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Full text of "Olla podrida condimentada en México: Ó, coleccion de todos los remitidos que, desde 1844, y en ..."

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OLLA PODRIDA 



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KRNESTO MASSOK 



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OLLA PODRIDA 



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Esta' obra es propiedad del Autor, quien perseguirá ante la ley al que 
la reimprima sin su autorización. 




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OLLA PODRIDA 

CONDIMENTADA EN MÉXICO 



COLECCIÓN 

DE TODOS LOS REMITÍDOS QUE, DESDE 1844, T EN VARIOS PERIÓDICOS DE 

MÉXICO, PUBUGÓ BAJO DIFERENTES SEUDÓNIMOS 

COMO LOS DE GILLES 60G0, ANTI-PIERNA-SEGA Y OTROS MUCHOS 

ERNESTO MASSON 



EzJibnro, ex-eomitíoiibta, 

n-torntrém» por naaor, Síadfeo, hafidor d* «gnu ; d* «teatlu donato varfa» Hm, 

del ItnMrt A70AUmiraU> d* TMabija, 

S«er«tmo d« !• Saeiadad da m^ont matarialaa da la axprapada dodad, Miamfaro da la da lUxico, 

Carrcdar dal aümaro da dicha plaxa. Pacano y Capilan de loa cazadores del Aoahaae, 

Ciadadaso por oaturalliadoD de la qaa Alé RepftUlca maiiaaBa, 

y lAcio da la CamttioB Ciantifiea, Literaria y ArtlaUea 

da la dadadda Méik». 



parís 

IMPRENTA HISPANÜ-AMEHICANA DE COSSON Y C.« 

CALLE DU FOl!B 8AINT-GERIÍAIN, 43. 

4864 



FES 13 1^03^ ) 




Á MI MEJOR AMIGO, CARLOS APÉSTEGUI- 



No es muy grande^ por cierto^ el honor que le hago^ dedicándole la 
recopilación de las no pocas sandeces que en ratos de buen humor, me 
atreví á escribir y á confiar á la prensa ; pero ya que para agruparlas en 
un tomo^ solo usted me prestó su apoyo^ muy justo es que sufra usted la<; 
consecuencias de la Dedicatoria, á que le expone mi gratitud. 

Un editor, que nada tiene de librero^ es hoy en todas partes un ver- 
dadero mythe (un ente fabuloso); y, ni la solución de la cuadratura 
pudiera compararse con un tal hallazgo. ¡Quiera pues mi estrella, que 
esta publicación le sea légérelí,. 

No me alienta en tan osada empresa, más que el espíritu mismo de la 
época que atravesamos : ella es poco seria ; y por esta sencilla razón, 
más fácil cabida tiene en nuestros dias un libro casi de puras chan- 
zas. Va pues con el siglo, su agradecido amigo que le quiere y R. S. M. 

Krnksto Masson. 



ADVERTENCIA DEL EDITOR. 



Aunque en los numerosos arliculos de que se compone este libro ^ »e 
trate de materias puramente locales^ y de un interés casi peculiar á Mé- 
xico; sin embargo, el erUrain y el chiste con que están redactados la 
mayor parte de ellos, no dejarán de agradar aun á aquellos lectores que 
no conocen mas que con mucha vaguedad, al país á que estos comuni- 
cados se refieren. 

Se advierte desde luego, á la simple lectura de esta Miscelánea, que 
.su autor, desde ios cuarenta afios que lleva de vivir en México, se ha 
dedicado á observar con algún criterio los hombres y las cosas. 

Lo que mas sorprende^ es que un francés^ por larga que baya sido su 
permanencia en un país de la antigua dominación española, haya podido 
llegar á escribir el castellano con una facilidad que , á veces, no carece 
de cierta elegancia. Esta particularidad que no es común, recomienda á 
una obra, que avivan de continuo, lo picante de su estilo y la variedad 
inagotable de los asuntos que en ella se versan. 



• OOOOOOOee 






PROLOGO. 



<c1l plurihm unum.íi 



Sin pretensiones de ninguna clase, y con el único fin de 
borrar, á veces, el ceño del factes de mis amigos, he re- 
unido en este tomo todos los comunicados que, desde 
i 844, inserté en distintos periódicos de México. 

El deseo de serle útil á un amigo (el Sr. D. Gilíes 
Oriot), injustamente atacado por la prensa, me dictó, 
como se verá, los primeros remitidos ; y otras personas 
después, me comprometieron á que les prestara igual ser- 
vicio. 

No por esto dejaré de confesar, que de vez en cuando 
emprendí charlar por mero entretenimiento. El caso fué 
que, de fil en aiguilley los amigos por un lado, y alguna 
manie de Vfcritoire por el otro, me lanzaron sin querer 
en la polémica. 

El título de este libro, no excluye de él ciertamente los 
artículos serios ; pero, por fortuna, estos serán pocos, de- 
bido al ningún cariño que le tengo al estilo grave. 



X PRÓLOGO. 

Si otros se vanaglorian de haber escrito, yo tengo que 
disculparme, por haberles querido imitar : y mucho más, 
habiendo cometido tal imprudencia en un idioma que no 
es el mió, y que le es tan difícil al extranjero poderse apro- 
piar. 

Por estas consideraciones y otras muchas, suplicaré á 
mis lectores (si los tengo) se sirvan dispensarme las innu- 
merables faltas, en que necesariamente deberé haber in- 
currido. 

Los avant-propos de algunos artículos en francés, y 
varios prólogos de unos cuantos comunicados en castella- 
no, fueron agregados últimamente, para facilitar á los 
lectores su pronta inteligencia. 

Ernesto Masson. 



1844 



ADVERBIO FORGÉMENT 



CONTESTACIONES 



HABIDAS 



CON EL S>. IICENGIADO B. AGUSTÍN FRANCO, 



SOBBE EL SENTIDO DE LA PALABRA FofCément. 



INSTRUCCIÓN. PBELIIÜHAR. 



£n 23 de setiembre de 1843, el Supremo Gobierno de 
México publicó una ley, que prohibia á los extranjeros el 
comercio al menudeo; y los Sres. Foucault y C.', mercille- 
ros establecidos en la capital, dieron en el Correo francés 
del 27 de marzo de 1844, un aviso al público, participán- 
dole, f gu'en conséquence de la díte loiy leur société était 
dissouie forcément. » (Que, en consecuencia de dicha ley, 
su sociedad quedaba disuelta forzosamente. ) 

El Sr. Lie. D. Agustín A. Franco, que mal comprendía 
el francés, tradujo la frase de « qu'en conséquence de la dite 
loij leitr société était dissoute forcément, i por f de consi- 
guiente j la expresada sociedad ha sido disuelta por la fuer- 
za, t en lugar de decir por fuerza. 

Guiado por este sentido equivocado, el Sr, Franco, en el 
Siglo XIX del 5 de abril del mismo año, dio á luz un 
comunicado alarmante, que comprometía en extremo á los 
Sres. FoucauH y C% sirviendo de base á las recriminaciones 
del referido licenciado , la falsa inteligencia del adverbio 
forcément. 



1 



* 1844 

El Sr. D. Gilíes Oriot, que era amigo mío, y socio de la 
casa Foucault y C% al verse atacado tan injustamente, me 
suplicó contestara en su nombre al Sr. Lie. D. Agustin 
A. Franco, para desvanecer el error, en que dicho señor 
habia incurrido en su traducción de forcément. Así lo hice, 
sin atender á la dificultad que presentaba para mí un en- 
cargo, que debia desempeñarse en un idioma siempre es- 
cabroso para cualquier extranjero. 

Se insertan aquí los comunicados del Sr. Franco, que 
dieron origen á la polémica que en seguida se leerá. 

Los editores de un pequeño periódico que se publicaba 
en Durango, el Registro oficial^ habiendo, en el curso de 
la discusión, salido á la defensa de la traducción viciosa 
del Sr. Franco, se han agregado aquí sus artículos, y las 
contestaciones á que dieron lugar. 

E. M. 



Oomniileado del Sr. Franco. 

Sres. redactores del Siglo XIX. — Casa de ustedes, 
marzo 29 de 1844. — Muy señores mios : Recorriendo las 
páginas del Correo francés, núm. 553, correspondiente al 
dia 27 del presente, he encontrado un aviso cuyo notable 
contesto me ha causado una impresión desagradable, por 
las funestas consecuencias que puede acarrear si se deja 
circular sin comentario. El aviso , traducido al pié de la 
letra, dice asi : 

t AYISO AL COMERCIO. 

« G. Oriot tiene el honor de participar al comercio que 
« con motivo de la ley del 23 de Septiembre de 1843, que 
« prohibe el comercio al menudeo á los extranjeros-fran- 



1 



ADVKRBIO FORC^MENT. 5 

« ceses, Foucault y C', el ya dicho G. Oriot se halla excluí- 
t do de la antigua sociedad del comercio, Foucault y com- 
tpaoíat y que de consiguiente la expresada sociedad ha 
€ sido disuelta por la fuerza^ y él es su liquidatario. » 

Dejando á un lado la expresión tan exagerada como 
inexacta de que la sociedad de los Sres. Foucault y compa- 
ñía, ha sido disuelta por la fuerza ^ cuando la causa de esa 
disolución ha sido una ley, que México, en uso de los in- 
disputables derechos que tiene como nación independiente 
y libre, ha dado porque así cree que conviene á sus intere- 
ses ; dejando & un lado, repito, esa expresión indiscreta, el 
aviso encierra un concepto falso de toda falsedad, y que 
para los que hayan visto el injurioso discurso de M. La- 
crosse, no puede parecer otra cosa que un eco de aque- 
llas ideas reproducidas en México, por una casa de comer- 
cio francesa. En ese aviso dicen los Sres. Foucault y Oriot 
que : c en virtud de la ley de 23 de Septiembre de 1843, 
que prohibe el comercio al menudeo á los extranjeros fran- 
ceses^ etc. » Ignoro qué motivo puede haber para que esos 
señores (á quienes no tengo el honor de conocer) quieran 
restringir á los subditos de su nación una ley tan general 
como la que prohibió el comercio al menudeo. ¿Será por 
ventura, que se trate de justificar la realización de las ame- 
nazas de la Francia, por medio de asertos tan falsos como 
el presente? La ley del menudeo no hizo ninguna distin- 
ción ; de consiguiente , el tratar de hacerla es injurioso y 
perjudicial & la república. 

Repito que no conozco á los Sres. Oriot y Foucault y 
afirmo solamente que ignoro cuál haya sido su verdadera 
intención ; mas en la actual situación de nuestros negocios, 
cuando en una asamblea de Francia se nos zahiere públi* 
camente de una manera atroz ; cuando uno de los miem- 
bros mas respetables de su gabinete salva los límites de la 
discreción y prorrumpe en amenazas contra una nación 



generosa, cuya sola falta es no tener un ejército de 300,000 
hombres, y una arnoada de 200 velas; euandoBe clama, 
voz en cuello, que somos injustos, que violamos el derecho 
de gentes ; una expresión como la que ha dado origen á 
este remitido, no puede menos de afectar á todo mexicano. 

El Arbitro de las naciones decidírft desde lo alto quien 
deba triunfar si acaso se entabla una lucha ; mas sea cual 
fuere el resultado, una guerra^de esa naturaleza imprimirá 
unamantíha tan fea como indeleble en el timbre del rey. ciu- 
dadano. 

Ustedes disimularán, Sres. editores, que impelido del 
amor que profeso á mi país natal, les haya molestado ^cwi 
estas desaliñadas líneas, y me permitirán que les ofreaca 
mi inutilidad como atento y seguro servidor <}. SS. MM. iB. 
— Agmtin A. Franw. 



ConieatMten .de C^. Ori^t. 

Sres. editores del Siglo XfX. — Casa de ustedes: Méid- 
00, abril 10 de 1844. 

Muy Señores mios : habiéndome disparado el &v. Lie. 
.D. Agustín A. Franco^ en el periódico de ustedes del. día 
5 de este, un comunicado que, cual su autor., cqjea visi- 
blemente (1), y peca por la base; poco trabajo me costa- 
rá, con un leve empujón, tirarlo al suelo. Con este fin, les 
agradeceré infmito tengan la bondad de reservarme en sus 
columnas un.pequeño campo, para la champurrada contes- 
tación de su afectísimo y seguro servidor Q. S. M. B. — 
G. Oriot. 

Como muy rara vez leo los periódicos , no estrañará ,el 
Sr. lie. D. Agustín A. Franco, que conteste mal y tarde, 

(i) El Sr. Franco es cojo, y de muleta. 



ADYBRBIO FORG^MENT. 7 

á un comanksado que insertó en el Siglo XIX del 5 de este 
mes, criticando con unos conténtanos roas largos que los 
de César, un aviso inocente, que se estampó en el Correo 
Francés , anunciando mi separación de la casa Foucault 
y C% por alcanzarme la ley del 23 de setiembre del año 
próximo pasado , que prohibe á los extranjeros el comer- 
cio al. menudeo. 

En este aviso, un error de pluma invokmtario, me Iiíeo 
decir : ^extranjeros franceses. ¡ Ay de nüL*. Cierto es que 
lo he dicho, ¡pero qué tan gran crimen ! lo segundo f» ca- 
lificador de lo primero, y no por esto debía usted de haber 
sacado, por consecuencia, que con estas palabras, había 
yo querido dar á entender que, solo los Franceses^ se veían 
privados del comercio al menudeo. Hay extranjeros Ingle^ 
ses ; los hB^y Españoles^ Suizos, Alemanes, etc., etc., bien 
lo sé : hijos somos todos de la misma madre; diferenciamos 
únicamente en las razas ; esto, acaso , hubiera yo querido 
esplicar, y nada mas. 

Digo también en este anuncio : tqu^en conséquence^ la 
dite société est dissoute forcément. » Entonces, usted, señor 
Franco, que me presta intenciones que no tengo, hace dos 
traducciones : una de mi francés « forcément, » al suyo que 
66 de cpar la forcé; » y otra de su adulterado francés al 
castellano ; y encuentra usted por fuerza^ que, < par la 
forcé, 9 se traduce en español , por «por la fuerza. » 

La palabra «^forcément, » usada en mi anuncio, au figuré^ 
no tiene mas equivalente en español , que forzosamente, 
por precisión, por fuerza, (y no por la fuerza) ; es sinóni- 
ma en francés, esta voz, de indispensahlementy nécessaire- 
ment , par une conséquence rigoureuse ; hay todavía una 
eipecie de espontaneidad , en el que hace forcément una 
cosa; no existe una coacción violenta que lo obliga á ello: 
y usted , Sr. Franco, con su francés de, par la forcé que 
me pone en la boca, quiere persuadir & los incautos ó ig- 



8 1844 

Dorantes, que traté de manifestar, cuando menos, al Gobier- 
no francés , por esta palabra de par la forcé, que es suya, 
que, á bayonetazos, á puñetes, & gritos y sombrerazos, ha- 
bia sido disuelta aquí la sociedad de Foucault y C.\ 
Gratiatibi Domini (1)!... No es franco, Sr. Franco, este 
modo de proceder, 

O el Sr. Franco no entiende bien todavía el francés (él 
es joven y puede estudiarlo), ó su traducción de mi aviso 
es maliciosa : en todo caso, le aconsejo no use de la mis- 
ma malicia con todas las comedias que nos traduzca del 
francés, por qué, siendo asi, un esfinge que las entienda. 
Serán sus traducciones cosas de adivinanza, y el oficio es 
cansado : por mi parte, lo estoy ya, con haber forceado 
con él tantísimo. 

Lo particular de la lógica del Sr. Franco, es que, de de- 
ducciones en deducciones, me va haciendo, poco & poco, 
cómplice del Sr. Lacrosse ; dice que soy su eco : que re- 
produzco sus ideas, etc. , etc. ; y k renglón seguido, él con- 
fiesa que no me conoce. Lo siento; pero me parece, que 
para suponer tan mal de una persona, era preciso, siquiera, 
saber cuál es su carácter : si hostil 6 pacifico, alborotador 
ó quieto. 

No sé como el Sr. Franco no me conoce : ¡Bien notables 
somos ambos !... Yo estoy manco, él es cojo; nunca los dos 
nos podremos llegar á las manos ó á los pies ; y merced & 
esta afinidad defectuosa, que nos debiera de unir indirec- 
tamente, me pudiera tener alguna más consideración. 

Dice el Sr. Franco, que lo que le falta á México, en 
caso de guerra, es el pico de 300,000 hombres [excusez 
dupeu! como dice el vulgo en Francia), y 200 velas : 
¡ Que se las echen todas á mi comentador, por tan devora- 

(1) Esle error de Domini, en latín, fué corregido en el Siylo XIX del il de 
abril. Así decía, en una nota, este periódico : c En el número de a/er, pig. 8, co- 
lumna 5*, linea 6, dice t Gratia tibi Domini] léase ¡ Grada tibiDominel 



ADVERBIO FORG£MENT. 9 

dor pensamiento I... Para llevar la guerra, seria poco; para 
recibida, sería mucho : el patriotismo improvisa legiones ; 
¡Que lo diga £spaña! 

Pero, que se calme el Sr. Franco; yo, aunque lastima- 
do, bien lejos estoy de invocar la guerra : más cuenta nos 
tiene á todos, Sr. Franco, que se arreglen las cosas amis- 
tosamente. Usted es joven, me han dicho; usted es fogoso; 
usted es poeta ; usted pretende, aspira á licenciado ; la ima- 
ginación, en usted, si no corre vuela : ¡buena diferencia 
hay en el modo de conjeturar de los dos! usted sueña glo- 
rias, batallas, alguna epopeya quizá ¡Y yo, prosaico 

vendedor de anillitos, aretes, cuchillos, neoclises y cliso- 
pompes, ño veo en lo futuro más que la esperanza de 
volver, cuanto antes, á mis innobles tareas!... Ya cono- 
cerá usted, Sr. Franco, ¡cuan opuestos son los deseos de 
un trivial mercillero, servidor de usted, con los de un favo- 
recido nourrtsson des muses! 

No entraré con usted, Sr. Franco, en el análisis de la 
palabra generosidad ; pero permítaseme decirle, que no 
•existe ninguna, si hay en ella restricciones. Obligar á cual- 
quier extranjero á abjurar su nacionalidad ; á despojarse 
del título más querido , más sagrado , para permitirle un 
tráfico... ¡ Ah! Sr. Franco, este sacrificio es muy grande : 
no hay generosidad en exigirlo ! . . . 

Siguiendo el Sr. Franco el rápido curso de sus belicosas 
suposiciones (como poeta nato que es), él vé ya en la con- 
tienda que quiere entablar, una nueva Iliada , y pone al 

Omnipotente favoreciendo, casi, á uno ú otro bando 

;Porqué, Sr. Franco, en estos tiempos nada fabulosos, que- 
rer mezclar, en tan cruel materia, lo divino con lo huma- 
no?... Su imaginación de usted le estravía. A mi escaso 
entender, creo que el arbitro de las naciones, al contem- 
plar desde lo alto , la lucha fratricida de unas criaturas 
que formó á su imagen, gime y se horroriza, cuando estas 



10 i 844 

86 aproximan á verter una sangre , que te costó á él toxla 
la suya redimir... 

Sírvase usted, Sr. Franco, dispensarme una contesta- 
ción tan larga; y mande usted lo que guste, á su afectísi- 
mo y seguro servidor que, no por la. fuerza^ sino par fuer- 
za (como es de costumbre), le besa las manos. 

G. Ortot. 



%:* Commilcado del Sr. Franco. 

Sres. editores áñlSiglo XIX. — Casa de ustedes; abril 
14 de 1844. — Muy Sres. mios: Suplico k ustedes :se sir- 
van insertar en su periódico. la siguiente carta, dispensando 
la molestia que les infiere su afectísimo servidor y. paisano 
que atento SS. MM. B. — Agustín A. Franco. 

tSr. D. G. Oriot. — Muy Sr. mió. El remitido de usted 
inserto en el Siglo del 10 de este mes, me ha causado uoa 
agradable sorpresa, puesto que él me ha revelado varios 
arcanos que hasta ahora no habia podido descubrir, y que 
usted me permitirá enumerar. 

l^ Usted ha leido los Comentarios de César, ó. por lo 
menos sabe que son largos y que son ComentafÍQS.,¡j^ati en 
efecto muy largos, Sr. Oríot? ¿Son mas largos que liBB<miQs, 
ó que el tubo de un clysopompet 

2*. Usted es un filólogo verdaderamente rematado, y me 
prueba mi ignorancia por io que toca al idioma franofe, 
con una exactitud y un tono magistral que no hay más 
que pedir. Desgraciadamente la terrible lógica de usted, 
se encuentra en contraposición abierta con la significación 
quede la palabra /or^m^n/ da Boiste (¿conoce usted á 
Boiste?) y usted deberá agradecerme que, á pesar de que 



ADVERBIO FOnCJSMENT. )l 

ignoro la lengua, auniente su caudal de conotimientos en 
punto á francés, con las siguientes citas : 

^Forcément^ adv. ;(vi.), par forcé ^ par contrainte^ 
malgré soi (agir, parler, etc. )• » 

El mismo Boiste en su Diccionario de sinónimos, trae 
este pasage notable : 

« A forcsj á forcé ouverte^ á forcé de brasj de forcé ^ de 
vive forcé ^ par forcé, á toute forcé. » Locuciones adverbia- 
les. Se dice : ^prendre une filie de force^^ violarla; á forcé 
ouverte, de vive force^ PkK forgb, con violencia, etc. 

En el Diccionario francés de Napoleón Landais, la par 
lahTdL forcément se encuentra aplicada de esta manera : 

' Forcémeni , adv., d^wae maniere forcee y por con-- 
trainte^ » y nada mas. 

Ahora oiga usted lo que entiende el mismo Landais por 
contrainte. 

« Contrainte^ siibst. fém. , violence qu^on exerce envers 
quelqu'un pour le contraindre h. faire quelque chose contre 
son gré, etc. » 

Si usted se toma el trabajo de leer las demás acepciones, 
verá que esta es la única que puede cuadrar al presente 
caso. — Dejémonos ya de diccionarios , pues creo que lo 
dicho bastará para convencer á usted de que los maestros 
de su lengua no dan á la palabra forcément^ la significación 
de indispensablemente nécessairement ^ par une conséquence 
rigoureuse ; y de esto se infiere indispensablemente néces- 
sairemente par une conséquence rigoureuse y ( como usted 
diría) foTcémente que no ha tenido usted razón al atribuir 
á ignorancia ó mala fé mi traducción de su aviso. 

3.* Usted posee la lengua castellana con tanta perfec- 
ción, que hasta juega en ella del vocablo (aludo al fino y 
delicado equivoquillo de las velas). ¡Qué diferencia entre 
usted y yo, M. Oriot! Usted prosaico vendedor de anilli- 
tos, hace juegos de palabras en español ; y yo joven poeta, 



12 1844 

y abogado m fieri, no he podido hacer todavía en francés 
un miserable calembour! Vamos, Sr. Oriot, ustedes un 
portento. Sabe usted francés , sabe español , sabe decir 
grada tibi Dominu ... De usted sí que se puede decir aque- 
llo de Virgilio : 

/ 
— LinguaB centum sunt, oraque centum. 
Férrea vox. — 

Permítame usted que se lo traduzca, de peur que vous y 
per diez tout votrelatin. 



Ciento sus lenguas son, sus bocas cien^ 
El metal de la voz cual de sartén. 



Adviértole á usted, por no incurrir en la nota de pla- 
giario, que el segundo verso no es mió, sino del poeta 
español Fr. Diego González, si mal no me acuerdo. 

Pero basta de charla, Sr. Oriot. Nuestra discusión ha 
terminado, una vez que ha cesado la causa que la motivó. 
Una errata de imprenta y el mal uso de una palabra, die- 
ron origen á mi remitido, y este ha llenado su fin, aclaran- 
do una especie que podia parecer injuriosa á la nación, 
cuyo mas insignificante individuo soy.: el resto de su co- 
medida carta, no necesita, en mi concepto, respuesta al- 
guna, y solamente le recomiendo observe la diferencia que 
hay entre su contestación y la del Sr. Thivol, para que de 
esa manera conozca la distancia que media entre las agu- 
dezas delicadas y corteses, y esos chistecillos de mal gusto, 
reprobados por toda persona sensata y bien educada, y 
que en realidad nada tienen que hacer con el fondo de la 
cuestión. 

Es de usted atento servidor Q. L. B. L. M. 

Agustín A. Fe anco. 



ADVERBIO FORCUMENT. ja 

Contestación de G. Oriot. 

Señores editores del Siylo XIX. — Casa de ustedes ; 
México, abril 22 de 1844.* 

Muy señores míos: remito á ustedes esta contestación» 
dirigida al Sr. D. Agustin A. Franco, para que tengan 
ustedes la bondad de publicarla, por suplemento, en su 
apreciable periódico ; y me repito, á la vez, su afectísimo 
y seguro servidor, Q. S. M. B. 

G. Oriot. 

i^Qaicom'pterait les mavx et ¡es troubles divtrs 
(iQue les mcU-eniendus caxisentdansl'univers.» 

Me alegro mucho , Sr. Franco , de haberle causado & 
usted una sorpresa agradable, con mi comunicado inserto 
en el Siffio XIX del 1 de este mes ; y mas me regocijo 
todavía, al saber q¡ue le revelé unos arcanos que ignoraba; 
quizá este nuevo escritillo , podrá descubrirle á usted otros 
de mas interés y de mayor trascendencia. 

Antes le observaré á usted, que su primer párrafo, 
(pero. . . ¡Jesús , qué digo!. • . su primer canto, — estoy 
hablando con poeta, ) no va de acuerdo con lo que usted 
expresa tan bien en el tercero. En este último, usted dice 
que mis chistecillos son de mal gusto; y usted, puntual- 
mente, empieza en el propio tono que me reprocha ; pero 
con una superioridad tal , qm me hace trizas. Voy á re- 
producir sus agudezas ; ellas si, lo conñeso, tienen toda la 
redondez del tubo de un clysopompe ; y si algo les falta, 
es la punta final de aquel instrumento, para que pasen 
por agudas. 

¡Primer chiste del Sr. Francol. .. •lUsted ha leído 
» los comentarios de César , ó por lo menos sabe que son 
1^ largos y que son comentarios^.., iSon en efecto muy 



U 1944 

» largos, Sr. Orioíl ¿son más largos que los mios^ d que el 
» tubo de un clysopompe'i » 

¿No hay quien se ria?. . . Con que, ¿no les parece á 
ustedes muy graciosa, esta exquisita y punzante compara- 
ción que el Sr. Franco hace de lo largo de los Comentarios 
de César, con los tamaños del tubo dé un clgsopompel... 
¿No es de la mas refinada sal ática esta chanza?. • • 
¡ Qué digo I. . . Es más. . . ¡Es casi de la de Colima ! 

En seguida, me pregunta el Sr. Franco : «¿ Usted conoce 
á Boistelit — A la señora abuela de usted que conociera» 
Sr. Franco , era cosa quiza de admirar, pero á Boiste, por 
sus obras , creo que no. Forcément le conozco : era un 
abogado del mayor mérito; un lexicógrafo de los mas 
célebres; el que sin duda, ílustrómás á la lengua francesa; 
y le juro á usted, Sr. Franco, que muy malos ratos me han 
dado sus soluciones gramaticales ; muchos más, á lo me- 
nos, que los que me ocasionan los mortales comunicados 
de usted. 

¡Qué prudente consejo le daba Apeles á un zapatero, 
{ne sutor ultra crepidam) cuando éste quiso criticarle en 
materias fuera de su alcance! Esto mismo le repetiré yo, 
Sr. Franco ; usted divaga; usted no entiende aún el espí- 
ritu de nuestra lengua; y de la suya, no creo tampoco 
que sea usted un muy grande oráculo : en lo que referiré 
á usted después, fundaré mi dictamen. 

Pero, [revenons á nos moutons,) aunque me diga usted 
como en los juegos de prendas: ^iquién te dio tan grande 
picOj 3Ielorzcol9 Hablaré hasta darle á usted vapores; en 
esto, puntualmente, tengo vicio; y convenga usted con- 
migo , que acallar á un francés , es empresa bien difícil. 
(Haga usted memoria de lo que dice de nosotros, el di- 
funto Gallo Pitagórico.) 

Generalmente , en caso de desavenencia gramatical, 
entre nosotros , respecto del sentido de una palabra, no 



ADVeaVlO FORCáMBNT. i 5 

tenemos en Francia, mas autoridad competente, que la 
dei Diccionario de la Academia ; y refiriéndose á la voz que 
nos ocupa, dice este en su sexta edición : t FoKcéMErvT, 
adv. par forcé, par contrainte. » — ^11 a fait cette démar- 
che forcément. » — «// signifie au figuré, par une consé- 
quence rigourextse. » — ^Ce fait reconnv^ on doü forcément 
en conclure. » 

Forcément usado au figuré ^ no quiere decir par la 
forcé : ni nunca esta última voz tué su equivalente , señor 
Franco. Se dice : fai fait forcément une chose ; il a fallu^ 
par forcé, que je la /isse; faiprts^ par contrainte^ cette 
médecine\ (los mismos efectos que produce esta última, 
resiento yo, Sr. Franco, cuando por purísima contrainte^ 
leo los comunicados de usted. ) En estos tres casos del uso 
au figuré^ de forcément, par forcé ^ ^ par contrainte^ usted 
era capaz, ahí, Sr. Franco, de descubrir igualmente, los 
esfuerzos de una acción violenta y exterior : esto, sin duda, 
le sucedió á usted , respecto al empleo que hice de forcé^ 
ment necesariamente au figuré en mi anuncio. Las mas 
palabras, en francés, tienen un sens figuré ; y el que cono- 
ce á fondo el espíritu de nuestra lengua , inmediatamente 
distingue, cuál fué el sentido en que una voz se empleó. 

Todo lo que habla usted después, con su Napoleón 
Laudáis en la mano, Boiste y C* ; todas estas citaciones en 
que abunda , no son más que divagaciones fuera del 
caso, y que á usted puntualmente le perjudican ; se lo voy 
á probar. Usted clama en el tono, casi, en que cantó el 
gallo de S. Pedro, que usted ha leido en el Diccionario de 
los sinónimos de Boiste, (que también tengo, y corregido 
por Carlos Nodier,) á forcé ^ á forcé otivertCj á forcé de bras, 
de forcé ^ de vive forcé ^ á touie forcé ^ etc. , etc. En efecto, 
en e.-te libro viene estampado todo lo que usted refiere ; 
pero, ¿qué, también querrá usted persuadirme, que todos 
estos adverbios, que nada tienen de sens figuré ^ pueden ser 



16 1844 

sinÓDÍmos de mí figuradísimo foacément?.. . . Vamos ai 
ejemplo : según usted, prendre une filie de forcé, (esta 
idea le halaga , ¡ oh erótico joven ! ) es lo mismo que pren- 
dre une filie forcément. Es un error, mon clier : en el pri- 
mer caso, es tomar, con ansia, una cosa, contra la volun- 
tad de su dueño ; y en el segundo, es casarse por fuerza, 
con una muger que le imponen á uno los parientes. De 
esta presión ejercida , hah nacido les mariages de conve- 
nance, y el adagio vulgar de : < á mas de no poder, duerme 
uno con su muger.* 

Siendo á forcé de bras, también sinónimo, (al parecer de 
usted) de forcément ; pudiera yo haber dicho en mi aviso : 
«/a société de FoucauU et C* a été disouíe á forcé de bras. » 
Esplicándome al gusto de usted, no hubiera dejado de ser 
chusco mí aviso ; y solo usted , mi maestro de francés, lo 
hubiera comprendido. 

He dejado, me parece, comprobado, que no sabe usted 
gran cosa de fraqcés; y si, tácitamente, no conviene usted 
en ello , es que tiene usted un amor propio mas empe- 
dernido que la cabeza de un vizcaíno. (En todo caso, 
el Sr. Richardet, maestro de francés, vive en la calle de 
las Escalerillas.) 

No me precio, como usted lo hace en esto de francés, de 
poseer muy ó fondo la lengua castellana ; pero, como suele 
decirse aquí, en estilo muy familiar : ^buena es mi nana, 
para quien es mi tata.i^ Si juego con la palabra velas, cuya 
serie le incomodó, (y no era asunto para menos) es efecto 
de mi buen humor ; y dicho de paso y sin que nos oigan, 
debe usted de guardar las referidas velas , para aplicarlas 
á las ora centum, (las bocas cien) de su citación virgiliana; 
— ¿por qué, á tanta vela, cuanta boca; ó á tanta boca, 
cuanta velat... 

En mi comunicado del 10 de este mes, al reproducirlo, 
se cometieron varios errores de imprenta ; y entre ellos. 



ADVERBIO FORCÍHBNT. n 

salió el igratia tibiDominü que tanto excitó su jovialidad. 
Se publicó mi comunicado en el Siglo XIX del 10, era 
im sábado ; y el domingo por la mañana, en compañía de 
un amigo, fui á casa del Sr. Cumplido, y le dije estas pre- 
cisas palabras : — <Sr. Cumplido, las] equivocaciones de su 
corrector, nos van á motivar otro comunicado del Sr. Fran- 
gió. ¡ Qué gusto le dará atacarnos sobre el \gratia tibiDo^ 
miniU.. El Sr. Cumplido, cuyo talento tipográfico es en- 
comiado de todos, y su corrector, no tendrán embarazo 
en decirlo : me prometieron rectificar los equívocos, en el 
Siglo del mismo dia : así lo hicieron , y usted Sr. Franco 
lo vio sin duda ; pero, como le dice á usted mi amigo Thi- 
vol : •votre siége était fait.it Puede usted, Sr. Franco, 
pasar á la imprenta, le enseñarán el original del comuni- 
cado ; y si no dice \graíia tibi Dominel pongo á la dispo- 
sición de usted el único brazo que me queda. 

Pues, Sr. Franco, mi Aristarco por mayor, la crítica 
que usted hace de mi pobre latin , es endemoniada : debía 
usted de haberme atacado, no sobre Dominio (debia usted 
de suponer que esta falta provenia de la imprenta,} pero so- 
bre gratia, que no puede emplearse ahí en el nominativo^ 
sino al acusativo j por el sous-entendu que h^y de damas ó 
agimus. Se dice bien j laus tibi Domine 1 ¡ Gloria tibi Do- 
mine ! pero no igratia tibi Dominel : se debe decir incues* 
tionablemente, \gratias tibi Dominel — Bien conocí el error 
del corrector y el mió, cuando ocurrí á la imprenta ; y si 
dejé existente el de gratia^ fué para conocer qué tal pin- 
taba usted en esto de latin : su silencio en breve me reveló 
^e no era cosa su erudición, lo mismo que en el francés. 

En su tercer canto, como lo llamaremos, queriendo usted 
^lirse de madre (cual torrente impetuoso que es usted) y 
hablará la vez todas las lenguas, teniendo usted visos para 
mi de una torrecita de Babel , salta usted con una agudeza 
-en francés, para contestar á esto de mis velas, cuyo número 

2 



i8 i84é 

leflltísa; pero» Gariahno Sr. Pranco, edte clima del país de 
hs ehaMaSf no le asienta á usted ; se lo probaré» 
Después de haber osted citado del poeta Gremoiieiisé : 

•LingtJUB centum stmt, ora que centum, 
uFerfea vox, etc » 

íAé dice usted,, con esa gracia que le es genial : «permí- . 
tame usted que se lo braduzea, de p&ur que vom y perdiez 
votre laiin.* — ¡Qué chistoso es usted, Sr« FrancoL- 
pues el diiate de usted , que no es largo, es incorrectí- 
simo (no está usted de buenas). No se dice en francés : 
tdepeur que mms y perdiez votre laiin ; pero sí .<«&; peur 
que wus DT Y perdiez votre lalim : i Con sobrada razón 
(como usted ve) le aseguraba á usted que no sabía cosa 
mayor de francés ; y con todo se empeña usted en enseñár- 
melo!... En ésto de ftjreément va usted mal; pero en esto 
de negaciones peor. Así es que le aconsejo recorra usted la 
i^eciabiRsima obra de M. Collin D*Ambly, sobre el empleo 
d^ las negaciones en francés; consuHe usted k GirauH Du* 
vívier; de hinojos, lea usted á Hacine, á quien igualará 
usted un (fia (no digo cnaade) y rerá usted amo en su 
Phédredice: 

« Craignez, seigneuiry craignez que le del rigoureuXf 
« Ñe vous haisse assez pour exaucer vos vasux, n 

Ahora bien, usted ha querido sumirme, hasta re/us de 
mouton^ como decimos en francés, en estilo arquitectónico 
(cual á fuera yo estaca de la plaza de armas) ya sea en 
el francés,, ya sea en el latin ; y siendo así, es regular que 
usted me permita, me atreva tanüMn á criticar el castellano 
de usted que no me huele & muy castizo* Voy allii : al re- 
mitir usted á los Srss. editores del Siglo XIX^ su sin-^par 
comunicado del 14 de este mes, estampado en aquel perió- 
dko el i 8 del mismo; conformándose usted con la urba- 



ADVERBIO ftoRCéMENT. U 

«dad cfne^ ^b semejantes ^caMS, ae e^la, tes dice usteri : 
«Muy Sres. mios„ suplico ¿ ustedes 8e sirvan ÍDBert»r «n m 
jimódiGD ia sígiúente carta, dÍBpensmdo la mótestia que 
lea infiere aa afeeifeBno, etc. , ete. 

Chocándome ha espiecie de^^are, tmié im Díccimotio 
de la Academia españda^ y ieí en ^l : < inferir — mear come- 
emneia á nrgiüt tmu ecm de otra. « No sé si m la eir- 
constancia que sos oeopa, usted em mi garbo natura), y 
Bpfieando á ia prosa ias licencias (fe que astedes los poe- 
tas usan «n el verso, babrá usted emfyteaido mferir , por 
9cAs pintoresco , desdeñándose de ocurrir k causar , por 
usarlo Ja gente valgaa* y de poco' pelo : en» esto no me puedo 
meter, hasta ahí no se deiEdiaa mi di¡/sopompe\ sotamenfte 
me parece <fQB«sedi<5e : i^ímjSero áe tal cesa, que hará udte^ 
acpsella; tn/kro M acmblante dernted, que está u^A aK- 
▼i&do« V etc., etc. , etc. ; pero me sería bochornoso, ó al 
laénos ae me figuraría impropio, decir á una person'a á 
quien iría yo á inconvodar: «Disimule usted <^ le infiera 
esta mdestñu » JNo lue aaei»i btea^ aqueHa vot i suplico iá 
QBtedt Sr. Franca, me tuga sí estay equivocado. Ya sé que 
aquí ae dioe : < le ififirió una herida; le in/inó un agrati^a; 
el golpe que le m/Srió:, etc.., ^c. , ete. Puede que la ce»- 
tembne haya ssMÍoaade «ste modo de expresarse: es k) 
toicD qne puado infmr de aM; pero^, á mi- parecer, se ie 
ha ¿altado á la Academia. 

-Cuando usted dá fin (y es Lástima) á su era<fift) comuni^ 
eado; también dice isted: ^Nadit tienm qm koiíer cmpl 
fondo de cuestión, li Aquise le quedó á usted ei artículo en 
el tmtero, porque no le entiendo. Creo que quiso usted 
decir : » con el foinla tt la CMStioii. >» 

Penn lo que mis, más, me tí^e asom'brade, es queme 
barfa usted atacado en su comunicado , sobre errores de 
iraprnte' €» el latiu; y sobre uno qm def)é iesmttr whxnita^ 
rimaentéun el castellano, no levanta usted la "fOt siquiera : 



20 1844 

este error pasó desapercibido por usted, cual si fuera humo 
de paja. ¿Qué puedo infmr de ahí ?... , 

Cuando digo en mi comunicado : « No sé como el señor 
Franco no me conoce, ¡bien notables somos ambos !••• Yo 
estoy manco, el es cojo, etc.... Aquí hay una falta, y gra- 
ve. No debia yo decir estoy ^ sino soy. En la gram&tica de 
D. Vicente Salva, edición de Paris, de 1840, se encuentra 
á la página 200, un capítulo que trata del uso de los ver- 
bos ser ó estar ^ y dice : < como muchos hallan difícul- 
« tad en saber cual de los dos verbos ser ó estar, han de 
c emplear en determinados casos , convendrá fijarlo por 
« medio de esta regla sencilla : se usa del verbo ser, cuando 
c la idea expresada por el sustantivo, adjetivo ó participio 
« que se le junta no se considera como una idea de estado, y 
< del verbo estar, cuando se considera como tal, etc., etc.» 

Debia yo de haber dicho : t Yo soy manco ; porque ex- 
preso una idea que no es de un estado transitorio: no estoy 
manco momentáneamente, sino que lo soy, sin poder 
jamas dejar de serlo. Suponga usted, si quiere (y este es el 
caso) que haya yo nacido sin brazo, como se encuentran 
perros que han nacido sin cola. Lo propio, casi, sucedió 
con usted Sr. Franco, en esto de su cojera (y crea usted 
que lo siento). De resultas de un accidente, según me han 
informado, usted quedó cojo; pero la desgracia de usted, 
es tan irremediable como la mía : es común entre nosotros 
la idea de un estado constante, invariable; así es que debo 
de emplear para usted como para mí, el verbo ser, al ha- 
blar de nuestros defectos físicos. 

Usted me hace notar, al fin de su tercer párrafo, la di- 
ferencia que hay tají enorme, entre la contestación del 
Sr. Thivol (redactor del Correo francés) y la mia; sin por 
esto, darse usted por vencido, ni por él, ni por mí, ¡tal es 
usted de aferrado en sus desvarios !... El Sr. Thivol, le haré 
observar á usted, no tiene, como yo, agravios que vengar. 



ADVERBIO FORcáVENT. 21 

Usted, diando & mi palabra forcément^ un sentido que no 
tenia, me comprometió altamente; y mucho más, sacando 
usted de ella consecuencias que, para mí, pudieran ha- 
berse vuelto muy funestas. Si usted lo hizo con malicia, 
esta fué criminal ; fué una acción mala, y entonces , con 
hiél y no con miel en la boca, me fué preciso contestar. 
Ahora, si usted me confiesa, de liso en llano, que solo el 
no saber usted distinguir el ^niiáo figurado en que empleé 
forcément^ provocó de parte de usted el torrente de aser- 
ciones falsas que usted vertió por antojo en su primer co- 
municado ; variará immediatamente de aspecto el asunto : 
me daré por satisfecho, no quedando en mí, ni la menor 
sombra de rencorcillo, y lo excusaré diciendo : errare hu- 
manum est. 

Puede ser también que usted diga la verdad, y que 
distemos mucho, el Sr, Thivol y yo, en esto de educación 
y de erudición ; la mia que es poca, no huele k violeta, jaz- 
min, ó rosa de Castilla; nada tengo de romántico; no uso 
guantes color cuisse de nymphe ; una raya artísticamente 
trazada en el pelo, no divide mi cabeza cual dos hemis- 
ferios : rudo subdito del rey ciudadano (quien es, para 
usted, de mauoaise mazson), me resiento en algo y aún 
a¡goSf como diría Sancho, de Fénergie des faubourgs. Us- 
ted dirá, no lo dudo, que en mi tierra fui cargador ó agua- 
dor; pero, en todo caso, si este último oficio fué el mió, 
confiese usted que á mi chochocol le fluye, y que de agua 
le cabe más de un viaje. 

¡Dichoso usted que recibió una educación final... Su 
talento precoz, al Toma-voz (1) le da vida; al Liceo Mexi- 
cano lo enriquece; y critico profundo, no le faltan á usted 
más que dos cosas : más estudio, y menos confianza en 
sus nacientes fuerzas. Convencido usted de la posición que 

(i) Periódico j pablicaciooes títererias en que escribia el Señor licenciado 
Franco. 



22 li»44 

guarda, en el muMÍQ literario^ n» votveri usted & infem 
mefas nootestías ¿su afectísimo servidor : será fayonpe 
este te raeteoerii, besáadole en esta esperanza la mano^ y 
CCM9 mocha mas razón, si esta se le presenta armada eos 
su muy temible pluma. &. Obiot» 

EL REGISTRO OFICIAL. 

TTCtOHlA DE DBRANGO, MATO 30 BE 1'844. 

SATiWAGCioa AI. Corneo 



Nos quejamos en mío dé naestros números anteriores de 
la poca consideración con qae se trataba á la nación por 
un tal Mr. Oriol, que calificaba como obra de la fuerza 
los efectos de la ley del menudeo : fundamos esta queja en 
el análisis que el Sr, A. Franco hizo de su anuncio, publicado 
en el Correo Francés^ iro dudando, como no dudamos, de 
qtie conoce bastante bien el francés y que por consiguiente 
podiamos confiamos en la traducción de dicho anuncio. No 
teníamos el original á la vista. 

Mr. Oriot saKó á la defensa de su anuncio, reforzatfo por 
nuestro estimable compañero Mr. Thivol, y una reñida 
contienda se trabó sobre la genuina significación del ad- 
vervio forcément que el Sr. Franco tradujo como equiva- 
lente de — por la fuerza \ — y sus adversarios, como de — ne- 
cesariamente^ pcnr urm consecuencia necesaria. — Mr. Oriot 
ha traspasado en la polémica todas las reglas de la ur- 
banidad, haciendo ostentación de un carácter insolente y 
chocarrero. Nuestro estimable colaborador, aunque bas- 
tante cáustico, ha conservado aquella dignidad que res- 
plandece en sus escritos y tratado la cuestión oon el talento 
que le es conocido. Últimamente se ocupó también de 
nuestro artículo, exitándonos á hacer una rectificación sobre 
las ideas que emitimos, y vamos á complacerlo. 

No entraremos en la cuestión del advervio forcémmt^ 



ADVERBIO FOfiCéflíBNT. 23 

aunque tampoco eoncederémos toda la razón áios impugna- 
dores de nuestro amigo el Sr. Franco; él la ha tenido pora 
interpretar el penst^miento de Mf. Oríot como lo ha intor* 
pretado, porque se ha pretendido hacer pasaa* uiía hosti- 
li(faid á la sombra de una palabra ambigua : nuestro apre^ 
ciable compañero Mr. TbiiFol no puede constituirse defensor 
del anuncio, sin sarlo también de un pleonasmo que causa 
grima, lo que es imposible de suponer en su conoddains* 
tracción : admitida «u traducción, diría asi el aMieo, — 
que por consiguiente la dicha sociedad queda disuelta n«* 
cesaríamente , ó por una tonsecuencia necesaria : ( qiten 
conséquence la dite soctété est dissouie forcément. ) Esta 
locución, eminentemente viciosa, no será prohijada por 
nuestro ilustrado compañero. Aunque en esta polémioi han 
prodHcfdose las autoridades de los mejores Lexicógrafos, 
creemos que la copiada al calce (i ) es tan oportma oonao 
respetable para probar que eil Sr. Franco no ha careddo de 
razón en su censura. La estrechez de nuestras columnas no 
nos permite amplificarla, y otro punto reclama preferirte- 
mente nuestra atención. 

Animados por un espíritu patriótico como el que apreda^ 
mos y respetamos en el estimable redactor del Correo^ diji- 
mos que la Francia pretendía legislar dentro de las na- 
ciones extranjeras , y citamos en apoyo el art. 2003 de su 
código civil, que refiriéndose á los casos en que un francés 
puede ser apremiado judicialmente , declara que fuera de 
los expresados no está obligado á consentirlos, etan cuando 
hayan verificádose en país extranjero^ so pena de nulidad^ 

(i) rpr<ta««t, a<fr. Iltet écrire (ce not ftvec ua acceat aígarar Je ftvfm 
E.-D*ane paDiére Torcée. Coaeté, It 91 Tait uoetelle acüon, mas q'^x forgément^ 
M. RollÍD s'est sen\ de ce mot en parlant de Philippe» Roí de Macédoine, loraqu^it 
foit áive lii MhKéne, prauier M agistrat des Acbéem : £st«ee forcámmU o« psr 
cralole, ou f<floiilaireai^e»l q»*il a al>aiidoB«é les d4fi4és de P£pire ? Q4«t¡(|i^ ía 
tígDification da mot forcément soit assez intelligible, il ne sera pas un hors de 
propos de diré, qu*il signíie'Parferce» parcofitraiirte.-'I>icTioiHHinuri>vTlafOvi. 



24 1844 

gastos etc. — El Sr. redactor responde que esta ley sola- 
mente ríge en el territorio francés, que no se exige su eje- 
cución en los países extranjeros» y que el legislador quiso 
únicamente que dentro de la Francia ningún francés pu- 
diera ser reducido á prisión, en virtud de actuaciones 
practicadas en el extranjero , cuando aquellas versaran 
sobre hechos en los cuales la ley francesa no autoriza el 
apremio judicial. 

En aquella respuesta se ha eludido simplemente la 
cuestión, dejándola toda en pié : M. Thivol confiesa que si 
los procedimientos judiciales de una nación, ó mas claro, que 
si las sentencias de sus tribunales han defínido una cuestión 
en contrarío sentido á la ley francesa, aquella sentencia no 
tiene su ejecutoría en Francia, y que la disputa que decidió 
debe ser tratada nuevamente ante sus tribunales, los cuales 
la decidirán en contrario sentido si así les parece. El Sr. re- 
dactor tiene mucha razón, porque los artículos 2123 y 2128 
del citado código y el 546 del de sqs procedimientos no 
conceden valor alguno á las sentencias de los tribunales 
extranjeros, pues las causas decididas por ellos solo pro- 
ducen acción y deben ventilarse de nuevo ante los tribuna- 
les franceses (1); de suerte que si un mexicano gana un 
pleito á un francés y éste logra escaparse, corre el peligro 
de perderlo en Francia. 

Pero es nada lo dicho en comparación de las terribles 
consecuencias á que dan lugar otras disposiciones de la 
misma legislación : el art. 3 del código civil establece la 
siguiente regla general : — las leyes concernientes al estado 
y capacidad de las personas ^ obligan á los franceses, aun 
cuando residan en país extranjero. — El Sr. Thivol con- 
vendrá en que esta ley nada tiene de liberal, que ella viola 
las máximas de derecho público universalmente recibidas,, 
y que atenta á la mas preciosa de las libertades de los mis- 
il) Legau— Gode des étraogers, cap. 9, párr. gclxtiii. 



ADYBBBIO FORCiUENT. 25 

mo8 franceses; á la de buscarse una patria y á la de sa- 
cudir el yugo de la tiranía que lo obligó á abandonar la suya. 
Mas prescindanQOsde esta consideración, que es meramente 
personal, y veamos el influjo que ejerce tan exhorbitante 
principio sobre la soberanía de las otras naciones y la suer- 
te de sus ciudadanos. 

Emanación de aquel principio es el art. i 70 con los 
otros á que se refiere, y por ellos vemos que en Francia no 
se reconoce la legitimidad de un matrimonio celebrado en 
el extranjero, si han violádose las reglas que establece su 
legislación; tales v. g. como las de que precedan las amo- 
nestaciones y la licencia de los padres, si es menor de 
edad el cónyuge. Los tribunales han declarado nulos algu- 
nos matrimonios por la falta de aquellos requisitos (1). 

Concedemos que tales* disposiciones legales son muy 
justas, muy convenientes y sobre todo, eminentemente 
morales; pero en México y otras naciones la jurispruden- 
cia es directamente contraria, y la nuestra lleva el absurdo 
hasta reconocer un legítimo y verdadero matrimonio en el 
que realmente es un rapto por seducción. La legislación 
francesa impone al extranjero la obligación de conocer la 
capacidad legal del cónyuge, y por eso declara nulo el ma- 
trimonio celebrado entre cuñados. 

Fácil nos sería producir una multitud de ejemplos 
semejantes y aun diversos, porque el terreno es feraz, mas 
los citados bastan para establecer la proposición que asen- 
tamos y que nos combate nuestro estimable compañero ; 
conviene á saber : que la Francia tiene la pretensión de le- 
gislar aun dentro de las naciones extranjeras , pues que 
para este efecto lo mismo es que les imponga sus leyes, 
que el que declare nulos los actos de sus autoridades, cuando 
no se ha conformado á ellas. La Francia ha pretendido 
también lo primero siempre que se le ha presentado una 

(i) God. dL, párr. ccunr, al fin. 



26 i 844 

ocasión, pues sabido es que cuando Napoleón invadió el 
Egipto , expidió una ordenanza declarando que serían de 
ningim valor en Francia todos los actos pertenecientes al 
estado civil que no estuvieran registrados por los comisa- 
rios de su ejército. Convengamos de buena fé en que estas 
pretensiones son exhorbitantes é injustas, pues tienden á 
favorecer la prostitución de los aventureros que á la som- 
bra de la legislación de su patria, podrían intentar una 
seducción introduciendo el oprobio, la desgracia y la deses- 
peración en el seno de las familias. 

Esta es además una crítica que no debe ofender la sus* 
ceptibilidad de los franceses, hasta el punto de hacemos 
pasar como sus enemigos á los que la hacemos; ¿fueron 
acaso infalibles los legisladores franceses?... No; ellos es- 
taban inspirados por la ambición y el orgullo del grande 
hombre de los siglos, que quiso reunir á todas las naciones 
bajo de su cetro y que se propuso conservarse subditos 
y soldados en todas las partes del universo : esas leyes 
han quedado en los códigos porque satisfacen al orgaHo 
nacional ; á la manera que conservaron los monarcas es- ' 
pañoles los títulos de rey de Jerusalem, de las Sicilias etc. 
cuando ni aun esperanzas podían alimentar de reconquis- 
tarlos. La cuestión es meramente literaría. 

Esta es la satisfacción única que podemos dar á nuestro 
apreciablc compañero; en cuanto á Mr. Oriot, solo vimos el 
rapto de uno de esos impertinentes que solo piensan en sa- 
tisfacer su resentimiento, sin calcular el perjuicio que hacen 
á sus demás estimables paisanos, y por eso lo presentamos 
como un rasgo de singularidad. 



ADVBRBIO FORCáüENT. 27 

CONTESTACIÓN 
A LOS Sbes, editores DEL REGISTRO OFICIAL DE DURANGO, 

Ya salieron á campaña contra mi, los editores, el editor, 
ó 6emi*edrtor (porque es poco períódice para todo ub 
hombre) de vn Lapóníco (fiarlo del tamoáo de la palma de 
la mano^ cuyo título majestuoso es el de Registro oficial^ 
y que se publica en Duraugo. Dichos señores, en su im«« 
mero del 30 de Mayo que murió, me llaman chocarrero^ 
insolente^ por poco girafa^ porque me defendí como pude, 
de las interpretaciones falsas del señor Franco. Se quejan, 
de mi falta de urbanidad en polémica, y para probarme 
la suya, me dan unos epítetos que solo pasan á favor de 
laff distancias. Gon todo, voy á oonte^r á mis Zoiliios 
can una dulzura tal, cual si fuera yo de terciopelo, 

Así empiezan estos nuevos encurtidos en francés, {¡ojala 

y b fueran en vinagre!) « No entraremos en la cuestión 

« del adverbio forcément, aunque tampoco concederemos 

«• toda la razón á los impugnadores de nuestro amigo el 

« semr Franco. » ¡Qué galímatias es este!,, i Quieren 

ustedes dilucidar una cuestión, sin tomar en ella parte?.. • 

Es un contrasentido igual al que cometiera uno diciendo: 

« y©y Á fallar juzgando per intuición, i^ ¡Vaya un modo 

con&iso de esplicarse!... Pero sigamos adelante. < ^/ 

« ^ñor Franco^ dicen ustedes, ha tenido razón de inter-- 

• pretor el pensamiento de M. Oriot, como lo ha interpre- 

€ íado^ 1» íSe trata de sueños acaso? Podrá el señor 

Franco^ nuevo José, interpretar, si le parece bien, los 
del Rey Pharaon ; interpretará cosas oscuras , caracteres 
jat)glíficos por ejemplo, las leyes antiguas, etc. etc. ; pero, 
Oki anuncio, tan claro, tan sencillo, en nada enigmático, 
¿^e ipié interpretaciones necesita?... Lo reproduciré por la 
vigéamavez : ^en conséquence^ la dne société esi dissoute 



28 1844 

forcément. » No hay aquí, ni puede haber restricción 
mental alguna; (¡qué! ¿soy yo Jesuíta?) y veo con acerbo 
dolor, que ustedes, en su modo de comprender, están menos 
adelantados todavía que en el de esplicarse. No hay, lo 
repito, hostilidad en mi anuncio, más que la que me 
prestan; palabras ambiguas, solo pueden existir, mas solo 
para los que no las entienden : mi sociedad fué disuelta á 
consecuencia de una ley, cuya fuerza era moral toda; la 
disolví forcément : es decir, mut/ á pesar mió , contra mi 
voluntad^ obedeciendo á un poder irresistible, cual es el 
de la ley. La lengua de ustedes, señores editores del Re- 
gistro, no me presta ya más voces para esplicarles el sen~ 
tido de un adverbio, que más se les atoró que si fuera beefs- 
teak inglés medio crudo. 

Siguen ustedes diciendo : t nuestro apreciadle compañero 
t Mr. Thivol, no puede constituirse defensor del anunciOj 
« sin serlo también de un pleonasmo que causa grima, lo 
« que es imposible suponer en su conocida instrucción, » 
¡Otro contrasentido!... Si mi amigo Thivol es de mala fé, 
prestándome su fuerte apoyo, no debiendo hacerlo, ¿cómo 
pueden ustedes, sin comprometerse, declararse los amigos 
y compañeros de un hombre de poca fé?... Si lo hizo por 
ignorancia; es falso entonces todo lo que ustedes dicen de 
su conocida instrucción ; y más abajo : nuestro ilustrado 
compañero ; y más arriba : la dignidad que resplandece en 
sus escritos. A mi entender, un favor, muchas veces, suele 
ser un disfavor; y en vista del resplandor lógico de los es- 
critos de ustedes, prefiero que me digan asno : á más de 
uno prestaré mis orejas; el incienso que prodigan ustedes, 
me huele de veras á cosa de ajo. 

Hablan ustedes, señores editores, de pleonasmo que causa 
grima; ¿dónde hay pleonasmo en mi anuncio?... Qué, 
¿ignoran ustedes lo que es pleonasmo?... Según lo entende- 
mos todos, es una figura de retórica que indica superabun- 



ADVERBIO FOBG^HENT. 29 

dancia de palabras. ¿Dónde se halla en mi anuncio esta 
superabundancia de palabras? ¿Hay dos de ellas acaso que 
tengan el mismo sentido?. •• ¡Ahí | qué prurito el de uste- 
des, señores, de ensartar palabras vacías, como les parezcan 
de qrand effet : qué fraseología tan cansada la suya !. • • 

Mas, prosigamos. Hasta ahora, habia yo creído que, 
camar gríma^ se empleaba queriendo uno manifestar hor- 
roTj espaniOf al ver ü oir una cosa; causan grima los rugi- 
dos del león, la vista de una iguana, no hay animal más 
feo; fundo mí opinión en la de cierto jugador de tresillo; 
oigan ustedes el cuento , si no lo saben ya : « Estaba un 
« día, un señor algo serióte, de ceja poblada y de voz ronca, 
c sentado á una mesa de tresillo, muy imbuido en las com- 
« binaciones de sus cartas, y le hostigaba el acceso caluroso 
« de un curioso, cuya cabeza hecha una con la suya, mira- 
« ba su juego con una atención empachosa. Fastidiado el 
« jugador con el importuno mirón , se le voltea y le dice : 
« — ¿caballero, me hace usted el favor de decirme, cuál 
«es el animal más feo?.. Sorpréndese el interpelado, y 
< contesta : — señor, me parece que es la iguana; « pues, 
« señor iguana, le responde, hágame usted la gracia de re- 
« tirarse. » 

A cuántos pudiera yo decir : « señores iguanas, ¿me ha- 
cen ustedes el favor de callar? » 

Los señores mis registradores ^ refiriéndose á : «en con- 
« séquence, la dite société est dissoute forcément » , pronun- 
cian su fallo magistral, y dicen : « esta locución eminente- 
« mente viciosa , no será prohijada por nuestro ilustrado 
<í compañero. » ^No causa grimisima^ que unos hombres 
que ni siquiera pueden atinar con el sentido de una sola 
palabra, quieran decidir como jueces arbitros en nuestra 
escabrosísima lengua, que tan pocos, aún entre nosotros^ 
escriben con propiedad? — Pero, vamos á dar á los señores 
vecinos de los indios Apaches el último golpe. Se me secará 



80 iSM 

la lengua : mas para confofidír la imprudcaieta de airaos, 
solo que Qie la.c(Mrten, dejaré de hablas. 

Ahí esta la nota ooncluyente de xnis tenufales adiveraa- 
rios: 

(c Pcrcément, adv. ü faut écrire ce mat avec un accent aigu sur le 
premier E : il á fccit wu téüte ocKd/i^ mois c'est forcément. • 

Ya ustedes ven^ sefioves, que la neta tk) es lai^a ; po», 
es un disparate toda ella, y lo voy á probaou 

lEl acento agsndbs cifiya auaenda me i^procbaKi ustedes 
en fortsément^ puede que lo olvidara el impresof al estam- 
fuar mi anunGÍo^ como se olvidó de otras mil cosas; pero, 
fii á HKÍ me fiAta^ á «tedes les sobra : en il ¿^ tftFea*a 
persona del presmte del verbo avoir, jamas, que yo ^epa, 
se ba puesto en la o, acento alguna Se escrHíe il az lafra- 
se> ademas, que citan ustedes, y que suponen francesa, 
Bo tiene sentido: ¿á (pie no la interpreta ni el señor 
Franco ?..«.. « ti a fiát w^e telle actvm (aquí, pvato y coma,) 
mais ¿ettforciment » (aqiaí, mm cbIm « éúé fbf'ieérmni : es 
preciso hacer concordar los tiempos de icsverbosi.} Súfrase, 
repito, señores editores del ñe^stro^ no es ^Ywjra¿^; cuan- 
do mas, será Gauloise : tel^ telle^ es adjetivo eoni|Harati^o 
demostrativo : tampoco lo saben ustedes emplear» 

Bien me pongo & considerar, que habrán querido uste- 
d^, conH) su amigo el señor Franco, soltar tamUien su cita- 
cioncíta en fraancés; (oon m&s corr^^on, se entiende,) 
pero « inciéit íh Scyilam cupiens vitare CharyMim^ » esto 
les aguarda, ñn remisión, siempre que se na«tan á esoríbir 
en fran<^ (sin saberlo bien) ó á discutir sobre materias 
que completamente ignoran. 

En coanto á sw apelaciones á RoUin y al vqetie Trevoox, 
ettas puntualmente los condaian. ¡ Qué triste es qm no k> 
conoecan!... 

Con todb, yo no my ingrato : mi ¡nimar nvaestro de 



ADVERBIO FOBCÉMBNT. ai 

francés , el señor Franco » me enseñó á doch* : • de peur 
que vcus y perdiez vaire latín ; » los segundos : t iV ¿ fait 
une telle action maü c'eRi farcément. » ^ Dios les dé k 
todos ustedes, muchos años de vida, para que me conti- 
núen sus lecciones!. •• En esta di^e esperanza, me repito 
de ustedes, el mas agradecido de todos los discípulos, que 
sus manos besa, G. Oriot. 



2«. A&TICÜLO DEL EEGimilO OFICUL. 

Hb. ORiOT Y EL ADVERBIO FOnCÉMENT. 

Mr. Oriot ha protestado reiteradamente que no quiso y 
ni aun pensó ofender á la nación en el aviso que le criticó 
el Sr. Franco, y estas simples protestas nos habrían bastado 
para damos por satisfechos, sin entrar en más calificacio- 
nes ; pero como Mr. Oriot ha intentado satisfacernos pro- 
bándonos que somos ignorantes, y aun hacreido necesa- 
rio dar un impreso suelto, dizque para contestarnos^ fuerza 
es hacerle comprender, que también lo comprendimos, y 
que, aunque nacidos en México, entendemos las injurias 
que se nos hacen en francés ; bien que nuestros conocimien- 
tos no alcanzan todavía á discernir las que proceden de 
ignorancia ó de malicia. 

Dice usted Mr. Oriot, que forcément significa par forcé 
y no par la forcé; que lo primero no tiene mas equivalente 
que — necesariamente ^ indispensablemente^ por una conse^ 
cuenaa necesaria, y lo segundo — á—por la fuerza, añadien- 
do usted que el adverbio citado no incluye idea alguna de 
videncia ó de coacción, como lo incluye el modo adver- 
bial, por la fuerza, de que usó el Sr. Franco. Esto es todo 
lo que se ha dicho, excepto las injurias, los ultrajes indebi- 
dos que usted ha prodigado á aquel joven estimable, y ex- 
cluidas también las aluciones, equívocos y anécdotas poco 
decentes con que ha sazonado sus escritos. Aunque vecinos* 



32 í 844 

de los Apaches^ recien encurtidos en francés^ lapúnicos^ ig- 
norantes, etc., etc., vamos á probar á usted que par forcé 
tiene también la significación de por la fuerza, incluyendo 
necesariamente la idea de coacción ó de violencia, y con 
esto quedará desempeñado nuestro intento. 

1.° El Diccionario universal francés-latino, vulgarmente 
llamado de Trevowc , encargándose de explicar todas las 
acepciones que tiene la palabra forcé, dice : que se comete 
el crimen llamado de fuerza privada , cuando se exige de 
alguno el pago de una deuda /xzr forcé, ó entrando en la 
casa agena par forcé \ es decir, por la fuerza, ó con vio- 
lencia. 

2.** El Diccionario universal, etc., deBoiste, dice en la 
misma palabra que á, de , par forcé, son adverbios que ex- 
presan violencia. 

3.' El mismo dá á forcément la significación áepar for- 
cé, par contrainte, y pone el siguiente ejemplo : — Tout ce 
qui est fait ou dit forcíment est mal dit et mal fait. 

4.** El mismo, en forcer, dice — prendre par forcé une 
citadelle ; ouvrir par forcé , ou déranger par violence une 
serrure, une prison, etc, y usted confesará, Mr. Oriot, que 
todo esto se hacejoor la fuerza ó con violencia. 

5.* El mismo en su Diccionario de sinónimos dice que 
forcer supone una coacción mayor que contraindre, pues 
explica el ataque dado á la libertad por una autoridad pode^ 
rosa. — Mr. F. Raymond lo ha copiado en el suyo. 

6.* Mr. P. Restaud en su Tratado de ortografía france- 
sa, en forma de dicciofmrio, dice, que á, de, par forcé sig- 
nifican con esfuerzo ó violencia. 

Si de la autoridad de los Lexicógrafos descendemos á la 
de los escritores, encontraremos, que los de mejor nota 
han usado de aquel adverbio, ó modo adverbial, en un sen* 
tido que incluye la violencia y la fuerza. 

7.° Mr. Rollin, citado por el Diccionario de Tra^ovx, 



ADTEftBlO FORGÉMEIST. 33 

pone el siguiente discurso en boca de Aristenes refiriéndo- 
se á la retirada del rey de JVlacedonia. « EstH;e forcément^ 
Olí par crainte, ou volontairement qxiil a abandonné les 
défiiés de PEpire ? — Hé aquí los tres únicos motivos que 
pueden determinar las acciones humanas , la fuerza» el te- 
mor y la voluntariedad. 

8.** El célebre abogado Mr. Cochin^ dice en su consulta 

sobre la causa de Rapalli (1) : «Un rico negociante que 

c lleva todos su bienes en una cartera, es asaltado por un 

« ladrón que se apodera de ella par force^ ou par adresse^ 

< é inmediatamente se le amenaza^ etc. » 

9.* Tratando Rousseau (2) sobre el derecho del más 
fuerte dice — «si se debe obedecer, par force^ no hay nece- 
« sidad de obedecer por deber. » 

10.* Moliere escribió una comedía intitulada le Ma- 
riage par forcé , y el tal matrimonio se verifica merced á 
las palizas que da Alcidas á Sganarelle que rehusa casar- 
se con Dorimene. 

11.** En la traducción del Paraíso perdido , pone Deliile 
las siguientes palabras en boca de Satán, excitando á Bel- 
zebuth á la reconquista del cielo : 

ProfUons de nos maux ; par forcé ou j:ar adresse 
Attaqmm le tyran etc. (3). 

12." Mr. de Chjateaubriand ha traducido el mismo pa- 
saje así : — « mejor éxito podremos tener determinándo- 
« nos á hacer con la astucia ó par forcé una guerra eler- 
• na, etc. » — En el canto 6.^ dice que los demonios se 
formaron en batalla , resueltos á triunfar del Mesías par 
forcé ou par fraude (4). 

1 3.* El célebre historiador de la Conquista de [íif/la- 

(1) Obras completas, toin. 4, pág. 67, edic en 8o, 1821 cd París. 

(2) Contrato social, lib. I, cap, 3. 

(8) Canto I, pág. 60, edic. en 12.<», 1819. París. 
(k) Edic en 8.* de 1839, pág. 6 y 180, París. 

3 



U «844 

ierra por los Normandos (1 } hablando dd establedmieato 

de los Lkegrwys en las tierras ocupadas por los Kymrys, 

dice : — « para hacer lugar á estos recien venidos, los pri* 

« meros colonos se situaron á lo largo de la costa occi* 

< dental, ya voluntariamente, según una antigua tradición, 

« ya, par forcé j que parece lo mas probable, etc. » 

H.* La Fontaine concluye asi su fábula del Lean y el 

Ratón : 

YaJtience et longufur de temps 
F(mt plus que focce ni que rage (2). 

15,* ComeillehsL dicho, aunque no recuerdo donde, 
II regne aoec doueeur mai» il reyne «\b forcé 

y Mr. Oriot habrá oido alguna vez aquel viejo proloquio 
francés. 

Tout par amour, et rien par forcé. 

Después de una larga y penosa peregrinación en pos de 
aquel adverbio malhadado, no nos exigirá mas pruebas 
para convencerlo de que par forcé equivale también á par 
M force^ y se traduce castizamente en español por la fuer- 
za; mas para darle el golpe degrada le citaremos una últi- 
ma autoridad. 

16.* En el Arte de traducir el idioma francés escrito por 
D. Antonio Capmany, revisto y aumentado por D. Antonio 
Alcalá Galiano, se encuentran los siguientes modismos con 
sus traducciones (3). 

Prendre une viüe par force^ 
Ganar una ciudad por asalto. 
II veut robtenir par forcé. 
Quiere conseguirlo á la fuerza. 

Esta Última autoridad bastaría para vindicar al Señor 

(I) Mr. Aguiün Thierry, tomo i®, pág. 5, tercera edie. tn 8«^ 1880, Parii. 

(S) Lili, y, rab.ll. 

(8) Páf • 76 7 266, edic. de Salta, i885« 



ADYBRBIO FORGIÍMBNT. M 

Franco de la nota de ignorante, aun cuando hubiera equi- 
vocádose ; mas ella y el cúmulo de las que la preceden com- 
prueban que el error ha sido de sus gratuitos y poco cor- 
teses detractores, á no ser que Mr. Oríot conciba que un 
ladrón puede robar la bolsa ó forzar una cerradura , y un 
general tomar una ciudad por asalto , por una consecuen- 
cia necesaria {forcément)^ ó lo que es peor, á su pesar 
(par forcé). Esto no es castellano ni francés, esto es un 
puro y neto barbarismol Mr. Oriot, usted ha tomado una 
preposición (maigré) por un adverbio, y no ha sabido dis- 
cernir su legítimo uso; por eso le dijimos con el Dicciona^ 
rio de Trevoux-^ t aunque la significación de la palabra 
• forcément sea bastante inteligible, no es fuera de propó- 
« sito advertir que ella significa />ar force^par contrainte\ii 
es decir forzadamente ^ de una manera for^íoda^ violentado 
por una fuerza que no se puede resistir* El recto uso de los 
sinónimos es muy difícil, Mr. Oríot, pero se distinguen; 
véalos usted en el siguiente ejemplo que trae el citado Dic- 
cionario : — « II faut forcer notre esprít, et le porter maigré 
luí k envisager la vérité, » 

Después de cuanto llevamos expuesto, todo hombre im- 
parcial y medianamente conocedor del francés, convendrá 
en que el aviso de Mr. Oriot era injurioso á la nación, 
dájidole su natural y recta construcción ; decia así subs^ 
tancialmente : — « G. Oríot avisa al comercio que en virtud 
c [par suite) de la ley que prohibe el menudeo á los extran*- 
< jeros, F. F. y el^ G. O. quedan excluidos de la sociedad 
« F« ; por consiguiente t la dicha sociedad ha sido disuelta 
« forcément {en conséquence la dite société est dissoutefor^ 
cément). — Aquí no cabe, en buen lenguage, el necesma^ 
mente ó por consecuencia necesaria ^ como se pretende, 
porque resulta un pleonasmo que distinguirá un muchacho 
de escuela. Si Mr. Oríot quiso decir, que la sociedad que*- 
daba disueltdi d pesar suyo^ debió decir rmlgré VMi y no 



r 



I 



36 i 844 

forcément. Resulta de todo, que ó tuvo una segunda inten- 
ción {arrüre pensée) al usar de aquel adverbio, ó que no 
supo ennplearlo debidamente. Le dejamos la elección. 
El buen Mr. Oriot ha ridiculizádonos y favorecídonos 
con muchas de sus lindezas por la siguiente frase que se 
encuentra en nuestro núm. 240. — c II a fait un telle ac- 
« tion , mais c'est forcément. » — dice que es un disparate 
ella toda^ etc., etc., y la corrige á su modo. Bien podrá 
suceder, pero no es nuestra^ la hemos copiado literalmen- 
te áú Diccionario de Trevoux... \ Ha echado usted palos 
en seco, Mr. Oriot!... 

Aunque hayamos procurado instruirnos en el francés, no 
tenemos la presunción de saberlo, ni. aun como usted, Mr. 
Oriot , y por eso verá que no escribimos ni una frase de 
nuestro caletre : imítenos usted, Mr. Oriot, y sea un poco 
menos vano, pues el castellano también tiene dificultades 
que aun los españoles mismos desconocen : usted nos ha 
enseñado á desconfiar con sus grandes errores gramatica- 
les, pues por sus escasos conocimientos en la sintaxis y 
ortografía castellana ha dicho (1) que el adverbio /&rc¿- 
ment — « era un abogado de mucho mérito ; un lexicógrafo 
« de los más célebres y el que más escribió quizá sobre la 
t lengua francesa » — ; ha pretendido también poner en 
ridículo al Sr. Franco por el sentido en que empleó el ver- 
bo inferir, logrando solo evidenciar su ignorancia en nues- 
tro idioma ; no queremos ocuparnos de ciertos modismos 
muy de usted , tales como los de pretender á licenciado, 
interpretar sueños, etc., etc., porque lo disculpamos, aun- 
que no merecía tal tolerancia el que se quiere constituir en 
maestro de idiomas que no conoce. 

Somos mexicanos, Mr. Oriot : la nación de usted nos ha 
tratado indignamente, hoy se nos amenaza todavía y hemos 
notado que cualquiera zopenco venido de Ultramar, se cree 

(i) Suplemento al o. 885 del SigloXlIL, col I, lid. &0 f liguieotciL 



ADVERBIO FORGIÍMENT. 37 

con derecho para insultamos y despreciarnos, quizá, por- 
que nos reconoce menos poderosos é ilustrados que algu- 
nas naciones de Europa; mas advierta usted, Mr. Oriot, 
que la ignorancia nuestra no prueba la sabiduría de ellos ; 
recuerde que la debilidad y la desgracia tienen fueros que 
no se pueden violar sin infamia ; entienda en fín , usted y 
los demás, que si la fuerza y la prepotencia consiguen en- 
vilecer y degradar á los que oprimen , en los mexicanos 
crece el orgullo en proporción de la injusticia y de la vio- 
lencia con que se les trate ; veneramos y amamos cordial- 
mente á los que nos dispensan sus simpatías, mas también 
pagamos el desprecio con el desprecio, y el ultraje con el 
ultraje. 

No por esto vaya usted á imaginarse aue participamos 
de esa ruin y salvaje antipatía que algunos alimentan con* 
tralos extranjeros; no, Mr. Oriot, lejos de eso, creemos 
que la ilustración, la grandeza y la ielicidad de México de- 
penden ESENCIALMENTE de la más ó menos protección que 
dispense á la emigración europea ; y creemos también que 
nuestra patria descenderá más y más, basta perderse en 
la nulidad, si no abandona enteramente esa política mez« 
quina que ha reforzado á nuestros enemigos del Norte, 
debilitándonos en proporción de sus creces. Deseamos pues 
la emigración como puede desearse la felicidad y la vida; 
maldecimos los obstáculos que nos la alejan , y devoramos 
en secreto la vergüenza que nos causan los que los oponen; 
pero deseamos amigos que nos ayuden y nos conduelan, y 
no zoilos que nos insulten y nos befen. En cuanto á nuestra 
polémica, repetimos, que nos damos por satisfechos con la 
protesta de usted, y que por nuestra parte la cuestión queda 
terminada. 



3S 1844 

Artiele cMumimlqiié. 

10 de agosto de 1844. 

UMma contesloctofi á los Sns. Editwe$ del Riottroo oficial di Dwrango* 
(Véase 9u número U dejúliú del presente ane.) 

«Si je Tóus réponds, c'est bien foreéfneñi.n 
( VoUaire' Corrf ipondonct.) 

Los cromáticos que forman sus diez y seis citaciones de 
par force^ denotan en ustedes, Sres. editores, disposiciones 
para la música : es un crescendo admirable , un trémolo 
que encanta; y siento verdaderamente que tantos ejemplos, 
frutos de elucubraciones sin cuento, no vengan al caso , ni 
sean adaptables á mi palabra forcément. 

¡Con qué afán no habrán ojeado libros, ustedes, que se 
remontan hasta los Normandos en pos de un par forcé; y 
qué triste será que nuevos Titancitos mueran sepultados 
debajo de las ruinas del cerro en que se han encumbrado I 

Con todo, voy á desgranar esta obra maestra, á pesar de 
lo amigo que soy de los monumentos. 

No empleé en mi anuncio la palabra par force^ aunque 
sea un sinónimo deforcémenty por la razón que nos dá Ch. 
Laveaux en su Diccionario de las dificultades de la lengua 
francesa ; dice así : « plusieurs mots peuvent étre synoni- 
meSj quoiqtiils aient entre eux des différences bien sensi-- 
bles. » Esto evitó que usara de par forcé en lugar de /&r- 
eément : primer motivo para que no tengan, á mi adverbio, 
aplicación alguna todas las citaciones de sa par force^ hijas 
de tanto sudor y trabajo : el segundo motivo, que m&s que 
todo las hace desmerecer, es que no supieron ustedes dis- 
tinguir cu&l fué el sentido en que se emplearon las legiones 
de par forcé con que ustedes me acometen ; afortunada- 
mente que para mi son poco hostiles. 

Como buen muchacho de escuela^ (así me llaman) les 
enumeraré los varios sentidos que en francés tienen las pa- 



ADVERBIO FORG^MENT. 39 

labras : sus diez y seis forzudos par foree^f pertenecen todos 
al sens propre^ menos uno que es el décimo quinto, y es del 
sens lüuche. 

Tantos sentidos tenemos en la lengua francesa, cuantas 
son sus citaciones : ¡ qué coincidencia tan feliz I«... preci- 
samente son diez y seis; vayan ustedes contando : 1, sens 
propre ; 2, sens ñguré ; 3, sem determiné ; 4, sens indéter-^ 
miné; 5, senspassif; 6, sensactif\ T^sensabsolu; 8, sens 
relaíif; 9, sens coliectif; 10, sens distribulif; H, sens 
campóse; i i, sens divisé; 13, sens littéral; i 4, sens spiriiuel; 
15, sens loucke, et 16, sens equivoque: mxfúrcémmt esdel 
segundo, y sus joor/brc^ pertenecen al primero y penúltimo. 

¡ Desdichada citación décimaquinta!.... En un popote se 
apoyaron, Sres. editores, para salvar una zanja: aquí, como 
dicen, murió Sansón con todos sus Filisteos; aquí se ca^ 
yeran delante del toro; aquí también se equivocó el gran 
Comeille. 

Esta es la citación 1 5 de ustedes : — t // régne avec dou-* 
ceuTy maisil régne par force.t ¡Oigan ustedes su senten- 
dal... Oigan al mismo Laveaux; otro tanto dice Noel en 
su Diccionario de la lengua francesa !••.. 

^ 11 y a bien de la différence entre régner PAR 
FORCÉ , et régner PAR LA FORCÉ ; le premier 
veut diré MALGRÉ SOI; le secando maintenir son auto^ 
rifé PAR LA FORCÉ : ainsi on est obligé de trouver 
une faute dans ce vers de Comeille : 

f // régne avec douceur^ mais il régne par forcé. » // 
fallait diré PAR LA FORCÉ. 

Ahora, si el padre de la tragedia, para nosotros, come- 
tió errores de lenguaje, y otros, lo mismo que Voltaire^ 
Boileau^ J. B. Itousseau y varios, (lean ustedes el curso de 
literatura de Laharpe) ¿podrá Trévoux, el amigo de usté* 
des, haber dejado de hablar propiamente francés una vez 
en su vida? Si.... Entonces aunque sea de él la anterior cita- 



40 iS44 

cion francesa de ustedes; ttV a fait une telle uction^ mais 
c^est forcément^ » sostengo que este n)odo de hablar es 
vicioso, y que no tiene sentido.. .. ¿qué apuestan ?.... Va- 
yan sus gracias contra las mias.... que si pierdo gano» que 
si ganan pierden. 

Voy á concluir, por no ser difuso. Me parece que seria 
imprudencia el querer prolongar este curso de gramática; 
pero antes me quejaré con ustedes, por haber querido dar un 
giro serio á un verdadero pleito de compadres \ las armas 
entre nosotros son demasiado desiguales ya, para que con- 
migo ocurran á otras : figúrense ustedes que soy un manco, 
pero de aquellos á quienes les falta todo el avani-bras ; y 
para compulsar libros con el codo, se necesita alguna gra- 
cia ; conténtense pues con sus ventajas físicas , sin buscar 
otras morales que desnivelen el combate. 

Acabaré haciendo el elogio de lo bien que demarcan en 
su contestación todas las fases del discurso. El exordio de 
ustedes es muy bonito; entran en materia con aquella 
destreza propia de escritores eminentes; llegando á las 
pruebas^ las dan á pedir de boca, y con tino; en la perora- 
ción ^ agotan todos los grandes movimientes oratorios : es 
cuando me llaman muchacho de escuela^ zopenco de Ultras- 
mar^ y dicen otras mil cosas que tras si arrastran el con- 
vencimiento. 

No conozco á mi adversario ; pero según y como maneja 
la pluma, lo bien que observa todas las precauciones ora- 
torias^ casi juraría que es un licenciado ; pero uno de aque- 
llos que en las espuelas se hubiera llevado al mismo Sr. de 
la verruga D. Marcas Tullios ( afortunadamente para él 
que ralo há que murió) ; y si en esta discusión me ha to- 
cado la misma suerte, lo decidirán los que esto lean, so- 
metiéndose á su fallo el afectísimo y seguro servidor de us- 
tedes Q. S- M. B. — G. Oríot. 

P. S. Si el Sr. Franco y ustedes hubieran reflexionado 



UN NAUFRAGIO. 41 

un momento, en breve se hubieran convencido de que una 
sociedad mercantil no es una reunión de hombres» sino la 
de varios capitales, manejados á veces por una sola per- 
sona; que es una asociación moraU cuya disolución jam&s 
puede efectuarse for la fuerza^ pero tan solo por el consen- 
timiento mutuo de los que la componen : esto le hubiera 
evitado al Sr. Franco interpretaciones intempestivas, y á 
ustedes muchos discursos bellos, es verdad, pero que todos 
apoyan un sentido falso prestado por antojo á mi inocente 
forcément^ que en paz descanse; Amen I.. • 

UN NAUFRAGIO, 

días ha, en la galle de san FELIPE NERU 



mSTRUCCION PRELIMINAR. 

Vivia yo, en 1 844, en la calle de San Felipe Neri, que sin 
comprometer el sagrado nombre que lleva-, podia cierta- 
mente competir con las mas inmundas y fétidas de JMéxico. 
El lance á que se refiere este comunicado es cierto ; y con 
la esperanza de que, publicado lo acaecido, podría quizá 
conseguir del Exmo. Ayuntamiento de esta nobilísima (en- 
tiéndase sucísima) ciudad^ el que procediese á la compos- 
tura de la calle, me atreví (dispensando) á remover con los 
cinco dedos y la pluma, unas materias que , si bien eran 
abundantes, no se mostraban muy propias, para con ellas 
poder alimentar una polémica. 

Apesarde este repugnante, sucio, y meritorio esfuerzo, 
mis quejas no fueron oidas ; y en el transcurso de diez y 
seis años, la referida calle no varió de aspecto, hasta que 
en el mes de junio de 1860, se procedió á abrir en ella una 
atargea. Dicha compostura fué el resultado (nota bene) 
del sacrificio pecuniario, voluntario y simultíineo, á que se 



42 1844 

sentenciaron los vecinos, so pena de ser irremisiblemente 
asfixiados. 

Menos eco tuvo el pensamiento que emití, acerca de 
mandar fabricar, para la Cuna, unas casas productivas, ha- 
ciendo cada uno un pequeño esfuerzo. Ningún escritor pú- 
blico apoyó mis ideas; y la indicación hecha, quedó se- 
pultada en el, aquí, acostumbrado olvido. 

£• M* 



IVAVFBA«IO. 

Horresco referens^ y me tapo las narices, providencia 
casi necesaria , aún al escribir ó leer este comunicado. 
Parte de las materias que voy & tratar, son... fecales. Cual 
nueva Pythia, el ambiente que me circunda ofusca mis 
ideas, y medio asfixiado por vapores mefíticos, voy á 
vaticinar la triste suerte que nos está reservada, si el 
Exmo. Ayuntamiento, con ojos de limpieza, no mira nuestro 
charco. 

Vecino soy de la laguna de San Felipe Neri, que, ni el 
Estigio, ni el lago Asphaltites, igualaron jamas en lo com- 
pacto y embalsamado de sus aguas. ¡ Ay qué peste, Bien- 
aventurado San Roque!... ¡En este nauseabundo dia te 
invoco, ó del opaco caño de mi calle, nacerá muy en breve 
un nuevo Cólera, peor que el asiático , un Cólera fétido, 
acitronado casi en su color , y como dicen los franceses, 
sentant son fruit, de más de una legua. 

Ustedes quizá creerán, que en nuestra cloaca no existen 
canales; pues, sí señor, canales tenemos, y muchos. De co- 
ches, no diré nada ; pero sí diré : allí está una fatal carro- 
cería, allí está el origen de todos nuestros males, de todas 
nuestras pestesw Al salir de su inmundo corral y al entrar 
en él , los providentes coches se precipitan desaforados en 
líquido fango, se pasean en él longitudinalmente; y las ma-^ 



UN NAUFRAGIO. 43 

tenas que revuelven, 8i no se dejan de ver, que bien se 
dejan de oler : al instante se esparcen en la atmósfera 
unos gases hydrosulfúricos de los más acídulos, de los 
más penetrantes, de los más deletéreos; y es cuando 
existe, para los infelices vecinos, un verdadero peligro 
de un envenenamiento miasmático , propiamente ha- 
blando, y al parecer de nuestros m6s esclarecidos Hipó- 
crates. 

Sabido es, ó al menos publicado está, que las contribu- 
ciones que pagan los canales y los coches, deben aplicarse 
á la compostura de las calles ; y en vista de más de ochenta 
de estos últimos que estrepitosa y diariamente surcan la 
nuestra, la suelen desempedrar , y abren en ella fosos ; de- 
biera de ser esta más lisa y llana que la primera de Plate- 
ros. No vayan ustedes á creer que á orillas de nuestro 
CócytOy no vivan gentes de alguna categoría; sí señor, aquí 
descansa un noble ex-conde (1); un escribano cuya hon- 
radez y saber son casi proverbiales (2) ; tenemos á un fa^ 
cultativo acertado (3) ; al arquitecto del Supremo Gobier- 
no (4) ; y en fín , allí también vivo yo. Contamos también 
entre los edificios de esta calle, á una casa que llaman « del 
Pueblo ; » ¿ Qué nombre , señores, hay acaso mas respeta- 
ble?... Pues los pobres que en las habitaciones bajas, más 
bien pululan que viven, se ven diezmados á cada momento 
por las fiebres más tenaces y malignas. 

Para que se formen ustedes una idea más exacta del 
cuadro que solo les estoy bosquejando, les relataré un 
episodio de mi calle, de los más olorosos. Supra les tengo 
dicho, que ella es un mar cuando llueve ; pero un mar con 
naufragios al canto ; el hecho que voy á referir, no es obra 

(1) El Sr. ex-coDde de Regla (Q. E. P. D.) 

(2) ¿Quién no reconoce ahí al Sr. D.l*' rancisco ¡tfadaríaga ? (Q. O. O.G. 
3) £1 Sr. Calderón. 

(4) El Sr. Heredia. (Q. S. P. D.) 



44 1844 

de mi fantasía, es histórico ; los vecinos, también como yo, 
lo presenciaron^ vieron y olieron. 

Hallábame , una noche , recostado en el canapé de mi 
pobre sala, adormecido por un espantoso aguacero; cuando 
me vinieron á sacar de mi sopor, los alaridos agudos y 
discordantes de la más jovial algazara. Asomóme al bal- 
cón : era el temporal deshecho; y al fulgor de los relámpa- 
gos, diviso aun bien fletado carro, navegando por este ver- 
dadero mar muerto^ en via muy próxima de zozobrar. La 
pobre muíase habia caido abrumada por el asqueroso peso, 
y daba verdaderas patadas de ahogado ; tenia la cabeza 
sumida en la medianía del caño, imitando al camello del 
desierto, que también en la arena esconde la suya al 
aproximarse el simoon. Con trabajos mil, logran enfm 
parar al mísero cuadrúpedo ; óyense vivas; pero al levan- 
tarse la infeliz orejona, da cuatro pasos de bolina con el 
carro, pierde otra vez el equilibrio, y vuélcase por com- 
pleto todo, embarcación y tripulación inclusa : deslízan- 
se al agua los pasajeros, y grítale un cruel burlón al era- 
barradísimo carretonero : « ¡ « ver ahora valedor^ como me 
saca usted esto en limpio ¡i^ Allí sí que se ensució Troya : 
acuden guardas de á caballo, guardas de á pié ; éstos con 
sus faroles alumbran esta escena de horror; echan lazos, 
tiran , pujan , se desesperan , y consiguen al fin sacar al 
desmoronado y encallado barco, del banco en que blanda- 
mente yacía. Efectuado el sauvetage^ cada uno cierra pre- 
suroso sus balcones ; y al dia siguiente, pudiéronse contar 
los numerosos cuerpos de los náufragos, que doraban to- 
davía la superficie de las aguas. 

Al salir de mi casa, sin duda que mis vestidos se impreg- 
naron con las emanaciones de tantos cadáveres; por- 
que á poco, encontrándome con un amigo, se para este k 
la distancia de tres pasos de mí, y me grita : « \PufI..* 
¡Puah!... ¡Beilrate, sucio^ que apestas azorrillo!...^ *iDe 



CN NADFBAGIO. 45 

donde sales, con mil demonios^ iTe habrá sucedido ^ por oca-- 
so, lo que al marido que nos pinta Iglesias ?... » y recítame 
el verdugo aquel embarrado epigrama de : 

Qc Un casado se acostó, 
(t Y con paternal carifío 
a A su lado puso el niño ; 
« Pero sucio amaneció : 

(c Entonces torciendo el gesto 
(( Miróse uno y otro lado, 
a Y exclamó desconsolado : 
« ¡Ay amor como me has puesto! » 

¡ A qué vergüenzas me espone, señores, un caño, que más 
que el Iris tiene colores!... Con todo, sin ser fábula mi co- 
municado, hemos llegado á la parte moral. He oido decir 
que el Oratorio que fué de San Felipe Nerí, donde se halla 
el rodadero establecimiento (que podian echar á rodar ex- 
tra-muros) y que pertenece á la Cuna, es hoy un corral de 
los más asquerosos que se conocen ; y donde resonaban an- 
tes las plegarias de los fieles, óyense en el dia las imprecacio- 
nes más escandalosas, y el dialecto más soez y más acentua- 
do. ¿Hubo jamas contraste más horrible?... Pero, dejando 
á un lado lo que allí dicen y hacen, ¿no era caridad muy 
bien entendida, señores, el solicitar de todos los habitantes 
de esta hermosa capital, una generosa limosna, sin la previa 
necesidad de que en un teatro, como se acostumbra, se 
nos bailara, tocara y cantara; para que, con el sagrado 
producto de estas ofrendas, se pudiese mandar fabricar en 
un terreno tan vastísimo, unas casas cómodas y decentes, 
como lo son las construidas en la misma calle por el Sr. Ar- 
pide , que le produjesen á la Cuna una, renta muy dife- 
rente de la que percibe del alquiler de un desolado corral, 
que circundan los mas ruinosos paredones? 

Si mi proyecto se adopta , aunque no sea yo rico ^ me 



U 1844 

suscribo desde ahora , con cinco pesos al mes , hasta que 
esté cubierto el presupuesto de las enunciadas casas, ó que 
las veamos terminadas. 

Para poder reunir el dinero necesario, les propondré un 
plan, muy fácil de ponerse en ejecución ; este es : se seña- 
lará un dia de cada mes , en que los moradores todos de 
esta capital , sacrificarán una mitad de lo que dan en su 
casa para el gasto alimenticio , hasta que queden conclui- 
das las casas, ó cubierto el presupuesto presentado por el 
arquitecto. Ninguno de nosotros perecerá de inanición por 
un sacrificio tan leve , y las bendiciones de mil infelices 
sentenciados á lahorfandad, nos remunerarán con usura de 
tan cortas privaciones. 

Nada de gasto para la recaudación de este sacro dona- 
tivo. Se reunirán todos los vecinos (cabezas de casa) de 
cada calle, en un salón de cualquiera de la habitaciones de 
ella, y nombrarán de recaudador, al que más merezca su 
confianza; á este hará cada uno la confesión auricular de 
lo que le toca, y terminada que sea, el recaudador electo 
manifestará á los concurrentes la nota ya sumada. En dicha 
asamblea señalarán el dia de privaciones ó ayuno; y colec- 
tada que sea la limosna, que cada uno mandará con gusto 
á la casa del recaudador , el sugeto designado para re- 
cibirla publicará en el diario del Gobierno los meritorios 
nombres de los contribuyentes de su calle, indicando en 
globoj la cantidad reunida. 

Los recaudadores electos nombrarán una comisión de su 
seno, que elegirá el tesorero: este honor, se entiende, será 
conferido al hombre de la probidad más acrisolada; y aquel 
ilustre ciudadano llamará al arquitecto que juzgue más há- 
bil, y correrá con todos los gastos de la obra. 

Convendrán ustedes, señores, que algunas ideas, aun^ 
que raras j brotan de mi charco; y si mal me esplico, como 
ustedes me entiendan, basta : en México no faltará un hom- 



AÜ LUCERO DB TACÜBATA. 47 

bre de otras luces que yo, que esplaye mejor mi proyecto, 
y sepa plantearlo. 

Me repito, Sres. redactores, su más atento y seguro 
servidor, Q. S. M. B. 

E. M. ó ün enemigo de lapeste. 

Nota.— Gracias ala reprimenda hecha por el Exmo. Sr. Gobeniador al 
Sr. Regidor de policía^ el día 9 de agosto empezaron á limpiar mi calle : 
habia en ella material para fundar un muladar ; no nos ha quedado hoy 
mas que el zumo. Advertiré^ con todo^ que desde esa fecha hasta hoy 
que estamos á 21^ no se ha levantado más que una parte de lo que se 
pescó : es regular que quieran que, viniendo la seca, lo tomemos en polvo; 
¡ vaya un nuevo y oloroso nachitoches ! En todo caso, será de bien corta 
duración el aseo^ si no se atiende un algo al empedrado y al declive com- 
pletamente viciado, por la subida parcial y como privilegiada que se les 
ha dado á ciertas calles. 

Fiándome de nombres que huelen á progreso, ael Siglo XIX,v dirigí con 
fecha 13 de este, mi comunicado á ios Sres. redactores de aquel intere- 
santísimo periódico : en la imprenta, hasta me señalaron dia para corre- 
gir las pruebas; cuando por una decisión de quién sabe quien, tomada 
quién sabe cuándo, se decretó no merecer, este mi balsámico remitido, los 
altos honores de la inserción. Por fortuna , el Diario del Gobierno que lo 
imprimió^ no tuvo los mismos escrúpulos. 



AU LUCERO DE TACUBAYA. 

AVANT-PROPOS. 

Les anciens Franjáis au Mexique n*ont pas encoré 
oublié les deplorables événements de Tabasco, que fit 
naitre, á une apoque reculée, Tambitíou de Sentmanat, 
aventurier d'une audace peu commune et d'une valeur á 
toute épreuve. Ce chef, amenant k sa suíte quelques étran*- 
gers. Franjáis et autres, débarquajadis sur laplage de Ta^ 
basco, se gardant bien de dévoíler h. la plupart de ses com- 
pagnons les vraís motifs qui Vy conduisaíent. 

L'expédition ayant échoué, la presse tout entiére se 
déchaína contre cette invasión ; et le iMcerOt petit journal 
qui 86 publiait k Tacubaya, manifestar plus qq^aqcun autre, 



48 1844 

des opinions tout k fait sanguinaíres. Les termes qu'il em- 
ployait étaient précis, et surtout fort injurieux pour M. le 
ministre de France, M. le barón Alley de Cyprey, qui 
réclamait chauderaent contre les condamnations qui en- 
sanglantérent Tabasco, et que le défaut de formes judi- 
ciaires semblait assimiler á de véritables assassinats. 

M. Thivol, rédacteur alors du Courrier frangais^ et qui 
était mon amí, me pria de lire Tarticle du Lucero^ qui 
fourmillait en espagnol des fautes de iangue les plus gros- 
siferes. II me chargea d*en faire le redressement , pour 
prouver au moins, par lá, que Topinion éroise par le Lucero 
n' était que celle d'un homrae iscle, et d'une éducation 
trop incompléte pour qu*elle püt étre Techo de la société 
mexícaine, qui s*apitoyait, á. juste titre, sur le sort de nom- 
breuses victimes sacrifiées trop k la háte. 

Ce que Ton va lire n'est qu'une courte réponse de 
M. Thivol h. Tarticle virulent du Lucero que Ton n'a pas 
conservé , et qui fut publié vers le milieu du mois d'aoüt 
1844. E. M. 



AV LUCERO DE TACüBAYA. 

ARTICLE ÉCRIT PAR MR. THIVOL LE 17 AOÜT 1844. 

« Nos lecteurs n'exigeront pas sans doute que nous ré- 
pondions á Tarticle du Lucero. D'aprés notre opinión, tou- 
tes les questions qu'il remet sur le tapis, sans nouveaux 
arguments, ont déjá été débattues et éclaircies suffisam- 
ment par les divers personnages qui ont pris part á, la dis- 
cussion qu'ont motivée les événements de Tabasco : c'est 
maintenant une affaire consommée dont Tinstrucüon n'ap- 
partient plus á la presse, Quant aux injures — il n*y a 
pas d'autre mot pour qualifier cette partie de Tarticle, — 
quant aux personnalités de roauvais ton adressées k M. le 
Ministre de France, nous ne leur ferons pas Tbonneur de 



AU LDGBRO DE TAGDBATA. 49 

les réfuter ou de nous en plaindre. La poaition du représen- 
tant du Roí est trop élevée, le caraclére de M. le Ministre 
est trop honorable, sa haute intelligence des aflaires et son 
ancienne expérience diplomatique sont trop constatées pour 
que nous ayons besoin de les opposer aux diatribes essayées 
contre sa conduite dans ees malheureuses circonslances. 

Nous protesterons seulement de toutes nos forces, et au 
nom de tous les Franjáis résidant dans ce pays, contre une 
assertion des plus fausses avancée parle Lucero. II dit «que 
M. le Ministre de France n'a pas rencontré de sympathie, 
méme parmi ses compatriotes. » — M. le barón de Cyprey, 
depuis son arrívée dans cette république, a su, au con- 
traire, par ses nobles qualités , son z¿le , son respectable 
caractére, se conquerir le respect, Testime, Taffection de 
tous ses nationaux. Nous défíons qui que ce soit de nous 
démentir sur ce point. 

Cependant, si nous nous interdisons la réfutation facile 
du fond de Téditorial du Ulcero^ nous voulons nous réserver 
le droit de faire quelques observations sur la forme, qui 
est bien la plus négligée,. pour ne pas diré plus, qu'on 
ait jamáis employée dans la rédaction d'un article de Jour- 
nal. Voici un petit redressement grammatical que nous 
avons cru devoir offrir ít notre confrére, en amendement 
des nombreuses fautes que sa belliqueuse ardeur a laissé 
échapper. On conclura, si Ton veut, de ce volumineux 
errata^ que M. le Général-écrivain manie peut-étre mieux 
répée que la plume. 

Redressement. 

• 

« Qnant á Terrear de voti*ecaj¿sto, de Baudin pour Dandin, due sans 
doule á la rime, je veux bien luí en donner acquit; mais puisqu'il reci- 
dive, il est fort intéressant, pour vous, de corriger ce correcteur, car i I 
d%|ientiucorrígible: voyez quelle orthographe, quels barbarismos, qiiclles 
naivetés il vous met k la l)ouche(/e ne diraiplus des áneries). C'est un 
homme bien dangereux au moins que votre cajista!,,, il vous fait diré: 

4 



50 



1844 



Texte du Lucero : 
i. El Correo DE 24 del pa- 
sado. 

2. Sitio pw deber ACIA un 
periódico. 

3. Nosotros m hemos dudado 
nunca gue los tratados CAM- 
BIAN la faz de las nacio- 
nes. 

é. Ahora BIENEN á Mé- 
xico. 

3. Los piratas no son perso- 
nas á QUIEN debe conside- 
rarse, 

6. Mucho se burla el editor 
del Correo de que en la im- 
prenta SE CAMBIO el nom- 
bre de Dandin y PUSO el ca- 
jista Baudin. 



7. ¿ Porque en qve se PA- 
RECE el marido confundido 
y el almirante Baudin? 

8. á menos que el pillage y el 
asesinato no formen ahora la 
base DE cristianismo y de la 
civilización, 

9. Resulta que los de Tabasco 
fueron castigados con la le- 
vedad QUÉ lo ha sido recien- 
temente en Alicante el coronel 
Bonet. 

iO. Hablamos de aquella épo- 
ca PORQUE no 7ios culpen, 
PORQUE no nos llamen bár- 
baros, 

\ \ , Cuando Napoleón fué cón- 
sul no quiso celebrar el ará- 
versarü) de enero y TENIA 
razan. 

12. CON U7ia susceptibilidad 
sin ejemplo, dice EL BARÓN* 

id. El Señor ministro de Fran- 
cia sabe ó debe saber, que las 
cabezas de los traidores y 
también LA de los ladrones 
famosos.... 

14. Y el Sr. presidente nada 
ha hecho sino cumplir UN de- 
ber sagrado. 



pouR El correo DEL 24 del pastdo. 

» Sino por deber HACIA un pe- 

riódico. 

» Nosotros no liemos dudado 

nunca DE QUE los tratados no 
CAMBIEN la faz de las nacio- 
nes. 

» Aliora VIENEN á México. 

» Los piratas no son personas 

á QUIENES se deba de conside- 
rar. 

» Mucho 80 burla el editor del 

Correo de que en la imprenta 
SE CAMBIARA el nombre de 
Dandiu y PUSIERA el cajisU 
EL DE Baudin. — (Comme vous 
n*acezpas mis de virgule aprés 
CAJISTA, on est porté á croire 
que votre CAJISTA s'appelle 
Baudin). 

» Porqué ¿en qué se PARECEN 

el marido confundido y el al- 
mirante Baudin. 

» A menos que el pillace y el 

asesinato no formen ahora la 
base DEL cristianismo y de la 
civilización. 

» Resulta que los de Tabasco 

fueron castigados con la bre- 
vedad CON UIJE lo ha sido re- 
cientemente en Alicante el co- 
ronel Bonet. 

» Hablamos de aquella época 

PARA OUE no nos culpen, 
PARA QUE no nos llamen nár- 
baros, 

» Cuando Napoleón fué Cón- 

sul no quiso celebrar el ani- 
versario de enero y TUVO ra- 
zón. 

» MOVIDO DE una susceptibili- 

dad sin ejemplo^ dice EL Sa. 
BARÓN (il faut étre poUr). 

)) El Sr. ministro de Fran¿ia 

sabe ó debe saber, que las ca- 
bezas de los traidores y tam- 
bién LAS de los ladrones fa- 
mosos.... 

» V el Sr. presidente nada lia 

hecho sino cumplir COM un 
deber sagrado. 



AU LUCERO DE TAGDBATA. 5f 

Yotre dernier paragraphe est sans doute en entier du crü de votre ca- 
jista, parce que^ sur mon honneur^ je n'y entends ríen; je vais, en )e com- 
mentant , tácher d'cn débrouilier le sens. Reproduisons d'abord le teite 
original : 

c El afío de 1808 trataron así á nuestros padres y los Soull, los Ney, los 
« Massena, los Murat, los Suchet, y en fin, cuanto valia en Francia, se 
« estrelló porque no tenían razón, y porque la raza española es indomable. 
a Concluiremos preguntando ¿ quién es el que en México debe desempe ■ 
c ñor el papel del duque de Ramgo? 

Commentaire : 

Au lieu de, EL AÑO DE 1808, il fallait, je crois, EN EL AÑO DE 1808, 
traloron asi á nuestros padres ( deux points, il me semble) y los Soult, 
los Ney, los Massena, los Murat, los Sucket, y en fin cimnto valia (quoi?.., 
o/go, je suppose) en Francia se estrelló, porque no TENÍAN razón [porque 
no TENIA razón, ceci se rapporte á cuanto valia; Temploi du pluriel est 
done yicieax) yous appelez également le duc de Rovigo el duque de RA' 
VIGO (ce nom sent la moularde) . 

Somime toute, je conclus que votre paragraphe revu, corrige et aug- 
menté veut diré : 

« En el año de 1808, así trataron á nuestros padres : y los Soult, los 
a Ney, los Massena, los Murat, los Suchet, y en Gn, cuanto valia algo en 
c Francia se estrelló, porque no tenia razón, y porque la raza espafíola es 
« indomable. Concluiremos preguntando ¿quién es el que en México debe 
c desempeñar el papel del duque de Rovigo? 

Votre cajista, M. l'éditeur du Lucero, vient d*assumer sur lui une 
épouvantable responsabilité, il vous a fait parler espagnol, quasi comme 
moi^ et je vous promets que ce n'est pas flatteur. Renvoyez-le done, je 
vous en prie, ou ne m'écrivez plus; j*ai trop de peine a vous lire, bien plus 
encoré á vous comprendre!... Entre nous soit dit, votre Lucero dément 
son titre : il ne luit guére. 



1845 



55 



SUCESO ESCANDALOSO EN MAZATLAN. 

INFORME PRELIMINAR. 

Uno de los señores redactores del Siglo XIX ^ hombre 
de talento, pero de muy pocas simpatías para con los ex- 
tranjeros, habiendo hablado en este periódico de lo acae- 
cido en Mazatlan, como de un asunto insignificante; el 
Sr. Ministro de Francia, barón Alley de Cyprey me suplicó 
escribiese algo sobre el particular, para hacer resaltar la 
infamia del acto cometido, y poner en conocimiento de to- 
dos, las circunstancias que lo habian acompañado. 

El Sr. Ministro que me honraba con su amistad, me co- 
municó los datos que le habian sido suministrados desde 
Mazatlan, y me escandalicé al leerlos. Inmediatamente me 
decidí 6 manifestar al público, por medio de la prensa, la 
relación de un hecho atroz que muchos ignoraban. 

Algunos periódicos se resistieron á insertar el referido 
artículo ; pero, acompañado del Sr. Gédéou , cónsul fran- 
cés en Zacatecas que á la sazón se hallaba en México ; fui- 
mos & ver al ilustre ciudadano D. Luis de la Rosa, su ami- 
go, (Q. E. P. D.) y que era redactor del Monitor consti-- 
tmonaL 

Este hombre sabio, cuya pérdida deplora todavía Méxi- 
co, habiendo leido el remitido, se llenó de indignación con 
el relato de lo sucedido, y al instante dio orden al impre- 
sor, para que el artículo se publicara en el Monitor. 

lii* M* 



Rkhitido.— Ataqm; al StV//o XÍX «abre el asnnio Wt*\ 

Sres. editores del Morutor» — Muy señores mios : En el . 
Siglo XIX del 28 del mes próximo pasado , hemos leido 
con detención un artículo bastante prolijo, impugnando 



56 1845 

otros que se insertaron en el Nacional y en la Prensa, pe- 
riódicos que se publican en París ; y j)0 acertamos á decir 
si hay mas acrimonia en el ataque, que falta de pudor, de 
parte de los señores del Siglo^ en lo que toca al infando 
crimen cometido en Mazatlan. 

Con una calma filosófica que espanta, así se expresan^ 
dichos señores : « 5^ cometió en Mazatlan un crimen hor- 
rible, como se cometen todos los di as (1), con espantosa 
frecuencia, en el seno de las sociedades mas civilizadas de la 
tierra. » Nosotros , al volver á referir las circunstancias 
que acompañaron al suceso que nos ocupa, haremos lo que 
César, y nos cubriremos la cara con todos los pliegues del 
ropaje talar mas amplio ; esto haremos al entrar en tan 
soez materia de crueldad, cobardía y pederastía. 

Este crimen, señores editores del Siglo, que á su relaja- 
do parecer , se comete todos los dias y en todas partes, 
desgraciadamente encuentra á veces infames imitadores 
entre las naciones más cultas ; pero en aquel caso, estas 
inclinaciones griegas son el lote mutuo de personas , de 
pasiones insólitas, que se entregan á ellas brutalmente» 
En Mazatlan no fué asi. El capitán H*** (no un oficial 
oscuro y subalterno, como ustedes le llaman), originó el 
crimen que se perpetró : un capitán es una autoridad mili- 
tar, no de muy subalterna graduación ; bien graduados, 
sí, fueron los horrores que cometió con el infeliz Taziere, 
este presillífero monstruo : ordenó que agan'otaran á su víc- 
tima, la abofeteó, hasta verle casi brotar la sangre por los 
poros , y la entregó en seguida al lupanar del vicio y del 
crimen (en la c&rcel pública), cuando sus miembros ma- 
cerados todos, palpitaban todavía con más de cien palos, 
insuficientes aun para saciar su barbarie. ¡ Este infame mi- 
litar sentenció al desgraciado Taziere k ser el ludibrio de 
cuantos le conocen ; le infligió una muerte puramente de 

(1) I Un millón de gracias por su buen concepto \ 



SUCESO DE MAZATLAN. 57 

ignominia ; su nombre lo profanó ; ya no puede llamarse 
Taziere ; una marca de oprobio le acompaña ; el mundo 
entero le señala con el dedo !!! 

