 
que regalo y oración no se compadece. 

En esto de oración es lo que me habéis pedido diga algu- 
na cosa, y lo dicho hasta hora (1), para en pago de lo que dijere, 
os pido yo cumpláis y leáis muchas veces de buena gana. An- 
tes que diga de lo interior, que es la oración, diré algunas cosas 
que son necesarias tener las que pretenden llevar camino de 
oración, y tan necesarias, que sin ser muy contemplativas po- 
drán estar muy adelante en el servicio del Señor; y es impo- 
sible, si no las tienen, ser muy contemplativas, y cuando pen- 
saren lo son, estár^ muy engañadas. El Señor me dé el favor 
para ello y me enseñe lo que tengo de decir, porque sea para 
su gloria. Amén. , 

No penséis, amigas y hermanas mías, que serán muchas las 
cosas que os encargaré, porque plega el Señor hagamos las que 
nuestros santos Padres ordenaron y guardaron, que por este 
camino merecieron este nombre. Yerro sería buscar otro, ni de- 
prenderle de nadie. Solas tres me extenderé en declarar, que son 
de la mesma Costitución; porque importa mucho entendamos 
lo muy mucho que nos va en guardarlas para tener la paz que 
tanto nos encomendó el Señor, interior y exteriormente : la una 
es amor unas con otras; otra, desasimiento de todo lo cria- 
do; la otra, verdadera humildad, que aunque la digo a la pos- 
tre, es la (2) principal y las abraza todas (3). 

Cuanto a la primera, que es amaros mucho unas a otras, 
va muy mucho; porque no hay cosa enojosa que no se pase 
con facilidad en los que se aman, y recia ha de ser cuando dé 
enojo. Y si este mandamiento se guardase en el mundo como se 
ha de guardar, creo aprovecharía mucho para guardar los de- 



1 Para evitar el hiato, .suprime le a de ahora, aunque no siempre lo hace en casos 
análogos. 

2 El P. Báñez, tachando el vocablo la, puso en su lugar muy. 

3 Tanto en el autógrafo del Escorial como en el de Valladolid, termina aquí el capítulo 
9 comienza otro nuevo; pero una nota que en este lugar puso la Santa a la copia de Toledo, 
dice: No a de aver aquí capítulo, que es el mesmo quinto. Ya dijimos en la nota de la página 
anterior, que el título que puso la Santa a este capítulo, decía: Declara la primera de estas 
tres cosas, que es amor del prójimo y lo que dañan amistades particulares. Por efecto de 
esta unión, la numeración de capítulos discrepa, siendo VI en el autógrafo el V de la impresión. 



CAPITULO IV 27 

más; mas, más u menos, nunca acabamos de guardarle con pcr- 
feción. Parece que io demasiado entre nosotras no puede ser 
malo, y tray tanto mal y tantas imperfeciones consigo, que no 
creo lo creerá sino quien ha sido testigo de vista. Aquí hace 
el demonio muchos enriedos (1), que en conciencias que tratan 
groseramente de contentar a Dios, se sienten poco y les parece 
virtud, y las que tratan de perfedón lo entienden mucho; porque 
poco a poco quita la fuerza a la voluntad para que del todo 
se emplee en amar a Dios. 

Y en mujeres creo debe ser esto aun más que en hom- 
bres, y hace daños para la comunidad muy notorios; porque de 
aquí viene el no se amar tanto todas, el sentir el agravio que se 
hace a la amiga, el desear tener para regalarla, el buscar tiempo 
para hablarla, y muchas veces más para decirle lo que la quie- 
re, y otras cosas impertinentes, que lo que ama a Dios. Por- 
que estas amistades grandes pocas veces van ordenadas a ayu- 
darse a amar más a Dios, antes creo las hace comenzar el de- 
monio para comenzar bandos en las Relisiones; que cuando es 
para servir a Su Majestad, luego se parece que no va la voluntad 
con pasión, sino procurando ayuda para vencer otras pasiones. 

Y de estas amistades querría yo muchas, donde hay gran 
convento, que en esta casa, que no son más de trece, ni lo han 
de ser (2), aquí todas han de ser amigas, todas se han de amar, 
todas se han de querer, todas se han de ayudar; y guárdense 
de estas particularidades, por amor del Señor, por santas que 
sean, que aun entre hermanos suele ser ponzoña y ningún pro- 
vecho en ello veo; y si son deudos, muy peor, es pestilencia. 
Y créanme, hermanas, que aunque os parezca es éste extremo, 
en él está gran perfeción y gran paz, y se quitan muchas ocasio- 
nes a las que no están muy fuertes; sino que si la voluntad 
se inclinare más a una que a otra (que no podrá ser menos, que 
es natural, y muchas veces nos lleva a amar lo más ruin, si tíe- 



1 Por enredos: 

2 La Santa modificó más tarde este parecer suyo, como dijimos en nota del capitulo 
XXXVII, pág. 319 del tomo I. 



28 CñMINO DE PERFECCIÓN 

ne más gracias de naturaleza), que nos vamos (1) mucho a la 
mano a no nos dejar enseñorear de aquella afeción (2). Amemos 
las virtudes y lo bueno interior, y siempre, con estudio, trayamos 
cuidado de apartarnos de hacer caso de -esto exterior. 

No consintamos, oh hermanas, que sea esclava de nadie 
nuestra voluntad, sino del que la compró por su sangre; miren 
que, sin entender cómo, se hallarán asidas, que no se puedan 
valer. ¡Oh, válame Dios! las niñerías que vienen de aquí no 
tienen cuento. Y porque son tan menudas, que sólo las que lo 
ven lo entenderán y creerán, no hay para qué las decir aquí, 
más de que en cualquiera será maloi, y en la perlada pestilencia. 

En atajar estas parcialidades, es menester gran cuidado des- 
de el principio que se comience la amistad; esto más con in- 
dustria y amor que con rigor. Para remedio desto es gran cosa 
no estar juntas sino las horas señaladas, ni hablarse, confor- 
me a la costumbre que ahora llevamos, que es no estar juntas, 
como manda la Regla, sino cada una apartada en su celda. 
Líbrense en San Josef de tener casa de labor (3); porque, aun- 
que es loable costumbre, con más facilidad se guarda el si- 
lencio cada una por sí, y acostumbrarse a soledad es gran cosa 
para la oración; y pues éste ha de ser el cimiento de esta casa, 
es menester traer estudio en aficionarnos a lo que a esto más 
nos ayuda. 

Tornando a el amarnos unas a otras, parece cosa imperti- 
nente encomendarlo, porque ¿qué gente hay tan bruta que tratán- 
dose siempre y estando en compañía, y no habiendo de tener otras 
conversaciones, ni otros tratos ni recreaciones con personas de 
fuera de casa, y creindo (4) nos ama Dios y ellas a El, pues por 
Su Majestad lo dejan todo, que no ¡cobre amor? En especial, que 
la virtud siempre convida a ser amada, y ésta, con el favor de 
Dios, espero en Su Majestad siempre la habrá en las de esta 



1 Vayamos, se escribiría hoy; es uno de tantos casos como en tiempo de la Santa se 
empleaba el presente de indicativo por el mismo tiempo del subjuntivo. 

2 Por afición, 

3 Habitación u oficina ex profeso para el trabajo de manos, que las Carmelitas Des- 
calzas no tienen, aunque en la recreación trabajan al mismo tiempo que dan esparcimiento al 
ánimo con santas conversaciones. 

4 Por creyendo. 



CAPITULO IV 29 

casa. Ansí que en esto no hay que encomendar mucho, a mi 
parecer. 

En cómo ha ide ser este amarse, y qué cosa es amor vir- 
tuoso, el que yo deseo haya aquí, y en qué veremos tenemos 
esta virtud, que es bien grande, pues Nuestro Señor tanto nos 
la encomendó y tan encargadamente a sus Apóstoles, de esto 
querría yo decir ahora un poquito conforme a mi rudeza, y si 
en otros libros tan menudamente lo hallardes, no toméis nada 
de mí, que por ventura no sé lo que digo. 

De dos maneras de amor es lo que trato: una es espiritual, 
porque ninguna cosa parece toca a la sensualidad ni la ternura 
de nuestra naturaleza, de manera, que quite su puridad; otra es 
espiritual, y junto con ella, nuestra sensualidad y flaqueza, u 
buen amor, que parece lícito, como el de los deudos y amigos; 
déste ya queda algo dicho. 

Del que es espiritual, sin que entrevenga (1) pasión nin- 
guna, quiero ahora hablar, porque en habiéndola, va todo descon- 
certado este concierto; y si con templanza y descrición (2) tra- 
tamos personas virtuosas, especialmente confesores, es provecho- 
so; mas si en el confesor se entendiere va encaminado a al- 
guna vanidad, todo lo tengan por sospechoso, y en ninguna ma- 
nera, aunque sean buenas pláticas, las tengan con él, sino con 
brevedad confesarse y concluir. Y lo mijor sería decir a la per- 
lada que no se halla bien su alma icon él y mudarle; esto es 
lo más acertado, si se puede hacer sin tocarle en la honra. 

En caso semejante, y otros que podría el demonio en co- 
sas dificultosas enredar, y no se sabe qué consejo tomar, lo más 
acertado será procurar hablar alguna persona que tenga letras, 
que habiendo necesidad, dase libertad para ello, y confesarse con 
él y hacer lo que le dijere en el caso; porque, ya que no se 
pueda dejar dé dar algún medio, podíase errar mucho: i y cuán- 
tos yerros pasan en el mundo por ¡no hacer las cosas con con- 
sejo, en especial en lo que toca a dañar a nadie! Dejar de dar 



1 Por intervenga. 

2 Por discreción; otras veces dice descreción, y frecuentemente discreción. 



30 CñMINO DE PERFECCIÓN 

algún medio, no se sufre; porque cuando el demonio comienza 
por aquí, no es por poco, si no se ataja con brevedad; y ansí, 
lo que tengo dicho de procurar hablar con otro confesor, es lo 
más acertado, si hay dispusición (1), g espero en el Señor 
sí habrá. 

Miren que va mucho en esto, que es cosa peligrosa y un 
infierno y daño para todas. Y digo que no aguarden a entender 
mucho mal, sino que al principio lo atajen por todas las vías 
que pudieren y entendieren; con buena conciencia lo pueden ha- 
cer. Mas espero yo en el Señor no primitirá que personas que 
han de tratar siempre en oración, puedan tener voluntad sino 
a quien sea muy siervo de Dios, que esto es muy cierto, u lo 
es que no tienen oración ni perfeción, conforme a lo que aquí 
se pretende; porque si no ven que entiende su lenguaje y es 
aficionado a hablar en Dios, no le podrán amar, porque no es 
su semejante; si lo es, con las poquísimas ocasiones que aquí 
habrá, u será muy simple, u no querrá desasosegarse y des- 
asosegar a las siervas de Dios. 

Ya que he comenzado a hablar en esto, que, como he dicho, 
es gran daño el que el demonio puede hacer y muy tardío en 
entenderse, y ansí se puede ir estragando la perfeción, sin sa- 
ber por dónde; porque si éste quiere dar lugar a vanidad por te- 
nerla él, lo hace todo poco aún para las otras. Dios nos libre, 
por quien Su Majestad es, de cosas semejantes. A todas las 
monjas bastaría a turbar, porque sus conciencias les dice al 
contrario de lo que el confesor; y si las aprietan en que ten- 
gan uno solo, no saben qué hacer, ni cómo se sosegar (2) ; porque, 
quien lo había de quietar y remediar, es quien hace el daño. 
Hartas afliciones debe haber de estas en algunas partes; háceme 
gran lástima, y ansí no os espantéis ponga mucho en daros a 
entender este peligro. 



1 Por disposición. 

2 Por sosegarse. 



CAPITULO V 



PROSIGUE EN LOS CONFESORES. DICE LO QUE IMPORTñ SEñN LETRADOS. 

Ño dé el Señor a probar a nadie en esta casa el trabajo 
que queda dicho, por quien Su Majestad es, de verse alma y 
cuerpo apretadas; u que si la perlada está bien con el con- 
fesor, que ni a él de ella, ni a ella de él, no osan decir nada ; 
aquí verná la tentación de dejar de confesar pecados muy gra- 
ves por miedo de no estar en desasosiego. ¡Oh, vélame Dios!, 
qué daño puede hacer aquí el demonio, y qué caro les cuesta 
el apretamiento y honra, que porque no traten más de un con- 
fesor, piensan granjean gran cosa de relisión y honra de el moi- 
nesterio, y ordena por esta vía el demonio coger las almas, como 
no puede por otra. Si piden otro, luego parece va perdido el 
concierto de la relisión; u que si no ¡es de la Orden, aunque 
sea un santo, aun tratar con él les parece les hace afrenta. 

Esta santa libertad pido yo, por amor del Señor, a la 
que estuviere por mayor ( 1 ) ; procure siempre con el obispo 
u provincial (2) que, sin los confesores ordinarios, procure al- 
gunas veces tratar ella y todas, y comunicar sus almas con per- 
sonas que tengan letras, en especial si los confesores no las 
tienen, por buenos que sean: son gran cosa letras para dar en 
todo luz. Será posible hallar lo uno y lo otro junto en algunas 



1 Así se llamaba en !a Encarnación de Avila y en muchos conventos de antiguas Or- 
denes religiosas, a la superioia de la comunidad. 

2 Sobre la palabra obispo, sin borrarla, puso luego ia Santa provincial. 



32 CAMINO DE PERFECCIÓN 

personas, y mkntra más merced el Señor os hiciere en la ora- 
ción es menester más ir bien fundadas sus obras y oración. 

Ya sabéis que la primera piedra ha de ser buena conciencia, y 
con todas vuestras fuerzas libraros aun de pecados veniales y si- 
guir (1) lo más perfeto. Parecerá que esto cualquier confesor lo 
sabe, y es engaño,*! a mí me acaeció tratar con uno cosas de con- 
ciencia que había oído todo el curso de Teología (2), y me hizo 
harto daño en cosas que me decía no eran nada; y sé que no 
pretendía engañarme, ni tenía para qué, sino que no supo más; 
y con otros dos u tres, sin éste, me acaeció. 

Este tener verdadera luz para guardar la ley de Dios con 
perfeción, es todo nuestro bien; sobre ésta asienta bien la ora- 
ción; sin este cimiento fuerte, todo el edificio va falso, si no 
les dieren libertad para confesarse, para tratar cosas de su alma 
con personas semejantes a lo que he dicho. Y atréveme más a 
decir, que aunque el confesor lo tenga todo, algunas veces se 
haga lo que digo; porque ya puede ser él se engañe, y es bien 
no se engañen todas por él; procurando siempre no sea cosa 
contra la obediencia, que medios hay para todo, y vale mucho 
a las almas, y ansí es bien, por las maneras que pudiere, lo 
procure. 

Todo esto que he dicho, toca a la perlada; y ansí la torno 
a pedir, que, pues aquí no se pretende tener otra consolación sino 
la del alma, procure en esto su consolación, que hay diferentes 
caminos por donde lleva Dios, y no por fuerza los sabrá !to- 
dos un confesor; que yo asiguro no les falten personas santas 
que quieran tratarlas y consolar sus almas, si ellas son las «que 
han de ser, aunque seáis pobres; que el que las sustenta los 
cuerpos despertará y porná voluntad a quien con ella dé luz 
a sus almas, y remediase este mal, que es el que yo temo; que 
cuando el demonio tentase al confesor en engañarle en alguna 



1 /\ lo largo de la margen izquierda escribe el P. García de Toledo: Esto es bien, por 
q ay unos maestros spñiles. q por no herrar condenan quantos spus. ay por demonios, y 
Mercan más esto, por q ahoga los spus. del Sor., como lo dice el Apóstol. 

2 Teidogía, escribió primero, pero cruzó con larga raya la u para convertirla en o. 



CAPITULO V 33 

dotrina, como sepa trata con otros, iráse a la mano y mirará 
mijor en todo lo que hace. 

Quitada esta entrada a el demonio, yo espero en Dios no 
la terna en esta casa, y ansí pido, por amor del 3eñor, al obispo 
que fuere, que deje a las hermanas «sta libertad, y que ino se 
la quite cuando las personas fueren tales que tengan letras y 
bondad, que luego se entiende en lugar tan chico como éste. 

Esto que aquí he dicho, téngolo visto, y entendido y tra- 
tado con personas dotas y santas que han mirado lo que más 
convenía a esta casa, para que la perfeción de esta casa fuese 
adelante; y entre los peligros, que en todo le hay mientra vi- 
vimos, éste hallamos ser el menor, y que nunca haya vicario que 
tenga mano éQ entrar y salir, ni confesor que tenga esta liber- 
tad; sino que estos sean para celar el recogimiento y honestidad 
de la casa y aprovechamiento interior y exterior, para decirlo al 
perlado cuando hubiere falta; mas no que sea él superior (1). 

Y esto es lo que se hace ahora, y no por sólo mi parecer; 
porque el obispo que ahora tenemos, debajo de cuya obediencia 
estamos, que por causas muchas que hubo no se dio la obedien- 
cia a la Orden (2), que es persona amiga de toda relisión y 
santidad, y gran siervo de Dios (llámase Don Alvaro de Men- 
doza, de gran nobleza de linaje y muy aficionado a favorecer 
esta casa de todas maneras) (3), hizo juntar personas de letras, 
y espíritu y expiriencia para este punto, y se vino a determinar 
esto. Razón será que los perlados que vinieren se lleguen a este 
parecer, pues por tan buenos está determinado, y con hartas ora- 
ciones pedido a el Señor alumbrase lo mijor, y lo que se en- 
tiende hasta hora (4), cierto esto lo es. El Señor sea servido lle- 
varlo siempre adelante como más sea para su gloria. Amén. 



1 Reprende aquí la Santa la intromisión del confesor ei cosas que no le pertenecen, y no 
quiere que sea superior de la comunidad, sino que se limite a lo que atañe a su ministerio. 

2 Cfr. t. II, p. 219. 

3 Véase lo que deiaraos escrito de este insigne bienhechor y grande amigo de Sta. Te- 
resa en el tomo I, c. XXXIII, pág. 282. 

4 Véase la nota primera de la página 26. 



III 



CAPITULO VI 



TORNñ K Lñ MñTERIñ QUE COMENZÓ DE EL AMOR PERFETO. 

Harto rae h€ divertido, mas importa tanto lo que queda 
dicho, que quien lo entendiere no me culpará. Tornemos ahora 
a el amor, que es bien (1) nos tengamos. Del que digo es puro 
espiritual, no sé si se lo que rae digo, al menos ¡paréceme no 
es raenester mucho hablar en él, porque le tienen pocos: a quien 
el Señor se le hubiere dado, alábele mucho, porque debe ser de 
grandísima perfeción; en fin, quiero tratar algo de él. Por ven- 
tura hará algún provecho, que puniéndonos delante de los ojos 
la virtud, aficiónase a ella quien la desea g pretende ganar. 

Plega a Dios yo sepa entenderle, cuantimás decirle, que ni 
creo sé cuál es espiritual, ni cuándo se mezcla sensual, ni Isé 
cómo me pongo a hablar en ello. Es como quien og (2) hablar 
de lejos, que no entiende lo que dicen; ansí so (3) yo, que algu- 
nas veces no debo entender lo que digo, y quiere el Señor 
sea bien dichoi; si otras fuere dislate, es lo más natural a mí no 
acertar en nada. 

Paréceme ahora a mí que cuando una persona ha llegádo- 
la Dios a daro conocimiento de lo que es el mundo, y qué 
cosa es el mundo, y que hay otro mundo, y la diferencia que 
hay de lo uno a lo otro, y que lo uno es eterno y lo otro 



1 Escribió la Santa, y borró luego: y lícito, 

2 Por oye. 

3 Por soy. 



36 CñMINO DE PERFECCIÓN 

soñado, u qué cosa es amar al Criadoír, u a la criatura (esto visto 
por expiriencia, que es otro negocio que sólo pensarlo y creer- 
lo), u ver y probar qué se gana con lo uno y se pierde con 
lo otro, y qué a>sa es Criador, y qué cosa es criatura, y otras 
muchas cosas que lel Señor enseña a quien se quiere dar a ser 
enseñado de él en la oración, u a quien Su Majestad quiere, 
que aman muy diferentemente de los que no hemos llegado aquí. 

Podrá ser, hermanas, que os parezca tratar en esto imperti- 
nente y que digáis que estas cosas que he dicho, ya todas las 
sabéis. Plega el Señor sea ansí que lo sepáis de la manera que 
hace al caso, imprimido en las entrañas; pues si lo sabéis, ve- 
réis que no miento en decir que, a quien el Señor llega aquí, 
tiene este amor. Son estas personas que Dios las llega a este 
estado, almas generosas, almas reales; no se contentan con amar 
cosa tan ruin como estos cuerpos, por hermosos que sean, por 
muchas gracias que tengan, bien que aplace (1) a la vista y ^alaban 
al Criador; mas para detenerse en ello, no. Digo detenerse, de 
manera que por estas cosas los tengan amor; parecerles hía (2) 
que aman cosa sin tomo, y que se ponen a querer sombra; co- 
rrerse hían (3) de sí mesmos y no temían cara, sin gran afrenta 
suya, para decir a Dios que le aman. 

Diréisme: esos tales no sabrán querer ni pagar la voluntad 
que se les tuviere, al menos dáseles poco de que se la tengan; 
ya que de presto algunas veces el natural lleva a holgarse de ser 
amados, en tornando sobre sí, ven que es disbarate, si no son 
personas que las ha de aprovechar su alma, u con dotrina, u con 
oración. Todas las otras voluntades les cansan, que entienden 
ningún provecho les hace, y les podría dañar; no porque las 
dejan de agradecer y pagar con encomendarlos a Dios. Tóman- 
lo como cosa que echan carga a el Señor los que las aman, 
que entienden viene de allí, porque en sí no les parece que hay 
que querer, y luego les parece las quieren porque las quiere 
Dios, y d(2jan a Su Majestad lo pague tj se lo suplican, y con 



1 Agrada, contenta. 

2 Poi les pamceria. 

3 Por se correrían, se avergonzarían. 



CAPITULO VI 37 

esto quedan libres, que les parece no les toca. Y bien mirado, 
si no es con las personas que idigo que nos pueden hacer bien 
para ganar bienes perfetos, go pienso algunas veces cuan gran 
ceguedad se tray en este querer que nos quieran. 

ñhora noten que como el amor, cuando de alguna persona 
le queremos, siempre se pretende algún interese de provecho 
u contento nuestro, y estas personas perfetas ya todos los tie- 
nen debajo de los pies, los bienes que ¡en el mundo les pueden 
hacer y regalos, los contentos ya están de suerte, que, aunque 
ellos quieran, a manera de decir, no le pueden tener que lo 
sea fuera de con Dios, u en tratar de Dios, pues ¿qué prove- 
cho les puede venir de ser amados? 

Como se les representa esta verdad, de sí mesmos se ríen 
de la pena que algún tiempo les ha dado si era pagada u no su 
voluntad. Aunque sea buena la voluntad, luego nos es muy na- 
tural querer ser pagada. Venido a cobrar esta paga, es en pa- 
jas, que todo íes aire y sin tomo, que se lo lleva el viento; por- 
que, cuando mucho nos hayan querido, ¿qué es esto que nos 
queda? Ansí que, si no es para provecho de su alma con las 
personas que tengo dichas, porque ven ser tal nuestro natural que, 
si no hay algún amor, luego se cansan, no se les da más ser 
queridas que no. ¿Pareceros ha que estos tales no quieren a 
nadie, ni saben, sino a Dios? (1). Mucho más, y con más ver- 
dadero amor, y con más pasión y más provechoso amor; en 
fin, es amor. Y estas tales almas son siempre aficionadas a dar 
mucho más que no a recibir; aun con iel mesmo Criador les acae- 
ce esto. Digo que merece este nombre de amor, que esotras 
afeciones bajas le tienen usurpado el nombre. 

También os parecerá que si no aman por las cosas que ven, 
¿que a qué se aficionan? Verdad es que lo que ven aman, y a 
lo que oyen se aficionan; mas esas cosas que ven son estables. 
Luego estos, si aman, pasan por los cuerpos, y ponen los ojos 
en las almas y miran si hay qué amar; y si no lo hay, y ven 



1 Las palabras que se leen al margen del autógrafo digo q si aman, son del P. Bánez. 
Sin ellas es cabal el sentido de la frase que se sigue, por lo cual no las incluímos en el 
texto, como se ha hecho en algunas ediciones. 



38 CAMINO DE PERFECCIÓN 

algún principio u dispusición para que, si cavan, hallarán oro 
en esta mina, si la tienen amor, no les duele el trabajo; nin- 
guna (X)sa se les pone delante que de buena gana no la hiciesen 
por el bien de aquel alma, porque desean durar en amarla, y 
saben muy bien que si no tiene bienes y ama mucho a Dios, que 
es imposible. Y digo que es imposible, aunque más la obli- 
gue y se muera quiriéndola (1), y la haga todas las buenas 
obras que pueda, y tenga todas las gracias de naturaleza jun- 
tas, no terna fuerza la voluntad, ni la podrá hacer estar con 
asiento. Ya sabe y tiene expiriencia de lo que es todo; no le 
echarán dado falso. Ve que no son para en uno, y que es im- 
posible durar a quererse el uno al otro; porque es amor que 
se ha de acabar con la vida, si el otro no va guardando la ley 
de Dios, y lentiende que no le ama y que han de ir a diferentes 
partes. 

Y este amor, que sólo acá dura, alma de estas a quien el 
Señor ya Jia infundido verdadera sabiduría, no le estima en 
más de lo que vale, ni en tanto; porque para los que gustan de 
gustar de cosas del mundo, deleites, y honras y riquezas, algo 
valdrá si es rico, u tiene partes para dar pasatiempo y recreación ; 
mas quien todo esto aborrece ya, poco u nonada se le dará de 
aquello. Ahora, pues, aquí, si tiene amor, íes la pasión para ha- 
cer esta alma amje a Dios (2) para ser amada del; porque, co- 
mo digo, sabe que no ha de durar en quererla (3), es amor muy 
a su costa, no deja de poner todo lo que puede porque se apro- 
veche; perdería mil vidas por un pequeño bien suyo. ¡Oh pre- 
cioso amor, que va imitando a el capitán del amor, Jesús, nues- 
tro bien! 



1 Poi queriéndoln. 

2 Entre líneas puso la Santa las palabras ame a Dios. 

3 Fray Luis de León completó la fra5;e en esta ' forma: sabe que no ha de durar en 
quererla de otra manera. 



CAPITULO VII 



EN QUE TRATA DE Lñ MESMñ MATERIA DE AMOR ESPIRITUAL, Y DA 
ALGUNOS AVISOS PARA GANARLE. 



Es cosa extraña qué apasionado amor es éste, qué de lágri- 
mas cuesta, qué de penitencias y oración, qué cuidado de enco- 
mendar a todos los que piensa le han de aprovechar con Dios 
para que se le encomienden, qué deseo ordinario un no traer 
contento si no le ve aprovechar. Pues si le parece está mijorado 
y le ve que torna algo atrás, no parece ha de tener placer en 
su vida; ni come, ni duerme, sino con este cuidado, siempre 
temerosa si alma que tanto quiere se ha de perder, y si se 
han de apartar para siempre (que la muerte de acá no la tie- 
nen en nada), que no^ quiere asirse a cosa que en un soplo se le 
va de entre las manos, sin poderla asir. Es, como he dicho, 
amor sin poco ni mucho de interese propio; todo lo que desea 
y quiere, es ver rica aquella alma de bienes del cielo. Esta es 
voluntad, y no estos quereres de por acá desastrados, aun no 
digo los malos, que de ésos Dios nos libre. 

En cosa que es infierno, no hay que nos cansar en decir 
mal, que no se puede encarecer el menor mal de él; éste no hay 
para qué tomarle nosotras, hermanas, en la boca, ni pensar le 
hay en el mundo; en burlas ni ¡en veras oirle, ni consentir que 
delante de vosotras se trate ni cuente de semejantes volunta- 
des. Para ninguna cosa es bueno, y podría dañar aún oirlo; sino 
de estotros lícitos, como he dicho, que nos tenemos unas a 



40 CAMINO DE PERFECCIÓN 

otras, u d€ deudos y amigas. Toda la voluntad es que no se nos 
muera: si les duele la cabeza, parece nos duele el alma; si los 
vemos con trabajos, no queda, como dicen, paciencia; todo de 
esta manera. 

Estotra voluntad no es ansí; aunque con la flaqueza natu- 
ral se sienta algo de presto, luego la razón mira si es bien para 
aquel alma, si se enriquece más en virtud y cómo lo lleva, el 
rogar a Dios la dé paciencia y merezca en los trabajos. Si 
ve que la tiene, ninguna pena siente, antes se alegra y consue- 
la; bien que lo pasaría de mijor gana que vérselo pasar, si €l 
mérito y ganancia que hay en padecer pudiese todo dársele, mas 
no para que se inquiete ni desasosiegue. 

Torno otra vez a decir, que se parece, y va imitando este 
amor, al que nos tuvo el buen amador Jesús; y ansí, aprovechan 
tanto, porque abrazan (1) todos ios trabajos, y que los otros, sin 
trabajar, se aprovechasen (2) de ellos. Ansí, ganan muy mucho 
los que tienen su amistad, y crean que, u los dejarán de tra- 
tar, con particular amistad digo, u acabarán con Nuestro Se- 
ñor que vayan por su camino, pues van a una tierra, como hizo 
Santa Mónica con San Agustín. No les sufre €l corazón tratar 
con ellos doblez, porque si les ven torcer el camino, luego se 
lo dicen, u algunas faltas; no pueden consigo acabar otra cosa. 
Y como de esto no se enmendarán, ni tratan de lisonja con 
ellos, ni de disimularles nada, u ellos se enmendarán, u apar- 
tarán de la amistad; porque no podrán sufrirlo, ni es de sufrir: 
para el uno y para el otro es contina guerra, con andar des- 
cuidados de todo el mundo y no trayendo cuenta si sirven a 
Dios u no, porque sólo consigo mesmos la tienen; con sus 
amigos no hay poder hacer esto, ni se les encubre cosa; las 
motitas ven. Digo que train bien pesada cruz. 

Esta manera de amar es la que yo querría tuviésemos nos- 
otras; aunque a los principios no sea tan perfeta, el Señor la 
irá perficionando. Comencemos en los medios, que aunque lle- 



1 Había escrito potque no abrazan, y borró el no. 

2 En esta palabra comienza el folio XXXI del autógrafo, que, como el siguiente, fué 
rehecho por la Santa. 



CAPITULO VII 41 

ve algo de ternura, no dañará, como sea en general. Es bueno 
y necesario algunas veces mostrar ternura en la voluntad, y aun 
tenerla, y sentir algunos trabajos y enfermedades de las her- 
manas, aunque sean pequeños; que algunas veces acaece dar 
una cosa muy liviana tan gran pena como a otra daría un gran 
trabajo, y a personas que tienen de natural apretarle mucho 
pocas cosas. Si vos le tenéis al contrario, no os dejéis de com- 
padecer, y por ventura quiere Nuestro Señor reservarnos de esas 
penas y las tememos en otras cosas, y de las que para nosotras 
son graves, aunque de suyo lo sean, para la otra serán leves. 
Ansí que en estas cosas no juzguemos por nosotras, ni nos 
consideremos en el tiempo que, por ventura sin trabajo nues- 
tro, el Señor nos ha hecho más fuertes, sino considerémonos 
en el tiempo que hemos estado más flacas. 

Mira que importa este aviso para sabernos condoler de los 
trabajos de los prójimos, por pequeños que sean, en especial a 
almas de las que quedan dichas, que ya éstas, como desean los 
trabajos, todo se les hace poco, y es muy necesario traer cuida- 
do de mirarse cuando era flaca, y ver que si no lo es, no viene 
de ella; porque podría por aquí el demonio ir enfriando la ca- 
ridad con los prójimos y hacernos entender es perfeción lo que 
es falta. En todo es menester cuidado y andar despiertas, pues 
él no duerme, y en los que van en más perfeción, más; por- 
que son muy más disimuladas las tentaciones, que no se atre- 
ve a otra cosa, que no parece se entiende el daño hasta que 
está ya hecho, si, como digo, no se tray cuidado. En fin, que 
es menester siempre velar y orar, que no hay mijor remedio para 
descubrir estas cosas ocultas del demonio, y hacerle dar señal, 
que la oración. 

Procurar también holgaros con las hermanas cuando tie- 
nen recreación, con necesidad de ella, y el rato que es de cos- 
tumbre, aunque no sea a vuestro gusto, que yendo con conside- 
ración, todo es amor perfeto. Ansí que es muy bien las unas 
se apiaden de las necesidades de las otras; miren no sea con 
falta de discreción en cosas que sea contra la obediencia. Aun- 
que le parezca áspero dentro en sí lo que mandare la perlada, no 



42 CAMINO DE PERFECCIÓN 

lo muestre ni dé a entender a naide, si no fuere a la raesma 
priora con humildad, que haréis mucho daño; y sabe entender 
cuáles son las cosas que se han de sentir y apiadar de las her- 
manas, y siempre sientan mucho cualquiera falta, si es notoria, 
que veáis en la hermana. Y aquí se muestra y ejercita bien el 
amor en sabérsela sufrir y no se espantar de ella, que así ha- 
rán las otras las que vos tuvierdes, que aun de las que no en- 
tendéis, deben ser muchas más, y encomendarla mucho a Dios, 
y procurar hacer vos con gran perfeción la virtud contraria de 
la falta que le parece en la otra; esforzarse a esto para que 
enseñe a aquella por obra, lo que por palabra por ventura no 
lo entenderá, ni le aprovechará, ni castigo. 

Y esto de hacer una lo que ve resplandecer de virtud en 
otra, pégase mucho. Este es buen aviso; no se os olvide. ¡Oh 
qué bueno y verdadero amor será el de la hermana que puede 
aprovechar a todas, dejando su provecho por los de las otras, ir 
muy adelante en todas las virtudes y guardar con gran perfe- 
ción su Regla! Mijor amistad será ésta que todas las ternuras 
que se pueden decir, que éstas no se usan ni han de usar en esta 
casa, tal como «mi vida», «mi alma», «mi bien», y otras cosas se- 
mejantes, que a las unas llaman uno y a las otras otro. Estas 
palabras regaladas déjenlas para su Esposo (1), pues tanto han 
de estar con El y tan a solas, que de todo se habrán menester 
aprovechar, pues Su Majestad lo sufre, y muy usadas acá no 
enternecen tanto con el Señor; y sin esto, no hay para qué. 
Es muy de mujeres, y no querría yo, hijas raías, lo fuésedes 
en nada, ni k> pareciésedes, sino varones fuertes; que si ellas 
hacen lo que es en sí, el Señor las hará tan varoniles, que es- 
panten a los hombres. ¡Y qué fácil es a Su Majestad, pues nos 
hizo de nonada! 

Es también muy buena muestra de amor en procurar qui- 
tarlas de trabajo y tomarle ella para sí en los oficios de casa, y 
también de holgarse y alabar mucho al Señor del acrecenta- 
miento que viere en sus virtudes. Todas estas cosas, dejado el 



1 Para con su esposo, escribió primero, pero borró el con. 



CAPITULO VI! 43 

gran bien que train consigo, ayudan mucho a la paz y conformi- 
dad d€ unas con otras, como ahora lo vemos por expiriencia, 
por la bondad de Dios. Plega a Su Majestad lo lleve siempre 
adelante, porque sería cosa terrible ser al contrario, y muy re- 
cio de sufrir pocas y mal avenidas; no lo primita Dios. 

Si por dicha alguna palabrilla de presto se atravesare, re- 
médiese luego y hagan grande oración, y en cualquiera de es- 
tas cosas que dure, u bandillos, u deseo de ser más, u puntito 
de honra (que parece se me hiela la sangre cuando esto escri- 
bo de pensar que puede en algún tiempo venir a ser, porque veo 
es el principal mal de los monesterios), cuando esto hubiese, 
dense por perdidas; piensen y crean han echado a su Esposo 
de casa y que le necesitan a ir a buscar otra posada, pues le 
echan de su casa propia. Clamen a Su Majestad; procuren re- 
medio; porque si no le pone confesar y comulgar tan a me- 
nudo, teman si hay algún Judas. 

Mire mucho la priora, por amor de Dios, en no dar lugar 
a esto, atajando mucho los principios, que aquí está todo el daño 
u remedio; y la que entendiere lo alborota, procure se vaya a 
otro monesterio, que Dios las dará con que la doten; echen de 
sí esta pestilencia; corten como pudieren las ramas; y si no 
bastare, arranquen la raíz; y cuando no pudiesen esto, no salga 
de una cárcel quien de estas cosas tratare: mucho más vale, an- 
tes que peguie a todas tan incurable pestilencia. ¡Oh, que es gran 
mal! Dios nos libre de monesterio donde entra; yo más querría 
entrase en éste un fuego que nos abrasase a todas. Porque en 
otra parte creo diré algo más de esto, como en cosa que nos va 
tanto, no me alargo más aquí. 



CAPÍTULO VIII 



TRATA DEL GRAN BIEN QUE ES DESASIRSE DE TODO LO CRIADO, IN- 
TERIOR Y EXTERIORMENTE, 

Ahora vengamos a el desasimiento que hemos de tener, por- 
que en esto está el todo, si va con perfeción. Aquí digo está el 
todo, porque abrazándonos con sólo el Criador, y no se nos 
dando nada por todo lo criado, Su Majestad infunde de ma- 
nera las virtudes, que trabajando nosotros poco a poco lo que 
es en nosotros, no tememos mucho más que pelear, que el Se- 
ñor toma la mano contra los demonios y contra todo el mundo 
en nuestra defensa. ¿Pensáis, hermanas, que es poco bien pro- 
curar este bien de darnos todas a El todo, sin hacernos partes? 
Y pues €n El están todos los bienes, como digo, alabémosle 
mucho, hermanas, que nos juntó aquí, adonde no se trata de 
otra cosa sino de estoi, y ansí no sé para qué lo digo, pues to- 
das las que aquí estáis me podéis enseñar a mí; que confieso 
en €stc caso tan importante no t€ner la perfeción como la de- 
seo y entiendo conviene, y <¿n todas las virtudes, y lo que aquí 
digo, lo mesmo, que es más fácil de escribir que de obrar; y 
aun a esto no atinara, porque algunas veces consiste en expi- 
riencia el saberlo decir, y debo atinar por el contrario de estas 
virtudes que he tenido. Cuanto a lo exterior, ya se ve cuan 
apartadas estamos aquí de todo. 

¡Oh hermanas! entended, por amor de Dios, la gran mer- 
ced que el Señor ha hecho a las que trajo aquí, y cada una lo 



46 CAMINO DE PERFECCIÓN 

piense bien en sí, pues en solas doce quiso Su Majestad fuése- 
des (1) una; ¡y qué de ellas raijores que yo sé que tomaran 
este lugar de buena gana, y diómele el Señor a mí mereciéndole 
tan mal! Bendito seáis Vos, mi Dios, y alábeos todo lo cria- 
do, que esta merced tampoco se puede servir como otras mu- 
chas que me habéis hecho, que darme estado de monja fué 
grandísima; y como lo he sido tan ruin, no os fiastes. Señor, 
de mí, porque adonde había muchas juntas buenas, no se 'echa- 
ra de ver ansí mi ruindad hasta que se me acabara la vida; y 
trajístesme (2) adonde por ser tan pocas, que parece imposible 
dejarse de entender, porque ande con más cuidado, quitáisme todas 
las ocasiones. Ya no hay disculpa para mí, Señor, yo lo con- 
fieso, y ansí he más menester vuestra misericordia, para que 
perdonéis la que tuviere. 

Lo que os pido mucho, es que la que viere en sí no es 
para llevar lo que aquí se acostumbra, lo diga; otros moneste- 
rios hay adonde se sirve también el Señor; no turben estas po- 
quitas que aquí Su Majestad ha juntado. En otras partes hay li- 
bertad para consolarse con deudos; aquí, si alguno se admiten (3), 
Gs para consuelo de los mesmos. Mas la monja que deseare 
ver deudos para su consuelo, si no son espirituales, téngase por 
imperfeta; crea no está desasida, no está sana, no terna liber- 
tad de espíritu, no terna entera paz, menester ha médico, y 
digo que si no se le quita y sana, que no es para esta casa. 

El remedio que veo mijor, es no los ver hasta que se vea 
libre y lo alcance del Señor con mucha oración; cuando se vea 
de manera que lo tome por cruz, véalos enhorabuena, que en- 
tonces les hará provecho a ellos y no daño a sí. 



1 Por fueseis. 

2 Hay faquí una falta de concordancia sintáctica, frecuente en la Santa. 

3 Nueva falta de concordancia. 



CAPITULO IX 



QUE TRñTA DEL GRAN BIEN QUE HAY EN HUIR LOS DEUDOS LOS QUE 
HAN DEJADO EL MUNDO, Y CUAN MAS VERDADEROS AMIGOS HALLAN. 

¡Oh, si entendiésemos las relisiosas el daño que nos viene 
de tratar mucho con deudos, cómo huiríamos de ellos! Yo no 
entiendo qué consolación íes ésta que dan, aun dejado lo que toca 
a Dios, sino para sólo nuestro sosiego y descanso. Que de sus 
recreaciones no podemos, ni es lícito gozar, y sentir sus traba- 
jos sí, ninguno dejan de llorar, y algunas veces más que los 
mesmos. ñ usadas (1), que si algún regalo hacen a el cuerpo, 
que lo paga bien el espíritu. De eso estáis aquí quitadas, que 
como todo es en común y ninguna puede tener regalo parti- 
cular, ansí la limosna que las hacen, es en general, y queda 
libre de contentarlos por esto, que ya sabe que el Señor las ha 
de proveer por junto. 

Espantada estoy el daño que hace tratarlos; no creo lo cree- 
rá sino quien lo tuviere por expiriencia. Y qué olvidada parece 
está el día de hoy en las Relisiones esta perfeción; no sé yo 
qué es lo que dejamos del mundo las que decimos que todo lo 
dejamos por Dios, si no nos apartamos de lo principal, que son 
los parientes. Viene ya la cosa a estado, que tienen por falta 
de virtud no querer y tratar mucho los relisiosos a sus deudos, 
y como que lo dicen ellos y alegan sus razones. 



1 Ji osadas, ciertamente, en uetdad..., modismo de frecuente uso en Santa Teresa. 



^8 CAMINO DE PERFECCIÓN 

En esta casa, hijas, mucho cuidado de encomendarlos a 
Dios, que es razón; en lo demás, apartarlos de la memoria lo 
más que podamos, porque es cosa natural asirse a ellos nuestra 
voluntad más que a otras personas. Yo he sido querida mucho 
de ellos, a lo que decían, y yo los quería tanto, que no los 
dejaba olvidarme; y tengo por expiriencia en mí y en otras, 
que dejados padres (que por maravilla dejan de hacer por los 
hijos, y es razón con ellos cuando tuvieren necesidad de con- 
suelo, si viéremos no nos hace daño a lo principal, no seamos 
extraños, que con desasimiento se puede hacer, y con hermanos), 
en los demás, aunque me he visto en trabajos, mis deudos han sido 
y (1) quien menos ha ayudado en ellos; ios siervos de Dios, sí. 

Creé, hermanas, que sirviéndole vosotras como debéis, que 
no hallaréis mijores deudos que los que Su Majestad os en- 
viare; yo sé que es ansí, y puestas en esto, como lo vais (2), y en- 
tendiendo que en hacer otra cosa faltáis al verdadero amigo y 
Esposo vuestro, creé que muy en breve ganarais (3) esta liber- 
tad, y que de los que por solo él os quisieren, podéis fiar más 
que de todos vuestros deudos, y que no os faltarán, y en quien 
no pensáis, hallaréis padres y hermanos. Porque como éstos pre- 
tenden la paga de Dios, hacen por nosotras; los que la pretenden 
de nosotras, como nos ven pobres y que en nada les podemos 
aprovechar, cánsanse presto. Y aunque esto no sea en general, 
es lo más usado ahora en el mundo; porque, en fin, es mun- 
do. Quien os dijere otra cosa, y que íes virtud hacerla, no los 
creáis, que si dijese todo el daño que tray consigo, me había 
de alargar mucho; y porque otros que saben lo que dicen mijor, 
han escrito en esto, baste lo dicho. Paréceme que, pues con ser 
tan imperfeta lo he entendido tanto, ¿qué harán los que son 
perfetos? 

Todo este decirnos que huyamos del mundo que nos acon- 
sejan los Santos, claro está que es bueno; pues créeme que lo 
que, como he dicho, más se apega del son los deudos y más 



1 Por redundante tenemos hoy esta y. Fray Luis de León la suprimió. 

2 Eouivalente a estáis. 

D Ganaréis, diríamos hoy. 



CAPITULO IX 49 

malo de desapegar. Por eso hacen bien los que hugen de sus 
tierras, si les vale, digo, que no creo va en huir el cuerpo; sino 
en que determinadamente se abrace el alma con el buen Jesús, 
Señor nuestro, que como allí lo halla todo, lo olvida todo; 
aunque aguda es apartarnos mug grande hasta que ga tenga- 
mos conocida esta verdad, que después podrá ser quiera el Se- 
ñor, por darnos cruz en lo que solíamos tener gusto, que trate- 
mos con ellos. 



III 



CAPITULO X 



TRñTñ COMO NO BñSTñ DESASIRSE DE LO DICHO, SI NO NOS DESASIMOS 
DE NOSOTRAS MESMAS, Y COMO ESTÁN JUNTAS ESTA VIRTUD Y LA 
HUMILDAD. 



Desasiéndonos del mundo, g deudos, y encerradas aquí con 
las condiciones que están dichas, ya parece lo tenemos todo he- 
cho y que no hay que pelear con nada. ¡Oh hermanas mías! no 
os asiguréis ni os echéis a dormir, que será como el que se 
acuesta muy sosegado, habiendo muy bien cerrado sus puertas 
por miedo de ladrones, y se los deja en casa; y ya ¡sabéis que 
no hay peor ladrón, pues quedamos nosotras mesmas, que si no 
se anda con gran cuidado, y cada una, como en negocio más 
importante que todos, no se mira mucho en andar contradiciendo 
su voluntad, hay muchas cosas para quitar esta santa libertad 
de espíritu, que pueda volar a su Hacedor sin ir cargada de 
tierra y de plomo. 

Gran remedio es para esto traer muy contino en el pen- 
samiento la vanidad que es todo y cuan presto se acaba, para 
quitar las afeciones de las cosas que son tan valadíes, y poner- 
la en lo que nunca se ha de ¡acabar; y aunque parece ílaco me- 
dio, viene a fortalecer mucho el alma; y en las muy peque- 
ñas cosas traer gran cuidado; en aficionándonos a alguna, procu- 
rar apartar el pensamiento de ella y volverle a Dios, y Su Ma- 
jestad ayuda. Y hanos hecho gran merced, que en esta casa 
lo más está hecho; [mas queda desasirnos de nosotros mis- 



52 CAMINO DE PERFECCIÓN 

mos] (1), puesto que este apartarnos de nosotras mesmas, y ser 
contra nosotras, €s recia cosa, porque estamos muy juntas y 
nos amamos mucho (2), 

Aquí puede entrar la verdadera humildad (3), porque €sta vir- 
tud y estotra paréceme andan siempre juntas; son dos her- 
manas que no hay para qué las apartar; no son éstos los deudos 
de que yo avisO' se aparten, sino que los abracen, y las amen (4) 
y nunca se vean sin ellas. ¡Oh soberanas virtudes, señoras de 
todo lo criado, emperadoras del mundo, libradoras de todos 
los lazos y enriedos (5) que pone el demonio, tan amadas de 
nuestro enseñador Cristo, que nunca un punto se vio sin ellas! 
Quien las tuviere, bien puede salir y pelear con todo el infier- 
no junto, y contra todo el mundo y sus ocasiones; no haya 
miedo de nadie, que suyo es el reino de los cielos; no tiene 
a quién temer, porque nada no (6) se le da de perderlo todo, ni 
lo tiene por pérdida; sólo teme descontentar a su Dios, y su- 
plicarle (7) las sustente en ellas, porque no las pierda por su 
culpa. 

Verdad es que estas virtudes tienen tal propiedad, que se 
asconden de quien las posee de manera, que nunca las ve ni 
acaba de creer que tiene ninguna, aunque se lo digan; mas 
tiénelas en tanto, que siempre anda procurando tenerlas, y va- 
las perfecionando en sí más; aunque bien se señalan los que 
las tienen, luego se da a entender a los que los tratan sin que- 
rer ellos. Mas qué desatino ponerme yo a loar humildad y mor- 
tificación estando tan loadas del Rey de la gloria y tan con- 
firmadas con tantos trabajos suyos. Pues, hijas mías, aquí es 
el trabajar poi salir de tierra de Egito (8), que en hallándolas. 



1 Estas palabras, sin las cuales queda incompleto el sentido, las tomamos del autógrafo 
de El Escorial. 

2 En el aludido pasaje del autógrafo escurialense dice la Santa: «Y hanos hecho gran 
merced, que en esta casa lo más está hecho; mas queda desasirnos de nosotros mismos. Este 
es recio apartar, porque estamos muy juntas y nos queremos mucho». 

3 Al margen escribió un corrector: Humildad y mortificación, muy grandes virtudes. 

4 Es decir, las virtudes, 

5 Por enredos, como en !a página 27, línea 5. 

6 No, palabra que hoy tenemos por redundante. 

7 Y suplícale, escribiríase ahora. 

8 Por Egipto, 



CAPITULO X 53 

hallaréis el maná; todas las cosas os sabrán bien; por mal sa- 
bor que al gusto ds los del mundo tengan, se os harán ¡dulces. 

Ahora, pues, lo primero que hemos de procurar es quitar 
de nosotras el amor de este cuerpo, que somos algunas tan re- 
galadas de nuestro natural, que no hay poco que hacer aquí; y 
tan amigas de nuestra salud, que es cosa para alabar a Dios la 
guerra que dan, a monjas en especial, y aun a los que ino lo 
son. Mas algunas monjas no parece que venimos a otra cosa 
a el monesterio, sino a procurar no morirnos; cada una lo pro- 
cura como puede. Aquí, a la verdad, poco lugar hay de eso 
con la obra, mas no querría yo hubiese el deseo. Determinaos, 
hermanas, que venís a morir por Cristo y no a regalaros por 
Cristo, que esto pone el demonio que es menester (1) para lle- 
var y guardar la Orden; y tanto, enhorabuena, se quiere guar- 
dar la Orden con procurar la salud, para guardarla y conser- 
varla, que se muere sin cumplirla enteramente un mes, ni por 
ventura un día; pues no sé yo a qué venimos. 

No hayan miedo nos falte discreción en este caso, por ma- 
ravilla, que luego temen los confesores nos hemos de matar con 
penitencias. Y es tan aborrecido de nosotras esta falta de dis- 
creción, que ansí lo cumpliésemos todo. Las que lo hicieren al 
contrario, yo sé que no se les dará nada de que diga lesto, ni 
a mí de que digan juzgo por mí, que dicen verdad. Tengo para 
mí, que ansí quiere €l Señor seamos más enfermas, al menos 
a mí hízomclo (2) en serlo gran misericordia, porque como me 
había de regalar ansí como ansí, quiso fuese con causa. Pues 
es cosa donosa las que andan con este tormento, que ellas mes- 
mas se dan, y algunas veces dales un deseo de hacer peniten- 
cias sin camino ni concierto que duran dos días, a manera de 
decir; después pónelas éi demonio en la imaginación que las 
hizo daño; hácelas temer de la penitencia y no osar después 
cumplir la que manda la Orden, que ya lo probaron. No guar- 
damos unas cosas muy bajas de la Regla, como el silencio, 



1 Las palabras es menester vienen entre lineas, de letra de la Santa. 

2 Alguno, borrando el sufijo lo, escribió sobre esta línea del auiógiafo: hizome en serlo 
gran misericordia. 



54 CAMINO DE PERFECCIÓN 

que no nos ha de hacer mal ;; y no nos ha dolido la cabeza, cuan- 
do dejamos de ir al coro, que tampoco nos mata, y queremos 
inventar penitencias de nuestra cabeza para que no podamos 
hacer lo uno ni lo otro (1). Y, a las veces, es poco el mal, y 
nos parece no estamos obligadas a hacer nada, que con pedir 
licencia cumplimos. 

Diréis ¿que por qué la da la priora? ñ. saber lo interior, 
por ventura no haría (2); mas como le hacéis información de 
necesidad, y no falta un médico que ayuda por la mesma que 
vos le hacéis, y una amiga que llore al lado, u parienta, ¿qué 
ha de hacer? Queda con escrúpulo si falta en la caridad; quiere 
más faltéis vos que ella. 

Estas son cosas que puede ser pasen alguna vez, y porque 
os guardéis de días, las pongo aquí; porque ¡si el demonio nos 
comienza a amedrentar con que nos faltará la salud, nunca ha- 
remos nada. El Señor nos dé luz para acertar en todo. Amén. 



1 En el autógrafo de ElJEscorial, desenvuelva de una manera más ingeniosa aún este pen-- 
samiento. Léese allí: «No guardan unas cosas m!iy bajas de la Reala, como el silencio, que no 
nos ha de hacer mal, y no nos ha venido la imaginación de que nos duele la cabeza, cuando 
dejamos de ir al coro, que tampoco nos mata: un dia porque nos dolió, y otro porque nos ha 
dolido, y otros tres porque no nos duela». 

2 Alguno corrigió la frase así: por ventura no lo haría. Frases elípticas por el estilo 
abundan en S. Teresa y en ios escritores de su tiempo. 



CAPITULO XI 



PROSIGUE EN LA MORTIFICACIÓN, Y DICE LA QUE SE HA DE ADQUIRIR 
EN LAS ENFERMEDADES. 

Cosa imperfeta me parece, hermanas mías, este quejarnos 
siempre con livianos males; si podéis sufrirlo, no lo hagáis. 
Cuando es grave él mal, él mesmo ise queja; es otro quejido 
g luego se parece (1). Mira que sois pocas, y si una tiene esta 
costumbre, es para traer fatigadas a todas, si os tenéis amor 
y hay caridad: sino que la que estuviere de mal que sea de 
veras, lo diga y tome lo necesario; que si perdéis el amor pro- 
pio, sentiréis tanto cualquier regalo, que no hayáis miedo le 
toméis sin necesidad, ni os quejéis sin causa; cuando la hay, 
sería muy peor no decirlo que tomarle sin «Ha, y muy malo 
si no os apiadasen. 

Mas de eso, a buen siguro que adonde hay caridad, y tan 
pocas, que nunca falte el cuidado de curaros. Mas unas fla- 
quezas y malecillos de mujeres, olvidaos de quejarlas, que al- 
gunas veces pone el demonio imaginación de esos dolores; quí- 
tanse y pénense: si no se pierde la costumbre de decirlo y 
quejaros de todo, si no fuere a Dios, nunca acabaréis. Porque 
este cuerpo tiene una falta, que mientra más le regalan, más 
necesidades descubre; es cosa extraña lo que quiere ser rega- 
lado, y como tiene aquí algún buen color, por poca que sea 
la necesidad, engaña a la pobre del alma para que no medre. 

1 Se parece, en su significado de verse, manifestarse. 



56 CAMINO DE PERFECCIÓN ' 

Acordaos qué de pobres enfermos habrá que no tengan a quién 
se quejar; pues pobres y regaladas no lleva camino. Acordaos 
también de muchas casadas; yo sé que las hay y personas de 
suerte, que con graves males, por no dar enfado a sus maridos, 
no se osan quejar, y con graves trabajos. Pues ¡pecadora de mí! ; 
sí, que no venimos aquí a ser más regaladas que ellas. ¡Oh, 
que estáis libres de grandes trabajos del mundo! sabed sufrir 
un poquito por amor de Dios sin que lo sepan todos. Pues es 
una mujer muy mal casada, y porque no (1) sepa su marido lo 
dice y se queja (2), pasa mucha mala ventura sin descansar con 
nadie, ¿y no pasaremos algo entre Dios y nosotras de los males 
que nos da por nuestros pecados? Cuánto más que es nonada lo 
que se aplaca el mal. 

En todo esto que he dicho, no trato de males recios, cuan- 
do hay calentura mucha, aunque pido haya moderación y sufri- 
miento siempre, sino unos malecillos que se pueden pasar en 
pie, Mas ¿qué fuera si éste se hubiera de ver fuera de esta casa? 
¿qué dijeran todas las monjas de mí? ¡Y qué de buena gana, 
si alguna se enmendara, lo sufriera yo! Porque por una que 
haya de esta suerte, viene la cosa a términos, que, por la mayor 
parte, no creen a ninguna, por graves males que tenga. Acordé- 
monos de nuestros Padres santos pasados, ermitaños, cuya vida 
pretendemos imitar; qué pasarían de dolores y qué a solas, 
y de fríos, y hambre, y sol y calor, sin tener a quién se quejar 
sino a Dios. ¿Pensáis que eran de hierro? Pues tan delicados 
eran como nosotras. Y creé, hijas, que en comenzando a ven- 
cer estos corpezuelos, no nos cansan tanto. Hartas habrá que 
miren lo que es menester; descuidaos de vosotras, si no fuere 
a necesidad conocida. Si no nos determinamos a tragar de una 
vez la muerte y la falta de salud, nunca haremos nada. 

Procurad de no temerla y dejaros toda en Dios, venga lo 



1 El P. García de Toledo añadió un lo: «g porque no lo sepa su marido». 

2 Un corrector, que no es el P. Bánez ni el P. García de Toledo, enmendó así la frase 
sin necesidad: «no lo dice ni se queja». El sentido es el mismo, porque bien claro expresa la 
Santa que por temor de que lleguen a los oídos del marido las quejas que de él tiene la mujer 
mal casada, se abstiene ésta de darlas o manifestarlas. El autógrafo escurialense está conforme 
con el de Valladolid. En el códice de Toledo se lee: «Pues una mujer mal casada no lo dice, 
ni se queja, ni descansa con nadie...» 



CAPITULO XI 57 

que viniere ¿Qué va en que muramos? De cuantas veces nos "ha 
burlado el cuerpo, ¿no burlaríamos alguna del? Y creé que esta 
determinación importa más de lo que podemos entender; porque 
de muchas veces que poco a poco lo vamos haciendo, con el 
favor del Señor, quedaremos señoras de él. Pues vencer un tal 
enemigo, es gran negocio para pasar en la batalla de esta vida. 
Hágalo el Señor como puede. Bien creo no entiende la ganancia 
sino quien ga goza de la Vitoria, que es tan grande, a lo que 
creo, que nadie sentiría pasar trabajo por quedar en este so- 
siego y señorío. 



CAPÍTULO XII 

TRATA DE COMO Hñ DE TENER EN POCO LA VIDA EL VERDADERO 
AMADOR DE DIOS Y LA HONRA. 

Varaos a otras cosas, que también importan harto, aunque 
parecen menudas. Trabajo grande parece todo, y con razón, por- 
que es guerra contra nosotros mesmos; mas comenzándose a 
obrar, obra Dios tanto en el alma g hácela tantas mercedes, 
que todo le parece poco cuanto se puede hacer en esta vida. Y 
pues las monjas hacemos lo más, que es dar la libertad por amor 
de Dios, puniéndola (1) en otro poder, g pasan tantos traba- 
jos, agunos, silencio, encerramiento, servir €l coro, que por mu- 
cho que nos queramos regalar, es alguna vez, g por ventura sola 
yo, en muchos monesterios que he visto. Pues ¿por qué nos 
hemos de detener en mortificar lo interior, pues €n esto está el ir 
todo estotro mug más meritorio y peffeto, g después obrarlo 
con más suavidad g descanso? Esto se adquiere con ir, como he 
dicho, poco a poco, no haciendo nuestra voluntad g apetito, aun 
en cosas menudas, hasta acabar de rendir el cuerpo a el espíritu. 

Torno a decir, que está el todo u gran parte en perder cui- 
dado de nosotros mesmos y nuestro regalo, que quien de ver- 
dad comienza a íservir a éi Señor, lo menos que le puede ofrecer 
es la vida; pues le ha dado su voluntad, ¿qué teme? Claro 
está que si es verdadero relisioso u verdadero orador (2), g pre- 



1 Por poniéndola. . 

2 Hombre de oración, o muy dado a la vida interior. 



60 CAMINO DE PERFECCIÓN 

tende gozar regalos de Dios, que no ha de volver las espaldas a 
desear morir por él y pasar martirio. Pues ¿ya no sabéis, her- 
manas, que la vida del buen relisioso y que quiere ser de los 
allegados amigos de Dios, es un largo martirio? Largo, por- 
que para compararle a los que de presto los degollaban, pué- 
dese llamar largo; mas toda es corta la vida y algunas cortísi- 
mas. ¿Y qué sabemos si seremos de tan corta, que desde un 
llora (1) u memento que nos determinemos a servir del todo a 
Dios, se acabe? Posible seria; que, en fin, todo lo que tiene fin no 
hay que hacer caso de ello, y pensando que cada hora es la 
postrera, ¿quién no la trabajará? 

Pues créeme que pensar esto es lo más siguro; por eso 
mostrémonos a contradecir en todo nuestra voluntad; que si 
trais (2) cuidado, como he dicho, sin saber cómo, poco a poco 
os hallaréis en la cumbre (3). ¡Mas qué gran rigor parece decir 
no nos hagamos placer en nada, como no se dice qué gustos 
y deleites tray consigo esta contradición y lo que se gana con 
ella, aun en esta vida! ¡qué siguridad! Aquí, como todas lo 
usáis, estáse lo más hecho; unas a otras se despiertan y ayu- 
dan; en esto ha cada una procurar ir adelante de las otras. 

En los movimientos interiores se traya (4) mucha cuenta, 
en especial si tocan en mayorías. Dios nos libre, por su Pasión, 
de decir ni pensar, para detenerse en ello, «si soy más antigua», 
«si he más años», «si he trabajado más», «si tratan a la otra 
mijor». Estos pensamientos, si vinieren, es menester atajarlos 
con presteza; que si se detienen en ellos, u lo ponen en plática, 
es pestilencia y de donde nacen grandes males. Si tuvieren prio- 
ra que consiente cosas destas, por poco que sea, crean por sus 
pecados ha primitido Dios la tengan para comenzarse a per- 
der, y hagan gran oración, porque dé el remedio, porque están 
en gran peligro. 



1 Por una. hora. 

1 Un coirectoi añadió una e, para que dijese traéis. 

3 Alguien escribió al margen: No nos hagamos placer, y en esta mortificación paresce 
que en todo se huelgan, y hacen placer queriéndolo todo, porque tienen lo que quieren y 
quieren lo que tienen) en lo cual consiste nuestro contentamiento, siendo bueno lo que se 
quiere. 

4 Por traiga. 



CAPITULO XTI 61 

Podrá ser que digan, que para qué pongo tanto en esto 
y que va con rigor, que regalos hace Dios a quien no está tan 
desasido. Yo lo creo, que con su sabiduría infinita, ve que 
conviene para traellos (1) a que lo dejen todo por El. No llamo 
dejarlo, entrar en relisión, que impedimentos puede haber, y 
en cada parte puede el alma perfeta estar desasida y humilde; 
ello ha más trabajo suyo, que gran cosa es el aparejo. Mas créan- 
me una cosa, que si hay punto de honra, u de hacienda (y esto 
también puede haberlo en los monesterios como fuera, aunque 
más quitadas están las ocasiones y mayor sería la culpa), que 
aunque tengan muchos años de oración, u por mijor decir, con- 
sideración, (porque oración perfeta, en fin, quita estos resabios), 
que nunca medrarán mucho ni llegarán a gozar el verdadero 
fruto de la oración. 

Mira si os va algo, hermanas, en estas cosas, pues no es- 
táis aquí a otra cosa. Vosotras no quedáis más honradas y el 
provecho perdido para lo que podríades más ganar; ansí que 
deshonra y pérdida cabe aquí junto. Cada una mire en sí lo 
que tiene de humildad, y verá lo que está aprovechada. Paréce- 
me que al verdadero humilde, aun de primer movimiento no 
osará el demonio tentarle en cosa de mayorías; porque, como 
es tan sagaz, teme el golpe. Es imposible, si uno es humilde, 
que no gane más fortaleza en esta virtud, y aprovechamiento, si 
el demonio le tienta por ahí (2); porque está claro que ha de dar 
vuelta sobre su vida, y mirar lo que ha servido con lo que debe 
al Señor, y las grandezas que hizo en bajarse a sí para dejar- 
nos enjemplo (3) de humildad, y mirar sus pecados y adonde 
merecía estar por ellos: sale el alma tan gananciosa, que no 
osa tornar otro día por no ir quebrada la cabeza. 

Este consejo toma de mí y no se os olvide, que no sólo 
en lo interior, que sería gran mal (no quedar con ganaxicia, mas 
en lo exterior procura la saquen las hermanas de vuestra tenta- 
ción; si queréis vengaros del demonio y libraros más presto 



1 Por traerlos. 

2 A margen se lee: Remedio de humildes contra ¡a sobervia. 
Poi ejemplo. 



62 CAMINO DE PERFECCIÓN 

de la tentación, que ansí como os venga, pidáis a la perlada 
que os mande hacer algún oficio bajo, u como pudierdes (1) los 
hagáis vos, y andéis estudiando en esto cómo doblar vuestra 
voluntad en cosas contrarias, que el Señor os las descubrirá, g 
cx)n esto durará poco la tentación. 

Dios nos libre de personas que le quieren servir, acor- 
darse de honra; mira que es mala ganancia, y, como he di- 
cho, la mesma honra se pierde con desearla, en especial en las 
mayorías, que no hay tóxico (2) en el mundo que ansí mate 
como estas cosas la perfeción. Diréis que son cosillas naturales, 
que no hay que hacer caso; no os burléis con eso, que crece 
como espuma, y no hay cosa pequeña en tan notable peligro 
como son estos puntos de honra y mirar si nos hicieron agravio. 
¿Sabéis por qué, sin otras hartas cosas? Por ventura en una 
comienza por poco, y no es casi nada, y luego mueve el de- 
monio a que al otro le parezca mucho, y aun pensará es cari- 
dá (3) decirle que cómo consiente aquel agravio, que Dios le dé 
paciencia, que se lo ofrezcáis, que no sufriera más un santo. Pone 
un caramillo en la lengua de la otra, que ya que acabáis con 
vos de sufrir, quedáis aún tentada de vanagloria de lo que no 
sufristes con la perfeción que se había de sufrir. 

Y es esta nuestra naturaleza tan flaca, que aun dicicndonos 
que no hay que sufrir, pensamos hemos hecho algo y lo sentimos, 
cuánto más ver que lo sienten por nosotras; y ansí, va perdien- 
do el alma las ocasiones que había tenido para merecer, y que- 
da más flaca y abierta la puerta a el demonio para que otra 
vez venga con otra cosa peor; y aun podrá acaecer, aun cuan- 
do vos queráis sufrirlo, que vengan a vos, y os dirán que si 
sois bestia, que bien es que se sientan las cosas. ¡Oh, por amor 
de Dios, hermanas mías! que a ninguna le mueva indiscreta 
caridad para mostrar lástima de la otra en cosa que toque a 
estos fingidos agravios, que es como la que tuvieron los amigos 
del santo Job con él, y su mujer. 



1 Por pudiereis. 

2 Por tósigo. Tóx'co dice también el autógrafo de El Escorial. 

3 Por caridad. 



C/IPITULO XIII 

PROSIGUE EN Lñ MORTIFICACIÓN, Y COMO Hñ DE HUIR DE LOS PUNTOS 
Y RAZONES DEL MUNDO PARA LLEGARSE A LA VERDADERA RAZÓN. 

Muchas v€ces os lo digo, hermanas, y ahora lo quiero dejar 
escrito aquí, porque no se os olvide, que en esta casa, y aun 
toda persona que quisiere ser perfeta, huya mil leguas de «razón 
tuve», «hiciéronme sinrazón», «no tuvo razón quien esto hizo 
conmigo»: de malas razones nos libre Dios. ¿Parece que había 
razón para que nuestro buen Jesús sufriese tantas injurias, y se 
las hiciesen, y tantas sinrazones? La que no quisiere llevar cruz, 
sino la que le dieren muy puesta en razón, no sé yo para qué 
está en el monesterio; tórnese al mundo adonde aun no le 
guardarán esas razones. ¿Por ventura podéis pasar tanto que no 
debáis más? ¿Qué razón es ésta? Por cierto, yo no la entiendo. 

Cuando nos hicieren alguna honra, u regalo u buen trata- 
miento, saquemos esas razones, que cierto es contra razón nos 
le hagan en esta vida; mas cuando agravios, que ansí los nom- 
bran sin hacernos agravio, yo no sé qué hay que hablar. U so- 
mos esposas de tan gran rey, u no. Si lo somos, ¿qué mujer 
honrada hay que no participe de las deshonras que a su esposo 
hacen, aunque no lo quiera por su voluntad? En fin, de honra 
u deshonra participan entramos (1). Pues tener parte en su reino 
y gozarle, y de las deshonras y trabajos querer quedar sin nin- 
guna parte, es disbarate. 



1 Poi entrambos, uno y otro. 



64 CAMINO DE PERFECCIÓN 

No nos lo deje Dios querer, sino que la que le pareciere es 
tenida entre todas en menos, se tenga por más bienaventurada; 
y ansí lo es, si lo lleva como lo ha de llevar, que no le 
faltará honra en lesta vida ni ea la otra. Créanme esto a mí; 
mas qué disbarate he dicho que me crean a mí, diciéndolo la 
verdadera Sabiduría. Parezcámonos, hijas mías, en algo a la 
gran humildad de la Virgen Sacratísima, cugo hábito traemos, 
que es confusión nombrarnos monjas suyas; que por mucho que 
nos parezca nos humillamos, quedamos bien cortas para ser hi- 
jas de tal Madre g esposas de tal Esposo. Ansí que, si las co- 
sas dichas no se atajan con diligencia, lo que hoy no parece nada, 
mañana por ventura será pecado venial; y es de tan mala di- 
xestión (1), que si os dejáis,* no quedará sólo: €s cosa muy 
mala para congregaciones. 

En esto habíamos de mirar mucho las que estamos en ella, 
por no dañar a las que trabajan por hacernos bien y darnos 
buen enjemplo (2). Y si entendiésemos cuan gran daño se hace 
en que se comience una mala costumbre, más querríamos morir 
que ser causa de ello; porque es muerte corporal, y pérdidas en 
las almas es gran pérdida, y que no .parece se acaba de perder; 
porque muertas unas, vienen otras, y a todas por ventura les 
cabe más parte de una mala costumbre que pusimos, que de 
muchas virtudes; porque el demonio no la deja caer, y las 
virtudes la mesma flaqueza natural las hace perder. 

¡Oh qué grandísima caridad haría, y qué gran servicio a 
Dios, la monja que en sí viese que no puede llevar las cos- 
tumbres que hay len esta casa, conocerlo y irse! Y mire que le 
cumple, si no quiere tener un infierno acá, y plega a Dios no 
sea otro allá, porque hay muchas causas para temer esto, y por 
ventura ella, ni las demás, no lo entenderán como yo (3). 



1 Por digestión. 

2 Por ejemplo, como en la página 61, línea 27. 

3 Aquí suprimió la Santa unos párrafos, de muy buena doctrina, que había escrito en el 
original escurialense, los cuales dicen así: «jOh qué grandísima caridad haría, y qué gran servi- 
cio a Dios, la monja que se viese que no puede llevar las perfeciones y costumbres que hay 
en esta casa, conocerse y irse, y dejar a las otras en paz!, y aun en todos los monesterios (al 
menos si me creen a mí), no la teman, ni darán profesión, hasta que de muchos años esté pro^ 
bado a ver si se enmiendan. No llamo faltas en la penitencia y ayunos; porque, aunque lo es, 



CAPITULO XIII 65 

Créanme en €sto, g si no, el tiempo les doy por testigo; 
porqu€ €l estilo ( 1 ) que pretendemos llevar, es no sólo de ser imon- 
jas, sino ermitañas, y ansí se desasen de todo lo criado, y 'a 
quien el Señor ha escogido para aquí particularmente, veo la 
hace esta merced. Aunque ahora no sea en toda perfeción, vese 
que va ya a ella por el gran contento que le da y alegría, ver 
que no ha de tornar a tratar con cosa de la vida, y €l sabor 
en todas las de la Relisión. Torno a decir, que si se inclina a 
cosas del mundo, que se vaya si no se ve ir aprovechando; y 
irse, si todavía quiere ser monja, a otro monesterio, y si no, 
verá cómo le sucede. No se queje de mí, que comencé éste (2), 
porque no la aviso. 

Esta casa es un cielo, si le puede haber en la tierra. Para 
quien se contenta sólo de contentar a Dios y no hace caso de 
contento suyo, tiénese muy buena vida; en quiriendo algo más, 
se perderá todo, porque no lo puede tener. Y alma descontenta 
es como quien tiene gran hastío, que por bueno que sea el iman- 
jar, la da en rostro; y de lo que los sanos toman gran gusto 
comer, le hace asco en el estómago. En otra parte se salvará 
mijor, y podrá ser que poco a poco llegue a la perfeción que 
aquí no pudo sufrir por tomarse por junto. Que aunque en lo 
interior se aguarde tiempo para del todo desasirse y mortificar- 



no son cosas que hacen tanto daño, mas unas condiciones que hay de suyo amigas de ser es^ 
timadas y tenidas, y mirar las faltas ajenas, y nunca conocer las suyas, y otras cosas semejan- 
tes, que verdaderamente nacen de poca humildad, si Dios no favorece con darla gran espíritu, 
hasta de muchos años ver la enmienda, os libre Dios de que quede en vuestra compañía. En- 
tended, que ni ella sosegará ni os dejará sosegar a todas. 

«Corno no tomáis dote, haceos Dios merced para esto, que es lo que me lastima de los mo- 
nesterios; que muchas veces, por no tornar a dar el dinero, dejan el ladrón que les robe el tesoro, 
u por la honra de sus deudos. En esta casa tenéis ya aventurada y perdida la honra del mundo, 
porque los pobres no son honrados (estimados), no tan a vuestra costa queráis que lo sean los otros. 
Nuestra honra, hermana.s, ha de ser servir a Dios, quien pensare que de esto os ha de estorbar, 
quédese con su honra en su casa, que para esto ordenaron nuestros padres la probación de un 
ofio, y en nuestra Orden que no se dé en cuatro, que para esto hay libertad. Aquí querría yo 
no se diese en diez: la monja humilde poco se le dará en no ser profesa; ya sabe, que si es 
buena no la echarán; si no, ¿para qué quiere hacer daño a este colesio de Cristo? Y no llamo 
no ser buena, cosa de vanidad, que con el favor de Dios, creo estará lejos de esta casa; llamo 
no ser buena, no estar mortificada, sino con asimientos de cosas del mundo, u de sí en estas 
cosas que he dicho. Y la que mucho en sí no le viere, créame ella mesma, y no haga profesión, 
si no quiere tener un infierno acá, y plega a Dios no sea otro allá, porque hay muchas causas 
en ella para ello; y por ventura las mesmas de la casa no las entenderá, ni la mesma, como yo 
las tengo entendidas». 

1 Uso, costumbre, modo de vida. 

2 El convenio de San José de Avila. 

I ! I 5 * 



66 CñMINO DE PERFECCIÓN 

s€, en lo exterior ha de ser luego; g a quien con ^ver que todas 
lo hacen, y con andar «en tan buena compañía siempre, no le 
aprovecha en un año, temo que no aprovechará en muchos, más, 
sino menos. No digo que sea tan cumplidamente como en las 
otras, mas que se entienda va cobrando salud, que luego se ve 
cuando el mal es mortal. 



CAPITULO XIV 

EN QUE TRRTR LO MUCHO QUE IMPORTA NO DAR PROFESIÓN A 
NINGUNA QUE VAYA CONTRARIO SU ESPÍRITU DE LAS COSAS QUE 
QUEDAN DICHAS. 

Bien creo que favorece el Señor mucho a quien bien se 
determina, y por eso se iia de mirar qué intento tiene la que 
entra, no sea sólo por remediarse, como acaecerá a muchas, 
puesto que el Señor puede perfecionar este intento, si es per- 
sona de buen entendimiento, que si no, en ninguna manera se 
tome ; porque ni ella se entenderá cómo entra, ni después a las 
que la quisieren poner en lo mijor. Porque, por la mayor parte, 
quien esta falta tiene, siempre les parece atinan más lo que 
les conviene que los más sabios; y es mal que le tengo (por in- 
curable, porque por maravilla deja de traer consigo malicia. 
Adonde hay muchas, podráse tolerar, y entre tan pocas no se 
podrá sufrir. 

Un buen entendimiento, si se comienza a aficionar al bien, 
ásese (1) a el con fortaleza, porque ve es lo más acertado; íj 
cuando no aproveche para mucho espíritu, aprovechará para buen 
consejo y para hartas cosas, sin cansar a nadie; cuando éste 
falta, yo no sé para qué puede aprovechar en comunidad, y po- 
dría dañar harto. Esta falta no se ve muy en breve, porque ^nu- 



1 «La Santa escribió ases&a, dice en este pasaje el señor Herrero u Bayona, y el co- 

nector lo enmendó jj puso al margen una cruz, lín. ló». No está en lo verdadero el docto 

canónigo en esta nota. La Santa escribió asese a, y él u el corrector del autógiaio, hicieron 
mal en enmendar lo que ella había escrito bien. 



68 CAMINO DE PERFECCIÓN 

chas hablan bien y entknden mal, y otras hablan corto, y no 
muy cortado, y tienen entendimiento para mucho bien: que hay 
unas simplicidades santas, que saben poco para negocios y es- 
tilo de mundo, y mucho para tratar con Dios. Por |eso, es me- 
nester gran información para tomarlas, y larga probación para 
hacerlas profesas (1). Entienda una vez el mundo que tenéis li- 
bertad para echarlas, y que en monesterio donde hay asperezas, 
muchas ocasiones hay, y como se use, no lo ternán por agravio. 

Digo esto, porque son tan desventurados estos tiempos, y 
tanta nuestra flaqueza, que no basta tenerlo por mandamiento 
de nuestros pasados, para que dejemos de mirar lo que han 
tomado por honra (2) los presentes, para no agraviar los deu- 
dos. Plega a Dios no lo paguemos en la otra vida las Ique las 
admitimos, que nunca falta un color con que nos hacemos enten- 
der se sufre hacerlo. 

Y éste es un negocio que cada una por sí le había (de mirar, 
y encomendar a Dios, y animar a la perlada, pues es cosa que 
tanto importa. Y ansí, suplico a Dios en ello os dé luz, que harto 
bien tenéis en no recibir dotes, que adonde se toman, podría 
acaecer, que por no tornar a dar el dinero que ya no lo tienen, 
dejen el ladrón en casa que les robe (3) el ¡tesoro, que no es pe- 
queña lástima. Vosotras, para en este caso, no la tengáis de 
naide, porque será dañar a quien pretendéis hacer provecho. 



1 Por los libros primitivos de profesiones que todavía conservan los conventos de religio- 
sas fundados por S. Teresa, se echa de ver que muchas tardaban dos u niás anos en profesar. 

2 Muu mal hizo quien se atrevió a poner una erre final a la palabra honra, convirtién- 
dola en infinitivo del verbo honrar. 

3 Que les robebe, escribe por distracción la Santa. 



CAPITULO XV 



QUE TRATA DEL GRAN BIEN QUE HAY EN NO DISCULPARSE, AUNQUE 
SE VEAN CONDENAR SIN CULPA. 

Confusión grande me hace lo que os voy a persuadir, por- 
que había de haber obrado siquiera algo de lo que os digo en 
esta virtud; es ansí, que yo confieso haber aprovechado muy po- 
co. Jamás me parece me falta una causa para parecerme mayor 
virtud dar disculpa; como algunas veces es lícito y sería mal 
no lo hacer, no tengo discreción, u, por mijor decir, humildad, 
para hacerlo cuando conviene. Porque, verdaderamente, es de 
gran humildad verse condenar sin culpa y callar, y es gran 
imitación del Señor que nos quitó todas las culpas. Y {ansí os 
ruego mucho traigáis en esto gran estudio, porque tray consigo 
grandes ganancias; y en procurar nosotras mesmas librarnos de 
culpa, ninguna, ninguna veo, si no es, como digo, en algunos 
casos que podría causar enojo u escándalo no decir la verdad; 
esto quien tuviere más descreción (1) que yo, lo entenderá. 

Creo va mucho en acostumbrarse a esta virtud u en pro- 
curar alcanzar del Señor verdadera humildad, que de aquí debe 
venir; porque el verdadero humilde ha de desear con verdad ser 
tenido en poco (2), y perseguido y condenado sin culpa, aun 
en cosas graves. Porque si quiere imitar a el Señor, ¿en qué 



1 Discreción, como en la págida 29, línea 18. 

2 Las dos últimas letras de esta palabra están sobrepuestas a las dos anteriores por la 
Santa u no por otra mano, como insinúa el señor Herrero y Bayona, equivocadamente. 



70 CAMINO DE PERFECCIÓN 

mijor puede que en esto? Que aquí no son menester fuerzas 
corporales, ni ayuda de nadie, sino de Dios. 

Estas virtudes grandes, hermanas mías, querría yo esíudiá- 
semos mucho, y hiciésemos penitencia, que en demasiadas peni- 
tencias ya sabéis os voy a la mano, porque pueden hacer daño 
a la salud, si son sin descreción. En ¡estotro, no hay que temer, 
porque por grandes que sean las virtudes interiores, no quitan 
las fuerzas del cuerpo para servir la Relisión, sino fortalecen 
el alma; y de cosas muy pequeñas se pueden, como he dicho 
otras veces, acostumbrar para salir con Vitoria en las grandes. 
En éstas no he yo podido hacer lesta prueba, porque nunca oí 
decir cosa mala de mí, que no viese quedaban cortos; porque, 
aunque no era en las mesraas cosas, tenía ofendido a Dios en 
otras muchas, y parecíame habían hecho harto en dejar aqué- 
llas, y siempre me huelgo yo más que digan de mí lo que no es, 
que no las verdades. 

ñyuda mucho traer consideración de lo mucho que se gana 
por todas vías, y cómo nunca, bien mirado, nunca nos culpan 
sin culpas, que siempre andamos llenas de ellas, pues cay siete 
veces a el día el justo (1), y sería mentira decir no tenemos pe- 
cado. Ansí que, aunque no sea en lo mesmo que nos culpan, 
nunca estamos sin culpa del todo, como lo estaba el buen Jesús. 

i Oh Señor mío! cuando pienso por qué de maneras padecis- 
tes, y ¡cómo por ninguna lo merecíades, no sé qué me diga de mí, 
ni dónde tuve el seso cuando no deseaba padecer, ni adonde es- 
toy cuando me disculpo. Ya sabéis Vos, Bien mío, que si tengo 
algún bien, que no es dado por otras manos sino por las vues- 
tras; ¿pues qué os vá, Señor, más en dar mucho que poco? (2). 
Si es por no lo merecer, yo tampoco merecía las mercedes que 
me habéis hecho. ¿Es posible que he yo de querer que sienta 
nadie bien de cosa tan mala, habiendo dicho tantos males de 
Vos, que sois bien sobre todos los bienes? No se sufre, no se 
sufre, Dios mío, ni querría yo lo sufriésedes Vos, que haya 



1 Prov., XXIV, 16. 

2 Fr. Luis de León cambió así el orden de palabras, en gracia de la claridad, tal vez: 
«¿pues qué os va más. Señor, en dar mucho que poco?» 



CAPITULO XV 71 

en vuestra sierva cosa que no contente a vuestros ojos. Pues mi- 
ra, Señor, que los míos están ciegos, g s€ contentan de muy 
poco. Dadme Vos luz, y haced que con verdad desee que todos 
me aborrezcan, pues tantas veces os he dejado a Vos, amándo- 
me con tanta fídelidad. 

¿Qué es esto, mi Dios? ¿Qué pensamos sacar de conten- 
tar a las criaturas? ¿Qué nos va en ser muy culpadas de todas 
ellas, si delante del Señor estamos sin culpa? ¡Oh hermanas 
mías, que nunca acabamos de entender esta verdad, y ansí nun- 
ca acabaremos de estar perfetas, si mucho no la andamos con- 
siderando y pensando qué es lo que es, y qué es lo que no 
es! Pues cuando no hubiese otra ganancia sino la coafusión que 
le quedará a la persona que os hubiere culpado de ver que vos 
sin ella os dejáis condenar, es grandísimo: más levanta una 
cosa de estas a las veces el alma, que diez sermones. Pues to- 
das hemos de procurar de ser predicadoras de obras, pues el 
Apóstol y nuestra inhabilidad nos quita que lo seamos en las 
palabras (1). 

Nunca penséis ha de estar secreto el mal u el bien que hi- 
cierdes (2) por encerradas que estéis. ¿Y pensáis que aunque ivos, 
hija, no os desculpéis (3), ha de faltar quien torne ide (4) vos? 
Mira cómo respondió el Señor por la Madalena en casa del 
Fariseo, y cuando su hermana la culpaba. No os llevará por el 
rigor que a sí, que ya al tiempo que tuvo un ladrón que tor- 
nase por El, estaba en la cruz; ansí que Su Majestad moverá 
a quien tome por vosotras, y cuando no, no será menester. 
Esto yo lo he visto, y es ansí, aunque no querría se jos acor- 
dase, sino que os holgásedes de quedar culpadas, y el pro- 
vecho que veréis en vuestra alma, el tiempo os doy por tes- 
tigo; porque se comienza a ganar libertad, y no se da más 
que digan mal que bien, antes parece es negocio ajeno, y es 
como cuando están hablando dos personas, y como no es con 



1 / Md Cor., XVI, 34. 

2 Por hiciereis. 

3 Por disculpéis. 

4 Un conecto! bonando el de, puso por. 



72 CAMINO DE PERFECCIÓN 

nosotras mesmas, estamos descuidadas de la respuesta; ansí es 
acá: con la costumbre que está hecha de que no hemos de 
responder, no parece hablan con nosotras. Parecerá esto im- 
posible a los que somos muy sentidos y poco mortificados. A 
los principios dificultoso es; mas yo sé que se puede alcanzar 
esta libertad, y negación y desasimiento de nosotros mesmos, 
con el favor del Señor. 



CAPITULO XVI 



DE Lñ DIFERENCIA QUE Hñ DE HABER EN LA PERFECION DE LA VIDA 
DE LOS CONTEMPLATIVOS A LOS QUE SE CONTENTAN CON ORA- 
CIÓN MENTAL; Y COMO ES POSIBLE ALGUNAS VECES SUBIR DIOS 
UN ALMA DESTRAIDA A PERFETA CONTEMPLACIÓN, Y LA CAUSA 
DE ELLO. ES MUCHO DE NOTAR ESTE CAPITULO Y EL QUE VIENE 
CABE EL (1). 

«Y no os parezca mucho todo esto, que voy entablando 
el juego, como dicen. Pedístesme (2) os dijese el principio de 
oración; yo, hijas, aunque no me llevó Dios por este princi- 
pio, porque aun no le debo tener de estas virtudes, no sé otro. 
Pues creé que quien no sabe concertar las piezas en el juego 
del ajedrez, que sabrá mal jugar, y si no sabe dar jaque, no sa- 



1 Los cuatro párrafos primeros de este capítulo, hacían el XVII en el autógrafo de Valla- 
dolid; pero luego, a lo que se me alcanza, por juzgar ligera o valadí la comparación del aje- 
drez con la oración, arrancó los folios 59, 60, 61, 62 y 63, y los refundió en uno, el 59, que 
escribió de nuevo y lo pegó al margen de las hojas cortadas, el cual dejó para este fin. Al hacer 
esto, no se cuidó la Santa de enmendar, ni el orden de capítulos, ni la foliación, y por eso del 
capítulo XVI pasa al XVIII, y de la página LIX salta a la LXIV. Las copias corregidas por la 
Santa que hasta hoy se conservan, trasladan fielmente el original valisoletano así modiHcado. 
Como la comparación tomada del juego del ajedrez es tan expresiva y hermosa, y tan conocida 
y citada por los devotos de la Santa, nos parece oportuno traerla aquí según el autógrafo de 
El Escorial. Así lo hicieron Fr. Luis de León y los demás editores, hasta nuestros días. Adver- 
timos ya en la nota tercera de la página 26, que por insinuación de la Santa se refundían en 
uno los capítulos IV y V del autógrafo. Como aquí suprimió otro, y sin embargo la numeración 
en el original corre como si no hubiera sido suprimido, entre el autógrafo y el impreso existe 
desde ahora, la diferencia de dos unidades, siendo capítulo XVIII en aquél, lo que en éste es 
XVI. La diferencia no tiene importancia; procede únicamente de no haberse acordado la Santa 
de corregir el orden de capírulos al hacer los arreglos indicados. 

2 Por me pedisteis. 



74 CAMINO DE PERFECCIÓN 

brá dar mate (1). Ansí me habéis de reprender porque hablo en 
cosa de juego, no le habiendo en esta casa, ni habiéndole de 
haber. Aquí veréis la madre que os dio Dios, que hasta esta Va- 
nidad sabía; mas dicen que es lícito algunas veces. Y cuan 
lícito será para nosotras esta manera de jugar, y cuan presto, 
si mucho lo usamos, daremos mate a este Rey divino, que no 
se nos podrá ir de las manos ni querrá. 

»La dama es la que más guerra le puede hacer en este jue- 
go, y todas las otras piezas ayudan (2). No hay dama que ansí 
le haga rendir como la humildad; ésta le trajo del cielo en Has 
entrañas de la Virgen, y con ella le traeremos nosotras de un 
cabello a nuestras almas. Y creé que, quien más tuviere, más 
le terna, y quien menos, menos; porque no puedo yo entender 
cómo haya, ni pueda haber humildad sin amor, ni amor sin 
humildad, ni es posible estar estas dos virtudes sin gran des- 
asimiento de todo lo criado. 

»Diréis, mis hijas, que para qué os hablo en virtudes, que 
hartos libros tenéis que os las enseñan, que no queréis sino 
contemplación. Digo yo que aun si pidiérades meditación, pudie- 
ra hablar de ella, y aconsejar a todos la tuvieran, aunque no 
tengan virtudes; porque es principio para alcanzar todas las vir- 
tudes y cosa que nos va la vida en comenzarla todos los .cris- 
tianos; y ninguno, por perdido que sea, si Dios le despierta a 
tan gran bien, lo había de dejar, como ya tengo escrito en otra 
parte, y otros muchos que saben lo que escriben, que yo por 
cierto que no lo sé; Dios lo sabe. 

»Mas contemplación es otra cosa, hijas, que éste es el en- 
gaño que todos traemos, que en llegándose uno un rato cada día 
a pensar sus pecados, que está obligadoi a ello si es cristiano de 
más que nombre, luego dicen es muy contemplativo; y luego le 



í En ei ajedrez, juego tan antiguo ea los pueblos como sus respectivas civilizaciones, se 
dice dar jaque cuando al rey del jugador opuesto se le coloca en situación muy difícil para de^ 
fenderse y huir; y mate o jaque-mate, cuando cae en poder de su contrario. Como hoy, en 
tiempo de Santa Teresa estaba muy en uso este juego. Por entonces (1561) publicó Ruy López 
de Segura su célebre tratado, de 300 páginas en 4. o, con el título áe Libro de la invención libe^ 
ral y arte del juego del axedrez. 

2 La dama o reina es la pieza más importante del ajedrez después del rey; puede mover- 
se como las demás, excepto el caballo, y al triunfo de ella concurren todas las de su bando. 



CAPITULO XVI 75 

quieren con tan grandes virtudes como está pbligado a tener el 
muy contemplativo, y aun él se quiere, mas yerra. En los prin- 
cipios no supo entablar el juego; pensó bastaba conocer las pie- 
zas para dar mate, y es imposible, que no se da este Rey sino 
a quien se le da del todo» (1). 

Ansí que, hijas, si queréis que os diga el camino para lle- 
gar a la contemplación, sufrí que sea un poco larga en cosas, 
aunque no os parezcan luego tan importantes, aunque, a mi 
parecer, no lo dejan de ser; y si no las queréis oír ni obrar, 
quedaos con vuestra oración mental toda vuestra vida, que yo 
os asiguro a vosotras, y a todas las personas que pretendie- 
ren este bien (ya puede ser yo me engañe, porque juzgo por 
mí, que lo procuré veinte años), que no lleguéis a verdadera 
contemplación. 

Quiero ahora declarar, porque algunas no lo entenderéis, 
qué es oración mentall, y piega a Dios ique ésta tengamos como 
se ha de tener; mas también he miedo que se tiene con harto 
trabajo, si no se procuran las virtudes, aunque no en tan alto 
grado como para la contemplación son menester. Digo que no 
verná el Rey de la gloria a nuestra alma, digo a estar unido con 
ella, si no nos esforzamos a ganar las virtudes grandes (2). Quié- 
rolo declarar, porque si en alguna cosa que no sea verdad me 
tomáis (3), no creeréis cosa; y terníades razón si fuese con ad- 
vertencia, mas no me dé Dios tal" lugar; será no saber más, u íio 
lo entender. Quiero, pues, decir, que algunas veces querrá Dios, 
a personas que estén en mal estado, hacerles tan gran favor 
para sacarles por este medio de las manos a el demonio! (4). 



1 Kqm teimina lo suprimido por la Santa. En el párrafo siguiente, da comienzo este ca- 
pítulo en el autógrafo de Valiadolid, conforme al arreglo hecho por ella. 

2 Escribió primero la Santa: En el capítulo pasado dije que no vetnía el rey de la gloria 
a nuestra alma, digo a estar unido con ella, sino nos eforzábamos a ganar las virtudes que 
allí dije grandes. Luego modificó el período conforme nosotros lo publicamos. 

3 Tomáis, en el sentido anticuado de hallar o coger en mentira. 

4 Exponiendo este mismo pensamiento, había escrito antes la Santa en el autógrafo de El 
Escorial: «Acaece muchas veces que el Señor pone un alma muy ruin, entiéndese no estando 
en pecado mortal entonces, a mi parecer; porque una visión, aunque sea muy buena, primitirá 
el Señor que la vea uno, estando en mal estado, para tornarle a sí; mas ponerle en contempla- 
ción, no lo puedo creer. Porque en aquella unión divina, adonde el Señor se arregla con el alma 
U el alma con El, no lleva camino alma sucia deleitarse con ella la limpieza de los cielos, y el 
regalo de los ángeles regalarse con cosa que no sea suya». La doctrina asi expuesta, fué la de- 



76 CAMINO DE PERFECCIÓN 

¡Oh Sefíor mío, qué de v€C€s os hacemos andar a brazos con 
el demonio! ¿No bastara que os dejastes tomar en ellos cuando 
os Ikvó a €l pináculo ( 1 ) para enseñarnos a vencerle? Mas, ¿qué 
seria, hijas, ver juntoi a aquel Sol con las tinieblas, g qué temor 
Ikvaría aquel desventurado^ sin saber de qué? Que no primitió Dios 
lo entendiese. Bendita sea tanta piadad (2) y misericordia; que 
vergüenza habíamos de haber los cristianos de hacerle andar 
cada ¡día a brazos (3), como he dicho, con tan sucia bestia. Bien 
fué menester. Señor, los tuviésedes tan fuertes; mas, ¿cómo no 
os quedaron flacos de tantos tormentos como pasastes en la 
cruz? ¡Oh, que todo lo que se pasa con amor torna a soldar- 
se! y ansí creo, si quedárades con la vida, el mesmo amor que 
nos tenéis, tornara a soldar vuestras llagas, que no fuera me- 
nester otra medicina. ¡Oh Dios mío, y quién la pusiese tal en 
todas las cosas que me diesen pena y trabajos! ¡Qué de buena 
gana las desearía, si tuviese cierto ser curada con tan saluda- 
ble ungüento! 



unitiva de la autora; porque las cuatro copias del Camino de Perfección que se conservan, 
retocadas por ella misma, reproducen fielmente el autógrafo valisoletano, sin que ni a Santa 
Teresa, ni a los eminentes teólogos que las vieron, entre ellos el P. Báñez que, como sabemos, 
puso algunas notas al códice de Valladolid, se les ocurriese hacer reparo alguno. Autores hay 
que creen afirma aquí Santa Teresa la posibilidad, ij aún el hecho, de que una alma en pecado 
mortal goce pasajeramente de la contemplación sobrenatural. No podemos en una simple nota 
dilucidar un punto tan difícil de mística; muchos escritores han intentado explicar esta real o 
supuesta afirmación de la gran Doctora, entre otros, el P. Juan de Jesús María (Theologia MyS'' 
tica, cap. III); Honorato de S. Alaría (Tradition des Déres sur la contemplation, p. III, Dissert. 
7); Ribet (La Mystique Divine, t. I, premiére partie, c. VI), jj no pocos otros, antiguos y 
modernos. Recientemente ha tratado con notable discreción este punto el P. Seisdedos en su 
obra titulada Principios fundamentales de la Mística, t. II, págs. 61-77. (Madrid, 1913). Sobre 
la imposibilidad de que el alma en pecado grave goce de contemplación sobrenatural, en el 
sentido estricto que los místicos dan a esta palabra, puede verse la docta y profunda obra del 
carmelita P. José del Espíritu Santo: Cutsus Theologiae Mystico-Scholasticae, t. I, Disp. I 
prooemialis, et alibi. 

Atendiendo a la importancia que Santa Teresa da a las imperfecciones y pecados veniales, 
como se ve en el Libro de la Vida cuando habla de sus propias faltas, y en todos sus 
escritos cuando reprende la dejadez y abandono en el servicio de Dios, bien pueden aplicarse 
las frases de este capítulo a una alma, no en pecado mortal, pero sí en un estado tal de tibieza, 
que sólo por algún gusto extraordinario de la contemplación mística es capaz de salir de él y 
aficionarse a la vida de íntima y fervorosa unión con el Amado. Así parece inferirse también del 
rótulo de éste capítulo, en que promete hablar de «cómo es posible subir Dios un alma destraída. 
a perfecta contemplación». Rima muy ruin llama, como acabamos de ver, al alma que, estando 
en gracia, anda sin embargo muy remisa en la perfección. De esta suerte, se armonizan bien 
ambos textos autógrafos, y el uno se explica y aclara por el otro, que es regla de buena exé- 
gesis teresiana. 

1 Matth., c. IV, V. 5. 

2 Por piedad. 

3 Luchando, como si dijéramos, cuerpo a cuerpo. 



CAPITULO XVI 77 

Tornando a lo qu€ decía, hay almas que entiende Dios que 
por este medio las puede granjear para sí; ya que las ve del 
todo perdidas, quiere Su Majestad que no quede por El; y aun- 
que estén en mal estado y faltas de virtudes, dale gustos, y 
regalos y ternura que la comienza a mover los deseos, y aun 
pónela en contemplación algunas veces, pocas y dura poco. Y 
esto, como digo, hace porque las prueba si con aquel favor se 
querrán disponer a gozarle muchas veces; mas si no se dis- 
pone, perdonen u perdónanos ( 1 ) Vos, Señor, por mijor decir, que 
harto mal es que os lleguéis Vos a un alma de esta suerte, 
y se llegue ella después a cosa de la tierra para atarse a ella. 

Tengo para mí, que hay muchos con quien Dios Nuestro 
Señor hace esta prueba, y pocos los que se disponen para gozar 
de esta merced; que cuando el Señor la hace y no queda por 
nosotros, tengo por cierto que nunca cesa de dar hasta llegar 
a muy alto grado. Cuando no nos damos a Su Majestad con la 
determinación que El se da a nosotros, harto hace de dejarnos en 
oración mental y visitarnos de cuando en cuando, como a cria- 
dos que están en su viña; mas estotros son hijos regalados, no 
los querría quitar de cabe sí, ni los quita, porque ya ellos no 
se quieren quitar; siéntalos a su mesa, dales de lo que come 
hasta quitar el bocado de la boca para dársele. 

¡Oh dichoso cuidado, hijas mías! ¡Oh bienaventurada deja- 
ción de cosas tan pocas y tan bajas que llega a tan gran estado! 
Mira qué se os dará, estando en los brazos de Dios, que os culpe 
todo el mundo. Poderoso es para libraros de todo, que una vez que 
mandó hacer el mundo, fué hecho; su querer es obra[r] (2). Pues 
no hayáis miedo, que si no es para más bien de el que le ama, 
consienta hablar con vos; no quiere tan poco a quien le quiere; 
pues ¿por qué, mis hermanas, no le mostraremos nosotras, en cuan- 
to podemos, el amor? Miré que es hermoso trueco dar nuestro 
amor por el suyo; mira que lo puede todo y acá no podemos 
nada sino lo que El nos hace poder. Pues ¿qué es esto que ha- 



1 Por perdonadnos. 

2 Alguna mano extraña añadió una erre final a esta palnbra, que la Santa se dejó en el 
tintero distraídamente. 



78 CAMINO DE PERFECCIÓN 

c€mos por Vos, Señor, Hacedor nuestro? Que «s tanto como 
nada, una detcrminacioncilla. Pues si lo que no €s nada quiere 
Su Majestad que merezcamos por ello el Todo, no seamos des- 
atinadas. 

¡Oh Señor! que todo el daño nos viene de no tener pues- 
tos los ojos en Vos, que si no mirásemos otra cosa sino al ca- 
mino, presto llegaríamos; mas damos mil caídas y tropiezos, y 
erramos el camino por no poner los ojos, como digo, en el ver- 
dadero camino. Parece que nunca se anduvo, sigún se nos hace 
nuevo. Cosa es para lastimar, por cierto, lo que algunas veces 
pasa. Pues tocar en un puntito de ser menos, no se sufre, ni 
parece se ha de poder sufrir; luego dicen no somos santos. 

Dios nos libre, herma[nas], cuando algo hiciéremos no per- 
feto, decir: «no somos ángeles», «no somos santas»; mira que 
aunque no lo somos, es gran bien pensar, si nos esforzamos, 
lo podríamos ser, dándonos Dios la mano; y no hayáis miedo 
que quede por El, si no queda por nosotras. Y pues no venimos 
aquí otra cosa, manos a la labor (1), como dicen; no entenda- 
mos cosa en que se sirve más el Señor, que no presumamos 
salir con ella, con su favor. Esta presunción querría yo en esta 
casa, que hace siempre crecer la humildad: tener una santa 
osadía, que Dios ayuda a los fuertes, y no es acetador de per- 
sonas (2). 

Mucho rae he divertido; quiero tornar a lo que decía, que 
es declarar qué es oración mental y contemplación. Impertinen- 
te parece, mas para vosotras todo pasa; podrá ser lo entendáis 
raijor por mi grosero estilo, que por otros elegantes. El Señor 
me dé favor para ello. Amén. 



1 Así se lee en los autógrafos valisoletano y escurialense. 

2 Jid Éphes.. VI. 9. 



CAPITULO XVII 

DE COMO NO TODAS LñS ALMAS SON PARA CONTEMPLACIÓN, Y COMO 
ALGUNAS LLEGAN A ELLA TARDE, Y QUE EL VERDADERO HU- 
MILDE HA DE IR CONTENTO POR EL CAMINO QUE LE LLEVARE 
EL SEÑOR. 

Parece qu€ me voy entrando en la oración, y fáltame un 
poco por decir, que importa mucho, porque es de la humildad, y 
es necesario en esta casa (1); porque es el ejercicio principal de 
oración, y, como he dicho, cumple mucho tratéis de entender cómo 
ejercitaros mucho en la humildad, y éste es un gran punto de 
ella y muy necesario para todas las personas que se ejercitan 
en oración. ¿Cómo podrá el verdadero humilde pensar que es 
él tan bueno como los que llegan a ser contemplativos? Que 
Dios le puede hacer tal, sí, por su bondad y misericordia; mas, 
de mi consejo, siempre se siente en el más bajo lugar, que ansí 
fios dijo el Señor lo hiciésemos y nos lo enseñó por la obra. 
Dispóngase para si Dios le quisiere llevar por ese camino; cuan- 
do no, para eso es la humildad, para tenerse por dichosa en 
servir a las siervas del Señor y ¡alabarle; porque mereciendo ser 
sierva de los demonios en el infierno, la trajo Su Majestad en- 
tre ellas. 

No digo esto sin gran causa, porque, como he dicho, es 
cosa que importa mucho entender que no a todos lleva Dios por 
un camino, y por ventura el que le pareciere va por muy más 



1 San José de Avila. 



80 CAMINO DE PERFECCIÓN 

bajo, está más alto en los ojos del Señor; ansí que, no por- 
que en esta casa todas traten de oración, han de ser todas con- 
templativas. Es imposible y será gran desconsolación para la 
que no lo es, no entender esta verdad, que esto es cosa que lo 
da Dios; y pues no es necesario para la salvación, ni nos lo 
pide de premio, no piense se lo pedirá nadie; que por eso no 
dejará de ser muy perfcta, si hace lo que queda dicho; antes 
podrá ser tenga mucho más mérito, porque es a más trabajo suyo, 
y la lleva el Señor como a fuerte, y la tiene guardado junto 
todo lo que aquí no goza. No por eso desmaye, ni deje la ora- 
ción y de hacer lo que todas, que, a las veces, viene el Señor 
muy tarde, y paga tan bien y tan por junto, como en muchos 
años ha ido dando a otros. 

Yo estuve más de catorce que nunca podía tener aún me- 
ditación, sino junto con leción. Habrá muchas personas de este 
arte, y otras que, aunque sea con la leción, no puedan tener me- 
ditación, sino rezar vocalmente, y aquí se detienen más. Hay 
pensamientos tan ligeros, que no pueden estar en una cosa, sino 
siempre desasosegados, y en tanto extremo, que si quieren de- 
tenerle (1) a pensar en Dios, se les va a mil disbarates, y es- 
crúpulos y dudas. Yo conozco una persona bien vieja, de harto 
buena vida, penitente y muy sierva de Dios, y gasta hartas horas, 
hartos años ha, en oración vocal, y en mental no hay remedio; 
cuando más puede, poco a poco en las oraciones vocales se va 
detiniendo. Y otras personas hay hartas de esta manera, y si 
hay humildad, no creo yo saldrán peor libradas al cabo, sino 
muy en igual de los que llevan muchos gustos, y con más si- 
guridad, en parte; porque no sabemos si los gustos son de Dios, 
u si los pone el demonio. Y si no son de Dios, es más peli- 
gro, porque en lo que él trabaja aquí, es en poner soberbia; 
que si son de Dios, no hay que temer, consigo train la humildad, 
como escribí muy largo en el otro libro (2). 

Estotros andan con humildad sospechosos que es por su 



1 Está repetida en el original y tachada por la misma Santa la hese que si quieren detener. 

2 Libro de la. vida, c. XVII XIX u XXVIII. 



CAPITULO XVII 81 

culpa, siempre con cuidado d<2 ir adelante; no ven a otros llorar 
una lágrima, que si ella no las tiene, no le parezca está muy 
atrás en el servicio de Diois, y debe estar, por ventura, muy más 
adelante; porque no son las lágrimas, aunque son buenas, todas 
perfetas; y la humildad, y mortificación, y desasimiento y otras 
virtudes, siempre hay más siguridad. No hay que temer, ni ha- 
yáis miedo que dejéis de llegar a la perfeción, como los muy 
contemplativos. 

Santa era Santa Marta, aunque no dicen era contemplativa; 
pues ¿qué más queréis que poder llegar a ser como esta bien- 
aventurada, que mereció tener a Cristo Nuestro Señor tantas ve- 
ces en su casa, y darle de comer, y servirle y comier a su mesa? 
Si se estuviera como la Madalena, embebidas (1), no hubiera quien 
diera de comer a este divino Huésped. Pues pensad que es esta 
Congregación la casa de Santa Marta, y que ha de haber de 
todo ; y las que fueren llevadas por la vida ativa, no mormuren 
a las que mucho se embebieren en la contemplación, pues saben 
ha de tornar el Señor de (2) ellas, aunque callen, que, por la 
mayor parte, hace descuidar de sí y de todo. 

Acuérdense que es menester quien le guise la comida, y 
ténganse por dichosas en andar sirviendo con Marta; miren 
que la verdadera humildad está mucho en estar muy prontos 
en contentarse con lo que el Señor quisiere hacer de ellos, y 
siempre hallarse indinos de llamarse sus siervos. Pues si con- 
templar, y tener oración mental y vocal, y curar enfermos, y 
servir en las cosas de casa, y trabajar sea en lo más bajo, todo 
es servir a el Huésped que se viene con nosotras a estar, y a 
comer y recrear, ¿qué más se nos da en lo uno que en lo otro? 

No digo yo que quede por nosotras, sino que lo probéis todo, 
porque no está esto en vuestro escoger, sino en el del Señor; 
mas si después de muchos años quisiere a cada una para su 
oficio, gentil humildad será querer vosotras escoger; dejad ha- 



1 En otras ediciones se ha impreso embebida, o siempre embebida, como en ia principe; 
pero así en el autógrafo de Valladolid como de El Escoria!, se lee embebidas,- y no está mal, 
aparte la falta de concordancia, entendiéndolo, no de Marta, sino de las religiosas que gustan 
de las dulzuras de la contemolación, como la Magdalena. 

2 De en vez de por, como en la página 71 , línea 21 . 

III ■ 6 * 



82 CñiVlINO DE PERFECCIÓN 

cer al Señor de la casa; sabio es, poderoso es, entiende lo que 
os conviene y lo que le conviene a El también. Estad siguras 
que haciendo lo que és en vosotras, y aparejándoos para con- 
templación con la perfeción que queda dicha, que si El no 
os la da (lo que creo no dejará de dar, si es de veras el des- 
asimiento y humildad), que os tiene guardado este regalo para 
dároslo junto en el cielo, y que, como otra vez he dicho, os quie- 
re llevar como a fuertes, dándoos acá cruz como siempre Su Ma- 
jestad la tuvo. 

¿Y qué mijor amistad que querer lo que quiso para Sí para 
vos? Y pudiera ser no tuviérades tanto premio en la coníempla- 
ción. Juicios son suyos, no hay que meternos en ellos; harto 
bien es que no quede a nuestro escoger, que luego, como nos 
parece más descanso, fuéramos todos grandes contemplativos. ¡Oh 
gran ganancia, no querer ganar por nuestro parecer para no te- 
mer pérdida, pues nunca primite Dios la tenga el bien mor- 
tificado, sino para ganar más! 



CAPITULO XVIII 

QUE PROSIGUE EN LA MESMA MATERIA Y DICE CUANTO MAYORES SON 
LOS TRABAJOS DE LOS CONTEMPLATIVOS QUE DE LOS ATIVOS. ES 
DE MUCHA CONSOLACIÓN PARA ELLOS. 

Pues yo os digo, hijas, a las que no lleva Dios por este 
camino, que a lo que he visto y entendido de los que van por él, 
que noi llevan la cruz más liviana, y que os espantaríades por 
las vías y maneras que las da Dios. Yo sé de unos y de otros, 
y sé claro que son intolerables los trabajos que Dios da a los 
contemplativos; y son de tal suerte, que si no les diese aquel 
manjar de gustos, no se podrían sufrir. Y está claro- que, pues 
lo es que a los que Dios mucho quiere lleva por camino de tra- 
bajos, y mientra más los ama, mayores, no hay por qué creer 
que tiene aborrecidos los contemplativos, pues por su boca los 
alaba y tiene por amigos. 

Pues creer que admite a su amistad estrecha gente rega- 
lada y sin trabajos, es disbarate. Tengo por muy cierto se los 
da Dios mucho mayores; y ansí como los lleva por camino ba- 
rrancoso y áspero, yi, a las veces, que les parece se pierden y han 
de comenzar de nuevo a tornarle a andar, que ansí ha menester 
Su Majestad darles mantenimiento, y no de agua, sino de vino, 
para que, emborrachados, no entiendan lo que pasan y lo pue- 
dan sufrir. Y ansí, pocos veo verdaderos contemplativos que no 
los . vea nimosos ( 1 ) y determinados a padecer, que lo pri- 



1 Suprimió la a de animosos para evitar el hiato. La a sobrepuesta que se ve en el auto- 
grafo, no es de la Santa, sino de algún corrector. 



84 CAMINO DE PERFECCIÓN 

mero que hace lel Señor, si son flacos, es ponerles ánimo y 
hacerlos que no teman trabajos. 

Creo piensan los de la vida ativa, por un poquito que los 
wn regalados, que no hay más que aquello; pues yo digo que 
por ventura un día de los que pasan, no lo pudiésedes sufrir. 
Ansí que el Señor, como conoce a todos para lo que son, da 
a cada uno su oficio, el que más ve conviene a su altna, 
y a el mesmo Señor y a fel toien de los prójimos; y como no 
quede por no os haber dispuesto, no hayáis miedo se pierda 
vuestro trabajo. Mira que digo que todas lo procuremos, pues 
no estamos aquí a otra cosa; y no un año, ni dos solos, ni aun 
diez, porque no parezca lo dejamos de cobardes, y es bien que 
€l Señor entienda no queda por nosotras: como los soldados 
que, aunque mucho hayan servido, siempre han de estar a pun- 
to para que el capitán los mande en cualquier oficio que quiera 
ponerlos, pues les ha de dar su sueldo. ¡Y cuan mijor pagado 
lo paga nuestro Rey que los de la tierra! 

Como los ve presentes, y con gana de servir, y tiene ya 
entendido para lo que es cada uno, reparte los oficios como ve 
las fuerzas, y si no estuviesen presentes, no les daría nada, ni 
mandaría en que sirviesen. Ansí que, hermanas, oración me»ital; 
y quien ésta no pudiere, vocal, y leción y coloquios con Dios, 
como después diré. No se deje las horas de oración que to- 
das (1), no sabe cuándo llamará el Esposo (no os acaezca como 
a las vírgenes locas), y la querrá dar más trabajo disfrazado con 
gusto; si no, entiendan no son para ello y que les conviene aque- 
llo, y aquí entra el merecer con la humildad, creyendo con ver- 
dad que aun para lo' que hacen no son. 

Andar alegres sirviendo' en lo que les mandan, como he di- 
cho, y si es de veras esta humildad, bienaventurada tai sierva 
de vida ativa, que no mormurará sino de sí. Deje a las otras 
con su guerra, que no es pequeña; porque aunque en las ba- 
tallas el alférez no pelea, no por eso deja de ir en gran peli- 
gro, y en lo interior debe de trabajar más que todos; porque co- 



1 Es decir, las horas de oración que hacen las demás, según lo prescrito por las Cons- 
tituciones. 



CAPITULO XVIII 85 

mo lleva la bandera, no se puede defender, y aunque le hagan 
pedazos, no la ha de dejar de las manos. Ansí, los contemplati- 
vos han de llevar levantada la bandera d€ la humildad g sufrir 
cuantos golpes les dieren, sin dar ninguno; porque su oficio 
es padecer como Cristo, llevar en alto la cruz, no la dejar de 
las manos por peligros en que se vean, ni que vean en él fla- 
queza en padecer; para eso le dan tan honroso oficio. Mire lo 
que hace, porque si él deja la bandera, perderse ha la batalla; 
y ansí, creo que se hace gran daño en los que no están tan 
adelante, si a los que tienen ya en cuento de capitanes y ami- 
gos de Dios les ven no ser sus obras conforme a el oficio que 
tienen. 

Los demás soldados vanse como pueden, y a las veces se 
apartan de donde ven €l mayor peligro, y no los echa nadie de 
ver, ni pierden honra; estotros llevan todos los ojos en ellos, 
no se pueden bullir. Ansí que bueno es lel oficio, y honra gran- 
de y merced hace el rey a quien le da, mas no se obliga a 
poco en tomarle. Ansí que, hermanas, no sabemos lo que pedi- 
mos (1); dejemos hacer al Señor, que hay algunas perso[nas] (2) 
que por justicia parece quieren pedir a Dios regalos. Donosa ma- 
nera de humildad; por eso hace bien el conocedor de todos, que 
pocas veces creo lo da a éstos; ve claro que no son para beber 
el cáliz. 

Vuestro entender, hijas, si estáis aprovechadas, será en si 
entendiere cada una es la más ruin de todas, y esto que se en- 
tienda en sus obras que lo conoce ansí, para aprovechamiento 
y bien de las otras; y no en la que tiene más gustos en la ora- 
ción, y arrobamientos, u visiones u mercedes que hace el Se- 
ñor de esta suerte, que hemos de aguardar a el otro mundo para 
ver su valor. Estotro es moneda que se corre, es renta que no 
falta, son juros perpetuos y no censos de al quitar (3) (que es- 
totro quítase y pónese), una virtud grande de humildad y mor- 
tificación, de gran obediencia en no ir en un punto contra lo 



1 Math., XX, 22. 

2 La Santa escribió sólo perso, u un conector suplió lo restante de la palabra. 

3 Censos que fácilmente se redimen, en contraposición al juro que de suyo era perpetuo. 



86 CAMINO DE PERFECCIÓN 

que manda el perlado, que sabéis verdaderamente que os lo 
manda Dios, pues está en su lugar. En esto de obediencia es 
en lo que más había de poner, y por parecerme que si no la 
hay es no ser monjas, no digo nada de ello, porque hablo con 
monjas, a mi parecer, buenas, al menos que lo desean ser; en 
cosa tan sabida y importante, no más de una palabra, porque 
no se olvide. 

Digo que quien estuviere por voto debajo de obediencia, y 
faltare no trayendo todo cuidado en cómo cumplirá con ma- 
yor perfeción este voto, que no sé para qué está en el mones- 
terio; al menos yo la asiguro, que mientra aquí faltare, que nun- 
ca llegue a ser contemplativa, ni aun buena ativa, y esto tengo 
por muy muy (1) cierto. Y aunque no sea persona que tiene a 
esto obligación, si quiere u pretende llegar a contemplación, ha 
menester, para ir muy acertada, dejar su voluntad con toda 
determinación en un confesor que sea tal; porque esto es ya 
cosa muy sabida, que aprovechan más de esta suerte en un 
año, que sin esto en muchos, y para vosotras no es menester, 
no hay que hablar de ello. 

Q)ncluyo con que lestas virtudes son las que yo deseo ten- 
gáis, hijas mías, y las que procuréis, y las que santamente en- 
vidiéis. Esotras devociones, no curéis de tener pena por no te- 
nerlas; es cosa incierta. Podrá ser en otras personas sean de 
Dios, y en vos primitirá Su Majestad sea ilusión del demonio 
y que os engañe, como ha hecho a otras personas. En cosa du- 
dosa, ¿para qué queréis servir al Señor tiniendo tanto en qué 
siguro? ¿quién os mete en esos peligros? Heme alargado tanto 
en esto, porque sé conviene, que esta nuestra naturaleza es fla- 
ca, y a quien Dios quisiere dar la contemplación. Su Majestad 
le hará fuerte; a los que no, heme holgado de dar estos avisos, 
por donde también se humillarán los contemplativos. El Señor, 
por quien es, nos dé luz para siguir en todo su voluntad y no 
habrá de qué temer. 



1 Repite el adverbio para dar más fuerza a la frase. Ahora diríamos certísimo. 



CAPÍTULO XÍX 



QUE COMIENZA A TRATAR DE LA ORACIÓN. HABLA CON ALMAS QUE 
NO PUEDEN DISCURRIR CON EL ENTENDIMIENTO. 

Ha tantos días que escribí lo pasado sin haber tenido lu- 
gar para tornar a ello, que si no lo tornase a leer, no sé lo 
que decía; por no ocupar tiempo, habrá de ir como saliere, sin 
concierto. Para entendimientos concertados, y almas que están 
ejercitadas y pueden estar consigo mesmas, hay tantos libros es- 
critos, y tan buenos y de personas tales, que sería yerro hiciésedes 
caso de mi dicho en cosa de oración; pues, como digo, te- 
néis libros tales adonde van por días de la semana repartidos 
los misterios de la vida del Señor y de su Pasión, y medi- 
taciones del juicio, y infierno, y nuestra nonada, y lo mucho 
que debemos a Dios, con ecelente dotrina y concierto para prin- 
cipio y fin de la oración (1). Quien pudiere y tuviere ya cos- 
tumbre de llevar este modo de oración, no hay que decir que 
por tan buen camino el Señor le sacará a puerto de luz, y con 
tan buenos principios, el fin lo será, y todos los que pudieren 
ir por él, llevarán descanso y siguridad, porque atado el enten- 
dimiento, vase con descanso. Mas de lo que querría tratar y 
dar algún remedio, si el Señor quisiese acertase, y si no, al me- 



1 Refiérese aquí la Santa a los tratados sobre la oración de San Pedro de Alcántara ij 
Fr. Luis de Granada. En las Constituciones primitivas cfue escribió para sus monjas, se lee: 
«Tenga cuenta la priora con que haya buenos libros, en especial Cartujanos, F/os Sanctorum, 
Contemptus Mundi. Oratorio de Religiosos, los de Fr. Luis de Granada y del Padre Fray Pedro 
de Alcántara». 



88 CAMINO DE PERFECCIÓN 

nos que entendáis hay muchas almas que pasan este trabajo, 
para que no os fatiguéis las que le tuvierdes, es esto. 

