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Full text of "Obras completas de Diego Barros Arana"

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OBRAS COMPLETAS 



DIEGO BARROS ARANA 



OBRAS COMPLETAS 



DIEfiO BÁBSflS ÁRAM 



TOMO V 



limi lE WDB UlM 



(^3^2í^;^^2P^!^ 



SANTIAGO DE CHILE 

BANDEKA, 50 

1910 







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A.ID^V"EI?,TElsr C I^é^ 



El ejercicio de composición en las clases de literatura es 
tan necesario a los jóvenes como el estudio de los preceptos 
de la retórica. Es rzecesario habituarlos a escribir para que 
aprendan a conocer los resortes de la lengua, el empleo de 
las palabras, el encadenamiento de las ideas. *• 

Este libro, destinado para el uso de los estudiantes de 
nuestros colejios, tiene por objeto el regularizar el trabajo 
de composición. Adoptando el sistema empleado por emi- 
nentes profesores, he querido indicar la gradación que debe 
.seguirse en este trabajo, buscando las materias mas fáciles 
i sencillas para los primeros ensayos, i dejando Jas mas 
complicadas i penosas para cuando los jóvenes han adqui- 
rido, junto con una mayor facilidad de redacción, el hábito 
de coordinar lójicamente sus pensamientos. 

Para ello, he distribuido el libro en doce secciones dife- 
rentes. Los asuntos comprendidos en la primera pueden 
ser tratados por los principiantes que solo conocen las re- 
glas de la gramática; pero en cada sección las dificultades 
son mayores, i exijen mas conocimientos i mas meditación. 
Para facilitar el trabajo de los profesores e indicarles el 
rumbo que deben seguir, en cada sección he puesto un nú- 



* El señor Barros Arana publicó este Tratado de composición li- 
teraria en 1871. — (Nota del Recopilador). 



246469 






MANUAL DR COMPOSICIÓN LITERARIA 



mero considerable de temas que pueden darse a los alum- 
nos para que trabajen su composición; pero los profesores 
podrán formar muchos otros temas tal vez mas apropiados 
que los que contiene este libro. 

En la práctica de la enseñanza, he observado que de or- 
dinario los jóvenes, por no haber meditado el asunto sobre 
que deben escribir, creen que el tema que les ha dado es es 
téril i que no tienen nada que decir. Para probarles lo con- 
trario, he puesto después de cada serie de temas, una serie 
mas reducida de modelos de ejercicios; i para ello, he queri- 
do presentarles excelentes modelos, es decir, trozos litera- 
rios de un verdadero mérito, en que esos temas están trata- 
dos por grandes escritores. En ellos verán los jóvenes que 
los asuntos que a primera vista parecen áridos, se prestan 
a un desarrollo artístico cuando se medita sobre un asunto 
i cuando se sabe escribir. 

Los preceptos jenerales de composición que preceden a 
este libro, i los particulares de cada sección, son estractados 
i aun $n parte traducidos de los que se encuentran en otras 
obras análogas que me han servido de guia en la formación 
de la presente. Debo recordar entre otras las de Sommer, 
Chassang, Barran, Thery, así como un opúsculo de Labou- 
laye, i un libro del abate Bautain, sobre la preparación en 
el arte de hablar. De todos esos libros he tomado algunas • 
observaciones, i todos me han servido para disponer el 
plan jeneral de este Manual. 

Los fragmentos literarios que he reunido como modelos 
de ejercicios, son útiles ademas para un objeto diferente. 
Los mejores preceptos literarios no sirven de nada cuando 
no van acompañados de la lectura de buenos escritores. En 
una clase de literatura, el estudio de las reglas debe hacerse 
al mismo tiempo que el análisis de algunos fragmentos 
bien escritos, sobre los cuales pueden recaer las esplicacio- 
nes del profesor. En los países mas adelantados, esta espli- 
cacion de los autores constituye la parte mas sólida i mas 
útil de la enseñanza literaria. El joven aprende insensible- 
mente el arte de elejir los pensamientos, de encadenarlos 



ADVERTENCIA 



♦entre sí, de darles claridad i de revestirlos conformas agra- 
dables i elegantes. 

Hasta ahora, no liabia podido adoptarse este sistema 
en la enseñanza de la literatura en nuestros colejios por la 
falta de un libro adecuado que contuviera fragmentos esco- 
jidos, que por su naturaleza se prestaran a este uso. Este 
libro tiene también por objeto el remediar esta necesidad. 
Bn él he reunido mas de ciento cincuenta fragmentos esco- 
jidos de diversos autores i sobre las materias mas variadas. 
Al hacer esta compilación, no me he limitado a tomar 
fra2:mentos de una literatura determinada. Los he busca- 
do en todas partes, prefiriendo siempre aquellos que pudie- 
ran contribuir de algún modo a ensanchar los conocimien- 
tos de los jóvenes. Para esta clase de compilaciones, la 
literatura castellana no ofrece un campo bastante rico; 
pero he tomado de ella los mejores trozos líricos de su Par- 
naso, i algunos fragmentos de sus prosadores. Es verdad 
que Cervantes suministra por sí solo un caudal inmenso 
de modelos literarios; pero creo que la lectura de su libro 
inmortal debe ^íer obligatoria a todos los estudiantes de 
literatura, i por lo tanto no liai necesidad de tomar estrac- 
tos de él. 

Para hacer mas útil la lectura de estos fragmentos, he 
puesto al pié de cada uno de ellos algunas notas concer- 
nientes a la biografía del escritor, o destinadas a completar 
ciertas noticias que pueden interesar a los jóvenes. En mu- 
chas ocasiones, i para no recargar iniítilmente las notas, 
cuando se trata de autores de cuya biografía i de cuyas 
obras hai noticias en las Nociones de historia literaria, que 
sirven a los estudiantes como libro elementarme he limi- 
tado a referirme a las pajinas '"* de esa obra. En nuestra 
lengua faltan los diccionarios biográficos i enciclopédicos 
que en otros paises están al alcance de todos los estudian- 



* Como hai varias ediciones de ese libro, hemos reemplazado 
la indicación de las pajinas por la de sus partes, capítulos i párra- 
fos.— (Nota DEL RECOriLADOR). 



MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



tes, i donde pueden consultar las noticias de esta naturale- 
za. Conviene por lo tanto que los libros elementales reme- 
dien por medio de notas i en cuanto sea posible, esta falta. 
En un Apéndice puesto al fin de este libro, encontrarán 
os jóvenes un vocabulario que les indicará la manera de 
vencer una de las dificultades mas serias que ofrece la cons- 
trucción de la frase en la lengua castellana. 



PEEOEPTOS JENEEALES 
IDE CODVCIPOSIOIOIsr 



Para escribir i para hablar regularmente, la ciencia de 
los preceptos no basta. Evidentemente, todas las reglas de 
la retórica sobre el estilo i sobre sus cualidades jenerales i 
accidentales, tienen por objeto el iniciar a los jóvenes en 
los secretos del arte de escribir. Sí ellos han meditado con 
detenimiento esos preceptos, si sobre todo los han aplicado 
a los diversos ejemplos que se encuentran en los libros ele- 
mentales o a los que ellos mismos han podido encontrar, 
habrán aprendido a darse cuenta de las bellezas i defectos 
de los trozos literarios que quieran analizar. Sin duda es 
mucho poseer un juicio crítico bastante seguro para no ad- 
mirar nada i no condenar nada sino con conocimiento de 
causa; pero esto no basta para escribir por sí mismo. Los 
jóvenes necesitan todavía de otro estudio mas práctico sin 
duda que el de los preceptos de la retórica, pero que supo- 
ne el conocimiento de éstos. 

Este estudio no es otra cosa que el ejercicio gradual de 
escribir bajo los auspicios del profesor. En una clase de lite- 
ratura, cuando los alumnos han estudiado los preceptos 
jenerales concernientes al estilo, deben ejercitarse en este 
jénero de trabajos. Al profesor corresponde señalar el tema 
que debe ser tratado por los alumnos, darles las indicacio- 
nes a que han de sujetarse; i en seguida revisar i correjir 
esos ensayos haciendo notar los defectos gramaticales i li- 



10 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

terarios en que han incurrido los jóvenes principiantes. 
Toca a éstos el aplicar cuando escriben los preceptos que 
han estudiado. Aunque este ejercicio, volvemos a rep.etirlo, 
es esencialmente práctico, conviene ajpuntar aquí algunas 
indicaciones que no son inútiles. 



I 



El trabajo de composición se reduce en rigor a tres co- 
sas: encontrar las ideas, elejirlas i por fin ordenarlas. 

Se encuentran las ideas por medio de un examen atento 
del asunto que se quiere tratar. Cuando se conoce bien ese 
asunto, es casi imposible que las ideas no se presenten aun 
a una imajinacion estéril. Con frecuencia los jóvenes, cuan- 
do se les da algún tema sobre el cual deben escribir, preten- 
den que tienen poco que decir, i no saben dónde tomar los 
materiales para llenar el cuadro que se les ha trazado. Es 
cierto que las ideas, como resultado de la memoria, de la 
esperiencia i de la reflexión, pertenecen a la edad en que 
meditaciones mas serias han correjido la lijereza natural 
del espíritu. Sin embargo, no hai edad en que éste esté ab- 
solutamente vacío o sea incapaz de reflexión. Si algunas 
veces la imajinacion de los jóvenes se encuentra enteramen- 
te estéril, deben atribuirlo a su neglijencia o a su atolon- 
dramiento. Es necesario, pues, insistir sobre el examen del 
asunto de que se quiere tratar, considerarlo bajo todas sus 
faces i sacar de él todo lo que él puede producir. Conviene 
facilitar este trabajo a los principiantes trazándoles de una 
manera bastante completa el cuadro que ellos tienen que 
llenar. Sometiéndose a ese cuadro no deben temer dejarse 
arrastrar fuera de su asunto. De esta manera estarán 
apercibidos contra los estravíos de la inesperiencia, pero 
si el plan les ha sido impuesto en cierto modo, no por esb 
dejan de tener una libertad completa para los detalles, i su 
imajinacion encuentra allí un campo limitado pero no es- 
trecho. 



PRECEPTOS .IBNERALES DE COMPOSICIÓN 1 I 

Este examen preliminar del asunto sobre el cual se quie- 
re escribir es uno de los hábitos mas útiles que el espíritu 
puede adquirir en la juventud, uno de aquellos cuya impor- 
tancia se aprecia mejor mas tarde. Muchos jóvenes co- 
mienzan a escribir antes de haber reflexionado algunos 
minutos sobre el tema que se les ha dado; miran como per- 
dido el tiempo empleado en la meditación, i apoderándose 
de la idea que se presenta a su espíritu, la desenvuelven sin 
inquietarse per lo que vendrá en seguida, i se fian en la 
inspiración. Pero nunca es mas segura la inspiración que 
cuando nace de la reflexión. Nunca es mas rica ni mas rá- 
pida la redacción que cuando el escritor ha reunido previa- 
mente sus ideas. Abandonarse a la fantasía del primer mo- 
mento, es arriesgarse a quedar cortado en la mitad del 
trabajo, o a dar a una parte una estension i un desarrollo 
desproporcionados con relación al resto del escrito, como 
si se colocase una c.abeza monstruosa sobre un cuerpo pe- 
queño. Mas tarde, cuando son mas serias i mas vastas 
las materias sobre las cuales se ejercita el escritor, el espí- 
ritu es incapaz de abrazar el conjunto i de penetrar en 
todos sus detalles. No llega entonces a obtenerse sino con 
sumo trabajo lo que un hábito prudente i una práctica 
constante le hubiese hecho fácil en los primeros ensayos. 

Por otra parte, es menester observar que las ideas no 
tienen únicamente su oríjen en la imajinacion: lo tienen 
también en los conocimientos adquiridos. La imajinacion 
por sí misma es bastante limitada; pero el estudio i la lec- 
tura pueden desarrollarla hasta lo infinito: mientras mas 
aprende, mas rica i fecunda se hace; mientras mas se la 
ejercita, mas produce. La lectura de los buenos libros, 
sobre todo, tiende a conseguir este feliz resultado. El espí- 
ritu no debe apropiarse de una manera servil las ideas que 
encuentra en los libros, porque eso puede conducirlo al fin 
a la esterilidad; pero esas ideas le suministran nuevas per- 
cepciones, puntos de comparación con sus propias ideas, i 
por medio de un trabajo insensible, añade nuevas nociones 
a las que ya poseia. 



12 MANUAL UR COMPOSICIÓN LITERARIA 



II 



Cuando las ideas han sido encontradas, es preciso pen- 
sar en elejirlas, en examinar las que conviene desechar i las 
que se deben conservar. 

Las ideas que conviene abandonar desde luego son las 
que tienen con el asunto que se quiere tratar una relación 
menos íntima, i cujo desarrollo seria por esto mismo una 
digresión estraña al tema principal. Se puede hablar de 
todo a propósito de cualquiera cosa: aun se puede decir 
con razón de ciertas obras que lo que a primera vista pa- 
rece el asunto principal, no se encuentra allí mas que para 
unir las digresiones en que el autor se dilata: es una espe- 
cie de punto fijo mui cómodo, porque el autor vuelve a él 
cada vez que percibe que se ha alejado mucho. No puede 
hacerse esto mismo en las composiciones que se encomien- 
dan a los jóvenes: el trabajo que se les exije tiene por obje- 
to desarrollar en ellos esa prudencia de espíritu que hace 
que se trate un asunto de una manera completa, pero sin 
salir de sus límites, con moderación i sobriedad. Hai sin 
duda algo de mas agradable para el vulgo de los lectores 
en las fantasías de. un talento fácil i brillante; pero las 
cualidades que recomendamos son mucho mas preciosas a 
los ojos de jueces espertos como son los hombres de un 
verdadero gusto literario. 

Así, pues, después de un primer trabajo, no nos quedan 
mas que las ideas que nacen del fondo mismo del asunto. 
Pero ¿las conservaremos todas? No. Algunas ideas son flo- 
jas í débiles; debemos renunciar a ellas; otras son vulgares; 
debemos también sacrificarlas. Si queremos conmover, to- 
maremos con preferencia las ideas maS a propósito para 
excitar la sensibilidad: si queremos agradar, insistiremos, 
según las circunstancias, en las ideas agradables o cómi- 
cas. Esta elección dependerá del asunto i del carácter i del 
gusto de las personas a quienes se dirije el escrito. Estas 
son consideraciones que conviene tener presente, pero sin 



PRECEPTOS JENERALIÍS DE COMPOSICIÓN 13 

que se deje por esto de ser natural, porque la naturalidad 
es, como se sabe, una de las primeras condiciones del estilo. 

Hemos aconsejado que se dejen a un lado las ideas que se 
miran como flojas o débiles. En efecto, una idea débil colo- 
cada antes o después de otra idea vigorosa, quita a ésta 
algo de su valor i disminuye la impresión que ésta habria 
producido. Por otra parte, no es necesario decir sobre un 
asunto todo lo que puede decirse: pueden omitirse sin incon- 
veniente las cosas que se presentan naturalmente al espíri- 
tu de todo el mundo, a menos que se sepa darles realce por 
medio de algunas consideraciones nuevas. Insistir sobre 
ideas triviales i trilladas, es injuriar en cierto modo a la in- 
telijencia del lector. 

Declaramos sobre todo la guerra a los lugares comunes. 
Se llaman lugares comunes esas ideas vulgares que se colo- 
can igualmente bien o igualmente mal en todas partes, que 
todo el mundo conoce i que por esto mismo no causan pla- 
cer a nadie. Por ejemplo, en vez de decir simplemente: 
*'Habia vuelto la primavera;" o ^'Corrianlos primeros dias 
de la primavera," se habla del soplo tibio del céfiro, de las 
aves que revolotean, de las flores que crecen, del hielo que 
«e liquida, del ropaje nuevo de la tierra, de los prados, de 
los bosques, de los arroyos, etc.: cosas todas que pueden 
ser dichas tanto mejor cuanto que tienen fórmulas hechas i 
hechas por mano maestra. Han agradado en otro tiempo: 
ahora han llegado a ser fastidiosas. Cada asunto, si se con- 
sidera bien, tiene su lugar común, precisamente es este lu- 
gar común el que conviene evitar. 

Los lugares comunes no consisten solo en descripciones 
usadas: sino también en reflexiones triviales que se repiten 
a cada instante i que no por ser verdaderas dejan de ser 
fastidiosas, puesto que nadie tiene necesidad de que se le 
sujieran. Sin embargo, hai ocasiones en que el lugar común 
es soportable, i es cuando el que escribe es bastante hábil 
para refundirlo naturalmente en el asunto mismo, de modo 
que parece saHr espontáneamente de él i no como añadido 
por via de adorno. Así, continuando, nuestro ejemplo, ese 



14 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

lugar comunjdejla primavera, tan vulgar, tan insoporta. 
ble, perderá algo de su fastidio i de su vulgaridad si se apli- 
ca a un enfermo^jue retenido en su aposento durante todo 
el invierno, puede salir al fin i gozar de los primeros dias de 
la nueva estación. No existirá entonces una descripción je- 
nérica i trillada, porque no es precisamente la primavera lo 
que se describe, sino las sensaciones de aquel que goza de 
de ellas de una manera particular i casi inesperada. En 
el primer caso, la descripción tiene un carácter jeneral: 
en el segundo toma un carácter personal. ¿Qué cosa mas 
repetida i vulgar que la descripción de una tempestad? Sin 
embargo, si colocamos en medio de esta tempestad un per- 
sonaje que nos interesa, si con el cuadro de los grandes sa- 
cudimientos de la naturaleza confundimos el cuadro de las- 
emociones de aqueljque es testigo i que en un momento pue- 
de ser la víctima, la descripción por sí misma tendrá un in- 
terés poJeroso. 

Es un medio de sacar partido del lugar común el hacer 
de él una aplicación particular; pero es verdad que enton- 
ces la palabr¿i deja ser propia, porque en realidad no hai 
lugar común. 

* III 

Lo que mas importa para' la claridad de la C(imposicion 
es el orden de las ideas. Las ideas que consideradas una a 
una pueden ser vigorosas, nuevas, convincentes, pierden en 
gran parte todas estas cualidades si son presentadas con 
confusión. Perturban en tóncesjel espíritu en lugar de ilus- 
trarlo i se destruye así todo su efecto. Para evitar este in- 
conveniente se debe tener cuidado de reunir i de presentar 
sucesivamente todas las ideas de la misma naturaleza, to- 
das las que pueden encadenarse unas con otras sin artificio 
i sin esfuerzo. Solo después de haber agotado completa- 
mente un orden de ideas se puede pasar a ideas nuevas. El 
espíritu del que lee puede entonces clasificar de una manera 
fácil las consideraciones que se han espuesto o los hechos- 



PRECEPTOS JENBRALES DE COMPOSICIÓN 15 

que se le quieren enseñar. Está tanto mejor dispuesto a ins- 
truirse o a dejarse convencer cuanto que para ello tiene que 
hacer menos esfuerzos. 

Tratando así aparte, i como un todo independiente, cada 
serie de ideas, conviene reservar para el fin la idea mas vi- 
gorosa i presentar primero las mas débiles. Ciertas ideas, 
tomadas aisladamente, no tienen mas que un pequeño va- 
lor, i sin embargo, cuando se las agrupa no dejan de produ- 
cir impresión. El método que indicamos es siempre bueno; 
pero lo es particularmente cuando se tiene por objeto per- 
suadir: se prepara así poco a poco el espíritu a lo que se 
quiere obtener; después cuando ya está inclinado, se hacen 
intervenir la consideraciones decisivas que se han dejado de 
reserva, i se acaba por obtener la persuacion. Si, al contra- 
rio, se presentase primero la consideración mas poderosa, 
las que vienen en seguida no harian mas que debilitarla, i 
aquélla acabaria por borrarse de la mente i por perder to- 
do su valor. 

Dispuesta así cada serie de ideas, resta aun que reunir 
todas las series. Es menester hacerlo estableciendo entre 
ellas en cuanto sea posible, la misma gradación que hemos 
recomendado para las ideas de cada grupo. Una vez fijado 
el orden definitivo, el escritor se ocupa de los medios de pa- 
sar de una serie de ideas a otra serie, de una manera senci- 
lla i fácil, a fin de que el conjunto no ofrezca nada de entre- 
cortado i de incoherente. Se obtiene este resultado por me- 
dio de las transiciones. 

Se llama transicicn el laz:>queuneuna idea a otra, cuan- 
do entre ambas no hai un encadenamicuLo lójico. Las tran- 
siciones consisten en ideas intermediarias queestán relacio- 
nadas con lo que acaba de decirse i con lo que va a seguir. 
Algunos ejemplos harán comprender mejor lo que es una 
transición. Flechier, en la oración fúnebre de Turena, que- 
riendo hacer el elojio de Luis XIV, después del elojio de 
aquel famoso jeneral, dice: *'Para recompensar tantas vir- 
tudes (las de Turena) con un honor estraordinario, erapre. 
ciso encontrar un gran rei que creyese ignorar alguna cosa. 



16 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITBRAlilA 

i que fuese capaz de confesarlo". Entonces hace el elojio del 
reí. En el mismo discurso, después dé haber espuesto todas 
las medidas tomadas por Turena para batir al enemigo, 
Flechier pasa así a referirla muerte del héroe. "La Francia 
en suspenso esperaba el éxito de una empresa que, según to- 
das las reglas de la guerra, era infalible. ¡Ah! nosotros sa- 
bíamos todo lo que podíamos esperar, i no pensábamos en 
lo que debíamos esperar". Entonces refiere como Turena 
murió en el campo de batalla. 

Las transiciones deben ser naturales i sencillas, conviene 
evitar cuidadosamente las ideas rebuscadas, los encadena- 
mientos forzados. Si es posible, debe presentarse la segunda 
idea como una consecuencia o un desarrollo de la anterior. 
Las transiciones, ademas, deben ser cortas, como se concibe 
fácilmente. En jeneral, ellas no añaden nada a la idea; i es 
preciso abstenerse en cuanto sea dable,^e hablar para no 
decir nada. Por otra parte, las transiciones mui largas dan 
al estilo un aire pesado i embarazoso. Las transiciones son 
útiles para la claridad de la composición; pero por breves 
que sean, desempeñan bien su oficio. 

Una regla que importa mucho observar es la de hacer sa- 
ber desde el principio el asunto sobre que se escribe, anun- 
ciarlo directa o indirectamente, pero con toda claridad an- 
tes de desarrollarlo. Por no conformarse a este precepto se 
deja por algún tiempo incierto al lector sobre el objeto que 
el autor se propone, i no hai lectura mas fastidiosa que la 
de una composición o de una obra cuyo objeto no se perci- 
be desde el principio. Se necesita mucho injenio para eludir 
este precepto, para interesar al lector con alguna digresión 
a fin de llevarlo en seguida al asunto que el autor se propo- 
ne tratar. 



IV 



Como estos consejos van dirijidos a jóvenes que conocen 
los principios fundamentales dé la retórica, es inútil repetir 
aquí la importancia que tienen la pureza, la claridad, la 



PRECEPTOS JENBRALES DE COMPOSICIÓN 



precisión i la dignidad, cualidades que los preceptistas lla- 
man habituales o necesarias a todo estilo. La propiedad de 
los términos, la corrección de las frases, la nitidez de las 
ideas son, sin duda, condiciones que no pueden faltar en 
ningún escrito; pero el estudio de estas cuestiones es hasta 
cierto punto ajeno de este lugar. Vamos por esto a apuntar 
algunas consideraciones de un orden mas limitado i mas 
práctico. 

En jeneral, una frase mui larga aunque sea bien construi- 
da, fatiga la atención. Una serie de frases cortas cansa por 
su monotonía. Lo mas prudente es buscar siempre el tér- 
mino medio, i no hacer frases ni mui largas ni mui cortas. 
Conviene, sin embargo, advertir que la estension de una 
frase no debe medirse por el número de palabras que encie- 
rra, sino por la mayor o menor facilidad con que se desen- 
vuelve, i que una oración de muchas líneas es corta si mar- 
cha de principio a fin con soltura i desembarazo; pero los 
jóvenes que comienzan» a ensayarse en ejercicios literarios, 
deben comprender que solo a los escritores esperimentados 
les es fácil desenvolverlargas frases conservando siempre la 
claridad i la lójica del lenguaje. 

Lo que hace los períodos pesados i confusos es el gran 
número de frases incidentes que se introducen en ellos. Esas 
frases que no forman parte esencial de la proposición i que 
si bien le añaden alguna idea accesoria, podrian suprimirse 
sin faltar a la claridad, deben usarse con mucha parsimo- 
nia. Esas proposiciones incidentes, sobre todo cuando son 
largas o cuando se multiplican demasiado, tienen el incon- 
veniente de distraer el espíritu largo rato o con mucha fre- 
cuencia de la idea principal. Ademas, se introducen en la 
frase por medio de un número mui limitado de voces, los 
relativos, cuya repetición es en estremo fastidiosa, i aun 
con frecuencia hace oscuro o ambiguo el sentido. 

Desde sus primeros ensayos, los jóvenes deben empeñarse 
en verter sus pensamientos con el menor número de pala- 
bras posible. Deben evitar las perífrasis o circunloquios 
<cuando ellas no dan gracia o elegancia al estilo. 

TUMO V 2 



18 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERAFtlA 

Deben suprimir los pleonasmos, o repetición de una mis- 
ma idea con palabras diferentes, porque esas repeticiones 
alargan el escrito, pero no desarrollan el pensamiento. Pe- 
ro si podemos indicar lijeramente los peligros que es preciso 
evitar, no es fácil decir lo que conviene hacer. Podemos, sin 
embargo, dar una regla jeneral: elíjase siempre para cada 
una de las ideas la forma mas sencilla i mas breve, la que 
va mas directamente al objeto: suprímase sin compasión 
todo lo que no está estrechamente unido al sentido del pen- 
samiento, i cuando se haya espresado así la idea de una 
manera completa, no se vuelva mas a ella sino es para dar- 
le una forma mas nueva i mas clara. Es cierto que si se lle- 
va al estremo este trabajo, la cualidad del estilo que se bus- 
ca puede convertirse en un defecto, i que a fuerza de quitar 
de la espresion lo que parece superfino, se quita lo necesa- 
rio i que con el propósito de ser breve se llega a ser oscuro; 
pero este exceso de precisión no es el defecto en que incurren 
ordinariamente los jóvenes. Por el contrario, la redundan- 
cia, el pleonasmo, la repetición, son los vicios orlinarios 
del estilo de los principiantes. 

En estas materias, la lectura de los buenos libros, el exa- 
men atento del estilo de los grandes maestros enseña mas 
que todos los preceptos. El aprender de memoria numero- 
sos pasajes de los mejores escritores es un ejercicio excelen- 
te. Jeneralmen te este ejercicio es descuidado por los jóvenes, 
sin duda porque no comprenden toda su importancia i por- 
que no ven en él mas que un medio mecánico de cultivar la 
memoria. Deben esperar mucho mas de este trabajo: los fru. 
tos que él produce vienen lentamente i de una manera casi 
insensible, pero son seguros. 



Los discursos que se pronuncian de viva voz, si se quiere 
que ellos no estén reducidos auna vana i estéril palabrería, 
están sometidos a estas mismas reglas. No queremos hablar 
aquí de los discursos escritos de antemano, porque, como 



PRECEPTOS JENERALBS DE COMPOSICIÓN 19 



es fácil comprender, SU autor no podría dispensarse del tra- 
bajo que siempre debe imponerse el escritor: nos referimos 
a los discursos improvisados. 

La improvisación no tiene nada de común con la estéril 
charla. Lejos de dispensar al autor de todo trabajo, exije 
para cada asunto un a preparación larga i seria. La investi- 
gación de la verdad, la reflexión, la lectura son sus condicio- 
nes esenciales; en otros términos, la improvisación no es 
mas que el arte de esponer verbalmente lo que el estudio i 
la meditación nos han enseñado. La primera condición de 
la improvisación comprendida así, es la preparación. Una 
vez elejido o designado el asunto, es menester estudiarlo en 
sí mismo i en todo lo que lo rodea. Debe comenzarse el tra- 
bajo por leer, pero no para buscar en la lectura uno o mas 
rasgos aislados que hacer entrar en el discurso, ni para en- 
contrar el orden i el plan de su obra, sino para estudiar el 
asunto, en la seguridad de que un estudio serio, seguido de 
la meditación, formará el discurso por completo. D.íspues 
de ese estudio detenido, las impresiones superficiales se des- 
vanecen i la memoria no conserva mas que las ideas i los 
hechos que han llamado vivamente la atención del lector. 
Los detalles han desaparecido, pero los grandes rasgos han 
quedado: son ellos los que suministran naturalmente la tra- 
ma del discurso. 

La retórica enseña a distinguir las partes de que se com- 
pone todo discurso i señala los preceptos a que debe so- 
meterse su orden i disposición. Sin embargo, en éste como 
en muchos otros puntos, las reglas no hacen mas que es- 
plicar lo que naturalmente se verifica cuando se da a las 
ideas el encadenamiento mas claro i mas sencillo. No se 
necesita meditar mucho sobre un asunto para saber que 
antes de entrar en materia, conviene llamar la atención del 
auditorio, o que la prueba necesita que haya hechos cono- 
cidos sobre los cuales debe recaer. Las ideas de cada una 
de esas partes se enlazan entre sí de la misma manera que 
las ideas de un escrito, por medio de transiciones cuando 
éstas son necesarias, o por el orden mas natural de suce- 



20 MANUAJ^ DFj composición LITERARIA 

sion cuando las unas nacen naturalmente de las otras 
Pero no basta disponer las partes i aun las ideas de un 
discurso; es menester también que la memoria conserve ese 
orden i las presente al orador en su sucesión regidar. 
Para muchas personas, ésta es una de las grandes dificul- 
tades de la improvisación; pero hai medios mecánicos, por 
decirlo así, para ayudar a la memoria. Los antiguos co- 
nocian estos procedimientos para grabar las cosas i las 
palabras en el espíritu. Es curioso leer en Cicerom los me- 
dios singulares a que acudían para satisfacer esta necesi- 
dad. Relacionaban en la mente sus divisiones i sus argu- 
mentos con los objetos esteriores, con las columnas de un 
templo, las bóvedas de un salón, i por medio de letras i 
figuras completaban sus recuerdos. Esto es lo que Cicerón 
llamaba memoria artificial. "Compónese ésta, agrega mas 
adelante, {Rhetoricum ad Hereunium, III, 16 i 17) de luga- 
res i de imájenes. Por lugares se entienden las obras de la 
naturaleza o del arte a las cuales un carácter de sencillez, 
de perfección o de distinción notable, hace aparentes para 
ser tomadas i abrazadas por la memoria; tales son una 
columnata, un ángulo, una bóveda i otras cosas semejan- 
tes. Las imájenes son ciertas formas, signos, representa- 
ciones de la cosa que queremos retener, como caballos, leo- 
nes, águilas, cuyas imájenes colocaremos en alguna parte 
si queremos guardar el recuerdo. Lo mismo que los que 
saben trazar las letras pueden escribir lo que se les dicte i 
leer en seguida, así los que han aprendido la mnemónica 
pueden fijar en ciertos lugares las cosas que han aprendi- 
do, i por este medio recitarlas de memoria. En efecto, los 
lugares son enteramente como la cera i el papel; las imá- 
jenes como las letras, la disposición i el arreglo de las 
imájenes como la escritura, i la recitación como lalectura'\ 
Entre los modernos, estos procedimientos son mucho 
mas sencillos. Muchos oradores disponen sus discursos en 
un pequeño pedazo de papel. Palabras desligadas, cifras, 
rajas, letras mas o menos gruesas, i aun a veces tintas de 
-diversos colores distinguen las divisiones principales i se- 



PRECEPTOS JENERALES DE COMPOSICIÓN 21 

cutidarias del discurso. Basta una memoria regular para 
(jue al hablar, el orador tenga presente en el espíritu el 
plan de su discurso, i entonces tiene la ventaja de que esas 
grandes demarcaciones guian el pensamiento. Algunos 
oradores van mas lejos todavía. BscribcMi su discurso por 
entero sin tener la intención de recitarlo. Creen que de esta 
manera hacen entrar en su memoria no solo los rasgos 
principales sino hasta los detalles de su improvisación. El 
ejemplo mas curioso es el del jesuita Claudio Lingendes, 
célebre predicador del siglo XVII, que redactaba en latin 
los sermones que debia predicar en francés. La escritura 
no era para él mas que un medio de grabar las ideas en la 
memoria, i no se preocupaba de las palabras. Lo mismo 
acontece a los que escriben sus discursos en el idioma en 
que deben ser pronunciados, no para estudiar en el ma- 
nuscrito las frases i las palabras, porque esto los enreda 
fácilmente. 

La escritura, pues, es titilcomo procedimiento mnemóni- 
co; pero es todavía mucho mas importante como prepara- 
ción. Los antiguos no creian que se pudiera llegar a ser 
orador sin haber escrito mucho antes de hablar. "El méto- 
do por excelencia, decia Cicerón {De oratore. I, 33), consis- 
te en escribir lo mas posible: la pluma nos enseña a prepa- 
rarnos bien, es el primero i el mas hábil de los maestros: si 
un discurso preparado i meditado es superior a una impro- 
visación súbita i fortuita, con ma^^or razón un discurso es- 
crito con cuidado valdrá mas que una arenga simplemente 
preparada de memoria", 'ajamas podremos hablar conve- 
nientemente en público, dice un célebre orador moderno, el 
abate Bautain, {Art de p¿wler en ptiblic, part. I, ch. 3), si 
antes no nos hacemos dueños de nuestro pensamiento, de 
manera que podamos descomponerlo en partes, analizarlo 
en sus elementos, recomponerlo después, según sea necesa- 
rio, reducirlo i concentrarlo de nuevo por medio de la sínte- 
sis; análisis de la idea que la pone de manifiesto a los ojos 
del espíritu i que solo se alcanza a hacer bien escribiendo. 
La pluma es el escalpelo que diseca los pensamientos; i solo 



V9 



MANUAL DW COMPOSICIÓN LTTE3RARIA 



al escribir se profundiza i se consigue percibir todo lo que 
encierre! una concepción: cuando comprendemos, podemos 
hacernos comprender". La facilidad sola no constituye al 
orador: al contrario, debe desconfiarse de esa facilidad, i 
tratar de reglamentarla. Escribiendo, se la modera i se la 
limita: se busca i se encuentra la palabra precisa. Es el me- 
jor de los ejercicios para evitar esa estéril fecundidad que 
ahoga a la verdad bajo un flujo de palabras vacías de sen- 
tido. 

En estas breves observaciones no hemos pretendido ni 
recordar siquiera los preceptos referentes a la oratoria, que 
se encuentran en todos los buenos libros de retórica. He- 
mos querido solo manifestar que aun para hablar conve- 
nientemente es menester ejercitarse en la práctica de la com- 
posición escrita, no para aprender de memoria un discurso 
sino para fijar el orden i el encadenamiento «ie las ideas. 

De entre los diversos sistemas empleados para ejercitar 
a los jóvenes en el trabajo de composición, hemos preferido 
uno que se recomienda por su sencillez i por los buenos re- 
sultados que produce en Francia i en los otros países en que 
se ha empleado. Consiste en dar a los alumnos, junto con 
el tema de que debe tratar la composición, un sumario con- 
ciso, pero comprensivo del asunto, con algunas indicacio- 
nes mui lijeras sobre la manera de desarrollarlo, o mas bien 
dicho de llenar i dar colorido al cuadro que se les ha pre- 
sentado en bosquejo. 

Ese cuadro limita, es verdad, la irnajinacion del alumno 
trazándole un orden fijo al desarrollo de las ideas; pero en 
los primeros ensayos literarios, como han podido observar- 
lo todos los profesores, conviene poner una barrera contra 
los estravíos de la inesperiencia. Por otra parte, si ese cp-^- 
dro sumario impone a los jóvenes un plan fijo i determina- 
do, les deja una libertad completa para los detalles, donde 
su imajinacion pueda espaciarse. Ademas, nada se opcne a 
que oi alumno, después de haber ejecutado sus primeros en- 
sayos, se exima de reproducir exactamente en su orden las 
ideas del sumario de la composición que debe escribir. En 



FKECBPTOS .TBNERALBS DE COMPOSICIÓN 



nuestra práctica del profesorado, hemos visto algunos jó- 
venes que, después de haber escrito cuatro o seis composi- 
ciones, se han apartado con felicidad del plan que se les ha- 
bia trazado. Por esto mismo hemos cuidado que las indi- 
caciones de esos cuadros, algo minuciosas en el principio, 
vayan haciéndose mas vastas i jenerales cuando se supone 
que el alumno, mas adelantado ya en esta clase de ejercicios, 
puede entregarse mas confiadamente a sus propias fuerzas. 

Los temas de composición que pueden darse a los jóve- 
nes son por su naturaleza mui variados. Nosotros los he- 
mos clasificado en doce grupos diferentes, comenzando por 
aquellos que nos parecen mas sencillos para terminar por 
los que ofrecen mayores dificultades. Helos aquí: 

1*^ Traducción al castellano de fragmentos escritos en 
un idioma estranjero. 

2° Traslación a prosa de una composición escrita en 
verso castellano. 

3° Traslación al lenguaje moderno de algunos fragmen- 
tos escritos en castellano antiguo. 

4° Esplicacion de algunos sinónimos i homónimos. 

5" Cartas familiares. 

6° Narraciones. 

7^ Descripciones. 

8^ Retratos. 

9^ Paralelos. 

10. Disertaciones. 

11. Diálogos. 

12. Análivsis literarios i buenos modelos. 

Cada uno de estos grupos de ejercicios de composición 
va precedido de algunos consejos dirijidos a ilustrar al 
alumno. Muchos de ellos suponen el conocimiento previo 
de los preceptos jenerales de la retórica, si bien los ejercicios 
de las cuatro primeras secciones pueden servir para los 
alumnos que hacen sus estudios superiores de gramática 
castellana. 

No nos hemos limitado a firmar los sumarios según los 
cuales los alumnos pueden desarrollar los temas que se les 



2Í: MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

proponen, i que los profesores de literatura pueden aumen- 
tar siguiendo el plan propuesto en este libro. Nos ha pare- 
cido conveniente ademas presentar a los jóvenes varios 
modelos de cada clase de ejercicios, en los cuales les es fácil 
observar la manera como puede tratarse un asunto que a 
primera vista parecia estéril e incapaz de despertar la ima- 
ginación. En cuanto nos ha sido posible, hemos elejido [)ara 
estos modelos fragmentos notables por el estilo i por el 
fondo de las ideas; i paradlo los hemos buscado en los mas 
grandes escritores antiguos o modernos. 

Hemos cuidado que estos fragmentos sean agradables i 
útiles, es decir, que a la belleza literaria reúnan un mérito 
intrínseco, i contribuyan así a aumentar, en cuanto es po- 
sible, el caudal de conocimientos de los jóvenes. 



SECCIÓN I 

Traducción al castellano de trozos escritos en un idioma 

estranjero 

La traducción no consiste en verter palabra por palabra 
al idioma castellano, una o muchas frases escritas en idio- 
ma estranjero. Ese método servil es indigno de un verda- 
dero traductor. Tampoco debe éste alejarse del orijinal. 
porque en este caso no se traduce sino que se imita. El tra- 
ductor debe conservar el tono, el carácter i el jenio del au- 
tor que traduce. Debe espresar su pensamiento en caste- 
llano de la misma manera que lo habria espresado el autor 
si hubiese hablado esta lengua. Así, no debe tocar nada en 
el orden de las ideas, porque este orden constituye el fondo 
del pensamiento i caracteriza, mejor que todo, el jenio del 
escritor. 

Si el estilo es rápido, lento, cadencioso, brillante, convie- 
ne que el traductor reproduzca en su frase todos estos to- 
nos. Sin duda, no siempre podrá reproducir las mismas 



TRADUCCIÓN 25 



figuras porque el jenio de las lenguas difiere mucho; pero 
está obligado a hacer esfuerzos para no debilitar el colorido 
del pensamiento, í debe sustituir a la imájen del orijinal 
otra imájen que produzca el mismo efecto. Lo mismo sucede 
con las palabras: muchas veces en el orijinal una espresion 
es vigorosa, atrevida o elevada, i la de la lengua del tra- 
ductor que corresponde a ella directamente es débil o baja. 
En éste, como en el caso anterior, el traductor debe recurrir 
a los equivalentes, limitarse a conservar el fondo del pensa- 
miento, verter el conjunto de una manera conforme al ca- 
rácter de nuestra lengua i no esponerse a fatigar >1 lector 
con un estranjerismo que muchas veces no se distingue de 
la oscuridad. Algunos ejemplos harán comprender mejores- 
tos consejos. II estfort hienauprés da roí; II se íút bien passé 
de paríer; le soiipcon ne convient qu^aux tetes étroites; son 
frases i espresiones francesas que traducidas palabra por 
palabra quedarían en castellano: '^Está mui bien cerca del 
rei; se estuviese o se fuese pasado de hablar; la sospecha no 
conviene mas que a las cabezas estrechas." Todos estos 
jiros son singulares i oscuros, i las espresiones correspon- 
dientes a las palabras francesas no vierten la idea. Pero ú 
se da a las frases otra forma mas libre se pueden espresar 
las mismas ideas con toda claridad i elegancia, como va- 
mos a verlo: ^^Está mui bien quisto con el rei; mejor huhie- 
ra hecho en no hablar; la sospecha es propia de almas mez- 
quinas, o ¡os hombres de cortos alcances son suspicaces^\ 
En otros casos la traducción literal violenta i adultera mu- 
cho mas el sentido del orijinal. Por eso es que los grandes 
preceptistas en el arte de traducir, han dicho que nada es 
mas infiel que una estremada fidelidad. 

Los períodos deben ser vertidos en períodos análogos 
por su armonía, por su estension i por su corte. Cuando el 
estilo es sentencioso, se debe conservarle este carácter i tra- 
ducir escrupulosamente una máxima o un proverbio por 
otra máxima o por otro proverbio que guarden consonan- 
cia con los del orijinal. En una palabra, no solo es necesario 
reproducir el sentido del testo que se traduce, sino que se 



26 AíANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

debe darle el colorido, el movimiento, la fisonomía entera 
del estilo. 

Cada escritor debe ser traducido con el colorido que lo 
caracteriza. Así, por ejemplo, la fecundidad injeniosa, pero 
a veces difusa de Oviedo debe aparecer bajo la pluma de un 
hábil traductor, que, a menos de caer en ridículo, no podria 
adaptar el mismo procedimiento al esi:ilo áspero i vigoroso 
de Lucrecio, o a la precisión brillante de Virjilio. Sin embar- 
go, debe cuidarse mucho que esta fidelidad en la reproduc- 
ción del estilo no sea contraria al carácter de la lengua en 
que se traduce. 

Fácil es comprender qué ventajas se pueden sacar del 
ejercicio de traducción de buenos modelos para formar i 
para perfeccionar el estilo. No se trata revestir de figuras 
brillantes sus propios pensamientos, sino de penetrar el 
pensamiento de los grandes maestros, de tomar todos los 
matices de su estilo, de hacerlos pasar al estilo del traduc- 
tor tomando sucesivamente todos los tonos i empleando 
sin cesar los colores mas diversos. Nada es mas adecuado 
que este ejercicio para formar el gusto, habituándolo a des- 
cubrir las delicadezas mas finas del lenguaje i la flexibilidad 
de los jiros, i a disminuir los matices mas sutiles del pensa- 
miento. 

Muchos escritores de la antigüedad clásica conocieron 
las ventajas de este jénero de ejercicio. Cicerón, entre otros, 
aprendió en cierto modo el arte de escribir traduciendo al- 
gunas obras maestras del jenio griego. En los tiempos 
modernos esta misma práctica ha producido resultados 
análogos. 

''Cuando yo tuve la desgracia de querer hablar al públi- 
co, dice uno de los mas ilustres escritores franceses, Juan 
Jacobo Rousseau, sentí la necesidad de aprender a escribir i 
me atreví a ensayarme en Tácito. No quena verter las fra- 
ses de este autor, sino su estilo; no decir lo que él ha dicho 
en latin, sino lo que habria dicho en francés." 

Es verdad que no se puede exijir de los jóvenes princi- 
piantes que llenen todos los deberes del traductor; pero 



TRADUCCIÓN 



conviene indicarles aquí en qué consiste el ideal de lo que 
debe ser una traducción i mostrarles lijeramente sus venta- 
jas para que vean en qué sentido deben dirijir sus esfuerzos. 
Por lo demás, el profesor puede elejir los trozos del latin o 
del francés, idiomas ambos que en cierto modo conocen 
casi todos los estudiantes de literatura, i darlos a tradu- 
cir a los alumnos, habituándolos a vencer las dificultades i 
a ejecutar versiones, no diremos perfectas, pero claras i co- 
rrectas. 

No es necesario trascribir aquí, ni siquiera indicar los 
trozos que los profesores pueden señalar a los jóvenes para 
esta clase de ejercicios. Por eso nos abstenemos de trascri- 
bir los temas i los modelos que damos en las otras secciones 
de este libro. 

A los jóvenes que quieran perfeccionarse en este jénero 
de ejercicios i que pretendan traducir elegantemente el fran- 
cés, que por ser el idioma mas jeneralizado es el que tiene 
mas uso, le recomendamos dos obras, el "Aríe de traducir 
del francés al castellano, con el vocabulario íójico iñgura- 
do de las frases comparadas de ambas lenguas^\ por don 
Antonio de Capmany, i la ^^Gramática de la lengua fran- 
cesa,^^ por don Vicente Salva, cuya segunda parte es de 
grande utilidad para los traductores. 



SECCIÓN II 

Traslación en prosa de una composicloii escrita en verso 

castellano 

El ejercicio literario que consiste en p3ner en pro sa una 
composición escrita en verso castellano, tiene mas impor- 
tancia de lo que parece a primera vista. Es verd ad que 
seria tan pueril como ridículo el querer traducir en prosa 
las obras maestras de nuestros poetas i que nadie ha pen- 



28 MANUAL DB COMPOSICIÓN LITEKARIA 

sado siquiera en un trabajo tan insensato; pero como sim- 
ple ejercicio literario tiene la ventaja de hacer meditar a los 
jóvenes en la construcción i en el jiro de las frases i aun en 
el valor comparativo de las voces. Por eso es que este sis- 
tema, condenado por algunos, es mui usado por distingui- 
dos profesores. 

Vamos a consignar algunos consejos dirigidos a los jóve- 
nes principiantes que deban ensayarse en esta clase de ejer- 
cicios. 

Los versos difieren de la prosa: l°por la pausa que sirve 
de descanso después de un número limitado i regular de 
sílabas que componen cada verso i por la repetición perió- 
dica de los acentos, que constituye el ritmo del verso; 2^ 
por la consonancia final que forma la rima; 3*^ por las in- 
versiones; i 4° por el empleo de espresiones poéticas que no 
«idmite la prosa. 

Para hacer desaparecer la mesura i el ritmo del verso 
basta cambiar el orden de las palabras, como vamos a ver- 
lo por un ejemplo: 

Sobre una mesa de pintado pino 
Melancólica luz lanza un quinqué. 

Estos dos versos endecasílabos quedan reducidos a pro- 
sa si se invierte el orden de las palabras, i se dice: "Sobre 
una mesa de pino pintado un quinqué la.nza melancóli- 
ca luz". 

La rima que es un elemento de belleza en la poesía, de- 
sagrada al oido en la prosa. Para evitar esto, basta mu- 
chas veces hacer desaparecer la medida del verso, cuidando 
que las dos palabras que riman no terminen los miembros 
de las frases. He aquí un ejemplo tomado de Lope de Vega. 

Canta pájaro amante en la enramada 
Selva a su amor, que por el verde suelo 
No ha visto al cazador que con desvelo 
Le está asestando la ballesta armada. 



VERTER VERSOS EN TROSA 29 



La rima desaparecerá con solo dar otro orden a la fra- 
se. "En la enramada selva canta a su amor un pájaro 
amante qee no ha visto por el suelo verde al cazador que 
le está asestando con desvelo la ballesta armada." 

He aquí otro ejemplo tomado de la poetisa americana 
doña Jertrúdis Gómez de Avellaneda: 

La ponderosa mole de la tierra 
Su movimiento i turbulencia imita, 
Vorájines inmensas abre i cierra 
I en convulsión frenética se ajita. 

La rima desaparecerá dando a las palabras un nuevo 
orden. «La ponderosa mole de la tierra imita su movi- 
miento i turbulencia: abre i cierra inmensas vorájines i se 
ajita en frenética convulsión " 

Cuando el cambio en el orden de las palabras no basta 
para hacer desaparecer la rima, conviene recurrir a una 
espresion sinónima que se pone en lugar de la del autor, 
debiendo ser una, equivalente de la otra. Ejemplo: 

No necesita abuelos el valiente 

Que defiende a su patria heroiccimente. 

Por medio de una espresion sinónima, se hace desapare- 
cer la rima: «El valiente que defiende a su patria con he- 
roismo, no necesita abuelos.» 

La inversión en el orden lójico de la frase es frecuente en 
la prosa; pero en el verso es una necesidad a que el poeta 
no puede sustraerse; i aun a veces tiene que emplear tras- 
posiciones violentas. La prosa no admitiria una construc- 
ción análoga a la de estos versos de Fernando de Herrera: 

Cantemos al Señor que en la llanura 
Venció del ancho mar al trace fiero. 

Para hacer desaparecer estas inversiones, basta dar a la 
frase el orden lójico i gramatical, o a lo menos uno en que 



30 MANUAL DK COMPOSICIÓN LITERARIA 

las trasposiciones no sean tan forzadas. Así, los versos an- 
teriores, puestos en prosa, quedarían reducidos a lo que 
sigue: "Cantemos al Señor que venció al trace fiero en la 
llanura del ancho mar". 

En fin, la poesía emplea un gran número de espresiones 
i perífrasis que son esclusivamente de su uso, que es fácil 
reconocer i que no conviene hacer pasar a la prosa, puesto 
que se pueden reemplazar por espresiones sinónimas que 
son mas propias de esta forma de estilo. 



TEMAS de EJERCICIOS 

I 

A la Esperanza 

Májico nombre que el mortal adora. 
Sueño feliz de encanto i de ilusión, 
Tú, cuya ¡uz al porvenir colora, 
Tú, cuyo aroma embriaga el corazón; 

Supremo bien, que el cielo bondadoso 
Otorgar quiso al infeliz mortal. 
Cual en desierto estéril, arenoso. 
Hizo nacer un puro manantial: 

Eres de Dios la paternal soniisa. 
Eres el don de su divino amor. 
Mas suave que el murmullo de la brisa. 
Mas dulce que el aroma de la flor. 

Eres un ánjel que acompaña al hombre 
Desde la cuna al fúnebre ataúd, 
A la inocencia hechizas con tu nombre, 
Alientas con tu voz a la virtud. 

Tú sola das un bálsamo divino 
AI lacerado i yermo corazón, 
I de la vida en el erial camino 
Tuyas las flores que se encuentran son. 



VERTER VERSOS EN PROSA 31 



Hasta en la losa de la tumba fría 
Vierte tu luz divina claridad 
I al penetrar en su mansión sombría 
El hombre espera inmensa eternidad. 

Por tí el guerrero de su hogar querido 
Corre al combate con heroico ardor, 
I del canon el hórrido estampido 
Escucha sin espanto ni temor. 

Tuya es la voz que le promete gloria, 
Tuyo el afán que se despierta en él, 
Mostrándole una pajina en la historia 
1 una corona eterna de laurel. 

Al marinero que en el frájil leño 
Surca el imperio del terrible mar, 
Tú le prometes de tesoros dueño 
A la patria querida retornar. 

Ai! tú también delirio lisonjero 
Siempre serás del triste trovador. 
Tú de su vida el áspero sendero. 
Perfumarás con encantada flor. 



Jertrúdis Gómez de Avellaneda (1). 



II 

El comercio 

Aun fuera el hombre indómita alimaña 
I el orbe entero enmarañada selva; 
Aun no sabria el morador de España 
Si hai en Europa un Támesis i un Elba; 



(1) La ilustre poetisa cubana doña Jertrúdis Gómez dr Ave- 
llaneda nació en Puerto Príncipe el 2v3 de marzo de 1816 i murió 
en Madrid el 2 de febrero de 1873. Es autora de varias novelas i 
dramas, trajedias i comedias que alcanzaron mucha aceptación en 
Europa i en América. Publicó ademas dos volúmenes de poesías, 
uno de un carácter relijioso, con el título de Devocionario i otro de 
Poesías líricas. El fragmento anterior es tomado de este último. 
En todas sus obras se deja ver una gran facilidad, imajinacion fe- 
cunda, i bastante conocimiento de la lengua i de sus recursos mé- 
tricos. * 

* Véase acerca de esta insigne poetisa el estudio biográfico que 
el señor Barros Arana publicó en la Revista de Santiago^ 1873, 
tom. II, pajinas 597-612.— iVofa del Recopilador. 



32 MANUAL DE COIvlPOSlCION LITERARIA 



¿Qué digo? aun al gallego fuera estraña 
La playa de Alicante i la de Huelva, 
Sin el arte benéfico (no es broma) 
Que estriba en dos vocablos: daca i toma: 

Gloria al diestro varón que allá en lo antiguo 
Tronco rudo ahuecó con mano industre, 
I en batel convertido, informe, exiguo, 
Primero lo ensaj^ó sobre palustre 
Dormida linfa i luego (me santiguo 
Al recordar hazaña tan ilustre) 
Desafiando al Euro, aunque zozobre, 
Surcar con él ose la mar salobre. 

¿Quién el primero navegante fué, 
Escluyendo al decrépito Carón? 
Por vida de quien soi, que no lo sé; 
Pero 3^0, que recuso a Deucalion 
I creo a pié juntillas en Noé, 
Antes c{ue este santísimo varan 
Labrase aquel arcon descomunal. 
Presumo que hubo tráfago naval. 

A dos robustos móviles cediendo, 
A la curiosidad i a la codicia, 
Lanzóse el hombre al piélago tremendo 
Con fortuna ora adversa, ora propicia; 
1 remando o con vela (así lo entiendo. 
Aunque ningún autor me lo noticia), 
No bien creció la raza en varias tribus 
Buscó en tan ardua via su cum quibus. 

I aunque otra cosa diga a las incautas 
Jentes aquella peregrina historia 
De Jason i sus bravos argonautas, 
No su famosa nave sed de gloria 
Movió, ni asunto a mármoles i flautas 
Hubieran pretestado en la victoria 
Que a Coicos despojó de su tesoro, 
A ser de lana el vellocino de oro. 



Bretón de los Herreros (1). 



(1) Don Manuel Bretón de los Herreros, uno de los poetas 
Tiias fecundos que ha producido la España, nació en Quel, provin- 
cia de Logroño, en 1800. Es autor de un gran número de comedias, 
de muchas poesías de un carácter satírico i alegre i de un poema 
joco serio titulado La Desvergüenza, en que trata muchas cuestio- 



■0 



VERTER VERSOS EN PROSA 33 

III 

Coplas de Jorje Manrique a la muerte de su padre 

Recuerde el alma dormida, 
Avive el seso i despierte 
Contemplando 
Como se pasa la vida, 
Como se viene la muerte, 
Tan callando. 

Cuan presto se va el placer, ^ 
Como después de acordado 
Da dolor; 

Como a nuestro parecer, 
Cualquiera tiempo pasado 
Fué mejor. 

Nuestras vidas son los nos 
Que van a dar en la mar, 
Que es el morir; 
Allí van los señoríos 
Derechos a se acabar 
I consumir: 
Allí las rios caudales. 
Allí los otros medianos 
I mas chicos: 
Allegados son iguales, 
Los que viven por sus manos, 
I los ricos. ^ 

Este mundo es el camino 
Para el otro que es morada 
Sin pesar; 

Mas cumple tener buen tino 
Para andar esta jornada 
Sin errar. 

Partimos cuando nacemos. 
Andamos mientras vivimos. 



nes sociales sin pretensiones de discutirlas profundamente, solo co- 
mo si quisiera hacer gala de sus raros talentos de versificador. La 
invención es con frecuencia poco nueva; pero el estilo es fácil i co- 
rrecto; i su versificación rica i armoniosa, parece burlarse de todas 
las dificultades. Sus versos pueden ofrecerse como un modelo de 
soltura i de buen gusto. 

TOMO V • 3 



34 MANUAL DE COIvlPOSlClON LITERARIA 

I allegamos 

Al tiempo que fenecemos; 

Así que cuando morimos 

Descansamos. 

Ved de cuan poco valor 
Son las cosas tras que andamos 
I corremos 

En este mundo traidor; 
Que aun primero que muramos 
Las perdemos. 
Dellas deshace la edad, 
Bellas casos desastrados 
Que acaecen, 
Dellas por su calidad 
En los mas altos estados 
Desfallecen. 

Decidme la hermosura, 
La jentil frescura i tez 
De la cara, 

La color i la blancura. 
Cuando viene la vejez, 
¿Qué se para? 
Las mañas i lijereza, 
I la fuerza corporal 
De juventud. 
Todo se torna graveza 
Cuando llega al arrabal 
De senectud. 

Pues la sangre de los godos 
El linaje i la nobleza 
Tan crecida, 

¿Por cuántas vias i modos 
Se pierde de su alteza 

En esta vida? 

Unos por poco valer, 

¡Por cuan bajos i abatidos 

Que los tienen! 

Otros que, por no tener, 

Con oficios no debidos 

Se mantienen. 

Los est&dos i riquezas 

Qi7e nos dejan a deshora, 

¿Quién lo duda? 

No les pidamos firmeza, 



VERTER VERSOS EN PROSA 35 



Porque son de una señora 

Que se muda. 

Que bienes son de fortuna 

Que revuelve con su rueda 

Presurosa, 

La cual no puede ser una. 

Ni ser estable ni queda 

tín una cosa. 

Pero die^o que acompañen, 
I lleguen hasta la huesa 
Cí n su dueño; 
Por eso no nos engañen, 
Que se va la vida apriesa 
Como sueño. 
I ios deleites de acá 
Son en que nos deleitamos 
'>mpora'e«. 

I los tormeatos de allá, 
Que por ellos esperamos, 
Eternales. 

Los placeres i dulzores 
De esta vida trabajada 
Que tenemos, 
¿Qué son sino corredores, 
I la muerte es la celada 
En que caemos? 
No mirando a nuestro daño 
Corremos a rienda suelta 
Sin parar; 

Desque vemos el engaño, 
I queremo»* dar la vuelta 
No hai lugar. 

Estos reyes po'^erosos 
Que vemos por escrituras 
Ya pasadas, 

Con casos tristes llorosos 
Hiñeron sus buenas venturas 
Trastornadas 
^sí no hai cosa tan fuerte; 
Que a papas t emperadores . 
I prelados 

Así los trata la Muerte 
Como a los pobres pastores 
De ganados. 



36 3\rANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

Dejemos a los tróvanos, 
Que sus males no los viiüos, 
Ni sus glorias: 
Dejemos a los romanos, 
Aunque oímos i leímos 
Sus historias. 
No curemos de saber 
Lo de aquel siglo pasado 
Qué fué de ello: 
Vengamos a lo de ayer, 
Que también es olvidado 
Como aquello. 

¿Qué se hizo el reí don Juan? 
Los infantes de Aragón 
¿Qué se hicieron? 
Qué fué de tanto galán, 
Qué fué de tanta invención 
Como trajeron? 
Las justas i los torneos, 
Paramentos, bordaduras 
I cimeras, 

¿Fueron sino devaneos? 
¿Qué fueron sino verduras 
De las eras? 

¿Qué Fe hicieron las damas, 
Sus tocados, sus vestidos. 
Sus olores? 

¿Qué s • hicieron las llamas 
De los fuegos encendidos 
De amadores? 
¿Qué se hizo aquel trovar, 
Las músicas acordadas 
Que tañían? 

¿Qué se hizo aquel danzar, 
Aquellas ropas chapadas 
Que traían? 

Pues el otro su heredero 
Don Enrique ¿qué poderes 
Alcanzaba? 

¡Cuan blando, cuan halagüeño 
El mundo con sus placeres 
Se le daba! 

iVáas verás cuan enemigo. 
Cuan contrario, cuan cruel 



VBRTBR VERSOS EN PROSA 37 



Se mostró; 

Habiéndole sido amigo, 
¡Cuan poco duró con él 
Lo que dio! 

Las dádivas desmedidas, 
Los edificios reales 
Llenos de oro, 
Las vajillas tan febridas, 
Los enriques i reales 
Del tesoro. 
Los jueces i caballos 
De su jente i atavíos, 
Tan sobrados, 
¿Donde iremos a buscallos? 
Qué fueron sino rocíos 
De los prados? 

Pues su hermano el inocente, 
Que en su vida sucesor 
Se llamó, 

¿Qué corte tan excelente 
Tuvo, i cuánto gran señor 
Que lo siguió? 
Mas como fuese mortal, 
Metiólo la muerte luego 
En su fragua. 
¡Oh juicio divinal! 
Cuando mas ardia el fuego. 
Echaste el agua. 

Pues aquel gran condestable. 
Maestre que conocimos 
Tan privado, 

No cumple que de él se hable. 
Sino solo que lo vimos 
Degollado. ^ 
Sus infinitos t^'soros, 
Sus villas i sus lugares, 
I su mandar 
¿Qué le fueron sino lloros. 



1 El condestable don Alvaro de Luna, ministro i favorito del 
rei donjuán II de Castilla, que después de haber gobernado mu- 
chos años el reino con grande enerjía i orgullo, derrotando a los 
moros de Granada, i sofocando la insurrección de los nobles, fué 
condena lo a muerte i decapitado en Yalladolid, en 1453. 



38 MANUAL DH COMPOSICIÓN LITERARIA 

Qué fueron sino pesares 

\\ dejar? 

Pues los otros dos hermanos 

Maestres tan prosperados 

Como reyes, 

A los grandes i medianos 

Trajeron mui sojuzgados 

A sus leyes. 

Aquella prosperidad, 

Que tan alta fué subida 

I ensalzada, 

¿Qué fué sino claridad 

Que cuando mas encendida 

Fué amatada? 

;0h mundo! pues que nos matas, 
Fuera la vida que diste 
Toda vida; 

Mas según acá nos tratas, 
Lo mejor i menos triste 
En la partida. 
De tu vida tan cubierta 
De males i de dolores 
Tan poblada, 
De los bienes tan desierta, 
De placeres i dulzores 
Despoblada." 



JoRjE Manrique i. 



1 Sobre Jorje Manrique véanse las Noc. de hist. lit., part. TI, 
cap. VI, § 23. Debemos advertir que, al trascribir en el texto esta 
celebrada elejía, hemos suprimido algunas estrofas, las mas páli- 
das, sin duda, de toda ella. 

Algunos críticos franceses han comparado esta elejía a otras dos 
mui aplaudidas de Francisco Villon, poeta francés del siglo XV. 
Se titulan éstas: Balíade des dames du temps jadk'i Baila ie des 
seigneurs du temps jadis. Se cree que éstas son anteriores; i se 
sabe que las poesías de Villon circulaban manuscritas en España, 
i eran conocidas por los poetas castellanos del siglo XY; de tal 
manera que parece que Manrique tomó la idea jeneral de sus coplas 
de las baladas del poeta francés. No es posible, sin embargo, 
aventurar un juicio decisivo sobre este punto. 



VERTER VERSOS EN PROSA 39 



IV 



Discurso de Colocólo a los indios araucanos 
reunidos para elejir un jefe 

''Caciques del estado defensores, 
Codicia de mandar no me convida 
A pesarme de veros pretenso res 
De cosa que a mí tanto era debida; 
Porque, según mi edad, ya veis, señores, 
Que estoi al otro mundo de partida; 
Mas el amor que siempre os he mostrado 
A bien aconsejaros me ha incitado. 

¿Por qué cargos honrosos pretendemos, 
I ser en opinión grandes tenidos, 
Pues que negar al mundo no podemos 
Haber sido sujetos i vencidos? 
I en esto averiguarnos no queremos. 
Estando aun de españoles oprimidos: 
Mejor fuera con furia ejecutalla 
Contra el fiero enemigo en la batalla. 

¿Qué furor es el vuestro ¡oh araucanos! 
Que a perdición os lleva sin sentillo? 
¿Contra vuestras entrañas tenéis manos, 
I no contra el tirano en resistillo? 
¿Teniendo tan a golpe a los cristianos 
Volvéis contra vosotros el cuchillo? 
Si gana de morir os ha movido. 
No sea en tan bajo estado i abatido. 
Volved las armas i ánimo furioso 
A los pechos de aquellos que os han puesto 
En dura sujeción, con afrentoso 
Partido, a todo el mundo manifiesto: 
Lanzad de vos el yugo vergonzoso; 
Mostrad vuestro valor i fuerza en esto: 
No derraméis la sangre del estado 
Que para redimirnos ha quedado. 

No me pesa de ver la lozanía 
De vuestro corazón, antes me esfuerza; 
Mas temo que esta vuestra valentía, 
Por mal gobierno, el buen camino tuerza: 
Que, vuelta entre nosotros la porfía, 
Degolléis vuestra patria con su fuerza: 



40 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

Cortad, pues, si ha de ser de esa manera, 
Esta vieja garganta la primera. 

Que esta flaca persona atormentada 
De golpe de fortuna, no procura 
Sino el agudo filo de una espada, 
Pues no la acaba tanta desventura. 
Aquella vida es bien afortunada 
Que la temprana muerte la asegura, 
Pero, a nuestro bien público atendiendo, 
Quiero decir en esto lo que entiendo: 

Pares sois en valor i fortaleza; 
El cielo os igualó en el nacimiento; 
Ue linaje, de estado i de riqueza 
Hizo a todos igual repartimiento: 
I en singular por ánimo i grandeza 
Podéis tener del mundo el rejimiento: 
Que este precioso don, no agradecido, 
Nos ha al presente término traido. 

En la virtud de vuestro brazo espero 
Que puede en breve tiempo remediarse, 
Mas ha de haber un capitán primero. 
Que todos por él quieran gobernarse: 
Este será quien mas un gran madero 
Sustentare en el hombro sin pararse; 
I pues que sois iguales en la suerte, 
Procure cada cual ser el mas fuerte". 

D. Alonso de Ercilla i. 

La Araucana. Canto II, oct. 28 i siguientes. 



1 Véanse sobre Er cilla las Noc. de hist. lit. part. III, cap. III, 
§ 6. Este discurso del anciano Colocólo es considerado una de las 
mejores partes del poema de Ercilla. Voltaire, en el cap. VIII de 
su JEssai sur la poésie épique, lo compara al discurso de Néstor en 
el primer libro de la llíada, i da la preferencia a Ercilla. Por exa— 
jerado que sea este juicio, debe reconocerse el mérito indisputable 
de este fragmento. 



VERTER VERSOS EN PROSA 41 



Discurso de Lautaro a los guerreros araucanos 
durante la batalla de Tucapel 

*'0h ciega jente, del temor guiada, 
¿A do volvéis los jenerosos pechos, 
Que \e{ fama en mil años alcanzada 
Aquí perece i todos vuestros hechos? 
La fuerza pierden hoi, jamas violada, 
Vuestras leyes, los fueros i derechos; 
De señores, de libres, de temidos. 
Quedáis siervos, sujetos i abatidos. 

Mancháis la clara estirpe i descendencia 
I enjeris en el tronco jeneroso 
Una incurable plaga, una dolencia, 
Un deshonor perpetuo, ignominioso: 
Mirad de los contrarios la impotencia, 
La falta del aliento i el fogoso 
Latir de los caballos, las ijadas 
Llenas de sangre i en sudor bañadas. 

No os desnudéis del hábito i costumbres 
Que de nuestros abuelos mantenemos, 
Ni el araucano nombre de la cumbre 
A estado tan infame derribemos; 
Huid el grave hierro i servidumbre; 
Al duro hierro osado pecho demos; 
¿Por qué mostráis espaldas esforzadas 
Que son de los peligros reservadas? 

Fijad esto que digo en la memoria. 
Que el ciego i torpe miedo os va turbando; 
Dejad de vos ai mundo eterna historia, 
Vuestra sujeta patria libertando; 
Volved, no rechacéis tan gran victoria, 
Que os está el hado próspero llamando; 
A lo menos firmad el pié lijero; 
A ver como en defensa vuestra muero." 

D. Alonso de Ercilla 

La Araucana, Canto I ¡I, oct. 85 i siguientes. 



42 MANUAL DE CO.vIPOSIClON LITERARIA 



VI 
Soneto 

*'Daba sustento a un pajarillo un día 
Lucinda, i por los hierros del portillo 
Fuese de la jaula el pajarillo 
Al libre viento en que vivir solia. 

Con un suspiro a la ocasión tardia 
Tendió la mano, i no pudiendo asillo, 
Dijo, i de sus mejillas amarillo 
Volvió el clavel que entre su nieve ardia; 

¿A dónde vas por despreciar el nido? 
Al peligro de ligas i de balas, 
I el dueño huyes que tu pico adora? 

03^óla el pajarillo enternecido, 
I a la antigua prisión volvió las alas: 
¡Que tanto puede una mujer que llora!" 

Lope de Vega i 



Vil 
Memorial de Lope de Vega a Felipe IV 

(Soneto con estrambote) 

''Lope dice, señor, que a vuestro abuelo 
Sirvió en Inglaterra con la espada, 
I aunque con ella entonces no hizo nada, 
Menos después; mas fué valiente el celo. 

También a vuestros padres, que en el cielo 
Están, sirvió con pluma, que dorada 
En su esplendor pudiera bien cortada 
De polo a polo dilatar el vuelo. 

Tengo una hija i tengo muchos años: 
Las Musas dan honor (mas no dan renta), 
Corto en los propios, largo en los estraños. 

Dios cria, el sol enjendra, el rei sustenta: 
Criad, dad vida, reparad mis daños, 
Que un novio de resultas traigo en venta. 



I Véanse sobre Lope dk Vega laa Noc. de hist. lit. part. III, cap. III, 
§17. 



VERTER VERSOS EN PROSA 48 

Fortuna me amenaza, fe rae alienta; 
Haced, oh gran Felipe, 
Que de vuestras grandezas participe; 
Así tengáis mas oro i mas diamantes, 
Que yo tengo vasallos consonantes." 



VIII 

Lamentaciones de la madre de Lorenzo de Ávalos 
al ver el cadáver de su hijo 

"Bien se mostraba ser madre en el duelo 
Que hizo la triste después que ya vido 
El cuerpo en las andas sangriento i tendido, 
De aquel que criara con tanto desvelo: 
Ofende con dichos crueles al cielo. 
Con nuevos dolores su flaca salud, 
I tantas angustias roban su virtud 
Que cae la triste muerta por el suelo. 

Rasga con uñas crueles su cara. 
Hiere sus pechos con mesura poca; 
Besando a su hijo la su fria boca 
Maldice las manos de quien lo matara; 
Maldice la guerra do se comenzara. 
Busca con iras crueles querellas, 
Niega a sí mesma reparo de aquellas, 
I tal como muerta viviendo se para. 

Decia llorando con lengua rabiosa: 

matador de mi hijo cruel. 
Mataras a mí, dejaras a él. 

Que fuera enemiga no tan porfiosa: 
Fuera a la madre mui mas digna cosa, 
Para quien mata llevar menos cargo, 

1 no te mostraras a él tan amargo, 
Ni triste dejaras a mí querellosa. 

Sí antes la muerte me fuera ya dada. 
Cerrara mi hijo con estas sus manos 
Mis ojos delante de los sus hermanos 
E yo no muriera mas de una vegeda; 
Moriré así muchas desventuradas. 
Que sola padezco lavar sus heridas 



44 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

Con lágrimas tristes i no agradecidas, 
Maguer que lloradas por madre cuitada." 

Juan de Mena i- 

El laberinto, Cop. CCIII i siguientes. 

IX 

La invención de la imprenta 

(Fragmento de una oda) 

''Sin tí se devoraban 
Los siglos a los siglos, i a la tumba 
De un olvido eternal yertos bajaban. 
Tú fuiste: el pensamiento 
Miró ensanchar la limitada esfera 
Que en su infancia fatal le contenia. 
Tendió la alas, i arribó a la altura. 
De do escucliar la edad que antes era, 
I hablar ya pudo con la edad futura. 
¡Oh gloriosa ventura! 
Goza, jenio inmortal, goza tú solo 
Del himno de alabanza i los honores 
Que a tu invención magnífica se deben; 
Contémplala brillar, i cual si sola 
A ostentar su poder ella bastara, 
Por tanto tiempo reposar natura 
De igual prodijio al universo avara. 
Pero al fin sacudiéndose, otra prueba 



1 Véanse las Noc. de hist. lít. part. II, cap. VI, § 22. Lorenzo de 
Avalos o Dávalos, como escriben los antiguos historiadores españoles, 
era un joven guerrero de singular valor que pereció heroicamente en 
la batalla de G-resraonda, en 1441, durante las guerras civiles del reina- 
do de don Juan II de Castila. El padre Marí/v^na, recordando esta 
batalla, dice: «Pereció en la lefriega Lorenzo Dávalos, nieto del con- 
destable don Ruv López Dárvlos, cuyo desastre desgraciado cantó el 
poeta cordovés Juan de Menaacon versos llorosos i elegantes; perso- 
na de este tiempo de'mucha erudición i mui famoso por sus poesías 
i rimas que cempuso en lengua vulgar (el castellano, para diferen- 
ciarlo de la lengua sabia latin): el metro es grosero, como de 
aquella era el injenio elegante, apacible i acomodado a las orejas 
gusto de aquella edad». {Hist. de España, lib. XXI, cap. 14). 



VERTER VERSOS EN PROSA 45 



La plugo hacer de sí. i el Rhin helado 

Nacer vio a Gutenberg. "¿Con qué es en vano 

Que el hombre el pensamiento 

Alcanzase escribiéndole a dar vida, 

Si desnudo de curso i movimiento 

En letargosa oscuridad se olvida? 

No basta un vaso a contener las olas 

Del férvido Océano, 

Ni en solo un libro dilatarse pueden 

Los grandes dones del injenio humano. 

¿Qué les falta? ¿volar? Pues si a natura 

Un tipo basta a producir sin cuento 

Seres iguales, mi invención la siga; 

Que en ecos mil i mil sienta doblarse 

Una misma verdad, i que consiga 

Las alas de la luz al desplegarse." 

Dijo, i la imprenta fué; i en un momento 

Vieras la Europa atónita ajitarse 

En aquel espantoso movimiento, 

Con que estruendoso el viento 

Estremece la tierra 

Al ajitar en sus profundos senos 

El fuego asolador que allí se encierra. 

¿Qué es del alcázar espantoso i fiero 

Donde el jenio del mal atronizado, 

Al universo entero 

Con su cetro durísimo oprimía? 

De siglos mil en el fatal olvido 

El error, la ignorancia le fundaron; 

I la ignorancia i el error temblaron. 

Cuando rompió el volcan, a su estallido 

Los soberbios cimientos vacilaron. 

Dura, i^v, mas su inmenso poderío 

Desplomándose va; pero su ruina 

Mostrará largamente sus estragos. 

Así torre fortísima domina 

La altiva cima de fragosa sierra; 

Su albergue en ella i su defensa hicieron 

Los hijos de la guerra, 

1 en ella su pujanza arrebatada 

Rujiendo los ejércitos rompieron. 

Después abandonada 

I del silencio i soledad sitiada, 

ConvServa aunque ruinosa, todavía, 



46 MANUAL DW COMPOSICIÓN LITERARIA 

La aterradora faz que ánt^s tenia. 

Mas llega el tiempo, i la estremece i cae: 

Al campo en torno oprime 

Su rota mole, en tanto 

Que es escarnio i baldón de la comarca 

La que antes fué su escándalo i espanto. 

¿Qué entonces, ambiciosa 

La intelijencia humana, 

Cre3^ó negado a su feliz anhelo? 

Levántase Copérnico hasta el cielo, 

Que un velo impenetrable antes cubría, 

I allí contempla el eternal reposo 

Del astro luminoso 

Que da a torrentes su esplendor al dia. 

Siente bajo su planta Galileo 

Nuestro globo rodar: la Italia ciega 

Le da por premio un calabozo impío; 

I el globo en tanto sin cesar navega 

Por el piélago inmenso del vacío. 

I navegan con él impetuosos 

A modo de relámpagos huyendo 

Los astros rutilantes: mas, lanzado 

Veloz el jenio de Nev^ton tras ellos, 

Los sigue, los alcanza, 

I a regular se atreve 

El grande impulso que sus orbes mueve." 

Manuel José Quintana i- 



1 Este eminente escritor, nacido en Madrid en 1772 i muerto en 
la misma ciudad en 1857, es justamente célebre como poeta, como 
historiador i como crítico. Sus Vidas de esj^añoJfs célebres son nota- 
bles por la investiü'acion histórica i por el arte de la narración fácil, 
sencilla i agradable. Las recopilaciones de poesías castellanas, hechas 
bajo los títulos de Parnaso español i de Tesoro de la musa épica es- 
pañola, van precedidas de estensas introducciones i compañadas de no- 
tas que revelan un escelente gusto literario i que lo colocan en el ran- 
go de los mas distinguidos críticos españoles. Quintana es ademas au- 
tor de dos dramas i de un pequeño volumen de poesías líricas. Un 
escritor francés, mui versado en la literatura castellana, M. E. Baret, 
lo caracteriza en estos términos: «Quintana ha continuado la tradición 
de los antiguos poetas españoles, purificando la lengua, elevando el 
vuelo de la poesía popular, e inflamando las almas por sus cantos 
enérjicos, alimentados por los gloriosos recuerdos.» 



VERTER VERSOS EN PROSA 47 



X 

A mi levita 

Letrilla 

(imitación de bérancer) 

'*A nuestra amistad fé fiel, 
IVIi levita idolatrada: 
En ambos deja estampada 
Su huella el tiempo cruel. 
Diez años yo con mis manos 
Te he cepillado leal, 
Sin dejar que otros profanos 
Pongan el cepillo en ti. 
¿I me pagarás tan mal 
Que te separes de mí? 

En mi santo te estrené, 
Mis amibos te cantaron. 
I tu hechura celebraron 
I tu color de café. 
En sus cartas con frecuencia 
Te renuevan su memoria, 
Que a pesar de su indijencia 
No se olvidaron de ti 
¡Mi único amor i mi gloria! 
jNo te separes de mí! 

A un sastre francés le di 
Por ti dos onzas i media: 
Producto de una comedia 
Sentimental que escribí. 
En las primeras posturas 
Fuiste en estremo bonita, 
Mas hoi ya de tus costuras 
El pelo fugaz voló. 
¿I aunque estés calva, oh, levita, 
Podré abandonarte yo? 

Un año tras otro año 
Siempre conmigo te viera; 
Si acaso la suerte fiera 
Contra tu raido paño 
Preparase su furor, 



48 MANUAL DP] COMPOSICIÓN LITERARIA 



Opon la filosofía, 
Cual lo opone tu señor 
A su ciego frenesí, 
I ¡dulce levita mia! 
¡No te separes de mi! 

¡Ese zurcido!. ..¡Oh recuerdo! 
Con Delia una vez jugaba: 
Me seguía, la burlaba: 
Me asió del faldón izquierdo 
B incauta me lo rasgó. 
Mas la pobre en todo un dia 
Con la aguja no quitó 
Sus bellas manos de ti. 
¡Levita del alma mia! 
¡No te separes de mí! 

¿Te bailé nunca en olores 
Que un necio galán exhala? 
¿Te espuse en una antesala 
Al jesto de altos vseñores? 
Otro cruces impaciente 
Ansia o bustos de Simón ^ ; 
I yo flores solamente 
En tus ojales prendí, 
¡Joya de mi corazón 
No te separes de mí! 

Verás, verás cuan lijeros 
Vuelvan mezclados los días 
De llantos i de alegrías. 
De soles i de aguaceros. 
Yo voi de capa caida, 
I mui pronto moriré: 
Entonces tu triste vida 
Podrás también acabar; 
Pero mientras vivo esté 
¿Quién nos podrá separar?" 



Felipe Pardo Aliaga 2. 



1 Simón Bolívar, libertador de Colombia i del Perú. 

2 Distinguido poeta peruano, nacido en Lima en 1806 i muerta 
en esta misma ciudad en 1869. Sobresale en el jénero satírico, i se 
distingue particularmente por la corrección constante de su estilo. 

Esta letrilla es imitación de una de las canciones del célebre poe- 
ta francés Juan Pedro Bkranger (1870-1857), una de las mas al- 
tas ilustraciones literarias del siglo XIX. Salvo algunas composi- 



VERTER VERSOS EN PROSA 49 



XI 
La oración por todos 

(Imitación de "Víctor Ilu<^o) 

*'Vé a rezar, bija mia. Ya es la hora 
De la conciencia i del pensar profundo: 
Cesó el trabajo afanador, i al mundo 
La sombra va a colgar su pabellón. 
Sacude el polvo el árbol del camino 
Al soplo de la noche; i en el suelto 
Manto de la sutil neblina envuelto, 
Se ve temblar el viejo torreón. 

Miral su ruedo de cambiante nácar 
El occidente mas i mas angostíi, 
I enciende sobre el cerro de la costa 
El astro de la tarde su fanal. 
Para la pobre cena aderezado 
Brilla el albergue rústico, i la tarda 
Vuelta del labrador la esposa aguarda 
Con su tierna familia en el umbral. 

Brota del seno de la azul esfera 
Uno tras otro fúljido diamante; 
I ya apenas de un carro vacilante 
Se oye a distancia el desigual rumor. 
Todo se hunde en la sombra: el monte, el valle, 
I la iglesia, i la choza, i la alquería; 
I a los destellos últimos del día. 



cienes en que se burló de cosas que deben ser eternamente respeta- 
das, Béranger dio a la canción popular la elevación i la dignidad 
de la poesía. Bajo esita forma modesta i sencilla, lihre, concisa, 
susceptible de adaptarse a todos los tonos, tratólas materias mas 
variadas, i escribió pequeños poemas llenos de gracia natural, de 
sensibilidad i de injenio. Los cantos patrióticos destinados a re- 
cordar las glorias nacionales i a condenar la tiranía, producían 
una honda impresión en todos los espíritus. Pero Béranger no era 
solo un observador profundo, sino también un escritor de primer 
orden: posee la finura de la sátira, la elegancia de la forma, la so- 
briedad i la claridad de la espresion. Sus canciones vivirán mien- 
tras exista la lengua francesa. La que ha imitado don Felipe Par- 
do, aunque llena de gracia i naturalidad, no basta para dar a co- 
nocer el jenio de Béranger. 

TOMO V 4 



50 MANUAL DR COMPOSICIOX LITERARIA 

Se orienta en el desierto el viajador. 

Naturaleza toda jime: el viento 
En la arboleda, el pájaro en el nido. 
I la oveja en su trémulo balido, 
I el arroyuelo en su correr fugaz. 
El dia es para el mal i sus afanes: 
Hé aquí la noche plácida i serena! 
El hombre tras la cuita i la faena 
Quiere descanso, i oración i paz. 

Sonó en la torre la señal: los niños 
Conversan con espíritus alados; 
I los ojos al cielo levantados, 
Invocan de rodillas al Señor. 
Las manos juntas, i los pies desnudos, 
Fé en el pecho, alegría en el semblante, 
Con una misma voz, a un mismo instante, 
Al padre universal piden amor. 

I luego dormirán, i en leda tropa 
Sobre su cama volarán ensueños, 
Ensueños de oro, diáfanos, risueños. 
Visiones que imitar no osó el pincel 
1 ya sobre hi tersa frente posan. 
Ya beben el aliento a las vermejas 
Bocas, como lo chupan las abejas 
A la fresca azucena i al clavel. 

Como para dormirse, bajo el ala 
Esconde su cabeza la avecilla. 
Tal la niñez en su oración sencilla 
Adormece su mente virjinal. 
¡Oh dulce devoción, que reza i rie! 
¡De natural piedad primer aviso! 
¡Fragancia de la flor del paraiso! 
¡Preludio del concierto celestial! 



Vé a rezar, hija mia. I ante todo 
Ruega a Dios por tu madre; por aquella, 
Que te dio el ser, i la mitad mas bella 
De su existencia ha vinculado en él. 
Que en su seno hospedó tu joven alma, 
De una llama celeste desprendida, 
I haciendo dos porciones de la vida, 
Tomó el acíbar i te dio la miel. 



VEIITER VERSOS EN PROSA 51 



Ruega después por mí. Mas que tu madre 
Lo necesito yo... Sencilla, buena, 
Modesta como tú, sufre la pena, 
I devora en silencio su dolor. 
A muchos compasión, a nadie envidia 
La vi tener en mi fortuna escasa: 
Como sobre el cristal la sombra, pasa 
Sobre su alma el ejemplo corruptor. 

No le son conocidos... ¡ni lo sean 
A tí jamás!... los frivolos azares 
De la vana fortuna, los pesares 
Ceñudos que anticipan la vejez; 
De oculto oprobio el torcedor, la espina 
Que punza a la conciencia delincuente, 
La honda fiebre del alma, que la frente 
Tiñe con enfermiza palidez. 

Mas yo la vida por mi mal conozco, 
Conozco el mundo i sé su alevosía; 
I tal vez de mi boca oirás un dia 
Lo que valen las dichas que nos da. 
I sabrás lo que guarda a los que rifan 
Riquezas i poder, la urna aleatoria, 
I que tai-vez la senda que a la gloria 
Guiar parece, a la miseria va. 

Viviendo, su pureza empaña el alma, 
I cada instante alguna culpa nuev¿i 
Arrastra en la corriente que la lleva 
Con rápido descenso al ataúd. 
La tentación seduce; el juicio engaña: 
En los zarzales del camino deja 
Alguna cosa cada cual: la oveja 
Su blanca lana, el hombre su virtud. 

Vé, hija mia, a rezar por mi, i al cielo 
Pocas palabras dirijir te baste: 
"Piedad, Señor, al hombre que criaste: 
Eres Grandeza; eres Bondad, perdón"! 
I Dios te oirá; que cual del ara santa 
Sube el humo a la ciípula eminente, 
Sube del pecho candido, inocente, 
Al trono del Eterno la oración. 

Todo tiende a su fin: a la luz pura 
Del sol, la planta; el cervatillo atado, 
A la libre montaña; el desterrado, 
Al caro suelo que lo vio nacer. 



52 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

I la abejilla en el frondoso valle, i 
De los nuevos tomillos al aroma; 
I la oración en alas de paloma 
A la morada del Supremo Ser. 

Cuando por mí se eleva a Dios tu ruego, 
Soi como el fatigado peregrino, 
Que su carga a la orilla del camino 
Deposita i se sienta a respirar. 
Porque de tu plegaria el dulce canto 
Alivia el peso a mi existencia amarga, 
I quita de mis hombros esta carga, 
Que me agobia, de culpa i de pesar. 

Ruega por mí, i alcánzame que vea 
En esta noche de pavor, el vuelo 
De un ánjel compasivo, que del cielo 
Traiga a mis ojos la perdida luz. 
I pura finalmente, como el mármol 
Que se lava en el templo cada dia. 
Arda en sagrado fuego el alma mia 
Como arde el incensario ante la cruz. 

Ruega, hija, por tus hermanos. 
Los que contigo crecieron, 
I un mismo seno esprimieron, 
I un mismo techo abrigó. 
Ni por los que te amen solo 
El favor del cielo implores: 
Por justos i pecadores 
Cristo en la cruz espiró. 

Ruega por el orgulloso 
Que ufano se pavonea, 
I en su dorada librea 
Funda insensata altivez. 
I por el mendigo humilde 
Que sufre el ceño mezquino 
De los que beben el vino 
Porque le dejen la hez. 

Por el que de torpes vicios 
Sumido en profundo cieno. 
Hace aullar el canto obsceno 
De nocturna bacanal. 
I por la velada vírjen 
Que en su solitario lecho 
Con la mano hiriendo el pecho 
Reza el himno sepulcral. 



VERTER VERSOS EN PROSA 53 

Por el hombre sin entrañas, 
En cuyo pecho no vibra 
Una simpática fibra 
Al pesar i a la aflicción; 
Que no da sustento al haml)re 
Ni a la desnudez vestido, 
Ni da la mano al caido, 
Ni da a la injuria perdón. 

Por el que en mirar se goza 
Su puñal de sangre rojo, 
Buscando el rico despojo, 

la venganza cruel. 

1 por el que en vil libelo 
Destroza una fama pura, 
I en la aleve mordedura 
Escupe asquerosa hiél i- 

Por el que surca animoso 
La mar, de peligros llena; 
Por el que arrastra cadena, 
I por su duro señor. 
Por la razón que leyendo 
En el gran libro, vijila; 
Por la razón que vacila; 
Por la que abraza el error. 

Acuérdate en fin de todos 
Los que penan i trabajan; 
I de todos los que viajan 
Por esta vida mortal. 
Acuérdate aun del malvado 
Que a Dios blasfemando irrita. 
La oración es infinita: 
Nada agota su caudal. 

Hija! reza también por los que cubre 
La soporosa piedra de la tumba. 
Profunda sima a donde se derrumba 
La turba de los hombres mil a mil: 
Abismo en que se mezcla polvo a polvo, 
I pueblo a pueblo; cual se ve a la hoja, 



1 Esta última idea que, como machas otras de estacomposicion, 
no se encuentra en el orijinal, parece ser inspirada por el recuerdo 
de las calumnias de que alguna vez fué víctima el señor Bello. Esta 
fué la única venganza que tom 3 de los que propalaron contra su 
nombre honrado i puro, las acusaciones mas injustas i crueles. 



54 MANUAL DE COMPOSICIÓN LTTPJRARIA 



De que el añoso bosque aliríl despoja, 
Mezclar las suyas otro i otro abril. 

Arrodilla, arrodíllate en la tierra 
Donde segada en flor yace mi Lola, 
Coronada de anjélica aureola; 
Do helado duerme cuanto fué mortal; 
Donde cautivas almas piden preces 
Que las restauren a su ser primero, 
í purguen las reliquias del grosero 
Vaso, que las contuvo, terrenal. 

¡Hija! cuando tú duermes, te sonríes, 
I con apariciones peregrinas, 
Sacuden retozando tus cortinas; 
Travieso enjambre, alegre, volador. 
I otra vez a la luz abres los ojos, 
Al mismo tiempo que la aurora hermosa 
Abre también sus párpados de rosa, 
I da a la tierra el deseado albor. 

Pero esas pobres almas!... si supieras 
Qué sueño duermen... su almohada es fría: 
Duro su lecho; anjélica armonía 
No regocija nunca su prisión. 
No es reposo el sopor que las abruma; 
Para su noche no liai albor temprano; 
I la conciencia, velador gusano. 
Les roe inexorable el corazón. 

Una plegaria, un solo acento tuyo. 
Hará que gocen pasajero alivio, 
I que de luz celeste un rayo tibio 
Logre a su oscura estancia penetrar. 
Que el atormentador remordimiento 
Una tregua a sus víctimas conceda, 
oigan el apacible susurrar. 

Cuando en el campo con pavor secreto 
La sombra ves que de los cielos baja, 
La nieve que las cumbres amortaja, 
I del ocaso el tinte carmesí; 
¿En las quejas del aura i de la fuente 
No te parece que una voz retiña. 
Una doliente voz que dice: "niña. 
Cuando tú reces, rezarás por mí?" 

Es la voz de las almas. A los muertos 
Que oraciones alcanzan, no escarnece 
El rebelado arcánjel, i flor'ece 



VKRTER VERSOS EN PROSA 55 



Sobre su tumba perennal tapiz. 
Mas ai! A los que yacen olvidados 
Cubre perpetuo horror, yerbas estrañas 
Ciegan su sepultura; a sus entrañas 
Árbol funesto enreda la raiz. 

I yo también (no dista mucho el dia) 
Huésped seré de la morada oscura, 
I el ruego invocaré de un alma pura. 
Que a mi largo penar consuelo dé. 
I dulce entonces me será que vengas 
I para mí la eterna paz implores, 
I en la desnuda losa esparzas flores, 
Simple tributo de amorosa fé. 

¿Perdonarás a mi enemiga estrella 
Sí disipadas fueron una a una 
Las que mecieron tu mullida cuna 
Esperanzas de alegre porvenir? 
Si, le perdonarás; i mi memoria 
Te arrancará una lágrima, un suspiro 
Que llegue hasta mi lóbrego retiro 
I haga mi helado polvo rebullir." 

Andrés Bello. ^ 



2 Don Andrés Bííllo, la mas alt.i ilustración literaria de la 
América antes española, nació en Car.ícas el 30 de noviembre de 
1780. Allí hizo sus esEudios con raro lucimiento, i luego fué em- 
pleado como oficial en la secretaría de gobierno de la capitanía 
jeneral de Venezuela. En 1810, cuando estalló la revolución de la 
independencia, fué enviado a Londres con Simón Bolívar, para 
obtener el apoyo del gobierno ingles en favor de la república na- 
ciente. Bello quedó en Inglaterra hasta 1828, sirviendo en la di- 
plomacia como secretario de los ajentes de Venezuela i de Colom- 
bia i mas tarde de los de Chile. Pero empleó principalmente esos 
dieziocho años en un estudio incesante, con el cual adquirió cono- 
cimientos profundos i vastísimos en casi todos los ramos del saber 
humano. Llamado a Chile por el gobierno de esta repúhlica. Bello 
vino a servir en la secretaría de relaciones esteriores, i vivió en 
nuestro pais hasta el 15 de octubre de 1865, dia de su muerte. Du- 
rante este tiempo, prestó a nuestra patria los mas importantes 
servicios. F'ué rector de la Universidad veinte i dos años consecu- 
tivos, senador de la república, redactor del Código Civil. 

Pero su tarea mas notable tuvo por campo la enseñanza de la 
juventud i la propagación de los conocimientos. A este objeto con- 
sagró sus mejores dias de trabajo i escribió obras monumentales 
de saber i de buen método. Su Gramática Castellana i sus Princi- 



56 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



MODELOS DE EJERCICIOS 



I 

La Esperanza 

¡Nombre májico que adoran los mortales! Sueño feliz de 
encantos i de ilusiones! Tii, cuya luz da color al porvenir, 
tú, cuyo aroma enbriaga el corazón: tú eres mi supremo 
bien, que el cielo bondadoso quiso otorgar a los infelices 
mortales, así como en un desierto arenoso i estéril hace na- 
cer un arroyo de agua pura. 

Eres la sonrisa paternal de Dios, eres un don de su amor 
divino, m.as suave que el murmullo de la brisa, i mas dulce 
que el aroma de las flores. 

Eres un ánjel que acompaña a los hombres desde la cuna 
hasta la muerte: con tu nombre encantas a la inocencia i 
con tu voz das aliento a la virtud. 



píos de ortolojía i métrica, para no hablar mas que de aquellos 
trabajos que tienen una relación mas íntima con la literatura, su- 
ponen un estudio inmenso i un talento de observación de primer 
orden. Ninguna lengua ha sido estudiada con mas profundidad 
que la castellana en la obra de Bello, Sus teorías gramaticales, 
prosódicas i métricas, por otra parte, se apartan de casi todo 
cuanto se habia escrito sobre el particular. El autor no ha busca- 
do el fundamento de nuestro idioma en la gramática latina, como 
lo habian hecho casi todos los preceptistas españoles, sino en su 
carácter propio i jenuino. 

Como poeta, don Andrés Bello no posee esos arranques apasio- 
nados, ese ardor fogoso, ese desordenado entusiasmo que nos fas- 
cinan i arrebatan cuando leemos las obras de otros jeniosipoéticos. 
En sus poesías, en cambio, se encontrará la inspiración templada, 
la suavidad, la dulzura, una perfección constante, una armonía 
entre todas las partes de la obra i una corrección de estilo rara 
aun entre los mas ilustres vates españoles. Sus imitaciones del 
francés i del italiano no son, como podría creerse, simples traduc- 
ciones. Tomando de otros poetas la ¡dea principal i algunas ideas 
accesorias, él sabe engalanarlas con bellezas propias, i darles un 
aire enteramente orijinal. La Oración por todos pertenece a este 
número. El fondo i muchos de sus detalles son del célebre poeta 
trances Víctor Hugo; pero Bello la ha ataviado con pensamientos 
suyos, hijos de su alma i de sus mas queridos sentimientos. 



VERTER PROSA EN VERSOS 57 

Solo til das un divino consuelo al corazón lacerado i yer 
mo: tuyas son las flores que se encuentran en el árido ca- 
mino de la vida. 

Tu luz esparce divina claridad hasta en la losa de la fria 
tumba; i cuando penetra en su mansión sombría, el hom- 
bre espera hallar inmensa eternidad. 

Por tí, de su querido hogar coi're el guerrero al combate 
con ardor heroico; i escucha el hórrido estampido del canon 
sin temor ni espanto. 

Cuando tú le muestras una pajina en la historia i una 
eterna corona de laurel, la voz que le promete gloria es 
tuya, como también es tuyo el ardor que en su pecho se 
despierta. 

Al marinero que en un frájil barquichuelo surca la esten- 
sion de los mares tempestuosos, tú le prometes que volverá 
a su patria querida dueño de tesoros. 

¡Ai! tú también serás siempre el delirio lisonjero del tris- 
te trovador: tú perfumarás con flores encantadas el áspero 
camino de su vida." 



II 
El Comercio 

"El hombre seria aun una alimaña indómita i todo el 
orbe una selva enmarañada, el habitante de España no sa- 
bria aun si hai en Europa un rio Támesis o un Elba; mas, 
¿qué digo? hasta las playas de Huelva o de Alicante serian 
desconocidas al gallego sin el arte benéfico (i esto es serio) 
que estriba en las dos voces dame i toma. 

¡Gloria al varón esperto que en los tiempos antiguos 
ahuecó con su mano industriosa un rudo tronco! i habién- 
dolo convertido en barquichuelo informe i pequeño, lo en- 
sayó primero en las tranquilas aguas de un lago, i luego 
(me santiguo al recordar una hazaña tan ilustre) desafian- 
do los viento i sin temor de zozobrar, se atrevió a surcar 
los salados mares. 

Dejando a un lado al decrépito Carón, ¿quién fué el pri- 
mer navegante? Por vida de quien soi, declaro que no lo sé; 
pero yo, que no creo en Deucalion i qu3 creo a pies juntos 
en Noé, presumo que antes que este varón santísimo cons- 
truyese aquella enorme arca, ya habia tráfico naval. 



5S MANt/AL DK COMPOSICIÓN LITERARIA 



Cediendo a dos móviles poderosos, a la curiosidad i a la 
codicia, el hombre se lanzó al piélago tremendo con fortuna 
adversa a veces, otras favorable; i con los remos o con l?.s 
velas (aunque ningún autor me dé noticia, así lo entiendo 
3^0), tan luego como los humanos formaron varios pueblos, 
buscó por ese camino su ctiin quibus 

I aunque otra cosa diga a las jentes incautas aquella 
historia peregrina de Jííson i de sus intrépidos argonautas, 
no fué la sed de gloria la que movió su nave, ni hubieran 
encontrado asunto para estatuas i para cantos en la vic- 
toria que despojó a la Cólquida de sus ric|uezas, si el vello- 
cino de oro hubiera sido sólo de lana." 



SECCIÓN lll 

Traslación al lenguaje moderno de algunos trozos escritos 
en castellano antiguo 



Este jénero de ejercicios tiene una incontestable utilidad. 
En primer lugar, nos enseña a leer corrientemente las obras 
maestras de las primeras edades, poco conocidas jeneral- 
mente, a causa de las dificultades que a primera vista pre- 
senta su lectura. Nos hace conocer ademas las modifica- 
ciones por que ha pasado la lengua castellana antes de 
quedar definitivamente fijada. 

Aunque el mejor medio de hacer notar la diferencia que 
existe entre el castellano antiguo i el moderno es analizar 
algunos fragmentos, nos haparecilo útil el reunir aquí cier- 
tas observaciones previas, sirviéndonos para ello de los tra- 
bajos de algunos de los mas ilustres gramáticos de nuestra 
lengua, don Vicente Salva principalmente. 

1*^ Los antiguos evitaban cuanto podian la coinciden- 
cia del artículo la con las palabras femeninas principiadas 
por cT, aun cuando ésta no fuese la vocal acentuada. Así 
decian el amistad, el aspereza, el azucena, el añcion. Algu- 
nos aplicaron esta regla aun a voces comenzadas con otras 
vocales: así decian el ortografía. Hicieron estensiva esta 



60 MANUAL DK COMPOSICIÓN LITERARIA 

práctica a los adjetivos unfi i aquella antes de sustantivo 
femenino comenzado por a, i decian aquel agua, un ave. 

2° Ligaban la preposición de con los adjetivos este, ella 
i ese diciendo deste, della, desta, dése. Por la inversa, evi- 
taba la contracción de las preposiciones de i a con el ar- 
tículo e/; i decian de el señor, a e¡ señor, 

3" Daban indistintamente los dos jéneros a muchos 
nombres que no tienen en nuestro tiempo masque uno solo: 
tales son calor, cisma, clima, color, chisme, desorden, do- 
blez, enigma, enjambre, estratajema, fénix, ñu, fraude, ho- 
nor, linde, loor, maná, mapa, maravedí, márjen, método, 
olor, oríjen. prez, pro, rebelión, etc. 

4*^ Suprimian frecuentemente, i para evitar la cacofonía, 
la consonante que termina una sílaba en medio d^ dicción. 
Así decian: conduta por conducta, diño por digno, efeto 
por efecto, Ejito por Ejipto, etc. En otras espresiones con- 
servaban la consonante, sobre todo cuando se habia hecho 
una contracción en la palabra latina de que se habia for- 
mado el vocablo castellano: así decian dubda por duda-, 
judgar por juzgar, cobdicia por codicia. 

5° El relativo quien carecia de plural, i se referia indife- 
rentemente a persona o cosa, a una o muchas. Cervantes 
dice que don Quijote ^'se queria ir a buscar aventuras; de 
quien tenia noticia que aquella tierra (Zaragoza) abunda- 
ba." Quien reproduce a aventuras. 

6"^ Los demostrativos este i ese, con que en nuestro tiem- 
po se indica un objeto cercano o distante, se usaban indi- 
ferentemente. En el capítulo XXII, parte 2^ de Don Quijo- 
te, Sancho Panza dice a su amo, cuando éste bajaba a la 
cueva de Montesinos: ''Allá vas, valentón del mundo, co- 
razón de acero, brazos de bronce: Dios te guie otra vez i te 
vuelva libre, sano i sin cautela a la luz desta vida que de- 
jas, por enterrarte en esta oscuridad que buscas." En nues- 
tro tiempo deberia decirse esa oscuridad (que está allá lejos) 
en contraposición a esta vida, donde se encuentra el que 
habla. 

7^ En la segunda persona del plural de todos los tiem- 



TRASLACIÓN DEL CASTELLANO ANTIGUO 61 

pos del verbo se usaba la terminación des en vez de /s, i de- 
cian cantades por cantáis^ cantedes por cantéis^ sodes por 
sois, etc. 

8" Las formas verbales compuestas en que entra un in- 
finitivo i un caso complementario, recibian una construc- 
ción particular. Te he de i^er, había de verte, he de hacerlo, 
por ejemplo, se espresaban por verte he, verte hia, hacer- 
lo he. 

9*=* Omitian la d de la segunda persona de plural del im- 
perativo, i deoian decí, hace, mira (que han quedado como 
modismos vulgares i empleados en el singular) en vez de de- 
cid, haced, mirad. Muchas veces se encuentra esta misma 
forma con una t fin¿ü, sabtt, etc. Si al imperativo seguian 
los casos complementarios le, la, lo, anteponían la. 1 ala a 
final, i escribían ámaldo, haceldo, bendecitde, etc. 

10. Cuando el mtinitivo iba modificado por los comple- 
mentarios lo, la, le, solian cambiar la r final del verbo en 1, 
los que formaban una y/ en la última síl'dlja de la palabra, 
diciendo escribillo, teñe 1 ¡o, etc. 

11. Usaban un participio que ha caidoen desuso en nues- 
tros dias, i que equivale al participio de presente de los la- 
tinos, i decían hallante por el que halla, matante por el que 
mata, etc. Cuando Cervantes describe en el capítulo LYI de 
la 2^ parte de Don Quijote, l-I p¿ilenque en que debía batirse 
su héroe con el lacayo Tosílos, dice: "estaban suspensos los 
corazones de la mirante turba, temiendo unos, i esperando 
otros el buen o mal suceso de aquel caso," 

12. Muchos verbos se conjugan de distinta manera que 
al presente, o tenían irregularidades hoí olvidadas. Así ha- 
llamos con frecuencia diz por dicen, ñz por hizo o hice, con- 
verná i verná por convendrá i vendrá; irnos por vamos; 
do, esté, so, vo por doi, estoi, soi, voi; cayo, caja, oyó, 
oya, por caigo, caiga, oigo, oiga; valo, vala por valgo, 
valga; sei por sé, forma del singular del imperativo de verbo 
ser; via por veia; vide, vid o por vi, vio. Algunos pretéritos 
i sus derivados tomaban una o en la antepenúltima en lu- 
gar de la a que se halla en su infinitivo, mientras nosotros 



62 MANUAL DE C0>1P0S1CI()N LITERARIA 

cambiamos esa a en u: así decían copo por cupo, oho (que 
escribían ovo) por hubo, sopo por supo. Traer, por el con- 
trario, tomaba u, donde nosotros conservamos la a: así 
decian trujo, trujera en vez de trajo, trajera. Otra particu- 
laridad de la antigua conjugación castellana, que se con- 
serva todavía como un vicio de nuestro idioma vulgar, es 
añadir una s a la terminación de la segunda persona del 
pretérito, escribiendo vistes por viste, entendistes por en- 
tendiste. 

13. Muchos verbos tenian una a inicial que ahora no se 
usa sino en las locuciones de la jente inculta. Decíase aba- 
jar, amenguar, asosegar, atapar, aUwpiar, alienar; allegar, 
por llegar 

14-. Algunos verbos no tenian aun la significación precisa 
i determinada que les han dado los modernos. Ser i estar, 
cuyo uso propio está ahora perfectamente establecido, se 
confundían con frecuencia. 5er se empleaba a veces en lugar 
de haber: así se decia: Luego que fuimos salido. En ocasio- 
nes í-ignificaba vivir, como esta locución: Si Homero fuer¿i 
en estos tiempos. Bstar era reemplazado en su uso por ir o 
andar, como se ve en estos ejemplos: Por ir tan lleno de 
lección i doctrina; De que el corazón anda lleno; de donde 
han resultado las locuciones usuales de ando enfermo, ando 
triste. 

15. El uso de las preposiciones no estnba tampoco per- 
fectamente fijado. La preposición a denotaba localidad en 
ciertas frases, como: Vi a tu pecho la insignia. La preposi- 
ción en suplia a la de o sobre en locuciones análogas a esta: 
Hablaba en tu negocio; coatendian los dos hermanos en la 
h'^ renda. 

16. Empleaban casi indistintamente los complementa- 
rios le i lo, les i los, le i la, de dond^ resulta con mucha fre- 
cuencia alguna oscuridad en los antiguos escritores caste- 
llanos, para cuya cabal intelijencia es preciso meditar un 
momento. 

17. Usaban ciertas voces derivadas del latin, que fueron 
abandonadas mas tarde, i que empleadas ahora parecerían 
galicismos, puesto que el francés, nacido del mismo oríjen, 



TRASLACIÓN DEL CASTELLANO ANTIGUO 63 

ha conservado voces análogas. Tales son, entre otras: afa- 
mado por hambriento, i no por famoso; atender por espe- 
rar, apres por después, averar por averiguar, aviso por 
dictamen o parecer, caporal por cabo de escuadra, d'^.fender 
por prohibir, ensamble por junto, entretener por mantener, 
habillado por vestido, hacer el amor por enamorar, hinter- 
na por linterna, letra por carta, otramente por de otro 
modo, prender por tomar, sujeto por asunto, tirar por sa- 
car, V por ahí. 

18. La construcción de la frase se diferenciaba bastante 
de la manera de escribir de los modernos. Colocaban jene- 
ralmente el verbo al fin de la or£icion, imitando en esto a 
los latinos, i dando muchas veces grande oscuridad al sen- 
tido. "En éstos (los escritores esp moles anteriores a la se- 
gunda mitad del siglo XVI), dice don José Joaquín de Mo- 
ra, en una escelente vida de frai Luis de Granada, en éstos 
se echan de ver todavía restos de locuciones vulgares mez- 
clados con no pocos pruritos de afectación i con mal dis- 
frazadas imitaciones del latín. Sobre todo, el período no se 
hallaba fijado todavía en sus verdaderos límites; ercí des- 
conocido el arte de combinar la división del pensamiento 
con el encadenamiento periódico de la frase; i por no saber 
emplear acertadamente las voces conjuntivas, ni haberse 
inventado aun los artificios que las suplen, el concepto se 
diluia, digámoslo así, en una indefinida serie de proposicio- 
nes, en las que ademas, a efecto de la confusa intervención 
de los relativos i posesivos, la atención se estravia i el lec- 
tor llega a perder de un todo el sentido principal. Acos- 
tutnbrados los escritores a la composición latina, cuya leu- 
gai estaba en posesión de ser esclusivamente el vehículo de 
las ciencias i de la literatura, trasladaron a su propio idio- 
ma el jiro de aquellas frases tortuosa-?, de aquellas cons- 
trucciones intrincadas que pueden sin inconveniente usarse, 
cuando la sintaxis suministra los medios de encontrar fá- 
cilmente el réjimen i la concordancia. Era también harto 
común en aquellas épocas el descuido de los recursos eufó- 
nicos i sonoros, que son los que constituyen propiamente 



61 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

la armonía del estilo. Ni se evitaban las asonancias i caco- 
fonías, ni se redondeaba la frase de manera que llenase 
agradablemente el oido". 

19. La ortografía castellana no estaba aun fijada, de 
manera que no es raro el encontrar en los libros impresos 
en los siglos XV i XVI voces que nos sorprendan por la 
manera como se las escribia. Hubo i había, i también ovo i 
avia, se encuentran en vez de hubo i había. El inmortal 
Cervantes escribia su apellido con una b que ha dado mucho 
que hablar a los gramáticos. Casi parece inútil advertir que 
en vez de la Íz muda al principio de dicción, se escribia de or- 
dinario f, respetando la etimolojía latina, i que se decia fa 
blar, fermoso, fecho, fazaña. La x reemplazaba casi siempre 
a lay, por ejemplo en México, traxo, tradaxo, Qtc. En otras 
voces derivadas délos idiomas antiguos se usaba la ph por 
/; como phílosophía; i la ch por c o q como christíano, chí- 
mica. 

20. Pero la principal diferencia entre el idioma antiguo i 
el moderno convsistia en la diversidad de voces. Así, por 
ejemplo, se decia cabe o cabopor hacía; conáecabo por otra 
vez; connusco por con nosotros; vasco por con voz; deyuso 
por abajo; é o et por /conjunción; maguer por aunque; so 
por debajo; suso por sobre o arriba, etc. Pero, esta esplica- 
cion seria la obra de un diccionario. En los trozos que 
trascribimos en seguida, hemos cuidado de poner por vía 
de nota, la interpretación de las voces que no son de uso 
corriente. 

Tales son los principales punios en que el alumno debe 
fijar su atención antes de comenzar a traducir en español 
moderno un trozo escrito en castellano antiguo. Conocidas 
estas diferencias, no debe encontrar dificultades reales. Sa- 
biendo el sentido de las palabras que han envejecido, no le 
queda mas que un trabajo de ortografía i de gramática, 
que consiste en dar a las frases una construcción moderna, 
cuando la que se encuentra en el orijinal se diferencia mu- 
cho de nuestra manera de decir, en traducir algunas voces 



TRASLACIÓN DEL CASTELLANO ANTIGUO 65 

anticuadas para hacerlas mas intelijibles, i en escribirlas 
con la ortografía usada en nuestro tiempo. 

En los fragmentos siguientes tomados de los antiguos 
autores castellanos, encontrarán los jóvenes ejemplos en 
que ejercitarse en esta clase de trabajos. Los tres primeros 
trozos tienen una versión al castellano moderno. 



TEMAvS DE EJERCICIOS 



Las armas i las letras 

"Verdaderamente si bien se considera, señores mios, 
grandes e inauditas cosas ven los que profesan la orden de 
la andante caballería. Si no ¿cuál de los vivientes habrá en 
el mundo, que ahora por la puerta deste castillo entrara, i 
de la suerte que estamos nos viera, que juzgue i crea que 
nosotros somos quien somos? ¿Quién podrá decir que esta 
señora, que está a mi lado, es la gran reina que todos sabe- 
mos, i que yo soi aquel caballero de la Triste Figura que 
anda por ahí en boca de la fama? Ahora no hai que dudar, 
sino que esta arte i ejercicio escede a todas aquellas i aque- 
llos que los hombres inventaron, i tanto mas se hade tener 
en estima, cuanto a mas peligros está sujeto. Quítenseme 
delante los que dijeren que las letras hacen ventaja a las 
armas; que les diré, i sean quien se fueren, que no saben lo 
que dicen: porque la razón que los tales suelen decir, i a lo 
que ellos mas se atienen, es que los trabajos del espíritu es- 
ceden a los del cuerpo, i que las armas solo con el cuerpo se 
ejercitan; como si fuese su ejercicio oficio de ganapanes, pa- 
ra el cual no es menester mas de buenas fuerzas; o como si 
en esto que llamamos armas los que las profesamos, no se 
encerrasen los actos de la fortaleza, los cuales piden para 
ejecutallos mucho entendimiento; o como si no trabajase el 
ánimo del guerrero que tiene a su cargo un ejército o la de- 
fensa de una ciudad sitiada, así con el espíritu como con el 
cuerpo. Si no, véase si se alcanza con las fuerzas corporales 
a saber i conjeturar el intento del enemigo, los designios, 
las estratajemas, las dificultades, el prevenir los daños que 
se temen; que todas estas cosas son acciones del entendi- 

TOMO V 5 



66 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

miento, en quien no tiene parte alguna el cuerpo. Siendo^ 
pues, ansí que las armas requieren espíritu como las letras, 
veamos ahora cuál de los dos espíritus, el del letrado o el 
del guerrero trabaja mas; i esto se vendrá a conocer por el 
fin i paradero a que cada uno se encamina, porque aquella 
intención se ha de estimaren mas, que tiene por objeto mas 
noble fin." 

Cervantes, 

Don Quijote, Part. I, cap. XXXVII. * 



II 

Carta de Alejandro a su madre 

Este es el testamento de Alexandrequando sopo | 1 | que 
moririe del toxigo | 2 | quel dieron ! 3 | a beber: e de la car- 
ta que envió a su madre, en quel mandaba que non oviesse 
I 4 I miedo e que se conortasse; | 5 | e la tenor de la carta 
decia assi: 

Madre, debedes | 6 | punnar | 7 | ennonsemeiar | 8 | alas 
mugieres en flaqueza de sus corazones assi como punné yo 
de non semeiar a los fechos de los ornes | 9 | viles. Sabet 
I 10 I que yo nunca pensé enna | 11 ¡ muerte, iien ove | 12 | 
cuidado della | 13 | , porque sabia que non podia estorcer 
I 14 I della. Otrosi non debedes | 15 | aver | 16 | cuidado 
nen duelo nenguno, cá | 17 | vos non fustes | 18 | tan torpe 
que non sopiessedes | 19 | que de los mortales era yo. Et 
sabet que cuando yo fis | 20 ¡ esta carta fué mioasmamien- 
to I 21 I de vos conortar con ella. Pues, madre, ruegovos 
I 22 I yo que non fagades | 23 | contra el mío asmamiento 
I 24 I Cá debedes saber que a lo que yo vo es meior | 25 | 



* El discurso de don Quijote sobre las armas i las letras, del cual 
estas líneas no son mas que el principio, es considerado como uno de 
los trozos mas elocuentes de la literatura castellana. Es cierto que se 
deja ver en él algo del cerebro desordenado del loco que imajinó (Cer- 
vantes para héroe de su obra; pero ¡cuánta imajinacion en los detalles, 
cuánto vigor en el estilo i cuánta lojica i verdad se encuentra en todo 
él cuando se conoce el punto de partida, es decir, la locura de un 
hombre caballeroso, ilustrado i sensato en toda materia que no sea la 
andante caballería! Para nuestro objeto, es decir, para demostrar las 
variaciones por que ha pasado la lengua castellana, nos basta este cor- 
to fragmento, si bien indicamos el lugar donde podrán los jóvenes leer- 
lo por entero. Véanse sobre Cervantes i su libro las ^oc. de hist. lit., 
part. III, cap. III, § 13. 



TRASLACIÓN DEL CASTELLANO ANTIGUO 67 

que lo que yo dellexo | 26 ¡ . Pues alegradvos con mi ida, e 
apareíadvos | 27 ¡ de seguir todos los mios bonos fechos 
I 28 ¡ . Cá ya destaiada | 29 | es la mi nombradiadel regna- 
do, e del seso, e del bon conseio. Pue.s avivevos | 30 ' la mi 
nombradia con vuestro bon seso e con vostra sofrencia 
I 31 I e con vostroconorte | 32 | , e non vos debe levar | 33 | 
mió amor se non a las cosas que yo amo, e las cosas que yo 
quiero; que la sennal | 34 | del ome que ama al otro es en 
quel faga su sabor, e nol faga dessabon E todo que los omes 
aguardan el vostro seso e las cosas que podierdes e que fa- 
redes por tal de saber la vostra obediencia, o la vostra de- 
sobediencia: e se queredes complir el mió talento: y sabet 
que todas las creaturas del mundo facense e desafacense; e 
an ¡ 35 I comenzamiento e fin: e el ome después que nace 
siempre va menguando | 36 | , e iendo e tornando a sus 
a lindamientos | 37 | ; y el ome maguer | 38 | que pueble en 
este mundo, a ir es del, e del rcgnado maguer que dure a 
dexar es. Pues prendet | 39 | exiemplo, nuidre, de los que 
son finados, de los reys e de los otros omes de altos loü;a- 
res que se derribaron e ser hermaron | 40 | , e tantos bonos 
castiellos | 41 | e bonas pueblas que se derribaron e se her- 
maron: e sabet quel vostro fijo que nunca se pagó de las me- 
ñudés I 42 I de los omes menudos e viles. Otrosi non vos pa- 
gar de la flaqueza de los sos | 43 | corazones de las madres 
de los otros reys, e esquivat | 44 | vos siempre de las cosas 
que vostro fijo se esquivó siempre. Madre, assicomo la vos- 
tra pérdida es muí grande, assi la vostra sufrencia e el vues- 
tro conorte sea mui grande, que aquel es ome sesudo | 45 | 
el que ha su conorte segunt la grandez de su pérdida: et sa- 
bet, madre, que todas las cosas que Dios fizo nacen pequen- 
nas e van creciendo, se non los duelos, que son de comienzo 
grandes e van menguando: e debenvos ahondar | 46 ¡ estos 
conortes, e estos castigamientos | 47 | . E mandat, madre, 
facer una villa | 48 | mui grande e mui apuesta | 49 | , e des- 
que vos legar | 50 | el mandado de mi muerte, que sea la vi- 
lla fecha, y I 51 I mandat guisar un grant iantar | 52 | e 
mui bono, e mandat dar pregón per toda la tierra, que to- 
dos los que non ovieron pesar nen pérdida, que vengan h\^ 
a iantar | 53 | en aquella villa por tal que sea el llanto de 
Alexandre estremado de todos los llantos de los otros reys. 
E ella fizólo assi: e quando llegó la carta del mandado 
de muerte de sufijo Alexandre era la villa fecha, mandó facer 
la iantar | 54 | segundo el mandamiento de Alexandre, e nol 
I 55 I vieno nenguno a aquel iantar. 



68 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



Pues dixo ella: ¿qué an los omes que no quieren venir a 
nostro convite? e dixioronle: sennora, porque vos mandas- 
tes que non viniesse hy nenguno de quantos non ovieron 
duelo nen pérdida: e sennora, non ha orne en el mundo que 
non oviesse pérdida o duelo, e por esso non venieron hy 
nengunos... 

Pues dixo ella: ay mió fijo, que mucho semeian los fechos 
de la vostra vida a los fechos del vostro finamiento, cá me 
conortastes con el grant conorte complido. 

Juan Lorenzo de Segura, (a) 



I 1 I supo, I 2 I veneno | 3 | que le dieron. I 4 ' hubiese o tuviese, 
I 5 ¡ confortase o consolase. | 6 | debéis. | 7 | lidiar, forcejear, 
empeñarse. | 8 | asemejarse. | 9 | hombres. | 10 | sabed. | |11 | en 
la. I 12 I hube o tuve. | 13 ¡ de ella. | 14 |. salir, librarse. 1 15 | de- 
béis. I 16 I haber o tener. | 17 | porque. | 18 | fuisteis. ¡ 19 | supie- 
reis. I 20 I hice. I 21 | del verbo anticuado asmar que significa pen- 
sar,juzgar, meditar. | 22 | osruego. | 23 ] hagáis. | 24 | pensamien- 
to. I 25 I mejor. | 26 | dejo, abandono. | 27 | familiarizaos, im- 
perativo del verbo anticuado aparciar, de donde viene aparcero, 
usado en nuestro tiempo, i que significa compañero. ¡ 28 j buenos 
hechos. I 29 | participio del verbo anticuado destaiar, que signifi- 
ca destajar, separar. | 30 | avíveos, alenteos. | 31 | sufrimiento. 
I 32 i consuelo. | 33 1 llevar. | 34 ! seña). | 35 | han. | 36 í disminu- 
yendo, acercándose a su fin. | 37 | alineamientos, de allinar, ali- 
near, j 38 I aunque. ! 39 \ tomad. | 40 | destruyeron. | 41 | casti- 
llos. I 42 I pequenez. | 43 | sus. | 44 | esquivad, evitad. | 45 | jui- 
cioso, que tiene seso. | 46 | deben abundaros o sobraros, j 47 | 
castigos. I 48 I casa o palacio de campo, ordinariamente para 
recreo. | 49 | compuesta, adornada. | 50 | llegar. | 51 | allí; algu- 
nas veces se escribe hy, de donde se ha formado ahí. | 52 | comida. 
I 53 I comer a medio día. | 54 | este sustantivo como se ve en el 
texto, se usa indiferentemente como masculino i como femenino. 
I 55 I no." 

(a.) Juan Lorenzo de SEauRA V., Noc. dehist.lit., part. II, Cap. VI, 
§ 11 pasa por autor del poema titulado Alejandro, compuesto en 
el siglo XIII, como se deja ver por la última estrofa que dice así: 

Si quisierdes saber quien escribió este ditado, 
Johan Lorenzo bon clérigo é hondrado, 
Segura de Astorga, de mannas ben temprado: 
En el día del juicio Dios sea mió pagado. Amen. 

Al fin del poema trascribe dos cartas en prosa que supone es- 
critas por Alejandro a su madre. Una de ellas es la que va en el 
texto. 



TEA8LACIOX DEL CASTELLANO ANTIGUO 69 

. : C 



ITI 

Los reyes deben dominar sus pasiones 

^'Mucho se deven los re\^es or^ardar de la saña, e de la 
ira, e de la malquerencia, porque estas son contra las bue- 
nas costumbres. E la guarda | 1 ¡ que deben tomar en si 
contra la saña, es que sean sufridos, de guisa | 2 | que non 
les venza, nin se muevan por ella a facer cosa que les esté 
mal o que sea contra derecho: cá | 3 ! lo que con ella ficie- 
sen desta guisa, mas semeiaria | 4 | venganza que justicia. 
E por ende dixeron los sabios: que la saña embarga el co- 
razón del home | 5 | de manera quel non dexa escojer la 
verdad... E tanto tuvo el rei David por fuerte cosa la saña 
que a Dios mismo dixo en su corazón: Señor, cuando fueres 
sañudo no me quieras reprender, nin seyendo irado | 6 | 
castigar. E por esto deve el rei sofrirse en la saña fasta que 
le sea pasada: e quando lo ficiere, seguirsele ha | 7 | grand 
pro I 8 |, cá podrá escojer la verdad, e facer con derecho lo 
que ficiere. E si desta guisa non lo quisiere facer caerá en 
saña de Dios e de los homes... Ira luenga non debe el rei 
a ver | 9 |, pues que ha poder de vedar | 10 | luego las cosas 
mal fechas... E porque la ira del rei es mas fuerte e mas da- 
ñosa que la de los otros homes porque la puede mas aina 
I 11 1 complir; por ende deve ser mas apercebido | 12 \ quan- 
do la oviere | 13 | en saberla sofrir. Cá assi como dixo el 
rei Salomón, atal es la ira del rei como la braveza del león, 
que ante el su bramido todas las otras bestias tremen í 14 | 
e non saben do se tener: e otrosi ante la ira del rei non sa- 
ben los homes que facer, cá siempre están a sospecha de 
muerte. E dicho avernos también de las que ha de vestir 
como de las otras, ha menester que las tenga tales, que él 
se apodere dellas, e non ellas del." 

Alfonso x. de Castilla, (a) 

1, I 2 I de manera. | 3 | porque, 
semejaría, parecería. ¡ 5 | hombre. | 6 | airado, irritado. | 7 



1 I cautela, precaución, | 2 | de manera. | 3 | porque. |4 | 



(a) V. las Noc. de hist. lit. part. II, cap. VI, § 12. Este fragmen- 
to está estractado de Las swte partidas, (tít. V, part. II). El 
puede dar una idea aproximativa del carácter literario de ese có- 
digo en que se discute el fundamento de la lei, i ésta toma un aire 
de consejo mucho mas bien que de precepto. 



70 MANUAL DE COMPOSICTCN LITERARIA 

ha de seguírsele. | 8 | provecho. | 9 | haber, tener. | 10 ¡ pro- 
hibir. I 11 I pronto, luego. 1 12 ¡ preparado, dispuesto. | 13 | 
hubiere. I 14 ! tiemblan. 



lY 

Buen uso que el rei debe hacer de sus palabras 

La palabra tiene mui grand pro ¡ 1 | quando se dice co- 
mo deve: cá | 2 | por ella se entienden los homes los unos a 
los otros, de manera que facen sus fechos en uno mas de- 
sembargadamente | 8 j. E por ende | 4 | todo home, e ma- 
yormente el rei, se debe mucho guardar en su palabra, de 
manera que sea catada | 5 | e pensada ante que la dija: cá 
después que sale de la boca, non puede home facer que non 
sea dicha... Deve el rei guardar que sus palabras sean egua- 
les e en buen son | 6 | : cá las palabras que se dicen sobre 
razones feas e sin pro, e que non son fermosas nin apuestas 
al que las fabla nin otrosi al que las oye, nin puede tomar 
buen castigo nin buen consejo: son ademas, e llamánlas ca- 
surras | 7 ¡ porque son viles e desapuestas, e non deven ser 
dichas ante homes buenos, quanto mas decirlas ellos mis- 
mos, e mayormente el rei. E otrosi palabras enáticas ¡ 8 | e 
necias que non conviene al rei que las diga: cá estas tienen 
mui gran daño a los que las oyen, e mui mayor a los que 
las dicen... Menguadas no deben ser las palabras del rei. E 
serian átales en dos maneras: la primera cuando se partie- 
se de la verdad e dixese mentira a sabiendas en daño de sí 
mismo o de otro, cá la verdad es cosa derecha e egual. E 
segund | 9 | dixo Salomón: non quiere la verdad desvia- 
mento nin torturas... Desconvenientes no deben ser las pa- 
labras del rei: e serian átales en dos maneras: la primera 
como si la dixese en grand alabanza de sí: cá esta es cosa 
que está mal a todo home, porque si él bueno fuese, sus 
obras le loarán | 10 | ... Daño mui grave viene al rei e a los 
otros homes quando dixeren palabras malas e villanas e 
como non deben, porque después que fueren dichas non las 
pueden tornar que dichas non sean. E por ende dixo un fi- 
lósofo quel home debe mas callar que fablar, e mayormente 
delante de sus enemigos, porque non puedan tomar aperce- 
bimiento | 11 | de sus palabras para deservirle o buscarle 
mal: cá el que mucho fabla non se puede guardar que no 



TRASLACIÓN DEL CASTELLANO ANTIGUO 71 

yerre, i el mucho fablar face envilecer las palabras, e tácele 
descubrir las sus poridades | 12 |. E si él non fuere home de 
gran seso por las sus palabras entenderán los homes la 
mengua que ha del: cá bien así como el cántaro quebrado 
se conoce por su sueno, otrosi el seso del home es conocido 
por la palabra." 

Alfonso x. de CAvSTilla. (a) 



¡ 1 I provecho. | 2 \ porque. | 3 | libremente, sin impedi- 
mento. I 4 I por lo cual. | 5 | mirada, escojida. | 6 ; tenor, 
modo o manera. | 7 | bajas, groseras. | 8 | disformes, feas. 
I 9 I según. | 10 | alabaran. | 11 | derivado de apercibir, pre- 
venir, preparar, j 12 | secretos. 



Retrato de don Enrique de Villena 

"Pablaba con buena gracia e abundancia en rabones, sin 
prolixidad de palabras: temblábale un poco la voz por en- 
fermedad accidental e no por delecto natural. En la edad 
de mozo. tuvo seso e autoridad de viejo. Era hombre esen- 
cial ¡ 1 I , e no curaba | 2 | de apariencias ni de cerimonias 
infladas | 3 | . Tenia la agudeza tan viva, que a pocas razo- 
nes conocía las condiciones e los flnes de los hombres: e 
dando a cada uno esperanza de sus deseos, alcanzaba mu- 
chas veces lo que él deseaba. Tenia tan grand sufrimiento, 
que ni palabra áspera que le dixesen le movia, ni novedad 
de negocio que o\^ese le alteraba: i en el mayor discrimen | 4 | 
de las cosas tenia mejor arbitrio para las entender e reme- 
diar. Era hombre que con madura deliberación determinaba 
lo que abia de facer, e no forzaba el tiempo, mas forzaba asi 
mismo esperaddo tiempo para lo facer. Tovo algunos ami- 
gos de los que la próspera fortuna suele traer: tovo asimis- 
mo muchos contrarios de los que la envidia de los bienes suele 
criar. No era varón de vengan/as ni perdia tiempo ni pensa- 
miento en las seguir. Decia él que todo hombre que piensa en 



(a) Estractado del tít. IV de la II partida. V. la nota últirna 



del fragmento anterior. 



72 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



vengarse, antes atormenta a sí que daña al contrarío. Per- 
donaba lijeramente | 5 | , i era piadoso en laexecucionde la 
justicia criminal; porque pensaba ser mas aceptable a Dios 
la grand misericordia que la extrema justicia. No quiero 
negar que como hombre humano este caballero no to viese 
vicios como los otros hombres; pero puédese bien creer, que 
si la flaqueza de su humanidad no los podia resistir, la 
fuerza de su prudencia los sabia disimular". 

Hernando del Pulgar 

Claros varones tít. VI (*") 



1 I que buscaba el fondo de las cosas. ¡ 2 | cuidaba. ¡ 3 
vanas. | 4 ¡ peligro. | 5 | fácilmente. 



VI 

Muerte de don Enrique de Villena 

**No le bastó a don Enrique de Villena su saber para que 
no morirse; ni tampoco le bastó ser tio del rei para no ser 
llamado por encantador ¡ 1 | . Ha venido al rei el tanto ¡ 2 [ 
de su muerte: e la conclusión que vos puedo dar será que 
asaz I 3 | don Enrique era sabio de lo que a los otros cum- 
plia, e nada supo en lo que le cumplia a él. Dos carretas 
son cargadas de los libros que dexó, que al rei le han trai- 
do: e porque diz | 4 | que son májicos e de artes non cum- 
plideras I 5 I de leer, el rei mandó que a la posada de Fr. 
Lope Barrientos fuesen llevados: e Fr. Lope, que mas se 
cura 1 6 I de andar del príncipe | 7 | , que de ser revisor de 
nigromancias, fizo quemar mas de cien libros, que no los 
vio el mas que el rei de Marroecos, ni mas los entiende que 
el deán de Cidá Rodrigo; cá ¡ 8 | son muchos los que en este 
tiempo se fan dotos i 9 | , faciendo a otros insipientes | 10 | 



(a) Véanse sobre Hernando del Pulgar las Noc. de hist. lit., 
part. II, cap. VI, § 32. En el mismo libro se encuentran noticias 
concernientes a don P^nrique de Villena (part. II, cap. VI, § 20). 



TRASLACIÓN DEL CASTELLANO ANTICUO 



e magos: e peor es, que se fazan I 11 | beatos faciendo a 
otros nigromantes. Tan solo este denuesto no habia gus- 
tado I 12 j del hado este bueno e manífico señor." 

Hernán Gómez de Cibdareal (a) 



I 1 I tenido por encantador. | 2 | la noticia. ! 3 ! bastan- 
te, abundantemente. | 4 | dicen, | o | lo que conviene o im- 
porta para alguna cosa. | 6 | se cuida. | 7 | hacer la corte 
al príncipe. | 8 ¡ porque. | 9 | hacen doctos, | 10 | princi- 
piantes, ignorantes. ¡ 11 | hagan. | 12 | tan sola esta con- 
trariedad no le habia hecho saborear el destino. 



VII 
Don Alvaro de. Luna 

/'Tanta i tan singular fué la fianza | 1 | que el reí hizo del 
condestable, e tan grande e tan excesiva su potencia | 2 | , 
que apenas se podia saber de ningún rey o príncipe que muí 
temido | 3 | e obedecido fuese en su reino, que mas lo fuese 
que él en Castilla, ni que mas libremente oviese la gober- 
nación i el ejimiento | 4 | A tanto se estendió su poder, 

e tanto se encojió la virtud del rei, que del mayor oficio 
del rey no hasta la mas pequeña merced, mui pocos llega- 
ban a la demandar | 5 | al rey, ni le hacian gracias della 
I 6 I ; mas al condestable se demandaba, e a él se regra- 
ciaba I 7 I . En conclusión son aquí de notar dos puntos muy 
maravillosos: el primero, un rey comunalmente entendido 
en muchas cosas, e ser de todo punto negligente e remiso 
en la gobernación de su reyno, no le moviendo ni estimu- 
lando a ello la discreción, ni las esperienciasde muchos tra- 
baxos que pasó en las contiendas e revueltas que ovo | 8 | 
en su reyno, ni las amonestaciones e avisamientos I 9 I de 



(a) Sobre Gómez DE -Cibdareal, véanse las Noc. de hist. lit., 
part. II, cap. VI, § 31. La carta inserta en el texto aparece escrita 
en Madrid en 1434. Fué dirijida al famoso poeta Juan de Mena 
(V. el libro citado), para referirle la muerte de don Enrique de Vi- 
llena (V. el mismo libro part. II, cap. VI, § 20 i el fragmento ante- 
rior). 