¿Y este es, señores editores del Siglo ^ « el crimen que 
se comete todos los días , con espantosa frecuencia , en el 
seno de las sociedades mas civilizadas de la tierral i^ — Esto 
es una calumnia, señores del Siglo\ la historia de las turpi- 
tudes humanas, no nos presenta un caso igual acompañado 
de tanta crueldad. 

¡ Si, lo repetimos , el crimen de Mazatlan es una mons- 
truosidad entre todas las monstruosidades, que solo el fue- 
go celeste alcanzó á compurgar en Sodoma, y el infame 
que lo motivó vive aún !!! ¡Apeló este mastodonte del cri- 
men de la sentencia pronunciada!... ¿A qué justicia hu- 
mana puede invocar, cuando la Fuente pura de todas las 
justicias, de todas las clemencias , á una ciudad entera 
rehusó la suya y la devoró con las llamas de su divina 
ira!... 

¡ Ojalá y fuera posible, para el castigo de semejante atro- 
cidad, revivir los terribles Juicios de Dios de la Edad me- 
dia ; venamos al indeleblemente maculado Taziere, buscar 
con un puñal en la mano, en las entrañas de su verdugo, 
la venganza que solo puede lavar su afrenta ! 

Pero si nuestra indignación nos estravía, ¿ cuál debió de 
ser la de los que, en su lenguaje de desprecio, llaman los 
' señores del Siglo ^ periodistas , cuando estremeciéndose le- 
yeron la narración de los hechos que referimos? Todos es- 
tos periodistas , á la vez , hicieron retumbar sus columnas 
con clamores de despecho ; exasperados por su furor, pro- 
rumpieron en violentas imprecaciones, confundiéronlo todo, 
y frenéticos de ira casi , trazaron los artículos que en mu- 
chas de sus parles también sabemos desaprobar. 

Es de añadir, que por una de esas fatalidades que sue- 
len complacerse en acumular crímenes ; las fusilerías por 



58 1845 

mayor en Tabasco, (y comprises quelques fioritures) (1) 
de invención propiamente satánica , ya tenian k la Fran- 
cia en una especie de estupor ; cuando á poco llegó á sus 
oidos el espantoso detalle de las atrocidades de Mazatlan. 

Sabido es que la calidad de francés declinfada por Ta- 
ziere á H***, acarreó al primero todos los tormentos que 
sufrió ; de ahí dimanó que se persuadiesen allá que solo el 
título de francés, aquí, llevaba con él su sentencia. 

En México hemos hecho justicia al empeño que tomaron 
las Cámaras en denunciar el crimen de Mazatlan, y á la ac- 
tividad que desplegó el gobierno para que fuera castigado 
el culpado. 

Los señores del Siglo nos dicen, que al hablar, nos mue- 
ve un espíritu de odio ; ¿les preguntaremos que si también 
al obrar? ¿Quiénes fueron los primeros en socorrer á las 
infelices víctimas de Matamoros? ¿Y en qué tiempo? ¿Dí- 
gannoslo, señores editores, (no periodistas) en qué tiem- 
po?... Cuando vibraban todavía nuestras carnes todas de 
estremecimiento por lo. de Mazatlan ; cuando todos tenía- 
mos el corazón desgarrado por la mas justa de las iras : 
pero se trataba de socorrer á la humanidad doliente, y este 
corazón lacerado se cicatrizó como por encanto, para lle- 
narse otra vez de sentimientos generosos. Lo decimos con 
gloria, ¿quién de nosotros no respondió en el acto á U ape- 
lación de nuestro mutilado atnigo Thivol? ¿Quién de nos- 
otros no se apresuró á acudir con su ofrenda?... 

Señores editores del Siglo^ la conciencia no les dictó sus 
renglones ; y estamos creídos casi que este espíritu de odio 
que nos reprochan hacia la república, no existe mas que 
en ustedes para con nosotros: ustedes, sí nos denigran; 
pero sabremos decir con Mirabeau : « Ces coups portes de 
bas en haut ne peuvent nous atteindre. » No están ustedes 

(1) El general ^% de»pues de la ejecución , mandó freír en «oeite la ctbeía 
de Sentmanat. 



SUCESO DB HAZATLAN. 59 

en esta materia , encargados de esplicar el voto nacional. 

Hemos dicho mas arriba , que bien lejos estábamos de 
aprobar lo que dicen el Nacional y la Prensa : las califi- 
caciones que hacen esos periódicos son injustas; y laclase 
media aquí, á la cual se empeñan en envilecer, es para 
nosotros la más merecedora de todas : encierra miles de 
empleados, tanto civiles como militares, quienes fieles á 
su deber y pagados con la mas estricta escasez, cum- 
plen estoicamente con lo que tienen á su cargo : su exis- 
tencia toda, se compone de privaciones, y ¡ cuántos en su 
triste hogar, rodeados de una familia crecida, las sopor- 
tan con un heroismo de filosofía digno de los mayores 
encomios ! 

Nos repugna, igualmente, el empleo que se hace de 
unos epítetos que no queremos ni repetir : al pronunciar- 
los, la lengua se escoria; son inmsrecidos; su aplicación 
es injusta. 

Tampoco jamas personificaremos á una nación toda en 
un criminal ; y no diremos con el benemérito ciudadano 
D. Antonio de la Vega, en su comunicación al señor co- 
mandante general del departamento, fecha 14 de agosto 
de i 844 ; • estos hechos que desacreditan en tan alto gra- 
« do á la nación mexicana, exigen un castigo ejemplar...» 
Supongamos establecido aun este principio, ¿porqué no 
personificaríamos mas bien á la nación en los ilustres ciuda- 
danos D. Tomas Marin, en Tabasco, y D. Antonio de la Ve- 
ga, en Alazatlán? ¿Si razones hay para el uno, cuántas y 
con mas consuelo existen para el otro ? 

Ensalzan ustedes, señores editores, á la Inglaterra ; (pu- 
dieran conmoverse nuestros celos) sea enhorabuena ; pero 
permítasenos decir, que la resignación de sus nacionales, á 
que tributan ustedes elogios dignamente grangeados , es 
debida mas bien &su habitual casi-mudeZj v&yales bien, 
váyales mal : con todo, no nos engañemos , lo fresco que 



60 1845 

se les observa es el de la calabaza (1 ) ; Dios sabe cómo es- 
tarán por dentro... ¡Ay, lo mismo que nosotros estamos 
por fuera!... Quemados nos tienen & todos los dichosos 
aranceles : es preciso confesarlo. 

Ustedes, señores editores, que sin duda serán geólogos, 
deben conocer perfectamente los varios matices que ad- 
quieren los caracteres, según la variedad de los climas á que 
pertenecen. Hay energía en el Norte, quietismo, y muchas 
veces sufrimiento ; díganlo los rusos : hay fogosidad en el 
Sur ; allí entran los españoles y los italianos : nuestra re- 
gión mas templada produce de todo ; á esta pertenecemos; 
y por eso advertirán ustedes, que condenamos aquí lo que 
uno de nosotros dice allá. En resumidas cuentas, si nues- 
tra imaginación pronto se inflama , pronto también se cal- 
ma ; el fondo es bueno ; pero no seria decente que hiciéra- 
mos nuestra apología : nos referiremos al juicio de us- 
tedes. 

En cuanto al justo aprecio que hacen ustedes del espí- 
ritu de conciliación que anima á la Inglaterra; tanto más 
lo elogiamos nosotros, cuanto que jamas lo dicta el temor 
del engrandecimiento , ó el de la preponderancia de cu 
quier poder beligerante. 

No terminaremos este artículo, sin darles á ustedes las 
más expresivas gracias por las simpatías que nos reconocen 
para con su revolución : ella fué noble, sin mancha ; el pue- 
blo supo conquistar su libertad sin desenfreno ; bien pocos 
son los que no han ensangrentado el recobro de sus dere- 
chos hollados : vanagloríense pues, y con razón, del in- 
menso paso que acaban de dar, y dejémonos de disputas 

(1) (Para los que do sepan el cuento.) Un dotío burlado (Español, según 
cuentan) que se moria por las calabazas, al pasar cierto día por cierta cocina, 
dÍTisó una apetitosa calabaza (sin saber que era muy recien cocida): hallábase 
solo : clava los dientes en ella (oo se conocían todavía los cucbiilos), y torrada 
la boca, esclama : \ malditas sean las calabazas I por fuera parecen frescas, y por 
dentro están que el alma les arde. 



EXÉCUTIONS DE TABASGO. 61 

inoportunas. ¡Bien puede el pueblo, de Diciembre de 1844, 
darle la mano al de Julio de 1 830 !! I 

Señores editores del Siglo : si algún rencorcillo les que- 
da contra nosotros , por lo que dijo el rayo que fué de 
nuestra tribuna, nosotros ya lo tenemos olvidado. Con us- 
tedes no queremos pleito ; á puros estirones escribimos; 
reconocemos la desigualdad del combate , y más vale que 
imitemos á nuestros dos pueblos, dándonos la mano. Espe- 
ranzados en eso, nos repetimos sus afectísimos y seguros 
servidores y amigos, Q. S. M. B. — Un francés^ vecino vues- 
tro desde veinte y tres añoSy y conciudadano desde catorce. 



EXECÜTIONS DE TABASGO. 

INSTRUCTION PRELIMINAIRB. 

Sentmanat, en 1845, lors de son invasión de Tabasco, 
comme on le sait, se presenta, venant de la Nouvelle-Or« 
léans, en compagnie de plusieurs aventuríers franjáis, qui 
indubitablement étaient au courant de ses projets. Ce chef, 
pour augmenter le chiffre de son monde, se fit suivre éga- 
lement de beaucoup d'ouvriers (franjáis aussi) qui n'avaient 
aucune idee de sa folie entreprise. II les entraina, en leur 
faisant entrevoir une fortune rapide, s*ils se décidaient á 
aller exercer leur industrie, dans un pays oü, selon ses as- 
sertions^ il était tout-puissant. 

Ces naifs artisans, séduits par la promesse des avan- 
tages qu'on leur faisait espérer, ne balancérent pas un seul 
instant á se joindre á Sentmanat; mais une fois arrivés 
devant Tabasco, ils connurent bientdt aux manoeuvres de 
ce chef, qu'il les avait complétement trompes. Des lors, 
en lesmena^ant de mort, on les for^a de prendre les armes, 
qu'ils jetérent, & peine débarqués, s'inlernant dans les bois 
les plus voisins. 



62 1845 

Sentmanat, aprés une légére escarmoucbe avec les trou- 
pes du Gouvernement, fut bientót faí tprisonnier, lout aussi 
bien que ses vrais cómplices; et les autres ouvríerB fran- 
jáis, qui tout d'abord avaient cherché un refuge dans les 
bois, y furent traques, pris, et emmenés k Tabasco, oü, 
sans forme áe preces, ils furent tous impitoyablement 
fusillés. 

Le Siglo XIX, joumal qui se publiait k México, et dont 
le rédacteur principal , k cette époque, était un avocat de 
quelque mérite, parla des exécutions de Tabasco, comroe 
d'un événement saos importance ; et le Courríer francaiSj 
que rédigeait M. Thivol, bien renseigné par M. le barón 
Al ley de Cyprey, alors Ministre de France k México, entre- 
prit avec le Siglo XIX, une polémique k laquelle il me 
pria de m'associer. Je m'y prétai avec plaisir, dans les 
números du Courrier du 26 mars et 19 avril 1845 qu'on 
va lire. 

Quoique la question qui fut trattée á cette époque, soit 
fort éloignée de nous, je crois que Ton n'en prendra pas 
connaissance, sans un vif intérét. 

Les números du Siglo XIX dont il est fait mention,. 
n'ont pas été conserves ; mais les réponses auxquelles ils 
donnérent lieu, sont plus que suffisantes, pour en donner 
une idee plus ou moins exacte. 

E. M. 

Abcrratiens dn Siécle XIX. 

Dans un article de ce journal intitulé : El General *** 
a7ite el tribunal de su patria, publié le 4 de ce mois , nous 
voyons qu'en énumérant les crimes dont ce célebre person- 
nage s'est rendu coupable, on parle du sang qtf il a versé, 
pendant vingt-deux ans , pour ees intéréts perscMinels ; de 
Tassassinat de Mejia, des boucheries du Texas et de Tam- 
pico; enfin des fusillades (aprés capitularon) de Fanning 



1 



EXéCDTIONS DE TABASCO. 63 

et de ses compagnons, fait, dit Tauteur de Tarticle, sans 
exemple parmi les nations civilisées. Mais, par on ne sait 
quelle aberration d'esprit, le méme écrivain, arrivant aux 
exécutions sanglantes de Tabasco, se borne & diré qu'elles 
furent IRRÉGULIÉRES, quoique MÉRITÉES. 

Cesderniers mots annoncent plus de preven tions et de 
préjugés que (Je justice; ils annoncent aussí un oubli deplo- 
rable de la premifere des garanties sociales, de ce principe 
sacre que la philosophie a fait prévaloir, et qui a eu pour 
premier résultat Tabolition de la torture , et pour consé- 
cration rétablissement tutélaire du jury ; de ce principe, 
enfin, qui veut que tout acensé soit reputé innocente jusqu^á 
ce que sa culpabilité ait été démonírée et qxíune condam- 
nation légale Fait frappé. 

Si ce principe est juste et humain, l'asserlion du rédac- 
teur est injuste et cruelle : on ne peut affirmer que les 
exécutions de Tabasco aient été MÉRITÉES, lorsque ceux 
qui en ont été les victimes n*ont point été jugés, et lorsque 
Tauteur de Tarticle avoue lui-méme qu'elles furent IRRÉ- 
GULIÉRES- 

L*axiome que nous venons de citer serait seul une pré- 
somplion de Tinnocence de ees malheureux ; mais cette 
présomption se fortifie encoré d'une foule d« faits, que le 
rédacteur de l'article du Siécle XIX avait sans doute per- 
du de vue ou qu'il a pu ne pas connaítre. 11 ne s'est pas 
souvenu que la plupart des prisonniers de Tabasco ont 
soutenu avec constance quMls ignoraient le but de l'expédi- 
tion de Sentmanat; que ce chef les avait trompes, qu'il les 
avait engagés pour des entreprises agricoles ou industrie- 
lles, ce que confirmait d'ailleurs les professions qu'ils exer- 
gaient. (Íes déclarations ont été constatées par un Franjáis 
qui servit d' interprete á. Frangois Matee ^ mort k Thópital 
de Tabasco; elles Tont été par un autre Franjáis qui fut 
Tinterprete de Jean Hary^ forgeron, de Jean Chauffe^ ma- 



C4 1845 

con, tous deux fusillés, et de Yictor Petit^ matelot et frérc 
du capitaine W. Turner; elles ont enfin été confirmées, dans 
les mémes termes, par Paul Parodia naturalisé Frangais, 
par Paul Fabas^ natif de Tarbes, par Eugéne Tourraine^ 
natif de Cherbourg, et par Louis BachmanUj du départe- 
ment du Bas-Rhin, lesquels ont été visites dans leur prison 
par MM. les ofBciers du brick le Lapérome. II existe en 
outre une déclaration de W. P*** qui présente les faits 
comme les malheureuses victimes de Tabasco les ont pre- 
sentes; on possfede enfin une lettre de Mr. A***, adressée át 
Mr. le lieulenant L***, le 1" septembre 1844, qui, tout en 
expliquant la conduite ^du general ***, ne nie point les 
ordres qu'il a donnés, et encoré moins les faits dont ce ge- 
neral essaye aujourd'hui de se justifier. 

Cette justification est du moins le but des publications 
qui ont paru derniérement dans un supplément du Sié- 
ele XIX , nM 1 85 , du 25 février de cette année. Mais le 
general *** a été aussi maladroit dans sa défense, qu'ine- 
xorable et sans pitié dans les sanglantes exécutions qu'il a 
ordonnées. Pour se justifier, il cite dans son manifesté Tordre 
qui lui a été expédié par le Ministre de la guerre Reyes, 
au nom du président; mais cet ordre est daté du2ljuin et 
DES LE 19 touies les exécutions étaient consommées !!!..• 
Le general *** a done agi sans ordre et de son propre 
mouvement. 

D'ailleurs, il se trouve dans ce docuraent un passage qui 
condamne le general ***; le voici : « Por último, el mismo 
Exmo. Sr. Presidente dispone, que todos los aventureros 
que se aprehendieron ARMADOS, y que no queda DUDA 
que vinieron contratados con Sentmanat PARA INVA- 
DIR ese departamento, se fusilen immediatamente. 

II fallait deux conditions precises pour que le gene- 
ral *** fut autorisé á fusiller ees hommes. II fallait d'abord 
qu'ils eussent été pris les armes a la main {ARMADOS) ; 



EXÉCDTIONS DE TABASGO. 65 

il Éstllait ensoiteqtfon ne pút douter, {QUE NO QUEDE 
DUDA) qu'iis n'eussent pris des engagements avec Sent- 
manat pour envahir {PARA INVADIR) le département 
de Tabasco. Eh bien, la plupart n'étaient dans aucun de 
ees deux cas!... quelles sont les armes qui leur furent sai- 
sies ?. . . quels doutes daigna-t-on édaircir ?. . . quelle invasión 
leur fui Jamáis prouvée ?. . . II resulte done de cette flagrante 
violation des ordres positifs du Présidenl, que les exécu- 
iions de Tabasco n'ont été que de véritables assassínats. 

Nous ne prétendons pas diré que tous les compagnons de 
Sentmanat ignorassent ses projets. 11 y avait parmi eux 
de véritables cómplices, et par conséquent des hommes qui 
avaient pris d'avance la détermination de partager son sort 
quel quMl fut ; mais c'est pour cela méme qu'il ne fallait 
pas agir avec tant de précipitation, bien moins encoré avec 
tant de cruauté ; c'est pour cela qu'il fallait faíre un procés 
régulier, convaincre les coupables et les punir; donner aux 
innocents le temps et les moyens de détruire de funestes 
imputations,*et les absoudre : voíla ce que nous dictent les 
lois divines et bumaines!... 

C'est lái ce que le general *** n'a pas fait; c'est encoré la 
ce qui laisse peser sur sa tete une grave responsabilité, et 
sur son cceur de déchirants remords. 

Cependant, le general *** n'a pas craint de pousser 
jusqu'au bout sa criminelle audace; il a fait juger les 
hommes qui se trouvaient encoré en prison. Sans qu'on 
connaisse jusqu'á présent les formes qu'il a suivies, sans 
qu'aucun témoin , á la charge des accusés , ait pu étre 
produit, sans qu'aucune preuve ait été administrée, ees 
hommes ont été condamnés k mortl.., Qui ne voit la ten- 
dance de ce jugement entaché d'irrégularité? Mr, *** s*est 
imaginé qú*une sentence de mort, rendue postérieurement 
contre ees. malheureux , justifierait ses actes précédents et 
attesterait la légalité des exécutions de juin i 844. 

5 



06 1«*5 

Mais Mr. le general *** s'est encoré trompé dan» cctte 
circonstance. Ce dernier fait prouve que lorsque rhonome 
est entré dans la voie du crime et des violences, il ne 
saurait en sortir que par de nouvelles infractions et des 
méfaits nouveaux. Ge general , par une confession de ses 
fautes et un repentir sincere , peut seul disposer les ames 
compatissantes k lui accorder un pardon que Dieu peut-étre 
lui refusera plus tard !•.• 

La preuve que la sentence rendue k Tabasco, en dernier 
lieuy est une nouvelle monstruosité , nous la trouvons dans 
le recours en gráce que Mr. le general *** a fait signer 
aux condamnés. Ces hommcs disent : •Los desgraciados que 
« suscribimos, JUZGADOS como los demás que tuvimos 
« la terrible desventura de venir asociados á ü. Francisco 
« Senfmanat, en la invasión que proyectó contra Tabasco, 
« SEGÚN HEMOS VISTO DESPUÉS, etc. , etc. . 

Infructueuse révélation !... Des hommes qui n'ont vu que 
DEPUIS (SEGÚN HEMOS VISTO DESPUÉS) leur départ 
de la N. Orléans quel était Tóbjet de l'expédition de Sent- 
manat, des hommes engagés á suivre cet ex-gouverneur, 
pour exercer k Tabasco leurs professions, n'étaient pas, 
ne pouvaient pas étre criminéis; et en parlant des assassí- 
nats commis sur eux , on ne peut diré sans une injustice 
criante : « las ejecuciones MERECIDAS pero IRREGULA- 
RES de Tabasco. » 

Nous avons voulu, en rclevant ces paroles, qui n'avaient 
pour but, sans doute, que Tabsolution du general ***, rap- 
peler qu'il ne faut jamáis s'écarter de ce principe salutaire : 
qu'un acensé est toujours reputé innocent, tantque lajustice 
ne Pa pas frappé d^une condamnation. 

Cet axiome d'une éternelle justice nous a nécessairement 

nduits k prouver Tinnocence de la plupart des hommes 

ijui ont été exécutés k Tabasco; nous avons été ensuíte 

amenes par la nature méme de la question íi prouver que. 



EXÉGUTIONS DS TABASCO. 67 

loin de se justiñer par son manifesté du 30 décembre 1844, 
le general *^* a foumi de nouveiies armes contre lui ; qu-uae 
immense responsabilité pese sur sa tete, et que, sí bonne 
justice esX faite, c'est lui qui, glissant dans le sang qu'il a 
vensé, doit recevoir un jour un ch&timent bien MÉRITÉ. 
Nous ne finirons pas cet article, sans prouver aux im- 
prudents éditeurs du Siécle que leurs paroles de MERE- 
CIDAS PERO IRREGULARES offrent un cruel contre-sens; 
quMls ont outragé rhumanité et violé les lois d*une saine 
logique en s'expriment aussi légérement k propos de san- 
glantes éxécutions. Sans abuser de la scolastique, nous jus- 
iiíierons notre assertion par Tespéce de syllogisme suivant : 

Tout ce qDÍ est mérité est juste 
Or le juste est toujours legal. 

Done n'a pu étre mérüé ce qui ne fut m juste ni legal. 

Nous conseillerons á Mr. le general *** de chercher dans 

son coeur Texplication des termes de notre quasi syllogisme, 

et si son intelligence lui en refíise également la solution, 

nous lui dírons alors avec un célebre moraliste : « Que tout 

• travers de Vesprit tient á un travers du camr. » 



RÉPONSE 

AUX ÉCL.MBCISSEMSNTS QUE VEULBNT BIEN NOUS DONNER MU. LES ¿DITEURS 
DD Sléc/e XIX DANS LECn NUMERO DU 21 MARS. 

Nous voudrions, messieurs, reconnaítre chez vous une 
franchise á laquelle nous ne serons jamáis étrangers, toutes 
les fois quMl nous faudra, & la face du monde entier, avouer 
une erreur que nous aurons commíse. 

Yousaccusez notre syllogisme du 19 mars, lorsque vous- 
mémes l'avez provoqué par vos paroles k sens vicieux de 
Ejecuciones merecidas pero irregulares : vous nous dites 
que merecidas ne veut pas diré méritéeSj mais bien : por 



68 1845 

las cuales uno se ha hecho digno de un castigo : faites -nous 
done la gráce de nous expliquer alors ce que vous avez 
prétendu concevoir par : tLas ejecuciones por las cuales se 
han hecho dignos de castigo pero irregulares de Tabasco. ■ 

Puisque vóus parlez ^ejecuciones^ il ne s'agit plus 
maintenant de considérer si les individus inculpes étaient 
ou non dignes d'un chátiment : c*esl un fait malheureuse- 
ment tro|i accompli ; ce sont des hommes tombés h Tabat- 
toir plus innocents assurément que les animaux qui tous 
les jours servent k nous alimenter. Done le sens que vous 
voulez donner aujourd'hui á votre merecidas est tout-íi-fait 
sans portee. Ce mot n'est absolument que l'expression de 
vos croyanees tout aussi erronées que celles de bien d'au- 
tres: dans votre opinión, autrement dit, merecidas signifie^ 
bien adquiridas^ grangeadas^ conquistadas^ justas^ etc. 11 
ne faut pas maintenant vouloir traduire un adjectif, aussi 
péremptoirement qualificatif dans votre bouche, par des 
périphrases qui n'honorent-personne; on doit soutenir son 
opinión, quelle qu'elle soit, une fois que i'on a eularaal- 
heureuse imprévoyance de Témeltre. — Gardez done pour 
vous ce que vous avez la complaisanee de nous diré : « Que 
á nuestro juicio^ perderiamos el tiempo en refutar racioci^ 
nios que solo se apoyan en SEMEJANTE CONFUSIÓN 
DE IDE AS. n 

Pour eompléter la somme de vos raisonnements, vous 
ajoutez : (ce qui est autrement clair que merecidas) t Lo 
que nosotros dijimos, fué esto : El gobierno hizo matar 
ilegalmente {{) á CRIMINALES (2) que un tribunal 
hubim-a legalmente CONDENADO. » Qui vous a donné 
cette assurance?... Qui vous a dit quMl existait un tribunal, 
ou bien des lois au monde, qui trainaient h. la mort la pué- 



0) TÜRRILLÉGALEMENT esl jusle le synonyme d'ASSASSINER. 
(«) DRS CRIMINELS: persoiine nVít criminel avant d'éire jug6. 



AU XIX"* SIÉGLB. 69 

rílité k peine entrée dans Tadolescence (1). Nous vous di- 
roDS, nous autres ignorants, que c'est un infanticide que 
la loi punit de mort; et que celui qui a fait couler un sang 
encoré blanc, pour ainsi díre, du laít puisé au sein ma- 
ternel, rC^sXpas méme un bourreau, c*est un vil assassin!... 
Nous soutenons done notre presque syilogisme tout aussí 
bien que Tassemblage de ses trois propositions; la troi- 
siéme découle n^essaireraent des deux autres. Nous 
sommes desesperes d'avoir cru un moment que Mr. *** 
serait le seul á ne pas pouvoir s'en expliquer les ter- 
mes. Du reste, non est hic locus d'ergoter ou de parler 
áe grands, peiits et moyens termes^ denthyméme^ cTin- 
duction^ d'exemple^ de sorite^ ou dépicheréme. La gram- 
maire, tout aussi bien que la logique, nous font horreur, 
des qu'elles vous fournissent des termes pour excuser un 
assassinat, qui vous fíge le sang, et qui chez nous le fait 
bouillir. 



\ 



AU XIX' SIÉCLE. 

Messieurs les éditeurs du Siécle^ dans leur numero du 
6 de ce mois, qui répond au ndtre du 26 expiré, se livrent 
k des facéties qu*on peut appeler hideuses, car elles sont 
des plus intempestivos. II s'agít des assassinats commis k 
Tabasco, et leur hilante n'est pas sans avoir quelque res- 
semblance avec celledes Anthropophages. Si nous pouvions 
au reste donner k leurs plaisanteries une forme matérielle, 
nous en ferions facilement un instrument trés-propre au 
pavage des rúes ; elles sont si lourdes et si pesantes que, 
peut-étre, étant tombées k terre, n'ont-elles pas été étran- 
géres aux tremblements de terre que nous venons d'éprou- 

(1) Do a fosillé an malhcarenz de diz-huit aus. Persoone D*¡gnore qat It 
paérilité finit ^ quinie III 



r 



70 1843 

ver, et qui, dan» le quartier de messieurs les éditeurs» OQt 
foit des ravages horribles. 

N'invoquez pas» messieurs les éditeurs, oh! nous voc^ 
en supplions, le spirituel chevalier de la Manche; le sel 
dont luí et son écuyer étaient pétris se fond dans yotre 
bouche* II faudrait dans tous les cas que le cbeval de bois, 
sur lequel vous nous supposez montes, pút nous porter bien 
haut, pour que de ceríains éditeurs áp certain^ journaux 
nous parussent aussí petits qu'un grdn de mil. Malgré 
cela, nous nous apercevons que Tobésité du corps n'a pas 
pour conséquence naturelle celle de Tesprit, car Tarticle de 
ees messieurs du Siécle denote une grande faconde et du 
gracíeux dans les idees (1). Cependant, qu'il nous soit 
permis de préférer toujours la hauteur k laquelle de nobles 
sentiments nous ont eleves, au cloaque de sang oü nos ad- 
versaires se trouvent embourbés. 

Suivant le cours de leurs délicieuses drdieries, messieurs 
les éditeurs du Siécle nous appellent journalisies á sang 
chaud {de sangre hirviente)j se réservant sans doute le 
nom d'écrivains & sang froid qui les classerait tout naturel- 
lement dans le régne des reptiles. Ce que c'est, cepen- 
dant, que les contrastes? 

Vous avez beau, mesiáeurs les éditeurs, divaguer dans 
tous les sens pour donner aajourd'hui h votre MERECIDAS 
un tour des plus humains, c'est peine inulile ; tous vos rai- 
sonnements échouent devant Texplication qu'en offre votre 
Journal du 21 du mois dernier. Le monde entier lira tou- 
jours avec horreur la qualification foumie par vous aux as- 
sassinats de Tabasco, que vous nomme^ impitoyablement 
EJECUCIONES MERECIDAS pero IRREGULARES. Ces 
mots se contredisent; le demier qualificatif tue le premier, 
et pour les éclaircir vous avez eu la double ingénuité de 
diré : • Lo que nosotros dijimos fué esto : el gobierno hizo 

i\) Un des priucipaux édileurs du SiicU est d*UDe obéiit^ rettdrqo.ible. 



AU XIX* 81ECLE. 74 

nmtar ilegalínenie á criminales (1) que un tribunal hubiera 
legalmente condenado!... dsuas runique bat, sans doote, 
de vous faire plaisir?..* 

Si votre langage est parabolique , par respect pour la 
religión et pour les mo&urs, voos devriez bien en adopter 
UB autre ; il est de certaines parodies dont on deyrait s'abs- 
tenir. Notre orthodoxie sur ce point vous effrayera peut- 
étre, et nousen serons déaolés; mais, en ce cas, noua ne 
saorions admettre aucun des correctifs dont vous paraisBez 
fií désiretix, rdativement á. vos paroles. 

Nous vous répéterons done ioujours, et jusqtfib satiété, 
^e fii les exécutíons de Tabasco n'avaient pas été IRRE- 
GULARES, c'e^>^*dire contre toittes les lois humaines et 
tos formes dictées par eUes, on serait peut^tre parvenú, 
á forcé de borme volante, k prouver que les coupables mé- 
ritaieni le dernier suppliee; mais on a tout violé á Tégard 
des prévenus,.et le sanguinaire impromptu du general *** 
ite sera janoaís qualiíié, que par votts> d'exécutions ndéri- 
tees, {ejecuciones merecidas). 

Pour que rapplication de la peine de mOrt eút été 
méritée^ et pcHir que naessienrs les éditeurs du Siécle eud- 
s^it pu luí donner ce nom^ il aoraü fallu que des dédara- 
tions tout-á-fait contraires k celles que nou3> avons publiées, 
et qiíih ont lúes, eussent fourni des preuves h leurs asser- 
tiems. Nous les renvoyons done h notre journal du 1 9 dU 
mois passé pour couper courtá. lew révoitante pbraaéo- 
iogie. 

Sí notre syUogísme n'est pas anssi pur que oekii de : 

Tout Romain est Italiea^ 
Or César est Romain ; 
Do&c César est Italien. 

(1] Qui Tous Ta dit qu'ils élaient erimineU ? Ib D*oiit pas été iofprrogés, il 
B*jr a p«s eu lie jtigemeiit ; ils n*ool ptis é(é prn !« «mes ü la nniiii, cVst (kñtl 
les déttlvaiMHis de cas nalbawf ux na TO«t root*eUes p«s afsti pmufé? 



72 1845 

c*est que nous n'avons pas voulu sacrifiw le sens aux 
formes, et que les altérations du syllogisme étant assez 
nombreuses, nous avons cru pouvoir lefi amplifier encoré, 
pour mieux peindre nos idees. Du reste, si nous avons été 
compris, notre but est atteint: ce sont des vérités d'intui- 
tion que les nótres, qui toujours vous seront étrangéres, 

Nous pensons que la grammaire a dú vous apprendre 
que merecidas était ou partícipe passé de merecer, ou qua- 
liñcatif de ejecuciones; nous avons alors pu diré qu'elle 
nous faisait horreur, des qu'elle vous fournissaít des termes 
pour patrociner des assasanals. 

ün individu peut bien, k tous les yeux, paraitre cri- 
minel et ne pas Tétre en réalité. La juslice seule fait res- 
sortir son innocence ou sa criminalité; done, nous avons 
encoré eu raison de diré que tout accusé est reputé inno^ 
cent tant que lajustice ne Fa pas frappé dune condamna- 
tion. Vous seuls pouvez y voir un paradoxe, 

II paraít que Téloquence des éditeurs du Siécle est tout- 
árfait iconoclaste, car le mot infanticide est á. leurs doctes 
yeux une image forcee : aussi leur joie grotesque, qui s^en 
évertue, nous est annoncée par lestrois grands points d*ex- 
clamation, de la suffisance la plus burlesque ; nos lecteurs 
sauront en tirer la conséquence. 

Une exécution illégale sera toujours pour nous l'équiva- 
leht d'un meurtreon d'un assassinat; et tous les captieux 
arguments des éditeurs du Siécle , qui protestent contra 
notre opinión, ne font quMndiquer chez ees messieurs une 
morale peu sévére et des principes par trop élastiques. 

Nous nous respectons trop pour repondré aux myriades 
de plaisanteries qu*a fait éclore chez les éditeurs du Siécle 
la figure que nous avons employée : D'un sang encoré 
blancj pour ainsidire, du laitpuisé au sein mátemela pour 
expliquer combien avait été prématuré la mort de plusieurs 
des victimes de Tabasco. Nous nous étonnons fort peu de 



Aü XIX* SIÉGLE. 73 

rincompréhensibilité pour ees messieurs d'un langage 
figuré; il a toujours été celui de Táme!... 

Lorsque nous avons dit qu^il ríexistait pas de tribunal 
ou de lois au monde qui condamnassent á la morí deb mal- 
heureux de dix'hmi ans^ n'avez-vous pas dú vous rappeler 
que nous avions aussi dans notre Code penal un article 64 
qui dit : // «'y a ni crime ni délit lorsque le prévenu était 
en étai de démence au temps de Paction^ ou lor.squ'il a éié 
contraint par une forcé d laquelle il ría pu résister. 

Que vous apprennent les déclarations des prévenus?... 
QuMls ont été menacés de mort i diverses reprises, s'ils 
ne se réunissaient pas au groupe de Sentmanat; et ees 
menaces» k qui se dirigeaient-elles?... á. de timides ado- 
lescents, plus inapressionnables néeessairement k la peur 
que des hommes de trente ou quarante ans, et par consé- 
quent, bien moins capables d'une résistance queleonque, 
et bien plus excusables aussi aux yeux de la loi dont un de 
vous, messieurs, est eependant Téloquent interprete!... 
Ah! combien sont éloignés les accents du Tribun des 
lourdes facéties du journaliste I . . . ( 1 ) 

Jamáis nous n'avons accusé la nation des assassinats de 
Tabasco ; ses nobles sentiraents nous sont connus : nous 
n'avons accusé que le general *** et vous, sur vos paroles 
de ejecuciones merecidas. Si telle était votre conviction, 
quene la gardiez-vous?... Pourquoi la publier? Nous au- 
rions voulu, dans votre iníérét, Tignorer, et cette genérense 
nation, que vous nous taxezsiinjustement d'incriminer, ne 
vous a lu alors qu'avec répugnance. 

Ne perdons plus de temps h des débats infructueux; 
seulement, qu'il nous soit permis de croire que rhumanité 
tout entiére, et les manes des innocentes victimes qui nous 
écoutent, nous sauront gré de nos efforts; cette recom- 
pense nous sufñt!... 

0) L*éd¡tear doDt nous parions ( st député. 



74 4845 

Mr. E. G*** ET la SOIE. 

FABLE. 

AVANT-PROPOS. 

Plusicurs ouvriers franjáis, que M. E. 6*** avait ame- 
nes de France pour rexploitation de la soie au Mexique, se 
présentaient tous les jours, en 1845, aux bureaux d'uñ 
négociant franjáis h México, pour quMl vouKkt bien ieur 
prpcurer quelqu'emploi. Cet ami, parfaitement informé 
des déceptions dont ees malheureux artisans avaient été 
victimes, me pria d'en faire le récit détaillé, pour Tenvoyer 
en France et le publier dans les journaux, afín de préserver 
de nouveaux déboires ceux que des entrepreneurs aven- 
tureux voudraient, par la suite, détourner de leurs travanx, 
pour les emmener h, Tétranger. 

Dans un intérét tout humanitaire, je me fis un vrai plai- 
sir de me préter á un service qu'un ami me demandaít. 
L*article que j*écrivis, une fois en son pouvoir, il le porta 
chez M. Thivol, rédacleur alors du Courrier francais k 
México. Cet autre ami, manquant sans doute de matiére 
pour son journal, Ty inséra tout simplement, sous le pseu- 
donyme de Gilíes Gogo que j'avais adopté, au lieu de Ten- 
voyer en France pour sa publicatíon. E. M. 



Nous avons trouvé, Taulre jour, dans la bolle du Cour- 
rier frangais^ — laquelle boite, k Tinstardesétablissements 
de nos grands confréres de Paris, est á. la porte de nos 
bureaux* — I'article récriminatoire que nous publions ci- 
aprés. Nos lecteurs ne pourront que s'attendrir avec nous 
sur les in fortunes, helas! trop réelles de M. Gogo, impru- 
dent actionnaire des utopies de M. G***, directeur gene- 
ral et fantastique de Tentreprise dé la soie. 



MR. E. G*** tT LA 80IE. 



FABIii:. 



75 



Plus éiuvé qu*une chryscdide ne Test parfois dans son 
cocón j je vicns, malheureux actionnaire, victime de soyeuses 
utopies, déverser dans vos colonnes Taveu de mes halluci- 
nations. 

Grand Dieul dans quel appareil (fétouffage ai-je été 
introduit!... — Mais ne suons plus et parlons. — Voici le 
fait. J*aime Tindustrie, surtout celle de la soie qoi en est 
Tarístocratie, et j'aí le faible qu'ont tous les hommes de 
croire á des promesses débordantes. II y a quelques années 
qu*une immense pancarte, accolée k tous les coins de me 
de México, assurait ps, 1 ,200 de rente annuelleá tout indi- 
vidu qui prendrait une action de ps. 50 dans la compagnie 
qui allait nous... exploiter... la soie au Mexique. (Oh I co- 
lonnes d'Hercule de la science qu'inventa le grand Ma- 
caire!) Le chíffre des actions était minime; je souscrivls á un 
quaterne et crus des lors mon existence assurée ; car c'est 
une aisance raisonnable que 24,000 fr. & dépenser par Mk 

Oh! alorsl et combien de fois alors! ímitantles Chinois, 
ne donnai*je pas au mürier le nom darbre cTor. Mon ima- 
gination s'enflammant par degrés, je parvins k me per- 
suader que le jardin fabuleux des Hespérides devait en étre 
tout planté, que ses pommes ne devaient étre que desmCüres 
rouges encoré du sang de Pyrame et Thisbé. 

<( Hade f acta que radix 

a Punkeo tingii pendwtia mora colore, » 

comme nous Tapprend Ovide. Le mytbique Jason, avec 
fies pommes sisam cidre^ était bien pauvre auprés de mo¡ ; 
j'étais bien au-dessus de Jason !... En effet, m'était-il pos- 
oble d'en douter?... Mille francs de capital allaieni m*en 
donner, ríen que d'intérét et chaqué année, vingt-quatre 
foisautant!... 

Pour diriger cette opération delirante dont il avait été 



76 1845 

Tapótre, un homme s^éíaii rencontré^ (Tune profondeur 
^esprit incroyable et d'une améiiité d'ange : il portait nom 
de G***. Véritable génie des participes» il enseignait á 
México le franjáis, (se réservant sans doute de montrer 
aussi, un peu plus tard... sa langue... aux actionnaires 
dégus) . Mais n'anticipons pas. Cet homme (prononcefe CÉT 
HOMME) devint Télu de Tíndustrie; lesaccents mielleux 
et cadenees de sa voix semblaient le désigner comme étant 
originaire du mont Hymelte; une entreprise aussi douce en 
soi... paraissait le réclamer. 

Notre abeille partit done pour la France; elle peignit le 
Mexique comme un nouvel Ophir. L'Italie, avec toutesses 
soies, n'était qu'une Arabie plus ou moins pétrée, mise en 
comparaison avec le Michoacan et ses exuberantes produc- 
tions. A cette voix vibrante d'une attique harmonie, une 
foule d*ouvriers croyant aux prophétiés de D, Estevan, k 
la croisade industrielle que leur préchait ce nouveau saint 
Bernard, et séduite par des promesses extrk-superfines, 
oublie tout pour le suivre. On vitalorsmécaniciens, tisseurs, 
teinturiers, etc., grouper autour d'eux leurs nombreuses 
familles et dérouler k ees bonnes gens les songes fantasti- 
ques, et sans cauchemar, qu'avait enfanté chez eux la pé- 
ritie de G***. On leur promet, disent-ils, de magnifiques 
appointements ; et k chacun d'eux ps. 6,000 (trente mille 
francs) de gratifi catión, aprés six années de travail I 

Ces malheureux , presqu'en démence et sans prendre 
les súretés d'usage, brisent les liens qui les attachaient aux 
ateliers oíi les occupaicnt d'honorables fabricants, pour 
voler sur les pas d'un Messie tout d*argent, d'or et de soie. 
M. G***, de son cóté, ne néglige aucun de ses roles ; il 
écrit au Mexique et trace un effrayant tablean des difficultés 
sans nombre qu'il a dú surmonter en France. Calvin, pré- 
chant la reforme, a été bien moins persécuté. Les fabricants 
ont entra vé de mille obstacles sa levée d'ouvriers, et la 



H. E. G*** BT LA SOIE. 77 

pólice, aussi vigilante que jalouse, n'a fait que iesaccroítre. 
Ici, on s'attendrit sur le sort de notre humanitaire^ des 
lannes industrielles coulent de tous les yeux, et la France 
entiére est taxée d'on égolsme révoltant. 

Selon D. Estevan, les Lyonnais» auseul nom de Mexique, 
éprouvent une horripilation de porc-épic; ils tremblent, 
toujours au diré de M. Gr***, qu'un rival meurtrier ne ré- 
duise bientdt au néant la fabrication de leurs luxueux 
tissus. 

Tous ees fabuleux rapports eurent á México une vogue 
indicíble ; on se félicítait mutuellement d'avoir acquis un 
citoyen aussi méritoire que M. G*** ; les éloges ne taris- 
saient pas sur cet apotre si bon ; on s'embrassait presque 
d*aise k la lecture de son espéce de martyrologie. Mais, 
córame a dit un célebre tragique : t La roche Tarpéienne 
est prés du Capitole. » M. G*** en fera bientót la triste ex- 
périence : cependant, laissons-le atteindre l'apogée de 
sa gloire et suivons, dans ses diverses phases, cet astre 
alors si lumineux. 

Sur les pas de notre industriel arrívérent bientót» en se 
pressant, tous ees honnétes ouvriers aux mains calleuses, 
aux bras de fer : transportes de México h. Morelia, ils tou- 
chferent enfin cette terre de promission ; leurs ames se dila- 
térent á Taspect d*une végétation luxuriante, et chacun 
s'applaudit d'avoir suivi Telan que leur avait communiqué 
le Chrysostome de la soie. 

C'est alors qu'á Tarrivée de notre zélé prédicateur, les 
crédules habitants de Morelia firent éclater leur enthou- 
siasme au son des cloches, des fanfares et des fusées {artí- 
fices que leur ménageait M. G*** ;) les réjouissances se 
succédérent avec une énivrante rapidité pendant plusieurs 
jours. Christophe Colomb, faisant k TEspagne cadeau d'un 
tjouveau monde, ne fut pas mieux accueilli par ses souve- 
rains qui se levérent á son approche, que ne le fut alors 



78 1«45 

par les Moréliens D. Estevan G***. II vetiait en effet de 
découvrir k leurs yeax un nouveau monde d*industrie ; il 
allait leur révélcr tous les secrets des trames de la soie, et 
leur en compter jusqu'au moindre fil (que luí seul avait 
alors, je crois). 

Cependant rouvrier, horome de sa nature trés-positif et 
d'un sens excessivement droit, ne fut pas longtemps á s'a- 
percevoirque Tentreprise G*** était mal conque; qu'il était 
incapable, soit d'en diriger la marche, soit de la suivre,et 
que la conclusión devait en étre aussi tragique pour eux 
que pour les actionnaires. 

En dépit de ees funestes pressentiments, ees conscíon- 
cieux artisans, jaloux de remplir les engagements qu'üs 
avaient pris, déployérent bientót, aux yeux ravis des Mo- 
réliens, les premiers tissus de soie qui devaient ouvrir, et 
peut-étre fermer, helas 1 pour eux la carrióre de cette nou- 
velle industrie ! L'engouement fut k son comble; et si Fer- 
dinand et Isabelle, apres avoir écouté le récit détaillé de 
Colomb, tombérent 5. genoux pour rendre gráce au ciel, 
les Moréliens, imitant leur exemple, coururent aux temples 
remercier TÉternel de ses bienfaits nouveaux, pleins de la 
plus franche reconnaissance pour les patriotiques sympa- 
thiesdeD. Estevan G^*\ 

Mais, si nilusion c'est le bonheur, comrae a dit un poete 
moderne, les malheureux actionnaires devaient désormais 
s'en contenter. Tous ees revés roses allaient s'envoler, ne 
laissant k leur place qu'une réalité bien déchirante. 

Une fois écoulés les doux moments d'une industrlelle 
expansión, arrivérent en foule les réflexions un peu plus 
mures \ et, par le fait, combien ne devait pas en faire naitre 
l'arbre qui sacrifiesa chevelure au ver ingrat qui la devore! 
Quoique peu diffxile sur la nature des terrains, une défo- 
liation plus ou moins abondante est toujours le résultat d'une 
situation qui lui est ou propice ou contraire. On n'eut lieu 



MR* £• 

que trop tól de s'apercevoir qoe le múricr s'acclimatait k 
contre-coeur dans le Michoacan, regrettant assurémept sa 
Chinoise origine. 

Nous autres, innocents actíonnaires, ignorions que les 
premiers tissuseussentété fabriques avec de la soíe d'outre- 
mer, que la sage prévoyance du géníe directorlal tenail en 
reserve pour un cas trop urgent. 

Pour combler nos malheurs, nous apprenons aujourd'hui 
quelavermiculante graineapéri presqu'en entier, latem- 
pérature ayant manqué d'élévation. Faudra-t-il qu'un jour 
chaqué actionnaire, corome cela se pratique dans les cam- 
pagnes du midi de la France, couve lui-méme quelques 
milliers d'oeufs po.ur se procurer PincfiTable jouissance de 
voir nattre et mourir, par défaut de feuilles, les petits vers 
pour lui sans avenir? mais c'est \k une fonction matérielíe 
qui n'appartient qu'á Tordre des gallinacés ! 

Les embarras que nous venons d'énumérer en ont engen- 
dré bien d' autres d'une nature tout-5.-fait meurtriére pour 
mes pauvres quatre actions. Les fonds ont manqué, et les 
ouvriers, amenes de France k grands frais et disséminés 
maiotenant sur le sol du Mexique, réclament, nous ne di- 
rons pas la gratification promise, mais bien des appointe- 
ments arriérés. Plusieurs cherchent k México un refuge 
contre la misére, dans une industrie qui leur est inu- 
tile ici; et M. G^**, aprés avoir subi presque toutes les 
métanoorphoses du ver qu'il préconise, véritable alchimiste 
de la soie, n*a conservé des prétendus fabricants d'or que 
ceíte pureté d'áme, condilion qui parait eásentielle k ees 
derniers, pour chauffer leurs fourneaux. 

Du reste, la subtililé de cette entreprise n'offrant ríen de 
moral, nous croyons de voir également oublier, dans notre 
fable, les inductions qu*évidemment chacun saura bien en 
tiren 

GILLES GOGO, actionnaire de la soie. 



80 1845 

TERREMOTOS. <•> 

Carta dirigida á todos los señores Editoret de periódicos de esta capital. 
INTRODUCTION. 

Dans le mois d'avril 1845, nous ressentímes á México 
plusieurs tremblemenis de Ierre d'une violence vraiment 
extraordinaire. La panique fut genérale, et une grande 
partie de la population, appréhendant quelque catastrophe, 
s'éloigna de la ville en toute háte. 

(i) Nuestro vulgo ha introducido una errónea diferencia entre las voces ter- 
remoto y temblor de tierra^ siendo así que esta última no es mas qje la 
traducción literal castellana de la primera, puramente latina, y compuesta de 
ierra, genitivo de ierra y motust que significa movi ¡Diento ó conmoción ; y en 
verdad que en buena lógica debemos preferir la voz ierremoo, pues que ella 
sola nos indica la idea con igual perfección, con más precisión y mayor (ron- 
titud que la voz temblor de tierra. 

Otro error introducido igualmente por el vu)go> y perpetuado por personas que 
no meditan, es llamar al sacudimiento vclical de la tierra, movimiento trepida- 
torio, ó simplemente trepidación, sin considerar que trepidutorio no es voz 
castellana, y que aun cuando lo fuera, nunca drjaria de ser impropia y contraria 
á la idea misma que por medio de ella quiere representarse; |>orquc trepidncion 
no significa en castelluno mas que la oscilación ó el balance con que los antiguos 
astrónomos creyeron se movia el firmamento, alternativamente de Norte á Sur, y 
de Oriente á Occidente. Este abuso de voces ba sido la causa de que nuestro vul- 
go llame equivocadamente terremoto al sacudimiento vertical de la tierra, y 
temblor á las oscilaciones laterales. Quede pues, sentado, de boy en adelante, 
que terremoto, en el caso de que hablamos, es lo mismo que temblor de tierra^ 
y que lo mismo siguifica trepidación que oscilación i de otro modo nos costará 
trabajo entendernos, y aun cspücarnos con exactitud, y mocho mas ser entendi- 
dos fuera de nuestro país. 

Todo ttrremoto empieza por un sacudimiento, que á nosotros nos parece 
vertical, por la posición que tenemos sobre la tierra; pero que en realidad es un 
sacudimiento en todos sentidos y en todas direcciones, tanto bácia arriba como 
hacia abajo, hacia los lados, oblicuamente, et<f., pues que no es mas que el 
efecto del empuje que hacen el aire ó los gases productores del terremoto, empu- 
jando todos los puntos de las cavidades subterráneas en que se hallan encerrados, 
y de donde procuran salir con violencia. Pero este empuje es más ó menos sen- 
sible para nosotros, y á voces totalmente iusensible, según su mayor ó menor 
fuerza, ó según la mayor ó menor di^tiucia del punto en que se efectúa, ya se 
considere esta distancia hacia los lados« ya hacia el fondo de la tierra.— Para de- 
signar el sacudimiento vertical, parece muy propia cualquiera de las roces, p^r- 
cusion ó repercusión» 



TERREMOTOS. 8i 

Un personnage de haute lignée, qui écrívait habituelle- 
ment dans le Siglo XIX, et qui peut-étre et non sans rao- 
tif craignait de nouvelles secousses, s'était retiré k la cam- 
pagne dans une de ses propriétés. Ce fut de Ik, sans 
doute, qu'il adressa au Siglo, pour leur publication, une 
douzaine de réflexions sur les trembleraenls de terre, dans 
Fuñique but, disait-il, de calmer le vulgaire (langage de 
seigneur) sur les resultáis désastreux qu'on leur attribuait 
sans fondement. 

II me parut tout d'abord quMl était bien plus naturel 
d'instruire le vulgaire (qui généralement a moins peur que 
d'autres) que de Tinduire en erreur. Dans tous les cas, 
.comme le vulgaire ici lit fort peu les journaux, Tauteur, 
évidemment, n'atteignait passon but; etsMI s'adressaítá 
la classe éclairée, il lui manquait en quelque sorte de res- 
pect, en la supposant gratuitement dans la plus parfaite 
ignorance sur les nombreux cataclysmes qui, visiblement, 
ont dú bien souvent bouleverser notre sol. 

Ces idees, partropprétentieuses, m'égayérent assezpour 
que j'entreprisse de réfuter, en badinant, Mr. Tauteur des 
Douze réflexions, qui cherchait, sans aucune raison appa- 
rente, k nous imposer ses convictions comrae des articles 
de foi, parce qu'elles étaient, k son diré, un fruit múri par 
seize années d'un travail assidu. 

N'ayant pas conservé en mon pouvoir les réponses que 
fit l'auteur des Douze réflexions aux articles queje publiai 
k cette époque, je me contenterai de diré que son amour- 
propre froissé les prit fort au sérieux, ce qui, pour moi, 
donna k la chose un tour des plus plaisants. 

Je soumets iciau lecteur \ts Douze réflexions qui motivé- 
rent cette intéressante polémique. 

E. AL 



\ 



Srés. editores. — Muy a^reciablés señores triios : — Al 
vtr el terror que se ha apoderado de los habitantes de esta 
capital con motivo de los terremotos que hemos sentido su- 
cesivamente desde el dia 8 de Marzo último, y princípal- 
rtiente del que se sintió el dia 7 de este toes, no puedo 
resistir al deseo de aventurar algunas reflexiones, que tal 
vez contribuir&n á tranquilizar los ánimos, si no de todas 
las personas qué temen, á lo menos de las que están dis- 
puestas á escuchar la voz de la razón, y á fundar sus espe- 
ranzas ó sus teraok'es, siquiera en algunas probabilidades. 
Creo que es uno de los mas sagrados deberes de todo hom- 
bre dotado de medianos sentimientos, hacer resonar pala- 
bras de confianza y de consuelo, cuando alguna calamidad* 
aqueja á un pueblo entero; y tengo todavía por mas obli- 
gatorio este deber, cuando la persona que lo reconoce ha 
adquirido por medio del estudio, de la observación, ó de la 
casualidad, algún conocimiento de la naturaleza del mal 
que se teme; porque si esta persona halló motivos de con- 
fianza ó de seguridad, debe, en conciencia, participarlos 
al publicó, para proporcionarle igual convencimiento, y 
por consiguiente medios seguros de alivio ó de completa 
tranquilidad. Nú todos los que temen quedarán tranquilos; 
pero ttiüchos habrá que á lo menos empiecen á dudat del 
motivo de sus temores, y en este caso, la duda misma es 
ya un beneficio, porque es una diminución de la creencia 
del mal. Y k fin de que mis deflexiones inspiren ittas con- 
fianza, debo decir á ustedes qüfe ellas son el fruto de diest y 
seis años del rtias ímprobo trabajo, de incesante estudio, y 
de constantes observaciones, indagaciones y consultas de 
toda especie, pues empecé á hacerlas el año de 1829, 
cuando aconteció en España, en donde yo me hallaba, e\ 
terremoto de Orihuela, de que .tal vez tendrán ustedes 
noticia. 

Pero antes de entrar en materia, permítanme ustedes, 



tERAIllOTOS. 83 

señores editores, rae qaeje de ustedes mismos, á nombre 
de todas las personas que piensan. El modo con que uste- 
des anunciaron el terremoto del día 7 (que podremos llamar 
el terremoto de San Epifauio)^ no fué el más á propósito 
para calmar los temores del público. Cualquiera que lea 
fuera de esta capital lo que dicen ustedes en sus periódicos» 
creerá que la ciudad quedó poco menos que arruinada, y 
que fueron inmensas las desgracias acaecidas en ella, por^ 
que á este juicio deben necesariamente dar lugar los pavo- 
rosos lamentos, y las frases de terror y de dolencia con 
que anunciaron casi todos los periódicos el mencionado 
terremoto. Y seamos francos : ¿cuáles han sido las desgra- 
cias? Todas ellas se reducen á haberse caido paredes ó te- 
chos viejos ó mal construidos, que por necesidad debian 
caer, que no hubieran caido sí se hubiesen encontrado en 
buen estado, y cuya caída debía anticipar el primer sacu- 
dimiento algo fuerte que sufriese nuestro suelo. ¿Cuántas 
y cuáles son las familias que han quedado en la horfandad, 
y las personas que fueron sepultadas bajo las ruinas? Hasta 
ahora, lo único que he podido averiguar, y no con certeza, 
á pesar de mis pesquisas, es que murieron dos personas, 
y que se contaban diez y siete lastimadas, unas y otras 
acaso por imprudencia. Esto llama hoy la atención, porque 
se trata de un terremoto; en otras circunstancias hay á 
cada paso mucho mayor número de personas muei^tas, he- 
ridas y arruinadas en la capital , y ninguno repara en ello. 
Finalmente, ¿cuántas personas han quedado reducidas á la 
miseria? Creo que ninguna, porque no concibo cómo pueda 
amiíniu^e un dueño de una finca porque se caigan una ó 
mas paredes de ella. Si algún propietario de la capital ha 
pedido de este modo toda su hacienda, es necesariamente 
escepdon de la regla. Algo mayor es el número de perso- 
nas qoe esperimenta todos los días cuantiosas pérdidas, ó 
quedan 6Ín recursos para vivir, á consecuencia de la vil 



1 



84 1845 

pasión del juego, ó de la bancarrota de alguna casa de 
comercio. 

Mas dejando á un lado otras infinitas consideraciones, 
vengamos al objeto principal, en la inteligencia de que en 
obsequio de la brevedad, no me detendré á dar las pruebas 
ni los fundamentos de lo que voy á decir : ahora procuraré 
solamente esponer las reflexiones, que creo pueden contri- 
buir á calmar los temores del público, porque esta es la 
necesidad más urgente : dentro de algunos dias empezaré 
á dar á luz con mas espacio y extensión, el resultado com- 
pleto de mis trabajos sobre esta materia*. 

PRIMERA R£FLE\I0IV. 

Es un error creer que la tierra se traga, como vulgar- 
mente se dice, ciudades enteras. S iálos que esto temen se 
les preguntara el fundamento que tienen para temerlo, se 
verían obligados á confesar que todo el que tienen, se re- 
duce á lo que unos oyeron contar á sus nodrizas; otros á 
sus amigos ó á personas tan instruidas como ellos ; á lo que 
otros leyeron sin crítica ni conocimientos preliminares en 

algún libro En esta materia es menester desconfiar 

de lo que refieren muchos autores de tratados de geología, 
de geografía, etc. Acaso ninguno de ellos sabe por espe- 
riencia propia lo que es un terremoto : todos ellos discur- 
ren, filosofan, observan y viajan sin salir de sus tranquilos 
gabinetes : todos ellos no hacen por lo común más que 
copiarse mutuamente, sirviendo de autoridad los unos á 
los otros; y entre las muchas pruebas que podria yo dar de 
esta verdad, me limitaré á citar la historieta de la tribu 
árabe que, según cuentan, se hundió en un campo del im- 
perio de Marruecos, á consecuencia del terremoto de Lis- 
boa. Raro es el geógrafo ó el geólogo que no repite esta 
conseja, porque no merece otro nombre la relación adalte- 



TERREMOTOS. 8$ 

rada de un accntecimiento. Mr. H. Bertrand de Lalanne, 
francés sumamente instruido, que viajó por aquellos países; 
que hizo observaciones preciosísimas sobre la geologia en 
general, y particularmente sobre los terremotos, durante 
su residencia en la costa de África, y en las islas Guada- 
lupe y Martinica ; que me honró con su amistad, y que me 
instruyó con su trato m¿s que cuantas obras he leido, 
visitó con toda la atención propia de un sabio, los parajes 
en donde dicen los geógrafos y geólogos que la tierra se 
tragó á los ¿rabes ; consultó la tradición de aquellos habi- 
tantes, y se convenció de que todas las circunstancias ex- 
traordinarias que se refieren de aquel suceso, son un cuento 
perpetuado por la credulidad de unos, por la ligereza de 
otros, y por el deseo que anima á muchos escritores de cap- 
tarse ia atención del lector, refiriendo cosas maravillosas y 
estupendas. Antes de tratar yo k Mr. Bertrand, ya habia 
oidp á otras personas no menos instruidas, negar la parte 
extraordinaria del acontecimiento ; ya habia yo leido obras 
escritas con crítica, en las que se refiere aquel, como suce- 
dió real y verdaderamente, despojado de toda fábula; y así 
fué que el juicio del sabio francés no hizo mas que afírmar 
en mi ánimo el convencimiento que ya tenia. Lo que es 
cierto, y de evidencia palpable, es, que ni Lisboa, ni Li- 
ma, ni Caracas, ni Guatemala, ni Orihuela, ni ninguna de 
esas poblaciones que tanto sufrieron en un tiempo por los 
terremotos, se ha hundido jamas, ni ha perdido una sola 
linea de su nivel primitivo : todas ellas se encuentran hoy á 
la misma altura en que siempre estuvieron. Acaecen, es 
verdad, hundimientos y formaciones de grietas ó aberturas 
en la superficie terrestre; pero esto sucede en determinados 
terrenos de cierta elevación, circunscrita á ciertos límites, 
de cierta forma, y cuya naturaleza y demás circunstancias 
particulares ios sujetan necesariamente á esta especie de 
alteraciones; como se observó hace algunos añas en el 



H 1845 

Tunguragua, montaña de los Andes de Quito, que hizo una 
erupción el año 1772, cuando tenia de altura 2,620 toesas; 
y en 1792, después de causar varios terremotos, quedó 
aquella reducida k 2,544, sin que el terreno de la ciudad 
de Quito sufriese la menor alteración. Se cita igualmente 
la desgracia ocurrida en el Callao de Lima; pero no se 
considera que esta fué causada por simples desprendimien- 
tos de una orilla de tierra combatida y socabada incesante- 
mente por las olas del mar, á lo que se agregó un violento 
retroceso de ellas; ademas de que los terrenos inmediatos 
al mar, siempre están mas espuestos k los terremotos y k 
las alteraciones que estos pueden producir. B&stenos por 
ahora estas indicaciones para tener la seguridad de que la 
ciudad de México no se halla en ninguno de los casos refe- 
ridos, antes bien, tengamos el consuelo de que ¡as llanuras 
mas elevadas (como lo es la que forma nuestro valle) son 
las que menos padecen en caso de terremotos, como lo 
prueba Lima, cuyo terreno está apenas 91 toesas mas ele- 
vado que el del Callao, y padeció infinitamente menos que 
este puerto. La superficie de nuestro magnífico valle está á 
2,725 varas 1/3 sobre el nivel del mar, esto es, á mayor 
altura que la cima del Mont-Cenis^ una de las montañas 
gigantes de los Alpes europeos. M&s ejemplos nos presenta 
la historia, de montañas hundidas hasta igualarse con los 
valles inmediatos k ellas, que de valles de grande estension 
que hayan perdido su nivel : al contrario, la formación de 
muchos de estos se atribuye con sobrado fundamento, ¿ 
hundimientos de montañas, de lomas, de colinas, y en ge- 
neral de elevaciones aisladas. 

SEGUNDA BEFLB3LI0N* 

Pues que la causa de los terremotos es, según la opinión 
que parece m&s fundada, la dilatación del aire ó de gases 



"I 



fiubt^ránaos, debe necesariamente ver ipuy favorable y 
benéfica la formación de un volcan, pprqqe esl,p6 vienen h 
servir de respiraderos á las cavidades interioras de la tier- 
ra, y podencos compararlos & las válvulas de seguridad que 
se le» ponen b las maquinas do vapor, p^ra evitar que es- 
tas estallen, Sn este caso, los habitantes de México pueden 
tener la satisfacción de poseer, no mqy li^jo^ de ^sta capi- 
tal, una zona que ofrece, casi bajo un mismo paralelo, un 
número muy considerable de estos respiraderos, qne ya no 
necesitan producir grandes trastorno^ para formarle, por- 
que hace siglos que existen, y entre los cuales son ios mM 
considerables el Colima, el Jorullo, el Popocatepetl, el hUi- 
úhuatl, el Pico de Onzava, el Cofre de Perote, y el Nevado 
de Toluca ; y como para la naturaleza no es distancia un 
espacio de mil, ni de mas leguas, recordaré que el aire di- 
latado encuentra en la misma zona un volcan en las islas 
de Revillagigedo, cercanas k nuestras co3tas de| Pacífico, 
y otros 205 respiraderos de la misma especie, en la spia 
cordillera que corta k lo largo á nuestro continente, 

t£rgerá reflexión. 

No siempre vomitan los volcanes fuego ó materias en- 
cendidas : muchas veces arrojan tierra, cenizas, piedras, 
lodo, agua, vapores ó aire solo. Basta que las cavidades 
interiores se desocupen, de modo que el aire ó Lps gases 
puedan dilatarse cuanto necesitan, para que se aquiete la 
naturaleza y cesen los terremotos,. Cuando las materias en- 
cendidas sean el obstáculo, éstas serán arrojadas, y el vol- 
can vomitará fuego; pero cuando el obstáculo consista en 
materias de otra especie, éstas saldrán por el cráter bajo 
diferentes aspectos : y del mismo modo, sí el aire enrare- 
cido puede salir á nuestra atmósfera, sin necesidad de dis- 
locar las materias ni de lanzarlas afuera^ el volcan despe- 



ss 1845 

dirá aire ó gases solamente, porque es verdad innegable 
que la naturaleza nunca hace más esfuerzos que los necesa- 
rios para recobrar y mantener su equilibrio. Así, yo creo 
firmemente que esto es lo que sucede en nuestro suelo : 
creo que muchos de los terremotos que aquí sentimos, ce- 
san saliendo el aire ó los gases subterráneos, por alguno ó 
por varios de nuestros volcanes, ó estendiéndose suficiente- 
mente por las cavidades que le ofrece el terreno, sin nece- 
sidad de hacer erupción ; y esta es la razón por que no ve- 
mos que nuestros volcanes arrojen fuego, aunque nada ten- 
dría de particular que lo arrojaran : no influiría esta cir- 
cunstancia en la esencia de los terremotos, porque la mayor 
ó menor violencia de éstos consistiría siempre en la mayor 
ó menor fuerza de la dilatación del aire, no en la calidad de 
las materías. Así también creo que muchos de los sacudi- 
mientos terrestres que sentimos en el valle de México, y 
que no salen de él, ó que apenas llegan mas allá de las al- 
turas que lo circundan, son producidos por erupciones de 
aire ó de gases del Popocatepetl, y ya tengo algunos datos 
en que fundar esta opinión. 

CUARTA REFLEXIÓN. 

No todos los terremotos que esperimentamos en México 
son efecto inmediato del enrarecimiento del aire que está 
exactamente debajo de nuestro suelo. Hay muchos que no 
son más que un sacudimiento comunicado por el contacto 
de las bases de las montañas subterráneas, que forma la 
base general de nuestro suelo, conmovidas por un terre- 
moto lejano ; y estos sacudimientos, aunque ciernen la tierra 
á veces de un modo estraordinario, y que inspira pavor á 
las personas tímidas, no son temibles por ningún motivo. 



TERREMOTOS. S9 

QUINTA REFLEXIÓN. 

Si la naturaleza no ofrece á nuestros sentidos ningún sín- 
toma precursor que pueda hacemos presumir la proximi* 
dad de un terremoto, no sucede lo mismo en caso de una 
erupción inmediata al lugar en donde estamos. Adviér- 
tense siempre en tal caso, emisiones ó desprendimientos de 
vapores mas ó menos densos en los parajes en donde debe 
efectuarse la erupción ; óyense de antemano por espacio de 
muchos días, y aun de meses enteros, ruidos subterráneos 
repentinos, como descargas de artillería, ó prolongados 
como el que producirían muchos carros rodando todos & 
un mismo tiempo sobre un terreno pedregoso; las aguas 
minerales se alteran ; las dulces se enturbian ; las de los 
pozos pierden su nivel natural, y muy frecuentemente se 
secan estos del todo : percíbese en los terrenos bajos, y más 
particularmente en las cuevas ó quiebras naturales del 
suelo, un olor de ácido carbónico, á veces insoportable, y 
casi siempre dañoso; suelen cubrirse los árboles, las pie- 
dras, las paredes y hasta los muebles, de una humedad 
particular, á modo de baño ó costra glutinosa; y finalmente, 
se notan otros muchos fenómenos extraordinarios, que desde 
que hay memoria de la existencia de México, nunca han 
advertido sus habitantes, ni probablemente advertirán ja- 
mas; pero si llegara el caso de que se vieran, la razón 
natural basta para conocer cuan fácil seria evitar el 
peligro. 

SEXTA REFLEXIÓN. 

La esperiencia ha probado ya, sin dejar lugar á la me- 
nor duda, que á medida que van pasando los tiempos, van 
siendo menos frecuentes las erupciones y los grandes tras- 
tomos causados por los terremotos. En la memoria que me 



M «845 

propongo dar á luz sobre esta materia, acaso tendré la sa- 
tisfacción de probar esta aserción tan consoladora ; bás- 
teme ahora decir en resumen, que de las tablas generales 
de comparación, que en este mismo momento tengo k la 
vista, resultan : 

En el siglo XVI 73 terremoto» considerables. 

En el XVII... 59 

EnelXVIll 24 

En el XIX 6. 

y debe notarse que según van siendo los tiempos menos re- 
molos, las noticias y observaciones son necesariamente 
mucho más ciertas y seguras. Consúltense las antiguas ga- 
cetas de México, y se verá que en el año de 1776 tembló 
el suelo de esta ciudad por espacio de más de veinte dias, 
y en otros parajes por m&s de cincuenta (t). Hubo entonces 
en la capital, como hay hoy, mucho temor, paredes caídas, 
cúpulas desplomadas, casas abandonadas por los habitan- 
tes, mentiras inventadas por el miedo, por la ignorancia, 
6 por la malicia, etc., etc., hasta que poco k poco la natu- 
raleza hizo su oficio; los habitantes volvieron k la ciudad y 
k sus ocupaciones acostumbradas ; las cosas recobraron su 
curso ordinario ; nadie volvió k hablar de lo pasado sino co- 
mo de un suceso histórico, y México continuó en el misnrio 
lugar en que siempre ha estado, esperimentando otros ter- 
remotos más ó menos fuertes, lo mismo que sucede hoy, y 
que probablemente continuará sucediendo mientras no va- 
rié la naturaleza de su terreno. Otro tanto podemos decir 
de los volcanes de nuestro continente. De todos ellos, solo 
58 están ya en actividad, y respecto de algunos de estos se 
ha observado que guardan en sus erupciones un período 

(1) En la Calabria se sintió ud terremoto que duró debele el día 5 de febrero 
de l'/M UacajflDio de ITM. fao ^ibeoM^ ^iwli iúsm Míli»ya iriiga4«i á la 
CaJaJiría, 



TBREElfOTOS. U 

que cada vez va aproximándose ro&s k un siglo; á lo mé*' 
nos según las observaciones que tengo reunidas, aparece 
que el Popocatepetl ha hecho erupciones visibles en ios 
años 

1548 de lava y materias encendidas, 

1571 de cenizas. 

1 592 de id. y vapores. 

1642 de id. id. 

1720.,,... de id. id. 

1804 de id. id. 

El Pico de Onzava las tuvo en 

1545 de lava y materias encendidas. 

1566 de id. 

1613 de lava y materias terrosas. 

1687 de cenizas y vapores (1). 

Ademas de todo esto, la razón natural dicta que en caso 
de erupción, es más probable prefiera la naturaleza cami- 
nos ya trillados para ella, á otros nuevos que deben opo- 
nerle mayor resistencia : y si el Popocatepetl, v. g., lle- 
gase k hacer una erupción fuerte, nada tendría que temer 
la ciudad de México, porque el cráter de aquel volcan está 
en la parte de la montaña que mira al Sud-Este (particula- 
ridad propia de este volcan y del Pico de Orizava, que son 
los mayores de nuestra República), y por consiguiente las 
corrientes de lava se dirijirian hacia la pendiente opuesta 
al valle de México, alcanzándole á esta ciudad, cuando 
naás, alguna ligera lluvia de tierra ó de cenizas. La proba- 
bilidad de que la naturaleza prefiera para hacer erupcio- 
nes, volcanes que ya existen, está fundada en repetidos 
ejemplares, de los cuales citaré solamente el de Lima, en 

(1) D. Pablo Lall&ye roe habló varias veces de otra erupción acaecida en 4736; 
ptro uunca me dio prueba ninguna satisractoria, y por esta razón no la incluyo 
eo Itt Ihu anterior. 



n 1845 

donde cesaron los terremotos que tanto la afligían el año de 
J 746, al instante que empezaron á hacer nuevas erupcio- 
nes cinco antiguos volcanes situados á las inmediaciones 
de aquella ciudad. 

SÉTIMA REFLEXIÓN. 

Varias veces oí decir en Alemania y en Francia, á per- 
sonas nada vulgares, que los focos volcánicos están situa- 
dos inmediatamente debajo de las grandes masas de gra* 
nito, y después leí lo mismo en algunas obras, principal- 
mente del sabio geólogo Mr. J. J. N. Huot, Si esto es así, 
como parecen probarlo ya todas las observaciones que se 
citan, creo que no hay debajo del suelo de México, á lo 
menos hasta la profundidad de sus caminos volcánicos, nin- 
gún foco de aquella especie; porque para creer que la base 
de las montañas que forman la base general de nuestro 
valle, es de granito, no tengo ningún dato; y para creer lo 
contrario, tengo ya algunos que rae han sido comunicados 
por personas cuya instrucción é inteligencia en esta mate- 
ria me es forzoso respetar. 

OCTAVA REFLEXIÓN. 

Se ha observado que son más frecuentes y recios los ter- 
remotos, cuando el año ó los años anteriores inmediatos 
han sido abundantes en lluvias con esceso; y efectivamente, 
ahora acabamos de ver probada esta observación. Tendrán 
ustedes presente, señores editores, que durante los dos úl- 
timos años pasados, 1843 y 1844, puede decirse que llo- 
vió sin intermisión en este valle, por espacio de diez y 
nueve meses, y en la actualidad apenas contamos poco 
más de nóvenla dias del año presente, cuando ya hemos 
sentido siete terremotos. — También abundan las observa- 
ciones para establecer por regla muy probable, que lo mis- 



TERREMOTOS. 03 

mo sucede en años precedidos de okos en que son pocas 
las tempestades, Acaso dependerá esto último de que las 
montañas, haciendo el oñcio de puntas, chupan la electri- 
cidad que abunda con esceso en la atmósfera cuaildo no se 
efectúan suficientes tempestades para consumirla, y la con- 
ducen y acumulan en las entrañas de la tierra. Sea lo que 
fuere, estas dos observaciones, que por aventuradas que 
parezcan, son ya un gran paso en la ciencia de los terre- 
motos, pueden servir de regla á las personas tímidas, para 
tomar las precauciones que les parezcan convenientes. Si 
ven que en este año, v. g. , son demasiado abundantes las 
lluvias, ó demasiado escasas las tempestades, pueden irse 
el año venidero á pasar una temporada al campo, ó á cual- 
quiera de los muchos puntos de la República en donde 
nunca se sienten terremotos; debiendo advertir que en 
nuestras regiones intertropicales ejercen una influencia muy 
particular y notable la primavera y el otoño; y que sin 
duda por esta causa en ambas estaciones son más frecuen- 
tes los terremotos desde Marzo hasta Mayo, y desde prin- 
cipios de Setiembre, hasta fines de Noviembre. 

NOVENA REFLEXIÓN. 

Podemos igualmente mirar como cosa probada, que 
cuando á un terremoto violento siguen otros que van dís- 
núnuyendo en fuerza progresivamente, hasta ser casi im- 
perceptible el último, es indicio de que la naturaleza quedó 
desahogada, y de que ya no hay motivo para temer nue- 
vas conmociones, procedentes de aquella misma causa. En 
la carta citada, hablando del terremoto de Jamaica, dice 
el autor : «... en la isla de San Cristóbal, en donde eran 

tan frecuentes los terremotos, han cesado ya del todo, 
€ desde que volvió á hacer erupciones el gran volcan que 
€ continúa ardiendo. Muchas personas esperaban aquí 



« 



f 



« igual fenómeno; pero ya no lo creemos necedario, pür- 
c que los sacudimientos van siendo menos fuertes cada 
« vez, y á mayores intervalos de tiempo, y son ya tan poco 
« perceptibles que nos lisonjeamos de que muy pronto 
« cesarán enteramente. » — El Dr. Pignataro, que residía 
en Monte-Leone, en la Calabria, el año dé 1787, eficribia : 
« Ya empiezan á tranquilizarse los íinimos, porque va dis- 
« minuyendo considerablemente la intensidad de los sacu- 
« dimientos, y la esperiencia nos ha enseñado á mirar esto 
« como un feliz presagio de tranquilidad. » — ^ No estará 
de más advertir que este escritor hablaba del memorable 
terremoto de Calabria que empezó el dia 5 de Febrero de 
1783, y duró hasta Junio de 1786. Pignataro contó en el 
primer año novecientos cuarenta y nueve sacudimientos no- 
tables; en el año siguiente, ciento cincuenta y uno; y 
en el tercero, ya apenas eran perceptibles en el mes de 
Junio. 

DlíCItíA REFLEXIÓN. 

Se equivocan y se atormentan inútilmente las personas 
que fundan sus temores en la abundancia de vestigios vol- 
cánicos que se encuentran en nuestro suelo. Esto probará 
cuando más que hubo volcanes que hicieron erupciones, y 
tal vez que muchos de los que las hicieron se apagaron an- 
tes de que nuestro continente fuese habitado ; pero nunca 
podrá servir de indicio de que pueda suceder ningún tras- 
torno en el terreno en que se halla situada la ciudad de 
Méxiéo. La Calabria es, después las regiones ecuatoriales, 
el país del mundo más éspuesto á terremotos, y los ha e&- 
perimentado infinitamente más fuertes y frecuentes que 
México, y sin embargo, en todo el suelo de aquel país, no 
se ha descubierto hasta ahora el menor vestigio volcánico 
de origen antiguo ni moderno. ¿Seria, pues, buena lógica 



TBRRiftÓtOS. #5 

deducir de esta particularidad ia consecuencia de que en la 
Calabria no debe haber terremotos? — Igualmente se equi- 
vocan Ibs que creen descubrir en el estado de la atmósfera 
síntomas precursores de las conmociones terrestres^ y que 
empiezan k temer desde que advierten el cielo encapotado, 
ó cargada aquella de vapores. Estos son muy frecuentes en 
la primavera, que en nuestras regiones es la estación que 
precede k las grandes lluvias; se notan particularmente 
cuando sopla el viento sin fijarse, entre el Norte y el Nord- 
este, y lo único que anuncian es alguna tempestad, que 
no por ser pasagera deja de ser benéfica en todas circuns- 
tancias, 

UNDÉCIMA REFLEXIÓN. 

Lo que sí está probado hasta la evidencia es, que los 
edificios fuertes, sólidos y bien construidos resisten k los 
terremotos más violentos que pueden sentirse en Móxico^ y 
que por consiguiente, en edificios de esta e^ecíe nada hay 
que temer. Véase si no, lo que sucedió en Lisboa, en Li- 
ma, en Guatemala, en Jamaica» en Caracas, y en todas esas 
elúdales cuya destrucción tanto se ha exagerado. En todas 
ellas quedaron en pié los edificios verdaderamente firmes, 
y cayeron los construidos con una ligereza bien disculpable 
en naciones que aun no tenían esperiencia de esta especie 
de trastornos. En la carta en que se refiere el terremoto que 
destruyó varias poblaciones de Jamaica, el año 1693 (in- 
serta en las Transacciones filosóficas^ tomo 18, página 83 y 
siguientes) , dice su autor que quedaron destruidas todas 
las casas, menos algunas construidas por los prudentes y 
cautos españoles^. En ia relación que el padre Fajardo hace 
del terremoto de Lima, dice : « No hubo más que algunas 
« casas que no cayeron ni se abrieron y por ser obras de 
« recia fábrica como acostumbran hacer los españoles que 



1 



96 1845 

c aquí enriquecen. » Todos los escritores que refieren el 
terremoto de Caracas, convienen en que quedaron exis- 
tentes muchas casas de la calle de San Juan, cerca del con- 
vento de Capuchinos, por ser de mejor construcción que las 
demás, y sobre todo la catedral que era el mejor edificio de 
la ciudad. Entre las ruinas existentes de la antigua Gua- 
temala, todavía se conservan (según he leido, y me asegu- 
ran personas que lo han visto) edificios que por su solidez 
resistieron perfectamente á los sacudimientos que arruina* 
ron aquella ciudad. En el año 1774 se esperimentó en la 
isla de Santo Domingo el terremoto mas fuerte de cuantos 
allí se mencionan (1) y en la relación que el gobernador de 
la parte española hace de aquel suceso & la corte de Ma- 
drid, dice : que solo quedaron enteras dos casas, una de 
ellas la que él habitaba, la aduana, la cárcel y el torreón 
del vigía, por ser los únicos edificios de piedra y buena 
construcción que habia en toda la isla... ¿ Pero qué necesi- 
dad hay de buscar ejemplos tan lejanos, cuando los tene- 
mos aquí mismo entre nosotros? A nuestra vista están to- 
das las casas, todos los templos, todos los edificios de cons- 
trucción antigua y moderna de esta capital que por su so- 
lidez han quedado ilesos á pesar de los muchos terremotos 
que han sufrido, entre ellos, los tan decantados de San 
Juan de Dios, de la Encarnación, de Santa Ménica, de 
Santa Cecilia, y el último de San Epifanio, acaecido el 7 
de este mes. Habrá algunos edificios de buena construc- 
ción que sin embargo hayan padecido algo ; pero no temo 
equivocarme asegurando, que la causa única y sola de esto, 
ha sido el abandono en que los tenían sus dueños, y en 
alguno que otro, ciertos defectos de construcción, que aun- 
que ligeros y reducidos á partes poco importantes, tarde ó 
temprano debían sufrir la suerte de toda obra humana que 

(i) Este terremoto se sintió en todo el continente atnericano, jr en Im ulu de 
JkTi» de Sumatra j de Doméo, (Ocnania neárUmdua.) 



TEanEMOTOS. 97 

no ha sido dirigida por las verdaderas reglas del arte. To- 
dos hablan de las poblaciones arruinadas por los terremo- 
tos; pero nadie se detiene k examinar con calma y con crí« 
tica las circunstancias particulares que han concurrido en 
cada uno de estos acontecimientos : solo se atiende al ter- 
ror que producen. Si por desgracia el suelo de París, ó el 
de Madrid, ó el de Nueva- York, llegara k ser sacudido, 
como lo es el nuestro con frecuencia por los terremotos que 
llamamos medianos^ irremediablemente se desmoronarían 
aquellas tres ciudades, como si fueran de hojarasca, y creo 
con toda seguridad y certeza, que de la primera y segunda 
quedarían muy pocos edificios; pero de la tercera, sola- 
mente la memoría. Y ¿qué se diría entonces? Que en París, 
en Madrid ó en Nueva -York habia habido un terremoto tan 
fuerte y horroroso^ que todas las casas habían venido al 
suelo, y hé aquí un terremoto despreciable entre nosotros, 
colocado ya en la gerarquía de los grandes trastornos de 
la superficie del globo terrestre. . . Pero no dejarían de reírse 
de esta calificación en los tiempos venideros los hombres 
sensatos, cuando llegaran & saber que las casas de aquellas 
ciudades no eran, generalmente hablando, mas que reunio- 
nes de tabiques, amontonados unos encima de otros, for- 
mados de ladrillo ó de cascajo, 6 de mezcla y maderos, y 
embarrados de yeso ; y que sus mejores edificios de piedra, 

apenas profundizaban en el suelo Ahora bien, ¿qué 

razón hay para que nos intimiden ejemplos de aconteci- 
mientos, cuyas circunstancias en nada se asemejan 6 las 
nuestras? ¿Por qué hemos de angustiarnos, discurríendo 
8obre resultados de causas que no existen entre nosotros? 
En México se esperimentan terremotos, y probablemente se 
esperímentarán siempre; pero hay sobrado fundamento 
para creer que nunca sucederá m&s de lo que hasta ahora 
ha sucedido ; antes bien puede ser que no esté muy lejano 
el tiempo en que cesen enteramente, porque todo contrí- 

7 



n i845 

baye á hacer sospechar que ya se aproximan á sa término 
las alteraciones que necesita el globo terrestre, para adqui- 
rir el estado en que debe quedar. Esta no es una paradoja 
inventada por mí, con el único fin de calmar temores : no, 
ciertamente. Es el resultado de infinitas observaciones y 
deducciones tan naturales como admirables, hechas por 
ingenios de primer orden, cuyas doctrinas merecen fé, y 
deben inspirarnos confianza. 

DüOOáCtifá RBFUSXlOiN. 

Respecto del terremoto del dia 7 de este mes, no creo 
puede conjeturarse nada todavía con alguna certeza, por 
falta de datos : lo único que parece probable es, que tuvo 
su origen en el mar Pacífico, de donde vienen á nuestro 
continente las grandes conmoociones, particularmente en la 
dirección de las islas de Revillagigedo ; pues hay motivo . 
para suponeí* que la base general de este grupo está en con- 
tacto inmediato con la del volcan de Colima. Pero como 
quiera que sea, no me queda la menor «duda de que las 
principales oscilaciones se fijaron del Este al Oeste, y que la 
última, en que el suelo recobró su nivel, se dirigió háoia 
el Oeste. Ahora, debemos convenir en que el terremoto no 
fué tan fuerte como lento, y estendidas las ondulaciones» 
las cuales levantaban y abajaban mayor espacio de terreno 
que otras veces ; y convendremos también en que esta par- 
ticularidad hizo parecer al movimiento mas duradero de lo 
. que realmente fué. Esto no es negar que se presentó con 
mas intensidad que otros muchos; sino solamente notar 
una circunstancia muy principal que debe tomarse en con- 
sideración, para rebajar una gran parte de las exagera- 
ciones k que ha dado lugar el mencionado terremoto, y 
apreciar en su justo valor los resultados que se le atribuyen. 
Dícese, por ejemplo, que lastimó la mayor parte del case- 



TKRRBMOTOS. ^ 

río : convenganros en que sobre este punto h»y roscho que 
hablar. Rara es' el abra, ó ta rajadora de pared que se com- 
pone bien en esta capital, especialmente en las casas habi- 
tadas por inquilinos que no son dueños de ellas,. y más to- 
davía en las que pertenecen k comunidades rdigiosas* 
Cuando el mayordomo de alguna de óstaSi, obligado por las 
continuas quejas del inquilino, se resuelve k hacer com- 
posturas en la casa, se contenta con dar el encargo al alb»- 
ñil de su confianza, el cuaf ya sabe lo que ha. de hac^. 
Tapa maí y de mala manera la hendidura, sin buscar la 
causa de que procede, sin examinar sí el daño viene de los 
cimientos, en cayo caso seria necesario hacer de nuevo la 
pared, y quedan mny satisfechos, el inquilino, de que por 
fin le compusieron la casa, y el mayordomo, de que la 
compuso con economía. Así va sucediendo en otras muchas 
casas, y por muchos años, hasta que el día menos pensado 
viene un terremoto, y no solamente descubre el daéo, que 
estaba solapado, sino que necesariamente lo aumenta* Des- 
cúbrense entonces infinitas cuarteaduras (como aquí se las 
llama) , y ya se sabe que es de regla atribuírselas al terre- 
moto, y calcular por ellas la fuerza de éste* ¿Quieren us- 
tedes, señores edítoreS, una prueba palpable de esta ver- 
dad? Sírvanse ustedes echar una mirada á la arquería que 
conduce el agua de Chapultepec, y ver&n ustedes que solo 
han padecido ahora los arcos rotos hace mucho tiempo, y 
mal remendados cada vez que vuelve á romperlos un terre- 
moto; los demás están perfectamente sanosj sin la meaor 
lesión. Añádese con grande encarecimiento que esta vez ha 
sucedido lo que hace mucho tiempo no sucedía, como es 
haberse caido una cúpula de una iglesia, y algunas paredes 
de varías Gasa& Pero ¿se sabe el estado en que se hallaba 
esa cúpula? ¿Hay razones para creer que debia haber re- 
sistido, á los vaivenes que la. desplomaron? ¿Estaba hecha 
según las i^eglas de la buena arquitectura? ¿Se la había^ 



100 1845 

reconocido, como era natural hacerlo, después de cada uno 
de los terrenoíotos acaecidos desde la época de su construc- 
ción hasta la nuestra...? (1) Y ¿qué diremos de esas pare- 
des de casas? Deberemos decir en una palabra (si quere- 
mos decir verdad), que lo que hay que estrañar es, no se 
hayan caido antes, sin necesidad de terremoto; que el del 
dia 7 de este mes no fué tan fuerte como se pretende, pues 
que dejó en pié edificios, que hace años están amenazando 
ruina : y que hasta cierto punto es una ventaja haya caido 
lo que debia caer, porque según vemos, este es el único 
medio de que se componga debidamente el mal caserío de 
nuestra capital, y este ejemplar har& abrir los ojos & mu- 
chas personas, convenciéndolas de que ningún mal se cura 
radicalmente con paliativos, y de que el modo de evitar la 
destrucción de los edificios, en caso de terremotos, es 
construir aquellos con solidez, con firmeza, consultando el 
terreno en que se fundan, y observando escrupulosamente 
las reglas del arte, y conservarlos siempre en tal estado. 
La economía mal entendida es, en estos casos, más que en 
cualesquiera otros, totalmente 9puesta al fin que se ¡pro- 
ponen los mismos que la emplean. Por eso hemos visto to- 
dos con particular satisfacción que no han padecido nada 
las buenas fábricas de construcción antigua, ni las moder- 
nas con que últimamente han aumentado el ornato y la ri- 
queza de esta capital (entre varios arquitectos de mérito) 
los apreciables profesores Don LorenzoH idalga y Don En- 
rique Griffon. 

En fin, señores editores; si por medio de las reflexiones 
espuestas (ya que la escasez de tiempo no me permite es- 

(I) Podemos decir de las casas, lo mismo qae de las cúpnlas. ¿Por qué raion 
Gs muy reducido el número de las que padecieron, respecto de las que quedaroo 
ilesas ? ¿Por qué padeció esta casa, ó la otra, y no las que están á sus dos lados? 
¿ Por qué no cayeron otras cúpulas más antiguas, más Tiejas, y de mayor volumen 
y peso? Por Tenlura la fuerza del terremoto ¿no fué la misma para todas las 
casas y para todas las cúpulas de México ? 



TREMBLBHBNTS DB TERRB. iOl 

tenderme más) consigo que & lo menos algunas personas 
empiecen á sentir disminuidos sus temores, conociendo que 
el miedo es malísimo instrumento para medir un peligro ; 
si alcanzo que se haga justicia k la imparcialidad, al de- 
sinterés, y á la pureza de intención con que procuro hacer 
k otros partícipes del convencimiento y seguridad que 
siento yo en mí mismo, esponiendo las razones que me su- 
giere mí mezquino entendimiento, sin otra mira que la de 
proporcionar motivos de confianza y de consuelo ; habré 
logrado cuanto puede apetecer este seguro servidor de us- 
tedes — Q. B. S. M. 

J. G. De la Cortina. 

México, 16 de Abril de 1845. 



TREMBLEMENTS DE TERRE. 

Mon cher monsieur Téditeur du Courrier Franfais k 
JLéxico : si la loquacité de votre correspondant Gilíes Gogq, 
de soyeuse mémoire, ne vous a pas trop amusé en sens in^ 
verse (c*est-íL-dire emb.«. ), il se permettra de vous com- 
muniquer une histoire des tremblements de terre quMl a 
-écríte et que vous publierez, sí bon vous semble. 

Je m'en vais vous diré pourquoi je me crois plus propre 
qu^un autre k faire le tableau des secousses terrestres : je 
viens d^étre victime d'un cataclysme industríela et comme 
j'aí voulu en rechercher la cause, ?a m*a mis naturelle- 
ment sur la voíe de tous les mouvements oscillatoires pos- 
sibles. J'ignore si mes raisons vous paraítront satisfaí- 
santes ; mais moi je les crois telles. 

Cette idee de quaker ( prononcez quacre pour ne pas 
Tousécorcherlelarynx) m*a été suggérée aussi par une 
serie de réflexíons, fruit de seize ans de travail, dit-on, 



102 1845 

qui ont vu {ejmr dans un grand diable de Journal doat Je 
títre poQQtpeux de Siécle XIX me rappeUe^ k ce siyet, la 
Casluease ínscriptíon du palais áa prince dx2 Monaco (1)« 

Avant d*entrer en matiére, je Yau3 demanderai la per- 
missioQ de faire quelques ré/lejcions sur €es réfiexions qae 
nouBsoumet le Siéele XI X^ puisque Siécle XÍXíl s'appelle. 
Je pourrais diré k leur auteur ce que disait un inbrus á 
Taima aprés une represen tation d'HamIet : c Quevousa»ez 
ét¿ Aon dans votre role, mauieur Taima! Dieu de Dieu! 
nCobez^wus fait rirel... » J'ai ressentí plusd'une foisce 
besoin k la lecture des douze reflexione consigiées daas ie 
joumai^momtre. 

La premiére nous apprend qae ce sont des oontes de 
nourrice que ceux des ensevelíssements de villes dans les 
crevasses du sol, par suite des tremblements de terre; ce- 
pendant Lisbonne, que cite Tauteur, esljustementlapreuve 
du contraire. J'ai eu l'honneur de visrter cetle ville, et je 
n'ai contemplé qu'avec effroi la dépression des terrains oc- 
casionnée par le tremblement de terre de 1 755* Ge n'cst 
«que par des escaliers en pierre qu'on pairvient k 8*éievier de 
)a vüte basse k la ville faaute, o(i se trouve situé le nofafes- 
taeux palais d'Afuday qui domine et le Tage et la mer. <i¡e 
queje puis assurer k Taateur des Réfl^ions, c*edtque,8Ms 
les courageux efforts du tnarquis de Fcmbal pour retemr 

j[i) Commej'ai peur de troubler lua narra tioo, et 4?a seraUdomma^ei j'ai re- 
eoors aa rcnvoi/VolIá ce que dít Dupatt dans ks ¿e/frra «vr Vltaliex tLesouve* 
c nfia áe Monaco • «ae cour ; il a <lcs gantes «n nombre de vinft, oe sotl «ligt 
c payMHi»; quaire genülsbomroet de la Chambre ce soni quaire boiuyeoia.Clia(|ue 
c fpis qu*il vient & Monaco, a?aDt de meilre le pied au chftteau, il va, suivi deim 
I oour et de sea snjeis, k nne petfte cliapenr, mdre gjdce é Bien de aon liMrease 
c arrhi¿e. 

c II y a des inscriplions daos .le cbAlvau; en Toici un écbaQÜIlon : oa lit 
c au-dessus d'une porte qui ressemble Ik la porte cochére (Tune auberge: 

<K CtypU ^tífíian 9mnc etsé M regum, tmperéiarÉmi^t'unMorum 
« pmtificum ingreHud^oomiWif tañen ttmUs mo¡li$^oa$tiM$^^»gatímn^ 
€ awpliúvit^ illustratü, exomavitanna salutis 1^63. » 

« C*esl (out ce qu*on pourrait mettne süfla porte du CapTitole. > 



TRBMBLEMERTS DE TERRE. 403 

la populatitHi, Lisbonne serait aujoarcT huí la Pülmyre de 
Ib. Lusttarnet et queje n'aurais pas eu le plaisir en 1822 
d'y... raanger tfexcel lentes oranges. 

Je ne parlerai pas d' fJercuianum comme aussi de Pam- 
peia^ prés de laquelle ce cuiieux de Pline i'Ancien prit 
fantaisíe de contempler sans longve-vue l'érupUon du Yé- 
8UYC, entreprise dar^ iaquelle íl périt. Ces deux vides de 
la Campante ont disparu, recouverles par les laves, dans 
les anfractuosilés qoi s'ouvrirent alors, Tan 79 de notre 
ere, 

Dans la troi&iéme reflexión l'auteur parle de volcans qui 
ne laissent échapper que des vents ; la comparaison que 
je paurrais en faire serait trf>p incongrue, je sauraí m*en 
absteoir ; a;iais c'ost Ja premiére fois de ma vie que j'en- 
tends parler de cráteres venteux : peut-étre ont-iis aussi 
été le fruit de notre Révolution de 92, et découverts en 
V€nióse\ c'est ce que j* ignore entiér^nent. 

La huitiéme reflexión m*a paru la pUis sensée de toute», 

elle n'est pas de celles qui oni du coúter h leur autear 

seize années de travail ; Texécution seulement en est plus 

difficile, la voici : « Si vous voyez que telle année v. g. 

c les pluies sont pai* trop ahondantes, ou les orages 

c peu fréquents, yoüs pouysz aller l^amnér pao- 

« GHAIME PASSER A LA CAMPAG^E U.\E PARTIE DE LA 

• SAisoN, ou vous diriger sur quelque point de la Ré- 
c publique oü jamáis on n'éprouve de tremblements de 
« terre ; ayant le soín de vous prevenir que, dans nos 
t régions intertropicales, le printensps et Tautomne ex^- 
« cent une influence particuliére et bien notable sur la 
c cause des trembleroenta, et qu'ils sont infioiment plus 
< fréquents de mars en mai ct de septembre en novem- 
« bre. » 

II ¥ a de la candeur «t de la jostesse danS les reflexiona 
de Tauteur ou dans rauteor des réflesions, Je ine gardecai 



104 1845 

bien de le contredíre; mais je crois que si México n'est ha- 
bitable, la plupart du temps, que six mois de Fannée, il 
serait bon, pour éviter les déplacements, d*en changer 
tout d'une fois. Moi, qui n'ai pas de grands moyens ioco- 
motifs, je m'estimerais fort heureux si Ton adoptait au- 
jourd'hui le plan de Charles V, qui voulait fixer la capítale 
sur les hauteurs de Tacubaya ; et il avait bon nez , car 
cette ville, m*a-t-on dit, a fait trés-bonne contenance, 
tandis que nous nous balancions ici comme aux Folies- 
Beayjon. 

Quant á la partie scientifique des réflexíons, je suis loin 
de les critiquer ; chacun a son sysléme, et puisque je vais 
expliquer le mien, je veux par mon silence mériter une 
indulgence dont j'ai sans doute bien plus besoin qu'un 
autre. 

Mille pardons, Mr. Téditeur du Courrier^Frangais , si 
mon exorde est & peu prés celui de la défense de Petit-Jean 
dans les Plaideursóe Hacine, que je me piáis k rappelcr : il 
est si drdle I 

a Quand je regarde avec exactitude 

« L'iDconstance du monde et sa vicissitude , 

<c Lonque je vois, parmi tant d'hommes différents, 

« Pas une étoile fixe, et tant d'astres errante; 

« Quand je vois les Césars, quand je vois leur fortune ; 

<f Quand je vois le soleil, et quand je vois la lune ; etc., etc.v 

Mais vous neTignorez pas, bien des oiseaux, pour pren* 
dre leur vol, ont d'abord besoin de prendre aussi leur élan, 
et je crois bien peser au moins autant qu*un cóndor pour 
pouvoir user de ees licences. 

Enfin, quoique aussi diffus que Petit-Jean^ je suis heu- 
reusement arrivé au fait; écoutez-moi. 

Tous ont écrit sur Tamour ; tous aujourd'huí s*escriment 
sur les tremblements de terre, et comme il existe une 
grande analogie entre ees deux phénoménes , sans vouloir 



TREMBLBMBNTS DE TBRRE. t05 

expliquen Tun par Tautre, je me propose cependant d'en 
faire ressortir toutes les affinités. Le feu central qui existe 
en nous, met en ébullitíon tout notre sang aux approches 
d*un objet que nous aimons ; eh bien, c'est & ce méme feu 
central que, sauf votre bon plaisir, je me permets d*attri- 
buer aussi les tremblements de t^re avec leurs affreuses 
oscillations. Le coeur est chez nous le foyer de tous nos 
tremblements d'amour, comme le sont également les ca- 
vités souterraines, remplies de pyrites inflammables au 
contact de Teau qui s'y infiltre, des secousses horribles que 
nous venons d'éprouver. Si les oreillettes du cceur sont les 
sinus re/bulmits qui font passer avec le fluide sanguin, jus- 
qu'& la superficie de notre face, Texpression des sentiments 
qui nous animent , de méme les terrains de moindre résis^ 
tance qui aboutissent aux cavités désignées, sont aussi les 
conducteurs du liquide gazéifié qui s'y est formé, et qui 
nous berce ici-sus d*une maniere assez insolite dans les 
anuales géologiques. 

Les efforts que je fais pour vous analyser les tremble- 
ments de terre et ceux de Tamour, choses que vous com- 
preñez mieux que moi sans doute, m^attireront de vous, 
peui-étre, une réponse assez semblable á celle que fit un 
médecin de Montpellier h, mi individu qui lui demandait 
une solution de Tamour; la voici : c Larsque f entenas ou 
fue je lis de bellesphrases sur Pamour^fen leve les épaules ; 
voyez'-vausj mon cher, tamour nest pos du tout dans le 
comTy c'est.... Fatlraction de deux muqueuses. » 

Je vous ai done expliqué, Mr. Téditeur du Courrier, 
ou j*ai cru vous avoir expliqué ma théoríe des tremblements; 
mais pour que vous y ajoutíez plus de foi, car j'ai intérét k 
vous convaincre, je vais parler sérieusement, abandonnant 
mon systéme Charivari^ pour lequel je me sens un faible 
prononcé. 

Le tremblement de terre n'est autre chose, comme le dit 



10G 1845 

Ferry^ « quhm mouvement brmqne imprimé par des agenis 

inlérieurs á quelque por lian de la cauche superficicl^ de ¡a 

ierre n » Cberchons maintenant á. vousen produíre ks mo- 

tifSy quoíque les raisons que j'ai données jusqu'ici me pa- 

raíssent assez claíres. 

^mis vkiiqúe iaiet^ nafwam amplietititr mnnevi ; 
Cuuciaparii, rerwvat dividity vrít, alii ; 

a dit certain poete, et dans Chypolhése Plulonienne jedtrai 
que je crois avec Ferry uufeu central (rorigine des Bources 
themiales semble Tindiquer), < qui est d'une tempéfatare 
« supérieure á ceile de nos foarneaur les plus ardents; el 
c qui aurait penetré toute notre planéte au temps <]e sa 
« formaUon. » SQpposons done qu'il existe dans la ierre, 
á de grandes profondeurs, d'immenses cavités qui, par ia 
présence du feu central^ sont parvenúes k un état presque 
d'ineandescence. Si les eaux, par leurs ínfiltratíóos conti- 
nues, et l'ikumectaUon de tous les jours des terrains qni 
environnent ees cavités, sont arrivées á y pénétrer «en 
masse, n'ont^Hes pas dü y passer immédiatemesit k Tétat 
de vapettrs? C'est alors que cette masse d'eau gazéiñéea 
du iutter avec forcé contre toates les parois de ees eavítéf , 
s'e^ prócipítée par toutes les lignes de terrain de m^ndre 
resístame qui y aboutíssaient, et une fois ees gaz parvemn, 
par différents condaits, scv» des couches de terrain, pres- 
que uniformément de moindre rásisinnce^ conditions que 
posséde celui de México, ees gaz, dis-je, ae sont eleves di 
la surface, et rencontrant le poids des édifices auxquds» 
des leur départ, its avaient imprime déjá un nxwivement 
^osciUatmi^ leur en ont f&it éprauver aiers un autre de 
trépidatmt^ jusqu*2i ee qu^ils aient pu B'écbapper f^ar tes 
íissures qüMIs s'étaient ouvertes k ia superficie de<}a tare, 
et par les eanaux ou difTérents égout» que la main de 
Thomme y a creusés. 
Aux personaes qm we ?euleiit pmnt adonttre rexistence 



TR£MBLEBIBinTS DE TfiRRK. (07 

d'un feu cen¿rai,}e leiir <fcai, oomme je Tai fait déjá, qu'il 
se rencootre dans les imtnenses caviles de la terre des dé- 
pots abondants de pyrites, inilarnooabtes aa contact de VtajQ, 
et qu'il en resulte des effets tout h fait semblables a cmx 
que produit un feu cerUrul. Voici ce que dít /.-/. Virey : 
c D'aitleurs, la plupart des matériaux composant Técorce 
du globe ne sontque des élémenls comburés^ comme les 
terres, les pierres k Tétat d'oxydes et d' acides diversennent 
associés ou combines. Humphrey Davy en concluait qu*Hs 
avaient du brúler par le contact, soit de Toxygéne almo- 
sphérique , soit par celm de feau^ qui est elle-méme de 
Foxyde d*hydrogéne (telle est Tune des bases de l'hypo- 
thése neptunienne). 

Lorsque les caviles que je viens d'indiquer se Irouveronl 
complétement environnées de lerrains graniliques de la 
plus grande résistance^ el que ccux de moindre résistance 
couronneront les sommités de ees vastes souterrains, si les 
eaux y pénétrent en grandes quantités et que des pyriles 
s^y Irouvent réunies en abondance, c'esl alors que les gaz 
s'ouvriront avec iracas un passage vertical et produiront 
un volcan ii la boucke tffnévoj^ie^ el Vévupüon sera lou- 
jours acconopagnée d'un trerablement de Ierre plus ou 
moins fort. 

Pour les tremblements de terre, comme pour les volcans, 
la présence des eaux est indispensable, et Tauteur des Ré- 
flexíons que nous avons citées a bien raison de direqae les 
années trop pluvieuses seront loujoars suivies de tremble- 
ments de terre : ils ne sont autre cbose que le produit di- 
red de rinfittralion des eaux et cetuí de (eur passage á Té- 
tat vaporem. 

Le terrain de México étatit en entier de moindre rém- 
ianccj doít se mou>7oir "souTent ; mais les innombrables 
fbssés qui le sillonnent et que Ton deorait aj)profondir dans 
Prntérmir ¿b Méatco^ nu h'eu de Jes comtpier som ies 



108 1845 

trottoirs^ favorisent admirablement la sortiede ees gaz sou- 
terrains. J'ai done bien lieu de croire, comptant loujours 
sur Tappui de la Providence, que les eauses de ees forts 
tremblements de terre ne peuvent se renouveler qu'á des 
époques trés-éloignées, et que leurs eonséquenees ne seront 
jamáis plus funestes que eelles que nous venons d'éprouver 
aujourd'hui. 

Mais pardon, Mr. l'éditeur du Courrier^ je erois vous 
avoir entendu báiller, tout aussí bien que vos leeteurs , et 
je finís en vous saluant et en tremblant pour le déeroche- 
ment de vos mandibules respeetives. 

Je suis votre serviteur, 

GiLLES GOGO. 



RÉPONSE 

A la Etponse de VanUeur tles douzb réflexions sur les tremblements 
DE TERRE, tnsme dans le Courrier Franjáis da 2^ de ce mots. 

Le regard pleia d'effroi, 

Deyant ce vaste ablme il se jette eo arriére! 
Ressaisit reiisteoce et s*attache á Li terre. 

(Po€in« snr let eiuervllaainenlt, par Jiar-Mahik Latalk.) 

Mon eher monsieur Téditeur du Courrier Frangais... 

Dans la réponse atrabilaíre que, par votre entremise, 
m'adresse de Tlalhuelilpa^ Tauteur des Douzo réflexions 
sur les tremblements de terre, j'ai remarqué vraiment trop 
d'ácreté. Son esprit, cependant, devrait étre plus tran- 
quiile, loin des sous-excttations de notre sol et deseaabsorp-- 
tionsj pour moi si possibles. Cette irascibiiité fait un 
triste contraste avec la paix des eharops et te calme qu*on 
y savoure. C'est Ik que Tauteur des Douze réflexions met 
sans doute en pratique les prudents conseils que nous 



TRBMBLEMENTS DE TERRE. ^o» 

donne sa huitiéme (1). II semble lui-méme s'en féliciter 
par la touchante révélation qu'il vous fait de sa maniere 
d'élre : « A pesar del retiro en que actualmente vivo, sin 
trato ni roce de ninguna especie^ etc.j etc. Oh ! oui, comme 
a dit Millevoye : 

o Trop heureux Técrivain qui, dans la solitude, 
« Amasse lentement les trésors de Tétude^ 
« Qui, préparant de loin ses destins éclatants, 
« Cpure ses travaux dans le creuset du temps ! 

La reflexión que Tauteur des Réflexions fait sur mon 
compte, me paraít assez étrange; la voilá : « Confieso ft 

• vd., señor editor, que k pesar de haber leido y vuelto 
í & leer por distintas veces el referido artículo, me he que- 
f dado sin saber cuál fué eí objeto que se propuso su autor 

• al escribirlo, y más aún al publicarlo, i Cette surprise 
peu fondee me rappelle la plaisante réponse que fit certain 
individu á un voleur qui lui demandait la bourse ou la vie : 
t Mon cher, j'allais vous faire lámeme question ! » Chacun 
est libre, ce me semble, d'expliquer ses idees, et je crois 
jouir au moins du méme privilége que Tauteur des Ré- 
flexions. II a voulu tranquilliser les esprits sur les tremble- 
ments de terre; y a-t-il réussi?... Je Tignore. Mon motif a 
été le méme, en táchant d'en expliquer en riant les causes, 
sans pour cela nier les malheurs quMls ont occasionnés et 
les affaissements. de terrain, auxquels ils ont trop souvent 
donné lieu. 

(1) t Si Toot Yoyei qae telle année t. g. les piules soot par trop abondanles» 

• (m les orages peu fréquents, vous pouTei aller Pannée prochaine passer á la 
I campagne une partie déla saison, ou tous dlrigersur quelque point de la Répu- 
f bJique oü jamáis on n*éprou?e de tremblements de terre, etc., etc. » 

rajouteral: C'est ausn de 1¿ que Ton repele, un Luge^ce á la maln: 

« SuaM, mari magno, turhantibus aquora v§ntit, 
m B térra magnum alteriui speetaré ¡aborem; 
« Aofi quia vexari quñmquam ettjueunda í>oluptas, 
c Sed quibus ipt$ maí-s carea$ quia ctmere suave est /• 



lio 1845 

L'auteur des Itéflexiofu me bláme d'adopter « fas teor¡a3 
• de Lemery, Ferry y sir Hamphrey Davy, y otras no 
a minos añejas y manoseadas. » (Les Ihéories de Lemery 
Ferry, Humphrey Davy, et autres non moins surannées et 
patinées (1). II préfére, lui, se repórter á, la trés-modeme 
hypothésc á'Arisíote^ celte des vents^ qui ne date que de 
Tan 354 avant J.-C. el h celle á'Anaxaffore^ réiecirícúé, 
que Ton avait adoptée500 ans avant J.-C. Qael est le plus 
ranee des deux....? 