Hay unas almas y entendimientos tan desbaratados como 
unos caballos desbocados, que no hay quien los haga parar; 
ya van aquí, ya van allí, siempre con desasosiego: es su mes- 
ma naturaleza, u Dios que lo primite. Helas mucha lástima, 
porque me parecen como unas personas que han mucha sed y 
ven el agua de muy lejos (1), y cuando quieren ir allá, hallan 
quien los defienda (2) lel paso al principio, y medioi y fin. Acae- 
ce que, cuando ya con su trabajo, y con harto trabajo, han ven- 
cido los primeros enemigos, a los sigundos se dejan vencer, 
y quieren más morir de sed que beber agua que tanto ha de 
costar. Acábeseles el esfuerzo, faltóles ánimo; y ya que algu- 
nos le tienen para vencer también los sigundos enemigos, a 
los terceros se les acaba la fuerza, y por ventura no estaban 
dos pasos de la fuente de agua viva, que dijo el Señor a la 
Samaritana, que quien la bebiere no terna sed (3). Y con cuánta 
razón y verdad, como dicho de la boca de la mesma Verdad, que 
no la terna de cosa de esta vida, aunque crece muy mayor de lo 
que acá podemos imaginar de las cosas de la otra por esta sed 
natural. Mas ¡con qué sed se desea tener esta sed! Porque en- 
tiende el alma su gran valor, y aunque es sed penosísima que 
fatiga, tray consigo la mesma saíisf ación con que se amata (4) 
aquella sed; de manera que es una sed que no ahoga sino a las 
cosas terrenas, antes da hartura de manera, que, cuando Dios la 
satisface, una de las mayores mercedes (5) que puede hacer al 
alma, es dejarla con la mesma necesidad, y mayor queda siem- 
pre de tornar a beber esta agua. 

El agua tiene tres propiedades, que ahora se rae acuerda 



1 Primero escribió así la ia Santa esta frase: porque me parecen como una persona que 
ha mucha sed y ve el agua de muy lejo&. Ella misma, probablemente, lo ccrrigió como viene 
en el texto, ij así se lee también en el autógrafo de El Escorial g en el códice de Toledo. 

2 Este verbo está usado en la acepción de prohibir, que algunos tienen por galicismo, y 
no lo es. Cervantes, entre otros escritores clásicos, la emplea. Véanse los capítulos II u XLVIII 
de la segunda parte del Quijote. 

3 Joan., c. IV, v, 13. 

4 Se mata, o se apaga. 

5 Había escrito: la mayor merced, pero lo enmendó. Así lo copia el códice de Toledo, 
corregido por ella. En el margen superior puso un corrector: Tres propriedades de el agua; y 
el lado: una es enfriar. 



CAPITULO XIX 89 

que me hacen al caso, qu€ muchas más 'terna. La una es que 
enfría, que par calor que hayamos, en llegando al agua, s€ qui- 
ta; y si hay gran fuego, con lella se mata, salvo si no es de 
alquitrán, que se enciende más. ¡Oh, válame Dios, qué mara- 
villas hay en este encenderse más el fuego con el agua cuan- 
do íes fuego fuerte, poderoso, no sujeto a los elementos, .pues 
éste, oon ser su contrario, no le empece, antes le hac€ crecer! 
Mucho valiera aquí poder hablar con quien supiera filosofía; por- 
que sabiendo las propiedades de las cosas, supiérame declarar, 
que me voy regalando en tello y no lo sé decir, y aun por ven- 
tura no lo sé entender. 

De que Dios, hermanas, os traya a beber de esta agua, y 
las que ahora lo bebéis, gustaréis de esto, y entenderéis cómo 
el verdadero amor de Dios, si está en su fuerza, ya libre de 
cosas de tierra del todo y que vuela sobre ellas, como es Señor 
de todos los elementos y del mundo. Y como el agua procede de 
la tierra, no hayáis miedo que mate (1) este fuego de amor de 
Dios; no es de su jurisdición, aunque son contrarios (2). Es ya 
Señor asoluto; no le está sujeto. Y ansí, no os espantaréis, her- 
manas, de lo mucho que he puesto en este libro para que pro- 
curéis esta libertad. ¿Np es linda cosa que una pobre monja de 
San Josef pueda llegar a señorear toda la tierra y elementos? 
Y ¿qué mucho que los santos hiciesen de jellos lo que querían, con 
el favor de Dios? A San Martín el fuego y las aguas le obe- 
decían; a San Francisco hasta las aves y los peces, y ansí a 
otros muchos santos. Se vía claro ser tan señores de todas 
las cosas del mundo, por haber bien trabajado de tenerle en 
poco, y sujetádose de veras con todas sus fuerzas a el Señor 
de él; ansí que, como digo, el agua que nace en la tierra, no 
tiene poder contra él (3); sus llamas son muy altas, y su naci- 
miento no comienza en cosa tan baja. Otros fuegos hay de pe- 
queño amor de Dios, que cualquiera suceso los amatara; mas a 



1 Un corrector puso entre líneas una a.- «que mate s este fuego de amor de Dios». 

2 Quiere decir, salvo mejor juicio, que no es ya potestativo del agua apagar el fuego, 
aunque a ello tienda por natural propiedad, o por ser contrarios, como la misma Santa dice. 

5 Contra él, está al margen, ü es dudoso si lo puso la Santa. El códice de Toledo dice 
contra este fuego. El original de El Escorial no trae estas líneas. 



90 CAMINO DE PERFECCIÓN 

éste no, no. Aunque toda la mar de tentaciomes venga, no le 
harán que deje de arder de manera que no se enseñoree de ellas. 

Pu€s si es agua de lo que llueve del cielo, muy menos le 
matará; no son contrarios, sino de una tierra. No hayáis miedo 
se hagan mal el un elemento a el otro, antes ayuda el uno a 
el otro a su efeto; porque el agua de las lágrimas verdaderas, 
que son las que proceden len verdadera oración, bien dadas del 
Rey del délo, le ayuda a encender más y hacer que dure, y el 
fuego ayuda a el agua a enfriar. ¡Oh, válame Dios, qué cosa 
tan hermosa y de tanta maravilla, que el fuego enfría! Sí, 
y aun hiela todas las afeciones del mundo cuando se junta 
con la agua viva del cielo, que es la fuente de donde proceden 
las lágrimas que quedan dichas, que son dadas y no adquiridas 
por nuestra industria. Ansí que, a buen siguroque no deja calor 
en ninguna cosa del mundo para que se detenga en ellas, si 
no €s para si puede pegar este fuego, que es natural suyo no 
se contentar con poco, sino que, si pudiese, abrasaría todo el 
mundo. 

Es la otra propiedad, limpiar cosas no limpias (1). Si no 
hubiese agua para lavar, ¿qué sería del mundo? ¿Sabéis qué 
tanto limpia esta agua viva, esta agua celestial, esta agua clara, 
cuando no está turbia, cuando no tiene lodo, sino que cay del 
cielo? Que de una vez que se beba, tengo por cierto deja el alma 
clara y limpia de todas las culpas; porque, como tengo escri- 
to (2), no da Dios lugar a que beban de esta agua, que no está 
en nuestro querer, por ser cosa muy sobrenatural esta divina 
unión, si no es para limpiarla, y dejarla limpia, y libre del 
lodo y miseria en que por las culpas estaba metida. Porque 
otros gustos que vienen por medianería (3) del entendimiento, por 
mucho que hagan, train el agua corriendo por la tierra; no lo 
beben junto a la fuente; nunca faltan en este camino cosas lo- 
dosas en que se detengan, y no va tan puro ni tan limpio. No 
Hamo yo esta oración, que, como digo, va discurriendo con el 



1 Al margen, de letra desconocida: Segunda ptoptiedad de él agua, limpiar. 

2 Libro de la Vida. c. XIX. 

3 Por mediación. 



CAPITULO XIX 91 

entendimiento, agua viva, conforme a mi entender, digo. Porque, 
por mucho que queramos hacer, siempre se pega a nuestra alma, 
ayudada de este nuestro cuerpo y bajo natural, algo de cami- 
no de lo que no querríamos. 

Quiérome declarar más. Estaraos pensando qué es el mun- 
do y cómo se acaba todo, para menospreciarlo; casi sin enten- 
dernos, nos hallamos metidos en cosas que amamos de él; y de- 
seándolas huir, por lo menos nos estorba un poco pensar cómo 
fué, y cómo ser4 y qué hice, y qué haré; y para pensar lo que 
hace al caso para librarnos, a las veces nos metemos de nue- 
vo en el peligro. No porque esto se ha de dejar, mas hase de 
temer; es menester no ir descuidados. Acá lleva este cuidado 
el mesmo Señor, que no quiere fiarnos de nosotros. Tiene en 
tanto nuestra alma, que no la deja meter en cosas que la pue- 
dan dañar por aquel tiempo que quiere favorecerla; sino pó- 
nela de presto junto cabe sí, y muéstrale en un punto más ver- 
dades, y dala más claro conocimiento de lo que es todo, que 
acá pudiéramos tener en muchos años. Porque no va libre la 
vista, ciéganos el polvo como varaos caminando; acá llévanos 
el Señor al fin de la jornada, sin (entender cómo. 

La otra propiedad del agua (1), es que harta y quita la 
sed; porque sed me parece a mí, quiere decir deseo de una 
cosa que nos hace gran falta (2), que si del todo nos falta, nos 
mata. Extraña cosa es que si nos falta nos mata; y si nos so- 
bra, nos acaba la vida, como se ve morir muchos ahogados. ¡Oh 
Señor mío, y quién se viese tan engolfada en este agua viva, 
que se le acabase la vida! Alas, ¿no puede ser esto? Sí, que 
tanto puede crecer el amor y deseo de Dios, que no lo pueda 
sufrir el sujeto natural, y ansí ha habido personas que han muer- 
to. Yo sé de una (3), que si no la socorriera Dios presto con 
esta agua viva, tan en gran abundancia que casi la sacaba de sí 



1 De la misma letra que las notas anteriores acerca de las propiedades del agua, se escribe 
al margen: Tercera propriedad de el agua, es que harta. 

2 Pone en nota marginal el mismo corrector: De una cosa que es fría y húmida como 
el agua. 

3 Habla veladamente de sí misma. Véanse el capítulo XX de la Vida y las Relaciones es- 
pirituales a sus confesores. 



92 CAMINO DE PERFECCIÓN 

con arrobamientos, [tenía tan grande esta sed, iba en tanto creci- 
miento su deseo, que entendía claro era muy posible, si no la 
remediaran, morir de sed] (1). Digo que casi la sacaban de sí, 
porque aquí descansa el alma. Parece que, ahogada de no poder 
sufrir el mundo, resucita en Dios, y Su Majestad la habilita 
para que pueda gozar lo que, estando en sí, no pudiera sin 
acabarse la vida. 

Entiéndase de aquí, que como en nuestro sumo Bien no 
puede haber cosa que no sea cabal, todo lo que El da es para 
nuestro bien; y por mucha abundancia de este agua que dé, 
no puede haber demasía en cosa suya; porque si da mucho, hace, 
como he dicho, hábil el alma para que sea capaz de beber 
mucho; como un vidriero que hace la vasija de el tamaño que 
ve es menester, para que quepa lo que quiera echar en ella. En 
el desearlo, como es de! nosotros, nunca va sin falta; si al- 
guna cosa buena lleva, es lo que en él ayuda el Señor; mas so- 
mos tan indiscretos que, como es pena suave y gustosa, nunca 
nos pensamos hartar de esta pena; comemos sin tasa, ayudamos 
como acá podemos a este deseo, y ansí, algunas veces mata. 
¡Dichosa tal muerte! Mas, por ventura, con la vida ayudara a 
otros para morir por deseo de esta muerte. Y esto creo hace el 
demonio, porque entiende el daño que ha de hacer con vivir, y 
ansí tienta aquí de indiscretas penitencias para quitar la sa- 
lud, y no le va poco en ello. 

Digo que quien llega a tener esta sed tan impetuosa, que 
se mire mucho, porque crea que terna esta tentación; y aun- 
que ino muera de sed, acabará la salud, y dará muestras exterio- 
res, aunque no quiera, que se han de excusar por todas vías. Al- 
gunas veces aprovechará poco nuestra diligencia, que no po- 
dremos todo lo que se quiere encubrir; mas estemos con cui- 
dado cuando vienen estos ímpetus tan grandes de crecimiento 



1 Las palabras entre paréntesis están tomadas del autógrafo de Ei Escorial, y las conside- 
ramos necesarias para completar el sentido de esta cláusula. Fr. Luis de León, atendiendo a lo 
que la Santa dice un poco más arriba, que el alma lo mismo puede morir de sed, que de abun- 
dancia de agua celestial, se fijó en esto último y modificó la frase en este sentido: «Yo sé de 
una, que si no la socorriera Dios presto, era esta agua viva tan en gran abundancia, que casi 
la sacaba de si con arrobamientos». 



CAPITULO XIX 93 

de este deseo para no añidir en él, sino con suavidad cortar el 
hilo con otra consideración; que nuestra naturaleza a v€ces po- 
drá ser obre tanto como el amor, que hay personas que cual- 
quier cosa, aunque sea mala, desean con gran vehemencia. Es- 
tas no creo serán las muy mortificadas, que para todo aprove- 
cha la mortificación. Parece desatino que cosa tan buena sa ata- 
ye; pues no lo es, que yo ;no Idigo se quite el deseo, sino que 
se ataje, y por ventura será con otro que se merezca tanto. 

Quiero decir algo para darme mijor a lentender. Da un gran 
deseo de verse ya con Dios y Idesatado 'de esta cárcel, como le te- 
nía San Pablo: pena por tal causa, y que debe en sí ser muy 
gustosa, no será menester poca mortificación para atajarla, y 
del todo no podrá. Mas cuando viere aprieta tanto, que casi va 
a quitar el juicio, como yo vi a una persona, no ha mucho, y 
de natural impetuosa, aunque demostrada a quebrar su volun- 
tad (1), me parece lo ha ya perdido, porque se ve en otras 
cosas, digo que por un ratos que la vi como desatinada de la 
gran pena y fuerza que se hizo en disimularla, digo que en 
caso tan ecesivo, aunque fuese espíritu de Dios, tengo por hu- 
mildad temer; porque no hemos de pensar tenemos tanta ca- 
ridad que nos pone en tan gran aprieto. 

Digo que no terne por malo, si puede, digo, que por ven- 
tura todas veces no podrá, que mude el deseo pensando si vive 
servirá más a Dios, y podrá ser a algún alma que se había 
de perder la dé luz, y que con servir más, merecerá por don- 
de pueda gozar más de Dios, y témase lo poco que ha servido. Y 
son buenos consuelos para tan gran trabajo, y aplacará su pena, 
y ganará mucho, pues por servir a el mesmo Señor se quiere 
acá pasar y vivir con su pena. Es como si uno tuviese un gran 
trabajo, u grave dolor, consolarle con decir tenga paciencia, y 
se deje en las manos de Dios, y que cumpla en él su voluntad, 
que dejarnos en ellas, es lo más acertado en todo. 

Y si el demonio ayudó en alguna manera a tan gran de- 
seo, que sería posible, como cuenta creo Casiano de un ermi- 



1 La propia Santa. 



94 CflAlINO DE PERFECCIÓN 

taño de asperísima vida, que le hizo entender se echase en un 
pozo, porque vería más presto a Dios, yo bien creo no debía 
haber servido con humildad, ni bien; porque fiel es el Señor y 
no consintiera Su Majestad se cegara en cosa tan manifiesta (1). 
Mas está claro, si el deseo fuera de Dios, no le hiciera mal; 
tray consigo la luz, y la discreción y la medida. Esto es claro, 
sino que este adversario enemigo nuestro, por dondequiera que 
puede, procura dañar; y pues él no anda descuidado, no lo an- 
demos nosotros. Este es punto importante para muchas cosas, 
ansí para acortar el tiempo de la oración, por gustosa que sea, 
cuando se ven acabar las fuerzas corporales u hacer daño a 
la cabeza; en todo es muy necesario discreción. 

¿Para que pensáis, hijas, que he pretendido declarar el fin 
y mostrar el premio antes de la batalla, con deciros el bien que 
tray consigo llegar a beber de €sta fuente celestial de esta agua 
viva? Para que no os congojéis del trabajo y contradición que 
hay en el camino, y vais con ánimo y no os canséis; porque, 
como he dicho, podrá ser que después de llegadas, que no os 
falta sino bajaros a beber en la fuente, lo dejéis todo y perdáis 
este bien, pensando no teméis fuerza para llegar a el, y que 
no sois para ello. 

Mirad que convida el Señor a todos (2); pues es la mes- 
ma verdad, no hay que dudar. Si no fuera general este convite, 
no nos llamara el Señor a todos, y aunque los llamara, no di- 
jera: Yo os daré de beber (3). Pudiera decir: vení todos, que, 
en fin, no perderéis nada; y los que a mí me pareciere, yo los 
daré de beber. M.as como dijo, sin esta condición, a todos, tengo 
por cierto que todos los que no se quedaren en el camiüo, no les 
faltará esta agua viva. Dénos el Señor, que la promete, gracia para 
buscarla como se ha de buscar, por quien Su Majestad es. 



1 Cuenta, efectivaiiiente, Casiano en sus Conferencias (Conferencia II, c. V), del solitario 
Herón, que después de haber pasado cincuenta años en e! desierto de la Escitia "haciendo aus- 
terísima penitencia, una noche le tentó Satanás para que se arrojase a un pozo, persuadiéndole 
primero que los muchos méritos adouiridos en tan largo pericdo de ineuditas mortificaciones, 
le librarían de todo peligro. Sacado de allí medio muerto por otros solitarios, aun duró tres días, 
persistiendo hasta el fin en su diabólica ilusión. 

2 Matth., c. XI, V. 28. 

3 Joan., c. Vil, v. 37. 



CAPITULO XX 



TRATñ COMO POR DIFERENTES VÍAS NUNCñ FALTA CONSOLACIÓN EN EL 
CAMINO BE LA ORACIÓN, Y ACONSEJA A LAS HERMANAS DE ESTO 
SEAN SU PLATICAS SIEMPRE. 

Parece que me contradigo en este capítulo pasado de lo 
que había dicho, porque cuando consolaba a las que no llega- 
ban aquí, dije que tenía el Señor diferentes caminos por don- 
de iban a El, ansí como había muchas moradas (1). Ansí lo 
torno ahora a decir, porque como entendió Su Majestad nues- 
tra flaqueza, proveyó como quien es. Mas no dijo: por este 
camino vengan unos, y por éste otros; antes fué tan grande su 
misericordia, que a nadie quitó procurase venir a esta fuente 
de vida a beber, i Bendito sea por siempre, y con cuánta razón 
me lo quitara a mí! 

Pues no me mandó lo dejase cuando lo comencé, y hizo que 
me echasen en el profundo, a buen siguro que no lo quite a 
nadie, antes públicamente nos llama a voces (2); mas como es tan 
bueno, no nos fuerza, antes da de muchas maneras a beber 
a los que le quieren siguir, para que ninguno vaya desconso- 
lado ni muera de sed. Porque desta fuente caudalosa salen arro- 
yos, unos grandes y otros pequeños, y algunas veces charquitos 
para niños, que aquello les basta, y más, sería espantarlos ver 



1 loan-, c, Xrv, v. 2. 

2 Alusión evidente a las palabras del Evangelio de S. Juan (VII, 57): Stabat Jesús et 
damabat, dicens.- si quis sitit, veniat ad me et bibat. 



96 CAMINO DE PERFECCIÓN 

mucha agua; éstos son los que están en los principios. Ansí que, 
hermanas, no hayáis miedo muráis de sed «n este camino; nun- 
ca falta agua de consolación ían falto que no se pueda sufrir; 
y pues esto es ansí, toma mi consejo y no os quedéis en el 
camino, sino pelea como fuertes hasta morir en la demanda, pues 
noi estáis aquí a otra cosa sino a pelear. Y con ir siempre con 
esta determinación de antes morir que dejar de llegar a el 
fin de el camino, si os llevare €l Señor con alguna sed en esta 
vida, en la que es para siempre os dará con toda abundancia 
de beber, ij sin temor que os ha de faltar. Plega el Señor no 
le faltemos nosotras. Amén. 

Ahora, para comenzar este camino que queda dicho de ma- 
nera que no se yerre desde el principio, tratemos un poco de 
cómo se ha de principiar esta jornada, porque es lo que más 
importa; digo que importa el todo para todo. No digo que quien 
no tuviere la determinación que aquí diré, le deje de comenzar, 
porque el Señor le irá perficionando; y cuando no hiciese más 
de dar un paso, tiene en sí tanta virtud, que no haya miedo lo 
pierda ni le deje de ser muy bie[n] pagado. Es, digamos, como 
quien tiene una cuenta de perdones (1), que si la reza utía vez, 
gana, y mientra más veces, más; mas si nunca llega a ella, sino 
que se la tiene en el arca, mijor fuera no tenerla. Ansí que, 
aunque no vaya después por el mesmo camino, lo poco que hu- 
biere andado de él, le dará luz para que vaya bien por los otros, 
y si más andaré, más. En fin, tenga cierto que no le hará daño 
el haberle comenzado para cosa ninguna, aunque le deje, por- 
que el bien nunca hace mal. Por ;eso, todas las personas que os 
trataren, hijas, habiendo dispusición y alguna amistad, procura 
quitarlas el miedo de comenzar tan gran bien; y por amor de 
Dios os pido que vuestro trato sea siempre ordenado a algún 
bien de quien hablardes, pues vuestra oración ha de ser para 
provecho de las almas. Y pues esto habéis siempre de pedir 
a el Señor, mal parecería, hermanas, no lo procurar de todas 
maneras. 



1 La cuenta de perdones era una especie de rosario al que los Sumos Poniífices conce- 
dían ciertas gracias espirituales cuantas veces se rezasen por él las oraciones prescritas. 



CAPITULO XX 97 

Si queréis ser buen deudo, ésta es la verdadera amistad; 
si buen amiga, entended que no lo podéis ser sino por este ca- 
mino. Ande la verdad en vuestros corazones, como ha de an- 
dar por la meditación, y veréis claro el amor que somos obli- 
gadas a tener a los prójimos. No ics ga tiempo, hermanas, de 
juego de niños, que no parece otra cosa estas amistades del 
mundo, aunque sean buenas; ni haga entre vosotras tal plática 
de «si me queréis», «no me queréis», ni con deudos ni nadie, si no 
fuere yendo fundadas en un gran fin y provecho de aquel áni- 
ma. Que puede acaecer, para que os escuche vuestro deudo, u 
hermano, u persona semejante una verdad y la admita, haber 
de disponerle con estas pláticas y muestras de amor, que a 
la sensualidad siempre contentan; y acaecerá tener en más una 
buena palabra, que ansí la llaman, y disponer más que mu- 
chas de Dios, para que después éstas quepan. Y ansí, yendo con 
advertencia de aprovechar, no las quito. Mas si no es para esto, 
ningún provecho pueden traer, y podrán hacer daño sin enten- 
derlo vosotras. Ya saben que sois relisiosas, y que vuestro tra- 
to es de oración. No se os ponga delante: «no quiero que me 
tengan por buena», porque es provecho u daño común el que 
en vos vieren. Y es gran mal a las que tanta obligación tienen 
de no hablar sino en Dios, como las monjas, les parezca bien 
disimulación en este caso, si no fuese alguna vez para más bien. 
Este es vuestro trato y lenguaje; quien os quisiere tratar, deprén- 
dale (1), y si no, guardaos de deprender vosotras el suyo; será 
infierno. 

Si os tuvieren por groseras, poco va en ello; si por hipró- 
quitas (2), menos: ganaréis de aquí que no os vea sino quien 
se entendiere por esta lengua; porque no lleva camino, uno 
que no sabe algarabía (3), gustar de hablar mucho con quien 
no sabe otro lenguaje. Y ansí, ni os cansarán ni dañarán, que 



1 Rpréndale, diríamos hoy. 

2 Por hipócritas. 

3 Es decir la lengua árabe, frase muy usada por los escritores de nuestro siglo de oro, 
tomada en el sentido que aquí la toma Santa Teresa, o en el familiar de escritura difícil, 
hablar atropellado, o gritería confusa de varias personas que hablan a la vez, como en otros 
pasajes de la misma Santa. 

IIÍ 7^ 



98 CñMINO DE PERFECCIÓN 

no sería poco daño comenzar a hablar nueva lengua, y todo el 
tiempo se os iría en eso. Y no podéis saber como yo, que lo 
he expirimentado, el gran mal que es para él alma, porque por 
saber la una, se le olvida la otra, y es un perpetuo desasosiego, 
del que en todas maneras habéis de huir; porque lo que mucho 
conviene para este camino que comenzamos a tratar, es paz y 
sosiego en el alma. 

Si las que os trataren quisieren deprender vuestra lengua, 
ya que no es vuestro de enseñar, podéis decir las riquezas que 
ss ganan en deprenderla ; y de esto no os canséis, sino con pia- 
dad, y amor y oración, porque le aproveche, para que, enten- 
diendo la gran ganancia, vaya a buscar maestro que le enseñe; 
que no sería poca merced que os hiciese el Señor despertar a 
algún alma para este bien. Mas ¡qué de cosas se ofrecen en 
comenzando a tratar de este camino, aun a quien tan mal ha 
andado por él como yo! Plega a ¡el Señor os lo sepa, herma- 
nas, decir mijor que lo he hecho. Amén. 



CAPITULO XXI 



QUE DICE LO MUCHO QUE IMPORTA COMENZAR CON GRAN DETERMINA- 
CIÓN A TENER ORACIÓN, Y NO HACER CASO DE LOS INCONl'^E- 
NIENTES QUE EL DEMONIO PONE. 

No OS espantéis, hijas, de las muchas cosas que es menes- 
ter mirar para comenzar este viaje divino, que es camino real 
para el cielo. Gánase yendo por él gran tesoro, no es mucho 
que cueste mucho, a nuestro parecer. Tiempo verná que se en- 
tienda cuan nonada es todo para tan gran precio. 

Ahora, tornando a los que quieren ir por él y no parar 
hasta el fin, que es llegar a beber de esta agua de vida, cómo 
han de comenzar, digo que importa mucho, y el todo, una gran- 
de y muy determinada determinación de no parar hasta lle- 
gar a ella, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, tra- 
bájese lo que se trabajare, mormure quien mormurare, siquiera 
llegue allá, siquiera se muera en el camino u no tenga co- 
razón para los trabajos que hay en él, siquiera se hunda el mun- 
do, como muchas veces acaece con decirnos: «hay peligros», 
«ulana (1) por aquí se perdió», «el otro se engañó», «el otro, 
que rezaba mucho, cayó», «hacen daño a la virtud», «no es 
para mujeres, que les podrán venir ilusiones», «mijor será que 
hilen», «no han menester esas delicadeces» (2), «basta el Pater- 
nóster y Avemaria». 



1 Ulana por fulana. Ulana escribe también en el autógiaío ce El Escorial 

2 Por delicadezas. 



100 CAMINO DE PERFECCIÓN > 

Esto ansí lo digo yo, hermanas; y ¡cómo si basta! Siem- 
pre es gran bien fundar vuestra oración sobre oraciones dichas 
de tal boca como la de el Señor. En esto tienen razón, que 
si no estuviese ya nuestra flaqueza tan flaca, y nuestra devo- 
ción tan tibia, no eran menester otros conciertos de ora- 
ciones, ni eran menester otros libros. Y ansí me ha pare- 
cido ahora (pues, como digo, hablo con almas que no pue- 
den recogerse en otros misterios, que les parece es menester ar- 
tificio, y hay algunos ingenios tan ingeniosos que nada les con- 
tenta), iré fundando' por aquí unos principios, y medios y fines 
de oración, aunque en cosas subidas no me deterné; y no os 
podrán quitar libros, que si sois estudiosas, y tiniendo humil- 
dad, no habéis menester otra cosa. 

Siempre yo he sido aficionada, y me han recoxido (1) más 
las palabras de los Evangelios que libros muy concertados; en 
especial, si no -era el autor muy aprobado, no los había gana 
de leer. Allegada, pues, a este Maestro de la Sabiduría, quizá 
me enseñará alguna consideración que os contente. No' digo que 
diré declaración de estas oraciones divinas, que no me atreve- 
ría, y hartas hay escritas; y que (2) no las hubiera, sería disbara- 
te (3) ; sino consideración sobre las palabras del Paternóster. Por- 
que algunas veces con muchos libros parece se nos pierde la devo- 
ción en lo que tanto nos va tenerla, que está claro que el mesmo 
maestro, cuando ensena una cosa, toma amor con el dicípulo (4) 
y gusta de que le contente lo que le enseña, y le ayuda mu- 
cho a que lo deprenda, y ansí hará este Maestro celestial con 
nosotras. 

Por eso, ningún caso hagáis de los miedos que os pusie- 
re, ni de los peligros que os pintaren. Donosa cosa es que quie- 
ra yo ir por un camino adonde hay tantos ladrones, sin peli- 
gros, y a ganar un gran tesoro. Pues bueno anda el mundo 
para que os le dejen tomar en paz; sino que por un maravedí 



1 Por recogido. Una de las poquísimas veces que la Santa emplea la x. En el autógrafo 
de El Escorial escribió recojido. 

2 Y aun cuando no las hubiera, diríase hoy. 

3 Alguno cambió la v en p. La Santa nunca dice disparate. 

4 Por discípulo. 



CAPITULO XXI 101 

d€ interese se pornán a no dormir muchas noches, y a desa- 
sosegaros cuerpo y alma. Pues cuando, yéndole a ganar u a ro- 
bar, como dice el Señor que le ganan los esforzados (1), y por 
camino real, y por camino siguro por lel que fué nuestro Rey, 
y por el que fueron todos sus escogidos y santos, os dicen hay 
tantos peligros y os ponen tantos temores, los que van, a su 
parecer, a ganar este bien sin camino, ¿qué son los peligros 
que llevarán? 

¡Oh hijas mías! que muchos más, sin comparación, sino que 
no los entienden hasta dar de ojos en el verdadero peligro, cuan- 
do no hay quien les dé la manp, y pierden del todo el agua, sin 
beber poca ni mucha, ni de charco, ni de arroyo. Pues ya veis, 
sin gota de este agua, ¿cómo se ¡pasará camino adonde hay tan- 
tos con quien pelear? Está claro que a el raijor tiempo mori- 
rán de sed; porque, queramos, que no, hijas mías, todos ca- 
minamos para esta fuente, aunque de diferentes maneras. Pues 
créeme vosotras, y no os engañe nadie en mostraros otro ca- 
mino sino el de la oración. 

Yo no hablo ahora en que sea mental u vocal para todos, 
para vosotras digo, que lo uno y lo otro habéis menester. Este 
es el oficio de los relisiosos. Quien os dijere que esto es pe- 
ligro, tenedle a él por el mesmo peligro, y huid de él; y no se 
os olvide, que por ventura habéis menester este consejo. Pe- 
ligro será no tener humildad y las otras virtudes; mas cami- 
no de oración camino de peligro, nunca Dios tal quiera. El de- 
monio parece ha inventado poner estos miedos, y ansí ha sido 
mañoso a hacer caer a algunos que tenían oración, a el parecer. 

Y mira qué ceguedad de el mundo, que no miran los mu- 
chos millares que han caído en herejías y en grandes males sin 
tener oración, sino destraición (2); y entre la multitud de és- 
tos, si el demonio, por hacer raijor su negocio, ha hecho caer 
a algunos que tenían oración, ha hecho poner tanto temor a 
algunos para las cosas de virtud. Estos que toman este amparo 



1 Matth., c. XI, V. 12. 

2 Por distracción. 



102 CAMINO DE PERFECCIÓN 

para librarse, se guarden; porque huin (1) del bien para li- 
brarse del mal. Nunca tan mala invención he visto; bien pa- 
rece del demonio. ¡Oh Señor mío! torna por Vos; mira que 
entienden al revés vuestras palabras. No primitáis (2) semejan- 
tes flaquezas en vuestros siervos. 

Hay un gran bien, que siempre veréis algunos que os ayu- 
den; porque esto tiene el verdadero siervo de Dios, a quien Su 
Majestad ha dado luz del verdadero camino, que en estos te- 
mores le crece más el deseo de no parar. Entiende claro por 
dónde va a dar lel golpe el demonio, y húrtale el cuerpo y quié- 
brale la cabeza. Más siente él esto que cuantos placeres otros le 
hacen, le contentan. Cuando e[n] un tiempo de alboroto, en una 
cizaña que ha puesto,, que parece lleva a todos tras sí medio cie- 
gos, porque es debajo de buen celo, levanta Dios uno que los 
abra los ojos y diga que miren los ha puesto niebla para no 
ver el camino (¡qué grandeza de Dios, que puede más a las 
veces un hombre solo u dos, que digan verdad, que muchos 
juntos!), tornan poco a poco a descubrir el camino, dales Dios 
ánimo. Si dicen que hay peligro en la oración, procura se en- 
tienda cuan buena es la oración, si ino por palabras, por obras; si 
dicen que no es bien a menudo las comuniones, entonces las fre- 
cuenta más. Ansí que, como haya uno u dos que sin temor sigan 
lo mijor, luego torna el Señor poco a poco a ganar lo perdido. 

Ansí que, hermanas, dejaos de estos miedos; nunca hagáis 
caso en cosas semejantes de la opinión del vulgo. Mira que 
no son tiempos de creer a todos, sino a los que vierdes van con- 
forme a la vida de Cristo. Procura tener limpia conciencia y 
humildad, menosprecio de todas las cosas del mundo, y creer 
firmemente lo que tiene la Madre Santa Iglesia, y a buen si- 
guro que vais buen camino. Dejaos, como he dicho, de temo- 
res adonde no hay que temer; si alguno os los pusiere, decla- 
ralde (3) con humildad d camino. Decí que Regla tenéis que 



1 Forma anticuada de huyen. Un corrector lo enmendó en forma que dijese huyen ij al 
margen puso huyel (sic) de el bien. 

2 El mismo de la corrección anterior hizo decir aquí a la Santa permitáis. 

3 Por declaradle. 



CAPITULO XXI 103 

OS manda orar sin cesar, que ansí nos lo manda, y que la ha- 
béis de guardar. Si os dijeren que sea vocalmente, apurad si ha 
de estar el entendimiento y corazón en lo que decís. Si os di- 
jeren que sí, que no podrán decir otra cosa, veis adonde con- 
fiesan que habéis forzado de tener oración mental, y aún con- 
templación, si os la diere Dios allí. 



CAPITULO XXII 

EN QUE DECLARA QUE ES ORACIÓN MENTAL. 

Sabed, hijas, que no está la falta para ser u no ser oración 
mental <¿n tener cerrada la boca; si hablando estoy enteramen- 
te entendiendo y viendo que hablo con Dios, con más adverten- 
cia que en las palabras que digo, junto está oración mental y 
vocal. Salvo si no os dicen que estéis hablando con Dios rezan- 
do el Paternóster y pensando en el mundo; aquí callo. Mas si 
habéis de estar, como es razón se esté, hablando con tan gran 
Señor, que es bien estéis mirando con quién habláis, y quién sois 
vos, siquiera para hablar con crianza. Porque ¿cómo podéis llamar 
a el rey, alteza, ni saber las cerimonias (1) que se hacen para 
hablar (2) un grande, si no entendéis bien qué estado tiene y 
qué estado tenéis vos? Porque, conforme a esto, se ha de hacer el 
acatamiento, y conforme a el uso, porque aun en esto es me- 
nester también que sepáis; si no, enviaros han para simple (3) y 
no negociaréis cosa (4). Pues ¿qué es esto. Señor mío? ¿Qué es 



1 Por ceremonias. 

2 La a puesta en este lugar (hablar a un grande), no es de la Santa. 

3 Es decir por mentecato y de corto discurso,- frase mucho más hermosa y más propia 
que las equivalentes usadas hou, v. gr.: Enviar a uno noramala, a paseo, etc. En algunas edi- 
ciones, como la reciente que ha publicado la Biblioteca del apostolado de la Prensa, muy 
defectuosa por cierto (Madrid, 1916), se lee así esta frase: «Si no, enviaros han para siempre 
H no negociaréis cosa». 

4 En este mismo lugar trae el autógrafo de El Escorial un graciosísimo episodio acerca de 
estos tratamientos, que suprimió el de Valladolid. Dice así: «i\ mí me acaeció una vez (no tenía 
costumbre a hablar con señores), 9 iba- por cierta necesidad a tratar con una que había de llamar 
señoría,- jj es ansí que me lo mostraron deletreado. Yo, como soy torpe y no lo había usado, 
en llegando allá, no lo acertaba bien; acordé decirle lo que pasaba y echólo en risa, porque 
tuviese por bueno llamarla merced, y ansí lo hice». Probablemente, hace referencia la Santa a 
D.a Luisa de la Cerda, en cuyo palacio de Toledo pasó la primera mitad del afto 15Ó2. 



106 CAMINO DE PERFECCIÓN 

esto, mi Emperador? ¿Cómo se puede sufrir? Rey sois, Dios 
mío, sin fin, que no €s reino prestado lel que tenéis. 

Cuando ^n el Credo se dic€: Vuestro reino no tiene fin, 
casi siempre me es particular regalo. Alabóos Señor y bendí- 
goos para siempre; en fin, vuestro reino durará para siempre. 
Pues nunca Vos, Señor, primitáis se tenga por bueno que, quien 
fuere a hablar con Vos, sea sólo con la boca. ¿Qué es esto, cris- 
tianos? ¿Los que decís no es menester oración mental, ¿enten- 
déis os? (1). Cierto, que pienso que no os entendéis, y ansí que- 
réis desatinemos todos, ni sabéis cuál es oración mental, ni 
cómo se ha de rezar la vocal, ni qué es contemplación; por- 
que si lo supiésedes, no condenaríades por un cabo lo que ala- 
báis por otro. 

Yo he de poner siempre junta oración mental con la vo- 
cal, cuando se me acordare, porque no os espanten, hijas; que yo 
sé en qué cain (2) estas cosas, que he pasado algún trabajo en 
este caso, y ansí no querría que ¡nadie os trajese desasosegadas, 
que es cosa dañosa ir con miedo este camino. Importa mucho 
entender que vais bien, porque en diciendo algún caminante que 
va errado, y que ha perdido el camino, le hacen andar de un 
cabo a otro (3), y todo lo que anda buscan[do] (4) por dónde ha 
de ir, se cansa y gasta el tiempo y llega más tarde. ¿Quién pue- 
de decir es mal, si comenzamos a rezar las Horas u el rosa- 
rio, que comience a pensar con quién va a hablar, y quién es el 
que habla, para ver cómo le ha de tratar? Pues yo os digo, 
hermanas, que si lo mucho que hay que hacer en entender es- 
tos dos puntos, se hiciese bien, que primero que comencéis la 
oración vocal que vais a rezar, ocupéis harto tiempo en la men- 
tal. Sí, que no hemos de llegar \a hablar a un príncipe con el 
descuido que a un labrador, u como con una pobre como nos- 
otras, que comoquiera que nos hablaren va bien. 

Razón es que, ya que por la humildad de este Rey, si co- 



1 Por ios entendéisP 

2 Caen, en la acepción de parar. Como si dijera: que yo sé en qué paran estas cosas. 

3 Es decir, de un lado a otro. 

4 Alguien convirtió el vocablo en gerundio, añadiéndole un do, buscando. Buscando, dice 
también el autógrafo de El Escorial. 



CAPITULO XXII 107 

mo grosera no sé hablar cx>n él, no por eso me deja de oir, 
ni rae deja de llegar a sí, ni me echan fuera sus guardas; por- 
que saben bien los ángeles que están íallí, la condición de su 
Reg, que gusta más de esta grosería de un pastorcito liumilde, 
que ve que si más supiera más dijera, que de los mug sabios 
g letrados, por elegantes razonamientos que hagan, si no van 
con humildad. Ansí que, no porque El sea bueno, hemos de 
ser nosotros descomedidos. Siquiera para agradecerle el mal olor 
que sufre en consentir cabe sí una como go, es bien que procu- 
remos conocer su limpieza y quién es. Es verdad que se en- 
tiende luego en llegando, como con los señores de acá, que 
con que nos digan quién fué su padre, g los cuentos que tiene 
de renta y el ditado (1), no hay más que saber; porque acá 
no se hace cuenta de las personas para hacerlas honra, por mu- 
cho que merezcan, sino de las haciendas. 

¡Oh miserable mundo! Alaba mucho a Dios, hijas, que ha- 
béis dejado cosa tan ruin adonde no hacen caso de lo que ellos 
en sí tienen, sino de lo que tienen sus renteros y vasallos; y 
si ellos faltan, luego falta de hacerle honra. Cosa donosa es ésta 
para que os holguéis cuando hayáis todas de tomar alguna re- 
creación, que éste es buen pasatiempo, entender cuan ciegamente 
pasan su tiempo los del mundo. 

¡Oh Emperador nuestro! sumo Poder, suma Bondad, la mes- 
ma Sabiduría, sin principio, sin fin, sin haber término en vues- 
tras obras: son infinitas sin poderse comprender, un piélago 
sin suelo de maravillas, una Hermosura que tiene en sí todas 
las hermosuras, la mesma Fortaleza. ¡Oh, válame Dios! quién 
tuviera aquí junta toda la elocuencia de los mortales y sabiduría 
para saber bien, como acá se puede saber, que todo es no saber 
nada, para este caso dar a entender alguna de las muchas co- 
sas que podemos considerar para conocer algo de quién es este 
Señor y Bien nuestro. 

Sí, llegaos a pensar y entender en llegando, con quién vais 
a hablar, u con quién estáis hablando. En mil vidas de las nues- 



1 Titulo de dignidad o señorío, como conde, duque, etc. 



108 CAMINO DE PERFECCIÓN 

tras no acabaremos de entender cómo merece ser tratado este 
Señor, que los ángeles tiemblan delante de él. Todo lo manda, 
todo lo puede; su querer es obrar. Pues razón será, hijas, que 
procuremos deleitarnos en estas grandezas que tiene nuestro Es- 
poso, y que entendamos con quién estamos casadas, qué vida 
hemos de tener. ¡Oh, válame Dios! pues acá, cuando uno se 
casa, primero sabe con quién, quién es y qué tiene; nosotras, ya 
desposadas, antes de las bodas, que nos ha de llevar a su casa 
[¿no pensaremos en nuestro Esposo?] (1). Pues acá no quitan 
estos pensamientos a las que están desposadas con los hombres, 
¿por qué nos han de quitar que procuremos entender quién es 
este hombre, y quién es su padre, y qué tierra es ésta adonde 
me ha de llevar, y qué bienes son los que promete darme, qué 
condición tiene, cómo podré contentarle raijor, en qué le haré 
placer, y estudiar cómo haré mi condición que conforme con 
la suya? Pues si una mujer ha de ser bien casada, no le avisan 
otra cosa, sino que procure esto, aunque sea hombre muy bajo 
su marido. 

Pues, Esposo míoi, ¿en todo han de hacer menos caso de 
Vos que de los hombres? Si a ellos no les parece bien esto, 
dejen os vuestras esposas que han de hacer vida con Vos. Es 
verdad que es buena vida, si un lesposo fes tan celoso que quiere 
no trate con nadie su esposa, linda cosa es que no piense en 
cómo le hará este placer, y la razón que tiene de sufrirle y de 
no querer que trate con otro, pues en ¡él tiene todo lo que pue- 
de querer. Esta es oración mental, hijas mías, entender estas 
verdades. Si queréis ir entendiendo esto, y rezando^ vocalmente, 
muy enhorabuena. No me estéis hablando con Dios y pensando en 
otras cosas, que esto hace no entender qué cosa es oración men- 
tal. Creo va dado a entender: plega el Señor lo sepamos obrar. 
Amén. 



1 Fr. Luis de León, en su edición de Salamanca, corrigió este pasaje en la siguiente for- 
ma: «Pues acá, cuando uno se casa, primero sabe con quién, quién es y Qué tiene; nosotias, ija 
desposadas, antes de las bodas, cjue nos ha de llevar a su casa, -¿no pensaremos en nuestro 
Esposo?-» El sentido se completa mejor, aunque ninguno de los autógrafos de la Santa trae la 
última frase. 



CAPITULO XXIII 

TRñTA DE LO QUE IMPORTA NO TORNAR ATRÁS QUIEN HA COMENZADO 
CAMINO DE ORACIÓN, Y TORNA A HABLAR DE LO MUCHO QUE 
VA EN QUE SEA CON DETERMINACIÓN. 

Pues digo que va muy mucho en comenzar con gran de- 
terminación, por tantas causas, que sería alargarme mucho si 
las dijese. Solas dos u tres os quiero, hermanas, decir. La una 
€s, qu€ no es razón que a quien tanto nos ha dado, y con- 
tino da, que una cosa que nos queremos determinar a darle, 
que €s este cuidadito (no, cierto, sin interese, sino con tan gran- 
des ganancias), no se lo dar con toda determinación, sino como 
quien presta una co[sa] (1) para tornarla a tomar. Esto no me 
parece a mí dar, antes siempre queda con algún desgusto (2) a 
quien han emprestado una cosa cuando se la tornan a tomar, en 
especial si la ha menester y la tenía ya como por suya. U que 
si son amigos, y a quien la prestó debe muchas dadas sin nin- 
gún interese, con razón le parecerá poquedad y muy poco amor, 
que aun una cosita suya no quiere dejar en su poder, siquiera 
por señal de amor. 

¿Qué esposa hay que, recibiendo muchas joyas de valor 
de su esposo, no le dé siquiera una sortija, no por lo que vale, 
que ya todo es suyo, sino por prenda que será suya hasta que 
muera? Pues ¿qué menos merece este Señor para que burle- 
mos de él, dando y tomando una nonada que le damos? Sino que 



1 La segunda silaba de esta palabra es de un corrector. 

2 Por disgusto. 



lio CAMINO DE PERFECCIÓN 

este poquito de tiempo que nos determinamos de darle de cuan- 
to gastamos en nosotros mesmos y en quien no nos io agra- 
decerá, ya que aquel rato le queremos dar, démosle libre el 
pensamiento jj desocupado de otras cosas, y con toda determi- 
nación de nunca jamás se le tornar a tomar por trabajos que 
por ello nos vengan, ni por contradiciones ni por sequedades; 
sino que ya, como cosa no mía, tenga aquel tiempo, y piense 
me le pueden pedir por justicia cuando de el todo no se le 
quisiere dar. 

Llamo del todo, porque no se entiende que dejarlo algún día, 
u algunos, por ocupaciones justas, u por cualquier indispusi- 
ción (1) es tomársele ya: la intención esté firme, que no es nada 
delicado mi Dios; no mira en menudencias; ansí terna que os 
agradecer; €s dar algo. Lo demás bueno íes a quien no es fran- 
co, sino tan apretado, que no tiene corazón para dar, harto es 
que preste. En fin, haga algo, que todo lo toma en cuenta este 
Señor nuestro; a todo hace como lo queremos. Para tomar- 
nos cuenta, no es nada menudo, sino generoso; por grande que 
sea el alcance, tiene El en poco perdonarle. Para pagarnos es 
tan mirado, que no hayáis miedo que un alzar de ojos, con acor- 
darnos de El, deje sin premio. 

Otra causa es (2), porque el demonio no tiene tanta mano 
para tentar: ha gran miedo a ánimas determinadas, que tiene 
ya expiriencia le hacen gran daño, y cuanto él ordena para da- 
ñarlas, viene en provecho suyo y de los otros, y que sale él con 
pérdida. Y ya que no hemos nosotros de estar descuidados, ni 
confiar en esto, porque lo habemos con gente traidora, y a los 
apercebidos no osan tanto acometer, porque es muy cobarde; mas 
si viese descuido, haría gran daño. Y si conoce a uno por mu- 
dable, y que no está firme en el bien y con gran determinación 
de perseverar, no le dejará a sol ni a sombra; miedos le porná, 
y inconvenientes, que nunca acabe. Yo lo sé esto muy bien por 
expiriencia, y ansíalo he sabido decir, y digo que no sabe nadie 
lo mucho que importa. 



1 Por indisposición. En la pág. 30. línea 4, dijo dispusición por disposición. 

2 PiX margen puso un corrector: Otra causa. 



CAPITULO XXIII 1 1 1 

La otra cosa «s, y que hace mucho al caso, que pelea con 
más ánimo. Ya sabe que, venga lo que viniere, no ha de tor- 
nar atrás. Es como uno que está len una batalla, que sabe, si le 
vencen, no le perdonarán la vida, ü flue ya que no mu[ere] (1) en 
la batalla, ha de morir después; pelea con más determinación, 
y quiere vender bien su vida, como dicen, y no teme tanto los 
golpes, porque lleva adelante lo que le importa la Vitoria, y que 
le va la vida en vencer. Es también necesario comenzar con 
siguridad de que, si no nos dejamos vencer, saldremos con la 
empresa; esto sin ninguna duda, que por poca ganancia que 
saquen, saldrán muy ricos. No hayáis miedo os deje morir de 
sed- £1 Señor que nos llama a que bebamos de esta fuente. 
Esto queda ya dicho, y querríalo decir muchas veces, porque 
acobarda mucho a personas que aun no conocen del todo la bon- 
dad de el Señor por €xpiriencia, aunque le conocen por fe; 
mas es gran cosa haber expirimentado con el amistad y regalo 
que trata a los que van por este camino, y cómo casi les hace 
toda la costa. 

Lx>s que esto no han probado, no 'me maravillo quieran 
siguridad de algún interese; pues ya sabéis que es ciento por 
uno, aun en esta vida, y que dice el Señor: Pedid y daros 
han (2). Si no creéis a Su Majestad en las partes de su Evange- 
lio que asigura esto, poco aprovecha, hermanas, que rae quiebre 
yo la cabeza a decirlo. Todavía digo, que a quien tuviere al- 
guna duda, que poco se pierde en probarlo; que eso tiene bue- 
no este viaje, que se da más de lo que se pide ni acertaremos 
a desear. Esto es sin falta (3), yo lo sé; ya las de vosotras que 
lo sabéis por expiriencia, por la bondad de Dios, puedo pre- 
sentar por testigos. 



1 Por deterioro del autógrafo, pegaron un pedacito de papel con las tres letras últimas de 
esta palabra. En este pasaje, el manuscrito de El Escorial dice muera; pero la copia de Toledo 
está conforme al de Valladolid. 

2 Luc, c. XI, V. 9. 

3 5/7Z fata, dice el autógrafo por error mecánico. 



CAPITULO XXIV 



TRATA COMO SE HA DE REZAR ORACIÓN VOCAL CON PERFECION Y CUAN 
JUNTA ANDA CON ELLA LA MENTAL. 

Ahora, pues, tornemos a hablar con las almas que he dicho 
que no se pueden recoger ni atar los entendimientos en oración 
mental, ni tener consideración. No nombremos aquí estas dos 
cosas, pues no sois para ellas, que hay muchas personas en 
hecho de verdad que sólo el nombre de oración mental, u con- 
templación, parece las atemoriza. 

Y porque si alguna viene a esta casa, que también, como 
he dicho, no van todos por un camino, pues io que quiero aho- 
ra aconsejaros, y aun puedo decir enseñaros (porque, como ma- 
dre, con el oficio de priora que tengo {í), es lícito), cómo ha- 
béis de rezar vocalmente, porque es razón entendáis lo que de- 
cís. Y porque quien no puede pensar en Dios, puede ser que ora- 
ciones largas también le cansen, tampoco me quiero entreme- 
ter en ellas, sino en las que forzado habemos de rezar, pues 
somos cristianos, que es el Paternóster y Avemaria; porque no 
puedan decir por nosotras que hablamos y no nos entendemos, sal- 
vo si no nos parece basta irnos por la costumbre, con sólo pro- 
nunciar las palabras, que esto basta. Si basta u no, en eso no 
me entremeto, los letrados lo dirán. Lo que yo querría hicié- 
semos nosotras, hijas, es que no nos contentemos con sólo eso; 



1 Cuando escribió por primera vez este libro, ejercía el cargo de priora de San José de 
/\vila, como ija se ha indicado en otros lugares. 

11 1 8* 



114 CñMINO DE PERFECCIÓN 

porque cuando digo Credo, razón me parece será que entienda 
y sepa lo que creo; y cuando Padre nuestro, amor será en- 
tender quién €s este Padre nuestro, y quien es lel maestro que 
nos ensenó esta oración. 

Si queréis decir que ya os lo sabéis y que no hay para qué 
s€ os acuerde, no tenéis razón: que mucho va de maestro a maes- 
tro, pues aun de los que acá inos enseñan es gran desgracia 
no nos acordar; en especial, si son santos y son maestros del 
alma, es imposible, si somos buenos dicípulos. Pues de tal maes- 
tro como quien nos enseñó esta oración, y con tanto amor y 
deseo que nos aprovechase, nunca Dios quiera que no nos acor- 
demos de El muchas veces cuando decimos la oración, aunque 
por ser flacos no sean todas. 

Pues, cuanto a lo primero, ya sabéis que enseña Su Majes- 
tad que sea a solas, que ansí lo hacía El siempre que oraba (1), 
y |no por su necesidad, sino por nuestro enseñamiento. Ya esto 
dicho se está, que no se sufre hablar con Dios y con el mundo, 
que ;no es otra cosa estar rezando y escuchando por otra parte 
lo que están hablando, u pensar en lo que se les ofrece, sin más 
irse a la mano; salvo si no es algunos tiempos que, u de malos 
humores, en especial si es persona que tiene melancolía, u fla- 
queza de cabeza, que aunque más lo procura no puede, u que 
primite Dios días de grandes tempestades en sus siervos para 
más bien suyo. Y aunque se afligen y procuran quietarse, no 
pueden ni están en lo que dicen, aunque más hagan, ni asien- 
ta en nada el entendimiento, sino que parece tiene frenesí, sigún 
anda desbaratado. 

En la pena que da a quien lo tiene, verá que no es a culpa 
suya, y no se fatigue, que es peor, ni se canse en poner seso 
a quien por entonces no le tiene, que es su entendimiento, sino 
rece como pudiere; y aun no rece, sino, como enferma, procure 
dar alivio a su alma: entienda en otra obra de virtud. Esto es 
ya para personas que train cuidado die sí, y tienen entendido no 



1 En el códice de Toledo, que copia fielmente esta frase, hay una corrección de la Santa 
que la modifica en esta forma, más exacta sin duda: que ansí lo hacia Su Majestad muchas 
veces. 



capiTULO XXIV 115 

han de hablar a Dios y al mundo junto. Lo que podemos hacer 
nosotros es procurar lestar a solas, y plega a Dios que baste, 
como digo, para que entendamos con quién estamos g lo que 
nos responde el Señor a nuestras peticiones. ¿Pensáis que se está 
callando aunque no le oímos? Bien habla a -el corazón cuando 
le pedimos de corazón. Y bien es consideremos somos cada una 
de nosotras a quien ensenó esta oración, y que nos la está mos- 
trando, pues nunca el maestro está tan lejos del dicípulo, que sea 
menester dar voces, sino muy junto. Esto quiero ijo entendáis 
vosotras os conviene para rezar bien el Paternóster; no se apar- 
tar de cabe el maestro que os lo mostró. 

Diréis que ga esto es consideración, que no podéis, ni aun 
queréis, sino rezar vocalmente; porque también hag personas 
mal sufridas g amigas de no se dar pena, que como no lo tienen 
de costumbre, esla recoger el pensamiento al principio; g por 
no cansarse un poco, dicen que no pueden más, ni lo saben, 
sino rezar vocalmente. Tenéis razón en decir que ga es oración 
mental; mas go os digo cierto, que no sé cómo lo aparte, si ha 
de ser |)ien rezado lo vocal, g entendiendo con quién habla- 
mos; g aun es obligación que procuremos rezar con adverten- 
cia, g aun plega a Dios que con estos remedios vaga bien re- 
zado el Paternóster g no acabemos €n otra cosa impertinente. Yo 
lo he probado algunas veces, g lel mijor remedio que hallo, es pro- 
curar tener el pensamiento en quien enderezó las palabras. Por 
eso tené paciencia g procura hacer costumbre de cosa tan ¡ne- 
cesaria. 



k 



CAPITULO XXV 

EN QUE DICE LO MUCHO QUE GANA UN ALMA QUE REZA CON PER- 
FECION VOCALMENTE^ Y COMO ACAECE LEVANTARLA DIOS DE ALLÍ 
A COSAS SOBRENATURALES. 

Y porque no penséis se saca poca ganancia de rezar vocal- 
mente con perfeción, os digo que es muy posible que estando 
rezando el Paternóster os ponga el Señor en contemplación per- 
feta, u rezando otra oración vocal. Que por estas vías muestra 
Su Majestad que oye al que le habla, y le habla su grandeza, 
suspendiéndole el entendimiento, y atajándole el pensamiento (1), 
y tomándole, como dicen, la palabra de la boca, que aunque 
quiere no puede hablar, si no €s con mucha pena. 

Entiende que, sin ruido de palabras, le está enseñando este 
Maestro divino, suspendiendo las potencias, porque entonces an- 
tes dañarían que aprovecharían si obrasen. Gozan sin enten- 
der cómo gozan; está el alma abrasándose en amor, y no en- 
tiende cómo ama; conoce que goza de lo que ama, y no sabe 
cómo lo goza. Bien entiende que no €s gozo que alcanza el en- 
tendimiento a desearle; abrázale la voluntad sin entender cómo; 
mas en pudiendo entender algo, ve que no es este bien que se 
puede merecer con todos los trabajos que se pasasen juntos, por 
ganarle en la tierra. Es don de el Señor de ella y del cielo, que, 
en fin, da como quien es: ésta, hijas, es contemplación perfeta. 



1 Véase la nota primera de la página 119, donde explicamos qué se entiende en mística 
por la palabra pensamiento. 



118 CAMINO DE PERFECCIÓN 

Ahora entenderéis la diferencia que hay de día a la oración 
mental, que €s lo que queda dicho: pensar y entender qué ha- 
blamos, y con quién hablamos, y quién somos los que osamos 
hablar con tan gran Señor. Pensar esto y otras cosas semejan- 
tes de lo poco que le hemos servido, y lo mucho que estamos 
obligados a servir, íes oración mental; no penséis es otra alga- 
rabía, ni os espante el nombre. Rezar el Paternóster y Avema- 
ria, u lo que quisierdes, es oración vocal. Pues rairá qué mala 
música hará sin lo primero; aun las palabras no irán con con- 
cierto todas veces. En estas dos cosas podemos algo nosotros, 
con el favor de Dios. En la contemplación que ahora dije, nin- 
guna cosa (1); Su Majestad es el que todo lo hace, que es obra 
suya, sobre nuestro natural. 

Como está dado a entender esto de contemplación muy lar- 
gamente (lo mijor que yo lo supe declarar en la Relación que 
tengo dicho escribí (2), para que viesen mis confesores de mi 
vida, que me lo mandaron), no lo digo aquí, ni hago más de to- 
car en ello. Las que hubierdes sido tan dichosas que el Señor 
os llegue a estado de contemplación, si le pudiésedes haber, pun- 
tos tiene y avisos que el Señor quiso acertase a decir, que os 
consolarían mucho y aprovecharían, a mi parecer y al de al- 
gunos que le han visto, que le tienen para hacer caso de él; que 
vergüenza es deciros yo que hagáis caso del mío, y el Señor 
sabe la confusión con que escribo mucho de lo que escribo, i Ben- 
dito sea, que ansí me sufre! Las que, como digo, tuvieren ora- 
ción sobrenatural, procúrenle después de yo muerta; las que 
no, no hay para qué, sino esforzarse a hacer lo que en éste va 
dicho, y deje a el Señor que les quien lo ha de dar, y no 
os lo negará, si no os quedáis en lel camino, sino que os esfor- 
záis (3) hasta llegar a la fin. 



1 R\ margen escribe el P. Báñez: 3/ no es disponemos con la oración. Esta nota no 
copia ninguno de los trasuntos autorizados por la Santa. 

2 Véanse el Libro de la Vida y las seis primeras Relaciones del tomo II. 

3 Ahora se diría esforcéis. 



CAPITULO XXVI 



EN QUE Vñ DECLARANDO EL MODO PARA RECOGER EL PENSAMIENTO- 
PONE MEDIOS PARA ELLO. ES CAPITULO MUY PROVECHOSO PARA 
LOS QUE COMIENZAN ORACIÓN (1). 

Ahora, pues, tornemos a nuestra oración vocal, para que se 
rece de manera que, sin entendernos, nos lo. dé Dios todo junto, 
y para, como he dicho, rezar como íes razón. La examinación 
de la conciencia, y decir la confesión, y santiguaros, ya s€ sabe 
ha de ser lo primero. Procura luego, hija, pues estáis sola, tener 
compañía. Pues ¿qué mijor que la del mesmo Maestro que en- 
señó la oración que vais a rezar? Representa a el mesmo Se- 
ñor junto con vos, y mira con qué amor y humildad os está 
enseñando; y créeme, mientra pudierdes, no estéis sin tan buen 
amigo. Si os acostumbráis a traerle cabe vos, y El ve que lo 
hacéis con amor, y que andáis procurando contentarle, no le 
podréis, como dicen, echar de vos, no os faltará para siempre, 
ayudaros ha en todos vuestros trabajos, tenerle his (2) en to- 
das partes: ¿pensáis que es poco un tal amigo al lado? 



1 Habla la Santa en el presente capítulo del modo de recoger el pensamiento, dando re- 
medios muy discretos para lograrlo. K fin de entender mejor su doctrina, no estará demás de- 
cir algo de lo que en mística teología se entiende por pensamiento. Con Hugo de San Víctor 
lo define así el P. Francisco de Santo Tomás, C. D.: «Pensamiento es un conocimiento desca- 
minado, que sin eficacia, ni fin determinado de su obrar, por varias partes anda vagueando» 
(Médula Mística, cap. IX). El pensamiento, en el sentido místico que aquí se toma, unas veces 
procede de la inteligencia, por medio de especies o representaciones incorpóreas o espirituales; 
otras es un acto de la imaginación, que produce especies representativas de cosas sensibles y 
corpóreas. En una y otra forma da bastante que hacer al alma. (Véansela obra y lugar citados). 

2 Por le tendíéis. 



120 CAMINO DE PERFECCIÓN 

¡Oh hermanas, las que no podéis tener mucho discurso 
de el entendimiento, ni podéis tener el pensamiento sin diver- 
tiros! acostumbraos, acostumbraos. Mira que sé yo que podéis 
hacer esto, porque pasé muchos años por este trabajo de no 
poder sosegar el pensamiento en una cosa, y eslo muy gran- 
de; mas sé que no nos deja el Señor tan desiertos, que si llega- 
mos con humildad a pedírselo, no nos acompañe, y si en un año 
no pudiéremos salir con ello, sea en más. No nos duela el tiem- 
po en cosa que tan bien se igasta, ¿quién va tras nosotros? Digo 
que €sto, que puede acostumbrarse a ello, y trabajar andar cabe 
este verdadero Maestro. 

No os pido ahora que penséis en El, ni que saquéis muchos 
ooncetos, ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con 
vuestro entendimiento; no os pido más de que le miréis. Pues 
¿quién os quita volver los ojos del alma, aunque sea de presto, 
si no podéis más, a este Señor? Pues podéis mirar cosas muy 
feas, ¿y no podréis mirar la cosa más hermosa que se puede 
imaginar? Pues nunca, hijas, quita vuestro Esposo los ojos de 
vosotras, haos sufrido mil cosas feas y abominaciones contra 
El, y no ha bastado para que ios deje de mirar, ¿y es mucho 
que, quitados los ojos de estas cosas exteriores, le miréis al- 
gunas veces a El? Mira que no ¡está aguardando otra cosa, como 
dice a la esposa, sino que le miremos (1); como le quisierdes, 
le hallaréis. Tiene en tanto que le volvamos a mirar, que no 
quedará por diligencia suya. 

Ansí, como dicen, ha de hacer la mujer, para ser bien ca- 
sada, con su marido, que si está triste, se ha de mostrar ella tris- 
te, y si está alegre, aunque nunca lo esté, alegre. Mira de que 
sujeción os habéis librado, hermanas. Esto con verdad, sin fin- 
gimiento, hace el Señor con nosotros, que El se hace el sujeto (2), 
y quiere seáis vos la señora, y andar El a vuestra voluntad. Si 
estáis alegre, miralde (3) resucitado, que sólo imaginar cómo sa- 
lió del sepulcro os alegrará. Mas ¡con qué claridad, y con qué 



1 Cant., c. II, V. U. 

2 El sieivo, el esclavó. 

3 Por miradle. 



CAPITULO XXVI 121 

hermosura! ¡con qué majestad! ¡qué vitorioso! ¡qué alegre! Como 
quien tan bien salió de la batalla adonde ha ganado un tan 
gran reino, que todo le quiere para vos, y a sí con él. Pues 
¿es mucho que a quien tanto os da, volváis una vez los ojos a 
mirarle? 

Si estáis oon trabajos, u triste, miralde camino del Huer- 
to (1): qué af lición tan grande llevaba en su alma, pues con ser 
el mesmo sufrimiento, la dice y se queja de ella. U miralde 
atado a la Coluna lleno de dolores, todas sus carnes hechas peda- 
zos por lo mucho que os ama: tanto padecer, perseguido de 
unos, escupido de otros, negado de sus amigos, desamparado 
de ellos, sin nadie que vuelva por El, helado de frío, puesto en 
tanta soledad, que el uno con el otro os podéis consolar. U mi- 
ralde cargado con la Cruz, que aun no le dejaban hartar de huel- 
go (2); miraros ha El con unos ojos tan hermosos y piadosos 
llenos de lágrimas, y olvidará sus dolores por consolar los vues- 
tros sólo porque os vais vos con El a consolar y volváis la 
cabeza a mirarle. 

I Oh Señor de el mundo, verdadero Esposo mío! (le po- 
déis vos decir, si se os ha enternecido el corazón de verle tal, 
que no sólo queráis mirarle, sino que os holguéis de hablar con 
El, no oraciones compuestas, sino de la pena de vuestro corazón, 
que las tiene El en muy mucho), ¿tan necesitado estáis, Se- 
fíor mío y Bien mío, que queréis admitir una pobre compañía 
como la mía, y veo en vuestro semblante que os habéis conso- 
lado conmigo? ¿Pues cómo, Señor, es posible que os dejan solo 
los ángeles, y que aun no os consuela vuestro Padre? 

Si es ansí, Señor, que todo lo queréis pasar por mí, ¿qué 
es esto que yo paso por Vos? ¿De qué me quejo? Que ya he 
vergüenza de que os he visto tal, que quiero pasar, Señor, todos 
los trabajos que me vinieren, y tenerlos por gran bien por imitaros 
en algo. Juntos andemos. Señor; por donde fuerdes tengo de ir; 
por donde pasardes, tengo de pasar. Toma, hijas, de aquella 
cruz; no se os dé nada de que os tropellen los judíos, por- 



1 Al margerij de letra desconocida: La Pasión de el S. 

2 No le daban tiempo para respirar despacio, quiere decir la Santa. 



122 CAMINO DE PERFECCIÓN 

que El no vaya con tanto trabafjo]; no hagáis caso de lo que 
os dijeren; haceos sorda a las mormuraciones ; tropezando, ca- 
yendo con vuestrO' Esposo, no os apartéis de la cruz ni la de- 
jéis. Mira mucho el cansancio con que va, ij las ventajas que 
hace su trabajo a los que vos padecéis. Por grandes que los 
queráis pintar, y por mucho que los queráis sentir, saldréis con- 
solada de ellos, porque veréis son cosa die burla comparados a 
los del Señor. 

Diréis, hermanas, que cómo se podrá hacer esto, que si le 
viérades con los ojos del cuerpo el tiempo que Su Majestad 
andaba en el mundo, que lo hiciérades de buena gana y le mi- 
rárades siempre. No lo creáis, que quien ahora no se quiere ha- 
cer un poquito de fuerza a recoger siquiera la vista para mirar 
dentro de sí a este Señor, que lo puede hacer sin peligro, sino 
con tantito cuidado, muy menos se pusiera al pie de la cruz 
con la Madalena, que vía la muerte a el ojo (1). Mas ¡qué debía 
pasar la gloriosa Virgen y esta bendita Santa! ¡Qué de amena- 
zas, qué de malas palabras, y qué de encontrones, y qué desco- 
medidas! (2). Pues ¡con qué gente lo habían tan cortesana! Sí, 
lo era del infierno, que eran ministros del demonio. Por cierto 
que debía ser terrible cosa lo que pasaron, sino que con otro 
dolor mayor, no sentirían el suyo. 

Ansí que, hermanas, no creáis érades para tan grandes traba- 
jos, si no sois para cosas tan pocas; ejercitándoos en ellas, podéis 
venir a otras mayores. Lo que podéis hacer para ayuda de esto, 
procura traer una imagen, u retrato de leste Señor, que seq a vues- 
tro gusto, no para traerle en el seno y nunca le mirar; sino para 
hablar muchas veces con El, que El ps dará qué le dicir (3). 
Como habláis con otras personas, ¿por qué os han más de fal- 
tar palabras para hablar con Dios? No lo creáis, al menos go 
no os creeré, si lo usáis; porque si no, el no tratar con una per- 
sona causa extrañeza, y ino saber como nos hablar con ella, que 



1 Próxima, inmediata. 

2 Descomedidas, se lee en los autógrafos ü copias corregidas por la Santa. Fr. Luis de 
León imprimió descomedimientos. Probablemente, la Santa hace referencia a las palabras.- pa^ 
labras descomedidas. 

3 Por decir. 



CAPITULO XXVI 123 

parece no la conocemois, y aun aunque sea deudo, porque deudo 
y amistad se pierde con la falta de comunicación. 

También es gran remedioi tomar un libro de romance bue- 
no, aun para recoger el pensamiento, para venir a rezar bien 
vocalmente, y poquito a poquito ir acostumbrando el alma con 
halagos y artificio para no la amedrentar. Hace cuenta que 
ha muchos años que se ha ido de con su esposo, y que hasta 
que quiera tornar a su casa, es menester mucho saberlo nego- 
ciar, que ansí somos los pecadores: tenemos tan acostumbra- 
da nuestra alma y pensamiento a andar a su placer, u pesar, 
por raijor decir, que la triste alma ¡no se entiende; que para 
que torne a tomar amor a estar en su casa, es menester mucho 
artificio, y si no es ansí, y ipoco a poco, nunca haremos nada, 
Y tornóos a certificar, que si con cuidado os acostumbráis a lo 
que he dicho, que sacaréis tan gran ganancia, que aunque yo os 
la quisiera decir, no sabré. Pues juntaos cabe este buen Maes- 
tro, muy determinadas a deprender lo que os enseña, y Su Ma- 
jestad hará que no dejéis de salir buenas dicípulas, ni os de- 
jará si ¡no le dejáis. Mira las palabras que dice aquella boca 
divina, que en la primera entenderéis luego el amor que os tiene, 
que no es pequeño bien y regalo del dicípulo ver que su maes- 
tro le ama. 



CñPITULO XXVII 



EN QUE TRATñ EL GRAN ñfflOR QUE NOS MOSTRÓ EL SEÑOR EN LAS 
PRIMERAS PALABRAS DEL «PATERNÓSTER», Y LO MUCHO QUE IM- 
PORTA NO HACER CASO NINGUNO DEL LINAJE LAS QUE DE VERAS 
QUIEREN SER HIJAS DE DIOS. 

I 

Padre nuestro que estás en tos cietos. ¡Oh Señor mío, có- 
mo parecéis Padre de tal Hijo, y cómo parece vuestro Hijo, 
hijo de tal Padre! ¡Bendito seáis por siempre jamás! ¿No fue- 
ra al fin de la oración ésta merced, Señor, tan grande? (1). En 
comenzando, nos henchís las manos y hacéis tan gran merced, 
que sería harto bien henchirse el entendimiento para ocupar de 
manera la voluntad que no pudiese hablar palabra. ¡Oh qué bien 
v€nía aquí, hijas, contemplación perfeta! ¡Oh con cuánta razón 
se entraría el alma en sí, para poder mijor subir sobre sí mcs- 
raa a que le diese €ste santo Hijo a entender qué cosa €s el 
lugar adonde dice que está su Padre, que €s en los cielos! Sal- 
gamos de la tierra, hijas mías, que tal merced como ésta no 
€s razón se tenga en tan poco, que después que entendamos cuan 
grande €s, nos quedemos €n la tierra. 

¡Oh Hijo de Dios y Señor mío! ¿Cómo dais tanto junto a 
la primer palabra? Ya que os humilláis a Vos con extremo 
tan grande en juntaros con nosotros a el pedir, y haceros her- 



1 Nos parece exclamativa esta frase por la extrañeza que hubo de causar a la Santa el que 
Jesús comenzase la Oración dominical con palabras tan regaladas, que aun para el fin de ella 
habrían resultado extraordinarias y muy por cima de nuestros merecimientos. 



126 CAMINO DE PERFECCIÓN 

mano de cosa tan baja y miserable, ¿cómo nos dais €n nom- 
bre de vuestrO' Padre todo lo que ge puede dar, pues queréis 
que nos tenga por hijos (1), que vuestra palabra no puede faltar? 
Obligáisle a que la cumpla, que no es pequeña carga; pues en 
siendo Padre nos ha de sufrir, por graves que sean las ofensas; 
si nos tornamos a El, como al hijo pródigo, hanos de perdonar, 
hanos de consolar €n nuestros trabajos, hanos de sustentar co- 
mo lo ha de hacer un tal Padre, que forzado ha de ser mijor 
que todos los padres del mundo; porque en El no puede haber 
sino todo bien cumplido, y después de todo esto hacernos parti- 
cipantes y herederos con Vos. 

Mira, Señor mío, que ya que Vos con ol amor que nos 
tenéis y con vuestra humildad no se os ponga nada delante (en 
fin. Señor, estáis en la tierra y vestido de ella, pues tenéis nues- 
tra naturaleza, parece tenéis causa alguna para mirar nuestro 
provecho); mas mira que vuestro Padre está en el cielo, Vos 
lo decís, (es razón que miréis por su honra. Ya que estáis Vos 
ofrecido a ser deshonrado por nosotros, dejad a vuestro Padre 
libre; no le obliguéis a tanto por gente tan ruin como yo, que le 
ha de dar tan malas gracias. 

¡Oh buen Jesú! (2) ¡qué claro habéis mostrado ser una cosa 
con El, y que vuestra voluntad es la suya y la suya vuestra ! i Qué 
confesión tan clara, Señor mío! ¡Qué cosa es el amor que nos 
tenéis! Habéis andado rodeando, encubriendo a el demonio que 
sois Hijo de Dios, y con el gran deseo que tenéis de nuestro 
bien, no se os pone cosa delan[tc] (3) por hacernos tan grandísima 
merced. ¿Quién la podía hacer sino Vos, Señor? Yo no sé cómo 
en esta palabra no entendió el demonio quién érades, sin que- 
darle duda (4); al menos bien veo mi Jesú, que habéis ha- 
blado como hijo regalado por Vos y por nosotros, y que sois 
poderoso para que se haga en el cielo lo que Vos decís en la 



1 Puso primero hijas, y cambió ella misma la a en o. Hijos dice también el autógrafo de 
El Escorial. 

2 Jesú, como lo escribe alguna que otra vez. 

3 Un corrector completó esta palabra en el autógrafo. 

1 La frase Yo no sé cómo en esta palabra no entendió el demonio quién érades, sin 
quedarle duda, fué tachada por la Santa. Por eso no la trasladan las copias autorizadas u co- 
rregidas por ella. 



CAPITULO XXVII 127 

tierra. Bendito seáis por siempre, Señor mío, que tan amigo 
sois de dar, que no se os pone cosa delante. 

Pues ¿pareceos, hijas, que es buen maestro éste, pues para 
aficionarnos a que deprendamos lo que nos enseña, comienza 
haciéndonos tan gran merced? Pues ¿pareceos ahora que será 
razón que, aunque digamos vocalmente esta palabra, dejemos 
de entender con el entendimiento, para que se haga pedazos nues- 
tro corazón con ver tal amor? Pues ¿qué hijo hay en el mun- 
do que no procure saber quién es su padre, cuando le tiene 
bueno y de tanta majestad y señorío? Aun si no lo fuera, no 
me espantara no nos quisiéramos conocer por sus hijos, por- 
que anda el mundo tal, que si el padre es más bajo de el es- 
tado en que está el hijo, no se tiene por honrado en conocerle 
por padre. Esto no viene aquí, porque en esta casa nunca plega 
a Dios haya acuerdo de cosa de estas, sería infierno; sino que 
la que fuere más, tome menos a su padre en la boca: todas 
han de ser iguales. 

¡Oh colesio (1) de Cristo, que tenía más mando San Pe- 
dro, con ser un pescador, y le quiso ansí el Señor, que San Bar- 
tolomé, que era hijo de rey! (2). Sabía Su Majestad lo que 
había de pasar en el mundo sobre cuál era de mijor tierra, que 
no es otra cosa sino debatir si será buena para adobes u para 
tapias. ¡Válame Dios, qué gran trabajo traemos! Dios os li- 
bre, hermanas, de semejantes contiendas, aunque sea en bur- 
las; yo espero en Su Majestad que sí hará (3). Cuando algo de 
esto en alguna hubiese, póngase luego remedio, y ella tema 
no sea estar Judas entre los Apóstoles; denla penitencias hasta 
que entienda que aun tierra muy ruin no merecía ser. Buen 
Padre os tenéis, que os da el buen Jesús; no se conozca aquí 
otro padre para tratar de El, y procura, hijas mías, ser tales que 



1 Por colegio. 

2 No sé dónde lo halló, dice acertadamente en una nota marginal el P. García de Toledo, 
no el P. Báñez, como afirman las Carmelitas de París. Ignoro en qué pudo fundarse la Santa para 
esta afirmación, que carece de toda probabilidad histórica; tal vez en la opinión de alguno que 
otro escritor que lo suponía descendieme de la raza de ios Ptolomeos. 

3 Que sí lo hará diríamos hoy; pero antaño empleaban con frecuencia este modo de ex- 
presión, más conciso y vigoroso, suprimiendo artículos o pronombres. 



128 CftMINO DE PERFECCIÓN 

merezcáis regalaros con El, y echaros en sus brazos. Ya sabéis 
que no os echará de sí si sois buenas hijas; pues ¿quién no 
procurará tío perder tal Padre? 

¡Oh, válame Dios! y que hay aquí en que os consolar, que 
por no me alargar más, lo quiero dejar a vuestros entendimien- 
tos; que por disbaratado que ande el pensamiento, entre tal Hijo 
y tal Padre, forzado ha de estar el Espíritu Santo, que enamore 
vuestra voluntad y os la ate tan grandísimo amor, ya que no 
baste para esto tan gran interese. 



CAPITULO XXVIII 



EN QUE DECLARA QUE ES ORACIÓN DE RECOGIMIENTO, Y PONENSE AL- 
GUNOS MEDIOS PARA ACOSTUMBRARSE A ELLA. 

Ahora mira que dice vuestro Maestro: Qae estás en Los 
cielos. ¿Pensáis que importa poco saber qué cosa es cielo, y 
adonde se ha de buscar vuestro sacratísimo Padre? Pues yo 
os digo que para entendimientos derramados, que importa mu- 
cho, no sólo creer esto, sino procurarlo entender por expirien- 
cia; porque es una de las cosas que ata mucho el entendimien- 
to y hace recoger el alma. 

Ya sabéis que Dios está en todas partes, pues claro está que 
adonde está el rey, allí dicen está la corte; en fin, que adonde 
está Dios, íes lel cielo. Sin duda lo podéis creer, que adonde está 
Su Majestad, lestá toda la gloria. Pues mira que dice San Agus- 
tín, que k buscaba en muchas par'tes y que le vino, a hallar den- 
tro de sí mesmo (1). ¿Pensáis que importa poco para un alma 
derramada entender lesta verdad, y ver que no ha menester para 
hablar con su Padre Eterno ir al cielo, ni para regalarse con El, 
ni ha menester hablar a voces? Por paso (2) que hable, está tan 
cerca que nos oirá; ni ha menester alas para ir a buscarle, sino 
ponerse en soledad y mirarle dentro de sí, y no extrañarse de tan 
buen huésped; sino con gran humildad, hablarle como a pa- 



1 Confes., lib. X, c. XXVII. 

2 DoT paso, en el sentido figurado de bajo, como se dice hablar bajo, hablar quedo. 

III 9* 



130. CAMINO DE PERFECCIÓN ' 

dre, pedirle como a padre, contarla sus trabajos, pedirle reme- 
dio para ellos, entendiendo que no es dina de ser su hija. 

Se deje de unos encogimientos que tienen algunas personas, 
y piensan €s humildad. Sí, que no lestá la humildad en que si 
el rey os hace una merced no lia toméis, sino tomarla y enten- 
der cuan sobrada os viene, y holgaros con ella. Donosa humil- 
dad, que me tenga yo a lel Emperador del cielo y de la tierra 
en 'mi casa, que se viene a ella por hacerme merced y por hol- 
garse conmigo, y que por humildad ni le quiera responder, ni 
estarme con El, ni tomar lo que me da, sino que le deje solo; 
y que estándome diciendo y rogando le pida, por humildad me 
quede pobre, y aun le deje ir, de que ve que no acabo de de- 
terminarme. 

No os curéis, hijas, de estas humildades, sino trata con El 
como con padre, y como con hermano, y como con señor, y 
como con esposo; a veces de una manera, a veces de otra, que 
El os enseñará lo que habéis de hacer para contentarle. Dejaos 
de ser bobas, pedilde (1) la palabra, que vuestro Esposo es, que 
os trate como a tal. Este modo de rezar, aunque sea vocal- 
mente, con mucha más brevedad se recoge el entendimiento, y 
es oración que tray consigo muchos bienes. Llámase recogimien- 
to, porque recoge el alma todas las potencias y se entra dentro 
de si con su Dios, y viene con más brevedad a enseñarla su di- 
vino Maestro, y a darla pración de quietud, que de ninguna otra 
manera. Porque allí metida consigo mesma, puede pensar en 
la Pasión, y representar allí al Hijo, y ofrecerle a el Padre, y 
no cansar el entendimiento andándole buscando en el monte Cal- 
vario, y al Huerto y a la Coluna. 

Las que de esta manera se pudieren encerrar en este cielo 
pequeño de nuestra alma, adonde está el que le hizo, y la tierra, 
y acostumbrar a Ino mirar ni estar adonde se destrayan (2) estos 
sentidos exteriores, crea que lleva eceleníe camino, y que no de- 
jará de llegar a beber el agua de la fuente, porque camina 
mucho en poco tiempo. Es como el que va en una nao, que 



1 Por pedidle. 

2 Por distraigan. 



CAPITULO XXVIII 131 

oon un poco de buen viento, se pone en el fin de la jornada en 
pocos días, y los que van por tierra, tárdanse más (1). 

Estos están ya, como dicen, puestos en la mar, que aun- 
que del todo no han dejado la tierra, por aquel rato hacen lo 
que pueden por librarse de ella, recogiendo sus sentidos a sí mes- 
mos. Si es verdadero <2\ recogimiento, siéntese muy claro, por- 
que hace alguna operación (no sé cómo lo dé a entender; quien 
lo tuviere, sí entenderá) : es que parece se levanta el alma 
con el juego, que ya ve lo es las cosas de el mundo. Alza- 
se al mijor tiempo, y como quien se entra en un castillo fuer- 
te para no temer los contrarios; un retirarse los sentidos de 
estas cosas exteriores, y darles de tal manera de mano que, sin 
entenderse, se le cierran los ojos por no las ver, y porque más 
se despierte la vista a los del alma. Ansí, quien va por este 
camino, casi siempre que reza tiene cerrados los ojos, y es ad- 
mirable costumbre para muchas cosas, porque es un hacerse fuer- 
za a no mirar las de acá. Esto ;al principio, que después no es 
menester; mayor se la hace cuando en aquel tiempo los abre. 
Parece que se entiende un fortalecerse y esforzarse el alma a 
costa del cuerpo, y que le deja solo y desf laqueado, y ella 
toma allí bastimento (2) para contra él. 

Y aunque al principio no se entienda lesto, por no ser tanto, 
que hay más y menos en este recogimiento, si se acostumbra 
(aunque al principio dé trabajo, porque el cuerpo torna de su 
derecho, sin entender que él mesmo se corta la cabeza en no 
darse por vencido), si se usa algunos días y nos hacemos esta 
fuerza, verse ha claro la ganancia, y entenderán, en comenzan- 
do a rezar, que se vienen las abejas a la colmena, y se entran 
en ella para labrar la miel, y esto sin cuidado nuestro. Porque 
ha querido el Señor que por el tiempo que le han tenido, se haya 
merecido estar el alma y voluntad con este señorío, que en 
haciendo una seña no más de que se quiere recoger, la obe- 



1 Los tres párrafos siguientes tráeios solamente el autógrafo de Valladolid. El de El Es- 
corial, después de unas pocas líneas más, pone fin al capítulo, jj comienza el siguiente con la 
hermosa comparación del rico palacio que está dentro del alma, 

2 Provisiones, fuerzas. 



132 CAMINO DE PERFECCIÓN 

dezcan los sentidoís ij ise recojan a ¡ella. Y aunque después tornen 
a salir, es gran cosa haberse ya rendido, porque salen como ca- 
tivos y sujetos, y no hacen el mal que antes pudieran hacer; y 
en tornando a llamar la voluntad, vienen con más presteza, has- 
ta que a muchas entradas de éstas, quiere el Señor se queden 
ya del todo en contemplación perfeta. 

Entiéndase mucho esto que queda dicho, porque, aunque pa- 
rece escuro, se entenderá a quien quisiere obrarlo. Ansí que ca- 
minan por mar; y pues tanto inos va no ir tan de espacio (1), ha- 
blemos un poco de cómo nos acostumbraremos a tan buen modo 
de proceder. Están más siguros de muchas ocasiones; pégase más 
presto el fuego del amor divino, porque con poquito que soplen 
con el entendimiento, como están cerca del mesmo fuego, con 
una centellica que le toque, se abrasará todo. Como no hay 
embarazo de lo exterior, estáse sola el alma con su Dios; hay 
gran aparejo para encenderse. 

Pues hagamos cuenta que dentro de nosotras está un pa- 
lacio de grandísima riqueza, todo su edificio de oro y piedras 
preciosas, en fin, como para tal Señor; y que sois vos parte 
para que este edificio sea tal, como, a la verdad, es ansí, que 
no hay edificio de tanta hermosura como una alma limpia y 
llena de virtudes, y mientra mayores, más resplandecen las pie- 
dras; y que en este palacio está este gran Rey, que ha tenido 
por bien ser vuestro Padre, y que está en un trono de grandísimo 
precio, que es vuestro corazón. 

Parecerá esto al principio cosa impertinente, digo hacer esta 
fición (2) para darlo a entender, y |podrá ser aproveche mucho, a 
vosotras, en especial; porque como no tenemos letras las mu- 
jeres, todo esto es menester para que entendamos con verdad 
que hay otra cosa más preciosa, sin ninguna comparación, dentro 
de nosotras que lo que vemos por de fuera. No nos imaginemos 
huecas (3) en lo interior, y plega a Dios sean solas mujeres las 



1 Así solían escribii los antiguos nuestro despacio: R lo cual respondió D. Quijote, muy 
de espacio y con mucha nema. (Parte I, c. XLIV. Edición crítica de Rodríguez Marín). 

2 Por fícción o figuración. 

3 Vacías, puso Fray Luis de León en la edición de Salamanca. 



CAPITULO XXVIII 133 

que andan con este descuido; que tengo por imposible, si trajése- 
mos cuidado de acordarnos tenemos tal huésped dentro de nos- 
otras, nos diésemos (1) tantoi a las cosas del mundo, porque 
veríamos cuan bajas son para las que dentro poseemos. Pues 
¿qué más hace una alimaña que en viendo lo que le conten- 
ta a la vista, harta su hambre len la presa? Sí, que diferen- 
cia ha de haber de ellas a nosotras. 

Reiránse de mí, por ventura, y dirán que bien claro se está 
esto, y ternán razón, porque para mí fué escuro algún tiempo. 
Bien entendía que tenía alma; mas lo que merecía esta alma, 
y quién estaba dentro de ella, si yo no me atapara los ojos con 
las vanidades de la vida para verlo, no lo entendía. Que, a mi 
parecer, si como ahora entiendo que en este palacio pequeñito 
de mi alma cabe tan gran Rey, [entonces lo entendiera] (2), que 
no le dejara tantas veces solo, alguna me estuviera con El, y más 
procurara que no estuviera tan sucia. Mas (3) ¡qué cosa de tanta 
admiración, quien hinchiera mil mundos y muy jnuchos más con su 
grandeza, encerrarse en una cosa tan pequeña! A la verdad, co- 
mo es Señor, consigo tray la libertad, y como nos ama, hácese 
a nuestra medida. 

Cuando un alma comienza, por no la alborotar de verse tan 
pequeña para tener en sí cosa tan grande, no se da a conocer 
hasta que va ensanchándola poco a poco, conforme a lo que 
más ha menester para lo que ha Ide poner en ella. Por esto digo 
que tray consigo la libertad, pues tiene iel poder de hacer gran- 
de este palacio todo el (4). El ¡punto está en que se le demos por 
suyo con toda determinación, y le desembaracemos para que 
pueda poner y quitar como en cosa propia. Y tiene razón Su 
Majestad, no se lo neguemos (5). Y como El no ha de forzar 



1 No nos diésemos, esciibió al margen impertinentemente un corrector, como se ve fácil^ 
mente ordenando así el período: «Que tengo por imposible nos diésemos tanto a las cosas del 
mundo, si trajésemos cuidado de acordarnos tenemos tal huésped dentro de nosotras». 

2 Fr. Luis de León, considerando incompleta la frase, le añadió estas palabras. 

3 Borró la Santa esta y las once líneas siguientes en el autógrafo de Valladolid. La copia 
de Toledo no las traslada. Publicólas Fr. Luis de León, u se leen también en él autógrafo de 
El Escorial. El de Valladolid, lleva una hoja suplementaria que contiene lo borrado por la 
Santa, aunque de letra algo posterior. 

4 Hasta aquí lo borrado por la Santa. 

5 Añade aquí el autógrafo de El Escorial: «Aun acá nos da pesadumbre huéspedes en 
casa, cuando no podemos decirlos que se vayan; y como él no ha de forzar nue.stra voluntad...» 



134 CñMINO DE PERFECCIÓN 

nuestra voluntad, toma lo que le damos, mas no se da a Si del 
todo, hasta que nos damos del todo. Esto es cosa cierta, y por- 
que importa tanto, os lo acuerdo tantas veces; ni obra en el 
alma, como cuando del todo, sin embarazo, es suya, ni sé cómo 
ha de obrar: es amigo de todo concierto. Pues si el palacio hen- 
chimos de gente baja y de baratijas, ¿cómo ha de caber el Se- 
ñor con su corte? Harto hace de testar un poquito entre tanto em- 
barazo. 

¿Pensáis, hijas, que viene solo? ¿No veis que dice su Hijo: 
qae estás en los cielos? Pues un tal Rey¡, a osadas ( 1 ) que no le 
dejen solo los cortesanos; sino que están con El rogándole por 
nosotros todos para nuestro provecho, porque están llenos de ca- 
ridad. No penséis que es como acá, que si un señor u perlado 
favorece a alguno por algunos fines, u porque quiere, luego hay 
las envidias .y el ser malquisto aquel pobre, sin hacerles nada. 



1 ñ osadas, ciertamente. Otras veces dice a usadas, como en la página 47, línea 3. 



CAPITULO XXIX 

PROSIGUE EN DñR MEDIOS PñRñ PROCURAR ESTñ ORACIÓN DE RECO- 
GIMIENTO. DICE LO POCO QUE SE NOS HA DE DAR DE SER 
FAVORECIDAS DE LOS PERLADOS. 

Huí (1), por amor de Dios, hijas, de dárseos nada de estos 
favores; procure cada una hacer lo que debe, que si el perlado 
no se lo agradeciere, sigura puede estar lo pagará y agradecerá 
el Señor. Sí, que no venimos aquí a buscar premio en esta 
vida; siempre el pensamiento en lo que dura, g de lo de acá 
ningún caso hagamos, que aun para lo que se vive no es du- 
rable: que hoy está bien con la una; mañana, si ve una virtud 
más en vos, estará mijor con vos, y si no, poco va en ello. No 
deis lugar a estos pensamientos, que a las veces comienzan por 
poco y os pueden desasosegar mucho; sino atajadlos con que 
no es acá vuestro reino y cuan presto tiene todo ¡fin. 

Mas aun esto es bajo remedio y no mucha perfeción; lo 
mijor es que dure, y vos desfavorecida y abatida, y lo queráis 
estar por el Señor que está con vos. Pone los ojos en vos y 
miraos interiormente, como queda dicho; hallaréis vuestro Maes- 
tro, que no os faltará; antes mientra menos consolación exte- 
rior, más regalo os hará. Es muy piadoso, y a personas afli- 
gidas y desfavorecidas jamás falta, si confían en El solo. Ansí 
lo dice David, que está el Señor icón los afligidos. U creís esto, 
u no; si lo creéis, ¿de qué os matáis? (2). 



1 Por huid. 

2 Aquí tenemos un caso del descuido o libertad con que escribe Santa Teresa. Acaba de 
decir creís u en la linea siguiente escribe ya creéis. 



136 CAMINO DE PERFECCIÓN 

¡Oh Señor mío, que si de veras ps conociésemos, no se 
nos daría nada de nada, porque dais muchioj a los que del todo 
se quieren fiar de Vos ! Creé, amigas, que es gran cosa entender 
2S verdad esto para ver que los favores de acá todos son men- 
tira, cuando desvían algo el alma de landar dentro de sí. ¡Oh, 
vélame Dios, quién os hiciese entender esto! No yo, por cierto; 
sé que con deber yo (1) más ique ninguno, no acabo de enten- 
derlo como se ha de entender. 

Pues tornando a lo que decía, quisiera yo saber declarar 
cómo está esta compañía santa con nuestro acompañador, Santo 
de los Santos, sin impedir a la soledad que ella y su Esposo tie- 
nen, cuando esta alma dentro de sí quiere entrarse en este paraíso 
con su Dios, y cierra la puerta tras sí a todo lo del mundo. Digo 
quiere, porque entended que esto no es cosa sobrenatural (2), 
sino que está en nuestro querer, y que podemos nosotros hacerlo, 
con el favor de Dios, que sin éste no se puede nada, ni podemos 
de nosotros tener un buen pensamiento. Porque esto no es silencio 
de las potencias, es encerramiento de ellas en sí mesma el alma. 

Vase ganando esto de muchas maneras, como está escrito 
en algunos libros, que nos hemos de desocupar de todo para lle- 
garnos interiormente a Dios, y aun en las mesmas ocupaciones 
retirarnos a nosotros mesmos: aunque sea por un memento solo 
aquel acuerdo de que tengo compañía dentro de mí, es gran 
provecho (3). En fin, irnos acostumbrando a gustar de que no es 
menester dar voces para hablarle, porque Su Majestad se dará 
a sentir cómo está allí. 



1 Escribió la Santa deveros, que corrigió luego deber yo. 

2 Escribe el P. Báñez al margen: Quiere decir sobrenatural, o que no está puesto en 
nuestro alvedtío con los favores ordinarios de Dios. F. D. B.» (Fraij Domingo Báñez). 

3 Aquí suprimió la Santa un largo párrafo que había escrito en el autógrafo de El Esco- 
rial donde dice: «Pues lo que pretendo sólo es, para que veamos y estemos con quien habla- 
mos, sin tenerle vueltas las espaldas, que no me parece otra cosa estar hablando con Dios, u 
pensando en mil vanidades. Y viene todo el daño de no entender con verdad que está cerca, 
sino imaginarle lejos, ¡y cuan lejos, si le vamos a buscar al cielo! Pues ¡rostro es el vuestro. 
Señor, para no mirarle estando tan cerca de nosotros! No parece nos oyen los hombres cuando 
hablamos, si no vemos que nos miran, ¿y cerramos los ojos para no mirar que nos miráis Vos? 
¿Cómo hemos de entender si habéis oído lo que os decimos? Sólo esto es lo que querría dar 
a entender, que para irnos acostumbrando con facilidad, ir asigurando el entendimiento para en- 
tender lo que habla, y con quién habla, es menester recoger estos sentidos exteriores a nosotros 
mesmos, y que le demos en qué se ocupar, pues es ansí que tenemos al cielo dentro de nos- 
otros, pues el Señor de él lo está». 



CAPITULO XXIX 137 

D€ esta suerte rezaremos con mucho sosiego vocalmente, y 
es quitarnos de trabajo; porque, a poco tiempo que forcemos 
a nosotros mesraos para estarnos cerca de leste Señor, nos enten- 
derá por señas de manera, que si habíamos de decir muchas 
veces el Paternóster , nos entenderá de una. Es muy amigo de 
quitarnos de trabajo: aunque en una hora no le digamos más 
de una vez, como entendamos estamos con El, y lo que le pe- 
dimos, y la gana que tiene de darnos, y cuan de buena gana se 
está con nosotros, no es amigo de que nos quebremos las ca- 
bezas hablándole mucho. 

El Señor lo ¡enseñe a las que no lo sabéis, que de mí os 
confieso que nunca supe qué cosa era rezar con satisfación, 
hasta que el Señor me enseñó este modo; y siempre he halla- 
do tantos provechos de esta costumbre de recogimiento den- 
tro de mí, que eso me ha hecho alargar tanto. Concluyo con que, 
quien lo quisiere adquirir, pues, como digo, está en nuestra 
mano, no se canse de acostumbrarse a lo que queda dicho, que 
es señorearse pocoi a poco de sí tnesmo, no se perdiendo en 
balde ; sino ganarse a sí para sí, que íes aprovecharse de sus 
sentidos para lo interior. Si hablare, procurar acordarse que hay 
con quien hable dentro de sí mesmo; si oyere, acordarse que 
ha de oir a quien más cerca /le habla. En fin, traer cuenta que 
puede, si quiere, nunca se apartar de tan buena compañía, y pe- 
sarle cuando mucho tiempo ha dejado solo a su Padre, que está 
necesitada del. Si pudiere, muchas veces en el día; si no, sea 
pocas. Como lo acostumbrare, saldrá con ganancia, u presto, u 
más tarde. Después que se lo dé el Señor, no lo trocaría por 
ningún tesoro. 

Pues nada se deprende sin un poco de trabajo, por amor 
de Dios, hermanas, que deis por bien empleado el cuidado que 
en esto gastardes; y yo sé que, si le tenéis, en un año, y quizá 
en medio, saldréis con ello, con el favor de Dios. Mira qué 
poco tiempo para tan gran ganancia como es hacer buen fun- 
damento para si quisiere el Señor levantaros a grandes cosas, 
que halle en vos aparejo, hallándoos cerca de sí. Plega a Su 
Majestad no consienta nos apartemos de su presencia. Amén. 



CAPITULO XXX 



DICE LO QUE IMPORTA ENTENDER LO QUE SE PIDE EN LA ORACIÓN. 
TRATA DE ESTAS PALABRAS DEL «PATERNÓSTER»: SanCÜficetUr 

nomen ttmm, advetiiat regnum tuum (1). aplícalas a ora- 
ción DE QUIETUD, Y COMIÉNZALA A DECLARAR. 

¿Quién hay, por disbaratado que sea, que cuando pide a 
una persona grave no lleva pensado cómo la pedir, para conten- 
tarle g no serle desabrido, y qué de ha de pedir, y para qué ha 
menester lo que le ha de dar, en especial si pide cosa señalada, 
como nos enseña que pidamos nuestro buen Jesús? Cosa me 
parece para notar. ¿No pudiérades, Señor mío, concluir con una 
palabra y decir: dadnos, Padre, lo que nos conviene? Pues a 
quien tan bien lo entiende todo, no parece era menester más. 

¡Oh Sabiduría eterna! Para entre Vos y vuestro Padre esto 
bastaba, que ansí lo pedistes en el Huerto: mostrastes vuestra 
voluntad y temor, mas dejástesos (2) en la suya; mas a nosotros 
conocéisnos (3), Señor mío, que no estamos tan rendidos como 
lo estábades Vos a la voluntad de vuestro Padre, y que era me- 
nester pedir cosas señaladas para que nos detuviésemos en mi- 
rar si nos está bien lo que pedimos, y si no, que no lo pidamos. 
Porque, sigún somos, si no nos dan lo que queremos, con este 
libre albedrío que tenemos, no admitiremos lo que el Señor nos 



1 El autógrafo dice: Santificetur nomen tuun, adueniad renuim tuun. Un corrector quiso 
corregir la palabra renuum, diciendo reffnum. 

2 Os dejaste. 

3 Nos conocéis. 



140 CñffllNO DE PERFECCIÓN 

diere; porque, aunque sea lo mijor, como no vemos luego el 
dinero en la mano, nunca nos pensamos ver ricos. 

¡Oh, vélame Dios! qué hace tener tan dormida la fe para 
lo uno y lo otro, que ni acabamos íde entender cuan cierto ter- 
n€mos el castigo, ni cuan ciertoi el premio^ Por eso es bien, 
hijas, que entendáis lo que pedís en el Paternóster , para que si 
el Padre Eterno os lo diere, no !se lo tornéis a los ojos, y pen- 
séis muy bien si os está bien, ;y isi no, no lo pidáis, sino pedí 
que os dé Su Majestad luz; porque estamos ciegos, u con hastío 
para noi poder comer los manjares que os han de dar vida, sino 
los que os han de llevar a la muerte, ¡y qué muerte tan peli- 
grosa y tan para siempre! 

Pues dice el buen Jesús, que digamos estas palabras en 
que pedimos que venga en nosotros un tal reino: Santificado 
sea tu nombre, venga en nosotros tu reino. Ahora mira, hijas, 
qué sabiduría tan grande de nuestro Maestro. Considero^ yo aquí, 
y es bien que entendamos, qué pedimos en este reino. Mas como 
vio Su Majestad que no podíamos santificar, ni alabar, ni en- 
grandecer, ni glorificar este nombre santo del Padre Eterno con- 
forme a lo poquito que podemos nosotros de manera que se hi- 
ciese como es razón, si no nos proveía Su Majestad con darnos 
acá su reino, y ansí lo puso el buen Jesús lo uno cabe lo otro. 
Porque entendamos, hijas, esto que pedimos, y lo que nos im- 
porta importunar por ello, y hacer cuanto pudiéremos para con- 
tentar a quien nos lo ha de dar, os quiero decir aquí lo que yo 
entiendo. Si no os contentare, pensá vosotras otras consideracio- 
nes, que licencia nos dará nuestro Maestro, como en todo nos 
sujetemos a io que tiene la Ilesia, y ansí lo hago yo aquí. 

Ahora, pues, el gran bien que me parece a mí hay en e] 
reino del cielo, con otros muchos, es ya no tener cuenta con cosa 
de la tierra, sino un sosiego y gloria en si mesmos, un alegrarse 
que se alegren todos, una paz perpetua, una satisfación grande 
en sí mesmos, que les viene de ver que todos santifican y alaban 
al Señor, y bendicen su nombre y no le ofende nadie. Todos 
le am'an, y la mesma alma ino entiende en otra cosa sino en 
amarle, ni puede dejarle de amar, porque le conoce. Y ansí le 



CAPITULO XXX 141 

amaríamos acá, aunque no en esta perfeción, ni <¿n un ser; mas 
muy de otra manera le amaríamos de lo que le amamos, si le 
conociésemos. 

Parece que voy a decir que hemos de ser ángeles para pedir 
esta petición y rezar bien vocalmente. Bien lo quisiera nuestro 
divino Maestro, pues tan alta petición nos manda pedir; y a 
buen siguro que no nos dice pidamos cosas imposibles; que po- 
sible sería, con lel favor de Dios, venir un alma puesta en este 
destierro, aunque no len la perfeción que están salidas de esta 
cárcel, porque andamos en mar y vamos este camino. Mas hay 
ratos que, de cansados de andar, los pone el Señor en un so- 
siego de las potencias y quietud del alma, que, como por señas, 
les da a claro a entender a qué sabe lo que se da a los 
que el Señor lleva a su reino; y a los que se les da acá 
como le pedimos, les da prendas para que por ellas tengan gran 
esperanza de ir a igozar perpetuamente lo que acá les da a sorbos. 

Si no dijésedes (1) que trato de contemplación, venía aquí 
bien en esta petición hablar un poco de principio de pura con- 
templación, que los que la tienen la llaman oración de quie- 
tud; mas, como digo trato de oración vocal, parece no viene lo 
uno con lo otro a quien no lo supiere, y yo sé que viene. Per- 
dóname que lo quiero decir, porque sé que muchas personas, re- 
zando vocalmente, como ya queda dicho (2), las levanta Dios, sin 
entender ellas cómo, a subida contemplación. Conozco una per- 
sona (3) que nunca pudo tener sino oración vocal, y asida a 
ésta, lo tenía todo; y si no rezaba, íbasele el entendimiento tan 
perdido, que no lo podía sufrir. Mas tal tengamos todas la men- 
tal. En ciertos Paternostres (4) que rezaba a las veces que el 
Señor derramó sangre se estaba, y en poco más rezado, algu- 
nas horas. Vino una vez a mí muy congojada, que no sabía te- 
ner oración mental, ni podía contemplar, sino rezar vocalmente. 
Pregunték qué rezaba, y vi que, asida a el Paternóster, tenía 



1 Por dijereis. 

2 Véase el capítulo XXV. 

3 En el autógrafo de El Escorial dice que era monja. 

4 Así forma la Santa el plural de Datemoster. Quiere decir que entre los padrenuestros al 
número de veces que Jesús derramó sangre, g alguna oración más, invertía varias horas. 



142 CAmmo de perfección 

pura contemplación, tj la levantaba el Señor a juntarla consigo 
en unión; y bien se parecía en sus obras recibir tan grandes 
mercedes, porque gastaba muy bien su vida. Ansí, alabé al Se- 
ñ!0|r g hube envidia su oración vocal. Si esto es verdad, como lo es, 
no penséis, los que sois enemigos de contemplativos, que es- 
táis libres de serlo, si las oraciones vocales rezáis como se han 
de rezar, tiniendo limpia conciencia. 



CAPITULO XXXI 

QUE PROSIGUE EN LA MESMA MATERIA. DECLARA QUE ES ORACIÓN DE 
QUIETUD. PONE ALGUNOS AVISOS PARA LOS QUE LA TIENEN. ES 
MUCHO DE NOTAR. 

Pues todavía quiero, hijas, declarar, como lo he oído pla- 
ticar, u el Señor ha querido dármelo a entender, por ventura 
para que os lo diga, esta oración de quietud, adonde a mí rae 
parece comienza lel Señor, como he dicho, a dar a entender que 
oye nuestra petición, y comienza ya a darnos su reino aquí, para 
que de veras le alabemos y santifiquemos su nombre, y pro- 
curemos lo hagan todos. 

Es ya cosa sobrenatural y que no la podemos procurar nos- 
otros (1) por diligencias que hagamos; porque «s un ponerse 
el alma en paz, u ponerla lel Señor con su presencia, por mijor 
decir, como hizo a el justo Simeón, porque todas las potencias 
se sosiegan. Entiende el alma, por una manera muy fuera de 
entender con los sentidos exteriores, que está ya junio cabe su 
Dios, que, con poquito más, llegará a estar hecha una raesma 
cosa con El por unión. Esto no es porque lo ve con los ojos del 
cuerpo ni del alma. Tampoco no vía el justo Simeón más del 
glorioso niño pobrecito; que en lo que llevaba envuelto y la poca 
gente oon El, que iban en la procesión, más pudiera juzgarle por 
hijo de gente pobre, que por Hijo del Padre celestial; mas 
dióselo el mesmo Niño a entender. Y ¡ansí lo entiende acá el 



Por nuestra abilidaxl, añade al margen el P. Báñez. 



144 CAMINO DE PERFECCIÓN 

alma, aunque no con esa claridad; porque aun día no entiende 
cómo lo entiende, más de que se ve en el reino (al menos cabe 
el Rey que se le ha de dar), y parece que la mesma alma está 
oon acatamiento, aun para no osar pedir. Es como un amorteci- 
miento interior y exteriormente, que no querría el hombre ex- 
terior (digo el cuerpo, porque mijor me entendáis), que no se 
querría bullir, sino como quien ha llegado casi a el fin del ca- 
mino, descansa para poder mijor tornar a caminar, que allí se 
le doblan las fuerzas para ello. 

Siéntese grandísimo deleite en el cuerpo, y grande satis- 
fación en el alma. Está tan contenta ide sólo verse cabe la fuen- 
te, que aun sin beber, está ya harta; no le parece hay más que 
desear: las potencias sosegadas, que no querrían bullirse, todo 
parece le estorba a amar, aunque no tan perdidas, porque pue- 
den pensar en cabe quién están, que las dos están libres. La 
voluntad es aquí la cativa (1), y si alguna pena puede tener 
estando ansí, es de ver que ha de tornar a tener la libertad. El 
entendimiento (2) no querría entender más de una cosa, ni la 
memoria ocuparse en más; aquí ven que ésta sola es necesaria, 
y todas las demás la turban. El cuerpo no querrían se menease, 
porque les parece han de perder aquella paz, y ansí, no se osan 
bullir; dales pena el hablar; en decir Padre nuestro^ una vez, 
se les pasará una hora. Están tan cerca, que ven que se entien- 
den por señas. Están en el palacio cabe su Rey, y ven que las 
comienza ya a dar aquí su reino; (no parece están en el mundo, 
ni le querrían ver ni oír, sinol a su Dios; no les da pena nada, 
ni parece se la ha de dar. En fin, lo' que dura con la satisf ación 
y deleite que en sí tienen, están tan embebidas y absortas, que 
no se acuerda que hay más que desear, sino que de buena 
gana dirían oon San Pedro: «Señor, hagamos aquí tres mora- 
das» (3). 

Algunas veces, en esta oración de quietud hace Dios otra 
merced bien dificultosa de entender, si no hay gran expirien- 



1 Por cautiva. 

2 Sobie esta palabra escribió el P. Báñez: como antes. 

3 Matth., c. XVII, v. 4. 



CAPITULO XXXI 145 

cia; mas si hay alguna, luego lo (entenderéis la que la tuviere, 
y daros ha mucha consolación saber qué 'es, y creo muchas veces 
hace Dios esta merced junto con estotra. Cuando es grande y 
por mucho tiempo lesta quietud, paréceme a mí que si la voluntad 
no estuviese asida a algo, que no podría durar tanto en aque- 
lla paz; porque acaece andar un día, u dos, que nos vemos con 
esta satisfación y no nos entendemos, digo los que la tienen, y 
verdaderamente ven que no están enteros en lo que hacen (1), 
sino que les falta lo mijor, que íes la voluntad, que, a mi pa- 
recer, está unida con su Dios, y deja las otras potencias libres 
para que entiendan len cosas de su servicio. Y para esto tienen 
entonces mucha más habilidad; mas para tratar cosas del mun- 
do, están torpes y como embobados a veces. 

Es gran merced esta a quien el Señor la hace, porque vida 
ativa y contemplativa es junta. De todo sirven entonces a el 
Señor juntamente; porque la voluntad estáse en su obra sin sa- 
ber cómo obra, ij en su contemplación; las otras dos potencias 
sirven en lo que Marta; ansí que ella y María andan juntas. 
Yo sé de una persona que la ponía lel Señor aquí muchas veces, 
y no se sabía entender, y preguntólo a un gran contemplati- 
vo (2), y dijo que era muy posible, que a él le acaecía. Ansí 
que pienso, que pues €l alma está tan satisfecha en esta oración 
de quietud, que lo más contino debe lestar unida la potencia de 
la voluntad con el que sólo puede satisfacerla. 

Paréceme será bien dar aquí algunos avisos para las que 
de vosotras, hermanas, el Señor ha llegado aquí, por sola su 
bondad, que sé que son algunas. El primero es, que como se 
ven en aquel contento y no saben cómo les vino, al menos ven 
que no le pueden ellas por sí alcanzar, dales esta tentación, 
que les parece podrán detenerle, y aun resolgar (3) no querrían. 
Y es bobería, que ansí como no podemos hacer que amanezca, tam- 
poco podemos que deje de anochecer; no es ya obra nuestra, 



1 Entre líneas puso el P. Báñez: temporal. 

2 K\ margen de este pasaje, advirtió la Santa en el códice de Toledo que era el P. Fran- 
cisco de Borja, duque de Gandía. En el capítulo XXIV, página 186, del Libro de la P7ífe/ habla 
del mismo Padre. 

3 Respirar. 

ni 10^ 



146 CAMINO DE PERFECCIÓN 

que €s sobrenatural y cosa muy sin poderla nosotros adquirir. 
Con lo que más deternemos esta merced, es con entender claro 
que no podemos quitar ni poner en lella, sino recibirla, como 
indinísimos de merecerla, con hacimiento de gracias; g éstas 
no con muchas palabras, sino con un alzar los ojos con el pu~ 
blicano (1). 

Bien es procurar más soledad para dar lugar al Señor 
y dejar a Su Majestad que obre como en cosa suya; y cuanto 
más, una palabra de rato en rato suave, como quien da un 
soplo en la vela, cuando viere que se ha muerto, para tornarla 
a accnder (2); mas si está ardiendo, no sirve de más de matarla, 
a mi parecer. Digo que sea suave el soplo, porque por concertar 
muchas palabras con el entendimiento, no ocupe la voluntad. 

Y nota, mucho, amigas, este aviso que ahora quiero decir, 
porque os veréis muchas veces que noi os podáis valer con eso- 
tras dos potencias. Que acaece estar el alma con grandísima 
quietud, y andar el entendimiento tan remontado, que no pa- 
rece es en su casa aquello que pasa; y ansí lo parece entonces, 
que no está sino como en casa ajena por huésped, y buscando 
otras posadas adonde estar, que aquella no le contenta, porque 
sabe poco ¡estar en un ser. Por ventura íes sólo el mío, y no de- 
ben ser ansí otros. Conmigo hablo, que algunas veces me deseo 
morir, de ique no puedo remediar esta variedad del entendimien- 
to (3). Otras parece hace asiento en su casa, y acompaña a la 
voluntad, que cuando todas tres potencias se conciertan, es una 
gloria. Como dos casados, que si se aman, que el uno quiere 
lo que lel otro; mas si uno es mal casado, ya se ve el desa- 
sosiego que da a su mujer. Ansí que la voluntad, cuando se 
ve en esta quietud, no haga caso del entendimiento más que 
de un loco, porque si le quiere traer consigo, forzado se ha 
de ocupar y inquietar algo. Y en leste punto de oración todo 
será trabajar y no ganar más, sino perder lo que le da el Se- 
ñor sin ningún trabajo suyo. 



1 Luc, c. XVIII, V. 13. 

2 Por encender. 

3 Véase lo que dejamos dicho de los pensamientos en el capítulo XXVI, p. 119. 



CAPITULO XXXI 147 

Y advertí mucho a esta comparación, que me parece cuadra 
mucho. Está el alma como un niño que aun mama, cuando está 
a los pechos de su madre, y ella, sin que él paladee, échale la 
leche en la boca por regalarle. Ansí €s acá, que sin trabajo 
del entendimiento, está amando la voluntad, y quiere el Se- 
ñor que, sin pensarlo, entienda que está con El, g que sólo tra- 
gue la leche que Su Majestad le pone en la boca, y goce de 
aquella suavidad (1), que conozca le está el Señor haciendo 
aquella merced, y se goce de gozarla; mas no que quiera en- 
tender cómO' la goza, y qué íes lo que goza, sino descuídese en- 
tonces de sí, que quien está cabe ella, no se descuidará de ver 
lo que le conviene. Porque si va a pelear con el entendimiento 
para darle parte, trayéndole consigo, no puede a todo; forzado 
dejará caer la leche de la boca, y pierde aquel mantenimien- 
to divino. 

En esto diferencia lesta oración, de cuando está toda el 
alma unida con Dios, porque entonces aun sólo €ste tragar d 
mantenimiento no hace; dentro de sí, sin entender cómo, le pone 
el Señor. Aquí parece que quiere trabaje un poquito, aunque 
es con tanto descanso, que casi no se siente. Quien la atormenta, 
es el entendimiento; lo que no hace cuando es unión de todas 
tres potencias, porque las suspende el que las crió; porque con el 
gozo que (2) da, todas las ocupa sin saber ellas cómo, ni poderlo 
entender. Ansí que, como digo, en sintiendo en si esta oración, que 
es un contento quieto y grande de la voluntad, sin saberse de- 
terminar de qué es señaladamente, aunque bien se determina que 
es diferentísimo de los contentos de acá (3); y que no bastaría 
señorear el mundo con todos los contentos de él para sentir en 
sí el alma aquella satisfación, que íes en lo interior de la volun- 
tad. Que otros contentos de la vida paréceme a mí que los 
goza lo exterior de la voluntad, como la corteza de ella, digamos. 



1 En el margen superior hay una nota que dice: «Por esta comparación se puede entender 
cómo es posible amar sin entender lo que se ama, ni qué ama, que es dificultoso de entender». 

2 Había escrito las da, pero borró luego la palabra las. 

3 Fr. Luis de León pone aquí dos puntos jj suprimiendo la conjunción, dice: es indiferen- 
tísimo de los contentos de acá: que no bastaría... Creo que con la modificación del insigne 
Maestro, gana en claridad este párrafo de la Santa. 



148 ' CAMINO DE PERFECCIÓN 

Pu€s cuando se viere en este tan subido grado de oración, 
que es, como he dicho ya, muy conocidamente sobrenatural, si 
€l entendimiento, u pensamiento, por más me declarar, a los 
mayores desatinos del mundo se fuere, ríase de él y déjele para 
nedo (1), y estése en su quietud, que él irá y verná; que aquí es 
señora y poderosa la voluntad; ella se le trairá sin que os ocu- 
péis. Y si quiere a fuerza de brazos traerle, pierde la fortaleza 
que tiene para contra él, que viene de comer y admitir aquel 
divino sustentamiento, y ni el uno ni el otro ganarán nada, sino 
perderán entramos. Dicen que quien mucho quiere apretar junto, 
lo pierde todo (2) ; ansí me parece será aquí. La expiriencia dará 
esto a entender, que quien no la tuviere, no me espanto le parezca 
muy escuro esto, y cosa no necesaria. Mas ya he dicho que con 
poca que haya, lo entenderá y se podrá aprovechar de ello, y 
alabará a el Señor, porque fué servido se acertase a decir aquí. 

Ahora, pues, concluyamos con que puesta el alma en esta 
oración, ya parece le ha concedido el Padre Eterno su petición 
de darle acá su reino. ¡Oh dichosa demanda, que tanto bien en 
ella pedimos sin entenderlo! ¡Dichosa manera de pedir! Por 
eso quiero yo, hermanas, que miremos cómo rezamos esta ora- 
ción del Paternóster y todas las demás vocales; porque hecha 
Dios esta merced (3), descuidarnos hemos de las cosas del 
mundo, porque llegando el Señor de él, todo lo echa fuera. 
No digo que todos los que la tuvieren, por fuerza estén 
desasidos del todo del mundo; al menos querría que entiendan 
lo que les falta, y se humillen y procuren irse desasiendo de el 
todo, porque si no, quedarse ha aquí. Y lalma a quien Dios le 
da tales prendas, es señal que la quiere para mucho: si no es 
por su culpa, irá muy adelante. Mas si ve que puniéndola el 
reino del cielo en su casa, se torna a la tierra, no sólo no la 
mostrará los secretos que hay en su reino, mas serán pocas ve- 
ces las que le haga este favor y breve espacio. 



1 Modo de decir análogo al que vimos en el capitulo XXII, p. 105, línea 15. 

2 Quien mucho abarca, poco aprieta, dice un proverbio español. 

3 «Hecha por Dios esta merced», imprimió Fr. Luis de León. El autógrafo de El Escorial 
dice: «Porque está claro que si Dios nos hace esta merced....» En el de Valladolid había escrito 
échanos, pero borró ella misma la liltima sílaba. 



CñPITULO XXXI 149 

Ya puede ser yo me engañe en esto, mas véolo y sé que 
pasa ansí, y, tengo para mí, que por eso no hay muchos más 
espirituales; porque, como no responden en los servicios con- 
forme a tan gran merced, con no tornar a aparejarse a recibir- 
la, sino sacar a <el Señor de las manos la voluntad que ya tiene 
por suya y ponerla en cosas bajas, vase a buscar adonde le quie- 
ran para Idar más, aunque no del todo quita lo dado, cuando 
se vive con limpia conciencia. Mas hay personas, y yo he sido 
una de ellas, que está el Señor enterneciéndolas y dándolas inis- 
piraciones (1) isarítas, y luz de lo que es todo, y, en fin, dándo- 
les este reino y puniéndolos en esta oración de quietud, y ellos 
haciéndose sordos. Porque son tan amigas de hablar y de decir 
muchas oraciones vocales muy apriesa, como quien quiere aca- 
bar su tarea, como tienen ya por sí de decirlas cada día, que 
aunque, como digo, les ponga el Señor su reino en las manos, 
no lo admiten; sino que ellos, con su rezar, piensan que ha- 
cen raijor, y se divierten. 

Esto no hagáis, hermanas, sino estad sobre aviso cuando el 
Señor os hiciere esta merced; mira que perdéis un gran tesoro, 
y que hacéis mucho, más con una ¡palabra de cuando en cuando 
del Paternóster , que con decirle muchas veces apriesa. Está muy 
junto a quien pedís, no os dejará de oír; y creé que aquí es 
el verdadero alabar y santificar de su nombre, porque ya, como 
cosa de Isu casa, glorificáis a el Señor, y alabáisle con más afé- 
elo n y ideseo, y jparece no podéis dejarle de servir (2). 