74 MANUAL I)H COMPOSICIÓN LITERAKÍA 

grandes, caballeros e relijiosos que dello le hablaban, ni lo 
que es mas, la inclinación natural pudo en él aver canto vi- 
gor e fuerza, que de todo punto, sin ningún medio, no se 
sometiese a la ordenanza i consejo del condestable con mas 
obediencia que nunca un hijo humilde lo fué a padre, ni un 
obediente relijioso a su abad o prior. El segundo punto, 
que un caballero sin parientes, i con tan pobre comienzo, 
en reyno tan grande, e donde tantos i tan poderosos caba- 
lleros avia, i en tiempo de un rey tan poco obedecido e te- 
mido, oviese tan singular poder. Cá | 10 ¡ , puesto que que- 
ramos decir, que esto era en virtud del rey, ¿cómo podia 
dar poder a otro el que para si no lo tenia? ¿o cómo es obe- 
decido el lugarteniente, quando el que lo pone en su lugar 
no haya obediencia? Verdaderamente vo cuido | 11 | que 
desto no se podiese dar clara razón, salvo si la diere aquel 
que hizo la condición del rey tan estraña. Ni se puede dar 
razón del poder del condestable: que yo no sé cual de estas 
dos cosas es de mayor admiración, o la condición del re\^, o 
el poder del condestable. I en el tiempo de este rey don Juan 
el Segundo acaecieron en Castilla muchos autos I 12 | , mas 
grandes i estraños que buenos ni dignos de memoria, ni 
útiles ni provechosos al reyno. Cá así fué, que ausente de 
esta vida el rey don Fernando de Aragón, por consiguiente 
se ausentaron del reyno de Castilla la paz e la concordia. 
El miércoles de las ochavas | 13 ¡ de Pascua florida, que- 
riendo Nuestro Señor hacer obra nueva, el dia quedebia ser 
resurrección, fué pasión del dicho condestable. Con gran 
admiración e cuasi increible a todo el reyno, el rey lo man- 
dó prender a don Alvaro de Stuñiga, que fué después conde 
de Plasencia, e tomó lo que allí halló; e partiendo de Bur- 
gos, llevólo consigo a Valladolid, e hízolo poner en Portillo 
en fierro | 14 | , en una jaula de madera. ¿Qué podemos aquí 
decir, sino obedecer i temer los oscuros juicios de Dios sin 
alguna interpretación, que un rey, que hasta los cuarenta 
i siete años fué en poder de este condestable con tan gran- 
dísima paciencia e obediencia que solamente el semblante 
no movia contra él, que ahora súbitamente con tan grande 
rigor le hiciese prender e poner en fierro? E aun es de notar 
aquí que aquellos príncipes reales, el rey de Navarra i el in- 
fante don Enrique, con acuerdo e favor de todos los gran- 
des del rejmo, muchas veces setrabaxaron | 15 j de lo apar- 
tar del rey y destruirlo; e no solamente no lo acabaron, 
mas todos los mas dellos se perdieron en aquella demanda: 
por ventura porque se movian, no con intención buena, 



TRASLACIÓN DKL CASTELLANO ANTIGUO 75 



mas con interese. E si queremos decir que el rey hizo esta 
obra, parece al contrario; porque muerto el condestable, el 
rei se quedó en aquella misma remisión | 16 ' y negligencia 
que primero: ni hizo auto alguno de virtud ni fortaleza en 
que se mostrase mas ser hombre que primero. E ansí resta 
que debamos creer que esta fué obra de solo Dios, que según 
la Escritura, él solo hace grandes maravillas. Fué llevado 
de Portillo a Valladolid, e allí pubhcamente y en forma de 
justicia, le fué cortada la cabeza en la plaza pública. A la 
cual muerte, según se dice, él se dispuso a la sofrir mas es- 
forzada que devotamente; cá, según los autos que aquel dia 
hizo e las palabras que dixo, mas pertenecian a fama que 
a devoción". 

Fernán Pérez de Guzman, 

J ene raciones i seynhlanzas. (a) 



I 1 I confianza. | 2 ¡ poder. | 3 | considerando. | 4 | man- 
do. I 5 I pedir. | 6 | ni le daban las gracias por ello. | 7 
agradecia. | 8 | tuvo o hubo. I 9 | avisos. | 10 | porqué. | 11 
veo, descubro. | 12 | sucesos. ¡ 13 | octava. Este dia fué el 
4 de abril de 1453. | 14 | en cadenas. | 15 | se empeñaron. 
i 16 I descuido, abandono. 



VIII 

El marques de Santillana 

"Era hombre agudo e discreto e de tan gran corazón, 
que ni las grandes cosas le alteraban, ni en las pequeñas le 
placia entender. En la continencia de su persona, e en el ra- 
zonar de fabla | 1 | mostraba ser hombre jeneroso e magná- 
nimo. Pablaba mui bien, e nunca le oian decir palabra, que 
no fuese de notar, quien para doctrina, quien para placer. 
Era cortés e honrador de todos lo que a él venian, especial- 
mente de los hombres de ciencia. Como fué en edad que co- 
noció ser defraudado en su patrimonio, la necesidad que. 
despierta en buen entendimiento, p el corazón grande, que 



I a) Sobre Pérez de Guzman, véanse las Noc. de hist. lit., part. 
II, cap. VI § 32. 



76 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

no dexa caer sus cosas, le ficieron poner tal diligencia, que 
veces por justicia, veces por las armas, recobró todos sus 
bienes.... Era caballero esforzado, e ante de la facienda i 2 | 
cuerdo e templado, e puesto en ella era ardido ¡ 3 | e osado; 
e ni su osadía era sin tiento | 4 | ,ni en su cordura se mezcló 
jamas punto de cobardía. Gobernaba asimismo con gran 
prudencia las gentes de armas de su capitanía ¡ 5 | , e sabia 
ser con ellos señor e compañero. E ni era altivo con el vseño- 
rio ni raez | 6 | en la compañía; porque dentro de sí tenia 
una humildad que le facia amigo de Dios, e fuera guardaba 
tal autoridad, que le facia estimado entre los hombres. E 
guardando vsu continencia con graciosa liberalidad, las gen- 
tes de su capitania le amaban; e temiendo de le enojar no 
salian de su orden en las batallas. 

''Loan muchas de las historias romanas el caso de Man- 
ilo Torquato... que viniendo su fijo como vencedor a se pre- 
sentar con los despojos del vencido ante el cónsul su padre, 
le fizo atar, e contra voluntad de toda la hueste romana le 
mandó degollar, porque fuese exemplo a otros, que no osa- 
sen ir contra los mandamientos de su capitán.... Dura de- 
biera ser por cierto e mui pertinaz la rebelión de los roma- 
nos, pues tan cruel exemplo les era necesario para que fue- 
sen obedientes a su capitán, e por cierto yo no sé que ma- 
yor venganza pudo aver el padre del latino vencido de la 
que le dio el padre del latino vencedor... Bien podemos decir 
que fizo este capitán crueldad digna de memoria, pero no 
doctrina | 7 | digna de exemplo; ni mucho menos digna de 
loor I 8 I : pues los mismos loadores dicen que fué | 9 | triste 
por la muerte del fijo, e aborrecido de la juventud romana 
todo el tiempo de su vida: e no puedo entender como el tris- 
te aborrecido puede ser loado. Este claro varón en las hues- 
tes que gobernó, con mayor loor por cierto e mejor exem- 
plo de doctrina se puede facer memoria del; pues sin matar 
fijo ni facer crueldad inhumana, mascón la autoridad de su 
persona e no con el miedo de su cuchillo, gobernó sus gen- 
tes, amado de todos, e no odioso a ninguno... Tenia gran 
fama e claro renombre en muchos reinos fuera de España; 
pero reputaba muy mucho mas la entimacioñ entre los sa- 
Idíos que la fama entre los muchos | 10 | . E porque muchas 
veces vemos responder la condición de los hombres a su 
complexión | 11 | , e tener siniestras inclinaciones aquellos 
que no tienen buenas complexiones, podemos sin duda creer 
que este caballero fué en grand cargo a Dios por le aver 
compuesto la natura de tan igual complexión, que fuéhábil 



TRASLACIÓN DEL CAvSTELLANO ANTIGUO 77 

para recebir todo uso de virtud, e refrenar sin grand pena 
cualquier tentación de pecado." 

Fernando del Pulgar, 

Clavos varones f tíf. IV, (a) 



i 1 I Razonamientos de palabra, conservaciones. | 2 | em- 
presa, obra, trabajos; de Facer, hacer. | 3 | atrevido. | 4 ( 
precaución. | 5 | gobierno militar. | 6 | bajo, ruin. | 7 ¡ ense- 
ñanza. ¡ 8 I alabanza. ¡ 9 | quedó. I 10 | muchedumbre. | 11 | 
temperamento ordinario del cuerpo humano. 



IX 

El sentimiento del honor es la primera de todas 
las virtudes 

''La mejor cosa que hombre puede aver | 1 | en sí, i que 
es madre e cabeza de todas las bondades, digovos | 2 | que 
esta es la vergüenza; cá | 3 | por vergüenza sufre hombre la 
muerte, que es la mas grave cos¿i que puede ser, e por ver- 
güenza dexa hombre de facer todas las cosas que no pare- 
cen bien por gran voluntad que haya de las facer: i ansi en 
la vergüenza hai comienzo e cabo | 4 | de todas las bonda- 
des; e la desvergüenza es comienzo de todos los malos fe- 
chos... La vergüenza face al hombre esforzado e franco, e 
leal, e de buenas costumbres, e de buenas maneras, i facer 
todos los bienes que face; pero creed bien que todas estas 
cosas face hombre mas con vergüenza que con talante de lo 
facer. I otrosí por la vergüenza dexa hombre de facer toda; 
las cosas desaguisadas | 5 | que la voluntad al hombre vie- 
ne de facer. I por ende | 6 | cuan buena cosa es aver el hom- 
bre vergüenza de facer lo que non debe e dexar de facer lo 
que debe, tan mala e tan dañosa e tan fea cosa es el que 



(a) Sobre Fernando del Pulgar, véanse las Noc. de hist. lit.j 
part. II. cap. Vi, § 32. Don Iñigo López de Mendoza, marques de 
Santillana a la vez que militar, fué uno de los mas ilustres escrito- 
res españoles del siglo XV. (Véanse sobre él las Noc. de hist. lit.y 
part. II. cap. VI, §21). 



78 



^r ANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



pierde la vergüenza. I deves saber que yerra mucho fiera- 
mente I 7 I el que face algún fecho vergonzoso, cuidado que, 
pues lo face encubiertamente, que no deve ende aver ver- 
güenza. Es cierto creed que non ha cosa por encubierta que 
sea, que tarde o aina | 8 í no sea sabida: e aunque luego 
que la cosa vergonzosa se faga no haya ende vergüenza, 
devia el hombre cuidar ¡que vergüenza seria quando fuese 
sabidol I cuando en todo esto non cuidase, deve entender 
que sin ventura es, pues sabe que si un mozo viere lo que él 
face, que lo dexara, c non por aver vergüenza ni miedo de 
Dios que lo ve e lo sabe, i es cierto que le dará la pena que 
el mereciere " 

Juan Manuel, 

El conde Lucanor (a) 

I 1 I Tener. ¡ 2 | os digo. | 3 | porque. | 4 | fin. | 5 | sin ra- 
zón o justicia. I 6 I lo cual. I 7 I mui grandemente. ¡ 8 | pron- 
to, luego. 



X 



Vanidad i pobreza 

"De esta manera estuvo con mi tercero i pobre amo, que 
fué este escudero algunos dias, i en todos deseando saber la 
intención de su venida i estada ¡ 1 | en esta tierra, porque 
desde el primer dia que con él asenté, le conocí ser estranje- 
ro por el poco conocimiento i trato que con los naturales 
de ella tenia. Al cabo se cumplió mi deseo i supe lo que de- 
seaba; porque un dia que habíamos comido razonablemen- 
te i estaba algo contento, contóme su hacienda, | 2 | i díjo- 
me ser de Castilla la Vieja, i que habia dejado su tierra, no 
mas que por no quitar el bonete a un caballero, su vecino. 
Señor, dije yo, si él era lo que decis i tenia mas que vos, no 
errabais en quitárselo primero, pues decis que el también 
os lo quitaba. Si es, i si tiene; i también me lo quitaba él a 
mí; mas de cuantas veces yo se le quitaba primero, no fuera 
malo comedirse él alguna i ganarme por la mano. Paréce- 



(a) Sobre el infante don Juan Manuel Noc. de hist. lit., part. 
II, cap. VI, § 14. 



TRASLACIÓN DEL CASTELLANO ANTIGUO 79 



me, señor, le dije vo, que en eso no mitara, mayormente 
con mis mayores que yo, i que tienen mas. Eres muchacho 
me respondió i no sientes las cosas de la honra en que el dia 
de hoi está todo el caudal de los hombre de bien. Pues ha- 
gote saber, que yo soi como yes un escudero: mas votóte a 
Dios, si al conde topo en la calle, e no me quita mui bien 
quitado del todo el bonete, que otra vez que venga me sepa 
yo entrar en una casa, finjiendo yo en ella algún negocio, o 
travesar | 3 \ otra calle, si la hai antes que llegue a mí, por 
no quitárselo: que un hidalgo no debe a otro que a Dios i 
al rei nada, ni es justo siendo hombre de bien, se descuide 
un punto de tener en mucho su persona. Acuerdóme cjue un 
dia deshonré en mi tierra a un oficial, i quise poner en él las 
manos, porque cada vez que le topábame decia: Mantenga 
Dios a vuestra merced. Vos don villano ruin, le dijeyo ¿por- 
que no sois bien criado? manténgaos Dios, me habéis de 
decir, como si fuese quien quiera? De allí adelante, de aquí 
acullá me quitaba el bonete i hablaba como debia. ¿I no es 
buena manera de saludar un hombre a otro, dije yo, decir- 
le que le mantenga Dios? Mira mucho de en hora mala, dijo 
él: a los hombres de poca arte dicen eso: mas a los altos 
como yo, no les han de hablar menos de, beso las manos 
de vuestra merced: o por lo menos besóos señor las manos, 
si el que me habla es caballero; i así de aquel de mi tierra 
que me atestaba de mantenimiento |4| nunca mas quise su- 
frir ni sufrirla a hombre del mundo del rei abajo, que man- 
téngaos Dios me diga. Pecador de mí, dije yo, por eso 
tiene tan poco cuidado de mantenerte, ^ues no sufres que 
nadie se lo ruegue. Mayormente, dijo, que no soi tan po- 
bre que no tengaen mi tierra un solar de casas, que a estar 
ellas en pié i bien labradas, diez i seis leguas de donde nací, 
en aquella costanilla de Valladolid, valdrían mas de dos- 
cientos mil maravedís, según vSe podrían hacer grandes i bue- 
nas. I tengo un palomar, que a no estar derribado, como 
está, daria cada año mas doscientos palominos; i otras 
cosas que me callo, que dejé por lo que tocaba a mi honra: 
i vine a esta ciudad, pensando que hallaría un buen asien- 
to; mas no me ha sucedido como pensé. Canónigos i seño- 
res de la iglesia muchos hallo, mas es jente tan limitada, 
que no les sacará de su paso todo el mundo. Caballeros de 
media talla también me ruegan; mas servir a éstos es gran 
trabajo, porque de hombre os habéis de convertir en mali- 
lla, I 5 1 i sino, anda con Dios os dicen: i las mas veces son 
los pagamentos a largos plazos, | 6 | i los mas ciertos, co- 



80 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

mido por servido |7|. Ya cuando quieren reformar con- 
ciencia, i satisfaceros vuestros sudores, sois librado | 8 | en 
la recámara en un sudado jubón, o raida capa o sayo. Ya 
cuando asienta hombre | 9 | con un señor de título, toda- 
vía pasa su lazeria; 1 10 | pues por ventura ¿no liai en ^xií 
habilidad para servir i contestar a éstos? Por Dios, si con 
él topase, mui gran su privado pienso que fuese, i que mil 
servicios le hiciese; porque yo sabria mentirle tan bien co- 
mo otro, i agradarle a las mil maravillas; i reirle hia 1 11 1 
muchos sus donaires i costumbres, aunque no fuesen las 
mejores del mundo: nunca decirle cosa que le pesase, aun- 
que mucho le cumpliese: ser mui diHjente en su persona en 
dicho i hecho: no me matar por no hacer bien las cosas que 
él no habia de ver, i ponerme a reñir, donde él lo oyese con 
la jente de su servicio, porque pareciese tener gran cuidado 
de lo que a él tocaba: si riñese con algún su criado, dar 
unos puntillos agudos para le encender la ira, i que pare- 
ciesen en favor del culpado: decirle bien de lo que bien le 
estuviese, i por el contrario ser malicioso mofador: malsi- 
nar 1 12| a los de casa i a los de afuera: pesquisar i procu- 
rar de saber vidas ajenas, para contárselas; i otras mu- 
chas galas de esta calidad, que hoi dia se usan en palacio, 
i a los señores de él parecen bien. I no quieren ver en sus 
casas hombres virtuosos; antes los aborrecen i tienen en 
poco, i llaman necios, i que no son personas de negocios, ni 
con quien el señor se puede descuidar. 1 con esto los astutos 
usan, como digo, el dia de hoi, de lo que yo usaria; mas 

no quiere mi ventura que le halle". 

• 

Diego Hurtado de Mendoza, 

Lazarillo de Tórmes. (a) 

|1| Estancia O residencia. |2| los sucesos de su vida, sus he- 
chos. |3| atravesar. |4| me rellenaba con alimentos, es decir que 
me daba abundantemente que comer. I 5 | Esta palabra no tiene, 
según los mejores diccionarios de la lengua, otro significado que el 
de un juego de naipes. Los comentadores de Hurtado de Mendoza 
que conozco, dejan sin esplicar el sentido metafórico de esta voz. 
I 6 I hacen el pago con mucho retardo. | 7 1 la comida paga el ser- 
vicio, o no hai mas salario que la comida. | 8 | colocado. | 9 | cuan- 
do me coloco de sirviente de un caballero. 1 10 | incomodidad, 
trabajo, molestia. Esta palabra anticuada se escribe también la- 
ceria 1 11 1 habia de aplaudirle. 1 12 | hablar mal de otro. 



(a) Sobre Hurtado de Mendoza i su Lazarillo, véanse las Noc. 
de hist. lit., part. III, cap. IH, §§ 10 i 11. 



TRASLACIÓN DEL CASTELLANO ANTIGUO 81 



XI 
Los jitanos | i | 

"Nosotros guardamos inviolablemente la lei de la amis- 
tad. Ninguno solicita la prenda del otro: libres i exentos 
vivimos de la amarga pestilencia de los celos. Entre noso- 
tros, aunque hai muchos incestos, no hai ningún adulterio, 
i cuando le hai en la mujer propia, o alguna bellaquería en 
la amiga, no vamos a la justicia a pedir castigo; nosotros 
somos los jueces i los verdugos de nuestras esposas i ami- 
gas. Con la misma facilidad las matamos i las enterramos 
por las montañas i desiertos, como si fueran animales no- 
civos; no hai pariente que las vengue, ni padres que nos 
pidan su muerte; | 2 | con este temor i medio, ellas procuran 
ser castas, i nosotros, como ya he dicho, vivimos seguros. 
Pocas cosas tenemos que nos sean comunes a todos, escep- 
to la mujer o la amiga, que queremos que cada una sea del 
que le cupo en suerte. P^ntre nosotros así hace divorcio la 
vejez, como la muerte: el que quisiere puede dejar la mujer 
vieja, como él sea mozo, i escojer otra que corresponda el 
gusto de Sus años. Con estas i con otras leyes i estatutos, 
nos conservamos i vivimos alegres; i somos señores de los 
campos, délos sembrados, de las selvas, de los montes, de las 
fuentes i de los rios. Los montes nos ofrecen leña de balde, 
ios árboles frutas, las viñas uvas, las huertas hortaliza, las 
fuentes agua, los rios peces, i los vedados | 3 | caza: sombra 
las peñas, aire fresco las quiebras, |4¡ i casas las cuevas. 
Para nosotros las inclemencias del cielo son oreos, | 5 | re- 
trijerios las nieves, baños las lluvias, música los truenos, 
i hachas j 6 | los relámpagos. Para nosotros son los duros 
terrenos colchones de blandas plumas: el cuero curtido de 
nuestros cuerpos nos sirve de arnés impenetrables que nos 
defiende: a nuestra lijereza no la impiden grillos, ni la de- 
tienen barrancos, ni la contrastan paredes: a nuestro áni 
mo no le tuercen cordeles, ¡ 7 | ni le menoscaba garruchas, 
I 8 ¡ ni le ahogan tojas I 9 | ni le doman potros; 1 10 | del sí al 
lió no hacemos diferencia, cuando no conviene: siempre nos 
preciamos mas de mártires que de confesores. Para noso- 
tros se crian las bestias de carga en los campos, i se cortan 
las faltriqueras en las ciudades. No hai águila ni ninguna 
otra ave de rapiña que mas presto se abalance a la presa 
([ue se le ofrece que nosotros nos abalanzamos a las ocasio- 

TOMO v () 



82 MANUAL DE COIdPOSlCION LITERARIA 

nes que al^un ínteres nos señalen. I finalmente, tenemos 
muchas habilidades que felice fin nos prometen: porque en la 
cárcel cantamos, en el potro callamos, de dia trabajamos, 
i de noche hurtamos, o por mejor decir, avisamos que na- 
die viva descuidado de mirar donde pone su hacienda. No 
nos fatiga el temor de perder la honra, ni nos desvela la 
ambición de acrecentarla: ni sustentamos bandos, ni ma- 
drugamos a dar memoriales, ni a acompañar magnates, ni 
a solicitnr favores. Por dorados techos i suntuosos pala- 
cios estimamos estas barracas inmóviles ranchos: por cua- 
dros i paises ¡ 11 ! de Flándes, los que nos da la naturaleza 
en esos levantados riscos i nevadas peñas, tendidos prados 
i espesos bosques, que a cada paso a los ojos se nos mues- 
tran. Somos astrólogos riisticos porque, como casi siem- 
pre dormimos al cielo descubierto, a todas horas sabemos 
las que son del dia, i las que son de la noche. Vemos como 
arrincona i barre la aurora las estrellas del cielo, i como 
ella sale con su compañera el alba, alegrando el aire, en- 
friando el agua, i humedeciendo la tierra; i luego tras ellos 
el sol dorando cumbres (como dijo el otro poeta) i rizando 
montes. Ni tememos quedar helados por su ausencias, 
cuando nos hiere a soslayo con sus rayos, ni quedar abrasa- 
dos cuando con ellos particularmente nos toca: un mismo 
rostro hacemos al sol, que al hielo: a la esterilidad, que a 
la abundancia. En conclusión, somos jente que vivimos por 
nuestra industria i pico, i sin entremeternos con el antiguo 
refrán Iglesia, o mar, o casa real, tenemos lo que queremos, 
pues nos contentamos con lo que tenemos". 

I 1 1 Este hermoso cuadro de las costumbres de los jitanos está 
tomado de una preciosa novelita de Cervantes que se titula La 
Jitanilla de Madrid. Cervantes hace que uno de sus héroes dé a 
conocer la vida que llevan sus camaradas. 

Los jitanos, mas conocidos con el nombre de zingari, son de 
oríjen indiano, i viven todavía dispersos en muchos paises de Eu- 
ropa, con costumbres i con un lenguaje aparte. La palabra zinga- 
ri designa en la India los últimos de los parias. Los parias, coma 
se sabe, forman en aquel pais una casta despreciada, organizada 
entre todos los que han violado las leyes relijiosas i civiles, a 
quienes les he prohibido habitar las ciudades, bañarse en el Gan- 
jes, etc. A la época de la invasión de Tamerlan en la India, a fines 
del siglo XIV, las tres castas superiores sufrieron, pero sin desli- 
garse del suelo natal. Los indios de las castas in%riores, por el 
contrario, tomaron la fuga. Algunos se dirijeron hacia el oriente, 
i se les encuentra aun en las costas del Malabar, viviendo como pi- 
ratas. Otros vagaron en Persia i en el Turquestan. Muchos de 



TRASLACIÓN DEL CASTELLANO ANTIGUO 83 



ellos, impulsados sin duda por los otomanos, aparecieron en Eu- 
ropa, en 1417, en Moldavia i en Valaquia, i sucesivamente en Suiza, 
en Francia, en España, en Italia, en Inglaterra i en todo el norte 
de Europa. Según otras autoridades, su establecimiento en la 
Europa oriental es todavía mas antiguo. Perseguidos, proscritos, 
condenados, por diversas leyes en muchos pueblos, quedaron 
siempre en los diversos paises llevando una vida errante i aventu- 
rera. Se cree que hai cerca de cuatro millones de zingari reparti- 
dos en todo el mundo, i aunque indudablemente hai exaierucion en 
esa cifra, es cierto que en España quedan cerca de cincuenta mil. 
Los zingari tienen distintos nombres en los diversos paises. P2n 
España se les llama jitanos, palabra con que antes del siglo XV 
solia designarse a los ejiyjcios: en Francia, buhemiens; en Inglate- 
rra, gvpcies o ejipcios; en el norte, tártaros; i así en cada idioma 
tienen un nombre especial, sea para designar su oríjen verdadero 
o falso, sea para recordar sus cualidades de vagabundos i rate- 
ros. Los esfuerzos que en algunos paises, i principalmente en Aus- 
tria i en Inglaterra, se han hecho para civilizarlos, han sido infruc- 
tuosos, i ios zingari o jitanos permanecen todavía enemigos de las 
instituciones i de las costumbres de la Europa moderna, en medio 
de las cuales han vivido perseguidos. Su fisonomía enteramente 
asiática, su desaseo habitual, sus hábitos de robo i de vicio, su 
pretendida majia, todo contribuye aun a hacerlos aun temibles a 
las poblaciones de los campes. Su lenguaje ofrece muchas seme- 
janzas con el sanscfito; i por una particularidad singular, se ha 
conservado el mismo entre todas las tribus esparcidas en los di- 
versos paises de Europa. Sus creencias relijiosas, aunque mui de- 
bilitadas, ofrecen algunas semejanzas con las de la India antigua. 
Sir Walter Scott ha pintado admirablemente las costumbres de 
los jitanos en algunas de sus novelas, i particularmente en Guv 
Mannering. 

I 2 I Nos piden cuenta de su muerte | 3 | los campos ajenos i ce- 
rrados. I 4 1 quebradas o boquetes en las. montañas. |5| El acto 
de orearse o refrescarse, refrescos. |6| antorchas. | 7 | no lo que- 
branta la horca. I 8 | Tormento que se daba a los reos para arran- 
carles la confesión: era una rueda acanalada, por la cual pasaba 
una cuerda que servia para levantar al reo por los brazos, tenién- 
dolo con un gran peso a los pies. |9| Otro tormento, que consistía 
en cubrir la cabeza con una tela para embarazar la respiración. 
1 10 I Cierta máquina sobre la cual sentaba al reo para atormen 
tarlo. 1 11 i paisajes, pinturas. 



84 MANUAL DR COMPOSICIÓN LITERARIA 



MODELOS DE EJERCICIOS 



Las armas i las letras 

"Verdarleramentesi biense considera, señores míos, gran- 
des e inauditas cosas ven los que siguen la orden de la an- 
dante caballería. Porque ¿quién liabria en el mundo, que si 
ahora por la puerta de este c¿istillo entrara, i de la suerte 
que estamos nos viera,juzgaseicreyeseque nosotros somos 
lo que somos? ¿Quién podria decir cjue esta señora que está 
a mi lado, es la gran reina que todos sabemos, i que yo soi 
aquel caballero de h^Triste Figura que anda por ahí en bo- 
ca de la fam?t? No hai, pues que dudar que esta arte i ejer- 
cicio esceden a todos los que inventaron los hombres i tan- 
to mas se han de estimar cuanto a mas peligros están su- 
jetos. Quítenseme de delante los que dijeren (jue las letras 
llevan ventaja a las armas; que les diré, sean quienes fueren, 
que no saben lo que dicen: porque la razón que los tales 
suelen alegar, i a la que ellos mas se atienen, es, que los tra- 
bajos del espíritu esceden a los del cuerpo, i que las armas 
se ejercitan solo con el cuerpo; como si el ejercitarlas fuese 
oficio de ganapanes, para el cual no es menester mas que 
buenas fuerzas; o como si en esto que llamamos armas los 
que las seguimos, no se encerrasen todos los actos de la 
fortaleza, los cuales piden mucho entendimiento en el c[ue 
ha de ejecutarlos; o como sino trabajase el ánimo del gue- 
rrero que tiene a su cargo un ejército o la defensa de una 
ciudad sitiada así con el espíritu como con el cuerpo. Sino, 
vé? se si se alcanza con las fuerzas corporales a conjeturar i 
saber la intención del enemigo, los designios, las estrataje- 
mas, las dificultades, el prevenir los daños que se temen; 
que todas estas cosas son actos del entendimiento, en que 
no tiene parte alguna el cuerpo. Siendo, pues así que las 
armas requieren entendimiento como las letras, veamos 
ahora cuál trabaja mas, si el del letrado o el del guerrero; i 
esto se vendrá a conocer por el fin i paradero a que cada 



TWA8LACI0N DKl. CASTELLANO ANTIfilO 



nno se encamina, porque aquellaintencion se ha de estimar 
en mas; que tiene por objeto un fin mas noble (1)". 



II 

Carta do Alejandro a su madre 

**Este es el testamento de Alejandro cuando supo que 
moriría del tósigo que le dieron a beber, i la carta que en- 
vió a su madre en que le mandaba que no tuviese miedo i 
que se consolavSe, la cual carta decia así: 

Madre! Debéis empeñaros en no pareceros a las mujeres 
en la debilidad del corazón, así como yo me propuse que mis 
acciones no se asemejaran a las de los hombres viles. Sabed 
que nunca pensé en la muerte ni tuve cuidado de ella porque 
sabia que no podia evitarla. No debéis tampoco tener cui- 
dado ni dolor ninguno, porque no fuisteistanmsensataque 
no supieseis que yo pertenecia al níímero de los mortales. 
Sabed que cuando escribí esta carta tuve el pensamiento de 
consolaros con ella. Ruégoos, pues, madre, que no contra- 
riéis ese pensamiento. Debéis saber que el lugar adonde voi 
es mejor que el que dejo. Alegraos, pues, por mi ida, i pre- 
paraos para imitar mis buenos hechos. La fama de mi rei 
nado, de mi prudencia i de mi buen couvSejo está ya desliga- 
da de mi poder. Alentaos con mi fama, con vuestro gran 
juicio, con vuestra paciencia, i con vuestro consuelo: clamor 
que habéis tenido por mí no debe induciros a hacer otras 
cosas que las que yo admiro i quiero, porque la prueba de 
amor que una persona puede dar a otra es el hacer las co- 
sas que le agradan i no las que le molestan. Los hombres 
esperan ver lo que hace vuestra prudencia para saber si 
cumplis o no mis deseos. Sabed que todas las criaturas na- 
cen i desaparecen, tienen principio i fin; i el hombre desde 
que nace va disminuyendo sus dias i acercándose a su fin; i 
a pesar de que habita este mundo, marcha a salir de él i a 
dejar su reino por mas que tarde en abandonarlo. Tomad 

(1) Este fragmento ha sido vertido al español moderno por 
don Vicente Salva. Lo insertó en su Gramática castellana para 
demostrar la diferencia que hai entre la construcción de los anti- 
guos escritores castellanos i la de los modernos. Merece ser exami- 
nado detenidamente. 



86 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

ejemplo, madre mia, de los que murieron, de los reyes i de 
los hombres de grandes naciones que decaveron i se arrui- 
naron, de las fortalezas i de las ciudades que se vinieron al 
suelo i desaparecieron. Sabed que vuestro hijo no abrigó 
nunca las miserias de los hombres pequeños i viles. Del mis- 
mo modo, no debéis imitar la flaqueza de corazón de las 
madres de otros reyes, i debéis sustraeros siempre a las co- 
sas a que vuestro hijo siempre se sustrajo. Así como vues- 
tra pérdida es muí grande, madre mia, así también deben 
serlo vuestro sufrimiento i vuestro consuelo, porque solo es 
prudente aquel que tiene un consuelo proporcionado a la 
pérdida. Advertid que todas las cosas que Dios hizo nacen 
pequeñas i van creciendo con los años, mientras los pesares 
son grandes en su principio i van disminu vendo con el tiem- 
po. A vuestro alrededor deben abundar los consuelos i los 
castigos. Mandad, madre mia, construir una casa mui 
grande i hermosa; i cuando os llegue la noticia de mi muer- 
te, i cuando la casa esté concluida, mandad preparar un 
banquete grande i bueno i haced avisar por toda la tierra, 
que todos los que no tuvieren pesar ni pérdida, vayan allí a 
comer, para que el duelo que se haga por Alejandro sea ma- 
yor que el de los otr(»s revés. 

Así lo hizo ella: i cuando llegó la carta con la noticia de 
la muerte de Alejandro, la casa estaba construida, i mandó 
preparar el banquete conforme a la orden de su hijo; pero 
nadie vino a comer. 

Entonces se preguntó ¿qué tienen los hombres (]ue no 
quiere venir a nuestro banquete? I le contestaron: señora, 
vos mandasteis que no viniera ninguno de cuantos tuviesen 
pesar o pérdida; i como no hai en el mundo hombre que no 
tenga pesíir o pérdida, no ha venido ninguno. I ella dijo: 
¡Ah! hijo mió. cuánto se asemejan los hechos de vuestra vi- 
da con los de vuestra muerte, pues me consolasteis con una 
previsión que se ha cumplido!" 



iir 

Los reyes deben moderar sus pasiones 

"Los reyes deben precaverse mucho del rencor, de la ira i 
de la malquerencia, porque éstas son pasiones contra las 



TRASLACIÓN DEL CASTELLANO ANTIGUO 



buenas costumbres. I la precaución que deben tomar contra 
el rencor, consiste en que sean sufridos, de manera que aquel 
no los domine ni los mueva a hacer cosa alguna que no les 
corresponda o que sea injusta; porque lo que ejecutaren con 
rencor mas parecería venganza que justicia. I por esto fué 
que dijeron los sabios que el rencor embarga el corazón del 
hombre de tal modo que no le permite distinguir la verdad. 
El rei David creia tan poderoso el rencor que a Dios mismo 
dijo en su corazón: Señor, no quieras reprenderme cuando 
estés ensañado, ni castigarme cuando estés airado. I por 
tanto el rei debe dominarse hasta que el rencor haya pasa- 
do, i cuando así lo hiciere obtendrá gran provecho, porque 
entonces podrá distinguir la verdad, i hacer con justicia lo 
que quisiere. I si no lo hiciere de esta manera, se atraerá el 
rencor de Dios i de los hombres. El rei no debe tampoco te- 
ner una larga ira, porque tiene poder para poner remedio 
pronto a las cosas mal hechas. I como la ira del rei es mas 
fuerte i perjudicial que la de los otros hombres, puesto que 
puede ponerla en acción mas prontamente, debe por lo mis- 
mo ser mas precavido cuando la tuviere para saberla so- 
bre llevar. Porque así como dijo Salomón que la ira del rei 
era como la furia del león, que ante su bramido todas las 
otras bestias tiemblan i no saben dónde esconderse, del mis- 
mo modo ante la ira del rei los hombres no saben qué ha- 
cerse porque siempre están temiendo la muerte. Hemos di- 
cho ademas que las iras que ha\'a de tener el rei sean como 
sus otras pasiones: es necesario que sean de tal naturaleza 
que él se apodere de ellas i no ellas de él". 



SECCIÓN IV 
Esplicacion de alg-anos liomónimos i sinónimos 

La palabra sinónimo se aplica propiamente a dos o mu- 
chas voces diferentes por la forma, pero que tienen el mismo 
sentido i que pueden ser empleadas indiferentemente una 
por otra. Tales, serian, por ejemplo, los nombres Benito i 
Benedicto, Alonso i Alfonso. Pero sucede casi siempre que 
dos o mas palabras, si bien designan una misma idea prin- 



88 ESPLICACIONES DE ALGUNOS 

cipal, espresan ideas accesorias diferentes, loque no permite 
emplearlas indistintamente. Así, por ejemplo, el defecto 
contrario a la actividad del espíritu i al amor al trabajo 
puede espresarse de una manera jeneral por las palabras 
pereza, neglijencia, indolencia i dejadez; pero el perezoso lo 
es por falta de acción, el negiijente por falta de cuidado, el 
indolente por falta de sensibilidad, i el dejado por falta de 
ardor. Consideradas bajo el punto de vista de las ideas ac- 
cesorias, estas cuatro palabras dejan de ser sinónimas; i si 
las empleásemos unas porotras, nosespondriamos muchas 
veces a hablar sin claridad i sin precisión. Los sinónimos 
pueden, pues, definirse, según un maestro eminente en la 
materia, M. Guizot, como "palabras cuyos significados tie- 
nen grandes semejanzas i diferencias lijeras pero reales". 

Los homónimos, por el contrario, son palabras que tie- 
nen una significación del todo diferente á pesar de que se 
pronuncian casi del mismo modo, i aun a veces se escriben 
i se pronuncian con las mismas letras. Así, por ejemplo, li- 
bra (tercera persona del presente del verbo librar) se escribe 
del mismo modo que libra (medida de peso); lo que no su- 
cede con otros homónimos, como calló (pretérito del verbo 
callar) i cayó (pretérito del verbo caer). 

Los ejercicios literarios sobre los sinónimos i sobre los 
homónimos tienen una grande importancia. Por medio de 
ellos, no solo aprenden los jóvenes a desenvolver sus pensa- 
mientos por escrito, sino que están obligados a meditar so- 
bre el valor comparativo de las voces. Yíimos a consignar 
algunos consejos para dirijir a los jóvenes en esta clase de 
ensayos. 

Los ejercicios referentes a los homónimos presentan po- 
cas dificultades. Se trata solo de hacer notar la diferencia 
en el significado de dos palabras cuya pronunciación es se- 
mejante. Para esto basta dar una definición de cada una de 
ellas, sin que sea necesario que esa definición sea rigorosa, 
con tal que sea suficientemente clara. En seguida se ponen, 
por via de ejemplo, una o mas frases en que aparezcan cada 
uno o los dos homónimos, para dar mas claridad a la espli- 



HOMÓNIMOS I SINÓNIMOS 89 



cacion, i para probar que se comprende bier? el sentido i el 
empleo de ellos. 

Los sinónimos exijen que se les defina con mucho mayor 
cuidado. Una palabra tiene con frecuencia muchos sentidos; 
pero no es sinónima de otra palabra en todos sus significa- 
dos. El primer trabajo que se debe hacer sobre las voces si- 
nónimas es, pues, investigar cuál es la significación que les 
es común: en seguida se definirá esta significación especial, 
teniendo cuidado de hacer resaltar los matices por medio 
de los cuales se distingue en cada una Je las palabras que 
se examinan. Los ejemplos son también necesarios paraba" 
cer comprender mejor esas diferencias. 

La lengua castellana, que posee un vocabulario suma- 
mente rico, i en cuya pronunciación deben hacerse sentir 
todas las letras con que se escribe una palabra, tiene pocos 
homónimos comparativamente con otros idiomas. En cam- 
bio posee una cantidad considerable de sinónimos, que con- 
viene conocer i distinguir para emplearlos con acierto. A 
continuación damos diversos ejemplos de homónimos i de 
sinónimos, algunos de los cuales van suficientemente espli- 
cados para que sirvan a los jóvenes de modelo de este jénero 
de ejercicios. 



1.0 Homónimos 

TEMAS DE EJERCICIOS 

¿Qué diferencia hai entre 
1*^ Balido i valido? 
2^ Barón i varón? 
3° Basto i vasto? 
4"^ Baila, vaya i valla? 
5° Baza i basa? 
6^ Bello i vello? 

7° Bueno (sano) i bueno (bondadoso)? 
8° Beneficio i veneficio? 
9^ Callado i cavado? 



90 ESPLIC ACIÓN KS DE ALGUNOS 

10^ Calló i cayó? 
11" Casa i caza? 
12^? Cima i sima? 
13° Cocer i coser? 
14° Embestir i envestir? 
15° Grabar i gravar? 
16^ Halla i haya? 
17° Laso i lazo? 
18^ Polla i pova? 
19*^ Pollo i poVo? 
209 Poso i po¿o? 
21^ Rallo i rayo? 
22^ Riza i risa? 
23*^ Roza i rosa? . 
24*? Tubo i tuvo? 



MODELOS DE EJERCICIOS 



I 

El adjetivo bueno tiene una significación jeneral. Se apli- 
ca a todo lo que posee en sí las cualidades correspondien- 
tes a su naturale2ra, a su destino i al empleo que se le quiere 
dar. Puede usarse indiferentemente en un sentido físico i en 
un sentido moral, i siempre su significado corresponde con 
la definición que acabamos de apuntar. Aplicado al hom- 
bre, el adjetivo bueno no varia en realidad su significado 
jeneral; pero como puede referirse al cuerpo i al alma, toma 
entonces un sentido especial. Cuando se le aplica al cuerpo 
quiere decir sano, que disfruta de salud. Así se dice, por 
ejemplo: ''la sobriedad es el mejor remedio para estar bue- 
no." Sise le aplica al alma su significado cambia, por- 
que quiere decir efectuoso; humano, servicial. "Arrímate 
a los buenos si quieres ser uno de ellos," dice un prover- 
bio castellano. En el primer caso es una condición acciden- 
tal que puede desaparecer: en el segundo es una cualidcid 
habitual del individuo: en el primero forma parte de una 
proposición en que domina el verbo estar; en el segundo el 



HOMÓNIMOS I SINÓNIMOS 91 



verbo dominante es ser. Un ilustre poeta español, que so- 
bresale en los retruécanos, en los injeniosos juegos de pala- 
bras, don Francisco de Quevedo, ha hecho uno que esplica 
perfectamente estos dos significados especiales del adjetivo 
bueno. Uno de sus romances tiene la forma de contestación 
a la carta de una mujer, a quien dice: 

Vuestra carta recibí 
Con un contento infinito 
De saber que está tan buena 
Mujer que nunca lo ha sido. 

Cima i sima, hé aquí dos palabras que por la sola dife- 
rencia de una letra tienen un significado diametralmente 
opuesto. 

Llámase cima la parte mas elevada de un cerro o de una 
montaña; i por analojía se aplica al follaje superior de los 
árboles, sección mas alta de un edificio, al fin i término de 
alguna cosa. Así se dice: ''Desde las cimas de los Alpes se 
pueden distinguir a lo lejos las risueñas campiñas de la 
Lombardía." "La dificultad no está en acometer una obra 
sino en darle cima." El adverbio encima, que significa sobre 
alguna cosa, no es mas que la abreviación de en la cima, es 
decir, en la parte alta o superior; así como el verbo e/íc/niar 
significa poner en alto una cosa, o subir a la parte mas al- 
ta. "Cuando San Martin encimó los Andes, la libertad de 
Chile pudo creerse asegurada." 

Por el contrario, la palabra s/ma quiere decir concavidad 
profunda, abismo, precipicio. Describiendo Cervantes la ba- 
jada de Don Quijote a la cueva de Montesinos, dice: "I en 
diciendo esto se acercó a la sima i vio no ser posible descol- 
garse ni hacer lugar a la entrada sino era a fuerza de bra- 
zos." 

A causa de la semejanza que por el sonido ofrecen estas 
dos v^oces, se emplea poco la palabra sima, i se la reempla- 
za por otras análogas, como precipicio i abismo. 



H2 



KSPLJCACIONES DE AL(IIJKOS 



2.° Sinónimos 



tp:mas de ejercicios 

¿Qué (lifcreiicia liai entre 
I*"* Convencer i persuadir? 
2^ Demostrar i probar? 
3*^ Descul)rir, hallar i encontrar? 
4*^ Diáfano i trasparente? 
r»^ Diccionario i vocabulario? 
6*^ Enfado i enojo? 
7''^ Es preciso i es menester? 
8° Fortuito i accidental? 
9'-* Guardar i retener? 
10^ Júbilo i alegría? i. 



MODELOS DE EJERCICIOS 



- ' ■ . ^ ' - - 

Convencer \ perstindir tienen un sentido jeneral análogo. 
Ambos significan modificar por mecfio de la razón las opi- 
niones de otro. Pero esto no quiere decir que puedan em- 
plearse indistintíimente ambos verbos. 

Cuando se nos presentan razones i pruebas a las cuales 



1 No insistimos en señalar muchos otros sinóminos de la lengua 
casttllana, porque los profesores pueden encontrarlos fácilmente 
en cualquier diccionario especial. Nos limitamos a recomendarles 
el escelente Diccionario de sinónimos de la lengua castellana por 
don Pedro María de Olive, que forma un volumen muí nutrido de 
material, i que se ha pu))licado como suplemento de algunos dic- 
cionanx:)S de la lengua. Allí encontrarán una esplicacion cabal de 
los sinónimos, que pueden proponer a los alumnos como tema de 
ejercicios. Lo que importa es que estos, comprendiendo bien el sen- 
tido de las palabras, lo espliquen con claridad i en un lenguaje co- 
rriente. 



HOMONINOS I SINÓNIMOS 



no liai nada que responderse produce la convicción en nues- 
tro espíritu. La convicción necesita pruebas, i nace en la 
intelijencia. Una demostración matemática, un esperimento 
físico, la exhibición de documentos históricos que prueban 
un hecho que desconociamos o sobre el cual teniamos un 
conocimiento errado, nos convencen obrando sobre nues- 
tra razón. "Yo no podria creer tal cosa, se dice con frecuen- 
cia, pero sí me han presentado pruebas tan concluyentes, 
que me he rendido a la evidencia, que me he convencido." 

La persuacion no necesita de una demostración tan efi- 
caz. Obra sobre el corazón mucho mas que sobre la inteli- 
jencia. Así suele decirse: "Me ])asta saber que hombres co- 
mo tú han tomado este camino para persuadirme de que 
debo seguirlo." 

La convicción, como es fácil comprenderlo, contraría las 
mas veces nuestros sentimientos i nuestras inclinaciones, 
pues se nos presentan pruebas contra loque nosotros creia- 
mos. De ordinario, la persuasión no hace masque fortificar 
nuestras inclinaciones. 

II 

En la conversación, así como en los escritos, se confunde 
con frecuencia el significado de estas dos espresiones: espre- 
ciso, es menester. Sin embargo, su estudio mas atento nos 
demuestra que su sentido no es el mismo. 

Cuando se nos da una orden que no podemos dejar de 
obedecer, cuando es indispensable que se haga una cosa, 
cuando nuestra voluntad no puede evitarla, se dice que es 
preciso. Lo preciso es, pues, el resultado, la consecuencia de 
un deber, de una obligación; lo preciso, en una palabra, 
es lo forzoso. "Para ir a Europa es preciso navegar, para 
ser hombre es preciso pasar por la niñez." Estas locuciones 
están perfectamente arregladas al sentido de esa espresion. 

No sucede lo mismo con la espresion es menester. Signi- 
fica solo lo que depende de nuestra conveniencia, de nues- 
tra utilidad, i hasta de nuestra voluntad. Se nota esta di- 
ferencia con solo señalar algunos ejemplos. Así se dice: "Es 
menester aprovecharse de las lecciones de la esp^riencia; es 
menester respetar a nuestros padres para pagarles la in- 
mensa deuda que tenemos para con ellos." En ambos casos, 
la espresion es menester ha podido reemplazarse por estas 
otras: es útil, es conveniente, et.\, etc. 



91- JtfANirAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



SECCIÓN V 

Cartas familiares 

Se ha dicho i se repite siempre, que una cartn no es mas 
que una conversación escrita, i que por tanto sus caracie 
res distintivos deben ser la naturalidad i la sencillez. Mu- 
chas personas se figuran que para ser natural basta escri- 
bir de carrera, sin elejir las palabras i sin meditación algu- 
na, todo lo que se presenta el espíritu. Sin embargo, nada 
estaría mas distante de la verdadera naturalidad que se- 
mejante manera de escribir. La naturalidad no existe en un 
estilo bajo i desordenado ni en pensamientos confusos: se 
halla, por el contrario, en los pensamieetos bien ordenados, 
i en las palabras elejidas con cuidado pero sin refinamien- 
to. La naturalidad no escluye el trabajo; pero debe em- 
plearse éste en elejir las espresiones i los jiros mas sencillos, 
mas modestos, i no en buscar penosamente lo que podrá 
sorprender el espíritu del lector por su brillo o su singulari- 
dad. Una carta causa desagrado desde que se conoce esta 
segunda clase de trabajo. 

La naturalidad i la sencillez, que constituyen los carac- 
teres distintivos de las cartas, no escluyen tampoco las es- 
presiones de colorido ni las figuras atrevidas cuando se 
presentan por sí solas, i cuando espresan el pensamiento i 
el sentimiento mejor délo que puede hacerlo una forma mas 
sencilla. Por otra parte, aunque el estilo de una carta debe 
ser mejor que el de la conversación, pueden emplearse en él 
las locuciones elípticas i singulares que, sin estar conformes 
al rigorismo gramatical, son usadas en la conversación 
familiar i espresan con claridad una idea, bien entendido 
que no debe abusarse de esta licencia. 

Ademas de la sencillez, el estilo de las cartas exije otra 
condición, la desenvoltura. Consiste ésta en ese aire de li- 
bertad, en esa marcha fácil que escluye la timidez i el em- 
barazo, i sobre todo en ese tono jovial que da interés aun 



CARTAS FAMILIARES 95 



a las cosas mas frivolas. Esta jovialidad es el efecto de cier- 
ta habilidad para presentar los objetos por su lado mas 
agradable, de la delicadeza de las ideas, de la elección, de 
la propiedad, algunas veces aun de. la singularidad de 
las espresiones, de ciertos jiros familiares i hasta burles- 
cos. Esta jovialidad es estensiva a toda clase de asuntos: 
embellece las reflexiones morales, suaviza los reproches, ha 
ce mas favorable los elojios i llega hasta desterrar la tris- 
teza. Esta desenvoltura de estilo, que solo puede adquirir- 
se por la lectura frecuente i atenta de los buenos modelos, 
escluye, sin embargo, los juegos de palabras, las burlas 
frias o melévolas. 

Según la naturaleza i la aiialojía de los asuntos sobre 
que tratan, las cartas pueden clasificarse en varios jéneros; 
i los perceptistas dan consejos concernientes a cada uno 
de ellos. Es inútil repetir esa clasificación i el recordar esos 
consejos. Lo que dejamos dicho, basta para que los jóve- 
nes puedan emprender este jénero de ejercicios. 



TEMAS DE ETERCICIOS 



Un joven estudiante que acaba de recibir una carta de su 
abuelo, le contesta para decirle que está resuelto a cam- 
biar de conducta. Ha comprendido que perdia un tiempo 
precioso para su porvenir. Si ha sido perezoso, ha sido por 
lijereza de carácter mas bien que por cálculo. En adelante 
sabrá reparar el tiempo perdido; se considerará feliz con 
poder agradar a su abuelo, con seguir su ejemplo, i con me- 
recer, como él, la consideración jeneral. 



^6 MANUAL DH COMPOSICIÓN HTBtlARIA 



II ^ 

Un joven escribe a su padre para anunciarle el triunfo 
que ha alcanzado en sus estudios. No le habia escrito antes 
porque su desaplicación no le permitia comunicarle tan 
buena noticia. Ahora puede romper el silencio para decirle 
que si ha sacrificado mucho tiempo a la pereza, ha llegado 
para él la edad de la razón. En adelante le será agradable 
recibir de sus padres cartas llenas de ternura i que no con- 
tengan reproches. Si su conducta ha sido siempre buena, 
eso no era mas que la mitad de su deber. Está resuelto a 
ser un joven instruido para ser un hombre útil. 



III 



Un joven, cumpliendo el encargo de su méidre, comienza 
a estudiar la historia de las plantas, esto es, la botánica. 
Encuentra en este estudio mas placer del que en el principio 
habia esperado hallar. Algunas mañanas, sale al campo 
con su profesor, el cual le enseña a herborizar. Dice a su ma- 
dre que en la época de vacaciones podrá mostrarle un lindo 
herbario. Se ñgura ya recorrer con ella los cerros, enrique- 
ciendo su colección. 



IV 



La modestia es una excelente cualidad. Previene en favor 
del que la posee, i da realce al mérito, a la virtud i al talen- 
to. La vanidad, el prurito de hablar de sí mismo, causa 
fastidio a las personas que oyen, i revela falta de criterio. 
Pero hai diferencia entre la modestia i la timidez. Esta últi- 
ma es un defecto. El hombre debe sabjr presentarse ante la 
jente, hablar sin embarazo, i conducirse con todas sus rela- 
ciones como alguien que sabe vivir en el mundo. Sin esta 
desenvoltura, el mérito intrínseco de un individuo no se 
deja percibir. 

Un padre, cuyo hijo es demasiado modesto, da a este en 
una carta los preceptos mas convenientes para correjirlo. 



CARTAS FAMILIARES * 97 



Una madre acaba de separarse de su hija. Deja a ésta en 
el campo, acompañada por su esposo. El mismo dia de la 
partida, la madre le escribe una afectuosa carta para ma- 
nifestarle cuánto siente esta separación, cuánto estraña el 
encontrarse sola. La fuerza de su dolor se calmará con el 
tiempo; pero la privación aumentará cada dia. Cree no ha- 
ber hecho al marido de su hija todas las recomendaciones 
necesarias. Tiene vehementes deseos de saber de ella, i espe- 
ra que la ausencia no dismiauirá el amor que siempre ha 
tenido a su madre. 



VI 



A mediados del siglo XVIII, publicó Juan Jacobo Rou- 
sseau dos discursos destinados, el primero a probar que el 
progreso de las ciencias habia contribuido a corromper las 
costumbres, i el segundo a discutir el oríjen de la desigual- 
dad entre los hombres. Estas dos obras enteramente para- 
dojales, pero escritas con un notable talento literario, con- 
denan los progresos de la civilización como causa de todos 
los vicios i defectos que se notan en la sociedad. A este 
estado de cosas, Rousseau opone la pretendida pureza de 
las sociedades primitivas, o lo que es lo mismo, sostiene que 
el estado de salvaje es preferible al estado de civilización. 

Supóngase que se ha recibido un ejemplar de esa obra ob- 
sequiado por el autor. Es necesario darle las gracias, i al 
mismo tiempo espresarle una opinión acerca de ella. Puede 
elojiársele el talento de escritor, el entusiasmo ardoroso que 
aparece en la obra, la censura que ella hace de la corrup- 
ción de la sociedad; pero al mismo tiempo es indispensable 
criticar con finura, pero de una manera evidente, las para- 
dojas que abundan en sus pajinas. Para esto, conviene re- 
cordar que lo que se llama la inocencia de las sociedades 
primitivas no es mas que la vida grosera de los salvajes; 
que si bien es cierto que las artes i las ciencias han podido 
algunas veces causar males, éstos se han limitado a casos 
particulares, i que ellos son nada al lado de los que ha po- 
dido producir la ignorancia. La moral de la carta debe ser 
que conviene amar las letras i las ciencias a pesar del abuso 
que se ha hecho de ellas. 

TOMO V 7 



98 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



VII 



Un padre escribe a su hijo para felicitarlo por el entusias- 
mo que muestra por el estudio desde hace algún tiempo. Los 
consejos que el hijo le pide, le han hecho ver que este com- 
prende la importancia de la instrucción. Para conseguir su 
objeto, se necesita deseo de saber, ardor por el estudio i 
confianza en sus maestros. Todo el trabajo que éstos exijen 
tiene su utilidad, aunque los niños no lo perciben siempre 
porque les falta la esperiencia. Será verdaderamente feliz si 
mas tarde puede ser testigo de los triunfos de su hijo; pero 
al menos tiene ja la esperanza de que éste corresponderá a 
sus deseos. 



VIII 



Un padre quiere desvanecer en el ánimo de su hijo las ideas 
que le han sujerido sobre la inutilidad de ciertos estudios. 
Al efecto, le demuestra en jeneral que todos los ramos del 
saber humano tienen una grande importancia, i que aun los 
que i)arecen mas inaplicables a las necesidades de la vida, 
sirven para desarrollar nuestra intelijencia, para enseñar- 
nos el método del raciocinio i para poder llegar al conoci- 
miento de otras ciencias. Los que hablan de lainutilidad de 
ciertos conocimientos son los ignorantes, los que nada sa- 
ben, los que charlan con grande arrogancia de todas las co- 
sas en vez de ponerse a estudiar. Es cierto que muchos es- 
tudios no tienen una aplicación directa e inmediata en el 
ejercicio de una profesión determinada; es verdad también 
que un hombre no puede abarcar todos los conocimientos; 
pero cuando un joven se propone estudiar, debe buscar ante 
todo el desarrollo de su intelijencia i la posesión de las luces, 
sin las cuales no se puede ser verdaderamente ilustrado, i si 
no es posible que pueda penetrar todas las ciencias, debe 
adquirir ideas jenerales que lo pongan en camino de estu- 
diar cualíjuiera de ellas cuando lo quiera, i de no ser un ig- 
norante ridículo. Sin ser astrónomo, se puede tener una 
idea jeneral i exacta de la mecánica de los cielos; así como 
sin ser físico, se deben tener ideas sobre el vapor i la electri- 
cidad. 



CARTAS FAMILIARES 



IX 

Un amigo escribe a otro sobre las ventajas que resultan 
del estudio. No insiste mucho sobre la utilidad de ser un 
hombre ilustrado; pero sí le habla de los placeres que pro- 
porciona el estudio en sí mismo, Esos placeres son los mas 
puros que goza el hombre, i lo que es también mui impor- 
tante, son los mas duraderos, puesto que nos acompañan 
toda la vida. La percepción de una verdad que desconocía- 
mos, nos llena de la satisfacción mas inefable i tranquila. 
El estudio, ademas, endulza nuestros momentos de amar- 
gura i de tribulación. Sí es verdad que los principios de to- 
das las ciencias son áridos i secos, lo que hace que el primer 
tiempo de estudio pueda parecemos molesto, también es 
cierto que una vez vencidas las primeras dificultades, se de- 
sarrolla en nuestro espíritu un gusto sólido, que suele con- 
vertirse en verdadera pasión. PvSta pasión es la que ha for- 
mado a los grandes sabios, a los que trabrtjando desde un 
modesto gabinete, han hecho mas por la humanidad i han 
adquirido un renombre mas merecido que los mas grandes 
guerreros i conquistadores. 



X 

Un joven escribe a un amigo que acaba de perder a su 
padre, para espresarle la parte que toma en su dolor. Le 
manifiesta que la pérdida de un padre es siempre una gran 
desgracia; que en el caso presente, cuando se trata de un 
padre afectuoso que no vivia mas que para el cuidado i la 
dirección delaintelijenciadesuhijo,esa desgracia es mayor. 
Un solo consuelo cabe en esta situación: ese padre tuvo el 
placer de A^er a su hijo adelantado en sus estudios, cuando 
ya éste comprendia la importancia que el estudio tiene, i 
cuando habia adquirido por éste un verdadero gusto. Es 
verdad que el padre cuya muerte se llora, no ha dejado a su 
hijo mas que una pequeña fortuna, lo necesario para Ilegal 
al término de sus estudios; pero la mejor herencia que un 
padre puede dejar a su hijo es la educación, i ésta estaba 
casi del todo conseguida. Los bienes de fortuna desaparecen 
en los trastornos de la vida; pero la ilustración nos acom- 
paña siempre. ¡Feliz el padre que al dejar la vida puede ver 
a sus hijos en camino de ser hombres ilustrados i útiles ala 
sociedad! 



lOO MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



MODELOS DE EJERCICIOS 



"Mi querido abuelito: 

"Su última carta, tan afectuosa en medio de los pesares 
que yo le he causado, ha hecho en mi ánimo una impresión 
que no se borrará jamas. Mui amargamente me he repro- 
chado mi pasada neglijencia. Comprendo ahora la grave- 
dad de mi falta: era culpable de perder un tiempo tan pre- 
cioso como es el de los estudios: todo mi porvenir, como 
Ud. me lo ha hecho ver, será la consecuencia de mi trabajo 
actual. No crea Ud., mi querido abuelito, que yo haya sido 
desaplicado por cálculo, conociendo cuáles serian los malos 
resultados de mi pereza. No, era perezoso por lijereza, i 
porque aun no habia comprendido la importancia i los be- 
neficios de la instrucción. 

Para reparar el tiempo que he perdido, voi a trabajar 
con ardor: seguiré los consejos que üd.ha tenido la bondad 
de darme: ningún estudio me parecerá árido cuando piense 
que todos tienden a asegurar mi porvenir. Si la pereza o el 
desaliento vuelven de nuevo a apoderarse de mí, yo me rea- 
nimaré con el ejemplo de Ud.; i el deseo de llegar a ser un 
hombre distinguido, de imitar sus virtudes, de obtener co- 
mo Ud. la consideración jeneral, me devolverá la enerjía. 
En adelante, la esperanza me ayudará a soportar resuelta- 
mente el fastidio i la fatiga, i mi trabajo me será bien lle- 
vadero, puesto que me procurará la felicidad de contentar 
a una persona a quien amo tanto, i que me conservará todo 
su afecto. 

Soi, mi querido abuelito, su respetuoso i obediente nie- 
to i ". 



1 Tomo esta carta del 2° vol. del Manuel de Sty le ou precep- 
tos et cxercices surVart d écrire, por M. E. Sommer. 



CARTAS í^AMILIARES 101 



II 



**Mi querido papá: 



"Ud. estaba inquieto por mi silencio. Yo lo creia así, pe- 
ro no tenia una noticia agradable que comunicarle. Mis 
profesores no estaban contentos de mí, i yo, se lo aseguro, 
lo estaba menos aun. Ud. estaba tan lejos, i ¡una carta es- 
plica mui mal lo que pasa en el corazón i en la cabeza! Es- 
peraba de dia en dia poderle anunciara lo menos un peque- 
ño triunfo. Pero mis triunfos eran negativos; i solo en la 
negligencia era el primero de mis camaradas, 

"Gracias a Dios, hoi puedo escribirle, mi querido papá. 
Soi feliz, bailo, canto todo el dia, menos el tiempo de estu- 
dio, se entiende. He trabajado tanto en los últimos meses, 
que las notas de mis profesores me son completamente fa- 
vorables. 

"Así, cobre Ud. confianza. Ya no soi aquel muchacho pe- 
rezoso, cuya niñez no se acababa nunca, i que causaba a 
Ud. tantos pesares. Tengo quince años: soi hombre, hom- 
bre de razón: tengo una voluntad, que no es mui antigua, 
pero que es firme: estoi decidido a hacer buenos estudios; i 
todavía es tiempo de cumplir mi propósito. 

"En adelante, cuando reciba una carta de Ud., la abriré 
sin temor: no creeré distinguir en ella un rostro severo ni 
un estilo de reproche. Ud. podrá hablarme con ternura i sin 
reconvenirme. ¡Qué tonto he sido yo cuando me privaba de 
semejante felicidad! 

"Ud. es tan bueno conmigo que yo era un ingrato cuando 
olvidaba así mis obligaciones. Era también ingrato para 
con mi mamá, a quien ofrezco igualmente el mas sincero 
arrepentimiento. Había recibido de Ud. tan buenos ejem- 
plos que no podia conducirme mal: bajo este respecto, Ud. 
no tenia ningún reprochequehacerme; pero yo me figuraba 
que eso era bastante, i que en definitiva la pereza no era 
mas que el último de los siete pecados capitales. Bien casti- 
gado he sido en estos últimos tiempos, cuando yo mismo 
comenzaba a condenarme sin tener aun la fuerza para co- 
rrejirme. Esto es lo que ahora está decidido. Antes cumplia 
con la mitad de mi obligación; ahora la cumpliré por ente- 
ro. Quiero ser un joven instruido para llegar a ser un hom- 
bre útil. Ud. me ha dicho siempre que debemos hacer honor 



^ ^":í ^.^ 



102 MANUAL, DB COMPOSICIÓN LITERARIA 

a nuestra firma. Hoi me compromet ) por la mía: no me 
permita Ud. olvidar este compromiso i". 



III 



"Mi querida mamá: 



"Cumpliendo los deseos de Ud. he comenzado a estudiar 
la botánica. Esta historia de las plantas es fecunda en ob- 
servaciones interesantes, i mientras mas me ocupo en ella, 
mas ínteres encuentro en su estudio. Algunas mañanas sa- 
limos en compañía de nuestro profesor, i durante horas en- 
teras recorremos los campos i los bosques, para aprenderá 
herborizar. La bondad de corazón de nuestro profesor, su 
entusiasmo por la enseñanza, su saber inmenso, la claridad 
de sus esplicaciones desarrollan en nuestro espíritu el amor 
por el estudio de la naturaleza. A4e lisonjeo con la esperan- 
za de que antes de las vacaciones habré formado una varia- 
da colección i podré llevar a Ud. un bonito herbario. Desde 
ahora me parece que ya estoi recorriendo con Ud. los cerros 
vecinos a nuestra casa para recojer las plantas mas raras i 
enriquecer mi tesoro, 

"Reciba mientras tanto el cariño de su obediente hijo 2". 



IV 



"Mi querido hijo: 



"Si es posible ser demasiado modesto, tú lo eres. La mo- 
destia es una excelente cualidad, es el compañero ordinario 
del verdadero mérito: nada atrae ni previene mas favora- 
blemente los ánimos: por el contrario nada les choca i los 
aleja mas que la presunción i la arrogancia. No se puede 
estimar al hombre que siempre quiere hacerse valer, que ha- 
bla ventajosamente de sí mismo, i que siempre es el héroe 
de su propia conversación. Por el (*ontrario, el que parece 



1 Tomo esta carta del 2° vol. de los Bxercices literaires, por 
M. Théry, quien la publica sin señalar el nombre del autor. Al 
traducirla, he hecho en ella algunas modificaciones casi insignifi- 
cantes. 

■2 Pvsta carta es imitada de otra análoga que se encuentra en 
el libro citado de Sommer. 



CARTAS FAHILIARÍtJS 103 



empeñado en ocultar su propio mérito i en el realzar el de 
los otros, que habla poco i con modestia de sí mismo, pro- 
duce una feliz impresión en el ánimo de los que lo oyen i se 
hace querer i estimar. 

"Pero hai una gran diferencia entre la modestia i la timi- 
dez: así como aquélla es plausible, esta última es ridicula. 
No conviene ser necio ni arrogante: es menester saber pre- 
sentarse, hablar a la jente i contestar sin desconcertarse ni 
embarazarse. Un hombre sin trato, un rústico ignorante, 
se avergüenza cuando se presenta delante déjente: se enre- 
da, no sabe qué hacerse con sus manos, se corta cuando lo 
hablan, i no responde sino con trabajo i como tartamu- 
deando; mientras que un hombre que sabe vivir se presenta 
con desenvoltura i con la conveniente seguridad, habla a 
las personas que no conoce, sin sentirse embarazado, i de 
una manera natural i fácil. Esto es lo que se llama ciencia 
del mundo i saber vivir, cosa mui importante i mui necesa- 
ria en la sociedad. Sucede con frecuencia qye un hombre, 
que tiene mucho fondo, pero (jue no sabe vivir, no es tan 
bien recibido como otro menos serio, pero que tiene el hábi- 
to del mundo. 

Estos son asuntos mui dignos de tu atención; piensa en 
ellos i une la modestia a una seguridad fina i desenvuelta. 
Adiós." 



Lord Chesterfield i 



"Este ha sido un dia terrible, mi querida hija. Te confie- 
so que no puedo soportar tanta amargura. Me he separado 
de tí dejándote en un estado que aumenta mi dolor. Pienso 
en todo lo que tú haces i en todo lo que yo hago ¡cómo 
puede suceder que, andando de esta manera, no podamos 



1 Lord Felipe Dormer Stanhope, conde de Chesterp^íeld 
(1694 1773) sirvió en la diplomacia i fué ademas un modelo de 
urbanidad. Escribió algunos artículos de revista; pero es famoso 
por la compilación de Cartas a su hijo, traducidas a casi todos 
los idiomas, que bajo una notable sencillez de estilo i un gusto 
esquisito, encierran los mejores consejos acerca de la manera 
como un joven debe estudiar, desarrollarse i conducirse en el 
mundo. 



104 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

encontrarnos jamas! Mi corazón descansa cuando está cer- 
ca de tí; ese es su estado natural, el único que pueda agra- 
darle. 

Lo que ha ocurrido esta mañana me causa un penoso 
dolor, i me produce una amargura de que tu filosofía podrá 
darse cuenta. La he sentido i la sentiré durante largo tiem- 
po. Tengo el corazón i la imajinacion llenos con tus recuer- 
dos: no puedo pensar en tí sin llorar; i sin embargo pienso 
siempre, de tal manera que la situación en que me encuen- 
tro es verdaderamente insostenible; pero como es estrema» 
da, espero que no durará largo tiempo con esta violencia. 
Te busco siempre i encuentro que todo me falta, porque me 
faltas txí. Mis ojos que te han visto tantas veces en estos 
últimos catorce meses, no te encuentran ya. El tiempo 
agradable que acaba de pasarse, hace esta situación mas 
dolorosa, hasta que me haya acostumbrado; pero jamas 
me acostumbraré tanto que no desee ardientemente volver 
a verte i volver a abrazarte. 

"No debo esperar que el porvenir sea tan feliz como el 
pasado. Yo sé que tu ausencia me hace sufrir; i en verdad 
que soi digna de compasión porque imprudentemente me 
creé el hábito necesario de verte. Me parece que al partir 
no te he dado cuantos abrazos quería. ¿Por qué habia de 
economizarlos? No te he repetido cuan contenta estaba de 
tu ternura; no te he recomendado bastante a tu esposo, 
M. de Grignan; no le he dado suficientemente las gracias 
por todas sus atenciones, por toda la amistad que me ha 
dispensado. Estoi devorada por la curiosidad, espero tener 
el consuelo de tus cartas, que me arrancarán muchos sus- 
piros. En una palabra, hija mia, yo no vivo mas que para 
tí. Que Dios me haga el favor de quererte algún dia tanto 
como yo te quiero. Jamas separación alguna ha sido mas 
triste que la nuestra: no nos decíamos una palabra. 

Adiós, mi hija querida. Compadéceme por haberme sepa- 
rado de tí. ¡Ah! mantengamos a lo menos nuestra corres- 
pondencia epistolar." . . 

MaDAME DE ShVIGNÉ 1 



1 V. las Noc. déhist. lii. part. JII, cap. IV, § 22. 



CARTAS FAMILIARES 105 



.-■..—■ ..Vil 

"He recibido, señor; vuestro nuevo libro contra el jénero 
humano: os doi las gracias por él. Agradareis a los hom- 
bres a quienes decisgordas verdades, pero no los correjireis. 
No se pueden pintar con colores mas vigorosos los horro- 
res de la sociedad humana, en la cual nuestra ignorancia i 
nuestra debilidad nos prometen tantos consuelos. Jamas se 
ha empleado tnnto talento en querer hacernos brutos. 
Cuando vSe lee vuestra obra dan deseos de andar en cuatro 
pies. Sin embargo, como hace mas de sesenta años que yo 
perdí la costumbre, conozco por desgracia que me es impo- 
sible volverla a tomar, i dejo esa actitud natural a los que 
son mas dignos de ella, que vos i que yo. No puedo tampo- 
co embarcarme para ir a buscar a los salvajes del Canadá; 
primero porque las enfermedades de que f stoi agobiado me 
retienen cerca del médico mas grande de Europa, i porque 
no encontraria los mismos socorros entre los indios: segun- 
do, porque la guerra existe en esos paises i porque el ejem- 
plo de nuestras naciones ha hecho a esos salvajes casi tan 
malos como nosotros. Me limito, pues, a ser un salvaje 
pacífico en la soledad que he elejido cerca de Jinebra, 
vuestra patria, donde vos deberiais residir. 

Convengo con vos en que las bellas letras i las cien- 
cias han causado algunas veces mucho mal. Los enemigos 
del Tasso 2 hicieron de su vida un tejido de desgracias; 
los de Galileo ^ lo hicieron jemir en las prisiones cuando 
contaba sesenta años, por haber reconocido el movimien- 
to de la tierra; i lo qne es mas vergonzoso todavía, lo 
obligaron a retractarse. Si yo me atreviese a contarme en 
el número de aquellos cuyos trabajos no han tenido mas 
recompensa que la persecución, yo os señalada personas 



1 El asunto de esta carta tahez superior a lo que puede exi- 
jirse de un joven estudiante, sobre todo si se pretende que su 
trabajo se acerque al modelo que damos en el texto: sin embar- 
go, no hemos vacilado en aceptarlo para manifestar a los jóve- 
nes que en las cartas familiares puede hacerse entrar todo jéne- 
ro de cuestiones, i para señalarles la manera agradable i natu- 
ral con que son tratadas. La carta que trascribimos tiene fecha 
de 31 de Agosto de 1755. 

2 Véanse las Noc. de hist. lit., part. III. cap. 11^ § 4, 

3 Id. id, par. III, cap. II, § 14. , . 



106 MANUAL DE COMPOSICTCN LITERARIA 

empeñadas ardorosamente en perderme desde el día en que 
di a luz mi trajedia titulada Edipo: una biblioteca de 
calumnias ridiculas se ha publicado contra mí. Os pintada 
la ingratitud, la impostura i la rapiña persiguiéndome 
desde hace cuarenta años hasta el pié de los Alpes i hasta 
el borde de mi sepulcro. Pero ¿qué conclusión sacaria de 
todas estas atribuciones? Que no debo quejarme, que Pope i, 
Descartes 2, Camoens ^ i cien otros han sufrido las mismas 
injusticias i aun mayores; que este es el destino de casi to- 
dos aquellos a quienes ha seducido el amor a las letras. 
Confesad, en efecto, que estas son pequeñas desgracias par- 
ticulares, que apenas percibe la sociedad. ¿Qué importa al 
jénero humano que algunos zánganos se coman la miel de 
algunas abejas? Los literatos hacen mucho ruido con estas 
pequeñas miserias: el resto del mundo o las ignora o se rie 
de ellas. 

"Entre todas las amarguras sembradas en la vida hu- 
mana, éstas son las menos funestas. Las espinas anexas a 
la literatura i a cierta reputación no son mas que flores 
comparadas a otros males que en todo tiempo han inunda- 
do la tierra. Confesad que ni Cicerón, ni Varron, ni Lucre- 
cio, ni Virjilio, ni Horacio ^ tuvieron la menor parte en las 
proscripciones. Mario era un ignorante. El bárbaro Sila, el 
crapuloso Antonio, el inbécil Lépido leian mui poco a Pla- 
tón ^ i a Sófocles 6, i por lo que respecta a Octavio, ese ti- 
rano cobarde, apellidado bajamente Augusto, no fué un 
asesino detestable sino en el tiempo que estuvo privado de 
la sociedad de los literatos. Confesad que Petrarca ^ i Bo- 
caccio ^ no hicieron nacer las perturbaciones de Italia. 
Confesad que la jocosidad de Marot ^ no ha producido la 
San Bartolomé; i que la trajedia titulada El Cid ^^ no es la 
causa de las perturbaciones de la Fronda. Los grandes 



1 Véanse las Noc. de hist lit., part. i 11, cap. VI, § 9. 

2 Id. id. part. 111, eap. IV, § 16. 

3 Id. id. part. III, cap. V, § 2. 

4 Sobre estos diversos escritores, véanselas Noc. de hist. lit. 
part. I, cap VII. 

part. I, cap. IV, § 20. 
part. I, cap. IV, § 8. 
part. II, cap. VII, § 7. 
part. II, cap. Vil, § 8. 
part. III, cap. III, § 3. 
part. II. cap. VI, § 8. 



6 


Id. 


lU. 

id. 


7 


Id. 


id. 


8 


Id. 


id. 


9 


Id. 


id. 


10 


Id. 


id. 



CARTAS FAMILIARES 10" 



crímenes no han sido cometidos sino por célebres ignoran- 
tes. Lo que hace i lo que hará siempre de este mundo un 
valle de lágrimas es la insaciable codicia, el orgullo indo- 
mable de los hombres, desde Tamas Kouli Kan i, que no 
sabia leer, hasta un empleado de aduana que no sabe mas 
que hacer números: las letras alimentan el alma, la corrijen, 
la consuelan: os están sirviendo a vos mismo, al mismo 
tiempo que escribís contra ellas. Vos sois como Aquíles, 
que se encoleriza contra la gloria, i como el padre Male- 
branche -; cuya imajinacion brillante escribia contra la 
imajinacion. 

"Si alguien debiera quejarse de las letras, ese seria yo, 
puesto que en todo tiempo i en todo lugar han servido para 
acarrearme persecuciones. Pero es menester amarlas a pesar 
del abuso que se hace de ellas, como es menester amar a 
la sociedad, cuyas dulzuras corrompen tantos hombres 
malvados; como es menester amar a su patria por grandes 
que sean las injusticias que nos hace sufrir. 

"Se me dice que vuestra salud está bastante deteriora- 
da; os convendría venir a restablecerla bajo el clima natal, 
gozar de la libertad, beber conmigo la leche de nuestras va- 
cas i comer nuestras yerbas. 

Me suscribo con la mas sincera estimación." 



VOLTAIRE 1. 



1 Famoso personaje, que de arriero de camellos i jefe de bandi- 
dos llegó a ser rei de Persia, después de muchas campañas milita- 
res i de atrevidas revoluciones. Una espedicion contra el Gran Mo- 
gol le permitió apoderarse de inmensas riquezas por via de botin 
de guerra. Su ambición i su crueldad lo hicieron detestar de los 
persas; i al fin sus jenerales lo asesinaron durante otra campaña, 
en 1747. 

1'^ Nicolás Ma'ebranche, gran metafísico i uno de los mas gran- 
des escritores franceses (1637 1715j ha desarrollado con un ta- 
lento admirable la teoría de que la razón humana, emanación de 
la razón divina, está constantemente alumbrada por esta luz su- 
perior que llama sol de las intelijencias; pero en el conocimiento 
de las cosas quita toda intervención a los sentidos i a las otras 
facultades del espíritu, i entre éstas a la imajinacion. 

13 Sobre Voltaire i Rousseau Vas. Noc. de hist. lit., part. III, 
cap. IV, §§ 26 i 27, pájs. 510 i 519. 



10^ MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



SECCIÓN VI 



Narraciones 



La narración es la esposicion de un hecho real o imaji- 
nario, desde sv oríjen hasta su fin. Para contar bien un 
hecho es preciso comenzar por formarse una idea clara i 
precisa, estudiarlo con cuidado, representarse todos los 
personajes históricos o fabulosos, todas las circunstancias 
verdaderas o ficticias. Si el hecho es tomado de la historia, 
es menester respetarla; si está basado en las tradiciones 
establecidas, es menester seguirlas; si es inventado, convie- 
ne darle un aire de verdad. 

Toda narración debe reunir las condiciones siguientes: 

Debe ser una, es decir, debe reconocerse siempre en el con- 
junto i en los detalles, una sola i misma acción. 

Debe ser clara. La claridad que se exije en una narra- 
ción no es únicamente esa claridad de lenguaje que es una 
regla común de toda composición, i sin la cual no existe el 
arte de escribir: es la claridad que resulta de un esposicion 
fácil i desembarazada. 

Debe ser verosímil, es decir presentar las cosas como se 
las ve en las circunstancias ordinarias de la vida, i obser- 
var las condiciones relativas al carácter, a las costumbres, 
a la calidad de los personajes que se hacen intervenir. 

Debe ser interesante, es decir conducida de manera que 
cautive la atención del lector. 

En fin, debe ser tan corta como sea posible visto el asun- 
to de que se trata, es decir no se debe buscar sino el ser 
breve, a lo menos no parecer demasiado largo. 

Conviene esplicar aquí lo que se entiende por verosimili- 
tud en la narración. No consiste ésta en contar las cosas 
tal como sucedieron o como el lector puede suponerlas: la 
verosimilitud se encuentra también en la narración de su- 
cesos sobrenaturales, cuando después de haber presentado 
el fondo de un asunto no se introduce en los detalles nin- 



NARRACIONES 109 



guna contradicción i ninguna exajeracion. Los cuentos de 
las Mil i una noches, los Viajes de Gií ///Ver encantan i apa- 
sionan a los lectores. I sin embargo no solo no es verdade- 
ro el fondo de estas obras, sino que está mui lejos del 
orden natural de las cosas. El espíritu del lector se forja vo- 
luntariamente una ilusión: acepta con el autor de la narra- 
ción la cxitencia de esos seres sobrenaturales en que nadie 
cree; i mientras esos personajes obren i hablen de una ma- 
nera conforme a la idea que nos hemos fi)rmado de ellos, 
el interés se sostiene: desde el momento en que olvidasen la 
naturaleza de convención que se les ha dado, desapareceria 
la ilusión i el interés seria nulo. En este jénero de obras 
hai, pues, solamente una ver( similitud relativa, de pura 
convención, por decirlo así. Lo mismo sucede en el apólogo, 
en donde solo por una condescendencia de la imajinacion 
podemos conceder la palabra a los animales i hasta a los 
objetos inaminados; pero mientras esos animales i esos 
objetos empleen un lenguaje conforme al carácter que les 
atribuimos, el lector sentirá satisfacción e interés. En resu- 
men, poco importa que el fondo de la narración sea verda- 
dero; con tal que el lector admita los datos que sirven de 
punto de partida, i que el autor sostenga hasta el fin el ca- 
rácter que ha querido dar a sus personajes. 

Toda narración se compone de una esposicion, de un 
nudo i de un desenlace. La esposicion debe ser sencilla i rá- 
pida para que se comprenda pronto i fácilmente el asunto 
de que se trata. Conviene observar aquí que con frecuencia 
una narración inspira tanto mayor interés cuanto que su 
principio tiene en cierto modo un aire misterioso. Si se des- 
cribe a un personaje antes de nombrarlo, si se refiere una 
parte de la acción sin dar a conocer a sus actores, con tal 
que los rasgos bajo los cuales se presentan i las circunstan- 
cias en que se les coloca, tengan algo de sorprendente i de 
singular, no se dejará de llamar vivamente la curiosidad 
del lector. Leyendo atentamente algunas narraciones se 
comprenderá mejor esta observación. 

El nudo de la narración, es decir el punto en que se po- 



lio MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

nen en contacto las diferentes circunstancias deque se com- 
pone, debe ser tal que la acción parezca marchar natural- 
mente, sostenga la atención i prepare la sorpresa. El de- 
senlace debe estar hábilmente preparado para que a la vez 
que sea natural sea imprevisto. Mas que cualquiera otra 
parte de la narración, exije ésta la rapidez. 

El estilo que conviene a la narración es una elegante sen- 
cillez; pero la sencillez no escluye los adornos, sino los que 
dejan traslucir el trabajo i la afectación, es decir el abuso 
de las figuras i el énfasis. La narración admite i aun con 
frecuencia exije ciertos adornos, como la descripción i el re- 
trato de los personajes. Se comprende que en las grandes 
obras de historia o de imajinacion, estos adornos puednn 
tener un gran desarrollo, i alcanzar a ser verdaderas des- 
cripciones i verdaderos retratos. En los ensa\^os que deben 
trabajar los jóvenes principiantes, basta agrupar una o 
dos ideas para dar a conocer el lugar de la acción, el carác- 
ter de los personajes o cualquiera otro incidente necesario 
para la cabal intelijencia del asunto. 

En toda narración, pero mui particularmente en aque- 
llas que versan sobre asuntos tiernos o terribles, el escritor 
se empeña en producir impresión en el ánimo de sus lecto- 
res. Esto es lo que en literatura se llama patético. El escri- 
tor tiene dos medios de producirlo: en un caso, comunica a 
sus lectores sus propias impresiones interrumpiendo su 
narración: en el segundo, preséntalos hechos con toda cla- 
ridad para que la impresión se produzca naturalmente en 
el ánimo de los lectores. En el primer caso, el patético se 
llama directo; en el segundo, indirecto. 

Por nuestra parte nosotros debemos recomendar a los 
jóvenes el segundo medio. La narración, la pintura de los 
hechos con aquellos detalles que pueden interesar i apasio- 
nar a los lectores, produce mas impresión que todas las 
declamaciones del autor. Esa impresión no es comunicada, 
sino que se produce espontáneamente en el ánimo del 
lector. 

Por el contrario, los arranques apasionados del autor 



NARRACIONES 111 



cuando se esfuerza por conmovernos, suelen no producir 
impresión alguna, o la que producen en muchas veces débil 
i pasajera. Nihil lacryma citins afascit, dice Cicerón: nada 
se saca mas pronto que las lágrimas. 

Consejos análogos pueden darse sobre la narraciones de 
un carácter jocoso. El chiste no se encuentra ordinariamen- 
te en las esclamaci jnes, en los pensamientos mas o menos 
desligados del asunto principal: se halla sí en la esposicion 
clara i natural de incidentes que provocan la risa. El sen- 
timiento del ridículo resulta de ordinario del contraste en- 
tre la seriedad con que se refiere una acción i lo grotesco de 
la misma acción. El que lea con alguna meditación el 
Quijote \ e\Jíl Blas, encontrará que estas observaciones 
son profundamente verdaderas. 

Esto no quiere decir que el escritor no pueda colocar en 
su narración algunas observaciones destinadas a producir 
alguna impresión en el ánimo del lector; pero sí creemos 
que esas observaciones deben desprenderse de la misma 
narración, i deben ir dirijidas como a fortificar los senti- 
mientos que aquélla ha hecho nacer. 



TEMAvS DE EJERCICIOS 



Luis XIV tuvo un tiempo la manía de hacer versos; pe- 
ro conociendo que eran malos, los sometió al fallo de uno 
de sus cortesanos, el mariscal de Grammont. Lejos de de- 
clarar que él mismo era el autor, el rei dijo al mariscal que 
los versos revelaban que el autor debia ser algún tonto. 
El cortesano confirmó este juicio elojiando el buen gusto 
del rei. 

Entonces éste declaró la verdad; i cuando el mariscal 
todo confundido se deshacia en escusas manifestándole 



112 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

que se había engañado por atolondramiento, el reí le espu- 
so que la primera opinión era la mas verdadera porque 
era espontánea i natural. 



II 



El mariscal de Turena hacia en 1675 la guerra contra 
los alemanes en la rejion oriental del Rhin. Una tarde se 
dirijia a inspeccionar las l)aterías de su campamento con 
el teniente jeneral de la artillería Saint Hilaire. Una bala de 
cañón cae en medio de ambos: Saint Hilaire perdió la mano 
con que habia tomado el sombrero para saludar a su jene- 
ral; pero Turena recibió el golpe en el brazo i en el cuerpo. 
No cayó sin embargo del caballo; inclinado sobre el arzón 
de la silla, i por un movimiento instintivo del animal, se 
alejó de aquel sitio. A poca distancia el caballo se detiene. 
Turena cae i espira casi en el momento. Su corazón estaba 
destrozado. Esta desgracia produjo gran ajitacion en el 
campo francés. Uno de los jefes, d'Hamilton, hizo cesar la 
confusión. El cadáver fué cubierto con una capa i retirado 
a corta distancia: en seguida se le colocó en un coche, i des- 
pués de hacerle los honores militares se le envió a Saint-De- 
nis para hacerle las exequias correspondientes a su rano^ >. 

La corte sintió esta desgracia que importaba la pérdida 
del primer jeneral francés de su tiempo. 



III 

En 1756, los ingleses hacian la gjierra en la provincia 
asiática de Bengala contra un jefe indio llamado Surajah- 
Dowlah. Las tropas de éste tomaron por asalto i casi sin 
encontrar resistencia una fortaleza inmediata ¿i Calcuta, 
denominada Fort William donde cayeron en su poder 146 
prisioneros El nabab o jefe indio, después de manifestarles 
su desprecio, prometió perdonarles la vida, i se fué a dor- 
mir. Sus soldados a pretesto de guardarlos en seguridad, 
encerraron o los prisioneros en un calabozo de veinte pies 
cuadrados. Ocurria esto en el solsticio de verano, la época 
de mayor calor en aquella ardientísima nación. Las súpli- 
cas i las promesas de los ingleses prisioneros fueron impo- 
tentes para ablandar a los crueles carceleros. La sofoca- 
ción fué tan espantosa que de los 146 prisioneros solo 2S 



NARRACIONES 113 



sobrevivieron a aquella noche. En la mañana siguiente 
cuando los guardianes abrieron el calabozo, tuvieron que 
amontonar a un lado los cadáveres medio corrompidos pa- 
ra dar paso a aquellos infelices que estaban estenuados de 
fatiga. En seguida, se abrió un vastí) foso en que fueron 
arrojados los 123 cadáveres. Los prisioneros que salvaron 
de esta catástrofe, fueron mui mal tratados. 



IV 

Después de haberse pronunciado la sentencia que conde- 
naba a muerte a Sócrates, éste permaneció treinta dias en 
3a prisión cargado de cadenas. Pasó este tiempo discutien- 
do con sus discípulos las mas elevadas cuestiones de filo- 
sofía. 

Por fin, se le anuncia que era llégalo el momento de eje- 
cutar la sentencia: sus discípulos entran a la prisión. Só- 
crates aleja a su mujer Jantipa para conversar con aque- 
llos. Discute, en efecto, sobre la mmortalidad del alma, la 
felicidad del hombre justo sobre la tierra i las recompensas 
que le están reservadas en la otra vida. Sus discípulos le 
piden sus últimas recomendaciones respecto a su familia. 
Sócrates la confia a la amistad de aquellos. El guardián de 
la prisión le anuncia llorando que ha llegado la hora de be- 
ber la cicuta. A pesar de las instancias de Gritón, que le ase- 
gura que puede todavía demorar algunas horas, Sócrates 
da la orden que le preparen inmediatamente el veneno. Lo 
bebe sin vacilar, i consuela a sus amigos que se abandonan 
a los trasportes del mas vivo dolor; después de haberse pa- 
seado algún tiempo, se acuesta, se envuelve en su manto, i 
entrega el último suspiro. 



Alejandro Magno dejó presentir su carácter desde los pri- 
meros años. Su ambición era seria desde la niñez: conside- 
raba efímeros los triunfos que se alcanzaban en los juegos 
Olímpicos. Hablaba con los embajadores estranjeros con 
la seriedad de un rei, i recojia de ellos noticias acerca de la 
la organización i del poder de las otras naciones. En vez de 
celebrar las conquistas de su padre, las sentía creyendo que 
así se le cerraba el campo para ejecutar las hazañas en que 

TOMO V 8 



114 MANUAL, DK COMPOSICIÓN LITERARIA 

meditaba. Se conoce la historia de Bucéfalo. Un dia se pre- 
sentó en la corte de Filipo un vendedor de caballos llevan- 
do uno de una belleza singular. Ninguno de los escuderos 
del rei pudo montarlo; i creyendo que era aquel un animal 
indomable, Filipo mandó que se lo llevara su dueño. Ale- 
jandro que habia observado que el caballo se espantaba 
con su propia sombra, lo colocó mirando al sol, subió so- 
bre él con una grande ajilidad i lo hizo correr en varias di- 
recciones, dejando asombrados a los cortesanos. El rei co- 
nociendo les grandes dotes de su hijo, quiso darle un maes- 
tro digno de él, i llamó a Aristóteles, el hombre mas sabio 
de su tiempo i de toda la antigüedad. Le enseñó la moral, 
la medicina i la literatura, comunicándole su gusto i su ad- 
miración por las grandes obras, i por la IHada, particular- 
mente. Alejandro estimaba mucho a Aristóteles, i aunque 
después nj tuvo por él el mismo cariño, siempre lo respetó. 



YI 



Después de haber vencido a Mitridátes, Sila se apresuró 
a volver a Roma para cíistigar los excesos de su rival Ma- 
rio, que habia escalado el poder durante su ausencia. Ma- 
rio murió antes de haber organizado la resistencia (83 an- 
tes de J. C); i su hijo fué derrotado por Sila. Roma abrió 
sus puertas al vencedor, i éste cometió violencias mucho 
mas odiosas que las de su rival. Un cuerpo de tres mil sol- 
dados enemigos ofreció rendirse. Sila exijió que atacasen a 
sus camaradas; pero en seguida los reunió en el circo con 
otros tres mil prisioneros i los hizo degollar a todos mien- 
tras él pronunciaba un discurso en el Senado. En seguida, 
proscribió a millares de ciudadanos; pagaba abundante- 
mente a los asesinos de los proscriptos, confiscaba los bie- 
nes de éstos i declaraba infames a sus hijos i a sus nietos. 
Las proscripciones se hicieron estensivas a todas las ciu- 
dades de Italia; i en todas partes eran asesinados aquellos 
cuyos bienes despertaban la codicia de los partidarios de 
Sila. En Prcveste hizo degollar doce mil hombres: el dueño 
de la casa en que estaba hospedado, fué esceptuado de la 
proscripción, pero él se presentó voluntariamente a los ase- 
sinos, i pereció como tantos otros. Lucio Catilina, parcial 
de Sila, pidió a éste que incluyera en las Hstas de proscrip- 
ción a uno de sus hermanos, a quien habia quitado la vida. 
En seguida. Catilina mató a otro ciudadano i presentó a 



NARRACIONES 115 



Sila la cabeza de la víctima. Después de todo esto, Sila se 
hizo proclamar dictador,^ con derecho de vida i muerte i 
con poderes absolutos para confiscar las propiedades, i re- 
partir las tierras i las provincias. 



Vil 



Tiberio pasó los últimos años de su vida en la isla de 
Caprea. Desde allí gobernaba el mundo con su conocida 
crueldad i con la mas refinada hipocresía. Sintiendo que su 
salud decaia, cambió varias veces de habitación, i al fin se 
estableció en una casa situada en el promotorio de Misena, 
Un dia, su médico Carídes, a pretesto de tomarle la mano 
para besársela, le tomó el pulso, i conoció que Tiberio mo- 
rirla antes de dos dias. El emperador sospechó su estado; i 
aunque quiso hacerse superior a sus dolencias, se vio aco- 
metido de un desmayo que hizo creer a todas las personas 
de palacio que habia muerto. Cayo Calígula, que debia su- 
cederle, recibía las felicitaciones, cuando se anuncia que Ti- 
berio habia vuelto a la vida. En ese momento, Macron, 
prefecto del pretorio, que gozaba de valimiento cerca del 
emperador, lo sofocó con los almohadones, i proclamó su 
muerte. 



VIII 



Británico era hijo del emperador Claudio i de Mesalina, 
i como tal debia suceder a Claudio; pero fué privado del 
imperio por los artificios de Agripina, segunda mujer del 
emperador, la cual colocó en el trono a su hijo Nerón. Es- 
te, temiendo que Británico hiciera valer sus derechos, lo 
envenenó durante un banquete. El príncipe prevenido del 
peligro que corria, no comianada antes que lo hubiese pro- 
bado un esclavo. Un dia, sin embargo, se le sirvió un bre- 
baje, al que por estar mui caliente, fué necesario poner a- 
gua fria. Junto con ésta, se le echó el veneno que dio la 
muerte a Británico. Nerón finjió ser estraño a este crimen. 

El banquete en que éste tuvo lugar, continuó después- 
de un momento de silencio. 



116 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



IX 

Los crímenes de Nerón indignaron las provincias del im- 
perio romano. La Galia se sublevó bajo las órdenes del pro- 
pretor Vindex; pero éste fué vencido por las lejiones de Jer- 
mania. Galba, gobernador de España, i hombre de un gran 
carácter, fué proclamado emperador por sus lejiones. in- 
mediatamente comenzaron las defecciones. Nerón acababa 
de llegar a Grecia, adonde habia ido a hacerse admirar co- 
mo cantor i como poeta. Al principio, creyó que pódria so- 
focar fácilmente la rebelión; pero luego notó que comenza- 
ban las defecciones, i en medio del pavor i de la desespera- 
ción formó los proyectos mas contradictorios, i se resolvió 
al fin a tomar la fuga. Abandonado por los suyos, sin va- 
lor para darse la muerte, mostrando en todos sus actos la 
pequenez de su alma, vagó desatentadamente buscando al- 
gún escondite, i al fin se ocultó en un subterráneo. Allí, 
viéndose a punto de caer en manos de sus perseguidores, 
se atravesó la garganta con un puñal, ayudado por su se- 
cretario Eprifrodita. "Es lástima, decia, que así muera un 
gran cantor." 

X 

En agosto del año 79 de nuestra era tuvo lugar la terrible 
erupción del Vesubio, que sepultó las ciudades de Hercula- 
no i de Pompeya. El célebre naturalista Piinio, conocido 
con el apodo de antiguo, para distinguirlo de su sobrino, 
mandaba la escuadra romana estacionada en Misena. Des- 
pués de haber tomado un baño i de haber comido, estaba 
entregado al estudio, cuando en la tarde (23 de agosto) su 
hermana le avisó que se veía una nube estraordinaria por 
su forma i su tamaño. Este prodijio sorprendió a Piinio: 
inducido por su amor a la ciencia, quiso examinarlo de cer- 
ca, i al efecto hizo preparar una lijera embarcación. Ningu- 
no de su familia lo acompañó. En vista de la carta de una 
señora romana que le pedia socorro, se dirije al Vesubio, 
sin temor alguno, i dictando a sus amanuenses la descrip- 
ción de las terribles escenas que presenciaba. La ribera era 
inaccesible. Una lluvia de ceniza espesa i caliente i de pie- 
dras, amenazaba a las naves que hubieran querido acercar- 
se; i el mar, mucho mas bajo, a consecuencia del cataclis- 
mo, no tenía bastante fondo para que pudiesen navegar. 



NARRACIONES 117 



En vez de volverse a Misena, Plinio se trasladó a Estabia^ 
puerto que también fué sepultado por aquella erupción. 
Allí pasó el resto del dia dando ejemplo de valor en medio 
de la turbación de todos los habitantes. En la noche se 
acostó a dormir; pero luego fué despertado: e) patio se lle- 
naba de cenizas i de piedras, i las cnsas parecían arranca- 
das de sus cimientos. Todos se decidieron a huir: cada cual 
se envolvía la cabeza en almohadas para evitar los golpes 
de las piedras que caian con las cenizas. Comenzaba a ama- 
necer; pero para los fujitivos reinaban espesas tinieblas i de 
cuando en cuando luces siniestras. Quisieron acercarse a la 
ribera, pero vieron que el mar no era favorable para la fu- 
ga. Plinio, cuyas fuerzas estaban agotadas, se tendió sobre 
un paño i bebió un poco de agua. La vnsta de las llamas i 
una emanación sulfurosa que se sentia, obligaron a todos 
a apresurar la fuga. Plinio quiso levantarse apoyado de 
dos esclavos; i en el mismo instante cayó muerto, sofocado 
por los vapores que exhalaba la tierra. Tres dias después 
se encontró su cadáver, cubierto con sus vestidos en la ac- 
titud de un hombre dormido. 

Plinio el joven, sobrino del célebre naturalista, habia 
quedado en Misena con su madre, i fué testigo de las des- 
garradoras escenas cjue allí proáujo el cataclismo. Durante 
la noche de la erupción, se lucieron sentir en esa ciudad vio- 
lentos temblores. En la mañana siguiente una lluvia de ce- 
nizas calientes obligó a sus habitantes a tomar la fuga. 
Los densos vapores emanados del volcan oscurecieron el 
aire, de tal manera que los fujitivos no veian a donde ca- 
minaban. Todos creian que era el fin del mundo. La confu- 
sión, sin embargo, no duró mucho tiempo. La luz del dia 
volvió a aparecer: los habitantes de Misena pudieron vol- 
ver a sus casas i mas felices que los pueblos vecinos, salva- 
ron de aquella terrible catástrofe. Herculano, Pompeya i 
varias otras ciudades menos importantes, quedaron sepul- 
tadas bajo las cenizas. 



XI 



En 1527, bajo el pontificado de Clemente VII, las tropas 
de Carlos V, compuestas de alemanes i españoles, i man- 
dadas por el condestable de Borbon, tomaron a Roma. El 
ataque tuvo lugar el 6 de mayo. La ciudad no pudo opo- 
ner una seria resistencia: el papa, esperando tratar con el 



118 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



enemigo, perdió un tiempo precioso i ni siquiera pudo reti- 
rarse. Borbon murió de un balazo en los primeros momen- 
tos del asalto; i sus tropas vengaron su muerte con un sa- 
queo espantoso. Los grandes dignatarios de la iglesia fue- 
ron escarnecidos: algunos de ellos, vestidos con sus trajes 
de ceremonias, fueron montados en asnos i espuestos a las 
burlas de la muchedumbre. No se respetaron los templos, 
ni los monasterios, ni las reliquias sagradas. Todo era ro- 
bado i destruido. Los prisioneros estaban obligados a pa- 
gar enormes rescates: otros tuvieron que comprar con 
gruesas sumas el derecho de eximir del saqueo sus casas i 
sus almacenes. Ni aun los cardenales mas afectos a Carlos 
V se libertaron de aquellos ultrajes i de aquellas espolia- 
ciones. 



XII 

En los compendios de historia de América encontrarán 
los jóvenes bosquejado el cuadro de la espedicion de Vasco 
Nuñez de Balboa al través del itsmo de Panamá, que dio 
por resultado el descubrimiento del mar Pacífico. Se trata 
solo de ampliar ese cuadro, hermoseándolo con pormeno- 
res i con algún colorido. 



XIII 

Un trabajo idéntico puede exijirse de la captura del inca 
Atahualpa por las tropas de Pizarro en la plaza de Caja- 
marca el 16 de noviembre de 1532, referida también en to- 
dos los compendios de historia de América. 



XIV 

Apuleyo, escritor latino del II siglo de la era cristiana, 
ha escrito una novela en que, imitando otra obra griega, 
refiere la transformación de un hombre en asno. Las Meta- 
morfosis, este es su título, son las aventuras de un joven 
llamado Lucio. El mismo refiere los sucesos. Lucio habia 
ido a Tesalia por ciertos negocios, i se hospedó en casa de 
un viejo llamado Milon, cuya mujer era una hechicera de 
primer orden. Allí concibió un vivo amor por Fótis, criada 
de la casa; i ésta le faciUtó el medio de ver por un agujero 



NAKR ACIONES ll9 



de una puerta, como la señora, por la virtud de una poma- 
da que se untaba en el cuerpo, se cambiaba en lechuza. 
Fótis, cediendo a las instancias de Lucio, lo introdujo en el 
cuarto; i puso a su disposición las drogas de la hechicera. 
Pero Lucio tomó una caja por otra; i apenas se habia fro- 
tado con aquel ungüento, se transformó en asno, forma 
que no podía dejar sino comiendo rosas. Como no las ha- 
lló a la mano, tuvo que hospedarse esa noche en la caballe- 
riza, donde su propio caballo, i un asno de Milon, lo reci- 
bieron a patadas, creyendo que Lucio queria comerles su 
cebada. El mismo criado de Lucio le dio de palos porque 
habia querido comerles las rosas que adornaban una efijie 
de la diosa Epona. Poco mas tarde, algunos ladrones pe- 
netraron en casa de Milon, robaron cuanto encontraron, i 
cargando con el botin a las tres bestias que habia en la ca- 
balleriza, tomaron el camino de la caverna en que se ocul- 
taban. 



XV 



Swift, escritor ingles del siglo XVJII, compuso una no- 
vela titulada Vinjes de GuUiver. Supone que este mismo re- 
fiere sus maravillosas aventuras, i entre otras su residen- 
cia en Lilliput, isla poblada por hombrecillos que apenas le 
llegaban al tobillo, i que vSe hallaban gobernados por un 
rei i organizados como un pueblo que ha alcanzado un alto 
grado de civilización. Cuenta, al efecto, que los liliputienses 
estaban en guerra con los habitantes de una isla vecina, 
llamada Blesfucu; i que éstos, mucho mas poderosos, ha- 
bian equipado una poderosa escuadra. Gulliver ofrece sus 
servicios al rei de Lilliput, i marcha a apresar la escuadra 
enemiga. Prepara algunas cuerdas mui delgadas para él, 
pero que eran cables para aquellos pigmeos, amarra en su 
punta una barra, de fierro, tan gruesa como una aguja de 
tejer medias, para amarrar toda la escuadra, i penetra re- 
sueltamente al mar, que como todas las cosas de aquel 
pais, era mui bajo para un hombre de estatura natural. 
Los marinos de Blesfucu se asustan al ver a Gulliver; pero 
repuestos del pavor, descargan una lluvia de flechas que 
apenas pican la epidermis del jigante. Al fin, éste consigue 
su intento, i lleva prisionera toda la escuadra enemiga. 



120 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



XYÍ 

Damócles, uno de los adoradores de Dionisio, tirano de 
Siracnsa, lo felicitaba nn dia por su poder, su magnificen- 
cia, etc., en fin, por su felicidad. Dionisio le preguntó si 
queria ser feliz en su lugar. Damócles aceptó. Dionisio lo 
hizo sentarse en un lecho de oro, i puso a su servicio una 
vajilla magnífica, una mesa suntuosa, perfumes, coronas. 
En medio del banquete, Damócles vé en el techo una espa- 
da desnuda suspendida sobre su cabeza por medio de un 
hilo. Desencantado del poder, suplica a Dionisio que lo li- 
berte de su felicidad. El alumno debe deducir la moral que 
se desprende de esta historia. 



xvir 

Fenelon, obispo de Cambrai, era un hombre mui inteli- 
jente i mui ilustrado, i al mismo tiempo poseia una bondad 
a toda prueba i una modestia estraordinaria. Le gustaba 
recorrer los campos, hablar con los trabajadores, visitar a 
los pobres, etc. Una tarde volvia mui triste de una peque- 
ña choza, cuyos moradores habían perdido tres dias antes 
una vaca, que constituía su único caudal. Estaba lejos de 
aquel lugar, cuando divisa una vaca que andaba sola, i 
que era mui semejante a la que se le había descrito. Sin te- 
mer a la noche, que ya estaba cerca, la conduce a la choza i 
persiste en volverse a Cambrai para no alarmar a las per- 
sonas de su casa; pero está agobiado de cansancio. Los 
campesinos hacen entonces unas parihuelas con ramas de 
árboles, i lo trasportan en triunfo. 

Esta narración que es mui sencilla, puede ser convenien- 
temente desarrollada. En la part. III, cap. IV, § 19 de las 
Noc. de hist. de //¿..encontrarán los jóvenes algunas noti- 
cias acerca de Fenelon. 



XYIII 

Durante la revolución francesa, cuando estaba en todo 
su vigor el réjimen del terror, un joven llamado Loiserolles 
fué condenado a muerte por el tribunal revolucionario. 
Vuelve a su calabozo en la cárcel de San Lázaro, acompa- 



NAllK ACIONES 1-1 



nado por su padre que era un anciano venerable, el cual no 
qucria separarse de su hijo basta el último momento. Can- 
sado por tantas emociones, el joven se queda dormido. El 
dia siguiente, 7 termidor (25 de julio de 1794) el alcalde 
llama a los condenados que deben marchar al patíbulo. 
Dos veces resonó el nombre de Loíserollcs sin que nadie se 
presentara. El padre no quería despertar a su hijo; pero 
repentinamente se le ocurre una idea: al tercer llamado se 
presenta en lugar del joven. k\ momento de abandonar el 
calabozo, se acerca a su hijo, se inclina sobre él, i no se 
atreve a darle un beso por temor de despertarlo. Sube al 
patíbulo i muere rogando a Dios que proteja a su hijo. Sus 
votos fueron oídos. El joven Loiserolles fué puesto en liber- 
tad después del 9 termidor, después de la caida de Robes- 
pierre, vivió hasta 1845, i escribió varios poemas, uno de 
los cuales lleva por título La muerte de Loiserolles o el 
triunfo del amor paterno, en tres cantos, en que refiere el 
heroico sacrificio de su padre. 



XIX 

En 1807, a la época en que el bloqueo continental habia 
encendido la guerra entre Francia e Inglaterra, los ingleses 
hacían frecuentes desembarcos en las costas de Francia. 
Una tarde después de una escaramuza, un marinero bretón 
que habia llegado mui tarde para tomar parte en la lucha 
i vengar a su padre, aprescido algunos dias antes por un 
buque ingles, recorre el teatro de la acción, percibe a un 
oficial enemigo oculto detras de una roca i saca su sable 
dispuesto a ultimarlo. Pero el oficial está herido i pierde 
mucha sangre. El marinero se siente conmovido: consuela 
al oficial, i en seguida se aleja para buscar socorros. Cuan- 
do vuelve no encuentra a nadie: los ingleses han enviado 
furtivamente una chalupa para rccojer sus heridos. Un mes 
después, el marinero ve volver a su padre: el oficial herido 
era lord Stanley, el hijo del comandante de los pontones en 
que eran retenidos los prisioneros franceses. 



XX 

Los pueblos antiguos de Europa se procuraban a peso 
de oro la seda, que era por tanto sumamente rara. Sabían 
que venia del oriente, pero ignoraban hasta el nombre del 



122 MANUAL PE COMPOSICIÓN LITERARIA 

país que la producía. En el siglo VI, dos misioneros griegos 
llegaron hasta la China, i observaron con admiración los 
trabajos del gusano de seda i las fábricas de telas. Conci- 
ben el proyecto de dotar a las naciones cristianas de esta 
fuente de riqueza, i observan que la brevedad de la vida de 
estos insectos hace imposible su trasporte; pero los hueve- 
cilios pueden ser trasportados a otro pais donde deben jer- 
minar. Ocultan los huevecillos de gusanos de seda en una 
caña hueca, i se encaminan a su pais, por entre pueblos que 
los hubieran muerto si hubiesen sospechado su secreto. Al 
fin, pasan el Eufrates que separa el imperio de Oriente del 
reino de Persia: caen de rodillas i dan gracias a Dios. Lle- 
gan a Constantinopla:son admitidos delante dejustiniano 
i le presentan aquellos valiosos objetos, refiriéndole con 
palabras sencillas i modestas los trabajos por que han te- 
nido que pasar. El emperador elojia su patriotismo i su 
valor, les da las gracias por el señalado servicio que pres- 
tan al imperio, i les dice que ellos han hecho mas por hi 
prosperidad del mundo que los mas grandes hombres de 
estado i los guerreros mas célebres. Los huevecillos jermi- 
naron: los gusanos trabajan i se multiplican, la Grecia se 
cubre de moreras, i luego la nueva industria se propaga 
en toda la Europa occidental i forma una de las fuentes 
de su riqueza. 



XXI 



El príncipe de Gales, hijo de Enrique IV rei de Inglate- 
rra, se dejaba llevar a todos los excesos de las pasiones i 
del poder. Uno de los jóvenes señores que tomaba parte en 
sus estravíos i en sus violencias, fué llamado ante la justi- 
cia por haber cometido un delito, i condenado, a pesar de 
la protección del príncipe. Este, furioso, llega al tribunal 
en el momento en que se da la sentencia, se acerca al presi- 
dente, lo insulta i le da una bofetada. El majistrado in- 
móvil e impasible, ordena al hijo de su rei que se entregue 
preso. Se traba una lucha en el alma del príncipe entre su 
cólera, su orgullo i el sentimiento de la justicia. Cede al 
fin, presenta su espada i él mismo se entrega preso en ma- 
nos de los guardias. Esta conducta da lugar a algunas re- 
flexiones. 



NARRACIONES 123 



XXII 

Durante su cuarto viaje, Cristóbal Colon se vio obliga- 
gado a recalar a las costas de Jamaica. Los naturales de 
este pais, que habian oido hablar de los escesos cometidos 
por los españoles en las otras islas, le negaron los víveres: 
no se hallaba en estado de obtenerlos por la fuerza, i los 
ruegos eran impotentes. La escasez de los españoles au- 
mentaba cada dia. Colon sabia que una noche próxima 
tendria lugar un eclipse de luna i aprovecha esta circuns- 
tancia. Anuncia a los indios que Dios, irritado por su in- 
humanidad, va a hacerles sentir su castigo, i que desde 
aquella noche la luna dejaria de alumbrar. Algunos indios 
\creen: otros se rien. La noche llega; el eclipse comienza. Los 
indios acuden al rededor de Colon: le fraen víveres i le pi- 
den perdón. Su consternación era grande. Colon se mues- 
tra inflexible hasta el momento en que el eclipse debia ter- 
minar. Entonces perdona a los indios, que quedan muí con- 
tentos cuando ven reaparecer la luna. Los indios no se 
atreven a negar nada a un hombre que parece ser favore- 
cido por el cielo. Colon no se habia presentado nunca a los 
indios como un hombre de naturaleza superior. ¿Lo justifi- 
can estas circunstancias por haber empleado este arti- 
ficio? 



JiXIII 

La historia de la revolución de Estados Unidos recuer- 
da un hecho que prueba el grande heroismo de Washing- 
ton. A fines de 1776, las tropas inglesas mandade\s por 
lord Cornw^allis estaban acampadas cerca del Delaware, es- 
perando que las aguas de este rio se helaran para atrave- 
sarlo i atacar al ejército americano que mandaba Was- 
hington, i que era mui inferior en número. Para prevenir 
una derrota segura, el jeneral americano pasó el rio en la 
noche del 25 de diciembre, durante una tempestad deshe- 
cha, i sin temer a las grandes masas de hielo flotantes que 
el rio arrastraba en su corriente. Atacó a la bayoneta una 
división enemiga acampada en Trenton, la derrotó i le 
tomó mil prisioneros. Cornv^allis, marcha con todo su ejér- 
cito a atacar a h)S independientes; pero Washington deja 
fuegos encendidos en su campamento para engañar al ene- 
migo, i marcha sobre Princetown, donde estaba situada 



1-4 MANl'AL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



Otra división inglesa. La derrota, i vuelve a pesar el De- 
laware. Fué aquella una empresa aconsejada por un he- 
roísmo desesperado, i ejecutada con tanto valor como pru- 
dencia. 



XXIY 

La traición del jeneral americano Benedicto Arnold es 
uno de los cuadros mas patéticos de esa misma historia 
de la revolución de Estados Unidos. En 1780. Arnold, dis- 
gustado conWashington,cuyarectitud de carácter no podia 
tolerar, traicionó a su patria con el pensamiento de entre- 
gar al enemigo una/ortaleza. El mayor ingles John Andre, 
habia sido el negociador de esta traición, i fué aprehendido 
por las tropas de Washington. Arnold, viéndose descubierto, 
se fugó al enemigo, sin haber alcanzado a realizar todo su 
plan. Esta traición era atroz; pero Andre, joven intelijente, 
caballeroso, despertaba todas las simpatías. El no era trai- 
dor, puesto que como oficial ingles estaba en el deber, de 
hostilizar a los americanos; pero las leyes de la guerra lo 
consideraban espía, i como tal debia ser castigado. El je- 
neral ingles Clinton solicitó su perdón: Washington contes- 
tó que dejaria a Andre en libertad si se le entregaba a Ar- 
nold para castigarlo: Clinton se niega a ello. Andre debia 
ser ahorcado en virtud de los usos de la guerra; solicitó 
que se le fusilara como militar. Washington fué inflexible; 
i aunque profundamente impresionado por la desgracia de 
un joven digno de todas las simpatías, firmó la sentencia i 
mandó que se ejecutara. La voz del deber fué mas imperio- 
sa que los nobles llamados de su corazón. 



XXV 

El sacrificio del capitán neo-granadino don Antonio Ri- 
caurte, es una de las pajinas mas hermosas de la historia 
de América. El 25 de marzo de 1814, Bolívar sostenia en el 
pueblo de San Mateo, Venezuela, un combate terrible con- 
tra tropas mui superiores que mandaba el feroz guerrillero 
español Bóves. Este comprendió que las municiones de los 
patriotas estaban colocadas en unacasa decampo, situada 
sobre una altura inmediata, i despachó un destacamento 
para tomarlas. Allí estaba el capitán Ricaurte con cincuen- 



NART! ACIONES 125 



i 



ta hombres. Bolívar i sus tropas lo creen todo perdido. En 
medio de su ansiedad, se ove una espantosa detonación: 
Ricaurte, convencido de que no podia resistir, habia pren- 
dido fuego a los depósitos de pólvora, sacrificándose así, 
junto con los enemigos que habian entrado ya a la casa 
que él defendia. Aquel heroico sacrificio salvó por el mo- 
mento al ejército de Bolívar. 



XXVI 

La guerra de la independencia de Venezuela habia sido 
atroz. Ninguno de los contendientes daba cuartel al venci- 
do. Era aquella una verdadera guerra a muerte. Bolívar, 
el jeneral independiente, i Morillo, el jeneral español, eran 
igualmente valientes i ambos poseian una notable inteli- 
jencia militar. Después de seis años de batallas i de cruel- 
dades, en noviembre de 1820, ambos jenerales firmaron un 
armisticio, i acordaron regularizar la guerra para evitar 
horrores inútiles. Celebraron en seguida una entrevista en 
que se abrazan como antiguos amigos. Este cuadro puede 
ser descrito recordando los antecedentes que lo hacen mas 
patético e interesante. 



XXVII 

El califa Almanzor, continuamente lisonjeado por sus 
favoritos, comienza a sospechar que sus alabanzas no son 
sinceras. La casualidad hace caer en su manos un libro en 
que los actos de su gobierno eran censurados con una res- 
petuosa franqueza. Sus favoritos le aconsejan que castigue 
¿i Elaim, autor del libro. El califa reunió en su palacio a los 
tres favoritos i a Elaim, i les ordena que le digan franca- 
mente lo que piensan de él. No es difícil suponer lo que dijo 
cada cual. Solo Elaim habló la verdad. El califa a cada uno 
de los cortesanos les dio un diamante magnífico: abraza a 
Elaim i le declara que en adelante será su amigo. Al dia si- 
guiente, los tres cortesanos vienen a advertir al califa que 
el joyero que le ha vendido los diamantes, lo habia engaña- 
do, i que estos son falsos. El califa responde que ya lo sa- 
bia él; pero que por falsas alabanzas ha dado- falsos dia- 
mantes. 



126 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



XXVIII 

ün sultán de Constantinopla (otros atribuyen este he- 
cho a una sociedad científica de Londres, lo que da lo mis- 
mo para el caso) propuso un premio valioso al que resol- 
viese este problema de física. Si en una cubeta perfectamente 
llena de agua se echa un cuerpo cualquiera, el agua se 
desborda i se derrama: sin embargo, echando un pez se le 
ve moverse en todos sentidos sin que caiga una sola gota. 
Presentáronse muchas memorias para obtener el premio: 
cada cual se empeñaba en esplicar el fenómeno por diversos 
medios. Solo un sabio quiso escribir examinando el hecho 
por sí mismo. Llenó de agua una taza, hizo varios csperi- 
mentos i vio que cuando se echaba el pez, el agua se des- 
bordaba lo mismo c^ue cuando ponía en ella cualquier otro 
cuerpo. Fué él quien obtuvo el premio. Este hecho nos ense- 
ña que no debf mos juzgar de las cosas por las apariencias 
o por lo que todos dicen, i que la verdad no se encuentra 
sino con el estudio i la observación. 



MODELOS DE EJERCICIOS 



Luis XIV i el mariscal de Grammont 

''Es menester que te cuente una historia verdadera que 
te divertirá. El rei (Luis XIV) ha dado desde hace poco 
tiempo en escribir versos. El otro diahizo un madrigal, que 
él mismo no encontraba bonito. Una mañana dijo al ma- 
riscal de Grammont: "Señor mariscal, os suplico que leáis 
este pequeño madrigal, i que me dii^ais si habéis visto uno 
tan malo. Como se sabe que me gustan los versos, me en- 
vian de todas clases". El mariscal después de haberlos leí- 
do, dijo al rei:— ''Señor, Vuestra Majestad, juzga divina- 
mente sobre todas las cosas. Es el madrigal mas tonto i 
mas ridículo que haya leido en mi vida". El rei se echó a 



NARRACIONES 121 



k 



reír, i le dijo: — "¿No es verdad que el que lo ha escrito debe 
ser mui fatuo?"— "Señor, no es posible darle otro nombre." — 
*'jPues bien! dijo el rei, celebro que me hayáis hablado con 
tanta claridad: soi yo quien lo ha hecho". — "¡Ah! señor! 
qué traición! Permítamelo Vuestra Majestad: lo he leido 
de carrera". — "No, señor mariscal, los primeros sentimien- 
tos son siempre los mas naturales". El rei se ha reido mu- 
cho de este incidente, i todo el mundo cree que es la jugada 
mas cruel que se puede hacer a un viejo cortesano. 

Madama de Seyigné i 



II 
Muerte de Tiirena 

Me dirijo a vos, mi querido conde 2' para referiros un a 
de las mas terribles pérdidas que haya podido sufrir la 
Francia: es la muerte de M. deTurena. Estoi segura de que 
habéis de sentir la misma impresión dolorosa que nosotros 
hemos sentido aquí. Esta noticia llegó el lunes a Versalles. 
El rei ha estado aflijido, como debe sojponerse, por la pér- 
dida del mejor capitán i del hombre mas honrado del mun- 
do. Toda la corte ha llorado, i M. de Condom 3 estuvo a 
punto de desmayarse. La corte estaba preparándose para 
salir a divertirse en Fontainebleau: todo ha sido dcvsbara- 
tado. Jamas hombre alguno ha sido sentido tan sincera- 
mente: todo el barrio en que tenia su habitación, todo 
Paris estaba turbado i conmovido: cada cual hablaba i se 
agrupaba para lamentar la pérdida del héroe. Después de 
tres meses de una campaña prodijiosa, que las personas de 
su profesión no se cansan de admirar, llega el último dia 
de su gloria i de su vida. 

*'E1 sábado a las dos de la tarde, M. de Turena montó 

1 Esta i muchas otras anécdotas tan admirablemente conta- 
das como ella, se encuentran en las cartas de madama de Sevig— 
né a su hija. (V. las Noc. de hist, lit., part. III. cap. IV, § 22). 

2 Usta narración se encuentra en una carta dirijida por mada- 
ma de Sevigné a su yerno el conde de Grignan, con fecha de 28 de 
agosto de 1675. 

3 Bosuet, obispo titular de Condom. 



128 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



a caballo después de haber comido; i como lo acompañaban 
muchas personas, las dejó a treinta pasos de la altura a 
donde queria ir, i dijo al muchacho d'Elbeuf: "Sobrino, 
quedaos allí: como estáis dando vuelta a mi alrededor, 
vais a hacerme reconocer". M. d'Hamilton, que se encon- 
traba cerca del lugar a donde iba, le dijo:— "Señor, venid 
por este lado; están cayendo balas allí donde estáis". — 
"Tenéis razón, contestó. M. de Turena; eso será lo mejor, 
porque no quiero morir hoi". Apenas hubo vuelto su caba- 
llo, percibió a Saint Hilaire, que con el sombrero en la 
mano le dijo: — "Señor, echad una mirada sobre la batería 
que acabo de colocar allí". M. de Turena volvió, i al mismo 
instante, sin haberse detenido, recibió un golpe en el brazo 
i en el cuerpo por el mismo proyectil que se llevó el brazo i 
la mano que tenia el sombrero de Saint Hilaire. Este jentii 
hombre, que lo miraba siempre, no lo vio caer: el caballo 
lo llevó al sitio en que habia quedado el muchacho d'El- 
beuf: aun no habia caido, pero estaba inclinado sobre el 
arzón de la montura. En este momento, el caballo se detie- 
ne, i el héroecae en brazos de los suyos: abre dos veces sus 
grandes ojos i su boca, i permanece tranquilo para siempre, 
imajinaos que estaba muerto i que tenia una parte del co- 
razón destrozado. Todos gritan, todos lloran: M. d'Ha- 
milton hace cesar este ruido i apartar a d'Elbeuf, que se 
habia arrojado sobre el cadáver, no queria apartarse de él 
i no cesaba de gritar. El cadáver fué cubierto con una capa 
i trasportado por entre una fila déjente, se le custodia en 
medio de los murmullos: llega un coche para conducirlo a 
su tienda de campaña. Allí, M. de Lorges ^ M. de Roye i 
muchos otros creyeron morir de dolor; pero era necesario 
hacerse violencias i pensar en los grandes negocios que se 
tenian entre manos. En el campamento se le hicieron los 
honores militares, la lágrimas i los gritos formaban el ver- 
dadero duelo. Todos los oficiales tenian lazos de crespón, 
todos los tambores estaban cubiertos: no producían mas 
que un solo sonido: las picas inclinadas hacia el suelo, i los 
mosquetes boca abajo: pero estos gritos de todo el ejército 
no pueden representarse sin sentir una conmoción. Sus dos 
sobrinos estaban en esta ceremonia en el estado que debéis 
imajinar. M. de Roye que se encontraba herido, se hizo 
trasportar al sitio de la ceremonia, porque la misa no tuvo 

1 El duque de Lorges, sobrino de Turena, que tomó el mando 
después de la muerte de éste. D'Elbeuf era sobrino nieto de 
Turena. 



NARRACIONES 1 29 



lugar sino cuando hubieron repasado el Rhin. Cuando este 
cadáver ha sido separado del ejército, ha habido otra de- 
solación; i por todas partes por donde ha pasado, no se 
oian mas que clamores. Todo fué sobrepujado en Longres: 
sus habitantes en número de mas de doscientos, en traje de 
duelo, i seguidos del pueblo i de todo el clero salieron a re- 
cibirlo. Allí tuvieron lugar unas honras solemnes, habién- 
dose reunido en un momento una suscricion que produjo 
cinco mil francos, para atender a los gastos de la ceremo- 
nia i del trasporte del cadáver hasta la primera ciudad. 
¿Qué decis de estas demostraciones naturales de tm afecto 
fundado sobre un mérito estraordinario? Debe llegar a 
Saint-Denis esta tarde o mañana: todos los suyos han sa- 
lido a recibirlo a dos leguas de aquí. Será depositado en 
una capilla, i en seguida se le harán las exequias en Saint- 
Denis, mientras tienen lugar las que deben celebrarse en la 
catedral", i 

Madama de Sevigné 



III 

La cueva Negra 

"Los ajen'tes de la compañía inglesa de la India en la pro- 
vincia de Bengala no eran sino simples comerciantes. La 
noticia de que el nabab Surajah Dowlali se preparaba a 
atacarlos, los dejó espantados, fascinados e inertes. El go- 
bernador que habia oido hablar mucho de las crueldades 
del nabah, perdió la cabeza, i embarcándose en una chalu- 
pa, se refujió en la primera nave que encontró. El coman- 
dante militar pensó que debia seguir tan noble ejemplo. El 
fuerte William fué tomado por los indios después de un si- 
mulacro de defensa: un gran nximerode ingleses cayó en po- 
der de los vencedores. Pvl nabab, con todo el aparato de la 
majestad real, se colocó en el estremo del salón principal 
de la fortaleza e hizo comparecer delante de él a M. Hol- 



1 La tumba de Turcna fué colocada en Saint Denis, entre los 
sepulcros de los reyes. Mas tarde se trasladó el cadáver a París, a 
la iglesia de los Inválidos, dondeestán sefuiltados los mas grandes 
guerreros de Francia. 

TOMO v 9 



130 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



well ' que jerárquicíi mente era el mas importante de los 
prisiüiierf^s. Su Alteza se burló de la insolencia de los ingle- 
ses, quejándose de haber encontrado tan mal provistas las 
cajas de su tesoro. En cambio, prometió perdonar la vida 
a los cautivos, i se retiró a dormir. 

Entonces se cometió ese gran crimen, memorable por la sin- 
gularidad, la atrocidad de sus circunstancias, memorable 
también por el terrible castigo que atrajo sobre la cabeza 
de los culp.'ibles. Los prisioneros ingleses quedaron a mer- 
ced de sus guardianes, i los guardianes resolvieron ence- 
rrarlos durante la noche en el calabozo de la guarnición, 
que era un cuarto designado con el horrible nombre de 
Cueva Negra. Aun para un solo cautivo, esa prisión, aten- 
dido el ardor del clima, era, un lugar de detención dema- 
siado encerrado i estremadamentc pequeño. No tenia mas 
f[ue veinte pies cuadrados: los respiraderos eran pequeños 
i estaban obstruidos. Era la época del solsticio de verano 
(-), estación en que el terrible calor de Bengala es apenas 
tolerable para los naturales de Inglaterra cuando pueder. 
refujiarse en las salas de alto, cuando numerosos abanicos 
ajitan constantemente el aire al rededor de ellos. Los pri- 
sioneros eran ciento cuarenta i seis. Cuando recibieron la 
orden de entrar en ese estrecho calabozo, crej-eron que 
los centinelas (^juerian embromar; i como la clemencia del 
nabab los habia asegurado un poco, se rieron burlándose 
de tan absurda prescripción. Su ilusión no duró larg ) tiem- 
po. Sus reclamaciones i sus súplicas fueron inútiles. Los sol- 
dados amenazaron con que sablearían a cualquiera que va- 
cilase en obedecer. Los cautivos fueron echados al calabo- 
zo; i la puerta fué cerrada con sólidos cerrojos. 

"Nada en la historia, nada en la ficción, nada, ni aun la 
relación que hace Ugolino ^ entre las olas endurecidas del 
hielo eterno, después de haberse limpiado los labios sucios 
de sangre, con la cabellera arrancada al cráneo de su ase- 
sino, se acerca a los horrores que han contado los pocos 



1 M. Cooh Holwell (1711 1878) era un irlandés que formaba 
píirte del conv«íejo de gobierno d'el fuerte William. No habiendo po- 
dido defender esta fortaleza, capituló con el enemigo, i sufrió el 
horrible tormento de la Cueva Negra, cuyos padecimientos refirió 
inas tarde en Inglaterra en un librito mui interesante. 

- Tuvo lugar este hecho atroz en la noche del 12 de junio de 
1756. 

3 Ugolino de la Gherardezca, primer majistrado de Pisa i je- 
fe de los jibelinos contra quien el arzobispo de esa ciudad, Rojerio 



NAKRACIOXES 131 



miserables que sobrevivieron a aquella trájica noche. Los 
desü^raciados pidieron perdón. En seguida trataron de rom- 
per la puerta, Holv^ell que, aun en estos instantes sinies- 
tros conservó alguna presencia de espíritu, trató de desper- 
tar por medio de ofrecimientos la codicia de los carceleros. 
La respuesta fué que no se podiéi hacer nada sin las órde- 
nes del nabab; que el nabab dormia, i que su enojo caería 
inevitablemente sobre cualquiera que se atreviese a desper- 
tarlo. La desesperación de los presos se convirtió entonces 
en inia verdadera demencia. Los unos se arrojaban a los 
pies de los otros: se empeñaban en luchas h()rril)les para 
acercarse a los agujeros por donde penetraba un poco de 
aire: luchaban igualmente alrededor de algunos baldfs de 
agufi. que la cruel compasión de sus asesinos les había da- 
do para prolongar la agonía contra la cual luchaban. Di- 
vagaban, rezaban, blasfemaban, suplicaban a los cei"! tíñe- 
las que los faslla^ícn al través de los fierros. I los carceleros, 
sin embargo, agrupados detras de las rejas, contemplaban, 
a la luz de las antorchas, este cuadro horrible, Sus gritos, 
sus risas satánicas saludaban cada nuevo episodio de este 
drama sangriento: las convulsiones frenéticas, los ajoreto- 
nes feroces de esos pobres locos furios(»s parecían divertir- 
los singularmente. Con todo, el tumulto disminuia poco a 
poco. A los gritos de ral)ia i de agonía sucedían jemidos, 
quejas mas i mas débiles. La aurora apareció. El nabab, 
después de una noche de orjía, despertó i permitió que se 
abriese el calabozo. Al principio, no se vio salir a nadie, 
fué necesario que, en el montón de cadáveres, los soldados 
practicasen una especie de corredor, íipilando a derecha e 
izquierda los cuerpos intectos, en los cuales el ardiente cli- 
ma de la India habia comenzado su obra de corrupción. En 



fje Ubaldini, cansarlo de la tiranía de Ugolino, encabeza una su- 
blev^acion, i lo hizo encerrar en 1288 en una torre con tres de sus 
hijos i un nieto. 

Ugolino i sus cuatro compañeros perecieron de hambre. El 
Dante (V. este nombre de las A^oc. de hkt. Jit., parte II, cap YII^ 
§ 5) ha inmortalizado a Ugolino en uno de los mas conmevedores 
episodios de su inmortal poema. Lo coloca en el infierno, sumida 
en los hielos eternos i devorando a moi discos la cabeza de su ene- 
migo. «Cualesquiera que sean los crímenes de Ugolino, dice Sis- 
mondi, el historiador de las repúblicas italianas, el horror de su 
suplicio los hizo olvidar, i su nombre vive como un ejemplo, casi 
único en la historia, de un tirano que inspira la compasión i que 
es castigado por su pueblo mas severamente de lo que le merecia.» 



lo2 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

fin, cuando se hubo abierto un paso, veintitrés espectros 
apenas vivos, que sus mismas madres no habrían podido 
reconocer, se arrastraron vacilantes fuera de la horrible 
carnicería. Abrióse entonces un vasto foso. Los muertos en 
número de ciento veintitrés fueron arrojados allí i cubier- 
tos precipitadamente con un poco de tierra. 

"Estos sucesos, que aun después de tantos años no se 
pueden referir o leer sin horror, no despertaron ni remor- 
dimientos ni compasión en el alma del feroz nabab. Ningún 
castigo fué aplicado a los asesinos, ningún cuidado parti- 
cular se tuvo con los que sobrevivieron. A aquellos de quie- 
nes no se esperaba nmgun rescate se les dejó en libertad. 
Pero los que podían rescatarse de un modo u otro fueron 
tratados con la crueldad mas execrable. Holwell, aunqne 
no se hallaba en estado deponer un pié delante del otro, fué 
conducido delante del tirano, que le dirijió mil reproches, lo 
amenazó, lo hizo cargar de cadenasi lo envió al interior del 
pais con otros ingleses sobre los cuales recaían las sospe- 
chas de haber ocultado los tesoros de la compañía. Estos 
desgraciados, a quienes las torturas de su larga agonía de- 
jaban en un estado indecible de postración tísica i moral, 
fueron colocados en cabanas miserables i alimentados úni- 
camente con agua i algunos granos, hasta que al fin por 
las síjplicas de ciertos parientes del nabab obtuvieron su li- 
bertad definitiva.» ^ 

Macaülay 2 



IV 

Muerte de Sócrates 

"Los once majistrados que velan por la ejecución de los 
criminales, vSe presentaron temprano a la prisión para li- 

1 Los ingleses de la provincia de iMadras, al saber estos suce- 
sos, organizaron precipitadamente una división, cuyo mando die- 
ron a Clive, tan famoso mas tarde por sus conquistas en la India: 
El nabab trató humildemente con los ingleses i les dio todas las 
satisfacciones i garantías que exijian. Pero en el trascurso poste- 
rior de la guerra, SurajaDowlah, traicionado por uno de sus je- 
fes, cayó en poder de los ingleses i fué condenado al último supli- 
cio. El crimen espantoso de la Cueva Negra aceleró, puede decirse 
así, la conquista de la provincia de Bengala, i el establecimiento 
definitivo de los ingleses en la India. 

2 Lord Tomas Babington Macaulay (18001859) el prime- 



NARRACIONES 133 



bertar ¿i Sócrates de sus cadenas i anunciarle el momento 
de su muerte. Muchos de sus discípulos entraron en segui- 
da. Allí encontraron a Jantipa, la esposa de Sócrates, que 
tenia en sus brazos el menor de sus hijos. Cuando ella los 
vio dijo con una voz entrecortada por los sollozos: "Helos 
ahí; tus amigos vienen a verte por la última vez." Sócrates 
suplicó a Criton i que la llevase n su casa: i en efecto la sa- 
caron de ese lugar. Ella dabagritos dolorosos i se despeda- 
zaba el rostro. 

"Jamas se habia mostrado Sócrates a sus discípulos con 
tanta paciencia i con tanto valor. Bn esta última confe- 
rencia, les dijo que no era permitido a nadie atentar con- 
tra sus dias, porque estando los hombres colocados en la 
tierra como los centinelas en un puesto, no debíamos 
abandonarlo sino con el permiso de los dioses ^; que por lo 
tocante a él, deseaba que llegase el momento que habia de 
ponerlo en posesión de la felicidad que habia tratado de 
merecer por su conducta. De allí, pasando al dogma de la 
inmortalidad del alma, lo sostuvo por medio de una mul- 
titud de pruebas que justificaban sus esperanzas. "I aun 
cuando estas esperanzas no fuesen fundadas, decia él, ade- 
mas de que los sacrificios que ellas exijen no me han impedido 
ser el mas feliz de los hombres, apartan ahora lejos de mí las 
am arguras de la muerte i esparcen sobre mis últimos mo- 
mentos una alegría pura i deliciosa. Así, agregaba, todo 

ro de los historiadores ingleses del siglo XIX i uno de los mas 
grandes escritores de la Gran Bretaña, es autor (h una Historia 
de Inglaterra desde el reinado de Jacoho II, que dejó inconclusa, i 
de muchos estudios históricos i literarios publicados en las revis- 
tas, i reunidos en varios volúmenes. De uno de esos ensayos, titu- 
lado, Lord Clive, tomamos el fragmento que dejamos copiado. Se 
distingue Macaulay por su inmensa instrucción, por la rectitud e 
independencia de sus opiniones i por el gran talento de escritor 
para dar colorido a los hechos que refiere, de tal manera que nos 
arrastra i apasiona 

1 Uno de los discípulos de Sócrates que le fueron mas tierna- 
mente adictos. Se dice que habia ganado al carcelero de su maestro, 
i que Sócrates habia podido escaparse de su prisión; pero éste no 
quiso violar las leyes. 

- Sócrates fué acusado de corromper la juventud i enseñarle 
el desprecio de los dioses: su verdadero crimen consistía en ense- 
ñarles que no hai mas que un solo Dios. No queriendo, sin embar- 
go, atacar de frente las preocupaciones de sus contemporáneos, 
empleaba frecuentemente el lenguaje de éstos, i decia los ¿'ioses por 
Dios . 