L'aaleur des fíéflejcions doute encoré de rensevclissement 
d'une parlie de Lisbonne lors du tremblement de terre de 
1755 (2), et rae cite des lémoins oculav^es, qui sans 
doute, avaient k cette époque les yeux voilés d'épaisses 
cataractes ou que la terreur aveugla. Yoici ce que nous 
apprend de ce terrible événement l'éloquent Edouard de 
Monglave : « La terre, ébranléedans ses profondeurs, s'en- 
c tr'ouvrit de toutes parts, les plus solides monumenls se 
c déchirérent, les maisons s'abimérent péle-méle dans les 
c crevasses du sol. Geux des habitants qui n' avaient pas 
< étc frappés erraient en implorant le ciel sur les places 
« publiques, dans les rúes encombrées, cherchant en foule 
« un asile sous les voutes des églises : ils y trouvaient la 
« mort; les feux souterrains n'épargnaient pas plus la de- 
<t meure de Dieu que celle des hommes. 11 ne périt pas 
« moins de trente mille personnes. Des brigands dont les 
« eOorts de la nature avaient brisé les fers, alteres de 
c pillage, enhardis parla confusión, assassinaient jusque 
« sur la voie publique, flairant de tous c6lés les trésore : 
t rincendie éclata bientót sous leur main ; une clialeur 
« étouffanteh&ta la putréfaotion des cadavres amanéeles et 

(i) Traduction üuéralede Texpressiou espagaole manoieadas. Nolre mot pn- 
iiner se traduit lui-méaie ei laün par aí/reci«r«; il est trés-pUlor«sque, fort 
employé el du domaUe de toóles les Ungues. 

(3) Voluire: le» tceosbleiiwBlt et CanégOBde étaieDt oootemporains. Liscz Can» 



TREJlBLEMffi^TS DE IERRE. i\\ 

« !a pesie mil le comble k la désolation genérale. On éva- 
« lua la valeur des maisons détruites k sept cent millions 
4 de francs; celle desmeubles écrasésou consumes á douze 
« millions; des vases sacres, des statues, destableaux, k 
« trente-deux; des diamants, des pierres précieuses dont 
« le Portugal avaitle monopole, íi'quatre-vingts, etc., etc.» 

Totre Mr. Wó/ff^all et le pérc Silveira ne disent pas 
un mot de toutes ees miséres; ce ne sont, au fait, que 
vétütes que treize milliards de biens-fonds et autres, ense- 
veüs dans les entrailles de la terre t... 

Aprés avoir cité ees deux irrecusables autorités, voici 
quelles sont les déductions en ma faveur de l'auteur des 
Douze réflexions: ^De esto deberá deducir el Sr. Gogo^ no 
« solamente que no se tragó nada la tierra en Lisboa^ sino 
^que estaciudad ha estado siempre fundada en su terreno 
€ desigual, compuesto de partes altas y partes bajas. (Lis- 
« bonnes'éléve en amphithéátre sur troiscollines, elle est 
« située á 158 1. O.-S.-O. de Madrid et 398 1. S.-O. de 
€ Paris, aux 38* 42' de lalitude N. et H 28' de longitude 
€ O.), como lo notan los geógrafos (véritables géographes!) 
« que la describen y que por consiguiente^ el miedo 

le crains Dieu^ ciier Abner^ «tn'ai pas d'autre crainte! 

€ fuésin dudael que hizo creer á Mr. Gogo^elc^ etc.» Voici 
ce que nous apprend Tauteur des Douze ^ et autres ejusdem 
€ farince stultiiiw. » 

Puisqu'il me faut battre en breche Mr. Tauteur des 
Douze réflexions^ je ne dois pas économiser les exemples; 
Je remonterai done au plus classique des enfoncements, á. 
celui qui se forma dans le Forum^ á Rome^ 362 avant J.-CL 
Laissons parler Mr. Denne-Baron qui n*est pas un géographe: 
« L'an de Rome 392 (362 ans avánt J.-C-) il s'ouvrit 
« tout k coup daña le Forum un ablme saos fond, precisé- 



112 1845 

ment sur le lieu consacré par Métius Curtius : vaínement 
essaya-t-OD, au rapport des historíens, de le combler 
(V. votre De Viris illustríbm Romeé) par une immense 
quantité de terre, de pierres et de décombres. On con- 
sulta les dieux : c Si vous voulez que Rome porte á 
jamáis le nom de la ville éternelle, répondírent les arus- 
pices, jetez dans le gouíTre ce qui fait la princípale forcé 
des Romains. » D¿s lors le jeune Marcus Curtius ne 
cessait dMnterroger ce qa'il y avait de plus brave et de 
plus illustre parmi les Romains sur la nature de cette 
forcé; « si ce n'était point la valeur et les armes? » Leur 
unánime assentiment ne lui laissant aucun doute sur ce 
point, bientdt on vit accourir vers le gouiOfre un jeune 
cavalier, couvert d'armes étincelantes, monté sur un 
cheval superbe et richement enharnaché, comme en un 
jour de féte : c'était le jeune Curtius, qui, arrivé au bord 
de Tabime, se dévouant h, haute voix aux dieux m&nes, 
les bras tendus vers le ciel, les yeux animes d'une joie 
surnaturelle , se precipita et disparut dans le gouffre, 
devant une multitude stupéfaite et ravie d'admiration.- 
Dans cette tombe eflfrayante et héroique, le peuple recon- 
naissant jeta des fleurs et des oíTrandes, et le goufire, 
dit-on, se referma aussitót. Les écrivains sensés s*accor- 
dent k diré qu*il fut comblé avec des décombres. » 
A part Tenfoncement, que dites-vous du républicain?... 
Je vais á l'auteur des réflexions, toujours d Pap/m de 
mes enfoncements, lui fournir d'iceux une horrible nomen- 
clature, capable de transformer, par la simple horripila- 
tion, tous nos cheveux en lames desabre droit. 

Écoutez, ccBurs sensibles, etc.... !• La disparition sou- 
daine, íi la suite d'un tremblement de terre, de TAtlantide, 
lie immense, ou plutót continent qui, selon les anciens 
géographes (inconnus sans doute h. Tauteur des Douze), 
existait dans des temps trés-reculés en face et h l'occident 



TBEMBLEMENTS DE TBRRE. jj3 

du détroit de Gibrallar, plus grande que la Libye et TAsie 
réunies, au diré de Platón. 

2* Le mont Ossa, qui, par un tremblement de terre, fut 
separé de roí ympe. (Gare dessous!... non, gare dans le 
milieu!) 

3* Selon Pline, par les mémes eÉfets, la Sicile fut séparée 
de rítalie; l'íle de Chypre de la Syrie, Tile d'Eubée de la 
Béotie (oüje suis né sans doute; car, au diré deTauteur 
des Douze^ je ne suis qu'une béte !^ 

4* On prétend que l'Espagne fut arrachée violemment 
de TAfrique et TAngleterre des Gaules. 

5' Pline parle d'un tremblement de terre qu'essuya la 
ville de Modéne et qui fut si épouvantable, que des monta- 
gnes s'entre-choquérent avec un bruit aíTreux. (Gare au 
milieu ! ) 

6° En Tan 17 de J.-C. et quatriéme du régne de Tibére, 
douze des principales vil les de TAsie furent détruites, pen- 
dan t la nuit, par un tremblement de terre, et les habitan ts 
engloutis sous les ruines. 

7** En Tan 79 de J.-C, un fort tremblement de terre en- 
sevelit Herculanum et Pompeia. 

8** Un tremblement de terre, qui se fit sentir en Europe 
et en Asie, ensevelit en 358 la plus grande partie de la 
viilede Nicomédie, etc., etc., etc., etc., etc 

Voici, ce me semble, une note de villes-fossiles assez 
complete pour celui qui , comme vaus , ne croit pas aux 
tragaderos. J'aime mieux du reste vous imiter que d'avoir 
Sl les avaler; la digestión en serait trop pénible. 

Je pourrais citer en outre plus de trente autres cas en 
faveur de mes assertions d'enfoncements ; mais pourquoi 
charger encoré un aussi déchirant tableau ? 

Quoique je me senté assez fort de citations, croyez bien, 
monsieur l'aateur des Douze réftexions^ que si j'avais erré 
en premier lieu dans ma narration des aíTreux événements 

8 



i 14 i 845 

de LJsbonne, j'aurais dit franchement: J" ai erré; car quaad 
on dit : « Terre^ » on est naturellement en position de faire 
Taveu de Tétat oü on se trouve. Le cas est inhérent a notre 
humaine nature ; c'est á nous á savoir le domíner pour 
éviter d*y choir, et pour ne pas communiquer, en nous y 
embrouillant, une trop forte odeurdMgnoranceíi la question 
quí s'engage. Mes raisons, je crois, se font sentir : et si 
j'ai tourné le cas, nul doute que mes lecteurs m'en saa- 
ront gré. 

Monsieur Tauteur des douze réflexions m'accuse (Tune 
ignorance crasse^ pour lui avoir nié Texistence des volcam 
á vent (i); je suís, cependant, fort éloígné de diré qu'ils 
n'en laissent pas échapper ; ceci dépend des besoins qu'iis 
en ressentent, lorsque d'immenses fractions de roches se 
détachent ex abrupto de leurs parois : Thorrible pression 
que, dans leur chute, elles exercent surl'air qui remplitces 
cavités, doit, en le refoulant, Tobiiger ás'en échapper avec 
fracas. Le bruit sourd qui se fait entendre, et qui généra- 
lement accompagne ees affreux éboulements, n'cst que le 
résultat immédiat du retentissement de ees inasses ro- 
cheuses sur le lit de tant d*incommensurables profondeurs. 
Je sais aussi que des courants d'air s'établissent souvent 
par les cráteres des volcans éteints ; ils sont formes par les 
ouvertures occultes qui communiquent avec le volcan k de 
plus ou moins grandes distances. 

Je ne serai pas aussi commode avec monsieur Tauleur 
des réflexions sur ce qui touche aux zanjas qui mettent en 
efifervescence toute son hilarité h mon égard ; voici les con- 
seils que nous donne Ferry^ dont l'hypothése est, ái mon 
avis, la menos manoseada {la moins patinée) : 



(1) Je lai dois done une réparatioii; je vais la lui donner. L*envie de pía 
(lécottverte, faite en ventóse, des volcans á vent, m*aYait poussé á soutenir une 
opiuioQ antUEoUenne que personne ne partage, ni moi non plus, {üstedee me 
dispensen,) 



tREMBLBMBNTS BE tERRE. I15 

« Des passages ouverts pour le dégagement des gaz et 
« des vapeurs pratiqués sur une masse que les fluides ont 
« peine k soulever, voilít des garanties contre Taction des 
« feux souterrains et des auxilíaires trés-puíssants. » 

Le vin est versé ^ il faut le botrel... une fois engagé h, 
vider une questíon, les paroles me fluent bien ou mal ; 
mais, semblable aux volcans, j'en vomis au moins cent 
fois le poids de mon volume intrinséque» si la chose parait 
le requerir, 

L'observation doit nous guideren tout, monsieur Tauteur 
des Douze réftexions : il faut, en géogénie^ comme en mé- 
decirte^ ne jamáis trop trancher. Cest par le scepticismeei le 
rationalisme que Ton peut distinguer les symptómes : cette 
idee de camalité est celle qui doit nous éclairer. En tout 
imitons Montaigne^ ce grand moraliste du seiziéme siécle, 
et répétons avec lui : ^Que sais-jel» Ni vous ni moi n'avons 
devine les immuables lois de taítraclwn universelle; eh 
bien! doutons tous les deux. {DubUare principium sa- 
pienticB.) 

S'il existe parmi nous des volcans (Tignorance^ il en est 
aussi deprésomption; et rappelons-nous, monsieur l'auteur 
des Douze réflexions , que ees derniers furent toujours la 
base des premiers : ce sont eux qui, la plupart du temps, 
mettent en ébullition les matiéres indigestes que Tigno- 
rance tient en reserve et ne lui font que trop souvent ense- 
velir le domaine des connaissances humaines sous les laves 
de son ineptie. 

Uobservation m'a done forcé plus que jamáis k me rat- 
tacher á Topinion du savant professeur Ferry, relalive- 
ment aux ouvertures k pratiquer dans les terrains sujels 
aux tremblements de terre ; et cette opinión vient d'étre, 
pour moi, tout k fait confirmée par Texamen des lieux qui 
avoisinent le terrain sur lequel existait il y a deux mois le 
superbe temple de Ntro. Sr. de Sta. Teresa. 



H6 Í845 

Les rúes qui environnent ce lieu sacre sont toutes pa- 
vees dans rimprévoyant goút moderne et privées de leurs 
^nciennes alargeos. Nous citerons/a i. ^ y 2.^ cal/e de/Lidio 
Triste, las de Santa Teresa la Antigua y cerrada de Santa 
Teresa la Antigua^ y las de Echeverria^ Hospicio de San 
Nicolás y Montealegre. 

II est done évident, et chacun peut s'en convaincrc, que 
r espace sur lequel était construit le temple élégant que 
nous déplorons tous, se trouvait presque cerne (moins du 
cóté de la monnaie) par des terrains iraprudemment soli- 
difiés : en vain m'objectera-t-on que sa construction était 
vicieuse; elle avait resiste k bien des tremblements de 
terre jusqu'alors; et la chute de ce sanctuaire imposant 
n*est due, á mon avis, qu'au nouveau mode de pavage qui 
contrarié entiérement le passage des gaz souterrains. 

Nous ferons également observer que les rúes oü le 
tremblement de terre a commis plus de ravages ne comp- 
tent pas d^atargeas : telles sont celles de la Victoria, Zapo, 
Nuevo-México, Escondida, San Juan, calle Ancha, etc. 

Ces atargeas laterales, qui n'ont aucune profondeur, 
sont, h, ma simple maniere de voir, un de ces progrfes re- 
trogrades, qui ne peut qu'exposer México k de trés-grands 
desastres, au retour annuel des tremblements de terre. Je 
ne parierai pas des miasmes délétferes que laissent échap- 
per les trottoirs par leurs immondes soupiraux, et du re- 
flux dans les maisons, dont le terrain est deprime, des ma- 
tiéres fecales des égouts adjacents. Uidéeprincipale, Tidée 
hygiénique, est celle que consultent le moins ces riches 
réformateurs du pavage, en exhaussant le lit de ces égouts. 
lis se sont mis h, Tabri d*une infecte invasión, et leur but 
est atteint. 

Mais revenons á. la réponse spirituelle de rauteur des 
Dauze: il semble désirer, ^tque^ en recompensa^ me confiera el 
Exmo. Ayuntamiento la comisión de zanjas y gases ^ etc. » 



TRBMBLEMBNT8 DB TBRRE. {i^ 

Le sen8 occulte de zatyasj monsíeur le philosopiíe miti- 
éclectique, n'est pas sans quelque attrait, et si les attribu- 
üons du zanjero étaíent un peu mois circonscrites,-vou$ se- 
riez, sans doute, pour Temploi qu? vpus roe désignez, le 
plus chaud de tous les poslulants. 

Combien je m'alarme pour vous, monsieur rauteur des 
Dmze (1 \^ si cette plume brillante, qui va nous tracer This- 
toire des tremblements de terre, n'a pas la rare propriété 
d*atteindre, au gré de vos souhaits, les longues dimensions 
de la lance de défunt Alvarado; pour vous aider k franchir 
les différents enfoncements qui pourront bien, h. chaqué 
instant, eritraver votré marche..,. 

Je ne fínirai pas ce bien trop long article, sans diré un 
mot de plus sur la géologie^ qui se subdivise en trois partios 
bien distinctes": g'éú^rdpKié physi^ié^ géognosie et géo-- 
gente. 

Si la géologie, monsieur rauieur des Douze^ se bornait 
k cette troisiéme i>attie qiri s*occupe plus spécialement des 
diverses hypothéses plus ou moins probables, selon que les 
phénomfenes sont plus ou moins h la portee de foeil et de 
Tesprit de Thoo^me, on pourrait diré avec raison que deux 
géologütes ne sauraient, comme les augures k Rome, se 
regarder sans rire. 

Voici done ma profession de foi : je respecterai toujours 
en géologie les croy anees géogé ñiques d'un cbacun ; les 
profondeurs auxquelles nous ne sauríons atteindre, et qui 
luí servent de base, sont des secrets que la Providence 
semble se réserver, et qu'il est imprudent k nous de songer 
ápénétrer. 

Mais.... sitence!... j'ai cru voir sortir d'un des enfonce- 
ments de ma bibliothéque vermoulue, les ombres venéreos 
deFaustj Gúíiemberg etSchw/fer.... » Ce n^est pas pour 

. (1) Cette parílé áetravaux tous donne quelque analogie avec Hercule; auries- 
TOUS accompli le treiziéme? 



HS 1845 

vous (me disen Wls) , que nom avons inventé rimprime^ 

riel... Taisez-vous!...9 

J'obéis.... et voussalue, monsieur Téditeur du Courrier 
frangaisX... Veuillez bien faire part k monsieur Fauteur 
des Douze de cette apparition de la trínité typographique; 
car f ai bien peur qu*íl ne 8oit tout h fait dans mon cas!... 

Votre serviteur et ami, 
GU.LES GOGO. 



AVANT, PENDANT ET APRÉS . 

LES FÉTES DE SAN AGUSTÍN l>E LAS GUBTÁS. 

\ de Gillei ta««o. 



« S'il est quelque joueur qui vive de son gain, 
« On en voit tous les jours inille mourir defaim. » 

(Regnnd, le Jo««nr«) 

AVANT-PROPOS, 

Les jeux de hasard ayant acquis aux fétes de Saint- 
Augustin des proportions véritablement. effrayantes, je pu- 
bliai en 1 845, dans le Courrier francais, un article oü j*cn 
marquais tous les dangers. Mes reclames n'eurent aucun 
effet cette année; mais les suivantes, le goavernement de 
rÉtat de México, dont Saint- Augustin faisait partie, dé- 
fendit les jeux ; et^ en dépit de toutes les démarchesdemes- 
sieurs les banquiers, ils restérent prohibes jusqu'en 1853. 

JMnsére, k la suite de Tarticle en question , une lettre 
qu*un individu, nommé don José Rábago, écrivit k M. Thi- 
vol, rédacteur du Courrier, en le félicitant sur la critique 
de M. Gilíes Gogo. 

Depuis 1853, les jeux ont recommencé á Saint- Augustin ; 
et tenter de nouveaux efforts pour les faire supprimer serait 



SAN AGUSTÍN DE LAS COEVAS. 419 

peine inatile : chez le Me^ioain, le jeu est un vice de sang 
qu'il a puisé dans son origine espagnole. 

E. M. 



liCS iétcM de San Airustia de las €aeTa«. 

Avant!.... Dans cette période premiére, que de char- 
mes!.... Si Fespérance est le premier des biens, il en est 
quelquefois le dernier, et bien souvent le seull.... Cette 
esperance s'est réveiilée au bruit des annonces de fétes ex- 
traordinaires : S. Augustin en sera le théátre, et tous les 
jeox de hasard, dont le savant Laplace calcula jadfs les 
probabilités, y seront réunis, sans en excepter un ; aussi 
huit jours avant le départ pour les bacchanales de Phitus, 
chacun de nous forge des plans : plus d'affaires possibles ; 
un trouble indicible régne chez tous, l'agiotage raéme 
s'endort ; les supports infatigables du courtier faiblissent ; 
et si, malgré Tétat de laxité dans lequel il se trouve, il ose 
encoré poser une question mercantile, on lui répond assez 
bnisquement : « Eh , mon cher, ne savez-vous done pas 
qu*au diré des Espagnols, de pascua d pascua^ el mercader 
se rasca la panza ? (que de Paques k Paques, le marchand 
se brosse le ventre?) L'espoir du jeu qui suspend alors 
toute idee d'un gain pénible, et ne laisse entrevoir que 
celui que font nattre des chances fatidiques, préparent au 
malheureux courtier une réception parfaitement uniforme k 
celle que regoivent habituellement les chiens, dans la plu- 
part des sphérodromes^ ou jeux de boules. 

Cest alors que ees tristes véhicules des affaires se reti- 
rentla q..., signe certain de confusión, qu'iis partagent 
assez volontiers avec ees aímables digi ti grades, dont ils 
ont, du reste, toute la résignation. 

Unepudeur assez bien entendue, cependant, fait souvent 
diré \ maintes gens qu'elles n'iront point k S. Augustin ; 
que cet amuseroent est pouf elles sans saveur et sansaucun 



120 i845 

attrait; mais, par-dessousmain, les billets de diligence 
sont déj& pris» et des Taube du premier jour, tous ees ap- 
parents réfractaíres au commun entrainement, ou partent, 
ou sont partís. 

C*est ici que Pendant commence. Une fois bien ou mal 
emballé, dans la roulante machine, chacun se salue et se 
sourit ; tous ont des peches qui plus ou moins font yentre, 
et la satisfaction quMIs éprouvent est trahie par des airs 
déjit vainqueurs. Celui qui de sa nature possóde de rá.-pro- 
pos, saisit les mots, á, sens louche, de la conversation qui 
s'engage, et les traduit en calembours ; un autre rácente 
ses hauts faits de Tan passé, ses sympathies pour bien des 
cartes, les trahisons du cinq^ les perfídies du roi^ les sou- 
.bresauts du six, et jure» par YAjusco^ de ne plus avoir de 
préférence pour rien, ni pour personne, soit au jeu, soit en 
amour. Un monsieur, d*un aspect un peu plus sévére, voit 
dans. la rotation rapide du char qui Tentraine, un exemple 
&appant des vicissitudes du sort, et fait intérieurement 
des réílexions trés-philosophiques, dont il devrait étre éco- 
nome pour Ap?*és. Get autre, que des goüts champétres et 
non moins contemplatifs portent vers la campagne, lui 
trouve quelque chose de riant ; l'air est plus frais, la ver- 
dure est plus belle ; il s'attendrit au soüvenir des Idylles 
de défunte Deshouliéres^ et redit en silence ees vers char- 
mants : 

« Ruisseau, ce n'est plus que cbez \ous 

« Qu'on trouve encor de la franchise ; 
« On y voit la laideur ou la beauté qu'en nous 

« La bizarro nature a mise. 

« Aucun défaut ne s'y déguise : 
a Aux ruis conune aux bergers, vous les reprocbez tous. )> 

II se rappelle les charmantes églogues de Virgile, et 
tous les éloges, si mérités, que tant d'auteurs ont faits des 
moutons et de Yonn clairr. Les voynp;curs onriti ?ont ga¡<. 



SAN A6DSTIN DB LAS CUEVAS. 12i 

prévenants, polis. L' atiente du bonhear a toujoursproduit 
ees effet&-lá.!... mais patientons, nous verrons bientót ees 
messieurs revenir I . . . 

Le chemín que Tagrément des conversations ou des pen- 
sées partiellesvientd'abréger beaucoup, est assez vite fran- 
cbi : on touche á la cité d'or. Tous, aussi lestes que s*ils 
avaient déjá. perdu, s'élancent aterre, s'époussettent un 
peu, et, semblables au chien couchant, qui, avant de battre 
la plaine^ interroge le vent, ils hument par avance une n.\r 
mosphére qui leur paratt tout imprégnée d'auríféres éma- 
nations. 

L*acquisition obligée du b&ton, au pommeau marital 
plus ou moins prononcé, une fois faite» chacun prend son 
essor : on consulte les amis que Ton rencontresur lesrevers 
des monteros \ on se porte chez eux, en foule, pour s'as.- 
surer de leur semi-déb&cle; on ne joue pas encoré : on 
entre, on sort, on se prornfene, on prend l'air du bureau. 

Mais la faiffl se fait sentir : avant de songer k la calmer, 
on procede k quelques libations d*absinthe, et le déjeuner, 
qui n'est qu'une conséquence immédiate de ce vert 
précédent, est bientdt ordonné. Le Brillat-Savarin de la 
société en soigne les appréts. Une fois attablés, la gaieté 
régne, Tespérance anime tous les traits, les propos grivois 
se croisent et se succédent ; on forcé de voiles, et la liqueur 
de Moka vienta son tour compléter Toeuvrd gastronomique. 
C'est alors, qxík Tinstar de ees soldats dont la valeur est 
toutalcoolique, on sMnfuse de cognac, kirsch, anisette, etc. , 
pour se préparer k la gymnastique du tapis vert. 

Cependant Theure asonné k la grande horlogc de la for-- 
tune, et, chacun, se prétant un mutuel appui,se dirige vers 
h monte j oíi, la figure légérement empourprée, on com- 
raence cette lutte pén¡l)le et silencieuse qui, conforraément 
aux lois établies par la crániologie, dessine au grand jour 
nolrc bosse ú'ncqumvité. Bientót les pulsalions de Tartcre 



122 1848 

radíale ne peuvent plus étre comptéest et sans la transsoda*' 
tion genérale qui s'établit, et qui forme la soupape de 
súreté que la nature nous a réservée, nous édaterions saos 
doute, comme bien des chaudiéres h vapeun 

Une fois éliminée, par cette transpiration cutanée, une 
partietrés-considérable de notre substance, ii fautchercher 
k réparer des forces qui se sont volatilisées. On se leve 
done, aprés une séance orageuse de trois ou quatre heures, 
et tous les secrets de l'art culinaire sont evoques pour 
mettre un ternoe au paroxysme que tous viennent d'at- 
teindre. 

Les appétits sont bien divers : la mastication s'exécute 
avec peine chez de certains individua que le sort a mal 
traites; d'autres font disparaltre une immensequantité d'a- 
liments et de liquides ; ils appartiennent á la classe que la 
fortune a favorisée. Le champagne, fort heureusement, 
vient rétabHr et détruire tout k la fois le general equilibre; 
et la nuit venue, ceux chez qui les liqueurs ont éveillé des 
goüts un peu trop Idaliques sortent, en trébuchant, k la 
recherche de ees vierges aux mille amours dont regorge 
S. Augustin. Ils narguent, au milieu de leurs fumées ví- 
neuses, la cuisante vérité de ce brúlant distique : 

Principiuin dulce est, sed íinis amoris amanis^ 
Loeta venire Venus, tristis abire solet. 

Nous ne parlerons pas des combats de coqs, qui ne 
servent que de pretexte aux fétes de S. Agustín ; peu de 
personnes y vont, pas plus qu'á. la promenade du Galvaire. 
Üesprit envahi par des idees d'or est généralement peu 
propreá. la contemplation d'une végétation exuberante; sa 
verdure luí semble étiolée, comparée k celle qui recouvro 
Tautel de la fortune, au palais enchanté du mirador^ et dont 
un jaune des plus brillants brise la monotonie. 

Si, parfois, quelque joueur trop malheureux entreprend 



SAN AGUSTÍN DB LAS GUBYAS. iU 

le pélerínage da Galvaire, c*est quMl a. formé le projet im- 
po8«bIe de ne pias reparattre au jeu; mais h. sa figure in- 
qaíéte et bonleversée, á sa démarche pantelante, on peut 
diré, sans se méprendre : 

Qu'íl a joué^ qu'il joue et qu'il jouera toujours. 

Non-seulement il a perdu, mais il s'est endetté : aussi 
redit-il íntérieurement ees vers de Valere, dans le joueur : 

Tu peux me faire perdre, t fortune ennanúe, 
Mais me faire payer, parbleu je t'en défie ; 
Car je n'ai pas un sou. '. 

Enfin les trois jours qae dnreot lee fétes de S. Agustín, 
ees trois funestes jours d'une lente agonie pour plusieurs 
sesont écoulés; c'est ici que commence Tborríble péríode 
d'Aprés. 

Gombien de joueurs, préts k partir, dirígent h tout ce 
qu'ils possédaient et qu'ils ont perdu, des adieux aussi tou^ 
chanta que ceux que jadis adressait Millevoye au tombeau 
desa maitresse: 

« Ici dort une amante á son amant ravie ; 

« Vers lui le ciel la rappela ; 
« Gráces, verlus^ jeunesse, et moa cceur étma vie^ 
« Tout est lá. » 

Oui pour eux, tout est la; tout est aussi resté /á, car : 

« A présent le jeu n*est que fureur: 

« Oí) joue argent, bijoux^ maisons, contrats, honneur! » 

Affreuse pérípétie pour ees malheureu^I ••». Trois jours 
ont détruit leur avenir I. ... La diligence qui les ravit 
h ce lieu de pcrdition, et le bruit de sa marche rá- 
pida, viennent heureusemenl les élourdir; ils voudraient 
qu'elie roulát toujours pour prolonger Tassourdissant état 
oujls se pomplaisent; maison touche bientót au terme, il 



iU 1845 

faut descendUfe! • • • * G'est alors que, le cceur flétrj, ils 
s'achemüíent lentement vers une famille plongée depuíis trois 
jóurs dans des transes mortelles; leur arrivée, souveot, 
vient réduire en prabléme sa future existence! • • • . 

Yoilit quels sont, pour la plupart du temps, les resultáis 
de ees brillantes fétes: aussi répéterons-noüs avec Barriere: 

« Les jeux de hasard sont pour Thomme un leurre d'au- 
c tant plus dapgereux, que le joueur n'a pas á y redouter 
« la supériorité d'adresse ou d'expérience de son adver- 
c saire; une saine morale les proscrit; maissMt n'estpas 
« permis au légíslateur de les réprouver solennellement, ce 
fl serait une honte pour luí d*en autoriser rexploitation : 
« sánctiónner Texistencé de maisons de jeux dé hasard, en 
« établir une vaste sous le titre spécieux de loterie royale, 
€ serait d'une sóciété arrivée k Tapogée de la corruptian. 
€ Nous devons done nous féliciter sincérement de voir ees 
c plaies hideuses extírpeos graduellement dü sol dé nótre 
< m^re-patríe. La suppressíon des maisons de jeux au- 
c toríséés, et celle de la loteríé, sont pour nous les índices 
« d'une civilísation quí s'épure. » 

Pardon, monsíeur Téditeur du Courrier francais: si, sur- 
tout, je parle un peu trop h, gogo, mais nfion pseudonyme 
serablaít vous rindiquer. N'en recevezpas moins mes salu- 
tations bien amicales. 

GiLLES GOGO. 



9.<'— correspondencia de JFosÉ Babago. 

Sr. Redactor del Courrier francais. Casa de usted, mayo 
24 de 1843. 

Muy Señor mío : en el número 672' de son aprecíable 
periódico, he visto con ínteres el artículo descriptivo de la 
fiesta de S. Agustín de las Cuevas. Su autor, Mr. Gilíes 
tiogo, ha observado cuidadosamente, sin perder de vista & 



CORRESPONDENCIA DE RABAGO. 425 

todos los concurrentes desde que salieron de esta Ciudad, 
en su permanencia en aquella, hasta su regreso ; ha trans- 
mitido al papel con mucho tino, cuanto pasa por desgracia 
en aquella pequeña Babilonia, y hace con tal motivo re- 
flexiones muy juiciosas que deben ser atendidas par los 
gobiernos, y apoyadas por hombres sensatos. 

Diariamente se repiten en México las escenas que des- 
cribe Mr. Gogo, y yo desearía que los escritores públi- 
cos dedicasen diariamente algunas líneas en combatir la 
existencia de esas casas de prostitución en las que muchos 
hombres comienzan por divertirse, y acaban por arrui- 
narse, perder la salud, el sosiego, el crédito, y el amor al 
trabajo. 

No dudo, Sr. Redactor, que usted, convencido de las 
funestas y transcendentales consecuencias que ocasiona 
el juego, declamará contra él siempre que pueda, sino 
por el bien general de los Mexicanos, á lo menos por el de 
algunos compatriotas de usted dignos de compasión, por- 
que esa pasión maldita les ha robado la fortuna que pu- 
dieron tener por su industria y trabajo. 

Al hacer á usted esta indicación, espero se serviré inser- 
tarla en las columnas del periódico que redacta, y admitir 
los respetos de su atento servidor : 

José. 



1^6 ' i 845 

LE PLUVIER, 

(bN español, la ganga, ó mas bien, el GHaRLITO REAL.) 

« Les bois, les moots et les rivages, 

« Retentissent du fol de cesvivants nuages, 
« Que rinstíDct, le besoin, aidé» d'un vent heureox. 
« Poussent vers des clímats qui D'étaient pas pour eux.» 
(Dblille.^ 
« Ainsi les oiseaux du Nord sout la manoe des aquilons, 
« comme les rossignols soot les doos des zépbirs.» 
(Chateaubriand.) 

AVANT-PROPOS. 

Passionoé pour la chasse, qui nous donne joie et santé, 
on ne sauraítnier aussi qu'elle e6t souvent la cause de bien 
des malheurs, dus la plupart k des coups de fusil mal di- 
riges. 

Vingt et un ans d'un service non interrompu m*ont faít 
considérer, non sans raison, comme le doyen des disciples 
de saint Hubert k México. G'est k ce titre que je crois de- 
voir soumettre á mes nobles coreligionnaires les regles 
infaillíbles qu*une longue expérience m*a tracées. 

Ge n'est done que dans un but parfaitement humanitaire 
que je viens de publier les deux articles que Ton va lire, 
Tun sur le Pluvier^ Tautre sur la Bécassine. Dieu veuille que 
les legons que j'y donne nous fassent éviter k Tavenir les 
nombreux accidents dont je n*ai que trop souvent été et 
victime et témoin!... 



Puisque des auteurs d'un mérito aussi transcendant que 
Delille et Chateaubriand, qui n'étaient pas chasseurs, ont 
celebré, soit en vers, soit en prose, pluviers, canards, oies, 
vanneaux et bécasses, je puis bien , moi , tireur intrépido, 
tracer ici Tbistoire du plus intéressant des échsussiers. Lea 



circonstancesmefavorisent : notre ami rennemis'approche; 
rinvasion est imminen te (et non pas eminente^ comme le 
dísait un jour certain individu de mes amis, qui sans doute 
avaJt servi dans la fort grosse cavalerie] ; il est done de 
mon devoir de révéler aux nombreux sectateurs de saint 
Hubert les ruses assez variées des volátiles qui , abjurant 
aussi leur indépendance, viennent s*annexer h nous au 
moins pourdeux mois. N'allez pas croire, parce que j*aí 
laissé échapper le mot annexion, que je vais vous«parler 
politique : entre les gangas et les annexionistes, il n'est 
qu'un point de ressemblance , c*est que tous deux volent 
trés-bien (1). 

Lepluvzer doré {charadrius pluvialisj L.) est le plus gra- 
cieux, le plus coquet des écbassiers; il appartient k Tes- 
péce de tihrétiro^tres; ses caracteres distinctifs sont : un bec 
court, arrondi et renflé vers le bout, et point du tout de 
pauce; ce qui Tempéche de percher, serait-ce dans ses 
gouts. 11 éprouve, pour étreindre, les mémes diflScuItés que 
rencontrerait k se suspendre k une branche un individu 
quelconque qui se trouverait parmalheur privé des pouces, 
qui sont les plus précieux des appendices de la maín. Le 
vluviervLB, done que trois doigts^ sa démarche en est moins 
sure, quoique plus elegante ; son cou est délié , et les ba- 
lancements répétés de sa tete lui communíquent une gráce 
infínie. Savue esttrés-pergante; aussi les Ánglais, k la baie 
de Hudson, lui ont-ils donné le surnom bien mérité d'ú?í7 
de faucon. On s'en approche trés-difficilement; c'est ce qui 
fait le désespoir des chasseurs peu experimentes, qui de 
leurs coups tires au vol ne font que déchirer Tatmosphére. 
La nourriture du pluvier se compose principalement de 
scarabées noirs, de sauterelles et de petites mouches can- 
tharides, dont tout le monde a ressenti assez souvent les 

(l) On parlait beaucoup á cetteépoque, á México, de rannexioo du Texas aux 
Etats-Unís. 



1 



m i 845 

trop brúlants effets, vu leurs qualités éminemtnent aphrodi- 
siaques. Nous conseillerons done la chair du pluvier k ceux 
qui déjá ont passé l*áge climatérique, et dont voici la com- 
plainte, écrite par M. de Voltaire : 

a $i vous voulez qucj'aime encoré (i), 
« Hendez moi Táge des amours (2); 
c( Au crepúsculo de mes jours^ 
« Rejoignez, s'il se peut, l'aurore. 
* « Des beaux iieuz oü ie dieu du vin 

a Avec Tamour tient son empire^ 
« Le lemps qui me prend par la main 
« M*avcrtit que je me retire, d 

II faut cependant que ees respectables sexagénaires 
usent avec modération d'une nourriture aussi échauffante, 
sans quoi le bas-fond vesical pourrait bien chez eux en 
souffrir, et le sang jaillirait infailliblement par un organe 
qu'on a peu Thabitude de nommer ; cui vesica persecta 
fuerit lethale est , a dit Hippocrate ; n'abusez done pas de 
mes conseils, et faites bien vider vos gangas ; c'est un mets 
assez chaud de sa nature, mangez-en avec prudenee, en 
Tarrosant d*un bon laffittey et attendez les résultats : ils se- 
rón t heureux sans aucun doute. 

Quant á la maniere de chasser la ganga , je vais vous 
donner toutes les instruetions qu*une longue expérience 
m'a fournies. Lorsque vous étes arrivé sur le ehamp de 
bataille, consultez d'abord le vent, comrae on le fait á la 
chasse au liévre ; le pluvier suit presque toujours sa di- 
rection. Placez-vous sous le vent, prés d'un arbre, si faire 
se peut , ou dans un fossé, et laissez les autres chasseurs, 
bravant un soleil de 26 degrés Réaumur & Tombre, battre 
la plaine et perdre á cet exercíce, par la transsudatíon^un 
bon tiers de leur poids intrínséque. Une fois que vous étes, 

(1) Faites que je maoge des ganga$, 
(3) Hftta le retour des gangas. 



LB PLÜVIER* i29 

pour ainsi diré, gtté, faites ie mort; cds si, comme le 
disait un vieux de la vieille, rimmobilité est le plus beau 
móuvement militaire, il est également, dans cette occasion, 
le plus productif pour le chasseur. Bientdt les pluviers, 
effrayés par la battue genérale qu*exécutent ceux qui sont 
prodigues de leurs pas, et qai croient qu'aller vite c'est 
chasser, viendront passer k vingt ou trente pas au-dessus 
de vous en myriades innombrables, dont un bon quart aura 
bientAt boursouflé les flanes de votre carnassiére. 

Si vous avez eu, des le commencen^ent de la chasse, le 
bonheur de blesser légérement un pluvier^ en lui brisant le 
bout de Taile , attachez-le par une patte avec une ficelle 
assez longue ; fixez-le, au moyen d'un petit pieu, h. la dis- 
tance de trente pas de Fendroit oü vous étes blotti , et vous 
ne tarderez pas k voir les zxAve&pluoiers venir s'abattre k 
ses cótés, soit pour engager avec lui la conversation, soit 
pour lui faire leur cour, si c'est une femelle. Le sexe de Toi- 
seau vous sera revelé par son plumage ; celui de la femelle 
est toujours plus pále et bien moins brillant que celui de 
son époux: ce qui prouve, soit dit en passant, que nous 
sommes comparativement bien plus beaux que les femmes. 
Le pluvier est un oiseau tout aussi galant que le coq ; la 
nourriture qu'íl prend y contribue beaucoup ; aussi peut-on 
bien lui appliquer ce qu'a dit Télégant poete Lalanne (J.-B.) 
de sa hautesse des basses-cours : 



« Dans son maintíen qiielle audace respire ! 
« J'aime á lui voir cet air et d'orgueil et d*empirc^ 
ec Alors, que^ caressant ses femmes tour h tour, 
« De ses jeuz redoublés il étonne l*amoar. v 



Vous, qui étes k votre poste, ne bougez pas ; laissez-les 
bien prendre leurs ébats; et lorsque vous verrez réuni un 
aBsez grand nombre d'amateurs, oh ! alors faites feu ; mais 

9 



i 



m 184S 

aurtoui nc leicvez pas vos morts, imitez les Tures iors du 
siége de Jaffa : d^íiutves pluvie/s viendront ; iis se persua^ 
deront que ceux qu*ils voient éteodus sont morts de plaisir : 
oette idee les rendra plus ardents, plus nombreux^ plus 
exigeants ; et, l'amour vous servant toutaussí bien que votre 
fusil , vous ferez des le matin une chasse magnifique. 

Je auis sur que bou nombre de mes iecteurs vont décorer 
moQ Dom de la tri víale épithéte de marquis de Blaguefort; 
mais ils n'auront pas raíson » je suis de la meilleure foi du 
monde; et puis, je ne demande ríen pour mes le^ons : que 
peatón exiger de plus chez un vieux professeor? 

Si je conseille d'oser de ruse avec la ganga^ c'est que cet 
oiseau n'en est pas économe envers nous. J'ai eu souvent 
Toccasion d'obaerver qo'il fait rengastrímysthe (le ventri-* 
loque); vous entendez son crí á gauche^ vous vous tóarnez, 
et c'est i, droíte quMl a parlé et passé. Bien des fois, s'il 
croit s*2^erc€voir que vous étes distrait, il a Taudaoe d'ar« 
river droit sur vt)us et de friser Taile ronde de votre cha- 
peau de la sienne qui est triangulaire , comme s'it avait 
Tintention de la percer ; et quand il se trouve bors deportée^ 
U vous ditv sur son ton le plus aigu, soit un bonjour, soU 
«n bonsoir, c'est k vous d*expliquer son langage : on est 
alors tenté de cass^ son fusil ! I 

Comme Tinventíon de tirer au voU selon le spirítuel et 
profond Elzéar Blaze , ne dale que du dix-septiéme siécle^ 
je dois aussi des legons aux chasseurs qui semblent encoré 
appartenir k cette heureuse et priraitive époque. Ces mes- 
sieurs devront done se muñir d'un áne cu d*un bmuf, chose 
aussi facile dans les prairíes oü Ton chasse \a, ganga; ils se 
serviront de ces innocents animaux, comme de certains 
boucliers d'une grandeur démesurée que jadis employérent 
les Orees au siége de Troie. Ils devront faire marcber de- 
vant eux n'imporle lequel de ces deux quadrupédes, de ma« 
biéra k ee qu'on les confonde aveo eux » ce qui ne sera pas 



LE PLÜVIKR. 431 

trés-flatteur, mais fort utile. Une fois arrivés k víngt pas de 
leur victiiue, qui ne croira pas devoir s'effrayer aux ap-? 
proches de ees de^x bétes^ iia tireroiit; je suis sur que« 
pour peu de forcé qu'ait la poudre (qu'ils n'ont pas in- 
ventée) qu'ils eraploieront, iU seront peut-étre couronnés 
rois de la chasse, en dépit de toutes les prévisions pos- 
sibles. 

Une des regles les plus difficiles á suívre pour les chas- 
seurs, qui sont généralement fort aimables, est ceHe que 
les anciens prescrivaient k ceux qui assistaient aux fétes de 
Cérés, et qu'il faut également que suivent les chasseura 
pour arrivér á un bon résultat. La voici en latín ; c'est infi- 
niment plus décent : 

a Vos quoque abesae juheo, discediie oh aris, 
« Qtieis iulit hesterná gaiidia nocte Venus (1). 

11 y a de la cruauté ^ ehea^ de certains professeurs, á ne 
pas vouloir que les disdples de saint Hubert se présentent 
en chasse, si, des la veille^ ils rCont pas oiiblié Venus. 
G'est une rigidité de principes k laquelle il est impossible 
de souscrire, mais que je me vols obligé de signaler ici, 
puisque j'écris Fhistóiré. Chacun est libre, du reste, d'in- 
tervertir, si bon lui semble, l'ordre génésique qu'il peut 
avoir adopté; c'est en chasse, k ce que disent les maitres,i 
qtfil sera recompensé du sacrifice qu'il aura fait momen- 
tanément do son bonheur. 

Aux armes ^ done! nobles enfantsde saint Hubert! Sé- 
che2 votre poudre, huilez votre plomb, Toiseau des orages 
s' avance» apprétez-vous k le recevoir dignement, astiquez 
bien vos fusils, étirez vos guétres, la campagne va s'ouvrir; 
dans trois jours, peut-étre, des phalanges de pluviers inon- 

(f) I>vrapliraflé pfir Biipaty, oomrtte éoiu 

< Soyons toul & Cér^s: mais loin dVlle, en ce jour 
« Oatcon^QC ^^^ ^eillé dai» labras de l*ftmdiirU 



m 1846 

deront nos plaines : en avant! marchons... Pardon, jeme 
laisse entralner, j'allais vous chanter la Parisienne... Dans 
tous les cas, une fois sur les lieux, gardez bien vos dis- 
tances, tous n'ont pas mon bonheur; et si, trois fois et 
sans malheur réel , j*ai sentí roa figure criblée de plomb 
de trois divers números, rappelez-vous aussi qu^une im- 
prudence en chasse établit entre un de nos meilleors 
amis et le chantre de la Lusiade une ressemblance bíra fu- 
neste (1). 

Ges tristes accidents, qui trop souvent se renouvellent , 
sont dus, la plupart du temps, i. Tusage immodéVé que Ton 
faít des liqueurs en chasse : gravez done dans votre mé- 
moire , illustres chasseurs, ce couplet trés-sensé du plus 
insouciant des poetes (aprés La Fontaine) , de Taimable 
Panard: , 

« Se piquer d'étre grand buveur 
« Cst un abus que je deplore : 
« Fuyons ce titre peu flatteor ; 
« C'est UD honneur qui deshonore. 
« Quand on boit trop on s*assoupit^ 

« Cu Ton tombe en delire : 
« Buvons pour avoir de i'esprit^ 
« Et non pas pour le dótruire. » 

N'allez pas prendre en mauvaise part ce que je dis pour 
le bien de tous; vous ne sauriez étre trop prudents en 
chasse ; soígnez vos bourres : qu'elles soient en raison in- 
verse de vos coeurs, nullement inflammables; évitez de fu- 
mer en chargeant, ou vous auriez peut-étre un jour & dé- 
plorer la perte d*une de vos mains, ou de quelques-uns de 
vos doigts, comme certain chasseur de nos amis qui, char- 
geant son fusil le cigare & la bouche, eut la main fracassée 
par Texplosion de sa poudriére. 

Honneur k ce vaillant chasseur! Tout en considérant son 

(I) Le docleur Couptllaud, qui perdii un sil á la chane de la bteassiiie. 



LE PLUYJER. 133 

horrible mutilatíon, il continua de fumer : son sang-froid 
me rassura ; 11 en fut quitte pourperdre le hors-d'oeuvre 
de la main, le petit doigt; 11 n'est trés-embarrassé que 
lorsquMl lui prend envié de se gratter Toreille (1). 

li est bien que vous portiez en chasse la classique fióle 
de cognac; mais ne précipitez pas trop voslibatíons. Vous 
n'étes pourvus de cet elixir de longue vle que pour main- 
tenir chez vous cette tensión morale qui dolt suppléer k la 
forcé des jarrets qui faiblit ; en abuser, c'est courir soi- 
méme un grand danger, que Ton ne fait que trop souvent 
partager aux autres. 

Au déjeuner, soyez reserves ; car si vous avez été heu- 
reux en chasse, vous étes fórt k craindre : le bonheur pré« 
dispose k beaucoup boire. Dans tous les cas, avant de vous 
asseoir en Ture, ou k la romaine, sur rimmense nappe 
verte de la nature , faites disparaltre les capsules de vos 
armes, et alors livrez-vous, si c*est votre bon plalsir, k vos 
bruyantes bacchanales, et hurlez avec Pillet : 



« Cet univers, oh I c*6st bien beau^ 
« Mais poarquoi dans ce bel ouvrage 
«1 Le Seigneur a-t-il mis tant d'eau? 
« Le Tin me piairait davantage. 

« Versez donc^ mes amis, versez^ 
a Je n'en puis jamáis boire assez. 

« S'il n*a pas fait un élóment 

ff De cette liqneur rubiconde^ 

« Le Seigneur s'est montré prudent ; 

« Nous eussions desséché le monde. 
€ Versez done, mes amis, versez, 
« Je n'en puis jamáis boire assez. » 



(i) Delbomeaa jeane* Depuís la publicatíon de cet article, MM. Goupillaud et 
DeUiumeon ont cessé de Tivre. lis reposenl tous lesdeux dans le sein de saint 
Hoberu 



m «845 

J'ai bien encoré des choses k voos diré , monsieur l'édi- 
teor, sur la chasse en action : mais j'ai lout aussi peur d*en- 
nayer ceux qui ne sont pas chasseurs, que de rendreun pea 
irop soporeuses des colonnes que vous avez eu rimpra- 
dence et la bonté de m'ouvrir. Je finis done en vous priant 
d*agréer les salutations sinceres de votre atni et correspon* 
dant trop indigne : 

GiLLBS GOGO. 



LA BÉCASSINE 

(en espagnol, gallineta ciega, agachona) 



« Adieu, chantres charmanU qui p«ap1ez nos reuillages, 
« Adieii» je vois venir la saison des orages, 
« Sur Talle du zéphir vous favez les hiver>, 
« Ct suivez le priotemps autuur de runivers » 



(L. AiMÉ Maktin.) 

Le Pluvier^ auquel, córame oiseau de passage, on peut 
adresser ees vers, n'étant que le prologue de la Bécassine^ 
ainsi que la Régence fut celui du régne de Louis XV, que 
dirait-on de moi si je m'*en teñáis á. la préface? Pardonnez 
done, chers lecteurs, aux grinceraents de ma plume, et je 
vais vous énarrerá raa maniere, rhistorique de Y espadón 
des échassiers. 

« Selon CrateSy le souverain bien c'est une heureuse na- 
t vigation; selon Archytas^ c'est le gain d'une bataille; 



1 



Ik BIÍGASSINE. nS 

«selon Ckrtfstppe^ c'est bAtir un superbe édifice ; selon Épi- 
éCiire^ c'est la volupté; selon Palemón ^ c*est Téloquence; 
t selon Héraditey c'est la fortune; selon Simonides, c'est 
cramitié; selon Euripide^ c'est Taníiour d'une belle 
f femme; » selon bien d'autres, c'est le jeu; mais selon 
moi, c'est la chasse. Les plaisirs qu'on y goúte sont moins 
trompeurs, sans orages, sans cuíssons, et durent plus long- 
temps. De tous les autres goáts , je m'incline á. celui d^Eu- 
ripide; car la femme... ah! c'est bien la plus belle crea-* 
ture. . . aprés la bécassine /. . . 

La chasse du pluvier s'est faite cette année sans que le 
sparríng club (le club des chasseurs) ait eu h regretter ie 
moindre accident ; et si mes le^ons y ont pu contríbuer en 
quelque chose , je suis pleinement vengé de certains cri- 
tiques qui ne cennaissent pas l'utilité de mes plaisanteríes, 
eax qui ne chassent qu'á. domicile et devant une table bien 
servie, oü il n'y a de danger positif que celui qui menace 
leurs estomacs rébelles et souvent délabrés. Haussaye a 
dit : c Quand les hirondeilas s'en voot cbercher des climats 
« meilleurs, quand les íleurs répandeut leur dernier par^ 
% fum , quand les feuilles jaunies parsémeut le sentier dé- 
«sert, la bécassine envahit nos contrées. »> Ah!... c'est 
cette époque que nous attendons avec amour!... L'au- 
tomne, qu'a chanté avec une si douce mélancolie le plus 
tendré de nos poetes, Milievoye, 



(( De la dépouille de nos bois, 

tf L'automne avait jonché la Ierre, etc., etc. » 



c'est le printemps pour les chasseurs; il n'est que Ynvant- 

propos de i'hiver, c'est-íi-díre le précurseur de nos plus 

purés jouissances boreales que le givre ne saurait refroidir. 

La bécassine (seo/apa^ gallinazo, L. ) appartient, comme 



i36 1845 

Thabitant des Landes» k Tordre des échassiers^ genre des 
térétirostres : elle n*a pas ici comme en Europe un vol k 
triple croché ; elle ne fait pas la pointue (quoiqu'elle y ait 
des droits) et file en ligne» Elle s'effraye moins aux ap^ 
proches de Thomme, elle est plus sociable, et nous savons 
profiter á merveílle de son manque d^ouie, qui n*est pas, & 
beaucoup pr¿s, aussi fine que son bec. La vallée de México 
paraít étre pour elle un séjour de prédilection ; le terrain 
y étant en general fort humide, elle y trouve en abondance 
les vers dont elle se nounrit. Son vol est tré&*rs4pide, mais 
elle nous prévient de son départ en nous jetant galamment 
un baiser (son cri en est une imitation presque parfaite). 
Nous pourríons trés-bien lui appliquer ce que Yirgíle fait 
diré ¿ Damétas de sa coquette Galatée : 

<f Malo me Galatea petit, lascioapuélla; 

a Et fugit ad saliceSy et se cupit ante videri, » 

Nous autres chasseurs qui, sans nous flatter, sommes 
trés-loín d*étre aussi bétes que Damétas^ nous tardons peu 
k repondré aux agaceries de la bécassine : notre coup suit 
de prés Tappel qu'elle fait k notre tendresse, et bientdt elle 
est k nous, si nous avons tiré juste; car, dans ce demier 
cas, notre amour donne la mort. 

Parfois la bécassine^ eíTrayée de nos poursuites trop pres- 
santes, pique presque verticalement, et semble chercher un 
refuge dans les plus hautes régions de Tair; mais vous la 
revoyez bientót se précipiier vers la terre avec toute la vi- 
tesse d'un aérolithe : ses aíles sont pliées, elle a le bec tendu, 
et se tuerait infailliblement, si k un pied du sol elle ne dé^ 
ployait pas subitement ses ailes et n*en frappait fortement 
Tair, sur lequel elle fait uñé espéce de bond : celte précau- 
tion a pour elle les heureux résultats d'un vérítable para- 
chute. Ge charmant oiseau se trouve, du reste, extrémem^at 
favorisé par sa conformation pour tous ees petits tours de 



LA BáCASSINB. i37 

forcé; sesmembres appuient surunedouble clavicule et sur 
un stemum large, portant une créte en forme de navire. La 
bécassine a la poitrine míeux bombee que ne Test, par son 
corset, celle d*un officier prussien en grand uniforme ; aussi 
lepoids des chairs et celuí des pattes est tel, qu'elle est par* 
faitement lestée sous les ailes; et» quand elle descend avec 
cette rapidité prodigieuse que nous lui connaissons, elle 
fait avec sa petile queue en éventail et son long bec, un 
equilibre qui la sauve dans ses foudroyantes évolutions. 

J*ai dit plus haut que la bécassine se rencontre á. milliers 
dans les environs de México; et, comme je suis éloigné 
d^étre égolste, jMndiquerai les parages qu*elle fréquente 
habituellement. Vers le milieu de septembre et dans le mois 
d*octobre, on devra la chercher aux alentours de San Cos^ 
me et d^Alzapotzalco , prés des haciendas de la Spitia, Ca^ 
marones^ Claveria, et dans les champs noyes qui bordent 
Tallée de la Verónica. La bécassine^ h son arrivée, a le bec 
encoré trés4endre, et ce n'est que dans les torres aux- 
qnelles on a déjá donné le premier labour et que les eaux 
ont envahies, qu'elle peut chercher sa nourríture. En no- 
vembre, décembre, janvier, etc., elle se tient dans les praí*- 
ries qui avoisinent le joli canal qui conduit k Chuleo^ et de 
préférence dans celles qui s'étendent depuis Mexicalcingo 
jusqu^á Ixtapalapam. G*est lá. que le chasseur deviendra 
fou de bécassines ; mais, comme le systéme des compensa- 
tions de M. Azais doit prédominer partout , c'est aussi Ik 
quMl pourra se noyer, disparaltre au milieu des terrains 
mouvants, ou bien encoré mourir comme Eurydice. Vous 
étes généralement trop classiques, joyeux enfants de saint 
Hubert , pour vous blesser de quelques citations : je lais- 
serai done parler Virgile de la mort de Madame Orphée : 
c'est peut-étre celle qui vous est réservée, si vous vous 
aventures dans ees vastes marais , sans de fortes bottes et 
un flacón d' álcali. 



m 1845 

a Illa quidem, dum te fugeref per flumina prcBceps 
a Immanem ante pedes hydnim montura puella 
tt Servantem ripa$ alta non vidit in h&rba.» 

a Eurydiee fvyait, helas ! et ne vü pos 

a Un serpmt que les fleurs recdaient soussespas»» 

(Traduction libre, et qai n'esit pa« de moi.) 

A répoque doDt uous parie Yirgíle , les maris aimaient 
beaucoup leurs femmes et vice versa. Aussi Orphée^ qui 
connaíssait le chemin des enfers, qu'on ne retrouve plus 
aujourd'hui, en entreprit le voyage en troubadour, la lyre & 
la main, pour redemander k Platón sa moitié (1). Denos 
jours, c'est un dévouenaent sur lequel Tun et fautre sexe 
doivent trés-peu compter : voilá pourquoi je vous recom 
mande plus que jamáis de cbausser de grandes bottes et 
de vous muñir, s'il le faut, d'une bouteille á champagne 
bien pleioe d' álcali. 

Les prairies de Mexicakiixgo^ et les chinampas ou jar- 
dins ílottants de M. deHumboIdt, qui n'ont jamáis ílotté 
que dans son imagínation, sont, en quelques endroits, hor- 
ríblement peuplés de serpents k sonnettes cu crotales^ nom 
que leur donnent les erpétologisles {croíalus iiorridm)^ 
parce que ce reptile imite, par le bruissement des anneaux 
de sa queue, le tapage sacre que faisaient avec leurs casta- 
gnettes les prétres de Cybéle. Vous reconnaitrez ce serpent 
k sa démarche lente; il est d'un jaunesale, que salissent 

(1) Cetto idee tont ¿i Tait cxcentrique du tendré Orphée me rappelie T^pí- 
gramme de J.-B. Rousseau : 

a Quand pour ravoir son épouse Eurydicis 
« Le bon Orpkée alia jusqu^aax enfert, 
• L^étonnement d*un si rare caprkse 
« En 6t cesser tous les tourments divcrs. 
c On admira, bien plus que ses concerts, 
< 0*un leí amoor la bitarre saillie; 
tt El Piulen roéme, embarrassé du cboU« 
« La lui rendit pour prix de sa folie, 
tt Puis la relint en faveur de sa voix. » 



LA B^GÁSSINE. 430 

encoré des losanges d'un noir plus sale et peu foncé ; sa 
tete a Texacte forme d'un coeur (similitude aussi répu*» 
gnante qu'elle est vraiel... car que de coeurs dont les mor- 
sures sont pour noos tout aussi dangereuses que celles du 
erotah !..,). 'Marchez done avec prudence et précaution 
dans ees prairies et ees chinampas^ oü les Euménides ^ 
assez mal peignées du reste, ont sans doute débrouillé leur 
sifflante chevelure, etoii vous pourriez bien vous y faire 
mordre. 

Si, malgré mes recommandations, vous vous trou\ie2 
sans álcali , et que vous fussiez mordu , débridez bien d*a«- 
bord la plaie, pressez-la ensuite fortement, semez de la 
poudre sur la blessure, et faites-vous partiellement sauter : 
c'est une maniere de cautériser comme une autre. Le ser- 
peni & sonnettes est, du reste, le seul étre venimeux qui fró- 
quenle les endroits que je viens de vous signaler; vous n*y 
Irouverez jamáis, par exemple, de tarentule, dont le venin 
est tellement actif et pénétrant que, vous Técrasant, il 
ferait tomber la semelle de vos bottes (si elles n'étaient 
passolidement ferrées) tout comme il détache, aü diré de» 
indigénes, ie sabot des chevaux qui ont eu le malheur de 
lafouler (1). 

Quoique la nature semble avoir appliqué Télectricité au 
vol de la bécassine^ tant il est rapide* le tir en est facile ici. 
Regle genérale : visez peu, ou ne visez pas, mais, par ua 
mouvement prompt, portez votre fusil h, la hauteur de la 
direction que suit Toiseau , tombez bien en ligne et tirez : 
il est a vous, j'y ai presque toujours réussi. Le grand mé- 
rite de cetle chasse, c'est de ne pas plus s'émouvoir au dé" 
part du gibier qu'k Taspect d'une tortue, voire méme d'ua 
chameau. 

J' explique la présence des serpents h, sonnettes dans les 
chinampas^ par Tutilité prótendue de la poudre sudorifique 

(i) GaMrd idmis par le f oigaire, k México. 






i40 1845 

qu'on en retire. Les Indiens ont la mission d'assortir les 
pbarmaciens de ce reptile prétendu medicinal (ils ne Ta- 
chétent qu'en vie), et pour s'épargner, sans doute, des 
courses trop péniblesettrop fréquentes jusqu'aux monlagnes 
di Ixiapalapam oü il ahonde , ils Tont importé dans qael- 
ques chinampas^ que des lors ils ont cessé de cultiver, et 
qui poureux sont devenues de y évii^hXes parcs-aux-cerfs de 
cr ótales de toutes les grosseurs. La, ees froids ophidiens 
s'alimentent facilement de mulots, de lézards et de gre- 
nouilles; et, lorsque les indigénes se trouvent en besoin 
d'argent» ils font un choix de serpents avec la méme faci- 
lité que le font nos pécheurs, des anguilles quMls conservent 
dans les bateaux-tamis sitúes sur les bords de la Loire. 

Mais laissons 1^ ees horribles animaux vertebres á sang 
froid, et revenons á celui qui en a un plus chaud, et qu*une 
digression un peu trop longue m'a fait perdre de vue. Lors- 
que nous chassons la bécassine^ presque tous les coups que 
nous tirons sont á hauteur d*homme, et c'est alors qu*il 
faut redoubler de prudence. Les malheurs sont fréquents 
á cette chasse , et sMI est vrai qu*on n'y emploie que les 
números 6 ou 10, et que le corps de Thomme soit, comme 
le dos du liévre (on ne dit plus le o//), un sac ^ plomb, 
toujours est-il que quelques grains de ce metal homicide, 
aussi petits qu'ils soient, suffisent á bríser Torgane qui nous 
est le plus précieux , et que Ton nomme á juste titre le mi* 
roir du cosur. 

La chasse de la bécassine est la plus amusante, parce 
qu'elle est semée d'épisodes de potües d*eau^ de cañares^ 
de hérons^ de moueties et autres oiseaux aquatiques, dont 
les cris per^ants ont quelque chose de lúgubre, comme les 
climats glacés d'oü ils nous viennent : aussi Buffon les a-t-il 
admirablement décrits, de sa magique voix, dans les quel- 
ques lignes que je prends plaisir á vous citer : « Cette voix, 
« toute composée de tons rauques, de cris et de clarneurs. 



LA BÍGASSINE. 141 

t n'a ríen de ees accents flexibles et moelieux ^ ni de cette 
« douce mélodie dont nos oiseaux.champétres animent nos 
i bocages en célébrant le printemps et ramour, córame si 
t rélément redoutable ou régnent lesteropéteseut k jamáis 
« ecarte ees charmants oiseaux dont le chant paisible ne se 
ff fait entendre qu'aux beaux jours et dans les nuits tran- 
c quilles, et que la mer n*eút laissé h ees habitants ailés 
« que les sons grossíers et sauvages qui percent k travers 
« le bruit des orages, et par lesquels ils se réclament dans 
t le tumulte des vents et le iracas des vagues. > 

Quelle majesté!... quelle musique de style!... Necroi- 
rait-on pas entendre, tantót la puissante basse-taille de 
Tomassi, tantót les accents si bien modules qui s'échappent 
de la boucbe divine de la Borghése, unis aux charmes in- 
dicibles de la voix de Perozzi (1)? Tout était en harmonie 
lorsque Buffon burinait ees sublimes tableaux; il s'habillait 
préalablement comme pour aller k la cour. Le síyle, a*t-il 
dit, c'est rkomme; il aurait bien pu diré aussi, c'est la 
maniere de s'habiller : vous connaissez la mienne, 6 pa- 
tients lecteursl... La plupart du temps, lorsque je vous 
écris, je suis en manches de chemise; pourquoi vous of- 
fenser si parfois je suis un peu décolleté? (2) 

Vous ayant demontre comme on tue la bécasstne^ il est 
aussi de mon devoir de vous enseigner la manifere de vous 
en servir. Ces secrets culinaires, auxquels je vais vous ini- 
tier, m'ont été reveles parle chasseur-écrivain de plus d'es- 
prit, par Tinimitable Elzéar Blaze, et par VAlmanach des 
Gourmands, publié á París, en Tan de gr&ce 1806. 

< Les chasseurs gastronomes (dit Elzéar) , et ils sont en 
c majorité, nous sauront gré de leur donner la recette du 

(1) Cliantettrs célebres de TOpéra, á oette époqtte, á México. 

(S) Je dois cette BatisfacUon á la verta d*an de mes lecteurs, qui, m^a-t-OD dit« 
s^est effaroachée du ton chaad qui rtgne daos moa artide sur le Pluvier, Ah I 
qa*on est beareoY, daos ce siécleí d'avoir encoré vu naitre VauroreU,» 



142 1845 

c salmis des Bemardins : elle peut s'appliquer k toute es^ 
« péce de gibier. Ges bons prétres ne dédaignaient aucune 
« science ; en ce temps-lá , c était dans les cloitres qu'on 
«trouvait les hommes du mouvement... des máchoires. 
f Méthode des Bernardins : On prend quatre bécassines 
« róties k la broche, mais peu cuites; on les divise selon 
« les regles de Fart , ensuite on coupe en deux les ailes, les 
« cuisses, Testomac et le croupion ; on range k mesure ees 
M morceaux sur une assiette. 

« Dans le plat sur lequel on fait la dissection, et qui doit 
« étre d'argent, on écrase les foies et les déjections de l'oi- 
«seau, et Ton exprime le jus de quatre citrons bien en 
« chair, et les zestescoupés trés-minoesd'unseul. On dressé 
c ensuite sur ce plat les membres découpésqu'on avaít mis 
«¿i part; on les assaisonne avec quelques pincées de sel 
iiblanc et de poudre d' ápices fines, deux cuillerées de 
« Texcellente moutarde de Maille et Acloque ou de Bordin, 
< et un demi-verre de trés-bon vin blanc. On met ensuite 
a le plat sur un réchaud k Tesprit-de-vin , et Ton remue 
N pour que chaqué morceau se penetre de Tassaisonnemeni 
« et qu'aucun ne s'attache. 

« On a grand soin d'empécher le ragoút de bouillir ; 
« mais lorsqu'il approche de ce degré de chaleur, on Tar- 
» rose de quelques filets d'excellente huile vierge. On di- 
« minué le feu et Ton continué de remuer pendant quelques 
o instants. Ensuite on descend le plat, et Ton sert de suite 
« et 2k la ronde, sans cérémonie, ce salmis devant étre 
a mangé trés-chaud* 

« 11 est essentiel de se servir de sa fourchette en cette 
«occasion, dans la crainte de se dévorer les doigts, é'iis 
« avaient touché k la sauce. » 

Je commence k comprendre, monsieur Téditeur, que la 
bécassine m'a fait beaucoup trop divaguer, et que mon ar- 
ticle a, je crois, dépassé les dimensions grotesques du bec 



1 



TRBMBLEMBISTB DE TKRRE. 143 

de Toiseau Imgirostre qui m'occupe : je m'empresse done 
de vous saluer, comme voire bien sincere ami et inalen- 
contreux correspondant, 

GiLLBS GOGO. 



Correspondance. 

A MONSIEUR L'AUTEUR DES DOUZE RÉFLEXIONS 

SUR LES TREMBLEMENTS DE IERRE. 

hépome á la réponse que fit á ma réponse voíre réponse. 

« D'oü vient^ cher Le Vayer, que rbomme le inoins sage, 
<c Groit tonjours seul avoir la sagesse eo partage 
« Et qu'jl n'est point de fon qui par beUes raisoM 
« Ne iogc son voisin aux petites maisons?» 

(¿es Folies humaines.) 
JCS60 «UB T1HI8 DUWITB, KO HAY ftUlfiN SR P^DS. 

J*ai bien lieu de croire, monsieur, que vos plaisanteries 
jouissent entiérement des mémes propriétés que nos verbes 
circonflexes en frangais, dont Taction rejaillit sur le sujet; 
et je craiiis de les voir refluer chez vous, tout aussitót que 
j'aurai pu vous citer, k l'appui de mes enfoncements, des 
autorités d'un plusgrand poids pour vous que M. Édouard 
de Monglave, qui paralt, conjointement avec Gogo, préter 
raolif k vos hilarités. 

Si vous avez de voslumiéres une idee assezavantageuse, 
moi, je me crois un Béotien, universellement béte : ceux 
qui me liront sont incapables de me démentir sur l'heureuse 
opinión que j'ai de moi ; mais, en dépit du bon sens, igno- 
ran! tout, et ne m'en rapportant uniquement qu'acequ'ont 
dit bien d'autres, je vais ra'efforcer de vous repondré. 

Je suis trés-éloigné maintenant de vouloir imiter le style 
áe saínete, dans lequel votre réponse est congue; j'ai des 
plaisanteries pour toutes les vótres, n'en doutez pas^ peut- 



i44 1845 

étre méme porteraíent-elles moins h faux ; mais les raílleríes 
ne sont pas des convictions, et ce langage est bien peu 
propre k fixer celles d'un publíc éclairé qui prend la peine 
de nous lire. 

Vous avez fait parler d'une maniere trés-doctorale, en 
vérité, certaine dame Momean dedéfunte mémoire^ espéce 
de sibylle de mauvais ton, bouc émissaire du Zurriago^ 
joumal mort-né (1) ; fort heureusement que cette feuille est 
rentrée dans le cercle des nombreuses productions dont 
Hippocrate, dans ses aphorismes, oublia jadís de formuler 
la lecture pour les cas dMnsomnie. 

Moi, je vais ínvoquer, non le lúgubre soufflement du plus 
ignoble des nyctéríens, d'une chouettecomme madame Afó- 
nica, mais bien le brillant langage de l'illustre Voltaire, de 
ce grand chourineur de la littérature, celui des Charles 
Lacretelle, Buret de Longchamps, BuíTon, Lyell, etc. 

Je con^ois que cette épithfete de géophage (fort impropre, 
du reste, puisque j'accuse laterredenous avaler), que vous 
avez la bonté de m'applíquer, avait quelques attraits; c*est 
un mot quasi-nouveau et qui ne manque pas depittoresque; 
mais aujourd'hui, ce n*est plus Gilíes Gogo que vous avez 
á classer parmi les géophages^ ce sont toutes ees illustra- 
tions dont je viens d^avoir l'honneur de proférer les noms. 

Libre h vous, aprés les preuvés que j*aurai fournies, de 
diré toujours, • no busques más razones^ etc. « Pues que la 
« deuda se aumejita^ etc. « vaya que se ven impresas^ etc. 
« tragúesela enhorabuetia, etc. <xentre México y Usboa^ etc. 
• viste el melonj etc. « 7io trates de ocultar^ etc. •lo dije en 
« cuanto te t?í, etc. , et autres gracieusetés du méme genre; 
elles n'ont aucune forcé probante dans une discussion. 

Voici ce que je lis dans Fhistoire de France, pendant le 

(i) Qae pablia jadis Pauteur des i2 reflexiona, et qoi était á dormir debouU 
\\ De dura qa^uo moiiott deax. 



TRBMBLBMBNTS DE T£RRB. {45 

dixhuitiéme siécle, par Charles Lacretelle (édit. de París, 
1830, 6 vol. in-8% tom. 3, p. 219) : 

« On eüt dit que la natare voulait effrayer, par des 
ff signes terribles, les nations quí conraient aux armes, et 
« qui allaient s^égorger sans passion, sans but et sans 
« gloire. La fin de Tannée 1 755 fut remarquable par une 
c suite de phénoménes désastreux. La terre paraiasait 
c ébranlée dans ses fondements. Les cdtes marítínies de 
i YEspagne et celles de rA/^-íyw^éprouvaientdessecousses 
( presque continuelles. La mer sortaít de son lit prés de 
I CadiXj et menagait la Hollande. Les villes de Maroc^ de 
« Fez et de Mequinez fureiit détruites en par i ie^ ainsi que 
« la petite ville deSeiiwalen Espagne\ maisle plus affreux 
f desastre fut celui de Lübonne. Vingt mille habitants y 
« périrent sous les ruines de leur ville : ici lespalais étaient 
« embrasés, et lít ils étaient détruits par les eaux ; des bri- 
« gands se livraient au meurtre et h. la rapiñe aun)ilieudes 
« décombres. Le Roi lui-^méme errait dans la campagne 

• au milieu de sa famille et de ses sujets désolés^ etc. » 
Dans les Pastes universeh de Buret de Longchamps (édit. 

de Bruxellesl825, 13 vol. in-8''avec atlas, tom. 8, p. 104), 
on trouve á la date de 1755 ce qui suit : 

« Tremblement de terre qui renverse lavHledeLisbonne, 
« coúté la vie k 30000 personnes, et s'étend sur une 
« grande partie du Portugal et méme en Espagne : la terre 

• íouvreauprés deMarocti englouiit unepeuplade entiére 
« d' Árabes; les villes de Pez et de Mequinez sont aussi 
« maltraitées que Lishonne. » 

Écoutez maintenant M. de Voltaire, contemporain de ees 
affreux événements (Voy. ses OEuvres, édit. de París, 
Fume, 1837, 13 vol. grandin-8% tom. 2, p. 763); ilécrít 
áM. Palissot : 

« Onne sait que trop á. Genéve le desastre deLisbowte; 
« tout est englouti ou embrasé, vingt villes ontpéri ; Cadix 

10 



146 i84& 

c a été quelques moments subm^gé par la mer ; la petite 
(c ville de Cortil, h, quelques licúes de Cadix^ délruUe de 
c food en comble. G*est lejugemeut derníerpour cepays* 
« li.; i/ n'a manqui que la tronque. ' 

Du méme, méme volume, méme page : 
A monsieur le comte d' Argental : — c II faut que les 
« geus aient le cceur bien dur pour s'occuper de ees baga- 
i telles (le poéme de la Pucelle) pendant qu'une partie du 
c continent est ablmée, et que nous sommes k la veille du 
< jugement dernien » 

Du méme, méme volume, page 767. 

A monsieur Yernes, pasteur de Téglise de Genéve : 

« Oa dit que vous avez prononcé un discours admirable 
c sur le malheur de LisbonnCj et qu'on ne voudrait pas 
ft que cette ville eút été sauvée» tant votre discours a para 
« beau. Vous avez encoré Mequinez et quelques cent mille 
« Árabes, quiont été engloutis sous la terre» cela peutser- 
« vir merveílleusement votre éloquence cfarétienne, d'au- 
« tant plus que ees pauvres diables étaientdes infideles. • 

Vous ignorez, ou vous nMgnorez pas, monsieur, que Yol- 
taire écrivit, k Tépoquedu tremblementdetenrede¿t$¿on;i^, 
un poéme qu*il intitule Poéme sur le desastre de Usbonne^ 
et pour varier une narration qui ne m'appartient pas, et 
contre laquelle vous ferez, si vous le voulez, parler Doña 
Mónica, je citerai de ce poéme quelques fragments sublimes : 



« o malheureux mortels ! 6 terre deplorable ! 

« O de tous les mortels afisemblage eflroyable ! 

« D'inutiles douleurs élernel entretien! 

« Philosophes trompes qui criez ; a Tout est bien! 

ec AccoureZy contemplez ees mines affreuses^ 

« Ces débris, ees lambeaux^ ees cendres malheureuses, 

c Ces femmes^ ces enfants Tun sur l'autre entassés, 

« Sous ces marbres rompus ce3 membres disperses ; 

a Cent mille infortunas que la terre devore, 

« Qui sanglants, décbf res et pdpilanls encoré. 



TREMBLESIETVTS DE TERRE. U7 

« fiatoTrés sous leiir» toita, terniinent aans.seccrars 
«. Oans riiorreui des tourments ieurs lamentables joois! 
« Ajix cris demi-formés de Ieurs voix expirantes^ 
« An speclacle effrayant de Ieurs cendres fumantes , ele. i> 

Plusrloinildit : 

« Lishmm, qui n*est plus, eut-elle plus de vices 
« Que L&nd^e9y que París, plongés dans les délices? 
« Lisbonne est abtmée et Fon danse á París I 
« Tranquilles spectateurs, intrépides esprit^, etc., etc. 

O oie}, ayaz pitié de rbumaine misére ! 
<i Toat est hUn^ dites-vous, et tcut es¿ nécessatre. 
ff Quoi ! l'univers entler, sans ce gouíTre infernal^ 
« Sans engioutir Usbonne, eüt-il élé plus mal? » 

Si vous déclarez^ aussi que Voltaire est un ignorant, un 
géophage, je vous conteraí, pour vous repondré, une pe- 
títe historre : 

t Un médecin, plus connu par son imagination impé- 
« tueuse que par sa pratique, en écrivant contre le célebre 
t Linnaeus^» qui range dans la méme classe riiíppopotame, 
t te porc et te cheval, s*écriait dans son indignation : 

• Cheval toümémel » Je rinterrompis (ce n'est pas moi 

• qui parle, c'est un autre géophage) lorsquMI lisait cette 
« phrase, et je lui dis : « Vous rríavouerez que si mansieur 
« UnnoBHS est un cheval\ c'est Inen le premier des 
t chevaux. » 

CommeKOus pourriez me supposer de^ conni vence avec 
MM. de Voltaire, Lacretelle, Buret de Longchanops et 
Buflbn, por razones de paisanaje; en vertu de Veniente cor- 
díale^ je vais demander Tappni d*une autoríté anglaise^fort 
respectabte, M. Charles Lyell (dans son ouvrage des Prin- 
cipies o¿ geology^ édiL de Londres,, 1840^ 3 vol. in-12, 
lom, 2, p. 364); voici ce qu'il dit (permettez-moi de 
citer te texte anglais, je vous en donnerai aprés, bien ou 
mal, la traduction, carjesuis-uopeu géophage ea anglaid) : 



148 1845 

« Ltsbon 4755. — In nopart ofthe volcante región of 
« Southern Europehas so tremendous an earthquake occur- 
• redinmodern times as thatwich began on thefirst ofno- 
« vember 1755, a/ Usbon. A sound of thunder was heard 
t undergroundj and immediately afterwards a violent 
« shock threw down the greater part of the city. In the 
f course of about six minutes ^ sixty thousand persons 
« perished. » 

a Lisbonne^ 1755. — Dans aucune partie de la región 
« volcanique du mídi de TEurope, il n*y a eu de tremble- 
f ment de terre, dans les temps modernes, aussi épouvan- 
< table que celui qui commenga ou fut sentí le l^'^no- 
« vembre 1755 h, Lisbonne. Un bruit souterrain de 
c tonnerre se fít entendre, et immédiatement aprés, un 
« violent choc renversa la plus grande partie de cetteville. 
f Dans Tespace d'á peu prés six minutes, soixante nülle 
ff personnes périrent. » 

Toujours du méme volume,page 365 : 

« Subsidence of the quay. — The most extraordinary 
« circunstance wich occurred at Usbon during the cata- 
« strophe was the subsidence of a new quay, built entirely 
« ofmarble at an immence expence. A qreat concourse of 
« peíale had collected there for safety, as a spot where they 
« might be beyond the reach of falling ruins; butj sud- 
c denly, the quay sank down with all thepeople on it^ and 
€ not one ofdead bodies everfloatedto the sur face. A greai 
« number of boats and small vessels anchored near it, all 
« fu II ofpeopky were swcdlowed up, as in a wirlpool (1 ). » 

Enfoncement du qum. — < La circonstance la plus ex- 

(O üeo. C. Davy'4 Uittfty oot. 2, UiUt 2, p. 12, to^ wat aX the time, 
and oicertaiMd that th§ hoait amd vétsels $aid tho hav been twaUowed 
iteré misMing, 

Voy. lettres de C. Davy, toK S, lettre 2, p. 12, qni se trooTait á Lisboane k 
celte époqoe et qui assore que lea bateaux et les navires qni araient été engloa- 
tís, aa diré de toas, ne reparnrent plus. | 



TAEMBLBIIBNTS DE TBRRE. 149 

traordinaire qui s'ofirit áLisbonne durant la catastrophe 

fat renfoncement du quai, entiérement construit en 

marbre, k d'imnienfleB frais. Un grand concours de peuple 

8*y était rassemblé pour sa sdreté, comme sur un lieu á 

Tabri des atteintes de la chute des ruines; mais, sdu- 

dainement, le quai s'engloutít avec tout le peuple qui 

était dessus, et pas un des cadavres ne revint jamáis 

flotter k la surface. Un grand nombre de bateaux et de 

petits navires ancrés prés du quai» tout couvert de peuple, 

furent abímés comme dans un gouffre. » 

Passons maíntenant aux grands enfoncements avec M. de 

BuffoDt réloquent marquis de Montbar* (Sauf votre per- 

missíon, si vous voulez vous convaincre de son éloquence, 

lisez son histoire du chameau, c'est une de ses plus bolles 

pages. Yoy. ses oeuvres» édit. de Lecointe, 1830« 80 vol. 

in-18, tom. 5, p. 14, oü il traite de la théoríe de la torre.) 

f II y a eu demiérement (oct 1746) á Lima, un trem- 

t blement de terre dont lea efiets ont été terribles ; la vilie 

c de lima et le port du Callao ont été presque entiérement 

t ablmés, etc... Sasecousse a duré quinze minutes. > 

Méme ouvrage, méme voiume, pag. 15 : 

i Si Ton consulte les historiens et les voyageurs, on y 

< trouvera des relatíons deplusieurs tremblements de terre 

< et d*éruptions de volcans, dont les effets ont été aussi 
t terribles que ceux que nous venons de rapporter. Posi- 

< donius, cité par Strabon dans son premier livre, rapporte 
« quMl y avait une ville en Phénicie» située auprés de Si- 
• don, qui fut engloutie par un tremblement de terre, et 
c ayec elle le terrítoire voisin et les deux tiers de la ville 
« de Sidon, eta » — (Quelle avaloire que celle de M. de 
BuffoQlI...) 

Méme ouvrage, méme volume, page 16. — Enfonce* 
mcnt avec recidive ! 

t Du temps de Trajan, la ville d*Antioche et une grande 



lio 184S 

< partie du pays adjaoent liirant atitmés fHir na drenMe- 
i m&it de terre; et do tempe de iwtinten^ en •S28, oette 
ff vilie fot une secoode íoíe détruite par ta meo» cause, 
4 avec pías de 40000 de ees haJxtaiiks ; et soixante ans 
• aprés, eHe essuya an troisíéine tremUement a?ec perte 
« de 60000 de ses habitante b ~ {Aia ! c'est trop ilbrt, 
monsieur de Bufibn! maoger troís fiQÍsdu aéme plat 1 ifil le 
gourmand de géopfaagel) 

Gelte sereiére de Mónica, bu tíea de mediré de noi, au- 
rait bien dú vous révéler plotót tws oes petítsacridents de 
terrain que je viens d'énarper. 

Vous voyez cependant, noneieor, qae oe Tiesotit pasdes 
fatras géognaphiquesquí me foornisBeat les preuves d*eD- 
foncements que je vous donne. La scíenee déla gáograptaie 
est, dR-on, la science des &nes^ et» bien «pue je m'y tnmw 
des droíts jostement acquis, j'eR ose sdbreiiient* 

üfaintenant que*vott8 m'avez con^vié á onangcr delctterre, 
el •queje me présente en ausá bonne oompagnoe que cdle 
áe MM. Lacretetle, Vekdne, fiavot de Longohaofipa, Bufen 
et Lyell, vous nous devez au moim, oomnMAotpe aniphi- 
tryon, le bon exempte; car >ce n'eet pns im «letsíortaga- 
^ant (pie ceílai que vous nous proposez. 

Valgré vcftpe aimable invitation, j'^anne tmeox, phitót 
que de vous«atisfaire, terrainer cet article ; il«sltvérítaUe- 
mcnt trop ícwg, «t si loofrd peut^Strequ^il poorrait e^foncer 
le termin du jounial : ce serait un nouveau cataclysme^pie 
tottjottrs aurait & seTeprocher cdui qui saiis ranoune se dit 
votre serviteur : 

GiLLES GOGO. 



1847 



l93 

' ' LOS CHIRLOS. 

TRAICIÓN DA CAPO DEL BELLÍSIMO, FRAGILÍSIMO T 
VERSATILÍSIMO BELLO SEXO. 

« 

« Fiuot absentes tibi Galla eonrai. . .» 

(Mcrtid, Ub. IX.) 

¡ Por vida de Mr. Montauriol I ¿qué chirlos son eso&?«... 

¿así favorecéis la invasión, oh mujeres ingratotas? En 

señal de luto debíais cortaros el pelo, y os ayankaís ya por 
los bucles; no veis, incautas, que por vuestro enroscado 
peinado dais á conocer al mundo entero, y con particula- 
ridad & D. Winfield Scott, vuestros parricí, amanticí y 
quizá maridicidos proyectos. ¿Qué patriotismo es ese?..... 
¿A qué viene fabricar hilas para los hospitales de sangre» 
si desgarráis las heridas de nuestros valientes con vuestros 
infames tirebouchonSj que son los más poderosos ínceotí- 
vos que presentar podéis ¿ la alcoholada amabilidad del 
angio-devorador-sajon ? ( 1 ) 

Tales son las reflexiones que me inspiró un baile de 
rumbo á que asistí hace poco. Aunque en mi tiempo fui 
un Céfiro, hoy me encuentro en una edad media, en que el 
hombre á brincos se despide de ella; y tengo por costum- 
bre, cuando me convidan á una diversión, de sentarme en 
an rincón á modo de observador, para formar juicio 8<ri)re 
el desolador progreso de las modas que todo lo echa á 
perder. Lo primero que noté, fué que el arquitecto de. la 
casa no se habia consoltado con madama Virginia, tocante 
á la anchura de las puertas de la sala. Mongolfieres pare- 
cían las señoras, que eran más género que otra cosa : los 
túnicos por poquito eran de cola, y de debajo de ese infla- 
do ediñcio, no se discernía la punta siquiera de uno de esos 

(1) A esta época, ya loa americano», al mando del general Scott, habían inti- 
Wn i Veneros. 



iS4 1847 

piececitos que aun envidiaría la China, y que hacen casi 
llorar á moco tendido ciertas bellezas que por lo esforzado 
de sus extremidades, se asemejan en algo á las hyes palmí- 
pedas. Pero, ¡ cuál fué mi asombro, cuál mi dolor, cuál, 
diré más, la ira mia, al ver que las caras eran todo pelo, 
como los cuerpos todo ropa I Un bosque frondosísimo de 
tirabuzones envolvia los adorables minois de cuantas se pre- 
sentidiaQ; y & presencia de tantas yanko-mexicanas da ocpo^ 
como dije antes, me ocurrió que de parte del bello sexo ha* 
bía traición ya, y confabulación anticipada con nuestros 
inngríentisimos invasores. 

En un océano de pelo se veian las mks caritas anegadns 
y algunas de ellas me recordaron la pregunta que hizo ana 
vez un andaluz en casi igual circimstancia : « ¿díme^ mJio, 
fuién te peinó pte íe puw mas fea de lo gae lüas te 

No era de suponer necesariamente que aquella imnensa, 
leonina y general caballera ñi^e prq>iedád individual de 
tantísimas deidades, que también eatn ellas era ftiem 
<^e hubiese sus peloncitas : alli entra lo que -dijo Maitial 
de la señora Galla, que oon molotes ágenos solía realcar sn 
tocado. Breve me convencí de ello, cuando en medio ée 
una polka empezaron á desprenderse tkirJos que faé on 
gusto* Una se agacha preGÍpítadaiaente k rtcofsr sn inM 
agregado, y se le desata ana de las seis enaguas que la 
Peáondean : aquella, al lanzarse sobre uno de esos deseí^ 
tores, deja oir nn ruidito^ y sin turbarse en io mas minímot 
ie iJHce & su compañero : « ¿fué fuiere usUed^ señer? e$tsy 
de malas; todo se me cae^ todo se me sak. » iteje nsted^ 
señorita, la contesta el galán atttMh»..* es propiedad de 
tas Sílfidos y son las diosas del aire... jdiga usted que fO 

En medio de esos accidentes siguió el baile, y siguieron 
también desplumándose esas traidoras palomas, victimas 



\ 



LOS CHIRLOS. 455 

de la moda, hasta quedar, con el cansancio de las piruetas 
y del trasudor consiguiente á ellas, hechas unas verdaderas 
ondinas : los rizos insensiblemente perdieron su graciosa 
forma, se alargaron, y en breve se aparecieron aquellas be- 
llezas como acabadilas de bañar. Lo confesaré, me alegré 
al ver el castigo que recibían tantas hermosuras por adop- 
tar i[uprudentemente las aborrecidas modas anglo-ameri- 
canas. 

Créanmelo, adorables mexicanas, vuelvan ustedes á su 
traje nacional, no desfiguren ya sus hermosos talles con un 
triple recinto de coletas de forro y miriñaques engomados, 
eso se queda para los cielos rasos ; cójanles de dos á tres 
alforzas á sus vestidos con que hoy barren el suelo; pongan 
otra vez á descubierto sus pies enanitos, y acuérdense 
sobre todo, que Venus jamas gastó bullarengues. 

Si les ocasioné muecas con lo que revelé del baile, con- 
suélense : asistí á él, es cierto ; pero fué en sueño. — El 
enemigo de los chirlos y de todo lo postizo. 



1848 



AL JOVEN DOCTOR D. MANUEL GALLARDO. 

¡¡TaiBüTO PAGADO AL MJÉRITO!!... 

Siendo la vida, como dicen todos, el primero de los bie- 
nes, el facultativo hábil que nos la conserva, me parece 
acreedor á que se le den públicamente las gracias, princi- 
palmente cuando las escasas proporciones de la persona 
agradecida, no le han permitido remunerar, más que 
muy tenuemente el servicio recibido. 

Habrá cosa de veinte y cuatro dias que cayó mi querido 
hermano, devorado por un tiphus, casi oriental^ que sin 
duda debemos al envenenamiento miasmático producido 
por los innumerables cuerpos de invasores é invadidos, en- 
terrados á pelo de tierra, en lugares pantanosos (1). Los 
síntomas de la enfermedad eran alarmantes , y mandé lla- 
mar al instante á mi joven amigo el doctor D. Manuel Ga- 
llardo. No erró en su diagnóstica, y médico ecléctico, sobre 
todo ; poco humorista^ y menos confiado en los solos efec- 
tos curadores de la naturaleza ; combatió con una atención 
sostenida, en el primer septenario , la inflamación predo- 
minante y el entorpecimiento general que caracterizan al 
tiphus. Previendo mi amigo los mortales caprichos del azo- 
te con que tenia que luchar, mandó en el octavo dia dis- 
poner al enfermo ; y seguro ya de la salud del alma , vio 
durante el segundo septenario, la enfermedad ceder á sus 
hábiles esfuerzos, sin haberse martirizado á mi pobre her- 
mano. 

Si quisiera prolongar este artículo , añadiría mil cosas 
sobre las prevenciones que nos hacia mi amigo en cuanto 
al prolongado golpe de gente que un interés equivocado 
fija habitualmente, sea en la pieza donde yace el doliente, 

(I) Dcspuet de la guerra de los americaBOf, 



1 



leo 1848 

sea en la contigua. < ¡ Acuérdense ustedes^ nos decía , que 
• los más de los enfermos mueren de visitas ! » ... 

Beciba, pues, mi andigo el señor doctor D. Manuel Ga- 
llardo, y públicamente, las mas sinceras espresiones de 
gratitud de parte de su verdadero amigo Q. S. M. B. — 
Capitán , Pascual Miranda. 



UN PASEO A LAS CADENAS EN NOCHE DE LUNA. 

Algo picado de romanticismo, y amigo (aun en el or- 
den social ) de los astros de poco aparato ; me gusta en 
extremo la luna , y mucho más los paseos que origina su 
brillantez misteriosa. A ellos concurriría más á menudo, si 
tuviera á quien acompañar; pero, como para completar 
medio siglo, no me falta ni un geme, me veo por desgra- 
cia reducido, en virtud de esta deformidad semi-secular, á 
mi statu-quo amoroso, que ni el afamado ministro Guizot, 
en política , jamas hubiera podido guardar mejor. De lo 
expuesto resulta que, cuando voy á cualquier parte , suelo 
distraerme con solo o?>, ver y contar. 

La vez pasada que me aventuré en las apreturas del úl- 
timo paseo de las Cadenas, no cabia, con mucho, en la ban* 
queta, la gente que allí pretendía pasearse. Como anchoas 
en barril, vcnian todos apiñados; y largo tiempo estuve 
esperando la coyuntura favorable de entrar en prensa. Por 
fortuna ó por desgracia, habiéndose presentado un claro, 
me encajé en él á modo de tecla de clave; y medio tocando 
el suelo, empezé (diz-que) & pasear. Flanqueábame á la 
derecha una señora de una obesidad tan portentosa , que 
receloso de algún derrumbamiento de esta cuadratura hu- 
mana, me hice á un lado, con la convicción de que, si á 
Sisifo, en un tiempo, en lugar de un peñasco, le hubieran 
sentenciado á que hiciese rodar á una señora de igual vo- 



UN PASBO Á LAS CADENAS. {61^ 

lumen ; en muchos siglos , por más que hubiese pujado, 
jamas hubiera logrado mover & una hermosura de tanto 
peso. 

En el nuevo lugar que llegué á ocupar, me dejé llevar 
de la ola , y atendiendo á la conversación animada de dos 
jóvenes que tras de mí venian, muy distintamente oí estas 
dulces palabras : c ¡ Ay ! Eulogia, cuan tranquila está la no- 
« che!. . . Mira esos fresnos, ni una sola de sus hojas se 
t atreve á mecer el aliento del céfiro, ¡ Qué contraste pre- 

• senta la calma que reina en el aire, con las borrascas 
« que asaltan k mi espíritu!. . . El mar de fuego que cir- 
t cunda mi corazón , obedeciendo á la fuerza de atracción 

• del argentado globo que nos alumbra, agolpa en su flujo 
ty reflujo, al rededor de mi alma, sus ardientes olas, y 
f me siento abrasar. . . ¿Qué importa, para nuestro enlace 
« que mis bienes de fortuna no igualen á mi amor?. . . 
« Repetiremos lo que nos enseñó nuestro favorito Lamarti- 
t ne, hablando de un poeta enamorado y más que des- 
t provisto : » 

« Nou8 allons échouer^ tous, au méme rivage. 

« Qu'importe au moment du naufrage, 

« Sur un vai8$eau fameux d^aooir fendu les aírs , 

nOu 9W une barque légére 

« D'avoir, passager solüaxre, 
« Basé timidement le rivage des mers? v 

(a En una misma playa naufragamos ; 
«¿Qué importa del naufragio en el momento, 

« Haber hendido el viento 

« En alta nave ó en fugaz barquilla^ 

((Cual pasajero aislado 

« De los mares tan solo haber rozado 

« Con timidez la orilla? » ) 

(Traducción de Casimiro Collado.) 

Acababa apenas de oir esas convincentes razones de tan 

14 



i» 



fé48 



furibundo romántico, cuándo, píor la resaca de gente que 
fluctuaba , fui echado al lado de dos hombres pensadores, 
cuya plática rodaba sobre las paternales disputas de los Pa- 
dres Provinciales de Santo Domingo (1). Uno decia al 
otro : «¿No te parece esto, amigo, como cosa del cisma de 
Occidente, cuando, allá en el siglo XÍV, se dividió la 
Iglesia, y hubo dos Papas á ün tiempo. Urbano VI y 
Clemente Vil?. • . Yo te lo juro , que si no fuera por el 
suplemento qué hace dias, nos echó en el Siglo XIX e\ 
padre Servin , hubiera creido firmemente que, al menos 
en los claustros, reinaba la paz evangélica mas completa. 
Al contemplar del alto Cielo estas riñas, ¿qué dirá Santo 
Domingo de Guzman, nuestro primer inquisidor general, 
y él fundador de la orden de los hermanos predicadores 
dominicanos? (2) También hablemos claro, ¿porqué 
ños han de poner los Padres al tanto de los chismes que 
lós dividen? ¡Ah! si como antes, fueran ellos nuestros 
jueces (3) , y los inquisidores encargados de volvernos 
chicharrón (4) , santo y bueno ; pero hoy que afortunada- 
mente, ha pasado esa moda de acrisolar á los creyentes, 
(que no son salamandras); ¿qué nos importa que gobier- 
ne la provincia el padre Servin, ó el padre Velasco?. . . 
Sabes tú, ya que hablamos de inquisidores, te diré fran- 
camente que, esa palabra de inquisiciori me lastima el 
oído, como antes ofendió á la razón ; y no era malo que 
á un edificio de tan crueles recüerdoá ^ le varíase el 



(i) En este tiempo, lo^ Padres Sefviíi y Velasco, p6r los papeles públicos^ le 
disputaban el proviDcialato, como dos perros un faoeSo. 

(3) Inocencio 111, en l)Í5, nombró á Dcrmíogo de Gutman, primer inquisidor 
apostólico general. 

(5) En Í4OS4 el i.* de febrero, BoniAicio IX encargó á los provinciales domi- 
nicos de España, las funciones de inquisidores generales. 

(4) i48S. En el curso de este año, se quemaron en ScTilla S,000 per- 
stfnaá, 7 se peniíefieiárott 47,000. El primer auto de fé eo México, se oetebró 
en i074. 



ÜN PASEO k LAS CADENAS. Ié3 

t nombré, inscribiendo en la puerta de entrada de aquella 
« él-óflcina del Santo Oficio : 

CASA DE BENEFICENCIA 

ESCUELA DE ARTES Y OFICIOS (1). 

t También era propio, mandar construir en el patio de 
« lar easa^ tina hermosa fuente, grabando en una de sus co- 
« lumnas esos versos de un poeta , á quien horrorizaba la 
« tnemoria de los autos de fé : i 

K Vimage du grand Dominique, ^ 

« Brülevr de la gent hérétique, 

« Trop longtemps attrista ees lieux, 
« Á ce terrible saint succéde une onde puré. 
a Cest prévoyance, ü faut á nos ñeveiat 

« Des remedes povr la bruhre, » (Parny.) 

(<( Harto tiempo la imagen 
«Del Gran Domingo, tostador de hereges, 
« Llenó esos sitios de mortal tristura : 
« Ora reemplaza á tan terrible Santo 
« Perenne manantial de agua pura. 
« Esta es beneficencia , pues destina 
« En él á nuestros nietos, contra el fuego, 
« La mejor medicina (2). i)) 

( Traducción de Casimiro Odllfldo.) 

(ij Diet años despnes, se realizó en parte éste deseo ; porgue iióf áé fe Id¿- 
crito en é troúÚB^ítíó de a^uel ei-tHbuDal de tortoras^ ku^^ después y flMgr»: 



(1) Idéntico caso nos presenU la historia de Francia : dejaremos hablar á bu- 
la me: 

éFiárieisoo Mtrod^ jkret6ste de 10$ iaercaderes, á quien la ciudad de París as 
c deudora de muchos ornatos y reparaciones útiles, hizo edificar la primera fuente 
• que se conoció en la isla de la Cité. 

t Esta fuente fué construida precisamente, en el lugar que ocupaba la ¿«tí del 
i fédre de Itian Ghatél^ uno de los asesinos qne qnisó matar á Enrique IV : di- 
«cha foente se sustituyó á la pirámide elevada para eternizar la odiosa memoria 
« del crimen, del asesino y de los jesuítas sus instigadores : pirámide que Enri- 
«i|iie iV| por nn sentimiento de temor, acababa de mandar demoler. 
K lnente« se leía el distico rela^vo á este suceso : 
a Hic ubi rettabaní tacri monumenla furoritt 
mBluit infandum MironU unda $e9lu$,y> 



i 64 1848 

« Hecha esta reforma que indicaba progreso, me parece 
« que le seria muy fácil al Gobierno proporcionarse recur- 
« sos para pagar profesores hábiles , que, en esa escuela 
« de artes y oficios, trasformasen á una multitud de pobres 
« en artesanos útiles y laboriosos. Estoy seguro de que las 
« personas de medianas proporciones, los particulares ri- 
« eos, y aun quizá los mismos Padres dominicos de hoy, 
« contribuirían á esta obra de beneficencia tan traficenden- 
« tal. » 

Mucho me gustaba está conversación , por la sensatez 
con que hablaba uno de los interlocutores ; cuando, por 
desgracia, vino un nuevo remolino de gente , que me re- 
chazó dos filas más atrás. Un señor que portaba bigote, 
y llevaba del brazo á una señora, se vio sin querer, en la 
precisión de empujar á dos mugeres sueltas, que allí por 
casualidad se encontraban. 

¡Jamás hubiera hecho tal el pobre señor !... (¡ Hola I... 

< I hola !. . • Musiú del bigote!. . . » le gritó una de ellas ; 
«¿y porqué no se abrió usted paso así, entre los enemi- 

< gos, cuando vinieron (1) ?. . . ¿Si será usted uno de esos 
« muchos, que de las armas no conocen más que la cor- 
« rera ; y que, tan solo que en la nuca llevaran los ojos, 
« pudieran contarnos algo de los Yankees?. . . Aprended, 
c señor del erizado labio y corazón fruncido , que , hace 
«poco, el mismo Scott, si veníamos por la banqueta, se 
« bajaba de ella, respetando en nosotras, el bello sexo, sin 
« preguntar de calidad. \ Pobres de los gueritos , con sus 

< ojos de muñecos de porcelana del portal. . . tan azuii- 
« tos!!. . . 9 

Tiempo no le dejaron al dichoso señor de contestar ; 

Lo que, con más palabras, quería decir : 

(Aquí, donde se elevaba un monumento, destinado á perpetuar los furores M 
fanatismo ; Mirón reemplazó á este con una fuente, cuyas aguas servirán á lam 
la mancha de un crimen execrable.) 

(i) En 1847, fecha de la inyasion americana. 



UN PASEO A LAS CADENAS. ^65 

porque alzándose de repente dos patriotas, que & la sazón 
en las Cadenas se estaban colunapiando, prorumpieron lue- 
go :< ¡ Poco tiempo !••• ¡ poco tiempo !... ninfds de la Be- 
flIa-Union (1) ; iqaé güeros recuerdos son esos?... ¡qué 
ff ojos azules, ni que verdes I... ¡ Chulos eran sus volunta- 
trios ^ carreteros y sub-carreteros ^ con sus sombreros de 
I mas picos que una pina!.... Lo que sienten ustedes.... 

< ¡pobrecitas!... son los tiempos de arrebato que pasaron, 
( en que, como esos animalitos de muchas patitas , {vulgo 
c arañas) se aprovecharon ustedes de la abundancia de las 

< moscas. Esa es la única cornucopia; cuya pérdida lloran 
« sus mercedes ; ¡ mejor será que callen.... ó sino I. .. » 

A este tiempo, llegaron afortunadamente unos de la po- 
licía, que desbarataron & esta nube, que sin duda iba & re- 
ventar ; y me volví á mi casa, pensando en los fenómenos 
de gordura (ó hipérboles de manteca, como los llama don 
Simplicio ) ; en el lenguaje encumbrado de los románticos: 
en las frituras humanas ; y en aquellos insectos que , de 
rama en rama , fabrican esos tejidos sutiles donde tantos 
han caído y seguirán cayendo, sin poderlo remediar. 

Un observador nocturno. 

Nota. — Quince dias después de publicado este artícu- 
lo (es predso hacer justicia) el Excmo. Ayuntamiento de 
México, procedió á anchar el paseo de las Cadenas , man- 
dando formar otro piso de lozas, á losanges^ al otro lado 
de los árboles. 



(9) Caft donde los americanos, en 49, daban bailes públicos todas las noches 
A estas aoirteM dantantei , no concurrían generalmente mas que laa mugeres du 
éemiet choiXf j enteramente foUu d§ léun corp9. 



)6f 1848 

AL JOVEN Da. p. MANUEL GALLARDO, 

SOBRE LA EMFfiRMEDAD DE MIS HUiS, 

Od nsül médecio, on iñi\%iA chírnrgien^ 
Coipme OQ o;iIt po¿te ^t Too devíeot oraUsur. 
{Mes convietioni,) 

La gratitud, según la deñnioion poética que dio de ella 
el sordo y mudo Massien, es la memoria del corason {la 
mémoire du cosur) ; no puede, pues, ese sentimiento noble 
perecer jamas en ciertas personas; y mucho menos cuando 
lo avivan en ellas de continuo, los nuevos y repetidos ser- 
vicios que reciben. 

En el Monitor RepubKcano de 31 de Enero de este aáe, 
mi antenado el capitán D. Pascual Miranda, dio al joven y 
hábil facultativo, el Sr. D. Manuel Gallardo, un testimonio 
público de su agradecimiento por haber salvado á su her^ 
mano de la ñebre pútrida más maligna que se eonosea y 
que llaman iypkus^ únicamente por Hellenismo. Si con* 
cluyó después el infeliz convaleciente con una existencia de 
23 años, fué debido á una recaida obstinadamente provo- 
cada por él. Con todo, faltando ya sujeto, y sobreviniendo 
un ataque pulmonar, casi apoplético, la habilidad del 
médico tod$ivía disputó á la muerte su víctima, durwt^ 
cinco dias. 

Ligado por el mismo agradecimiento que hizo hablar 4 
mi hijo, quiero también á mi vez, satisfacer ^n parte al 
doctor D. Manuel Gallardo, por la deuda eterna que acabo 
(|^ contraer hoy con él. 

Habrá cosa de veinticuatro dias que mi hija mayor oayá 
postrada en cama, no de una escarlatina benigna ó simpk^ 
anginosa, ó sencillamente sin erupción; pero de una escar- 
latina que muy propiamente llaman maligna. Fiebre inten- 
sa, vómitos, delirio, angina violenta, en fín, todos los mas 



I 



A DON MAjyiJ;!^ GALLARDO. ^ 

alarmantes síntomas vinieron de golpe ¿ caracterizar la 
brusca invasión del mal. Con el mayor tino provocó el Sr. 
Gallardo en los primeros dias, uns^ erupción que en esos 
casos se presenta siempre lenta , irregular y de mal asr 
pecto. 

La boca de la enferma era fuliginosa^ los derramamien- 
tos de la saliva y del mucus nasal eran fétidos; todos los 
órganos abdominales, pectorales y cerebrales se veían ata- 
cados. El médico, felizmente, no se turbó un solo instante, 
2^1 aspecto de tantos mortales fenómenos; y en quince dias, 
^ todos los combatió coiji el esmero más sosteqido y un su- 
ceso siji igual. Hoy no le ha quedado ya á la pobre enfer- 
ma mbs que un^ debilidad suma, la escamadura habitual 
en dichos casos, y esa hinchazofi en las extremidades, que, 
según ílicen, proviene de una infiltración originada por la 
impresión del frió. 

Dícese vulgarmente, y casi con razón, que una desgracia 
nunca se presenta sola; se realizó en mí el fatal adagio, y 
en los primeros dias de la enfermedad de mi hija mayor, 
también se contagió de escarlatina la más chica de ellas : 
complicándose así visiblemente las atenciones del Sr. Ga- 
llardo, cargó bondadoso y sin temor con esa segunda res- 
ponsabilidad, de la cual á los veinte dias salió tan airoso 
como de la primera. 

Siga, pues, mi joven amigo el Dr. D. Manuel Gallardo 
las acertadas inspiraciones de su genio médico^ como el 
curso de sus muilipljcados sucesos; y dígnese recibir de 
mí, en estas pocas líneas, el tributo bien corto que tan de- 
bidamente le paga la gratit.ud de su amigo 

EjaNEBXO Maísson. 



i68 Í848 

¡UN CAMINO NAVEGABLE I!... 

Si es cierto que el buen ó mal estado de los caminos da 
la medida exacta de la civilización de un pueblo, ¿ qué opi- 
narán de México, los que nos vengan á visitar, al ver las 
zanjas y zanjones, barrancas y barrancones, ríos, lagos y 
mares que á cada paso hacen impracticables las vías que 
aun hoy, condecoran con el majestuoso nombre de caminos 
reales ? 

Hace algunos dias que, habiéndonos reunido varios ami- 
gos, discípulos de San Huberto, formamos el proyecto de 
ir á cazar á la Lechería, hacienda situada á cosa de cinco 
leguas de aquí. Conociendo yo que nuestro viaje iba á ser 
mixto, es decir, por mar y tierra, me arreglé con un Omni-- 
bus^ coche comunista^ que viene á ser una especie de barco 
con ruedas. A nadie de los compañeros le descubrí por qué 
prefería ese vehículo k cualquier otro : muchos de ellos, 
que no sabian nadar ó se mareaban, se hubieran desalen- 
tado. Montamos en nuestro ómnibus; y cada uno, al ins- 
tante, supo apreciar la gracia y suavidad con que se 
ondeaba en los malos pasos. Como buen marino, había to- 
mado mi asiento en la popa del coche; sus movimientos de 
sube y baja^ eran las mas veces tan undulatorios, que lle- 
gué á figurarme, sin esfuerzo de imaginación, que me ha- 
bía embarcado para Europa: casi lo vine á creer, cuando k 
un cuarto de legua de la hacienda de los Ahuehuctes, lle- 
gamos á la orilla de un nuevo mar Caspio^ que en ningún 
mapa se halla designado. 

A pesar de su náutica configuración, nuestro coche se 
paró antes de comprometerse en aquel mar muerto : tam- 
bién lo detuvo, por cierto, una cosa como isleta, que obser- 
vada con atención desde la cubierta, fué reconocida ser un 
burro cargado de carbón, que habia naufragado en medio 
de aquel vasto Océano. 



ÜN Güimo NAVEGABLE. 169 

El pobre indito que conducia el burro, se afligía y llo- 
raba amargamente, al ver su única esperanza al agua : 
como gallina que ha criado patos, recorría los bordes de la 
profunda laguna, llamando en vano á su socorro á otros ar- 
rieros en no mucho mejor situación que éL Movidos á piedad, 
y con dinero en mano, determinamos á algunos que pasa- 
ban, á echarse casi á nado , para trabajar al sauvetage del 
hidrófilo burro. El animal, primero hizo esfuerzos para le- 
vantarse por su propia virtud ; pero como en esos casos se 
apoya en la cabeza, cual cisne la sumía en el agua, hasta 
perderse de vista sus inmensos alcartaces. Iba indefectible- 
mente á perecer ahogado, cuando nos pareció prudente que 
descargaran antes que todo al burro, llevándosele después 
en peso como cualquiera criatura. Así se hizo ; y el pobre 
muchacho, al ver en tierra á su carbón y á su burro, llenó 
de bendiciones, según constumbre, á sus buenos señores 
amos. 