1 Por inspiraciones. 

2 El 01 
os aviso que 



Por inspiraciones. 

El original escurialense y los impresos añaden aquí estas palabras: «Ansí que en esto 

) que tengáis mucho aviso, porque importa mucho». 



CAPITULO XXXII 

QUE TRATA DE ESTAS PALABRAS DEL «PATERNÓSTER»: Fiat VOllltltaS 

tim sim( In cáelo \et in tena (1), y lo mucho que hace quien 

DICE ESTAS PALABRAS CON TODA DETERMINACIÓN, Y CUAN BIEN 
SE LO PAGA EL SEÑOR. 

Ahora que nuestro busn Maestro nos ha pedido g enseñado 
a pedir cosa de tanto valor, que encierra len sí todas las cosas 
que acá podemos desear, y nos ha hecho tan gran merced como 
hacernos hermanos suyos, veamos qué quiere que demos a su 
Padre, y qué le ofrece por nosotros, y qué es lo que nos pide; 
que razón es le sirvamos con algo tan grandes mercedes. ¡Oh 
buen Jesús! que tan poco dais (poco de nuestra parte), ¿cómo 
pedís para nosotros? Dejado que ello en sí (2) es nonada para 
adonde tanto ise debe, y para tan gran Señor. Mas cierto. Señor 
mío, que no nos dejáis con nada, y que damos todo lo que pode- 
mos, si lo damos como lo decimos, digo. 

Sea hecha tu volf^ntad\ y como es hecha en el cielo, ansí 
se haga en la tierra. Bien hecistes, nuestro buen Maestro, de 
pedir la petición pasada, para que podamos cumplir lo que dais 
por nosotros; porque cierto. Señor, si ansí no fuera, imposible 
me parece. Mas haciendo vuestro Padre lo que Vos le pedís de 
darnos acá su reino, yo sé que os sacaremos verdadero en dar 
lo que dais por nosotros; porque hecha la tierra cielo, será po- 



1 Escribe la Santa: Fiad voluntas tua sicud in zelo et yn tena. 

2 Es decir, lo que nosotros le damos. 



152 CAMINO DE PERFECCIÓN 

sible hacerse en mí vuestra voluntad. Mas sin esto, y en tierra 
tan ruin como la mía, y tan sin fruto, yoi no sé, Señor, cómo 
sería posible; es gran cosa lo que ofrecéis. 

Cuando yo pienso esto, gusto de las personas que no osan 
pedir trabajos ál Señor, que piensan está en esto el dárselos 
luego. No hablo ¡en los que lo dejan por humildad, pareciéndoles 
no serán para sufrirlos; aunque tengo para mí que, quien les 
da amor para pedir este medio tan ¡áspero para mostrarle, le 
dará para sufrirlos. Querría preguntar a los que por temor, 
no los piden, de que luego se los han de dar (1), lo que dicen 
cuando suplican a el Señor cumpla su voluntad en ellos, u es 
que lo dicen por decir lo que todos, mas no para hacerloi; esto, 
hermanas, no sería bien. Mira que parece aquí el buen Jesús 
nuestro embajador, y que ha querido entrevenir (2) entre nos- 
otros y su Padre, y no a poca costa suya; y no sería razón 
que lo que ofrece por nosotros, dejásemos de hacerlo verdad, 
u no lo digamos. Ahora quiérolo llevar por otra vía. Mira, hijas, 
ello se ha 'de cumplir, que queramos u no, y se ha de hacer su 
voluntad icn lel cielo y en la tierra, creme (3), toma mi parecer, 
y hace de la necesidad virtud. 

¡Oh Señor mío, qué gran regalo es éste para mí, que no 
dejásedes en querer tan ruin como el mío el cumplirse vuestra 
voluntad! Bendito seáis por siempre, y ,'alaben os todas las cosas. 
Sea glorificado vuestro nombre por siempre. Buena estuviera yo. 
Señor, si estuviera len mis manos el cumplirse vuestra volun- 
tad ii no. Ahora la mía os doy libremente, aunque a tiempo 
que no va ¡libre de interese; porque ya tengo probado, y gran 
expiriencia de ello, la ganancia que es dejar libremente mi volun- 
tad en la vuestra. ¡ Oh amigas, qué gran ganancia hay aquí, u (qué 
gran pérdida, de ino cumplir lo que decimos al Señor en el 
Paternóster, en esto que le ofrecemos ! 

Antes que os ¡diga lo que se gana, os quiero declarar lo mu- 



1 La frase estaría más clara: Querría preguntar a los que, por temor de que luego se los 
han de dar, no los piden.... Fv&i la trae Fr. Luis de León, aunque separándose de los autó- 
grafos. 

2 Por intervenir. 

3 Por cxeedme. 



CAPITULO XXXII 153 

cho que ofrecéis, no os llaméis después a engaño, y digáis que 
no lo «níendistes. No sea como algunas rclisiosas que no hacemos 
sino prometer, y como no lo cumplimos, hay este reparo de 
decir que no se entendió lo que se prometía. Y ya puede ser, por- 
que decir que dejaremos nuestra voluntad en otra, parece muy 
fácil, hasta que, probándose, se entiende es la cosa más recia 
que se puede hacer, si se cumple como se ha de cumplir. Mas 
no todas veces nos llevan con rigor los perlados de que ( 1 ) nos 
ven flacos; y, a las veces, flacos y fuertes llevan de una suerte. 
Acá no es ansí, que sabe el Señor lo que puede sufrir cada uno, 
y a quien v€ oon fuerza, no se detiene en cumplir «n El su 
voluntad. 

Pues quiéroos avisar y acordar que es su voluntad. No ha- 
yáis miedo sea daros riquezas, ni deleites, ni honras, ni todas es- 
tas cosas de acá; no os quiere tan poco, y tiene en mucho lo que 
le dais, y quiéreoslo pagar bien, pues os da su reino aun viviendo. 
¿Queréis ver cómo ise ha con los que de veras le dicen esto? Pre- 
guntadlo a su Hijo glorioso, que se lo dijo cuando la oración del 
Huerto. Como fué dicho con determinación y de toda voluntad, 
mira si la cumplió bien en El en lo que le dio de trabajos, y 
dolores, y injurias y persecuciones; en fin, hasta que se le acabó 
la vida con muerte de cruz. 

Pues veis aquí, hijas, a quien más amaba lo que dio, por 
donde se entiende cuál es su voluntad. Ansí que éstos son sus 
dones en este mundo. Da conformle a el amor que nos tiene: a 
los que ama más, da de estos dones más; a los que menos, me- 
nos, y conforme a el ánimo que ve en cada uno y el amor que 
tiene a Su Majestad. A quien le amare mucho, verá que puede 
padecer mucho por El; al que amare poco, poco. Tengo yo 
para mí, que la medida del poder llevar gran cruz, u pequeña, 
es la del amor. Ansí que, hermanas, si le tenéis, procura no 
sean palabras de cumplimiento las que decís a tan gran Señor, 
sino esforzaos a pasar lo que Su Majestad quisiere. Porque si 
de otra manera dais la voluntad, es mostrar la joya, y irla a dar, 



1 De que, en el significado de cuando. 



154 CAMINO DE PERFECCIÓN 

y >rogar que la tomen; g cuando extienden lá mano para tomarla, 
tornarla Vos a guardar muy bien. 

No son estas burlas para con quien le hicieron tantas por 
nosotros; aunque no hubiera otra cosa, no es razón burlemos ya 
tantas veces, que no son pocas las que se loi decimos en el 
Paternóster. Démosle ya una vez la joya del todo, de cuantas 
acometemos a dársela; es verdad que no nos da primero (1) para 
que se la demos. Los del mundo harto harán si tienen de ver- 
dad determinación de cumplirlo. Vosotras, hijas, diciendo y ha- 
ciendo, palabras y obras, como a la verdad parece hacemos los 
relisiosos; sino que, a las veces, no sólo acometemos a dar la 
joya, sino ponémossela en la mano, y tornámossela a tomar. So- 
mos francos (2) de presto, y después tan escasos, que valdría en 
parte más que nos hubiéramos detenido en el dar. 

Porque todo lo que os he avisado en este libro va dirigido 
a este punto de darnos del todo a el Criador, y poner nuestra vo- 
luntad en la suya y desasirnos de las criaturas, y teméis ya en- 
tendido lo mucho que importa, no digo más en ello; sino diré 
para \o que pone aquí nuestro buen Maestro estas palabras 
dichas, como quien sabe lo mucho que ganaremos de hacer este 
servicio a su Eterno Padre; porque nos disponemos para que, con 
mucha brevedad, nos veamos acabado de andar él camino y be- 
biendo del agua viva de la fuente que queda dicha. Porque sin 
dar nuestra voluntad del todo a el Señor, para que haga en 
todo lo que nos toca conforme a ella, nunca deja beber de ella. 
Esto es contemplación perfeta, lo que rae dijistes os escribiese. 

Y en esto, como ya tengo escrito, ninguna cosa hacemos de 
nuestra parte, ni trabajamos, ni negociamos, ni es menester más; 
porque todo lo demás (3) estorba y impide de decir fiat volun- 
tas ttia (4): cúmplase Señor en mí vuestra voluntad de todos 
los modos y maneras que Vos, Señor mío, quisierdes. Si queréis 



1 Así está en el autógrafo de Valiadolid y en las copias autorizadas y corregidas por la 
Santa. El de El Escorial dice: es verdá que no nos la da primevo. 

2 Franco, en el sentido de generoso, liberal, dadivoso. 

3 Añade el P. Domingo Báñez: que por nuestra industria y habilidad quisiéremos nego- 
ciar c[uietud. 

4 La Santa siempre escribe ñad voluntas tua. 



CAPITULO XXXII 155 

con trabajos, dadme lesfuerzo, y vengan; si com persecuciones, 
y enfermedades, y deshonras y necesidades, aquí estoy, no vol- 
veré el rostro. Padre mío, ni es razón vuelva las espaldas. Pues 
vuestro Hijo dio len nombre' de todos esta mi voluntad, no es 
razón falte por mi parte; sino que me hagáis Vos merced de 
darme vuestro reino para que yo lo pueda hacer, pues él me k 
pidió, y disponed en mí como en cosa vuestra, conforme a vues- 
tra voluntad. 

¡Oh hermanas mías, que fuerza tiene este don! No puede 
menos, si va con la determinación que ha de ir, de traer a e] 
Todopoderoso a ser uno con nuestra bajeza y trasformarnos en 
sí, y hacer una unión del Criador con la criatura. Mira si que- 
daréis bien pagadas, y si tenéis buen Maestro, que como sabe 
por dónde ha de ganar la voluntad de su Padre, enséñanos a 
cómo y con qué le hemos de servir (1). 

Y mientra más |se va entendiendo por las obras que no son 
palabras de cumplimiento, más, más nos llega el Señor a sí, y 
la levanta de todas las cosas de acá y de sí mesma para ha- 
bilitarla a recibir grandes mercedes, que no acaba de pagar en 
esta vida este servicio'. En tanto le tiene, que ya nosotros no sa- 
bemos qué nos pedir, y Su Majestad nunca se cansa de dar; por- 
que no contento con tener hecha esta alma una cosa consigo, 
por haberla ya unido a sí mesmo, comienza a regalarse con ella, 
a descubrirle secretos, ^a holgarse de que entienda lo que ha 
ganado, y que conozca algo de lo que la tiene por dar. Hácela 
ir perdiendo estos ¡sentidos exteriores, porque no se la ocupe 
nada: esto es arrobamiento; y comienza a tratar de tanta amis- 
tad, que no sólo la torna a dejar su voluntad, mas dale la suya 
con ella; porque se huelga el Señor, ya que trata de tanta amis- 
tad, que manden a veces, como dicen, y cumplir El lo que ella 
le pide, como ella hace lo que El la manda, y mucho mijor, por- 
que es poderoso y puede cuanto quiere, y no deja de querer. 

La pobre alma, aunque quiera, no puede lo que querría, 
ni puede nada sin que se lo den; y ésta es su mayor riqueza: 



1 Aquí termina el capítulo en el autógrafo de El Escorial, y comienza con el párrafo si- 
guiente otro nuevo. 



156 CñMINO DE PERFECCIÓN 

quedar mientra más sirve, más adeudada, y muchas veces fatiga- 
da de verse sujeta a tantos inconvenientes, y embarazos y atadura 
como tray el estar en la cárcel de este cuerpo, porque querría 
pagar algo' de lo que debe, y es harto boba de fatigarse. Por- 
que, aunque haga lo qu€ es en sí, ¿qué podemos pagar los que, 
como digo, no tenemos qué dar si no lo recibimos, sino cono- 
cernos, y esto que podemos, que €s dar nuestra voluntad, hacer- 
lo' cumplidamente? Todo lo demás, para el alma que el Señor 
ha llegado aquí, le embaraza, y hace daño y no provecho, por- 
que sola humildad es la que puede algo, y ésta no adquirida 
por el entendimiento, sino con una clara verdad que comprende 
en un memento lo que en mucho tiempo no pudiera alcanzar 
trabajando la imaginación de lo muy nonada que somos, y lo muy 
mucho que es Dios. 

Doos (1) un aviso; que no penséis por fuerza vuestra, ni di- 
ligencia, llegar aquí, que es por demás; antes si teníades de- 
voción, quedaréis frías; sino con simplicidad y humildad, que 
es la que lo acaba todo, decir fiat voluntas tua. 

1 Por Os doy. 



CAPITULO XXXIIÍ 

EN QUE TRñTñ Lñ GRAN NECESIDAD QUE TENEMOS DE QUE EL SEÑOR 
NOS DE LO QUE PEDIMOS EN ESTAS PALABRAS DEL «PATERNÓS- 
TER»: Panem nostrum quotidianunt da nobis hodie (1). 

Pues entendiendo, como he dicho, el buen Jesús, cuan di- 
ficultosa cosa era ¡ésta que ofrece por nosotros, conociendo nues- 
tra flaqueza, y que muchas veces hacemos entender que no en- 
tendemos cuál es la voluntad del Señor, como somos flacos 
y El tan piadoso, y que era menester medio, porque dejar 
de dar lo dado, vio que en ninguna manera nos conviene, por- 
que lestá len lello toda nuestra ganancia; pues cumplirlo, vio ser 
dificultoso, porque decir a un regalado y rico, que es la voluntad 
de Dios que tenga cuenta con moderar su plato para que coman 
otros siquiera pan, que mueren de hambre, sacará mil razones 
para no entender esto, sino a su propósito. Pues decir a un mor- 
murador que es la voluntad de Dios querer tanto para su pró- 
jimo como para sí, noi lo puede poner a paciencia, ni basta ra- 
zón para que lo entienda. Pues decir a un relisioso que está 
mostrado a libertad y a regalo, que ha de tener cuenta con que 
ha de dar enjemplo, y que mire que ya no son solas palabras 
con las que ha de cumplir cuando dice esta palabra, sino que 
lo ha jurado y prometido;, y que es voluntad de Dios que cum- 
pla sus votos, y mire que si da escándalo que va muy contra 
ellos, aunque no del todo los quebrante; que ha prometido po- 



1 Dice el autógrafo: Dañen nostrun cotidiano da nobis odie. 



158 ' CAMINO DE PERFECCCION 

breza, que la guarde sin rodeos, que esto es lo que el Señor quie- 
re, no hay remedio, aun ahora, de quererlo algunos, ¿qué hi- 
ciera si el Señor no hiciera lo más con el remedio que puso? 
No hubiera sino muy poquitos que cumplieran esta palabra, que 
por nosotros dijo a el Padre, de fiat voluntas tua. Pues, visto 
el buen Jesús la necesidad, buscó un medio admirable adonde 
nos mostró el extremo de amor que nos tiene, y en su nombre 
y en el de sus hermanos, pidió esta petición. El pan nuestro 
de cada día, dánoslo hoy , Señor. 

Entendamos, hermanas, por amor de Dios, esto que pide nues- 
tro buen Maestro, que nos va la vida en no pasar de corrida por 
ello, y tené en muy poco lo que habéis dado, pues tanto habéis de 
recibir. Paréceme lahora a mí, debajo de otro mijor parecer, que 
visto el buen Jesús lo que había dado por nosotrois, y cómo nos 
importa tanto darlo, y la gran dificultad que había, como está di- 
cho, por ser nosotros tales y tan inclinados a cosas bajas, y de 
tan poco ¡amor y ánimo, que lera menester ver el suyo para desper- 
tarnos, y no luna vez, sino cada día, que aquí se debía determinar 
de quedarse con nosotros. Y como era cosa tan grave y de tanta 
importancia, quiso que viniese de la mano del Eternoi Padre. 
Porque, aunque son una mesma cosa, y sabía que lo que El 
hiciese en la tierra lo haría Dios en el cielo, y lo ternía por bue- 
no, pues su voluntad y la de su Padre era una, era tanta la hu- 
mildad de lel buen Jesús (1), que quiso como pedir licencia; por- 
que ya sabía era amado de el Padre y que se deleitaba en El. 
Bien entendió que pedía más en esto, que ha pedido en lo de- 
más, porque ya sabía la muerte que le habían de dar, y las 
deshonras y afrentas que había de padecer. 

Pues ¿qué padre hubiera. Señor, que habiéndonos dado a 
su hijo, y tal hijo, y parándole tal, quisiera consentir se quedara 
entre nosotros cada día a padecer? Por cierto, ninguno. Señor, 
sino el vuestro: bien sabéis a quién pedís. ¡Oh, válame Dios, 
qué gran amor de el Hijo, y qué gran amor de el Padre! Aun 
no Ime espanto tanto del buen Jesús, porque como había ya di- 



1 Por la parte que era onbte, pone al margen el P. Báñez. 



CAPiTrjLo XXXIII 159 

cho fiat voluntas tua, habíalo de cumplir como quien es. Sí, 
que no es como nosotros, pues como sabe la cumple con amar- 
nos como a Sí, ansí andaba a buscar cómo cumplir con mayor 
cumplimiento, aunque fuese a su costa, este mandamiento. Mas 
Vos, Padre Eterno, ¿cómo lo consentistes? ¿Por qué queréis cada 
día ver en tan ruines manos a vuestro Hijo? Ya que una vez qui- 
sistes que lo estuviese y lo consentistes, ya veis cómo le pa- 
raron. ¿Cómo puede vuestra piadad cada día, cada día (1) verle 
hacer injurias? ¡Y ¡cuántas se deben hoy hacer a este Santísimo 
Sacramento! ¡En qué de manos enemigas suyas le debe de ver 
el Padre! ¡Qué de desacatos de estos herejes! 

¡Oh Señor Eterno! ¿Cómo aceiáis íal petición? ¡Cómo lo ¡con- 
sentís! No miréis su amor, que a trueco de hacer cumplidamente 
vuestra voluntad, y de hacer por nosotros, se dejará cada día 
hacer pedazos. Es vuestro de mirar, Señor mío, ya que a vues- 
tro Hijo no se le pone cosa delante (2). ¿Por qué ha de ser 
todo nuestro bien a su costa? ¿Porque calla a todo, y no sabe 
hablar por sí, sino por nosotros? Pues, ¿no ha de haber quien 
hable por este amantísimo Cordero? He mirado yo cómo en 
esta petición sola duplica las palabras, porque dice primero y 
pide que le deis este pan cada día, y torna a decir dánoslo 
hoy, Señor. Pone también delante a su Padre: es como decirle, 
que ya una vez nos le dio para que muriese por nosotros, que ya 
nuestro es; que no nos le torne a quitar hasta que se acabe el 
mundo; que le deje servir cada día. Esto os enternezca el cora- 
zón, hijas mías, para amar a vuestro Esposo, que no hay escla- 
vo que de buena gana diga que lo es, y que el buen Jesús parece 
se honra de ello. 

i Oh Padre Eterno, que mucho merece esta humildad! ¡Con 
qué tesoro compramois a vuestro Hijo! Venderle, ya sabemos que 



1 Repetidas se hallan estas palabras en el original para dar más fuerza a la frase. 

2 Este pasaje, muy adulterado, se ha restituido a la pureza del original. El P. Báñez, le 
había modificado así: «No miréis, hermanas, el amor de vuestro esposo, que a trueco de hacer 
cumplidamente la voluntad del padre i) de hacer por nosotros, se dejará cada día hacer pedazos. 
Vuestro era de mirar, o padre eterno, por vuestro hijo; no se le pone cosa delante, que le estor- 
be...». Las palabras en bastardilla son las añadidas por Báñez. Esta modificación del Padre no 
pasó a la copia de Toledo ni a la edición de Fr. Luis. 



160 CñMIWO DE PERFECCIÓN 

por treinta dineros (1); mas para comprarle, no hay precio que 
baste. Como se hace aquí una cosa con nosotros por la parte 
que tiene de nuestra naturaleza, g como Señor de su voluntad, 
lo acuerda a su Padre, que pues es suya, que nos la puede dar; 
y ansí dice: pan niiestro. No hace diferencia de El a nosotros, 
mas hacémosla nosotros de El para no nos dar cada día por 
Su Majestad. 



1 Matth., XXVI, 15. 



CAPITULO XXXIV 

PROSIGUE EN Lñ MESMñ MñTERIñ. ES MUY BUENO PARA DESPUÉS 
DE HABER RECIBIDO EL SANTÍSIMO SACRAMENTO. 

Pu€s en esta petición de cada día, parece que es para siem- 
pre. Estando yo pensando por qué después de haber dicho el 
Señor: cada, día, tornó a decir: dánoslo hoy, Señor. Ser nues- 
tro cada día, me parece a mí, porque acá le poseemos en la 
tierra y le poseeremos también en el cielo, si nos aprovechamos 
bien de su compañía; pues no se queda para otra cosa con nos- 
otros, sino para ayudarnos, y animarnos y sustentarnos a hacer 
esta voluntad, que hemos dicho se cumpla en nosotros. 

El decir hoy, me parece €s para un día, que es mientra 
durare el mundo, no más: ¡y bien un día! Y para los desventu- 
rados que se condenan, que no le gozarán en la otra, no es a su 
culpa (1) si se dejan vencer, que El no los deja de animar hasta 
el fin íde la batalla. No ternán con qué se disculpar, ni quejarse 
del Padre porque se le tomó al mijor tiempo. Y ansí Is dice su 
Hijo, que, pues no es más de un día, se le deje ya pasar en ser- 
vidumbre (2) ; que pues Su Majestad ya nos le dio y envió a el 
mundo por sola su voluntad, que El quiere ahora por la suya pro- 
pia no desampararnos, sino estarse aquí con nosotros para más 
gloria de sus amigos y pena de sus enemigos. Que no pide más 
de hoy, ahora nuevamente, que el habernos dado este pan sacra- 



1 No es por culpa de Jesús, quiere significar la Santa. 

2 «Se le deje ¡ja pasar entre los suyos^, cambió Fr. Luis de León. 

III n * 



162 CñffllNO DE PERFECCIÓN 

tísimo; para siempre Su Majestad nos le dio, como he dicho, 
este mantenimiento g maná de la humanidad, que le hallamos 
como queremos, g que si no íes por nuestra culpa, no moriremos 
de hambre, que de todas cuantas maneras quisiere comer el 
alma, hallará en lel Santísimo Sacramento sabor y consolación. 
No hay necesidad, ni trabajo ni persecución que no sea fácil de 
pasar si comenzamos a gustar de los suyos (1). 

Pedí vosotra[s] (2) hijas, con este Señor a el Padre que os deje 
hoy a vuestro Esposo, que no os veáis en este mundo sin El; 
que baste para templar tan gran contento que quede' tan disfraza- 
do len estos acidentes de pan y vino, que es harto tormento para 
quien no tiene otra cosa que amar, ni otro consuelo; mas su- 
plicalde que no os falte, y que os dé aparejo para recibirle 
dinamente. 

De otro pan, no tengáis cuidado las que muy de veras os 
habéis dejado en la voluntad de Dios; digo en estos tiempos 
de oración que tratáis cosas más importantes, que tiempos hay 
otros para que trabajéis y ganéis de comer. Mas con el cuidado, 
no curéis gastar en eso el pensamiento en ningún tiempo; sino 
trabaje el cuerpo, que es bien procuréis sustentaros, y descanse 
el alma. Deja ese cuidado, como largamente queda dicho, a vues- 
tro Esposo, que El le terna siempre. 

Es como si entra un criado a servir, tiene cuenta con con- 
tentar a su señor en todo; mas él está obligado a dar de comer 
a el siervo mientra está en su casa y le sirve, salvo si no es 
tan pobre, que no tiene para sí ni para él. Acá oesa esto: siem- 
pre es y será rico y poderoso. Pues no sería bien andar el criado 
pidiendo de comer, pues sabe tiene cuidado su amo de dárse- 



1 En el autógrafo escurialense viene aquí un párrafo que dice: «Que otro pan de los man- 
tenimientos ü necesidades corporales, no quiero uo pensar se le acordó al Señor de esto, ni 
querría se os acordase a vosotras: está puesto en subidísima contemplación. Que quien está en 
aquel punto, no haij más memoria de que está en el mundo que si no estuviese, cuantimás si 
ha de comer; ¿y había el Señor de poner tanto en pedir que comiésemos para El ij para nos- 
otros? No hace a mi propósito. Estaños ensenando a poner nuestras voluntades en las cosas del 
cielo, a a pedir le comencemos a gozar desde acá, ¿g habíanos de meter en cosa tan baja como 
pedir de comer? ¡Como que no nos conoce que comenzados a entremeter en necesidad del cuer- 
po, se nos olvidarán las del alma! Pues ¡qué gente tan concertada, que nos contentaremos poco 
ü pediremos poco!; sino que mientra más nos diere, mas parece nos ha de faltar el agua. Pí- 
danlo esto, hijas, los que quieren más de lo necesario». 

2 Por distracción escribió la Santa vosotra. 



CAPITULO XXXIV 163 

lo, y le ha de tener. Con razón le dirá que se ocupe él en 
servirle g en cómo le contentar, que por andar ocupado el 
cuidado en lo que :no le ha de tener, no hace cosa a dere- 
chas. Ansí que, hermanas, tenga quien quisiere cuidado de pedir 
ese pan; nosotras pidamos a el Padre Eterno merezcamos re- 
cibir el nuestro Pan celestial de manera que, ya que los ojos 
del cuerpo no se pueden deleitar en mirarle por estar tan en- 
cubierto, se descubra a los de el alma y se le dé a conocer, que 
es otro mantenimiento de contentos y regalos, y que sustenta 
la vida. 

¿Pensáis que no es mantenimiento aún para estos cuerpos 
este santísimo Manjar, y gran medicina aún para los males cor- 
porales? Yo sé que lo es, y conozco una persona de grandes en- 
fermedades que estando muchas veces con graves dolores, co- 
mo con la mano se le quitaban y quedaba buena del todo (1). 
Esto muy ordinario, y de males muy conocidos, que no se po- 
dían fingir, a mi parecer. Y porque de las maravillas que hace 
este santísimo Pan en los que dinamente le reciben son muy 
notorias, no digo muchas que pudiera decir desta persona que he 
dicho, que lo podía yo saber, y sé que no es mentira. Mas ésta 
habíala el Señor dado tan viva fe, que cuando oía a algunas per- 
sonas decir que quisieran ser (2) en éi tiempo que andaba Cristo 
nuestro Bien en el mundo, se reía entre sí, pareciéndole que 
tiniéndole tan verdaderamente len el Santísimo Sacramento co- 
mo entonces, que ¿qué más se les daba? 

Mas sé de lesta persona, que muchos años, aunque no era 
muy perfeta, cuando comulgaba, ni más ni menos que si viera 
con los ojos corporales entrar en su posada el Señor, procuraba 
esforzar la fe, para que (3), como creía verdaderamente entraba 
este Señor en su pobre posada, desocupábase (4) de todas las co- 
sas exteriores cuanto le lera posible, y entrábase con El. Procuraba 
recoger los sentidos, para que todos entendiesen tan gran bien; 



1 Habla de sí misma. 

2 Vivir. 

3 En significación de porque. 

4 Fray Luis de León enmendó el autógrafo diciendo: «...procuraba esforzar la fe, para 
(como creía verdaderamente que entraba este Señor en su pobre posada) desocuparse etc.». 



164 CñmiNO DE PERFECCIÓN 

digo, no embarazasen ^a el alma para conocerle. Considerábase 
a sus pies y lloraba con la Madalena, ni más ni menos que si 
con los ojos corporales le viera en casa del fariseo; y aunque no 
sintiese devoción, la fe la decía que estaba bien allí. 

Porque si no nos queremos hacer bobos y cegar el enten- 
dimiento, no hay que dudar que esto no es representación de la 
imaginación, como cuando consideramos a el Señor en la cruz, 
u en otros pasos de la Pasión, que le representamos en nosotros 
mesmos como pasó. Esto pasa ahora, y es entera verdad, y no 
hay para qué le ir a buscar en otra parte más lejos; sino ífue, 
pues sabemos que mientra no consume el calor natural los aci- 
dentes de el pan, que está con nosotros el buen Jesús, que inos 
lleguemos a El. Pues si cuando andaba en el mundo, de sólo 
tocar sus ropas sanaba los enfermos, ¿qué hay que dudar que 
hará milaglos estando tan dentro de mí, si tenemos fe, y nos 
dará lo que le pidiéremos, pues está en nuestra casa? Y no sue- 
le Su Majestad pagar mal la posada, si le hacen buen hospedaje. 

Si os da pena no verle con los ojos corporales, mira que no 
nos conviene, que es otra cosa verle glorificado, u cuando an- 
daba por el mundo. No habría sujeto que lo sufriese de nuestro 
flaco natural, ni habría mundo, ni quien quisiese parar en él; 
porque en ver esta Verdad eterna, se vería ser mentira y burlas 
todas las cosas de que acá hacemos caso. Y viendo tan gran 
Majestad, ¿cómo osaría una pecadorcilla como yo, que tantO' le 
ha ofendido, estar tan cerca de El? Debajo de aquel pan (1), está 
tratable; porque si el rey se disfraza, no parece se nos daría 
nada de (2) conversar sin tantos miramientos y respetos con 
El; parece está Ipbligado a sufrirlo, pues se disfrazó, i Quién 
osara llegar con tanta tibieza, tan indinamente, con tantas im- 
perf eciones ! 

¡Oh, cómo no sabemos lo que pedimos, y cómo lo miró 
mijor su sabiduría! Porque a los que ve se han de aprovechar 



1 Debajo de aquellos accidentes de pan, corrige, a lo teólogo, Fr. Luis de León. Ya se 
entiende que esto es lo que la Santa quiso decir. De estos accidentes de pan y vino acaba de 
hablarnos en la página 162, línea 11, tj en esta misma, línea 12. 

2 Aquí puso la Santa un no, que borró después. 



CAPITULO XXXIV 165 

de su presencia, El íse les descubre; que aunque no le vean con 
los ojos corporales, muchos modos tiene de mostrarse a el al- 
ma por grandes sentimientos interiores g por diferentes vías. 
Estaos vos con El de buena gana; no. perdáis tan buena sazón 
de negociar, como es lel hora (1) después de haber comulgado. Si 
la obediencia os mandare, hermanas, otra cosa, procura dejar 
el alma con iel Señor; que si luego lleváis el pensamiento a otra, 
y ino hacéis caso, ni tenéis cuenta con que está dentroi de vos, 
¿cómo se os ha de dar a conocer? Este, pues, es buen tiempo 
para que os ensene muestro Maestro, y que le oyamos, y bese- 
mos los pies porque nos quiso enseñar, y le supliquéis no se 
vaya de con vos. 

Si esto habéis de pedir mirando una imagen de Cristo 
que estamos mirando, bobería me parece dejar la mesma perso- 
na por mirar el debujo (2). ¿No lo sería, si tuviésemos un 
retrato de una persona que quisiésemos mucho, y la mesma per- 
sona nos viniese a ver, dejar de hablar con ella y tener toda la 
conversación con el retrato? ¿Sabéis para cuándo es muy bue- 
no, y cosa en que yo me deleito mucho? Para cuando está 
ausente la mesma persona, u quiere darnos a entender lo está 
con muchas sequedades, es gran regalo ver una imagen de quien 
con tanta razón amamos. A cada cabo (3) que volviésemos los 
ojos, la querría ver. ¿En qué mijor cosa, ni más gustosa a la vista, 
la podemos emplear que en quien tanto nos ama y en quien tie- 
ne icn sí todos los bienes? Desventurados estos herejes, que han 
perdido por su culpa esta consolación con otras. 

Mas acabando de recibir a el Señor, pues tenéis la mesma 
persona delante, procura cerrar los ojos del cuerpo, y abrir los 
de el alma, y miraros al corazón; que yo os digo, y otra ('vez 
lo digo, y muchas lo querría decir, que si tomáis esta costum- 
bre todas las veces que comulgardes, y procura (4) tener tal 
conciencia que os sea lícito gozar a menudo de este Bien, que 



1 La hora, se dice hoy. 

2 Por dibujo. 

3 Jl cada lado, a cualquier lugar. 

4 Fr. Luis de León suprime la conjunción y pone el verbo en gerundio: procurando. La 
frase es más correcta, pero no es la de S. Teresa. El autógrafo de El Escorial dice procurar. 



166 CñMINO DE PERFECCIÓN 

no viene tan disfrazado, que, como he dicho, de muchas mane- 
ras no se dé a conocer conforme a el deseo que tenemos de 
verle; y tanto lo podéis desear, que se os descubra del todo. 

Mas si no hacemos caso de El, sino que en recibiéndole 
nos vamos de con El a buscar otras cosas más bajas, ¿qué ha 
de hacer? ¿Hanos de traer por fuerza a que le veamos que se 
nos quiere dar a conocer? No, que no le trataron tan bien cuan- 
do se dejó ver a todos a el descubierto, y les decía claro quién 
era, que muy pocos fueron los que le creyeron. Y ansí, harta 
misericordia nos hace a todos, que quiere Su Majestad entenda- 
mos que es El el que está en el santísimo Sacramento. Mas 
que le vean descubiertamente, y comunicar sus grandezas y dar 
de sus tesoros, 'no quiere sino a los que entiende que mucho 
le desean, porque éstos son sus verdaderos amigos. Que yo 
os digo, que quien no lo fuere, y no llegare a recibirle como tal, 
habiendo hecho lo que es en sí, que nunca le importune por- 
que se le dé a conocer. No ve la hora de haber cumplido con lo 
que manda la Ilesia, cuando se va de su casa y procura echarle de 
sí. Ansí que este tal, con otros negocios, y ocupaciones y emba- 
razos del mundo, parece que, lo más presto que puede, se da 
priesa a que no le ocupe la casa el Señor de él. 



CAPITULO XXXV 

ACABñ LA MATERIA COMENZADA CON UNA EXCLAMACIÓN A EL PADRE 
ETERNO. 

Heme alargado tanto en lesto, aunque había hablado en la ora- 
dón del recogimiento de lo mucho cfue importa este entrarnos a 
solas con Dios, [por ser cosa tan importante] ( 1 ) ; y cuandoi no co- 
mulgardes, hijas, y oyerdes misa, podéis comulgar espiritualmente, 
que es de grandísimo provechoi, y hacer lo niesmo de recogeros 
después en vos, que es mucho lo que se imprime el amor ansí de 
este Señor; porque aparejándonos a recibir, jamás por muchas 
maneras deja de dar, que no entendemos. Es llegarnos a el fue- 
go, que aunque le haya muy grande, si estáis desviadas y ascon- 
déis las manos, mal os podéis calentar, aunque todavía da más 
calor que no lestar adonde no haya fuego. Mas otra cosa es que- 
rernos llegar a El, que si el alma está dispuesta, digo que esté 
con deseo de perder el frío, y se está allí un rato, para muchas 
horas queda con calor. 

Pues mira, hermanas, que si a los principios no os hallar- 
des bien (que podrá ser, porque os porná el demonio apretamien- 
to de corazón y congoja, porque sabe el daño grande que le 
viene de aquí), haraos entender que halláis más devoción en 
otras cosas, y aquí menos. No dejéis este modo; aquí pro- 
bará el Señor lo que le queréis. Acordaos que hay pocas almas 
que le acompañen y le sigan, en los trabajos; pasemos por El 
algo, que Su Majestad os lo pagará. Y acordaos también qué 



1 /\sí completó la Santa el sentido de este período en el códice de Toledo. 



168 CAMINO DE PERFECCIÓN 

de personas habrá que no sólo quieran no estar con El, sino 
que con descomedimiento le echen de sí. Pues algo hemos de 
pasar para que entienda k tenemos deseo de ver. T pues todo 
lo sufre, y sufrirá, por hallar sola un alma que le reciba y ten- 
ga len sí con amor, sea esta la vuestra; porque, a no haber nin- 
guna, con razón no \e consintiera quedar el Padre Eterno con 
nosotros; sino que es tan amigo de amigos y tan señor de sus 
siervos, que, oomo^ ve la voluntad de su buen Hijo, no le quiere 
estorbar obra tan ecelente, y adonde tan cumplidamente mues- 
tra el amor que tiene a su Padre. 

Pues, Padre santo, que estás en los cielos, ya que lo 
queréis y lo acetáis, y claro está no habíades de negar cosa 
que tan bien nos está a nosotros, alguien ha de haber, como 
dije al principio, que hable por vuestro Hijo, pues El nunca 
torno de Sí (1). Seamos nosotras, hijas, aunque es atrevimiento, 
siendo las que somos, mas confiadas en que nos manda el 
Señor que pidamos, llegadas a esta obediencia (2), en nombre de 
el buen Jesús, supliquemos a Su Majestad, que pues no le ha 
quedado por hacer ninguna cosa haciendo a los pecadores tan 
gran beneficio como éste, que quiera su piadad y se sirva de 
pioner remedio para que no sea tan maltratado; y que pues 
su santo Hijo puso tan buen medio para que en sacrificio le 
podamos ofrecer muchas veces, que valga tan precioso don para 
que no vaya adelante tan grandísimo mal y desacatos como se 
hacen en los lugares adonde estaba este Santísimo Sacramento 
entre estos luteranos, deshechas las ilesias, perdidos tantos sa- 
cerdotes, quitados los sacramentos. 

Pues ¡qué es esto mi Señor y mi Dios! U dad fin al mun- 
do, u poned remedio en tan gravísimos males, que no hay 
corazón que lo sufra, aun de los que somos ruines. Suplicóos, 
Padre Eterno, que no lo sufráis ya Vos; atajad este fuego. Se- 
ñor, que si queréis podéis. Mira que aun está en el mundo vues- 
tro Hijo; por su acatamiento cesen cosas tan feas, y abominables 



1 De sí, equivalente a por sí, como en la pág. 71, línea- 21, y pág. 81, lín. 18. 

2 , Borró el P. Báñez con una línea esta palabra ij puso al margen: audienzia. La enmien- 
da no se ha tenido presente en ninguna edición. 



CAPITULO XXXV 169 

g sucias; por su hermosura y limpieza (1) no merece estar en 
casa (2) adonde hay cosas semejantes. No loi hagáis por nosotros, 
Señor, que no lo merecemos; hacedlo por vuestro Hijo. Pues 
suplicaros que no esté con nosotros, noi os lo osamos pedir: ¿qué 
sería de nosotros? Que si algo os aplaca, es tener acá tal prenda. 
Pu€s algún medio ha de haber. Señor mío, póngale Vuestra 
Majestad. 

¡Oh mi Dios, quién pudiera importunaros mucho, y ha- 
beros servido mucho para poderos pedir tan gran merced en 
pago de mis servicios, pues no dejáis ninguno sin paga! Mas 
no lo he hecho. Señor; antes por ventura so yo (3) la que os he 
enojado de manera, que por mis pecados vengan tantos males. 
Pues ¿qué he de hacer, Criador mío, sino presentaros este Pan 
sacratísimo, y aunque nos le distes, tornárosle a dar, y suplicaros 
por los méritos de vuestro Hijo me hagáis esta merced, pues 
por tantas partes lo tiene merecido? Ya, Señor, ya haced que 
se sosiegue este mar; no ande siempre en tanta tempestad esta 
nave de la Iglesia, y sálvanos. Señor mió, que perecemos (4). 



1 E\ q (que), intercalado en este pasaje, no es de la Santa. 

2 Cosa escribió primero, pero ella, o algún corrector, convirtieron la o en a. Cosa, dice el 
autógrafo de El Escorial. El códice de Toledo dice casas. 

3 So yo, como en la página 35, línea 14. 

4 Matth. VIII, 25. 



CAPITULO XXXVI 

TRñTñ DE ESTAS PALABRAS DEL <<; PATERNÓSTER» : DimUte HobiS de- 
bita riostra ( 1 ) . 

Pues viendo nuestro buen Maestro que con este manjar ce- 
lestial todo nos íes fácil, si no es por nuestra culpa, y que po- 
demos cumplir muy bien lo que hemos dicho a el Padre de que 
se cumpla en nosotros su voluntad, dícele ahora que nos perdone 
nuestras deudas, pues perdonamos nosotros. Y ansí, prosiguien- 
do *en la oración que nos enseña, dice estas palabras: Y perdó- 
nanos, Señor, nuestras deudas, ansí como nosotros las perdona- 
mos a nuestros deudores. 

Miremos, hermanas, que no dice «como perdonaremos», por- 
que entendamos que quien pide un don tan grande como el pasa- 
do, y quien ya ha puesto su voluntad en la de Dios, que ya esto 
ha de estar hecho, y ansí dice: como nosotros las perdonamos. 
Ansí que, quien de veras hubiere dicho esta palabra a el Señor, 
fiat voluntas tua, todo lo ha de tener hecho, con la determinación, 
al menos. Veis aquí cómo los santos se holgaban con las injurias y 
persecuciones, porque tenían algo que presentar a el Señor cuan- 
do le pedían. ¿Qué hará una tan pobre como yo, que tan poco 
ha tenido que perdonar y tanto hay que se me perdone? Co- 
sa (2) es ésta, hermanas, para que miremos mucho en ella; que 



1 El original: Dimite nobis devita nostra. 

2 Con esta palabra comienzan las quince líneas que en el autógrafo borró Santa Teresa, y 
por eso no las copiaron los antiguos códices, ni las ediciones de este libro. Como los pensa^ 
mientos que contienen son graves y hermosos, no debemos privar de ellos al lector. 



172 CAMINO DE PERFECCIÓN 

una cosa tan grave y de tanta importancia como que nos per- 
done Nuestro Señor nuestras culpas, que merecían fuego eterno, 
se nos perdone con tan baja cosa como es que perdoineraos; y 
aun de lesta bajeza tengo tan pocas que ofrecer, que de balde 
me habéis, Señor, de perdonar: aquí cabe bien vuestra mise- 
ricordia. Bendito seáis Vos, que tan pobre me sufrís, que lo que 
vuestro Hijo dice en nombre de todos, por ser yo tal ¡y tan sin 
caudal, me he de salir de la cuenta (1). 

Mas, Señor mío, ¿si habrá algunas personas que me tengan 
compañía y no hayan entendido esto? Si las hay, en vuestro 
nombre les pido yo^ que se les acuerde de esto, y (no hagan caso 
de unas cositas que llaman agravios, que parece hacemos ca- 
sas de pajitas, como los niños, con estos puntos de honra. ¡Oh, 
válame Dios, hermanas, si entendiésemos qué cosa es honra y 
en qué está perder la honra! Ahora no hablo con nosotras, que 
harto mal sería ;no tener ya entendido esto, sino conmigo, el 
tiempo que me precié de honra sin entender qué cosa era; ííba- 
me a (el hilo de la gente (2). ¡Oh de qué cosas me agraviaba! 
que yo tengo vergüenza ahora, y ;no era, pues, de las que mucho 
miraban en estos puntos; mas no estaba en el punto principal, 
porque no miraba yo, ni hacía caso de la honra que tiene algún 
provecho, porque ésta es la que hace provecho a el alma. Y qué 
bien dijo, quien dijo, que honra y provecho no podían estar jun- 
tas, aunque no sé si lo dijo a este propósito. Y es al pi€ de la 
letra, porque provecho del alma y esto que llama el mundo 
honra, nunca puede estar junto. Cosa espantosa es qué al revés 
anda el mundo. Bendito sea el Señor que nos sacó de él. 

Mas mira, hermanas, que no nos tiene olvidadas el demo- 
nio; también inventa sus honras en los monesterios, y pon.e 
sus leyes, que suben y bajan en dinidades como los del mundo. 
Los letrados deben de ir por sus letras, que esto no lo sé, que el 
que ha llegado a leer Teulogía (3) no ha de bajar a leer Filoso- 



1 Aquí termina lo borrado. 

2 Por lo que oía, añade en el autógrafo de El Escorial. 

3 Ambos autógrafos, escurialense y valisoletano, dicen teulogía, u ambos están enmenda- 
dos por un corrector. 



CAPITULO XXXVI 173 

fía, que es un punto de honra, que está en que ha de subir g no 
bajar. Y aun si se lo mandase la obediencia, lo ternía por agra- 
vio, y habría quien tornase de él (1), que es afrenta; y luego el 
demonio descubre razones, que aun en ley de Dios parece lleva 
razón. Pues entre nosotras, la que ha sido priora, ha de quedar 
inhabilitada para otro oficio más bajo: un mirar en la que es 
más antigua, que esto no se nos olvida, y aun a las veces parece 
merecemos en ello, porque lo manda la Orden. 

Cosa es para rcir, u para llorar, que lleva más razón. Sí, 
que no manda la Orden que no tengamos humildad: manda 
que haya concierto; mas yo no he de estar tan concertada en co- 
sas ide mi (estima, que tenga tanto cuidado en este punto de Or- 
den como de otras cosas de ella, que por ventura guardaremos 
imperfetamente; no esté toda nuestra perfeción de guardarla en 
esto; otras lo mirarán por mí, si yo me descuido. Es el caso, 
que como somos inclinadas a subir, aunque no subiremos por aquí 
al cielo, no ha de haber bajar. ¡Oh Señor, Señor! ¿Sois Vos 
nuestro dechado y Maestro? Sí, por cierto. ¿Pues en qué estuvo 
vuestra honra, Honrador nuestro? No la perdistes, por cierto, 
en ser humillado hasta la muerte; no, Señor, sino que la ganas- 
tes para todos. 

¡Oh, por amor de Dios, hermanas! que llevamos perdido 
el camino, porque va errado desde el principio; y plega a Dios 
que no se pierda algún alma por guardar estos negros puntos 
de honra, sin entender en qué está la honra. Y vernemos des- 
pués a pensar que hemos hecho mucho, si perdonamos una co- 
sita de éstas, que ni era agravio, ni enjuria (2), ni nada; y imuy 
como quien ha hecho algo, vernemos a que nos perdone el Se- 
ñor, pues hemos perdonado. Dadnos, mi Dios, a entender que 
no nos entendemos, y que venimos vacías las manos, y perdó- 
nanos Vos por vuestra misericordia. Que (3) en verdad. Señor, 
que no veo cosa (pues todas las cosas se acaban, y el castigo 



1 De él en vez de por él. Véase la nota primera de la página 168. 

2 Para evitar, sin duda, el encuentro de dos íes, escribió enjuria, porque ordinariamente 
dice la Santa injuria. 

3 Desde esta palabra hasta el final del párrafo, está borrado por la misma Santa en el 
autógrafo; por lo mismo, no se halla su contenido en las copias antiguas ni en las ediciones. 



174 CñMINO DE PERFECCIÓN 

€s sin fin), que merezca ponérseos delante para que nos hagáis 
tan gran mierced, si no es por quien os lo pide. 

Mas ¡qué estimado debe ser este amarnos unos a otros del 
S,eñor! Pues pudiera el buen Jesú ponerle delante otras, y 
decir: perdónanos, Señor, porque hacemos mucha penitencia, u 
porque rezamos mucho, y ayunamos, y lo hemos dejado todo 
por Vos, y os amamos mucho; y no dijo porque perderíamos 
la vida por Vos, y, como digo, otras cosas qu2 pudiera decir, 
sino sólo porque perdonamos. Por ventura, como nos conoce por 
tan amigos de esta negra honra, y como cosa más dificultosa de 
alcanzar de nosotros, y más agradable a su Padre (1), la dijo, 
y se la ofrece de nuestra parte. 

Pues tené mucha cuenta, hermanas, con que dice: como 
perdonamos; ya como cosa hecha, como he dicho (2). Y ad- 
vertí mucho en esto, que cuando de las cosas que Dios hace 
merced a un alma en la oración que he dicho de contemplación 
perfeta, no sale muy determinada, y, si se le ofrece, lo pone por 
obra de perdonar cualquier i[n]juria (3) por grave que sea, no 
estas naderías que llaman injurias, [no fíe mucho de su ora- 
ción] (4); que a d alma que Dios llega a Sí en oración tan 
subida, no llegan, ni se le da más ser estimada que no. No 
dije bien, que sí da, que mucha más pena le da la honra que 
la deshonra, y el mucho holgar con descanso que los traba- 
jos. Porque cuando de veras le ha dado el Señor aquí su rei- 
no, ya no le quiere en este mundo; y para más subidamente 
reinar, entiende €s éste el verdadero camino, y ha ya visto 
por «xpiriencia la gran ganancia que le viene, y lo que se 
adelanta un alma en padecer por Dios. Porque por maravilla 
llega Su Majestad a hacer tan grandes regalos, sino a perso- 
nas que han pasado de buena gana muchos trabajos por El; 
porque, como dije en otra parte de este libro (5), son grandes los 



1 Y más agtañable a su Padre, está borrado por la misma Santa, u no lo traen las CO" 
pias ni las ediciones. 

2 AI margen de este párrafo escribió la Santa: Efetos que deja el buen espíritu. 

3 Creemos que por distracción escribió la Santa ijuria. 

4 Sin este aditamento del M. Fr. Luis de León, queda en suspenso este pasaje. Las edi- 
ciones siguientes incluüeron la enmienda de la príncipe. 

5 Cap. XVIII. 



CñPITULO XXXVI 175 

trabajos de los contemplativos, y ansí los busca el Señor gente 
cxpirimentada. 

Pues entended, hermanas, que como éstos tienen ya enten- 
dido lo que es todo, en cosa que pasa no se detienen mucho. Si 
de primer movimiento (í) da pena una gran injuria y trabajo, 
aun no lo ha bien sentido, cuando acude la razón por otra parte, 
que parece levanta la bandera por sí, y deja casi aniquilada 
aquella pena con el gozo que le da ver que le ha puesto el Se- 
ñor en las manos cosa que en un día podrá ganar más delante de 
Su Majestad de mercedes y favores perpetuos, que pudiera ser ga- 
nara iél en diez años por trabajos que quisiera tomar por sí. Esto 
es muy ordinario, a lo que yo entiendo, que he tratado muchos 
contemplativos, y sé cierto que pasa ansí. Que como otros precian 
oro y joyas, precian ellos los trabajos y los desean, porque tie- 
nen entendido que éstos les han de hacer ricos. 

De estas personas está muy lejos estima suya de nada; gus- 
tan entiendan sus pecados y de decirlos cuando ven que tienen 
estima de ellos. Ansí les acaece de su linaje, que ya saben que 
en el reino que no se acaba no han de ganar por aquí. Si gus- 
tasen ser de buena casta, es cuando para más servir a Dios fuera 
menester; cuando no, pésales los tengan por más de lo que son, 
y isin ninguna pena desengañan, sino con gusto. Es el caso, que 
debe ser a quien Dios hace merced de tener esta humildad y 
amor grande a Dios, que en cosa que sea servirle más, ya 
se tiene a sí tan olvidado, que aun no puede creer que otros sien- 
ten algunas cosas, ni lo tienen por injuria. 

Estos efetos que he dicho a la postre, son de personas ya 
más llegadas a perfeción, y a quien el Señor muy ordinario hace 
mercedes de llegarle a Sí por contemplación perfeta. Mas lo 
primero, que es estar determinados a sufrir injurias, y sufrir- 
las aunque sea recibiendo pena, digo que muy en breve lo tie- 
ne quien tiene ya esta merced del Señor de tener oración hasta 
llegar a unión; y que si no tiene estos efetos y sale muy fuerte 



1 Movimiento espontáneo, que antecede a la reflexión. En el tecnicismo escolástico se 
denominan estos actos motus primo ptimi. 



176 CAMINO DE PERFECCIÓN 

en ellos de la oración, crea que no era la merced de Dioks, sino 
alguna ilusión g regalo de el demonio, porque nos tengamos 
por más honrados. 

Puede ser que al principio cuando el Señor hace estas mer- 
cedes, no luego lel alma quede con esta fortaleza; mas digo que 
si las contina (1) a hacer, que en breve tiempo se hace con 
fortaleza, y ga que no la tenga en otras virtudes, en esto de 
perdonar sí. No puedo yo creer que alma que tan junto llega 
de la mesma misericordia, adonde conoce la que es y lo mucho 
que le ha perdonado Dios, deje de perdonar luego con toda fa- 
cilidad, y quede allanada en quedar mug bien con quien la in- 
jurió; porque tiene presente el regalo y merced que le ha hecho, 
adonde vio señales de grande amor, y alégrase se le ofrezca 
en qué le mostrar alguno. 

Torno a decir que conozco muchas personas que las ha 
hecho el Señor merced de levantarlas a cosas sobrenaturales, dán- 
doles esta oración u contemplación que queda dicha; y aunque 
las veoí con otras faltas g imperfeciooes, con ésta no he visto 
ninguna, ríi creo la habrá, si las mercedes son de Dios, como he 
dicho. El que las recibiere magores, mire en sí cómo van crecien- 
do estos efetos; g si no viere en sí ninguno, témase mucho, g no 
crea que esos regalos son de Dios, como he dicho, que siempre 
enriquece el alma adonde llega. Esto es cierto, que aunque la mer- 
ced y regalo pase presto, que se entiende de espacio en las ga- 
nancias con que queda el alma; y comió el buen Jesú sabe bien 
esto, determinadamenle dice a su Padre Santo que perdonamos 
tiíiesíros deudores. 



1 ñcontina había escrito, u borró la primera a. 



CAPITULO XXXVII 



DICE LA ECELENCIñ DE ESTA ORACIÓN DEL «PATERNÓSTER», Y COMO 
HALLAREMOS DE MUCHAS MANERAS CONSOLACIÓN EN ELLA. 

Es cosa para alabar mucho) a el Señor (1) cuan subida en 
perfeción es esta oración evangelical, bien como ordenada de tan 
buen Maestro, y ansí podemos, hija[s] (2), cada una tomarla a su 
propósito. Espántame ver que en tan pocas palabras está toda 
la contemplación y perfeción encerrada, que parece no hemos 
menester otro libro, sino estudiar en éste. Porque hasta aquí 
nos ha enseñado el Señor todo el modo de oración y de alta 
contemplación, dende los principiantes a la oración mental, y 
de quietud y unión, que a ser yo para saberlo decir, se pudiera 
hacer un gran libro de oración sobre tan verdadero fundamento. 
Ahora ya comienza el Señor a darnos a entender los efetos que 
deja, cuando son mercedes suyas, como habéis visto. 

Pensado he yo cómo no se había Su Majestad declarado 
más en cosas tan subidas y escuras, para que todos lo entendié- 
semos. Hame parecido que como había de ser general para todos 
esta oración, que porque pudiese pedir cada uno a su propósito, 
y se consolase, pareciéndonos le damos buen entendimiento, lo 
dejó ansí en confuso, para que los contemplativos, que ya no 



1 Esta palabra se halla expresada en ei autógrafo con sola una e^e. Aunque no muy frC" 
cuente, se da alguno que otro caso en estos escritos. 

2 Hijas quiso decir la Santa, si bien se le olvidó la última letra. La ese sobrepuesta en el 
original es de algún corrector. 

III . 12 * 



178 CAMINO DE PERFECCIÓN 

quieren cosas de la tierra, y personas ya muy dadas a Dios, pidan 
las mercedes del cielo que se pueden, por la gran bondad de Dios, 
dar en la tierra; y los que aun viven en ella, y es bien que 
vivan conforme a sus estados, pidan también su pan que (1) se 
han de sustentar y sustentan (2) sus casas, y es m'uy justo y san- 
to, y ansí las demás cosas, conforme a sus necesidades. 

Mas miren que estas dos cosas, que es darle nuestra voluntad 
y perdonar, que es para todos. Verdad es que hay más y menos 
en ello, como queda dicho: los perfetos darán la voluntad como 
perfetos, y perdonarán con la perfeción que queda dicha; nos- 
otras, hermanas, haremos lo que pudiéremos, que todo lo reci- 
be el Señor. Porque parece una manera de concierto que de nues- 
tra parte hace con su Eterno Padre, como quien dice: hace Vos 
esto. Señor, y harán mis hermanos estotro. Pues a buen siguro 
que no falte por su parle. ¡Oh, oh, que es muy buen pagador y 
paga muy sin tasa! 

De tal manera podemos decir una vez esta oración, que co- 
mo entienda no nos queda doblez, sino que haremos lo que 
decimos, nos deje ricas. Es muy amigo tratemos verdad con él; 
tratando con llaneza y claridad, que no digamos una cosa y 
nos quede otra, siempre da más de lo que le pedimos. Sabiendo 
esto nuestro buen Maestro, y que los que de veras llegasen a 
perfeción en el pedir, habían de quedar tan en alto grado con 
las mercedes que les había de hacer el Padre, entendiendo que 
los ya perfetos, u que van camino de ello, que no temen, ni de- 
ben, como dicen tienen el mundo debajo de los pies, contento 
el Señor de él, como por los efetos que hace en sus almas pue- 
den tener grandísima esperanza que Su Majestad lo está, embe- 
bidos en aquellos regalos, no querrían acordarse que hay otro 
mundo, ni que tienen contrarios. 

i Oh Sabiduría eterna! i Oh buen Enseñador! Y qué gran 
cosa es, hijas, un maestro sabio, temeroso, que previene a los 
peligros. Es todo el bien que un alma espiritual puede acá de- 



1 Con que. 

2 La última ene de esta palabra está un poco tachada en el aulógraio. 



CAPITULO XXXVII 179 

scar, porque es gran siguridad. No podría encarecer con pala- 
bras lo que importa esto. Ansí que, viendo el Señor que era me- 
nester despertarlos y acordarlos que tienen enemigos, y cuan 
más peligroso es en ellos ir descuidados, g que mucha más agu- 
da han menester del Padre Eterno, porque cairán de más alto, y 
para no andar, sin entenderse, engañados, pide estas peticiones tan 
necesarias a todos mientra vivimos en este destierro: E no nos 
trayas, Señor, en tentación; mas Líbranos de mal. 



CAPITULO XXXVIII 

QUE TRATñ DE LA GRñ (1) NECESIDAD QUE TENEMOS DE SUPLICAR A 
EL PADRE ETERNO NOS CONCEDA LO QUE PEDIMOS EN ÉSTAS 

palabras: Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos 
a malo (2), y declara algunas tentaciones, es de notar. 

Grandes cosas tenemos aquí, hermanas, que pensar y que 
entender, pues lo pedimos. Ahora mira que tengo por muy cier- 
to los que llegan a la perfeción, que no piden a el Señor los 
libre de los trabajos, ni de las tentaciones, ni persecuciones y 
peleas, que éste íes otro efeto muy cierto y grande de ser es- 
píritu del Señor, y no ilusión, la contemplación y mercedes que 
Su Majestad les diere; porque, como poco ha dije, antes los 
desean, y los piden y los aman. Son como los soldados que es- 
tán más contentos cuando hay más guerra, porque esperan salir 
con más ganancia; si no la hay, sirven con su sueldo, mas ven 
que no pueden medrar mucho. 

Creé, hermanas, que los soldados de Cristo, que son los 
que tienen contemplación y tratan de oración, no ven la hora 
que pelear; nunca temen mucho enemigos públicos, ya los co- 
nocen y saben que, con la fuerza que en ellos pone el Se- 
ñor, no tienen fuerza, y que siempre quedan vencedores y con 
gran ganancia: nunca los vuelven el rostro. Los que temen, g 
es razón teman y siempre pidan los libre el Señor de ellos, 



1 Así el autógrafo. 

2 El autógrafo: Et ne nos ynducas yn tentazionen, sed libera nos a malo. 



182 CAMINO DE PERFECCIÓN 

son unos enemigos que hay traidores, unos demonios que se tras- 
figuran (1) en ángel de luz, vienen disfrazados. Hasta que han 
hecho mucho daño en el alma, no se dejan conocer, sino que 
nos andan bebiendo la sangre y acabando las virtudes, y anda- 
mos len la mesma tentación y no lo entendemos. De éstos pida- 
mos, hijas, y supliquemos muchas veces en el Paternóster que 
nos libre lel Señor, y que no consienta andemos en tentación que 
nos trayan (2) engañadas, que se descubra la ponzoña, que no 
os ascondan la luz y la verdad. ¡Oh con cuánta razón nos en- 
seña nuestro buen Maestro a pedir esto, y lo pide por nosotros! 

Mira, hijas, que de muchas maneras dañan, no penséis que 
es sólo en hacernos entender que ios gustos que pueden fingir 
en nosotros y regalos son de Dios, que éste me parece el menos 
daño, en parte, que ellos pueden hacer; antes podrá ser que con 
esto hagan caminar más apriesa, porque, cebados de aquel gus- 
to, están más horas en la oración; y como ellos están inoran- 
tes que es del demonio, y como se ven indinos de aquellos re- 
galos, no acabarán de dar gracias a Dios, quedarán más obli- 
gados a servirle, esforzarse han (3) a disponerse para que les 
haga más mercedes el Señor, pensando son de su mano (4). 

Procura, hermanas, siempre humildad, y ver que no sois 
dinas de estas mercedes, y no las procuréis. Haciendo esto, ten- 
go para mí, que muchas almas pierde el demonio por aquí, 
pensando hacer que se pierdan, y que saca el Señor, del mal 
que él pretende hacer, nuestro bien; porque mira Su Majestad 
nuestra intención, que es contentarle y servirle, estándonos con 
El en la oración, y fiel es el Señor. Bien es andar con aviso, no 
haga quiebra en la humildad, u engendrar alguna vanagloria. 
Suplicando a el Señor os libre en esto, no hayáis miedo, hijas, 
que os deje Su Majestad regalar mucho de nadie, sino de Sí. 

Adonde el demonio puede hacer gran daño sin entender- 



1 Esta palabra está retocada de forma que se lea treinsfiguran. No creo que la enmienda 
sea de la Santa, que pronunciaba y escribía estas u semejantes palabras como el vulgo las prO" 
nunciaba jj pronuncia hoy todavía. Ttasfiffuran dice también el autógrafo de El Escorial. 

2 Que no nos trayan había escrito, y tachó el no. 

3 Por se esforzarán. 

4 Esta es dotrina de San ñgrustin, dice al margen el P. Báñez. 



C/VPITULO XXXVIII ^83 

le, es haciéndonos creer que tenemos virtudes, no las tiniendo, 
que €sto Gs pestilencia (1). Porque en los gustos y regalos, parece 
sólo que recibimos y que quedamos más obligados a servir; acá 
parece que damos g servimos, y que está el Señor obligado 
a pagar, y ansí, poco a poco hace mucho daño. Que por una 
parte enflaquece la humildad, por otra descuidémonos de ad- 
quirir aquella virtud, que nos parece la tenemos ya ganada. Pues 
¿qué remedio, hermanas? El que a mí me parece mijor, es lo 
que nos enseña nuestro Maestro: oración, y suplicar al Padre 
Eterno que no primita que andemos en tentación. 

También os quiero decir otro alguno, que si nos parece 
el Señor ya ¡nos la ha dado, entendamos que es bien recibido, y 
que nos le puede tornar a quitar, como, a la verdad, acaece 
muchas veces, y mo sin gran providencia de Dios. ¿Nunca lo 
habéis visto por vosotras, hermanas? Pues yo sí; unas veces 
me parece que estoy muy desasida, y en hecho de verdad, ve- 
nido a la prueba, lo estoy; otra vez me hallo tan asida, y de 
cosas que por ventura €l día de antes burlara yo de ello, que 
casi no me conozco. Otras veces rae parece tengo mucho áni- 
mo, y que a cosa que fuese servir a Dios no volvería ^1 ros- 
tro; y probado, es ansí que le tengo para algunas. Otro día vie- 
ne que no me hallo con él para matar una hormiga por Dios, 
si en ello hallase contradición. Ansí, unas veces me parece que 
de ninguna cosa que me mormurasen ni dijesen de mí, no se 
me da nada; y probado, algunas veces es ansí, que antes me da 
contento. Vienen días que sola una palabra me aflige y querría 
irme del mundo, porque me parece me cansa en todo. Y en esto 



1 Aquí introduce la Santa cambios muy notables en el autógrafo de El Escorial ü hasta 
suprime un ejemplo muij gráfico, que aclara no poco la doctrina que nos viene dando. Dice así: 
«Adonde ellos le pueden hacer grande (daño) para nosotros jj para los otros, es en hacernos 
entender que tenemos virtudes no les tiniendo, que esto es pestilencia; que sin sentirnos, parc" 
ciéndonos vamos siguros, damos con nosotros en un hoyo, que no podemos salir de él, que 
aunque no sea de conocido pecado mortal para llevarnos al infierno todas veces, es que nos 
jarreta las piernas, para no andar este camino de que comencé a tratar, que no se me ha olvi- 
dado. Ya veis cómo ha de andar uno metido en una gran hoya; allí se le acaba la vida, y harto 
hará si no ahonda hacia abajo para ir al infierno, mas nunca medra; y aquesto no es, ni aprove- 
cha a sí, ni a los otros, antes daña, porque como se está el hoyo hecho, muchos que van por 
el camino, pueden caer en él. Si sale y le atapa con tierra, no hace daño a sí ni a los otros: 
mas yo os digo, que es bien peligrosa esta tentación. Yo sé mucho de esto por expiíiencia, u 
ansí os lo sabré decir, aunque no tan bien como quisiera». 



184 CAMINO DE PERFECCIÓN 

no soy sola yo, que lo he mirado en muchas personas mijores que 
yo, y sé que pasa ansí. 

Pues esto es, ¿quién podrá decir de sí que tiene virtud, ni 
que está rica, pues al mijor tiempo que haya menester la virtud 
se halla de ella pobre? Que no, hermanas, sino pensemos siem- 
pre lo estamos, y no nos adeudemos sin tener de qué pagar; 
porque de otra parte ha de venir el tesoro, y no sabemos cuándo 
nos querrá dejar en la cárcel de nuestra miseria sin darnos nada. 
Y si tiniéndonos por buenas nos hacen merced y honra, que es 
el emprestar que digo, quedaránse burlados ellos y nosotras. 
Verdad es que sirviendo con humildad, en fin, nos socorre el Se- 
ñor en las necesidades; mas si no hay muy de veras esta virtud, 
a cada paso, como dicen, os dejará el Señor. Y es grandísima 
merced suya, que es para que la tengáis y entendáis con verdad 
que no tenemos nada que no lo recibimos. 

Ahora, pues, nota otro aviso: hácenos entender el demonio 
que tenemos una virtud, digamos de paciencia, porque nos deter- 
minamos y hacemos muy continos atos de pasar mucho por Dios; 
y parécenos en hecho de verdad que lo sufriríamos (1), y ansí 
estamos muy contentas, porque ayuda el demonio a que lo crea- 
mos. Yo os aviso no hagáis caso de estas virtudes, ni pensemos 
las conocemos sino de nombre, ni que nos las ha dado el Señor, 
hasta que veamos la prueba; porque acaecerá que a una palabra 
que os digan a vuestro desgusto, vaya la paciencia por el suelo. 
Cuando muchas veces sufrierdes, alabad a Dios que os comienza 
a enseñar esta virtud, y esforzaos a padecer, que es señal que en 
eso quiere se la paguéis, pues os la da, y no la tengáis sino co- 
mo en depósito, como ya queda dicho. 

Tray otra tentación, que nos parecemos muy pobres de es- 
píritu, y traemos costumbre de decirlo, que ni queremos nada, ni 
se nos da nada de nada; no se ha ofrecido la ocasión de darnos 
algo, aunque pase de lo necesario, cuando va toda perdida la 
pobreza de espíritu. Mucho ayuda el traer costumbre de de- 



1 Sufriríemos puso primero, y la Santa, o algún corrector, que no es fácil averiguorlo, 
cambió la e en a. 



CAPITULO XXXVIII 185 

cirio, a parecer que se tiene. Mucho hace al caso andar siempre 
sobre aviso para entender es tentación, ansí en las cosas que he 
dicho, como €n otras muchas; porque cuando de veras da d 
Señor una sólida virtud de éstas, todas parece las tray tras sí: 
es muy conocida cosa. Mas tornóos avisar, que, aunque os pa- 
rezca la tenéis, temáis que os engañáis; porque el verdadero 
humilde siempre anda dudoso en virtudes propias, y muy or- 
dinariamente le parecen más ciertas y de más valor las que ve 
en sus prójimos (1). 



1 Fraij Luis de León omitió este párrafo, publicando en su lugar otro tomado del autógrafo 
de El Escorial. Es uno de los capítulos en que más modificaciones introdujo en su edición de 
Salamanca. 



CAPITULO XXXIX 

PROSIGUE Lñ MESMñ MATERIA, Y DA AVISOS DE TENTACIONES AL- 
GUNAS DE DIFERENTES MANERAS, Y PONE DOS REMEDIOS PARA QUE 
SE PUEDAN LIBRAR DE ELLAS (1), 

Pu€s guardaos también, hijas, de unas humildades que pone 
el demonio con gran inquietud de la gravedad de nuestros pe- 
cados, que suele apretar aquí de muchas maneras, hasta apar- 
tarse de las comuniones, y de tener oración particular (por no 
lo merecer, les pone el demonio), g cuando llegan a el Santísi- 
mo Sacramento, en si se aparejaron bien u no, se les va el 
tiempo que habían de recibir mercedes. Llega la cosa a tér- 
mino de hacer parecer a un alma, que, por ser tal, la tiene 
Dios tan dejada, que casi pone duda en su misericordia. Todo 
le parece peligro lo que trata, g sin fruto lo que sirve, por bue- 
no que sea. Dale una desconfianza, que se le cain los brazos para 
hacer ningún bien, porque le parece que lo que lo es en los 
otros, en ella es mal. 

Mira mucho, hijas, en este punto que os diré, porque al- 
gunas veces podrá ser humildad y virtud teneros por tan ruin, y 
otras grandísima tentación. Porque yo he pasado por ella, la 
conozco. La humildad no inquieta, ni desasosiega, ni alborota 
el alma, por grande que sea; sino viene con paz, y regalo y 



1 Al margen añadió un corrector: El cap. XLl (del autógrafo, se entiende), as mucho de 
notar, así para los tentados de humildades falsas, como para los confesores. El códice de To- 
ledo u las ediciones, desde la de Evora hasta las más recientes, copian lo añadido, aunque con 
alguna pequeña variación. 



188 CAMINO DE PERFECCIÓN 

sosiego. Aunque uno de verse ruin feníienda claramente merece 
estar en el infierno, y se aflige, y le parece con justicia todos 
le habían de aborrecer, y que no osa casi pedir misericordia, si 
es buena humildad, esta pena viene con una suavidad en sí y 
contento, que no querríamos vernos sin ella. No alborota ni aprie- 
ta el alma, antes la dilata y hace hábil para servir más a Dios. 
Estotra pena todo lo turba, todo lo alborota, toda el alma re- 
vuelve, es muy penosa. Creo pretende el demonio que pense^ 
mos tenemos humildad, y si pudiese, a vueltas, que descoinfiá- 
semos de Dios. 

Cuando ansí os hallardes, ataja el pensamiento de vuestra 
miseria lo más que pudierdes, y ponedle en la misericordia de 
Dios, y en lo que nos ama y padeció por nosotros. Y si es 
tentación, aun esto no podréis hacer, que no os dejará sosegar 
el pensamiento, ni ponerle en cosa, sino para fatigaros más: 
harto será si conocéis es tentación. Ansí es en penitencias des- 
concertadas, para hacer entendernos que somos más penitentes 
que las otras, y que hacéis algo. Si os andáis ascondiendo del 
confesor u perlada, u si diciéndoos que lo dejéis, no lo hacéis, 
es clara tentación. Procura, aunque más pena os dé, obedecer, 
pues en esto está la mayor perfeción. 

Pone otra bien peligrosa, que es una siguridad de parecemos 
que en ninguna manera tornaríamos a las culpas pasadas y con- 
tentos del mundo, que ya le tengo entendido y sé que se acaba 
todo, y que más gusto me dan las cosas de Dios. Esta, si es a 
los principios, es muy malo, porque con esta siguridad no se 
les da nada de tornarse a poner en las ocasiones, y hácenos dar 
de ojos, y plega a Dios que no sea muy peor la recaída. Por- 
que, como el demonio ve que es alma que le puede dañar y .apro- 
vechar a otras, hace todo su poder para que no se levante. Ansí 
que, aunque más gustos y prendas de amor el Señor os dé, nun- 
ca tanto andéis siguras, que dejéis de temer podéis tornar a caer, 
y guardaros de las ocasiones. 

Procura mucho tratar esas mercedes y regalos con quien 
os dé luz, sin tener cosa secreta; y tené este cuidado, que en 
principio y fin de la oración, por subida contemplación que 



CAPITULO XXXIX 189 

sea, siempre acabéis en propio conocimiento. Y si es de Dios, 
aunque nO' queráis ni tengáis este aviso, lo haréis aún más ve- 
ces, porque trag consigo humildad, y siempre deja con más 
luz para que entendamos lo poco que somos. No me quiero 
detener más, porque muchos libros hallaréis de estos avisos. 
Lo que he dicho, es porque he pasado por ello, y vístome en 
trabajo algunas veces. Todo cuanto se puede decir, no puede 
dar entera siguridad. 

Pues, Padre Eterno, ¿qué hemos de hacer sino acudir a 
Vos y suplicaros ¡no nos trayan estos contrarios nuestros en ten- 
tación? Cosas públicas vengan, que, con vuestro favor, mijor nos 
libraremos; mas estas traiciones, ¿quién las entenderá. Dios mío? 
Siempre hemos menester pediros remedio. Decínos, Señor, al- 
guna cosa para que nos entendamos y asigureraos; ya sabéis 
que por este camino no van los muchos, y si han de ir con 
tantos miedos, irán muy menos. 

Cosa extraña es ésta, ¡como si para los que no van por ca- 
mino de oración no tentase el demonio! y que se espanten más 
todos de uno que engaña de los que van más llegados a per- 
feción, que de cien mil que ven en engaños y pecados públicos, 
que no hay que andar a mirar si es bueno u malo, porque de 
mil leguas se entiende es Satanás. A la verdad, tienen razón, 
porque son tan poquísimos a los que engañan (1) el demonio de 
los que rezaren el Paternóster , como queda dicho, que como 
cosa nueva y no usada, da admiración; que es cosa muy de los 
mortales pasar fácilmente por lo contino que ven, y espantarse 
mucho de lo que es muy pocas veces, u casi ninguna. Y los 
mesmos demonios los hacen espantar, porque les está a ellos 
bien, que pierden muchos por uno que se llega a la perfeción (2). 



1 Engañan, dice el original, aunque haya falta de concordancia y se haya leído e impreso 
siempre en singular. Engañan escribió también en el autógrafo de El Escorial. 

2 En el autógrafo de El Escorial escribe unas líneas más, que ya publicó Fr. Luis de León: 
«Y digo que es tan de espantar, que no me maravillo se espanten, porque si no es muy por su 
culpa, van tan más siguros que los que van por otro camino, como los que están en el cada-- 
also mirando al toro, u los que andan puniéndosele en los cuernos. Esta comparación he oído, 
y paréceme al pie de la letra. No hayáis miedo, hermanas, de ir por estos caminos, que muchos 
hay en la oración, porque unos aprovechan en uno, y otros en otro, como he dicho. Camino 
siguro es, mas aína os libraréis de la tentación, estando cerca del Señor, que no estando lejos. 
Suplícaselo, y pedíselo, como lo hacéis tantas veces a el día en ei Datemostei». 



CAPITULO XL 

DICE COMO PROCURANDO SIEMPRE ANDñR EN AMOR Y TEMOR DE DIOS, 
IREMOS SIGÜRAS ENTRE TANTAS TENTACIONES. 

Pues, buen Maestro nuestro, dadnos algún remedio cómo 
vivir sin mucho sobresalto en guerra tan peligrosa. El que po- 
demos tener, hijas, y nos dio Su Majestad es amor y temor: 
que el amor nos hará apresurar los pasos; el temor nos hará 
ir mirando adonde ponemos los pies para no caer por camino 
adonde hay tanto en que tropezar, como caminamos todos los 
que vivimos, y con esto a buen siguro que no seamos en- 
gañadas. 

Diréisme que en qué veréis que tenéis estas dos virtudes 
tan grandes, tan grandes (1), y tenéis razón, porque cosa muy 
cierta y determinada no la puede haber; porque siéndolo de que 
tenemos amor, lo estaremos de que estamos en gracia (2). Mas 
mira, hermanas, hay unas señales que parece los ciegos las ven, 
no están secretas; aunque no queráis entenderlas, ellas dan vo- 
ces que hacen mucho ruido, porque no son muchos los que con 
perfeción las tienen, y ansí se señalan más. i Como quien no 
dice nada: amor y temor de Dios! Son dos castillos fuertes, 
dende (3) 'donde se da guerra a el mundo y a los demonios. 



1 Los editores han suprimido ésta ij otras muchas repeticiones análogas que se advierten 
en estos escritos. Mal hecho, porque con ello quitan énfasis y energía a la frase, contra la in- 
tención de Santa Teresa. 

2 Añade el P. Báfiez en nota marginal: lo qual no es posible sino por especial privilegio. 

3 Por desde. 



192 CAMINO DE PERFECCIÓN 

Quien (1) de veras aman a Dios, todo lo bueno aman, todo 
lo bueno quieren, todo lo bueno favorecen, todo lo bueno loan, 
con los buenos se juntan siempre, y los favorecen y defienden; 
no aman sino verdades y cosa que sea dina de amar. ¿Pensáis 
que es posible, quien muy de veras ama a Dios, amar vanida- 
des, ni puede, ni riquezas, ni cosas del mundo de deleites, ni 
honras, ni tiene contiendas, ni envidias? Todo porque no pre- 
tende otra cosa sino contentar a el Amado. Andan muriendo por- 
que los ame, y ansí, ponen la vida en entender cómo le agrada- 
rán más. ¿Asconderse? (2). ¡Uh, que el amor de Dios, si de veras 
es amor, es imposible! (3). Si no (4), mira un San Pablo, una 
Madalena : en tres días el uno comenzó a entenderse que estaba en- 
fermo de amor; éste fué San Pablo. La Madalena desde el pri- 
mero día, ¡y cuan bien entendido! Que esto tiene, que hay más 
u menos; y ansí se da a entender como la fuerza que tiene el 
amor. Si es poco, dase a entender poco; y si es mucho, mucho; 
mas poco u mucho, como haya amor de Dios, siempre se en- 
tiende. 

Mas de lo que ahora tratamos más (5), que es de los en- 
gaños y ilusiones que hace el demonio a los contemplativos (6), 
no hay poco: siempre es el amor mucho, u ellos no vserán contem- 
plativos, y ansí se da a entender mucho (7), y de muchas mane- 
ras. Es fuego grande, no puede sino dar gran resplandor. Y si esto 
no hay, anden con gran recelo, crean que tienen bien que te- 
mer, procuren entender qué es, hagan oraciones (8), anden con 
humildad y supliquen a lel Señor no los traya en tentación; que 
cierto, a no haber esta señal, yo temo que andamos en ella. 



1 Pot quienes. 

2 Del todo, añade al margen el P. Báñez. 

3 En el códice de Toledo, la Santa completó el sentido de la oración añadiendo: esté 
muy encubierto, y Fr. Luis de León lo tuvo en cuenta. Pero es preciso advertir, que la Santa 
añadió estas palabras porque el copista (y lo mismo Fr. Luis de León) suprimió el ¡ascondevse! 
que trae el autógrafo de Valladolid, el cual hace superfino el aditamento toledano. 

4 Lo restante de esta línea g las tres siguientes, hasta las palabras «Que esto tiene» in- 
clusive, están tachadas por una ragita mug delgada, que no impide su lectura, por el P. Domin- 
go Báñez. Sin embargo, los códices antiguos las copian, g también las impresiones. 

5 Entre líneas puso el Padre Báñez: que se guarden. Lo mismo puso al margen, pero 
lo borró. 

6 El P. Báñez dice al margen: en los cuales. 

7 Entre líneas añadió el P. Báñez: más, 

8 Por ellas, añade Báñez al margen. 



CAPITULO XL 193 

Mas andando con humildad, procurando saber la verdad, sujetas 
a el confesor, y tratando con él con verdad y llaneza, que, co- 
mo está dicho, icon lo que el demonio os pensare dar la muer- 
te, los da la vida, aunque más cocos y ilusiones os quiera hacer. 

Mas si sentís leste amor de Dios que tengo dicho, y el te- 
mor que ahora diré, andad alegres y quietas, que por haceros 
turbar el alma para que no goce tan grandes bienes, os porná 
el demonio mil temores falsos, y hará que otros os los pon- 
gan; porque ya que no puede ganaros, al menos procura hacernos 
algo perder, y que pierdan los que pudieran ganar mucho, cre- 
yendo son de Dios las mercedes que hace tan grandes a una 
criatura tan ruin, y que es posible hacerlas, que parece algunas 
veces tenemos olvidadas sus misericordias antiguas. 

¿Pensáis que le importa poco al demonio poner estos te- 
mores? No, sino !mucho, porque hace dos daños: el uno, que 
atemoriza, a los que le oyen (1), de llegarse a la oración, pen- 
sando han también de ser engañados; el otro, que se llegarían 
muchos más a Dios, viendo que es tan bueno, como he dicho, 
que es posible comunicarse ahora tanto con los pecadores. Pó- 
neles codicia, y tienen razón, que yo conozco algunas personas 
que estO' los animó, y comenzaron oración, y en poco tiempo 
salieron verdaderos, haciéndolos lel Señor grandes mercedes. 

Ansí que, hermanas, cuando entre vosotras vierdes hay algu- 
na que el Señor las haga, alabad mucho al Señor por ello, y 
no por eso penséis está sigura, antes la ayudad (2) con más ora- 
ción; porque nadie lo puede estar mientra vive y anda engol- 
fado en los peligros de este mar tempestuoso. Ansí que no de- 
jaréis de entender este amor adonde está, ni sé cómo se pueda 
encubrir (3). Pues si amamos acá a las criaturas, dicen ser im- 
posible (4), y que mientra más hacen por encubrirlo, más se 
descubre, siendo cosa tan baja, que no merece nombre de amor, 



1 y temen, añade Báñez en nota marginal. 

2 Por ayudadla. 

3 Del todo, escribe el P. Báñez. 

4 Añade en nota el P. Báñez: se encubra el amor. El códice de Toledo no copia ninguna 
de estas adiciones del Padre. 

III 13* 



194 CAMINO DE PERFECCIÓN 

porque se funda en nonada, ¿y habíase de poder encubrir un 
amor tan fuerte, tan justo, que siempre va creciendo, que no 
ve cosa para dejar de amar, fundado sobre tal cimiento como 
es ¡ser pagado con otro amor, que ya (1) no puede dudar de él (2) 
por estar mostrado tan al descubierto, con tan grandes dolores, 
y trabajos y derramamiento de sangre, hasta perder la vida (3), 
porque no nos quedase ninguna duda de este amor? (4). ¡Oh, 
vélame Dios, qué cosa tan diferente debe ser lel un amor d€ el 
otro a quien lo ha probado! 

Plega a Su Majestad nos le dé antes que nos saque de 
esta vida, porque será gran cosa a la hora de la muerte ver que 
vamos a ser juzgadas de quien habemos amado sobre todas las 
cosas. Siguras podremos ir con el pleito de nuestras deudas; 
no será ir a tierra extraña, sino propia, pues es a la de quien tanto 
amamos y nos ama. Acordaos, hijas mías, aquí de la ganancia 
que tray este amor consigo, y de la pérdida en no le tener, que 
nos pone en manos del tentador, en manos tan crueles, manos tan 
enemigas de todo bien, y tan amigas de todo mal. 

¿Qué será de la pobre alma que, acabada de salir de tales 
dolores y trabajos, como son los de la muerte, cay luego en 
ellas? jQué mal descanso le viene! ¡qué despedazada irá a el 
infierno! ¡qué multitud de serpientes de diferentes maneras! ¡qué 
temeroso lugar! ¡qué desventurado hospedaje! Pues para una 
noche una mala posada se sufre mal, si es persona regalada 
(ique (5) son los que más deben de ir allá), pues, posada de para 
siempre, para sin fin, ¿qué pensáis sentirá aquella triste alma? 
Que no queramos regalos, hijas; bien estamos aquí; todo es 
una noche la mala posada. Alabemos a Dios; esforcémonos a 
hacer penitencia len lesta vida. Mas ¡qué dulce será la muerte 
de quien de todos sus pecados la tiene hecha, y no ha de ir 



1 Borrando que ya, el P. Domingo Bánez puso en su lugar del cual. 

2 Consecuente con su enmienda el P. Bánez, tachó con una raya, apenas perceptible, es^ 
tas dos palabras. La frase así corregida debía decir: de cual ya no puede dudar. 

3 El P. Báñez enmienda así esta frase: «hasta perder la vida por nosotros y porque no nos 
quedase... 

4 Del Señor, añade el mismo Padre entre líneas. 

5 Tachando el que, puso arriba como, el P. Bánez. 



CAPITULO XL 195 

al purgatorio! Como desde acá aun podrá ser comience a gozar 
de la gloria, no verá en sí temor, sino toda paz. 

Ya que no lleguemois a esto, hermanas, supliquemos a Dios, 
si vamos a recibir luego penas, sea adonde con esperanza de 
salir de ellas las llevemos de buena gana, y adonde no perda- 
mios su amistad y graciai, y que nos la dé en esta vida para no 
andar en tentación, sin que lo entendamos. 



CAPITULO XLI 

QUE HABLA DEL TEMOR DE DIOS Y COMO NOS HEMOS DE GUARDAR 
DE PECADOS VENIALES. 

¡Cómo me he alargado! Pues no tanto como quisiera, por- 
que íes cosa sabrosa hablar en tal amor, ¿qué será tenerle? (1). 
El Señor me le dé, por quien Su Majestad es. Ahora venga- 
mos a el temor de Dios. Es cosa también muy conocida de quien 
le tiene, y de los que le tratan. Aunque quiero €nte[n]dáis que a 
los principios no está tan crecido, si no es algunas personas, a 
quien, oomo he dicho, el Señor hace grandes mercedes, que en 
breve tiempo las hace ricas de virtudes; y ansí no se conoce en 
todos a los principios, digo. Vase aumentando el valor (2) cre- 
ciendo más cada día; aunque desde luego se entiende (3), porque 
luego se apartan de pecados y de las ocasiones y de malas com- 
pañías, y se ven otras señales. Mas cuando ya llega el alma 
a contemplación, que es de lo que más ahora aquí tratamos, 
el temor de Dios también anda muy al descubierto, como el 
amor no va (4) disimulado aún €n lo exterior, /lunque mu- 



1 El autógrafo escurialense trae aqui un párrafo que dice: «No vaya yo de esta vida hasta 
que no quiera cosa de ella, ni sepa qué cosa es amar fuera de Vos, ni acierte a poner este 
nombre en nadie, pues todo es falso, pues lo es el cimiento, y ansí no dura el edificio. No sé 
por qué nos espantamos cuando oyó decir, «aquel me pagó mab, «estotro no me quiere». Yo me 
río entre mí: ¿qué os ha de pagar, ni qué os ha de querer? En esto veréis quién es el mundo, 
que vuestro mesmo amor os da después el castigo, y eso es lo que os deshace, porque siente 
mucho la voluntad de que la hayáis traído embebida en juego de niños». La edición príncipe jj 
todas las posteriores reproducen este párrafo. 

2 Más, había escrito la Santa, y lo tachó. 

3 Hlffo, añade entre líneas el P. Báñez. 

4 Tan, añade el P. Báñez. 



198 CAMINO DE PERFECCIÓN 

cho con aviso se miren estas personas, no las verán andar des- 
cuidadas, que por grande que le tengamos a mirarlas, las tie- 
ne el Señor de manera, que si gran interese se le ofreciese, no 
harán de advertencia un vecado venial ; los mortales temen como 
al fuego. Y éstas son las ilusiones que yo querría, hermanas, te- 
miésemos mucho, y supliquemos siempre a Dios no sea tan re- 
cia la tentación, que le ofendamos, sino que nos la dé confor- 
me a la fortaleza que nos ha de dar para vencerla. Estoi es lo 
que hace al caso; este temor es el que yo deseo nunca se qui- 
te de nosotras, que es lo que nos ha de valer. 

¡Oh, que es gran cosa no tener ofendido a el Señor, para 
que sus siervos y esclavos infernales [estén atados]! (1); que, en 
fin, todos le han de servir, mal que les pese, sino que ellos es 
por fuerza y nosotros de toda voluntad. Ansí que, tiniéndole 
contento, ellos estarán a raya, no harán cosa con que nos pue- 
dan dañar, aunque más nos trayan en tentación y nos armen 
lazos secretos. 

Tené esta cuenta y 'aviso, que importa mucho, que [no descui- 
déis] (2) hasta que os veáis con tan gran determin;ación de no 
ofender a el Señor, que perderíades mil vidas antes que hacer un 
pecado mortal, y de los veniales estéis con mucho cuidado de no 
hacerlos; esto de advertencia, que de otra suerte, ¿quién estará 
sin hacer muchos? Mas hay una advertencia muy pensada; otra 
tan de presto, que casi haciéndose el pecado venial y advertien- 
do es todOi uno, que no nos podimos entender. Mas pecado muy 
de advertencia, por chico que sea. Dios nos libre de él; cuánto 
más, que no hay poco siendo contra una tan gran Majestad, y 
viendo que nos está mirando. Que esto me parece a mí es pe- 
cado sobrepensado, y como quien dice: Señor, aunque os pese, 
haré esto. Ya veo que lo veis, ly sé que no lo queréis, y lo en- 
tiendo; mas quiero más siguir mi antojo y apetito que no vues- 
tra voluntad. Y que en cosa de esta suerte hay poco, a mí no me 
lo parece, por leve que sea la culpa, sino mucho y muy mucho. 



1 Estas dos palabras fueron añadidas por Fr. Luis de León a fin de completar el sentido 
de la frase. 

2 También es de Fr. Luis de León esta adición, hecha por la misma causa que la anterior. 



CAPITULO XLI 199 

Mira, por amor de Dios, hermanas, si queréis ganar leste 
temor d€ Dios, que va mucho entender cuan grave cosa es ofen- 
sa ide Dios, y tratarlo en vuestros pensamientos mug ordinario; 
que nos va la vida, y mucho más, tener arraigada esta virtud en 
nuestras almas. Y hasta que le tengáis (1), es menester andar 
siempre con mucho mucho (2) cuidado, y apartarnos de todas las 
ocasiones g compañías, que no nos ayuden a llegarnos más a 
Dios. Tener gran cuenta con todo lo que hacemos, para doblar 
en lello nuestra voluntad, g cuenta con que lo que hablare vaga 
oon edificación; huir de donde hubiere pláticas que no sean de 
Dios. Ha menester mucho que en sí quede muy impresoí este 
temor; aunque si de veras hay amor, presto se cobra. Mas en 
tiniendo el alma visto con gran determinación en sí, que, co- 
moi he dicho, por cosa criada no hará una ofensa de Dios, aun- 
que después se caga alguna vez, porque somos flacos y no hay 
que fiar de nosotros (cuando más determinados, menos confiados 
de nuestra parte, que de donde ha de venir la confianza ha de ser 
de Dios) ; cuando esto que he dicho entendamos de nosotros, no es 
menester andar tan encogidos ni apretados, que el Señor nos 
favorecerá, y ya la costumbre nos será ayuda para no ofen- 
derle; sino andar con una santa libertad, tratando con quien 
fuere justo, y aunque sean destraídas. Porque las que antes 
que tuviésedes este verdadero temor de Dios, os fueran tóji- 
co (3) y aguda para matar el alma, muchas veces después os 
la harán para amar más a Dios g alabarle porque os libró 
de aquello que veis ser notorio peligro; y si antes fuérades parte 
para ayudar a sus flaquezas, ahora lo seréis para que se vayan 
a la mano en ellas por estar delante de vos, que sin quereros 
hacer honra acaece esto. 

Yo alabo al Señor muchas veces, y pensando de dónde ver- 
ná, por qué sin decir palabra muchas veces un siervo de Dios 



1 Primero había escrito: Y hasta que entendáis muy de veras que le tenéis, jj corrigiólo 
luego como viene en el texto. Esta enmienda no es del corrector, como dice el Sr. Herrero y 
Bayona, sino de Santa Teresa, y por eso se tuvo en cuenta en los traslados. 

2 Mucho mucho, es uno de tantos casos de superlativo por repetición como se hallan en 
la Santa u escritores de su tiempo. 

3 Por tósigo. En el capítulo XII, pág. 62, escribió tóxico. 



200 CAMINO DE PERFECCIÓN 

ataja (1) palabras que se dicen contra El. Debe s€r, que ansí 
como acá, si tenemos un amigo siempre se tiene respeto, si es en 
su ausencia, a no hacerle agravio delante del que saben que lo 
es; g como aquél está en gracia, la mesma gracia debe hacer 
que por bajo que éste sea se le tenga respetoi, y no le den pena 
en cosa que tanto entienden ha de sentir como ofender a Dios. 
El caso es que yo no sé la causa, mas sé que es muy ordina- 
rio esto. Ansí que no os apretéis, porque si el alma se comienza a 
encoger, es muy mala cosa para todo lo bueno, y, a las veces, 
dan en ser escrupulosas, y veisla aquí inhabilitada para sí y 
para los otros; y ya que no dé en lesto, será buena para sí, mas 
no llegará muchas almas a Dios, como ven tanto encogimien- 
to y apretura. Es tal nuestro natural, que las atemoriza y aho- 
ga, y huin (2) de llevar el camino que vos lleváis, aunque 
conocen claro ser de más virtud. 

Y viene otro daño de aquí, que es juzgar a otros, como 
no van por vuestro camino, sino con más santidad (por apro- 
vechar el prójimo tratan con libertad y sin esos encogimientos), 
luego os parecerán imperfetos. Si tienen alegría santa, parecerá 
disolución, en especial en las que no tenemos letras, ni sabe- 
mos en lo que se puede tratar sin pecado. Es muy peligrosa cosa, 
y andar en tentación contino y muy de mala digistión (3), 
porque es en perjuicio del prójimo. Y pensar que si no van 
todos por el modo que vos encogidamente, no van tan bien, es 
malísimo. Y hay otro daño: que en algunas cosas que habéis 
de hablar, y es razón habléis, por miedo de no eceder en algo, 
no osaréis sino por ventura decir bien de lo que sería muy bien 
abomina sedes. 

Ansí que, hermanas, todo lo que pudierdes sin ofensa de 
Dios, procura ser afables, y entender de manera con todas las per- 
sonas que os trataren, que amen vuestra conversación y deseen 
vuestra manera de vivir y tratar, y no se atemoricen y ame- 
drenten de la virtud. A relisiosas importa mucho esto: mientra 



1 Puso atajan, pero borró la n. 

2 Por huyen. 

3 Por digestión. 



CAPITULO XLI 201 

más santas, más conversabks con sus hermanas (l),yquG aunque 
sintáis mucha pena, si no van sus pláticas todas como vos las 
querríades hablar, nunca os extrañéis de ellas, si queréis aprove- 
char y ser amada. Que es lo que mucho hemos de procurar ser 
afables, y agradar y contentar a las personas que tratamos, en 
especial a nuestras hermanas. 

Ansí que, hijas mías, procura entender de Dios en ver- 
dad, que no mira a tantas menudencias como vosotras pen- 
sáis; y no dejéis que se os encoja el ánima y el ánimo, que 
se podrán perder muchos bienes: la intención reta, la voluntad 
determinada, como tengo dicho, de no ofender a Dios. No de- 
jéis arrinconar vuestra alma, que en lugar de procurar santidad, 
sacará muchas imperfeciones, que el demonio le porná por otras 
vías, y, como he dicho, no aprovechará a sí y a las otras tanto 
como pudiera. 

Veis aquí cómo con estas dos cosas, amor y temor de Dios, 
podemos ir por este camino sosegados y quietos, aunque, co- 
mo el temor ha de ir siempre delante, no descuidados, que esta 
siguridad no la hemos de tener mientra vivimos, porque sería 
gran peligro. Y ansí lo entendió nuestro Ensefiador, cuando en 
el fin de esta oración dice a su Padre estas palabras, como quien 
entendió bien eran menester. 



1 Las palabras relisiosas, santas y hermanas, habíalas puesto primero en masculino. 



CAPITULO XLII 



EN QUE TRñTA DE ESTñS POSTRERAS PALABRAS DE EL «PATERNÓSTER» : 

Sed libera nos a malo. Amen, «mas líbranos de mal. amen». 

Paréccme tiene razón el buen Jesús de pedir esto (1) para 
Sí, porque ya vemos cuan cansado estaba de esta vida (2) cuan- 
do dijo en la cena a sus Apóstoles: Con deseo he deseado 
cenar con vosotros (3), que era la postrera cena de su vida. 
Por adonde se ve cuan cansado debía ya estar (4) de vivir, y 
ahora no se cansarán los que han cien años, sino siempre 
con deseo de vivir más. A la verdad, no la (5) pasamos tan mal, 
ni con tantos trabajos como Su Majestad la pasó, ni tan pobre- 
mente. ¿Qué fué toda su vida sino una contina muerte, siem- 
pre trayendo la que le habían de dar tan cruel delante de los 
ojos? Y esto era lo menos; ¡mas tantas ofensas como se ha- 
cían a su Padre, y tanta multitud de almas como se perdían! 
Pues si acá una que tenga caridad le es esto gran tormento, 
¿qué sería en la caridad sin tasa ni medida de este Señor? 
i Y qué gran razón tenía de suplicar a el Padre que le librase 
ya de tantos males y trabajos, y le pusiese en descanso para 
siempre en su reino, pues era verdadero heredero de él! 



1 En alguna manera, añade entre líneas el P. Báñez. 

2 Borró ligeramente el P. Báñez; cansado estaba de es, ü puso al margen: gana se des^ 
pedía des... 

3 Luc, c. XXII, V. 15. 

4 De nuevo modifica el P. Báñez la frase tachando las palabras: cansado debía ya estar, 
suslituüéndolas al margen con éstas: poca gana devía ya de tener. 

5 Las, había escrito, u borró la ese. 



204 CñMINO DE PERFECCIÓN 

Amén. Que el ñmén entiendo yo, que pues con él se acaban 
todas las cosas, que ansí pide el Señor seamos librados de todo 
mal para siempre (1). Y ansí lo suplico yo a el Señor me libre 
de todo mal para siempre, pues no me desquito de lo que de- 
bo, sino que puede ser por ventura cada día me adeudo más. 
Y \o que no se puede sufrir, Señor, es no poder saber cierto qu€ 
os amo, ni si son acetos mis deseos delante de Vos. ¡Oh Se- 
ñor y Dios mío, líbrame ya de todo mal, y sed servido de 
llevarme adonde están todos los bienes! ¿Qué esperan ya aquí 
a los que Vos habéis dado algún conocimiento de lo que es el 
mundo, y los que tienen viva fe de lo que el Padre Eterno les 
tiene guardado? 

El pedir esto con deseo grande y toda determinación, es 
un gran lefeto para los oontemplativos de que las mercedes que 
en la oración reciben son de Dios; ansí que, los que lo fueren, 
ténganlo en mucho. El pedirlo yo no íes por esta vía, digo que 
no se tome por esta vía, sino que, como he tan mal vivido, 
temo ya de más vivir, y cánsanme tantos trabajos. Los que par- 
ticipan de los regalos de Dios, no es mucho deseen estar adon- 
de no los gocen a sorbos, y que no quieran estar en vida que 
tantos embarazos hay para gozar de tanto bien, y que deseen 
estar adonde no se les ponga lel sol de justicia. Haráseles todo 
escuro cuanto después acá ven, y de cómo viven me espanto. 
No debe ser con contento quien ha comenzado a gozar, y le 



1 Aquí borró la Santa una línea que decía: Excusado es, hermanas, pensar que míen-', y 
arrancando la hoja siguiente (CIV), escribió dos líneas para unir el hilo del razonamiento, roto por 
la supresión citada. Lo suprimido dice, según el autógrafo de El Escorial: «Excusado es, hermas 
ñas, pensar que mientra vivimos podemos estar libres de muchas tentaciones y imperfeciones u 
aun pecados; pues se dice que quien pensare está sin pecado, se engaña, u es ansí. Pues si 
echamos a males del cuerpo y trabajos, ¿quién está sin muy muchos de muchas maneras, ni es 
bien pidamos estarlo? Pues entendamos qué pediremos aquí, pues este decir de todo mal, pa- 
rece imposible, u de cuerpo, como he dicho, u de imperfeciones y faltas en el servicio de Dios. 
De los santos no digo nada, todo lo pondrán en Cristo, como decía San Pablo; mas los peca- 
dores como yo, que me veo rodeada de flojedad, y tibieza, y poca mortificación, y otras mu- 
chas cosas, veo que me cumple pedir al Señor remedio. 

«Vosotras, hijas, pedí como os pareciere; yo no le hallo viviendo, y ansí pido al Señor que 
me libre de todo mal para siempre. ¿Qué bien hallamos en esta vida, hermanas, pues carece- 
mos de tanto bien y estamos ausentes de El? Líbrame Señor de esta sombra de muerte, líbrame 
de tantos trabajos, líbrame de tantos dolores, líbrame de tantas mudanzas, de tantos cumpli- 
mientos como forzado hemos de tener los que vivimos, de tantas, tantas, tantas cosas, que nie 
cansan y fatigan, que cansaría a quien esto leyese, si las dijese todas. No hay ya quien sufra 
vivir. Debe de venirme este cansancio de haber tan mal vivido, y de ver que aun lo que vivo 
ahora, no es como he de vivir, pues tanto debo». 



CñPITULO XLII 205 

han dado ya acá ( 1 ) su reino, y ino ha de vivir por su voluntad, 
sino por la de el rey. 

¡Oh cuan otra vida debe ser ésta para no desear la muerte! 
¡Cuan diferentemente se inclina nuestra voluntad a lo que es 
la voluntad de Dios! Ella quiere queramos la verdad, nosotros 
queremos la mentira; quiere que queramos lo eterno, acá nos 
inclinamos a lo que se acaba; quiere queramos cosas grandes 
y subidas, acá queremos bajas y de tierra; querría quisiésemos 
sólo lo siguro, acá amamos lo dudoso (2). Que es burla, hijas 
mías, sino suplicar a Dios nos libre de estos peligros para siem- 
pre, y nos saque ya de todo mal. Y aunque no sea nuestro deseo 
con perfeción, esforcémonos a pedir la petición. ¿Qué nos cues- 
ta pedir mucho, pues pedimos a poderoso? Mas, porque más 
acertemos, dejemos a su voluntad el dar, pues ya le tenemos 
dada la nuestra; y sea para siempre santificado su nombre en 
los cielos y en la tierra, y en raí :sea siempre hecha su volun- 
tad. Amén (3). 

Ahora mira, hermanas, cómo el Señor me ha quitado de 
trabajo enseñando a vosotras y a mí el camino que comencé 
a deciros, dándome a entender lo mucho que pedimos cuan- 
do decimos esta oración evangelical. Sea bendito por siempre, 
que es cierto que jamás vino a mi pensamiento que había tan 
grandes secretos en ella, que ya habéis visto encierra en sí todo 
el camino espiritual, desde el principio hasta engolfar Dios el 
alma y darla abundosamente a beber de la fuente de agua viva, 
que dije estaba al fin del camino. Parece nos ha querido el Se- 
ñor dar a entender, hermanas, la gran consolación que está aquí 
encerrada, y es gran provecho para las personas que no saben 



1 Una mano, que no es de la Santa ni del P. Báñez, intercaló aquí; algo de. 

2 Síguense en el autógrafo (folio CCVI), ocho líneas borradas por la Santa, aunque pue- 
den ser leídas fácilmente, g son las que vienen en el texto hasta la frase: dejemos a su volun- 
tad el dar, exclusive. Las líneas suprimidas, no las copia el códice de Toledo, pero las publicó 
Fray Luis de León. 

3 Aunque no lo dice aquí la Santa, tuvo deseos de glosar el Hvemaría, como lo había 
hecho con el Datetnoster, a fin de que sus hijas pudieran rezar con fruto la salutación angélica. 
He aquí sus palabras tomadas del autógrafo de El Escorial: «También pensé deciros algo de 
cómo habéis de rezar el Rvemaria, mas heme alargado tanto, que se quedará, y basta haber 
entendido cómo se rezará bien el Datemoster para todas las oraciones vocales que hubierdes 
de rezar». 



206 CAMINO DE PERFECCIÓN 

leer. Si lo entendiesen, por esta oración podían sacar mucha do- 
trina y consolarse en ella. 

Pues deprendamos, ñermaiias, de la humildad con que nos 
ensena este nuestro buen Maestro, y suplicalde me perdone, que 
me he atrevido a hablar en cosas tan altas. Bien sabe Su Ma- 
jestad que mi entendimientoi no es capaz para ello, si El no me 
enseñara lo que he dicho. Agradecédselo vosotras, hermanas, que 
debe haberlo hecho por la humildad con que me lo pedistes 
y quisistes ser enseñadas de cosa tan miserable (1). 

Si el Padre Presentado Fray Domingo Báñez (2), que es 
mi confesor, a quien le daré antes que le veáis, viere es para 
vuestro aprovechamiento y os le diere, consolarme he (3) que os 
consoléis. Si no estuviere para que nadie le vea, tomaréis mi vo- 
luntad, que con la obra (4) he obedecido a lo que me mandastes; 
que yo me doy por bien pagada del trabajo que he tenido en 
escribir, que no por cierto en pensar lo que he dicho. Bendito 
sea y alabado lel Señor, de donde nos viene todo el bien que ha- 
blamos, y pensamos y hacemos. Amén. 



1 Añade aquí el de El Escorial: «Pues hermanas, ya parece no quiere diga más, porque 
no sé, que aunque pensé ir adelante, pues el Señor os ha enseñado el camino, y a mí que en 
el libro pusiese, que he dicho está escrito, cómo se han de haber llegadas a esta fuente de agua 
viva, y qué siente allí el alma, y cómo la harta Dios, y la quita la sed de las cosas de acá, y 
la hace que crezca en las cosas del servicio de Dios, que para los que hubieren llegado a ella, 
será de gran provecho, y les dará mucha luz». 

2 El P. Báñez borró las palabras: Presentado Fray Domingo Báñez. Ya se recordará que 
lo mismo hizo al principio, en el prólogo de este libro. 

3 Por me consolaré. 

4 Os he, había escrito, pero borró el os. 



APÉNDICES 



CAMINO DE PERFECCIÓN 



SEGÚN EL AUTÓGRAFO DE EL ESCORIAL 



PROLOGO (1) 



Sabiendo las erraanas de este monesterio de san josef cómo tenía 
li^eníia del padre presentado fray domingo vanes, de la orden de santo 
domingo, que al presente es mi confesor, para escrivir algunas cosas 
de oración en que parepe, por aver tratado muchas personas espiri- 
tuales y yantas, podré atinar, me an tanto ynportunado lo aga por te- 
nerme tanto amor, que anque ay libros muchos que de esto tratan g 
quien sabe bien y a sabido lo que escrive, parece la voluntad ape 
acetas algunas cosas ynperfetas y faltas más que otras muy perfe- 
tas; y, como digo, a sido tanto el deseo que las e visto y la 
ynportunapión, que me e determinado a a(;erlo, parepiéndome por sus 
oraciones y vmildad querrá el señor acierte algo a depir que les 
aproveche y me lo dará para que se lo dé. Si no acertare, quien lo 
a de ver primero, que es el padre presentado dicho, lo quemará, 
y yo no avré perdido nada en obedecer a estas siervas de dios, y verán 
lo que tengo de mí cuando su majestad no me ayvda. 

Pienso poner algunos rremedios para tentapiones de rrelisiosas, y 
el yntento que tuve de procurar esta casa, digo que fuese con la per- 
fección que se lleva, dejado el ser de nuestra mesma costitupión, y lo 
que más el señor me diere a entender como fuere entendiendo y acor- 
dándoseme, que, como no sé lo que será, no puedo degirlo con con- 



1 Por esta palabra, sin más preámbulos, comienza el Camino de Perfección que se guarda 
en El Escorial, ya Que el título Tratado del Camino de Derfectión que se lee en la primera de 
las tres hojas en blanco ij sin foliar que vienen al principio, no es de letra de la Santa. Como 
ya se dijo en la Introducción, reproducimos este autógrafo de S. Teresa con su peculiar orto- 
grafía, excepción hecha de la puntuación, de la que la Santa prescinde por completo; a lo sumo 
divide algunas cláusulas con una línea vertical. Tampoco hace división de párrafos, a no ser en 
casos muy contados. 

III H * 



210 PROLOGO 

^ierto, y creo es lo raijor no le llevar, pues es cosa tan desconcertada 
aQer yo esto. El señor ponga en todo lo que y^iere sus manos para 
que vaya conforme a su voluntad, pues son éstos mis deseos sien- 
pre, anque las obras tan faltas, como quien yo soy. 

Sé que no falta el amor y deseo en mí para ayvdar en Jo que 
yo pudiese a que las almas de mis hermanas vayan muy adelante en 
el servifio del señor, y este amor, junto con los años y espirienqia 
que tengo de algunos monesterios, podrá ser aproveche para atinar 
en cosas menudas más que los letrados, que por tener otras ocupacio- 
nes más ynportantes y ser varones fuertes, no a^en tanto caso de las 
cosas que en sí no parecen nada, y a cosa tan flaca como somos las 
mujeres, todo nos puede dañar; porque las sotile^as son muchas del 
demonio para las muy encerradas, que ven serles necesario aprove- 
charse de armas nuevas para dañar. Yo, como rruyn, eme sabido mal 
defender, y ansí querría escarmentasen mis hermanas en mí. No diré 
cosa que en mí v len otras no la tenga por espiriencia, v dada en 
oración a entender por el señor. 

Pocos días a escriví cierta rrelación de mi vida. Porque podrá 
ser no quiera mi confesor la leáys vosotras, porné algunas cosas de 
oración que conformarán con aquéllas que allí digo) y otras que tanbién 
me parecerán necesarias. El señor lo ponga por su mano como le e 
suplicado y lo ordene para su mayor gloria, ñmén. 



CñPITULO PRIMERO (1) 



DE Lñ CilVSfl QUE ME (2) MOVIÓ ñ. ACER CON TANTA ESTRECHURA ESTE AlONES- 

TERIO Y EN QUE ñN DE APROVECHAR LAS HERMANAS DE EL, Y COMO SE 

AN DE DESCUYDAR DE LAS NECESIDADES CORPORALES Y DEL BIEN DE Lfl (3) 
POBREZA. 



ñl principio que se comengó este monesterio a fundar, por las 
cavsas que ya en el libro que dije tengo escritas, con algunas de las 
grandeijas de dios en que dio a entender se avía mucho de servir en 
esta casa, no era mi ynten9ió[n] vuiese (4) tanta aspereza en lo este-r 
rior, ni que fuese sin rrenta, antes quisiera vuiera posibilidad para 
que no faltara nada; en fin, como flaca y rruyn, anque más yntentos 
buenos llevava en esto que mi r regalo (5). 

Venida a saber los daños de frangía de estos luteranos, y cuánto 
yva en crecimiento esta desventurada seta, fatigóme (6) mucho, y como si 
yo pudiera algo, v fuera algo, llorava con el señor y le suplícava 
rreraediase tanto mal. Páreseme que mil vidas pusiera yo para rreme- 
dio de vn alma de las muchas que vía perder. Y como me vi mujer 
y rruyn, y ynposibilitada de aprovechar en nada en el servicio del 
señor, que toda mi ansia era, y an (7) es, que pues tiene tantos ene- 
migos y tan pocos amigos, que esos fuesen buenos; y ansí determiné a 
ager eso poquito que yo puedo y es en mí, que es sigir los consejos 
evanjélicos con toda la perfcgión que yo pudiese, y procurar estas po- 
quitas que están aquí ygiesen lo mesmo, confiada yo en la gran bondad 



1 Este es el único capítulo a que la Santa puso epígrafe completo que lo encabezase. En 
los restantes, por io regular, se halla sólo indicado el lugar donde ha de haber capítulo nuevo. 
Los títulos se toman del índice que viene al fin del autógrafo, el cual no es de letra de la 
Santa, si bien presumimos que lo conoció. Hay notable diferencia en la división de capítulos 
en ambos autógrafos, escurialense y valisoletano. A la mitad, próximamente, reduce S. Teresa 
en éste los capítulos del primero, y a lo que se me alcanza, con muchísima razón. Para ver la 
relación entre los capítulos de uno y otro libro, indicaremos en nota el correspondiente del autó- 
grafo de Valladolid, según viene en este tomo. El primero en el de El Escorial, es también el 
primero en el valisoletano. 

2 E! me está tachado. 

5 Del pobreza, dice el autógrafo, aunque bien se ve es un descuido material de la Santa, 
que siempre dice de la. 

4 Léase uviese, lo mismo que en los demás casos que en lo sucesivo ocurran. 

5 Más que mi regalo, dice el autógrafo de Valladolid. 

6 Léase, fatigúeme. Para la pronunciación fuerte de la g (ge, gi), emplea siempre S. Te- 
resa la j. Valga la advertencia para casos análogos, que han de ocurrir muchísimos en este libro. 

7 Nuestro aun, es siempre en la Santa an. 



212 CAMINO DE PERFECCIÓN 

de idios que nunca falta de ayvdar a quien por él se determina a dejarlo 
todo. Y que siendo tales cuales yo las pintava en mis deseos, entre sus 
virtudes no temían fuerza mis faltas, y podría yo contentar al señor 
en algo, para que todas ocupadas en oración por los que son defendedo- 
res de la ylesia!, y predicadores y letrados que la defienden, ayudáse- 
mos en lo que pudiésemois a leste señor mío, que tan apretado le trayn 
a los que a echo tanto bien, que parece le querrían tornar ahora a 
la cruz estos traydore's y que no vuise adonde rreclinar la cave9a. 

¡O redentor mío, que no puede mi coragón llegar aquí sin fati- 
garse mucho! ¿Qué es esto aora de los cristianos? ¿sienpre a (1) de 
ser de ellos los que más os fatigen? ¿a los que mi j ores obras aqéys, 
los que más os deven, a los que escojéys para vuestros amigos, entre 
los que andáys y os comunicáys por los sacramentos? ¿No están ar- 
tos, señor de mi alma, de los tormentos que os dieron los judíos? 

Por (pierto, señor, no a9e nada quien se aparta del mundo aora; 
pues a vos os tienen tan poca ley ¿qué esperamos nosotros? ¿Por ven- 
tura merecemos mijor nos tengan ley? ¿por ventura émosles echo mi- 
jores obras para que nos guarden amistad los cristianos? ¿qué es esto? 
¿qué esperamos ya los que por la bondad del señor estamos sin aquella 
rroña pestilenpial, que ya aquéllos son del demonio? Buen castigo 
an ganado por sus manos, y bien an granjeado con sus deleites fuego 
eterno, ñllá se lo ayan, anque no se me deja de quebrar el corazón, 
ver tantas almas como se pierden; mas, del mal no tanto, querría no 
ver perder más cada día. 

¡O ermanas mías en cristo! ayvdádmele (2) a suplicar esto; para 
esto os juntó aquí el señor; éste es vuestro llamamiento; éstos an 
de ser vuestros nego9ios; éstos an de ser vuestros deseos; aquí vues- 
tras lágrimas; éstas vuestras peticiones; no, ermanas mías, por nego- 
cios acá del mundo, que yo me rrío y an me congojo de las cosas 
que aquí nos vienen a encargar, asta que rrogemos a dios por nego- 
cios y pleytos por dinerois, a los que querría yo suplicasen a dios los 
rrepisasen todos ellos. Buena yntención tiene (3), y allá lo encomien- 
do a dios por decir verdad, mas tengo yo para mí que nunca me oye. 
Estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a cristo, como 
dicen, pues le levantan mil testimonios, y quieren poner su ylesia por 
el suelo, ¿y emos de gastar tienpo en cosas que por ventura, si dios 
se las diese, temíamos vn alma menos en el cislo? No ermanas mías, 
no es tienpo de tratar con dios negocios de poca inportancia. 

Por cierto, que si no es por corresponder a la flaqueca vmana, 
que se consuelan en que las ayvden en todo, que olgaría se entendiese 
que no son éstas las cosas que an de suplicar a dios en san josef. 



1 Han, dice en el de ValladoUd. 

2 Hyudadme, corrigió en el autógrafo de Valladolid. 

3 Tienen, dice el de Valladolid. 



CAPITULO II (1) 



QUE TRATA DE COMO SE AN DE DESCUIDAR DE LAS NECESIDADES CORPORALES, Y 
DEL BIEN DE LA POBREZA (2). 



Y no penséys, hermanas mías, que por eso os ha de faltar de co- 
mer, yo os asiguro; jamás por artificios vmanos pretendáys sustenta- 
ros, que moriréys de anbrej, y con rragón. Los ojos en vuestro esposo; 
él os a de sustentar; contento él, anque no quieran, os darán de co- 
mer los menos vuestros devotos, como lo avéys visto por espirien^ia. 
Si adiendo vosotras esto murierdes de anbre, bienaventuradas las mon- 
jas de san josef. ñquí os digo yo serán acetas vuestras oraciones, y 
aremos algo de lo que pretendemos. Esto po se os olvide, y jas mías, 
por amor del señor, pues dejáys la rrenta, deja el cuydado de la co- 
mida; si no, todo va perdido. Los que quiere el señor que la tengan, 
tengan «norabuena esos cuydados, que es mucha rracón, que es su 
llamamiento; mas vosotras, hermanas, es disbarate (3). 

Cuydado de rrentas ajenas me parepe a mí que sería estar pen- 
sando en lo que los otros gogan: sí, que por vuestro cuydado no 
muda el otro su pensamiento, ni se le pone deseo de dar limosna. 
Deja ese cuydado al que los puede mover a todos, al que es señor 
de las rrentas y de los rrenteros; por su mandamiento venimos aquí; 
verdaderas son sus palabras; no pueden faltar, antes faltarán los 
píelos y la tierra. No le faltéys vosotras, y no ayáys miedo que falte; 
y si alguna vez faltare, será para mayor bien, como faltavan las vidas 
a los santos, y les cortavan las cavepas, y era para darlos más y 
aperlos mártires. Buen trueco sería acabar presto con todo y gopar 
de la artura perdurable. 

Mira, ermanas, que va mucho en esto muerta yo, que para eso 
os lo dejo escrito; que, con el favor de dios, mientras (4) biviere yo os 
lo acordaré, que por espirienpia veo la gran ganancia. Cuando menos 
ay, más descuydada estoy; y sabe el señor, que a todo mi parecer, 



1 Cap. II de Valladolid. 

2 Prosigue en la, había comenzado a escribir la Santa u lo borró, desistiendo de poner 
epígrafes en el cuerpo de la obra. Tómanse del índice, como es dicho. 

3 Como la ortografía de la Santa es principalmente fonética (escribe como habla), y en el 
siglo XVI se pronunciaba la b muy fuerte, sobretodo en medio de palabra, llega aquí a confun" 
dirla con la p. 

4 Uno de los pocos casos en que escribe mientras, y aun éste lo conigló en el de Valla- 
dolid, diciendo mientra. 



214 CAMINO DE PERFECCIÓN 

que rae da más pena cuando nos dan mucho que no cuando no ay 
nada: no sé si lo a^c como ya tengo visto lo da luego el señor. 
Sería engañar el mundo otra cosa, avernos pobres y no lo ser de 
espíritu, sino en lo esterior. Con9ien9ia se me aria. Páreseme era ur^^ 
tar lo que nos davan, a manera de de9ir; porque era pedir limosna 
los rricos, y plega a dios no sea ansí, que adonde ay estos cuydados 
demasiados (digo, vuiese), de que den, vna vez v otra se van por la 
costunbre, v podrían yr, y pedir lo que no an menester por ventura 
a quien tiene más necesidad;; y anque él no puede perder sino ganar, 
nosotras perderíamos. No plega a dios, mis yjas; cuando esto vuiera 
de ser, más quisiera tuviérades rrenta. 

En ninguna manera se ocupe en esto el pensamiento. Esto os pido 
yo, por amor de dios, en limosna; y la más chiquita, cuando esto 
entendiese alguna vez en esta casa, clame a su majestad y acuér- 
delo a la mayor, con vmildad le diga que va errada; y valo tanto, 
que poco a poco se yrá perdiendo la verdadera pobrera. Yo espero 
en el señor no será ansí, ni dejará a sus siervas; y para esto, pues 
me an mandado esto, aproveche este aviso de esta pecador^illa de 
despertador. 