134 MANUAL DE COMPOSICÍCX LITpJlíARIA 

hombre que renunciando a la voluptuosidad se empeña en 
embellecer su alma no con adornos estraños sino con la jus- 
ticia, la templanza i las otras virtudes, debe abrigar una 
plena confianza i esperar tranquilamente la hora de su 
muerte. La mia se acerca; i j)ara servirme de la espresion 
de uno de nuestros poetas, ya oigo su voz que me llama." 
— "; No tenéis algo que recomendarnos respecto de vuestros 
hijos i de vuestros uegocii)s?" le preguntó Criton — "Os re- 
])ito el consejo que os he dado frecuentemente, respondió 
Sócrates: enriqueceos con las virtudes: si lo seguis, no ten- 
go necesidad de vuestras promesas; si lo olvidáis, serian 
inútiles a mi familia." 

"Pasó en seguida a utia pieza vecina para tomar un ba- 
ño i- Nosotros lo esperamos reflexionando sobre todo lo 
que nos había dicho i hablando de la horrible desgracia 
que iba a caer sobre nosotros, porque nos mirábamos ver- 
daderamente como hijos privados de nuestro padre, i con 
denados a pasar el resto de nuestra vida en un estado de 
orfandad. Después que hubo salido del baño, entraron sus 
hijos, dos de ellos niños todavía, i el otro 3^a grande, i jun- 
tos con ellos las mujeres de su familia. Les habló largo ra- 
to en lu'csencia de Criton i les dio sus últinitis órdenes. Hi- 
zo retirar las mujeres i los niños, i volvió donde nosotros 
estábamos. Acercábase la entrada del sol. Al volver, se sen- 
tó en su cama; pero no tuvo tiempo de hablarnos mucho, 
porque el empleado de los once entró casi en el mismo ins- 
tante, i acercándose a él: "Sócrates, le dijo, espero que no 
tendré que hacerte el mismo reproche que a los demás: des- 
de que vengo a advertirles por orden de los majistrados 
que es preciso beber el v'eneno, se encolerizan contra mí i 
me m.aldicen; pero siempre te he encontrado el mas valien- 

1 I. a muerte de Sócrates ha sido referida por uno de sus discí- 
pulos, por Platón (V. sobre éste las Noc de hist. Jit., parte I, cnp. 
IV, ií 20. P"n un diálogo titulado Fedon, Platón hace que uno Je 
los discípulos de Sócrates esponga las doctrinas del maestro i refie- 
ra sus últimos instantes. El célebre historiador francés Barthelk- 
MY, que en sus Viajes del joven Anacársis ha trazado un cuatJro 
patético e interesante de la muerte de aquel gran filósofo, ha se- 
guido fielmente a Platón, abreviando, sin embargo, los discursos 
que forman el diálogo. De esa obra he tornado la primera parte de 
ese fragmento; el resto está copiado literalmentedel Fedon; i como 
se verá, tiene la forma de narración hecha por uno de los discípu- 
los, a quien se supone presente en los últimos momentos de Só- 
crates 



NARRAQIONES 1 o5 



te, el mas suave i el mejor de todos los que han estado en 
esta cárcel; i en este momento estoi seguro de que r.o estás 
incómodo conmigo sino con aquellos que son la causa de 
tu desgracia i que tú conoces bien. Tú sabes lo qne vengo a 
anunciarte: ¡adiós! soporta con resignación lo que es inevi- 
table." I al mismo tiempo, se volvió hacia un. lado vertien- 
do lágrimas i se retiró. Sócrates, mirándolo le dijo: "I tú 
también recibe mis adioses: liciré lo que me dices." En vse- 
guida, volviéndose hacia nosotros, nos dijo: "Ved cuánta 
honradez hai en este hombre: todo el tiempo que he per- 
manecido aquí, ha venido a verme frecuentemente i ha con 
vers¿ido conmigo; i ahora me llora con todo su corazón. 
Criton, es menester obedecercon buena voluntad: que se me 
traiga el veneno si está preparado; i de no, que lo preparen. 

"Al oir estas palabras, Criton hizo una señal al esclavo 
que se habia quedado allí cerca. El esclavo salió, i después 
de un corto rato volvió con el que del)ia darle el veneno, 
que traia preparado en una copa. Tan pronto como Só- 
crates lo vio, le dijo: "Está bien, amigo; pero ¿qué es lo 
que debo hacer? Tú tienes que enseñármelo." — "Nada mas, 
le contestó ese hombre, que pasearte cuando lo havas be- 
bido, hasta que sientas pesadas tus piernas: entonces te 
tenderás en tu cama; el veneno hará lo demás;" i al mismo 
tiempo le pasó la copa. Sócrates la tomó con la mas per- 
fecta seguridad, sin ningunaemocion, sm cambiar de color, 
la llevó a sus labios i la bebió con una tranquilidad i una 
dulzura maravillosas. 

"Hasta entonces habíamos tenido bastante fuerza de 
voluntad para contener nuestras lágrimas; pero cuando 
lo vimos beber el veneno, no fuimos dueños de nosotros 
mismos. A pesar de todos mis esfuerzos, mis lágrimas co- 
rrieron con tanta abundancia que me cubrí con mi manto 
para llorar. No era la desgracia de Sócrates lo que yo llo- 
raba, sino la mia; porque pensaba en la importancia del 
amigo que iba a perder. Otros sollozaban i se himentaban 
con tanta fuerza que no hubo persona de las presentes que 
no tuviera el corazón embargado por el dolor. Sócrates, 
sin embargo, se mantenía sereno. *'¿Qué hacéis amigos? nos 
dijo. Acabo de separar a las mujeres para no ser testigo de 
tales debilidades. Recobrad vuestro valor. Siempre he oido 
decir que conviene morir o^^endo buenas palabras. Conser- 
vad la tranquilidad i mc>strad mas firmeza." 

"Estas palabras nos hicieron avergonzarnos, i retuvimos 
nuestras lágrimas. Sin embargo, Sócrates que continuaba 



13ü MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



paseándose, dijo que sentía pesadas las piernas, i se acostó 
de espaldas como se le habia recomendado. En ese momen- 
to, el hombre que le habia dado el veneno se acercó a Só- 
crates, i después de haberle examinado los pies i las piernas, 
le apretó fuertemente el pié i le preguntó si sentía. Sócrates 
contestó que nó. Entonces el hombre nos manifestó que el 
cuerpo se helaba í se ponia tieso, i nos dijo que cuando el 
frío llegase al corazón, Sócrates nos abandonaría. Ya todo 
el bajo vientre estaba helado. Entonces descubriéndose, 
porque estaba cubierto, dijo ''Criton debemos un gallo a 
Esculapio: no te olvides de pagar esta deuda" i. Estas 
fueron sus últimas palabras. — '^Así lo haré, respondió Gri- 
tón; ¿no tienes otra cosa que encargarnos? Sócrates no 
contestó nada. Un instante después, hizo un movimiento 
convulsivo: entonces el hombre de la prisión lo descubrió 
completamente: sus miradas estaban fijas. Gritón le cerró 
la boca i los ojos. 

"Así murió el mas virtuoso i el mas feliz de los hombres, 
el único quizá que sin temor de ser desmentido, pudo decir 
en voz alta: — "Jamás, ni con mis palabras ni con mis ac- 
ciones, he cometido la menor injusticia." 



V 

Muerte de Tiberio (año 37 de J. C) 

"El cuerpo i el ánimo de Tiberio se sentían desfallecer, 
pero nó su disimulo. Notábase en él la misma ínflexíbílí- 
bad de alma, el mismo cuidado en sus palabras i en sus 
miradas, mezclado estudiosamente con modales afables. 



1 M. CousiN en su aplaudida traducción de Platón (t. 1.°, p. 
322 i interpreta así estas palabras misteriosas: Sócrates recomien- 
da que se sacrifique un gallo a Esculapio en reconocimiento de su 
curación de la enfermedad de la vida. M. de Lamartine en su her- 
moso poema titulado la Muerte de Sócrates ha adoptado la mis 
ma interpretación. 

Aux dieux liberateurs, dit-il, qu'on sacrifie! 

ils m'ont guerü— De quoi? dit Cebes. ~De la vie. 



NARRACIONES 137 



vano disfraz de una visible decadencia. Después de haber 
cambiado muchas veces de habitación, se estableció por 
fin cerca del promontorio de Misenas, en una casa que en 
otro tiempo había pertenecido a Lúculo. Allí fué donde 
supo que se acercaban sus últimos momentos. Tenia a su 
lado un médico mui hábil llamado Carícles, que sin curar- 
lo habitualmente, le daba sin embargo sus consejos. Al se- 
pararse éste del emperador bajo pretesto de atender sus 
negocios particulares, le tomó la mano para besarla en 
señal de respeto, i le tomó lijeramente el pulso. Tiberio lo 
adivinó todo; i talvez ofendido i no pudiendo ocultar me- 
jor su cólera, hizo recomenzar la comida de que acababa de 
retirarse i la prolongó mas que de costumbre, como para 
honrar la partida de un amigo. El médico aseguró, sin 
embargo, a Macron que la vida se estinguia i que Tiberio 
no pasaria dos dias mas. Inmediatamente se puso todo 
en movimiento, celebráronse conferencias en la corte, i se 
despacharon correos a los ejércitos i a los jenerales. Rl dia 
17, antes de las calendas de abril. Tiberio tuvo una fatiga, 
i se creyó que era llegado el término de sus dias. Cayo Ca- 
lígula salia del palacio en medio de las felicitaciones para 
tomar posesión del imperio, cuando se anuncia de repente 
que el príncipe ha recobrado la vista i la palabra, i que 
pide alimento para reponerse de la debilidad. Esto dio orí- 
jen a una consternación: todos se dispersaban de carrera: 
cada cual tomaba un aire de tristeza o de ignorancia. 
Cayo estaba mudo i en suspenso, como del hombre que de 
tan alta esperanza cae en la espectativa de las mayores 
desgracias. Macron, el único que conserva su intrepidez, 
hace sofocar al anciano bajo un montón de frazadas, i 
manda que todos se alejen. Así acabó su vida Tiberio, a 
los 78 años de edad. 

"Era hijo Tiberio Nerón, i por dos lados descendia de 
la familia Claudia, aunque su madre hubiese pasado por 
adopción a la familia de los Livio i en seguida a la de los 
Julio. Desde la cuna esperimentó los caprichos de la suer- 
te. Del destierro, adonde lo habia llevado la proscripción 
de su padre, pasó, como entenado de Augusto, al palacio 
imperial. Allí, numerosos competidores lo desesperaron 
mientras duró el poder de Marcelo, de Agripa, i en segui- 
da de los Césares, Cayo i Lucio. Tuvo también en su her- 
mano Druso un rival lleno de popularidad... '. Libre de 

1 Tiberio era hijo de Livia, la cual se divorció con su marido 



138 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

esos rivales, llenó durante doce años el vacío que la muer- 
te había formado en el palacio de Augusto, i por último 
gobernó solo el imperio romano durante veintitrés años. 
Sus costumbres íueron también diversas en las diferentes 
épocas de su carrera: honorable en su vida i en su reputa- 
ción mientras fué hombre privado, i mientras tomó parte 
en el gobierno bajo el reinado de Augusto; hipócrita i ar- 
tificioso para finjir la virtud, mientras vivieron Druso (su 
hermano) i Jermánico (su sobrino); mezcla de bien i de 
mal hasta la muerte de su madre; monstruo de crueldad, pero 
ocultando la relajación de sus costumbres mientras quiso 
o temió a Sejano; se precipitó enteramente en el crimen i 
en la infamia, cuando libre de toda vergüenza i de todo te- 
mor, no siguió mas que las inclinaciones de su natura- 
leza". 

TÁCITO, 1 

Anaics. 



VI 
Enveneamiento de Británico (año 55 de J- O ) 

''Era costumbre en Roma que los hijos de los príncipes 
comiesen sentados con los otros nobles de su edad, delante 
de sus padres, pero en una mesa separada i mas frugal. 
Británico estaba en una de esas mesas. Como no comia 
ni bebia nada que no hubiese sido probado por un esclavo 
de confianza, i como no se queria ni quebrantar esta cos- 
tumbre, ni ejecutar el crimen con dos muertes a la vez, 
in. ajinaron el siguiente artificio. Se sirvió a Británico un 
brebaje inocente i que acababa de probar un esclavo; pero 
ese líquido estaba mui caliente i no lo pudo beber. Traje- 
ron agua para enfriarlo, i con ella le sirvieron un veneno 



Claudio Nerón para casarse con Augusto. La existencia de otros 
príncipes de la familia imperial era un obstáculo insubsanable a 
las ambiciones de Livia i de Tiberio. Todos ellos, sin embargo, 
desaparecieron uno en pos de otro, i al ñn Augusto lo adoptó casi 
a su pesar. La historia atribuye la muerte de algunos de sus prín- 
cipes a la ambiciosa Livia. 

1 V. sobre Tácito las Noc. de hist. lit., part. I, cap. VIH, § 7. 
Bste pasaje es considerado uno de los mas hermosos del célebre 
Igstoriador del imperio romano. 



XAHRACIOXES 1 o9 



que circuló tan rápidamente en sus venas que le quitó en 
poco rato la corona i la v^da. Todos los circunstantes se 
perturbaron: los menos prudentes huyen; los que estaban 
dotados de mayor penetración permanecen inmóviles con 
los ojos fijos en Nerón. El emperador recostado en su le- 
cho 1, i finjiendo no saber nada, dijo que ese era un acon- 
tecimiento ordinario, causado por la epilépsis de que su- 
frici Británico desde su niñez, i Cjue poco a poco recobraria 
la vista i los sentidos. Agripina trataba en vano de con- 
servar su serenidad: el espanto i la turbación de su alma 
aparecieron tari visiblemente que se la creyó tan estraña 
a este crimen como lo era Octavia, hermana de Británico, 
i en efecto, ella veia en esta muerte la caida de su último 
apoyo i el ejemplo del parricidio. Octavia, también, íiun- 
que en una edad juvenil todavía, habia aprendido a ocultar 
su dolor, su ternura, i tod(xs los movimientos de su alma. 
Así fué que después de un momento de silencio, recomenzó 
la aleg-ría del festin". 

TÁCITO, 

Anales. 



Vil 

Muerte de Nerón (año 68 de J. C) 

"El mundo, después de haber soportado cerca de cator- 
ce años a este príncipe, se hizo al fin justicia. Julio Víndex, 
que mandaba entóneos en las Galias como propretor, dio 
la señal sul)levando esta provincia. Algunos astrólogos 
habian predicho en otro tiempo a Nerón (¡ue un dia seria 
desposeido del mando, lo (¡ue le habia hecho proferir esias 
célebres palabras: — B\ artistn vive en todas partes. E^n 
Ñapóles supo la sublevación de las Galias el mismo dia 
que habia muerto a su madre. Recibió esta noticia con 
tanta indiferencia i tranquilidad, que se sospechó que veia 
con placer la ocasión que se le presentaba para despojar, 
por derecho de guerra, las mas ricas provincias del impe- 
rio... Turbado al fin por las frecuentes e injuriosas procla- 
mas de Víndex, escribió al senado exhortándolo a vengar 

1 Se sabe que los romanos comian recostados en una cama, a 
la altura de la mesa. 



140 MANUAL. DE COMrOSlCION LITERARIA 

al emperador i a la república; i se escusó con una enferme- 
dad a la garganta por no ir en persona. Pero en estos 
manifiestos, nada lo ofendió tanto como el verse llamar 
mal cantor... i andaba preguntando a todo el mundo si se 
conocía un artista mas grande que él. 

"Su primer cuidado, al preparar su espedicion contra los 
rebeldes, fué elejir algunos carros para trasportar sus 
instrumentos de música... Sin embargo, circuló el rumor 
de que los otros ejércitos se hablan rebelado. Nerón rom- 
pió lleno de furia las cartas que le presentaron durante la 
comida; echó por tierra la mesa, rompió contra el suelo 
dos jarrones (jue estimaba mucho, se hizo dar un poco de 
veneno que guardó en una cajita de oro, i pasó a los jar- 
dines de Servilio. Allí, mientras los mas pérfidos de sus 
libertos iban por su orden a Ostia a hacer preparar las na- 
ves, él quiso comprometer a los tribunos i a los centurio- 
nes del pretorio a acompañarlo en su fuga. Pero unos se 
escusaron i otros se negaron resueltamente. Uno de ellos 
se atrevió a decir en voz alta: "¿Es acaso una desgracia 
tan grande dejar de vivir?" Concibió entonces diferentes 
proyectos, tales como refujiarse entre los partos, ir a arro- 
jarse a los pies de Galba, o presentarse en público, i en la 
tribuna, con traje de duelo para pedir allí con el tono míis 
lastimoso que pudiera tomar, que se le perdonase lo pasa- 
do, o a lo menos, si los corazones permanecían insensibles, 
que se le concediese la prefectura de Ejipto. En efecto, se 
encontró entre sus papeles el discurso que habia preparado 
con este objeto, i el único motivo que, según se dice, le 
impidió pronunciarlo fné el temor de ser despedazado an- 
tes de llegar al Foro. Aguardó el dia siguiente para tomar 
una resolución; pero habiendo despertado a media noche, 
supo que sus guardias lo hablan abandonado. Saltó de 
su cama i mandó llamar a todos ?us amigos: no reci- 
biendo ninguna respuesta, salió seguido de muí poca 
jente a pedir un asilo a alguno de ellos. Todas las puer- 
tas estaban cerradas: nadie le respondió. Entonces volvió 
a su cuarto: los centinelas hablan tomado la fuga lle- 
vándose hasta las frazadas i la cajita de oro donde guar- 
daba el veneno. Llamó al gladiador Siculo o a cualquiera 
otro para que le diera la muerte. No encontrando ana- 
die que quisiera matarlo: "¿Acaso no tengo, decia, amigos 
ni enemigos?" I co rrió a arrojarse al Tíber. 

"Se detuvo, sin e mbargo, i parecía buscar un asilo para 
acojerse. Faon, su liberto, le ofieció su casa de campo, si- 



NARRACIONES 1 41 



tuada a cuatro millas de Roma. Montó a caballo, vesti- 
do con una túnica i con los piés desnudos, como se encon- 
traba; se envolvió en un manto viejo todo agujereado. 
Tenia la cabeza cubierta, un pañuelo en la cara i por todo 
séquito cuatro personas. De repente, sintió temblar la 
tierra, vio brillar un relámpago i se sintió sobrecojido 
de espanto. Al pasar cerca de un campamento de los pre- 
torianos, oyó los gritos de los soldados que proferian im- 
precaciones en contra suya i votos en favor de Galba. Un 
transeúnte dijo al percibir la pequeña comitiva: "Esas 
son jentes que persiguen a Nerón". Otro preguntó: "'¿Qué 
hai de nuevo en Roma respecto de Nerón?" La fetidez de 
un cadáver abandonado en el camino hizo retroceder su 
caballo, i habiéndosele caído el pañuelo con que se cubria 
la cara, un antiguo pretoriano reconoció a Nerón i lo salu- 
dó por su nombre. Cuando llegó a un camino trasversal, 
devolvió sus caballos, i pasando por entre espinas i zarzas, 
tomó un sendero cubierto de cañas por donde no podia 
caminar sino haciendo estender los vestidos bajo sus piés, i 
llegó no sin gran tra1)ajo detras délas paredes de la casa que 
buscaba. Allí, Faon le aconsejó que entrara un rato a un 
subterráneo, de donde acababan de sacar arena. Nerón con- 
testó"que noqueria enterrarse vivo"; i habiéndose demor?»- 
do para esperar que se trabajase una entrada secreta, tomó 
en lo hueco de su mano el agua de un pantano, i antes de 
beber dijo: "¡Hé aquí el refresco de Nerón!" Púsose en se- 
guida a sacar las esi)inas que se habían enredado en su 
manto, después entró en cuatro piés por el agujero abierto 
en la pared, hasta la pieza mas inmediata. Allí se acostó 
sobre un mal colchón, cubierto con una frazada vieja. El 
hambre i la sed le atormentaban de tiempo en tiempo: se 
le dio un pan ordinario, que rechazó, i agua tibia que no 
quiso beber. 

*'Todos los que estaban a su lado lo instaban para que 
se sustrajese cuanto antes a los ultrajes de que se veia 
amenazado. Ordenó que se abriese delante de él una fosa, 
a la medida de su cuerpo; que la rodeasen de algunos 
pedazos de mármol, si se encontraban, i que trajesen de 
allí cerca agua i leña, para hacer los últimos honores a su 
cadáver. Nerón se ponia a llorar después de cada orden 
que daba, i repetía sin cesar: "¡Qué muerte para tan gran- 
de artista!" Mientras se hacían estos preparativos, un co- 
rreo vino a entregarle una carta de Faon: Nerón se precipi- 
tó sobre ella, i leyó que **el senado lo había declarado 



1'\'2 MANUAL DIí Co'.iPOHICTON LTTRRARIA 



enemigo de la patria i lo buscaba para castigarlo según 
las antiguas leyes". Preguntó cuál era este suplicio: se le 
dijo que consistia en desnudar al criminal, en apretarle el 
cuello en una horquilla i en azotarlo hasta que muriese. 
Espantado, tomó dos puñales que habia llevado consigo, 
probó sus puntas i volvió a guardarlos en las vainas, di- 
ciendo que "todavía no habia llegado la hora fatal". Tan 
luego exhortaba a unos a que se lamentasen i llorasen, 
como pedia a otros que se matasen para darle con su 
ejemplo el valor de morir. A veces, también, se reprochaba 
su cobardía, diciendo: ''Llevo una vida vergonzosa i mise- 
rable", i anadia en griego: "Esto no conviene a Nerón; nó, 
no le conviene: es menester tomar un partido en tales mo- 
mentos: vamos, despierta". Ya se acercaban los jinetes que ; 
tenian orden de tomarlo vivo. Cuando los sintió, pronun- 
ció temblando este verso griego: "Oigo el paso rápido de 
los corceles bufadores"; e inmediatamente se clavó el acero 
en la garganta, ayudado por su secretario Epafrodita. 
Respiraba aun, cuando entró un centurión que quiso ven- 
darle la herida, íinjiendo que habia venido para socorrerle. 
Nerón le dijo: "Es demasiado tarde", i luego añadió: "¡Es- 
ta sí que es fidelidad!" Pronunciando estas palabras, espi- 
ró con los ojos abiertos i fijos, i convertido en un objeto de 
espanto i de terror para los que lo miraban. Habia reco- 
mendado con las mas repetidas instancias a sus compañe- 
ros de fuga que no abandonasen su cabeza en poder de na- 
die, i que lo quemasen todo entero, de cualquiera manera 
que fuese. Este pefmiso fué concedido por ícelo, liberto de 
Galba, que acababa de salir de la cárcel, donde Nerón lo 
habia arrojado desde el principio de la insurrección. 

SUETONIO, 1 

Vida de los Césares, Nerón. 



1 V. las Noc, de hist. Jit., part. I, cap. VIH, § 8. Este fragmento 
del historiador de Tos primeros Césares, just.-imente recomendado 
por los críticos, merece ser analizado detenidamente. El conjunto 
de circunstancias que el autor ha agrupado con tanto arte, nos 
dan a conocer por completo i con todo su colorido, el cuadro de la 
muerte vergonzosa de un tirano atroz e insensato. En este cua- 
dro, fjor otra parte, se puede observar el efecto del artificio que 
hemos denominado patético indirecto. Suetonio, limitándose a 
referir los hechos en toda su sencillez, sin afectar arranques de 
pasión, sin declamaciones ni consideraciones de ningún jénero, 
consigue ajitar los sentimientos del lector, hacer odioso i despre- 
ciable al tirano i hacernos asistir, por decirlo así, a su fin. 



NARRACIONES 143 



VIII 

Erupccion del Vesubio, muerte de Pinio: destrucción 
de Herculano i de Pompeya (año 79 de J. C) 



''Con el fin de trasmitir mas fielmente los hechos a la 
posteridad, me pides detalles sobre la muerte de mi tío. Te 
doi mil gracias, pues no dudo de que una gloria imperece- 
dera coronará sus postreros instantes si tti trazas su his- 
toria. Por mas que haya perecido en un desastre que ha 
asolado la mas encantadora comarca del universo; por 
mas que haya sucumbido con pueblos i ciudades enteras, 
víctimas de una catástrofe que debe eternizar su memoria; 
por mas que por sí mismo haya elevado tantos i tan dura- 
deros monumentos de su jenio: la inmortalidad de tus 
obras añadirá mucho a la de su nombre. ¡Dichosos los 
hombres que han recibido el don de hacer cosas dignas de 
ser escritas, o de escribirlas tales que sean dignas de ser 
leidas! ¡Mas dichosos todavía aquellos a quienes los dioses 
han otorgado esta doble ventaja! Por tus escritos i los 
suvos, mi tío ocupará su lugar entre estos últimos. Em- 
prenderé, pues, mui gustoso la tarea que me impones, o, por 
mejor decir, la reclamo. 

"Hallábase en Misena i a la cabeza de la flota, cuando, 
a la una de la tarde, poco mas o menos, del 23 de agosto, 
mi madre le advirtió que se veia una nube estraordinaria 
por su tamaño i forma. Inmediatamente des(3ues de haber 
romado su baño de agua fria, habíase echado sobre su 
lecho, donde se entregaba al estudio después de haber go- 
zado de su ordinario reposo. En el acto se levanta, i sube 
en seguida a un sitio desde el cual podia observar fácilmen- 
te este prodijio. El nubarrón se estendia en el aire sin que 
a tan gran distancia pudiera distinguirse de qué montaña 
habia salido, si bien el acontecimiento hizo conocer poco 
después que era del monte Vesubio i; su forma se asemejaba 
a la de un árbol, i particularmente a la de un pino; pues 



- El famoso jeógrafo griego Strahon, que vivia en el primer 
siglo antes de J. C, por tanto mucho antes de la erupción que hizo 
tan famoso al Vesubio, describe así este monte: «Estas localidades 
(Herculano i Pompeya) están dominadas por el monte Vesubio, 
al cual circundan fértiles campiñas por todos lados, esceptuándose 
su cumbre cuya mayor parte presenta una superficie plana, 



1-4:4 MANUAL DK COMPOSICIÓN LITERARIA 

elevándose hacia el cielo cual un inmenso tronco, su cabeza 
se estendia en ramaje. Imajina que un viento subterráneo 
impelía desde luego este vapor con ímpetu, i que la nube se 
esparcia después ampliando su superficie, sea porque la 
acción del viento cesaba de ser sensible a cierta altura, 
sea porque los vapores déla nube tendian a descender acha- 
tándose por su propio peso. La nube parecía ora blanca, 
ora negrusca,orade diversos colores, según se hallaba mas 
cargada de cenizas o de tierra. 

''Celoso siempre por la ciencia, i lleno de sorpresa ante 
este portento, mi tío quiso examinarlo desde mas cerca, 
con cuyo objeto hizo llevar un barco lijero, dejándome en 
libertad de seguirle; pero respondíle que prefería estudiar, 
pues casualmente me había dado algo que escribir. Ya sa- 
lía de su morada, cuando recibió una misiva de Rectina, 
esposa de Desio Basío, la cual, aterrorizada por la inmi- 
nencia del peligro (pues hallándose su casa al pié del Vesu- 
bio, solo por el mar podia escaparse), le suplicaba que 
acudiera en su socorro. Variando de objeto entonces, i 
continuando por abnegación i con heroico arrojo lo que 
solamente había comenzado por mero deseo de instruirse, 
mi tío hace preparar algunos cuatríremos ^ para ir en soco- 
rro de Rectina i de otras muchas personas que habían 
fijado su habitación en aquel lugar seductor; i subiendo él 
mismo a bordo de uno de ellos, diríjese rápidamente hacia 
esas localidades de las cuales todo el mundo huye: mi tío 
va en derechura al peligro; i esto con tal despreocupación 
de temor i tan perfecta serenidad de espíritu, que dictaba 
la descripción de los diversos accidentes i variables escenas 
que el prodijío presentaba a sus miradas. 

"Ya sobre sus naves caía una ceniza cada vez mas ca- 
liente, a medida que éstas iban acercándose; ya en derredor 
suvo caían calcinadas piedras i guijarros absolutamente 
negros, partidos en mil pedazos por la violencia del fuego. 
Súbitamente bajaban las aguas, el mar no tenía ya pro- 
fundidad, i las amontonadas piedras que cubrían la orilla, 



completamente estéril i semejante a un montón de cenizas. En 
medio de peñascos de color sombrío i que parecen haber sido 
calcinados por el fuego, se divisan capas i bancos llenos de que- 
braduras. Diríase que estos sitios han ardido en otro tiempo i 
que encierran en su seno cráteres, en les cuales se ha apagado el 
incendio por falta de alimento » 
1 Barcos, o mas exactamente galeras de cuatro pares de remos. 



NARRACIONES 1^15 



la hacían inaccesible. Como su piloto le instigara a volver, 
mi tio titubeó un momento; mas luego le dijo: "La fortuna 
favorece el valor; conducidnos a la morada de Pomponia- 
no." Hallábase Pomponiano en Estabias, al otro lado de 
un pequeño golfo ftjrmado por una insensible ondulación 
de la orilla, a donde en presencia del peligro que incesante- 
mente se acercaba, aunque todavía se hallaba lejano, ha- 
bía hecho trasportar por medio de bajeles todos sus mue- 
bles, i solamente esperaba para alejarse a que el viento 
fuera menos contrario. Favorecido por este mismo viento, 
mi tio consigue atracar i desembarcar en dicho punto; i 
dirijiéndose en seguida a la morada de Pomponiano, lo 
abraza, calma su ajitacion, lo tranquiliza, lo anima, i se 
hace llevar al baño para disipar por su seguridad el temor 
de su amigo. Después del baño, se sienta a la mesa i come 
con buen humor, o, lo que no supone menos fuerza de áni- 
mo, con todas las apariencias del buen humor. 

"Sin embargo, veíanse brillar en muchos puntos del 
monte Vesubio anchas llamas i un vasto i violento incendio, 
cuyo resplandor aumentaban las tinieblas. Para tranquili- 
zar a los que lo acompañaban, decíales mi tio que eran 
unas casas de campo entregadas al fuego por algunos cam- 
pesinos amedrentados. En seguida se acostó i durmió real- 
mente con un profundo sueño, puesto que desde la puerta 
se oía el ruido de su respiración. Empero, el patio por el 
cual se entraba a su habitación empezaba a llenarse de 
cenizas i piedras, i hubiérale sido imposible salir por poco 
que en ella prolongase su permanencia. Lo despiertan; 
sale, va a reunirse con Pomponiano i los demás que habían 
permanecido en vela, i todos en consejo deliberan sobre si 
se encerrarán en la casa o si errarán por la campiña; pues 
tales eran los sacudimientos que los sucesivos i violentos 
temblores de tierra imprimían a las casas, que éstas pare- 
cían arrancadas de sus cimientos-, empujadas tan pronto 
en un sentido como en otro, reinstaladas después en su 
sitio; por otro lado, fuera de la ciudad era de temer la 
caída de las piedras, por mas que éstas fueran lijeras ha- 
llándose destacadas por el fuego. Entre estos peligros op- 
tóse por el segundo: en concepto de mi tío, la razón mas 
considerable prevaleció sobre la mas débil; en concepto de 
los que le rodeaban, un temor dominó a otro temor. Deci- 
didos a partir, cada cual aplica al rededor de su cabeza 
unas almohadas a manera de broqueles contra las piedras 
que caían. 

TOMO y 10 



146 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



"A lo lejos, el día comenzaba a aparecer; pero en derre- 
dor de ellos reinaba la mas sombría de las noches, alum- 
brada no obstante por fuegos de todo jénero. Decidióse a 
aproximarse a la orilla para examinar si el mar permitía 
hacer alguna tentativa, pero éste continuó removido i con- 
trario. Allí, mitio se echó sobre un paño estendido i pidió 
agua fria, de la cual bebió dos veces. Mui luego, llamas i 
un olor de azufre que anunciaba la aproximación de éstas, 
pusieron en fuga a todo el mundo, i forzaron a alejarse a 
mi tio. Levantóse aprisa apoyado en dos ei-clavos jóve- 
nes, i en el mismo instante cae muerto. Creo que este espeso 
humo paralizó su respiración i le sofocó, pues mi tio tenia 
naturalmente el pecho débil i estrecho i frecuentemente ja- 
deante u oprimido. Cuando la luz volvió a reaparecer (tres 
dias después del último que habia brillado para mi tio) ha- 
llóse en el mismo sitio su cuerpo entero i sin heridas: nada 
habia sido alterado en el estado de su traje, i, mas bien que 
de la muerte, su posición i aspecto eran los del sueño. 

"Durante este tiempo, mi madre i yo estábamos en Mise- 
na. Desde dias atrás se habian hecho sentir algunos tem- 
blores; en esa noche fueron mas violentos. Mi madre entró 
a buscarme en los momentos en que me me levantaba para 
despertarla. Eran las siete de la mañana, i sin embargo, no 
se dejaba ver mas c|ue una luz débil, como una especie de 
crepúsculo. Entonces los edificios fueron sacudidos por re- 
mezones tan violentos que no habia la menor seguridad en 
quedar allí, ni aun a descubierto. Tomamos la resolución 
de abandonar la ciudad; el pueblo espantado nos seguia en 
tumulto, nos estrechaba, nos empujaba. Después que sali- 
mos de la ciudad, nos detuvimos un instante; i allí nos 
aguardaban nuevos prodijios i nuevos terrores. Los carros 
que llevábamos estaban tan violentamente sacudidos que 
no podíamos mantenerlos en un lugar ni aun apoyándolos 
con piedras grandes. El mar parecia vaciarse sobre su cen- 
tro, como si fuera arrojado de la ribera por la conmoción 
de la tierra. La orilla, mucho mas espaciosa ahora, estaba 
cubierta de peces que habian quedado en seco en la arena. 
En el lado opuesto, se abria una nube negra i horrible, cru- 
zada por fuegos que serpenteaban, i dejaban escapar lar- 
gos destellos, parecidos a los relámpagos, pero mucho mas 
grandes. Casi inmediatamente, la nube cae a tierra, cubre 
el mar, oculta a nuestra vista la isla de Caprea i no nos 
deja ver el promontorio de Misena. La ceniza comenzaba a 



NARRACIONES 147 



caer sobre nosotros, aun que en pequeña cantidad. Vuelvo 
la cabeza, i percibo detras una espesa humareda que nos 
seguia, estendiéndose por la tierra como un torrente. To- 
davía podíamos ver algo. Temiendo que nos oprimiera la 
muchedumbre de los fujitivos, invité a mi madre para que 
nos hiciéramos a un lado del camino. Apenas nos había- 
mos apartado de él, cuando las tinieblas aumentaron tan- 
to que creíamos estar, no en una de esas noches oscuras i 
sin luna, sino en un cuarto en que todas las luces han sido 
apagadas. Tú no habrias oido mas que las lamentaciones 
de las mujeres, los jemidos de los niños, los gritos de los 
hombres. Uno llamaba a su padre, otro a su hijo, otro a 
su mujer; i todos ellos no se reconocian sino por la voz. 
Aquel deploraba su desgracia; éste la de sus parientes. En- 
contrábanse algunos a quienes el temor de la muerte los 
hacia invocar la muerte misma. Muchos imploraban el 
socorro de los dioses: otros creian que no habia socorro 
posible, i pensaban que aquella era la última i eterna no- 
che en que el universo seria sepultado. Apareció una luz 
que nos anunciaba, no la vuelta del dia. sino la aproxima- 
ción del fuego que nos amenazaba: se detuvo, sin embargo, 
lejos de nosotros. La oscuridad vuelve, i recomienza la llu- 
via de cenizas, mas fuerte i mas espesa Nos veíamos obli- 
gados a detenernos de tiempo en tiempo para sacudir 
nuestros vestidos. A mí me sostenia la idea poco racional, 
es verdad, de que todo el universo desaparecia conmigo. 
En fin, este vapor negro i espeso se disipó poco a poco, i se 
perdió completamente como una humareda o como una 
nube. Poco mas tarde, se dejó ver la luz del dia i aun el 
sol; pero este astro estaba amarillento, como se ve en un 
eclipse. Todo apareció cambiado a nuestra vista: no encon- 
trábamos nada que no estuviese oculto bajo montones 
de cenizas, como bajo la nieve. Todos volvieron a Mise- 
na. Cada cual se estableció como pudo, i pasamos la noche 
entre el temor i la esperanza. Los temblores de tierra con- 
tinuaban. No se veian mas que personas aterrorizadas, 
conservar su miedo i el de los otros con siniestras predic- 
ciones." 

Solo algunos dias después se conoció la causa de aquel 
cataclismo, i los estragos que causó. La erupción duró tres 
dias. Al fin de este incendio, cuyas cenizas fueron a caer 
hasta el Ejipto i la Siria, se observó que toda la costa ve- 
cina habia cambiado de forma; que montañas de piedras i 



148 MANUAL DE C0>1 POSICIÓN LITERARIA 



de cenizas ocupaban el lugar en que se levantaban las ciu- 
dades de Stabia, Pompeya, Oplonta, Resina i Hercula— 



no. 



IX 
Toma i saqueo de Roma por los imperiales (1527) 

"El condestable de Borbon acampó el 5 de mayo en los al- 
rededores de Roma, i según la costumbre de los caballeros 
envió al papa un corneta para pedirle le permitiera pasar 
su ejército por la ciudad para llevarlo al reino de Ñapóles» 
El dia siguiente al amanecer, dio un violento asalto al Bor- 
go (arrabal de Roma) por el lado de la montaña i de la 
iglesia del Espíritu Santo, resuelto a vencer o morir. Una 
espesa neblina que se levantó durante la noche, favoreció, 
la aproximación de sus tropas. Al principio del combate,, 
creyendo que los alemanes no obraban con bastante vigor, 
fué a combatir a su cabeza i cayó muerto por una bala de 
arcabuz. Pero este accidente, lejos de entibiar el valor de 
los soldados, no sirvió mas que para animarlos mas; i des- 
pués de haber combatido con mucha furia durante dos ho- 
ras, penetraron al fin en el Borgo.Como siempre es mui di- 
fícil forzar las plazas sin cañones, perdieron cerca de mil sol- 
dados en el asalto. No solo la debilidad de las trincheras,, 
sino también la mala defensa de las tropas favorecieron su 
valor, prueba evidente de la diferencia que existe entre las^ 
tropas aguerridas i una muchedumbre amontonada de ca- 
rrera. Tan pronto como los imperiales se hubieron abierto 
paso, cada cual de ellos se dispensó en la ciudad: los arra- 
bales quedaron a merced de los vencedores. El papa (Cle-^ 
mente VII), que esperaba en el Vaticano el resultado del 
asalto, se retiró con muchos cardenales al castillo de Santo 
Anjelo, cuando supo que el Borgo habia sido tomado. De- 

1 Toda esta relación está estractada de dos cartas de Plinio el 
joven al historiador romano Tácito, que le pedia noticias de aque- 
lla catástrofe para cojisignarlas en su historia. Son la 16 i la 20 
del libro VI de la compilación de cartas de J. Plinio. Véanse sobre 
éste las Voc. de hist. lit. part. I, cap. VII § 12. En la part. I, cap. 
VII. § § 7 i 9 se hallarán noticias acerca de Tácito i de Plinio el 
antiguo. 



NARRACIONES 149 



liberó si quedada allí o si, atravesando la ciudad con su 
<:aballería lijera, se retiraría a un lugar mas seguro. Pero 
estaba destinado a ser un ejemplo manifiesto de que los so- 
iberanos pontífices no están menos espuestos a la adversi- 
dad que los otros hombres, si bien no es fácil destruir el 
Tespeto que inspira la majestad de su rango. Bernardo de 
Padua, que servia en el ejército imperial, se presentó al pa- 
pa para comunicarle la muerte del duque de Borbon: le di- 
jo que las tropas, consternadas por su pérdida, estaban 
mui dispuestas a tratar. Clemente envió en el acto parla- 
mentarios cerca de sus jefes, i dejando perder un tiempo fa- 
vorable para ponerse en salvo, no tomó mas prudentes 
medidas para la defensa de la ciudad. 

^*Los imperiales se hicieron en bfeve dueños de Transte- 
vera sin haljar ninguna resistencia, i penetraron en Roma 
por el puente Sixto a las cinco déla tarde. Escepto los jibe- 
linos 1 i algunos cardenales conocidos por su adhesión al 
«emperador, i que por esto mismo se lisonjeaban con la es- 
peranza de ser tratados mas favorablemente que los otros, 
todo el mundo estaba en fuga i la confusión reinaba en 
todas partes, como sucede siempre en tales circunstancias. 
Entonces los soldados se esparcieron tumultuosamente en 
la ciudad, i saquearon por todos lados sin distinción de 
amigos o de enemigos i sin ningún respeto por la dignidad 
de los prelados. Ni aun las iglesias, monasterios, las mas 
célebres reliquias ni las cosas sagradas,estuvieron a cubier- 
to contra la avaricia de los soldados. En fin, no es posible 
describir, ni siquiera imajinar la desolación de esta ciudad, 
que parece destinada a pasar alternativamente de la ma- 
jor grandeza a las mas terribles calamidades. 

"El botin fué inmenso por la prodijiosa cantidad de ri- 
queza i de preciosidades acumuladas desde largo tiempo 
atrás en los palacios de los grandes i en los almacenes de 

1 Las palabras gaelfos i jihelinos son de oríjen alemán i de- 
-signaron dos partidos que en el siglo XII, después de la muerte de 
Lotario II, se disputaron la corona imperial. Trasportadas a 
Italia, estas dominaciones significaron, la primera los partidarios 
de la independencia italiana^ i por consecuencia de los papas que 
la defendían; i la otra, los parciales de los emperadores de la casa 
de Suabía que pretendian avasallar a la Italia. En fin, en el seno 
mismo de las ciudades italianas, en los siglos XIII i XIV, los jibe- 
linos eran los partidarios de la aristocracia o de una autoridad 
cualquiera, mientras que los güelfos eran los sostenedores de la 
democracia, de la libertad hasta en los excesos. 



150 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

los comerciantes, i por el niimero i la calidad de los prisio- 
neros, de los cuales se sacaron enormes rescates, Pero el 
colmo de la miseria fué que los soldados, i particularmen- 
te los alemanes, cuya aversión por la Iglesia romana los 
hacia mas furiosos, tomaron a muchos prelados, i después 
de haberlos vestido con sus ornamentos de ceremonias, los 
hicieron montar en asnos, i los pusieron indignamente a la. 
espectacion de toda la ciudad. 

"Muchas personas perecieron en los tormentos, o fueron 
tan cruelmente maltratadas que murieron pocos dias mas 
tarde, después de haber pagado su rescate. Cerca de cua- 
tro milhombres fueron muertos en el ataque o en el furor 
del pillaje. Todos los palacios de los cardenales i de otros 
señores fueron saqueados, con escepcion, sin embargo, de 
algunos donde los comerciantes habian colocado^sus efectos, 
i que fueron respetados mediante grandes sumas de dinero. 
Aun sucedió que muchos que habian hecho estipulaciones- 
sobre el particular con los españoles, fueron saqueados por 
los alemanes, o fueron obligados a entregar a éstos otra 
cantidad de dinero para sustraerse al saqueo. La marque- 
sa de Mantua pagó 50,000 ducados para garantizar su 
palacio contra la avaricia del soldado. Los comerciantes 
que se refujiaron en su casa le suministraron esta suma; i en 
Roma circuló el rumor de que su propio hijo don Fernan- 
do, habia tenido la quinta parte del rescate. El cardenal de 
Siena, adicto en todo tiempo al emperador, a ejemplo de 
sus antepasados, fué hecho prisionero por los alemanes,, 
que saquearon su palacio, aunque este cardenal habia tra- 
tado con los españoles para evitar esta desgracia: condu- 
jéronlo al Borgo con la cabeza descubierta, agobiándolo a 
golpes; i no se desprendió de sus manos sino dándoles 
5,000 ducadcxs. Los cardenales de la Minerva i Ponzetta 
sufrieron poco mas o menos los mismos tratamientos. Pa- 
garon su rescate a los alemanes; pero esto no impidió que 
fuesen paseados ignominiosamente por esos furiosos. Los 
cardenales i prelados españoles i alemanes, que no espera- 
ban ser insultados por sus compatriotas, fueron aprehen- 
didos i tratados tan cruelmente como los otros. 

*'Por todas partes se veian personas a quienes se ator- 
mentaba con la última barbarie para arrancarles el dinero 
o para obligarlos a descubrir dónde habian ocultado sus 
riquezas. Todas las cosas sagradas i las reHquias de que 
estaban atestadas las iglesias, fueron pisoteadas, después 
de haber sido despojadas de sus adornos; i la barbarie ale- 



NARRACIONES 151 



mana añadió las blasfemias i los ultrajes sin número a es- 
tos sacrilejios. Se dijo entonces que el botín de los solda- 
dos, en oro, plata i piedras preciosas, montaba a mas de 
un millón de ducados, i el valor de los rescates excedió con 



mucho esta suma". 



GUICCIARDINI, 1 

Historia de Italia, lib. XVIII, cap. 3. 



Captura de Atahualpa (1532) 

Poco faltaba para ponerse el sol cuando la vanguardia 
de la comitiva real entró por las puertas de la ciudad (Ca- 
jamarca). Primero venian algunos centenares de criados 
empleados en limpiar el camino de cualquier obstáculo i en 
cantar himnos de triunfo, que en nuestros oidos, dice uno 
de los conquistadores, sonaban cual si no fuesen canciones 
del infierno. Después seguían otras compañías de indios de 
diversas clases i vestidos con libreas diferentes. Algunos 
vestian una tela vistosa blanca i colorada como las casi- 
llas de un ajedrez. Otros iban vestidos solamente de blan- 
co con martillos o mazas de plata i cobre en las manos: i 
los guardias del inmediato servicio del príncipe se distin- 
guían por su rica librea azul i profusión de ornamentos de 
alegres colores, indicando su categoría de nobles los lar- 
gos pendientes que colgaban de sus orejas. 

"Sobresaliendo por encima de sus vasallos, venia el Inca 
Atahualpa sobre unas andas en que habia una especie de 
trono de oro macizo i de inestimable valor. El palanquín 
estaba cubierto con las' brillantes plumas de pájaros tro- 
picales í guarnecido de chapas de oro i plata. Los ador- 
nos del monarca eran mucho mas ricos que los de la noche 
precedente. Colgaba de su cuello un collar de esmeraldas 
brillantes í de tamaño estraordiuario. En su pelo corto lle- 
vaba adornos de oro, i sobre sus sienes caía la borla impe- 
rial. El aspecto del Inca era grave i majestuoso i desde su 
elevada posición, miraba a la multitud con aire de com- 
postura, como hombre acostumbrado a mandar. 

"Al entrar las primeras filas de la procesión en la gran 



1 Véanse las Noc. de Hist. Lit., part III, cap. II. 



1 8 



152 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

plaza, que según dice un antiguo cronista, era mas grande 
que ninguna de España, se abrieron a derecha e izquierda 
para dejar pasar a la comitiva real. Todo se hizo con ad- 
mirable orden. Permitíase al monarca atravesar la plaza 
en silencio, i ni un solo español se dejó ver. Luego que en- 
traron cinco o seis mil indios, Atahualpa mandó hacer alto, 
i dirijiendo a todas partes curiosas miradas, preguntó 
¿dónde están los estranjeros? 

"En aquel momento, frai Vicente Val verde, relijioso do- 
minico, capellán de Pizarro, i después obispo de Cuzco, sa- 
lió con su breviario i según otros dicen con la Biblia en una 
mano i un crucifijo en la otra, i, acercándose al Inca, le 
dijo que venia por orden de su jefe a esplicarle las doctri- 
nas de la verdadera fé, para cujo fin los españoles habian 
venido a su país desde tan distantes climas. Después pasó 
a esplicarle lo mas claramente que pudo el misterio de 
la Trinidad, i remontándose en seguida a la creación del 
hombre, habló de su caida, de su redención por Jesucristo, 
de la crucifixión i de la ascensión del Salvador a los cielos, 
después de haber dejado al apóstol San Pedro por vicario 
suyo en la tierra. Díjole cómo las facultades dadas por Je- 
sucristo a su vicario habian sido trasmitidas a los suceso- 
res de aquel apóstol, hombres sabios i virtuosos, que, bajo 
el título de papas, ejercían autoridad sobre todos los hom- 
bres i potentados de la tierra. Manifestóle que uno de los 
últimos papas habia comisionado al emperador español, 
monarca el mas poderoso del mundo, para conquistar i 
convertir a los naturales de aquel hemisferio occidental; i 
quesujeneral Francisco Pizarro habia venido para ejecu- 
tar tan importante comisión; concluyendo por rogarle que 
le recibiese afectuosamente; que abjurase los errores de su 
fé í abrazase la de los cristianos, única que podia salvar su 
alma; i que se reconociese tributario del emperador Car- 
los V, que en todo caso le ausiliaria i protejeria como a 
leal vasallo. 

'*Es dudoso que Atahualpa se hiciese cargo de ninguno 
de los curiosos argumentos con que el relijioso quiso esta- 
blecer una relación entre Pizarro i San Pedro; aunque de- 
bió concebir nociones mui incorrectas acerca de la Trini- 
dad, si, como dice Garcilaso, el intérprete Felipillo le espli- 
có este misterio diciéndole que los cristianos creian en tres 
dioses i un Dios que hacian cuatro. Pero es indudable que 
comprendió perfectamente que el objeto del discurso era 



NARRACIONES 153 



persuadirle que debía renunciar a su cetro i reconocer la 
supremacía de otro rei. 

"Centellaron los ojos del monarca indio, i su oscuro ce- 
ño se oscureció mas al contestar: ''no quiero ser tributario 
de ningún hombre, vo soi poderoso mas que ningún prínci- 
pe de la tierra: vuestro emperador puede ser un gran prín- 
cipe, no lo dudo, pues veo que ha enviado a sus vasallos 
desde tan lejos i cruzando los mares, i por lo mismo quiero 
tratarle como hermano. Respecto al papa de quien me ha- 
blas, debe chochear si trata de dar reinos que no le perte- 
necen: en cuanto a mi relijion, no quiero cambiarla: vues- 
tro Dios, según dices, fué condenado a muerte por los mis- 
mos hombres a quienes habia creado, pero el mió, añadió 
señalando a su deidad que entonces se hundia detras de las 
montañas, el mió vive aun en ios cielos, i desde allí vela so- 
bre sus hijos". 

''Después, preguntó a Valverde con qué autoridad le de- 
cia aquellas cosas, a lo cual respondió el fraile, mostrán- 
dole el libro que tenia en la mano. Tomóle Atahualpa, vol- 
vió algunas pajinas, e irritado sin duda por el insulto que 
habia recibido, le arrojó en tierra lejos de sí, esclamando: 
"Di a tus compañeros que me darán cuenta de sus acciones 
de mis dominios, i que no me iré de aquí sin haber obteni-. 
do plena satisfacción de los agravios que me han hecho". 

"Altamente escandalizado el fraile del ultraje hecho al 
sagrado libro, le alzó del suelo i corrió a informar a Piza- 
rro de lo que el Inca habia hecho, esclamando al mismo 
tiempo: '"¿no veis que mientras estamos aquí gastando el 
tiempo en hablar con este perro lleno de soberbia, se 
llenan los campos de indios? Salid a él que 3^0 os absuel- 
vo." Pizarro vio que habia llegado la hora. Ajitó una 
bandera blanca en el aire, que era la señal convenida: 
partió el fatal tiro de la fortaleza, i entonces, saliendo 
el capitán i sus oficiales a la plaza, lanzaron el antiguo 
grito de guerra: "¡Santiago i a ellos!" el cual fué respondi- 
do por el grito de combate de todos i cada uno de los espa- 
ñoles que se hallaban en la ciudad, saliendo impetuosamen- 
te de los grandes salones en que estaban ocultos e inva- 
diendo la plaza caballería e infantería en columna cerrada 
i arrojándose en medio de la muchedumbre de indios. Estos, 
cojidos de sorpresa, aturdidos por el ruido de la artillería i 
arcabucería, cuyos ecos zumbaban como el trueno en los 
edificios, i cegados por el humo que en sulfúreas columnas 
se estendia por la plaza, se llenaron de terror i no sabian a 



154 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



dónde huir para librarse de la ruina que creian cercana. 
Nobles i plebeyos cayeron a los pies de los caballos, cuyos 
jinetes repartían golpes a derecha e izquierda sin perdonar 
a nadie, mientras sus espadas, brillando al través de la 
espesa nube de humo, introducian el desaliento en los cora- 
zones de los desdichados indios, que por la primera vez 
veian las terribles maniobras de la artillería. Así es que no 
hicieron resistencia, ni tampoco tenian armas con qué ha- 
cerlo. No tenian medio de escapar, porque la entrada de 
la plaza estaba cerrada por los cuerpos muertos de los 
que habian perecido haciendo vanos esfuerzos para huir; i 
tal era la agonía de los mas en el terrible ataque de los 
agresores, que una gran multitud de indios en sus esfuer- 
zos convulsivos, rompieron por medio de una tapia de pie- 
dras i barro seco, i abrieron un boquete de mas de cien pa- 
sos, por el cual se salieron al campo, perseguidos todavía 
por la caballería que, saltando por uno de los escombros 
de la tapia derribada, cayó sobre la retaguardia de los fu- 
jitivos, matando a muchos i dispersándolos en todas direc- 
ciones. 

"Entre tanto el combate, o mas bien, la mortandad 
continuaba con ardor en torno del Inca, cuya persona era 
el gran objeto del ataque. Sus fieles nobles, poniéndose a su 
alrededor, se arrojaban a contener a los agresores, i cuando 
no podian arrancarlos de sus sillas, les ofrecian sus pechos 
por blanco a sus venganzas i por escudo de su querido so- 
berano. Dicen algunas autoridades que llevaban armas 
ocultas bajo los vestidos. Si así fué, de poco les sirvieron, 
pues nadie dice que echasen mano de ellas. Pero los anima- 
les mas tímidos se defienden cuando se ven acorralados, i 
si los indios no lo hicieron en aquel caso, es prueba de que 
no tenian armas con qué defenderse. Sin embargo, conti- 
nuaron conteniendo a la caballería, asiéndose de los caba- 
llos para mitigar su ímpetu, i cuando uno caia otro ocu- 
paba su lugar con una lealtad verdaderamente patética. 

*'E1 monarca indio aturdido i cercado, vio caer a su al- 
rededor a sus mas fieles vasallos sin comprender siquiera lo 
que le pasaba. La litera en que iba andaba de aquí para 
allá, según los agresores acometian por un lado o por otro; 
i él contemplaba aquel espectáculo de desolación como el 
marinero solitario, que acosado en su barca por los furio- 
sos elementos, ve brillar los relámpagos i oye retumbar losj 
truenos a su alrededor, con la convicción de que nada pye- 
de hacer para evitar su suerte. Al fin, los españoles cansa- 



NARRACIONES 155 



dos de su obra de destrucción, i viendo que las sombrfts de 
la noche se aumentaban, empezaron a temer que la rejia 
presa después de tantos esfuerzos, se les escapase; i algunos 
caballeros intentaron a la desesperada concluir de una vez 
quitando la vida a Atahualpa. Pero Pizarro, que estaba 
cerca de su persona, gritó con voz estentórea: "El que esti- 
me en algo su vida, guárdase de tocar al Inca"; i estendien- 
do el brazo para protejerle, fué herido en la mano por uno 
de sus soldados, cuya herida fué la única que recibieron los 
españoles en la acción. 

"Entonces, la pelea se renovó con mas furor en torno de 
la rejia litera, la cual se bamboleaba cada vez mas, hasta 
que al fin, muertos muchos de los nobles que la sostenian, 
cayó, i el Inca se hubiera dado un gran golpe en el suelo, si 
Pizarro i algunos de los suyos no hubieran acudido a sos- 
tenerle en sus brazos. La borla imperial fué inmediatamen- 
te arrancada de sus sienes por un soldado llamado Estete, 
i el desgraciado monarca fué trasladado a un edificio 
inmediato, donde se le puso en custodia con la mayor vi- 
jilancia, 

"Cesó entonces toda tentativa de resistencia. PvStendióse 
la noticia de la captura del Inca por la ciudad i por los 
campos: disolvióse el encanto que podia mantener unidas 
a las personas, i cada uno pensó solamente en su propia 
salvación. Cundió también la alarma entre los soldados 
acampados en las inmediaciones, los cuales, al saber la fa- 
tal nueva, dieron a huir por todos lados, perseguidos por 
los españoles que en el calor del triunfo se mostraron sin 
misericordia. Al fin, la noche, mas piadosa que los hom- 
bres, tendió su amigo manto sobre los fujitivos, i las diver- 
sas tropas de Pizarro se reunieron otra vez al toque de 
trompeta en la sangrienta plaza de Cajamarca. 

"Del número de muertos se habla como es costumbre 
con gran discrepancia. El secretario de Pizarro dice que 
murieron dos mil indios. Un descendiente de los Incas, au- 
toridad mas segura que Garcilaso, calcula el número de 
muertos en diez mil. La verdad se encuentra jeneralmente 
entre los estremos. La matanza fué incesante, pues ningún 
obstáculo se le opuso. í que no hubiese resistencia no pa- 
recerá estraño, si se considera que las desgraciadas víctimas 
estaban sin armas i que debian hallarse confusos i aterro- 
rizados por el extraño e imponente espectáculo que tan de 
improviso e inesperadamente hubieron de presenciar. "¿Qué 
maravilla, dice un antiguo Inca a un español que lo repi- 



156 MANUAL DK COMPOSICIÓN LITERARIA 

te, qué maravilla que nuestros paisanos se aturdiesen, si 
veian la sangre correr como agua i al Inca, cuja persona 
todos adoramos, cojido i aprisionado por un puñado de 
hombres?'' Sin embargo, aunque la matanza fué incesante, 
fué también de corta duración; pues sucedió en el tiempo 
que media entre el principio i fin del crepúsculo que en los 
trópicos no excede de media hora, corto período, en ver- 
dad, si bien suficiente para que en él se decidiese de la suer- 
te del Perú i cayese la dinastía de los Incas". 

Guillermo H. Prescott, i 
Hist. de la conqui^ita del Perú, lib. 3.°, cap. 5.° 



1 Guillermo Hickling Prescott nació en Salem, Massachu- 
setts, en Estados Unidos en 1796, i murió en 1859. Destinado por 
su padre, que era un abogado distinguido, a la carrera del foro, 
Prescott renunció a los estudios a causa de haber sido atacado 
por un ceguera casi completa, que le prohibia todo otro trabajo 
que el de la meditación i del gabinete. En ese estado, estudió las 
lenguas estranjeras, se hacia leer por algunos amanuenses, i escri- 
bía durante una o dos horas al dia para no fatigar su vista tan 
debilitada, i por medio de un aparato de su invención que le per- 
mitía trazar las letras sin ver lo que escribía Venciendo así difi- 
cultades insuperables para un hombre menos perseverante, adqui- 
rió una grande instrucción, no solo en su patria, sino en diversos 
países de Europa, por donde viajó algunos años. Sus primeros tra- 
bajos fueron algunos artículos biográficos i críticos que publicó en 
una revista norte-americana; pero luego acometió obras mas atre- 
vidas e importantes. En 1833 publicó su Historia del reinado de 
los reyes católicos don Fernando i doña Isabel] en 1843 la Histo- 
riu de la conquista de Méjico: en 1847 la Historia de la conquista 
del Perú; i entre 1855 i 1858 los tres primeros volúmenes de una 
Historia de Felipe H, que la muerte le impidió terminar. Todas 
estas obras le granjearon una reputación universal, colocándolo 
en el rango de uno de los mas grandes historiadores de nuestro 
siglo. El Instituto de Francia i la Academia de la historia de Ma- 
drid, así como muchas otras corporaciones sabias de Europa, lo 
hicieron su miembro correspondiente Apesar del mérito indisputa- 
ble de esas obras, son las dos primeras las mas perfectas i las mas 
acabadas. Una investigación prolija i concienzuda de los docu- 
mentos, conocimiento cabal de los hechos i de las autoridades, un 
método excelente de composición, un plan perfectamente medita- 
do, una claridad admirable, una elegancia de estilo bien sostenida 
i llena de sencillez, descripciones oportunas i bien hechas, retratos 
trazados con maestría, gran rectitud de juicio, templanza en sus 
opiniones, tales son, en resumen, las cualidades de este eminente 
historiador. Sus obras, que se leen con un agrado infinítOj ofrecen 
un vasto campo de estudio i de meditación. 



NARRACIONES 157 



XII 

Lucio trasforiiiado en asno 

*'Un dia se acercó Fótis muí ajitado para decirme que su 
señora debía trasformarse en ave esa misma noche con el 
objeto de volar cerca de aquel a quien amaba, i que yo de- 
bia aprontarme para asistir a aquella estraña metamorfo- 
sis. Cuando anocheció, me condujo sin hacer ruido a la 
azotea que dominaba casa i me encargó que mirase al tra- 
vés de la puerta, por un agujero. Panfila (así se llamaba la 
señora) se quitó sus vestidos, después abrió un cofrecito del 
cual sacó muchas cajas: tomó de una de ellas una pomada 
que se deslió en sus manos i con la cual se frotó todo el 
cuerpo. En seguida, volviéndose hacia una lámpara, pro- 
nunció en voz baja algunas palabras misteriosas. Poco a 
poco su cuerpo se cubre de plumas, su nariz se encorva i se 
endurece, sus uñas se alargan en forma de garras. En fin, 
hela ahí cambiada en lechuza. Lanza un grito quejumbro- 
so, vuela primero sin elevarse mucho del suelo; en seguida, 
elevándose de repente, sale del cuarto con alas desplegadas. 
Dudaba si yo era Lucio: me parecía que soñaba, i me frota- 
ba los ojos para asegurarme que no estaba dormido. Al fin, 
sin embargo, recobro mis facultades, i tomando la mano de 
Fótis: — "Por favor, le dije, la ocasión es propicia: te supli- 
co en nombre de nuestro amor que me des de esa pomada 
que ha servido a Panfila. Ese será un nuevo servicio que te 
unirá para siempre al hombre que ya es todo tuyo. Permi- 
te que yo pueda tener alas para revolotear cerca de tí."— 
"¡Ah! respondió ella, tú querrías que yo misma fuese la cau- 
sa de mi desgracia. Allá veríamos dónde podria ir a buscar 
a mi amante cuando se haya trasformado en ave, i cuándo 
podria volver a verlo." '*¡No quieran los dioses, le dije yo, 
que se me ocurra jamas la idea de cometer una acción tan 
negra! Nó, yo no dejaré de volver a tu lado, aun cuando 
pudiese elevar mi vuelo hasta los cielos, aun cuando Júpiter 
me confiase su rayo. Te lo juro por esos hermosos cabellos 
que han encadenado mi libertad, no hai nadie en el mundo 
a quien ame tanto como a mi querida Fótis. Por otra par- 
te, ¿no sería un amante ridículo una vez convertido en le- 
chuza? Ave triste i siniestra, a la cual cuando entra a algu- 
na parte i la atrapan, la clavan en la puerta para hacerla 



158 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

espiar las desgracias que presajia su vuelo funesto. Pero 
olvidaba preguntarte lo que será necesario hacer o decir 
para dejar mis plumas, i de ave volver al estado de hom- 
iDre." — '*No te aflijas por eso, me respondió: mi señora me 
ha enseñado todo lo que es preciso hacer para recobrar la 
forma humana; i no creas que lo ha hecho para complacer- 
me: es para que le preste mi ausilio cuando vuelve. Con al- 
gunas yerbas i con otras bagatelas se obtiene un resultado 
tan maravilloso. Por ejemplo, necesitará tomar un baño i 
un brebaje de agua clara con un poco de anis i algunas ho- 
jas de laurel." 

"Al decir estas palabras, entra al cuarto toda turbada 
de miedo, i saca de un cofrecito una caja que tomé i besé, 
haciendo mil v^otos porque me diese el poder de recorrer el 
aire. Me desnudo de carrera i me froto todo el cuerpo con 
la pomada que contenia la caja: en seguida hago esfuerzos, 
lanzándome como un ave i removiéndolos brazos para tra- 
tar de volar. Pero, en lugar de las plumas, mi cutis se cu- 
bre de un pelo largo i tosco, i se engruesa como cuero. Los 
dedos de mis pies i de mis manos se reúnen i se endurecen, 
de la estremidad del espinazo sale una larga cola, mi cabe- 
za se hace enorme, las ventanillas de mis narices se abren, 
mi boca se agranda, mis labios cuelgan, mis orejas se alar- 
gan de un modo estraordinario. No sabiendo qué hacer, yo 
examinaba todas las partes de mi cuerpo, i vi que en lugar 
de haberme cambiado en ave, me habia convertido en asno. 
Quise quejarme i reconvenir a Fótis; pero ya habia perdido 
los movimientos de hombre i el uso de la voz. Todo lo que 
podia hacer era abrir los labios i mirarla de lado, con los 
ojos humedecidos por las lágrimas, como para pedirle que 
me socorriera. 

"Desde que ella me vio en este estado:— "¡Cuan desgra- 
ciada soi, esclamó arañándose el rostro, estoi perdida! el 
temor, la precipitación i la semejanza de las cajas son causa 
de que me haya engañado; pero el remedio es fácil. Mascaj 
solo algunas rosas, i dejarás la forma de asno para ser otn 
vez mi querido Lucio. ¡Ojalá tuviera yo algunas coronasl 
de rosas, como suelo tener! tii no pasarías la noche en esel 
estado; pero, mañana así que amanezca, yo lo arreglaréj 
todo. 

"Fótis se lamentaba de esta suerte; i yo, así asno com< 
era, como sin embargo conservaba el alma i el juicio de| 
hombre, deliberé mui seriamente en mí mismo si debia ven- 
garme a patadas i a mordiscos de la imprudencia i quizá d< 



NARRACIONES 159 



la maldad de esa desgraciada criatura. Pero una prudente 
reflexión me quitó este deseo inconsiderado: quizá la misma 
Fótis iba a privarme de los ausilios necesarios para reco- 
brar mi forma natural. Bajando, pues, la cabeza i sacu- 
diendo las orejas, disimulo mi resentimiento; i obligado por 
la dura necesidad, me voi a la caballeriza, cerca de mi caba- 
llo i de un asno que pertenecia a Milon. Me imajinaba que 
si hai algún instinto en los animales, mi caballo me recono- 
cerla, me baria buena acojida i me daria el mejor lugar. 
Pero ¡oh Júpiter, dios de la hospitalidad, i vosotros dioses 
protectores de la buena fé! ese caballo i ese asno acercan 
sus cabezas, e inmediatamente preparan entre ambos mi 
ruina, de manera que desde que me ven acercarme al come- 
dero, temiendo por su ración, bajan las orejas, me persi- 
guen a patadas, i me echan lejos de la cebada queyo mismo 
habia colocado en la tarde delante de ese monstruo de in- 
gratitud. 

"Después de haber sido recibido de esa manera, me habia 
retirado a un rincón de la caballeriza, pensando en la inso- 
lencia de mis camaradas i meditando en vengarme al dia 
siguiente de mi pérfido corcel, tan luego como con el soco- 
rro de las rosas yo hubiese vuelto a ser Lucio. De repente 
descubro en un pilar la imájen de la diosa Epona, adorna- 
da con una corona de rosas recien cortadas. A la vista de 
este remedio saludable, me acerco lleno de una dulce espe- 
ranza: me levanto sobre mis pies traseros, apoyando los de 
adelante en el pilar i alargando la cabeza i el hocico, cuan- 
do mi criado, que cuidaba del caballo, me percibe. Leván- 
tase indignado. — ''¡Hasta cuándo, dijo, sufriremos a esta 
bestia, que hace poco queria comerse la cebada de los otros 
i ahora se encara con la imájen de los dioses! Es menester 
que yo castigue a este sacrilego". Al mismo tiempo, se acer- 
ca a un haz de leña, toma el palo mas grueso i empieza a 
golpearme con todas sus fuerzas i sin darse descanso, has- 
ta que se oyó empujar con gran ruido la puerta de la casa. 
Eran los vecinos que gritaban: ¡al ladrón! ¡al ladrón! i mi 
hombre tomó la fuga todo aterrorizado. 

Una vez desquiciada la puerta, una parte de los ladro- 
nes entró para saquear; la otra atacó las habitaciones a 
mano armada. Los vecinos corren de todos lados; pero ios 
ladrones les resisten. La noche estaba clara como el me- 
dio dia, por la gran cantidad de antorchas i por las espa- 
das que reflejaban la luz. Sin embargo, algunos de estos 
ladrones van a los almacenes donde Milon guardaba sus 



160 



MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



riquezas; i aunque la puerta era muí sólida i estaba bien 
asegurada, la rompen a hachazos. Roban cuanto encuen- 
tran, hacen sus fardos de carrera, i cada uno toma su car- 
ga; pero no eran bastante numerosos para llevarse todo el 
botin. Esto los obligó a sacar mi caballo de la caballeriza, 
así como a los dos asnos que estábamos allí; i a cargarnos 
a nosotros tres con fardos mui pesados. Cuando lo hubie- 
ron saqueado todo en la casa, salieron haciéndonos cami- 
nar adelante a fuerza de palos". 

Apuleyo, ^ 
La Metamorfosis, lib. III. 



XII. 



Gulliver apresa la escuadra del Reino de Blefuscu 



"El imperio de Blefuscu es una isla situada al Nordeste 
de Lilliput, i solamente hai entre las dos un canal que las 
divide, el cual tiene cuatrocientas toesas de ancho. Yo no 
lo habia visto, i como estaba advertido del desembarco 
proyectado, no habia querido presentarme en la costa por- 
que no me descubriesen algunos de los navios enemigos. 

"Di cuenta al emperador de que tenia formado por lo 
pronto un buen proyecto para hacerme dueño de toda la 



1 Véanse las Noc. de his. ht, part. I, cap. K, § 13. La traducción 
que hemos transcrito en el texto no es verdaderamente literal, 
porque condensa algo ciertas ideas accesorias; pero refleja regular- 
mente la manera de narrar del novelista latino. El libro de Apule- 
yo, mas conocido con el nombre de Asno de oro, contiene pasajes 
i aventuras poco decentes; pero como el documento para conocer 
ciertos pormenores de las costumbres antiguas, es verdaderamen- 
te inestimable. 

Por otra parte, en el pasaje que estractamos encontrarán los 
jóvenes un modelo de verosimilitud relativa, puramente conven- 
cional. El fondo de la narración es falso, porque nada es mas falso 
que el que un hombre pueda convertirse en asno; pero una vez 
aceptado este punto de partida, el autor encadena tan bien todos 
los detalles, que nuestra razón parece aceptar la invención. El 
fragmento siguiente, que hemos tomado de otro libro igualmente 
célebre, contribuirá a esplicar en qué consiste la verosimilitud re- 
lativa. 



NAIITIACIONES 1 Bl 



armada enemiga, que según relación circunstanciada de los 
que habíamos enviado a observarla, estaba para salir del 
puerto al primer viento favorable. Consulté a los prácti- 
cos en la marina, a fin de informarme de la profundidad 
del canal, i me dijeron que en la mayor altura tenia seten- 
ta ^/í/m«yí//?s (esto es, seis pies escasos, según las medidas 
de Europa), i en todo lo restante que tendría cuando mas 
50 sílumglaffs. Acerquéme con toda precaución a la costa 
del Nordeste frente a frente de Biefuscu, i acostándome de- 
tras de una colina, me puse los anteojos, i pude ver la ar- 
mada, compuesta de 50 navios de guerra i otros muchos 
de trasporte. Me retiré luego, i mandé fabricar una gran 
porción de cables, lo mas fuertes que pudiesen, con unas 
barras de hierro, suponiendo que los cables, quedarían 
del grueso de un bramante doble, i las barras como unas 
agujas de hacer medias. Tripliqué los cables para darles 
mas fortaleza, i uniendo igualmente his barras, hice de ca- 
da tres un garfio, que até a sus estremos. Volví a la costa 
del Nordeste, i dejando allí la chupa, medias i zapatos, me 
entré por el mar como por mi casa. Principié a andar con 
toda la prisa posible, i llegado al comedio, seguí andando 
del mismo modo cerca de quince toesas; hasta que pude 
hacer pié. En menos de media hora llegué a la flota. Vié- 
ronme los enemigos, i fué tanto el pavor que les infundió 
mi presencia, que saltando todos fuera de los navios, como 
un enjambre de ranas, huyeron tierra adentro. El ejército 
se deberia componer como de 30,000 hombres. Entonces, 
echando mano a mis cables, fui prendiendo todos los na- 
vios uno por uno con los garfios, por el agujero de la proa; 
pero mientras duró esta maniobra, me lanzaron los ene- 
migos una descarga de tantos millares de flechas, que hi- 
riéndome muchas de ellas en la cara i manos, no solo me 
causaban un escesivo dolor, sino que me estorbaban traba- 
jar. Mi mayor cuidado era guardar la vista, que infalible- 
mente hubiera perdido, si no me ocurre con tiempo el arbi- 
trio de los anteojos, que por fortuna llevaba conmigo;! ase- 
gurándolos cuánto pude en las narices, me armé así como 
de una especie de broquel, con que continué la maniobra a 
pesar de la granizada de flechas que sobre mí caian sin des- 
canso. Habiendo colocado bien mis ganchos, empecé a tirar, 
pero inútilmente, porque todas las embarcaciones estaban 
ancladas. Corté prontamente sus cables con un cuchillo, lo 
que no me detuvo mucho, i con la mayor facilidad me llevé 
tras de mí 50 navios de los principales. 

TOMO V 11 



162 " MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

'*Lüs Blefascuitas, que no tenían idea de lo que vo iba a 
hacer, quedaron tan amedrentados como aturdidos. Ellos 
vieron que corté los cables, i discurrieron que mi intención 
era solamente abandonarlos al viento i marea, para que se 
chocasen unos con otros; pero cuando vieron que arrastraba 
con toda la flota de una vez, prorrumpieron en clamores 
de rabia i desesperación. 

*'No cesé de andar hasta que me vi ya fuera del alcance 
de las fleclias. Entonces me detuve un poco para quitarme 
las que llevaba en la cara i manos i continuando con mi 
presa, solo pensé en volver al puerto imperial de LiUiptit. 

"El emperador i toda su corte, que estaban en la costa 
ansiosos por saber el éxito de mi empresa, veian desde le- 
jos que se acercaba una flota en figura de media luna, pero 
como el agua me cubria hasta el cuello, no advirtieron que 
era 3^0 el que la conduela hacia el puerto. 

*'E1 emperador creyó firmemente que yo habia perecido, 
i que la armada enemiga venia a la playa a verificar su de- 
sembarco. Pero sus temores se disiparon prontamente, lue- 
go que pude hacer pié, i me descubrieron a la cabeza de 
acjuel promontorio de naves, esclamando en alta v.oz: ¡Vi- 
Vil el poderoso emperador de LilUpvtt! Apenas llegué. Solí 
me colmó de infinitas alabanzas i me creó Nardae, que en- 
tre ellos es el título honorífico. 

"Al mismo tiempo me rogó que tomase mis medidas para 
conducir a sus puertos todas las demás embarcaciones del 
enemigo. Su ambición era tal, que soñaba nada menos que 
en hncerse señor de todo el imperio de Blefuscu para redu- 
cirlo a provincia del suyo, i poner en él un virrei; en casti- 
gar con pena de muerte a todos los Gruesi- estremitas espa- 
triados, i obligar a todos sus pueblos a que rompiesen los 
huevos por el estremo mas agudo: con lo cual se prometía 
ser monarca de todo el universo. Pero me dediqué a disua- 
dirle de este designio con muchas razones fundadas en la 
política i en la justicia; i le protesté con resolución,. que yo 
no seria jamas el instrumento de que se sirviese para opri- 
mir a un pueblo libre, noble i esforzado. Cuando el consejo 
discutió est:i negocio, la parte mas sana fué de mi opi- 
nión." 

SwiFT, 1 

Viajes de Gtüliver, part. I c^p. V 



^ Véanse sobre tSwiFT las Noc. de hist. lit., part. III. cap. VI, 
§ 12. — Kn la no ta final del fragmento anterior hemos indicado en 
qué puede consistir el mérito de estas narraciones maravillosas. 



NARRACIONES 163 



XIII 

La espada de Damóoles i 

"Damócles, uno de los aduladores de Dionisio tirano de 
Siracusa, lo felicitaba por su poder, por el número de sus 
tropas, por el brillo de su corte, por sus inmensos tesoros i 
por la magnificencia de su palacio, añadiendo que jamáis 
príncipe alguno habia sido mas feliz que él: — "Damócles, le 
dijo Dionisio, puesto que mi suerte te parece tan deliciosa 
¿quieres saborearla un poco i ponerte en mi lugar?" Ha- 
biendo manifestado Damócles que se someteria con mucho 
gusto a la prueba, Dionisio lo hizo sentarse en su lecho de 
oro, cubierto con ricos almohadones i con tapices de mag- 
nífico trabajo. Hizo adornar sus aparadores con una so- 
berbia vajilla de oro i plata. En seguida, habiendo hecho 
servir la mesa, ordenó que Damócles fuese servido por es- 
clavos jóvenes, los mas hermosos que se encontrasen, i que 
debian ejecutar sus órdenes a la menor señal. Perfumes, 
coronas, manjares esquisitos, nada se ahorró. Damócles se 
creia el mas afortunado de los hombres, cuando de repente, 
en medio del festin, percibió encima de su cabeza una espa- 
do desnuda que Dionisio habia hecho colocar, i que pendia 
del techo solo por un crin de caballo. Inmediatamente los 
ojos de nuestro afortunado se turbaron: no vieron va a los 
hermosos esclavos que le servian, ni la magnífica vajilla 
que estaba delante de él: sus manos no se atrevieron a to- 
car las fuentes: su corona cayó de su cabeza. ¿Qué digo? 
Pidió por favor al tirano que le permitiese retirarse, por- 
que no queria ser feliz a ese precio. ¿Puede desearse algo 
mas evidente, algo que pruebe mejor que Dionisio sabia 
que con continuas alarmas no se saborea ningún placer? 
Pero ya no era dueño de volver a la justicia, devolviendo 
a sus conciudadanos sus derechos i sus libertades; porque 
desde su juventud, i en una edad en que no pensaba cuáles 

^ La espada de Damócles es una espresion frecuente en las obrasi 
literarias i hasta en la conversación familiar: es la personificación 
simbólica de los terrores que perturban el goce de un poder tiráni- 
co. Hl hecho que ha dado lugar a esta espresion, se encuentra re- 
ferido en casi todos los historiadores que se han ocupado de la an- 
tigüedad. Vamos a trascribir la narración de este hecho por tres 
autores diferentes, cada uno de los cuales tuvo, al narrarlo, diver- 
so propósito. 



164 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

serian las consecuencias de sus estravíos, se había condu- 
cido de tal modo que no podía dejar de ser injusto sin po- 
ner su vida en peligro". 

Cicerón, ^ 

Cuestiones tusai'anis^ lib. Y, cap. XXI. 

'^Dionisio dejó ver en una ocasión con gran naturalidad 
lo que pensaba de su estado. Uno de los cortesanos llama- 
do Damócles, ensalzaba todos los dias con una especie de 
éxtasis, sus riquezas, su majestad, el número de sus tropas, 
la estension de sus dominios, la magnificencia de sus pala- 
cios i la abundancia universal de todos los bienes i de to- 
dos los placeres en medio de la cual vivia, no cesando de 
repetir que jamas persona alguna habia sido mas feliz. — 
^'Puesto que así lo piensas, le dijo un dia el tirano, ¿quieres 
saborear tu mismo mi felicidad para que la conozcas por 
esperiencia?" La oferta fué aceptada con gusto. Colócase 
a Damócles en un lecho de oro, cubierto con los tapices 
mas ricamente bordados. Los aparadores estaban llenos 
de vasos de oro i plata Esclavos de una rara belleza i ves- 
tidos magníficamente, lo rodeaban par.i servirlo a la me- 
nor señal que diese. No se habian ahorrado las esencias 
mas esquisitas ni los perfumes mas delicados. La mesa es- 
taba servida en proporción a este lujo. Damócles se esta- 
siaba en su contento, i se consideraba el hombre mas feliz 
del mundo. Desgraciadamente, al levantar la vista percibe 
la punta de una espada pendiente sobre su cabeza i que no 
estaba sujeta al techo mas que por un crin de caballo. En 
el mismo momento, un sudor frió se apoderó de él: todo 
desaparece a su vista: no vé mas que la espada i no siente 
mas que su peligro. Sobrecojido de espanto, pide que se le 
permita retirarse, i declara que ya no quiere ser feliz. Imá- 
jen mui natural de la vida de un tirano." 

ROLLIN, ^ 
Historia Antigua, lib. XI, cap. I, párrafo IV. 



^ Véanse las Noc. de hist. Ht.,pa.rt. I, cap. Vil, § 11.— Cicerón re- 
fiere este hecho como moralista, para probar que después de los 
primeros estravíos, aunque el hombre conozca que ha adoptado 
un mal camino, es impotente para separarse de él. 

'-^ Célebre sabio francés (1661-1741) que pasó su vida consagra- 
do a la enseñanza de la literatura i de la historia. Es autor de un 
Tratado de Estudios, monumento tan modesto como útil, en don- 
de los profesores han encontrado siempre un inmenso caudal de 



NARRACIONES * 165 



''Un adulador ensalzaba nn día la felicidad del tirano 
Dionisio; i, en el niimero de subditos, la abundancia de sus 
riquezas, el brillo de los honores, encontraba la prueba de 
que el tirano era infinitamente feliz. Dionisio respondió a 
este adulador, que se llamaba Damócles:— "Por prendado 
que estés de mi felicidad, tú no la conoces completamente. 
¡Ah! cuan poco te agradaría si la saboreases por tí mismo! 
¿Quieres ponerte un rato en mi lugar?" — "De todo corazón", 
responde Damócles. Inmediatamente se le trae un trono de 
oro; se sienta i se ve rodeado de todos los esplendores in- 
ventados para los grandes por la voluptuosidad i el orgu- 
llo. La púrpura brilla en todas las paredes, el oro reluce en 
la mesa i el vino se sirve en copas de oro. Una señal, i vein- 
te manos se apresuraron a realizar la voluntad del señor; 
una palabra, i hermosos pajes vuelan en tropel i se dispu- 
tan el honor de ejecutar la orden dada. Embriagado de 
placer, encantado con tanto esplendor, Damócles se cree 
en el colmo de la felicidad.— "¡Oh orrandeza! esclama, ¡qué 
no te pueda saborear siempre!" Pero ¡ah! ¿qué es lo que 
percibe de repente? Una espada, pendiente del techo por un 
crin, llena de terror su corazón. Ve posarse sobre su cabeza 
el peligro amenazador; el feliz Damócles comienza a temblar. 
No hace caso alguno del esplendor de sus aposentos; el vino 
que corre en copas de oro, no le causa placer; no tiende la 
mano para los manjares mas delicados; no tiene oidos pa- 
ra los dulces melodías de los cantores. — "¡Oh Dionisio! es- 
clama al fin temblado, pon un término a mi felicidad!" 

"No creáis que con las apariencias de felicidad, un hom- 
bre vicioso sea enteramente feliz: tiembla en el momento 
que saborea el fruto de la grandeza; en el seno de la magni- 



preceptos recojidos por la esperiencia sobre la manera de hacer 
mas práctica i provechosa la enseñanza. Las dos obras históricas 
de RoLLiN, la Historia Antigua i la Historia Romana*, son vastas 
compilaciones de hechos recojidos en el estudio prolijo i atento de 
los historiadores antiguos, escritas sin pretensiones de crítica filo- 
sófica, pero con un gusto i una claridad verdaderamente admira- 
bles. Narrando la anécdota de Damócles, sin otro propósito que 
el dar a conocer el hecho en sí mismo se ha limitado a comentarlo 
en la media línea final. 

* Según Sainte-Beuve (Causeries du Lundi, t. VI) a Rollin, si te- 
nia saber, le faltaba crítica" 

(Nota del Recopilador.) 



166 



MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



ficencia, el temor de la muerte viene a atormentarlo, i no lo 
deja probar mas que una pomposa miseria. 



Gelllert 1 



1 Cristian Gellert, literato, filósofo i poeta alemán del siglo 
XVIII (1715 1760). Sus fábulas i sus cuentos en versos, uno de 
los cuales, aunque traducido en prosa, es el que hemos insertado 
en el testo, tuvieron una inmensa boga en su tiempo i gozan to- 
davía de una grande reputación. Esta narración, esencialmente 
poética del mismo hecho, aunque escrita con bastante sencillez, da 
a conocer los resortes con que cuenta el poeta para engalanar los 
hechos que refiere. 



SECCIÓN VII 
Descripciones 

La descripción es una representación viva i natural de 
los objetos para darlos a conocer, poniéndolos, por decirlo 
así, a la vista. Traza las formas, los colores i la fisonomía 
con una gran fidelidad, para producir por el estilo la mis- 
ma ilusión que un artista da talento obtiene por medio de 
la pintura, esto es, que el lector se imajine ver los objetos 
que se le describen. 

La memoria suministra los materiales de la descripción, 
es decir, los rasgos que nos han causado mayor impresión 
i que se han grabado mas en nuestro espíritu: el gusto es- 
coje entre esos rasgos, los dispone i los ordena: la ima- 
jinacion los matiza i les da así el agrado i la vida. La des- 
cripción no debe ser la enumeración sencilla i seca de los di- 
ferentes rasgos de que se compone el objeto descrito. Este 
procedimiento puramente científico, sirve para dar a cono- 
cer una cosa; pero en literatura se exije algo mas, se quiere 
que el escritor pinte i embellezca dando animación i co- 
lorido. 

La descripción es, pues, una parte del arte de escribir, so- 
metida a condiciones precisas i determinadas. La primera 
i la mas rigorosa, es que venga en su lugar, que sea exijida 
por el asunto, que se encadene con las otras partes del 
escrito, después de ciertos acontecimientos o de ciertas 
ideas. No se describe por el placer de describir, sino para 
instruir hablando a la imajinacion. Ademas de esta regla 



168 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

esencial, dictada por el buen gusto, es menester que una 
descripción sea fiel i verdadera sin prolijidad, precisa sin 
aridez. La difusión es el escollo mas frecuente de la descrip- 
ción. Un rasgo en los grandes escritores equivale a veces a 
una descripción. 

Uno de los procedimientos mas usados i mas felices, por- 
que alcanza mas directamente al alma, es el empleo de los 
contrastes. Un pintor hábil no deja jamas de dar realce a 
los objetos por opOvSicion de la sombra i de la luz. Un escri- 
tor hábil sabe también, por la aproximación de las cir- 
cunstancias que se oponen unas a otras, producir los mis- 
mos efectos. 

Para describir un objeto no es necesario enumerar to- 
dos sus caracteres, sino elejir los mas sobresalientes o 
aquellos que son mas a propósito para preparar el efecto 
que se quiere producir. Todo objeto puede ser examinado 
desde diferentes puntos de vista, según convenga al escritor 
o a la obra. Así, por ejemplo, la tierra descrita por Fene- 
lon bajo el aspecto de su poder productor, puede serlo to- 
mando en cuenta sus movimientos i revoluciones, esto es, 
desde el punto de vista astronómico, i por su constitución 
física. Antes de escribir, debe meditarse el asunto i elejir 
cuál faz del objeto debe ser examinada; esto es, cuál es la 
que mas conviene al asunto de que se trata. 

Las descripciones son de tres clases distintas. Las pri- 
meras representan un estado de cosas físicas o morales que 
ha durado corto tiempo, como una erupción volcánica, un 
temblor de tierra, una peste, una catástrofe política, una 
matanza, una batalla, un sitio, una solemnidad accidental. 
Se trata de espectáculos que ordinariamente la naturaleza 
i la sociedad no han ofrecido mas que una sola vez, a lo 
menos con las mismas circunstancias locales o personales. 
La segunda comprende las descripciones de ciertos estados 
físicos permanentes, que han subsistido largos períodos, i 
que subsisten hasta ahora; como los detalles de jeografía, 
de topografía, de historia natural, una aurora boreal, una 
^ trompa marina, etc., i aun lo que concierne a los monu- 



DESCRIPCIONES 169 



nientos. Las descripciones del tercer jénero son las que re- 
presentan maneras de ser políticas o sociales, como la vida 
de los señores feudales, las representaciones dramáticas 
entre los griegos, etc. Cada utio de estos jéneros da lugar a 
observaciones especiales; pero los buenos modelos enseñan 
mucho mas a este respecto que todos los preceptos. 



TEMAS DE EJERCICIOS 



I 

Los castillos feudales estaban construidos en ciertas al- 
turas para dominar los campos vecinos i para hacer mas 
difícil su acceso a los enemigos que quisieran atacarlos. 
Una muralla de circunvalación alta i sólida, guarnecida de 
troneras i de bastiones, protejida frecuentemente por obras 
avanzadas, los defendia contra los ataques csteriores: si la 
naturaleza del terreno no hacia bastante difícil el acercar- 
se, se abria al rededor de la muralla un foso profundo, or- 
dinariamente lleno de agua que no se pedia atravesar sino 
por puentes levadizos; i ademas toda puerta estaba res- 
guardada por un rastrillo. Los castillos mas importan- 
tes tenian dos o tres circuitos di este jénero apoyados por 
torres de distancia en distancia. En el centro del espacio 
encerrado por la muralla había un torreón mas alto i mas 
resistente que las otras construcciones. Allí se guardaban 
los archivos i los tesoros, i allí también se retiraban los si- 
tiados cuando el enemigo habia vencido los otros obstácu- 
los. En medio de la infinita variedad que las exijencias de 
los lugares, de los tiempos i de las personas introdujeron 
en la construcción de los castillos, se encuentran por todas 
partes ciertos caracteres que les eran comunes. Así habia 
habitaciones para el señor i su familia, para los oficiales, 
para la tropa i para la servidumbre; grandes cocinas, ca- 
ballerizas, pozos i cisternas, sótanos, almacenes i graneros 
espaciosos, bien provistos de víveres para las eventualida- 
des de un sitio, salas de armas, salones de recepción, etc. 



170 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

La vida de los señores feudales era muí monótona. Sus 
diversiones consistian en juegos de ajilidad i de fuerza, o en 
oír las estravagancias de uno o mas locos o fatuos que 
siempre habia para distraer a los señores. Tenian éstos, 
ademas, aleones para la caza; i papagayos, monos i otros 
animales para la diversión. Con frecuencia visitaban el 
castillo algunos trovadores, o poetas improvisadores, mú- 
sicos ambulantes i hasta algunos maromeros para distraer 
a los señores feudales en su soledad. La monotonía de esta 
vida era interrumpida por las guerras entre los diversos 
señores, que traian por resultado el sitio del castillo i ata- 
ques vigorosos i sangrientos. 

Sobre estos datos, se puede hacer la descripción de un 
castillo feudal, i de la vida que allí llevaban los señores en 
la edad media. 

II 

Es casi imposible describir el aire en sí mismo; pero se le 
puede dar a conocer en sus efectos. Este fluido que rodea 
toda la tierra alimenta nuestros pulmones i nuestra vida. 
Su fluidez deja pasar la luz de las estrellas mas distantes. 
Su condensación i su dilatación son causa de los vientos 
que suavizan el rigor de las estaciones i que hacen andar 
los buques en el mar. Esas mismas revoluciones del aire 
son periódicas; i el hombre que ha estudiado su periodici- 
dad, sabe aprovecharse de ella. 

III 

La tierra que nosotros pisamos, como una cosa vil, es la 
fuente de todas las riquezas. De su seno sale todo lo que 
hai de mas precioso. La mano del hombre convierte la tie- 
rra en los mas valiosos objetos. En un solo año ella produ- 
ce verdaderas maravillas, plantas, frutas, vSemillas.Su seno 
es inagotable: produce ahora, como producia hace milla- 
res de años. * Todo envejece sobre ella; pero ella rejuvenece 
cada año. Mientras mas se la elabora, mas produce: solo 
la pereza de los hombres puede hacerla aparecer improduc- 
tiva. Sus desigualdades, que a primera vista parecen un 
defecto, son un adorno i una utilidad. Así es como existen 
en ella, valles hermosos para el cultivo de las mieses, pra- 
deras para los ganados, colinas páralos viñedos i las arbo- 
ledas, i montañas que hermosean el paisaje i que producen 



DESCRIPCIONES 171 



los ríos. De modo que esta variedad encanta los paisajes al 
misnio tiempo que satisface las diversas necesidades del 
hombre. 



IV 

Las plantas son a veces alimenticias i a veces medicina- 
les. Sus virtudes son tan numerosas como sus variedades. 
Producen flores i frutas. Su mecanismo es maravilloso: sus 
raices le sirven a la vez de tubos para buscar sus alimentos 
i de cimiento para afianzarse i resistir a las tempestades. 
Su madera sirve para calentarnos en el invierno; i es muí 
útil para la industria cuando el hombre sabe elaborarla. 
Sus semillí-is i el secreto de su producción, no son los me- 
nores prodijios que ofrece el reino vejetal. 



La península italiana tiene la figura de una bota o de 
una pierna que da un puntapié a la isla de Sicilia. Partien- 
do de este punto, es decir, tomándola como una pierna, se 
puede describir jeográficamente, indicar los mares que la 
rodean, la posición de sus ciudades, etc. 

VI 

Las selvas vírjenes de la zona tórrida ofrecen un ancho 
campo al poder descriptivo de los poetas i de los natura- 
listas. En medio de aquella lujosa vejetacion, se observa la 
lucha de las diferentes plantas que se estrechan i se opri- 
men, causando la muerte de unas ])ara sustentar la vida 
exuberante de las otras. Pero toda descripción de una sel- 
va de la zona tórrida será incompleta si solo se toman en 
cuenta sus pobladores. La naturaleza animal se ostenta 
allí con una magnificencia desconocida en las otras zonas. 
Monos de muchas variedades recorren las ramas de los ár- 
boles; las aves de los mas vistosos plumajes, los papaga- 
yos mas hermosos, los picaflores de mil especies distintas, 
todas brillantes por sus colores, las mariposas de todos 
tamaños i apariencias, las serpientes i los lagartos pinta- 
dos de mil maneras, los ejércitos de hormigas i de insectos 
de muchas clases, todo ostenta la vida en medio de aque- 
llas espléndidas soledades. 



172 MANUAL. DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



Vil 

Observando atentamente el órgano de los sentidos en- 
contramos que todas las partes que lo componen tienen un 
objeto determinado, i ademas que cada una de esas partes 
está formada de tal manera que corresponden perfecta- 
mente a ese objeto. Así, por ejemplo, el párpado suave i 
flexible sirve para cubrir el ojo: la pestaña impide que lle- 
guen a él partículas que puedan ofenderlo: los huesos de la 
frente i los otros que le rodean lo defienden contra los gol- 
pes. Observaciones análogas pueden hacerse respecto al 
oido, del olfato, del gusto, etc. Basta un un poco de aten- 
ción para encontrar lo que debe decirse al hacer la descrip- 
ción de todos los órganos de los sentidos. 



VIH 



Hai muchos objetos, de los cuales se han hecho descrip- 
ciones diametralmente opuestas. Hai ciertos lugares, por 
ejemplo, que los poetas han embellecido por medio de des- 
cripciones solemnes i pomposas; i que conformándose mas 
con la realidad, deben ser descritos de mui diversa manera. 
Así el Tajo i los campos que riega, han sido pintados por 
los poetas españoles con el mas hermoso i pintoresco co- 
lorido. Aguas cristalinas trasparentes que se deslizan dul- 
cemente por un lecho de verdura: campos espléndidos i 
cubiertos de flores i de bosques; aves canoras i de pintado 
plumaje; blancas ovejas que pacen en amenos prados, con- 
ducidas por pastores i pastoras llenas de bellezas, i que 
viven para amarse con el mas puro amor i para decirlo en 
armoniosos versos o en elegante prosa: todo esto se en- 
cuentra en aquellos lugares de que se ha querido hacer la 
morada de las desgracias. Ahora veamos la realidad. Las 
aguas del Tajo, casi siempre turbias, corren por un lecho 
áspero i cerrado por barrancas cortadas a pico. Los cam- 
pos vecinos son áridos, incultos i feos. Los pocos ganados 
que se ven son guardados por ovejeros sucios, rudos i gro- 
seros, i están espuestos a ser devorados por los buitres, 
casi las únicas aves que se ven en aquellos alrededores. 

Con estos datos, se puede hacer una doble descripción: 
el Tajo de los poetas, es decir todo ideal; i el Tajo de los 
viajeros, esto es, una realidad triste i desagradable. 



DESCRIPCIONES 173 



IX 

El lago Erie se vacia en el lago Ontario por medio del 
Niágara, i de la célebre catarata, tantas veces descrita. En 
esta parte, el rio tiene como un quilómetro de ancho; i se- 
para las posesiones inglesas del Canadá de los Estados 
Unidos. Las aguas, al llegar a la catarata, se dividen en 
dos cuerpos por la pequeña isla de las Cabras, que se alza 
en el medio, i que un puente suspendido une a la orilla ame- 
ricana, i se precipita en dos cascadas jigantescas, de una 
altura de cincuenta metros. Una de ellas, llamada de la 
Herradura, del lado del Canadá, tiene seiscientos metros 
de ancho, la otra del lado de los Estados Unidos, tiene dos- 
cientos metros. Esta gran catarata está continuamente 
envuelta por una nube que se percibe desde mui lejos. Las 
olas espumosas parecen levantarse a los cielos. De tiem- 
po en tiempo, la nube abre i deja ver las rocas i las selvas 
vecinas. El aspecto mas sorprendente se presenta en in- 
vierno, cuando las aj^uas, a pesar de su espantoso movi- 
miento, esperimentan bi influencia del frió horrible de aquel 
clima. Entonces enormes columnas de hielo penden de lo 
alto como otros tantos tubos de órgano. La masa enor- 
me i la rapidez de las aguas, arrastrando sin cesar algunas 
rocas del fondo del cauce del rio, han hecho retroceder la 
catarata a cincuenta metros mas atrás de lo que estaba 
hace medio siglo. 



X 



En todos los tratados de jeografía física hai noticias de 
un sorprendente fenómeno, conocido con el nombre trom- 
pa, i mui en particular de la especie conocida con el nom- 
bre de trompa marina. Con esas noticias se puede descri- 
bir ese fenómeno, dándolo a conocer, no tanto en sus cau- 
sas científicas i en su constitución como en sus aparien- 
cias. 



XI 

Se sabe lo que son corrientes marinas, i se trata de 
describir una. La corriente arrastra sus aguas por un cau- 



174 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

ce de agua también: la diferencia de temperatura i la ve- 
locidad con que marcha aquella marca su diferencia del 
resto del océano. Tomando por ejemplo la gran corriente 
del Atlántico, se puede seguir su curso desde el polo aus- 
tral por las costas de América i de África, indicando bre- 
vemente la desviación de algunas de sus partes. La masa 
principal continúa su camino i va a engolfarse en el golfo 
de Méjico, donde calienta sus aguas con el sol de la zona 
tórrida. Allí toma el nombre de Gulfstream: sale del golfo 
por el canal de Bahama, con una rapidez de ocho quilóme- 
tros por hora: su ancho es entonces de catorce leguas: su 
profundidad de mil pies: su temperatura 15 grados mas 
alta que la de los mares inmediatos. Se dirije de sur a norte 
a cierta distancia de la costa de los Estados Unidos, con- 
servando una gran parte de su calor. Hacia los 40 grados 
de latitud norte, el Gulfstream, combatido por la corriente 
del polo boreal que desemboca del estrecho de Davis, i que 
parece unirse a él, tuerce hacia el oriente, atraviesa el 
Atlántico i se divide al acercarse a España, en dos ramas. 
La principal de ellas, siguiendo la dirección noreste de las 
costas de la Europa septentrional, baña las costas de la 
Irlanda, la Escocia i la Noruega, las proteje contra la in- 
vasión de la corriente polar del norte que arrastra grandes 
masas de hielo, i suaviza su temperatura de tal manera que, 
apesar de la alta latitud a que están situadas, esas costas 
tienen un clima mas benigno que el de cualquiera otro pais 
colocado en la misma zona i sus producciones son por esto 
mismo escepciona^es. 

Al hacer esta descripción, conviene tener a la vista una 
carta de las corrientes del océano Atlántico para describir 
la marcha del Gulfstream. i observar atentamente otra 
carta en que estén trazadas las líneas isotermas para dedu- 
cir la acción de aquellas corrientes sobre la temperatura de 



xn 

Los viajes emprendidos ])ara reconocer los mares polares 
buscar un paso que comunique la Europa con el Asia por 
el norte de la América, revelan mas que cualquiera otra 
empresa, la audacia singular i la perseverencia estraordi- 
naria qiie inspira el amor a la gloria i el entusiasmo por la 
ciencia. Los frios horribles de las latitudes polares, las tem- 



DESCRIPCIONES 175 



pestades frecuentes en esos mares, la falta de abrigo i de 
medios de subsivStencia, no son mas que algunos de los pe- 
ligros que ofrecen aquellas esploraciones. Cuando llega la 
época de los deshielos, las corrientes del mar i los vientos 
constantes arrastran enormes masas de hielo, délas formas 
mas caprichosas i fantásticas, de ordinario mucho mas 
grandes que varios buques reunidos, i van a estrellarse 
contra las naves destrozándolas en astillas o echándolas a 
pique, si los marinos que las tripulan no saben evitar el 
peligro. Cuando llega el invierno, la conjelacion del mar 
suele cojer a los buques i privarlos de todo movimiento. 
Comienzan entonces las largas noches de los polos en que 
se pierde la luz del sol durante meses enteros. Entonces es 
cuando las auroras boreales, fenómeno maravilloso que lle- 
na de admiración i de [javor al que lo contempla por pri- 
mera vez, viene a alumbrar a los hombres. La perseveran- 
cia de los hombres se ha sobrepuesto a tantos sufrimientos 
i hoi los mares polares han sido bastante esplorados, i 
nuevas espediciones se preparan para acabar el reconoci- 
miento. 



XIII 

No hai nada que recuerde mas al viajero la distancia de 
su patria que el cambio de cielo, la ausencia de algunos de 
los astros que ha conocido desde su niñez, i la vista de las 
estrellas que no estaba acostumbrado a ver. Los viajeros 
que pasan del hemisferio boreal al austral, encuentran un 
cielo nuevo desde que se acercan al Ecuador. Mayor núme- 
ro de estrellas de primera magnitud, las nébulas denomina- 
das de Magallanes, las nuevas constelaciones, la cruz del 
sur, sobre todo, ciertos vacíos oscuros que los astrónomos 
denominan sacos de carbón, todo, en fin, les revela que es- 
tán lejos de su patria. Aun sin poseer conocimientos astro- 
nómicos, este cambio de cielo basta para impresionar al 
vi 65 je ro. 

XIV 

Entre todo?; los fenómenos metereolójicos, ninguno mas 
magnífico i sorprendente que una aurora boreal. Vése pri- 
mero una nube luminosa, en seguida se forma en ella un 
punto brillante que se estiende de una manera indetermina- 
da. Las luces cambian de forma con una admirable rapidez, 



176 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



se forma un gran arco luminoso i de formas caprichosas i 
vagas, de un color atñarillo pálido que vuelve su concavi- 
dad hacia la tierra. Luego muchas rayas negruscas sepa- 
ran regularmente las partes luminosas del arco. Se forman 
rayos luminosos, se alargan o se acortan lenta o instantá- 
neamente, su brillo aumenta o disminuye súbitamente. El 
arco continúa subiendo hacia el cénit, presentado en su luz 
un movimiento ondulatorio. A veces una de sus estremida- 
des o las dos a la vez, abandonan el horizonte: el arco no 
forma entonces mas que una banda de ravos que toma o- 
tros contornos i se separa en muchas partes. El brillo *de 
esos rayos que varia súbitamente de intensidad, así como 
ellos viajan de forma, alcanza el de las estrellas de prime- 
ra magnitud. Esas manchas luminosas toman color: su 
base es roja, su centro es verde i solo su parte superior con- 
serva, como la aurora, su color amarillo pálido. En fin, el 
brillo disminu\^e, los colores desaparecen, todo se debilita 
poco a poco' o desaparece súbitamente. 



XV 



El año 431 antes de lesucristo, una peste horrible asoló 
Atenas. Después de haber hecho sus estragos en Asia se es- 
parce en el Pireo; en seguida, en la ciudad de Atenas i en 
los campos inmediatos. Esta espantosa enfermedad arras- 
tra a la muerte a los infelices a quienes ataca, después de 
ocho dias de sufrimientos crueles. Son pocos los que so- 
breviven a la enfermedad, i pocos los hombres a quienes 
no ataca. Atenas ofrece entonces los cuadros mas horri- 
bles: los moribundos amontonados sobre los muertos: los 
infelices a quienes la sed impulsaba a arrastrarse por las 
calles, medio muertos para llegar al borde de las fuentes: 
los lugares sagrados atestados de los cadáveres de aquellos 
que buscaban allí un refujio: los desórdenes morales que la 
peste introdujo en todos los rangos de la sociedad: los fu- 
nerales descuidados, los lazos domésticos rotos, el cuidado 
de los negocios privados i públicos desatendido, las mas 
santas obligaciones trasgredidas, el orden de las sucesio- 
nes invertido, por la desaparición de familias casi enteras, 
la codicia sin freno, la relajación de costumbres buscando 
goces mas prontos, i apresurándose a adelantarse a la 
muerte. 



DESCRIPCIONES 177 



XVI 

Cristóbal Colon cuya empresa había parecido una loca 
temeridad, i cuya vuelta no era esperada por nadie, llega 
al ñn a Barcelona, dondeloesperaban los reyes don Fernan- 
do i doña Isabel. Una prodijiosa muchedumbre, en cuyos 
rostros se vcian el contento, la admiración, el entusiasmo, 
se agrupaba para ver al hombre que poco antes habia sido 
mirado como un pobre visionario. 

Colon atraviesa la ciudad en triunfo. Las primeras mues- 
tras de las riquezas del nuevo mundo, los indios que habia 
llevado consigo, despertaban la curiosidad i la admiración 
de las jentes. 

Los reyes lo esperan sentados en sus tronos. Sientan a 
Colon a su lado, i éste les refiere su viaje brevemente i con 
aquella modestia característica de los grandes hombres. 
Los reyes le demuestran su gratitud, lo confirman en 
las anteriores concesiones, i todos los concurrentes se arro- 
dillan para -dar gracias a Dios por tan gran descubri- 
miento. 

XVII 

Pompeya es una imájen fiel de una ciudad romana hace 
diez i nueve siglos. Roma con sus monumentos deja ver so- 
lo lo que fué la grandeza, la vida pública; en Pompeya se 
descubre la casa, la familia, la vida doméstica con todos 
sus muebles i todos sus útiles. Jamas un cataclismo ha sus 
pendido de una manera tan súbita la vida de un pueblo. Bl 
viajero cree encontrarse en una ciudad que acaban de aban- 
donar sus habitantes, i espera verlos volver de un momen- 
to a otro. Todo cuanto allí se ve, es un documento para la 
historia, i un motivo para serias reflexiones. 

XVIII 

El teatro de Atenas era un gran edificio de piedra, de fi- 
gura semicular, en que cabian mas de 30,000 personas. Los 
espectadores se colocaban en tres órdenes de bancos cons- 
truidos alrededor del semi-círculo; i esos tres órdenes co- 
rrespondían al rango de los asistentes. El escenario estaba 
al frente i estaba dividido en tres secciones, la primera pa- 

'lOMO v 12 



178 MANUAL DE COMPOSICIÓN LlTBtlARIA 

ra el coro, la segunda para los actores i la tercera para las 
decoraciones. Las máquinas escénicas eran mui sencillas. El 
teatro no tenia techo; i por eso cuando caia una lluvia re- 
pentina se interrumpia la representación. 

Los actores representaban con máscaras, que por su 
construcción les permitian estender la voz para ser oidos 
por toda la concurrencia. Las mujeres no podian represen- 
tar; i las máscaras, disfrazando a los hombres, disimulaban 
esta singularidad. 

Las representaciones dramáticas eran fiestas públicíis, 
presididas i dirijidas por las autoridades. La entrada era 
gratuita; i el pueblo tomaba un grande interés en la repre- 
sentación. 

XIX 

Al lado oriental de la cordillera de los Andes i al sur de la 
América meridional, se estiende uucí rejion plana conocida 
con el nombre de Pampas. A pesar de la uniformidad de es 
ta llanura, que permite ver el horizonte en toda su es- 
tensión, como en el mar, la vejetácion la divide en tres zo- 
nas diferentes marcadas con líneas imajinarias que se es- 
tienden de norte a sur. La mas inmediata a la cordillera es 
casi una selva de árb )les no jigantescos, como los que se 
ven en otras rejiones; la segunda tiene menos árboles, i la 
tercera casi no posee ninguno. La vejetácion es, sin embargo, 
mui singular en esta última, i varía por su aspecto en las 
diversas estaciones del año. Abunda sobre todo el cardo, i 
íilcanza en el verano un gran desarrollo, de tal manera que 
intercepta la vista al viajero i oculta los ganados. En el in- 
vierno, ese cardo se marchita, se seca, cae, descompone i 
da oríjen a la renovación de la vejetácion en la prima- 
vera. 

XX 

Se trata de describir las nubes. Por la tarde es cuando 
toman las formas mas singulares i se revisten con sus mas 
ircos colores. Un observador las ve agruparse en lasformas 
rhas variadas. A veces le parece distinguir una porción de 
tierra con altas montañas, valles profundos, un ancho rio 
atravesado por un gran puente, bosquecillos, habitaciones; 
todo esto no tiene colores naturales sino un tinte sombrío. 
Con la noche todo desaparece: a esta decoración del cielo 
sucede otra, la de la luna i las estrellas. 



DESCRIPCIONES 179 



XXI 

El espectáculo de la naturaleza ofrece las mas grandes 
variedades. Pero no es en los países habitados, en las tie- 
rras cultivadas donde se encuentran los cuadros mas sor- 
prendentes. Es menester buscarlos en las rejiones heladas 
del polo, o en los países ardientes de la zona tórrida. La 
sequedad absoluta de la Arabía Pétrea i de los agrandes de 
siertos del África, los arenales despojados de toda verdura, 
contrastan con las inmensas llanuras del nuevo mundo en 
la misma zona, donde se hallan bosques soberbios, ríos 
inmensos, vastos pantanos, tempestades frecuentes, aves, 
reptiles e insectos de todas clases. 

XXII 

Después de una larga ausencia se visita la ciudad natal, 
donde se ha nacido i pasíido la niñez; pero donde no reside 
ya nuestra familia. Los alrededores de la ciudad, los jardi- 
nes de sus inmediaciones, el rio que la riega, el paisaje ri- 
sueño que la domina, la casa que habitaba nuestra familia,, 
la escuela en que hemos comenzado nuestros estudios, i 
donde hemos jugado en nuestra niñez, excitan en nosotros 
la mas viva emoción i son una fuente fecunda de sentimien- 
tos i de cuadros descriptivos. 

XXIII 

Los hermosos días de verano han pasado. El otoño to- 
ca a su fin, i el espectáculo de la naturaleza ha cambiado 
completamente. Las viñas, los bosques, los campos, los 
prados, los jardines ofrecen un aspecto muí diferente. Su 
brillo renacerá en la primavera próxima, el campo se cu- 
brirá de flores, etc., etc.; pero los días pasados no volverán 
para el hombre, que no se renueva con la naturaleza. 

XXIY 

El perro, fiel compañero del hombre, conservará siempre 
su superioridad sobre los otros animales. La belleza de 
sus formas, la ajilidad de su cuerpo, la intelijencia que re- 



ISO MANUAL DR COMPOSICIÓN LITERARIA 

velan sus ojos, la delicadeza de sus sentidos, no son mas 
que la parte menos interesante de las dotes que lo hacen el 
animal favorito del hombre. Por su carácter, es el verda- 
dero prototipo de la amistad, el compañero inseparable 
del hombre, el ser mas jeneroso i abnegado de cuantos lo 
rodean. Sumiso, obediente, hel sobre todo, profesa a su 
amo un cariño que rara vez, nunca quizá, se encuentra en 
el alma de los seres racionales. Su instinto le permite dis- 
tinguir a su amo entre millares de personas; i aunque esté 
acostumbrado a respetar a muchos, él conoce mui bien a 
quién debe mas respeto. Pero es menester verlo en el com- 
bate para conocer todo su mérito: cuando su amo corre 
algún peligro, cuando se le ataca, cuando para su distrac- 
ción por necesidad el hombre hace la guerra a otros ani- 
males, el perro desplega toda su intelijencia i todo su va- 
lor. Sabe mejor que nadie acechar al enemigo; perseguirlo, 
descubrirlo i atacarlo con una resolución superior a todos 
los peligros. 

XXV 

La vista del mar en un dia de calma, nos hace creer que 
vemos un lago inmenso, tranquilo, en que las aguas tienen 
apenas movimiento. Es menester estudiar las cosas con mas 
detención para conocerlas bien. Esa superíicie que nos pa- 
rece constantemente plana i pareja, se levanta i se hincha 
dos veces cada veinte i cuatro horas; i este fenómeno que 
no se distingue sino después de una observación atenta, se 
ha verificado siempre desde que hai sol i luna, i se verifica- 
rá mientras existan esos astros. Los vientos ajitan las 
aguas, levantan olas enormes, i destrozan las embar- 
caciones; i sin embargo, este movimiento que parece poner 
en revolución al mar hasta sus mayores profundidades, 
solo toca las capas mas superficiales de las aguas. En el 
mismo seno de los mares tiene lugar otra revolución mas 
singular: grandes rios se abren camino por entre las aguas, 
i recorren el océano en todas direcciones, pero con una 
fijeza semejante a la de los rios que recorren i riegan los 
continentes. El fondo del mar no es parejo i uniforme, 
como puede hacerlo creer la apariencia de sus riberas: hai 
en él alturas i profundidades, cadenas de montañas que se 
dilatan por una grande estension. Unas veces levantan 
sus picos hasta afuera de la superficie de las aguas, i for 



DESCRÍPCIONES I8i 



man las islas: otras, casi las tocan i forman los bancos i 
los escollos ocultos, tan peliíírosos para la navegación; 
otras, están mas abajo todavía, i son el asilo de los peces i 
el sitio de la vejetacion submarina. 



TEMAS DE EJERCICIOS 



: TJa castillo feudal: vida, de los señores feudales 

Montbason es uno de los mas hermosos castillos de 
Francia. 

Rej)resenta()S ante todo una posición soberbia, una mon- 
taña escarpada, erizada de rocas, surcada de cortaduras i 
de precipicios: sobre la pendiente está el castillo Las casi- 
tas que lo rodean, hacen resaltar su grandeza: el rio Indi a 
parece separai se con respeto: hacen un ancho semicírculo a 
sus pies. 

''Es preciso ver este castillo cuando al levantarse el sol, 
relucen sus galerías esteriores con el brillo de las armadu- 
ras de los centinelas, i cuando sus torres se muestran res- 
plandecientes con sus nuevas rejas. Es preciso ver esas 
altas construcciones que llenan de valor a los que las de- 
fienden, i de espanto a los que intentaran atacarlas. 

"La puerta, flanqueada por torrecillas i coronada por 
un alto cuerpo de guardia, se presenta cubierta de cabezas 
de jabalíes o de lobos: entrad i tendréis que pasar tres 
cercos, tres fosos, tres puentes levadizos: os encontrareis 
en el gran patio cuadrado en que están las cisternas, i a la 
derecha i a la izquierda las caballerizas, los gallineros, los 
palomares, las cocheras. Las bodegas, los subterráneos, 
las cárceles están debajo: encima están las habitaciones, i 
mas arriba los almacenes, las despensas, los arsenales. To- 
das las construcciones están bordeadas en su parte supe- 



182 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



rior de troneras i, de parapetos, de caminos de ronda 2, de 
garitas. En medio del patio está el torreón que encierra 
los archivos i el tesoro. Está profundamente foseado en 
todo su alrededor; i no í^e entra sino por un puente casi 
siempre levantado; aunque las murallas tengan, como las 
del castillo, mas de seis pies de espesor, está revestido has- 
ta la mitad de su altura con una camisa o segunda mura- 
lla de grandes piedras canteadas. 

"Este castillo acaba de ser reconstruido. Tiene algo de 
lijero, de fresco, de risueño que no tenian los castillos pe- 
sados i macizos de los tiempos pasados. Ha sido construido 
conforme al gusto moderno ^, con grandes piezas de bóve- 
da, ventiladas por ventanas ojivales, con vidrieras de cris- 
tales pintados; grandes salas, cuyo piso es hecho con cua- 
drados de diversos colores; grandes muebles de toda especie; 
grandes veladores con bajos relieves que representan el 
infierno i el purgatorio; grandes armarios tallados en forma 
de ventanas de iglesia; grandes baúles enchapados de fierro; 
grandes cofres colorados; grandes espejos de vidrio de mas 
de un pié; grandes espejos de metal de la misma dimensión; 
grandes sillones de brazos, tapizados i adornados con ala- 
mares; grandes bancas de espaldar calado; grandes bancas 
de veinte pies de largo, con gualdrapas que cuelgan o con 
cojines de telas bordadas i marcadas con escudos de armas. 
Diré, sin embargo, que las camas no parecen proporciona- 
das al estado de los señores: no tienen mas que diez u once 
pies de ancho: yo he visto mas grandes en casas menos 
importantes. Pero nada es mas suntuoso que la decoración 
de los aposentos: hai salas de ceremonia, cámaras de os- 
tentación que toman su nojnibre particular de los colores o 



1 El texto emplea la palabra j^acAecou/ys, término de arquitec- 
tura con que se designan las aberturas practicadas en la parte 
inferior de las galerías salientes en lo mas alto de una torre o de 
una fortificación, de manera que, estando defendido por las mu- 
rallas de la construcción saliente, un hombre podia arrojar piedras, 
dardos, aceite hirviendo i plomo derretido sobre la cabeza de los 
asaltantes que atacaban el pié de la muralla. 

2 Camino practicado en la parte superior de la fortificación de 
una plaza para servir de pasaje a los soldados que hacen la guar- 
dia. Los caminos de rondas existen ahora en muchas cárceles, en- 
tre los edificios que sirven de prisión i el muro esterior. 

3 Se supone que esta descripción ha sido escrita en el siglo XIV, 
de manera que cuando se habla del gusto moderno, se refiere al 
gusto de ese siglo. 



DESCRIPCIONES 1S3 



de las representaciones de sus valiosas tapicerías. Hai al- 
gunas en que los pilares que sostienen las vigas están in- 
crustados de filetes i de flores de estaño. Hai otras en que 
algunos personajes de tamaño natural, pintados en las 
paredes, llevan en sus manos o en sus bocas rollos en que 
están escritas hermosas sentencias, que se leen con placer 
en provecho de la moral. 

'*En cuanto a la manera de vivir en estos castillos, solo 
tengo que observar que no se come sino a medio dia, i que 
no se cena sino después de puesto el sol, lo que me parece 
un poco tarde. El dia se pasa mui agradablemente. Por la 
mañana veis que el patio se llena de escuderos, de piqueros, 
de pajes, que hacen ejecutar mil vueltas diferentes a sus 
caballos. En ocasiones, los donceles i, algunos de los cua- 
les son prodijios de fuerza, pequeños Sansones, asaltan o 
defienden durante muchas horas una pequeña estension de 
terreno, con sus largas picas armadas de fierro, en medio 
de los aplausos de todos los espectadores, 

"Después de comer vienen la barra 2, los palitroques, el 
tejo i muchos otros juegos. Tenemos ademas los papaga- 
vos i los monos. Tenemos también a la vieja loca del finado 
señor de Montbason; i el niño loco del señor actual, tan 
ájil, tan travieso, que los dias de mal tiempo recorre todas 
las salas i viene a ser el alma de la casa '^. 

"El capellán está encargado de los placeres de la tertulia 
nocturna. Ha visto el mundo: n;irra agradablemente; pero 
como nunca ha sido peregrino i no ha vivido ni en los 
conventos ni en los monasterios, no puede sin peligro de 
repetirse, referir mas de dos o tres cuentos por noche. Fe- 
lizmente, tenemos un antiguo comendador de Rodas, que 
ha visitado la Tierra Santa, i viajado en las tres partes del 
mundo. Es un hermano del señor Montbason. Cuenta bien 
i con buena voluntad. Frecuentemente también nos llegan 
juglares, maromeros; se oyen ademas con frecuencia con- 
ciertos de trompas, trompetas, flautas, zamponas, harpas, 
laudes, timbales, campanillas: hoi ha pasado un músico 

1 Llamábanse así los hijos de los nobles que, por ser jóvenes, 
no habían sido armados caballeros. 

2 Con el nombre de barre se conocían en Francia, durante la 
edad medía, dos ejercicios diferentes. Uno de ellos era un combate 
con espada detras de una barrera; otro era un juego mui semejí n- 
te a la barra que se juega en nuestros colejíos. 

•^ Se sabe que los señores feudales tenían entre sus sirvientes 
uno o varios locos para divertirse con sus estravagancías. 



184 MANUAL DE COIJPOSICION LITERARIA 

que tocaba una gaita i que no ha podido templarla: al fin 
se reconoció que las cuerdas eran la mitad de tripas de lobo 
i la otra mitad de tripas de carrero. Sin embargo, se le 
pao:ó tan jcnerosamente como a los otros, 

"La vida de estoscastillos seria mui feliz, si no estuviese 
mezclada de ansiedades i de alarmas. Al^junas veces, en el 
momento que menos se espera, durante la comida, en me- 
dio del sueño, el centinela toca la campana. Inmediata- 
mente todo el mundo se pone en movimiento: se levantan 
los puentes, caen los rastrillos, las puertas se cierran, todos 
dejan precipitadamente la mesa, la cama, corren a las 
almenas, a las troneras, a las barbacanas. En estos últi- 
mos dias fui testigo de una de esas alarmas, i durante dos 
dias solo yo i el capellán tuvimos permiso para dormir: la 
jente estaba sin cesar en acecho; pero no pasó de allí. Era 
un vidamo i de los alrededores que habia creído que el señor 
de Montbason hacia levas i preparativos contra éi, i que 
sin enviar aviso previo, salió a campaña con trescientos 
hombres: hubo conferencias, esplicaciones, i todo se arregló. 
Con este motivo, la madre del señor Montbason, nos decia 
que ahora las guerras no son tan frecuentes como antes. 
Se acuerda que la semana de su casamiento hubo un ata- 
que tan largo i vigoroso contra este castillo, que nadie 
pudo dormir durante ocho dias." 

Alfxis Monteil, 2 

Historia de los franceses de los diversos estados, siglo XCV, cap 19. 



1 Llamábase vidamo, bajo el réjim^ feudal, el que poseía al- 
gunas tierras procedentes de un obispo, a condición de defenderlas 
a mano armada en caso necesario. Gozaba en esa tierra de los 
mismos fueros que los señores feudales. 

2 Alejo MoNTEH. es un escritor francés contemporáneo(1769- 
1850), que A fuerza de erudición llegó a penetrar i describir las 
costumbres e instituciones de los tiempos pasados como si hubiese 
vivido en ellos. Su obra mas notable es una Historia de los fran- 
ceses de los diversos estados durante los últimos cinco siglos. 
Condenando la manera de escribir la historia por medio de la 
vida de los príncipes i de los guerreros, lo que él llama irónicamen- 
te la historia-batalla, se propuso escribir la historia del pueblo 
francés, es decir, de todas las clases, de todas las condiciones, des- 
d;' las mas altas hasta las mas bajas, de todas las profesiones, re- 
lijiosas, civiles e industriales. Divide la historia por siglos, i cada 
siglo en capítulos, cada uno de los cuales está destinado a un ti- 
po, como el caballero, el clérigo, el escudero, el leproso, etc. Su 



DESCRIPCIONES 185 



n 

E 1 ai r e 

"Después de haber considerado las aguas, vamos a exa- 
minar otras masas menos grandes. ¿Veis lo que se llama el 
aire? Es un cuerpo tan puro, tan sutil i tan trasparente 
que los rayos de los astros, situados a una distancia casi 
infinita de nosotros, lo traspasan completamente, i sin tra- 
bajo, i en un solo instante, para venir a alumbrarnos. Un 
poco menos de sutileza en este cuerpo nos habria privado 
de la luz o a lo mas nos habria dejado una luz sombría i 
confusa como cuando el aire está lleno de neblina espesa. 
Nosotros vivimos sumidos en los abismos de aire, como los 
peces en los abismos de agua. Del mismo modo que el agua 
si se sutilizara, llegaria a ser una especie de aire que haria 
morir a los peces, el aire, por su parte, nos quitaria la res- 
piración si se hiciese mas espeso i naas húmedo: entonces 
nos ahogaríamos en las olas de ese aire condensado, como 
un animal terrestre se ahoga en el mar. 

"¿Quién es el que ha purificado con tanta precisión el 
aire que respiramos? Si fuese mas espeso nos sofocaria; del 
mismo modo que si fuese mas sutil, no tendría esa suavi- 
dad que hace de él un alimento continuo para el hombre: 
esperimentaríamos en todas partes lo que se esperimenta 
en las alturas de las montañas, donde la sutileza del aire 
no suministra bastante humedad i bastante alimento para 
los pulmones. Pero ¿qué po Jer invisible excita i calma tan 
repentinamente las tempestades de este gran cuerpo fluido? 
Las del mar no son mas que las consecuencias. ¿De qué 
tesoro se sacan los vientos que purifican el aire, que refres- 
can la estación ardiente, que temperan el rigor de los in- 
viernos i que cambian en un instante la faz del cielo? Sobre 
las alas de estos vientos vuelan las nubes de un estremo a 



obra no tiene, pues, unidad; forma solo una galería de cuadros 
trabajados después de mucho estudio i trazados con un talento 
raro. Mas que una historia, es un arsenal de noticias prolijamente 
investigadas de que se aprovechan los historiadores. 

La doble descripción de Monteil que dejamos copiada, pertenece 
al segundo i tercer jénero, de que hemos hablado al principio de 
esta sección. 



186 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



otro del horizonte. Se sabe que ciertos vientos reinan en 
ciertos mares en estaciones precisas: duran un tiempo fijo 
i les suceden otros como si fueran hechos espresamente pa- 
ra hacer las navegaciones mas cómodas i regulares. Con 
tal que los hombres sean tan pacientes i tan puntuales co- 
mo los vientos, harán sin trabajo las mas largas navega- 
ciones." 

Fenelon ^ 

Ti atarlo de la exhtencia de Dios, parte I 



III 

La tierra 

"¿Quién ha suspendido en los aires este globo de la tie- 
rra? ¿Quien ha echado sus cimientos? Al parecer nada mas 
vil que ella: los mas infelices la pisotean; pero en realidad 
se emplean los mas grandes tesoros para adquirirla. Si fue- 
se mas dura, el hombre no podria abrir su seno para culti- 
varla; si fuese menos dura, el hombre no podria sostenerse 
sobre ella; se sumiria en todas partes; como se sume en la 
arena o en el barro. Del seno inagotable de la tierra sale 
todo lo que hai de mas precioso. 

"Esta masa informe, vil i grosera, toma las formas mas 
diversas, i ella sola da alternativamente todos los bienes 
que pedimos. Este barro tan sucio se transforma en mil 
hermosos objetos que encantan nuestra vista. En un solo 
año, ella se convierte en ramas, botones, hojas, flores, fru- 
tos i semillas para renovar sus liberalidades en favor de los 
hombres: nada la agota: mientras mas desgirran sus en- 
trañas, mas liberal es ella. Después de tantos siglos en que 
todo ha salido de ella, aun no está agotada. No se resiente 
de vejez: sus entrañas encierran todavía los mismos teso- 
ros. Mil jeneraciones han ido a sepultarse en su seno. Todo 
envejece, escepto ella, que se rejuvenece cada año en la pri- 
mavera. 

*'No falta nunca a los hombres; pero los hombres insen- 
satos se faltan a sí mismos, cuando descuidan el cultivarla. 



1 Véanse sobre Fenelon las Noc. de hist. Ii't., parte III, capítulo 
IV, § 19. 



DESCRIPCIONES 187 



Por su pereza i por sus desórdenes, dejan crecer los zarzar- 
les i las espinas, en lugar de los viñedos i de las mieses. Se 
disputan un bien que dejan perderse. Los conquistadores 
dejan intacta la tierra por cuya posesión ha hecho perecer 
millares de hombres i han pasado su vida en una terrible 
ajitacion. Los hombres tienen delante de sí tierras inmen- 
sas que están vacias e incultas i trasforman al jénero hu- 
mano por un rincón de esatierra tan descuidada. La tierra» 
si estuviese bien cultivada, alimentaria cien veces mas hom- 
bres de los que alimenta ahora. La misma desigualdad del 
terreno, que a primera vista parece?un defecto, se convierte 
en adorno i utilidad. Las montañas se han elevado i los 
valles se han abajado en la forma que el Señor quiso seña- 
larles. 

**Estas diversas tierras, según los diversos aspectos del 
suelo tienen sus ventajas. En esos valles profundos, se vé 
crecer la fresca yerba que alimenta los ganados. Cerca de 
ellas se abren vastas campiñas revestidas de ricas mie- 
ses. Aquí se elevan colinas como en anfiteatro, i están 
coronadas de viñedos i de árboles frutales. Allí, altas mon- 
tañas elevan su frente nevada hasta las nubes; i los torren- 
tes que de ellas se desprenden son el oríjen de los rios. Las 
rocas que muestran sus cimas escarpadas sostienen la tie- 
rra de las montañas, como los huesos del cuerpo humano 
sostienen las carnes. Esta variedad forma el encanto de 
los paisajes, i al mismo tiempo satisface las diversas necesi- 
dades del hombre. No hai un rincón de la tierra por ingra- 
to que sea, que no tenga uso alguno." 

Fenelon. 1 
Tratado de la existencia de Dios, part. I. 



1 Véanse las ^^bc. de iiist. //?., par. III, cap. IV, §19. 

En este fragmento, como en el que le precede i el que lo sigue, 
Fenelon ha ostentado todo su talento descriptivo. Analiza la tie- 
rra, como ha analizado el aire, señalando todas sus propiedades i 
todos los beneficios que dispensa al hombre. Es difícil decir mas 
cosas en tan pequeño espacio. Cada uno de los objetos de la na- 
turaleza terreste está espresado por un rasgo que basta para mos- 
trar su destino, i es al mismo tiempo una pintura viva, como es 
fácil conocerlo, considerando con cuidado cada una de sus partes 
desligadamente. 



1S8 



MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



IV 



Las plantas 

'^\dmirad las plantas que nacen de la tierra: ellas sumi- 
nistran alimento a los sanos i remedio a los enfermos. Sus 
esj3ecies i sus virtudes son innumerables: adornan la tierra, 
dan verdura, flores fragantes i frutas deliciosas. ¿Veis esas 
vastas selvas que parecen tan antiguas como el mundo? 
Esos árboles se sumen en la tierra por sus raices, así como 
con sus ramas se elevan a los cielos. Sus raices los defien- 
den contra el viento, i van a buscar como por pequeños 
tubos subterráneos, todos los jugos destinados al alimen- 
to de sus tallos. El mismo tallo se reviste con una corteza, 
dura, que pone la madurez tierna al abrigo de los ataques 
del aire. Las ramas distribuyen en diversos canales la sa- 
via que las raices habian reunido en el tronco. En verano, 
esas ramas nos protejen con su sombra contra los ra}- os 
del sol; en invierno, alimentan la llama que conserva en 
nosotros el calor natural. Su madera no solo es útil para 
el fuego, es una materia firme i duradera, a la cual la ma- 
no del hombre dá sin mucho trabajo todas las formas que 
quiere para las grandes obras de la arquitectura i de la na- 
vegación. Ademas, los árboles frutales, inclinando sus ra- 
mas hacia la tierra, parecen ofrecer sus frutos al hombre. 
Los árboles i las plantas, dejando caer sus frutos o sus se- 
millas, preparan a su alrededor una numerosa posteridad. 
La mas débil planta, la menor legumbre, contiene en el 
pequeño vohlmen de un grano, el jérmen de todo lo que se 
desplega en las plantas mas altas i en los árboles mas 
grandes. La tierra, que no cambia, hace estos cambios en 
su seno." 

Fenelon, 1 
Tratado de la existencia de Dios, part. I 



1 Véanse las Noc. de hist. lit., part. III, cap. IV, § 19.— Todo el 
mecanismo que constituye la vida de las plantas, está descrito 
aquí con una gran facilidad de espresion. No se ha omitido nin- 
guna circunstancia importante. Cada rasgo descriptivo contiene 
una nueva idea i completa el conocimiento del objeto. 



DESCRIPCIONES 189 



V 

La lección de jeografía 

*'La Sicilia es una isla del Mediterráneo C(ue forma parte 
del reino de Ñapóles ^ Se ha representado a la Italia como 
una bota que da un puntapié a la Sicilia. Poned la pierna 
derecha sobre la rodilla izquierda, i suponed que el hueso de 
la pierna está limitado por el Meditereáneo, la planta del 
pié i toda la parte de atrás por el golfo de Venecia. Toda 
la parte que se estiende desde el dedo grande hasta el naci- 
miento de la pantorrilla pertenece al reino de Ñapóles; i la 
ciudad de Ñapóles está al lado del mar, como en la mitad 
de la parte baja de la pierna. En seguida, el papa toma, 
sobre el hueso de la pierna, una tajada que se estiende has- 
ta poco mas abajo de la rodilla: la ciudad de Roma está 
en esta tajada. El Piamonte, que pertenece al rei de Cerde- 
ña, comienza en la estremidad septentrional, i se estiende 
hacia el norte partiendo del Mediterráneo. Está limitado 
al norte por la Francia i por la Suiza, i del otro lado por 
las posesiones austríacas que descienden por detras sobre 
la corva i la pantorrilla, i sirven de límite a los estados ro- 
manos. Como la bota está dispuesta de tal manera que la 
parte alta es dirijida hacia el noroeste, toda la rejion si- 
tuada encima de los estarlos del papa se llama el norte de 
Italia: se sabe que toda esta comarca ha formado parte 
del imperio de Napoleón." 

WlLLIAM COBTETT. 2 



1 Esta descripción fué hecha antes de los cambios políticos que 
desde 1859 han modificado completamente la jeografía de Italia. 

2 Célebre escritor ingles (1762-1835), que salido de una condi- 
ción humilde i formado por su propio trabajo, llegó a adquirir 
una gran reputación como publicista radical i como populariza- 
dor de conocimientos útiles. 



190 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



VI 

Las selvas en el Brasil 

"Tratando de trazar aquí un cuadro del interior de una 
selva vírjen de los trópicos, no debemos dejar de llamar la 
atención sobre las relaciones que existen entre los indivi- 
duos aislados desde el punto de vista del instinto de con- 
servación. Con una vida tan exuberante, una tendencia 
tan enérjica al desarrollo, el mismo suelo de los trópicos a 
pesar de su lujosa fecundidad, no puede suministrar en can- 
tidad suficiente la sustancia nutritiva; así, el instinto de 
conservación determina entre estos vejetales jigantescos, 
una lucha incesante; i el desmonte natural se opera en pro- 
porciones aun mas considerables que en las selvas de la 
zona templada. Los árboles llegados ya n un alto creci- 
miento, i que tienen necesidad de una grande abundancia 
de sucos nutritivos, se resienten de la influencia de sus ve- 
cinos aun mas poderosos, se detienen repentinamente en su 
desarrollo por falta de alimento, i en poco tiempo vienen 
a ser presa de las fuerzas jenerales de la naturaleza, que los 
entrega a una rápida destrucción. Después de algunos me- 
ses de atrofia, se ven los árboles mas magníficos carcomidos 
por las hormigas i otros insectos, invadidos por la pudri- 
cion desde las raices hasta la cima, hasta que al fin se de- 
rrumban con estrépito, causando un gran terror a los soli- 
tarios habitantes de las selvas. Jeneralmente, los cultiva- 
dores han hecho la observación de que los árboles aislados 
en medio de muchos otros de una clase diferente, son opri- 
midos mas fácilmente por estos últimos. Un cultivo regu- 
lar en que no se ha pensado en estas selvas tan despobla- 
das, debe pues tener por objeto no amontonar las plantas 
en un estrecho espacio, sino por el contrario mantenerlas a 
una distancia convenietUe. 