Desviado el escollo vivo que teníamos al frente, lanzóse 
al mar nuestro ómnibus : solo mástiles le faltaban, para te- 
ner visos de paquete. Los caballos, que aunque frisónos, no 
eran palmipedos, breve se encontraron en el precisísimo 
caso que el susodicho burro : y de los seis que eran, ha- 
biéndose resbalado cuatro, empezó el agua á invadir el 
coche. / A darle á la bomba, amigos : esclamé yo luego !... 
quitáronse al momento las cajas á las escopetas ; y ayuda- 
dos de las baquetas de limpiar, empezamos todos á trabajar, 
para salvarnos del mas completo sinistre. En esa líquida 
posición, aunque nos hubieran salido ladrones, bien podía- 
mos haberles desafiado : solo piratas hubiesen logrado to- 
marnos al abordage. Más de diez minutos duramos en la 
precitada operación hidráulica, hasta que haciendo un es- 
fuerzo simultáneo los corpulentos trotones, medio rodando, 
medio flotando, llegó nuestro ómnibus á la orilla opuesta. 

No hablaré de multitud de lagunítas que tuvimos que 



470 ism 

aiarayosjftr ; $erja f^ipi^ar ^al lector : ^Ip 4wé fí^ W antrw al 
pueblo de Tlalnepanlla^ .^e ofreeió mi ámso faogal, en el 
cu^ nq^ ,€i¡it(H|*9JQ€Ms, £o.mo si hubiera ¡sido todo .^ de ta 
más pura ípantequilla de Chapingo.. h\ rev.olv^r^ el chafc^^ 
mil veces al dia resuelto, nos medio asfixió mode aqaeilos 
j^lores gue ^n ^da se di&rei^ao de l|i,s balsáotioas ema- 
wcíones 4^ uoa .biotíioa, cw^do en elila ^ elabora clprwQ. 
De suerte ^p^ «n .€#a^ro legjuas q^ tejíamos an^ada^» 
pudjn^os ba^ef s^ fácilmente yplcados, abogados ^ so£o- 
,<)a4os. 

AJ salir de^l famoso pueblo 4e Tlalnepantla, ci^ya iglesia 
tiene ui^ torpe ,qu^ ac^ba en /Jacaf i^ pi^lq^iLería, y ^9 rio, 
cuyas benigna ¡aguas á cad^ moicpeo to barreo con cuanto 
epcueníran ; .tf opeza^ruos cojb una calzada descalzada.. \ Qué 
saltos, S|i ^ atricve 6:1 coche ¿ brincar de piedi^a ^ piedra, 
y qué faij^o, si se desvia por los bordes á riesgo de d^sH- 
zarse en la zanja vecina!... !Ni Scylla^ ni Charibdis^ pre- 
sentaron jafOV^s ^1 03aclo A^^vegante maspraeiles alternatiyas ! 

¿^u|íén :C^Qer|i, deep^^s de lo referido, que en ese di- 
choso calino de M^icp á (Amiliíl(^n ^ (^^ peage? Pues 
si ^ñor, y gor^o : red^ootele usted ,al peagero^ y le (¡panjtes- 
tará con una voz bastante roi^ca : Señor j ^ eüQy aquí 
para oir quejan ^ estoy fqir a cobrar \mtiéndMe usted con la 
autoridad cowpetmte. 

Entre nosotros dicho, ei^os peages ,$on enteramente de 
invención feudaj» pertenecen ¿ la Edad media : en nuestros 
dias de proqre&Q, b?- parecido ingenioso el ^odo, y se ha 
revivido una costumbre establecida por los grandes ífeuda- 
tarios que existieron hace jia friolera de mas de seiscientos 
años. 

Ya que hay peages, como hay también visluQibres de un 
.camino de fierro que, ni de diamante que fuera, costara 
^&s (1), de})ia nombrarse un inspector de puentes yccff" 

(I) Bi cuDi&o lieiüeno .desde Veracnu á San Inao. 



m CAXmO IfAYMABUI. |7i 

zadas, ó grand voier, que recorriese los caminos en todas 
direcciones, sino para cerciorarse de su buen estado, k lo 
menos para salvar á los burros que se ahogan, á los coches 
que se atascan, etc. etc. 

Con esa medida prudente que se adopte, quedara delei- 
tado, su afectísimo y seguro servidor que su mano besa, — 
A Antonio Charco de Lagunazos, 



1 



1849 

BAÑOS DEL PEÑÓN 



i 



175 



LOS BAÑOS DEL PEÑÓN, Ó PEÑOL. 

INTRODUCCIÓN. 

El Sr. D. Anselmo Zurutuza (Q. É. P. D.), hombre 
emprendedor y amante de los progresos deí país, habiendo 
proyectado formar aquí un establecimiento de baños ter- 
males, por el estilo de los de Europa; me encargó indagará 
si se vendia la finca del Peñón, donde nacen á media legua 
de México, unas aguas termales, dé cuyos beneficios no 
puede, con provecho, gozar la población de la capital, 
por el estado de completo abandono en que se encuentra 
el edificio donde se toman estos baños. 

En vano, durante más de tres nieses, hice los mayores 
esfuerzos, para lograr que el Sh Lie. Torres Cataño ven- 
diese la finca, siendo en parte propietario de ella, y apo- 
derado de los demás dueños. Oañsadó con esta resistencia, 
me propuse apelar á la prensa, para conseguir mi objeto ; 
y habiendo muerto el Sr. Torres, publiqué en 2 de Abril 
de 1849, el comunicado : < Baños del Peñón » firmado por 
ün tullido. 

Inmediatamente, los miáis periódicos hicieron coro con- 
migo; y pomo se leerá, el Siglo XIX del 13 de Abril y 
2 de Mayo, eí Monitor del 23 de Abril y 3 de Mayo, el 
Universal del 16 de Abril y el Globo del 28 del haismo mes, 
hicieron, á imitación del Tullido^ unas indicaciones que 
movieron fuertemente eí interés público. 

El Sr. D. Ramón Malo, hombre de empeño y (Goberna- 
dor entonces del Distrito, impulsado por este clamor gene- 
ral, dio orden á una comisión formada del seno del Consejo 
dé salubridad pública, de pasar á los baños del Peñón, 
para que á sd vuelta, le diera una relación circunstanciada 
deí estado en que hubiere encontrado aquellos baños* 



176 1849 

Dicha relación, habiéndose publicado en e Siglo XIX 
del 2 de Mayo, y en el Monitor del 3 del mismo mes, un 
suscritor al primer periódico, criticó en las columnas de 
este, en 7 de Mayo, el informe dado por la comisión de 
salubridad. De allí nació la polémica que en seguida se 
leerá, y que sostuve (sin saber con quién) para fijar más 
la atención pública, en un asunto de interés tan vital. 

Mientras tanto, habiendo renunciado el Sr. D. Ramón 
Malo, el puesto de Gobernador del Distrito, entró á lle- 
narlo en su lugar el Sr. D. Pedro Jorrin, quien no se ex- 
plicó, como su antecesor, la necesidad que exislia para 
México, de un establecimiento de baños termales en forma. 

Debido á esta indiferencia, esta gran contienda perio- 
dística que duró desde el 2 de Abril, hasta eM6 de Octu- 
bre de 1 849, no dio otro resultado que algún aseo más en 
los baños, y la exacta análisis de sus aguas, la cual salió á 
luz en el Monitor y en el Siglo XIX del 1 6 de Octubre. 

Este es el término á que, por lo común, llegan las cosas 
en México, por el punible descuido desús gobernantes. 

E. M. 



LOS BAÑOS DEL PENON. 

Por un beneficio de la Providencia y las condiciones del 
terreno en que nos hallamos, se encuentran á media legua 
de México, unas aguas termales, de virtudes asombrosas 
en muchas de las enfermedades que acibaran nuestra exis- 
tencia, y se la disputan victoriosamente las más veces. De 
ese triste numero son : las escrófulas^ la tisis^ los catarros 
pulmonalesj las opresiones^ la gastritis j las reumas cróni- 
cas^ los infartos en las articulaciones^ la debilitación de los 
músculos, etc.^ etc.... ¿No era muy natural que en el pa- 
raje donde brotan esos benéficos manantiales de vida y sa- 



LOS BAÑOS I»SL P£NO!S. (77 

iud, hubiese un establecimiento de baños dispuesto con to- 
da la cuna posible? 

Lejos de eso, los baños del Peñón, son á mi entender, 
como al de cualquiera que sufre, los mas espantosos termas 
habidos y por haber. Parece que todos los vientos que se- 
ñala la brújula, se han concentrado, por falta de abrigo, 
en aquel pavoroso edificio : aturde su silbido, lo mismo que 
á bordo de un barco en alta mar, cuando brama el hura- 
can. Las ventanas, que suministran una luz verdadera- 
mente sepulcral, dejan al aire un paso tan franco, como si 
fuesen de otates; y si por desgracia no se cierra herméti- 
camente la puerta de la pieza, á la cual, por un abuso de 
nombre, se le asignó el de antesala, se establece una cor- 
riente mortal de aire, más cortante mil veces que el alfanje 
del difunto Saladino. Es de advertir que, una vez empare- 
jada aquella puerta , queda el enfermo, para que más se 
alegre, como en uno de aquellos calabocitos que en un 
tiempo inventó la santísimamente extinguida Inquisición, 
para proceder á compurgar corazones (1). 

No es eslraño, pues, que al volver de los baños, los más 
enfermos, en lugar de haber encontrado la salud, traigan 
de allí nuevas dolencias que les eran antes desconocidas. 
Esos favorables resultados son debidos al frío polar que se 
resiente en las más piezas toscamente enlosadas con las 
robustas piedras de Chiluca. 

Dichos baños se hallan, y sin duda seguirán hallándose 
en ese deplorable estado, porque sobre la propiedad del 
Peñón que se disputan seis, diez ó más individuos, se en- 
tabló hace tiempo un pleitecito que, por la actividad fo- 

(1) L^esprít de Jésus est un esprit de paii, de miséríoorde et d'amour. Ceux 
qtil penécotentea son nom, qoi scrutent les consciences avec l'épée, qni lorlU" 
rmt Íes corps poor convertir l'ame, qui foni coaler les pleura au lieu de les essu- 
jtr ; oe«*iá n*0Dt pas Pespril de Jésus. Quoí de plus insensé que de diré aux 
iKMnmes : croyez ou roourez I 

( De la SíennaU, PaHabras dé un ctiyente, cap, IXViH.) 

VI 



m t8« 

reDse^ dUra desde la miseria de casi cuarenta afloft. Vú 
carro de cuatro ruedas y de llantas dobles, seria iiisufi' 
cíente, según dicen, á cargar los autos que se han garaba- 
teado sobre el particular. Mientras ad huc sub judies lis M^ 
como dicen; una población de doscientas mil almas, 
aguarda para bañarse sin peligro de torcerse, que se adju-^ 
dique la finca al que, quita por anciano ya, no lo queda^ 
r&n ojos con que verla ; ni á nosotros que nos quejamos» 
grandes males que curar allí. 

Se le hicieron en un tiempo al Sr. Licenciado Torres Ca* 
taño (qtie en paz descanse), varias proposiciones para 
comprarle la finca del Peñón ; era entonces el apoderado 
y primer albacea de varios interesados en ella, pero las de~ 
sechó todas^ y lo propio ha sucedido con el segundo alba-* 
cea que ha quedado en su lugar, y que por ahora adminis- 
tra dicha finca. 

La persona que quería y quiere todavía comprar el Pe^ 
ñon, es uno de esos hombres industriosos, ricos por su tra- 
bajo, y filantrópicos á la vez, que tiene el proyecto de formar 
allí un establecimiento de baños capaz de rivalizar con los 
m&s cómodos y afamados de Europa. Su proyecto es el de 
amenizar lo más posible aquel lugar de desolación, impro^ 
visando en él alguna vegetación, & la que se opone la tíw-- 
ra, por las muchas sales que la saturan^. El edificio, que 
constará dedos pisos, deberá dividirse entres departamen- 
tos muy distintos, triplicando necesariamente el número 
de baños que hoy se cuentan. El primero, y al que se aten* 
derá antes que todo, será el reservado á ios pobres : el se- 
gundo se destinará á las personas de medianas proporcio- 
nes, y el tercero lo ocuparán las gentes acomodadas que, 
por recobrar la salud, pueden gastar más ampliamente. 
Podrá entonces una familia pasar allí quince ó veinte diasi 
sin acordarse de tos deleites de la capital, y sin tener, co- 
mo hoy. La muy triste necesidad de cargar desde el agua, 



LOS BAÑOS DEL PEÑÓN. i79 

como si se tratara al ir al Peñón, de atravesar los desiertos 
. arenosos de Sahara. 

La conservación de la salud pública, siendo la atención 
más precisa de todo gobernante, aguardamos del Exmo. 
Ayunlamiehto, que tan dignamente preside el Exmo. Sr. 
Gobernador actual, se sirva dictar todas las pto videncias 
que le aconsejare su celo. Lo más sencillo quizá, seria po- 
ner en venta la finca del Peñón, cuyas aguas son de interés 
público. El dinero que se hubiese sacado por ella, podia 
después ponerse en depósito, y entonces los pretendientes 
al Peñón, quedarían en plena libertad de seguir sobre pe- 
sos, por otros cuarenta años m&s, si se les antojase, su in- 
trincado pleito. Pero á resultas de esa nueva dilación, ya 
no se vería espuesta la salud pública. Los intereses vitales 
de una gran población son siempre preferibles á los mal 
entendidos de unos cuantos particulares, cuyas disputas 
deben considerarse en muy poco á la vista de los males ge- 
nerales que ocasionan, y que ni ellos, ni nadie, tienen el 
derecho de prolongar. 

Concluiremos diciendo que, no habiéndose logrado defi- 
nir en cerca de cuarenta años de quien es una finca de m- 
terés público^ se podia casi considerar, dicho en término 
forense, como una cosa nulliuSé 

Un célebre jurista francés^ Carlos Lemonnier, dice : « en 

< cuanto á ese ius in re, tan sagrado, tan extenso, la sociedad 

< se ha reservado, con todo, la facultad de pesar las restríc- 
« cienes que exige el interés público. » 

Sobre ese interés público^ vela por fortuna, uho de los 
Ayuntamientos que más se ha esmerado por el bien de íá 
población, y confiamos en que por m¿s tiempo no lo deja- 
rá tan impíamente conculcar. 

Un Tullido. 



180 1849 

BAÑOS DEL PENON. 
Siglo XIX.— 13 de abril. 

Este establecimiento, que lleva algún tiempo de estar 
inservible, podría fácilmente ponerse en un estado capaz 
de proporcionar á los enfermos que lo necesitan, un alivio 
á sus males. Esperamos que esta indicación surta el efecto 
de que se ponga el remedio debido, que es por cierto bien 
fácil de practicar. 



El UisivERSAL. — 16 abril. 

Después que pusimos un párrafo ayer acerca de este 
punto, se nos ha llamado la atención sobre un artículo fir- 
mado por Un tullido, que se publicó en el Monitor corres- 
pondiente al 2 del actual : y en vista de su contenido, 
queremos añadir algunas palabras sobre el particular. No 
hay duda que el interés público reclama imperiosamente 
una gran reforma en aquellos baños, que hasta ahora no 
han producido los saludables efectos que debieran, por el 
lamentable abandono en que siempre han estado ; y por eso 
quisiéramos que la autoridad interviniera en este negocio, 
á fm de que !a inmensa población de México encontrase en 
aquel lugar el alivio de muchas de sus dolencias, ya que 
así parece haberlo dispuesto la Providencia, colocando allí 
esas aguas salutíferas. Es cierto que cada uno puede hacer 
de Ib suyo lo que quiera; mas prescindiendo de que siem- 
pre el uso de la propiedad puede degenerar en un abuso 
que la sociedad prohibe y castiga, en el presente caso nos 
parece esto indudable, porque cada dia que pasa sin que 
el dueño de aquella fínca ponga mano en la compostura 
que requiere, es un daño positivo que hace al público de 
México, que tiene derecho á gozar de ese beneficio que el 
mismo Dios ha querido dispensarle. Y no siendo este per- 



LOS BAÑOS DRL PBNON. igf 

juicio de la comunidad un beneficio para nadie; siendo méts 
bien el abandono de que hablamos» un mal gravísimo para 
el verdadero dueño de la finca, cuya propiedad se disputa 
hace cuarenta años entre varías personas; y habiendo un 
sujeto que puede comprar aquel local para hacer de él lo 
que el público apetece y necesita, nos parece que la autori- 
dad competente podría tomar parte en el asunto para que 
se concillen, cual corresponde^ los derechos individuales 
con los derechos comunes. 



Monitor, — 28 abril. — Simple indicación. 

Hemos sabido que el Exmo. Sr. gobernador, celoso por 
el bien público, y movido de las muy fundadas reclama- 
ciones que se han hecho sobre el estado pernicioso en que 
se hallan los Baños del Peñón (1), ha nombrado una co- 
misión compuesta de facultativos hábiles, para que se 
practique allí una vista de ojos que no puede mas que con- 
firmar todo lo que se ha dicho hasta ahora. 



El Globo. — 28 abril. 

Con placer hemos visto que de algunos dias á esta parte 
se comienza á agitar la cuestión de si será lícito y debido 
que siga ese establecimiento, de utilidad tan pública y re- 
conocida, entregado al abandono ra&s completo. Los pro- 
pietarios del Peñón ni han querido ponerlo bajo el pié que 
debe estar, ni tampoco quieren venderlo, para que otro más 
laborioso é inteligente lo haga : á la manera á^X perro de! 
hortelano^ que ni come ni deja comer. Nosotros creemos 
que el señor Presidente, en uso de sus facultades constitu- 



(1) Léase el Monitor del 2 de este mes, el Universal del 10 de dicho j el SU 
tfloX/XdeliSdcli 



m 1«49 

dónales, debia en caso de que se sigan reástíendo lospror 
pietarios, quitarles el Peñón, indemnizfrndolos del modo 
que la Carta federal ordepa, y entregándolo, ora arrendado, 
ora por venta, k algún particular que reconstruya el edifi^i 
cío y arregle los baQos. 

En obsequio de la justicia, y para que se vea que sonuw 
impareiales, elogiamos la actividad del Sr. Malo, quien pa* 
rece haber toncado en este punto un empeño que seria muy 
de desearse hiciese extensivo k otros ramos de su incuntH 
bencia. 



Siglo XIX. — mayo 2. 
Se no9 ha remitido lo siguiente : 

INTERESANTE, 

Ccm^^jo ^vperior do salubridad de México, -^1^1 Consejo 
en a^sioq de 24 d^l corriente, aprcd)ó el siguiente dlctá*^ 
men : 

La comisión encargada de visitar el ediñcio destinado k 
baños en el Peñol, ha estado allí la mañana del 21 del 
corriente, y observó lo que sigue : 

!.• El establecimiento se halla á cargo de un mozo que 
fué el que condujo á la Comisión: no habia persona ninguna 
caracteris^ada á quiep hacer algunas observaciones, ni de 
quien tomar informes. 

2.* Las viviendas están desprovistas de muebles : las ven- 
tanas generalmente sin vidrieras, pequeñas, y algunas es- i 
puestas al norte : el pavimento muy frió, pues es de losas; 
y las piezas donde están los baños, muy oscuras y de muy | 
esc?isa ventilación, siendo ésta alta y por lo mismo ipade- ! 
cuada k la salida del gas carbónico. 

3/ No hay tránsitos abrigados para qu9 salgan dQbiddi- 
mente k tomar el coche los enfermos que s« han bañado. 



LOS DAÑOS BU. PEÑO». IS| 

4.^ Faltan absolutamente todos los recursos neoesaries 
para socorrer las neoesídadf^ mis urgentes de la vida, pues 
no se encuentra allí ni agua potable. 

De lo dicho se infiere que el establecimiento mencionado 
en el estado en que boy se encuentra, lejos de ser útil y be? 
séfico, es positivamente perjudicial, ya se considere con 
respecto h salubridad, ya á la decencia y moral pública; 
aunque respecto del último punto, variará el concepto de 
la Comisión si hay algún reglamento que sa haga cumplir 
por esa persona caracterizada que buscaba la misma Co- 
misión y quB tal ves no estaba allí en aquel momento. 

Concluye, pues, la Comisión presentando al Consejo para 
qae resuelva lo que estime conveniente, la proposición que 
sigue: 

Trascríbase este dicti^men al Sr. gobernador en respuesta 
á su noia de 17 del corriente. 

Lo que tengo el honor de trascribir 4 V^ S, en contesta- 
eion k su nota de 1 7 del actual, asegurándole las conside^ 
raciones de mi particular aprecio^ 

Dios y libertad. México, Abril 27 de 1849. — Pedro 
Montes de Oca. — Sr. gobernador del Distrito federal, proi- 
sidente del Consejo superior de salubridad* 

Es copia. México, Abril 30 de 1649. — Antonio Galvcm^ 
oficial mayor. 

Este mismo informe fué reproducido por el Monitor con 
fecha 3 de mayo. 



El Siglo XIX.— 7 de mayo. 

Por ei ínteres queofrece el artículo siguiente, lo ponemos 
en este lugar. 

« Sres. editores del Siglo XIX. — Casa de vdcs. ; Mayo 
7 de i 849. — Muy señores mios : Cuando esperaba con 



1 



184 1849 

ansiedad el informe del Consejo de salubridad, que en vir- 
tud de la visita que ha hecho á los baños del Peñan^ de- 
bía pasar al gobierno ; suponia que era llegada la época de 
que el público viera un escrito científico y digno de fé, que 
prestara garantías & los profesores y & los enfermos, sobre 
las ventajas ó inconvenientes de esos baños, recomendados 
empíricamente hace tantos años : pero mis esperanzas han 
sido vanas, y yo he quedado desengañado al leer en el nú- 
mero 122 del apreciable periódico de ustedes, el informe 
que dio aquella respetable corporación, y se sirvieron 
ustedes insertar bajo el rubro de : Interesante. 

« Tres son únicamente las ideas científicas que se en- 
cuentran en el informe : la muy sabida de la falta de agua 
potable, la muy trillada de la ventilación al Norte, y la muy 
falsa de que la ventilación alta no permite la salida delgas 
carbónico. 

« Las indicaciones sobre la falta de persona caracte- 
rizada, la de muebles, vidrieras, tránsitos abrigados para 
tomar el coche, etc., etc., no son, & la verdad, puntos del 
mayor interés para una corporación médica, que debía 
fijar su atención en el conocimiento del terreno y sus pro- 
ducciones, en las observaciones metereológicas, y más que 
todo, en el examen escrupuloso de los manantiales, de la 
temperatura y de la composición de las aguas. Por esto 
creo que el Consejo no ha dejado satisfechos los deseos del 
público y del gobierno, y que debe repetir la visita con 
algún detenimiento, para que fundado en buenos datos cien- 
tíficos, proponga á la autoridad las medidas convenientes. 

« Si ustedes, señores editores, opinan así, les agradecerá 
inserten este artículo en su apreciable diario, quien ahora 
?e repite de ustedes atento servidor, Q. SS. MM. B. — Un 
suscritor. » 



LOS BAÑOS 1>BL PEÑÓN. {35 

Monitor. — 8 de mayo. 
GRACIAS QUE DAN LOS POBRES 

AL EXCMO. SB. GOBERNADOR Y Á LA COMISIÓN DE SALIQRIDAD 

PlÍBLIGA. 

Como nosotros los pobres, somos verdaderamente las 
predilectas esponjas del terreno pantanoso en que la sabi- 
duría de los hombres discurrió fabricar á México; nos he* 
mos alegrado, m&s que nadie, al saber que los Baños del 
Peñón, podrían, dentro de algún tiempo, sernos de un in- 
dispensable socorro, en medio de los males que nos aque- 
jan. Vivimos aquí generalmente por lo bajo; y es natural 
que á la altura de un petate en que nos hallamos del suelo, 
seamos constantemente invadidos por reumatismos de los 
más dolorosos. Si á las plantas que también se mantienen 
por absorbencia, pudiera serles provechosa la humedad de 
que gozamos; á nosotros nos perjudica visiblemente ese re* 
mofo. Es muy justo, pues, que se nos proporcione el medio 
de podemos enjutar ^ de vez en cuando, en unos baños, 
cuyo precio de un peso, no está muy en armonía con la 
muy aguada y miserable posición que guardamos. 

Aunque no dudemos un instante de la innegable verdad 
del beaii pauperes ; no será por demás, el que en este mun- 
do, nos podamos proporcionar una salud mejor. En vista 
de esas consideraciones, y con el superior permiso de los 
ricos que viven joor lo alto, le manifestaremos al Exmo. Sr. 
gobernador, nuestro pobre, pero sincero agradecimiento, 
por la parte que nos pueda tocar en el beneficio común que 
prepara su celo á una población que es tan digno de go« 
bemar. 

unos ochenta mil que viven en accesorias. 

E. M. 



466 1849 

UNAS CUANTAS PALABRAS MAS SOBRE LOS 

3AÍÍ0S PBL PEJÍON, » 

« Deiioe quapropter. noyi>ti( eiterrUyi jps*, 
« Exspuere ex animo ratíonem ; sed magis acri 
« Jaditio perpende ; et, si tibi vera videiitur 
• Dede roauus: aat, si falsum esl, accingere contra.» 
(T. LuetñiH Cwri dé tvitim naftirá, H6. //.) 

f Y ^i, np dewBoh«9 las idr^s s4t>ias, porque 
c su forma nueva te hace sombra. Más bien, 
«pésalas con jolciow Si te parecen ferfdiaas, 
f fM^ (as armm ; al^ca|90 ii las ¥naiia||i«s 
« falsas. » 

{Consejo d lot criUeog,) 

Enemigo y eon razan ^ de las producciones nfuraóticus, 
rara vea ó nunca leo el Siglo, di«-quQ, XJX. Por de^gri^r 
cía babr& cosa de dos días , que habiendo ido á visitar 4 
un enfermo, cuya oonsoncion se ha eonfirmado con la leo*T 
tura de aquel agradable periódioo ; me vino b la mano ei 
núm. Ii7, del 7 del mes que pasó. Allí me encontré con 
un artículo que reeomieodan los redactores del Sigio^ con 
una ternura también muy recomendable, fise escrito* par* 
to de algún Lavoissier, critica con maestría el informe que 
estendió la Comisión de salubridad pública, á resultas de 
la vista de ojos que, en 2 i del mes pasado, practicó de 
orden del gobierno , en los Baños del Penon. Tan luego 
como leí ese artículo, que da un mentís formal á la Coipi*- 
sion, formé el proyecto de hacer resaltar, da copo^ los co- 
nocimientos equivocados que se encierran en él, 

Al presentarnos este artículo , los señores editores del 
Siglo, sueltan, á modo de introducción, la frase sacramen- 
tal de : a Por el interés que ofrece el ariiculo $iguiente, lo 
aponemos en este lugar. • Y lo va poniendo imprudente^ 
mente al último , como sirviendo de cola é su papelote ó 
birlocha. Denotaron allí poco tino ; porque cuando llega el 
lector al ñn del periódico^ ú es SUS llega, ya viene dormi- 



M.(S SOBRE LOS Bikjk)6 DEL PBÜÍOlf • f «7 

dito, Ó con ana bocota que, por intervalos , se abre m&s 
que la del Tragadero universal (!)• 

Ei artículo está firmado por un suscritoh que se figura 
ser escritor, Claro es que quien escribe es escritor, pero 
tomada en otro sentido la firma de suscritor eomo escritor, 
ea algo presuntuosa; y mucho m&f , si el artículo suscrito 
no indica precisamente que 6u autor sea un escritor como 
el conde de Toreno ; sino que puramente escribe como todo 
hijo de vecino. 

Ai einpeK;art dice el (tutor : f gí(e ^aperaba can amedad 
(po diría mb» si aguardara á su novia) el informe del Can^ 
sefo de salubridad pública^ que en virtud de la visita que ha 
heeho á los bmos del Peñon^ etc. Aquí el escritor personi- 
fica indebidamente á los baños del Peñón, como si se tra^ 
tara de una visita que un compadre le hace & su comiidre. 
Entre visitar los baüQs del Peñón % y hacerles una visita á 
^os baños del Peñan ^ hay una diferencia, me parece, bien 
denoarcfida» y que no ^upo distinguir el autor, quizá por 
un exceso de ansiedad en esoríbif» Se dice , según creo : 
prqctiear la visita de cárceles y no hacerles una visita á las 
c4rcele$. 

Sigue el eseritor diciendo : « Suponía que era llegada la 
época de que el público viera un escrito científico y digna 
defé, ote, C;sa ^poca por la cual ansia tanto el fautor del 
articulo, rato ha que llegó, sin que lo sepa, porque desde 
la venida de Humboldt, h esta parte, se han analizado las 
aguas del Peñón más de cien veces ; y yo mismo , esta 
análisis, si es que así se puede calmar la ansiedad del au^ 
tQft se U d^ré con muchísimo gusto : (al <;alce de este 
artículo se encontrará.) No h^y en Móxico farmacéutico, 
pop poco curioso que sea, que no le pueda dio* igualmente 
al escritor el análisis que tanto desea. 

(1) Figura estrambótica que llaipalja |a atención en un anuncio de tiendade 
r^P^t pagado en las esquinas de las ealles de Méiieo. 



1S8 1849 

La Comisión de salubridad pública, no tuvo otra misión 
que la de practicar la vista de qfos^ y no la de repetir unas 
observaciones que muchos cientíñcos han hecho ya hasta 
el cansancio. 

El autor de la crítica que criticamos, es, según lo indica, 
algo septicista : tocante k las virtudes medicinales de las 
aguas termales, asienta « que los baños han sido recomen- 
dados empíricamente. » Ese empirismo , á pesar de eso, 
tiene en ambos mundos numerosos sectarios ; pocas son las 
naciones que no le paguen su tributo. A las aguas termales 
debe la humanidad el alivio de muchos de sus males ; y 
menos largo sería escribir un compendio de la historia uni- 
versal, que referir los prodigios que han obrado, lo mismo 
aquí que en Europa. 

«Pero, mis esperanzas, {dice el autor,) han salido va- 
« ñas, y yo he quedado desengañado al leer en elnúm. 122 
« del apreciable periódico de ustedes, el inlorme que dio 
« aquella respetable corporación que se sirvieron insertar 
« bajo el rubro de interesante. » 

No adivino como el escritor pudo formar las esperanzas 
que indica, de una sencilla vista de ojos que dura una ó dos 
horas ; cuando para formar el análisis de unas aguas ter- 
males , se necesitan dos meses ; y cuando para hacer las 
observaciones meteorológicas que nos pide, no bastan mu- 
chas veces cinco años. 

Para el autor, parece que es respetable aquella corpora- 
ción ; ¿y por qué entonces critica sus actos, sin tener más 
que muy poca tintura de una ciencia que emprende ridiculi- 
zar? — Muy apreciable, en efecto, es el Siglo c\x^i\áo inserta 
el informe de la Comisión ; pero poco merece este nombre 
al llenar sus columnas con una runfla de observaciones des- 
atinadas que no supo ni calificar. 

« Tres son únicamente las ideas científicas [dice el au- 
tt tor) que se encuentran en el informe : la muy sabida de 



MAS SOBRE LOS BA.ÑOS DEL PBNO^. 180 

« la falta de agua potable, la muy trillada de la ventilación 
«al Norte, y la muy falsa de que la ventilación alta no 
« permite la salida del gas carbónico. » 

Nada veo de muy científico , en decir, que en un lugar 
falta el agua potable. Esa idea la emitirá un aguador, lo 
mismo que el sabio farmacéutico D. José Vargas. En cuan- 
to á la ventilación al Norte que es viciosa, ¿por qué se ha 
criticado mil veces, ya no se debe criticar? 

Es decir que es una idea muy falsa la que emitió la Co- 
misión hablando en contra de la ventilación alta , cuando 
se trata de facilitar ia salida del gas carbónico : es en quí- 
mica lo que llamamos una heregía. Sostengo á la Comisión 
cuando en su informe dijo, que : a Siendo alta la ventila^- 
vion^ es inadecuada á la salida del gas carbónico. » Dijo 
muy bien. « El gas ácido carbónico pesa media vez más, 
« como es sabido, que el aire atmosférico ; se mezcla á él 
« muy lentamente ; y se puede trasegar de una campana 
« á otra , como si fuese agua. El ácido carbónico es , sin 
« duda , uno de los cuerpos más esparcidos en la natura-^ 
K leza; no solamente, en el estado de gas, se encuentra mez- 
« ciado con la atmósfera en las proporciones de unas diez 
« milésimas partes, pero se halla casi puro en las varias 
« cavidades ó grutas que presentan los países volcánicos. 
« Eiiste en el fondo de los pozos, en el interior de las mi- 
« ñas. Como es mas pesado que el aire^ nú ocupa nunca más 
« que la parte inferior de las cavernas ^ á menos de que la 
« cantidad que continuamente se desprende del suelo, no 
« sea bastante considerable para llenarlas completamente, 
« lo que sucede en varias partes : entonces esa demasía se 
« naezcla, pero muy paulatinamente con la atmósfera. » 
(Girardin, Química elemental.) 

Preguntaré ai escritor si ha oido hablar de la gruta del 
perro en Italia, cerca de Pozzuolo, á orillas del lago Agna- 
DO, donde el gas carbónico forma una capa de varios cen- 



190 1849. 

tiú^ettos de tsspesor* Muohas veces se ha hecho entrar en 
ella & un perro; el pobre animal pierde allí, á poco, el 
sentido, y moriría indefectiblemente» sí no se le sacara 
pronto* 

Quedará convencido, supongo, el autor, con lo que re- 
fiero de la pesadez del gas carbónico y de la poca propen- 
sión que tiene k elevarse , ya que su gravedad es mayor 
que la del aire. ¿Será preferible entonces, en loa baños, 
una ventilación baja á la alta, á la cual se inclina el edcri- 
tor? ¿quién habló en falso^ él ó la comisión?. . « El conoci- 
miento de la gravedad de los gases, es en química, la doc- 
trina cristiana « todo el mundo debe poseerlo ; y mucho 
mas una persona que se arriesga á criticar un informe 
dado por unos profesores de aquella ciencia. 

Para amenizar en algo esta narración , en sí bastante 
abstracta^ les contaré lo que pasa en la Gruta del perro de 
que ya lea tengo hablado. 

A esa gruta, que es poco profunda , se baja por un de- 
clive casi imperceptible ; y el gas carbónico que la llena, 
se mantiene allí, por su propio peso, á la altura de un me- 
tro. Si usted baja k ella , guardando la posición vertical 
que Dios nos ha dado» nada le sucede k usted, porque el 
gas mortífero no le baña á usted más que medio cuerpo ; 
pero si por una imprudencia , emprendía usted sentarse, 
no se volvia usted á enderezar. Le han dado á esta gruta 
el nombre de la gruta del perro, porque uno de esos ami- 
gos nuestros I y que no era químico, entró en ella un dia, 
por su desgracia, y fué al momento asfixiado, dominado y 
envuelto por el gas carbónico que llena hasta cierta altura 
esta cavidad. Cuentan también que unos pastores ignoran- 
tes (no de los de Florian ó Virgilio) acosados por la tem- 
pestad , se refugiaron una vez en ella , se sentaron alli de 
cuclillas^ y mucho después fueron encontrados, guardando 
todavía la actitud de lag momias Egipcias. 



MÁS SOBBE LOft blfiOS DEL PEÑÓN. It| 

Hoy, el gel^ierno^ para evitar la tepeildon de esos fu- 
nestos áeciidenteg^ ha líiandado cerrar la entrada de aqué^ 
lia peligrosa gruta con una fuerte puerta^ cuya llave ha 
quedado en manos ó pata» de cierto can Cérb^ro^ Este, 
más político que el de la fábula , no devora á nadie : pero 
á todo el mundo le hace contribuir ampliamente para abrir- 
le su homici y perriclda cueva. 

Para darle» á los curiosos unas cuantas lecciones de quí^- 
mica experimental , ese verdugo tiene á mano uria colee- 
don de perros bien enseñados á medio morir. « ¿ Cuánto 
« paga usted, le dice el perricida al viagero, para cercio* 
« rarse de los efectos mortíferos del gas^ cuya llave tengo 
< en la bolsa? Un perro que voy á medio matar^ le cos^ 
« tara á usted tanto ; y otro que morirá por entero le origi- 
c nará á usted doble gasto.» Si es que el viagero se decide 
por lo primero; llama á una de sus inocentes víctimas, la 
amarra de una pata y la hace entrar en la gruta^ A muy 
poco la retira casi exánime y la precipita en el lago Agnano 
que orilla la gruta* El animal refrescado por esa ablución^ 
sale en breve de las aguas salvadoras y^ modelo de gratitud^ 
viene á acariciar la mano del qüe« por un estipendio mayor, 
le hubiera quitado la vida*. | Awi sacra famei /..*•«. ¡ Qué 
gusto que las Californias lo van á generalizar tauto^ que 
hasta los agiotistas ^ lo verán con ojo pacífico! 

Pero eé preciso volver á nuestro autor que ya tenemos 
olvidado. Dice él : « Las indicaciones Sobre la falta de 
c |)ersona caracterizada» la de muebles, vidrieras» trán-* 
« sitos abrigados para tomar el coche. et6« etc., no son, á 
« ia verdad^ puntos de mayor interés para una corporación 
c médica que debía fijar su atención en el conocimiento 
ft liel terreno y sus producciones ; en las. observaciones 
« meteorológicas ; y más que todo en el examen escrupu' 
c loso de loé manantiales» de la temperatura y de la com- 
« posición de ias agua», i» 



m 1849 

Gomo la Comisión, al ir al Peñón no tuvo másobjeto que el 
de atender á ia vista de ojos que se le habia mandado prac- 
ticar, pudo muy bien y debió quejarse de que en el esta- 
blecimiento no hubiera persona caracterizada que lo ense- 
ñara. 

Si no son del mayor interés para el autor, la falta de 
muebles, vidrieras, tránsitos abrigados, (por poco dice de 
casa ) ; no van muy acordes con él los que sufren. ¿Quiere 
acaso, el autor, que se bañen al aire libre?.. . 

Si en México se consultan, para los baños de aseo, todas 
las providencias higiénicas posibles; si se amueblan con la 
curia mas exquisita, para que nada falte á lo que en inglés 
llamamos cow/or/; ¿no será una de las condiciones preci- 
sas, el que en unos baños termales que no reciben, casi, 
naás que los enfermos, y algunos de gravedad, se encuen- 
tren por lo menos, las mismas comodidades que en unos 
baños puramente temperantes?... 

En cuanto al estudio que pretende el autor, debiera haber 
hecho la Comisión, del terreno; es escusado, me parece, 
porque cuando vamos al Peñón no nos vamos á bañar en la 
arena como si fuésemos pájaros pulverateurs ó escarvado* 
res. Hablando de las producciones vegetales, serán las 
mismas, supongo, que las que pudiesen conseguirse en un 
salero, virtud á las cualidades del terreno. 

Por lo que toca á las observaciones meteorológicas, no 
puede ignorar el autor^ como se lo he dicho antes, que 
para hacerlas, se necesita de todo un quinquenio; y de dos 
meses á lo menos, para el examen escrupuloso de los mor 
naniialeSs No hay que confundir unas observaciones me- 
teorológicas con un drama que tiene la ventaja de darnos 
en dos horas el resultado de los sucesos de cinco, diez ó 
más años. 

Me parece oportuno, y puede que mucho más á mis lec- 
tores, el que ponga ñn á esta critica. Solo me resta darle 



HAS SOBRE LOS BAÑOS DEL PEÑÓN. |93 

al Siglo XIX las mhs espresivas gracias por habernos re- 
comendado un artículo tan recomendable. 

Concluida nuestra crítica, diremos ; que lo que aguarda 
el público no son palabras, sino obras; baños, y no una 
historia de baños. 

El Exmo. ex-gobernador, Sr. Malo, movido de las que- 
jas del público, habia tomado las providencias mks activas 
sobre el particular. Es de esperar que el Exmo. señor 
gobernador actual no abandonará una empresa tan bien 
empezada por su antecesor. En su celo descansa una po- 
blación, que se acuerda muy bien de lo que dice la Consti- 
tución en la Sección cuarta que trata de las atribuciones 
del Presidente y restricciones de sus facultades : 

« 112. — Art. III. El Presidente no podr& ocupar la 
c propiedad de ningún particular, etc. ; y si en algún caso 
c fuese necesario para un objeto de conocida utilidad g6« 
cneral, tomar la propiedad de un particular, etc., no lo 
c podrá hacer sin previa aprobación del Senado, etc. ; io- 
« demnizando siempre á I^ parte, etc. » 

Concluyo ya, porque de tinta he gastado un chochoco!: 

Un AGUADOR. 

E. M. 

Observaciones hechas en el Peñón por el farmacéutico 
D. Ernesto Craveri : (Botica del Refugio.) 

Análisis cualitativa de las aguas del Peñón de los ba- 
ños, tomadas en el manantial : 



Acido carbónico libre. Silicato de potasa. 

Sulfato de cal. Carbonato de magnesia. 

Carbonato id. Alumina^ algunos vestigios. 

Cloruro de sodio. Oxido de manganesa id. 



13 



la inerutstiicknr (pte ito}a ^ itgQa ouiberii» & las paraife» 
de la fuente, y que fepr«Be»U el resido qm m olHendm^ 
evapofwdd iiiift ountidtd teonttderabte de la hiísim agna; 
ademas de cmtmer \» ouerfMs arriba mwáom^dm^ cm* 
tiene una cantidad notable de Oxido de fierro^ y un» nuy 
p^queM de Straméamu 



CONTESTACÍON 

A 1,A CONTRA-CRÍTICA A.NTERIOB. 

gres. Edítim» dsl Si^ XIX. 

Casa de ustedes, luntoS <$e t849. ^^Muy Befiores miós r 
Hasta ayer n^ lie visto un artículo pubi icado m íÁ Monitor del 
dia 2 del actual, bajo el rubro de Variedades, en el qee se 
pretende cotitestar á tas obaervMíones hechas en el náme- 
ro 197 del apreciable periódico de ustedes, sobre el dicta- 
men que di6 el Consejo de salubridad « & resultas <te la 
vista de ojos, que en 21 del mes de Abril praetteó de orden 
del gebierao en ids baños del Peñol. » 

Trabajo cuesta creer que el Consejo, la Comisión ó el 
Aguador, desentendiéndose de la cuestión, pretendieran 
contestar con la crítica inmerecida del periódico de uste- 
des; con el examen gramatical de mi pobre remitido; con 
referir un cuento que saJbeo de memoría ha^ta los má^ atra- 
sados estudiantes de quindca ; ood lolicitar un apoyo en 
dos excelentísimos; coo copiar un iartículo de la Constitu- 
ción, que nada tiene que ver en el asunto; coocloyeado por 
último, con dar 6 conocer, solamente un análufis ciialitar 
tiva de las aguas del Peñón y unas observaciones meteoro- 
lógicas incompletas^ que ni son el resultado de los trabajos 
de los mietntmM del Consejo, ni los tuvo éste presentes an- 
tes del dictamen, ni debieron servirle para cumplir con sus 
deberes» 



GOiNTESTACrOfi 4^ MONITOR. i^S 

Difícil es ¿ la vendad decidirae á p^der el tiempo en 
contestar tal banahuada; mas yo debo desvanecer las equi- 
vocaeioaes facuUatívas en que ha incurrido el coutra-criV 
tico, y desent^iderme de cuestiones personales, la^tidiosa^ 
y poco deceiitie& 

Comenzaré por fijar el punto de la cuestión que proasovi» 
;La comisión del Consejo debió hacer por si. un reconoci- 
miento científico, para fundar el dict&men que pasó al go- 
bieroo y publicó después? Yo he creído y creo que debió 
hacerlo ; y es sabido que se limitó, como dice el Aguador, 
dwia sm^ie visiu de ojo$ : de aqui infido, que no cumplió 
oon su deber. 

Adoptando el buen consejo del contra*crítíco pa^o á ata- 
€ar sus ideas ffdsas. « Desde la venida de Humboldt, dice el 
articulista, se bao analizado Us aguaa del Peñol más de 
cien veces; y yo mismo, sí es que así se puede calamar la 
«ansiedad del autor, se la daré con muchúsdmo gusto. No hay 
en México farmacéutico^ por poco curioso que sea, que no 
le pueda dar igualmente al escritor el análisis que tanto 
desea. » 

Sí el conlra-eríüco supiera que cuando vino el barón de 
Itonboldt los procedimit^ntos analíticos eran iinfierfectos ; 
« reflexionara que el sabio viajero no se ocupó de prefe^ 
rencia, ni tuvo tiempo para emprender 42Sta clase de traba- 
Ios ; y si 80 desenkgmara por sus propiaa experiencias, com-^ 
parando después los resultadosi no sostendría más su dí^ 
cho, ni apoyaría en tales datos el ioíorme pedido por el 
gobierno en 1849* 

Confieso que ese yo misma que estampó magistralmente 
e\ articulista, despertó en mí una idea falsa : creí que ha- 
bía aáialízado las aguas del Penofi y que nos daría á cono* 
xrcr sus trabajos; mas pronto me desengaí^ encontrándome 
con unas t Observaciones cualitativas » que deseo haga su** 
yns el articulista, desf^fiándolo desde ahora 6 que pruebe 



m i849 

con esperiencias^ que hay en las aguas y en las incrustacio- 
nes todos los cuerpos simples que ha indicado, así como 
los compuestos, en las combinaciones que menciona. Yo me 
comprometo á hac^ los gastos necesarios y á servirle de 
ayudante, para conocer mejor su escrupulosidad analítica, 
confesando públicamente mi error, si fuere vencido. 

Es enteramente falso que iodos los farmacéuticos de 
México hayan hecho el análisis de las aguas del Peñon^ y 
estoy seguro que al mismo contra-crítico no se le oculta 
que hay algunos incapaces de hacerla. Esas observaciones 
que muchos científicos han hecho hasta el cansancio^ son, 
ó supuestas por el defensor, ó inéditas^ ó poco exactas; mas 
aun cuando yo me equivoque, ellas no debian servir para 
desempeñar una comisión facultativa y esperímental que 
habia de dar por resultado un informe oficial : obrando de 
acuerdo con las doctrinas del contra-crítico pudiera muy 
bien la Comisión de límites haberse quedado en México y 
fundar su informe únicamente en datos ágenos. 

Si el empirismo tiene en ambos mundos numerosos sec^ 
torios^ como los han tenido y tienen los amuletos; ni los 
hombres de juicio, ni menos las corporaciones científicas, 
deben preferir el tratamiento empírico al racional. De que 
la humanidad deba el alivio de muchas de sus enfermedades 
á las aguas termales^ no se infiere que sea inútil al médico 
el conocer la composición de las que recomienda; ni mucho 
menos que una corporación respetable apoye un informe 
oficial en los prodigios que el vulgo le atribuye. 

Dice el contra-crítico, que para analizar las aguas del 
Peñón necesita dos meses, y que no bastan cinco años para 
las observaciones meteorológicas. Muy torpe debe ser en 
manipulaciones, el que haya de emplear dos meses en se- 
mejante trabajo : si el contra-crítico se resuelve á empren- 
derlo bajo las condiciones puestas, y me admite de ayu- 
dante, yo le oflrezco que no durará una semana aun cuando 



CONIESTAGION AL MONITOB. 197 

haga dos ó tres esperíencias para asegurar los resultados. 
Y si no bastan cinco años para las observaciones meteoro- 
lógicas, ¿á qué conducen las de seis dias que insertó al fin 
de su artículo? Esto, á la verdad, es contradictorio, y hace 
sospechar que las variedades sean obra de cuatro ingenios, 
como hay también cuatro idiomas. 

Se asegura que nada tiene de científico el decir, que en 
un lugar falta el agua potable : sea en buen hora. Si en el 
informe que publicó el Consejo, se hizo mérito de la falta 
de agua potable, eso menos tuvo de científico, y esto fué lo 
que pretendí demostrar. El articulista tiene gusto en repe- 
tir y criticar una misma cosa mil veces : buen provecho. 
Lo que debe sentirse es, que ocupara tantos p&rrafos re- 
pitiendo el fastidioso cuento de la gruta del perro^ y ha- 
ciendo una aplicación falsa de una doctrina verdadera. 

El ga» ácido carbónico es más pesado que el aire^ con- 
cedo : luego la ventilación alta no permite la salida de ese 
gas ; niego. Si se quiere, ademas, que esta negativa sea 
razonada, diré : que debe tenerse en cuenta la tempera- 
tura, presión, tamaño y disposición particular de los ba- 
ños, así como de las piezas inmediatas ; la colocación y ta- 
maño de las puertas y de las ventanas; de los vientos 
reinantes y de otras mil circunstancias; no olvidando que 
ios cuerpos deriformes pueden mezclarse fácilmente; que 
la densidad de las mezclas no es igual á la de uno de los 
gases; que el vapor acuoso, desprendido de los baños en 
abundancia, favorece y contraría la mezcla y aun la reac- 
ción ó reacciones químicas; y sobre todo, que las reglas de 
ventilación no se nipoyan hoy en el empirismo, sino en da- 
tos seguros, sacados de la buena aplicación de las doctri- 
nas que enseña la física, y ha sabido aprovechar la medi- 
cina, prefiriendo en muchos casos la ventilación alta para 
las salas de los hospitales, etc. Reflexione, ademas, que si 
su proposición fuera verdadera, absolutamente hablando, 



i^ 1849 

oomo ha pretendido en el articoto que impugno, no hatom 
medios para sacar ese gas, mí» pesado que el aire, de ta< 
mftnas, de las bodegas sifbterr¿neas, etc. 

Concluyo, pues» asegurando al articulista, que gustoso 
levanto el guante, porque deseo que la GomisioD visitadora 
deje bien puesta su reputación, y porque será para mí muy 
satisfactorio confesarme vencido : puede también estar se- 
guro que si se limita á la cuestión cícantifica, quees ia que 
interesa al público, no quedará sin respuesta; mas siguieii*- 
do el camfino que ha tomado, esta será la última vez qoe 
me ocupe en refutar sus escritos. 

Ruego á ustedes, señores editores, se sirvan publicar 
este artículo en su estimado periódico, y disimular las mo- 
lestias que les origina 

El misvo stiGK^arroR. 



«¡¡DESAFIO ADMITIDO!!. 

BAÑOS Y MÁS BAÑOS. 

En cuestión tan diluente, agua se me haoe la boca : este 
«s uno de los motivos q:ue influye mucho en que no se me 
ssque la lengua. £n prueba de ello, trataré de contestar al 
artículo ^ae, por casualidad leí, inserto en el Sr'ffio XIX 
núm. 162, del 1 i del presente, que se esfuerza en refutar 
la conbra-crítica de un Aguador de numere, la ccml vio la 
hiz en el Monitor del 3 de este mismo mes. 

Se queja mi antagonista, que se furma ün sMcrii»^ de 
que me apoye en autoridades respetables para cosufMrobar 
rais asertos : ¿el porqué?... no lo adivinot. Si mi cuesto de 
la Gruta det perro le enfada» y lo saben, según ét, hasta lo$ 
más atramehs estttéiantes en fyímc&i ¿eso qué impKca^ a 
oae biea en apoyo de La gravedad del gas carbólico 7 



DESikFIO ADMITIDO. |99 

Eq e«afitó á la copia qne doy del artioodo^e h. Gonstite- 
<^ion, cuya utilidad no se esplica el crítico ; yo, si la m- 
tífindo. Se trata de poMr los baños del Peñón al nifsl de 
los maa afamado» de Sarspa : sus dueños, ó no ciuieren ó 
m pueden ereigar lo» gastos «¡ue requiere «na compostaita 
radicai ; y en este caso, siendo el Peño» una finca de oom- 
vida utilidad general^ Uerie ei gobierno» en virtud de la 
<^Bstitucion, el dereebo de lemaria^ prema n^vbacion del 
Seftado^ eic*^ indemnizando ú ktparH ifUeresada etc. 

Los baños del Peñón, en el estado triste cfue guardan boy, 
wn^ según el informe dado por la comisioA de salubridad 
pública, más bienperjudidales qne benéficas; y pof esta ra- 
aos, o» está nmy fincha de su lugar el que se le recoerde 
al gebíenio el derecho incoestionable que le asiste on un 
caso, 60 qae peligra la salud fiAM^^ Lo que sí queda sin 
a^yyieacion algaaia, es la critiea iutenpestiTa que hizo el 
siuerttor del iBÍonae i|ue dró la GoíOkisksi, á resultas de la 
simple vitía de eg^e qne le mandé practíear el gebieru^. 
Ella dijo todo lo que debia decir ; y el señor suscritor, 
atitcs lie critiear ¿ la comísiou por lo que no dyo, debia 
4iaberde iofonnado bien de las drdmss ^ue babia llevado 
•I ir al Peñóos 

Sí otra bubiera ndo la imsiou de la Commoa, es decir, 
la de haoer el anUisis cualitativa y cuantitativa ds las aguas 
dd Peoocí; las observaciones raeteorológieas, eta : con la 
josisma facilidad hubiera cumplido eoa ese encargo cientí- 
ficoy qiw 6<m otro cualquiera^ como (a tii9ta de ogm \ sola- 
mente que en ese nuevo caso, no babieca vuelto la Ce- 
misíotí á Mékico en el mismo dia, sino ¿ comer y á dormir, 

Saraunda (y no bara^unda^ como lo escribe el suseritor, 
4 ^úsftt aprovechando la confusión, se le celó una h por 
dmas), es su critica, y uo mí contra-crítica* ¿Será justo y 
racimal el que un suscritor á cualquier perióifico, critique 
4^ mta oomisiofi de profesores, porque se figuró que del^a 



200 1849 

haberse ocupado de cosas agenas á las que el gobierno le 
pedia? 

Dije al suscritor, en efecto, que esta análisis que tanto 
deseaba, yo mismo se la daría ; y que al calce de mi contra- 
crítica la encontraría. No se la di como mia, y lo primero 
que estampé en el encabezamiento de ella, fué el nombre 
del farmacéutico D. Ernesto Craverí que tuvo la bondad 
de comunicármela. No di como mia, lo repito, la obra de 
otro; y el suscrítor no pudo confundir nunca, á pesar deau 
conocida ansiedad^ mi yo mismo ^ con el nombre del Sr. D. 
Ernesto (Iraverí, de quien, ¡infeliz aguador de mí! no 
tengo m&s honor que el de ser el tocayo. 

Vuelva á leer el suscrítor mi artículo, y verá que si se 
equivocó, fué por ansioso. Se figuró que yo mismo era el 
autor del análisis, como también se figuró que la Comisión 
debia haber tratado una cuestión, cuya solución, entonces, 
no le habia encomendado el gobierno. Advierta el suscrítor, 
que solo á los músicos se les permite buscar tema para va- 
ríaciones. 

Desea el crítico que haga mios el análisis y observacío- 
nes del Sr. D. Ernesto Craverí ; pero como no he nacido 
para darle gusto, ni estoy acostumbrado á hacer mió lo que 
es de otro, me permitirá el que no obsequie sus antojos. 
No sé, al parecer del crítico (y puede que diga bien), más 
que lo que saben los más atrasados estudiantes en química; 
¿cómo puede entonces un profesor querer lidiar con un 
hombre que está todavía completamente in albis délos me- 
nores secretos de la química? 

Con todo ; como del desafio que propone el suscrítor, se 
puede inferír que duda mucho de la exactitud de las espe- 
riencias del Sr. Craverí, lo mismo que de sus resultados; 
dicho Sr. Craverí admite su desafío, y gustoso consentirá 
en ir al Peñón en compañía del señor suscrítor, para repetir 
y completar con él las operaciones antes practicadas. El re- 



DESAFIO ADMITIDO. £01 

sultado de ellas se dará al público con el nombre de los dos 
combatientes ; y si en esa científica contienda ocurriesen 
algunas dudas ; consiente, por su parte, el Sr. Graveri, en 
que las aclaren los señores farmacéuticos D. Domingo Lazo 
ó D. José Vargas. 

En cuanto á los gastos que originare la expedición, el 
Sr. Graven y el mismo Aguador, con no menos franqueza 
que el suscritor, se ofrecen á sufragarlos. Yo, como de a^ 
tachéy seguiré á esa nueva comisión, con mi chochoco! en 
sautoir^ para sacar el agua de donde se me mandare. 

La doctrina de Santo Tom&s que recomienda el suscri- 
tor, la de ver y creer ^ fué la que siguió la Comisión en la 
vista de ojos que practicó; y en su informe dijo precisa- 
mente lo que vio, sin amplificar nada. No por eso dejarán 
de ser dignos de fé algunos relatos de muchos escritores, 
que no han palpado materialmente lo que refieren. Sin salir 
de Montbar, el gran Buffon poetizó en su prosa la historia 
natural, la más completa que se conoce. Los informes de 
los sabios de todos los países, reemplazan en ese caso, y 
casi con ventaja, las observaciones del viajero. Muchas ve- 
ces, este se suele alucinar con simpatías que resiente, ó con 
los datos fabulosos que la credulidad del vulgo se complace 
en e^arcír. Respecto á la Comisión de limites, no me me- 
teré, ni el suscritor tampoco cuando vuelva, en averiguar 
si nos habrá dicho precisamente lo que habrá visto. Lo que 
8Í sería mas interesante, sería nombrar otra Comisión que 
fijase los límites de nuestros desacuerdos políticos; que de 
ellos dependerá ciertamente, que en lo futuro, nos ensan- 
chemos ó nos angostemos, ad libüum de nuestros vecinos. 

Se pierde de vista el suscritor, cuando dice que se debe 
preferir el íratamiento racional al empírico. En materia de 
baños termales, no[tiene desgraciadamente cabida su escép- 
tica reflexión. Los más célebres médicos, en todos tiempos, 
hao recomendado el uso de dichas aguas en los casos más 



9M 1849 

agraves; y me ¡iiarcce que no basta ser soscritar al S^lo XIX^ 
fiara tratar ée empírieos ¿ todos los profesores de la faMl- 
tad médica. 

En el desafío qw propone el soserítor, y qw admite el 
Sr. Craveri» se verá el modo de proceder má» que r&pído 
del primero, para darnos con exactitud tres veces por se- 
Jürana, si se ofrece, el análisis cuantitativa y oualitatíva que 
nos pro^mete* 

Lo que sí estraña nmcho el Aguador^ es qne, ^ndo tan 
fácil al suscritor conseguir por sos propias magnos el aní^ 
lisis que tajito desea^ haya aguardado quizá 20 ó 30 años, 
«áempre con omiedad^ el resultado de unas experiencias 
agenas, que él mismo, en ocho días, pudiera haberse |iro- 
porcionado. 

Si éí Aguadw en su contra-^tica hace mencioo de cin- 
tro idiomas, no tiene por eso pretensiones poliglotas^ Tan 
€x6tico es para él el castellano como el ii^les ó el itaüano; 
y si de los ingenios pasados invoca las hiees, á veceSf. es 
que desconfía de las suyas. Esa es una vñrtud que mocfaos 
debian imitar, y que d Suseritor, má^os que nadie, lepoede 
r^rochar. 

En los experimentos cientifices, & cadta onal le es muy 
Ueito gastar el tien^ que quiere* Lo que se debe esdgir es 
«actitud en los resultados; y tait solo la ignorancia poede 
criticar el que se emplee mucho tiempo en buscar le qtie 
ella, muy á menudo, ni presume siquiera poder existir* H«y 
apriesa también le fluia á cierto poeten que decia : « á ml^ 
nada me cuesta hacer wr^ús^ » < I^e cuestan lo fue mlen^ t 
le contestó un anciano» 

El párrafo del SwcrHor que cffiDpieza por el gas cetrbó^ 
me» es más pesado que el aire^ etc. , no es más que m^ caos 
de palabras cíentíík»» encontradas é uicodiereniea. Em 
preciso escribir un libro para poder fieles un sentido ; nds 
eontentaremos cen decir al Suscritor que sí eft loe hespi- 



tales existen abertncas altas* es para faeUiUr en las salas 
la salida de los miasmas perniciosos de menos peso que el 
aire, y cuya naturaleza no cotiocen aun los químicos. 

Tocaate íi las naas»^ es denaasiadb sabido qne las más 
Teces, es argente emplear bembas de «nudio^pcder, encen- 
der grandes- hf^oeras ó prccticar corríeivkes de aire,, para 
po^ penetrar en eiks impraieniente. Esas epenidoaes, 
tampoco las ignoran ks^ má^ (bragados estudmúes en quU 
m¿m ; ¿ eém® suoede que el soscritor nada sepa de eklas ? 

Sea de tedo k) hssblado to qw. forare; queda admiüde de 
fiarte del Sr. Graverr^ el desafia propuesto per el Suscari* 
tor r más qiee las palabras, los hechos C0inprobarán los 
•BÉtoes asertos 

Sérvase^ pues, el suscritor, apandarle avBar al Sr.. Gra* 
veri, en la Botica (M RefogiOt el dia y la bora ea qne ka 
4bs deberán efectuar su viaje, ái fm de teaer reunido todo 
io ZMcesaria pora las operaeioae» qae se ^an de nuef o á 
{vacticaRr 

Se esa luK^ha tan iateresanfe, resaltará ua bien para ia 
denda; y todas las qieere&as soa pkmmbtea eaamfo se di- 
p^0áeslefin« 

En medio del litis que aos oospa, suplkamosi a) Exaoo. 
Sar. gotensador se sirva no dejar oMdada la eaestíoa de la 
nspoñeíonradifcal de los bvnasdel Peñón, qoe ú ex-gober* 
mudar, £xmo. Sr. D. José Raooo» Malo, trataJoa de re«- 
aohier con esa actividad cfoo le es corad^eristicay im^ids 
<lel deseo qae tenía ée mejorar la salad p&blica. 

Sírvase ariéatras, et Suseritoc, adraíkir las protestas de 
respeta de su afectimso 7 segaroi servidor Q. & M. Bu 

ITn Agüadoh de Ultbaíiar. 
&, NI* 



204 1849 

BAÑOS Y MAS BAÑOS. 
WUmMídm. 

Señores editores del Siglo XIX, — Gasa de ustedes» Junio 
20 de 1849. — Muy señores míos: Ruego á ustedes se sirvan 
publicar en su aprecíable periódico la siguiente copia de 
una carta que be suscrito y entregado con esta fecha al Sr. 
Graven, como única respuesta al último artículo que publicó 
el Aguador de Ultramar. El público imparcial convendrii 
en que el contra-crítico ba sufrido una penosa derrota : 
quiso defender i la Comisión visitadora, y vino confesando 
que no bizo ésta un reconocimiento científíco; presentó un 
análisis cualitativa, y en cuanto se le pide que lo sostenga 
pasa traslado al autor. En conclusión, solo puede concedér- 
sele al Aguador al triunfo de una... .¿^. 

« Sr. D. Ernesto Craveri. — Gasa de vd. , Junio 20 de 
1849. — Estimado amigo: He leidoen el Monitor de ayer un 
artículo suscrito por el Aguador de ultramar^ autor de otros 
que be impugnado, quien lejos de sostener su dicbo, cor- 
respondiendo á lo debido, se acoge & usted para salir del 
embarazo en que se encuentra, dando por disculpa que 
c no quiere obsequiar mis antojos. » 

t Yo, que solo be visto y veo la cuestión científica y no 
las personas, estoy en el caso de admitir la subrogación, 
obligado & entenderme con usted; pero confio al mismo 
tiempo en que, sea cual fuere el resultado final, no influirá 
en nuestra amistad, ya que por desgracia el orden de los 
sucesos nos ba puesto de frente. También convengo en que 
sean jueces en esta contienda los Sres. Lazo y Vargas, 
porque.... quiero dar gusto al contra-crítico. Debemos por 
lo mismo arreglar con estos señores el dia y bora de la 
marcba, supuesto que deben inspeccionar las operaciones 
que usted practique, y atender á las observaciones que yo 
hiciere. 



DESAFiO ADMITIDO. 205 

« Gomo supongo & vd. bien instruido en todos los ante- 
cedentes, omito entrar en aclaraciones, y concluyo asegu- 
rándole que me tiene k sus órdenes como su muy adicto 
amigo, Q. B. S. M. 

El sdsgeitor. 



II AGUA VA!!! 

Contestando al articulo inserto en el Siglo XIX del 23 
del pasado, suscrito por un Suscritor^ diré : que una reti- 
rada no es una penosa derrotay como lo estampa el Suscrí- 
tor : es un movimiento estratégico aconsejado por la de- 
cencia, para que salgan á la palestra dos campeones muy 
dignos de medir sus fuerzas. « A váincre sans périU on 
triomphe sans gloire. » Por lo tanto me debe agradecer el 
Suscrítor, el que le haya proporcionado un antagonista de 
conocimientos modernos, y no un Aguador más versado en 
los secretos del agua fría, vel oxyde hydrique^ que en los 
de unas aguas termales que, por la variedad de las sustan- 
cias que contienen y su calor excesivo, parecen verdade- 
ros derrames del infierno. 

No tie pasado traslado á mi tocayo Craveri, tocante ai 
análisis que publiqué de él; cada uno debe defender su 
obra : es combatir casi, pro focis. Asi que yo dé á luz el 
análisis que estoy preparando del agua delgada , que ar- 
rastra en su curso tantísimos cuerpos estraños, orgánicos y 
no orgánicos, que ensucian á cada momento mi chochocol ; 
entonces si, lo sostendré, mas que se me venga encima la 
minería toda, que es de regular peso. 

En cuanto á la Comisión; como dentro de tres ó cuatro 
dias debe publicar la orden que le pasó el gobierno para 
practicar la vista de ojos; verá el público que la crítica del 
Soscrítor es, lo que llamamos en francés, un hors-d^ceuvre; 
ó más bien una obra tan fantástica, como puede serlo, un 



m 1649 

dibujo de Hofiínaiui, CiJlat, ó el somtmst) ^ramidAl de 
(ui^ijuier aoglo *sajo& que pasa á Calífomiafi, 

La carta qae te pone el Señor Su$eriler al Str. Crami 
admitiendo el reto, no puede ser roas otunodida, saho la 
reticencia iisdieada por los puntos suspensivos, cuyo vacío 
debe llenar la imaginación del lector. Esa figura de retó- 
rica, las más veces, es algo maliciosa ; y no todos la saben 
emplear como mi amo Neptuno, cuando, en un tiempo, 
«Dltó tan k tieispo bu admiraUe quos eg» U*. 

Para el éia del combaie mandaré enflorar mi QhodMcoi ; 
y jamas se iialir& apareeido nrae decente el — Aguador ée 
ÜUramoar^ 

£• J4, 

HA8LA LA COMISIÓN* 

GONSeJO SUP£RI0a D£ SALUBAIDAD DE MÉXICO. 

Con motivo de lo que ae ba escrito m abanos paiódícos 
de esta capital, sobre la visita que la Comisión del Goofiejo 
practicó & los baños del Pmon, solicitó ésta y obtuvo, det 
Cuerpo á que tiene el honor de pcarteoecer^ la publkacíao 
del oficio del señor Gobernador qoo ordenó aqueUa, y el 
dictamen que en oontestacíon á él aprobó el Consejo, |»flt 
que el piíbüco sensato vea ai la Comilón cumplió oon loque 
se le ODcomendó ó no; entradido de que volverán sas miem* 
bros á ocuparse del asanto, porque no tratan de entrar <o 
polémicas de nin^na clase. 

Y por acuerdo del Consejo, tengo la honra de remitir á 
ustedes las siguientes copias, para que se sirvao insertarlas 
en su apreciai^ile periódico, y de reiterJirlos las seguridades 
de mi aprecio» 

Dios y libertad. México, Junio 9 de 1849. — ^^tm 
Montes de Oca. — Sres. editores del Monitor RepaUicaao« 



BAÑOS mi^ PEÑÓN. 267 

fieseando el soñar Gobernador saber en qué eBtado se 
haUao los baños del Pieñon y basta donde pueden perjudi*- 
car al público por el abandono, desaseo y falta de recursos 
ea í^ue se encuentran, asi como las noedidas que sea con* 
v^aiente tomar para hacer útiles sus benéficas aguas, á la 
población da esta eiudad y sus alrededores; S. S. me 
n^Mda dirigir & Y, S. este oficio con el fin de que se sirva 
nofl^ar una amamon del seno de ese Consto, que practi- 
que una y'mtA & los expresados baños, é informe sobre los 
puntos que se mencionan» pudiendo, si es posible, averiguar 
laa causas del abandono en que existe aquel útilísimo estar- 
bleeifiíienU). Y al cunnpljr lo dispuesto por el mismo señor 
Gobernador, tengo el bonor de ofrecer & V* S» las seguri- 
dades de mi atenta consideración y aprecio. 

Dios y libwtad. México, Abril 17 de 184fi. — Mariam 
Guerra^ secretario. 

Es copia. ~ Montas de Oca^ secretario. 

Sigue el Informe de la Comisión inserto en la p&g. 182. 



BAÑOS DEL PEÑÓN. 

MONiTOa Y SiGW) XIX* ^- 16 de octubre. 

De resultas del duelo á que un suscriior al Siylo XIX 
provocó al Ag^utdor de Ultramar^ relativamente al an&li- 
síe de Ifts aguas termates del Peñón ; bien ha podido creer 
el público que, en esa lucha, habian sucumbido los dos 
campeónos, por ia ninguna noticia que de ellos se ha te- 
nido desde aquella fecha. Consuélese pues; porque afortu- 
nadamente ninguno de los combatientes ha sacado de ese 
cieiitífleo reto, la mas ligera lesión. El Sr. farmacéutico D. 
Smesto Craveri, á nombre de quien el Aguador de Ultra'- 
mar habia admitido el desafío» tan luego como conoció ü su 



208 1849 

contrario, que lo era el Sn D. Leopoldo Río de la Loza, 
profesor de medicina, cirugía y farmacia, catedr&tico de 
química en el colegio de San Juan de Letran etc. ; tan 
luego, repito, como se reunió con él, lo apreció en el más 
alto grado, como se lo merece; y durante tres meses, es- 
tuvieron de consuno ocupados en sondear y descubrir, por 
los procedimientos m&s modernos, los secretos que una na- 
turaleza, muchas veces caprichosa, se complace en ocultar. 

Les cabe al Tullido {i) y al Aguador de Ultramar^ que 
son una misma persona, la satisfacción de haber dado orí- 
gen á una disputa que nos proporciona hoy la análisis exac- 
tísima de las aguas termales del Peñón, debida al espíritu 
de observación de los sabios farmacéuticos D. Leopoldo 
^ Rio de la Loza y D. Ernesto Graveri. La publicamos, pre- 
surosos, conociendo las inmensas ventajas que de ella puede 
sacar la facultad médica, en la recomendación que suele 
hacer de las virtudes de las aguas del Peñón, para el alivio 
de muchas enfermedades agudísimas. 

Poco oportuno es hablar hoy de termas, cuando deliran 
todos por el agua fria. Peces, al parecer, quieren volverse 
los enfermos; pero, aguárdense del tiempo las resultas, y 
puede suceder muy bien, que dentro de breve, les salgan 
á los hidropáticos unas escamas, que ni los inteligentes y 
poco iconoclastas señores del Universal, podrán debida- 
mente apreciar. 

Ahora dejaremos hablar á los Sres. D. Leopoldo Rio de 
la Loza y D. Ernesto Cravéri, contentándonos con decir en 
compañía de cierto poeta : 

« Félix quipotuit rerum coffnoscere causas /..• » — El 
Alguador de Ultramar. 



Decididos á hacer un reconocimiento de las aguas ter- 
males de estos baños, para asegurarnos de su composición, 

(4) Véase el artículo firmado con este seudónimo. 



BAÑOS DBL PEÑÓN. 209 

repitiendo los trabajos que con el mismo objeto habíamos 
practicado antes separadamente ; creímos que sería de más 
ínteres para el público y para la ciencia, el conocer las 
proporciones en que se encuentran las sustancias disueltas 
en el agua; los gases que se desprenden del manantial, y 
la cantidad de ácido carbónico que puede alterar el aire 
interior de los baños, después que se ha puesto en ellos el 
agua necesaria. Este ex&men m&s difícil y dilatado que el 
primero, era sin duda más satisfactorio ; y por grandes que 
fueran las dificultades, debimos hacer un esfuerzo para su- 
perarlas. Inútil nos parece ocuparnos en referir las que se 
han presentado; nos bastará indicar cómo principal, la falta 
de tiempo para dedicarnos únicamente á este importante 
objeto de pública utilidad. Y si aun hoy no podemos tener 
el gusto de ver enteramente realizado nuestro propósito ; 
nos cabe á lo menos la satisfacción de ser los primeros 
que publican la análisis cuantitativa de! agua del Peñón, y 
la de los gases que se desprenden de su fuente. Nuestros 
afanes quedarán por si mismos, suficientemente recompen- 
sados ; pero lo serán más, si llegan á ser de alguna utili- 
dad al arte de curar, ó sirven de estímulo para que los 
amantes de las ciencias den á conocer la composición de 
algunas de las aguas minerales, que son tan abundantes y 
usadas en la República. 

Al N. E. de esta capital, y á poco menos de una legua, 
se encuentra un -edificio de sólida construcción ; pero con 
los defectos propios de la época en que se fabricó. La falta 
de regularidad en su fachada, patios y viviendas ; lo bajo 
de las bóvedas; lo deforme de los traga-luces y ventílade- 
ras; la pequenez de las ventanas; lo tosco de las cañerías 
y de los bitoques que sirven de llaves; la disposición, forma 
y tamaño de las tinas; todo descubre el poco gusto de la 
época, y el ningún empeño de los propietarios para intro- 
ducir reformas importantes en ese establecimiento, hacién- 

14 



m 1849 



} 



dolo adecuado á su objeto principal. Increíble parece que 
después de tantos años que han estado en boga esos baños, 
no se haya pensado en formar una calzada, amenizar aquel 
sitio, conducir agua potable, procurar alguna población, y 
sobre todo, proporcionar los víveres necesarios á las fami- 
lias que, principalmente en invierno, acostumbran visitarlo 
con frecuencia. Solo este abandono puede esplicar, por qué, 
reuniendo condiciones tan favorables, como son la inme- 
diación á una ciudad populosa, la temperatura del agua, 
su diafanidad, la naturaleza de las sustancias volátiles y 
fijas que contiene, y las propiedades medicinales que, aun- 
que exageradas, se atribuyen vulgarmente á las aguas mi- 
nerales ; no disfruten de una mediana reputación, como la 
que tienen, en otros países, muchos baños de un orden se- 
cundario. También pudiera atribuirse la notable decaden- 
cia que se advierte en el uso de esos baños, comparando 
las épocas anteriores, á los progresos que hace cada dia en 
México el arte de curar, progresos que han debido fijar 
su verdadero valor k los machos medios terapéuticos em- 
pleados racionalmente en beneficio del género humano. 
Pero aun sin dar mucha ventaja á esta causa, basta re- 
flexionar, que cuanto más ha mejorado el buen gusto, mayor 
abandono se ha notado en el establecimiento ; y era preciso 
que se viera hasta con horror un lugar, que debiendo ser 
de distracción y recreo, lo es de privaciones y de fastidio : 
hoy parece que se pretende introducir algunas reformas, y 
ojalá que ellas correspondan al gusto y á las necesidades 
de la población. 

El terreno inmediato á los baños, es calicó ; pero hay que 
notar la mucha cantidad de sosa impura ó tequesquite que 
se receje cada año, no solo para el consumo de la ciudad, 
sino también para muchos lugares de la República. Coma 
la materia mas abundante en esta sosa, es el cloruro de 
sodio ó sal común; algunos aprovechan este producto, se* 



BAÑOS Mi PEÑÓN. ^ii 

parándolo con ventaja. También contiene una corta canti- 
dad de cloruro de magnesio y de asotato de potasa. 

Aunque parezca una digresión estraña al objeto de este 
escrito, no por eso será menos importante desvanecer una 
equivocación en que han incurrido algunos autores, al su- 
poner que en los terrenos del valle de México, principal- 
mente en las chinampas, se cultivan los romeritos y la sá- 
vila; y que estas plantas, así como nuestro tequesquite, 
contienen iodo que toman de esos terrenos : tal noticia es 
falsa, y parece que tomó origen de la que dio el capitán 
Inicstra al Sr« Arago, y de que algunos atribuyen el olor 
particular que se nota en el tequesquite, sobre todo, por la 
acción del fuego, k la presencia de un ioduro alcalino; 
mas ese olor proviene principalmente de la descomposición 
del cloruro de magnesio, y de lar acción del calor sobre un 
sulfuro alcalino* También es una equivocación suponer que 
la barilla se saca aquí de los romeritos. La planta que se 
ha usado para este objeto, es el sesumum portulaeasirum 
que se cultiva principalmente en Azcapotzalco y sus inme^ 
diaciones, á donde se halla todavía en alguna cantidad. 

Pero volviendo á nuestro asunto, llevaremos al lector al 
manantial del Peñón. Frente & la puerta principal del edi- 
ficio, y un poco á 1& izquierda, hay dos pequeños cuartosi, 
cuya pared intermedia está levantada de modo que per- 
mite la comunicación de las aguas que brotan por diversos 
puntos del fondo de un estanque, cuyo horde llega al nivel 
del piso del cuarto¿ Tanto en el fondo, como en las pare- 
des, pero principalmente al nivel del liquido, se encuentran 
incrustaciones de color blanco, sucio en la cara exterior 
que está ea contacto con el aire, y de color negro en la su- 
perficie bañada por el agua : rompiendo algunas de esas 
-costras, suelen hallarse materias estrañas arrojadas al ma- 
nantial, y que han servido de núcleo á su formación. En la 
«iperficie del agua se descubren también unos pequeños 



212 !849 

cuerpos blancos, brillantes» lenticulares, convexocóncavos, 
y de dos h cuatro milímetros de di&metro ; este producto 
de la evaporación, sigue el movimiento undulatorio del lí- 
quido, precipitándose luego que éste llena su pequeña ca- 
vidad. La naturaleza de esas costras, así como la de los 
cuerpos flotantes, corresponde á la de las sustancias que 
hay en el agua, pero no á las proporciones en que se en- 
cuentran en ésta. En las costras, es considerable la canti- 
dad de manganesa, y aunque menor en aquellos cuerpe- 
cillos, se descubre fácilmente el óxido, por medio del 
soplete, y en ambos, los compuestos de silisa, cal, magne- 
sia, estrociana, etc. 

La agitación del líquido es mas bien producida por el. 
desprendimiento de los gases que por la salida del agua, 
cuya cantidad parece suficiente para surtir los baños, no 
obstante que aún no hemos intentado apreciarla con la de- 
bida exactitud. La idea vulgar muy generalizada en México, 
de que el agua del Peñón es sulfurosa, hace que preocu- 
pados algunos, crean percibir ese olor del que ciertamente 
carece. 

No obstante la poca ventilación del manantial, los gases 
se dei^renden fácilmente, influyendo en mucha parte la 
temperatura elevada á que se encuentra el agua ; por esto, 
no es estraño que al llegar á los baños, apenas contenga 
una corta canlitad de gas carbónico, según lo han demos- 
trado las esperiencias practicadas; pudiendo asegurarse 
que hay exageración en la que se supone , y advirtiendo 
que por el enfriamento del líquido, aun puede mantener en 
solución el ácido que lleva, al estado de libertad. 

Al ocuparnos de la temperatura del agua, comenzare- 
mos por llamar la atención sobre esos cambios que suelen 
observarse en algunas fuentes, y que no se han advertido 
en las del Peñón, á lo menos en el transcurso de cinco años. 
La temperatura en las pequeñas piezas del manantial es 



BAÑOS 0BL PEÑÓN. 2|) 

relativa á la ventilación : esta vez hemos dejado abierta la 
puerta durante la observaciones, obteniendo siempre los 
resultados siguientes : 

A las tres de la tarde del 30 de Junio, y & las nueve de 
la mañana de los dias 20 y 23 de Agosto : 

En el patio del establecimiento, á la som- 
bra y al O +20"' 75 c* 

Primera pieza del manantial +23*' 00 

Segunda pieza— D*— é interior +33*' 00 

Temperatura del agua -^-W 50 

El sabor del agua tomada del manantial, no es de los 
m&8 repugnantes ; se necesita un paladar delicado para 
preciar la alcalinidad, después de la primera impresión 
que es débilmente íicida. Estos dos sabores, contrarios en 
sí, se notan mejor dejando enfriar el líquido ; pero enton- 
ces se advierte el gusto desagradable de las aguas pesadas 
6 gordas» Todas estas propiedades, órganos épticas, cor- 
responden muy bien & las que presenta con los reactivos : 
el papel de tornasol enrojecido, toma una tinta violada, y 
este color es permanente; el azul queda morado, pero vuelve 
á su color cuando está seco. La doble reacción también 
corresponde con los resultados analíticos, como veremos 
adelante; pero antes de separamos del manantial, notare- 
mos que de este punto se distribuye el agua para todos los 
baños que hay en el edificio; y que éstos tienen el número 
de piezas proporcionado á una pequeña vivienda. El der- 
rame sale á fuera por un caño cubierto; y la gente pobre 
aprovecha algunas veces estas aguas, tomando baños 
parciales. 

Ocupándonos ya de los trabajos de laboratorio, comenza- 
remos por dar á conocer el gas que se desprende continua- 
mente del manantial, y en cantidad considerable : 



2ii 1849 

Cien volúmenes de dicho gas están compuestos de : 

Acido carbónico 63' 3 

Azoeto 33' 7 

Oxígeno , 01' 3 

Vapor de agua 01 ' 7 



=100' 

ósea : 

Acido carbónico 63' 3 

Azoeto 28' 8 

Aire atmosférico • 06' 2 

Vapor de agua 01 ' 7 



= 100' 

Por fáoil que paresca á muchos el fijar la densidad de las 
aguas term&les con la exactitud que sé desea, no siempre 
p^ede hacerse de una manera satisfactoria, sobre todo, ñ 
hay ga«es que se separen con facilidad : y aunque alga* 
nos no dan grande importancia á las diferencias que se ad-' 
\ierten» comparando los esperímentos, nosotros creímoe 
deber considerarlas al fijar el promedio, advirtiendo ade* 
mas, que las pesadas se han hecho á toda nuestra satisfoo- 
oiont sirviéndonos de un aparato adecuado al objeto, de el 
agua destilada perfectamente pura, y de una5 balaneas de- 
predfiion muy sensible* 

Según ios datos, la densidad del agua del Peñón es á 
4* 20^'c ^ 100165. Al apreciar la cantidad de sustancias 
sólidas, contenidas en el agua del Peñón, é primera vista 
pudieran indicar alguna inexactitud en las manipulación 
Bes ó algún yerro en los cálculos; mas ai se atiende á. 
que el residuo de la simple evaporación ha debido secarse 
á la temperatura suficiente para descomponer unes cuer- 
pos y volatilizar otros, no baJdrá que eslranar esta diferen^ 
cia, muy fácil de conocer por los datoá siguientes : 



BAÑOS VSL PENON. 215 

Reaiduo de ia evaporación y desecación **Po. —O' 1285 
Sustancias sólidas apreciadas separada- 
mente •po — Oí 325 

Ateniéndonos, pues, al segundo resultado, cien partes 
de agua tienen : 

Sulfato de cal 0'0029 

Cloruro de sodio 0'0480 

Carbonato de cal 00056 

ídem de sosa 00341 

Ídem de magnesia. 0'0256 

Silicato de potasa 0,0147 

Alumina O'OOld 

Si agregamos á esta suma el ácido carbónico 

libre O 0943 

Más el agua correspondiente =99'7732 

Tendremos la composición del agua del Peñón i OO'OOOO 



£1 exáoien de las costras no deja dudar de ia existencia 
de los compuestos de mangaoesa, fierro y estronciana; y 
es racional convenir en que estos se encuenh'ao en solución 
en ei agua^ probablemente al estado de carbonato; mas 
como para separar una cantidad ponderable, seria necesario 
evaporar mucho liquido, y este trabajo no corresponde al 
provecho que resultaría, hemos prescindido de intentarlo, 
comprendiendo la estronciana en ei peso del sulfato de cal, 
y en el de la alumina, el del fierro y de la magnesia. 

Escusade itos parece hacer mérito de los trabajos em- 
prendidos pana hallar otras sustancias, ademas de las que 
hemos señalado; pero debemos llamar la atención sobre un 
error que se ha cometido al anunciar hace pocos meses, 
que el agua del Peñón eonti^e azotato de potasa en canti- 
tad apreciable : ninguna hablamos encontrado, antes que 
jBe pablioaran esos trabajos analíticos, ni la hemos podido 



■ ' r,' 
i '* 



216 1849 

descubrir ahora, á pesar de nuestro empeño, y de que los 
medios recomendados por la química, son bastante eficaces. 
Esto nos hace creer que se dio por supuesta la existencia 
de los nitratos, recordando solamente que abundan en el 
valle de México; sin que se buscaran con escrupulosidad, 
ni menos que se separaran para fijar su proporción. De 
aquí puede inferirse con algún fundamento que el agua del 
Peñón trae su origen de un punto distante, pues que su com- 
posición no es precisamente la del terreno & donde se pre- 
senta, confirmándose esta idea con la de su temperatura 
elevada y constante. A esta, y & la presencia del ácido car- 
bónico libre, debe atribuirse la solución de cuerpos que son 
insolubles en circunstancias comunes, y la notable diafani- 
dad del líquido, el que se enturbia luego que se ha separado 
aquel gas. 

Sería conveniente antes de concluir este artículo, supuesto 
que se ha fijado la temperatura y la composición del agua^ 
que se ha dado á conocer la de los gases, y que se ha indi- 
cado la de esos depósitos calcaríos ; ocuparse de su acción 
terapéutica para conocer las ventajas incalculables que pu- 
diera obtener el arte de curar* Pero, ¿quién no ve que nos 
espondríamos k incurrír en las perniciosas exageraciones 
vulgares, ó á perder el tiempo, recordando á los médicos 
instruidos las diversas y útiles aplicaciones de esas aguas 
medicinales, con que se les brinda á las puertas de la du- 
dad? Bien conocen la ventaja que en sí lleva un agua que 
tiene en solución compuestos salinos, en proporciones 
fijas ; la de una temperatura que pueden disminuir á vo- 
luntad ; la de gases bien conocidos y recomendados hace 
algún tiempo para la curación de muchas enfermedades; y 
la muy poderosa, acaso la principal, ese influjo de la imar- 
ginacion que obra más de una vez sobre el físico, sirviendo» 
en muchos casos, como único y muy poderoso remedio. No 
obstante, estamos seguros de que no llevarán á mal el que 



EBPRBSBNTAGION DB EBANISTAS. 217 

hagamos una indicación que puede servir en muchos casos. 
Ignorando hasta ahora la verdadera composición del agua 
del Peñón, y principalmente las proporciones de sus conoH 
puestos, no han podido, ni debian aventurarse k prescribir 
este agua para uso interno : mas ya que conocen esas pro- 
porciones, que pueden estar seguros de su composición y 
valorizar las ventajas que se han obtenido y se obtienen en 
otros países con el uso interno de muchas aguas minerales 
de composición muy semejante ; no vacilar&n en recomen- 
darla, fijando las dosis, señalando los casos en que pueda 
convenir, y todo con la seguridad que no habian tenido 
hasta ahora. Y si alguna vez los resultados fueren favorables, 
tendrán la gloria de establecer un hecho pr&ctico , y nos- 
otros la de proponer un medio útil, cuyos resultados cree- 
mos que corresponderán á nuestros deseos, que son en be- 
neficio del género humano. 

México, Setiembre 26 de 1849. -^ Leopoldo Rio de la 
Loza. — Ernesto Craveri. 



REPRESENTACIÓN 

QUE LOS EBANISTAS DE ESTA CAPITAL, AMAGADOS DE UNA BUINA COMPLETA, 
TIENEN £1. HONOR DE DIBIGIR AL SOBE BAÑO CONGRESO DE LA NACIÓN. 

Los innumerables artesanos que se ocupan en los talleres 
de ebanistería en México, habiendo llegado á entender que, 
k resultas de las reformas proyectadas en el arancel, se 
iban á bajar notablemente los derechos á los muebles que 
se importan del extranjero ; elevan su voz á las augustas 
Cámaras, contra una medida destructora, en parte, de las 
artes mecánicas, que todo buen gobierno siempre cuida de 



Los obradores de ebanistería en México, extranjeros ó 
mexicanoe, ocupan diariamente á m&s de mil oficiales, 



216 1B4« 

quienest llevándose á efecto la rebaja indicada, vm k vecae, 
por la baratura de ios muebles finos, reducidos i la mfcs 
peligrosa ociosidad. 

¿Cuántos son los oficiales que^ pasados & maestros, han 
adquirido faxnilia seguros ya de poderla mantener con al- 
guna decencia? Esos infelices, frustrados en un instante de 
un bienestar honroso, fundado en su industria, van á ser 
dentro de breve sumergidos en la miseria consiguiente á 
la cesación del trabajo. 

Se puede suputar, sin exageración, que mil artesanos 
constantemente ocupados, procuran el sustento á más de 
cuatro mit individuos de sus familias que dep^Mien y ae 
alimentan de su trabajo. 

Los oficiales mexicanos, gracias á las lecciones que hao 
recibido de los artesanos franceses, alemanes é ingleses, 
pueden hoy competir casi con sus maestros, y no se debe 
negar que á la fecha, en México, el arte de la ebanistería 
ha hecho progresos que sorprenden. 

Los muebles suntuosos no son objetos de primera nece- 
sidad; son propiamente de excesivo lujo. Bien pueden, en 
ese caso, los ricos, ouyo patriotismo difícilmente se aco- 
moda con lo que aquí se fabrica de más acabado, pedir á 
la Europa todos los portentos de sus bazares de muebles ; 
pero ya que les es muy fácil sacrificar grandes sumas de 
dinero para rivalizar en lujo con los potentados del caduco 
mundo que ya se desbarata, que paguen al nuevo, dere* 
chos algo subidos en compensación de su industria que 
florece ya, que desconocen, y que por capricho sacrifican. 

No hablaremos de los grandes perjuicios que ^an á re- 
sentir los propietarios de las maderas esqui^itas que con 
abundancia se emplean y. produce ese suelo privilegiado, 
tan solo por la naturaleza : nada diremos tampoco del con- 
sumo grande que se hace del aguardiente del país para 
.hacer resaltar los variados accidentes de las madieras que 



REPRESENTACIÓN PE EBANISTAS. 21^ 

ae asierran y se pulen. Una vez arruinada la fabricacioo 
de muebles, esa demasía de alcohol inocentemente em- 
pleada antes, contribuirá de hoy en adelante á fomentar 
los vicios, y quizíi los crímenes que tanto deploramos. 

Si el hacer trabajar á un pueblo es moralizarlo, ¿no es 
de temerse que miles de artesanos, sin esperanza ya en la 
industria que ejercían ni en otra cualquiera sujeta á los 
mismos descalabros, se entreguen á la holgazanería que 
aquí de continuo amaga k la existencia social ? ¿Cómo cas- 
tigar desórdenes que uno mismo origina? 

Considerando la cuestión bajo el aspecto financiero, se 
puede graduar que no excederán de mucho los derechos 
que se percibirán en los muebles, al importe de las contri- 
buciones que, duplicadas hoy, pagan los numerosos talle- 
res de ebanistería abiertos en esa capital, y que necesaria- 
mente tendrán que cerrarse rabajándose los derechos. 

El arte de la ebanistería no es una industria negativa 
como otras. No se sacan del extranjero las materias pri- 
meras que se elaboran ; y las máquinas de aserrar que 
continuamente están en movimiento, son suficientes ape- 
nas al corte de las maderas nacionales que se labran. 

Oida esta petición, y examinada bajo cualquier punto de 
vista, en nada se contrarían los intereses del Supremo ÍjO- 
bierno ; pero desechada, sufrirán al contrario un golpe mor- 
tal los de una multitud de ciudadanos laboriosos, dignos en 
justicia de una mejor suerte. 

En conclusión, diremos, que si para merecer el favor 
que se solicita, en algo puede influir la memoria del pa- 
triotismo, de que dieron prueba los artesanos en la pasada 
lucha ; recordaremos con gloria los heroicos esfuerzos que 
supieron hacer al mando del inmortal Balderas, en los 
campos de Churubusco y Moüno del Rey que regaron con 
su sangre generosa. A Tiombre de ella, los artesanos mexi- 
canos, cuyas firmas siguen, piden al Soberana Congreso se 



220 1849 

digne obsequiar su demanda, por ser de rigurosa justicia. 
]]Podr& ser la miseria, el premio reservado á sus virtudes 
cívicas!!... (1) 



PROTECCIÓN AL TRABAJO. 

Piden los ebanistas en su representación al Soberano 
Congreso. La leímos con sumo interés en el Monitor éA 24 
de este mes, y nos rehusamos á creer que en las reformas 
del arancel se cometa la imprudencia de rebajar los dere- 
chos impuestos ¿ los muebles que se importan de Europa: 
sería la extravagancia mayor, y la sentencia postrera pro- 
nunciada contra los ebanistas, quienes, como todos los de- 
mas artesanos, reclaman la solicitud de un gobierno protec- 
tor de las artes. 

La mayor parte de los muebles que se venden en las 
tapicerías de México, son obra de nuestros artesanos; y en 
lo bien acabado de ellos se observan, con consuelo, los 
progresos que era natural aguardar del espíritu de imita- 
ción que aquí reina. En la escultura de esos muebles prin- 
cipalmente, tenemos hoy maestros que, dentro de breve, 
podrán casi competir con los de Ultramar. 

¿Qué razones pueden ofrecerse, pues, ¿ la sabiduría de 
la comisión encargada de revisar el arancel, para minorar 
unos derechos que son el único incentivo que alienta á 
nuestros artesanos? ¿Necesitan esos acaso para alcanzar 
mayor grado de perfección y modelarse más, el que entren 
gratuitamente todos los muebles fantásticos que idearon los 
Sibaritas de Londres, París ó Yiena? Si los hombres fasto- 
sos de aquí, no pueden sin ellos hacerse la vida medio pa- 
sadera, dejen ustedes que paguen todos los derechos que les 
imponen sus estrañas necesidades : y mucho más, cuando 

(i) Sigoen lu firmas de más de quinientos artesano!. 



PROTECCIÓN AL TRABAJO. 221 

esas voluminosas curiosidades no se pueden introducir clan- 
destinamente, por el mucho trecho que ocupan y la especie 
de cariño con que se deben traer á las grandes capitales. 

Existen mas bien motivos para subir los derechos & los 
muebles que para bajarlos. Los carros en que vienen, for- 
mando como cerros, inutilizan por lo común todos los ca- 
minos, profundizando en ellos unos atolladeros que la curia 
de los peageros, en extremo escrupulosa, muy poco se cuida 
de componer. 

Si el organizar el trabajo es la primera necesidad de 
iodo gobernante, ¿por qué fatalidad se pretende adoptar 
aquí el plan contrario, bajando los derechos k los muebles 
que se importan de luengos países, cuando se fabrican en 
Buestros talleres con maderas nacionales? ¿Acaso será por- 
que, siendo tan bien repartidas las tierras, nuestros artesa- 
nos, reducidos & la mendicidad, podrán fácilmente pedir al 
suelo patrio, el sustento que ya les niega su industria? Ata- 
carla, no puede ser mas que un pensamiento puramente 
monárquico, para de nuevo reducir á /a glébe^ á los que ha 
sustraido ya á ella el sistema que nos rige, y que desca- 
radamente se ataca, y su constante trabajo que verdadera- 
mente los independenció. 

Estamos en paz, nos pai*ece ; pero si la desorganización 
del trabajo debe ser uno de sus frutos, convendremos en 
que son bien poco apreciables sus beneficios. En la paz, 
habitualmente, progresan las artes, florece el comercio etc.; 
solo que aquí se entienda por paz un quietismo de plomo que 
nos dé la medida exacta del dulce /ar nienie de los italianos, 
á que les quiere reducir la hiperbólica república francesa. 

Bien dicen los artesanos en su representación, que ellos 
casi fueron los únicos que, cuando la invasión americana, 
disputaron á palmos los campos de Molino dei Rey, mien- 
tras que los más de nuestros profundos pensadores, si dis- 
currian entonces, era á la carrera : les hostigaba, según 






dijeron después, la vista de los yankees. A fé que si en los 
artesanos hubieran reinado los nsismos escrúpulos, no se 
hubiera siquiera salvado en Churubusco y Molino del Bey, 
el honor del pabellón niericano. 

Favorecer los intereses del rico perjudicando á los del 
artesano, es idea original ; ¡ y qué mal era pagar el patrio* 
tismo del último! Es preciso conservar defensores á la pa- 
tria* Estamos hoy en la época del post niibila Pkwbus; y 
si, gracias al reflujo de nuestros enemigos, tantos vergoi>* 
zantes ó prófugos como se les quiera llamar, contemplan 
hoy sin peligro nuestros edificios chamuscados; no deben 
olvidarse por eso los sacrificios inútiles que hicieron tactos 
artesanos que quedaron como Mario, sentados también en 
m&s de una ruina después de un conflicto sangriento. 

Esas consideraciones militarán á favor de los artesanos; 
y creemos desde ahora poderles asegurar que, los señores 
que componen la comisión de aranceles, las tendr&n pre* 
sentes, para no decretar una rebaja en los derechos que 
arruinaría irremisiblemente á la industria de su país. 

Un Rspüblicafío* 



ENTRE COL Y COL, UNA FLOR. 

IMSTRUCCICN PRELIMINAR. 

El Supremo Gobierno, en 18í9, luvo ía loable idea de 
excitar á todos los hacendados y á los demás partica-' 
(ares más empeñosos, unos en el cuttivo del campo, y 
otros en el de las flores, k que mandaran á la exposición 
dispuesta para octubre, lo que pudieran remitir á ella que 
fuese más digno de llamar la atención pública, y de me- 
recer, de parte de la Junta de fomento, el premio reservado 
á los que hubieran manifestado mayor afán. 

Anticipadamente se publicaron unos anuncios, para que 



ENiaE COL T coi, UNA FLOR. fn 

cada uno tuviese el tiempo suficiente para enviar á la expo- 
sición las plantas ó productos agrícolas de mayor mérito 
que hubiera podido reunir. Se eligió para este objeto, el 
punto medio de la Plaza de Armas,, donde se ven los cimien- 
tos de ana cofumna abortada que, en un tiempo, pensara 
d general Santa-Anna elevar á la Independencia nacio- 
nal. 

Para cubrir la circunferencia de la exposición, se formó 
on toldo poco elegante, que consistía en la vela muy usada, 
destinada por la Municipalidad á dar sombra fe las calles 
de la capital, que de vez en cuando, suelen recorrer las 
procesiones. 

Si me pareció que habia mediado poco acierto en esco* 
jer el mes de octubre para una exposición de flores : tam- 
bién pude creer que la Plaza de Armas, recien plantada 
con unos fresnos tiernos, no fuera un lugar muy á propósito 
para ella, debiendo estos arbustos perecer necesariamente 
á manos de los vendedores de dulce que circundarían la ex- 
posición. 

Atendiendo k la opinión que emití de situar la exposi- 
ción en la Alameda; así se hizo algunos años después. Eis 
triste confesar que desde 184í^, estas exhibiciones han sido 
muy pobres; y que no se encontró en lo futuro, entre los 
particulares, la misma emulación que se observó en el pri- 
mer año, en que los Sres Flores, Escandon, Zurutuza, 
Conde de la Cortina y de Castro, y los hortelanos de San 
Francisco, se distinguieron entre otros muchos Mexicanos 
celosos de las mejoras y adelantos de su país. 

£• M* 



m 1849 

ENTRE COL Y COL, UNA FLOR. 

¡Dulce, sabrosa y fragante fusión !...• ¡Concepto inge- 
nioso que nadie se ha sabido esplicar!.... Todos, en efecto, 
se preguntan con una boca más abierta que la de un clarin, 
á qué conduce la exposición de frutas y flores que se 
aguarda; no se hermanan bien, á su parecer, la morada 
betarraga con la tierna rosa, ni la blanca azucena con el 
albísimo nabo. ¡ Desconocen esos ignorantes las armonías 
de la naturaleza ! 

Sin ser yo universalista (1), trataré de analizar el pensa- 
mienta original y profundo del Exmo. Ayuntamiento. Esa 
fusión de frutas y flores que se nos prepara, no es m¿s que 
un apólogo, una alegoría, una indicación metafórica de la 
fusión de los partidos que tanto se solicita. Entre tantas 
frutas hay unas que son agrias, otras dulces y algunas 
agri-dulces. En las flores se percibe igualmente una varie- 
dad de olores que no todos agradan ; pero á pesar de eso 
aquellas frutas y flores las produce el mismo suelo que her- 
mosean sin reñir entre sí. Esa armonía vegetal la quiere 
presentar el Ayuntamiento como un cuadro mudo, del cual 
se podr&n deducir fácilmente prudentes inferencias. 

El toldo que cubre aquella exposición, representa el 
manto de la patria hecho pedazos ya, y que el aire, que 
son las tempestades políticas, sigue desgarrando más y méis. 
Los infinitos palos que sostienen el toldo son los ambiciosos, 
que, para asomar su funesta frente han perforado, sin pie- 
dad, k ese mismo manto. El mástil del medio es el Presi- 
dente, quien, crugiendo, se mantiene ñrme á pesar de los 
poderosos estirones que resiente. En cuanto á las flores y 
frutas, esos son nuestros hombres políticos de tan distintos 
matices. 

(O Colabor odor del üniursaL periódico monarquista. 



MENOS FLOa£S T MÁS GENTE. 225 

Solo asi me puedo esplicar cette idee priníaniére^ cejeu 
desprít del Ayuntamiento, cuando formó en la plaza prin- 
cipal la exposición que vamos & contemplar. Sin eso, hu« 
biera sido preferible la Alameda para esa exposición cam- 
pestre. ¿Cuíintos daños no se hubieran evitado k tantos 
recien-nacidos fresnos y chopos destinados á dar & la cate- 
dral, un dia, un aspecto verdaderamente druídico? ¡Y & ti, 
pobre columna de la independencia, no te se hubiera echa- 
do tierra L... 

Se aguardan de la ciudad jesuítica (1) unos camotes 
monstruosos, que podrán concurrir con las muy regulares 
patatas que tenemos aquí. 

Un hortelano. 



MENOS FLORES Y MAS GENTE. 

Esa exposición de flores, hasta ahora, no la he podido 
entender. No sé lo que le encontré de intempestivo; y 
aunque en ella sobraban raices^ nada de radical ni de ex- 
positivo presentó á mi mente la florida exposición. 

Por desgracia, ó sin ella, como no pertenezco á la clase 
privilegiada que se vé al instante obsequiada con boletos 
para ver la comedia desde los bastidores; el dia de los pre- 
mios , mientras que daba yo vueltas al derredor del aréo- 
pago masculino y femenino, al son de la polka de Hertz ; 
asaltaban mi espíritu más de una myriade de reflexiones 
que trataré de dar á luz, para medio descansar del paseo 
circular ó valse á que me redujeron mi posición social y las 
providencias gubernativas de alguna joven Flora ó Pomona 
improvisada, ó de algún Floro ó Pomono. 

(1) Qaerélaro, que acababa de dar un decreto, llamando otra vez á los Je- 
taitas. 

15 



Cierto es qae el multiplicar las flores, las frutas y los 
frutos es una idea que denota la voluntad de progresar; 
pero para mí, la primera de todas, Fidée mére^ debe s«r la 
de multiplicar y mejorar la especie humana. En ella debe 
fijar toda su atención el gobierno ; y esa idea trataré dé 
esplayarla lo mejor que pueda, contando para su aproba- 
ción con el voto juvenil délas bellezas, quienes suspirando, 
calificaron unas flores, cuyos coloreados pétalos, como su 
hermosura, se lleva tan impíamente la brisa del tiempo. 
(Dispensen lo romántico y sigamos adelante). 

Para aumentar la población y mejorarla, es preciso en 
la parte posible, tratar de destruir el celibato. El cel&abo 
en los primeros siglos históricos, era considerado como una 
verdadera ofensa & la sociedad; los solteros eran someti- 
dos á varias penas. La ley de Moisés prescribia el matri- 
monio, y en Lacedemonia, esa República guerrera, los sol- 
teros eran . notes (Tinfomie : los consideraban como unos 
desertores de la comunidad. Las leyes de Licurgo proscri- 
bian el celibato, y también castigaban á los ciudadanos 
que se enlazaban demasiado tarde. Las leyes romanas gra^ 
vitaron iguahnente sobre los solteros, y no tes era lícüo pe- 
der atestiguar en justicia. Oiremos hablar & Yírey sobre el 
celibato: § Cuando el celibato desaparece, — dice — tas cos- 
tumbres se purifican, y el número de los niños expósitos día- 
mínuye. El matrimonio, no hay duda, protege y sc^itiene á 
la moral, á la sociedad y á las leyes. £1 celibato arrastra 
necesariamente tras sí, la prostitución y el adolterío qae 
disuade más y m&s & los hombres del matrimonio. Muy fá- 
cil seria demostrar cuánto interesa la unión conyugal á la 
duración y á la felicidad de las sociedades humanas; y 
cómo el celibato precipita breve los gobiernos k su nnna. 
¿A qué país, á qué estado pueden pertenecer unos hom^ 
bres & quienes nada fija en la tierra? Por lo mismo que el 
soltero puede vivir independiente, ¿cuál será sobre él la 



M¿NOS FL0RB8 T MAS GENTE. 227 

autoridad de las leyes? ¿cómo servirá á la patria el que no 
adopta ninguna? Si vivir es amar, los solteros no viven ; 
arrastran el peso de su existencia fuera de la felicidad do- 
méstica, no tienen celo por el bien público, porque aislán- 
dose de la sociedad, y encerrando su vida en sí mismos, se 
envuelven en una indiferencia general ; son para los esta- 
dos como esas piedras caidas de la bóveda de un edificio 
inmenso, cuya ruina aceleran. » 

Pudiera invocar aquí la opinión de miles de sabios ; uno 
de ellos dice : c Mayor número de hombres casados tendrán 
ustedes, menor será el de los crímenes ; hojeen ustedes el 
horrorosa libro de asientos del archivo criminal, encontra- 
rán ustedes allí á cien solteros ahorcados, y quizá á un solo 
padre de familia. 

c El matrimonio vuelve al hombre mas virtuoso; el pa- 
dre de familia, al querer cometer un crimen, las más ve- 
ces, le detiene su muger; no teniendo como él, la sangre 
abrasada, es más dulce, más compasiva, más asustada 
con el robo y el asesinato; es más timorata, es más reli- 
giosa. 

c El padre de familia no quiere tener de qué ruborizarse 
delante de sus hijos ; teme el dejarles el oprobio por heren- 
cia. I — Pero basta de ejemplos y citaciones : demasiado está 
al alcance de todos lo que trato de probar; la necesidad 
que hay de destruir el celibato. Au faity avocat^ au faitX 
lo que quiere decir : vamos al grano; el grano es este : 

Gomo no se han acordado de mí para diputado, ni para 
suplente siquiera, que lo haría tan bien como otros muchos 
que á fuerza de pararse y sentarse desmoronan su asiento 
curul; les aconsejaré á ]os patres conscryDti qne den una 
ley, redactada poco más ó menos en estos términos : 

1.** Todo ciudadano mayor de 20 años y que disfrutare 
de una renta ó sueldo mensual de ps. 80, deberá casarse. 

2.'' El que teniendo la renta indicada, ó mucho más, no 



228 1849 

se casare, pagará una contríbucion, cuya cuota se graduará, 
conforme á las proporciones del soltero. 

3.* Todo empleado que teniendo el sueldo referido, no se 
casare, será despedido ; y en lo futuro ningún empleo do- 
tado con ps. 80, podrá ser ocupado por hombre que no 
fuere casado. 

4.* Todos los que, en los términos de la ley, se casaren, 
quedarán exentos, durante dos años, de toda contribución 
ó impuesto de cualquiera clase que sea. 

5.** Se aplicará al sostén de la casa de niños expósitos 
una tercera parte de la contribución sobre solteros. Otra 
tercera parte servirá á mantener en los colegios á los hijo? 
de toda familia pobre, cuyo número pasare de seis; y la 
última, la dedicará el gobierno á sus atenciones. 

Me dirán, quizá, que esta ley atacará á la libertad in- 
dividual ; á eso contestaré, que si de esa violación resulta 
un bien común, nadie tiene el derecho de quejarse. 

De hoy en adelante, y todos los años, cualquier padre 
de familia que tendrá la dicha de contar mas de diez hijos, 
los presentará á la patria en un salón lujosamente deco- 
rado; y allí lo premiará el gefe de la nación, como á uno 
de los hombres mas útiles á su país. 

Esa es la exposición de vastagos humanos que deseo ver, 
y no la de unas camelias, rábanos ó coles, cuya hermo- 
sura, tamaños ó peso, en nada gravitan en la balanza po- 
lítica, ó en la suerte futura de un país, casi despoblado.— 
El Positivista. 

MATRlxMONIOS. 

Monitor. — 28 de noviembre. 

La moral verdadera, la que Jesucristo vino á sellar con 
su sangre, y á promulgar en sus diez mandamientos es tan 
sublime, tan perfecta, que no solo no es difícil cumplir sus 



HATRIHOmOS. 229 

preceptos, sino cada uno de ellos es la expresión de una 
necesidad humana, y la fuente de goces inocentes que nos 
apartan de los vicios y la corrupción. 

tNo desearás la muger de tu prójimo» : dice el Decálogo; 
y esta prohibición implica el mandato de poseer legítima- 
mente una esposa, que sea la garantía de todas las demás. 
Porque en efecto ; si la naturaleza creó la necesidad de la 
unión de los sexos, y esta ley abraza á todo ser nacido, 
no sabemos de qué manera puede vivir un hombre aislado 
cuando está por su organización sujeto & la regla universal 
de los mortales. La sociedad es muy frivola, irreflexiva, 
muy corrompida puesto que en vez de expatriar á los cé- 
biles, los mima y los consiente, debiendo percibir que ellos 
solos son los gérmenes del desorden y la inmoralidad. 

Es imposible suponer en un hombre tal grado de virtud, 
ó tal falta de temperamento, qué pueda vivir soltero, sin 
ceder á las exigencias de la animalidad : es preciso, pues, 
suponer que para la satisfacción de sus placeres se vale de 
cualquiera de los medios reprobados por la religión y las 
leyes. Un hombre de estos no puede hacer otra cosa que 
comprar á mugeres desvergonzadas, ó seducir á las vir- 
tuosas : y en verdad que no puede decirse, qué cosa sea 
más perjudicial, si ese foco de corrupción femenina que 
sostiene el oro de los solteros, ó el mal ejemplo y la discor- 
dia que se va á sembrar dentro de una familia antes 
¡honrada. 