Y crean mis yjas que para su bien me a dado el señor un po- 
quito a entender en los bienes que ay de la pobre9a de espíritu, y 
vosotras, si advertís en ello, lo entenderéys, no tanto como yo; por- 
que avía sido loca de espíritu, y po pobre, anque avía echo la pro- 
fesión de serlo. Ello es vn bien que todos los bienes del mundo 
en9ierra en sí, y creo muchos de los de todas las virtudes. En esto 
no me afirmo, porque no sé el valor que tiene cada vna, y lo que 
no me pare9e entiendo bien no lo diré; mas tengo para mi que abra9a 
a muchas. Es vn señorío grande; digo que es señorío de todos los 
bienes del mundo quien no se le da nada de ellos, y si dijese 
que se enseñorea sobre todos los del mundo, no mentiré. ¿Qué se me 
da a mí de los rreyes ni señores, si no quiero sus rrentas, ni de 
tenerlos contentos, si vn tantito se atraviesa contentar más a Dios? 
Daremos con todos al traste, porque tengo para mí que onrras y di- 
neros casi sienpre andan juntos, y que quien quiere onrra, no aborre9e 
dineros, y que quien aborre9e dineros, que se le da poco de onrra. En- 
tiéndase bien, que me pare9e que esto de honrra sienpre tray algún 
ynteresillo de tener rrentas y dineros, porque por maravilla, v nunca, 
ay onrrado en el mundo si es pobre; antes, anque sea en sí onrrado, 
le tienen en poco. La verdadera pobre9a tray vna onrra9a consigo que 
no hay quien la sufra; la que es por solo Dios, digo, no a menester 
contentar a nadie sino a él, y es cosa muy 9ierta, en no aviendo 
menester a nadie, tener muchos amigos; yo lo tengo visto por espi- 
rien9ia. 

Porque ay tanto escrito de esta virtud, que no lo sabré yo en- 
tender, cuantimás de9ir, confieso que yva tan enbevida que no me e 
entendido asta aora la nepedad que a9Ía en ablar en ello; aora que 
e advertido, callaré. Mas ya que está dicho, quédese por dicho si fuere 
bien, y por amor del señor, pues son nuestras armas la santa pobre- 
9a y lo que al prin9ipio de la orden tanto se estimava y guardava 
en nuestros santos padres (que me an dicho, quien lo a leydo, que an 



MPiTULO n 215 

de un día para otro no guardavan nada), ya que en tanta perfepión 
no lo guardamos en lo esterior, que len lo ynterior procuremos tener- 
la; dos oras son de vida, grandísimo lel premio; y cuando no vuiera 
ninguno sino cumplir lo que nos aconsejó crysto, era grande la paga. 

Estas armas han de tener nuestras vanderas, que de todas maneras lo 
queramos guardar: en casa, en vestidos, en palabras, y mucho más en 
el pensamiento. Y mientra esto ygieren, no ayan miedo cay a la rre- 
lisión de esta casa, con el favor de dios, que, como de^ía santa clara, 
grandes muros son los de la pobrera. De éstos, decía ella, quería 
cercar su monesterio, y a buen siguro, si se guarda de verdad, que 
esté la onestidad y lo demás más fortalecido que con muy suntuosos 
edificios. De esto se guarden, por amor de dios, y por su sangre se 
lo pido yo; y si con conciencia puede (1) decir que el día que tal 
quisiere se torne a caer, que las mate a todas, yendo con buena con- 
ciencia, lo digo, y lo suplicaré a dios. 

Muy mal parece, ermanas mías, de la acienda de los pobrecitos, que, 
a muchos les falta, se agan grandes casas: no lo primita dios, sino po- 
brecita en todo y chica. Parezcámonos en algo a nuestro rrey, que no 
tenía casa, sino en el portal de belén (2) fué su nacimiento. Los que las 
acen, ellos lo sabrán, yo no lo condeno sin más; llevan otros ynten- 
tos; mas trece pobrecitas, cualquier rincón les basta. Si por el mucho 
encerramiento tuvieren canpo y ermitas para apartarse a orar, y por- 
que lesta miserable naturaleca nuestra a menester algo, norabuena; mas 
edificios ni casa grande ni curioso, nada; dios nos libre. Sienpre se 
acuerden se a de caer todo el día del juycio; ¿qué sabemos si será 
presto? 

Pues acer mucho rruydo al caerse el de doce pobrecillas, no es 
bien, que los pobres nunca acen rruydo; los verdaderos pobres jente 
sin rruydo a ¡de ser para que los ayan lástima. Y cómo se olgarán si 
ven alguno por la limosna que les a echo librarse del ynfierno; que 
todo es posible, porque están muy obligadas a rrogar por sus almas 
muy continamente, pues las dan de comer; que tanbién quiere el se- 
ñor, anque él nos lo da, que le rrogemos por los que nos lo dan 
por él, y desto no aya descuydo. 

No sé lo que comencé a decir, que me e divertido, y creo lo a 
querido Dios, porque nunca pensé escrivir esto. Su majestad nos tenga 
sienpre de su mano para que no se caya de ello. ñmén. 



1 Duedo, dice en el autógrafo de Valladolid. 

2 Beselén, había escrito ij borró el se. 



CAPITULO III (1) 



QUE PROSIGUE Lfl MISMA MaTERW 



Tomando a lo principal para que el señor nos juntó en esta 
casa, y por lo que yo más ideseo seamos algo para que contentemos 
a su majestad, digo que, viendo go ya tan grades males que fuerzas 
vmanas no vastan a atajar este fuego (anque se a pretendido a^er 
jente para si pudieran a fuerza de armas rremediar tan gran mal 
y que va tan a delante), ame parecido que es menester como cuando los 
enemigos en tienpo de gerra an corrido toda la tierra, y viéndose el 
señor de ella perdido se rrecoje a vna givdad, que age muy bien for- 
talecer, y desde allí acaepe algunas ve^es dar en los contrarios, y ser 
tales los que están en el castillo, como es jente escojida, que puede 
más ellos a solas que con muchos soldados, si eran covardes, pudie- 
ron (2); y muchas ve^es se gana de esta manera Vitoria; al menos an- 
que no se gane, no los vencen, porque, como no ay traydorss, sino 
jente escojida, si no es por anbre, no los pueden ganar, ñcá esta an- 
bre no la puede aver que vaste a que se rrindan; a morir sí, mas 
no a quedar vencidos. 

Mas ¿para qué e dicho esto? Para que entendáys, hermanas mías, 
que lo que emos de pedir a dios, es que en este castillito que ay 
ya de buenos cristianos, no se levante ningún traydor, sino que los 
tenga dios de sus manos; y a los capitanes de este castillo v givdad 
muy aventajados en el camino del señor, que son los predicadores y 
teólogos. Y pues los más están en las rrelisiones, que vagan muy ade- 
lante en su perfigión y llamamiento, que es muy necesario; que ya 
ya, como tengo dicho, nos a de valer el bra^o eclesiástico y no el 
seglar. Y pues para lo vno ni lo otro no valemos nada para ayvdar 
a nuestro rrey, procuremos ser tales que valgan nuestras oraciones 
para ayudar a estos siervos de dios, que con tanto travajo se an 
fortalecido con letras, y buena vida y travajos para ayvdar aora al señor. 

Podrá ser que os parezca que para qué encargo tanto esto, y digo 
emos nosotras de ayudar a los que son mi j ores que nosotras. Yo os 
lo diré, porque an no creo entendéys bien lo mucho que devéys a dios 
en traeros adonde tan quitadas estáys de negocios, y de ocasiones ni 



1 Capítulo sigundo, puso aquí la Santa; pero según su propia división, u en el índice, es 
el tercero. El tercero es también en el autógrafo de Valladolid. 

2 Detdieton, puso por error la Santa, que luego enmendó en el de Valladolid, diciendo 
pudieron. 



CAPITULO III 21 7 

de tratos; es grandísima mGr9ed ésta, lo que no están los que digo, 
ni es bien que lo estén, en estos tienpos menos que en otros; porque an 
de ser los que esfuerpe la jente y ponga (1) ánimo a los pequeños. ¡Bue- 
nos quedarían los soldados sin capitanes! An de bivir entre los on- 
bres, y tratar con los onbres, y estar en los pala9ias, y an a^erse al-» 
gunas ve9es con los de los pala9Íos en lo esterior: ¿pensáis, yjas mías, 
que es menester poco para tratar con el mundo, y bivir en el mun- 
do, y tratar negocios del mundo, y agerse, como e dicho, a la con- 
versaíión del mundo, y ser en lo ynterior estraños del mundo, enemi- 
gos del mundo, y estar como quien está en destierro, y, en fin, ser no 
onbres sino ánjeles? Porque a no ser esto ansí, ni merecen nonbre 
de capitanes, ni primita dios salgan de sus peídas, que más daño aran 
que provecho; porque no es aora tienpo de ver ynperfepiones en los 
que an de enseñar. 

Y si en lo ynterior no está (2) fortalecidos a entender lo que va 
en tenerlo todo devajo de los pies y estar desasidos de las cosas que 
se acavan, y asidos a las eternas, por mucho que agan, an de dar 
señal. Pues ¿con quién lo 'an sino icon el mundo? ÍMo aya miedo que 
se lo perdone, ni que cosa ynperfeta Ja dejen de entender. Buenas, mu- 
chas se les pasarán por alto y an las juzgarán ser malas por ven- 
tura; mas mala v ynperfeta, no ayan miedo, ñora yo me espanto quién 
amuestra a éstos la períepión, no para guardarla, que de esto nin- 
guna obligación les parepe tienen, más que sino estuviesen obligados 
a contentar a dios, arto aran si guardan rragonablemeníe los manda- 
mientos; sino para condenar a los que por ventura es virtud lo que 
ellos piensan es rregalo. Ansí que no penséys, yjas, que es menester 
poco favor de dios para esta gran batalla adonde se meten, sino gran- 
dísimo. 

Para estas dos cosas os pido yo procuréys ser tales que merezca- 
mos alcanzarlas de dios. La vna, que aya muchos, de ios muy muchos (3) 
letrados y (4) rrelisiosos que ay, que tengan las partes que son menes- 
ter, coma e dicho, para esto; y que si no están muy dispuestos y les 
falta alguna, los disponga el señor, que más ara vno perfeto que 
muchos ynperfetos. Y la otra, que después de puestos en esta pelea, 
que, como digo, no es pequeña batalla sino grandísima, los tenga 
de su mano para que sepan librarse ,de los peligros, y atapar los oy- 
dos en este peligroso mar del canto !de las serenas. Y si en esto po- 
demos algo con dios, estando encerradas peleamos por él, y daré yo por 
muy bien enpleados los grandes travajos que e pasado por a^er este 
rrincón, adonde tanbién pretendí se guardase esta rregla de nuestra 
señora, como se principió. 

No os parezca ynútil sienpre esta petición, porque ay algunas per- 
sonas que les parece rrecia cosa no rrecar mucho por su alma; ¿y 
qué mijor oración que ésta? Si os parece es menester para discontar 
la pena que por los pecados se a de tener en purgatorio, tanbién se 



1 Esfuerzen... y pongan, dice en el autógrafo de Valladolid. 

2 Están, se lee en el autógrafo de Valladolid. 

3 De los muy mucho, corrige en el autógrafo de Valladolid. 

4 Escribió v, que convirtió luego en y. 



218 CAMINO DE PERFECCIÓN 

discuenta en oración tan justa, y lo que falta, falte. ¿Y qué va en que 
esté yo asta el fin del juy^io en el purgatorio, si por mi oración se 
salva sola vn alma? ¡Cuantimás el provecho de muchas y la onrra 
de dios! Penas que se acavan, no agáys caso de ellas cuando yntrevi- 
niere algún servicio mayor al que tantas pasó por nosotros; sienpre 
os ynformá lo que es más perfeto, pues como os rrogaré mucho, y 
dado avéys de tener, y daré las cavsas, sienpre avéys de tratar con 
letrados. Lo que aora os pido que pidáys a dios, y yo anquc misera- 
ble lo pido a su majestad con vosotras, es que en lo que e dicho 
nos oyga, pues es para gloria suya y bien de su ylesia, que aquí van 
mis deseos. 



CAPITULO IV (1) 



QUE TRHTH DE TRES COSAS MUY YNPORTñNTES PARA LA VIDA ESPIRITUAL. 

Parece atrevimiento pensar yo e de ser alguna parte para alcan- 
zar esto. Confío go, señor mío, en estas siervas vuestras que aquí es- 
tán, que veo y sé no quieran otra cosa ni la pretenden, sino contenta- 
ros. Por vos an dejado lo poco que tenían, y quisieran tener más para 
serviros con ello. Pues no soys vos, criador mío, desagradecido para 
que piense yo daréys menos de lo que os suplican, sino mucho más, 
ni aborregistes, señor de mi alma, cuando andávades por el mundo las 
mujeres, antes las favoreijistes sienpre con mucha piadad, y allastes en 
ellas tanto amor (2) y más fe que en los onbres, pues estava vuestra 
sacratísima madre, en cuyos méritos mereí;«mos, y por tener su abito, 
lo que desmerecíamos por nuestras culpas... el mundo onrrábades... que 
no agaraos cosa que valga nada por vos en público, ni osemos ablar 
algunas verdades que lloramos en secreto; sino que no nos avíades de 
oyr petición tan justa. No lo creo yo, señor, de vuestra bondad y jus- 
ticia, que soys justo juez, y no como los jueqes del mundo, que 
como son y jos de adán, y, en fin, todos varones, no ay virtud de mu- 
jer que no tengan por sospechosa. Sí, que algún día a de aver, rrey 
mío, que se conozcan todos. No ablo por mí, que ya tiene conocido 
el mundo mi rruyndad, y vyo olgado que sea pública; sino porque veo 
los tienpos de manera, que no es rracón desechar ánimos virtuosos 
y fuertes, anque sean de mujeres (3). 

Cuando os pidiéremos onrras, no nos oyágs, señor mío, v dineros, 
V cosa que sepa a mundo; mas para onrra de vuestro yjo ¿por qué no 
avéys de oyr, padre eterno, ,a quien» perderían mil onrras y rail vi- 
das por vos? No por nosotras, señor, que no merecemos nada, sin (4) 
la sangre de vuestro yjo y sus méritos. 

¡O padre eterno, no son de olvidar tantos acotes, y ynjurias, y tan 
gravísimos tormentos! Pues, criador mío, ¿cómo pueden sufrir vnas 



1 Pone aquí la Santa: Capítulo: ptosige. Continúa el III de Valladolid. 

2 Aquí borró la Santa diecinueve líneas, u parte de otras dos, en forma tal, que es mug 
difícil leerlas. La versión que damos, está tomada de la edición fotolitográfica del señor Herrero 
Bayona. Cuando alguna palabra no se ha podido leer, se indica con puntos suspensivos. El 
párrafo aquí tacfiado, lo omitió también en el autógrafo de Valladolid. 

3 Hasta aquí lo borrado. 

4 Sino por, había escrito; pero ella, o algún corrector, cambió la frase en la forma indica- 
da en el texto. 



220 CAMINO DE PERFECCIÓN 

entrañas tan amorosas como las vuestras (1) cfue lo que se y 90 con tan 
ardiente amor de vuestro yjo y por más contentaros a vos, que man- 
dastes nos amase, sea tenido en tan poco como oy día tienen esos 
erejes el santísimo sacramento, que le quitan sus posadas y le des- 
a9en las ylesias! ¡Si le faltara algo por a9cr para contentaros! Mas 
todo lo y 90 cunplido. ¿No vastava, padre mío, que no tuvo casa ni 
adonde rreclinar la cavepa mientra bivio, y sienpre en tantos trava- 
jos, sino que aora las que tenía para conbidar a sus amigos, por ver- 
nos ñacos, y saber que es menester los que an de travajar se sustenten 
de tal manjar, se las quiten? ¿Ya no avía pagado por el pecado de adán 
bastantísimamente, señor? ¿Sienpre que tornamos a pecar lo a de 
pagar este amansísimo (2) cordero? No lo prymitáys, emperador mío; 
aplaqúese ya vuestra majestad, no miréys a los pecados nuestros, sino 
a que nos rredimió vuestro sacratísimo yjo, y a los méritos suyos, y 
de vuestra madre, y de tantos santos y (3) mártires como an muertO' 
por vos. 

¡ñy dolor de mí, señon, y quién se a atrevido a a^er esta peti9ión 
en nonbre de todas! ¡Qué mala terpera posistes, yjas mías, para ser 
oydas y para que echase la peti9ión por vosotras, si a de yndinar más 
a este soberano juez verla tan atrevida, y con mucha rra9Ón y justi9ia! 
Mas mira, enperador mío, que ya soys dios de misericordia; avélda 
de esta pecador9Ílla, gusanillo que ansí se os atreve. Mira, mi señor, 
mis deseos y las lágrimas con que esto os suplico, y olvidad mis 
obras, por quien vos soys, y aved lástima de tantas almas como se 
pierden, y favore9ed vuestra ylesia. No primitáys ya más daños en la 
cristiandad, señor; dad luz a estas tinieblas. 

Pido yo, ermanas mías, a todas, por amor de dios, encomendéys 
a su majestad esta pobre9ita atrevida que la dé vmildad; y cuando 
vuestras ora9iones, y deseos, y di9iplinas y ayvnos no se enplearen 
por esto que e dicho, pensá que no a9éys ni cumplís el fin para 
que aquí fuystes juntas, y no primita el señor esto se quite de vues- 
tra memoria jamás, por quien su majestad es. 



1 Las vuestros, dice por error material la Santa. 

2 Mmantísimo, escribe en el autógrafo de Valladolid. 

3 La y está tachada, pero como no sabemos por quién, u la respetó en el de Valladolid, 
la conservamos. 



CAPITULO V (1) 



DE COMO PARA TAN GRAN YNPRESA ES MENESTER ANIMARSE A LLEVAR TODA 
[PERFECION, Y CO]mO ES EL MEDIO LA ORACIÓN. 



Ya avéis visto la gran enpresa que vays a ganar. Por el perlado 
ü obispo, que €s vuestro 'perlado, y por la orden, ya va dicho en lo 
dicho, pues todo es bien de la ylesia, y eso cosa que es de obliga- 
ción. Pues, como digo, quien tal enpresa se a atrevido a ganar, ¿qué 
tal avrá de ser para que en los ojos de dios y del mundo no se 
tenga por muy atrevida? Está claro que a de travajar mucho, y ayvda 
arto tener altos pensamientos para que nos hesf orcemos (2) a que lo 
sean las obras. Con que procuremos guardar cunplidamente nuestra 
rregla y costitu^ión con gran cuydado, espero en el señor admitirá 
nuestros rruegos. Que no os pido cosa nueva, yjas mías, sino que 
guardemos nuestra profesión, pues es nuestro llamamiento, y somos 
obligadas, anque de guardar a guardar va mucho. 

Di(;e el principio de nuestra rregla que oremos sin ^esar. Con 
que se aga esto con todo el cuydado que pudiéremos, que es lo más 
ynportante, no se dejará de cumplir los ayvnos, y di^iplinas y silen- 
(;io que manda la orden; porque ya sabéys que para ser la oragión 
verdadera, se a de ayudar con esto, que oración y rregalo no se com- 
padece. 

De esto de oración es lo que me avéys rrogado diga aquí alguna 
cosa, y lo dicho asta ora, para en pago de lo que dijere, os pido 
yo cunpláys y leáys muchas vepes de buena gana, ñntes que diga 
de lo ynterior, que es de la oración, diré algunas cosas que son ne- 
cesarias tener las que pretenden tener oración, y tan necesarias, que 
sin ser muy contenplativas podrán estar muy adelante en el servicio 
del señor; y es ynposible, si éstas no tienen, ser muy contenplativas, y 
cuando pensaren lo son, están muy engañadas. El señor dé el favor 
para ello y me diga en todo lo que he de decir, porque sea para 
su gloria, amén. 



1 Cap. IV. 

2 Así, con h. 



CAPITULO VI (1) 



DE TRES COSAS QUE PERSUADE: DECLARA LA PRIMERA COSA QUE ES AA10R DEL 
PRÓJIMO Y LO QUE DAÑAN AMISTADES PARTICULARES (2). 



No penséys, amigas y ermanas mías, que serán muchas las cosas 
que os encargaré, porque plega el señor agamos las que nuestros pa- 
dres ordenaron en la rregla y costiíugiones cunplidamente, que son 
con todo cumplimiento de virtud. Solas tres me estenderé en decla- 
rarlas, que son de la mesma costitu^ión; porque ynporta mucho en- 
tendamos lo muy mucho que nos va len guardarlas para tener la paz 
que tanto el señor nos encomendó, ynterior y esteriormente: la vna 
es amor vnas con otras; otra, desasimiento de todo lo criado^ otra, 
verdadera vmildad, que anque la digo a la postre, es la principal y 
las abraga todas. 

Cuanto a la primera, que es amaros mucho, va muy mucho; porque 
no ag cosa enojosa que no se pase presto en los que se aman, y 
rre^ia a de ser cuando dé enojo. Y si este mandamiento se guardase 
en gI mundo como se a de guardar, creo a todos los otros sería gran 
ayda (3) de guardarse; mas, v más v menos, nunca acavamos de guar- 
darle con perfegión. Parcpe que lo demasiado entre nosotras no pue- 
de ser malo, y tray tanto mal y tantas ynperfeqiones consigo, que no 
creo lo creerá sino quien a sido testigo de vista, ñquí age el demo- 
nio muchos enrriedos, que en con^iengias que tratan groseramente de 
contentar a dios se sienten poco y les parege virtud, y las que tratan 
de perfegión, lo entienden mucho; porque poco a poco quita la fuerza 
a la voluntad para que del todo se enplee en amar a dios. 

Y en mujeres creo deve ser esto an más que en onbres, y 396 
otros daños para la comunidad muy notorios; porque de aquí viene 
el no amar tanto a todas, el sentir el agravio que se a^e aquella, 
el desear tener para rregalarla, el buscar tienpo para ablarla, y mu- 
chas vepes más para decirle lo que la quiere que lo que ama a dios. 
Porque estas amistades grandes nimca las ordena el demonio para 
que más sirvan al señor, sino para comentar vandos en las rrelisio- 
nes; que cuando es para ayvdarse a servirle, luego se pareqe que 



1 Continúa el cap. IV. 

2 La Santa como epígrafe puso solamente: Cap..- de ties cosas que persuade/ lo demás 
del título está tomado del índice. 

3 Por ayuda. 



CAPITULO VI 223 

no va la voluntad con pasión, sino con procurar ayvda para vencer 
otras pasiones. 

Y de estas amistades querría yo muchas adonde ay gran conven- 
to. En san josepf (1), que no son más de tre9c, ni lo han de ser, nin- 
gunas. Todas an de ser amigas, todas se an de amar, todas se an 
de querer, todas se an de ayvdar; y guárdense, por amor de dios, de 
estas particularidades, por santas que sean, que an entre ermanos suele 
ser pon<;oña; si no, mírenlo por josef (2), y ningún provecho en ello 
veo; y si son devdos, muy peor, es pestilencia. Y créanme, ermanas, 
anque les parezca estremo, que en este estremo está gran perfe- 
Ción y gran paz, y se quitan muchas ocasiones a las que no están 
tan fuertes. Sino que si la voluntad se encunare más a vna que a otra 
(que esto no podrá ser menos, que es natural, y muchas veces nos 
lleva éste a amar lo más rruyn, si tienen más gracias de naturaleca), 
que nos vamos mucho a la mano a no nos dejar enseñorear de 
aquella afición. Amemos las virtudes y lo bueno ynterior, y sienpre 
con estudio trayamos cuydado de apartarnos de acer caso de esto 
esterior. 

No consintamos sea esclava de nadie nuestra voluntad, sino del 
que la conpró por ;su sangre; miren que, sin entenderse, se aliarán 
asidas que no se puedan valer. Las niñerías que vienen de aquí, no creo 
tienen cuento; y porque no se entiendan tantas flaquecas de muje- 
res, y ino deprendan las que no lo saben, no las quiero decir por me- 
nudo. Mas, cierto, a mí me espantavan algunas veces verlas, que yo, 
por la bondad de dios, en leste caso jamás me así mucho, y por 
ventura sería porque lo estava en otras cosas peores; mas, como digo, 
vilo muchas veces, y en los más monesterios temo que pasa, porque en 
algunos lo e visto', y sé que para mucha rrelisión y perfeción es ma- 
lísima cosa en todas, en la perlada sería pestilencia; esto ya se está 
dicho (3). 

Mas en quitar estotras parcialidades, es menester tener cuydado 
desde el principio que lo entienda, y esto más con yndustria y amor 
que no con rrigor. Para rremedio de esto es gran cosa no estar jun- 
tas ni ablarse sino las oras señaladas, conforme a la costunbre que aora 
llevamos, que es todas juntas, y a nuestra costitución que manda 
estar cada rrelisioso apartado en su c^lda. Líbrense en san josef de 
.tener casa de lavor para ¡estar juntas; porque, anque es loable costun- 
bre, con más facilidad se guarda el silencio cada vna por sí, y acos- 
tunbrándose a ello es gran cosa la soledad, y grandísimo bien acos- 
tunbrarse a ella para personas de oración; y pues éste a de ser el 
cimiento de esta casa y a testo nos juntamos, más que ninguna otra 
cosa emos de traer estudio en aficionarnos a lo que a esto nos 
aprovecha. 

Tornando a el amarnos vnas a otras, parece cosa ynpertinente en- 
comendarlo, porque ¿qué jente ay tan bruta que tratando sienpre, y 
estando en conpafiía, y no aviendo de tener otras conversaciones, ni 



1 Rarísima vez escribe así la Santa esta palabra. 

2 Alude a la vendición de José poi sus hermanos a los ismaelitas (Gens., XXXVII). 

3 De este párrafo apenas copió nada en el autógrafo de Valladolid. 



224 CAMINO DE PERFECCIÓN 

otros tratos, ni otras recreaciones con personas de fuera de casa, y 
creiendo las ama dios y ellas a él, pues por su majestad lo dejan todo, 
que no cobre amor? En especial, que la virtud sienpre conbida a ser 
amada, y ésta, con el favor de dios, espero yo en su majestad que 
sienpre la avrá en las de esta casa, ñnsí que, en esto no ay que 
encomendar mucho, a mi parecer. 

En cómo a de ser este amarse, y qué cosa es amor virtuoso, el 
que yo deseo aya aquí, y en qué veremos tenemos esta grandísima 
virtud, que bien grande es, pues nuestro maestro y señor cristo tanto 
nos la encomendó y encomendó tan encargadamente a sus apósto- 
les, esto querría yo aora degir vn poquito conforme a mi rrudeqa; si 
en otros libros tan menudamente lo allardes escrito, no toméys (1) nada 
de mí, que por ventura no sé lo que me digo, si el señor no me da luz. 



1 Por distracción escribe tornees. 



CñPITULO VII (1) 



TRATA DE DOS DIFERENCIAS DE AMOR Y LO QUE YNPORTA CONOCER QUAL ES 
ESPIRITUAL, Y TRATA DE LOS CONFESORES. 



De dos maneras de amor quiero yo aora tratar: vno es puro 
espiritual, porque ninguna cosa parece le toca la sensualidad ni la 
ternura de nuestra naturaleza; otro es espiritual y que junta con 
él nuestra sensualidad g ñaquega. Que esto es lo que hace al caso, 
éstas dos maneras de amarnos sin que yntrevenga pasión ninguna, 
porque en aviéndola, va todo desconpertado este concierto; y si con 
tenplanga y discreción tratamos el amor que tengo dicho, va todo 
meritorio, porque lo que nos parepe sensualidad se torna en virtud, 
sino que va tan entremetido, que, a veges, no ay quien lo entienda, 
en especial si es con algún confesor; que personas que tratan oración, 
si le ven santo y las entiende la manera del proceder, tómase mucho 
amor. Y aquí da el demonio gran batería de escrúpulos que desaso- 
siega el alma arto, que esto pretende él; en especial, si el confe- 
sor la tray a más perfe^ión, apriétala tanto, que le viene a dejar, y 
no la deja con otro, ni con otro, de atormentar aquella tentación. 

Lo que en esto pueden a^er, es procurar no ocupar el pensamiento 
en si quieren v ¡no quieren, sino si quisieren, quieran; porque, pues co- 
bramos amor a quien nos a^e algunos bienes al cuerpo, quien sienpre 
procura y travaja de aterios al alma ¿por qué no le emos de querer? 
Antes tengo por gran prinpipio de aprovechar mucho tener amor al 
confesor, si es santo y espiritual y veo que pone mucho en apro- 
vechar mi alma; porque es tal nuestra flaquera, que algunas ve^es 
nos ayvda mucho para poner por obra cosas muy grandes en servicio 
de dios. 

Si no es tal como he dicho, aquí está el peligroi, y puede a^er gran- 
dísimo daño entender él que le tienen voluntad, y en casas muy 
encerradas mucho más que en otras. Y porque con dificultad se en- 
tenderá cuál es tan bueno, es menester gran cuydado y aviso; por- 
que decir que no entienda él que ay la voluntad y que no se lo 
digan, esto sería lo mijor; mas aprieta el demonio de arte, que 
no da ese lugar, porque todo cuanto tuviere que confesar le pare- 



1 Continúa el cap. IV. En el autógrafo de Valladolid modificó notablemente todo este ca- 
pítulo de los confesores. Fr. Luis de León y los demás editores siguen aquí al de El Escorial. 
III 15 * 



226 CAMINO DE PERFECCIÓN 

^erá es aquello, y que está obligada a confesarlo. Por esto querría 
yo que creyesen no es nada, ni y^iesen caso de ello. 

Lleven este aviso: si en el confesor entendieren que todas sus 
pláticas es para aprovechar su alma, y no le vieren ni entendieren 
otra vanidad (que luego se entiende a quien no se quiere a^er bova), 
y le entendieren temeroso de dios, por ninguna tentación que ellas 
tengan de mucha afe^ión se fatigen, que de que el demonio se canse 
se le quitará. Mas si en el confesor entendieren va encaminado a 
alguna vanidad en lo que les digen, todo lo tengan por sospechoso, y 
en ninguna manera, anque sea pláticas de oración ni de dios, las 
tengan con él, sino con brevedad confesarse y concluyr; y lo myjor 
sería de9ir a la ínadre no se alia su alma bien con él y mudarle. 
Esto es lo más acertado, si ay dispusigión, y espero en dios sí avrá, 
y poner lo que pudiere en no tratar con él, anque sienta la muerte. 

Miren que va mucho en esto, que es cosa peligrosa y vn ynfierno 
y daño para todas. Y digo que no aguarde a entender mucho mal, 
sino que muy al pringipio lo ataje por todas las vías que entendie- 
re; con buena congiengia lo puede ager. Mas espero yo en el señor 
que no primitirá personas que an de tratar tanta oración, puedan te- 
ner voluntad sino a quien mucha la tenga a dios y sea muy vir- 
tuoso, que esto es muy gierto, v lo es que no tienen ellas oragión; 
porque si la tienen, y ven que no las entiende su lenguaje, y no le 
ven aficionado a ablar en dios, no le podrán amar, porque no es su 
semejante; si lo es, con las poquísimas ocasiones que aquí avrá, v 
es grandísimo sinple, v no querrá desasosegarse y desasosegar a las 
siervas de dios, adonde tan pocos contentos, v ninguno, podrán te- 
ner sus deseos. 

Ya que e comentado a ablar en esto, que, como digo, es todo 
el mayor daño que el demonio puede a?er a monesterios tan encerra- 
dos y más tardío en entenderse, y ansí se va estragando la perfegión 
sin entender cómo ni por dónde; porque si éste quiere dar lugar a 
sus vanidades por tenerle, lo age todo poco an para las otras. Dios 
nos libre por quien su majestad íes de cosas semejantes. R todas 
lag ermanas basta a turvar (1), porque su conciencia les dice al contra- 
rio de lo que lel confesor; y si las aprietan que tengan uno solo, no 
saben qué acer, ni cómo se sosegar, porque, quien les avía de dar el 
sosiego y rremedio, es quien ace el daño. E visto en monesterios gran 
aflición de esta parte, anque no en el mío, que me an movido a gran 
piadad. 



1 Jl tarvar, escribe distraídamente la Santa. 



CAPITULO VIII (1) 



PROSIGUE EN TRATAR DE LOS CONFESORES Y LO QUE YNPORTA QUE SEAN 
LETRADOS, Y DA AVISOS PARA TRATAR CON ELLOS (2). 



No dé él señor a provar a nayde este travajo en esta casa, por 
quien él es, de verse ánima y cuerpo apretadas. U que si la perlada 
está bien con el confesor, que ni a él de ella, ni a ella de él no 
osan degir nada, ñquí viene la tentación de dejar de confesar pecados 
muy graves por miedo las cuyíadas (3) de no estar sienpre en desasosiego. 
¡O, válarae dios! qué de almas deve cojer por aquí el demonio, y qué 
caro les cuesta el negro apretamiento y onrra, que porque no traten 
más de vn confesor, piensan granjean gran cosa de rrelisión y gran 
onrra del monesterio, y ordena por esta vía el demonio cojer sus al- 
mas, como no puede por otra. Si las tristes piden otro, luego va todo 
perdido el concierto de la rrelisión; v que si no es de su orden, anque 
fuese vn san Jerónimo, luego a^en afrenta a la orden toda. 

ñlabá mucho, y jas, a dios por esta libertad que tenéys, que anque 
no a de ser para con muchos, podréys tratar con algunos, anque 
no sean los ordinarios confesores, que os den luz para todo; y esto 
pido yo, por amor de dios, a la que estuviere por mayor, procure 
sienpre tratar con quien tenga letras y que traten sus monjas. Dios 
las libre, por espíritu que vno les parezca tenga y en echo de verdad 
le tenga, rrejirse en todo por él, si no es letrado: mientra más mer-* 
í^edes el señor las g^iere en la oración, más an menester yr bien fun- 
dadas sus devoqiones, y oraciones y sus obras todas. 

Ya saben que la primera piedra a de ser buena conpiengia, y li- 
brarse con todas sus fuerqas de pecados veniales y sigir (^j lo más per- 
feto. Pare^erles a que esto cualquier confesor lo sabe; pues engáñase 
mucho, que yo traté con vno que avía oydo todo el curso de tevlujía, 
y me y?o arto daño en cosas que me y<;o entender no eran malas;, 
y sé que no pretendió engañarme, que no tenía éste para qué, sino que 
no supo más. 



1 Cap. V. 

2 La Santa dice: Capítulo.- prosige en los confesores. También este capítulo está muy 
cambiado en el autógrafo de Valladolid. 

3 Esta palabra fué suprimida por la Santa en el autógrafo de Valladolid. 

4 Pronuncíese siguit. Como ya se dijo en la nota sexta de la página 211, la Santa des- 
conoce la pronunciación fuerte de la g. En los casos en que ahora se emplea, usa siempre de 

la y. 



228 CAMINO DE PERFECCIÓN 

Y éste tener verdadera luz para guardar la ley de dios y la per-> 
fe^ión es todo nuestro bien; sobre esto asienta bien la ora(;ión; sin 
este pimiento fuerte, todo el edificio va falso, ñnsí que jente de espí- 
ritu y de letras an menester tratar. Si el confesor no pudieren lo 
tenga todo, a tienpos procurar otros; y isi por ventura .las ponen pre- 
Qeto, no se confiesen con otros, sin confesión traten su alma con per- 
sonas semejantes a lo que digo. Y atrévome más a de^ir, que anque 
lo tenga todo el confesor, algunas veces agan lo que digo; porque 
ya puede ser él se engañe, y es bien no se engañen todas por él, 
procurando no sea cosa contra obediencia, que medios ay para todo, y 
vale mucho vn alma para que no procure por todas maneras su bien, 
cuantimás las de muchas. 

Y esto todo que e dicho toca a la que fuere perlada, y que pro- 
cure, por amor de dios, pues aquí no se pretende otra consolación 
sino la del ahna, procure en esto no desconsolarlas, que ay diferentes 
caminos por donde lleva dios, y no por fuerza los sabrá todos vn con- 
fesor, que en esto sienpre procure consolarlas con personas tales. No 
¡aya miedo les falten, si son las que an de ser, anque sean pobres. Dios, 
como las mantiene y da de comer los cuerpos, que es menos necesa- 
rio, les dará quien con mucha voluntad den luz a su alma, y rremédia- 
se este mal, que es el que yo más temo, que queda dicho; que cuando 
el demonio tentase al confesor en alguna vanidad, como sepa que tra- 
tan con otros, yráse a la mano, y quitada esta entrada del demonio, 
yo espero en dios no avrá ninguna en esta casa. 

Y ansí pido, por amor del señor, al obispo que fuere, que deje 
a las hermanas esta libertad, y esté siguro, con el favor de dios, terna 
buenas súditas, que nunca las quite cuando las personas fueren tales 
que tenga letras y bondad, que luego se entiende en lugar tan chico, 
no las quite que algunas veces se confiesen con ellos y traten su oración 
anque aya confesores, que para muchas cosas sé que conviene, y que el 
daño que puede aver es ninguno en conparación del grande, y disimula- 
da, y casi sin rremedio, a manera de decir, que ay en lo contrario. Que 
esto tienen los monesterios, que el bien cayse presto, si con gran cuydado 
no se guarda, y el mal, si vna vez comienca, es dificultosísimo de 
quitarse, que muy presto la costunbre se aqe abito y naturaleca de 
cosas ynperfetas. 

Y esto que aquí pongo téngolo visto y entendido de muchos 
monesterios, y tratado con personas avisadas y espirituales para ver 
cuál convenía más a esta casa, para que la perfeción de ella fuese 
adelante; y entre los peligros, que en todo lo ay mientra bivimos, 
éste aliamos ser el menor: que nunca aya vicario que tenga mando 
de entrar, y salir y mandar, ni confesor que mande; sino que éstos 
sean para pelar la onestidad de la casa y rrecojimiento de ella, yn- 
terior y esterior, para decir al perlado cuando no fuere tal, mas no 
que sea él superior; porque, como digo, alióse grandes cavsas para ser 
esto lo mijor, miradas todas, y que vn confesor confiese ordinario 
que sea el mesmo capellán, siendo tal, y que para las veces que vuiere 
necesidad en vn alma, puedan confesarse con personas tales como que- 
dan dichas, nonbrándolas al mesmo perlado, v si la madre fuere tal 
que el obispo que fuere fíe esto de ella a su dispusición, que, como 



CAPITULO VIII 229 

son pocas, poco tienpo ocuparán a nadie. Esto se determinó después 
de arta oraíión de muchas personas y raía, anque miserable, y entre 
personas de grandes letras, y entendimiento y ora9Íón, y ansí, espe- 
ro en el señor es lo más acertado. 

ñnsí le pare9ió al señor obispo, que es aora, llamado don alvaro 
de mendosa, persona muy aficionado a favorecer el bien de esta casa 
espiritual, y an tenporal, que lo miró mucho, como quien desea el 
bien que ay en ella vaya muy adelante, y creo no le dejará dios errar, 
pues estava en su lugar, y no pretende sino su mayor gloria. Párese- 
me que los perlados que vinieren después, no querrán, con el favor 
del señor, yr contra cosa que tan mirada está y tanto ynporta para 
muchas cosas. 



CAPITULO IX (1) 



PROSIGUE EN ESTE MODO DE AMOR DEL PRÓXIMO. 



Mucho me e divertido, mas muy mucho ynporta lo que queda 
dicho, si por decirlo yo no pierde. Tornemos aora al amor que es 
bien, ermanas mías, que nos tengamos, y es lícito. Del que digo es todo 
espiritual, no sé si sé lo que me digo, al menos páreseme no es me- 
nester mucho ablar en él, porque temo le ternán pocas, y quien le 
tuviere alabe a dios y bien loado se está. Debe ser de grandísima 
perfegión y qui^á nos aprovecharemos algo de él; digamos algo. Mas 
estotro es el que más emos de vsar, y anque digo que es algo sensual, 
no lo deve ser, sino que ni yo sé cuál es sensual, ni cuál espiritual, 
ni sé como me pongo a ablar en ello. Es como quien oye ablar de 
lejos, que anque oye que ablan, no entiende lo que ablan; ansí so 
yo, que algunas ve^es no debo entender lo que digo, y quiere el señor 
sea bien dicho; si otras fuere dislate, es lo más natural a mi no a9er- 
tar en nada. 

Páreseme aora a mí que cuando vna persona a llegádola dios 
a claro conocimiento de lo que es el mundo, y de qué cosa es mun- 
do, y de que ay otro mundo, digamos, v otro rreyno, y la dife- 
rencia que ay de lo vno a lo otro, y que aquello es eterno y 
estotro es soñado, y qué cosa es amar al criador, v a la criatura, 
y qué se gana con lo vno y qué se pierde con lo otro, y qué 
cosa es criador y qué cosa es criatura, y otras muchas cosas que el' 
señor enseña con verdad y claridad a quien su majestad quiere, que 
aman muy dyferentemente de los que no emos llegado aquí. 



1 Cap. VI. 



CñPITULO X (1) 



DE EN LO MUCHO QUE SE A DE TENER SER AMADOS DESTE AMOR (2). 



Podrá ser, ermanas raías, que os parezca esto desatino mío y di- 
gáys que todas os sabéys esto. Plega el señor que sea ansí que lo 
sepáys de la manera que ello se a de saber, ynprimido en las entra- 
ñas, y que nunca vn memento se os aparte de ellas. Pues si esto sa- 
béys, veréys que no miento en de^ir que a quien llega aquí, tiene este 
amor. Son estas personas que dios las llega a este estado, a lo que 
a mi me parece, almas jenerosas, almas rreales; no se contentan con 
amar cosa tan rruyn como estos cuerpos, por ermosos que sean, por 
muchas gracias que tengan, bien que les alplape (3) a la vista y alaban 
al que le crió; mas para detenerse en ellos más de primer movi- 
miento, de manera digo que por estas cosas los tengan amor, no. 
Parecperlesya que aman cosa sin tomo, y que se ponen a querer son- 
bra; correrseyan de sí mesmos, y no temían cara sin gran afrenta 
suya para de^ir a ¡dios que le aman, 

Diréysme: esos tales no sabrán querer; ¿pues a qué se aficionan 
si no es a lo que ven? Mucho más quieren en éstos, y con más pa- 
sión, y más verdadero amor, y más provechoso amor, en fin, es amor, 
y esotras aficiones bajas le tienen vrtado el nonbre. Verdad es que 
lo que ven aman, y a lo que oyen se aficionan; mas es a cosas 
que ven son estables. Luego éstos si aman vn amigo, pasan por los 
cuerpos que, como digo, no se pueden detener en ellos, y pasan a 
las almas, y miran si ay que amar; si no lo ay, y ven algún 
principio V dispusi9ión, para que, si cavan, aliarán oro en esta mina, 
si tienen amor, no les duele el travajo; ninguna cosa se les pone 
delante que de buena gana no la arían para bien de aquel alma, por- 
que la desean amar, y saben muy bien que si no tiene bienes y ama 
mucho a dios, que es ynposible. Y digo que es ynposible, anque se 
muera por ellois, y les aga todas las buenas obras que pueda, y tenga 
todas las gragias de naturaleza juntas, no terna fuerza la voluntad, por- 
que es voluntad ya sabia, y tiene espirien^ia de lo que es ya todo, 
no la echarán dado falso. Ve que no son para en vno, y que es 



1 Prosigue el capitulo VI. 

2 Este capítulo es más extenso en el autógrafo de Valladolid, donde la Santa escribió al- 
gunos conceptos nuevos de interés. 

3 Mplace (agrade), dice el autógrafo de Valladolid. 



232 CAMINO DE PERFECCIÓN 

ynposibl€ cosa que dure amarse el vno al otra, y teme que se aca- 
vará el gomarse con la vida si el otro no le parece que va guardando 
la ley de dios, y que yrán a diferentes partes. 

Y este amor, que sólo acá dura, alma a quien dios a ynfundido 
verdadera sabiduría, no le estima en más de lo que él vale, ni en tan- 
to; porque para los que gustan de gustar cosas del mundo, v en 
gustos de deleytes, v de onrras v de rriquepas, algo valdrá si es 
rrico y tiene partes para dar pasaticnpas, v contentos v recreagones; 
mas quien esto tiene ya devajo de los pies, poco se le da de ello, 
ñora, pues, aquí, si tiene amor, es la pasión del amor para a?er esta 
alma para ser amada; porque, como digo, si no lo es, sabe que la a 
de dejar: es amor muy a su costa, no deja de poner nada porque 
se aproveche de cuanto íes en sí; perdería mil vidas por vn peque- 
ño bien suyo. 



CAPITULO XI (1) 



PROSIGUE EN Lfl MISMA MATERia DANDO ALGUNOS AVISOS PARA VENIR ñ GANAR 
ESTE AMOR. 



Es cosa sstrafia (2) qué apasionado amor es éste, qué de lágrimas 
cuesta, qué de penitencias, qué de oración, qué encomendar a todos 
los que piensa a de aprovechar, vn cuydado ordinario, vn no traer 
contento. Pues si ve el alma de éste que ama va mijorando y torna 
algo atrás, no parece que a de tener placer en su vida, ni come, 
ni duerme sino con este cuydado, sienpre temerosa si alma que tanto 
quiere se a de perder, si se an de apartar para sienpre (que ia muer- 
te de acá no la tiene en dos maravedís) (3), que no quiere asirse a 
cosa que en vn soplo se va de entre las manos sin poder asirla. Es 
amor sin poco ni mucho de ynterese; todo su ynterese está en ver 
rrica aquel alma de bienes del cielo. En fin, es amor que va pa- 
reciendo al que nos tuvo cristo; merece nonbre de amor, no estos 
amorcitos desastrados valadíes (4) de por acá, an no digo en los 
malos, que éstos dios nos libre. 

En cosa que es ynfierno, no ay que nos cansar en decir mal, que 
no se puede encarecer el menor mal de él; éste no ay para qué to- 
marle nosotras, hermanas, en la boca, cuantimás en el pensamiento, 
ni pensar le ay en el mundo, ni en burla ni en veras oyr ni consentir 
que delante de vosotras se cuenten semejantes voluntades. Para nin- 
guna cosa aprovecha, ni ay para qué, y podría dañar; sino de es- 
totros lícitos que acá nos tenemos vnas a otras, v se tienen los dev- 
dos V amigos. Todo se va a no se nos muera; si les duele la 
caveca, parece les duele lel alma; si los ven con travajos, no les 
queda paciencia; todo de esta manera. 

Estotro amor que digo no es ansí; anque con la flaqueca natural 
se sienta algo de presto, luego va la rracón a ver si es bien para 
aquel alma, si se enrriquece más en virtud, cómo lo lleva, el rrogar 
a dios le de paciencia y merezca en aquello. Si ve que la tiene y 
es ansí, ninguna pena le da, antes se alegra y consuela; bien que 



1 Cap. VIL 

2 Debajo de estas palabras escribe la Santa: Hquí otro capítulo. VII. La edición de Riva- 
deneyra hace uno solo de éste g del anterior. 

3 En lugar de en dos maravedís, puso en el de Valladolid: en nada. Tal vez la pala- 
bra maravedís pareciese a la Santa demasiado vulgar. 

4 La Santa suprime esta palabra en el autógrafo de Valladolid. 



234 CAMINO DE PERFECCIÓN 

lo pasaría de mijor gana que vérselo pasar, si el mérito y bien que 
queda pudiesen todo dárselo, mas no para que se ynquieten ni se 
maten. 

Torno a deyir, que es amor sin ynterese como nos le tuvo cristo, 
y ansí aprovechan tanto los que llegan a leste estado, porque no que- 
rrían ellos sino abarcar todos los trabajos, y que estotros se apro- 
vechasen olgando de ellos; ansí aprovechan tanto a los que tienen 
su amistad, porque anque no lo agan, se ve que querrían más en- 
señar por obras que por palabras. Digo no lo agan, si son cosas que 
no pueden, mas en lo que pueden, sienpre querrían estar travajando 
y ganando para los que aman; no les sufre el corafón tratarlos do- 
blez, ni verles falta si piensan les a de aprovechar. Y an artas ve^es 
no se les acuerda de esto, con el deseo que tienen de verlos muy 
rricos, que no se lo digan: ¡qué rrodeos trayn para esto! Con andar 
descuydados de todo el mundo y no tiniendo cuenta si sirven a 
dios V no, porque sólo consigo mesmos le trayn; con sus amigos no 
ay encubrírseles cosa; las raotitas ven (1). 

¡O dichosas almas que son amadas de los tales! ¡Dichoso el día 
en que los conocieron! ¡O señor mío! ¿no me aríades merced que 
vuiese muchas que ansí me amasen? Por (jierto, señor, de mijor gana 
lo procuraría que ser amada de todos los rreyes y señores del mun- 
do; y con rra^ón, pues éstos nos procuran por cuantas vías pueden 
acer tales que señoreemos lel mesmo mundo y que nos estén sujetas 
todas las cosas de él. Cuando alguna persona semejante cono9ierdes, er- 
manas, con todas las dilijen^ias que pudiere la madre procure trate con 
vosotras. Quered cuanto quisierdcs a los tales. Pocos deve aver, mas 
no deja el señor de querer se entienda. Cuando alguno ay que llege a la 
perfe^ión, luego os dirán que no es menester, qu€ vasta tener a dios. 
Buen medio es para tener a dios tratar con sus amigos; sienpre se 
saca gran ganangia, yo lo sé por espirien^ia; que después de el se- 
ñor, si no estoy en el ynfierno, es por personas semejantes, que 
sienpre fuy muy aficionada me encomendasen a dios, y ansí lo pro- 
curava. 

Aora tornemos a lo que y vamos. Esta manera (2) de amarnos vnas a 
otras es la que yo querría nos tuviésemos, mas a los principios no 
será posible. Tomemos en los medios este amor, que anque lleve 
algo de ternura, no dañará, como sea en jeneral. Todo es bueno, y 
necesario en parte mostrar ternura en la voluntad, y an tenerla, y 
sentir cualquier enfermedad v travajo de la ermana, porque a veces 
acaece dar vnas naderías pena a algunas personas que otras se rreg- 
rían de ello. Y no se espanten, que el demonio por ventura puso allí 
todo su poder con más fuerca que para que vos sintiésedes las penas 
y travajos grandes, y olgarse con las hermanas en lo que ellas se 
huelgan, anque no os olgeys, todo es caridad; porque yendo con con- 
sideración, todo se tornará len amor perfeto. Y es ansí que quiriendo 



1 Santa Teresa hizo aquí notables cambios en el autógrafo de Valladolid, arrancando los 
folios XXXI u XXXII, u escribiéndolos de nuevo con no pocas modificaciones, supresiones u 
ampliaciones, como puede verse por un simple cotejo de ambos capítulos. 

2 Capítulo, escribió aquí la Santa, pero borró la palabra. 



CAPITULO XI 235 

tratar del que no lo es tanto, que no alio camino en esta casa para 
que me parezca entre nosotras será bien tenerle, porque si por bien 
es, como digo, todo se a de bolver a su principio, que es el amor 
que queda dicho (1). 

Pensé de^ir mucho de estotro, y venido a adelgazar, no me parece 
se sufre aquí con el modo que llevamos, y por eso lo quiero dejar en 
lo dicho, que espero en dios, anque no sea con toda perfe^ión, no 
avrá en esta casa dispusi(;ión para que aya otra manera de amaros. 
Es muy bien vnas se apiaden de las necesidades de las otras, anque no 
con falta de discreción. Digo con falta, en cosa que sea contra la obe- 
diencia, que es contra lo que manda la perlada; anque le parezca ás- 
pero y dentro en sí lo muestre, no lo dé a entender a nadie, sino 
a la mesraa perlada, y con vmildad, que aran mucho daño, y sepan 
entender cuáles cosas son las que an de sentir ver en sus hermanas (2), 
y sienprc sientan mucho cualquiera falta. Y aquí es el amor sabérsela 
sufrir y no se espantar de ella, que ansí lo aran las otras las que 
yo tuviere, y no las entiendo, y deven ser muchas más, y encomendarla 
mucho a dios, y procurar ella a^er en gran perfegión la virtud contraria 
de la falta que ve en la ermana; y esforzarse a esto, para que, pues están 
juntas, no puede dejar de yrse entendiendo mijor que con toda la rre- 
preensión y castigo que se le gciese. 

¡O qué bueno y verdadero amor será el de la ermana, que, por 
aprovechar a todas, dejado su provecho procurare yr muy adelante en 
todas las virtudes y guardare con gran perfeción su rregla! Mijor amis- 
tad será ésta que todas las ternuras que se pueden decir, que éstas 
no se vsan en lesta casa, ni se an de vsar, tal como «mi vida», 
«mi alma», ni otras cosas de éstas, que a las vnas llaman vno y a 
otras otro. Estas palabra[s] (3) rregaladas déjenlas para con el señor, 
pues tantas veces al día an de estar con él, y tari a solas algunas, que, 
de todo se avrán menester aprovechar, pues su majestad lo sufre, y 
muy vsadas acá no enternecen tanto con el señor;- y sin (4) eso, no ay 
para qué. Es muy de mujeres, y no querría yo, mis ermanas parecie- 
sen en nada, sino varones fuertes; que si ellas accn lo que es en sí. 
el señor las ara tan varoniles que espanten a los onbres. ¡Y qué fácil 
es a su majestad, pues nos yco de nonada! 

En procurar quitarlas de travajo y tomarle cada vna, tanbién 
se muestra el amor, como queda dicho, y en olgarse de su acre- 
centamiento de virtud como del suyo mesmo, y en otras muchas cosas 
entenderán si tienen esta virtud, que es muy grande; porque en ella 
está toda la paz de vnas con otras, que es tan necesaria para los mo- 
nesterios. Mas espero yo en el señor la avrá sienpre en éste, porque. 



1 Aquí indica la Santa que ha de haber nuevo capítulo, pero como no corresponde a nin- 
gún título del índice, se omite, uniéndolo al anterior, como en el autógrafo de Valladolid. Por 
no habatlo hecho así ei señor Herrero Bayona, se vio obligado luego a poner a varios capítulos 
epígrafes disconformes con la doctrina tratada en ellos. 

2 Como se habrá observado, la Santa no tiene regla fija en la ortografía de esta palabra: 
unas veces la escribe con h, otras sin ella. 

3 En plural viene esta palabra en el autógrafo de Valladolid. 

4 Sen, dice por descuido la Santa. 



236 CAMINO DE PERFECCIÓN 

a no la aver, sería cosa terrible sufrirse pocas y mal avenidas; no lo 
primita dios. Mas, v se a de perder todo el bien que va principiado 
por mano del señor, v no avrá tan gran mal. 

Y si por dicha alguna palabrilla de presto se atravesare, rremé- 
diese luego; y si no, y vieren que va adelante, agan grande oragión, 
y len cualquier cosa d<¿ éstas que dune, v vando, v deseo de ser más, 
V puntillos (que parepe se me yela 'la sangre como di^en cuando 
escribo esto, porque veo es el principal mal de los monesterios), dense 
por perdidas; sepan que an echado al señor de casa. Clamen a su 
majestad; procuren rremedio, porque si no le pone confesar y comul- 
gar tan a menudo, teman que ay algún judas. 

Mire mucho la perlada, por amor de dios, en atajar presto esto, 
y cuando no vastare con amor, sean graves castigos. Si vna lo albo- 
rota, procuren se vaya a otro monesterio, que dios las rremediarán 
con que la doten; echen de sí esta pestilencia; corten como pudieren 
las rramas, y si no vastare, arranquen la rrayz. Y cuando no pudieren 
más, no salga de vna cárcel quien de esto tratare: mucho más vale 
que no pegar a todas tan yncurable pestilencia. ¡O, que es gran mal! 
Dios nos libre de monesterio adonde entra; cierto, yo más querría que 
entrase vn fuego que las abrase todas. Porque [en] (1) otra parte tra- 
taré an otra vez de esto, no digo aquí más, sino que quiero más que 
se quieran y amen tiernamente y con rregalo, anque no sea tan per- 
feto como el amor que queda dicho, como sea en jeneral, que no 
aya un punto de discordia. No lo primita el señor por quien su ma- 
jestad es. Hmen. 



1 Se olvidó poner esta palabra, que viene en el autógrafo de Valladolid y es necesaria. 



CAPITULO XII (1). 



COMIENZA R TRATAR EL GRAN BIEN QUE ES PROCURAR DESASIRSE DE TODO 
YNTERIOR Y ESTERlORMENTE. 



ñora vengamos a el desasimiento que emos de tener, porque en 
esto está el todo, si va con perfe^ión. ñquí digo está el todo, porque 
abracándonos con solo el criador, y no se nos dando nada por todo 
lo criado, su majestad ynfunde de manera las virtudes, que travajando 
nosotros poco a poco lo que fuere en nosotros, poco tememos más que 
pelear, que el señor toma la mano contra los demonios y contra todo 
el mundo en nuestra defensa. ¿Pensáys, hermanas, que es poco bien 
procurar este bien de darnos todas al todo sin acernos partes? En él 
están todos los bienes, como digo, y por eso demos muchas gracias al 
señor que nos juntó aquí adonde no se trata de otra cosa sino de 
esto, y ansí no sé para qué lo digo, pues, en parte, todas las que 
aora aquí estáys me podéys en esto enseñar a mí, que confieso en este 
caso tan ynportante soy la más ynperfeta; mas pues me lo mandáys, 
tocaré en algunas cosas que se rae ofreqen. Cuanto a lo esterior ya se 
ve cuan apartadas parece nos quiere el señor apartar de todo a las 
que aquí nos trajo, para llegarnos más sin enbara^o su majestad aquí. 

¡O criador y señor mío! ¿cuándo mereQí yo tan gran dinidad, que 
parece avéys andado rrodeando cómo os llegar más a nosotras? Plega 
vuestra bondad no lo perdamos por nuestra culpa. ¡O ermanas mías! 
entended, por amor de dios, bien esta tan gra (2) raerped, y cada vna lo 
piense bien en sí, que en solas do(;e quiso el señor fuésedes vna; ¡y 
qué de ellas, qué multitud de ellas, mijores que yo, sé que tomaran 
este lugar de buena gana, y diómele el señor a mí que tan mal le 
merezco! Bendito seáys vos, señor, alaben os los ánjeles y todo lo 
criado, que esta merced no se puede tanpoco servir como otras muchas 
que me avéys echo, que darme estado de monja fué grandísima. Como 
lo e sido tan rruyn, no os fiastes, señor, de mí; entre adonde avía 
muchas buenas por ventura no echaran de ver mi rruyndad asta que 
se me acavara la vida; yo la encubriera como y^e muchos años. Y 
traéysme, señor, adonde son tan pocas, que parece ynposible poderse 
dejar de conoper, para que ande con más cuy dado. Quitáysme todas 



1 Cap. VIII: 

2 Por ffran. 



238 ' CAMINO DE PERFECCIÓN 

las ocasiones, porque no tenga lugar el día del juy^io de tener dis- 
culpa si no ygierc lo que devo. 

Mira, ermanas mías, que es mayor mucho nuestra culpa si no so- 
mos buenas, y ansí encargo mucho a la que no se aliare con fuerza 
espiritual, aviéndolo provado, para llevar lo que aquí se lleva, lo diga; 
otros monesterios ay adonde por ventura se sirve mijor el señor 
mucho. No turven a estas poquitas que aquí su majestad a juntado 
para su servicio, porque en otros cavas ay libertad para consolarse con 
devdos; aquí si algunos se admiten, para consuelo de los mesmos devdos 
es. Mas la hermana que para su consolación vuiere menester devdos 
y no se cansare a la sigunda vez, salvo si no es espiritual v ue 
que a(;e algún provecho a su alma, téngase por ynperfeta; crea no está 
desasida, no está sana, no terna libertad de espíritu, no terna entera 
paz, menester a ¡médico. 

Y yo no sabría otra mijor cura, que es que nunca más los vea 
asta que esté libre y aya ganado para sí; entonces, mucho de norabuena, 
véalos alguna vez, cuando lo tome por cruz, para aprovecharlos en 
algo, que cierto los aprovechará; mas si los tiene amor, si le duelen 
mucho sus penas y escucha sus sucesos del mundo de buena gana, 
crea que a sí se dañará, y a ellos no les ara ningún provecho. 



CAPITULO XIII (1) 



EL GRñN BIEN QUE flY EN VYR (2) DE LOS DEVDOS LOS QUE RK DEJADO EL 
MUNDO, Y QUflN MñS VERDADEROS AMIGOS flLLAN. 

¡O si entendiésemos las rrclisiosas el daño que nos viene de 
esto, cómo vyríamos de ellos! Yo no entiendo qué consolación es 
ésta que dan los devdos, an dejo en lo que toca a dios el daño 
que nos a^en, sino para nuestro sosiego y descanso. Que de sus rre- 
crea^ioncs no podemos go^ar, y de sus travajos ninguno dejamos 
de llorar, y an algunas ve^es más que los mesmos. R vsadas que si 
algún rregalo agen al cuerpo, que lo paga bien el espíritu y la pobre 
del alma. Deso estáys aquí quitadas, hermanas, que como todo es en 
común y ¡nadie puede tener nada en particular, no avéys menester 
rregalos de devdos. 

Espantada estoy el daño que ape tratarlos, y no lo creyera si no 
tuviera espiriengia, y cuan olvidada está esta perfegión en las rre- 
lisiones, al menos en las más, anque no en todos los santos que escrí- 
vieron, v muchos. No sabría yo qué dejamos del mundo las que de(;U 
mos que todo lo dejamos por dios, si no dejamos lo principal que so[n] 
a los parientes. Viene ya la cosa a estado, que tienen por falta de 
virtud no querer mucho los rrelisiosos a sus devdos, y como que lo 
digen ellos y alegan sus rragones. 

En esta casa, yja mía, mucho cuydado de encomendarlos a dios, 
después de lo dicho que toca a su ylesia, que es rragón; en lo demás, 
apartarlos de la memoria lo más que podamos. Yo e sido querida mu- 
cho de ellos, a lo que degían, y tengo por espiriengia de mí y en otras, 
que dejado padres (que por maravilla dejan de aliarlos los yjos, y 
es rragón con ellos cuando tuvieren necesidad de consuelo, si viére- 
mos no nos daña el alma, no seamos estraños, que con desasimiento 
se puede aper), en los demás, anque me e visto en travajos, mis dev- 
dos an sido, y quien [menos] me a ayvdado en ellos; los siervos 
de dios, [sí] (3). 

Creé, amigas que sirviéndole vosotras como devéys, que no allaréys 
mijores amigos que los que su majestad os enbiare. Y puestas en esto, 



1 Cap. IX. 

2 Léase huir. 

3 Suplimos ésta u la palabra menos, tomándolas del autógrafo de Valladolid, para com- 
pletar el sentido de la frase (Cfr. c. IX, p. 48). Fray Luis de León imprime este pasaje así: 
«Mis deudos han sido quien menos me ha ayudado en ellos, y quien me ha ayudado en ellos 
han sido los siervos de Dios». 



2W CAMINO DE PERFECCIÓN 

como aquí lo vays, viendo que en a(?er otra cosa faltáys al verdadero 
amigo cristo, muy en breve ganaréys esta libertad. Quien os dijere 
que lo demás es virtud, no lo creáys, que si dijese todos los daños que 
trayn, me avía de alargar mucho, an con mi rrude^a y ynperfe^ión: 
¿qué aliarán los que tuvieren esto al contrario? En muchas partes, 
como e dicho, lo allaréys escrito; en todos los más libros no se trata 
otra cosa sino cuan bueno es vyr del mundo. 

Pues créeme que los devdos es el mundo que más se apega y más 
malo de desapegar. Por leso apen bien los que vyen de sus tierras, si 
les vale digo, que no creo va en vyr el cuerpo, sino en que determi- 
nadamente se abrage el alma con el buen jesú, señor nuestro, que como 
allí lo alia todo, olvídalo todo; anque ayvda es apartarnos muy grande 
asta que ya tengamos conocida esta verdad, que después podrá ser 
el señor quiera, por darnos cruz, que tratemos con ellos. 



CñPITULO XIV (1) 



COMO NO BASTA ESTO, SI NO SE DESASEN DE SI MISMAS. 



Desasiéndonos de esto y puniendo en ello mucho, como cosa que yn- 
porta mucho, miren que ynporta, y icn9erradas aquí, sin poseer nada, ya 
parece que lo tenemos todo echo, que no ay que pelear. ¡O yjas mias, 
no os aseguréys, ni os echéys a dormir, que será como el que queda 
muy sosegado de aver ^errado muy bien sus puertas por miedo de la- 
drones y se los deja en casa: y ¿no avéys oydo que es el peor ladrón 
el que está dentro de casa? Quedamos nosotras. Es más, que si no se 
anda con gran cuydado y cada vna, como el mayor negocio que tiene 
que a^er, no se mira mucho, ay muy muchas cosas para quitar esta 
santa libertad de espíritu que buscamos, que pueda bolar a su agedor 
sin yr cargado de tierrai y de plomo. 

Gran rremedio es para esto traer muy contino cuydado de la va- 
nidad que es todo, y €uán presto se acava, para quitar la afe?ión 
de todo y ponerla ien lo que a para sienpre de durar. Y anque parece 
ñaco medio, viene a fortalecer mucho el alma; y en las muy peque- 
ñas cosas traer gran cuydado. En añqiionándonos a alguna, no pensar 
más en ella, sino bolver el pensamiento a dios, y su majestad ayvda. 
Y anos echo gran merced, que en esta casa lo más está echo; mas queda 
desasirnos de nosotros mismos. Este es rre^io apartar, porque es- 
tamos muy juntas y nos queremos mucho. 

1 Cap. X. 



III • 10 



CAPITULO XV (1) 



QUE TRATA DE Lfl VMILDflD CUAN JUNTA ANDA DESTAS DOS VIRTUDES: DESASI- 
MIENTO, Y EL MODO DE AMOR QUE QUEDA DICHO. 



Aquí puede entrar la verdadera vmildad, porque esto y estotro 
páreseme que todo anda sienpre juntas; son dos hermanas que no ag 
para qué las apartar. No son éstos los devdos de que yo digo se apar- 
ten, sino que los abra9en, y las amen y nunca se vean sin ellas. 

¡O soberanas virtudes, señoras de todo lo criado, enperadoras del 
mundo, libradoras de todos los lagos y enrriedos que pone el demonio, 
tan amadas de nuestro enseñador que nunca vn punto se vio sin ellas! 
Quien las tuviere bien puede salir y pelear con todo el ynfierno junto, 
y contra todo fel mundo y sus ocasiones, y contra la carne (2) ; no aya 
miedo de nadie que isuyo es el rreyno de los gielos; no tiene a quien 
temer, sino suplicar a dios le sustente en ellas para que no las pierda 
por su culpa. 

Mas qué desatino ponerme yo a loar mortificagión y vmildad, v 
vmildad y mortificación, estando tan loadas del rrey de la gloria y 
tan confirmadas con tantos travajos suyos. Pues, ermanas mías, aquí es 
el travajar por salir de tierra de ejito (3), que en aliándolas allaréys 
el maná; todas las cosas os sabrán bien; por malas que a los ojos 
del mundo sean, se os aran dulges. 

Hora, pues, lo primero que emos luego de procurar quitar de nos- 
otras el amor de este cuerpo, que ay algunas tan rregaladas de su na- 
tural, que no ay spoco que a(;:er aquí; y otras tan amigas de su salud (4), 
es cosa para alabar a dios la gerra que dan, a las pobres monjas 
en especial, y creo a ¡los que no lo son, estas dos cosas. Mas a las 
monjas no parege que venimos al monesterio sino a servir nuestros 
cuerpos y curar de ellos, cada vna como puede; en esto parece pone su 
felicidad. Aquí, a la verdad, poco lugar ay de eso con la obra, mas no 
querría yo le vuiese en el deseo. Determinaos, mis y jas, que venís a 
morir por cristo y no a rregalaros por cristo, que esto pone el de- 
monio que [es menester] (5) para llevar y guardar la orden; y tanto, 
cnorabuena, se quiere guardar para guardarla, que se muere sin cun- 



1 Prosigue el capítulo X. 

2 y contra la carne, está tachado, según creo, por la mismo Santa. 

3 Ejido, parece dice el autógrafo. 

4 «j2iíe es cosa para alabar a Dios», corrige en el autógrafo de Valladolid. 

5 Para completar el sentido, tomamos estas dos palabras del original valisoletano. 



' ; CAPITULO XV 293 

plirla enteramente vn mes, ni qui^á vn día; pues no sé yo a qué 
venimos. 

No ayan miedo que falte discreción en monjas en este caso, por 
maravilla; no ayan miedo los confesores, que luego piensan nos an 
de matar las penitencias (1). Y es tan aborrecido de nosotras esta 
falta de descrición, que ansí lo cunpliésemos todo. Las que lo y Rieren 
al rrevés, no ise les dé nada de que lo diga, ni a mi se me da 
de que digan que juzgo por mí. Creo, y sélo cierto, que tengo más con- 
pafieras que terne yinjuriadas por acer lo contrario. Tengo para mi, 
que ansí quiere el señor seamos más enfermas; al menos a mí ycome 
en serlo gran misericordia, porque como me avía de rregalar ansí como 
ansí, quiso fuese por algo. Pues es cosa donosa: andan sienpre con este 
tormento que ellas mesmas Ise dan, y algunas veces dales vn frenesí 
de acer penitencias, sin camino ni concierto, que duran dos día^, a ma- 
nera de decir, para después la ymajinación que les pone el demonio 
que las yco daño, que nunca más penitencia, ni la que manda la or- 
den, que ya lo provaron. No guardan vnas cosas muy bajas de la 
rregla, como el silencio, que no nos a de acer mal, y no nos a 
venido la ymajinación de que nos duele la cabeca, cuando dejamos de 
yr al coro, que tanpoco nos mata: vn día porque nos dolió, y otro 
porque nos a dolido, y otros tres porque no nos duela. 

Diréys, amigas, que no lo consienta la mayor. R saber lo ynte- 
rior, no aria; mas ve vn quejar por nonada que parece se os va el 
alma; vaysle a pedir licencia con gran necesidad para en nada guar^ 
dar la orden, y no falta, cuando son cosas de tomo, vn médico que 
ayvda por la rrelación que vos acéys, y vna amiga que os llore al 
lado, V (parienta; anque :1a pobre priora alguna vez ve es demasiado, 
¿qué a de acer? Queda con escrúpulo si faltó en la caridad; quiere 
más faltéys vos que no ella, y no le parece justo juzgaros mal. 

¡O, este quejar, válame dios, entre monjas que él me lo perdo- 
ne, que temo es ya costunbre! R mí me acaeció vna vez ver esto, que 
la tenía vna de quejarse de la caveca (2), y quejávaseme mucho de ella; 
venido a averiguar, poco ni mucho le dolía, sino en otra parte tenía 
algún dolor. 



1 Este pasaje está más claro en el autógrafo de Valladolid en que se lee: «No hayan 
miedo nos falte discreción en este caso, por maravilla, que luego temen los confesores nos 
hemos de matar con penitencias». 

2 Esta palabra, como vse habrá notado, unas veces la escribe con ¿, jj otras con v. 



CAPITULO XVI (1) 



PROSIGUE EN Lfl MORTIFICACIÓN QUE flN DE ADQUIRIR EN LAS ENFERMEDADES. 



Cosa ynperfetísima me pareq:e, ermanas mías, este avilar (2) y quejar 
sienpre y enflaqueger la abla agiéndola de enferma; anque lo estéys, 
si podéys más, no lo agáys, por amor de dios. Cuando es grave el mal, 
él mesmo se queja; es otro quejido^ y luego se parece. Que soys pocas, 
y si vna tiene esta costunbre, es para traer fatigadas a todas si os te- 
néys amor y ay caridad; sino que la que estuviere de mal, que sea 
de veras mal, lo diga y tome lo negesario, que si perdéys el amor 
propio, sentiréys tanto cualquier rregalo, que no ays (3) miedo le ten- 
gáys, digo os quejéys sin necesidad, ni le pidáys; que cuando la 
ay, sería muy malo el no decirlo, y muy peor si no os apiadasen. 

Mas de eso, a buen siguro, adonde ay oración y caridad, y tan 
pocas que os veréys vnas a otras la necesidad, que no falte el rregalo. 
Mas vnos malegillos y flaqueras de mujeres, olvidaos de ellas, que a 
las veges pone el demonio ymajinagión de esos dolores; quítanse y 
pónense; perdé la costunbre üe decirlo y quejarlo todo si no fuere a 
dios, que nunca acavaréys. Pongo tanto en esto, porque tengo para 
mí ynporta, y que es vna cosa que tiene muy rrela jados los moneste- 
rios; y este cuerpo tiene vna falta, que mientra más le rregalan, más 
negesidades se descubren. Es cosa estraña lo que quiere ser rregalado. 
Como tiene aquí algún 'buen color de engañar a la pobre alma y que no 
medre, no se descuyda. 

Acordaos qué de enfermos pobres avrá que no tengan an a quien 
se quejar; pues pobres y rregaladas no lleva camino. Acordaos tanbién 
de muchas casadas; yo se que las ay y personas de suerte, que con 
graves males, por no dar enfado a sus maridos, no se osan quejar y 
con graves travajos. Pues, ¡pecadora de mi!; sí, que no venimos aquí 
a ser más rregaladas que ellas. ¡O, que estáys libres de grandes trava- 
jos del mundo, gabé sufrir vn poquito por amor de dios sin que lo 
sepan todos! Es vna mujer muy mal casada, y porque no sepa su ma- 
rido lo dige V pe queja, pasa mucha mala ventura y grandes travajos 
sin descansar con nayde, ¿no pasaremos algo entre dios y nosotros de 



1 Cap. XI. 

2 En el original de Valladolid omite esta palabra. 

3 Léase hayáis. 



CAPITULO XVI 245 

los males que nos da por nuestros pecados? Cuantimás que es nona- 
da lo que ise aplaca el mal. 

Todo esto que e dicho no es para males rreijios, cuando ay gran 
calentura, anque pido aya moderación y sufrimiento sicnpre, sino vnos 
maiegillos que se pueden pasar en pie sin que matemos a lodos con 
ellos. Mas ¿qué fuera si lesto vuiera de verse fuera de esta casa? ¿Cuál 
me pararan todos ios monesterios? ¡Y qué de buena gana, si alguna 
se enmendara, lo sufriera yo! En fin, viene la cosa a términos que 
pierden vnas por otras; y si alguna ay sufrida a[n] los mesmos médicos 
no la creen, como an visto a otras con poco mal quejarse tanteo. 
Como es para solas ¡mis y jas, todo puede pasar, y acordaos de nues^ 
tros padres santos pasados y santos hermitaños, cuya vida pretende- 
mos ymitar: qué pasarían de dolores, y qué a solas, qué de f[r]íos, qué 
de anbre, qué de soles, sin tener a quien se quejar sino a dios. ¿Pen^ 
sáys que eran de yerro? Pues tan de carne eran como nosotras, y en 
comentando, yjas, a vencer este corpe^uelo, no os cansará tanto, ür- 
tas avrá que miren lo que avéys menester; descuydaos de vosotras si 
no fuere a necesidad Conocida. Si no os determináys a tragar de vna 
vez la muerte y la falta de salud, nunca aréys nada. 

Procura de no temerla y dejaros toda en dios, y venga lo que 
viniere. De cuantas veces os a burlado este cuerpo, burla vos de él 
algún día; y creé que anque parece esto poco para otras cosas, que 
ynporta más de lo podéys entender, sino apeldo de manera que os 
quedéys en ,costu[n]bre y veréys que no miento, flgalo el señor que 
nos a de ayvdar a todo, y ajerio su majestad por quien es. 



CAPITULO XVII (1) 



COMO R DE TENER EN POCO Lfl VIDA EL VERDADERO AMADOR DE DIOS. 



Vamos a otras cosillas que tanbién gnportan arto, anque son me- 
nudas. Travajo grande parece todo, mas comen9ándose a obrar, obra 
dios» tanto en lel alma y á^ela tantas mercedes, que todo le parece 
poco cuanto se puede aper ©n esta vida. Y pues las monjas a9emos lo 
más y damos a dios lo principal, quie es la voluntad, puniéndola en 
otro poder, ¿por qiíé ¡nos detenemos en lo ynterior, en lo que no es 
nada? Pásanse tantos travajos, ayvnos, silencio, servir sienpre el coro, 
que por mucho que ise quieran rregalar, es a vepes, y no son todas, 
y por ventura soy sola yo entre muchos monesterios que e visto; 
pues ¿por qué nos detenemos en mortificar estos cuerpos en naderías, 
que es ¡no laperlos plaper en nada, sino andar en cuydado llevándolos 
por donde no quieren [asta tenerlos rrendidos a el espíritu? 

Paré9eme a mí que quien de veras comienga a servir a dios, lo 
menos que le puede ofre9er, después de dada la voluntad, es la 
vida nonada. Claro está que si es verdadero rrelisioso, v verdadero 
orador y ¡pretende go9ar prégalos de dios, que no a de bolver las es- 
paldas a desear Imorir por él y pasar martirio. Pues ¿ya no sabéys, 
hermanas, que la vida del verdadero rrelisioso, v Idel que quiere ser de 
los {allegados amigos de dios, es vn largo martirio? Largo, porque con- 
parado a isi de presto le degollaran, puédese llamar largo, mas toda es 
corta la vida, y ,algunas cortísimas. En fin, todo lo que tiene fin no 
ay que a^er caso tíe ello, y de la vida mucho menos, pues no ay 
día siguro; y pensando que cada día es el postrero, ¿quién no le tra- 
vajaría si pensase no a de bivir más que aquél? 

Pues mira, hermanas, creer eso es lo más siguro. Por eso mos- 
traos a contradecir en todo vuestra voluntad; anque no se aga de 
presto, poco a poco, y en poco tienpo, si traéys cuydado con oración, 
os allaréys en la cunbre. ¡Mas qué gran rrigor parepe decir que no nos 
agamos placer en nada, como no se dice qué gusto y qué placer tray 
consigo esta contradición y qué de deleytes se ganan con ella an en 
esta vida! ¡Qué siguridad! Y aquí, como todas lo vsan, estáse lo 
más lecho; vnas a otras se rrecuerdan y se ayvdan; esto a cada vna de 
procurar yr adelante de las otras. 



1 Cap. XII. 



CAPITULO XVII 247 

Y en los movimientos ¿interiores se traya mucha cuenta, en especial 
si tocan en mayorías. Dios nos libre, por su pasión, en deípir «si soy 
más antigua», «si e más años», «si e travajado más», «si tratan a la 
otra mijor». Estos primeros movimientos es menester atajarlos con 
presteza, que isi se detienen en ellos, v lo ponen en plática, es pes- 
tilencia, y de donde ñapen grandes males en los monesterios. Miren 
que lo sé mucho, y en aviendo perlada que poco ni mucho consienta 
nada de lesto, crean por sus pecados a primitido dios dársela para co- 
mentarse a perder, y jclamen a él, y toda su oración sea porque dé 
el rremedio len Trelisioso v persona de oración ; que quien de veras la 
tiene con determinación de gopar de las mercedes que age dios y rre- 
galos en ella, esto de el desasimiento a todos conviene. 



CAPITULO XVIII (1) 



QUE PROSIGUE EN COMO ñ DE TENER EN POCO Lñ ONRRA EL QUE QUISIERE 
aPROVECHAR. 



No me digan que rregalos a9e dios a quien no está tan desasido. 
Yo lo creo, que con su sabiduría ynfinita ve que conviene para íraellos 
a que lo dejen por él todo. No llamo el dejar, entrar en rrelisión, 
que ynpedimentos puede aver, y en cada parte puede el alma perfeta 
estar desasida y vmilde; mas créanme vna cosa, que si ay punto de 
onrra, v deseo de apienda (que tanbién puede estar en el monesíerio 
como fuera, anque más quitadas están las ocasiones y mayor sería la 
culpa), que anque tengan muciios años de orapión, v, por mijor degir, 
consideración, que oración perfeta, en fin, quita estos rresabios, que 
nunca medrarán mucho, ni llegarán a go^ar el verdadero fruto de la 
oración. 

Mira si os va algo, ermanas, en éstas que parepen naderías, pues no 
cstáys aquí a otra cosa. Vosotras no quedáys más onrradas y el prove- 
cho perdido, como dige; ansí que dcsonrra y pérdida cabe aquí junto. 
Cada vna mire en sí lo que tiene de vmildad, y verá lo que está apro- 
vechada. Tengo por cierto que al verdadero vmilde, an en primer mo- 
vimiento no osa el demonio tentarle en cosa de mayorías; porque, como 
es tan sagaz, teme el golpe. Y es ynposible, si vno es vmilde, que no 
gane más fortaleca en (esta virtud y grandísimos grados de aprovecha- 
miento si el demonio le tienta por ay; porque como forjado a de 
sacar sus pecados y mirar lo quei a servido con lo que debe a cristo, 
y las grande<;as que ypo de abajarse a sí para dejarnos enjenplo de 
vmildad, isale el alma tan gananciosa, que no osa tornar otro día por 
no yr quebrado (2) la cávela. 

Este consejo toma de mí, y no se os olvide, que no sólo en lo 
ynterio[r], que ya Idicho se está que sería gran mal no quedar con 
ganancia, mas en lo esterior procura que la saquen las ermanas de 
vuestra tentación: si queréys vengaros del demonio y libraros de ella (3), 
que ansí como ios venga, os descupráys (4) a la perlada y la rrogéys y 



1 Prosigue el capítulo XII. 

2 Quebrada, dice el autógrafo de Valladolid. 

3 Remedio, escribe al margen la Santa. 

4 Véase lo que dejamos dicho en la nota tercera de la pág. 213. Sin embargo, no se tome 
como regla general en la Santa, pues en muchos casos escribe disparate, cabeza, y otras pa- 
labras análogas, con b, o con v, indistintamente. 



CAPITULO xvín 249 

pidáys os dé oficio muy bajo, y como pudierdes andéys estudiando en 
qué doblar en esto vuestra voluntad, que el señor os descubrirá muchas 
cosa[s], y con mortificaíiones públicas, pues se vsan en esta casa. Como 
de pestilencia vyd de tales tentaciones del demonio, y procura que esté 
poco con vos. 

Dios nos libre, de persona que le quiere servir, acordarse de onrra 
ni temer desonrra; mira que es mala ganancia, y, como e dicho, Ja 
mesma onrra se pierde con estos deseos, en especial en las rrelisiones. 
Ansí no ay tóxico en el mundo que ansí mate como estas cosas la 
perfe^ión. Diréys que ison cosillas que no son nada, que no ay que a^er 
caso de ellas. No ¡os burléys con eso, que cre^e como espuma en los 
monesterios, y no ay cosa pequeña en tan notable peligro. ¿Sabéis por 
qué? Porque por ventura en vos comienza por poco, y no es casi nada, 
y luego mueve el idemoniO' a que al otro le parezca mucho, y an pen- 
sará es caridad deciros que cómo consentís aquel agravio, que dios os 
dé paciencia, que lo ofrezcáys a dios, que no sufriera más vn santo. 
Pone vn caramillo en la lengua de la otra, que ya que no podéys me- 
nos de sufrir, os ace an tentar de vanagloria diciendo es mucho. 

Y es esta nuestra paturaleca tan negro flaca (1), que an quitándo- 
nos la ocasión con decir no es nada, lo sentimos, cuantimás viendo 
lo sienten por nosotros. Acenos crecer la pena pensar que tenemos 
rracón, y pierde el jalma todas las ocasiones que avía tenido para me- 
recer, y queda más flaca para que otro día venga ei demonio con 
otra cosa peor; y an acaece artas veces, que anque vos no queráys sentir- 
lo, os dicen que si soys bestia, que bien es que se sientan las cosas. 
¡V, que si ay alguna amiga! 



1 El autógrafo de Valladolid omite la palabra negro, que la Santa emplea en este pasaje 
en el sentido Hguiado de sumamente débil. 



CAPITULO XIX (1) 



GOMO A DE VIR (2) DE LOS PUNTOS Y RRñZONES DEL MUNDO PARñ LLEGARSE H 
LA VERDflDERñ HRflZON, 



jO, por amor 'de dios, hermanas, que miréys mucho en esto!: a 
ninguna le mueva yndiscreta caridad para mostrar lástima de la otra 
en cosa que toque a estos ñnjidos agravios. Muchas ve^es os lo digo, 
y aora lo cscrivo aquí, que en esta casa, ni en toda persona perfeta 
vya mil leguas, «rra^ón tuve», «y9iéronme sinrra9Ón», «no tuvo rra- 
qón la hermana»; de inalas rragones nos libre dios. ¿Parepe avía rra- 
9ón para que sufriese cristo nuestro bien tantas ynjurias y se las di- 
jesen, y tantas isinrrapones? La que no quisiere llevar cruz, sino la 
que le dieren muy puesta en rra^ón, no se yo para qué está en el 
monesterio; tórnese al mundo adonde an no le guardarán esas rra^ones. 
¿Por ventura podéys pasar tanto que no deváys más? ¿Qué rragón es 
ésta? Por cierto, yo mo lo entiendo. 

Cuando os ygieren alguna onrra, v rregaio v buen tratamiento, saca 
vos esas rra^ones, que cierto es contra rrafón nos (3) le agan en esta 
vida; mas cuando agravios, ¡que ansí los nonbran sin avernos agravio, 
yo no sé que ay que ablar. V somos esposas de tan gran rrey, v no. 
Si lo somos, ¿qué mujer onrrada ay que no sienta en el alma la 
desonrra que apeni a su esposo? Y anque no la quiera sentir, en fin, 
de onrra v desonrra participan entramos. Pues querer participar del 
rreyno de ¡nuestro esposo, y ser conpañeras con él en el gogar, y en las 
desonrras y travajos quedar sin ninguna parte, es disvarate. 

No nos lo deje dios querer, sino que a la que le pareciere es 
tenida entre todas en menos, se tenga por más bienaventurada; y ver- 
daderamente ansí lo es, isi lo lleva como ¡lo a de llevar, que acá vsa- 
das (4), créame a mí, que lo e espirimentado (5) que no le falte onrra 
en esta vida ni en la otra. Qué disvarate e dicho, que me crean a 
mí diciéndolo la verdadera sabiduría que es la mesma verdad, y la 
rrey na de los ángeles. Parezcámonos, y jas mías, en alguna cosita a 
esta sacratísima virjen, cuyo abito traemos, que es confusión nonbrar- 
nos monjas suyas. Siquiera en algo, ymitemos esta su vmildad; digo 



1 Cap. XIII. 

2 Léase huir. 

3 Alguien borró sin fundamento la n de esta palabra, para que se leyese os. 

4 H usadas, dice ordinariamente. 

5 Que lo e espirimentado. Estas palabras se hallan tachadas por la Santa. 



CAPITULO XIX 20i 

algo, porque por mucho que nos vajeraos g vmilleraos, no a^e nada 
vna como yo, que por sus pecados tiene y e meregido la y^iesen 
avajar y despreciar los demonios, ya que ella no quisiese; porque an» 
que no tengan tantos pecados, por maravilla avrá quien deje de tener 
alguno porque aya merecido el ynfierno. Y tomo a decir, que no 
os parezca poco estas cosas, que si no las cortáys con dilijencia, lo 
que oy no era nada, mañana por ventura será pecado venial; y es 
de tan mala dysistión (1), que si os dejáys, no quedará solo, y 
cosa muy mala para congregación. 

En esto aviamos de ímirar mucho las que estamos en ellas, en no 
dañar a las que travajan por acemos bien y darnos buen enjenplo. 
y si entendiésemos cuan gran daño se ace en que se comience vna 
mala costunbre de lestos puntillos de onrra, más querríamos más (2) mo- 
rir mil muertes que ser cavsa de ello; porque es muerte corporal, y 
pérdida de lel alma, es gran pérdida, y que parece nunca se acava de 
perder; porque muertas vnas vienen otras, y a todas les cave por ven- 
tura más parte de vna mala costunbre que pusimos, que de muchas vir- 
tudes; porque el demonio no la deja caer, y las virtudes la mesma 
flaqueca natural las ace perder. 

¡O qué grandísima caridad aria, y qué gran servicio a dios, la 
monja que se viese no puede llevar las perfeciones y costunbres que ay 
en esta casa, conocerse y yrse, y dejar a las otras en paz! y an 
en todos los monesterios (al menos si me creen a mí), no la ternán 
ni darán profesión asta que de muchos años esté provado a ver si se 
enmiendan. No llamo faltas en la penitencia y ayvnos, porque, anque 
lo es, no son cosas que acen tanto daño; mas vnas condiciones que ay 
de suyo amigas de ser estimadas y tenidas, y mirar las faltas ajenas 
y nunca conocer las suyas, y otras cosas semejantes, que verdaderamente 
nacen de poca vmildad, si dios no favorece con darla gran espíritu, 
asta de muchos laños verla enmenda[da], os libre dios de que quede 
en vuestra conpañía. Entended que ni ella sosegará ni os dejará sose- 
gar a todas (3). 



1 Había escrito desistían, g lo corrigió. Dixestión, escribe en el original do Valladolid. 

2 Este más le puso la Santa entre líneas, quizá olvidada del que acababa de escribir, 

3 Este o el primer párrafo del siguiente capítulo fueron omitidos por la Santa en el origi- 
nal de Valladolid. 



CAPITULO XX (1) 



LO MUCHO QUE YNPORTñ NO DAR PROFESIÓN ñ NINGUNA QUE VflYH CONTRARIO 
SU espíritu de las cosas QUE QUEDA DICHO. 



Como no tomáys dote, á9eos dios mer9ed para esto, que es lo 
que me lastima de los monesterios, que muchas ve^es, por no tornar a 
dar el dinero, dejan el ladrón que les rrobe el tesoro!, v por la onrra 
de sus devdos. En esta casa tenéys ya aventurada y perdida la onrra 
del mundo, porque los pobres no son onrrados (2), no tari a vuestra costa 
queráys que lo sean los otros. Nuestra onrra, ermanas, a de ser servir 
a dios; quien pensare que de esto os a de estorvar, quédese con su 
onrra en su casa, que para esto ordenaron nuestros padres la prova- 
9ión de vn año, y en nuestra orden que no se dé en cuatro, que para 
esto ay libertad: aquí ¡querría yo no se diese en diez (3). La monja 
vmilde poco se le idará en no ser profesa; ya sabe que si es buena no 
la echarán; si no, i¿para qué quiere ager daña a este colesio de cristo? 

Y no llamo no iser buena, cosa de vanidad, que, con el favor de 
dios, creo estará lejos íde esta casa. Llamo no ser buena, no estar morti- 
ficada, sino con asimiento de cosas del mundo v de sí en estas cosas 
que e dicho; y la que mucho en sí no le viere, créame ella mesma 
y no aga profesión, si no quiere tener vn ynfierno acá, y plega a dios 
no sea otro allá, porque ay muchas cavsas en ella para ello, y por 
ventura las mesmas de la casa no las entenderá[n] (4), ni la mesma, 
como yo las tengo entendidas. 

Créanme, y si no el tienpo les doy por testigo, porque todo el 
estilo que pretendemos llevar es de no sólo ser monjas, sino ermita- 
fias, y ansí se desasen de todo lo criado; y a quien él quiere para 
aquí particularmente, veo a^e esta merped. Anque aora no sea en toda 
perfe^ión, vese que va jya a ella por el gran contento y alegría que 
les da ver que ino a de tornar a tratar con cosa "de la vida. Torno 
a deíir que si se encuna a tratarlo, que si no se ve yr aprovechando, 
que procure yrse despidiendo de yrse a otro monesterio, y si no, verá 



1 Prosigue el capítulo XIII. 

2 Toma esta palabra, lo mismo que en otros pasajes, en el sentido de apreciados, esti" 
Triados. 

3 El Concilio de Trento ü ulteriores decisiones pontificias, han regulado todo lo pertinente 
a la entrada a profesión en Ordenes religiosas. 

H Entenderán, se lee en el autógrafo de Valladolid. 



CAPITULO XX 253 

cómo le sU9ed€, y mo S€ queje de mí, que le comencé, porque no la 
aviso. 

Esta casa es vn 9Íelo, si le puede aver en la tierra, para quien se 
contenta sólo de icontentar a dios g no a^e caso de contento suyo, y tié- 
nese muy buena vida; en quiriendo algo más, se perderá todo, por- 
que no lo puede tener en nada. Y el alma descontenta es como quien 
tiene gran astío, que por bueno que sea el manjar, le da en rrostro; 
y cuando los sanos toman gran gusto en comer, le age mayor asco 
en el estómago del que tiene astío. En otro cavo, v monesterio no tan 
estrecho, se salvarán mijor, y por ventura poco a poco llegarán a 
la perfección que aquí no pudieron sufrir por llevarse junta. Que anque 
en lo ynterior se les aguardará tienpo para del todo desasirse y mor- 
tificarse, en lo esíerior a de ser con brevedad por el daño que puede 
a<;>er a las otras; y a quien con ver que todas lo a^en, y andar 
sienpre en tan buena conpafiía, no le aprovecha en vn año, v jnedio, 
temo que no aprovechará más en muchos, sino menos. No digo que 
sea tan cunplido como las otras, mas que se entienda va cobrando 
salud, que luego se ve cuando el mal es mortal. 



CAPITULO XXI (1) 



PROSIGUE EN LO MUCHO QUE ESTO YNPORTfl. 



Bien creo favorece el señor a quien bien se determina, y por eso 
va imucho en mirar qué talento tiene la que entra, y que no sea sólo 
por rremediarse, como acaecerá a muchas, puesto que dios puede per- 
fisionar este yntento si es persona de buen entendimiento, que si no, e[n] 
nynguna manera se tome; porque ni ella se entenderá cómo entra, ni 
después a Jlas 'que la quisieren poner en lo mijor. Porque, por la mayor 
parte, quien lesta falta tiene, sienpre les parege entiende más lo que 
le conviene que los imás sabios; y es mal que le tengo por yncurable, 
porque por maravilla deja de traer consigo malicia, y adonde ay 
mucho número de monjas podráse tolerar, y en tan pocas no se po- 
drá sufrir. 

Vn buen entendimiento, si comienza a aficionarse al bien, ásese 
a él con fortaleza, porque ve es lo más acertado; y cuando no apro- 
veche para mucho espíritu, aprovechará para buen consejo y para artas 
cosas, sin cansar a inadie, antes es rrecrea^ión; cuando éste falta, yo 
no sé para qué en comunidad puede aprovechar, y dañar podría mu- 
cho. Esta falta y las demás no se ve muy en breve, porque algunas 
personas ablan bien y (entienden mal, y otras ablan corto, y no muy 
cortado, y tienen entendimiento para mucho bien: que ay vnas sin- 
pli^idades santas, que saben muy poco para negocios y estilo del 
mundo, y Imucho para tratar con dios. Por eso, es menester gran yn-» 
forma(;ión para tomarlas, y larga prova^ión para darlas profesión. En- 
tienda vna vez lel mundo que tienen libertad para tornar a echarlas, 
que en monesterio donde ¡ay asperezas, muchas ocasiones ay, y como 
se vsc, no se terna por agravio. 

Digo entienda, porque son tan desventurados estos tienpos, y tanta 
la flaquera de las (rrelisiosas (esto por mí lo digo que míe a acaecido), 
que no vasta tenerlo por mandamiento de nuestros pasados, sino que, 
por no aqer vn agravyo pequeño, v por quitar vn dicho que no es 
nada, dejamos olvidar las virtuosas costunbres, y plega a dios no se 
page en la otra vida las que admitimos (2). Nunca falta vn color con que 
avernos entender se sufre aperlo, y en caso tan ynportante, ninguno 



1 Cap. XIV. 

2 Las que las admitimos, se lee en el original de Valiadolid. 



CAPITULO XXI 255 

es bueno; porque cuando /el perlado (1) sin afepión, ni pasión, mira lo 
que está bien a la casa, nunca creo dios le dejará errar; y en mirar 
estas piadades y puntos negyos, tengo para mí que no deja de aver 
yerro. 

Y éste es vn negocio que cada vna por sí le avía de mirar y 
encomendar a dios, y animar a la perlada cuando le falte ánimo, por- 
que es cosa en que va muy mucho a todas, y ansí suplico a dios 
que sienpre os dé en ello luz. 



1 En el original se lee perlada, pero lo creemos una equivocación material, porque la 
Santa, que comete no pocas faltas de concordancia, jamás incurre en ésta. 



CAPITULO XXII (1) 



QUE TRATA DEL GRAN BYEN QUE ñY EN NO DISCULPARSE AVNQÜE . SE VEAN 
CONDENAR SIN CULPA. 



(Mas qué desconcertado escrivo! bien como quien no sabe qué a9e(2). 
Vosotras tenéys la culpa, ermanas, pues me lo mandáys. Leeldo (3) como 
pudierdes, que ansí lo escrivo yo como puedo, y si no, quemaldo (4) 
por mal que va. .Quiérese asiento y yo tengo tan poco lugar como veys, 
que se pasan ocho días que no escrivo, y ansí se me olvida lo que e 
dicho, y an lo que voy a a (5) de^ir. Que aora será mal de mí, y rro- 
garos no le agáys vosotras en esto que acavo de ager, que es discul* 
parme, que veo ;ser vna costunbre perfetísima y de gran edificación y 
mérito; y lanque os la enseño muchas vepes, y por la bondad de dios 
lo aqéys, nunca su majestad me la a dado. Plega él antes que me 
muera me la dé. Jamás me falta vna cavsa para pare^erme mayor vir- 
tud dar disculpa; como algunas ve^es es lígito y sería mal no lo a^er, 
no tengo discrición, v, por mijor de^ir, vmildad para ajerio cuando 
conviene. Porque, verdaderamente, íes de gran vmildad verse condenar 
no tiniendo culpa, y es gran ymitagión del señor que nos quitó todas 
las culpas. Os querría mucho persuadir pongáys en esto gran estudio, 
porque tray consigo grandes ganancias; y en procurar nosotros raes- 
mos librarnos de culpa, jiinguna, ninguna veo, si no es, como digo, en 
algunos casos que podría ser enojo v escándalo no degir la verdad. Esto 
quien tuviere más discreción que yo lo entenderá. 

Y creo va mucho en acostunbrarse a esta virtud, v en procurar 
alcanzar del señor verdadera vmildad, que de aquí deve venir; por- 
que el verdadero vmilde a de desear con verdad ser tenido en poco 
y ser persigido y condenado sin culpa, an en cosas graves. Porque si 
quiere yraitar ¡al señor, ¿en qué mijor que en esto puede? Que aquí 
no son menester fuergas corporales ni ayvda de nayde sino de dios. 

Estas virtudes grandes, hermanas mías, querría yo fuese nuestro 
estudio y penitencia, que en otras asperecas, anque son buenas, ya sa- 
béys os voy a la mano cuando son demasiadas, Vnas virtudes grandes 



1 Cap. XV. 

2 Lo que hace, había escrito primero. 

3 Por leedlo. 

4 Por quemadlo. 

5 Repite por distracción la a. 



CAPITULO XXII 257 

ynteriores no enflaquepen (1), ni quitan las fuerzas al cuerpo para ser- 
vir la rrelisión, sino fortalcíen el alma; y de cosas muy pequeñas se 
puede acostunbrar de manera, que vengan a salir con Vitoria de las 
muy grandes. 

Mas qué bien se >escrive esto y que mal lo ago yo. ñ la verdad, 
en cosas grandes nunca e podido a^er esta prueva, porque nunca 
oy degir cosa mala de mí que no viese claro quedavan cortos, porque 
anque no era algunas ve^es, y muchas, en las mesmas cosas, tenía 
ofendido a dios len otras muchas, y parecíame que avían echo arto 
en dejar aquéllas, y iSienpre me olgé yo más dijesen de mí lo que no 
era, que las verdades Jnás las sentía, estotras cosas por graves que 
fuesen, no; mas íen tosas pequeñas sigía mi naturaleza, y sigo, sin ad- 
vertir que es lo (más perfeto. Por eso querría yo lo comenpásedes ten- 
prano a «ntender, y cada vna a traer consideración de lo mucho que 
gana por todas vías, y por ¡ninguna pierde, a mi parecer. Gana lo prin- 
cipal, en sigir en ¡algo al señor. Digo en algo, porque, como e dicho, 
nunca nos culpan sin culpas, que sienpre andamos llenos de ellas, 
pues cay isiete vepes al día el justo, y sería mentira depir que no te- 
nemos pecado, flnsí que, anque no sea en lo mesmo que nos culpa, 
nunca estamos sin culpa del todo, como lo estava él buen jesús. 

¡O señor mío! que cuando pienso por qué de maneras pade^is- 
tes y cómo por ninguna manera lo mere^istes, no sé qué me diga de 
mí, ni adonde tuve el seso cuando no deseava padecer, ni adonde estoy 
cuando de alguna icosa me disculpo. Ya sabéys vos, bien mío, que si 
tengo algún bien, que |no es dado por otras manos sino por las vues- 
tras (2) ; ¿pues qué os va señor más en dar poco que mucho? Si es por 
no lo merecer, yo tanpoco merecía las mercedes que me avéys echo. 
¿Es posible que e yo de querer que sienta nayde bien de cosa tan mala? 
¿cómo, aviendo dicho tantos imales de vos que soys bien sobre todos 
los bienes? (3). No se sufre, no se sufre, dios mío, ni querría yo 
lo sufriésedes vos, que aya en vuestra sierva cosa que no contente 
a vuestros ojos. Pues mira que los míos están ciegos, señor, y se con- 
tentan de muy poco. Dadme vos luz, y aced que desee que todos me 
aborrezcan, pues tantas veces ,os e dejado a vos, amándome con toda 
fedilidad (4). i 

¿Qué es esto, dios mío? ¿Qué pensamos sacar de contentar a las 
criaturas? ¿Qué nos va len ser muy culpados de todas ellas, si de- 
lante de mi Criador lestoy sin culpa? ¡O ermanas mías, que nunca aca- 
vamos de entender esta verdad, y ansí nunca acavaremos de estar en 
la cunbre de la iperfeción, si mucho no la andamos considerando y 
pensando qué es lo que íes, y qué es lo que no es! 



1 Primero había escrito y lo modificó: «£w unas virtudes grandes anteriores nunca puede 
aver demasía, no enflaquecen». 

2 Aquí hay borrada muij cerca de una línea. 

3 Esta frase la modifica así en el autógrafo de Valladolid: «¿Es posible que he yo de 
querer que sienta nadie bien de cosa tan mala^ habiendo dicho tantos males de Vos que sois 
bien sobre todos los bienes?» 

4 Por ñdelidad. 

III 17 * 



CñPITULO XXIII (1) 



PROSIGUE EN Lfl MISMA MflTERIñ, 



Pues cuando no viese (2) otra ganancia, sino la confusión que le que- 
dará a la hermana que a echo la culpa de ver que vos sin ella os 
a la hermana que a echo la culpa de ver que vos sin ella os 
dejáys condenar, es grandísimo: más levanta vna cosa de éstas, a las 
ve9es, que diez sermones. Pues todas avéijs de procurar de ser predi'^ 
cadoras de obras, pues el apóstol y nuestra ynabilidad nos quita que 
lo seamos en las palabras. 

Nunca penséys que a de estar secreto, ya creo os lo e dicho otra 
vez y lo querría defir muchas, el malí v el bien que y(;:ierdes por encerra- 
das que estéys. ¿Y pensáys, y jas, que anque vos no os desculpéys, 
a de faltar quien torne por vos? Mira como tornó cristo por la mada- 
lena cuando la culpava isanta marta. Cuando sea menester, su majes- 
tad moverá a quien torne por vosotras. De esto tengo grandísima 
espirien^ia, anque más querría yo que no se os acordase, sino que os 
olgásedes de quedar ,por culpadas; y el provecho que veréys en vues- 
tra alma, el tienpo os doy por testigo, porque age mucho. 

El vno es comentar a ganar libertad, y -no se le dar más que digan 
mal que bien de vos, antes parece que es negocio ajeno; como si es- 
tuviesen ablando otras personas delante de vos, como no es con vos, 
estáys descuidada en la rrespuesta. Ansí es acá, con la costunbre que 
está ya echa de que no avéys de rresponder, no parece ablan con vos. 
Parecerá esto ynposible a los que somos muy sentidos y poco mor- 
tificados, y a los principios dificultoso es; mas yo sé que se puede 
alcanzar esta libertad^ y negación y desasimiento de nosotros mes- 
mos, con el favor del señor, poco a poco. 



1 Prosigue el capítulo XV. 

2 Hubiese, se lee en el autóflrafo de Valladolid. 



CAPITULO XXIV (1) 



QUE TRñTfl DE QUflN WECESflRIO R SIDO LO QUE QUEDA DICHO PflRfl COMENZAR 
a TRATAR DE ORACIÓN. 



Y no os parezca mucho todo esto, que voy entablando el juego, 
como di^en. Pedístesme os dijese el principio de oración; yo, yjas, 
anque no me llevó dios por este principio, porque an no le devo tener 
de estas virtudes, no sé otro. Pues creé que quien no sabe concertar las 
piezas en el juego 'del ajedrez, que sabrá mal jugar, y si no sabe 
dar jaque, no sabrá dar mate. Ansí me avéys de rrepreender porque 
ablo en cosa de juego no le aviendo en esta casa, ni aviéndole de 
a ver. Aquí veréys la madre que os dio dios, que asta esta vanidad 
sabía; mas di^en que jes lícito algunas- ve9es. Y cuan lícito será para 
nosotras esta manera de jugar, y cuan presto, si mucho lo vsamos, 
daremos mate a este rrey divino, que no se nos podrá yr de las 
manos ni querrá. 

La dama es la que más gerra le puede a9er en este juego, y todas 
las otras piezas ayvdan. No ag dama que ansí le aga rrendir como la 
vmildad; ésta le trajo del (jielo en las entrañas de la virjen, y con 
ella le traeremos nosotras de vn cavello a nuestras almas. Y creé que, 
quien más tuviere, más le terna, y quien menos menos; porque no 
puedo yo entender cómo aya, ni pueda aver vmildad sin amor, ni 
amor sin vmildad, ni es posible estar estas dos virtudes sin gran 
desasimiento de todo lo criado. 

Diréys, mis yjas, que para qué os ablo en virtudes, que artos li- 
bros tenégs que os las enseñan, que no queréys sino contenpla^ión. 
Digo yo, que an ¡si pidiérades meditaíión, pudiera ablar de ella, y 
aconsejar a todos la tuvieran, anque no tengan virtudes; porque es 
principio para alcanzar todas \las virtudes y cosa que nos va la vida 
en comentarla todos los cristianos; y ninguno, por perdido que sea, 
si dios le despierta a tan gran bien, lo avía de dejar, como ya tengo 
escrito en otra parte, yi otros muchos que saben lo que escriven, que 
yo por ?ierto que no lo sé; dios lo sabe. 

Mas contenplagión es otra cosa, yjas, que éste es el engaño que 
todos traemos, que len llegándose vno vn rrato cada día a pensar sus 



1 Cap. XVI. En la edición de Rivadenesjra se une este capítulo al anterior. La Santa in- 
dica en el original que aquí ha de comenzar otro nuevo. Ya dijimos en nota de la página 73, 
que S. Teresa omitió en el autógrafo de Valladolid todo este capítulo, aunque Fr. Luis de León 
lo publicó, tomándolo del escurialense. 



260 CAMINO DE PERFECCIÓN 

pecados, que lestá lobligado a ello si es cristiano de más que nonbre, 
luego di9en es muy contenplativo ; y luego le quieren con tan gran- 
des virtudes como iestá obligado a tener el muy contenplativo, y an él 
se quiere, mas gerra. En los principios, no supo entablar el juego; 
pensó bastava conocer las plecas para dar mate y es ynposible, que 
no se da éste rrey sino a quien se le da del todo. 



CAPITULO XXV (1) 



DE LA DEFERENCIA QUE A DE AVER EN LA PERFECION DE LA VIDA DE LOS 
CONTENPLATIVOS A LOS QUE SE CONTENTAN CON ORACIÓN MENTAL. 



ñnsí que, y i as, si queréys os diga el camino para llegar a la con- 
tenplaqión, sufrí (2) que sea en cosas, que no os parecerán tan ynpor- 
tantes, vn poco larga, porque todas las que aquí e dicho lo son; y si 
no las queréys loyr ni obrar, quedaos con vuestra oración mental toda 
vuestra vida, que yo os asiguro a vosotras y a todo el mundo, a mi 
pareper (qui9á yo me ^engaño, y juzgo por mí que lo procuré veynte 
años) que no llegéys a verdadera contenpla^ión. 

Quiéroos aora declarar, porque ¡algunas no lo entenderéys, qué es 
oración mental, y plega ¡a dios que ésta tengamos como la emos de 
tener; mas e iniedo que ise tiene con arto travajo, si no se procuran 
las virtudes, anque no en tan alto grado como para estotro. Porque no 
se me olvide que dije que no ayáys miedo que venga el rrey, quiérome 
declarar, porque si en vna mentira me tomáys, no me creeréys nada, y 
terníades rragón si la dijese a sabiendas, mas (3) no me dé dios tal 
lugar; será no isaber más ni entender más. 

flcae9e muchas vepes que el señor pone vn alma ¡muy rruyn, íentiéndese 
no estando en pecado mortal entonces, a mi pareper; porque vna vi- 
sión, anque sea muy buena, primitirá el señor que la vea vno estando 
en mal estado para tomarle a sí; mas ponerle en contenplapión, no lo 
puedo creer. Porque en aquella vnión divina, adonde el señor se rre- 
gala con el almai y el alma con él, no lleva camino alma supla deley^ 
tarse con ella la linpiepa de los píelos, y el rregalo de los ánjeles 
rregalarse con cosa que no sea suya. Pues ya sabemos que, en pecando 
vno mortalmente, es ;de el demonio, con él se puede rregalar, pues le 
a contentado, que ya sabemos son sus rregalos contino tormento an 
en esta vida; que ]no le faltará a mi señor y jos suyos con quien se 
huelge sin que ande a tomar los ajenos, ñrá su majestad lo que ape 
muchas vepes, que es sacárselos de las manos. 

¡O señor mío, y qué de vepes os apemos andar a brapos con el 
demonio! ¿No vastara que os dejastes tomar en los suyos cuando os 
llevó al pináculo para (enseñarnos a venperle? Mas, ¿qué sería, yjas. 



1 Prosigue el capítulo XVI. 

2 Había escrito sufrir, y borró la r. 

3 Aías será, había puesto, pero tachó el verbo. 



262 CAMINO DE PERFECCIÓN 

ver junto aquel sol con las tinieblas, y qué temor llevaría aquel 
desventurado, sin saber de qué? Que no primitió dios lo entendiese (1). 
Bendita sea tanta piedad y misericordia; que vergüenpa aviamos ya de 
aver los cristianos de a9erle andar cada día a bracos, como e jdiclio, con 
tan suQía bestia. Bien fué menester, mi señor, que los tuviésedes tan 
fuertes; mas ¿cómo no (os quedaron flacos de tantos tormentos como 
pasastes en la cruz? ¡O, que todo lo que se pasa con amor torna 
a soldarse! y ansí creo, si quedárades (2) con la vida, el mesmo amor 
que nos tenéys, tornara a soldar vuestras llagas, que no fuera menes- 
ter otra medicina. Parece que desatino; pues no ago, que mayores cosas 
que éstas a^e el amor divino, y por no parecer curiosa, ya que lo soy, 
y daros mal enjenplo, (no trayo aquí algunas. 



1 Aquí tiene el autógrafo borradas dos líneas por la misma Santa, que parecen decir: «Y 
cuan merecido avía por tan gran atrevimiento, que criara dios otro infierno nuevo para él. Bendi». 

2 Quedarasdes, escribió u corrigió luego. 



CAPITULO XXVI (1) 



EN QUE TRñTfl COMO ES POSIBLE ALGUNAS VECES SUBIR DIOS UN ALMA DESTA 
VIDA A PERFETA CONTENPLACION, Y LA CAVSA BELLO. ES MUCHO DE NOTAR 
ESTE CAPITULO. 



Ansí que, cuando el señor quiere torna[r] el alma, a sí, pónela, es- 
tanto an sin tener lestas virtudes, en contenplagión algunas ve^es, pocas 
y dura poco. Y lesto, como digo, acaepe porque las prueva si con aquel 
favor se querrán disponer a gomarle muchas V89es; mas si no se dis- 
ponen, perdonen, v perdónanos vos, señor, por mijor de9ir, que arto 
mal €s que os llegéis vos a vn alma de esta suerte, y se llege 
ella después a cosa de la vida para atarse a ella. 

Tengo para mí, que ay muchos con quien dios nuestro señor a(;e 
esta prueva, y pocos los que se disponen para goqar sienpre de esta 
merced, que cuando el señor la a^e y no queda por nosotros, tengo 
por gierto que nunca ?esa de dar asta llegaí* a muy alto grado. CuauK 
do no nos damos a su majestad con la determinación que se da a 
nosotros, arto a^e de dejarnos en oración mental, y visitarnos de 
cuando en cuando, como a criados que están en su viña; mas estotros 
son y jos rregalados, no los querría quitar de cave sí, ni los quita, 
porque ya ellos no ise quieren quitar; siéntalos a su mesa, dales de lo 
que come, asta quitar el bocado de la boca para dársele. 

¡O dichoso cuydado, y jas mías! ¡O bienaventurada dejación de cosas 
tan pocas y tan vanas, que liega a tan gran estado! Mira qué se os 
dará, estando en los /bracos de dios, que os culpe todo el mundo, si- 
quiera se quiebren la ¡cávela a vo^es. Que de vna vez que mandó el 
señoir, v 'pensó, en laqer lel mundo, fué 'echo el mundo; su querer es obra. 
Pues no ayáys ;miedo, que si no es para más bien vuestro, los con- 
sienta ablar, no quiere tan poco a quien le quiere; de cuantas ma- 
neras puede mostrar el amor, le muestra (2). Pues ¿por qué, y jas 
mías, no se le mostraremos nosotras en cuanto podemos? Mira qué 
ermoso trueco su amor con el nuestro; mira que lo puede todo, y acá 
no podemos nada sino lo que él nos age poder. Pues ¿qué es esto que 
abemos por vos, señor, agedor nuestro? Es tanto como nada, vna de- 



1 Prosigue el capítulo XVI. Puso aquí capítulo la Santa a lo borró; pero está en el 
índice. 

2 «De cuantas maneras puede mostrar el amor le muestra», fué tachado por la Santa en el 
autógrafo, pero como se lee bien, lo incluímos en el texto. 



264 CAMINO DE PERFECCIÓN 

terminapíon^ílla. Pues si lo que !no es nada, quiere su majestad me- 
rezcamos por ello el todo, no seamos desatinadas. 

¡O señor! que todo lel daño nos viene de no tener puestos los 
ojos en vos, que si no mirásemos a lotra cosa sino al camino, presto 
llegaríamos; mas damos niil cay das g tropiezos, g erramos el cami- 
no íjor no poner (1) en el verdadero camino los ojos. Pare9e que nunca 
se anduvo este camino |sigún se nos a^e nuevo. Cosa es para lastimar, 
por Qierto. Digo que no parecemos cristianos, ni que legmos (2) la pasión 
en nuestra vida. ¡Vélame dios, tocar en vn puntito de onrra! Luego, 
quien os (3) dipe que no agágs caso de ello, pareíe no es cristiano. Yo 
me rrega, v !me añijía alguna vez de lo que oía en el mundo, g an por 
mis pecados, en las rrelisiones; tocar en vn puntito de ser menos, 
no se sufre; luego di9en que no son santos, v lo degía go. 

Dios nos libre, ermanas, cuando algo gpiéremos no perfeto, de^ir: 
«no somos ánjeles», «no somos santas»; mira que, anque no lo so- 
mos, es gran bien ¡pensar, si nos esforzamos, dios nos dará la mano 
para serlo; no agágs jniedo que quede por él si no queda por nos- 
otras. Pues no venimos aquí a otra cosa, manols a lavor (4), como di^en; 
no entendamos en cosa íque se sirve más el señor, que no presumamos 
salir con ella, con su favor. Esta presunción querría go en esta casa, 
que a^e crecer la vmildad: sienpre estar con ánimo, que dios le da 
a los fuertes y ino es a^etador de personas, g os le dará a vosotras 
y a mí. 

Mucho me e ¡divertido; quiero tornar a lo que degía, que creo era 
de9ir qué es oración mental y contenplación. Inpertinente parece, mas 
para vosotras todo pasa; quicá lo entenderégs mijor por mi grosero 
estilo, que por otros elegantes. 



1 Ver, añadió aquí y lo tachó. 

2 Aquí trae el autógrafo una v que parece quiso borrar la Santa. Se omite porque no 
hace sentido. 

3 Os lo dice, había escrito y borró el lo. 

1 Manos a labor, escribe también en. el autógrafo valisoletano, como ya observamos en 
nota de la página 78, si bien, por enor tipográfico, se imprimió manos a la. labor. 



CAPITULO XXVII (1) 



COMO NO TODAS LflS ALMAS SON PARA CONTENPLACION, Y COMO ALGUNAS LLE- 
GAN A ELLA TARDE, Y COMO EL VERDADERO VMILDE A DE YR CON- 
TENTO POR EL CAMINO QUE LE LLEVA EL SEÑOR. 



Parepe que me voy (entrando en la oración, y fáltame vn poco 
por depir que ape mucho al caso, porque es de la vmildad', y es nepe^ 
sario en esta casa; porque todas avéys de tratar de oragión y tratáys, 
y. como e dicho, cunple mucho tratéys de entender ejercitaros de todas 
maneras en vmildad, y léste es vn gran punto de ellai y muy necesario 
para todas las personas que se dan, a oragión. ¿Cómo podrá el verda- 
dero vmilde pensar que es él tan bueno como los que llegan a este 
estado? Que dios le puede aper tal que lo merezca, sí, por los mé- 
ritos de cristo; mas, de mi consejo, sienpre se siente en el más bajo 
lugar. Dispóngase para si dios le quisie[re] llevar por ese camino; cuan- 
do no, para eso es la verdadera vmildad, para tenerse por dichosa 
en ser sierva de las siervas del señor, y alabarle porque mereciendo 
el ynfiemo la trajo entre ellas. 

No digo esto sin gran cavsa, porque, como e dicho, es cosa que 
ynporta mucho entender que no a todos lleva dios por vn camino, 
y por ventura el que le pareciere va por muy más bajo, está más alto 
en los ojos (del señor. No porque en esta casa aya costunbre y ejerpipio 
de oración, es por fuerpa que an de ser todas contenplativas. Es 
ynposible, y será gran desconsolación para la que no lo es, no en- 
tender esta verdad, que esto es cosa que lo da dios; y pues no es ne- 
cesario para la salvación, ni nos lo pide dios de premio, no piense se 
lo (pedirá nadie, ni que no (2) por eso dejará de ser muy perfeta, si ace 
lo que aquí va lescrito; antes por ventura terna mucho más mérito, por- 
que es a más travajo suyo, y la lleva el señor como a fuerte, y 
la tiene guardado junto todo lo que aquí no goca. No por eso desma- 
ye, ni deje la oración y de acer lo que todas, que, a las veces, 
viene el señor muy tarde, y paga tan bien, y tan por junto tarde (3), 
como en muchos años a ydo dando a otros. 

Yo estuve catorce que nunca podía tener meditación, sino junto con 
lecyón. Avrá muchas personas de este arte, y otras que, anque sea 
con la Icción, no puedan tener meditación, sino rrepar vocalmente, y 



1 Cap. XVII. 

2 Esta palabra viene entre lineas. 

3 Suprime esta palabra el autógrafo de Valladolid. 



266 CAMINO DE PERFECCIÓN 

aquí se detienen más y alian algún gusto. Ay pensamientos tan lijeros 
que no pueden testar len vna cosa, sino sienpre desasosegados, y en tanto 
cstremo, que si quieren detenerle a pensar en dios, se les va a rail 
vanidades, y escrúpulos y dudas en la fe. Yo conozco vna monja bien 
vieja, que plugiera a dios fuera mi vida con la suya, muy santa y 
penitente, y en todo gran monja, y de mucha oración vocal y ttiuy or- 
dinaria, y en mental no a tenido rremedio; cuando más puede, poco 
a poco en las avemarias (1) y paternostres se va detiniendo-, y es muy 
santa obra. Y otras artas personas ay de la mesma manera, y si ay 
vmildad, no creo yo saldrán peor libradas al cabo del año, sino muy 
en ygual que los que llevan muchos gustos en la oración y con más 
vertenidad, en parte; porque ¿qué sabemos si son gustos de dios, 
V si los pone el demonio? Y si no son de dios, es más peligro, porque 
en lo que travaja íes poner sobervia; que si son de dios, no ay que 
temer, como escriví en el otro libro. 

Estotros andan con (2) vmildad, sienpre sospechosos que es por su 
culpa, sienpre con cuydado de yr adelante; no ven a otros llorar vna 
lágrima, que si ella no las tiene, no le pare9e está muy atrás en el 
servicio de dios, y debe estar muy más adelante. Porque no son las 
lágrimas, anque son buenas, todas perfetas; y la vmildad, y mortifica- 
ción y desasimiento y en estotras virtudes (3), sienpre son siguras. No 
ay que temer ini ayáys miedo que dejéys de llegar a la perfe^ión como 
los muy contenplativos. 

Santa era santa marta, anque no la ponen era contenplativa; pues 
¿qué más pretendéys que llegar a ser como esta bienaventurada que 
mereció tener a icristo ¡nuestro señor tantas ve^es en su casa, y dqrle 
de comer, y servirle, y por ventura comer a su mesa y an en su 
plato? Si entramas se estuvieran como la madalena, enbevidas, no 
vuiera quien diera de comer al vésped (4) celestial. Pues pensad que es 
esta congregagion9ita la casa de santa marta, y que a de aver de 
todo; y las que fueren llevadas por la vida ativa, no mormuren a 
las que mucho se enbevieren en la oración, porque, por la mayor 
parte, ace descuydar de sí y de todo. 