'*En estas selvas primitivas, el mundo animal no es me- 
nos notable que el mundo vcjetal. Trasportado por prime- 
ra vez a estas rejiones, el naturalista no sabe qué admirar 
mas en los animales, si las formas, loscolores o los sonidos. 
Escepto el medio dia en que todos los seres vivos de la zona 
tórrida buscan el descanso i la sombra i en que una calma 
solemne reina en esa naturaleza tropical inundada por el 
sol, cada hora del dia llama un mundo nuevo de creaturas. 
La mañana se anuncia por elmujido de los monos chillones^ 



DESCRIPCIONES 19 L 



el canto agudo i grave de las ranas i de los sapos, i el grito 
monótono de las cigarras i de las langostas. Apenas el sol 
al levantarse en el horizonte, ha disipado los vapores que 
lo preceden, cuando todas las criaturas saludan con ale- 
gría el nuevo dia: las avispas dejan sus nidos de un pié de 
largo, suspendidos en las ramas, las hormigas salen de sus 
habitaciones de tierra arcillosa artísticamente construidas 
con que cubren el tronco délos árboles, i comienzan sus 
peregrinaciones en los senderos que han trazado: lo mismo 
sucede con las hormigas blancas que agujerean el suelo en 
todos sentidos. Las mariposas míis pintadas rivalizan por 
su brillo con el arco iris, i sobre todo numerosas espéridas 
vuelan de flor en flor buscando su alimento, o bien reuni- 
das en tropa se asolean en las márjenes arenosas de los 
frescos arroyos. El menelao con reflejos de azul, el néstor, 
el adonis, el laértes,la idea, de un blanco azulejo, el euríloco 
con sus alas sembradas de ojos, toman su vuelo como las 
cives al través de los húmedos valles i de los verdes zarza- 
les. La feronia de vueloestrepitoso, se lanza como un dardo 
de árbol en árbol, mientras que inmóvil i pegada al tronco, 
la lechuza, la mas grande de las mariposas nocturnas, es- 
pera la venida de la noche. Millones de escarabajos, bri- 
llando con los mas vivos resplandores, revoletean en el aire, 
hormiguean como piedras preciosas sobre la fresca verdura 
de las hojas o soí)re la corola embalsamada de las flores. 
Por todos lados se ven arrastrarse los lagartos, noLables 
}0or sus formas, su tamaño o la riqueza de sus matices. 
Ávidas de sol, las serpientes venenosas o inofensivas, de 
]3álidos colores las unas, sobrepujando otras el esmalte de 
las flores, salen del follaje, de las cavidades de los troncos 
o del suelo, se entrelazan a las ramas i espian a los insectos 
o a las aves. Desde este momento, todo está lleno de una 
vida activa: las ardillas, los monos, saliendo del interior de 
la selva, se dirijen hacia las plantaciones con aire de curio- 
sidad, i saltan de árbol en árbol silbando i chillando. El 
jaco, semejante a las gallinas, los hocos i las palomas, des- 
cienden de las ramas i vagan aquí i allá por el suelo húme- 
do de la selva. Otras aves de formas estranas, de espléndi- 
do plumaje, revoletean solitarias o por bandadas al través 
de embalsamados matorrales. Los papagayos verdes, azu- 
les o rojos, agrupados en la cima de los árboles o volando 
hacia las plantaciones i las islas, llenan los aires con parle- 
ro bullicio. El tucano saca de su gran pico huecos sonidos 
semejantes al ruido de un molinete, i sus lamentos llaman 



192 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



la lluvia. Las activas pirólas se deslizan fuera de sus gran- 
des nidos que cuelgan en forma de bolsas, para visitar las 
naranjas maduras; i las que sirven de centinela, anuncian 
con sus gritos ásperos i penetrantes la aproximación del 
hombre. Las solitarias mu^herolas, al acecho de los insec- 
tos, se lanzan de los árboles o de los arbustos, i en su rápi- 
do vuelo cojen el menelao que se mece en los aires o al bri- 
llante escarabajo que zumba. Sin embargo, oculto en la 
enramada, el enamorado tordo exhala su contento en dul- 
ces melodías; los bulliciosos gorriones se entregan a sus 
pasatiempos en la espesura; i para engañar alx:azador, re- 
piten ora de un lado, ora del otro, su canto semejante al 
del ruiseñor, mientras a lo lejos resuenan los golpes que con 
su pico da el carpintero en la corteza de los árboles. Domi- 
nando todos estos ruidos diversos, el uraponga colocado 
en las mas altas cimas, hace oir sonidos metálicos seme- 
jantes al choque del martillo sobre el yunque, i que, pare- 
ciendo alejarse o acercarse, según la posición del ave dejan 
al viajero en la sorpresa. Mientras todo lo que vive celebra 
con sus cantos la belleza del dia, los lindos colibríes, que ri- 
valizan en brillo i en magnificencia con los diamantes, las 
esmeraldas i los sáfiros voltejean por enjambres al rededor 
de las mas bellas flores. Al ponerse el sol, la mayor parte 
de los animales vuelven al reposo. Solo el ájil gamuza, el 
feroz tesajú, el tímido agutí i el tapir con su hocico en for- 
ma de trompa, continúan paciendo aquí i allá, mientras 
que el didelfo, el filandro i las diversas especies de gatos 
monteses, se deslizan mañosamente en la oscuridad de la 
selva para espiar su presa. En fin, el mujido del gato chi- 
llón, el grito del perezoso, que parece pedir socorro, el bulli- 
cio de las ranas i el acento acre i triste de las cigarras, vie- 
nen a cerrar el dia, i el grito del macuco, del capusira, del 
sapo volador, i el barítono de la rana jigante anuncian la 
entrada de la noche. Millones de escarabajos fosforocentes 
aparecen como torbellinos por todas ])artes, como fuegos 
fatuos; i semejantes a los fantasmas, los murciélagos vam- 
piros revolotean en las espesas tinieblas de la noche de los 
trópicos." 

Carlos Federico Martils, i 

Viaje al Brasil. 

1 Martius era un célebre naturalista i viajero alemán, natural 
de Baviera, que después de una larga vida (1794-1868) empleada 
en el estudio i en el trabajo, ha dejado un nombre ilustre en la bis- 



DESCRIPCIONES 195 



Vil 
Los cinco sentidos del hombre 

"El cuerpo del hombre está evidentemente destinado no 
a marchar en cuatro patas, como los animales, sino a man- 
tenerse de pié sobre el suelo en una actitud recta i majes- 
tuosa. De esta manera la vista de los objetos situados de- 
lante de él i en la bóveda celeste, le es sumamente fácil. Los 
sentidos tienen por objeto hacerle conocer todo lo que le 
rodea; por medio de ellos, deben entrar en íntima relación 
con el resto del universo. Para ello los órganos de los sen- 
tidos han sido colocados en la cabeza como en la posición 
mas conveniente, i han sido maravillosamente adaptados 
a las funciones que deben desempeñar. 

"Como guardianes, los ojos deben ocupar la parte mas 
elevada, a fin de poder, conforme a su destino, dominar 
cuanto es posible todos los objetos, til ojo entero es movi- 
ble, a fin de poder dirijir libremente las miradas de un lado 
a otro. Resguardos del ojo, los párpados, son mui suaves, 
a fin de que no lastimen ese órgano: están también dispues- 
tos de la manera mas cómoda para cubrir la pupila; i la 
providencia ha querido que esto pudiese tener lugar un nú- 
mero incalculable de veces i con la mayor rapidez. Los pár- 
])ados están defendidos por las pestañas como por una pa- 
lizada. Ellas rechazan lo que el aire en movimiento podria 
arrojar al ojo abierto; i cerrándose herméticamente, pro- 
teje durante el sueño el ojo envuelto por el párpado. FA ojo, 

toria de las ciencias. Formando parte de una comisión científica 
enviada por el Austria con motivo del viaje de la princesa Leopol 
dina que venia al Brasil a desposarse con Pedro 1, Martius recorrió 
ese inmenso e interesante país durante tres años, de 1817 a 1820, 
estudiando su naturaleza i recojiendo plantas i animales. El re- 
sultado de estos estudios fué una serie de obras científicas sobre 
el Brasil, emprendidas en asociación con Spix, otro sabio distin- 
guido que habia sido su compañero de viaje. Soix murió antes de 
ver terminados sus trabajos, i Martius siguió en ellos con un ar- 
dor que le permitió darles cima. Sus prinx:ipales obras, algunas de 
las cuales son monumentales por su estension i por la ciencia, se 
refieren a la botánica i a la etnografía del Brasil. Sus descripciones 
de las plantas, cuando quiere salir de las áridas clasificítciones téc- 
nicas, abundan en colorido i elegancia. 

TOMO V 13 



194 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



ademas, está encerrado en una cavidad i su seguridad está 
garantida por las partes salientes que lo rodean. Bastante 
prominente, el hueso frontal está también cubierto por las 
cejas, que desvian hacia los lados el sudor que se desprende 
de la cabeza i de la frente, los huesos situados abajo del ojo 
forman una lijera prominencia que proteje el ojo por esa 
parte. La posición de la nariz es tal, que semejante a una 
muralla coloc.'ida entre los dos ojos, sirve a su vez para pro- 
tejerlo«. 

"(lomo las orejas están destinadas a percibir el sonido 
que tiende a elevarse por el movimiento natural del aire, se 
les ha asignado con mucha sabiduría un lugar elevado. La 
entrada de este órgano está siempre abierta, porque tene- 
mos necesidad de este sentido aun durante el sueño, puesto 
que por medio de él se nos despierta. El conducto esterno 
es tortuoso, a fin de que nada pueda entrar directamente. 
Ademas, la naturaleza ha tapizado este conducto con una 
sustancia grasosa, semejante a la liga, en que del)en que- 
darse pegados los insectos mas pequeños que caigan en la 
oreja. El borde esterno que llamamos propiamente oreja, 
hace una salida hacia afuera a fin de protejer el órgano i de 
evitar que el sonido se deslice al pasar i no penetre en el 
oido. El conducto auditivo es huesoso i mui contorneado, 
porque estas dos cualidades refuerzan el sonido. 

*'La nariz está situada en la cabeza, porque todos los 
olores se dirijen hacia lo alto; i como al mismo tiempo es 
el juez de los ahmentos i de las bebidas, se le ha colocado 
con un propósito mui sabio en las inmediaciones de la boca. 
Es verdad que la nariz debia estar perfectamente abierta, 
])orque tiene que desempeñar su oficio a cada instante; pero 
a fin de que nada dañoso pudiera llegar hasta adentro; era 
necesario que el conducto fuese estrechándose. En fin, para 
que el polvo i los otros objetos pudiesen ser espulsados, de- 
bía hallarse en un estado permanente de humedad. 

El gusto, cuyo oficio es distinguir el alimento que toma- 
mos, tiene su asiento en el conducto de la comida i de la 
bebida. Este órgano está perfectamente resguardado. La 
boca lo encierra: primero, para hacer mui cómodo su uso, i 
segundo, a fin de evitar que se embote. 

"El tacto está igualmente repartido en toda la superficie 
del cuerpo, a fin de que podamos ser advertidos de la im- 
presión de los objetos esteriores i de los ataques del frió i 
del calor. 

*'Para producir los sonidos diversos que constituyen el 



DEJSClllPCIONES 19í 



lenguaje, i por medio de los cuales el alma humana espresa 
sus pensamientos; la naturaleza ha empleado instrumentos 
de un arte increible. La traquiarteria trae a la boca el aire 
que se convierte en sonido o voz humana; la lengua suaviza 
el sonido, lo fortifica o lo modera a su antojo; los dientes 
i las otras partes de la boca concurren también a este resub 
tado. 

"Si era necesario que los brazos i las manos pudiesen mo- 
verse libremente en todos vSentidos i desempeñar funciones 
diversas respecto de todas las partes del organismo, el lu- 
gar que ocupan er¿i el único que debian tener. ¡Cuánta flexi- 
bilidad no dan las diversas articulaciones que en la mano 
son mas i mas delicadas i prolijas! Por medio de ellas sola- 
mente podia el hombre llegar a la habilidad en la pmtura, 
la escultura i la música. Solamente con el ausilio de los bra- 
zos ha podido cultivar los campos, construir las casas, pro- 
curarse vestuarios i mejores utensilios, entregarse a la na- 
vegación; domar los animales mas vigorosos que él i utili- 
zar a su antojo i de la manera mas vaiiada, la naturaleza 
i los elementos." 

"Así como por medio de los órganos que le han sido da- 
dos, por medio de su constitución sólida, pero al mismo 
tiempo mui flexible i aparente para todos los movimientos, 
el hombre ha sido puesto en estado de ejecutar lo que, con- 
forme a su naturaleza, el alma quiere i manda para la con- 
servación, la protección i el placer del hombre." 



J. J. SüLZER, 1 

Consideraciones mora' es sobre las obras de ¿a nalnraleza^ 



VIII 
El Tajo 



"Al oir el nombre de este rio tan celebrado por los poetas 
la imajinacion excitada involuntariamente, se forja los 
mas risueños cuadros: se figuran orillas encantadoras, for- 

1 Juan Jorje Sui-ZER es un sabio i escritor suizo que vivió en el 
siglo XVIII (1720-1779). Cura de campo i preceptor en su juven- 
tud, pasó después a Berlin, entró a la academia de ciencias de esta 
ciudad i obtuvo una cátedra de filosofía, llegando a ser uno de 



196 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

mada por anchas praderas esmaltadas por las flores mas 
fragantes: vaga exaltada deliciosamente bajo la sombra 
aromática de árboles espesos, cuyas ramas enlazadas a las 
del laurel de Apolo, se encorvan bajo el peso de sus frutos 
de oro. El soplo de los templados vientos mas suave que 
el mismo céfiro, acaricia allí un follaje eterno, i la móvil 
superficie una onda cristalina que, deslizándose con pesar 
por un lecho brillante de piedras preciosas, arrastra en sus 
sinuosidades insensibles los granos de oro puro que forman 
su arena. Al suave murmullo de este nuevo Pactólo, se 
mezcla el armonioso concierto que forman, saludando a la 
aurora, mil aves brillantes adornadas con el mas rico plu- 
maje. Graciosas pastoras, pastores felices conducen en es- 
tos lugares rebaños deslumbradores, de quienes no se exije 
mas que la leche superfina o el vellón que les sobra i en 
pago de los cuidados que se les dispensan, i los cuales no 
tienen que temer ni el cuchillo del carnicero, ni el diente 
cruel delcis lobos hambrientos. Los animales feroces son 
desconocidos en estos apacibles lugares: jamas su proximi- 
dad llamó al combate al perro fiel, el cual si alguna vez 
vela guardando a las ovejas i a los corderos, es sólo para 
dar a su señor el tiempo de cantar sus constantes amores. 

los grandes metafísicos de la Alemania. Hizo prolijos estudios 
sobre las ciencias naturales, i escribió diversas obras. Una de ellas 
lleva por título Ensayos de fínica aplicados a la moral o conside- 
raciones morales sobre las obras de la naturaleza, colección de 
estudios diversos, semejante al que trascribimos en el testo. Sulzer 
es ademas autor de una obra de estética mui aplaudida, que tiene 
por título Teoría universal d¿ las bellas artes, en que revela un 
profundo conocimiento de las ciencias i de las artes, i los princi- 
pios mas sólidos en materia de gusto. 

En el capítulo 4° del libro I délas /Memorias sobre Sócrates, Jeno- 
fonte pone en boca de Sócrates un discurso destinado a probar la 
existencia de Dios por medio de la armonía que reina en toda la 
naturaleza. Ahí se encuentran algunas líneas referentes a los sen- 
tidos de nuestro cuerpo, que contiene ideas mui semejantes a las 
del fragmento trascritv^ en el testo: '*¿No es una maravilla de la 
Providencia, dice, que nuestros ojos, órgano débil, estén provistos 
de párpados que, como dos puertas, se abran en caso necesario 
i se cierren durante el sueño; que estos párpados tengan pestañas 
que, semejantes a las empalizadas, las defiendan contra el furor 
de los vientos; que las cejas se avancen en forma de techo sobre 
los o)OS, para impedir que el sudor los incomode cuando cae de 
la frente; que el oido reciba todos los sonidos sin llenarse ja- 
mas, etc?" 



DESCRIPCIONES 197 



La miel, purísima naturalmente, mana del tronco de las 
encinas: el vino mas jeneroso, un aceite perfumado, no ne- 
cesitan que el hombre venga a estraerlos de las frutas que 
los prodigan. Ningún clima en el universo recuerda mejor 
los campos Eliseos, donde la antigüedad colocaba la mora- 
da de paz prometida a las almas de los justos. 

"La realidad, sin embargo, está mui lejos de la pompo- 
sa reputación que, desde el campo de los romanos, se han 
complacido los poetas en dar al mas triste de los rios. 

"Orillas áridas, ásperamente cortadas a pico, un lecho 
jeneralmente torrentoso, embarazado i estrecho, aguas 
amarillentas casi continuamente cenagosas, he ahí lo que 
caracteriza verdaderamente este rio Tajo. Kecorre ordina- 
riamente campos desprovistos de vejetacion, secos, aban- 
donados, donde el ardor del sol devora una vejetacion 
dura, corta, leñosa, cuando el soplo de las tempestades no 
eleva un polvo rí^jizo cpic penetra la ropa i va a dar su tin 
te siniestro al rostro del campesino, así como a los tristes 
bosquecillos de encinas pequeñas escapadas a la destruc- 
ción entre las rocas desnudas. Solo el buitre, entre las aves 
carnívoras que habitan este austero valle, domina allí los 
aires, amenazando los pequeños rebaños de desaseados 
carneros merinos, guiados por pastores mas desaseados 
todavía, cf)mpañeros desgrc\ci.tdos i groser<>s de los ani- 
males que defienden no sólo control los lobos sino contra 
los linces de que están llenos los montes de Gredos i los 
Lusitanos. Ninguna pane de España es mas salvaje ni 
mas pobre c[ue la que se finje ser la mas risueña i la 
mas rica. Los puntos un poco menos desheredados por la 
naturalez£i que se encuentran aquí i allí a lo largo del rio 
que hemos representado tal como es, no bastan ni con 
mucho para merecerle el nombre Tajo dorado i esa cele- 
bridad que se le dio, adoptando como verdades las exaje- 
ríiciones de los poetas." 



BoRY DE Saint Yincent, i 

Guía (¿el viajero en España. 



1 J.B. BoEY DE Saint Yincent, naturalista, jeógrafo e injeniero 
militar francés, después de una vida (1780-1846 j ocupada en es- 
pediciones i trabajos científicos i literarios, ha dejado un nombre 
ilustre en la historia de las ciencias del siglo XIX. Sus obras no 
son notables solo por su gran &aber, sino por su talento descrip 
tivo i por su injenio de escritor. 



198 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



IX 

La catarata del Nlágrara 

Esta imponente catarata es formada por el rio San Lo- 
renzo 1, en su paso del lago Erie al lago Ontario. El San 
Lorenzo es uno de los mayores rios del mundo; i la masa 
de sus aguas se descarga en este lugar por una cascada 
perpendicular de 150 pies de altura. No no es posible pre- 
sentar a la imajinacion algo que corresponda a la grande- 
za de la escena. Un rio estremadamente profundo i rápido, 
i que sirve para llevar al océano las aguas de una gran 
parte de la América del Norte, se arroja allí precipitada 
mente desde una masa de rocas que se levantan como una 
muralla en medio del lecho de su corriente. El rio, un poco 
mas arriba, tiene cerca de tres cuartos de milla de ancho; 
i las rocas en el sitio de la catarata, se levantan mas de 
cuatro varas sobre la superficie de las aguas. En su caida, 
éstas no forman una línea recta, sino que se ahuecan en el 
centro, formando una herradura de caballo, de tal manera 
que la catarata ofrece a la vista una especie de teatro, el mas 
maravilloso i tremendo que pueda presentar la naturaleza. 
Exactamente en el medio de aquellas murallas circulares 
de agua, un islote que ha desafiado el furor de la corriente, 
presenta una de sus estremidades i divide las aguas en dos 
partes; pero vuelven a unirse mucho antes de llegar al pre- 
cipicio. El mujido de la cascada' se oye a muchas leguas de 
distancia; i la furia de las aguas al terminar su caida, es 
inconcebible. El precipicio produce una niebla que se levan- 
ta como verdadera nube, i que forma el mas hermoso arco 
iris cuando brilla el sol". 

Olivero Goldsmith. "^ 



1 El rio San Lorenzo es el que lleva al mar las aguas de los 
grandes lagos de la América del Norte, pero no toma este nombre 
sino a su salida del lago Ontario. Entre este lago i el Erie se 
llama propiamente Niágara. 

- Distinguido escritor ingles, irlandés de nacimiento que vivió en 
el siglo XVIII (1728-1774), i que forma uno de esos contrastes 
casi inesplicables entre el carácter i el sentido común por una par- 
te, i la intelijencia por la otra. Uno de sus amigos le hizo en vida 
un epitafio burlesco que lo caracteriza mut bien, i que traducido al 
castellano, quiere decir: "Aquí yace Olivero: escribía como un án- 
jel i hablaba como un tonto." V. las Noc. de Hist. Lit., part. III, 
cap. IV., § 13. 



DESCRIPCIONES 199 



I 



(El mismo asunto) 

"Poco tardamos en llegar al borde de la catarata, que se 
anunciaba con sus espantosos mujidos: está formada por 
el rio Niágara, que sale del lago Erie i desemboca en el lago 
Ontario, siendo su altura perpendicular de 144 pié^. Como 
desde el lago Erie hasta el salto, corre el Niágara por una 
rápida pendiente, en el momento de la caida mas bien que 
un rio es un mar, cuyos tronadores torrentes se empujan i 
chocan en la entreabierta boca de un abismo. La catarata 
se divide en dos brazos, i se encorva a manera de herradu- 
ra. Entre estos brazos se adelanta una isla, que socavada 
por sus cimientos, parece suspendida con todos sus árboles 
sobre el caos de las ondas. La masa de rio que se precipita 
hacia el mediodía, se redondea a manera de un inmenso ci- 
lindro, i desplegándose luego como una cortina de nieve, 
resplandece al sol con todos los colores, mientras la que se 
despeña hacia el oriente, baja en medio de una sombra es- 
pantosa, a semejanza de una columna del diUivio. Mil ar- 
co iris se encorvan i cruzan sobre el pavoroso abismo. Las 
aguas, al azotar los estremecidos peñascos, saltan en espe- 
sos torbellinos de espuma, que se levantan sobre los bos- 
ques cual los remolinos de humo de un vasto incendio. Los 
pinos, los nogales silvestres i las rocas cortadas a manera 
de fantasmas decoran aquella escena sorprendente: las 
águilas, arrastradas por la corriente de aire, bajan revolo- 
teando al fondo del antro, i los carcajus se suspenden por 
sus flexibles colas de la estremidad de una rama, para cojer 
en el abismo los mutilados cadáveres de los alces i de los 
osos." 

Chateubriand, 1 
AtaJa. 



1 Véanse las Noc. de Hist. IJt., part. III, cap. IV, § 32. Esta fa- 
mosa descripción, tantas veces reproducida i tantas veces admi- 
rada, se presta, sin embargo, a un análisis detenido por medio del 
cual se manifestaría que el exceso de imajinacion, la grande abun- 
dancia de figuras, pueden ser un defecto. Bn este sentido la ha 
analizado M. R. Jullién, en sus Questions et exercices de rhétorú 
que et de littérature, p. 6. 



200 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



X 

La trompa marina 

"Nos hallábamos a cien leguas poco mas o menos de 
Santo Domingo. Desde que nos separamos de las costas de 
Francia, ningún acontecimiento habia hecho notable nues- 
tra navegación. La brisa, que apenas se hacia sentir por la 
mañana, i que nos habia obligado a desplegar todas las 
velas, comenzaba a refrescar i; en breve i casi sin transi- 
ción, el viento se levantó, se hizo impetuoso, i nuestro bu- 
que hendió las olas con una espantosa rapidez. 

"Aunque el viento se habia levantado súbitamente, el 
tiempo era hermoso: la bóveda del cielo permanecia siem- 
pre azul. En la tarde, el horizonte, inflamado entonces por 
el sol que descendia majestuosamente al mar, tenia el as- 
pecto de un vasto incendio. La superficie de las aguas, res- 
plandeciente de luz, se asemejaba a un lago sin límites de 
materias en estado de fusión; i si por casualidad se veia 
pasar por esta parte del cielo alguna ave marina, nuestros 
ojos la distinguian como una de esas partículas negras de 
papel quemado que se elevan encima de las llamas. 

"De repente, grandes olas blancas, espumosas i en forma 
de torbellino, i a las cuales los rayos inflamados del sol ha- 
cían deslumbradoras, vinieron a golpear la p^oa de nues- 
tro buque, que flotaba entonces en medio de las olas de 
espuma. 

"Sin embargo, la ajitacion de las aguas, estendiéndose de 
una manera circular, habia alcanzado ya a cerca de cien 
toesas (doscientos metros) de diámetro: se habria creido, 
al ver este movimiento de las olas, que el mar estaba ajita- 
do por alguna convulsión interior. En breve, el agua se ele- 
vó coma una pequeña colina, i marchó delante de nosotros, 
hinchándose a medida que avanzaba, con un ruido, un mu- 
jido, cuya causa no podia adivinar, pero que, sin embargo, 
no tenia nada de asustador. Poco a poco, i del medio de 
esta montaña líquida, vi nacer, surjir, elevarse una colum- 
na que subió en torbellino, silbando, alargándose siempre 
i casi tocando a las nubes con su cabeza. Entonces ofreció 
un espectáculo admirable i sublime, aquel pilar de cristal 
entre la tierra i el cielo: los reflejes del sol lo habian colo- 



1 Término marino que significa que el viento se hace mas fuerte. 



DESCRIPCIONES 201 



reado con sus mil matices, i los colores del arco iris que se 
reuTiian como en una prisma, alumbraban este como con 
una luz viva, purpurina, variable, mientras que la sombra, 
recojida en su base, lo hacia aparecer sobre un zócalo de 
bronce sostenido por montones de nieve. 

*'¡Una trompa! ¡una trompa!" gritaron al mismo tiempo 
oficiales i marineros. 

"Al oir estas palabras, esperimenté un momento de te- 
rror involuntario: era la primera vez que veia este fenóme- 
no que en las descripciones embusteras, o a lo menos exaje- 
radas, que babia leido, me habia sido pintado como mui 
peligroso. Me habia formado de este accidente del mar una 
idea mui terrible: parecíame que íbamos a ser sumerjidos 
bajo esa masa de agua: pero la espresion tranquila de to- 
das las caras me dio seguridades. Sin embargo, el silencio 
de la admiración i no del terror reinaba entre los marine- 
ros; i todas las precauciones se limitaban a maniobrar pa- 
ra evitar el encuentro de la trompa. 

"Después de haber admirado algunos instantes esta es- 
cena verdaderamente májica, el capitán esclamó: 

"Cargad la carroñada i de adelante." cuando esta orden 
hubo sido ejecutada: — "Vuelta piloto. ¡Atención!... ¡Fuego!" 

"El tiro partió resonando; i la bala cortó la columna 
por su base. Tembló, bacilo un instante i después cayó de 
repente, como una inmensa avalancha. 2 

"Algunos segundos después, el océano no conservaba 
ninguna huella de este fenómeno estraordinario". 



Pedro HENNEQniN. '^ 
Pequeño viaje marítino al rededor del mundo 



1 . Cañón corto i lijero, mui usado en la marina hasta hace 
pocos años. Saca su nombre de la célebre fundición de Carrón (en 
Escocia), donde fué inventado en 1774. 

2 Masas de nieve que ^e desprenden de la cima de las montañas 
ruedan engrosándose i se precipitan con un ruido terrible. 

3 Pedro Hp:xneqüin. institutor francés establecido en Rusia, es 
autor de muchas obras destinadas a la enseñanza de la juventud, 
escritas todas en francés. Unas versan sobre la literatura e histo- 
ria literaria, otras sobre la jeografía i las ciencias físicas. 



202 MAN CAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



XI 
El Gulfstream o corriente del golfo 

'*E1 golfo de Méjico es un verdadero foco de calor, tanto 
porque se encuentra situado en la zona tórrida, cuanto 
porque está encerrado por todas partes. Por el estrecho de 
la Florida sale una inmensa cantidad de a>¿ua tibia, cuya 
profundidad es de mil pies: tiene catorce leguas de ancho, y 
una rapidez de ocho kilómetros por hora. 

"Existe un rio en el océano, dice el comandante Maury, i 
No deja de correr en las mayores sequías: no se desbor- 
da en las mayores creces. Sus riberas i su lecho son capas 
de agua fria entre las cuales corren aguas tibias i azules. 
En ninguna parte del mundo existe una corriente tan ma- 
jestuosa, es mas rápida que el amazonas, mas impetuosa 
que el Missisipi; i la masa de estos dos ríos no representa 
la milésima parte del volumen de aquella. 

''Al salir del golfo, la corriente se lanza en el Atlántico 
conservando intacta durante mas de mil leguas sus her- 
mosas aguas azules en el lecho verdoso del océano: i el na- 
vegante puede observarla llevando el termómetro en la ma- 
no, porque este instrumento sumido a veces en la corrien- 
te i a veces en sus orillas, marca una diferencia entre ambas 
de 15 grados, en aquella latitud, i de 16 i hasta 25 grados 
asi que se acerca a los mares mas frios del norte. 

"El Gulfstream sigue su marcha rápida hasta la altura 
de los bancos de Terranova; pero en este punto recibe el 
choque formidable de una corriente helada que baja del po- 
lo, cargada en ciertas épocas de montañas de hielo. Las 
aguas tibias del Gulfstream derriten esos hielos, i precipi- 
tan al fondo del océano las rocas que ese derretimiento ha 
arrancado de las costas vecinas al polo ní>rte, rocas que se 
acumulan, se simentan, elevan poco a poco el nivel del mar 
i forman montañas submarinas, qu? mas tarde serán islas. 
Los bancos de Terranova no tienen otro oríjen. 

"Este choque espantoso, despedaza la preciosa corriente; 
pero sus ramas esparcidas continúan su benéfica misión: 



1 Mateo Mauky, cékbre astrónomo i meteorolojista,i una de las 
altas glorias científicas de nuestro siglo, nació en el estado de 
Virjinia (Pastados Unidos) en 1806. Es autor de la Jeografía física 
del mar, publicada en 1854, la primera obra en sujénero que se 
conozca. 



DESCRIPCIONES 203 



una corre al oreste, i conserva bastante calor i fuerza para 
derretir los hielos en las costas ele Islanda i de Noruega, i 
para arrojar allí los troncos de árboles de las selva ecuato- 
riales. Otro brazo rodea con unn cintura de agua tibia las 
Islas Británicas, hace florecer allí el mirto i mantiene ár- 
boles i praderas siempre verdes. Sin él, la Escocia tendria 
la temperatura del Labrador i de la Siberia, que situadas 
en la misma latitud, tienen durante el invierno la espanto- 
sa temperatura media de 20 grados bajo cero. Una tercera 
rama penetra en el canal de la Mancha i hace reinar en 
Cherburgo i San Malo una temperatura de invierno mas 
suave que la de Lombardía. No es raro ver que se pasen 
muchos inviernos en Bretaña sin heladas: la higuera pro- 
duce ahí excelentes frutos. En fin, el Gulfstream, agotado i 
enfriado, trae un poco de fresco sobre las costas del Portu- 
gal i del África, i va al otro lado del cabo Verde, a unirse a 
la corriente ecuatorial, que lo lleva de nuevo a su hogar 
primitivo". 

Alfredo Riche ^ 



XII 

Los mares polares 

'*De todas las empresas marítimas, aquella en que el 
hombre ha empleado mas perseverancia es el descubrimien- 
to de un paso al norte de la América para ir en via recta de 
Europa al Asia. 

"Desde hace mas de tres siglos, los esploradores están 
empeñados en esta obra con una perseverancia sorprenden- 
te. Aquello es una sucesión de mártires. Cabot -' el prime- 

1 Sabio francés, contemporáneo, profesor de química en la es- 
cuela de farmacia de París i repetidor en la escuela politécnica. 
Esta interesante descripción, que consideramos notable por su 
exactitud i su claridad, nos parece solo una abreviación de otra 
mucho mas estensa qae da Elisée Reclus en el 2^ tomo, pájs. 81 
a 94, de su interesante obra titulada La terre, en que trata con 
tanto saber como elegancia todas las cuestiones concernientes a 
la física terrestre. 

'^ Sebastian Cabot, el célebre viajero que descubrió las costas 
de los Estados Unidos, fué piloto mayor de España, e hizo un 
viaje de esploracion al rio de la Plata, i de quien se ocupa mucho 
la historia de América. Vuelto mas tarde a Inglaterra, dirijió 



204 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

ro, tío salvó sino por la rebelión de sus marineros que le im- 
pidieron ir mas lejos. Barentz 2 muerede frió, Willoughb\' 3 
de hambre. La espedicion de Cortereal ^ desaparece com- 
pletamente. Hudson 5 es arrojado por los suyos, sin víve- 
res, sin velas, en una chalupa, i no se sabe qué suerte corrió. 
Behring ^, encontrando el estrecho que separa la América 
del Asia, pereció de fatiga, de frío, de miseria en una isla 
desierta. En nuestros dias, Frankiin ^, se ha perdido en 
los hielos; i solo se encuentra muerto, habiendo tenido él i 



en 1552 una célebre espedicion a los mares del norte de Europa, 
en que él mismo no pudo tomar parte por sus enfermedades i 
su vejez. Esa espedicion fué el oríjen de las primeras relaciones 
comerciales entre 1^ Rusia i la Inglaterra. M. Michelet se refie- 
re en el testo al viaje de Cabot en 1498, cuyos pormenores son 
bastante desconocidos. * 

2 Guillermo Barentz, navegante holandés, que hizo dos viajes 
buscando un paso para la China por el norte de Europa. Descu- 
brió a Spitzberjí en 1595. 

3 Sir Huofo AVilloughby, nave^jante ingles, que formaba parte 
de la espedicion preparada en 1552 por Cabot. Pereció en 1554 
en las costas de Laponia. 

4 Gaspar Corterreal, célebre navegante portuo-ues, que hizo dos 
famosos viajes al nuevo mundo. Kn el primero (1590) esploró las 
costas del Canadá. P^n el segundo (1501) se dirijió a las rejiones 
árticas; y desapareció con todos sus compañeros. Un hermano su- 
3'o (Miguel Cortereal), que fué en su busca al año siguiente, corrió 
la misme suerte. 

^ Enrique Hudson, navegante ingles, que descubrió entre 1609 
i 1610 el rio que lleva su nombre, i sobre el cual está situada Nue- 
va York, i en seguida el estrecho i la gran bahía de Hudson, En 
1611 su tripulación sublevada los echó al mar en una chalupa sin 
provisiones ni armas, junto con su hijo i seis personas que habian 
permanecido fieles. No se supo nunca la suerte que corrió. Se le su- 
pone muerto en un naufragio o asesinado por los salvajes. 

<> Tito Behring o Bering, navegante danés, al servicio de la Ru- 
sia, que esploró los mares entre el Asia i la América i el estrecho 
que lleva su nombre, i murió en la isla desierta de Avatcha, llama- 
da hoi de Behring, en 1741. 

7 Sir John Frankiin, célebre navegante ingles que pereció en 
una espedicion a los mares del polo -'En 1845, dice mas adelante 



^' Véase sobre Cabot el artículo publicado por el señor Barros 
Arana en la Revista ChilenR, (Santiago, 1875), t. IT, pjs. 666-685, 
i 1 eproducido en t. VI. J5"st«c/ios histórico-bihliográficos, (1909) 
pjs. 145-159 de sus Obras completas. 

(Nota del Recopilador). 



DESCRIPCIONES 205 



l(3s suyos la necesidad terrible de recurrir al último recurso, 
comerse los unos a los otros. Todo lo que puede desalentar 
a los hombres se encuentra reunido desde las entradas de 
estas navegaciones del norte. Mucho antes del círculo po- 
lar, una fria neblina pesa sobre el mar, se apodera de voso- 
tros, os cubre de escarcha. Las cuerdas se ponen tiesas, las 
velas se inmovilizan; el puente se hace resbaladizo por el 
hielo; la maniobra difícil. Los escollos que se mueven, las 
grandes masas de hielo que amenazan sin cesar, se distin- 
guen apenas. En lo alto del mástil, en su garita cargada 
de escarcha, el vijía señala de momento en momento la 
aproximación de un nuevo enemigo, de un fantasma blan- 
co i jigantesco que frecuentemente tiene doscientos, tres- 
cientos pies encima del agua. 

"Pero esta lúgubre procesión cjue anuncia el mundo de 
los hielos, i el combate obstinado para evitarlos, aviva los 
deseos de pasar mas adelante. Hai en lo desconocido del 
polo yo no sé qué atractivo de horror sublime, de sufri- 
miento heroico. Los que sin acometer la empresa de pasar 
de un mar a otro, han visitado solo el norte i contemplado 
solo a Spitzberg, conservan una profunda impresión. Esa 
masa de picos, de cadenas, de precipicios cjue eleva a cuatro 
mil quinientos pies su frente de cristales, es como una apa- 
rición en el sombrío mar. Sus ventisqueros se destacan, en 
medio de las nieves pálidas, por sus vivos resplandores, 
verdes, azules, purpurinos, en forma de chispas i de pedre- 
rías, que le forman una diadema deslumbradora. 

"Durante la noche de muchos meses, la aurora boreal se 
ostenta a cada instante en todo el esplendor singular de 
una iluminación siniestra. Vastos i espantosos incendios 



M. Miclielet, el infortunado Franklin se perdió en los hielos. Se le 
buscó durante doce arios La Inglaterra desplegó entonces una ho- 
norable obstinación. Todos la ayudaron. Americanos, franceses 
han perecido allí. Los picos, los cabos de la rejion desolada, al la- 
do del nombre de Franklin, guardan el de otros que se sacrificaron 
por salvar a nn ingles. En Abril de 1853 se encontró al fin el pasa- 
je buscado durante trescientos años. Se debió el descubrimiento a 
un rasgo feliz de desesperación. El capitán John Mac-Clure, que ha- 
bia entrado por el estrecho de Behring, se enconcontró encerrado 
entre los hielos, agobiado por el hambre, i no pudiendo volver, se 
aventuró a marchar hacia adelante. Anduvo cuarenta millas i en- 
contró en el mar del este algunas naves inglesas. Su atrevimiento 
lo salvó, i el gran descubrimiento quedó consumado. •• Apesar de 
los nuevos descubrimientos, parece que aquella via no será nunca 



206 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

que ocupan todo el horizonte, erupción de rayos magníficos, 
un Etna fantástico que inunda con lava ilusoria la escena 
del eterno invierno." 

J. MiCHELET, '. 
Eil mar. 



XIII 

Bellezas del hemisferio austral 

''Desde que entramos en la zona tórrida no nos cansába- 
mos de admirar la belleza del cielo meridional que, a me- 
dida que avanzábamos hacia el sur, descubria a nuestros 
ojos nuevas constelaciones. Se esperimenta un sentimiento 
estraño i desconocido cuando se avanza hacia el Ecuador, 
i sobre todo cuando se pasa de un hemisferio a otro i se 
ven abajarse gradualmente i desaparecer al fin las estrellas 
que se han aprendido a conocer desde la primera infancia. 
Nada recuerda mas vivamente al viajero la gran distancia 
de su patria que la vista de un nuevo cielo. La acumula- 
ción de las glandes estrellas, algunas nébulas dispersas 
que rivalizan en brillo con la via láctea, i espacios notables 
por un color negro poco común, dan al cielo meridional 
una fisonomía particular. Este espectáculo sorprende la 
ini'ijinaciíjn aun de aquellos C|ue, no habiendo estudiado 
las ciencias elevadas, contemplan la bóveda celeste como 
se admira un hermoso paisaje o un majestuoso punto de 
vista. No hai necesidad de ser botanista para reconocer la 
zona tórrida al solo aspecto de la vejetacion; i sin haber 
ad(|uirido conocimientos en la astronomía, sin haberse 
familiarizado con los planisferios celestes, se conoce que no 
se está en Europa, cuando se ve levantarse en el horizonte 
la inmensa constelación del Navio, o las nubes fosforecen tes 
de Magallanes. La tierra, el cielo, todo en las rejiones equi- 
noxiales toma un carácter estraño. 

la del comercio entre la Europa i el Asia, — No estará demás ad- 
vertir que los restos de la espedicion de Franklin fueron encontra- 
dos en 1S57, i que se supo que su muerte tuvo lugar en 1847, des- 
pués de dos años da penosas esploraciones en los mares polares. 

1 Julio Miche et, uno de los mas ilustres escritores i de los 
:r,as laboriosos historiadores del siglo XIX, nació en Paris en 
1798. Ademas de sus obras históricas que lo han hecho célebre, 
ha compuesto varios hl)ros de ciencia popular, El insecto, El ave^ 
El mar, Lh montaña i otros de filosofía social. Todos ellos llevan 
el sello de su talento descriptivo, lleno de concisión i de vigor i pro 
pagan sus ideas reformadoras i liberales. 



DESCRIPCIONES 207 



**Las rejiones bajas de la atmósfera estaban desde mu- 
chos días cargadas de vapores. En la noche del 4 al 5 de ju- 
lio (1799), a los diez i seis grados de latitud norte, vimos 
distintamente por primera vez la Cruz del Sur: estaba mui 
inclinada i aparecia de tiempo en tiempo entre las nubes, 
cuyo centro surcado por relámpagos de calor, reflejaba una 
luz plateada. El placer que espcrimentamos al descubrir la 
Cruz del Sur fué participado ardientemente por los pasaje- 
ros i marineros que habian habitado las colonias. En las so- 
ledades de los mares, se saluda una estrella como un amigo 
del cual se ha estado separado desde largo tiempo. Entre 
los portugueses i españoles, ciertos motivos particulares 
parecen aumentar este interés: un sentimiento relijioso les 
hace querida una constelación cuya forma trae a su memo- 
ria el recuerdo del símbolo de la fé que sus antepasados pro- 
pagaron en los desiertos del nuevo mundo." 

Aleiandro de Hümboldt, 1 
Viajes a Jas rejiones equinoxiales del nuevo continente, tomo I. 



XIV. 
Una aurora boreal 

"A mi vuelta de Estocolmo me esperaba otro fenómeno 
mas sorprendente: una aurora b(jreal. 

"Volvia a mi casa a eso de media noche con uno de mis 
compañeros de viaje, alumbrados por una hermosa lu— 



1 El barón Alejandro de Hümboldt, ilustre naturalista prusia- 
no, nació en Berlin en 1769 i murió en la misma ciudad en 1859. For 
tificado coM los mas sólidos estudios, i después de haber publicado 
algunos trabajos científicos que lo hicieron conocer del mundo sa- 
bio, obtuvo del gobierno español permiso para hacer un viaje a 
América. Asociado con Bompland, distinguido botanista francés, 
emprendió en 1799 el viaje que le ha granjeado la mayor parte de 
su fama. Durante cinco años visitó i esploró la isla de Tenerife, 
Venezuela, Nueva Granada, la provincia de Quito, una parte del 
Perú, el virreinato de Nueva España i las Antillas, i volvió a Eu- 
ropa para dar a luz la obra estensa en que consignó sus observa- 
ciones. La jeografía, la etnografía, la jeolojía, la historia natural i 
la estadística, todo fué objeto de sus estudios; i en todos estos ra- 



208 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

na. De repente percibimos una luz vaga i blanquizca espar- 
cida en el cielo. Nos preguntábamos si seria alguna nube 
alumbrada por la luna; pero era algo menos compacto aun, 
mas indeciso: se hubiera creído que era la via láctea o una 
nébula lejana. Mientras estábamos perplejos todavía, se 
formó un punto luminoso, se estendió de una manera inde- 
terminada; i de repente se vieron grandes gavillas, largas 
cuchillas, inmensos cohetes en el ci-lo: en seguida, todas es- 
tas formas se confundían, i en su hígar aparecía un arco 
luminoso de donde caía una lluvia de luz. Con frecuencia, 
lo que pasaba delante de nosotros no podía compararse a 
nada: eran formas fujitivas, imposible de describirse i que 
el ojo podía retener con dificultad, tan rápidamente se su- 
cedían, se confundían i se borraban. Jamas se podia prever 
con un segundo de anticipación el espectáculo que iba a 
ofrecer el calidoscopio i celeste. Loque se creía ver habia 



mos hizo descubrimientos i observaciones que suponen una orga- 
nización intelectual de primer orden. El resultado de sus viajes, 
publicado en muchas obras con diversos títulos, forma una colec- 
ción tan valiosa por la investigación científica como por la rica 
imajinacion del escritor. Citaremos solo una de esas obras, Exa- 
men crítico de la historia de lajeografía del nuevo continente, en 
5 volúmenes, publicada entre 1835 i 1838, i que es un monumento 
de investigación i de sagacidad históricas. Aparte de éstas, Hum- 
boldt escribió muchas otras obras, una de las cuales lleva el título 
griego de Cosmos (el mundo), descripción física del globo i resu- 
men dei conjunto de los conocimientos humanos sobre el cielo i la 
tierra, resultado de un saber inmenso i de un gran talento de es- 
posicion. Aunque desempeñó en su patria algunos destinos diplo- 
máticos, toda su gloria, toda su reputación proviene de sus tra- 
bajos i de sus obras. La meteorología i la climatolojía, la física 
jeneral, la jeografía botánica i zoolójica le deben una parte de sus 
progresos modernos. Este saber tan estenso í tan variado ha va- 
lido a Humboldt el nombre de Aristóteles moderno, que le dieron 
sus admiradores i que el mundo sabio ha confirmado. 

1 El caleidoscopio es un anteojo formado por un tubo de cartón 
o de metal: en el interior se colocan a lo largo barras de espejo,, 
formando un paralelípido, i ordinariamente un prisma. Dentro 
del espacio comprendido por los espejos se colocan diversos obje- 
tos, como pedazos de vidrios de color, hojitas de árboles, pedazos 
pequeños de encaje, etc. Haciendo jirar el instrumento delante del 
ojo, se perciben los dibujos mas variados i mas simétricos por la re- 
flexión de los objetos en los espejos. Este instrumento, cuya cons- 
trucción puede variar mucho, tiene aplicaciones muí curiosas en la 
industria. Por medio de él se obtienen los modelos mas fantásticos 
para la pintura de las telas. 



DESCRIPCIONES 209 



desaparecido mientras se trataba todavía de formarse una 
idea clara. El maravilloso espectáculo parecia siempre aca- 
bar i recomenzar, i era imposible observar el pasaje de una 
decoración a otra. No se las veia aparecer en el cielo; pero 
de repente se las encontraba i parecia que siempre hablan 
estado allí. En una palabra, nada puede dar una idea de lo 
que hai de movible, de caprichoso, de impalpable en esos 
iuegos brillantes de una luz nocturna; i aun la luna, que es- 
taba llena en ese momento, perjudicaba con su brillo al de 
la aurora boreal: por esa razón la luz de ésta era blanca i 
pálida; sin esto a las variaciones de forma se habrian unido 
las variaciones de colores, los reflejos colorados, verdes, in- 
flamados, que dan frecuentemente a las auroras boreales 
la apariencia de un vasto incendio." 

J. J. Ampere, 1 

Literatura i viajes (Akmanici, Escanáinavia), etc. 



XV 

La peste de Atenas 

**En los principios de la epidemia, los médicos no pudie- 
ron dar ningún remedio porque no la conocían, i porque la 
muerte los alcanzaba mas pronto por su relación mas in- 
mediata con los enfermos. Todos los esfuerzos humanos 
fueron impotentes. En vano se hicieron rogativas en los 
templos, se consultaron los oráculos o se recurrió a otras 
prácticas semejantes. Todo fué inútil; i abatidos por la 
fuerza del mal, los atenienses acabaron por renunciar a esos 
espedientes. 

"La enfermedad comenzó, según se dice, en Etiopía: pasó 
al Ejipto'i a la Libia; se estendió en la mayor parte de los 
dominios del rei de Persia, i se arrojó de improviso sobre 



1 Juan Jacobo Ampere, célebre literato francés, nacido en Lyon 
en 1800 i muerto en 1804. Hijo de un físico i matemático mui fa- 
moso. Ampere hizo profundos estudios de literatura francesa i es- 
tranjera, emprendió varios viajes a oriente i a América, i escribió 
muchas obras de viajes i de historia civil i literaria, que se dis- 
tinguen por la grande estension de sus conocimientos i por el arte 
de escritor. 

TOMO V 14 



210 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

la república de Atenas. Atacó al principio a los habitantes 
del Pireo, que pretendian que los del Peloponeso (los lace- 
demonios) habian envenenado los pozos; porque aun no 
habia fuentes en ese barrio. Ganó en seguida la parte alta 
de la ciudad; i entonces fué cuando hizo los mayores estra- 
gos. Dejó a cada cual, médico o nó, el cuidado de esplicar 
el oríjen i de buscar los remedios: haré solamente la histo- 
ria, a fin de que se puedan, si reaparece, reconocer los sín- 
tomas i prevenir los efectos. Diré lo que sé, porque yo 
mismo la he sufrido i porque la he observado en otras per- 
sonas. 

"En jeneral, la enfermedad atacaba de repente, i sin 
ninguna causa aparente, en medio de la mejor salud. Al 
principio, el enfermo esperimentaba grandes ardores de 
cabeza, los ojos se enrojecian e inflamaban, la garganta i 
la lengua se ponian sanguinolentas, la respiración desa- 
rreglada, el aliento fétido. A estos síntomas sucedían los 
estornudos i la ronquera. En poco tiempo, el mal ganaba 
el pecho i causaba una fuerte tos. Cuando atacaba el co- 
razón, excitaba fuertes palpitaciones, i se esperimentaban 
junto con violentos dolores, todas las erupciones de bilis a 
que los médicos dan nombres diversos. La ma^^or parte de 
los enfermos hacia oir sordos jemidos que eran seguidos de 
convulsiones violentas: en algunos se calmaban pronto, en 
otros eran mas obstinadas. La cutis no era muí ardiente 
al tacto, ni tampoco pálida, sino rojiza, lívida, cubierta 
de pequeñas pústulas i de úlceras. El interior era tan ar- 
diente que el enfermo no podia soportar ni las capas mas 
lijeras, ni las frazadas mas finas; permanecia desnudo, i no 
tenia mayor placer que echarse al agua fria. Viéronse mu- 
chos que no estaban bien rijilados, se precipitaron a los 
pozos, atormentados por una sed que no podia saciarse. 
Sin embargo, lo mismo daba beber mucho que poco. El 
enfermo no podia procurarse ningún descanso, i estaba 
atormentado por un insomnio continuo. 

"Mientras el mal estaba en su fuerza, el enfermo no se 
enflaquecia: era verdaderamente sorprendente como el 
cuerpo podia soportar tanto sufrimiento. Los enfermos, a 
lo menos la ma\^or parte, conservando todavia algún vi- 
gor, eran consumidos entre el séptimo i el noveno dia por 
el fuego interior que los devoraba, o si pasaban de este 
término, el mal descendía al bajo vientre, se declaraba allí 
una violenta ulceración, sobrevenía una diarrea horrible, i 
generalmente perecían de debilidad: porque la enfermedad. 



DESCRIPCIONEJS 211 



después de haber establecido su asiento en la cabeza, gana- 
ba sucesivamente todo el cuerpo, i los que escapaban de 
los accidentes mas graves, guardaban en las estremidades 
las señales de lo que hablan sufrido. El mal se adhería a 
los pies i a las manos; i frecuentemente no se escapaba sino 
perdiendo uno de estos miembros: muchos perdían la vista; 
otros encontraban durante su convalecencia que lo hablan 
olvidado todo, i no reconocían a sus amigos, ni se recono- 
cían a sí mismos. 

"Esta enfermedad, mas terrible que todo lo que puede 
decirse, se mostraba superior a las fuerzas humanas en 
todos sus efectos, i en cualquiera persona que atacase; pero 
lo que sobre todo haciaconocer la difteria de las enfermeda- 
des ordinarias de nuestra especie, es que las aves i los 
cuadrúpedos se alimentan con cadáveres humanos, o no 
se acercaban a los cuerpos que en gran número quedaban 
insepultos, o si se atrevían a comerlos, morian. Se tuvo la 
prueba de ello viendo desaparecer las aves carnívoras: no 
se veía una sola al rededor de los cadáveres ni en otra 
parte. Los perros, acostumbrados a vivir en sociedad con 
los hombres, hacían sentir mejor los efectos del contajio. 

"Tales eran en jeneral los síntomas de la enfermedad, 
sin detenerse en un gran número de accidentes, que no se 
asemejaban en las diferentes personas.» Unos perecían desa- 
tendidos; otros en medio de los mayores cuidados. No se 
encontró, por decirlo así, ningún remedio que fuese útil a 
los que lo empleaban: lo que sentaba bien a uno, hacia 
daño a otro. Ningún temperamento, débil o vigoroso, po- 
nía a salvo del mal: atacaba a todas las naturalezas i 
resistía a todo réjimen. Lo que habia de mas terrible era 
el desaliento de los desgraciados a quienes atacaba: per- 
dían inmediatamente toda esperanza; caían en un abando- 
no completo de sí mismos, i no trataban de resistir. Es 
verdad que cuidándose unos a otros, se infectaban mutua- 
mente, como los rebaños enfermos, i perecían: fué esto lo 
que causó la mayor destrucción. Aquéllos que por temor 
no querían acercarse a los otros, morian abandonados; i 
lachas familias se estinguieron por falta de jente para 
ci iclarlas: los que se acercaban a los enfermos encontraban 
la muerte. Tal fué sobre todo la suerte de las personas que 
poseían algunas virtudes: tenían vergüenza de economizar 
su vida, e iban a cuidar a sus amigos, porque las personas 
de la casa, abatidas por el exceso de fatigas, acababan por 
ser insensibles a las quejas de los moribundos. Los que 



212 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

habían escapado de la enfermedad, eran los que tenían mas 
compasión por los enfermos i por los muertos, porque ellos 
habían conocido los mismos sufrimientos, i porque ya se 
encontraban libres de peligro, pues el mal no atacaba dos 
veces mortalmente. Recibían las felicitaciones de los otros: 
ellos mismos gozaban en el presente por la vuelta de la 
salud, i tenían para el porvenir una esperanza confusa de 
que en mucho tiempo no se verían atacados por una enfer- 
medad mortal. 

''La afluencia de la jente de los campos que venía a re- 
fujiarse a la ciudad, se unió a las desgracias de los atenien- 
ses para agravarlas; i los recién venidos sufrían mas que 
los otros. Como no había casas para ellos, i como vivían 
apretados en chozas sofocadas durante los mayores calores 
de la estación, perecían confusamente; i los muertos eran 
amontonados sobre los moribundos. Algunos desgraciados, 
medio muertos, ávidos de encontrar agua, se arrastraban 
por las calles i cerca de las fuentes. Los lugares sagrados, 
donde se habían levantado tiendas, estaban repletos con 
los cadáveres. 

•'Cuando el mal hubo llegado a su mas alto período, no 
sabiendo nadie en qué iba a parar aquello, se perdió todo 
respeto por las cosas divinas i humanas. Todas las ceremo- 
nias antes en uso para los funerales, fueron violadas. Ca- 
da cual sepultaba los muertos como podía. Muchas perso- 
nas, por la escasez de las cosas mas necesarias, recurrían a 
los medios mas mezquinos para tributarles los últimos de- 
beres. Unos se apresuraban a colocar su muerto i a que- 
marlo en una hoguera que no les pertenecía, dando aviso a 
los que la habían formado: otros, mientras se quemaba un 
muerto, arrojaban sobre él el cuerpo que ellos mismos 
traían, i se retiraban inmediatamente. 

'*La peste introdujo en la ciudad muchos otros desórde- 
nes. Ante el espectáculo de las rápidas vicisitudes de que los 
atenienses eran testigos, de los ricos, muertos casi repenti- 
namente, i de los que no teniendo nada heredaban sus for- 
tunas, quisieron muchos abandonarse públicamente a los 
placeres de que antes gozaban con reserva. Buscaban go- 
ces prontos, bajo la idea de que no poseían sus bienes i su 
vida mas que por un día. Nadie se dignaba darse ningún 
trabajo por las cosas lejítimas, a causa de la incertidumbre 
en que estaban de si morirían antes de haberlas alcanzado. 
El placer i todos los medios de ganar para procurárselo, 
hé ahí lo que se consideró útil i hermoso. Ni el temor de los 



DESCRIPCIONES 213 



dioses ni el de las leyes humanas contenian a nadie: parecia 
igual reverenciar a los dioses u olvidarlos, cuando se veia 
perecer indiferentemente a todo el mundo. El culpable no 
creia vivir el tiempo necesario para recibir su sentencia: fi- 
gurábase mas bien ver suspendida sobre su cabeza una pe- 
na pronunciada ya; i, teniendo que sufrirla, creia justo el 
aprovecharse de lo que podia quedarle de vida. 
Hé aquí el cuadro de los males que agobiaron a los ate- 

TUCÍDJDES, ^ 
Guerra del Peloponeso, Hb. II, párrafo 47-54. 



XVI 

Colon recibido por los reyes católicos en Barcelona 

"Impaciente Colon por volver a España, no se detuvo 
mas que cinco dias en Lisboa. El 15 de marzo (1493) lle- 
gó al puerto de Palos de Moguer, siete meses i once dias 
después de su salida del mismo punto. Tan pronto como se 
divisó su barco, todos los habitantes corrieron a la playa 
para abrazar a sus parientes i compatriotas, i para saber 
noticias de su viaje; mas luego que conocieron el feliz éxito 
de su espedicion, cuando vieron los hombres estraordina- 
rios traidos por Colon, los animales desconocidos, i las ra- 
ras producciones de los paises que habia descubierto, la 
efusión del gozo fué jeneral i no pudo ser contenida: se repi- 

' Véanse las Noc. de hist. lit.,pa.vt. I., cap. IV, § 16. — Estaadmi- 
rable descripción de tan espantosa epidemia, es considerada por 
los críticos corno un modelo en su jénero. Es verdad que es algo 
estensa; pero es tan rica en observaciones exactas i en rasgos 
pintorescos, que no hai un solo detallé perdido, una sola idea 
inútil para el conocimiento cabal i perfecto de aquella enferme- 
dad i de sus estragos. Los poetas han buscado en ellas sus imá- 
jenes; i los médicos una enseñanza. Los antiguos tenian a este 
respecto la misma opinión que los modernos. uTomad por mo- 
delo a Tucídides, decia Luciano en el siglo II de la era cristiana, 
porque usa sobriamente de su grande arte de describir. ..Si cuan- 
do describe la p-sste nos parece mas largo, considerad un poco 
las cosas, i entonces reconoceréis su celeridad: él queria avanzar 
pero los numerosos detalles lo retienen. n 



214 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

carón todavS las campanas, i se hicieron salvas de artillería. 
Colon, a su desembarco, fué recibido con los mismos hono- 
res con que lo hubiera sido el rei; todo el pueblo acompañó 
al almirante i a su tropa en solemne procesión a la iglesia, 
en donde dieron gracias a Dios por haber coronado con tan 
feliz resultado el viaje mas largo i mas importante que se 
hubiese emprendido jamas. En la tarde del mismo dia tuvo 
Colon el gusto de ver entrar en el puerto a La Pinta, que 
la violencia de la tempestad habia arrojado mui lejos al 
norte. 

*'E1 primer cuidado de Colon fué poner en noticia del rei 
i de la reina, que estaban entonces en Barcelona, su llegada 
i sus descubrimientos. Fernando e Isabel, igualmente sor- 
prendidos i enajenados de un resultado que casi no espera- 
ban, contestaron a Colon de la manera mas honorífica i 
lisonjera, mandándole que pasase inmediatamente a la cor- 
te, pues querian saber de él mismo los pormenores de su es- 
pedicion i las circunstancias del señalado servicio que aca- 
baba de hacerles. En su viaje a Barcelona, el pueblo corria en 
tropel de todos los puntos vecinos del camino, le seguia con 
admiración i le^prodigaba los mejores aplausos. Los reyes 
dispusieron que su entrada a la ciudad se hiciese con todo 
el aparato correspondiente a un acontecimiento que iba a 
dar tanto lustre a su reinado. Los indios que Colon habia 
traido de los paises que acababa de descubrir, marchaban 
los primeros; su color, su fisonomía i la singularidad de to- 
da su persona, los hacian ser considerados como hombres 
de una nueva especie: después de éstos, se llevaban los 
adornos de oro trabajados por el arte grosero de estos pue- 
blos, los granos de oro encontrados en las montañas i los 
polvos del mismo metal recojidos en los rios, i por último 
todas las producciones de aquellos nuevos paises. Colon 
cerraba la marcha, i llamaba la atención de los espectado- 
res. Todos contemplaban con admiración a este hombre es- 
traordinario, cuyo jenio i valor habian conducido a los es 
pañoles, por medio de mares desconocidos, al descubri- 
miento de un nuevo mundo. Fernando e Isabel le recibieron 
sentados en su trono, revestidos de todos los ornamentos 
reales, i colocados bajo un magnífico dosel: se levantaron 
a su llegada; i no permitiéndole arrodillarse para besarles 
la mano, le mandaron tomar asiento en una silla prepa- 
rada para él, i hacerles la relación de su viaje; lo que veri- 
ficó en seguida con la gravedad tan conveniente al carác- 
ter de la nación española como a la dignidad de la asam- 



DESCRIPCIONES 215 



blea, i al mismo tiempo con la modesta sencillez de un 
ánimo superior que, contento con haber ejecutado grandes 
cosas, no trata de ensalzarlas por vana ostentación. Lue- 
go que concluyó su narración, el reí i la reina se arrodilla- 
ron para dar gracias a Dios por un descubrimiento de que 
esperaban sacar grandes ventajas para sus reinos: dispen- 
saron a Colon las muestras mas brillantes del reconoci- 
miento i de la admiración que les inspiraban sus valor i sus 
trabajos: fué confirmado así como sus herederos, por una 
real cédula, en todos ios ^privilejios estipulados en el tra- 
tado de Santa Fé, i su familia fué ennoblecida." 

ROBERTSON, ^ 
Historia de América, lib. II. 



XVII 
Pompeya 

"En Roma no se encuentran mas que los restos de los 
monumentos públicos, i esos monumentos no trazan mas 
que la historia política de los siglos pasados; pero en Pom- 
pe\^a se ofrece a nuestra vista la vida privada de los an- 
tiguos tal como era. El volcan que ha cubierto de cenizas 
esta ciudad, la ha preservado de los ultrajes del tiempo. 
Jamas se habian conservado así los edificios espuestos al 
aire; i este recuerdo sacado de las escavaciones, se ha 
encontrado todo entero. Las pinturas, los bronces se ha- 
llaban aun en toda su belleza primitiva; i todo lo que pue- 
de servir á. los usos domésticos se ha conservado de una 
manera sorprendente. Las ánforas están todavía prepara- 
das para el festin del dia siguiente: la harina que iba a ser 
amasada está aun allí. Los restos de una mujer están ador- 
nados con alhajas que llevaba el dia de fiesta que el vol— 

1 Véanse las Noc. de hist. lit., part. III, cap. VI, § I. El fragmen- 
to que dejamos copiado contiene la hermosa descripción de un he- 
cho histórico, que en realidad no puede llamarse narración, por- 
que la especie particular de los detalles i circunstancias, está des- 
tinada a presentarnos un cuadro visible, palpable, por decirlo avSÍ, 
de la acción. Robertson ha agrupado con gran concisión, pero con 
un arte superior, todos los pormenores conducentes a darnos a 
conocer las fiestas a que dio lugar la vuelta de Colon de su glorio- 
so viaje, i el recibimiento que le hicieron los reyes. 



216 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

can interrumpió: i sus brazos disecados, no sujetan ya el 
brazalete de pedrerías que aun los rodea. En ninguna par- 
te se puede ver una imájen tan sorprendente de la interrup- 
ción súbita de la vida. El surco de las ruedas está marcado 
visiblemente en el piso de las calles; i las piedras que ro- 
dean los pozos, dejan ver la huella de las cuerdas que las 
han abierto poco a poco Se ven aun en las paredes de un 
cuarto de guardias, los caracteres mal formados, las figu- 
ras groseramente bosquejadas, que los soldados trazaban 
para pasar el tiempo, mientras que ese tiempo avanzaba 
para tragarlos. 

''Cuando uno se coloca entre dos calles, allí donde pue- 
de verse por todos lados la ciudad c[ue subsiste casi entera, 
parece que se espera a alguien, que va a llegar alguno de 
sus habitantes; i la misma apariencia de vida que ofrece 
esta mansión, hace sentir mas tristemente su eterno silen- 
cio. Con pedazos de lavas petrificadas se ha construido la 
mayor parte de estas casas han sido sepultadas por otras 
lavas. Así, ruinas sobre ruinas i tumbas sobre tumbas. 
Esta historia del mundo en que las épocas se cuentan por 
los restos de otras informaciones, esta vida humana, cuya 
huella se sigue a la luz de los volcanes que la han consumi- 
do, llena el corazón de una profunda melancolía. ¡Cuánto 
tiempo hace que existe! ¡Cuánto tiernpo hace que vive, que 
sufre i que perece! ¿Dónde se pueden encontrar sus senti- 
mientos i sus ideas?-¿Está impregnado de ellas el aire que se 
respira en estas ruinas o están depositados para siempre en 
el cielo donde reina la inmortalidad? Algunas hojas quema- 
das de los manuscritos que se han encontrado en Hetculano 
i en Pompeya, i que se trata de desevolver en Portici, es to- 
do loque nos queda para interpretar a las desgraciadas víc- 
timas que el volcan, el rayo de la tierra, ha devorado. Pero 
pasando cerca de estas cenizas que se cjuiere reanimar, uno 
no se atreve a respirar de miedo que un soplo lijero se lle- 
ve ese polvo donde se contienen quizá nobles ideas." 

Madama de Stael i 
Cor ¡na. 



1 Véanse las Noc. de hist. de lit., part. III, cap IV, § 32. 

Esta hermosa descripción fué escrita en 1807: desde entonces los 
trabajos ejecutados en Pompeya han puesto a la vista una gran 
parte de la ciudad. Bajo la intelijente dirección del injeniero Fio- 
relli, ■'^ (18611871) las escavaciones han sido hechas con notable 
intelijencia i la ciudad antigua ha sido esplorada. Los manuscri- 



DESCRirClONES 21' 



XVIII 
El teatro de Atenas 

''Este es el lugar de describrir el teatro de Atenas, cnyo 
destino i cuya gloria parecian adheridos a los de Sófocles. 

"Formado al principio con tablas colocadas a la lijera so- 
bre postes, i construido en seguida de madera, el primer tea- 
tro de Atenas se hundió mientras se representaba una pieza 
de Pratinas. Entonces fué reconstruido de piedra con gran 
magnificencia, en el ángulo de la cindadela. 

"Era un vasto i soberbio edificio: al rededor del monu- 
mento habia un pórtico, detras del cual se desarrollaban 
en semi-círculo tres órdenes de gradas, separadas por an- 
chos pasadizos, comunicados entre sí por escalas. Abajo 
se estendia el lugar de la orquesta, que quedaba vacío i re- 
servado para los ejercicios del canto i de la danza: en fren- 
te se levantaba el escenario. En la primera fila de gradas 
se colocoban los majistrados, los jenerales, los senadores, 
los sacerdotes: en la segunda, los jóvenes: el tercer piso 
quedaba abandonado para el resto del pueblo. Habia lu- 
gares reservados para las señoras de Atenas que se encon- 
traban así separadas de los hombres i de las cortesanas; i 
un banco de honor destinado a los grandes ciudadanos a 
quienes la nación habia discernido esta recompensa. La en- 
trada al teatro era gratuita. 

"El aspecto de la asamblea era por sí solo un espectácu- 
lo animado i alegre. Treinta mil espectadores, i quizá mas, 
se sentaban en las gradas. Unos hacian tender bajo sus 



tos encontrados en aquella ciudad i en el Herculano, i que guar- 
dando todavía la forma de rollos de papiro, se convertían en polvo 
al tocarlos, han sido desenvueltos mediante injeniosos aparatOv«, 
interpretados i dados a luz desde 1809. Desgraciadamente esos ma- 
nuscritos no forman parte de las obras de ciertos autores que han 
llegado incompletas hasta nosotros i que habrían tenido un gran- 
deinteres para la posteridad, como Tito Livio, Catón, Polívío, etc. 
Se han hallado sí algunos fragmentos considerables de Epícuro, de 
Fílodemo i de otros filósofos V. sobre la destrucción de esas ciu- 
dades la sección VI, § X, de este libro. 

* Es el restaurador de los estudios pompeyanos. De 1861 a 1872 
los nuevos hallazgos han sido descritos por el arqueólogo FiorelH 
en Gli Scavi di Pompei, i después de esta fecha en las Atti de la 
Academia de Lincei, Florencia. — (Nota del Recopilador) 



218 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERAHIA 

pies alfombras de púrpura, i se reclinaban sobre cojines que 
les llevaban sus esclavos; otros se hacian servir vino, fru- 
tas, confites, bebían i comian riendo. Telas de púrpura, ten- 
didas sobre las cabezas, los preservaban del ardor del sol; 
porque el teatro no estaba cubierto; i si por casualidad caía 
una lluvia repentina, cada cual huía; el teatro i los acto- 
res eran abandonados: todos buscaban un refujio en los 
templos i bajo los pórticos. 

"El escenario estaba dividido en tres partes: el timeleo, 
donde se colocaba el coro, el escenario propiamente dicho, 
i en fin la parte reservada a las decoraciones i a las niá- 
Cjuinas. 

"Los griegos se servian en efecto de máquinas variadas. 
Se veian en su teatro cambios repentinos, dioses que baja- 
ban del cielo, fantasmas que salían del seno de la tierra, 
mensajeros celestes que atravesaban el teatro volando. Sin 
embargo, se puede juzgar de la sencillez de su mecanismo 
por uno que usaban para imitar el trueno: se limitaba 
a arrojar de mui alto algunos guijarros a una urna de 
bronce. 

"Las decoraciones que adornaban la escena estaban di- 
vididas en tres clases mui distintas: las de la trajedia, la de 
la comedía i del drama satírico. Desde la primera mirada, 
el espectador podía conocer que jénero de pieza iba a ver 
representar. Las decoraciones de la trajedia representaban 
ordinariamente la plaza pública de una ciudad magnífica: 
en el fondo el pórtico de un soberbio palacio, cuyas tres en- 
tradas estaban adornadas de columnas: la del medio esta- 
ba reservada al primer actor, las de la derecha i la izquier- 
da a los papeles secundarios; el coro entraba por los lados. 
Sin embargo, esta uniformidad no era constante: a veces 
los ojos del espectador encontraban una campiña risueña 
o una soledad horrible, un puerto cubierto de naves o las 
tiendas de un campamento i todo el aparato de la guerra. 
La grande estension permitía con frecuencia a los decora- 
dores, en vez de imitar la naturaleza, trasportarla al tea- 
tro, levantar allí verdaderos palacios i amontonar rocas 
de granito. 

"Un escenario semejante exijia actores igualmente gran- 
des. Hombres de una trdla ordinaria, perdidos en medio de 
estas construcciones colosales, habría escapado a las mira- 
das de esos millares de espectadores encerrados en ese re- 
cinto inmenso, i su débil voz no habria podido llegar a los 
oidos atentos de la muchedumbre. Así, los actores calzaban 



DESCRIPCIONES 219 



el coturno, que los realzaba algunas veces cuatro o cinco 
pulgadas. Ciertas especies de guantes prolongaban sus bra- 
zos, su pecho, sus hombros, todas las partes de sus cuerpos 
eran ensanchadas proporcionalmente. Su misma voz se ha- 
cia mas fuerte i estrepitosa: para esto servia principalmen- 
te la máscara que ens^olvia la cabeza de los actores. 

*'Hubo,sin embargo, muchos otros motivos para este uso 
que hoi nos parece tan estravagante. Las leyes i las cos- 
tumbres de Atenas no permitian a las mujeres salir a la es- 
cena: todos los papeles estaban, pues, representados por 
hombres. ¿Pero qué se haria entonces el encanto i la ilusión 
de los papeles de Ifijenia, de Antígona i de Fedra? La más- 
cara vino en ayuda de la verosimilitud. Un hombre cubier- 
to con un rostro femenino que adornaban toda ^ las gracias 
de la juventud i de la belleza, i cuya inmóvil fisonomía era 
disimulada por la distancia, pudo, sin chocar las miradas, 
tomar el nombre i el papel de esas célebres princesas. Desde 
entonces, cada personaje tuvo una figura, im aspecto inva- 
riable, cuyo tipo se perpetuó, i que hizo de todos los héroes 
de la trajedia griega, poco numerosos es verdad, como una 
serie de retratos históricos. Desde la aparición de un actor, 
los espectadores nombraban a Hércules, a Oréstes o a Aga- 
menón, cuyas facciones figuradas en la máscara, recono- 
cian perfectamente. Hemos dicho que la grande estension 
del escenario ateniense exijia una voz mas que humana. La 
boca abierta de la máscara, revestida de láminas de bron- 
ce i de metales sonoros, servia de porta voz; i esparcía en 
la asamblea esos acentos vehementes que sembraban el es- 
panto. 

"Los trajes participaban de esta uniformidad que reina- 
ba en el teatro griego. No se diferenciaban sino por su ma- 
yor o menor riqueza. Los reyes ceñian su frente con una 
diadema, se apoyaban en un cetro, en cuyo estremo habia 
un águila, i usaban largos vestidos flotantes en que brilla- 
ban el oro, la púrpura i todos los colores. Los héroes esta- 
ban siempre armados i cubiertos con una piel de león, de 
tigre o de jabalí, todos los que se encontraban en infortu- 
nio vestían un traje negro u oscuro, que algunas veces caia 
en harapos. K\ traje indicaba siempre de una manera inva- 
riable, el rango, el sexo i la fortuna del personaje. 

"El autor no tenia facultad de designar a los actores en- 
cargados de los diversos papeles: el arconte los designaba 
a la suerte. Los mismos actores representaban igualmente 
en la comedia que en la trajedia. Por lo demás, aunque es- 



220 MANUAL DE COMrOSICION LITARARIA 

puestos a todos los inconvenientes de su profesión, las pi- 
fias, los silbidos, las injurias, gozaban de una gran consi- 
deración, i algunas veces se veian encargados de altas fun- 
ciones públicas. Aun la calidad de actor se consideraba 
honrosa, puesto que era preciso tener el título de ciudada- 
no para figurar en la escena, aun entre los coros. 

"El coro, compuesto al principio, en tiempo de Esquilo, 
de cincuenta actores, reducido en seguida a doce, i consti- 
tuido en fin en quince por Sófocles, era dirijido por un cori- 
feo, que tomaba la palabra a su nombre, declamaba o can- 
taba mezclándose en la acción. En los intermedios, que en 
cierto modo equivalian a nuestros entreactos, todas las 
voces se reunian i cantaban en conjunto. Frecuentemente 
los actores mezclaban el baile con las palabras, baile imi- 
tativo i grave, cuyo objeto era espresar con mas enerjía los 
sentimientos de que estaba penetrado el autor. La trajedia 
griega, mezcla de declamación, de baile i de canto, era, 
pues, mui semejante a nuestras óperas. La música sencilla 
i lenta no servia mas que para arreglar la voz. El actor 
que cantaba, estaba acompañado por la flauta, i el que 
declamaba, por la lira. El canto iba precedido de un pre- 
ludio ejecutado por uno o dos flautistas". 

Fabre d'Olivet, 1 

Estudios Literarios 



XIX 



Las pampas de América 

*'A1 este de la cordillera de los Andes se estiende una 
vasta llanura que "^e llama las Pampas, i que tiene cerca 
de 900 millas de ancho. Yo he recorrido una parte de ella. 
Aunque colocada toda ella bajo la misma latitud, se di- 
vide en varias rejiones cuyo clima i cuyos productos di- 
fieren esencialmente. Saliendo de Buenos Aires, la primera 
parte de estas rejiones está cubierta de trébol i de cardos 



1, Antonio Fabre d'Olivet, literato francés de principios de la 
época contemporánea (1796-1825) es menos conocido como no- 
Telista i como autor dramático, que como erudito i filólogo. Ha 



DESCRIPCIONES 221 



en una estension de 108 millas i; la segunda que tiene 450 
millas, produce grandes yerbas: i la tercera que llega hasta 
el pié de la cordillera, no es mas que una selva de árboles 
pequeños i de arbusto». La segunda i la tercera ofrecen 
casi el mismo aspecto todo el año: todos los árboles, gran- 
des i pequeños, están verdes, i la 3^erba de C{ue está cubier- 
ta la llanura no pasa mas que del verde a un color oscuro; 
pero la primera rejion presenta un espectáculo diferente en 
cada estación. En invierno, las hojas de los cardos son 
grandes i esponjadas: i el paisaje en toda su estension tiene 
la apariencia de un campo de nabos. El trébol es estrema- 
damente vigoroso i abundante en esta estación; i la vista 
de los animales que pacen en toda libertad, es de una 
gran belleza. En la primavera, el trébol ha desaparecido; 
las hojas de los cardos cubren el suelo, i el campo toma 
una apariencia vulgar. En menos de un mes se verifica un 
cambio estraordinario: todo el pais se trasforma en una 
espesa selva de cardos enormes, que alcanzan casi de re- 
pente una altura de diez a once pies, i que están llenos de 
flores. Cubren el camino por ambos lados i ocultan ente- 
ramente la vista: se hace imposible distinguir un solo ani- 
mal; los tallos de los cardos están de tal manera juntos 
los unos a los otros, i son tan resistentes que formarían 
una barrera impenetrable aun sin las espinas de que están 
erizados. El repentino crecimiento de estas plantas es ver- 
daderamente maravilloso: i, aunque no haya ocurrido nun- 
ca esta desgracia, no seria imposible que un ejército de 
invasión poco familiarizado con este pais se encontrase 
encerrado por estos cardos antes de haber tenido tiempo 
de retirarse. Todavía no ha acabado el verano cuando 
esta escena cambia una vez mas. Los cardos pierden su 
savia i su verdura, las cabezas se secan, las hojas se arru- 
gan i se marchitan, los tallos se ennegrecen i mueren, i no 
hacen mas que rozarse con ruido unos con otros al menor 



espresado sobre los jeroglíficos ejipcios i sobre la Biblia las opinio- 
nes mas estravagantes; pero sus estudios críticos revelan un saber 
sólido. La interesante descripción del teatro griego que dejamos 
copiada, puede ser comparada con las pajinas que al mismo asun- 
to destina el abate Barthelemy en su Viaje del joven Anacársis 
ea Grecia, una de las obras mas notables que se hayan compuesto 
jamas sobre la historia antigua, notable por una ciencia inmensa 
i por la elegancia del estilo. 

1 Una milla inglesa tiene 1609 metros. 



-22 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

soplo, hasta que la violencia del huracán los hecha al sue- 
lo; i allí se descomponen pronto i desaparecen; en fin, el 
trébol nace de nuevo, i la llanura vuelve a reverdecer. 

E. Head. 1 

Las Pampas . 



1 Sir Francis B. Head, escritor i arlministrador ingles, contem- 
poráneo nacido en 1793, ha hecho muchos viajes, tino de los cua- 
les, de Buenos Aires a Chile, publicó en 1826 con el título de has 
Pampas, que obtuvo mucha boga en Inglaterra. Gobernador del 
Canadá en 1837, tuvo que sofocar una insurrección. Ha escrito 
después obras igualmente célebres, i señaladas por el mismo estila 
pintoresco i descriptivo. Se ha dicho muchas veces que su descrip- 
ción de las pampas es demasiado fantástica, i que exajera todo 
lo que trata; pero esto no quita gran cosa a su mérito de pintor 
fácil i colorista. 



^# .#i#)#)#i#)ii)#) Ai^ 



SECCIÓN VIH 
Retratos 

Los retratos consisten en la descripción del esterior o de 
carácter de una o muchas personas. De todos los adornos 
que entran en la composición de las obras narrativas, es 
éste el que mas interesa, i también el que mas atrae la 
atención del lector. Ese conjunto de observaciones destina- 
das a dar a conocer una persona, i que sirven también para 
coordinar nuestras ideas sobre lo que ya hemos leido, o 
para prepararnos para lo que vamos a leer, tiene un interés 
particular. Pero es preciso qne los retratos no sean sim- 
ples ejercicios literarios en que el escritor despliegue los re- 
cursos de su injenio i de su estilo, sino que estén basados en 
una observación atenta, i que sean el fruto del estudio. 

Existen retratos de varias clases, que conviene dar a co- 
nocer: 

1° Los retratos jenerales, que comprenden un grupo 
mas o menos considerable de hombres, como serian por 
ejemplo, los atenienses, los romanos, los franceses, los in- 
gleses. Sin duda, en cada pais hai hombres de distintos ca- 
racteres, serios tmos, lijeros otros, valientes, cobardes, así 
como sus fisonomías son diferentes; pero también es verdad 
que hai entre los naturales de un pais ciertas cualidades 
jenerales que les son comunes, como lo son igualmente mu- 
chos rasgos de su fisonomía. El escritor que caracteriza a 
un pueblo, debe estudiar esos caracteres jenerales i darlos 



224 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

a conocer tales como son. Los rasgos esteriores pueden ser 
examinados; pero es el carácter moral lo que mas importa 
conocer. 

2^ Los retratos morales o caracteres, en que el autor 
reúne todas sus observaciones sobre un vicio, sobre una 
estravagancia, sobre una ridiculez. Tomando un nombre 
ficticio, i muchas veces sin tomar nombre, agrupa diversas 
observaciones que conducen a pintar un carácter dado, un 
tipo en que domina esencialmente el vicio o la estravagan- 
cia que se trata de pintar. Este jénero de retratos exije la 
observación de las estravagancias de la humanidad, i cier- 
to hábito de jeneralizar, que permite reunir en un solo ser 
imajinario los defectos comunes a una especie de hombres. 

3^ Los retratos literarios, en que no se busca tanto el 
dar a conocer el carácter del escritor, sino las tendencias 
de su jenio,el espíritu de sus obras, su gusto, su estilo. Este 
jénero, puesto en boga por eminentes escritores de nuestro 
tiempo, forma una de las espresiones mas agradables i mas 
características de la crítica literaria. El crítico sin deseen, 
der a analizar los detalles de una o muchas obras, bosqueja 
fielmente la fisonomía especial del talento de cada autor. 
Esta clase de retratos, acompañan de ordinario a la bio- 
grafía del escritor, i toman a veces estensas dimensiones, 
pero no es raro encontrar bocetos literarios trazados con 
unas cuantas pinceladas. Casi parece innecesario advertir 
que este jénero de retratos supone el estudio de las obras 
del escritor de que se trata. 

4*^ El retrato histórico, es decir de personajes determina 
dos que ocupan un lugar en la historia. Algunas veces es ne 
cesarlo dar aconocer los rasgos esteriores, el rostro, el tama 
ño, el aire del individuo: pero la parte mas importante de 
retrato, es la pintura de las costumbres, de las virtudes i 
de los vicios. Lo que distingue a los hombres- entre sí, en 
la historia particularmente, no es tanto los detalles de la 
fisonomía, del cuerpo o de su aire jeneral, sino el jenio i el 
carácter: no hai necesidad de hablar de las ventajas o des- 
ventajas físicas, sino en cuanto esplican i representan los 



RETRATOS , 225 



defectos o las cualidades del alma. El retrato histórico, 
ademas, exije conocimiento de los hechos, debe estar basa- 
do en ellos i debe contribuir a esplicarlos. Con un conjunto 
ordenado de lugares comunes, i de frases mas o menos bien 
dispuestas, de cualidades jenerales, no se hace un retrato. 
Lo que se parece a todo el mundo, no puede servir para 
caracterizar a nadie. Son mui frecuentes los ejemplos de 
esta clase de retratos, en que se agrupan rasgos tomados 
muchas veces de los retratos que trazaron los grandes es- 
critores de la antigüedad. El historiador, por el contrario, 
al trazar una imájen, tiene por deber el enseñarnos a dis- 
tinguir de cualquier otro el personaje al cual se quiere re- 
presentar. 

Las obras de imajinacion, la epopeya, la novela, etc., tie- 
nen también sus retratos. Aunque los personajes que se ca- 
racterizan, son de pura invención, conviene someterse hasta 
cierto punto a las reglas relativas al retrato histórico; es 
decir, es necesario dar a los seres imajinarios un carácter 
no solo en armonía con la naturaleza, sino palpable i dis- 
tinto del de la jeneralidad de los hombres. 

En los modelos de ejercicios contenidos en esta sección, 
encontrarán los jóvenes ejemplos de retratos de estas dife- 
rentes clases. 



rOMO v 15 



226 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



TEMAS DE EJERCICIOS 



Los atenienses, por su cultura, por su intrepidez, por su 
espíritu emprendedor i hasta por su inconstancia, forman 
el pueblo mas interesante de la antigüedad. Novedosos por 
carácter, prontos para concebir i para ejecutar, acometian 
las empresas mas riesgosas sin calcular los peligros. Cuan- 
do conseguian su objeto, no gozaban largo tiempo de su 
triunfo, porque nuevas esperanzas los hacían acometer nue- 
vas empresas. Cuando sufrían un fracaso, no se desalenta- 
ban tampoco, sino que meditaban los medios de volver a 
otros trabajos. Su actividad era infatigable; i para ellos la 
ociosidad era una verdadra desgracia. 



II 



Los romanos de los primeros tiempos eran orgullosos, 
atrevidos, metódicos, constantes, laboriosos i sufridos. El 
amor a la patria i a la libertad, comprendida esta última 
como el respeto a las leyes que se había dado el mismo pue- 
blo, formaban el carácter distintivo del pueblo romano- 
Por ambas cosas sacrificaban su vida resueltamente. So- 
brios i modestos en la vida privada, austeros i honrados 
en sus costumbres, vivían entregados al laboreo de sus cam- 
pos o al cuidado de sus familias, mientras la patria en peli- 
gro no reclamaba sus servicios i su vida. El botín recojido 
en la guerra no enriquecia a los jenerales, que después del 
triunfo volvían a vivir modestamente. Esta modestia en 
medio de la familia, contrastaba sobre todo con la gran- 
diosidad i la magnificencia de todo aquello que era de ínte- 
res público, como los templos, las fortificaciones, las plazas 
i todas las construcciones emprendidas por el estado. La 
molicie les era, pues, desconocida, i al mismo tiempo su ciu- 
dad adquiría por esas obras, así como por las conquistas 
de sus hijos, el título de señora del mundo. 



RETRATOS 22' 



III 

Los franceses tienen muchos puntos de semejanza con los 
atenienses de la antigüedad. Ardorosos, apasionados, aco- 
meten grandes empresas sin arredrarse por los peligros, i 
cuando fracasan en una de ellas, meditan los medios de vol- 
ver a recomenzar sus trabajos. Civilizados i humanos en 
tiempos de paz, son inhumanos i feroces en medio de las re- 
vueltas civiles. Un impulso del corazón, el amor a la gloria, 
el entusiasmo, los lanza al peligro sin reserva de su vida. 
Lijeros, burlones, vanidosos, inconstantes, son, sin embar- 
go, tesoneros en los grandes trabajos, laboriosos i sufridos. 
La depravación de las costumbres no corrompe, sin em- 
bargo, su corazón; así se ha observado que después de la 
corrupción del siglo de Luis XV, se vio aparecer la jenera- 
cion esforzada i varonil de la revolución de 1789. 



IV 

Se trata de hacer el retrato moral del fatuo. La vanidad, 
el deseo de ostentación, la pretendida superioridad, la arro- 
gancia para hablar con todos, i sobre todas materias, son 
sus rasgos distintivos. Habla de sus talentos, de su ciencia, 
de su fortuna, de sus relaciones con los grandes i los pode- 
rosos, finje ocupaciones que no tiene, i fastidia a todos con 
su presunción. Blfatuo puede no ser un hombre malo; pero 
las jentes huyen de él. 



Hai hombres que sin tener ideas propias, repiten enfáti- 
camente lo que oyen a los demás, i hasta llegan a persua- 
dirse de que son capaces de producir algo. Fmjen meditar, 
toman el aire de personajes, i en efecto lo hacen creer a los 
otros por algunos momentos. La ilusión, sin embargo, no 
dura mucho: luego se descubre al grajo de la fábula, ador- 
nado con la pluma del pavo real. 

VI 

¿Quién no ha visto a un hombre de mal humor? El me- 
nor incidente lo enfurece, lo pone fuera de sí; llora, se lamen- 



228 MANUAL DK COMPOSICIÓN LITERARIA 

ta, ruje. Lo que mas le agradaba hace un momento, le de- 
sagrada ahora. Desea vivir en la soledad i la soledad le 
fastidia, porque no tiene a quién regañar. Le desagrada el 
silencio i la conversación: si los otros hablan entre sí, cree 
que es para censurarlo, i le molesta que hablen en voz alta. 
Su razón está al revés; i en medio de sus estravagancias, es 
capaz de sostener que la noche es dia. 



VII 

Los ociosos tienen ordinariamente la manía de visitar. 
Recorren sin cesar las calles, de tal manera que hacen apa- 
recer mayor la población de una ciudad, porque parecen 
estar en muchas partes a la vez. Llegan a todas partes a 
hablar de las mismas cosas i a repetir la misma historia. 
Acompañan todos los entierros, felicitan a todo el que está 
de plácemes, dan el pésame a todo el que ha sufrido una 
pérdida. Ordinariamente, no hai nada mas vacío que la 
conversación de tales jentes. 



VIII 

Hai hombres que manifiestan en todo una franqueza llena 
de honradez. Sus acciones sus palabras revelan una since- 
ridad i un desprendimiento verdaderamente admirables. 
Ellos socorren a todo el mundo, a todos sirven, i ni siquie- 
ra entienden por sí mismos en la dirección de sus propios 
negocios. Sin embargo, los que han tenido relaciones de 
cualquiera clase con ellos, saben lo que vale esa franqueza, 
i conocen que bajo las apariencias de bondad se oculta una 
alma pequeña cuando no baja i ruin. Esto es lo que se lla- 
ma un hipócrita de franqueza. 



IX 

El Dante no solo es el primer poeta italiano de su siglo, 
sino el mas grande de todos los que hasta entonces habia 
producido la Itaha moderna, i bajo muchos conceptos, el 
mas grande de todos los que han producido después. Sus 
versos son ásperos en ocasiones; pero esa aspereza es en 



RETRATOS 229 



cierto modo imitativa, porque solo se le encuentra en los 
pasajes violentos i terribles, mientras que es suave en los 
pasajes tiernos. Verdadero i sencillo aun en las escenas mas 
grandiosas, mantiene, sin embargo, la dignidad i la eleva- 
ción en el tono. La concisión i la enerjía de su estilo son 
ademas inimitables; asi como el poder i la riqueza de su 
imajinacion no han sido sobrepiijados. 



X • 

Shakespeare es el orgullo de la Inglaterra. Fué el favorito 
de sus contemporáneos, i si en el siglo XVII, el fanatismo 
puritano primero, i el mal gusto en seguida, hicieron oscu- 
recer en cierto modo su gloria, su nombre volvió a brillar 
con nuevos resplandores en el siglo siguiente, i ocupa aho- 
ra el mas alto puesto que se puede ambicionar en literatu- 
ra. No se busque en sus dramas la perfección artística en 
los detalles i en la manera de desarrollar el drama; bús- 
quese sí el conocimiento acabado del corazón humano, de- 
las pasiones que lo dominan, el jenio que da color, vida, 
movimiento a las grandes emociones, que sabe retratarlas 
bien, i que sabe apasionar a sus lectores i a sus especta- 
dores. 

Este tema, como el anterior i como todos los que le son 
análogos, no deben ser tratados por los jóvenes sino des- 
pués de hciber leido algunas obras del autor de que se 
trata. 



XI 



Alcibíades es la personificación mas acabada del carácter 
ateniense. Fué un conjunto de vicios i virtudes, único tai- 
vez en las pajinas de la historia. Nadie era mas valiente 
que él en el campo de batalla; poseia una grande intelijen- 
cia i un verdadero jenio militar: su elocuencia arrastraba 
a los que lo oiati: era ademas laborioso, paciente, despren- 
dido, amaba a su patria con verdadera pasión: sabia do- 
blegarse a las circunstancias; i hasta su belleza física dis- 
ponia a su favor. En los momentos de descanso, sin em- 
bargo, se abandonaba a todos los excesos, era un hombre 
superficial, inclinado a seguir las modas mas estravagan- 
tes, i lo que aun es peor, disoluto. 



230 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



XII 



Catón el censor, era un hombre tan notable por su talen- 
to como por su carácter. Con un vasto caudal de conoci- 
mientos, con una grande aplicación al estudio, fué un ora- 
dor distinguido i un escritor ilustre. Su intelijencia se 
adaptaba a todo jénero de trabajos. Pero la entereza de -^n 
carácter, su probidad, la pureza de sus costumbres, su ac- 
tividad incansable i su valor como soldado, han hecho de 
él el tipo mas acabado de los romanos de los buenos tiem- 
pos. 



XIII 



La historia pinta a Catilina como un hombre intelijen- 
te, pero vicioso; ardiente, pero animado por una ambición 
sin escrúpulos. Vastago de una familia noble, dilapidó sus 
bienes, se rodeó de libertinos que lo reconocian por jefe; i 
confiando demasiado en la corrupción i en la degradación 
del carácter romano, después de las sangrientas disencioiies 
de Sila i Mario, aspiró al primer puesto de la república por 
medio de un golpe de mano que se frustró. 



XIV 



Atila, el terrible jefe délos hunos, era de raza tártara, i 
su rostro i su cuerpo dejaban ver este oríjen. Chico de cuer- 
po, ancho de pecho, de nariz chata, ojos pequeños, color 
oscuro, etc. Violento i arrebatado por carácter, era, sin 
embargo, clemente con los que se le sometian. Entregábase 
con frecuencia a la embriaguez, lo que lo hacia mas inira- 
cable. No tenia creencias relijiosas, si bien daba crédito a 
los hechiceros. Viviendo en medio de los campamentos, no 
esponia su persona en las batallas; i lo que parece mas ra- 
ro, no le gustaba la guerra, prefiriendo imponer al enemigo 
con amenazas arrogantes. Entablaba negociaciones, i sa- 
bia imponer su voluntad, como sabia también mandar las 
hordas que capitaneaba. 



RETRATOS 231 



XY 

En Carlomagno, al lado del jeneral i del conquistador, 
se encuentra también al hombre de Estado i al lejislador. 
Su gobierno fué fecundo en bienes. por las ordenanzas que 
dictó, i que suponen una gran previsión. Sus planes admi- 
nistrativos revelan una grande intelijencia. Recorría con 
frecuencia su imperio, correjia los abusos, allanaba las difi- 
cultades i vencia los peligros. Suave por carácter, sencillo 
en sus gustos, era también económico en la administración 
de sus tesoros privados i sumamente probo en la del teso- 
ro piiblico. 

XVI 

El carácter de Luis XI es uno de los mas singulares que 
presenta la historia. Valiente como militar, prefería las 
negociaciones a las eventualidades de una guerra; i en las 
negociaciones, sabía perfectamente envolver al enemigo. 
No reparaba en gastos para ganarse a los hombres de 
quienes necesitaba. La perfidia fué uno de sus medios de 
gobierno. Implacable con sus enemigos, olvidaba también a 
sus parciales cuando ya no le eran necesarios. Formado en 
la escuela de la adversidad, adquirió en ella una gran des- 
confianza. A pesar de estas perversas cualidades, Luis XI 
hizo grandes bienes a la Francia, asentando el poder del 
trono sobre las ruinas del feudalismo. 

XVII 

Pocos personajes presenta la historia en cuyo carácter 
se noten cualidades tan encontradas como eneldejaco- 
bo I de Inglaterra. Estudioso i erudito, no poseía sin em- 
bargo ningún conocimiento útil. Tímido en estremo, tuvo 
algunas veces rasgos de entereza. Amante de las prerroga- 
tivas del poder real se dejaba dirijir i gobernar por favori- 
tos. Económico i hasta mezquino cuando él mismo entre- 
gaba el dinero, era pródigo cuando mandaba pagar. Acti- 
vo i laborioso, perdía el tiempo en frivolidades. Solo fué 
constante en su propósito de mantenerse en paz con todas 
las naciones. En todos los actos de su gobierno se notan 
los efectos de su debilidad i de la falta de unidad en sus 
pensamientos. SuUy lo llamaba por esto el loco mas pru- 
dente de la cristiandad. 



232 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



XVIII 

La gran figura histórica de la guerra de treinta años es 
la de Gustavo Adolfo, rei de Suecia. Reformó la táctica 
militar para dar mayor movilidad a sus ejércitos, discipli- 
nó admirablemente a sus soldados, infundió a éstos una 
moralidad desconocida hasta entonces, desterró el lujo en- 
tre sus oficiales i cimentó en todas partes la mas estricta 
moralidad. El se sometió gustoso a todas las privaciones 
de la guerra, se hallaba presente en todas partes, admira- 
ba a sus soldados por el valor, por su actividad i su virtud. 
Sus triunfos fueron la obra de su jenio i de la disciplina de 
sus tropas; i la muerte, que lo arrebató en la mitad de su 
carrera i de su gloria, no le permitió llevar a cabo la em- 
presa que habia acometido; pero el impulso que dio a la 
nación le sobrevivió largos años. 

XIX 

El condestable don Alvaro de Luna, favorito de don 
Juan II de Castilla, es una de las grandes figuras de la his- 
toria de la España en el siglo XV. Nacido en condición 
modesta, supo imponerse al rei i llegar a ser su consejero 
i director. Intelijente, astuto i atrevido, su engrandeci- 
miento lo hizo soberbio i orgulloso, provocó la resisten- 
cia de los nobles i le atrajo su ruina i su muerte en un ca 
dalso. 

XX 

Felipe II tenia las prendas de un gran político, como se 
comprendia la política en el siglo XVI, pero también las de 
un gran déspota. Infatigable en el trabajo, reservado 
constante i porfiado en sus empresas, frió a la compasión 
desdeñoso a la lisonja, dirijia por sí mismo todos'los negó 
cios, imponiéndose en sus menores detalles. Fanático exal 
tado para combatir i perseguir a los herejes i protestantes 
era a la vez enemigo terrible del clero i de los papas, cuan 
do éstos se oponian a sus planes. En medio de las mayo 
res complicaciones, tanto en la desgracia como en la pros 
peridad, conservó inalterable la impasibilidad aparente 
de su carácter. Aquella alma de fuego, en que se cobija- 
ban las mas terribles pasiones, estaba envuelta en una 
capa de hielo. 



RETRATOS 233 



XXI, XXII I XXIII 

Miguel de Cervantes Saavedra, el inmortal autor del 
Quijote, ha trazado en el prólogo sus Novelas ejemplares 
el retrato físico de su propia persona con una gracia i una 
elegancia de estilo verdaderamente admirables. En el ca- 
pítulo XVI, parte I de Don Quijote, ha hecho un retrato 
semejante de una moza de posada, que es justamente céle- 
bre. En el Pérsiles i Sejismunda del mismo autor, se en- 
cuentra el retrato de una vieja peregrina escrito con talen- 
to i l^uen humor. Hemos reproducido los tres como mo- 
delos de retratos físicos, i como ejemplo de estilo fácil i de 
lenguaje castizo. 

XXIY 

Las leyes i las costumbres habian hecho de los esparta- 
nos un pueblo singularmente sobrio. La intemperancia es- 
taba proscrita. El lujo habia sido desterrado, así como 
los artistas, que se consideraban inútiles. Eran educados 
en común, i acostumbrados desde la niñez a todos los ejer- 
cicios físicos, la carrera, la lucha, la caza. Aprendian a ha- 
blar poco o a callarse, i a sufrir el dolor sin quejarse. La 
educación de las mujeres obedecía a las mismas tendencias: 
se les inspiraba un heroismo contrario a las leyes de la 
naturaleza i se les enseñaban los ejercicios físicos. El res- 
peto a los ancianos era proverbial. Los soldados forma- 
dos bajo este réjimen, eran incomparables; i el patriotis- 
mo de todos los espartanos no tenia límites. En cambio, 
fueron estraños a las letras, a las artes i al comercio. Una 
lejislacion tan rigurosa, no podia mantenerse en toda su 
pureza: cuando ésta se relajó nació la corrupción. Por mas 
que se quisiera nivelar las fortunas, hubo al fin pobres i 
ricos i la avaricia de estos últimos, se hizo famosa en toda 
la Grecia. 

XXV 

Hai hombres que tienen la manía de disputar con todos i 
sobre todas las cosas. Se refiere un suceso que entre todos 
los presentes solo vos habéis presenciado; uno de esos hom- 
bres os disputará diciendo que sabe lo ocurrido por una 
carta que acaba de recibir de uno de los que intervinieron 



234 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

en el hecho. Habría disputado a Leónidas sobre la defensa 
de las Termopilas, i a Alejandro sobre la batalla de Arbe- 
les. Sus mejores amigos temen la visita de un hombre se- 
mejante: lo abandonan los mismos que esperaban heredar 
su fortuna. Los médicos prohiben a los enfermos del cora- 
zón o asma que hablen con él. No puede oir un sermón por- 
que no se le permite disputar con el predicador. I, sin em- 
bargo, es un buen hombre, estimable por sus virtudes: pe- 
ro detestable por su pasión por las disputas. 



XXVI 



El egoista no habla mas que de sí i no piensa mas que en 
sí. Parece creer que no existiesen otros hombres. En to- 
das partes, en la mesa, en un carruaje, en el teatro toma el 
primer lugar, se ocupa de sí solo, i se olvida de las conside- 
raciones debidas a los otros. 



XXVII 

Se llama bibliógrafo el hombre que tiene conocimiento de 
los libros; bibliófilo el que los ama con pasión i con inteli- 
jencia; i por último, bibliómano, al que tiene la manía de 
colectar libros por gusto o por capricho, sin conocerlos i 
sin estudiarlos. 

Se trata de hacer el retrato del bibliómano. Unos son bi- 
bliómanos atesoradores, que guardan i esconden sus libros 
para que nadie los vea, que nunca o rara vez hablan de ellos, 
i que se gozan en su soledad de haber reunido esos tesoros. 
El bibliómano vanidoso, por el contrario, hace ostentación 
de sus libros, que conserva lujosamente encuadernados, 
que gasta en ellos, i que los muestra a todo el mundo, aun 
a las personas menos intelijentes. El bibliómano esclusivo 
no hace caso mas que de ciertos libros, forma colecciones 
de ciertas obras, reterentes todas a una misma materia, i 
muchas veces reúne únicamente las diversas ediciones de un 
solo autor o de un solo libro. El bibliómano envidioso que 
se desvive por lo que no posee, que pasa inquieto porque 
otro tiene un libro que él no ha podido adquirir, i que com- 
praría a cualquier precio, que desearía la muerte de un co- 
leccionista para que así se vendieran los libros de su com- 



RETRATOS 235 



petidor i satisfacer sus deseos. Por fin, i como variedad de 
esta última clase, existe el bibliómano pirata o biblio-pira- 
ta que pide prestados los libros para no volverlos jamas, i 
que aun seria capaz de robarlos. 

XXVIII 

Los historiadores contemporáneos de Luis XÍV i los que 
formaron las primeras jeneraciones que se le siguieron, lo 
llamaron el gran rei, adornándolo de las cualidades mas 
brillantes. Mas tarde, la historia fué mejor estudiada i es- 
crita con mas independencia i con mayor discernimiento. 
Juzgado bajo el punto de vista del honor, de las costum- 
bres i de los intereses materiales, Luis XIV i su gobierno 
deben ser condenados. Un libertinaje grosero i sin freno, 
acompañado por la superstición mas estrecha i mas crae 
caracterizó su vida, mientras que en la administración pu- 
bHca desplegó una arrogancia i una perfidia sistemática 
que excitaron en ciertos momentos la cólera de toda la Eu- 
ropa i atrajeron sobre la Francia las mas terribles represalias. 



XXIX 

Carlos XII, rei de Suecia, no se dejó cegar por sus triun- 
fos, ni abatir por sus reveses. Vivió sin debilidad, i llevó 
hasta el exceso las virtudes que constituyen los héroes. De 
allí provinieron sus desgracias: su firmeza se convirtió en 
obstinación, su liberalidad en profusión, su valor en teme- 
ridad. Sus grandes cualidades han sido mas funestas que 
útiles a su pais. Mas ambicioso de gloria que de poder, hi- 
zo conquistas, nó para ensanchar sus estados, sino para 
hacer i deshacer reyes. Era grande de cuerpo, tenia una her- 
mosa frente, grandes ojos, la parte inferior de la cara desa- 
gradable, poca barba i pocos cabellos. Era mui taciturno, 
i tenia poco trato de sociedad. 

XXX 

Por sus talentos, por sus virtudes, por su carácter, por 
las grandes cosas que ejecutó, Cristóbal Colon es uno de los 
hombres mas grandes e ilustres que recuerde la historia. Su 
jenio concibió un gran proyecto, su constancia lo hizo acep- 



23G MANUAL DR COMPOSICIÓN LITERARIA 



tar, apesar de las desconfianzas i las resistencias, i su arro- 
jo, fundado en la fé de sus convicciones científicas, lo llevó 
a cabo. La moderación i la templanza de su carácter, la rec- 
titud de todos sus actos, su modestia singular, aun después 
de haber ejecutado tan grandes cosas, la magnanimidad su- 
perior con que perdonaba a sus enemigos, no encuentran 
nada que les sea superior en la historia. Si el estado de las 
ciencias en su siglo no le permitió esplicar todos los fenó- 
menos que observó durante sus viajes, señaló a lo menos 
los hechos que debian llamar la atención del sabio, i fijó los 
puntos para las futuras investigaciones. 

XXXI 

En Washington no se encuentran los rasgos brillantes i 
fascinadores que distinguen a otros grandes personajes his- 
tóricos. Ni los talentos militares, ni el heroismo, ni el ardo- 
roso entusiasmo para defender a su patria fueron en él cua- 
lidades tan distintivas como las que encontramos en Bolí- 
var, en San Martin i en otros jefes de la revolución hispano- 
americana. 

Pero Washington poesia un conjunto armónico de gran- 
des cualidades i de grandes virtudes, como es difícil encon- 
trar en la historia. Patriota, desinteresado, repubHcano 
ante todo, juicioso, discreto, moderado, recto, honrado, 
modesto, poseia ademas las cualidades de jeneral i de hom- 
bre de gobierno para realizar con acierto todo lo que se le 
encomendó i todo lo que la patria esperaba de él. 

XXXII 

O'Higgins brilla en la historia americana por su valor 
heroico en el campo de batalla, por su actividad incansa- 
ble en los trabajos de organización i por su buen sentido 
para llevar a cabo las empresas que acometia. Poseia mas 
conocimientos útiles i prácticos que casi todos los hombres 
entre los cuales vivió; tenia mas ideas de progreso i mas 
conocimiento de las necesidades del pais que todos ellos; 
pero no habia recibido la educación prestijiosa de los juris- 
consultos i letrados de su tiempo; i su modestia natural lo 
inclinó a buscar el apoyo i los consejos de esos hombres 
que fueron el oríjen de sus defectos. De esta manera, un 
hombre moderado, bondadoso, modesto, fué mas de una 
vez dirijido por el mal camino; la adulación i la lisonja lo 
cegaron en cierto modo; i el hombre que habia nacido con 



RETKATOS, . 237 



una gran alma i con un juicio claro i recto, cometió faltas 
que si no alcanzan a empañar su gloria, le quitan a lo rné- 
nos una parte de su brillo. 

XXXIII 

Los tres temas siguiente son de retratos literarios. Con- 
viene que los jóvenes no se ensayen en esta clase de ejercicios, 
sino después de haber leido algunas de las obras de los au- 
tores sobre los cuales quieren escribir. 

Los hombres ilustres de la antigüedad reviven en cierto 
modo en las biografías de Plutarco; i con ellos aparece la 
historia de los antiguos pueblos en toda su verdad, no tan- 
to en los hechos mismos, cuanto en el espíritu de esas épo- 
cas. Plutarco es siempre tranquilo; su estilo es sencillo e 
interesa sobre todo por los grandes objetos de que se ocu- 
pa. Su grande arte consiste en hacer conocer los hombres, 
cuya vida refiere por los pequeños detalles de su existen- 
cia: hace algo mejor que retratos, muestra a los personajes 
obrando. 

XXXIV 

Cicerón es quizá el mas notablede los escritores antiguos 
i modernos, sino por la orijinalidad i grandeza de sus pen- 
samientos, por el arte de hacer uso de la palabra i del len- 
guaje. Todas las grandes cualidades del orador están reu- 
nidas en sus discursos. Se le ha reprochado alguna vez un 
cuidado minucioso en la forma, i por esta razón se prefiere 
aDemóstenes. Es verdad que seencuentran en Cicerón algu- 
nas cadencias afectadas, pero siempre se halla la armonía. 
Bajo una alocución brillante, hai pensamientos vigorosos, 
injeniosos i profundos. El estilo de los escritos filosóficos de 
Cicerón no tiene la magnificencia oratoria de las arengas; 
pero se reconoce al orador por la forma del diálogo, cuyo 
desarrollo es mas estenso que en los otros escritores que 
han adoptado esta forma. 

XXXY 

Sir Walter Scott goza con justicia de la reputación de ser 
uno de los mas grandes novelistas, i el primero sin duda en 
el jénero de la novela histórica. Sus obras no son todas del 
mismo mérito, pero todas presentan en el fondo las mis- 



238 m^mrASí mm @Mipaii|W»if. literaria 

mas cualidades: un arte admirable para trazar los earatrtér 
res i hacer hablar los personajes, un talento májico para 
pintar los lugares i los trajes, una mezcla de ideal histórico 
i de detalles familiares i cómicos reunidos con habilidad, 
una gran variedad de incidentes dramáticos i de escenas su- 
blimes; pero a veces se encuentran en ellas pasajes demasia- 
do largos, repeticiones i aun embarazos para hacer la esposi- 
cion. 



MODELOS DE EJERCICIOS 

1 

i 

Los atenienses 

"Ávidos de novedades, los atenienses son prontos para 
concebir i prontos para ejecutar lo que han concebido. Vo- 
sotros, lacedemonios, por el contrario, preferis conservar 
lo que poséis, sin imajinaros nada mas allá, i ni siquiera 
obráis dentro de los límites de lo necesario. Ellos son em- 
prendedores mas de lo que permiten sus fuerzas, audaces 
hasta la irreflexión, llenos de confianza en medio de los ma- 
yores reveses. Vosotros emprendéis menos de lo que podéis 
i de lo que deseáis, desconfiáis de lo que aconseja la razón, 
persuadidos de que jamas saldréis de los peligros. Ellos sop 
tan inquietos como vosotros sois contemporizadores: les 
gusta tanto dilatarse a lo lejos, como a vosotros permane- 
cer en vuestros hogares. Alejándose de sus murallas, ellos 
creen que adquirirán algo; vosotros, alejándoos de las vues- 
tras, creéis que vais a perder lo que poséis. Vencedores, ellos 
avanzan lo mas lejos posible: vencidos, retroceden mui po- 
co. Sacrifican su cuerpo por la patria, como si les íuera es- 
traño, i sus pensamientos cada vez que los creen necesarios 
para su servicio. Si no consiguen todo lo que se han pro- 
puesto, se creen despojados de algo que les pertenecia. Si 
han satisfecho el objeto de sus ambiciones, creen que han 
alcanzado poco en comparación de lo que les queda por ha- 
cer o de aquello a que se creian con derecho. Fracasan en 
una empresa, i nuevas esperanzas llenan las necesidades de 



RETRATOS 239 



SUS corazones. Solo para ellos no hai diferencia entre espe- 
rar i obtener, tan rápida es la ejecución de sus designios. 
I todo esto sucede en medio de los peligros i de las fatigas 
de una vida continuamente ajitada. Ocupados sin cesar en 
hacer nuevas adquisiciones, gozan mui poco de lo que po- 
seen. No conocen otro fiesta que el cumplimiento de sus de- 
beres; i hacen consistir sus desgraciasen una dulce ociocidad 
mas bien que en la actividad laboriosa. En una palabra, se 
creería que han nacido para no conocer ningún reposo i para, 
no darlo a los otros." 



TUCÍDIDES, 1 
Guerra del Peloponeso, \\h- 1. 



II 

Los romanos 



**De todos los pueblos del mundo, el mas orgulloso i el 
mas atrevido, pero al mismo tiempo el mas metódico en 
sus consejos, es el mas constante en sus máximas, el mas 
prudente, el mas laborioso, i en fin, el mas paciente ha sido 
el pueblo romano. De todas estas cualidades se formó la 
mejor milicia i la política mas previsora, la mas firme i la 
mejor observada que jamás haya existido. 

''El fondo de un romano era el amor a su patria i i su 
libertad. Bajo este nombre, los romanos, como los griegos, 
concebian un estado en que nadie estuviese sujeto a otra 
cosa que la lei, i donde la lei fuese mas poderosa que los 
hombres. 



1 Véanse las Noc. de hist. Jit., part. I, cap. IV, § 16. — Este retra- 
to del pueblo ateniense ha sido colocado por el célebre historiador 
en uno de los discursos que abundan en su obras. Fué pronunciado 
por uno de los representantes de Corinto, en una asamblea con- 
vocada poi' los lacedemonios, i en la cual diferentes pueblos de la 
Grecia espusieron sus quejas contra los atenienses. Ese discurso 
cerró la discusión i se resolvió la guerra, a pesar de las esplica- 
ciones dadas por los embajadores de Atenas. Es menester leer 
teda esta esposicion preliminar de su historia para conocer el arte 
de Tucídides. 



240 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

''Por lo demás, aunque Roma hubiese nacido bajo un 
gobierno real, tenia, aun bajo sus reyes, una libertad que 
no corresponde a una monarquía. Ademas dé que los re- 
yes eran electivos, i de que la elección se hacia por todo el 
pueblo, el pueblo reunido en asamblea tenia eí derecho de 
confirmar las leyes i de resolver la paz o la guerra. Habia 
aun casos particulares en que los reyes confiaban al pue- 
blo el encargo de administrar justicia. Así, los reyes no 
tenían propiamente mas que el manda de los ejércitos, i la 
autoridad de convocar las asambleas lejítimas, de propo- 
ner los negocios, de mantener las leyes i de ejecutar los 
decretos públicos. 

"La libertad era para los romanos un tesoro que prefe- 
rian a todas las riquezas del universo. Durante sus princi- 
pios, i aun durante la época de sus progresos, la pobreza 
no era un mal para ellos: por el contrario, la miraban 
como un medio de guardar intacta su libertad, porque, en 
efecto, no hai nada mas libre que un hombre que sabe vivir 
con poco, 1 que sin esperar nada de la liberalidad o de la 
protección de los otros, busca su subsistencia en su indus- 
tria i en su trabajo. 

*'Tito Livio tiene razón para decir que jamas hubo pue- 
blo alguno en que se hayan honrado mas la frugalidad, el 
ahorro i la pobreza. Los senadores mas ilustres, a juzgarlos 
por lo que se veia en sus casas, diferian poco de los pobres, 
inotenian brillo ni majestad, sino en público i en el senado. 
Por lo demás, se les encontraba ocupados en el laboreo i 
en los otros cuidados de la vida del campo, cuando se les 
iba a buscar para confiarles el mando de los ejércitos. Es- 
tos ejemplos son frecuentes en la historia romana hasta el 
tiempo de las guerras púnicas. Las riquezas eran despre- 
ciadas: la abnegación i la inocencia de los jenerales roma- 
nos causaba la admiración de los pueblos vencidos. 

**Sin embargo, en medio de este amor por la pobreza, 
los romanos no economizaban nada para la grandeza i el 
embellecimiento de su ciudad. Desde los principios, las 
obras públicas fueron tales que Roma no se avergonzó de 
ellas cuando se hizo señora del mundo. El Capitolio, los 
principales templos, los mercados, los baños, los acueduc- 
tos i hasta las cloacas i los desagües de la ciudad, tenian 
una magnificencia que parecia increíble si no estuviese 
atestiguada por todos los historiadores i confirmada por 
los restos que nos quedan. En una palabra, todo lo que 
servia al público, todo lo que podia dar a los pueblos una 



KBTKATOS 241 



grande idea de su patria común, se hacia sin reparar en 
medios. Solo en las casas particulares reinaba la economía. 
El que aumentaba sus rentas i por medio del trabajo i de 
industria hacia mas productivas sus tierras, se considera- 
ba mas libre, mas poderoso i maís feliz. 

"No hai nada mas remoto de tal vida que la molicie. 
Todo tendía mas bien al otro exceso, a la dureza. De este 
modo, las costumbres de los romanos tenian algo no solo 
de rudo i de ríjido; sino de salvaje i de feroz. Pero no olvi- 
daron nada para estar sometidos a buenas leyes; i el pue- 
blo mas celoso por su libertad que jamas haya existido, fué 
al mismo tiempo el mas sumiso a sus majistrados i al 
poder lejítimo." 

BossuET, 1 

Discurso sobre la Mst . universal {lásate \1\.) 



III 

Los franceses 

"Hijos mayores de la antigüedad, los franceses, roma- 
nos por e) jenio, son griegos por el carácter. Inquietos í 
versátiles en la felicidad; constantes en la adversidad: for- 
mados para todas las artes; civilizados hasta el exceso 
durante la calma del estado: groseros i salvajes en los tras- 
tornos políticos; flotantes como las naves sin lastre, a 
merced de todas las pasiones; un momento en los cielos, 
un instante después en los abismos; entusiastas por el bien 
i por el mal, haciendo el primero sin exijir reconocimiento, 
i el segundo sin sentir remordimiento; olvidadizos de sus 
crímenes i de sus virtudes; amantes pusilánimes de su vida 
durante la paz, pródigos de ella en las batallas; vanos, 
burlones, ambiciosos, a la vez rutineros i novadores, des- 

1 Véanse sobre Bossu.-T las Noc. de hist. Ht., part. III, cap. IV, 
§ 18. - El anterior retrato del pueblo romano trazado por Bos- 
suet, es mucho mas estenso. El elocuente historiador francés cita 
varios hechos en corroboración de cada uno de sus asertos; i me 
ha parecido mas conveniente suprimirlos, sin quitar por eso nin- 
guno de los rasgos de su cuadro. 

TOMO V Í6 



242 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

preciando todo lo que no es ellos; individualmente los mas 
amables de los hombres; como cuerpo, los mas desagrada- 
bles de todos; encantadores en su propio pais; insoporta- 
bles en el estranjero: alternativamente mas suaves, mas 
inocentes que el cordero que se degüella, i mr^s implacables, 
mas feroces que el tigre que destroza: tales fueron los ate- 
nienses en otro tiempo; i tales son los franceses de ahora." 

Chateaubriand, i 
Jenio del Cristianismo. 



IV 

El fatuo 



**E1 fatuo es un hombre cuyo carácter lo forma solo la 
vanidad; que no hace nada por gusto, que no obra mas 
que por ostentación, i que, queriendo elevarse sobre los 
otros, ha dcvScendido mas abajo de sí mismo. Familiar con 
sus superiores, importante con sus iguales, impertinente 
con sus inferiores, tutea, proteje, desprecia. Lo saludáis, 
no os vé; le habláis, no os escucha; habláis a otro, enton- 
ces os interrumpe. Mira a todos lados, silba en medio de 
la sociedad mas respetable i de la conversación mas se- 
ria. No tiene ningún conocimiento; pero da consejos a los 

1 Véanse las Noc. de hist. lit., part. III, cap. IV, § 32. 

Otro célebre escritor francés del siglo XIX, Carlos Duglos 
(1704-1771), caracteriza a los franceses de un modo semejante en 
su obra titulada Consideraciones sobre las costumbres. «Es el úni- 
co pueblo, dice, en que las costumbres pueden depravarse sin que 
se corrompa el fondo del corazón, i sin que se altere el valor: une 
las cualidades heroicas con el el placer, el lujo i la molicie: sus vir- 
tudes tienen poca consistencia, sus vicios no tienen raices. El ca- 
rácter de Alcibíades no es raro en Francia. El desorden de las 
costumbres i de la imajinacion no es contrario a la franqueza ni a 
la bondad natural del francés. El amor propio contribuye a hacer- 
lo agradable. La frivolidad que perjudica al desarrollo de su ta- 
lento i de sus virtudes, lo preserva al mismo tiempo de los críme- 
nes sombríos i reflexivos. La perfidia le es estraña, i se cansa 
pronto de la intriga. El francés es el niño de Europa; si algunas 
veces se han visto crímenes odiosos entre nosotros, ellos han 
desaparecido mas bien por el carácter nacional que por la seve- 
ridad de las leyes.» 



RETRATOS 243 



sabios i a los artistas. Se los habría dado a Vauban 2 so- 
bre las fortificaciones, a Lebrun ^ ^obre la pintura, a Ra- 
cine ^ sobre la poesía. 

''Hace un largo cálculo de sus entradas: no tiene mas 
que sesenta mil libras de renta i no puede vivir. Consulta 
la moda para sus estravagancias como para sus vestidos, 
para su médico como para su sastre. Verdadero personaje 
de teatro, creeriais al verlo que tiene una máscara; si lo 
oyerais, creeriais que representa un papel: sus palabras son 
vanas, sus acciones son mentiras, su mismo silencio es 
embustero. Falta a las ocupaciones que tiene, finje tenerlas 
cuando no existen. No va a donde se le espera: llega tarde 
donde no le esperan. No se atreve a confesar que tiene un 
pariente pobre o desconocido. Se gloría de la amistad de 
un grande a quien jamas ha hablado, o que nunca le ha 
contestado. Tiene de los hombres de injenio la suficiencia i 
las palabras satíricas: de los hombres de calidad el calzado 
i los acreedores. 

"Aunque no sea verdaderamente malo, será en todo lo 
contrario del hombre honrado: en una palabra, es un hom- 
bre de injenio para los tontos que lo admiran; es un tonto 
para las personas sensatas que evitan su trato: es un fa- 
tuo, es el modelo de una infinidad de jóvenes .sonsos i mal 
criados." 

Desmahis 5 



V 
Menipo o las plumas del pavo real 

''Menipo es el ave adornada con diversas plumas que 
no son suyas: no habla, repite sentimientos i discursos, i 
aun se sirve tan naturalmente del injenio de los otros, que 

2 Célebre injeniero i escritor francés del siglo XVIÍ (1633-1707) 
tan famoso por sus construcciones militares como por sus escritos 
de economía política en que pedia desde un siglo ántes^ muchas de 
las reformas que llevó a cabo la revolución fn^i'csa. 

3 Famoso pintor del siglo XVII (1619-1690). Fué pintor de 
Luis XIV, i gozó de la consideración de ser el arbitro del gusto 
de su época, 

4 Véanse las Noc. de hist. lit. part. III, cap, IV, § 10, 

5 José Francisco Dksmahis, escritor francés del siglo XVIII 
(1722-1761), autor de comedias i de poesías celebradas por los 



y44 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



él mismo es el primero que se engaña, i que con frecuencia 
cree manifestar su gusto, o esplicar su pensamiento, cuan- 
do no es mas que el eco de alguno que acaba de separárse- 
le. Es un hombre que está en vena durante un cuarto de 
hora, que baja un momento después, dejenera, pierde el 
poco lustre que le daba su memoria, i se deja ver tal cual 
es. Solo él ignora cuan distante está de lo sublime i de lo 
heroico; e incnpaz de saber hasta qué punto se puede ser 
injenioso, cree sencillamente que el injenio que tiene es todo 
el que los hombres pueden tener; posee, por tanto, el aire i 
la suficiencia del que en este punto no tiene nada que desear 
i que no envidia a nadie. Habla frecuentemente consigo 
mismo, i no se oculta jamas: los que pasan lo ven, i enton- 
ces parece tomar un partido o decidir que tal cosa es sin 
réplica. Si lo sacudáis alguna vez, i lo ponéis en el embara- 
zo de saber si debe volver el saludo o no; i mientras delibe- 
ra, ya estáis fuera de su alcance. Su vanidad lo ha conver- 
tido en hombre honrado, lo ha puesto mas arriba de sí 
mismo, lo ha hecho ser lo que no era. Al verlo se piensa que 
no se ocupa mas que de sí mismo, que sabe que todo le sien- 
ta bien, que sus atavíos son variados, cree que todos los 
ojos están abiertos sobre él, i que los hombres se desviven 
por contemplarlo." 

La Bruyí:re, i 

Los caracteres. 



críticos. El retrato que dejamos trascrito fué publicado en la En- 
ciclopedia de Diderot (V. las Noc. de hist. Ut. part. III, cap. IV, § 
28) como uno de sus artículos, el fatuo. Apesar de lo que se le ha 
criticado como indigno de una obra que reclamaba un trabajo se- 
rioi analítico, siempre se le ha reimpreso en las colecciones de tro 
zos franceses, como un modelo de retrato moral. 

1 Véanse las Noc. de hist. lit., part. III, cap. IV, § 21. 

P21 libro de La BruyÉre es la mas rica galería de retratos mora- 
les que puede imajinarse. El distraido, el coleccionista, el cortesa- 
no, el egoísta son cuadros trazados con mano maestra. En la im- 
posibilidad de re[)rodiicir aquí todos esos retratos, nos limitamos 
a recomendarlos a los jóvenes como otras tantas joyas. . 



RETRATOS 245 



VI 



El fantástico 



"¿Qué desgracia ha ocurrido a Melante? Nada en el es- 
terior: todo en el interior. Sus negocios marchan perfecta- 
mente: todo el mundo trata de agradarlo. ¿Qué es lo que 
tiene entonces? Es que está bilioso. Ayer se acostó suave 
como las delicias del jénero humano: hoi da vergüenza: es 
menester ocultarlo. Al levantarse, el doblez de un escarpin 
le ha desagradado: todo el dia será tempestuoso i todo el 
mundo sufrirá las consecuencias. Da miedo i lástima, llora 
como un niño, ruje como un león. 

"Un vapo- maligno turba i ennegrece su imajinacion, co- 
mo la tinta de su escritorio mancha sus dedos. No vais a 
hablarle de lo que mas le gustaba hace un momento: por la 
misma razón de que antes le gustaba, no podria sufrirlo 
ahora. Las mismas diversiones que antes deseaba tanto, 
han llegado a serle fastidiosas: es menester abandonarlas. Se 
empeña en contradecir, en quejarse, en molestar a los otros: 
se irrita al ver que no quieren molestarse. F'recuentemente 
da sus golpes al aire como un toro furioso que con sus cuer- 
nos aguzados va a batirse contra los vientos. Cuando no 
tiene pretesto para atacar a los otros, se vuelve contra sí 
mismo: se lamenta, no se encuentra bueno para nada, se 
desalienta: reprueba que se trate de consolarlo. Quiere es- 
tar solo i no puede soportar la soledad. Vuelve a vivir en- 
tre la jente i se irrita contra ella. Si los otros se callan, este 
silencio afectado lo choca. Si hablan en voz baja, se imajina 
que es contra él. Si hablan en voz alta, cree que hablan mu- 
cho i que están muí alegres mientras él está triste. Si los 
otros están tristes, esa tristeza le parece un reproche de 
sus faltas. Sise nen, sospecha que se burlan de él. ¿Quehacer? 
Conservar cuanto sea dable la firmeza i la paciencia i espe- 
rar en paz que mañana vuelva a ser tan prudente como lo 
era ayer. Este humar estraño se va como se viene. Cuando 
lo tomase diriaque es un resorte de máquina que se desmon- 
ta de repente: es como se pinta a los endemoniados. Su ra- 
zón es arrevesada: es la sin razón en persona. Apuradlo i 



246 MANUAL DE COMPOSICIÓN LlTERAUlA 

ol haréis decir eu pleno día que es de noche, yjorque no hai 
día ni noche para una cabeza desorganizada por su ca- 
pricho." 

Fenelon, 1 
Obras diversas. 



YII 
Los visitadores 

"Se dice que el hombre es un animal sociable; siendo así 
me parece que el francés es mas hombre que cualquiera otro: 
es el hombre por excelencia, porque parece ser hecho única- 
mente para la sociedad. 

•'He observado entre ellos personas que no solo son so- 
ciables sino que son la sociedad universal. Se multiplican 
en todas partes; pueblan en un momento los cuatro barrios 
de una ciudad: cien hombres de esta especie abultan mas que 
dos mil ciudadanos: ajuicio de los estranjeros, podrian re- 
parar los estragos de la peste i del hambre. Se pregunta en 
las escuelas si un cuerpo puede estar en un mismo instante 
en muchos lugares: ellos son una prueba de lo que los filóso- 
fos ponen en tela de juicio. Están siempre apurados, porque 
tienen entre manos el negocio importante de preguntar a 
todos los que ven, adonde van i de dónde vienen. 

"Jamas se les quitará de la cabeza la idea de que es bue- 
na crianza el visitar cada dia al público en detalle, i sin con- 
tar las visitas que hacen por ma^^or en los lugares en que 
hai reuniones. 

"Golpean mas las puertas de las casas que los vientos i 
las tempestades. Si se examinasen las listas de todos los 
porteros, se eiicontrarian sus nombres anotados cada dia. 
Pasan su vida acompañando los entierros, en los pésames 
o en las felicitaciones a los recien casados. El rei no concede 
una gratificación a ninguno de sus subditos sin que ellos 
corran a manifestarle su satisfacción. Al fin vuelven a sus 



1 Véanse las Noc. de hist. lit., part. III, cap. IV, § 19. -El re- 
trato anterior es todavía bastante mas largo; pero hemos tras- 
crito solo la primera parte, que contiene los rasgos mas promi- 
nentes. 



RETRATOS 247 



casas mui fatigados para tomar algún descanso i recomen- 
zar el día siguiente sus penosas funciones. 

"Uno de ellos murió el otro dia de cansancio: sobre su 
tumba se escribió este epitafio: 

''Aquí descansa el que jamas descansó. Ha asistido a qui- 
nientos treinta entierros. Se ha regocijado por el nacimiento 
de dos mil seiscientos ochenta niños. Las pensiones conce- 
didas a sus amigos, i por las cuales los ha felicitado siem 
pre en términos diferentes, montan a dos millones ciento 
seis mil libras i: el camino que ha recorrido en las calles a 
nueve mil seiscientos estadios 2: el que ha recorrido en el 
campo solo a treinta i seis. Su conversación era divertida: 
tenia un fondo de trescientos sesenta i cinco cuentos; poseia 
ademas desde su juventud ciento diez i ocho apotegmas ^ 
sacados de los antiguos, que empleaba en las ocasiones bri- 
llantes. Ha muerto en fin a los sesenta años de edad. ¿Cómo 
podria acabar de decirse todo lo que ha hecho i todo lo que 
ha visto?" 



MONTESQUIEU, * 
Cartas persas. 



1 La libra francesa del siglo XVIII era igual al franco de nues- 
tros días, es decir, valia veinte centavos de nuestra moneda. Las 
pensiones a que se refiere Montesquieu eran gratificaciones pecu- 
niarias en forma de renta anual, con que el rei ausiliaha a los lite- 
ratos, los poetas, los sabios o las personas que habian prestado 
servicios importantes. Hasta la cpoca de la revolución francesa, 
se consideraba no solo como un provecho sino como un honor el 
gozar de este beneficio. 

2 La arena en que los griegos se ejercitaban en la carrera tenia 
una estension de ciento veinte i cinco pasos, i se denominaba esta- 
dio. El mismo nombre fué dado a una medida itineraria de la mis- 
ma estension. 

3 Palabras sentenciosas, respuestas breves i memorables de al- 
gunos personajes antiguos. 

* Véanse las Noc. de hist lit., part. [[I, cap. IV, § 28. 



248 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



YIII 
El Tartufo de franqueza 

"Entre las nuraerOvSas variedades de Tartufos i, la mas 
peligrosa es la de esos finjidos hombres de bien, de que Me- 
range es el modelo mas acabado. Es verdad que la natura- 
leza le ha servido a las mil maravillas, i que debe a ella 
una parte de sus triunfos. Merange es un hombre gordo, 
de frente descubierta, de rostro colorado i redondo: sus 
movimientos son bruscos, sus maneras son francas, i a ve- 
ces ásperas. Desde que os ve corre al encuentro, os toma 
la mano i la sacude como si fuera a arrancarla del brazo: 
cualquiera que sea la pregunta que le hagáis, su respuesta 
comienza siempre con estas palabras: Hablando franca- 
mente ... JaruRS le oiréis vanos cumplimientos ni elojios: 
detesta la lisonja; i en cuanto a la cortesía, repite a cada 
rato que la verdadera reside en el corazón. Si por casuah- 
dad hai que arreglar con él algún negocio, se os entrega 
completamente, porque no entiende nada en esas materias. 
Por eso os envía a hablar con su abogado, el mas codicio- 
so i el mas chicanero de todos los hombres. Su bolsa está 
siempre al servicio de sus amigos, i ésta es la causa de que 
siempre está vacia; pero si no puede serviros, a lo menos 
se apresura a recomendaros un usurero honrado, al cual 
recurre en caso de necesidad. 

''Ahora ¿cómo sucede que con un carácter de franqueza 
tan bien cimentado, no tenga Merange un solo amigo, un 
solo conocido que no se queje de haber sido engañado por 
él? A mi turno, voi a hablar francamente: es porque Me- 
range es todo lo contrario de lo que parece bajo esas apa- 
riencias agrestes, bajo esas pérfidas apariencias de un bien- 
hechor, se oculta una alma baja, un corazón seco i un espí- 
ritu astuto: es un verdadero Tartufo de franqueza". 

Dje Jouy, 2 
Bl ermitaño de la Cbaussée d^ Atitin. 



1 Protagonista de uiia ele las mas famosas comedías de Mo- 
liere. Tartufo es el falso devoto, el hipócrita por excelencia, que, 
con apariencias de relijion i de virtud, comete los crímenes mas 
odiosos. 

2 Víctor de Jouy, escritor francés contemporáneo (1769-1846). 



RETRATOS 



249 



IX 

SI Dante 

En la poesía italiana, el Dante ^ se eleva de repente co- 
mo un jigante entre pigmeos. No solo borra el recuerdo de 
todos los poetas italianos que lo habian precedido, sino 
que se conquista un puesto que no puede quitarle ninguno 
de los que vinieron después. El mismo Petrarca 2 np lo 
sobrepuja en el jétiero gracioso, i no tiene nada que se le 
acerque en lo grande i en lo terrible. Sin duda, la aspereza 
de su estilo hiere frecuentemente el órgano que Petrarca 
halaga siempre. Pero en sus cuadros enérjicos en que toma 
su estilo de maestro, no conserva de esa aspereza mas que 
lo que es imitativo; i en las pinturas mas tiernas aparece 
en su lugar todo lo que es gracia i la frescura del colorido 
tienen de mas suave i de mas delicado. El pintor terrible 
de Ugolino es también el pintor patético de Francisca de 
Rimini 3 . Ademas, en todas las partes de su poema se ad- 
miran las comparaciones, las imájenes, las represejatacio- 
nes naturales de los objetos mas familiares, i sobre todo de 
los objetos campestres en que la suavidad, la armonía, el 
encanto poético están mas arriba de todo lo que se puede 
imajinar. I lo que le da todavía una grande i preciosa ven- 
taja en este jénero, es que siempre es sencillo i verdadero: 
jamas un rasgo de injenio viene a enfriar una espresion de 
sentimiento o un cuadro de la naturaleza. Durante uno o 
dos siglos, su gloria pareció oscurecer en su patria: se dejó 
de admirarlo tanto, de estudiarlo i aun de leerlo. Así, la 
lengua se debilitó, la poesía perdió su fuerza i su grandeza. 



Militar en su juventud, se dedicó mas tarde a la carrera literaria,, 
escribió dramas que fueron aplaudidos, i obtuvo un asiento en la 
Academia Francesa. Pero su obra maestra es El ermitaño de la 
Chausée dAntin, colección de artículos publicados en los diarios 
de Paris, que son bosquejos de costumbres, retratos picantes i es- 
pirituales de muchos vicios i estravagancias. Se distinguen entre 
ellos los Tartufos, es decir, los hipócritas de diferentes jéneros. 

1 V. las Noc. de hist. lit., part. II, cap. VII, § 5. 

2 V. las Noclde hist. lit., part. II, cap. VII, § 7. 

•"i Episodios admirables del poema del Dante, reproducidos en 
la Xll.^ sección de este libro. 



250 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



Ahora hemos vuelto al gran padre Alighieri; i los Alfieri * 
los Parini ^ han hecho vibrar con una fuerza nueva las 
cuerdas tanto tiempo descuidadas de la lira Toscana" 

GlNGUKNÉ, 6 
Historia de la literatura italiana. 