Y por desgracia no son estos los únicos males que pro- 
duce el celibato : un soltero casi nunca es bueno ni honrado, 
porque no tiene necesidad de serlo : su conservación per- 
sonal es el único cuidado que tiene, y fuera de él, los de- 
más son indiferentes : puede ser vicioso, porque no tiene 
hijos ni muger & quien deshonrar ; puede ser revoluciona- 
río, porque la rapiña y el desorden no perjudicar& su casa; 
y si se vé obligado á huir, ni tiene los obstáculos de la fa- 



230 1849 

milia, ni teme dejar una prenda que sufra por él la perse- 
cución ; puede, en fin, ser vago y ocioso, porque la caridad 
pública socorre mas fácilmente á uno que & muchos, y aun 
cuando le llegue k acosar el hambre, jamaa llegará á ma- 
tarlo; y si lo mataría el llanto de su muger y de sus hijos. 

En fin; un soltero tácitamente protesta todos los dias 
con su conducta, contra las leyes divinas y sociales, ha* 
cíendo gala de su desenfreno, y propagándolo con el mal 
ejemplo. Si esto es una verdad tan evidente como amarga, 
no comprendemos cómo un padre de familia abandone 
sus hijas á uno de esos célibes que hacen profesión de 
serlo, y con sus inmorales doctrinas quieren canonizar bus 
defectos; no comprendemos cómo un marido pundonoroso 
fia su muger al enemigo, al seductor jurado de todas; y 
no comprendemos, en fin, cómo una joven honesta puede 
hablar con amabilidad y dulzura á un hombre que tal vez 
viene impregnado todavía con el aliento de una muger 
perdida. 

Y esa multitud de hijos que nacen de la ilegitimidad de 
esas uniones, ¿qué suerte tienen siempre? El abandono, la 
mala enseñanza, y al fin la prostitución y el desprecio de 
lajs gentes : desprecio injusto cuando solo procede de la 
consideración del origen, porque ninguno puede antes de 
nacer elegir sus padres, ni imponerles obligación alguna; 
pero muy justo, cuando proviene de los vicios en que na- 
turalmente incurre una persona nutrida en el mal ejempla 
desde su infancia, y abandonada después sin guia ni ante- 
cedentes á todos los excesos y los descarríos en que preci- 
pita la fogosidad de la juventud. De suerte que no solo se 
hacen criminales los padres de tales hijos, sino que ha- 
ciendo transcendental el vicio, legan á su posteridad todos 
los elementos posibles de desgracia. 

Este mal que en México se ha generalizado horrible- 
mente, á causa de que las clases más eminentes y respe- 



MATRIMONIOS. 23i 

tables sancionan la costumbre con sus doctrinas y más que 
nada con su ejemplo ; necesita ciertamente un remedio, 
pero este remedio no estará nunca en una ley : los mexi- 
canos se han acostumbrado k desobedecerlas todas. El re- 
curso único es mover el resorte de la conveniencia, hacer 
palpar á los hombres las ventajas positivas del matrimonio 
y excluir de ciertos cargos siempre envidiados, al que des- 
pués de cierta edad no haya tomado una esposa, v. g. , no 
podrían ser presidentes, gobernadores, ministros conse- 
jeros, diputados, jueces, regidores, etc. ; los solteros que 
hubiesen llegado á los 27 años sin casarse. 

Si no se toma una medida semejante, el mal será mayor 
cada dia, y la población mexicana llegará á estar com- 
puesta alguna vez de hijos y padres que no se conozcan ni 
se respeten. Por otra parte, las circunstancias transitorias 
en que estamos, agravan el peligro con la emigración que, 
aunque insignificante ahora, ha de hacerse poco á poco 
más numerosa. 

La mayor parte de los inmigrados vienen solteros, siendo 
estos los que más fácilmente pueden abandonar su antigua 
patria : en la nueva han de tener las mismas necesidades 
que en la antigua, y fácil es preveer las consecuencias de 
la disolución, si no se previenen los efectos de la intole- 
rancia que hace imposible toda unión legítima en un ex- 
tranjero; V. g., protestante, y una criolla católica. ¿He- 
mos de cerrarles las puertas á esos extranjeros, que son 
uno de los elementos positivos de nuestra prosperidad? 
solo un bárbaro podrá imaginar tal cosa. ; Hemos de ad- 
mitirlos para que vengan á ser ociosos y perdularios habi- 
tantes, ó ricos propietarios que con su dinero fomenten la 
prostitución de nuestras mugeres? 

El que sea amigo verdadero de la moral y la humanidad» 
resolverá estas cuestiones, que para nosotros son ya tan 
claras como el sol. 



1850 



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LA compañía MONPLAISIR 



APOLOGÍA DEL BAILB. 



PROLOGO 

ESCRITO EN 1860, T NO PUBLICADO HASTA AHORA. 

Los artistas que fonsaban la compañía Monplaisir, bar 
tttéDdoDos visitado en 1850 ; estos hábiles coreógrafos tra-^ 
taron de poner en escena el baile de la Esmeralda, de 
tanto renombre en Europa. 

La censura, sin atender á la historia, sabiendo que m 
este baile debía figurar el Papa de lostruanes, creyó ver en 
esa inocente representación , un ataque directo á la Reli- 
gión. El Sr. Monplaisir, desde luego, tuvo que luchar con 
multitud de trabas que le suscitó una intolerancia absurda. 
Afortunadamente este artista , á fuerza de empeños, pudo 
superar los obstáculos que se le presentaban , y tuvimos » 
México el gusto de saborearnos con un baile que no ad** 
mite comparación con ningún otro, y cuya música ademas, 
es encantadora. 

Poco amigo de la censura, y mucho menos de sus pre- 
tensiones ridiculas» escribí bien que mal , la apología smi 
BAILE. A mi socorro acudió mi homónimo , le spmtuel et 
hgique réáacteur du TsAilyo' unión, el Sr. Rene Masson, 
quien tradujo en frapcés mi artículo, añadiéndole algunas 
reflexiones adecuadas & las circunstancias, y que hacían 
resaltar el poco fundamento de unos escrúpulos, cuando 
menos, im{H'udetttes. 

En vano clamó el Universal ^ periódico conservador^ en 



236 1850 

contra de los romls de jambes de la compañía Monplaisir ; 
eD ellos y con razón, se embrolló toda su pudibunda lógica. 

E. M. 



APOLOGÍA DEL BAILE, (pésele i quien le pesabe.) 

Al tomar la pluma, para celebrar tous cesjolis ronds de 
jambes^ entrechats\ y deliciosos battements^ me detiene la 
amarga idea, de que muy bien me puede suceder lo que al 
calendario de González (1). Los universalistas (2), me lee- 
rán con entrecejo ; los jesuítas de la camotuna (3) queré* 
taro, me denunciar&n á la primera Inquisición que nos pro- 
mete su santo celo ; y el temor á las fioritures de la ciencia 
pirotécnica, que tanto perfeccionaron los dominicos, grands 
tisonneurs de Fépoque^ es cosa que naturalmente, coagula 
el pensamiento, ¿En este conflicto, qué haré?... Pues se- 
ñor, probaré á los Catones del Universal^ y á los Reveren- 
dos hijos de Leyóla, que el baile fué en un tiempo, una 
diversión sagrada; y una vez asentada esta verdad, diré que 
el señor y la señora Monplaisir son unas divinidades ; que 
la señorita Bouland y mademoiselle Blondeau , enagenan y 
enloquecen al hombre mas linfático, y que el Sr. Comet y 
el inimitable Corby, lo mismo que la alesna santurrona del 
Frollo, son unos personajes cuyo mérito no se puede igualar. 

Entrons done en matiére^ y acordémonos que para ha- 
blar delante de los siete (ó más) sabios de México, es pre- 
ciso ser lógico, et bien attacher ses braies^ (fajarse bien 
los calzones). 

Dos medios tiene el hombre de esplicar sus sensaciones; 

(1) Excomulgaron formalmeot^ á tu autor. 

(2) Los piadosos redactores del Universal ^ que escribían con xomo de adormi- 
deras. 

(S) Que produce el camote. Este bulbo ó fruta, no es aqui el emblema dd 
talento. 



LA compañía MONPLAISIR. 237 

hpalabra y el gesio. Lo mismo que hay en la voz humana 
acentos de placer y de dolor, se advierte en los movimien- 
tos del /ac?^^, y en los que agitan el cuerpo, la expresión 
de los sentimientos del hombre ; y así , de esos diversos 
acentos, ha nacido la Música, lo mismo que del gesio, ha 
resultado el Baile. Esas dos artes han precedido , de con- 
siguiente, á todas las demás ; y el primer sentimiento del 
hombre, debiendo haber sido el de la gratitud hacia el 
Creador, la primera música como el primer baile, han sido 
incuestionablemente sagrados. 

Es sabido que los Hebreos introdujeron el baile en sus 
fiestas religiosas. Moisés y su hermana María , después del 
paso del mar Rojo , se soltaron bailando; las hijas de Silo 
bailaban durante la fiesta de los tabernáculos ; y David, el 
Santo Rey David, (á pesar de ses nombreuses pecadilleSj) 
bailó delante del Arca Santa, y el nombre de choeur^ 
(coro,) le ha quedado á la parte de nuestras iglesias, don- 
de el clero se limita hoy á cantar, los bailes que antes se 
celebraban allí. Refiriéndonos á Scalígero, sabemos que los 
primeros obispos, tan solo fueron noiííhv^Aos prcesules (pre- 
lados) porque en las fiestas solemnes, ellos mismos presi- 
dian y conduelan el baile. Esta costumbre se conservó has- 
ta el siglo XII, ya que á esta época, Odón obispo de Paris 
encarga á los clérigos, en sus constituciones sinodales, que 
tengan cuidado de abolir esa costumbre en las iglesias, los 
campos santos y las procesiones. 

Estos ballets que en su prisma encantador, nos reflejan 
tantas actitudes voluptuosas, tantos seductores contornos, 
les dio todo su ser un Cardenal...., el cardenal de Riche- 
Keu, el más tieso de todos los cardenales ; y el 7 de febrero 
de 1641, en su propio palacio [le Palais cardinal,) se re- 
presentó el primer baile ó ballet, en Francia, intitulado : 
^Prosperidad de las armas de Francia;^ todo en él era 
alegórico, y fué cuando se vio por primera vez, el Orgullo, 



\ 



238 1850 

la Armonía y el Deseo de reinar, former des etiírées tí 
danser des rigodons. 

Sí todo un cardenal como lo era Ríchelíeu, no se escan- 
dalizó con estas seductoras piruetas , que en el alma nos 
hacen hoyos ; ¿será posible que el corazón virginal de cier- 
tos escritores , de más barbas que unos senadores roma- 
nos, vean en un ballet, la ruina del edificio moral de la 
sociedad, de que quizá no son ellos mismos noás que las 
piedras mas carcomidas?... 

La representación de la Esmeralda vino, al modo de ver 
de nuestros benditos^ á atacar hasta nuestras creencias, 
porque en el curso del baile, sale portado en hombros d 
Papa de los truanes, paso que recuerda una ñesta que en 
los tiempos más católicos de la Edad Media, no trató de 
abolir ninguno de los cristianísimos reyes de Francia ; fies- 
ta, repito, en que el mismo clero tomaba parte, y cuya 
costumbre existió desde S. Agustín, quien condenó sus ex- 
cesos, sin poderlos él mismo remediar. 

Si bajo el reinado de Luis XÍV, no se pudo evitar que 
se representara el Tartufe^ por ser una comedia que pre- 
cave á la sociedad contra los ardides de un santo hipócrita; 
¿será acaso posible que la Esmeralda con Frollo, (que no 
es mas que un Tartufe mis en ballet^) les dé tan crueles 
pesadillas á nuestros beatos del siglo XIX?... 

Dicen que en Frollo se ridiculiza la Religión, como si no 
fuera este otra cosa, que la representación de un sacer- 
dote corrompido , el cual perece víctima del parasismo á 
que han llegado sus lúbricas pasiones. En él no se ridicu- 
liza & la religión ; es un miembro dañado de ella, que la 
justicia divina irritada, lo mismo que la de los hombres, 
reclaman y suprimen violentamente. 

Apoyándome en todo lo dicho, puedo sin ser tachado de 
heregía, admirar el ballet-pantomime de la Esmeralda, 
cuyo coreógrafo manifiesta un talento sublime. Es un dra- 



LA compañía MONPLAISIfi. 239 

ffl& histórico en parte, de los que más conmiieveii ; y si se 
^iMre de los xn¿3 morales, cimndo la hija del poeMo, pora 
qoien ha sraado le gks de la mort^ le enseña el cielo, por 
toda contestación , al sacerdote profano que parece ohri- 
darsede la justicia divina. 

£1 aéreo Monf^isír, m el papd de Gríngoire, da las 
mayores pruebas de un talento míaiico, igual al que tiene 
del m¿s consumado bailarín ; parece olvidarse enteramen- 
te, en la Esmeralda, de que es antes que todo un danseur^ 
para no ser momentáneamente, más que un mime. Nada 
se observa en él de esos modos estirados ó guindes; de ees 
poses académiques et deconveniiün, que pueden hacer creer 
i los espectadores que va ápasser un entrechat, en el mo- 
meoik), muchas veces, mas patético de la acción. Guando 
baila (quiero decir cuando vuela) battant des entrechais 
ásixetá huitj con continuidad, ¡ qué ligereza, qué gracia, 
qué fuerza y qué fu^meza desplega I Encanta verdadera- 
mente: la vista se remonta con él en k}s aires, donde se 
teme verle desaparecer ; y está uno obligado á declararle 
un hombre extraordinario. Con alguna razón exclamaba 
Yestris, en un tiempo, con su acento italiano : « // n^y a 
qué trois grands howmes en Ourope : lé roi de Prous^e^ 
Mousoudé Voltaireeímoi!...i^ 

¿Qué diremos de la Sra. Monplusir?... Es un asombro 
de gracia y de ligereza ; ] qué actitudes tan naturales, tan 
suaves, tan seductoras!... Hay en ellas tanta travesu- 
ra, que se parece & una de esas ninfas que á porfía luli- 
naiení tan victoriosamente al infeliz hijo de Penélope, la 
cual, como nuestras mogigatas de hoy, deshacía de noche, 
la obra del dia. Respecto á las perfecciones corporales, las 
reúne todas ; y muy bien á Praxitéles hubiera podido ser- 
vir de modelo, para la Venus encantadora que creó su 
fantasía. Al ver lo cefíreo del baile de la Sra. Monplaisir, 
¿quién de nosotros podrá creer que ya lleva m&s de seis 



240 1850 

meses, de hallarse en ese estado interesante ^ (como deda 
cierto diario) que para la Reina Victoria, se ha vuelto ya 
v7ieseconde maniere d^étre?... Esto es más admirable que 
nada ; vuela la Sra. Monplaisir, con su recóndito attaché ó 
attachée (¡Dios quiera que sea lo primero!) como si nada 
la hubiera sucedido ; mientras que nuestras mujeres ende- 
bles, abortan con el soto movimiento de un coche ó al su- 
bir la escalera. ¡ Digan después, que á poco conduce el 
baile y la gimnástica !... 

No se puede hablar del Sr. y de la Sra. Monplaíiár, de- 
jando en el tintero á la Srta. Bouland, y al angelito déla 
Srta. Blondeau. La primera baila con una pureza, con una 
gracia sin igual ; sus brazos y sus pies conservan una ar- 
monía, que los pasos mas difíciles jamas alteran ; y se co- 
noce desde luego que se formó en la mejor escuela, j La 
niña Blondeau tiene cierto modecito de echar sus piececi- 
tos, tan lindo, que yo me figuro que si me alcanzara, aun- 
que fuera una patadíta de esas, yo me moria!... Je sui^ 
tres impressionable. Ligera y tan fresca como la brisa que 
acaricia á las flores, se asemeja á una brillante mariposa; 
et quand elle éffleure un sol amoreux de ses pasj y que corre 
hacia las luces, me da ganas de gritarle : « j deten tu vue- 
lo, délicat papillon^ no te se vayan á quemar las alas!... » 

De Corby, nada diré , porque es un portento de gracia 
que no me puedo esplicar. Si es de carne y hueso como 
nosotros, ó más bien un tejido elástico, yo no lo sé ; el caso 
es que si está formado de la misma masa que yo, él des- 
pués la amasó de nuevo á su modo. Cest un homme qui 
rCa pas de jointures (está descoyuntado). Al verle bailar 
el paso inglés, con esa serenidad peculiar al nebuloso in- 
sular, c'est á faire crever de rire (hay para echar las- tri- 
pas de risa). Todo en él va tan conforme, que aun para 
saludar al público que con estruendo le palmotea, le saluda 
con tal gravedad, que se queda uno con la duda, de si es 



LA COMPAÑÍA MONPLAISIR. 241 

Ó no una cortesía. ¡ Yaya un gracioso como nunca he visto, 
y no veré muchos!... 

¿Y qué les parece á ustedes, señores, el Sr. Cornet? ¿Us* 
ledes han visto jamas un danseur más elegante , más pre* 
císo en todos sus pasos? Hay en ellos , una netteté que se 
acompaña admirablemente con la de la seductora Bouland, 
«que generalmente baila con él. De capitán Febo, se puede 
ver al Sr. Cornet. ¡ Qué nobleza en todos sus ademanes, 
qué guerrero semi-dulce tan bien plantado! 

El Sr. Grossi, en el papel de Frollo, es admirable en su 
pantomima : en su frente medio calva , se delinean á lo 
natural, todas las pasiones que le devoran y que han lle- 
gado á su mayor ardimiento. Su mirar es hosco, y pudie- 
ra serle muy aplicable lo que dijo cierto poeta, de un hom- 
bre exhausto por las tempestades del alma : 

^EtsuTWi front jaurU qu'a ridé lü molesse, 
mil étaie, á trente ans, sa précoce vieillesse. » 

Hasta el Sr. Whietoff, en el papel tan ingrato que hace 
en la Esmeralda, del rey de los truhanes, nos ofrece la pin- 
tura exacta de un malvado que supera á todos en el cri- 
men ; y su modo de andar de fiera , concuerda horrible- 
mente con su actitud salvaje y feroz. Todo , todo , en la 
Esmeralda j ó encanta, ü horroriza, ó hace derramar dul- 
ces lágrimas; ¿y éste es el ballet que unos cuantos mojiga- 
tos han tratado de criticar?... ¿Estos son los escritores en 
México de mas valimiento?. .. ¡ Pobre país , si por ellos se 
deja guiar!... 

D. Anti-pierna Seca. 



Mi amigo y homónimo, el Sr. D. Rene Masson, después 
de haber reproducido en francés, en su Tüait-d'ünion del 
20 de febrero, mi artículo , terminó su traducción con lo 
que sigue : 



212 1850 

Nous ineérdns les reflexiona de Vimpressionñabk Anfi- 
pierna seca, h, titre de communiquéj en faisant remarqaer 
qtie nous les avons tradmtes rapidement de Tespagnol, ce 
qtri a dü nuire d*une maniere sensible au charme et ii la 
vigueur du style. 

Nous adhérons sans reserve á Fopinion qu*a émise Antí- 
pierna seca, sur le talent des drvers membres de la compa- 
gnie Monptaisir ; quant k la partie de son article quí coih> 
cerne la rédaction de VUniversül, nous Tapprouvons aa 
fondy sans en adopter )a forme. 

UüniversaU en effet, — sous le coup du mécontente- 
ment que luí avait fait éprouver une représentation de la 
Esmeralda donnée, cerlain diroanche, au public de la tarde 
du thé&tre national, représentation á laquelle le peuple, le 
vrai peuple mexicain avait bruyamment et sincérem^t 
applaudi la chute tragique du prétre Frollo, s'est elevé, en 
termes peu chrétiens, contre le ballet, contre celui qui Ta 
composé, contre Yictor Hugo, qui en a donné Tidée dans 
sa Notre-Dame de París^ et contre les artistes qui en ont 
été les interpretes. Notre confrére se plaignait surtout de 
ce qu'on n'eüt pas fait de FroUo un juge, et de ce qtfon 
n'eüt pas vétu, dans la féte des fous, Quasimodo en nA 
plutftt qu'en pape. 

Si Ton avait fait droit & ees réclamafions, les juges se 
seraient probablement f&chés k leur tour ; il eút fallu faíre 
alors un notaire de Frollo; les notaires se plaignant, FroUo 
serait devenu portier, puis journaliste ; qui sait oíi Ton se 
serait arrété? 

Quant á transfonuer Quasimodo en Boi, c'eüt été peu 
généreux, dans un moment oü les monarchies ont encoré 
de si mauvais quarts d'heure iipasser ; il n'est jamáis digne 
de s'attaquer aux faibles. 

Bien n'a done été changé; V Universal ea a prís son 
parti, et s'il lui reste encoré quelque scrupule de coiwr- 



CAMINO DB TiCUBAYA. 243 

SyDOUB luí dírons en confidance, pour le tranqailliser, 
que la Esmeralda h été représentée á Rome» sous I& pape 
Gr^oire, abaolument telle qu^elie vient de Tétre sur le 
théátre natkmal ; que la représentation a eu lieu eoHS le 
controle du cardinal Lambruschíni , et que personne n'a 
soulevé la moindre objection ni contre Frollo, ni contre 
Quasimodo, ni contre Víctor Hugo, ni contre les danseurs. 
Le pape Grégoire et le cardinal Lambruschini n'ont pour- 
tanl, que nou8 sacbions, jamáis poussé les idees de libera- 
lisme á Textréme. 

R£N]á Masson. 



CAMINO DE TACUBAYA. 

INTRODUCCIÓN. 

En 1850, adquirí una pequeña casa en Tacubaya» y 
siendo intransitable el camino desde México k esta villa, 
me propuse decir algo sobre la necesidad que existia de 
reparar una vía de comunicación tan corta y tan frecuen- 
tada. 

Mis comunicados, á la larga, dieron por resultado la 
reposición completa del acueducto de Chapultepec, medio 
arruinado por los terremotos anteriores, el cual conduce & 
México las aguas llamadas gordas. 

Qmnce meses duró la guerra que les hice, tanto al 
Sr« Gobernador del Distrito , como al Sr. Inspector de 
caminos, desde el 4 de Mayo de 1850, hasta el 12 de 
Agosto de 1851. 

Habiendo después llegado & la Presidencia el general 
Santa-Anoa, se formó, por fortuna, el Ministerio de Fo^ 
mentó, que procedió inmediatamente 6 la compostura de 
los caminos de San Cosme y de Tacubaya, los que no 
eran más que una serie prolongada de los hoyancos mas 
peligrosos. 



244 1850 

Merced á tanta tenacidad de mi parte ; á los emp^os 
del Sr. Velasquez de León, Ministro del ramo entonces, y 
á los del Sr. Siliceo después ; estos dos caminos pueden 
casi rivalizar hoy con muchos de los de Europa. 

E. M. 



CAMINO DE TACUBAYA. 

Nadie ignora que los medios de comunicación han sido 
y serán siempre el primer elemento de la prosperidad pú- 
blica, y que el estado enqiie se encuentran los caminos, da 
la medida, casi exacta, de la civilización & que un país ha 
llegado. Los caminos generalmente se dividen en tres cla- 
ses muy distintas : primera^ segunda y tercera. Hemos 
leido que en Francia los caminos áe primera clase tienen 
36 pies de ancho; los de segunda 24, y los de tercera 18. 
Los de primera clase están bordados con una zanja longi- 
tudinal, para el derramamiento de las aguas llovedizas; y 
ademas, están adornados en cada lado con una calzada que 
llaman los franceses bas-cótés^ plantada de dos hileras de 
árboles. Estos, á la par que hermosean el camino, ofrecen 
á los de á pié una sombra protectora. 

Cualquiera usurpación del terreno de un camino, y ea 
general los delitos que dimanan de semejante fraude, exi* 
gen una represión pronta y un castigo ejemplar. En ciertas 
partes de Europa ha sido admitido como principio, que 
cada ciudad cuide, con sus propios fondos, de la reparación 
de los caminos que atraviesan su territorio. Ademas, en el 
ArtoiSf y demás provincias confinantes, la conservación 
del camino era una carga inherente á la propiedad misma 
de todas las tierra ribereñas. Consideraban el camino 
como una servidumbre legal establecida sobre esas pro- 
piedades; y todos los años, después de publicado el 6an 
de Marsy aquellos propietarios tenian la obligación, so 



CAMINO DE TAGUBATA. 245 

pena de una multa fuerte, de componer ó mandar compo- 
ner los deterioros que había sufrido el camino. Esa obliga- 
ción impuesta á los ribereños en toda la extensión de su 
propiedad, era considerada como una compensación, k las 
ventajas que sacaban de la proximidad del camino para el 
laboreo de sus tierras. Con corta diferencia tal es, aun hoy, 
la medida que se sigue en Inglaterra. 

Desgraciadamente no sucede aquí lo propio : y al contra- 
rio, mas bien se nota que desde México casi, hasta Tacú- 
ya; el ribereño, que es una misma persona en toda la lon- 
gitud del camino, es el hombre m&s sediento de tierra que 
se conozca, y lo que es peor, de la tierra misma del camino, 
que al formar sus zanjas, quisiera echar toda para dentro 
de sus terreno. ¿No era justo,*y no debia haberlo exigido 
asi el señor gobernador, que al ahondar sus zanjas el ribe- 
reño, hubiera siquiera echado por igual la tierra que sa* 
caba, ya contra les árboles del camino, ya contra sus pro- 
pios bordes? De esta manera se hubiera evitado el fm 
bien cercano que amenaza irremisiblemente k la arboleda, 
cuyas raices han quedado descubiertas. 

Pasado el primer puente que se encuentra al sajir de 
Ghapultepec para Tacubaya, existia pocos años há, á ca- 
da lado del camino, una hilera de antiguos sauces, que se 
tuvo que derribar cuando se aproximaron nuestros ami- 
gos los enemigos del Norte : ¿ qué hizo entonces el ribe- 
reño?.. ••• Despu^ de la crisis que le cojió algo lejos de 
su hacienda, se apresuró en hacer desaparecer del lado 
izquierdo del camino, al venir de Ghapultepec, hasta los 
troncos de los difuntos sauces; y metió para dentro de sus 
tierras (poseido él también del espíritu de invasión) 
todo el espacio que ocupaban los pobres árboles ; es de- 
cir, que absorbió la tercera parte del camino. Dado fin k 
este lance, no dio mas pruebas de su patriotismo ; y dicen 
que hoy reclama al exlüiusto gobierno, la friolera de unos 



246 1850 

' 1 40,000 ps. , en que valoreó los daños y perjuicios que su- 
frió durante la guerra, manteniendo como comprobante de 
ellos un balcón de hierro de su hacienda (lastimado, nota 
bene^ por las balas amigas de Chapnltepec) en un estado 
de ruina poco decoroso, y que ciertamente no concuerda 

, con las riquezas de su dueño. 

Tacubaya tiene hoy una Junta de Fomento compuesta de 

' los hombres mas influyentes entre los propietarios. Esta 

• preciosa villa debe, dentro de poco, reemplazar á México, 

• favorecida como lo es por su hermosa situación en anfitea- 
tro, y sus aires puros. Ricos y pobres ansian, unos por edi- 
ficar allí casas de campo de un gusto moderno, otros por 
levantar humildes chozas. Y así nos parece que la primera 
oUigacion de esta Junta es la de cuidar de la integridad del 
camino, cuya compostura dentro del mismo Tacubaya, le 
originó cuantiosos desembolsos. También le toca despachar 
por el camino alto, á todos esos carros pesados y de rue- 

- das afiladas cargados de harina. Sus yantas cortantes están 
r ademas erizadas con unos clavos tan monstruosos y tan 
prominentes, quejón capaces de pulverizar al mismo m&r- 
mo). Los susodichos carros trazan zanjasen todas las calles 
y callejones de un pueblo que se forma; y hacen sus trán- 
sitos completamente intransitables. Fíjeseles un ancho á 
las ruedas, ó paguen una contribución equivalente íi los da- 
ños que causan. 

Si en Europa se economiza él terreno consA^caAo á los 
caminos, es que, & la agricultura y & las gentes les escasea 
la tierra ; pero aquí que la tierra sobra y la gente falta; 
¿será perdonable cualquiera usurpación del terreno de tin 
camino que reclama el interés público?.. ... La zanja qiie 
verticalmente, y & su antojo, ha profundizado el ribereño, 
levantando sus bordes ra forma de parapeto, debe tener el 
declive de 45 grados que en todas partes ha decretado la 
prudencia. ¿Sin eso, el que se vaya á pique un infeliz mu* 



CAMINO DB TAGDBATA. ^7 

chacbo en esa zai^a, ó que se caiga de eab^za en un posw, 
no es una cosa precisamente igual, y que presta las tm- 
mismas garantías?* .... 

Habiendo muerto el Sr. general Gusman, no sabemos 
quién es el que le ha reemplazado en el cargo de Inspa^^-- 
tor de puentes y calzadas ; pero sea quien fuere, si siendo 
general» acaso se avergonzase de la comisión que debe des- 
empeñar, le consolaremos con recordarle ^ que el misi|iO 
Epaminondas, que ese gran capitán, (algunos años base 
entiende) no se desdeñó de cumplir con ella. Le referire- 
mos el pasaje : el partido dominante en el Consejo de Te- 
bas, le era contrario h Epaminondas. Gonñriéronle la 
comisión de caminos para humillarle, cuando aguardaba, 
y con razón, el seguir revestido con las primeras dignida- 
des de la república. Su virtud bien supo vengarse con esta 
respuesta : ** Curato ne tara mihi delati rmnisterii obsit 
tndiffniíasy quam ut illi mea dignüas prosit....^' lo que 
quiere decir : ** Cuidaré de que la bajeza de este oficio no 
me sea tan nocim^ como provechosa para éi la dignidad 
de mi persona....*' 

Es urgente, pues, que el encargado de cuidar de los 
puentes y calzadas, aunque no sea un Epaminondas, obli- 
gue al ribereño, de quien nos quejamos, á que devuelva 
al público la parte del camino que se deslizó para sus tier- 
raS/ Decimos deslizó, porque , la tierra que al profundizar 
Bos zanjas, echó para su terreno, provenia claramente de 
las deslavaduras del camino que son una propiedad pú- 
blica. Una vez conseguida también, pasado el puente, Ja 
parte suprimida del camino, que se encuentra ya plantada 
por el ribereño con horripilativos magueyes, no correrán 
mas pdigro tres ó cuatro coches al encontrarse alli, ni 
tampoco la gente de & pié, que merece á nuestro entender, 
alguna más consideración. 

PaFA remediar ese último mal y el peligro <]ue amaga en 



248 1850 

un camino éi los transeúntes de k pié, bien htmiera podida 
exigir el señor gobernador (préyia indemnización,) que el 
ribereño hubiese reculado su zanja , cediendo unas cinco 
varas en todo lo largo del camino : lo propio hubiera podi- 
do hacer el señor gobernador con los naturales de Romita, 
y de este modo hubiese sobrado campo para formar la 
zanja lateral, y para plantar una nueva hilera de árboles» 
Los pobres entonces, y los que no lo son, pero que gustan 
de ejercicio, hubieran podido ir á pié áTacubaya, sin ser 
molestados por los coches, ó sin llegar ya calcmadosporet 
sol, y hechos un verdadero beef-steak. 

Unos peripatéticos. 



LA compañía MONPLAISIR. 

BAILB CELEBRANDO LA INDEPENDENCIA DE LA GRECIA» 

« { Et tovjours le martyre est le sort le plus beaa» 
« Quand la liberté plañe au deasus du tombeaut » 

(PélMnage ITHarold.) 

Ya Cupido tiene un hermano, y volvió de la Citérea 
Tacubaya la encantadora Madama Monplaíslr, libre hoy 
del dulce peso que tan artísticamente sabia disimular entre 
los dobleces amorosos de su mágica cintura. Yienen en su 
compañia, lepetit lutin (quien ya debe saber bailar,) y su 
aéreo esposo. Precedida esta, como siempre, por las mio- 
mas gracias personificadas & lo vivo, tanto en ella, coma 
en la Srta. Bouland y en la celestial Blonditeau, lepapiüon 
aax ailes diaprées. 

Un baile se prepara; el de la Independeticia déla Grecia, 
más interesante todavía que el de la nunca olvidada Esme*^ 
raída. No es estraño que el Sn Monplaisir inspirado por los 
recuerdos históricos de la lucha generosa d« los Griegos 



LA compañía HONPLAISIR. 249 

contra sus opresores, haya proyectado celebrar tantas ha- 
zañas con un baile semi-guerrero, donde el sexo débil le 
disputa al fuerte la palma del martirio patrio. Si dos veces 
el Griego Odiseo fué el Leónidas de las Termopilas; tam* 
bien entre las Griegas se encontraron más de una Juana de 
Arco» Ipsilanti , Botzaris , Canarís y otros mil héroes ba- 
lancearon, apenas, los esfuerzos verdaderamente varoniles 
de las seductoras hellénes. 

Tal es el interesante cuadro que van 6 presentar las ama- 
bles mexicanas, de cuyas gracias ha reforzado Monplaisir 
su compañía. Las veremos maniobrar y charger en douze 
íempSj como el tercer ligero; calar bayoneta, lo mismo que 
cualquier batallón irlandés, y hacer un fuego de pelotón^ 
al igual de los alumnos de Chapultepec. A pesar de la dex- 
terídadqae habian adquirido las lindas Griegas en el ma- 
nejo del arma, no nos debemos sorprender con todo de 
que, con tales enemigos al frente, los brutales Turcos, con 
sus corazones de bronce, aiení eu quelquefois le dessus. 

Al asistir á ese baile, ¿quién se acordará del Cólera?... 
aún diré más; no habrá, ni podrá haber Cólera, donde esté 
bailando la compañia Monplaisir : la niña Blondeau, con 
el movimiento de sus alas, refrescará, purificará, embalsa- 
mará el aire. Para mí, ni la peste de Marsella, ni la de 
Barcelona, ni todas las de Oriente, me privarían de acu- 
dir á la función que se nos dispone en el teatro Principal. 
Si tales fuesen las circunstancias, (que no hay nada) me 
contentaría, cuando más, y en un caso extremo, con decir 
como los italianos : « vedi Napoli é poi muori. » 

« lOoi, Je tole aa théfttre ; et dosse-je y mourir ; 
« Je partirai coDteot... Je vois lá mon plaUirx » 

(Enlévé le caUmbourl) 

No es un entusiasmo febríl, el que me hace hasta poeti- 
zar; pero los recuerdos tiernos que grabaron en mi mente 



MO 1850 

lafi desgracias y el triunfo de la Eimeralda^ jamas ae bor 
rarán de mi fantasía; ni tampoco dejará de resonar en m& 
<»dos la dulce música que tan bien se armonizaba con todos 
los pasos de ese filosófico drama. 

En el baile de la Independencia déla Grecia^ ea el pa^l 
de Okepy^ hijo de Odiseo, el Sr. Monplaísir, debe ser, como 
8Í^Q9pre, admirable por su ligereza, fuerza y firmeza» lo 
mismo que por su pantomina tan natural. 

De Niceta, disfrazada bajo el nombre de Binacaya, fa- 
vorito del Bajá, no diré nada : la Sra. Monplaisir llena eie 
papel. Ella vuelve necesariamente loco al capitán TaarviUe 
con sus voluptuosas postur afi y su modo de bailar tan per- 
fecto y tan esquisito. 

La Srta. Bouland, por eu lado, en el papel de Eleoa, 
esposa de Okepi, nos cnagenará con la pureza de sus pasos 
y la gracia peculiar con que siempre los acompaña* 

lia niña Blondeau, de grumete de barco, ¿qué cosa tan 
encantadora no será?.... ¡411i, si, que me veré precisado 
á perder el juicio!.... 

El Sr. Cornet, trafiformado en capitán Tourville, nos re- 
cordará ventajosamente, el porte noble y la limpieza del 
baile del capitán Febo. 

El inimitable y graciosísimo Gorby« de piloto de cavío, 
no dejará de hacernos perecer de risa, con sus piernas, 
cuando quiere, más tiesaa que rartimon de $on navirei y 
cuando no, más sueltas que le grandfoc qvlon a largué* 

£1 Sr. Groasi, nuestro conocido Frollo^ cuya acción es 
tan propia, llenará el papel de Odiseo, el honor de la Gre- 
cia. Es escusado decir, que en la parte mímica, se aproxi- 
ma á la perfección. 

Si quieren distracciones, señores, me parece que las va- 
mos á tener : no hay, pues, que tenerle miedo al Cólera; es 
bem'gno, benignísimo; en fin, c'est wx Cholera bon enfant. 
La falta de diversiones es la que le hace darse tono. Gon 



INDBPENDENGIii BE LA GRECIA. ^i 

«íeeite {le cholera se traite comme une sakde. ) Con rftíz del 
indio, eon coñae, con Bok> ponerle mala cara, se espanta : 
nuestra imaginackm sólo le da vida. Tal es la opinión de 
ea afectifiimo y seguro servidor, Q. S. M. B. — Mr. Antí-^ 
pierna Seca* 



LA INDEPENDENCIA DE LA GRECIA. 

ILah.) 

Lo que quiere decir, poco más 6 méDOS : 
c Áf>rendan los qu$ no saben lo que p€UO en §1 tea- 
iro, y ccmpláttetnm enrecerdariü^ he 9wy»ío 
vieran.» 

A pesar del iñstema faidropático externo, & que anticipa- 
damente nos saatenció la estación de las aguas, hubo en el 
Teatro Principal una reunión lucidísima. No hay cosa qoe 
más deleite al hombre que los contrastes : y si es cierto qae 
México tiene hoy un aspecto algo sombrío, también lo es, 
qoe en el teatro no se notaba el menor indicio de esa se- 
riedad que indebidamente rdna entre las gentes de espí- 
ritu limitado y de pocos alcances. 

Es notorio, evidente y comprobado, que no se puede 
tejer mas que con órganos pares ; y algo diera yo por tener 
«na ploma de multiplicados y elegantes picos, para pin- 
taries & mlü&d^ materialmente^ queridísimos lectores, esos 
mnumerabilísimos entreckats de la seductora par^ Mcn- 
plaisir. A pesar de cpie existe ün modo figurado dé escri- 
bir, ningún estilo conozco que pueda imitar siquiera eaos 
iádescriptíbles pix>digios de las fiM*zas musculares jw^i- 
cútf. MÍBDtcás lean éstos disparatados renglones, vayan 
puaa, Icfiendo con los dedos... 

«La Sra. Manplaásír, de Nioéta, fué admirable dorante 

todo el tiempo que con este nombre ocupó la escena» La 

:9«cta^ la maturalidad^ la propiedad de todos sus movimíen- 



252 1850 

tos y acciones en el papel de Binacaya, encantaron al pu- 
blico que con el mayor interés aplaudía al fingido favorito 
del vinagroso y furibundo Baj&. Bien dicen que la gracia 
es una facultad indefinible, misteriosa aún, innata mas bien 
que adquirida. Por el m&gico efecto de la gracia, la mujer 
que de ella está dotada, seduce instantáneamente los ojos y 
el corazón^ Los intérpretes de esa gracia, son una sonrisa 
dulce, cierta indulgencia en el mirar, y sobre todo, esa 
ei^yansion cariñosa de una hermosa boca en que el corazón 
ensanchado asentara su trono. Ese es uno de los dotes que 
en toda su ostensión posee la Sra. Monplaisir, á quien, por 
8a modo de bailar encantador, hubieran divinizado en un 
tiempo los mismos paganos. 

Al Sr. Monplaisir, no hay elogio que le pueda alcanzar, 
pues se hace superior á todos ellos : su pantomima fué tan 
perfecta, que casi se deseaba que no bailara, para que no 
cesara el encanto que en el ánimo de espectadores produ- 
cia, por lo exquisito y acabado de su talento mímico. Ll^ 
el momento de bailar, y pasando el público de un presti- 
gio á otro, se asombró más que nunca de la maestría del 
Sr. Monplaisir : en una palabra, creo que sin necesidad de 
recurrir á la escala de Jacob, vista su ligereza , puede sa- 
bir al cielo, cuando tales ganas le den. 

La señorita Boulan, en su papel de Elena, mereció es- 
pontáneos y repetidos aplausos; ¡ cuánta delicadeza, cuánta 
pureza en su modo de bailar, cuánta gracia y qué pasos 
tan bien marcados! Preciso es confesar que esta joven es 
consumada en su arte. 

El Sr. Comet, en el capitán Tourville, nos rec<»dó la 
nobleza y finos modales de los oficiales de la armada. La 
gavota que bailó, no fué apreciada cual se lo mereciat por 
un público que quizá veía este paso por primera vez. Es 
una especie de minuet de córte^ en el que la hermosa y 
desgraciada María Antonieta sobresalía entré todas las da- 



1 



INDEPBNDBNCU DE LA GRECIA. 253 

mas de su corte. Como es algo histórico y serio este baile, 
requiere, para que en él pueda lucirse, un traje perfecta^ 
mente adecuado á la época en que era de moda. El Sn 
Carnet, en loa demás pasos de su pape!, mereció los aplau- 
sos que acostumbra recoger, por la elegancia de sus 
modales y la perfección de su baile. 

Lleguemos á la niña Blondeau : Yoltaire la retrató per- 
fectamente, sin haberla visto jamas : 

tt Telle one tendré fleur qu*un matin voit éclore^ 
« Des baisers de Zéphir et des pleurs de TAurore. » 

¡ Nada es comparable á esa emanación púdica del 
amor L. . todo en ella es gracia; su menor movimiento es un 
encanto. De grumete de barco, con su carita en que se 
confunden la rosa y la azucena, nos dio la idea más exacta 
de esos muchachos traviesos, que, desde sus infantiles 
años, aprenden k navegar, del mismo modo que los paja- 
rillos que hacen su aprendizaje para volar. Escusado es 
decir que con estrépito la dio el público pruebas del cariño 
que su talento precoz le ha granjeado. 

¡Cómo pintaremos al compañero de nuestro grumetito, 
al impar piloto Corby?... Desde que se presentó, fué tan 
general la risa, que llegó hasta á constituirse en una es- 
pecie de aplauso. De piloto, ni un piloto hecho y derecho 
se le puede igualar al Sr. Corby; ¡qué naturalidad, que 
cMctejí perfecto I. .. ¡Qué llamar al orden tan gracioso á 
su pantalón que continuamente se le va cayendo!... ¡Qué 
característica mecha aquella del piloto seductor que se le 
deslizaba hasta media cara!... Trasformado en turco, 
¡vaya una faja embarazosa, con que nunca pudo fajarse! 
¡ Y con el turbante qué batalla tan reñida! ¡Qué sumírsele 
á cada rato hasta las narices, cuando ya se lo alzaba como 
visera, ya, en su despecho, se lo ponia casi & la Napoleón. 

Llorando estaba yo de risa, cuando junto al palco donde 



264 185a 

estaba, oigo : ay!... ayL*. ayl... la barrigal {vcto á 
Cristo I Cómo me dude L«. Salgo al instante, y entro en el 
palco Tecino; todo en éü era confusión : ¡pronto, acete I 
decía uno... ¡guaco I... decía el otro... no, licor de Zip- 
permasn 1 { raíz del indio 1 ] coá9^ sal deaj^os, Leroy U« 
¡señores... por Dios, traigan toda la botica de Frizac. 
ya llegó el infeliz al último periódico de su vidal... Mien- 
tras tanto iban cruzándose tantos pareceres, ú enfermo se 
torcia de risa; me acerqué á él, y sin necesidad de tomarle 
el pulso, vi claramente que la enfermedad residia toda en 
el abdomen, en el bazo : le había dado mal de risa. Cál- 
mense, señores, esclamo yo luQgo; no hay Cólera, ni aso* 
mas de él : lo que el señor tiene es una CorbÜis ; denle m 
CorbífugOi que de todo hay en botica, y negocio con- 
cluido. 

Este fué d único lance de enfermedad que se presentó 
en el teatro : — de suerte que antes de ir & ver & Corby, 
es preciso hacqr lo que la ley aconseja en casos de un hijo 
postumo : hacerse nombrar previamente, un curador ven- 
trítico. Lo que sí no entiendo, es como el Sr. Monpiaisir 
no dispuso que el Sr. Corby nos bailara siquiera un fac- 
simile de chahut ; ó más bien un diminutivo de algún con* 
can moderado, como la difunta monarquía de nuestro des- 
conocido amigo Luis Felipe. 

El Sr. Grossi, en su papel de Odiseo, fué, como debía 
de esperarse, interesante hasta lo sumo. Su energía, sa 
patriotismo y sus canas, bien indicaban que ese anciano 
era el orgullo de los modernos Helenos. No pude menos 
de recordar desde luego, lo que sin duda, al hablar de él, 
les decia Tirteo i los Griegos : 

« Opprobre á tout guerríer daas la vigueur de Fftge^ 
a Quis'enfnit comme un Iftche en spectacleau vainqueur; 
tt Tañáis que ce vieillard prodigue avec courage 
« ün reste de vieux sang qui réchauffait son coeur. 

(C. DB Lav.) 



INDEPENDENCIA DE LA GREGU. 2S5 

El Sr. Wiethoff» quieo hasta ahora casi se habia estado 
m statu guoy bailó con perfección ; desplegó una fuerza en 
los jarretes y una precisión en su baile que le atrajeron un 
torrente de aplausos. 

Las griego-mexicanas, hicieron el ejercicio con una des- 
treza suma, y con una desenvoltura sin igual; batiéronse 
como si estuviesen en Molino del Bey, y probaron á los 
torcos que no era tan fácil como se lo suponían depasser 
sur le ventre k unos enemigos, á quienes con todo y que- 
riendo, no les era dable poner cara fea, conoo es de orde- 
danza entre portugueses. 

No ddt^emos olvidar al maquinista. Al señor Candil le 
sobran Itscesen el arte que profesa. Todas sus decoraciones 
fueron de un gusto exquisito; y en ellaá consultó admira** 
blemente la perspectiva. Su talento y pureza en el dibujo, 
ya nos hablan sido revelados por los numerosos carteles 
que los más son obra suya : hoy ha invadido una esfera 
más lata, á la que supo dar brillo con sus bien estudiadas 
pmceladas. Es de desear que el gobierno al ver las dispo* 
aciones nada comunes, que para la pintura teatral denota 
el Sr. Candil, le mande á Roma y París para que pueda 
perfeccionarse con el estudio de las obras maestras que en- 
cierran la ciudad eterna y la reina de la civilización. ^-^ 
Protección á las bellas artes, es lo que pide el »glo; la in- 
vocanotos á favor del Sr. Candil» destinado á dar lustre á 
su patria, si ella le tiende la mano, como nosotros nuestra 
mal tajada pluma. 

Mr. ANTi-piEaifA Seca. 



256 1850 

UNA LEGUA DE LODAZAL, 

ó S£A BL CAMINO BE TlGUBAYA. 

(alaotio senescuDt.» ) 
«Envejóceose eo la ociosidad.» 

A modo del hijo del Zebedeo, bien puede aquí el autor 
de cualquier comunicado , nutrirse con langostas , por la 
sencillísima razón de que predica en desierto. En vano mi 
pariente, el Sn D. Antonio GharcQ de Lagunazos, en el 
Monitor del 3 de Setiembre de 1848, artículo intitulado : 
Un camino navegable , se desgañitó contra los peageros 
del camino de México a Cuautitlan ; allí siempre se co- 
bra : alU siempre se nada. Tan solo, ahora, para los de á 
pié, hay una chalupa. ¡ En dos años es un adelanto ! 

Últimamente unos peripatéticos, íntimos amigos mies, 
que pertenecen á la escuela de Aristóteles, como á la de 
Diógenes, los insomnes serenos, por eso de las linternas, 
se esforzaron en un articulo que vio la luz en el Monitor del 
4 de Mayo de este año, en reprimir los avances de un 
geófago ribereño, en el camino de Tacubaya, vuelto por 
él, largo y angosto! \ bien poco consiguieron; y en tres 
meses, el sugeto de quien se quejaban, devolvió y compuso, 
pasado el primer puente que hay desde Chapultepecá Taca- 
baya, unas 30 varas del camino, del lado izquierdo, con 
lo que se dio fin é. la obra I 

Hoy como en dicho camino va creciendo el peligro de 
enfangarse, de volcarse, de encojarse, de matarse, etc. , etc., 
yo, el infrascrito que voy á Tacubaya con frecuencia, y 
soy un andariego de xndisjárret que el Judío errante, me 
presento ante las columnas del Monitor, para ver si puedo 
conseguir algo, tocante al rectas facite semitas ejm, 

In otio senescu?itl.... Esas palabras que van dirigidas á 
los encargados de cuidar de los caminos, son un reproche 



CAMINO DB TACCfiATA. 257 

amisloso que no quiero agriar con eapresiones ofensivas. 
Si la indolencia es el vicio de los claustros, si el infeliz 
Lazzaroni encuentra en ello un consuelo en su miseria, 
confesaremos que le íravail est la loi de la societéf (que el 
traoajo es la ley social.) 

¿No abraza el hombre k la naturaleza toda en sus espe- 
ranzas y en sus deseos? El es el que surca las olas, es- 
cava las entrañas de la tierra, y si también le hemos viste 
usurpar las regiones del aire, es que su fuerza de espansion 
es aun mayor que la de los m&s poderosos gases. Sin el 
trabajo, el globo entero quedarla baldío : con la indolen- 
cia, nada fructifica para la vida civilizada. Los Romanos 
decian que cada uno le debía cuenta á la república, no 
solo de sus acciones, sino igualmente de sus ocios : ¿que- 
remos, adoptar aquí cetíe inerte beaiitude (esa inerte bea- 
titud ) de los Orientales , ó la posición horizontal de los 
lánguidos Sibaritas, que en el doblez de una hoja de rosa, 
encontraban motivo suficiente de insomnio? — ¿Qué dicen 
ustedes, señores encargados de los caminos, de este ser- 
món? ¿se les podrá aplicar su testo, in olio senescuntJ 

Si nuestros vecinos del Norte siguen el ejemplo de esos 

animales que, con razón, llamamos sociales^ cuales son los 

castores j las hormigas^ y las abejas ; ¿imitaremos nosotros, 

por desgracia, á los que encierra la familia des iardi- 

grades, (de los tardigrados) que se arrastran dolorosa- 

mente, sin cuidarse siquiera de su propia conservación?.... 

No, no lo creo. México, como todos los pueblos, esperi- 

menta ese ansia espansiva, incansable, nacida del deseo 

de estender su existencia ; anhela por ocupar el rango que 

le está asignado ; quiere ver su agricultura florecer, su 

industria prosperar ; y si los gobiernos apáticos que su 

mala suerte le departió, no han labrado su felicidad, suya 

no es la culpa ; sobre sus hqmbres de estado que gravite 

toda la responsabilidad. 

17 



258 1850 

Sin medios dé comunicación, ¿qué importa que los labo- 
reos del campo den un resultado feliz; que haya semillas 
en abundancia ; harina, maderas, maiz, azúcar, café, etc., 
que exportar ; que haya industria ; que se cubran nuestros 
campos de algodón que la alimenten, quedando un sobrante; 
si no hay caminos, y si en un radio de cuatro, tres, hasta 
de una legua de esta capital todos les tránsitos están obs- 
truidos? 

Si no se cobraran con toda la puntualidad debida peages 
bien crecidos, nuestros reclamos, vista la pei*petua escasea 
del erario, parecerían injustos; pero, ¡sábelo Dios, que no 
es así! En ninguna parte se exigen los peages que aqd. 
El camino de Veracruz, el de Morelia, el de Querétaro, 
todos tienen sus oficinas recaudadoras, cuyas exigencias, 
en nada acallan el abandono en que dejan las vias públi- 
cas. En Veracruz; ¡oh dolor! desde tiempos inmemo- 
riales, se paga un derecho asaz considerable para un camino 
de hierro fantástico, que con lo que se ha gastado en él, 
podian haberse unido los dos mares sin ayuda de vecino. 

También de México á Tacubaya se proyectó un camino 
de hierro ; y fiado sin duda en esas esperanzas poéticas, 
el Ayuntamiento de esta capital, ó el que llena sus veces, vi6 
con cierto desden un camino de tierra, por ser en sumo 
grado trivial y plebeyo ; y con todo, volveremos & repetir : 
¡Dios lo sabe, y el señor gobernador también, que no hay 
otro ! Escusado me parece decir que el Supremo magistrado 
de la nación tiene que pasar por ese camino lleno de hoya- 
das, de tres á cuatro veces á la semana; pero, como 

dicen ¡niporesasl Parece que han jutado, que 

aquí no habría de practicable mas que el camino del 
cíelo. 

El pésimo estado del camino de tacubaya, en este 
tiempo de aguas, es debido puramente á la especie de bar- 
becho que le dan los carros de los niolinos con su enorme 



GAHINO 0B TAGUBAYA. 2S9 

peso y ruedas afiladas: abren en él en toda su longitud 
unos hoyitos de tres cuartas, hasta de una vara de profun- 
didad. Les molineros del camino de San Cosme son más 
prudentes: conducen hoy sus harinas (por eso también de 
los huecos reales del camino real,) á lomo de muías : ¿no 
se les podría exigir otro tanto en esta estación á los mo- 
lenderos de Tacubaya ? • 

El ningún temperamento que se toma, á pesar de la 
grita universal contra los caminos, hace llegar mi ira á un 
estado verdaderamente fosfórico ; es decir, que echo chis- 
pas cuando me hablan del partido conservador. Al pié de 
la letra tomo el sentido de la palabra conservador^ y veo á 
unos hombres optimistas que quieren observar un staiu quo 
general ; que quieren conservamos los caminos como es- 
tán» los Jesuítas como van, la justicia cómo sigue, y las 
campanas de San Bernado como suenan. (Son las más 
molestas )• Esos son los que pretestan y arman tanta al- 
gazara en contra de las ideas liberales, con las que se 
agrian tanto los no muy encubiertos camotes que han con- 
geniado con el suelo de Querétaro. 

A la vista de un porvenir tan funesto, que me sea lícito 
presentar á mi candidato que lo es el Sr. D. Mariano 
Arista, esperanzado en que, á muy pocos conservadores 
conservará á su lado. — D. Antibuzuqueo. 

E. M. 



m 1850 

compañía monplaisir. 

TRIVMFO DE IíA €RV1S. 

«Ce figne •« haot da del toat britlenC de lonién, 
«QaaDd Diea ee fera Toir en wn grend triImBa!, 
«Sera de aet élos le Uenheareez fanal, 
«Et dee Tictorievx PeeUtante ¡WBoüre. 

(P . COK1IIII.U, Imit. deJ, C.) 
ffoc iigno vineei. 

Desde que Constantino venció ó Magencio, esa fué la 
divisa que, estampada primero en el cielo, brilló después 
en los estandartes de los emperadores de Oriente. Ese 
signo de nuestra redención que, no en balde supo invocar 
la compañía Montpiaisir en el Triunfo de la Cruz^ acaba 
de asegurar á estos admirables artistas un suceso comple- 
to, que, humedecidos los ojos, victoreamos con entusiasmo. 

No porque Anti-pierna Seca, en su artículo del Monitor 
del 16 de Febrero, defendió el baile de la Esmeralda de 
los ataques de esa intolerancia absurda, que aun hoy exco- 
mulga los Misterios de la Inquisición^ (es decir, la hista- 
ría) ; no por eso debe ponerse en duda sus principios orto- 
doxos : paisano de San Luis, si se le llamase & una novena 
cruzada, hecho un Camilo, seria quiz& uno de los prime- 
ros en seguir las huellas que le trazara otro San Bernardo. 
En virtud de esa profesión de fé, séale lícito, pues, tributar 
al baile del Triunfo de la Cruz, los elogios que se mere- 
cen su acertado título y su incomparable ejecución. 

El Sr. Montpiaisir en el papel del conde Federico, se vé 
rodeado de más tentaciones que el mismo San Antonio. En 
vano quiere resistir á ellas : la mariposa le circunda con 
tantas seducciones, que en ese suelo más escurridizo que el 
de la calle de los Meleros, no dura mucho la lucha, y por 
tierra viene á dar todo el plan de reformas del infeliz Fede- 
rico. En estos momentos críticos en que las pasiones supe- 



m, f 



compañía MONPLAISIR. 261 

ran á la razón, el Sr. Monplaisir nos confirma más y m&s 
en la opinión que de él tenemos formada, de que es un 
mimo consumado. 

M&s naturalidad en el jesto, más nobleza en el porte, 
méis entendimiento de la escena, no se le puede exijir i 
ningún artista. Si por los aires vuela el Sr. Monplaisir, su 
agilidad es asombrosa: si al contrario consiente en quedarse 
en el suelo, su pantomima es inimitable. De la pantomima 
no se puede suficientemente ensalzar la dificultad, la belle- 
za, aun diré m&s, lo sublime. Todo lo puede y lo ha podido 
hasta el extremo de que, (no la semana pasada) habiendo 
Cicero desafiado al célebre Cómico Roscio, á que en sus 
jestos reprodujera sus armoniosos períodos , lo hizo ese 
artista con tanta flexibilidad y precisión, que se confesó 
vencido el rey de los oradores, exclamando que tenia Ros- 
cio : loquacissimas manus^ verbosos difitos, süentiumque 
clamosum. El mismo talento posee el Sr. Monplaisir, y de 
él & Roscio, (á quien no he tenido el honor de conocer) 
creo que voy al primero. Nada digo de los suntuosos tra- 
jes con que se presenta vestido el S. Monplaisir; de lo bien 
que le asientan, al que el famoso pintor David hubiera ele* 
gido de modelo, cuando en el cuadro de las Sabinas tuvo 
que delinear k su Rómulo. La ilusión fue completa, y todo 
el tiempo que este artista bailó, fué admirable su lijereza, 
et s'est, (lo que llamamos) , surpassé. 

Vestida de paje la señora Monplaisir, tiene de üríelmbs 
gracias que todos los espíritus malignos y demonios caseros 
juntos. Sus menores movimientos, sus miradas, su aspecto 
travieso, todo en ella es encantador. Cuando adormece 
primero á Federico, y que disfrazada de ninfa, le despierta 
y se le presenta, es, en toda la extensión de la palabra 
adorable. Enajenado á su vista el conde, parece que se le 
oye repetir con el erótico Parny : 



262 1850 

« 

« ¡Adieu sagesse^ adieu projets^ 
«Revenez enfants de Cythére; 
«Je suid plus faible que jamáis! » 

Si más de diez veces se disfraza la Sra. Monplaisír, diez 
veces desplega gracias enteramente nuevsus ; de ellas tiene 
un acopio, y son tan poderosas , que á Federico, lo mismo 
que al público, los envudve á todos en un arrobamiento, 
del cual es penoso salir. ¿Qué modo tan aéreo de bailar, el 
déla Sra. Monplaisir, qué vaporosa toda ella! Sí, lo juro, 
bien puede, como la Camila tan mentada, bien puede cor- 
r^ encima de las espigas sin doblarlas* Los aplausos que 
en el baile del Triunfo de la Cruz recibió 1a sin par pareja 
Monplaisir, fueron tan estrepitóse^, que rae recordaron los 
clamores, casi universalistas^ con que en las Cámaras de 
Francia, un dia, quiso la derecha sofocar los elocuentes 
acentos del inmortal Foy. Fué cuando exclamó ese insigne 
arador; ^'¡Taisez-vous done Messieurs^ on dirait que le 
Rhin coule dans ceite assembléer 

El Sr. Cornet bailó, como siempre, con su nobleza car 
racterística : sus ademanes, su porte son enteramente de 
bon ton^ y es muy difícil que ningún artista le iguale en 
elegancia. 

La Srta. Bpulan, digna compañera del Sr. Cornet, no des- 
miente el nombre que lleva de Mariposa^ vuela, propia- 
mente hablando. Todos sus pasos los demarca con la pre- 
cisión, la gracia que la son peculiares, y la conquistan los 
aplausos más merecidos. 

La niña Blondeau, de Lelia^ es la gracia personificada; 
8U estilo de bailar, no es de grande aparato, [de grand 
apparaf) pero, sí, suave, deleitoso como sus encantos juve- 
niles : no baila^ se desliza por el suelo, de que todos se 
encelan. Ejerce la amable Blonditeau una fascinación t9l 
en todos los espectadores, y en Anti-pierna Seca en parti- 



compañía VONPLAISIR. g((3 

calar, que sé encuentra uno casi sin fuerza para aplaudir. 
Les diré por qué. ... ¡es que ya no queda sangre en los de- 
dos; toda ella refluye hacia el corazón! 

Corby, de Jacobo, es rival de nuestro famoso Vemet des 
Varietés^ en su papel, ü a tant d'esprit qiiil en est béte. 
Tan solo con mirarle, es fuerza reirse; definitivamente, es 
el rey de los graciosos. 

Rossi, de Bekebutj lo mismo que de Frollo, tiene pre- 
cisamente un aspecto infernal ; es un mimo perfecto que 
habla con el jesto mucho mejor que otros con la lengua. 

WiethoflF, á quien hemos visto bailar á las maravillas, 
tiene en el Triunfo de la Cruz el modo jadeante de andar 
de un verdadero pirata ; su acción es en extremo natural, 
y llena su papel con una propiedad nada común. 

Las decor^-ciones del hermoso baile del Triunfo de la 
Cruz pintadas por el Sr. Riviére, rivalizan con la misma 
naturaleza, y forman unos panoramas que envidiarían los 
mismos Daguerre y Bouton. 

Pero, ¿para qué es hablar ya de los admirables artistas 
que reclama la Europa? Felizmente para ellos, la tierra de 
México les ha sido lijera; el aplomado Cólera no les ha he- 
cho sentir su peso. Siempre temíamos que esa epidemia 
asiática viniese ^ reclamar, como paisanas suyas, & las 
ravissaníes bayadéres^ Monplaisir, Boulan y Blondeau. 
Llevándose la última, hubiera tristemente exclamado con 
Malherbe. 



^Et rose elle a vécu ce que viv^nt Ibs roses 
^'L'espace d'un matin!" 



Copsuélate^ .pu!^^.* Anti-pierpa Seca; y sigan sus triunfos 
]W^d<^, qpQ dulcificaron la época m&s aciaga de la plaga 



261 1850 



que nos diezmó durante tres meses. Solo acuérdense, ama- 
bles artistas, allá, en medio de las hechicerías de sus 
bailes, de su verdadero amigo que les dice.... adieu!.... 



M. E. Anti-Pierna Seca. 

4^ 



VARIACIONES 

SOBRE EL TEMA : CAMINO DE TACDBATA. 

« Deui noUi hme otia feeii. » 

( Bdcol, Egl. 1.«) 

Por un beneficio de Dios, vivimos rasc&A- 
dODOs la barriga. 

El Ó los que deben cuidar y no cuidan de la compostura 
de los caminos, sin duda repiten con el muy flojo de Títiro : 
«... Deus nobis hosc otia fecit^ [en francés :) Dieu nous 
procure les moyens defláner. En efecto, la Providencia que 
ha visto este pais con una especie de cariño que no se 
merece, tan breve inutiliza sus caminos con las lluvias 
abundantes que le manda, como de nuevo los vuelve medio 
practicables, por la extraordinaria seca que se sigue al 
temporal. Descansando sobre esa escala de sequía y hume- 
dad que tan invariablemente recorren aquí las estaciones : 
y confiado precisamente en el clásico post nuhila PhaHm^ 
el Inspector de puentes y calzadas en nada se acongoja to- 
cante al miserabilísimo estado de unos caminos que no se 
digna recorrer, k su parecer, ese defecto es un mal mo- 
mentáneo, una transición puramente. De la convicción que 
se formó aquel científico, resulta, que si de vez en cuando 
entreabre los ojos, despertado por los gritos que lanzan 
millares de transeúntes atascados, al instante los vuelve á 
cerrar, murmurando soñoliento : « ¡no sean ustedes es- 
« caudalosos, imprudentes, porfiados, testarudos, encala- 



GAMIIVO DE TiGDBATA. 265 

€ brinados, etc., etc., que la Providencia todo lo rerae- 

• diarál ¿No ven ustedes que si ni yo ni mis compañeros 
« trabajamos, es porque, como lo dijo expresamente para 
t nosotros el Sr. D. Maro Virgilio, y eso con mucha anti- 
t cipacion, — cosa de 90 años antes de J. C, : — Deus 

• nobis hwc otia fecit, Dios hizo que no hiciéramos nada : 
« ¿qué réplica le encuentran ustedes á eso? » 

Sirva lo que acabo de decir como de introducción á las 
quejas amargas que voy & formar. Es preciso buscar hasta 
en los textos profanos, los motivos de incuria que ostentan 
los que vijilan sobre los caminos; y en mi antiguo conocido 
* Virgilio pienso haber encontrado las razones en que se 
fundan esos señores para no moverse ni tomar cartas en un 
asunto encomendado, según ellos, á la Divina Providencia. 

Cuatro dias después de nuestro último comunicado : 
Un lodazal de una legua ^ inserto en el Monitor del 21 de 
Agosto de este año, hubo de parte del inspector de puen- 
tes y calzadas como una especie de alegrón : pusiéronse 
trancas del lado de los arcos que mira al pueblo de Romita, 
como si de cabo á rabo se fuese á componer el camino ; 
pero, ¡vanas ilusiones! nada se hizo! Tan solo, durante 
unos cuantos dias, se aparecieron tres ó cuatro jornaleros 
que salpicaron de cascajo y arena cosa de 20 varas del ca- 
mino cuando m&s; pasado lo cual, se retiraron todos k sus 
casas, exhaustos los pobres por el inmenso sacrificio que 
le habian arrancado nuestros clamores. 

Desde el terremoto de Santa Cecilia (que no nos dio mala 
música), y que anotó, corrijió y aumentó considerable- 
mente el de San Epifanio, se cambiaron los acueductos en 
un larguísimo filtro, que por sus innumerables hendrijas 
deja escapar no sé cuantas pajas, limones, naranjas, sur- 
cos 6 bueyes de agua. De ese desperdicio enorme que ven 
con la indiferencia acostumbrada, ha resultado que el car 
mino de Tacubaya, barbechado por los funestos carros 



m 1850 

de la harina, por los caches» carricoches, ómnibus, simo- 
nes, chanclas, etc., etc., se ha vuelto decididamente un 
terreno de riego. Los hoyos de más ó menos profundidad, 
^ue k cada paso se encuentran en él, adquieren de dia en 
dia una importancia mayor, por el remojo continuo que 
Jos acueductos les proporcionan. Llegará sin duda la hora 
en que la acequia , penetrando en esas partes ahuecadas, 
trasformará tantísimos charcos, que ya habrán simpática- 
mente confundido sus lodos, en un nuevo mar Rojo, el cual 
]por nuestros grandes pecados !.•• no tendrá como antes, 
la gracia de abrirse para que pasemos, sin que siquiera se 
nos mojen los calcañares. 

Si es cierto que proyectan componer el camino de Tacú- 
l>aya, cosa que no me atrevo á creer, empiecen por remo* 
ver la causa para que cesen los efectos. Atiéndase, antes 
que todo, á la filtración prolongada de los arcos; y supri- 
mido este mal, muy fácil será aplanar un camino que con- 
duce á la mas deliciosa de las villas, que desde sus alturas 
contempla desdeñosa k la orguUosa México, sentada ma* 
jestuosamente en la más pestilente de las cloacas. No gas- 
ten superfluamente el dinero que reclama la reposición de 
los arcos, en una exposición de flores, siempre raquítica en 
invierno, y que hace muy poco amena á la vista el told(» 
andrajoso que la cubre. Ignoro como se llama el Horabre- 
Náyada que preside aquí á las aguas, pero por el aban- 
dono que se nota en su departamento, es muy digno de 
que se le quite el destino, lo mismo que el suyo al inspector 
fantástico de puentes y calzadas. 

Dias pasados estábannos en el ómnibus, en camino pajiL 
México, cuaado, de repente, vimos venir al Sr. Azcárate» 
En ese momento sentimos las mismas titilaciones de esspi^ 
Tanza que las que esperimentan unos náufragos, al vérseles 
aproximar un barco salvador. Nos hallábamos precisa 
naente, atravesando uno de los lodazales mas profundo^ 



CAMINO DE TACÜBAYA, 2«7 

« ¡Bueno, dije yol... El señor gobernador, al vernos 
« empantanados, no ha dé tragar esos charcos; puede que 
i desde mañana se proceda á desecarlos, b ¡ Chismes, seño- 
res, inferencias fatuas 1... Ya lo supe : el señor gobernador 
no viene á sondear los hoyos vecinales del camino de Ta» 
cubaya, ni tampoco á cerciorarse de su magnitud : sus cui- 
dados son otros; á lo que va á Tacubaya, es á echar una 
ojeada revisora sobre la calle de San Diego que, gracias á 
ios empeños del Sr. Bardet y á su trabajo personal, se estíi 
componiendo, y que conduce al modesto alcázar del que 
con tanta pausa rije nuestros destinos. No por eso se ha 
podido evitar que uno de los proceres, en materia de dinero 
y en esa misma calle, haya fabricado un simulacro de mi- 
rador en la parte mas angosta de ella, y sobre la misma 
banqueta, so protesto de que á su casa le faltaban vistaa. 
Si hay entre mis lectores algún Santo Tomas que no lo 
quiera creer, que lo vaya á ver. Cuando en Tacubaya se 
notó el defecto que semejante construcción iba á ocasio- 
nar k la cal!e, hubo varias quejas ; y un arquitecto llamado 
de México, declaró que quedaría imperfectísimo el camino, 
si esa falta de alineación no se correjia. La autoridad local, 
en vista de este informe, decidió que se tirase lo edificado. 
Pero, habiendo el dueño acudido al señor gobernador, no 
juzgó oportuno ese majistrado que se llevase ¿ cabo lo 
mandado, sino que, acordándose de que las líneas curvan 
son graciosas, (en el bello sexo, supongo, por los encan^ 
tadores contornos que nos revelan) , le permitió al referido 
personaje, que al contrario, siguiese construyendo más, 
en el espacio que le cedió, comprendido en un ángulo iso- 
cele ó en un scaléne ; importando poco que su base fuese 
desigualmente formada por la parte ya edificada* €on tsl 
-decisión se quedó lo jEabricado parado, y yo también en un 
pié, diciendo : « \miren que casol... » 

Haciéndome á un lado de los charcos, ¿qué diremos de 



268 1850 

los robos diarios, ó por lo menos hebdomadarios que se 
cometen en el camino de Tacubaya?... Al infrascrito le su* 
cedió el lance triste : á su criado lo despojaron á las doce 
del dia^ de dos carpetas azules muy bonitas que por pro- 
tejer á la industria naciente, habia comprado en el portal 
de las Flores, en casa del Sr. Hope; también se apoderaron 
esos comunistas de un plumero alemán de más matices 
que la cola de un pavo, de dos escobas arañeras france- 
sas, perfeccionadas, de una frazada, etc., etc. ¡De veras 
que ya se va indicando el progreso!... Los ladrones ape- 
tecen hoy todas las comodidades de la vida; quieren car- 
petas, relojes de patente ingleses que últimamente le qui- 
taron en el camino de San Anjel á mi amigo Alejandro, 
junto con ps. 300 (y eso es lo malo) destinados & pagar el 
salario de muchos infelices que en la fabrica de Actizapan 
encuentran un modo de vivir honroso. } La industria, por 
mil motivos, debe prosperar aquí : los caminos est&n como 
la palma de la mano; y para llevar el dinero de la raya & 
las fábricas, apenas sí se necesitará hoy de una pequeña 
escolta de m&s de 15 & 20 hombres, siendo el tránsito 
corto! ¿que dicen ustedes? ¿no estamos bien?... 

Una horca eléctrica, en lugar de un telégrafo (1), sería, 
me parece, un descubrimiento más adecuado á las necesi- 
dades del dia : y un cordón de bandidos colgados desde 
Palacio hasta la Minería, formaría bien pronto un seguro 
conductor que le llevase h, la sociedad atemorizada la con- 
soladora noticia de que en lo futuro serían respetados sus 
vidas y sus bienes. 

No habiendo, como no hay hoy, segurídad alguna m 
los caminos (ya que roban las diligencias enfrente de 
Santa Paula, por el derecho del tanto que se disputan, casi 
& su vístalos ladrones) ; ¿no es una imprudencia bien cul- 

(d) Eo esta época se estableció an alambre desde Palacio basta la Mbería, para 
hacer un ensayo. 



CAMINO DE TAGDBAYA, 2$^ 

pable, llamar á México á las poblaciones cercanas, á que 
vengan á admirar su insulsa Exposición de flores y frutas 
que tanto pregonan? Acuden los incautos k ese llama- 
miento ; y la exposición empieza por ellos, porque antes ó 
después de la garita, se ven espuesios á ser despojados de 
cuanto traen, para figurar en las cuadrillas que se van & 
bailar en un terreno destinado á perpetuar las glorias pa- 
trias. Impensadamente, y sacando de ello provecho solo los 
ladrones, imitan ustedes & los romanos, cuando también 
se la jugaron á sus vecinos, llamándoles k unas fiestas, y 
después apropiándose las Sabinas que (dicho entre parén- 
tesis,) no debian tener malos bigotes; pero eso fué un cri- 
men político : une mesure génésigue^ como la llaman los 
franceses, en que estaba interesada la existencia du peu- 
ple-roi. 

Establézcase aquí primero la seguridad pública ; y des- 
pués, podrán ustedes convidar al mundo entero á que venga 
á enajenarse con el prodigio vegetal de ^ub calabazas gente- 
lasj ¡ Eso le dan ustedes, y á pares, á la columna de la In- 
dependencia... Calabazas! 1!... Felizmente, la Exposición 
de flores, no fué más que una sutileza embalsamada de al- 
gún monarquista, de guantes couleur ventre de biche. 

Ya que no hay fondos para elevar la gloriosa columna 
que se proyectó, saqúese esa tierra con que se ha profa- 
nado la obra empezada, y erijan en su lugar una fuente 
benéfica que circundarán con las estatuas de los inmorta- 
les Balderas, León, Frontera, Cano, Vázquez, Jicotencal 
y otros mil héroes que regaron con su sangre generosa los 
campos de Padierna, Molino del rey y Chapultepec. ¡ Qué 
exposición de flores ni qué calabazas en ese lugar! !L.. 
¡Consérvese allí la memoria de los que supieron morir por 
celebrar el recuerdo de las glorias que se trata de borrar ! 

Volviendo á la seguridad que se disfruta en el camino de 
Tacubaya, preguntaré : ¿á qué están destinados, no por la 



270 1850 

naturaleza, pero por su oficio, los dragones que yacen en 
la garita? Infiero que, como hay personas que se desvelan 
por encontrar el movimienío perpetuo ^ quizá esa respetable 
tropa busca, no con tanto afán, el descanso perpetuo; y 
gracias al descubrimiento que practica, me encuentro en el 
dia sin unas carpetas que mucha falta me hacen para el 
invierno. Esos dragones, sin pertenecer á la fábula, ni te- 
tener alas, debían continuamente volar por ei camino, en 
pos de los malhechores cruzarse sin cesar ; y no estar allí 
plantados como la estatua, sin recuerdos, del narigón Car- 
los cuarto. 

Aguardo, y con alguna razón, que se invierta en la com- 
postura de los caminos, parte de las varias contribuciones 
que pagamos, (nosotros los propietarios chicos ó grandes), 
de oficio, alcabala, tres al millar, peaje y otras que nos 
preparan, para reembolsar los papeles antidiluvianos, 
arambeles ó trapos viejos de esos señores que tanto se in- 
teresan por el crédito público, como por la rotundidad de 
sus bolsas que nunca se llenan. 

Si hablo tanto sobre caminos, con algunas digresiones, es 
en el interés de todos : en esa parte soy comunista. Varias 
veces lo he hecho con algún resultado. Hoy se hace burla 
de las reclamaciones, pero soy testanido, y si no se me 
hace caso, volverá á charlar sobre la materia su afectísimo 
y S. S. Q. S. M. B. 

GlARLONB GrIDANDINI. 

E. M. 



I 



ri 



CiiMINO DE TAGUBAYA. 

(con este van cuatro.) 

» Vidi ego quod faerat quondam solidissima tellus, 
« Esefretum » 

(OVID. HSTAM. , LÍB. XV.) 

He visto lo que era tierra muy firme, volverse 
un estrecho. 

Esta metamorfosis, el camino de Tacubaya nos la pre- 
senta todos los días, sin que nos lo cuente como cosa muy 
sorprendente el amigo Ovidio. A resultas de un cata- 
clismo de la naturaleza, se han visto, según dice el preci- 
tado Sr. Don Naso : « Torrentes rápidos irasformar los Ha- 
t nos en valles ^ y las inundaciones hacer bajar los montes 
al seno de las aguas. » 

f Qujod fuit campus, vallem decursus aquarum 
» Fecit : ei eluvie mons est deductus in csquor.ít 

Pero aquí lo que ocasiona los cataclismos físicos, políticos 
y morales, es únicamente la desidia de los hombres, su 
encroútement (una pereza que ya crió costra). Debajo 
de ese encroútement^ como « tortuga debajo de su carapace 
[concha) viven en México los más de los funcionarios á 
quienes el pueblo bondadoso confió sus destinos. 

En mi último sermón intitulado : Variaciones sobre el 
tema bien conocido ya^ de ^ Camino de Tacubaya^^ que 
vio la luz en e\ Monitor del 7 de este mes, prometí que, si 
no se tomaban en consideración mis reclamos, volvería á 
gastar tinta para renovar mis quejas. Lo que me figuré 
sucedió : el inspector de puentes y calzadas leyó mi comu- 



272 1850 

nicado, y según lo acostumbra, le dio carpetazo ; pero mi 
lengua quedó de fuera : óiganla vibrar. 

El camino de Tacubaya, lo repito por la milésima vez, 
es materialmente nuestro via-crucis; es decir, un anfracto 
penosísimo que, nosotros los omnibuseros^ transitamos dos 
veces al dia. Alii los coches se atascan, se rompen, se vuel- 
can ; y creo j vive Dios I que el inspector de puentes y 
calzadas es^ carrocero ; y que si mantiene el camino en ese 
estado vergonzoso, es por el interés de los remiendos que 
le caen de los vehículos destrozados. 

¿ Cómo esplicarse el abandono de que nos quejamos, 
cuando es público y notorio que el Sr. gobernador es hombre 
de empeño, y que conoce el valor de las prendas que se le 
fian, cuales son el bienestar y la seguridad del pueblo que 
siempre clama en vano ? Año nuevo, vida nueva, según 
el adagio vulgar. Estamos en la época del 

« Qu^ritur interúa quis tantee pondera nolis sustiíieat... » 

1» En que se busca un hombre capaz de sobrellevcar una carga tanpesada.ii 

El Sr, gobernador quizá puede ser relevado de supuesto; 
y esa duda, para todos funesta, le mantiene en una inacción 
que no acostumbra, por el desconsuelo que le cabe de no 
poder dar cima á los varios proyectos de reforma que remo- 
linean en su cabeza. 

A rey muerto, principe coronado ; (en francés : le roi est 
morí, vive le roi!) lo de menos era que se quitara á un 
gobernador malo, si debiese entrar otro en su lugar que 
mejor cumpliera con sus obligaciones ; pero rara vez es 
este el caso. Pocas consultas hay sobre la idoneidad de 
los sugetos k quienes se confian los puestos más delicados. 
En cualquiera persona se encuentra luego luego étoffe ó 
sea paño de donde cortar, para hacer de ella un hombre 
de Estado. Este estuvo empleado en contribuciones... ... 



GAUINO DB TAGDBAYl. 273 

' ¡bueno I es. propio para ministro de Hacienda : aquel 

(aunque en dia de batalla se le baja el alma á los pies) 
habla de guerra como César ó Jomini..,. ¡superior I.. •• 
para ministro de la Guerra vale un Potosí ; y si para la 
marina hubiese un departamento aparte, puede que eli- 
giesen para ministro de este ramo al que no se atrevió k 
proseguir su viaje, por parecerle que el mar tenia mucha 
agua. Con razón anda todo como en ferro-carril 

Pero volviendo al Sr. gobernador : si tenemos el dere- 
cho de mostramos enfadados, él no lo tiene para no pres- 
tarnos oido : suum cuigue; (á cada uno lo suyo) ^ y si la voz 
del pueblo es la voz de Dios; {vospopuli^ vox Dez\) debe- 
mos confesar que aquí esa voz imponente no encuentra 
m¿sque un eco bien sordo entre los gobernantes. Al pue- 
blo le toca pagar sus gabelas, es cierto ; pero á los que lo 
gobiernan les incumbe no despilfarrar sus productos en 
cosas agenas de su felicidad. 

Del aumento de esa felicidad debe la prensa ocuparse 
especialmente. f¿ De qué nos sirve que los periódicos 
enronquezcan mutuamente en cuestiones personales? Para 
transarlas y que cesen en lo futuro, castigúese con rigor al 
que prevarica, y no tendremos ya el tedio de leer á cada 
rato la historia de unas recriminaciones personales , cuya 
publicidad no hace más que desacreditar á la nación. 
¿Para qué también glosar tanto sobre esas excomuniones 
añejas que se fulminan contra el relato de las verdades 
monstruosas de un tribunal inicuo? (1) Buenos años ha, 
que su secretario Llórente vendió la mecha de esas quemas 
espirituales. Esos rayos de la Iglesia, del tiempo de Gre- 
gorio V, ya no tienen fuerza ; les falta la electricidad del 
fanatismo, de la mala fé y de la intolerancia de aquellos 
tiempos de barbarie. ¡ Oh España heroica, ya no te se 



(!) Léase nuestro artículo « Un paseo á las Cadenas en una noche de luna. ■ 

18 



274 1850 

aplicarárn hoy los versoB que en su Néme»s, buriló con aa 
pluma corrosiva el poeta Barthélemy ! 

tt ; Triste peuple, cadavre empoissoniié d'ulcéres. 
<x La vermine du eloitre a rongé tes viseares ! v 

(Triste pueblo, dañado por úlceras, las sabandijas 
del claustro han raido tus visceras.) 

En esa parte, México se niveló con España, y aborrece 
hasta el recuerdo del tribunal humeante que en el espacio 
de seis siglos diezmó á la especie humana. 

Lo que debe fijar nuestra atención, es que haya justicia 
en la justicia; seguridad individual; caminos {no reales) 
nacionales en todas direcciones ; industria agrícola, fabril 
y minera: y atendidas esas cuatro necesidades, el pais 
será feliz ; y el viejo mundo, atormentado por sus fiebres 
políticas, refluirá hacia el nuevo, que encierra tantos ele- 
mentos de felicidad. 

La cuestión del camino de Tacubaya nos conduce, sin 
sentir, á otras de la mayor trascendencia ; y si no las pro 
fundizamos, es por la indiferencia con que se leen. Lo 
único que aquí causa estrépito, y se considera como netgo- 
ció del mayor interés, es cuando se versa algún asunta 
financiero para el provecho de diez ó dece personas (aves 
todas de la familia de los accipitre$ ó de rapiña) : entonces 
sí se nombran juntas ; son llamados á ellas los hombres más 
empapelados^ de más dinero y de más influjo ; se reviven y 
clasifican todos los papeles mas andrajosos, amarilleadod 
por el tiempo^ de antes, de cuando, de después de la inde- 
pendencia; de durante la ocupación, etc., etc.» etc.: tienen 
más nombres esos papeles, que variaciones la Polka» En 
esos lances d£ bolsas llenar^ se nota una actividad prodi- 
giosa ; pero si se trata de hacer salir á la nación del caos 
en que gime, todos esos mismos hombres, al contrario, lla- 
man ensueños las mejoras sociales que cada uno invoca. 



CAMINO DB TAGUBAYA. ' 275 

porque como lo dicen ellos entre sí ; ^ dejen ustedes que todo 
turbio corral on peche en eau trouble: » [á rio revuelto^ 
ganancia de pescadores.) 

El egoísmo es el que perpetúa la infancia de México, y 
no mejorando caminos (incluso el de Tacubaya) , no cono- 
cerá esta infeliz República, de las cuatro edades de la vida, 
más que la primera y la última. ¡ Dios quiera que no se 
cumpla la profecía de S. S. y amigo Q. S. M. B. 

ClARLONE GriDANDINI. 



1851 



Í79 

CAMINO DE TACUBAYA. 

Hace tres meses que existe en el segundo puente del 
camino de Tacubaya que mira k la Teja, un agujero donde 
va cabiendo poco k poco medio ómnibus. El Inspector de 
puentes y calzadas lo conoce, lo ha visto, lo ve y lo verá, 
sin que ni comezón sienta demandarlo tapar.... ¿Aguar- 
dará que llegue la estación de las aguas, para que haya 
que emprender triple gasto y trabajo para tapar ese 
boyazo? 



CAMINO DE TACUBAYA, 

QUE YA ME TIENE KONGO. 

« Si pote» hic salíem monitis parere paiérnis 
tt Parce^ P*^^» síimnla^ et forUút u(€r$ lorU^ 

a Sictus in obli^um ett lato curvamim ¡unes, 

(OVID U£T., lib. fl.) 

Si puedes entonces seguir á lo menos los con- 
sejos de un padre, economiza, hijo mío, el iáügo, 
y usa más á menudo de la rienda. ••..••. 

hay un camino trazado por una línea oblicua. 

Los consejos que en otro tiempo le daba Febo a su mal 
liabido hijo Pbaelon, cuando á este lampiño se le antojó 
guiar el carro del sol; esos mismos, sin necesidad, le pro- 
diga el Sr. Zunituza al muy prudente Antonio, conductor 
de ómnibus, para que se precava del sumidero que existe 
hace más de tres meses en el segundo puente del camino 
de Tacubaya» al salir de México, y cuyas dimensiones he- 
mos delineado ya en el Monitor del 8 de este mes. Ese agu- 
jero, que seis veces al día amaga tragarse al ómnibus j fá- 
cilmente se taparía gastando en él la enorme cantidad de 



280 1851 

tres pesos: pero vistas sin duda las escaseces de la Muoi- 
cipaíidad, el susodicho precipicio adquiere por estremeci- 
miento, cada día, una importancia mayor, angostando más 
y más el desfiladero del puente, á modo del de las Ter- 
mopilas. 

Habiamos pensado (j lo que es la imprudencia de los 
hombres !) que á la menor indicación ó reclamo, se apresu* 
rana el Sr. Inspector de puentes y calzadas á remediar 
el daño de que nos quejábamos : pero ¡bendito sea Dios ! 
ni razón ha tomado de nuestras tribulaciones. Suponemos, 
es fuerza creerlo, que el referido funcionario se ha persua- 
dido de que pasando por el puente y cabiendo su caballo, 
hay margen suficiente para que por allí ruede un coche : 
] vaya unos encuentros de caballo I.... 

Vires adquirit eundo (andando adquiere fuerzas) ; esa pro- 
piedad que tienen los globos, no disfrutan de ella los que 
en el camino de Tacubaya trabajan en la reposición de los 
arcos. Más andan, menos andan; y desde Diciembre del 
año que murió están en la obra, que por su duración pa- 
rece ser de romanos. Con todo, es preciso en esa parte ha- 
cerle justicia al Sr. inspector, porque á poco de publicado 
nuestro comunicado del 6 de Diciembre del año pasado, 
procedió á la compostura del acueducto, y desde entonces 
hemos rodado por el camino, y no navegado, como antes 
lo teniamos de costumbre. 

No tenemos, cuando escribimos, la intención de molestar 
á nadie; pero sí la de suplicar al gobierno que mejore el 
estado de uno de los caminos más transitados ; no vaya i 
suceder que visto el abandono que reina en el camino de 
Tacubaya, solicite alguien de los muchos ciudadanos meri- 
torios que tenemos, el privilegio para componerlo, ven- 
diendo después aquel privilegio, vuelto su propiedad, á 
nuestros amigos del Norte, como se hizo con lo de Tehuan- 
tepec. 



CAMINO DB TAGOBATA« 281 

Esas mejoras materiales, inclusas otras de magnitud 
mayor, como la del paso de un mar éi otro, debían ser obra 
de los Mexicanos ayudados por una emigración amiga, 
protegida por ellos de todas maneras, aun por esa libertad 
de cultos, á la cual infundadamente le tienen tanto recelo, 
Pero invocar extranjeros para ejecutar lo que uno mismo 
puede hacer, es imprudente, á la par que bochornoso para 
una nación que la Providencia se ha cansado de favorecer. 
Ya se ve que á esas empresas solo se lanzar&n unos hom- 
bres de movimiento que llamarán ustedes de fuera y que se 
les asociarán; pero no hay que desperdiciar el tiempo^ ni 
alarmarse k la vista de unas leyes latamente protectoras de 
la emigración. Une géniration pousse Pautre; (una gene- 
ración empuja & la otra) el padre muere, los hijos quedan, 
como el árbol al cual reemplazan sus retoños. 

Dicen ustedes (estilo rancio) que viniendo muchos ex- 
tranjeros & colonizar, se perder&n las costumbres. ¡Absur- 
do de los absurdos!.... El que pierde no solamente sus 
costumbres, pero también su propia lengua, es el extran- 
jero que viene k radicarse aquí. Al cabo de algunos años 
de una comunicación de todos los dias con los hijos del 
país, no habla ya mas que un dialecto amueblado con es- 
presiones castellanas ; y á los veinte años de residencia, 
muchas veces ni una sola palabra de su idioma natal puede 
escribir con propiedad. Ahora les pregunto : ¿quién perdió 
sus costumbres, el extranjero ó ustedes?.... Eso de la pér- 
dida de las costumbres, es una idea falsa que les ha infun- 
dido cierta clase privilegiada (1) que, siá mi entender, 
se puede vestir de luto , es por la muerte que ha causa* 
do.... la del progreso. 

Volviendo al camino de Tacubaya, del cual nos hemos 
estraviado, diré que desde nuestro primer remitido en el 

(I) Los clérigo!. 



Monitor r fecha 4 de Mayo del año ya cadáver de 1850, no 
8e ha podido conseguir que acabase el ribereño de eusajü- 
char el camino, pasado el puente de Chapuitepec & Tacu- 
baya. Conociendo la justicia de las razones que en aquella 
época emitimos, empezó la obra con mala voluntad ; y en 
todo un año no se le ha devuelto al camino ni una tercera 
parte de lo que le pertenece. Cada maguey que arranca el 
ribereño le cuesta un sollozo, una lágrhna quizá; y en esas 
ternuras pasamos el tiempo, quedándose el camino imper- 
fecto, y de una angostura peligrosa. Últimamente el 
ayuntamiento de Tacubaya mandó que se pintaran todas 
las casas ; cada uno obsequió gustoso una orden de aseo 
exterior : el único edificio que se eximió de ella fué el pri- 
mero que está á mano izquierda, viniendo de México, y 
cuyo aspecto llorón y sombrío hace un feo contraste con la 
alegría interior de sus trojes atestadas de unos frutos que 
tanto escasean. 

Lo que solicitamos para Tacubaya, es lo que se merece, 
(por ofrecer al enfermo, ádos pasos de la capital, un reme- 
dio á sus males) es más agua de la que hoy tiene. Mucho 
tiende á engrandecerse aquella hermosa villa; y aun^eután- 
dose el agua, se duplicará la población. De allí se origina- 
rán ventas de terrenos, que de su valor dejarán un cinco 
por ciento al erario, lo mismo después que un tres al nñ- 
llar, sobre las casas que allí se edifiquen. Hágase otro tanto 
en toda la extensión de la República, y cesarán en parte 
esas coxii\n}Xd& jérétniades ó lamentaciones sobre la falta de 
recursos: los hay, el caso es buscarlos. Rato ha que el go- 
bierno no está en sus quince.... millones (1): que aprove- 
che, pues, la edad viril ; sino, para la República no habrá 
más transición que la de la juventud á la caducidad. 

Tío Adelante. 

{%) Los que se dieroo por la Galirornia. 



S83 

CAMINO DE TACUBAYA. 

SON STET£ CON £$T£ (l). 

* Pronaqu9 cum speetent animália eoBtera terram, 
m Os homUii sMime deáii ; cmhamque tueri 
« Jussit, et creclot ad sidera tollere vultus, » 
(OviD. Metam., lib. I.) 

« El hombre favorecido entre los demás aDímales 
<x que con la cabeza inelinadn, tniran 9í tierra, pudo 
« cootemplar lo» astros, y fijar en el cielo sus 
<c miradas sublimes.») 

Paes, señores, en virtud de lo dicho, nps hemos quedado 
ciertamente aquí, como dicen los franceses \ le bec en tmt 
(con el pico al aire) ; por eso nada ó muy poco vemos de 
k) que pasa en la tierra. Un beneficio de la Providencia 
fué para nosotros un mal positivo; y abusamos diariamente 
de la posición vertical con que se nos gratificó, para no 
pensar mas que ^ las musarañas , ó seguir sin duda en el 
vado el curso caprichoso de los átomos gafos que flotan en 
la atmósfera. Bueno fué que Descartes, que ei^ todo un 
filosofon, se ocupase, k bec en Cair^ de la matiére subtile^ 
(de la materia sutil) de la cannelée (de la acanelada), para 
esplicarse como buen berege que era, la formación del 
nmndo; pero que un trivial inspector de caminos, cuan* 
do pasapcHT z\ de Tacubaya, se meta también, mirando 
á las nubes, en formar conjeturas sur les tourbiUom (so- 
bre los remolinos,) sur les r aclares^ (sobre las raeduras) 
y demás ensu^os de un diz que gran pensador, en lugar 
de atender al suelo que pisa; ¿no es eso estar completa* 

vsfíoiQ de malas? Mientras tanto á nosotros los del 

Ómnibus^ nos llega el agua hasta el pescuezo, merced & 
las contemplaciones sublunares de un corre-caminos sar 
Inonda 

(i) Véanse los anteriores arUcuIos deU y 8 de mayo, SI de agosto, 7 y 27 de 
x de ÍB50, y €7 de meye de i8SI» f Yaya ana klstoria larga L- 



284 1851 

No se puede ya transitar por esos fangos, (no de Dios) 
del inspector; y el camino de Tacubaya en lugar de tener 
la figura de un dos (Tdnej (lomo de burro) que no le puede 
ser desconocida á dicho científico, forma una especie de 
berceau (cu^a,) que conserva sin desperdiciar una gota, to- 
das las aguas que nos proporciona el superabundante des- 
peño de las nubes. Para mayor desgracia, los carros de la 
harina, montados sobre ruedas de medio geme de ancho, 
cavan y ahondan las tierras del camino, de tal suerte, que 
si no se remedia pronto, nos quedaremos un dia sepul- 
tados en esas profundidades, como un bajel entre dos olas, 
perdiéndose de vista al conductor Antonio, nuestro único 
trinquete. 

Ya hemdls indicado en nuestro comunicado del 21 de 
Agosto de 1850, inserto en el Monitor; que era preciso en 
tiempo de aguas, obligar k los señores molineros á tra^ 
sus harinas & lomo de muías, como se ha hecho por San 
Cosme; pero se traspapeló nuestra observación; y los mo* 
linos de Santo Domingo, Yaldés, Belén, etc., siguen con 
sus carreteros á cara de pan bazo ó pan deperro^ arando 
el camino de cabo & rabo. 

Es regular que la autoridad competente, al leer este artí- 
culo nos tache de imprudentes, de entremetidos etc.» 
echándonos en cara luego luego, su falta de recursos que es 
indefinida. No sabemos de dónde proviene esa escasez 
sempiterna; el ómnibus paga, los carros pagan un tanto al 
mes : y nos parece que con piedra de rio que nada cuesta, 
bien se podian rellenar cuantos huecos tenga el camino. 
¿No les ofreció hace tiempo el Sr. general Monterde, con- 
seguir los carros de la artillería para acarrear materiales, 
manteniendo el Ayuntamiento de seis & ocho hombres que 
compusiesen el camino? ¿Porqué no se aprovechó esta 
oferta?.. •• ¿No era mejor atender & uno de los caminos 
más transitados de la república, que enjaular neciamente 



CAMINO BB TAGDBATA. f^ 

los triángulos de lo Alameda , quitándole así á la infancia 
el lugar favorito de sus juegos? Esos 10, 12 ó 15,000 ps. 
que se habrán trasformado en endebles tejamaniles ¿no esta- 
rían mas bien empleados en solidificar un camino que basta 
de fierro pensaron hacer? ¡Qué dinero tan malamente gasta- 
do en una Alameda, cuyos acirates solo debian circuir unos 
arcos de suaves rosas!.... Gime hoy ese sombrío bosque al 
aspecto de tantos escoplos y cepillos de un artífice chafa- 
llón, que con el inaudito estruendo de sus bárbaros hacha- 
zos viene á espantar el reposo de unos fresnos seculares. 
¿Y para qué es tanto ruido, tantísimo gasto?.... para sem* 
brar habas, en la primera tabla, entrando en la Alameda á 
mano derecha. Eso se llama trabajar por el utile dulcí; y 
gracias á esa idea peregrina, nos veremos algún dia redu- 
cidos en la Alameda, á aspirar los estraños perfumes de la 
coliflor y de la alcachofa. 

No hay recursos, es el clamor de siempre, menos para 
plantar en, y trasplantar de la Plaza de armas unos fresnos 
que ya templaban en algo \<m calores atroces de esta zona 
tórrida ; menos también para empedrar y desempedrar la 
P. calle de Plateros, cuyas piedras, en forma de carame- 
los, largo tiempo tiradas en la plaza, han desaparecido de 
allí como por encanto. Nada diremos de lo que se invirtió 
en la columna Trajana que nunca pudo germinar debajo 
del innoble cascajo con que la cubrió un almibarado monar" 
quista. Proyectan hoy construir sobre su sagrada base un 
faro monstruo, que derrame sus luces, (á bien que no las 
necesitan) sobre los palacios más ó m'énos unidos del go- 
bierno y de la municipalidad. Es un planeta la Plaza de ar- 
mas, necesita su satelitillo (1). 

(i) Dicho luminoso proyecto tuTO su veriflcaÜTO en el auo de 1860. Se colocó 
en aquel rond^poimt, una columna de blerro, terminada por un ramillete 
de faroles alumbrados con fas, que» unos á otros, por su aglomeración, se hacían 
sombra. Poco duró aqndla luí misteriosa; porque habiendo, de repente, fallado 
el IbMe oérifortM, ?ol?imos de nuevo 6 miestra primiÜTa oscuridad. 



m 1884 

El acueducto def camina de Tacubaya , escepto unos 
quince 6 veinte arcos, ya casi está repuesto; ¿qué aguar- 
dan, pues, para completar esa restauración monumenlalf 
El tiempo de aguas es el más propio para cegar los hoyos 
del camino, dándole á este el deiilive conveniente hacia la 
zanja lateral. Breve la piedra menuda formará cuerpo con 
el lodo ; y esa especie de obra mosaica durará muchísimos 
años, los mismos que le deseamos de vida al señor inspec- 
tor si atiende & nuestras quefas, que de lo contrario, se 
renovarán á trechos cortos con la misma prolijidad. En 
lo testarudo no nos gana un vizcaíno. 

Una imprudencia seria pedirle á un gobierno monumen- 
tos, otro que el de nuestra felicidad, cuando no tiene con 
qué elevarlos. No sucederá ciertamente con México, escep- 
tuando sus conventos, lo que con Atenas, que tenia tantos 
monumentos antiguos que decia Cicerón, que por cual-* 
quiera parte que se transitase, caminada tmo sobre la his- 
toria. ¡Bendito sea Dios! ni una estatua siquiera se le ha 
levantado aquí al inmortal Hidalgo ; el único favor que le 
dispensó un periódico antí-nacional en México, fué A de 
llamarle bandolero. Murieron gloriosamente hace algunos 
dias en defensa de su país, los Frontera, Yasquez, Marti- 
nez de Castro, Peñañurí, Balderas, Cano, León, Xicoten- 
calt, y ni una piedra tan solo recuerda entre nosotros los 
lauros de su muerte ; mientras que con la cabeza erguida y 
un mirar casi fiero, se pasea por las calles de México una 
raza florida de galgos de una velocidad eléctrica. En veí 
de ver cincelados en eí mármol, los bustos de los héroes 
generosos que lloramos, se nos prepara en el lugar que se 
les debia destinar, una exposición extemporánea de calabap- 
zas^ rábanos y demás aguados vejetales, como igualment.e 
la de unos bueyes, carneros y miles de bichos coronados. 

Las disposiciones de hoy sentent la bucolique\ (huelen á 
bucólica) : providenda ac^rtadisíma para formar el e^i- 



CAMINO DB tJLGUBATA. 2g7 

ritu público , y acrecentar en loe ánimos el aiBor patrio. 

Pero nos estraviamos como siempre nos sncede, del ca- 
mino de Tacubaya, y nuestra brújula por sus declinaciones, 
nos hace fluctuar á la ventura en el océano de las conside- 
raciones políticas agenas enteramente de este artículo. 
Nuestras tnkíaiwaSj para la compostura áú camino de 
Tacubaya, ofrecen menos diikuitades, y no levantan 
tanta polvareda, como las del señor ministro Pina y Cue- 
vas, á quien se le viene el mundo encima , sin poderlo 
remediar, como á difunto Atlas, por lo escaso de las 
espaldas. Lo que queremos es, un camino practicable que 
le hagar honor al Ayuntamiento de México. Su amor pro- 
pio está interesado en aquella mejora. ¿No ven ustedes, que 
es el tránsito de los mexicanos más acaudalados, de los 
altos financieros, y en fin, que yo paso por allí dos veces al 
dia? En aquel camino privilegiado, caracolean de continuo 
en sus favoritos corceles, las más encantadoras amazonas; 
lo cruzan á cada rato, y á pares, los ministros extranjeros, 
y nos llena de rubor ver á veces la diplomatie embourbée^ 
(á la diplomacia atascada) ; sin que alcancen á sacarla del 
atolladero los mas bien digeridos protocolos. 

Soy una miniatura entre los projM^arios de Tacubaya; 
pero ya saben ustedes; los animales más molestos son gene^ 
raímente los más imperceptibles. Yo les aconsejaré para 
<|ae no se desperdicien los fondos que se invierten, ó de* 
ban invertirse en la compostura de los caminos, de no con* 
fiar esos cargos á ningún señor de Longuemain (de Lar- 
gamano), á quien tan candorosamente hace hablar de esta 
manera, k Mercitre galant (el Mercurio galante) : 

a D5s mes plus jeunes ans, dans les plus bas emplois, 
« J'ai toujours eu le sois d'étendre un peu les doigts. 
(t CeUe inclination^ augmentant avec l'áge^ 
a Dans Jes postes meilleurs^ je preñáis davantage. » 



288 «851 

(« Desde mis jafeiüles afios en los mas tristes empleos 
« He tenido siempre el coidado de alargar un poco los dedos^ 
« Esa inclinación creciendo con la edad, 
« En puestos mejores tomaba algo más.») 

Elíjanse para esas comisiones 6 las personas más acredi- 
tadas por su honradez, y no les aturdiremos ya con el su- 
surro continuo de nuestras reclamaciones : en esa esperanza 
les besa las manos su afectísimo y seguro servidor: — 

GlARL0I«£ GrIDANDIDI. 



CAMINO DE TACUBAYA. 

« ... ; Sed durii genutt t$ eauiihus horr^M 
« Caueauui, Hyreanm gtM aánwrunt ubtra tigres, 
(Ene». lib. IV.) 
El horreodo G&acaso te engendró en sus más duras peñas, 
Y los tigres de la Htrcania te alimentaron con su leche. 

En SU despecho asi prorumpia Dído, cuando el tunante 
de Eneas la dejó hecha un ascua y con la palabra en la 
boca; para ir á hacerse gracioso á otra parte. Lo propio, 
y & voz en cuello, le gritamos al Sr. Inspector de puentes y 
calzadas, ya que sin piedad alguna nos obliga á transitar 
por los charcos hondos é inmundos del camino de Taco- 
baya, á riesgo de hacernos pedazos el manubrium capitis^ 
ó mango de la cabeza, vulgarmente llamado pescuezo. 

No sabemos que tenga el funcionario de quien nos que- 
jamos el derecho de vida y muerte (que no es m&s que una 
consecuencia natural del derecho de la guerra) sobre los 
pasageros del ómnibus ; y con todo, por lo que esperimen- 
tamos cada dia, ese derecho se lo ha tomado el Sr. inspec- 
tor, sin duda por la guerra que le tenemos declarada, y que 
sostQpdremos, En ese injusto duelo á muerte del Sr. ins- 



GAHIKO DE TAGDBiTA. 289 

pectorcoD sus comitentes, subordinados y pecheros, bien 
podía, á nuestro parecer, tomar cartas el Sr. gobernador, 
que es hombre de empeño. AI estrañar en el camino la 
presencia de su señoría, nos habíamos figurado todos que 
quizá sería victima de la enfermedad reinante que llaman 
el cuello^ etc. y la cuelga^ etc. ^ el susto de la Junta; pero no, 
gracias k Dios : si no se nos aparece de vez en cuando ese 
arco iris, prometiéndonos un porvenir mejor, es que del 
lado opuesto al que surcamos, está impasible observando 
nuestro conflicto, mientras que las ranas, de cuclillas en la 
zanja longitudinal, nos hacen burla por usurpar en coche 
un elemento que les pertenece. 

Quisiéramos que se nos esplicase por qué se le ha cer* 
rado al ómnibus el lado de los arcos que mira á la hacienda 
de la Condesa. ¿Acaso no paga nuestro vehículo sus ps. 10 
al mes, lo mismo que todos los carricoches de menos 
calibre? ¿Será quizá para que no echemos á perder por 
nuestra corpulencia un camino reservado á la gente de sun- 
tuosos equipages y de monstruosos frísones? ¿O se habrá 
figurado el Sr. inspector que el ómnibus tiene cinco ruedas, 
y que por eso maltrata mas el piso, vista su inmensa gra- 
vedad? [Pobre inspector!... «qué, ¿no sabrá que la resis- 
c tencia producida por la gravedad para oponerse á los 
c progresos de un cuerpo moviente sobre un camino, es 
« muy imperceptible ó nula cuando la vía es horizontal, 
ff porque la gravedad obrando en un plano perpendicular 
' al plano del horizonte, no acelera ni retarda et movi- 
c miento f Pero cuando el camino no es horizontal, la 
< acción de la gravedad es un obstáculo grande » ¿ Acct- 
so ignorará también el Sr. inspector «que resulta del 
« uso de los muelles que los choques ejercidos sobre las 
« desigualdades de la superl^cie de los caminos, no son 
« producidos por la masa entera del coche, y que el cho- 
c que está ejercido completamente , únicamente por la 

19 



290 1851 

c parte de la masa que no está so^ndida sobre mnelie!, 
tf inientras que la otra porción no obra más que en partet 
Puede que se nos haya prohibido el paso por el camino 
mdicado, por ser el ómnibus compuesto de grate pld)eya 
y de poca monta ; no tanto.. « pero si de mucha lengua. Sí 
es para economizar un camino y no gastar más que en uno 
de los dos, le citaremos al señor inspector unos versos muy 
expresivos compuestos para el Sr. D*Argout, ministro pre- 
cisamente en Francia de las Obras Públicas, y que también 
tenia sus manías. 

• Tu sais avec Berard^ (a) nieUant un fleuve en gage, 
cu Sur des ponls projetés percevoir un péage, 
tf Cu pendant deux hivers reteñir dans la main 
« Uargent réparateur, quifave un grand ckemiu,'* 

(Néme^is tom. 2*. Mr. D'Ar^out). 

Sabes con Berard^ empefíando un fluvio^ 
Sobre puentes proyectados percibir un peaje, 
O durante dos inviernos^ retener en mano 
El dinero reparador que empiedra un camino. 

Todos los coches públicos que recorren d camino deTa- 
cubaya, incluso el omnibuSj pagan 10 pesos al mes; los 
carros de la harina, no sé si de 3 á 4 pesos : hay seis ú 
ocho diligencias ; doce ó quince carros que diariamente van 
y vienen ; ¿en qué se invierte, pues, ese dinero? ¿será acaso 
en el elegante enrejado de la alameda? 

Los que estas reconvenciones lean , dirán, pero no con 
razón, que es mucho hablar sobre un camino que conduce i 
una simple villa* En eso padecerán un equivoco clásico. 
£1 camino de Tacubaya es uno de los de primera clase : es 
el de Toluca, la capital del Estado; es el de Morelia, de 
Guadalajara, de Roma si se ofrece, por la sencillísima 
razón de que iout chemin méne á Borne, (todo camino lleva 
á Roma). ¿Se figuran ustedes, que el camino de Tacubaya 

(1) Inspector de puentes y calladas en Fianda; 



CAMINO 0£ TAGUBAYA. ^ 

faé construido como el de Mixcoac, con el áaiao fia de ir 
por ^huacales, ciruelasó capulines!.. ¡¡fuchüL* 

Ahora <}ue nos ocurre , y ya (jue liueven acusacio»e3S 
£ontra el señor ministro de Relaciones, ¿no se podría, 
como entre paréntesis, intercalaT otra tocante al inferiial 
estado de Jos caminoB?... Sin eltoa, no pueden estable- 
cerse relaciones entre los pueblos ; y está precisamente en 
la cuerda del señor ministro de Relaciones el proporcionar- 
nos una, viabih'té facile, (tradúzcase, una viabilidad fácil), 
que nos falta completamente. 

En cierlos Estados de la R^ública, en Jalisco, por 
ejemplo, al acercarse uno á la capital, las avenidas se en- 
cuentran arregladas con curia, aun con cierto lujo: en ello 
está interesado el mismo amor propio del cuerpo munici- 
pal. No se pica tanto México ; y esta soberbia é imponente 
ciudad se mantiene en oposición directa con ese principio 
de civilización; sus calzadas están hechas unos pantanos; 
y si con algo las realza, como en el camino de £i. Ángel, 
es, ¿quién lo orea'á?... con el desecho asqueroso de la 
limpia del hermoso Anáhuac. 

No ignoramos que el pauperisme (pauperismo) del go- 
bierno es de primera clase, como el caxnino por cuya 
compostura clamamos. También nos consta que todas sus 
atenciones hoy, son inter-oceánicas ; que proceloso le pa- 
rece el mar Pacífico, y que no duerme pensando en Tebuan- 
tepec, manzana de la discordia de nuestros dias ; que por 
cuanto vos^ adjudicó el contratista á la más hermosa de las 
hijas de Pen. Pero la cuestión de camino que ventilamos, 
es únicamente del resorte del Ayuntamiento. 

¡ Dios nos favorezca de querer en lo mas mínimo inquie- 
tar al gobierno en medio de sus afliciones ! al contrario, de 
camino les daremos un consejo : el horizonte se oscurece ; 
Moros hay en la costa : y asi, dejen ustedes, á un lado sus 
prolijas é insulsas cuestiones sobre la junta patriótica, ¿qué 



tn 1851 

nos importa qae sea fulano ó sutano el qae nos esté gan- 
gueando el día 16 de Septiembre alguna oración fúne- 
bre ó Jeremiade^ ( lamentación }• Al acercarse el peli* 
gro que nos amaga, sea orador el que fuere más osado, y 
que entone desde la alto de la tribuna el himno de guerra, 
repitiendo aquí esas sublimes palabras de la Némesis en 
Francia : 

tt La haine des partís trouble la France entiére ; 
« Maís qu'un premier boulet déchire la frontiére^ 
« Et Yoos yeirez alors qu'en ce grave moment 
« La pondré des canons est poor nous un ciment. » 

El odio de los partidos turba á la Francia entera; 
Pero qae una primera bala de cafion rasgue la frontera^ 
Y verán ustedes^ que en ese grave momento 
La pólvora de los cañones es para nosotros un cimento. 