Acuérdense que si ellas callan, a de rresponder por ellas el señor, 
y ténganse por dichosas de yrle a aderecar la comida. Miren que la 
verdadera vmildad creo (jierto está mucho en estar muy prontos en 
contentarse con lo que iel señor quisiere a^er de ellos, y sienpre 
aliarse yndinos de llamarse isus siervos. Pues si contenplar, y tener 
oración mental y vocal, y curar enfermos, y servir en cosas de la 
casa, y travajar en desear sea en lo más bajo, todo es servir al hués- 
ped (5) que se viene con nosotras a estar, y a comer y rrecrearse, ¿qué 
más se nos da len' lo vno que en lo otro? 



1 Por equivocación dice avemaríos. 

2 Aquí viene borrado el advervio más. 

3 En vez de y en estotras virtudes, dice el autógrafo de Valladolid, más correctamente: y 
otras virtudes. 

4 Léase huésped. 

5 Aquí escribe esta palabra lo mismo que ahora. 



CAPITULO XXVIII (1) 



LO MUCHO QUE SE GANA EN PROCURARLO, V EL MAL QUE SERIA QUEDAR POR 
NOSOTRAS. 

No digo yo que quede por vosotras, sino que lo provéys todo, por- 
que no está lesto len vuestro escojer sino en el del señor; mas si 
después de muchos años quiere a cada vna para su oficio, jentil vmil-. 
dad será andar vosotras a escojer. Dejad a^er al señor de la casa, 
sabio es, poderoso €S, lentiende lo que os conviene y lo que le con- 
viene a él tanbién. Estad siguras que adiendo lo que es en vosotras, 
y aparejándoos para subida Jcontenplagión con la perfegión que queda 
dicha, que si él no os la da aquí (lo que creo no dejará de dar, 
si es de veras el desasimiento), que os tiene guardado ese rregalo, 
y que, como os € dicho otra vez, os quiere llevar como a fuertes y 
daros acá cruz como isienpre su majestad la tuvo. 

¿Y qué mijor amistad que querer lo que quiso para sí para vos? 
y por ventura no tuviérades tanto premio en la contenpla^ión. Juyíios 
son suyos, no ay que meternos en ellos; arto bien es que no quede a 
nuestro escojer, que luego, como nos parece más descanso, fuéramos 
todos grandes contenplativos. 

Pues (2) yo os digo, yjas, a las que no lleva dios por este camino, 
que los que Van por él no llevan la cruz más liviana, y que os es- 
pantaríades por las vías y maneras que las da dios. Yo sé de vnos 
y de otros, y isé claro que son yntolerables los travajos que dios da 
a los contenplativos; y ison de tal arte, que si no les diese aquel 
manjar de gusto, no jse podrían sufrir. Y está claro que, pues lo es 
que a los que dios mucho quiere lleva por camino de travajos, y 
mientra más los ama, mayores, no ay por qué creer que tiene aborretidos 
los contenplativos, pues por ¡su boca los alava y que tanbién son amigos. 

Pues creer que admite dios a su amistad estrecha jente rregalada 
y sin travajos íes disvaratc. Tengo por muy 9ierto se los da dios mu- 
cho mayores; y ansí icomo los lleva por camino barrancoso y áspero, 
y, a las veqes, que les parefe se pierden y an de comentar de nuevo 
dende lo que an andado, que ansí a menester el señor darles manteni- 
miento, y no agua |sino vino, para que, enborrachados, no entiendan 
lo que pasan jj lo que puedan sufrir. Y ansí, pocos veo verdaderos 
contenplativos que no los vea animosos, y lo primero que a^e el se- 
ñor, si son flacos, es ponerles ánimo y aterios que no teman íravajo 
que les pueda venir. 



1 Prosigue el capítulo XVII. 

2 Aquí comienza el capítulo XVIII. 



CAPITULO XXIX (1) 



QUE PROSIGUE EN Lñ MISMA MATERIA, Y DICE QUANTO MAYORES SON Í.OS TRA- 
VAJOS DE LOS CONTENPLATIVOS QUE DE LOS ATIVOS. ES DE MUCHA CON- 
SOLACIÓN PARA ELLOS. 



Creo que piensan los *de la vida ativa, por un poquito que los vean 
rregalados, que no ag más que aquello. Pues yo os digo que por 
ventura vn día de los que pasan, no lo pudiésedes sufrir. Ansí que 
el señor, como icono9e a todos para lo que son, da a cada vno su 
oficio, el que más ve le conviene a su alma, y al mesmo señor y 
al bien de ilos prójimos; y como no quede por no os aver dispuesto, 
no ayáys miedo que )se pierda vuestro travajo (2). Mira que digo que to- 
das lo procuren, pues jno estamos aquí a otra cosa; y no vn año, ni 
diez solos, porque ¡no |parezca lo dejáys de covardes, y es bien que 
el señor entienda ¡no 'queda por vosotras. Es como los soldados que an 
mucho servido, para que lel capitán los mande, sienpre an de estar 
a punto, pues en cualquier oficio que sirvan les an de dar su sueldo 
muy bien pagado. ¡Y cuan mijor pagado es que los que sirven al 
rrey! ñndan los tristes muriendo, y después save dios cómo se paga. 

Como no estén avsentes y los ve el capitán con deseo de servir, 
ya tiene entendido (3), anque no tan bien como nuestro celestial capi- 
tán, para lo que les cada vno, rreparte los ofi9ios como ve sus fuer9as, y 
si no estuviesen lallí íio les daría nada, ni les mandaría en qué sir- 
viesen (^). Ansí que, ermanas, oración mental, y quien ésta no pudiere, 
vocal, y legión, y coloquios con dios, como después diré. Nunca lo 
deje las oras que todas, no sabe cuándo la llamará el capitán, y la 
querrá dar más travajo ldisfra9ado con gusto. Si no las llamaren, en- 
tiendan no son para él, y que les convino aquello, y aquí entra la 
verdadera vmildad, creer con verdad que an no era para lo que age. 

Andar alegre sirviendo (en lo que le mandan, y si es de veras la 
vmildad, bienaventurada tal sierva ¡de vida ativa, que no mormura 
sino de sí. Arto más querría yo ser ella que algunas contenplativas. 
Déjelas a las otras 'con su gerra, que no es pequeña. ¿Ya no saben 
que en las batallas los alférez y capitanes son obligados a más pe- 
lear? Vn pobre soldado vase su paso a paso, y si se asconde alguna 



1 Prosigue el capítulo XVIII. 

2 Tratavajo, dice distraída la Santa. 

3 y tiene ya entendido, conige en el valisoletano. 

4 MI rrey, añadía aquí u lo bono. 



CAPITULO XXIX 269 

v€z para no entrar adonde ve el mayor tropel, no le echan de ver, 
ni pierde onrra, ni vida. El alférez, anque no pelea, lleva la vandera, 
y anque le agan pedamos no la a de dejar de las manos; tienen todos 
los ojos en icl. ¿Pensáys que da poco travajo al que el rrey da estos 
oficios? Por vn poquito de más onrra se obligan a padecer mucho 
más; y si tantito les sienten flaquera, todo va perdido. Ansí que, ami- 
gas, no nos entendemos, ni savemos lo que pedimos; dejemos aijer al 
señor, que nos conoce mijor que nosotras mesmas, y la verdadera 
vmildad es andar contentas con lo que nos dan, que personas ay 
que por justicia ipare9e quieren pedir a dios rregalos. Donosa manera 
de vmildad; por eso ape bien el conocedor de todos, que por ma- 
ravilla lo da a éstos; ve claro que no son para bever el cáliz. 

Vuestro entender, si estáys aprovechadas, yjas, será en si enten- 
diere cada vna 'que es la más rruyn de todas, y esto que se entienda 
en sus obras que lo conoce ansí, para aprovechamiento y bien de las 
otras; y no en la que tiene más gustos en la oración, y arrobamientos, 
V uisiones (1) v ¡cosas de esta suerte, que emos de aguardar al otro 
mundo para ver su 'valor. Estotro es moneda que se corre, es rrenta 
que no falta, son juros perpetuos, y no gensos de al quitar (que estotro 
quítase y pónese), vna virtud grande de vmildad, de mortificación, de 
grandísima obediencia en no yr vna tilde contra lo que os manda el 
perlado, que sabéys verdaderamente quis os lo manda dios, pues está 
en su lugar. En esto es lo más en que avía de poner, y por pare^er- 
me que ^i no ,ay esto es no ser monjas, no digo nada de ello, porque 
ablo con monjas, y, a mi parecer, buenas rrelisiosas, al menos que lo 
desean ser. En cosa tan ynportante no más de vna palabra, porque no 
se olvide. 

Digo que quien estuviere por voto devajo de obediencia, y faltare 
no trayendo todo cuydado en cómo cunplir con mayor perfeción este 
voto, que no sé para que está en el monesterio; al menos yo le asi- 
guro, que mientra aquí faltare, que nunca llege a ser contenplativo, 
ni an buen ativo (2), y esto tengo por muy muy cierto. Y anque no sea 
persona que tiene obligación, si quiere v pretende llegar a contenpla- 
Ción, a menester para yr muy acertadamente, dejar su voluntad con 
toda determinación en vn confesor que sea tal, que le entienda. Por- 
que esto se save ya muy savido, y lo an escrito muchos, y para 
vosotras no es menester, ino ay que ablar de ello. 

Concluyo que estas virtudes son las que yo deseo tengáys, yjas 
mías, y las que procuréys, y las que santamente enbidies (3). Eso- 
tras devociones en ninguna manera; es cosa yncierta. Por ventura 
en la otra será dios, y en vos primitirá su majestad sea ylusión del 
demonio, y ¡que os engañe como a echo a muchas, que en mujeres es 
cosa peligrosa. Si podéys iservir tanto al señor con cosas, como e dicho, 
siguras, ¿quién os mete en esos peligros? Eme alargado en esto (4), 
porque sé conviene, que esta nuestra naturaleca es ñaca', y a quien dios 



1 Léase visiones, 

2 Contemplativa, ni an buena ativa, corrige en el autógraío de Valladolid. 

3 Enbidiéys, se lee en el autógrafo de Valladolid. 

4 En es esto, dice poi error material el autógrafo. 



270 CAMINO DE PERFECCIÓN 

quisiere dar la contenpla(;ión, su majestad le ara fuerte; a los que no, 
eme olgado de dar estos avisos por donde tanbién se vmillarán las 
contenplativas. Si degís, gjas, que vosotras no los avéys menester, al- 
guna vcmá que por ventura se huelge con ellos. El señor, por quien 
es, dé luz (para len todo sigir su voluntad y no avrá de qué temer. 



CAPITULO XXX (1) 



QUE COMIENZA A TRATAR DE LA ORACIÓN. ABLA CON ALMAS QUE NO PUEDEN (2) 
DISCURRIR CON EL ENTENDIMIENTO. 



ñ tantos días que escriví lo pasado sin aver tenido lugar para tor- 
nar a ello, que si no lo tornase a leer, no sé lo que degía; por 
no ocupar tienpo 3vrá de yr como saliere, sin concierto. 

Para entendimientos concertados, y almas que están ejercitadas y 
pueden estar consigo mesmas, ay tantos libros escritos, y tan buenos y 
de personas tales, que sería yerro y^iésedes caso de mi dicho en cosa 
de oragión; pues, como digo, tenéys libros tales adonde van por 
los días de la semana en (3) rreparíidos los pasos de la sagrada pasión, 
y otras meditaciones de ijuycio y ynfierno, y nuestra nonada, y mer- 
cedes de dios, con lecelente dotrina, y concierto para principio y fin 
de la oración. Quien pudiere y tuviere ya costunbre de llevarle, no ay 
que decir que por tan buen camino el señor le sacará a puerto de 
luz, y con tales principios (4), el fin será bueno, y todos los que pu- 
dieren yr por ellos llevarán descanso y siguridad, porque atado el en- 
tendimiento, vase con descanso. 

Mas de lo que yo querría tratar y dar algún rremcdio, si dios qui- 
siese acertase, y isi ,no, al menos que entendáys ay muchas almas que 
pasan este travajo, para que no os fatigéis las que al principio le 
tuvierdes, y daros algún consuelo en él, es de vnas almas que ay 
y entendimientos tan desvaraíados, (que no parecen sino vnos cavallos 
desbocados, que no ay quien los aga parar: ya van aquí, ya van allí; 
sisnpre con desasosiego. Y anque si es diestro el que va en él no 
peligra todas veces, algunas sí; y cuando va siguro de la vida, no lo 
está del acer cosa en él que no sea desdón, y va con gran travajo 
sienpre. R ánimas que |su mesma naturaleca, v dios que lo primite, pro- 
ceden ansí, € yo mucha lástima, porque me parece son como vnas per- 
sonas que an mucha |sed', y ven lel agua de muy lejos, y cuando quieren 
yr allá, alian quien les defienda (5) el paso al principio^ y medio y fin. 
Acaece que cuando ya con su travajo, y con arto travajo, an vencido 
los primeros enemigos, a los sigundos se dejan vencer, y quieren más 



1 Cap. XIX. 

2 Puedes, dice equivocadamente el título. 

3 Omite esta palabra el autógrafo valisoletano. 

4 Drincipoos, se lee en el autógrafo. 

5 Impida o prohiba. 



272 ' CAMINO DE PERFECCIÓN 

morirse de sed ique ibever agua que tanto a de costar. Hcavóseles 
el esfuerzo, faltóles ánimo; y ya que algunos le tienen para vencer 
tanbién los sigundos enemigos, a los terceros se les acava la fuerza, 
y por ventura ino |estavan dos pasos ¡de la fuente de agua biva, que 
dige el señor a ila samaritana, que quien la beviere no terna sed. Y 
con cuánta rragón, y qué gran verdad, como dicha de la boca de la 
mesma verdad, que !no la terna de cosa de esta vida, anque cre?e 
muy mayor de lo íque acá podemos ymajinar, por esta sed natural, de 
las cosas de la btra. Mas anque es sed que se desea tener esta sed, 
porque entiende el alma su gran valor, y les sed penosísima y que fa- 
tiga, tray consigo la mesma satisfagión con que se amata aquella sed; 
de manera que es vna sed que no aoga si no es a las cosas terrenas, 
antes antes (1) da artura de manera, que cuando dios la satisface, la 
mayor merped que puede aijer al alma, es dejarla con la mesma nece- 
sidad, y mayor queda (sienpre de tornar a pedir de este agua. 



1 En el de Valladolid no repite esta conjunción adversativa. 



CAPITULO XXXI (I) 



QUE TRHTH DE VNñ COMPARACIÓN EN QUE Dfl ALGO fl ENTENDER, QUE COSA 
ES CONTENPLflCION PERFETA. 



El agua tiene tres propiedades, que aora se me acuerda que me 
agen al caso, que muchas más terna. La vna es que enfría. Por calor 
que aya vno, si entra en vn rrío, se le quita, y si ay gran fuego, con 
ella (2) se mata, salvo si no es de alquitrán, que digen se enciende 
más. ¡O, vélame dios! y qué de maravillas ay en este encenderse más 
hel (3) fuego con el agua, cuando íes fuego fuerte, poderoso, no sujeto a 
los elementos, pues éste, con ser su contrario, no le enpege, antes le 
age creger. ¡Qué valiera aquí ser filósofo para saber las propiedades de 
las cosas y saberme declarar; que me voy rregalando en ello, y no 
se degir lo que entiendo, y por ventura no lo sé entender! 

De que dios, hermanas, os traya a bever de este agua, y las que 
aora lo bevéys, gustaréys de esto, y entenderéys cómo el verdadero amor 
de dios, si está en su fuerga, ya libre de cosas de tierra del todo 
y que buela sobre ellas, como es señor de todos los elementos y del 
mundo. Y como el agua procede de la tierra, no ayáys miedo que mate 
este fuego; no es de su juridigión, anque son contrarios. Es ya señor 
asoluto, no le está sujeto. No os espantaréys, hermanas, de lo mucho 
que e puesto en este libro para que procuréys esta libertad. ¿No es 
linda cosa vna pobre monjita de san josé que pueda llegar a señorear 
toda la tierra y elementos? Y ¿qué mucho que los santos ygiesen de 
ellos lo que querían, con el favor de dios? San martín el fuego y las 
aguas le obedecían; san francisco asta los peges. Pues con ayvda de 
dios, y agiendo Jo que an podido, casi se lo pueden pedir de derecho. 

Que pensáys (4), porque dige el salmista que todas las cosas están 
sujetas y puestas devajo ide los pies de los onbres, ¿pensáys que de 
todos? No ayáys miedo, antes los veo yo sujetos a ellos devajo de 
los pies de ellas. Y conogí vn cavallero que en porfiando sobre medio 
rreal, le mataron: mira si se sujetó a miserable pregio. Y ay muy 



1 Prosigue el capítulo XIX. 

2 Había puesto esta, ü cambió la palabra. 

3 Ksí, con h. 

4 Este párrafo está cruzado en el original por varias rayas que no impiden su lectura. Ve- 
rosímilmente la tachadura es de la Santa, porque hizo caso omiso de estas líneas en el autó- 
grafo de Valladolid. Al margen se ven algunas palabras, de letra desconocida, bonadas en 
forma que no es fácil leerlas. 

III 18 * " 



27t CAMINO DE PERFECCIÓN 

muchas cosas que veréys cada día por donde cono<;eréys que digo 
verdad. Pues sí, que el salmista no pudo mentir, que es dicho por el 
espíritu santo, sino que me parepe a mí (ya puede ser yo no lo eni 
tienda y sea ídysvarate que no lo e ley do), que es dicho por los per- 
fetos, que todas las icosas de la tierra señoreen. 

Pues si es agua del gielo, no ayáys miedo que mate este fuego 
más que estotra le abiva. No son contrarios, sino de vna tierra. No 
ayáys miedo le aga mal el vno al otro, antes ayvda el vno al otro 
a su efeto; porque el agua le enciende más y ayvda a sustentar, y e] 
fuego ayvda a el ,agua a enfriar. ¡Válame dios, qué cosa tan ermosa 
y de tanta maravilla, que el fuego enfría! Sí, y an yela todas las afe- 
giones del mundo. Cuando con él se junta el agua biva del (;ielo, no 
ayáys miedo que le dé pizca de calor para ninguna. 

Es la otra (1) propiedad linpiar (2) cosas no linpias. Si no vuiese 
agua para lavar, ¿qué sería del mundo? Savéys qué tanto linpia este agua 
biva, este agua celestial, este agua clara, cuando no está turvia, cuando 
no tiene lodo, sino que se coje de la mesma fuente? (3), Que vna vez 
que se beva, tengo por cierto deja el alma clara y linpia de todas las 
culpas; porque, como tengo escrito, no da dios lugar a que bevan de 
esta agua (que no está en nuestro querer), de perfeta contenplat^ión, 
de verdadera vnión, si no es para linpiarla, y dejarla linpia y libre 
del lodo en que por las culpas estava metida. Porque otros gustos 
que vienen por medianería del entendimiento, por mucho que agan, 
trayn el agua corriendo por la tierra; no lo beven juntoi a la fuente; 
nunca falta en este camino cosas lodosas en que se detenga, y no 
va tan puro ta[n] lynpio. No llamo yo a esto agua biva, conforme a 
mi entender, digo. 

La otra propiedad del agua, es que arta y quita la sed; porque sed 
me parece a imi, quiere de^yr deseo de vna cosa que nos ape tan gran 
falta, que, si tíos falta, nos mata. Estraña cosa es que si nos falta, 
nos mata, y si nos sobra nos acava la vida, como se ve morir muchos 
aogados. ¡O señor mío, y quién se aogase engolfada en esta agua 
biva! Mas no puede jser. Deseo de ella, sí, que tanto puede crecer 
el amor y deseo de dios, que no lo pueda sufrir el sujeto natural, 
y ansí a ávido personas que an muerto. Y yo sé de vna, que si 
no la socorriera dios presto con este agua biva en grandísima abun- 
dancia con arrobamientos, tenía tan grande esta sed, yva en tanto 
crecimiento su deseo, que entendía claro era muy posible, si no la 
rremediaran, morir de sed. Bendito sea el que nos conbida que va- 
mos (^) a bever en su evanjelio. 



1 Escribió es otra la, que modificó según viene en el texto. 

2 Enfriar, había puesto, ij lo borró. 

3 En vez de que se coge de la mesma fuente, dice la Santa en el original de Valladolid, 
que se cae del cielo. 

4 Por vayamos. 



CAPITULO XXXII (1) 



EN QUE TRATA COMO SE flN DE MODERAR ALGUNAS VECES LOS YNPETUS SO- 
BRENATURALES. 



Y ansí como ea nuestro bien y señor no puede aver cosa que no 
sea caval, como es solo (2) él darnos esta agua, da la que emos me- 
nester, y por mucha que sea no puede aver demasía en cosa suya; 
porque si da mucho, age ábil el alma para que sea capaz de bever 
mucho; como vn vedriero que age la vasija del tamaño que ve es 
menester para que quepa lo que a de echar en ella (3). El deseo, como 
es de nosotros, nunca va sin falta; si alguna cosa buena lleva, es 
lo que en él ayvda el señor. Mas somos tan yndiscretos que, como es 
pena suave y gustosa, ¡nunca nos pensamos artar de esta pena. Come- 
mos sin tasa, ayvdamos ¡como acá podemos a este deseo, y ansí algu- 
nas veges mata. ¡Dichosa tal muerte! Mas, por ventura, con la vida 
ayvdara a otros para moryr por deseo de esta muerte. Y esto creo 
age el demonio, porque entiende el daño que a de ager con la vida, 
y ansí tienta aquí de yndiscretas penitengias para quitar la salud, y 
no le va poco en ello. 

Digo que quien llega a tener esta sed tan ynpefuosa, que se mire 
mucho, porque crea que terna esta tentación; y anque no muera de 
sed, acavará la salud. Y que en este crecimiento de deseo, que, cuan- 
do es tan grande, procure no añidir en él, sino con suavidad cortar 
el ylo al ynpetu con otra consideración; que nuestra mesma naturalega 
podrá ser obre tanto como el amor, que ay personas de esta arte 
que cualquier cosa, anque sea mala, desean con gran veemengia. Pare- 
ge desatino que cosa tal se ataje; pues no lo es, que yo no digo 
se quite el deseo, sino que se ataje, y por ventura será con otro 
que se merezca tanto. 

Quiero degir algo por ¡donde me entiendan. Da vn gran deseo de 
verse ya con dios y desatado de esta cárgel, como le tenía san pablo; 
y personas ynpetuosas vernán, sin sentirse, a dar muestras esteriores 
(que todo lo que se pudiere se a de escusar). Mude el deseo con pa- 
regerle, si bive, servirá más a dios, y podrá ser algún alma que se 
avía de perder la dé luz. Y es buen consuelo para tan gran travajo, 



1 Prosigue el capítulo XIX. 

2 Hay aquí un borrón en el autógrafo que dificulta la lectura de esta palabra, 

3 Escribió primero: lo que ve echar en ella. 



276 ' CAMINO DE PERFECCIÓN 

y aplacará su pena, y gana en tener tan gran caridad, que, por servir 
al mesmo señor, se quiere acá sufrir vn día. Es como si vno tuviese vn 
gran travajo v grave dolor, consolarle y deíjir que tenga pa^ien^ia (1), 

Y si el demonio ayvdó en alguna manera a tan gran deseo (como 
devía aper a otro, que le ypo entender se echase en vn popo por yr 
a ver a dios) (2), señal es que no estava lejos de aper creper aquel de- 
seo; porque si fuera del señor, no le ypiera mal; es ynposible, que tray 
consigo la luz y la dyscrepión (3) y la medida. Sino que este adversario, 
por donde quiera que puede, procura dañar; y pues él no anda des- 
cuydado, no lo andemos nosotro[s]. Este es punto ynportante para mu- 
chas cosas, que algunas vepes ay gran nepesidad de no nos olvi- 
dar de él. 

¿Para qué pensáys, y jas, que e pretendido declarar, como dipen, el 
fin, y mostrar el premio antes de la batalla, con depiros el bien que 
tray consigo llegar a bever de esta fuente pelestial y de esta agua 
biva? Para que ino os congojéys del trabajo y contradipión que ay 
en el camino, y vays con ánimo y no os canséys; porque, como c di- 
cho, podrá ser que ya que no os falta sino bajaros a bever, lo de- 
jéys todo, y no perdáys este bien, pensando no ternéys fuerpa para 
llegar a él, y que no soys para ello. 

Mira que conbida el señor a todos; pues es la verdad, no ay 
que dudar. Si no fuera jeneral este conbite, no los llamara dios a 
todos, y anque los llamara, no dijera: Yo os daré de bever. Pu- 
diera depir: vení todos, que, en fin, no perderéys nada; y los que a 
mí parepiere, yo los daré a bever. Mas como dijo, sin esta condipión, 
a todos, tengo por pierto que todos los que no se quedaren en el 
camino, no les faltará este agua biva. 



1 En el autógrafo de Valladolid desenvuelve estos pensamientos con más amplitud u 
claridad. 

2 Véase la nota primera de la página 94. 

3 Descreción, escribió primero, y cambió la e en y. 



CAPITULO XXXIII (1) 



EN QUE TRATA COMO POR DIFERENTES VÍAS NUNCA FALTA CONSOLACIÓN EN 
EL CAMINO DE LA ORACIÓN. 



Parece que me contradigo, porque cuando consolava a las que 
no llegavan aquí, dije que tenía dios, nuestro bien, diferentes caminos, 
que yvan a él por diferentes caminos, y que ansí avía muchas mo- 
radas. Ansí lo torno a degir, porque, como entendió su majestad nues- 
tra flaquera, proveyó como quien es. Mas no dijo: por este camino 
vengan vnos, y por éste otros; antes fué tan grande su misericordia, 
que a nadie quitó procurase venir a esta fuente de vida a bever. 
¡Bendito sea él! ¡Y con cuánta rra?ón me lo vuiera quitado a mí! 

Pues no me mandó lo dejase, y cuando lo comencé, no me echó 
en el profundo, a buen siguro que no lo quite a nadie, antes pú- 
blicamente nos llama a boges; mas como es tan bueno, no nos fuer- 
za, antes da de muchas maneras a bever de los que le quieren sigir, 
para que ninguno vaya desconsolado ni muera de sed. Desta fuente 
cavdalosa salen arroyos, vnos grandes, otros pequeños, y an algunas 
vepes charquitos para minos, que paregc que aquello les basta, los que 
están muy en prin<?ipio de la virtud. Ansí que, ermanas, no ayáys 
miedo muráys de sed en el camino; nunca falta agua de consolación 
tan falto que no se pueda sufrir, Y pues esto es (2), toma mi consejo y 
no os quedéys en el camino, sino pelea como fuertes asta morir en la 
demanda, pues no estáys aquí a otra cosa sino a pelear. Y con yr 
sicnpre con esta determinación de antes morir que dejar de llegar 
a €sta fuente, si os lleva el señor sin llegar a ella en esta vida, en 
la otra os la dará con toda abundancia; beveréys sin temor que por 
vuestra culpa os a de faltar. Plega el señor que no nos falte su mi- 
sericordia. Amén. 



1 Cap. XX. 

2 Mnsí, añade en el autógrafo de Valladolid. 



CñPITULO XXXIV (1) 



QUE PERSUADE R 'LAS ERMANAS DESPIERTEN A LAS PERSONAS QUE TRATAREN 
A ORfSCION. 



Hora, para comentar este camino que queda dicho de manera que 
no se yerre desde el prin9ipio, tratemos vn poco de cómo se a de 
principiar esta jomada, porque es lo que más ynporta: ynporta el 
todo para todo. No digo que quien no tuviere la determinación que 
aquí diré, le deje de comentar, porque dios le yrá perfi^ionando; y 
cuando no y^iese más jde dar vn paso en él, el mesmo camino tiene 
en sí tanta Virtud, que no aya miedo lo pierda, ni le deje de ser 
muy bien galardonado. Tiene en sí grandes perdones, y ay más v 
menos. Digamos como quien tiene vna cuenta de perdones, que si la 
rrega vna vez, gana, y mientra más, más; mas si nunca llega a ella, 
sino que se la tiene en el arca, mijor fuera no la tener. Hnsí que, 
anque no vaya después por el mesmo camino, lo poco que vuiere andado 
de él, le idará luz para que vaya bien por los otros, y si más 
andaré, más. En fin, tenga cierto que no le ara daño el averie 
comencado para cosa ninguna, anque le deje, porque el bien nunca 
a^e mal. Por eso a todas las personas que os trataren, ermanas, avien- 
do dispusición y alguna amistad, procura quitarlas el miedo de co- 
menca[r] tan gran bien; y por amor de dios os pido yo que vues- 
tro trato sea sienpre ordenado a algún bien de quien ablardes, pues 
vuestra .oragión a de ser para provecho de las almas. Y (2) esto avéys 
sienpre de pedir al señor, mal parecería, hermanas, no lo procurar 
de todas maneras. ' 

Si queréys ser buen devdo, ésta es la verdadera amistad; si buen 
amiga, entendé que no lo podéys ser sino por este camino. Ande la 
verdad en vuestros coracones como a de andar por la meditación, y 
veréys claro (el amor que somos obligados a tener a los prójimos. 
No es ya tienpo, lermanas, de juego de niños, que no parece otra cosa 
estas amistades del mundo, anque sean buenas: digo «si me queréys, 
no me queréys», ni entre vosotras aya tal plática, ni con hermano, ni 
con nadie, sí no fuere yendo fundadas en vn gran fin y provecho 
de aquel ánima. Que puede acaecer, para que os escuche vuestro 
devdo, V ermano v persona semejante vna verdad y la admita, aver 



1 Prosigue el capítulo XX. 

2 Y pues..., se lee en el original de Valladolid. 



CAPITULO XXXIV 279 

de disponerle con estas pláticas y muestras de amor, que a la sen- 
sualidad sienpre contentan, y acaecerá tener en más vna buena pa- 
labra, que ansí la llaman, y disponerle más que muchas de dios, 
para que después éstas quepan. Y ansí, yendo con advertencia de 
aprovechar no las quitó; mas, a no ser esto, ningún provecho pueden 
traer, y podrán acer daño sin entenderlo vosotras. Ya saben que 
soys rrelisiosas, y que vuestro trato es de oración. No se os ponga 
delante: «no quiero que me tengan por buena», porque es provecho v 
daño común el que (en vos vieren. Y es gran mal que a las que 
tanta obligación tienen de no ablar sino en dios, les parezca es bien 
dy simulación (1) en leste caso, si no fuere para más bien. Este es vuestro 
trato y lenguaje; quien ps quisiere tratar, depréndale, y si no, guar- 
daos de deprender vosotras ¡el suyo; será ynfierno. 

Si os tuvieren por groseras, poco va en ello; si por ypróquitas, me- 
nos: ganaréys de aquí que no os vea sino quien se entendiere por 
esta lengua; porque 'no lleva camino, vno que no sabe algaravía, 
gustar de tratar mucho con quien no sabe otro lenguaje. Y ansí, no 
os cansarán ni dañarán, que no sería poco daño coraencar a ablar (2), 
y a deprender nueva lengua: todo el tienpo se os yría en saberla. 
Y no podéys ¡saber como yo, que lo e espirimentado, el gran travajo 
que da al alma, porque por saber la vna se le olvida la otra, y es vn 
perpetuo desasosiego del que en todas maneras avéys de vyr (3); por- 
que lo que mucho conviene para este camino que comencamos a tra- 
tar, es paz y sosiego en el alma. 

Si los que vinieren quisieren deprender vuestra lengua, ya que no 
es vuestro de enseñar, serlo a de decir las rriquecas que se ganan aquí 
en procura[r] deprenderla; y de esto no os canséys, sino con piadad 
y amor y oración, porque le aproveche, para que entendiendo la 
gran ganancia que tray consigo, vaya a buscar maestro que se la 
enseñe; que no sería poca merced que os yciese el señor despertar 
algún alma para esto. Mas ¡qué de cosas se ofrecen en comencando a 
tratar de este camino! ¡Ojalá pudiera yo escrivir con muchas ma- 
nos, para que vnas ipor otras no se olvidaran! 



1 Desimulación, había escrito primero. 

2 Rbrat, escribe la Santa. El autógrafo de Valladolid dice hablar. 

3 Léase huir. 



CAPITULO XXXV (1) 



EN QUE DICE LO MUCHO QUE YNPORTH COMENZAR CON GRAN DETERMINACIÓN 
Lfl ORACIÓN, Y JIO ñCER CASO DE LOS YNCONVENIENTES QUE EL DEMONIO 
PONE PARA COMENZAR. 



No OS espantéys, yjas, que es camino rreal para el ^ielo. Gánase 
por él gran tesoro, no es mucho que cueste mucho, a nuestro parecer. 
Tienpo verná que se lentienda cuan nonada es todo para tan gran precio. 

ñora, pues, tornando a los que quieren bever de este agua de vida, 
y quieren caminar asta llegar a la mesma fuente, cómo an de comentar, 
digo que ynporta mucho, y el todo (y anque en algún libro e leydo 
lo bien que es llevar este principio, y an en algunos, me pare9e no 
se pierde nada en deqirlo aquí), una grande y muy determinada deter- 
mina9ión de no parar asta llegar a ella, venga lo que viniere, suceda 
lo que sucediere, travajc lo que travajare, mormure quien mormurare, 
siquiera llege allá, siquiera me muera en el camino v no tenga cora- 
9ón (2) para los travajos que ay en él, siquiera se vnda el mundo, como 
muchas ve^cs acae9C con depir: «ay peligros», «vlana por aquí se 
perdió», «el otro, que rrefava, cayó», «dañan la virtud», «no es para 
mujeres, que les vienen ylusiones», «mijor será que ylen», «no an me- 
nester esas delicadeces», vasta el pater noster (3) y ave maría. 

Esto ansí lo digo yo, hermanas; y ¡cómo si basta! Sienpre es 
gran bien fundar vuestra oración sobre oraciones dichas de tales bocas. 
En esto tienen rra(;ón, que si no estuviese ya nuestra flaquera tan flaca, 
y nuestra devoción tan tivia, no eran menester otros conciertos de ora- 
ción, ni eran menester ,otros libros, ni era necesario otras oraciones. 

Y ansí rae a parecido (pues, como digo, ablo con almas que no 
pueden ansí rrecojerse en lOtros misterios, que les parece son artificios, 
y algunos ynjenios tan ynjeniosos que nada les contenta), yré fundando 
por aquí vnos principios, y medios y fines de oración, anque en cosas 
subidas no aré sino tocar, porque, como digo, las tengo ya escritas; 
y no os podrán quitar libro, que no os quede tan buen libro, que si 
soys estudiosas con vmildad, no avéys menester otra cosa. 

Sienpre yo e sido aficionada, y me an rrecojido más las palabras 
de los evanjelios que se salieron por aquella sacratísima boca ansí 



1 Cap. XXI. 

2 V no le tenga corazón, había escrito primero. 

3 Por distracción borró la segunda sílaba de esta palabra en el original. 



CAPITULO XXXV 281 

como las de^ía, que libros muy bien conpertados; en especial, si no 
era el avtor muy ;muy a aprovado, no los avía gana de leer. Alle- 
gada a este maestro de toda la sabiduría, quizá me enseñará alguna 
considera9ion(;ita que os contente. No digo que diré declaración de 
estas oraciones divinas, que Ino me atrevería, y artas ay escritas y 
sería disvarate; sino consideración isobre algunas palabras de ellas (1). 
Porque algunas veces, con tantos libros, parece se nos pierde la de- 
voción en lo que tanto nos va tenerla, que es claro que el mesmo 
maestro que enseña vna cosa, toma amor con el dicípulo y gusta de 
que le contente lo que le enseña, y le ayvda mucho a que lo de- 
prenda, y ansí ara este maestro celestial con nosotras. 



1 Concretando más su pensamiento en el autógrafo de Valladolid, dice en vez de ellas, 
del Paternóster, que es la oración que de hecho declara o comenta. 



CAPITULO XXXVI (1) 



PROSIGUE EN Lfl MISMA MATERIfl, Y DECLñRñ ESTE ENGAÑO, Y COMO NO AN 
DE DAR CRÉDITO A TODOS. 



Tornando a lo que elegía, ningún caso agáys de los miedos que 
OS pusieren, ni de los peligros que os pintaren. Donosa cosa es que 
quiera yo yr por vn camino adonde ay tantos ladrones, sin peligros, 
^ a iganar vn [gran tesoro. Pues donoso anda el mundo para que os le 
dejen tomar en paz, sino que por vn maravedí de ynterese se pornán 
a no dormir muchas noches por ventura, y a desasosegaros cuerpo y 
alma. Pues cuando yéndole a ganar por el camino, v a rroBar (2), como 
dice el señor que le ganan los esforgados, y por camino rreal, y por 
camino siguro por el que fué cristo, nuestro enperador, por el que 
fueron todos sus escojidos y santos, os digen ay tantos peligros y ios 
ponen tantos temores, los ique van a ganar este bien, a su parecer, sin 
camino, ¿qué son los ^jeligros que llevarán? ¡O yjas mías! que mu- 
chos más, sin conparagión, sino que no los entienden asta dar de 
ojos en el verdadero peligro, cuando no ay quien les dé la mano por 
ventura, y pierden del todo el agua, sin bever poca ni mucha, ni de 
charco, ni de arroyo. Pues ya veys sin gota de esta agua, ¿cómo se 
pasará camino adonde ¡ay tantos con quien pelear? Está claro que al 
mijor tienpo morirán de sed, porque, queramos, que no, yjas mías, to- 
dos caminamos para esta fuente, anque de diferentes maneras. Pues 
créeme vosotras, ij no os engañe nadie en mostraros otro camino sino 
el de la oración. 

Yo no ablo aora en que sea mental v uocal (3) para todos; digo para 
vosotras lo vno y ,1o otro. Este es el ofi(;io de los rrelisiosos. Quien 
os dijere que éste l,es peligro, tenedle a él por el mesmo peligro, y 
vyd del; y no se os olvide, porque por ventura avréys menester este 
consejo. Peligro será no tener vmildad y otras virtudes; mas camino 
de oración camino de peligro, nunca dios tal quiera. El demonio 
parece a ynventado poner estos miedos, y ansí a sido mañoso a ager 
caer alguno que llevava íestc camino. 

Y miren tan ^gran gegedad, que no miran el mundo de millares, 
como digcn, que an caydo en erejía y en grandes males, sin tener 



1 Prosigue el capítulo XXI. 

2 Aquí borró la Santa algunas palabras para dejar la frase tal como viene en el texto. 

3 Léase vocal. 



CAPITULO XXXVI 283 

oración, ni saber qué cosa era (desto es arto de temer); y entre mu- 
chos de éstos, isi el demonio, por a9er mijor su negocio, a eciio caer 
algunos, bien contados, que tenían oración, a echo poner tanto temor 
en las cosas de virtud a algunos. Estos que tienen estos rremedios v 
toman para librarse, ,se guarden; porque vyr el bien para librarse 
de el mal, nunca yo tal ynven^ión e visto; bien pareqe del demonio. 
¡O señor mío! toma por vos; mira que entienden al rrevés vuestras 
palabras, no priraitáys semejantes flaqueras en vuestras siervas. ñ9e 
bien, y jas, que no os quitarán el pater noster y el ave maría (1). 

Sienpre veréys muchos que os ayvden, porque eso tiene el ver- 
dadero siervo de dios, a quien su majestad a dado luz del verdadero 
camino, que en estos temores le cre^e el deseo de no parar. Entiende 
claro por dónde va a dar el golpe el demonio, y vrtale el cuerpo y 
quiébrale la cávela. Más siente él esto que cuanto plaqer otros le 
pueden a^er. Cuando en 'vn tienpo de alvoroto, en vna ^igafia que a 
puesto, que parepe a todos lleva medio giegos, van muchos devajo de 
gran cristiandad, levanta dios vno que los abre los ojos y diga: mira 
que os a puesto niebla para no ver el camino (¡qué grandeva de dios, 
que puede más a las veqes vn onbre solo, v diez, que digan verdad, 
que muchos juntos!), y torna poco a poco a descubrir el camino, dale 
dios ánimo. Si diíjen no aya oración, procurará se entienda es buena 
la (Oración, si no por palabras, por obras: si di^en no es bien tanta 
comunión (2), él tnás a menudo se llega al santísimo sacramento. Como 
ay (3) vno con ¡ánimo, luego se llega otro, torna el señor a ganar lo 
perdido. 

ñnsí que, 'y jas, dejaos |de estos miedos, nunca agáys caso en co- 
sas semejantes ¡de ¡la opinión del vulgo, mira que no son tienpos de 
creer a tpdos, sino a los que vierdes van conforme a la vida de cristo 
Procura tener linpia con(;iengla, vmildad, menosprecio de todas las 
cosas del mundo, creer firmemente lo que tiene la madre santa yglesia, 
y a buen siguro que vays buen camino. Dejaos de temores adonde 
no ay que temer; si alguno os los pusiere, con vmildad declaradle 
el camino. Degy que rregla tenéys que os manda orar sin ^esar, que así 
lo manda, y que la avéys de guardar. Si os dijere que será vocal- 
mente, apura si a de estar el entendimiento y corazón en lo que de- 
9ís; que Si os dipe que sí, que no podrá decyr otra cosa, veys ay 
donde os confiesa avéys 'por fuerqa de tener oración mental y conten- 
pla^ión, si os la diere dios. 



1 Esta última línea está borrada en el original, pero puede leerse bien. Al margen hajj 
una nota de letra desconocida, completamente tachada. 

2 Mcela, había escrito aquí y borró la palabra por innecesaria. 

3 jFlya, enmienda en el autógrafo de Valladolid. 



CñPITULO XXXVII (1) 



EN QUE DECLARA QUE COSA ES ORACIÓN MENTAL. 



Sí, que no lestá la falta para no ser oración mental en tener pe- 
rrada la voca; si ablando estoy enteramente viendo que ablo con dios 
con más advertencia que ¡en las palabras que digo, junto está ora- 
ción mental y vocal. ¡Salvo si no os di^en que estéys ablando con dios 
y rre^ando el ave maría, y pensando len el mundo, aquí callo. Mas si, 
como es rra^ón ablando |Con tan gran señor, avéys de estar mirando 
con quien abláys, y quién soys vos, siquiera para ablar con crianfa, 
¿cómo podréys llamar a el príncipe altera, ni ver las acrimonias que 
se a^en para ablar vn grande, si no entendéys bien qué estando tiene 
y tanbién qué estado tenéys vos? Porque, conforme a esto, se a de 
a9er y conforme a el vso, que an es menester que sepáys el vso, y 
no vays descuydado; si no, enbiaros an por sinple, y no nego9iaréys 
cosa. Y más avréys menester, si no lo sabéys bien, de ynforraaros, y 
an de deletrear lo que avéys de de^ir. ñ mí me acaegió vna vez (no 
tenía costunbre a ablar con señores), y y va por ^ierta necesidad a 
tratar con vna que avía de llamar señoría, y es ansí que me lo mos- 
traron deletreado. Yo, como soy torpe y no lo avía vsado, en lle- 
gando allá, no lo agertava bien; acordé decirle lo que pasava, y echa- 
11o en rrisa, porque tuviese por bueno llamarla merced, y ansí lo y9e(2). 
Pues ¿qué es esto, señor mío? ¿Qué es esto mi enperador? ¿Cómo 
se puede sufrir esto, príncipe de todo lo criado? Rrey soys, señor, sin 
fin, que no es rreyno prestado el que tenéys, sino vuestro propio, 
no se acava. ¡Bendito seáys vos! 

Cuando se canta en el credo que vuestro rreyno no tiene fin, 
sienpre casi me es particular rregalo. Alabóos señor y bendígoos, 
y todas las cosas os alaben por sienpre, pues vuestro rreyno durará 
para sienpre. Pues nunca, señor, vos queráys sea bueno que quien os 
alabare y quien fuere a ablar con vos sea sólo con la voca. ¿Qué es 
esto cristianos? ¿entendéys os? Que querría dar vo^es y disputar, 
con ser la que feoy, con los que di^en que no es menester oración 
mental. Cierto que entiendo que no os entendéys, ni sabéys cuál es 
oración mental, ni cómo se a de rre^ar la vocal, ni qué es contenpla-* 



1 Cap. XXII. 

2 Este gracioso episodio no lo trae el autógrafo de Valladolid, como en su lugar se ad- 
virtió. (Cfr. p. 105, nota 4). 



CAPITULO XXXVII 285 

9ión; porque si lo supiésedes, no condenaríades por vn cavo lo que 
alabáys por otro. 

Yo e de poner isienpre junta oración mental con la vocal, cuando . 
se me acordare, porque ,no os espanten, yjas, que yo sé en qué cayn 
estas cos[as] (1), y no querría que nadie os trajese al rretortero, que es 
cosa dañosa yr con miedo este camino. Ynporta mucho entender que 
vays bien, porque en di(;iendo a vno que va errado y a perdido el 
camino, le a^en andar de vn cavo a otro., y todo lo que anda buscando 
por donde a dir(2),se cansa, y gasta el tienpo y llega más tarde. ¿Quién 
dirá que es mal, si comienza a rreqar las oras v el rrosario, que co- 
miencjc a pensar con quién abla, y quién es el que abla para ver cómo 
le a de tratar? Pues y os digo (3), hermanas, que si lo mucho que ay 
que a^er en estos dos puntos se ygiese bien, que primero que comen- 
9éys la oración vocal, que es rre9ar las oras v el rrosario, ocupéys 
artas oras en la mental. Sí, que no emos de llegar a ablar con vn 
príncipe como con un labrador9ito (4), v como con vna pobre como nos- 
otras, que no va más que nos llamen tú que vos. 

Rrapón es que, ya que por la vmildad de este rrey, si como gro- 
sera no sé ablar .con él, y no por eso me tiene en menos, ni deja 
de allegarme a sí, ni me echan fuera sus guardas (que saven los 
ánjeles que están allí la condifión de su rrey, que gusta más de estas 
groserías de vn ipastor9ito vmilde, que save si más supiera ínás le 
dijera, que 'de las tevlojías (5) muy ordenadas si no van con tanta vmil- 
dad); ansí que, no porque él sea bueno, emos de ser nosotros descome- 
didos. Siquiera para agrade9erle «el mal olor que sufre en sufvirnos, 
es bien que veamos quién es. Es verdad que se entiende luügo en 
llegando, como los señores de acá, que con de9ir su padre, ¡j tantos 
cuentos tiene de rrenta, y este ditado (6), no ay más que saber; porque 
acá no se a9e cuenta de las personas por mucho que merezcan, sino 
de las a9iendas. 

¡O miserable mundo! Alavad mucho a dios, yjas, que avéys 'dejado 
cosa tan rruyn adonde no a9en caso (7) de lo que ellos en sí tienen, 
sino de lo que tienen sus rrenteros y vasallos. Cosa donosa es ésta 
para que os olgéys en la ora de la rrecrea9ión, que éste es buen pasa- 
tienpo entender en qué 9iegamente pasan su tienpo los del mundo. 

O rrey de la gloria, señor de los señores, enperador de los en- 
peradores, santo de los santos, poder sobre todos los poderes, saver so- 
bre todos los saberes, la mesma sabiduría; soys, señor, la mesma 
verdad, la mesma rrique9a, 'no dejaréys para sienpre de rreynar. 



1 Estas dos letras debieran hacer la penúltima sílaba de una página del autógrafo g se ol- 
vidó escribirlas. 

2 M de ir, corrige en el de Valladolid. 

3 Pues yo os digo, quiso escribir la Santa, como lo hace en el original valisoletano. 

4 Lavradorcito, escribió, y la Santa hizo b de la v. 

5 Hay en el original una enmienda que parece quiere hacer o de la v. 

6 Véase la nota del cap. XXII. p. 107. 

7 Sino, había escrito aquí y lo borró. 



CAPITULO XXXVIII (1) 



PROSIGUE EN Lfl MISMA DECLARACIÓN DE ORACIÓN MENTAL, 



Sí, llegaos a pensar jen llegando, con quién vays a ablar, v con 
quién estágs ablando. En mil vidas de las vuestras no acabaréys de 
entender cómo merece ser tratado este señor, que tienblan los ánjeles 
delante de él. Todo lo manda, su querer es obrar. Pues rragón será, 
y jas, que procuremos siquiera alcanzar alguna cosa de estas grandevas 
que tiene nuestro esposo, a ver con quién estamos casadas, qué vida 
emos de tener. ¡Vélame dios! pues acá, si vno se casa, primero sabe 
quién es, y cómo, y qué tiene; nosotras estamos desposadas, y todas 
las almas por el bavtismo, antes de las bodas y que nos lleve a su 
casa el desposado. Pues no quitan acá estos pensamientos con los 
onbres, ¿por qué nos an de quitar que entendamos nosotras quién [es] 
este onbre, quién es su padre, qué tiene, adonde míe a de llevar (2), qué 
condición tiene, cómo le podré mijor contentar, en qué le aré plager, 
estudiar cómo conformaré mi condición con la suya? Pues si vna 
mujer a de ser ¡bien casada, no le avisan otra cosa sino que estudie 
en esto, anque sea vn onbre muy bajo su marido. 

Pues, esposo mío, ¡en todo an de a^er menos caso de vos que 
de los onbres? Si ellos no les parece bien esto, dejen os vuestras 
esposas que an de a<;«r vida con vos. Es verdad que es buena vida, 
si vn esposo es tan 9eloso que quiere no salga su esposa de casa ni 
trate con ¡otro, linda cosa es que no la dejen que piense en cómo con-' 
tentarle, y la rragón que tiene de sufrirle, y de no querer trate con 
otro, pues en él tiene todo lo que puede querer. Esta es oración men- 
tal, yjas mías, entender jestas verdades. 

Si queréys yr entendiendo lesto, y rre^ando vocalmente, muy en- 
norabuena. No me estéys /ablando con dios y pensando en otras co- 
sas, que esto es lo que ape no entender qué cosa es oración mental. 
Creo va dado a ¡entender no os espante nadie con esos temores. Alabad 
a dios, que es poderoso sobre todos y que no os lo pueden quitar; antes 
la que no pudiere rregar vocalmente con esta atención, sepa que no 
a(?e lo que es obligada, y que lo está si quiere rregar con perfe^ión (3), 
de procurarlo con todas sus fuerzas, so pena de no aper lo que debe a 
esposa de tan gran rrey. Suplicalde, yjas, me dé gracia para que lo aga 
como os lo aconsejo, que me falta mucho. Su majestad lo provea 
por quien es. 



1 Prosigue el capítulo XXII. 

2 De que me case, añadía aquí y lo bono. 

3 Si quiere refar con petfeción, viene entre líneas. 



CAPITULO XXXIX (1) 



LO QUE YNPORTfl NO TORNAR ATRflS QUIEN fl COMENZADO ESTE CAMINO DE 
ORHCYON, Y TORNA A ABLAR DE LO QUE VA EN QUE SEA CON DETERMINA- 
CIÓN. 



Qué divertirme ago. Digo que va muy mucho en comentar con 
esta gran determinación, por tantas cavsas, que sería alargar mucho 
decirlas, y en .otros iibros están dichas algunas. Solas dos diré v 
tres. La vna ¡es, que no es rragón a quien tanto nos a dado, y contino 
da, vna cosa a que nos queremos determinar servirle y que le que- 
remos dar, que es leste cuydadito (no ^ierto sin ynterese, sino con tan 
grandes ganancias), no se lo dar con toda determinación, sino como 
quien presta vna tosa para tornarlo a tomar. Esto no me pare?e a 
mí dar, antes sienpre ¡queda con algún desgusto a quien an enprestado 
vna cosa cuando se da torna a tomar, en especial si son amigos y a 
quien la enprestó deve muy muchas dadas sin ningún ynterese suyo: con 
rracón le parecerá poquedad y muy poca voluntad, que an vna cosita 
suya no quiera dejar len su poder, siquiera por señal de amor. 

¿Qué esposa ay que rrecibiendo muchas joyas de valor de su 
esposo, no le dé siquiera vna sortijica (2), no por lo que vale, que ya 
todo es suyo del lesposo, sino por señal de amor, por prenda que será 
suya asta la muerte? Pues ¿qué menos merece este señor para que 
burlemos áe él, dando y tomando vna nonada que le damos? Sino que 
este poco de tienpo que nos determinamos de darle a él, de cuanto 
gastamos en nosotros imesmois y en quien no nos lo agradecerá, ya que 
aquel rrato le queremos dar Jibre el pensamiento y desocuparle de 
otras cosas, que sea con toda determinación de nunca jamás se le 
tornar a tomar por travajos que por ello nos vengan, ni por con- 
tradiciones, ni por sequedades; sino que ya, como cosa no mía, tenga 
aquel tienpo, y piense me le pueden pedir por justicia cuando del 
todo no se le quisiere dar. 

Llamo del todo, porque no se •entiende que dejarlo algún día, v 
algunos, por ocupaciones justas es tomársele ya: la yntención esté 
firme, que no es inada delicado mi dios; no mira en menudencias; ansí 
terna qué os agradecer; les dar algo. Lo demás bueno es a quien no 
es franco, sino tan lapretado, que no tiene coracón para dar; arto es 



1 Cap. XXIII. 

2 Sortija, conige en el autógrafo de Valladolid. 



288 CAMINO DE PERFECCIÓN 

que preste. En fin, aga algo, que todo lo toma en cuenta este enpe- 
rador, a todo ^(^e como lo queremos. Para tomarnos cuenta no es 
nada menudo, sino jeneroso; 'por grande que sea el alcance, tiene él en 
poco perdonarle. Para pagarnos es tan mirado, que no ayágs miedo 
que vn al^ar de ojos, con acuerdo suyo (1), deje sin paga. 

Otra cavsa es, porque lel demonio no tiene tanta mano para ten- 
tac^iones: a gran miedo a ánimas determinadas, que tiene ija espirien- 
gia le a^en gran daño, y que cuanto él ordena para dañarlas, viene en 
provecho suyo y de los otros, y que sale él coa pérdida. Ya que no 
emos nosotros de estar <lescuydados, ni confiar en esto, porque lo 
avemos con jente traydora, y a los apercibidos no osa acometer, porque 
es muy covarde; mas si viese descuydo, aria gran daño. Y si conoge 
a vno por mudable y que no está firme en el bien que aqe, ni con 
gran determinación de perseverar, no le dejará a sol ni a sonbra; 
miedos le porná y ynconvenientes que nunca acave. Yo lo sé esto muy 
bien por espiriencia, y lansí lo e sabido de^ir, y digo que no save nadie 
lo mucho que ynporta. 

La otra cavsa es, y que age mucho al caso, que pelea con ánimo. 
Ya sabe que, venga lo que viniere, no a de tornar atrás. Es como vno 
que está en vna batalla, sabe que si le vengen no le perdonarán la 
vida, y que ya que no muera en la batalla, a de morir después: es 
averiguado, a mi parecer, que peleará con mucho más ánimo, y no 
temerá tanto los golpes porque lleva delante lo que le ynporta la Vi- 
toria. Es muy necesario tanbién que comengéys con gran siguridad en 
que si peleáys con 'ánimo, y no os dejando ven(?er, que saldréys con la 
enpresa; esto sin ninguna falta (2), por poca ganancia que saquéys, 
que os llama a que beváys de esta fuente. Esto queda ya dicho, y 
querríalo decir muchas veqes, porque acovarda mucho a personas que 
an no conocen del todo la bondad del señor por espiriengia, anque 
le conocen por fe; mas es gran cosa saber por espiriencia con el 
amistad y rregalo que trata a los que van por este camino. 

Los que no lo an provado, no me maravillo quieran siguridad de 
algún ynteresc; pues ya sabéys que es ciento por vno, an en esta vida, 
y que dice el señor que le pidamos y nos dará. Si no creéys a su ma- 
jestad en las partes de su evanjelio que asigura esto, poco aprovecha 
quebrarme yo la caveca. Todavía digo, que an si tenéys alguna duda, 
que lo provéys, ¿qué se pierde? Que an esto ay ecelente en este viaje, 
que muy muchas cosas se dan más de las que se piden, ni de las 
que acertaremos nosotros a pedir. Esto es sin falta, yo sé que es 
ansí; si no aliaren ser verdad, no me crean cosa de cuantas os digo. 
Ya vosotras, hermanas, lo sabéys por espiriencia, y os puedo presentar 
por testigos, por la bondad de dios. Por las que vinieren, es bien esto 
que está dicho. 

Ya e dicho (3) que trato con almas que no se pueden rre- 
cojer ni atar los entendimientos en oración mental, ni conside- 



1 Con acordarnos de él, se lee en el autógrafo de Valladolid. 

2 Esto sin ninguna duda, dice la Santa en el original valisoletano. 

3 Aquí comienza el capítulo XXIV. 



CAPITULO XXXIX 289 

rapión, no aya aquí nonbre de estas dos cosas, pues no soys para 
ellas, que ay muchas almas en echo de verdad que solo el nonbre las 
etemori(;a. Y porque si alguna viniere a esta casa, que tanbién, como e 
dicho, no pueden yr todas por vn camino, lo que quiero aconsejaros, 
y an pudiera decjir enseñaros (porque como madre tengo aora este 
cargo), cómo avéys de rregar vocalmente, porque es rra^ón entendáys 
lo que de^ís. Y porque quien no es para pensar en dios, puede ser 
oraciones largas tanbién les canse, tanpoco me quiero entremeter en 
ellas, sino en las que forjado avernos de rre?ar si somos cristianos, 
que íes el pater jaoster y ave maría. 



III 19 



CAPITULO XL (1) 



EN QUE TBilTñ DE ORACIÓN VOCAL CON PERFECION, Y QUflN JUNTA INDA CON 
ELLA LA MENTAL. 



Claro está que emos de ver lo que debimos, como) e dicho. No pue- 
dan de9ir por nosotras que ablamos y no nos entendemos, salvo si no 
de^ís que no es ¡menester esto, que ya os vays por la costunbre, que 
vasta defir las palabras. ¡Si eso vasta v no, no me entremeto, eso es 
de letrados, ellos lo dirán a las personas que les diere dios luz 
para que se lo quieran preguntar, y en los que no tiene nuestro 
estado no me entremeto, ñcá querría yo, y jas, no nos contentemos con 
eso; porque cuando digo credo, rra^ón me pareíc será, y an obli- 
ga9ión (2) que isepa lo que creo; cuando digo pater, amor me parege 
será entender quién es este padre. Pues tanbién será bien que vea- 
mos quién es el maestro que nos enseña esta oración. 

Si queremos de9ir que vasta ya saber de vna vez quién es el 
maestro, sin que más nos ^acordemos, tanbién podéys de?ir que vasta 
de^ir vna vez en la vida la ora9ión. Sí, que mucho va, como di^en, de^ 
maestro a maestro, pues an de los que acá nos enseñan parche gran 
desgracia no nos acordar de ellos; y si es maestro del alma y somos 
buenos dipípulos, es ynposible sino tenerle mucho amor, y an onrrar- 
nos de él, y ablar en él muchas vepes. Pues de tal maestro como quien 
nos enseñó esta oratión, y con tanto amor y deseo que nos aprovechase, 
nunca dios quiera que sea bueno no nos acordemos muchas vepes cuan- 
do debimos la oraíión, anque por ser flacos no sean todas. 

Pues cuanto a lo primero, ya sabéys que enseña este maestro ce- 
lestial sea a solas, que ansí lo a^ía él sienpre que orava, no por su 
nepesidad, sino por nuestro enseñamiento. Esto ya dicho se está, que 
no se sufre ablar con dios y con el mundo, que no es otra cosa 
estar rrepando y oyr lo que están ablando, v pensar en lo que les 
parepe, sin más grse a la mano. Esto ya se sabe que no es bueno, 
y que emos de procurar estar a solas, y an plega a dios entendamos con 
quien estamos, y lo que nos rresponde el señor a nuestras peticiones. 
¿Pensáys que se está callando anque no lo oymos? Bien abla al co- 
rapón cuando le pedimos de corazón. Prosupuesto esto, que a de ser 
a solas, bien es consideremos somos cada vna de nosotras a quien en- 



1 Prosigue el capítulo XXIV. 

2 Y an obligafión, está omitido en el autógrafo de Valladolid. 



CAPITULO XL 291 

señó esta oragión el señor, y que nos la está mostrando, pues nunca 
el maestro está tan ilejos del dipípulo que sea menester dar vo(;es, sino 
muy junto. Esto quiero yo veáys vosotras os conviene para rre9ar bien 
el pater noster: no os apartar de cave el maestro que os le mostró. 
Luego diréys que ya esto es consideración, que no podéys, ni lo 
queréys, sino rrecar vocalmente, y tenéys alguna rra^ón. Mas yo os 
digo 9Íerto que no |sé cómo lo aparte, si a de ser rreqar entendiendo 
con quién ablamos, como es rra^ón, y an obligación, que procuremos 
rrecar con advertencia ya; y an plega dios que con estos rreraedios vaya 
bien rrecado el pater noster y no acavemos en otra cosa ynpertinente. 
Yo lo c provado algunas veces, y ningún rreraedio otro alio, si no es 
procurar tener el pensamiento en quien enderecó las palabras. Por 
eso, tené paciencia, que esto es menester para ser monjas, y an para 
rrecar como buenos cristianos, a mi parecer. 



CñPITULO XLI (1) 



LO MUCHO .QUE GflNñ UN ñLMñ QUE RREZfl CON PERFECION VOCALMENTE, Y 
COMO LA LEVANTA DIOS A COSAS SOBRENATURALES DELLA. 



Será posible que rregando el pater noster os ponga dios en con- 
tenpla^ión perfeta, si le rre(;áys bien. Que por estas vías muestra que 
oye al que le abla, y Le abla su majestad suspendiéndole (2) el entendi- 
miento, y atajándole el pensamiento, y tomándole, como dicpen, la 
palabra de la boca, que anque quiere no puede ablar, si no es con 
mucha pena. Entiende que sin rruydo de palabras, obra en su alma 
su maestro, y que no obran las potencias de ella, que ella entienda. 
Esto es contenpla(;ión perfeta. 

ñora entenderéys la diferencia que ay de ella a oración mental, 
que es lo que queda dicho: pensar y entender qué ablamos, y con 
quién ablamos, y quién somos los que osamos ablar con tan gran 
señor. Pensar esto y otras cosas semejantes, de lo poco que le emos 
servido y lo mucho que estamos obligados a servir, es oración men- 
tal; no penséys que es otra algaravía, ni os espante el nonbre. Rre- 
9ar el pater noster, v lo que quisierdes, es oración vocal. Pues mira 
qué mala música ara sin lo primero; an las palabras no llevarán con- 
cierto todas veqes. En estas dos cosas podemos algo nosotros, con e] 
favor de dios. En la contenpla^ión que aora dije, ninguna cosa; dios 
es el que todo lo age, que es obra suya sobre nuestro natural. 

Como está todo lo mijor dado a entender en el libro que digo 
tengo escrito, y ansí no ay que tratar de ello tan particularmente aquí; 
allí dije todo lo que supe. Quien llegare a averie dios llegado a este 
-estado de contenplagión de vosotras, que, como dije, algunas estáys 
en él, procuralde, que os ynporta mucho de que yo me muera; las 
que no, no ay para qué si no esforzarse a aijer lo que en este libro 
va dicho de ganar por cuantas vías pudiere, y tener dilijen^ia, que el 
señor se lo dé con suplicárselo y ayvdarse. Lo demás, el señor mesmo 
lo a de dar, y no lo niega a nadie que llege asta la fin del 
camino peleando, como queda dicho (3). 



1 Cap. XXV. 

2 Supendzéndole, dice poi equivocación el original. 

3 Véase cuánto mejoró todo este capítulo en su correspondiente del autógrafo de Valladolid. 



CAPITULO XLII (1) 



EN QUE Vil DECLARANDO EL MODO PilRfl RRECOJER EL PENSAMIENTO, Y DA 
MEDIOS PARA ELLO. ES CAPITULO MUY PROVECHOSO PARA LOS QUE CO- 
MIENZAN. 



ñora, pues, tornemos a nuestra ora9ión vocal para que se rre?e de 
manera que, sin entendernos, nos lo dé dios todo junto, y para, como e 
dicho, rreíar como es rragón. La esaminagión de la conciencia, y de- 
9ir la confesión, y santiguaros, ya esto se sabe que a de ser lo pri^ 
mero. Procura luego, y ja, pues esíáys sola, tener conpañía. Pues ¿qué 
raijor que el mesmo maestro que enseñó la oración que vays a rre- 
9ar? Rrepresentá al señor junto con vos, y mira con qué amor |y 
vmildad os está enseñando; y créeme, cuanto pudierdes no andéys sin 
tan buen amigo. Si os acostunpráys (2) a traerle cave vos, y él ve que 
lo agéys con amor, y que andáys procurando contentarle, no le po- 
dréys, como dipen, echar de vos, no os faltará para sienpre, agvda- 
ros a en todos vuestros travajos, tenerleys en todas partes: ¿pen- 
says que es poco vn tal amigo al lado? 

¡O almas que no podéys tener mucho discurso de entendimiento, 
ni podéys tener el pensamiento sin mucho divertiros en dios! acos- 
tunbráos, acostunbráos. Mira que sé yo que podéys aper esto, porque 
pasé muchos años por ese travajo de no poder sosegar el pensamiento 
en vna cosa, y leslo muy grande; mas sé que no nos deja el señor 
tan desyertos, que si llegamos con vmildad, no nos aconpañe, y si 
en vn año no pudiéremos salir con ello, sea en más. Digo que esto, 
que lo puede acostunbrarse a andar cave este verdadero maestro. 
No os pido que penséys en él, ni saquéys muchos congetos, ni que 
agáys grandes y delicadas consideraciones en vuestro entendimiento: 
no quiero más de que le miréys. Pues ¿quién os quita bolver los 
ojos del ánima, anque sea de presto, si no podéys más, a él? Pues 
podéys mirar cosas muy feas y asquerosas, ¿no podréys mirar la cosa 
más ermosa que se puede ymajinar? Si no os pareciere bien, yo os 
doy licencia que no le miréys más. Pues nunca quita vuestro es- 
poso los ojos de vos, y ja, y aos sufrido mil cosas feas y abomina- 
ciones contra él, y no a vastado para que os deje de mirar, ¿y es 
mucho que, quitados los ojos del alma de las cosas esteriores, le mi^ 



1 Cap. XXVI. 

2 Por acostumbráis. 



29^1 CAMINO DE PERFECCIÓN 

réys algunas vepes a él? Mira que no está aguardando otra cosa, 
como dipe a la íesposa, sino que le miréys; como le quisierdes, le 
allaréys. Tiene en tanto que le bolváys a mirar, que no quedará 
por dilijenpia suya. 

ñnsí como di^en a de ser la mujer que quiere ser bien casada 
con su marido, que si está triste, se a de mostrar ella triste, y si 
alegre alegre, anque nunca lo es[té] (1). Esto con verdad, sin finjimien- 
to, a^e el señor con vos. El se a9e lel sujeto y quiere seáys vos la 
señora, y andar él a vuestra voluntad. Si estáys alegre, miralde rre- 
su^itado, que sólo ymajinar icómo salió del sepulcro os alegrará. Mas, 
¡con qué claridad! ¡con qué ermosura! ¡con qué señorío! ¡qué vitorio- 
so! ¡qué alegre! Como quien tan bien salió de la batalla adonde a 
ganado vn tan gran rreyno, que todo le quiere para vos, y a sí con 
él. Pues ¿es mucho que a quien tanto os da, bolváys vna vez los 
ojos a él? 

Si estáys con travajos, v triste, miralde en la coluna lleno de 
dolores, todas sus carnes echas pedafos por lo mucho que os ama: 
persegido de vnos, escupido de otros, negado de otros, sin amigos, 
sin nadie que buelva por él, elado de frío, puesto en tanta soledad, que 
vno con ¡otro os podéys consolar. V miralde en el verto (2), v en la 
cruz, v cargado con ella, que an no le dejavan artar de huelgo; mi- 
raros a él con vnos ojos tan ermosos y piadosos llenos de lágrimas, 
y olvidará sus dolores por consolar los vuestros, sólo porque os vays 
vos con él a consolar y bolváys la cave9a a mirarle. 

¡O señor del mundo y verdadero esposo mío! (3) (le podéys vos dc- 
9ir, si se os a enternecido el corazón con verle tal, que no sólo que- 
ráys mirarle sino que os olgéys de ablarle, no oraciones conpuestas, sino 
de la pena de vuestro corazón que las tiene él en muy mucho), ¿tan 
necesitado estáys, señor mío y bien mío, que queréys admitir vna po- 
bre conpañía, y veo en vuestro senblante que avéys olvidado vuestras 
penas co[n]migo? ¿Pues cómo, señor, es posible que os dejan solo 
los ánjeles, y que no os consuela vuestro padre? 

Si es ansí, señor, que todo lo queréys pasar por mí, ¿qué es esto 
que yo paso? ¿de qué me quejo? Que ya e vergüenza de que os 
e visto tal, que quiero pasar, mi bien, todos los travajos que me 
vinieren, y tenerlos por gran bien por pare^erme a vos en algo. Jun- 
tos andamos, señor; por donde fuystcs, tengo de yr; por donde pa- 
sardes, c de pasar. Toma, yja, de aquella cruz; no se os dé nada 
que os tropellen los judíos; no agáys caso de lo que os dijeren; aqéos 
sorda a las mormuragiones ; tropezando, cayendo con vuestro esposo, 
no os apartéys de la -)- (4). Mirad muchas veqes el cansancio con que 
va, y las ventajas ique a^e su travajo a los vuestros. Por grandes que 
los queráys pintar, y por mucho que los queráys sentir, saldréys con- 
solada de ellos, porque veréys que son cosa de burla conparados a 
los de cristo. 



1 Como última sílaba de página, se le olvidó ponerla. 

2 Léase huerto. 

3 Al margen escribe la Santa: Esclamafión. 
Asi está en el autógrafo. 



' CAPITULO XLII 295 

Diréys, hermanas, que cómo se podrá a(;er €sto, que si fuera con 
los ojos del cuerpo g en él tienpo que su majestad andava por acá, 
que lo yijiéradcs de buena gana y le mirárades sienpre. No lo creáys, 
que quien aora no se quiere ager vn poquito de fuerza a rrecojer si- 
quiera la vista para mirar dentro de sí este señor, que lo puede aijer 
sin peligro, sino con tantito cuydado, muy menos se pusiera al pie de 
la -j- (1) con la Madalena, que vía la muerte al ojo, como di^en. Mas 
¡qué devía pasar la gloriosa virjen y esta bendita santa! ¡qué de ame- 
nazas, qué de malas palabras y qué descomedidas! Pues ¡con qué 
jent€ lo avía tan cortesana! Sí, lo era del ynfierno, que eran minis- 
tros suyos. Por pierto, que devía ser terrible cosa lo que pasaron, sino 
que con otro dolor mayor, no sentirían el suyo. 



1 Con el signo f, lo mismo que en la página anterior. 



CñPITULO XLIII (1) 



PROSIGUE EN LO MISMO, Y COMIENZA VNfl DEVOTA Y RREGALilDfl MANERA DE 
BREZAH EL PATER NOSTER. 



Hnsí quG, eraiana, no creáys eradas para ello si no soys para esto- 
tro; y creé que digo verdad, porque e pasado por ello, que lo po- 
dréys a<?er. Para ayvda de esto, procura traer vna ymajen v rre- 
trato de este señor, no para traerle en el seno y nunca le mirar, 
sino para muchas veges ablar con él, que él os dará qué ablar. Como 
abláys acá con otras personas, ¿por qué os an más de faltar palabras 
para ablar con dios? iNo lo creáys, al menos yo no os creeré. Tanbién 
es gran rrcmedio tomar vn buen libro de rroman^e, an para rrecoje- 
ros para rre<;ar vocalmente (digo como se a de rrepar), y poquito 
a poquito yr acostunbrando 'el alma con alagos y artificio para no la 
amedrentar. 

ñ^é cuenta que a muchos años que se a ydo, vyda (2) de su 
esposo, y que asta que quiera tornar a su casa es menester mucho sa- 
berlo negociar, que ansí somos los pecadores: tenemos tan acostun- 
brada muestra alma y pensamiento a andar tan a su placer,, v pesar, por 
mijor depir, que la triste alma no se entiende, que para que torne 
a tomar amor con su maridoi, y a acostunbrarse a estar en su casa, es 
menester mucho artificio, y que sea con amor y poco a poco; si no, 
nunca aremos nada. Y creé pierto, que si con cuydado os acostunbráys 
a considerar que trays con , vos a este señor, y a ablar con él muchas 
vepes que sacaréys tan gran ganancia, que anque yo aora os la quiera 
deqir, por ventura no me creeréys. 

Pues juntas cabe vuestro maestro, muy determinadas a deprender 
lo que os enseña, y su majestad ara que no dejéys de salir buenas 
dipípulas, ni dejaros, si no le dejáys. Mirad las palabras que os dipe 
aquella boca divina, que en la primera entenderéys luego el amor que 
os tiene, que no jes poco bien y rrcgalo del di^ípulo ver que el maes^ 
tro le ama. 



1 Prosigue el capítulo XXVI. 

2 Léase huida. 



CAPITULO XLIV (1) 



en que trata del hmor que nos mostró el señor en estas primeras 
palabras: «pater nostra qui es yn celys». 



Padre nuestro (2) que estás en los (jielos. ¡O señor, cómo paregéys 
padre de tal yjo, y cómo parece vuestro yjo, yjo de tal padre! ¡Ben- 
ditos seáys por sienpre jamás! ¿No fuera a el fin de la oración esta mer- 
ced, señor, tan grande? En comentando, nos enchís las manos y aqéys 
tan gran merced, que sería arto bien ynchirse el entendimiento para ocu- 
par de manera la voluntad que no pudiese ablar palabra. ¡O qué bien 
venía aquí, yjas, contenpla9ión perfeta! ¡O con cuánta rra^ón se en- 
traría el alma en sí, para poder mijor subyr sobre sí mesma a que 
se le diese a entender qué cosa es el lugar adonde dige el yjo que 
está el padre, que es en los fíelos! Salgamos de la tierra, yjas mías, 
que tal merped como ésta no es rra^ón se tenga en tan poco, que des- 
pués de entender cuan grande es, nos quedemos en la tierra. 

¡O yjo de dios y señor mío! ¿cómo days tanto junto a la pri- 
mer palabra? Ya que os vmilláys a vos con estremo tan grande en 
juntaros con nosotros en lo que pedís, y ser ermano de cosa tan 
vaja y miserable, ¿cómo nos days en nonbre de vuestro padre todo 
lo que se puede dar, pues queréys que nos tenga por yjos, que vuestra 
palabra no puede faltar, ase de cunplir? Obligáysle a que la cunpla, 
que no es poca carga; pues en siendo padre nos a de sufrir, por gra- 
ves que sean las ofensas. Si nos tornamos a él como el yjo pródi- 
go (3), anos de perdonar, anos de consolar en nuestros travajos, como 
lo ape vn tal padre, que forjado a de ser mijor que todos los padres 
del mundo; porque en él no puede aver sino todo el bien cunplido. 
Anos de rregalar, anos de sustentar, que tiene con quié, y después, aver- 
nos parti9ipantes y que eredemos con vos. 

Mira, señor mío, que ya que vos con el amor que nos tenéys 
y con vuestra vmildad, no se os ponga nada delante (en fin, señor, 
estáys en la tierra y vestido de ella, pues tenéys nuestra naturaleza, 
y la parte que tenéys (4) pareze os obliga a avernos bien); mas mira 
que vuestro padre está en el qícIo, vos lo de9ís, es rra^ón señor que 



1 Cap. XXVII. 

2 Al margen, de letra desconocida: Datr. nostet. 

3 Como al hijo pródigro, escribió en el autógrafo de Valladolld. 

1 Después de esta palabra, la Santa borró: con nosotros no sé como os deja tener tanta 
vmildad, y sobre lo borrado, escribió: parefe os obliga a afemos bien; mas.... 



298 CAMINO DE PERFECCIÓN 

miréys por su onrra. Ya que estáys vos ofrecido de ser desonrrado 
por nosotros, dejad a vuestro padre libre; no le obllgéys a tanto por 
jente tan rruyn como yo, que le a de dar tan malas graíias, y otros 
tanbién ay que no se las dan buenas. 

¡O buen jesú! ¡qué claro avéys mostrado ser vna cosa con él, 
y que vuestra voluntad es la suya y la suya vuestra! ¡Qué confesión tan 
clara, señor mío! ¡qué cosa es el amor que nos tenéys! Rvéys an- 
dado rrodeando y encubriendo al demonio que soys yjo de dios, y con 
el gran deseo que tenéys de nuestro bien, no se os puso cosa de- 
lante por a9ernos tan (grandísima merped. ¿Quién la pudíe aqer sino 
vos, señor? Yo no sé cómo en esta palabra no entendió el demonio 
quien érades, sin quedarle duda; al menos bien veo, mi jesú, que avéys 
ablado como yjo rregalado por vos y por todos, y que soys poderoso 
para que se aga en el gielo lo que vos de^ís en la tierra. Bendito 
seáys por sienpre, señor mío, que tan amigo soys de dar, que no se 
os pone cosa delante. 



CAPITULO XLV (1) 



EN QUE TRflTil LO MUCHO QUE YNPORTa NO ACER NINGÚN CASO DEL LI- 
NAJE LAS QUE DE VERAS QUIEREN SER YJAS DE DIOS. 



Pu€s ¿paréqeos, yjas, que es buen maestro éste, pues para afi- 
9Íonarnos a que deprendamos lo que nos enseña, a la primera pala- 
bra nos ape merped tan grande? ¿Será rragón que anque digamos con 
la boca esta palabra, dejemos de entender con el entendimiento, para 
que se aga pedamos nuestro corazón [con] (2) tan grande merced? No es 
posible que esto diga nadie que entendiere cuan grande es. Pues, 
¿qué yjo ay en ,el mundo que no procure saber quién es su padre, 
cuando le tiene bueno, y de tal bondad, y majestad y señorío? Y 
an si no lo fuera, no me espantara no os quisiérades conoper por 
sus yjas, porque anda el mundo tal, que si el padre es más bajo de 
el estado en que está el yjo, en dos palabras no le conoperá por pa- 
dre (3). Esto no viene aquí, porque en esta casa nunca, plega a dios, 
aya acuerdo de cosa destas, sería ynfierno; sino que la que fuere más, 
tome menos su padre en la voca: todas an de ser yguales. 

¡O colesio de cristo! que tenía más mando san pedro, con ser vn 
pescador, y lo quiso así el señor, que san bartolomé, que era yjo de 
rrey (4). Sabía su majestad lo que avía de pasar sobre cuál era de mi- 
jor tierra, que no es otra cosa sino debatir si será para lodo buena v 
para adobes. ¡O, válame dios, qué gran cegedad! Dios os libre, erma- 
nas, de semejantes pláticas, ¡anque sea en burlas, que espero en su ma- 
jestad sí ara. Y cuando algo de esto en alguna vuiere, no la consintáys 
en casa, que es judas entre los apóstoles, flped cuanto pudierdes de 
libraros de tan mala conpañía. Y si esto no podéys, más graves pe- 
nitencias que por otra cosa ninguna, asta que conozca que an tierra 
muy rruyn no merepía ser. Buen padre os da el buen jesús; no se 
conozca aquí otro padre para tratar de él, si no fuere el que os da 
vuestro esposo, y procura, yjas mías, ser tales que merezcáys rregala- 
ros con él, y echaros en sus bracos. Ya sabéys que está obligado 
a no os echar de sí si soys buenas yjas; pues ¿quién no procurará 
no perder tal padre? 



1 Prosigue el capítulo XXVII. 

2 Trae esta preposición el autógrafo de Valladolid. 

3 En el autógrafo de Valladolid enmendó la frase asi: no se tiene por honrado en cono- 
cerle por padre. 

4 Véase la nota segunda del capítulo XXVII, pág. 127. 



300 CAMINO DE PERFECCIÓN 

¡O, vélame dios! qué ay aquí en qué os consolar, que por no 
me alargar más, lo quiero dejar a vuestros entendimientos; que por 
desvaratado que ande el pensamiento, entre tal yjo y tal padre for- 
<;ado a de estar el espíritu santo, que obre (1) en vuestra voluntad, 
y os ate tan grandísimo amor, ya que no os ate tan gran ynterese. 



1 Que enamore, dice el autógrafo valisoletano. 



CAPITULO XLVI (1) 



COMIENZA A ÍTRATAR DE HRECOJER EL ENTENDIMIENTO. 



ñora mira que dicje vuestro maestro: que €stá en el gielo. ¿Pen- 
sáys que os gnporta poco saber qué cosa es ^ielo, y adonde se a de 
buscar vuestro sacratísimo padre? Pues yo os digo que para entendi- 
mientos derramados, que ynporta mucho, no sólo creer esto, sino pen- 
sarlo mucho; porque es vna de las cosas que muy mucho atan los 
pensamientos y agen rrecojer el alma. 

Ya avréys oído que dios está en todas partes, y esto es gran ver- 
dad, pues claro está que adonde está el rrey allí di9en que es la corte; 
en fin, que adonde está dios, es el (píelo. Sin duda lo podéys creer, que 
adonde está su majestad, está toda la gloria. Pues mira que di^e san 
agustín, creo en el libro de sus meditaciones (2), que le buscava 
en muchas partes y que le vino a aliar dentro de sí. ¿Pensáys que 
ynporta poco para vn alma derramada entender esta verdad, y ver que 
no a menester para ablar con su padre eterno yr al 9ielo, ni para rre- 
galarse con él, que ni a menester rre?ar a vo?es? Por paso que able, 
la oyrá; ni a menester alas para yr a buscarle, sino ponerse en so- 
ledad, y mirarle dentro de sí, y no estrañarse de tan buen vésped; 
sino con grande vmildad ablarle como a padre, pedirle como a padre, 
rregalarse con él como con padre, entendiendo que no es dina de serlo. 

Déjese de vnos encojimientos que tienen algunas personas y piensan 
que es vmildad. Sí, que no está la vmildad en que si el rrey os a(;e 
vna merged no (3) tomarla, sino tomarla y entender cuan sobrada 
os viene, y olgaros icon ella. Donosa es la vmildad, que me tenga yo 
al enperador del ^ielo y de la tierra que se viene a mi casa por 
a(;:erme merged y por olgarse conmigo, y por vmildad ni le quiera rres- 
ponder, ni me quiera estar con él, sino que le deje solo; y que están- 
dome diciendo que le pida, por vmildad me quede pobre, y an le 
deje yr, de que ve que no acavo de determinarme. 

No os curéys, yja[s] (^), de esas vmildades, sino trata con él como 
con padre, y como con ermano, y como con señor; a ve^es de vna 



1 Cap. XXVIII. 

2 Véase la nota primera del capítulo XXVIII, p. 129. 

3 Grande, anadia aquí ¡j lo borró. 

4 Hijas, en plural, viene en el autógrafo de Valladolid. 



302 CAMINO DE PERFECCIÓN > 

manera, a vcpes de otra, que él os ensenará lo que avéys de a^er 
para contentarle. Dejaos de ser bovas, pedilde la palabra que vuestro 
esposo es, que os trate como tales. Mira que os va mucho tener en- 
tendido esta verdad: que está el señor dentro de nosotras, y que allí 
nos estemos con él. 



CAPITULO XLVII (1) 



EN QUE COMIENZA R TRATAR DE ORACIÓN DE RRECOJIMIENTO. 



El arte de rregar (2), que anque sea vocalmente, con mucha más 
brevedad se rrecoje el entendimiento, y es oración que tray consigo 
mil bienes. Llámase rrecojiraiento, porque rrecoje el alma todas las 
potencjias y se entra dentro de sí con su dios; viene con más brevedad 
a enseñarla su divino maestro, y a darla orapión de quietud, que de 
ninguna otra manera. Porque ¡allí metida consigo mesma, puede pen- 
sar toda la pasión, y rfepresentar allí al y jo, y ofregerle a el padre, 
y no cansar el entendimiento andándole buscando en el monte calvario, 
y al huerto, y a la coluna. 

Las que de esta manera se pudieren en(;erral (3) en este píelo pe- 
queño de nuestra alma, adonde está el que ypo el pielo y la tierra, y 
acostunbrar a no mirar ni estar adonde oya cosa que le destruya, 
crea que lleva epelente camino, y que no dejará de llegar a bever 
él agua de la fuente, porque camina mucho en poco tienpo. Es como 
el que va en vna nao, que con vn poco de buen viento se pone 
en el fin de la jornada en pocos días, y los que van por tierra 
tárdanse mucho más; es camino del (jielo. Digo del píelo, que están 
metidos allí en el palapio del rrey, no están en la tierra, y más 
siguros de muchas ocasiones. Pégase más presto el fuego del amor 
divino; porque con poquito que soplen con el entendimiento, están 
perca del mesmo fuego. Con vna pentellica que le toque, se abrasará 
todo, como no ay enbarapo de lo esterior. Estáse sola el alma con 
su dios, ay gran aparejo para entenderse. Yo querría que entendié- 
sedes muy bien esta ¡manera de orar, que, como e dicho, se llama 
rrecojimiento. 



1 Prosigue el capítulo XXVIII. 

2 Al margen, de letra desconocida: Orón, de Recogimiento. 

3 Encerrar, escribe en el original de Valladolid. 



CAPITULO XLVIII (1) 



PONE VNa COMPARACIÓN Y MODO PARA ACOSTUMBRAR EL ALMA ANDAR DENTRO 
DE SL 



ñqé cuenta que dentro de vosotras está vn palacio, todo su edifi- 
(;io de oro y piedras .preciosas, en fin, como para tal señor; y que soys 
vos el que podéys mucho en que sea tan precioso el edificio, como a 
la verdad es ansí, que no ay edificio de tanta ermosura como vn alma 
linpia y llena de virtudes, mientra mayores más rresplandege con las 
piedras; y que en leste palagio está este gran rrey, que a tenido por 
bien ser vuestro padre, en vn trono de grandísimo precio, que es 
vuestro corazón. 

Parecerá esto al principio cosa ynpertinente, digo aper esta fi- 
sión para darlo a entender, y puede ser aproveche mucho a vosotras 
en especial, porque como no tenemos letras las mujeres, ni somos 
de ynjenios delicados, todo esto es menester para que entendamos con 
verdad que ay otra cosa más pregiosa, sin ninguna conparaqión, dentro 
nosotras que lo que vemos por defuera. No nos ymajinemos vecas (2) 
en lo ynterior, que ynporta mucho, y plega dios que sean solas mu- 
jeres las que andan con este descuydo; que tengo por ynposible, si 
trajésemos cuydado de pensar que tenemos tal vésped dentro, que 
nos diésemos tanto a las vanidades y cosas del mundo, porque ve- 
ríamos cuan vajas son para las que dentro poseemos. Pues ¿qué más 
ape vn alimaña que en viendo lo que le contenta a los ojos artar 
su anbre en la presa? Sí, que diferencia a de aver de ellas a nosotros, 
pues tenemos ya tal padre. 

Rreyránse de mí por ventura, dirán que bien claro se está esto, 
y teman ragón, porque para mí fué escuro algún tienpo. Bien enten- 
día que tenía alma; mas lo que merecía esta alma, y quién estava 
dentro de ella, si yo no me atapava los ojos con las vanidades de 
la vida, no lo «ntendía. Que, a mi parecer, si como aora con verdad 
entiendo que en este palapio pequeñito de mi alma cave tan gran rrey (3), 
que no le dejara tantas veces solo, alguna me estuviera con el, y más 
procurara que no estuviera tan supio. Mas ¡qué cosa de tanta admira- 
ción, quien ynchyra mil mundos con su grandeva, encerrarse en cosa 



1 Cap. XXIX. 

2 Léase huecas. 

3 Véase la nota primera de la página 133. 



CHPITULO XLVm 305 

tan pequeña! Ansí quiso caver en el vientre de su sacratísima mad[r]e. 
Como es señor, consigo tray la libertad, y como nos ama, ápese a 
nuestra medida. 

Cuando vn alma comienza, por no la alborotar de verse tan pe- 
queña para tener en sí cosa tan grande, no se da a conocer asta que 
va ensanchando esta alma poco a poco, conforme a lo que entiende 
es menester para lo que pone en ella. Por eso digo que tray consigo 
la libertad, pues tiene él poder de ager grande este palacio todo. El 
punto está en que se le demos por suyo con toda determinación, y 
le desenbaraqemos para que pueda poner y quitar como en cosa suya; 
ésta es su condición. Y tiene su majestad rra^ón, no se lo negemos, 
ñn acá nos da pesadunbre huéspedes en casa, cuando no podemos 
decirlos que se vayan; y como él no a de forjar nuestra voluntad, 
toma lo que le dan, mas no se da a sí del todo, asta que ve nos 
damos del todo a él. Esto es cosa cierta y por eso os lo digo tantas 
veces; ni obra en el alma, como cuando del todo es sin enbaraco suya, 
ni sé cómo a de obrar, es amigo de todo concierto. Pues si este pa- 
lacio se ynchc de jente vaja y de varatijas, ¿cómo a de caver él 
con su corte? flrto ace de estar vn poquito entre tanto enbaraco. 

¿Pensáys, y jas, que viene solo? ¿No veys que dice su sacratísimo 
yjo: que estás en los cielos? Pues vn tal rrey, a vsadas que no le 
dejen los cortesanos; sino que están con él rrogándole por vos todos 
para vuestro provecho, porque lestán todos llenos de caridad. No pen- 
séys que €s como acá, que si vn señor v perlado favorece alguno por 
algunos fínes, y porque quiere, luego ay las enbidias y el ser malquisto 
aquel pobre sin acerles ptiada, que le cuestan caro los favores. 

Vy (1), por amor íde dios, de semejantes cosas; procura acer 
cada vna lo que deviere, que si el perlado no se lo agradeciere, si- 
gura puede estar lo agradece y pagará el señor. Sí, que no venimos 
aquí a buscar premio en esta vida sino en la otra; síenpre el pensa- 
miento en lo que dura, y de lo de acá ningún caso agáys, que an 
para lo que se vive no es durable: que oy está bien con la vna; 
mañana, si ve vna virtud más en vos, estará mijor con vos, y si no, 
poco va en ella (2). No deys lugar a estos primeros movimientos, sino 
atajadlos con que no es acá vuestro rreyno y cuan presto tiene todo 
fín, y cómo no lay cosa en vn ser an acá. 



1 Por huid. Puso aquí la Santa capitulo, entre líneas, y lo borró. No obstante esto, con 
estas palabras comienza el capítulo XXIX. 

2 En ello, dice el autógrafo de Valladolid. 



III 30 



CAPITULO XLIX (1) 



PROSIGUE EN Lfl MISMA MaTERM. ES CAPITULO MU (2) PROVECHOSO. 



Mas an esto es bajo rremedio y poca perfeqión; lo mijor es que 
dure y vos desfavorecida y abatida, y lo queréys estar por él que está 
con vos. Pone los ojos en vos y miraos ynteriormente ; allaréys vues- 
tro esposo que no os faltará, antes mientra menos consolación por de- 
fuera, más rregalo os ara. Es muy piadoso, y a persona aflijida ja- 
más falta, isi confía en él solo. Ansí lo dipe david, que nunca vio 
al justo desanparado. Y otra vez: que está el señor con los aflijidos. 
Pues, V creys esto, v no. Pues creyéndolo, como se a de creer, ¿de 
qué os matáys? 

I O señor mío, que si de veras os conociésemos no se nos daría 
nada de nadie! Days mucho a los que de veras se quieren dar a 
vos. Creé, amigas, que les gran cosa entender esta verdad, para ver 
que las cosas y favores de acá todos son mentira, cuando desvían en 
algo de esta verdad. ¡O, válame dios, quién yciese entender esto a 
los mortales! No yo, por cierto, señor, que con deveros más que nin- 
guno, no acavo de entenderlas como se an de entender. 

¡O quién supiese declarar cómo está esta conpañía santa con el 
aconpañador de las almas, santo de los santos, sin ynpidir a la so- 
ledad que ella y su esposo tienen, cuando esta alma dentro de sí quiere 
entrarse en este parayso con su dios, y cierra la puerta a todo lo del 
mundo! Y entended que esto no es cosa sobrenatural, sino que pode- 
mos nosotros acerlo, con el favor de dios se entiende todo cuanto 
en este libro dijere podemos, pues sin él no se puede nada, nada. Por- 
que éste no es silencio de las potencias, sino encerramiento de ellas 
en sí mesma el alma. 

Gánase esto de muchas maneras, como está escrito en algunos 
libros, que nos emos de desocupar de todo para llegarnos ynteriormente 
a dios, los que escriven oración mental. 



1 Prosigue el capítulo XXIX. 

2 Rsí está el titulo. 



CAPITULO L (1) 



EN QUE DICE EL GEilN PROVECHO QUE SE SflCfl DESTE MODO DE OHflCYON. 



Como yo no ablo sino en cómo a de rreíarse la vocal para yr 
bien rre^ada, no ay para qué de?ir tanto; pues lo que pretendo sólo 
es, para que veamos y estemos con quien ablamos, sin tenerle bueltas 
las espaldas, que no me parepe otra cosa estar ablando con dios y 
pensando en mil vanidades. Y viene todo el daño de no entender con 
verdad que está perca, sino ymajinarle lejos, ¡y cuan lejos, si le va- 
mos a buscar al pielo! Pues, ¿rrostro es el vuestro, señor, para no 
mirarle estando tan gerca de nosotros? No parece nos oyen los on- 
bres cuando ablamos, si no vemos que nos miran, ¿y perramos los ojos 
para no mirar que nos miráys vos? ¿Cómo emos de entender si avéys 
oydo lo que os depimos? 

Sólo esto es lo que querría dar a entender, que para ymos acos- 
tunbrando a con facilidad yr asigurando el entendimiento para enten- 
der lo íque abla, y con quién abla, es menester rrecojer estos sentidos 
esteriores a nosotros mesmos, y que les demos en qué se ocupar; pues 
es ansí que tenemos el píelo dentro de nosotros, pues el señor de él 
lo está. Y si vna vez comenpamos a gustar de que no es menester 
dar vopes para ablarle, porque su majestad se dará a sentir cómo está 
allí, rreparemos con muclio ¡sosiego el pater noster y las más oraciones 
que quisiéremos, y ayvdarnos a el mesmo señor a que no nos can- 
semos; porque, a poco tienpo que forcemos a nosotros mesmos a es- 
tarnos con él, nos entenderá por señas de manera (2), que si aviamos de 
decirle muchas vepes el pater noster nos entienda de vna. Es muy ami- 
go de quitamos de travajo: anque en vn ora le digamos vna vez, como 
entendamos estamos con él, y lo que le pedimos, y la gana que tiene 
de darnos, en fin, como padre, y cuan de buena gana se está con nos- 
otros y nos rrcgalemos con él, no es amigo de que nos quebremos las 
cavegas. 

Por eso, ermanas, por samor del señor, os acostunbréys a rrepar con 
este rrecojimiento el pater noster, y verégs la ganancia antes de 
mucho tienpo. Porque es modo de orar que ape tan presto costunbre 
a no andar el alma perdida y las potenpias alvorotadas, como el tienpo 



1 Prosigue el capítulo XXIX. 

2 El autógrafo señala aquí capítulo, pero además de cortar bruscamente el sentido, uo CO' 
rresponde bien la división a los títulos del índice, por !o cual se omite. 



308 CAMINO DE PERFECCIÓN 

OS lo dirá, sólo os rruego lo provéys, anque os sea algún travajo, que 
todo lo que no está en costunbre, le da más. Mas yo os asiguro, que 
antes de mucho os sea gran consuelo entender, que sin cansaros a bus- 
car adonde está este santo padre a quien pedís, le alléys dentro de vos. 

Su majestad lo enseñe a las que no lo sabéys, que de mí os con- 
fieso que nunca supe qué cosa era rrepar con satisfa^ión y consolapión 
asta que el señor me enseñó este modo. Y sienprc e aliado tantos 
provechos de esta costunbre de rrecojerme dentro en mí, que eso me 
a echo alargar. Y por ventura todas os lo sabéys, mas alguna verná 
que no lo sepa; por eso, no os pese de que lo aya aquí dicho. 

ñora vengamos a entender cómo va adelante nuestro buen maes- 
tro, y comienza a pedir a su santo padre para nosotros, y qué pide, 
que es bien lo entendamos. 



CAPITULO Ll (1) 



LO QUE YNPORTA ENTENDER LO QUE SE PIDE EN Lfl ORACIÓN. 



¿Quién ay, por desvaratado que sea, que cuando pide a vna per- 
sona grave no lleva pensado cómo lo pedir para contentarle g no 
serle desabrido, y qué le a de pedir, y para qué a menester lo que 
le a de dar, len especial si pide cosa señalada, como nos enseña que 
pidamos nuestro bien jesús? Cosa me parece para notar mucho. ¿No 
pudiérades, señor mío, concluyr con vna palabra y de^ir: dadnos pa- 
dre lo que nos iconviene? Pues a quien tan bien lo entiende todo, no 
parece era menester más. 

¡O sabiduría de los ánjeles! Para vos y vuestro padre esto vas- 
tava, que ansí le pedistes en el verto (2): mostrastes vuestra voluntad 
y temor, mas dejásteslo en la suya; mas a nosotros cono^éysnos, se- 
ñor mío, que no estamos tan rrendidos como lo estávades vos a la 
voluntad de vuestro padre, y que era menester pedir cosas señaladas 
para (3) que nos detuviésemos vn poco en mirar siquiera si nos está 
bien lo que pedimos, y si no, que no lo pidamos. Porque sigún somos, 
si no nos dan lo que queremos, con este libre alvedrío que tenemos, no 
admitiremos lo que el señor nos diere; porque anque sea lo mijor, 
como no vemos luego el dinero en la mano, nunca nos pensamos ver 
rricos. 

¡O, válame dios, qué a^e tener tan dormida la fe para lo vno y 
lo otro, que ni acavamos de entender cuan cierto tememos el castigo, 
ni cuan cierto el premio. Por eso es bien, y jas, que entendáys lo que 
pedís en el pater noster, para que si el padre eterno os lo diere, no se 
lo tornéys a los ojos, y penséys muy bien si os está bien, y si no, 
no lo pidáys; sino pedí que os dé su majestad luz, porque estáys Rie- 
gas y tenéys astío para no poder comer los manjares que os an de 
dar vida, sino los que os an de llegar a la muerte, ¡y qué muerte 
tan peligrosa y tan para sienpre! 



1 Cap. XXX. 

2 Léase huerto. 

3 Por di.stiacción repite esta palabra al pasar una hoja del autógrafo. 



CAPITULO LII (1) 



QUE TRATA DESTflS PALABRAS: SANTIFICETUR NOMEN TUN, ADVENIAD HRENÜN 
TÜN. COMIENZA A DECLARAR ORACIÓN DE QUIETUD. 



Pues di^e el buen jesús: santificado sea tu nonbre, venga en 
nosotros tu rreyno (2). Hora rayrá, y jas, qué sabiduría tan grande de 
nuestro esposo. Considero yo >aquí, y es bien que entendamos, qué pe- 
dimos en este rreyno (3). Mas como vio su majestad que no podíamos 
santificar, ni alabar, ni engrandecer, ni glorificar, ni ensalmar este 
nonbre santo del padre eterno, conforme a lo poquito que podemos nos- 
otros, de manera que se y^iese como es rracón, si no nos proveya su 
majestad con darnos acá su rreyno, y ansí lo puso el buen jesús lo 
vno cave lo otro. Porque entendáys, yjas, esto que pedimos, y lo que 
nos ynporta pedirlo, y a(;:er cuanto pudiéremos para contentar a quien 
nos lo a de dar, os quiero de^ir aquí lo que yo entiendo. Si no 
fuere bien, pensá vosotras otras consideraciones, que licencia nos da 
el señor, como en todo nos sujetemos a lo que tiene la ylesia, como lo 
ago yo slenpre, y an esto no os daré a leer asta que lo vean 
personas que lo entiendan, al menos si no lo fuere, no va con ma- 
licia, sino con no saber más. 

El gran bien que ay en el rreyno del cielo (4), con otros muchos, 
es ya no tener cuenta con cosas de la tierra, vn sosiego y gloria en 
sí ímesmos, vn alegrarse que se alegren todos, vna paz perpetua, vna 
satisfación grande en sí mesmos que les viene de ver que todos san- 
tifican y alaban al señor, y bendicen su nonbre y no le ofende nadie. 
Todos le aman, y la mesma alma no entiende en otra cosa sino en 
amarle, ni puede dejarle de amar, porque le conoce. Y ansí le ama- 
ríamos acá, anque no ¡en esta perfeción, y en vn ser; mas muy de otra 
manera le amaríamos si le conociésemos. 

Parece que voy a decir, que cmos de ser ánjeles para pedir esta 
petición y rrecar vocalmente. Bien lo quisiera nuestro divino maes- 
tro, pues tan alta petición nos manda pedyr; y a buen siguro que no 
nos dice que pidamos ¡cosas ynposibles, que posible sería, con el fa- 
vor de dios, venir vn alma puesta en este destierro, anque no en la 
perfeción que están ya salidas de esta cárcel, porque andamos en mar y 



1 Prosigue ei capítulo XXX. 

2 Al margen, de letra desconocida; Sañriñcet. nomeñ &. 

3 Í2«e pedimos, repetía aquí, y lo borró. 

4 Es un, añadía aquí, pero lo tachó. 



CAPITULO LII 311 

vamos este camino. Mas '^y rratos que, de cansados de andar, los pone 
el señor en vn jsosiego de las potencias y quietud del alma, que, como 
por señas, les da claro a entender a qué sabe lo que se da a los 
que el señor lleva a su rreyno; y a los que se les da acá como 
le pedimos, les da prendas para que por ellas tengan gran esperanza 
de yr a go9ar perpetuamente lo que acá les da a sorvos. 

Si no dijeran que trato de contenplaíión, venía aquí bien en esta 
petición ablar vn poco de prin(;ipios de pura contenpla9ión, que los 
que la tienen llaman oraíión de quietud; mas, como e dicho que trato 
de ora9Íón vocal, parece no viene lo vno con lo otro a quien no lo 
supiere, y yo sé que sí viene. Perdonadme que lo quiero de^ir aquí, 
porque sé que muchas personas rre^ando vocalmente las levanta dios 
a subida contenplatión, sin procurar ellas nada ni entenderlo; por 
esto pongo tanto, y jas, en que rregéys bien las oraciones vocales. 
Conozco vna monja que nunca pudo tener sino oración vocal, y asi- 
da a ésta lo tenía todój, y si no, yvásele el entendimiento tan perdido, 
que no lo podía [sufrir. Mas tal tengan todas la mental. En Qíertos 
pater noster (1) que rreíava a las vepes que el señor derramó sangre 
se estava, y en poco más, dos v tres oras, y vino a mí muy congoja- 
da que no sabía tener oración, ni podía contenplar, sino rregar vocal- 
mente. Era ya vieja, y avía gastado su vida arto bien y rrelisiosa- 
mente. Preguntándole yo qué rre^ava, en lo que me contó vi que, 
asida al pater noster, la levantava el señor a tener vnión. Ansí, alabé 
al señor, y vve (2) enbidia su oración vocal. Ansí que no penséys los 
que soys enemigos de contenplativos que estáys libres de serlo, si 
las oraciones vocales rregáys como se an de rre^ar, tiniendo linpia 
con^ien^ia, ansí que todavía lo avré de degir. Quien no lo quisiere 
oyr pase adelante. 



1 Patemostres, escribe en el autógrafo de Valladolid. 

2 Léase hube. 



CRPITULO Lili (1) 



PROSIGUE EN DECLARAR LA MISMA ORACIÓN DE QUIETUD. ES MUCHO DE NOTAR. 

Esta oración de quietud, adonde yo entiendo comienpa el señor, 
como digo, a dar a entender que oye nuestra peti9ión, y que coraien- 
pa ya a darnos su rreyno aquí, para que de verdad alabemos su non- 
bre, y procuremos le alaven otros (2); anque por tenerlo escrito en otra 
parte, como e diciio, no me alargaré mucho en declararlo, diré algo (3). 

Es cosa sobrenatural y que no la podemos procurar nosotros por 
dilijengias que agamos; porque es vn ponerse el alma en paz, v po- 
nerla el señor con su presencia, como y90 al justo simeón, porque 
todas las potencias se sosiegan. Entiende el alma, por vna manera 
muy fuera de entender con los sentidos estcriores, que está ya junta 
cave su dios, que, con poquito más, llegará a estar echa vna mesma 
cosa con él por vnión. Esto no es porque lo ve con los ojos del 
cuerpo ni del alma. Tanpoco no vía el justo simeón más del glorioso 
niño pobre^ito; que en lo que llevaba enbuelto y la poca jente de 
aconpañamiento que yva en la pro9esión, más pudiera juzgarle por 
rromerito (4) y jo de padres pobres, que por y jo del padre celestial; mas 
dióselo el mesmo niño a entender. Y ansí lo entiende acá el alma, 
anque no con esa claridad; porque an ella no se entiende mas de que 
se ve en el rreyno (al menos cave el rrey que se le a de dar), y 
parepe que la mesma alma está con acatamiento, an para no osar 
pedir. Es como vn amortecimiento ynterior y esteriormente, que no 
querría el onbre esterior (digo el cuerpo, que alguna sinple^ita verná 
que no sepa qué es ynterior y esterior), ansí que no se querría bullir, 
sino ya, como quien a llegado casi al fin del camino, descansa, y sién- 
tese grandísimo deleyte en el cuerpo y grande satisfa^ión. Y el alma 
está tan contenta de isólo verse cabe la fuente, que an sin bever está 
ya arta; no parece ay más que desear: las potencias sosegadas, que no 
querrían bullirse, anque no están perdidas, porque piensan en cave 
quién están y pueden, es vn pensamiento sosegado. No querrían se 
menease el cuerpo porque no las desasosegase; piensan vna cosa 
y no muchas; dales pena el ablar; en de^ir padre nuestro vna vez. 



1 Cap. XXXI. 

2 Al margen escribe el P. García de Toledo: Orón, de quietud. 

3 Divínate, (divinamente) declara esta Orón, (oración) de quietud, dice al margen el mis- 
mo P. García de Toledo. 

4 La Santa omite esta palabra en el original de Valladolid. 



CflPiTUPO Lin 313 

se les pasará vn ora. Están tan ^erca, que ven que se entienden 
por señas. Están en el palacio cave el rrey; están en su rreyno, que 
se les comienza ya el señor a dar aquí. Vienen vnas lágrimas sin pesa- 
dunbre algunas ve^es y con mucha suavidad; todo su deseo es que 
sea santifícado este nonbre. No pare9e entonces que están en el mun- 
do, ni le querrían ver ni oyr, sino a su dios. No les da pena 
nada, ni parece se la a de dar (1). 

En lo que tratava de oración de quietud, dejé (2) de de^ir esto. Que 
acaece mucho estar el alma en verdadera quietud, y el entendimiento 
tan rremontado, que parepe no es en su casa aquello que pasa; y a 
en verdad (3), ansí me parege acaece entoníes, que no está sino como 
en casa ajena por vésped y buscando otras posadas adonde estar, 
que aquélla no le contenta, porque sabe poco estar en vn ser. No 
deven de ser ansí otros, conmigo ablo, que algunas vepes me deseo 
morir, de que no puedo rremediar esto. Otras parepe a?e asiento 
en su casa, y se está con la voluntad, que si entramos se confiertan, 
es vna gloria. Es como dos casados, si lo son bien y se aman, y 
el vno quiere lo que el otro; mas si vno es mal casado, ya ven el 
desasosiego que da a su mujer. Ansí que la voluntad, cuando se ve 
en esta quietud (y nótese mucho este aviso que ynporta), no aga 
caso del más que de vn loco, porque si le quiere traer consigo (4), 
forq:ado se a de ocupar y ynquietar algo. Y en este punto de ora- 
ción todo será travajar y no ganar más, sino perde[r] lo que le da 
el señor sin ninguno suyo. 

Y advertí mucho a esta conpara^ión que me puso el señor es- 
tando en esta oración, y cuádrame mucho. Está el alma como vn 
niño que an mama, cuando está a los pechos de su madre, y ella, 
sin que él paladee, échale la leche en la boca por rregalarle. ñnsí 
es acá, que, sin travajo del entendimiento, se le pone el señor en el 
alma, y quiere que entienda está allí, y que trage la leche que le 
da, y esté entendiendo que se lo da, y amando. Si va a pelear para 
dar parte al entendimiento y traerle consigo, no puede a todo; forjado 
dejará caer la leche de la voca, y pierde aquel mantenimiento divino. 

En esto diferenqia esta oraíión, de vnión, como en otras co- 
sas, que acullá an este tragar no a^e el alma: dentro de sí, sin enten- 
der cómo, la pone el señor el mantenimiento. Aquí an parece quiere 
travaje vn poquito, anque es con tanto descanso, que casi no se 
siente. Quien tuviere esta oragión, entenderá claro lo que digo, si 
lo mira con advertencia, después de aver leydo esto, y mire que 
ynporta; si no, parece algaravía. ilnsí que, si sintiendo en si esta 
oración, que es vn contento quieto y grande de la voluntad y sose- 
gado, sin saverse determinar de qué es señaladamente, anque bien 
se determina que es diferentísimo de los contentos de acá; y que no 
vastaría señorear el mundo, ni los contentos de él, para sentir aquella 



1 La Santa afladló al fin del autógrafo los cuatro importantes pánafos siguientes, sobre la 
oración de quietud, que en el de Valladoüd inclujjó en este lugar, u así lo hacemos nosotros, 
poique ésta fué la voluntad de su autora. 

2 Me olvidé, decía ij lo borró. 

3 Y en verdad, suponemos quiso decir la Santa. 

4 Consiego, dice por error material el autógrafo. 



314 CAMINO DE PERFECCIÓN 

satisfa9ión, que es en lo ynterior de la voluntad. Que estotros con- 
tentos de la vida paréperae a mí que los gopa lo esterior de la vo- 
luntad, la corteqa, digamos. 

Digo que cuando se viere en este tan subido grado de oragión, 
que es, como e dicho ya, muy conocidamente sobrenatural, si el en- 
tendimiento se fuene a los mayores desatinos del mundo, rríase de ello 
y déjele para ne^io, y estése en su quietud, que él yrá y verná; que 
aquí es ya señora y poderosa la voluntad; ella se la trayrá sin 
aper vos nada. Y gi queréys a fuerqa de bracos (1), perdéys la forta- 
lepa que tenéys para contra él, que viene de comer y admityr aquel 
divino sustentamiento, y ni el vno ni el otro ganaréys nada; sino 
podríamos degir, que quien mucho quiere apretar junto, lo pierde todo. 
La espirien^ia dará esto a entender, que para entenderlo sin que nos 
lo digan, es menester mucha; y para agerlo y entenderlo después 
de leydo, es menester poca. 

En fin, lo que dura con la satisfagión y deleyte que se tiene, 
con rragón pueden degir que están en su rreyno, y que les a oydo 
el padre eterno su petición de que aya venido a ellas. ¡O dichosa de- 
manda, que tanto bien pedimos sin entenderlo! Dichosa manera de 
pedir! Por eso quiero yo, ermanas, que miremos cómo rre^amos esta 
oración celestial, y lo que pedimos en ella; porque está claro que 
si dios nos ape esta merced, que emos de descuydarnos de negocios del 
mundo; sí, mal que mes pese (2), porque llegado el señor del mun- 
do, todo lo echa fuera. No digo que todos los que la pidieren, por 
fuerqa estén desasidos del mundo del todo; al menos querría entien- 
dan lo que les falta y se vmillen, y tan gran petición no la pidan 
como quien ino pide nada; y que si el señor les diere lo que le 
piden, no se lo tornen a los ojos. Que ay muchos, y yo e sido la 
vna, que está el señor enterneciéndolos y dándolos ynyspiracioncs 
santas, y luz de lo que es todo, y, en fin, dándolos este rreyno, pu- 
niéndolos en esta oragión de quietud, y ellos agiéndose sordos. Y ay 
almas tan amigas de ablar y depir muchas oraciones vocales muy aprie- 
sa por acavar su tarea, que tienen ya por sí de decirlas cada día, que 
anque les ponga su rreyno el señor en las manos, y las dé esta oración 
de quietud y esta paz ynterior, no la admiten; sino que ellos mes- 
mos, con isu rrecar, piensan que apen mijor, y se divierten. 

Esto no agáys, ermanas, cuando el señor os yciere esta merced; 
mira que perdéys vn gran tesoro, y que acéys mucho más con vna 
palabra ¡de cuando en 'cuando del pater noster, que con decirle muchas 
veces apriesa y no os entendiendo. Está muy cerca a quien pedís, 
no os puede dejar de oyr, Y creé que aquí es el verdadero alabar de 
su nonbre y el santificarle, porque ya, como cosa de su casa, glori- 
ficáys al señor, y alabáysle con más afición y deseo, y parece que no 
podéys dejarle de servir. Ansí que en esto os aviso que tengáys 
mucho aviso, porque ynporta muy mucho. 



1 Ttaetle, añade el autógrafo de Valladolid. 

2 Sí, mal que nos pese. Estas palabras están borradas en el original. 



CAPITULO LIV (1) 



QUE TEHTA DESTilS PaLABRAS: FYflD VOLUNTAS TUfl, SICUT YN CELO ET YN 
TERRA, Y LO MUCHO QUE VA QUE ACEMOS EN DECYR ESTAS PALABRAS, 
SI VAN CON DETEEMINACYON. 



Acra que nuestro buen maestro nos a pedido y enseñado a pedir 
cosa de tanto valor, que encierra en sí todas las cosas que acá pode- 
mos desear, y nos a echo tan gran merced como a<;ernos sus herma- 
nos, veamos qué quiere que demos a su padre, y qué le ofrece por 
nosotros y qué es lo que nos pide; que rra9Ón es le sirvamos con algo 
tan grandes mercedes. ¡O buen jesús! que tan poco days (poco de 
nuestra parte), ¿cómo pedís ¡para nosotros? Dejemos que ello en sí 
es nonada, por adonde tanto ¡se deve y para tan gran rrey. Mas cier- 
to, señor mío, que !no nos dejáys con nada, y que damos todo lo que 
podemos, si lo damos como lo de9Ímos, digo. 

Sea echa tu voluntad (2), y como es echa en el ¡pielo, ansí se aga 
en la tierra. Bien existes, buen maestro y señor, de pedir la petición 
pasada, para que podamos icunplir lo que dáys por nosotros; porque 
pierto, señor, si ansí jio fuera, ynposible me parece poder nosotros 
cunplirlo. Mas adiendo vuestro padre lo que vos le pedistes de darnos 
acá su rreyno, yo sé que os sacaremos verdadero en dar lo que 
dáys por nosotros; porque, echa la tierra gielo, será posible a^erse 
en mí vuestra voluntad. Mas sin esto, y en tierra tan rruyn, tan sin 
fruto como la mía, yo no sé, señor, cómo sería posible; es gran cosa 
lo que ofre^éys, por eso querría, yjas, lo entendiésedes. 

Cuando yo pienso en |esto, gusto de los que diqen no es bien 
pedir travajos a el señor, que es poca vmildad. Y e topado a al- 
gunos tan pusilánimes, que an sin este anparo de vmildad, no tienen 
corazón para pedírselos, que piensan luego se los a de dar. Querría 
preguntarles si entienden esta ivoluntad que suplican al señor la cun- 
pla su majestad en ellos, v es que la dipen por de?ir lo que todos, 
mas no para aíerlo: lesto, yjas, sería mucho mal. Mira que pareqe 
nuestro buen jesús nuestro enbajador, y que a querido entrevenir 
entre nosotros y su padre, y no a poca costa suya; y no sería tra- 
bón que lo que promete v ofrece por nosotros, dejásemos de ajerio 



1 Cap. XXXII. 

2 El P. García de Toledo escribe al margen: Fiat voluntas tua U. 



316 CAMINO DE PERFECCIÓN 

verdad, v ^o lo (digamos. Hora quiérolo llevar por el cabo (1). Mira, 
ermanas, toma mi parecer; ello a de ser, que queráys v no, que se 
a de a9er su ¡voluntad en el 9ielo y en la tierra, créeme y a^é 
de la necesidad virtud. 

jO señor mío! qué gran rregalo es éste para mí, que no de- 
j asedes en querer tan rruyn como el mío el cunplir vuestra voluntad! 
Bendito seáys por sienpre, y alaben os todas las cosas. Sea glorificado 
vuestro nonbre por sienpre. Buena estuviera yo, señor, si estuviera 
en mis manos el icunplirse vuestra voluntad v no. ñora la mía os doy 
libremente, anque a tienpo que no va libre de ynterese; porque ya 
tengo provado, y gran espirieníia de ello, la ganan9ia que es dejar 
libremente mi voluntad en la vuestra. ¡O, y jas, qué gran ganancia 
ay aquí, v qué gran pérdida de no cunplir lo que debimos al señor 
en el pater noster en esto que le of retemos! 

untes (2) que os diga lo que se gana, os quiero declarar lo mu- 
cho que ofregéys, no os llaméys después a engaño y digáys que no 
lo entendistes. No sea icomo algunas monjas que no a^en sino pro- 
meter, y como no (cunplen nada, digen que cuando y^ieron profe- 
sión que íno entendieron lo que prometían, ünsí lo creo yo, porque es 
fágil de ablar, y dificultoso de obrar; y si pensaron que no era más 
lo vno que lo otro, gierto no lo entendieron, ñ^edlo entender, a 
las que acá y^ieren profesión, por larga prueva, no piensen que a de 
aver solas palabras, sino obras tanbién. 

Ansí quiero entendáys con quién lo avéys, como di^en, y lo que 
ofrece por vos el buen jesús al padre, y lo que le days vos cuando 
degís que se cunpla su voluntad en vos, que no es otra cosa. Pues no 
ayáys miedo que sea su voluntad daros rriqueqas, ni deleytes, ni gran- 
des onrras, ni todas estas cosas de acá; no os quiere tan poco, y 
tiene en mucho lo que le dáys, y quiéreoslo pagar bien, pues os da 
su rrcyno an en vida, como digen. ¿Queréys ver cómo se a con los 
que de veras le digen esto? Preguntaldo a su yjo glorioso, que se lo 
dijo cuando la oragión del verto. Como fué dicho con verdad y de 
toda voluntad, mira si la cunplió bien en lo que le dio de dolores, 
y travajos, y ynjurias y persecuciones, en fin, asta que se le acavó 
la vida con muerte de cruz. 



1 Por otra vía, dice en el autógrafo de Valladolid. 

2 Este ü el siguiente párrafo fueron muy modificados por la Santa en el manuscrito de 
Valladolid. 



CAPITULO LV (1) 



COMO ESTÁN LOS RRELISIOSOS OBLIGADOS A QUE NO SEAN PALABRAS, SINO 
OBRAS. 



Pues veys aquí, y jas, a quien más amava lo que dio, por donde 
se entiende cuál es su voluntad. Mira lo que a^éys; procura no sean 
palabras de cunplimiento las que de9is a tan gran señor, sino es- 
forzaos a pasar lo que su majestad quisiere. Que otra manera de dar 
voluntad, es mostrar la joya y dezir que la tomen, y cuando estienden 
la mano para tomarla, guardarla vos muy bien. No son estas burlas 
para con quien las que le y^ieron por nosotras (2); anque no vuiera 
otra cosa, meregen que no burlemos ya tantas ve^es del, que no son 
pocas las que se lo debimos en él pater noster. Démosle ya vna 
vez del todo la joya, de cuantas acometemos a dársela; es verde 
que no nos la da primero (3). 

jO, válame dios! ¡cómo se le parepe a mi bien jesús, que nos 
conoce! Pues no dijo al principio diésemos esta voluntad al señor, 
asta que estuviésemos bien pagados de este pequeño servicio, para 
quien entiende la gran gananpla que en el mesmo servicio quiere d 
señor ganemos, que an en esta vida nos comicnpa a pagar, como aora 
diré. Los del mundo ^rto aran si tienen de verdad determinación de 
cunplirlo. Vosotras, y jas, diciendo y adiendo, palabras y obras, como 
a la verdad parece apcmos los rrelisiosos; sino que, a las ve^cs, po- 
nemos al señor ya la joya en la mano, y tornémossela a tomar. So- 
mos francos de presto, y después tan escasos, que valdría en parte 
más, que nos vuiéramos detenido en el dar. 

Porque todo lo que os e avisado en este libro va dirijido a este 
punto de darnos del todo al criador y poner nuestra voluntad en la 
suya, y desasirnos de las criaturas, y ternéys entendido lo mucho que 
nos ynporta, no digo más en ello; sino diré para lo que pone aquí 
nuestro buen maestro estas palabras dichas, como quien sabe lo mucho 
que ganaremos de ager este servicio a su eterno padre, porque pos 
disponemos para que con mucha brevedad nos veamos acabado el ca- 



1 Prosigue el capítulo XXXII. Este es otro de los capítulos notablemente modificados por 
la Santa. 

2 En el autógrafo de Valladolid escribió la Santa más correctamente esta frase, modificán- 
dola en esta forma: No son estas burlas para con quien le hicieron tantas por nosotros. 