X 

Shakespeare 7 

"Shakespeare es el orgullo de su nación. Un poeta moder- 
no lo ha llamado con justicia el jenio de las islas Británi- 
cas. Era ya el favorito de sus contemporáneos; i después 
del período del fanatismo puritano que desterró todo libre 
cultivo intelectual, después del reinado de Carlos II, duran- 
te el cual sus dramas dejaron de ser representados o no 
aparecieron en la escena sino mui desfigurados, su gloria 
salió mas brillante que nunca de las tinieblas del olvido a 
principios del siglo pasado. En seguida, ha crecido sin cesar 
con la marcha del tiempo; i continuará, lo digo con la ma- 
yor confianza, creciendo considerablemente en los sig-los ve- 
nideros, como una avalancha que se desprende de la cima 
de los Alpes. 

"En Shakespeare, el conocimiento de los hombrCvS ha lle- 
gado a hacerse proverbial. Bajo este aspecto, su superio- 
ridad es tal que se le ha llamado con razón el intérprete de 

^ Célebre poeta trájico italiano. V. las Noc. dd hist. lit., parte 
III, cap. II. § 19. 

5 José Parini, poeta milanes del siglo KVIII (1729 1799, céle- 
bre por sus odas i por poemas descriptivos i satíricos. 

6 P. h. GiNGUiNÉ, célebre erudito i crítico francés, nacido en 
1748, i muerto en 1815, es autor de varias obras que revelan un 
gran saber i un juicio bien asentado. La mas famosa de todas es 
la Historia literaria de la Italia, que apesar de haber que'dado in- 
completa, es un verdadero monumento de investigación i de cri- 
terio. 

7 V. las Noc. de hist lit, part. III, cap. VI, §5. La primera duda 
a que ha dado lugar el estudio de la biografía del célebre trájico 
ingles, es la ortografía de su nombre, que suele escribirse de varios 
modos. Los mas usados son Shakspeare o Shakespeare; mas las 
curiosas discusiones a que ha dado lugar esta cuestión ortográfi- 
ca, no han llegado a una conclusión definitiva. 



Hetratos 251 



los corazones. El talento del observador es formado por 
la habilidad para posesionarse de las mas delicadas i de 
las mas involuntarias manifestaciones del alma, i para in- 
dicar con toda seguridad, i con el ausilio de la reflexión i 
de la esperiencia, ci significado de cada una de ellas. Dedu- 
cir de estas observaciones las consecuencias ulteriores que 
encierran, i asociar en un conjunto armónico según las le- 
3^es de la verosimilitud, los datos aislados, es lo que cons- 
tituye al conocedor del corazón humano. La cualidad dis- 
tintiva del poeta dramático es algo muí diferente de todo 
esto. Es la facultad de identificarse tan completamente con 
todas las naturalezas, aun las mas estrañas, que aquel que 
las posee, está en estado de obrar i de hablar como repre- 
sentante de la humanidad entera; es el poder de dotar a 
las criaturas de su imajinacion de una personalidad tan 
marcada que ellas se desenvuelven en seguida en cada cir- 
cunstancia particular según las leyes naturales jenerales, 
i que el poeta hace en cierto modo sobre esas criaturas de 
su imajinacion esperimentos que tienen el mismo valor que 
si se hiciesen sobre objetos reales. Lo que queda incom- 
prensible e inesplicable es que los personajes deban apare- 
cer que no dicen ni hacen nada para el espectador, i que sin 
embargo, el poeta, por la representación misma, sin aña- 
dir esplicaciones, comunique el don de penetrarlos hasta 
en sus mas íntimas profundidades. Por eso es que Goethe 
1 ha comparado injeniosamente los personajes de Shakes- 
peare a esos relojes, cuya esfera i cuya caja son de cristal, 
i que al mismo tiempo que indican la hora con la misma 
exactitud que los relojes comunes, dejan ver las ruedas in- 
teriores que ponen en movimiento los punteros." 

Guillermo Schlegel, ^ 

Curso de liieratura dramática. 



XI 

Alcibíades 

"Alcibiades, hijo de Clínias, era ateniense. Parece que al 
formarlo, la naturaleza quiso probar de lo que era capaz. 
Todos los historiadores que han hablado de él, están acor- 

1 V. las Noc. de hist. lit., part. III, cap. VII, § 9. 
• 2 Y. las Noc. de hist. lit., part. III, cap. VII, § 13. 



252 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITlíJKARIA 

des en decir que nadie llevó tan lejos los vicios i las virtu- 
des. Vastago de una familia noble, nacido en la primera 
ciudad de la Grecia era el mas hermoso de los hombres de 
su tiempo; la naturaleza lo habia dot.i lo de un talento 
vasto i profundo que le permitia peivi birlo todo i que lo 
hacia apto para todo. Se mostró gran capitán tanto en 
mar como en tierra. Pero, sobre todo, sobresalía por su 
elocuencia; i era tal el encanto de su iigura i la seducción 
de su palabra, que no se podia resistirle cdfando hablaba. 
Era ademas laborioso, paciente, desprendido cuando la oca- 
sión lo exijia, i no menos magnífico en sus hábitos que en 
su mesa. Era afable, insinuante i sabia doblegarse a las 
circunstancias con una maravillosa facilidad. Pero en los 
momentos de descanso, cuando nada exijia su contracción, 
este hombre a quien se habia visto tan infatigable, cam- 
biaba de repente. No era mas que un libertino que se aban- 
donaba a todos los excesos, de tal manera que todo el 
mundo se sorprendía de este contraste estraordinario i de 
la reunión de tantas cualidades diversas en un solo 
hombre. 

"Fué criado en la casa de Perícles, del cual era entenado 
según se ha dicho. Recibió las lecciones de Sócrates, i llegó 
a ser yerno de Hipónico, el mas rico d¿ todos los griegos. 
Aunque hubiera podido labrarse una gran posición con su 
imajinacion i los recuerdos de sus mayores, no habria po- 
dido ganarse mayores bienes que los que habia recibido de 
la naturaleza i de la fortuna.," 

CoRNELio Nepote i 

Vidas de los gran ¿es capitanes. 



XII 

Catón el censor 

''Este célebre personaje tenia una gran fuerza de alma, 
una grande enerjía de carácter, i en cualquiera condición 
que la suerte lo hubiese hecho nacer, debia ser el mismo el 
artífice de su fortuna. Dotado de todos los talentos que 
honran al simple ciudadano o que constituyen al hábil po- 

1 Yé,i:ise las Nociones de hist. lit , part I, cap VH, § 12. 



RETRATOS 253 



lítico, poseía a la vez la ciencia de los negocios civiles i la 
economía rural. Unos sellan elevado a la cumbre de los 
honores por sus conocimientos en jurisprudencia, otros por 
su elocuencia, ot#3s en fin por el brillo de su gloria militar. 
Catón tenia un jcnio fácil i flexible: sobresalía en todos 
losjéncros, a punto que habria podido decirse que habia 
nacido esclusivamente para aquel en que se ocupaba. En 
la guerra, esponia atrevidamente su persona i se señaló 
por muchas acciones brillantes: llegado al mando supre- 
mo, fué un jeneral consumado. En tiempo de paz, se mos- 
tró habilísimo jurisconsulto i famosísimo orador, no de 
aquellos cuyo talento brilla con vivo resplandor durante 
su vida, i que no dejan ningún monumento de su elo- 
cuencia, porque la suya ha sobrevivido, i respira aun en 
en escritos de todo jénero ^ . Tenemos un gran número de 
defensas que pronunció, sea para sí mismo, sea para otros, 
sea contra sus adversarios, porque sabia anonadar a sus 
enemigos no solo acusándolos, sino defendiéndose a sí mis- 
mo. Si tuvo que luchar contra rivalidades celosas, persi- 
guió también vigorosamente a sus rivales, i seria difícil 
decidir si la lucha que sostuvo contra la nobleza fué mas 
peligrosa para ella que para él. Es verdad que se le pue- 
de reprochar la brusquedad de su carácter, la acritud de 
su lenguaje i una franqueza llevada hasta el exceso; pero 
resistió victoriosamente a las pasiones, i en su ríjida pro- 
bidad despreció siempre las intrigas i las riquezas. Ecóno- 
mo, infatigable, intrépido, tenia una alma i un cuerpo de 
fierro. La vejez misma, que todo lo gasta, no pudo doble- 
garlo: a la edad de ochenta i seis años fué llamado ante la 
justicia, compuso i pronunció él mismo su defensa, i a los 
noventa años citó a Servio Galbo ante el pueblo." 



Tito Livio, ^ 
Historia Fomann, lib. XXXIX,, cap. XL. 



1 Véanse «obre los escritos de Catón las Noc. de hist. lit., part. 
T. can VI, § 7. 

2 Véanse sobre ios escritos de TiTO Livio las ISloc. de hisi. lii.y 
part. I, cap. VI § 9. 



254 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



XIII 

Oatilina • 

"Lucio Catilina, vastago de una familia noble, tenia una 
gran fuerza de alma i de cuerpo, pero un carácter perverso 
i depravado. Desde su adolescencia, las guerras intesti- 
nas, los asesinatos, las rapiñas, las discordias civiles, fue- 
ron diversiones para él, i continuó ejercitando en ellas su 
juventud. Su cuerpo podia soportar el hambre, el frió, las 
trasnochadas mas allá de todo lo que se puede creer. Espí- 
ritu atrevido, intrigante, flexible, capaz de disimularlo todo 
i de finjirlo todo, ávido de los bienes de los otros, pródigo 
de los suyos, fogoso en sus pasiones, i ademas de esto bas- 
tante elocuente pero falto de juicio. Su talento vasto bus- 
caba sin cesar las cosas desmedidas, increibles, jigantescas. 

"Después de la denominación de Sila, sintió violentos 
deseos de apoderarse de la república; i con tal que llegase a 
gobernar, poco le importaban los medios. Este espíritu 
audaz estaba cada dia mas atormentado por el desarreglo 
de sus negocios i por la conciencia de sus crímenes. Alentá- 
banlo a ello las costumbres corrompidas del estado, desa- 
rrolladas por dos causas igualmente funestas, el lujo i la 
codicia." 

Salustio, 1 
C a ti Un a, § V. 



XIV 

A til a 



"La historia nos ha dejado un retrato de Atila por el 
cual podemos representarnos con bastan te fidelidad a aquel 
bárbaro famoso. Pequeño de estíitura i ancho de pecho, te- 
nia la cabeza mui abultada, los ojos pequeños i hundidos, 
la barba rala, la nariz aplastada i el cutis casi negro. Su 

1 Véanse las ^oc. de hístt. lít., parte I, ci^p. VII, § 12.— Muchas 
veces se han criticado los retratos trazados por Salustio, i parti- 
cularmente el de Catilina, como faltos de verdad: pero se les con- 
sidera irreprochables como obra de arte. 



RETRATOS 255 



cuello naturalmente echado para atrás i sus miradas que 
revolvía al rededor con inquietud o curiosidad, daban a su 
continente un no sé qué de soberbio e imperioso. Si algo lle- 
gaba a irritarle, su rostro se crispaba, sus ojos fulminaban 
rayos: los mas resueltos no osaban arrostrar su ira. Sus 
palabras i acciones llevaban el sello de un énfasis calculado 
para producir efecto; no amenazaba sino en términos tre- 
mendos; cuando derruia, era para destruir mas bien que 
para saquear, cuando mataba, era para dejar millares de 
cadáveres insepultos a la vista de los vivos. Al mismo 
tiempo, se mostraba clemente con los que sabian someterse, 
sensible a las súplicas, jeneroso con sus servidores i juez 
íntegro con sus vasallos. Su traje era sencillo, pero muí 
aseado; su comida se componia de carnes sin ningún ade- 
rezo, que se servian en fuentes de madera; su porte modesto 
i sus hábitos frugales contrastaban con el lujo que se com- 
placía en ostentar en su alrededor. A la irascibilidad del 
Calmuko, añ.-idia los instintos brutales de aquella raza; se 
emborrachaba a menudo i era furiosamente dado a las mu 
jeres No se le conocía ninguna creencia relijíosa, no practi- 
caba culto alguno; únicamente ciertos hechiceros, depen- 
dientes de su casa como los chamanes que servian a los em- 
peradores mongoles, consultabíin el porvenir a su vista en 
las ocasiones importantes. 

'*Aquel hombre que pasaba su vida en las batallas, rara 
vez esponia su persona; era jeneral nada mas que con la 
cabeza. Asiático en todos sus instintos, anteponía la polí- 
tica aun a la guerra misma, prefiriendo siempre los cálcu- 
los de la astucia a la violencia, i estimándolos en mas. 
Crear pretestos. entablar negociaciones a todo trance, en- 
redarlas unas con otras como las mayas de una red, en que 
el adversíirio acababa por caer, tener perpetuamente a su 
enemigo amedrentado con terribles amenazas i sobre todo 
saber aguardar una ocasión, tal era su suprema habilidad. 
Muchas veces el pretesto mas fútil le parecía el mejor, 
con tal que no se pudiera satisfacer; luego lo recojia, lo ale- 
gaba de nuevo, lo dejaba dormir años enteros, pero no le 
abandonaba nunca enteramente. Era un curioso espectácu- 
lo el de aquellas innumerables embajadas con que andando 
los tiempos apuró la paciencia de la Corte de Bizancio i 
que confiaba a las favoritos a quienes quería enriquecer. 
Conociendo las mañas de aquella corte corrompida, i corrup- 
tora que quería comprar con dádivas la docilidad de los nego- 
ciadores bárbaros, enviaba allí a sus servidores a hacer fortu- 



256 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

na a espensas del imperio, reservándose entrar luego a repar- 
to con ellos, i llevando la imprudencia hasta el estremo de re- 
comendarlos a las liberalidades imperiales, i su recomenda- 
ción era un mandato. Como se le antojase a uno de sus se- 
cretarios casarse con una rica heredera romana, fué preciso 
que Teodosio se la buscase; i habiendo ocurrido que la jó 
ven se hizo robar por un amante para sustraerse a aquel 
odioso consorcio, el gobierno romano hubo de reemplazar- 
la con otra igualmente rica i mas resignada. Tal era el 
hombreen cuyasmanosiban a caer los destinos del mundo.'* 

Amadeo Thierry, i 

Historia de Atila i de sus sucesores^ pnrt. I. cap. II, 



XY 
Carlomag'no 

''Carlomagno hizo admirables reglamentos, i lo que es 
mas aun, los hizo ejecutar. Su jenio se desplegó en todas 
las partes de su imperio. En las leyes de este príncipe se 
halla un espíritu de previsión que lo comprende todo, i cier- 
ta fuerza que lo arrastra todo. Los pretestos para eludir 
los deberes son suprimidos, las neglijencias correjidas, los 
abusos reformados o previstos. Sabia castigar, i lo que 
vale mas, sabia perdonar. Vasto en sus designios, sencillo 
en la ejecución, nadie tuvo en mas alto grado el arte de ha- 
cer las mas grandes cosas con facilidad, i las mas difíciles 
con prontitud. 

"Recorria sin cesar su vasto imperio dejando sentir su 

1 Amadeo Thierry, historiador francés, contemporáneo, na 
cido en 1797, es autor de varias obras históricas sobre la domi- 
nación romana en la Galia i los últimos tiempos del imperio de 
occidente. A una investigación tan prolija como profunda de las 
fuentes histéricas, ui.e un admirable talento de esposicion i de es- 
tilo que lo coloca en el rango de los mas ilustres historiadores de 
nuestra época. * ^ 

* Thierry ha escrito acerca de los comienzos del Bajo Imperio 
(Stilicon, Hutrope et Ruñtij 1865) Saint Jérome, 1867., Saint Jean 
Cbrjrsostome, 1S72 — etc. Falleció en 1873. (Nota del Recopi- 
lador.) 



RETRATOS 257 



mano donde estaba. Las dificultades renacían por todos 
lados; él las allanaba en todas partes. Jamas príncipe al- 
guno supo mejor que él desafiar los peligos: jamas prínci- 
pe alguno vSupo evitarlos mejor. Se jugó con codos los pe- 
ligros, i mui particularmente con aquellos que casi siempre 
ponen a prueba a los grandes conquistadores, quiero ha- 
blar de las conspiraciones. 

''Este príncipe prodijioso era estremadamente modera- 
do; su carácter era suave, sus maneras sencillas; le gustaba 
vivir con las personos de su corte Puso un arreglo ad- 
mirable en sus gastos; dio valor a sus dominios con pru- 
dencia, con atención, con economía: en sus leyes, un padre 
de familia podria aprender a gobernar su casa. Se ve en 
sus capitulares cual fué la fuente pura i sagrada de donde 
sacó sus riquezas. No diré mas que una palabra: ordenaba 
que se vendiesen los huevos de los gallineros de su domi- 
nios i las 3^erbas inútiles de sus jardines; i ese mismo hom- 
bre habia distribuido a sus pueblos todas las riquezas de 
los lombardos, í los inmensos tesoros de e¿os hunos que 
habian despojado al universo". 

MONTESQUIEU, ^ 

Espiridí de las leyes, lib. XXXI. cap.XVHI. 



XVI 
Luis XI 



"Entre todos los hombres que he conocido, el mas pru- 
dente para saHr de un mal paso en tiempo de adversidad 
era el rei Luis XI, nuestro señor, el mas humilde en pala- 
bras i en vestidos i el que mas trabajaba en ganar un hom- 
bre que podia servirle o que podia dañarle. I no se moles- 
taba de verse rechazado por el hombre a quien quería 
ganarse, sino que continuaba prometiéndole largamente, i 
dándole en efecto dinero i las tierras que le agradaban. A 
aquellos a quienes habia alejado de su lado en tiempo de 
paz i de prosperidad, los volvia a comprar a cualquier pre- 

1 Véanse las Nociones de hist. lit , part, III, cap. TV, § 28. 

EjiNARDO (véase este nombre en el libro citado) part. II. cap. 
IV, § 8) en su vida de Carlomagno ha hecho otro retrato admira- 
ble de este príncipe en que analiza con gran detención su carácter 
privado i sus costumbres. 

TOMO V 17 



258 MANUAL DE COMPOSIOTON LITERARIA 

CÍO cuando tenia necesidad, i se servía de ellos sin tenerles 
ningún odio por las cosas paradas. Era naturalmente ami- 
go de los hombres del estado llano, i enemigo de todos los 
grandes que por su posición no necesitaban de él. Ningún 
hombre dio jamas tanto oido a las jentes, ni se impuso de 
tantas cosas como él lo hacia, ni quiso jamas conocer tan- 
tas personas; porque verdaderamente, tan luego como co- 
nocía a todas las personas de autoridad i de valor que 
vivian en Inglaterra, en España, en Portugal, en Italia, i 
en los estados de los duques de Borgoña i de Bretaña, que- 
ría hacerlas sus subditos. Estos manejos le salvaron la 
corona de los enemigos que él mismo se habia granjeado a 
su advenimiento al trono. Pero sobre todo le ha servido 
su gran liberalidad; porque así como se conducía con gran 
prudencia durante su adversidad, desde que se creía asegu- 
rado o solamente de una tregua, descontaba por pequene- 
ces a las personas que le servían poco, i con gran trabajo 
lograba mantener la paz. Era lijero para hablar de 
otras personas, tanto delante de ellas como en su ausen- 
cia, salvo de aquellas a quienes temía, las cuales eran mu- 
chas: porque era receloso por naturaleza. I cuando por 
hablar había recibido algún perjuicio, o tenia algunas sos- 
pechas, quería repararlo, i empleaba estas palabras delan- 
te de la misma persona: "Yo sé bien que mi lengua me ha 
causado grandes daños, pero también me proporciona pla- 
ceres, es justo que yo repare mi falta". I no se limitaba 
solamente a estas palabras; sino que hacía algunos bene- 
ficios, no pequeños, a la persona con quien hablaba. 

**Dios favorece a un príncipe cuando sabe el bien i el mal 
que ha hecho, i sobre todo cuando es mayor el bien, como 
sucede con el rei nuestro señor. A mi juicio, los trabajos 
que soportó en la juventud cuando estuvo fujitivo de la 
corte de su padre, i se asiló cerca del duque de Borgoña, 
donde vivió seis años, le sirvieron mucho, porque estuvo 
obligado a agradar a aquellos de quienes necesitaba, i 
aprendió en la adversidad, lo que no es poco. Cuando se 
encontró grande i rei coronado, en los principios no pensó 
mas que en las venganzas; pero luego le ocurrieron las des- 
gracias, i de cuando en cuando le vino el arrepentimiento. 
Reparó esta locura i este error, ganándose de nuevo a 
aquellos a quienes habia hecho mal." 

COMMINES, 1 

Memorias, lib. I, cap. X. 



I V. las Noc. de hist. lit., part. III, cap. IV, § 1. 



RETRATOS 259 



XVII 
Jacobo I de Inglaterra 

**La escena de confusión en medio de la cual Heriot en- 
contró sentado al rei, era una pintura bastante fiel de las 
inclinaciones i de la naturaleza de ánimo de Jacobo I. Ha- 
bía allí grandes riquezas en cuadros de valor, en adornos 
preciosos; pero todos estos objetos, amontonados sin aseo, 
cubiertos de polvo, perdían la mitad de su valor, o al me- 
nos de su efecto por la manera como se presentaban a la 
vista. La mesa estaba cargada de enormes volúmenes en 
folio, entre los cuales se encontraban libros frivolos, com- 
pilaciones de cuentos alegres o de obscenidades. Algunas 
notas de discursos de una estension interminable, ciertos 
ensayos sobre el arte de reinar estaban mezclados a mise- 
rables cantos o baladas, obras del real aprendiz en el arte 
de la poesía, como se titulaba él mismo. En otro lado, pla- 
nes para la pacificación jeneral de la Europa, con una lista 
de los perros corredores del rei i de los remedios contra la 
rabia canina. 

'*E1 vestido del rei era de terciopelo verde, grueso i fuerte, 
que estaba a prueba del puñal. Esto hacia aparecer a Jaco- 
bo de una gruesura diforme i sin gracia: i ademas ese ves- 
tido estaba abotonado al través del cuerpo, i su talle pare- 
cía irregular. Encima de ese traje llevaba ana rspecie de 
bata de color oscuro, en cuyo bolsillo asomn" ina corne- 
ta de caza. En el suelo se veía 3u rombrero plomo, de copa 
alta, cubierto de polvo, pero r d^ado ue un collar de gran- 



des rubíes. Tenia en la cabe; un gorro de terciopelo azul 
en cuya delantera se alzaba a pluma de garza muerta 
por un alcon favorito del reí, 

**Pero estas anomalías en el traje i en los muebles, no 
eran mas que los signos esteriores de las que existían en el 
carácter del real personaje, carácter que hacia de él un ob- 
jeto de dudas para sus contemporáneos i que debia legarlo 
como un enigma a los futuros historiadores. Aunque su 
instrucción fuese profunda, no poseia ningún conocimiento 
útil. Lleno de sagacidad en muchas ocasiones, sin tener, sin 
embargo, una verdadera prudencia; amante de su poder, 
deseoso de mantenerlo i aumentarlo, dejaba con todo la 
dirección, como dejaba la suya propia, a los favoritos mas 
indignos. En palabras era un defensor de sus derechos, al- 



260 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

tivo i osado; en el hecho, los veía pisoteado sin tener el va- 
lor de resistir. Aunque prefería las negociaciones, se dejaba 
sobrepujar en sutileza, i temia la guerra aunque la victoria 
fuese fácil. Apasionado por su dignidad real, la degrada 
constantemente por familiaridad indebida. Capaz de ocu- 
parse seriamente de los negocios públicos, los descuidaba 
con frecuencia por la diversión mas fútil. Era espiritual 
aunque pedante; i a pesar de su erudición, le gustaba con- 
versar con personas ignorantes i sin educación. La misma 
timidez de su carácter no era uniforme: en ciertos momentos 
de su vida, momentos verdaderamente críticos, supo mos- 
trar el valor de sus antepasados. Laborioso en las peque- 
neces, se divertia con bagatelas cuando se trataba de cosas 
serias. Devoto en el fondo de su corazón, se olvidaba fre- 
cuentemente de ello hasta tener un lenguaje profano. Justo 
i bienhechor por naturaleza, dejaba a su alrededor libre el 
campo a la iniquidad i a la opresión. Era económico cuan- 
do tenia que entregar la plata por sí mismo: pero tenia una 
prodigalidad inconsiderada, sin límites, cuando no veia el 
dinero. En una palabra, estas buenas cualidades que mani- 
festó en ciertas ocasiones, no eran bastante firmes ni com- 
pletas para dirijir su conducta jeneral; i como no se mostra- 
ban mas que ocasionalmente, su único resultado ha sido 
darajacobol derecho a la calificación que le dio Sully, 
la del loco mas cuerdo de la cristiandad". 

SiR Walter Scott, 1 
Aventuras de Nigel. 



XVIII 

Gustavo Adolfo 

* 'Gustavo Adolfo era sin contradicción el primer jeneral 
de su siglo, i el mas valiente soldado de un ejército que él 
mismo había creado. Familiarizado con la táctica de los 
griegos i de los romanos, había inventado un nuevo arte 
mihtar que después sirvió de modelo a los mas grandes je- 
nerales. Disminuyó los escuadrones, incómodo por la esten- 
sion de terreno que ocupaban, para hacer mas fáciles i mas 

1 Véanse las Noc. de hi^t. lit., par. III, cap. VI, § 16. 



RETRATOS 261 



cómodos los movimientos de la caballería. Con el mismo 
objeto colocó los batallones a distancias mas considerables 
entre sí. Los ejércitos no formaban de oidinario mas que 
una sola línea de batalla: él los formó en dos líneas, de mo- 
do que la segunda pudiese avanzar cuando la primera se 
viese forzada a retirarse. Supo suplir la falta de caballería 
distribuyendo los infantes entre los jinetes, lo que frecuen- 
triT . nte decidió la victoria. La Europa aprendió de él por 
Ui j' 'mera vez la importancia de la infantería en las bata- 
llas. La Alemania entera ha admirado la disciplina que dis- 
tinguió tan gloriosamente a los ejércitos suecos en su terri- 
torio. Todas las faltas eran castigadas con la mayor seve- 
ridad, pero principalmente la blasfemia, el robo, el juego y 
el duelo. La sencillez era recomendada por las leyes milita- 
res de Suecia; así en todo el campamento sin esceptuar la 
tienda del rei, no se percibía ni oro ni plata. El ojo del jene- 
ral velaba con tanto cuidado por las costumbres de los sol- 
dados como por su bravura. Cada rejimientodebia formarse 
en círculo alrededor de su ministro para hacer oración de 
la mañana i de la tarde i cumplir al aire libre este deber re- 
lijioso. El rei servia en tcdo de modelo. Una piedad vivai sin 
afectación, elevaba el valor que animaba su gran corazón. 
Escento de la incredulidad grosera que deja sin freno los 
movimientos feroces del bárbaro, exento también de la su- 
perstición de un Fernando i» que se abate como un insecto 
delante del Ser Supremo i marcha con desden sobre la hu- 
manidad que oprime en la embriaguez de su felicidad, fué 
siempre hombre i cristiano; pero también en surelijion siem- 
pre héroe i siempre rei. Soportando como el último de sus 
soldados todas las incomodidades de la guerra, presente en 
todas partes, olvidando la muerte que lo rodeaba, mostrá- 
base siempre en el camino del pehgro.Su valor natural lo hi- 
zo con frecuencia perder de vista lo que debia al jeneral; i la 
muerte de un simple soldado terminó la vida de un rei. Pero 
los cobardes i los valientes lo seguían a la victoria, i a su 
mirada atenta no se escapaba ninguna de las acciones he- 
roicas que su ejemplo habia hecho nacer. La gloria de este 
soberano inflamó en su nación un sentimiento elevado de 
sí mismo que redobló su ardor. Orgulloso de poseer un mo- 
narca semejante, el campesino déla Finlandia i de la Gotia, 



1' Fernando II de Austria, emperador de Alemania durante 
la guerra de treinta años, contra el cual combatía el rei de Suecia. 



262 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

se despojó alegremente de lo que le dejaba su miseria: el sol- 
dado vertió su sangre contento; i el impulso que dio a la 
nación el jenio de un solo hombre, sobrevivió largo tiempo 
a su creador." 

SCHILLER, 1 
Historia de la guerra de tieinta años, libro II 



XIX 



Don Alvaro de Luna 

**De bajos principios subió a la cumbre de la buena an- 
danza; della le despeñó la ambición. Tenia buenas partes 
naturales, condición i costumbres no malas: si las faltas i 
los vicios sobrepujasen, el suceso i el lematelo muestra. 
Era de injenio vivo i de juicio agudo, sus palabras concer- 
tadas i graciosas, usaba de donaire con que picaba, aunque 
era naturalmente algo impedido en la habla: su astucia i 
disimulación grande, el atrevimiento, soberbia i ambición 
no menores: el cuerpo tenia pequeño, pero recio, i a propó- 
sito para los trabajos de la guerra; las facciones del rostro 
menudas i graciosas con cierta majestad. 

"Todas estas cosas comenzaron desde sus primeros años, 
con la edad se fueron aumentando. Allegóse el menospre- 
cio que tenia de los hombres: común enfermedad de pode- 
rosos. Dejábase visitar con dificultad, mostrábase áspero; 
en especial de media edad adelante fué en la cólera mui des- 
enfrenado: exasperado con el odio de sus enemigos, i desa- 
poderado por los trabajos en que se vio, a manera de 
fiera que agorrochean en la leonera, i después la sueltan, 
no cesaba de hacer riza: ¿qué estragos no hizo con el deseo 
ardiente que tenia de vengarse? Con estas costumbres no 
es maravilla que cayese, sino cosa vergonzosa que por tan- 
to tiempo se conservase. Muchas veces le acusaron de se- 
creto i le achacaron delitos cometidos contra la majestad 
real. Decían que tenia mas riquezas que sufría su fortuna 
i calidad, sin cesar de acrecentallas; en particular, que de- 



1 Véase las Noc. de hist. lit., pat. III, cap. Vil, § 10. 



RETRATOS 263 



rribaba la nobleza, estaba asimismo apoderado del rei, i 
lo mandaba todo: finalmente que ninguna cosa le faltaba 
para reinar fuera del nombre, pues tenia ganadas las vo- 
luntades de los naturales, poseia castillos mui fuertes, i 
gran copia de oro i de plata, con que tenia consumidos i 
gastados los tesoros reales." 

Mariana ^ 
Historia jeneral de España, lib. XXII, cap. IT. 



XX 

Felipe II 



"Hemos creido descubrir en Felipe II las prendas de uti 
gran político; pero también las cualidades de un gran dés- 
pota. Sombrío i pensativo, suspicaz i mañoso, dotado de 
gran penetración para el conocimiento de los hombres i de 
prodijiosa memoria para retener los nombres i no olvidar 
los hechos, incansable en el trabajo i espedito para el des- 
pacho de los negocios, tan atento a los asuntos de grave 
interés como cuidadoso de los mas menudos accidentes, 
firme en sus convicciones, perseverante en sus propósitos, 
i no escrupuloso en los medios de ejecución, indiferente a 
los placeres que disipan la atención i libre de las pasiones 
que distraen el ánimo, frió a la compasión, desdeñoso a la 
lisonja e innaccesible a la sorpresa, dueño siempre i señor 
de sí mismo para poder dominar a los demás, cauteloso 
como un jesuita, reservado como un confesor i taciturno 

1 Véanse las Noc. de hist. lit., part. ill, cap. III, § 11. Los re- 
tratos históricos del padre Mariana, hermosos como cuadros lite- 
rarios, han sido, sin embargo, vivamente criticados por otro je» 
suita, el padre Renato Rapin, que vivia en el siglo XVII (1621- 
1687). En su Instrucción para la Historia, preceptos del arte his- 
tórico, publicados por primera vez en 1677, sostiene que el padre 
Mariana por quien, sea dicho de paso, manifiesta una grande esti- 
mación como historiador, compone sus retratos no con observa** 
ciones orijinales, sinocon fragmentos tomados de los historiadores 
de la antigüedad i arreglados simétricamente por él. Creemos, a 
pesar de todo, que el retrato de don Alvaro de Luna no merece 
este reproche. Véase la Sección III, § VII de este Manual, i compí- 
rense estos retratos. 



264 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

como un cartujo, este hombre no podía ser dominado por 
nadie i tenia que dominar a todos: tenia que ser reí absolu- 
to. El hombre por cuyas manos pasaban todos los nego- 
cios de estado en una época en que sus relaciones se esten- 
dian por las rejiones de ambos mundos; que lo leia todo i 
lo decretaba todo por su mano, o lo anotaba i correjia de 
su puño, no hubiera podido reinar sin gobernar solo, por 
que se scntia con jenio; con propensión i con capacidad 
para ello. 

'^Uniendo al ardor del relijioso la frialdad del calculista, 
cuidando de no separar nunca el mejor servicio de Dios del 
mayor engrandecimiento de sus reinos, i de que el fanatis- 
mo no obstara al acrecimiento o conservación del poder, 
quiso estinguir la herejía que ajitaba la Europa ayudando 
a los católicos contra los reformados i herejes, pero espe- 
rando vencer con los unos para reinar sobre todos: impo- 
nerles primero la creencia relijiosa para someterlos des- 
pués a la autoridad política. Hízose el defensor nato de la 
iglesia romana, i empezó ganándose al papa con blandura; 
pero si el papa se oponia a sus planes políticos tratábale 
con dureza, i se gozaba de los atrevimientos que con el 
jefe de la iglesia se tomaban sus embajadores i. Perseguia 
a los enemigos de la plenitud de la potestad pontificia, pe- 
ro no le asustaban las escomuniones. Veneraba a los frai- 
les i se rodeaba de ellos, pero si atentaban a su poder, los 
mandaba ahorcar. Si no hubiera hallado la Inquisición, la 
hubiera inventado él, pero se le habia anticipado en mas de 
medio siglo. La halló establecida, i la hizo su brazo dere- 
cho, mas nunca consintió que se erijiese en cabeza. Gustá- 
bale servirse de los inquisidores, pero dominándolos. 

**No era impasible, pero lo parecia en las ocasiones en 
que es mas difícil reprimir los sentimientos i las afecciones 
humanas. La noticia del desastre de la invencible escuadra 
no le demudó el rostro, i se limitó a decir que habia envia- 
do la escuadra a luchar con los hombres i no con los ele- 
mentos. I la del glorioso triunfo de Lepanto, no hizo aso- 



1 Se recordará que la primera guerra que hizo Felipe II, recien 
elevado al trono, fué contra el papa Paulo IV, aliado entonces 
(1557) de Enrique II de Francia. 



EETEATOS 265 



mar a los reales labios una pequeña sonrisa. La recibió re- 
zando, calló, i continuó su oración. Hasta que ésta fué aca- 
bada, no mandó entonar el Te Deum. 

Modesto Lafuente, ^ 
' Historia jeneral de España, Discurso preliminar. 



XXI 

Cervantes 

**Este que veis aquí, de rostro aguileno, de cabello casta- 
ño, frente lisa i desembarazada, de alegres ojos, de nariz 
corva, aunque bien proporcionada, las barbas de plata, 
que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes gran- 
des, la boca pequeña, los dientes no crecidos, porque no tie- 
ne sino seis, i esos mal acondicionados, i peor puestos, por- 
que no tienen correspondencia los unos con los otros, el 
cuerpo entre dos estremos, ni grande ni pequeño, la color 
viva, ánt^s blanca que morena, algo cargado de espaldas, 
i no mui lijero de pies; éste digo que es el rostro del autor 



1 Don Modesto L*-FUENte es uno de los escritores mas ilus- 
tres que ha producido la España en el siglo XIX (1806-1866). 
Ademas de muchas obras de un carácter político i satírico, escri- 
tas con notable injenio, i de una amena relación de viajes en Fran- 
.cia, Béijica i Holanda, ha dado a luz su Historia jeneral de Eepa^ 
ña, obra monumental por su estension, 29 volúmenes, i casi po— 
dria decirse por su mérito. Aprovechándose del trabajo de proli- 
ja investigación ejecutado por otros escritores, i poniendo por 
su parte un estudio considerable, ha formado la historia mas je- 
neral i completa de España que exista hasta ahora, i que com- 
prende desde los tiempos primitivos hasta la muerte de Fernando 
VII, en 1833. Esta obra, escrita toda ella con claridad i con arte, 
sin esa afectación frecuente de muchos escritores españoles de 
nuestra época, es, sin embargo, dispareja. Donde el autor ha en- 
contrado trabajos anteriores de investigación, o donde el mismo 
se ha empeñado en un estudio atento i prolijo, ha sobrepujado, 
puede decirse así, cuanto se habia escrito en España en materia 
de historia; pero hai partes mas descuidadas. Podemos señalar 
como las mas notables los reinados de los reyes católicos Fernan- 
do e Isabel, Carlos V, Felipe II, Carlos III i Carlos IV hasta la 
invasión de los franceses en la península. 



266 MANUAL DB COMPOSICIÓN LITERARIA 

de la Galatea, i de Don Quijote de la Mancha, i del que hizo 
el Viaje del Parnaso, a imitación del de César, Caporal Pe- 
rusino, i otras obras que andan por ahí descarriadas, i qui- 
zá sin el nombre de su dueño; llámase comunmente Miguel 
de Cervantes Saavedra: fué soldado muchos años, i cinco i 
medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las ad- 
versidades: perdió en la batalla naval de Lepanto la mano 
izquierda de un arcabuzazo, herida, que aunque parece fea, 
él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la mas me- 
morable i alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni es- 
peran ver los venideros, militando debajo de las vencedoras 
banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlos V." 

Cervantes, i 
Novelas ejemplares, prólogo. 



XXII 
Maritornes 

"Servia en la venta una moza asturiana, ancha de cara, 
llana de cogote, de nariz roma, de un ojo tuerta *i del otro 
no mui sana, verdad es que la gallardía del cuerpo suplia 
las demás faltas: no tenia siete palmos de los pies a la ca- 
beza, i las espaldas que algún tanto le cargaban, la hacían 
mirar al suelo mas de lo que ella quisiera." 

Cervantes, ^ 
Don Quijote, p. I, cap. XVI. 



XXIII 

Una vieja peregrina 

*'Su edad al parecer salia délos términos de la mocedad, 
i tocaba en las márjenes de la vejez; el rostro daba en ros- 
tro, porque a la vista de un lince no alcanzara a verle las na- 

1 Véase las Noc de hi'st. lit., part III, cap. III, § 13 i 14. — Este 
retrato, puramente físico, es admirablemente trazado. 

2 Este retrato i el que sigue son imajinarios, i se limitan a la 
parte física; pero pueden servir de modelo en su jénero por la facili- 
dad de estilo i por dar a conocer también a la persona descrita. 



RETRATOS 267 



rices, porque no las tenia sino tan chatas i llanas, que con 
unas pinzas no le pudieran asir una blisna de ellas; los ojos 
le hacían sombra, porque mas salían fuera de la cara que 
ella; el vestido era una esclavina rota que le besaba los 
calcañares ^ sobre la cual traía una muceta, la mitad 
guarnecida de cuero, que por roto i despedazado no se po- 
día distinguir, si de cordobán o de badana fuese: ceñíase 
con un cordón de esparto, tan abultado í poderoso, que 
mas parecía gúmena de galera que cordón de peregrina; 
las tocas eran vastas; pero limpias i blancas: una cubríale la 
cabeza un sombrero viejo sin cordón ni toquilla, i los píes 
unos alpargates rotos, i ocupábale la mane un cordón 
hecho a manera de callado, con una punta de acero al fin; 
pendíale del lado izquierdo una calabaza de mas que me- 
diana estatura, í apegábale el cuello un rosario, cuyos pa- 
dres nuestros eran mayores que algunas bolas de las con 
que fuegan los muchachos al argolla. En efecto, toda ella 
era rota í toda penitente, i como después se echó de ver, 
toda de mala condición. Saludáronla en llegando, i ella les 
volvió los saludos con la voz que podía prometer la cáte- 
dra de sus narices, que fué mas gangosa que suave. Pregun- 
táronla dónde iba i que peregrinación era la su^^a, i dicien- 
do i haciendo, convidados como ella del ameno sitio, se le 
sentaron a la redonda, dejaron pacer el bagaje que les 
servia de recámara, de despensa i botillería, í satisfaciendo 
a la hambre, alegremente la convidaron, i ella respondien- 
do a la pregunta que la habían hecho, dijo: mí peregrinación 
es la que usan algunos peregrinos, quiero decir, que siem- 
pre es la que mas cerca les viene a cuento para disculpar 
su ociosidad." 

Cervantes, 
Per siles i Sijismunda. 



3 Talones 



'^^m-^mm^mmmmmm^ 



SECCIÓN I X 



Paralelos 



El paralelo no es masque la comparación de dos retratos. 
Evidentemente, está sometí do a las mismas reglas que ellos. 
No son ni puede ser vanos ejercicios de estilo i de composi- 
ción: por el contrario, deben estar fundados en un estudio 
cabal de los hechos, i no deben reflejar mas i\ue la verdad. 

Los paralelos pueden ser de tantas clases como los retra- 
tos, es decir hai unos jenerales, como cuando se compara 
■un pueblo con otro; hai morales, entre dos caracteres, lite- 
rarios e históricos; pero son estos últimos los mas frecuen. 
tes. 

Conviene advertir que los paralelos deben ser mucho me- 
nos frecuentes que los retratos. En efecto, si en la historia 
antigua, i mas aun en la moderna, es raro encontrar fisono- 
mías que sean a la vez bastante conocidas i bastante ca- 
racterísticas para que sea posible i útil pintarlas, es mas 
difícil todavía el hallar entre dos caracteres similitudes o 
contrastes que tengan al mismo tiempo importancia i reali- 
dad. Si estas oposiciones o semejanzas no son mas que hi- 
pótesis, si el autor las inventa i no las observa, con el pro- 
pósito de adornar la historia, no hará mas que adulterarla 
i degradarla. Algunos efectos de estilo, el brillo i la novedad 



PARALELOS 269 



de ciertas antítesis ofuscarán a los lectores, i talvez ha- 
brán seducido al mismo autor; pero esos falsos colores du- 
ran poco tiempo, i el talento deja de brillar donde se mues- 
tra el artificio. 

Estas juiciosas observaciones, estractadas de un gran 
maestro en el arte de escribir la historia, M. Daunou i , 
parecerian desmentidas con el ejemplo de Plutarco que ha 
comparado veinte i cuatro personajes griegos con otros 
tantos romanos, i cuya obra es justamente admirada por 
la posteridad. Pero es menester advertir que la gloria de 
Plutarco está fundada en sus biografías i no en sus parale- 
los, si bien algunos de éstos son verdaderamente notables. 



TEMAS DE EJERCICIOS 



I 



Atenas i Esparta eran las principales repúblicas de la 
Grecia antigua. Ambas aspiraban al predominio; pero las 
leyes i las costumbres hablan formado dos pueblos diferen- 
tes i antagonistas por su carácter, por su educación i por 
sus tendencias. Atenas se distinguía por el cultivo de la in- 
telijencia, por su pasión por las artes, por su espíritu indus- 
trial, por su comercio, por el carácter inquieto i emprende- 
dor, por su amor a la libertad i por su heroism ) en medio 
de una vida llena de espectáculos i de placeres. Esparta, 
por el contrario, era sombría, rigorosa, metódica: su edu- 
cación tenia por objeto formar soldados. Despreciaba las 
artes i el cultivo de la intelijencia. 



1 Daunou, Coíírs d' études historiques, tomo VII, p. 430 

Esta obra es formada por las lecciones que este eminente sabio i 
crítido dio en el colejio de Francia durante once años de profeso- 
rado (1819—1830.) 



2'iO MANUAL DB COMPOSICIÓN LITERARIA 



II 



Cartago había llegado a su grandeza cuando Roma co- 
menzaba apenas a figurar. El comercio la había enriqueci- 
do, i la riqueza i la molicie amenazan arruinarla. Poderosa 
por su escuadra, solo tenia ejércitos de mercenarios. El pue- 
blo dividido en ricos i miserables, gobernado por abusos 
mas bien que por las leyes, tenia el orgullo de su grandeza 
i de su poder, pero faltaba en él la unión indispensable para 
llevar a cabo las grandes empresas. Roma, por el contrario, 
era un pueblo nuevo, industrioso, trabajador, paciente. Go- 
bernada por la lei i por un réjimen republicano aristocráti- 
co, habia, sin embargo, unión entre todos sus habitantes 
para las grandes empresas que acometían. Los romanos 
eran pobres, pero eran mas patriotas, i estaban dispuestos 
a sacrificarlo todo. Cartago conquistaba por interés co- 
mercial, i por tanto, esplotaba a los países conquistados. 
Roma conquistaba por la gloria, i trataba a los sometidos 
como a sus propios hijos; de donde resultó que esta última 
pudo poner sobre las armas a los pueblos conquistados, 
mientras que aquélla no contaba con el apoyo de sus co- 
lonias. 



III 



Felipo III de Macedonia comenzó la empresa que llevó a 
cabo su hijo Alejandro. El primero, político, astuto, intri- 
gante, pérfido, prefería la victoria de la diplomacia a las de 
la fuerza i creía que todo era lejítimo para llegar a un fin. 
Economizaba su dinero para emplearlo en la guerra, pero 
mas que dar bataWas le gustaba comprar a sus enemigos. 
Todo en él era cálculo. Alejandro era mas impetuoso, mas 
franco, menos disimulado, mas batallador, en fin. El pa- 
dre sabía disimular la cólera, el hijo se dejaba llevar de su 
furor. Alejandro, con todo, era mas jeneroso; Filípo no per- 
donaba sino para utilizar su perdón. El primero era fru- 
gal, el segundo intemperante. Uno quería que se le amase, i 
para ello empleaba la seducción; el otro quería que se le te- 
miese, i por eso empleaba la fuerza. 



PARALELOS 271 



IV 



Tiberio i Cayo Graco desempeñan en la historia de la re- 
piiblica romana un papel muí importante. Igualmente va- 
lerosos i resueltos, justos, dilijentes, templados, se diferen- 
ciaban", sin embargo, entre sí. Tiberio, el mayor, era suave 
i tranquilo, su elocuencia era moderada i su vida mui fru- 
gal. Cayo era mas violento i apasionado, sus discursos mas 
ardorosos, i aunque era sobrio, le gustaba mas que a su 
hermano la ostentación i la comodidad. Si estos dos hom- 
bres hubieran figurado al mismo tiempo, se habrian com- 
pletado i habrian podido realizar mui grandes cosas; pero 
mediaba entre ambos la diferencia de nueve años i figura- 
ron uno en pos del otro. 



V 



Catón de Utica i César gozaron de una gloria igual en 
los últimos tiempos de la república romana. César la de- 
bia a su espléndida jenerosidad; Catón a la integridad de 
sus costumbres. El primero se adaptaba a las circunstan- 
cias; el segundo era inflexible. César, laborioso, franco i li- 
beral con sus amip-Qs, aspiraba a los altos empleos, al man- 
do de los ejércitos, n -Jo aquello que podia dar a conocer 
su jenio: Catón er . austero i queria mejor ser hombre vir- 
tuoso qVíC par leerlo. 



VI 

Isabel la Católica de Castilla e Isabel de Inglaterra, tie- 
nen algunas semejanzas. Se educaron en la dura escuela de 
la adversidad, fueron humilladas por sus mismos parientes, 
i cuando se sentaron en el trono, reinaron oo' . s^rande inte- 
lijencia i elevaron a su pueblo a un alto i^írado de prosperi- 
dad. La enerjía, la resolución, el conocimiento de los negó» 
cios públicos, el amor a la patria, la protección a las letras, 
fueron igualmente grandes en las dos. Pero en Isabel de 
Castilla predominaban las cualidades de su sexo, la suavi- 



272 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

dad, la modestia, la benevolencia, a tal punto que no se le 
podrian reprochar mas que las persecuciones relijiosas, 
obra del tiempo mas bien que de su carácter, naturalmente 
afable i bondadoso. Isabel de Inglaterra era mas varonil 
en todo: arrogante, orgullosa, adusta, irascible, disimulada; 
i todo esto confundido con el deseo de agradar i de ser teni- 
da por hermosa. La última poseia una instrucción mui su- 
perior a la de la reina española; pero ésta habia estudiado 
también. Ambas conocian a los hombres i supieron aprove- 
charse de ello en la elección de sus consejeros. 



VII 



Carlos Y i Francisco I pasaron dieziocho años envueltos 
en guerras mas encarnizadas que todas las que hasta en- 
tonces habia presenciado la Europa. Su rivalidad estaba 
fundada en oposición de intereses, excitados por celos per- 
sonales i envenenada por insultos recíprocos. Los domi- 
nios del emperador eran mas estensos, pero los de Fran- 
cisco I eran mas reconcentrados, i gobernaba con mayor 
autoridad. Las tropas del primero eran mas pacientes; las 
del segundo mas impetuosas. Carlos Y meditaba mucho 
antes de tomar una resolución, pero una vez tomada, la 
llevaba a cabo con tesón: su rival se decidla con prontitud, 
atacaba con gran violencia, pero no era constante. Este 
último, por precipitación, cometió muchcis faltas; pero era 
humano, bienhechor, jeneroso, digno sin orgullo, afable sin 
falacia. Fué protector decidido de las ciencias, de las letras, 
de las bellas artes, i se hizo querer por su heroísmo, por su 
jenerosidad i por su corazón. Carlos Y era reservado, insi- 
dioso i pérfido, pero poseia grandes talentos i un conoci- 
miento tan cabal de los hombres que nunca empleó a uno 
que no fuera apto para el servicio que se le exijia. 



YIII 



Carlos Xir, rei de Suecia, era un gran soldado, pero no 
fué un gran político. Creyendo imitar a Alejandro, se empe- 
ñó en una guerra destructora contra la Rusia, ejecutó gran- 



PARALELOS 273 



des proezas; pero no pesó primero sus fuerzas i las de sus 
enemigos, acometió empresas descabelladas mientras los ru- 
sos se rehacian i se fortificaban, i a pesar de todo su he- 
roísmo i de todo su jenio, sucumbió en la lucha. Alejandro 
no fué a atacar un imperio naciente como Carlos XII, sino 
un imperio en decadencia, cuyos recursos, cuyos ejércitos, 
cuyas armas i cuya táctica conocia perfectamente. Los 
persas, en vez de alejar sus tropas para evitar nuevas de- 
rrotas i formar, entre tanto, otros ejércitos mas formida- 
bles i mejor disciplinados, como lo hicieron los rusos, preci- 
pitaron las batallas unas en pos de otras, i aniquilaron 
así su imperio, que al fin fué sometido. 



TX 



La batalla de Pultava decidió en 1709 de la suerte de 
los dos mas singulares monarcas que existian entonces en 
el mundo. Carlos XII de Suecia i Pedro I de Rusia. El pri- 
mero, ilustre por nueve años de victorias, que combate solo 
por la gloria, grande por su heroismo i por su carácter 
magnánimo, sobrio, infatigable, invencible, como lo llama- 
ban sus contemporáneos: el segundo, famoso por nueve 
años de trabajos para formar ejércitos con que rechazar 
a los suecos, i para civilizar a su pueblo, audaz, astuto, 
enérjico, terrible con sus subditos, Pedro fué el vencedor, 
i fundó el poder de su imperio; pero, aunque hubiese sido 
derrotado, habria merecido el apodo de grande^ que le 
granjearon sus trabajos. 



Corneille no tiene rival entre los poetas cuando ,se ele- 
va; pero es desigual, i tanto sus primeras como sus últi- 
mas piezas son inferiores a su jenio. Sus ideas son con fre- 
cuencia sublimes, pero su estilo es a veces declamatorio i 

TOMO V 18 



274 MANUAL. DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

descuidado. Hai en sus obras una gran fecundidad de in- 
vención: casi en nada se parecen unas a otras. Racine te- 
nia i^ na imajinacion menos fértil, i una elevación menos 
sosten'da. Es mas igual, mas regular en el plan i en el esti- 
lo: es mai> perfecto en los detalles, i sobre todo mas conmo- 
vedor. Es menester no creer, sin embargo, que a Racine le 
haya faltado lo sublime ni a Corneille lo patético. Este 
fíltimo pinta a los hombres como deberian ser; aquél co- 
mo son. 

XI 

f 

Hernán Cortes i Francisco Pizarro tienen muchos pun- 
tos de contacto. Los dos eran osados aventureros, que 
con un puñado de hombres conquistaron dos imperios ri- 
cos i poí^erosos. La constancia, el valor, la audacia son 
grandes en ambos: las dificultades que los dos tuvieron que 
vCiicer fueron inmensas, Pero Cortes era joven, instruido, 
culto: Pizarro era viejo, ignorante hasta no saber leer, i 
tosco. El primero, poseia un gran jenio militar, obraba 
por su propia inspiración, no ovó los consejos de nadie, ni 
estuvo sometido a la influencia de ninguno de sus capita- 
nes. Su superioridad sobre todos ellos era tan incontesta- 
ble que ninguno le hacia sombra. El solo acometió la em- 
presa, i él solo la llevó a término. Pizarro, aunque dotado 
de un talento natural bastante sólido, desconfiaba de sí 
misixio, i vivió sometido a influencias estrañas, a las de 
su hermano Hernando sobre todo, que lo precipitó en difi- 
cultades con su socio Almagro, en una sangrienta guerra 
civil i en injustificables venganzas. Cortes era franco, ardo- 
roso, entusiasta: Pizarro tenaz, obstinado i reservado. 
Aquel vio desconocidos sus servicios por el rei, no pudo 
hacer todo lo que quería, i murió oscuramente olvidado: 
é'ste pereció en el apojeo del poder, después de haber hecho 
codo aquello de que era capaz; pero sus errores fueron 
causa de su muerte trájica, a manos de sus mismos com- 
pañeros. 

XH 

Napoleón i Washington vivieron casi a un mismo tiempo; 
i llenaron el mundo con la gloria de sus nombres. Ambos 
se distinguieron como militares i como políticos, i gober- 
naron en sus respectivos paises después de una revolución 



PARALELOS 275 



completa i radical. El primero es mas brillante por su 
gran jenio militar, por el esplendor de sus campañas, por 
su arrogancia i por la ostentación de todas sus empresas: 
el segundo, mas modesto por su talento militar i por su ca- 
rácter, se limitó solo a cumplir leal i honradamente con su 
deber como jefe de un ejército i como primer mandatario 
de una república. Napoleón poseia una ambición sin escrú- 
pulos, una altanería injusta e insultante para con las na- 
ciones vencidas, una perfidia de que la historia ofrece po- 
cos ejemplos, un espíritu intrigante i desconfiado, un gran 
disimulo i una intolerancia que no admitia nada que pu- 
diei'a hacerle sombra: hijo de una revolución hecha en nom- 
bre de la libertad i de la igualdad, escaló el poder sin r-epa- 
i'pren medios, gobernó como un déspota, restablecióla 
antigua jerarquía que la revolución había destruido i se 
manchó con actos injustificables de violencia. Washington, 
por el contrario, no tuyo mas ambición que la de ver a su 
patria libre de la dominación estranjéra, no violó nunca 
las leyes de la justicia, no cometió una sola perfidia, no 
profirió una mentira, no hizo ninguna promesa que no 
cumpliera, no tuvo celos con ninguno de los hombres de 
su tiempo: elevado al poder sin pretenderlo i talvez sin de- 
searlo, cimentó la república en su forma mas franca i mas 
liberal, reprimiendo a los que le pedian que ciñera la co- 
rona. 

XIII 

Washington i Bolívar simbolizan la revolución de la 
inüependencia en sus respectivos paises. Ambos sacrifica- 
ron su vida entera a una grande obra, hicieron cuanto se 
portia esperar de ellos. Pero Washington era modesto, 
templado en sus opiniones, dotado de un juicio frió i sereno; 
mientras que Bolívar era impetuoso, arrogante, irresisti- 
ble. El primero estuvo siempre sometido a las órdenes de 
un congreso, ya como jeneral del ejército, ya como presi- 
dente de la república: el segundo obraba siempre por su 
propia cuenta, i asumia toda la responsabilidad de sus 
actos. Washington era sumamente desinteresado: no que- 
ría mando ni pedia tampoco que se remuneraran sus servi- 
cios: solo admitió que se le pagaran los gastos hechos 
durante la guerra: Bolívar se encontraba tan superior a 
sus contemporáneos que creia que él debia gobernarlos; 
pero no solo fué desinteresado para no recibir sueldos ni 



276 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

las considerables recompensas que se le decretaron, sino 
que gastó en la revolución la inmensa fortuna que habia 
heredado de sus padres. El carácter de Washington se 
revela en sus escritos i en sus discursos, siempre frió, mo- 
derado i razonador: el de Bolívar se ostenta en una elo- 
cuencia ardorosa i entusiasta. Washington es un hombre 
grande por la perfección de sus virtudes, por el conjunto 
armónico de todas las cualidades: Bolívar es grande, 
como lo son los jenios, esto es, por grandes dotes empaña- 
das alguna vez pfor grandes pasiones. 



XIY 



Bolívar i San Martin son rivales de gloria en la histo- 
ria de la revolución de la América del sur. La educación i 
el carácter de ambos los separaban abiertamente. Herede- 
ro aquél de una gran fortuna, adquirió desde su niñez há- 
bitos de independencia: el segundo, educado para militar, 
adquirió el espíritu de orden i disciplina que lo acompañó 
siempre. Bolívar, arrebatado, franco, impetuoso, creia 
que bastaba el entusiasmo i el valor para derrotar al ene- 
migo: San Martin, frío, reservado, no abria la campaña 
sino cuando habia formado tropas perfectamente discipli- 
nadas. El primero entraba en combate sin tener fé en la 
victoria, para pelear a la desesperada, para vencer por el 
heroísmo o para reunir los dispersos en caso de una deiro- 
ta, i presentar nuevas batallas. El segundo meditaba lar- 
gamente sus planes de campaña, no daba batalla sino 
cuando estaba seguro de la victoria, i siempre bajo la idea 
de destruir de un solo golpe al enemigo. 

Indicamos sumariamente estas diferencias: los jóvenes 
que en el estudio de la historia han podido conocer a estos 
dos grandes hombres, deben reunir las otras circunstancias 
para desarrollar estos caracteres. 



PARALELOS 277 



MODELOS DE EJERCICIOS 

. I 
Atenas i Esparta 

"Entre todas las repúblicas de que estaba compuesta la 
Grecia, Atenas i Lacedemonia eran sin comparación las 
prixjcipales. No se puede tener mas injenio que el que exis- 
tia en Atenas, ni mas fuerza que la que existia en Lacede- 
monia. Atenas queria el placer: la vida de Lacedemonia 
era dura i laboriosa. Una i otra amaban la gloria i la 
libertad; pero en Atenas, la libertad tendia naturalmente 
a la licencia, i encadenada por leyes severas en Lacedemo- 
nia, mientras mas reprimida se encontraba en el interior, 
mas «e empeñaba en dominar en el esterior. Atenas queria 
también dominar, pero por otro principio. El interés se 
mezclaba a su gloria. Sus ciudadanos se d istinguian en e- 
arte de navegar; i el mar, donde ella reinaba, la habia 
enriquecido. Para permanecer única sen ora de todo el co- 
mercio, no habia nada que ella no quisiera someter; i sus 
riquezas que le inspiraban este deseo, le suministraban los 
medios de satisfacerlo. Por el contrario, en Lacedemo nia, 
el dinero era despreciado. Como todas sus leves tendí an a 
hacer una república guerrera, la gloria de las armas era el 
único pensamiento de que estaban dominados los esp íritus 
de sus ciudadanos. Desde allí naturalmente, ella queria 
dominar; i mientras mas superior se mostraba al ínteres, 
mas se abandonaba a la ambición. 

"Lacedemonia, por su vida arreglada, era firme en sus 
máximas i en sus designios. Atenas era mas viva, í el pue- 
blo era allí demasiado señor. La filosofía i las leyes pro du- 
cian, es verdad, hermosos efectos en caracteres tan delica- 
dos; pero la sola razón no era capaz de contenerlos. Un 
sabio ateniense que conocía admirablemente el carácter de 
su país (Platón), nos enseña que el temor era necesario a 
esos espíritus demasiado vivos i demasiado libres, i que no 
hubo medio de gobernarlos cuando la victoria de Salamina 
los hubo afianzado contra los persas. 

"Entonces dos cosas los perdieron, la gloria de sus h er- 



278 MAÍÍUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

tnosas acciones i la seguridad en que creían estar. Los ma- 
jistrados no eran oidos; i como la Persia estaba dominada 
por una sujeción excesiva, Atenas, dice Platón, sintió los 
males de una libertad excesiva. 

"Estas dos grandes repúblicas, tan contrarias en sus 
costumbres i en su conducta, se embarazaban una a otra 
en el designio que tenian de sujetar toda la Grecia, de suer- 
te que siempre eran enemigas, mas aun por la contraposi- 
ción de sus intereses que por incompatibilidad de sus carac- 
teres. 

"Las ciudades griegas no querian la dominación de nin- 
guna de las dos; porque, ademas que cada una deseaba 
conservar su libertad, encontraba demasiado molesto el 
imperio de cualquiera de las dos repúblicas. El de Lacede- 
monia era duro. Notábase en su pueblo yo no sé qué de fe- 
roz. Un gobierno demasiado ríjido i una vida demasiado 
laboriosa, hacia a los hombres mui orgullosos, mui auste- 
ros i mui imperiosos: era necesario resolverse a no estarja- 
mas en paz bajo el imperio de una ciudad que, estando for- 
mada para la guerra, no podia conservar sino continuán- 
dola sin descanso. Así los lacedemonios querian mandar, i 
todo el mundo temia que ellos mandasen. Los atenienses 
eran naturalmente mas suaves i mas agradables. Nada ha- 
bia que ver mas delicioso que su ciudad, donde las fiestas i 
los juegos eran perpetuos, donde el injenio, la libertad i la« 
pasiones daban cada dia nuevos espectáculos. Pero su con- 
ducta desigual desagradaba a sus aliados i era aun mas 
desagradable a sus subditos. Era necesario soportar las 
estravagancias de un pueblo adulado, que según Platón es 
algo mas peligroso que las de un príncipe mimado por la 
lisonja. 

"Estas dos ciudades no permitian a la Grecia permanecer 
en reposo". 

BossuET, 1 

Discurso sobre la historia universal, parle III. cap. V. 



1 V. las 2^oc. de hísí. Ik., part. III, oap. IV, ^ 18. 



PARALELOS 279 



I 



II 

Roma i Cartago 

**Cartago, enriquecida antes que Roma,sehabiacorrom- 
pido cambien antes: así, mientras que en Roma los empleos 
públicos no se obtenian sino por la virtud, i no daban otra 
utilidad que el honor i un aumento de trabajo, en Cart^go 
se vendia todo lo que el público puede dar a los particula- 
res, i todo servicio prestado por los particulares era paga- 
do por el público. 

^'Antiguas costumbres, cierto hábito de pobreza, hacian 
que en Roma las fortunas fuesen casi iguales. En Cartago, 
los particulares tenian las riquezas de los reyes. 

"De las dos facciones que reinaban en Cartago, una que- 
ría siempre la paz, i la otra siempre la guerra, de manera 
que era imposible gozar de la primera, ni hacer bien la 
segunda. 

"Mientras que en Roma la guerra reunía desde luego 
todos los intereses, en Cartago los separaba mas aun. 

"En los estados gobernados por un príncipe, las divisio- 
nes se apagan fácilmente, porque tiene en sus manos un 
poder coercitivo que atrae los dos partidos; pero en una 
república son mas duraderas, porque el mal ataca ordina- 
riamente al mismo poder que podria curarlo. 

"En Roma, gobernada por las leyes, el pueblo sufría que 
el senado tuviese la dirección de los negocios: en Cartago, 
gobernada por los abusos, el pueblo quería hacerlo todo 
por sí mismo. 

"Cartago, que hacia la guerra con su opulencia contra 
la pobreza romana, tenia por esto mismo la desventaja: el 
oro i la plata se agotan; pero la virtud, la constancia, la 
fuerza i la pobreza no se agotan jamas. 

"Los romanos eran ambiciosos por orgullo, i los cí^rta- 
jineses por avaricia; los unos querían mandar, los otros 
adquirir; i estos últimos, calculando sin cesar las entradas 
i los gastos, hicieron siempre la guerra sin entusiasmo. 

"Las batallas perdidas, la disminución de la población, 
el debilitamiento del comercio, el agotamiento del tesoro 
público, la sublevación de las naciones vecinas, podían ha- 
cer aceptar a Cartago las mas duras condiciones de pa/: 
pero Roma no se manejaba por el sentimiento de los bienes 
i de los males; no se determinaba mas que por la gloría; i 



280 MANUAL DB COMPOSICIÓN LITERARIA 



como no se imajinaba que pudiese existir si no mandaba, 
no habia esperanza ni temor que pudiese obligarla a hacer 
una paz que ella no hubiera impuesto. 

''No hai nada tan poderoso como una república donde 
se observan las leyes, nó por temor, no por razón, pero sí 
por pasión, como fueron Roma i Lacedemonia; porque en- 
tonces se junta a la prudencia de un buen gobierno toda la 
fuerza que podria tener una facción. 

"Los cartajineses se servian de tropas estranjeras, i los 
romanos empleaban las propias. Como estos últimos no 
habian mirado jamas a los vencidos mas que como ins- 
trumentos para los triunfos futuros, convirtieron en solda- 
dos a todos los pueblos que habian sometido; i mientras 
mas trabajos tuvieron en vencerlos, mas aparentes los juz- 
gaban para incorporarlos en su república. Así vemos a los 
samnitas, que no fueron subyugados sino después de vein- 
ticuatro triunfos, hacerse los ausiliares de los romanos; i 
algún tiempo antes de la segunda guerra púnica sacaron 
de entre ellos i de entre sus aliados, es decir, de un pais que 
no era mas grande que Ñapóles i los estados del Papa, se- 
tecientos mil hombres de a pié, i setenta mil de a caballo 
para oponer a los galos. 

''En lo recio de la segunda guerra púnica, Roma tuvo en 
pié de veintidós a veinticuatro lejiones; sin embargo, pare- 
ce, según Tito Livio, que no daba entonces mas que cerca 
de ciento treinta i siete mil ciudadanos. 

''Cartago empleaba mas fuerza para atacar, Roma para 
defenderse; ésta, como se acaba de decir, armó un número 
prodijioso de hombres contra los galos i contra Aníbal que 
la atacaban i no envió mas que dos lejiones contra los mas 
grandes reyes; lo que hizo sus fuerzas eternas. 

"El establecimiento de Cartago en su pais era menos só- 
lido que el de Roma en el suyo: esta tíltima tenia a su alre- 
dedor treinta colonias, que eran como sus fortificaciones. 
Antes de la batalla de Canas, ningún aliado la habia aban- 
donado, porque los samnitas i los otros pueblos de Italia 
estaban acostumbrados a su dominación. 

"La mayor parte de las ciudades de África eran poco for- 
tificadas, se rendian desde luego a cualquiera que se presen- 
tase para tomarlas; por eso todos los que desembarcaron, 
Agatócles, Régulo, Escipion, pusieron pronto a Cartago en 
una situación desesperada. No se puede atribuir sino a mal 
gobierno lo que les acaeció en toda la guerra que les hizo el 
primer Escipion: su ciudad i sus ejércitos estaban ham- 



PARALELOS 281 



brientos, mientras que los romanos tenían abundancia de 
todo. 

"Entre los cartajineses, los ejércitos que habian sido bati- 
dos se hacian insolentes: algunas veces crucificaban a sus 
jenerales, los castigaban por su propia cobardía. Entre los 
romanos, el cónsul diezmaba las tropas que habian huido, 
i las volvia a llevar contra el enemigo. 

"El gobierno de los cartajineses era mui duro: habia 
atormentado tanto a los pueblos de España que, cuando 
los romanos lles^aron ahí, fueron mirados como libertado- 
res; i si se consideran las sumas inmensas que costó a los 
cartajineses el sostener una guerra en que al fin sucumbie- 
ron, se verá que la injusticia es mal consejero i que ni si- 
quiera realiza sus propósitos. 

"La fundación de Alejandría habia disminuido mucho el 
comercio de Cartago. En los primeros tiempos, la supersti- 
ción desterraba en cierto modo a losestranjeros del Ejipto; 
i cuando los persas lo hubieron conquistado, no pensaron 
mas que en debilitar a sus nuevos subditos; pero, bajo los 
reyes griegos, el Ejipto hizo casi todo el comercio del mun- 
do, i el de Cartago comenzó a decaer. 

"Las potencias establecidas por el comercio pueden sub- 
sistir durante largo tiempo en su mediocridad; pero su 
grandeza es de poca duración. Se elevan poco a poco i sin 
que nadie lo perciba; porque no ejecutan ningún acto par- 
ticular que haga ruido i señale su poder; pero cuando las 
cosas llegan a un punto en que no se puede impedir que 
sean vistos, cada cual trata de privar a esa nación de una 
ventaja que no ha tomado, por decirlo así, mas que por 
sorpresa. 

"La caballería cartajinesa valia mas que la romana por 
dos razones: primero, los caballos numidas i españoles eran 
mejores que los de ItaHa; i segunda, porque la caballería 
romana estaba mal armada. Solo en las guerras que los ro- 
manos hicieron en Grecia, cambiaron de táctica, como nos 
lo enseña Polibio." 

MONTESQUIEU, ^ 
Grandeza i decadencia de los romanos, cap. IV. 



1 Véanse las Noc. de hist. Ht., part, III, cap. V, § 28. Este para- 
lelo, trazado con una gran profundidad i con una notable penetra- 
ción histórica, puede ser analizado comparándolo con el fragmen- 
to de Víctor Hugo que trascribimos a continuación. En este último 



282 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



El mismo asunto 

*'Roma, semejante al águila, su símbolo temible, estiende 
sus alas, desplega sus garras, coje el rayo i vuela. Cartago 
es el sol del mundo. Es señora de los océanos, señora de los 
reinos, señora de las naciones. Es una ciudad magnífica, 
llena de esplendor i de opulencia, brillante con las artes es- 
trañas del oriente. Es una sociedad completa, pulimentada, 
acabada, a la cual no falta nada de lo que puede hacet el 
trabajo del tiempo i del hombre. En fin, la metrópoli del 
África, está en el apojeo de su civilización: no puede sub^'r 
mas, i cada progreso será en adelante un paso a la deca- 
dencia. Roma, por el contrario, no tiene nada. Ha tomado 
va todo lo que estaba a su alcance; pero ha tomado por 
tomar, mas bien que por enriquecerse. Es semi-salvaje, semi- 
bárbara. Tiene que hacer a la vez su educación i su fortuna. 
Todo está delante de ella: nada detras. 

'^Durante cierto tiempo, ambos pueblos existen de frente. 
El uno descansa en su esplendor, el otro se engrandece en 
la sombra. Pero poco a poco, el aire i el lugar les faltan a 
ambos para desarrollarse: Roma comienza a molestar a 
Cartago. Hace largo tiempo que Cartago importuna a 
Roma. Sentadas sobre las dos orillas opuestas del Medite- 
rráneo, las dos ciudades se miran las caras. El mar no bas- 
ta ya para separarlas. La Europa i el África pesan una so- 
bre otra. Como dos nubes cargadas de electricidad se en- 
cuentran ya mui cerca. Van a confundirse en el rayo. Esta 
es la peripecia de este gran drama. ¡Cuan grandes son los 
actores que están delante! dos razas, ésta de mcicaderes i 
marinos, aquélla de labradoresi soldados; dos pueblos, uno 
reinando por el oro, otro por el fierro; dos repúblicas, una 
teocrática, otra aristocrática; Roma i Cartago; Roma con 
su ejército, Cartago con su escuadra; Cartago, vieja, rica 
astuta; Roma, joven, pobre i vigorosa; el pasado i el poi 
venir; el espíritu de descubrimiento i el espíritu de conquis 
ta; el jenio de los viajes i del comercio, el demonio de la g^iC 
rra i de la ambición; el oriente i el mediodía por una parte 



se encontrarán mas brillo i colorido, mas imajinacion, una elegan- 
te personificación de Roma i Cartago durante las guerras púnicas; 
pero no se hallarán las ideas claras, precisas i luminosas que se 
encuentran en el fragmento de Montesquieu. 



PARALELOS 2d3 



el occidente i el norte por la otra; en fin, dos mundos, la ci- 
vilización del África i la civilización de Europa. 

Ambas se miden con la vista. Su actitud antes del com- 
bate es igualmente formidable. Roma, estrecha ya en toda 
la parte del mundo que conoce, reúne todas sus fuerzan i 
todos sus pueblos. Cartago que tiene sujeta a la correa a la 
España, la América i esa Bretaña que los romanos creian 
en el fondo del universo, Cartago ha arrojado el ancla de 
abordaje sobre la Europa. 

'^La batalla se traba. Roma copia groseramente la mari- 
na de su rival. La guerra se enciende primero en la penínsu- 
la i en las islas. Roma acecha a Cartago en esa Sicilia, don- 
de la Grecia ha encontrado al Ejipto,en esa España, do. .de 
mas tarde lucharán aun la Europa i el África, el oriente i el 
occidente, el mediodía i el septentrión. 

"Poco a poco el combátese empeña, el mundo se inflama* 
Los colosos se atacan cuerpo a cuerpo, se aferr^^n, sedejaii, 
se vuelven aferrar. Se buscan i se rechazan. Cartago pf^^a 
los Alpes; Roma pasa los mares. Los dos pueblos personifi- 
cados en dos hombres, Aníbal i Escipion, se estrechan i se 
encarnizan para concluir. Es un duelo terrible, un combate 
a muerte. Roma vacila, lanza un grito de angustia: Annibpl 
ad portas!. . . Pero se levanta, agota sus fuerzas paia dar 
un último golpe, se arroja sobre Cartago, i la borra del 
mundo." 

VÍCTOR Hugo ^ 



III 
FilipD i Alejandro 

''Filipo preferia los combates a los festines i no empleaba 
sus inmensas riquezas mas que en espediciones militares. 
Mas fácil para procurarse dinero que para conservarlo, es- 
taba siempre pobre, a pesar de sus rapiñas diarias. Era al 
mismo tiempo clemente i pérfido; todo le parecía lejítimo 
para llegar a la victoria; seductor, insidioso en sus discur- 
sos, prometia mas de lo que tenia: la seriedad, la alegría, 

1 Distinguido poeta i prosador francés contemporáneo, nació 
en 1802. Véanse sobre él las Noc. de hist. lit., part. III, cap. IV, 
§ 32. 



284 



MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



todo en él era cálculo. Tuvo amigos no por afección sino 
por.interes. Acariciar a un enemigo, desconfiar de un ami- 
go, dividir a dos aliados i ganar la confianza de uno i otro, 
tal era su política ordinaria. A todo esto anadia una elo- 
cuencia notable, un estilo lleno de vigor i de finura, una 
facilidad elegante, una imajinacion adornada i sin esfuer- 
zos. Alejandro, su hijo i sucesor, sobrepasó sus vicios i sus 
cualidades. Ambos tendian a la victoria, pero por medios 
diferentes: Alejandro por la fuerza i Filipo por la intriga. 
Al uno gustaba engañar a sus enemigos, al otro vencerlos 
en pleno dia. Aquél era mas prudente, éste mas temerario. 
El padre sabia disimular, i aun con frecuencia sofocar su 
cólera; el hijo, una vez irritado, no sabia ni diferir ni limitar 
su venganza. A uno i otro gustaba demasiado el vino, pero 
su embriaguez era diferente. Filipo, al levantarse de la me- 
sa, corria hacia el enemigo, empeñaba el combate; Alejan- 
dro volvia su furor no contra sus enemigos sino contra sus 
oficiales. Con frecuencia Filipo volvia herido del combate; 
con mayor frecuencia todavía Alejandro salió de un festin 
manchado con la sangre de sus cortesanos. El uno reinaba 
con sus amigos, el otro sobre sus amigos. El primero pre- 
feria que se le amase, el segundo que se le temiese. Ambos 
tuvieron gusto por la literatura. Filipo tuvo mas política, 
Alejandro mas buena fé. Aquél era mas moderado en sus 
palabras, éste en sus actos. Alejandro era mas jeneroso, 
mas pronto para perdonar a los vencidos; Filipo no perdo- 
naba ni a sus aliados. El padre era frugal, el hijo intempe- 
rante. Con estas cualidades diversas, el padre echó los ci- 
mientos del imperio del mundo, i el hijo tuvo la gloria de 
acabar su obra." 

Justino i 

Historias ñlípicas, lib. IX, § 8. 



1 Noc. de hist. lit., part. I, cap. VII, § 14. -Los críticos que se 
han ocupado de Justino creen que al abreviar la obra monumental 
de TrogoPompeyo, desgraciadamente perdida para la posteridad, 
ha empleado de ordinario los propios términos i las mismas fra- 
ses del famoso historiador romano, a quien los antiguos colocaban 
a la altura de Tito Livio, de Salustio i de Tácito. En efecto, en la 
obra de Justino se nota poco encadenamiento en las materias, lo 
que supone falto de tino al hacer el estracto; pero se hallan en ella 
fragmentos tan notables como el paralelo que dejamos copiado. 



PARALELOS 285 



IV 

Tiberio i Cayo Graco 

"Tiberio tenia el aire del rostro, la mirada i los movi- 
mientos suaves i tranquilos: Cayo, por el contrario, era 
vivo i vehemente. Cuando hablaban en público, el primero 
se mantenia siempre en el mismo lugar, con una apariencia 
llena de reserva; i el otro fué el primero entre los romanos 
que dio el ejemplo de pasearse en la tribuna i de echar su 
manto abajo de sus hombros. La elocuencia de Cayo, te- 
rrible, apasionada, sobrecojia violentamente los espíritus: 
la de Tiberio, mas suave, era mas aparente para excitar la 
compasión. La dicción de Tiberio era pura i castigada; la de 
su hermano, persuasiva i adornada con una especie de com- 
placencia. 

*'La misma diferencia existia en su manera de vivir i en 
su mesa. Tiberio llevaba una vida sencilla i frugal: Cayo, 
comparado a los otros romanos, era sobrio i templado; pe- 
ro comparado a su hermano, era exijente i se inclinaba a lo 
supérfluo. 

"Sus costumbres no eran menos diferentes que su lengua- 
je. Tiberio era suave i tranquilo i Cayo rudo i exaltado, a 
tal punto, que frecuentemente en medio de sus discursos ^e 
abandonaba contra su voluntad a movimientos impetuo- 
sos de cólera, alzaba la voz, se dejaba arrastrar a las invec- 
tivas i confundia las cosas en su arenga. Para remediar es- 
tos estravíos, hé aquí el medio que empleaba. Licinio, uno 
de sus esclavos, hombre que no carecia de intelijencia, se 
mantenia detras de él cuando hablaba al público, con uno 
de esos instrumentos de música que sirven para arreglar la 
voz; i cuando sentia por la fuerza de los sonidos que su se- 
ñor se exaltaba i se dejaba arrastrar por la cólera, le re- 
comendaba por lo bajo un tono mas suave. Cayo moderaba 
inmediatamente su vehemencia: bajaba la voz, suavizaba 
su declamación i recobraba una apariencia mas tranquila. 

"Tales eran las diferencias que se notaban entre ellos. Pe- 
ro la valentía contra los enemigos, la justicia para con sus 
inferiores, la dilijencia en el ejercicio de las funciones públi- 
cas, la templanza en el uso de los placeres, eran iguales en 
ambos. 

"Tiberio tenia nueve años mas que su hermano, lo que 
puso entre su administración i la de Cayo un intervalo con- 



2SB MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

siderable, i nada contribuyó mas a hacer malograr sus em- 
presas. Como no florecieron los dos a un mismo tiempo, 
no pudieron mancomunar sus fuerzas respectivas, i formar 
por medio de esta unión un poder temible i quizá inven- 
cible." 

Plutarco, ^ 
1 iberio i Cayo Graco. 



Catón de Utica i Julio César 

"Habia poca diferencia entre ambos por el nacimiento, 
la edad, la elocuencia: tenian una igual grandeza de alma, 
una gloria igualmente grande pero diferente. César se habia 
labrado un alto renombre por sus beneficios i su munificen- 
cia; Catón por la integridad de su vida. El primero se dis- 
tinguió por su suavidad i por su clemencia; el segundo se 
hizo respetable por su severidad. César adquirió un alto re- 
nombre dando, socorriendv), perdonando; Catón no mos- 
traba nunca debilidad. Uno era el refujio de los desgracia- 
dos, el otro el azote de los malhechores. Se elojiaba en el 
primero la llaneza de las costumbres; en el segundo la cons- 
tancia inquebrantable. En fin, César se habia hecho una 
regla de conducta, de ser laborioso, vijilante, ocupado de 
los intereses de sus amigos, poco cuidadoso de los suyos, de 
no rehusar nada que le pareciese digno de ser ofrecido, para 
sí mismo deseaba un gran mando, un ejército, una guerra 
en donde pudiese desplegar su jenio. Catón, por el contra- 
río, hacia un estudio de moderación, de decencia, pero sobre 
todo de austeridad. No disputaba a los ricos en opulencia, 
a los intrigantes en intrigas, pero sí en valor al mas bravo, 
e^, templanza al mas modesto, en probidad al mas honra- 
do; prefería mejor ser virtuoso que parecerlo, i por esto 
mismo mientras menos buscaba la gloria, mas la alcanzaba. 

Salustio, 1 

Catilina, %S4 



1 Véanse las N oc. de hist lit., part. I, cap. VII, § 12. 
1 Véanse las Noc. de hist. lit.^ part. T, cap. V, §8. 



PARALELOS 287 



VI 
Carlos XII i Pedro el grande 

"El 8 de julio de 1709 se dio la batalla decisiva de Pul- 
tava, entre los dos mas singulares monarcas que existiesen 
entonces en el mundo: Carlos XII, ilustre por nueve años 
de victorias. Pedro Alexiowitz, famoso por nueve años de 
tr?'b?jos empleados en formar tropas iguales a las tropas 
suecas; uno glorioso por haber dado estados, el otro por 
haber civilizado los suyos; Carlos que busca los peligros i 
que no combate mas que por la gloria, Alexiowitz que no 
evita el peligro i que no hace la guerra sino por sus intere- 
ses; el monarca sueco liberal por grandeza de alma, el mos- 
covita que no da jamas sino con algún propósito; aquél de 
una sobriedad i de una continencia sin ejemplo, de un ca- 
rácter magnánimo, i que no habia sido bárbaro mas que 
una sola vez (en la muerte de Patkul, embajador i jeneral 
del emperador de Rusia); éste que no se habia despojado de 
la rudeza de su educación i de su pais, tan terrible para sus 
subditos, como admirable para los estranjeros, i mui incli- 
nado a los CTcesos que abreviaron sus dias. Carlos tenia el 
título de invencible, que un momento podia quitarle; las 
naciones habian dado a Pedro Alexiovs^itz el nombre de 
grande, que una derrota no podia hacerle perder porque no 
lo debia a la victoria". 

VOLTAIRE, 1 
Historia de Carlos XIL lib. IV 



VII 

Corneille i Raclne 

''Corneille no puede ser igualado en los puntos en que so- 
bresale; tiene entonces un carácter orijinal e inimitable: pe- 
ro es desigual. Sus primeras comedias son secas, lánguidas 
i no hacian esperar que mas tarde fuese tan lejos, así como 
sus últimas piezas hacen que nos sorprendamos de que ha- 



1 Véanse las Noc. de hist. lit , part. III, cap. IV, § 26. 



2SS MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

ya podido caer de tan alto. En algunas de sus mejores pie- 
zas hai faltas inescusables contra las costumbres dramáti- 
cas 1 ; un estilo declamador que retarda la acción i la hace 
languidecer: neglijencias en los versos i en la espresion que 
no se pueden comprender en un hombre tan grande. Lo que 
hai en él de mas eminente es el jenio inclinado a lo sublime, 
al cual es deudor de ciertos versos, los mas felices que jamas 
se hayan leído, de la marcha jeneral de la pieza, que algu- 
nas veces ejecutó contra las reglas de los antiguos, i en fin 
de sus desenlaces, porque no siempre se ha sujetado al 
gusto de los griegos i a su gran sencillez; sino que por el 
contrario ha preferido recargar la escena con acontecimien- 
to de que casi siempre ha salido con buen éxito. Su jenio es 
admirable, sobre todo por la estremada variedad i por los 
pocos puntos de contacto que se encuentran en el gran níí- 
mero de obras que compuso. 

"Parece que hai mas puntos de semejanza en las de Raci- 
ne, que tienden mas o menos a un mismo objeto; pero es 
igual, sostenido, siempre el mismo en todas partes, sea en 
la marcha de sus piezas, que son precisas, regulares, estu- 
diadas en el buen sentido i en la naturaleza; sea por la ver- 
sificación, que es correcta, rica en sus rimas, elegante, sono- 
ra, armoniosa; exacto imitador de los antiguos a quienes 
ha seguido escrupulosamente en la nitidez i en la sencillez 
de la acción. A Racine no le ha faltado lo grande ni lo ma- 
ravilloso, así como a Corneille lo conmovedor i lo patético. 
¿Qué mayor ternura que la que está esparcida en todo El 
Cid, en Poíiuto i en Horacio? ¿Qué grandiosidad no se 
encuentra en Mitridátes.en Burrho? Las pasionesfavoritas 
de los antiguos, que los trájicos trataban de excitar en sus 
teatros, i que se nombran el terror i la compasión, han sido 
conocidas de estos dos poetas; Oréstes en la Andrómaca de 
Racine i Fedra del mismo autor, así como el Edipo i en Ho- 
racio de Corneille, son la prueba de ello. 

"Sin embargo, si es permitido hacer unacomparacion en- 
tre ambos i señalar en uno i en otro lo que han tenido de 
mas propio, de mas suyo i lo que brilla mas ordinariamen- 
te en sus obras, quizás se podria hablar así: Corneille nos 
somete a sus, caracteres i a sus ideas; Racine se conforma a 



1 Se llaman costumbres dramáticas todos los rasgos que sirven 
para pintar el carácter de los personajes. Es menester que esos 
rasgos sean conformes a la tradición o a la idea que el autor 
quiere dar de sus héroes. Toda infracción de esta lei es una 
falta contra las costumbres dramáticas. 



PARALELOS 289 



las nuestras; aquel pinta los hombres como debieran ser, 
éste los pinta como son. Hai en el primero mas de lo que 
se admira i mas de lo que se debe imitar; en el segundo hai 
mas de lo que se encuentra en los otros i de lo que se espe- 
rimenta en sí mismo. El uno eleva, sorprende, domina, ins- 
truye; el otro, agrada, ajita, conmueve, penetra. Lo que 
hai de mas hermoso, de mas noble, i de mas imperioso en 
la razón, es manejado por el primero; i por el segundo lo 
que hai de mas halagüeño i de mas delicado en la pasión. 
En aquel se encuentran máximas, reglas, preceptos; en éste, 
gusto i sentimiento. Corneille es mas moral, Racine mas 
natural. Parece que el uno imita a Sófocles, i que el otro 
debe mas a Eurípides." 



La Bruyére, 1 

De las obras del Espíritu. 



1 Véanse las Noc. de hist. lit. part. III, cap. IV., § 21. 



TOMO V 19 



yr^^^^^^^m^-A^kÉ^,^A^^M^AAA^ 



\ 



SECCIÓN X 
Disertaciones 

Bajo este título vamos a reunir aquí ciertos asuntos de 
moral, filosofía, literatura, etc., que, si bien pueden tratar- 
se por estenso, son susceptibles también de sercondensados 
en dos o tres pajinas. Esta clase de ejercicios literarios tiene 
una grande importancia, por cuanto habitúan a los jóve- 
nes a meditar sobre cosas abstractas, i a poner en orden 
lójico sus pensamientos. 

La primera condición de este jénero de escritos es la cla- 
ridad, no solo la claridad de las voces i de los jiros, sino 
esa que resulta del encadenamiento de las ideas, de la lóji- 
ca en los raciocinios i en las deducciones. El objeto del es- 
critor no es agradar, sino convencer; i para ello debe espre- 
sar sus pensamientos con una trasparencia que permita 
comprenderlos por entero. Es un error el creer que la decla- 
mación, la vana palabrería, por mas fascinadora que se 
presente, tienen alguna importancia en trabajos de esta na- 
turaleza. Los modelos que insertamos en seguida darán a 
conocer lo que vale la sencillez en la esposicion i la sobrie- 
dad en el estilo. 

Los jóvenes que trabajen en esta clase de ejercicios, en- 
contrarán a primera vista sin duda, áridos i secos los te- 
mas que se les proponen, creerán que no hai nada, o casi 
nada que decir sobre ellos; pero meditando un poco el asun- 



292 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

to, verán nacer nuevas ideas, i el trabajo consistirá enton- 
ces en concentrar los pensamientos, desechando las ideas 
accesorias i menos necesarias. Ninguno de losejercicios pro- 
puestos anteriormente reclama mas atención antes de to- 
mar la pluma. 



TEMAS DE EJERCICIOS 



Cuando el hombre contempla la naturaleza entera, queda 
sorprendido i confundido. Llega entonces a despreciarse a 
sí mismo, así como a todas las cosas de la tierra. Si consi- 
dera en seguida los seres mas pequeños, descubre en ellos 
todo un mundo, i se pierde en el infinito. Tales espectáculos 
curan al hombre de la presunción. 

II 

Cuando se conoce el sistema planetario, se ve que los as- 
tros que jiran al rededor del sol obedecen a le^^es fijas e in- 
mutables. Este sistema, con todos los astros que lo compo- 
nen, no es mas que un punto en el espacio. La observación 
nos hace creer como verdad averiguada que cada una de 
las estrellas fijas í"s un sol que sirve de centro a otro siste- 
ma planetario, tan vasto o mas que aquel de que la tierra 
forma parte. Así como muchos de los planetas que jiran al 
rededor del sol arrastran consigo un sistema de satélites, 
se cree que del mismo modo el sol i las estrellas fijas forman 
un sistema en torno de un centro desconocido. La via lác- 
tea seria pues, un conjunto de grandes planetas que 
jiran al rededor de ese centro. Pero, por prodijiosa que nos 
parezca la estension de todo este sistema, es apenas per- 
ceptible en la inmensidad délos espacios infinitos; i por tan- 
to, fuera de este conjunto, en medio del cual está el sol que 
nos alumbra, hai otras vias lácteas, otros conjuntos de es- 
trellas que probablemente obedecen a las mismas leyes que 
rijen el curso de los astros que vemos. Nada puede darnos 



DISERTACIONES 293 



una idea mas aproximativa del poder infinito del Hacedor 
Supremo que esta inmensidad de los espacios, poblados de 
infinitos sistemas de astros rejidos por un mismo principio. 

ni 

El ateísmo proviene de una ciencia a medias: una ciencia 
mas estensa fortifica en los hombres la idea de un Dios. El 
ateísmo, es decir la negación de un ser que recompensa la 
virtud i castiga el crimen, hace imposible la sociedad, por- 
que quita a las acciones del hombre su verdadera sanción. 
La justicia humana es impotente para reprimir todos los 
crímenes; i si bien es verdad que hai hombres que no necesi- 
tan la idea de Dios para ser buenos, sin esa idea la mayo- 
ría del jénero humano se dejarla arrastrar por la pendien- 
te del crimen. 

lY 

El duelo nació en la época bárbara de la edad media i es- 
tá basado en una preocupación estravagante que coloca el 
honor del hombreen la punta de una espada. Según esta 
preocupación, el duelo lejitima las acciones mas indignas. 
Los antiguos no conocieron esta manera de arreglar las 
cuestiones de honor. Esto mismo, el hecho de que el duelo 
sea una institución moderna, una moda a que no se some- 
tieron los pueblos mas intelijentes i mas virtuosos de la 
tierra, revela de sobra lo absurdo que es. El hombre recto, 
cuya vida no tiene manchas, no necesita del duelo para 
mantener su honor: su vida entera es el mejor comproban- 
te de su honorabilidad. Por el contrario, son los malvados 
los que ordinariamente apelan al duelo para cubrir con sus 
provocaciones la infamia de su vida. 



Parece .que los hombres al fijar las doce de la noche como 
el momento de separación entre los dos dias, han querido 
ocultarse la marcha del tiempo para no hacer sensible el 
que dejan tras de sí. Esa hora, sin embargo, debe ser el orí- 
jen de profundas meditaciones del espíritu. Ella nos marca 
el tiempo trascurrido i la mayor inmediación a que nos ha- 
llamos de la muerte. Pero es que cada cual cree que si es natu- 
ral que los demás mueran, porque eso lo vemos todos los 



294- MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



días, i porque nos habituamos fácilmente a ello, no pode- 
mos persuadirnos de que la muerte habrá de alcanzarnos a 
nosotros mismos. 

VI 

El verdadero filósofo ve acercarse la muerte lleno de es- 
peranza. La ciencia le ha enseñado a purificar su alma, i le 
ha enseñado también que la vida no basta para conocer lo 
verdadero. A su juicio, no puede haber felicidad real sino en 
el conocimiento de la verdad, i éste no se alcanza sino des- 
pués de la muerte. 

VII 

Cada una de las edades del hombre tiene caracteres diver- 
sos. En la juventud, el corazón se abre a todos los instintos 
jenerosos, si bien el ardor lo arrastra a verdaderos estra- 
víos. El interés no existe para el joven: la esperanza lo guia 
i lo engaña. La esperíencia, que no existe para él, no lo ha 
despojado aun de las ilusiones ni le ha hecho conocer el 
mundo bajo sus aspectos mas desagradables. En el viejo 
por el contrario, se han helado esos sentimientos ardoro- 
sos. La esperíencia i los desengaños le han dado a conocer 
el mundo por su lado mas feo, han marchitado sus senti- 
mientos i han apagado su entusiasmo. Aun susceptible de 
ideas jenerosas, el interés guia ordinariamente sus pasos. 

El hombre maduro ocupa el término medio entre estos 
dos estremos: está tan lejos del ardoroso entusiasmo de la 
juventud como del frió positivismo de la vejez. 

VIII 

Se ha discutido mucho el mérito comparativo de los an- 
tiguos i de los modernos en materias literarias. Esta es 
cuestión de gusto i de apreciación, pero que debe abordar- 
se con conocimiento de causa. Los escritores antiguos cul- 
tivaron todos los jéneros literarios i en casi todos produ- 
jeron obras maestras. Si los modernos los sobrepujan, no 
por eso es menor lagloria de aquéllos; 1.° porque sus obras 
no pueden ser malas porque hai otras mejores, i 2.° porque 
los modernos los habrían vencido entonces tomándolos a 
ellos por modelos. Los defectos de los antiguos son reales i 



DISERTACIONES 295 



verdaderos; pero los justifican en cierto modo los errores 
de su filosofía, las superticiones de su relijion i la ignoran- 
cia característica de los tiempos primitivos. 

IX 

El cultivo de las ciencias no solo desarrolla la intelijencia 
de los hombres que se consagran a él, sino que propende al 
bienestar social i material de los pueblos i de los individuos. 
El hombre salvaje es incapaz de utilizar los beneficios con 
que ie brinda la naturaleza. Es verdad que en los primeros 
tiempos, los progresos científicos fueron sumamente lentos, 
i aun mas tarde los inventores no previeron siempre todas 
las consecuencias de sus descubrimientos. Se pueden poner 
muchos ejemplos de esta verdad. Los descubridores de 
la electricidad no pudieron presumir que un cable eléctrico 
pusiera en comunicación instantánea a la Europa con la 
América. Daguerre, al descubrir el daguerreotipo, no pudo 
sospechar que llegaría a tomarse la imájen fotográfica de 
los astros para estudiar la astronomía. Gutenberg, cuando 
inventó la imprenta, no pudo imajinarse que habria dia- 
rios a precios ínfimos i libros que esparciesen la ciencia por 
todo el mundo. El fraile alemán que inflamó por la primera 
vez una mezcla de azufre i salitre, no pudo soñar en el fusil 
de aguja ni en los cañones rayados. Los marinos fenicios 
que hicieron vidrios con la arena de las playas de España, 
no podian pensar en el invento de los telescopios i de los 
microscopios. La ciencia, aunque no conozcamos todo el 
alcance de cada uno de sus progresos, ejerce la acción mas 
poderosa sobre la industria i las artes, i hasta sobre la ri- 
queza pública. 



La protección que los príncipes han solido conceder a las 
letras ha sido de ordinario perjudicial. No se puede esperar 
de ellos que tengan el discernimiento necesario para distin- 
guir a los hombres que son dignos de su protección; i por 
otra parte, sucede con frecuencia que sus favores no alcan- 
zan mas que a los literatos que se prostituyen i los adulan. 
El ejemplo mas frecuente que presentan los partidarios de 
la protección es el de Luis XIV, cuyo siglo contó una fa- 
lanje numerosa i escojida de sabios i de literatos. Pero es- 
te ejemplo, examinado mas atentamente, es contraprodu- 



296 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

cente. Los mas ilustres sabios de esa época, Pascal i Des- 
cartes entre otros, son verdaderamente anteriores a Luis 
XíY: i bajo el reinado de éste las ciencias brillaron mui po- 
co. En las letras hai que advertir que los grandes poetas i 
los grandes prosadores de su siglo, a lo menos en su mayor 
parte, hablan sido educados i aun comenzaron a escribir, 
antes que Luis XIV subiera al trono. La protección del rei 
los alcíinzó, es verdad; pero luego que desapareció la jene- 
racionen que figuraban esosjenios, la literatura cayó en 
la mayor postración, apesar de que el rei mantuvo siem- 
pre su sistema protector. 



XI 



Entre las infinitas maravillas operadas por la civiliza 
cion no es la^menor la confraternidad que reina entre todas 
las naciones del globo. En los tiempos mas remotos que re- 
cuerda la historia, los hombres vivian separados en tribus 
hostiles que pasaban en guerra constante. Hoi no solo son 
hermanos los habitantes de una nación entre sí, sino que 
todos los pueblos civilizados cultivan relaciones de amis- 
tad i de comercio. De aquí nace que cada cual se interese por 
lo que pasa en cualquier pais. Mediante el progroso jeneral 
en estas relaciones, un hombre puede gozar de los benefi- 
cios de la industria de su pais i de los pueblos estranjeros, 
procurarse mas comodidades que un rei de otros tiempos i 
decir sin exajeracion que para él trabajan los hombres de 
todos los pueblos i de todos los climas. 

XII 

Los efectos de la ignorancia se hacen sentir de muchas 
maneras. El frenesí de las luchas i de las persecuciones reli- 
jiosas, las sublevaciones de los trabajadores contra las 
máquinas i las fábricas, a las cuales acusan de arrebatar- 
les su trabajo, las sublevaciones contra los que venden ví- 
veres en las épocas de escasez, la credulidad en los reme- 
dios que venden los charlatanes son otros tantos signos de 
ignorancia. En ella se encuentra la aplicación de las preo- 
cupaciones vulgares, de la creencia en maleficios, encanta- 
mientos i hechizos. Los que no conocen la causa de las 
cosas, están dispuestos a esplicárselas por medio de los ma- 
j'ores absurdos. 



DISERTACIONES 297 



XIII 

Juzgar a la humanidad absolutamente mala, es un sis- 
tema falso i peli<^roso. Es verdad que en el fondo del cora- 
zón del hombre se encuentra el amor a sí mismo; pero este 
instinto no es malo sino en cuanto es exajerado i esclusivo: 
dirijido prudentemente, viene a ser al contrario para la 
actividad humana, un útil resorte, porque los intereses 
bien entendidos del individuo no son sino los de la socie- 
dad. La ciencia de la moral consiste, pues, en mostrara 
los hombres que su verdadero interés está de acuerdo con 
el ínteres de sus semejantes. 

XIV 

El envilecimiento de los romanos bajo la tiranía impe- 
rial, fué lento e insensible durante el gobierno de Augusto, 
pero se mostró en toda su desnudez bajo el reinado de su 
sucesor. El espionaje i la delación reemplaznron a la anti- 
gua lealtad de las relaciones domésticas. Una tiranía es- 
pantosa, ejercida bajo las formas legales, agobió al pueblo 
romano. El senado fué encargado de juzgar los delitos de 
lesa majestad, es decir, las palabras, los signos, los pensa- 
mientos contra el emperador. El pueblo se envileció hasta 
tolerar todo esto i aplaudir a sus opresores. Todas las 
conquistas, las grandes acciones, el heroismo de otros 
tiempos habian venido al fin a convertirse en la domina- 
ción de algunos monstruos. 

XV 

El apólogo tiene un fin moral. Por su gran sencillez está 
destinado a penetrar en el espíritu de los niños, i a comuni- 
carles por medio de una ficción agradable, una lección que 
no les impresionaría si hubiera de conmunicárseles de otro 
modo. Los hombres, por otra parte, bajo el nombre de los 
animales, ven reproducidos los rasgos distintivos del ca- 
rácter humano. Los niños, por su lado, pueden aprender a 
conocer al hombre en una edad en que son incapaces de 
acometer un estudio serio. Ademas, las fábulas enseñan a 
los niños a conocer a los animales, i a distinguir sus diver- 
sos caracteres cuando no han podido verlos por sí mismos, 
ni mucho menos hacer ningún estudio. 



298 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



XVI 

Pocas máximas hai mas erróneas que aquella que llama 
voz de Dios a la voz del pueblo. Es un error del que nacen 
infinitos otros, pretendiendo que todas la preocupaciones 
vulgares, todos los absurdos que el pueblo cree, sean ver- 
dades. El valor de las opiniones debe computarse por su 
peso, i no por el número de los que las profesan. La gran 
mayoría de los hombres es formada de ignorantes, i no 
por ser éstos muchos mas que los hombres ilustrados, son 
ellos los que tienen la razón sobre éstos. No quiere decir 
esto que el pueblo sea el antípoda de la verdad: pero sí que 
no se debe tomar su opinión como la voz de la razón. 

XVII 

El cultivo de las letras i de las ciencias lleva en sí la re- 
compensa de los trabajos que exije. Sin hablar de la gloria 
inmortal que solo pueden conquistarse los grandes jenios, 
i contrayéndose a los beneficios que pueden hallar todos 
los que las cultivan, proporcionan grandes placeres i sacu- 
den la inercia de nuestro espíritu. Le abren perspectivas 
desconocidas, lo acompañan en el retiro, debilitan el po 
der de las seducciones sensuales i acompañan al hombre, 
consolándolo en las mayores aflicciones de la vida. La his- 
toria nos recuerda el nombre de filósofos, de sabios, de 
poetas, que víctimas de injustas persecuciones, hallaron 
en las ciencias i en las letras el descanso de sus sufrimien- 
tos. Algunos de ellos endulzaron los últimos instantes an- 
tes de subir al patíbulo que les prepararon sus enemigos. 

XVIII 

Se pueden contar en la historia de la humanidad cuatro 
grandes siglos, en que las artes i las letras tuvieron un 
gran brillo, i en que el espíritu humano hizo grandes pro- 
gresos. En el siglo de Feríeles, se encuentran Sófocles, Aris- 
tófanes, Tucídides, Demóstenes, Platón, i muchos grandes 
artistas; pero el movimiento estaba circunscrito solo a la 
Grecia. El siglo de Augusto fué ilustrado por Lucrecio, Ci- 
cerón, Tito Livio, Virjilio, Horacio, Ovidio. La literatura 
de este siglo es mui brillante; pero casi toda ella es de imi- 
tación. En el siglo de León X se vé a los Médicis llamar a 



DISERTACIONES 299 



Florencia a los sabios griegos arrojados de Constantino- 
pla por la conquista mahometana. Las artes se esparcen 
en toda la Europa; pero la Italia queda en este siglo supe- 
rior a todas las otras naciones. El siglo XVII, denomina- 
do de Luis XIY, aprovecha los descubrimientos de los 
otros tres i los sobrepuja, si no siempre por el mérito ab- 
soluto de las obras, a lo menos por la gran variedad. Aun- 
que la Francia dirije este movimiento, la Inglaterra i la 
España produjeron también grandes jenios. Por lo demás, 
aunque estos cuatro siglos tienen un gran brillo literario, 
no están mas exentos que los otros de las desgracias inhe- 
rentes a la humanidad. 



XIX 

El estilo es el orden i el movimiento que el escritor pone 
en sus pensamientos; estrechamente encadenados, lo hacen 
conciso i vigoroso; débilmente ligados entre sí, lo hacen di- 
fuso i vulgar. Antes de escribir, es menester formarse un 
plan: allí se determinan las ideas principales i las ideas se- 
cundarias con el desarrollo que conviene a unas i otras. Sin 
esta precaución, el escritor se estravía, sus ideas se siguen 
sin orden, i su obra parece formada de piezas diferentes. 
Por vasto que sea un asunto, siempre es uno: en toda obra 
se necesita, pues, evitar o limitar en cuanto sea posible las 
divisiones o subdivisiones que interrumpen esa unidad. La 
unidad constituye la perfección de las obras de la naturale- 
za: el arte debe imitar a la naturaleza. Un plan bien forma- 
do da al talento del escritor mas soltura i mas libertad. 



XX 



El hombre tiene en su conciencia un guia infalible. Cuando 
quiere hacer el mal, la conciencia se lo advierte. La concien- 
cia inclina al hombre al bien, i le hace encontrar un placer 
en la práctica de la virtud: es una desgracia el sofocaren su 
corazón este sentimiento i el no dejarse mover mas que por 
el interés. No hai hombre bastante pervertido, cuya alma 
quede completamente cerrada a todos los instintos jenero- 
sos. Las mismas ideas de justicia i honradez se encuentran 
en todas las naciones, aun en las mas salvajes: esas ideas 
provienen de la conciencia. 



300 MANCJAL DK COMPOSICIÓN LITEKARIA 



XXI 

Existen en todas las condiciones humanas grandes des- 
igualdades: provienen unas del nacimiento, otras de las je- 
rarquías de las diferentes clases de la sociedad. Es una in- 
sensatez el pedir cuenta a los hombres por esta desigual- 
dad. Suponiendo restablecida la igualdad entre todos los 
hombres, seria destruida al dia siguiente por la violencia 
de los linos i por la insensatez o la pereza de los otros. La 
única igualdad posible es la igualdad ante la lei. Antes que 
existiese el orden establecido en la sociedad por la lei, los 
hombres vivian en un estado de guerra permanente, i el dé- 
bil estaba sin cesar a merced del fuerte. La lei ha sustituido 
el orden a la anarquía. 

XXII 

El amor a la patria es el mas noble de todos los instin- 
tos del hombre: este instinto es el que hace que el habitante 
de la zona tórrida i el habitante de la zona glacial queden 
adheridos al suelo natal, i que todos los hombres no se pre- 
cipiten hacia los climas templados. Parece aun que el hom- 
bre ama a su pais tanto mas cuanto éste es mas pobre i 
atrasado. Así los montañeses se adhieren mas a su choza 
que los ricos a su palacio: nadie es mas feliz que el esquimal 
en el horrible suelo de su patria. Cuando el hombre está 
alejado de su pais, sufre, i trata de despertar en su espíritu 
la imájen de su patria ausente. Andrómaca, cautiva en 
Epiro, se consolaba dando nombres trojanos a los lugares 
de su destierro. Las causas que nos hacen amar así la tie- 
rra natal, son las mas veces los recuerdos de la infancia, 
circunstancias fútiles, que no bastarían para esplicar las 
acciones heroicas a que con frecuencia da lugar clamor a la 
patria. 

XXIII 

El gusto, como sentido físico, es la sensación de lo bueno 
i de lo malo: en el sentido moral es el sentimiento de las be- 
llezas i de los defectos. 

El gusto no es un sentimiento vago de lo bello: no existe 
sin el discernimiento neto i terminante de lo que es bello i 
de lo que no lo es. El sentimiento de las bellezas verdaderas 



DISERTACIONES 30 1 



se llama buen gusto; el mal gusto consiste en juzgar sin dis- 
cernimiento, en tomar por bello lo que es adorno i afecta- 
ción. El gusto tiene frecuentemente necesidad de hábito 
para formarse; la educación del gusto se hace por medio del 
estudio de los buenos modelos. Cuando se dice: Entre gus- 
tos no hai disputas, eso no puede ni debe aplicarse mas 
que al gusto puramente físico i a los objetos de fantasía, 
como las modas. El gusto se deteriora en los pueblos, cuan- 
do los espíritus se cansan de lo natural i se apasionan por 
lo brillante i lo nuevo. El gusto necesita para desarrollarse 
que los hombres se comuniquen sus impresiones: no existe 
donde no hai sociedad. 

XXIV 

La vida humana es corta, i la esperiencia que nos sumi- 
nistra es limitada: la historia añade a esa esperiencia laque 
han recojido las jeneraciones anteriores, i nos da de esta 
manera útiles lecciones. Ea historia es la escuela del jénero 
humano. Es útil primeramente a los príncipes, a quienes 
enseña la verdad que sus cortesanos les ocultan siempre. 
Los juicios de la posteridad sobre los príncipes que les han 
precedido, les enseñan lo que sus subditos deben pensar de 
ellos. No es menos útil a los hombres que desempeñan un 
papel en el estado, i aun a los simples particulares, a los 
cuales enseña sus deberes i obligaciones para con los infe- 
riores. La historia forma, pues, un verdadero curso de mo- 
ral. Desde este punto de vista, es excelente para los niños, 
a quienes instruye despertando su interés. Por esta razón, 
es uno de los primeros estudios a que se le somete. 

XXV 

Un orador serio trata de instruir i de convencer, mientras 
que un declamador busca solo el brillo. Pero, para instruir 
a los otros, se necesita que el orador, poruña larga prepara- 
ción, haya adquirido un gran fondo de conocimientos: esta 
preparación jeneral le permitirá a lo menos preparar cada 
discurso en particular. Se necesita que ante todo prevalezca 
el buen sentido. Hai declamadores que saben hablar con 
mas o menos soltura sobre cualquier asunto, sin profundi- 
zar nada. Un orador serio se preocupa de los pensamientos 
i son los pensamientos los que suministran las palabras: 
sus discursos forman un largo encadenamiento de hechos i 



302 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

de razones. Es menester encaminar todo el discurso a un 
principio único, de donde depende todo lo demás. Así es co- 
mo se consigue la unidad en el discurso. La condición mas 
esencial después de la unidad es el orden, i esta cualidad no 
se consigue sino después de meditar mucho el asunto. 

XXVI 

El pensamiento de la muerte lejos de todo peligro, turba 
nuestro espíritu, interrumpe nuestros goces, quebranta nues- 
tra firmeza. Solo la resignación relijiosa, la fé en la volun- 
tad i en la justicia divina, tienen el poder de darnos firmeza. 
I sin embargo, la historia está llena de ejemplos brillantes 
que nos muestran que ha sido desafiada con audacia, pro- 
vocada aun con entusiasmo. ¿De dónde proviene esta apa- 
rente contradicción? ¿No es verdad que en presencia del pe- 
ligro i de la muerte el alma se exalta i se excita, mientras 
que en el aislamiento de la meditación, privada del resorte 
del entusiasmo, se encuentra en frente de una amenazante 
realidad? Pascal ha dicho: *'Es mas fácil soportar la muerte 
sin pensar en ella, que el pensamiento de la muerte sin pe- 
ligro." 

XXYII 

La lójica, la sensibilidad, la imajinacion son cualidades 
eminentes en las obras literarias. Es fácil señalar cómo se 
manifiestan en los escritores que pueden servir de modelos. 
Estas cualidades pueden convertirse en defectos si no hai 
una cuarta lei para mantenerlas en equilibrio. Esta lei es 
la del gusto. El gusto es un fallo del juicio que no desconoce 
ni la imajinacion, ni la sensibilidad, ni la lójica, sino que las 
contiene en sus justos límites. Algunos ejemplos podrian 
demostrar lo que seria cada una de estas cualidades sin la 
intervención del gusto. 

XXVIII 

No es posible concebir una literatura libre de toda espe- 
cie de reglas. Eso seria la confusión i el caos. Pero se ha pro- 
testado contra las reglas demasiado rigorosas i señaladas 
como arbitrarias. Se ha reducido su número: algunos auto- 
res han suprimido las que eran mas embarazosas. Es me- 
nester distinguir las reglas necesarias de las que son pura- 



DISERTACIONES 303 



mente convencionales. Se conprende, sin entrar aquí en los 
detalles, que hai de esas dos especies. Uno o dos ejemplos 
bastarán. Evidentemente, las primeras deben ser respeta- 
das: las otras pueden variar según las épocas. Lo mas se- 
guro es respetar las reglas establecidas, según la esperien- 
cia, por los grandes maestros en el arte de escribir, los gran- 
des jenios; pero tomando en cuenta con imparcialidad las 
diferencias de época, de pais i de costumbres. 

XXIX 

La literatura ha sido siempre el gran civilizador del 
mundo. Conserva la civilización popularizando las ideas 
nobles ijenerosas. El abatimiento de la literatura corres- 
ponde a un tiempo en que la civilización sufre cierta para- 
lización. En vano las ciencias exactas i naturales querrian 
ocupar todo el lugar; ellas mismas tienen necesidad del so- 
corro de la literatura. Los progresos i el triunfo esclusivo 
de la industria, serian funestos a una nación. Todos los 
trabajos del espíritu se deben un apoyo mutuo: pero la lite- 
ratura no presta solo un apoyo, sino que lleva en sí los des- 
tinos de la civilización. 



XXX 

¿Puede un malvado tener jenio literario? ¿Puede ser gran 
poeta, gran orador? La historia dice que estos talentos no 
son incompatibles con la corrupción del corazón. Sin em- 
bargo, el ideal del jenio no se presentará jamas separado del 
ideal de la virtud. ¿Puede señalarse el punto en que una crí- 
tica atenta reconocería lo que falta, desde el punto de vista 
literario, al hombre de talento que no hubiese sido un hom- 
bre de bien? ¿Puede tomarse al historiador Salustio por ob- 
eto de este estudio? 



304 MANUAL DR COMPOSICIÓN. LlTBiiARlA 



MODELOS DE EJERCICIOS 



El hombre en medio del infinito 

**La primera cosa que se presenta al hombre cuando se 
mira, es su cuerpo, es decir, cierta porción de materia que 
es de su propiedad. Pero para comprender lo que es ella, es 
menester que la compare con lo que está encima de él i con 
lo que está, debajo, para que reconozca sus justos límites. 

'*Que no se detenga, pues, a mirar simplemente los obje- 
tos que lo rodean; que contemple la naturaleza entera en 
su alta i plena majestad; queconsidereese brillante luminar, 
colocado como una lámpara eterna para alumbrar el uni- 
verso; que la tierra se le presente como un punto compara- 
da con la vasta vuelta que este astro describe, i que se sor- 
prenda de que esta vasta vuelta no es en sí misma mas que 
un punto mui insignificante respecto de la que abrazan los 
astros que jiran en el firmamento. Pero, si nuestra vista se 
detiene allí, que nuestra imajinacion pase adelante. Prime- 
ro se cansará ésta de concebir que la naturaleza de presen- 
tarnos objetos de admiración. Todo lo que vemos en el- 
mundo no es mas que un rasgo imperceptible en* el amplio 
seno de la naturaleza. Ninguna idea se aproxima a la estén 
sion de sus espacios. Nos complacemos en elevar nuestros 
conceptos, i no creamos mas átomos en comparación a la 
realidad de las cosas. Es una esfera infinita cuyo centro 
está en todas partes, i la circunferencia en ninguna ^ . En 
fin, es uno de los caracteres mas sensibles de la omnipoten- 
cia de Dios el que nuestra imajinacion se pierda en este pen- 
samiento. 

"Que el hombre, reconcentrándose en sí mismo, considere 
lo que es el espacio al lado de lo que es él mismo; que se mi 
re como estraviado en este pequeño cantón de la naturaleza; 
i que desde lo que le parecerá este pequeño calabozo donde 



1 Se pretende que esta hermosa definición del espacio, muchas 
veces aplicada i comentada, no es de Pascal, i que se encuentra 
mas o menos terminantemente espresáda en algunos de los filóso- 
fos de la antigüedad. 



DISERTACIONES 



se encuentra hospedado, es decir este mundo visible, apren- 
da a estimar la tierra, los reinos, las ciudades, a sí mismo, 
en su justo valor. 

**¿Qué es el hombre en el infinito? ¿Quién puede compren- 
dió? Pero, para presentarle otro prodijio igualmente sor- 
prendente, que busque entre lo que conoce, las cosas mas 
delicadas. Que un arador, por ejemplo, le ofrezca en la pe- 
quenez de su cuerpo algunas partes incomparablemente mas 
pequeñas, piernas con articulaciones, venasen esas piernas, 
sangre en esas venas, humores en esa sangre, gotas en esos 
humores, vapores en esas gotas: que dividiendo aun estas 
últimas cosas, agote sus fuerzas i sus concepciones, i que el 
último objeto a que pueda llegar sea ahora el de nuestra 
consideración. Pensará quizá que allí está la estrema pe- 
quenez de la naturaleza. Quiero hacerle ver allí mismo un 
nuevo abismo, quiero pintarle no solo el universo visible, 
sino todo aquello que es capaz de concebir en la inmensidad 
de la naturaleza, en el recinto mismo de este átomo imper- 
ceptible. Que vea allí una infinidad de mundos, cada uno de 
los cuales tiene su firmamento, sus planetas, su tierra, en la 
misma proporción que el mundo visible; en esta tierra, ani- 
males i en fin, aradores en los cuales encontrará lo mismo 
que los primeros han presentado, encontrando aun en los 
otros la misma cosa, sin fin i sin descanso. Que se pierda en 
estas maravillas tan sorprendentes por su pequenez como 
por su estension. Porque ¿quién no admirará que nuestro 
cuerpo, que hace poco no era perceptible en el universo, im- 
perceptible él mismo en el seno del todo, sea ahora un co- 
loso, un mundo, o mas bien un todo, respecto de la últi- 
ma pequenez adonde se puede llegar? 

"Quien se considere de esta suerte, se espantará sin duda 
de verse como suspendido en la masa que la naturaleza le 
ha dado entre estos dos abismos del infinito i de la nada 
de que está igualmente alejado. Temblará a la vista de es- 
tas maravillas; i creo que, cambiando su curiosidad en ad- 
miración, estará mas dispuesto a contemplar en silencio 
que a buscarlas con presunción. . 

"Porque al fin ¿qué es el hombre en la naturaleza? Na- 
da respecto del infinito, todo respecto de lanada, un medio 
entre la nada i el todo. Está infinitamente alejado de los 
dos estremos, i su ser no está menos distante de la nada, 
de donde ha salido, que de lo infinito adonde camina." 

Pascal, i 
Pensamientos. 

1 Véanse las Noc. de hits, lit., part. III, cap. IV., § 17. 

TOMO V 20 



306 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



II 

Sistema del Mundo 

Por sn inmensa grandiosidad, por la variedad i la belleza 
infinitas que revela bajo todos aspectos, el sistema del 
mundo nos sume en una muda sorpresa. Si el cuadro de to- 
da esta perfección no conmneve mas que a la imajinacion, 
el entendimiento por su lado esperimenta otra especie de 
encanto, cuando considera que tanta grandeza i tanta 
magnificencia dependen, con un orden eterno i rigoroso, de 
■una sola lei jeneral. El sistema planetario en que el sol, co- 
locado en el centro de todas las órbitas, hacer jirar en cír- 
culos eternos, por una atracción poderosa, los globos habi- 
tados, está formado de la sustancia elemental deluniverso, 
esparcida primitivamente en el espacio. Todas las estrellas 
fijas que el ojo descubre en las profundidades del cielo, i que 
parecen revelar una especie de prodigalidad, son soles i 
centros de sistemas semejantes. 

*'Si todos los mundos i su organización reconocen un orí- 
jen análogo, si la atracción es jeneral sin límites, así como 
la repulsión de los elementos; si con relación a lo infinito, 
lo grande i lo pequeño son ambos pequeños; ¿no es verdad 
que todos los sistemas de los mundos han debido recibir, los 
tinos con relación a los otros, una constitución relativa, un 
enlace sistemático como el que presentan en pequeño los 
cuerpos celestes de nuestro sistema solar, que considera- 
dos aisladamente forman un sistema, i entran, sin embar- 
go, como miembros en un sistema mas vasto? Si en despa- 
cio inconmesurable en que se han formado todos los soles 
delavia láctea, se supone un punta al rededor del cual, por 
una causa que yo ignoro, la naturaleza ha comenzado a 
salir del caos, ha debido nacer allí un cuerpo de una masa 
tan enorme i de una atracción tan poderosa, que todos los 
sistemas en via de creación se han visto forzados a gravi- 
tar al rededor de él, como sobre su centro, i a constituir en 
grande lo que la materia cósmica elemental que formó los 
planetas, ha hecho en pequeño con relación al sol. La ob- 
servación pone esta conjetura casi fuera de duda. Por el 
lugar que ocupa en un plan común, el ejército de estrellas 
constituye un sistema, así como nuestro sistema planeta- 
rio forma uno con relación al sol. La via láctea es el zodía- 
co de estos vastos organismo cósmicos que se apartan de 



DISERTACIONES 307 



SU zona lo menos posible, i que alumbran siempre su banda 
con su luz, del mismo modo que el zodíaco de los planetas 
brilla aquí i allá en ciertos puntos, raros es verdad, con la 
luz de estos globos. Cada uno de estos soles con los plane- 
tas que gravitan al rededor de él, forma un sistema parti- 
cular; pero esto no les impide ser parte de un sistema mas 
vasto, así como un Júpiter i Saturno, a pesar de sus satéli- 
tes, entran en un organismo cósmico mas considerable. 

*'Ahora, si las estrellas fijas constituyen un sistema, cuya 
estension está determinada por la esfera de atracción del 
cuerpo que está colocado en el centro, ¿no habrá otros sis- 
temas solares, i por decirlo así, otras vias lácteas nacidas 
en los campos sin límites del espacio? Hemos visto con sor- 
presa en el cielo figuras que no son otra cosa que estos sis- 
temas de estrellas fijas, que forman parte de un plan común, 
vias lácteas, si puedo espresarme así, que en sus diversas 
posiciones con relación al ojo i con una luz debilitada por 
una inmensa distancia, presentan formas elípticas. Son sis- 
temas, cuyo diámetro es, por decirlo así, un número infini- 
tos de veces, mas grande que el diámetro de nuestro siste- 
ma solar, pero que, sin duda alguna, han nacido de la mis- 
ma manera, están rejidos i ordenados por las mismas cau- 
sas, i se mantienen por las mismas leyes. 

"Pero, ¿dónde estará el fin de esta organización sistemá- 
tica? ¿dónde cesa la creación? Es fácil ver que para estar 
en relación con el poder del Ser infinito, no debe tener lími- 
tes. Sin duda, no está mas inmediata de la infinidad del po- 
der creador de Dios, dándole una esfera que tuviese por ra- 
dio la via láctea, que reduciéndola a un globo de una pul- 
gada de diámetro, porque todo lo que tiene límite, una 
relación determinada con la unidad, está igualmente aleja- 
do de lo infinito. Sin embargo, seria absurdo el ¡limitar la 
acción de la divinidad a una parte infinitamente pequeña 
de su poder creador, e imajinarse sus fuerzas sin límites, 
tesoro productor de una infinidad de mundos, como ociosa 
i condenada a una falta eterna de ejercicio. ¿No es conve- 
niente, o por mejor decir, no es necesario representarse la 
creación en su conjunto, lo que debe ser para revelar esta 
fuerza que escapa a toda medida? Por este motivo, el cam- 
po de manifestación de los atributos divinos es tan infinito 
como estos mismos atributos. Se puede entonces admitir 
lejítimamente que el orden i la organización del sistema del 
mundo tienen lugar gradualmente i en la serie de los tiem- 
pos: pero en cuanto a la materia cósmica primitiva, cu^^as 



308 MANUAL DB COMPOSICIÓN LUCHARÍA 

propiedades i cuyas fuerzas son el oríjen de todos estos 
cambios, es la consecuencia inmediata de la esencia divina. 
Debe ser, pues, bastante rica para que, en la sucesión infi- 
nita de los tiempos, sus desarrollos i sus combinaciones 
puedan acomodarse al plan que encierra en sí todo lo que 
puede existir, escapar a toda medida, en una palabra, ser 
infinita". 

Kant 1. 



III 

El Ateísmo 

*'Los ateos son en su mayor parte sabios atrevidos i es- 
traviados que, no pudiendo comprender la creación, el orí- 
jen del mal i otras dificultades, han recurrido a la hipótesis 
de la eternidad de las cosas i de la necesidad. Hoi hai me- 
nos ateos que nunca, desde que los filósofos han reconocido 
que no hai ningún ser que vejete sin jérmen, ningún jérmen 
sin causa final, i que el trigo no proviene de la podredumbre. 

''¿Por qué parece que es imposible una sociedad de ateos? 
porque se juzga que hombres que no tuviesen freno alguno 
no podrían vivir jamas en sociedad; porque las.leyes no 
pueden nada contra los crímenes secretos; porque se nece- 
sita un Dios vengador que castigue en este mundo o en el 
otro a los malvados que se escapan a la justicia humana. 
Supongo, lo que Dios no quiera, que toda una gran nación 
sea atea, por principios; convengo que podrán encontrarse 
muchos ciudadanos que, habiendo nacido bondadosos i 
suaves, bastante ricos para no tener necesidad de ser injus- 
tos, gobernados por el honor, i por consiguiente observa- 
dores de una buena conducta, vivan juntos en sociedad; 
podrán vivir en paz, en la inocente satisfacción de las jen- 
tes honradas; pero el ateo pobre i violento, seguro de la im- 
punidad, será un tonto sí nos os asesina para robar vues- 
tro dinero. Desde entonces, todos los lazos de la sociedad 
se rompen; todos los crímenes secretos inundan la tierra; 
así como las langostas, que apenas se ven, vienen a asolar 
los campos: el bajo pueblo no vSerá mas que una horda de 



1 Manuel Kant, fundador de la filosofía alemana, nacido en 
Koenigsberg en 1724 i muerto en 1804; famoso no solo como filó- 
sofo, sino como astrónomo. 



DISERTACIONES 309 



bandidos. ¿Quién contendrá a los grandes i a los reyes en 
su venganza, en su ambición a que quieren inmolarlo todo? 
Un rei ateo seria el mas peligroso de los hombres. La creen- 
cia de un Dios remunerador de las buenas acciones, castiga- 
dor de las malas, perdonador de las faltas lijeras; es pues 
la creencia mas útil al jénero humano; es el único freno de 
los hombres poderosos que cometen con insolencia los crí- 
menes públicos; es el único freno de los hombres que come- 
ten con maña los crímenes secretos". 



YOLTAIRE, 1 

Diccionario filosófico. 



IV 
El duelo 



"Guardaos de confundir el nombre sagrado del honor 
con esa preocupación feroz que pone todas las virtudes en 
la punta de la espada i que no sirva mas que para hacer 
malvados valientes. 

"¿En qué consiste esta preocupación? En la opinión mas 
estravagante i mas bárbara que jamas ha entrado en el 
espíritu humano, a saber, que todos los deberes de socie- 
dad son suplidos por la bravura; que un hombre no es 
malvado, bribón, calumniador; que es urbano, humano, 
cortés, cuando sabe batirse; que la mentira se cambia en 
verdad, que el robo se hace lejítimo, la perfidia honrada, la 
infidelidad laudable, si se sostiene todo esto con un acero 
en la mano; que una afrenta queda siempre bien reparada 
con una estocada, i que jamas hai dificultad con un hom- 
bre con tal que se le mate. Hai, lo confieso, otra especie de 
negocio donde la jentileza se mezcla a la crueldad, i donde 
no se matan los hombres sino por casualidad; es el duelo en 

1 V. las Noc. de hist. lít., part. IIT, cap. IV, § 26. 

Un célebre escritor español, el padre benedictino Fr. Benito Fei- 
joo ha tratado este mismo asunto en dos discursos diferentes de 
su Teatro crítico (Paradojas políticas i morales i Apolojía de algu- 
nos personajes famosos en la historia); pero, ¡cosa singular en un 
relijioso español del siglo XVIII! sostiene que el ateismo no es 
opuesto a la hombría de bien. 



310 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

que se bate a la primera sangre i ¡a la primera sangre, gran 
Dios! 

^'¿Pensaron alguna vez los hombres mas valientes de la 
antigüedad en vengar sus injurias personales por medio de 
combates particulares? ¿Envió César un cartel a Catón, o 
Pompeyo a César por tantas afrentas recíprocas? ¿I se 
deshonró acaso el mas gran capitán de la Grecia por ha- 
berse dejado amenazar con un palo? Otros tiempos, otras 
costumbres, yo lo sé; pero el honor no es variable, no de- 
pende ni de los tiempos, ni de los lugares, ni de las preocu- 
paciones; no puede pasar ni renacer: tiene su fuente eterna 
en el corazón del hombre justo i en la regla inalterable de 
sus deberes. Si los pueblos mas ilustrados, los mas valien- 
tes, los mas virtuosos de la tierra no conocieron el duelo, 
digo que no es una institución de honor, sino una moda ho- 
rrible i bárbara, digna de su feroz oríjen. Queda por saber 
si cuando se trata de su vida o la de otro, el hombre hon- 
rado debe rejirse por la moda, i si no hai entonces mas ver- 
dadero valor en desafiarla que en seguirla. ¿Quéharia aquel 
que quiere someterse a la moda en los lugares en que reina 
un uso contrario? En Mesina o en Ñapóles iria a esperar a 
su enemigo a la vuelta de la esquina para apuñalearlo por 
la espalda. Eso se llama ser valiente en ese pais, i el honor 
no consiste allí en hacerse matar por su enemigo sino en 
matarlo. El hombre recto, cuyo vida entera es sin mancha 
i que nunca dio ninguna señal de cobardía, se negará a 
manchar su mano con un homicidio. Siempre presto a servir 
a la patria, a protejer al débil, a llenar los deberes mas peli- 
grosos i a defender en todo encuentro justo i honrado, aun 
a precio de su sangre, lo que le es caro, emplea en sus accio- 
nes esa inquebrantable firmeza que no se tiene sin el verda- 
dero valor. En la tranquilidad de su conciencia, marcha 
con la cabeza levantada i no evita ni busca a su enemigo. 
Si las viles preocupaciones se levantan un instante contra 
él, todos los dias de su honorable vida son otros tantos 
castigos que la recusan; i en una conducta tan uniforme se 
juzga de una acción por todas las otras. 

"Los hombres tan altaneros i tan prontos para provo- 
car a los demás, son en su mayor parte malvados que, de 
miedo que se les muestre abiertamente el desprecio que ins- 



1 Se llaman duelos a primera sangre aquellos en que se estipula 
que el combate cese tan luego como uno de los adversarios haya 
sido herido. 



DISERTACIONES 



311 



piran, se empeñan por encubrir con algunos desafíos la in- 
famia de su vida entera. 

*'Uno hace un esfuerzo i se presenta una vez para tener 
el derecho de ocultarse el resto de su vida. El verdadero va- 
lor tiene mas constancia i menos precipitación: es siempre 
lo que debe ser, i no se necesita excitarlo ni contenerlo. El 
hombre de bien lo lleva a todas partes consigo: al combate, 
contra el enemigo: en una. tertulia, en favor de los ausentes 
i de la verdad: en su lecho, contra los ataques del dolor i de 
la muerte. La fuerza de alma que lo inspira es de moda en 
todos los tiempos: pone siempre la virtud mas arriba de 
los acontecimientos, i no consiste en batirse sino en no te- 
mer nada." 

JuanJacobo Rousseau, i 
Bmilio. 



Media noche 

**E1 reloj del campanario de San Felipe tocó lentamente 
las doce de la noche: conté uno después de otro cada golpe 
de la campana, i el último me arrancó un suspiro. "Hé ahí, 
me dije, un dia que acaba de escaparse a mi existencia, i 
aunque las vibraciones decrecientes del sonido resuenan to- 
davía en mis oidos, la parte de mi viaje que ha precedido a 
la media noche está ya tan lejos de mí como el viaje de Ulí- 
ses o de Jason:en este abismo del pasado, los instantes i los 
siglos tienen la misma estension: ¿i el porvenir tiene acaso 
mas realidad? Son dos nadas, en medio de las cuales me 
encuentro en equilibrio como sobre el filo de un cuchillo. En 
verdad, el tiempo me parece algo tan inconcebible que estoi 
tentado a creer que no existe realmente i que lo que se lla- 
ma así no es otra cosa que un castigo del pensamiento. 

"Me regocijaba de haber encontrado esta definición del 
tiempo; tan tenebrosa como el tiempo mismo, cuando otro 
reloj dio las doce de la noche, lo que me produjo un senti- 
miento desagradable. Me queda siempre un fondo de buen 
humor cuando me ocupo de un problema que no tiene so- 

1 Véanse las Noc. de his. lit., parf. III, cap. IV., § 27. 



312 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

lucion ; i encontré muí fuera de tiempo este segundo aviso 
de la campana dirijido a un filósofo como yo; pero esperi- 
menté decididamente un verdadero despecho cuando algu- 
nos segundos después oí una tercera campana que daba co- 
mo maliciosamente las doce. '*Lo sé, esclamé, estendiendo 
la mano al lado del reloj; sí, lo sé, sé que es media noche, lo 
sé demasiado bien." 

*'Por un consejo insidioso del espíritu maligno, los hom- 
bres han encargado a esta hora que divida sus dias. Ence- 
rrados en sus habitaciones, duermen o se divierten cuando 
corta uno de los hilos de su existencia, el dia siguiente se 
levantan contentos sin pensar en que tienen un dia mas. 
En vano la voz profética del bronce les anuncia la aproxi- 
mación de la eternidad, en vano les repite tristemente cada 
hora que acaba de pasar: no oyen nada, o si oyen no com- 
prenden. ¡Oh media noche!... ¡hora horrible!... Yo no soi 
supersticioso, pero esta hora me inspira siempre una espe- 
cie de pavor, i tengo el presentimiento de que si muero al- 
guna vez será a media noche. Pero ¿he de morir acaso? 
¡Cómo! ¿Podré morir yo que hablo, yo que me siento, yo 
que me toco? Trabajo me cuesta creerlo; porque al fin que 
los otros mueran, nada es mas natural: eso se ve todos los 
dias: los vemos pasar, nos habituamos a ello; pero ¡morir 
yo mismo! no, eso es demasiado. I vosotros, señores, que 
tomáis estas reflexiones por galimatías, sabed que tal es la 
manera de pensar de todo el mundo i la vuestra también. 
Nadie piensa que debe morir: si existiese una raza de hom- 
bres inmortales, la idea de la muerte los espantaría menos 
que a nosotros." 

■ Javier de Maistre, ^ 

Viaje al rededor de mi cuarto. 



La muerte del filósofo 

**¿Quereis saber por qué el verdadero filósofo ve acercar- 
se la muerte lleno de esperanza? ¿En qué se funda cuando 
la mira como el principio de una inmensa felicidad? El ma- 
yor número de los hombres lo ignora; i yo voi a enseñáros- 

1 Véanse las Noc. de hist. lit. part. III, cap. IV, § 15. 



DISERTACIONES 313 



lo. Porque la verdadera filosofía no es otra cosa que el 
estudio de la muerte; porque el sabio aprende sin cesar en 
esta vida, no solamente a morir, sino a quedar muerto. En 
efecto, ¿qué cosa es la muerte? ¿Es acaso otra cosa que la 
separación del alma i el cuerpo? ¿I no estamos convenci- 
dos en que la perfección del alma consiste, sobre todo, en 
eximirse cuanto es posible del uso de los sentidos i de los 
cuidados del cuerpo para contemplar la verdad en Dios? 
¿No estamos de acuerdo en que el mayor obstáculo para 
este ejercicio del alma, está en los objetos terrestres i en las 
seducciones de los sentidos? ¿No está claramente demostra- 
do para nosotros que el único medio de tener una débil no- 
ción de lo verdadero, es considerarlo con los ojos del es- 
píritu, cerrando los ojos del cuerpo i las puertas de los 
sentidos? Solo después de la muerte podemos llegar a esta 
pura comprensión de lo verdadero, i vosotros habéis reco- 
nocido conmigo que no hai, que no puede haber felicidad 
real para el hombre sino en el conocimiento de esta verdad, 
que solo Dios puede ser su principio i su fuente, i que su co- 
nocimiento no puede ser perfecto sino en él. 

''Esperemos, pues, i sin duda tenemos derecho para ello, 
esperemos que el que ha hecho de esta investigación el 
grande objeto de su vida en la tierra, podrá acercarse des- 
pués de la muerte, a esa verdad eterna i celeste; sobre todo 
aquel cuyo corazón ha sido puro, porque nada impuro po- 
drá acercarse a aquel que es la pureza por excelencia. 