Por una fuerza irresistible siempre nos alejamos del 
camino de Tacubaya. ¡Ojalá y en esas digresiones no sea- 
mos tan molestos éi nuestros lectores, como podremos serlo 
al señor Inspector de puentes y calzadas ! ¡Sean para él 
nuestros comunicados mas aturdidores que las ciento cin- 
cuenta trompetas de la sonata monstruo, que como en dia 
de Juicio, resonaron en la noche del dia 25 del fmado. 

Si acaso se necesita de otro ú otros remitidos para que 
sean atendidas nuestras quejas, cada ocho dias las renova- 
remos, porque parece ser divisa del señor Inspector la muy 
trivial de : fíEl padre á predicar ^ y yo á vestirme ra- 
bona. » 

Así es que mientras al inspector se le quite lorabon^vm 
repetimos de ustedes, sus afectísimos y seguros servidores 
Q. S. M. B* 

GlARLONB GrIDANDINI T GOMPANÍA. 



2»3 

CAMINO DE TACÜBAYA. 
ifúif. 9. 

NO BS EL ULTIMO, SB CONTINUARÁ. 

« De profundis ckmaci ad te Domme: 
« Domine exaudí vocem meam. » 

I Desde las profüadldades (de los chareos) 

te llamé, oh Señor I 
Señor, escucha favorablemente mi voz! 

Según indicios, no nos resta más que clamar & Dios : y 
ya que los textos profanos á nada conducen, probaremos 
los sagrados. También puede suceder que esa piadosa 
invocación, vibre con mas éxito en el tímpano de tcpince-' 
ron de nuestros gobernantes. Ellos son en esta tierra nues- 
tra segunda Providencia; debe ser religioso su espíritu. 
¿Quién sabe si por esa \da les llegaremos á enternecer?, . . . 
De lo contrario, al Altísimo nos dirigiremos, para que con- 
dolido de nuestros males, haga en nuestro favor el milagro 
que se merecen nuestros sufrimientos, y aplane un cami- 
no que progresivamente va teniendo unas barrancas que 
ni la de Juanes. 

Si la Providencia Divina, según lo explica un célebre 
teólogo, no es más que el cuidado y la voluntad de Dios 
de conservar el orden fisico y moral que ha establecido en el 
mundo^ creándolo; al señor gobernador, que es nuestra se- 
gunda Providencia, como lo dijimos, le toca, nos parece, 
conservar en el mejor estado las obras de los hombres, 
cuidar de la seguridad general, etc., etc., etc. : ¿ó e) Ser 
Supremo se habrá impuesto unas obligaciones, de las cua- 
les se podrá eximir, en lo que lo toca, el que únicamente 
tiene que atender á las miserables exigencias de un distrito 
de dos leguas en contomo? ¿Somos lógicos ó no?. ... 

Quedando comprobado, y con decencia, que el señor 



291 1851 

gobernador debe mandar qm se compónganlos caminos, y 
que las gabelas que pagamos le dan esa facilidad, ¿porqué 
no los atiende?.... ¡Ahí si esos fondos que dejan los mi- 
llares de coches, las harinas y los millones de caaaJes, de- 
biesen invertirse, por necesidad, en repulsar la guerra ex- 
terior, que quizá coff amaga», andariamos entonces sin 
proferir ni ima sota queja, en el mismo lodo hasta los soba- 
cos ; pero ha^ que llegue esta hora, nos incumbe el dere- 
cho de exigir todas las atenciones que nos merecemos por 
el pago puntual de cuantas contribuciones se han decretado 
hasta la fecha. 

Convenimos en que absorben toda Ea atención dd go- 
bernó las gravisimas^ cuestionéis d!e la junta patriótica; 
(que más que nunca se junte): no deja igualmente de tro- 
tarte por la cabeza todo el istmo de Tehuantepec, amén del 
resultado de unas elecciones en que se disputan la mesa 
todos los loeofocos de los partidos que unos ¿ otros se quie- 
re»' engullir. 

A nosotros no nos mueve mucho la política; y fas elec- 
ciones menos. Mr. de Lamennais, en su obríta de la Poli* 
tica al um del pueblo ^ nos da una idea bien exacta de lo 
que encierran esos» grandes nombres. « Escepto algunos 
momentos (dice él) en que la sociedad, transformándose, 
venueva susinstilucione&ysus leyes para lograr un fin qne 
06 ha propuesto ; la política no es más que la incesante lu- 
cha de algunos intereses privados^ el estéril combate de pct- 
$ÍKmes^ effoista» que se diputan el poder ^ y las ventajas del 
peder. Esas quereDas mezquinas que por su naturaleza ex- 
cluyen todo pensamieRto grande, todo simpatía generosa, 
apvisioBan los ánimos en un círculoestrecho decálculoeraCe^ 
roBt de intrigas viles, que deceban cot> eF nombre de des- 
treza: esas querellas, digo, secan et almai, la agrian, y 
mueven en ella todos los bajos y viciosos instíntWi que de 
mi) maneras se oponen al verdadero progreso social. » 



CAMINO DB TAGUBAYA. 295 

^ Aquí tiei^n ustedes en una pincelada, trazado el cuadro 
de la política aquí, y el de las elecciones. Medrar personal- 
mente en ellas y por ellas, es el único fin que se propone 
cualquiera que á ellas asiste. ¡Puede que en esa última 
baraúnda anduviese mendigando sufragios algún otro Ju- 
das, como el que en el cónclave político de las sesiones se- 
cretas^ reveló al periódico liberticida las providencias 
salvadoras que adoptara un gobierno & quien traicio- 
naba.. •» 

a o qu*ils soient k jamáis flétrís daos tout collége, 
H Les liommes qu'exalta la feuille sacrilégc! 
« Que notre ume se ícrme h leurs noms supplians ; 
• Ud patrooage impar condamne ees etiens! » 

(Barxhelkmy.) 

¡ o que sean para siempre manchados en lodo colegio, 
LoB hombres que ensalzó el periódico sacrilego! 
¡Qae nuestra urna se. cierre para sus nombres suplicantes; 
Uji palronazgo impuro condena. ¿ esos dientesl 

Pero siempre nos embarbascamos involuntariamente en 
unas cuestiones políticas que tanto distraen á los señores 
regidores, de quienes aguardamos la compostura debs car 
minos y del empedrado. Mientras tanto se agitan on fas 
elecciones; en el camino de Tacubaya, se sume hasta los 
ejes el ómnibus ; y las mas de las banquetas de la capital 
tienen la misma movilidad que las teclas de un piano. 

Para fundar mcgor nuestras quejas sobre el pésimo es* 
tado del camino, les relataremos un lance gracioso que nos 
pasó por la mañana, hace cosa de cuatro dias. Mo va de 
cuento : tenemos á muchas personas conocidas,, con quie- 
nes atestiguar el hecho. Veníamos bien nskolidos en el omnf- 
Jk», después de haber recorrido las dos terceras partes de 
la carrera deTacubayaá México, cuando al llegar al úl- 
túao puente, que está del lado que va & la Teja^ nos enconr 



296 18^1 

tramos con un carro de cuatro ruedas que en un profundo 
lodazal que hay allí, parecía verdaderamente haber criado 
raices. Los esfuerzos de las muías para sacar el carro del 
atolladero, le habian hecho tomar una posición transversal : 
y el espacio que habia quedado libre, era sin disputa, el 
menos transitable. Por allí debia forzosamente arrastrarse 
(no rodar), el ómnibus. Antes de proceder á esa empresa 
peligrosa, el groom de nuestro férreo vehículo, se medio 
desnudó, y con sus piernas por sonda, empezó & indicar 
las brazas que al frente teníamos de lodo. Todos nosotros 
para mejor dar fé del suceso, y poderlo relatar con mas 
propiedad, nos bajamos del ómnibus* Cerciorado el rey 
de los conductores, nuestro amigo Antonio, que no habia 
más que braza y medio de fango, le mandó al grumete de 
nuestra semi-embarcacion que llenase de piedras una ca- 
nasta que se lleva ad hoc^ para estimular desde lejos el 
brío de las orejudas que nos arrastran. Tomadas aquellas 
providencias, lanzóse el ómnibus; su balanceo fué espan- 
toso; pero después de diez minutos de lidiar con la inmun- 
da resistencia, á gritos, patadas, pedradas y sombrerazos, 
pasó triunfante del elemento-mixto el impávido Antonio, 
nuestro salva- vida en el camino original que les pintamos. 
¡Todo acaeció & tiro de fusil de la mas hermosa de las ciu- 
tades de la América, del centro de los poderes, del foco 
de nuestra civilización, etc., etcl.... ¡Vayan unos trabajos 
para un ómnibus que paga 10 pesos al mes para compos- 
tura de los caminos, y que no quieren dejar pasar por el 
lado de los arcos que mira k la Condesa, por donde tran- 
sitan todos los demás coches! Esa protección que se dis- 
pensa al ómnibus y á las diligencias, es una prueba evi* 
dente del anhelo que hay aquí para favorecer la rapidez en 
las comunicaciones. Con mucha previsión están traba- 
jando en el camino de Puebla, en establecer telégrafos 
eléctricos, porque no mejorándose el estado de los cami- 



CAMINO DE TÁG6BATA« 297 

nos, tan solo, y dentro de poco, podr& uno comunicar- 
se por la vía que en el siglo pasado nos trazó M ontgol- 
fier. 

Después del lance referido, nos fuimos, al llegar á 
México, & quejar todos al Sr. Zurutuza, quien nos pro* 
metió que le iba & dirigir una carta á la autoridad com- 
petente; y seguros de que k la tarde ya nos iríamos k Ta^^ 
cubaya por el lado privilegiado, nos dispersamos. ¡Vanas 
esperanzas !•••. supimos con asombro, antes de subir al 
onmibus, que le habia contestado la autoridad al depen- 
diente del Sr. D. Anselmo, lo siguiente : c diga¿e usted al 
Sr. Znrutuza que yo no compongo caminos ...» {ni mundo 
tampoco j se le podia haber replicado). De hoy en ade- 
lante, pues, de todo lo que nos pase, le daremos parte... ¿& 
quién?... • k Moya, ó al Inspector de carnes, por lo muy 
molido que tenemos las nuestras. 

¿Con qué cara exigir&n hoy al ómnibus la pensión que 
paga? Son históricos, lo repetimos, los hechos que hemos 
estampado. Entre gobernantes y gobernados son recípro- 
cas las obligaciones; y desatendidas unas, el pacto social 
aparece roto. < Págame lo que me debes, que de lo que te 
debo cuenta tenemos : » ¿será acaso esa la contestación 
que se le dé al que, por la via coactiva, se le extraiga la 
contribución que le haya sido designada? ¿habrá justicia 
en ese modo de proceder?... ¿podrán aumentarse de esta 
manera las simpatías de los gobernados para con sus go- 
bernantes?.... no. 

Con mas provecho predicaba San Juan Bautista en los 
ahrededores de Jericó, que nosotros en los de México donde 
reina la santa fé que profesamos. Con todo, nos atrevemos 
& cre^ que los corazones de la autoridades á quienes nos 
dirigimos, no se hallarán tan empedernecidos que nos nie- 
guen la justicia que de ellas tenemos el derecho de aguar- 
dar. Para alentarlas á seguir ese camino, les repetiremos 



29S 4851 

con Lanorennais : « ¿Qué es una sociedad donde las autoiv 
« dades principales del Estado se manifiestan indiferentes 
« con el pueblo de quien rigen los destinos? ¿Ese defecto 
« de autoridad moral, no es acaso el síntcnnamás cierto de 
c un vicio orgánico en las instituciones , una causa per- 
« manente de instabilidad y un amago continuo de crisis 
c inevitables? v 

Lo que sí estrañamos en la cuestión de utilidad pública 
que solos hemos ventilado, es el silencio sepulcral de tan- 
tos escritores públicos, que rajas se hacen en otras de me- 
nor entidad* Que se discuta lo de la junta patriótica, loros 
se vuelven entonces y parece que de ella depende la 
suerte futura de la nación, cuando la más interesante 
misión de sus oradores es la de venirnos en el dia 16 de 
Setiembre á lloriquear ó gimotear sobre el ningún pro- 
vecho que hemos sacado de nuestra independmicia, conclu- 
yendo la peroración con unos cohetes y una alegría loca 
que contrarían sus palabras ¿Habráse visto contl*adiccion 
igual... •? 

Gomo los que más, nos alegramos de todas las medidas 
que indican un progreso. Ese llamamiento que hacen uste- 
des para Octubre, con el fin de que todos los agricultores^ 
jardineros, etc. traigan á la Exposición sus mas bien logra- 
das plantas ó semillas ; ese convite, con satisfacción lo de- 
cimos, lleva en pequeño el sello que tan en grande acaba 
de estampar la Inglaterra. Pero ahora preguntamos: ¿por 
qué caminos llegarán hasta la plaza mayor de México los 
productos fenomenales de este fértilísimo suelo, los animales 
ifionstruosos que pueden criarse en sus ricas praderas, aún 
los productos de su industria ya no naciente? On prend id 
le román par la queue : (aquí se empieza por donde sed^ 
acabar :) ¡primero CAMINOS, y después todo lo que uste- 
des quieran.. ..I 

Si no le damos á este artículo toda la extensión que se 



CAMINO DE TAGUBAYA. 299 

merece, es que podían tachar de locuacidad nuestra casi 
facundia en materia de caminos (l).Esa cuestión es la vi- 
tal; es el to be or not to be (ser ó no ser) de los ingleses; 
y sí el señor gobernador opina de otra manera, opinamos 
que opina mal. 

Y en esa opinión nos repetimos de ustedes sus afectísi- 
mos SS. Q. S. M. B. 

ClARLONE GhIDANDINI Y C/ 



(1) Hace hoy la miseria de quince meses qae estamos escribiendo sobre el 
camino de Tacubaya; y por Dios járamos que en tan largo periodo no se han 
compuesto trebita Taras del camino que corre por el lado de la Condesa» y ni 
nna sola del que nos cuesta tanta tinta. Al señor regidor de aguas es al único 
á qaien debemos tributar las más expresivas gracias por la completa reparación 
de los arcos y el fiel desempeño de su misión. 

Habiendo llegado al poder el general Santa-Anna ; mandó este benemérito 
Presidente que se procediese á la reposición radical del camino de Tacubaya, 
qae hoy es ano de los mejores de la República . 



1852 



d03 

INDULTO 

CONCEDIDO POR LAS CÁMARAS Á LOS ASESINOS DEL 
DOCTOR BÉISTEGÜI. 

DERECHO DE GRACIA. 

Cuando en tiempos poco remotos , los reyes se intitu- 
laban, reyes por la gracia de Dios; el derecho de gracia 
también era considerado como una emanación del poder 
divino : no siendo otra cosa, sino una de esas costumbres 
añejas que distinguen, aun hoy, la barbarie de la civi- 
lización. 

La historia nos enseña que desde más allá del siglo XIII, 
á resultas de la confusión de los poderes, en esos tiempos 
de tinieblas, cada uno trató de apropiarse ese noble y /z/- 
r^esio privilegio, para aumentar, ya su influjo^ ya muchas 
veces su fortuna. Los eclesiásticos, y aun los seglares, se lo 
habían adjudicado : y «n la época de Inocencio III, cuando 
había llegado A su apogeo el poder pontificio, los carde- 
nales, á despdcho de la autoridad soberana, ejercian el 
derecho de gracia en todos los lugares que visitaban ; y la ^ 
presencia de un legado de la Santa Sede era un titulo de 
impunidad para los criminales que se encontraban á su 
pajso. £1 (terecho de asilo concedido por Teodosio, se ha- 
bla encarnado casi en los Príncipes de la Igleiáa. Los 
parlamentos, afortunadamente desde 1547 combatieron 
esos abusos, para poder asumir los derechos que compo- 
nian su autoridad. Los reyes de Inglaterra y de Francia, 
han luchado durante tres siglos contra los usurpadores 
del privilegio del derecho de gracia; y hablase vuelto esa 
prerogaliva real un abuso de los mas escandalosos. 

Cansado seria referir los males sin número que, de siglos 
atrás, ha causado el temible derecho de gracia; y si núes- 



3(^ 1852 

tros legisladores fuesen un poco mas espertes, recularían 
más á menudo, ante el ejercicio de una prerogativa peli- 
grosa, que rarísimas veces ha producido felices resultados. 
Los publicistas todos, los filósofos y los jurisconsultos han 
hecho del derecho de gracia un estudio detenido; y el mismo 
Montesquieu, hablando de ese derecho, recomienda á los 
príncipes que lo quioran ejercer que usen de una prudencia 
suma en los casos en que resultarían de esa clemencia graves 
peligros para la sociedad. Beccaría considera el derecho de 
gracia como una desaprobación tácita de las leyes exis- 
tentes ; ese derecho, según él, nutre la esperanza de la im- 
punidad entre los criminales, y en vista de ello, manifiesta 
el deseo de hacerlo desaparecer de la legislación : k esa 
misma opinión se inclina Blackstone, quien siempre trató 
de señalarle límites. 

En Francia era demasiado lata la prerogativa de la coro- 
na ; abrazaba en su esfera viciosa & todos los crímenes pri- 
vados y públicos, lo que era sin disputa el mayor de todos 
los absurdos. Nos apoyaremos en otra opinión, en contra 
del imprudente derecho de gracia ; en la del hombre de los 
siglos, en la del portento de 1» creación, del más que in- 
mortal NapQleon. Oigan ustedes, lo que le escribía & su 
hermano Luis, rey de Holanda, el 3 de Abril de 1808. 

« Para no desacreditar el derecho de gracia , no hay que 
t ejercerlo mes que en los casos en que no le quita á la 
« obra de la justicia su prestigio. Con particularidad se 
« puede usar de él, en las condenaciones por delitos políti- 
ff eos, en que conviene que obre la clemencia. En estas 
« materias, ha quedado asentado como principio, que sí es 
c el soberano el que se ve atacado, hay nobleza en él ea 
c perdonar. Al menor rumor de un delito de esa clase, 
c siempre el ínteres público ge pone de parte del culpable. 
« Si el principe absuelve de la pena, los pueblos conocen 
« que despreció la ofensa, y entonces el clamor se dirige 



DERKCHO DE GRACIA. 305 

« hacia los que le ofendieron. Si sigue un extremo opuesto, 
« le reputan por hombre rencoroso y cruel ; pero si con- 
« cede gracia por crímenes horribles, le consideran como 
€ un hombre débil y mal intencionado. La sociedad en- 
« tónces le colma de vituperios por haber perdonado á 
« unos facinerosos, á unos asesinos ; porque ese derecho 
c que ejerce, se vuelve nocivo á la faipilia social. » 

No creemos que México quiera imitar las extravagancias 

políticas de nuestros vecinos del Norte, ni las rarezas de un 

gobierno que á cada momento se nos presenta como un 

modelo de regularidad y de economía. « Alli, (según nos 

« dice Viennet) , el derecho de gracia le está concedido por 

« la Constitución al gobierno de cada Estado, pero aun di* 

c cho funcionario puede dispensar á un criminal de la 

« obligación de ser juzgado ; y como es de fácil acceso á 

€ todas horas, que vive muy familiarmente con todo el 

< mundo, y que ademas, es el más notable entre los elec- 
€ tores de su país, muchas veces, el perdón del culpable 
« más grande, reside en el fondo de un cántaro de 

< cerveza. » 

€ El objeto de las leyes penales, (dice el coronel de 
€ Weiss, en sus Principios filosóficos,) no es el de vengar 
c á la sociedad ; no seria de su dignidad : no es tampoco el 
« de castigarlos crímenes, eso le está reservado á la jus- 
« ticia divina ; pero su principal misión y la más iutere- 
€ sante, es la de precaver á la sociedad de nuevos peligros, 
« haciendo desaparecer los culpables de su seno, y espan- 
« tando con su castigo á los que se encuentran con disposi-- 
« dones para imitarles. » Es demasiado cierto , pues , y ' 
comprobado que el derecho de gracia no hace más que vivi- 
ficar esas disposiciones perversas, y alentar el crimen. 

Entre nosotros, por desgracia, no cesa de crecer el nu- 
mero de los malhechores, por la lenidad que se observa ' 
por lo común en la administración de justicia. La sociedad 



306 iSS2 

amagada de continuo, no puede llegar k formarse. En e) 
centro de las poblaciones, lo mismo que en el campo, no 
existe seguridad de ninguna clase : y la policía, á pesar 
de sus esfuerzos, se halla insuficiente para evitar los críme- 
nes. Los caminos particularmente, en que no reside, coma 
era necesario, fuerza armada que los cruce en todas direc- 
ciones, son el rendez'vous de la escoria de la especie hu- 
mana que nos quieren conservar. Allí acechan, armas al 
hombro, al incauto transeúnte, que confiado en su buena 
suerte, ó en su valor personal, se atreve á arrostrar los 
peligros que sin duda le aguardan. Aquí un simple paseo 
extramuros, (y le comprueba el asesinato del desgraciado 
Dr. Béistegui) es una casi-campaña, que solo se puede 
emprender, formando, al estilo oriental, una especie de 
caravana. 

Hallándose las cosas en ese muy triste estado ; siendo el 
desorden que señalamos una verdad que muchos de noso- 
tros hemos palpado ; ¿quién lo creerá?... en México toda- 
vía se pretende ejercer el pernicioso derecho de gracia, ¿y 
en qué circunstancias?.... en uno de los muy pocos casos, 
en que la justicia horrorizada por el crimen cometido, obró 
con una energía y una prontitud dignas de los mayores 
encomios. ¿Quién también lo creerá, que las dos Cámaras, 
desatendiendo la vindicta pública, sentenciando á la socie- 
dad á un exterminio parcial, han indultado á los feroces 
asesinos del Dr. D. Matías Béistegui?... Ese castigo que 
habia de ser ejemplar para que sirviese de escarmiento k 
los malhechores, habiendo sido nulificado por el derecho 
de gracia y ha quedado impune casi, la muerte del más 
caritativo de los facultativos ; del hombre que á centenares 
de enfermos, no solamente proporcionaba todos los socor- 
ros delarte, sino también recursos pecuniarios que nada 
costaban á su inmensa filantropía. 

Gracia deben impetrar hoy de la sociedad indignada los 



DERECHO PE GRACIA. Zfí7 

miembros peligrosamente humanitarios de las dos Cámar- 
ras : ellos fueron electos por ella para velar sobre ella» y no 
para salvar, (esponiéndola) de una muerte mil veces mere- 
cida, á tres asesinos que han sumido en la desolación á 
multitud de familias, á quienes gratuitamente prodigaba el 
desgraciado Béistegui las más esmeradas atenciones. 

El Supremo Gobierno, en circunstancias tan difíciles, se 
opuso á las disposiciones imprudentes del poder legislativo : 
este desoyendo sus observaciones, y movido de la hostilidad 
en que vive con el Ejecutivo, y que ha tomado ya casi un 
carácter normal, se apresuró á conceder un indulto que 
ha causado escándalo , que ha llenado de pavor á la socie- 
dad, y que ha servido de estímulo para lo futuro, á crí- 
menes quizá mas horrendos. 

En el curso de esos incomprensibles y reñidos debates, 
hemos visto á la Cámara de los Diputados, al templo de las 
leyes, invadido por una horda triunfante de facinerosos 
que hadan resonar en su recinto las escandalosas voces de 

/ vivan los diputados y muera la justicia ! horrorizados 

entonces, nos salimos huyendo del atroz estrépito de las 
más audaces ovaciones. 

Sigan, pues, enternecidos los señores legisladores en la 
senda de lenidad que se han trazado, y reserven algo de su 
monstruosa clemencia para indultar también al inmundí- 
simo criminal Parra, quien después de haber cometido el 
más infernal de los estupros en una criatura de seis años; 
cual un tigre, la dilaceró, recreándose su vista con las en- 
trañas humeante de su bien immatura víctima. 

. Un Justiciero. 



TIERNAS É INTERESANTES ESCENAS. 

Se nos ha informado que antier, después de haber insis- 
tid? el Soberano Congreso en el indulto acordado á losase- 



30S 1852 

sinos del Sr. Béistegui, muchos Padres Conscriptos se des- 
hicieron en tiernísimo llanto al ver logrados sus nobles y 
filantrópicos esfuerzos en favor de las víctimas interesan- 
tes, que inhumanamente iba á inmolar la justicia. Se ase- 
gura también, que un personaje, que con los fuegos poéti- 
cos de su imajinacion, es capaz de resucitar á los muertos 
y matar á los vivos, fué al calabozo donde se encontraban 
los criminales, á quienes les arengó en términos patéticos, 
aconsejándoles, que para lo sucesivo abandonasen el 
camino del crimen, pudiendo seguir, si querían, el del 
Parnaso. 



¿HUBO O NO HUBO MONTES EN TACUBAYA? 

INSTRUCCIÓN PBELIMNAR. 

El 1. Ayuntamiento de Í852 en Tacubaya, pensando y 
con razón, que los pueblos no deben engrandecerse por 
los juegos de azar, usó de la mayor vigilancia, para que no 
los hubiese en la villa, en el tiempo de la Pascua del Espí- 
ritu Santo ; no queriendo en esa parte, rivalizar con la ciu- 
dad de Tlalpam que, imprudentemente, los tolera en dicha 
época. 

Gracias al empeño de las autoridades locales, no hubo 
montes en Tacubaya en este año ; pero un periódico de la 
capital , el Telégrafo^ falto sin duda de materia con que 
llenar sus columnas, aseguró que se habia jugado en la 
espresada villa. Convencido de lo contrario , y siendo Sín- 
dico dé la Corporación, me incumbía vindicarla de seme- 
jante inculpación. Así lo hice : y el Telégrafo no encontró 
razones más que muy vagas, para sostener sus aserto?. 



¿ HUBO Ó NO MONTES EN TACÜBAYA ? 30^ 

Se reproducen aquí, los artículos del Telégrafo^ y uno 
del Universal, repitiendo este periódico, y á ciegas, lo que 
tenia asentado su compañero. 

E. M. 



TELácRAFO del 2 de Junio. 

Algunos periódicos de la capital dicen que los únicos 
juegos que hubo en la vecina y pintoresca villa de Tacuba- 
ya, en estos últimos tresdiasde Pascua, han sido los de los 
bolos, tapadas de gallos y otros semejantes : permítannos 
nuestros colegas les contradigamos : — conocemos á un 
padre de familia de escasa fortuna que el lunes, anteayer, 
perdió en Tacubaya en el juego del monte ochocientas cin- 
cuenta y dos onzas de oro (13,632 ps.) : no solo su haber 
fué sacrificado en su totalidad, sino que su honor quedó 
mancillado, pues no han alcanzado sus bienes para cubrir 
aquella suma. — Es de sentir que la prensa tenga los ojos 
tan cerrados como las autoridades. 



Universal del 3 de Junio. 

Un periódico de esta capital, contradiciendo lo que han 
dicho otros respecto de que en las fiestas de Tacubaya en 
los tres dias de Pascua que acaban de pasar, no habia 
habido más juegos que los de bolos, tapadas de gallos y 
otros semejantes; asegura que un padre de familia, de es- 
casa fortuna, perdió el lunes, en el del monte^ ochocientas 
cincuenta y dos onzas de oro (13,632 ps.), sacrificando 
no solo su corto haber, sino también su honor, pues que 
no han alcanzado sus bienes para cubrir aquella suma. 

Nosotros, informados por personas que creimos fidedig- 
nas, dijimos que la autoridad habia impedido que hubiera 



340 1852 

partidas; pero la relación de ese lamentable caso pone en 
evidencia lo contrario; y es una grave, gravísima acusa- 
ción contra el gobernador del Distrito, que debió vigilar 
activamente para impedir aquel mal. 



Telégrafo del 5 de Junio. 

Parece que no cayó en saco roto la noticia que dimos en 
nuestro último número, tocante á los juegos de Tacubaya. 
— Hemos recibido la visita de uno de los miembros más 
apreciables del Ayuntamiento de la pintoresca villa, y por 
su conducto hemos sabido que esos señores regidores se 
han amostazado un poco, y desmienten terminantemente el 
hecho que hemos referido. Es notoria la actividad que han 
desplegado las autoridades de Tacubaya durante los tres 
dias de la Pascua de Espíritu Santo, con el objeto de evitar 
se formaran partidas de monie^ y muy digna de elogios su 
extremada vigilancia; pero... no alcanzó esta á impedir que 
en cierta casa particular, bajo la apariencia de una reunión 
decente y desinteresada y con mucho sigilo, se hayan ju- 
gado en el albur cuantiosas sumas. — Con un verdadero 
sentimiento, pues, confirmamos la noticia que dimos el 
miércoles, la cual nos fué narrada por la propia hija y el 
yerno de esa víctima de la fatal pasión del juego, y ademas 
DOS ha sido confirmada anoche por un testigo ocular, cuyo 
testimonio juzgamos prudente de requerir, antes de escribir 
estas líneas. 



Monitor del 6 de Junio. 
NO HUBO MONTES EN TACUBAYA. 
Eí Telégrafo^ periódico que escribe desde lejos y á lo 



¿HUBO Ó NO MONTES EN TACDBAYA? 311 

lejos, como lo indica su griega etimología, alcanza también 
con la vista natural, según parece, las mismas distancias. 
Gracias á esa fuerza visual, ha descubierto desde México, 
que en Tacubaya, durante la Pascua, se jugó desaforada- 
mente. Llegó á tal extremo, que un padre de familia (m&s 
ó menos respetable, se entiende) , perdió allí la cantidad 
de ochocientas cincuenta y dos onzas (le faltó añadir, cinco 
reales, tres granos). Agrega después, por via de fioriture 
ó adorno, que dicho padre de familia era de escasa for- 
tuna; y que, sacrificado que fué su haber en totalidad, 
( que afortunadamente seria poca cosa ) , dejó mancilla- 
do su honor, por no alcanzar sus bienes á cubrir aquella 
cantidad. 

Advertimos aquí varias contradicciones : no es de 
fortuna escasa el que tiene bienes casi equivalentes á 
13,632 ps. (ya los quisiera yo para mí) ; y poco padre de 
familia ha de ser el que en un monte sacrifica en un mo- 
mento la subsistencia de sus hijos. Si es de escasa fortuna, 
los monteros generalmente no lo ignoran; y no son tan 
francos queden caja de ochocientas onzas á un horiibre que 
no tenga cien veces más, por lo bajo. 

Nosotros que somos vecinos arraigados en Tacubaya, 
hemos visto á toda la fuerza de policía puesta en movi- 
miento para evitar aquellos fatales juegos de azar; y pode- 
mos asegurar que los asertos del Telégrafo son equivoca- 
dos. Más consuelo nos cabe en considerarlos como efectos 
de una loable pesadilla que, acostado boca^arriba, tuvo t\ 
editor de aquel periódico» 

El Universal poco tardó en apoderarse de esa noticia; y 
la reprodujo con aquella unción de palabras que le carac- 
teriza. No lo hemos estrañado ; porque, como su nombre, 
son sus tragaderas. • . universales. Todo lo admite, todo lo 
cree; su fé también es universal-, dígalo sí no, lo que nOs 
contó en un tiempo, de que en las escamas de una mor- 



"2 1852 

luza, se percibía claramente el divino rostro de María San- 
tísima (1)» 

Sr. del Telégrafo^ Sres. del Universal, consuélense, 
pues, con nosotros : les garantizamos que en Tacubaya no 
hubo montes; y que el padre de familia de quien se habla, 
es un canard, ó mejor dicho, un fantasma que se le apa- 
reció en sueños á un redactor de mal dormir. 

Un enemigo de las noticias apócrifas. 

E. M. 



Telégrafo del 9 de Junio. 

HUBO MONTES EN TACUBAYA. — Esto es lo único 
que tenemos que contestar al comunicante anónimo del 
Monitor, que se atreve á negar aquella gran verdad y 
comprueba esta otra del Evangelio : Ocidos habent et non 
videbunt. 



Monitor del 12 de Junio. 

El Telégrafo del 9 de este mes, asegura de nuevo que 
hubo montes en Tacubaya; y nosotros no podemos consi- 
derar ya ese porfiado aserto, mas que como una cuestión 
geológica que promueve el editor. Siendo así, entraremos 
en ella, y confesaremos con él, que quizá, existieron hace 
siglos, montes en Tacubaya. Daremos nuestras razones. 
En aquellos felices tiempos, que sin duda retroceden hasta 
el siglo de oro, la tierra, como lo dice Ovidio, todo lo pro- 
ducia por su propia virtud. 

(1) Ultiaiameiite, al reponer en México la iglesia de Nuestra Señora de LoreU» 
enteramente anegada, se esparció la tok de que, en estas aguas se babia encon- 
trado un pescado, en coyas escamas, j visiblemente, se percibía estampado d 
Divino rostro de la ^Santísima Virgen. A este monstruoso canard» le dio macho 
Tuelto el universal; y algunos creyentes dieron, agradecidos, pase al milagro, 
quoiqú'il seníit fortefntnt la maree. 



¿HUBO Ó NO MONTES EN TACÜBAYA? 3(3 

« yier ercU (Btemum, pladdi que iepmtibus auris 
1 MMkf^nt zephiri natos sine semine flores 
« Mox etiam fruges tellus inarata ferebat : 
« Nec renovaius ager gravidis canebat aristis» 

tEI verano era eterno, y los záfiros con su tibio aliento 
«acariciaban las flores nacidas sin semilla. La tierra tam* 
«bien, sin ararse, producia inmediatamente frutos; y el 
«campo, sin trabajarse de nuevo, encanecia con espigas 
«pesadas. » 

Entonces, para que produjese la tierra opimos frutos, 
ninguna necesidad habia de desmontar los campos para su 
cultivo : fué cuando sin duda, hubo montes en Tacubaya. 
Pasó breve, por desgracia, aquella época de bonanza, y 
habiéndose endurecido los hombres, también se les endu- 
reció la tierra; y tuvieron que proceder á descuajar las 
tierras para sembrarlas, y proveer á su subsistencia. Desde 
aquella fecha, se supone que desaparecieron los montes 
existentes; y por eso hoy no hay montes en Tacubaya; no 
empiezan más que á poca distancia de Cuajimalpa. Si esa 
esplicacion le parece satisfactoria al lelégrafo^ nos ale- 
graremos infinito, porque no nos ocurre otra por el mo- 
mento. 

Si al contrario, sostiene el Telégrafo^ engañado por un 
padre de familia, por la hija de ese mismo padre y su in- 
teresante yerno, que hubo montes en Tacubaya^ es decir, 
juegos de azar ; le volverenos & repetir que no los hubo, ni 
públicos, ni particulares. Las autoridades alertadas, no 
tuvieron casi que perseguirlos, porque no hubo un solo ban- 
quero que se apareciese en la villa, con pretensión de po- 
nerlos. Esos juegos de azar, generalmente se establecen 
bajo el amparo criminal de unos ayuntamientos fáciles de 
conquistar; de lo contrario, como dicen vulgarmente, se 
van con la música á otra parte. 

El Telégrafo dice, con el Evangelio, que las autoridades 



H* 1852 

de Tacubaya, oculos haberU et non videbunt; pero no dice 
él Evangelio. Los capitulares del Ayuntamiento, ni son cié-' 
gos, ni se hacen ciegos; y si sobre el particular tiene to- 
davía el Telégrafo alguna duda, le presentaremos un certi- 
ficado del Sr. Carrofidu Villards {{). Al padre de familia 
de las 852 onzas, que acusa á las autoridades de descuida, 
le toca probar que hubo montes en Tacubaya; y sino, le 
aconsejaremos á él y & toda su familia, que yaya & oir la 
ópera del Barbero^ para que cuando cante D. Basilio sa 
aria de la calumnia, se estudie en calcular sus conse- 
cuencias. 

Por lo que toca al Universal^ que servilmente repite to 
que estampa el Telégrafo^ no es de estrañarse. ün penó* 
dico de tanto renombre, no necesita fundar sus asertos. De 
paso solamente, le daremos un consejo, y es el de no jo^ 
gar ya en lo futuro, con los sagrados nombres de los que 
hicieron la independencia. Ese juego también está prdt>i« 
bido ; y al entregarse á él de nuevo, podia correr un feo 
albur (2), — Dije. 

Un enemigo de las noticias apvcri/ixs» 

E. M. 



TfiLi{6itAF0 del 12 de Junio. 

HUBO MONTES EN TACUBAYA- — Lo repetimos, bI, 
señores, y añadimos al Enemigo délas noticias apócrifas qoe 
no hay peor sordo que el que no quiere oir* 

(4) Hábil oculUlB. 

(1) Hablase atrevido este peilódico á denigrar eto sus columnas, á kft héroll 
da la Independencia. Más larde, para rengar aquello» oltvaje», d PaeMo áeárvj^ 
U imprenta. 



3IS 

INAUGURACIÓN 

DEL PDE1ST£ DE \OLJi Ó CHOLA, BISTRE MIXGOAG Y TACUBAYi« 



Esa interesante ceremonia ha tenido lugar el día 26 de 
este mes, y nos complacemos en dar la relación de ella, 
aanque absorba hoy toda la atención publica el empina*^ 
miento bien inesperado del risueño Carlos IV, quien can* 
sado de viajar, parece decir con su sonrisa socarrona, á los 
qae le arrastran : 

« Mais nos puissants aUux ont des enfcmts etiques!,.^ 
« Vom nepouvez rouler des colosses atiiiques!... » 

(Pero nuestros pujantes abuelos tienen unos hijos tísicos !... 
Ño pueden ustedes hacer rodar los colosos antiguos!...) (I) 

Pero no divaguemos, y empecemos por lo de Chola* A 
las tres de la tarde, salió á pié de Tacubaya, y acompañada 
de su párroco, una comisión del Ayuntamiento, compuesta 
de su Presidente, el Sr. D. Francisco Iturbe, padrino d«l 
puente por parte de la villa, de dos regidores y del sín- 
dico. Dirigióse hacia el puente de Chola^ donde debia en- 
contrarse con el Ayuntamiento de Mixcoac. En el tránsito 
del puente de la Morena al de Chola^ la música, precedida 
de la escuela municipal, con su digno profesor á la cabeza, 
el Sn D. Bartolo Cabrera, tocó varias piezas que denota^ 
ban la alegría que todos resentían, Al llegar al puente re- 
sonó también la música que había traído el apreciable 
Ayuntamiento de Mixcoac; y el venerable cura de ese pue» 
Uo ameno, el Sr. D. Antonio Baijez, acompañado de todos 
tes miembros de la munidpalídad, se adelantó á recibir á 

(i) Ba esta época, se oeupebaa en tnisMar la esiataa c^uetlre de Garlos IV, 
al paseo nuevo. 



3i6 1852 

la de Tacubaya que marchaba al lado de su bondadoso pár- 
roco el Sr. Chica y Gaitan, Fraternizaron con demostra- 
ciones de un evidente gozo las autoridades eclesiásticas y 
civiles de ambos pueblos ; y á la vista de esa unión sincera, 
se conmovieron los concurrentes que de todas las cercanías 
hablan acudido á esa función, verdaderamente cam- 
pestre. 

Sencillos arcos de flores adornaban el puente, y una 
especie de altar habia sido dispuesto á un lado de él, para 
que recibiese ese muy incompleto monumento del arte, 
las bendiciones que le aguardaban , y que siempre deben 
coronar las obras perecederas de los hombres. El Sr. cura 
de Mixcoac, ayudado del de Tacubaya, y revestidos am- 
bos de sus más vistosos ornamentos, entonó las preces 
acostumbradas en esos casos, con la bella é imponente voz 
de que Dios le dotó. El recogimiento que se observó en- 
tonces en toda la concurrencia, dio á conocer que el cora- 
zón tomaba parte en ese acto solemne y religioso. El mayor 
orden reinó durante toda la función, y por fortuna, no se 
vieron allí bayonetas que viniesen á comprimirla alegría de 
dos pueblos que se estiman y se quieren. 

Concluida la ceremonia, el padrino del puente, por parte 
de Mixcoac, el Sr. general Sierra y Rosso, elevado sobre 
una simple mesa de madera, que le sirvió como de tribuna, 
pronunció un elocuente discurso, en nada capcioso como 
todos los que retumbaron imprudentes, hace meses, en 
ambas Cámaras, para salvarles la vida & unos asesinos de 
camino real (2). Terminada la oración, que fué colmada 
de los mayores aplausos, siguiéronse otras, dichas con mu* 
cha propiedad, por los niños de las escuelas de sunbos 
pueblos; y esas tiernas voces haciendo el digno elogio del 
puente, y de la unión que se manifestaba entre Mixcoac y 

(I) £1 señor Lie Sierra y Rosso, enemigo de la pena de muerte, derendió allí 
eitos bandidos. 



INAUGURACIÓN DEL PUENTE DB XOLA. 317 

Tacubaya, hicieron asomar en muchos ojos, las lágrimas 
de un enternecimiento patrio y verdadero. 

Llenos de entusiasmo, se confundieron los dos pueblos. 
Ambos Ayuntamientos unidos se subieron en unos coches 
dispuestos por la municipalidad de Mixcoac. Desde el 
puente de Chola hasta el frondoso pueblo de Mixcoac, no 
se veían mas que arcos de flores con unos letreros que de- 
cían : Viva el ilustre Ayuntamiento de Tacubaya^ viva el 
$eñor general Sierra y Rosso^ viva la paz, viva la unión 
y nuestra santa religión. 

Al llegar á la casa municipal de Mixcoac, y ape&ndose 
los dos Ayuntamientos, la guardia nacional presentó las ar- 
mas con la misma maestría que pudiese hacerlo una tropa 
permanente. Introducido en la casa consistorial, el Ayunta- 
miento de Tacubaya recibió unos ramilletes de flores del 
campo dispuestas con un gusto exquisito ; y acompañado 
de la inapreciable municipalidad de Mixcoac, y de las mú- 
sicas, se dirigió hacia el palco lujosamente adornado, que 
se había preparado para que asistiese k una corrida de to- 
ros, con que el Ayuntamiento de Mixcoac habia querido 
obsequiarle. 

Los toros, si no eran de Ateneo, tenian la misma bra- 
vura : diestramente lidiados, & pié y á caballo, por los 
mismos vecinos del pueblo de Mixcoac, la muerte de esos 
fuertes compañeros del hombre, no vino á ensangrentar la 
tierra que surcan penosamento con él. ¡ Ojalá y esa lección 
de humanidad que nos dio el pueblo de Mixcoac, fuese 
aprovechada por los crueles carniceros de la muy civilizada 
México: no horrorizarían tanto sus monstruosos espec- 
táculos ! 

En los intervalos de la corrida, que fué lucida, hubo 
ejercicios de flexibilidad, ejecutados por una criatura de 
once á doce años, que dejaron atónitos á todos los concur- 
rentes. Ese tierno niño anudaba sus piernas y sus brazos 



518 i852 

de tal manera, que formaban entre si un verdadero nudo 
gordiano, vivo é inextricable. La facilidad, la destreza que 
desplegó ese inocente, solo podian hacerle k uno presen- 
ciar con menos pena, tantas posturas diversas, que Dece- 
sariamente deben ser acompañadas de algunos dolores 
físicos. Unas cuantas galas remuneraron al interesante 
niño de los esfuerzos sobrenaturales que habia hecho para 
agradar al público ; y habiendo llegado á oscurecerse la 
tarde, el Ayuntamiento de Tacubaya fué conducido ¿ los 
coches que le aguardaban, por el de Mixcoac, que hasta el 
fin se distinguió por su finura sin igual, y por sus atenciones 
extremadamente delicadas. Esos bondadosos procedimien- 
tos lian dejado los recuerdos mas gratos en el corazón de 
los miembros del Ayuntamiento de Tacubaya, que bien poco 
ha hecho para merecerlos. 

£1 puente de Chola ha sido construido, merced á los es- 
fuerzos del digno pueblo de Mixcoac, promovidos por el 
joven, gloriosamente mutilado, Daza; á los del señor cura 
de Tacubaya, del señor conde de la Cortina y de Castro, 
del señor D. Francisco Iturbe, del Sr. D. Manuel Escan- 
den y del Sr. Beals. ¡ Dios quiera, que ese ejemplo sea 
seguido por todos los pueblos de la República ; y las vias 
de comunicación, sin las cuales no puede prosperar un 
país, breve abrirán una nueva era, que desgraciadamente, 
nuestros insignificantes disturbios políticos, no hacen más 
que retardar!... 

E. M. 



INAUGURACIÓN ISES, POENTE DE XOLA. ^i^ 

Sr. D. Ernesto Masso.n, síndico del muy digno Ayun- 
tamiento de Tacubaya. 

C. de S. S. Mixcoac 2 de octubre de 1852. 
Señor: 

La Corporación de la cual soy Presidente, agradece á 
S. S. sobremanera, que haya formado una descripción 
minuciosa y elocuente, de lo que ocurrió con respecto k la 
bendición que se hizo del puente de Xola ; de lo qne pasó 
después de que tuvo su efecto ; y de lo que se practicó en 
este lugar, solemnizándose la construcción de una obra, 
que fué útilísima, en la forma que las circunstancias lo 
permitieron. 

Demasiado placer tuvimos con que nuestro vecindario 
cooperara á que se construyera una obra infinitamente ne- 
cesaria. 

Deseamos que se encuentre servible para siempre, aun 
cuando para ello sea indispensable que se le hagan com- 
posturas ó reformas cuando convenga. 

Las relaciones entre Tacubaya y Mixcoac se manten- 
drán como hasta aquí ; sinceras y muy benéficas. 

Calculamos, permítasenos decirlo, que ambos lugares 
se unirán por una vecindad,' de tal suerte, que formarán 
casi uno solo. 

El Omnipotente nos bendiga y permita que en nuestros 
conceptos no haya equivocación alguna. 

Sírvase S. S. dar las gracias á la muy recomendable 
Corporación á que pertenece, á nombre de la que yo pre- 
sido, por la distinción con que nos favoreció ; y recíbalos 
muy cordiales á nombre de ella y el mió. 

Tengo la satisfacción de ofrecerme á su disposición 
como su atento seguro servidor Q. B. S. M. 

Gerómmo Caballero. 



320 1852 

COMBATE 



DURANTE MEDIA HORA 



DE SOLO UN HOMBRE Á PIÉ, CONTRA ONCE LADRONES DE i 

CABALLO. 

Dút sa témériU le eonduire au eéreuHl, 
L'honneur $eul de combatiré irrite $on orgueil.n 
(Hbnriadb, cap. VíIL) 

(Aunque debiese su temeridad conducirle al sepulcro 
El honor solo de combatir irrita su orgullo!) 

En estos tiempos en que tan pocos conocen que el valor 
es un sentimiento que nace del amor á la gloria, del deseo 
de adquirir renombre, arrostrando peligros ciertos, aun 
busc&ndolos, no será escusado referir un combate, cuyos 
detalles solo conocimos ayer. En nuestra relación, no ha- 
brá una sola palabra de exageración : merece entera fé, k 
pesar de presentar el hecho circunstancias verdaderamente 
inverosímiles; y si lo reproducimos, es para comprobarla 
verdad incuestionable del adagio latino, audaces fortuna 
juvaty é incitar á los viajeros á defenderse, cuando tengan 
armas. 

Hace cuatro dias ó cinco, que á la una y media de la 
tarde, cerca de Tepeji del Rio, fué atacada la diligencia 
que venía de Arroyozarco. Antes de esa hora, había caído 
alguna llovizna, y el coche se hallaba cerrado de un lado. 
Venían en el interior de la diligencia, un inglés, maquinis- 
ta, tres españoles, una señora francesa y nuestro héroe, el 
rico comerciante D. ALBERTO SPEYERS, alemán de na- 
cimiento. Arriba iban sentados, tan bien que mal, tres 
mexicano.-. 

Todos los pasajeros, á la hora del ataque, venjan ente- 
ramente descuidados, y la primera noticia que se tuvo de 



\ 



COMBATE CONTRA Ol«GE LADRONES. 3tl 

la llegada de los ladrones, la trajo la boca de una pistola 
que uno de ellos presentó por la portezuela del coche, gri- 
tando : < ¡rindan sus armas ó todos son muertos! — » 
< Sij contestó Speyers agachándose, pero con todo y balas 
las rendiremos ; y le enseña al ladrón una pistola chica de 
dos tiros. A esa vista, el bandido hace parar á su caballo 
de manos, para que le sirva coaio de escudo. Speyers que 
ya le tenia apuntado, deja ir el tiro ; y al misnao momento 
hace otro tanto el ladrón, lo mismo que otros cinco que se 
hallaban al lado opuesto del coche que estaba cerrado. Esa 
descarga, felizmente y desgraciadamente, fué sin resulta* 
do funesto por ambas partes. 

Speyers entonces, & pesar de los gritos de Jos pasajeros 
para detenerle, abre la portezuela del coche, salta en tierra, 
y con su pistola en mano, persigue al ladrón que le habia 
disparado, y que en compañia de los otros cinco, se habia 
ido á róunir á seis más que se hallaban k poca distancia. 
Despreciando el número, Speyers, con su otro tiro, hace 
fuego al grupo, y se vuelve al coche á buscar otras armas. 
Guando llegó, encontró k todos los pasajeros agazapados 
en el fondo del coche. Les habla, los alienta, pero en vano. 
Se quita entonces el reloj y el dinero que traía, y depone 
todo debajo de los cogines, de donde saca igualmente su 
otra pistola de dos tiros, y una de seis con que quería se-* 
guir la campaña. La de dos, se la presenta á uno de los 
pasajeros, exhortándole á que saliera del coche á defen- 
derse. Prepara Speyers la pistola, y la presenta á las ma- 
nos del pasajero, que por temblorosas, no atinan siquiera 
á cogerla. Viendo eso Speyers, se exalta, y exclama : « Ya 
que todos ustedes son unos cobardes^ me defenderé solo ; 
quédense como estánl » 

Mientras eso pasaba, los ladrones gritaban : « / Yia está 
cargando otra vez; tírenle! » En ese momento una descar- 
ga cerrada hizo llover sobre la diligencia una granizada de 

21 



m 1852 

balas que respetó al valiente Speyers. Este no pierde tiem- 
po ; asido fuertemente de su pistola de seis tiros, se lanza 
en pos de los once ladrones que á sü vista saltan la ancha 
zanja que habia k un lado del camino, para volver allí k 
cargar sus armas. A poco después vuelven sobre Speyers, 
le rodean k cierta distancia, y le gritan t « Ya vemos que 
es usted un valiente ; también nosotros lo somos ; ríndase 
usted; por valiente no le queremos matar. *— ¡Muy va^ 
lientes en efecto^ les contesta Speyers, once contra uno! 
Dicho esto, corre hacia ellos que se escapan, y les dice : 
* ¿P^ í^^ kuy^j cobardes, no dicen que son valientes? 
\ Vengan ustedes todos, uno poruña, aquí les aguardol » 
Casi cruzado de brazos oye Speyers una lluvia de postas y 
balas que silba á su derredor; contesta con cuatro tiros 
que no surten efecto por el movimiento continuo en que los 
ladrones mantienen sus caballos, para evitar que Speyers 
haga puntería. 

Hecha esa descarga general , todos los pasajeros se aba- 
lanzan h&cia Speyers; ásense de él, le suplican que rinda 
su arma, pues que si no, todos van k ser victimas; 
que se acuerde que en el coche hay una señora. Speyers 
se resiste ; llegan los ladrones á cercarle otra vez ; y en-* 
tónces él, con pistola en mano, les dice : « Vamos, dicen 
ustedes que san valientes, lo veremos; doy mi arma bajo 
dos condiciones'-^ ¿ Cuáles son^ contestan los ladrones ? ¡Bofo 
nuestra palabra de honor lasrespetaremosl — Pues está bien^ 
dice Speyers í la primera es que no se atreverán á mi perso- 
na; y la segunda que no tocarán á nada de lo que sea mió. 
— ¡Síi lo juramos, exclaman á la vez los ladrones! — Aqui 
estdpues^ mi arma^ responde Speyers, todavia le quedan doe 
tiros. 

Coje entonces la pistola el capitán de los ladrones, y to- 
dos juntos se dirigen hacia la diligencia. En un momento 
fueron deyedagados todos los baúles; rajados ios sacos de 



COMBÁIS GONTkA ONCE LADRONES. )it 

noohe etc., no respetando los bandidos líiis qUe lo qua 
Speyers les indicaba ser suyo. Mientras tanto nuestro héroe 
sentado sobre una caja que contenia las muestras de los 
efectos que traía, dibujaba en la arena figuras de fantasía 
con una calma algo más que admirable. 

Concluido el robo, los ladrones montados de nuevo en 
sus ligeros caballos saludaron á Speyers, despidiéndose de 
él en estos términos : — / Adws^ valiente: acuérdate que tam- 
bién los ladrones saben cumplir su palabra! — ¡Adios^ les 
dijo Speyers ; Dios quiera que no sea para siempre ! 

En esa pelea, fueron disparados contra Speyers más dé 
treinta tiros; dos balas medio muertas solo le alcanzaron, 
cuando buscaba en la diligencia su pistola de seis tiros; una 
le dio en el brazo, y otra muerta, en la caja del cuerpo : 
otra más, al acostarse, la encontró en su bota sin sabef 
por dónde entró. El inglés maquinista tuvo la mano lasti- 
mada por una bala que aun no se puede extraer; el 
cochero también salió herido, •►y la señora francesa recibió 
en su vestido cuatro balas que allí vinieron á morir. 

El Sr. D. Alberto Speyers no perdió en la refriega más 
que su reloj y algún dinero que depositó en la diligencia, y 
que no quiso reclamar por no tener ya armas con que apoyar 
su demanda. 

Según sabemos, el Sr. Speyers es un comerciante esta- 
blecido en Nueva-York, y acostumbrado á atravesar en ca- 
ravana, por en medio de las tribus de los indios bravos del 
Norte : y una vez atrincherado detr&s de sus carros con 
otros diez compañeros, sostuvo contra setenta y cinco sal- 
vajes un combate que duró de sol k sol, dejando más de 
veinticinco de ellos tendidos en el suelo. 

Quisiéramos que existiesen en México algunos centena- 
res de Speyers, para que aplicasen á los bandidos de ca- 
mino real, el único indulto k que diariamente se hacen 
acreedores, & pesar del enternecimiento filantrópico de los 



m 1852 

señores diputados, quienes cuando más, mandan a los ase- 
sinos á que muden de temperamento en algún presidio, por 
considerar su enf^medad local. — Un amigo de las dulces 
providencias. 



EXPOSICIÓN ALEGÓRICA. 

Un gallo pelón y una tortuga son los únicos animales que 
prestan alguna vidaá la Exposición: el uno sorprende por su 
desnudez, y el otro asombra por lo empedernecido de su 
vestimenta. 

Al contemplar á ese infeliz gallo que se muere de frió, me 
puse á pensar; y le encontré como k las flores, un lenguaje 
simbólico. Interpreté su silencio y me figuré oir que me 
decia : í Mírame bien; aquí estoy representado á la Hacien- 
«da pública: mas de quince millones de plumas (1) me han 
«quitado, y las han echado á volar: hoy sin duda, me en* 
«señan en la Exposición, para ver si te conmueves, y con- 
« sientes en contribuir á vestirme otra vez: entre nosotros 
« dicho, es una estratagema financiera. Mi compañera la 
« tortuga que ves á mi lado, te da una idea bastante exac- 
«ta de la marcha que sigue el país; y esas sogas con que 
«está sujeta, son los lazos fabricados por el clero deGua- 
« dalajara y el de Morelia, para que no ande todavía tan de 
« prisa. La carapace ó concha que cubre á mi tardona 
« vecina, es la costra de preocupaciones que envuelve á Mé- 
«xico,y que la actual revolución pretende todavía macizar. 
« Pero retírate, nos están observando, entrarían en malicia; 
«y muy bien me podría suceder lo que algalio Pitagórico, 
«que en un tiempo hicieron enronquecer.» 



(i) Los quince mlUoDes de pesos que dieron los americanos del Norte por la 
California. 



EXPOSICIÓN ALB6ÓRIGA. ' 325 

Pomo esponer, en la Exposición, al interesante gallo, me 
alejé de él ; y las pocas flores que vi no me hicieron ya im- 
presión alguna. Consideré la betarraga, aoord&ndome de 
la question des sucres^ (de la cuestión de los azúcares), y 
de la muy mala voluntad que á ese vegetal le tienen los in- 
gleses. Me mostré insensible ante los palidísimos nabos que 
allí habia, y cuya insulsa, romántica y deslavada blancura 
se esfuerzan en alcanzar nuestras hermosuras del dia. Seguí 
adelante, y me vino á perseguir el aspecto siempre molesto 
de unas monstruosas calabazas que me son hostiles. Sin- 
tiendo casi nublárseme la vista, apenas admiré á la carrera 
unas camelias caprichosamente matizadas que les hacen el 
mayor honor á los hortelanos de San Francisco; y hostiga- 
do por esos horrendos calabazones (j que maldita la gracia 
que tienen!), salí del palacio de brin de Rusia ^ con pro- 
mesa formal de no volverlo á pisar nunca. 

CN ENEMIGO DE ESPANTAJOS. 



1853 



329 

¡ÜN RAYO PARA UNA RAYA! 

« transversa tuentibus hircis, )» 

(Los machos de cabrío^ tun, lo miraban de reojo.) 

Para una raya trazada al carbón en una pared, invoca- 
mos un rayo, con el fin de que sean, cuando menos, des- 
coyuntados ó reducidos k polvo, como se lo merecen, todos 
aquellos geómetras de nuevo cuño que abundan en el Dis- 
trito, y que han declarado una guerra inmunda á todos los 
edificios recien pintados. Ninguno se escapa á la fantasía 
rayadora de los dichos malhadados carboneros; al grado 
que, apenas el pintor acaba de darle á su obra la última 
mano, que al dia siguiente, como en forma de guarda- 
polvo, se ven millares de rayas, formadas con carbón, cu- 
brir toda la parte baja de la casa, hasta donde pudo alcan- 
zar la... pata de estos hombres. 

Si esta manía denotara una disposición decidida para el 
dibujo, y la espansion de un genio creador y superabun- 
dante, se pudiera casi disimular esta falta : desgraciada- 
mente no es así; y á estos rayadores que tatouent (ó ra- 
yan) las casas, tan solo les anima su innata propensión á 
comunicar^ por envidia, la acostumbrada mugre que les 
ennegrece, & todo lo que no es de su propio color. 

La linea recta ó derecha^ en sí, nos dirán, es una cosa 
sumamente inocente: no es sino, una cantidad que no tiene 
mas dimensión que la longitud, y que puede girar sobre sí 
misma, sin que ninguno de los puntos que la componen, 
pueda cambiar de lugar. No nos contentamos con esta de- 
finición geométrica, ni tampoco nos infunde mucho pavor 
la linea derecha : la cur6a, es la que nos hace cosquillas; 
y ciertos sugetos la usan aquí, con un espíritu perverso y 
un cinismo que ultrajan á la moral y alarman incesante- 
mente al pudor menos escrupuloso. 



1 



m 1853 

Prescindiendo del estilo lapidario que han adoptado los 
referidos rayadores, y que es de los mas desvergonzados; 
no satisfechos con esto, dibujan en sus lascivos caprichos, 
las ñguras mas inmundas; y al pasar uno con su familia, 
delante de los arcos, el rostro se enrojece á cada momento, 
á causa de las obscenidades que interiormente los entapi- 
zan. Es insuficiente, las mas veces, para contener k estos 
d^6rdenes, el que alU esté estampado en las paredes, el 
signo de nuestra redención; y lo propio se observa en 
México, donde, á pesar de usar de esta precaución en mu- 
chos lugares sagrados, las inmundicias, al contrario, llegan 
h formar una especie de contra cimiento, k laa cercan que 
circundan los cementerios de varios templos. Ciertamente 
que mal se esplican así los sentimientos religiosos que ani- 
man á los mejicanos; y estos perfumes, & la par que las- 
timan en alto grado á la Majestad Divina, son muy poco 
gratos al olfato de sus criaturas. 

Los que todo lo perdonan, aun los asesinatos en camino 
real, como el del nunca olvidado Dr, Béstegui, y que son 
unos optimistas sin freno, nos dirán en contentación á nues^ 
tra critica, que nada de lo que vernos en nuestros dias, 
iguala al cinismo de los antiguos, cuyas pinturas, que los 
siglos nos han conservado, sus tiestos carcomidos y 8U 
misma lengua, vienen á ser otros tantos testinionios de su 
completa falta de pudor. En apoyo de sus comprobantes 
asertos (como famosos clásicos que son), nos recordaran 
que los desórdenes mas infames, las orgias, las obscenida- 
des mas lujuriosas de los últimos emperadores romanos, 
nos han quedado representados en el broncOt Pero noso^ 
tros que, en este punto, tanto odiamos k lo pasado como 
al presente, les contestaremos, que si las medallas Sprn- 
tríanos nos han pintado de bulto, las infamias de la muy 
impúdica Homa, no ha sido, sin duda, para que nos hir- 
viesen de modelo, sino para trastpitúrla^ k la 9%^cracioQ ^ 



m RATO VAHA UNA BATA. )}t 

los pueblos, habiendo tales excesos consumado, para siem- 
pre la ruina del Pueblo^Rsy. Precisamente se vio enton- 
ces, que á Roma le habia sido mas hostil la lujuria que las 
armas, y que el mundo vencido quedó vengado, como lo 
dijo cierto poeta : 

« MFDtof armi$ 

Lumaria ineúbmty víchim quíB ulcisetíur crbem. » 

Cierto es que no igualamos todavía, en el día, fe la Fran- 
cia de la Edad media, quien, á pesar de la pureza y de la 
sencillez de sus costumbres, admitia entonces ciertas in- 
decencias que mucho se asemejaban al culto que profesa- 
ban los antiguos al Dios Priapo. En esta época, las tortas 
de harina y mantequilla, lo mismo que los pasteles, tenian 
la forma, muchas veces, de las partes naturales de uno y 
otro sexo ; y el pudor de las niñas del siglo XIV, no se alar- 
maba, en lo mas mínimo, al aspecto de tales monstruo- 
sidades. 

No creemos, con todo, que en pleno siglo XIX, tenga- 
mos la idea de querer imitar las crudezas de unas naciones 
semi-bárbaras, ni tampoco la dé renovar las excesos & que 
daban lugar las Lupercales^ el culto de Venus^ el de Búco^ 
y el cinismo atroz de los Neron^ Claudio y Callgula. Si 
tal desgracia nos sucediese, ¿dónde encontraríamos hoy 4 
un Marcial^ á un Suetonio y fe un Juvenaly que imprimie- 
sen á tal desenfreno el sello de ignominia que tanto se 
merece? 

Revenant á nos moutons (volviendo al asunto), conclui- 
remos este artículo, suplicando al señor gobernador, fe cuya 
vigilancia se ha escapado el desorden que señalamos ; se 
sirva tomar providencias para reprimirlo : con esto pres- 
tará un gran servicio á una parte de la sociedad que, para 
transitar de México á Tacubaya, en breve necesitará ven- 
darse los ojos. 

S. M. 



332 i 853 

SÜSCRICION 

Á FAVOR DE LAS YÍCTIMAS DE LA INUNDACIÓN EN MI\GOAC. 

En la noche del 24 de este mes, una manga de agua re- 
ventó en los montes que dominan el pueblo de Mixcoac 
Fué tan furiosa la avenida, que breve el agua superó los 
bordes del rio, derribándolos en varios puntos. La inunda- 
ción se extendió instantáneamente por toda la población, 
arrasando casas, huertas y sementeras. Los pobres que ci- 
fraban sus esperanzas en los dones de la tierra, han queda- 
do reducidos k la mendicidad ; y muchos de ellos, según lo 
aseguran , andan buscando hoy en medio de los campos 
asolados, los cadáveres de sus hijos. 

Se comprime el corazón ante el cuadro triste de tan la- 
mentables desgracias ; y fueran ellas insuperables para mu- 
chos infelices, si no existiese afortunadamente en este suelo 
privilegiado, un sinnúmero de almas generosas, que para 
ios desvalidos vienen á ser verdaderamente una segunda 
Providencia. 

Nombrado por el señor prefecto del partido de Tacubaya 
para cumplir con la sagrada misión de colectar los donati- 
vos destinados á secar tantas lágrimas, me apresure en ad- 
mitir este honroso encargo. Al invocar un sacrificio peque- 
ño de parte de las personas ricas ó simplemente acomoda- 
das, inútil me parece recordales que estos actos de huma- 
nidad son los que Dios se complace en premiar. La grati- 
tud de los pobres nunca los olvida ; y de esta manera, las 
mas veces cesan los crímenes que engendra la miseria. La 
clase menesterosa, al acordarse de las simpatías que inspi- 
ró en sus desgracias, se moraliza por sí sola, mucho mas 
que por el temor de los suplicios que por una necesidad 
imperiosa le impone á menudo la justicia de los hombres. 



SUSGRIGIOM PARA LAS VÍCTIMAS DE MIXGOAG. 333 

Las cantidades que. tendré ia fortuna de reunir, serán 
entregadas por mí, en compañía del señor Prefecto de este 
partido, al venerable párroco de Mixcoac, el Sr, D. Anto- 
nio Baijez, quien les dar& la distribución prudente que le 
aconsejare su amor bien conocido h¿cia sus desgraciados 
feligreses. 

Gomo testimonio de mi particular gratitud, y para que 
conozcan los pobres á sus benefactores, publicaré en todos 
los periódicos de esta capital los nombres recomendables de 
las personas que habrán cooperado á llevar á cabo una 
obra de caridad que en el cielo hallará su recompensa. 

Queda abierta la suscrícion en la tienda de los Sres. ! 

Caire y C>, portal de las Flores, núm. 5, suplicando á cada I 

persona deje apuntado su nombre ai presentar su donativo. I 

Con el mismo gusto se recibirá el real del pobre, que la on- 
za del rico ; si no tiene el mismo valor, ciertamente es igual 
su mérito. 

Ernesto Massoiv. 



EL UNIVERSAL. 

México, setiembre 30 de 1853. 

Desde que el Sr. D. Ernesto Masson se hizo cargo gene- 
rosamente, de reunir los donativos con que las personas ca- 
ritativas quisiesen socorrer á los infelices que padecieron en 
sus cortos intereses, con motivo de la inundación de Mixcoac, 
acaecida en la noche del 24 de Agosto; ofreció publicar una 
noticia circunstanciada de la inversión que se diese á lo co- 
lectado, y hoy cumple dicha oferta con la mayor escrupulosi- 
dad Y valiéndose de nuestras columnas. En ellas se verá que 
lo recaudado por este señor, unido á ocho pesos que con 
el mismo objeto benéfico una persona cuyo nombre se ig- 
nora, y que puso en manos del Sr. cura Baijez, ascendió á la 



m 1853 

suma dé quinientos veinte y tres pesos, que fueron reparti- 
dos según distribución hecha por dicho Sr. Baijez, cura pár- 
roco de Míxcoac, y el juez de paz del mismo punto D. Luis 
Gómez. Muy oportuna nos parece la precaución tomada 
por estos señores, de acuerdo con el Sr. Masson, para evi- 
tar que alguno de aquellos infelices diesen mala inversioo 
al dinero, sin que se lograse el objeto de remediar sus ne- 
cesidades, y que consistió en comprarles alguna ropa con 
la suma que les estaba designada. Por el escrito á que alu^ 
dimos, fórmase mas cabal idea de los desastres ocasionados 
en aquel pueblo por la principal reventazón del rio, cuyas 
aguas se precipitaron por un callejón que apenas tendrá 
cinco varas de anchura y ascendieron & la altura de un 
hombre, derribando algunas paredes de adobe, penetrando 
en el edificio de la escuela, cuyos útiles quedaron destruidos, 
é inundando en seguida toda la parte baja de la población 
donde ocasionó otras muchas desgracias. 

El Sr. Masson no se limitó á abogar en favor de aquellos 
desgraciados habitantes, pues vemos figurar su nombre en 
la lista de suscricion, anotado con diez y seis pesos. Tal 
conducta constituye á este señor digno del aprecio, no solo 
de los mexicanos, por quienes muestra tan marcadas sim- 
patías, sino de todos aquellos para quienes la caridad y la 
conmiseración no sean frases vacias de sentido, y que se- 
pan valorizar los esfuerzos hechos en alivio de nuestros se- 
mejantes. 

La Redacción. 



Hcfli^aclas de Mlxeoac socorridas. 

« Non ignora mali miseriis succurrere disco, » 

En el Universal áél !.• de este mes, al formar una sus- 
cricion k favor de los infelices de Mixcoac, arruinados por 
la inundación de la desastrada noche del 24 de ÁgostOi 



DBSGRACaiS DE ÜIXOOAG SOCORRIDAS. 33»( 

ofrecí dar una cuenta escrupulosa de la inversión de los do- 
nativos que tendría la fortuna de colectar. Cumplo hoy con 
efita sagrada promesa ; y ío hago con la religiosidad á que 
son acreedoras todas las personas que, con la niayor gra- 
cia, cooperaron á una obra de caridad que honra tanto á 
su corason* 

El 25 de este mes, acompañado del Sr. Prefecto^ coronel 
D. Ángel Cabrera, y del Sr^ Isidoro Adoue, albacea del 
Sr. Zurutuza, llevé al Sr. cura de Mixcoac, D. José Anto- 
nio Baijez, lacantidadde515ps., que unidos á 8 ps. que en 
manos de este venerable párroco^ había dejado una persona 
que celó su nombre, formaron la suma de 523 ps. 

Cuando nos presentamos en ei curato ^ allí nos estaban 
aguardando el señor cura, que es un modelo de virtudes 
evangélicas, y el Sr. juez de Paz D. Luís Gómez* Ambos, 
hecha la suputación de las pérdidas de cada vecino del 
pueblo, no se habían atrevido, por delicadeza^ á fijar sin 
nuestra participación, las cantidades que habían de rerne*- 
diar los males sufridos. 

Hicimos presente á estos inapreciables señores, que en 
esta materia no podíamos tener intervención alguna, y que 
en vista de los conocimientos que habían adquirido, que* 
daban en plena libertad para asignar á cada uno lo que les 
pareciese justo. 

Por no coartar sus decisiones, suplicamos al señor cura y 
al señor juez, nos permitiesen retirarnos mientras designa^ 
han las cantidades : así lo hicimos, y en el intervalo fuimos 
á practicar una vista de ojos de las desgracias ocurridas, 
dejándoles solos para que obrasen conforme á los impulsos 
de su conciencia* 

En nuestra visita, que duró mas de una hora, vimoa la 
principal reventazón del rio que abrió paso al agua que se 
precipitó por el callejón donde está situada la casa del Sr. 
Lie. Monjardin. Dicho callejón tendrá apenas la anchura de 



336 i 853 

cinco varas; y el agua se elevó en él k mas de la altura de 
un hombre. Por allí hizo un esfuerzo el agua y derribó una 
pared de adobe, rompiendo en seguida otras tres que se 
encontraron en la dirección del torrente. Esta agua fué la 
que inundó toda la parte baja del pueblo de Mixcoac, oca- 
sionando grandes desgracias. Lo demás de la avenida si- 
guió su curso estrepitoso por el referido callejón, é invadió 
la escuela entrando en ella por puertas y ventanas, y de- 
jándola en un estado verdaderamente lastimero. De allí, la 
creciente se arrojó sobre las bardas del cementerio y las de 
la casa parroquial, que en varias partes hizo desparecer. 
Desde luego el señor Prefecto, el Sr. D. Isidoro Adoue y 
yo, nos propusimos que del dinero colectado, se reservase 
una parte, mas que fuese pequeña, para atender á estos 
dos principales objetos. 

A poco volvimos al curato y suplicamos al señor cura y 
al señor juez de Paz, quienes ya tenian su lista casi formada, 
inscribiesen en ella 60 ps. para la reposición de las bardas 
del curato, y 30 ps. para la compra de nuevos utensilios 
para la escuela. 

Remediadas las pérdidas ocasionadas por la inundación, 
quisimos que también fuesen socorridas con el sobrante de 
la cantidad colectada, las miserias de los demás pobres del 
pueblo. Nos hizo observar el señor cura, con el tino que le 
caracteriza, que era mas conveniente comprar ft estos infe- 
lices alguna ropa con la cantidad que se les hubiere desig- 
nado, por el natural temor de que al dinero le diesen una 
mala inversión. Nos pareció muy acertada esta medida, y 
los nombres de dichos pobres van distinguidos con una es- 
trella, en la lista que me apresuro á publicar. 

Dicha lista me fué remitida por el sefior cura y el señor 
juez de Paz, en una carta cuya copia trascribo : 



DESGRACIAS DE MIXCOAC. 



337 



tSr. D. Ernesto Masson, 

Su casa en Mixcoac, á 27 de setiembre de 1853, 
Muy señor nuestro y de todo aprecio : 

Tenemos el honor de acompañar á usted la lista de 
la distribución que han tenido los 523 pesos que usted tu- 
vo la bondad de colectar para los pobres de este pueblo. 
Nosotros, k nombre de él, damos á usted las mas expresivas 
gracias, y le suplicamos se digne darlas á todos los señores 
que contribuyeron para tan piadoso objeto. 

Se ha repartido ya una cantidad considerable del dinero; 
y el dia de hoy quedará distribuido todo el que tenga que 
darse en efectivo. 

Somos de usted afectísimos servidores que atentos B. S. M. 

Josií Antonio Baijez. — Luis Gómez. 



Lista de la distrihudon que se hizo de quinientos veinte y tres pesos, á ¡as 
personas que ¡sufrieron pérdidas en la inundación del pueblo de Mixcoac 
la noche del 24 de agosto del presente año de i 8") 3. 



María Hilaría García ps. 

Nieves Soto 

Petra <j0uzalez 

Juan Cárdenas y Ojeda 

Mariano Suarez 

Hipólito Cisneros 

Eücarnacion* 

Irineo Hernández 

Desideria López 

Manuela Cedrillo 

María Hamona 

María Joaquina 

María Yardon 

Soledad Carmena 

José Escobar 

Teodora Cario 

Venancio Alba 

Láznro Patricio 

Cristina Herfiez 

Sras.Hortas 



3 

8 

6 

20 

5 

6 

6 

5 

6 

7 

ÍO 

3 

5 

4 

2o 

ÍO 

6 

4 

15 

25 



Gertrudis Pérez ps. 12 

Francisca Hidalgo 20 

María Filomena* O 

Juana Munibe 8 

La escuela 30 

María Lucía 4 

Magdalena Calles* 8 

Juan José Pallares 2 

Tomás Franco (» 

María de Jesús López* 10 

La parroquia 60 

María Josefa Redonda* 2 

Felipa Hernández * 6 

Albino Ibafiez* 4 

Lucio Vadilla* 2 

Trinidad López* 2 

Petra Herñez* 2 

Abunda Jiménez* 3 

Trinidad Hernández* 3 

Ruperto Ramirez* 3 

22 



338 

Miguel Camacho ps. 

Alejandra Ksquibel '^ 

Cristóbal Várela 

Manuel Gonzatez"" 

Pascuala Maria"^ 

Guadalupe Herñez* 

Polonia Nájera* 

María Benita "" 

Isidoro Soto* 

Exiauia M^ría 

María Juliana 

Manuel Hosas 

Alejandro Pérez 

Solera Pérez 



1853 



8 
4 
3 
3 
4 
4 
4 
4 
4 
4 
4 
JO 
6 
3 



María Isidra* ps. 

Bárbara Nicolasa* 

Sixta Pérez* 

Guadalupe Nájera* 

Josefa Barquera 

Carmen Rosas 

Agapita Rosas 

Mariano Bernal 

Vicente Herflez 

Leonarda Cuevas 

Rosa Nájera 

María Carmen de Hacoque- 

meca 

María de Jesús López^ lagrande 



Demostración, 

Se recibió la cantidad de ps. 523 

Se distribuyó la de ; 485 

• Sobrante ps. 38 

Quedan en poder del Sr. cura D. José Antonio fiaijez, 
treinta y ocho pesos que repartirá á otras personas que lo 
necesiten. 

Mixcoac, setiembre 26 de 1853. 

José Antonio Baijez. — Luis Gómez» 



Nombres de las personas piadosas que socorrieron á Mixcoac. 



Sr. Prefecto de Tacubaya, coro- 
nel D. Ángel Cabrera. . . ps. 

Sr. general D. Ignacio Basadre. 

Srila. D.' Klena Basadre 

Sr. D. Francisco Ocampo. .. . 

Sr. D. Félix Galindo 

Sr. D. Ernesto Masson é hijas. 

Sr. ü. Domingo Paúl 5 

Sr. administrador de la aduana 
D. Ignacio de la Barrera. . . 

Sr. D. Pedro 

Srita. D.* Josefa 

Sr. I). Antonio Ví^rtiz 

Testamentaría dctSr. Zurutuza. 

Sr. n. Juan Antonio Béistegui. 

Sr. D. Gregorio de Mier yTeran . 

Sr. D. Augusto lAousseau 

Sr. D. Francisco Iturbe 15 

Sr. Beneke 10 



Sr. D. Eugenio Bátres ps. 10 

Sr. D. Carlos KaufTmann.... 5 

Sr. D. Carlos Whitehead 8 

Sr.Uslar 5 

Sr. Garruste 15 

Sr. Ü.Juan Candas 5 

Sr. D. Isidoro de la Torre 25 

Sres. Maquibar y Cueto 5 

Sr. D. Juan Guijosa 5 

Sres. Echeverría é hijos 25 

Sr. D. Teodoro Ducouig 3 

Sr. D Luís Hcidsieck 3 

Sr. D. Maximiliano María Cha- 

bert 5 

Sr. C. A. Fornachon 5 

Sres. Teodoro Bahre y C*. . . • 5 

Sres. Slürken Pollitz 5 

Sr. D. Guillermo Jamison 10 

Sr. D. Rafael Cancino S 



A LA GIUDAB DE BALDITIA. 



Sres. Seng^tack y C* ps. 

Sr. D. A. Gautier 

Sr. D. Antonio Garay 

Sr. D. Juan Bautista Adoue. . . 
Sr. coronel D. Manuel Reyes 

Veramendi 

Voz d*'. la Religión 

Oüciales de la Voz de la Religión 

Sres. M. C.Geaves y C.* 

Sres. A. C. Doormann é hijo.. 

Sres. Joohheim y C* 

Sres. Caire y C.» 

Sres. Fortiií Lebre y C 

Un desconocido 

Sr. D. Fernando Collado 

Sr. D. Teodoro Aubert 

Sr. Vázquez 

Sr. Alvarez hermano 

Sr. D. Manuel Escandon 

Los dueños de la fundición del 

Olivar 

Sr. D. Eduardo Scliütte 

Sres. E. Siraonsfeld y C». . . . 
Sr. Lohse 



Sr. Garsiii |)6. 1 

Sr. D. Ignacio Carranza 5 

Sr. D. Fernando Orvafianos. . . 1t 

Sr. D. Ramón de la Cueva... 2 

Sr. D. Antonio do la Torre. . . 1 

Sr. D. José María Andrade. . . 3 
Sr. D. Rafael Gómez de Lama- 

drid S 

Sr. D. Francisco Bardet i O 

Sr. D. Pedro Valdovinos 1 

Sr. D. Tiburcio Gómez de La- 

madrid 4 

Sra. viuda D.» Lorenza de Lobo 0,4 

Sr. D. Joaquín de Rosas 10 

Sr. D. José María de Landa. . . 3 

Sr. ü. Hipólito Brun 1 

Sr. D. Joaquín Flores y her- 
mano 10 

Un desconocido 4 ,4 

Sra. D.* Guadalupe de Villamil. 5 
Sr. juez de letras de Tacubaya 

D. Manuel de Villamil 10 

Un desconocido que mandó su 

donativo al sefíor cura 8 



Habia prometido publicar en todos los periódicos de la 
capital, lo relativo á Mixcoac ; y si no lo hago, es por lo 
prolijo de la narración y lo costoso de su inserción. 

Ernesto Massopí. 



A LA CIUDAD DE BALDIVIA 

£S D£CIR 

i LA CIUDAD DONDE SE ESPENDE CASI DE BALDE. 



Con este significante rótulo, se acaba de abrir una nueva 
tienda de ropa en ia calle de San Bernardo, núm. 1 , donde 
se espenderá toda clase de efectos, á unos precios suma- 
mente equitativos. 

El público, al comprar, sabrá apreciar si son vanas ó no 
nuestras ofertas. 

Generalmente se nos culpa de que hemos echado á pei^der 
el comercio; pero si los consumidores, que son muchos^ 



340 4853 

aprueban nuestro sistema, muy poco nos importa que ios 
vendedores, que son pocos ^ lo motejen ó lo lleven á mal. 

Al contentarnos con un beneficio extremadamente corto, 
se centuplican nuestras ventas (dándonos el mismo resultado 
que si fuesen pocas, teniendo mucha utilidad en ellas), y 
el público, á quien hacemos, en cierto modo, partícipe de 
nuestras ganancias, adquiere de esta manera los artículos 
de primera necesidad, en ropa, á unos precios poco acos- 
tumbrados antes. 

Si por los motivos indicados, se nos acusa de una especie 
de socialismo^ tampoco nos afecta mucho esta imputación 
enteramente moderna. La gente laboriosa, lo mismo que 
los pobres, no desaprobarán el plan que nos hemos pro- 
puesto seguir en nuestro modo de comerciar. 

Afortunadamente para México, ha pasado ya la época, 
en que la bretaña solia valer veinte pesos pieza ; la indiana^ 
cuatro pesos vara;* y en que, tan solo se encontraba una 
banda de burato por unos treinta pesos y y eso cuando lle- 
gaba la mentada Nao. 



LOS ARCOS DE CHAPULTEPEC. 

En estos se veía, en tiempos atrás y de trecho en trecho, 
representadas al carbón, todas las obscenidades que pudiera 
engendrar la fantasía disoluta del mismo Aretino ; en cuya 
consecuencia se me ocurrió, en 53, lanzar un comunicado 
sobre ]^ puerca materia^ que llamó la atención del Sr. ge- 
neral D. Antonio Diez de Bonilla, gobernador en esta fe- 
cha. Este empeñoso funcionario se apresuró desde luego, 
en mandar borrar la multitud de diseños inmundos que 
ilustraban á cada paso, los susodichos arcos. 
, Habiéndose, desde entonces, empezado á renovar los 
mismos escesos, me parece, casi oportuno, reproducir el 



LOS ARGOS DB GHAPULTBPEG. 341 

artículo á que me refiero, seguro de que la autoridad pre- 
sei^te, no menos celosa que la pasada, sabrá poner coto á 
unas monstruosidades que, desacreditándonos, ofuscan en 
extremo á la moral pública. 

Hoy que el señor gobernador, con mucho tino, acaba de 
publicar un bando, sobre la portación de armas prohibi- 
das, bien pudiera incluir en él la del carbón, dando orden 
á los camineros que, cruzados de brazos, han tomado ya la 
forma de una X, de aprehender á los delincuentes, en me- 
dio de sus eróticas delincaciones. 

E. M. 



1854 



343 

POZOS ARTESIANOS Y HOMENAJE AL MÉRITO . 

« Cherchez, et vous tj^ouverez. » 

Todos saben que el agua ejerce en la vegetación de las 
plantas, por su acción indirecta, una influencia extraordi- 
naria : obra como una especie de disolvente, é introduce 
en ellas numerosos principios indispensables á su existen- 
cia y crecimiento. Sin el riego, los campos no presentan 
más que un aspecto serio y desconsolado ; su esterilidad, 
que el hombre en vano trata de combatir, tan solo le ofrece 
un porvenir de trabajos arduos y de goces miíy eventuales, 
si la Providencia misericordiosa no manda de lo alto algu- 
nas lluvias que medio la mitiguen. Tal es, por desgracia, 
el estado casi general en que se mantienen las más hacien- 
das de un país naturalmente fértil* 

Está comprobado por la experiencia que existen abun- 
dantes corrientes de agua subterráneas, y que para subir á 
la superficie de las tierras, ó á una altura que las domine 
muchas veces, no exigen mas que el trabajo del hombre. 
El feliz éxito de los pozos artesianos en Europa, principal- 
mente en Francia, ha confirmado esta verdad tan consola- 
dora. En un país como México, cuyos valles están circun- 
dados casi siempre de montes inmensos, es indudable que 
si el agua no surge á la superficie, es únicamente porque 
los manantiales interiores que existen en dichos montes, 
hallándose en terrenos en extremo permeables, blandos ó 
arenosos, toman su curso por debajo de la tierra, basta 
encontrarse por casualidad con otros de mayor resistencia 
que obligan entonces al agua á elevarse. 

En un suelo cual el nuestro, es sin disputa de la mayor 
trascendencia para la agricultura, y aun para la industria, 
la construcción de numerosos pozos artesianos: á la prime- 
ra le comunican la vida de que carece, y á la otra le facili- 



346 1854 

tan la potencia nootriz mas económica. En Tours, ciudad 
de Francia, se han abierto m&s de diez pozos artesianos^ 
de los cuales cuatro dan el movimiento á varias manufac- 
turas* 

El Sn D. Alejandro CoiFfier acaba de abrir un pozo ar- 
tesiano en una pequeña hacienda que tengo junto & Goyoa- 
can, llamada San Pedro Mártir, que ha dado los m&s fa- 
vorables resultados : brotan ya del pozo más de dos surcos 
de agua enteramente potable,, y cuya temperatura suave 
la hace* muy propia a) riego de las tierras. 

El Sr. GotiD^ después de haber luchado con tenacidad 
para vencer fas asperezas que presentaban las varías capas 
de la tierra que ha tenido que atravesar, ha llegado ya i 
ver «US esfuerzos coronados» Nada le arredró en su em- 
presa, y con el mayor acierto empleó, ya los barrenos de 
todas formas y tamaños que inventó la ciencia, ya los ins- 
trumentos de percusión más poderosos para romper los 
obstáculos que muy á menudo se le ofrecian. Experimento 
hoy la satisfacción más grande para un labrador, que es la 
de ver asegurado para sienipre el riego de sus tierras, aosf- 
que falte en ellas de vez en cuando el agua que les llega 
por tandas, según es de costumbre. 

El agradecimiento tan natural que resiente cualquier 
propietario al recibir un beneficio tan grande, como es 
el que proporciona im pozo artesiano para el laborío de sus 
tierras, me obliga, á pagar públicam^te al S^. D. Alejan- 
dro Coiffier, el tributo de elogios que se merecen sus tai- 
lentos, nada comunes para la perforación de los po*- 
sosy como'tambien por el apreció t&n exMto que sabe ha4M!r 
de los terrenos en que debe tralM^an 

2^n que me ineomba^ en le mas míkrime dar at Supremo 
gobierno consejos de ninguna dase^ diesearia francasMdte 
verle fomentar con remuneraciones bonoriOeas^ ya que no 
pueden ser peeuniaríes por sns escaséeos^ tes esfuenes de 



CAMINO DE TáGUBAYA* 347 

I08 hombres útiles que nos enseñan á sacar de las entrañas 
de la tierra el liquido precioso, que sin duda la Divina 
Providencia nos ba denegado en la superficie, para oMi* 
garno8& trabajar. (Y mal que nos pese.. ... lo neeetátamos.y 
— Dominyo Paúl. 

K. M. 



CAMINO DE TACÜBAYA* 
Siglo XIX, — Febrero 16. 

Llamamos la atención de quien corresponde, híicia lo» 
heehos que se denuncian en la carta siguiente : 

f Señores editores de! t Siglo XIX. » — Tacubaya, fe- 
brero 15 de 1854. — Muy Señores míos: — Conociendo 
plenamente' el interés que ustedes toman por todo lo que 
afecta la seguridad pública, me tomo la libertad de diri- 
girles esta nota, suplicándoles que hagan mérito de ella 
en su apreciable periódico, para que llegando la denuncia 
que contiene k noticias de la respectiva autoridad, ponga 
un remedio' que en mí concepto es de muy fí^cil ejecución. 

Es el hecho qoe de quince ó veinte dias & esta parte, se 
advierten con alguna frecuencia malhechores en- el camino 
de aqui k la capital, habiéndose dado casos de parar por la 
noche á varias carretelas de las que bacen^ el tráfico entre 
uno y otro ponto» A varías personas decentes también que 
por alguna cireunstaneia han tenido que irse ét pié parar 
esa ciudad, las han agredido con: puñales úokra cualqtiiera 
arma, siendo el resultado que pasada la oración de la no- 
che, muchas personas t em e n pasar el camino, y prefieren 
pasar cualquier' trabajo aqui ó sofrir aigun menoscabo por 
falta de atención á sus negocios, que esponerse & ser ro- 
lados y maTtratados en el camino. 

Yo creo, pues, que ía autoridad respectiva debiera to- 



348 1854 

mar la sencilla providencia, de establecer dos patrullas de 
tres hombres á caballo, del cuerpo de policía, para que re- 
corriesen el camino desde su cuartel hasta la hacienda de 
la Condesa, tomando cada una la mitad de dicho camino 
para combinar así el que haya mas facilidad de ocurrir á 
cualquiera de ellas por la menor distancia que tienen que 
recorrer, y el que tenga la tropa menos molestia en atender 
ix un tramo tan largo. Así mismo creo que estando tan en 
contacto la capital con este punto, debería cuidarse que 
estas patrullas estuviesen sobre el camino hasta las once ó 
doce de la noche, pues hasta dichas horas, poco más ó me- 
nos, dura el tránsito de pasageros por diversos motivos. 

Sírvanse ustedes disimular mi importunidad, y dar por 
bien del público, una excitativa en su periódico para el re- 
medio del mal que dejo enunciado. 

De ustedes con atención S. S. Q. B. SS. MM. 

M. G. G. 



Siglo XIX. — Febrero Í8. 

El Sr. Masson, regidor de Tacubaya, nos ha asegurado 
de la manera mas formal, que es enteramente falso el he- 
cho de haberse cometido algunos robos en el camino de 
Tacubaya, que denunciaba un remitido inserto en nuestro 
diario, y que para mayor seguridad está praticando una 
información sobre el asunto. Esta noticia, que proviene 
de una autoridad, inspirará confianza al público y har¿ ce- 
sar toda inquietud en los que por negocios ó recreos van de 
aquí á Tacubaya. 



El Universal. — Febrero 19. 

No hace muchos dias que el Siglo XIX insertó en sus 
columnas una carta donde se aseguraba que varios robos 



CAMINO DE TAGDBAYA. 349 

habian tenido lugar recientemente en el camino de Tacu- 
baya á esta capital. Dicha carta, como puede suponerse, 
no dejó de alarmar á las personas que con motivo de sus 
negocios viajan periódicamente de uno á otro punto. El 
Sr. regidor D. Ernesto Masson, acaba de remitirnos las si- 
guientes líneas que desmienten de la manera más solemne 
cuanto dijo el autor de la mencionada carta publicada en el 
Siglo XIX. 

« En el Siglo XIX del 15 de este mes, se ha publicado 
una carta firmada M. G. G. de las más alarmantes para las 
personas que transitan por el camino de Tacubaya. En di- 
cha carta que parece ser escrita por un vecino de la villa, 
se culpa á las autoridades locales de una negligencia cri- 
minal. Según las noticias que da el autor, ha habido car- 
retelas atacadas y despojadas ; transeúntes de á pié sorpren- 
didos por malhechores, con puñal en mano, etc. , etc, : en 
fin, la historia trazada es de las más dramáticas. 

Como regidor que soy en la villa de Tacubaya, he tomado, 
sin demora, los más escrupulosos informes de todos los co- 
cheros de las carretelas ; y puedo asegurar á los habitantes 
de esta hermosa capital, que es solemnemente falso todo lo 
que el Sr. M. G. G. relata en su extraña carta. 

Desde el ataque de las diligencias de Toluca, donde ve- 
nia la familia del Sr. Murphy, y un robo insignificante, in- 
tentado en el rancho de los Alamos, no ha habido acci- 
dente alguno que deplorar en las cercanías de Tacubaya. 

Le daremos al Sr. D. M. G. G. un consejo, y es el que 
se mande curar de pesadillas. 

Ernesto Masson, regidor en Tahucaya.y^ 



35a 18¿4 

Univ££sal. — Febrero 23. 

Por la información que se sigue, y es como de costom- 
bre larga, conocerá el público que nos esforzamos en de- 
volverle la confianza, que quizá habia hecho desapareco* 
en él la noticia alevosa que se le dio en una carta inserta 
en el Siglo XIX del \ 6 de este mes. 

El Sr. D. M. G. G., cuyas iniciales son desconocidas en 
la villa de Tacubaya, no puede sei* vecino de ella, por la 
razón muy clara, de que si hubiera fijado allí su residencia, 
no tralaria de perjudicar con fábulas á un pueblo en qoe 
tuviera intereses de simpatía ú otros. 

Se puede creer mas bien, que el Sr. D. xM. G. G. es uno 
de los entusiastas por el Sr. Prefecto pasado, y que para 
probar que el presente desmerece mucho de su antecesor, 
ya han empezado en la calzada de Tacubaya los robos y 
asaltos tan frecuentes antes. Si es cierta nuestra suposición 
sepa el Sr. D. M. G. G. que si el Sr. coronel D. Ángel Ca- 
brera tenia méritos como hombre de empeño, también los 
tiene para con Tacubaya el Sr. coronel D. Ignacio Car- 
ranza, por haber, en el año de 52, contribuido al incre- 
mento y ornato de la villa, con mucho dinero propio, con- 
siguiendo á la vez que todos le imitaran. 

A nadie se le debe la desatparicion de los malhechores en 
los caminos, más que Á las sabias disposiciones dictadas 
últimamente por S. A. S. Estos malvados que, como los 
asesinos del Dr. Bésteigui,' encontraban en el Congreso pa- 
sado (que de Dios goce) una ternura casi paternal, ya no 
amagan felizmente á la sociedad, ni desafian como antes á 
la justicia. 

Siendo, pues, falsa la aserción del Sr. D. M. G. G., y 
manifiestas las intenciones que tiene de causar grandes 
daños á toda una población, quizá por sus enconos particu- 



GAMmo DB TACÜBAYA. 33Í 

lares, le recordaremos que la calumnia^ desde tiempos in- 
memoriales, ha sido castigada con el mayor rigor* Los 
egipcios, los atenienses, y las leyes de Moisés aplicaban á 
los calumniadores la pena del talion. En Roma los marca- 
ban en la frente con un fierro caliente ; y por esta razón se 
designaba en aquella época á un hombre honrado con las 
palabras de inlegrce frontis homo. Es de sentir que el Sr. 
D. M. G. G. no haya nacido algunos siglos antes. 

Ernesto Masson, regidor en Tacubaya. 



Sello quinto, medio real, para los años de 1854 y 1855. 
— En la villa de Tacubaya, á los diez y ocho dias del mes 
de Febrero de mil ochocientos cincuenta y cuatro años, 
ante mí el alcalde de la primera sección que actúo con tes- 
tigos de asistencia en la forma ordinaria; se presentó el Sr. 
regidor D. Ernesto Masson, y dijo : que el periódico intitu- 
lado : « El Siglo XIX » del día 16 del corriente, ha publi- 
cado mi remitido en el que la persona que lo suscribe, ase- 
gura que de veinte dias á esta parte se han dado casos de 
haber parado por la noche para robarlas, algunas carrete- 
las de las que hacen el tráfico entre esta villa y México. Y 
como el esponente está cierto de ser falso lo que se dice en 
el espresado remitido y estando en el deber de vindicar 
ante el público á las autoridades de esta población, así 
como desvanecer los temores que esta noticia puede infun- 
dir á las familias que vienen á vivir á ella; pide al presente 
señor alcalde, se sh-va levantar una información en la que 
bajo la religión del juramento, declaren todos los cocheros 
de las espresadas carretelas, si en alguna ocasión han sido 
asaltadas en la calzada por malhechores, y si han tenido 
noticia de que haya habido algún robo. Y que concluida 
que sea, se le entregue original para los usos que le con- 



352 i 854 

vengan : esto dijo y firmó conmigo y los de mi asistencia. 
Doy fe. 

Gabriel Martínez. — -Ernesto Masson. — 
Asistencia^ Carlos García. 
Asistencia^ Francisco Argümosa. 



Tacubaya, Febrero 18 de 1854. — Levántese la infor- 
mación que se pide en la anterior comparecencia, cítese á 
los cocheros de que se hace mención en ella, para que se 
presenten en este juzgado á declarar sobre los puntos á que 
se contrae, y en vista de lo que resulte se proveerá. Así lo 
mandó y firmó el Sr. alcalde con los de su asistencia. 
Doy fe. 

Martínez. — Asistencia, C \rlos García. 
Asistencia, Francisco Argumosa. 



En 20 del mismo se presentaron los cocheros Antonio 
Espinosa, del carruaje núm. 2; Vicente Domínguez, por el 
nüm. 3; Francisco Mayoral, por el núm 4; José María 
Maya, por el nüm 6; Francisco Alcalá, por el núm. 7; 
Miguel Covarrubias, por el núm. 8 ; José Brazamonte, por 
el núm 9; Vicente Guzman, por el núm 10; Juan Duran, 
por el núm H ; Manuel Correa, por el núm. 12; José Ma- 
ría Ramírez, por el núm. 1 6 ; José María Mallorga, por el 
núm, 18; Francisco Zedillo, por el núm. 22; Bruno Gon- 
zález, por el núm. 25; Rosalío Garduño, por el núm. 26: 
José María Garduño, por el núm. 27; Francisco Mora, por 
el núm 28 ; Joaquín Vázquez, por el núm 29, y Juan Enri- 
quez, por el núm. 30; los que juramentados en toda forma, 
y examinados sucesivamente sobre los puntos á que se 
contrae esta información, declararon unánimes : que en 
todo el tiempo que llevan de cocheros, transitando de 



1 



ESCUELA DE TACÜBAYA. 3^' 

Mélico k esta villa, jamas han sido asaltados ni robados en 
la eat2ada, sin embargo de haber andado por ella infinitas- 
veces & horas muy avanzadas déla noche, ni tampoco han 
tenido noticia que le haya acontecido á persona alguna. 
Afirmándose y ratificándose cada uno en esta declaración, 
y firmando los que supieron conmigo y los de mi asisten- 
cia. — Doy fe. i 

Martínez. — Viceivte Domínguez. — Francisco 
Alcalá. — Asistencia, Carlos GIiacia. — 
Asistencia, Francisco Arglmosa. 



Tacubaya, Febrero 20 1854. — Entregúese original 
esta información al Sr. regidor D. Ernesto Maíjson, según 
pide en su anterior comparecencia. Así lo mandó y firmó el 
Sr. alcalde con los testigos de asistencia. Doy fe. 

MartixNez. — Asistencia, Cáblos Guacia. — 
Asistencia, Francisco Argumosa. 



BENDICIÓN 

DB LA PEIM£RA PIEDRA DE LA ESCUELA DE TACIüBA;YA, ^R EL ILLMO. SR, 

ARZOBISPO, Y SOCORRO PRESENTADO A LA ESCUELA DE LA VIILA 

POR LAS DE BE.\EFIGE-\GIA DE MÉXICO. 

« Ent vas in konorem, titile Domino ; 
a adomne opus botwm paratum. i> 
S. Pablo. 

« Él sera un vaso de lionoc, úlil al Señor, . 
«preparado para cualquiera obra buena.» 

Esta escuela, cuya fundación no remonta mas que 
basta el 3 de Marzo de este año (1), sigue levantándose: 
como por encanto. El pueblo que se interesa en la obra, i 
la hace salir de tierm, (como si usara de algunos hechizos) 

"(1) Véase el articulo del üfirersfit del 17 dcmaiio, pá¿. 305. ^ 

23 



3U 1854 

solo trabajudo en eila de faena, los domingos de oadafiíK 
xoana; En aquellos días de general deeeanso, los dtf^renlea 
barrios de que se compone Tacubaya, maodao su cotíáor 
gente de hombres* Estos, capitaneados por ios varios auxi- 
liares de las dos secciones en que se divide la poblactoUt 
se lanzan al tnabajo con el mismo entusiasmo que nuestros 
soldados á la toma de cualquier fortin. 

Todo se hace con orden ; y cada uno, botes de entrar á 
}a faena, da su nombre, el del barrio k que pertenece, y 
la hora en que se presenta. A las dos horas de trabajar, 
sale llenando los mismos requisitos. Esta cuenta y razón la 
lleva muchas veces el mismo Sr. Prefecto, coronel D, Igna- 
cto Carranza. Este digno gefe no conoce el descanso, y to- 
dos le ven dirigiendo los trabajos en persona, desde las 
seis dé la mañana hasta las tres de la tarde, sin que sufra 
desaliento. No se puede presentar un cuadro mas intere- 
sante que el que ofrecen en cada domingo mas de tres- 
cientos hombres, trabajando alegremente con la fuerza de 
la voluntad que todo lo venee. 

Los edificios que levanta la débil mano del hombre, in- 
vocan necesariamente las bendiciones del ciclo ; y mucho- 
mas loB que estfin destinados 6 la educación de la juventud, 
y que en estos tiempos de general miseria se construyen 
con materiales de poco costo. Conociendo esta necesidad 
moral que hay de imprimir ese sello venerando á cual- 
quier obra de esta clase, el Señor Prefecto, por medio de 
una comisión, se dirigió al Illmo. Sr. Arzobispo, para que 
se dignara venir á bendecir la escuela. Dicha comisión la 
componian el señor magistrado del tribunal de la guerra,. 
Líc« D. Anastasio Zerecero, un regidor del I. ayuntamien- 
to, y el señor secretario del señor Prefecto, Lie, D. Fran- 
cisco Arciniega. El sumo prelado acogió á la comisión con 
la bondad qué^le es genial, y le concedió inmediatamente 
la gracia que solicitaba» Esta feliz idea de impetrar para 



ESCUELA te ÜACOBAYA. 355,. 

teescñladaflbendhñoBCff.d^Sa IlInMu, se laiugifié^^de- 
iB¡r Prefecto la noticia qqe tuvo de que el IMino. Sc« arto^i 
hispo se proponía pasar á Tacubaya ¿ administrar el sacram 
mentó de la Confirmacioiu 

Séanoa lícito, en premio de nuestra gratitud « hacer 
par un momento una corta digresión sobre las enaineatto^ 
prendas que adornan al Ittmow Sr» arzobispo de México, . 
D. Lázaro de la Garza y Balleneros. Máaque ningun pre^ 
lado, se merece la denominación de a?uigud hamo virtiU^ 
dcfide (hombre de una virtud como de una fé antigua.) 
Es ilustre ciertamente, pero mas bien por ia enrincncia.dfi! 
flOB virtudes y la superioridad de sus talentos, que por lai 
importancia de su ministerio. Es un hecho confirmadoy. 
que el interés que inspiran los hombres grandes ae esparce r 
sebre todo el siglo que les vio nacer; y en medio de laa^ 
turbulencias que nos agitan de continuo, ha sida una gran 
íbrtona para M^co que ocupara la silla arquiepisoopal un . 
preclaro varón en que se encuentran pensonificadas la paz; 
y la concordia. 

El illmo. Sr; arzobispo ha tenido la suerte: de vivir 
casi siempre, fuera del círculo de atracción que traaa el 
torbellino de las sociedades, en que generalmente las al^ 
ñas bien formadas en breve pierden su energía .: faa pasado - 
casi su vida en la soledad de las provincias^ en la cual fer^ 
mentó en é\, se puede decir, el espíritu de caridad que so- 
btemanera le anima. Concentrado la mayor porte de su; 
irida en el retiro, con el amor al estudio, su talento y unas 
oosfamibres poras, adquirió esta constancia de meditáctoa' 
qae ha conservado siempre, con el feliz hábito de refle^ 
lionar y de juzgar. Gossagrando todos los momentos dO: 
sa vida al ^tudío inmensa de la religión , de continuo se 
dedicó al espíritu de su estado» y nunca á los medica de 
llegar á los altos honores que la* Iglesia tiene reservados & . 
los mioñtros que la honran. 



356 1854 

Estos son los elogios que se merece el Ulmo* Sn ar* 
zobispo, y al tributárselos, no lastimaremos mas quetsa 
humildad proverbial, pero nunca las convicciones que ca* 
da uno tiene de las muchas virtudes que le adornan. 

El dia 4 de este mes, de felices recuerdos para los ta- 
cubayenses , el Illmo» Sr. Arzobispo , acompañado de su 
secretario el señor licenciado Don Joaquin Primo de Rive* 
ra, de su mayordomo el señor licenciado Don Francisco 
Villar y Bocanegra, del señor maestro de ceremonias y de 
sólo un familiar, se presentó en la villa de Tacubaya, se* 
guido únicamente de la Comisión que le habia ido á espe- 
rar mas allá de Chapultepec. Arcos de flores se hallaban 
formados en todo el camino, y Su Illma. llegó á la parro- 
quia á cosa de las ocho y media de la mañana. Allí fué re- 
cibido, según es costumbre, debajo de palio , por el bon- 
dadoso cura de la villa, el señor Chica y Gaitan , y por el 
simpático párroco de Mixcoac el señor Don Antonio Bai- 
jez; y se celebró una misa cantada, en la que el señor ca- 
ra de Tacubaya pronunció un elocuente sermón, en que 
hizo resaltar los méritos innegables del sacramento de la 
Confirmación que Su Illma. se dignaba venir i adminis- 
trar. La iglesia estaba completamente llena, y los pobres 
con sus niños en los brazos, estaban ansiosos de alcanzar 
la gracia del sacramento prometido. 

Terminadas las confirmaciones, el lUmo. Sr. arzobis- 
po se dirigió hacia la casa de su antiguo amigo y condis^ 
cípulo, el juez integro D. Cayetano Ibarra, no habiendo 
querido admitir el convite que anticipadamente le habia 
suplicado aceptara el señor Prefecto. Quiso en este dia Su 
Illma. pagar un tributo merecido á la sincera amistad que 
le une con un predilecto compañero de estudios. 

En la puerta^ de la parroquia se hallaba formada la 
guardia de honor que le corresponde por ordenanza al til- 
mo. Sr. Arzobispo : la componia parte del brillante bi&tallon. 



i 



ESCUELA DE TAGUBAYA. 357 

de Tulancingo, de que es coronel el señor Don Joaquín 
Orihuela y teniente coronel el señor Don Miguel Caraargo, 
gloriosamente mutilado en la guerra de los americanos. 
* Conociendo el señor Ibarra cuan poco amigo es Su 
Illma. del fausto y de las grandes concurrencias, tan solo 
había reunido en su casa un muy corto número de amigos 
suyos íntimos, en el cual se contaban el señor general Don 
Manuel Andrade, el señor cónsul de Venezuela Don Nar- 
ciso Martin, el señor licenciado Castañeda y Nájera, el se- 
ñor coronel Don Agustin Ricoy, los señores curas, el señor 
Prefecto de Tacubaya , y algunos miembros del Ayunta- 
miento. 

Todos al ver á Su Illma. complacido, experimentaban 
la dulce satisfacción que se esparce naturalmente en los 
ánimos, á presencia de un prelado, emblema de todas las 
virtudes. En la mesa se sentó el Illmo. Sr. Arzobispo entre 
su buen amigo el señor Don Cayetano Ibarra y el señor 
Prefecto. Acostumbrado Su Illma. á una vida alimenticia 
casi de anacoreta, comió muy poco, según lo tiene de cos- 
tumbre; pero su semblante bondadoso, en que está retra- 
tada la quietud de su alma, expresaba claramente el con- 
tento ascético que interiormente resiente Su Illma. cuando 
acaba de cumplir con uno de los sublimes actos de su sa- 
grado ministerio. 

Después de la comida, se retiró Su Illma. un momento 
& descansar de lo mucho que sin duda se había fatigado 
desde las ocho y media de la mañana , hasta cerca de la 
una de la tarde, hora en que salió de la iglesia. A las cua- 
tro, el Sr. Prefecto acompañado del I. Ayuntamiento, del 
Sr. Juez de letras Lie. D. Manuel Villamil, de los Sres. je- 
fes y oficiales de la guarnición, y de otras personas nota- 
bles de la población , se presentó de nuevo en la casa del 
Sr. Ibarra, donde en breves palabras, dio k conocer su 
agradecimiento por los muchos favores que Su Illma« se 



3fi8 18S* 

dignaba dispensar á Tacubaya. Contestó Su Illma. al eeám* 
.Prefecto con visible enternecimiento, diciéndole que siem- 
pre estaría dispuesto & hacer para la educación de la dí- 
ñez, cuanto dependiera de él, sea en lo teroporal, sea en lo 
espiriluaU Esta promesa tuvo su pronto verificativo enb 
graciosa concesión de indulgencias que hizo á favor de los 
que trabajaban de faena en la construcción de la escuela, 
> de los que contribuían con algún donativo , y de los que 
cooperasen de alguna manera; las cuales indulgencias ha- 
blan sido solicitadas por el Sr. Prefecto, como premio de 
los trabajos del pueblo. 

Toda la comitiva se dirigió hacia el lugar donde se 
está fabricando la escuela, y en donde se habia improvisa- 
do un salón cubierto con vela. En lodos los andamios bri- I 
liaban los colores nacionales, que si bien recuerdan algunos 
azares tristes, también traen á la memoria dias de gloria 
mas venturosos. ¡ Las mismas águilas del gran Napoleón | 
no siempre fueron victoriosas I. •» | 

En este tosco salón se encontraban reunidas todas las | 
señoras de Tacubaya, y en una mesa se hallaba adornada 
con flores y listones de varios colores, la piedra de cante- 
ría que tenia la suerte por su orden arquitectónico, de re- ¡ 
cibir las bendiciones del v^erable prelado.- Concluidas las 
oraciones que deben penetrar hasta la misma piedra, el ¡ 
Sr. Prefecto, el Sr. D. Narciso Martin, cónsul de Venerue- , 
la, el Sr. Lie. Castañeda y Nájera, y el Sr. juez D. Cay^ 
taño Ibarra, seguidos del Ilimo. Sr. Arzobispo, llevaron 
la piedra al lugar que le estaba destinado, y donde cuida- 
dosamente la colocó el apreciable auxiliar de Tacubaya, y | 
maestro de obra.<t, D. Pedro Vázquez. Mientras duraba esta 
operación material, el lllmo. Sr, Arzobispo dijo otras ora- 
ciones que son las que consolidan las obras perecederas de 
los hombres. 

JDespuesde estas cenemoniaa, ellUmo, Sr. Arzobi^ 



BSCDBLA.INI TAGUBATA, ^m 

tuvo I& bmdsd, caminando por un suelo desrguel y resba- 
^adiBO,. de bendecir el címionto longitadinal qoe se había 
abierto, sin atender en lo mas mínimo á la fragofiidad del 
tsrieM que pisaba. 