3 Para que se la demos, añade en el autógiafo valisoletano. 



318 CAMINO DE PERFECCIÓN 

mino y bevicndo del agua biva de la fuente que queda dicha. Por- 
que sin darnos del todo al señor, y ponemos en sus manos para que 
aga en todo lo que nos toca su voluntad, nunca deja bever de ella. 
Esto es contenpla^ión perfeta, lo que rae dejistes (1) que os escriviese, 

Y en esto, ninguna cosa abemos de nuestra parte, ni trava jamos, 
ni negociamos, ni es menester más; porque todo lo demás estor- 
va y ynpide de ide?ir fiad voluntas tua: cúnplase, señor, en mí vues- 
tra voluntad de todos los modos y maneras que vos, señor mío, qui- 
sierdes. Si queréys con travajos, dadme esfuerzo y vengan; si con 
persecuciones y enfermedades, y desonrras y necesidades, aquí estoy, 
no bolveré el rrostro, padre mío, ni es rra^ón buelva las espaldas. 
Pues vuestro y jo dio en nonbre de todos esta mi voluntad, no es 
rracón falte ipor mi parte; sino que me agáys vos merced de darme vues- 
tro rreyno para que yo lo pueda ager, pues él me le pidió, y dispo- 
ned en mí como en cosa vuestra conforme a vuestra voluntad. 

¡O, hermanas mías, qué fuerza tiene este don! No puede menos, 
si va con la determinación que a dir (2), ds traer al todopoderoso 
a ser vno con nuestra vajeca y trasformarnos en sí, y acer vna vnión 
del acedor con la criatura. Mira si quedaréys bien pagadas, y si 
íenéys buen maestro, que como isabe por donde a de ganar la voluntad 
de su padre, enséñanos a cómo y con qué le emos de servir. 



1 En el autógrafo de Valladolid escribe dijistes. 

2 Ha de ir, enmienda en el original valisoletano. 



CAPITULO LVI (1) 



TRATA DE LO QUE DA EL SEÑOR DESPUÉS QUE NOS EMOS DEJADO EN SU 
VOLUNTAD (2). 



Y mientra mayor determinación tiene el alma, y se va entendiendo 
por las obras que lio son palabras de cunpliraiento, más la llega el 
señor a sí, y la levanta de todas las cosas bajas de acá y de sí 
mesma para abilitarla a rre^ibir del señor grandes mercedes, que 
no acava de pagar en esta vida este servicio. En tanto le tiene, que 
ya nosotros no sabemos qué nos pedir, y su majestad nunca se cansa 
de dar; porque no contento con tenerla echa vna cosa consigo, por 
averia ya convertido en sí (3), comienca a rregalarse con ella, a descu- 
brirle secretos, a olgarse de que entienda lo que a ganado, y que 
conozca algo de lo que la tiene por dar, Ágela yr perdiendo estos sen- 
tidos esteriores, porque no ¡se la ocupe nada: esto es arrobamiento, 
y comienga a tratar de tanta amistad, que no sólo la torna a dejar 
su voluntad, mas dale la suya con ella; porque se huelga el señor, 
ya que trata de tanta amistad, que manden a veces, como dicen, y 
cunplir él lo que ella le pide, como lella age lo que él la manda y 
mucho mijor, porque es poderoso, y puede cuanto quiere, y no deja 
de querer. 

La pobre alma, anque quiera, no puede muchas veces lo que que- 
rría, ni puede nada sin que se lo den, y sienpre queda más adevdada, 
y muchas veces fatigada de verse sujeta a tantos ynconvenientes como 
tray en estar en la cárcel de este cuerpo, porque querría pagar algo 
de lo que debe, iy es arto bova de fatigarse. Anque aga lo que es 
en sí, ¿qué podemos pagar los que no tenemos qué dar si no lo rre- 
Cibimos, sino conocernos, y esto que podemos, que es dar nuestra 
voluntad, acerlo cunplidamente? Porque, como e dicho, está ya es- 
crito en otra parte, cómo es esta oración, y lo que a de ager el alma 
entonces, y cosas arto largamente declaradas de lo que el alma siente 
aquí, y en lo que se conoce ser dios, no ago más de tocar en estas 



1 Prosigue el capítulo XXXII. 

2 Este título tomado del índice, como todos los demás, es de letra de la Sania. 

3 El P. García de Toledo, borró convertido en si ij escribió entre líneas: unido a sí mis- 
mo, conección que la Santa aceptó para su autógrafo de Valladolid, sin más diferencia que 
escribir mesmo, donde el Padre dice mismo. 



320 CJIMIKO DE PERFECCIO» 

cosas de oración para daros a entender cómo avéys de rre^ar esta ora- 
ción del pater noster. Sólo os doy vn aviso: que no penségs con 
fuerza vuestra, ni delijen^ia, llegar aquí, que es por demás, antes 
si teníades devoción, quedaréys fríos; sino con sinpU9idad y vmildad, 
que es la que lo acava todo, depir fiad voluntas tua. 



CAPITULO LVII (1) 



EN QUE TRATA LA GRAN NECESIDAD QUE TENEMOS DE PEDIR ESTA PETICIÓN 
DE PANEN NOSTRUN (2). 



Pues entendiendo, como e dicho, él buen jesús cuan dificultosa 
cosa era esto que ofrece por nosotros, conociendo nuestra flaquera, 
y que ínuciías ve^es acemos entender que no entendemos cuál es la 
voluntad del señor, como somos flacos y él tan piadoso, era menester 
medio: pues dejar de dar lo dado, vio que en ninguna manera nos 
conviene, porque está en ello toda nuestra ganancia; pues cunplirlo, 
vio ser dificultoso, porque degir a vn rrico (3) que es la voluntad 
de dios que tenga cuenta con moderar su plato, para que coman otros 
siquiera pan, que mueren de anbre, sacará mil rraqiones para no en- 
tender Gsto sino a su propósito. Pues de^ir a vn mormurador que es la 
voluntad de dios querer tanto para sí como para su prójimo, v para 
su prójimo como para sí, no lo puede poner a paqiengia, ni vasta rra- 
qón para que lo entienda. Pues decir a vn rrclisioso que está mostrado 
a libertad, v rrelisiosa, y a rregalo, que a' de tener cuenta con que 
a de dar enjenplo, y que mire que ya no íes sólo con palabras a de 
degir esta palabra, sino que lo a jurado y prometido, y que es vo- 
luntad de dios que cunpla sus votos, y mire que si da escándalo que 
va muy contra ellos, anque no del todo los quebrante; que a prometido 
pobrera, que la guarde sin rrodeos, que esto es lo que el señor quiere, 
no ay rremedio, an aora de quererlo acer, ¿qué yolera si el señor 
no yolera lo más con el rremedio que puso? No vuiera sino muy 
poquitos que cunplieran su palabra y lo que él ofrepió al padre, y ple- 
ga a su majestad que an aora aya muchos. Pues visto el señor la 
necesidad, pensó vn medio admirable adonde nos mostró el estremo 
de amor que nos tenía, y en su nonbre y en el de sus hermanos, pidió 
esta petición. 



1 Cap. XXXIIl. 

2 También este título es de letra de la Santa. 

3 Regalado u rico, dice en el autógrafo de Valladolid. 



III 21 



CñPITULO LVIII (1) 



QUE TRATA DE LO MUCHO QUE YZO EL PADRE ETERNO EN QUERER QUE SU YJO 
SE NOS QUEDASE EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO. 



El pan nuestro de cada día dánoslo oy, señor (2). Entendé, hennanas, 
por amor de dios, esto que pide el buen jesú, que nos va la vida 
en no pasar de corrida por ello, y tené en rauy poco lo que avéys 
dado, pues tanto avéys de rre^ibir. Páreseme aora a mí, devajo de 
otro mijor pareper, que Visto el buen jesú lo que avía dado por 
nosotros, y cómo nos lynportava tanto darlo, y la gran dificultad que 
avía por ser nosotros lalcs y tan ynclinados a cosas va jas, y de tan 
poco amor y ánimo, que era menester ver el suyo para despertarnos, 
y íno vna vez sino cada día, que aquí se devía determinar de quedarse 
con nosotros. Y como era cosa tan grave y de tanta ynportan(?ia, quiso 
que viniese de la mano del eterno padre. Porque anque eran vna mesma 
cosa, y sabía que lo que él y^iese en la tierra se aria en el gielo, 
y isu voluntad y la de su padre eran vna para tan gran cosa, era 
tanta la vmildad del buen jesús, que quiso como pedir li^en^ia, por- 
que ya sabía era amado del padre y que se deleytava en él. Bien 
entendió que pedía más len esto que pide que en lo demás que a 
demandado, porque sabía la muerte que le avían de dar, y las des- 
onrras y afrentas que avía de padecer. 

Pues ¿qué padre vuiera, señor, que aviéndonos dado a su yjo, y 
tal yjo, y parándole tal, quisiera consentirle se quedara entre nosotros 
cada día a pade9er? Por gierto, ninguno, señor, sino el vuestro: bien 
sabéys a quien pedís. ¡O, válame dios, qué gran amor del yjo, y 
qué gran amor del padre! Rn no me espanto tanto del buen jesús; 
porque como avía ya dicho fiad voluntas tua, avíalo de cunplir como 
quien es. Sí, que no es como nosotros, y sabe que la cunple con 
amarnos como a sí, y ansí andava a buscar cómo cunplir con más 
cunplimiento, anque fuese a su costa, este mandamiento. Níñs vos, 
padre eterno, ¿cómo lo consentís? ¿Por qué qucréys cada día ver en 
manos tan rruynes a vuestro yjo? Ya que vna vez quisistes lo estu- 
viese y lo consentistes, veys como le paran, ¿cómo puede vuestra 
piadad cada día, cada día verle aqer ynjurias? ¡Y cuántas se de- 
ven oy aqer a ,este santísimo sacramento! ¡En qué de manos ene- 
migas suyas le deve ver el padre! ¡Qué de desacatos de estos erejesl 



1 Prosigue el capítulo XXXIII. 

2 El P. García de Toledo pone al margen: Panem ntum &. 



CAPITULO LIX (1) 



PONE UNA ESCLfliWflCION AL PÜDBE. 



¡O señor eterno! (2) ¿cómo a^etáys tal petición, cómo lo consentís? 
No miréys su amor, que a trueco de ager cunplidamente vuestra vo- 
luntad y de a?er por nosotros, se dejará cada día aiper pedamos. Es 
vuestro de mirar, señor mío, ya que a vuestro yjo no se le pone cosa 
delante. ¿Por qué a de ser todo nuestro bien a su costa? Porque calla 
a todo, y no isabe ablar por sí sino por nosotros, ¿no a de aver 
quien able por este mansísimo cordero? Dadme li^en^ia, señor, que 
able yo, ya que vos quisistes dejarle en nuestro poder, y os suplique, 
que pues tan de veras os obedeció, y con tanto amor se nos dio, 
que an iniro yo cómo en esta petición sola duplica las palabras, por- 
que dige primero y pide que le déys este pan cada día, y torna a 
degir dádnoslo oy señor. Poneos tanbién delante, como quien di(;e, 
que es rragón que no nos quitéys esta merced, que es nuestro: que 
ya vna vez nos le distes para nuestro rremedio, que no nos le tornéys 
a tomar. Pues mira, «ermanas mías, y esto os enternezca el corazón 
para amar a vuestro esposo: que no ay esclavo que de buena gana 
diga lo es, y que el buen jesú pare?e se onrra de ello. 

¡O padre eterno, que mucho merepe esta vmildad! ¡Con qué te- 
soro conpramos a vuestro yjo! Venderle, ua sabemos que por treynta 
dineros; mas conprarle, ¿qué precio vasta? Como se aí^e aquí el se- 
ñor vna cosa con nosotros por la parte que tiene de nuestra natu- 
raleza, y como señor de su voluntad, lo acuerda a su padre, que pues 
es suya, que nos la puede dar, y ansí se llama nuestro. No a^e él 
diferencia del a nosotros, mas ajémosla nosotros, para no nos dar 
cada día por él. 



1 Prosigue el capítulo XXXIII. 

2 Entie líneas escribe la Santa: Capitulo y esclamaoión. 



CAPITULO LX (1) 



QUE TEflTfl DESTfl PflLilBRil QUE DICE, COTYDIANUN. 



Ya queda concluso que el buen jesús en esto que es nuestro, y ansí 
pide a su padre que nos le deje cada día. Parece que es para sienpre; 
que escriviendo ¡esto e ¡estado con deseo de saber por qué después 
que el señor dijo cada día, tornó a de^ir oy. Quiéreos de9ir mi bove- 
ría; si lo fuere, quédese por tal, que arta lo es meterme [y]o en esto. 
Mas, pues ya vamos entendiendo lo que pedimos, pensemos bien qué 
es, para que, como e dicho, lo tengamos en lo que es rra^ón, y lo 
agradezcamos a quien con tanto cuydado está enseñándonos, ñnsí que, 
ser nuestro cada día, me parece a mí, porque acá le poseemos en la 
tierra, pues se nos quedó acá y le rre^ibimos, y le poseeremos después 
tanbién en el 9ielo, si nos aprovechamos de su conpañía; pues no se 
queda para otra cosa con nosotros, sino para ayvdarnos, y animarnos 
y sustentarnos a a(;er esta voluntad que emos dicho se cunpla en 
nosotros. 

El de^ir oy, me parece es para vn día como es esta vida: ¡y 
bien vn día! Y para los desventurados que se an de condenar, que 
no le gomarán en la otra, para a^er todo lo que como de cosa suya 
se pueden aprovechar, y estar con ellos este oy de esta vida esfor- 
9ándolos; y si se dejan vencer, no es a su culpa. Y porque se lo otor- 
ge el padre, pónele delante (2), que es sólo vn día de lo que dure este 
mundo, que se le «deje ya pasar en servidunbre; pues nos le dio, no 
parezca le toma al mijor tienpo, que todo será vn día estos malos 
tratamientos de llegarse a él yndinamente; que mire está obligado, 
pues a ofrecido por nosotros cosa tan grande como dejar nuestra vo- 
luntad en la suya, a ayvdarnos por todas las vías que pudiere. Que 
no pide más de oy, aora nuevamente, que el avernos dado este pan 
sacratísimo; para sienpre, gierto lo tenemos (3) este mantenimiento y 
•maná de la vmanidad, que pare(?e le aliamos como le queremos, y que si 
no es por nuestra culpa, no moriremos de anbre, que de todas cuan- 
tas maneras quisiere comer el alma, aliará en él sabor, y consolación 
y mantenimiento. No ay ne^esidá, ni travajo, ni persecución que no sea 



1 Cap. XXXIV. 

2 Traile a la memoria, había escrito, pero lo tachó diciendo en su lugar pónele delante. 

3 Aquí borró la Santa estas palabras: y que nos le dio sin pedírsele y. 



CAPITULO LX 325 

fá9il de pasar, si comeníamos a partir y mascar ¡de los suyos (I), y po- 
nerlos en nuestra consideración. 

Que (2) otro pan de los mantenimientos y necesidades corpo- 
rales, no quiero yo pensar se le acordó al señor de esto, ni querría 
se os acordase a vosotras: está puesto en subidísima contenpla^ión, 
que quien está en aquel punto, no ay más memoria de que está 
en el mundo que si no estuviese, cuantimás si a de comer; ¿y avía 
el señor de poner tanto en pedir qué comiésemos para él y 
para nosotros? No aipe a mi propósito. Estaños enseñando a po- 
ner nuestras voluntades en las cosas del cielo, y a pedir le comen- 
cemos a gocar desde jaca, ¿y avíanos de meter en cosa tan vaja como 
pedir de comer? ¡Como que no nos conoce que comencados a entre- 
meter en necesidad del cuerpo se nos olvidarán las del alma! Pues 
¡qué jente tan concertada, que nos contentaremos poco y pediremos 
poco ! ; sino que mientra más nos diere, más parece nos a de fal- 
tar el agua. Pídanlo esto, yjas, los que quieren más de lo necesario (3). 
Vosotras pedí que os deje oy a vuestro esposo, que no os veáys en 
este mundo lo que biviérdes sin él; que vaste que quede tan disfracado 
en estos acidentes de ¡pan, que es arto tormento para quien no tiene 
otro amor, ni otro consuelo; mas suplicalde que no os falte, y que 
os dé aparejo para rrecibirle tan dinamente. 

De esotro pan no tengáys cnydado las que muy de veras os 
ahéys {1) dejado en la voluntad de dios; digo en estos tienpos de oración 
que tratáys cosas más ynportantes, que tienpos [a]y otros para que la 
que tiene en cargo (5) tenga cuydado de lo que avéys de comer, digo de 
daros lo que tuviere. No ayáys miedo que os falte, si no faltáys vosotras 
en lo que avéys dicho de dejaros en la voluntad de dios. Y por cierto, 
yjas, de mí os digo, que si de eso faltase aora con malicia, como 
otras veces lo (6) e echo muchas, que yo no le suplicase me diese ese 
pan, ni otra cosa de comer. Déjeme morir de anbre. ¿Para qué quiero 
vida si con ella voy cada día más ganando muerte eterna? 



1 M gustar de los suyos, en vez de mascar, escribe en el autógrafo de Valladolid. 

2 Aquí tiene el original una página entera cruzada por algunas lineas que no impiden 
la lectura de ella. 

3 Hasta aquí lo tachado. A lo largo del margen escribe el P. García de Toledo: Todo lo 
que eta sustentación del cuerpo y alma pidió X.o n. Sor. como es el pan material y la eucha- 
ristía, y por reverencia para el alma; y asi la igla. (iglesia) lo pide en la letanía. 

h Asi se lee en el autógrafo. Rvéis, dice en el original de Valladolid. 

5 Oficio, obligación. 

Ó Por distracción repite la e. 



CHPITULO LXI (1) 



QUE PROSIGUE Lñ MISMñ MATERIA: PONE VNA COMPARACIÓN. ES MUY BUENO 
PARA DESPUÉS DE AVER RHECYBYDO EL SANTYSIMO SACRAMENTO. 



Coiipara^ión. Ansí que, si de veras os dáys a dios como lo de^ís, 
descuydaos de vos, que él tiene el cuydadoi, y le terna sienpre. Es como 
si entra vn criado a servir a vn amo, tiene el criado cuenta con 
contentarle en todo; mas el amo está obligado a darle de comer 
mientra está en su casa y le sirve, salvo si no es tan pobre que no 
tiene para sí ni para él. Pues acá ijesa esto, que sienpre es y será 
poderoso. ¿Pues sería buena cosa (2) andar el criado pidiendo cada 
día de comer, pues sabe tiene cuydado su amo de dárselo y le a 
de tener? Es gastar palabras, y decirle a él que tenga cuydado en 
cómo le a de servir, y que no se ocupe en ése, que no aqe cosa 
a derechas en lo demás. 

ñnsí que, ermanas, pida quien quisiere ese pan; pidamos nosotras 
el que nos a^e al caso, y supliquemos al padre nos dé gracia para dis- 
ponemos de manera a rreíibir don tan grande y tan celestial mante- 
nimiento, que ya que los ojos del cuerpo no se deleytan en mirarle, 
porque está encubierto, se descubra a los del alma y se le dé a cono- 
cer, que fes otro mantenimiento de contentos y rregalos, que para 
sustentar la vida, más veges que querremos le vernemos a desear y p 
pedir, an sin sentirnos. No es menester despertarnos para ello, que 
nuestra ynclina^ión rruyn a cosas vajas nos despertará, como digo, 
más veíjes que queramos; mas de adverten9ia, no procuremos poner 
nuestro cuydado sino en suplicar al señor lo que tengo dicho, que ti- 
niendo esto, lo tememos todo. 

¿Pensáys que no es mantenimiento, an para estos cuerpos, este 
santísimo sacramento, muy grande, y gran medipina an para los ma- 
les corporales? Yo lo sé (3), y conozco persona de grandes enfer- 
medades, y estando muchas ve^es con graves dolores, como con la 
mano se le quitavan y quedava buena del todo. Esto muy ordinario, 
y de males muy 'cono9Ídos, que no los pudiera ñnjir; y otros muchos 
efetos que afía en esta alma, que no ay para qué de9irlos, y podía yo 



1 ■ Prosigue el capítulo XXXIV. 

2 Pues no sería bien, dice en el autógrafo de Valladolid, y en tal caso no hacen falta 
las interrogaciones. 

3 En el original de Valladolid dice: Yo sé que lo es. 



CAPITULO LXI 327 

saberlos, y sé que no miente. Mas tenía tanta devoción g tan biva 
fe, que cuando en algunas fiestas oya (1) a personas que quisieran 
ser en el tienpo ,que andava cristo en el mundo, se rrega (2) entre sí, 
pareqiéndole que tiniéndole tan verdaderamente en el santísimo sa- 
cramento como entonces, que ¿qué más se les dava? 

Mas sé de esta persona, que muchos años, anque no era muy 
perfeta, cuando comulgava, ni más ni menos que si viera con los ojos 
corporales entrar en su posada a cristo, procurava ella esforzar la fe 
para creer «ra lo mesmo, y le tenía en casa tan pobre como la suya, 
y desocupávase de todas las cosas esteriores, y poníase a vn rrincón, 
procurando rrecojer los sentidos para estarse con su señor a solas, 
y considerávase a sus pies, y estávase allí, anque no sintiese devopión, 
ablando con él. 

Porque si no nos queremos aper Riegos y bovos, si tenemos fe, 
claro está que está dentro de nosotros; pues ¿para qué emos de yr a 
buscarle más lejos, como queda dicho? Sino que, pues sabemos, mientra 
no consume el calor natural los a^identes del pan, que está con nos- 
otros el buen jesús, [que nos ilegemos a él] (3). Pues si cuando an- 
dava en el mundo, de sólo tocar a su rropa sanava los enfermos, ¿qué 
ay que dudar que ara milaglos estando tan dentro de mí, si yo 
tengo íe, y tme dará todo lo que le pidiere, pues está en mi casa? 

Si os congojáys porque no le veys con los ojos corporales, mira 
que nos conviene, que es otra cosa verle glorificado, v cuando andava 
por el mundo. No ^vría sujeto que lo sufriese de nuestro flaco na- 
tural, ni avría mundo, ini quien quisiese parar en él; porque en ver 
esta verdad eterna, se vería ser burla todas las cosas de que acá 
abemos caso. No ayáys miedo que anque no se vea con estos ojos 
corporales, de sus amigos esté muy ascendido: estaos vos con él 
de buena gana. Mira que es esta ora de gran provecho para el alma, 
y en que se sirve mucho el buen jesú, que le tengáys conpañía: tené 
gran cuenta, y jas, de no la perder. Si la obediencia os mandare otra 
cosa, procura dejar el alma con el señor, que vuestro maestro es; 
anque no lo entendáys, no os dejará de enseñar. Y si luego lleváys el 
pensamiento a otra parte, y no apéys más caso que está dentro de 
vos, que si no le vuiérades rrepibido, no os quejéys de él, sino de vos. 
No digo que no rrepéys, porque no me asgáys a 'palabras, y digáys que 
trato de contenplapión, salvo si el señor no os llevare a ella; sino 
que si rrepardes el pater noster, entendáys con cuánta verdad estay s 
con quien os le enseñó, y le beséys (4) los pies por ello, y le pidáys 
os ayvde a pedir:, y no se vaya de con vos. 

Si esto avéys de pedir a vna ymajen de cristo delante de quien 
estáys, ¿no veys que es bovería dejar en aquel tienpo la ymajen biva, 
y la mesma persona por mirar al devujo? (5). ¿No lo sería, si tuviésedes 
vn rretrato de vna persona que quisiésedes mucho, y la mesma per- 



1 Léase oía. 

2 Reía. 

3 Estas palabras, necesarias para completar el sentido, las tomamos del autógrafo de Va- 
lladolid. 

4 Peséis, había escrito primero y lo enmendó. 

5 Comparación, escribe al margen la Santa. 



328 CAMINO DE PERFECCIÓN 

sona os viniese a ver, dejar de ablar con ella y tener toda la conver- 
sación con el rretrato? ¿Sabégs para cuándo es bueno y santísimo, y 
cosa en que yo ine deleyto mucho? Para cuando está avsente la mesma 
persona. Es gran rregalo ver vna ymajen de nuestra señora, v de algún 
santo a quien tenemos devoción, cuantimás la de cristo, y cosa que 
despierta mucho, y cosa que a cada cavo querría ver que bolviese 
los ojos. ¿Qué mijor cosa podríamos mirar, ny más gustosa a la vista? 
Desventurados destos ¡erejes, que carecen de esta consolación y bien, 
entre otras. 

Mas acavando de rrecibir al señor, tyniendo la mesma persona 
delante, procura cerrar los ojos del cuerpo y abrí los del alma, y 
miraos al coracón. Que yo os digo, y otra vez lo digo, y muchas lo 
diré, que si tomáys esta costunbre de estaros con él, y esto no vn 
día, ni dos, sino todos los que comulgardes, y procurar tener tal con- 
ciencia que sea lícito gocéys a menudo de este bien, que no viene 
tan disfracado, que de muchas maneras no se da a conocer conforme 
a leí deseo que vos tenégs de verle; y tanto lo podéys desear, que se 
os descubra del todo. 

Mas si no acéys caso de él en rrecibiéndole, con estar tan junto, 
sino que le vays a buscar a otras partes, v a buscar otras cosas vajas, 
¿qué queréys que aga? ¿ños de traer por fuerca a que le veáys y os 
estéys con él, que se os quiere dar a conocer? No, que no le trataron 
bien cuando se dejó ver a todos, y les decía claro quién era, que muy 
pocos fueron los que le creyeron. Y ansí, arta misericordia nos ace a 
todos, que quiere entienda que es él el que está en el santísimo sacra- 
mento. Mas que le vean descubiertamente, y comunicar sus grandecas 
y darles de sus tesoros, no quiere sino con los que entiende que mu- 
cho lo desean, porque éstos son sus verdaderos amigos. Que yo os 
digo, que quien le ofendiere, y no llega a rrecibirle con aver echo 
lo que es en sí, que nunca le ynportune porque se le dé a conocer. 
No ve la ora de aver cunplido con lo que manda la ylesia, cuando se 
va a su casa y procura echarle de ella. Ansí que, si entra en sí, 
es para pensar vanidades allí en su presencia. 



CAPITULO LXII (1) 



EN QUE TRñTfl EL RRECOJIMIENTO QUE SE ñ DE TENER DESPUÉS DE ñVER CO- 
MULGADO. 



Eme alargado tanto en esto, anque dije tanbién en la ora9Íón del 
rrecojimiento mucho de ello, porque ynporta muy mucho este entrarse 
a solas con dios (2) ; y cuando no comulgaren y oyérdes misa, podéys co- 
mulgar cspiritualmente, y es de grandísimo provecho, y a^er lo mes- 
mo. Es mucho lo que se ynprime aquí el amor de este señor; porque 
aparejándoos a rregibir, jamás deja de dar por muchas maneras que 
no entendemos. Es llegarnos lal fuego, que anque le aya muy grande, 
si ascondéys las manos, mal os podéys calentar: quedaréys frío, an- 
que todavía es más que si no viérades el fuego: calor alcanza estando 
perca. Mas lotra cosa es quereros llegar a él, que si el alma está dis- 
puesta, vna pentellica que salte, la abrasará toda. Y vanos tanto y jas, 
disponernos para esto, que no os espantégs lo diga muchas ve?es. 

Y si a los principios no se os descubriere, ni os allardes bien 
(antes os porná el demonio apretamiento del corazón y congoja, por- 
que sabe el daño tan grande que le viene de aquí), y que alláys de- 
voción en otras cosas más, y aquí menos, no dejéys este modo: 
aquí provará el señor lo que le queréys. Acordaos que ay pocas almas 
que le aconpañen ni le sigan en los travajos. Pasa por él algo, que 
su majestad os lo pagará. Y acordaos tanbién qué de personas avrá 
que no sólo no iquieran estarse con él, sino que le echen de su casa 
con gran desacato y descomedimiento. Pues algo emos de pasar para 
que se entienda le tenemos deseo de ver. Y pues todas las partes 
adonde le dejan solo, y aqen malos tratamientos las sufre, y sufrirá, 
por sola vna que pon amor le admita y le aconpañe, sea la vuestra 
esta vna. Porque, a |no aver ninguna, con rragón no le consintiera 
quedar el padre eterno entre nosotros; sino que es tan amigo de 
amigos, y tan señor de siervos, que como ve la voluntad de su buen 
yjo, no le quiere estorvar obra tan epelente, y adonde tan cunplida- 
mente muestra el amor que tiene a su padre, en aver buscado tan 
admirable yuvenplón para mostrar lo que nos ama, y para ayvdarnos a 
pasar nuestros travajos. 

Pues, padre santo, que estás en los píelos, ya que lo queréys 
y lo apetáys, y telare se estava que no avíades de negar cosa que tan 



1 Cap. XXXV. 

2 Véase la nota de la página 167, 



330 CAMINO DE PERFECCIÓN 

bien nos cstava a nosotros, algicn a de aver, como dije primero, que 
able por vuestro yjo, pues él nunca supo tornar de sí. Y ansí os rruego 
yo, y jas, me ayvdéys a pedir a nuestro padre santo, en nonbre suyo, 
que pues no le a quedado por a9er ninguna cosa adiendo a los pe- 
cadores tan gran benefi9io como éste, que quiera su majestad y se 
sirva de poner rremedio para que no sea tan maltratado. Y pues su 
santo yjo puso tan buen medio para que en sacrificio le podamos 
ofrecer muchas veges, que valga tan pregioso don para que no vaya 
adelante tan grandísimos males y desacatos como se agen en los lu- 
gares adonde está este santísimo sacramento, que parece le quieren 
ya tornar a echar ;del mundo, quitado de los tenplos, perdidos tantos 
sacerdotes, profanadas tantas ylesias, an entre los cristianos, que a 
las veces van allí más con yntención de ofenderle que no de adorarle. 

Pues ¡qué es esto, señor! V dad fin al mundo, v poned rreme- 
dio en tan gravísimos males, que no ay coracón que lo sufra, an de 
los que somos rruynes. Suplicóos padre eterno, que no lo sufráys ya 
vos; atajad este fuego, peñor. Mira que an está en el mundo vuestro 
yjo; por su acatamiento cesen cosas tan feas y sucias, pues su er- 
mosura y linpieca no merece estar en cosa adonde ay tan malos 
olores. No lo agáys por nosotros, señor, que no lo merecemos; aced- 
lo por vuestro yjo. Porque no nos le dejar acá, no os lo osamos pedir, 
pues él alcancó de vos que por este día de oy, que es lo que 
durare el mundo, le dejásedes acá, y porque se acavaría todo, que 
si algo os aplaca, es tener acá tal prenda. Pues algún medio a de 
aver, señor, póngale vuestra majestad, pues si queréys, podéys. 

¡O señor, quién pudiera ynporíunaros mucho y averos servido 
algo, para poderos pedir tan gran merced en pago de mis servicios, 
pues no dejáys ninguno sin paga! Mas no lo e echo, señor; antes 
por ventura so yo la que os e enojado de manera, que por mis pe- 
cados vengan tantos males. Pues ¿qué e de acer, señor, sino presen- 
taros este pan bendito, ly anque nos le distes, tornárosle a dar, y 
suplicaros por sus raéryíos me agáys esta merced, pues por tantas 
partes lo tiene merecido? Ya, señor, ya aced que se sosiege este 
mar; no ande sienpre ¡en tenpestades esta nave de la ylesia, y sálva- 
nos, señor mío, que perecemos. 



CAPITULO LXIÍI (1) 



TBflTfl DESTA PALABRA: DIMITE NOBIS DEBITA NOSTRA. 



Pues viendo nuestro precioso amaestro que con este mantenimien- 
to, si no es ¡por nuestra culpa, todo nos es fá^il, y que podemos cun- 
plir muy bien lo que cmos dicho al padre de que se cunpla en nos- 
otros su voluntad, díñele taora que nos perdone, pues perdonamos. Y 
perdónanos señor nuestras devdas, ansí como nosotros las perdona- 
mos a nuestros devdores (2). 

Y mira, ennanas, que ^no di?e como perdonaremos, porque enten- 
dáys que quien pide vn don tan grande como el pasado, y quien ya 
a puesto su voluntad en la de dios, que ya esto a de estar echo, y 
ansí diíje: como nosotros las perdonamos. Ansí que, quien de veras 
vuiere dicho esta palabra al señor, fiad voluntas tua, todo lo a de 
tener echo, con la ¡determinación, al menos. Veys aquí cómo los santos 
se olgavan con las ynjurias y persecu9Íones, porque tenían algo que 
presentar al señor cuando le pedían. ¿Qué aran las pecadoras como 
yo, que tanto tiene que perdonarme? 

Cosa por cierto, hermanas, es ésta para que miremos mucho en 
ella; que vna cosa tan grave y de tanta ynportangia, como que nos 
perdone el señor nuestras culpas que mere^y fuego eterno, se nos 
perdonen con tan vaja cosa como es que perdonemos nosotras co- 
sas (3) que ni son agravios, ni son nada; porque, ¿qué se puede de- 
(jir, ni qué ynjuria se puede a^er a vna como yo, que merecía que los 
demonios sienpre me maltratasen, en que me traten mal en este mun- 
do, que es cosa justa? En fin, señor mío, que por esta cavsa no tengo 
qué os dar, para pediros perdonéys mis devdas. Perdóneme vuestro 
yjo, que nadie me a echo sinjusti9ia, y ansí jio e tenido qué perdonar 
por vos, sino tomáys, tseñor, mi deseo, que me parece cualquier cosa 
perdonara yo porque vos me perdonárades a mí, v por cunplir vues- 
tra voluntad sin condición. ,Mas no sé qué y^iera, venida a la obra, 
si me condenaran syn culpa; que aora véome tan culpada delante de 
vuestros ojos, que todos quedan cortos, anque los que no saben la 



1 Cap. XXXVl. 

2 Dimite nobis, escribe al margen el P. García de Toledo, que la Santa no copió en el 
original de Valladolid. 

3 Aquí comienza el folio 121, vuelto, que está tachado, si bien puede leetse con fa- 
cilidad. 



332 CAMINO DE PERFECCIÓN 

que soy, como vos lo sabéys, piensan que me agravian (1). ñnsí, padre 
mío, que de valde me avégs de perdonar: aquí cave bien vuestra mi- 
sericordia. Bendito seáys vos, que tan pobre rae sufrís; que lo que 
vuestro sacratísimo yjo di^e en nonbre de todos, por ser yo tal, 
me e de salir de la cuenta. 

Mas, señor, ¿si avrá algunas almas que me tengan conpañía y no 
ayan entendido este punto? Si las ay, en vuestro nonbre les pido yo 
que se les acuerde de esto, y no agan caso de vnos agravuelos (2), que 
no parece sino que a^en casas de pajitas como los niños con estos 
puntos de onrra. ¡O, vélame dios, hermanas, si entendiésemos qué cosa 
es onrra, y en qué está perder la onrra! flora no ablo con vosotras, 
que arto mal sería no tener entendido esto, sino conmigo, el tienpo 
que me prepié de onrra sin entender qué cosa era, y yvame al ylo 
de la jcnte, por lo que oya. ¡O de qué cosas me agraviava! que yo 
tengo vergüenza, y no era, pues, de las que mucho miran en estos 
puntos; mas errava como todas en el punto prin9ipal, porque no mi- 
rava yo ni agía caso de la onrra que tiene algún provecho, porque ésta 
es la que age provecho al alma. Y qué bien dijo, quien dijo, que onrra 
y provecho no podían «star juntas, anque no sé si lo dijo a este 
propósito. Y es al pie de la letra, porque provecho del alma, y esto 
que llama él mundo onrra, nunca puede estar junto. ¡O, vélame dios, 
qué al rrevés anda el mundo! Bendito sea el señor que nos sacó de 
él. Plega su majestad que esté sienpre tan fuera de esta casa como 
está aora, porque dios nos libre de monesterios adonde ay puntos de 
onrra; nunca en ellos se onrra mucho dios. 



1 Hasta aquí lo borrado. Al margen escribe el P. García: No son sino verdaderos agrá" 
uios y injurias las que nos hafen, aunque mayores pecadores seamos. Mas anse de perdonar, 
porque él nos perdone a nosotros. 

2 Diminutivo de agravios. 



CAPITULO LXIV (1) 



EN QUE flBLfl CONTRA LAS ONRRflS DEMASIADAS. 



¡Vélame dios, qué desatino tan grande, que ponen los rrelisiosos 
su onrra en vnas cositas que yo me espanto! Esto no lo sabéys, her- 
manas, mas quiérooslo de(;ir, porque os guardéys de ello. Sabe que 
en las rrelisiones tienen sus leyes tanbién de onrra: van subiendo 
en dinidades como los del mundo. Los letrados deven de yr por sus 
letras, que esto no lo sé, y el que a llegado a leer tevlojía (2) no a 
de va jar a leer filosofía, que es vn punto de onrra que a de subir 
y no va jar. Y an en su seso, si se lo mandase la obediencia, lo 
ternía por agravio, y avría muchos que tornasen de él (3), es afrenta; 
y luego el demonio descubre rra^ones, que an en ley de dios pare(;e 
que tienen rraQón. Pues entre monjas, la que a isidb priora a de quedar 
toda su vida ynabilitada para otra cosa de oficio, si no es aquél: vn 
punto en las antigüedades, que no ayáys miedo que se olvide, y que 
parece que merece en aquello, porque lo manda la orden. 

La cosa más donosa es, y más para rreyr, v para llorar, por mi- 
jor de^ir, y con gran rragón, que se puede pensar. Sí, que no manda 
la orden que no tenga yo vmildad: mándalo porque aya concierto; 
mas yo no e de estar tan concertada en cosas de mi estima, que 
tenga tanto cuydado de taiirar este punto de orden; y si a mano 
viene, todo los otros guardo ynperfetamente, y en esto no pierdo 
punto: miren otras este punto por lo que a mi me toca, y descuy- 
deme yo. Es el caso, que como somos ynclinadas a subir, anque no 
subiremos por aquí al ijielo, no a de aver bajar. ¡O señor, señor! 
¿Soys vos nuestro dechado y maestro? Sí, por cierto. ¿Pues en qué 
estuvo vuestra onrra, rrey mío? ¿Por ventura, perdístesla en ser vmi- 
llado asta la muerte? No, señor, sino que la ganastes, y provecho 
para todos. 

¡O, por amor de dios! que llevamos perdido el camino, porque va 
errado des del (4) principio; y plcgá a dios que no se pierda algún alma 
por guardar estos negros puntos de onrra, sin entender en qué está la 
onrra. Y vernemos después ,a pensar que eraos echo mucho, si perdo- 
namos vna nadería de éstas, que ni nos agraviaron, ni tenía que ver 



1 Prosigue el capítulo XXXVI. 

2 Véase la nota tercera de la página 172. 

3 De él, en vez de pot él, giro varias veces notado ya en la Santa. 
h Por desde. 



334 CfliWINO DE PERFECCIÓN 

con agravio, y muy como quien a echo algo, verneraos a que nos 
perdone el padre, pues emos perdonado. Daldes a entender, señor, cómo 
no saben lo que di9en, y que van tan vacías las manos a pedir como 
yo. Asedio por vuestra misericordia y por quien soys. Qué en ver- 
dad, señor, que no veo cosa (pues todas las cosas se acavan, y el 
castigo es sin fin), que merezca ponérseos delante para que agáys 
tan gran merped, si no es por quien os lo pide, que tiene rra9Ón, 
que es sienpre el agraviado y el ofendido. 

Mas ¡qué estimado deve ser este amarnos vnas a otras del señor! 
pues dada nuestra voluntad, se lo emos dado todo de rra9ón, y esto 
no se puede a?er sin amor. Mira, hermanas, lo que nos ynporta amar- 
nos vnas a otras y tener paz, que no puso el señor de las muchas 
cosas que en vna aviamos dado, v él en nuestro nonbre a su padre 
delante, sino ésta; que pudiera de<;ir: pues os amamos y pasamos 
travajos, y los queremos ¡pasar por vos, v por ayvnos y otras obras, 
que un alma que ama a dios aije, y que le tiene dada su voluntad, 
y no dijo sino ésta. Por ventura, como nos conoce por tan amigos de 
esta negra onrra, ni de pasar nada por él, como cosa más dificultosa 
de alcanzar de nosotros, la dijo más que ninguna. Y es tan dificul- 
tosa, que después de aver pedido tantas cosas grandes para nosotras, 
la ofreíe de nuestra parte. 



CAPITULO LXV (1) 



EN QUE TRATA DE LOS EFETOS QUE flCE Lfl ORACIÓN QUANDO ES PERFETA. 

Pues tcné mucha cuenta, hermanas, con que di^e: como perdona- 
mos; ya como cosa echa, como e dicho. Y entended, que cuando de 
las cosas que dios da a el alma de oración que e dicho, y contenpIa(;ión 
perfeta, tío sale muy determinada, y, si se le ofrece, lo pone por obra 
de perdonar qualquier ynjuria grave, no digo estas naderías (2) ; que 
al alma que dios llega a aquello, no llegan, ni se le da más ser 
estimada que no estimada, y antes siente mucho más la onrra que la 
desonrra (3). Y ansí, podéys creer, si no sale con estos efetos, que 
no eran de dios las mercedes, sino del demonio: alguna ylusión y 
rregalo que os a(;e pareper ique es bueno, para que os tengáys por 
más onrrado (4). Y como el buen jesús sabe bien que deja estos efetos 
adonde él llega, determinadamente di9e a el padre: que perdonamos 
nuestros devdores. 

Es cosa (5) espantosa cuan subida en perfe^ión es esta oración 
evanjelical, bien como el maestro que nos la enseña, y ansí es rra- 
(;ón, yjas, que cada vna la tome a su propósito. Espantávame yo oy 
aliando aquí en tan pocas palabras toda la contenplagión y perfegión 
metida, que parepe no emos menester otro libro, sino estudiar en éste. 
Porque asta aquí a enseñado el señor todo el modo más alto de 
contenplapión, desde los prin9ipiantes en oración mental, asta la muy 
encunbrada y perfeta contenplagión; que a no estar escrito de ella 
en otra parte, y tanbién por no me osar alargar, que será enfado, 
se ypiera vn gran libro de oración sobre tan verdadero fundamento. 
Hora va mostrando tanbién el señor los efetos que age la oración y 
contenplagión, cuando es de dios. 

flnsí que pensava yo, cómo no se avía su majestad declarado más 
en cosas tan subidas (6) para que lo entendiésemos; y pensé, que como 
avía de ser jeneral para todo el mundo esta oración, que porque cada 
vno pidiese a su propósito y se consolase pensando le dava buen 



1 Prosigue el capítulo XXXVI. 

2 Véase lo dicho en la nota cuarta de la página 174, donde vimos cómo Fi. Luis de 
León completó esta fiase en su edición de Salamanca. 

3 Aquí añade la Santa varios párrafos en el autógrafo de Valladolid. 

4 Escribe en nota marginal el P. García de Toledo: O gran señal. 

5 Comienza el capítulo XXXVU. 

6 Supidas, escribió g enmendólo. 



336 CAMINO DE PERFECCIÓN 

entendimiento, lo dejó ansí en confuso. Bendito sea su nonbre por 
sienpre jamás, ümén. Y por él suplico yo al padre eterno perdone 
mis devdas g grandes pecados, pues yo no c tenido a quien perdo- 
nar, ny qué (1) y cada día tengo de que me perdone (2), y me dé 
gracia para que algún día tenga yo algo que poner delante para pe- 
dir (3). 

Pues aviendo el buen jesús enseñádonos vna manera de oragión 
tan subida, y pedido por nosotros vn ser ánjeles en este destierro, 
si con todas nuestras fuerzas nos esforzamos a que sean con las pa- 
labras las obras, en fin, a parecer en algo ser yjos de tal padre, y 
hermanos de tal hermano, sabiendo su majestad que adiendo, como 
digo, lo que debimos, no dejará el señor de cunplir lo que le pedi- 
mos, y traer a nosotros su rreyno, y ayvdar con cosas sobrenatura- 
les, que son la orazión de quietud, y contenpla^ión perfeta, y todas 
las demás mercedes que el señor aze en ella a nuestras dileyjenqitas (4), 
que todo es poquito lo que podemos procurar y granjear de nues- 
tra parte. Mas, como sea lo que podemos, es muy 9ierto ayvdar- 
nos el señor, porque nos lo pide su yjo, y parece vna manera de 
concierto que de nuestra parte a(;e con su majestad, como quien di^e: 
aqé vos hesto, padre mío, y aran ellos estotro. Pues a buen siguro 
que no falte por su parte. ¡O, o, que es muy buen pagador, y paga 
muy sin tasa ! 

De tal manera podéys, yjas, vna vez de9ir esta oración, que como 
entienda que no os queda doblez, sino que aréys lo que de^ís, os deje 
de sola vna vez rricas. No andéys con doblez, que es muy amigo de 
que no se pretenda tratar con él, pues no podéys salir con ello, que 
todo lo sabe; mas tratando con verdad y llaneza, sienpre da más 
de lo que se le pide. Sabiendo esto, como digo, nuestro buen maes- 
tro, y que los que de veras llegasen a. esta perfeQión en el pedir, 
avían de quedar tan en alto grado con las mercedes que les avía de 
a^er su padre, entendiendo que los que están aquí no temen, ni de- 
ven, como di^en tienen el mundo devajo de los pies, contento al se- 
ñor de él, como por los efetos que a^c en sus almas pueden tener 
grandísima esperanza que lo está, enbevidos en aquellos rregalos, no 
querrían acordarse que ay otro mundo, ni que tienen contrarios. 

¡O sabiduría eterna! ¡O buen enseñador! Qué gran cosa es, yjas, 
vn maestro sabio, temeroso, que previene a los peligros. Es todo el 
bien que vn alma espiritual puede tener en el mundo: es toda la 
siguridad. No podría encareger con palabras lo que esto ynporta. ñnsí 
que, viendo el señor que era menester despertarlos y acordarles que 
tienen enemigos, y cuan jnás peligroso es en ellos gr descuydados, 
y que mucha más ayvda an menester del padre eterno para no caer, 
ni andar sin entenderse engañados, pide estas peti9Íones. 



1 Pues yo no e tenido a quién perdonar ny qué. Estas palabras están borradas en el ori- 
ginal. Al margen dice el P. García de Toledo: Injurias son y agravios los que uno haze contra 
otro, aunque merezca mil inñemos. 

2 Las palabras que siguen de este párrafo están borradas en el original. 

3 En el texto pone aquí la Santa nuevo capítulo, pero como no tiene correspondiente en 
el índice, continuamos con el mismo. 

4 Este diminutivo no se halla en el autógrafo de Valladolid. 



CAPITULO LXVI (1) 



QUE TRñTÜ DE COMO TENEMOS NECESIDAD DE DECYR, ET NE NOS YNDUCSS YN 
TENTñCIONEN. DICE Y DECLARA ALGUNAS TENTACIONES QUE PONE EL DE- 
MONIO. 



E no nos trayas, señor, en tentación, mas líbranos de mal. flmén (2). 
Grandes cosas ay aquí, hermanas, que penséys y que entendáys, pues 
lo pedís. Y se entiende que los que llegan a este punto de ora9ión, 
que no pedirán al señor los quite de travajos, ni que estén libres 
de tenta(;iones, y persecuciones y peleas, porque éste es otro efeto muy 
cierto y g[r]ande de ser -espíritu del señor, y no ylusión; antes los de- 
sean, y los piden y los aman, y en ninguna manera los aborregen. 
Son como los soldados que están más contentos cuando ay gerra, 
porque tienen esperanza de enrriqueger; y si no la ay, estánse con 
su sueldo, mas ven que no pueden medrar mucho. 

Creer (3), ermanas, que los soldados de cristo, que son los que 
tratan oración, no ven la ora que pelear; nunca temen enemigos pú- 
blicos, ya los conocen, y saben que contra la fuerza que en ellos pone 
el señor, no tienen fuerga, y que sienpre ellos quedan vencedores, y con 
ganancia y rricos: nunca los buelven el rrostro. Los que temen, y es 
rracón teman, y sienpre pidan los libre el señor de ellos, son vnos 
demonios que ay traydores que se trasfiguran en ánjel de luz, vienen 
disfracados. ñsta que an echo mucho daño en el alma, no se dejan 
conocer, sino que nos andan beviendo la sangre y acavando (4) las vi- 
das, y andamos en la mesma tentación y no lo entendemos. De éstos 
pedís, yjas, y pedí muchas veces en el pater noster que os libre el 
señor, y que no consienta que andéys en tentación, que no os trayan 
engañadas, que se descubra la poncoña, que no os ascondan la ver- 
dad. I O con cuánta rracón nos enseña nuestro buen maestro a pedir 
esto, y lo pide por nosotros! 

Mira que de muchas maneras dañan aquí, no penséys que es todo 
en aceros entender, con daros gustos, que son de dios, porque éste 



1 Cap. xxxvm. 

2 Et ne nos inducas, escribe al margen el P. García de Toledo. El amén, está borrado. 
Con estas palabras termina el capítulo XXXIX, (XXXVII del texto) del amógrafo de Vallado- 
lid. Aquí, por el contrario, encabeza nuevo capítulo. 

3 Hermanos, dice por error material el autógrafo, que la Santa enmendó en el de Valladolid. 

4 ñcacavando, dice por error material la Santa. 

III 22 * 



338 CHMINO DE PEHFECCTON 

es d menos daño; antes muchas ve^es os aran caminar más apriesa 
y estar más oras en la oración, ñdonde ellos le pueden aijer grande 
para nosotros y para los otros, es en avernos entender que tenemos 
virtudes no las tiniendo, que esto es pestilen9ia; que sin sentirnos, 
pare^iéndonos vamos siguros, damos con nosotros en vn oyó, que no 
podemos salir de él, que anque no sea de conocido pecado mortal para 
llevarnos al ynfierno todas veges, es que nos jarreta las piernas para 
no andar este camino (de que comencé a tratar, que no se me a ol- 
vidado. Ya veys cómo ^ de andar vno metido en vna gran oya: 
allí se le acava la vida, y arto ara si no aonda a^ia vajo para yr 
al tjnñerno, mas nunca ímedra; ya que esto no es, ni aprovecha a 
sí ni a los ¡otros, antes daña, porque como se está el oyó echo, mu- 
chos que van por el camino pueden caer en él. Si sale y le atapa 
con tierra, no a9e daño a sí ni a los otros: mas yo os digo que 
es bien peligrosa esta tentagión. Yo sé mucho de esto por espirien- 
9ia, y ansí os lo sabré de^ir, anque no tan bien como quisiera (1). 

Apeos el demonio entender que soys pobre, y tiene alguna rragón, 
porque avéys prometido pobrera (con la boca se entiende), y an a 
otras personas que tienen oración. Digo con la boca, porque es yn- 
posible que si con el corapón entendiésemos lo que prometimos, y lo 
prometiésemos, que aquí nos pudiese traer veynte años y toda nues- 
tra vida el demonio en esta tentación: sí, que veríamos que enga- 
ñamos el mundo y (a nosotros mesmos. ñora bien, prometida la po- 
brera, V diciendo el que piensa que es pobre: «yo no quiero nada», 
«esto tengo porque no puedo pasar sin ello»; «en fin, e de bivir para 
servir a dios», «él quiere que sustentemos estos cuerpos», mil dife- 
rencias de cosas que el demonio enseña aquí, como ánjel, porque todo 
esto es bueno; y ansí á^ele entender, que ya es pobre y tiene esta 
virtud, que todo está echo. 

ñora vengamos a la prueva, que esto no se conocerá de otra 
manera sino andándole sienpre mirando a las manos, y si ay cuydado, 
muy presto da señal. Tiene demasiada rrenta para lo que a me- 
nester, entiéndese lo necesario, y ¡no que si puede pasar con vn mopo, 
traya tres. Pónenle vn pleyto por algo de ello, v déjale de pagar 
el pobre labrador; tanto desasosiego le da, y tanto pone en aquello, 
como si sin ello mo pudiera bivir. Dirá que porque no se pierda por 
mal rrecavdo, que luego ay vna disculpa. No digo yo que lo deje, 
sino que lo procure, si fuere bien, y si no, tanbién; porque el ver- 
dadero pobre tiene en tan poco, estas cosas, que ya que por algunas 
cavsa[s] las procura, jamás le ynquieta, porque nunca piensa le a de 
faltar; y que le falte, no se le da mucho, tiénelo por cosa asesoría y 
no principal: como tiene pensamientos más altos, a fuerza de brapos 
se ocupa en estotros. 



1 Los párrafos que siguen, el primeio jj gran parte del segundo del capítulo siguiente, SU" 
primiendo algunos del autógrafo valisoletano, fueron impresos por Fr. Luis de León en su edi- 
ción de Salamanca. 



CñPITULO LXVII (1) 



PROSIGUE LH MISMA MñTERIñ. flVISil DE VNñS VMILDADES FALSAS QUE PONE 
EL DEMONIO. 



Pues vn rrelisioso v rrelisiosa, que ya está averiguado que lo es, 
al menos que lo a de ser, no posee nada porque no lo tiene, a 
las veges; mas si ay quien se lo dé, por maravilla le parece le sobra. 
Sienpre gusta de tener algo guardado, y si puede tener vn abito de 
fino paño, no le pide de rruyn: alguna cosilla que pueda enpeñar v 
vender, anque sean libros, porque si viene vna enfermedad, a menes- 
ter más rregalo del ordinario. ¡Pecadora de mí! ¿Qué, eso es lo que 
prometistes? Descuydar de vos, y dejar a dios, venga lo que vi- 
niere; porque si andáys proveyéndoos para lo porvenir, más sin des- 
traeros tuviérades rrenta gierta. ñnque esto se pueda a9er sin pe- 
cado, es bien que nos vamos (2) entendiendo estas ynperfegiones para 
ver que nos falta mucho para tener esta virtud, y la pidamos a dios 
y la procuremos; porque con pensar que la tenemos, estamos descuy- 
dados, y engañados, que íes lo peor. 

Ansí nos acaece en la vmildad, que nos parece no queremos on- 
rra, ni Se nos da nada de nada: viene la ocasión de tocaros en vn 
punto, luego /en lo que sentís y a^éys, se entenderá que no soys vmil- 
de; porque si algo os viene para más onrra, no lo desecháys, ni an 
los pobres que emos dicho, para más provecho, y plega a dios no 
lo procuren 'ellos, y trayn ya tan en la boca que no quieren nada, ni 
se les da nada de nada, como de echo de verdad lo piensan; ansí que 
an la costumbre de degirlo les a?e más que lo crean (3). Luego se pa- 
rece, como digo, cuando andamos sobre aviso, si es tentación, ansí en 
esto que e dicho, icomo en todas la's más virtudes; porque cuando 
de veras se tiene vna sólida virtud de éstas, todas las tray tras sí; 
es muy conocida cosa. 

Pues (4) guardaos, yjas, de vnas vmildades que pone el demonio, 
con gran ynquietud de la gravedad de pecados pasados: «si merezco 
llegarme al sacramento», «si me dispuse bien», «que no soy para bivir 
entre buenos», cosas de léstas, que viniendo con sosiego y rregalo y 



1 Prosigue el capítulo XXXVIII. 

2 Por vayamos. 

3 Hasta aquí lo copiado por Fray Luis de León en el capítulo XXXVIII. 

4 Aquí comienza el capítulo XXXIX. 



3^0 CAMINO DE PERFECCIÓN 

gusto, como le tray consigo el conocimiento propio, es de estimar; mas 
si viene con alboroto, y ynquietud, y apretamiento del alma, y no po- 
der sosegar el pensamiento, creé que es tentación, y no os tengáys por 
vmildes, que no viene de ay. 

ñnsí es en penitencias desconcertadas, para poneros en el pen- 
samiento que soys más penitentes que los otros, y que acéys algo. Si 
diciéndoos vuestro confesor v perlado que no lo agáys, os da pena 
y tornáys a ello, es clara la tentación. Ansí, como digo, en todas 
las cosas; en especial ésta no se os olvide. 



CñPITULO LXVIII (1) 



PROSIGUE LA MISMA MATERYñ, DANDO AVYSOS DE TENTACIONES. 



Pone vna siguridad de parecer que en ninguna manera podré 
ya tornar a lo que antes, que ya tengo entendido qué es el mundo. 
Esta tentación es peor que todas, en especial si es a los principios, 
porque os ace poner en las ocasiones, y ansí tornáys a dar de ojos, 
y plega a dios que os levantéys de esta cayda. Porque como el demo- 
ño (2) ve que es alma que le puede dañar y aprovechar otras, a^e 
todo lo que puede, para tener que no se levante. 

Pues en los gustos, si el señor os lleva a contenplagióni, y a daros 
particular parte de sí, y prendas de que os ama, tened aviso en co- 
mentar y acavar con propio conogimiento, y de andar temerosa, y 
tratarlo todo con quien os entienda; porque aquí suele él ager sus 
saltos en diferentes maneras. Muchos libros ay llenos de estos avi- 
sos, y todos no pueden dar entera siguridad, porque no sabemos nos- 
otros entendernos. 

Pues, padre eterno, no nos trayáys en esta tentación. Cosas públi- 
cas, con vuestro favor, vengan; mas estas traygiones, ¿quién las en- 
tenderá, dios mío? Sienpre lemos menester pediros rremedio. Deginos, 
señor, alguna señal para poder no andar sienpre en sobresalto. Ya 
sabéys que por este camino no van los muchos, y si an de yr con 
tantos miedos, yrán muy menos. 

Cosa estraña es ésta, ¡como si a los que no tienen oración no ten- 
tase el demonio! que se espantan más todos de vno que engaña por 
este camino, que de <;ien mil que ven yr camino del infierno por 
otros. Y a la verdad, tienen rragón, porque son tan poquísimos los 
que engaña el demonio de los que rregaren el pater noster con esta 
atención, que, como cosa nueva y no vsada, se espantan (3) ; que es cosa 
muy de los mortales pasar fácilmente por lo que ven cada día, y 
espantarse de lo que nunca a sido. Y los mesmos demoños (^) los aqen 
espantar, porque les está a ellos bien, porque pierden muchos por vno 
que lleva perfe^ión (5). 



1 Prosigue el capítulo XXXIX. 

2 Es la primera vez que llama así al demonio. 

3 Se engaña, había escrito primero. 

4 Demoños, como arriba. 

5 El párrafo que sigue no fué copiado por la Santa en el autógrafo de Valladolid. 



242 CAMINO DE PERFECCIÓN 

Y digo que es tan de espantar, que no me maravillo se espan- 
ten, porque si no es muy por su culpa, van tan más siguros que los 
que van por otro camino, como los que están en el cadaalso mirando al 
toro, V los que andan puniéndosele en los cuernos. Esta conparagión e 
oydo, y páreseme al pie de la letra. No ayáys miedo, hermanas, de 
yr por estos caminos, que muchos ay en la oración, porque vnos aprove- 
chan en vno, y otros en otro, como e dicho. Camino siguro es; más 
ayna os libraréys de la tentación estando ^erca del señor, que no es- 
tando lejos. Suplícaselo, y pedíselo, como lo a9éys tantas ve^es a el 
día en el pater noster. 



CAPITULO LXIX (1) 



EN QUE Dfl flVYSOS PRRR. ESTAS TENTACIONES Y RREMEDIO, QUE ES AMOR 
Y TEMOR DE DIOS. TRATÜ EN EL DEL TEMOR. 



Y toma este aviso, que no es mío, sino de vuestro maestro. Procura 
caminar con amor y (temor, y yo os asiguro: el amor os ara apresurar 
los pasos; el temor os ara yr mirando adonde ponéys los pies para 
no caer. Con estas dos cosas, a buen siguro que no seáys engañadas. 
Diréysme que, ¿en qué yeréys que €s verdad que tenéys estas dos co- 
sas tan grandes? Luego se pare9e; los ?iegos, como digen, las ven; 
no son cosas que están secretas, ñnque vos no queráys entender, ellas 
dan bo(?es que a9en mucho rruydo, porque no son muchos los que las 
tienen, y ansí se ¡señalan más. ¡Como quien no di^e nada: amor 
y temor de dios! Son dos castillos fuertes, desde donde se da gerra 
a el mundo y a los demonios. 

Quien de veras ama ta dios, todo lo bueno ama, todo lo bueno 
quiere, todo lo bueno favorece, todo lo bueno loan (2), con los buenos 
se junta, sienpre los defiende, todas las virtudes abra9a, no ama sino 
verdades y cosa que sea dina de amar. ¿Pensáys que quien muy 
de veras ama a dios, que ama vanidades, ni puede, ni rrique^as, 
ni cosas del mundo, ni onrras, ni tiene contiendas, ni anda con 
enbidias? Todo porque no pretende 'Otra cosa sino contentar a el 
amado. Anda muriendo porque |la quiera, y ansí pone la vida en en- 
tender cómo le agradará tmás. ¿Ascpnderse? ¡V, que es ynposible! 
Si no, mira vn san pablo, vna madalena: en tres días el vno comentó 
a entenderse que estava lenfermo de amor; y la madalena en vno, ¡y 
cuan bien entendido! Porque lesto tiene, que ay más v menos; y ansí 
se da a entender, como la fuerza que tiene el amor. Si es poco, dase 
a entender poco; y Isi mucho, mucho. 

Mas en esto que aora ablamos, que es de los engaños y ylusiones 
que a(;e el demonio a los que suben a contenpla^ión perfetai y a cosas 
altas, no ay poco; sienpre es el amor mucho, y ansí se da a entender 
mucho y de muchas maneras. Es el fuego grande; forjado a de dar 
gran rresplandor. Y si esto no ay, anden con gran rre(;elo, y crean 
que tienen bien que temer. Procuren entender qué es, agan ora^lo- 



1 Cap. XL. 

2 Así en plural. En plural pone las diversas partes de que se compone este período en el 
autógrafo de Valladolid. 



3M CAMINO DE PERFECCIÓN 

nes, anden con vmildad, supliquen al señor no los traya en tenta- 
ción; que cierto, que a no aver esta señal, que andan en ella. Alas an- 
dando con vmildad, y procurando saber la verdad, sujetas a confe- 
sor, fiel es el señor: creé que si no andáys con malicia y no sentís 
sobervia, que con lo que lel demonio os pensare dar la muerte, os 
dará la vida. Sujetas a lo que tiene la ylesia, no ay que temer; an- 
que más cocos quiera a^er y ylusiones, luego dará señal. 

Mas si sentis este amor de dios que tengo dicho, y el temor que 
os diré, andad alegres y quietas, que por a?er turvar el alma para que 
no goqie tan grandes bienes, os porná el demonio mil temores falsos, 
y ara que otros os los pongan; porque ya que no puede ganaros, al 
menos procura que perdáys algo, y que pierdan los que pudieran ga- 
nar mucho, creyendo que ¡es dios el que a^e tan grandes mercedes a 
vna criatura tan rruyn. 



CAPITULO LXX (1) 



EN QUE TRflTñ DEL AMOR DE DIOS. 



¿Pensáys, yjas, que poco le ynporta al demonio poner en esto duda? 
Muy mucho gana, porque ¡a^e dos daños muy conocidos, sin otros: el 
vno, que pone temor de llegarse a la oración, pensando an de ser 
tanbién engañados; él otro quita a muchos de llegarse más a dios, 
que creyendo que es tan bueno que a vna persona rruyn tanto se 
comunica, a muchos les parece que ansí ara a lellos, y tienen rra9Ón; 
y an yo conozco a algunos que an salido verdaderos, y en muy poco 
tienpo les a echo dios grandes mercedes. 

ñnsí que, ermanas, cuando en vosotras enfendierdes este amor 
en alguna, alabad a dios por ella y dadle las gracias, y no por eso 
penséys que está sigura, antes la ayvdad con más orapión; porque 
nayde lo puede estar mientras bive y anda engolfado en los peli- 
gros de la mar, navegando por ella, que, como digo, luego se cono- 
ce adonde está. Pues no Ise puede encubrir si se ama vn onbre(;illo, 
V vna mujercilla, sino que mientra más lo encubren parece más se 
descubre, con no tener qué amar, sino vn gusano, ni merece nonbre 
de amor, porque se funda en nonada, y es asco poner esta conpara- 
9ión, ¿y avíase de poder encubrir vn amor tan fuerte como el de dios, 
fundado sobre tal cimiento, tiniendo tanto qué amar, y tantas cavsas 
porque amar? En fin, es amor y merece este nonbre, que vrtado se 
le deven tener acá las vanidades del mundo. 

¡O, válame dios! qué cosa tan diferente deve ser el vn amor del 
otro a quien lo a provado! Plega a su majestad nos le dé a provar an- 
tes que nos saque de esta vida, porque será gran cosa a la ora de la 
muerte, que vamos donde no sabemos (2), aver amado sobre todas las 
cosas, y con pasión de amor que nos saque de nosotras, al señor que 
nos a ,de juzgar. Siguros podremos yr con el pleyto de nuestras devdas; 
no será yr a tierra estraña, sino a propia, pues es a la de quien tanto 
amamos. Que eso tiene mijor, con todo lo demás, que los quereres de 
acá, que en amándole, estamos bien siguras que nos ama. ¡O yjas 
mías! acordaos aquí de la ganancia que tray este amor consigo, y 



1 Prosigue el capítulo XL. 

2 Un corrector, que bien pudiera ser el P. García de Toledo, borrando el no sabe-mos, 
puso al margen cree[mos]. 



3^6 CAMINO DE PERFECaON 

de la pérdida (1) no le tener, que nos pone en manos de el tenta- 
dor, en manos tan crueles, manos tan enemigas de todo bien, y tan 
amigas de todo mal. 

¿Qué será de la pobre alma que, acavada de salir de tales do- 
lores y travajos como ¡son los de la muerte, cay luego en ellas? Ne- 
gro descanso le viene, negro; despedazada yrá al ynfierno. ¡Qué mul- 
titud de serpientes de diferentes maneras! ¡qué temeroso lugar! ¡qué 
desventurado ospedaje! Pues para vna noche vna mala posada no ay 
quien la sufra, si es personas rrcgaladas (que son los que más deven 
de yr allá); pues posada de para sienpre, sienpre, para sin fin, ¿qué 
pensáys sentirá aquella triste alma? Que no queramos rregalos, yjas; 
bien estamos aquí; todo es vna noche la mala posada. Alabemos a 
dios, y sienpre cuydado de suplicarle nos tenga de su mano, y a 
todos los pecadores, y no nos traya en estas ocultas tentaciones. 



1 Perdidida. dice por distracción S. Teresa. 



CAPITULO LXXI (1) 



QUE TRATA DE Lfl GUARDA QUE SE A DE TENER DE PECADOS VENIALES. 



¡Cómo rae € alargado! Pues no tanto como quisiera, porque ablar 
en amor de dios es cosa sabrosa, ¿qué será tenerle? |0 señor mío, 
dádmele vos! No vaga ¡yo de esta vida asta que no quiera cosa de 
ella, ni sepa qué cosa es amar fuera de vos, ni acierte a poner este 
nonbre en nadie, pues todo es falso, pues lo es el pimiento, y ansí 
no dura el edificio. No sé por qué nos espantamos, cuando oyó de<;ir: 
«aquel me pagó mal», «estotro no me quiere». Yo me rrío entre mí: 
¿qué os a de pagar, ni qué os a de querer? En esto veréys quién 
es el mundo (2), que vuestro mesmo amor os da después el castigo; 
y eso es lo que os desale, porque siente mucho la voluntad de que 
la ayáys traydo enbevida en juego de nyfios. 

ñora vengamos a el temor, anque se me age de mal no ablar 
en este amor de mundo vn rrato, porque le conozco bien por mis pe- 
cados, y quisiéraosle dar a conocer, porque os librárades del para 
sienpre; mas porque salgo de propósito, lo avré de dejar. 

El temor de dios es cosa tanbién muy conogida de quien le tie- 
ne, y ide los que están alrrededor. ñnque se entienda aquí que a los 
principios no está en todos tan cregido, que tanto se conozca, vase au- 
mentando el valor; anque algunas personas, como e dicho, da el se- 
ñor tan en breve tanto, y las sube a tan altas cosas de oración, que 
desde luego se entiende bien. Mas adonde no van las mergedes en 
este crecimiento, que, como e dicho, en vna llegada deja a vn alma 
rrica de todas las virtudes, vanse cryando poco a poco. Mas el te- 
mor de dios y 'amor sienpre se aventaja en descubrirse más, porque 
luego se aparta de pecados, y de las ocasiones y de las malas con- 
pañías, y se ven otras señales. Mas cuando está el alma en el cre- 
cimiento en la oración que aora ablamos, el temor de dios no anda 
en desimulación, sino muy conocido, porque en lo esterior no la verán 
andar descuydada, sino que anque la miren con mucho cuydado, la 
tiene dios de manera, (que ven claro la gran cuenta que tray con no 
ofenderle. Porque si gran ynterese se le sigiese, no ara de adver- 
tencia vn pecado venial; de los mortales teme como del fuego. 



1 Cap. XLI. 

2 Señor, en vez de mundo, había escrito y lo tachó. 



348 CAMINO DE PERFECCIÓN 

Y éstas son las ylusiones que yo querría temiésedes mucho, y jas 
mías, y supliquées (1) sienpre a dios no sea tan rreqia la tentación que 
le ofendáys, que con linpia congieníia poco daño, v ninguno, os puede 
aper; todo le tornara a aper más perdidoso. Esto es lo que ape al 
caso. Este temor es el que yo querría nunca se quite de vuestra alma, 
que él es el que os a de valer (2). 

O, que es gran cosa no tener ofendido al señor, para que los 
siervos V esclavos ynfernales [estén atados] (3), que todos le an de 
servir, mal que les pese, sino que ellos es por fuerpa y nosotros de 
toda nuestra voluntad; ansí que, tiniéndole a él contento, ellos esta- 
rán a rraya, no aran cosa, como digo, que no nos saque con más 
provecho. 

En lo ynterior tené esta cuenta, [no descuidéis] (4) asta que os 
veáys con tan gran determinapión de no ofender al señor, que per- 
deríades mil vidas por no aper vn pecado venial, y os dejaríades 
persegir de todo el mundo; esto que veáys es con determinada con- 
sideración, digo de advertencia, que de esotra suerte ¿quién estará 
sin aper muchos más? fly vna advertencia muy pensada; otra tan 
de presto, que asta que €stá echa vna culpilla, asta que se yco, pa- 
rece no se entendió, anque en alguna manera se entiende. Mas pe- 
cado, por chico que ¡sea, que se entiende muy de advertencia que se 
ace, dios nos libre de él. Yo no sé cómo tenemos tanto atrevimiento, 
como es yr contra vn tan gran señor, anque sea en muy poca cosa, 
cuantimás que no ay poco siendo contra vna tan gran majestad, vien- 
do que nos está mirando, que esto me parece a mí es pecado sobre- 
pensado, como quien dice: señor, anque os pese, aré esto. Que ya 
veo que lo veys, y sé que no lo queréys, y lo entiendo; mas quiero 
yo más sigir mi antojo, que vuestra voluntad. Y que en cosa de esta 
suerte ay poco,, a mí no me lo parece; sino mucho y muy mucho. 

Por amor de dios, yjas, que nunca os descuydéys en esto, como 
aora, gloria sea al señor, lo acéys: mira que va mucho en la cos- 
tunbre, y en comencar a entender qué cosa es ofensa de dios, y cuan 
grave cosa. Procura mucho saberlo y tratarlo en vuestros pensamien- 
tos, para que vays (5) array gando en vuestros coracones vn muy entero 
temor de dios, ñnsí que, asta que el alma entienda en sí que le tiene, 
a menester andar con mucho mucho cuydado, y apartarse de todas 
las ocasiones y conpañías que no la ayvden a llegarlas más a dios. 
Tener gran cuenta con todo lo que ace, que doble en ello la volun- 
tad; con lo que dice, que vaya con edificación; vyr de donde vuiere 
pláticas que no sean de dios. R menester mucho para arraygar en sí 
este temor de dios; anque si de veras ay amor, presto se le da su 
majestad. Mas en tiniendo el alma visto con gran determinación en sí, 
que, como e dicho, por cosa criada, ni por miedo de mil muertes, 



1 Supüquéys, suele decir en estos casos. 

2 Aquí indica la Santa que ha de haber capítulo, pero no tiene título en el índice, por lo 
que se une al actual. 

3 Véase la nota primera de la página 198. 

4 Vid. la nota segunda de la página 198. 

5 Vayáis, diriamos ahora. 



CAPITULO LXXI 349 

no aria vn pecado venial, anque le y^iese después, porque somos 
flacos y no ay que fiar de nosotros (cuando más determinados, menos 
confiados de nuestra parte, que donde a de venir la confianza a de 
ser de la de dios) ; cuando esto que e dicho entendamos de nosotros, 
no es menester andar tan encojidos ni apretados, que el señor y ya 
la costunbre nos será ayvda para no ofenderle; sino andar con vna 
santa libertad, tratando con las personas que se ofreciere, y con las 
desíraydas mijor, porque ya no ios aran daño, aborrecido el pecado; 
antes ayvdan a llevar más adelante la buena determinación, porque 
ven la diferencia que ay de lo vno a lo otro. Y si el alma se co- 
mienca a encojer, es muy mala cosa para todo lo bueno. R las veces 
da en ser escrupulosa, y veysla ynabilitada para sí y para las otras; 
y cuando no, es buena para si, mas no llegará muchas almas a dios, 
como ven tanto cncojimiento y apretura. Es tal nuestro natural, que 
luego aoga, y por no nos ver en aquel apretamiento, quítasenos la 
gana de llegarnos tan particularmente a el camino de la virtud. 

Y viene otro daño de aquí, que es juzgar a los otros que no van 
por aquel camino, sino con más santidad (por aprovechar el prójimo 
tratan sin esos encojimientos), luego nos parecerán ynperfetos. Si tie- 
nen alegría santa, nos parecerá disolución, en especial si es como 
en vosotras que no tenéys letras, ni sabéys bien lo que se puede acer 
sin pecado. Es muy peligrosa cosa, y vn andar en tentación contina 
y muy de mala desistión (1), porque es en perjuycio del prójimo. 
Y pensar tfue si no van todos por vuestro camino de encojimiento, 
no van tan bien, es malísimo. Y ay otro daño: que en algunas cosas 
que avéys de ablar, y será rracón abléys, por miedo de no ofender 
a dios, no osaréys sino decir bien de lo que sería muy bien abomi- 
násedes. 



1 Dijistión, dice aquí el autógrafo de Valladolid. 



CAPITULO LXXII (1) 



CONTRA LOS ESCRÚPULOS, Y DICE DESTfl PflLHBRfl: SED LYBERñ NOS fl MALO. 



Ansí que, ermanas, procura entender de dios en verdad, y que no 
mira tantas menudencias como vosotras pensáys, y no dejéys que se 
os encoja el alma y el ánimo, que se podrán perder muchos bienes: 
la ynten(;ión reta y la voluntad determinada, como tengo dicho, de 
no ofender a dios. No dejéys arrinconar vuestra alma, que en lugar 
de procurar santidad, sacará lotras muchas más ynperfeciones que el 
demonio le porná por otras vías, y, como digo, no aprovechará a 
sí ni a nadie. 

Veys aquí cómo con estas dos cosas de amor y de temor de 
dios, podéys yr con quietud por este camino, y no pareciendo que veys 
a cada paso el oyó adonde caer, que nunca acavaréys de llegar. 
Alas porque an esto no se puede saber cierto, si es verdad que te-* 
nemos estas dos cosas, como son bien menester, aviéndonos el señor 
lástima de que bi vimos en vida tan ycierta (2) y entre tantas tenta- 
ciones y peligros, dice bien su majestad enseñándonos que pidamos y 
él lo pide para sí (3). Mas líbranos de mal. Amén (^). 

Digo que lo pyde para sy, porque bien se ve cuan cansado es- 
tava de esta vida, cuando dijo en la cena a ^us apóstoles que con deseo 
avía deseado aquella cena, que era ya la postrera de su vida. Por 
donde se entiende cuan cansado devía ya estar de bivir; y aora no 
se cansarán los que (an cien años, sino con deseo sienpre de estar en 
esta vida, ñ la verdad, no la pasamos tan travajosa y pobremente como 
el buen jesú. ¿Qué fué toda su vida sino vna cruz (5), sienpre de- 
lante de los ojos nuestra yngratitud, y ver tantas ofensas como se 
acían a su padre, y tantas almas como se perdían? Pues si acá vna 
que tenga alguna caridad le es gran tormento ver esto, ¿qué sería 
en la caridad de ¡este señor? ¡Y qué rracón tenía de suplicar al pa- 
dre, que le librase ¡ya de tantos males y travajos, y le pusiese en 



descanso para sienpre 



1 Prosigue el Capítulo XLI. 

2 Por incierta. 

3 Aquí hay un ci que pudiera ser abreviatura de capítulo, pero no tiene el correspondiente 
título en el índice. 

4 5. libera nos etc., escribe al margen el P. García de Toledo. 

5 Trayendo, añade en el autógrafo de Valladolid. 



CAPITULO Lxxn ' 351 

Que el amén entiendo yo, que como parece con él se acavan todas 
las cosas y rra^ones, que ansí pide el señor seamos libres de todo 
mal para sienpre. Escusado es, hermanas, pensar que mientra bivimos, 
podemos estar libres de muchas tenta9iones y ynperfe^iones y an pe- 
cados; pues se dipe que quien pensare está sin pecado, se engaña, 
ü es ansí. Pues si echamos a males del cuerpo y travajos, ¿quién está 
sin muy muchos de muchas maneras, ni es bien pidamos estarlo? 

Pues entendamos qué pediremos aquí, pues este deíjir: de todo 
mal, parece ynposible, v de cuerpo, como e dicho, v de ynperfepio- 
nes y faltas en el servicio de dios. De los santos no digo nada, todo 
lo podrán en cristo, como idepía san pablo; mas los pecadores como 
yo, que me veo rrodeada Ide flojedad, y tiviepa, y poca mortifica- 
ción y otras muchas cosas, veo que me cunple pedir al señor rremedio. 

Vosotras, y jas, pedí como lós pareciere; yo no le alio biviendo, 
y ansí pido al señor que me libre de todo mal para sienpre. ¿Qué 
bien aliamos en esta vida, hermanas, pues carecemos de tanto bien, y 
estamos avsentes de él? Líbrame, señor, de esta sonbra de muerte, 
líbrame de tantos travajos, líbrame de tantos dolores, líbrame de 
tantas mudanzas, de tantos cunplimientos como forjado emos de tener 
los que bivimos, de tantas, tantas, tantas cosas que me cansan y fa- 
tigan, que cansaría a quien esto leyese si las dijese todas. No ay ya 
quien sufra bivir. Deve de venirme este cansancio de aver tan mal 
bivido, y de ver que an lo que bivo aora no es como e de bivir, 
pues tanto devo. 

¡O señor mío! líbrame ^a de todo mal, y sed servido de llevarme 
adonde están todos los bienes! ¿Qué esperamos aquí los que tene- 
mos algún conocimiento de lo que es el mundo, por espiriencia, y 
los que tenemos alguna fe de lo que el padre eterno nos tiene guar- 
dado, pu[e]s su yjo lo pide y enseña que pidamos? 

Creé que no nos está bien bivir, sino que deseemos estar libres de 
todo mal (1). Este pedir esto con todo deseo y Ideterminación, es grandí- 
simo efeto para ser la contenpla^ión verdadera, y ser dios el que llega 
a el alma (2) sí; porque como participa de entender algo de sus gran- 
devas, querría ija verlas del todo. No querría estar en vida que tan- 
tos enbarapos ay para gogar de tanto bien, desea estar adonde no se 
le ponga el sol de justicia. Ágesele todo escuro cuanto después acá 
ve, y de cómo biven vn ora me espanto; mo la deve bivir con con- 
tento. Bonico es el mundo para gustar del quien a comentado a go- 
q:ar de dios, y le an dado ya acá su rreyno, y no a de bivir 
por su voluntad sino por la del rrey, 

¡O cuan otra vida es ésta, para no desear la muerte! |Cuán di- 
ferentemente se enclina la voluntad de dios a la nuestra! Ella desea 
la verdad, la nuestra ila mentira; desea lo eterno, acá lo que se acava; 
desea cosas grandes y subidas, acá va jas y de tierra; desea todo lo 
siguro, acá todo lo dudoso. Que es burla, yjas, sino suplicar a dios 



1 Creé que etc., está borrado en el original. Al margen hay una nota del P. García de 
Toledo, borrada también, que dice, al parecer; Sed libera nos. Probablemente, la tachó, porque 
ya había puesto estas mismas palabras en la página anterior. 

2 ñ sí, quiere significar la Santa. 



352 CHMINO DE PERFECCIÓN 

nos libre para sienpre de todo mal. Ya que no vamos en el deseo 
con tanta perfcqión, esforíémonos a pedir la petición. ¿Qué nos cuesta 
pedir mucho, pues pedimos <a poderoso? Vergüenza sería pedir a vn 
gran enperador vn maravedí; y para que aqyrtemos (1), dejemos a su 
voluntad el dar, pues ya le tenemos dada la nuestra: y sea para 
sienpre santificado su nonbre en los 9Íelos y en la tierra, y en mí 
sea echa su voluntad. Amén. 



1 Nos parece equivocación material, pues siempre suele decir acertemos. 



CAPITULO LXXIII (1) 



EN QUE CONCLUYE. 



Veys aquí, amigas, cómo íes éi rre^ar vocalmente con perfe^ión, 
mirando y entendiendo a quién se pide, y quién pide, y qué es lo 
que se pide. Cuando (Os dijeren no es bien tengáys otra m-a^ión sino 
vocal, no os desconsoléys, lee esto muy bien, y lo que no entendier- 
des de oración, suplica a dios os lo dé a entender; que rre^ar vo- 
calmente no os lo puede quitar nadie; no rregar el pater noster 
de corrida, y sin entenderos, tanpoco. Si os lo quitaren alguna per- 
sona, v os lo aconsejare, no lo creáys; creé que es falso profeta, 
y mira que en estos tienpos no avéys de creer a todos, que an- 
que de los que aora os pueden aconsejar no ay que temer, no sa- 
bemos lo que está por venir. Tanbien pensé deciros algo de cómo 
avéys de rregar el ave imaría, mas (2) heme alargado tanto, que se que- 
dará, y vasta aver entendido cómo se rreijará bien el pater noster 
para todas las oraciones vocales que vuierdes de rre9ar. 

üora tornemos a acavar de concluyr el camino que comencé a 
tratar, porque el señor me parece me a quitado de travajo con en- 
señar a vosotras y [ñ mí lo que emos de pedir en esta oración. Sea 
bendito por sienpre, que íes cierto que jamás vino a mi pensamiento 
que avía tan gran secreto en esta oración evanjelical, que ansí ence- 
rrase en sí todo el camino espiritual, desde el principio asta en- 
golfarlos dios, y darlos abundosamente a bever en la fuente de agua 
biva de que ablamos; ly es ansí que, salida de ella, digo de esta 
oración, no sé ya más yr adelante. 

Parepe a querido el señor entendamos, hermanas, la gran con- 
solación que aquí está encerrada, y que cuando nos quitaren libros, 
no nos pueden quitar teste libro, que es dicho por la boca de la mesma 
verdad, que no puede ferrar. Y pues tantas veces, como e dicho, de- 
cimos (3) al día el pater noster, rregalémonos con él, y procuremos de- 
prender de tan ecelente piaestro la vmildad con que ora, y todas las 
demás partes que quedan idichas. Su majestad me perdone, que me 
€ latrevido a ablar 'en cosas tan altas. Bien sabe que no me atreviera 



1 Prosigue el capítulo XLII, muy modificado, por cierto. 

2 Heme, con h, se lee en el original. 

3 Lo decimos, escribió primero y bono el lo. 
III 



23 



35^ CAMINO DE PERFECCIÓN 

yo, ni mi entendimiento es capaz para ello, si su majestad no me 
las pusiera delante. 

Pues, hermanas, ya parece no quiere diga más, porque no sé 
qué, anque pensé yr adelante, pues el señor os a enseñado el ca- 
niino, y a mí qué en el libro pusiese, que e dicho está escrito, cómo 
se han de aver, llegadas a esta fuente de agua biva;, y qué siente allá 
el alma, y cómo la arta dios y la quita la sed de las cosas de 
acá, y la a^e ique crezca en las cosas del servicio de dios; que para 
las que vvicren (1) llegado a lella, será de gran provecho, y les dará 
mucha luz. 

Procuradle, que el padre fray domingo vanes (2), presentado de 
la orden de santo domingo, que comiol e dicho, es mi confesor, y es a 
quien daré éste, le tiene. Si éste va para que le veáys y os le da 
tanbién os dará el lotro; si no, toma mi voluntad, que con la obra 
e obede9ido lo que Jne raandastes; que yo me doy por bien pagada 
del travajo que e tenido en escrivir, que no por ^ierto en pensar 
lo que avía de de?ir, en lo que «el señor me a dado a entender 
de los secretos de «sta oración evanjelical, que me a sido gran consuelo. 

Sea bendito y alabado sin fin. ñmén jesús (3). 



1 Con dos uves comienza, por excepción, esta palabra. 

2 Báñez, escribió primero, pero hizo s de la z. 

3 Siguen en el autógrafo dos hojas, que hablan acerca de la oración de quietud, en las 
cuales se contienen algunas enseñanzas nuevas y añadidas por la Santa a lo que había ua di- 
cho en el capitulo Lili, donde las dejamos publicadas. (Vid. nota primera de la pág. 313). 



CÓDICE DE TOLEDO 



CAMINO DE PERFECCIÓN 



SEGÚN Lñ COPm DE TOLEDO 



COAlIENgA EL TRATADO LLAMADO CAMINO DE PERFECTION (1) 



En todo lo que en él dixere, me sujeto a lo que tiene la madre 
santa eglesia romana, y si alguna cosa fuere contraria a esto, es 
por no lo entender. Y ansí, a los letrados que lo an de ver, pido, por 
amor de nuestro señor, que muy particularmente lo miren y enmien- 
den si alguna falta en esto huviere, y otras muchas que terna en otras 
cosas. Si algo huviere bueno, sea para gloria y honrra de dios y 
servi9Ío de su sacratíssima madre, patrona y señora nuestra, cuyo abito 
yo tengo, avnque harto indina (2) del. 



1 Con esta protestación de fe comienza el códice de Toledo. Como ya se dijo en la pá" 
gina 5, fué dictada por la Santa para la edición de Evora. La letra, distinta de lo restante de la 
copia, es de Ana de S. Pedro, según se dijo en la página 5, nota primera. 

2 Indino, por equivocación material dice la copista. 



PROLOGO 



Sabiendo las Hermanas deste monesterio de sant Josephe cómo 
tenía licencia del padre maestro frai domingo báñez, catredático en sa- 
latnanca (1), de la orden del glorioso santo Domingo, que. a el presente 
es m.i confessor, para screuir algunas cosas de oración, en que pareció 
que podría attinar por auer tratado con muchas spirituales y sanctas 
personas (2), hanme tanto importunado les digua algo della, que me he 
determinado a obedeperlas, uiendo que el amor grande que me tienen 
puede haszer más accepto lo ymperfecto, y por mal stillo que yo les 
dixere, lo qual está en algunos libros muí bien scriptos de quien 
byen lo sabía; y confío en sus oraciones que podrá ser que el señor 
se sirua en que acierte a dezir algo de lo que conviene (3) a el modo 
de uiuir que se lleua en esta casa (4). Y si fuere mal acertado, los 
letrados que lo han de ver primero, lo rromperám^ y yo no habré per- 
dido nada en obede9er a estas sieruas de dios, y verán lo que tengo 
de mí guando su magestad no me ayuda. 

Pienso poner algunos remedios para algunas tentationes menudas 
que pone el demonio, que, por serlo tanto, por uentura no hazen caso 
dellas, y otras cosas, como el señor me diere a entender y se me 
fuere acordando, que como mo sé lo que tengo de dezir, no puedo 
ponerlo aquí con concierto; y creo que íes lo mejor no le llenar, 
pues es cosa tan desconcertada hazer yo esto. El señor pongua en 
todo lo que yo hiziere sus manos para que vaya conforme a su santa 
voluntad, pues son éstos mis deseos siempre, aunque las obras tan 
faltas como yo soy. 

Espero en Dios (5) que no faltará el amor y deseo en mí para ayu- 
dar lo que yo pudiere a que las almas de mis hermanas vayam muy 
adelante en el seruitio del señor. Este amor, junto con los años y 
experiencia que tengo de algunos, podrá ser que aproueche para attinar 



1 Cuando la Santa corrigió esta copia llevaba ya el P. Báñez el título de Maestro en sa-- 
grada Teología. En 1577 ganó por oposición la cátedra de Durando en la Universidad de Sala- 
manca, H en 1581, la de Prima en el mismo centro. Advertido dejamos en la Introducción al 
hablar de esta copia, que las correcciones de la Santa se ponen de cursiva. 

2 Esta palabra, que viene entre líneas, para suplir un olvido del copista, no es de letra 
de la Santa. Bien pudiera ser de Jerónima del Espíritu Santo, conforme a lo que dijimos en la 
Introducción, hablando de las enmiendas de esta copia. 

3 Esta palabra está añadida al margen por la Santa. 

4 Aquí está borrada la palabra conviene, por haberla puesto la Santa un poco antes. 

5 Espero en Dios. Estas palabras vienen entre líneas, 



360 CñMINO DE PERFECCIÓN 

en cosas menudas más que los letrados, que por tener otras occupationes 
más importantes y ser varones fuertes, no hazen caso de cosas que de 
sí no parecen nadaí, y a cosa tam flaca como somos las mugeres, todo 
nos puede dañar; porque las sotilczas del demonio son muchas para 
las que estam muy encerradas, porque ven que han menester armas 
nueuas para dañar. Yo, como ruin, heme sabido mal defender, y así 
querría que escarmentassem en mí. No diré cosa de que no tenga 
experiencia en mí, o en otras. 

Pocos días ha me mandaron que scribiesse Qierta relación de mi 
uida, adonde también traté algunas cosas de oración; podrá ser que 
no quiera mi comfessor que las veáis (1), y por esso pondré aquí alguo 
de lo que allí va dicho, y otras cosas que también me parescerám nes- 
cessarias. El señor lo ponga por su mano, como le he suplicado, y lo 
ordene para su gloria, ñmén. 



1 Bonado: tan presto. 



CñPITULO PRIMERO 



DE Lfl CñUSfl QUE ME MOBIO DE HflZER CON TñNTñ EXTRECHURfl ESTE MO- 
NESTERIO. 



Al principio que se comentó a fundar este monesterio de sant 
Josephe de ñuila, que len leí libro (1) que dixe auer scripto pusse 
algunas grandezas por las quales el señor dio a entender que se ha- 
bía de seruir mucho dello, no era mi intención que ouiesse tanta 
aspereza en lo lexterior, ni fuesse sin rrenta, antes quisiera que ouiera 
posibilidad para que no faltara nada; en fin, como flaca y ruyn, 
aunque algunos buenos intentos lleuaua más que mi regalo. 

En este tiempo uina a mi noticia los daños y estragos que habían 
hecho en franela estos luteranos, y quanto yba en crecimiento esta 
desuenturada secta (2). Y como si yo pudiera alguo y fuera algo, 
lloraua con nuestro señor y le suplicaua rremediasse tanto mal. Pa- 
recióme que mili uidas pussiera yo para remedio de vn alma de las 
muchas que allí se perdían. Y como me vi muger, e imposibilitada de 
approuechar en lo que yo quisiera en el seruitio del señor, toda mi 
ansia era, y es, que pues tiene tantos enemigos y tan pocos amigos, 
que essos fuessen buenos, determiné de haszer esso poquito que era 
en mí, que es seguir los consejos euangélicos con toda la perfectión 
que yo pudiesse, y procurar algunas que hiziessen lo mismo, confiada 
en la gran bondad de dios, que nunca falta de ayudar a quien por 
él se determinaí a dexarlo todo. Y que siendo tales, quales yo las yma- 
ginaua en mis deseos, entre sus virtudes no tendrían fuerza mis fal- 
tas, y podría contentar en algo a nuestro señor, y que todas occu- 
padas en oración por los que son defensores de la yglesid, y predica- 
dores y letrados que la deflendem, ayudássemos en lo que pudiésse- 
mos a este señor mío, que tan apretado le trahem, aquellos a quien 
él ha hecho tanto bien, que pareze que le querían tornar a poner en 
cruz, y que no tubiesse adonde reclinar la cabeza. 

¡O rredentor mío! que no puede mi corazón llegar aquí sin fatigar- 
sse mucho! ¿Qué íes esto de los cristianos? ¿siempre han de ser los 
que más os dexan (3), los que os fatigan? ¿a los que mejores obras 
haszéis, los que excoxéis para uestros amigos, entre los que andáis y 



1 Que diffuo, había escrito jj lo tachó. 

2 Diome gran fatiga, añade en el autógrafo de Valladolld. 

3 Deben, dice el autógrafo de Valladolid. 



362 CAMINO DE PERFECCIÓN 

comunicáis por los sacramentos? ¿no están hartos de los tormentos 
que por ellos habéis pasado? 

Por cierto, señor, no haze nada quien agora se apparta del mun- 
do; pues que a vos os tiene tan poca ley, ¿qué speramos nosotros? 
¿Por uentura merecemos mejor que |nos la tengan? ¿por uentura hé- 
mosle hecho mejores obras para que nos guarde amistad? ¿qué es 
esto? ¿qué esperamos ya los que por la bondad de dios no estamos 
en aquella rroña pestilential, que ya aquéllos son del demonio? Buen 
castiguo han ganado, y bien han granjeado con sus deleites fuego eterno 
en ellos. Alia ise lo ayam, aumque mo me dexa de quebrar el coraíjón 
uiendo tantas almas como se pierden; mas no quería que se perdiesse 
cada día más. 

¡O hermanas mías! ayudadme a suplicar esto a el señor, que para 
esso hos juntó su magestad (1) aquí; éste est vuestro llamamiento; éstos 
han de ser vuestros negotios; éstos han de ser vuestros deseos; aquí 
vuestras lagrimas; éstas vuestras peticiones; no, lierraanas mías, por 
negocios del mundo, que cierto yo me congojo viendo algunas cosas 
que aquí nos vienen a encargar que supliquemos a Dios, por renías, por 
dineros (2). Ellos buena lintención tienen, y al fin se haze por su de- 
uoción, aunque tenguo para mí que en estas cosas nunca me oye nues- 
tro señor. Estásse ardiendo el mundo, y querrían tornar a sentenciar 
a cristo, si pudiessen, pues le leuantan mili testimonios: su iglesia 
con erejias (3), ¿y habernos de gastar el tiempo en cosas, que por ven- 
tura, si dios se las diesse, temíamos un alma menos en el ^ielo? No, 
hermanas mías, no es tiempo de tratar con dios negocios de tam poca 
importancia. 

Por cierto, que si no mirase a la flaqueza humana, que se con- 
suela que la ayuden en todo (y es bien isi fuéssemos algo), que oiga- 
ría se entendiesse que no son éstas las cosas que se han de suplicar 
a dios con tanto cuydado. 



1 Su mag., viene entre líneas, y parece de Jcrónima del Espíritu Santo. 

2 Aquí tiene la copia línea y media borrada, que dice: «Y aun algunas personas que 
querría yo suplicassen a dios los repissasen todos». 

3 La frase del autógrafo de Valladolid, quieren poner su iglesia por él suelo, que el co- 
pista traslada, está raodiflcada por la Santa como viene en el texto. 



CAPITULO II 



EN QUE TRñTfl COMO SE HAN DE DESCUIDAR, DE LflS NESCESIDADES CORPORALES, 
Y DEL BIEN QUE AY EN LA POBREZA. 



No penséis, hermanas mías, que por no andar contentando a los 
del mundo os ha de faltar de comer, yo os asseguro; jamás por arti- 
ficios humanos pretendáis sustentaros, que moriréis de hambre, y con 
rragón. Pone los ojos en vuestro sposo, que el os ha de substentar; 
contento el señor, aunque no quieran, hos darán de comer los menos 
uestros deuotos, como lo uéis por speriencia. Si habiendo vosotras esto 
muriéredes de hambre, bienabenturadas las monjas de sant Josephe. 
Esto no se os oluide, por amor de nuestro señor, pues dexáis la renta, 
dexá el cuydado de la comida; si no, todo va perdido. Los que la 
tienen, tengan enorabuena essos cuidados, que es mucha ra^ón, pues 
que es su officio (1); mas nosotras, hermanas, es disparate. 

Cuidados de rentas agenas me parece a mí sería estar pensando 
en lo que los otros goqan; si, que por vuestro cuidado no mudarán 
su pensamiento, ni se les pone deseo de dar limosna. Dexad esse 
cuidado a quién nos puede mouer a todos, que él es el señor dé las 
rentas y de los renteros; por su mandamiento heñimos aquí; verda- 
deras son feus palabras; no pueden faltar, antes faltarán los cielos 
y la tierra. No le faltemos nosotras, que no ayáis miedo que falte; y 
si alguna vez os faltare, será para mayor bien, como f altanan las ui- 
das a los santos quando los matauan por el señor, y era para aumen- 
talles la gloria por el martirio. Buen trueco sería acauar presto con 
todo y go9ar de la hartura perdurable. 

Mira, hermanas, que va mucho en esto muerta yo, que para esto 
os lo dexo scripto; que mientras yo biuiere, yo os lo acordaré, que 
por experiencia veo la gran ganancia. Quando menos ay, más des- 
cuidada estoy; y sabe el señor que, a mi parescer, me da más pena 
quando mucho sobra, que quando falta: no sé sí lo hasze como ya 
tengo uisto que nos la da luego el señor. Sería engañar a el mundo 
otra cosa, hazernos pobres, no lo siendo, de spíritu. Conciencia se 
me haría, a manera de dezir, y parésceme que fuera pedir limosna 
las ricas, y plega a 'dios no sea ansí, que adonde hay estos cuidados 
demasiados de que den limosna, vna vez o otra se yrían por la cos- 



1 Llamamiento, decía la copia en conformidad con los autógrafos. La enmienda puede ser 
de Jerónima del Espíritu Santo. 



364 CñMINO DE PERFECCIÓN 

tumbre, y podrían pedir lo que no han menester, a quien por uen- 
tura tiene más nescesidad; aunque los que lo dan no pueden perder 
nada sino ganar, nosotras perderíamos. No plega a dios, mis hijas: 
quando esto hubiera de ser, más quisiera que tubiérades renta. 

En ninguna manera se ocupe en esto vuestro pensamiento (1). Y 
creed mis hijas, que para vuestro bien me ha dado Dios a entender 
los bienes que ay en la santa pobreza. Y las que lo prouarem, lo en-, 
tenderán, quizá no tanto como yo, porque e provado lo contrario (2). 
Ello es vn bien que todos los bienes del mundo en^iera en sí; est un 
señorío grande, diguo que es señorear todos los bienes del, a quien 
no se le da nada (dellos. ¿Qué se me da; a mí de los reyes y señores, 
si no quiero sus rentas, mi tener sus contentos, si vn poquito se atra- 
uiessa hauer de descontentar por ellos a Dios? Si tenguo entendido 
en lo que está ser muy honrrado vn pobre, ¿qué se me da de sus 
honrras? La honrra de los pobres es ser muy uerdaderamente pobre. 

Tengo para mí, que jhonrras y dineros casi siempre andan juntos, 
y que quien quiere honrra, no aborrece dineros; y que quien los abo- 
rreze, que ise le da poco de honrra. Entiéndase bien esto, porque 
me paresze que esto de honrra siempre tray consigno algún yníerese; 
porque por marauilla ay honrrado en el mundo si es pobre, antes, 
aunque lo isea lél en sí, le tienen en poco. La verdadera pobrera tray 
consigno vna honrra que no ay quien la sufra; la pobrera tomada por 
solo dios, no ha menester a nadie sino a él, y es cosa muy cierta, 
en no habiendo menester a jiadie, tener muchos amigos; yo lo tengo 
bien bisto por experiencia. 

ñy tanto scripto desta uirtud, qae no se para qaé ahlo en ello 
pues no la sabré entender. Yo confiesso que he ydo tan enbeuida, que 
no rae he entendido hasta agora (3). Mas pues está dicho, por amor 
del señor os pido, pues ison nuestras armas la santa pobreza y lo 
que a el principio de nuestra orden tanto se extimaua y guardaua en 
nuestros santos padres (que me ha dicho quien lo sabe, que de un 
día para otro no guardauan nada), ya que en tanta perfectión en lo 
exterior no se guarde, en lo interior procuremos tenerla; son dos 
oras de uida, y grandíssimo el premio; y quando no hubiera ninguno 
si no cumplir lo que nos aconsejó el señor, era grande la paga 
en imitar en algo a su magestad. 

Estas armas han de tener ipuestras vanderas, que de todas maneras 
lo queramos guardar: en casa, en bestidos, en palabras (4), y mucho 
más en el pensamiento. Y mientras esto hiziéremos, espero en dios (5) 



1 Aquí vienen en el códice siete líneas y media bonadas, que dicen: «Yo hos lo pido, por 
amor de dios, y la más chiquita, quando esto entendiesse alguna vez en esta casa, clame a su 
magestad y acuérdelo a la mayor, y con humildad le digua que va herrada; y balo tanto, que 
poco a poco se va perdiendo la verdadera pobreza. Yo spero en el señor que no será ansí, ni 
dexará a sus sieruas. Para esto, aunque no sea para más, aproueche esto que me hauéis man" 
dado scriuir». 

2 La Santa enmienda así la frase, borrando estas palabras: «No sólo no había sido pobre 
de spíiitu, aunque lo tenía professado, sino loca de spíritu». 

3 Borrado: que no lo sabré yo entender. 

4 Dálapras, escribe distraídamente el copista. 

5 Borra aquí la Santa estas palabras: No hayamos miedo. 



CAPITULO II 365 

que no cayM (1) ;la religión desta casa (2), que, como de9ía sancta clara, 
grandes muros |son los de la pobreza. Déstos, decía ella, y de hu- 
mildad que quería cercar sus monesterios, y a buen seguro, si así 
se guarda de verdad, que leste la honestidad y todo lo demás fortales- 
pido mucho mejor que con muy sumptuosos edificios. Déstos se guar- 
de, por amor de dios, y por su sangre se lo pido; y si con cons- 
9ien<;ia puedo dezir, digo que el día que los yzieren se tornen lue- 
go a caer. 

Muy mal pareze, hijas mías, que de la has<;:icnda de los pobrecicos 
se hagan grandes casas: no 'lo permita dios, sino pobres en todo y que 
sea chica nuestra casa. Parezcamos en algo a nuestro rey, que no 
tuuo casa, sino lel portal de Bethlem adonde nasció, y la cruz adonde 
murió; casas eran éstas adonde se podía tener poca rrecreaípión. Los 
que las hazen grandes, lellos ise entenderán, llenan otros intentos sane- 
tos; para la que es verdadera pobre, qualquier rrincón le basta. Si 
porque es menester por el mucho encerramiento tubierem campos, que 
ayudam también a la oratión y deuoción, con algunas hermitas para 
apartarse a orar, enorabuena; mas dios nos libre de tener edificios 
y casa grande y curiosa (3). Siempre hos acordé que se ha caer 
el día del juicio, el qual no sabemos si será presto. 

Pues haszer mucho ruido a el caer casa de treze pobre^illas, no es 
bien; porque los pobres verdaderos no han de hazer ruido; gente 
sin ruido ha de ser para que los ayan Jástima. Y cómo se holgarán, 
si ven alguno librarse del infierno por la limosna que les ha he- 
cho; que todo es posible, porque están muy obligadas a continua- 
mente rogar por ellos (^), pues os dan de comer; que también quiere el 
señor, que aunque viene de su parte, lo agradezcamos a las personas 
por cuyo medio nos lo da, y desto no ,aya descuido. No sé lo que había 
comentado a dezir, que me he divertido; creo que lo ha querido 
el señor, porque nunca pensé screuir lo que aquí he dicho. Su ma- 
gestad nos tenga siempre de su mano para que no caygamos dello. 
ñmén. 



1 Cayga, había escrito el copista. La Santa, borrando la g, puso entre líneas la r. 

2 Borrado: Con el fauor de dios. 

3 Véase cómo cambia el orden de las palabras de esta frase, en su correspondiente de 
Valladolid, página 16, líneas 26 y 27. 

4 M rogar por ellos, es, como se recordará, una adición del P. García de Toledo hecha 
en el autógrafo de Valladolid, la cual incluye el copista u respeta la Santa. (Cfi. c. II, p. 17). 



CAPITULO III 



EN EL QUñL PROSIGUE LO QUE EN EL PRIMERO COMENTO R TRATAR, Y PER- 
SUADE A LAS HERMANAS SE OCUPEN SIEMPRE EN SUPLICAR A DIOS FA- 
UOREZCA A LOS QUE TRABAJAN POR LA YGLESIA. ACABA CON VNA EX- 
CLAMACIÓN. 



Tornando a lo principal Jjara que el señor nos iuntó en esta casa, 
y por lo que yo 'mucho deseo que seamos algo para que contentemos (1) 
a su magestad, digo que viendo tan grandes males, y que fuerzas hu- 
manas no bastan a attajar el fuego destos herejes, y c/ue y va (2) tan 
adelante, me pareció (3) que es menester como quando los enemigos 
en tiempo de guerra han corrido la tierra, y biéndose el señor della apre- 
tado se recoje a vna cibdad, que haze muy bien fortaleszer, y desde 
allí hasze algunas vezes dar en los contrarios, y por ser (4) tales los 
que están en la cibdad, como gente (5) escogida, que pueden más ellos 
a solas que muchos soldados (6) cobardes pudieran, y muchas vezes se 
gana desta manera victoria; a lo menos, aunque no se gane, no los 
vencen; porque como no aya traydor^s (7), si no es por hambre, no los 
puedem ganar, y ,aquesta hambre puédela auer tanta que vaste (8) mo- 
rir, mas no a quedar vencidos. 

Mas ¿para qué he dicho todo esto? Para que entendáis, hermanas 
mías, que lo que hemos de pedir a Dios, es que en este castillito 
que ay ya de buenos cristianos, no se nos vaya alguno dellos con los 
contrarios; y que a los capitanes deste castillo o ciudad los haga 
muy abentajados en el camino del señor, que son los predicadores y 
theólogos. Y pues que los imás están en las religiones que vayan 
muy adelante en su rreligión y llamamiento, que es muy nescessa- 
rio; que ya (9), como tengo dicho, nos ha de valer el brazo ecle- 
siástico, y no el seglar. Y pues ni para lo vno ni lo otro no balemos 
nada para ayudar a nuestro rey, procuremos ser tales que valgan 



1 La segunda sílaba de esta palabra está suplida entre líneas. 

2 Bonando que ba, puso la Santa que yva. 

3 Sustituye con estas dos palabras el paréceme de la copia, que borra. 

4 y ser tales, decía la copia. 

5 Borrado un es en la copia. 

6 Borrado: si eran. 

7 Como el autógrafo, pone el copista en singular esta palabra, que la Santa enmienda. 

8 Borrado: a que se rindan. 

9 Repetía esta palabra el copista, como el autógrafo, jj la borró la Santa. 



CAPITULO m 367 

nuestras orationes para ayudar a estos sieruos de dios, que con tanto 
trauajo se han fortales9ido con letras y buena uida, y trabajado 
para ayudar aora a el señor. 

Podrá ser que digáis que para qué encarezco tanto esto, y digo 
que hemos de ayudar a otros que son mejores que nosotras. Yo hos 
lo diré, porque aun no creo que entendéis bien lo mu (1) mucho que 
(debéis a el señor en itraheros adonde tan quitadas estáys de negocios, y 
ocasiones y tratos, que est muy grandíssima merced; lo que no es- 
tán los que digo, mi es bien que estén, en estos tiempos menos que 
en otros; porque an de ser los que esfuerzen Ja gente flaca y pongan 
ánimo a los pequeños. ¡Buenos quedarían los soldados sin capitanes! 
Han de uiuir entre los hombres, y tratar con ,los hombres, y estar 
en los palacios, y aun hazerse algunas uezes con ellos en lo exte- 
rior: ¿pensáis, hijas mías, que es menester poco para tratar con el mun- 
do,, y uiuir, y tratar negocios del mundo, y hazerse, como he dicho, a la 
conuersatión del mundo, y ser en lo interior extraños a el mundo, 
y enemigos del mundo, y estar como quien está en destierro, y, en 
fin, no ser hombres sino ángeles? Porque, a no ser esto ansí, no 
meres9en nombres de capitanes, ni permita el señor que salgan de sus 
celdas, que más daño harán que probecho; porque no es agora tiem- 
po de ver iraperfectiones en los que han de enseñar. 

Y si en lo ynterior -no están fortalescidos en entender lo mucho 
que va en tenerlo todo deuajo de los pies, y estar desasidos de las 
cosas que se acaban, y assidos a las eternas, por mucho que lo quie- 
ran incubrir, han de dar señal. Pues ¿con quién lo han sino con 
el mundo, que ninguna imperfectión dexa de entender? Cosas buenas, 
ttiuchas se le pasan (2), y aun por uentura no las ternán por tales; qias 
por malas e imperfectas, \no (3). flora yo me espanto quién les muestra 
la perfectión, no para guardarla, que desto parézeles que no tienen 
ninguna obligación, harto les pareze que hazen si guardan rrazonable- 
mente los mandamientos, sino para condenarla, y a las uezes, lo que 
es uirtud les paresze regalo, flnsí que no penséis que es menester poco 
fauor de dios para esta gran batalla adonde se meten, sino gran- 
díssirao. Para estas dos cosas, os pido yo que procuréys ser tales 
que merezcamos alcanzarlas de dios. La primera cosa, es que aya 
muchos, de los muy muchos letrados y religiosos que ay, que tengan 
las partes que son menester para esto, como he dicho; y a los 
que están no muy dispuestos, los disponga el señor, que más hará 
vno perfecto que muchos que no lo estén. La lotra es, que después de 
puestos en la pelea, que, como diguo, no es pequeña, los tenga el 
señor de su mano para que puedan librarse de muchos peligros que 
ay en el mundoi, y tapar ios oydos en este peligroso mar del canto 
de la serena. Y sí en esto podemos algo con dios, estando encerra- 
das peleamos por él, y daré yo por muy bien empleados los trabajos 
que he padecido por hazer este rrincón, adonde también pretendí se 



1 Así se lee. 

2 Tachado: por alto. 

3 Este período está muy variado. 



368 CAMINO DE PERFECCIÓN 

guardassc esta rregla de nuestra señora y emperadora con la perfec- 
tión que se comenQó. 

No os parezca ser inútil esta petición, porque ay algunas personas 
que les paresze re9ia cossa no rrezar mucho por su alma; ¿qué mejor 
oración que aquesta? Si tenéis pena por ella (1) se os descontará la 
pena del purgatorio, también se os quitará por esta oratión, y lo 
que más faltare, que falte. ¿Que va en que íesté yo hasta el día del 
inicio en el purgatorio, si por mi oratión se saluasse sola vn ánima? 
¡Quanto más el probecho de rancha^ y la honrra del señor! De penas 
que se acaban, no hagáis caso, guando entreuiniere algún seruicio 
mayor a el que tantas ipasó por nosotras; siempre os imformá de lo 
que es más perfecto. Ansí que os pido, por el amor del señor, pidáis 
a su magestad nos oyga en esto; yo, aunque miserable, se lo pido (2). 
pues es para gloria suya y bien de su yglesia, que aquí van mis deseos. 

Parece que es atreuimiento pensar yo que he de ser alguna parte 
para alcanzar esto; confío yo, señor mío, en estas sieruas vuestras 
que aquí están, que veo y se que no quieren otra cosa, ni la pre- 
tenden sino contentaros. Por uos han dexado lo poco que teníam, 
y quisieran tener más para seruiros con ello. Pues no soys vos, 
criador mío, desagradecido para que piense yo que dexaréis de hazer 
lo que os suplican, ¡ni aborrecistes las mugeres (3) guando andauades 
en el mundo, antes las fauorecistes siempre con mucha piedad, Quan- 
do os pidiéremos honrra, rrentas, dineros y otras cosas que sepan 
a mundo, no nos oygáis; mas para honrra de nuestro hijo, ¿por qué 
no (4) loyréis, o padre eterno a quien perdería mil honrras y mili uidas 
por vos? No por nosotras, señor, que no lo merescemos, sino por 
la sangre y merecimientos de vuestro hijo. 

¡O Señor nuestrol (5) mira que no son de oluidar tantos azotes 
e ynjurias, y tan grauísimos tormentos. Pues, criador mío, ¿cómo pueden 
sufrir vnas entrañas tan piadosas y amorossas como las vuestras, que 
lo que se hizo con tan ardiente amor de uuestro hijo y por más con- 
tentaros a uos, que le ¡mandastes que nos amasse, sea tenido en tan 
poco como oy día essos herejes tienen el sanctíssimo sacramento, que 
le quiten sus posadas deshaziendo las iglesias? ¡Si le faltara alguo 
por hazer a vuestro hijo y redentor nuestro! Mas todo lo dexó cum- 
plido. No bastaua, padre eterno, que no tubo adonde reclinar la ca- 
beza (6), siempre con tantos trabajos, sino que agora las casas que tiene 
para combidar a sus amigos con el manjar precioso de su sangre 
y cuerpo, que por uernos flacos y saber que ham menester comer 
de tal manjar los que trabajan se nos quiere dar (7), se las quiten? (8). 



1 Borrado: que no, 

2 Borrado: a su magestad. 

3 Señor mío, está borrado aquí. 

4 Borrado: nos. 

5 En vez de las palabras Dadre eterno, de la copia, pone éstas la Santa. 

6 Borrado: mientras uiuió. 

7 Por su amor, está borrado. 

8 Aquí hay tres líneas borradas, que dicen: *¿Y ya no había paguado basiantísimamente 
por el pecado de Adán? ¿Siempre que tornamos a pecar lo ha de pagar este amantíssimo 
cordero?» 



CAPITULO III 369 

No lo permitáis, emperador mío; apláquesse ya vuestra magestad; no 
miréis a nuestros pecados, sino que nos redimió vuestro sacratíssimo 
iiijo, y a los raerescimientos suyos, y de su gloriosa madre, y de 
tantos santos mártires que han muerto por uos. 

¡ñy dolor, señor míO(, y quién se ha attreuido a hazer esta peti- 
ción en nombre de todas! ¡Qué mala tercera, hijas mías, habéis to- 
mado para que hechasse esta pettición por vosotras, y para que fué- 
sedes oydas, si se ha de yndignar más este soberano juez viéndome 
tan attreuida, y con ra<;ón y justicia! Mas mira, señor, que ya sois 
dios de misericordia; y tenedla de aquesta pecadorcilla, que así se 
os atreue. Mira, dios mío, mis deseos y lágrimas con que os suplico 
esto, y 'bluidá mis obras, por quien vos sois. Habed lástima de tantas 
almas como se pierden, y favorezed a vuestra iglesia. No permitáis 
ya más daños en la cristiandad, señor (1); dad luz a estas tinieblas. 
Pido hos yo, hermanas mías, por sti amor (2), que encomendéis a su 
magestad esta pobrecilla y le supliquéis le dé humildad, como cosa 
a que tenéis obligatión. No os encargo particularmente los reyes y 
perlados de la iglesia, en special nuestro obispo, y esta orden de la 
virjeti sacratísima y las demás, porque beo a las de agora tan cui- 
dadosas dello, que ansí me pareze que no es nepessario (3) más, sino 
que las que vinieren lo bean, que tiniendo santo perlado lo serán 
las subditas, y como cosa tan importante la pone siempre delante nues- 
tro señor; y quando nuestras oraciones, deseos, desciplinas y ayunos 
no se emplearen por aquesto que he dicho, pensad y creed que no 
hazéis ni cumplís para lo que aquí hos juntó el señor. 



1 Borrado: mío. 

2 Borrado: det señor. 

3 Que no es necessario. Estas palabras parecen de Jerónima del Espíritu Santo. 



III 24 



CñPITULO IV 



EN QUE SE PERSUADE Lfl GUñRDÍI DE Lfl REGLA, Y DE TRES COSAS IMPOR- 
TANTES PARA [la] UIDA SPIRITUAL. DECLARA LA PRIMERA DESTAS TRES COSAS 
Y LO QUE DAÑAN LAS AMISTADES PARTICULARES (1). 



Ya, hijas (2), habéis visto la gran impresa que pretendemos ganar; 
¿qué tales habernos menester ^o. ser para que en los ojos de dios y 
del mundo no nos tengan por muy attreuidas? Está claro que hes (3) 
menester trabajar mucho, y gran ayuda es tener altos pensamientos 
para esforparnos a que lo sean nuestras obras. Si nosotras procu- 
ráremos con gran cuidado guardar cumplidamente nuestra regla y cons- 
tituciones, espero que el señor admittirá nuestras oraciones. Y no 
hos pido cosas nuebas, hijas mías, sino que guardemos nuestra pro- 
fesión, pues es nuestro llamamiento! y a lo que estamos obligadas, aun- 
que de guardar a guardar va mucho. 

Dize la primera regla nuestra que oremos sin cessar. Con que 
se haga esto con todo el cuidado que pudiéremos, que es lo más 
importante, no se dexarán de cumplir con los ayunos, disciplinas, y 
silentio que manda la orden; porque ya sabéis que para ser la oración 
verdadera, se ha de ayudar con esto, porque el regalo y la oración 
no se compadezen (4). 

En esto de oración es lo que me habéis pedido que diga alguna 
cosa, y lo dicho hasta agora, para en pago 'de lo que dixere, os pido 
yo que cumpláis y leáis muchas vezes de buena gana, ñntes que diga 
de lo interior, que es la oración, diré algunas cosas que son nescesa- 
rias tener las que pretenden ileuar camino de oración y tan nescesarias, 
que sin ser muy contemplatiuas, podrán estar muy adelante en el 
seruicio del señor; y est imposible, si no las tienen (5), ser muy 
contemplatiuas, y quando pensaren que lo son, están muy engañadas. 
El señor me dé fauor para ello y me enseñe lo que tengo de decir, 
porque sea para su gloria, ñmén. 



1 Declata la primera destas tres cosas, y lo que dañan las amistades particulares, es el 
epígrafe que correspondía al capítulo V antes de unirse a éste, por insinuación de la Santa, 
como luego veremos. 

2 Hejas, dice la copia. Sobre esta palabra escribió la Santa man, y una línea vertical en^ 
tre la a y la n. Acaso quiso decir mías, (hijas mías). 

3 Hemos, decía la copia y el original, que la Santa corrige. 

4 Que regalo y oración no se compadecen, dice más hermosamente el autógrafo. 

5 Borrado: estar, ni. 



CAPITULO IV 371 

No penséis, hermanas mías, que serán muchas las cosas que os 
encargaré; sólo deseo (1) que hagamos lo que nuestros sanctos padres 
ordenaron y guardaron, que por este camino meres(;ieron este nombre 
de santos (2). Solas tres cosas me extenderé a declarar, pues son de la 
constitución; porque importa mucho que entendamos lo muy mucho 
que nos va en guardarlas para tener exterior e interiormente la paz 
que tanto encomendó naestro señor (3): la primera cosa es amor vnas 
con otras; la segunda, desasimiento de todo lo criado; la última, es 
verdadera humildad, que aunque la diguo a la postre, es muy prin- 
cipad y las abraca a todas (4). 

Quanto a la primera, que es amaros mucho vnas a otras, ba 
muy mucho; por que no hay cosa enojosa que no se passe con 
facilidad en los que se aman, y rrecia ha de ser quando dé enojo. 
Y si este mandamiento se guardase en el mundo como se ha de 
guardar (5), aprouecharía mucho para guardar los demás; sino que, 
por más o por menos, inunca acabamos de guardarle con perfectión. Pa- 
rece que lo demasiado entre nosotras no puede ser malo, y tray tanto 
mal y tantas imperfectiones consigno, que no creo lo creerá sino quien 
ha sido testiguo de uista como y [o] en otras partes (6). ñquí haze el de- 
monio muchos enrredos, que en consciencias que tratan groseramente de 
contentar a Dios, se sienten poco y les pareze uirtud; mas las que 
tratan de perfectión, lo entienden mucho, porque poco a poco quitan 
la fuerza a la uoluntad para que del todo Se emplee en amar a dios, 

Y en mujeres creo que deue de ser esto aún más que en hombres, 
y haze daños para la communidad muy notorios; porque de aquí biene 
el no se amar tanto todas juntas, el sentir lel agrauio que se haze 
a el amiga, el desear tener para rregalarla, el buscar tiempo para 
hablarla, y muchas ueces más ^ara dezirla lo que la quiere y ama 
y otras cosas impertinentes, que no lo que ama a Dios. Porque estas 
amistades grandes pocas ueges ban ordenadas a ayudarse a amar 
a Dios, antes creo que las hasze comentar el demonio para comeníar 
bandos en las religiones; quando es para seruír a su magestad, luego 
se pareze que no ba la voluntad con pasión, sino procurando ayuda 
para venper otras pasiones. 