^^Hé ahí por qué el sabio vive para meditar sobre la 
muerte, i por qué su proximidad no tiene nada de terrible 
para él; hé ahí los motivos i los fundamentos de esta con- 
fianza que le acompaña hoi en este pasaje que se me prescri- 
be; i esta conjanza tan apetecible, la tendréis como yo si 
tenéis cuidado de prepararos como yo i de purificar vues- 
tra alma." > : 



Platón, i 
Fedon. 



\ Véanse las Noc de hist. /jt., part. I, cap. IV, § 20. —Estas pala- 
bras forman parte de uno de les discursos que Platón pone en bo- 
ca de Sócrates. 



314 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

VII 
Las diferentes edades de la vida 

*'Los»jÓYeíjfe^«<>íi ardientes en su deseos i prontos, para 
satisfacerlos; etatre los placeres de los sentidos, buscan so- 
bre todo los del amor i se entregan a ellos con exceso. In- 
constantes, se disgustan en breve de lo que anhelaban: sus 
deseos son violentos, pero de corta duración; sus voluntades 
son imperiosas pero pasajeras, como el hambre i la sed de 
los enfermos. Coléricos, violentos, siguen fácilmente el mo- 
vimiento que los arrastra i son incapaces de resistirle. Ávi- 
dos de honores, no sufren el desprecio, i su sentimiento esta- 
lla desde que se creen ofendidos. El honor los lisonjea, pero 
mas aun la victoria, porque la juventud quiere dominar, i 
la victoria es una especie de dominación. Estas dos pasio- 
nes los ocupan demasiado para que piensen en las riquezas; 
la codicia no tiene el menor imperio sobre su alma: no han 
esperimentado todavía la indijencia. 

''Son virtuosos mas bien que malvados: el espectáculo 
de los vicios no ha manchado aun sus miradas; son cré- 
dulos: aun no los han desengañado numerosas perfidias; sus 
esperanzas son siempre lisonjeras, primero porque el ardor 
del carácter los mantiene en una especie de embriaguez, i se- 
gundo porque sus tentativas no han sido frustradas. No 
viven, por decirlo así, mas que de esperanzas; en efecto, la 
esperanza pertenece al porvenir, el recuerdo al pasado; i 
los jóvenes ven el porvenir delante de ellos: para ellos el 
pasado no es mas que un punto. Como están en el primer 
dia de su vida, no tienen recuerdos i se atreven a esperarlo 
todo. De ahí viene que es fácil engañarlos, porque esperan 
fácilmente. La cólera i la esperanza a que se entregan, los 
hace valientes: la primera les quita el temor, la segunda les 
inspira confianza: el hombre encolerizado no teme nada; el 
hombre que espera el triunfo es siempre audaz. 

"Son susceptibles de vergüenza porque todavía no con- 
sideran honrado lo que no lo es, i no tienen otra regla que 
la costumbre i la educación: magnánimos, porque la vida 
no ha marchitado aun su alma, i porque ignoran las nece- 
sidades de los hombres: la magnanimidad consiste en creer- 
se capaz de ejecutar grandes cosas, i semejantes sentimien- 
tos tienen su oríjen en la esperanza. 

"Prefieren el honor al interés, porque lo guia el sentí- 



i 



DISERTACIONES 315 



miento mas bien que el raciocinio; el raciocinio conduce al 
interés, el sentimiento al honor. Sus amistades i sus rela- 
ciones son mas vivas que las de otras edades, porque se 
complacen en vivir en sociedad, i porque desinteresados 
siempre, lo son hasta en la elección de un amigo. 

"Su defecto mas común es no conocer límites; violan a 
cada instante la máxima de Quilon(nada en demasía); todo 
en ellos es exajerado: aman en exceso, aborrecen en exceso; 
lo mismo ocurrecon las otras pasiones. Creen saberlo todo, 
hablan como maestros, i he aquí lo que hace excesivos 
todos sus sentimientos. Si hacen mal, es mas bien para 
insultar que para dañar. Son sensibles a la compasión, 
porque creen que todos los hombres son virtuosos i mejo- 
res de lo que son: exentos de maldad, juzgan a los otros 
por sí mismos, i se imajinan que aquéllos sufren injusta- 
mente. Les gusta la alegría i por consiguiente la broma, 
manera artificiosa de insultar con gracia. Tales son las 
costumbres de los jóvenes. 

"Las costumbres de los viejos i de aquellos cuyo vigor 
ha pasado, son casi el reverso de las de los jóvenes. La es- 
periencia de una larga vida, la maldad de la mayor parte 
de los hombres, sus propios errores, sus desgracias mas 
numerosas que sus dichas, les impiden pronunciarse afir- 
mativamente sobre cualquiera cosa: todos sus acciones 
están acompañadas de una gran timidez. Dudan i no 
saben nada de una manera positiva. En su incertidumbre 
añaden a todo lo que dicen: quizás; ja veremos: tal es su 
refrán ordinario. 

"Son morosos, porque la calidad distintiva de tal carác- 
ter es ver bajo una luz desfavorable; desconfiados, porque 
son incrédulos; incrédulos, porque tienen esperiencia. Por 
la misma razón, el amor i el odio no tienen vivacidad en 
su corazón; pero según el precepto de Bias, aman como 
debian aborrecer en otro tiempo; i aborrecen como debían 
amar en esa época; su corazón es pequeño, porque la vida 
ha marchitado los sentimientos. Nada grande, nada subli- 
me despierta sus deseos; no piensan mas que en lo que pue-' 
de hacerlos vivir. Son avaros, porque la plata es necesaria 
para vivir, i la esperiencia les ha hecho ver cuan fácil es 
perder i cuan difícil adquirir. 

"Son tímidos, i temen todos los males antes que lleguen. 
En efecto, su carácter helado es totalmente contrario al de 
los jóvenes, siempre inflamado; también la vejez trae con- 
sigo el temor, porque el temor es hielo. Tanto mas apega- 



316 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



dos a la vida, sobre todo cuando se acercan a su fin, cuan- 
to se desea mas lo que ya se va a perder, hacen votos mas 
ardientes por aquello de que se nos priva. Son egoistas en 
exceso, defecto que nace también de un espíritu pequeño. 

"Son mas amigos de lo útil que de lo honesto, porque 
son egoistas, i porque lo útil les parece un bien real, mien- 
tras que el honor no es para ellos mas que el honor. La 
vergüenza tiene poco imperio sobre su alma, que, menos 
sensible a la gloria que al interés, no toma en cuenta la 
opinión. Rara vez se hartan de esperanzas: primero, por- 
que la práctica de la vida les ha probado que no deben 
esperar mas que desgracias, porque la mayor parte de los 
acontecimientos tiene un desenlace desagradable; segundo, 
porque son tímidos. Viven mas de recuerdos que de espe- 
ranzas; porque para ellos el porvenir no es nada en compa- 
ración del pasado: i el porvenir es el dominio de la esperan- 
za: así como el pasado es de los recuerdos. También son 
grandes habladores, cuentan sin cesar los acontecimientos 
de otra época; tanto les encanta el recuerdo del pasado. 
Su cólera es ardiente, pero tiene un carácter de debilidad. 
Las pasiones los han abandonado o se han debilitado con 
la edad; si hai una que los ajite i presida sus acciones, es la 
de la ganancia. Parecen moderados, porque la pasión del 
interés absorbe en ellos todas las otras. Raciocinan mas 
que lo que sienten, porque el raciocinio conduce al interés, 
el sentimiento a la virtud. Si hacen mal, es mas bien por 
dañar que por insultar. Son inclinados a la compasión, 
pero no por los mismos motivos que los jóvenes: éstos son 
compasivos por humanidad; los viejos porque son débiles, 
i se ven espuestos a sufrirlo todo: esta es una de las causas 
de que nace la compasión. De ahí nace que vivan tristes i 
que sean enemigos de la risa i de la broma. El humor triste 
i la risa son incompatibles. Tales son las costumbres de 
los viejos. 

"Es evidente que el carácter de los hombres formados se 
mantendrá en el justo medio entre el de los jóvenes i el de 
los viejos, i se alejará igualmente de los excesos del uno i 
del otro. No tienen una confianza ciega en sí mismos, que 
es el distintivo de la audacia; no son tampoco tímidos, 
porque guardan una justa proporción. No dan ni rehusan 
indiferentemente su confianza a todo el mundo, vsino que 
la verdad regla todos sus juicios. No obran solamente 
según el honor, ni solamente según el interés, sino según 
ambos. Exentos de avaricia i de prodigalidad, la mod^ra- 

^\ i-^ .:: 



DISERTACIONES 317 



cion preside a su conducta; pone un freno a su cólera i a 
sus pasiones. Su prudencia no carece de valor, ni su valor 
de prudencia, cualidades divididas entre los jóvenes i los 
viejos: porque los jóvenes son valientes, pero temerarios; 
los viejos prudentes, pero tímidos. Bnjeneral, todo lo que 
la juventud i la vejez tienen de bueno separadamente, lo 
reúne la edad madura, i todo lo que peca en estas dos eda- 
des, es reconcentrado en ésta en un prudente i justo medio. 
Por edad madura, entiendo, para el cuerpo el intervalo 
desde treinta hasta treinta i cinco años; i para el espíritu 
hasta los cuarenta i nueve años." 

Aristóteles, ^ 
Retórica. 



VIII 

Mérito comparativo de los antig-uos i de los modernos 

"Comienzo por manifestar mi deseo de que los moder- 
nos sobrepasen a los antiguos. Me encantaría ver en núes 
tro siglo i en nuestra nación oradores mas vehementes que 
Demóstenes i poetas mas sublimes que Homero. El mundo, 
lejos de perder con ello, ganada mucho. Los antiguos no 
serian menos excelentes de lo que lo han sido siempre, i los 
modernos darian un nuevo esplendor al jénero humano. 
Siempre quedaría a los antiguos la gloria de haber comen- 
zado, de haber mostrado el camino a los otros, i de haber- 
les dado con que enriquecerse a su costa. Habría un ver- 
dadero capricho en juzgar una obra por su fecha. 

"Si Virjilio no se hubiese atrevido a marchar por las hue- 
llas de Homero, si Horacio no se hubiese propuesto seguir 
de cercaaPíndaro, ¡cuánto no habríamos perdido! Aun Ho- 
mero iPíndarono han llegado de repente a esta alta perfec- 

1 Véanse las Noc. de hist. lit., part. /, cap. IV, % 20. — Este 
hermoso fragmento puede dar una idea del estilo admirable del 
célebre filósofo griego. No se encuentran en él declamaciones ni 
adornos de ningún jénero, pero sí se halla una hábil condensación 
del pensamiento i un encadenamiento lójico de las ideas, de tal 
manera que parece leerse una serie de raciocinios. Horacio ha imi- 
tado este pasaje en el Arte poética, verso 158 i siguientes. 



318 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



"cion: antes de ellos ha habido sin duda otros poetas que les 
habían abierto el camino, i a quienes sobrepujaron al fin. 
¿Por qué no abrigarían los nuestros la misma esperanza? 

"Confieso que la emulación de los modernos seria peligro- 
sa, si se contrajese a despreciar a los antiguos i a descuidar 
su estudio. El verdadero medio de vencerlos está en apro- 
vechar todo lo que tienen de esquisito, i en tratar de seguir 
aun mas que ellos sus ideas sobre la imitación de la natura- 
leza. Con gusto diria yo a todos los autores de nuestro 
tiempo, a quienes mas estimo i mas honro:— Si llegáis a 
vencer a los antiguos, a ellos mismos deberéis la gloria de 
haberlos vencido. 

"No temo decir que los antiguos mas perfectos tienen im- 
perfecciones: la humanidad no ha permitido en ningún tiem- 
po el alcanzar a una perfección absoluta. Si estuviese obli- 
gado a no juzgar a los antiguos mas que por mi sola críti- 
ca, me veria mui embarazado. Los antiguos tienen una 
gran ventaja: por no conocer perfectamente sus costum- 
bres, su lengua, su gusto, sus ideas, marchamos a tientas 
al criticarlos: habríamos sido quizas censores mas atrevi- 
dos si hubiésemos sido sul contemporáneos. Pero hablo de 
los antiguos, fundándome en la autoridad de los mismos 
antiguos. Horacio, este crítico tan penetrante i tan apasio- 
nado de Homero, me sirve de garantía cuando me atrevo a 
sostener que este gran poeta dormita algunas veces. 

"Si me es permitido pronunciar mi pensamiento, sin que- 
rer contradecir el de otras personas mas ilustradas que yo, 
confesaré que me parece ver diversos defectos en los anti- 
guos mas estimables. Por ejemplo, yo no puedo aplaudir 
los coros en las trajedias, porque interrumpen la verdadera 
acción. No encuentro en ellos unaexacta verosimilitud, por- 
que ciertas escenas no deben tener una tropa de espectado- 
res. Los discursos del coro son frecuentemente vagos e insí- 
pidos: sospecho siempre que estas especies de intermedio ha- 
blan sido introducirlas antes que la trajedia alcanzase a 
cierta perfección. Ademas, encuentro en los antiguos algu- 
*Tias burlas que no son delicadas. Cicerón, el mismo gran 
Cicerón, hace algunos juegos de palabras mui fríos. Con 
frecuencia, los antiguos tienen una afectación semejante a 
lo que nosotros llamamos pedantería. 

"Confieso que los antiguos tienen una gran desventaja 
por los defectos de su relijion i por la grosería de sus doctri- 
nas filosóficas. En tiempo de Homero, su relijion no era 
.mas que un tejido monstruoso de cuentos tan ridículos, co- 



I 



DISERTACIONES 319 



mo los cuentos de hadas; su filosofía no contenia mas que 
principios vanos i supersticiosos. Los héroes de Homero no 
se asemejan a los hombres honrados, i aun los dioses de es- 
te poeta están mas abajo que esos héroes. Nadie querria te- 
ner un padre tan vicioso como Júpiter, ni una mujer tan in- 
soportable como Juno, i menos aun una tan infame como 
Venus. ¿Quién querria tener un amigo tan brutal como Mar- 
te, o un criado tan ladrón como Mercurio? 

"Es menester confesar que hai entre los antiguos auto- 
res excelentes, i que los modernos tienen algunos cujas 
obras son preciosas. Cuando no leemos a los antiguos con 
una avidez de sabios, ni por la necesidad de instruirnos de 
ciertos hechos, nos limitamos por gusto a un pequeño nú- 
mero de libros griegos i latinos. Hai mui pocos excelentes, 
aunque estas dos naciones hayan cultivado tan largo tiem- 
po las letras. Pero es menester también considerar lo que 
hai a favor de ellos. Ademas de que nos han dado casi todo 
loque tenemos de mejor, debemos estimarlos aun en los pasa- 
jes que no están exentos de defectos. En realidad, ciertos ras- 
gos descuidados de los grandes pintores, valen mucho mas 
que las obras relavadas de los pintores mediocres. Por otra 
parte, la grosería diforme de la relijion de los antiguos, i la 
falta de una verdadera filosofía moral en que estaban an- 
tes de Sócrates, deben en cierto modo justificar a los escri- 
tores de la antigüedad. Homero debia pintar sus dioses co- 
mo la relijion los enseñaba al mundo idólatra de su tiem- 
po: debia representar a los hombres según las costumbres 
que reinaban entonces en la Grecia i en el x\sia menor. ¿No 
deben pues admirarse el orden, la proporción, la gracia, la 
fuerza, la vida, la acción i el sentimiento que ha dado a to- 
das sus pinturas? Mientras mas monstruosa i ridicula era 
la relijion, mas debe admirarse que le haya dado realce con 
tan magníficas imájenes; mientras mas groseras eran sus 
costumbres, mas debe maravillarnos el ver que haya 
dado tanta fuerza a lo que es en sí tan irregular, tan absur- 
do i tan chocante. 

"No ensalzo, pues, a los antiguos como modelos sin im- 
perfecciones; no quiero quitar a nadie la esperanza de ven- 
cerlos: deseo, por el contrario, ver a los modernos victorio- 
sas por el estudio de los mismos antiguos a quienes hayan 
vencido". 

Fenelon, 1 
Carta sobre las ocupaciones de la Academia francesa. 

1 Véanse las Noc. de hist. lit., parte III, capítulo IV, § 19. 
Durante la segunda mitad del siglo XVII i los primeros años 



320 MANUAL DB COMPOSICIÓN LITERARIA 

IX 

Los descubrimientos en la ciencia 

"Arrojado débil i desnudo á la superficie del globo, el 
hombre parecía creado para una destrucción inevitable; los 
males lo asaltaban por todas partes; los remedios perma- 
necian ocultos, pero habia recibido el jenio para descubrir- 
los. : 

"Los primeros salvajes cojieron en las selvas algunas fru- 
tas alimenticias i atendieron así a sus mas preciosas necesi- 
dades; los primeros pastores percibieron que los astros si- 
guen una marcha regular, i se sirvieron de ellos para dirijir 
sus escursiones al través de las llanuras del desierto: tal fué 
el oríjen de las ciencias matemáticas i de las ciencias físicas. 

"Una vez asegurado de que podia combatir la natura- 
leza, el jenio no se dio reposo; examinó sin descanso;; sin 
cesar hizo sobre ella nuevas conquistas, todas señaladas 
por alguna mejora en el estado de los pueblos. 

"Sucediéndose desde entonces sin interrupción, espíritus 
meditativos, depositarios fieles de las doctrinas adquiridas, 
ocupados constantemente en encadenarlas, en vivificar las 
unas por medio de las otras, nos han conducido en menos 
de cuarenta siglos, desde los primeros ensayos de estas ob- 
servaciones agrestes a los profundos cálculos de Newton i 
de Laplace, a las enumeraciones sabias de Lineo i de fus- 
sieu 1. Esta preciosa herencia, llevada de la Caldea al Bjip- 

del XVIII, se discutió mucho entre los escritores franceses el méri- 
to comparativo de los antiguos i de los modernos. Fué esta cues- 
tión el oríjen de muchos libros poco leídos ahora, i a ella se refie- 
re Fenelon en el fragmento que hemos copiado. La erudición i el 
buen gusto estuvieron en jeneral de parte de los defensores de la 
antigüedad, pero es preciso reconocer que rara vez la cuestión se 
colocó bajo su verdadero terreno. Aquella discusión, como debe 
suponerse, no llegó a una solución definitiva; i aunque en nuestro 
tiempo no se haya renovado el debate, la crítica filosófica ha real- 
zado el mérito de los escritores antiguos, sin deprimir por esto el 
de los modernos. ' t > ' / - !,r . 

1 Jussieu es el apellido de una familia francesa que ha producido 
varios i mui notables botanistas. El autor se refiere aquí a Ber- 
nardo de Jussieu (1699 1777), autor de una clasificación metódica 
de las plantas, basada en las afinidades naturales Para los otros 
nombres, Nev^rton, Laplace, i Lineo. Véanse las Noc. de hist. lit., 
part. III, cap. IV, § 29 i cap. VII, § 14. 



DISERTACIONES 321 



to, del Ejipto a la Grecia, oculta durante los siglos de des- 
gracias i de tinieblas, recobrada en época mas felices, desi- 
gualmente desparramada entre los pueblos de Europa, ha 
sido seguida en todas partes de la riqueza i del poder: las 
naciones que la han recojido, han llegado a ser las señoras 
del mundo; las que la han descuidado,. han caido en la debi- 
lidad i en la oscuridad. 

''Es cierto que durante largo tiempo, los mismos que tu- 
vieron la fortuna de revelar algunas verdades importantes, 
no percibieron por completo las relaciones que las unian a 
todas ni las consecuencias infinitas que pueden deducirse de 
cada una. 

''No habria sido natural que esos marineros fenicios que 
vieron las arenas de las playas de la Béticatrasformarsepor 
medio del fuego en un vidrio trasparente, presintiesen inme- 
diatamente que esta materia nueva pudiese prolongar para 
los viejos los goces de la vista, que ayudase al astrónomo 
a penetrar en las profundidades de los cielos i a contar las 
estrellas de la vida láctea; que descubriese al naturalista un 
mundo pequeño, pero tan poblado, tan rico en maravillas 
como el otro que parecía haber sido concedido esclusiva- 
mente a sus sentidos i a su estudio; que al fin, su uso mas 
sencillo i mas inmediato, procuraría un dia a los riberanos 
del mar Báltico la posibilidad de construirse palacios mas 
magníficos que los de Tiro i de Ménfis, i cultivar, casi bajo 
los hielos del círculo polar, las frutas mas deliciosas de la 
zona tórrida. 

"Cuando un fraile en el fondo de un claustro de Alema- 
nia, inflamó por la primera vez una mezcla de azufre i de 
salitre, ¿qué mortal habria podido predecir lo que iba a 
resultar de su esperimento? Cambiar el arte de la guerra, 
sustraer al valor de la fuerza física, impedir que los países 
civilizados puedan volver a ser la presa de las naciones bár- 
baras; tal era el destino de una de las mas sencillas compo- 
siciones de la química i. 



1 Lo mismo se puede decir de todos los decubrimientos, si bien 
debe observarse que en los tiempos modernos sus trasformaciones 
son mucho mas rápidas. Así, por ejemplo, Galvani i Volta no pu- 
dieron sospechar que el descubrimiento de la electricidad habría 
de producir los telégrafos, i sin embargo antes de setenta años de 
hechos los esperimentos del último, el cable eléctrico unía la Euro- 
pa i la América. El vapor, el daguerreotipo, i la fotografía, etc , 
dan lugar a las mismas reflexiones. Cuando Gutenberg en el siglo 
TOMO y 2L 



322 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

"Elevándose así encima de todo, la ciencia lo ha alcan- 
zado todo con sus miradas: todas las ciencias le están so- 
metidas; la industria la ha reconocido por su reguladora; 
ha seguido i protejido al hombre en todos sus estados, i se 
ha entrelazado, de la manera mas íntima i mas sencilla, a 
todas las manifestaciones de la sociedad. Ya antes que hu- 
biera llegado a esta altura de jeneralizacion, nohabria sido 
difícil percibir que sus observaciones, las mas humildes, las 
mas indiferentes, podian hacer nacer cambios tan impor- 
tantes como inesperados en las costumbres, en el comercio, 
en la fortuna publica. 

"Un botanista, del cual apenas se conoce el nombre, llevó 
a Euiopa el tabaco del nuevo mundo hacia el tiempo de la 
Liga 2. Ploi esta planta produce a la Francia la materia de 
un impuesto de cincuenta millones de francos ^. Los otros 
paises de Europa obtienen recursos proporcionados: hasta 
en el fondo de la Turquia i de la Persia, ha llegado a ser un 
grande artículo de comercio i de agricultura. Otro botanis- 



XV creó los tipos de imprenta para falsificar los libros manuscri- 
tos, ¿creería que su invento maravilloso iba a civilizar al mundo 
por medio de la propagación de los libros a un precio sumamente 
Í)ajo i por millares de ejemplares? ¿Creería acaso que dos siglos 
mas tarde habría diarios científicos i noticiosos quejpusiesen aleo 
Tríente a los hombres de lo que pasa en todo el mundo? Se imaji- 
naria acaso que medíante su invento cualquier hombre podría po- 
seer con muí poco gasto una biblioteca mas numerosa i mas varia- 
da que la que en los tiempos antiguos i en la edad medía podían 
reunir los reyes mas ricos i poderosos? 

2 La historia de la introducción del tabaco en Europa es mucho 
mas oscura de lo que parecía creerlo Cuvier. Se ha atribuido a va 
ríos viajeros del siglo XVÍ, españoles unos, ingleses otros. Parece 
sin embargo, que comenzó a cultivarse en Portugal afines del siglo 
XV, después del segundo viaje del Colon. ¡Cosa singular! los euro- 
peos que llevaron tan pronto de América el cultivo del tabaco, tar- 
daron mucho tiempo en conocer la cascarilla, i mas aun en jenera- 
lizar en Europa el cultivo de la papa, que ofrece un alimento sano 
i abundante. Talvez Cuvier, al hablar del tabaco se refiere a Juan 
Nicot, que en 1560 llevó a Francia la semilla de esta planta, de 
donde le vino el nombre de nicotiana; pero Nicot la tomó en Por- 
tugal, donde servia de embajador. 

3 Del tiempo en que escribía Cuvier a nuestros días, la renta 
producida por el tabaco a las naciones europeas se ha aumentado 
considerablemente, i en Francia se ha quíntupHcado. En 1866 pro- 
dujo 242 millones de francos. 



DISERTACIONES 323 



ta 4, en la época de la rejencia, hizo pasar a la Martinica 
una plantita de café, de este arbusto de Arabia, que no ha- 
bía comenzado a ser conocido en Europa sino en los últi- 
mos años del reinado de Luis XIV. Esta planta única ha 
dado todas las de la América, i ha enriquecido a muchos 
pueblos. El uso de este grano se ha hecho vulgar, i cierta- 
mente ha sido mas poderoso que toda la elocuencia de los 
moralistas para destruir el abuso del vino en las clases su- 
periores de la sociedad. ¿Quién podria responder que hoi 
mismo nuestros jardines no encierran alguna yerba despre- 
ciada, destinada a producir en nuestras costumbres o en 
nuestra economía política revoluciones igualmente gran- 
des?" 

CoviER, 5 
Informe sobre el progreso de las ciencias naturales. 



X 

Males que la protección de los príncipes ocasiona 
ala literatura 

**E1 dia en que cayó la ficción del derecho divino de los 
reyes, el respeto que inspiraban cayó también. La venera- 
ción supersticiosa de que se rodeaban en otro tiempo no 

4 Gabriel De Clieu, oficial francés (1688-1774) que servia en la 
guarnición de la Martinica con el grado de capitán de infantería: 
De vuelta de un viaje que hizo a Francia, obtuvo con gran dificul- 
tad un vastago de la planta de café que se cultivaba en conserva- 
torio en el jardin del rei, hoi jardin de plantas, i lo trasportó a la 
colonia, donde prosperó i se propagó rápidamente. Las dificulta- 
des que tuvo que vencer han sido celebradas en el poema de la Na- 
vegation de Esmérard. El mismo De Clieu ha escrito una intere- 
santísima relación de su viaje, i de los cuidados que le exijió la pre- 
ciosa planta. 

5 Jorje CuviER, uno de los mas grandes sabios modernos, naci- 
do en Mont beliard en 1769, i muerto en Paris en 1832. Como na 
turalista i como jeólogo, es mirado con justicia como una de las 
ilustres lumbreras de la ciencia. El ha creado la anatomía compa- 
rada, por medio de una serie de profundas observaciones que han 
conducido a los mas grandes descubrimientos. El es el que ha da- 
do la lei según la cual, estando en armonía todas las partes de 
una misma organización, basta conocer un órgano de un animal, 
para deducir los otros. 



324 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

existe ya: i hoi esa divinidad que percibíamos en sus perso- 
nas, ha dejado de imponernos. Tenemos la conciencia de 
las reglas según las cuales se les debe juzgar; es menester 
aplaudir su conducta cuando contribuyen a la felicidad de 
la nación que les ha confiado el poder; pero también es pre- 
ciso no olvidar que por la educación que reciben, i por los 
homenajes pueriles de que son objeto, su juicio está falsea- 
do, i su espíritu imbuido en preocupaciones. Así, lejos de 
esperar que sean juiciosos protectores de las letras i que se 
coloquen a la cabeza de su siglo, debemos mostrarnos sa- 
tisfechos cuando no se ponen en oposición con el espíritu dé 
la época, i cuando no tratan de detener la marcha de la so- 
ciedad Porque a menos que el soberano, a pesar de la des- 
ventaja intelectual de su posición, sea un hombre de espíri- 
tu vasto, debe suceder que recompensará, no a los mas ca- 
paces, sino a los mas complacientes, i que al mismo tiempo 
rehusará su protección a un pensador profundo e indepen- 
diente, i la concederá al autor que acaricie sus antiguas 
preocupaciones i defienda los viejos abusos. Por esto es que 
la costumbre de conceder a los literatos recompensas hono- 
ríficas o pecuniarias, puede ser agradable sin duda a los 
que las reciben, pero tiene una tendencia manifiesta a debi- 
litar el atrevimiento, la enerjía de sus pensamientos, i por 
consiguiente a disminuir el valor de sus obras. Podria pro- 
barse esto con la publicación de la lista de las pensiones de 
literatos que han sido concedidas por algunos soberanos 
de Europa. Esta publicación haria resaltar el mal que re- 
sulta de semejantes recompensas. Después de un estudio 
concienzudo de la historia de la literatura, puedo afirmar 
que por un ejemplo de recompensa concedida por un sobe- 
rano a un hombre, cuyas ideas simbolizan el progreso de 
su siglo, hai veinte concedidas a hombres mas atrasados 
que su época. Resulta de aquí que en todos los paises en 
que existe la protección real, las ideas en la literatura, en 
lugar de ser ideas de progreso, son siempre ideas reacciona- 
rias. Los que dan, hacen alianza con los que reciben. El sis- 
tema de favores enjendra una clase necesitada i glotona, 
que tiene sobre todo hambre de pensiones, de empleos i de 
títulos; que pone, por consiguiente, el deseo de ganar mas 
arriba que la investigación de la verdad, i vierte en sus es- 
critos todas las preocupaciones de ía corte en que se cobi- 
ja. Así es como las muestras de favor se hacen los signos 
de servidumbre. Así es como el cultivo de la ciencia, el mas 
noble de todos los estudios, aquel que eleva mas la digni— 



DISERTACIONES 325 



dad del hombre, cae al nivel de las profesiones mas humil- 
des, de aquellas en que el éxito se mide por la recompensa, 
i en que los mas altos honores dependen del que es por ca- 
sualidad el ministro o el soberano del dia. 

"La verdad de este cuadro es manifiesta para los que han 
estudiado la historia de Luis XIV i sus relaciones con la 
revolución francesa. Como el reinado de este príncipe duró 
mas de medio siglo, podemos presentarlo como el ejemplo 
mas perfecto que debe producir semejante protectorado. 
En ningún tiempo, los literatos fueron recompensados con 
tanta prodigalidad, i en ninguno fueron tan pequeños, tan 
serviles, tan completamente inferiores a la gran vocación 
de apóstoles de la ciencia i de misioneros de la verdad. La 
reputación de Luis XIY fué fabricada por el reconocimien- 
to de los literatos. En apoyo de esa reputación, se ha sos- 
tenido que a sus cuidados paternales se debe la. literatura 
de su época, célebre con tan justo título; pero si analiza- 
mos el fondo de esta opinión, encontraremos que, como la 
mayor parte de las tradiciones de que se compone la histo- 
ria, no descansa sobre ninguna verdad. Encontraremos 
desde luego dos hechos principales que prueban que el bri- 
llo de la literatura de su reinado no fué la obra de sus es- 
fuerzos, sino de la jeneracion que se le precedió, i que lejos 
de que la Francia se engrandeciese por sus munificencias, 
fué al contrario detenida en su desarrollo por su protección. 
Los hombres mas eminentes que contó la Francia en cien- 
cias en el siglo XVII florecían precisamente antes de la épo- 
ta en que Luis XIV puso en planta su sistema. Después de 
la muerte de aquéllos fué cuando el protectorado del rei 
comenzó a hacerse sentir sobre el espíritu nacional; i du- 
rante los cincuenta años que se siguieron, no se ve, con la 
sola escepcion de la acústica, ningún progreso importante 
en ninguna de las ciencias a las cuales se aplican las mate- 
máticas. Los espíritus alejados de los ramos mas elevados 
de la ciencia, se aislaron en los ramos inferiores i se concen- 
traron en asuntos de menor importancia, cuyo objeto prin- 
cipal no es el descubrimiento de la verdad, sino de la belle- 
za de la forma i de la espresion. El sistema de protección i 
de recompensa es tan esencialmente vicioso, que, después 
de la muerte de los escritores i de los artistas, cuyas obras 
son la única cosa que dé una gloria sólida al reinado de 
Luis XIV, no se encontró a nadie que fuese capaz, aun de 
imitar sus grandes cualidades. Los poetas, los trájicos, los 
cómicos, los pintores, los músicos, los escultores, los ar- 



326 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

quitectos, habían sido casi sin escepcion, educados bajo el 
réjittien mas libre que existia antes de su reinado. Cuando 
comenzaron sus trabajos, tuvieron el beneficio de una mu- 
nificencia que fomentaba la actividad de su jenio. Pero al 
cabo de algunos años, una vez que esta jeneracion hubo 
desaparecido, la falsedad radical del sistema fué demostra- 
da claramente. Los hombres mas eminentes habian cesado 
de vivir mas de un cuarto de siglo antes de la muerte de 
Luis XIV. Los autores de las obras inmortales que dieron 
tanta gloria a su reinado, habian cesado de escribir, i casi 
todos de vivir antes de fines del siglo XVII. Tenemos dere- 
cho de preguntar a los admiradores de Luis XTV: ¿cuáles 
fueron los hombres que sucedieron a esos grandes maes- 
tros? ¿dónde están sus nombres? ¿dónde se podrán encon- 
trar sus obras? ¿quién lee ahora los libros de esos oscuros 
mercenarios que durante tantos años llenaron la corte del 
gran rei? ¿Era este el fruto de la liberalidad real? Si el sis- 
tema de recompensas i de protección es verdaderamente 
ventajoso a las artes i a las letras ¿cómo sucede que haya 
producido los mas miserables resultados después de haber 
sido empleado tanto tiempo?" 

BUCKLE, 1 
Historia de la civilización en Inglaterra, cap. X. 



1 Enrique Tomas Buckle, filósofo e historiador ingles de una 
inmensa erudición i de una profunda sagacidad, ocupa un puesto 
distinguido en la historia literaria de nuestra época. Nacido en 
Lee, en el condado de Kent en 1822, vivió consagrado al estudio, 
con una pasión de que se encuentran raros ejemplos. Después de 
haber hecho las mas prolijas i concienzudas investigaciones, no so- 
lo en el campo de la historia i de la literatura, sino en el de las cien- 
cias exactas i naturales, con el objeto de escribir una historia de 
la civilización, publicó dos tomos con el título de Historia de la 
civilización en Inglaterra^ en que, sin detenerse particularmente en 
la historia especial de este pais, discute varias cuestiones históri- 
cas referentes a diversos pueblos europeos. Buckle se aparta de 
todos los historiadores en la manera de comprender la historia, i 
ha creido abrir un camino nuevo que no puede ser recorrido sino 
por los hombres que poseen una ciencia inmensa. La naturaleza, 
el clima i la meteorolojía de un pais tiene, según él, influencia en el 
carácter del pueblo que lo habita: luego, dice, es menester estu- 
diar las ciencias físicas con toda prolijidad para escribir la histo- 
ria. La historia de la humanidad, añade, es incompleta si no se 
dan a conocer todas las manifestaciones de la actividad humana; 
luego debe comprender, mas bien que la relación de los sitios i ba- 



DISERTACIONES 327 



XI 
Maravillas de la civilización 

"La suerte de los habitantes actuales de este país (Ingla* 
térra), es muí diferente de la de sus antepasados. Estos, di" 
vididos en pequeños estados o sociedades, tenían pocas re- 
laciones pacíficas con las tribus que los rodeaban: sus pen- 
samientos i sus intereses tenian en jeneral los mismos lími- 
tes que sus territorios estrechos i sus costumbres groseras. 

"Ahora, por el contrario, cada cual se mira como miembro 
de la gran sociedad civilizada que cubre la superficie de la 
tierra, i se interesa por lo que ocurre en todos los puntos 
del globo. Un ingles que no tiene mas que una pequeña for- 
tuna, puede decir con verdad i con orgullo mirando a su alre- 
dedor: — "Tengo mas bienestar en la casa que habito que el 
que podía tener un reí hace algunos siglos. Las naves atra- 
viesan los mares para traerme de todas las partes del mun- 
do lo que puede serme útil. Para mí se cosecha el té en la 
China; para mí se cultiva el algodón en América; para mí 
se prepara el café i la azúcar en las Antillas; para mí se 
crian los gusanos de seda en Italia; para hacer mí ropa se 
trasquilan los carneros en la Sajonia; en mi propia patria, 
poderosas máquinas de vapor hilan i tejen para mí, fabrican 
cuchillería para mí, i por medio de bombas sacan el agua 
de las minas para que se puedan estraer los metales de que 
yo tengo necesidad. Por modesto que sea mi patrimonio, 
yo tengo correos que atraviesan los caminos día i noche 
para llevar mi correspondencia; tengo caminos, canales, 
puentes para trasportar mi provisión de carbón para el 
invierno; tengo ejércitos i escuadras que protejen i defien- 
den mi feliz país, para asegurar mis goces i mi reposo. En 
fin, tengo editores e impresores que me envían cada día la 
relación de lo que pasa en el mundo entero, en todos los 
pueblos mis tributarios; i en el recinto de mi casa, tengo li- 



tallas, la historia detenida de todos los progresos de las ciencias 
físicas i sociales. La parte de l.i obra de Buckle que ha visto la luz 
pública, no es mas que un ensayo de historia comprendida de esta 
manera; pero un ensayo sumamente notable. 

El exceso de trabajo enfermó al historiador. Para reparar sus 
fuerzas, emprendió un viaje a Oriente, al Ejipto i la Palestina, pe- 
ro murió en Damasco, en mayo de 1862, atacado por el tifus. 



328 MANUAL DE COMPOSION LTTí^PARTA 

bros, verdadero prodijio entre tantas riquezas. Mas mara- 
villoso que el bonete encantado de los cuentos árabe^, ellos 
me trasportan en un minuto a todos los lugares i a todos 
los tiempos. Por medio de ellos, puedo evocar, resucitar a 
la vida a todos los héroes i a todos los hombres de bien de 
la antigüedad; para mi satisfacción personal, puedo hacer- 
les recomenzar sus hazañas mas famosas; para mí los ora- 
dores discurren, los historiadores narran, los poetas can- 
tan: en una palabra, desde el ecuador hasta el polo, i desde 
el oríjen del mundo hasta nuestros dias, yo puedo, gracias 
a mis libros, estar en dónde quiera. Este cuadro, lejos de 
ser exajerado, podria desarrollarse mucho mas; porque tal 
es el milagro delabondad i la de providencia divina, que de 
tantos millones de hombres civilizados quecubren la tierra, 
no hai uno que no pueda tener poco mas o menos los mis- 
mos goces que se dispusiera soberanamente sobre todas las 
cosas." 

SlR JONH HeRSCHELL, 1 
Discurso preliminar sobre el estudio délas ciencias naturales. 



IIX 



Efectos de la ignorancia 

''La ignorancia es por sí misma una fuente habitual i fe- 
cunda de errores; estravía al hombre desgraciado; puede 
tener en mil circuntancias las consecuencias mas funestas, 
sea para el individuo, sea para la sociedad entera. ¡Ved 
esos frenéticos que se precipitan contra un infortunado, 
quizá mas sinceramente relijioso que ellos mismos, culpa, 
ble ante ellos de no participar de su creencia, i que aplau- 
den su suplicio, creyendo honrar al Dios de bondad i de 

1 Célebre astrónomo ingles nacido en 1792, e hijo de otro as- 
trónomo igualmente célebre, Willian Herschell. Aunque sir John se 
ha consagrado casi esclusivamente al estudio de las ciencias exac- 
tas i físicas, i particularmente a la astronomía en que han hecho 
importantísimos descubrimientos, es también un escritor notable 
por su sencillez i por el talento para adaptar sus ideas i sus inves- 
tigaciones científicas a las intelijencias mas vulgares. Sir John 
Herschell ha muerto en 1871. 



DISERTACIONES 329 



verdad por este exceso de crueldad i de injusticia! i ¡Ved 
esas poblaciones estraviadas que, en el seno mismo de las 
ciudades, asesinan a los médicos que se sacrifican por la 
salud de los enfermos, acusándolos de producir por el vene- 
no los males que tratan de curar i de evitar! 2 ¡Ved esos 
agrupamientos déjente que se encamina a destruir las má- 
quinas i las fábricas, creyendo conquistar los medios de 
trabajo por violencias que atacan la propiedad i la libertad 
de industria, sin comprender que los aparatos que producen 
una economía en los costos de fabricación, dan mas traba- 
jo aumentando el consumo que el que suprimen por la faci- 
lidad de la producción! -^ ¡Ved esa muchedumbre ciega que 
en los momentos de escasez se precipita a los mercados, co- 
mete violencias con el mercader i con el propietario de los 
granos, pone tasa a su especie, saquea, creyendo destruir 
así los obstáculos que amenazan la subsistenciacomun,i no 
comprendiendo que la libertad i la seguridad del comercio 
de granos es la única garantía segura de que no se repetirá 
la escasez! ¡Ved esas reuniones numerosas agrupadas en las 
plazas al rededor de un charlatán, escuchándolo con una 
crédula avidez, recibiendo toda clase de específicos, a espen- 
sas del bolsillo i de la salud! Por todas partes i en todo 
tiempo la ignorancia será juguete de las apariencias, de las 
sujestiones de aquellos que quieren engañarla; cederá a todas 
las influencias, i no desconfiará mas que de la esperiencia i 
de la razón. 

La ignorancia es alternativamente desconfiada i presun- 
tuosa; acoje todos los falsos rumores; rechaza los consejos; 
proscribe las mejoras; está prevenida contra las luces. En 
la ignorancia reconoceréis las causas de la mayor parte de 

1 El autor se refiere a las víctimas sacrificadas inhumanamente 
en las guerras relijiosas. 

2 Con frecuencia Fe ha visto durante las epidemias que las cla- 
ses ignorantes han acusado a tales o cuales personas, i a veces a 
los mismos médicos, de ser la causa del mal, de haber envenenado 
las fuentes, los alimentos, etc,: de ahí se han orijinado matanzas 
inauditas i atroces. 

3 Estos ataques contra las fábricas i las máquinas han sido por 
desgracias demasiado frecuentes. En 1806, un hábil mecánico fran- 
cés, Jacquart, estuvo a punto de ser arrojado al Ródano, en Lyon, 
por haber perfeccionado las máquinas de tejer haciendo mas cómo- 
do i mas barato el trabajo. Hoi sus máquinas están adoptadas en 
todo el mundo; i su nombre es venerado como el de uno de los mas 
ilustres benefactores de las clases trabajadoras. 



330 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



las preocupaciones vulgares, tan esparcidas como obstina- 
das, cuyos efectos son tan funestos i tan deplorables. El 
que no conoce las causas reales de los acontecimientos, 
adopta, para esplicárselos, las primeras suposiciones arbi- 
trarias que se le presentan i rechaza en seguida la luz, por- 
que cree saber. La fé en la hechicería en los encantamientos, 
en los maleficios, ¿acaso es otra cosa que la consecuencia 
de la ignorancia de las leyes mas sencillas déla naturaleza? 
¿I la superstición es acaso otra cosa que la ignorancia de 
las verdaderas relaciones que existen entre el hombre i su 
creador? I esa rutina que se arrastra en las prácticas mas 
viciosas, CvSa imitación servil que copia los ejemplos mas 
erróneos, ¿son acaso cosa que los frutos de una ignorancia 
que acepta todos los guias, en la impotencia de dirijirse 
por sí misma?" 

De Gérando, 1 
Historia comparada de los sistemas de filosofía. 



XIII 



Los moralistas que juzgan a la humanidad 
absolutamente mala 

"Hai ciertos escritos sobre moral en que se comienza por 
suponer que el hombre no es mas que un conjunto de mise- 
ria i de corrupción, i que no puede producir nada estima- 
ble. Este sistema es tan falso como peligroso. Los hombres 
son igualmente culpables del bien i del mal; pueden corre- 
jirse puesto que pueden pervertirse de otro modo ¿para 
qué castigar, para qué recompensar, para qué enseñar? 

"Los hombres, se dice, están llenos de amor propio i tie- 
nen grande apego a su interés. Partamos de este principio. 
Estas disposiciones no tienen en sí mismas nada de vicioso: 
se hacen buenas o malas por los efectos que producen. Es 
la savia de las plantas; i no hai derecho para juzgar a éstas 
sino por sus frutos. ¿Qué importa, en efecto, que un hom- 
bre no se proponga en sus acciones mas que su propia sa- 



1 José María de De GÉRANDO, filósofo francés moderno (1772- 
1842). Entre muchas obras que escribió, es notable la que dejamos 
mencionada, por el saber que revela i por la imparcialidad con 
que analiza los diversos sistemas filosóficos. 



DISERTACIONES 331 

tisfaccion, si la hace consistir en servir a la sociedad? ¿Que 
importa que el entusiasmo patriótico haya hecho que Ré- 
gulo encuentre satisfacción en el sacrificio de su vida? ¿Pro- 
duciría tales efectos la virtud puramente desinteresada, si 
ésta fuese posible? Este odioso sofisma de interés jeneral ha 
sido inventado por los que, buscando esclusivamente el su- 
yo propio, querrian arrojar sobre la humanidad entera el re- 
proche que ellos solos merecen. En vez de calumniar a la na- 
turaleza, convendría que consultasen sus verdaderos inte- 
reses, i entonces los verian unidos a los de la sociedad. 

"Que se enseñe a los hombres a amarse entre sí, que se les 
pruebe la necesidad de ello para su propia felicidad. Se pue- 
de demostrarles que su gloría i su interés no se encuentran 
mas que en la práctica de sus deberes. Tratando de degra- 
darlos, se les engaña, se les hace mas desgraciados: por la 
idea humillante que se les da de sí mismos, pueden ser 
criminales sin avergonzarse. Para hacerlos mejores no se 
necesita mas que ilustrarlos: el crimen es siempre un juicio 
falso. Hé ahí toda la ciencia de la moral, ciencia mas 
importante i tan segura como las que se apoyan en las de- 
mostraciones. Desde que se forma una sociedad, debe exis- 
tir en ella una moral i principios seguros de conducta. De- 
bemos a todos lo que nos debemos a nosotros: i nosotros 
se lo debemos igualmente, cualesquiera que sean las diferen- 
cias de estos deberes. Este principio es tan cierto en moral 
como es cierto en jeometría que todos los radios de un cír- 
culo son iguales, i se reúnen en un mismo punto." 

DUCLOS, 1 
Consideraciones sobre las costumbres. 



1 Carlos DucLOS, moralista e historiador francés del siglo XVIII 
(1704 1772), es conocido por varias obras, las mas notables de 
las cuales son una Historia de Luis XI, i aquella de que sacamos 
el trozo que trascribimos en e) testo. 



332 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



XIV 

utilidad de la fábula 

** Platón ha desterrado a Homero de su República, pero 
ha dado a Esopo un lugar muí honroso i. Desea que los ni- 
ños mamen estas fábulas con la leche; recomienda a las no- 
drizas que se las enseñen; porque nunca es temprano para 
acostumbrarlos a la prudencia i a la virtud. Mas bien que 
vernos obligados a correjir nuestros hábitos, es menester 
trabajar para hacerlos buenos mientras son indiferentes al 
bien o al mal. Pero ¿qué método puede contribuir mas útil- 
mente que estas fábulas? Decid a un niño que Craso, ha- 
biendo ido a pelear contra los partos, se interiorizó en su 
pais sin considerar cómo saldria de él; que esto lo hizo pe- 
recer a él i a su ejército, a pesar de los esfuerzos que hizo 
para retirarse. Contad al mismo niño que el zorro i el cabro 
bajaron al fondo de un pozo para apagar su sed, que el zo- 
rro salió habiéndose servido délos hombros i de loscuernos 
de su camarada como de una escala: por el contrario, el 
cabro se quedó allí por no tener tanta previsión; i por con- 
siguiente, que es menester considerar el fin en todas las co- 
sas. Yo pregunto cuál de estos dos ejemplos hará mas im- 
presión sobre el niño. ¿No se detendrá en el último como 
mas conforme i menos desproporcionado que el otro a la 
pequenez de su intelijencia? No puede alegarse que los pen- 
samientos de la infancia son por sí mismos bastante infan- 
tiles, sin que haya necesidad de añadir nuevas futilezas. Es- 
tas futilezas no lo son sino en apariencias, porque en el 
fondo tienen un sentido mui sólido. I así como por la defi- 
nición del punto, de la línea, de la superficie, i por otros 
principios mui familiares, llegamos a conocimientos que 
miden en fin el cielo i la tierra, por los raciocinios i por las 



1 Platón ha iraajinado en una de sus obras, la "República, n el 
pais mejor gobernado que sea posible concebir; pero destierra a los 
poetas bajo pretesto de que sus cantos pueden debilitar el corazón 
o corromper la razón de los ciudadanos. Sin embargo, quiere que 
se les conduzca hasta las fronteras de su severa república corona- 
dos de flores. A juicio de Platón, los fabulistas debían quedaren 
aquel pais ideal, porque sus obras son de grande utilidad. Véanse 
sobre Esopo i sobre Platón las Noc. de hist. lit., part. I, cap. IV, 
§ 5 i 20. 



DISERTACIONES 333 



consecuencias que se pueden sacar de esta fábula, se for- 
man el juicio i las costumbres i se hacen capaces de grandes 
cosas. 

"Las fábulas no son únicamente morales, dan también 
otros conocimientos; las propiedades de los animales i sus 
diversos caracteres están espresados en ellas, i por consi- 
guiente, los nuestros también, puesto que somos el resumen 
de lo que hai de bueno i de malo en las criaturas irraciona- 
les. Cuando Prometeo quiso formar al hombre, tomó la 
cualidad dominante de cada animal: de estas piezas tan di- 
ferentes compuso nuestra especie. Así, estas fábulas son un 
cuadro en que cada uno de nosotros se encuentra pintado. 
Lo que ellas nos representan confirma a las personas de 
edad avanzada en los conocimientos que el uso les ha dado 
i enseña a los niños lo que es menester que sepan. Como es- 
tos últimos son recien venidos al mundo, ellos no conocen a 
sus habitantes, no se conocen a sí mismos no se les debe 
dejar en la ignorancia sino el menos tiempo posible: es me- 
nester enseñarles lo que es un león i un zorro, para que com- 
paren algunas veces a ese hombre con ese zorro o con ese 
león. A esto se encaminan las fábulas; las primeras nocio- 
nes de estas cosas provienen de ellas." 

La Fontaine, i 
Fábulas, prólogo. 



1 Véanse las Noc. de hist. lit., part. III, cap. IV, § 11. 



SECCIÓN XI 



Diálogos 

El diálogo es la imájen de la conversación entre dos o mas 
personas. 

Algunas veces se encuentran en medio de la narración de 
un hecho, como sucede con frecuencia en la novela, i como 
suele hallarse en la historia. Otras veces forma el todo de 
una composición literaria, como se verifica en el drama, en 
donde el autor no habla en su propio nombre, sino que 
hace que sus personajes se dejen conocer por sus palabras. 

Pero hai ademas otro jénero de diálogos que forman una 
obra enteramente distinta, i que sirve a la filosofía, a la 
teoría oratoria i a toda cuestión de arte que se quiere ilus- 
trar. Es una forma que quita al jénero didáctico su tono 
naturalmente imperativo. Entre estas composiciones es me- 
nester distinguir dos órdenes diferentes. 

Con el nombre de diálogos filosóficos, algunos escritores 
han formado pequeñas escenas dramáticas, cuyos persona- 
jes son dioses de la mitolojía o algunos hombres ilustres 
que hablan familiarmente dé moral o que recuerdan i espli- 
can algunos hechos históricos. Entre estos, los mas famo- 
sos son los Diálogos de los muertos de Luciano i de Fene- 
lon. Suponen estos autores que sus personajes se encuen- 



336 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



tran en el otro mundo, i que allí hablan sobre los sucesos 
en que tomaron parte en la tierra. 

En otras ocasiones, el diálogo es un cuadro injenioso i 
cómodo, en que se encuentran espuestos, bajo una forma 
mas interesante que la forma didáctica, diferentes puntos 
de filosofía, de política i de literatura, i que el autor trata 
estensamente. Tales son los Diálogos de Platón i de Cice- 
rón, i los Diálogos sobre la elocuencia de Fenelon. 

Todas estas diversas especies de diálogos están someti- 
das a las mismas reglas; pero como no es posible que los jó- 
venes se ejerciten en el diálogo tal como se encuentra en el 
drama i en la novela, i como no puede exijirse la composi- 
ción de un tratado completo en forma de diálogos, vamos 
a contraer nuestras observaciones al diálogo filosófico, en 
la persuasión de que ejercicios de esta naturaleza, al paso 
que sirven para dar facilidad i soltura al estilo, están des- 
tinados a grabar en el espíritu de los jóvenes ideas que con- 
viene conocer. 

En el diálogo filosófico, cada opinión toma la palabra, 
por decirlo así, i se personifica .para sostenerse i defenderse. 
Toma un nombre, algunas veces un nombre famoso, el de 
un hombre que ha profesado cierta doctrina i representado 
cierta idea. Hai tantos interlocutores cuantas son las opi- 
niones que se discuten. Todos los interlocutores desarrollan 
su opinión i refutan las objeciones de sus adversarios: no 
deben decir nada que no se refiera directamente a la cues- 
tión, i que no esté de acuerdo con el verdadero punto de 
vista. Los interlocutores, ademas, deben hablar con mo- 
deración: no importa que se suponga un diálogo entre 
dos hombres que fueron mortales enemigos. Deben discutir 
razonadamente, sin reproches i sin ultrajes. Los escrito- 
res que han compuesto diálogos de esta naturaleza, han 
hecho intervenir a grandes personajes que en la tierra es- 
tuvieron divididos por odios profundos, i, sin embargo, 
discuten en la otra vida acerca de sus doctrinas i de sus 
acciones con templanza i con razón. 

Hemos dicho que el diálogo es la imájen de la conver- 



DIÁLOGOS 337 



sacion: como la conversación, debe animarse cuando se 
trata del punto capital de la discusión, en que cada per- 
sonaje sostiene su opinión. Como la conversación, tam- 
bién el diálogo debe ser cortado, es decir, que cada inter- 
locutor debe tomar a su turno i frecuentemente la palabra, 
i estar atento i pronto a la respuesta: es menester evitar 
que el diálogo dejenere en una serie de monólogos. 

El estilo del diálogo debe ser claro i sencillo, elegante sin 
afectación, animado sin declamación. Es necesario em- 
plear en el tono cierta progresión, i hacer que los interlo- 
cutores cobren animación por grados. 



TEMAS DE EJERCICIOS 



I 

Aníbal i Alejandro disputan en los campos Elíseos sobre 
a cuál de los dos corresponde la preeminencia, i elijen a Mi- 
nos por juez de la disputa. Cada uno de ellos pasa en rápi- 
da revista la historia de su vida i de sus hazañas, i la ma- 
nera cómo ambos se elevaron en la tierra a tan grande al- 
tura. En el momento de dar Minos la sentencia, se presenta 
Escipion el africano haciendo valer sus títulos, i declarando 
que, si cede la preeminencia a Alejandro, él ha vencido a 
Aníbal, i debe estar antes de éste. Minos decide entonces 
dando el primer lugar a Alejandro, el segundo a Escipion i 
el tercero a Aníbal. 



II 

Filipo i Alejandro se encuentran en los campos Elíseos. 
Alejandro refiere a su padre sumariamente sus conquistas. 
Filipo le reprueba su vanidad, su arrogancia, el desden que 
manifestó en vida por las conquistas de su padre, las injus- 
ticias cometidas con algunos de los jenerales macedonios, i 
sobre todo el haber pretendido hacerse pasar por hijo de 

TOMO V 2 i 



338 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITPmARIA 

Júpiter. Ajuicio de Filipo, la mejor acción que su hijo eje- 
cutó en el mundo fué el haber respetado a la mujer de Da- 
río, i el haber tomado bajo su protección a la madre i las 
hijas de su enemigo. 



III 



Aquíles sostiene que Homero le debe su gloria, i pretende 
probarlo ])or la Odisea, que, a su juicio, es tan inferior a la 
Ilíada como Ulíses es inferior a un héroe tal como el mismo 
Aquíles. Homero, por el contrario, demuestra que lejos de 
deber su gloria a su héroe, Aquíles se la debe a él. Podia ele- 
jir a cualquier otro guerrero, a quien habria ilustrado, en 
Jugar de cantar a Aquíles. ¿Qué habria sido entonces de 
esta gloria de que Aquíles está tan orgulloso? Su mismo 
nombre habria quizas caido en el olvido. 



IV 

Alcibíades, recien llegado a la mansión de los muertos, 
se encuentran con Feríeles, i le pregunta si no hai medio de 
seducir o de ganarse a los jueces que en la otra vida fallan 
sobre las acciones humanas. Feríeles le demuestra que la 
elocuencia, los atractivos personales, el talento, no pueden 
nada contra los jueces encargados de dar su sentencia. Al- 
cibíades se arrepiente, aunque tarde, de sus pasadas debili- 
dades, i reconoce que los mas grandes talentos no valen 
nada en la otra vida sin la virtud. 



Aníbal i Fabio Máximo conversan sobre las campañas 
de la segunda guerra púnica. Aníbal reprocha al segundo 
el haber evitado los combates, deshonrándose así por su 
timidez, i haciendo perder la confianza de los aliados de 
Roma. Fabio sostiene que el jeneral de un ejército debe sa- 
crificar su reputación ante la salvación de la república; 
porque esa reputación se reconquista mas tarde con el pri- 
mer triunfo. Esplica que tenia necesidad de dar aliento a 
las tropas romanas, desalentadas por los primeros con- 
trastes; i que no queria consumar la ruina de la república 



DIÁLOGOS , 339 



aventurando nuevos combates. Por último le demuestra 
que, mediante este sistema, Roma pudo conservar algunas 
fuerzas; i que si Escipion el joven consiguió echar a los carta- 
jineses de Italia, fué debido en gran parte a la prudencia de 
Fabio para no destruir los recursos de la república. En la 
guerra no se puede juzgar de las cosas por el principio, es 
preciso esperar el fin, i el fin justifica a Fabio. 



VI 

Luis XI reprocha al historiador Commines el haber escri- 
to su historia sin ocultar nada, faltando así a la gratitud 
que le debía. Elrei hubiera querido que Commines no diese a 
conocer su falsa devoción, su perfidia ni ninguno de los he- 
chos que lo deshonran; i cree que el historiador debe callar 
esos pormenores. Commines sostienela independencia del 
historiador, cree que a la posteridad no se le debe ocultar 
nada, porque los hechos de los reyes son una lección para 
el porvenir. Commines cree que ha cumplido con su deber i 
con la gratitud, no dando cabida en su historia a las acu- 
saciones infundadas i desprovistas de prueba. 



Vli 

En 1523 i 1524, el ejército francés, mandado por el almi- 
rante Bonnivet, sufrió muchas derrotas en el Milanesado, i 
se retiraba precipitadamente. Bayardo, que cubria la reti- 
rada, fué herido mortalmente en Romagnano (30 de abril 
de 1524). Mandaba el ejército del emperador Carlos V, el 
condestable de Borbon, noble príncipe francés que habia 
abandonado las banderas de la Francia para vengar las 
injurias que habia recibido del rei Francisco I. Al ver heri- 
do a Bayardo, Borbon se detiene a saludarlo i le manifiesta 
cuánto sentia encontrarlo en aquel estado. Bayardo le con- 
testó. — "Señor, no soi digno de lástima porque muero como 
hombre de bien; pero vos me inspiráis compasión porque 
militáis contra vuestra patria, vuestro rei i vuestro jura- 
mento." Sobre esta base estrictamente histórica, se puede 
formar un diálogo entre ambos personajes. 

Mientras Bayardo está tendido i moribundo, se le acerca 
el condestable de Borbon, lo compadece, promete tratarlo 
con miramiento, i le hace esperar que podrá ser curado. 



340 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

Bayardo responde con una altanería llena de moderación 
a estas muestras de interés. El condestable se sorprende: 
Bayardo le declara que prefiere su suerte a la del vencedor, 
porque muere cumpliendo con su deber, mientras el con- 
destable ha traicionado a su patria. El condestable se 
escusa con la gratitud del rei: Bayardo le responde que la 
Francia no era culpable de la injusticia del rei, i que no hai 
nada que pueda autorizar a un hombre a traicionar a 
su patria. 

VIII 

Raimundo Lulio, célebre sabio de la isla de Palma, que 
vivia en el siglo Xill, que se ocupó mucho en buscar la pie- 
dra filosofal, esto es, la ciencia de convertir en oro los otros 
metales, habla con Artemisa, la famosa reina de Caria. Ar- 
temisa le pregunta si cree en una ciencia que puede conducir 
a un resultado tan singular. Raimundo Lulio dice que nó; 
pero sostiene que todas las ciencias deben tener un límite 
ideal al cual no se puede llegar; pero que despierte la acti- 
vidad i estimule al trabajo, en la confianza de que anhelan- 
do llegar a ese término, el espíritu ha de recorrer un vasto 
campo, i ha de encontrar muchas verdades. 



IX 

Hernán Cortés se burla de la incredulidad de los indios 
de América que tomaron a los españoles por hombre de 
una naturaleza superior i bajados del cielo.* Moctezuma, 
que en la rejion de los muertos ha estudiado la historia, 
sale a la defensa de sus compatriotas, i manifiesta a Cor- 
tés que los paises mas adelantados de la tierra cayeron en 
errores mas singulares todavía. Así, por ejemplo, los ate- 
nienses tomaron por la diosa Minerva a una mujer de que 
se hizo acompañar el tirano Pisistrato para volver a su 
patria, de donde habia sido desterrado; i creian que los 
oráculos revelaban el porvenir. Viéndose derrotado con es- 
tos ejemplos, Cortés sostiene que la ventaja de la civilización 
europea consiste principalmente en la moral, que ha puesto 
a los pueblos en el deber de respetarse unos a otros, i de no 
apelar a la guerra sino cuando la lei moral o la relijion les 
manifestaba la justicia de su causa. Moctezuma rebate es- 
te argumento recordando la misma conquista de Méjico. 



DIÁLOGOS 341 



X 

Un admirador de Cervantes va a verlo a la mansión en 
que reside su espíritu, i traba con él una conversación. Cer- 
vantes pide noticias déla tierra, i del caso que por acá se ha- 
ce de sus libros. Su interlocutor le refiere que mientras han 
caido casi en completo olvido muchas de sus obras, el Qui- 
jote goza de una popularidad i de una fama que no perde- 
rá jamas. El secreto de esto consiste en que esa obra es 
fruto espontáneo de su intelijencia, i fué escrita sm preten- 
siones de parecer sabio. Refiere ademas a Cervantes que 
muchos eruditos i críticos se han propuesto comentar i es- 
plicar el gw//oíe, interpretando las intenciones del autor, 
i hallando en él pensamientos ocultos i satíricos. Cervan- 
tes se rie de sus afanes, declarando en su libro no hai nada 
oculto. Se le cuenta que en la tierra se ha publicado un li- 
bro titulado Buscapié, que se atribuye a él, como si hubie 
ra sido escrito con el propósito de defender el Quijote. Cer- 
vantes declara que él no ha escrito el tal libro, porque el 
Quijote no necesitaba defensas. 



XI 

Dos filósofos de la antigüedad, Demócrito i Heráclito, 
que vivian en el siglo V antes de la era cristiana, se han 
hecho famosos por su manera opuesta de ver las cosas del 
mundo. Observando las miserias de la vida humana, De- 
mócrito rie i Heráclito llora. Se les puede hacer hablar: ca- 
da uno pretende tener razón para tomar las cosas de la 
manera que lo hace. Los dos, sin embargo, están de acuer- 
do en la locura de sus semejantes. Heráclito se funda en 
esto mismo para sostener que es mas humano llorar 
que reir. 



xn 



Pirron era un filósofo griego que vivia en el siglo IV an- 
tes de Jesucristo. Sostenia que no se puede tener sobre na- 
da ninguna certidumbre, i de ahí proviene que la palabra 
pirronismo es sinónima de escepticismo absoluto. Un ve- 
cino SUJO va a verlo, i le pide que lo admita en el número 



342 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

de SUS discípulos. Trata de imponerse sobre lo que se le va 
a enseñar, i sabe que es dudar de todo por principio. El 
buen sentido del vecino se revela contra el absurdo de esta 
doctrina i le opone este argumento: dudar es pensar: si 
pensáis, es cierto que existis. Pirron no puede rebatirlo. 



XIII 

Algunos dias después de su abdicación, Sila conversa con 
el filósofo Eucrátes. Este se sorprende de que Sila haya po- 
dido renunciar a la dictadura. Sila le responde que ha crei- 
do terminada su misión, i que no tiene gusto por un poder 
que nadie le disputa. Lo que ha amado siempre es la acti- 
vidad i la lucha, porque estima mucho su gloria para ser 
colocado en el rango de los tiranos vulgares. ¿Quién ha- 
bría creido, dice Eucrátes, que Sila pudiese deponer jamas 
un poder al cual lo habia sacrificado todo, i por el cual ha- 
bla vertido tanta sangre? Sila responde que sin las cruel- 
dades que han precedido a su abdicación, este acto seria 
mucho menos glorioso. Pero ¿cómo no ha temido Sila las 
venganzas? Su determinación es mui imprudente. Nó, res- 
ponde Sila, para defenderme tengo mi nombre i la sorpresa 
que he causado a los romanos. 



XIV 

Horacio i Virjilio se encuentran en los campos Elíseos i 
se felicitan por sus obras. No están celosos el uno del otro 
a causa de la diversidad de sus talentos. Gracia, vehemen- 
cia, rapidez de las odas de Horacio; sencillez, naturalidad, 
finura de sus sátiras i de sus epístolas: grande instrucción i 
fuerza de talento que deja ver en su Arte poética. Ternura 
natural de las Églogas de Virjilio; risueñas pinturas de las 
Jeórjicas; orden, magnificencia, vigor, sublimidad de la 
Eneida. Los dos poetas hablan de todo esto con naturali- 
dad i con modestia, reconociendo ambos sus defectos. De- 
fectos de Virjilio: los últimos libros de la Eneida son des- 
cuidados; Virjilio queria destruirlos, lo que habria sido una 
gran pérdida. Virjilio es mas culto, mas delicado, pero me- 
nos sencillo i menos natural que Homero. Defectos de Ho- 
racio: las odas contienen algunas cosas inútiles, algunas 
faltas contra la armonía o contra la sencillez de la pasión; 
ciertos pasajes tienen pretensiones visibles de orijinalidad. 



DIÁLOGOS 343 



XV 

Camilo recuerda a Temístocles su gloria i su destierro. 
Se felicita de haber tenido, como él, el honor de esa pros- 
cripción popular. Temístocles, lleno de indignación al recor- 
dar las injusticias de Atenas, traza el retrato de esa demo- 
cracia turbulenta, inquieta, mas desconfiada i mas ingrata 
que un déspota. Alaba la virtud de Camilo, pero justifica el 
resentimiento que lo condujo a él a la corte del rei de Persia. 
Camilo se muestra mas inflexible acerca de los deberes del 
ciudadano para con su patria; en seguida, en medio de su 
entusiasmo por el jenio de los grandes hombres, cree que se 
vengan sobradamente abandonando para siempre la patria 
que los proscribe. Confiesa que él mismo habría cumplido 
esta venganza i no habría vuelto a Roma, sin los galos. 
Temístocles reconoce ese piadoso respecto que el ciudadano 
desterrado debe a su pais. Confiesa que él mismo es un 
grande ejemplo de la fuerza del sentimiento que se le atri- 
buye haber desconocido. Durante tres años solicitó la ven- 
ganza del gran rei: se prometia tomar su parte en ella. Se 
creia firme en su cólera i en su odio; pero cuando llegó el 
momento déla ejecución, sintió su corazón cambiado;! para 
castigarse de lo que habia comenzado i de lo que no tenia 
fuerza de acabar, se dio la muerte. 



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XYI 



San Martin i Bolívar recuerdan sus campañas militares i 
reconocen que la misión de cada uno de ellos ha completado 
la del otro. Cada uno tuvo un modo diferente de concebir i 
de ejecutar la guerra; pero su diverjencia era mayor toda- 
vía en la manera de comprender la dirección de los negocios 
políticos. Ambos creian que los amerícanos no estaban pre- 
parados para la vida republicana. San Martin pensaba que 
era necesario buscar un príncipe europeo. Bolívar critica 
este pensamiento diciendo que ese príncipe vendría a ser en 
América el rei de las ranas de 1^ fábula, i que nadie le haria 
caso. Bolívar piensa que el que ha hecho la independencia 
de un pais es el que debe gobernarlo para sentar sus insti- 
tuciones, ya sea como monarca, ya sea como dictador. San 
Martin combate este pensamiento, diciendo que en el siglo^ 



344 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



XIX no se puede aceptar como rei o como dictador al hom- 
bre que se ha conocido en el campamento como camarada. 
Ivos dos jenerales reconocen al fin el defecto de sus sistemas 
respectivos, i convienen en que solo la república democrá- 
tica puede ser una solución lójica de este problema. 



MODELOS DE EJERCICIOS 



Alejandro, Aníbal, Minos, Esoipion 

"A/e/anJro.— Es justo, africano, que yo tenga la preferen- 
cia sobre tí: tú no vales lo que yo. 

Aníbal ¡Cómo! a mí me pertenece. 

Alejandro. — ¡Fnes bien! tomemos a Minos por juez. 

Minos. — ¿Quiénes sois vosotros? 

Alejandro.- Este es Aníbal el cartajines:yo soi Alejandro 
hijo de Filipo. 

M/7JOS.— ¡Por Júpiter! Ambos sois bien ilustres. Pero ¿cuál 
es el objeto de vuesta disputa? 

Alejandro.— ¡La preeminencia! Este pretende haber sido 
mejor jeneral que yo; i yo, como todos lo saben, sostengo 
que he sobrepujado en talentos militares no solamente a él 
sino a casi todos los que me han precedido. 

A/f/7 os.— ¡Pues bien! hable cada uno a su turno. Comienza 
tú africano. 

Aníbal Digo que sobre todos son dignos de elojios aque- 
llos que, no siendo nada en el principio, se han elevado por 
sí mismos al primer rango, han conquistado el poder i han 
sido revestidos de la autoridad suprema. Yo, por ejemplo, 
habiendo desembarcado en España con algunos soldados, 
como lugar-teniente de mi cuñado, fui considerado en breve 
capaz de las mas grandes proezas i nombrado jeneral en 
jefe. Reduje entonces a los celtíberos, triunfé de los galos oc- 
cidentales, i pasando altas montañas, recorrí como vence- 
dor toda la comarca que riega el Ródano, destruyendo un 



DIÁLOGOS 315 



gran número de ciudades, sometiendo toda la parte plana 
de la Italia, i llegando hasta los alrededores de la capital; 
maté tantos soldados en un solo dia, que medí sus anillos 
por costales, i eché sobre los rios puentes de cadáveres. He 
hecho todo esto sin hacerme llamar hijo de Júpiter Ammon, 
sin presentarme como un dios, sin referir los sueños de mi 
madre, confesando que era hombre i teniendo que luchar 
contra los jenerales mas consumados, peleando en los com- 
bates contra los mas bravos soldados, i no contra medos i 
armenios, jentes que huyen antes que se les persiga i que 
ceden la victoria ante la audacia. 

'*Alejandro,es verdad, ha aumentado la herencia que ha- 
bia recibido de su padre; ha ensanchado sus límites, llevado 
en alas de la fortuna; pero apenas fué vencedor, apenas 
triunfó del cobarde Darío, cerca de Iso i en Arbeles, cuando 
renunció a las instituciones de su patria, se hace adorar 
como un dios, adopta las costumbres de los medos, mata 
a sus amigos en los festines, o los hace condenar a muerte. 
Yo he mandado en mi patria con equidad; i cuando me 
llamó para servir contra la numerosa escuadra de nues- 
tros enemigos, que se dirijia al África, obedecí al instante, 
volví a ser simple particular, i la condenación que se lan- 
zó contra mí, me encontró lleno de calma. Esto es lo que 
he hecho yo, siendo un bárbaro, sin versación en la ciencia 
de los griegos, yo que no cantaba como Alejandro los ver- 
sos de Homero, i que no habia sido educado por Aristóte- 
les; pero me dejaba arrastrar por mi buen natural: en esto 
es en lo que yo pretendo ser mejor que Alejandro. Si él 
parecia mas hermoso que yo, porque su cabeza estaba co- 
ronada por una diadema, quizá esc sea un título a los ojos 
de los macedonios; pero no es una razón para que se colo- 
que mas arriba que un hombre valiente, que un jeneral 
hábil, que debe mas a su consejo que a la fortuna. 

Minos.— Ha defendido su causa con bastante nobleza i 
mejor de lo que se podia esperar de un africano. I tú, Ale- 
jandro, ¿qué respondes? 

Alejandro.— Dehla, Minos, no responder nada a un hom- 
bre tan audaz. La fama solo basta para enseñarte qué mo- 
narca fui yo, i qué bandido era éste. Ya verás como lo 
sobrepujo. Habiendo subido mui joven aun al poder, di 
consistencia a un trono mal afirmado; perseguí a los ase- 
sinos de mi padre, espanté a los griegos con la ruina de 
Tébas, i fui proclamado jeneralísimo de la Grecia. Entonces 
no me contenté con la Macedonia, ni con los otros estados 



346 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



que raí padre me había dejado. Formé el pro^^ecto de con- 
quistar toda la tierra, no pudiendo resignarme a no ser el 
soberano del universo. Me lanzo sobre el Asia con algunos 
soldados, soi vencedor de un gran combate cerca del Grá- 
nico; tomo la Lidia, lajoniai la Prijia: en breve, subyu- 
gando todo lo que está en mi camino, marcho hacia Iso, 
donde Darío me esperaba a la cabeza de un ejército innu- 
merable. 

"Tú sabes, Minos, cuantos muertos te envié ese dia; el 
barquero dice que su chalupa no podía dar abasto, i que 
fué obligado a construir balsas para pasar un gran núme- 
ro. En todas estas hazañas yo era el ])rimero en presentar 
mi cuerpo al peligro, i me honraba con mis heridas. En se- 
guida, para no hablar ni de Tiro ni de Arbeles, penetré has- 
ta la India, haciendo del océano los límites de mi imperio; he 
tomado sus elefantes, he sometido a Poro, he derrotado a 
las escitas, guerreros que no son despreciables, he atrave- 
sado el Tañáis, i conseguido la victoria en un gran comba- 
te de caballería. He hecho bien a mis amigos, mal a mis 
enemigos. Si los hombres me han creido un dios, es menes- 
ter perdonarles un error que esplica la grandeza de mis ha- 
zañas. En fin, he muerto en el trono, mientras que éste, 
arrojado de su patria, ha muerto al lado de Prusias de 
Bitinia, como correspondía a un hombre malvado i cruel. 
No quiero decir cómo ha triunfado de los italianos; pero 
no ha sido por el valor, sino por la maldad, la perfidia i la 
astucia. En su lucha no ha habido nada justo, nada fran- 
co. Me reprocha mi molicie; pero ha olvidado lo que hacia 
en Capua, cuando en brazos de las cortesanas, este buen 
jeneral perdia en los placeres un tiempo precioso para la 
guerra. Desdeñando la conquista de occidente, me volví 
contra las naciones orientales. ¿Qué cosa grande habría 
hecho si hubiese sometido sin disparar un dardo, la Italia, 
la Libia, i las comarcas que se estíenden hasta Cádiz? 
Esos países que estaban temblorosos i prestos a reconocer 
un señor, no me parecieron dignos de mis armas. He dicho. 
A tí te toca decidir, Minos. Creo que no es necesario de- 
cir mas. 

Escipion. ~~No pronuncies tu tallo antes de oirme. 

Minos." ¿Quién eres tú? ¿Cuál es tu patria? 

Escipion. —Soi italiano; Escipion, el jeneral que ha des- 
truido a Cartago i sometido el África después de grandes 
combates. 

Minos.— Está bien, ¿qué quieres decir? 



DIÁLOGOS :U7 



Escipion. — Que cedo la preferencia a Alejandro pero que 
estoi mas arriba que Aníbal, porque yo lo he vencido, per- 
seguido i condenado a una fuga vergonzosa. Su impruden- 
cia es grande en disputar el paso a Alejandro, cuando vo, 
Escipion, su vencedor, me coloco detras de este príncipe. 

Minos. — ¡Por [npiter! tienes razón. Escipion. El primer 
rango es de Alejandro i el segundo es tuvo: Aníbal, si que- 
re, tendrá el tercero, i su parte no es digna de desden." 

Luciano, ^ 
Diálogo de los muertos, Diálogo XII 



II 

Filipo i Alejandro 

''Filipo. — Ahora, Alejandro, ya no puedes decir que no 
eres mi hijo; porque no habrías muerto si fueras hijo de 
Júpiter Ammon 2. 

Alejandro. — Yo sabia, padre mió, que era hijo de Filipo; 
pero aceptaba el oráculo porque lo creia útil a mis de- 
signios. 

Filipo.— ¿Cómo dices? ¿Creías útil el dejarte engañar 
por los profetas? 

Alejandro. — No digo eso. Pero los bárbaros me tenían 
miedo, ninguno me resistía, creyendo tener que hacer con 
un dios, i tuve poco trabajo para vencerlos. 

Filipo.— ¿I qué hombres has vencido contra los cuales 
se pudiese pelear, tú que no has luchado jamas mas que 
con cobardes, siempre prestos a arrojar sus arcos, sus ja- 
belinas i sus escudos? ¡Otra cosa es someter a los griegos, 
los beodos, los focenses, los atenienses! Pero los medos, los 
persas, los caldeos, raza brillante por el oro i afeminada: 
¿no sabes que antes que tú los diez mil conducidos por 

' Véanse las Noc. de hist. lit., part. 1., cap. V, § 13. 

2 Bn tiempo de Alejandro se creyó vulgarmente que este céle- 
bre conquistador era hijo de Júpiter Ammon, el cual habia baja- 
do a la tierra en forma de una serpiente. Para comprender todas 
las alusiones de este diálogo, conviene recordar la historia de 
Filipo I de Alejandro, i leer el paralelo que ha hecho el historia- 
dor Justino entre estos dos reyes. Véase la Sección IX, § líl de 
este libro. 



348 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

Clearco los han batido, sin que hayan esperado los dardos 
de los griegos para tomar la fuga? 

A/e/anc/ro.— Sin embargo, padre mió, los escitas i los ele- 
fantes indios no son enemigos que deban desdeñarse; i sin 
embargo, yo los he vencido sin sembrar entre ellos la dis- 
cordia, sin comprar la victoria con traiciones. Jamas he 
hecho falsos juramentos, traicionando la palabra empeña- 
da, cometido la menor perfidia para ser vencedor. He so- 
metido una parte de la Grecia sin verter sangre; pero, por 
lo que toca a Tébas, ya sabes., sin duda, cómo me vengué. 

Filipo-luo sé todo: Clito me lo ha contado, Clito a quien 
mataste de una lanzada en medio de un festin, porque te- 
nia la audacia de alabar mis proezas comparadas a las tu- 
yas. 

Pero parece que tú dejaste a un lado la clámide macedó- 
nica para vestir la toga pérsica, i te cubriste la cabeza con 
una tiara i que quisiste hacerte adorar por los macedonios, 
que son hombres libres; que en fin, lo que es el colmo del ri- 
dículo, adoptaste las costumbres de los vencidos. No hablo 
aquí de tus otras proezas, como aquellas de encerrar con 
los leones a los hombres distinguidos por su sabiduría. No 
hai mas que un rasgo que yo haya aprobado al saberlo, i 
es el que hayas respetado a la mujer de Darío, que era her- 
mosa, i el que tomases a tu cargo a la madre i las hijas de 
tu enemigo. Esto es obrar como rei. 

Alejandro ¿I no alabas ese ardor que me hacia desafiar 

el peligro, ni ese valor para escalar el primero de las mura- 
llas i para recibir tantas heridas? 

Filipo.—^C, yo no apruebo eso, Alejandro. No porque no 
sea algunas veces glorioso a un rei el ser herido, i el hacer 
frente al peligro; pero en el caso presente, una conducta se- 
mejante no te traia ninguna ventaja. La idea de que tú eras 
un dios, en el caso de que hubieras sido herido i llevado a 
la vista de todos fuera del combate, cubierto de sangre i 
quejándote de tus heridas, habría dado materia a la risa 
de los espectadores. Ammon quedaba convencido de charla- 
tanismo i de impostura, i sus profetas de adulación. ¿Que 
medio habría para no reir cuando se viera al hijo de Júpiter 
implorando el socorro de los médicos? ¿Ahora que estás 
muerto, crees que la muchedunbre no se ría amargamente 
de esta comedia, viendo al hijo de un dios tendido en el fé- 
retro, entregado a la pobredumbre e hinchado como todos 
los otros cadáveres? Por otra parte, Alejandro, esta pre- 
tendida utilidad del oráculo, que, según dices, te facilitaba 



DiÁi.oGOs 349 



la victoria, te ha quitado en gran parte la gloria de tus em- 
presas; todas parecen menores viniendo de un dios. 

Alejandro. — No es eso lo que los hombres piensan de mí; 
por el contrario, me ponen en paralelo con Hércules i Baco; 
i a pesar de todo, yo soi el único que haya tomado la roca 
Aornos, de que ninguno de los dos pudo apoderarse. 

Filipo.—Ysi lo ves: todavía habías como si fueses el hijo 
de Ammon, i te comparas a Hércules i a Baco. ¿No tendrás 
nunca vergüenza, Alejandro? ¿No te desprenderás de esa va- 
nidad? ¿No te conocerás jamas a ti mismo, i no comprende- 
rás al fin que has muerto?" 

Luciano i 
Diálogos de los muertos, dial. XIV. 



I 



III 

Aquíles i Homero 

*'Agt7Í/es.— Mucho celebro, gran poeta, el haber servido 
para inmortalizarte. Mi querella con Agamenón, mi dolor 
por la muerte de Patroclo, mis combates contra los troya- 
nos, la victoria que conseguí sobre Héctor, han dado para 
un poema el mas hermoso asunto que jamas se haya visto. 

Homero. — Confieso que el asunto es excelente, pero yo 
habria podido encontrar otro. La prueba de que hai otros, 
e? que yo he encontrado efectivamente uno. Las aventuras 
del prudente Ulíses valen bien la cólera del impetuoso Aquí- 
les. 

v4gí7/yes.— ¡Cómo! ¡comparar el astuto i artificioso Ulíses 
con el hijo de Tétis, mas terrible que Marte! Vete, poeta 
ingrato, tú sentirás 

Homero —Tú has olvidado que las sombras no deben en- 
colerizarse. La cólera de las sombras no es temible. No tie- 
nes otras armas que emplear que las buenas razones. 

Aquíles —¿For qué vienes a negarme que me debes la glo- 
ria de tu mas hermoso poema? El otro no es mas que un 
montón de cuentos de viejas; allí todo es lánguido, todo deja 
ver al anciano cuya vivacidad sehaestinguido i que no sabe 
concluir. 



1 Véase las Noc. de hist. lit.j part I, cap. V, § 13. 



350 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



Homero —Tñ te asemejas a muchas personas que, por no 
conocer los diversos jéneros literarios, creen que un autor 
no se sostiene cuando pasa de un jénero vivo i rápido a 
otro mas suave i mas moderado. Deberían saber que la 
perfección consiste en observar siempre los diversos carac- 
teres, en variar su estilo según los asuntos, en elevarse o 
abajarse a tiempo, i en pintar, por este contraste, caracte- 
res mas marcados i mas agradables. Es preciso saber tocar 
la trompeta, la lira, i a veces laflauta campestre. Creo que tú 
querrias que yo pintase a Calipso con sus ninfas en su gru- 
ta, como los héroes i los dioses que combatian en las puer- 
tas de Troya. Habla de guerra, ese es tu oficio; pero no te 
metas a decir sobre la poesía en mi presencia. 

Aqmles.-\Qné orgulloso eres, pobre ciego! Te prevales de 
mi muerte. 

Homero —Me prevalgo también de la mia. Tú no eres 
mas que la sombra de Aquíles, i yo no soi mas que la som- 
bra de Homero. 

Aquíles— ¡khl ¡Que no pueda hacer sentir mi antigua fuer- 
za a esta sombra ingrata! 

í/o/22ero.— Puesto que hablas tanto de ingratitud, quiero 
al fin desengañarte. Tú no me has suministrado mas que 
un asunto que yo podia encontrar en otra parte; pero yo, 
yo te he dado una gloria que ninguno otro podia darte, i 
que no se borrará jamas. 

A9i///es.-¡Cómo! ¿Te imajinas que sin tus versos el gran- 
de Aquíles no seria admirado por todas las naciones i por 
todos los siglos? 

iío/tzero.-¡ Curios a vanidad, por haber derramado mas 
sangre que ninguno otro en el sitio de una ciudad que no 
ha sido tomada sino después de tu muerte! ¡Cuántos héroes 
hai que han vencido grandes pueblos i conquistado gran- 
des reinos! Sin embargo, están en las tinieblas del olvido; 
no se saben ni siquiera sus nombres. Solo las musas pueden 
inmortalizar las grandes acciones. Un reique ama la gloria, 
debe buscarla en estas dos cosas: primero, merecerla por la 
virtud; segundo, hacerse amar por los hijos de las Musas 
que pueden cantarlo para toda la posteridad. 

Aquíles. — Pero no depende siempre de los príncipes el te- 
ner grandes poetas; solo por casualidad concebiste, mucho 
tiempo después de mi muerte, el designio de componer tu 
II jada. 

Homero. — Es verdad: pero cuando un príncipe ama las 
letras, se forman durante su reinado muchos poetas. Sus 



DIÁLOGOS 351 



recompensas i su estimación excitan entre ellos una noble 
emulación; el gusto se perfecciona i . Basta amar i favore- 
cer a las musas, ellas harán aparecer en breve hombres ins- 
pirados para alabar todo lo que hai de laudable. Cuando 
un príncipe carece de un Homero, es porque no es digno de 
tenerlo. Su falta de gusto produce la ignorancia, la grovsería 
i la barbarie. La barbarie deshonra a toda una nación, i 
quita toda esperanza de gloria duradera al príncipe que 
reina. ¿No sabes que Alejandro, que desde hace poco se en- 
cuentra entre nosotros, lloraba de no haber tenido un poe- 
ta que hiciese por él lo que yo he hecho por ti? Es por- 
que él tenia el gusto por la gloria. Por lo que a ti toca, tú 
me lo debes todo, ¡i no tienes vergüenza de tratarme de in- 
grato! Este no es tiempo de encolerizarse: tu cólera delante 
de Troya era a propósito para suministrarme el asunto de 
un poema. Acuérdate solamente que la Parca te ha quita- 
do todas las otras ventajas, i no te queda mas que el gran 
nombre que te he dado en mis versos. Adiós. Cuando estés 
de mejor humor, vendré a cantarte en este bosque ciertos 
pasajes de la Ilieida, por ejemplo la derrota de los griegos 
durante tu ausencia, laconsternacionde los troyanos desde 
que te vieron aparecer para vengar a Patroclo, los mismos 
dioses sorprendidos de verte como Júpiter Tonante. Des- 
pués de esto, dime, si te atreves, que Aquíles no debe su 
gloria a Homero." 

Fenelon, ^ 
Diálogos de los muertos, diálogo IV. 



í Todo este pasaje es débil por el raciocinio. Si basta que un 
príncipe ame las letras para que se produzcan Horneros, i si Ale- 
jandro las amó, como dice Fenelon, es claro que Alejandro debió 
tener un Homero. En justificación de Fenelon, debe decirse que 
sus Diálogos de los muertos fueron compuestos para la educación 
del Delfín, nieto de Euis XIV, i que no es estraño que quisiera 
imbuirle el amor a las letras, aun exajerando la influencia que so- 
bre ellas puede ejercer un príncipe. Véanse sobre esto el modelo 
de disertación número 10 de la Sección X de este libro. 

^ Véanse las Noc. de his. lit., part IH, cap. IV, § 19. 



i 



352 MANUAL DB COMPOSICIÓN LITERARIA 



VI 

Feríeles i Aleibíades 

"Perídes.— ¡Cuánto te celebro verte, mi querido sobrino. 
Siempre te he tenido cariño. 

Aleibíades— Así me lo manifestaste desde la infancia. Pe- 
ro nunca he tenido tanta necesidad de tu auxilio como al 
presente. Sócrates, a quien acabo de encontrar, me hace 
temer a los tres jueces, ante los cuales debo comparecer. 

Feríeles. ~¡A.h! mi querido sobrino, ja no estamos en Ate- 
nas. Esos tres ancianos inexorables no hacen ningún caso 
de la elocuencia. Yo mismo he esperimentado su rigor, i se- 
gún preveo, no te eximirás de él. 

Aleibíades, — ¡Cómo! ¿no hai medio de ganarse a esos tres 
hombres? ¿Son acaso insensibles a la lisonja, a la compa- 
sión, a la elegancia del discurso, a la poesía, a la música, a 
los raciocinios sutiles, a la narración de las grandes accio- 
nes? 

Feríeles. — Tú sabes bien que si la elocuencia hubiera de 
tener aquí algún poder, sin vanidad, mi condición debía ser 
tan buena como la de cualquiera otro; pero aquí no se ga- 
na nada con hablar, esos rasgos lisonjeros que entusiasma- 
ban al pueblo de Atenas, esos jiros convincentes, esas ma- 
neras insinuantes que toman los hombres, no se usan aquí: 
los oídos están tapados, i los corazones son de fierro. Yo 
que he muerto en esta desgraciada guerra del Peloponeso, 
no dejo de estar castigado. Debia perdonárseme una falta 
que me ha costado la vida; i aun tú mismo fuiste quien me 
instigó a cometerla. 

Aleibíades.— Es verdad que yo te aconsejé que empeñases 
la guerra mas bien que dar satisfacción. ¿No es así como se 
hacen siempre las cosas cuando se gobierna un estado? Se 
comienza por sí, por su comodidad, por su reputación, por 
su interés; el público marcha como puede: de otro modo 
¿quién seria el tonto que se diese la pena de gobernar, por 
velar dia i noche para hacer dormir bien a los otros? ¿En- 
cuentran esto malo los jueces de esta mansión? 

Feríeles.— Sí, tan malo, que después de haber muerto de 
la peste en esta maldita guerra en que perdí la confianza 
del pueblo, he sufrido aquí grandes suplicios por haber tur- 
bado la paz sin motivo. Juzga por ésto, mi pobre sobrino, 
si te irá bien a tí. 



DIÁLOGOS 353 



Alcibía^es.^Esas son malas noticias. Los vivos, cuando 
están incómodos, dicen: querria estar muerto. Por el con- 
trario, yo digo ahora: querria estar en buena salud. 

Feríeles. — Ya no es tiempo de esa túnica de púrpura que 
te arrastraba, i con la cual encantabas a todas las mujeres 
de Atenas i de Esparta. Tú serás castigado, no solo por lo 
que has hecho, sino por lo que me has aconsejado que yo 
haga." 

Fenelon, 1 
Diálogos de los muertos, dial. 19. 



Fabio Máximo i Aníbal 

"'Aníbal. — Te he hecho pasar malos dias i malas noches. 
Confiésalo de buena fé. 

Fabio. — Es verdad; pero he tenido mi desquite. 

Aníbal.— Vamos por partes, tú no hacias mas que retro- 
ceder delante.de mí, mas que buscar campamentos inacce- 
sibles en las montañas; vivias siempre en las nubes. Mos- 
trando tanto temor, no se podia salvar la reputación de 
los romanos. 

Fabio. — Es preciso atender lo que mas urje. Después de 
tantas batallas perdidas, yo habria acabado la ruina de la 
república aventurando nuevos combates Era menester le- 
vantar el valor de nuestras tropas, acostumbrándolas a 
tus armas, a tus elefantes, a tus astucias, a tu orden de ba- 
talla ;#dej arte perder en los placeres de Capua, i esperar que 
cansases tus fuerzas. 

Aníbal.— Piívo, sin embargo, tú te deshonrabas con tu 
timidez. Hermoso recurso para la patria, después de tan- 
tas desgracias, el de un capitán que no se atreve a acome- 
ter nada, que tiene miedo de su sombra, como una lielare, 
que no encuentra rocas bastantes escarpadas para colocar 
sus tropas siempre temblorosas! eso era mantener la cobar- 
día en tu propio campo, i aumentar la audacia en el mío. 

Fabio. — Valia mas deshonrarse por esta cobardía, que 
hacer matar toda la flor de los romanos, como lo hizo en 



1 Véanse las Noc. de hist. lit. part. III, cap. IV, § 19. 

TOMO V 23 



354 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

Carias Tereticio Varroti. Lo que sirve para salvar la patria 
i para hacer inútiles las victorias de los enemigos, no pue- 
de deshonrar a un capitán; se ve que ha preferido la sa- 
lud pública a su propia reputación, que le es mas cara que 
su vida; i este sacrificio de su reputación debe traerle otra 
mas grande todavía. Poco importa el dejar hablar a la jen- 
te que no mira sino el presente i lo que brilla. Cuando por 
medio de tu paciencia hayas obtenido un triunfo, las perso- 
nas que te han condenado serán las primeras en aplaudir- 
te. No juzgan sino por el resultado: si lo consigues, te col- 
marán de alabanzas. 

Aníbal, — Pero ¿qué querias que pensasen tus aliados? 

Fabio. — Yo les dejaba pensar todo lo que quisieran a 
trueque de salvar a Roma; en la seguridad de que queda- 
ría justificado de todas sus críticas cuando hubiera conse- 
guido alguna ventaja sobre tí. 

Aníbal. — ¡Sobre mí! Pero no has tenido nunca esa gloria. 
Una sola vez cambié mi campamento delante de tí, i en es- 
to mostré que sabia burlarme de toda tu ciencia en el arte 
militar, porque con antorchas amarradas a los cuernos de 
un gran número de bueyes, te engañé, cambié mi campa- 
mento durante la noche, mientras que tú te imajinabas que 
estaba cerca de tu campo. 

Fabio. — Esas astucias pueden sorprender a todo el mun- 
do; pero no decidieron nada entre nosotros. En fin no se 
puede negar que yo te debilité, que recobré las plazas i que 
repuse el ánimo de las tropas romanas; i si el joven Esci- 
pion no me hubiese arrebatado la gloria, yo tehabria arro- 
jado de Italia. I si Escipion ha conseguido su objeto, es 
porque Fabio habia salvado a Roma con su lentitud. Déja- 
te de burlarte de un hombre que retrocediendo un poco de- 
lante de tí, es causa de que tú hayas abandonado t;oda la 
Italia i de que haya perecido Cartago. No se trata de cegar 
a la jente con brillantes comienzos, lo esencial es acabar 
bien." 

Fenelon, 1 
Diálogos de los muertos, diálogo 36. 



1 Véase las Noc. de hist. lit., part III, cap. IV, § 19. 



DIÁLOGOS 355 



VI 
Luis XI i Felipe de Commines 

Luis. — Me dicen que habéis escrito mi historia. 

Cowmines.— Es verdad, señor; i he hablado como buen 
criado. 

Luis. — Pero se me asegura que habéis contado muchas 
cosas que yo habria querido que quedasen en silencio. 

Commines. — Así será, pero en resumen yo he hecho un re- 
trato vuestro mui ventajoso. ¿Habriais querido que yo hu- 
biese sido un adulador perpetuo en lugar de ser un histo- 
riador? 

Lt//s.— Debiais hablar de mí como un subdito colmado de 
favores por su señor. 

Commines. — Esehabriasido el medio de no ser creido por 
nadie. El reconocimiento no es lo que se busca en un histo- 
riador; por el contrario, es lo que lo hace sospechoso. 

Luis. — ¿Qué necesidad hai que haya personas que tengan 
comezón de escribir? Es menester dejar a los muertos en 
paz i no manchar su memoria. 

Commines La vuestra estaba ya singularmente enne- 
grecida: yo he tratado de suavizar las impresiones anterio- 
res, he dado realce a todas vuestras buenas cualidades: os 
he descargado de todas las cosas odiosas que se os imputa- 
ban sin pruebas. ¿Qué cosa mejor podia hacer? 

Luis. — O callaros o defenderme en todo. Se dice que ha- 
béis representado todas mis jesticulaciones, todas mis con- 
torsionaos cuando hablaba a solas, todas mis intrigas con la 
jente baja. Me dicen que habéis hablado del prestijio de mi 
prevoste, de mi médico, de mi barbero i de mi sastre: 
habéis sacado a luz toda mi ropa vieja. Me dicen que no 
habéis olvidado mis pequeñas devociones, sobre todo al fin 
de mis dias; mi empeño por reunir reliquias; por hacerme 
frotar desde la cabeza hasta los pies con el óleo de la santa 
ampolleta; i por hacer peregrinaciones al lugar donde creia 
encontrar la salud. Habéis hecho mención de la cinta de mi 
sombrero cargada de santitos, i de la pequeña vírjen de 
plomo que yo besaba cuando quería hacer una mala juga- 
da; en fin, de la cruz de San Lo, sobre la cual no quería ha- 
cer ningún juramento que no hubiera de guardar fielmente, 
porque temía morir en el mismo año si lo violaba. Todo eso 
es mui ridículo. 



356 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



Commines. — ¿Pero noes verdad todo eso? Podia callarlo? 

Luis. — Podíais no decir nada. 

Commines. — Pero vos podiais no haber hecho nada. 

Luis. — Pero ya estaba hecho, i no era necesario decirlo. 

Commines.— Fero ya estaba hecho, i no podía ocultarlo a 
la posteridad. 

Luis. — ;Cómo! ¿no se pueden ocultar ciertas cosas? 

Commines.-'ikhl ¿Creéis que un rei puede ser ocultado des- 
pués de su muerte como vos ocultabais ciertas intrigas du- 
rante vuestra vida? Mi silencio no os habria servido de na- 
da, i yo me habria deshonrado, contentaos con que yo ha- 
bria podido decir algo peor, i se me habria creido; pero no 
he querido hacerlo. 

Luis. — ¿Cómo? ¿La historia no debe respetar a los reyes? 

Commines. — ¿I los reyes no deben respetarla historia i la 
posteridad, a cuya censura no pueden escapar? Los que 
quieren que no se hable mal de ellos, no tienen mas que un 
solo recurso, que es el obrar bien." 

Fenelon. 
Diálogos de Jos muertos, dial. 59. 



VII 

El condestable de Borbon i Bayardo 

^^El condestable. — ¿No es el pobre Bayardo el que veo al 
pié de ese árbol, tendido sobre la yerba i atravesado por 
una herida? Sí, es él mismo. ¡Ah! Lo compadezco: Hé ahí 
dos que perecen hoi por nuestras armas, Vandenesse i él. 
Estos dos franceses eran por su valor dos adornos de su 
nación. Siento que mi corazón palpita todavía por su pa- 
tria. Pero, avancemos para hablarlo. ¡Ah! mi pobre Ba- 
yardo, ¡con cuánto dolor os veo en este estado! 

Bayardo. — También os veo con dolor. 

El condestable.— Compr^náo que te desagrade el verte 
en mi poder por la suerte de la guerra; pero no quiero tra- 
tarte como prisionero: quiero tenerte a mi lado como un 
buen amigo, i encargarme de tu curación como si fueses mi 
propio hermano. Así, pues, no debes molestarte de verme. 

5a jarc/o.— ¿Creéis que no me molesta el deber favores 
al mayor enemigo de la Francia? No es mi cautividad ni mi 



DIÁLOGOS 357 



herida lo que me hace sufrir. Moriré en un momento mas* 
la muerte va a libertarme de vuestras manos. 

El condestable. — Nó, ¡mi querido Bayardo! Espero que 
mis cuidados conseguirán curarte. 

Bayardo. — No es eso lo que quiero: moriré contento. 

El condestable.— ¿Qué es lo que tienes? ¿No podrás acaso 
consolarte de haber sido vencido i hecho prisionero en la re- 
tirada de Bonnivet? Esta no es tu falta, es la suya: las ar- 
mas son inconstantes. Tu gloria está bastante bien esta- 
blecida por tantas grandes acciones. Los imperiales no po- 
drán olvidar jamas tu vigorosa defensa de Mésiéres. 

Bayardo.— Vor lo que a mí toca, yo no puedo olvidar 
nunca que vos sois ese gran condestable, ese príncipe de la 
sangre mas noble que hai en el mundo, que trabaja por des- 
garrar con sus propias manos su patria i el reino de sus 
mayores. 

El condestable. — ¡Cómo, Bayardo! ¡Yo te ensalzo i tú 
me condenas! ¡Yo te compailezco i tú me insultas! 

Bayardo.— ^\ vos me compadecéis, yo también os com- 
padezco, i os encuentro mas digno de compasión que yo. 
Dejo la vida sin mancha; muero por mi patria i por mi rei, 
estimado por los enemigos de la Francia i sentido por to- 
dos los buenos franceses. Mi estado es digno de envidia. 

El condestable.— 1 yo, yo estoi victorioso de un enemigo 
que me ha ultrajado; lo arrojo del Milanesado i hago sentir 
a la Francia cuan desgraciada es por haberme perdido, pre- 
cipitándome a abandonar sus armas. ¿Llamas esto ser 
digno de compasión? 

Bayardo. — Sí, siempre es digno de compasión el que obra 
contra su deber. Vale mucho mas perecer combatiendo por 
la patria que alcanzando victorias sobre ella. ¡Ah! que ho- 
rrible gloria se alcanza destruyendo su propio pais! 

El condestable.— Pero mi patria habia sido ingrata des- 
pués de tantas victorias como le presté. La reina madre me 
ha hecho tratar indignamente por despecho. El rei, por de- 
bilidad hacia ella, ha cometido conmigo unainjusticia enor- 
me: han quitado de mi lado hasta a Matignon i d'Argon- 
ges, mis criados. Para salvar mi vida, me he visto reducido 
ha huir casi solo. ¿Qué quenas tú que hiciese? 

Bayardo.— Que sufrieseis toda especie de males mas bien 
que faltar a la Francia i a la grandeza de vuestra casa. Si 
la persecución era muí violenta, podiais retiraros. Valia 
mas permanecer pobre, oscuro, inútil para todo que tomar 



358 MANUAL DH COMPOSICIÓN LITERARIA 

los armas contra nosotros. Vuestra gloria habría llegado 
a su colmo en la pobreza i en el mas miserable destierro. 

El condestable. — Pero ¿no ves que la venganza se ha uni- 
do a la ambición para arrojarme a estos estremos? He que- 
rido que el rei se arrepintiese de haberme tratado tan mal. 

Bayardo Era menester hacerlo que se arrepintiera, ma- 
nifestándole una paciencia a toda prueba, que en un héroe 
es una virtud no menos grande que el valor. 

El condestable. — Pero el rei, tan injusto i tan ciego por 
su madre ¿merecia acaso que yo tuviese tan grandes consi- 
deraciones? 

Bayardo. — Si el rei no lo merecia, la Francia entera lo 
merecia; la dignidad de la corona de que sois uno de los 
herederos, lo merecia también. Vuestro deber os aconsejaba 
no hacer nada contra la Francia, de cual vos podias ser rei 
mas tarde. 

El condestable. —\Vues bien! conozco mi error i lo confie- 
so. Pero ¿sabes cuánto tienen que sufrir los mejores corazo- 
nes para resistir a su resentimiento? 

Bayardo.—B'iQn lo sé; pero el verdadero valor consiste en 
resistir. Si conocéis vuestra falta, apresuraos a repararla. 
Por lo que a mi toca yo muero, i os encuentro mas digno 
de lástima en vuestras prosperidades, que yo en mis sufri- 
mientos. A.un cuando el emperador no os engañase, aun- 
que os diese a su hermana en matrimonio, i aunque divi- 
diese con vos la Francia, no borraría la mancha que des- 
honra vuestra vida. ¡El condestable de Borbon rebelde! jah! 
¡qué vergüenza! Escuchad a Bayardo que muere como ha 
vivido, i no cesa de decir la verdad." 

Fenelon, 
Diálogos de los muertos, dial, 62. 



VIII 
Artemisa i Raimundo Lulio i 

"^ríe/72/séí. Decisque haiun secreto para cambiar los me- 
tales en oro, i que ese secreto se llama la piedra filosofal, o 
la grande obra. 

1 Artemisa es la reina de Caria, que se hizo célebre por el es- 
pléndido monumento que elevó a la memoria de su esposo Mau- 
solo. Raimundo Lulio (véanse sobre él las Noc. de hist. lit., parte 



DIÁLOGOS 359 



LuJJo. — Sí, lo he buscado largo tiempo. 

Artemisa.— ¿Lo habéis encontrado? 

Lulio. — No; pero todo el mundo ha creido en su existen- 
cia. La verdad es que ese secreto no es mas que una quimera. 

Artemisa. — Pero ¿por qué lo buscan? ¿i vos mismo que 
parecéis un hombre de buen sentido os habéis entregado a 
esas ilusiones? 

Lulio.— Es verdad que no se puede encontrar la piedra filo- 
sofal; pero es bueno que la busquen. Buscándola se encon- 
trarán otros secretos que no se buscaban. 

Artemisa. — ¿No seria mejor buscar esos secretos que se 
pueden encontrar, que pensar en los que no se encontrarán 
jamas? 

Lulio. — Todas las ciencias tienen su quimera, tras de la 
cual corren sin poder alcanzarla; pero en su camino alcan- 
zan otras cosas mui útiles. Si la química tiene su piedra filo- 
sofal, la jeometría tiene su cuadratura del círculo, la astro- 
nomía sus lonjitudes i, la mecánica su movimiento perpe- 
tuo: es imposible encontrar todo esto; pero es mui útil bus- 
carlo. Os hablo en un idioma que talvez no comprenderéis; 
pero comprenderéis mucho menos que la moral tiene tam- 
bién su quimera, que es el desinterés, la amistad perfecta. 



II, cap. V,) hizo importantes descubrimientos químicos buscando 
la piedra filosofal, esto es, el secreto de sacar oro de otros meta- 
les. Foiitenelle supone entre ambos un estenso diálogo, que he- 
mos abreviado'al trascribirlo aquí, dejando, sin embargo, la idea 
principal, que conviene que los hombres, en el cultivo de las cien- 
cias, aspiren a ir mas lejos del punto a que pueden llegar, porque 
en su camino encontrarán muchas verdades que no esperaban des- 
cubrir. 

Aunque Raimundo Lulio i sus trabajos han sido bastante es- 
tudiados, i aunque sobre él se pueden encontrar interesantes no- 
ticias en casi todas las compilaciones biográficas, queremos indi- 
car aquí que el historiador español Mariana ha destinado a este 
célebre personaje el cap. IV del lib. XY de su Historia Jeneral áe 
España, pero que lo juzga poco favorablemente, declarando que 
no comprende el mérito de sus obras.* 



* Véase el juicio que acerca de Raimundo Lulio formula Menén- 
DEZ Pela YO en su Ciencia Española. — (Nota del Recopilador). 

1 La cuestión de fijar las lonjitudes terrestres, sobre todo duran- 
te las navegaciones, se creyó un problema irresoluble. A principios 
del siglo XVI se consideraba jeneralmente que el ocuparse de estas 
cuestiones tenia algo de locura. • 



360 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

Jamas se llegará a conseguirla; pero es bueno que se preten- 
da llegar hasta ella. A lo menos, pretendiéndolo se llega a 
muchas otras virtudes o acciones dignas de alabanza i de 
estimación. 

Artemisa. — A pesar de todo, soi siempre de opinión de 
que se abandonen todas las quimeras, i de que no nos con- 
traigamos mas que a la investigación de la verdad. 

Lulio.— Qmzá no lo creeréis; pero es menester c|ue en to- 
das las cosas, los hombres se propongan un punto de per- 
fección mas allá de su alcance. Jamas se pondrían en cami- 
no si creyesen que no han de llegar mas allá de donde llega- 
rán efectivamente; es menester que tengan ante sus ojos un 
término imajinario que los aliente. Si se me hubiera dicho 
que la química no habia de enseñarme a hacer el oro, la ha- 
bría descuidado." 

FoNTENELLE, 1 
Diálogo de los muertos, part 2^, diálogo 8*^ 



IX 
Hernán Cortés i Moctezuma 

Cortés.— Confesad la verdad. Erais mui ignorantes voso- 
tros los americanos cuando tomasteis a los españoles por 
hombres bajados del sol porque tenían cañones, i cuando 
sus naves os parecian pájaros que volaban sobre el mar. 

Moctezuma.— Convemáo, Pero deseo que me digáis si el 
pueblo ateniense era bárbaro o culto. 

Cortés.— ¡Cómol Son ellos los que han enseñado la cultu- 
ra al resto de los hombres. 

Moctezuma.— ¿I qué decir del medio de que se valió el ti- 
rano Pisistrato para volver a la cindadela de Atenas, de 
donde habia sido arrojado? ¿No vistió a una mujer con el 
traje de Minerva (porque me dicen que Minerva era la dio- 
sa que protejia a Atenas)? ¿No subió en un carro con esa 

1 Bernardo Fontenelle, nacido en Rouen en 1657 i muerto en 
Paris en 1757, era sobrino del célebre Corneille. Es autor de mu- 
chas obras, la mas famosa de las cuales es la que lleva por título 
Conversaciones sobre la pluralidad de los mundos, en que ha es- 
puesto con un (Stilo claro i elegante las verdades i los secretos de 
Ja ciencia astronómica. Sus Diálogos de los muertos son mucho 
menos notables que los de Fenelon. 



DIÁLOGOS 361 



diosa de su invención, que atrevesó toda la ciudad con él 
llevándolo por la mano i gritando a los atenienses: "Hé 
aquí a Pisistrato: yo os lo traigo, i os ordeno que lo reci- 
báis?" ¿I este pueblo tan hábil i tan espiritual, no se some- 
tió a este tirano para complacer a Minerva? 

Cortés. — ¿Quién os ha enseñado tantas cosas sobre los 
atenienses? 

Moctezuma. — Desde que estoi aquí, me he puesto a estu- 
diar la historia en las conversaciones -que he tenido con 
otros muertos. Pero al fin, convendréis en que los atenien- 
ses eran un poco mas inocentes que nosotros. Nosotros no 
habíamos visto nunca buques ni cañones: ellos habian visto 
mujeres; i cuando Pisistrato quiso reducirlos a su obedien- 
cia por medio de su diosa, les manifestó sin duda menos es- 
timación que la que vosotros nos manifestasteis subyugán- 
donos con vuestra artillería. 

Corsés.— No hai pueblo que no pueda caer una vez en un 
error grosero. Viene primero la sorpresa; enseguida la mu- 
chedumbre arrastra a la jente de buen sentido. 

Moctezuma. — ¿Entonces por sorpresa creyeron los grie- 
gos durante muchos siglos que la ciencia del porvenir esta- 
ba encerrada en un agujero subterráneo en donde salian 
exhalaciones? ¿I con qué artificio se les persuadió que cuan- 
do la luna estaba eclipsada podian hacerla volver de su 
desmayo por medio de un ruido espantoso? ¿I por qué ha- 
bia un número tan reducido de personas que se atreviesen 
a decir al oido que estaba oscurecida por la sombra de la 
tierra? No digo nada de los romanos i de esos dioses a 
quienes convidaban a comer en los dias de regocijo, ni de 
esas aves sagradas cuyo apetito decidia de todo en la capi- 
tal del mundo. En una palabra, no podéis señalar una sola 
tontera de nuestros pueblos de América, sin que yo muestre 
una mayor de vuestros paises; i aun yo me comprometo a 
no mostraros mas que tonteras griegas o romanas. 

Cortés. — A pesar de esas tonteras, los griegos i los ró- 
znanos han inventado todas las artes i todas las ciencias, 
de que vosotros no teniais la menor idea. 

Mocíe^í7/i?a.- Nosotros éramos bien felices ignorando 
que hubiese ciencias en el mundo. La América habia encon- 
trado el medio de salvar este inconveniente por medio de 
prácticas mas admirables quizas que las artes i las ciencias 
de Europa. Es fácil hacer historias cuando se sabe escribir; 
pero nosotros no sabíamos escribir i hacíamos historias. 
Se pueden hacer puentes cuando se sabe construir sobre el 



362 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

agua; pero la dificultad está en no saber construir i hacer 
puentes. Debéis recordar que los españoles encontraron en 
Méjico enigmas que no pudieron comprender, por ejemplo, 
piedras prodijiosas elevadas a una grande altura sin el 
auxilio de máquinas. ¿Qué decis de todo esto? Me parece 
que hasta el presente no me habéis probado mui bien las 
ventajas de la Europa sobre la América. 

Cortés.- Están bastante probadas con todo lo que pue» 
den distinguir los pueblos cultos de los pueblos bárbaros. 
La civilización reina entre nosotros; la fuerza i la violencia 
no tienen lugar; todos los poderes están moderados por la 
justicia; todas las guerras están fundadas en causas lejíti- 
mas; i aun, ved hasta qué punto somos escrupulosos; no- 
sotros no fuimos a llevar la guerra a vuestro pais sino 
después que hubimos examinado rigurosamente si tenía- 
mos derecho para ello, i de haber decidido esta cuestión en 
nuestro favor. 

Aloe tezama.—] Ahí ¡Qué lástima que nosotros no hubié- 
semos tenido buques para ir a descubrir vuestras tierras i 
que no hubiésemos decidido que ellas nos pertenecian! Ha- 
bríamos tenido tanto derecho para conquistarlas como 
tubísteis vosotros para conquistar las nuestras." 

FONTENELLE, 1. 
Diálogos de los muertos, 2^ parte, dial. 28 



X 

Cervantes 



"—Señor Miguel Cervantes Saavedra, ¿estáis visible? 
— Sí lo estoi. 

— Pues venid, que nuevas del otro mundo os aguardan. 
— ¿Aun se acuerdan de mí por allá? 

— Habéis dejado un libro de caballerías que hará eterna 
vuestra memoria. 



1 Véase la nota puesta al fin del diálogo anterior. 

Al trascribir este diálogo, lo hemos abreviado, dejando en él 
sus ideas mas culminantes. En jeneral, los Diálogos de Fontene- 
lle son algo estensos, i contienen ademas el desarrollo de ideas 
enteramente paradojales, que si revelan injenio de parte del es- 



DIÁLOGOS 363 



— jTanto gusto el loco manchego! Yo prefería el Per- 
siles 1. 

—Pues os equivocasteis grandemente. En Don Quijote 
tomasteis bien la embocadura. ¡Cómo corre llanamente la 

narración! En un lugar de la Mancha por el contrario, 

en Persiles aquello de Voces daba el bárbaro Cursicurbo 
me ha hecho siempre mal efecto. Persiles no se lee, i Don 
Quijote adquiere de dia en día mayor celebridad. 

— ¿No sabéis, hermano, en qué debe consistir? En que el 
Quijote salió espontáneo de mi cabeza, i Persiles fué rebus- 
cado. I no creáis, como dicen los doctos, que traté de imi- 
tar el asno de oro de Apuleyo, no. Pinté un loco discreto, 
traté de acabar con los perniciosos libros de la andante 
caballería, copié costumbres i caracteres que tenia presen- 
tes, i dejé correr mi jenio en la mas amplia libertad. En 
Persiles quise pasar por docto, escribí ampuloso i culto, i, 
por lo que veo, no he logrado dar gusto a aquellos seño- 
res. ¿I mi Gal ate a? 

— Ya se acabó el mundo ideal. Los pastores i pastoras 
no son de moda. Con todo, no falta quien admire vuestra 
divina prosa, i se adormezca con vuestros versos. 

— Yo he creido siempre que no eran buenos; jpero tan 
malos!... ¿I mis comedias? 

— Mudemos de conversación. Básteos saber que la histt)- 
ria de Don Quijote comohabiais vaticinado, unos la toman 
si otros la dejan, los niños la manosean, los mozos la leen. 
Jos jóvenes la estudian, los hombres la entienden i los vie- 
jos la celebran. 

— ¿I se ha impreso muchas veces? 

— Infinitas. Con sumo acierto se os traslucía que no ha- 
bría de haber nación ni lengua donde no se tradujera. 

— ¿Pero no la habían comentado? 

¡Cómo que nó! i dos sabios, Pellicer i Clemencin. 



critor, no pueden presentarse a los jóvenes como modelos de ra- 
ciocinio sólido i fundamental. Bastará recordar que en uno de los 
mas injeniosos hace hablar a Erostrato con Demetrio de Palero, 
i que el primero demuestra que tuvo mucha razón para querer 
inmortalizar su nombre incendiando el templo de Diana. Por este 
motivo, hemos preferido abreviar los dos diálogos de F'ontenelle 
que dejamos trascritos en este libro. 

, ^ Para comprender todas las ideas de este diálogo, los jóvenes 
que no conocen la historia de Cervantes, pueden leer lo que acerca 
de él se dice en las Noc, de hist. lit., part. III, cap. III, § 13. 



364 MANUAL DE COMPOSICIÓN LIlÜJlíARIA 

— Creo que hé visto a esos señores por estas tierras. 

— Pellicer se limitó a notas eruditas, en corto número i 
casi siempre oportunas. Clemencin muchas veces no os en- 
tiende: como escribió siendo anciano, ya no sentia las be- 
llezas de vuestro libro, deslíe las gracias a fuerza de comen- 
tarlas, i armándose de autoridad censoria i a veces ridicu- 
la, os acusa de falto de memoria i de pecar contra la frase 
castellana i. 

— ¡También eso! 

— No tuvo presente que cuando se examinan las imáje- 
nes con ojos de artista, se pone la rodilla en tierra. Tam- 
bién os moteja de excesivamente libre de algunos pasajes. 

— I a fé que no le falta razón, dijo Cervantes exhalando 
un ¡ai! lastimero. 

—También un literato andaluz ha desenterrado vuestro 
célebre Buscapié 2. 

— No os entiendo. 

— Sí: aquel libro que dicen escribisteis para manifestar que 
Don Quijote es una sátira contra el emperador i los princi- 
pales señores de la corte. 

—Nunca voló la humilde pluma mia por la rejion satírica,.. 

— Pues a vos lo atribuyen. 



1 Donjuán Antonio Pellicer (1740-1806) i don Diego Clemen- 
cin (1765-1834) eruditos españoles que han comentado el Qui- 
jote. 

2 En el siglo XVIIT, uno de los editores del Qmjote, don 
Vicente de los Rios, dijo que por tradición se sabia que después 
de la publicación de la primera parte del Qmjote, Cervantes ha- 
bia publicado un librito titulado Buscapié, en el cual defendía 
aquella obra para darla a conocer mejor en el mundo de las le- 
tras. En 1847 don Alfonso de Castro dio a luz en Cádiz un pe- 
queño volumen con el título de Buscapié, i que se suponía ser el 
mismo libro de que se hablaba en el siglo pasado. Durante dos 
años el Buscapié publicado por don Adolfo Castro, dio mucho que 
hablar a los literatos que en España i en el estranjero tenían ad- 
miración por la gloria de Cervantes. Muchos de ellos creyeron en 
la autenticidad del Buscapié, i aun estaban persuadidos de que 
reconocían la frase suelta í graciosa i el jenío poderoso del autor 
del Qujote. La crítica, sin embargo, comenzó a abrirse camino; i 
hoi nadie piensa que el Buscapié sea otra cosa que una inocente 
superchería fraguada por un hombre de injenío para reírse de los 
crédulos. El estudio filolójico de ese libro i el examen crítico de 
los hechos a que en él se hace referencia, han revelado no solo 
que no es de Cervantes, sino que 110 ha podido componerse du- 
rante la vida de aquel insigne escritor. 



DIÁLAGOS 365 



-¡A mí!... 

— I si no, ahí tenéis al buen don Adolfo de Castro que os 
convencerá. 

— ¿I qué cosa es el tal Buscapié que publicó ese mancebo? 

— Un librejo baladí, taracea de palabras i jiros, que em- 
pleaisteis en el Quijote i en la Adjunta al Parnaso, mal hil- 
vanados, sin injenio, sin invención, sin gracia. ..Un tour de 
forcé del señor don Adolfo. 

— ¿I qué objeto podia tener 3^0? 

— Acreditar i vender vuestro libro. 

— ¡Pues qué! ¿ignora ese pecador la suerte feliz que tuvo i 
las ediciones que de él se hicieron?... Pero dejemos eso: su- 
pongo que me habrán defendido... 

— Nó, a fé; unos con el mayor candor han chupado el de- 
do que les dio a mamar don Adolfo, i otros han callado 
lamentando el estado en que se hallan las letras en Espa- 
ña. Mas, decís bien, dejemos esto; entre las grietas délos 
palacios crecen los jaramagos. 

— Mas decidme, buen hermano, ¿mi libro logró desterrar 
las rancias consejas de la andante caballería? 

— I acabó ademas con los caballeros. Ya no hai desface- 
dores de agravios, i cada dia hai mas agravios que desfa- 
cer; ya no se encuentran doncellas recatadas, padres seve- 
ros, maridos puntillosos. ..Al pundonor, al respeto a las le- 
yes del decoro, se les da hoi el nombre de Quijotadas, i to- 
do es infame behetria i-- Hai que tener mucho cuidado 
cuando se combaten los abusos, porque está mui cerca el 
uso lejítimo. Cuando el escarpelo pasa entre la epidermis i 
la carne, es mui fácil que brote sangre. 

— Ya lo he sabido con dolor, i tal vez a esto deba el estar 
mas de dos siglos en este punto. 

—¿Ya tendréis noticia de que os han levantado una es- 
tatua? 

— Cuando viví, me dejaron en la miseria; hoi me levan- 
tan estatuas que no necesito i no me hacen sufrajios que 
tanto anhelo. 

— Pues eso cabalmente vengo a deciros. Uno de vuestros 
apasionados, hombre de fé i corazón, ha mandado hacer 
sufrajios por vuestra alma el 23 de abril de 1856, aniver- 
sario de nuestra muerte. 



1 Se daba este nombre antiguamente a ciertas ciudades cuyos 
vecinos tenían derecho para darse sus gobernantes. En los tiem- 
pos posteriores ha pasado a significar desorden i confusión. 



36t) MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

— ¡Hombre piadoso! 

— I en la capilla del oratorio del Olivar. 

— ¿De dónde fui hermano? 

— Exactamente. Allí se dirán las preces de la iglesia i se 
elevará la hostia consagrada en satisfacción de vuestras 
culpas. Ademas, asistirán a orar los literatos de la corte. 

— ¡I por aquí se susurraba que no eran mui apasionados 
a cosas de Iglesia! 

— De todo hai. 

— Dadles gracias en mi nombre, i decidles que en este lu- 
gar donde resido huele mejor el aroma del incienso, que el 
humo de las alabanzas." 

Cavanilt.es, 2 
Diálogo, dial. 2"? 



2 Don Antonio Cavanilles, escritor español contemporáneo, 
muerto en 1875, es autor de una estimada Historia de España, de 
que solo dejó publicados cinco tomos, que alcanza hasta P'elipe II, 
i de un pequeño volumen dado a luz en Madrid en 1857 con el tí- 
tulo de Diálogos. En ellos trata con cierta soltura diversas cues- 
tiones sociales, históricas i literarias. El mejor tal vez, es el que 
dejamos trascrito. 



SECCIÓN XII 



Análisis literario 



El análisis literario consiste en el examen atento i deteni- 
do de las bellezas i defectos de un fragmento o de una obra. 
En literatura, como en la química, solo por el análisis se 
llega a separar lo bueno de lo malo, lo verdadero de lo fal- 
so. El análisis nos enseña á penetrar en el secreto de una 
composición literaria, a conocer todos sus resortes, a adi- 
vinar lo que el autor ha hecho para producir el conjunto, i 
por qué medios ha conseguido enternecer, interesar, exci- 
tar la risa o el terror, excitar, sostener i aumentar la curio- 
sidad; nos enseña a descubrir por qué sabia alianza de los 
diversos sentimientos, ha sabido modificarlos, suavizar los 
unos por medio de los otros o darles mas vigor. 
Por medio del análisis se aprende a juzgar las obras de 
I los grandes maestros, a admirarlas, a imitarlas. No se 
comprende bien la maquinaria de un reloj sino después de 
haber desmontado sus ruedas: solo entonces se concibe có- 
mo su injenioso conjunto produce el movimiento. Así tam- 
bién, el análisis nos conduce a comprender todo el mérito 
de las obras del jenio. El espíritu de análisis es tan indis- 
pensable a las personas que quieren instruirse como a las 
que quieren juzgar sanamente de las cosas. El análisis es 
tan favorable a las buenas obras, en las cuales indica i des- 



368 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

cubre continuamente nuevas bellezas, como es funesto a 
las producciones defectuosas, cuja nulidad revela, hacien- 
do percibir los vicios de la ejecución o la incorrección del 
plan, señalando el falso brillo, los adornos parásitos, i el 
vano lujo que deslumbran los ojos acostumbrados a no de- 
tenerse mas que en la superficie de las cosas. Así, se dice 
ordinariamente de una obra lijera, que luce por rasgos vi- 
vos i espirituales i por apariencias poco sólidas, que no re- 
siste el análisis. 

El análisis se aplica al estilo, a los pensamientos de una 
obra, como también a la composición principal. Reducien- 
do un pensamiento a su mas sencilla espresion, separándo- 
lo de las grandes palabras que lo adornan, nos sucede que 
lo encontramos falso. Examinando de cerca el estilo de un 
escritor, se le encuentra difuso, seco, pretencioso, hincha- 
do. El análisis, reduce de ordinario a mui poca cosa el esti- 
lo nebuloso, i el que está recargado de adornos i de figu- 
ras: es un rayo de sol que disipa los vapores formados en 
la noche i- Por el contrario, hace resaltar el mérito ¡de 
aquellos escritos en que el estilo posee un valor propio, en 
que los pensamientos están estrechamente encadenados, i 
en que el lenguaje corresponde a las ideas. 

El análisis literario puede hacerse de viva voz o por es- 
crito. El profesor puede esplicar a sus alumnos las bellezas 
i defectos de un fragmento cualquiera, o puede exijir de sus 
discípulos que pongan por escrito el resultado de su propia 
observación, contraida al examen de ese fragmento. Ese 
análisis no debe estraviarse en jeneralidades abstractas, ni 
tampoco fraccionarse indefinidamente en observaciones de 
detalle. Sin embargo, cuando se trata de aprender, parece 
insistir en las sinuosidades mas bien que perderse en las 
nubes. Por otra parte, no creemos difícil el conciliar estos 
dos sistemas. Puede comenzarse el análisis por algunas re- 

1 Tomamos todas estas observaciones de un excelente artículo escrito 
por M. E. Dupati. 



ANÁLISIS LITE KAKI O 369 



flexiones jenerales sobre el fondo, es decir, el plan, la elec- 
ción i la sucesión de las ideas, i sobre el efecto que ese or- 
den produce en el conjunto, i entrar en seguida en el análi- 
sis del estilo, para examinar en él el movimiento, las imá- 
jenes, las palabras i los jiros. 

En la presente sección hemos reunido algunos fragmen- 
tos de análisis literarios estractados de diversos escrito- 
res; pero para su distribución, hemos seguido un sistema 
diferente del adoptado en las otras secciones de este libro; 
si bien después de los fragmentos literarios que trascribi- 
mos acompañados de sus análisis, reunimos aíslanos otros 
que así como los que se hallan distribuidos en otras seccio- 
nes, pueden ser sometidos al análisis en una clase de lite- 
ratura. 



MODELOS DE ANÁLISIS 



Vida del campo 

*'¡Qué descansada vida 
La del que huye el mundanal ruido, 
I sigue la escondida 
Senda por d jnde han ido 
Los pocos sabios que en el mundo han sido! 

Que no le enturbia el pecho 
De los soberbios grandes el estado. 
Ni del dorado techo 
Se admira, fabricado 
Del sabio moro, en jaspes sustentado. 

No cura si la fama 
Canta con voz su nombre pregonera: 
Ni cura si encarama 
La lengua lisonjera 
Lo que condena la verdad sincera. 

¿Qué presta a mi contento 
Si soi del vano dedo señalado, 

TOMO V 24- 



370 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



Si en busca de este viento 

Ando desalentado 

Con ansias vivas, con mortal cuidado? 

¡Oh monte! ¡oh fuente! ¡oh rio! 
¡Oh secreto seguro deleitoso! 
Roto casi el navio, 
A vuestra alma reposo 
Huyo de aqueste mar tempestuoso. 

Un no rompido sueño, 
Un dia puro, alegre, libre, quiero: 
No quiero ver el ceño 
Vanamente severo 
De a quien la sangre ensalza, o ei dinero. 

Despiértenme las aves 
Con su cantar sabroso no aprendido; 
No los cuidados graves 
De que es siempre seguido 
El que al ajeno arbitrio está atenido. 

Vivir quiero conmigo, 
Gozar quiero del bien que debo al cielo, 
A solas sin testigo, 
Libre de. amor, de celo, 
De odio, de esperanza, de recelo. 

Del monte en la ladera 
Por mi mano plantado tengo un huerto. 
Que cf)n la primavera 
De bella flor cubierto 
Ya muestra en la esperanza el fruto cierto. 

I como codiciosa 
Por ver acrecentar su hermosura, 
Desde la cumbre airosa 
Una fontana pura 
Hasta llegar corriendo se apresura. 

1 luego sosegada 
El paso entre los árboles torciendo, 
El suelo de pasada, 
De verdura vistiendo 
I con diversas flores va esparciendo. 

El aire el huerto orea, 
I ofrece mil olores al sentido; 
Los árboles menea 
Con un manso ruido. 
Que del oro i del cetro pone olvido. 



ANÁLISIS LITERARIO 371 



Téngase su tesoro 
Los que de un falso leño se confian. 
No es mío ver el lloro 
De los que desconfian 
Cuando el cierzo i el ábrego porfían. 

La combatía antena 
Cruje, i en ciega noche claro el día 
Se torna: al cielo suena 
Confusa vocería 
I la mar enriquecen a porfía. 

A mí una pobrecilla 
Mesa de amable paz bien abastada 
Me basta, i la vajilla 
De fino oro labrada 
Sea de quien la mar no teme airada. 

I mientras miserable- 
mente se están los otros abrazando 
Con sed insaciable 
Del peligro- o mando, 
Tendido yo a la sombra esté cantando. 

A la sombra tendido 
De hiedra i lauro eterno coronado, 
Puesto el atento oido 
Al son dulce acordado 
Del plectro sabiamente meneado." 

Frai Luis d'k León ^' 

"Bellísima composición, llena de agrado, de seso i de dul- 
zura; que deja mui atrás a todas las que se han hecho en 
alabanza de la vida rústica, sin esceptuar la de Horacio 
Beatus Ule, que ha sido el modelo de todas. El poeta lati- 
no, que sin duda tiene mas poesía de estilo que su imita- 
dor, no ofrece la misma variedad ni el mismo interés, i des- 
truye al fin el efecto de su descripción con el rango satírico 
que la termina, tomando su poema en aquel punto el ca- 
rácter de una declamación artificiosa. Con otra injenuidad^ 
otra efusión i otro efecto, habla Horacio del campo cuando 
esclama en la sátira de los votos: O rus, guando ego te 
aspiciam? ha oda castellana no se recomienda ni por lo so- 
noro de la versificación, ni por la elevación i pompa del 
lenguaje. Todo en ella es sencillo, sin ambición ni aparato. 



1 Véanse las Noc. de hit. list. part, III cap. III, § 3. 



372 MA.NUAL DK COMPOSICIÓN LITERARIA 



Pero ¡qué raudal tan puro, tan copioso i tan fácil! ¡cómo 
se conoce que el poeta tiene todo su placer en la medianía, 
en el estudio i en el retiro! ¡cómo los hace amar sin otro se- 
creto que el de amarlos él, i concentuar sus pensamientos, 
sus imájenes i su espresion con el sentimiento que le inspi- 
ra, i con los objetos que canta! Nada de mas, nada de me- 
nos, i todo en el modo propio i conveniente. Es una música 
suave i deliciosa que sale del corazón, i va derecho al cora- 
zón sin esfuerzo i sin estudio. La imitación de esta poesia 
requiere un talento i un gusto el mas esquisito; a nada que 
suba ya no es ella; a nada que baje va no es poesía". 



IVIanuel José Quintana 

Notas al Parnaso Español. 



II 

Profecía del Tajo 

"Folgaba el rei Rodrigo 
Con la hermosa Cava en la ribera 
Del Tajo sin testigo; 
El pecho sacó fuera 
El rio, i le habló de esta manera: 

En mal punto te goces, 
Injusto forzador, que ya el sonido 
Oyó ya, i las voces, 
Las armas i el bramido 
De Marte, de furor i ardor ceñido. 

¡Ai! esa tu alegria 
¡Qué llantos acarrea! i esa hermosa 
Que vio el sol en mal dia 
A españa, ¡ai! ¡cuan llorosa, 
I al cetro de los godos cuan costosa! 

Llamas, dolores, guerras. 
Muertes, asolamientos, fiero males 
Entre tus brazos cierras; 
Trabajos inmortales 
A tí i a tus vasallos naturales: 



ANÁLISIS LITERARIO 373 



A los que en Constantina 
Rompen el fértil suelo, a los que baña 
El Ebro, a la vecina 
Sansueña, a Lusitana, 
A toda la espaciosa i triste España. 

Ya dende Cádiz llama 
El injuriado conde a la venganza 
Atento, i no a la fama, 
La bárbara pujanza 
En quien para tu daño no hai tardanza. 

Oye, que al cielo toca 
Con temeroso son la trompa ñera. 
Que en África convoca 
El moro a la bandera, 
Que al aire desplegada va lijera. 

La lanza ja blandea 
El árabe cruel, i hiere el viento 
Llamando a la pelea: 
Innumerable cuento 
De escuadras juntas veo en un momento. 

Cubre la jente el suelo, 
Debajo de las velas desparece 
La mar, la voz al cielo 
Confusa i varia crece, 
El polvo roba el dia i le oscurece. 

¡Ai! que 3^a presurosos 
Suben las largas naves: ¡ai! que tienden 
Los brazos vigorosos 
A los remos, i encienden 
Las rnares espumosas por do hienden. 

El Eolo derecho 
Hinche la vela en popa, i larga entrada 
Por el hercúleo estrecho 
Con la punta acerada 
El gran padre Neptuno da a la armada. 

;Ai triste! ¿i aun te tiene 
El mal dulce regazo? ¿ni llamado 
Al mal que sobreviene 
No acorres? ¿ocupado 
No ves ya el puerto a Hércules sagrado? 

Acude, corre, vuela. 
Traspasa el alta sierra, ocupa el llano, 
No perdones la espuela, 



374 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



No des paz a la mano, 

Menea fulminando el hierro insano. 

¡Ai cuánto de fatiga, 
Ai cuánto de dolor está presente 
Al que viste loriga, 
Al infante valiente, 
A hombres i caballos juntamente! 

I tú, Bétis divino, 
De sangre ajena i tuya amancillado, 
Darás al mar vecino, 
¡Cuánto yelmo quebrado! 
¡Cuánto cuerpo de nobles destrozado! 

El furibundo Marte 
Cinco luces las haces desordena 
Igual a cada parte; 
La sesta ¡ai! te condena, 
Oh cara patria, a bárbara cadena. 

Frai Luis de Lron i 



''Otra imitación de Horacio mas rigurosa i ajustada a 
su orijinal que la anterior, pero aplicada a objetos i tiem- 
pos diferentes. La justa celebridad que disfruta es consi- 
guiente a la maestría con que está ejecutada. No se puede 
negar, sin embargo, que considerada por algunos aspec- 
tos, queda inferior a la oda latina. El ritmo escojido por 
Luis de León es mas gracioso que robusto, i el argumento 
pedia que fuese mas robusto que gracioso. Los objetos que 
pinta el español son mas jenerales, i, por consiguiente, mas 
vagos: en él se ve el movimiento i aparato en grande de la 
invasión proyectada: en el latino los campeones que han de 
buscar i castigar a Páris. Esto es mas determinado, i la 
fantasía lo concibe i se lo imajina mejor. En toda composi- 
ción en que se trata de hombres, es preciso ver hombres, i 
en la oda española no se ven. El conde don Julián atento a 
la vengaza i no la a fama, único personaje que señala el 
Tajo en contraposición con Rodrigo, no es figura que pue- 
da sufrir comparación con los dioses i con los héroes seña- 
lados por Nereo, i contrastados en su vaticinio con el afemi- 
nado troyano. 



1 Véanse las Noc. de hist. lit., part. III, cap. III, § 3. 



ANÁLISIS LITERARIO 37& 



Jan galeam Pallas et aegida 

Currusque et rabiem parat 

Urgent impavidi te Salaminius 
Teucerque, et Sthenelus sciens 
Pugnae. 

Ecce furit te reperire atrox 
Tydides, melior patre. 