Vuelto Su lUroa. en frente del saton donde se bañaban 
sentadas todas las señoras, tuvo la suma complacencia de 
dar un paseo eircular para darlas & besar e! anillo pastoral 
«que brillaba en su venerable mano. 

De allí, Su lUma. tomó de nuevo el camino de la ísl5- 
fiia, donde le aguardaba con ansia una multitud de pobres 
•que se hablan retardado » y que solicitaban para sue hijos 
el sacramento deseado de la Confirmación. Con e( mismo 
iérvor evang^ce, y no acordándose ya del cansancio de la 
mañana, administró Su lllma. el sacramento de la conñr^ 
macion, en medio de la mas incómoda apretura, eompa- 
ñera obligada de estas funciones religiosas. 

Hasta tas sek de la tarde se prolongaron los trabajes 
arduos de Su lllma., sin que en su apacible cara se notara 
1« menor señal de impaciencia que su corazón religioso no 
conoce. 

A esta hora tuvo la población el dolor de ver despe- 
dirse de ella al mas cumplido de los pastores de la Iglesia, 
que le dispensó el inefable favor de pasar todo un dia en 
una villa, cuya memoria agradecida nunca pondrá en olvi^ 
do el grato recuerdo de su inapreciable visita. 

Ai lustre de esta función que tuvo lugar el dia 4 de 
este mes, siendo el segundo de la fundación de la escuela, 
contribuyeron durante todo el dia las músicas de Atzcapo- 
zaleo, Tacuba, batallón de Tulancingo y la muy selecta 4e 
ios Granaderos, con que el apreciable coronel de este cuer- 
po, el Sr. D. Agustín Zires , quiso obsequiar k su íntÍBOo 
^migo el Sr. Prefecto. 

También en este dia verdaderamente venturoso para 
Tacttbaya, el Sr. Dw Manuel Escandan, presídeate dei üoa- 



.360 ia54 

^*e Ayuntamiento de la villa , ae oCreció graciosamente k 
costear toda la cantería que podía exigir la escuela de ni- 
ños, de que es muy debidamente el generoso padrino» 

Otro incidente vino en la tarde del. domingo, día 7 de 
este mes, á completar para la escuela futura, la era en que 
habia entrado bajo tan sagrados auspicios. 

M¿s de trescientos niños de las escuelas de beneñcen- 
cia de México, con el Excmo. Sr. general D. Ignacio Sierra 
y Rosso, sus dignos profesores, el señor cura de Tacuba- 
ya y una comisión del L Ayuntamiento á la cabeza, vinie- 
ron al son de la música de Mixcoac, h ofrecer, como dona- 
tivo á la escuela naciente de la villa , la cantidad de cieii 
pesos con que querían contribuir para su construcción. 
. Estos amables niños, cuya presencia enternecia, y ve- 
.nidos á pié desde México para un objeto tan loable, se co- 
locaron en ala al rededor del salón formado sobre el terrena 
mismo de la escuela ; y allí uno de ellos entregó la ofren- 
.da al Sr. Prefecto, quien aguardaba, con todo el Ayuntar 
miento formado á su lado, el caritativo maná que México 
se dignaba mandarle. 

£n seguida el mismo niño se subió á la tribuna puesta 
en medio del salón, y allí pronunció con voz ciara, pero 
conmovida, un breve discurso que en muchos ojos hizo 
asomar lágrimas de enternecimiento. 

Inmediatamente, el joven Delahanty, discípulo de la 
escuela fundada en Tacubayapor el eminente profesor don 
Juan Montero, dijo un discurso que agradó mucho, y con 
la misma desenvoltura con que lo pronunciara el mismo 
maestro. 

- Tocóle su tumo á uno de los niños de la escuela mu- 
nicipal dirigida con tanto tino por el señor preceptor don 
José María Vera. Ocupó la tribuna el joven Naranjo, quien 
.dotado de una memoria no común, pronunció un discurso 
bastante largo y que se hizo notar por su elegancia , sin 



ESCUELA DE TACUBATA» 361 

turbarse ni una vez , y marcando las frases de la oración 
con pausas muy propias. 

Después de las palabras siguieron las obras : y todos 
estos interesantes niños de las escuelas de beneficencia de 
México, se precipitaron alegremente en pos del Sr. Prefec- 
to y de toda la población, k recoger en los campos vecinos 
las piedras destinadas á la escuela. 
- Todas las señoras de Tacubaya, la benemérita tropa 
toda, con sus oficiales á la cabeza , y los vecinos principa- 
les, concurren k porfía á estas faenas hebdomadarias; y 
muy pocos se eximen de un trabajo tan noble en sus fines, 
y tan transcendental para el porvenir. 

En la última faena de este dia , que consistió en reco- 
ger las piedras que en todas las tardes de la semana aco- 
pian como hormigas los niños de la escuela municipal , se 
despidieron en medio de los vivas de la población, los ni- 
ños de las escuelas de México ; y guiados por sus merito- 
rios profesores , tomaron de nuevo y á pié el camino de la 
capital, después de haber conquistado las simpatías de todo 
Tacubaya, que les vio alejarse con el mayor sentimiento, 

¡ Dios quiera que México deje para siempre la senda 
de las revoluciones, que á nada conduce, para seguir la de 
los adelantos que, muy en pequeño , presenta la villa de 
Tacubaya I... Esta mansión privilegiada de S. A. S. aguar- 
da de ella una protección que se esfuerza cada dia en me- 
recer. 

EuNKSTO Massox. 



m i8M 

VOTO DE GRACIAS Á S. A. S. 

El que dan hoy á S. A. S., tanto el ilustre AyuntaH 
miento de Tacubaya, como todos los habitantes de la villa, 
está dictado por la gratitud mas sincera. 

Nos parece oportuno dar á conocer sucintamente las jos- 
tas razones que han motivado el muy debido voto de gra- 
cias que tributamos ansiosos á S. A. S. 

En tiempos anteriores, y de tristes recuerdos para lapo* 
blacion, un miembro del Ayuntamiento de aquella ^ooa, 
infiel á su misión, y echando sin duda en olvido las Orde- 
nanzas municipales, que le obligan ¿ multiplicar las vias 
de comunicación y & conservar las que existen , tuvo la 
culpable idea de prestarse (& pesar de la oposición soste- 
nida del pueblo) á que se enagenara una de las principaleí 
calles de Tacubaya, á favor de dos personas de alta cate- 
goría. 

Una de ellos solicitó de la autoridad local y de los reli* 
giososde San Diego, dueños del terreno de la calle» que se 
le cediese una parte de ella y la hermosa plazuela que se 
halla en uno de sus costados, en premio de un pequeño 
puente que hiciera en un barrio. Esta pretensión la fundó 
en la necesidad que tenia de un terreno amplio, para dar 
cima al proyecto que habia formado de mejorar la raaa 
caballar, lo cual nunca se llevó á cabo. 

En vano todos los vecinos se manifestaron hostiles h&cia 
una medida que privaba á los barrios de San Miguel y San- 
tiago de la comunicación que por la calle mencionada te- 
nían con la parte alta de Tacubaya y las lomas de la misma 
villa ; el negocio se consumó. 

Poco después, la otra persona que en la República ocu- 
paba la posición mas elevada, al ver la calle vuelta un ca- 
llejón, por la pared con que en su mitad se habia cerrado, 



VOTO DB GlACIiS AS. k. S. 9^3 

«odavo tmobíe» sdicita, mediante algon dinero^ en con- 
. seguir dicho oatiejoQ, con el fin de establecer ^allí un cuar- 
tel. Eate último proyecto tampoco tuvo jamas su verifi- 
cativo. 

• iPor lo dicha m ve, que el uso de la calle y de la plazuela 
.(que databa de mas de ochenta años) se suprimió, sin que 
ninguna de las personas citadas aplicase el terreno adqui^ 
fido á los objetos señalados antes. 

Cuando el pueblo de Tacubaya con el mayor orden, y á 
preseocia del señor Prefecto, del ilustre Ayuntamiento y de 
todes los auxiliares de los barrios, procedió k derribar las 
paredes que. obstruían el paso de la calle, no vio sin asom- 
bro, que unas malezas casi impenetrables la llenaban en la 
mayor parte, y que la plazuela habia quedado enteramente 
«campada, án que de ambas cosas hubiesen sacado pro- 
vecho alguno las dos personas que tanto las habían ape- 
tecido. 

S. A. S., prestando oído á las quejas fundadas del pue*- 
bh) de Tacubaya, por el cual lia manifestado un interés, 
:qne este trata de merecer, dio órdenes terminantes para 
que se abriese de nuevo una calle, cuyo tránsito era tan in- 
dispensable para llenar las necesidades del pueblo. 

Dignese, pues, S. A. S., recibir por el órgano de la 
prensa el testimonio de verdadero agradecimiento que eter- 
namente le profesará una población que se ha servido dis- 
tinguir con sus honrosas simpatías. Siempre Tacubaya se 
manifestará celoso de conquistarlas, siguiendo la via de 
progreso que, en todos sus actos, ha trazado la mano pro- 
vidente de S. A. S. 

Tacubaya, julio 6 de 4854. — José A. Torrens, pre- 
fecto interino; Manuel Naranjo, presidente interino ; Fran- 
cisco Aldana, regidor 3°; Ernesto Masson, 4'' regidor; 
Francisco Ascorve, S"" regidor; José Salazar llarregui. O* 
.rqgidor; Manuel Guadarrama, 7* regidor; Cecilio Zapato, 



364 . 1854 

síndico; Francisco Martínez, secretario; Luis Gome2« 
juez de paz por Mixcoac; Manuel Villamil; José María 
Píza, juez de la 2/ sección; O. Martínez, juez de la 
2.' sección; J. Manuel García; Francisco Castro, Alcalde 
.auxiliar de lal.* sección; Pedro Vázquez, alcalde auxí«* 
liar de la 1." sección; Ángel M. del Puerto y Vicario, 
receptor de rentas ; Narciso Arellano, alcalde auxiliar de 
la 2.* sección; Nicolás Sando val ; Feli$ Sandoval ; Fernando 
Pagaza, auxiliar de la 2.' sección; Múcio Gutiérrez ; Ma- 
riano Setin, auxiliar de la 2.' sección ; Eugenio Viadas, al- 
calde auxiliar de la 2.'' sección; Jacinto Várela, auxiliar de 
policía; Maximino Vázquez, alcalde auxiliar de la 2.* sec- 
ción ; José Vera ; Florencio Cano, administrador de rentas 
estancadas y tesorero municipal ; Juan E. Montero ; Luis 
Sánchez ; Francisco Argumosa ; José María Ruiz Hernández; 
-Tomas Torres; Vicente Delgado; José María Velazquez ; 
José María Iglesias; Pedro Villegas; Vicente Lazcano; 
Ignacio Orosco ; Longino Castillo ; Canuto Paneagua ; Fran- 
cisco Vallejo ; J. E. López ; Antonio Elguea; Santiago Car- 
reno; José María Cardoso; Víctor Orosco; Luis Mereles; 
Hipólito Loza.no; Cipriano Cisneros; Mauricio Uribe; Hila- 
río Hernández ; Mateo Camacho ; Pablo Ambris ; Juan Cha- 
.varría; Basilio Medina; Pedro Cervantes; Manuel Chavez; 
Pedro Reyes; Juan Medina; Ignacio Vázquez; José Casta- 
ñares; Dionisio Ramos; Ignacio López; Felipe Míllan ; Mi- 
guel Maldonado ; Mariano Buenavista; Marcos Martínez; 
Vicente Villegas; José María Cortes; Trinidad Rodríguez; 
Julio Nájera; Carlos García, auxiliar de policía; Trinidad 
Arce, auxiliar de la 2/ sección; Juan Ambris; J. Luis 
Córdoba; Francisco José Elguea; Francisco Sánchez ; Za- 
carías Suarez; Donaciano Buenavista; Nicolás Tinoco y 
Mijares; Vicente deGorostiza; Juan Espinosa de los Mon- 
teros; Arnaldo Drummond; Lorenzo Vizcaya de Lobo; 
lie. Francisco de P. Arciniega, secretaríode la prefectura* 



ESCUELA DE TáCDBAYA. 3e$ 

Faltan aquí los nombres de muchos pobres, que por 
desgracia no saben firmar, ó que sus trabajos fijan en el 
cao^o á distancia de la villa* 



ESCUELA DE TACUBAYA. 

El Universal. — 17 marzo de 1854, 

. Bajo este rubro acaba de remitirnos el apreciable Mr. 
E. Masson el artículo que nos apresuramos á insertar en 
seguida, y que se refiere á los esfuerzos hechos por las dig- 
nas autoridades de Tacubaya en favor del bienestar físico 
y moral de aquella población. Muy de elogiarse es la con-^^) 
ducta del Sr. Prefecto, coronel D. Ignacio Carranza, que; 
por medio de sus instigaciones y de su ejemplo, ha logrado* 
se ponga mano á la construcción de un edificio destinado á 
la escuela primaria, y no menos deben ser elogiadas; las 
personas todas que le ayudan en su benéfica tarea. Nos- 
otros escitamos la caridad y el patriotismo de las personas 
^ue, si bien residen por lo general en México, poseen fin- 
<ca$ en Tacubaya, á las cuales se retiran en ciertas épocas 
del año : nada gravoso seria en nuestro concepto, á dichas 
personas, reunir por suscricioi) una cantidad de dinero que. 
se podría aplicar á la construcción de la escuela, acele- 
rando de este modo el término de la obra y el principio de. 
los buenos resultados que debe producir al vecindario de. 
Tacubaya. 

El artículo de Mr. E. Masson dice : 

» Lenfancé c'esi Vavemr.i> 

La infancia^ fao lo dudemos,* es el porvenir de un país. 
Una generación empuja á la otra; y logrando dar & la ni- 
ñez una impulsión acertada, la faz de las naciones cambia* 
y los pueblos se regeneran. Los hombres al nacer están da- 
tados de buenas y malas inclinaciones ; y el mismo J. J. ' 
Rousseau no pudo sostener en su Emilio, la paradoja con 



que lo empezó; dieiendo : «i todo está bien al naUrdeks 
manos del Autor de las cosas; todo degenera eniñonoséel 
hombre. > A poco después, este filósofo confiesa qae : « en 
el estado en que se encuentran hoy las cosas j un hombre 
abandonado á si mismo^ seria entre los demás ^ el mas des- 
figurado de todos. » 

Lo mismo que con el cultivo se mejoran las plantas; con 
la educación, la infancia toma un giro muy diverso del que 
hubiera seguido, no obedeciendo mas que & sus naturales 
instintos. 

Esta necesidad imperiosa, á la par que sagrada de dar 
dirección & la infancia, ha sido en Tacubaya, atendfda por 
las autoridades locales, con un anhelo particular. El ayun- 
tamiento de 52 formó el proyecto de edificar en la villa 
una escuela para ambos sexos ; pero los puestos municipa- 
les k que son llamados los vecinos que creen mas aptos, 
son de tal manera transitorios, que los que conciben unas 
ideas útiles, apenas tienen el campo suficiente para es- 
playarlas, sin que les quede, rara vez, el de llevarlas k ca<» 
bo. Este mal no es mas que una consecuencia dolorosa de 
la obligación que imponen los sistemas de gobierno, qui-^ 
tando k unos para poner k otros. Merced k esta rotación 
de personas, los proyectos mas bien combinados se malo- 
gran ; y el pueblo pendiente de un bien que se le promete, 
aguarda pacientemente para recibirlo mejores tiempos, co- 
mo la golondrina que se despide de su nido, para volver 
k él, espera un verano nuevo, así que hayan dejado de rei- 
nar los vientos hiperbóreos, enemigos de su cria. 

Las casas en Tacubaya, son de un i)recio poco adecua- 
do k las pobrezas habituales de un pueblo escaso de fon* 
doa; y ademas, sus dueños se inclinan poco á arrendarlaa 
pura las escudas municipales^ por el temor algo fundado 
que les inspiran los inquilinos flotantes que pretenden ha« 
hitarlas. 



ESCUELA DE TáGDBATA. 367 

Al presenciar estas dificultades, el Ayuntamiento de 52, 
qpie 60 su Prefecto acaba de revivir, no p^di6 un soto mo- 
mento en esforzarse á dar cima á un proyerto desgraciada- 
monte retardado. 

Sabido es que las escuelas jortm^irm^ que datan del año 
de 1 598, han sido siempre establecidas bajo la inspección 
Inmediata de los curas ; y desde la época lejana de su for- 
mación, todos los pueblos cultos se han desvelado en me- 
jorarlas* 

No perdiendo, pues, de vista el Sr. Prefecto, que el Sr. 
enra debía tener una intervención mity directa en la fun- 
dación de la escuela municipal, y queriendo que fuese co- 
locada en el paraje mas cercano k la casa parroquial ; el 
&*• Prefecto, repito, solicitó del venerable párroco la licen^ 
eia previa dé ocupar para su construcción, una parte del 
antiguo cementerio que presenta hoy una frente bastante 
irregular. 

No pudo menos de acordarse el bondadoso cura de Ta- 
cubaya, el Sr. Chica y Gaitan, de las palabras no menos 
bondadosas de nuestro Salvador, cuando dijo : cginite pár- 
vulos venire ad me. » (Dejad que los niños vengan á roí) ; 
Y al instante, con esta complacencia que le es genial, otor- 
gó al Sr. Prefecto, coronel D. Ignacio Carranza, el per- 
miso que tanto anhelaba. 

Conscgm'do lo principal, que era el lugar mas ¿ propó- 
sito para fundar allí la escuela, el Sr. Prefecto, sin pérdida 
de tiempo, invitó & todos los vecinos de Tacubaya, ricos y 
pobres, y & los auxiliares de los barrios, á una reunión que 
se yerificó en su casa, en la tarde del dia 2 del actual. 
Aunque fuese 6mplio el edificio, no cabian en él los con- 
currentes. Sentados algunos, y puestos de pié en breve to*' 
dos, d Sr. Prefecto les esplicó en pocas palabras, y en tér> 
minos persuasivos, la necesidad urgente en que se hallaba 
Tacubaya, de construir una escuela municipal en un lugar 



368 1854 * 

qae« cuanto antes, reemplazase el muy insano en que pre- 
sentemente se hallaba situada. « Este local, les dijo, va á 
« reunir todas las condiciones de higiene tan interesantes 
c ¿ la salud de la niñez; no tenemos fondos, es cierto, 
« Sres., esclámó con acento conmovido, y por esto nece- 
« sito de la cooperación de todos ustedes. Al verlos reuni- 
« dos me acuerdo con consuelo ele la verdad innegable 
tf que encierran estas palabras : « j Lo que el pueblo 
lí quiere, Dios lo quiere! — ¡Manos á la obra, pues; y 
« contando con vuestra buena voluntad y el socorro de 
< la Divina Providencia que ya nos bendice, levantemos 
«desde los cimientos esta escuela municipal, donde se 
ft formarán vuestros hijos á venerar á Dios y á ser útiles á 
« su país I — Estos tiernos niños, al acordarse de nuestros 
t comunes esfuerzos, conservarán en su corazón ün rc^ 
«cuerdo grato i)or sus bienhechores, que perpetuará 
« nuestra memoria. Por un beneficio del Altísimo, no ne- 
« cesito del sueldo asignado á la prefectura; y una vez 
« cubiertos los gastos de oficina, todo lo cedo gustoso para 
tt la construQcion de la escuela. Las faenas en los pueblos 
it han producido grandes obras : ocurramos á ellas, y les 
« juro á ustedes que hasta el débil y bello sexo tomará 
« parte en ellas. A ün esfuerzo patrio, nadie lo desatiende; 
« y seguros de ello, gritemos unidos todos ¡Viva S. A. S. 
u el Sr. Presidente, y viva México nuestra idolatrada pa- 
« tria!.... » 

; Animíiidos por este discurso, todos á porfía, se ofrecieron 
á trabajar de faena en ios dias feriados, hasta concluir la 
obra. Uno se presenta, ofreciendo tres burros para acar- 
rear materiales, otros siete, éste dos carros, esotro cinco.. 
Se suscriben algunos con rail ladrillos, otros por tres y cuatro 
mil. Este se compromete á entregar tepetates & dos reales 
la docena; y aquel otro que no tiene que dar, ofrece su 
trabajo personal y el de todos sus hijos, ele. ele. 



BSCUBLA DB TáCüBáVA. 369 

Lleno de la mas verdadera satisfacción» al ver el entu- 
siasmo que reina entre todos, el Sr. Prefecto, rodeado de 
una parte del Ayuntamiento, se levanta y se apresura en 
dar al pueblo de que se ve circundado, las gracias noas ex« 
presivas por su conducta digna de los mayores encomios, 
y lo cita para la faena del domingo siguiente, 5 de Marzo. 
Llegó este interesante dia, y nadie se desmintió. Se ob« 
servó desde la mañana, en la plaza de la parroquia, un 
movimiento poco acostumbrado antes. Cada uno tomaba la 
dirección de los ríos, y á poco volvia presuroso con su cos- 
tal, alíate ó tompeate, xehenchido con piedras, que iba á 
deponer en el lugar del cementerio que los alcaldes auxilia- 
res le designaban. 

En la tarde del mismo día, á cOsade las cuatro, salía el 
Sr. Prefecto de su casa, acompañado del Sr. cura, del M. 
R. P. de San Diego, Fr. Felipe de Jesús de Luna, de los 
dignos jefes de la guarnición y de una parte del 1. Ayun- 
tamiento. Todos llevaban por distintivo un costal al hom- 
bro. Seguían las principales señoras do Tacubaya, guiadas 
por la esposa del señor Prefecto, con sus pañuelos en forma 
de costal, sin que las arredrasen el calor del día y el polvo 
blanquecino del camino que deslumbra y molesta. 

Esta interesante y mixta comitiva, se dirigió alegremen* 
te, en medio de los vivas del pueblo, h&cia el rio de Xola, 
de donde volvió media hora después con un rico y pesado 
botín de piedras. A no ser del mismo material que se acar- 
reaba, cada uno se sentía conmovido ante una escena de 
tanto ínteres. Consumada que fué la faena, el simpático 
secretario del señor Prefecto, el Sr. Lie. D. Francisco Ar- 
ciñaga, pronunció un elegante discurso, pagando un justo 
tributo de gracias al pueblo que le escuchaba, y principal- 
mente al bello sexo, que no se había desdeñado de imprí*- 
iDÍr & esta ceremonia, con su presencia, el sello de la gra- 
cia que siempre le acompaña. 

24 



370 1854 

Al domingo siguiente día 12, mayor fué todavía ia con- 
currencia* Todo el mundo se precipitó de tropel tras de 
los pasos del señor cura, del señor Prefecto, del R. P. Lu- 
na y del Ayuntamiento. La guarnición, con sus nobles jefes 
& ^a cabeza, acudió á la faena. Se confundían en el camino 
el uniforme militar con el traje civil, y este con la frazada, 
que es la capa del pobre. 

Existia verdaderamente esta fraternidad que ya no re- 
movía recuerdos funestos. En esta tarde se hicieron dos 
viajes al son de lá niásica, que venida de Tacuba se había 
prestado á redoblar la alegría general. En el intermedio 
de las dos faenas, el Sr. profesor D. Juan Montero elevó 
la voz y pronunció una arenga en que ensalzó con particu- 
laridad los esfuerzos del 'bello sexo, que presta tanto en- 
canto á los que hacemos para atravesar la vida. Fué de lo 
mas galante el discurso del Sr. Montero; y centellearon en 
su oración algunas figuras de retórica, que colorearon por 
momentos á las muchas que le cercaban. 

Llenado & cerca de las siete el deb^ de las faenas, se 
formaron en la alameda varias cuadrillas, y se bailó hasta 
las ocho y media de la noche, sin que se acordase nadie 
del cansancio, consecuente á los trabajos de la tarde. 

No faltaron, como nunca faltan, algunas gentes de as- 
pecto ceñudo y desdeñoso, que mirasen aquel alborozo ge- 
neral (en vista del matiz de los trajes) como una cosa in- 
digna, sin duda, de su esclarecido linaje. Afortunadamen- 
te aquellos señores, ai encerrarse en el circuito de preten- 
siones que se han trazado, no hacen gran mella en el espí- 
ritu público : viven las mas veces sin dejar rastro de su 
paso en la vida; y van á descansar, ó no, en la otra, don* 
de tan solo se cuentan las obras buenas, y no la mofa poco 
acertada que se haoe de ellas en esta. En cuanto á la no- 
bleza de la cuna.... no hay otra mas incuestionable que la 
de un pesebre allí nación Nuestro S^or. — E. BL 



3!» 

ESCUELA DE TACüMYA. 

£1 briilaale batallón de los Granadero» de la Guardia de 
S. A. S. se dirigió anteayer^ domingo, hacia Tacúbaya^ 
para celebrar allí el grato aniversario de la bendición de 
su bandera. El hacendoso Prefecto de dicha villa, benemé*- 
rito coronel D. Ignacio Garranea, k quien liga con el Sr» 
general Zires que dignamente manda el cuerpo, una amis^ 
tad de muchos años, proyectó desde luego sacar partido en 
favor de su escuela, de los esfuerzos que s}eiiq)re se beJIa 
<iíspuesta á hacer la noble tropa mexicana, cuando se le 
invoca. 

En la tarde del sábado , el señor Prefecto pasó al ilusfcrb 
Ayuntamiento de Tacubaya, una invitacionpajra que se le 
reuniese el domingo, á las siete de la mañana, para ir á 
recibir al batallón de los Granaderos, á su entrada en la 
villa ; y el activo coronel de Guias de & pié de S. A. S. se 
<:oüvino con él, en adelantarse hasta Chapultepec para ob* 
sequíar & sus compañeros de armas. 

En efecto, desde las seis de la mañana, bajó de las alto- 
ras de S. Diego, al son de su música el cuerpo de Guias; 
con su gallardo coronel & la cabeza, el Sr. Pérez Gómez, y 
breve se trasladó al punto de su destino. Habiéndose á poco 
presentado el batallón de Granaderos, «nbas tropas frater- 
Bizaron y tomaron juntas el camino de Tacubaya, donde 
las aguardaba, á poca distanda de la Condesa, el Sr. coro- 
nel D. Ignacio Carranza, acompañado del ilustre Ayunta<- 
mientou 

Tacubaya, como nunca, presentaba un aspecto de alegria 
imiversal ; la calle prmcipal estaba nublada de gente para 
ver entrar á los dos batallones, que desfilaron con un orden 
admirable delante de la prefectura, llenando muy en breve 
la iglesia y el cementarlo de la parroquia, donde m cantó 



372 18S4 

una misa en que ofició el bondadoso cura Chica y Gaitan. 
La ceremonia fué larga; y & pesar del cansancio de los 
Granaderos, y del desvelo de los Guias que desde las 4 de 
la mañana ya estaban en pié, no se notó en sus marciales 
semblantes la menor señal de impaciencia. 

Terminada la función religiosa & la una y media de la 
tarde, las tropas, unas en su cuartel, y otras en medio de 
la graciosa alameda, acudieron á su ranchos, que un ejer- 
cicio de mas de nueve horas habia hecho muy necesarios. 

A las cuatro de la tarde, el Sr. Prefecto con todo su 
Ayuntamiento, y á los gritos de vivaS. A. S., emprendió 
con los dos cuerpos unidos la penosa fanea del acarreo de 
los tepetates para la escuela, que se hallaban en una can- 
tera sita á media legua de la población. A pesar de la distan- 
cia, y de la poca lluvia que empezó á caer, una multitud 
inmensa, en medio de retumbantes vivas, y de la mas fra- 
ternal algazara, se unió ccn la tropa que guiaban sus dignos 
gefes, para ir á traer los materiales indicados. 

Presentaba una vista hermosísima la verde y animada 
loma de Tacubaya, donde sin confusión, ondeaban las vis- 
tosas hileras de la benemérita tropa, á quien el pueblo vic- 
toreaba en el tránsito. No tardaron mucho en llegar todos 
á las canteras ; y cada soldado, lo mismo que los Sres. ofi- 
ciales, arrebataron con ligereza un pesado tepetate de me- 
dia vara, que cargaron en hombros, con una incomodidad 
indecible, haciendo otro tanto el mismo señor Prefecto, el 
pueblo en masa, y algunos miembros del ilustre Ayunta- 
miento que le acompañaban. 

Una hora después volvieron, precedidos por las músicas, 
los granaderos y los guias, á quienes victoreaban todos los 
asistentes. Depositados los tepetates en el lugar de la escue- 
la, se formó la tropa con la mayor presteza, y reunidos los 
Sres. oficiales de ambos cuerpos, recibieron de las pulidí- 
simas manos de las principales señoras de Tacubaya, unos 



ESGDELA BE TAGUBATA. 373 

vistosos ramilletes, cuyos suaves colores se matizaban ga- 
lantemente con los honrosos distintivos que condecoraban 
sus pechos. 

En seguida, el muy simpático Señor Lie. Don Francisco 
Arciniega, juez de letras interino del partido, en un dis- 
curso improvisado que le dictó su corazón, dio las gracias 
mas sinceras á toda la tropa y á su complaciente oficialidad 
k nombre de toda la población y de las autoridades, por el 
servicio que habian consentido en prestarles ; y victoreada 
por él S. A. S. , lo mismo que los cuerpos de Granaderos y 
de Guias, bajó de uno de los bancos de la alameda que le 
había servido de tribuna, en medio de los aplausos generales. 

La animación era universal, y después del discurso pro* 
nunciado, el señor general Zires victoreó, animoso también, 
á S. A. S., al bello sexo, & la población, á las autoridades 
municipales, al cuerpo de Guias y á su coronel, quien inme* 
diatamente contestó á todos estos Víctores con el mayor en- 
tusiasmo. 

Era llegada la hora de partir, y la tropa desfiló con un 
semblante satisfecho, delante de las señoras que, al pasar 
la regaban con flores. Así se terminó esta función militar, 
en espera de otras, donde sabrft la tropa recojer laureles, 
como supo merecer unas sencillas flores, k que su digno 
comportamiento se hizo tan acreedor. 

Merced á estos generosos esfuerzos, la escuela de Tacu- 
baya, que su padrino, liberal en extremo, el Sr. D. Manuel 
Escandon, por el departamento que le toca, ha colmado de 
ofrendas cuantiosas, sigue progresando con admirable ra- 
pidez, y el señor Prefecto, coronel D. Ignacio Carranza, 
por su empeño de todas horas y de todos los dias, en su 
construcción, como por sus disposiciones gubernativas, es 
muy digno de ocupar el alto puesto con que S. A. S. se ha 
servido honrarle, con su acostumbrado acierto. 

E. M. 



$74 t854 

ESCUELA DE TACUBAYA. 

Impelido tan boJo por la gratitud, y á Qorohre del L 
á^turtamiento de Tacuhaya, á qve tengo el hooor 4e perte* 
necer, publiqué el 26 del mes jfH*6xiino paBado eo el Siglo 
KlXt que generosamente me abríé sus columoas, ci arlH 
jCUIo avüterior, en que enaalcé como era justo la noJsJte conduc- 
ia de dos cuerpos del ejército mexicanow 

Me apresuré eo remitir, para los señores oficialee «ipe- 
ñores, tres ejemplares de este apreciable periódico, tanta 
al fiéBor general D. Agustín Zires que tan dignamente man- 
da el batallón de los Granaderos de la Guardia de Su A. S., 
CfffiBO al cumplido coronel del cuerpo de Guias de k pié de 
la Guadrdia de S. A. S. , el Sr. D. Luis Pérez Gómez. 

Estos dos dignos gefes, que se distinguen no solamaite 
por su pericia militar, sino también por su finura, me di- 
rigieron inmediatamente, en premio del triste obsequio que 
les hacia, las siguientes cartas, que me es grato reproducir^ 
y en donde brillan los sentimientos mas generosos. 

Estos sacrificios pacíficos que presta la tropa, y que no 
retumban con los estruendos del cañón, no son, á mi en- 
tender, menos útiles á la patria, que los que en holocausto 
ofrece su vida. ¡ Ojalá y const&ran en las hojas de servicio 
del ejército mexicano muchos como el que acaba de mere- 
cw Tacubaya, de los nobles batallones de Granaderos y de 
Guias de la Guardia de S« A. S« I 

« Sr. D. Ernesto Masson. — S. C, Setiembre 28 de 1854. 
*— Apreciable señor: — Con la mayor satisfacción me he im- 
puesto de su atenta del 2G, en la cual me manifiesta el agra- 
decimiento del I. Ayuntamiento de Tacubaya, por el muy 
corto servicio que el batallón de mi mando pudo prestar el 



ESCUELA PB TAClIBAYi. 375 

24 del preseatet en beneficio de la juventud de esa pobla- 
ción. 

tEl servicio que el cuerpo prestó es positivamente insig- 
nificante, respecto de la grande voluntad y adhesión que 
lo animan para las autoridades y veeindaríade esa villa, y 
fué extraordinarianaente recompensado con las demostrar 
cienes de aprecio y júbilo de todos tos habitantes y de la 
I. Corporación, que hizo constar en su historia el recibi 
miento satisfactorio que les merecimos. 

t He recibido los tres ejemplares del Siglo XIX^ y he 
hecho la distribución que usted me previene. 

c Suplico á usted demuestre 6 la I. Corporación á que tan 
dignamente usted corresponde, la gratitud del primero al 
último del batallón de Granaderos, y que no perdonarán 
medios para contribuir de cuantas maneras les sea posible, 
á las benéficas mejoras que continuamente ustedes pro- 
mueven. • 

« Usted ordene á su afmo. servidor y amigo Q. S. M. B. 

Agustín Zires. 

c Los gefes y oficiales de este batallón han leido con sa- 
tisfacción y orgullo los en.comios que V. S. en nombre de 
la corporación ¿que pertenece, se ha dignado dispensarles, 
en su atenta comunicación, fecha 2G del que cursa, y en el 
artículo publicado en el Siglo XIX^ del cual me incluye 
tres ejemplares, á los que he dado el giro que V. S. me en- 
carga. Y como gefe principal del cuerpo, es de mi deber 
dar á V. S. y á esa I. Corporación de que es digno miem- 
bro, las gracias en nombre de todos mis subordinados, pro- 
testándole que este cuerpo está y estará siempre dispuesto 
¿ contribuir con sus esfuerzos materiales y con cuantos es- 
tén en su mano, al engrandecimiento de esta ciudad, y de 



376 1854 

cualquier otro punto de la nación á que el supremo gobier- 
no se digne destinarlo. 

< Tengo el honor de decirlo á V. S. en respuesta á su 
enunciada comunicación de 26 del que cursa. 

« Dios y libertad. Tacubaya, Setiembre 28 de 1 854. — 
El coronel, Luis Pérez Gómez. — Sr. regidor del I. Ayun- 
tanüento de Tacubaya Don Ernesto Masson. > 

Ernesto Masson. 



CAMINO DE TACUBAYA. 
Er. Heraldo. — 16 de octubre de 1854. 

En la última sesión de la Sociedad de mejoras se pre- 
sentó la siguiente proposición, cuya parte resolutiva fué 
unánimemente aprobada. 

El hombre debe consagrar al menos un poco de su tiem- 
po al bien procomunal, y de aquí sin duda surgió el pensa- 
miento de formar esta Sociedad, que dedica un par de ho- 
ras cada semana para promover las mejoras que en todo 
sentido ocurran á sus individuos, siempre que por la mayo- 
ría se juzguen de algún provecho. Pero de todos modos, 
el socio que propone cualquiera medida, k su juicio bené- 
fica, está en su derecho y cumple con el deber que se ha 
impuesto. Esto es tan cierto, que quizá algún dia pensará 
la Sociedad en alguna distinción para aquellos de sus miem- 
bros que hayan sido mas fecundos en discurrir sobre la re- 
ducción del mal y el ensanche del bien, y no sería remoto 
que quisiese también determinar que aquel de sus indivi- 
duos que nunca hubiese presentado ningún proyecto, le sea 
recogido el diploma y quede borrado de la lista de los so- 
cios. Si en tal concepto, el que suscribe, por la cortedad 



CAMINO DB TAGUBATA. 377 

de SUS alcances, no podría aspirar á ser de la clase de los 
primeros, tampoco quiere contarse en el número de los se* 
gundos , y por eso de cuando en cuando , poniendo en la 
prensa de sus buenos deseos la pequenez de su ingenio, 
procura pagar el pobre contingente de sus ideas & esta ilus- 
tre Sociedad. 

Al efecto, llamaré su atención esta vez, sobre el estado 
en que se halla el camino de Tacubaya dentro de la misma 
población. Tacubaya, como sabe la Sociedad, es un lugar 
delicioso y lleno de atractivos; residencia muy frecuente de 
la autoridad suprema; punto donde se encuentran reunidos 
como en competencia, los placeres del campo con el fausto 
y comodidades de la corte. Debe su ventajosa y pintoresca 
situación á la circunstancia de ser un cabo desuelo firme y 
primitivo, que introduciéndose dentro del pantanoso valle 
de Méjico, ofrece una salubridad y marca una tan notable 
diferencia de temperatura, que parece increíble á la distan- 
cia de cuatro millas escasas de esta capital. Bien mereció 
pues Tacubaya ser elegido para la reunión de un congreso 
continental, bien merece la celebridad histórica que tiene y 
la predilección con que es mirado por nacionales y extran- 
jeros. 

Pero allí, en medio de tanta importancia, al atravesar 
los suntuosos palacios y los bellos jardines, es preciso ha* 
cerlo por entre el fango y atolladeros en que está convertida 
su principal calle, su calle real ; tránsito indispensable de 
todo el que va y de todo el que viene, de las diligencias de 
Tacubaya y Morelia y del crecido tráfico que mantiene con 
Méjico todo ese rumbo. Y no se crea que aquel incómodo 
lodazal es debido á la naturaleza del terreno, no ; fuerza es 
decirlo, es obra exclusiva de la desidia y del abandono. Los 
derrames de las fuentes y las aguas llovedizas se extienden 
libremente por la calle, y los terreros que arrastran en su 
curso quedan depositados allí mismo conforme va suaví- 



zioidose la pendiente que.baja de San Diego y Cartagenat 
bafita formar un médano continuamente reblandecido por 
el agua que baja, y por la que con sobrada abundancia^ 
derrama una pileta continuada en el ángulo que forma la 
callejuela casi intransitable, que conduce á la parroquia* 
Así es que ni en tiempo de seca desaparece el atolladero.^ 
aunque sí se reduce mucho; pero para dar lugar á otroiin- 
conveniente de mayor tamaño por la grande molestia que 
causa. Una vez seco el terreno y remolido por el continua 
tráfico, levanta una espesa nube de polvo, sudario perpetuo 
raque está envuelta la población mas hermosa que tenemos. 
Los que viven en Tacubaya ya están acostumbrados sin du- 
da á este regalo ; pero los que por mañana y tarde salen de 
esta capital para respirar el aire puro del campo, cuidan 
un poco mas sus pulmones y prefieren tomar la vista triste 
y solitaria del pueblo de la Piedad. 

A la salida de la plaza de Cartagena para acá, hay un 
trozo de camino como de doscientas varas, perfectamente 
construido y que da gusto pasear por él ; hace años que se 
compuso, y permanece hoy tan bueno como el primer dia» 
En vista de tan excelente muestra, ocioso seria tomarse el 
trabajo de discurrir sobre la clase de obra que debe ha* 
cerse, y por tanto me ceñiré á los medios que pueden adop- 
tarse para sacar su costo. 

En primer lugar consulto se haga la correspondiste esci- 
tatíva á nuestro digno consocio, actual Prefecto de aquella 
villa , el Sr. D. José Ignacio Carranza, que tantas pruebas 
ha dado del gran interés que lo anima para toda clase de 
mejoras; manifestándole el deseo de esta honorable Socie- 
dad de que se remedie el mal espresado, é indicándole que 
en el caso muy probable de que la Municipalidad carezca 
de fondos propios, se sirva su señoría, de acuerdo con el 
respetable Ayuntamiento, arbitrarlos, nombrando una comi- 
sión que acercándose á todas las personas que tienen casaa 



CAMINO •« TACÜBAYA. rt9 

de oaropo en el lugar, recabe de ellaB una suscrícion vo* 
luntaria, á que deben estar dispuestos, por cuanto el ben^ 
ficio les alcanza muy directamente. En el caso de que este 
recurso no fuese bastante, podría imponerse como arbitrio 
extraordinario, solo para este objeto, y únicamente por el 
tiempo necesario, subir el precio del pasaje de todos los 
carruajes de alquiler, en una ó dos cuartillas de real sobre 
el valor de cada asiento. Con este gravamen tan insigriiñ- 
cante la obra quedaría concluida dentro de pocos días tn- 
sensibiemente. En virtud de lo expu^to, pido k la Sociedad 
se sirva aprobar la siguiente proposición r 

Gon inserción del anterior proyecto, escítése eficazmente 
al señor Prefecto de Tacubaya D. José Ignacio Carranza, 
para que de acuerdo con el ilustre Ayuntamiento <¡íe aquella 
villa, se arbitren los recursos necesarios para componer el 
camino que pasa por la calle Real hasta la hacienda de la 
Condesa, con el ramal de la callejuela que conduce á la 
plaza de la parroquia. 

Méjico, octubre 13 de 1854. 

Vicente Sanghlz Vergara. 



CAMINO DE TACUBAYA. 

contestaciox al heraldo. 

Se leyó con interés en Tacubaya, un artículo intitulado : 
€ Camino de Tacubaya » que se publicó en el Heraldo del 
16 de corriente, en que la Sociedad de mejoras materiales 
le ofrece al Ayuntamiento de Tacubaya el eficaz apoyo 
de sus consejos, para la compostura de sus caminos. 

En el capítulo VI de las ordenanzas municipales, que 
trata de los gastos que deben hacerse de los fondos, 
en el ramo de policía, articulo Vil, se incluye el de la me- 



380 1854 

¡ora y consei^vacion de las calzadas y caminos qdb no sean 

GENERALES. 

Como el camino que pasa por Tacubaya pertenece á 
esta última clase, y es general^ no le incumbe al Ayunta- 
miento de la villa componerlo. Esta obligación la tiene la 
administración de caminos generales^ que dispone para este 
caso de los fondos cuantiosos que producen los peages. 

El Ayuntamiento de Tacubaya es pobre en extremo, y 
sus fondos municipales hoy no ascienden á mas de 294 á 
300 pesos al mes, los que alcanzan apenas á cubrir sus 
atenciones mas precisas. Si hubiera un sobrante, lo emplea- 
ría en la compostura parcial de los callejones de la pobla- 
ción que necesitan ampliarse; pero nunca en una obra co»« 
tosisima que no le corresponde. 

El artículo á que nos referimos, aconseja al Ayunta- 
miento acudir á la generosidad, agotada ya, de las perso- 
nas de categoría que tienen casas en Tacubaya. Ellas han 
contribuido gustosas á la formación de la alameda que im- 
portó mas de 9,000 pesos; y hoy, cada uno hace nuevos 
esfuerzos para ayudar á levantar la escuela municipal : ¿en 
estos momentos, no fuera una imprudencia distraerles con 
nuevos pedidos? 

Aumentar de un 25 por 100 el precio de los asientos en 
las carretelas, como lo aconseja el artículo, seria también 
una medida que desaprobarían los que diariamente transi- 
tan de México & Tacubaya y vice-versa; y este recargo 
disminuiría considerablemente la concurrencia habitual de 
gentes que tanta vida le prestan á Tacubaya. 

Se ve también estampado en el artículo á que contesta- 
mos, y que se queja del polvo que á la entrada en Tacu- 
baya, y en tiempos de seca, envuelve á los transeúntes, 
que : a los que viven en Tacubaya, ya están acostumbra- 
« dos sin duda ¿ este regalo ; pero los que por mañana y 
« tarde salen de esta capital para respirar el aire puro del 



CAMINO DE TAGüBATl. 381 

« campo, cuidan un poco mas sus pulmones, y prefieren 
c TOMAR LA VISTA tríste y Solitaria del pueblo de la Pie- 
c dad, etc. » 

A esta observación juiciosa, contestarán los que viven 
en Tacubaya, y que con todo, también tienen pulmones 
que cuidar : que sienten amargamente el deterioro que su- 
fre una entraña tan interesante para los de la capital, al 
entrar á Tacubaya. Lo propio les sucede á los vecinos de 
esta villa cuando van á México, tocante á eso del olfato que 
atufan las emanaciones nauseabundas de veinte mil atar- 
jeas, mas ó menos rehenchidas que huelen, ynoá ámbar. 
A este hedor y regalo están acostumbrados los habitantes 
de México, que sin duda lo prefieren al polvo de Tacubaya. 
Sobre gustos no hay que disputar : irahü $ua quemque 
volvptas. — ün vecino de Tacubaya que también tiene 
pulmones. 

E. M. 



TESTIMONIO DE GRATITUD. 
Siglo XIX. — Noviembre 22. 

El pueblo de Santa Fe, que se descubre en la soledad, 
como si fuese la centinela avanzada del mas glorioso de 
los montes, quiere también ser uñó de los primeros del 
partido de Tacubaya, en manifestar su gratitud al digno 
Prefecto, cuyo celo se estiende hasta los puntos, por natu- 
raleza, m&s desamparados. 

Eximidos del sorteo por una gracia especial de S. A. S. , 
solicitada con empeño por el benemérito gefe & quien obe- 
decen, los habitantes de este pueblo, casi todos, el domingo 
12 del corriente, después de una faena que duró la mayor 
parte del dia, se presentaron en la morada del señor Pre- 



382 i8S4 

íeclo, para tributarle las gracias mas sinceras por el boie- 
ficío recibido. 

El venerable eclesiástico Don Cipriano Terperos que 
jguiaba el pueblo de quien era comisionado» pronunció en- 
ternecido, un elegante discurso, en que ensalzó» come se lo 
merecen» los méritos inmarcesibles de S. A* S;^ y ios no 
tnuy comunes de su apreciable Prefecto. 

Conmovido por esta manifestación popular» tan bien ex- 
plicada por el lenguaje pulcro del orador» el Sr. Carranza^ 
cuya generosidad no tiene límites» ofreció al virtaoso ecle- 
siástico, intérprete de los sentimientos del pueblo, lo que 
fuere necesario en efectivo , para cubrir semanalmente la 
raya de los trabajadores ocupados en las reparaciones de la 
iglesia de San PedroCuajimalpa. Esta obra tan interesante 
se proseguia con lentitud ; pero dentro de muy brew se 
verá concluida. No se habia podido contar hasta el día, 
con mas de cuatro ó cinco pesos semanales» que se reu- 
nian entre los vecinos» merced á privaciones de todo gé- 
nero, requiriendo el gasto hebdomadario de la obra, por lo 
menos, un desembolso de treinta ó cuarenta pesos. 

Ligados desde hoy por una doble gratitud hacia su Pre- 
fecto» los pueblos de Santa Fe y de Cuajimalpa invocan, y 
no sin razón, el órgano de uno de los periódicos mas afa- 
mados de la capital » para pregonar los servicios que han 
recibido» y su agradecimiento que durará tanto como el 
templo, en cuyo recinto resonarán preces al Eterno por la 
conservación de los dias de S. A. S. y los de su nunca ol- 
vidado bienhechor. — Los vecinos de Sania Fe y Cí4^ 
jimalpa. 

E. M« 



1855 



385 

DISlCüRSO 

pronungiildo el 28 de enero de este ano, en los exámenes 
de la escuela municipal de taccbaya, por el señor 
regidor encargado de ella d. ernesto masson. 

I Interesantes niños! 

Aunque yo me considere ciertamente como el capitular 
mas inútil de los que componen la ilustre corporación á 
que tengo el honor de pertenecer; ha recaído sobre mi (sin 
duda por una equivocación de mis compañeros) la com- 
prometida comisión de escuelas, que cualquiera otro, me- 
jor que yo, hubiera sabido desempeñar* Conociendo, por 
esta razón, la insuficiencia de mis luces para el encargo 
que se me ha confiado, mi buena voluntad ha tratado de 
suplir á los requisitos que me faltan. 

El L Ayuntamiento de este año, que no ignoraba lo in* 
sano que era el lugar ocupado ¿ntes por la escuela, du- 
rante dos años; ha conseguido, á mediados de 54, propor* 
cionar k los niños de ambos sexos un local mas bien ven- 
tilado y de una temperatura mas favorable. 

Esta mejora momentánea no es nada, en comparación 
de la que os aguarda en la nueva casa de escuelas que se 
está construyendo, y que deberán ustedes únicamente casi, 
a los trabajos del pueblo, á los sacrificios voluntarios de al- 
gunos particulares generosos, y á los filantrópicos esfuer- 
zos del digno Prefecto que la Providencia nos deparó. 
Desde Marzo del año pasado, y en medio de toda clase de 
escaseces, los trabajos no han cesado. La epidemia desas- 
trosa que á su vez invadió á esta población, no ha podido 
desalentar los nobles afanes del benemérito gefe que nos 
manda; y el Ser Supremo, que premia las virtudes, ha 
conservado ilesa, en medio de los estragos del Cólera, la 

25 



Uñ 1855 

salud de un hombre predilecto, instrumento de su bondad 
infinita. 

No sin razón el ilustre Prefecto, el señor coronel D. 
Ignacio Carranza, á quien eligió con su acostumbrado ti- 
no S. Á. S., se consagró á levantar un edificio de tantas 
transcendencias para esta villa; este honrado militar conoce 
también sus deberes civiles, y no se desentiende délas 
obligaciones que le imponen. Gracias á sus empeños (el 
local de la escuela, llenando desde hoy todas las condi- 
ciones de higiene que impera un buen gobierno) , los niños 
acudirán sin repugnancia en lo futuro, á un establecimien- 
to qne les presmtará ctiantas comodidades se puedan ape- 
tecer* 

Si la primera necesidad de un pueblo es la educación, el 
deber también tnas sagrado de todo buen gobernante, es 
el de proporcionar á la juventud unas habitaciones sanas 
en que no se esplayen las fuerssas intelectuales á detrimento 
de las físicas, que debemos emplear, tanto en servir á 
Díbs, como en defender, siempre que se ofresca, al saelo 
patrio que amagare cualquiera invasión exterior. 

La educación primada es la que debe fijar nuestra aten^- 
cion : ella es el punto de salida, con el cual se enitza, sití 
duda, nuestra felicidad futura. Las primeras impresiones 
ififícílraente se borran ; y una impulsión mal dada á la ni- 
ñez^ e^ de transcendencias sin cuento para el resto de la 
vida^ fin ésta tierna edad, la mella que hace en el corazón dé 
los ñiños oiía ihaia direccton, crece con ellos, lo mismo 
qUe eaibs incisiones que practicamos á veces en la cortesa 
de los pequeño]^ arbustos : estas se ensanchan con el tiem- 
po, hasta adquirir dimensiones que nos sorprenden. 

Desde los tiempos mas remotos, la educación primaría 
ha sido considerada por los mas sabios legisladores, como 
el objeto ihas digno de su solicitud ; y en nuestros días 
igualmente, los hombres ibaa preclaros por su saJoer, han 



DISCURSO DE DON ERNESTO MASSON. 387 

conocido que la felicidad de las naciones, como la de sus 
individuos, depende sobre todo del primer ensanche de sus 
facultades físicas y morales, que bien dirigidas, pueden ba* 
cer de nosotros unos seres fuertes y buenos; y que extra- 
viadas, no producirán sino unos hombres malos y misera- 
bles. 

¡ Rechacemos las aserciones de esos pesimistas que acu^ 
san fe la pretendida perversidad de nuestra naturaleza, y 
que aseguran que ella hará siempre dominar en el corasotí 
del hombre los impulsos reprobados I.,.. ¿Nos serfe posible^ 
señores, admitir una doctrina tan desconsoladora, fundada 
sobre una consideración equivocada de las condiciones de 
nuestro ser, y que es evidentemente subversiva de toda 
moral activa, ya que nos impediria hacer ningún esfuerzo 
para evitar el mal y excitar al bien?.... Mejor creeremoe 
en la posibilidad de perfeccionar fe la humanidad; y si en 
la esfera que nos ocupa, aun percibimos desde algún tiem*- 
po un progreso notable, no por eso, es cierto, dejaremos 
de pensar que ese desarrollo ha sido difícil, que es poco 
considerable, y que muchos lo niegan. Es este, pues, un 
motivo muy poderoso para indagar detenidamente cuáles 
son las causas de un resultado que muchos deploran, y 
cual es el medio mas eñcaz para combatirlas desde la ixk* 
fancia. 

La educación primaría, destinada fe grabar en nuestra 
memoria los primeros signos que adoptaran los hombres 
para formular sus ideas, debe también dirigirse al estudio 
atento que deberfe practicar el maestro de los diversos ca^ 
rácteres de los niños que le fueren confiados. Su misión 
principal es la de observar sus defectos, corregirlos, y for-^ 
Ynar sobre todo sus corazones. 

' ¡<}ue los niños comprendan bien, que después de Dios 
que les crió, y de sus padres que les dieron el ser, todo su 
amor se lo merece el preceptor encargado de darles una 



388 1855 

segunda» vida, la vida intelectual!.... Deben rodearle con 
su respeto, con su cariño, y hacerle, por la sumisión que 
le profesen, más llevadera una carga que sin esto le abru- 
maría* Esta obediencia ciega á los mandatos del precep- 
tor, no debe ser pasiva; los niños la deben observar con 
gratitud profunda ; y mas tarde, ellos recogerán los opi- 
mos frutos que esta les reserva. 

Para guiaros en la senda de la religión y de la virtud, 
tienen ustedes á un bondadoso pastor (1) cuyo corazón 
misericordioso os convida con su amor. Hasta en sus dis- 
tracciones, se revela la inocencia del alma de este digno 
ministro del altar* Circunscrito á los deberes de su sa- 
grado y penoso ministerio, si descansa de vez en cuando, es 
ocupándose de la agricultura ó de la astronomía, ciencias 
tan en honor entre los antiguos. — Todo su deleite lo 
cifra en el estudio interesante de las revoluciones de los 
astros, y en la contemplación de este admirable fir- 
mamento, cuyas regiones altas, está sin duda destinado á 
habitar. 

La justicia, en esta villa privilegiada, la ejerce un joven 
licenciado (2), de quien me precio de ser el amigo, y qoe 
es reservado á ser un dia uno de los mas relucientes ador- 
nos del foro. Discípulo del juez integro, el Sn Lie. D. 
Cayetano Ibarra (por la salud de quien deben ustedes, 
inocentes niños, dirigir hoy vuestras plegarias al cielo), este 
joven, repito, aprendió desde temprano en el estudio de 
un hombre sabio, á proteger con la ley en la mano, á las 
gentes de corazón sencillo, contra los ataques de los per- 
versos. Desde ahora, la población toda descansa con con- 
fianza en su honradez, en sus luces y en su cordura ; y 
vuestros padres, al abrigo de las asechanzas de los malva- 
dos, pueden atender con descanso, al cultivo de sus cam- 

(O BISr. ChícayCaítan.* 

(2) ElSr. D. Francisco de P&ttla Arefoiqra. 



DISCURSO BE DON EBNBSTO «ASSOIS. 389 

pos, confiados en la bondad del Ser Supremo, y en la jus- 
ticia que los anspara. 

Ya que para ustedes, amables niños, se descubre un 
porvenir tan halagüeño, hagan ustedes por su lado todos 
los esfuerzos que les harán dignos de los beneficios, con 
que se plugo colmarles la Divina Providencia. Confiado 
en ustedes, concluiré mi pobre alocución, recomendando- 
les que no desperdicien el tiempo, que es tan precioso : 
acuérdense, queridos hijos, que no hay nada mas calum- 
niado que el tiempo; algunos le reprochan su velocidad, 
otros su lentitud, y pocos lo aprovechan, — ¡ Ay ! su mar- 
cha es terrible y sin reposo, es lenta, igual y mesurada!.... 
Vuestros ojos no pueden observar su movimiento imper- 
ceptible en el cuadrante que la señala; pero nó olviden us- 
tedes, que esta aguja que os parece inmóvil, camina siem- 
pre, que jamas para, y que nunca tampoco se le ha visto 
retroceder. 

Empleen este tiempo que vuela, niños que me escuchan, 
en amar y servir & Dios; en venerar á vuestros padres y á 
vuestro preceptor : ocúpenlo en desvanecer las tinieblas 
que envuelven á vuestro entendimiento, y en respetar á 
un gobierno que se desvela por vosotros, y de que seréis 
un día quizá, el honor y el apoyo mas glorioso. — Dixe. 



31H) 1855 

INFILTRACIÓN DE LAS MADERAS. 

INSTRUCCIÓN PRELIfflNAR. 

Los Sres. Dalican Brindjont y Moreau solicitaron en 1855 
del Supremo Gobierno, un privilegio para la conservación'^ 
coloración de las maderas, habiéndose publicado dicha so- 
licitud en 6 de abril del mismo año. Mas, el Sr. D. Víctor 
Bareau, quien desde 49 habia usado de este procedimiento, 
se opuso necesariamente á la concesión del referido privi- 
legio. 

El Sr. Bareau, al efecto, se acercó á mí, y me suplicó 
que, á su nombre y chanceando, escribiese algún remitido 
que pusiese de manifiesto la justicia que le amparaba. Así 
lo hice; y de allí nació una polémica que sostuvo el Sr. Da- 
lican ; sintiendo yo no poder reproducir las contestaciones 
de dicho Sr., por no haberlas conservado. 

E. M. 



CONSERYACION T COLOBACIQN DE LAS MADERAS. 

« Este pequefio globo en que uno se eleva, 
ft Sin Montgolfier me perteneoia; 
« Iba á descubrir la brújula^ 
« Guando supe que existia. » 

(Traducción libre.) 

Es, cantando esta copla, que cierto gracioso se consola- 
ba de los muchos contratiempos que le habia ocasionado su 
genio, que creia ser inventivo, mientras no era mas que 
plagiario. 

Los Sres. Dalican, Brindjont y Moreau deben, con nues- 
tro düettanti^ formar un cuator, mas ó menos harmonioso, 
por la semejanza de las circunstancias que parecen unirles 
con él. 



INFILTRACIÓN DB LAS MADERAS. 391 

Bstos señores han oonsegoido últimamente un privilegio 
de importación, relativo á mía industria que desde cerca de 
siete años ha caído en el dominio públieo* La conservadan 
y la coloración de loa maderas per el método de la infiltra* 
cion, es en Méjico, desde muchos años, secreto de comedia, 
y el Sr. Moreau, uno de los agraciados, en la oa^a de quién 
y ante quién han sido hechos los experimentos en 1849t OQ 
ha dado pruebas, pidiendp un privilegio, de una memoris^ 
muy feliz. 

A consecuencia de esto, me apresuré en dirigir ^1 supre* 
mo ministerio de Fomento la reclamación siguiente, en el 
iaterés de todos |os industríales establecidos en Méjico. 

Excmo. Sr. Ministro de Fomento. — Excmo. Sr. : — Victor 
Bareau, subdito francés, artesano residente en esta capital, 
ante Y» E. con el debido respeto digo : que deseando mch 
jorar mí taller de carpintería que tengo establecido hace 
muchos años en esta capital, hice un viaje & Europii ccm 
el objeto de traer todas las nuevas m^quina^ é instrumentos 
necesarios para poder ejecutar las obras que se me enco- 
qiendaran, con mayor perfección y b menos costp. Los tr^ 
bajps que me ha sido preciso emprender par^ montar las. 
inftquinas que traje, pocos meses ha, al venir de Europa, 
me han ocupado de tal modo, que no be podido dedicarme 
k la lectura de los periódicos. Por esta razón hasta ayer 
no supe, por una verdadera casualidad» que se hp, impe- 
trado del supremo gobierno un privilegio para la con- 
servación y coloración {ie las maderas, cuy£^ solicitud se 
publicó en el Diario oñcial del día 6 de abril próximo pa- 
sado. 

Presumo que por el tiempo que ha transcurrido ya, y pro* 
b^blemente por no haberse presentado oposición, pues solo 
yo ppdia hacerla, Y. E. habrá concedido ya ó estará para 
conceder el privilegio de que se trata. Esto no obstante. 



3fK2 i8S5 

confiado en la justiñcacíon é integridad de V. E.» y en aso 
del derecho que las leyes me conceden » vengo 6 pedir 6 
y. £. se sirva negar dicho privilegio, ó declarar, ú lo ha 
concedido ya, que los solicitantes lo han perdido* 

Conforme al articulo JO de la ley de 7 de mayo de 1832, 
declarada vigente por la de 12 de julio de 1 852, el que ob- 
tenga un privilegio por una invención ó mejora que ya es- 
tuviere planteada sin privilegio , por algún particular, lo 
perderá, aun cuando no se reclame por particular ó dueño 
de la invención ó mejora. Pues bien, el privilegio que se 
impetra para los procedimientos que se emplean en la con- 
servación y coloración de las maderas, lo he usado yo hace 
muchos años en Méjico, y puedo acreditarlo asi, no solo 
con la información de innumerables testigos que lo han vis- 
to y de los operarios á quienes he ocupado, sino también 
presentando los aparatos de que me he servido, y aun acaso 
algún mueble, ó por lo menos un pedazo de madera en que 
se haya empleado por mí el procedimiento. 

Esto supuesto , y habiéndose planteado ya eti Méjico, 
hace muchos años, el procedimiento para el que se trata de 
obtener privilegio exclusivo, sin que se haya concedido al 
que primero lo introdujo, es claro que no puede otorgarse 
ahora al que lo impetra, porque se ha hecho ya de dominio 
público la invención ó mejora, y se perjudicaría conside- 
rablemente & los que lo han empleado y tienen al efecto los 
aparatos necesarios, ó á los que quieran, en adelante, 
servirse de ella. En tal virtud, 

A y. E. suplico se sirva mands^ recibirme las pruebas 
é información, que protesto rendir, para acreditar que el 
procedimiento empleado para la conversación de las made- 
ras y su coloración, por medio de la presión, filtración ó 
aspiración natural, y para el cual se ha solicitado privilegio 
exclusivo, no es nuevo en esta capital, ni introducido por los 
que se pretenden sus inventores, y en consecuencia declarar 



INFILTRACIÓN DB LAS MADERAS. 39a 

que DO es de concederse el privilegio que solicitan, ó que 
deben perderlo si ya lo han obtenido. 

Méjico, julio 13 de 1855. — Excmo. Sr. Ministro de Fo- 
mento. 

£1 Excmo. Sr. Ministro de Fomento, cuyo celo por la jus- 
ticia y los adelantos de su país es verdaderamente prover- 
bial, contestó sin demora al Sr. Bareau lo siguiente : 

Sección segunda. — Sr. D. Víctor Bareau. — Para resol- 
ver lo convraiente acerca del recurso presentado por usted 
k esta secretaría, pidiendo se declare sin valor el privilegio 
concedido á los Sres. Dalican y socios, para la conserva- 
ción y coloración de las maderas, por ser esta una mejora 
planteada hace muchos años en Méjico ; es necesario que á 
la mayor brevedad posible presente usted en esta secretaría 
un modelo del aparato que ha empleado para tal objeto, con 
una esplicacion detallada de sus procedimientos, acompa- 
ñando k 'esta todos los certificados de las personas á 
quienes conste que en efecto hizo uso de esos procedimien- 
tos en la época que indica, y también algunas muestras de 
las maderas preparadas según dichos procedimientos. 

Dios y libertad. Méjico, julio 20 de 1855. — Firmado: 

Yelasquez de León. 

El Sr. Bareau se apresuró, como era debido, á remitir 
al Excmo. Sr. Ministro de Fomento, el modelo de los apa^ 
ratos empleados por él, y la declaración que se le pedia, la 
cual & la letra dice : 

c Los que suscribimos certificamos en toda forma, que 
en los años de 1848 y 49, D. Víctor Bareau, subdito fran- 
cés, ha empleado k nuestra vista y por medio de los apa- 
ratos dibujados en el adjunto plano, marcados con los nú- 
roeros 1 y 2, un procedimiento, que hasta entonces no nos 
fué conocido, para dar color y conservar las maderas. Cor- 



m i 855 

tííicamos igualmente que hemos visto los buenos resultados 
del procedimiento en algunos muebles hechos en aquella 
época por el mismo Bareau, y que por esplicaciones que en- 
tonces nos hizo, no solo del procedimiento que habia em^ 
pleado, sino de todos los demás de que pudiera hacerse uso 
con mayor ó menor ventaja, ya fuera por la aspiración na- 
tural ó por la presión de cualquiera modo empleada ; fué 
conocido públicamente el sistema de conservar y dar color 
k las maderas, y aun ha tenido dicho Bareau algunos dis- 
cípulos, k quienes especialmente enseñó los procedimientos. 
Y k pedimento del interesado y para los usos que le con* 
venga, damos el presente en Méjico, k 22 de julio 1855.-1- 
A-Delon. — C. Caullieres, — I. Lenda. — P. D&valos. — La- 
dislao Madrigal. — A. Compagnon. — Louchin. — Mein- 
g^ard. — J. Masberg. — Sabatier. — Lenoin. — Hidalgo. — 
Alan. — i. Heredia.» 

Y además de los que suscriben, el Sr. D, Francisco Bár- 
dete artesano tan justamente apreciado en esta capital» le 
dio aparte sA Sn Bareau una certificación bastante detalla- 
da, que comprueba en un todo lo que dicho señor alegó 
ante el Excmo. Sr. Ministro de Fomento, y ademiás otra» 
ijfiucbaa personas han manifestado el sentiiniento qqe tenían 
porque no pe les hubiera presentado el anterior documento 
para firmarlo también. 

Bar£au Víctor, 



Heraldo. — 9 de agosto. 

Se nos ha remitido lo siguiente : 

Señores editores del Heraldo. — Al contestar al artículo 
inserto por el Sr. D. Adolfo Dalican en el apreciable perió- 
dico da ustedes del 7 de este mes, siento en extremo di^ 
traer la atención de sus lectores : por esto hablaré poco, 
aunque mal, por no i9er mole^tQ, 



INFILTRACIÓN BB LAS MADERAS. MK 

No le pareció propia al Sr. Dalican la aplicación qué 
hice á su ingenio inventivo y al de sus socios, de una cuar- 
teta que en francés dice : 

« Ce petit globe gü Von $*envoUy 
Sans Montgolfier m'appartenait ; 
Talláis décoworir la boussole, 
Lorsque fappris quelle exisiait, » 

Se quejó igualmente de que la traducción libre, y en 
prosa^ que di de. esta cuarteta, tenia cierta diversidad de 
metros que pugnaba con las leyes de la prosodia. No tengo 
verdaderamente la culpa de que al Sr. Dalican no le haya 
gustado mi quatrain^ ni tampoco de que haya confundido 
mi triste prosa con la lengua que allá en el Olimpo habla* 
ban en un tiempo, según dicen, los dioses que veneraba el 
inmortal cisne que cantó la Iliada. 

ítem, me acusa el Sr. Dalican de que en un autógrafo 
mió que tiene en su poder, no sea yo muy purista en 
francés, tocante 6 la dicción. Contestaré k esta inculpa^ 
cion, haciéndole saber al Sr« Dalican que un carpintero 6 
un ebanista no se forma en Francia en los Atente* y qu? 
en los talleres donde estudian muchos años, se les enseña 
mas bien á pulir con la garlopa sus maderas^ que su estilo. 
De allí es que por las asperezas que se notan en el mío, el 
Sr, Palícan, que es mas jocoso que el mismo Quevedo, me 
avergüenza con decirme : < que por mis innovaciones gra* 
c maticales y las estra vagancias de estilo que me son pe- 
f culiarea, debiera una Academia ejusdein FARIÑA^ 
€ otorgarme otro privilegio, etc., etc. » 

Mon cher monsieur Dalican^ rna plume c'est ma gar^ 
kfpe... y si en el francés incurro en varias faltas, usted en 
el latin casi casi se me empareja, y su ejusdem FARIÑA 
no camina muy acorde con las reglas gramaticales que en 
un tiempo nos trazara el muy bueno de Iríarte, en cuanto 



396 i 855 

á la formación del genitivo. Este gracioso FAJtlNA de- 
biera, me parece, haberse trastornado en FARINJE^ k 
menos de que usted, Sr. Dalican, se haya figurado que era 
inmutable el dicho FARIÑA^ como el destino, ó como la 
fama del gran Fariña (Jean-Marie) lé célebre fabricant 
(Teau de Cologne. 

Tenemos (¡ que lo sepa el Sr. Dalican !) en la lengua de 
que extrajo (no sé si por la presión) su ejusdem FARIÑA, 
que disuena como las cuerdas de un violin mal templado, 
un adagio que dice y hace saber que : « asinm asinnm (rír 
catr^ (un burro rasca á otro), y en esto me parece que ha 
venido á parar conmigo el Sr. D. Adolfo con sus innova- 
ciones gramaticales en el latin, que á mí me reprocha en el 
francés. Ergo, la célebre Academia de que me habla, po- 
drá, ad libitum^ elegir entre él y yo, para admitirnos ea 
su seno, como competidores que somos ambos de un mé- 
rito casi igual 

Con todo, yo, pobre carpintero, no le puedo disputar ^1 
paso k un señor que sabe mas de química que el mismo 
Lavoisier; que fabrica productos químicos, ácidos, sulfú- 
ricos, etc., etc. ; que ha fundado con éxito admirable unas 
usines (ingenios) para extraer )a sal natural, y que habla 
con una propiedad extraordinaria, de carbonate de chaux^ 
de silicateSf de fiuates^ de hydróchlorates^ nitraies, arsé^ 
mates, phosphates, etc., etc. Como se ve, el Sr. Dalican es 
un hombre científico, aunque tropiece un algo en el latin : 
ipero yo soy un dromedario, que me he apropiado todas 
las desigualdades y jorobas que presentan las maderas que 
estoy labrando ; soy un hombre rudo, inculto, salvaje, una 
bestia, señores; en fin... un mohicanol... 

Pero basta de chanzas, y dejaré sin contestación algu- 
nos gracejos del Sr. Dalican, referentes & ciertos esperi- 
mentos cefíreos que le han chocado, y que rechaza con 
unas comparaciones mitológicas que le hacen el mayor ho- 



INFILTRACIÓN XHB LiS HADBRAS» 397 

nor^ en cuanto á que manifiestan á todas luces los conoci- 
mientos que tiene des andens mythes. 

En cuanto al contenido de sus últimos párrafos, el Sr. 
Dalican, como FARIÑA, comete otras equivocaciones que 
me apresuro á rectificar. 

Cuando por el periódico francés llegué á tener noticia 
del privilegio concedido á los señores Dalican Bríndjont y 
Moreau, me acerqué á ellos y les dije : que suponía que 
habiendo yo, como no lo ignoraban, importado el primero 
la industria & que se referia su privilegio, creia, y con 
razón, que cuando quisiera osar de ella no me lo estorba- 
rían, y que en cuanto & los demás artesanos mejicanos ó 
extranjeros, ellos, por su parte harían lo que les pareciera 
conveniente. 

A esto me contestaron los señores privilegiados que con^ 
descenderían & lo que impetraba de ellos, siempre que no 
perjudicase á sus intereses. La vaguedad de esta contesta- 
ción fué la que me indujo á dirigir una solicitud al minis- 
terio de Fomento, que su acrisolada justicia acqjió inme-* 
diatamente. 

El Sr. Dalican afirma que mis experimentos en la con- 
servación y coloración de las maderas, no se han hecho 
mas que sobre una escala sumamente reducida. Este aserto 
lo contrariará el honrado y diestro carpintero mejicano 
D. Pilar Davales, quien aserró para mí en un tiempo unos 
trozos de madera no muy diminutos. 

El Sr. Dalican dice también que yo he sorprendido la 
buena fe de las personas que han atestiguado á mi favor; 
y en el supuesto de que fuera yo capaz de usar de super- 
chería, unos hombres tan respetables como los señores 
Landa, Bardet y otros, no se prestarían, me parece, á esta 
vileza. 

A pesar, pues, de todas las chanzas de cabaret del Sr. 
Dalican, que pienso haber contestado, creo que el supremo 



gobernó, que no es amigo de monopolios, y cuyos anhe- 
los son patentes para el progreso en general ; retirará, 
como la ley lo prescribe, á los señores Dalican Bríndjont y 
Moreau, un privilegio que abraza á una industria importada 
hace siete años, que es del dominio común, y que perjudi-- 
caria á los intereses generales de tantos artesanos que Mé- 
jico, con tanta justicia, sabe proteger y amparar. 

Temeroso, entre tanto, de cansar al público que se digna 
leerme, con esta polémica, prometiéndole no volver á ha* 
blar sobre el asunto, me repito, señores editores, su mas 
atento y agradecido servidor Q. SS. MM* B. — - Boreau 
VktúT. 

E* M« 



Heaaldo. — ii de agosto. 

Stores editores del Heraldo. — Gasa de ustedes, 10 
de agosto de i855« — Aunque en mi contestación ante- 
rior al Sr. Dalican, habia prometido no volver á ocupar al 
público del asunto que se versa, el remitido del Sr. D. 
Adolfo que vio la luz hoy, me obliga á no guardar el siten* 
ció á que me habia sentenciado. 

' El Sr« Dalican, al reprocharme por la prensa las equi- 
vocaciones gramaticales que en francés habia cometido, 
trajo la cuestión que nos ocupaba á un terreno muy ajeno 
á ella, y yo, si critiqué su latin, fué únicamente para cor- 
responder á su estraño ataque. 

No es necesario ser académico para conservar y teñir 
maderas, y mis pretensiones no se elevan & ma& 

Conozco hoy que la falta de fariña del S. Dalican (ó dé 
quien le represente) fué obra del cajista, y es asunto con- 
cluido. 

Por lo que toca & lo que afirma el Sr. Dalican, tocante á 



INFILTRACIÓN DB LAS flfADBRAS. 399 

la injoría que infirió á los señores que tne han dlido un cer- 
tificado de los experimentos que han presenciado, me pa- 
rece que es innegable. No sorprendí su buena fe. ni podía 
sorprenderla ú no eran anuentes á ello. La inculpación que 
se me quiso hacer á mí era necesariamente reversible so- 
bre ellos. 

En todo caso, la cuestión de la conservación é infiltra-^ 
don de las maderas nada tiene de gramatical, no hay qu6 
desviarla; el que k> hace no afirma cqn esto su derecho, ni 
da pruebas de saber mas que otro Usar de un sistema anti'L 
guamente conocido aquí. £1 Sr. Dalícan, no lo niego, podrá 
trabajar tnaa en grande; otros lo harán masen chico, cada 
uno según sus proporciones, y esto es todo lo que pretendo* 

El desprecio que profesa el Sr. Dalícan por cuanto he 
dicho, no me ofende en lo mas mínimo, y es nnecesario 
que le diga otro tanto. 

El ministerio de Fomento tomaréi las determinaciones que 
le dictare su justicia, y más cuento con ella que con las im^ 
putaciones que se esfuercen en ^trávíafla. 

Mientras ts^to, señores editores, les doy las mas since- 
ras gracias.por su condesceodéncia en insertar mis mal for- 
jados comunicados, y por su imparcialidad en .el negocio 
con que les he molestado, repitiéndome su agradecido y 
seguro servidor Q. SS. MM. B. — Bareau Víctor. 

Efc M. 



GjBRtiFiGADO imerto en bl Heraldo dei 12 de agosto. 

Nosotros, los infrascritos, hemos leída con suma repug^^ 
pancia lo que con tono magistral, arrogante y ofensivo^ 
acaba de asentar el Sr. D. Adolfo Daiican en su comunicado 
del día 7 de este mes^ inserto en el periódico El Herakhé. 

El artículo á que nos referimos dice : 



400 1855 

« En cuanto al certificado que se ha presentado al mi- 
c nísterio de Fomento, lo recusamos en toda forma, pues 
c el Sr. Bareau, para obtenerlo, ha sorprendido la buena 
« fe de las personas que lo han firmado, etc., etc. » 

Por consiguiente, afirmamos ser del todo falsa la aser- 
ción del Sr. Dalican. El Sr. D. YictorBareau nunca trató 
de sorprendemos cuando amistosamente nos pidió que re- 
vistiéramos con nuestras firmas el certificado que nosotros 
mismos le habiamos ofrecido. No hemos firmado dicho 
certificado sin estar enteramente conformes con su conté* 
nido ; también ha sido con pleno consentimiento nuestro, 
que lo hemos hecho con la mas sincera voluntad, y en tes- 
timonio de la verdad. 

En cuya virtud, y para desmentir los calumniosos aser- 
tos del Sr. Dalican, que nos lastiman en extremo, reprodu- 
cimos aquí nuestras firmas, las mismas que constan al pié 
del certificado presentado por el Sr. Bareau al ministro de 
Fomento. 

Méjico, agosto H de 1855. — A. Delon. — Louchin. 

— Ladislao Madrigal. — C. Caullieres. — Moingeard. — 
Pilar Dávalos. — D. Sabatier. — Janin. — J. Másberg. 

— Didier. — - José Heredia. 



UN ROBO DE AFICIONADO. 

En la noche del s&bado al domingo, en Tacubaya, un 
amateur de bas alot (un aficionado de poco quilate), se 
llevó de mi casa, unos dibujos de aguada, cada uno con 
su marco negro : suplico á las personas & quienes se los 
pudiesen ir á vender, me hagan ei favor de detenerlos, 
porque fueron adquiridos contra la voluntad de su dueño, 
(por no decir robados ^ que es palabra grosera)* 

Los cuadros representan : 



UN ROBO DE AFICIONADO. 401 

Un cosaco montado en su caballo. 

Un page ó trovador mirando desfilar una tropa. 

Un paisage chico, (de Ciceri.) 

Un dibujo ai lápiz colorado, (una muger sentada.) 

Un dibujo á la tinta de china, (una campesina en su 
burro.) 

Un peñasco aislado. 

Una marina. 

Dos perdices, al lápiz negro y de aguada. 

Unas ruinas, con una palmera. 

Una aldeana llevando de la mano á una chiquita. 

Un caja chica de pintura al oleo. 
' Un vestido de gasa con viso de seda que servía de mo- 
delo. 

El mismo sugeto, cuyo gusto artístico se estiende tam- 
bién hasta los tendederos donde la ropa se pone á secar, se 
apropió la que existia en el que habia en el segundo patio 
de la casa. Dicha ropa se la puede avenir este acrisolado 
cristiano^ siempre que, al ponérsela, recite con unción el 
sétimo mandamiento, en que descansa, sin duda, toda la 
pureza de su fé. — « Ernesto Masson. 

Portal de las Flores, núm. 1, en el cajón de la Guerra de 
Oriente. Ruego á las personas que descubran algo, tengan 
la bondad de mandarme avisar en el precitado cajón. 



26 



401 i85« 

SUCESO DESGRACIADO 

EN RL CAJOIS DE LA GUERRA DS ORIENTE, 

Portal de las Flores, n. 7. (I) 



• La Religión encuentra en la m$ntirm 
€ un pecado, la mor«il un vicio, y aegun 
c b wna y le otra, «s quiíá la oCmaa imí 

• grave que el hombre pueda inferir á Oioa 

• qae es la fuente de toda verdad. • 



Una va aaenUdo este principio, nos hemos sorprencfida 
mucho al leer en el periódico La Patria^ el reíalo absolu' 
tamenié fako dei hecho lastimoso que Iuyo lugar el 25 de 
este mes, á las tres y media de la tarde, en ú cajcHi de la 
Guerra de Oríeme^ que hemos abierto hace poco. 

Hemos estragado sobreo^nera, que siendo ia Puiria el 
árgano de la Religión, y de consiguiente el de la Verdad^ 
haya insultado k la una, desvirtuando & la otra. Los edi- 
tores de la Patria^ antes de referir los hechos y de intitular 
su articulo, Asesinato, podian haberse informado mejor, 
como lo hizo la digna esposa del Sr, García Torres, editor 
del Momior^ que se tomó di trabajo de pasar en persona 
¿ cerciorarse de lo acaecido, antes de mentarlo en su pe- 
riódico. 

El suceso que somos los primeros en deplorar, pasó 
exactamente como lo relata el Monitor de 27 de este mes; 
y un puñete que hizo perder el equilibrio á un malhechor, 
fué tan solo el que ocasionó su muerte. 

Es del todo falso, que el dependiente del cajón mencio- 

(I) Al querer rcpul<tr fuera del cajón, un ladrón, uno de los dependientes- 
dio á este un puñete. Perdió el malhechor el equilibrio, y habiéndose caldo en 
el quicio de la puerta, se desni^só y murié. 



SUCESO DBSGRAGUDO» 403 

nado usara de una vara para repulsar ó lastimar al hombre 
que murió. Al contrario, este ultimo habiendo levantado 
el palo de que estaba armado, el dependiente se lo quitó 
y lo lanzó para el interior del cajón, no queriendo usar 
con su agresor mas que de sus manos. Una desgracia 
inaudita, un accidente de los mas imprevistos, ocasionó una 
muerte que lamentamos profundamente : esto es la pura 
verdad. 

Al darle las gracias á la señora esposa del Sr. Torres 
por la pena que se tomó, con el fin de evitar incurrir en 
uo error, le aconsejaremos á la Patria^ haga en lo futuro 
otro tanto, para no escribir tan á la ligera unos artículos, 
que no hacen mas que agriar las pasiones que todo perió- 
dico bien aconsejado debe calmar. 

Varios mexicanos que ocupan las alacenas del portal de 
las Flores, anexas á nuestro cajón, han presenciado los he- 
chos que no hacemos mas que confirmar, para que no se 
cstravíe la opinión pública, que nos culparía sin motivo. — 
Caire y compañía. 

E. M. 



1856 



197 

{TACUBAYA BETROGRADAI 

Tacubaya* hace seis meses, parece dfepiitarse tei patma 
de ligero, con uno de estos crustáceos décapodee (10 pies) 
milgo cftRgrq^s» qoe mientras mas patas tienen, menos 
afidan. En 52 y et> S4, sia ningún socorro del gobierno en 
dinero, y gracias soto á los sacrificios pecuniarios qae se 
impusieren sus moradores, se formé en esta villa una Ala- 
loe a que costó oías de 9,()00 pesos, y unas escuelas que 
en el es^tado que guardan, no se hicieran con 30,000; 
meroed bioaesfuernM voluntarios de todo el p«el>lo que 
«ooper6 para stt construcción. Se aumentó considerable* 
fuenie en esla época d alumbrado, contribuyendo cada ve* 
€Íao con 17 ps. 4 rs« para el farol dé su casa y su coloca* 
óon. Los puentes de la Morena y de las Animas se reedí» 
ficaron, el primero á espensas de los señores Garrama, 
Valle y Crombé ; y el segundo á las del apreciabte finado 
Sr» jues D* Cayetano Ibarra (que esté en gloria)* Se plan«^ 
t«ron ¿rboles en todas direcciones, adornando con ellos el 
antiguo cementerio de la parroquia, cuyas habitaciones^ lo 
msooo que las capillas de Santiago y Srní Juariy en cuanto 
& ruinas, pueden entrar eo competencia con el mismo 
Mémphii. 

A fines del año próximo pasado, se reformó también, en- 
tre los vecinos, el atascadero prolongado, que era antes el 
intransitable prefacio de Tacubaya. E^ta obra, que aun no 
se concluye y ha costado ya mas de 1 ,200 pesos, es debida 
k los afanes do la sociedad posiliva de mejoras materiales 
que se formó en la villa; no inaugurándose su fundación 
como en México, con bellos discursos y palatH*a« altisonan- 
tes; pero con dinero que muy sencillamente y en el acto 
entregó cada socio. Aquel élañ (vuelo) generoso, lo die« 
ron en este tiempo, un Prefecto civilizador y unas autorida- 



m 1856 

des progresistas ; pero hoy la villa de Tacubaya que se 
levantó magestuosa y coqueta de en medio de sus embria- 
gadores magueyes y viejos olivos, gime engalanada como 
una hermosa novia á quien en la hora de casarse, aban* 
donó muy bien ataviada, su voluble desposado. 

Estos son los tristes resultados de los cambios y recam* 
bios de que á cada momento son víctimas los pueblos cortos, 
& los que se les imponen con sana, pero errada intención, 
unas autoridades que no siendo arraigadas allí, no tienen 
él menor interés en que sigan progresando ó se atrasen 
para siempre dichas localidades. 

Tacubaya ascendido al rango muy honoríñco cierta* 
maate de prefectura ó de intendencia, tiene fondos del todo 
insuficientes para poder atender á sus necesidades de po- 
licía, escuelas, alumbrado y manütracion de presos. Los 
que poseía y eran los mas pingües, que provenian de las 
carretelas de alquiler propias de su sueloy se los apropió 
todos el Excmo. Ayuntamiento de México, que ¿ntes, de 
los 10 pesos que percibia de cada una, le cedia como buen 
hermano, 6 pesos al de Tacubaya. La única panadería que 
existe en la villa, y que espende quizá mas que ninguna en 
México, no paga aquí nada para el alumbrado, como las de 
la capital, sotnre las harinas que amasa; y estamos en Ta- 
cubaya k oscuras, con muchos aparatos de luz, que la des- 
parraman tanto como las umbrías comisas de sus edificios. 

En Europa (que debemos imitar) , las capitales grandes 
sacan cierto lustre de la amenidad de las villas ó pueblos 
que las circundan ; y los gobiernos ponen tanto empeño en 
que florezcan estos, como la residencia de la misma corte. 
En México obran en favor del punto que le es mas cercano, 
y que es, á la vez, el mas enjuto, unas consideraciones de 
mucho peso, que siempre debian tenerse presentes. La ca^ 
pilal está amagada de una inundación muy próxima, en la 
estación de las aguas; y su desagüe, de que se hace man- 



TACOBATA UTROGRABA, 40» 

cíon en el reciente programa del ministerio, alli se que^ 
dará quizá, por falta de recursos, y no de voluntad; como 
iuites, nunca pasó de la aduana el camino de fierro que en 
un tiempo discurrió con sus anchurosas sienes el difunto 
general Arista, (Q. E. P. D.) 

La laguna de Texcoco liega hoy casi á las puertas de 
México : la calzada del camino de Yeracruz, lo mismo que 
la que conduce & los baños termales del Peñón, están invar 
didas por las aguas ; y las diligencias, como los demás car« 
ros y carruajes que se dirigen hacia Puebla, están obligar 
dos á dar la vuelta por los pueblos extraviados de Mexical- 
cingo ó Ixtapalapam. Fué destruido en un tiempo por la 
empresa inmerecidamente privilegiada de vapores, á fin de 
que cupiera por debajo su fantástico barco, el puente de 
la compuerta que existía en el primer punto, y que se ha 
reemplazado, ex abrupto^ á la ligera y ^on^/apo/i, con unas 
vigas tendidas de uno & otro lado de la acequia, sin que 
hasta ahora la autoridad haya obligado ál agraciado con 
un privilegio que no produjo mas que burlas, á que rq)u- 
^ra á sus espensas, un puente que, vista su solidez, no 
costaria menos de seis á ocho mil pesos» De alli ha prove- 
nido que este paso sumamente elevado, ofrezca grandes 
peligros; y excitamos al ministerio de Fomento, á que, con 
s4>remio, exija de la empresa vaporosa de vapores, ó de 
quien la represente, que reedifique el puente que derribó, 
sin resultados más que funestos para las vias de comuni- 
cación (i). 

Volviendo á Tacubaya, diremos que, en vista del inmi- 
nente riesgo que existe para México, de una inundación ; 
y siendo esta villa, el lugar mas inmediato á que acudirán 
á refugiarse los habitantes de esta capital, la debe ver el 
gd)iemo con ciertos ojos de predilección. Entonces, y en 

(i) Eq fia, en 59, fe eoMposo, Meo que mal, la callada deft Peñoo. «: 



m l«6 

MM d« una desgracii^, encontrarta k» vtekns ck Méxim, 
en Taeubaya, todas las garmnlias de segundad, aaeo y e»* 
¡myáiáaá qáe proporaona una buena» poiida : en esto se Isi 
afrceer á^ ai lerantar el campo^ un alivio, en medio de s«i 
acuosas tribulaciones : y la previsión del gobíenio iutet 
«hmpKd^coa las obligaciones que le atafieOé 

Debe en el día» Tacubaya, Qjar la ataneioa de las anto^ 
cidades supreix»s^ por lo que, en lo futaro, pudiere aeente- 
cer; y en consideración, también^ al eatanio inseguro en 
<|M se encuentra dicha viUa. Antes, esta población, A 
4fMn en 54 babíao moraliaado el triU»ijo y una bosna po» 
tícia, es boy el abrigo de una muitílud de ladrones rateros, 
<|ue mas bien andan en pos del bien ageno, que en busca 
4^ UDos aires inas puros que iavorezcan su interesante sa- 
lad» Estos ci&mumstüs ejercen impuaemente de noche su 
iaidKstna sin el Enaa leve temor, por la falta de roadaa que 
lo^ persigan, y qoe> tan solo hace unos quince días, se 
«rganoaaron de nuevo (1). Este es el cuadro lastimosa qos 
puesenta por ahora Tacubaya : no hay policía, no hay 
alumbrado por falta de fondos; tenemos hay iatendeacia» 
anamtna habrá prefectura ; pero, ¿i qué conduce esta in- 
eignifieante variedad de nombres, si las ateocioaes precisas 
de un pueblo, que se han aumentado poe la eategoria ft qui 
m elev6, bo pueden ser cubiertas, en virtud del aasquita^ 
miaite de sus recursos locales? 

Las familias que de México acuden á Tacidoeya durante 
todo el año, para remediar sus males, cstrañan el abandono 
en que se encuentra la vüla^ y la oscuridad en qoe está en- 
vuelta de noche. Estos nmvos vecinos, igaorando^loaf mo- 
livos de donde dknanan aqudlaa faltas, se forman ai m^ 
tanle uea idea muy poco favorable de las aoloddadee que 
presides ea ei pueblo; y el inmerecido bochorno que ve* 

, (i) En el miserable espacio de dos meses, Toé robado tres feces el quesasciibt 
«11 asentar á om» tandkm ^lOnat á quiraw las rap» te «ií«M!«mmi«^ 



TACÜBAYA MtnOGBADA. 4|| 

jíeAten estás ¿ cada iBomento, no puede serles mM qm 
sumameate molesto y o&iviva 

TMttbaya» do se ks olvide» « Méxíca : es ena patrie in-- 
legrante de su suelo ; es su hospílaU ^ maümt de 9anlé. La 
cadena de les arcos de Chapultepec que une i la capital 
COD e^ villa^ es bien oorta ; el día menos pensado desapa*^ 
reeer&Q sos eslabones^ y las dos poMaicíoaes^ se confondi* 
ffáa HiéiKtrasy recuérdese que la Prvndencia sola no hace 
progresar á ios paeUos, sin la c^operacioD eficna y la pro- 
leocáon iamedíala de loe que está» llamados á gobern«rio& 

Ernesto Masson. 



CAMINO DE TACÜBAYA. 

La vill^ de Tacubaya, que según dicen malas lenguas, 
es el Yersailes 6 el Aranjuez de México, se distinguía hace 
poco, & su entrada, por anos inmundos charcos, que pro- 
fondeados diariamente por los carros de la harina, eran 
casi navegables en tiempo de aguas. Allí se sumían los 
coches mas allá de los ejes; y varias veces, algunos car 
ballos de las carretela^ de alquiler, escasos de carnes, al 
caerse en estos boyancos, habían puesto fin & sus flaquezas 
con nna muerte algo mas que diluente. 

Largos diez años se quedó el camino en este tristísimo 
estado, gracias & la curia inapreciable desplegada por los 
señores peajeros en atender á las vias generales. 

Los ayuntamientos sucesivos de Tacubaya, cuyos fondos 
apenas cubrían tos gastos de las escuelas, nunca pudieron 
emprender una obra que, según las ordenanzas municipales, 
no les incumbía (1) ; y ¿ su genio algo embotado se le pre- 

(1) Capüulo VI.^Ga«iw que deben Incerie de kw fondos.— Rn el rtmode 
policía: orifeolo til. El de ln mejora y consertacíon de l»s calzadas y caminos 



412 1B56 

sentaba esta compostura de un trabajo tan arduo, cual si 
se tratara de limpiar los establos del difunto rey AugíaSj ó 
de levantar por capas en el gran Traostitlan, lo pegajoso 
de la resbalante calle de ios Meleras. 

Con todo» en Julio del año que pasó, un señor regidor 
que por fortuna no habia estudiado lógica en Lagos, tuvo 
el acertado discurso de formar en Tacubaya una sociedad 
de hombres empeñosos que se ocupase can sus propias f(m^ 
dos en remediar el estado verdaderamente vergonzoso eo 
que se encontraba la calle real, que no es otra cosa sino el 
camino general que conduce á Toluca, Morelia, etc. 

Esta sociedad no quiso llamarse de mejoras maíerialeSf 
por no incurrir, primero, en un plagio, y segundo, por do 
adoptar una denominación que es el signo del quietismo 
mas absoluto, no habiéndonos producido esta última so- 
ciedad resultados mas favorables hasta la fecha, que los 
que últimamente puede haber acarreado al mundo la aso- 
ciación berberisca, conocida bajo el nombre de « Instituto 
de África : » así es que en Tacubaya se eligió el de Sociedad 
promovedora de obras de utilidad pública* 

En la primera reunión que tuvo lugar el 10 de julio del 
año que terminó, se nombró al Sr* D. Francisco Bardet 
presidente, director y tesorero; al Sr. regidor D* José 
María Velasquez sub-director, y al que suscribe secretario. 
Allí se decidió que las demás sesiones tuviesen su verifi- 
cativo al aire libre y al estilo peripatético, para evitar pér- 
didas de tiempo, y por tener asi cada uno las ideas mas 
frescas. 

Queriendo obsequiar el adagio vulgar de obras son ama- 
res , se decretó que nadie pudiese ser miembro de la so- 
ciedad sin que (sin incurrir en la nota de tuerto) le costara 
este honor medio ojo de la cara. Aprobada esta moción, 
que dictaba el positivismo de la sociedad, que necesitaba 
dinero y no consejos, se formaron cuatro listas; dos de los 



€AHmO DE TAGDBAYA. 413 

contribuyentes de 4 .' y 2/ clase, y otras dos de los dueños 
de carros y burros que debieran trabajar de faena. Inútil 
es decir que, como en asuntos déla salvación, muchos fue- 
ron los llamados y pocos los concurrentes. Nombráronse 
también en esta sesión los colectores, y salieron electos los 
Sres. Bardet, Algara, y un servidor de ustedes, (que no fué 
mala carga.) Es doloroso estampar que algunos sugetos, 
vecinos de Tacubaya, de mucho boato, coches propios con 
frisones, etc., invitados por la sociedad á contribuir, se 
negaron á ello redondamente, persuadidos que son, de que 
el mundo se formó para ellos, no ellos para el mundo ; y 
que debemos resentir sobrada satisfacción en ser de ellos 
los muy obedientes servidores. 

Se empezó la obra del camino el 1 7 de julio del 55 ; pero 
habiendo tenido el gobierno que ir á sofocar la rebelión en 
Puebla de los Angeles^ (algo decaídos hoy) los carros te- 
merosos de ser embargados, cesaron sus trabajos ; y quedó 
suspensa la compostura desde el 24 de noviembre del año 
de 55, hasta el H de febrero del 56. 

Mucho resta que hacer, es cierto, en el camino; pero ha 
parado la obra que duró, con miles de trabajos, siete meses 
y una semana, por estar del todo exhaustos los fondos de 
la Sociedad; y también por la poca propensión que aquí 
existe de presentarse voluntariamente á contribuir á unas 
obras cuyos beneficios todos resienten. 

Por este motivo, y aunque las mejoras estén á la vista y 
la consuelen ; como indigno secretario que soy de la Socie- 
dad, presentaré á la ^^ck^Tuneompte r^ne/i/, alas personas 
que han depositado en nuestras manos sus generosos do- 
nativos, á fin de que estén al tanto de su inversión. 



444 



i me 



1JSTAS UNIDAS 1>E 106 «KÑORfiS CONTRI BU rBNTES. 



ü. Jtian fíéistegui ps. 

Frandseo Ituibe 

Manuel Bscaiulon 

General D. José M. Cervantes. 
D. JuAióRmcan Galbráo. . . . 

Sres. Flores hermanos 

EL BHStaifiiio llArr«n 

JuanHubio — 

Dr. D. Pablo lUarlinez del Rio. 
FttiidÍ€Íoii de likrro de SaoU 



125 
12S 
fOO 
50 
50 
50 
50 
50 
50 



Fe 


50 


General D. Ignacio Carranza. 


50 


D. Aolimio Ai^ra 


50 


Sra. D.* Luisa del Valle 


40 


D. Franeisoo Bardet 


40 


Miguel Buch 


30 


Alejandro Grant 


30 


Anton¡oGaray(Q.E.I>.D.) 
Germán Noltó(U.E.P.D) 


25 


25 


Leandro MosBo 


25 


Nicanor Carrillo 


25 


Ernesto Masson 


25 


Manuel Garf^llo 


20 


Eugenio Crombé 


20 




2« 


Suma i 


,125 



Snina anterior, . ps, 1,125 

Sml. l^ffoiMín 20 

i3. Ui4)ano Mendoza 20 

Lie. gcnerri D. If^nacio Sierra 
f K(M60, ofrfició pesos iH)> 

ydió 00 

D. GuillennoPríelo se inserí' 

bió con pesos 20, y bo ba 

dado hasla ahora inas que 10 

Q. Mito Vehieoo se snscrilKé 

con pesos 20, y no ha dado 

mas que.. S 

LícD. Cayetano Übaivaia 

E.P.D.' 45 

D. Ortiz Montellano ft 

Ignacio tíobledo 10 

Juan Woolíield tO 

Francisco Fuente Pérez., fl 
José María Landá, por la 

señora su hermana 10 

D. Vicente Becerril % 

Sr. Armenta ofreció 8 pesos, 
f ero habiéndose anseatado, 
no dio nada O 



Pksos i,2oS 



i 855. SB GASTAROlf. 

Del 17 al 21 de Julio.— 4 .* seniana.^Bn operarios . 96, 5 I ki r 

Bb herramienta. 34 i ^*'^ 

Del 21 al 28 de Diciembre. — 2.* semana. — Eu 
«peraltos 54,3 i{1t\ a«| 

En utensitios. : 31,4 4)2t''. 

Del 28 de Julio al 4 de Agosto.— 3.* semana.— En 
operarios » 82,7 

Del 6 al M de A|90sta.-*4 « semana. -En ^peca- 
rio» » 77, \';t 

Del 13 al 18 de Agosto. — 5.* semana.— Kn opé- 
ranos » 35,7 

Del 20 al 25 de Agosto.— 6.* semana.-^En opera- 
rios .*....■ W, 1/2 

Del 27 de Agosto al f .<* de Setiembre.— 7.* sema* 
na.— En operarios 45, 6 i m\ i 

Enútiles 45,1 í ^'' 

Del 3 al 7 de Setiembre.- 8.* semana. En opera- 
rios » 40,5,1/í 

DeMO al 15 de Setiembre. -9.* semana.— En 
operarios » 44, 1/2 



CAMINO Be TAGUBAYA. 4|| 

Del i5 al 22 de Setiembre. — 10.* semana.— En 
operarios * » 70, i /2 

Del 24 al 29 de Seliembre. —II.* semana. — En 
operarios * »«.... 1^,% 

Del i.<^ al 6 de Octubre.— 12/ somaia.— Ea ope- 
rarios » 62,3 

Del 8 aM3 de octubre.— 13.* semana.— En ope- 
rarios Í8,3 } OQ ^ 

En recintos M \ ^^'^ 

Del 15 al 20 de Octubre. — 14.* semana. — En 
operarios n,5 3/4) to o o/* 

Enrecinto 25,0 i *^'^ ^/* 

Bal 22 ai 27 de Octubre.— 15.* semana.— En ope- 
rarios 22, 6 I --vfi) A 

Por 250 varas dobles, recinto 260 f - '»« 

Del 29 de Octubre al 4 de Noviembre. — 16.* se- 
mana—En operarios 8 { ^* 

En recintos 20 ' 

Del 5 al Id de Noviembre. — 47.* semana. — Fn 
operarios..... » 15^ i¡t 

Del 12 al 17 de noviembre.— 18.* semana.— En 
openuriea v 11, « 4/2 

Del 19 al 24 de Noviembre.— 19.* semaniU — En 

operarios »..,.. 14, 2 

Del 11 al 16 de Febrero. — 20.* semana. — En 
operarios. » 9, 7 1/2 

Del 18 al 22 de Febrero.— 21.* semana.— En ope- 
rarios » 18, 1 

Del 25 de Febrero al iJ^ de Marzo.— 22.* semana. 
— En operarios » 44,4 

Uel S al 8 de Marzo. — 23.* semana. — En opera- 
rios 7,7 

Del 10 al 15 de Marzo.— 24.* semana.— En oj>era- 
rios » 1^,5 1/2 

Semana Santa.— Tres dias. — 25.* semana. — En 
operarios » 3, 3 

Del 24 al 29 de Marzo.— 2H.* semana. — En ope- 
rarios » 5,5 

Del 31 de Marzo al 5 de Abril.- 27.* semana.— En 
operarios » 5, 5 

Del 7 al 12 de Abril.— 28.* semana.— En opera- 
rios » 4, 4 

Del 14 al 19 de Abril.— 29.* semana.— En opera- 
rios » 2,2 

Importa lo que se gastó I pesos. 1,271,6 1 /4 

Importó lo que se cobró 1>258 



416 f856 

I 

CARROS QUE TRABAJAROPÍ D£ FJLENA. | 

• • ' i 

Todos los días.— Uno del ministerio de Fomento. | 

Salteados los dias.— Dos del Sr. D. Juan de la Cagiga. 

— Dos de los Sres. Flores hermanos. 

— Uno del Sr. D. José Salazar. 

— Uno del Sr. D. Justo de la Lama. 
Uno del Sr. Bacheret. 

— Uno de la policía de Tacubaya. 

Los demás dueños de carros, como los Sres. Vargas, 
Vicente Gorostiza, Lázaro Becerril, Iglesias y otros, man- 
daron los suyos dos ó tres veces, en todo el tiempo que 
duró la obra. 

Los burros, siendo tan numerosos , tan hermosos y tan 
fuertes en Tacubaya, (dicho esto sin agravio de sus pro- 
pietarios,) son los que casi nada hicieron : creo que se 
pega, por razones de jiixta positioii , la pachorra de este 
animal, á la persona que le guia. 

RESl;MEN. 

Se gastaron ps. 4,271,6 f/4 

Se coleclaron 1,238 

Déficit en caja que ha tenido que cubrir el tesorero. . ps. 13,6 1/4 

México, mayp 5 de 1856. 

Ernesto Masson, secretario. 



4!7 

SUSCEPTIBILIDAD DE LOS BURROS 

EN TACÜBAYA, 
PRÓLOGO 

En el año de 56 , se formó en Tacubaya una sociedad 
de mejoras materiales, con el fin principal de componer el 
camino real, intransitable ya por los muchos hoyancos de 
mas de una vara de hondo, que, muy á menudo, se encon- 
traban en éL 

El Sr. Bardet, por unanimidad de votos, fué electo pre- 
sidente de la Sociedad , nombrándosele á la vez director 
de obras y tesorero. El cargo de secretario recayó sobre 
mí ; y desde luego invité á todos los dueños de carros y 
burros de la población, á que, por sus respectivos turnos, 
acarrearan, por faena, cascajo de río para realzar el 
camino. 

Los propietarios de carros fueron muy puntuales en 
cumplir con sus compromisos; mas los señores burreros 
se hicieron sordos, y ninguno de ellos se apareció por allí. 
Terminada que fué una parte de la calle real, obra que 
se hizo & espensas de algunos vecinos de Tacubaya, di 
por los periódicos, en 7 de Mayo del propio año de 56, la 
cuenta de lo que se habia gastado en la compostura, 
(1271 ps. 6 1/4.) Elogié, como era justo, k los que con 
exactitud habían despachado sus carros k la obra; y algo 
resentido con la familia de los burros y burreros, terminé 
mi compte-renduy con un párrafo que decía : 

c Los burros, siendo tan numerosos, tan hermosos, y tan 
« fuertes en Tacubaya (dicho esto sin agravio de sus pro- 
c pietarios), son los que, casi nada hicieron : sin duda 
c que se pega, por juxta-positton, la pachorra de este 
« tardo animal, k la persona que lo guia. » 

27 



^ I 



41S 1856 

Al día siguiente de publicado mi articulo, en que rendía 
las cuentas, ocurrieron á verme los dueños de los burros, 
quejándoseme de lo mal que les había tratado. Contésteles 
que muy poco acreedores eran á que se 'les considerara 
tanto, si se atendía á su refínado egoísmo; pero que, con 
todo, consentía yo en darles á ellos y á sus asnos, una re- 
paración pública, siempre que, en la semana venidera, 
cada uno de elio« mandara al camino todos sus burros car- 
gados con cascajo. Me lo prometieron ; y efectivamente, 
el lunes siguiente (no sin asombro) vi llegar á una mal*- 
tidud de burros que, con sus orejas gachas,, venían do- 
blándose bajo el peso de un abundante y selecto oascajo. 

Agradecido entonces k esta formalidad del burro (¿si 
él no la tiene, quién?) di k luz, en 20 de Mayo, el remitido 
que en seguida se leeré. 

E. M. 



SUSCEPTIBILIDAD DE LOS BURROS. 

<f OrimUs partibus 

« Adventaoü asinns 

a Pulcher ei foriissimus^ » 

(Esto contaban^ hace siglos^ en so mal latín, nues- 
tros antepasados, al celebrar la fiesta de Iob burros.) 

Tan luego como llega á los alcartaces de los jumentos 
de Tacubaya, el zumbido de los reproches que les dirigía 
el fínal de mi comunicado del 7 de este mes, inserto en el 
Heraldo ; que parando las orejas, y alzando & la vez al 
cielo su ho<HCO gestero, se notó en muchos de ellos una 
animación verdaderamente desmesurada. Los quépate* 
uecen á los Sres. Vidal, Ambris, y Mota, apreciables vecinos 
de esta villa, siendo mas sentidos que otros, prorumpieroa 
en unos formidables rebuznos, que su amor propio lasti- 



SUSGEPTlBILIDáD 0E LOS BURROS. ,449 

mwáo hada isas atroBádores todavía. La questicn était 
tendue (como decimos en francés), tirante^ amartillada^ 
Á se quiere, en español ; y aprovechándose de ella los 
dueños de estos generosos animales, los lanzaron al camino 
para que, acarreando materiales, sirviesen estos á colmar 
los hoyos que aún existían en la parte baja. 

El burro, según se deduce de allí, no es (en cuanto 4 
la parte moral) lo que se han figurado muchos, un animal 
que sea falto de sentimientos nobles, á pesar del abatit 
miento eií que se vé postrado entre nosotros. Es el modelo 
de los esposos; y en medio de los trabajos que le agobian^ 
nunca se le ve reñir con su compañera, sino al contrario, 
unirse estrechamente con ella. Su paciencia, su frugalidad, 
6on proverbiales ; y su gratitud hacia las personas que le 
nutren poco y le maltratan mucho, le hacen acreedor a 
nuestro aprecio, mucho mas, si ae considera que es el 
compañero mas fíel del pobre, cuya sobriedad trata to- 
davía de superar (!}. 

El Cristiano debe ver á este solipéde con respeto sumo, 
ajcord&ndose de que, en circunstancias apremiantes, huyó 
á Egipto, sentada en él, la Santísima Virgen María; y que 



(1) Otras plumas (j no de ganso como la mía,} han ensaliado al burro ; Buf- 
fon dice : « L*áne est done nn áne, ce n^esl poinl un clieval degeneré, un cheTal 
« á quene noe; il n'est ni étranger, ni intrus, ni bátard; il a, comme tous les ani- 
c maus, sa fiímiUe, son esptee et son rang ; son sang est pur i et quoique sa no- 
cblesse soitmoins illustre, elle est tout aussi bonne, tout aussi ancienne que 
ceeUe da cheval. Poiirqnol done tant de mépris pour cet animal, si boo, si pa- 
«tient, si sobre, si utile?. Les bommes mépriscraienl-ils jusque dans les ani- 
c maní cení qoi les ser?eDt trop bien et k trop peo de frais ? On donne au die- 
c val de rédaealion, on le soigne , on l^instrait , on Texerce , tandis que T^e, 
« abandonné á la grossiérelé do dernier des valets ou á la mDlicc des enfants, 
« bien loin d''acquérír ne peut que perdre par son édacatlon ; et s*il n'avait pas 
c un grand fond dt bonnes qaalités, il les perdrait en elliet par la manila dont oa 
« le traite : ¡I est le jouet, le plastrón, le bardeau des rustres qui le conduísent le 
««liéiaii ft la nftki, qiii le írappent, le surchargent, Teioédant «ans précaulions, 
■ sans ménagement.B (Un lenguaje tan bello no se tradoce : es como una armo- 
nía que todos enUenf en») 



420 1856 

tampoco se desdeñó el Divino Salvador de entrar en Jera- 
salen montado en un burro. 

Si estos recuerdos los tuviésemos bien presentes, le da^ 
riamos mejor trato k un animal á quien , por su humildad, 
prefirieron á otro, los que tanto sufrieron por nuestra 
causa, llevando, como premio, este hwovecido pacht/derme^ 
estampado en el lomo el signo de nuestra redención (1). 

Tales méritos, á mi ver, son muy suficientes, para que 
de algunos fueros gocen también entre nosotros los esti- 
mables burros. ¿Y como nó se acordó de ellos el tatita cora 
de Zacapoastla....? (2) ¡Qué ingratitud, qué olvido tan 
punible...! 

Comme fiche de consolation (como ficha de consuelo), 
en medio de sus miserias, el burro, muchas veces, es el 
predilecto de nuestras hermosuras que se complacen en 
cabalgar en él, como dice cierto poeta : 

« Quelquefoi8,,consolé par une chance hewreuse, 
« U sert de Bucéphale á la beauté peureuse, » 

(Lo que parafraseado, viene á dar los versillos ^guíen- 
tes) 

a Consolado algunas veces 
«Por feliz casualidad^ 
« Puede servir de Bucéfalo 
« A la tímida beldad, n 

(Traducción de Casimiro Collado.) 

Si hablé mal de los burros, en razón de su pachorra,, 
hoy que observé en ellos algunas chispas de fuego sacro, 
les doy una satisfacción, como lo hacen á cada rato con sus 
lectores, tantos periodistas que van & buscar en los cuernos 
de la luna, las mas noticias que nos dan por ciertas* 

(I) En el ffarrot ó crucerro del burro, se distingae generalflaente el Iniode 
tina crol. 
(S) Quieo se acababa de prononcinr al^f por ReligioD y Foeros. 