Y destas amistades querría yo muchas adonde ay gran cómbenlo, 
que en esta casa, que son pocas (7), todas han de ser amigas, todas 
se han de amar, todas se han de querer, todas se han de ayudar; y 
guárdense destas particularidades, por amor del señor, por santas que 



1 Borra la Santa: porque plega a nuestro señor. 

2 Borrado: Yerro serta buscar otro, ni deprenderle de nadie. 

3 Nuestro señor a sus apóstoles, había enmendado la Santa, borrando luego las tres úl- 
timas palabras. 

4 Comienza aquí en la copia el capítulo V, pero la Santa escribe al margen: No a de 
aver aquí capítulo, que es el mismo V. Cuarto, quiso decir, y por eso borró ella misma el título 
de la copia uniéndolo al precedente. Así lo hizo D. Teutonio y los demás editores. (Vid. la 
nota primera de la p. 25). 

5 Borrado: creo que. 

6 Esta enmienda de la Santa se halla algo incompleta, y su lectura ofrece alguna dificul- 
tad. La edición de D. Teutonio, no la publica. 

7 Borra la Santa: No más de treze, ni lo han de ser aquí. 



372 CAMINO DE PERFECCIÓN 

sean, que aun entre hermanos' acaece (1) ponzoña, ningum prouecho en 
ello beo; y si no son más de deudos, es muy peor (2). Y créanme, 
hermanas, que aunque os parezca que es éste extremo, en él está gran 
pertectión y gran paz: y se quitan muchas occasiones a las que no están 
muy fuertes. Sino que si la voluntad se inclinare más a una que a 
otra (que no podrá ser menos, porque el natural muchas uezes nos lleua 
a amar lo más ruin, si tiene más gracias de naturaleza), que nos ha- 
mos a la mano y no nos dexemos enseñorear de aquella afición. Amemos 
las uirtudcs y lo bueno interior, y siempre traygamos cuidado de acer- 
tar en no haszer caso desto exterior. 

No consintamos, hermanas, que sea nuestra voluntad sclaua de 
ninguno, sino de el (3) que la compró con su sangre; miren que, sin 
entenderse, se hallarán asidas, que no se puedan ualer. ¡O, válame 
dios! las niñerías que vienen de aquí no tienen quenta. Porque son 
tan menudas, que sólo las que las ven las entenderán y creerán, no 
hay para qué las dezir ,aquí, más de que en qualquiera será malo 
y en la perlada pestilencia. 

En apartar estas particularidades, es menester gran cuidado desde 
el principio que se comienza la amistad; y esto más por yndustria 
y amor que con rigor. Para remedio desío es gran cosa no estar 
juntas sino las oras señaladas, ni hablarse, conforme a la costumbre 
que agora llenamos, que es no estar juntas, como manda la regla, sino 
cada vna apartada en su 9elda. Guárdense (4) en sant Josephe de tener 
casa de labor; porque, aunque es loable costumbre, con más facili- 
dad se guarda el silentio cada vna por sí, y acostumbrarse a la sola- 
dad es gran cosa para la oración; y pues ¡éste ha de ser el (pimiento 
desta casa, es menester traher estudio en afficionarnos a lo que a 
esto más nos ayuda. 

Tornando a el amarnos vnas a otras, pareze cosa impertinente 
encomendarlo, porque estando juntas en vna compañía, y no habiendo 
de tener otras conuersagiones, ni tratos ni rrecreaciones con personas 
de fuera de casa, y creyendo que las ama dios y ellas a él, pues 
por su magestad lo dexan todo, yo creo que se cobrarán amor; spe- 
^ialmente que la uirtud siempre (combida a ser a amada, y ésta, con 
el fauor de dios, siempre la habrá en esta casa. Ansí que en esto 
no ay que encomendar mucho, a mi pareszer. 

En cómo ha de ser este amarse, y qué cosa es el amor uirtuoso, 
el qual deseo yo que aya aquí, y en qué veremos que tenemos esta 
uirtud, que es grande bien, pues nuestro señor tanto nos la encomendó 
y tan encargadamente a sus apóstoles, quería yo dezir aora vn po- 
quito conforme a mi rrudeza, y si en otros libros tan menudamente lo 
halláredes, no toméis nada de mí, que por ventura no sé lo que diguo. 

De dos maneras de amor es lo que trato: vna es spiritual, porque 
ninguna cosa pareze que toca a la sensualidad ni a la ternura de 
nuestra naturaleza de manera que quite su charidad; otra es (5) de 



1 ñcaece, escribe la Santa, borrando suele ser. 

2 Boirado: pestilencia. 

3 Borra la Santa: de otro que de aquel. 

4 Lybrense, dice la copia y el autógrafo. La corrección parece de Jerónima del E. Santo. 

5 Spiritual y junto con ella, borra la Santa, poniendo de, en su lugar. 



CAPÍTULO ÍV S?3 

nuestra sensualidad y flaqueza, y buen amor, que parece lícito, como 
el de los deudos y amigos; deste ya queda algo dicho. 

Del que es spiritual, sin que entreuenga pasión alguna, quiero 
aora hablar, porque en habiéndola, va todo desconcertado este con- 
gierío; y si con templanza y discreción tratamos personas virtuosas 
specialmente confesores, es provecho; mas si en el confesor se en- 
tendiere que va encaminado a alguna vanidad, todo lo tengan por 
sospechoso y en ninguna manera, aunque sean buenas pláticas, las 
tengan con él, sino con breuedad confessar y concluir. Y lo mejor 
seria decir a la perlada que no se halla bien su alma con él, y 
mudarle; que esto es lo más acertado, si se puede hazer sin tocalle 
en la honrra. 

En caso semejante, y en otros que podría el demonio en cosas 
dificultosas enrredar, y no se sabe qué consejo tomar, lo más acer- 
tado será procurar hablar con alguna persona que tenga letras, que 
habiendo nescesidad, libertad se da para ello, y confesarse con él y 
hazer lo que le dixere; porque, ya que no se pueda dexar de dar al- 
gún medio, podríase herrar mucho: ¡y cuántos yerros se hazen en el 
mundo por no haszerse las cosas con consejo, en special en lo que toca 
a dañar a alguna persona! Dexar de dar algún medio, no se sufre; 
porque quando el demonio comienza por aquí, no es poco, si no se 
ataja con breuedad; y líinsí, lo que tengo por mejor, es procurar hablar 
con otro confesor, y lo más acertado, si ay disposición (1). 

Miren que ba mucho en esto, que es cosa peligrosa y vn infier- 
no y daño para todas. Y digo que no aguarden a entender mucho mal, 
sino que a el principio lo attajen por todas las uías que pudieren y 
entendieren, que con buena consciencia lo pueden hazer. Mas spero 
yo en el señor que no permitirá que personas que han de tratar 
siempre en la oración, puedan tener voluntad sino a quien es muy 
sieruo íde dios, que esto es muy <;\^Yto, o lo es que no tienen oración 
ni perfectión, conforme a lo que aquí se pretende; porque si no 
ben que entiende su lenguaje y es afficionado a hablar en dios, no 
le podrán amar, porque no es su semejante. Si lo es, con las poquí- 
ssimas ocasiones que aquí habrá, o será muy simple, o no querrá 
desasosegarse y desasosegar a las sieruas de dios. 

Ya que he comentado a hablar en esto, que, como he dicho, es 
gran daño el que el demonio puede hazer y muy tardío en enten- 
derse, y así se puede yr estragando la perfectión, sin saber por 
donde; porque si éste quiere dar lugar a vanidad por tenerla él, lo 
haze todo poco aun para la conscientia de las otras. Dios nos libre, 
por quien su majestad es, de cosas semejantes. R todas las monjas 
bastai a turbar, porque sus consciencias les dize a el contrario; y se (2) 
las aprietan en que tengan vno solo, no saben qué hazer, ni cómo 
se so[se]gar; porque, quien las había de quietar y rremediar, es quien 
haze el daño. Hartas afficiones debe de auer déstas en algunas par- 
tes; y así no os spantéis que ponga mucho cuidado en algunas des- 
tas cosas. 



1 Borrado: y spero en el señor que sí habrá. 

2 Si, dice el autógrafo de Valladolid. 



CAPITULO V (1) 



DE QUflNTO IMPORTA QUE LOS CONFESORES SEAN LETRADOS. 

No dé el señor a probar a nadie de aquesta casa el trabajo que 
queda dicho, por quien su magestad es, de verse alma y cuerpo apre- 
tadas. Y ¿qué será si la perlada es también (2) con el confesor? Que 
ni a él della, ni a ella del, osan decir cosa alguna. Hquí bendrá la 
tentación de dexar de confesar pecados muy graues por miedo de 
no entrar en dessasosiego. ¡O, bálame dios! qué daño puede ha[zer] (3) 
el demonio, y qué caro les cuesta el apretamiento y honrra, que porque 
no tratan más de vn confesor, piensan que grangean gran cosa de reli- 
gión y honrra del monesterio, y ordena por esta uía el demonio coxer 
las almas, como no puede por otra. Si piden otro, luego pareze que va 
perdido el concierto de la religión; pues si no es de la orden, aunque 
sea un santo, aun en tratar con él les pareze que les haze afrenta. 

Esta santa libertad pido yo, por amor de el señor, a la que 
estubiere por maior; que procure siempre con el perlado (4) o probin- 
9ial, que sin los confesores odinarios, procure ella y todos tratar 
y communicar sus almas con personas que tengan letras, en special si 
los confesores no las tienen, por buenos que sean; porque los letra- 
dos son gran cosa para dar en todo luz. Y posible será hallar lo 
vno y lo otro junto en algunas personas, y mientras más mercedes 
el señor los hisziere ien la oración, es menester que vuestras obras y 
ora9ión vayan más fundadas. Ya sabéis que la primera piedra ha 
de ser la buena ,cons9ien9Ía, y con todas vuestras fuerías libraros 
aún de pecados veniales y seguir lo más perfecto. Pareze que cada 
confesor sabe esto; pues po es ansí, porque a mí me aconteció tratar 
con uno cosas de conscientia que había oydo todo el curso de Theolo- 
gía, y me hizo mucho daño en cosas que me de^ía que no eran 
nada; y sé que no pretendía engañarme, ni tenía para qué, sino que 
no supo más; y aun otras dos o tres vezes, sin ésta, me ha acaecido. 

Este tener verdadera luz para guardar la ley de dios con per- 
fectión, €S gran bien (5); sobre esto assienta bien la oración; sin este 



1 Por la unión del capítulo IV y V, hecha según indicación de la Santa, como acabamos 
de ver, se corrige desde aquí el orden de los capítulos, en conformidad con ella, por Jerónima 
del Espíritu Santo. 

2 Está bien, dice el autógrafo de Valiadolid. 

3 Borrado en la copia: zer (ha) aquí. 

4 Borrando la palabra obispo, pone la Santa en su lugar perlado. Cuando escribió este libro, 
el convento de S. José estaba sujeto al obispo de Avila, pero desde el mes de Agosto de 1577, 
pasó a la obediencia de la Orden. A esto, sin duda, se debe la enmienda. (Cfr. t. II, pág. 219). 

5 Sustituye la Santa con estas dos palabras la frase todo nuestro bien, de la copia jj el 
autógrafo. 



CAPITULO V 375 

cimiento fuerte, todo edificio ba falso; si no les dieren libertad para 
confesarsse, y para tratar cosas de su alma con personas semejan- 
tes (1) que he dicho. Y aun más me ptrevo a de?ir, que aunque el con- 
fesor lo tenga todo, algunas uezes se haga todo lo que digo; porque 
puede ser que él se engañe, y es bien que no se engañen todas por 
él; procurando siempre que no se haga cosa contra la obediencia, que 
medios hay para todo', y bale mucho a las almais, y ansí es bien que, 
por las maneras que pudiere, lo procure. 

Todo esto que he dicho, toca a la perlada; y ansí lo torno a 
pedir, que pues aquí no se busca otra consolatión sino la del alms, 
que se la procure dar en esto, que ay diferentes caminos por donde 
lleua dioe a sus sierbajsí, y un confessor no los ha de saber todos por 
fuerza; que yo aseguro que no les falten personas sanctas que quie- 
ran tractarlas y consolar sus almas, si ellas son las que han de ser, 
aunque seáis pobres; porque el que substenta los cuerpos, despertará 
y porná voluntad a quien con ella da luz a sus almas, y rremédiasse 
este mal, que es el que yo temo; que cuando el demonio tentasse 
a el confessor en el engaño de alguna doctrina, como sepa que tracta 
con otros, yráse a la mano, y mirará mejor en todo lo que hasze. 
Quitada esta entrada a el demonio, yo spero en dios que no la terna 
en esta casa, y iansí pido, por amor del señor, a el (2) prouingial que 
fuere, que dexe a las hermanas esta libertad, y que no se la quite 
quando las personas fueren tales que tengan letras y bondad, que 
luego se entiende en lugar tan chico como aqueste. 

Esto que aquí he dicho, téngolo uisío, y entendido y tractado 
con personas doctas y sanctas que han mirado lo que más conbenía 
a esta casa, para que la perfectión della fuesse adelante; y entre 
los peligros que ay en todo mientras biuimos, éste hallamos ser el 
menor, y que nunca aya vicario que tenga mano de entrar y salir, ni 
aya confesor que tenga esta libertad; sino que éstos sean para (jelar 
el recogimiento y honestidad de la casa y aprouechamiento ynterior 
y exterior, para de9Írlo a el perlado quando huviere falta; mas no 
que sea él el superior. 

Y esto es lo que se has?e agora, y no por solo mi parecer, sino 
del perlado que ahora tenemos (3); el qual juntamente con personas de 
letras, y spíritu y experiencia para este punto, se determinó lo que arri- 
ba dixe. Razón será que los perlados que uinieren se lleguen a este 
parecer, pues por tan buenos está determinado, y pedido a el señor 
con hartas oraciones que alumbrase lo mejor; y a lo que se entiende 
hasta agora, esto es lo mejor. El señor sea seruido llenarlo siempre 
adelante como más sea para su gloria. Amen. 



1 Borrado: a lo. 

2 Obispo o provincial, dice la copia, u alguno, probablemente la Santa, borró la primera 
palabra. 

3 Aquí tiene el original tachadas siete líneas que dicen: «Porque el obispo que agora te- 
nemos, debajo de cuia obediencia, que por causas muchas que hubo no se dio (nos dio, dice 
por error el códice) esta obediencia a la orden, el qual es persona amiga de toda religión a 
santidad, b gran sieruo de dios. Llámase don Aluaro de mendoza, de gran nobleza ij linage, 
U muu aficionado a fauorescer de todas maneras esta casa». Borró la Santa estas líneas por 
la razón que dimos en la nota cuarta de la página anterior. 



CAPITULO VI 



TORNA DEL AMOR PERFETO (1) 



Harto me he diuertido, mas importa tanto lo que queda dicho, que 
quien lo entendiere no me culpará. Tornemos a el amor que es bueno 
y lícito que nos tengamos; que el que digo es puro y spiritual, no 
sé si sé lo que diguo, a lo menos paréceme que no es menester hablar 
mucho en él, porque le tienen pocas: a quien el señor le hubiere 
dado, alábele mucho, porque debe de ser de grandíssima perfectión; 
en fin, quiero tratar algo del, que por ventura hará algún prouecho, 
que poniéndonos delante de los ojos la uirtud, affictiónasse a ella 
quien la pretende y diesea ganar. 

Plega a dios que yo sepa entenderla, quantimás decirla, que ni sé 
quáí es spiritual, ni quándo se mezcla sensual, ni cómo me pongo a 
hablar en ello. Es como quien oye hablar de lejos, que no entiende 
lo que dizen; ansí soy yo, que algunas vezes no devo de entender lo 
que diguo, y quiera el señor que sea bien dicho; y si otras fuere 
dislate o desparate (2), es lo más natural a mí no acertar en nada. 

Parézemc agora a mí que quando dios ha traydo a vna persona 
a claro cognoscimiento de lo que es el mundo, y qué cosa es el mundo, 
y que ay otro mundo, y la diferencia que ay del vno a el otro, y 
que el vno es eterno y el otro soñado, y qué cosa es amar a el 
criador o a la criatura, esto visto por experiencia, que es otra cosa 
que pensarlo, y ver qué se gana con lo vno, y qué se pierde con 
lo otro, y (qué cosa es criador y qué- cosa es criatura, y otras muchas 
cosas que el señor enseña a quien se quiere dar a ser enseñado 
del en la oratión, o a quien su magestad quiere, quán diferentemen- 
te aman ^stas almas de las que no hemos llegado aquí. 

Podrá ser, hermanas, que os parezca impertinente tratar en esto 
y que digáis que estas cosas que he dicho, ya todas las sabéys. 
Plega a el señor que sea ansí que lo sepáis y lo tengáis de la 
manera que haze a el caso, imprimido en las entrañas; pues si lo sa- 
béys, veréis que no hiiento, que a quien el señor llega aquí, tiene este 
amor que diré. Las personas que dios llega a este estado, son almas 
generosas, almas reales, que no se contentan con amar cosa tan 
rruin como estos cuerpos, por hermosos que sean; digo amor que 



1 Este título está muy abreviado. 

2 Desparate. Esta palabra no viene en el autógrafo valisoletano. 



CAPITULO VI 377 

sujete y ate, por muchas gracias que tengan, bien que aplaze a la 
uista y alaban a el criador; mas para detenerse en ello, no. Digo 
detenerse, de manera que por estas cosas hos tengan amor; porque 
les paresze ga que aman cosas sin tomo, y que se ponen a querer 
sonbra; correrseyan de sí mesmos, y no tendrían cara para dezir a 
dios que le aman. 

Diréisme: essos tales no sabrán querer ni pagar la voluntad que 
se les tubiere, a lo menos dáselos poco de que se la tengan; porque 
ya que de presto algunas vezes el natural lleva a holgarse de ser 
amados, en tornando sobre ¡sí, ben que es disparate, si no son personas 
que puedan aprovechar a sus almas con doctrina o con oración. Mas 
todas las otras que entienden que no la hace algún prouecho y que 
les podría dañar, les cansan, no porque las dexan de agradezer y 
pagar encomendándolas a Dios. Y tómanlo como si los que las aman 
hechassen carga a el seflor, del qual entienden que biene esto, que 
es ser de otras amadas, porque en sí no les pareze que hay que 
querer; y ansí luego les pareze que las quieren, porque las quiere 
Dios y dexan a su magestad que lo pague y se lo suplican, y con 
esto quedan libres, y parésgeles que no los toca. Y bien mirado, si 
no es con las personas que digo que nos pueden haszer bien para 
ganar bienes perfectos, yo pienso algunas vezes quán gran ceguedad 
se trahe en querer que nos quieran. 

Aora noten que como el amor, quando le queremos de alguna per- 
sona, siempre se pretende algún ynterés de prouecho o contento nues- 
tro, y estas personas perfectas ya todos los tienen debajo de los pies, 
y han despreíiado los bienes y rregalos y contentos que el mundo les 
puede hazer, ya están de suerte (1), que, aunque ellas quieran tener este 
amor, no lo pueden ¡tener, a manera de dezir, a otro que no sea a 
dios, y para en tratar de dios, pues ¿qué prouecho les puede venir 
de ser amadas de los amadores del siglo? 

Y como se les rrepresenta esta verdad, de sí mesmos se ríen de 
la pena que algún tiempo les ha dado si era pagada o no su voluntad. 
Aunque la voluntad sea buena, luego nos es muy natural querer ser 
paguada. Benido a cobrar esta paga, es en pajas, que todo es agre 
y sin tomo, que se lo lleua el viento; porque, quando mucho nos 
ayan querido, ¿qué es de lo que nos queda? (2). Ansí que, si no es 
para prouecho de sus almas con las personas que tengo dichas, porque 
ben ser tal nuestro natural que, si no ay algún amor, luego se cansa, no 
se les da más ser queridas que no. ¿Pare^eraos que aquestos tales 
no quieren a nadie, ni saben, sinoi a dios? Pues (3) más quieren, y con 
más verdadero amor, g más prouechoso, anque sin (4) pasión; al fin, 
es amor. Y estas tales almas son siempre afficionadas a dar mucho 
más que no a rres9ibir; g aun con el mismo criador les acaeze esto. 
Y esta affición santa merece nombre de amor, que essotras afficiones 
baxas tiénenle vsurpado el nombre. 



1 Borrado: estas personas. 

2 iQué es esto que nos quedaP, dice aquí el autógrafo. 

3 Borrado: mucho. 

4 Y con más, decía la copia, que la Santa corrige. 



378 CAMINO DE PERFECCIÓN 

También os paresferá que si no aman las cosas que ven, ¿a qué 
se afficionan? Verdad es que lo que ven aman, y a lo que oyen se 
afñcionan; mas esas cosas que ven son stables. Luego éstos, si aman, 
pasan los ojos por los cuerpos, y pónenlos en las almas y miran si 
ay que amar, y si no lo ay y ben algún principio o disposición para 
que, si caban, hallarán pro en esta mina, tínienla amor, no les duele 
el trabajo; ninguna cosa se les pone delante que de buena gana no 
hiziessen por el bien de aquel alma, porque desean durar en amarla 
y saben muy bien que si no tienen bienes y aman mucho a dios, 
que es imposible. Y diguo que es imposible, aunque más la obligue 
y muera quiriéndola, y la haga todas las buenas obras que pueda, 
y tenga todas las gracias de naturaleza, no tendrá fuerza la voluntad, 
ni la podrá hazer estar con asiento. Porque ya sabe y tiene experien- 
cia de lo que es todo; no le hecharán 'dado falso. Ve que no son 
para en vno, y que no puede durar el quererse el vno a el otro; 
porque es amor que se ha de acabar con Ja vida, si el otro no va 
guardando la ley de dios, y entiende que no le am^ y que han de yr a 
diferentes partes (1). 

Y a este amor, que isólo acá dura, el alma déstas a quien dios 
ha ya infundido uerdadera sabiduría, no le extima en más de lo 
que vale, ni en tanto; porque para los que buscan en el mundo gustos 
de deleites, y rriquezas y honrras, algo baldrá si es rico, o tiene par- 
tes para dar pasatiempo y recreación; mas quien todo esto aborreze 
ya, poco o nonada se le dará de aquello. Aora, pues, aquí, si tiene 
amor, es la afigión (2) para hazer esta alma para ser amada del; por- 
que, como digo, sabe que no ha de durar en quererla, y es amor 
muy a su costa, no dexa de poner todo lo que puede porque se 
aproueche; perdería mili uidas por un pequeño bien suyo. ¡O pre- 
cioso amor, que va ymitando a el capitán del amor, JHS (3). 
nuestro bien! 



1 Partas, se lee en la copia. 

2 Pasión, decía la copla, que la Santa enmienda. 

3 Jesús. 



CñPITULO VII 



EN QUE TRATA DE Lfl MISMA MATERIA DE AMOR SPIRITUAL, Y DE ALGUNOS 
AUISSOS PARA GANARLE. 



Es cosa (extraña qué apasionado amor es éste, qué de lágrimas 
cuesta, qué de penitencias y oraciones, qué cuidado de encomendar 
a todos los que piensa que le han de aprobechar con dios para 
que se le encomienden, qué deseo ordinario, vn no traher contento 
si no le VQ aprobechar. Pues si le pareze que está mejorado y le ve 
que torna algo atrás, no parece que ha de tener plazer en su vida; 
ni duerme, ni come, sino con este cuidado {no se ha de entender 
que es con ynquietud ynterior), siempre temerosa si se ha de perder 
alma que tanto quiere, y si se han de apartar para siempre (que la 
muerte de acá no la tienen en nada), que no quieren asirse a cosa 
que en wi soplo !se le va de entre las manos, sin poderla asir. Es, 
como he dicho, amor ,sin interés propio; todo lo que desea y quiere, 
es ver a leí alma que ama, rica de los bienes del cielo. Esta sí es 
voluntad, y no estos quereres desastrados de por acá, y aun no digo 
de los malos, que de éssos dios nos libre. 

En cosa que es infierno, ¡no ay que nos cansar en dezir mal, 
que no se puede encarecer el menor mal de él; éste no ay para qué 
tomarle nosotras, hermanas, en la boca, ni pensar si le ay en el 
mundo; en burlas, ni en veras, oyrle ni consentir que delante de 
vosotras se trate ni quente de semejantes voluntades. Para ninguna 
cosa es bueno, y podría dañar aún oyrlo; sino de essotros lícitos, 
como he dicho, que nos tenemos vnas a otras, o a deudos o a ami- 
gas. Sea nuestra voluntad tal que no nos quite la paz y libertad de 
manera, que (1) si les duele la cabeza, parezca que nos duela el alma, 
y nos ynquiete (2), y todo dcsta manera. 

Estotra voluntad no es ansí; aunque con la flaqueza natural se 
siente algo, mas luego ;la razón de presto mira si es bien para aquel 
alma, si se enrriqueze más en uirtud y cómo lo lleua, el rogar a 
dios le de paciencia y merezca en los trauajos. Sí ve que la tiene, 
ninguna pena siente, antes se alegra y consuela; bien que lo passaría 



1 Decía la copia: Sea nuestra voluntad tal, que no se tros muera, que si les duele la ca" 
beza...^, a la Santa lo corrige como en el texto se indica. 

2 Al escribir estas palabras la Santa, borró en la copia: Si los hemos con trabajos, no 
quede, como dicen, paciencia. 



380 CAMINO DE PERFECCIÓN 

d€ mejor gana que 'vérselo passar, si el mérito y ganancia que ay 
en padezer pudiesse dársele todo, mas no para que se inquiete y 
desasosiegue. 

Torno otra vez a dezir, que se pareze, y ba emitando este amor 
a el que nos tubo el buen amador JHS (1); y ansí, aprouechan tanto, 
\ioxque querrían abracar todos los trabajos, y que los otros, sin tra- 
uajar, se aprobechassen dellos (2). Ganan muy mucho los que tienen su 
amistad, y crean que, o los dexarán de tratar, con particular amistad, 
diguo, o acabarán con nuestro señor que vayan por su camino, pues 
que vaui a vna tierra, como hizo sancta mónica con sant agustín. No 
les sufre el cora9ón tratar pon ellos doblez, porque si les ben torcer 
el camino, luego se lo dizen, y si les ben algunas faltas; no pueden 
consigno acabar otra cosa. Y como desto no se emendaren, ni tra- 
ten con jellos de lisonja, ni de disimularles nada, o ellos se emen- 
darán, o se apartarán del amistad; porque no podrán sufrirlo, ni 
es de sufrir: para lel vno y para el otro es continua guerra con an- 
dar descuidados de todo el mundo (3), de sus amigos no ay poder des- 
cuy dar (^), ni se les encubre cosa; las motitas ben. Digo que trahen 
bien pesada cruz. 

Esta manera de amar, es la que yo querría que tubiésseraos nos- 
otras; y ya que a el principio no sea tan perfecta, el señor la yrá 
perfi9Íonando. Comencemos en los medios, que aunque Ueue algo de 
ternura, no dañará, como sea en general. Es bueno y nescesario algunas 
uezes mostrar ternura en la voluntad, y aun tenerla, y sintir algunas 
trabajos y enfermedades de las hermanas, aunque sean pequeños; que 
algunas uezes acaeze dar vna cosa muy libiana tan gran pena como 
a otra daría vn gran trauajo, y a personas que tienen de natural 
apretarles mucho pocas cosas. Si vos le tenéis a el contrario, no dexéis 
de compadezeros, y por ventura quiere nuestro señor reseruarnos de 
essas penas y las tememos en otras cosas, y las que para nosotras 
son granes, aunque de suyo lo sean, para las otras serán leues. ñnsí 
que en estas cosas no juzguemos por nosotras, ni nos consideremos 
en el tiempo que, por uentura sin trauajo nuestro, el señor nos ha 
hecho más fuertes, sino considerémonos en el tiempo que hemos es- 
tado más flacas. Mirad que importa este auisso para sabernos con- 
doler de los trauajos de los próximos, por pequeños que sean, en 
special a Las almas que quedan dichas, que ya éstas, como desean 
los trauajos, todo se les hasze poco, y es muy nescesario traher 
cuidado de mirarse quando era flaca, y ver que si no lo es, no biene 
della; porque podría por aquí el demonio yr enfriando la charidad 
con los próximos y hazernos entender que es perfcctión lo que es 
falta. En todo es menester cuidado y andar despiertas, pues él no 
duerme, y en los que van en mayor perfcctión, más; porque son muy 



1 Jesús. 

2 Jinsí, decía aquí la copia, que la Santa borra para escribir en su lugar por esto, que 
también borra. 

3 Borrado: Y no trayendo quenta si siruen a dios o no, porque sólo consigo mismos la 
tienen, con. 

4 Borrando hacer esto, lo sustituije la Santa por el verbo descuidar. 



CAPITULO VII 381 

más desimuladas las tentaciones, que no se atreue a otra cosa, y no 
paresze que se entiende el daño liasta que está iiecho, si, como digo, 
no se trahe cuydado. En fin, es menester siempre vellar y orar, por- 
que no ay mejor remedio para descubrir las cosas occultas del demo- 
nio, y hazerle dar señal con la oratión. 

Procurar tanbién holgaros con las hermanas quando tienen rre- 
creaíjión, con inescesidad de ellai, y el rrato que es de costumbre, aun- 
que no sea a vuestro gusto, porque yendo con consideración, todo 
es amor. Ansí que es muy bien que las vnas se apiaden de las pesce- 
sidades de las otras, y miren no sea con falta de discreción en cosas 
que sea contra la obediencia. lAunque le parezca áspero dentro en sí 
lo que mandare la perlada, no le muestre ni de a entender a nadie, 
si no fuere a la misma priora con humildad, que haréis mucho daño; 
y sabe entender quáles son las cosas que se han de sentir y apiadar ide 
las hermanas, y siempre sientan mucho qualquiera falta, si es notoria, que 
vea en la hermana, Y aquí se muestra y exercita bien el amor en 
sabérsela sufrir y no se ispantar della, que así harán las otras de las 
que vos tubiéredes, que aun de las que no entendéis de vos, deben 
ser muchas más, y encomendarla mucho a dios, y procurad hazer vos 
con gran perfectión la virtud contraria de la falta que os pareze 
que ay en la otra; y esforcaos a esto mucho para que por obra 
enseñéis a aquélla, lo que por palabra por ventura no entendiera, ni 
le aprouechara castigo. 

Y esto de hazer vna lo que ve rresplande^er de uirtud en la otra, 
pégase mucho. Este es un buen auiso; no se oluide. ¡O qué bueno 
y verdadero amor será el de la hermana que puede aprouechar a 
todas! Dexado lo que ella gana (1), mejor amistad será y muy adelante 
en todas las uirtudes y guardar con gran perfectión la rregla, que 
todas las ternuras que se puedan degir, porque éstas no se vsan, ni 
se han de vsar en esta casa, tal como «mi vida», «mi alma», y ptras 
cosas semejantes. Estas palabras regaladas déxenlas para su esposo, 
pues tanto han de estar con él y tan a solas, que de todo se ha 
menester aprouechar, pues su magestad lo sufre, y muy vsadas acá 
con las criaturas, no enternecen tanto con el señor; y sin esto no 
ay para qué. Que es muy de mugeres, y no querría yo, hijas mías, 
lo fuéssedes en nada, sino que paresgiéssedes varones; que si ellas 
hazen lo que es en sí, el señor las hará tan varoniles que span- 
ten a los hombres. ¡Y qué fácil es a su magestad, pues nos hizo de 
nada! 

Es tanbién muy buena muestra de amor quitarlas de trauajo y 
tomarle ella para sí en los officios de casa, y tanbién de holgarse 
mucho y alabar a el señor de el acrecentamiento que diere a sus 
virtudes. Todas estas cosas, dexado el gran bien que trahen consigo, 
ayudan mucho a la paz y conformidad de vnas con otras, como agora 
lo vemos por experiencia, por la bondad de dios. Plega a su ma- 
gestad lo lleue siempre adelante, porque sería cosa terrible ser a el 
contrario, y muy rrecio de sufrir ser pocas y mal auenidas. 



1 Borrado: por provecho de las ottas. 



382 CAMINO DE PERFECCIÓN 

Si por dicha alguna palabrilla se atrauesare, rremédiese luego y 
hagan grande oración; en qualquiera destas cosas que dure, o ban- 
dillos, o deseo de ser imás, o vn puntillo de honrra (que pareze que 
se me yela la sangre guando esto digo y escriuo, pensando que puede 
venir a ser len algún tiempo, porque veo que es el principal mal de los 
monesterios), quando esto vieren, piensen que van perdidas, y teman- 
si (1) «han echado a su esposo de casa, clamen a su magestad, pro- 
curen remedio, porque si no se pone al principio, será dificultoso de 
quitar. Mire mucho la priora, por amor de Dios, no dé lugar a esto, 
atajando los principios, como he dicho, que aquí está todo el daño, 
o remedio. Y la que entendiere que lo alborota, dele penitencias hasta 
que se enmiende. Y otras vezes con amar y buenas persuasiones. Echen 
de sí esta pestilencia, corten como pudieren las ramas, y si no bas- 
tare, arranquen la raíz. Y quando no pudieren con esto, no salga de 
vna cárcel quien destas cosas tratare, que mucho más vale, antes que 
pegue a todas tan incurable pestilencia. ¡O que es gran mal! Dios 
nos libre de monesterio donde entra. Y porque en otra parte creo 
que diré algo más desto, no me alargo aquí más. Suplico a nuestro 
señor, y pídanselo mucho, hermanas, que nos libre de esta inquie- 
tud, que de su manof a de venir». 



1 Creara que, borra la Santa. Aquí falta una hoja en la copia que comprendía lo restante 
de este capítulo, todo el octavo y el título del siguiente. Lo suplimos, tomándolo del Camino de 
Perfección, publicado en Evora, que, según se ha dicho, se hizo por este códice. La pagina- 
ción de la copia no echa de menos esta hoja, lo que da a entender que es posterior a su des- 
aparición. Tal vez se perdiese al devolver el manuscrito, impresa ya la obra. 



CAPITULO VIII 



DEL GRAN BIEN QUE ES DESASIRSE DE TODO LO CRMDO, QUE NOS PUEDE 
DAÑAR INTERIOR Y EXTERIORMENTE (1), 



Vengamos agora al desasimiento que hemos de tener, que en esto 
está el todo, si va con perfeción, digo que aquí está el todo, porque 
abracándonos con solo el criador, y no se nos dando nada por todo 
lo criado, su magestad infunde las virtudes de manera, que traba- 
jando nosotras poco a poco lo que es en nosotras, no tememos mucho 
más que pelear; porque el señor toma la mano contra los demonios, 
y contra todo el mundo en nuestra defensa. ¿Pensáis, hermanas, que 
es poco bien procurar ,este bien de darnos todas al todo, sin hazer- 
nos partes? Y pues len él están todos los bienes, como digo, alabémos- 
le mucho que nos juntó aquí, adonde no se trata otra cosa sino desto, 
y ansí no sé para qué lo digo, pue[s] todas las que aquí estáis me 
podéis ensenar a mí; que confiesso en este caso tan importante no 
tener la perfeción como la desseo y entiendo que conuiene; porque 
es más fácil de escriuir que de obrar, y aun a esto no atinaré, porque 
algunas vezes consiste en experiencia el saberlo dezir, y ansí sí en 
algo acierto, deuo de atinar por el contrario de estas virtudes que he 
tenido. Quanto a lo exterior, ya sabéis quán apartadas estamos aquí 
de todo. 

¡O hermanas!, entended, por amor de Dios, la gran merced que el 
señor a hecho a las que traxo aquí, g cada vna lo piense bien en 
sí, pues en solas doze quiso su magestad que fuéssedes vna, y dexó a 
otras mejores que sé yo tomaran este lugar de buena gana: diómele 
el señor a mí mereciéndole tan mal. Bendito seáis vos mi Dios, y 
alábeos todo lo criado, que aquesta merced tan poco se puede seruir 
como otras que me auéis hecho, porque darme este estado de monja 
fué grandíssima; y como yo he sido tan ruin, no os fiastes, señor, de 
mí, porque adonde auía muchas buenas juntas, no se echara de ver mi 
ruindad, hasta que se me acaba[ra] la vida. Mas vos, señor, truxísstes- 
me adonde por ser tan pocas, parece impossible dexarse de entender, y 
porque ande con más cuidado, quitáisme todas las ocasiones. Ya no 
ay desculpa para mí, señor, yo lo confieso, y ansí es más menester 
vuestra misericordia, para que perdonéis la culpa que tuuiere. Lo que 



1 Dicho queda en la nota anterior que este capítulo se toma de la edición de Evora, sin 
conegit más que la puntuación. 



38^1 CHMINO DE PERFECCIÓN 

mucho os pido, hermanas mías, es que la que viere en sí que no es 
para lleuar lo que aquí se acostumbra, lo diga antes que professe; otros 
monesterios ay adonde también se sirue al señor, no turben estas po- 
quitas, que aquí su magestad a juntado. En otras partes ay liber- 
tad para consolarse con deudos, aquí, si algunos se admiten, es para 
consuelo dellos mismos. La monja que desscare mucho ver deudos 
para su consuelo, si no son espirituales, téngase por imperfecta; crea 
que no está desasida, |no está sana, no terna libertad de espíritu, no 
terna entera paz, menester ha médico. Y digo que si no se le quita y 
sana, que no crescerá mucho su espíritu. 

El remedio que veo mejor, es no los ver hasta que se vea libre, 
y lo alcance del iseñor con mucha oración; quando se vean de manera 
que lo tomen por cruz, véalo enhorabuena, que entonces a ellos les 
hará prouechoi, y a Isí no daño. 



CAPITULO IX 



QUE TRATA DEL GRÜN BIEN QUE HAY EN QUE AQUELLOS QUE HAN DEXADO EL 
MUNDO HUIGAN (1) LOS DEUDOS, Y QUAN MAS VERDADEROS AMIGOS HALLAN. 



¡O, si entendiésemos las religiosas el daño que nos viene en tra- 
tar mucho con deudos, cómo huiríamos dellos! Yo no entiendo qué 
consolación es ésta que dan (2), nt descanso. Que de sus recreacio- 
nes no podemos, ni es lígito gogar y sentir sus trauajos sí, que 
ninguno dexan de llorar, ¡y algunas vezes más que los mismos. De 
manera (3) que si algún regalo hazen a el cuerpo (^), lo paga bien 
el spíritu. De esto estáis aquí bien quitadas, que como todo es en co- 
mún, y ninguna puede tener regalo particular, ansí la limosna que 
las haszen, es general, y queda libre de contentarlos por esto, que ya 
sabe que el señor las ha de probeer por junto. 

Espantada estoy del daño que haze tratarlos; no creo que lo 
creerá sino quien lo tubiere por experiencia. Y qué oluidada que está 
esta perfectión en las religiones; |no sé yo qué es lo que dexamos 
del mundo las que dezimos que lo dexamos todo por dios, si no 
nos apartamos de lo ¡principal, que son los parientes. Viene ya la cosa 
a estado, que tienen por falta de uirtud no querer tratar mucho (5), 
y como que lo dizen ellos y alegan sus rabones. 

Mas en esta casa, hijas, solamente hemos de tener cuidado dellos 
para encomendarlos a Dios. En lo demás, apartallos de la memoria 
lo más que pudiéremos, porque es cosa natural nuestra voluntad as- 
sirse a ellos más que a otras personas. Yo he sido querida mucho 
de ellos, a }o que idegían, y yo los quería tanto, que no los dexaua 
oluidar; y tengo por experiencia en mí y en otras, que dexados pa- 
dres (que por marauilla dexan de hacer por los hijos, y es rracón con 
ellos cuando tubieren nescessidad de consuelo (6), no seamos extrañas, 
que con desasimiento se puede hazer, y con hermanos tanbiéti) (7) ; en los 



1 Este título, como es dicho, comprendía también la hoja que falta a la copia de Toledo. 
Le tomamos de la edición de Evoia. En cuanto a la palabra huigan (huyan), hemos visto que 
también el códice Toledano la emplea alguna vez, v. gr., en el cap. XIII, línea 6, pág. 395. 

2 La Santa borra una línea de la copia, que dice: Han deseado lo que toca a Dios, sino 
pata sólo nuestro sosiego y. 

3 Borrando a osadas, escribió la Santa en su lugar de manera. 

4 Borrado: que. 

5 Borrado: Los religiosos a sus deudos. 

6 Borrado: Sí viéremos que nos hasce daño a lo principal. El autógrafo trae así esta 
frase: «si viéremos que no nos hace...» 

7 Es dudoso si puso la Santa esta palabra. 

III 25* 



386 CflMraO DE PERFECaON 

demás, aunque me he uisto en trauajos, mis deudos han sido los que 
menos me han ayudado en ellos. Creed, hermanas, que siruiendo vosotras, 
a dios como debéis, que ,no hallaréis mejores deudos que los sieruos 
suyos que su mayestad os enbiare; yo sé que es ansí, como juéredes 
entendiendo (1) que en hazer otra cosa desgustays a el verdadero amigo 
y sposo vuestro, creed que -muy en breue ganaréis esta libertad, y- 
de los que por ¡sólo él os quisieren, podéis fiar más que de todos 
vuestros deudos, y que no os faltarán, y en quien no pensáis, halla- 
réis padres y hermanos. Porque como éstos pretenden la paga de 
dios, hazen por nosotras; mas los que la pretenden de nosotras, como 
nos ben pobríes y que ¡en nada les podemos aprobechar, cánsanse presto. 
Y aunque esto no sea igeneralmente, es lo más vsado en el mundo; 
porque, en fin, es mundo. .Quien os dixere otra cosa, y que es virtud 
hazerla, no los creáis, que si dixese todo el daño que trae consigno, 
me había de alargar mucho; j y por que otros, que saben lo que dizen 
mejor, han escripto en esto, baste lo dicho. (2) Que pues con ser tan 
imperfecta lo he entendido tanto, ¿qué harán los que son perfectos? 
Todo este decirnos que nos apartemos del mundo que nos acon- 
sejan los santos, claro está que es bueno; pues creed que lo que más 
se pega del son los deudos, y lo que más malo es de desapegar. 
Por esso hazen bien los que huyen de sus tierras, si les vale, digo, 
que no creo que va (en huir el cuerpo; si no es que determinadamente 
se abrace el alma con |el buen jhus, señor nuestro, que como allí lo 
halla todo, oluida todo lo que acá tenía; aunque ayuda es muy grande 
apartarnos hasta que ya tengamos cognospida esta uerdad, que des- 
pués podrá ser que quiera el señor, por darnos cruz en lo que so- 
líamos tener gusto, que tractemos con ellos. 



1 La copia trae así esta frase que la Santa modifica: y puestas en esto, como lo vais 
entendiendo. 

2 Borrado: Daréceme. 



CñPITULO X 



DE COMO NO BASTA DESASIRSE DE LO DICHO SI NO NOS DESASIMOS DE 
NOSOTRAS MISMAS, Y COMO ESTA VIRTUD ESTA JUNTA CON LA HUMILDAD. 



Desasiéndonos del mundo, y deudos, g encerradas aquí con las 
condiciones que están dichas, ya pareze que lo tenemos todo hecho 
y que no ay ya que pelear con alguno. ¡O hermanas mías! no os 
asseguréis y os hechéis .a dormir, que será como el que se acuesta 
muy sosegado, habiendo muy bien cerrada sus puertas por miedo de 
ladrones, y se los dexa en casa. Ya sabéis que no hay peor ladrón para 
la perfectión del alma que el amor de nosotras mismas, porque si cada 
una no anda con gran cuidado, y, como en negocio más importante 
que todos, no se mira mucho en andar contradiciendo su voluntad, ay 
muchas cosas para quitar esta santa libertad de spíritu, con la cual 
podía bolar a su haszedor sin yr cargada de tierra y de plomo. 

Gran remedio es para esto traher muy contino en el pensamiento 
la vanidad que todo ¡es y quán presto se acava, para quitar las affi- 
ciones de las cosas que |Son tan baladígs, y ponerlas en las que nunca 
se han de acauar. Que aunque parece ñaco medio, viene a fortalezer 
mucho a el alma; y en las muy pequeñas cosas traher gran cuidado. 
En afficionándonos vn poco a alguna, procurar apartar el pensamien- 
to della y voluerle a Dios, y su magestad ayuda. Y hanos hecho gran 
merced, que en esta casa lo más está hecho (1); puesto que este apar- 
tarnos de nosotras, y ser contra, nosotras, es re^ia cosa, porque estamos 
muy juntas y nos amamos mucho. 

flquí puede entrar la verdadera humildad, porque esta virtud y 
y estotra parézeme que andan juntas; son dos hermanas que no hay 
para qué apartarlas. No son éstos los deudos de quien yo auiso que 
se aparten, sino que ,los abra<;«n, y los amen y nunca se bean sin 
ellos. ¡O soberanas virtudes, señoras de todo lo criado, emperadoras del 
mundo, libradoras de todos los lazos que pone el demonio, y tan 
amadas de nuestro señor Jhuxpo! (2). Quien las tubiere, bien puede salir 
a pelear con todo el infierno junto, y contra todo el mundo y sus 
ocasiones. No aya miedo de padie, que suyo es el reyno de los gielos; 
no tiene a quien temer, porque nada se le da de perderlo todo, ni lo 



1 Véase la nota primeía de la página 52. 

2 Jesucristo. 



388 CAMINO DE PERFECaON 

tiGiie por pérdida; sólo teme descontentar a su dios, y suplícale que 
le sustente en estas virtudes, porque no las pierda por su culpa. 

Verdad es que aquestas virtudes tienen tal propiedad, que se scon- 
den de quien las possee de manera, que nunca las ve ni acaba de 
creer que tiene alguna, aunque se lo digan; mas tiénelas en tanto, 
que siempre anda procurando tenellas, g valas perficionando en sí; 
aunque bien se señalan los que las tienen, luego se da a entender 
a los que los tratan sin querer ellos. Mas qué desatino ponerme yo a 
loar mortificación y humildad estando tan loadas del rey de la gloria 
y tan confirmadas con sus trauajos. Pues, hijas mías, aquí es el 
trauajar por salir de tierra de Egito, porque, en hallándolas, hallaréis 
el maná; todas las cosas os sabrán bien; por mal sabor que al gusto 
de los del mundo tengan, se os harán dulzes. 

ñora, pues, lo primero que hemos de procurar es quitar de nos- 
otras el amor deste cuerpo, que somos algunas de nuestro natural tan 
regaladas, que no ay poco que hazer aquí; y tan amigas de nues- 
tra salud, que es ¡casa para alabar a Dios la guerra que da, a mon- 
jas en special, y aun a los que no lo son. Mas algunas monjas no 
pareze que venimos a otra icosa sino a procurar no morirnos; cada 
una lo procura como puede. ¡Aunque, a la verdad, poco lugar ay deso 
en esta casa con la obra, mas no querría yo que hubiesse el deseo. 
Determinaos, hermanas, que venís a morir por xpo. (1) y no a regalaros 
por xpo., que esto pone el demonio ser menester para lleuar y guardar la 
orden; y tanto, enorabuena, se quiere guardar la orden con procurar 
la salud, para guardarla y conseruarla, que se mueren sin guardarla 
enteramente un mes, ni por ventura un día. Pues no sé yo a que 
heñimos, qae cierto é no (2) nos falta discreción para este caso, por 
marauilla, que luego temen los confesores que nos hemos de matar 
con peniteníias, y es tan aborres9ida de nosotras esta falta de dis- 
creción, que ansí lo hiziéssemos todo. Las que lo hizieren a el con- 
trario, sé que no se les dará nada de que diga esto, ni a !mí de 
que digan que juzgo por mí, que dizen verdad. Tengo para mí, que 
ansí quiere el señor que ¡seamos más enfermas; a lo menos a mí 
hízome el señor gran misericordia len serlo, porque como me había 
de regalar ansí como ansí, quiso que fuesse con causa. Pues es 
cosa dañosa (3) las que andan con este tormento, que ellas mismas 
se dan; algunas vezes les ida vn deseo de hazer penitencias sin ca- 
mino ni concierto que duran dos días, a manera de dezir; y después 
póneles el demonio en la ymagina^ión que las hizo daño, y házelas 
temer de la penitencia y jno osar después cumplir lo que manda la 
orden, que ya lo prouaron. No guardamos vnas cosas muy baxas de 
la rregla, comió es el silencio que no nos ha de hazer mal, y no nos 
ha dolido la cabeza, cuando ¡dexamos de ijr a el coro, que tampoco nos 
mata, ¡y queremos inbcntar penitencias de nuestra cabeza para que no 
podamos hazer lo uno ni lo otro! Y, a las vezes, espoco' el mal. 



1 Cristo. 

2 Borrado por la Santa: no ayan miedo que. 

3 Donosa, dice aquí el autógrafo de Valladolid. 



CAPITULO X 389 

y nos parece que no estamos obligadas a (1) nada, que con pedir 
li^.engia a la perlada (2) cumplimos. 

Dyréis que por qué la da la priora, fl saber lo interior, por ven- 
tura no lo haría; mas como le hazéis información de nescesidad y mo 
falta vn médico que ayuda por la misma que vos le hazéis, y vn 
amiga o parienta que llore a el lado, ¿qué ha de hazer? Queda con 
scrúpulo si falta en la charidad; y ansí quiere más que faltéis vos 
que no ella. 

Estas son cosas que puede ser que passen alguna vez, y porque 
os guardéis dellas, las pongo aquí; porque si el demonio nos co- 
mienza a amedrentar con que nos faltará la salud, nunca haremos 
nada. El señor mos dé luz para accertar en todo. ñmen. 



1 Borrado: hacer. 

2 Sustituyen estas palabras de la Santa a cumplir con la obedienfia, que borra. 



CAPITULO XI 



PROSIGUE EN Lfl MORTIFICñgiON, Y DIZE (1) Lñ QUE SE Hfl DE ADQUIRIR EN LñS 
ENFERMEDADES. 



Cosa imperfecta rae paresze, hermanas mías, quexarnos siempre 
de libianos males; si podéis sufrirlo, no lo hagáis. Quando el mal 
es graue, él mismo se ¡quexa: es otro quexido y luego se pareze. Mira 
que sois pocas, y si vna tiene esta costumbre, es para traher fatigadas 
a todas, si os tenéis amor y ay caridad (2) : sino que la que estubiere en- 
ferma de veras, lo diga y tome lo nesccsario; que si perdéis el amor 
propio, sentiréis tanto qualquier regalo, que no (3) le tomaréys sin nes- 
eesidad, no os q\XQ.xaréys (4) sin causa; cuando lo haya, sería muy bueno 
dezirlo, y mejor mucho que tomar el regalo sin ella, y muy malo 
si no os apiadasen. 

Mas de esso (5), adonde hay charidad y tan pocas (6), nunca faltará 
cuydado de curaros. Mas oluidaos de quexaros de flaquezas y maleci- 
llos de mugeres, que algunas vezes pone el demonio la imaginapión 
de essos dolores, y quitanse y pónense. Si no se pierde la costumbre 
de dezirlo y quexaros de todo, si no fuere a Dios, nunca acabaréis. 
Porque este cuerpo tiene una falta, que mientras más le regalan, más 
males y nescesidades descubre; es cosa extraña io que quiere ser re- 
galado, y como tiene aquí algún buen color, por poca que sea la 
nescesidad, engaña a la pobre del alma para que no medre. Acor- 
daos qué de pobres enfermos habrá que no tengan a quien se quexar; 
pues pobres y rregaladas no lleua camino. Acordaos también de mu- 
chas casadas; yo sé que las ay, y personas de suerte, que con gra- 
nes males, por no dar enfado a sus maridos, no se osan quexar; y ¡aun 
con grandes trabajos. Pues, ¡pecadora de mí!; sí (7), que no venimos 
aquí a ser más regaladas que ellas. ¡Oh que estáis libres de grandes 
trauajos del mundo, sabed sufrir vn poquito por amor de dios, sin 
que lo sepan todos! Pues vna muger mal casada no lo dize, ni se 



1 


Sonado: qué sea. 


2 


Borra la Santa: y charidad. 


3 


Borrado: ayáis miedo que. 


4 


Quexéis, escribió el copista. 


5 


Borrado: a buen seguro que. 


6 


Borrado: que. 


7 


Se, escribió el copista, u alguien enmendó la palabra. 



' CAPITULO XI 391 

queja (1), ni descansa con nadie por mucha mala ventura que pasa por- 
que no lo sepa su ¡marido, ¿y no pasaremos algo nosotras, entre dios 
ü nosotras, de los males que nos da por nuestros pecados? Quánto 
más, que es nonada lo que se aplaca el mal. 

En todo esto que he dicho, no trato de males recios, como quan- 
do ay calentura recia, aunque pido que aya siempre moderación y 
sufrimiento, sino tracto de unos malecillos que se pueden pasar en pie. 
Mas ¿qué fuera si éste se hubiera de ver fuera desta casa? ¿qué dixe- 
ran todas las monjas de ijní? ¡Y qué de buena gana, si alguna se 
emendara, lo sufriera yo! Porque por vna que aya desta suerte, biene 
la cosa a téiininos, que, por la mayor parte, no creen a ninguna, por 
graues males que tenga. Acordémonos de nuestros santos padres pa- 
sados, hermitaños, cuya vida procuramos imitar (2); qué pasarían de 
dolores, y qué a solas, como son hanbre, sed, fríos, sol y calor, sin 
tener a quien se quexar sino a Dios. ¿Pensáis que eran de hierro? 
Pues tan delicados eran como nosotras. Y creed, hijas, que en comen- 
tando a vencer estos corpezuelos, no nos cansan tanto. Hartas habrá 
que miren lo que avéys (3) menester; descuidaos de vosotras, si no 
fuere en nescesidad cognoscida. Si no nos determinamos a tragar de vna 
vez la muerte y la falta de salud, nunca haremos nada. Procura de 
no temerla y dexaros toda en dios, venga lo que viniere. ¿Qué va en 
que muramos? De quantas vezes jios ha burlado el cuerpo, ¿no burla- 
ríamos alguna vez del? Y creed que aquesta determinación importa 
más que podemos entender; porque de muchas ueces que poco a poco 
la vamos hasziendo, con el fabor de dios, quedaremos señoras del. 
Pues ven9er vn tal enemigo, es gran negocio para pasar en la vatalla 
de esta vida. Hágualo el señor como puede. Bien creo que no en- 
tiende la ganancia sino quien ya goza de la victoria, que es tan 
grande, a lo que creo, que nadie sentiría pasar trauajo con (4) este 
sosiego y señorío. 



1 Quexa., escribió el copista y un corrector cambió la x en j. 

2 Euitar, decía la copia, y Jerónima del Espíritu Santo, a lo que creo, escribió entre líneas 
imitar, conforme al autógrafo de Valladolid. 

3 Borrado: es. 

4 Borrado: en. 



CñPITULO XII 



DE COMO Hfl DE TENER EN POCO LA VIDA Y HONRRA EL VERDADERO AMADOR 
DE DIOS. 



Vamos a otras cosas, que también importan mucho, aunque pa- 
rez€n menudas. Trabajo grande pareze todo, y con rrazón, porque es 
guerra contra nosotras mismas; mas comenzándose a obrar, obra Dios 
tanto en el alma y házela tantas mercedes, que todo quanto se puede 
hazer en lesta vida le pareze poco. Y pues las monjas hazemos lo más, 
que es dar la libertad por amor de Dios, poniéndola en poder de 
otro, y (pasar tantos trauajos, ayunos, silencio, encerramiento, seruir a 
el choro, que por mucho que nos queramos escusar (í), es alguna vez (2). 
Pues ¿por qué nos hemos de detener en mortificar lo interior, pues 
que en esto está el todo, todo, an estotro, es muy meritorio y per- 
fecto, digo el todo, para (3) obrar con gran suauidad y descanso? Esto 
se ha de adquirir con yr poco a poco, como he dicho, no haziendo 
nuestra voluntad y appetito, aun en cosas menudas, hasta acabar de 
rendir el cuerpo a el spíritu. 

Torno a dezir, que está lel todo o gran parte en perder el cui- 
dado de nosotras mismas y de nuestro regalo, porque quien de veras 
comienza a seruir a el Iseñor, lo menos que le puede offreger es la 
vida; pues le ha dado |su voluntad ¿qué teme? Claro está que si es 
verdadero religioso o ucrdadero orador, y pretende gozar regalos de 
dios, que no ha de voluer atrás, ni voluer las spaldas a desear morir 
por él y pasar martirio. Pues ¿ya no sabéis, hermanas, que la vida 
del buen religioso y del ique quiere ser de los allegados amigos de 
dios, es vn largo martirio? Largo, porque para compararle a los 
que de presto los degollaban, puédese llamar largo; aunque toda 
la uida es corta y algunas cortissimas. ¿Y qué sabemos si será la 
nuestra tan corta, que desde vna ora o momento que nos determi- 
nemos a seruir Mel todo a dios, se acabe? Posible sería, que, en fin, 
todo lo que tiene fin ino ay que hazer caso de ello, y pensando que 
cada ora es la postrera, ¿quién no la trauajará? 

Pues creedme que pensar esto es lo más seguro, y por tanto mos- 
trémonos a contradezir en todo a nuestra voluntad. Porque si tra- 



1 Borrado: regalar. 

2 Bonado: y por ventura es sola yo en muchos monasterios que he uisto. 

3 Por estas palabras que escribe la Santa entre líneas, borra y después. 



CAPITULO XII 393 

héis cuidado, como he dicho, isin saber cómo, poco a poco os hallaréis 
en la cumbre. ¡Mas qué gran rrigor pareze dezir que no (1) nos haga- 
mos plazer en algo, como Ino se dize los gustos y deleytes que trahe 
consigo esta contradicióm, y lo que con ella, aun en esta vida, se gana! 
Hquí, como todas lo vsáis, 'estése hecho lo más; vnas a otras se 
dispiertan y auiuan, y ansí ha de procurar yr adelante cada vna 
de las otras. 

En los mouimientos j//zteriores (2) se trayga mucha quenta, en spe- 
cial si tocan en mayorías. Dios nos libre, por su pasión, de decir ni 
pensar, para detenerse en ello, «si soy más antigua en la orden*, «si 
he más años», «si he trauajado más», «si tratan mejor a la otra». H 
estos pensamientos, si vinieren, es menester atajar con presteza; por- 
que si se detienen [en] (3) ellasí o los ponen en plática, es pestilencia, y 
de donde naspen grandes males. Si íubieren perlada que consienta cosa 
déstas, por poca que sea, crean que por sus pecados ha permitido dios 
que la tengan para comen9arse a perder; hagan grande oración, por- 
que dé el remedio (4). 

Podrá ser que digan, que para qué pongo tanto en esto, y que 
va con rrigor, porque regalos hasze dios a quien no está tan des- 
asido. Yo lo creo, que ton su sabiduría infinita, ve que combiene para 
trahellos a que lo dexen todo por él. No llamo dexarlo, entrar en 
religión, que ympedimentos puede haber, y en cada parte puede el 
alma perfeta estar desasida y humilde; para esto, aunque con más 
trauajo suyo, que gran cosa es el aparejo (5). Mas créanme vna cosa, 
que si ay punto de honrra o de haszienda (lo qual también puede 
hauer en las rreligiones como fuera, aunque más quitadas están las 
ocasiones y mayor sería la culpa) tiniendo muchos años de oración, 
o, por mejor decir, de consideración, (porque oración perfecta, al fin, 
quita todos estos resabios), nunca medrarán ni llegarán a gozar el 
verdadero fruto de la oración. 

Mira si os va algo, hermanas, en estas cosas, pues no estáis aquí 
a otra cosa. Vosotras no quedáis más honrradas, y el prouecho perdido 
para lo que podríades ganar; ansí que deshonrra y pérdida cabe 
aquí junto. Cada una mire en sí lo que tiene de humildad, y berá 
lo que está aprobechada. Pareze que a el verdadero humilde no osa- 
rá el demonio tentarle en cosas de mayorías, aun de primer mouimien- 
(to; porque como es tan sagaz, teme el golpe. (6) Si una es humilde, (7) 
gana más fortaleza en esta virtud y aprouechamiento, si el demonio 
la tienta por ahí; porque lestá claro que ha de dar buelta sobre su 
vida, y mirar lo que ;ha seruido con lo que debe a el señor, y la 
grandeza que hizo en bajarse a isí para dexarnos exemplo de humil- 



1 Esta palabra, puesta entre líneas, parece de la Santa. 

2 El copista había escrito exteriores. Interiores dice el autógrafo de Valladolid. 

3 En ellos, dice el autógrafo. 

4 Bonado: porque están en peligro. 

5 Véase esta última frase en el autógrafo de Valladolid, página 61, línea 7. 

6 Borrado: Es imposible que. 

7 Borrado: que no. 



394 CAMINO DE PERFECCIÓN 

dad, g mirar nuestros pecados (1) y adonde meres^ía estar por ellos: 
y con estas consideraciones isale el alma tan ganan^iossa, que no osa 
tornar otro día por ¡no yr quebrada la cabeza. 

Tomad de mí este consejo, y no se os olbide, que no sólo en 
lo interior, que sería gran mal no quedar con ganancia, mas aun 
en lo exterior procura que la saquen las hermanas de vuestra ten- 
tación (si queréis vengaros del demonio y libraros más presto de 
la tentación), que ansí como os venga, pidáis a la perlada que os 
mande hazer algún officio bajo, o como pudiéredes los hagáis vos, 
y andéis studiando en esto icómo doblar vuestra voluntad en cosas 
contrarias, que el señor os las descubrirá, y con esto durará poco la 
tentación. 

Dios nos libre de personas que le quieren seruir con acordarse 
de honra; mira que es mala ganancia, y, como he dicho, la misma 
honra se pierde con desealla, en special en mayorías, que no ay tósico 
en el mundo que ansí mate como estas cosas la perfectión. Diréis 
que son cosillas naturales, ¡que no hay que hazer caso; no os burléis 
con eso, que creze como spuma, y no ay cosa pequeña en tan nota- 
ble peligro como estos casos, y puntos de honrra y mirar si nos 
hizieron agrauios. ¿Sabéis por qué, sin otras muchas cosas? Por ven- 
tura en vna comienza por poco, y es casi nada, y luego muebe el 
demonio a que a la otra le parezca mucho, y piense que es cari- 
dad decirle que cómo consiente aquel agrauio, que dios la dé pa- 
ciencia, que se le offrezca, que no sufriera más vn sancto. Final- 
mente, pone el demonio vn caramillo en la lengua de aquesta, que 
ya que la otra acaba consigo de sufrir, queda tentada de vanagloria 
de lo que no sufrió con la perfectión que había de sufrir. 

Y esta nuestra naturaleza es tan flaca, que aun diciéndonos que 
no ay que sufrir, pensamos que habemos hecho algo y lo sentimos, 
quánto más ver que lo sienten por nosotras; y ansí, va perdiendo 
el ánima las occasiones que tenía para raereszer y queda más flaca 
y abierta la puerta a el demonio para que otra vez torne con otra 
cosa peor. Y aun quando vos queráis sufrirlo, podría acaezer que 
vengan a vos y os digan que si soys bestia, que bien es que ise 
sientan las cosas. ¡O, hermanas mías, por amor de dios, que a nin- 
guna la mueua indiscreta charidad para mostrar lástima de la otra 
en cosa que toque a «estos fingidos agrauios, que es como la que 
tubieron los amigos del santo Job con él, la que tuvo (2) su muger. 



1 Un corrector, borrando sus pecados, escribe entre líneas nuestros pecados, 

2 Borrado: y con. 



CAPITULO XIII 



PROSIGUE EN Lfl MORTIFICACIÓN Y DE COMO HABEMOS DE HUIR DE LOS PUN- 
TOS Y RAMONES DEL MUNDO PARA LLEGARSE A LA VERDADERA RAíJON. 



Muchas ueces os lo digo, hermanas, y agora lo quiero dexar 
scripto aquí, porque no se lOS olbide, que en esta casa, y aun en 
toda persona que quiera ser perfecta, huyga mili leguas de dezir: 
«razón tube», «hiziéronme sinrrazón», «no tubo rrazón quien esto hizo 
conmigo»; de malas razones nos libre dios. ¿Pareceos que había rra- 
zón para que nuestro buen Jhus sufriesse tantas injurias, tan sin 
rrazón hechas? La que no quiere sufrir cruz, sino la que le dieren 
muy puesta «n rrazón, no sé yo para qué está en el monesterio; tór- 
nese a el mundo, en lel qual no le guardarán essas razones. ¿Por 
ventura podéys pasar tanto que no deuáis más? ¿que rrazón es ésta? 
Por 9ierto, yo no la ientiendo. 

Cuando nos hizieren alguna honrra, o rregalo, saquemos essas rra- 
zones, porque gierto es contra razón que nos hagan buen tratamiento 
en esta uida; mas quando ihos hafen agrauios, que ansí los nombran 
sin hazernos agrauio, yo no Sé que ay que hablar. O somos sposas de 
tan gran rey, o no. Si lo somos, ¿qué muger honrrada ay que no 
participe de las deshonrras que a su sposo hazen, aunque no lo quie- 
ra por su voluntad? En fin, de honrra o desonrra participan entram- 
bos. Pues querer tener parte en el reyno de nuestro sposo JHVxpo (1) 
y gozarle, y no querer sufrir algunas de sus deshonrras y trauajos, es 
disparate. 

No nos lo dexe dios querer, sino que aquella que le pareze que 
es tenida en menos entre todas, se tenga por más dichosa y bienaben- 
turada; y ansí lo es, ,si lo licúa como debe llenar, que no le faltará 
honrra en esta vida ni en la otra. Créanme esto a mí. Mas qué dis- 
pcti'ate he dicho que me crean a mí, di^iéndolo la verdadera sabiduría. 
Parezcámonos, hijas, en algo a la gran humildad de la Virgen sa- 
cratíssima, cuyo hábito trabemos, que es confusión nombrarnos mon- 
jas suyas; que por mucho que pareze que nos humillamos, quedamos 
bien cortas para ser hijas de tal madre y spossas de tal sposso. 
ñnsi que si las cosas dichas no se attajan con diligencia, lo que oy 
no pareze nada, por ventura mañana será pecado venial; y es de 



1 Jesucristo. 



396 CAMINO DE PERFECCIÓN 

tan mala digestión, que si os dexáys, no quedará solo: es cosa muy 
mala para congregaciones. 

En esto habíamos de mirar mucho las que estamos en ellas, por 
no dañar a las que trabajan a (1) hazernos bien y darnos buen exem- 
plo. Y si entendiéssemos quán gran daño se hasze en que se co- 
mienze vna mala costumbre, más querríamos morir que ser causa della; 
porque ésta es muerte corporal, y pérdida en la ánimas es gran pér- 
dida, y que no pareze que se acaba de perder; porque muertas vnas, 
vienen otras, y a todas por ventura les cabe más parte de vna mala cos- 
tumbre que pusimos, que de muchas virtudes; porque el demonio no la 
deja caer, y las ¡uirtudes la misma flaqueza natural las haze perder. 

jO que grandíssima charidad haría, y qué gran seruicio a Dios, 
la monja que visto que no puede sufrir y llenar las costumbres que 
ay en esta casa, lo cognosciesse y se fuesse antes que prof[e]sase, como 
[otra] ^vez e ^dichol (2). Y mire que le cumple (3), porque ay muchas 
causas para (4) estoi, y por ventura lella y las demás no lo entenderán 
como yo, (5) y si no, el tiempo les doy por testiguo; que el stilo que 
pretendemos llenar, es no sólo ser monjas, sino hermitañas, como nues- 
tros santos padres passados. Y ansí se desassen de todo lo criado, y a 
quien el señor ha scogido para quí haze aquesta particular merced, 
como vemos. Y aunque agora no sea en toda perfectión, vese que va ya 
a ella por el gran contento que le da y alegría de ver que no 
ha de tratar más cosa tiesta vida, y de sentir el sabor de todas las 
cosas de la rreligión. Torno a dezir, que si se inclina a cosas del 
mundo, que no es para estos monesterios; puédese yr a otro si quiere 
ser monja, y si no, verá como le sucede y no se quexe de raí, que 
coraenzé aquestos, porque no la auiso. 

Son vn cielo, si le puede haber en la tierra, para quien se con- 
tenta con sólo contentar a dios y no haze caso de contento suyo (6) ; en 
quiriendo algo más, lo (7) perderá todo (8). Y alma descontenta, es como 
quien tiene gran fastío (9), que por bueno que sea el manjar, le da en 
rrostro; y lo que los isanos comen con gran gusto, le hasze asco en 
el stómago. En otra parte se sainará mejor, y podrá ser que poco 
a poco llege a la perfetión que aquí no pudo sufrir por tomarse por 
tan junto. Porque aunque en lo interior se aguarde tiempo para del 
todo desassirse y mortificarse, en lo exterior ha de ser luego; y 
a quien viendo que todas lo haszen, y andando siempre en tan buena 
compañía, no le aprouecha en iun año, temo que no aprobechará en 
muchos. No digo que sea tan cumplidamente como en las otras, mas 
que se entienda que va icobrando salud, que luego se ve quando el 
mal es mortal. 



1 Esta letra, puesta sobre la palabra que sigue, no nos parece de la Santa. 

2 Las letras suplidas desaparecieron, sin duda, al recortar las márgenes de la copia. 

3 Borrado: si no quiere tener un infierno acá y otro allá. 

4 Borrado: temer. 

5 Borrado: créanme esto. 

6 Borrado: y tiénese muy buena. 

7 Un corrector, borrando se, puso en su lugar lo. 

8 Bonado: porque no lo puede tener. 

9 Hastio. 



CAPITULO XIV 



EN QUE TRÍlTíl LO MVCHO QUE YMPORTñ NO DñR PROFESIÓN fl QUIEN TENGA 
CONTRARIO SPIRITU DE LflS COSAS QUE QUEDAN DICHAS. 



Bien creo que fauorcze lel señor mucho a quien bien se determina, 
y por tanto se ha íde mirar qué intento tiene la que entra en religión, 
no sea sólo por rremediarse, como acaeze agora a muchas, puesto 
que el señor puede perficionar este intento, si es persona de buen 
entendimiento, y si no, en ninguna manera sea rrecebida; porque ni 
ella entenderá cómo entra, ni Idespués a las que la quieran poner 
en lo mejor. Porque, por la magor parte, quien esta falta tiene, 
siempre le parece que attina hiás a sauer lo que le combiene que los 
más sabios; y es mal tjue le tengo por incurable, porque por maraui- 
ila dexa de traher consigo malicia. Adonde ay muchas, podráse to- 
llerar, y entre tam pocas no se podrá sufrir. 

Vn buen entendimiento, si se comienza a afficionar a el bien, 
asese a él con fortaleza, porque ve que es lo más acertado; y quando 
no aproueche para mucho spíritu, laprouechará para vn buen consejo y 
para muchas cosas, sin cansar a nadie; mas quando éste falta, yo no 
sé para qué puede aprouechar en comraunidad, y podría dañar mucho. 
Esta falta no se ve imuy en breue, porque muchas hablan bien y en- 
tienden mal, y otras hablan corto, y no muy cortado, y tienen en- 
tendimiento para mucho. Verdad es que ay vnas simplicidades sane- 
tas que saben poco para fnegocios y stilo de mundo, y mucho para 
tratar con Dios, y por tanto es menester gran información para recibir- 
las, y larga probación ipara hazellas professas. Entienda una vez el mundo 
que tenéis libertad para hecharlas, que en monesterio donde ay aspere- 
zas, muchas occasiones ay, y como se vse, no lo ternán por agrauio. 

Digo esto, porque son tan desuenturados estos tiempos, y tanta 
nuestra flaqueza, que no basta tenerlo por mandamiento de nuestros 
pasados, para que dejemos de mirar lo que han tomado por honrra 
los presentes, para no agrauiar a los deudos. Plega a Dios no lo pa- 
guen en la otra vida las que las admiten, que nunca falta vn color 
para hazernos entender que se sufre hazerlo. 

Y éste es vn negocio que cada vna por sí le había de mirar, 
y encomendar a Pios, y animar a la perlada, pues es cosa que tanto 
importa. Y ansí, le suplico (1) que os de luz en ello (2). Gran bien es 



1 Borrado: a Dios. 

2 Boirado: Porque. 



398 CAMINO DE PERFECCIÓN 

no rrecebir doctes para poder escoyzr las personas, porque podría ser 
pegarse por el ynterés, y que por no hechar el dinero del dote de casa, 
dexen el ladrón dentro que les robe el tesoro, que no es pequeña lás- 
tima. Vosotras, para este caso, ,no la tengáis de nadie, porque será 
dañar a quien pretendéis hazer probecho. 



CAPITULO XV 



QUE TRflTñ DEL GRAN BIEN QUE AY EN NO DISCULPARSE AUNQUE SE BEAN 
CONDENAR SIN CULPA. 



Confusión grande me haze lo que voy a persuadiros, porque íiabía 
de obrar lo que os digo en esta virtud; es así, que yo conñesso haber 
aproucchado muy poco en ella. Jamás me pareze que me falta una 
causa para parezerme mayor virtud dar disculpa; como algunas ve- 
zes es lícitoi y sería ¡mal no lo hazer, no tengo discreción, o por imcjor 
dezir, humildad para hazerlo guando icombiene. Porque, verdaderamente, 
es grande humildad verse condenar sin culpa y callar, y es gran 
imitación del señor que nos quitó todas las culpas. Y ansí os ruego 
mucho que traygáis en esto cuidado, porque trahe consigno grandes 
ganancias; y en procurar nosotras librarnos de culpa, ninguna beo, si 
no es, como digo, en algunas, porque podría causar enojo no dezir 
la verdad; esto quien tubiere (más discreción que yo, lo entenderá. 

Creo que va mucho en acostumbrarse a esta virtud, en procurar 
alcanzar del señor verdadera humildad, que de aquí debe venir; por- 
que el verdadero humilde iha de querer (1) ser tenido en poco y perse- 
guido y condenado, aunque no aya hecho por qué. Porque si quiere 
ymitar a el señor, ¿en qué mejor puede que en esto? Aquí no son 
menester fuerzas corporales, ni ayuda de nadie, sino de dios. Estas 
virtudes grandes querría yo que studiassemos mucho, que es buena 
penítengia, que en otras grandes y demasiadas penitencias ya sabéis 
que os voy a la mano, porque pueden hazer daño si son sin discre- 
ción. En estotro, no ay que temer, que por grandes que sean las vir- 
tudes interiores, no quitan las fuerzas para seruir a la rreligión, mas 
fortalezcn a él ánima; y en cosas muy pequeñas, como he dicho otras 
vezes, se puede acostumbrar para salir con victoria en las grandes. 
En éstas jio he yo podido hazer esta prueba, porque nunca oí decir 
tanto mal de mí, que ¡no viesse que quedaban cortos; porque, aunque 
no eran las mismas cosas, ienía offendido a Dios en otras muchas, y 
parescíame que habían hecho mucho en dexar aquéllas, porque siem- 
pre me huelgo yo más que digan de raí lo que no es, que ¡no las 
verdades. Ayuda mucho traher consideración de lo mucho que se gana 
por todas vías, y, como bien mirado, nunca nos culpan sin culpas, 
que siempre andamos llenas dellas, pues cae el justo siete vezes cada 



1 Querer. Esta palabra, puesta entre líneas, parece de Jerónima del Espíritu Santo, que 
borró con verdad. 



400 CAMINO DE PERFECCIÓN 

día, y sería mentir dezir que no tenemos pecados. Ansí que, aunque 
no sea en lo mismo que nos culpan, nunca estamos sin culpa del todo, 
como lo staba el buen Jhus. 

¡Oh señor mío! cuando pienso por qué de maneras padegistes y 
cómo por ninguna lo meres^íades, no sé qué me digua de mí, ni 
dónde tube el seso cuando no deseaba padezer, y adonde estoy quando 
ine disculpo. Y sabéis vos, bien mío, que si tengo algún bien, que no es 
dado por otras manos sino por las vuestras; pues ¿qué os va, señor, 
en dar mucho que poco? Si es por no las meresoer, yo tampoco merescjía 
las mercedes que me habéis hecho. ¿Es posible que he yo de querer que 
sienta nadie bien de cosa tan mala como yo, habiendo dicho tantos 
males de vos, que poys bien de todos los bienes? No se sufre, dios 
mío, ni lo querría que vos los sufriéssedes, que aya en vuestra sierua 
cosa que no contente a vuestros ojos. Pues mirad, señor, que los míos 
están qiegos y se contentan de muy poco. Dadme vos luz, y hazed que 
con verdad yo dessee que todos me aborrezcan, pues tantas uezes os 
he dexado a vos, amándome con tanta fidelidad. 

¿Qué es esto, mi Dios? ¿Qué pensamos sacar de contentar a las 
criaturas? ¿Qué nos va en ser muy culpadas de todas ellas, si delante 
de vos, señor mío, stamos sin culpa? ¡Oh, hermanas mías, que nunca 
acabamos de entender esta verdad, y ansí nunca acabaremos de estar 
perfectas, si no andamos mucho considerando qué es lo que es ella, y 
qué es lo que no es! Pues quando no hubiesse otra ganancia sino la 
confusión que le quedará a la persona que os hubiere culpado, viendo 
que vos, sin tener culpa, os dexáis condenar, es grandísima: más le- 
uanta a el ánima vna cosa déstas a las uezes, que diez sermones. Pues 
todas hemos de procurar ser predicadoras de obras, pues el apóstol y 
nuestra ynabilidad nos quitan que lo seamos en palabras. 

Nunca penséis que ha de ptar secreto el mal o el bien que hizié- 
redes, por encerradas que estéis. ¿Y pensáis, hijas, que aunque vos- 
otras no os desculpéis, ha ;de faltar quien torne por vosotras? Mirad 
cómo respondió el señor por la magdalena en casa del fariseo, y quan- 
do su hermana la culpaba. No os lleuará por el rigor que se Ueuó a 
sí, el qual, a el tiempo que tubo vn ladrón que tornasse por él, estaba 
en la cruz; ansí que su magestad mouerá a quien torne por vosotras, 
aun quando no sea menester ¡esto. Yo lo he uisto, y es ansí, aunque 
no querría que se os jacordasse, sino que os holgássedes de quedar 
culpadas, y ¡el prouecho que veréis en vuestra alma (1), el tiempo os 
doy por testigo; porque se comienza a ganar libertad, y no se os da- 
rá (2) más que digan mal que bien, antes pareze que es negocio ageno, 
y es como quando están hablando dos personas, y como no es con 
nosotras mismas, estamos descuydadas de la respuesta; ansí es acá: 
con la costumbre que está Tiecha de que no hemos de responder, no 
pareze que hablan con nosotras. Parecerá esto imposible a los que 
somos muy sentidos y poco mortificados. R los principios, dificultoso 
es; mas yo sé que se puede ganar esta libertad, y negación, y des- 
asimiento de nosotras mismas, con el fauor del Señor. 



1 El copista había escrito honna, y lo corrigió. 

2 Os daxá. Las dos primeras sílabas parecen de Jerónima del Espíritu Santo. 



CAPITULO XVI 



DE Lñ DIFERENCm QUE HA DE HABER EN LA PERFECTION DE LA VIDA DE LOS 
CONTEMPLATIUOS A LOS QUE SE CONTENTAN CON ORACIÓN MENTAL; Y COMO 
ES POSIBLE SUBIR DIOS A VN ALMA DISTRAHIDA A PERFECTA CONTEMPLA- 
CIÓN, Y LA CAUSA DELLO. ES MUCHO DE NOTAR ESTE CAPITULO Y EL 
SIGUIENTE. 



Ansí que, hijas, si queréis que os diga el camino para llegar a la 
contemplación, sufrí que sea vn poco larga en cosas que no (1) parece- 
rán luego ymportantes, aunque, a tni pareszer, no lo dexan de ser; 
y si no las queréis oyr ni obrar, quedaos con vuestra oración men- 
tal (2), que yo os asseguro a vosotras, y a todas las personas que 
pretendieren este bien, que no llegen a verdadera contenplagión. Ya 
puede ser que yo me engañe, porque juzgo por mí, que lo procuré 
veinte años (3). 

Quiero agora declarar qué sea oración mental, porque algunas no 
lo entenderéis, y ,plega a Dios que la tengamos como se ha de tener; 
mas también he miedo que se tiene con mucho trabajo, si no se 
procuran las virtudes, aunque po en tan alto grado como para la con- 
templación son menester. Digo que no verná el rey de la gloria a nues- 
tra alma (4), para estar vnido con ella, si no nos esforzamos a ganar 
las virtudes grandes. Quiérolo declarar, porque si me tomáis en algo (5) 
que no sea verdad, jio creeréis cosa, y con rrazón, si fuesse con ad- 
veríen9ia; más no me dé dios tal lugar; será no saber más, o no 
lo entender. Quiero, pues, dezir, que querrá dios algunas uezes hazer 
tan gran merced a personas que están en mal estado, que las suba 
a perfecta contemplación para sacarlas por este medio de las manos 
del demonio. 

¡Oh señor, y qué de veces os hazemos andar a bra90s con el 
demonio! ¿No bastara que os dexastes tomar quando os lleuó a el 
pináculo (6) para enseñarnos a vencerle? Mas ¿qué sería, hijas, ver junto 
aquel sol con las tinieblas, y qué temor llenaría aquel desventurado 



1 Nos, dice por equivocación el copista. 

2 Borrado: toda vuestra vida. 

3 Aquí borra la Santa: que no lleguéis a verdadera contemplación, sin duda, por la adi- 
ción que acaba de hacer. 

4 Borrado: digo. 

5 El copista escribió en alguna cosa, que luego enmendó. 

6 Cenáculo, había escrito el copista, ¡j lo enmendó un corrector. 

111 26 * 



402 CAMINO DE PERFECCIÓN 

sin saber de qué? Que no permitió dios que lo entendiesse. Bcndicta 
sea tanta piedad y misericordia; que vergüenza iiabíamos de tener 
los cristianos de hazerle andar cada día a brazos, como he dicho, 
con tan sucia bestia. Bien fué menester, señor, que los tubiéssedes tan 
fuertes. Mas ¿cómo no os quedaron flacos de tantos trabajos y tor- 
mentos como pade^istes en la cruz? ¡Oh que todo lo que se passa 
con amor torna a Isoldarse! y ansí creo que, si quedárades con vida, 
el mismo amor que nos tenéis, tornara a soldar vuestras llagas, que 
no fuera menester otra medi9ina. ¡Oh Dios mío, y quién la pusiese 
tal en todas las cosas que me diessen pena y trabajos! ¡Que de buena 
gana las desearía, si tubiesse -cierto que había de ser curada con tan 
saludable ingüento! 

Tornando a lo que decía, ay almas que entiende dios que por 
este medio las puede grangear para sí; y ya que las ve del todo 
perdidas, quiere su magestad que no quede por él; y aunque estén en 
mal estado y faltas de virtudes, dales gustos, y regalos y ternura que 
las comienza a mober los deseos, y aun pónelas en contemplación 
algunas vezes, aunque pocas, y por poco spacio de tiempo. Y esto, 
como digo, haze para probarlas ^i con aquel fabor se querrán dispo- 
ner a gozarle muchas; mas si no se disponen, perdonen o perdonad- 
nos vos, señor, por mejor dezir, que arto gran mal es que os lle- 
guéis vos a vn alma desta suerte, y se llegue ella después a cosa 
de la tierra para atarse a ella. 

Tengo para mí, que ay muchos con quien dios nuestro señor haze 
esta prueba, y pocos los que se disponen para gozar desta merced; 
porque quando el señor la haze y no queda por nosotros, tengo por 
cierto que no cessa de dar hasta llegarla a muy alto grado. Quando 
no nos damos a su magestad con la determinación que él se nos 
da a nosotras, harto haze ipn dexarnos en oración mental y uisitarnos 
de quando en quando, como a criados que están en su viña; mas es- 
totros son hijos regalados, no los querría quitar de junto a sí, ni los 
quita, porque ya cllos! no se quieren quitar, siéntalos a su mesa, dales 
de lo que come (1). 

¡Oh dichoso cuidado, hijas mías! ¡Oh bienabenturada dexación de 
cosas tan pocas y tan bajas que llega a tan gran stado! Mirad que 
se os dará, stando en los bragos de dios, que os culpe todo el ¡mundo. 
Poderoso es para libraros de todo, que vna vez que mandó hazer 
el mundo, fué hecho; su querer es obrar. Pues no hayáis miedo, que 
si no es para más bien del que le ama, consienta hablar contra vos; 
no quiere tan poco a quien le quiere; pues ¿por qué, hermanas mías, 
no le mostraremos nosotras, en quanto podemos, el amor? Mirad que 
es hermoso trueco dar nuestro amor por el suyo; mirad que lo pue- 
de todo, y nosotras no podemos nada sino lo que él nos haze poder. 
Pues ¿qué es esto que hazemos por tos, señor, hazedor nuestro? 
Que es tanto como nonada, vna determinacioncilla. Pues si el se- 
ñor quiere, hermanas mías, que con nuestra nonada compremos a el 
que es el todo, no seamos desatinadas. 



1 Bonado: hasta quitar el bocado de la boca para dátsele. 



CAPITULO XVI q03 

¡Oh señor! que todo el daño nos bicne de no tener puestos los 
ojos en vos, que si no mirássemos a otra cosa sino al camino, presto 
llegaríamos; mas damos mili caydas y tropiezos, y herramos el ca- 
mino por no poner los ojos en el verdadero camino. No pareze sino 
que nunca se andubo, según se nos haze nuebo. Cosa es para las- 
timar, por cierto, lo que algunas vezes pasa. Pues tocar en vn puntico 
de ser menos, no se sufre, ni pareze que se ha de poder sufrir; 
luego dizen, no somos santos. 

Dios nos libre, hermanas, de dezir: «no somos ángeles», «no so- 
mos sanctas», guando fuéremos reprehendidas de la obra no perfecta 
que habernos hecho. Mira que, aunque no lo somos, que lo podría- 
mos ser, con el favor de dios, si nos esfor gamos, y creé que no quedará 
por su majestad, si no queda por nosotras (1). Y pues no venimos aquí 
a otra cosa, manois a la labor, como dizen: no entendamos cosa en que 
se sirbe más el señor, que no presumamos salir con ella, con su fabor. 
Esta presunción querría yo que huuiesse en esta casa, que haze siem- 
pre crczer la humildad, y tener vna sancta osadía, que Dios ayuda 
a los fuertes, y no es aceptador de personas. 

Mucho me he diuertido; quiero tornar a lo que dezía, combiene 
saber qué sea oración mental y contemplación. Ympertinente pareze, 
mas para vosotras todo pasa; y podría ser que lo entendáis mejor 
por mi grosero stilo, que ípór otros elegantes. Dios me dé fabor para 
ello. Amen. 



1 En estas tres líneas introduce la Santa bastantes modificaciones. Dice la copia: «Mira 
que aunque no lo somos, podíamos ser, y es gran bien pensar, si nos esforzamos, dándonos 
Dios la mano, y no ayáis miedo que quede por él, si no queda por nosotras». 



CAPITULO XVII 



DE COMO NO TODAS LñS ALMAS SON PARA CONTEMPLACIÓN, Y COMO ALGUNAS 
LLEGAN TARDE A ELLA, Y QUE EL VERDADERO HUMILDE HA DE YR CON- 
TENTO POR EL CAMINO QUE LE LLEUARE EL SEÑOR. 



Pareze que voy entrando en la oragión, y fáltame vn poco por 
dezlr, que importa mucho, porque es de la humildad, y es nescesario 
en esta casa; porque íes iel 'exer9icio principal de la ora9ión, y, como 
he dicho, cumple mucho que tratéis de entender cómo exer^itaros mu- 
cho en la humildad, y éste es vn gran punto della y muy nescesario 
para todas las personas que se excri;itan en la oración. ¿Cómo podrá 
pensar el verdadero humilde que es él tan bueno como los que 
llegan a ser contemplatiuos, aunque dios le puede hazer tal, por su 
bondad y misericordia? Mas de mi consejo, siempre se siente en 
el más bajo lugar, que ansí nos dixo el señor que lo hi(;iéssemos y 
nos lo enseñó por la obra. Dispóngase para si dios lo quisiere llenar por 
esse camino; quando no, para esso es la humildad, para tencrsse por 
dichosa en seruir a los sieruas de dios, y alabarle, porque meres9ien- 
do ser sierua de los demonios, la trajo su magestad entre ellas. 

No digo esto sin gran causa, (1) que, como he dicho, importa mucho 
entender que no a todos lleua dios por vn camino, y por uentura el 
que le pareze a sí que va más bajo, está más alto en los ojos del 
señor; ansí que, no porque en esta casa todas traten de oración, 
han de ser todas contemplatiuas (2). Y será gran desconsolación para la 
que no lo es, no entender esta verdad, que esto es cosa que la da dios. 
Y pues no es nescesaria para la saluación, pi nos lo pide (3), no piense 
que nos lo pedirá nadie, ni por esso dexará de ser muy perfecta, 
si haze lo que queda dicho; antes podrá ser que tenga mucho más 
mérito, porque es a más trauajo suyo, y la lleua el señor como a 
fuerte, y la tiene guardado junto todo lo que aquí no goza. No 
por €sso desmaye y dexe la oración, y de hazer lo que todas, que, a 
las vezes, biene el señor muy tarde y paga tam bien y tan junto como 
pagó en muchos años (^). 

Yo estube más de catorze años que nunca podía tener vna me- 



1 Borrado: por. 

2 Borrado: Es imposible. 

3 Borrado: de premio. 

4 Borrado: que ha ydo bien a otros. 



CAPITULO XVII ¡105 

ditagión, sino junto con leqión. Habrá muchas personas desta suerte, 
y otras que, aunque sea con la lectión, no puedan tener contemplación, 
sino rezar vocalmente, ya que (1) se detiene más. ñy pensamientos tan 
ligeros, que no pueden lestar en vna cosa, sino siempre desasosegados, y 
en tanto extremo, que, si quieren detener[le] (2) a pensar en dios, se les 
va a mil disparates, y scrúpulos y dudas. Yo cognozco vna persona 
muy bieja, y de muy buena vida, penitente y muy sierua de dios, 
que ha gastado muchos años en oración vocal, pero mental no ay re- 
medio; y quando más puede, poco a poco se va detiniendo en las 
oraciones vocales. Y lOtras personas ay, y au[n] muchas, desta manera, 
y si ay humildad, no creo yo que saldrán peor libradas al cabo, sino 
muy yguales con los que llenan muchos gustos, y, en parte, con 
más seguridad; porque no sabemos si los gustos los pone el demonio 
o si son de dios. Y si no son de Dios, es más peligro, porque en 
lo que el demonio procura aquí, es poner soberbia; pero si son de 
dios, no hay que temer, consigno traen la humildad, como escreuí lar- 
gamente en el otro libro. Estotras que no resciben gustos, andan con 
humildad, sospechosas que es por su culpa, y siempre con cuidado 
de yr adelante; no ven a otros hechar vna lágrima, que si ellas no 
las tienen, que luego no íes pareze estar muy atrás en el seruicio de 
dios, y debe estar por ventura muy más adelante; porque no son 
las lágrimas, aunque son buenas, todas perfectas. En la humildad, 
y mortificación y desasimiento y otras virtudes, siempre ay más segu- 
ridad. No ay que temer, ni (3) que dexéis de llegar a la perfectión, 
como las muy contenplatiuas. 

Sancta era Marta, aunque no dizen que era muy contemplatiua ; 
pues ¿qué más queréis que poder llegar a sser como esta bienabentu- 
rada, que meresció tener a christo nuestro señor tantas vezes en 
su casa, y darle de comer, y seruirle y comer con él a su mesa? 
Si se estubiera como la magdalena, siempre enbeuida, no hubiera quien 
diera de comer a este diuino huésped. Pues pensad que es esta 
congregación la casa de sancta marta, y que ha de haber de todo; 
y las que fueren lleuadas por la vida actiua no murmuren a las que 
mucho se embebieren en la contemplación, pues saben que ha de 
tornar el señor dellas, a dezir que callen, que él, por la mayor parte, 
las haze descuidar de sí, y de todo. 

ñcuérdense que es menester quien le guisse la comida, y téngan- 
se por dichosas en andar siruiendo con marta; miren que la ver- 
dadera humildad está mucho en estar muy promptos en contentarse 
con lo quel señor quissiere hacer dellos, y siempre hallarse indignos 
de llamarse sus sieruos. Pues si contemplar y tener oración mental 
y vocal, y curar enfermos, y seruir en las cosas de casa, y trauajar 
aunque sea en lo más bajo de casa, es seruir al huésped que biene 
a estar, comer y recrearse con nosotras, ¿qué más se nos da seruirle 
en lo vno que en lo otro? 



1 y aquí, dice el autógrafo. 

2 Detenerle, dice el autógrafo de Valladolid. 

3 Borrad o: ayáis miedo. 



406 CAMINO DE PERFECCIÓN 

No digo go que quede por nosotras, sino que lo probéis todo, 
porque no está esto en vuestro escoger, sino en el del señor; mas 
si después de muchos años quisiere a cada vna para su officio, gen- 
til humildad será querer vosotras escoger. Dexad hazer a el señor 
de la casa; sabio es, poderoso es, entended lo que os combiene y lo 
que le combiene a él también. Estad seguras que haciendo lo que es 
en vosotras, y apparejándoos para comtemplación con la perfectión (1) 
ya dicha, que si él no os la da (2) (lo qual creo que no dexará dar, 
si es de veras el desasimiento y humildad), sabe que os lo tiene guar- 
dado para daros todo este rregalo junto en el ciclo, y que, como 
otra vez he dicho, os quiere llenar como a fuertes, dándoos acá cruz 
como siempre su magestad la trajo. 

Y ¿qué mayor amor queréis que os tenga, que es daros a vos lo 
que él quiso para sí? Y pudiera ser que no tubiérades tanto premio 
en la contemplación. Juycios son suyos, no ay que meternos en ellos; 
harto bien es que no quede a nuestro escoger, que luego, como nos 
pareze más descanso, fuéramos todos grandes contemplatiuos. ¡Oh gran 
ganancia, no querer ganar por nuestro parczer para no temer la 
pérdida, pues nunca permite dios que la tenga el bien mortificado, 
sino para ganar más! 



1 Borrado: que. 

2 Borrado: ya. 



CAPITULO XVIII 



DE QUñNTO MAYORES SEAN LOS TRABAJOS DE LOS CONTEMPLATIVOS QUE DE 
LOS ACTIUOS. ES DE MUCHA CONSOLACIÓN PARA ELLOS. 



Pues yo os diguo, hijas, a las que no soys lleuadas por el camino 
de la contemplación, que, según lo que he uisto y entendido de los 
que van por él, que ¡no llenan la cruz más libiana, y que os spantaría- 
des por las uías y maneras que las da dios. Yo sé de vnos y 
de otros, y sé claro que son yntolerables los trauajos que dios da a 
los contemplatiuos ; y son de tal suerte, que si no les diesse aquel 
manjar de gustos, ¡no se podrían sufrir. Y (1) ques ansí, porque, a los 
que dios quiere mucho, lleua por camino de trauajos, y mientra más 
los ama, por mayores, y no hay por qué creer que tiene aborrescidos 
a los contemplatiuos, pues por su voca los alaba y tiene por amiguos. 

Pues creer que admite a su amistad (2) a gente regalada y sin 
trabajos, es disparate. Tengo por muy cierto que se los da dios 
mucho mayores; y ansí como los lleua por camino barrancoso y tan 
áspero, a las vezes, que les pareze que se pierden y han de comen- 
zar de nuebo a tornarle a andar, ansí es menester que su magestad 
les dé mantenimientoi, y no de agua, sino de bino de dios, para que, 
enbriagados (3) con él, no entiendan lo que pasan y lo puedan su- 
frir. Y ansí, pocos veo contemplatiuos que no los vea animossos y 
determinados a pedezer, que lo primero que haze el señor, si son 
flacos, es ponerles ánimo y hazerlos que no teman los trauajos. 

Creo que piensan los de la uida activa, que por vn poquito que 
los ven regalados, que no ay más que aquello. Pues yo digo que por 
ventura no podríades sufrir vn idía de los que pasan, ñnsí que el 
señor, como cognosze para qué «s cada vno, da a cada vno el officio 
que ve combenir más a su ánima, y a el mismo señor y al bien de 
los próximois; y como no quede por no haberos dispuesto, no ayáis miedo 
que se pierda vuestro trauajo. Mira que diguo que todas lo procure- 
mos, pues no estamos aquí ,para otra cosa; y no vn año, ni diez, 
porque no parezca que lo dexamos de cobardes, y es bien que se (4) 



1 Es cierto. Estas dos palabras parecen de Jerónima del Espíritu Sanio, que borra de la 
copia está claro. 

2 Borrado: esta otra. El autógrafo dice estrecha, palabra que tal vez entendió mal el 
copista. 

3 Enborrachados, dice el autógrafo. 

4 Borrado: el señor. 



408 CAMINO DE PERFECCIÓN 

entienda que no queda por nosotras: como los soldados que, aun- 
que ayan seruido mucho, siempre han de estar a punto para que el 
capitán los mande en qualquier officio que quiera ponerlos, pues les 
han de dar sueldo. ¡Y quán mejor pagado lo pagará nuestro rey que 
los de la tierra! 

Como los ve (1) con gana de seruir, y tiene ya entendido para lo 
que es cada vno, reparte los officios como ve las fuerzas, y si no cstu- 
biessen con esta gana (2), no les daría nada ni mandaría en que sir- 
uiessen. ñnsí que, hermanas, oración mental; y quien ésta no pudiere, 
vocal y lectión y coloquios con dios, como después diré. No se defen las 
horas de oración, que no saben (3) quándo llamará el sposo (no os 
acaezca como a las uírgenes locas), ny quándo os querrá dar más tra- 
uajo disfrazado con gusto; isino entiendan que no son para ello, y que 
les combiene lo otro, y aquí entra el merescer con la humildad, cre- 
yendo con verdad que aun no son para lo que hazen. 

Y en andar alegres siruiendo en lo que les mandan, como he 
dicho, y si es de veras esta humildad, bienaventurada tal sierua de vida 
actiua, que no murmurará sino de sí. Dexe a las otras con su guerra, 
que no es pequeña; porque aunque en las vatallas el alférez no pe- 
lea, no por eso dexa de yr en gran peligro, y en lo ynterior debe 
de trabajar más que todos; porque como lleua la vandera, no se 
puede defender, y aunque le hagan pedazos, no la ha de dexar de 
las manos. Ansí, los contemplatiuos han de llenar leuantada la van- 
dera de la humildad y sufrir quantos golpes les dieren, sin dar 
ninguno; porque su officio es padezer como cristo, y lleuar en alto 
la cruz, sin dexarla de las manos, aunque en más pelligros se vean, 
sin que muestren flaqueza en padecer; para esso le dan tan hon- 
rrosso officio. Miren lo que haszen, porque si dexan la vandera, 
perderse ha la vatalla; y ansí creo que se haze gran daño en los que 
no están tan adelante, si (4) a los que tienen" en quenta de capitanes 
y amigos de dios, ven que no hazen obras conformes (5) a el officio 
que tienen. Los demás soldados vanse como pueden, y a las vezes se 
apartan de adon[de] ven el mayor peligro, y no los hecha nadie de ver, 
ni pierden honrra; mas estotros, como llenan todos los ojos en ellos, 
no se pueden bullir. Bueno es el officio, y honrra grande y merced 
hasze el rey a quien le da, mas no se obliga a poco quien lo rescibe. 
Ansí que, hermanas mías, no sabemos lo que pedimos; dexemos ha- 
zer a el señor, que 'ay algunas personas que pareze que quieren pedir 
rregalos por justicia. Donosa manera de humildad; por esso haze 
bien el cognoszedor de todos, que creo que pocas vezes se los da, 
porque ve claro que no son para beuer el cáliz. 

Vuestro entender, hijas, si estáis aprouechadas, será si entendiere 
cada una que es la más ruin de todas, y que se entienda en sus obras 



1 Borrado: presentes y. 

2 Con esta gana. Estas palabras parecen de Jerónima del Espíritu Santo, que borra el vo" 
cabio presentes. 

3 Borrado: todas. 

4 Borrado: no. 

5 Conformes. Parece esta palabra de letra de Jerónima del Espíritu Santo. El autógraío 
dice conforme. 



CAPITULO XVIII 409 

que lo cognoscc ansí, para aprouechamiento y bien de las otras; 
y no en la que tiene más gustos en la oratión, y arrebatamientos, y 
bisiones y otras mercedes que haze el señor muchas vezes desta suer- 
te, que hemos de aguardar a lel otro mundo para ver su balor. Es- 
totro es moneda que corre, es renta que no falta, son juros perpetuos y 
no censos de alquitar (que estotro quítase y pónesse), vna virtud 
grande de humildad, de mortificación, y de obediencia (1) en no yr vn 
punto contra lo que manda el perlado, que sabéis que verdaderamente 
os lo manda dios, "puesta (2) en su lugar. Tiene el premio grande y 
pierto, y besse (3) su balor. En esto de obediencia es en lo que más 
había de tractor, y por pareszerme que si no la ay es no ser monjas, 
no digo nada della, porque hablo con monjas, y, a mí parezer, bue- 
nas, a lo menos deseosas de serlo. Y ansí, en cosa tan sabida e impor- 
tante, diré sola una palabra. 

Digo que quien estubiere ,por voto deuajo de obediencia, y fal- 
tare no trayendo cuidado en cómo cumplirá con mayor perfectión 
este voto, que no sé para qué está en el monesíeiio; yo la assigno (4), 
que por lo menos mientras faltare, no llegará a ser contemplatiua, 
ni aun buena actiua, y esto tengo por muy cierto. Y aunque sea 
persona que no tiene obligación a esto, si quiere o pretende ser 
contemplatiua, ha menester, para yr muy acertada, dexar su voluntad 
con toda determinación en vn confesor que sea tal. Porque esto es 
ya cosa muy sabida, que aprouechan más desta suerte en vn año, 
que sin esto en muchos?, y para vosotras (5) no es menester dezir esto 
ni ay para qué hablar dello. 

Concluyo diciendo que aquestas virtudes son las que yo deseo 
que tengáis, hijas mías, y las que procuréis: de tener pena por no 
tener gustos os guardad (6), es cosa incierta y podría ser que en otras 
personas sean de dios, y en vos, permitiéndolo su magestad, ylusión 
del demoniO), y que os engañe, como ha hecho' a otras personas. En cosa 
dubdosa, ¿para qué queréis seruir a el señor tiniendo tanto seguro en 
qué seruirle? ¿quién os mete en essos peligros? Heme alargado tanto 
en esto, porque sé que conbiene, que aquesta nuestra naturaleza es 
flaca, y a quien idios quisiere dar la contemplación, su magestad le 
hará fuerte. Son tanbién (7) estos auisos para (8) humillar (9) los con- 
templatiuos. El señor nos dé luz para seguir en todo su voluntad y 
no habrá que temer. 



1 Borrado: grande. 

2 Dues está en su lugar, se lee en el autógrafo. 

3 Borrado: claramente. 

4 Rsiguro, dice el autógrafo. 

5 Vosotras. Esta palabra parece añadida por Jerónima del Espíritu Santo. 

6 Borra la Santa: no tenellas. 

7 Borra la Santa: Heme holgado de dar. 

8 Bonado: por donde también se. 

9 Bonado: an (humillaran). 



CñPITULO XIX 



QUE COMIENZA R TRATAR DE Lfl ORACIÓN. HABLA CON LAS ALMAS QUE NO 
PUEDEN DISCURRIR CON EL ENTENDIMIENTO. 



Ha tantos días que scriuí lo pasado sin haber tenido lugar para 
tornar a ello, que ísi no lo tornasse a leer, no sé lo que decía; por 
no ocupar tiempo, habrá de yr como saliere, sin concierto. Es me- 
nester advertir esto. Para entendimientos concertados y almas que 
estén exercitadas y que pueden estar consiguo mismas, ay tantos li- 
bros scriptois, y tan buenos y de personas tales, que sería yerro que 
hiziésedes caso de mi dicho en cosa de oración; pues, como digo, te- 
nes (1) libros tales adonde van por días de la semana rrepartidos los 
misterios de la vida del señor y de su pasión, y meditaciones del 
juicio, y del infierno, y de nuestra nada, y lo mucho que debemos 
a dios, con excelente doctrina y concierto para principio y fin de 
oración. Quien pudiere y tubiere costumbre de lleuar este modo de 
oración, no ay que dezir, que, por tan buen camino, el señor les sa- 
cará a puerto de luz, y con tan buenos principios el fin lo será, y 
todos los que pudieren yr por él, llenan descanso y seguridad; por- 
que, atado el entendimiento, vase con descanso, y ansí no ablo aora con 
éstos (2). De lo que querría tratar y dar algún remedio, o si el 
señor quisiesse que accertase, y si no, que a lo menos entendáis que 
ay muchas almas que pasan este trauajo, para que no os fatiguéis las 
que le tubiéredes. 

Hy vnas almas y entendimientos tan desbaratados como vnos ca- 
ballos desbocados, que no ay quién los haga parar; ya ban aquí, ya 
van allí, siempre con desasosiego: o es su propia naturaleza, o dios 
que lo permite. Heles mucha lástima, porque me pareze como vnas 
personas que han mucha sed y ben el agua de muy lejos, y guando 
quieren yr allá, hallan quien les defienda el paso a el principio, me- 
dio y fin. ñcaeze que quando ya con su trauajo, y harto trauajo, han 
vencido los primeros enemigos, déxanse vencer de los segundos, y 
quieren más morir de sed que beue/- agua que tanto ha de costar. 
Rcabóseles el esfuerzo, faltóles ánimo; y ya que algunos le tienen 
para vencer os los segundos, a los terceros se les acaba la fuerza, 



1 Tenéys, dice el autógrafo. 

2 Borrado: Mas. 



CAPITULO XIX 411 

y por ventura no están dos pasos de la fuente del agua uiua, que dixo 
el señor a la samaritana, que quien la beuiere no terna sed. Y con 
quanta razón y verdad, como dicho de [la] misma verdad, que no la 
terna de cosa desta vida, de manera que pierda a dios, entiéndese no 
la dejando él de su nia[no], y ansí siempre 5[e ha] (1) de andar con 
temor, aunque creze muy mayor de lo que acá podemos ymaginar de 
las cosas de la otra (2). Mas ¡con qué sed se desea tener esta sed! 
Porque entiende el ánima su gran valor, y es sed penosíssima que 
fatiga, y trahe consigno la misma satisfación con que se amata aque- 
lla sed; de manera ques vna sed que no ahoga sino a las cosas te- 
rrenas, antes da hartura de manera que, quando dios la satisffaze, vna 
de las mayores mercedes que puede hazer a el alma, es dexarla con la 
misma nesí^esidad, y mayor queda siempre de tornar a beuer esta agua. 

El agua tiene tres propiedades, que agora se me acuerdan que 
hazen a el caso, que muchas más tendrá. La una es que enfría, que 
por calor que ayamos, en llegando a el agua, se quita; y si ay 
gran fuego, con ella se mata, saluo si no es de alquitrán, que se en- 
ciende más. ¡O, válame dios, qué marauillas ay en este encenderse más 
el fuego con el agua quando es fuego fuerte, poderoso y no subgeto a 
los elementos, pues éste, con ser su contrario, no le enpeze, antes le 
acaeze crezer! Mucho valliera para poder hablar aquí quien supie- 
ra philosophía, porque sabiendo las propiedades de las cosas, supié- 
rame declarar, que me voy regalando en ello y no lo sé decir, y 
aun por ventura no lo sé entender. 

De que dios, hermanas, os traiga a beuer esta agua, y las que 
agora lo bebéis, gustaréis desto, y entenderéis cómo el verdadero amor 
de dios, si está en su fuerza y del todo ya libre de cosas de tierra 
y que vuela sobre ellas, como es señor de todos los elementos del 
mundo, y como no ay que tener miedo, fiados en la misericordia de 
dios, que el agua que procede de la tierra mate a este fuego 
de amor de dios; no es de [su] (3) jurisdi^ión, aunque son contrarios. Es 
ya señor absoluto; no le está subieto. Y ansí, no hos spantaréis de 
lo mucho que he puesto en este libro para que procuréis esta libertad. 
¿No es linda cosa que vna pobre monja de sant Josephe pueda lle- 
gar a ssefiorear toda la tierra y elementos? Y ¿qué mucho que los 
stos (4) hiziessen dellos lo que querían, con el fauor de dios? K sanct 
Martín obedecían el fuego y las aguas; y a sanct francisco hasta las 
aues y los pezeis, y ansí a otros santos ser tan señores de todas las 
cosas del mundo, por haber bien trauajado de tenerle en poco y 
subietádose de veras con todas sus fuerzas a el señor del. ñnsí 
que digo que el agua que nape de la tierra, no tiene poder contra este 
fuego; sus llamas son muy altas y su nascimiento no comienza en cosa 
tan vaja. Otros fuegos ay de pequeño amor de dios, que qualquier suc- 
cesso los amatará; mas a éste no, no, aunque toda la mar de tenta- 



1 Las letras entre paréntesis, fueron cortadas al dorar los cantos de la copia, como ya 
ocurrió con la nota segunda de la página 396. 

2 Borlado: por esta sed natural. 

3 Tomamos esta palabra del autógrafo. 

4 Stos. abreviatura de santos. 



412 ' CAMINO DE PERFECCIÓN 

ciones venga, no le harán dexar de arder de manera qué no sasseño- 
ree (1) él dellas. 

Pues si es agua de la que Iluebe del cielo, menos la apagará; no 
son contrarios, sino de vna tierra; y ansí no se ara (2) mal el uno (3) 
a el otro, antes ayudan (4), porque el agua de las lágrimas verdaderas, 
que son las que proceden en verdadera oración, vienen dadas del rey 
del qielo, que le ayuda a encender más, y a hazer que dure, y el 
fuego ayuda a el agua a (enfriar. ¡Oh, válame dios, qué cosa tan her- 
mosa y ide tanta marauilla, que el fuego enfría! Y ansí (5) hiela to- 
das las affectiones del mundo guando se junta con el agua viua del cielo, 
que es la fuente de donde proceden las lágrimas que quedan dichas, que 
son dadas del rey del cielo (6), ansí (7) que no dexa calor en ninguna 
cosa del mundo para que se detenga en ella, si no es para si puede 
pegar este fuego, que es natural suyo, y no se contentar com poco, sino 
que, si pudiesse, abrassaría todo el mundo. 

Es la otra propiedad linpiar cosas no limpias. Si no hubiesse agua 
para lauar, ¿qué sería del mundo? ¿Sabéis qué tanto linpia esta agua 
viua, esta agua celestial, esta agua clara? (8). Que de una bez que se 
beba, pienso (9) que dexa el alma clara y linpia de todas las culpas; 
porque, como tengo dicho, no da dios lugar a que beban desta agua, 
que no está en nuestro querer, por ser cosa muy sobrenatural esta 
diuina unión, si no es para limpiarla, y dexalla libre, y limpia del 
lodo en que por sus miserias estaua metida por las culpas cometi- 
das. Porque otros gustos que vienen por medianería del entendimien- 
to, por mucho que hagan, trahen el agua corriendo por la tierra; no 
lo beben junto a la fuente; nunca falta en este camino cosas lodo- 
sas en que se detengan, y no va tan puro ni tan limpio. No llamo 
yo esta oración, que, como digo, va discuricndo con el entendimiento, 
agua uiua, conforme a mi entender, diguo, que contino se pegua a 
nuestra alma por mucho que queramos hazer, y ayudada deste nues- 
tro cuerpo y baxo natural, algo de camino (10) que no querríamos. 

Quiérome declarar más. Estamos pensando qué es el mundo y 
cómo se acaba todo, para menospreciarle, y casi sin entendernos, no? 
hallamos metidos en cosas que amamos del; y deseándolas huyr, por 
lo menos nos estoma vn poco pensar cómo fué, y cómo será, y qué 
hize, y que haré; y para pensar lo que haze a el caso para librarnos, 
a las vezes nos metemos de nuebo en el peligro. No porque esto 
se ha de dexar, mas hase de temer; es menester no yr descuidados. 
Hcá lleua el señor este cuidado, que no quiere fiarnos de nosotros. 



1 Se enseñoree, se lee en el autógrafo. 

2 Borrado: no ayáis miedo que se haga. 

3 Borrado: elemento. 

4 Borrado: el vn elemento a el otro a su effecto. 

5 Sí, y aun hiela, dice el autógrafo. 

6 Del rey del cielo. Esta enmienda parece de Jeróniraa del Espíritu Santo, la cual borra: 
y no adquiridas por nuestra industria. 

7 Borrado: que a buen seguro. 

8 Borrado: -¿quando no está turbia, quando no tiene lodo, sino que cae del fiéloP 

9 Borrado: tengo por cierto, 
10 Borrado: de. 



' CAPITULO XIX 413 

Tiene en tanto nuestra alma, que no la dexa meter en cosas que la 
puedan dañar por aquel tiempo que quiere fauorescerla; sino pé- 
nela de presto junto a ssí, g muéstrale en un punto más verdades, 
y dales más claro cognoscimiento de lo que es todo, que acá pudiera 
tener en muchos años. Porque no va libre la vista, ciéganos el poluo 
como vamos caminando; acá llénanos <el señor a el fin de la jornada, 
sin entender cómo. 

La otra propiedad del agua es que harta g quita la sed; porque 
sed, me pareze a mí que quiere dezir deseo de vna cosa que nos 
haze gran falta, que si del todo nos falta, nos mata. Estraña cosa es 
que si nos falta nos mata; g si nos sobra, nos acaba la vida, como 
es morir muchos ahogados. ¡O señor mío, quién se viesse tan engol- 
fada en este agua viua, que se le acabasse la vida! ¿Mas, no pue- 
de ser esto? Sé que tanto puede crezer el amor y deseo de dios, 
que no lo pueda sufrir el subieto natural, g ansí ha hauido personas que 
han muerto. Yo sé de vna, que si no la socorriera dios presto con 
esta agua viua, tan en gran abundanijia que casi la sacaba de sí con 
una gran suspensión (1). Digo que casi la sacaba de sí, porque aquí 
descansa el alma. Pareze que ahogada de no poder sufrir el mundo, 
resuscita en dios, y su magestad la abilita para que pueda gozar lo 
que, estando en sí, no pudiera sin acabarse la vida. 

Entiéndase de aquí que como en nuestro summo bien no puede 
haber cosa que no sea cabal, todo lo que él da, es para nuestro 
bien; y por mucha abundancia desta agua (2), no puede haber demasía 
en cosa suya; porque si da mucho, haze, como he dicho, ábil a el alma 
para que sea capaz de beber mucho; como un vidriero que haze 
la vasija de la manera que ve que es menester, para que quepa lo 
que quiere hechar en ella. En el desearlo, como es de nosotros, nun- 
ca dexa de haber falta; si alguna cosa buena lleua, es lo que ayuda 
el señor. Mas somos tan indiscretos que, como es pena suaue y gustosa, 
nunca nos dexamos hartar desta pena. Comemos sin tasa, ayudámo- 
nos (3) como acá podemos a este deseo, y ansí, algunas vezes mata. 
¡Dichosa tal muerte! Mas, por ventura, ayudará a otros para morir 
con la vida por deseo desta muerte. Y esto creo que haze el demo- 
nio, porque entiende el daño que ha de hazer con viuir, y ansí tienta 
aquí de indiscretas penitentias para quitar la salud, y no le va poco 
en ello. 

Digo que quien llega a tener esta sed tan ynpetuosa, que se mire 
mucho, porque crea que terna esta tentación; y aunque no muera de 
sed, acabará la salud, y dará muestras exteriores, aunque no quiera, 
que se han de scusar por todas uías. Algunas veces aprovechará poco 
nuestra diligeníia, que no podremos todo lo que se querría (4) encu- 
brir; mas estemos con cuidado quando bienen estos ímpitos (5) tan gran- 
des de crecimiento deste deseo para no añadir en él, sino con suabidad 



1 El copista dejó aquí un pequeño espacio, que la Santa llena con estns palabras. 

2 Borrado: de que. 

3 Ryudamos, decía la copia. 

4 Quiete, decía la copia. La enmienda nos parece de la Santa. 

5 Ímpetus, escribe Santa Teresa en los autógrafos. 



tlt CAJWINO DK PEIIFECCION 

cortar el hilo con otra consideración; que podrá ser que nuestra 
naltirulGza a vezes obre tairto como el nirior, que ai| personas que 
qualquiera cosa, aunque sea mala, desean con grande velieineiK^ia. Ks- 
tas tales no creo sen'ini nnuj uiorlincadas, que para todo aprovecha 
la niortilica9Íón. Pareze desatino que cosa tan buena se ataje; pues 
no lo es, que yo no digo que se quite el deseo, sino que se ataje ; 
ij por uentara será con otro que merezca tanto. Quiero decir algo para 
darme mejor a entender. Da (I) un gran deseo de verse ijn con dios 
y desatado desta ct\r(;el, como lo tenía sant Pablo: pena por tal 
causa no sería menester poca mor üf ¡camión para atajarla, porque debe 
de ser muy gustosa y del todo no podría. Mas quando viere que 
aprieta, que casi va a quitar el juicio, como yo vi a una persona, 
no lia mucho, y ino de su natural impetuosa, aunque amostrada a 
quebrantar su volinitad (2), digo que por vii rrato que la vi como desati- 
nada de la gran fuerya que se hizo en disiimilarla, y que en caso tan 
excessluo, aunque fuesse spíritu de dios, tengo por humildad temer; 
porque no hemos de pensar que tenemos tanta charidad que nos pone 
en tan gran aprieto. 

Y ansí (3) no terna por malo, si puede, aunque todas veces no po- 
drá, que mude el deseo pensando que, si vine, seruirá más a dios, 
y podría ser que dé luz a algún alma que se había de perder, y 
que con seruir más, merezca por donde pueda gozar más de dios, y 
tómase de lo poco que ha scruido. Y éstos son buenos consuelos para 
tan gran trauajo, y aplacará su petia y ganará mucho, pues por ser- 
uir a el mismo Iseñor, se quiere acá pasar y uiuir con su pena. Es 
como si vno tubicsse un gran trauajo o graue dolor, consolarse con 
dezir que tenga paciencia, y se dexe en las manos de dios, y que 
cumpla en él su voluntad, que dexarnos en ellas, es lo más acertado 
en todo. 

Y si el demonio ayudó en alguna manera a tan gran deseo, 
que seria posible, como quenta Casiano de vn liermitafio de asperíssi- 
ma vida, que le hizo entender que se hechasse en vn pozo, porque 
vería más presto a dios, yo bien creo que no debía de haber sido 
con humildad ni bien; porque fiel es el señor y no consintiera su 
magestad aue se cegara en cosa tan manifiesta. Mas está claro, que 
si el deseo fuera de dios, que no le hiciera mal; porque trahe con- 
sigo la luz, la dlscrep9Íón y la medida {"i); sino que este aduersario, 
enemigo nuestro, por donde quiera que pueda, procura dañar; y pnes 
él no anda descuydado, ¡no lo andemos nosotras. Este es vn punto 
importante para muchas cosas, ansí para acortar el tiempo de la 
oración, por gustosa que sea, quando se bicnen a acabar las fuerzas 
luituralcs del cuerpo o hazer daño a la cabeza; en todo es muy ne- 
cesaria la discreción. 

(«Para qué pensáis, hijas mías, que he pretendido declarar el fin 
y mastrar el premio antes de la batalla, diciéndoos el bien que trahe 



1 De, e.scrlbe cqulvocndnmente el copista. 

2 Hortndo: me parozc (¡ite lo ha ya perdido, poupw se ve en otras coses. 

3 Botrnilo: di{io (¡ve. 

4 Bortado: esto es claro. 



' CAPITULO XIX HÍ5 

consigo llegar a veuer Idesta fuente celestial y desta agua viua? Para 
que no os qucxéis del trauajo y contradictión que ay en el camino, 
y vais con ánimo y no os canséis; porque, como he dicho, podrá 
ser que después que ayáis llegado a que no os falte más que aba- 
jaros a beber en la fuente, lo dexéis todo y perdáis este bien, pen- 
sando que no tenéis fuerza para llegar a él, y que no sois para 
ello. 

Mirad que conbida lel señdr a todos; y pues él es la misma ver- 
dad, no ay que dudar. Si no fuera general este combite, no nos lla- 
mara el señor a todos, y ya que nos llamara, no os dixera: «yo 
os daré de beber». Pudiera degir: vení todos, que, en fin, no perderéis 
nada, y a los que a imí me pareciere, yo los daré de veuer. Mas como 
dixo, sin esta condición, a todos, tengo por cierto que todos los que 
no se quedaren en eJ camino, no les faltará esta agua uiua. Dénos el 
señor, que la promete, la gracia para buscarla como se ha de buscar, 
por quien su magestad es. 



CAPITULO XX 



TRATA COMO POR DIFERENTES VlflS NUNCA FALTA CONSOLACIÓN EN EL CAMI- 
NO DE LA ORACIÓN, Y ACONSEJA A LAS HERMANAS QUE DESTO SEAN SUS 
PLATICAS SIEMPRE. 



Pareze que me contradigo en este capítulo pasado de lo que había 
dicho, porque quando consolaua a las que no llegaban aquí, dixe que 
tenía el señor diferentes caminos por donde yban a él, ansí como ha- 
bía muchas moradas, ñsí lo torno a dezir agora, porque, como en- 
tendió su magestad nuestra flaqueza, probeyó como quien es. Mas 
no dixo: por este camino vengan vnos, y por éste oíros; antes fué 
grande su misericordia, que a nadie quitó que procurasse venir a 
esta fuente de vida a beber. ¡Bendito sea por siempre, y con quánta 
razón me lo quitara a mí! 