**Esta desvantaja está compensada en Luis de León con 
haber dado al vaticinio i al vaticinador un interés que no 
tiene el de Horacio. El rio que habla ha de padecer en la in- 
vasión, i su lenguaje, su acento, sus afectos son consiguien- 
tes a esta posición bien entendida, de que resulta en la oda 
española un tono mas vivo i mas apasionado. 

"Marmontel en el artículo Lírica de la Enciclopedia, ha 
hecho mención de ella con elojio; i aun da a entender, para 
encarecerla mas, que sirvió de modelo a Canioens para stt 
célebre prosopopeya deljigante Adamastor. Es de presu- 
mir que el literato francés no hablase aquí sino de oídas, i 
sin haber leido por sí mismo la composición de que trata, 
pues a haber sido así, la hubiera dado por lo que era, por 
una bella imitación de la oda de Horacio, i no otra cosa. 
El supone a Camoens posterior a frai Luis de León, i en 
eso también se engaña, porque fueron exactamente con- 
temporáneos, i el español murió catorce años después que 
el portugués. Ignoraba igualmente que las poesías de aquel 
fueron impresas por primera vez cerca de medio siglo des- 
pués del fallecimiento de Camoens, i por consiguiente que, 
aun dado caso que el episodio de la Lusíada se hubiese es- 
crito después de la oda, no es por ningún aspecto probable 
que el poeta épico, ni en Europa, donde se cree que compu- 
so los primeros cantos de su inmortal poema, ni en las es- 
tremidades del Asia donde le acabó, tuviese noticia de la 
composición castellana. A tales equivocaciones se espone 
un escritor, aunque sea del mérito de Marmontel, cuanda 
trata de una literatura que no conoce. Estos desaciertos 
eran entonces muí comunes en los estranjeros que habla- 
ban de nuestras cosas: hoi dia las estudian i las conocen 
mejor." 

Manuel José Quintana. 
Notas al Parnaso español 



376 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



III 



A la batalla de Lepanto 

^'Cantemos al Señor, que en la llanura 
Venció del ancho mar al Trace fiero; 
Tú, Dios de las batallas, tú eres diestra, 
Salud i gloria nuestra. 
Tú rompiste las fuerzas i la dura 
Frente de Faraón, feroz guerrero: 
Sus escojidos príncipes cubrieron 
Los abismos del mar, i descendieron, 
Cual piedra, en el profundo; i tu ira luego 
Los tragó como arista seca el fuego. 

El soberbio tirano, confiado 
En el grande aparato de sus naves, 
Que de los nuestros la cerviz cautiva, 
I las manos aviva 
Al ministerio injusto de su estado, 
Derribó con los brazos suyos graves 
Los cedros mas excelsos de la cima, 
I el árbol, que mas yerto se sublima 
Bebiendo ajenas aguas i atrevido 
Pisando el bando nuestro i defendido. 

Temblaron los pequeños confundidos 
Del ímpio furor suyo; alzó la frente 
Contra tí. Señor Dios, i con semblante 
I con pecho arrogante, 
I los armados brazos estendidos. 
Movió el airado cuello aquel potente: 
Cercó su corazón de ardiente saña 
Contra las dos Hesperias que el mar baña; 
Porque en tí confiadas le resisten, 
I de armas de tu fé i amor se visten. 

Dijo aquel insolente i desdeñoso: 
¿No conocen mis iras estas tierras, 
I de mis padres los ilustres hechos? 
¿O valieron sus pechos 
Contra ellos con el hiingaro medroso, 
I de D:ilmacia i Rodas en las guerras? 
¿Quién los pudo librar? ¿Quién de sus manos 



ANÁLISIS LITERARIO 377 



Pudo salvar los de Austria i los jermanos? 
¿Podrá su Dios, podrá por suerte ahora 
Guardallos de mi diestra vencedora? 

Su Roma, temerosa i humillada, 
Los cánticos en lágrimas convierte; 
Ella i sus hijos tristes mi ira esperan 
Cuando vencidos mueran. 
Francia está con discordias quebrantada, 
I en España amenaza horrible muerte 
Quien honra de la luna las banderas; 
I aquellas en la guerra, jentes fieras 
Ocupadas están en su defensa: 
I aunque no; ¿quién hacerme puede ofensa? 

Los poderosos pueblos me obedecen, 
I el cuello con su daño al yugo inclinan, 
I me dan, por salvarse, ya la mano, 
I su valor es vano. 
Que sus luces cayendo se oscurecen; 
Sus fuertes a la muerte ya caminan; 
Sus vírjenes están en cautiverio; 
Su gloria ha vuelto al cetro de mi imperio, 
Del Nilo a Eufrates fértil e Istro frió, 
Cuanto el sol alto mira, todo es mió. 

Tú, Señor, que no sufres que tu gloria 
Usurpe quien su fuerza osado estima, 
Prevaleciendo en vanidad i en ira; 
Este soberbio mira 
Que tus aras afea en su victoria; 
No dejes que los tuyos así oprima, 
I en sus cuerpos cruel las fieras cebe 
I en su esparcida sangre el odio pruebe: 
Que hechos ya su oprobio, dice: ¿dónde 
El Dios de éstos está? ¿de quién se esconde? 

Por la debida gloria de tu nombre: 
Por la justa venganza de tu jente; 
Por aquel de los míseros jemido 
Vuelve el brazo tendido 
Contra éste, que aborrece ya ser hombre, 
I las honras, que celas tú, consiente; 
I tres i cuatro veces el castigo, 
Esfuerza con rigor a tu enemigo, 
I la injuria a tu nombre cometida 
Sea el yerro contrario de su vida. 
Levantó la cabeza el poderoso, 



378 MANUAL DP] COMPOSICIÓN LITHUARIA 

Que tanto odio te tiene, en nuestro estrago, 
Juntó el consejo; i contra nos pensaron 
Los que en él se hallaron. 
Venid, dijeron, i en el mar ondoso 
Hagamos de su sangre un grande lago; 
Destruyamos a estos de la jente, 
I el nombre de su Cristo juntamente; 
I dividiendo de ellos los despojos. 
Hártense en muerte suya nuestros ojos. 
Vinieron de Asia i portentosa Ejipto 
Los árabes i leves africanos, 
I los que Grecia junta mal con ellos, 
Con los erguidos cuellos. 
Con gran poder, i número infinito; 
I prometer osaron con sus manos 
Encender nuestros fines, i dar muerte 
A nuestra juventud con hierro fuerte 
Nuestros niños prender i las doncellas, 
I la gloria manchar i la luz de ellas. 

Ocuparon del piélago los senos, 
Puesta en silencio i en temor la tierra, 
I cesaron los nuestros valerosos, 
I callaron dudosos, 

Hasta que al fiero ardor de sarracenos, 
El Señor elijiendo nueva guerra. 
Se opuso el joven de Austria jeneroso 
Con el claro español i belicoso. 
Que Dios no sufre ya en Babel cautiva 
Que su Sion querida siempre viva 

Cual león a la presa apercibido. 
Sin recelo los ímpios esperaban 
A los que tú. Señor, eras escudo: 
Que el corazón desnudo 
De pavor, i de fé i amor vestido, 
Con celestial aliento confiaban: 

Sus manos a la guerra compusiste 

I sus brazos fortísimos pusiste 

Como el arco acerado, i con la espada 

Vibraste en su favor la diestra armada. 
Turbáronse los grandes, los robustos 

Rindiéronse temblando, i desmayaron; 

I tu entregaste, Dios, como la rueda. 

Como la arista queda 

Al ímpetu del viento, a estos injustos; 



ANÁLISIS LITERAKIO 379 



Que mil huyendo de uno se pasmaron: 
Cual fuego abrasa selvas cuya llama 
En las espesas cumbres se derrama, 
Tal en tu ira i tempestad seguiste, 
I su paz de ignominia convertiste. 

Quebrantastes al cruel dragón, cortando 
Las alas de su cuerpo temerosas, 
I sus brazos terribles no vencidos: 
Que con hondos jemidos 
Se retira a su cueva, do silbando 
Tiembla con sus culebras venenosas, 
Lleno de miedo torpe en sus entrañas, 
De tu león temiendo las hazañas. 
Que, saliendo de España, dio un rujido, 
Que lo dejó asombrado i aturdido. 

Hoi se vieron los ojos humillados 
Del sublime varón i su grandeza, 
1 tú solo. Señor, fuiste exaltado; 
Que tu dia es llegado. 
Señor de los ejércitos amados, 
Sobre la alta cerviz i su dureza. 
Sobre derechos cedros i estendidos. 
Sobre empinados montes i crecidos, 
Sobre torres i muros, i las naves 
De Tiro que a los tuyos fueron graves. 

Babilonia i Ejipto amedrentada 
Temerá el fuego i la asta violenta, 
I el humo subirá a la luz del cielo, 
1 faltos de consuelo, 
Con rostro oscuro i soledad turbada 
Tus enemigos llorarán su afrenta. 
Mas tú, Grecia, concorde a la esperanza 
Ejipcia, i gloria de su confianza; 
Triste, que a ella pareces no temiendo 
A Dios, i a tu remedio no atendiendo. 

Porque ingrata tus hijas adornaste 
En adulterio infame a una impia jente, 
Que deseaba profanar tus frutos; 
I con ojos enjutos; 
Sus odiosos pasos imitaste. 
Su aborrecida vida i mal presente. 
Dios vengará sus iras en tu muerte; 
Que llega a tu cerviz con diestra fuerte 
La aguda espada suya: ¿quién, cuitada, 
Reprimirá su mano desatada? 



380 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

Mas tú, fuerza del mar, tú, excelsa Tiro, 
Que en tus naves estabas gloriosa 
I el término espantabas de la tierra, 
I si hacias guerra. 
De temor la cubrias con suspiro; 
¿Cómo acabaste, fiera i orgullosa? 
¿Quién pensó a tu cabeza daño tanto? 
Dios para convertir tu gloria en llanto, 
I derribar tus ínclitos i fuerte, 
Te hizo perecer con tantas muertes. 

Llorad, naves del mar, que es destruida 
Vuestras vana soberbia i pensamiento: 
¿Quién ya tendrá de ti lástima alguna, 
Tú, que sigues la luna, 
Asia adúltera en vicios sumerjida? 
¿Quién mostrá un liv^iano sentimiento? 
¿Quién rogará por ti? Que a Dios enciende 
Tu ira i la arrogancia, que te ofende; 
I tus viejos delitos i mudanza 
Han vuelto contra ti a pedir venganza. 

Los que vieron tus brazos quebrantados 
I de tus pinos ir el mar desnudo, 
Que sus ondas turbaron i llanura; 
Viendo tu muerte oácura, 
Dirán de tus estragos quebrantados: 
¿Quién contra la espantosa tanto pudo? 
El Señor, que mostró su fuerte mano 
Por la fé de su príncipe cristiano, 
I por el nombre santo de su gloria 
A su España concede esta Victoria. 

Bendita, Señor, sea tu grandeza. 
Que después de los daños padecidos. 
Después de nuestras culpas i castigo, 
Rompiste al enemigo 
De la antigua soberbia la dureza. 
Adórente, Señor, tus escojidos; 
Confiese cuanto cerca el ancho cielo 
Tu nombre, o nuestro Dios, nuestro consuelo; 
I la cerviz rebelde condenada, 
Perezca en bravas llamas abrasada. 

Fernando de Herrera i 



1 Véanse Noc. de hist. lit., part. III, cap. III, § 19. 



ANÁLISIS LITERARIO 381 



''Esta es ya la verdadera oda; no un remedo de la poesía 
griega o latina, fundado en su mitolojía, i por lo mismo 
atenido a recursos ficticios o alegóricos i a medios indirec- 
tos i de convención. Aquí el poeta lleno de un entusiasmo 
ferviente i relijioso, se considera el órgano de todo el pue- 
blo cristiano, i eleva a la divinidad los sentimientos de ale- 
gría, de gratitud i maravilla que le exaltan por la victoria 
conseguida sobre los turcos en las aguas de Lepanto. El 
carácter en gran parte, i las espresiones están tomados de 
la poesía hebraica, i apropiados al argumento i a la situa- 
ción del modo mas feliz. Herrera fué el primero que ensayó 
este gusto en nuestra poesía, i le ensayó con una compo- 
sición majistral. Es de ver en el mismo poema, i estudiarse 
con cuidado el artificio oculto con que el escritor desde la 
proposición clara i sencilla de su argumento pasa con un 
desorden aparente de un afecto a otro, del odio a la indig- 
nación, del recelo a la confianza, de la execración a las 
bendiciones, de la arrogancia del bárbaro i sus campeones, 
que está pintada a maravilla, al valor de España i de su 
héroe, mas grande aquí en solo dos versos que en todos los 
encarecimientos i ficciones de la oda A donjuán de Austria 
del mismo autor. Pero desde el principio hasta el fin pre- 
domina en la obra el sentimiento relijioso que la inspira i 
Dios es siempre a quien el poeta viene a parar como el asilo, 
el escudo, el vengador de su pueblo. Las formas que la poe- 
sía toma son líricas, descriptivas o dramáticas, según con vie • 
ne a los objetos que alternativamen te conmueven la fantasía 
del poeta, dan a su obra una admirable variedad ¡Qué te- 
soro de espresione nuevas i enérjicas! — Prevaleciendo en 
vanidad i en ira. — Que sus aras afea en su victoria. — En 
el mar ondoso.— Hagamos de su sangre un grande lago. — 
/ de sus pinos ir el mar desnudo; i otras ciento de igual o 
ma3ror atrevimiento de viveza. 

Después de considerar tantos i tan admirables aciertos, 
¿podríamos llevar la atención a esta u otra locución peno- 
sa,, o a algún otro verso algo desmayado por falta de fuer- 
za en la rima, o de número i decadencia en el sonido? Seme- 
jante examen en una obra de este mérito i carácter tocaría 
por ventura en irreverencia i sacrilejio. 

I el árbol quemas yerto se sublima.— Aquí la palabra 
yerto se toma por erguido, del latino erectus, de donde los 
italianos tomaron su erto i nosotros yerto, usado frecuen- 
temente en este sentido porHerrera, por Francisco de la To- 



382 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

rre, i otros poetas del siglo XVI. También ha de hallarse 
en la misma acepción en alguna de las crónicas del siglo 
XV, quizá en la de don Alvaro de Luna." 

Quintana, 
Notas al Parnaso Español. 



IV 
Al sueño 



Imájen espantosa de la muerte, 
Sueño cruel, no turbes mas mi pecho. 
Mostrándome cortado el nudo estrecho, 
Consuelo solo de mi adversa suerte. 

Busca de algún tirano el muro fuerte, 
De jaspe las paredes, de oro el techo; 
O el rico avaro en el angosto lecho 
Haz que temblando con sudor despierte. 

El uno vea el popular tumulto 
Romper con furias las herradas puertas, 

al sobornado siervo el hierro oculto; 
El otro sus riquezas descubiertas 

Con llave falsa o con violento insulto; 

1 déjale al amor sus glorias ciertas. 

LuPERCio Lkonardo de Arjensola, 1 

*'Este es el mejor soneto de Arjensola; i no se ponderará 
nada aunque se diga que es el mejor déla lenguacastellana. 
La idea principal. Jos accesorios que la enriquecen, la bella 
distribución de las partes, la enerjía déla espresion, la exce- 
lencia de los versos, todo es admirable, i hace que este pe- 
queño poema entre en el cortísimo número de aquellos que 
desesperan por su perfección. Si Lupercio no hubiese escrito 
o no tuviésemos de él mas que estos catorces versos, for- 
maríamos de su talento una idea infinitamente mejor que 
la que resulta de sus demás composiciones. 

O el rico avaro en el angosto lecho 
Haz que temblando con sudor despierte. 



1 Véanse las Noc. de hist. lit., part. III, cap. III, § 19. 



ANÁLISIS LITERARIO 383 



Este angosto lecho, este sudor, este temblar no tienen 
por su fuerza i por su viveza nada* que les iguale en las de- 
mas obras del poeta, ni que les exceda en castellano." 

Quintana, 
Notas al Parnaso Español. 



(Otro análisis del mismo soneto) 

"Examinemos uno por uno los epítetos que contiene este 
bellísimo soneto, i veamos cuan bien aplicados están. Imá- 
jen espantosa de ¡a muerte: epíteto propio i mui propio del 
sueño, porque en efecto este es la única cosa que nos da al- 
guna idea de la no existencia. I aunque condecir solo imájen 
de la muerte, se calificaba bastante el sueño, añadiendo al 
sustantivo imájen el adjetivo espantosa, el epíteto entero 
se hace mas enérjico. Sueño cruel; otro epíteto dado al sue- 
ño con toda oportunidad, porque habla de él en cuanto le 
habia aflijido: i personificándole, debe representarle como 
un personaje cruel que se complace en atormentarle. Nudo 
esírec/zo; epíteto no inútil, porque lapalabra nudono excita 
suficientemente la idea de apretado, pudiendo aquel ser 
ñojo.M.uro /weríe, tampoco es inútil, porque aunque la idea 
de muro envuelve la de resistencia i fuerza; como ésta es la 
que aquí tiene relación directa con la circunstancia de ser 
el muro de un tirano, conviene reforzarla e insistir en ella. 
Las dos circunstancias de que las paredes son de jaspe i el 
techo de oro, la fortifican aun mas. Rico avaro: epíteto 
necesario, porque el rico, si no es avaro, no sentirá hasta el 
punto de temblar con sudor, la pérdida de sus riquezas; i el 
avaro, si es pobre, tampoco se incomodará tanto, como si 
tuviese mucho que perder. Angosto lecho: este epíteto, que 
en un solo rasgo pinta el mal trato que se dan los avaros, 
la sordidez con que viven, etc., no solo es bueno, es felicísi- 
mo, poético, i sobremanera enérjico. "Romper con furia 
Xas herradas pwerías," circunstancia i epíteto que mutua- 
mente se fortifican i que pintan cuan grande debe ser el so- 
bresalto del tirano, al soñar que el pueblo atumultuado 
acomete a su casa con tal furia, que no bástanlas herradas 
puertas para impedir la entrada. "^Sobornado siervo, hie- 
rro oculto^^ no puede ser mas oportuno para lo que se tra- 
ta, que es del temor de un tirano. Ya se sabe que los que 



384 MANUAL DE CO:dPOSlCION LITERARIA 

usurpaban el poder supremo en las antiguas repúblicas, 
que sonde los que habla él poeta, estaban siempre temiendo 
que un siervo sobornado lo asesinase. Llave falsa, violento 
insulto: circunstancias bien escojidas; son los dos medios 
de robar. Me he detenido a ha hacer este prolijo examen, 
para que se vea cuánto hai que estudiar i admirar en una 
composición bien escrita, por corta que sea." 

José Gómez de Hermosilla, ^ 
Arte e/e hablar, part. I, lib. IV, cap. II. 



Epístola moral 

Fabio, las esperanzas cortesanas 
Prisiones son do el ambicioso muere 
I donde al mas astuto nacen canas; 

1 el que no las limare o las rompiere, 
Ni el nombre de varón ha merecido. 
Ni subir al honor que pretendiere. 

El ánimo plebeyo i abatido 
Elija en sus intentos temeroso, 
Primero estar suspenso que caído: 

Que el corazón entero i jeneroso 
Al caso adverso inclinará la frente, 
Antes que la rodilla al poderoso. 

Mas triunfos, mas coronas dio al prudente, 
Que supo retirarse, la fortuna, 
Que al que esperó obstinada i locamente. 

Esta invasión terrible e importuna 
De contrarios sucesos nos espera, 
Desde el primer sollozo de la cuna. 

Dejémosla pasar, como a la fiera 
Corriente del gran Bétis, cuando airado 
Dilata hasta los montes su ribera. 

1 Célebre preceptista español nacido en 1771 i muerto en 1837. 
Es autor de varias obras, la mas notable de las cuales es la que 
dejamos citada, que forma uno de los mejores libros que se hayan 
publicado en España sobre la retórica i la poética i una traducción 
en verso de la Ilíada de Homero. 



ANÁLISIS LITE I? A RIO 385 



Aquel entre los héroes es contado 
Que el premio mereció, no quien le alcanza 
Por vanas consecuencias del Estado. 

Peculio propio es ya de la privanza 
Cuanto de Austria fué, cu anco rejia 
Con su temida espada i fuerte lanza. 

El oro, la maldad, la tiranía 
Del inicuo procede i pasa al bueno; 
¿Qué espera la virtud, o en qué confía? 

Ven i reposa en el materno seno 
De la antigua Romúlea, cuyo clima 
Te será mas humano i mas sereno; 

A donde por lo menos, cuando oprima 
Nuestro cuerpo la tierra, dirá alguno: 
Blanda le sea, al derramarla encima; 

Donde no dejarás la mesa ayuno, 
Cuando te falte en ella el pece raro, 

cuando su pavón nos niegue Juno. 
Busca, pues, el sosiego dulce i caro, 

Como en la oscura noche, del Ejeo 
Busca el piloto el eminente faro. 

Que si acortas i ciñes tu deseo, 
Dirás: lo que desprecio he conseguido; 
Que la opinión vulgar es devaneo. 

Mas precia el ruiseñor su pobre nido 
De pluma i leves pajas, mas sus quejas 
En el bosque repuesto i escondido. 

Que agradar lisonjero las orejas 
De algún príncipe insine, aprisionado 
En el metal de las doradas rejas. 

jTriste de aquel que vive destinado 
A esa antigua colonia de los vicios, 
Augur de los semblantes del privado! 

Cese el ansia, i la sed de los oficios, 
Que acepta el don, i burla del intento 
El ídolo a quien hace sacrificio. 

Iguala con la vida el pensamiento, 

1 no te pasarás de hoi a mañana. 

Ni quizá de un momento a otro momento. 

Casi no tiene ni una sombra vana 
De nuestra antigua Itálica: ¿i esperas? 
•Oh error perpetuo de la suerte humana! 

TOMO V 25 



386 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



Las enseñas grecianas, las banderas 
Del senado i romana monarquía 
Murieron i pasaron sus carreras. 

¿Qué es nuestra vida mas que un breve dia 
Do apenas sale el sol cuando se pierde 
En las tinieblas de la noche fria? 

¿Qué es mas que el heno, a la mañana verde, 
Seco a la tarde? ¡oh ciego desvarío! 
¿Será que de este sueño me recuerde? 
¿Será que pueda ver que me desvío 
De la vida viviendo, i que está unida 
La cauta muerte al simple vivir mió? 

Como los ríos en veloz corrida 
Se llevan a la mar, tal soi llevado ^ 

Al último suspiro de mi vida. 

De la pasada edad ¿qué me ha quedado? 
¿O qué tengo yo a dicha en la que espero 
Sin ninguna noticia de mi hado? 

¡Oh si acabase, viendo como muero, ¡ 

De aprender a morir, antes que llegue | 

Aquel forzozo término postrero! | 

Antes que aquesta mies inútil siegue 
De la severa muerte dura mano, 
I a la común materia se la entregue. 

Pasáronse las flores del verano, 
El otoño pasó con sus racimos, 
Pasó el invierno con sus nieves cano. 

Las hojas que en las altas selvas vimos. 
Cayeron, i nosotros a porfía 
En nuestro engaño inmóviles vivimos. 

Temamos al Señor que nos envia 
Las espigas del año i la hartura, 
I la temprana pluvia i la tardía. 

No imitemos la tierra siempre dura 
Á las aguas del cielo i al arado, 
Ni a la vid cuyo fruto no madura. 
¿Piensas acaso tú que fué criado 
El varón para el rayo de la guerra. 
Para surcar el piélago salado. 

Para medir el orbe de la tierra, 
I ei cerco donde el sol siempre camina? 
¡Oh quilín así lo entiende, cuánto yerra! 



ANÁLISIS LITERARIO 387 

Esta nuestra porción alta i divina 
A mayores acciones es llamada, 
I en nobles objeto se termina. 

Así aquella que solo al hombre es dada, 
Sacra razón i pura me despierta. 
De esplendor i rayos coronada; 

I en la iria rejion dura i desierta 
De aqueste pecho enciende nueva llama, 
I la luz vuelve a arder que estaba muerta. 
Quiero, Fabio, seguir a quien me llama, 
I callado pasar entre la jente; 
Que no afecto los nombres ni la fama. 

El soberbio tirano del Oriente 
Que maciza las torres de cien codos 
Del candido metal, puro i luciente, 

Apenas puede ya comprar los modos 
Del pecar; la virtud es mas barata. 
Ella consigo mesma ruega a todos. 

¡Pol)re de aquel que corre i se dilata 
Por cuantos son los climas i los mares, 
Perseguidor del oro i de la plata! 

Un ángulo me basta entre mis lares, 
Un libro i un amigo, un sueño breve 
Que no perturben deudas ni pesares. 

Esto tan solamente es cuanto debe 
Naturaleza al parco i al discreto, • 

I algún manjar común, honesto i leve. 

No porque así te escribo hagas conecto 
Que pongo la virtud en ejercicio, 
Que aun esto fué difícil a Epicteto. 

Basta al que empieza aborrecer el vicio 
I el ánimo enseñar a ser modesto, 
Después le será el cielo mas propicio. 

Despreciar el deleite no es supuesto 
De sólida virtud, que aun el vicioso 
En sí propio le nota de molesto. 

Mas no podrás negarme cuan forzoso 
Este camino sea el alto asiento, 
Morada de la paz i del reposo. 

No sazona la fruta en un momento 
Aquella intelijencia que mensura 
La duración de todo a su talento: 



388 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



Flor la vimos primero, hermosa i pura, 
Luego materia acerba i desabrida, 
I perfecta después, dulce i madura. 

Tal la humana prudencia es bien que mida 
I dispense i comparta las acciones 
Que han de ser compañeras de la vida. 

No quiera Dios que imite esos varones, . 
Que moran nuestras plazas macilentos 
De la virtud infames histriones: 

Esos inmundos, trájicos, atentos 
Al aplauso común, cuyas entrañas 
Son infaustos i oscuros monumentos. 

¡Cuan callada que pasa las montañas 
El aura respirando mansamente! 
¡Qué gárrula i sonante por las cañas! 

¡Qué muda la virtud por el prudente! 
Qué redundante i llena de ruido 
Por el vano ambicioso i aparente! 

Quiero imitar al pueblo en el vestido, 
En las cumbres solo a los mejores. 
Sin presumir de roto i mal ceñido. 

No resplandezca el oro i los colores 
En nuestro traje, ni tampoco sea 
Igual al de los dóricos cantores. 

Una mediana vida yo posea, 
Un estilo común i moderado. 
Que no lo note nadie que lo vea. 

En el plebeyo barro mal tostado 
Hubo ya quien bebió tan ambicioso, 
Como en el vaso múrino preciado. 

I alguno tan ilustre i jeneroso 
Que usó, como si fuera plata neta, 
Del cristal trasparente i luminoso. 

Sin la templanza ¿viste tú perfecta 
Alguna cosa? ¡Oh muerte! ven callada 
Como sueles venir en la saeta; 

No en la tonante máquina preñada 
De fuego i de rumor, que no es mi puerta 
De doblados metales fabricada. 

Así, Fabio, me muestra descubierta 
Su esencia la verdad, i mi albedrío 
Con ella se compone i se concierta. 



ANÁLISIS LITKllARIO 389 



No te burles de ver cuanto confío; 
Ni el arte de decir vana i pomposa 
El ardor atribuyas de este brio. 

¿Es por ventura menos poderosa 
Que el vicio, la virtud? ¿es menos fuerte? 
No la arguyas de flaca i temerosa. 

La codicia en las manos de la suerte 
Se arroja al mar, la ira a las espadas, 
I la ambición se rie de la muerte, 

¿I no serán siquiera tan osadas 
Las opuestas acciones, si las miro 
De mas ilustres jenios ayudadas? 

Ya dulce amigo huyo i me retiro 
De cuanto simple amé: rompí los lazos: 
Ven i verás al alto fin que aspiro 
Antes que el tiempo muera en nuestros brazos. 

Francisco de Rioja. 

'*Es bien glorioso para Rioja que lo poco que se conserva 
suyo sea siempre clásico i majistral. Su mejor obra es esta 
epístola; la mas perfecta sin duda que hai de su jénero en la 
antigua poesía castellana. Cualquiera que esté versado en 
las obra^ de Séneca el filósofo, advertirá fácilmente lo mu- 
cho que nuestro autor le debe en máximas i ])ensamientos: 
pero están puestos en cíjstellano con un tacto i un gusto 
tan fino, que no se resienten nunca de acjuel carácter de afec- 
tación i de hipérbole que tienen por lo común en el moralis- 
ta latino; mui diferente de lo que sucede a Quevedo, que en 
sus imitaciones de Séneca se muestra frecuentemente no 
menos contajiado con los vicios de estilo de su modelo, que 
penetrado de su doctrina. 

"Por mas que se encarezca el mérito de esta epístola, todo 
parece poco, cuando una vez leída se consideran las bellezas 
que en sí tiene. El intento es noble i elevado, los pensa- 
mientos con que le desempeña son igualmente nobles, selec- 
tos i oportunos; las máximas i las sentencias sobremanera 
puras i virtuosas, las imájenes, en fin, las alusiones, todo 
er ornato, aplicados con la mayor sobriedad i con la mas 
sabia intelijencia. Póngase la atención después en el modo 
con que todo está ejecutado, i admirará mas todavía el 
valiente desembarazo, la sin igual destreza con que el poeta, 
a pesar de la sujeción a que le obliga el difícil metro que ha 
elejido, anda, vuela, sube, desciende, según su argumento i 



)90 ' MANUAL DE COMPOSICIÓN LITUJRARIA 



SUS ideas lo requieren, sin divagar nunca, sin decaer jamas, 
sin entregarse a una lozanía importuna por buscar la 
amenidad, sin dar en sequedad por buscar la sencillez. La 
pesada cadena del terceto, que ordinariamente es tan ardua 
para los poetas como penosa para los lectores, parece aquí 
un juguete i un adorno que sirve a la grandeza i al movi- 
miento. Ni un ripio de palabra, ni un ripio de idea, ni una 
frase impropia, ni una voz que no esté en su lugar. Nada 
hai aquí que escojer; todo es igualmente bello, todo igual- 
mente nervioso; si un terceto sorprende por la idea, el otro 
agrada por la imájen; este se hace valer por la espresion, 
aquel por una limpieza i resolución que le constituye pro- 
verbial. Perfección sublime que eleva i enajena el ánimo, i 
que igualmente le desespera. 

¿Nos atreveremos, sin embargo, como en el desquite de 
esta admiración, a buscar algún lunar en una obra tan bien 
acabada? Si esto es permitido, yo diria que aquellos versos 
bajan algún tanto del tono jeneral de la epístola, i en mi 
dictamen tocan en prosaicos''. 

Quintana, 

Notas al parnaso español. 



VI 

A las ruinas de Itálica 

Estos, Fabio, ¡ai dolor! que vez ali,ora 
Campos de soledad, mustio collado, 
Fueron un tiempo Itálica famosa: 
Aquí de Cipion la vencedora 
Colonia fué: por tierra derribado 
Yace el temido honor de la espantosa 
Muralla, i lastimosa ' 

Reliquia es solamente 
De su invencible jente. 
Solo quedan memorias funerales 
Donde erraron ya sombras de alto ejemplo, 
Este llano fué plaza, alli fué templo; 



ANÁLISIS LITERARIO 391 



De todo apenas quedan las señales: 
Del jimnasio i las termas regaladas 
Leves vuelan cenizas desdichadas; 
Las torres que desprecio al aire fueron 
A su gran pesadumbre se rindieron. 

Este despedazado anfiteatro, 
ímpio honor de los dioses cuya afrenta 
Publica el amarillo jaramago, 
Ya reducido a trájico teatro 
¡Oh fábula del tiempo! representa 
Cuánta fué su grandeza i es su estrago. 
¿Cómo en el cerco vago 
De su desierta arena 
El gran pueblo no suena? 
¿Dónde, pues, fieras hai, está el desnudo 
Luchador? ¿Dónde está el atleta fuerte? 
Todo despareció, cambió la suerte 
Voces alegres en silencio mudo: 
Mas aun el tiempo da en estos despojos 
Espectáculos fieros a los ojos, 
I miran tan confuso lo presente, 
Oue voces de dolor el alma siente. 

Aquí nació aquel rayo de la guerra, 
Gran padre de la patria, honor de España, 
Pío, felice, triunfador Trajano, 
Ante quien muda se postró la tierra, 
Que ve del sol la cuna, i la que baña 
El mar también vencido gaditano. 
Aquí de Elio Adriano, 
De Teodosio divino. 
De Silio peregrino, 
Rodaron de marfil i oro las cunas. 
Aquí ya de laurel, ya de jazmines 
Coronados los vieron los jardines 
Que ahora son zarzales i lagunas. 
La casa para el César fabricada, 
jAi! yace de lagartos vil morada: 
Casas, jardines, Césares murieron, 
I aun las piedras que de ellos se escribieron. 

Fabio, si tú no lloras, pon atenta 
La vista en luengas calles destruidas, 
Mira mármoles i arcos destrozados, 
Mira estatuas soberbias, que violenta 



392 MANUAL DE COMPOSICIÓN LlTEllARIA 



Némesis derribó, yacer tendidas, 

I va en alto silencio sepultados 

Sus dueños celebrados. 

Así a Troya figuro, 

Así a su antiguo muro. 

I a tí, Roma, a quien queda el nombre apenas, 

¡Oh patria de los dioses i los reyes! 

I a tí, a quien no valieron justas leyes, 

Fábrica de Minerva, sabia Atenas: 

Emulación a^^er de las edades, 

Hoi cenizas, hoi vastas soledades: 

Que no os respetó el hado , no la muerte 

¡Ai! ni por sabia a tí, ni a tí por fuerte. 

Mas ¿para qué la mente se derrama 
En buscar al dolor nuevo argumento? 
Basta ejemplo menor, basta el presente; 
Que aun se ve el humo aquí, se ve la llama, 
Aun se oyen llantos hoi, hoi ronco acento. 
Tal jenio, o relijion fuerza la mente 
De la vecina jente. 
Que refiere admirada, 
Que en la noche callada 
Una voz triste se oj^e, que llorando 
Cavó Itálica, dice i lastimosa 
Eco repite Itálica en la hojosa 
Selva que se le opone resonando, 
Itálica, i el claro nombre oido 
De Itálica, renuevan el jemido 
Mil sombras nobles de su gran ruina: 
Tanto aun la plebe a sentimiento inclina. 

Esta corta piedad que agradecido 
Huésped a tus sagrados manes debo. 
Te doi i consagro, oh Itálica famosa: 
Tú si el lloroso don han admitido 
Las ingratas cenizas de que llevo 
Dulce noticia, asaz, si lastimosa. 
Permíteme piadosa 
Usura a tierno llanto. 
Que vea el cuerpo santo 
De Jeroncio tu mártir i prelado: 
Muestra de su sepulcro algunas señas, 
I cavaré con lágrimas las peñas 
Que ocultan su sarcófago sagrado. 



ANÁLISIS LITERARIO 393 

Pero mal pido el único consuelo 
De todo el bien que airado quitó el cielo: 
Goza en las tuyas sus reliquias bellas 
Para envidia del mundo i las estrellas. 

Francisco de Rioja ^ 

"Esta composición bellísima es, en la opinión jeneral, una 
de de las joyas mas preciosas de nuestro Parnasa, i en con- 
cepto de muchos la mejor. Todo en ella es igualmente grande 
i majestuoso; el asunto, la idea, la contestura, la ejecución. 
El aspecto í contemplación de las ruinas de cualquier pue- 
blo célebre, previenen por sí mismo el ánimo a la meditación 
i a la melancolía; mucho mas si tienen motivos particulares 
de interés para el que le contempla. Aquí el poeta se muestra 
desde el principio conmovido tristemente con los objetos 



l^Esta canción, considerada por los críticos como la mejor pieza 
lírica de toda la poesía española, ha sido publicada siempre 
con el nombre de don Francisco de Rioja, que debe a ella una gran 
parte de su reputación. Sin embargo, existia otra composición a 
las ruinas de Itálica escrita por Rodrigo Caro, escritor andaluz 
del siglo XVII, que ofrece muchas semejanzas con la canción de 
Rioja. Los críticos esplicaban estas analojías diciendo que Rioja 
habia imitado, o mas bien rehecho la obra de Caro, perfeccionán- 
dola de tal manera, que de una composición poética de no escaso 
mérito, habia hecho /a mejor pieza lírica del Parnaso español. Pa- 
ra los jóvenes que deseen comparar ambas obras, diremos que una 
de las variantes de Caro, está publicada en la páj. 386 del tomo 
XXXII de la Colección de autores españoles que dio a luz en Ma- 
drid don Manuel Rtvadeneira. 

Recientemente, nuevas investigaciones han hecho creer que la 
Canción a las ruinas de Itálica en su forma mas perfecta, i tal co- 
mo la publicamos en el testo, *es la obra de Rodrigo de Caro, i que 
solo por un error del compilador López de Sedaño, que en el siglo 
XVIII publicó una estensa colección de poesías castellanas, se ha 
podido atribuir a Rioja una obra que no es suya. * 

Rodrigo Caro era un eclesiástico muí erudito que dejó algunas 
obras en prosa bastante estimadas. Según noticias publicadas úl- 
timamente en España, nació en 1585 i murió en 1648. 

* Se han dado a conocer seis variantes de esa Epístola, que ya 
la crítica moderna sin discrepancia atribuj^e a Rodrigo de Caro. 

En la fecha en que escribia el señor Barros Arana (1870) este 
punto de crítica literaria no estaba definitivamente resuelto. 

Notíi del Recopilador. 



394 MANUAL DH COMPOSICIÓN LITERARIA 

que tiene delante de sí, i los recorre i describe con el acento 
solemne i doloroso que conviene a los sentimientos que le 
ajitan. Lo primero es lo material de las ruinas: después el 
movimiento, el concurso de jen tes, i los espectáculos que 
animaban aquellos sitios tan desiertos ahora: luego los 
grandes nombres de Trajano, Adriano i Teodosio vienen a 
ennoblecer el argumento, que acaba de tomar todo su real- 
ce con la comparación que hace el poeta de aquellas ruinas 
con las de Atenas i Roma, cuyo aplauso i lamento entreteje 
en su obra con inimitable maestría. La fantasía así exalta- 
da, ya no se satisface con estos grandes i dolorosos recuer- 
dos, i hace intervenir a los númenes en el interés de la ca- 
tástrofe que llora. Una voz sobrenatural lamentará en 
medio del silencio de la noche la caida de Itálica, los ecos 
del contorno repetirán tristemente aquel ilustre nombre, i 
las sombras que yacen sobre sus ruinas le responderán con 
jemidos. 

'*La poesía no alcanza a mas. I si de esta disposición tan 
magnífica i poética al mismo paso que natural i sencilla, se 
pasa a los primores de ejecución, el escritor se nos presenta 
todavía mas grande, i toda alabanza que se le dé parece es- 
casa i superfina. ¡Qué gravedad i nobleza en aquellas largas 
estancias donde se espacía a su placer el raudal numeroso 
de los períodos poéticos que en ellas se comprenden! ¡Con 
qué gusto están puestos en medio aquellos tres versos cor- 
tos como para amenizar algún tanto con su gracia i armo- 
nía la sobrada austeridad que resultada si todos fueran 
mayores! I en medio de la llanura i curso de la versificación, 
nótese cómo en la primera estancia le rompe con aquella 
trasposición enfática del principio, i con las bellas pausas i 
apoyaturas que se ven en la misma estancia, en la siguiente, 
i en los ecos de la penúltima; todas convenientes i propias 
para espresar, ya el dolor que le embarga, ya el agolpa- 
miento de los objetos que se le presentan ala vez, ya, en fin, 
la importancia de la idea a que corresponde la palabra en 
que se para. 

''Fuera por demás hablar de la parte de fantasía, puesto 
que hasta el menos intelijente percibe la vivacidad, la ri- 
queza i la variedad de las imájenes en que abunda este poe- 
ma: las cuales, hallándose incorporadas la dicción, no pa- 
recen buscadas ni traidas como por fuerza a enriquecer un 
asunto de suyo estéril i seco. ¿Qué necesidad tenia el poeta 
de valerse aquí de este arbitrio? Su asunto le basta, su do- 



ANÁLISIS LITERARIO 395 



lor le inspira, su imajinacion le pinta cuanto escribe. Así es 
que todo en esta composición siendo tan grande i tan esco- 
jido, parece hecho sin esfuerzo i sin artificio. Una vez situa- 
do el poeta delante de su objeto, t hallada la relación que 
hai entre uno i otro, lo demás nace espontáneamente sin el 
menor indicio de fatiga. Lo mas notable es la facilidad de 
algunas espresiones i palabras que, siendo en lo común ba- 
jas i triviales, aquí por el lugar en que están puestas i por 
los accesorios que las acompañan, se hacen tan nobles co- 
mo espresivas. El amarillo jaraniago afrentará los templos 
de las falsas divinidades; el vil lagarto hará su morada en 
las mismas casas donde rodaron las cunas de oro i marfil 
de los Césares, i donde ellas en otro tiempo se veian ador- 
nadas con jazmines o con laureles. 

Este despedazado anfiteatro. — Solo el que haya visto el 
local a que se refiere, puede penetrarse bastantemente de la 
propiedad que hai en estn espresion enérjica: porque el as- 
pecto que tiene aquel monumento no es tanto de una casa 
destruida por la acción lenta del tiempo, como de ha de ha- 
ber sido rota i dispersada por las manos de la venganza i 
del furor. 

Las torres que desprecio al aire fueron. — Este A^erso es el 
único que a mi parecer desdice algún tanto de los demás. En 
su sentido obvio i natural quiere decir que las torres eran 
despreciadas del aire, i esto no es consiguiente a la inten- 
ción del escritor. Si quiso decir que las torres despreciaban 
los ímpetus i embates del viento, como parece mas natural, 
ya entonces la frase es oscura, i tiene sus visos de gongoris- 
mo. Acaso el autor escribió hicieron en lugar de fueron, i el 
sentido así presentaria menos dificultades. 

"La última estancia no pertenece ya a la obra; i por su 
objeto, su ejecución i su estilo está enteramente fuera del 
cuadro que el autor se propuso. Nosotros ignoramos la 
historia de este poema: talvez encargado Rioja de escribir 
versos al mártir San Jeroncio, prelado de Itálica, le sirvió 
esto de ocasión i materia para emplear su fantasía en las 
ruinas i antigüedades del pueblo, i no tuvo arte ni volun- 
tad para enlazar lo uno con lo otro. En tal caso esta mala 
estancia habrá sido la causa del poema, i como sin ella no 
le tendriamos, podriamos llamarla feliz culpa. 

"Itálica pereció; lo poco que el tiempo i los hombres han 
dejado de ella será al fin devorado también; pero esta can- 
ción durará i con ella el nombre de su autor; i la mostrará 



396 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



a cuantos hombres de gusto i de imajinacion lean en lo ve- 
nidero versos castellanos, los bellos i grandes sentimientos 
que aquellas mudas ruinas supieron inspirar al jenio poéti- 
co de Andalucía. 

Sunt lacrymae rerum, et mentem mortalia tanguiit." 

Quintana, 

Notas al Parnaso español. 

(Otro análisis) 

"Después de la época de Juan de Mena, nuestros poetas 
del siglo XVI mostraron hasta dónde consiente nuestra 
lengua un hipérbaton natural i bello sin incurrir en oscuri- 
dad ni afectación: sirvan por todos los demás los siguien- 
tes ejemplos. Rioja empieza de esta manera su Canción a 
las ruinas de Itálica : 

Estos, Fabio, ¡ai dolor! que ves ahora 
Campos de soledad, mustio collado, 
Fueron un tiempo Itálica fíimosa. 

"Es imposible presentar desde luego un cuadro magnífico 
con colores que hieran mas vivamente la imajinacion: pero 
adviértase que gran parte de este efecto singular lo produce 
la artificiosa colocación de las palabras. ¡Cuánto tino, 
cuánta filosofía mostró en ella el poeta! Lo primero que 
ocupa su ánimo es el triste espectáculo que tiene ante sus 
ojos; va a empezar a describirlo; suelta apenas una pala- 
bra, i se vuelve involuntariamente al amigo que tiene al 
lado, como acontece a todo el que esperimenta una sensa- 
ción fuerte, que necesita comunicarla; mas la sensación que 
esperimenta, le causa una pena tan profunda que le arran- 
ca una esclamacion dolorosa antes de proseguir: seis pala- 
bras están interpuestas entre un pronumbre i un nombre 
concertados; i sin embargo, nada nos parece riías natural, 
nada menos oscuro, i lejos de incomodarnos la inversión 
del réjimen gramatical, sentimos placer con la suspensión 
en que el poeta pone nuestro ánimo. Así nos prepara a reci- 
bir la impresión dolorosa que él mismo esperimenta; en el 
segundo verso reduplica las imájenes tristes, por si una 
sola no era bastante; i cuando ya nos supone contemplan- 
do aquel terreno con el recojimiento que nos inspiran unos 
campos solitarios i un monte árido i desnudo, presenta a 



ANÁLISIS LITERARIO 397 



nuestra vista el mas vivo contraste, diciendo que en aquel 
lugar, en aquel mismo sitio existió antiguamente Itálica. 
Si hubiera soltado este nombre en el primero o en el segun- 
do verso, satisfecha ya la curiosidad, prestariamos menos 
atención a las circunstancias posteriores; pero reservando 
el objeto principial para el fin, i añadiéndole un epíteto 
espresivo para producir mas fuerte vibración en nuestra 
alma, el poeta ha apurado todos los recursos para lograr 
cumplidamente su objeto". 



Martínez de la Rosa, ^ 

Anotaciones a la Poética, canto II. 



Vil 

Al céfiro 

''Dulce vecino de la verde selva, 
Huésped eterno del Abril florido, 
Vital aliento de la madre Venus, 

Céfiro blando; 
Sí de mis ansias el amor supiste. 
Tú, que las quejas de mi voz llevaste, 
Oye, no temas, i a mi ninfa dile. 

Di le que muero. 
Filis un tiempo mi dolor sabia, 
Filis un tiempo mi dolor lloraba. 
Quísome un tiempo; mas agora temo. 

Temo sus iras. 
Así los dioses con amor paterno, 
Así los dioses con amor benigno, 
Niegen al tiempo que feliz volares 

Nieve a la tierra. 
Jamas el peso de la nube parda. 
Cuando amanece en la elevada cumbre. 
Toque tus hombros, ni su mal granizo 

Hiera tus alas". 

EsTÉVAN Manuel de Villegas 



1 V. las Noc. de hist. lit., part. III, cap. III, § 28. 

2 Nacido en Nájera (Rioja, en España) por los años de 1595, i 
muerto en 1669. Sus poesías, todas del jénero erótico, son la obra de 
su juventud. Mas tarde se dedicó a trabajos mas serios, que sin embar- 
go, no le granjearon la reputación que se conquistó con sus ensayos 



398 MANUAL DB COMPOSICIÓN LITERARIA 



"Esta oda muestra las felices disposiciones del autor i la 
flexibilidad de su talento. Parece griega, no solo por el 
metro sino por la pureza del gusto, por la gracia, por la 
elegancia, i por la sencillez del pensamiento único que le sir- 
ve de base: prueba manifiesta de que no era el talento lo 
que faltaba a Villegas para seguir puntualmente a sus mo- 
delos, sino la inclinación i el gusto. Tiene esta oda la parti- 
cularidad de ser los primeros buenos sáficos que se han he- 
cho en castellano, i el ensa3^o mas feliz de las imitaciones 
métricas en que se ejercitó nuestro poeta. Otros le han se- 
guido en esto con mas o menos acierto, según han. sabido 
escojer su asunto i dar a sus composiciones la conveniente 
estension; porque ni este metro es bueno para todos los 
argumentos líricos, ni tampoco sufre ser empleado en poe- 
mas algo dilatados: hasta aquí las odas sáficas que han 
hecho mas fortuna son las mas cortas. El mismo Villegas 
en sus sáficos a la Paloma, Cadalso i Meléndez en varias 
odas, i algún otro mas, haa querido suplir con el asonante 
o con la rima la perfección de la prosodia exacta que no les 
era asequible; pero, hasta ahora estos ensayos no han sido 
felices, sea por falta de tino, sea por falta de oido, sea que 
el metro no se preste a ello". 

Quintana, 

Ñolas al Parnaso español. 



VIII 

LaOGOon 

{Eneida, lib. II) 

"Laocoon, gran sacerdote de Neptuno, ofrecía un sacrifi- 
cio solemne a este dios de los tróvanos. Hé ahí que de re- 
pente dos serpientes salidas de Ténedos (tiemblo de horror 

poéticos. «No hai iiad/i en la literatura moderna que se pueda compa- 
rar a la p^racia voluptuosa de Villegas, dice Bouterwekk en su Bis- 
toria de la literatura española; i ningún poeta en jeneral ha consa- 
guido mejor fundir la poesía antigua en la moderna. Verdad es que no 
siempre tiene esa precisión, esa corrección de pensamiento de los clá- 
sicos antiguos, cuyo constante respeto le liabria parecido, como a la 
mayor parte de los poetas españoles, una esclavitud inútil i calculada 
para embarazar al jenio. Pero los lunares son raros en las poesías de 
Villegas, i su gracia es tan seductora que apenas permite notar los 
abusos de que no ha podido preservarse por completo. 



ANÁLISIS LITERARIO 399 



al referirlo), arrastran sus inmensos anillos sobre la super- 
ficie plana de los mares, i avanzan de frente hacia la ribera 
Sus pechos se levantan en medio de las olas, el resto de su 
cuerpo toca apenas la superficie de las aguas, i sus movi- 
bles espaldas se levantan i se encorvan en pliegues de un ta- 
maño desmesurado. La ola espumosa resuena con sus silbi- 
dos. Ya estos monstruos ocupan los campos tróvanos, se 
les ve avanzar con los ojos ardientes, rojos de sangre i de 
fuego; los dardos rápidos de sus lenguas lamen silbando sus 
gargantas entreabiertas. A su vista, nosotros huimos páli- 
dos de terror. Los monstruos siempre de frente i sin des- 
viarse en su camino, van derecho sobre Laocoon. Primero 
abrazan con sus flexibles anillos a los dos hijos del gran sa- 
cerdote, los desgarran con sus mordeduras i se hartan con 
sus miembros. Laocoon, con la espadaen la mano, vuela en 
socorro de*sus hijos los dragones lo toman a él mismo i lo 
encadenan con sus tortuosos pliegues. Ya lo han abrazado 
dos veces por la mitad del cuerpo, dos veces han estrechado 
sus escamosos anillos alrededor de él, i sin embargo sus 
frentes chispeantes i sus crestas soberbias se elevan todavía 
mas arriba de la cabeza de Laocoon. En vano, este desgra- 
ciado padre se empeña por arrancar con sus dos manos los 
nudos que lo rodean: una sangre corrompida i un negro 
veneno inundan las vendas sagradas que ciñen su cabeza. 
Al mismo tiempo, lanza hacia el cielo clamores horribles, 
como los mujidos de un toro que, herido porelsacrificador, 
se escapa del altar i arroja de su cuello el hacha insegura. 
Entonces los dos dragones se lanzan con gran rapidez ha- 
cia el templo de Minerva; entran a la cindadela de la cruel 
diosa, i se ocultan a sus pies bajo la órbita de su escudo". 



*'La aprobación de los siglos ha consagrado este episo- 
dio. Jamas se llevó mas lejos el arte de pintar i de producir 
una ilusión completa. Es menestar el socorro de la reflexión 
para acordarse del poeta, porque los ojos, la atención, el 
pensamiento están vigorosamente ocupados por la situa- 
ción. No es éste una narración o un cuadro; es una serie de 
escenas terribles i conmovedoras que pasan en nuestra pre- 
sencia. 

"Hemos visto partir deTénedos a los dos monstruos en- 
viados por Palas. Su primer aspecto tan espantoso aun a 
la distancia que los agranda ante los ojos de laimajinacion, 
sus formas que pertenecen a una naturaleza desconocida, 



400 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

SU talla desmesurada, sus crestas del color de la sangre con 
que se alimentan, el ruido con que hacen resonar las olas 
espumosas, todo anuncia en ellos a los ajentes de una ven- 
ganza del cielo. La calma de las olas aumenta el terror que 
inspiran los dragones; el efecto de la escena habria desapa- 
recido o se habria debilitado mucho si el poeta los hubiese 
hecho arrojar sobre la ribera por una tempestad. Era me- 
nester que los troyanos pudiesen contemplarlos i hartarse 
con el espectáculo que causaba su espanto. Este crece por 
grados siguiendo todos los movimientos de los monstruos 
sobre las aguas. Se acercan. Sus ojos lanzan relámpagos 
siniestros como los que preceden al rayo: anuncian la des- 
gracia que se prepara. Los horribles silbidos que redoblan 
sus lenguas ávidas de beber sangre que han venido a bus- 
car desde tan lejos, son la señal de fuga para los mas intré- 
pidos. Laocoon, sea por confianza en los dioses, sea por 
respeto al ministerio augusto que entonces desempeñaba, 
sea por inspiración del amor paterno, queda solo con sus 
hijos en presencia de la muerte. Todas estas circunstancias, 
tan hábilmente encadenadas, son mui aparentes para con- 
mover a la muchedumbre; pero la marcha firme de las ser- 
pientes hacia el gran sacerdote, asegurando a cada cual 
sobre sus propios peligros, viene a ser para todos la señal 
manifiesta de la cólera divina. Laocoon es la víctima esco- 
jida por el cielo; hé ahí lo que piensa el ejército entero. 

"Sigamos la admirable gradación que el pintor ha obser- 
vado en el resto del cuadro. Los reptiles abrazan primero 
a los dos hijos de Laocoon; este desgraciado padre se sien- 
te ya morir en lo que tiene de mas caro en el mundo; sin 
embargo, vuela al Svicorro de sus hijos: tal es el primer mo- 
vimiento de la naturaleza. Pero inmediatamente encade- 
nado él mismo por esos monstruos, ve sus cabezas sangrien- 
tas dominar la suya i la de sus hijos, inocentes víctimas, 
que no pudiendo tender sus brazos a su padre, vuelven 
hacia él sus dolorosas i últimas miradas. Todos los sufri- 
mientos del cuerpo, todos los dolores del alma se agrupan 
sobre él; pero él se estrecha contra ellos i se esfuerza en 
romper los invencibles nudos que le impiden defender a sus 
hijos. Este espectáculo nos penetra de un terror que hace 
que nuestra compasión sea muda; i detiene nuestras lágri- 
mas; estamos demasiado horrorizados para poder llorar; 
aunque cada uno de los gritos del gran sacerdote resuena 
en nuestro corazón. Yirjilio ha descuidado de pintar los 
últimos momentos del sacrificador i de su familia: ha hecho 



ANÁLISIS LITERARIO 401 



bien, la imájen de su muerte no habría sido tan espantosa 
como el aspecto de su dolor en los horribles abrazos de los 
monstruos. Hai cosas que parecen indispensables al vulgo 
i que el talento desecha por un consejo del jenio. 

¿Qué necesidad habia deque la comparación del gran sa- 
cerdote con el toro herido que huye del altar i sacude el ha- 
cha insegura con que ha sido herido, venga a interrumpir 
un momento el placer doloroso de un terror tan profundo, i 
a desengañarnos mostrándonos al poeta tan bien oculto 
hasta entonces? Solo un escritor podia cometer la falta 
de Virjilio; jamas un testigo de la escena, de cualquier clase 
que se le escoja, habría pensado en el toro del secrificio al 
trazar los últimos sufrimientos de Laocoon. La compara- 
ción carece de nobleza, de oportunidad i de verdad. Se po- 
dría decir, continuando el paralelo de las imájenes, que 
Laocoon ha podido salir vivo del mas cruel de los supli- 
cios; pero si así fuese, este desgraciado padre no huirla; ins- 
pirado por el amor paterno, vendría a exhalar los restos 
de su vida cerca de sus hijos privados de luz. 

Casi aflijidos por haber encontrado un lunar en una 
creación tan admirable, apresurémonos a añadir que la re- 
tirada de las serpientes que se refujian bajo la órbita del 
escudo de Palas, termina el prodijio i pone el colmo a las 
impresiones que el poeta ha querido producir." 



TiSSOT, 1 
Estudios sobre Virjilio, Eneida, lib. II. 



1 Pedro Francisco Tissot, poeta i crítico contemporáneo 
(1768 - 1854), ha hecho un análisis tan prolijo como concienzudo 
de Virjiiio, estudiando detenidamente cada uno de sus pasajes i 
comparándolos con otro de los poetas antiguos i modernos, en 
que han cantado asuntos análogos. Los jóvenes encontrarán en 
ese libro verdaderos modelos de análisis literario, hechos con un 
buen gusto i con una erudición mui distinguidos. La obra de Ti- 
ssot es un guía excelente para aprender a apreciar i a admirar en 
su conjunto i en todos sus detalles la grandiosa epopeya latina. 
Aunque ésta ha sido el objeto de otros comentarios notables por 
el saber i por la crítica, los Estudios de Tissot enseñan mas que 
cualquier otro libro la interpretación literaria de Virjilio^ 



TOMO V 26 



402 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

IX 
Un fragmento de don Quijote 

"No es fácil fijarse en la elección de un episodio del Qui- 
jote. Todos presentan títulos del mejor derecho: i como en 
todos puede hallar lugar la crítica, yo he preferido el episo- 
dio del caballero del verde gabán, como le llamaba don 
Quijote, por ofrecer un ejemplo de hospitalidad en la afa- 
bilidad, i el cortes trato de don Diego de Miranda i su fa- 
milia. Este trato i la casa de don Diego pinta Cervantes 
en el cap. XVIII de la II parte, de esta manera: 

"Halló don Quijote ser la casa de don Diego de Miranda, 
ancha como de aldea; las armas, empero, aunque de pie- 
dra tosca, encima de la puerta de la calle, la bodega en el 
patio, la cueva en el portal, i muchas tinajas a la redonda, 
que por ser del Toboso le renovaron las memorias de su en- 
cantada i transformada Dulcinea: i suspirando i sin mirar 
lo que decia, ni delante quién estaba, dijo: 

¡O dulces prendas por mi mal halladas! 
Dulces i alegres, cuando Dios queria. 

¡O tobosescas tinajas, que me habéis traido a la memoria 
la dulce prenda de mi mayor amargura!" Cervantes co- 
mienza, i no acaba la descripción de la casa de don Diego, 
porque le sale al paso naturalmente la locura de don Qui- 
jote; deteniendo a éste el objeto en que su exaltada fantasía 
le hace olvidar todo lo demás. Tan propio como es este 
corte, seria impropia una descripción completa; porque en 
un asunto de no mayor importancia hubiera sido fria e in- 
sulsa, como lo da después a entender. Si es de alabar 
esta economía, no es para recomendarse la propiedad de 
los términos, i aun el orden de la descripción. Decimos de 
una casa que es grande, o espaciosa, pero no ancha] las dos 
partículas adversativas, empero, i aunque casi de igual 
naturaleza, estarian mejor separadas una de otra; i aun- 
que la partícula empero en la idea de Cervantes modifica a 
la sobrepuerta o fachada de la casa, como para denotar 
con una sola palabra la vanidad de un hidalgo lugareño, 
por su posición se entiende a todos los particulares que 
describe; lo cual es una impropiedad. 

En el último término de la descripción es también defec- 



ANÁLISIS LITERARIO 403 



tuoso el orden. El portal en todas las casas de aquel país 
está antes del patio; i debió notarse primero lo que prime- 
ro se encuentra: las tinajas estaban a la ronda, no del por- 
tal, sino del patio; i por esto debió decir **la cueva en el 
portal, la bodega en el patio, i muchas tinajas a la redon- 
da." Talvez pudiera añadirse que como solo en el primer 
miembro de la descripción hai verbo espreso "halló ser," 
falta una preposición en el otro para que no se suponga 
implícito éste, que no puede cuadrarle; pues que no podre- 
mos decir: "las armas empero.... ser encima de la puerta 
de la calle, la bodega ser en el patio, la cueva ser en el por- 
tal:" i todo se remediaba ríjendo la preposición con las 
armas, la bodega, la cueva i las tinajas. Para no omitir 
nada, diré que como el relativo que recae sobre las tinajas, 
hubiera habido mas unión i rotundidad, diciendo: "i a la 
redonda muchas tinajas, que por ser del Toboso le renova- 
ron las memorias de su encantada i transformada Dulci- 
nea." En el mismo punto en que desaparecen los descuidos 
de estilo, comienzan, las bellezas de su locución. Los dos 
epítetos encantada i transformada, son aquí mui felices, 
espresando un acaecimiento terrible para el enamorado 
corazón de don Quijote, que para él solo vio tan principal 
señora mudada en una labradora pobre. Al tropezar su 
vista con tan tristes recuerdos, suspirando i sin mirar lo 
que decia, ni delante de quién estaba, dijo: 

"¡O dulces prendas por mi mal halladas! 
Dulces i alegres, cuando Dios quería. 

¡O tobosescas tinajas, que me habéis traido a la memo- 
ria la dulce prenda de mi mayor amargura!" Los dos ver- 
sos de Garcilaso vienen aquí mui bien para caracterizar a 
don Quijote; a quien leyendas de historias caballerescas, i 
de poesías tenian rematado el juicio; i la esclamacion con 
que los perifrasea, es bella por el antítesis, i por la esten- 
sion i rotundidad del período. Las observaciones que me 
han ocurrido al examinar este primer trozo muestran cla- 
ramente, que se pueden hallar muchos descuidos en las 
obras de un escritor injenioso i de distinguidos talentos. I 
aunque las bellezas pueden ser tantas, que a pesar de estos 
descuidos el estilo sea agradaííle en el todo, bueno es que 
todo escritor evite en cuanto pueda descuidos de cualquiera 
clase. 

"Oyóle decir esto el estudiante poeta, hijo de don Diego, 



404 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



que con su madre había salido a recibirle; i madre i hijo 
quedaron suspensos de ver la estraña ñgura de don Qui- 
jote." Estraña figura hace también en esta sentencia aquel 
"oyóle decir esto;" porque huelga enteramente en ella: la 
suspensión del estudiante poeta, hijo de don Diego, que con 
su madre habia salido a recibir a don Quijote, no se dice 
que fué por haberle oido aquellos versos i aquella esclama- 
cion sentida, sino por haber visto su estraña figura. Bien 
se deja entender que en el estudiante poeta haria otra sen- 
sación que en su madre lo que uno i otro i cuantos a la vis- 
ta estaban, oirían a don Quijote: pero por entonces no era 
del caso indicar nada de esto; puesto que aun no habia pa- 
sado, como suele decirse, del umbral don Quijote. 

"El cual apeándose de Rocinante fué con mucha cortesía 
a pedirle las manos para besárselas." No se sabe a quién 
fué a pedirle las manos: porque estaban allí el estudiante 
poeta i su madre, que habian quedado suspensos al ver su 
estraña figura. 

"I don Diego dijo: recibid, señora, con vuestro sólito 
agrado al señor don Quijote de la Mancha, que es el que 
tenéis delante, andante caballero, i el mas vaHente i el mas 
discreto que tiene el mundo." Don Diego que, desde su en- 
cuentro con don Quijote, habia estado todo atento a 
mirar i notar sus hechos i palabras, i que por esto i por la 
confesión misma de don Quijote lo tenia por un hombre 
disparatado i loco, i habia ya conocido el pié de que cojea- 
ba, debió presentarlo a su esposa según el humor que en él 
se advertia: por esto, i porque al cabo era un hidalgo el 
que presentaba a su esposa a don Quijote, conformándose 
con el estilo caballeresco, dijo mui bien: "Recibid, señora, 
con vuestro sólito agrado al señor don Quijote de la 
Mancha, que es el que tenéis delante." Siéntese también 
alguna gracia por el sabor a las maneras de este mismo es- 
tilo en la inversión de andante caballero, i la posición del 
epíteto inmediato a la partícula delante. Pero donde se 
descubre mas filosofía es en la repetición del artículo, califi- 
cando a su huésped de el mas valiente i el mas discreto 
que tiene el mundo. Como la valentía se distingue entera- 
mente de la discreción, i a veces contrasta con ella, no dijo 
el mas valiente i discreto: ni se contentó con decir el mas 
valiente i mas discreto: sino que para denotar fuertemente 
dos calidades a veces encontradas, que se reunian en alto 
grado en su huésped, cargó sobre el artículo, haciendo con 



ANÁLISIS LITERARIO 405 



esto parar la atención de doña Cristina en cada una de las 
prendas, que se hacian tan singular a don Quijote. 

"La señora, que doña Cristina se llamaba, lo recibió con 
muestras de mucho amor i cortesía: i don Quijote se le ofre- 
ció con asaz de discretas i comedidas razones." A primera 
vista se advierte haber puesto equivocadamente Cervantes 
un caso por otro; el dativo por el acusativo; pues cualquie- 
ra conoce que debió decir: "La señora lo recibió;" i si hu- 
biese quien dudase de esto, o lo tuviere a nimiedad, vea el 
sentido vago i aun torpe que haria el segundo miembro del 
periodo, si en lugar de decir: "i don Quijote se le ofreció," 
hubiera dicho se lo ofreció. Aquí don Quijote se ofreció a sí 
mismo a doña Cristina; i el pronombre debió estar como 
está en dativo: allí doña Cristina recibió a don Quijote con 
mucho amor i cortesía, i por consiguiente debió estar en 
acusativo." 



José Luis Munárriz 



1 Munárriz, que fué miembro de la Academia española, tradujo 
al castellano 1^ Lecciones sobre la retórica i las bellas letras de 
Hugo Blair; i reemplazó las lecciones XX i XXI del orijinal en que 
el autor analiza el estilo de algunos de los mas ilustres escritores 
ingleses, por otras en que el traductor estudia el estilo de Cervan- 
tes i de don Diego Saavedra Fajardo. Las observaciones de Muná- 
rriz, aunque algo difusas, son jeneralmente juiciosas, si bien a ve> 
ees pecan de purismo o incurre en algunos errores. Así, por ejem- 
plo, critica a Cervantes el empleo del relativo quien como repro- 
ductivo de un plural, sin haberse fijado en que los escritores espa- 
ñoles hasta principios del siglo XVII emplearon a quien como in- 
declinable, i, como hemos dicho en otra parte, servia indiferente- 
mente para reproducir el singular i el plural. 



40() MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

X 

El Satanás de Milton 

{Paraíso Perdido, fragmentos de los libros I i lY) i 

"El Dante i el Taso pintaron, antes que el poeta ingles, al 
monarca del infierno. La imajinacion del Dante, agotada 
por nueve círculos de tormento, hizo de Satanás un mons- 
truo abominable, aherrojado en el centro de la tierra, mien- 
tras el Taso lo hizo ridículo al armarle de cuernos. Arras- 
trado por estas autoridades, Milton tuvo por un momento 
el mal gusto de fijar dimensiones a su Satanás; pero en ver- 
dad que se levanta de su caida de una manera sublime. Es- 
cuchad al príncipe de las tinieblas esclamar, en la cumbre 
de la montaña de fuego desde donde por vez primera con- 
templa su imperio. 

"; Adiós, campos afortunados, mansión de las eternas ale- 
grías! ¡Horrores! ¡yo os saludo! ¡Yo te saludo mundo infer- 
nal! ¡Abismo! ¡recibe a tu nuevo monarca, que te trae un 
espíritu que ni los tiempos ni los lugares cambiarán jamas! 
A lo menos, aquí seremos libres, aquí reinaremos! ¡El rei- 
nar, aun en los infiernos, es digno de mi ambición! 

¡Qué modo de tomar posesión en los abismos del infierno! 

Habiéndose congregado el consejo infernal, el poeta re- 
presenta a Satanás en medio de su senado: 

"Sus formas conservaban parte de su primitiva majes- 
tad; no parecia un arcánjel caido, sino una gloria algo os- 
curecida, como cuando el sol en su oriente lanza un rayo 
horizontal al través de las nieblas de la mañana; o como 
cuando en un eclipse, oculto este astro detras de la luna, 
derrama sobre la mitad de los pueblos un crepúsculo funes- 
to i atormenta a los reyes con el temor de terribles revo- 
luciones. Tal parece el arcánjel; aunque oscurecido, brilla- 
ba sobre sus compañeros de caida; no obstante, su frente 
se mostraba cicatrizada por el rayo, i las amarguras eran 
ya muí antiguas en sus pálidas mejillas." 

Acabemos de conocer el carácter de Satanás. Habiendo 
huido del infierno, llega a la tierra, i sintiéndose poseido de 
negra desesperación al contemplar las maravillas del uni- 
verso, apostrofa en estos términos al sol: 

"¡Oh tú, que coronado de inmensa gloria, dejas caer tus 
miradas desde lo alto de tu solitaria dominación, cual Dios 



i Véase las Noc. de hist. lit. part. III, cap. VI, § 6. 



ANÁLISIS LITERARIO 407 



de este nuevo universo: tú, en cuya presencia las estrellas 
se ocultan humilladas, yo elevo una voz hacia tí; no, empe- 
ro, una voz amiga: no pronuncio tu nombre, ¡oh sol! sino 
para decirte cuan odiosos me son tus rayos. ¡Ah, ellos me re 
recuerdan la altura de que he sido despeñado, i cuan glorioso 
brillaba un dia, viendo tu esfera jirar a mis pies! El orgullo 
i la ambición me han precipitado, pues me atreví a decla- 
rar la guerra al Rei del cielo, en el cielo mismo. I en verdad 
que no merecia tan desleal recompensa, pues me habia he- 
cho todo lo que era en una elevada jerarquía 

Colocado a tanta altura, me negué a la obediencia, pues 
creí que un paso mas me llevaria al rango supremo, i me 
descargaría en un momento de la inmensa deuda de una 
gratitud eterna. ¡Oh! ¿Por qué su omnipotente voluntad 
no me creó en la categoría de algún ánjel inferior? Feliz se- 
ria aun, pues mi ambición no se habria alimentado con 

una ambición ilimitada Miserable! ¿Dónde huiré de una 

cólera infinita i de una infinita deseperacion? til infierno 

me acompaña a todas partes, yo mismo soi el infierno 

¡Oh Dios! ¡mitiga tus golpes! ¿No has dejado algún camino 
al arrepentimiento i a la misericordia, fuera de la obedien- 
cia? ¡La obedencia! El orgullo me prohibe pronunciar esta 
palabra, que me avergonzaria ante los espíritus del abis- 
mo. No les seduje por medio de promesas de su misión, 
cuando me atreví a ofrecerles que avallasaria al Omnipo- 
tente. ¡Ah! Mientras me adoran en el trono de los infiernos, 
ignoran cuan caras pago aquellas palabras soberbias, i 
cuanto jimo interiormente bajo el peso de mis dolores 

Pero, ¿i si me arrepintiese, o si por un rasgo de la gracia 
divina, reconquistase mi primitiva condición? Una cla- 
se elevada volvería a excitarme en breve ambiciosos propó- 
sitos, i los juramentos deuna finjida sumisión no tardarían 
en ser desmentidos. El tirano lo sabe i está tan lejos de 
concederme la paz, cuanto yo lo estoi de pedirle gracia. 
¡Adiós, pues, esperanza, adiós, temor e importunos remor- 
dimientos! todo está perdido para mí.. ..¡Mal, sé tú mi úni- 
co bien! A lo menos, merced a tí, compartiré el imperio con 
el rei del cielo, i aun tal vez reinaré sobre mas de la mitad 
de universo, como lo echarán de ver en breve el hombre i 
este nuevo mundo." 

Por grande que sea nuestra admiración por Homero, de- 
bemos confesar que nada puede compararse con este pasa- 
je de Milton. Cuando a la grandeza del asunto, a la her- 
mosura de la poesía i a la natural elevación de los persona- 



40S MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



jes se añade un conocimiento tan profundo de las pasiones, 
nada mas debe exijirse al jenio. Satanás, arrepintiéndose 
a la vista de la luz que detesta, porque recuerda cuan supe- 
rior le ha sido; deseando luego haber sido creado en mas 
humilde jerarquía; endureciéndose después en el crimen por 
orgullo, por vergüenza, i hasta por desconfianza de su ca- 
rácter ambicioso; i por último, encargándose del imperio 
del mal durante toda una eternidad, por único fruto de 
sus reflecciones, i como para espiar un momento de arre- 
pentimiento; hé aquí ciertamente si no nos equivocamos, 
una de las mas sublimes i patéticas concepciones que ha 
brotado en tiempo alguno el cerebro de un poeta." 

Chateaubriand, 
Jenio del cristianismo, part. II, lib. IV, cap. IX. 



XI 



Causas de la decadencia i grrandeza de los Romanos, 
por Montesquieu 

"Cuando la dominación de Roma estaba limitada a la 
Italia, la república podia subsistir fácilmente. Todo solda- 
do era igualmente ciudadano, cada cónsul levantaba un 
ejército, i otros ciudadanos iban a la guerra bajo el mando 
de aquel que les sucedia. 

*'Como el número de las tropas no era excesivo, había 
cuidado de no recibir en la milicia mas que a personas que 
poseyesen algunos bienes para que tuviesen interés en la 
conservación de la ciudad. En fin, el senado vijilaba de cer- 
ca la conducta de los jenerales i les quitaba el pensamiento 
de hacer algo contra su deber. Pero cuando las lejiones pa- 
saron los Alpes i el mar, los soldados, a quienes era nece- 
sario dejar durante muchas campañas en los paises que se 
quería someter, perdieron poco a poco el espíritu de ciuda- 
danos; i los jenerales que dispusieron de los ejércitos i de los 
reinos, sintieron su fuerza i ya no pudieron obedecer. Los 
soldados comenzaron pues ano reconocer mas que a sus je- 



ANÁLISIS LITERARIO 400 



nerales, a fundar todas sus esperanzas en ellos i a ver mas 
lejos la ciudad. Dejaron de ser soldados de la república 
para serlo de Sila, de Mario, de Pompeyo, de César; Roma 
no pudo ya saber si el que estaba a la cabeza de un ejército 
en una provincia era su jeneral o su enemigo. 

'^Mientras el pueblo romano no fué corrompido mas que 
por sus tribunos, a quienes no podia concederles mas que 
su propio poder, el senado pudo defenderse con facilidad, 
porque trabajaba constantemente, en vez de que el popula- 
cho pasaba de la estremidad del ardor a la estrema debili- 
dad; pero cuando el pueblo pudo dar a sus favoritos una 
formidable autoridad en el esterior, toda la prudencia del 
senado se hizo inútil, i la república fué perdida." 

Bs menester observar en este estilo la dignidad, el fondo, 
la penetración i ese poder de pensamiento que parece con- 
densarse en cada espresion hasta llegar a ser inseparable 
de ella. Todo lo anterior puede reducirse a esta doble idea: 

1*^ Roma, antes que hubiese salido de Italia, tenia sus 
ejércitos disciplinados; 

2" Roma, desparramada mas allá de las mares, no te- 
nia mas que ejércitos independientes de las leyes de la re 
pública, que pertenecian a sus propios jefes, i prontos a 
convertirse en sus manos en instrumentos de tiranía; de ahí 
el abatimiento del senado delante de los favoritos del pue- 
blo sostenidos por los ejércitos. 

Examínese todo el detalle de las frases que desenvuelven 
este tema, i se encontrará un tejido firme, apretado, de 
mallas de acero, que no se doblegan, de suerte que cada 
proposición robustece a la precedente, i a su vez es soste- 
nida i sostiene a la que se sigue: — ''Los jcnerales que dispu- 
sieron de los ejércitos i de los reinos, sintieron su fuerza i 
ya no pudieron obedecer." Hai algo de delicado al mismo 
tiempo que de vigoroso en este último rasgo; basta sentir 
su fuerza para que un poder irresistible impida obedecer. 
I en esta otra frase: ^'Cuando el pueblo pudo dar a sus 
favoritos, etc.", se ve la ruptura de equilibrio del pueblo i 
del senado; i esto está espresado de una manera tan clara, 
que la conclusión "la república fué perdida" no tiene nada 
de sorprendente. — Prosigamos. 

**Lo que hace qne los estados libres duren menos que 
los otros, es que las desgracias i los triunfos les hacen casi 
siempre perder la libertad, en lugar de que los triunfos i las 
desgracias de un estado en que el pueblo está sometido, 



410 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITEiíARIA 

afirman igualmente su servidumbre. Una república sabia 
no debe aventurar nada que la esponga a la buena o mala 
fortuna; el único bien a que debe aspirar, es la perpetuidad 
de su estado. 

"Si la grandeza del imperio perdió la república, la gran- 
deza de la ciudad no la perdió menos. Roma habia some- 
tido todo el universo con el auxilio de los pueblos de Ita- 
lia, a los ouales habia dado en diferentes tiempos diversos 
privilejios. La mayor parte de esos pueblos no se habia 
cuidado mucho del derecho de ciudadanía romana, i algu- 
nos prefirieron guardar sus usos. Pero cuando este derecho 
fué el de la soberanía universal; cuando no se era nada si 
no se era ciudadano romano, i cuando con este título se 
era todo, los pueblos de Italia resolvieron perecer o ser ro- 
manos; no pudiendo conseguir su objeto con ruegos, toma- 
ron las armas; se sublevaron toda esa parte que mira al 
mar jónico; los otros aliados iban a seguirlos; Roma, obli- 
gada a combatir contra los que eran, por decirlo así, las 
manos con que encadenaba a todo el universo, estaba per- 
dida, iba a ser reducida a sus murallas: concedió este dere- 
cho tan deseado a los aliados que siempre habían sido 
fieles, i poco a poco lo concedió a todos." 

La filosofía, la política de la historia, en las obras que 
le son consagradas, proceden haciendo alternar los princi- 
pios abstractos i las aplicaciones puramente históricas. 
Montesquieu acaba de plantear el principio, en apariencia 
paradojal, de que las repúblicas no pueden tener impune- 
mente grandes triunfos i grandes reveses; los reveses ma- 
tan, los triunfos corrompen. Planteado este principio, el 
autor que ha demostrado ya en la grandeza de los ejércitos 
i la independencia de los jenerales, una causa de ruina para 
la república, insiste en la prosperidad de esta misma repú- 
blica como causa mayor de su caida. Todo el pasaje si- 
guiente, en que el autor prueba históricamente su tesis, es 
mui hermoso, lleno de hechos i concluyente. Bl pensamien- 
to que reina en él es la lucha de Roma contra todas las na- 
ciones italianas que quieren el derecho de ciudadanía 
romana para participar de la dominación universal, que 
era el patrimonio de los romanos. Roma se hace arrancar 
este derecho poco a poco, lo concede primero a los aliados 
i después a todos. Una imájen maravillosamente vigorosa 
i nueva, es aquella de Roma, "obligada a combatir contra 



ANÁLISIS LITERARIO 411 



aquellos que eran, por decirlo así, las manos con que enca- 
denaba al universo." 

Mazuke, 1 
Manual de análisis literario, cap. XI. 



TEMAS DE EJERCICIOS 



Adioses de Héctor 1 de Andrómaca 

"Héctor sale inmediatamente de su palacio, i recorriendo 
las calles, llega al través de la gran ciudad a las puertas de 
See, por donde debe salir a la llanura. Entonces corre a su 
encuentro su esposa. Andrómaca. Acompáñala una sirvien- 
te llevando en su seno al tierno niño que no habla todavía, 
vastago querido, hermoso como la estrella mas brillante. 
Al ver a su hijo, el héroe se sonrie en silencio, mientras que 
Andrómaca, deshaciéndose en lágrimas, se acerca le toma 
la mano i esclama: 

"Cruel, tu valor te perderá; no tienes compasión de tu 
hijo, ni de mí, desgraciada, que en breve seré viuda, porque 
los griegos no tardarán en matarte atacándote todos jun- 
tos. ¡Valdria mas bajar a la tumbacuando te haya perdido! 
No me quedará ningún placer cuando hayas sufrido tu suer- 
te, pero sí me quedará la aflicción: ya he perdido a mi padre 
i a mi augusta madre. El divino Aquíles, después de haber 
devastado la ciudad de los cilicios, Tébas, la de las sober- 
bias puertas, mató a mi padre Etion. En nuestros palacios 
yo tenia siete hermanos: en unsolodia todos fueron precipi- 
tados a la mansión de Pluton. El impetuoso Aquíles los in- 
moló cuando guardaban nuestros toros i nuestras blancas 
ovejas. En seguida, condujo aquí a mi madre con todo el 
botin; i se le dio la libertad en pago de presentes infinitos, 

1 M. Adolfo Mazure, profesor i literato francés, nacido en 1800, 
es autor de muchas obras de filosofía, de historia i de preceptos i 
crítica literaria. El Manual de que tomamos el fragmento que 
trascribimos en el texto es un libro excelente para los profesores i 
alumnos que quieran ejercitarse en el análisis literario. 



412 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

Diana la hirió con sus flechas en el palacio paterno. Héctor, 
tíí eres para mí mi padre, mi madre venerable, mi hermano 
i mi esposo. Compadécete de Andrómaca, defiéndete desde 
lo alto de nuestras torres, no hagas huérfano a tu hijo i 
viuda a tu esposa. Coloca el ejército cerca de esa higuera 
silvestre. De este lado sobretodo, se puede escalar laciudad; 
la muralla se abaja, i tres veces los mas valientes de los 
griegos han intentado el asalto, sea que un hábil adivino 
les haya dado informes, sea que los haya arrastrado su 
propio ardor." 
El magnánimo Héctor le responde en estos términos: 
"Tus pesares, Andrómaca, son los mios: pero yo me aver- 
gonzada delante de los tróvanos i de las troyanas, si co- 
mo un cobarde evitase las batallas. Mi alma por otra par- 
te se resiste a ello. ¿No he aprendido a conducirme como 
valiente, a combatir en la primera fila, para conservar la 
gloria de mi padre i la mia? Sin embargo, mi corazón, mi 
razón me lo dicen: dia vendrá en que sucumbirán la santa 
Ilion, i Príamo, i el pueblo del belicoso Príamo. Pero el dolor 
que sufrirán entonces los troyanos, el de la misma Hécuba 
i el del rei mi padre, el de mis hermanos que, tan valientes i 
tan numerosos, caerán en el polvo a manos de los enemi- 
gos, no me llegarán tanto al corazón como tu dolor, cuan- 
do uno de los griegos te lleve bañada en lágrimas, después 
de haberte arrebatado la libertad. Entonces, en Argos, tú 
dejarás la tela para otro; con el corazón lleno de amar- 
gura, tú acarrearás el agua de la fuente, i en una dura ne- 
cesidad pesará sobre tí. Entonces el pasajero viendo tus 
lágrimas esclamará: *'Hé ahí a la esposa de Héctor, aquel 
que entre los troyanos sobre salia en el combate, cuando 
alrededor de Ilion se dabanesas grandes batallas." Tales 
serán sus palabras, i ellas renovarán tu dolor, porque en- 
tonces no tendrás un esposo para preservarte de la esclavi- 
tud. ¡Ah, ojalá que yo esté muerto i sepultado bajo la tum- 
ba, antes que oiga tus gritos cuando tú seas arrastradas 
al cautiverio!" 

Al terminar estas palabras, el ilustre Héctor tiende los 
brazos para tomar a su hijo; pero el niño se da vuelta i se 
oculta llorando en el seno de su nodriza: turbado por el as- 
pecto de su padre, tiene miedo al bronce i al penacho que 
ha visto flotar terriblemente en la cima de su casco; su pa- 
dre i su augusta madre se sonríen, i en el acto el héroe qui- 
ta de su cabeza el casco resplandeciente i lo coloca en 
la tierra; da un beso a su hijo querido, lo mece en sus 



ANÁLISIS LITERARIO 413 



brazos i dirije este ruego a Júpiter i a los otros dioses in- 
mortales. 

''Júpiter i vosotras divinidades, concededme que este niño, 
que mi hijo, se señale como yo entre los troj^anos que sea 
como yo, fuerte, i que reine poderosamente en Ilion; que se 
diga un dia cuando vuelva del combate: "Es mas valiente 
que su padre;" que recoja los despojos ensangrentados del 
enemigo que mate, i que su madre se regocije en su alma." 

Después de esta súplica, coloca el niño en manos de su es- 
posa querida, que lo acerca a su seno perfumado i se sonrie 
llorando. El héroe conmovido de compasión, la acaricia 
con la mano i le dice: 

"No te aflijas por mí, amiga, mia; nadie me precipitará a 
la mansión de Pluton antes que llegue el término fatal. 
Pienso que nadie, entre los humanos, cobarde o valiente, 
desde que ha visto la luz del dia, puede escapar al destino. 
Vuelve, pues, a mi palacio; cuida de tus trabajos, del huso 
i de los tejidos, distribuye su tarea a tus mujeres. Para los 
hombres nacidos en Ilion, i sobre todo para mí, están re- 
servados los peligros de la guerra." 

Dice, i toma su casco de penacho flotante. Su esposa que- 
rida, mirando hacia atrás, i deshaciéndose en lágrimas, 
vuelve al palacio de Héctor. En breve pasa las puertas so- 
berbias, se reúne en los aposentos interiores a sus numero- 
sas sirvientes, i las hace prorrumpir en sollozos. De este 
modo, en la mansión de Héctor todavía lleno de vida, ellas 
lo lloran amargamente; porque no esperan que vuelva de 
esta terrible guerra, salvándose del furor i del brazo délos 
griegos." 

Hombro, i 
Ilíada^ canto VI. 



II 
Muerte de Leandro i de Hero 

(Hero era una sacerdotisa de Venus, que servia en el tem- 
plo de Sestos, en la ribera europea del Helesponto con fre- 
cuencia su esposo prometido Leandro, saliendo de Abídos, 
atravesaba a nado el estrecho para ir a verla.) 

A media noche, en el momento en que las olas están fu- 

1 Véanse las Noc. de hist. lit.. part. I, cap. III, § 4. 



414 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITJUKARIA 

riosamente ajiladas por los vientos, en que todo jime bajo 
el aliento glacial, en que las olas, violentamente sacudidas, 
vienen a azotar las dos riberas del estrecho. Leandro, arras- 
trado por el deseo de ver una vez mas a su tierna esposa, 
se precipita a nado en la inquieta superficie de las ajjjuas. 
Pero las olas corren i se amontonan i parecen querer desa- 
fiar a las nubes: los vientos se declaran una g^uerra encar- 
nizada con que resuena el espacio: el euro comb?ite al céfiro: 
el boreal lanza todo su poder contra el noto: los abismos 
del mar resuenan con el choque espantoso de la tempestad. 

Solo i desarmado en este horrible desorden, Leandro lla- 
ma en su ausilio a Venus, la hija del mar, i a Neptuno, el 
dios de las tempestades; invoca al mismo Bóreas. Pero to- 
dos los dioses estaban sordos a sus ruegos, ninguno vino a 
impedir que se cumpliese la voluntad del destino. El desven- 
turado no puede resistir ya al sacudimiento de las olas, 
que lo arrastran a merced de su capricho: sus pies pierden 
la elasticidad, sus brazos agotados se resisten a hacer nue- 
vos esfuerzos. Ya la onda amarga penetra en su boca entre- 
abierta; el desdichado traga el funesto brebaje; entonces, 
los vientos desencadenados soplan i estinguen la pérfida 
antorcha ^, i ponen un término a la vida i a la ternura del 
desgraciado Leandro. 

Sin embargo, Hero, impaciente por la vuelta de su espo- 
so, permanece con la vista atentamente fija i con el corazón 
destrozado por las mas sombrías inquietudes. La aurora 
la encuentra esperando aun: ¡ah! no ha percibido nada: por 
última vez recorre con la vista la inmensa llanura de las 
aguas, para ver si Leandro estraviado, no viendo brillar 
la señal, se ha perdido en el dédalo de las olas. El triste ob- 
jeto que reconoce al fin abajo de la torre, es el cuerpo de su 
esposo privado de vida, de Leandro, a quien las asperezas 
de las rocas han destrozado. Entonces, desgárralos magní- 
ficos vestidos que la cubren, lanza un grito i se deja caer al 
pié de la torre. Hero exhaló así el último suspiro sobre el 
cadáver de su esposo, i quedaron unidos hasta en la muerte. 

Museo el gramático, 2. 

Hero i Leandros 



1 La antorcha encendida en la ribera opuesta para que le sirviera 
de guía. 

2 Véanse las Noc. de hist. Ut., part. I, cap. III^ § 3. 



ANÁLISIS LITERARIO 415 



III 

Niso i Euríalo 

(Cuenta Virjilio en el libro IX de la Eneida que habiendo 
desembarcado los troyanos en las orillas del rio Tíber, i 
mientras Eneas habia ido a buscar a Ev andró, rei de los 
arcadios. Turno, soberano de los rútulos, fué a atacar a 
los invasores en su campamento atrincherado. Entonces 
tuvo lugar el suceso que trascribimos en seguida, i que for 
ma uno de los episodios mas admirables de la célebre epo- 
peya). 

Guardaba una de las puertas el joven Niso, afamado por 
su valor i por su destreza para lanzar los venablos i las fle- 
chas. A su lado se hallaba su compañero Euríalo, mas jo- 
ven aun, a quien nadie sobrepujaba en belleza éntrelos tro- 
yanos. Unidos con una estrecha amistad, ambos corrian 
juntos al combate; i en este momentos ambos desempeña- 
ban el mismo deber en la misma puerta. 

Niso dijo: "¿Son acaso los dioses, Euríalo, los que me 
inspiran el ardor de que me siento inflamado, o soi como 
tantos otros que toman como una inspiración del cielo el 
entusiasmo que los arrastra? No puedo permanecer tran 
quilo, ardo en deseos de acometer una grande empresa, de 
hacer frente a algún peligro. Ve cuál es la presuntuosa ne- 
glijencia délos rútulos: en su campo brillan apenas algunos 
fuegos esparcidos; están sumidos en el vino i en el sueño, a 
lo lejos reina un profundo silencio. Oye la idea que me ajita 
i me persigue. La vuelta de Eneas es aquí el objeto de todos 
los deseos; todos, jefes i soldados, piden que vaya alguien 
o informarle de nuestros peligros i a apresurar su vuelta. 
Si me prometen las recompensas que yo pediré para tí, por- 
que a mí me basta la gloria, me parece que pasando por el 
pié de esos collados, encontraré un camino que me lleve 
hasta Palanteo". 

Sobrecojido de entusiasmo al oir estas palabras, Euríalo 
responde a su fogoso amigo: "¡I yo! Niso, ¿rehusas acaso 
asociarme a tus jenerosos proyectos? Yo no dejaré que co- 
rras solo tan grandes peligros; ¡ah! esas no son las leccio- 
nes ni los ejemplos que me Ka dado mi padre durante el 
sitio de nuestra patria; no es eso lo que tú me has visto 
hacer desde que juntos nos hemos asociado a los nobles 
infortunios de Eneas. Yo también tengo un corazón que 



416 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

sabe despreciar la vida; i yo también rescataré con mi san 
gre el honor a que aspiras". 

Niso le respondió: "No, yo no he dudado de tí: presérve- 
me el cielo de ello. ¡Ojalá Júpiter o cualquiera otro dios fa- 
vorable a este proyecto me traiga triunfante cerca de tí! 
Pero tú comprendes que esta empresa es mui peligrosa; i si 
alguna casualidad contraria, si alguna divinidad enemiga 
me arrastra a la desgracia, quiero al menos que tú me so- 
brevivas: tú eres mas joven, i tus días son mas preciosos 
aun. Quiero que al menos haya uno que quite mi cadáver a 
los enemigos, o que los rescate, que me erija una tumba i 
tribute a mis cenizas los fimebres honores. Nó, hijo, no 
quiero causar tan gran dolor a tu madre, a tu madre que 
solo entre todas las troyanas, ha desdeñado el asilo ofreci- 
do por Acestes i ha querido seguir a su hijo". 

"Enríalo replica: "No me opones mas que vanos pretes- 
tos; persisto. Apresurémonos". Despierta a los soldados 
que se encargan de guardar el puesto, i ambos se dirijen a 
la tienda de Ascanio. 

Era avanzada la noche: era la hora en que todos los seres 
animados sumerjidos en el sueño, descansan de sus traba- 
jos i olvidan sus fatigas: solo los jefes de los troyanos vela- 
ban aun: en medio de su campamento, deliberaban sobre 
los peligros de la patria. ¿Qué hacer? ¿Cómo comunicarse 
con Eneas? Todos están de pié, apoyados en sus largas lan- 
zas i con el escudo al brazo. Niso i Enríalo piden que se les 
deje entrar porque se trata de un asunto mui importante, i 
los momentos son preciosos. Yulo ', el primero, los recibe i 
manda a Niso que hable 

Este dijo: "Escuchadnos con benevolencia joh jefes de 
los troyanos! i no juzguéis por nuestra edad de la empresa 
que venimos a proponeros. En el campo de los rútulos rei- 
na un profundo silencio: vencidos por el vino, son presa del 
sueño. Tenemos noticia de un lugar por donde es posible 
atravesar su campamento: está cerca de la puerta mas ve- 
cina al mar ahí donde el camino se divide en dos. Los fue- 
gos de su campamento están casi estinguidos, i arrojan al 
aire negras humaredas: si nos permitís aprovecharnos de 
esta ocasión, iremos a Palanteoi pronto veréis a Eneas que 
vuelve, cargado de sus despojos i cubierto con su sangre. 
No tememos estraviarnos: en nuestras continuas cacerías, 

1 Yulo Ascanio, a quien Virjilio designa con cualquiera de estos 
nombres. 



ANÁLISIS LITERARIO 417 



hemos recorrido todas las orillas del rio, i en el oscuro ho- 
rizonte, mas allá de los valles, hemos divisado los alrede- 
dores de la ciudad". 

Al oir estas palabras, uno de los jefes. Alctes, venerable 
por su edad i por su consumada prudencia, esclama: '.'¡Oh 
dioses de nuestros padres, oh dioses protectores de Troya, 
vosotros no nos haVjeis condenado a perecer, puesto que 
nos habéis dado jóvenes de un corazón tan jeneroso i de tan- 
ta intrepidez!" I al pronunciar estas palabras, estrechaba 
a los dos entre sus brazos i bañaba sus rostros con sus lá- 
grimas. "¡Qué recompensas se pueden ofrecer que sean dig- 
nas de vosotros! ¡Ah! la mas. hermosa de todas está en 
vuestra propia virtud: os la darán los dioses i vuestra pro- 
pia conciencia; pero no faltarán las otras recompensas: es- 
peradlo todo del piadoso Eneas i de su digno hijo, cuyo 
reconocimiento por semejante servicio será eterno". 

"Si, esclamó Ascanio; yo que no espero la salvación sino 
jen la vuelta de mi padre, yo suplico a ambos en nombre de 
los dioses protectores de la familia i de la patria, que lla- 
méis a mi padre para poner fin a nuestras desgracias. Mi 
esperanza, mi porvenir, mi vida, todo está en vuestras ma- 
raos. Yo os daré dos copas de plata admirablemente cince- 
ladas que mi padre recibió en la toma de Arisba, dos trípo- 
des, dos grandes talentos de oro, i la antigua taza que me 
obsequió la reina Dido. Mi padre os dará doce esclavos 
escojidos, doce cautivos con sus armas. I si nosotros nos 
hacemos dueños de este pais, si después de la victoria nos 
repartimos a la suerte del botin, el caballo que monta Tur- 
no, su armadura de oro, su escudo, ese casco con un pena- 
cho de púrpura, no entrarán en el reparto: te los prometo 
a tí, Niso: desde ahora míralos como tuyos. Os daremos 
ademas el territorio que pertenece al rei latino. I a tí, 
noble niño, cuya edad es casi igual a la mia, yo te doi todo 
mi c; razón: desde este momento, tú serás el inseparable 
compañero de mi vida; jamas buscaré la gloria sin tí; en 
la guerra, en la paz, serás el compañero de todas mis em- 
presas, el confidente de todos mis pensamientos". 

Enríalo responde: "Ojalá que yo no desmienta jamas la 
esperanza que fundáis en mí, si al menos la fortuna me fa- 
vorece i no me traiciona en mis primeros pasos! Pero te 
pido un favor, uno solo, mas precioso para mí que todos 
tus obsequios. Tengo una madre, del antiguo linaje de Pría- 
mo; para seguirme, ella lo ha abandonado todo: nada ha 
podido detenerla, ni la tierra de Ilion ni las murallas del 

TOMO Y 27 



418 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



rei Acestes. I ahora voi a abandonarla, i ella ignora a qué 
peligros me espongo, i no le he dado mi adiós. No, pongo 
al cielo por testigo, yo no habría podido resistir a las lá- 
grimas de mi madre. Te suplico que le sirvas de apoj^o en 
su miseria, que la consueles en su abandono. Déjame llevar 
conmigo esta esperanza: así acometeré con mayor audacia 
todos los peligros". 

Al oir estas palabras, los ojos de los jefes troyanos se 
humedecieron. Yulo, cuyo corazón se sintió profundamente 
conmovido por este rasgo de amor filial, dijo: "Sí, yo te lo 
prometo. Ella será para mí mi madre; i cualquiera que sea 
tu suerte, será dignamente recompensada por haber tenido 
un hijo semejante. Todas las promesas que te he hecho si 
sales bien en tu empresa i si vuelves de ella, las cumpliré 
en tu madre i en tu familia". Hablando así con los ojos 
bañados en lágrimas, desata de su tahalí su espada guar- 
necida de oro i guardada en una vaina de marfil, i se la da. 
Mnesteo da a Niso la piel de un león enorme, i Aletes cam- 
bia el casco con el suyo. 

Armados de esta manera, ambos se ponen en camino. 
Todos, viejos i jóvenes, los acompañan hasta las puertas, 
haciendo mil votos por su triunfo. El hermoso Ascanio les 
confi¿i muchas instrucciones importantes para su padre: 
¡vanas palabras que se lleva el viento! 

Salen, pasan los fosos i a favor de las sombras de la no- 
che, entran al campo de los enemigos, donde antes de mo- 
rir darán muerte a muchos guerreros. Por todas partes 
ven guerreros tendidos sobre la yerba, sumidos en el sueño 
de la embriaguez, los carros cerca de la ribera, i sus con 
ductores acostados entre los arneses i las ruedas, armas 
esparcidas aquí i allá entre las copas desparramadas. 

''Enríalo, dijo Niso, es menester acometerlo todo; la 
ocasión nos convida. Para que no vengan a sorprendernos 
i atacarnos por la espalda, colócate de centinela i obsérva- 
lo todo. Voi a acometer al enemigo i a abrirte un ancho 
paso". Dicho esto, se calla, i con la espada en la mano, car- 
ga sobre el orgulloso Ramnetes, que recostado sobre ricos 
cojines, dormia profundamente: era un jefe poderoso i un 
célebre agorero, querido de Turno; pero su ciencia no pudo 
preservarlo de la muerte. Bajo los golpes de Niso sucumben 
tres de sus soldados que estaban tendidos en medio de sus 
armas. Niso hace lo que un león hambriento que penetran- 
do en un vasto pesebre, desgarra los rebaños mudos de te- 
rror. Enríalo lo imita abandonándose al furor que lo ani- 



ANÁLISIS LITERARIO 410 



ma e inmola «na multitud de guerreros oscuros. Reto 
tenia los ojos abiertos i lo veia todo; pero temblando de 
espanto se ocultaba detras de un enorme tonel. Enríalo se 
acerca a él; el cobarde quiete huir; el joven troyano le su- 
me en el pecho su espada i la saca humeante. El alma de 
Deto se escapa en olas purpurinas de sangre i de vino. In- 
flamado por esto, i como embriagado por la carnicería, 
Enríalo se dirijía a la tienda de Mesapo, donde los fuegos 
arrojaban una luz moribunda i donde los caballos coniian 
libre i tranquilamente. Pero Niso lo detiene. "Suspenda- 
mos, le dice; el dia va a aparecer en breve: hemos hecho 
bastante mal a nuestros enemigos i nos hemos abierto en 
medio de ellos un ancho camino". 

Abandonan sin tocarlos una multitud de objetos precio- 
sos esparcidos en el suelo: Euríalo se apodera del precioso 
tahalí de Ramnetes, adornado de chapas de oro: toma tam- 
bién el casco de Mesapo adornado con un brillante penacho 
i lo coloca en su cabeza. Ambos salen del campo i toman 
un camino mas seguro. 

Entretanto, trescientos jinetes, todos con sus broqueles, 
i mandados por Volscente, habian salido de Laurento para 
reforzar el ejército de Turno. Acercábanse ya al campo de 
los rútulos cuando de lejos divisan a los dos jóvenes que 
torcían hacia la izquierda: en ese momento, la primera luz 
del alba cae sobre el casco de Euríalo haciéndolo brillar en 
medio de las tinieblas. 

"No me engañaba, esclama Volscente a la. cabeza de un 
escuadrón. Deteneos quienes quiera que seáis: ¿Qué hacéis 
en estos lugares? ¿A dónde vais? 

Los fujitivos no responden nada; antes por el contrario, 
apuran el paso, se arrojan en el bosque i ponen toda su es- 
peranza en la oscuridad de la noche i de la selva. Los-jine- 
tes van a cerrarles todas las salidas que les son conocidas. 
La selva era espesa, tupida, embarazada por todas partes 
con arbustos espinosos, i apenas entrecortada por algunos 
estrechos senderos. En medio de las tinieblas, Euríalo se 
siente a cada paso detenido en su fuga, i el botin de que va 
cargado lo embaraza. El sobresalto lo hace perder el ca- 
mino. 

Mas feliz que él, Niso ha podido salir de la selva, está 
fuera del alcance de los enemigos, se encuentra en el lugar 
de que Alba fué fundada mas tarde i donde el rei latino po- 
seía inmensos ganados. Se detiene, percibe que está solo i 
esclama: "¡Ah desgraciado Euríalo! ¿Dónde te he perdido? 



420 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITBRAiUA 

¿dónde te he de buscar?" Vuelve a la selva, se interna de 
nuevo en sus intrincados senderos, trata de reconocer la 
huella de sus pasos, vaga bajo esas sombras espesas, pone 
atento el oido; pero por todas partes no percibe mas que 
un profundo silencio. De repente, oye un ruido de caballos, 
de armas, de jinetes que persiguen a alguien. Al mismo ins- 
tante un grito llega a sus oídos, i distingue a Enríalo que 
traicionado por la oscuridad, por los embarazos del cami- 
no, por la turbación de un ataque repentino, ha sido toma- 
do por los rútulos i se bate en vano con los enemigos que 
lo arrastran. 

¿Qué hacer? ¿Por qué medio, con qué armas podrá Niso 
quitarles su presa? ¿Irá a arrojarse desesperado en medio 
de las espadas enemigas buscando en ellas una gloriosa 
muerte? Al momento, blandiendo un venablo, i levantando 
sus ojos hacia el astro de la noche que brillaba en lo alto 
del cielo, pide su protección en estos términos: "¡Oh diosa, 
hija de Latona, reina de las estrellas, guardadora de las 
selvas! ayúdame en este trance. Si alguna vez mi padre ha 
cargado tus altares con sus ofrendas, si frecuentemente yo 
he añadido mis tributos a los suyos i suspendido los pro- 
ductos de mi caza en las bóvedas sagradas de tus templos, 
protéjeme; haz que yo disipe esa muchedumbre enemiga, i 
dirije mis dardos por los aires." 

Dice, i con todo el esfuerzo de su brazo, lanza la flecha; 
ésta silba i brilla al través de las tinieblas, va a clavarse en 
la espalda de Sulmon se rompe i sale por el pecho. Sulmon 
cae bañado én su sangre. Los rútulos espantados dirijen 
sus miradas por todas partes. Inflamado por el buen éxito 
de su primer golpe, Niso lanza un segundo dardo: los rútu- 
los lo sienten silbar: palidecen: uno de ellos, Tago, cae con 
el cerebro atravesado. 

El bárbaro Volscente .^e abandona a todo su furor: no 
sabe ni de dónde han salido las flechas ni quién las ha lan- 
zado, ni sobre quién descargar su rabia: "Pues bien, escla- 
ma, tu sangre va a pagar la de mis soldados;" i con la es- 
pada desnuda en la mano carga sobre Enríalo. Al ver esto, 
Niso, espantado, fuera de sí, lanza un grito; no puede ocul- 
tarse mas tiempo ni resistir al exceso de su dolor. "Soi yo, 
soi yo quien lo ha hecho todo. Volved vuestras espadas 
contra mí. Yo solo he formado este plan; ese niño no ha he- 
cho nada; no podia hacer nada contra vosotros; lo juro 
por el cielo, por esas estrellas que lo han visto todo. No ha 
hecho mas que querer mucho a su desgraciado amigo." 



ANÁLISIS LITERARIO 421 



Así hablaba Niso; pero ya el acero, blandido por un bra- 
zo furioso, ha desgarrado el blanco pecho de Enríalo. Cae 
moribundo sobre el polvo; la sangre inunda su hermoso 
cuerpo; su cabeza se inclina sobre su hombro, del mismo 
modo que una flor cortada por el filo del arado languidece 
i muere. 

Pero Niso se lanza en medio de los enemigos: entre todos 
busca a Volscente: a Volscente solo quiere matar. En vano 
los rútulos se agrupan alrededor de su jefe para libertarlo 
de este terrible ataque: la espada del joven troyanojirando 
en su mano con la rapidez del rayo, los separa, i en el mo- 
mento en que Volscente espantado lanzaba un grito, se la 
clava en la boca; i antes de morir quita la vida a su enemi- 
go. Entonces, cubierto de heridas, se arroja sobre el cuerpo 
inanimado de su amigo i se duerme en la paz del último 
sueño. 

¡Felices amigos! Si mis versos tienen algún poder, vues- 
tros nombres no se borrarán jamas de la memoria de los 
mortales, mientras los descendientes de Eneas ocupen la 
roca eterna del Capitolio, mientras Roma dé sus leyes al 
universo. 

Los rútulos cargan los despojos de sus víctimas i los lle- 
van al campamento con el cadáver de su jefe; lloraban su 
muerte; pero el duelo no era menos grande en el campamen- 
to mismo. La muchedumbre se estrechaba alrededor de los 
restos ensangrentados de Ramnétes i de tantos otros; exa- 
minaban, reconocian el casco brillante de Mesapo i el ta- 
halí dorado de Ramnétes. 

Ya la aurora alumbraba a la tierra con sus primeros ra- 
yos: Turno está sobre las armas i llama a los guerreros al 
combate. Todos se aprestan llenos de furor: en picas eleva- 
das han clavado las cabezas de Enríalo i de Niso, i lanzan 
a su alrededor horribles clamores. Los troyanos cargan to- 
das sus fuerzas a la izquierda de la ciudad: la derecha está 
defendida por el río: alineados a lo largo de fosos profun- 
dos, colocados en la cima de sus elevadas torres, contem- 
plan con una dolorosa emoción esas dos cabezas conocidas, 
pálidas i chorreando una sangre negra. La lijera fama va 
a llevar ese funesto rumor a la ciudad entera: llega a los oí- 
dos de la madre de Enríalo. 

Al oir esta noticia, la desventurada siente que el calor 
abandona su cuerpo; la rueca cae de sus manos desfalleci- 
das, la lana se desliza a sus pies. Se precipita lanzando gri- 
tos desgarradores i arrancándose los cabellos: fuera de sí 



422 MANUAL DR COMPOSICIÓN LITERARIA 

corre a las trincheras i al medio de las filas mas avanza- 
das: no piensa ni en los hombres que la rodean, ni en el pe- 
ligro que la amenaza, ni en los dardos que llueven por to- 
das partes, i llena el aire con sus quejas. 

**¡Bres tú. Enríalo, tú, el consuelo i la felicidad de mi ve- 
jez! ¡í tú, cruel, has podido dejarme sola! ¡I cuando ibas a 
acometer tan espantosos peligros, tu madre no ha podido 
decirte adiós! ¡Ah, tu cuerpo ^'-ace en tierra desconocida, 
como presa abandonada a las aves i a los perros del Lacio, 
i tu desventurada madre no ha podido llenar sus últimos 
deberes ni cerrarte los ojos, ni lavar tus heridas, ni cubrirte 
con esa tela preciosa que me apresuraba a concluir para tí, 
trabajo que ocupaba mis dias i mis noches, i que alegraba 
los fastidios de mi vejez. ¿Dónde buscarte? ¿En qué lugar 
encontrar tus miembros desgarrados, tu cuerpo hecho pe- 
dazos? He ahí, hijo mió, todo lo que puedo ver de tu exis- 
tencia; i para esto te he seguido por tierra i por mar. Ma— 
tadme, ;oh rutulos, si os queda todavía alguna compasión; 
lanzad contra mí todos vuestros dardos; asesinadme la 
primera; o bien, tú, poderoso dios de los dioses, compadé- 
cete de mí, hiéreme con tu rayo, precipítame en el negro 
Tártaro, puesto que no puedo libertarme de otra manera 
de una vida odiosa." 

Estas quejas llegan a todos los corazones i ajitan el va- 
lor de todos 

Por orden del prudente Iliones i de Ascanio, que lloraba 
de dolor, dos heraldos se acercan a ella, la toman suave- 
mente en sus brazos i la trasportan moribunda a su man- 
sión solitaria." 

(El poeta sigue refiriendo los combates que tuvieron lu- 
gar entre troyanos i latinos hasta la vuelta de Eneas, i el 
combate singular en que éste da muerte al rei Turno, con 
lo que se termina el poema). 

VlRJILIO, 1 
Eneida, Hb. IX. 



1 Véanse las Noc. de hist. lit., part 7, cap VII, § 4. 
Para facilitar el trabajo que me ha demandado esta compilación, 
habría podido copiar ests fragmento de la traducción castellana 
que en 1869 ha publicado en Madrid don Eujenio de Ochoa; pero 
esa traducción, demasiado literal, es por este mismo larga i difu- 
sa, i no refleja perfectamente el colorido del poeta latino. He pre- 
ferido, pues hacer por mí mismo la traducción de este fragmento 
abreviándolo en cuanto es posible, sin suprimir, sin embargo nin- 
guna de sus ideas capitales. 



ANÁLISIS LITERARIO 423 



IV 

El Rodaballo 

"El último de los Flabios (Doraiciano) desgarraba el 
universo próximo a espirar: Roma jemia bajo el yugo de 
este Nerón calvo, cuando en el mar Adriático un rodaballo 
monstruoso fué cojido por un pescador. Maravillado éste 
al ver su presa, la destina al soberano pontífice. ¿Quién se 
habria atrevido a venderla o a comprarla? Las playas ve- 
cinas estaban cubiertas de delatores, i los inspectores de la 
costa no habrían dejado de promover un proceso al pobre 
pescador: ellos habrian probado que ese rodaballo, ali- 
mentado largo tiempo en los estanques de César, se habia 
escapado de allí, i debia volver a su antiguo dueño. Si se 
cree a Palfurio i a Armilato, el mar no tiene nada de her- 
moso, nada de raro, en cualquier paraje que sea, que no 
pertenezca al fisco. ¿Qué hacer con el pescado? Darlo para 
no perderlo todo. Aunque los vientos del invierno silbaban 
en esa época i preservaban de la corrupción a la reciente 
presa, el pescador se pone en marcha apresuradamente co- 
mo si tuviese que temer los vientos del estío. 

"Apenas ha pasado el lago vecino de Alba, cuando se vé 
demorado un momento por la muchedumbre maravillada: 
ésta se desliza al fin, i las puertas del salón imperial se 
abren delante de él. Los senadores esperan en hi parte de 
afuera que su señor haya recibido la ofrenda. El pescador 
se acerca al nuevo Atrida i le dice: "Recibid un pescado de- 
masiado grande para las mesas vulgares; consagrad este 
dia a vuestro buen jenio, i que vuestro estómago, vacío en 
este momento, se harte a su antojo con este rodaballo que 
los dioses reservaban a nuestro siglo: se ha colocado vo- 
luntariamente en mi red." ¿Hai algo mas grosero que es- 
to? Sin embargo, el César está orgulloso. El poder supre- 
mo lo cree todo cuando se lisonjea. 

"Pero ¿dónde encontrar un fondo capaz de contener es- 
te pescado? Este punto merecia que se deliberase. Los gran- 
des son convocados en nombre del emperador; los grandes 
a quienes detestaba, i cuya frente pálida llevaba el sello de 
la desconfianza, compañera inseparable de relaciones tan 
elevadas i tan temibles. El primero que se presentó fué Pe- 
gaso, que se apresuraba a llegar acomodándose la túnica. 
Era el mas honrado de todos los cortesanos, el mas inte- 



42'4 MANUAL DB COMPOSICIÓN LITERARIA 

í^jro de todos los niajistrauos, aunque en estos días desas- 
trosos creyese necesario quitar a Témis su balanza i su es- 
pada. Venia en seguida Crispo, ese anciano agradable cuyo 
carácter i cuyas costumbres, conformes a su elocuencia, 
respiraban suavidad: ¿Quién merecería mejor ausiliar con 
sus consejos al señor del universo, si hubiese sido permitido, 
bajo este azote del jénero humano, censurar la crueldad i 
dar un consejo jeneroso? Pero no hai nada mas fácil de 
irritarse que el oido de este tirano que sacrificaba a sus 
amigos por una sola palabra, si le hablaban de otra cosa 
que de las lluvias del otoño o de las tempestades de la pri- 
mavera. Crispo conoció, pues, que era inútil oponerse al 
torrente, cuando cada cual encerraba en su seno la verdad 
cautiva, i no se atreveia a decirla sin peligro de su vida. 
Por esto fué que vio tantas veces al sol recomenzar su ca- 
rrera, i que llegó a su décimo sesto lustro. La misma con- 
ducta observó Acilio en medio de esta corte peligrosa: casi 
de la misma edad que Crispo, acudia acompañado de un 
joven que no merecia la muerte cruel que lo esperaba; pero 
la víctima estaba ya reservada a la espada imperial. Desde 
largo tiempo es un prodijio ver a un noble que llega a la 
vejez. No sirvió de nada a ese desgraciado joven el haber 
afrontado solo en las arenas de Alba el furor de los leones 
de Numidia. ¿Quien no penetra hoi los motivos secretos de 
nuestros patricios? ¿Quién seria oh Bruto, el juguete de tu 
vieja estratajema? Era mas fácil sin duda engañar a nues- 
tros antiguos reyes. 

"A pesar de la bajeza de su estraccion, Rubino llegaba 
con la misma seguridad. Se sentia culpable de un antiguo ul- 
traje que le era preciso ocultar; i sin embargo, tenia la des- 
vergüenza de un libertino que escribe contra las costumbres 
del siglo. Viéronse también aparecer a Montano, a quien 
su enorme vientre im pedia andar lijero, i a Crispino, que 
destilaba mas perfumes de los que eran necesarios para em- 
balsamar dos cadáveres. Venia también Pompeyo, mas 
cruel que los anteriores, hábil en hacer correr la sangre por 
medio de secretas calumnias, i Fusco, que debia llevar en 
breve sus entrañas a los buitres de la Dacia, después de ha- 
ber meditado en vano el arte de la guerra en medio de los 
mármoles de su casa de recreo. El artificioso Vejenton 
acompañaba al asesino Catulo, monstruo de infamia aun 
en nuestro siglo, adulador aunque ciego, que de mendigo 
se hizo satélite, i que no merecia mas que seguir pidiendo 
limosna a los carros que bajaban de la colina de Arisia. 



ANÁLISIS LITERARIO 425 



Nadie pareció mas admirado al aspecto del rodaballo: el 
pescado está a la derecha, él lo admira a la izquierda. Ve- 
jenton, no menos ardoroso que Catulo, i como un fanático 
unjido por los aguijones de Belona, pronuncia este oráculo: 
"Príncipe, héaquí el presajio seguro del triunfo mas memo- 
rable i mas brillante: haréis prisionero algún rei, o bien Ar- 
virago caerá del trono británico. ¿Veis de qué dados está 
erizada su espalda?" No faltaba a Vejenton mas que seña- 
lar el pais i la edad del rodaballo. 

¿Cuál es vuestro parecer pregunta el emperador? ¿Con- 
vendrá cortarlo en pedazos?- "Guardémonos, respondió 
Montano, de hacerle tal ultraje: que se fabrique un fondo 
bastante grande i que sea bastante ancho para recibirlo 
todo entero. Esta grande obra exije el arte i la actividad 
de un nuevo Prometeo. Que se preparen los materiales lo 
mas pronto posible. Desde hoi, César, los alfareros deben 
estar en vuestro campamento." Este parecer, digno del 
autor, fué aceptado. Montano se acordaba de la intempe- 
rancia de los primeros emperadores, i de las orjías que 
prolongaba hasta media noche ese Nerón que sabia reno- 
var el hambre en su estómago cargado de alimentos, i 
cuando sus pulmones estaban abrasados por el vino de 
Falerno. Nadie en nuestro tiempo tuvo un tacto mas'fino 
ni un paladar mas delicado: distinguia en el primer bocado 
la ostra de Circe de la de las rocas de Lucrino; a la prime- 
ra mirada, podia decir de qué paraje venia un erizo 
del mar. 

Todos se levantan: el consejo ha terminado, i se manda 
salir a todos estos grandes a quienes su sublime señor ha- 
bia obligado a acudir en desorden i llenos de terror a la 
cindadela de Alba, como si se tratase de los Catos o de los 
Sicambros; como si hubiesen llegado súbitamente terribles 
noticias de los cuatro puntos del mundo. ¿Por qué no con- 
sumió en estas estravagancias la duración de un reinado 
que ultrajó a la patria sin que se levantase un vengador 
de tantos ciudadanos ilustres i jenerosos? Pero pareció a 
su turno cuando los últimos ciudadanos comenzaron a te- 
merle. Eso fué lo que purgó a la tierra de un monstruo cu- 
bierto de sangre." 

JüYENAL, 1 
Sátira IV. 



1 Véase las Noc. de bist. lit., part. I, cap. VIII § 4. 



426 



MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



Francisca de Rímini 



(Al visitar eí segundo círculo del infierno, Dante llega a 
'*un lugar que carecía de luz, i que rujia como el mar tem- 
pestuoso cuando está combatido por vientos contrarios. 
Una ráfaga infernal, que no se detiene nunca, envuelve en 
su torbellino a los espíritus; los hace dar vueltas continua- 
mente, los hiere i los molesta. Cuando se encuentran ante 
su soplo, son los llantos, los gritos, los lamentos i las blas- 
femias contra la virtud divina." El poeta supone que están 
condenados a este tormento los pecadores que sometieron 
la razón a sus lascivos apetitos. Allí encontró a Francisca 
de Polenta, hija del señor de Ravena. Amada por el joven 
Pablo de Rímini, a quien ella correspondia, se casó, sin em- 
bargo, con el hermano mayor de éste, Lanciotto, príncipe 
cojo i deforme. Los dos amantes no pudieron olvidar su 
primera inclinación. Un dia que leian juntos un mismo li- 
bro, el marido que los espiaba, los atravesó de una misma 
estocada. Este pasaje del Dante ha sido el objeto de algu- 
nos cuadros famosos, de tal manera que las artes han po- 
pularizado mas a aquellos desventurados amantes.) 

Espera que estén mas cerca de nosotros, dijo Virjilio; su- 
plícales entonces por ese amor que los guia i ellos se acer- 
carán a tí. 

Tan pronto como el viento los inclinó hacia nosotros, 
levanté la voz: — Almas atormentadas, les dije, venid a res- 
ponderme, si nadie se opone a ello. 

Así como las palomas, atraídas por su deseo, vuelan ha- 
cia el dulce nido con alas que se abren i se cierran, i lleva- 
das por una misma voluntad. 

Así las dos sombras salieron del grupo en que estaba 
Dido, acercándose a nosotros al través del aire emponzo- 
ñado. 

— Hombre compasivo, dijeron, que vienes a visitarnos 
en estas tinieblas a nosotros que hemos teñido el mundo 
con nuestra sangre. 

Si fuésemos amados por el rei del universo, nosotros le 
pediríamos por tu reposo. Todo lo que quieras oir i decir, 
nosotros lo oiremos i lo diremos de todo corazón, puesto 
que el viento que nos arrastra se ha calmado un instante. 

La tierra en que nací, dijo la joven, está situada sobre el 



ANÁLISIS LITKIIARIO 427 



golfo en que el Pó desciende con todos los rios que los si- 
guen para descansar en el mar. 

El amor que se apodera pronto de todo noble corazón, 
adhirió al que tú vez a mi lado a esa forma hermosa que 
me ha sido arrebatada, i cu^'^a pérdida siento todavía. 

El amor que obliga a amar al que os ama, me unió tan 
estrechamente a la felicidad con que me embriagaba Pablo, 
que, como lo ves, la muerte misma no ha podido separarme 
de él. 

El amor nos condujo a la misma muerte. Allí, el círculo 
de Cain espera al que nos hirió a los dos. — Tales fueron las 
palabras de la sombra. 

Desde que hube oido a esta alma herida, doblegué la ca- 
beza i mantuve el rostro inclinado tanto tiempo, que Yir- 
jilio me dijo:- ¿En qué piensas? 

Yo le respondí: — ¡Ah! cuántos dulces pensamientos, cuán- 
tas emociones los han conducido a este sitio doloroso. 

En seguida, me volví hacia ellos i les dije: — Francisca, tu 
desgracia me colma de tristeza i me hace llorar. 

Pero, díme, allá en el tiempo de los dulces suspiros, por 
qué signo i cómo el amor os ha permitido comprender las 
oscuras turbaciones de vuestra alma? 

I ella respondió: No hai dolor mas grande que el de re- 
cordar en la miseria los dias que fueron felices. 

Pero si tienes gran deseo de saber cuál ha sido la prime- 
ra raiz de nuestro amor, yo haré lo de aquel que llora i que 
cuenta a la vez. 

Leiamos un día juntos las aventuras de Lancelote del 
lago 1 i la manera como éste habia sido dominado por el 
amor; estábamos solos i no abrigábamos ninguna descon- 
fianza. 

Muchas veces, en esta lectura, nuestros ojos se buscaron 
i nuestro rostro cambió de color; pero fué un solo pasaje 
el que decidió de nosotros. 

Cuando vimos la dulce sonrisa de la amante interrum- 
pida por el beso del amante, el que jamas se ha separado 
de mí. 

Tocó mis labios con los suyos que estaban temblorosos; 



1 Famoso libro de caballerías, mui leído en la edad media, en 
que se cuentan las aventuras de un célebre caballero criado en un 
palacio encantado que habia en el íondo de un lago, i que mas 
tarde se enamoró de Jeniebra, hermana del reí Arturo. 



428 MANUAL DB COMPOSICIÓN LITERARIA 

el libro i el que lo escribió nos habian perdido. Este día no 
leímos mas. 

I mientras que uno de los espíritus hablaba así, el otro 
lloraba tan fuerte, que me sentí turbado como si fuese a 
morir." 

Dante, ^ 
Divina Comedia, Infierno, canto V. 



VI 

Ugrolino 

(Al llegar al noveno círculo del infierno, Dante encuentra 
a los traidores a sus deudos, sumerjidos en un lago helado, 
''produciendo con sus dientes el mismo sonido que la cigüe- 
ña con su pico. Tenia cada cual el rostro vuelto hacia aba- 
jo: su boca daba muestra del frío que esperimentaban, así 
como sus ojos dejaban ver la tristeza de su corazón." Allí 
vio al conde Ugolino, de quien hemos dado noticia en la 
nota 2^ de la sección VI, § III). 

Vi dos pecadores helados en una misma fosa, i colocados 
de tal manera, que la cabeza del uno servia de sombrero al 
otro; i así como un hombre hambriento muerde el pan; así 
el condenado que tenia el otro debajo, clavó su diente en el 
lugar en que el cerebro se une a la nuca. 

— Oh tú que demuestras por ese feroz encarnizamiento tu 
odio contra aquel a quien devoras, dime cuál es su motivo; 
porque 

Si tienes razón para aborrecerlo, sabiendo yo quiénes 
sois i cuál ha sido su crimen, yo te vengaré a tí, si mi len- 
gua no se seca. 

El pecador levantó la boca de su horrible comida i la 
limpió con los cabellos de la cabeza que habia devorado en 
parte. 

En seguida habló en estos términos:— ¿Quieres que re- 
nueve un dolor desesperado que oprime mi corazón al pen- 
sar en él i aun antes de hablar? 

Pero, si mis palabras son una semilla de infamia para 
el traidor a quien devoro, verás llorar i hablar al mismo 
tiempo. 

1 Véanse las Noc. de hist. lit., part. II, cap. VII, § 5. 



ANÁLISIS LITEKAIUO 429 



Yo no sé quién eres, ni cómo has podido llegar hasta 
aquí; pero al oirte me parece que eres florentino. 

No debes ignorar que yo soi el conde Ugolino, i éste el 
arzobispo Ruggieri: ahora sabrás por qué lo trato así. 

No es necesario decirte que por efecto de sus malos pen- 
samientos, yo que me fiaba en él fui preso i en seguida 
muerto. 

Pero lo que no puede haber sabido es cuan cruel fue mi 
muerte. Escucha i sabrás si me ha ofendido. 

Una pequeña abertura al través de la torre, que por mi 
causa se llama la torre del hambre, i en la que deben ser 
encerrados muchos otros todavía. 

Me habia dejado ver que la luna se habia renovado mu- 
chas veces, cuando tuve el sueño horrible que descorrió 
para mí el velo del porvenir. 

Cuando desperté antes de la aurora, porque oí la voz de 
mis hijos que estaban prisioneros conmigo: lloraban entre 
sueños i me pedian pan. 

Eres mui cruel si desde luego no te enterneces pensando 
en lo que se anunciaba a mi corazón; i si ahora no lloras 
¿qué es lo que podrá excitar tus lágrimas? 

Estábamos despiertos, i se acercaba la hora en que acos- 
tumbraban traernos nuestro alimento; pero todos dudába- 
mos, porque todos habíamos tenido un sueño semejante. 

Oí clavar la puerta de la horrible torre i miré a mis hijos 
sin decir una palabra. 

No podia llorar porque estaba como petrificado. Ellos 
lloraban, i el niño Anselmo me dijo: — ¿Qné tienes, padre 
mió? ¿Porqué nos miras así? 

Sin embargo, no lloré ni respondí una palabra en todo 
aquel dia ni en la noc le siguiente, hasta que otro sol alum- 
bró de nuevo al mundo. 

Cuando entró en la dolorosa prisión uno de sus débiles 
rayos, i contemplé en aquellos rostros el aspecto que debia 
tener el mió. 

Me mordí las dos manos de desesperación, i mis hijos, 
pensando que era de hambre, se levantaron con presteza. 

I dijeron: — Padre, nuestro dolor será mucho menor si 
nosotros te servimos de alimento: tú nos diste nuestra mi- 
serable carne: despójanos, pues, de ella. 

Entonces yo me tranquilicé para no entristecerlos mas. 
Aquel dia i el siguiente permanecimos mudos. jAhldura tie- 
rra ¿por qué no te abriste entonces? 

Cuando vino el cuarto dia, Gaddo cayó i se tendió a mis 



430 MANUAL DK COMPOSICIÓN LITERARIA 

pies diciendo: Padre mió ¿por qné no me auxilias? Allí mu- 
rió, i así como tú me ves, 3^0 los vi caer a los tres uno en 
pos de otro, entre el quinto i el sesto día. 

En fin, ciego ya, me puse a buscarlos a tientas al uno 
después del otro i los llamaba todavía dos dias después que 
habían muerto: en seguida el hambre tuvo mas poder que 
el dolor. 

Cuando hubo pronunciado estas palabras revolviendo 
los ojos, cojió de nuevo el miserable cráneo donde sus dien- 
tes, como los de un perro furioso, penetraron hasta el 
hueso. 

Dante, 
Divina Comedia, Inñerno, cant. XXXII i XXXIII. 



VII 
Viaje de Astolfo a la luna 

''San Juan unció al carro cuatro corceles que lanzaban 
llamaradas resplandecientes: se colocó allí con el paladin, 
i tomó en sus manos las riendas, hendió los aires i se ele- 
vó a los cielos. Atravesaron toda la esfera de fuego sin ser 
incomodados, porque el apóstol moderó el ardor. Al fin lle- 
gan a la luna. La mayor parte de este planeta les pareció 
semtjante a un acero pulimentado; i pensaron que seria 
ésta de un tamaño casi igual a la tierra. 

''Astolfo quedó doblemente sorprendido de encontrarala 
luna tan grande, a pesar de lo que parece; i de que la tie- 
rra, que no es luminosa por sí misma, se viese desde aquel 
lugar tan pequeña que apenas se pocíia distinguir. Descu- 
bre lagos, rios, campos, llanuras i montañas diversas de 
las nuestras; ciudades con castillos i casas tan grandes co- 
mo nunca habia visto semejantes. Ofreciéronse a su vista 
bosques espesos i vastas selvas donde las ninfas cazan to- 
do el dia. 

"El paladin, que no habia ido allí para observar todas 
estas cí)sas, no se detuvo en lo (jue llamaba su atención. 
El santo apóstol lo condujo a un valle encerrado entre dos 



ANÁLISIS LITERARIO 431 



montañas, en el cual estaba guardado todo lo que se pier- 
de en la tierra, sea que se pierda por desgracia o por ncgli- 
jencia, sea que el tiempo borre su rnemoria: todo sin escep- 
cion, se encontraba allí maravillosamente reunido. No ha- 
blo únicamente de las grandezas i de las riquezas que están 
sometidas a la instabilidad de la fortuna; me refiero a to- 
daá las cosas, aun a aquellas sobre las cuales la fortuna no 
tiene ningún poder. Allí están las brillantes reputaciones 
que el tiempo carcome poco a poco i que al fin devora. Ahí 
se encuentran todos los ruegos impremeditados que noso- 
tros miserables mortales dirijimos al cielo. Se venias horas 
que se emplean inútilmente en el juego, i todas aquellas de 
que nosotros ignorantes ociosos hacemos tan mal uso. Los 
proyectos ridículos que no llegan a ejecutarse se encuentran 
también allí. Los deseos frivolos, cuyo número es inmenso, 
llenan la mayor parte del valle. En una palabra, todo el 
que ha perdido alguna cosa no tiene mas que subir a ese 
astro i buscarla en ese valle: allí la encontrará. 

"Astolfo tenia cuidado de hacerse esplicar por su guia to- 
do lo que se ofrecia a sus miradas. Yió un gran montón 
de vejigas infladas, de donde parecia salir mucho ruido, 
i supo que eran las antiguas monarquías de los asirios, de 
los persas, de los medos i de los griegos, mui famosas en 
otro tiempo, i reducidas hoia un vano nombre. Percibió un 
gran montón de anzuelos de oro i de plata: son los presen- 
tes que se hacen a los príncipes avaros i a todos aquellos 
de quienes dependemos, con el objeto de recibir algún favor. 
Las lisonjas tenian forma de lagos cubiertos de flores; i 
los versos que se hacen en alabanza de los grandes tenian 
la figura de cigarras reventadas. Unas garras de águilas 
representaban la grande autoridad que ciertos soberanos 
dejan tomar a algunos de sus subditos. Fuelles inflamados 
de viento, representan ese favor pasajero que los príncipes 
conceden a sus favoritos, i que se estingue siempre con la 
estimación que tienen por ellos. 

''Observó también Astolfo ruinas de ciudades i de casti- 
llos mezclados con muchas riquezas, i supo que eran las 
coaliciones débiles i las conjuraciones que se frustran por 
falta de secreto. Bajo la figura de serpientes con cabeza de 
mujer, estaban ocultas todas las bellaquerías de los ladro- 
nes i de los monederos falsos. La miserable esclavitud de 
los cortesanos estaba representada por botellas de toda 
especie, pero todas rotas. El paladin vio todavía una can- 



432 MANUAL DE C0>1P08IC10N LITERARIA 



tidad de sopas esparramadas: "Esas son, le dijo San Juan, 
las limosnas que muchas personas mandan se hagan des- 
pués de su muerte." No acabaría nunca si quisiera referir 
en detalle todo lo que vio el príncipe ingles. Baste decir que 
ahí no faltaba nada de lo que se puede imajinar, escepto la 
locura que no se encuentra en la luna, porque nunca aban- 
dona nuestro globo. Auxiliado por su conductor, pudo ver 
también algunas de sus acciones i algunos dias que habían 
empleado mal. 

"En seguida Astolfo vio una cosa de que todos creemos 
estar mui bien dotados i que nadie piensa pedir al cielo: el 
sentido común. Había allí una cantidad prodijiosa, mas 
grande que todas las demás juntas. Era como una especie 
de licor sutil que se evapora mui pronto si no se le guarda 
con mucho cuidado. Este licor estaba guardado en botellas 
mas o menos grandes según la necesidad, i la mas grande 
de todas contenia el juicio del conde de Angers. Astolfo lo 
reconoció sin trabajo por estas palabras que estaban escri- 
tas encima: "Sentido común del paladín Orlando." Las 
otras botellas tenían igualmente etiquetas con los nombres 
de aquellos a quienes pertenecía el juicio; i el príncipe ingles 
observó una en que estaba guardada una gran parte del 
suyo. Pero lo que mas le sorprendió fué el encontrar' allí 
una gran cantidad de botellas que estaban llenas con razón 
de muchas personas a quienes creia muí sensatas. 

"La ambición hace perder el juicio a unos; muchos se 
vuelven locos por el deseo de enriquecerse, que les hace co- 
rrer el mundo: otros adhiriéndose tontamente a los gran- 
des señores, algunos entregándose a las impertinencias de 
la majia, otros siguiendo el gusto que tienen por los cua- 
dros i por otras cosas raras: cada cual se enloquece aban- 
donándose indiscretamente a su inclinación. Veíase en este 
lugar el sentido común de muchos sofistas, de muchos as- 
trólogos, i de una gran cantidad de poetas. 

Astolfo se apoderó de la botella que contenia el suyo; i 
con el permiso que le dio el autor del Apocalipsis, la aplicó 
a sus narices i respiró el licor. Parece que entonces le volvió 
el juicio, porque Turpin declara ques después de esta ope- 
ración fué prudente durante mucho tiempo; pero el mismo 
autor nos euvseña que, habiendo hecho mas tarde una nue- 
va tontería, volvió a ser tan tonto como lo era antes. El 
paladín tomó en S(guida la botella en que estaba el juicio 
del conde de Angers; ninguna pesaba tanto. Antes de aban- 



ANÁLISIS LITERARIO 433 

donar la luna, San Juan condujo al príticips de Inglaterra 
a otras partes del satélite, donde le mostró otras na j,ra vi- 
llas alegóricas." 

Ariosto, 1 
Orlando furioso, canto XXXIY. 



VIII 
Herminia entre los pastores 

(Entre los personajes de hxjerusaíen libertada figura eti 
primera línea Herminia, hija del sultán de Antioqu'a, la 
cual se halla entre los defensores de la ciudad santa, aun- 
que ha concebido un amor profjndo por Tancredo, el mas 
heroico de los cruzados. En un combate singular que se 
verificó en frente de las murallas de Jc^rusalen entre T¿in- 
credo i el sarraceno Argante, los dc^s guerreros estaban 
igualmente heridos cuand > la noche vino a poner término 
al combate. Herminia, encargada de prestar a Argante 
los cuidados que en los siglos de caballería las mujeres 
prestaban a los guerreros enfermos, lamenta no socorrer 
mas bien al héroe a quien ella ama. Al fin se determina a 
ir a reunirse con él en el campo délos sitia lores. Unida 
por una estrecha amistad con la guerrera Clorinda, se 
aprovecha de estas relaciones para vestirse con sus armas. 
En seguida se hace abrir en nombre de Clorinda las puer- 
tas de la ciudad.) 

**E1 duro acero oprime i lastima su cuello delicado i su 
cabellera dorada; su débil mano toma el escudo, carga de- 



i Véanse las Noc. de hist. lit., part. III. cap. II, § 3.— El Orlan- 
do furio'O ha si lo traducido en verso castellano por don Augusto 
de Burgos, i esa traducción no carece de soltura i elegancia; pe- 
ro me ha parecido preferible trascribir aquí una tra'luccion en 
prosa que dé a conocer mejor, con mas claridad, i mas por en 
tero, el pensamiento del autor. 

Hai en el poema del Ariosto otro episodio iafualmente célebre 
el de Medoro i Cloridano (cantos XVII t i XIX), imitación del de 
Niso i Enríalo de Virjilio, que hém )s trascrito m is atrás. La 
comparación de estos dos fragmentos, hará ver la gran superio- 
ridad del autor de la Eneida sobre casi todos los poetas cuando 
se trata de asuntos tiernos i patéticos. 

TOMO V 28 



;434 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

masindo pesada para ella; todo su cuerpo está revestido 
de fierro, brilla a su alrededor; i con un aire marcial se es- 
fuerza en dominarse a sí misma. El Amor está presente; 
jutga i se rie a escondidas, como el dia en que vistió al Cid 
con un traje de mujer. 

;Con cnanto trabajo sostiene este peso desigual, mien- 
tras avanza con un paso lento! Se apoya en su fiel compa- 
ñera, a quien hace marchar adelante. Pero el amor i la es- 
peranza reaniman su espíritu i dan vigor a sus miembros 
fatigados: llega en fin al lugar en que la esperaba su escu- 
dero, i ahí monta a caballo. 

Así que se hubo alejado de la ciudad, envió adelante a 
su escudero a prevenir a Tancredo i a pedir un salvocon- 
ducto para entrar al campamento de los latinos. Durante 
€ste tiempo, i para calmar su impaciencia, encima una al- 
tura desde donde divísalas tiendas de campaña en que 
debía hallarse Tancredo. 

La noche reinaba aun: ninguna nube oscurecía su frente 
cargada de estrellas: la luna naciente esparcía su dulce cla- 
ridad: la enamorada belleza toma al cielo por testigo de su 
amor; el silencio i los campos son los confidentes mudos de 
sus penas. Dirije sus miradas a las tiendas de los cristianos 
i esclama: 

**¡0h campo de los latinos! ¡objeto caro a mi vista! íQué 
aire se respira ahí! ¡cómo reanima i recrea mis sentidos! 
jAh! Si alguna vez el cielo concede un asilo a mi vida aji- 
tada, yo no lo encontraré sino en este recinto: no, solo en 
medio de las armas espero el reposo. 

**¡0h campo de los cristianos! recibe a la triste Hermi- 
nia; que alcance en tu seno esa compasión que Amor le 
prometió, esa compasión que, cuando era cautiva, encon- 
tró en el alma de su jeneroso vencedor. Yo no reclamo mis 
estados; yo no reclamo el cetro que se me arrebató: ¡oh 
cristianos! seré muí feliz si puedo servir bajo vuestras ban- 
deras." 

Así hablaba Herminia: ¡ah! ella no prevé los males que 
le prepara la fortuna. Algunos rayos de luz reflejados por 
sus armas, van a herir las mir^idas a lo lejos: su ropa blan- 
ca, el tigre de plata que brilla sobre su casco, anuncian a 
Clprinda. 

(No lejos de aquel sitio hai una guardia avanzada de los 
latinos, mandada por dos hermanos. Aleando i Poliferno. 
.Kl último creyendo reconocer a Clorinda, corre hacia ella 
para combatir. La guerrera fitíjida huye; i Tancredo pre- 



ANÁLISIS LITERARIO 435 



venido de que se ha visto a Clorinda en acecho cerca ael 
campo, cree que el mensaje que ha recibido venia de ella, 
i así herido como estaba sale en su persecución para defen- 
derla contra sus propios soldados.) 

Entre tanto Herminia, casi examine, es llevada por su 
corcel a la espesura de una antigua selva. Sus manos tem- 
blorosas han dejado de manejar las riendas. El corcel hu- 
ye, se precipita, da tantos rodeos, que al fin desaparece a 
las miradas de sus enemigos, cuyos esfuerzos pasan a ser 
inútiles. 

Llenos de cólera, agotados de cansancio, con la ver- 
güenza en la frente, vuelven a su puesto, así como después 
de una partida de caza larga i difícil, los perros que han 
perdido en el bosque la huella del animal que perseguian, 
vuelven llenos de fatiga i desaliento. Herminia no se de- 
tiene: temerosa, espantada, no se atreve a mirar atrás pa- 
ra ver si todavía se le amenaza. 

Toda la noche, todo el dia, vaga sin rumbo i sin guía, 
no viendo mas que sus lágrimas, no o^^endo mas que sus 
gritos. En fin, a la hora en que el sol quita los corceles de 
su carro luminoso para sumirse en el seno de las olas, 
Herminia llega a las orillas del límpido Jordán, pone sus 
pies en tierra i se recuesta en la ribera. 

No busca descanso sino para sus males, ni alivio sino 
para sus lágrimas. Pero el sueño este dulce consoladorde 
JOS mortales, que les procura el descanso i el olvido de sus 
penas, viene a adormecer sus sentidos i la cubre suave- 
mente con sus alas bienhechoras. Sin embargo, el amor 
bajo mil formas diversas, turba aun la paz de su co- 
razón. 

Despierta en el momento en que las aves saludan con 
su canto la vuelta de la aurora; i oye el murmullo de las 
aguas i del follaje, i el céfiro que se juega con la onda i con 
las flores. \bre sus lánguidos ojos i lleva sus miradas a 
las cabanas solitarias de los pastores; cree oir a través 
del rio i de las ramas una voz que se une a sus quejas i a 
sus suspiros. 

Sus lágrimas corren. De repente sus jemidos son inte- 
rrumpidos por cantos mezclados a la música de instru- 
mentos campestres. Se levanta, se acerca a pasos lentos i 
ve sentado a la sombra de un árbol a un anciano rodea- 
do de su rebaño. Teje cestos de mimbre i escucha los can- 
tos de tres jóvenes pastores. 

La presencia repentina de un guerrero desconocido los 



436 MANUAL DB COMPOSICIÓN LITERARIA 

espanta; pero Herminia, desculriendo su cabellera de oro i 
sus hermosos ojos, los saluda con gracia i los tranquiliza. 
"¡Felices pastores, mortales queridos de los dioses! les dijo, 
continuad vuestros pacíficos trabajos. Yo no os traigo la 
guerra, yo no vengo a turbar vuestros placeres ni a inte- 
rrumpir vuestros afanes. 

"¡Oh padre mió! añade ¿cómo en medio del vasto incen- 
dio (jue devora estas comarcas, p(jdcis vivir tranquilo ea 
esta mansión, sin sufrir nada por los furores de la guerra?" 
— Hijo mió, le responde el anciano, mi familia i mis rebaños 
han escapado hasta aquí a los ultrajes i a la desolación. 
El ruido de los combates no ha traido todaviael espanto a 
nuestra soledad. 

**t¿l cielo vela por la la humilde inocencia de los pastores 
i los proteje. Quizá semejante al rayo que hiere las cimas 
de las montañas i perdona los valles, el furor de las armas 
estranjera no ataca mas que la cabeza de los reyes. Nues- 
tra pobreza vil i despreciada no tienta a los ávidos sol- 
dados. 

"Esta pobreza tan desdeñada es, sin embargo, tan que- 
rida a mi corazón que yo no deseo ni cetros ni riquezas. 
Los tormentos de la and)icion, los pesares de la avaricia 
no han penetrado jamas en mi alma tranquila. Esta agua 
límpida calma mi sed, i no temo que una mano estranjera 
venga a envenenarla. Mis ovejas, mi jardin, suministran a 
mi mesa alimentos frugales que no me han costado mas que 
lijeros trabajos. 

"Nuestras necesidades son limitadas porque tenemos po- 
cos deseos. No tengo esclavos; mis hijos me ayudan i son 
los guardianes fieles de mis rebaños. En este retiro aparta- 
do, dcmde se deslizan mis dias tan felices, veo a los ciervos 
i cabritillos saltar en la llanura; a los peces jugaren las 
ondas i a las aves revoletear en los aires. 

"Entregado en otro tiempo a las ilusiones de la juventud, 
conocí otras pasiones; desprecié el cayado de los pastores, 
abandoné el lugar de mi nacimiento; viví algún tiempo en 
Ménfis. Servidor del reí, fui admitido en el palacio, i aun- 
que simple administrador de los jardines, vi, conocí la in- 
justicia de las cortes. 

"Estraviado por una esperanza engañadora, soporté 
largo tiempo los contrastes i los disgustos; mas tarde, jun- 
to con mi juventud, se desvanecieron mi esperanza i mi 
presunción. Sentí la pérdida de los placeres de esta vida 
modesta; suspi'répor el reposo que había perdido; dije adiós 



ANÁLISIS LITERA KíO 437 

a las grandezas, i de vuelta a estos bosques amigos, encon- 
tré de nuevo dias felices". * 

Mientras hablaba, Herminia inmóvil, atenta, escucha 
este sabio i pacífico discurs-o. Su alma se siente conmovida, 
el sonido de esta voz caima la íijitacionde sus sentidos. En 
seguida, después de largas reflexiones, se resuelve a perma- 
necer en esta soledad, a lo menos hasta qne el destino pro- 
teja su vuelta. 

"jOh anciano bondadoso, qué feliz eres por haber cono- 
cido en otro tiempo la desgracia! Si el cielo no te envidia 
este dulce destino, ten compasión de mis desventuras; recí- 
beme en este asilo, quiero vivir a tu lado. Quizá bajo esta 
sombra, mi corazón se sentirá aliviado del peso que lo 
agobia". 

**Si apeteces el oro i las piedras preciosas que el vulgo 
adora, yo podré satisfacer i colmar tus deseos". Al decir 
estas palabras, las lágrimas se desprenden de sus hermosos 
ojos. Cuentíi una parte de sus aventuras, i el anciano cora- 
pasivíí llora también. 

En seguida la consuela dulcemente, le manifiesta la ter- 
nura de un padre, i la conduce cerca de su anciana esposa, 
a quien el cielo habia dotado de un corazón semejante al 
suyo. La hija de los reyes se viste con trííjes rtísticos, i cu- 
bre sus cabellos con un tosco velo. Pero en su mirada, en 
su aire se descubre que no tiene costumbre de habitar estas 
selvas. 

Estos humildes vestidos no desvanecen su brillo, su gra- 
cia, su arrogancia. La majestad se deja ver todavía en su 
rostro, en sus movimientos, en medio de estos humildes 
trabajos. Con el cayado en la mano, conduce el rebaño a 
la pradera, i lo vuelve al aprisco". 

TORCUATO TaSSO 1 
Jertjsalen libertada, cant. VI i VIL 



Véanse las Noc. de hist. lit., par. III, cap. II, § 4. 



438 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



IX 

El jig-ante Adamastor 

"Cinco soles serian ya pasados 
Desque de allí salimos, dividiendo 
Los mares por ninguno navegados, 
El viento siempre próspero teniendo; 
Cuando una noche estando descuidados, 
Aunque todos velando i no durmiendo, 
Sobre nuestras cabezas aparece 
Una nube que todo lo oscurece. 

Iba tan espantosa i tan cargada, 
Que al corazón el miedo frió toca: 
Brama la negra míir alborotada, 
Como si diese contra alguna roca. 
"¡Oh, potestad etérea sublimada! 
(Dijo mi corazón i helada boca) 
¿Qué castigo este mar nos representa, 
JPues esto es algo mas que una tormenta?" 

Antes de decir mas, una figura 
En el aire se muestra tosca i válida. 
De disforme i grandísima estatura. 
Con el rostro cargado i barba escuálida: 
Los ojos escondidos, la postura 
Espantosa, la cara pálida; 
Crespo el cabello, secos los carrillos, 
Negra la boca i dientes amarillos. 

Su cuerpo era tan grande i tan monstruoso 
Que bien pudo decir que era el segundo 
De Rodas enormísimo coloso. 
Que uno de los prodijios fué del mundo. 
Con un tono de voz fuerte, espantoso. 
Que pareció salir del mar profundo, 
Comenzó a hablar: las carnes i el cabello 
Erizáronsenos de oillo i vello. 

I dijo: *'0h jente osada, mas que cuantas 
En el mundo intentaron grandes cosas, 
Que ni de empresas ásperas te espantas, 
Ni de proyectos bélicos reposas! 
Pues los vedados términos quebrantas, 
I navegar los largos mares osas 



ANÁLISIS LITERARIO 439 



De que há ya tantos años soi yo el dueño, 
I nunca ha arado estraño o propio leño; 

"Pues quieres que te sean conocidos 
Los secretos del húmedo elemento, 
A ningún hombre grande concedidos 
De noble e inmortal merecimiento: 
Oye, oye los males prevenidos 
A tu orgulloso loco atrevimiento. 
Por todo el ancho mar i por la tierra 
Que aun has de sojuzgar con dura guerra. 

*'Sabe que cuantas naves este viaje 
Que tú emprendes, hicieren atrevidas, 
Enemigo tendrán este paiaje 
Con vientos i tormentas desmedidas: 
I en la primera escuadra i, que el pasaje 
Haga por estas ondas mal sufridas. 
He de hacer de repente atroz castigo 
Como inhumano, cruel, fiero, enemigo. 

"Aquí espero tomar, si no me engaño. 
De quien me descubrió 2^ suma venganza: 
Mas no se acabará con esto el daño 
De vuestra porfiada confianza; 
Pues vuestras naves sufrirán cada año, 
Si es cierto lo que aquí mi ciencia alcanza, 
Naufrajios i desgracias, de tal suerte 
Que el trabajo menor será la muerte. 

"I del primer ilustre ^ que ventura 
Hará ser hasta el cielo conocido. 



1 Bartolomé Díaz descubrió el cabo de Buena Esperanza el añp 
de 1488 i Gama lo dobló en 1497; pero como ambos no eran mas 
que descabridores, no se podia dar el nombre de escuadra a los po- 
cos buques que los acompañaron. La primera escuadra, propia- 
mente tal que dobló el cabo, fué íaque Pedro Alvarez Cabral llevó 
el año de 1500, compuesta de trece buques; pero el 25 de junio so- 
brevino una tempestad tan horrorosa, que el mar se tragó repenti- 
namente cuatro buques, estrelló tres contra las rocas i dispersó ^ 
los seis restantes, de tal modo que solo a mediados de julio pudie- 
ron reunirse, i entonces estaban raui maltratados. 

■2 En una de las cuatro naves que se tragó el marenlSOO, según 
se ha dicho en la nota anterior, iba de capitán Bartolomé Díaz, 
primer descubridor del cabo Buena Esperanza, 

3 Don Francisco de Almeida, primer virrei de la India. Ausiliadp 
por su hijo don l^orenzo, consumó la conquista de ese país; perq 
murió miserablemente en el cabo de Buena Esperanza. Camoens 



^40 MANUAL DE COMPOSICIÓN LTTEKABIA 



Seré nueva i eterna sepultura, 
Por juicio alto del Dios nunca entendido. 
Dejará aquí el trofeo, que en la dura 
Campaña contra el Turco habrá obtenido: 
Pues conmigo en sus daños le amenaza 
La arruinada Quiloa con Mombaza. 

^,Otro también vendrá de honrada fama 
Liberal, caballero enamorado, 
I consigo traerá la hermosa dama 
Que Amor por gran merced le habrá otorgado ^ 
Ventura triste i hado atroz los llama 
A mi duro terreno, donde airado 
Los dejará tras un naufrajio vivos. 
Porque sufran trabajos excesivos. 

"Verán de hambre morir sus hijos caros, 
Con tanto amor criados i nacidos: 
Verán los cafres ásperos i avaros 
Que a la dama le quitan sus vestidos: 
1 sus alabastrinos miembros claros 
Con el frió i calor verán curtidos 
Después de haber pisado largamente 
Con delicados pies la aiena ardiente. 

"Verán también los ojos que escaparse 
Puedan de tanto mal i desventura, 
A los amantes míseros quedarse 
En la implacable i férvida espesura. 
Allí, después ijue lleguen a ablandarse 
Las mismas peñas con su angustia dura, 



recuerda mas detenidamente a ambos en el canto X, octavas 
XXVI i XXVII de su poema. 

1 Don Manuel de Sousa, que se casó en la India con la hermosí"» 
sima doña Leonor de Saa, i fué muchos años gobernador de Diu. 
JEl año de 1552 volvia del oriente con su mujer i sus riquezas, pero 
el buque se estrelló contra el cabo de Buena Esperanza De 500 
hombres que iban en él, cien se ahogaron: los 400 restantes pudie> 
ron salvarse con don Manuel, su mujer i sus hijos. Viéndose en 
aquel abandono, resolvieron atravesar a pié toda el África para 
llegar a alguno de los puertos de la Guinea, donde tenían comercio 
los portugueses. En esta atrevidísima empresa perecieron casi to- 
dos los náufragos, i solo diez i seis llegaron a un puerto de Etio- 
pía, de donde pasaron a Portugal. Por la relación que éstos hicie- 
ron, un poeta portugués, llamado Jerónimo Cortercal, compuso 
un poema sobre tan irájica historia. 



ANÁLISIS LITERARIO 441 



Con grande amor teniéndose abrazados 
Muertos se quedarán los desdicliados." 

Aun iba a prostguir el monstruo horrendo 
Contando nuestros hados, cuando alzado 
Dije: "¿Quién eres tú? que ese estupendo 
Cuerpo me tiene eisaz maravillado!" 
La boca i negros ojos retorciendo, 
Un grito dio espantoso i destemplado; 
I respondió con voz triste i pesada, 
Como que la pregunta no le agrada: 

"Yo soi aquel oculto i grande cabo 
A quien llamáis vosotras Tormentorio, i 
Que ni a Pomponio, Tolomeo, Estrabo, 
Ni a ningún otro antiguo fui notorio. 
Toda la costa de África aquí acaba 
En este nunca, visto promontorio, 
Que hacia CvSe polo antartico se estiende 
A quien vuestra osadía tanto ofende. 

"Uno fui de los liijos de la tierra. 
Como Encelado, Ejeo, el Centuriano: ^ 
Llámeme Adamastor, e hice la guerra 
Al que lanza los rayos de Vulcano: 
Pero no alzando sierra sobre sierra, 
Mas venciendo las olas del Océano: 
Fui capitán del mar por donde andaba 
La escuadra de Neptuno que buscaba. 

"Amores de la esposa de Peleo 
Me hicieron emprender tamaña empresa; 
Todas las diosas despreció el deseo, 
Por amar de las aguas la princesa. 
Desnuda entre las hijas de Nereo 
En la playa la vi, i al punto presa 
Quedó mi voluntad de tal manera. 
Que aun ahora no hai cosa que mas quiera. 



1 Cuando Bartolomé Díaz descubrió este cabo, como debe recor- 
darse, le dio el nombre de cabo de las Tormentas, porque en aquel 
mar padeció grandes borrascas. El reí Juan II le dio un nombre 
mas favorable por la esperanza que concibió de descubrir el cami- 
no que habia de llevar a los portugueses a la India. 

2 Ejeo es Briareo, jigante marino, hijo del Cielo i de la Tierra, i 
que en compañía de sus hermanos se rebeló contra Júpiter. Como 
la fábula refiere que tenia cien brazoF, se le conoce con el nombre 
de Centimano. 



442 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

"Mas, siéndome imposible el alcanzarla 
Por mi cara tan fea i mal dispuesta, 
DeLerminé por armas conquistarla: 
Mi intención hice a Dóris manifiesta: 
I Dóris por temor tuvo que hablarla. 
Tétis le respondió con risa honesta: 
"¿Qué ninfa habrá que tenora amor bastante 
A poder sustentar el de un jigante? 

"Pero por evitar el mal estraño 
Que en el mar hace, buscaré manera. 
De salvar mi honra i evitar el daño." 
Esto me respondió la mensajera. 
Yo no pude caer en el engaño; 
Que es grande en los amores la ceguera! 
I lleno de una loca confianza 
Quedé fuera de mí con la esperanza. 

"Dejo de hacer la guerra al mar horrendo; 
I la noche de Dóris prometida, 
Se me fué desde lejos descubriendo 
El rostro de mi Tétis tan querida. 
Como loco corrí tras ella, abriendo 
Los brazos por cojer lo que es mi vida 
Comíénzole a besar los ojos bellos. 
La boca, las mejillas, los cabellos. 

"Mas. de rabia no sé como lo cuente! 
Pues pensando abrazar a la que amaba, 
A una roca abrazaba estrechamente 
Que de zarzas i espinos llena estaba; 
I a una peña apretaba yo mi frente, 
Que como el rostro anjélico besaba. 
Atónito quedé con aquel chasco, 
I al lado de un peñasco otro peñasco. 

"Ninfa la mas jentil del océano! 
Ya que esta mi presencia no te agrada, 
¿Por qué no continuaste el juego vano, 
O fuese monte, o nube, o sueño, o nada? 
Apárteme furioso i casi insano 
Por la pena i deshonra allí pasada, 
A buscar otro mundo, do no viese 
Quien de mi mal i llanto se riese. 

"Pero entre tanto todos mis hermanos 
Ya eran vencidos i en miseria puestos: 
Crecidos montes por los dioses vanos 
Eran a sus cabezas sobrepuestos: 



ANÁLISIS LITERARIO 443 

I como contra Dios no valen manos, 
Yo que lloraba enojos tan molestos, 
Fui sintiendo del cruel hado enemigo 
Por mis atrevimientos el castigo. 

"Convirtióse mi carne en tierra dura, 
Mis pies i manos peñas se volvieron; 
Este cuerpo que veis, esta figura 
Por esas hondas aguas se estendieron. 
En fin esta grandísima estatura 
Los dioses en un monte convirtieron; 
I para aumentar mas pena tamaña 
Tétis en torno me rodea i baña." 

Aquesto nos contó; i con triste lloro 
Súbito de la vista se apartaba: 
La nube se deshizo, i con sonoro 
Bramido el agua lejos resonaba. 
Alcé las manos al celeste coro, 
I al Anjel le pedí que nos guiaba. 
Que nos librase de los casos duros 
Que Adamastor profetizó futuros." 

Camoens 1. 

Los Lusiadas, cant. V. 



X 

Muerte de Adonis 

'Con su mano delicada. Adonis lanza del mejor modo 
que puede el duro fierro contra el jabalí; pero un brazo mas 
robusto i mas seguro que el suyo no podría penetrar allí 
donde dio el golpe. El afilado ajero, como sí hubiese choca- 
do contra una sólida muralla, o contra una roca escarpa- 



1 Véanse las Noc. de hist. lit., part. IIF, cap. V, § 2. 

He tomado este episodio de la traducción castellana del poema 
de Camoens, hecha por don Lamberto Gil i publicada en Madrid 
en 1818. Esta traducción aunque no siempre armoniosa i elegante, 
es bastante fiel. El mismo traductor ha dicho en el prólogo de su 
obra que este trabajo no presentaba grandes dificultades, "En 
efecto, dice, solo con mudar la ortografía quedará la mitad del 
poema en castellano; i no se necesita mas que traducir la otra mi- 
tad, que es lo que "nosotros hemos procurado hacer." 

No hemos encontrado ninguna noticia biográfica acerca del tra- 
ductor, i solo sabemos que era eclesiástico. : : i 



444 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

da, O como si hubiese dado contra un yunque, vuelve atrás 
sin haberse enrojecido con una sola gota de sangre. 

Cuando ve esto, Adonis se reconcentra en sí mismo; se 
arrepiente demasiado tarde, i aconsejándose mejor, piensa 
en escaparse, si le es posible. Siente terror, i se determina a 
huir, poi(|ue viendo de cerca a este animal feroz, descubre 
entre sus horribles párpados, esa misma luz espantosa que 
algunas veces muestra el cielo cuando con un tridente de 
fuego entreabre las noches en medio de las nubes destro- 
zadas. 

(Sin embargo, el jabalí persigue a Adonis, i Marini, por 
una estravagfincia de su imajinacion, i que puede servir de 
ejemplo de su mal gusto, supone que el monstruo feroz que- 
da encantado al observar la belleza del cazador que huye 
delante de él). 

Con su gruñido cruel, quiere aplicar un beso sobre ese 
costado que aventaja en blancura a la misma nieve; i cre- 
yendo acariciar el delicado marfil, imprime en él las huellas 
de sus terribles dientes. Esas heridas son manifestaciones 
de su ternura; porque la naturaleza no le habia enseriado 
otros movimientos, otras caricias para atestiguar su amor. 

(De nuevo quiere Adonis rechazar al monstruo con su 
lanza: es echado por tierra, i el jabalí, pasando i repasando 
sobre él, desgarra sus costados con grandes heridas). 

¡Con cuánta dulzura espira! ¡con cuánta dulzura langui- 
dece! ¡Qué suave palidez emblanquece su rostro! Este no 
tiene nada de horrible; porque en medio del horror i de la 
sangre, la risa i el placer se encuentran reunidos. Sobre sus 
párpados vacíos i privados de sangre, en sus ojos apaga- 
dos, el amor sepultado reina todavía: estas dos estrellas 
estinguidas i cerradas lanzan aun relámpagos, i la muerte 
es hermosa en tan hermoso rostro. 

Las frias fuentes arden de compasión, los pinos i las en- 
cinas tan duras se enternecen; las alturas de los Alpes vier- 
ten de sus fuentes cubiertas de follaje, arroyos de lágrimas; 
se oyen a las ninfas que jimen i lloran en las montañas i en 
las profundas cavernas de las inmediaciones; las driadas i 
las napeas, amantes unas de los bosques i otras de los ríos, 
inundaron sus ojos en lágrimas". 

Juan B. Marini, i 

A./óms, cant. XVllI. 



1 Véanse las Noc. de hist. lit., par. III, cap. TI, § 11. 
Este pasaje, uno de los mas notables del afamado poema de Marini, 
en que el poeta ostenta toda la armonía i riqueza de su versificación, 



ANÁLISIS LITERARIO 445 



XI 
El consejo de los dioses 

"Entretanto, la fama desplegando sus alas, llega al cielo 
contando lo que pasa en Italia, i hace saber al alto Júpiter 
las calamidades que de un cubo iba a sacar la suerte. Júpi- 
ter, amigo de los mortales, i que se aflije sinceramente de 
los males que los amenazan, hace sonar las campanas de 
su imperio i convoca a consejo a todas las divinidades de 
Homero. 

Inmediatamente sale de las cocheras del cielo una multi- 
tud de carruajes con ruedas en forma de estrellas, muías, 
literas, caballos con ricas bridas i sillas recamadas. Mas de 
cien criados llevando magtiííicas libreas, seguían a sus 
señores. 

El príncipe de Délos, ante que todos sus compañeros, 
llegó corriendo en un carruaje de campo que tiraban seis 
caballos color castaño. Traia una capita rosada i un som- 
brero de lerciopelo, i llevaba al cuello el toisón de oro del 
rei de España: detras de él corrian veinticuatro doncellas 
calzadas con escarpines. 

Palas, a caballo en una yegua inglesa, avanzaba con un 
aire, orgulloso i despreciativo; estaba vestida mitad a la 
griega, mitad a la española: la pollera le llegaba a media 
pierna, i una parte de su cabellera estaba recojida i la otra 
suelta; llevaba sobre la oreja derecha una hermosa pluma 
de garza, i su cimitarra colgaba del arzón de la silla. 

Seguia Venus con dos carruajes: en el primero, donde se 
ostentaba el oro i la púrpura, brillaba ella con su hijo i las 
tres Gracias; en el otro estaban sus cortesanos con túnica i 
espada,* su escudero, el preceptor del príncipe i el cocinero 
mayor. 

Saturno, viejo i acatarrado, i que antes de partir se ha- 
bía hecho dar un remedio, venia en litera cerrada con una 
escupidera debajo del asiento. Marte estaba niontado en 
un caballo que daba saltos sobrenaturales; este dios tenia 
medias listadas i un penacho rojo en el sombrero. 

La diosa de las cosechas i el dios del vino vinieron juntos 



puede servir de modelo de la falta de naturalidad con que aquel em- 
pañó sus escritos. Esta forma poética, mui aplaudida un momento en 
toda la Europa, es denominada todavía marinesca. 



4^6 MANUAL DB COMPOSICIÓN LITERARIA 

en amistosa conversación. Neptuno se hizo trasportar por 
aquel delfín que no teme navegar al través de las ondas del 
cielo: el pobie estaba desnudo, lleno de algas i de fango, lo 
que a su madre no causa ningún pesar; i acusa a su desa- 
piadado hermano que lo trata como si fuera un pescador. 

Diana no se presentó: se habia levantado mui temprano 
para ir a lavar su ropa a un arroyo, en un bosque situado 
en la frontera de Toscana. Volvió cuando era entrada la 
noche, i se presentó a su madre a escusarse por su falta, 
trabajando unas calcetas con unos fierrecitos. 

Juno Lucina, que quería lavarse la cabeza, no pudo asis- 
tir. Menipo, sobrestante de la cocina de Júpiter, escusó a 
las Parcas, porque en esa mañana tcnian que amasar el 
pan i que hilar mucha estopa. Sileno se quedó afuera para 
terciar con agua el vino de los criados. 

Las puertas de las rejas del Olimpo, jirando sobre goznes 
de oro, se abren con un ruido semejante al trueno, i los 
dioses pasan del soberbio patio a la sala real del consejo, 
Allí es donde brillan esos lujosos e inmortales tapices inac- 
cesibles al rayo; allí es donde el diamante, la esmeralda, 
todo lo que el oriente encierra de rico i de precioso pierden 
su brillo i su valor. 

Los habitantes de este afortunado reino, tomaron su 
asiento en bancos sembrados de estrellas: los timbales i 
las trompetas anuncian la llegada del rei de los dioses. Sus 
chamberlanes, sus pajes i sus criados, en número de ciento, 
abrian la marcha; los proceres venian en seguida; detras 
de ellos marchaba Hércules, capitán de la guardia de la 
fortaleza armado con una maza. Como aun no estaba com- 
pletamente curado de su locura, separaba a la jente a ma- 
zasos para dar paso al rei, como puede hacerlo un sacris- 
tán ebrio, que precediendo a un gran señor un dia de fiesta, 
rompe brutalmente al uno la cabeza i al otro un brazo. 

Mercurio lo seguia llevando el sombrero i los anteojos de 
Júpiter. En su mano tenia una gran bolsa donde guardaba 
todas las súpli as de los mortales, para destribuirlas en se- 
guida en dos cajas agujereadas que Júpiter tenia en su ga- 
binete. Ahí, ordinariamente d(^s veces por dia, el padre de 
los dioses i de los hombres imprime con mucha atención i 
cuidado su augusta firma. 

Júpiter llega al fin en traje real trayendo su cabeza coro- 
nada con las estrellas que se han descubierto. De sus hom- 
bros colgaba un manto imperial quesolia llevar los dias de 
fiesta. Su bastón pastoral i sus zapatillas eran de u o; i 



ANÁLISIS LITERARIO 



447 



bajo el manto tenia una túnica de seda, obsequio del em- 
perador de la China, cuya cola llevaba en sus manos Gani- 
médes. 

Al presentarse el rei, el senado inmortal se levantó de los 
eternos asientos, i permaneció con la cabeza reverente i hu- 
mildemente inclinada hasta que Júpiter se sentó en su tro- 
no. A su izquierda, i en un lugar eminente, se sentó la for- 
tuna, i a la diestra el Destino. La Muerte i el Tiempo, que 
por su palidez parecian estar enfermos, le servian de grada. 

Echa una mirada a su alrededor: al oir su divina voz, los 
vientos se tranquilizan, el aire se serena, la tierra se con- 
mueve, el océano se ajita hasta el seno de sus profundos 
abismos. Comenzó por la narración de los horribles comba- 
tes que en otro tiempo se dieron las ranas i los ratones." 

Tassoni 1 
El cubo robado, canto íl. 



XII 
Combate en una librería 

''Sin embargo, lejos del bullicio, los canónigos están sen- 
tados a la mesa, iíimolan treinta guisos a su hambre indo- 
mable. Su fogoso apetito, excitado por las circunstancias, 
recorre todos los rincones de un pastel enorme. La sed se 
inflama con la sal irritante. En ese momento, la rápida 
fama, sembrando por todas partes el terror, se acerca al 
chantre desalentado para referirle la respuesta del oráculo. 
Este se levanta inflamado por el vino' i por la bilis, i pre- 
tende a su turno consultar a la Sibila ^. Evrard se lamen- 
ta de que abandonen la comida; pero él mismo es arrastra- 
do afuera por el mayor número. 

."Por los estrechos pasadizos de una barrera oblicua, ga- 
nan una antigua pieza donde amontonando sin descanso 
buenos i malos libros, Barbiii vende a los que pasan auto- 
res a todo precio. Allí, el chantre llega con gran ruido i se 
hace lugar en el instante funesto en que con ¡amismaauda- 

1 Véanse las Noc. de hist. lit., part III, cap. II., § 12. 

2 La diosa de la cliicana, a la cual el prelado, enemigo del chan- 
tre, acababa de consultar. 



448 MANUAL, DE3 COMPOSICIÓN LITERARIA 



cía el prelado i su tropa bajaban la escalera tortuosa del 
palacio. Ambos rivales deteniendo e al pasar, se miden 
con la vista. Un mismo furor anima sus almas. Pero Evrard, 
al pasar codeándose con Boisrude, no puede contener su 
rabia. Entra a casa de Barlíin i cojiendo con un brazo 
irritado un volumen trunco del Ciro i , lanza sobre el sa- 
cristán el terrible tomo. Boisrude evita el golpe; pero el li- 
bro va derecho i silbando a herir en el estómago al infor- 
tunado Sidrac. El viejo, agobiado por el horrible Artamé- 
nes, cae sin pulso i sin aliento a los pies del prelailo. Su 
tropa lo cree muerto, i cada cual cree que le ha tocado el 
golpe que lo hirió. 

"Inmediatamente, se lanzan veinte campeones contra 
Evrard; los canónigos avanzan para sostt-ner el choque: 
la discordia triunfa, i con un grito de la terrible señal del 
funesto combate. Todos entran i se confunden en la casa 
del librero ausente. Los libros caen sobre Evrard como el 
granizo que en un gran jardín derriba con golpes impetuo- 
sos los brotes nacientes. Cada uno se arma de carrera con 
el libro ^ue encuentra: uno toma el E licto de Amor 2^ el 
otro el reloj; uno se apodera de Joñas que ha visto encua- 
dernado, el otro de un Tassq francés, muerto al nacer. El 
dependiente de la librería trata en vano de oponerse a su 
furor: los volúmenes, lanzados a la cab^-za sin elección, 
vuelan por todos lados en la escala empolvada. Allí, cerca 
de un Guarini, Terencio cae por tierra; Jenofonte se choca 
en el aire con un La Serré ^. 

**¡0h! ¡Cuántos escritos oscuros, cuántos libros ignora- 
dos fueron sacados dtl polvo en este gran dia! Vosotros, 
Armerindo i Simandro fuisteis 1 tuzados; i tú, desconocido 
Caloandro *, sorprendido en tu reposo por Gaillerbois, se- 
gún se dice, viste entonces la luz por primera vez. Cada 



1 Artaménes o el gran Ciro, novela de Mademoiselle fie ^cunÉ- 
RY, impresa en voiúmenes enormes. Véanselas Noc. de bist. lit. 
part. III, cap. tV, § 22. 

2 El EdicOt de /Imnr, opúsculo en verso del abate Re^rnier-De- 
marais. El reloj de Bonneeorse,/on//s. poema por Coras. El Tasso 
francés es la traducción incompleta de Lederc. 

3 La Serré es un escritor desconocido; Boileau, buscando el con- 
traste, lo hace chocar con Terencio; así como a Guarini, poeta muí 
poco natural, lo opone a Terencio, que es la misma naturalidad. 

4 Almerindo i Cimandro, tal es el título de una novela impresa 
en 1646, desconocida ahora. Caloandrc es una novela italiana 
que tradujo al francés Mademoiselle de Scudéry. 



ANÁLISIS LITERARIO 440 



golpe deja una magulladura en la carne. Ya mas de un gue- 
rrero se queja de sus heridas. Giraud es echado al suelo por 
un enorme Le Vayer ^; Marinean herido en el hombro por un 
Brébeuf ^, siente un terrible dolor en todo el brazo i maldi- 
ce la Farsalia tan p- pular en otras provincias. Dodillon 
aturdido por un Pinchen * en cuarto, tiene por mucho rato 
el rostro pálido i el corazón abatido. El capellán Garagne, 
herido arriba de la frente en lo mas reñido del combate por 
un Carlomagno ¡efecto prodijioso de los versos de este poe- 
ma! se encuentra próximo a dormirse, bosteza i cierra los 
ojos ^. A mas de un combatiente es fatal Clelia ^: con ella 
Giroux brilla i se señala diez veces. 

"Pero todo cede a los esfuerzos del canónigo Fabri. Este 
guerrero alimentado en las querellas de la iglesia, es robus- 
to de cuerpo, terrible de rostro: jamas se le ha visto poner 
agua en su vino. El solo echa por tierra a Guibert i a Gras- 
set,a Gorillon el bajo i a Grandin el falsete, Gervois el agra- 
dable i a Guérin el insípido. La tímida brigada de los chan- 
tres se aparta i toma el camino del palacio, como a la vista 
del lobo, terror de los campos vecinos, el rebaño balador 
de los corderos espantados, o como delante de A(|uíles en 
las campañas del Janto, los troyanos se salvaban al 
abrigo de sus torres. Entonces Brontin dirije a Boisrude 
este discurso: 

"¡Ilustre crucero ^, en cuyas manos jamas ha dado un 
paso atrás nuestra bandera ¿será posible que un solo ca- 
nónigo triunfe del prelado, i que a nuestra vista empañe el 
brillo del roquete? Nó, nó; para ponerte a salvo de su te- 
rrible mano, acepta la protección de mi cuerpo rollizo: ven; 
i en esta trinchera, contra ese guerrero orgulloso, haz vo- 



2 La Mothe Le Vayer, célebre erudito i escritor sobre muchas 
materias, que floreció en la primera mitad del siglo XVÜ. Sus 
obras habían sido reunidas en dos volúmenes enormes. 

3 Poeta francés que floreció en la primera mitad del siglo XVII. 
Tradujo la Farsalia de Lucano en verso francés, i compuso mu- 
chas otras poesías, notable s por su hinchazón. Las burlas de Boi- 
leau acabaron con su fama 

4 E^critor vulgar i desconocido ohora. 

5 Poema insoportable de Luis Le Lahoureur. 

^ Clelia es una novela en diez tomos de Mademoiselle de Scu. 
déry. 

7 El crucero o crucifero es el monacillo que, llevando la. cruz al- 
ta, abre la procesión. 

TOMO v 29 



450 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

lar este Quinault i que me queda en la mano." I diciendo 
estas palabras, le pasa la obra suave i tierna. El sacristán, 
ardiendo en celo i en valor, la toma, se oculta, se acerca, i 
con el noble escrito da entre los dos ojos al audaz atleta. 
Sin embargo, eso no basta para hacerlo vacilar: el libro, 
sin fuerza, no lastimó su cabeza. El canónigo lo ve, i ar- 
diendo en cólera les dice: "Aguardad, pareja coV)arde i as^ 
tuta, i juzgad si mi mano, novicia en las grandes hazañas, 
lanza a mis enemigos un libro que no haga mal." 

"Diciendo estas palabras, toma un viejo Infortiat au- 
mentado con las visiones de Accurse i de Álciat 2; montón 
inútil de escritura gótica, cuyas tapas eran formadas por 
cuatro tablas mal unidas, forradas a medias con pergami- 
no negro, de donde colgaban pendientes, de tres clavos, los 
restos de una cerradura. En el estante que lo sostiene, cer- 
ca de un Aviceno ^^ dos mortales formibles apenas lo mo- 
verian. El canónigo, sin embargo, lo levanta sin esfuerzo, 
i sobre la pareja pálida i medio muerta, deja caer con las 
dos manos el terrible rayo. Con este golpe, los dos gue- 
rreros miden la tierra; i los clavos i las tablas rotos i des- 
trozados, ruedan largo rato en las gradas de la escalera. 

Ante el sorprendente espectáculo de esta caída imprevis- 
ta, el prelíído lanza un grito que llega hasta las nubes: mal- 
dice en su corazón al demonio de los combates, i por el 
horror del golpe retrocede seis pasos; pero en breve, recor- 
dando sus antiguas proezas, saca del manteo su diestra 
vengadora. Se marcha, i con sus dedos santamente estira- 
dos, bendice a la jente déla calle, formada en dos filas. Sabe 
que el enemigo va a sorprenderse con este golpe i que a su 
vista todo el pueblo enfervorizado va a gritar a los comba- 
tientes: ''¡Profanos, de rodillas!" 

*'E1 chantre que, desde lejos ve acercarse la tempestad, 
busca en vanoel valoren su alma trastornada: abandónalo 
su altivez, tiembla, cede, huye: su brigada lo sigue a lo 
largo de la pared. Al instante, todos se apartan, pero nin- 
guno se salva: por todas partes el dedo vengador lo sigue 



1 Célebre poeta francés del siglo XVII, creador, puede decirse 
así, del drama lírico, i cuyas obras son leidas todavía. 

2 Accurse i Alciat son dos célebres jurisconsultos italianos que 
comentaron el Infortiat, nombre que se daba a la segunda parte 
del Dijesto, código de Justiniano. 

'^ Autor árabe que ha escrito sobre medicina. 



ANÁLISIS LITBIIARIO 451 



i los atrapa. Evrard solo, retirado prudentemente en un 
rincón, se creia a cubierto del sagrado insulto; pero el pre- 
lado se encamina hacia él mañosamente, lo observa con 
la vista como si se dirijiera a la derecha; pero de improviso 
vuelve a la izquierda, i con un brazo afortunado, bendice 
repentinamente al consternado guerrero. El canónigo sor- 
prendido por este rayo mortal, se endereza i levanta en 
vano su cabeza rebelde: temblando a este respecto, cae de 
rodillas, i paga al miedo lo que debe al respeto. El prela- 
do, lleno de gloria, va inmediatamente al templo a sabo- 
rear los dulces frutos de su santa victoria: i los canónigos, 
castigados de sus vanos proyectos, vuelven a sus casas 
desatentados i benditos." 

BOILEAU, 1 
El facistol, cant. V. 



XIII, 
La Suiza 

"¡Bendito seas, pueblo feliz! Da gracias al destino que te 
ha negado, junto con la opulencia, las fuentes de los vicios. 
Para aquel que está satisfecho con su posición, la misma 
pobreza es una condición de felicidad, mientras que el lujo 
i la voluptuosidad carcomen los cimientos de ios estados. 

Cuando Roma contaba todavía tantas victorias como 
batallas, una pobre salsa era el alimento de los héroes, i los 
dioses tenian templos de madera; pero cuando sus riquezas 
no tuvieron límites, el mas débil enemigo heló de esf>anto 
al guerrero dejenerado. Guárdate, pues, de estender la es- 
fera de tus deseos: tu prosperidad durará mientras conser- 
ves tu sencillez. 

La naturaleza, es verdad, cubre de piedras tus rudas 
campiñas; pero el arado pasa al través de ellas, i tus siem- 
bras prosperan. La naturaleza ha levantado la barrera de 
los Alpes para separarte del resto del mundo, porque los 
hombres son, unos para otros, el peoí azote. Tu bebida es 
el agua pura; la leche es tu alimento mas rebuscado; pero 
el apetito i la alegría sazonan hasta las bellotas. Los pro- 
fundos abismos de tus montañas no producen mas que 

1 Véanse las Noc de h/st. lit , part. III, cap. IV, § 12. 



452 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



fierro. ¡Ah! ¡cómo quisiera el Perú ^ ser tan pobre como tú! 
porque donde reina la libertad todas las penas se minoran, 
las mismas rocas se cubren de flores i el viento boreal se 
suaviza. 

Un agradable hacinamiento de montañas, de rocas i de 
lagos se descubre poco a poco: sus formas, al principio pá- 
lidas e indecisas, acaban por presentarse claras i distintas. 
El horizonte azulejo está limitado por un círculo de cimas 
brillantes, donde negras. selvas detienen los rayos del sol. 
A veces, una cadena inmediata muestríi la suave pendiente 
de sus colinas, desde donde el bramido de las vacas es repe- 
tido por el eco del valle; a veces, se percibe un lago, espejo 
inmenso, cu^^a superficie uniforme refleja las luces temblo- 
rosas de la aurora; a veces, en fin, se abre una larga serie 
de verdes valles que, serpenteando aquí i allá, se pierden 
estrechándose a lo lejos. 

"Allí, una montaña desnuda amenaza al cielo con su 
cima formada por el hielo acumulado por los siglos, i tien- 
de hacia abajo sus costados pulimentados, i cuyo frió cris- 
tal resiste a todos los rayos del sol, i desafia los asaltos del 
calor abrasador de Cáncer. No lejos del hielo, una montaña 
fértil estiende su ancha espalda cu'')iertacon ricas praderas. 
Las mieses se ostentan i maduran en sus suaves pendien- 
tes, i cien rebaños pacen en sus colinas. Un valle estrecho, 
cubierto por frescas sombras, separa las producciones de 
las diferentes zonas. 

"Aquí, una montaña escarpada eleva sus picos como al- 
tas murallas; un rápido torrente se escapa de ella i se pre- 
cipita en cascadas. Cubierto por una espesa espuma, se 
abre paso al través de las hendiduras de las rocas, i con 
un salto impetuoso, vence todos los obstáculos que se opo- 
nen a su furia. La altura i la rapidez de su caida, dividen 
sus agu is; en el aire condensado, se estiende i se ajita un 
vapor oscuro; el arco iris se deja ver en esa agua reducida 
a polvo, i el lejano valle se riega con un rocío cc^ntinuo. El 
viajero maravillado, ve correr en los aires torrentes que se 
escapan de las nubes para echarse en otras nubes. 

Aun en los lugares en que no penetra jamas la luz bené- 
fica del sol, donde escarchas continuas despojan de follaje 



1 En el siglo XVIII, el Perú tenia en Europa la reputación de ser 
un país cuajado de oro i de plata. Parece inútil recordar que cuan- 
do Haller escribió su poema, el Perú estaba sometido a la domi- 
nación española. 



ANÁLISIS LITERARIO 453 

al valle desierto, las grietas de las rocas están adornadas 
con gran magnificencia al abrigo de los ultrajes del tiempo 
i de los rigores del invierno. En el fondo de esos abismos 
subterráneos, que no han visto jamas la luz, la húmeda 
arcilla, rodeada en forma de bóveda, se cubre con un cris- 
tal brillante. Ese cristal, de vivos resplandores, sale de las 
aberturas de la roca, brilla en la sombra como el relámpa- 
go, i lanza sus rayos por todos lados. ¡Oh riqueza de la 
naturaleza! Ocultaos, vosotros diamantes enanos de la In- 
dia; el diamante de Europa se deja ver en estos lugares, i 
toma las proporciones de una montaña. 

"En medio de un valle que alza hasta los cielos sus mu- 
rallas de escarcha, i donde el salvaje Bóreas ha establecido 
su trono helado, saltan murmurando las olas apretadas de 
un abundante arroyo que humea al atravesar la yerba 
marchita i quema todo lo que riega. Sus aguas puras, que 
corren con metales líquidos, están doradas por sales salu- 
dables; calentadas en golfos subterráneos, saltan i hierven 
por la lucha de las sales que se mezclan en su seno. En vano 
el viento i la nieve se desencadenan contra sus olas ardien- 
tes; el fuego es su esencia i sus aguas son llamas. 

"Mas lejos, allí donde veis el sombrio torrente que se 
arrastra con furor, en sus torbellinos de espuma, las selvas 
desarraigadas, las fuentes subterráneas filtran al travt^s de 
la montaña, i este sudor ácido disuelve las sales de las ro- 
cas. El costado de la montaña, abierto en forma de bóveda 
de alabastro, encierra, es verdad, este pequeño mar en sus 
profundas cavidades; pero el agua corrosiva carcome el 
piso de mármol, i deseosa de servir a las necesidades del 
homVjre, huye al través de las hendiduras de las rocas: el 
elemento que vivifica la naturaleza i fertiliza los campos, 
se presenta por sí mismo al hombre i corre a su encuentro. 
"En la cima helada del Schreckhom, no hai división entre 
los grandes rios que riegan la Europa i llevan a los dos 
mares el tributo de sus aguas. De allí se lanza el Aar Nuch- 
terland. Abriéndose paso al través de las rocas escarpadas, 
emblanquecidas con su espuma, salta en rápida cascada 
con un ruido formidable. Los ricos tesoros que la montaña 
encierra en su seno, doran sus olas; el mineral real colora 
la blancura de sus ondas, i cargado con el precioso metal, 
el rio, en lugar de la arena vulgar, arroja sobre la orilla 
pajitas de oro nativo. El pastor ve ese tesoro que corre a 
sus pies i ¡qué ejemplo para el mundo! lo ve i lo deja llevar 
por las aguas. 



454 MANUAL DE C^íMPOSION LITERARIA 



"Jamas, pueblo feliz, el negro dominio de los vicios ha 
tomado el primer lugar en vuestras almas. Sin correr tras 
esos bienes refinados de que la vanidad hace una carga i la 
sociedad un disgusto, os contentáis con los sencillos dones 
de la naturaleza. No tenéis enemigo interior que desgarre 
vuestro seno, no pagáis los goces con sangriento remordi- 
miento; que ese torrente de deseos de toda especie, contra 
los cuales la razón no tiene sino vanas máximas, no haga 
estragos en vuestros corazones. Que nada os abaje, que 
nada os eleve: vuestra existencia es uniforme, i v^osotros 
debéis morir como habéis vivido. 

''¡Feliz aquel que, como vosotros, labra el campo here- 
dado de sus padres con los bueyes{que él mismo ha criado! 
La lana forma sus vestidos, una corona de hojas su ador- 
no, alimentos sencillos i la leche de sus rebaños bastan a 
sus necesidades. Bajo el soplo del céfiro, bajo el fresco de 
las cascadas, saborea, tendido sobre la tierna hierba, un 
sueño que los afanes no vienen a turbar. Jamas sacudido 
por los mares, se ve despertado por el mujido de las olas 
enfurecidas; jamas, en los dias de alarma, viene a herir su 
oido. ¡Feliz aquel que, contento con su suerte no desea me- 
jorarla!" 

H ALICER, 1 

Los Alpes. 



XIV 



Tempestad de verano 

"Mira la espesa oscuridad que se prepara i se fija en las 
selvas; se estiende i se dilata sobre todo el firmamento re- 
cargado de vapores malignos, atraidos de los lechos secre- 
tos en que descansan las jeneraciones minerales. En esa 
triste nube, la oscuridad se enrc/jece i viene a ser una fuente 
de males. Esa masa escitada por el tacto etéreo, porel cho- 
que de las nubes i la guerra de los vientos irritados, se lan- 
za al fin con furor mientras que la calma domina en la su- 
perficie de la tierra. Un silencio fatal reina en el sombrío 



1 Véanse sobre Alberto ílaller las Noc. de hist. lit., part. III., 
cap. VIÍ, § 4.— Esta última parte, como es fácil reconocerlo, es una 
imitación del Beatus ille de Horacio. 



ANÁLISIS LITERARIO 455 



espacio; no se oye mas que un ruido sordo que sale de las 
montañas, que anuncia la borrasca, corre murmurando so- 
bre la tierra, turba los rios i hace temblar la hoja de las 
selvas sin un soplo de viento. Los habitantes del aire se 
precipitan en los mas profundos valles. El cuervo que busca 
la tempestad, se atreve apenas a volar con esta luz incierta. 
Las bestias se paralizan de terror, i arrojan una mirada la- 
mentable sobre el cielo enfurecido; el hombre las abandona 
i huye a la cabana llena ya de pastores o busca el abrigo 
de una caverna profunda. 

'*Todo está sumido en la sorpresa, el temor i el silencio, 
cuando de repente el relámpago se muestra al sur al ojo 
aterrorizado. El trueno que lo sigue mas lentamente, hace 
oír su voz terrible al través de las nubes en la vasta esten- 
sion. Li tempestad brama i resuena en los cielos. Pero 
cuando la borrasca se acerca, cuando arrastra su terrible 
carga sobre los vientos, los relámpagos forman entonces 
surcos mas anchos i el ruido redobla. Inmediatamente, una 
llama lívida se desplega sobre la cabeza: la nube se abre i 
se cierra sin cesar, se cierra i se abre nuevamente, se estien- 
de i lo envuelve todo en un mar de fuego i el ruido sigue de 
cerca, aumenta, rompe sus lazos, se hace mas profundo i lo 
confunde todo; el golpe repetido parece destrozar el cielo i 
la tierra. 

"Un diluvio de bullicioso granizo i de lluvia se precipita; 
las nubes entreabiertas derraman un rio entero: sin em- 
bargo, la antorchadel relámpago invencible no se estin- 
gue todavía. Hace nuevos esfuerzos. El raj^o, jirando en 
líneas rojas, desgarra orgullosamente e inflama las mon- 
tañas con una rabia redoblada. El pino destrozado i enne- 
grecido por un golpe, queda convertido en un tronco infor- 
me i horrible. Los rebaños heridos, permanecen tendidos 
como un grupo inanimado. Aquí, las suaves ovejas, con la 
mirada siempre inocente, parecen vivas i rumiar todavía: 
se creeria que el toro frunce el ceño i que el buei trata de le- 
vantarse. La roca escarpada es herida por el mismo golpe, 
así como la torre venerable que cae i pierde para siempre 
su antiguo orgullo. Los bosques oscuros tiemblan a la luz 
del relámpago; los árboles mas antiguos se conmueven has- 
ta en sus profundas raices. El rujido furioso resuena en me- 
dio de las montañas. Los culpables espantados escuchan: 
sus pensamientos se turban; sin embargo, no siempre el 
golpe fatal cae sobre la cabeza criminal. 

'•Al fin, las nubes dispersas en la superficie de los cielos, 



456 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

vagan en desorden. El firmamento sin límites se deja ver i 
estiende sobre el mundo un azul mas puro. La naturaleza, 
después de la tempestad, se adorna de nuevo; el brillo i la 
calma se estienden en un instante al través del aire que se 
aclara: una faja brillante de alegría, adornada por un rayo 
amarillo, signo del peligro pasado, rodea les campos ba- 
ñados aun después de la borrasca. 

"Todo es belleza i cantos agradables por todas partes. 
El bramido de los toros se une al balido de las ovejas que 
van en grupo a comer el pasto del valle. El hombre ingra- 
to, cuya voz articulada dtbia conducir el coro de acción de 
gracias, el hombre, el mas favorecido de todos ¿será acaso 
el tínico que se niegue a tributar este homenaje universal? 
Apenas su débil corazón ha perdido el temor, cuando se 
siente pronto a olvidar la mano que encadena el rayo i que 
tranquiliza el firmamento. ¿Sentirá acaso apagarse la chis- 
pa de los remordimientos que la temp stad ha encendido i 
el sentimiento de respeto por ese poder que puede anona- 
darlo con un soplo? 

Thompson, ^ 
Las Estaciones, El Verano. 



XY 

La vida de los pastores 

*'Desde que el áspero viento del norte abandona el impe- 
rio de los aires, i cuando la savia reanimada circula en to- 
dos los seres; cuando el seno de la tierra se embellece con 
los nuevos adornos que un suave céfiro le trae en sus alas 
embalsamadas, los pastores abandonan las rejiones bajas 
en que la nieve comienza a deshacerse en ondas turbulentas, 
i corren a los Alpes para encontrar la primera hierba, cuyo 
brote se éieva al través de los hielos. Los rebaños dejan los 
establos i saludan con alegría la montaña, donde la natu- 
raleza i la primavera se unen para proporcionarles su pla- 
cer. Cuando la alondra, celebrando el alba matinal anuncia 
al mundo la primera mirada de la luz, el pastor se aparta 
de los brazos de su compañera que maldice el instante de la 



1 Véanse las Noc. ele hisí lii., part, IIÍ, cap. VI, § 10. 



ANÁLISIS LITERARIO 457 



partida, a pesar de que está preparada para ello. Una ma- 
nada de terneros con su marcha pesada, trepa en medio de 
alegres mujidos por el sendero lleno de roció: vaga lenta- 
mente donde abunda el trébol, i siega con su lengua ávida 
el tierno pasto, mientras que el pastor, sentado cerca de 
una cascada, hace resonar los ecos con el sonido de su zam- 
pona. Cuando las sombras comienzan a alargarse i cuando 
el astro del dia se inclina hacía su fresco asilo, los rebaños, 
hartos de pasto, vuelven a tomar, en medio de confusos 
balidos, el camino del conocido establo. La esposa del pas- 
tor acoje la vuelta de éste con una dulce sonrisa. La alegre 
tropa de niños rodea al padre i juega a su alrededor. La 
dulce espuma de la leche es esprimida entre los dedos la es- 
posa, la comida de la tarde está preparada, la familia feliz 
la rodea, el trabajo i el hambre sazonan lo que la sencillez 
hapreparado; en fin, el sueño i su divino reposo les propor- 
cionan descanso en su rústica cama. 



}} 



Haller, 1 

Los Alpes. 



XVI 
La primera noche de Adán i Eva fuera del paraíso ' 

(Adán refiere a sus hijos la manera cómo fué arrojado 
del paraiso terrenal i sus primeros padecimientos en la 
tierra). 

^'Marchamos a la sombra de esos álamos, i habiendo 
penetrado hasta la roca, la encontramos hueca: su cavi- 
dad formaba una gruta. —"Mira, cuántas comodidades 
nos ofrece la naturaleza. Ve esta risueña gruta i este arro- 
yo puro que corre al lado con dulce murmullo. Preparemos 
aquí nuestro asilo; pero, querida Eva, es menester que 3^0 
cierre la entrada para evitar las sorpresas nocturnas de 
los enemigos". — "¿Qué enemigos?" preguntó Eva con emo- 
ción.- *'¿No has notado, le dije, que la maldición ha alcan- 
zado a todo lo que existe, que están rotos los lazos de 
amor entre los seres vivientes, i que el mas débil es la presa 
del mas fuerte? Allá abajo, en la campiña, he visto un león 
joven i vigoroso perseguir con un funesto rujido a un ca- 
britillo aterrorizado; he visto la guerra entre las aves que 



1 Véanse las Noc. de hist. lit., part. III, cap. VII, ^ 4. 



458 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

pueblan el aire. Ya no tenemos poder para mandar a los 
animales, a no ser a aquellos cuyas fuerzas son inferiores a 
las nuestras. Los que hace poco jugaban a nuestro alrede- 
dor con un aire cariñoso i sumiso, el tigre manchado i el 
león de larga melena, lanzan ahora espantosos rujidos con- 
tra nosotros, i tienen en los ojos un fuego amenazador. Es 
cierto que por la suavidad nosotros nos ganaremos a los 
mas ])acíficos, i que por nuestro arte i nuestra destreza, 
nos precaveremos de los mas feroces. Voi a entrelazar al- 
gunas ramas delante de la entrada de la gruta". Inmedia- 
tamente, acometí el trabajo. Eva, sin embargo, tímida i 
sin perderme de vista, fué a cojer algunas flores i algunas 
hojas para formarnos una cama i puso a contribución pa- 
ra nuestra mesa, los árboles i los arbustos de las inmedia- 
ciones. Habiendo hecho su provisión, volvió de carrera i 
la colocó delante de mí en la tierna yerba. 

Entonces nos sentamos en la gruta en asientos tapiza- 
dos de flores. Comenzábamos nuestra frugal comida, cuan- 
do una nube sombría vino de repente a oscuprecer el sol en 
su ocaso, i se estendió sobre nuestras cabezas. El sombrío 
velo con que cubrió la tierra parecia ser para sus habitan- 
tes i para toda la naturaleza un presajio de destrucción. 
Un viento tempestuoso que se levantó en seguida, bramó 
al través de las montarías i trastornó todas las selvas; 
salieron llamas del seno de las nubes; i el estrépito del 
trueno vino a aumentar el horror i el espanto. Eva, aterro- 
rizada, se arrojó en mis brazos i se estrechaba en mi pecho 
respirando apenas. — "Viene, decia ella, viene el Juez Supre- 
mo ¡Que terrible está! Viene a traernos la muerte, a 

nosotros i a toda la naturaleza, a causa de mi prevarica- 
ción. ¡Oh Adán, Adán!" Diciendo estas palabras, permane- 
ció temblorosa i muda, apoyada siempre en mí. — Tran- 
quilízate, le dije, esposa querida; pongámonos de rodillas 
i adoremos a ese Dios terrible que domina las nubes i man- 
da los relámpagos i los rayos. 1 tú ¡gran Dios! que tiemblas 
con tanta bondad el brillo de tu divinidad paracomunicarte 
conmigo desde que abrí los ojos, al salir de tus manos crea- 
doras, ¡qué terrible es cuando vienes a juzgar a todas tus 
criaturas!" E inmediatamente nos prosternamos delante 
de la gruta, donde con el rostro pálido i las manos temblo- 
rosas, hicimos humildemente nuestra oración, esperando 
que el Soberano Juez, dominando sobre nuestras cabezas, 
nos diria por medio de su trueno: — "Morid ¡ingratos! que 
la tierra que habéis pisado, desaparezca ante mi furor". 



ANÁLISIS LITERAKIO 459 



El cielo, entretanto, no derramaba sus aguas; pero ya no 
salían llamas de las nubes, i el trueno no rujia sino a lo 
lejos. Entonces levanté la cabeza, diciendo: — "El Señor ha 
pasado cerca de nosotros, querida Eva; de otro modo 
¿cómo cumpliría su promesa si nos destruyese, i con nues- 
tras personas a nuestros descendientes?" La eterna sabi- 
duría no se arrepiente de las promesas que ha hecho. Co- 
bramos confianza, las nubes se disiparon, i el sol en su 
ocaso esparció uti brillo admirable sobre los nublados, tal 
como aquel que resplandecía cuando las lejiones de ánjeles 
eran llevadas al Edén en lijeras nubes; i cuando sus huellas, 
haciendo un ancho surco de luz, daban a las nubes el brillo 
de la llama. Las campiñas humedecidas descansaban en 
silencio, los colores renacían mas vivaces, í el sol |)oniente 
lanzaba sobre nosotros sus últimos rayo^. Celebramos con 
una santa emoción esta escena conmovedora. Así fué como 
pasó sobre nuestras cabezas la primera borrasca". 

Gesner, 1 
La muerte de Abel, canto II. 



XVII 

Las tinieblas 

''Tuve un sueño que no era enteramente un sueño. El sol 
brillante estaba estinguido, i las estrellas vagaban oscura 
mente en el eterno espacio, despojada de sus rayos i sin 
seguir un rumbo fijo, i la tierra helada flotaba ciega i ne- 
gra en el aire que la luna no alumbraba, i^a mañana venia, 
se iba i volvía a venir sin traer la luz, i los hombres habían 
olvidado sus pasiones en el terror de esta desolación; i 
todos los corazones helados imploraban en una oración 
egoísta la vuelta de la luz; i vivían alrededor de grandes 
fuegos encendidos, i los tronos, los palacios de los reyes 
coronados, las cabanas, las habitaciones de todo jénero, 
eran quemadas para alumbrar en medio de las tinieblas; 
las ciudades eran presas del incendio, i los hombres esta- 
ban amontonados alrededor de sus habitaciones abrazadas 
para mirarse los uñosa los otros una vez mas. ¡Felicis 



1 Véanse las Noc. de hist. Ht., part. III, cap. VII, § 7. 



460 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

los que vivían en la proximidad de los volcanes i de sus 
cimas luminosas 

'*Una terrible esperanza era todo lo que les quedaba en 
en el mundo: las selvas eran entregadas a las llamas; pero 
de hora en hora se les veia caer i desaparecer, i los troncos 
chispeantes se estinguian con un último crujido i después 
todo volvia a las tinieblas, Su luz desesperante, cayendo de 
relámpagos pasajeros sobre los rostros de los hombres, 
les daba un aspecto que no era de este mundo. Unos, ten- 
didos en tierra, ocultaban sus ojos i lloraban; otros apo- 
yaban sus rostros sobre sus puños cerrados i se sonreian, 
otros, en fin, corrian aquí i allá, alimentaban las fúnebres 
hogueras, i miraban con inquietud el cielo monótono esten- 
dido como un paño mortuorio sobre el universo en des- 
trucción; en seguida se arrastraban en el polvo blasfeman- 
do, hacían rechinar los dientes i ahullaban. Las aves 
espantadas lanzaban gritos, daban vueltas sobre la tierra 
i ajitaban sus inútiles alas. Los animales mas feroces se ha- 
blan hecho tímidos i temblorosos; i las víboras se arrastra- 
ban i entrelazaban en medio de la muchedumbre; silbaban, 
pero no picaban : se las mataba para comerlas. I la guerra 
que habia descansado algún tiempo, recomenzaba su carrera 
de degüello i carnicería. La comida era comprada con san- 
gre, i cada cual satisfacía aparte su apetito feroz i som- 
brío. Ya no habia amor; toda la tierra no tenia mas que 
un pensamiento, el de la muerte, i de una muerte inmedia- 
ta i sin gloria. Todas las entrañas eran presas de las tortu- 
ras del hambre; los hombres morian, i sus huesos como su 
carne quedaban sin sepultura. Flacos i descarnados, ellos 
se devoraban entre sí. Los perros mismos atacaban a sus 
señores, todos los perros esc< pto uno solo: habiendo que- 
dado cerca de un cadáver, espantó a las aves, los animales 
de presa i los hombres hambrientos, esperando que el ham- 
bre los hiciese sucumbir o que otros muertos diesen ali- 
mento a sus descarnadas mandíbulas. El mismo no buscó 
ningún alimento; pero, exhalando un ahullido quejumbro- 
so i prolongado con un grito rápido de dolor, murió la- 
miendo la mano que no respondía a sus caricias. Poco a 
poco el hambre cegó a la muchedumbre. De una ciudad 
populosa dos hombres solamente vivían aun, i ellos eran 
enemigos; ambos se trasladaron detras de las cenizas mo- 
ribundas de un altar donde una multitud de cosas santas 
había sido amontonada para un uso sacrilego. Traspasa- 
dos de frió, con sus manos heladas i descarnadas revolvían 



ANÁLISIS LITERARIO 461 



las cenizas, calientes todavía, i ¿u débil soplido, en busca 
de un poco de vida, llegó a ser una llama que apenas era 
tal: su luz aumentó un poco, levantaron sus ojos, se vie- 
ron, arrojaron un grito i murieron; murieron al contem- 
plar su mutua fealdad, porque cada cual de ellos ignoraba 
quién era aquel sobre cuya frente el hambre había escrito 
la palabra ¡maldito! El mundo estaba, desierto; los países 
poblados i poderosos no eran ya mas que una masa inerte 
donde no habia ni estaciones, ni vejetacion, ni nrbol^fs, ni 
hombres, ni vida; una masa de muerte, un caos de arcilla 
endurecida. Los ríos, los lagos i el océano estaban inmóviles, 
i nada se movia en sus silenciosas profundidades; las naves 
i tripulaciones, se podrían en el mar, i sus mástiles caían 
pieza por pieza; i una vez caídos, dormían en el abismo que 
nada ajitaba; las olas estaban muertas; las mareas esta- 
ban en la tumba, donde las habia precedido la luna, su rei- 
na; los vientos se habían perdido en el aire paralizado, i las 
nubes no existian ya: las tinieblas no tenian necesidad de 
ellas, porque las tinieblas eran el universo entero." 

Lord Byron ^ 



1 Véanse las Noc. de hist. lit , part. IH, cap. IV, § Kí. 

Este magnífico canto puede dar una idea del caráter de la poesía 
romántica cuando ha sido manejada por un hombre del jenio de 
Byron, «Bn este poema, dice sir Walter Scott, lord Byron ha 
abandonado ese sistema que le es característico, de indicar siem- 
pre al lector el fin a donde se dirije. Se ha contentado con ofrecer 
una masa de ideas vigorosas dispuestas sin orden, i cuyo encade 
namiento es difícil tomar: una multitud de imájenes terribles se 
amontonan i se confunden delante de nosotros, como en el sueño 
de un hombre que delira, quimeras espantosas en cuya existencia 
el espíritu se niega a creer, que aturden al lector i que perturban 
aun el espíritu de los que están mas acostumbrados a las singu- 
laridades de la musa, hl asunto es la invasión de la tierra por las 
tinieblas, que son llama ¡as como en Shakespeare, el enterrador 
de la muerte. La reunión de imájenes terribles que el poeta ha co 
locado delante de nosotros hace sentir mejor la estravagancia 
del plan". 

Un publicista francés, recordando este poema de Byron, le ha 
dado una aplicación diferente, pero muí injeniosa. Supone un dia 
en que la imprenta dejara de funcionar en todos los paises de la 
tierra; i compara la situación del mundo a las tinieblas pinta- 
das con tan vigorosa enerjía por lord Byron. 

En la p. 79 del tomo II del Museo de ambas Américas, (Valpa- 
raiso, 1842,) se encuentra una estimable imitación en verso cas- 
tellano de este foema de B^^ron, suscrita por L. Balladeres i Ga- 
rriga. 



40 2 MANUAL DB COMPOSICIÓN LITERARIA 



XVIII 

Cristóbal Colon 

*'¿Qué hai, Fernando? ¿Por qué tienes el rostro pálido i 
sombrío? ¿Me traes alguna mala noticia?" — "¡Ah! noble 
capitán, preparad el ánimo. No puedo contener por mas 
tiempo a la tripulación sublevada. vSi la tierra no se deja 
ver inmediatamente, seréis víctima de su furor; semejantes 
a los rujidos de la tempestad, sus gritos sediciosos piden 
la augusta sangre de su capitán." 

Apenas habian salido estas palabras de boca del caba- 
llero, cuando la muchedumbre se amontona detras de él; 
como olas tumultuosas, los soldados furiosos se precipitan 
en el pacífico aposento. La desesperación está pintada en 
sus miradas terribles, la muerte en sus lívidos rostros. — 
''¡Traidor!" ¿Dónde está la Felicidad que nos prometias? 
Sálvanos de la terrible miseria a que estamos reducidos. 

"Tú no nos das víveres; pues bien danos sangre." — ''¡San- 
gre, snngre!" gritaban los sediciosos. A la rabia de lo tem- 
pestad, el espíritu tranquilo del grande hombre opuso la 
ñrmeza de la roca. — "Si mi sangre puede satisfaceros, to- 
madla i vivid; pero permitidme que goce déla luz hasta 
que una vez mas se levante el sol en medio de los fuegos del 
oriente. 

" Si sus primeros rayos no alumbran una playa salvado- 
ra, yo me entrego voluntariamente a la muerte. Mientras 
tanto, proseguid resueltamente vuestro camino, i tened 
confianza en la protección del Señor." La dignidad del hé- 
roe, su mirada tranquila, triunfa una vez mas del furor. 
Respetan su cabeza i ahorran su augusta sangre. 

"Pues bien; que así sea. Pero si los primeros rayos no 
nos muestran la tierra de salvación, tú has visto el sol por 
última vez. Tiembla ante nuestro brazo vengalor," El prie- 
to cruel queda concluido; los rebeldes se retiran. ¡Qué la 
aurora de mañana nos revele la suerte del héroe resig- 
nado! 

El sol se inclina en el horizonte, la luz desaparece; el pe- 
cho del héroe está oprimido; la carena hiende con un ruido 
lúgubre el mar vasto i desierto. Las estrellas se levantan 
silenciosas; pero ¡ah! ¡ninguna trae la esperanza! La nave 
prosigue su camino solitario, i la ribera de salvación está 
mui lejos todavía. 



ANÁLISIS LITERARIO 468 



Teniendo en la mano su fiel telescopio l con el corazón 
lleno de inquietud, el héroe vela durante la noche sombría, 
i no aparta sus miradas del occidente. *'A1 occidente ¡oh 
nave! vuela al occidente. ¡Oh tierra! objeto de mis ardientes 
aspiraciones, antes de morir, mi corazón i mi espíritu te 
saludan. 

"¡Oh Dios mió! De lo alto de los cielos tiende sobre mis 
marineros una mirada de bondad, no permitas que, entre- 
gados a la desesperación, encuentren una tumba en las olas 
desiertas." Así habló el héroe movido de compasión. — "Pe- 
ro ¿qué oigo? ¿Qu én anda de carrera? ¿Bres tú, I^Vrnando, 
siempre con tu rostro pálido i sombrío? ¿Qué me anuncian 
tus pasos temblorosos? 

— *'iAh! noble capitán, no hai remedio; los rayos del sol 
comienzan a mostrarse en el oriente."— "Calma, amigo 
De las alturas celestes ha salido el rayo vivificador; el im 
perio del Todo poderoso se estiende de un polo a otro; él es 
el que me abre el camino de la muerte." — "¡Adiós, mi capi 
tan, adiós para siempre! Oigo a los rebeldes que se acer 
can." 

Apenas habían salido estas palabras de la boca del ':aba 
llero, cuando la muchedumbre se amontona detras de él; 
como olas tumultuosas, los soldados furiosos se precipitan 
en el pacífico aposento. — "Sé lo que me pedís; estoi pronto. 
¡Adelante! Arrojadme en el mar espumoso; pero sabed que 
no está lejos la playa de salvación. ¡Que Dios os proteja, 
soldados estraviados!" 

Las espadas hacen oir el ruido de su choque; horribles 
clamores llenan los aires. Con un espíritu tranquilo i de- 
sembarazado, el noble héroe va a buscar una tumba en el 
mar espumoso. Los lazos mas sagrados están rotos; el 

ilustre capitán es arrastrado al borde del navio "Tierra, 

tierra!" gritan, e inmensos clamores, semejante al ruido del 
trueno, repiten: "¡Tierra, tierra!" 

Una faja brillante, coloreada de púrpura, se muestra a 
las rápidas miradas. Alumbrada por los rayos dorados del 
sol que se levanta, la felicidad se alza en el seno de las olas 
i los llama; aparece ese mundo nuevo que los tímidos pre- 



1 Bn tiempo de Coló» no se conocian los telescopios ni los 
anteojos de larga vista, pues fueron inventados a principios del 
siglo XVII. 



464 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

sentimientos sospechaban apenas, i que se habia revelado 
a las atrevidas meditaciones del jenio. Caen a los pies del 
grande hombre i dan gracias al poder divino." 

Luisa Brachmann i 



XIX 

El anillo de Policrátes 

"De pié en la azotea de su palacio, paseaba sus miradas 
satisfechas sobre la ciudad de Sámos, de que era soberano. 
— "Todo lo que ves está sometido a mi poder, decia al rei 
de Ejipto. Confiesa que soi feliz" 

— "Has esperimentado el favor de los dioses; éste ha do- 
blegado bajo tu cetro poderoso aquellos que en otro tiem- 
po eran tus iguales; pero hai uno que vive para vengarlos; 
mi boca no puede proclamarte feliz mientras te vijile el ojo 
de un enemigo." 

Aun no habia acabado de hablar el rei cuando se presen- 
ta al tirano un mensajero venido de Mileto: — "Enciende 
¡oh señí)r! el fuego de los sacrificios i adorna tu cabellera 
para la fiesta con los vistosos ramos de laurel. 

"Tu enemigo sucumbió herido por una jabelina; tu fiel je- 
neral Polidoro me ha enviado hacia tí con esta feliz noti- 
cia." Dice, i a pesar del horror de los dos príncipes, saca 
de una caja negra una cabeza ensangrentada i bien cono- 
cida. 

El rei de Ejipto retrocede de horror. — "Guárdate, sin 
embargo, de fiarte en la pros,>eridad, dijo con una mirada 
inquieta, piensa en la inconsta loia de las olas. La incierta 
fortuna de tu escuadra puede ser destruida fácilmente por 
la tempestad." 

Hablaba todavía, cuando fué interrumpido por los gri- 
tos de alegría que resonaban en el puerto. Cargada de te- 
soros estranjeros, una selva de mástiles vuelve a las ribe- 
ras de la patria. 



1 Célebre poetisa alemana, (1777-1822), cuyas baladas, i 
particularmente la que dejamos trascrita, son raui justamente 
aplaudidas. 



ANÁLISIS LITERARIO 465 



El huésped real se sorprende:— "Tu felicidad es hoi mui 
grande, pero teme su inconstancia. Los invisibles ejércitos 
de los espartanos te amenazan con un peligro inminente: 
están ya cerca de la costa." 

Apenas se habían escapado estas palabras de sus labios, 
cuando se ve a la muchedumbre precijjitíirse fuera de las 
naves, i millares de voces esclaman: "¡Victoria! nos hemos 
libertado de nuestros enemigos. La tempestad ha destruido 
la escuadra espartana, la guerra está concluida." 

El huésped real oye estos gritos con terror: — "En verdad, 
debo proclamarte feliz; pero tiemblo por tu suerte; los ce- 
los de los dioses me espantan. La alegría sin perturbación 
no fué jamas el patrimonio de ningún mortal. 

"A. mí también todo me ha sahdo bien, el favor del cielo 
me ha acompañado en todas mis empresas de rei; pero te- 
nia un heredero querido, i Dios me lo quitó: yo lo vi morir, 
i pagué así mi deuda a la fortuna. 

"Si tú quieres, pues, ponerte a salvo contra la desgracia, 
invoca a los jenios invisibles, a fin de que mezclen el sufri- 
miento a tu felicidad. Nunca he visto a ningún mortal que 
acabe pacíficamente su vida cuando los dioses han derra- 
mado sobre él sus favores a manos llenas. 

"I si los dioses no oyen tus ruegos, escucha el consejo de 
un amigo: llama tú mismo la desgracia; elije entre todos 
los tesoros aquel al cual tu corazón atribuye mas valor, i 
arrójalo al mar." 

Sobrecojido por el temor, Policrá tes responde: — "De todo 
lo que encierra esta isla, nada es mas precioso para mí que 
este anillo: voi a consagrarlo a las Euménides para que 
me perdonen mi fortuna." I arroja el anillo a las olas. 

El dia siguiente, al rayar la aurora, un pescador, con la 
alegría pintada en el semblante, se presenta al príncipe. — 
"Señor, he cojido un pez como no habia encontrado uno 
semejante en mis redes, i vengo a ofrecértelo." 

I cuando el cocinero ha abierto el pescado, corre fuera de 
sí i con la mirada estupcfactaesclama:— "Señor, aquí tienes 
el anillo que llevabas hace poco; acabo de encontrarlo en 
las entrañas de este pescado. ¡Oh! tu felicidad no tiene lími- 
tes." 

El huésped real se vuelve con horror: — "No puedo perma- 
necer aquí mas tiempo, i tú no puedes ya ser mas mi ami- 

TOMO \ 30 



466 MANUAL DE COMPOSICIÓN LriíJKARIA 

go. Los dioses quieren tu pérdida; yo me alejo de prisa 
para no perecer contigo." Dice i se embarca en el mismo 
instante." 

Federico Schíller ^ 



XX 
A Cristo crucificado 

No me mueve, mi Dios, para quererte» 
El cielo que me tienes prometido, 
Ni me mueve el iniicrno tan temido 
Para dejar por eso de ofenderte. 

Til me mueves, mi Dios, muéveme el verte 
Clavado en esa cruz i escarnecido; 
Muéveme ver tu cuerpo tan herido; 
Muévenme las angustias de tu muerte; 
Muéveme, en fin, tu amor de tal manera 
Que, aunque no hubiera cielo yo te amara, 
1 aunque no hubiera infierno, te temiera. 

No me tienes que dar por que te quiera, 
Porque, si cuanto espero no esperara, 
Lo mismo que te quiero te quisiera. 

Santa Teresa 2. 



IVéanse las Noc. de hist. lit., part III, cap. VII, § 10.— Policrá- 
tes, tirano de Sámos, protector de las artes, de las ciencias i de las 
letras, ha sido inmortalizado por Heródoto, ha referido sus con- 
quistas i los favores que la fortuna le dispensó. Como se recorda- 
rá, Oréstes, sátrapa de Sardes, puso fin a tanta felicidad: atrajo a 
su lado a Policrátes, i en seguida, lo hizo crucificar el año 521 an- 
tes de Jesucristo. El rei de Ejipto que tuvo esta conversación con 
Policrátes, era Amásis. Véase Hekódoto, lib. III. 

2 Véanse las Noc. de hist. lit. part. III, cap. III, § 3. 



ANÁLISIS LITERARIO 467 



XXI 
A la Ascención 

¿[ dejas, Pastor santo, 
Tu grei en este valle hondo, oscuro 
Con soledad i llanto, 
I til, rompiendo el puro 
Aire, te vas al inmortal seguro? 

Los antes bienhadados, 
1 los agora tristes i aflijidos, 
A tus pechos criados, 
De ti desposeidos 
¿A do convertirán ya sus sentidos? 

¿Qué mirarán los ojos 
Que vieron de tu rostro la hermosura. 
Que no le sea enojos? 
Quién oyó tu dulzura, 
¿Qué no tendrá por sordo i desventura? 

Aqueste mar turbado 
¿Quién le pondrá ya freno? ¿quién concierto 
Al viento fiero airado? 
Estando tú cubierto, 
¿Qué norte guiará la nave al puerto? 

¡Ai! nube envidiosa 
Aun de este breve goza, ¿qué te aquejan? 
¿Dó vuelas presurosa? 
¡Cuan rica tú te alejas! 
jCuán, pobres, i cuan ciegos, ai, nos dejas! 

Fk. Luis de León i. 



XXII 
La cena jocosa 

En Jaén, donde resido. 
Vive don Lope de Sosa, 
I diréte, Inés, la cosa 
Mas brava de él que has oído. 



1 Véanse las Noc. de hist. lit. part., III, cap. III, § 8. 



468 MANUAL DB COMPOSICIÓN LITERARIA 

Tenia este caballero, 

Un criado portugués 

Pero cenemos, Inés, 
Si te parece, primero. 

La mesa tenemos puesta, 
Lo que se ha de cenar junto. 
Las tazas del vino a punto; 
Falta comenzar la fiesta. 

Comience el vinillo nuevo, 
I échale la bendición; 
Yo tengo por devoción 
De santiguar lo que debo. 

Franco fué, Inés, este doque; 
Pero arrójame la bota: 
Vale un Florin cada gota 
De aqueste vinillo aloque. 

¿De qué taberna se trajo? 

Mas ya de la del castillo: 

Diez i seis vale el cuartillo. 
No tiene vino mas bajo. 

Por nuestro Señor que es mina 
La taberna de Alcocer: 
Grande consuelo es tener 
La taberna por vecina. 

Si es o no invención moderna, 
Vive Dios! que no lo sé; 
Pero delicada fué 
La invención de la taberna. 

Porque allí llego sediento, 
Pido vino de lo nuevo, 
Mídenlo, dánmelo, bebo. 
Pagólo, i voime contento. 

Esto, Inés, ello se alaba, 
No es menester alaballo: 
Sola una falta le hallo, 
Que con la prisa se acaba. 

La ensalada i salpicón 
Hizo fin, ¿qué viene ahora? 
La morcilla: gran señora. 
Digna de veneración. 

¡Qué oronda viene i qué bella! 
¡Qué través i enfundia tiene! 
Paréceme, Inés, que viene 
Para que demos en ella. 



ANÁLISIS LITP^RARIO 469 



Pues sus; encójase i entre, 
Que es algo estrecho el camino; 
No eches agua, Inés, al vino, 
No se escandahce el vientre. 

Echa de lo tras añejo, 
Porque con mas gusto comas: 
Dios te guarde que así tomas. 
Como sabia, el buen consejo. 

Mas di, ¿no adoras i precias 
La morcilla ilustre i rica? 
¡Cómo la traidora pica! 
Tal debe tener especias. 

¡Qué llena está de piñones! 
Morcilla de cortesanos, 
I asada por esas manos 
Hechas a cebar lechones. 

El corazón me revienta 
De plater: no sé de ti, 
¿Cómo te va? yo por mí 
Sospecho que estás contenta. 

Alegre estoi, vive Dios: 
Mas oye un punto sutil; 
¿No pusiste allí un candil? 
¿Cómo me parecen dos? 

Pero son preguntas viles, 
Ya sé lo que puede ser: 
Con ese negro beber 
Se acrecientan los candiles. 

Probemos lo del pichel, 
Alto licor celestial: 
No es el aloquillo tal, 
Ni tiene qite ver con él. 

¡Qué suavidad! qué clareza! 
¡Qué rancio gusto i olor! 
¡Qué paladar! ¡qué color! 
Todo con tanta ñneza. 

Mas el queso sale a plaza. 
La moradilla va entranda, 
I ambos vienen preguntando 
Por el pichel i la taza. 

Prueba el queso, que es estremo, 
El de Pinto no le iguala: 
Pues la aceituna no es mala, 
Bien puede bogar su remo. 



470 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



Haz pues, Inés, lo que sueles. 
Daca de la bota llena 
Seis tragos: hecha es la cena, 
Levántense los manteles. 

Ya. Inés, que habernos cenado 
Tan bien i con tanto gusto. 
Parece que será justo 
Volver al cuento pasado. 

Pues sabrás, Inés hermana, 

Que el portugués cayó enfermo 

Las once dan, yo me duermo, 
Quédese para mañana. 

Baltasar del Alcázar i 



XXIII 

Soneto 

La dulce boca que a gustar convida 
Un humor entre perlas destilado, 
I a no envidiar aquel licor sagrado. 
Que a Júpiter muestra el garzón de Ida; 

Amantes, no toquéis, si queréis vida, 
Porque entre un labio i otro colorado 
Amor está de su veneno armado, 
Cual entre flor i flor sierpe escondida. 



1 Baltasar del Alcázar es un poeta sevillano que florecía en la 
segunda mitad del siglo XVI^ (1530 1607) notable sobre todo por 
la naturalidad, la soltura de sus versos i la gallardía de su lengua- 
je. Aunque sus poesías han sido publicadas varías veces no hai nin- 
guna edición verdaderamente completa, i por lo tanto no dan a 
conocer la estenoion i el alcance de su jenio poético. En el tomo 32 
áe la. Biblioteca, de autores españoles, dada a luz en Madrid por 
don Manuel Rivadeneira, se encuentran muchas de ellas; pero en 
una publicación mas reciente, el Ensayo de una biblioteca española 
de libros raros i curiosos, por Zarco del Valle i Sancho Rayón, 
Madrid, 1863, se han insertado muchas otras composiciones que 
permanecían inéditas i que se distinguen por las mismas dotes de 
injenio i por el mismo donaire aunque con frecuencia son afeadas 
por equívocos i pensamientos libres. 



ANÁLISIS LITERARÍO 471 



No OS engañen las rosas que a la aurora 
Diréis que aljofaradas i olorosas 
Se le cayeron del purpúreo seno: 
Manzanas son de Tántalo i no rosas, 
Que después huyen del que incitan hora 
I solo del amor queda el veneno. 

Luis de Góngora ^. 



XXIV 
Romance morisco 

Si tienes el corazón, 
Zaide, como la arrogancia 
I a medida de las manos 
Dejas volar las palabras 
Si en la vega escaramuzas 
Como entre las damas hablas, 
I en el caballo revuelves 
El cuerpo como en las Zambras; 
Si el aire de los bohordos 
Tienes enjugar la lanza, 
I como danzas la toca. 
Con la cimitarra danzas; 
Si eres tan diestro en la guerra 
Como en pasear la plaza 
I como a fiestas te aplicas 
Te aplicas a la batalla: 
Si como el galán ornato, 
Usas la lucida malla, 
i oyes el son de la trompa, 
Como el son de la dulzaina: 



1 Véanse las Noc. de hit. lit. part., III, cap. III, § 2. — Estesone- 
to puede dar una idea de las formas poéticas conocidas coa el 
nombre de culteranismo; pero debemos advertir que dista mucho 
todavía de la oscuridad i recargo de adornos i atavíos de otras 
poesías del mismo autor. 



472 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITEiíARIA 

Si como en el regocijo 
Tiras gallardo las cañas, 
En el campo al enemigo 
Le atropellas i maltratas; 
Si respondes en presencia, 
Como en ausencia te alabas; 
Sal a ver si te defiendes. 
Como en el Alhambra agravias. 
I si no osas salir solo, 
Como lo está el que te aguarda, 
Alguno de tus amigos 
Para que te ayuden saca. 
Que los buenos caballeros 
No en palacio ni entre damas 
Se aprovechan de la lengua. 
Que es donde las manos callan; 
Pero aquí que hablan las manos 
* Ven, i verás como habla 

El que delante del rei 
Por su respeto callaba. 
Esto el moro Tarfe escribe 
Con tanta cólera i rabia. 
Que donde pone la pluma, 
El delgado papel rasga. 
I llamando a un paje suyo 
Le dijo: vete a la Alhambra, 
I en secreto al moro Zaide 
Da de mi parte esta carta. 
I dirásle que le espero 
Donde sus corrientes aguas 
Del cristalino Jenil 
Al Jeneralife bañan. 



Romancero i, 



XXV 

El murciélago alevoso 

Estaba Mirta bella 
Cierta noche formando en su aposento 
Con gracioso talento 
Una tierna canción, i porque en ella 



1 Véanse las Noc. de hist. lit., part. II, cap. VI, § 25. 



ANÁLISIS LITERARIO 473 



Satisfacer a Delio meditaba, 

Que de su fe dudaba, 

Con vehemente espresion le encarecía 

El fuego que en su casto pecho ardía. 

I estando divertida. 
Un murciélago fiero, ¡suerte insanii! 
Entró por la ventana: 
Mirta dejó la pluma sorprendida, 
Temió, jimio, dio voces, vino jente; 
I al querer dílijente 
Ocultar la canción, los versos bellos 
De borrones llenó, por recojellos. 

I Delio noticioso 
Del caso, que en su daño había pasado 
Justamente enojado 
Con el fiero murciélago alevoso. 
Que había la canción interrumpido, 
1 a su Mirta aflijido, 
En cólera i furor se consumía, 
1 así a la ave funesta maldecía: 

jOh! monstruo de ave i bruto, 
Que cifras lo peor de bruto i ave, 
Vision nocturna grave. 
Nuevo horror de las sombras, nuevo luto, 
De la luz enemigo declarado, 
Nuncio desventurado 
De la tiniebla, i de la noche fría, 
¿Qué tienes tú que hacer donde está el día? 

Tus obras i figura 
Maldigan de común las otras aves, 
Que cánticos suaves 
Tributan cada día al alba pura. 
I porque mi ventura interrumpiste, 
I a su autor aflijiste. 
Todo el mal i desastre te suceda, 
Que a im murciélago vil suceder pueda. 

La lluvia repetida 
Que viene de lo alto arrebatada, 
Tan solo reservada 
A las noches se oponga a tu salida; 
O el relámpago pronto reluciente 
Te ciegue i amedrente 
O soplando del norte recio viento, 
No permita un mosquito a tu alimento. 



474 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

La dueña melindrosa, 
Tras el tapiz do tienes tu manida, 
Te juzgue inadvertida 
Por telaraña sucia i asquerosa, 
I con la escoba al suelo te derribe; 
I al ver que bulle i vive 
Tan fiera i tan ridicula figura, 
Suelte la escoba, i huya con presura. 

I luego sobrevenga 
El juguetón gatillo bullicioso, 
I primero medroso 
Al verter se retire, i se contenga, 
I bufe, i se espeluce horrorizado, 
I alce el rabo esponjado, 
I el espinazo en arco suba al cielo, 
I con los pies apenas toque el suelo. 

Mas luego recobrado, 
I del primer horror convalecido. 
El pecho al suelo unido. 
Traiga el rabo del uno al otro lado, 
I cocido en la tierra, observe atento; 
I cada movimiento 

Que en ti llegue a notar su perspicacia 
Le provoque el asalto, i le dé audacia. 
En fin sobre ti venga. 

Te acometa i ultraje sin recelo. 

Te arrastre por el suelo, 

J a costa de tu daño se entretenga; 

I por caso las uñas afiladas ^ 

En tus alas clavadas. 

Por echarte de sí con sobresalto, 

Te arroje muchas veces a lo alto. 
I acuda a tus chillidos 

El muchacho, i convoque a sus iguales. 

Que con los animales 

Suelen ser comunmente desabridos; 

Que a todos nos dotó naturaleza 

De entrañas de fiereza. 

Hasta que ya la edad, o la cultura 

Nos dan humanidad i mas i mas cordura: 
Entre con algazara 

La pueril tropa al daño prevenida 
'^ I lazada oprimida 

Te echen al cuello con fiereza rara; 



ANÁLISIS LITERARIO 475 



I al oirte chillar alcen el grito 

I te llamen; maldito! 

I creyéndote al fin del diablo imájcn, 

Te abominen, te escupan i te ultrajen. 

Luego por las telillas 
De tus alas te claven el postigo, 
I se burlen contigo 
I al hocico te apliquen candelillas, 
I se rian con duros corazones 
De tus jestos i acciones, 
I a tus tristes querellas ponderadas,* 
Correspondan con fiesta i carcajadas. 

I todos bien armados 
De piedras, de navajas, de aguijones. 
De clavos, de punzones 
De palos por los cabos afilados 
(De diversión i fiestas ya rendidos) 
Te embistan atrevidos, 
I te quiten la vida con i)resteza, 
Consumando en el modo su fiereza. 

Te puncen, i te sajen. 
Te tundan, te golpeen, te martillen. 
Te piquen, te acribillen, 
Te dividan, te corten i te rajen, 
Te desmiembren, te partan, te degüellen, 
Te hiendan, te desuellen, 
Te estrujen, te aporreen, te magullen, 
Te deshagan, confundan, i aturrullen. 

I las supersticiones 
De las viejas, creyendo, realidades, 
Por ver curiosidades. 
En tu sangre humedezcan algodones 
Para encenderlos en la noche oscura, 
Creyendo sin cordura, 
Que verán en el aire culebrinas, 
I otras tristes visiones peregrinas. 

Muerto ya, te dispongan 
El entierro, te lleven arrastrando: 
Gori, gori, cantando, 
I en dos filas delante se compongan; 
I otros finjiendo voces lastimeras 
Sigan de plañideras, 
I dirijan entierro tan gracioso, 
Al muladar mas sucio i asqueroso. 



476 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



I en aquella basura, 
Un hoyo hondo i capaz te faciliten: 
I en él te depositen, 
I allí te den debida sepultura: 
I para hacer eterna tu memoria, 
Compendiada tu historia. 
Pongan en una losa duradera, 
Cuva letra dirá de esta manera: 



EPITAFIO 

Aquí yace el murciélago alevoso, 
Que al sol horrorizó, i ahuyentó el día 
De pueril saña triunfo lastimoso, 
Con cruel muerte pagó su alevosía: 
No sigas, caminante presuroso. 
Hasta decir en esta losa fria: 
"Acontezca tal fin, i tal estrella 
"A aquel, que mal hiciese a Mirta bella." 

Frai Diego González i 



1 El padre agustino frai Diego González floreció en el siglo 
XVIII í 1733-1794), e imitó con feliz éxito a frai Luis de León en 
la versión de algunos salmos, tv^mando en ellos la entonación so- 
lemne de tan gran maestro. Pero sus poesías populares pertenecen 
al jénero festivo; i entre éstas el Murciélago alevoso ocupa el pri- 
mer lugar. Quintana, sin embargo no la incluyó en su Parnaso 
español', pero mientras las otras poesías del padre González son 
poco leídas ahora, se hacen todavía numerosas ediciones del Mur- 
ciélago. 

Véase sobre el particular lo que dice don Leopoldo Augusto 
de Cueto, en la pajina CXII á^\ Bosquejo histórico crítico déla 
poesía castellana en el siglo XVlII, que ha compuesto como in- 
troducción del tomo 61 de la Biblioteca ele autores españoles de 
Rivadeneira. 



ANÁLISIS LITERARIO 477 



XXVI 
A los colejiales de San Clemente de Bolonia 

¿Por qué con falsa risa 

Me preguntáis, arrfigos, 
El número de lustros que cumplí? 

¿I en la duda indecisa, 

Citáis para testigos 

Los que huyeron aprisa 
Crespos cabellos que en mi frente vi? 

Pues no los años fueron 

Los que con mano dura 
Me los llevaron, mi doliente ardor; 

Parte al alan cedieron 

Que el estudio procura. 

Parte despojos dieron 
A tus victorias, ceguezuelo amor. 

¿Veis que en mi rostro imprima 

El tiempo sus pisadas, 
La lengua turbe, o debilite el pié? 

¿Veis que mi espalda oprima? 

¿O de brillar cansadas. 

La actividad reprima 
De entrambas luces con que siempre hablé? 

Pues si el ardiente brío. 

Que la edad deteriora 
Con su fuga veloz existe en mí, 

¿No es vano desvarío 

Vuestra demanda ahora? 

Si alegre canto i rio, 
Soi joven fuerte, como joven fui. 

Lo soi i vigoroso 

Siento que late i vive 
Propenso a la virtud mi corazón; 

I en placer delicioso 

Afectos mil recibe: 

Movimiento dichoso 
I}el alma, si lo templa la razón, 

Talvez Febo en envia 

Entusiasmo divino, 
Que a la helada vejez repugna dar; 



478 MANUAL DE COMÍ'OSICION LITERAllTA 

I la nueva armonía 

De idioma peregrino, 

Las náyades que cria 
El Reno humilde salen a escuchar. 

Seguidme i al umbroso 

Bosque, mansión de Flora, 
Que el templo cerca ^ del amor, veuifl. 

Dadme, dadme oloroso ; 

Incienso i la sonora ; 

Cítara, i de frondoso ) 

Mirto mis sienes candidas ceñid. \ 

Mancebos i doncellas 1 

Cantan el himno sacro, '. 

I la pompa solemne comenzó. ■ 

¿Veis que llegaron ellas, 

I entorno al simulacro 

Esparcen flores bellas, I 

I el coro de los jóvenes siguió? 1 

Yo con estos unido 4^ 

Presentaré mis dones, 'i¿ 

Cuando postrados ante el ara estén. ^: 

Del certero Cupido | 

Sintieron los harpones 

¡Ai! que en vano he querido 
Burlar sus tiros i me hirió también. 

Lkandro Fernández de Moratin, 2 



XYII 



La zarza 

(F^ábula, imitación de Lessing 3) 

A la Zarza punzante 
Un Sauce preguntó: ¿Por qué manía 
Cuando cerca de tí pasa un viajante 
Clavas la garra en él con tal porfía? 



1 Para que se comprenda bien este verso advertiremos que cerca 
es tercera persona del presente de indicativo del verbo cercar, ro- 
dear. 

2 Véanse las Noc. de hist. Ik., part. TU, cap. III, § 26. 

3 Véanse las Noc. de hist. lie, part. III, cap VI, § 6. 



ANÁLISIS LITERARIO 479 



¿Es que te ofende si contigo topa, 

O tratas de quedarte con su ropa? 

No es (contestó el arbusto) por quitarla 

Pues en mí no la empleo; 

Pero me tiro a cuanta ropa veo, 

Porque tengo un placer en desgarrarla. 

Murmurador injusto 
¿Por qué derramas hiél? Porque es mi gusto. 
— Gustos, así, tan malos, 
(Dice el refrán) merecen palos. 

Juan Eujenio de Haktzenbusch ^ 



XXVIII 
La caida de las hojas 

(Eiejía imitada de MilleA'oye) 2 

De otoño el viento, la tierra 
Llenaba de hojas marchitas, 
I en el valle solitario 
Mudo el ruiseñor vacia. 
Solo i moribundo un joven 
Lentamenta recorría 
El bosque donde jugaba 
En sus niñeces floridas. 
"Adiós, adorado bosque, . 
Voi a morir, le decia, 
I mi fin desventurado 
Tus hojas jai! vaticinan. 
La enfermedad que mi seno 
Está devorando impía. 
Pálido cual flor de otoño 
Hacia el sepulcro me inclina. 



1 Poeta español contemporáneo, nacido en 1806, autor de mu- 
chas comedias i dramas justamente aplaudidos, de varios opúscu- 
los críticos i satíricos, i de algunas poesías líricas imitadas unas 
del alemán, orijinales otras, pero todas notables por el buen gusto 
literario i por la corrección constante del estilo. 

2 Carlos MiLLEYOYE, pocta frances (1782 161), célebre parti- 
cularmente por sus elejías. La que ha imitido Heredia es la mas 
famosa. 



480 



MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



Apenas breves instantes 
Disfruté la dulce vida, 
1 siento mi primavera 
Cual sueño desvanecida. 
Caed, efímeras hojas, 
I por el suelo tendidas, 
A mi desolada madre 
Ocultad mi tumba fria. 
Mas si mi amante velada 
Viene en la tarde sombría 
A llorar en mi sepulcro, 
Ajitándoos conmovida. 
Despertad mi triste sombra; 
I su fiel llanto reciba." 

Dijo i partió ¡para siempre! 

Murió i al tercero dia 

La sepultura le abrieron 

Debajo la árida encina. 

Su madre ¡ai! por poco tiempo, 

Vino a llorarla aflijida; 

Pero no su fiel amante 

Como el infeliz creia. 

Solo del pastor los pasos 

En aquella selva umbría, 

Perturban hoi el silencio 

En torno de sus cenizas. 



José Makía Herédia i 



1 Poeta cubano nacido en 1803 i muerto en Méjico en 1839. 
Sus poesías líricas son las mas notables de sus obras. Desplega en 
ellas un vigor lleno de inspiración i de fogosidad que lo coloca en 
el rango de uno de los mas ilustres poetas que hayan escrito en 
lengua española en nuestro siglo. La imitación de Millevoye que 
dejamos trascrita en el testo, refleja en cierto modo la melanco- 
lía del orijinal, pero no basta para dar una idea del estro poético 
de Heredia. 



ANÁLISIS LITERARIO 481 



XXIX 

Miserere i 

¡Piedad, piedad, Dios mió! 
¡Que tu misericordia me socorra! 

Según la muchedumbre 
De tus clemencias, mis delitos borra. 

De mis iniquidades 
Lávame mas i mas; mi depravado 

Corazón quede limpio 
De la horrorosa mancha del pecado. 

Porque, Señor, conozco 
Toda la fealdad de mi delito, 

I mi conciencia propia 
Me acusa, i contra mí levanta el grito. 

Pequé contra tí solo; 
A tu vista obré el mal, para que brille 

Tu justicia, i vencido 
El que juzgue, tiemble i se arrodille. 

Objeto de tus iras 
Nací, de iniquidades ma:icillado; 

I en el materno seno, 
Cubrió mi ser la sombra del pecado. 

En la verdad te gozas, 
I para mas rubor i afrenta mia, 

Tesoros me mostraste 
De oculta celestial sabiduría. 

Pero con el hisopo 
Me rociarás, i ni una mancha leve 



1 El miserere es uno de los salmos de David, el 50, compuesto 
por el rei poeta cuando fué reprendido por el profeta Natán por 
el adulterio cometido con Betzabet. Es uno délos cantos mas gr¿ n- 
diosos de la relijion cristiana, i por esto mismo ha sido traducido 
e imitado en todas las lenguas de la Europa moderna. La traduc- 
ción hecha por Bello es con mucho la mejor que existe en castella- 
no, No solo se distingue por la flexibilidad i la elegancia de la 
versificación, sino por la manera fiel con que ha reproducido el 
orijinal, i por la vigorosa concisión. Para conocer el mérito de esta 
traducción, bastaría compararla estrofa por estrofa con la que 
han hecho otros poetas españoles. 

TOMO V 31 



482 



MANUAL 11^ COMPOSICIÓN LITERARIA 



Tendré ya: lavarásme, 
I quedaré mas blanco que la nieve. 

Sonarán tus acentos 
De consuelo i de paz en mis oidos, 

I celeste alegría 
Conmoverá mis huesos abatidos. 

Aparta, pues, aparta 
Tu faz ¡oh Dios! de mi maldad horrenda, 

I en mi pecho no dejes 
Rastro de culpa que tu enojo encienda. 

En mis entrañas cria 
Un corazón que con ardiente afecto 

Te busque; un alma pura, 
Enamorada de lo justo i recto. 

De tu dulce presencia, 
En que al lloroso pecador recibes, 

No me arrojes airado, 
Ni de tu santa inspiración me prives. 

Restaúrame en tu gracia 
Que es del alma salud, vida i contento; 

I al débil pecho infunde 
De un ánimo real el noble aliento. 

Haré que el hombre injusto 
De su razón conozca el estravío: 

Le mostraré tu senda, 
I a tu lei santa volverá el impío. 

Mas líbrame de sangre, 
¡Mi Diosl ¡mi Salvador! ¡inmensa fuente 

De piedad! i mi lengua 
Loará tu justicia eternamente. 

Desatarás mis labios. 
Si tanto un pecador que llora alcanza; 

I gozosa a las jentes 
Anunciará mi lengua tu alabanza. 

Que si víctimas fueran 
Gratas a tí, las inmolara luego; 

Pero no es sacrificio 
Que deleita, el que consume el fuego. 

Un corazón doliente 
Es la espiacion que a su justicia agrada: 

La víctima que aceptas 
Es una alma contrita i humillada. 

Vuelve a Sion tu benigno 
Rostro primero i tu piedad amante. 



ANÁLISIS LITERARIO 483 



I SUS muros la humilde 
Jerusalen, Señor, al fin te levante. 

I de puras ofrendas 
Se colmarán tus aras, i propicio 

Recibirás un dia 
El grande inmaculado sacrificio. 

Andrés Bello 



XXX 

La opinión 

¡Pobre Carolina mia! 
jNunca la podré olvidar! — 
Ved lo que el mundo decia 
Viendo el féretro pasar: 

Un clérigo: — "empiece el canto." 

El doctor: — "¡cesó el sufrir!" 

El padre: — "¡me ahoga el llanto!" 

La madre:— ''Iquiero morir!" 

Un muchacho:— ''¡qvié adornada!" 

Un joven: — "¡Era mui bella!" 

Una moza: — "¡desgraciada!" 

C/í2a F/e/a;—" ¡feliz ella!" 

—"¡Duerme en paz!"— dicen los buenos. 

—"¡Adiós!"— dicen los demás. 

Un j^/dso/b;— "¡Uno menos!" 

Un poeta: — "¡un ánjel mas!" 

Ramón de Campo amor ^ 



iPoeta español contemporáneo, nacido en 1817. Es autor de 
un volumen de Poesías, de otros de Doloras, Humoradas, Peque- 
ños poemas, de un poema titulado Colon i de un libro de filosofía, 
titulado El personalismo Distingüese por la suavidad, la ternura 
i el buen gusto en sus poesías. La dolora, denominación literaria 
inventada por Campoamor, es un jénero intermedio entre la bala- 
da i la elejía. 



484 MANUAL DE COMPOSICIÓN LFIEKARIA 



XXXI 

Quién supiera escribir 

— Escribidme una carta, señor cura. 

— Ya sé para quién es. 
— ¿Sabéis quién es porque una noche oscura 

Nos visteis juntos? — Pues. 
—Perdonad, mas —No estraño ese tropiezo. 

La noche la ocasión 

Dadme pluma i papel. Gracias. Empiezo. 

Mi querido Ramón: 
—¿Querido? Pero en fin, ja lo habéis puesto: 

— Si no queréis — ¡Sí, sí! 

— ¡Que triste estoil ¿No es eso? — Por supuesto. 

— ¡Qué triste estoi sin tí? 
Una congoja al empezar me viene 

— ¿Cómo sabéis mi mal? ' 

— Para un viejo una niña siempre tiene 

El pecho de cristal. 
¿Qué es sin tí el mundo? Un valle de amargura, 

¿I contigo? Un Edén. 
—Haced la letra clara, señor cura. 

Que lo entienda eso bien. 
— El beso aquel que de marchar a punto 

Te di — ¿Cómo sabéis? 

— Cuando se va i se viene i se está junto 

Siempre no os afrentéis. 

/ si volver tu afecto no procura. 

Tanto me harás sufrir 

— ¿Sufrir i nada mas? Nó, señor cura, 

¡Que me voi a morir! 
—¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo? 

— ¡Pues, sí señor, morir! 
— Yo no pongo morir. — ¡Que hombre de hielo! 

¡Quién supiera escribir! 
Señor rector, señor rector! en vano 

Me queréis complacer. 
Si no encarnan los signos de la mano 

Todo el ser de mi ser. 
Escribidle, por Dios, que el alma mia 

Ya en mí no quiere estar; 
Que la pena no me ahoga cada dia 



ANÁLISIS LITERARIO 485 



Porque puedo llorar. 
Que mis labios, las rosas de su aliento 

No se saben abrir, 
Que olvidan de la risa el movimiento 

A fuerza de sentir. 
Que mis ojos, que él tiene por tan bellos, 

Cargados con mi afán. 
Como no tienen, quien se mire en ellos 

Cerrados siempre están. 
Que es de cuantos tormentos he sufrido, 

La ausencia el mas atroz. 
Que es un perpetuo sueño de mi vida 

El eco de su voz 

Que siendo por su causa, el alma mia 

¡ joza tanto en sufrir! 

Dios mió ¡cuántas cosas le diria 

Si supiera escribir! 

— Pues señor, bravo amor. Copio i concluyo: 

A don Ramón En fin. 

Que es inútil saber para esto arguyo 

Ni el griego ni el latin. 



Ramón de Campoamor. 



APÉNDICE 



Una de las mayores dificultades que presenta la práctica 
de escribir, consiste en el uso acertado de las preposici(^nes 
que rijen los complementos de los verbos, de los derivados 
verbales, de los sustantivos i de los adjetivos. Para obviar 
esta dificultad i para enseñar a los jóvenes el buen uso de 
la preposición, nos ha parecido conveniente publicar aquí 
un vocabulario de las palabras que se construyen con pre- 
posición, estrfirtado de uno de los mas notables e impor- 
tantes capítulos de la Gramática castellana de don Vicente 
Salva, por don Felipe Antonio M acias. 



LISTA DE LAS PALABRAS 

QUE SE CONSTRUYEN CON PREPOSICIÓN 



Abandonarse a la, en manos de la suerte. 

Abatirse co/7, erz, por los reveses. . . 

Abordar (una nave) a, con otra. 

Abrasarse de amor — en deseos i. 

Abrigarse con ropa — del aguacero — hajo techado — en el 

portal. , * . 

Abrirse a, con los amigos. 
Abroquelarse con, de su inocencia. 



1 Se emplea en esta lista el guión— para distinguir una de otras 
las diferentes construcciones, escusando la repetición de la palabra 
con que empieza cada línea. 



490 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

Abundar de, en riquezas. 

Aburrirse c/e, con, por todo. 

Acabar con su hacienda — de venir — en bien — por negarse. 

Acaecer (algo) a alguno — en tal tiempo. 

Acalorarse con, en, por la disputa. 

Acarrear a lomo— en ruedas — por agua. 

Acendrarse (la virtud) con, en las pruebas. 

Acertar a, con la casa — en el pronóstico 2. 

Acojerse a, bajo sagrado. 

Acomodarse a, con otro dictamen— de criado — en una casa, 

Acompañar a palacio— cotí, de pruebas. 

Acompañarse de, con ricos. 

Aconsejarse con, de sabios. 

Acontecer a todos, con todos lo mismo. 

Acordarse con los contrarios de lo pasado. 

Acosado de, por. 

Acreditarse con, para con alguno — de necio. 

Acreedor a la confianza — del Estado. 

Actuarse de, en los negocios. 

Acudir a/, con el remedio. 

Acusar (a alguno) ante el Príncipe — de un delito. 

Adelantarse a otros — en algo. 

Adiestrarse a esgrimir — en la lucha. 

Adorar a Dios— ew su madre. 

Adorar con, de tapices. 

Afable con, para todos— e/2 el trato. 

Afanarse en la labor — por ganar. 

Afecto ¿a/ ministro — de un achaque. 

Aferrarse a, con, en su opinión. 

Afianzar con sus bienes — de calumnia. 

Afianzarse en, sobre los estribos. 

Aflijido de, con, por lo que veia. 

Aflojar de, en un empeño. 

Aforrar con, de piel— en lo mismo. 

Agobiarse con, por los años. 



2 El verbo acertar tiene una acepción cuando se dice acertar 
CON la casa i otra distinta cuando decimos acertar EN el pronós- 
tico. Mayor diferencia de significado hai entre acordarse CON los 
contrarios i acordarse DE lo sucedido. Consúltese en estos casos i 
otros idénticos el Diccionario de la Academia, para no confundir 
lo uno con lo otro. 

Se pone jeneralmente un solo ejemplo de cada preposición, aun- 
que una misma tenga en diversas frases mui diferente significado. 



AlÉNDICB 491 



Agradable al, para el gusto— de gusto. 

Agraviarse de alguno— por una chanza. 

Agregarse a, con otros. 

Agrio a7 gusto— c/ejesto. 

Agudo de injenio — en sus ocurrencias. 

Ahogarse de calor— en poca agua. 

Ahorrar de razones — no ahorrarse o. no ahorrárselas con 

ninguno. 
Airarse con alguno— ífe, por lo que se oye. 
Ajeno a su carácter — c/e verdad. 

Ajustarse a la razón — con el amo — en sus costumbres. 
Alargarse a, hasta la ciudad. 
Alcanzar al techo — del Rey — con porfías— e/7 áias—para 

tanto. 
Alegar de bien probado— e/3 defensa — por prueba. 
Alegrarse -/j, Je, por algo. 
Alentar ¿t uno — corz la esperanza. 
Alimentarse con, de yerbas. 
Alistarse en un cuerpo — por socio. 
Aliviar del, en el trabajo. 
Alternar con los paisanos — e/3 el servicio— e/2 íre unos i 

otros. 
Alucinarse con sofismas — en el examen. 
Alzar (los ojos) a/ cielo— (algo) del suelo — ^por caudillo. 
Alzarse a mas — con el reino. 

Amable a, para, para con todos — de jtu\o~cn trato. 
Amañarse a escribir— co/2 cualquiera» 
Amargo al gusto — de sabor. 
A mas, ademas, amen de lo dicho. 
Amenazado de, por un peligro. 

Amenazar (a alguien) a/ pecho— coz? la espada — de muerte. 
Amparar (a uno) de la persecución— e/3 la posesión. 
Ampararse con, de algo. 
Amueblar con sillas i mesas — de nuevo (es decir con muebles 

nuevos). 
Andar (se usa con casi todas las preposiciones) a gatas^ 

con el tiempo — de capa— e// pleitos — entre mala jente— 

por conseguir algo — sobre un volcan — tras un negocio. 
Anhelar a mas— por mayor fortuna. 
Animar al certamen- en los contratiempos. 
Animoso en los, para los peligros. 
Aparar en, con la mano. 
Aparejarse al, para el trabajo. 
Apartarí:e a un lado — de la ocasión. 



492 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

Apasionado a la, de la, por la caza. 
Apasionarse de, por alguno. 

Apearse a, para merendar — de la muía— por las orejas. 
Apechugar con, por todo. 

Apelar a otro medio — de la sentencia — para con Dios. 
Apercibirse a, para la batalla — de armas. 
Apesadumbrarse de, con la noticia — ^por niñerías. 
Apetecido del, por el vulgo. 
Apoyar con citas — en autoridades. 
Apreciar en mucho — por sus prendas. 

Aprender a escribir— coí2 Fulano— c/e Fulano — por principio. 
Apresurarse a venir— e/7 la réplica — por algo. 
Apropiar a su idea — para sí. 
Apurarse en los contratiempos^por poco. 

Argüir de falso — (ignorancia) en un docto. ¡ 

Armar co/3 lanza— er? corso. ' 

Arrancar (la broza) al, del suelo— c/e raíz. i 

Arrazarse (los ojos) de, en lágrimas. i 

Arrastrar en su caida— por tierra. j 

Arrebatar de las manos. | 

Arrebozar (una fruta) con, de azúcar. | 

Arrebozarse con, en la capa. 
Arreglado a las leyes — en el traje. 
Arreglarse a la razón — con el acreedor. 
Arremeter a, con, contra, para el enemigo. 
Arribar a tierra con felicidad. 
Arriesgarse a salir — en la empresa. 

Arrojarse a pelear — de, por la ventana — en el estanque. 
Arrostrar con, por los peligros ^ 
Arruinar desde los, por los cimientos. 
Ascender a otro empleo — ea la carrera. 
Asesorarse con, de letrados. 
Asir de la ropa — por los cabellos. 
Asistir a los enfermos — de oyente — en tal casa. 
Asociarse a, con otro. 
Asomarse a, por la ventana. 
Asombrarse con el, del aparato. 
Asparse a gritos— por alguna cosa. 

Áspero al, para el gusto— con, paray para con los inferiores 
—de condición — en las palabras. 



1 También se dice arrostrar los peligros (sin preposición) i en el 
mismo caso se hallan otros verbos que si bien se adaptan a tal o 
cual preposición, i no a las demás, se usan asimismo sin ninguna. 



APÉNDICE 493 



Asqueroso a la vista — de ver — en su aspecto. 

Asustarse (fe, coriy por un ruido. 

Atar (el caballo) a un tronco — de pies i manos. 

Atarearse con, en los negocios. 

Atarse a una sola cosa -e/2 las dificultades. 

Ataviarse con, de lo ajeno. 

Atemorizarse de, por algo. 

Atentar a la vida — contra la propiedad. 

Atento a la esplicacion— con sus mayores. 

Atinar al blanco — con la casa. 

Atónito con, del, por el lance. 

Atraer a su bando — con promesas. 

Atrasado de noticias — en el estudio. 

Atreverse a cosas grandes— con todos. 

Atribularse con, en, por los trabajos. 

Atrincherarse con una tapia — en un repecho. 

Atropellar con, por todo. 

Atufarse con, de, por poco. 

Autorizado c?e, por escribano. 

Avanzado de, en edad. 

Avanzar a, hacia, hasta las líneas enemigas. 

Avenirse a todo — con cualquiera. 

Aventajarse a otros — en algo. 

Avergonzarse a pedir— c/e pedir— por sus acciones. 

Aviarse de ropa — para salir. 

Ayudar a vencer — en un apuro. 



Bajar a la cueva— Je la torre -hacia el valle — ^por la esca- 
lera. 
Bajo de cuerpo— en su estilo. 
Balancear a tal parte— e/2 la duda. 
Baldarse con la humedad — de un lado. 
Bañar con, de, en lágrimas un papel. 
Barajar con el vecino. 
Basta de bulla— con eso. 
Bastar a, para enriquecerse. 
Bastardear de su naturaleza — en sus acciones. 
Benéfico a, para la salud — con con sus contrarios. 
Bordar (algo) a/ tambor— co//, de plata. 
Brindar a la salud de alguno — con regalos — por e\ rei. 
Brotar de, en un peñascal. 



494 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 

Bueno de, para comer — de por sí — en sí. 

Bullir en, por todas partes. 

Buscar (el flanco) al enemigo— por donde salir. 



O 



Cabalgar a mujeriegas -en muía. 

Caber de pies — en la mano. 

Caerá, hacia tal parte — con otro— c/e lo alto — e/7 tierra— 
por pascua — sobre los enemigos. 

Caerse a pedazos — de viejo. 

Callar (la verdad) a otro — de, por miedo. 

Cambiar (alguna cosa) con, por otra. 

Caminar a, para Sevilla — de concierto. 

Cansarse del, con el trabajo. 

Capaz de cien arrobas — para el cargo. 

Capitular con el enemigo — (a alguno) de malversación. 

Caracterizar (a uno) de honrado. 

Cargar a flete — a, en hombros — con todo — de trigo — so- 
bre él. 

Casar (una persona o cosa) con otra (un viudo) en segun- 
das nupcias. 

Castigar de, poruña falta. 

Ceder a la autoridad— í/e su derecho — en honra de alguno. 

Cerrar a piedra i lodo — con, contra el enemigo — de golpe. 

Cesar de correr en su empleo. 

Clamar a Dios —por dinero. 

Clavar a, en la pared. 

Coartar (las facultades) a alguno. 

Cobrar a, de los deudores — en papel. 

Cojer a mano (al ladrón) con el hurto — de buen humor — de 

la, por la mano. 
Colejir de, por los antecedentes. 
Colocar con, en orden. 
Combatir con, contra el enemigo. 
Comenzar a deci. — por reñir. 
Comer (pan) a manteles — de vijilia, de todo. 
Comerciar con su crédito en granos. 
Compadecerse del infeliz— r/e, por sus trabajos. 
Compañero de, en las fatigas. 
Comparar (un objeto) a, con otro. 
Compartir en dos cestas la fruta — entre varios. 
Complacerse con la noticia — de, en alguna cosa. 



APÉNDICE 495 



Cómplice con otros — de otro— e/í el delito. 

Componerse con los deudores — de bueno i malo. 

Comprar (algo) al fiado— c/e/ vendedor. 

Comprometerse a pagar— co/2 alguno— e/2 jueces arbitros. 

Concertar (uno) con otro— en jénero i número— (las paces) 
entre dos contrarios. 

Concluir con algo— (a uno) de ignorante. 

Concurrir a algún fin — con otros — (muchos) — en un dic- 
tamen. 

Condenar (a uno) a galeras — con costas — en las costas. 

Condescender a los ruegos — con la instancia. 

Conferir (un negocio) con, entre los amigos. 

Confesar (el delito) a/juez. 

Confesarse a Dios — con alguno — de sus culpas. 

Confiar c/e, en alguno. 

Confinar (a alguno) a, en tal parte— (España) con Francia. 

Confirmar (al orador) de docto — en la fé — por sabio. 

Conformar (su opinión) a, con la ajena. 

Conformarse a/, con el tiempo. 

Conforme a, con su opinión —(con otro) en su parecer. 

Confrontar (una cosa) con otra. 

Confundirse de lo que se ve— (una cosa) con otra— en sus 
juicios. 

Congratularse con los suyos— rie, por alguna cosa. 

Conjeturar (algo) c/e, por señales. 

Conmutar (algo) con otra cosa — (un voto) en otro. 

Conocer de vista — c/e, en tal asunto— por noticias. 

Consentir con los caprichos— er? algo. 

Conservarse con, en salud — en su retiro. 

Considerar (una cuestión) bajo, en todos sus aspectos— por 
todos lados. 

Consolar (a uno) úe un trabajo en sus pesadumbres. 

Consolarse con sus parientes en Dios. 

Conspirar a alguna cosa — contra alguno — en un intento. 

Constar (el todo) de partes — c/e, en los autos— por escrito. 

Constituido en dignidad — (un censo) sobre una dehesa. 

Consultar coíz letrados — (a alguno) para un empleo. 

Consumirse a fuego lento — de fastidio — en meditaciones. 

Contajiarse con, del, por el roce. 

Contaminarse con los vicios — de, en la herejía. 

Contar (algo) al vecino— con sus fuerzas— por verdadero. 

Contemplar a un niño — en Dios. 

Contender con alguno— en hidalguía— porlas armas— so/?re 
alguna cosa. . 



496 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



Contentarse, contento, con su suerte — del parecer. 

Contestar a la pregunta — con el declarante. 

Continuar en su puesto— cor? salud— por buen camino. 

Contraponer (una cosa) a, Cx^n otra. 

Contrapuntarse de palabras — con alguno. 

Contrario a, de muchos— en ideas. 

Contribuir a, para tal cosa — con dinero. 

Convenir (una cosa) a/ pueblo — con otro — en alguna cosa. 

Convenirse a, con, en lo propuesto. 

Conversar con alguno— en, sobre materias fútiles. 

Convertir a otro objeto lacuestion— (la hacienda) e/3 dinero. 

Convertirse a Dios (el mal) en bien. 

Convidar (a alguno) a comer — con un billete. 

Convidarse a, para la tarea. 

Cooperar a alguna cosa — con otro. 

Coronar con flores — de flores— por monarca. 

Correr a pié— coí? los gastos— e/? busca de uno— por mal ca- 
mino — (un velo) sobre lo pasado. 

Correrse de vergüenza — por una culpa. 

Corresponder a los beneficios — con el bienhechor. 

Cortar de vestir — por lo sano— so6re el codo. 

Corto de jenio — en dar. 

Coser a puñaladas — para el corte. 

Coserse (unos) a, con otros. 

Cotejar (la copia) con el orijinal. 

Crecido de cuerpo — en bienes. 

Creer de otro tal cosa— c/e su obligación— e/7 Dios— (a uno) 
por, sobre su dicha. 

Criar a los pechos- -co/2 regalo— e/i el santo temor de Dios. 

Cruel con, para, para con su esposa. 

Cruzar / cruzarse de caballero — de brazos. 

Cuadrar (una cosa) al interesado— (lo uno) con lo otro. 

Cubrir o cubrirse de, con ropa. 

Cuenta (tener) con, de lo que dicen. 

Cuidadoso del, por el resultado. 

Cuidar de algo, de alguno. 

Culpar (a uno) de omiso — en otro lo que en sí se disculpa — 
(a otro) por lo que hace. 

Cumplir a uno la promesa — cumplir (corresponder) a uno 
hacer un esfuerzo — con alguno — con su obligación — por 
su padre. 

Curarse de alguna enfermedad — en salud — de lo menos im- 
portante. 

Curtido al, del sol — en bellaquería. 

Curtirse al, con, el aire — en*\os trabajos. 



APÉNDICE 497 



OH 



Chancearse con cualquiera. 

Chocar a los presentes —co72 los vecinos— en íre sí 

Chochear con, pro la vejez, de viejo. 



Dar (algo) a alguno— con quien lo entiende — (a alguno) de 
palos— (a la madera) de blanco— c/e baja— e/2 manías— 
por visto— por Dios — sobre el mas flaco. 

Darse a estudiar— contra la pared — Je cachete— /)or vencido. 

Deber (dinero) ú, alguno — c/e justicia — de venir. 

Decaer de su autoridad— en fuerzas. 

Decidir de la cuestión — sOi6re un punto. 

Decidirse a viajar— en favor— por un sistema. 

Decir (algoj a ofro— (bien) conunacosa-c/e alguno— en con- 
ciencia—para sí. 

Declarar a los oyentes un secreto-— por enemigo al indife- 
rente. 

Declararse a, con alguno — ^por un partido. 

Declinar a, hacia tal parte — de allí — en bajeza. 

Defender (a uno) de sus contrarios— por pobre. 

Defenderse contra, de tres. 

Defraudar (algo) al, del depósito- en las esperanzas. 

Dejenerar de su estirpe — en monstruo. 

Dejar con la boca abierta — de escribir —(algo) en manos de 
otro — (a alguien)— por loco— por hacer. 

Deleitarse con la vista — de, en oir. 

Deliberar en junta -entre amigos — sobre tal cosa. 

Demandar Je calumnias — enjuicio. 

Departir con el compañero — de, sobre la guerra. 

Deponer contra el acusado— (a algtmo) de su empleo — en 
juicio. 

Depresivo a un personaje de— la nobleza. 

Derramar i derramarse, á/, en, por el suelo. 

Derribar de la cumbre al valle - en, por tierra. 

Desacreditar o desacreditarse, con, para con el pueblo - 
en su profesión— entre los compañeros. 

Desahogarse (con alguno) de su pena - en denuestos. 

Desavenirse con— alguno— efe otros (dos) entre sí. 

TOMO \ 32 



498 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



Desayunarse con chocolate — de alguna noticia. 

Desbordarse (el rio) e/2 la arena— por los campos. 

Descabezarse con, en, alguna cosa. 

Descalabazarse con, en, por alguna cosa. 

Descalabrar a gritos — con su voz. 

Descansar de la fatiga (el amo) en el criado. 

Descararse a insultos — con el jefe. 

Descargar en, contra, sobre el inocente. 

Descargarse con el ausente— ífe alguna cosa. 

Descender a los valles- de buen linaje— en el favor— por 
grados. 

Descorgarse a/ jardin — con una noticia— c/e, por lapa- 
red. 

Descollar en gallardía - entre, sobre otros. 

Descomponerse con alguno — en palabras. 

Desconocido a los beneficios — de sus paisanos - para 
todos. 

Descubrirse a, con alguno. 

Descuidarse de, en su obligación. 

Desembarcar de la nave — en el puerto. 

Desenterrar del, de, entre el polvo. 

Desertar de sus banderas a las contrarias. 

Desfigurar con cintajos un vestido. 

Deshacerse de alguna cosa - en llanto. 

Deslizarse al, en el vicio — por la pendiente. 

Desmentir a alguno — (una cosa) de otra. 

Despeñarse al, en el mar— (fe un vicio en otro— por la 
cuesta. 
• Desposarse con soltera— por poderes. 

Despuntar de injenioso— en la sátira— por la pintura. 

Desterrar a una isla — (a uno)) de su patria. 

Destinar a la iglesia — (un regalo) para el superior. 

Detenerse a comer— co/3, en los obstáculos. 

Determinarse a partir— e/7 favor de uno. 

Deudor a la, de la hacienda— e//, por muchos miles. 

Diferencia c/e ma^^or a menor— ez/íre lo temporal i eterno. 
Diferenciarse (uno) de otro— er? el habla. 
Diferir (algo) a, para otro tiempo— c/e hoi a mañana— en 
pace res — entre sí. 

Dilatar (un asunto) a, para otra ocasión— í/e mes en mes. 

Dilijente en su oficio para cobrar. 

Diputado a, en Cortes. 

Dirijir a, hacia Sevilla — a otro en una empresa — para un 
fin— por un atajo. 



( 



APÉNDICE 499 



Discordar del maestro —en opiniones — en sonidos — sobre 

regalías. 
Disculparse con alguien — de una distracción. 
Discurrir de un punto a otro — en varias materias — sobre 

artes. 
Disentir de Yitruvio en arquitectura. 
Disfrazarse de nievo --con, en traje de moro. 
Disgustarse de, con alguna cosa— por frioleras. 
Disolver en espíritu de vino — con agua fuerte. 
Disponer a bien morir— c/e los bienes— er? hileras — por sec- 
ciones. 
Disponer a, para caminar 

Disputar de, por, sobre alguna cosa — con su hermano. 
Distinguirse en las letras — entre todos — ^por único. 
Distraerse a diferente materia— Je, e/2 la conversación — con, 

por el ruido. 
Distribuir en porciones — entre los necesitados. 
Diverso de los demás — en carácter. 
Divertirse en pintar — con un amigo. 
Dividir (una cosa) de otra — con, entre muchos — en partes — 

por mitad. 
Doblar a palos— de un golpe — por un difunto. 
Dócil al mandato — de condicion—parc? aprender. 
Dolerse de los pecados — (con un amigo) de los trabajos de 

otro. 
Dotar (a una hija) con bienes adquiridos — c/e lo mejor de un 

patrimonio — en medio millón. 
Dudar de alguna cosa — en síúir—entre el sí i el m.). 
Dulce a/ gusto — de trato— en el trato — para tratado. 
Durar en el mismo estado— por mucho tiempo. 



E 

Echar (algo) a, en, por tierra — (olor) de sí — de menos — sobre 

sí la carga. 
Elevarse al, hasta el cielo — de la tierra — en éxtasis — por los 

aires — sobre el vulgo. 
Embarcarse de pasajero— e/2 un vapor. 
Embeberse en la doctrina— c/e/ espíritu de Luis Vives. 
Embelesarse con un niño— e/2 oir. 
Embestir con, contra el de enfrente. 
Embobarse con, de, en algo. 
Embozarse con la capa— e/2 el manto. 



1 



600 MANUAL DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



Embravecerse con, contra el débil. 
Embriagarse co/2 aguardiente — c/e júbilo. 
Embutir de algodón (una cosa) en otra. 

Enmendarse con, por el aviso de una falta. \ 

Empacharse de hablar — por nada. /. 

Empapar de, en esencias. | 

Empedrar con, de adoquines. ^ 

Empeñarse en una cosa— por alguno. '( 

Empezar a brotar— coii bien -e?2 malos términos — por lo n 

difícil. 
Emprender con cuanto se presenta (alguna obra) por sí 

solo. ^ 

Empujar a, hacia, hasta un abismo. 
Emulo del ministro — en influencia. 
Encarjar (la puerta) con, en el cerco. 
Encapricharse con, en una tema. 
Encaramarse a, en, por, sobre la pared. 
Encararse/?, con alguno. 
Encarnizarse con, en los fujitivos. 
Encender a, en la lumbre. 
Encomendarse o Dios — en sus manos. 
Enconarse con alguno — e/3 algo. 
Encontrarse con un escritor en varias ideas. 
Encuadernar a la rústica— erz pasta--Je fino. 
Encumbrarse a, hasta el cielo — sobre las nubes. 
Endurecerse aJ, con, en, por el ejercicio. 
Enfadarse con, contra un subdito — de la réplica — por 

poco. 
Enfermo del hígado — de peligro. 
Enfurecerse con, contra alguno— c/e ver injusticias. 
Engastar con perlas — en oro. 
Engreirse con, de su fortuna. 
Enlazar (una cosa) a, con otra. 
Enojarse con, contra el malo— c7e lo que se dice. 
Enojoso a su familia — en el habla. 
Enredarse (una cosa)a, con otra. 
Enriquecer con dádivas — de dones. 

Ensayarse a cantar — en el canto — parahah\ar en público. 
Enseñar a leer -por buen autor. 
Entapizar con, de ricas telas. 
Entender de alguna cosa -en sus negocios. 
Enterarse de la carta — en el asunto. 
Entrar (se usa con casi todas las preposiciones) a saco— 



APÉNDICE 501 



con toda el alma — de novicio — ei3 la iglesia — hastaéicoro 
— por poco o por mucho. 

Entregarse al estudio — en brazos de la suerte. 

Entremeterse o entrometerse en asuntos de otro. 

Entretenerse a, con ver la tropa — en leer. 

Entristecerse con, de, por la noticia. 

Envanecerse con, de, en, por la victoria. 

Envejecer con, por los trabajos -ei? el oficio. 

Enviar (a alguno) a la corte —co/2 un presente — de apo- 
derado por vino. 

Envolver en, entre lienzo con papeles. 

Envolverse con, en la manta. 

Equipar (a uno) con, de lo necesario. 

Equiparar (una cosa) a, con otra. 

Equivocarse con otro — en algo. 

Escabullirse entre, por entre la multitud. 

Escapar a la calle— co/3 vida- en una tabla. 

Escarmentar con la desgracia — en cabeza ajena. 

Escaso de medios — en -pagar— para lo mas preciso. 

Escojer del, en el montón — entre varias cosas. 

Esconderse de alguno — en alguna parte. 

Escribir de, sobre historia — en español — por el correo. 

EvSculpir a cincel -c/e relieve— er? mármol. 

Escudarse con la íq— contra el peligro. 

Escupir al, en el rostro. 

Escurrirse al suelo — de, de entre, entre las manos. 

Esencial ai, en, para el negocio. 

Esforzarse a, en, por trabajar. 

Esmaltar con, de, en, i flores. 

Espantarse de, por algo. 

Especular con algo— erz papel. 

Esperar a que vengan — de Dios — en Dios. 

Estampar a mano — contra la pared — en papel — sobre seda. 

Estar (se construye con casi todas las preposiciones) a, bajo 
la orden de otro— con, en ánimo de viajar — de vuelta— e/2 
casa — entre enemigos— para salir — por alguno — (algo) 
por suceder— sirz sosiego— so-6re sí. 

Estéril de, en frutos. 

Estrecharse con alguno— en los gastos. 

Estrellarse corz alguno — en, contra alguna cosa. 

Estudiar con buenos catedráticos — en buen autor -por Ne- 
brija. 



1 Poético. 



502 MANUAIi DE COMPOSICIÓN LITERARIA 



Exceder (una cuenta) a otra — en mil reales. 
Excusarse con alguno — de hacer alguna cosa. 
Espeler del reino — por la boca. 
Estenderse a, hasta mil reales— eíz digresiones. 
Estraviarse a otra cuestión — de la carrera. 



Fácil a cualquiera — con, para, para con los inferiores — de 

dijerir — en creer. 
Faltar a la palabra — de alguna parte— ew algo— (un real) 

para veinte — (la cola) por desollar. 
Fatigarse de andar — en pretensiones^— por sobresalir. 
Favorable a, para alguno. 
Fecundo en recursos — de palabras. 
Fértil de, en granos. 
Fiar (algo) a, de alguno— en sí. 
Fiarse a, de, en alguno. 

Fiel a, con, para con sus amigos— erz su creencia. 
Firmar con estampilla — de propia mano— en blanco por su 

principal. 
Firme de hombros — en su designio. 
Flaco de estómago — en sus resoluciones. 
Flacjuar en la honradez— por los cimientos. 
Flexible a la razón— c/e talle. 
Flojo de piernas — en, para la fatiga. 
Fluctuar en, entre dudas. 
Formar i formarse, con el buen ejemplo — (quejas) de un 

amigo - en columna— por compañías. 
Forrar c/e, con seda — en cobre. 

Fortificarse con fajinas — contra el enemigo— en un punto. 
Franco con, para, para con todos — de carácter — en decir. 
Franquearse a, con alguno. 
Freir con, en aceite. 

Frisar (una persona o cosa) con, en otra. 
Fuerte de condición — en razones. 
Furioso con la noticia— contra el chismoso— c/e ira— por un 

contratiempo. 



Ganar al ajedrez— con el tiempo— c/e posicion—en categoría 

—por la mano. 
Gastar de su hacienda— en banquetes. 



APÉNDICE 503 



Gloriarse de alguna cosa — en el Señor. 

Gozar i gozarse, con, en el bien común —de alguna cosa. 

Grabar al agua fuerte — con agujas— en madera. 

Graduar a claustro pleno — (una cos