Pues no me mandó lo dexasse cuando lo comenzé, y hizo que me 
hechassen en el profundo, a buen seguro que no lo quite a nadie, 
antes públicamente nos llama a vopes; mas como es tan bueno, no 
nos fuerga, antes da de muchas maneras a beber a los que le quieren 
seguir, para que ninguno vaya desconsolado, ni muera de sed. Porque 
desta fuente caudalosa salen arroyos, vnos grandes y otros pequeños, 
y algunas vepes charquitos para niños, que aquéllos les vasta, y más, 
sería espantarlos ver mucha agua; éstos son los que están en los 
principios. Ansí que, hermanos, no ayáis miedo que muráis de sed 
en este camino; nunca falta agua de consolación (1); y pues esto es 
ansí, toma mi consejo y no os quedéis en el camino, sino pelea como 
fuertes hasta morir en la demanda, pues no estáis aquí para otra 
cosa sino para pelear. Y con yr siempre con esta determinación de 
antes morir que dexar de llegar a el fin del camino, si ios llenare 
el señor con alguna sed en este camino en esta vida, daros ha de 
veuer con toda abundanfia en la otra (2), y sin temor que os ha de 
faltar. Plega a el señor no le faltemos nosotras, ñmen. 

Tratemos un poco aora de cómo se ha de principiar esta jornada, 
que es lo que más inporta para comentar este camino de manera que 
no yerre desde el principio; digo que importa el todo para el todo. 
No diguo que quien no tubiere la determinación que aquí diré, no dexe 
de comentar, porque el señor le yrá perficionando ; y quando no 



1 Borrado: en tanta maneta que no se pueda sufrir. 

2 En la otra. Esta adición parece de la M. Jeiónima. 



CAPITULO XX 117 

hiciesse más, dar un ipaso tiene en sí tanta virtud, que no tema (1) lo 
pierda ni le dexe de ser muy bien pagado. Es, digamos, como quien 
tiene vna quenta de perdones, que si la rreza vna bez, gana, y mien- 
tras más Vezes, más; empero si nunca llega a ella, sino que se la 
tiene en el arca, mejor fuera no tenella. ñnsí que, aunque no vaya 
después por el mismo camino, lo poco que huuiere andado del, le 
dará luz para que vaya bien por los otros, y si más andaré, más. En 
fin, tenga por cierto que no le hará daño el haberlo comentado para 
cosa ninguna, aunque lo dexe(2).Por esso, todas las personas, h\)?ís, digo 
habiendo disposición y alguna amistad, gue tratardes, procura quitarles 
el miedo de comentar a procurar este tesoro escondido (3); y por 
amor de dios os pido que vuestro trato sea ordenado siempre a algún 
bien de aquel con quien habláredes, pues vuestra oración ha de ser 
para probecho de las almas, y esto habéis siempre de pedir a el se- 
ñor. Mal parecería, hermanas, no lo procurar de todas maneras. 

Si queréis ser buen deudo, ésta es la verdadera amistad; si buena 
amiga, entended que no lo podéis ser sino por este camino. Ande la ver- 
dad por vuestros corazones, como debe andar por la meditación, y ve- 
réis claro el amor que somos obligadas a tener a los próximos. No es 
ya tiempo, hermanas, de juego de niños, que no parecen a otra cosa 
estas amistades del mundo, aunque sean buenas; ni aya en vosotras 
tal plática como es aquélla «si me queréis o no me queréis», ni con 
deudos ni con otras personas, sino fuere yendo fundadas en un gran 
fin y prouecho de aquel ánima. Que puede acaecer, para que os scu- 
che vuestro deudo, o hermano o persona semejante, una verdad y la 
admita, para disponerle con estas pláticas y muestras de amor, que 
a la sensualidad siempre contentan; y acaecerá tener en más vna bue- 
na palabra, que ansí la llaman, que muchas de dios, para que después 
sepan y les dé gusto éstas. Y ansí, yendo con aduertencia de apro- 
uechar, no quita aquellas pláticas. Mas si no es para esto, ningún pro- 
uecho pueden traher, y podrán hazer daño sin entenderlo vosotras. 
Ya saben que sois religiosas!, y que vuestro trato es de oración. No se 
os ponga delante: «no quiero que me tengan por buena», porque no 
es prouecho o daño común» y libiano el que en vos vieren. Y es gran 
mal a las que tanta obligación tienen (4) de no hablar sino en dios, 
como las monjas, que les parezca bien la disimulación en este caso, 
si no íuesse alguna vez para más bien. Este es vuestro trato y len- 
guaje; quien os quisiere tratar, depréndale, y guardaos de deprender 
vosotras el suyo, que será infierno. 

Si os tuvieren por grosera, poco va en ello; si por hypócritas, me- 
nos: ganaréis de aquí que no os vea sino quien se entendiere por esta 
lengua; porque no lleua camino, vno que no sabe algarauía (5), gustar 
mucho de hablar con quien no sabe otro lenguaje. Y ansí no os can- 



1 Borrado: aya miedo que. 

2 Borrado: porque el bien nunca hace mal. 

3 Borra la Santa, tan gran bien. 

4 Tienen. Esta palabra parece de Jerónima del Espíritu Santo. 

5 Borrado: pata. 

III 27 



418 CAMINO DE PERFECCIÓN 

sarán, ni dañarán, que no sería poco daño comentar ya a hablar nueua 
lengua, g todo el tiempo se os yría en eso. Y no lo podéis bien saber 
como yo, que lo he experimentado, y sé el gran mal que es para el 
alma, que por saber la una, se le oluida la otra, y es vn perpetuo 
desasosiego, del qual en todas maneras habéis de huir; porque lo 
que mucho combiene para este camino que comen9amos a tratar, es 
paz y sosiego en el alma. 

Si los que os trataren quisieren deprender vuestra lengua, ya que no 
es vuestro de enseñar, podéis dezir las riquezas que se ganan en de- 
prenderla; y desto no os canséis, sino con piedad, y amor y oración, 
porque le aproueche, para que, entendiendo la gran ganancia, vaya 
a buscar maestro que le enseñe; que no os haría el señor pequeña 
merced en dispertar a algún alma para aqueste bien. Mas ¡qué de 
cosas se offrepen en comentando a tratar desíe camino, aun a quien 
tam mal ha andado por él como yo! Plega a el señor que sepa, her- 
manas, decíroslo mejor que lo he hecho, ñmen. 



CAPITULO XXI 



DIZE LO MUCHO QUE YMPORTil COMENQflR CON GRAN DETERMINACIÓN R TENER 
ORñ(;iON, Y NO HñZER CASO DE LOS INCOMBENIENTES QUE EL DEMONIO PONE. 



No OS maravilléys, hermanas (1), de las muchas cosas que es menes- 
ter mirar para comentar este viaje diuino, que es camino real para 
el 9ielo. Gánasse yendo por él gran thesoro, no es mucho que cueste 
mucho, a nuestro parezcr. Tiempo vendrá que se entienda quán nada 
es todo para tan gran precio. 

ñora, tornando a los que quieren ir por él y no parar hasta 
el fin, que es llegar a beber desta agua de vida, cómo han de 
comentar, diguo que importa mucho, y el todo, una grande y muy 
determinada determinación de no parar hasta llegar a ella, venga lo 
que viniere, subceda lo que subpediere, trabájesse lo que se trabajare, 
murmure quien murmurare, siquiera llegue allá, siquiera se muera 
en el camino, siquiera no tenga devoción para los trabajos que ay 
en él, siquiera se hunda el mundo, como muchas vczes acaeze con 
dezirnos «que hay peligros», como «fulana por aquí se perdió», «el 
otro se engañó», «el otro, que rrezaba mucho, cayó», «hazen daño 
a la virtud», «no es para mujeres, que les podrán venir illusiones», 
«mejor será que ylen» (2), «no han menester essas delicadezas», «basta 
el paternóster y aue maría». 

Esto ansí lo digo yo, ¡y cómo si basta! Siempre es gran bien 
fundar vuestra oración sobre oraciones dichas de tal voca como la 
del señor. En esto tienen rracón, que si no estubiesse ya nuestra 
flaqueza tan flaca, y nuestra deboción tan tibia, no era menester otros 
conciertos de oraciones, ni eran menester otros libros. Y ansí me ha 
parescido aora (pues como digo, hablo con almas que no pueden recoger- 
se en otros misterios y les /pareze que es menester artificio', y ay algunos 
ingenios tan ingeniosos que nada les contenta) de yr fundando por 
aquí vnos principios, y medios y fines de oración, aunque en estas cosas 
subidas no me deterné; y no os podrán quitar libros, que si sois estu- 
diosas, no habéis menester otra cosa, tiniendo humildad. 

Siempre he yo sido afficionada, y me han rrecogido más las pa- 
labras de los euangelios que libros muy concertados; en special, si 
no era el autor muy aprobado, no tenía gana de leerlos. Allegada, 



1 Spanteis, hijas, borra la Santa. 

2 La primera letra de esta palabra parece de la Santa. El copista empleaba la i latina. 



420 CAMINO DE PERFECCIÓN 

pues, a este señor g maestro de la sabiduría, quizá me enseñará al- 
guna consideración que os contente. No digo que diré declaración de 
aquestas oraciones diuinas, que artas ay scriptas, y no me atreuiera aun- 
que no las hubiera, que fuera disparate; sino consideración sobre las 
palabras del Paternóster. Porque algunas vezes, con muchos libros 
pareze que se nos pierde la deuo;:ión en lo que tanto nos va tenerla; 
que stá claro que el mismo maestro, quando enseña vna cosa, toma 
amor con el discípulo y busca de que le contente lo que le enseña, 
y le ayuda mucho a que lo deprenda, y ansí hará este maestro ce- 
lestial con nosotras. 

Y por eso, ningún caso hagáis de los miedos que os pusieren, ni 
de los peligros que ¡os pintaren. Donosa cosa es que quiera yo yr vn 
camino adonde ay tantos ladrones, sin peligros, y a ganar tan gran 
tesoro. Pues bueno anda el mundo para que os lo dexen tomar en 
paz; sino que por vn marauedí de interés se pornán a no dormir 
muchas noches, y a desasosegaros cuerpo y alma. Pues, quando yén- 
dolo a ¡ganar, o a rrobar, como dize el señor, que le ganan los es- 
forzados y por camino real, y por camino tan seguro como por 
el que fué nuestro rey, y por el que fueron todos los scogidos y 
sanctos, os dizen que ay tantos peligros y os ponen tantos spantos, 
los que Van, a su parezer, a ganar este bien sin camino, ¿qué son 
los peligros que licuarán? 

r (O hijas mías! que muchos más, sin compara9ión, sino que no los 
entienden hasta dar de ojos en el uerdadero peligro, quando no ay 
quien les dé la mano, y pierden del todo el agua, sin beber poca 
ni mucha, ni de charco ni de arroyo. Pues ya veis, sin gota desta 
agua, ¿cómo se pasará camino adonde ay tantos con quien pelear? 
Está claro que a el mejor tiempo morirán de sed; porque, queramos 
que no, hijas mías, todos caminamos para esta fuente, aunque de 
diferentes maneras. Pues creedme vosotras, y no os engañe nadie 
en mostraros otro camino sino el de la oración. 

Y no hablo aora en que sea mental o vocal (1) para todos, para 
vosotras diguo, que lo vno y lo otro es menester. Este es el officio 
de los religiosos. Quien hos dixere que esto es peligro, tenedle a él 
por el mismo peligro y huyd del; y no se os oluide, que por ven- 
tura habéis menester este consejo. Peligro será no tener humilldad 
y las otras virtudes; mas que el camino de oración sea camino de 
peligro, nunca dios tal quiera. Porque pareze que el demonio ha 
inuentado poner 'estos miedos, y ansí ha sido mañoso a hazer caer 
algunos que tenían ora9Íón, y an poner temor a algunos en (2) las 
cosas de virtud. 

Estos que toman este amparo para librarse, se guarden; porque 
huyen del bien por librarse del mal. Nunca tan mala inbención he 
uisto; pareze del demonio. ¡O señor mío! torna por vos; mira que 
entienden a el rebés vuestras palabras. No permitáis semejantes fla- 
queras en vuestros sieruos. 



1 Vacal, escribe el copista. 

2 Esta línea está muy modificada por la Santa. Decía la copia: ...algunos que tenían ora~ 
fión, ha hecho por ventura tanto temor a algunos para las cosas de virtud. 



CAPITULO XXI ^21 

fly vn gran bien, que siempre veréis algunos que os ayuden; por- 
que esto tiene el verdadero sieruo de dios, a quien su magestad iia 
dado luz del verdadero camino, que por estos temores le crece más 
el deseo de no parar. Entiende (1) por dónde va a dar el golpe el de- 
monio, y húrtale él cuerpo y quiébrale la cabeza. Más siente él esto 
que quantos placeres le hazen otros, y le contentan. Quando en vn 
tiempo de alboroto, en una cigaña que a puesto, que pareze que lleua tras 
sí a todos medio Riegos, porque debajo de buen celo los engaña, levan- 
ta dios a uno que les abra los ojos y les diga que miren que el 
demonio los ha puesto niebla en ellos (¡qué grandeza de dios, que 
puede más vno o ;dos hombres, a las bezes, que digan verdad, que mu- 
chos juntos!), y tornan poco a poco a discubrirles el camino, dales 
dios ánimo. Si dizen que ay peligro en la oración, procura que en- 
tiendan (2) quán buena es la oración, y si no podéis por palabras, sea 
por obras; si dizen que no es cosa buena comulgar a menudo, en- 
tonces frequenta más las communiones. De manera (3), que si ay vno 
o dos que sin temor sigan lo mejor, luego torna el señor poco a 
poco a ganar lo perdido. 

Ansí que, hermanas, dexaos destos miedos; nunca hagáis caso 
de cosas semejantes, de la opinión del bulgo. Mira que no son tiem- 
pos de creer a todos, sino a los que viéredes yr comformes a la ley 
de cristo. Procura tener limpia consciencia y humildad y menosprecio 
de todas las cosas del mundio', y creer firmemente lo que tiene la sancta 
madre iglesia rromana (4)!, y a buen seguro que bais por camino muy 
bueno. Dexaos, como he dicho, de temores adonde no ay que temer; 
si alguno os lo pusiere, declaraldes con humilldad la verdad (5), di- 
ciendo que tenéis regla que os manda orar sin cesar, que ansí nos 
lo manda, y que la habéis de guardar. Si os dixeren que sea vo- 
calmente, preguntad que si ha de estar el entendimiento y corazón 
en lo que dezís. Si os dixeren que sí, que no podrán dezir otra cosa, 
veis aquí adonde confiessan que habéis forjado de tener oración men- 
tal, y aun contemplación, si os la diere dios allí. Sea bendito para 
siempre. 



1 Borrado: claramente. 

2 Endían, decía la' copia, que corrige Jerónima del Espíritu Santo, a lo que suponemos. 

3 Borrado: ansí. 

4 La Santa añade aquí esta palabra, que no puso en los autógrafos. 

5 Borrado: el camino. 



CAPITULO XXII 



EN QUE DECLflRfl QUE COSA SEñ ORflCION MENTÜL. 



Sabed, hijas, que no está la falta de oración mental en tener 
cerrada la voca; porque si estoy hablando y r regando vocalmente 
y enteramente cntendj;^«¿o, y viendo que hablo con dios, y ten- 
go (1) aduertencia en las palabras que digo, ya es (2) ésta oración 
vocal junto la mental. Saluo si no os dizen que esiéys hablando con 
dios reíando el pater noster y pensando en el mundo; aquí callo. 
Mas si estáis como (es rragón se esté hablando con tan gran señor, 
es bien que estéis mirando con quién habláis y quién sois vos, si- 
quiera para hablar con crianza. Porque ¿cómo podéis llamar a el 
rey, alteza, ni saber las cerimonias que se hazen para hablar a un 
grande, si no entendéis bien qué estado tiene, y qué estado tenéis vos? 
Porque, conforme a esto, se ha de hazer el acatamiento, y conforme a 
el vso, porque aun esto es menester que sepáis también; si no, em- 
biaros han para simple y no negociaréis cosa. Pues ¿qué es esto, 
señor mío? ¿Qué es esto, mi emperador? ¿Cómo se puede suffrir? 
Rey soys, dios mío, isin fin, que no es rreino prestado el que tenéis. 

Quando en el credo se dize que vuestro reyno no tiene fin, casi 
siempre me es particular regalo. Alabóos, señor, y bendígoos para 
siempre; en fin, vuestro reyno durará para siempre. Pues nunca vos, 
señor, permitáis se tenga por bueno que, quien fuere a hablar con 
vos, sea sólo con la voca. ¿Qué es esto, cristianos? Los que dezís 
no es menester oración mental, ¿entendeisos? Cierto, que pienso que 
no os entendéis, y ansí queréis que desatinemos todos, ny (3) sabéis 
quál es oración mental, ni cómo se ha de hazer la vocal, ni qué es 
corntempla^ión ; porque si lo supiéssedes, no condenaríades por vn cabo 
lo que alabáis por otro. 

Yo he de poner siempre junta a la oración mental con la vocal, 
quando se me acordare, porque no os spante« (4), hijas; que yo sé en qué 
caen estas cossas, (5) que he passado algún trauajo en este caso, y ansí 
no querría que alguna persona os truxésse desasosegadas, que es cosa 
dañosa yr con desassossiego (6) por este camino. Y importa mucho 



1 Borrado: más. 

2 Esta palabra, escrita entre líneas, parece de la Santa. 

3 No, escribió el copista, ij la Santa lo corrige. 

4 Spantéis, decía el copista. La enmienda es de la Santa. 

5 Borrado: por. 

6 Esta palabra parece de Jerónima del Espíritu Santo, que borra miedo. 



CAPITULO XXII 423 

entender que vais bien, porque en diciendo a algún caminante que va 
herrado, y que ha perdido el camino, le acaeze andar de vn cabo a 
otro, y mientras anda buscando por dónde yr, se cansa y gasta el 
tiempo y llega más tarde. ¿Quién puede dezir que es mal, que quien 
comienza a rezar las órals o el rrosario, comienze a pensar con quién 
habla, y quién es el que habla, para ver cómo le ha de tratar? Pues 
yo os diguo, hermanas, que si lo mucho que ay que hazer en enten- 
der estos dos puntos, se hiziesse bien, que primero que comenzáis 
la oratión bocal que vais a rrezar, ocupéis arto tiempo en la mental. 
Sy (1), que no hemos de llegar a hablar a un príncipe con el descuido 
que a un labrador, o como a una pobre como nosotras, que como- 
quiera que nos hablaren va bien. 

Razón es que, ya que por la beninidad (2) deste rey, aunque (3) 
como grosera no sé hablar con él, y no por esso me deja de oyr, 
ni me dexa de llegar assí, ni me hechan fuera sus guardas ; porque 
saben bien la condición de su rey los ángeles que están allí, el qual gusta 
más de la grosería de vn pastorcito humilde, que ve que si más 
supiera más digera, que de los muy sabios y letrados, por elegantes 
razonamientos que hagan, si no van con humildad. Mas (4) no por- 
que el sea tan bueno, hemos de ser nosotros descomedidos. Siquiera 
para agradecerle (5) en consentir junto a sí vna como yo, es bien que 
procuremos cognoszer su limpieza y quién es. Es verdad que se en- 
tiende luego en llegando, como con los señores de acá, con que nos 
digan quién fué su padre, y los cuentos que tiene de renta y el di- 
tado, no hay más que saber; porque acá no se haze cuenta de las 
personas para hazerlas honrra, por mucho que merezcan, sino de las 
haziendas. 

¡O miserable mundo! alaba mucho a idios, hijas, que habéis dexado 
cosa tan ruin adonde jio hazen caso de lo que ellos en sí tienen, sino 
de lo que tienen sus renteros y basallos; y si ellos falta (6), luego 
cesa el mundo de hazelles honrra. Cosa donosa es ésta para que os 
olguéis todas guando ayáis de tomar alguna recreación, que éste es 
buen passatiempo, entender quán ciegamente pasan su tiempo los mun- 
danos. 

¡O emperador nuestro! summo poder, summa bondad, la misma 
sabiduría, sin principio, sin fin, sin haber términos en vuestras perfe- 
ciones (7): son infinitas, incomprehensibles, vn piélago sin suelo de ma- 
rauillas, vna hermosura que tiene en sí todas las hermosuras, la misma 
fortaleza. ¡O, válame dios! quién tubiera aquí junta toda la eloquen- 
<;ia de los mortales y sabiduría para saber bien, como acá se puede 
saber, que todo es no saber nada, para len (8) este caso dar a entender 



1 Se, decía la copia, que alguien, quizá la Santa, conigió. 

2 Borrado: humildad. La enmienda parece de Jerónima del Espíritu Santo. 

3 Borrado: y. 

4 Borrado: ansi que. 

5 Borrado: el mal olor que sufre. 

6 Faltan, dice el autógrafo. 

7 Borrado: obras. La enmienda puede ser de Jerónima del Espíritu Santo. 

8 Esta palabra parece de la M. Jerónima. 



42^ CAMINO DE PERFECCIÓN 

algunas de las muchas cosas que podemos considerar para cognoscer 
algo de quién es leste señor y bien nuestro. 

No hay más sino (1) llegaos a pensar y entender, en llegando, 
con quién vais a hablar, o con quién estáis hablando. En mili vidas 
de las nuestras no acabaremos de entender cómo merece ser tratado 
este señor, ante cuya presenqia tiemblan los ángeles. Todo lo manda, 
todo lo puede; su querer es obrar. Pues raQón sería, hijas mías, que 
procuremos deleytarnos en estas grandezas que tiene nuestro sposso, y 
que entendamos con quién estamos casadas, qué vida hemos de tener. 
¡O, válame dios! pues acá quando vno se casa, primero sabe con quién, 
y qué tiene; nosotras, ya desposadas, antes de las bodas, que nos 
ha de llenar a su casa, [¿no pensaremos ien nuestro esposo?] (2). 
Pues acá no quitan «estos pensamientos a las que están desposadas 
con los hombres, ¿por qué nos han de quitar que procuremos enten- 
der quién es este hombre, y quién es su padre, y qué tierra es ésta 
adonde me han de llevar, y qué bienes son los que promete darnos, 
qué condición tiene, cómo podré contentarle mejor, en qué le haré 
placer, y estudiar cómo hazer que nuestra condición conforme con la 
suya? Pues [si] (3) vna muger ha de ¡ser bien casada, no la auissan otra 
cosa sino que procure esto, aunque su marido sea hombre muy bajo. 

Pues, esposo mío, ¿en todo han de hazer menos caso de vos 
que de los hombres? Si a ellos no les pareze bien esto, dexen os 
a vuestras esposas que han de hazer vida con vos. Es verdad que 
es buena vida, sy (4) vn esposo es tan celoso que quiere que su sposa 
no tráete con nadie, linda cosa es que no piense cómo le hará este 
plazer, (5) la rrazón que tiene de sufrirle y Ide no querer que trate con 
otro, pues en él tiene todo lo que puede querer. Esta es oración 
mental, hijas mías, entender estas verdades. Si queréis yr entendien- 
do esto, y rezando vocalmente, muy enorabuena. No me estéis hablan- 
do con dios y pensando en otras cosas, que esto haze no entender qué 
cosa sea oración mental. Creo que va dado a entender: plega a el 
señor que lo sepamos obrar. Amen. 



1 Boitado: 5/. 

2 Véase la nota de la página 108. 

3 Tomamos esta palabra, necesaria para que haga la frase perfecto sentido, del autógrafo 
valisoletano. 

4 Se, escribió el copista, que un corrector enmendó conforme al original. 

5 Y, añade el autógrafo. 



CAPITULO XXIII 



DE LO QUE IMPORTA NO TORNAR ATRÁS QUIEN HA COMENTADO CAMINO DE 
ORA9ION, Y TORNA A HABLAR DE LO MUCHO QUE VA EN QUE SEA CON 
GRAN DETERMINACIÓN. 



Pues diguo que va mucho en comen9ar con gran determinación, 
por tantas causas, que sería alargarme mucho si las dixesse. So- 
las dos o tres quiero dezir, hermanas. La una es, que no es rra^ón 
que a quien tanto nos ha dado, y contino da, que vna cosa que nos 
queremos determinar a darle, que es este cuydado (no, cierto, sin in- 
terés, sino con tan grandes ganancias), no se le dar con toda deter- 
minación, sino como quien presta una cosa para tornarla a tomar. 
Esto no me pareze a mí dar, antes siempre queda con algún disgusto 
aquél a quie 1 han prestado vna cosa quando se lo tornan a tomar, 
en special si la ha menester y la tenía ya como por suya. Pues 
que si son amigos, y a quien la prestó debe muchas dadas, sin al- 
gún interés, con rra^ón le parezerá poquedad y muy poco amor, 
que aun vna cosa suya no quiere dejar en su poder, siquiera por 
señal de amor. 

¿Qué esposa ay, que resabiendo muchas joyas de valor de su 
esposo, no le dé siquiera una sortija, no por lo que vale, que ya 
todo es suyo, sino por prenda que será suya hasta que muera? 
Pues ¿qué menos mereze este señor para que burlemos del, dando 
y tomando una nonada que le damos? Sino que este poquito de 
tiempo que nos determinamos de darle de quanto gastamos en otras 
cosas, y con quien no nos lo agradezerá, ya que aquel rrato le que- 
remos dar, démosle libre el pensamiento y desocupado (1), y con toda 
determinación de nunca jamás se lo tornar a tomar por trauajos que 
por ello nos vengan, ni por contradictiones, ni por sequedades; sino 
que ya, como cosa no mía, tenga aquel tiempo y piense que me le 
pueden pedir por justicia quando del todo no se le quisere dar. 

Llamo del todo, porque no se entiende que dexarlo algún día, o 
algunos, por ocupaciones justas o por qualquiera indisposición, es to- 
mársela ya, 5/ la intención está firme: Qsto es dar algo (2). Lo demás 



1 Borrado: de otras cosas. 

2 Todo este período está corregido, y eri gran parte bonado por la Santa. La copia decía: 
«es tomársela ija; la intención esté firme, que no es nada delicado mi Dios,- no mira en menu" 
dencias; ansí tendrá qué os agradecer; es dar algo». 



426 CAMINO DE PERFECCIÓN 

bueno es a quien no es franco, sino tan apretado que no tiene coraqón 
para dar, harto es que preste. En fin, íiaga algo, que todo lo toma 
en quenta este señor nuestro; a todo haze como le queremos. (1) Es 
generoso; por grande que sea el alcance, tiene él en poco perdonarle 
para ganarnos; es tan agradegido (2) que vn .al^ar de ojos, con acordar- 
nos del, no deja (3) sin premio. 

Y no tiene el demonio tanta mano para tentar: a gran miedo a 
ánimas determinadas, que tiene ya él experiencia que le hazen gran 
daño, y quanto él ordena para dañarlas, biene en prouecho dellas y 
de (4) otras, saliendo él con pérdida. Aunque nosotros no hemos de 
estar descuidadas ni confiar en esto, porque lo habemos con gente 
traydora, y a los apercebidos no ossan tanto accometer, porque es 
muy cobarde; mas si uiesse descuidado, haría gran daño. Y si cog- 
nosce a uno por mudable, y que no está firme en el bien y con 
gran determinación de perseberar, no le dexará a sol ni a sonbra; 
miedos le podrá e incombenientes, que nunca acabe. Yo lo sé esto 
muy bien por experiencia, y ansí lo he sabido dezir, y digo que no 
sabe nadie lo mucho que importa. 

La otra cosa es que pelea con más ánimo. Ya sabe que, venga lo 
lo que viniere, no ha de tornar atrás. Es como vno que está en vna 
batalla, que sabe que si le venpen, no le perdonarán la uida, y que 
ya que no muere en la batalla, ha de morir después; pelea con más 
determinación, y quiere vender bien su vida (5), y no teme tanto los 
golpes, porque lleua delante lo que le importa la victoria, y que le 
va la vida en vencer. Es tanbién nescesario comentar con seguridad, 
que, si no nos dexamos venger, saldremos con la impressa; y esto sin 
alguna dubda, que por poca ganancia que saquen, saldrán muy ri- 
cos (6), que no os doxará morir de sed el señor, que «os llama a que 
bebamos desta fuente. Esto queda ya dicho, y querríalo dezir muchas 
vezes, porque acobarda mucho a personas que aun no cognoscen del 
todo la bondad del iseñor por experiencia, aunque la confiessan 
por fee, mas es gran cosa haber expirimentado con el amistad y 
regalo que trataj, a los que van por este camino, y cómo casi les hasze 
toda la costa. 

Los que esto no han prouado, no me marauillo que quieran se- 
guridad de algún interés; pues ya sabéis que es piento por vno, 
aun en esta vida, ¡y que dize el señor: pedí y daros han. Si 
no creís a su raagestad en las partes de su euangelio que asse- 
gura esto, poco aprobecha, hermanas, que me quiebre yo la cabeza 
diziéndolo. Todavía digo, que quien tubiere alguna duda, poco se 
pierde proballo; que esso tiene bueno este viaje, que se da más de 
lo que se pide, ni azertaremos a desear. Esto es sin falta, yo lo sé; 
y a las de vosotras que, por la bondad de dios, lo sabéis por experien- 
cia, puedo presentar por testigos. 



1 Borrado: Dará tomamos quenta. no es nada menudo, sino. 

2 Borrado: mirado, que no ayáis miedo. 

3 Borrado: dexe. 

4 Borrado: las. 

5 Borrado: como dizen. 

6 Borrado: no ayáis miedo. 



CAPITULO XXIV 



COMO SE Hfl DE RRE^AR VOCAL CON PERFECION Y QUAN JUNTA ANDA CON 
ELLA LA MENTAL. 



ñora, pues, tornemos a hablar con las almas que dixe que no 
se pueden recoger ni atar los entendimientos en oración mental, ni 
tener consideración. No nombremos aquí estas dos cosas, pues no 
sois para ellas, porque en hecho de verdad ay muchas a quien pareze 
que sólo el nombre de oración mental, o consideración, atemoriza. 

Y porque si alguna 'viene a esta casa, que, como también dixe, no 
van todos por un camino, quiero agora aconsejaros, y aun puedo decir 
enseñaros (porque, como madre, con ■el officio de priora que tengo, 
es lícito), icómo habéis de rrezar vocalmente, porque es rrazón que 
entendáis lo que dezís. Y porque quien no puede pensar en dios, 
puede ser qu€ las oraciones largas también le cansen, tampoco rae 
quiero entremeter en ellas, sino en las que forjadamente habemos de 
rrezar, pues somos cristianos, que es el paternóster y el auemaría; 
porque no puedan dezir por nosotras que hablamos y no nos enten- 
demos, saluo si no nos pareze que basta yrnos por la costumbre, con 
sólo el pronunciar las palabras, en lo qual no me entremeto. Los le- 
trados dirán si vasta o no. Lo que yo querría que hiciéssemos nos- 
otras, es, hijas, que no nos contentemos con sólo esto; porque quando 
diguo credo, razón me pareze que será entender y saber lo que creo; 
y quando padre nuestro, amor será entender quién es este padre nues- 
tro, y quién es el maestro que nos enseñó esta oración. 

Si queréis dezir que ya os lo sabéis y que no ay para qué se os 
acuerde, no tenéis razón: que mucho va de maestro a maestro, pues 
aunque (1) de los que acá nos enseñan, es gran desgracia no nos acor- 
dar; en spe^ial, si son sanctos y son maestros del alma, es impo- 
sible, si somos buenos discípulos. Pues de tal maestro como quien 
nos enseñó esta oración, y con tanto amor y deseo que nos apro- 
uechasse, nunca dios quiera que no nos aprouechemos acordándonos 
del muchas veces quando dezimos la oración, aunque por ser flacos 
no sean todas. 

Pues, quantoi a lo primero, ya sabéis que 'es lo mejor estar solas (2), 
que ansí lo hazía su majestad muchas veges (3), y no por su nescesi- 



1 ñun, dice solamente el autógtafo. 

2 Bonado: enseña su magestad que sea a solas. 

3 Borrado: él siempre que oraua. 



^28 CAMINO DE PERFECCIÓN 

dad, sino por nuestro enseñamiento. Y ya esto dicho se está, que no 
se sufre íiablar con dios y con el mundo, que no es otra cosa estar 
regando y escuchando por otra parte lo que están hablando, o pensar 
en lo que se les offreze, sin más yrse a la mano; saluo si no es 
en algunos tiempos, que o de malos humores, en special, si es persona 
que tiene toelancolía, o flaqueza de cabeza, que aunque más lo procura 
no puede, o que permite dios días de grandes tempestades en sus 
sieruos para más bien isuyo. Y aunque se affligen y procuran quie- 
tarse, no pueden ni están en lo que dizen, aunque más hagan, ni 
asienta en nada el entendimiento, sino que pareze que tiene frenesy, 
según anda desbaratado. 

Y en la pena que da a quien lo tiene, verá que no es a 
culpa suya, y mo se fatigue, que es peor, ni se cansse en poner seso 
a quien por entonces no le tiene, que es su entendimiento, sino reze 
como pudiere; y aun no rreze, sino, como enferma, procure dar alivio 
a su alma, y entienda en otra obra de virtud entonzes,- y a per- 
sonas que trahen cuidado de sí, y tienen entendido que no han de ha- 
blar a dios y a el mundo junto (1). Lo que podemos hazer nosotras es 
procurar estar a solas, y plega a dios que baste, como diguo, para 
que entendamos con quién estamos hablando y lo que nos responde 
el señor a nuestras peti(;iones. No penséis que se está callando, que, 
aunque no le oymos, bien habla a el corazón quando le pedimos de 
corazón. Y bien es que consideremos que somos cada vna de nosotras 
a quien el señor está enseñando esta oración, pues nunca el maestro 
está tan lexos del discípulo, que sea menester dar voces, sino muy 
junto. Esto quiero yo que entendáis vosotras que os combiene para 
rrezar bien el pater noster: no se apartar de cabe el maestro que 
os le mostró. 

Diréis que ya esto es consideración, la qual no podéis tener, ni 
aun queréis, sino regar vocalmente; porque también ay personas mal 
sufridas y amigas de no se dar pena, que como no lo tienen de cos- 
tumbre, eslo recoger el pensamiento a el principio; y por no can- 
sarse vn poco, dizen que no pueden más, ni saben, sino rezar vocal- 
mente. Tenéis ragón en dezir que ya es oración mental; mas yo os 
certifico (2) que no sé cómo lo aparte, si ha de ser bien rezado lo 
vocal, y entendiendo con quién hablamos; aun es obligación que 
procuremos rezar con aduertencia, y aun plega a dios que con estos 
remedios vaya bien rezado el paternóster y no acabemos en otra 
cosa impertinente. Yo lo he prouado algunas vezes, y el mejor re- 
medio que hallo, es procurar tener el pensamiento en la persona a (3) 
quien endereza las palabras. Por esso tené pagiengia y procura hacer 
costumbre de cosa tan nescesaria. 



1 En el autógrafo viene mucho mejor este pasaje. Véase el capítulo XXV, p. 114. 

2 Certifico. De la M. Jerónima parece esta enmienda. Cierto, decía la copia. 

3 La persona a. Esta parece enmienda de Jerónima del Espíritu Santo. 



CAPITULO XXV 



EN QUE DIZE LO MUCHO QUE GANA EL ALMA QUE REZñ CON PERFE^ION VOCAL- 
MENTE, Y COMO ñCflEZE LEUANTñRLfl DIOS DE ALLÍ A COSAS SOBRENATURALES. 



Y porque no penséis que se saca poca ganancia de rezar vocal- 
mente con perfeción, os digo que es muy posible que estando rezando 
el paternóster os ponga el señor en contemplación perfecta, o re- 
zando otra oración vocal. Que por estas vías muestra su magestad que 
oye al que le habla, y le habla su grandeza, suspendiéndole el en- 
tendimiento, y atajándole el pensamiento, y tomándole, como dizen, 
la palabra de la voca, que aunque quiere no puede hablar, si no es 
con mucha pena. 

Entiende que, sin ruido de palabras, les está enseñando este maes- 
tro diuino, suspendiendo las potencias, porque entonges antes dañarían 
que aprouecharían si obrasen. Gozan sin entender cómo gozan; está 
el alma abrasándose en amor, y no entiende cómo ama, y no sabe 
cómo lo goza, aunque bien entiende que no es gozo que alcanza el 
entendimiento a: desearle. Abrázale la noluntad sin entender cómo; mas 
en pudiendo entender algo, ve que no es éste bien que se puede me- 
reszer con todos los trauajos que se pasassen juntos, por ganarle en 
la tierra. Es don de el señor della y del cielo, que, en fin, da como 
quien es: ésta, hijas, es contemplación perfecta. 

Agora entenderéis la diferencia que ay della a la oración mental, 
que es lo que queda dicho: pensar y entender lo que hablamos, y 
con quién hablamos, y quién somos los que osamos hablar con tan 
gran señor. Pensar esto y otras cosas semejantes de lo poco que 
le habernos seruido, y lo mucho que estamos obligados a seruir, es 
oración mental; no penséis que es otra algarabía, ni os espante el 
nombre. Rezar el pater noster, o el auemaría, o lo que quisiéredes, es 
oración bocal. Pues mira qué mala música hará sin lo primero; aun 
las palabras no gran con concierto todas vezes. En estas dos cosas 
podemos algo nosotros, con ¡el fauór de dios. Mas en la contemplación 
que agora dixe, ninguna cosa; su magestad es el que lo haze todo, 
que es obra suya, sobre nuestro natural. 

Como está dado a entender esto de contemplación muy largamen- 
te, y lo mejor que yo supe declarar, en la relación que tengo dicha 
serení para que viessen mis confesores (1), que me lo mandaron, no lo 



1 Boira do: de mi uida. 



430 CAMINO DE PERFECCIÓN 

digo aquí, ni hago más que tocar en ello. Las que obieredes sido 
tan dichosas que icl señor os llegue a estado de contemplación, si le 
pudiéssedes haber, puntos tiene y auisos que el señor quiso que acer- 
tasse a dezir, que os consolarían mucho y aprouecharía, a mi pa- 
rezicr, y a el de algunas que le han visto/, y (1) que vergüenza es dezi- 
ros yo que hagáis caso d€l mío, y el señor sabe la confusión con 
que escribo mucho de lo que scriuo. ¡Bendito sea el que ansí me 
sufre! Las que, como digo, tubieren oración sobrenatural, procúrenle 
haber después de yo muerta; las que no, no ay para qué, sino es- 
forzarse a hazer lo que aquí va dicho, y dexe a el señor que es 
el que ío ha de dar, y no os lo negará, si no os quediáis en «el 
camino, sino que os esforzáis hasta llegar a la fin. 



1 Borrado: para hacer caso del le tienen. 



CñPITULO XXVI 



EN QUE VA DECLARANDO EL MODO PARA RECOGER EL PENSAMIENTO. PONE ASE- 
DIOS PARA ELLO. ES CAPITULO MUY PROUECHOSO PARA LOS QUE COMIEN- 
ZAN ORACIÓN. 



ñora, pues, tornemos a nuestra oración vocal, para que se reze de 
manera que, sin entendernos, nos lo dé dios todo junto; y para rezar (1) 
como es razón, ya ise sabe que ha de ser lo primero la examinación 
de la conscientia, y dezir la confesión y sanctiguaros. Luego, hijas, 
habéis de procurar, pues estáis solas, tener compañía. Pues ¿qué mejor 
que la del mismo maestro que enseñó la oración que vais a rezar? 
Representad a el mismo señor junto a vos, y mirad con qué amor 
y humilldad os está enseñando; y creedme, mientras pudiéredes, no 
estéis sin tan buen amigo. Si os acostumbráis a traherle cabe vos, 
y él ve que lo hazéis con amor, y que andáis procurando contentarle, 
no le podréis, como dizen, hechar de vos, no os faltará para siempre, 
aiudaros ha en todos vuestros trauajos, tenerle heis en todas partes: 
mira que es gran cosa (2) vn tal amig)0> a el lado. 

¡O hermanas, las que no podéis tener mucho discurso del entendi- 
miento, ni podéis tener el pensamiento sin diuertiros! acostumbraos, 
acostumbraos (3), mira que se yo que podéis hazer esto, porque pasé mu- 
chos años por este trauajo de no poder sosegar el pensamiento en vna 
cosa, y eslo muy grande; mas sé que no nos dexa el señor tan desyertos, 
que si llegamos con humilltad (4) a pedírselo, no nos acompañe, y si 
en vn año no pudiéremos salir con ello, sea en más. No nos duela 
el tiempo en cosa que tam bien se gasta, ¿quién va tras nosotras? 
Digo que esto, que puede acostumbrarse a ello, y trabajar andar cabe 
este verdadero maestro. 

No os digo aora que penséis en él, ni que saquéis muchos con- 
ceptos, ni que hagáis .grandes y delicadas consideraciones con vuestro 
entendimiento; ¡no os pido más de que le miréis. Pues ¿quién os qui- 
ta voluer los ojos del alma, aunque sea de presto, si no podéis más, 
a este señor? Pues podéis mirar cosas muy feas, ¿y no podéis mirar 



1 Borrado: como he dicho. 

2 Borrado: pensáis que es poco. 

3 Borró la Santa la repetición de esta palabra, pero cambió luego de parecer, u la puso 
sobie la tachada. 

4 Parece que alguno quiso coriegii esta palabra de forma que dijese humildad. 



432 CAMINO DE PERFECCIÓN 

la cosa más hermosa que se puede ymaginar? Pues nunca, hijas, qui- 
ta vuestro ¡esposo los ojos de vosotras, y haos sufrido mili cosas feas 
y abominaciones contra lél, y |no ha bastado para que os dexe de mirar, 
¿y es mucho que, quitados los ojos destas cosas exteriores, le mi- 
réis algunas 'veces a él? Mirad que no está aguardando otra cosa, 
como dice la sposa, sino que le miremos; como le quisiéredes, le 
hallaréis. Tiene en tanto que le voluamos a mirar, que no quedará 
por diligencia suya. 

Ansí, como dizen, que ha de hazer la mujer bien casada con su 
marido, que si está ¡triste, se ha de mostrar ella triste, y si está ale- 
gre, aunque nunca lo esté, alegre. Mirad, hermanas, de que subiectión 
hos habéis librado. Esto con verdad, sin fingimiento, haze el señor 
con nosotras, que él pe haze el subieto, y quiere que seáis vos la 
señora, y andar él a vuestra voluntad. Si estáis alegre, miralde re- 
sucitado, que sólo ymaginar cómo salió del sepulcro os alegrará. Mas 
¡con qué claridad!, ¡qué victoria, y con qué hermosura! ¡qué magos- 
tad ! ¡qué alegre! Como quien tam bien salió de la batalla adonde ha 
ganado vn tan gran reyno, que todo lo quiere para vos. Pues ¿es 
mucho que a iquien tanto os da, voluáis vna vez los ojos a mirarle? 

Si estáis con trabajos, o triste, miralde camino del huerto: qué 
afflictión tan grande llenaba en su alma, pues con ser el mismo 
sufrimiento, la dize y se quexa de ella. O miralde atado a la coluna, 
lleno de dolores, todas sus carnes hechas pedazos por lo mucho que 
os ama: tanto padezer, perseguido de vnos, escupido de otros, nega- 
do de sus amigos y desamparados dellos, sin nadie que vuelua por él, 
elado de frío, puesto en tanta soledad, que el vno con el otro os po- 
déis consolar. O miralde cargado con la cruz a cuestas, que aun no 
le dexaban hartar de huelgo; miraros ha él con vnos ojos tan hermo- 
sos, piadosos y llenos de lágrimas, y olbidará sus dolores por con- 
solar los vuestros, sólo porque os bais vos con él a consolar y vol- 
uáis la cabeza a mirarle. 

¡O señor del mundo, verdadero esposo mío! (le podéis vos de- 
zir, si os ha enternecido el corapón de verle tal, que no sólo queráis 
mirarle, sino que os holguéis de hablar con él, no oraciones compuestas, 
sino de la pena de vuestro corazón, que las tiene él en muy mucho), 
¿tan necesitado estáis, señor mío y bien mío, que queráis admitir 
vna pobre compañía como Ja mía, y veo en vuestro semblante que 
hos habéis consolado conmigo? ¿Pues cómo, señor, es posible que os 
dexan solo los ángeles, y que aun no os consuela vuestro padre? 

Si es ansí, señor, que todo lo queréis pasar por mí, ¿qué es 
esto que yo paso por vos? ¿De qué me quexo? Que ya he vergüenza 
de que os he visto tal, que quiero pasar, señor, todos las trabajos 
que me vinieren, y tenerlos por gran bien por ymitaros en algo. 
Juntos andemos, señor; por donde fuéredes, tengo de yr; por donde 
pasáredes, tengo de pasar. Tomad, hijas, de aquella cruz; no se os 
dé nada de que os tropellen los judíos, porque él no vaya con tanto 
trauajo; no hagáis caso de lo que dixeren; hazeos sorda a las mor- 
muraciones, tropezando, o cayendo con vuestro esposo, no os apartéis 
de la cruz ni la dexéis. Mira mucho el cansancio con que va, y las 
ventajas que hacen sus .trabajos a los que vos padecéis. Por grandes 



CAPITULO XXVI ^33 

que los queráis pintar, y por mucho que los queráis sentir, saldréis 
consolada dellos, porque veréis que son cosa de burla comparados a 
los del señor. 

Diréis, iiermanas, que cómo se podrá hacer esto, que si le viérades 
con los ojos del cuerpo en el tiempo que su magestad andaba en el 
mundo, que lo hiziérades de buena gana, y le mirárades siempre. No 
lo creáis, que quien agora no se quiere hazer vn poquito de fuerza 
a recoger siquiera la vista para mirar dentro de sí a este señor, que 
lo puede haszer sin peligro, sino con tantico cuidado, muy menos 
se pusiera, a /el pie de la cruz con la magdalena, que vía la muerte 
presente (1). Mas ¡qué debía pasar la gloriosa virgen y esta ben- 
dita santa! ¡Qué de amenazas, qué de malas palabras, y qué de 
encontrones y qué descomedidas! Pues ¡con qué gente lo habían tan 
cortesana! Sí, ¿no lo eran del infierno, que eran ministros del de- 
monio? Por 9Íerto que debía ser terrible cosa la que pasaron, sino 
que con otro dolor mayor, no sintieron el suyo. 

Ansí que, hermanas, no creáis que fuérades para tan grandes tra- 
bajos, si no sois para cosas tan pocas; exercitándoos en ellas, po- 
déis venir a otras mayores. Lo que podéis hazer para ayuda desto, 
procura traer vna imagen y retrato deste señor, que sea a vuestro 
gusto, no para traherle en el seno y nunca mirarle; sino para ha- 
blar muchas vezes con él, ique leí os dará qué le dezir. Como habláis con 
otras personas, ¿por qué os han de faltar más palabras para hablar 
con dios que para con otras? No lo creáis, a lo menos yo no os 
creeré si lo vsáis; porque aan (2) el no tratar con vna persona cau- 
sa estrañeza, y no saber cómo nos hablar con ella, que pareze que 
no la cogn oseemos, (3) aunque sea deudo, porque deudo y amistad 
se pierde con la falta de communicación. 

Tanbién es gran remedio tomar vn buen libro de romanze, aun 
para venir a recoger lel pensamiento, para venir a rezar bien vocal- 
mente, y poquito a poquito yr acostumbrando el alma con alagos y 
artificio para no la amedrentar. Hazé quenta que ha muchos años 
que se ha ydo tíe con su esposo, y que hasta que quiera tornar a 
su casa, es menester saberlo mucho negociar, que ansí somos los 
pecadores: tenemos tan acostumbrada nuestra alma y pensamiento a 
andar a su plazer, o pesar, por mejor dezir, que la triste alma no 
se entiende, y (para que torne a tomar amolr a estarse en su casa, es 
menester mucho artificio, y si no es ansí, y poco a poco, nunca ha- 
remos nada. Y tornóos a certificar, que si con cuitíado os acostum- 
bráis a lo que he dicho, que sacaréis tan gran ganancia, que aun- 
que yo os lo quisiera dezir, no sabré. Pues juntaos cabe este buen 
maestro, y muy determinadas a deprender lo que os enseña, que su 
magestad hará que no dexéis de salir buenas discípulas, ni os de- 
xará si no le dexáis. Mira las palabras que dize aquella voca diuina, 
que luego en la primera entenderéis el amor que os tiene, que no es 
pequeño bien y regalo del discípulo ver que su maestro le ama. 



1 Borlado: a el ojo. 

2 Borrado, si no. 

3 Mun, dice aquí el autógrafo. 

III 28 



CAPÍTULO XXVII 



EN QUE TRñTfl EL GRAN AMOR QUE NOS MOSTRÓ EL SEÑOR EN LñS PRIMER/IS 
PALABRAS DEL PATERNÓSTER, Y LO MUCHO QUE IMPORTA NO HAZER CñSSO 
NINGUNO DE LINAGES LAS QUE DE VERAS QUIEREN SER HIJAS DE DIOS. 



Padre nuestro que estás en los cielos. ¡O señor mío, cómo parecéis 
padre de tal hijo, y cómo pareze vuestro hijo, hijo de tal padre! 
¡Bendito seáis vos por siempre jamás! ¡No fuera al fin de la oración 
esta merced, señor, tan grande! En coraengando, nos henchís las manos 
y hazéis tan gran merced, que sería harto bien henchir el entendimiento 
para ocupar la voluntad de manera que no se pudiesse hablar palabra. 
¡O qué bien venía aquí, hijas, contemplación perfecta! ¡Y (1) con quánta 
razón entraría el alma en sí, para poder mejor subir sobre sí misma 
a que le diesse este santo hijo a entender qué cosa es el lugar adonde 
dize que está su padre, que es en los cielos! Salgamos de la tierra, 
hijas mías, que tal merced como ésta no es razón se tenga en poco, 
y que después que entendamos quán grande es, nos quedemos en 
la tierra. 

¡O hijo de dios y señor mío! ¿Cómo dais tanto junto a la pri- 
mera palabra? Ya que os humilláis vos con extremo tan grande en 
juntaros con nosotras a lel pedir, y hazeros hermano de cosa tan vaja 
y miserable, ¿cómo nos dais en nombre de vuestro padre todo lo que 
se puede dar, pues que queréis que nos tenga por hijos, que vuestra 
palabra no puede faltar? Parece que le obligáis (2) a que la cumpla (3), 
pues en siendo padre, nos ha sufrir las ofensas, por granes que sean. 
Si nos tornamos a él como el hijo pródigo, hanos de perdonar, 
hanos de consolar en nuestros trabajos, hanos de sustentar como lo 
debe hazer un tal padre, que forjado ha de ser mejor que todos 
los padres del mundo; porque en él no puede haber sino todo bien 
cumplido, y después de todo esto hazernos herederos y participan- 
tes con vos. 

Mira, señor mío, que ya que vos con el amor que nos tenéis, y con 
vuestra humildad, no se os ponga ningún ynconveniente (4) delante (co- 
mo, en fin, señor, estáis en la tierra y vestido della, pues tenéis nuestra 
naturaleza, pareze que tenéis causa alguna para mirar nuestro pro- 



1 o, decía la copia, ü un corrector la convirtió en y. 

2 Borrado: le. 

3 Borrado: que no es pequeña carga. 

4 Borrado: nada. 



CAPITULO XXVII 435 

hecho); mas mira qu€ vuestro padre está en el cielo, vos lo dezís. 
es razón que miréis por su honrra. Ya que estáis vos ofrecido a ser 
deshonrrado por nosotros, dexad a vuestro padre libre; no le obli- 
guéis a tanto por gente tan ruyn como yo, que le ha de dar tan 
malas gracias. 

¡O buen Jhu.! (1) ¡qué bien (2) habéis (mostrado ser vna cosa con él, 
y que vuestra voluntad es la suya y la (3) suya vuestra/ ¡Qué confe- 
sión tan clara, señor mío! ¡Qué cosa es el amor que nos tenéis! Ha- 
béis andado rodeando, encubriendo a el demonio que sois hijo de 
dios, y con el gran deseo que tenéis de nuestro bien, no se os pone 
cosa delante por hazernos tan grandísima merced. ¿Quién la podía 
hazer sino vos, señor mío? ñ lo menos bien veo, mi JHu., (4) que ha- 
béis hablado como hijo regalado ¡por vos y por nosotros, y que sois 
poderoso para que se haga en el cielo lo que vos dezís en la tierra. 
Bendito seáis por siempre, señor (5), que tan amigo sois de dar (6). 
Pues ¿parézeos, hijas, que es buen maestro éste para aficionar- 
nos a que deprendamos lo que nos enseña, pues comienza hazién- 
donos tan gran merced? (7) Pues razón será que, aunque digamos 
vocalmente esta palabra, no la dexemos de entender con el entendi- 
miento, para que se haga pedazos nuestro corazón con ver tal amor. 
Pues ¿qué hijo ay en el mundo que no procure saber quién es su 
padre, quando le tiene bueno y de tanta magestad y señorío? ñun 
si no lo fuera, no me spantara que ino nos quisiera más cognoscer por 
sus hijos, porque anda el mundo tal, que 'si el padre es más bajo 
del estado en que jestá el hijo, no se tiene por honrrado en cognos- 
zerle por padre. Esto no nos toca (8) aquí, porque en esta casa nunca 
plega a dios aya acuerdo destas cosas, sería infierno; sino la que 
fuere más, tome menos a su padre en la voca: todas han de ser iguales. 

¡O colegio de christo, en el qual sanct pedro, con ser vn pescador, 
tenía más mando y lo quiso ansí el señor, que sant bartolomé, que 
dizen (9) era hijo de rey (10). Sabía su magestad lo que había de pasar 
en el mundo sobre quál era de mejor tierra, que no es otra cosa 
sino debatir si será buena para adobes o para tapias. ¡O válame dios, 
qué gran desatino! (11). Dios os libre, hermanas, de semejantes con- 
tiendas, aunque sea en burlas; yo espero en su magestad que así 
hará. Quando algo desto en alguna hubiesse, póngase luego remedio, 
y eila tema no sea estar judas entre los apóstoles; denla penitencias 
hasta que entienda que aun tierra muy ruyn no merescía ser. Buen 
padre os tenéis que os da el buen JHs; no se conozca aquí otro padre 



1 Jesús. 

2 Borrado: ciato. La enmienda parece de la M. Jerónima. 

3 Borrado: vuestra. 

4 Jesús. 

5 Borrado: señor mío. 

6 Borrado: que no se os pone cosa delante, 

7 Borrado: Pues parézeos agora que será. 

8 Borrado: no viene. 

9 Nótese que aquí expresa en forma dubitativa lo que resueltamente afirmó antes en los 
autógrafos. 

10 Reyes, decía el copista, y alguno borró las dos últimas letras. 

11 Borrado: trabajo. 



436 CAMINO DE PERFECCIÓN 

para tratar del, y procura, hijas mías, ser tales que merezcáis ymi- 
tarle en algo; porque si soys buenas y fas (1), no os hechará de sí (2); 
pues ¿quién no procuram no perder tal padre? 

jO vélame dios! y que ay aquí en [que os consolar] (3). Por no 
me alargar más, lo quiero dexar a vuestros entendimientos; que es- 
tando el pensamiento (4), entre tal hijo y tal padre, acudirá (5) el 
spíritu santo, que enamore vuestra voluntad y os la ate con (6) gran- 
díssimo amor, si no (7) basta para esto tan gran ynterés. 



1 Borrado: regalaros con él y hecharos en sus brsfos. Ya sabéis que. 

2 Borrado: sí sois buenas hijas. 

3 La copla decía: y que hay aquí en que os consolar. Lo mismo dice el autógrafo de Va- 
lladolid. La Santa, al borrar esta frase, no advirtió que dejaba en suspenso el sentido. 

4 Borrado: por disbaratado que ande el pensamiento. 

5 Borrado: forjado ha de star. 

6 Borrado: tan. 

7 Borrado: ya que no. 



CAPITULO XXVIII 



EN QUE DECLARA QUE ES ORÍICION DE RECOGIMIENTO, Y PONENSE ALGUNOS ME- 
DIOS PARA ACOSTUMBRARSE A ELLA. 



ñgora mira que díze vuestro maestro: que estás en los fíelos. 
¿Pensáis que importa poco saber qué cosa es el cielo, y adonde se ha 
de buscar vuestro sacratíssimo padre? Pues yo os digo que para 
entendimientos derramados, que importa mucho, no sólo creer esto, 
sino procurarlo entender por experiencia; porque es vna de las cosas 
que ata mucho a lel entendimiento y haze recoger el alma. 

Ya sabéis que dios está en todas partes, pues claro está que 
adonde su majestad está (1), lestá el (jielo; sin duda lo podéis creer (2) 
y toda la gloria. Pues mira que dize sanct Agustín que le buscaba 
en muchas partes, y que le vino a hallar dentro de sí mismo. Creé (3) 
que importa mucho (y) para vn alma derramada entender esta uer- 
dad, y ver que no ha menester para hablar con su padre eterno yr 
al cielo, ni para regalarse con él, ni ha menester hablar a voces. Por 
paso que se hable, nos oyrá, ni ha menester alas para yr a buscarle, 
sino ponerse en soledad y mirarle dentro de 'sí, y no estrañarse de 
tam buen huésped; sino con gran humildad hablarle como a padre, 
pedirle como a padre, y contarle sus trabajos, pedirle remedio para 
ellos, entendiendo que no es digna de ser su hija. 

Déxense de algunos encogimientos que tienen algunas personas, 
y piensan que es humildad. Sé (5), que no está la humildad en que 
si el rey os haze alguna merced, que mo la toméis, sino en tomarla y 
entender quán sobrada os viene, y holgaros con ella. Donosa hu- 
mildad, que me tenga yo a el emperador del cielo y de la tierra 
en mi casa, que se viene a ella por hazerme merced y por holgarse 
conmigo, y que por humildad no le quiera responder, ni estarme con 
él, ni tomar lo que me da, sino que le dexe solo; y que estándbme 
diciendo y rogando que le pida, por humildad, me quede pobre y 
aun le dexe yr, de que ve que po acabo de determinarme. 

No os curéis, hijas, destas humildades, sino trata con él como con 
padre, y icomo con hermano, y como con señor, y como con sposo; a be- 



1 Borrado: está el rey, está la corte,- en ñn, que adonde está dios. 

2 Borrado: que adonde está su magestad, está. 

3 Borrado: Pensáis. 

4 Borrado: poco. 

5 Sí, dice el autógrafo. 



438 CAMINO DE PERFECCIÓN 

ZGS d€ vna mancrai, a vezes de otra, que él os enseñará lo que habéis 
de hazer para contentarle. Dexaos de ser vobas, pedilde la palabra, 
que vuestro esposo es, que os trate como a tal. Con este modo de 
rezar, aunque sea vocalmente, con mucha facilidad recoge a el en- 
tendimiento, y es oración que trahe consiguo muchos bienes. Lláma- 
se recogimiento, porque recoge el alma todas las potencias y se entra 
dentro de sí con su dios, y viene con más breuedad a enseñarla su 
diuino maestro, y a darla oración de quietud, que de ninguna otra 
manera. Porque allí metida consigo misma, puede pensar en la pa- 
sión, y representar allí a i&l hijo, y |0fre9erle a el padre, y no cansar 
a el entendimiento andándole buscando en el monte caluario, y a 
el huerto, y a la coluna. 

Las que desta manera se pudieren encerrar en este cielo pequeño 
de nuestra alma, adonde está el que la hizo a él, y a la tierra, 
y acostumbrarse a no estar adonde se distraygan estos sentidos ex- 
teriores, crea que lleua buen camino, y que no dexará de llegar a 
beber del agua de la fuente, con el favor de dios, porque camina 
mucho en poco tiempo. Es como el que va en vna nao, con vn 
poco de buen viento, se pone en el fin de la jornada en pocos días, 
y los que van por tierra, tárdanse más. 

Estos están ya, como dizen, puestos en la mar, aunque del todo 
no han dexado la tierra, porque aquel rato hazen lo que pueden 
por librarse della, recogiendo sus sentidos an sí mismo. Si es ver- 
dadero el recogimiento, siéntese muy claro, porque aze alguna ope- 
ración (no sé cómo lo dé a entender; quien lo tuviere sí entenderá): 
es que pareze que ise lebanta el alma con el fuego que ya siente en 
sí de las cosas del mundo (1). Alzasse a el mejor tiempo, y como 
quien se entra en un castillo fuerte para no temer los contrarios; 
que es retirarse los sentidos destas cosas exteriores, y darles de tal 
manera de mano, que, sin entenderse, se le cierran los ojos por no 
las ver, porque más se dispierte la uista a los del alma, flnsí, quien 
va por este camino, casi siempre que reza tiene cerrados los ojos, 
y es admirable costumbre para muchas cosas, porque es vn hazerse 
fuerza a no mirar las de acá. Esto a el principio, que después no 
es menester; mayor se la haze quando en aquel tiempo los abre. 
Parece que se entiende vn fortalecerse y esforzarse el alma a costa 
del cuerpo, y que Je dexa solo y desflaquecido, y ella toma allí 
bastimento para contra él. 

Y au[n]que al principio no ise entienda esto, por no ser tanto, por- 
que ay más y menos en este recogimiento, mas (2) si se acostumbra 
(aunque a el principio dé trauajo, porque el cuerpo torna de su de-, 
recho, sin entender que él mismo se corta la cabeza en no darse 
por uencido), verse ha claro la ganancia y entenderán, en comen- 
tando a recpar, que se vienen las abejas a la colmena, y se entran 
en ella para labrar la miel, y esto sin cuidado nuestro. Porque ha 
querido el señor que por el tiempo que le ha tenido, aya merecido 



1 Bottado: ve que lo es las cosas del. 

2 Boitado: y. 



CAPITULO XXVIII ^39 

estarse el alma y voluntad con este señorío, que en haziendo vna seña 
no más de que se quiere recoger, la obedezcan los sentidos y se re- 
cojan a ella. Y aunque después se tornen a salir, es gran cosa ha- 
uerse ya rendido, porque salen como captiuos y subietos, y no hazen 
el mal que antes pudieran hazer; y en tornando a llamar la voluntad, 
vienen con más presteza, hasta que a muchas entradas déstas, quiere 
el señor se queden ya del todo en contempla9Íón perfecta. 

Entiéndase mucho esto que queda dicho, porque, aunque pareze 
escuro, lo (1) entenderá a quien quisiere obrarlo. Ansí que caminan por 
la mar; y pues tanto nos va no yr despacio, hablemos vn poco de 
cómo nos acostumbremos (2) a tan buen modo de proceder. Están más 
seguros de muchas occasiones; pégase más presto el fuego del amor 
diuino, porque, por poquito que isople con el entendimiento, como están 
cerca del mismo fuego, con vna centella que le sople, se abrasará 
todo. Como no ay embarazo de lo exterior, estáse sola el alma con 
su dios; ay gran apparejo para encenderse. 

Pues hagamos quenta que dentro de nosotras está vn palacio de 
grandíssima riqueza, todo su edificio de oro y piedras preciosas, en 
fin, como para tal señor; y que sois vos parte que aqueste edificio 
sea tal, como a la verdad lo es, que es ansí que no ay edificio 
de tanta hermosura como vn alma limpia y llena de virtudes, y mien- 
tras mayores, más resplandezen las piedras; y que en este palacio 
está este gran rey, y que ha tenido por bien ser vuestro padre, y 
que está en vn trono de grandíssimo precio, que es vuestro coragón. 

Parezerá esto a el principio cosa ympertinente, digo hazer esta 
fictión para darlo a entender, y podrá ser que aproueche mucho a 
vosotras en speíial; porque, como no te/z^mos letras las mugeres, 
todo esto es menester para que entendamos con verdad que ay otra 
cosa más preciosa, sin ninguna comparación, dentro de nosotras que 
lo que vemos por de fuera. No nos imaginemos huecas en lo interior, 
y plega a Dios que sean solas mujeres las que andan con este des- 
cuydo; y tengo por imposible, si traxésemos cuidado de acordarnos 
dentro de nosotras, que no nos diéssemos tanto a las cosas del mun- 
do, porque veríamos quán bajas son para las que dentro trahemos. 
Pues ¿qué más haze vn alimaña (3) que, en viendo lo que le contenta 
a la vista, harta su hambre en la presa? Sé (4) que diferencia ha 
de haber de ellas a nosotras. 

Reiránse de mí, por ventura, y dirán que bien claro se está esto, 
y ternán razón, porque para mí fué obscuro algún tiempo. Bien enten- 
día que tenía alma; mas no lo que merescía esta alma, y quién estaua 
dentro della, porque (5) me tapava yo los ojos con las vanidades de la 
vida para verlo, no lo entendía. Que, a mi parezer, si como agora en- 
tiendo que en este palacio pequeñito de mi alma cabe tan gran rey, no 



1 Borrado: obscuro se. 

2 acostumbraremos, se lee en el autógrafo. 

3 Esta corrección parece de la M. Jerónima, que borra en la copia la palabra alimaña. 
Curiosa es la enmienda. 

4 Sí, dice el autógrafo. 

5 Bonado: si yo no. 



^t^O CAMINO DE PERFECCIÓN 

l2 dcxara tantas vezcs solo, ¡alguna me estubiera con él, y más procurara 
que no estubiera tan sucia ^(1). El punto está en que se le demos por 
suyo con toda determinación, y le desenbarazemos para que pueda 
poner y quitar como en cosa propia. Y tiene razón su magestad, no 
se lo neguemos. Y como él no ha de foríar nuestra voluntad, toma lo 
que le damos, mas no se da a ssí del todo, hasta que nos damos 
del todo. Esto es cosa cierta, y porque importa tanto, os lo acuerdo 
tantas vezes, ni obra en el alma como quando del todo, sin embarazo, 
es suya, ni sé cómo ha de obrar: es amigo de todo concierto. Pues 
si el palacio henchimos Ide gente baja y de varatijas, ¿cómo ha de 
caber el señor con su corte? Harto haze de estar un poquito entre 
tanto embarazo. 

¿Pensáis, hijas, que viene solo? ¿No sabéis que dize su hijo: 
que estás en los cielos? Pues vn tal rey, a osadas que no le dexen 
solo los cortesanos; sino que están con él rogándole por nosotros 
para nuestro prouecho, porque están llenos de charidad. No penséis 
que es como acá, que isi vn señor o perlado fauoresze a alguno por 
algunos fines, o porque quiere, luego ay las ymbidias y el ser mal- 
quisto aquel pobre, sin hacerles nada. 



1 Aquí suprime la copia largo párrafo del autógrafo, el cual puede leerse en la página 
133, de la línea dieciséis a la veinte y seis. Tampoco la edición de Evora lo trae. 



CAPITULO XXIX 



PROSIGUE EN DAR MEDIOS PARA PROCURAR ESTA ORACIÓN DE RECOGIMIENTO, Y 
DIZE LO POCO QUE SE NOS HA DE DAR DE SER FAUORESCIDAS DE LOS 
PERLADOS. 



Por amor de dios, Mjas, que no curéis de dárseos nada destos f año- 
res de perlados-, procure cada vna hazer lo que debe, que si el per- 
lado no se lo agradeciere, sigura puede estar que lo pagará y agra- 
decerá el señor. Sé (1) que no venimos aquí a buscar premio en esta 
vida; esté siempre nuestro pensamiento en lo poco (2) que dura, y 
de lo de acá ningún caso íiagamos, que aun para lo que se viue no 
es durable: que oy está bien con la vna, y mañana, si ve vna virtud 
en vos, estará mejor con vos, y si no, poco va en ello. No deis 
lugar a estos pensamientos, que a las vezes comienzan por poco y os 
pueden desasosegar mucho; sino atajaldos con que no es acá vuestro 
reyno y quán presto tiene todo fin. 

Mas aun lesto es bajo remedio y no mucha perfectión; lo mejor 
es que dure, y vos desfauorescida y abatida, y lo queráis estar por 
el señor que está con vos. Pone los ojos en vos y miraos ynterior- 
mente, como queda dicho: hallaréis vuestro maestro que no os fal- 
tará; mientras menos consolación exterior tubiéredes, mucho más regalo 
os hará. Es muy piadoso, y a personas afligidas y desfauorescidas ja- 
más falta, sí confían en él solo. Ansí lo dice David, que está el señor 
con los affligidos. O creís esto, o no; si lo creís, ¿de qué os matáis? 

¡O señor mío, que si de beras lo cognosiéssemos, no se nos 
daría nada de nada, porque dais mucho a los que se quieren fiar de 
vos! Creed, amigas, que es gran cosa entender que es verdad esto para 
ver que los fauores de acá todos son mentira, quando desuía algo 
a el alma de andar dentro de sí. ¡O, hálame dios, quién os hiziesse 
entender esto! No yo, por cierto; sé que con uerdad y con deber yo 
más que ninguno, no acabo de entenderlo como se debe entender. 

Pues tornando a lo que decía, quisiera yo saber declarar cómo está 
esta compañía santa con nuestro acompañador, sancto de los sanctos, 
sin impedir a la soledad que él y su sposa tienen, quando esta 
alma dentro de sí quiere entrarse en este parayso, y cierra la puerta 
tras sí a todo lo del mundo. Digo que quiere, porque entended que 



1 Si, dice el autógrafo. 

2 Borrado: lo. 



442 CAMINO DE PERFECCIÓN 

esto no Gs cosa sobrenatural, sino que está en nuestro querer y que 
podemos nosotras hazerlo, con el fabor de dios, que sin esto no se 
puede nada, ni podemos de nosotros tener vn buen pensamiento. Por- 
que esto no es silencio de las potencias, ni encerramiento dellas en 
sí mismas (1). 

Vase ganando esto de muchas maneras, como está scripto en al- 
gunos libros, que nos hemos de desocupar de todo para llegarnos in- 
teriormente a dios, y aun en las mismas ocupaciones retirarnos a 
nosotros mismos: aunque no sea por más de un momento solo aquel 
acuerdo de que tengo compañía dentro de mí, es gran prouecho. En 
fin, yrnos acostumbrando a gustar de que no es menester dar voces 
para hablar (2) con dios, porque su magestad (3) dará a sentir cómo 
está allí. Desta suerte rezaremos con mucho sosiego vocalmente, y es qui- 
tarnos de trauajo; porque, a poco tiempo que forcemos a nosotras 
mismas para estarnos cerca deste señor, nos será más fácil (4). Es muy 
amigo de quitarnos de trauajo; aunque en una ora no le digamos 
más de una vez el paternóster, como entendamos que estamos con 
él, y lo que le pidimos, y la gana que tiene de darnos, y quán de 
buena gana está con nosotros, no es amigo de que nos quebremos 
las cabezas hablándole mucho. 

El señor lo enseñe a las que no lo sabéis, y de mí os confiesso 
que nunca supe qué cosa era rezar con satisfagión, hasta que el señor 
me enseñó este modo; y siempre he hallado tantos prouechos desta 
costumbre de recogimiento, que esso me ha hecho alargar tanto. Con- 
cluyo con que quien lo quisiere adquirir, pues, como digo, está en 
nuestra mano, que no se canse de acostumbrarse a lo que queda di- 
cho, que es señorearse poco a poco de sí mismo, no se perdiendo 
en balde; sino ganándose a sí para sí mismo, ques aprouecharse de 
sus sentidos para lo ynterior. Si hablare, procure acordarse que ay 
con guien hable dentro de sí mismo; si oyere, acordarse ha que ha 
de oyr a quien más cerca le hablare. En fin, traher quenta que pue- 
de, si quiere, no (5) se apartar de tan buena compañíaj, y pesarle quando 
mucho tiempo ha dexado solo a su padre, que está nescesitada del. 
Si pudiere, muchas veces en el día; si no, sea pocas. Como lo acos- 
tumbrare, saldrá con gran ganancia, o presto, o más tarde. Después 
que se lo dé el señor, no lo trocará por ningún tesoro. 

Pues nada se deprende sin un poco de trauajo, por amor de dios, 
hermanas, que deis por bien empleado el cuidado que en esto gastáredes; 
y yo sé que sí le tenéis, en un año, y quizá en medio, saldréis con ello, 
con el fauor de dios. Mira qué poco tiempo para tan gran ganancia como 
es hazer buen fundamento para, si quisiere el señor lebantaros a gran- 
des cosas, que halle en vos aparejo, hallándoos cerca de sí. Plega a 
su magestad no consienta que nos apartemos de su presencia, ñmén. 



1 El autógrafo, que la Santa corrige en esta frase, dice: es encerramiento de ellas en si 
mesma el alma. 

2 Borrado: le (hablarle). 

3 Boitado: se. 

4 Borlado: entenderá por señas de manera, que si habíamos de decir muchas veces el 
pater noster, nos entenderá de una. 

5 Borrado: nunca. 



CAPITULO XXX 



DICE LO QUE IMPORTA ENTENDER LO QUE SE PIDE EN LA ORACIÓN. TRATA DES- 
TAS PALABRAS DEL PATER NOSTER : SANCTIFICETUR NOMEN TUUM. APLÍCALA 
A ORACIÓN DE QUIETUD. 



¿Quién ay, por disbaratado que sea, que quando pide a una per- 
sona graue no lleua pensado cómo le ha de pedir, para contentarle y 
no serle disabrido, y qué le ha de pedir, y para qué ha menester lo 
que le ha de dar, en special si pide cosa señalada, como nos enseña 
que pidamos nuestro buen Jhus.? Cosa me pareze para notar. ¿No 
pudiérades, señor mío, concluyr con vna palabra y dezir: dadnos, pa- 
dre, lo que nos combiene? Pues a quien tan bien lo entiende todo, 
pareze que no era menester más. 

¡O sabiduría eterna! Para entre vos y vuestro padre esto basta- 
ba (1), mas a nosotros cognocéisnos, señor mío, que no estamos tan 
rendidos como (2) ^stábades vos a la voluntad de vuestro padre, y que 
querríamos más (3) pedir cosas señaladas para que nos detubiésemos a 
mirar si nos estaba bien lo que pedimos, y si no, que no lo pidamos. 
Porque, según somos, si no nos ¡dan lo que queremos, con este libre 
albedrío que tenemos, no admitiremos lo que el señor nos diere; porque, 
aunque sea lo mejor, como ino vemos luego lel dinero en la mano, nun- 
ca pensamos vernos ricos. 

jO, vélame dios! qué haze tener tan dormida la fee para lo vno y 
lo otro, que ni acabamos de entender quán cierto tememos el casti- 
guo, y quán cierto el premio. Por esso es bien, hijas, que entendáis 
lo que pedís en el paternóster, porque si el padre eterno os lo diere, 
no se lo tornéis a los ojos, y penséis muy bien si os está bien, y si no, 
no lo pidáis, sino advirtiendo que a de ser conforme a la voluntad de 
dios, como se pide en esta oragión (4), y que os dé su magestad luz, 
porque estáis ciega, y con hastío para no poder comer los manjares 
que os dan vida, si no los que os han de lleuar a la muerte, ¡y qué 
muerte tan peligrosa y tan para siempre! 

Pues dize el buen JHs., que digamos estas palabras en que pe- 
dimos que venga a nosotros un tal reyno: sanctificado sea tu nom- 



1 Borrado: y ansí lo pedistes en el huerto: mostrastes vuestra volunta y temor, mas de- 
xástesos en la suya. 

2 Bona la Santa lo es (tábades), escribiendo de nuevo el es. 

3 Borrado: era menester. 

4 Borrado: pedí. 



^^^ CAMINO DE PERFECCIÓN 

bre, venga a nosotros tu reyno. Hora mira, hijas, que sabiduría tan 
grande de nuestro maestro. Considero yo aquí, y es bien que entenda- 
mos, qué pedimos en este reyno. (1) Como vio su magestad que no po- 
díamos sanctificar, ni alabar, ni engrandezer, ni glorificar este nom- 
bre sancto del padre eterno conformie a lo poquito, que podemos nos- 
otros de manera que se hiziesse como es razón, si no nos proveya su 
tnagestad con darnos acá su reyno, (2) ansí lo pidió (3) el buen JHus. 
lo vno cabe lo otro. Porque entendamos, hijas, qué pedimois y lo que nos 
importa importunar por ello, y hazer quanto pudiéremos para conten- 
tar a quien nos lo ha de dar, quiero deziros aquí lo que yo entiendo. 
Si no os contentare, pensad vosotras otras consideraciones, que licencia 
nos da nuestro maestro para ello, como en todo nos subietemos a lo 
que tiene la santa romana yglesia, y ansí lo hago yo aquí. 

Aora, pues, el gran bien que me parece hauer en el reyno de los 
cielos, con otros muchos, es ya no tener quenta con cosa de la tierra, 
si no vn sosiego y gloria len sí mismos, vn alegrarse que se alegren 
todos, vna paz perpetua, vna satisfación grande en sí mismos, que 
les viene de ver que todos sanctifican, y alaban/ a el señor, y bendizen 
su nombre y no le offende nadie. Todos jle aman, y la misma alma 
no entiende en otra cosa sino en amarle, ni puede dexarle de amar, 
porque le cognosze. Y ansí le amaríamos acá, aunque no desta manera y 
perfectión, ni en vn ser; mas muy de otra manera le amaríamos de 
lo que le amamos, si le cognosciéssemos, 

Pareze que voy a dezir que hemos de ser ángeles para pedir esta 
petición y rezar bien vocalmente. Bien lo quisiera nuestro diuino maes- 
tro, pues tan alta petición mos manda pedir; y claro está {¡i) que no 
nos manda que pidamos cosas imposibles; que posible sería, con el 
fauor de dios, venir vn alma puesta en este destierro, aunque no en la 
perfectión que están salidas desta cárcel, porque andamos ert mar y va- 
mos este camino. Mas ay ratos que, de cansados de andar, los pone 
el señor en vn sosiego de las potencias y quietud del alma, que, como 
por señas, les da (5) a entender a qué sabe lo que se da a los que 
el señor lleua a Su reyno ;• y a los que se les da acá como le pedimos, 
dales prendas para que por ellas tengan gran speranza de yr a gozar 
perpetuamente lo que acá les da a sorbos. 

Si no dixéssedes que trato (6) contemplación, venía aquí bien en esta 
petición hablar vn poco de principio de pura contemplación, que los 
que la tienen la llaman oración de quietud; mas como diguo trato de 
oración vocal, no viene lo vno con lo otro a quien no lo gastare (7); 
yo sé que combiene. Perdóname que lo quiero dezir, porque sé que 
muchas personas, rezando vocalmente, como ya queda dicho, las leuanta 
dios, sin saber ellas cómo, a subida contemplación. Conozco vna per- 
sona que nunca pudo tener oración mental, y assida a ésta, lo tenía 



1 


Borrado: Mas. 


2 


Borrado: y. 


3 


Borrado: puso. 


4 


Borrado: a buen seguro. 


5 


Borrado: claro. 


6 


Borrado: de. 


7 


Borrado: sufriere. 



CAPITULO XXX llUS 

todo; y si no rezaba, ybásele el entendimiento tan perdido, que no 
lo podía sufrir. Mas tal ía tengamos todas (1). En ciertos paternos- 
tres que rezaba a las vezes que el señor derramó sangre, que se es- 
taua, en esto y en poco más, algunas lOras. Vino vna vez a mí muy 
congojada, que no sabía tener oración mental (2), ni podía contemplar, 
sino rezar vocalmente. Pregúntele qué rezaba, y vi que, assida a el pa- 
ternóster, tenía pura contemplación, y la lebantaba el señor a juntarla 
consigo en vnión; y bien se parecía en sus obras, porque gastaba 
muy bien su vida. Y -ansí alabé a el señor y tube enbidia a su ora- 
ción vocal. Si esto es verdad, como lo íes, ¿gué pensáis los que sois 
enemigos de contemplación que estáis libres de serlo, si las oraciones 
vocales rezáis cómo se han de rezar, tiniendo limpia conciencia? En- 
gañados estáys. 



1 Mas tal tengamos todas la mental, dice el autógrafo de Valladolid. 

2 Vocal, había escrito primero. La corrección es del mismo copista. 



CñPITULO XXXI 



PROSIGUE EN LA MISMA MATERIA. DECLARA QUE ES ORACIÓN Y ALGUNOS flUI- 
SOS PARA LOS QUE LA TIENEN. ES MUCHO DE NOTAR (1). 



Pues todavía quiero, hijas, declarar, como lo he oydo platicar, o el 
señor ha querido dármieloi a entender, por uentura para que os lo digua, 
esta oración de quietud, adonde a mí me pareze comienza el señor 
a dar a entender que oyó la petición, y comienza a declararnos su 
reyno aquí, para que de veras le alabemos, y santifiquemos y procu- 
remos que lo hagan todos. 

Que es ya cosa sobrenatural y que no la podemos adquirir (2) nos- 
otros, por diligencias que hagamos; porque €S vn ponerse el alma en 
paz, y ponerla el señor con su presencia, por mejor dezir, como hizo 
a el justo Simeón, porque todas las potencias se sosiegan. Entiende el 
alma, por vna manera muy fuera de entender con los sentidos exteriores, 
que está ya junto cabe su dios, que por poquito más, llegará a estar 
hecha vna cosa con él por vnión. Esto mo es porque lo ve con los 
ojos del cuerpo ni del alma. Tampoco no vía el justo Simeón más del 
gloriosso niño pobrecito; que en lo que llenaba enbuelto y la poca 
gente que con él yba en la processión, más pudiera juzgarle por hijo 
de gente pobre, que por hijo del padre celestial; mas dióselo el mismo 
niño a entender. Y ansí lo entiende acá el alma, aunque no con essa 
claridad; porque aun ella no entiende cómo lo entiende, mas de que 
se ye en el reyno (a lo menos cabe el rey que se le ha de dar), 
y pareze que la misma ;alma está con acatamiento, aun para no osar 
pedir. Es como un amortecimiento interior y exteriormente, que no 
querría el hombre exterior {digo el cuerpo, porque mejor me enten- 
dáis), diguo que no se querría bullir, sino como ha llegado casi al fin 
del camino, descansa para poder tornar mejoír a caminar, que allí se le 
doblan las fuerzas para ello. 

Siéntese grandíssimo deleyte en el cuerpo, y gran satisfación en 
el alma. Está tan contenta de sólo verse cabe la fuente, que (3) no le 
pareze que ay más que desear: las potencias sosegadas, que no que- 



1 Todo este capítulo fué suprimido en la edición de Evora, probablemente, como ¡ja 
apuntamos en la Introducción, por la materia de subida oración que en él declara. 

2 Alguna duda tenemos de si esta palabra es de la Santa, que aquí sustituye a la de prO" 
curar, que escribió el copista. 

3 Borrado: que aun sin beuer, está ya harta. 



CAPITULO XXXI Hm 

rrían bullirse, todo parcze que le storua a amar, aunque no e-stán per- 
didas, porque pueden pensar cabe quién están, que las dos están 
libres. La voluntad es aquí la captiua, y si alguna pena puede tener 
estando ansí, es de ver que ha de tornar a tener libertad. El entendi- 
miento no querría entender más de vna cosa, ni la memoria ocuparse en 
más; que aquí, porque ven que está sola, es nescesaria, y todas las 
demás la turbam. No querrían que se raeneasse el cuerpo, porque les 
pareze hauer de perder aquella paz, y ansí ¡ao se ossan bullir; dales 
pena el hablar; en dezir padre nuestro vna vez, se les pasará vna ora. 
Están tan cerca, que ven que se entienden (1). Están en el palacio 
cabe su rey, y ven que las comienza ya a dar aquí su reyno; pareze 
que no están en el mundo, ni le querrían ver ni oyr, sino a su dios; 
no les da pena nada,, jii pareze que se la ha de dar. En fin, lo 
que dura con la satisf ación y deleyte que en sí tienen, están tan em- 
bebidas y absortas, que no se acuerdan que hay más que desear, sino 
que de buena gana dyrían con sanct pcdro: hagamos aquí tres moradas. 

ñlgunas vezes, en esta oración de quietud haze dios otra merced 
bien dificultossa de entender, si no hay gran experiencia; mas si ay 
alguna, luego lo entenderéis la que la tubiere, y daros ha gran conso- 
latión saber qué es, y creo muchas vezes hace dios esta merced junto 
con estotra. Quando es grande y por mucho tiempo esta quietud, pa- 
rézeme a mí que si la voluntad no estuuiesse assida a algo, que no 
podría durar tanto en aquella paz; porque acaeze andar vn día, o dos, 
que nos vemos con esta satisfación y no nos entendemos, digo los 
que la tienen, y verdaderamente ven que no están enteros en lo que 
hazen, sino que les falta lo mejor, que es la voluntad, que, a mi pa- 
rezer, está vnida con dios, y dexa las otras potencias libres para 
que entiendan en cosas de su seruicio. Y para esto tienen entonces 
mucha más habilidad; mas para tratar cosas del mundo, están torpes 
y como embobados (2). 

Es gran merced ésta a jquien el señor la haze, porque vida actiua 
y contemplatiua estó junta. De todo se sirue entonzes a el señor 
de esta alma, porque la voluntad está en su obra, sin saber cómo 
obra, y en su contemplación; y las otras dos potencias siruen en lo 
que maría (3); ansí que ella y maría andan juntas. Yo sé de vna per- 
sona que la ponía aquí el señor muchas vezes, y no se sabía entender, 
y preguntólo a un gran contemplatiuo, qae era [reiigio]5o de la [com]- 
pañía [de Je]s«5, que «[bía] [s\ido duque [de] gandía (4). Dixo que era 
muy posible, que a él le acaes^ía. ñnsí yo (5) pienso, que pues el alma 



1 Borrado: por señas. 

2 Borrado: a vezes. 

3 El copista escribió equivocadamente matar, y la Santa, borrando la r, puso sobre ella 
un ta, de manera que según la enmienda se lee matata. 

4 Esta es la famosa adición de la Santa, conocida del P. Ribera, que por no leerse en los 
autógrafos, no se ha publicado en las ediciones de este libro. Recuérdese lo que sobre ella 
dijimos en la Introducción. 

Hag, además, algunas palabras de letra de S. Teresa, borradas por ella, que parecen decir: 
^[lo sa] bia bien [por] espitien^ia. Las letras que ponemos entre paréntesis fueron cortadas por 
alguno que quiso arreglar el manuscrito. Es de advertir que el P. Ribera, que conoció ü copió 
esta nota, no traslada a su Vida de la Santa las palabras borradas. 

5 Borrado: que. 



448 CñMINO DE PERFECCIÓN 

está tan satisfecha en esta oración de quietud, que lo más contino debe 
estar vnida la potencia de la voluntad con el que sólo puede satisfazerla. 

Parézeme que será bien dar aquí algunos auisos para las que de 
vosotras, hermanas, el señor ha llegado aquí, por sola su bondad, 
que sé que son algunas. El primero es, que como se ben en aquel 
contento y no saben como les vinq, a lo menos ven que no le pueden 
ellas por sí alcanzar, dales esta tentación, que les pareze que le po- 
drán detener, y aun resollar no querrían. Y es vobería, que ansí como 
no podemos hazer que amanezca, tanpoco podemos que dexe de anoche- 
zer; no es ya obra nuestra, que es sobrenatural y cosa muy sin 
poderla nosotros adquirir. Con lo que más deternemos esta merced, es 
con entender claro que no podemos quitar ni poner en ella, sino reci- 
birla, como indigníssimos de merecerla, con hazimiento de gracias; y 
éstas no con muchas palabras, sino con vn alpar los ojos con el pu- 
blicano. 

Bien es procurar más soledad para dar lugar a el señor y dexar 
a su magestad que obre como en cosa propia; y quanto más, vna pa- 
labra suabe de rato en rato, como quien da vn soplo en la vela, quan- 
do ve que se ha muerto, para tornarla a encender; mas si está ardiendo, 
no sirue de más de matarla, a mi iparezer. Digo que sea suabe cosa 
el soplo, porque por concertar muchas palabras con el entendimiento, 
no ocupe la voluntad. 

Y nota mucho, amigas, este auiso que agora quiero dezir, porque 
os veréis muchas vezes que no sabréis qué hazer, ni podréis valer 
con essotras dos potencias. Que acaeze quedar el alma con grandíssima 
quietud, y andar el entendimiento, o pensamiento, tan remontado, que 
no pareze que es en su casa aquello que pasa; y ansí lo pareze en- 
tonces, que no está sino en casa agena por huésped, y buscando otras 
posadas adonde estar, que aquélla mo le contenta, porque sabe poco 
qué cosa es estar en vn ser. Por ventura es sólo el mío, y no deben 
de ser ansí otros. Conmigo hablo, que algunas vezes me deseo mo- 
rir, de que no puedo remediar esta variedad del entendimiento. Otras 
vezes pareze hazer asiento en su casa, y acompaña a la voluntad, que 
quando todas tres potencias se conciertan, es vna gloria. Como dos 
casados que se aman, que el vno quiere lo que el otro; mas si vno 
es mal casado, ya se ve el desassosiego que da a su muger. flnsí que 
la voluntad, quando se ve en esta quietud, 'no haga caso del entendi- 
miento, o pensamiento, o ymaginagión, que no sé lo que es, más que 
de vn loco, porque si le quiere traher consigo, forzado ha de inquietar 
y occupar algo. Y en leste punto de oración todo será trabajar y no 
ganar más, sino perder lo que le da el señor sin ningún trabajo suyo. 

Y advertí mucho a esta comparación, que me pareze quadrar, y que 
lo da a entender (1). Está el alma como vn niño que aún mama quan- 
do está a los pechos de su madre,, y ella, sin que él paladee, héchale 
la leche en la voca por regalarle, ñnsí es acá, que sin trauajo del en- 
tendimiento, está amando la voluntad, y quiere el señor que, sin pensar- 
lo, entienda que está con |él, y que sólo trague la leche que su mages- 



1 Borrado: mucho. 



CAPITULO XXXI HH9 

tad le pone en la voca, y goze de aquella suauidad, que cognozca que 
el señor le está haciendo aquella merced, y se goze de gozarla; mas 
no quiera entender cómo la goza, y qué es lo que goza, sino descuídesse 
entonzes de sí, que quien está cabe ella, no se descuidará de ver lo 
que le combiene. Porque si va a pelear con el entendimiento para darle 
parte, trayéndole consigo, no puede a todo; forzado dexará caer la 
leche de la voca, y pierde aquel mantenimiento diuino. 

En esto diferencia esta oración, de quando está toda el alma vnida 
con dios, porque entonzes aun solo este tragar el mantenimiento no 
haze; dentro de sí, sin entender cómo, le pone el señor, ilquí pareze 
que quiere trabaje vn poquito el alma, aunque es con tanto descanso, que 
casi no se siente. Quien la atormenta es el entendimiento, o ymagitta- 
ción; lo qual no haze quando es vnión de todas tres potentias, porque 
la subspende el que la crió de manera, (1) que con el gozo que da, 
todas las ocupa sin saber ellas cómo, ni poderlo entender. Ansí que, 
como digo, en sintiendo en sí esta oración, que es vn contento quieto 
y grande de la voluntad, sin saberse determinar de qué es señaladamente, 
aunque bien se determina que es differenííssimo de los contentos de 
acá; que no bastaría señorear el mundo con todos los contentos del 
para sentir en sí el alma aquella satisfación, que es en lo ynterior de 
la voluntad. Que otros contentos de la vida parézeme a mí que los 
goza lo exterior de la voluntad, como la corteza della, digamos. 

Pues quando se viere en este tan subido grado de oración, que es, 
como he dicho ya, (2) sobrenatural, si el entendimiento, o pensamiento, 
por más me declarar, a los mayores desatinos del mundo se fuere, ríase 
del y déxele para nescio;, y lestésse en su quietud, que él yrá y verná; 
que aquí es señora y poderosa la voluntad; /ella se le traherá sin que os 
occupéis. Y si quiere a fuerza de brazos traherle, pierde la fortaleza que 
tiene para contra él, que viene de comer y admitir aquel diuino sus- 
tentamiento, y ni el vno ni el otro ganarán nada, sino perderán en- 
trambos. Dizen que quien mucho quiere apretar junto, lo pierde todo; 
ansí rae pareze que será aquí. La experiencia dará esto a entender, 
que quien mo la tubiere, no me espanto que le parezca muy obscuro 
y cosa no necesaria. Mas ya he dicho que con poca que aya, lo en-» 
tenderá y se podrá aprovechar dello, y alabará a el señor porque fué 
seruido se acertasse a dezir aquí (3). 

Pues concluyamos con que puesta el alma en esta oración, ya 
pareze que el padre eterno le ha concedido su petición de darle acá 
su reyno. ¡O dichosa demanda, que tanto bien en ella pedimos sin en- 
tenderlo! ¡Dichosa manera de pedir! Por eso quiero yo, hermanas, que 
miremos cómo rezamos esta oración del paternóster y todas las de- 
más vocaleá; porque, hecha dios esta merced, descuidarnos hemos de 
las cosas del mundoi, (^) que llegando el íseñor, a todo lo hecha fuera. 
Mo digo que todos los que la tubieren, por fuerga estén desasidos del 
todo del mundo; a lo menos querría que entendiessen lo que les falta, 



1 Bonado: por. 

2 Borrado: conocidamente. 

3 Borrado: agota. 

4 Borrado: por. 

III 29 



450 CAMINO DE PERFECCIÓN 

y se humillen y procuren yrse desasiendo del todo, porque, si no, 
quedarse ha aquí. El alma/ a quien dios le da tales prendas, es señal 
que la quiere para mucho: si no es por su culpa, yrá muy adelante. 
Mas si ve que puniéndola el reyno de los cielos delante en su casa, 
se torna a la tierra, no sólo no la mostrará los secretos que ay en 
su reyno, mas serán pocas vezes las que le haga este fauor y breue 
espacio. 

Ya puede ser engañarme !yo len testo, mas Véolol y sé que pasa ansí, 
y, tengo para mí, que por esto no ay muchos más spirituales; porque 
como no responden en los seruicios conforme a tan gran merced, ni 
tornan (1) a -aparejarse e reoebirla, sino ^ntes a sacnw a (2) el señor de 
las manos la voluntad que ya tiene por suya y ponerla en cosas vajas, 
vase a buscar adonde le quieran para dar más, aunque no quita del 
todo lo dado, quando se uiue con limpia cons^ien^ia. Mas ay perso- 
nas, y yo he sido vna dellas, que lestá el señor enterneciéndolas y dán- 
dolas inspiraciones sanctas, y luz de lo que íes todo, y, en fin, dán- 
doles este reyno, y puniéndolos len esta oración de quietud, y «lias ha- 
ziéndose sordas. Porque son tan amigos de dezir muchas oraciones 
vocales muy aprisa, como quien quiere acabar su atarea, como iv¿nen 
ya por sí de dezirlas cada día, que, aunque como digo, les ponga el 
señor su reyno en las manos, no le admiten; sino que ellas, con su 
rezar, piensan que hazen mejor y se diuirten. 

Esto no hagáis hermanas, sino estad sobre auiso cuando el señor (3) 
«os ygiere esta merced; mira que perdéys vn yran tesoro, y que á^éys 
Imucho más con vna palabra de cuando en cuando del Paternóster, 
que con degyrle muchas ve(?es apriesa: está muy junto a quien pedís, 
no os dejará de oyr; y creé que ,aquí es el verdadero alabar y san- 
tificar de su nonbre, porque ya, como cosa de su casa, glorificáys a 
el señor, y alabáysle con más afegión y deseo, y parece no podéys 
dejarle de servir.» 



1 Borrado: con no tomar. 

2 Borrado: sacar. 

3 Aquí le falta una hoja al manuscrito, y como la edición de Evora no publicó este 
capítulo, tomamos del autógrafo de Valladolid las líneas siguientes con que termina. 



CAPITULO XXXII 



QUE TRATA DESTñS PALABRAS: FIAT VOLUNTAS TUA SICUT IN CÁELO ET IN TERRA, 
Y LO MUCHO QUE HACE QUIEN LAS DIZE CON TODA DETERMINACIÓN Y QUAN 
BIEN SE LO PAGA EL SEÑOR (1). 



ñgora que nuestro buen maestro nos a pedido y ■enseñado a pedir 
cosa de tanto valor, que encierra en sí todas las cosas que acá po- 
demos dessear, y nos a hecho tan gran merced como hacernos hermanos 
suyos, veamos qué quiere que demos a su padre, y qué le ofrece por 
nosotros, y ques lo que pide, que razón es lo simamos con algo tan 
grandes mercedes. ¡O buen Jesús! que tan poco dais (poco de nuestra 
parte, conforrhe a nuestra flaqueza) (2), ¿cómo pedís mucho para nos- 
otros? Dexado que ello en sí es harto poco para adonde tanto se 
deue, y para tan gran dios (3). Mas cierto, señor mío, que no nos dc- 
xáis con nada, y que damos todo lo que podemos, si lo damos como 
lo dezimos, digo. 

Sea hecha tu voluntad; como es hecha en el cielo, ansí se haga 
en la tierra. Bien hezistes, nuestro buen maestro, de pedir la petición 
passada, para que podamos cumplir lo que dais por nosotros; porque, 
(4), señor, si ansí no fuera, ynposible me parece. Mas haciendo vues- 
tro padre lo que vos le pedís de darnos acá su Reyno, yo sé que 
os sacaremos verdadero en dar lo que dais por nosotras; porque, he- 
cha la tierra cielo, será possible hazerse en mí vuestra voluntad. Mas 
sin esto, y en tierra tan ruin como la mía, y tan sin fruto, yo no 
sé (5) cómo sería possible; es gran cosa lo que ofrecéis. 

Quando yo pienso esto, gusto de las personas que no osan pedir tra- 
bajos al señor, que piensan que (6) está en esto el dárselos luego. Ni ha- 
blo en los que lo dexan por humildad, pareciéndoles que no serán para 



1 El título, los dos párrafos primeros y parte del tercero, faltan en la copia. Los tomamos 
de la edición de Evora, sin más variaciones que la puntuación. La foliatura no echa de menos 
la hoja, sin duda, como ya ocurrió en el capítulo VIII (página 383), por ser posterior a la pérdi- 
da de ella. 

2 Conforme a nuestra flaqueza. Esta frase no se lee en los autógrafos, pero como 
D. Teutonio incluye las adiciones de la Santa sin advertirlo, ni darlo a entender con distin- 
to tipo de letra, o de otro modo cualquiera, ignoramos si serán palabras de ella o de algún 
corrector. 

3 Señor, dice el autógrafo de Valladolld. 

4 Cierto, añade el autógrafo. 

5 Señor, afiade el original. 

6 Esta palabra no la trae el original. 



^52 CAMINO DE PERFECCIÓN 

sufrirlos; aunque tengo para mí que, quien les da amor para pedir 
este medio tan áspero para mostrarle, le dará para sufrirlos. Querría 
preguntar a los (1) que por temor noios piden, de que luego se los han 
de dar, lo que dizen quando suplican a el señor cumpla su voluntad 
en ellos, o es que Ho dizen por dezir lo que todos, mas no para 
hazerlo; esto, hermanas, no sería bien. Mira que pareze aquí el buen 
JHS nuestro enbajador, y que ha querido entreuenir entre nosotros 
y su padre, y no a poca costa suya; y no sería razón que lo que 
offreze por nosotros, dexássemos de hazerlo verdad (2). Aora quiérolo 
llenar por otra uía. Mira, hijas, ello se ha de cumplir, que queramos 
o nO', y se ha de hazer su voluntad en el cielo y en la tierra, toma 
mi parezer y créeme, y hazé de la nescesidad virtud. 

¡O señor mío, qué regalo es éste para mí, que no dexássedes 
en querer tan ruin como el mío el cumplirse vuestra voluntad! Bendito 
seáis para siempre, y alaben os todas las cosas. Sea glorificado vues- 
tro nombre por siempre. Buena esíubiera yo, señor, si estubiera en mi 
mano el cumplirsse vuestra voluntad en el fielo y [en] la tierra, o no. 
Hora la mía os doy libremente, con vuestro favor, aunque ha tiempo que 
no va libre de interesse; porque ya tengo probado, y gran experiencia 
dello, la ganancia que es dexar libremente mi voluntad en la vuestra. 
jO amigas, qué gran ganangia ay aquí, o qué gran pérdida, de no 
cumplir lo que dizimos a el señor en el paternóster, en esto que le 
of repemos ! 

ñntes que os digua lo que se gana, os quiero declarar lo mucho 
que offrecéis, no os llaméis después a engaño, y digáis que no lo en- 
tendistes. No sea como algunas religiosas que no hazemos sino pro^ 
meter, y como no lo cumplimos, ay este reparo de dezir que no se 
entendió lo que prometía. Ya puede ser, porque dezir que dexaremos 
nuestra voluntad en otra, pareze muy fácil, hasta que, probándose, se 
(entiende que es la cosa más re^ia que se puede hazer, si se cumple como 
se ha de cumplir. Mas no todas vezes nos llenan con rigor los perla- 
dos de que nos ven flacos; y, a las vezes, flacos y fuertes llenan de 
vna suerte. Acá no es ansí, que sabe el señor lo que puede sufrir cada 
vno, y a quien ve con fuerza, no se detiene de cumplir con él su 
voluntad. 

Pues quiéroos anisar y acordar qué es su voluntad. No ayáis 
miedo que sea daros riquezas, ni deleytes, ni honrras, ni todas estas 
cosas de acá; no os quiere tan poco, y tiene en mucho lo que le 
dais, y quiéreoslo pagar bien, pues os da su rey no aun viniendo. ¿Que- 
réis ver cómo se ha lel señor con los que de veras le dicen esto? 
Preguntadlo a su hijo glorioso, que se lo dixo guando la oración 
del huerto. Como fué dicho con determinación y de toda voluntad, 
mira si la cumplió bien |en él en lo que le dio de trauajos, dolores, 
ynjurias y persequciones ; en fin, hasta que se le acabó la vida con 
muerte de cruz. 

Pues beis aquí, hijas mías, lo que dló a quien más amaba, por donde 



\ Aquí comienza de nuevo la copia. 
2 Borrado: o no lo digamos. 



CAPITULO XXXII 453 

s€ entiende quál es su voluntad. Ansí que ¡éstos [son] (1) sus dones en 
este mundo. Va coniforme a el amor que nos tiene: a los que más 
ama, da más destos dones; mas a los que menos, menos, y conforme 
a el ánimo que ve en cada vno y el amor que tienen a su magestad. 
Quien le amare mucho, verá que puede padezer mucho por él; a el 
que amare poco, poco. Tengo yo para mí, que la medida de poder 
lleuar gran cruz, o pequeña, es la del amor, ñnsí que, hermanas, si 
le tenéis, procura que no sean palabras de cumplimiento las que dezís 
a tan gran señor, sino /esforzaos a pasar lo que su magestad quisiere. 
Porque si de otra manera dais la voluntad, es mostrar la joya, y yrla 
a dar, y rogar que la tomen; y quando estienden la mano para to- 
marla, tornarla vos a guardar muy bien. 

No son estas burlas para con quien le hizieron tantas por nos- 
otros; aunque no obiera otra cosa, no es razón que burlemos ya 
tantas vezes, que no son pocas las que se lo dezimos en el paternóster. 
Démosle ya una vez la joya del todo, de quantas acometemos a dársela; 
es verdad que no nos da primero para que se la demos. Los del 
mundo harto harán si tienen de verdad determinación de cumplirlo. 
Vosotras, hijas, diziendo y haziendo, palabras y obras, comQ a la verdad 
pareze hazemos los religiosos; sino que, a las vezes, no sólo accomete- 
mos a dar la joya, sino ponémossela en la mano, y tornámossela a 
tomar. Somos tan francos de presto, y después tan escasos, que val- 
dría en parte más que nos hubiéramos detenido en el dar. 

Porque todo lo que os he auisado en este libro, va dirigido a este 
punto de darnos del tod'oi a el criadoír', y poner nuestra voluntad en la 
suya y desasirnos de las criaturas, y teméis ya entendido lo mucho que 
importa, no digo más en ello; sino diré para qué pone aquí nuestro 
buen maestro estas palabras (2), como quien sabe lo mucho que ganare- 
mos de hazer este seruicio a su eterno padre; porque nos disponemos 
para que, con mucha breuedad, veamos que habernos acabado de andar el 
camino, como acá se puede ver, y veváys (3) del agua uiua de la fuente 
que queda dicha. Porque sin dar nuestra voluntad del todo a el señor, 
para que haga en todo lo que nos toca conforme, a ella, nunca dexa (4) 
beber desta agua, (5) que es contemplación perfecta, lo que dixistes 
os scribiesse. 

Y en ella (6), como ya tengo scripto, ninguna cosa hazemos de nues- 
tra parte, ni trabajamos, ni negociamos, (7) que todo lo demás estor- 
ua (8); basta dezir con verdadera determinagión fíat voluntas tua: 
cúmplase señor en mí vuestra voluntad de todos los modos y maneras 
que vos, señor mío, quisiéredes. Sí queréis con trauajos, dadme esfuerzo, 
y vengan; si con persequciones, y enfermedades, y deshonras, y nesce- 
sidades, aquí estoy, no volueré el rostro, padre mío, ni es razón bolua 



1 Tomamos esta palabra del autógrafo de Valladolid. 

2 Bonado: dichas. 

3 Borrado: y bebiendo. 

4 Bonado: de. 

5 Borrado: esto. 

6 Borrado: en esto. 

7 Bonado: ni es menester más, por. 

8 Borrado: o impide de. 



^54 ' CAMINO DE PERFECCIÓN 

las spaldas. Pues vuestro hijo dio en nombre de todos (1) mi voluntad, 
no es razón falte por toi parte; sino tfue me hagáis vos merced de darme 
vuestro reino para que yo lo pueda hazer, pues él me le pidió, dispo- 
ned en mí como en cosa vuestra, conforme a vuestra voluntad. 

¡O hermanas mías, qué fuerza tiene este don! No puede menos, 
si va con la determinación que ha de yr, de traer nuestra vageza 
a ser una con el todopoderoso, e tran[s]formarla em dios (2) y hazer 
vna vnión de la criatura con el criador (3). Mirad si quedaréis bien 
pagadas, y si tenéis buen maestro, que como sabe por dónde ha de 
ganar la voluntad de su padre, enséñanos cómo} y con qué le habemos 
de seruir. 

Y mientras más se va entendiendo por las obras que no son pa- 
labras de cumplimiento, más nos llega el señor a sí, y nos leuanta de 
todas las cosas de acá y de nosotros (4) mismos para habilitarnos a 
rescebir grandes mercedes, que no acaba de pagar en esta vida este 
seruicio. En tanto le tiene, que ya nosotros no sabemos qué le pedir, 
y su magestad nunca se cansa de dar; porque no contento con tener 
hecha esta alma vna cosa consigno, por haberla ya vnido consigo 
mismo, comienza a regalarse con ella, y a descubrirle secretos!, y a hol- 
garse de que entienda lo que ha ganado, y cognozca algo de lo que 
tiene por dar. Házela yr perdiendo estos sentidos exteriores, porque 
no se la occupe en nada: esto es arrobamiento; y comienza, a tratar de 
tanta amistad, que no sólo la torna a dexar su voluntad para que 
más y más le sirva, mas dale la suya con ella; porque se huelga el 
señor, ya que trata de tanta amistad, que manden a vezes, como dizen, 
y cumplir él lo que ella le pide, como ella haze lo quél manda, y 
mucho mejor, porque es poderoso y puede quanto quiere, y no dexa 
de querer. 

La pobre alma, aunque quiere, no puede todas vepes lo que que- 
rría (5), ni puede nada sin que se lo den; y ésta es su mayor riqueza; 
quedar más adeudada mientra más sirue, y muchas vezes se fatiga (6) 
de verse subieta a tantos inconbenientes, y embarazos y ataduras como 
trahe el estar en la cárcel deste cuerpo, porque querría pagar algo 
de lo que debe, y es harto voua de fatigarse. Porque, aunque haga 
lo que es en sí, ¿qué puede pagar, pues, como dixe, no tenemos que 
dar si no lo rescebimos, sino cognopernos, y esto que podemos, con 
el favor de dios, que íes dar nuestra voluntad, hazerlo cumplidamente? 
Todo lo demás, para el alma que dios ha llegado aquí, le enbaraza, y 
haze daño, y no prouecho; (7) sola la humildad es lo que puede algo, y 
ésta no adquirida por el entendimiento, sino con vna clara verdad que 



1 Borrado: esta. 

2 De traer nuestra vageza, etc., parece de la Madre Jerónima, que borra de la copia: de 
traer a el todopoderoso a ser vna cosa con nuestra vageza y trasformar en sí. 

3 De la criatura con el criador, enmienda Jerónima del Espíritu Santo. La copla decía: 
del criador con la criatura. 

4 La primera sílaba de esta palabra parece de la M. Jerónima, ü la segunda de la Santa. 
La palabra sustituye a un sí de la copia, que una de las correctoras borra. 

5 Borrado: lo que querría, que la Santa vuelve a escribir. 

6 Bonado: da (fatigada). 

7 Borrado: porgue. 



CAPITULO XXXII 455 

comprehende en vn momento lo que en mucho tiempo no pudiera 
alcanzar, traua jando la ymaginación de lo muy nada que somos y de 
lo muy mucho que íes dios. 

Doos vn auiso: que no penséis por fuerza y diligen9ia vuestra alle- 
gar (1) aquí, que 'es por demás; antes si teníades deuoción, quedaréis 
frías; sino con simplicidad y humildad, que es la que lo acaba todo, 
decir fíat voluntas tua. 



1 Llegar, dice Santa Teresa en el autógrafo. 



CñPITULO XXXIII 



EN QUE TRATA Lfl GRHN NESCESIDAD QUE TENEMOS DE QUE EL SEÑOR iMOS 
DE LO QUE PEDIMOS EN ESTAS PALABRAS: PANEM NOSTRUM QUOTIDIANUM, 
DA NOBIS HODIE. 



Pues entendiendo el buen JHs. quán dificultoso era esto que offreze 
por nosotros, cognosgiendo nuestra miseria (1), que muchas vezes hazemos 
entender que no entendemos quál es la voluntad del señor, como sonjos 
flacos, (2) y que era menester medio para cunplirlo, pídenos al padre 
eterno rremedio tan soberano como es este pan de cada día del santí- 
simo sacramento, que da faergu y fortalega (3); porque dezir a un rega- 
lado y rico, que es la voluntad de dios tfue tengan quenta con moderar 
su plato para que coman otros siquiera pan, que mueren de hambre, 
sacarán mili razones para no entender esto, sino a su propósito. Pues 
dezir a un murmurador que es la voluntad de dios querer tanto para 
su próximo como para sí, no lo puede poner a pa^ientia, ni basta 
razón para que lo quiera hager aunque lo entienda. Pues dezir a un 
religioso, que está mostrado a libertad y regalo, que ha de tener quenta 
con que ha de dar exempla, y que mire que ya no son solas palabras 
con las que ha de cumplir quando dize esta palabra, sino que lo ha 
jurado y prometido; y ique es voluntad de dios que cumpla sus votos, 
y mire que si da escándalo que va muy contra ellos, aunque no del 
todo lo quebranta; y que ha prometido probeza, (4) y que la guarde sin 
rodeos, que esto es lo que el señor quiere, tanpoco no hay remedio 
aun aora de quererlo algunos, ¿qué hiziera si el señor no hiziera lo 
más con el remedio que puso? No hubiera sino muy poquitos que guar- 
daran (5) esta palabra que por nosotros dixa a el padre: fiat voluntas 
tua. Pues viendo el buen JHS. la nescesidad, buscó este (6) medio admi- 
rable adonde nos mostró el extremo de amor que nos tiene, y en su 
nombre y en el de sus hermanos, dio esta petición. El Pan nuestro 
de cada día, dádnoslo oy, señor. 



1 Borrado: flaqueza. 

1 Borrado: y él tan piadoso. 

3 Borra la Santa: porque vio que. en ninguna maneta nos convenía, porque está en ello 
toda nuestra ganancia; pues cumplirlo, vio ser diñcultoso. 

4 Pobreza, escribe siempre Santa Teresa. 

5 Guardaran. Esta palabra viene entre líneas, u aunque tiene algún parecido con la letra 
de la Santa, nos inclinamos a creer que no es de ella. El copista se dejó en el tintero cumplie" 
tan, a que suple el corrector con el vocablo indicado. 

6 Borrado: un. 



CAPITULO XXXIII 457 

Entendamos, hermanas, por amor de dios, esto que pide nuestro 
buen maestro, que nos va la vida en no pasar de corrida por ello, 
y tené en muy poco lo que habéis dado, pues tanto habéis de rescebir. 
Parézeme aora a mí, debajo de otro mejor pareszer, que visto el buen 
Jhus. lo que había dado por nosotros, y cómo nos importa tanto 
darlo, y la gran dificultad, como está dicho, por ser nosotros tales 
y tan inclinados a cosas va jas, y de tan poco amor y ánimo, que era 
menester ver el suyo para despertarnos, y no vna bez, sino cada 
día, que aquí se debía de determinar de quedarse con nosotros. Y 
como era cosa tan graue y de tanta importancia, quiso que viniesse 
de la mano del eterno padre. Porque, aunque eran vna misma cosa, 
y sabía que lo que (1) el hiziesse en la tierra lo haría dios en el cielo, 
y lo ternía por bueno, pues su voluntad y la de su padre era toda vna, 
era tanta la humildad del buen Jhus., que quiso como pedir licencia; 
porque ya sabía él que era amado del padre, y que se deleytaua en él. 
Bien entendió que pedía más en esto que había pedido en lo demás, 
porque ya sabía la muerte que le habían de dar, y las deshonrras y 
afrentas que había de padezer. 

Pues ¿qué padre huuiera, señor, que habiéndonos dado su hijo, 
y tal hijQ, y parándole ,tal, quisiera consentir que se quedara entre nos- 
otros? (2) Por 9ierto, señor, ninguno, sino el vuestro: bien ¡sabéis a quién 
pedís. ¡O, válame dios, qué gran amor del hijo, y qué gran amor el 
del padre! ñun no me spanto tanto del buen JHs., porque ya había 
dicho fíat voluntas tua, habíalo de cumplir como quien es. Sé (5) que no 
es como nosotros, pues como sabe que la cumplía (4) con amarnos como 
a sí mismo, así andubo a buscar cómo cumplir con mayor cumplimien- 
to, aunque fuessip a su costa, este mandamiento. Mas vos, padre eter- 
no, ¿cómo lo consentís? ¿Por qué queréis ver cada día/ a vuestro hijo en 
tan ruines manos? Ya que vna vez quisistes y consentistes lo stubiesse, 
ya ves cómo le pararon. ¿Cómo puede vuestra piedad verle hazer in- 
jurias cada día? ¡Y quántas deben hoy de hazer a este santíssimo 
sacramento! ¡En qué de manos enemigas le debe de ver el padre! ¡Qué 
de desacatos destos herejes! 

¡O señor eterno! ¿Cómo aceptáis tal petición? ¿Cómo lo consentís? 
No miréis su amor, que a trueco de hazer cumplidamente vuestra vo- 
luntad, y de hazer por nosotros, se dexará cada día hazer pedazos. 
Vuestro es mirar, señor mío, ya que a vuestro hijo no se le pone 
cosa delante. ¿Por qué ha de ser todo nuestro bien a su costa? ¿Por- 
que calla a todo y no sabe hablar por sí sino por nosotros? Pues, ¿no 
ha de haber quien hable por este amantíssimo cordero? He mirado yo 
cómo en esta petición sola duplica las palabras, porque dize (5): pan 
cada día, y torna, a dezir: dádnoslo oy, señor. (6) Es como dezir que 
ya vna vez nos le dio, que no nos le torne a quitar hasta que se acabe 



1 Lo que. De la M. Jerónima parece esta adición, que se conforma al original valisoletano. 

2 Borrado: cada día. 

3 Sí, se lee en el autógrafo. 

k Cumple, escribió el copista, a quien la Santa enmienda. 

5 Borrado: y pide ptimeto que le deis este. 

6 Borrado: Done íanbién delante a su padte. 



458 CAMINO DE PERFECCIÓN 

el mundo; que le dexe seruir cada día. Esto os enternezca el corazón, 
hijas mías, para amar a nuestro sposo, que no ay esclauo que de 
buena gana digua que lo es, y que el buen jhus. pareze se honrra dello. 
¡O padre eterno, que mucho mereze esta humildad! ¡Con qué 
thesoro compramos a vuestro Jiijo! Venderle, ya sabemos que por treynta 
dineros; mas para comprarlo, no ay precio que vaste. Y como se haze 
aquí vna misma cosa con nosotros, por la parte que tiene de nuestra 
naturaleza, y como señor de su voluntad, lo acuerda a su padre, que 
pues es suya, que nos la puede dar, y así dize: pan nuestro. No haze 
diferencia del a nosotros, pues no lo agamos nosotros, porque, jun- 
tando nuestra oragión con la suya, terna mérito delante de dios para 
alcangar lo que pidiere (1). 



1 Borrando: mas haze a nosotros. Aquí el copista omitió una línea del autógrafo que, 
con otras palabras, suple la Santa. 



CAPITULO XXXIV 



PROSIGUE EN LA MISMA MATERIA. ES MUY BUENO PARA DESPUÉS DE HABER RE- 
CEBIDO EL SflNTISSIMO SACRAMENTO. 



Pues €n €sta petición de cada día, pareze que es para siempre. 
Estando yo pensando por qué después de haber dicho el señor: cada 
día, tornó a dezir: dánoslo oy, señor nuestro. Parézcmc a mí que dixo 
cada día, porque acá le posehemos en la tierra y le poseeremos tam- 
bién en el cielo, si nos aprouechamos bien de su compañía; pues no 
se queda para otra cosa con nosotros, sino para ayudarnos, y animar- 
nos (1) y substentarnos a hazer €sta voluntad, que hemos dicho se 
cumpla en nosotros. 

Mas el dezir oy, es para vn día, que es mientras durare el mun- 
do, no más: ¡y bien un día! Y para los desuenturados que se condenan, 
que no le gozan en la otra (no es a (2) culpa del señor si se dexan 
benzer, que él no los dexará de animar hasta el fin de la vatalla), no 
ternán con qué disculparse, ni quexarse del padre porque se lo tomó 
a el mejor tiempo. Y ansí le dize su hijo, que, pues no es más de vn día, 
se le dexe ya pasar en seruidumbre; que pues su magestad ya nos le 
dio y embió a leí mundo (3), que el quiere agora (^) no desamparar- 
nos, sino estarse aquí con nosotros, para más gloria de sus amigos y 
pena de sus enemigos. Que no pide más de oy, aora nuebamente, que 
el auemos dado este pan sacritíssimo; su magestad nos le dio, como 
he dicho, este mantenimiento y manná de la humanidad, que le halla- 
mos como queremos, y que si no es por nuestra culpa, no moriremos 
de hambre, que de todas quantas maneras quisiere comer el alma, 
hallará en el santíssimo sacramento sabor y consolación. No ay nes- 
cesidad, ni trabajo, ni persequcióri que no sea fácil si comenzamos a 
gustar de los suyos. 

Pedí vosotras, hijas, con este señor a el padre que os dexe oy 
a vuestro sposo, que no os veáis en este mundo sin él; que baste 
para templar tan gran contento que quede tan disfrazado en estos 
accidentes de pan y vino, que es harto tormento para quien no tiene 



1 Mnimarmos, dice por equivocación la copia. 

2 Borrado: su. 

3 Borrado: por sola su bondad. 

4 Borrado: por la suya propia. 



^60 CAMINO DE PERFECCIÓN 

otra cosa que amar, ni otro consuelo; mas suplicalde que no os 
falte, y os dé aparejo para recebirle dignamente. 

No tengáis cuidado de otro pan las que muy de veras os habéis 
dexado en la voluntad de dios; digo en estos tiempos de oración 
que tratáis cosas muy importantes, que otros tiempos ay para que 
trauajéis y ganéis de comer, mas no con lel cuidado, ny queráis gas- 
tar en esso el pensamiento en ningún tiempo; si no trauaje el cuer- 
po, que es bien procuréis sustentaros, y descanse el alma, como lar- 
gamente queda dicho. Es vuestro sposo, que el os acompañará (1). 

Esto es como quando entra vn criado a seruir, tiene quenta con 
contentar a- su señor en todo; mas él está obligado a dar de comer 
a el sieruo mientras lestá en su casa y le sirue, saluo si no es tam 
pobre, que no tiene para ¡si ni para el. ñcá cesa esto: siempre es y 
será rico y poderoso. Pues po sería bien andar el criado pidiendo 
de comer, pues sabe que tiene cuidado su amo de dárselo, y le ha 
de tener. Con razón le dirá que se ocupe él en serbirle y en cómo 
le ha de contentar, que por andar ocupado el cuydado en lo que 
no le ha de tener, no 'haze cosa a derechas. Ansí que, hermanas, tenga 
quien quisiere cuydado de pedir esse pan; nosotras pidamos a el padre 
eterno que merezcamos pedir el nuestro pan celestial de manera, que 
ya que los ojos del cuerpo no se pueden deleytar en mirarle por estar 
tan encubierto, se descubra a los del alma y ise le dé a cognoszer, que 
es otro mantenimiento de contentos y regalosi, y que substenta la vida. 

¿Pensáis que no es mantenimiento aún para estos cuerpos este san- 
tíssimo manjar, y gran medicina aún para los males corporales? Yo 
sé que lo es, y cognozco vna persona de grandes enfermedades que 
estando