DISCURSO AL PRESIDENTE COHONFORT. 421 

Nadie me objetará que, por mis turbias luces, no me- 
rezca yo ser el abogado de los burros : y siendo defensor 
asnal, sostengo el pro y el contra, como tiene el derecho de 
hacerlo cualquier togado. 

Así es que, por los servicios que me acaban de prestar 
mis clientes, mi gratitud para con ellos será tan larga 
como sus orejas. — Dije. 

Ernesto Masson, 
Secretario de la Sociedad promovedora de 
obras de utilidad pública^ en Tacubaya. 



DISCURSO 



PRONUNCIADO EL DIA 30 DE MAYO, DE { 836, AL IR EL I. AYUN- 
TAMIENTO DE TACDRATA Á FELICITAR AL EXGMO. SR. PRESI- 
DENTE, GE?9£RAL D. IGNACIO COMOINFORT. 

A mi edad, Sr. Presidente, la memoria suele ser algo 
frágil ; y por esta razón suplicaré á V. E. me permita leer 
la humilde alocución que por mi boca le dirigen, tanto mis 
compañeros en el Ayuntamiento de esta villa, como el dig- 
DO cura párroco que nos acompaña. 

Excmo. Sr. — Antier en la noche ignoraba todavía el I. 
Ayuntamiento de Tacubaya la presencia de V. E. en esta 
hermosa villa, y reparando el error en que estábamos, nos 
apresuramos hoy á venir á cumplimentar á V. E. por el 
honor que nos departe al haber escogido este lugar para 
venir á descansar de sus multiplicadas tareas. 

Tacubaya quisiera presentar á V. E. bellos paseos como 
en Tlalpam ; terrenos accidentados como en San Ángel ; 
pero si la naturaleza ha sido algo ingrata para con nuestra 
villa, la propensión manifiesta que ésta denota hacia el pro- 
greso, la hacen digna de ser y de haber sido en varias 



422 1B66 

épocas el lugar de predilección de los düerenteB qoe^ bien 
ó mal, han regido loe destinos de la nación. 

Tacubaya, en tiempos anteriores, como lo sabrá V. E.^ 
no era mas que una loma confusa, intrincada con ma- 
gueyes; y su terreno tepetatoso, escaso de tierra vegetal, 
no daba grandes esperanzas de que se volviese un dia un 
sitio de los mas amenos, favorecido que estaba únicamente 
por la hermosura de sus vistas y su proximidad á la ca- 
pital. 

. Como contrabalanza á los pocos favores que la naturale- 
za habia dispensado á Tacubaya, aquí, felizmente, se en- 
contró una población mas animada que otra, y mejor dis- 
puesta k seguir el impulso hacia los adelantos materiales 
que distinguen á este siglo de prodigios. 

Animados por unas autoridades esmeradas, se impro- 
visó entre los vecinos un paseo que lleva el nombre del 
ilustre caudillo que nos diera independencia. En el centro 
de esta alameda se elevó un simple obelisco, en donde se 
leen inscritos los nombres de los héroes que últimamente 
perecieron en las aras de la patria, y )asm¿s calles y plazas 
de esta villa que llevan sus gloriosos apellidos, recuerdan 
igualmente su sentida memoria. Esta segunda idea la tuvo 
nuestro amigo el Sr. general D. Ángel Cabrera, Prefecto 
que fué de esta villa, y que hoy yace en un lecho de dolor, 
aguardando quizá la amputación de una pierna ; y el pri- 
mer pensamiento es debido al Sr. general D. Ignacio Car- 
ranza, el estinguido Prefecto benemérito de Tacubaya. Por 
esta gratitud patriótica, merece Tacubaya la preferencia, 
con que la favorecen las autoridades supremas, haciendo 
todos los días esta villa nuevos esfuerzos para conservarla. 

Aquí, tampoco se ha desatendido la educación primaria, 
y no ofreciendo Tacubaya un lugar bastante espacioso, en 
donde pudieran recibir los niños de ambos sexos, los pri- 
meros conocimientos elementales, lo mismo que los adul- 



DISCURSO AL PRB81DBNT£ COMOiSFORT. 423 

tos; un Prefecto civilizador, el Sr. general D, Ignacio Car- 
ranza, autor de las mejoras que aquí se notan, también tu- 
vo el pensamiento grandioso y casi ioesplicable, de levan- 
tar un edificio que codiciara el mismo México. Sin recursos 
de ninguna clase, se ocurrió para donativos, k todos los ve- 
cinos de la villa; el pueblo enteróse impuso faenas; y en 
Tacubaya se vieron con enternecimiento, hasta á las mis- 
mas señoras acarrear piedras, en compañia de las autori- 
dades, para la construcción de las escuelas y casas muni« 
cipales. La benemérita tropa acantonada en Tacubaya, y 
que mandaban los Sres. generales Cirez, Pérez Gómez y 
Zuloaga, se prestó con entusiasmo á estas generosas faenas; 
y &• E., últimamente, se dignó consagrar k los adelantos 
de esta obra, lo que produjera en un tiempo el derecho de 
capitación. 

Con la protección de la Divina Providencia, y la de 
V. E. , el ilustre Ayuntamiento de Tacubaya cuenta con que 
podrá dar cima á una empresa que sale de la órbita común, 
en un pueblo de pocos recursos, y que casi no tiene ren- 
tas municipales, debiendo ser muchas, si se atendiera á 
los méritos que ha contraido. 

El Excmo. Sr. gobernador, el Sr. Lie. D* Juan José Baz 
que no desconoce los esfuerzos nobles, le ha pedido al 
ilustre Ayuntamiento de esta villa, el presupuesto de sus 
gastos mensuales ; y nos atrevemos á suplicar á V. E. se 
digne intervenir en que se nos designen unos fondos que 
nos permitan hermosear esta villa, para hacerla digna de 
ser la mansión del supremo gefe del Estado, y la de los de- 
mas vecinos acomodados de la capital, que vienen aquí, 
en pos de una salud mejor, y de un solaz que rara vez 
puede presentar un gran centro de población* 

Concluiré mi desaliñado discurso, deseándole á V. E. 
todas las felicidades que se merece, por haber afianzado 
por BU constancia, valor y tino político, la prosperidad de 



m 1856 

un país que habito desde 33 años y que adopté : lo que 
me proporciona hoy el alto honor de pertenecer á esta 
ilustre corporación, y el no menos grande de dirigiros la 
palabra. — Dije, — Ernesto Masson^ sindico. 

Terminado el discurso, el Excmo. Sr. Presidente, por un 
movimiento espontáneo de nobleza que caracteriza la bon- 
dad de su corazón, mandó llamar inmediatamente al Sr. 
general Zuloaga, ordenándole enviara al momento á un 
ayudante suyo á que se informara de su parte de la salud 
del Sr. general D. Ángel Cabrera. 



¡TACLBAYA NO PROGRESA! 

« Qms ego.., sed motos prcestat componere ftuctus.* 

( VlRG., LIB. I. } 

(( Pero es mas conducente que aplaque antes las 
« enfurecidas olas. » 

Esto le contesta el Supremo Gobierno al ilustre Ayunta- 
miento de Tacubaya, por el órgano de su síndico, cada 
vez y cuando este funcionario se esfuerza, desde Mayo 
próximo pasado, en invocar para Tacubaya una protección 
y unos fondos que le permitan é la municipalidad llevar k 
cabo las mejoras que tiene empezadas. 

En efecto, desde los primeros dias del advenimiento del 
nuevo Ayuntamiento al gobierno municipal, todos los sera- 
fines que encerraba Puebla, habiéndose rebelado contra la 
potestad temporal, el supremo gobierno, gui avait ctcaí-- 
tres chiens á fouetter (que tenia otros perros que azotar), 
muy en su lugar, repetía al molesto síndico, lo que el ver- 
dino Neptuno : « Quos ego..,. sed motos prcestat compo- 
nere fluctus. » 

Se calmaron afortunadamente las embravecida^ olas del 



TACÜBAYA NO PROGRESA. 425 

mar poblano, no con las mismas zurras que antes empleara 
con el Ponto-Euxino, este chusco de Jerjes; pero con unos 
muy buenos cañonazos, y unas disposiciones perfectamen- 
te combinadas que, aunque licenciado, no encontró traza- 
das el Excmo. Sr. Comonfort, en las Pandectas de Justinia- 
no, sino en su genio que las supo improvisan 

Concluida aquella religiosa y política algazara, el refe- 
rido síndico dijo, y dijo muy bien : « Ahora es hora » •... 
pero, ¡nueva equivocación de su parte!,... aún no habia 
llegado ú post nubila Phcebus; y se encontró el porfiado 
procurador del Común, desde luego, con las protestas sin 
número del bello y del feo sexo, en contra de la ley de des- 
amortización de los bienes de manos muertas , como si al 
primero le despojaran de sus bullarengues, y al segundo 
de las que los llevan. Definitivamente, el tal síndico joue 
de mallieur (juega de malas) ; y si sus penas han de durar 
lo que el enojo del clero, solo después del ülabatur orbis 
(de la destrucción del mundo) , de Mr. Horacio, las verá 
terminar. 

Es indudable que estos nuevos chismes de manos muer- 
tas^ le roban la atención al Supremo Gobierno ; pero el 
Ayuntamiento de Tacubaya de 56, que hizo parte del de 
52 y 54, y que tiene comprobado que sus manos son algo 
vivas y puras (como suena), se conduele al ver que se le 
van acalambrando en el ocio, por tantas disputas que, se- 
gún la gravedad que les atribuyen, parecen ser las del 
cielo con la tierra. 

Para mí, todo lo que pasa, no es mas qu'ime guerre de 
lutrin; y al leer la excomunión que anda sembrada por las 
calles, esclamaré con Boileau : « ¿ Tant de fiel entre-t-il 
dans lame des dévotsl » (¿Qué, tanta hiél le cabe á el al- 
ma de los pios? 

Como agraviado por las trabas que encuentro ; y mas 
alborotado que las mismas olas, que alias calmara Neptu- 



426 - 1856 

no para salvarle la vida al volantón de Eneas, (1) diré 
también mi parecer respecto á la cuestión de los bienes 
eclesiásticos, que han promovido la que hoy se agita, y 
que no permite que se le haga caso al I. sindicó del mas 
L de los Ayuntamientos habidos y por haber. 

Jesucristo dijo : « mi Reino no es de este mundo : » En- 
señó ademas á los ministros del culto á no poseer nada en 
propiedad, y á vender cuanto tenian , en provecho de los 
pobres, si querían llegar á la perfección ; solo Judas se apo- 
deró de la bolsa común, y vendió á su Divino amo para au- 
mentar su peculio. 

Esto he leido, sin necesidad de ser síndico, pero movido 
solo por la curiosidad de indagar las procedencias de las 
cosas. También supe por este medio, que antes, las colec- 
tas y las ofrendas de los fieles, eran ias únicas rentas con 
que contaba la Iglesia; y que cuando los obispos trataron 
de enriquecerse, San Cipriano les predijo una persecución, 

como ÜN CASTIGO DfVINO. 

De allí se ve que, sobre aviso no hay engaño; y el clero 
en lugar de rebelarse hoy, debia postrarse ante ün castigo 
DIVINO, que las confiscaciones de Diocleciano y de Maximi- 
niano, desde 302, debian haberle heóho prever muy de an- 
temano. 

También le incumbía* al clero, en lugar de mentar siem- 
pre á los veintitantos concilios que se han reunido en varias 
épocas, acordarse de los edictos de Valentiniano, renova- 
dos en 390 por Theodosio, para poner un freno á su pa- 

(1) Esto de volantón lo comprueba CTidenlemente lo que exclamó Dido, alan- 
do ese pío pillo de Troyano» tomando la& de Villadiego, la dejó hecha un ascua, 

c( Le parjure abnsait de ma faiblesse extreme, 
a Et ¡a ghire n'est pos á (romper ce qu*on aime, » 

(Lef. de Pomp., tragedle de IKdoB.) 

« El perjuro abusaba de mi debilidad extrema 
« Y no hay gloria en traicionar á lo que se ama. 

(Tradaeclon libre y no en verso.) 



TACÜBAYA NO PROGRESA. fó7 

sion de adquirir. No debía habérsele borrado tampoco que 
San Juan Crisóstomo, en 404, le reprochaba al clero el 
que abandonara sus deberes eclesiásticos, para cuidar de 
sus inmensas haciendas, gastando todo su tiempo en seguir 
pleitos, en lugar de instruir al pueblo. Igualmente podia 
tener presente que el gran San Agustín predicaba sin cesar 
contra las adquisiciones del clero. ¿Y qué ha sucedido des- 
pués de tantísimos avisos? Que el clero, en Francia, 

en tiempo de Luis XIY, poseía : 

6,429 — abadías, 
9,000 — castillos, 
252»000 — haciendas, 
20,000 — fanegas de tierra, plantada con viñas. 

ahora, que me digan estos nuevos protestantes contra 
la ley de desamortización tsi se estraviar on un algo de los 
preceptos de nuestro Divino Salvador, que dijo; « mi reino 
no es de este mundo ; » y si no es un verdadero castigo j>i- 
VINO el que sufren hoy, por haber, tan largo tiempo, vio- 
lado los sagrados mandatos de Nuestro Señoe. 

Ya que, muy á pelo, tomo la defensa de unas providen- 
cias que, como cristiano, me parecen verdaderamente ün 
CASTIGO Divmo; suplico al Supremo Gobierno le proporcione 
al L Ayuntamiento de Tacubaya, todos los recursos de que 
carece para componer sus caminos, aumentar su alumbra- 
do, formar paseos (que son los que se buscan en el cam- 
po), y reponer también todas las capillas del pueblo que 
est&n en ruina, dándole una intervención mas directa en el 
manejo de todas aquellas cofradías que, en lugar de cui- 
dar del culto, permiten que se vean reducidos á escombros 
(Santiago, por ejemplo) los varios templos en donde no 
se puede ir á adorar á Dios, sin el peligro de que en ellos 
sean aplaatadas sus criaturas. — Dije. 

Ernesto Massow, 

Síndico del I. AywúamíetUo de Tecubaya. 



428 1856 

DISCURSO 

PRONUNCIADO ANTE EL EXCAIO. SR. PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA 

POR EL SÍNDICO DEL I. AYUNTAMIENTO DE TACÜBAYA, AL 

IR ESTA CORPORACIÓN Á FELICITARLE LOS DÍAS. 

« Desde tiempo inmemorial, los antiguos y los moder- 
nos han celebrado con fiestas, los recuerdos de sus hechos 
heroicos; como los paganos y los cristianos, sus dioses ó 
sus santos de mas ó menos' gerarquia. Las costumbres se 
transmiten con algunas modificaciones, lo mismo que las re- 
ligiones; y el dia de S. Ignacio, llama hoy al L Ayunta- 
miento de Tacubaya, á felicitar á V. E.,jcuyo santo pa- 
trono, por una coincidencia estraña, y en cuanto k grandes 
empresas (salvo las manchas de este), tiene con ella, en 
apariencia, ciertos puntos de conexión. 

« En efecto, S. Ignacio, sin atender á los fines, em- 
prendió en religión una obra de magnitud suma, lo mismo 
que V. E. en política; y no considerando, repito, los inte- 
reses que movieron á este santo ; lo que ha quedado fuera 
de duda, es la grandeza de la obra que acometió. 

« La historia, ademas, nos enseña, que las primeras in- 
clinaciones de S. Ignacio fueron enteramente guerreras; y si 
últimamente, en el sitio de Puebla, manifestó Y. E. su va- 
lor y su serenidad; también su santo patrono, en épocas 
muy remotas, denotó en la defensa de Pamplona contra 
los Franceses, un arrojo sin igual, no consintiendo nunca 
en rendirse, más que después de haber quedado lacerado 
por unas heridas graves y dolorosas. 

« S. E. se está desvelando hoy por afianzar el porvenir 
de los pueblos ; lo mismo que, después de abandonada la 
carrera de las armas, el santo de su nombre se ocupara. 



DISCURSO AL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA. 429 

en tiempos pasados, y entre miles de fatigas, en fijar los 
destinos de la sociedad. •• de Jesús. 

« Si Y. E. animado de los mas ardientes deseos, para 
abrirle á su patria una nueva era de felicidad y de progreso, 
lidia & cada momento con una multitud de obstáculos que 
sabrá superar : igualmente nos acordaremos de que la In- 
qxáúciQn^... que también era santa^ mandó precipitar en las 
mazmorras de su iniquidad, á un futuro santo, que á la 
Iglesia le habia de dar tanto lucimiento,.. • y alguna 
guerra. 

« S. Ignacio, en 1 541 , fué también nombrado general... 
de la orden; y V. E., por miles de títulos, adquirió en las 
breñas del Sur y bajo el cielo tórrido de Acapulco, el grado 
de general que, con tanta justicia, le confiriera la gratitud 
de los pueblos cuyas libertades defendía. 

t El I. Ayuntamiento de Tacubaya, sin proponerse mez- 
clar lo sagrado con lo profano, no puede menos que desear 
á y. E. el que sea coronado en sus empresas, con el éxito 
asombroso que, en otro tiempo lograra su santo patrono, 
cuya fama, durante tres siglos, llenó por completo,.. • pero 
no con pocas manchas y alternativas^ las páginas de la his* 
tona monacal. 

«Si, más tarde, los sucesores del santo patrono de Y. E., 
vieron el edificio que habían levantado, estrellarse con es- 
trépito en el orbe entero que hablan invadido ; fué porque 
estos se mostraron infieles á los voIqs de obediencia^ po- 
breza y castidad que, en 1539, pronunciara en Roma 
S. Ignacio , ante Pablo III. Este cataclismo monacal se lo 
mereció después la Sociedad por sus desmanes de todo gé- 
nero; su espíritu de insubordinación sin igual; su boato 
sin ejemplar, y el amontonamiento irritante de unas ri- 
quezas incalculables, que vinieron á ser el escándalo mas 
palpable de toda la cristiandad. 

« Esto lo digo por vindicar á S. Ignacio (siendo el pa- 



430 i8B« 

trono de V. E»), de la responsabilidad de unos desbordes 
que no fueron obra suya, y cuya furia arrastró por fin á la 
Sociedad, á un abismo tan profundo, que el tiempo, aúo, 
no lo ha podido colmar. 

« V* E. que, ni de nombre, conoce el egoísmo y la am^ 
bicion que animaron, con el tiempo, k la Sociedad que 
formara su santo patrono; y á quien únicamente preocapaD 
los intereses del común, logrará, no lo dudo, los fines ^ 
ríosos y verdaderamente regeneradores que se propone ; y 
mas afortunado que S. Ignacio, no verá, desde lo alto, tur^ 
bado nn dia el reposo de su tumba, por el fracaso de sos 
obras, y el estruendo de las pasiones humanas que las 
derribarán. 

c Este e» el voto que^ en este dia, forma el L Ayunta* 
miento de Tacubaya : ¡ Dios quiera confirmarlo I y prolon* 
gar los dias de Y. E., todo el tiempo que le sea necesario, 
para ver desarraigadas de este infeliz suelo, las preocupa^ 
dones añejas que lo adormecen. 

« Sacudido el nK)ho que encubre á México, lo veremos 
todbs) y dentro de breve, virtud á sus riquezas interiores y 
k la feracidad de su suelo , levantarse hasta el esclarecidú 
rango que la Providencia, sin duda, le tiene designado. >, 
Dije* » 

Ernesto Masson. 

Síndico del I. Ayuntamiento de Tacubaya. 

Dijo El Independiente^ redactado por Dbbarrés. 

« La S. Ignace. — La féte de M. Comonfort a été cétó- 
bree jeudi entre amis et presque en famíUe. Nous n'avons 
pás eu les boutiques fermées parordre et des jUuminations 
forcees. Les ofiiciers de la preraiére brigade ont donné un 
banquet au Président dans Thacienda de la Teja. Les Mi* 
nistres, le Goiiverneur du District, quelques députés et 



DBRBUIIBAMIENTO DBt CAMINO DE TAGDBATA. 4)1 

qttdqaes representante de 1& presse et les principaux fonc- 
tionnaires iDonicipaux avaíent été invites* Les débats im- 
portants de TarL 15(1) avaient empaché beaucoup de dé- 
pjotés de 8*y rendre. Jf. Emest Masson, syndtc de T Ayun- 
tamiento de Tacubaya^ a adressé á M. Comanfort un dis- 
cours excentriqu€j oú de bonnes et sinceres nérztés ont été 
prononcées sous une forme origínale etpiquaníe. » 



DERRUMBAMIENTO 

DEL CAMINO GENERAL DE TACÜBAYA. 

« Sparsaque mnt late vestigia curras, n 
rOriD. MtTAv.» Hb. II.) 

tt Y los restos del carro quedan e^arcidos á lo lejos. » 

Esto que dijo D. Naso, acaba de suceder en el barranco 
que señala el encabezamiento de este articulo, y en el cual 
boyanco hace poco, acaba de volcarse ima carretela. Para 
esplicar este lance crudo, entraré en materia. 

Según habrá visto el público, por las cuentas que pu- 
bliqué en el Heraldo del 7 de Mayo próximo pagado de este 
año (como secretario que soy de la sociedad promovedora 
de obras de utilidad pública en Tacubaya)^ los vecinos da 
esta preciosa villa, gastaron de su bolsa, cercado 1 ,300 ps* 
en componer, al entrar á Tacubaya, un camino que dosde 
Apodaca, me supongo, no habían siquiera tocado. 

Esta obra tan interesante para una población, residencia 
habitual del Excmo. Sr. Presidente (y refugium quoque^ de 
tantos estómagos en pena de ambos sexos), se hubiera sin 
duda proseguido, si en mi oficio de colector de donativos, 
no me hubiera desanimado la licencia poética de que usa* 
ron conmigo dos antiguos y logrados w(?wmwoní des muses, 

(1) Rclalifs ^ la liberté dea cvUei, 



432 i 856 

no entregándome el dinero que me babian pnnnetido. 

Desde este dia juré no buscar en lo futuro contribuyen- 
tes ni en el Helicón, en cuyas aguas se quisieron compur- 
gar las asesinas de Orfeo, tan solo porque era marido fid, 
ni en el Hymette, ni en el Parnaso, ni tampoco en tierra 
llana ; y esclamé abochornado y al estilo del día.. . t ] Ay !.. . 
para componer caminos, todavía no estibhih)! {i) 

Con todo, elevado, hace muy poco, al puesto honorífico 
de síndico del ilustre Ayuntamiento de Tacubaya, concebí 
las mas dulces esperanzas de poder crear algunos fondos 
que fuesen especialmente dedicados á la conclusión de una 
obra que al Sr. Bardet y k mí, nos había costado sudores 
y algún dinero« 

Con este objeto, la Municipalidad presurosa, remitió en 
1 2 de Mayo próximo finado, el presupuesto verídico de sus 
gastos generales, al superior gobierno del Distrito, indi- 
cando (no con una fé púnica) los fondos con que fácil- 
mente se pudiesen cubrir ; empleando después el sobrante, 
salvo el previo permiso del Excmo. Sr. gobernador, en aca- 
bar, siquiera, lo mas urgente de la compostura empezada. 

Desde el dia 13 del mismo mes de Mayo, no dejé un dia 
casi de ver á mi curador nato, que lo es el Excmo. Sr. Go- 
bernador, urgiendo para que se me aprobara el presupuesto 
presentado. Por desgracia, en aquellas circunstancias aza- 
rosas se me atravesaron unas legiones de ángeles Poblanos, 
la intervención, la desamortización, las protestas del feo y 
lindo sexo, el león de las (alias) Españas que mero rugia, 
el art. i 5, hoy el unicornio inglés, etc. , etc. , etc. ; y hasta 
ahora, lo puedo decir, me he quedado como quien silbó 
para ser oido, en medio del huracán que bramara en la loma. 

Observaré, soy franco, que el dia 5 del presente, (tres 
meses después de entregado el presupuesto de que hablo), 

(i) Esto aclamó un tenor dipnlado cuando se disculia el arlícalo 15 déla 
Constitución del 57, referente á la libertad de callos. 



DERRUMBAMIENTO DEL CAMINO DE TACUBATA 433 

se^e devolvió este deseado documento, esta, planche de sa- 
ItUp no concediéndosenos, es cierto, recursos; pero sí, ha* 
ciéndosenos unas observaciones sans queue ni téte^ k los 
muy raquíticos que tenemos. A estas observaciones contesté, 
créanlo, con una lógica verdaderamente Damarsaisiana 
que no admitió réplica ; lo que viene & comprobar que un 
síndico, siempre, ó es un hombre de cacumen ó un ani- 
mal que con brillo puede ñgurar en la casa de fieras del 
Prado, ó en el jardin"botánico del mismísimo Paris, donde 
cincuenta y seis años há, vi la luz primera. 

Aunque postrado por nuestra pobreza municipal ; 

Aunque mil veces al dia surquen y barbechen nuestro 
suelo mas de sesenta y seis carretelas de alquiler que no 
nos pagan un medio real de contribución ; ocupando, sans 
fafon, nuestro sitio, y absorbiéndoselo todo el hambreado 
México que me prometió nos iba á convidar; 

A pesar de que no nos produzcan ni un centavo más de 
\ 66 barriles de aguardiente paisano, con que atarantan el 
sensorium commune de nuestros subordinados, á quienes 
hemos de vigilar; 

Aunque nada nos dejen mas de 150 arrobas de mala 
harina que amasan, y con que se esponjan los estómagos 
de los sufridos Tacubayenses ; 

Como no soy rencoroso, le avisaré al dueño de cualquier 
coche que pase por el puente de la Condesa, que guarde 
bien la mediana del camino, porque está entre dos preci- 
picios; y que de no, le diré en la lengua de los dioses : 
mlncidü in Scyllam^ cupiens vitare Charybdim. » 

Dejando á un lado las chanzas, pero dando un consejo 
queme dicta mi amor al prógimo, suplico al Excmo. Sr. Mi- 
nistro de Fomento mande llamar, en momentos, al Sr. Bus- 
tíUos, ingeniero hábil encargado del camino de México ¿i 
Toluca, para gue con urgencia ponga remedio al éboule-- 
ment que denuncio, ó si no, muy en breve nos encontra- 

28 



«4 i 856 

remos en el lugar que acabo de señalar, con una capirotada 
de carretelas, que no siendo enamoradas habrán dado, 
cual Sapho, un salto que sin duda será el último de sus 
innumerables brincos. ¡Dios nos ampare!... 

Ernesto Masson, 
Síndico del ilustre Ayuntamiento de Tacubaya. 



CELO LOABLE Y EFICAZ 

DEL EcxMo. Sr. ministro de FOMENTO. 

Apenas habia leido el Excmo. Sr. Ministro de Fomento, 
el comunicado anterior, inserto en el Heraldo del 10 de es- 
te mes, 8obre el derrumbamiento de las tierras en Tacuba- 
ya, junto al puente de la Condesa; que mandó llamar, sin 
desperdiciar un solo minuto , al Sr. ingeniero Bustillos, 
cuyos talentos y actividad caminan de acuerdo con el em- 
peño del alto funcionario que le dirige. 

El Excmo. Sr. Ministro, todavía con el periódico en la 
mano, le hizo presente aí Sr. Bustillos el peligro que ama- 
gaba á los transeúntes k la entrada de Tacubaya, dándole 
la orden inmediatamente, para que, al día siguiente muy 
temprano, se viese con la persona que señalaba el mal, á 
fin de ponerle al instante el remedio. 

El Sr. Bustillos, que muchas veces habia sido testigo 
del afán que desplegaba la sociedad promovedora de obras 
de utilidad pública^ en Tacubaya^ en la reposición del ca- 
mino ; tampoco ignoraba que esta compostura se hacia con 
los fondos que, con escasez, suministraban algunos veci- 
nos de la villa, andando, se puede decir, como de Limos- 
nero, el mismo socio de la Sociedad, y sufriendo, no pocas 
veces, unos bochornos que la intención que llevaba, de- 
bían haberle evitado. 

Con este motivo, el Sr» Bustillos le hizo presente al Ex- 



CELO DEL SR. MtiHISTRO DE FOMENTO. 435 

celentísimo Sr. Ministro, que al proceder el ingeniero del 
Supremo Gobierno á trabajar en esta parte del camino de 
Tacubaya seria, en cierto modo, hacerle sufrir una especie 
de desaire á la Sociedad de mejoras; y que á su entender, 
era preferible poner á la disposición de la propia Sociedad, 
los materiales de que carecia, y los oficiales necesarios 
para que concluyese su obra del modo que lo entendiera. El 
Sr. Bustillos, sin duda, no quiso, por delicadeza, tener ni 
siquiera visos de quererse apropiar unos méritos que otros 
habian adquirido. 

Aprobó al momento el Excmo. Sr. Ministro las finas re^ 
flexiones del Sr. Bustillos; y el lunes 11 á las siete de la 
mañana, cuando me iba para México, vi venir á caballo al 
expresado señor ingeniero. Este amigo hizo parar inmedia- 
tamente la carretela; bajé de ella en el acto, sospechando 
casi cual era su misión ; y no pude menos que agradecerle 
al Excmo. Sr. Ministro, á quien no tengo el honor de cono- 
cer, una actividad verdaderamente digna de los mayores 
encomios. 

El Sr. Bustillos tuvo la bondad de decirme que nos 
aguardaba al Sr. Bardet y á mí en su casa, á las tres, de la 
tarde ; y habiendo ocurrido á la cita, le dimos las mas ex- 
presivas gracias suplicándole se las diera á nombre de la 
Sociedad al Excmo. Sr. Ministro de Fomento ; y quedó de- 
terminado que en el curso de esta semana nos mandaría 
todo lo necesario para remediar el derrumbamiento del ca- 
mino. 

Doy al público esta manifestación sincera con tanto mas 
gusto, cuanto que en mi país adoptivo, rara vez se toman 
en una debida consideración los reclamos de la prensa. — 

Erpíesto Masson, secretario de la sociedad. 



436 1856 

TACUBAYA 

INVADIDO EN SUS FONDOS MUNICIPALES. 

De la verdad que encabeza este artículo, resulta el poca 
progreso que hoy se observa en Tacubaya, 

Los coches de alquiler, que antes le pagaban al Ayunta- 
miento de la Tilla seis pesos de contribucicm cada uno, en 
cada mes, ahora no le dejan ni un comin ; y todo lo absor- 
ve indebidamente México, que propiamente es el vortex del 
Distrito. 

De la pobreza grande en que está sumido Tacubaya, re- 
sulta Gue han cesado los adelantos que tanto recomendaban 
á esta villa, visitada diariamente (¿quién lo creerá?) por 
mas de mil personas que vienen de la capital, ó & remediar 
sus males, ó á solicitar justicia, cuando reside en Tacubaya 
el Excmo. Sr. Presidente de la República. 

Gracias á los pasos que en el progreso ha sabido dar Ta- 
cubaya, el número de las carretelas de alquiler se aunieotó 
considerablemente, y de 20 ó 25 que eran en 52, han su- 
bido & mas de 66. 

Dichas carretelas, hijas propiamente de Tacubaya, de 
su clima benigno y de los afanes de sus vecinos que , en 
mejorar la población, han gastado de su propio peculio mas 
de 30,000 ps. ; estas carretelas, repito, que ocupan el sitio 
municipal de la villa todo el dia, que destruyen el piso de 
sus calles en cualquier dirección, ni un centavo de contri- 
bución le pagan hoy á la municipalidad. 

Damos esta relación al público que, no estando informa- 
do de nuestras miserias, está siempre dispuesto á criticar, 
muchas veces toscamente, el mal estado de las calles de 
Tacubaya, lo montuoso de sus banquetas, su falla de poli- 
cía, etc., etc., etc. 



TACÜBAYA INVADIDO ES SUS FONDOS. 437 

Este fondo de coches, ó la parte que de él le tocaba á 
Tacubaya, le ha sido propiamente arrebatado , en tiempo 
de la pasada intendencia, que siendo abolida por ley, se 
mantuvo firme en Tacubaya durante mas de seis meses, 
sin consejo municipal de ninguna clase que garantizara las 
libertades públicas, como si fuera procónsul romano el in- 
tendente. 

He dicho que este fondo de coches le fué arrebatado por 
México á Tacubaya, y lo probaré. En el año de 52, sien- 
do Presidente del ilustre Ayuntamiento de Tacubaya el Sr. 
D. Francisco Iturbe, y yo el síndico, se celebró un conve- 
nio con el Excmo.^Ay untamiento de México, en que intervi- 
nieron por parte de la capital, los Sres. capitulares si- 
guientes : 

El Sr. Lie. D. Juan José Baz. 
El Sr. general D. Félix Zuloaga. 
El Sr. Lie D. Manuel Morales Puente. 
El Sr. D. Juan Palacios. 
Y por parte de Tacubaya, 

El Sr. coronel D. Ignacio Carranza, regidor. 
El Sr. D. Ernesto Masson, síndico. 

En esta reunión, que tuvo lugar en casa del Sr. Carran- 
za, en México, quien dio un convite al efecto, se trató la 
cuestión, como se dice en francés, entre ¡apotre et le fro^ 
mage (entre la pera y el queso). 

Después de una ligera discusión, á la cual prendió la 
mayor cordialidad, el Ayuntamiento grande le cedió al chi- 
co, conociendo la razón, 3 ps. de los 10 que pagaba á 
México, cada una de las carretelas de alquiler de Tacu- 
baya. 

Más tarde, en 1854, siendo Prefecto de Tacubaya el 
Sr. coronel D. Ignacio Carranza, se solicitó del gobierno el 
que percibiese Tacubaya, otros 3 ps. de esta misma con- 



m i 856 

tríbucion, fundándose en que estos coches de alquiler mas 
bien eran propios de Tacubaya que de México, habiéndole 
caido k este dicha contribución, como el maná, sin que tu- 
viese grandes méritos para ello. 

Efectivamente, en 29 de abril de 1855 se dio un decre* 
to, que nunca se ha derogado, que le concedía otros 3 ps. 
de la contribución de 10 ps. que pagaban á México, los 
coches de alquiler de Tacubaya ; y desde este dia, México 
solo percibió 4 ps, y Tacubaya 6 ps. 

Eií el dia estos coches, siendo 66, le producen & México 
mensualmente la pequenez de 660 ps. , sin contar todavía 
con los 2 ps. 2 rs. que cada coche satisface al mes & la ad- 
ministración, 148 ps. 4 rs. 

Total de esta renta en cada mes, para México, 808 ps. 
4rs. 

El nuevo Ayuntamiento de este año, tan luego como en 
mayo próximo pasado tomó posesión del gobierno munici- 
pal, practicó todas las diligencias necesaíias para recon- 
quistar su contribución; y desde mas de tres meses, no se 
le ha contestado. 

Con lodo, el 25 de julio próximo pasado, el Sr. D. Juan 
Palacios, regidor de coches de México, me mandó llamar, 
y delante del Sr. Iglesias, administrador del sitio, me pro- 
metió que, hiendo la contribución un negocio arreglado yn 
con el Excmo. Ayuntamiento de México, el de Tacut)aya9 
desde el 1."* de agosto cobraría 5 ps. de los 10 que rendía 
cada coche de alquiler. 

Di parte inmediatamente á la municipalidad de Tacu- 
baya de esta feliz nueva; pero llegó el 1.% el 2, el 3 y boy 
el 16 de agosto, sin que se nos haya comunicado nada res- 
pecto del cobro deseado. 

El Ayuntamiento de Tacubaya, k quien irritó, muy jus- 
tamente , esta inconsecuencia de parte de México , intimó 
hace días k los dueños de coches de alquiler, que tuviesen 



TACUBATA INVADIDO EN SUS FONDOS. 439 

quñ satisfacerle & la nMiaicipalidad, la contribución de 6p8. 
que antes le pagaban; pero breve, el Excmo Sr. goberna- 
dor «ispendió la orden, sin que se nos diesen los 5 ps. pro- 
metidos, y quedó sin efecto la providencia dictada por el 
Ayuntamiento, burlándose casi de ella los mismos coche- 
ros, con menoscabo de la respetabilidad del Ayuntamiento. 

Como todos los Ayuntamientos son menores, y que el 
Excmo. Sr. gobernador es su curador, le suplicamos que 
tome en consideración nuestros intereses, nuestro propio 
decoro ; y que por pequeños que sean estos intereses, no 
permita que los perjudique el Excmo. Ayuntamiento de Mé- 
xico, que ve con desprecio, los reclamos justos de una mu- 
nicipalidad de pueblo. 

Pedimos también al Excmo. Sr. gobernador, que puesto 
en corriente nuestro fondo de coches, todo lo indebida- 
mente percibido por el Excmo. Ayuntamiento de México, 
durante mas de siete meses, le sea devuelto al de Tacubaya, 
aplicando directamente esta cantidad á la construcción de 
las escuelas y casas de cabildo de esta Villa, en cuya con- 
elQSRon, se interesa extraordinariamente el Excmo. Sr. Pre- 
sidente. 

Calonlando que en estos siete meses, no hubiese habido 
mas que 50 carretelas (y eran mas), y que estas hayan 
producido naturalmente, & 10 ps. cada una, 3,500 ps.; la 
mitad de esta suma, ó sean 1 750ps. aplicándose á las escue- 
las, breve se pondrá en estado de uso el departamento 
destinado á la educación primaria. 

Como síndico de este ilustre Ayuntamimto, y procurador 
del Común, no merecería ocupar el puesto que el mismo 
Excmo. Sr. gobernador me confió, si dejara invadir los fon- 
dos municipales, de donde han de dimanar el bien general, 
el orden y el progreso de esta población. 

No dudo un solo instante, que me llamarán terco, em- 
pachoso, imprudente, etc.; pero cumpliendo con mi deber. 



440 i 856 

no me arredran estas denominaciones vulgares : y si ago* 
tados todos los esfuerzos que me incumbe hacer , no consi- 
guiere justicia, dejaré el cargo que ejerzo, para cubrir una 
responsabilidad que no debe gravitar sobre mi. 

Ernbsto Masson, 
Sindico del L Ayuntamiento de Tacubaya. 



1 REPARACIÓN ! 

Habiendo llegado el 16 de este mes sin que se cumplie- 
sen las promesas hechas por uno de los señores regidores 
de México k otro de Tacubaya, tocante & la parte de la 
contribución de coches que iba á percibir dicha villa, se 
publicó ayer el artículo encabezado : Tacubaya invadido en 
sus fondos municipales. 

Perp el Excmo. Sr. gobernador, cuya justicia bien acre- 
ditada no podia desentenderse de las quejas de Tacubaya, 
ya tenia dispuesto, el propio dia 16 (sin que lo supiera la 
municipalidad de la villa), que el producto de la contri- 
bución de las carretelas se dividiese por igual entre los 
Ayuntamientos de México y Tacubaya. 

Esta determinación no se supo en Tacubaya mas que el 
16 á las siete y media de la noche, habiéndosela comuni- 
cado á estas horas al Sr. Presidente del Ayuntamiento de 
esta villa, el Sr. regidor de él D. Vicente Gorostiza, de 
parte del Excmo. Sr. gobernador del Distrito. Este aUo y 
. empeñoso funcionario le dio al Sr. Gorostiza la orden ver- 
bal de que el jueves de esta semana viniese una comisión 
del Ayuntamiento de Tacubaya á ponerse de acuerdo con 
otra del Excmo. Ayuntamiento de México, tanto sobre la 



TACÜBAYA INVADIDO ES SUS FONDOS. 441 

contribución de coches, como sobre las disposiciones admi- 
nistrativas que los han de regir. 

Damos al Excmo. Sr. gobernador, de parte del Ayunta- 
miento de Tacubaya, las mas expresivas gracias por la 
providencia que se ha servido dictar, y que facilitará á la 
municipalidad de esta villa los medios de poder cubrir los 
gastos que requieren su alumbrado, paseos, policía, etc., 
cuyos ramos, por una falta absoluta de fondos, sufrían ne- 
cesariamente algún abandono. 

Ernesto Masson, 
Síndico del I. Ayuntamiento de Tacubaya. 



1857 



44S 

AGUAS DE TACUBAYA. 

« Multaque Ubi possum commemorando 
« Argumenta fidem dictéis oorradei'e nostreis : 
« Verum animo satis hase vesOgia parva sagaci, 
« SurU, per qtuBpossis cognosoere costera ¿ufe.» 
(Luc. : De rerum nat.^lib, 1.) 

A ettofl «rgnnentot padiera agregar otroa macho* que 
daitoa «n «oaro peso li mU p«lalima; per^ ton aull- 
oientea algnnoa datos ligeros para •ocaainar to Mplrítu 
pcMUMM al ooBodAieiito d« los deaiaa. 

Lo que dijo en un tiempo Lucrecio, queriendo, descu- 
brirle k Memmio los secretos de la naturaleza, muy bien lo 
pqedo repetir al Excmo. Sr. Ministro de Gobernación, res- 
pecto de nuestras aguas que no encierran arcano alguno, 
para que se digue S. £• hacer respetar las ordenanzas que 
las rigen, y no permita por mas tiempo, que dichas aguas 
estén alteradas en su pureza. 

Diré en qué me fundo :— En 19 de abril de 1845, cuan- 
do el Excmo. Ayuntamiento de México, al publicar sus or- 
denanzas de agua, reprodujo textualmente, las que, desde 
mas de un siglo las gobernaban ; no tuvo otro motivo, sin 
duda, que el de fijarlas de un modo indeleble en la mente 
de los señores regidores comisionados de aguas, á cuyo 
cargo debian estas, en lo futuro, quedar confiadas. 

Recorramos lo pasado : — En 27 de octubre de 1710, el 
duque de Albuqucrque formuló unas ordenanzas de agua 
en extremo sabias y previsoras, que se publicaron en México 
en 15 de enero de 171 1. Estas, como lo indico mas arriba^ 
formaron cuerpo y parte integrante con las conc^ciones y 
aclaraciones que, ^obre el ramo de aguas, dio á luz el Ex- 
celentísimo Ayuntamiento de México, en la precitada fecha 
de 19 de abril de 1845- 

De estos datos resulta que el duque de Albuquerque^ 
desde 1710, manifestó el mayor celo, en que, por ningún 



446 1857 

motivo, fuesen enturbiadas las aguas de Santa Fe, y con 
este fin dejó estampadas las prescripciones siguientes, que 
probarán cuan antigua es la pureza de las aguas del refe- 
rido Santa Fe, que hoy reclamo. 

c En consecuencia de la ordenanza antecedente (dice el 
« duque de Albuquerque) , que atiende á que las aguas 
« vengan limpias, sin mezcla ni maletía, se ordena y manda^ 
a que así en la dicha atargea que está en las barrancas 
« de Santa Fe, como en los altos de Tacubaya, y la atar- 
gea que procede del bosque de Chapultepec que llaman 
« el Rucio, hasta la caja del agua de San Juan, ninguna 
« persona sea osada á ir á lavar ni laven en estas partes 
« ningún género de ropa, lanas ni otras cosas encima de 
« ellas, ni en partes donde puedan maltratar las atargeas, 
« ni juntar el agua de esta servidumbre con la que viene 
« por estos conductos, pena de diez pesos por cada vez que 
« sucediere, etc. , etc. » 

Como se ve, desde aquel tiempo se conservaron las aguas 
azuladas de Santa Fe en toda su pureza; y habiéndose es- 
tablecido en el pueblo de este nombre una fábrica de pól- 
vora, jamas se pensó en usar de otro poder motor que no 
fuera las mismas aguas de Santa Fe, por no alterar en ma- 
nera alguna su transparencia, tan particularmente reco- 
mendada en las ordenanzas. 

Por desgracia en 1854, el señor regidor comisionado de 
aguas del Excmo. Ayuntamiento de México, no tuvo muy 
presentes estas ordenanzas; y unas aguas que hablan per- 
manecido cristalinas durante mas de un siglo, y de las 
cuales habia disfrutado Tacubaya en esta centuria ; estas 
aguas, repito, fueron transformadas, con desprecio de las 
ordenanzas, en unas aguas que, en tiempo de lluvias, son 
enteramente barrosas y de un color de ocre muy pronun- 
ciado. 

Tan triste metamorfosis se operó del modo y por las ar- 



AGUAS DE TA€UBATA. 447 

tes que referiré. En 1 852, el subdito inglés D. Guillermo 
Jamison (difunto) tomó en arrendamiento la fábrica de pól- 
vora con sus aguas, y ya destruida por la áltima esplosion 
que sufrió este ingenio en 1827 6 28, con el fin de esta- 
blecer allí una fundición de hierro. 

Breve conoció el referido Sr. Jamison, que el volumen 
de las aguas de Santa Fe (únicas con las que habia arren- 
dado la fábrica) era insuficiente para mover la rueda 
grande que allí habia mandado construir; y como en frente 
de su fábrica, á 400 ó 500 varas mas arriba, pasaban las 
aguas llamadas de los Leones, que aunque sucias en ex- 
tremo, miden de 9 á i2 surcos; el Sr. Jamison tuvo la pe- 
regrina ocurrencia de tratar de unirlas á las de Santa Fe, 
desbarrancándolas sobre estas, sin cuidarse muy poco de 
enturbiar aquellas últimas, aunque atacase la propiedad 
centenaria de una villa como Tacubaya, que cuenta ya con 
nías de dos mil almas. 

Tan luego como el Ayuntamiento de la villa, en 1854, 
tuvo conocimiento de las pretensiones raras del Sr. Jami- 
son, las combatió con razones de ley, y haciendo presentes 
los inconvenientes, daños y perjuicios que iba á sufrir Ta- 
cubaya y el colegio de Chapultepec, en el goce respectivo 
de sus aguas. La oposición del Ayuntamiento, de que era 
yo regidor de aguas, duró cuatro meses; pero se tomó muy 
poca cuenta de ella; y el Sr. Jamison, favorecido en sus 
proyectos por la administración dictatoria de Santa-Anna, 
llevó á cabo su empresa, á despecho de los muy fundados 
reclamos de una villa, de que hizo, en cierto modo, la mas 
completa mofa. 

Con todo, y según se me aseguró, la orden que dio Santa- 
Anna en este tiempo, y que aprovechó el Sr. Jamison (no 
sé por qué) , fué la de disponer de una parte de las aguas 
de los Leones, para la fábrica de pólvora que se iba á esta- 
blecer en Sania Fe. Si al contrario, la orden fué directa al 



I 
! 

! 448 1857- 

I 

Sr. JaiDÍson, dicho señor nunca pudo ignorar, que los actos 
¡ de Santa-Anna debían ser revisados algún dia por el so- 

I berano Congreso que se reuniese, los cuales serian ó man- 

; tenidos ó invalidados, sometiéndose desde luego íi su de- 

! cisión. 

¡ Tra,scurrió algún tiempo desde la ejecución de esta or- 

den ;. pero habiendo á poco triunfado la revolución de 
Ayutla, el Ayuntamiento de Tacubaya se apresuró á soli- 
I citar del soberano Congreso, que llamase á revisión y anu- 

! lase un acto de Santa-Anna que tanto h9i)ia perjudicado á 

I toda una población. El Sr. diputado D. Espiridion Moreno, 

oficiosamente, tuvo la bondad de promover en la Cámara, 
j la revisión de este acto ; y en efecto, se leyó en el « Moni- 

tor » del 24 de mayo próximo pasado lo que sigue : 

« En la sesión de ayer, presentó el Sr. Moreno una pro- 
« posición sobre que se sujete á revisión el acto por el cual 
« Santa-Anna mandó agregar las aguas de los Leones á 
» Tacubaya, para que sirvieran á una fábrica de pólvora, 
« la que fué admitida á discusión con dispensa de la se- 
« gunda lectura. » 

Distraído por sus grandes ocupaciones, el soberano Con- 
greso, desde aquel tiempo, no tuvo el menor lugar para 
ocuparse de un negocio de un interés secundario, sin que 
por esto desconociese la justicia de la reclamación. 

Si la orden de Santa-Anna, para que se mezclasen las 
aguas de los Leones con las de Santa Fe, fué dada /jon/ 
que sirvieran á una fábrica de pólvora; nunca se pensó, 
humanamente, en establecerla en un edificio donde existia 
ya una fundición de hierro, cuyo fuego ardiente esparce 
chispas á grandes distancias y en todas direcciones, según 
el viento que reina. Si, al contrario, esta orden fué refe- 
rente al Sr. Jamison ; yo preguntaré , ¿es justo posponer 
los intereses vitales de una villa entera, & los de un sinaple 
particular? 



AGUAS DE TAGUBAYA. 4(9 

Hace unos ocho dias que ios hijos del difunto Sr. Cañas 
reclamaron igualmente seis surcos de las aguas de los 
Leones que les pertenecen, y que deben tomar antes de que 
estas pasen delante de Santa Fe. Se trasladaron con este 
objeto, en compañía del Excmo. Sr. gobernador, del señor 
regidor de aguas del Excmo. Ayuntamiento de México, y de 
varios de sus miembros, al lugar donde nacen las aguas de 
los Leones, b fín de que se les fijase el punto donde las 
habian de tomar. Apenas tuvieron esta noticia, según me 
dicen los que han adquirido la fundición de la testamen- 
taría del Sr. Jamison, que se empezaron á mover, queján- 
dose de un ataque á su propiedad ; olvidándose sin duda, 
de que el Sr. Jamison, á ciencia cierta, no habia reculado 
ante la pretensión injusta de despojar á una villa del goce 
en que estaba, desde mas de cien años, de las aguas cris 
talinas de Santa Fe. ¿ Quién fué, en este caso, el prímei 
despojador; el Sr. Jamison, ó Tacubaya y los hijos del Sr. 
Cañas?... ¡La propiedad del uno no data mas que desde 
1854 , y la de Tacubaya remonta á mas de cien años I... 
En todo caso, según la aclaración 5.', de las Ordenanzas de 
aguas, el arrendamiento de ellas se concede únicamente á 
la persona que lo solicita; á la cual, de ningún modo se le 
concede derecho para que en caso alguno ó bajo cualquiera 
titulo^ pueda trasmitirlo á otra persona. Muerto el Sr. Ja- 
mison, cesó en él la concesión que se le hizo del uso de las 
aguas de los Leones : no es inherente á la fábrica. 

Cuando el Sr. Jamison consiguió la orden de Santa-Anna 
para que pudiese mezclar las aguas de los Leones con las 
de Santa Fe; esta orden la firmó el Sr. Ministro de la 
guerra, general D. Santiago Blanco, sin duda porque de- 
biendo servir estas primeras aguas para una fábrica de pól- 
vora (que nunca se estableció, y con razón), se versaban 
allí asuntos del servicio. En el propio ministerio obra sobre 
la materia el expediente á que dio lugar la oposición de Ta- 

29 



450 1857 

cubaya, & menos de que haya pasado después al ministerio 
de Gobernación. 

Las personas que intervinieron en la ejecución de la or- 
den de Santa-Anna, fueron : 

Los Sres. D. Manuel M. Anzorena, regidor de aguas del 
Excmo. Ayuntamiento de México. 

D. José M. Rarairez, escribano del propio Ayuntamiento. 

General D. Ignacio Mora. 

Sr. ingeniero Bustillos. 

D. Juan Ambris» fontanero mayor, residente en Tacú- 
baya. 

Las autoridades de Santa Fe en aquella fecha, eran : 

Los Sres. D. José Maria Canseco. 

D. Eduardo Ramírez. 

Este es el fiel relato de los hechos; y el espediente hará 
fe de lo que acabo de esponer. Honrado en varias épocas 
con el cargo de síndico del L Ayuntamiento de Tacubaya, 
en que tuve el honor de entrar : bien ó mal, siendo lego, 
reclamaré los derechos de unos menores, á quienes la ley 
concede la restitución in integrum de lo que les pertenece. 

Ernesto Masson, 
Síndico comisionado de aguas. 



TODO ES TORO HASTA. LA COLA. 

Deits dedüy Leus UHiU si< nomen Domini benedicttm. 

Este dicho vulgar encuentra su aplicación respecto del 
camino de esta capital hasta San Miguel Chapultepec, que 
constituye la manzana 196, cuartel núm. 24, de México. 
De allí se deduce que la cola del gran Tenostitlan, la for^ 
man los arcos de Chapultepec, teniendo estos, por nudo ó 
pompón^ la fortaleza de este nombre. Dicha cola , ó pn>- 



TOBO ES TORO HASTA LA GOLA. m 

longacion de la espina dorsal, con su correspondiente mé*^ 
dula, que es el agua que corre por el hidro-ducto, es parte 
integrante de México y no de Tacubaya, como lo suponen 
varias personas poco versadas en la inconstante topografía 
del Distrito. Así es que los que roban en el susodicho ca- 
mino, colean, propiamente hablando, á toda una capital 
que no sabe resguardar su cola. 

Esto lo pregono á son de la trompa del « Heraldo,» para 
que no culpen á Tacubaya, de que no cuide de una via de 
comunicación, donde, por entretenimiento, algunos religio- 
narios ponen en práctica las ideas que tienen sobre la pro- 
piedad, cuando no es suya. 

Esplicaré el asunto. Desde el 25 de enero de 1855, el 
señor Prefecto del partido de Tacubaya, le hizo saber al 
ilustre Ayuntamiento de la propia villa, que el pueblo de 
San Miguel Chapultepec era parte inherente á su suelo. 
Tacubaya, como se vé, regía entonces los cortos destinos 
del referido pueblo, sin contienda ni embarazo, hasta el 
puente que llaman de los insurgentes^ por medio de auxi- 
liares, cuyo nombramiento aprobaba el gobierno del Dis- 
trito. En esta época, cuando se cometía alguna fechoría, en 
el camino de Chapultepec á México, las autoridades de Ta- 
cubaya aguijoneaban el celo perezoso de las subalternas 
del pueblo de San Miguel, para que moviesen sus rondas, 
con el fin de vigilar sobre la seguridad de los transeúntes. 

Pero, últimamente, en 22 de setiembre de 1856, sin que 
86 supieran los causales, la joya empinada de Chapultepec, 
fué separada de la demarcación de Tacubaya ; lo que se 
le dio á conocer al Ayuntamiento de esta villa, por medio 
de un oficio asaz crudo que relataré ; cuando ejercía, muy 
inocentemente la municipalidad los derechos que le in- 
cuaibian , nombrando como de costumbre sus auxiliares, 
y oponiéndose naturalmente (ignorando la separación de 
Chapultepec de Tacubaya) i que otra persona, no puesta 



1 



452 1857 

por ella, ejerciese allí ningún cargo de policía y buen go- 
bierno. 

Este es el oficio : 

€ El Excmo. Sr. gobernador me ordena prevenga á V. S. 
€ se abstenga en lo absoluto de alterar la demarcación de 
« las manzanas de México, como lo hizo en 15 desetiem- 
« bre, oponiéndose á que el C. Tomas Vargas desempe- 
< ñase el cargo de sub-inspector de la manzana núm. 196, 
« del cuartel menor 24, y advirtiendo que en lo sucesivo 
« no formule tales providencias sin previa consulta de este 
« gobierno. » 

« De orden de S. E. dígolo, etc. , etc. 

« Dios y libertad, México, setiembre 22 de 1856 — Sr. 
presidente del L Ayuntamiento de Tacubaya. — Firmado: 

J.M. del Castillo Velasco.^^ 

En vista de lo espuesto, suplico á las personas que no 
sabian hasta donde se nos estiraba la sábana, no nos cul- 
pen á ciegas, de los desmanes é impertinencias de los que 
no contando ya con los bienes del cielo, se apoderan, en 
cambio, de los de la tierra. 

En todo caso, y para tranquilizar los ánimos de los aman- 
tes de la umbrosa Tacubaya, les participaré que el Excmo. 
Sr. gobernador, hace ocho dias, ha dispuesto que desde 
las oraciones de la noche, recorran el camino patrullas de á 
caballo, que lo limpien de los defensores del fuero. 

ErInesto Masson, sindico. 



453 

JURA DE LA CONSTITUCIÓN. 

PRÓLOGO. 

Todos los Ayuntamientos del Distrito debiendo, confio era 
natural, jurar la nueva Constitución de 1857 que la nación 
se habia dado ; me enfadaron sobremanera los escrúpulos 
que, llegado el caso, acometieron á ciertos regidores, para 
prestar el juramento debido. 

Esta repugnancia infundada, de parte de mis compañe- 
ros, me dictó el artículo : Jura de la Constitución^ que en 
seguida se leerá. Apenas publicado este, el Eco nacional^ 
(periódico conservador) , se apresuró á analizar mi remi- 
tido, en otro que encabezó : Algo del gétxero jocoso para 
que se distraigan los tristes. 

Como estas jocosidades ( que siento no haber conserva- 
do) se limitaban k puras exclamaciones sin ninguna gra- 
cia, inserté en contestación al Eco^ en el Heraldo del 
o de abril, otro comunicado que dio fin á esta polémica, 

Ernesto Masson. 



REMITIDO. 

« Le$ íiei*mei)fi ne sontpas nm fragüe chalne 

« Qii'on forme savs desaein. et qu'on trise ^ans pnne, » 

Los Ayuntamientos microscópicos del Distrito, en su to- 
talidad, como los de Guadalupe y Mixcoac, etc., no han 
querido jurar la Constitución, no acordándose de que antes 
lo habian verificado, reconociendo elplan deAyutla^ y /o- 
do lo que de él dimanare^ cuando tomaron posesión del car- 
go municipal que se les confiara. 

Echaron igualmente en olvido dichos Ayuntamientos, ^u^ 



«4 1857 

son menores de edad; y que el capítulo III de las Ordenan- 
zas municipales que los rigen, dice en su artículo 37, lo 
que sigue : 

« Los Alcaldes y Ayuntamientos, por ningún motivo y 
» bajo pretesto alguno, se ingerirán en materias políticas, 
« sino que se sujetarán absolutamente á la ley de su crea- 
« cion ; á lo dispuesto en las Ordenanzas municipales, y 
« á las órdenes superiores que se les comuniquen por los 
« conductos legales. » 

El Excmo* Sr. gobernador del Distrito que es (se puede 
decir) el curador nato de los Ayuntamientos, les mandó 
últimamente que juraran la Constitución ; y estos debieron 
de obedecer, tanto porque esta Carta fundamental era una 
emanación del plan de Ayutla que habían jurado ya, como 
porque se lo ordenaba la autoridad superior de quien de- 
pendían. 

En Tacubaya, cuando se trató de jurar la Constitución; 
á un Sr. regidor le dolieron instantáneamente los ririo?ies : 
al otro le acometió la sangre ; y al tercero le entraron unos 
reumatismos tan agudos que, dando de gritos, se quedó 
como estacado en el pueblo de la Piedad. Esto prueba evi- 
dentemente, ó que la Constitución influye directamente so- 
bre la salud, ó que los dolientes son ellos mismos de una 
muy mala constitución. 

Muchos de estos Sres. , no han leido siquiera esta obra 
eminente; pero los Sres. curitas que le tienen mala voluntad 
al artículo i 23 (í ) ; y los demás ortodojos de algún calibre, 
les han persuadido á estos sencillos y crédulos habitantes 
de los pueblos, donde estos primeros están mudando de 
temperamento, que la Constitución de 57 tiene mascóla 
qu6 el mismo Belcebúi , y que el Soberano Congreso tiene 
sus sesiones en el Averno. 

(i) c Corresponde exclosivameote á los poderes federales ejeroer, en material 
t de callo religioso y disciplrní externa, la intervención que deiifocn lat leyci,* 



JURA DE LA CONSTITUCIÓN. 455 

No sé en qué se fundan mis compañeros los Sres» regi« 
dores : por que la Constitución presente, & mi ver, es ente- 
ramente liberal ; y que, virtud al artículo 5/ (1) se impedi- 
rá en lo futuro que ciertos hacendados y todos los panade- 
ros, que son los Boyares de México, retengan en una ver- 
dadera esclavitud á muchos infelices que son traspasados 
con el material de las oficinas en que sirven, como si fueran 
muebles de tienda. 

También alegan algunos, quede religión no habla mucho 
la Constitución ; como si esta no fuera la obra de unos ca- 
tólicos, para el gobierno de un país puramente católico. 
¿Todos los discursos preliminares impresos en la misma 
Constitución, acaso, no lo indican ?•• ¿Qué dice el discurso 
del Excmo. Sr. Presidente, á losSres. diputados? 

« Reconociendo esta causa^ los pueblos han buscado el 
< remedio de sus males en una nueva Carta fundamental, 
« que les a.^egurase el goce de los derechos sacrosantos, 
« eternos é imprescriptibles con que los dotó la mano bien- 
« heckora del Criador. » 

« Quiera el Ser Supremo^ arbitro del destino deloshom- 
c bres y de las naciones, etc., etc. » 

¿Qué es lo que se lee en el discurso del Excmo. Sr. Vice- 
presidente del Soberano Congreso, al Excmo. Sr. Presi- 
dente?... ¿no es lo que sigue?... 

« Para V, E., es la palabra de honor que el hombre san- 
« tifica, invocando la presencia de Dios ^ eíc, etc.^ 

« La t^ovidencia Divina, en sus altos designios, movió 
« vuestro corazón patriota, etc. , etc. 

9iEsa misma Providencia Santa os destinaba también 

(1) Artículo 5.*— «Nadie puede ser obligado á prestar trabajos personales, lio 
« la justa relribucion y sin su pleno consentimiento. La ley no puede autoriza 
« oiiigon contrato que tenga por objeto la pérdida ó el irrevtieabla sacrifleio de 
« la libertad del hombre, ya sea pur causa de trabajo, de educación 6 de Toto 
« religioso. Tampoco puede autorizar con?enios en que el hombre pacte su 
c proscripcioD ó destierro.» 



456 4857 

« para dar cima á tan heroica empresa. { Cumplid con los 
t destinos de la Providencia ! » 

« Reconocen que el haber llegado al término de la obra 
« principal que se les encomendara, es debido á un favor 
« especial de la Providencia Divina^ y por tan fausto acon- 
« tecimiento, bendicen en lo intimo de su alma el santo 
« nombre de Dios. » 

¿Y el Congreso constituyente, qué le dice á la na- 
ción?.. 

« Bendiciendo la Providencia Divina los generosos es- 
« fuerzos que se hacen en favor de la libertad» etc., etc.» 

« Y en tal situación, para no desesperar del porvenir, 
« los ha alentado sn fé en Dios^ en Dios que no protege la 
« iniquidad ni la injusticia, etc., etc.» 

« Os quedan, pues, libres, espeditas, todas las faculta- 
« des que del Ser Supremo recibisteis para el desarrollo de 
• vuestra inteligencia, etc. , etc. » 

« Y en México, para su gloria ante Dios y ante el mun- 
« do, será una verdad práctica la inviolabilidad de la vida 
« humana, etc., etc.» 

« Ha sido fiel (el Congreso), al espíritu de su época, á 
« las inspiraciones radiantes del Cristianis-mjo^ e'c. , etc.^ 

« Plegué al Supremo Regulador de las sociedades, ha- 
« cer aceptable al pueblo Mexicano la nueva Constitu- 
« cion, etc., etc. » 

¿ Qué mas quieren?... ¡ En resumidas cuentas, una Cons- 
titución no es un libro de oraciones; es el Código que fija 
las libertades de un país I*. 

Como síndico que soy del I. Ayuntamiento de toda una 
villa, vengo á ser, sin sentir, la fortp tete de Vendroit^ (el 
hombre de cacumen del lugar) ; he jurado la Constitución, 
con la mano casi en la cintura (como se dice en lenguaje 
familiar) , y les aconsejo á mis compañeros que hagan otro 
tanto. 



JURA DE LA CONSTITUCIÓN. 457 

¡ El que cumple con su deber no puede ofender fe Dios ni 
á los hombres I Esta es mi convicción. 

En cuanto k estas voces de excomunión y no les presten 
oido: cuentos son de viejas :son unas canciones reproduci- 
das por el gorgeo apagado que, de su ya rojizo pecho, 
exhalan aún ciertas palomas recias, en cien batallas desplu- 
madas, que gracias á tales predicaciones, quieren hacer 
grandes méritos, por reconquistar, al partir de este mundo, 
su blancura que ya voló. 

Ernesto Masson, sindico. 



AL ECO NACIONAL 

Abril 5 de 1857. 

« Echo n*est plus un son qui dans l'air retentisse, 
a Cest un Journal obscur quiraisonne en Jocrisse, » 

(E\ eco no es ya un sonido que en el aire resuena, 
Es un periódico oscuro que cual bobo raciocina.) 

El estilo Jocrisse [niais ou díTie/, tonto-jocoso), es délos 
que se usan, el mas bobo á que pueda acudir el periodista 
que pretende, contra viento y marea, borrar el ceño en el 
facies de sus pocos y adormecidos lectores. Estas gracias 
pastosas se tragan con dificultad y repugnancia : al senso-- 
rium lo molestan, porque no se las puede explicar; y de 
allí nacen muy frecuentemente, los ataques cerebrales que 
lamentamos, debidos únicamente, las mas veces, á la sola 
lectura de un periódico redactado en estilo- Jocrisse ó Chi- 
luca (que llamaremos así por lo pesado). 

Después de este exordio diré, que jamas hubiera llegado 
á mis oidos el eco del Eco^ si ayer, por casualidad, no me 
hubiera encontrado un amigo que me diese la quintaleña 



45S <857 

nueva» de haberme consagrado, todo un editorial, el perió- 
dico á que tengo el inapreciable honor de contestar. 

M&s asustado naturalmente de este cataclismo para mi 
reputación, que por el que á mi alma la tiene en pena, 
acordándome del dia 12 ó 13 de junio próximo venidero 
(época en que debe acabarse el mundo, según los cálculos 
de los astrónomos), busqué por mar y por tierra, es decir, 
por todos los cafés y las mas despreciables buveiíeSy el Eco 
nacional, sin poderle dar alcance. Los mozos á quienes se 
lo pedia, casi se reían en mis barbas, y me contestaban : 
« No se canse usted, señor : este periódico, tan solo se lee 
« en las sacristias, donde se espende el agua bendita á un 
aprecio algo mas subido que el de nuestros licores. » Con 
menos trabajo buscó Telémaco á su alegrísimo padre, que 
yo al Eco, que si es nacional, no hiere mas que muy parcial- 
mente, el tímpano de sus nacionales. 

Dial fin del dia, y trasudando, con este jocoso periódico; 
pero como me cojió tan cansado ; al abrirlo, hallándome 
en cama, se desprendió de él un vapor papaveris, tan pro- 
nunciado, que este me sepultó en el mas profundo sueño. 
Me levanté al alba , con la cabeza pesada , por haberse 
caido á mi cabecera el Eco malhadado ; y me desayuné en 
caliente, con un sinnúmero de festividades del género Jo^ 
crisse más divertido. 

El Eco nacional viene reproduciendo todo mi artículo de 
la Jura déla Constitución, publicado en e\ Heraldo del 29 
del mes próximo pasado, con unas observaciones, que cla- 
ramente denotan que el redactor del susodicho Eco, no sabe 
palabra de las obligaciones de un regidor. Esto indica na- 
turalmente que ni para eso es bueno ; y que tampoco co- 
noce los deberes de todo ciudadano, cuando, mal ó bien, 
entra á ejercer un cargo público. ¡ Qué triste es que un 
Francés, ya Mexicano, se los venga á enseñarl... 

Extraña el periodista, que un capitular jure, antes de 



JURA DE LA CONSTITUCIÓN. 459 

entrar á desempeñar sus funciones, las leyes y la Constitu- 
ción del país que le honra con su confianza. Cansado seria 
para los señores lectores del Heraldo^ relatarles las sabias 
ordenanzas que gobiernan á los Ayuntamientos, y que fueron 
publicadas en México, en 17 de noviembre de 1845; solo 
el Eco las puede ignorar. 

En el capítulo 1.% artículo 3.% leerá el gracioso periodis- 
ta : 9. El nuevo Ayuntamiento prestará juramento ante el 
« saliente^ etc. , etc. » 

En el artículo 5.* : « Para el acto del juramento, se colo- 
te cara en una mesa, la imagen de Jesucristo crucificado^ 
« y á los pies de ella, á su lado en un atril, los Santos Evan- 
« gelios, etc., etc. » 

En el articulo 6." : •La fórmula del juramento será la 
€ siguiente : • i Juráis á Dios guardar la Constitución y /e- 
« yes vigentes y habiéndoos, etc.^ etc.i^ 

Las gracias del Eco son tan excelsas, que no las entiendo. 
Le molesta que jurara yo la Constitución, con la mano en 
la cintura, suponiéndome sin duda manco, paraque no ex- 
tendiera, y con muy buena fé, la otra en los Santos Evan- 
gelios. 

El Eco es apasionado por las exclamaciones : le habrá 
favorecido la naturaleza al efecto ; será muy bocón, supongo; 
sus gracias son de quijada. Su refrán predilecto es : ^ ¡Oh 
f Tacubaya!.... ¡Tacubaya ohl.... Si estas son graciosi- 
dades, que las entienda y conteste.... Juan Diego. Al pro- 
nunciarlas, el Eco abrirá tan disforme boca, que parecerá 
víbora de cascabel; pájaro de la famila des fissirostres , ó 
cocodrilo. Que converse con estos animales : ellos, y solo 
ellos, tendrán suficiente boca para tragarse la» corpulentas 
agudezas del i^c¿>, ¡oh! 

Ernesto Masson^ 



i60 1857 

PUENTE DE SHOLA 

ENTRE TAGUBATA Y MIXGOAC, CORREGIDO, AUMENTADO Y CON 

NOTAS EN EL MARGEN (qUE SON LOS SEIS ESTRIBOS CON 

QUE ACABAN DE REFORZARLO). 

« A udaces fortuna júbaí. » 

Cuando en 26 de setiembre de 1852 se inauguró y ben- 
dijo el puente de Shola, mas bien se le cantó un responso 
que un aleluya, previendo sin duda el fm prematuro que le 
aguardaba. 

En efecto, la duración de este pons sublicius (puente casi 
de madera j igual á otro que defendiera , hace un pico de 
años, D. Horatius Cocles, de tuerta memoria) , no fué mas 
que una serie de repetidos y peligrosos achaques. 

Muy desunidos entre sí (como nosotros) , los maderos 
que formaban la osamenta del puente ; en extremo débiles 
sus costillas ó tablones , y el todo revestido con muy poca 
carne, que era el cascajo que lo cubría ; este esqueleto ar- 
quitectónico á cada momento se descoyuntaba, descubrién- 
dose veinte veces á la semana unos agujeros de mas de una 
tercia. 

El ilustre Ayuntamiento de Tacubaya, cuya caja, de vacía 
es casi diáfana, no pudo por mas tiempo oir sin enterneci- 
miento los plañidos lastimeros de los transeúntes; y tratán- 
dose de remediar \bs flaquezas de un puente; se le dio, por 
razones de afinidad, la comisión, al regidor mas macilento 
de la excelsa corporación, decretándose por aclamación un 
gasto de muy poca monta. 

Asi se me vio desde este dia, como dice Lafontaine, 
cual uno de estos échassiers de andar circunspecto , re- 
correr en lo seco, por mañana y tarde, los tepetatosos are- 
nales del camino de Mixcoac que apenas atraversara el 



PUENTE DE SHOLA. id 

chameau6!dmB.% prominente giba, á pesar de tener los pies 
tan preventivamente rajados, para no perder terreno en su 
suelo , mas inconstante y movedizo que el corazón de la 
mujer. 

A la primera vista de ojos (¡qué amigo de pleonasmos 
es el ibero !) que practiqué, en compañía del señor presi- 
dente del ilustre Ayuntamiento : flaqueáronme los fuseavx 
ó piernas , después de haber procedido á la autopsia del 
puente y haberme cerciorado de que casi todos los huesos ó 
vigas estaban cariados en las puntas. La amputación era 
fácil ; pero los maderos entonces, no alcanzando á morder 
sobre el diamante que los sostenia, preciso era cambiarlos 
todos, aunque se elevara el gasto ó 120 ó 130 ps. 

En aquel aprieto, llamé íi mi socorro á la Divina Provi- 
dencia, con una fe tan ardiente que es casi roja; y ella, 
aunque excomulgado por eso de la jura de la Constitución, 
me oyó como siempre. El Sr. D. Antero Villaurutia que 
llegó á pasar por allí , me ofreció contribuir con tablones, 
para la reposición del puente. A poco después, el Sr. D. Ig- 
nacio Terroba , prometió ayudarnos con algún dinero que 
colectara entre los vecinos de Mixcoac. 

Alentado por estas dádivas, divisé á lo lejos al Robin- 
son de Ñapóles (por lo del paragua) Ü. Enrique Beale ; y 
este generoso amigo que merece llevar por sombrero un 
cucurucho de mas de tres varas, como su aventurero patrón, 
se acercó al puente y me dijo de mandarle todas las vi- 
gas inservibles , que me las reemplazaría por otras tantas 
nuevas de Solano de & seis varas. 

La municipalidad de Tacubaya, haciendo entonces un 
postrer esfuerzo, mandó comprar cuatro docenas de ta- 
blones, diez y ocho vigas, bastantes clavos, y la cal nece- 
saria. El caso es, que en diez dias, fué reforzado el puente 
con treinta y nueve maderos nuevos, y siete docenas de 
tablones fuertes bien claveteados , revestidos con una capa 



462 



1857 



de pedazeria de ladrillo, y cubiertos en seguida, con mas 
de media vara de buen cascajo. Se regó bien el todo ; se 
pisoneó; y para coronar la obra, el artista tacubayense, 
D. Carlos García, le dio al puente su maestra pincelada, sin 
exigir nada por su trabajo. 

Contribuyeron á la reposición del puente , los señores 
siguientes : 

D. Ignacio Terroba, y otros vecinos de Mix- 

coac, con ..,.».. ps 12 

D. Benito y D. Fermin Parias 12 

D. Agustin Holting 5 

D. Francisco Iturbe 5 

El Sr. Watson 2 

D. Alejandro Low 3 

Y la municipalidad deTacubaya con cerca de 45 

Donativos en materiales. 



9 



El Sr. D. Antero Villaurutia, 3 docenas de tablones. 
El Sr. D. Enrique Beal, 21 vigas de Solano. 
El Sr. D. Juan Bachero, carretadas de pedazeria de ladrillo. 
Merced á esta reposición en regla, puede cualquier carro 
monstruo de los de Veracruz, pasar sin escrúpulo, temor 
ó desconfianza , por nuestro puente de Shola que es hoy 
mas firme que el de Austerlitz. 

E. M. 



46) 

FELICITACIÓN. 

El Sr. D. E. Masson , síndico del I. Apuntamiento de 
Tacubaya, felicitó al Excmo, Sr. Presidente de la Repúbli- 
ca, en nombre de dicha corporación, en los términos si- 
guientes : 

DISCURSO DEL SÍNDICO DEL 1. AYÜNTABIIENTO DE TACÜBATA, 

. FELICITANDO LOS DÍAS DEL EXGMO. SR. PRESIDENTE 

DE LA REPIBLICA. 

Hace un año que en igual época, el I. Ayuntamiento de 
Tacubaya tuvo el alto honor de ser admitido &nte V. B., 
para felicitarle en el dia de su santo; y esta I. Corporación 
cumple hoy presurosa, por segunda vez, mas bien con 
una obligación que le impone su gratitud, que con un 
simple compromiso, á que la liga el puesto honorífico que 
ocupa. 

Quisiera el Ayuntamiento, como en la primera ocasión, 
tener el espíritu bástanle tranquilo, para poder adornar su 
alocución con algunas imágenes que avivarían el discurso ; 
pero las circunstancias actuales son demasiado luctuosas, 
para que la imaginación se solace libremente en el campo 
que tanto le gusta recorrer. 

La sorpresa, no el temor de una guerra traída de Ultra- 
mar, que en lontananza nos amaga, opaca necesariamente 
por momentos, las ideas risueñas que para nosotros hace 
nacer de tropel el grato dia del santo de V. E. Felizmente, 
y k pesar de tantos anuncios alarmantes , muy poco cree* 
mos en la posibilidad de esta grande contienda ; porque la 
España, en atizarla injustamente, vendría á comprobarlo 
que nos enseña la historia, y es, que ciertos reyes y mi- 
nistros, al lanzar á los hombres á guerrear, no lo hacen 
con otro fin, mas que con el de dispensarse de gobernarles 



464 1857 

bien. Las disputas armadas de nación á nación, cuando 
fueron amigas , son como los pleitos comunes : la que los 
gana, siempre pierde; y México, por su parte, imitará ¿ 
los hombres grandes , que son los últimos en aconsejar la 
guerra, y los primeros en volar á ella. 

Rechacemos, pues, de nuestra mente, ya que aun es 
tiempo, el cuadro de un porvenir sangriento que nos pro- 
meten los estruendos imponentes del bronce destructor, 
y las grandes lanzadas imitadas de Bernardo del Carpió. 
No se trata para Isabel II, como cuando la primera vez, 
de habérselas con Moros , ni de conquistar el reino de Ña- 
póles. Son escasos en el dia los Gonzalos, y no existe para 
ella en la guerra con México, el incentivo religioso que en 
la primera empresa hiciera triunfar en tiempos remotos, las 
nobles armas de los formidables tercios de su antecesora. 
Bajo la protección de una misma cruz, militarán hoy am- 
bos contendientes ; y si en México, como en Granada, no 
tenemos un Alhambra lleno de unas deidades que encen- 
dian en gloria el pecho de los Moros; no nos faltarán her- 
mosuras que sepan alentar el coraje de los defensores pa- 
trios. 

¡ Cuan preferente hubiera sido, que la Reina mal acon- 
sejada, no hubiese prestado el oido á las declamaciones 
periodísticas que hiciera resonar el ampUficado relato de 
un estadista fogoso, y de una esperiencia poco cane- 
ciente!... Reine enhorabuena Isabel II en España, por su 
hermosura ; pero no despidan unos seducientes ojos , mas 
centellas que las que todo lo abrasan en su derredor. No 
siga el camino escabroso de las Elizabeth, Catalinas y 
Cristinas, que mas célebres se hicieron en la historia, por 
sus atractivos irresistibles y su tino en gobernar, que por 
la destrucción de la famosa armada española; por las 
guerras contra los turcos ; ó por el arreglo de las diferen- 
cias sangrientas entre el Dinamarca y la Suecia. La misión 



FELICITACIÓN. 465 

de la mujer, aunque ciña corona, es de puro amor; y en 
todo caso, nunca debe brillar en sus manos torneadas, mas 
espada que la de la justicia. 

Dispense Y. E. las palabras de doble galantería de un 
francés ya mexicano, que no quiere con discursos vehe- 
mentes prestar un nuevo alimento al fuego de la guerra, 
que todo lo arrasa sin que lo aticen. Dos naciones que 
fueron amigas ; cuyo linage es común , y que profesan la 
misma fe, nunca debieran acudir á las armas, en unas 
querellas promovidas únicamente por la desenfrenada am- 
bición de unos cuantos hombres desagradecidos é insacia- 
bles. ¡ Recaigan sobre sus culpables cabezas , el odio del 
mundo entero y las responsabilidades de la guerra!... 

Y vos, señor Presidente , á quien la n&cion toda , y con 
acierto, acaba de proclamar para regir sus destinos; ad- 
mitid, si es fuerza, la guerra con que puede iniciarse vues- 
tra administración : confie Y. E. en el derecho que am- 
para á México, y en el valor de sus hijos para sostenerla. 
La Divina Providencia, que fué testigo de vuestros esfuer- 
zos para evitar un rompimiento, os hará triunfar induda- 
blemente en tan proterva lucha. 

Reciba, pues, Y. E., en este dia, los votos que forma 
el ilustre Ayuntamiento de Tacubaya, por vuestra constante 
felicidad y el triunfo de las armas nacionales que, vista la 
justicia que las proteje, guiará á la victoria el mismo Dios 
de los ejércitos que en otros tiempos y con igual razón, 
•upo sepultar en el mar, las huestes arrogantes del impío 
Faraón. — Dije, 

Ernesto Masson, Sindico. 



30 



466 1857 

MáuGO, ajgo8to 4 de 1857. 

Sr. D. Ernesto MASSon. 

Tacubaya. 
Mi estimado amigo : 

Agradezco á usted mucho y al I. Ayuntamiento de esa 
villa el recuerdo del dia de mi cumpleaños, y á usted es- 
pecialmente el discurso que en dicho dia se sirvió acom- 
pañar á la comunicación & que contesto repetiéndomc sa 
amigo y servidor que 

B. S* M« 

I. CoyOHFORT. 



FUNDACIÓN DE TACUBAYA. 

Tacubaya que es sin duda el Yersalles de México, (no 
el BalladareSf como lo llamaba cierto jeringuero^ con ín- 
fulas y perfumes de boticario que teníamos en Tacubaya 
hace siete años) habiendo fijado la atención del público, 
por lo mucho que se ha escrito de él ; no será por demás 
citar algo de los datos estadísticos que últimamente se han 
reunido, sobre el origen y fundación de una villa de tan 
ensordeciente renombre. 

Tacubaya fué llamado antes por los naturales, eo su 
lenguaje pintoresco, Atlacocuaya^ Atlacuihuayan ó Atla- 
coloayan^ nombres chichimecas^ que quieren decir, Ivgar 
del agua^ sin duda por las muchas que cruzan su demar- 
cación, como son las de Santa Fe, las de los Leones y las 
de la alborea de Chapultepec , que es la fontaine de Jou- 
vence de nuestras hermosuras. Data la existencia de Tacu- 
baya desde el tiempo de los Aztecas ; y estaba situado 



FUNDACIÓN DE TACGBAYA. 467 

antes en la parte nxas pronninente de la población , arriba 
del molino de Vaidez» conocida hoy por tierras de Coa- 
malacatitlan. 

En i 522, destruido el imperio mexicano , entró á reem- 
plazarlo el gobierno civil de los primeros conquistadores ; 
y Cortés en Coyoacan que le pertenecia y donde residia 
(dependiendo de esta ciudad la villa de Atlacocuaya)^ reu- 
nió á los mas eminentes caudillos de su ejército, nom* 
brando de entre ellos á los que habían de Tuncionar como 
alcaldes ó regidores. De allí proviene , á nuestro parecer, 
el distintivo de ilustre^ que visto su origen, conserva hasta 
la fecha el Ayuntamiento de Tacubaya. 

Como se vé, Atlacocuaya que, desde los principios per- 
teneció & Cortés, formó después y por esta razón, parte 
del marquesado del valle* 

En 1555, en el primer Concilio Mexicano presidido por 
el Illmo. y Rmo. Sr. D. Alonzo de Montufar, en el cap. 
73t se mandó que los indios se juntasen en pueblos y vivie- 
ran políticamente. Desde este tiempo se supone que los 
nombres larguísimos y de difícil pronunciación de Atlaco- 
cuaya^ Atlacuihuayan ó Atlacohayan, se cambiaron ó de- 
generaron en el mas suave de Tacubaya. Los primeros 
Doctrineros (como se decia entonces] de los indios, fueron 
los religiosos dominicos, quienes en el año de 1 590 ó 1 591 , 
fundaron el convenio de su orden, en el lugar donde esl& 
situada hoy la parroquia. Desde esta fecha se infiere que 
los naturales atraídos por sus Doctrineros, abandonaron las 
alturas de Coamalacatitlan para agruparse al derredor del 
convento. 

En 1763, secularizados los curatos de reKgíosos, entre- 
garon los padres dominicos la parroquia á su primer cura 
propio, que lo fué el Sr. D. José Ignacio Ruiz , natural de 
Castilla la Nueva, y familiar del lUmo. Sr. arzobispo 
D. Manuel Rubio y Salinas. 



468 1837 

Hablando del lUmo. y Excmo. Sr. D. Juan Antonio de 
Vizarron y Eguiarreta, arzobispo de México, quien go- 
bernó á la Nueva-España como virey y capitán general, 
con mucho acierto, como lo dice el lUmo. Sr. Lorenzana, 
diremos que entre las muchas obras de utilidad y ornato 
que emprendió, es digna de mencionarse la construcción 
del palacio arzobispal de Tacubaya, que se verificó en el 
año de 1740. 

Felipe III, según Humboldt, y con motivo de la fuerte 
inundación acaecida en México en el año de 1607, dio 
orden expresa para que la capital se trasladara & Tacubaya ; 
pero el Excmo. Ayuntamiento de México representó á la 
corte, haciéndole ver que las casas que debieran destruirse 
en cumplimiento de aquella orden, valían mas de veinte y 
un millones de pesos, lo que fué la causa de que se sus- 
pendiera dicho mandato. 

En cuanto á los productos de Tacubaya, diré que la hor- 
ticultura (no llamada así porque se ocupe del cultivo de 
las hortigas^ como lo creen algunos) está muy adelantada 
en la villa. Los espárragos, fresas, alcachofas, chiríbías y 
calabazas, adquieren allí dimensiones colosales. Este último 
vejetal [cucúrbita gigantea) , cuyos diversos usos conocen 
tan k fondo las señoras, se distingue entre todos por lo 
monstruoso y caprichoso de sus formas. En Tacubaya (¡oh 
feracidad asombrosa del suelo!...) se encuentran á veces 
unas calabazas gemelas como las que han figurado ya en 
la Exposición ; sin duda para que con ellas y á pares (¡ tal 
es de providente la naturaleza!) puedan las niñas, llegado 
le caso, obsequiar con mano pródiga á sus indecisos pre- 
tendientes. 

E. M. 



469 

ESCUELA DE TACUBAYA. 

School foor scandaL 
La escuela del escándalo. 

Este titulo de la comedia mas celebrada del teatro in- 
glés, también lo reclama hoy para sí, la escuela de Ta- 
cubaya. Aquel edificio, de un origen tan noble, ya que 
se empezó , gracias & la munificencia de los vecinos de la 
villa, á los sacrificios pecuniarios del Ayuntamiento, k los 
del Supremo Gobierno, y á los sudores de todo el pueblo; se 
está concluyendo parcialmente, en el dia, con el producto 
de las multas impuestas & los juegos de azar, tolerados en 
Tacubaya con este objeto. 

Por mi parte, y como radicado en esta villa , no estoy 
en nada conforme con esta medida ; y á mi modo de ver, 
nunca los resultados de una cosa, por favorables que sean, 
pueden legitimar los medios que se emplean , si estos son 
reprobados, imprudentes y peligrosos. 

Para completar el triste cuadro que se nos ofrece, desde 
el 23 del pasado agosto, y para que sean tributarios, & la 
vez, los vicios de todas las clases, está también permitido 
el juego bicolor de la roulette^ de invención verdaderamente 
satánica. De estos, existen 4 ó 5 en Tacubaya, con el fin 
de que, en los 76 cuadretes en que cada uno de ellos se di- 
vide, puedan sin tropiezo, hasta los mas infelices jornaleros 
del pueblo, ir á engolfar los 3 ó 6 reales diarios que ganan 
en la semana, y que son destinados al preciso sosten de sus 
familias. 

Desmoralizar, primero, auna población, para moralizarla 
después por medio de una escuela, es una obra imitada de 
la difunta Penelope ; ó un albur igual, al que, por exquisito 
patriotismo, corrió la viripotente Judith, no cuidándose 
(consiguiendo su objeto), ni de los resultados de su hazaña^ 



470 1857 I 

ni del mal ejemplo ^e daba, siendo este de tan cundientes 
transcendencias. En todo caso, tal idea de acabar la escuela 
con albures, no le hace grande honor al que la concibió; y 
mi opinión , tocante á los juegos de azar, es precisamente 
la de Mr. Géronte, en la comedia francesa del Juyador: \ 

« üin 6ot8 plein de tokmrs est un jjíus sur passaqe; 

a DoM ees Heva^iowr et nuü, ce neU qne brigcmdage. 

a U favi opUr das deux : étre dupe au fripon ; \ 

« Tous ees jeux de hasard n'attirent ríen de bon. » 

Un bosi^ue lleno de ladrones es un paso mas seguro ; 
En estos lugares, dia y noche^ no es mas que latrocinio. 
Es precíBo optar entre los dos, engafiar ó ser engallado. 
Todos estos juegos de azar no traen nada bueno. 

Otro poeta dice, hablando de una casa de juego : 

« II est trois portes á oet mitre : , 

« L'espoir^ Vinfamie et la mort. | 

« Cest par la premiére qu'on entre, 
c £t par les deax autres qu'on sort, » 

(Tres puertas tiene aquella caverna : 

La esperanza, la infamia y la muerte. 

Es por la prímera que se entra, 

Y por las otras dos que se sale.) j 

Et Sr. D. Ignacio Carranza, en 54, y con las intendooes 
mas loables, figurándose sin duda que Tacubaya pudiese I 
llegar en lo futuro á ser la capital de un nuevo Estado, ¿ 
siquiera de algún territorio, tuvo la peregrina ocurrencút 
de idear la construcción de un palacio Babilónico , donde 
cupiesen tres escuelas, la prefectura, las casas de cabildo, I 
el juzgado, el correo, la cárcel , etc. , por poco los mínrste- 
ríos. En esta époea , el Sr. Carranza, que era Prefecto de 
Tacubaya, le presentó al Ayuntamiento de la villa un plan 
monstruo del edificio , cuya conclusión ( en él papel ) era 
cosa muy sencilla. Algunos miembros de la corporación, de 
luengas narices, no dejaron de sonreírse im poco, haciendo 



ESCUELA DE TAGUB17A. 47 1 

varias observaciones sobre la duración de la obra ; pero su 
autor trató y habló de aquella empresa, conio si fuera un 
mero juego, y se le creyó virtud á la buena intenciotí que 
le animaba, y no pensando nunca, ni él, ni el Ayuntamiento, 
que mas tarde se realizaría al pié de la letra tan funesto 
pronóstico. 

En esto de juegos , solo son inocentes los de los niños ; 
pero los de azar, cualquiera que sea el motivo que los ori- 
gine, atraen sobre el lugar que se les consagra, mas pla- 
gas que las de Egipto. En Tacubaya , los dias de fíesta, se 
ven hoy k los hombres de todas las clases y profesiones 
agolparse con ansia, en las casas pertenecientes á los Sres. 
Carranza, Velascoy Peniche (que tienen arrendadas k mon- 
teros) en pos del juego; y en el portal de Cartagena, para 
relacionarse allí con la Fortuna. Mujeres hay también que 
se aparecen buscando unas emociones de nuevo género, 
poco propias de su sexo, y que las esponen, muy k menudo 
á fracasar. Moliere opina de la misma manera : 

« Toute femme qui veui á VhonneuT se voner, 
K Doit ge défendre de jouer, 
c Comme d'une chose funeste ; 
« Car le jeu, fcirt déoewinJt^ 
« ?ous8e une femme souvent 
« A jouer de toul son reste, » 

(Toda mujer que el honor quiere guardar^ 

Debe guardarse de jugar, 
Como de una cosa funesta ; 
Porque el juego, muy engañoso. 
Induce á una mujer muy á menudo, 
A jugar también su resto.) 

Poco lustre recibe con los juegos la escuela de Tacuba- 
ya; cuando este, por lo menos, debia ser igual al barniz vir- 
ginal que hace resaltar tan bien la blancura de la loza que 
en Tacubaya fabrica el Sr.- Ü. Ignacio Carranza. Lo que 



472 1857 

le conviene & la fdience [loza), le cae mejor todavía & una 
casa destinada k la educación. 

No puedo ni debo suponer que la nueva Constitución, en 
su art 4/, considere como profesión ó industria la de un 
banquero de juegos : y al escribir hoy bien ó mal , lo hago 
precisamente en el sentido del art. 6.% vituperando unos 
abusos que atacan k la moral y provocan á todos los crí- 
menes y delitos que queremos extirpar de nuestro suelo. 

Concluyase en hora buena la escuela de Tacubaya ; pero 
búsquense medios mas adecuados al objeto que se quiere 
conseguir. Dediqúense á su terminación las contribuciones 
que pagan en Tacubaya las hermosas fincas que allí se ad- 
miran , el tres al millar, la alcabala del cinco por ciento 
que se satisrace sobre el precio de las casas que pasan á 
otras manos; haya en la villa (ya que se quiere) una feria 
de tres dias, en la fiesta patronímica de la Candelaria. Es- 
tablecido este fondo, no tendremos el desconsuelo de pre- 
senciar aquí, durante mas de un mes, unos desórdenes 
que incitan á radicarse en la villa, á todos los facinerosos 
mas afamados que diay noche amagan el reposo de la po- 
blación, y que la policía local es insuficiente á perseguir (1) . 

Muy malas trazas tienen hoy los que de la capital ven- 
gan á visitar á Tacubaya los dias festivos ; y por mas que 
digan estos que en el campo buscan lo verde : más bien 
creeré quesera el del tapiz con que revisten los banqueros á 
la mesa de sacrificios, en que h centenares inmolan á sus 
incorregibles y renacientes victimas. 

Ernesto Masson. 



(1) Solo en una era caben hoy los ladrones con que está plagado Tacubaya, y 
últimamente en la del molino del Salvador, se aprehendieron 6 diez y ocho de 
ellos, que románticamente y al apacible fulgor de la desiarada luna, traaban d 
plan poco amoroso de su nocturna campaña. 



47a 
COLEGIO DE SAN IGNACIO, 



EN LA VILLA DE TACÜBAYA. 



En agosto último, el Exorno. Sr. Gobernador del Distrito 
pidió al lUmo. Ayuntamiento de Tacubaya, noticia circuns- 
tanciada de los establecimientos de instrucción primaria 
que hubiere en ella, con expresión de los niños concurren-^ 
tes á ellos, método y autores que sigan, materias de apren- 
dizaje, etc. Con este objeto el Sr. D. Ernesto Masson, sín- 
dico del Illmo. Ayuntamiento y comisionado de instrucción 
pública, pasó é hizo la visita á dicho colegio. 

El director principal, que al fundar aquella Institución^ 
cuidó de imprimir y circular su programa (que hoy repro- 
duce en algunos periódicos de la capital, para conocimiento 
del respetable público) estando esplicados en él los puntos 
principales que interrogaba el Sr. Masson, le presentó 
aquel en contestación, suplicándole igualmente se sirviese 
presenciar los cortos adelantos que manifestarían de las 
materias de su aprendizaje en examen público , los edu- 
candos del mismo colegio , en octubre próximo. 

En !.• de setiembre, el Sr. Masson, dispensó la honra 
de dirigir al referido director, la carta y certificado que á 
la letra dice : 

< Sr. D. Juan Montero. — Colegio de San Ignacio, en 
Tacubaya. — S. C. — Tacubaya, setiembre l.^de 1857. 
— Muy apreciable amigo y señor : — Tengo el honor de 
acompañar k usted el certificado que le ofrecí. A pesar de 
lo que dice, conozco que es insuficiente todavía á esplicar 
los méritos que usted tiene adquiridos en el ramo á que se 
ha dedicado. 

• Sírvase usted admitir el presente certificado, como una 
constancia de mi estima particular, que me complazco en 
darle, por los servicios que ha prestado á esta villa ; consa- 



474 1857 

grándose á una enseñanza» de la cual depende muchas ve- 
ces la futura suerte de sus hijos. 

€ Y al manifestárselo k vd. me apresuro en reproducir- 
le las seguridades de mi debido aprecio, repitiéndome su 
afectísimo servidor y amigo Q. S. M. B. — Ernesto Mas- 
son^ síndico comisario de escuelas. » 

« Certificaüo. — Puedo certificar que el Sr. D. Juan 
Hoñtero, fundador del Colegio de San Ignacio, en Tacuba- 
ya, es de los profesores que he conocido, uno de los mas 
aptos para la educación primaria, á la cual se ha dedicado 
desde muchos años con el mas feliz éxito. 

i El Sr. Montero conoce la importancia de la santa ta- 
rea que ha emprendido ; la de dar una dirección útil y 
moral & ios seres que un dia deben formar nuestra socie- 
dad, haciendo brotar en ellos los gérmenes del bien , y le- 
vantando en su corazón un poderoso dique contra el impe- 
rio del mal. 

c El amor profundo que tiene hacia la niñez manifiesta 
evidentemente la verdadera vocación que le llama á consa- 
grarse á la educación primaría. Reina entre sus discípulos 
y él, una armonía respetuosa, que por lo común aleja deí 
profesor las disposiciones hostiles, en que para con su per- 
sona se mantienen habitualmente los niños. Sus relaciones 
con ellos son mas bien las de un padre con sus hijos, que 
las de un maestro ; lo que impide que sus discípulos se 
crean nunca víctimas de una -odiosa tiranía, guardando 
siempre el Sr. Montero á pesar de esto, la altura de su 
misión, y sabiendo corregir á los niños sin amedrentarlos. 

« A la bondad y al amor, que constantemente animan 
al Sr. Montero para con íos niños, sabe unir la firmeza 
de carácter, la paciencia, la calma y todas las demás re- 
comendaciones que constituyen un verdadero profesor. 

Ademas, el Sr. Montero, enteramente consagrado ásu 
importante misión , es autor de varios ííbros elementales. 



COLEGIO DE S. IGNACIO £N TAGUBAYA. 475 

de un mérito no común ; y en estos trabajos tan aprecia- 
bles, invierte gustoso las cortas utilidades qu6 le pueden 
dejar las nobles tareas á que se consagra. 

< Los discípulos que ha formado en Tacabaya el Sr. 
Montero, y que aprovechados ha presentado « pueden po- 
nerse de nradetos en fas casas de enseñanza más bien diri- 
gidas : y como síndico regidor de escuelas en esta villa, le 
doy con mocha justicia, el presente' certificado que se me- 
recen su aptitud y constante dedicación k la mas inlere^ 
sante de las enseñanzas, que es la de guiar eficazmente 
las primeras impresiones de la niñez. — Tacubaya , se- 
tiembre 1/ de 1857. — Ernesto Masson^ síndico comi- 
sario de escuelas. • 

En 27 de octubre último, presentaron en un examen pú- 
blico los alumnos del Colegio de San Ignacio, las materias 
siguientes : '- — Instrucción religiosa, de moral y urbani* 
dad. — Escritura, lectura y aritmética, — Elementos de 
gramática casteHana, Ortología y Dibujo natural. — Me- 
recieron la calificación suprema, los niños siguientes : — 
En conducta y buena moraU Manuel D. Sánchez y Concep- 
ción Iglesias. — En escritura^ Rosendo Sandoval, Adolfo 
Barrera, Manuel D. Sánchez, José María Beltran , Fran- 
cisco Monterde , Rafael Vázquez y Vicente Espinosa. — 
Lectura^ Rosendo Sandoval, Adolfo Barrera, Juan B. 
Ochoa, Vicente Espinosa, Ramón Ochoa, Francisco Mon^- 
terde, Julián Fernandez, Rafael Vázquez y José María 
Beltran. — Aritmética, Rosendo Sandoval, Francisco 
Monterde, José María Beltran y Julián Fernandez. — />?- 
bvjOj Rosendo Sandoval, Francisco Monterde , Julián Fer- 
nandez y Manuel D. Sánchez. 

Consecuente ai convite que se le habia hecho al apre- 
ciabfe, ilustrado y digno Sr. Masson, se sirvió este concur- 
rir al examen, y pronunció el siguiente discurso : 



476 1857 

« ¡ A preciables niños I 

« El inmerecido favor que se sirve dispensarme el pro- 
fesor hábil que guia vuestros primeros pasos en la vida, 
me ha hecho acudir & su llamaníiento , para ser testigo de 
vuestros adelantos. 

• La educación primaria á que se ha consagrado vuestro 
sabio director, es, sin duda, el mas interesante de los actos 
humanitarios á que se puede dedicar un hombre, que á una 
teoría perfectamente combinada, reúne en tan espinoso 
ramo, una práctica consumada. 

« Esta educación que abraza á los niños desde la tierna 
edad de dos á seis años, y que, verdaderamente empieza 
en la misma cuna, es la que viene á descubrir á sus ojos 
débiles la primera luz intelectual, y la que se aplica en dul- 
cificar sus primeras impresiones. De esta buena dirección 
depende las mas veces la suerte futura del hombre en la 
sociedad ; y dichosos los niños que, en un profesor, mas 
bien encuentran á un segundo padre , que á un pedagogo 
que, por sus regaños imprudentes, hace cobrar á sus discí- 
pulos una decidida aversión al trabajo. 

« Por fortuna, habéis hallado en vuestro preceptor á un 
hombre que sabe, como por diversión , inculcarles los pri- 
meros rudimentos de la ciencia, que son la escala obligada 
para llegar, mas tarde, á la posesión de otros conocimien- 
tos. En la educación primaria todo el talento consiste en 
alejar de ella las pocas espinas que se encuentran ásu paso: 
y este gran mérito distingue , con especialidad , al digno 
profesor que vuestra buena suerte os departió. 

« Sigan, pues ¡ oh niños I con amor y agradecimiento, 
los preceptos que os traza el que os dirige. Respétenle, 
quiéranle : ninguna remuneración por grande que sea, 
puede recompensar los afanes á que se dedica , para seoí- 



COLBGIO DB S. IGNACIO EN TAGÜBAYA. 477 

brar en vuestras infantiles almas, los primeros gérmenes 
de un amor profundo hacia el Ser Supremo que os creó, y 
los del respeto y cariño que le debéis k vuestros padres. 
Por su aplicación sostenida, manifiéstenle al hombre bon- 
dadoso que os educa, vuestro tierno agradecimiento. Apro- 
vechaos al pié de la letra de todas sus lecciones ; y mas 
tarde recojeréis opimos frutos, por haber con obediencia 
adoptado sus paternales consejos. 

t Cuando el árbol es tierno , es cuando mas necesita de 
un tutor en que se apoye, para mantenerse derecho y cre- 
cer lleno de lozanía. Vosotros sois esas plantas ende- 
bles , que puede doblar cualquier viento ; pónganse al 
abrigo de vuestro preceptor : en él encontraréis un firme 
apoyo contra los aires fuertes del mal que os quieren do- 
blegar. 

« Y vos, señor preceptor, no es necesario que os pre- 
gunte si queréis á los niños : si os complacéis en medio de 
ellos. Estas dotes os adornan ; ellas son el signo mas cierto 
de vuestra vocación, y á la vez una garantía de vuestro 
celo, en la tarea difícil que habéis emprendido. Estas cali- 
dades son el medio mas seguro de ejercer sobre vuestros 
discípulos el ascsndiente que os es tan necesario. Bien se 
conoce por vuestro semblante, que á la simple vista de los 
niños, esperimentais para ellos una disposición natural de 
benevolencia ; no os incomodan ni su atolondramiento, ni 
sus preguntas importunas : no os desanima el ver su igno- 
rancia, y muchas veces su rusticidad. Os conmueve el pen- 
sar en el porvenir que les aguarda , y en los males ó 
bienes que encierra su destino. Ya lo sé, que os atraen 
mas particularmente los niños pobres, abandonados y des- 
graciados ; que escucháis en el interior de vuestra alma una 
voz que os llama, para acudir al socorro de estos seres tan 
débiles al entrar en la vida, para precaverles de los peligros 
que les amagan, y trabajar & su felicidad. ¡Sil lo conozco, 



m 1857 

vuestra vocación es verdadera, y os bailáis á la altura de 
la sagrada misión que habéis abrazado I 

f ¡Dichosos niños con semejante profesor 1... Ya noso- 
tros, lo mismo que vuestros padres^ nos estamos despi- 
diendo de la vida. Nos queda el consuelo de que vosotros 
nos vais ¿ reemplazar en ella. En la vejez de los que os 
dieron el ser, sed vosotros su postrer encanto. Quizá mas 
tarde, siendo el modelo de los buenos hijos, llegaréis á ser 
su apoyo. Esto os deseo ; esto también aguardo de voso- 
tros, y el cielo os bendecirá. — Dije. 

Erkesto Masson. 
• Tacubaya, octubre 27 de 1857. » 

Este discurso fué contestado por el director principal, 
en términos análogos, afectuosos y de gratitud. En él se 
hizo una ligera reseña de algunos hechos públicos que hon- 
ran y distinguen el mérito del apreciable Sr. Masson. 

Se dio término á este acto con el reparto de premios, 
que de peculio propio hizo la generosidad del Sr. Masson, 
quien al verificarlo, dijo : 

« ¡Niños I Con la mas grata satisfacción me he impuesto 
de vuestros adelantos : habéis desempeñado dignamente 
vuestros ejercicios. Quisiera que mi posición de fortuna 
fuera mas brillante, para remuneraros como lo merecéis; 
pero supla mi buena voluntad á los bienes que me fallan. 

c Reciba, pues, cada uno de vosotros la recompensa 
que os es debida; y también recíbanla igual los que no han 
figurado en estos exámenes, con el fm de que les sirva de 
incentivo para estudiar con mayor afán. 

« El librito que os regalo {Obligaciones del hombre en 
la sociedad) encierra todos los preceptos que debéis seguir, 
sin estraviarse de ellos un so!q momento. La medallita que 
lo acompaña, representa la imagen del santo patrón (San 



COLEGIO DE S. IGNACIO EN TACUBAYA. 470 

Ignacio) que protejo á este colegio, y la de María Santí- 
sima de Guadalupe, que es la que diarian)ente invocamos, 
y que patrocina visiblemente k nuestro hermoso país. 

Admitid de mi parle este pequeño presente, á que sois 
acreedores por vuestra aplicación ; y esforzaos para mere- 
cer el año próximo una recompensa, sin duda, de mas im- 
portancia. > 

Tacubaya, noviembre 9 de 1 857. 

JüAN E. Montero. 



1858 



TRAGADEROS 



31 



483 

¡TRAGADEROS ! 

Siglo XIX. — 30 de junio. 

Mucho tiempo hace que existen seis anchurosos boque- 
rones en el acueducto subterráneo que cruza el camino del 
molino del Salvador, á tres varas de distancia del rancho 
del Sr. Dr. D. Pablo Martinez del Rio, en la Loma del rey. 

Estos abismos que de noche no se perciben , exponen á 
los transeúntes, sea que vengan á pié, k caballo ó en coche, 
á caerse, ellos ó sus monturas, en unos agujeros de dos y 
media varas de profundidad. 

La atargea en que se encuentran aquellos sumideros, es 
la que conduce á México las aguas delgadas de los Leones 
y Santa Fe. Se le dio , hará dos meses, oportuno aviso al 
fontanero mayor de la capital que reside en Tacubaya, 
como centinela avanzada para cuidar de los conductos de 
las aguas : el señor administrador de ellas también lo supo ; 
pero hasta la fecha, no se ha tratado de remediar un mal 
que intercepta la comunicación entre Tacubaya , la ha- 
cienda de los Morales, San Joaquín , etc. , viniendo por el 
camino de la Barranquilla. 

Suplicamos al señor regidor de las aguas del Excmo. 
Ayuntarnento de México , se sirva dar órdenes al fontanero 
mayor, para que se compongan estos tragaderos que , de 
dia en día, adquieren mayores dimensiones. 

E« M« 



484 1858 

TRAGADEROS 

CONTESTACIÓN INSERTi EN EL DIARIO DE AVISOS DEL 19 DE 
JULIO DE ESTE AÑO. 

Ayuntamiento de México. — Comisión de aguas. 

Señores redactores del Siglo XIX. — Casa de ustedes, 
julio 9 de 1858. — Muy señores míos : En el periódico de 
ustedes correspondiente al 30 del próximo pasado, he leído 
un comunicado suscrito por el Sr. E. M. y en el que bajo el 
titulo de c ¡Tragaderos! » se queja del mal estado que 
guarda la cañería que pasa por el molino del Salvador, y 
excita al regidor de aguas del Excmo. Ayuntamiento , para 
que mande componer aquellos : con tal motivo , tengo la 
honra de dirigirme á ustedes. Al encomendárseme la difícil 
comisión de aguas, quise tener un exacto conocimiento del es- 
tado que guardaban todas las arquerías y cañerías, y esto me 
hizo visitarlas : entonces vi los hoyos que tenia la que pasa 
por el frente de la casa del Sr. D. Pablo Martínez del Río, 
«y es á la que se refiere el señor articulista, » causados por 
el frecuente paso que hacen por allí los carros que por di- 
cho camino vienen á esta capital : hubiera procedido inme- 
diatamente á su reparación ; pero lo creí infructuoso, por- 
que siendo una bóveda muy delgada y de ladrillo, debía 
necesariamente perderse sirviendo, como hasta aquí, de 
tránsito ; entonces, ademas , fui informado que el antiguo 
camino habia sido ocupado con licencia superior « en época 
que no fué la mia, » y que el puente que allí existia quedó 
de dominio particular : el señor articulista, que tan celoso 
se muestra por el público, y que ademas debe conocer aquel 
lugar, le hubiera hecho un señalado servicio, sí en la vez 
de que me ocupo se hubiera opuesto á dicho abuso, ó al 
presente empleara sus esfuerzos por quitarlo ; á esto se han 



TBAGADEBOS. 48S 

reducido los mios, y si nada consiguiere, el actual Excmo. 
Ayuntamiento está pronto k hacer en bien del público 
cuanto pueda en sus actuales críticas circunstancias. Por 
mi parte, señores redactores, nada deseo más que mis ser- 
vicios sean de alguna utilidad : á. este fin, sin faltarme vo- 
luntad , estoy pronto á seguir cuantas indicaciones se me 
hagan para el mejor desempeño de la comisión que inme- 
recidamente se me ha confiado. 

Ruego ¿ ustedes, señores redactores, se sirvan dispensar 
la molestia que les causa su atento servidor Q. B. S. M. 

J. Marta de la Pena. 



I SEIS TRAGADEROS 1 

Cual experto navegante que recorre los mares, tendida 
la vista sobre un mapa trazado por algún hábil hidrógrafo; 
así debe el caminante, en nuestro privilegiado y descuida- 
do suelo, sondear, paso á paso, en la oscuridad, las frago- 
sidades y despeñaderos, que á sus canillas trataré de seña- 
lar, como topógrafo textualmente conservador. 

En el número del Siglo XIX, correspondiente al 30 
del pasado, demarqué el lugar donde existen (en medio 
del caminó) seis abismos que, iguales todos en profundi- 
dad, están abiertos desde largo tiempo, á poca distancia 
del molino del Salvador, en la atargea que conduce á Mé- 
xico las aguas cristalinas de Santa Fe, desgraciadamen- 
te mezcladas con las muy turbias de los Leones. Llamé 
la atención del Sr. regidor de aguas del Excmo. Ayunta- 
miento de México, para que se procediese á la reposición 
de la bóveda del acueducto ; pero el terremoto del último 
junio, mes que decididamente se quiere hacer de fama, 
habiendo, materialmente y sin metáfora, querido hacer 



m 1858 

zozobrar {ó piquer une tete) k la nave del Estado, mecién- 
dola sin mesura; no estraño que, basta la fecha, la 
Municipalidad de la capital, distraida por los boyancos 
verticales de todas las casas^ haya perdido de vista ¿ los 
que me ocupan. 

Mientras tanto (aunque me digan y^ó^ti/í>) marcaré con 
precisión & ios transeúntes, el paraje que les amaga con 
una rotura inevitable de piernas, si de ellas sepultaren una 
en los precitados tragaderos. Al salir de Tacubaya, rumbo 
al Norte, por el camino llamado de la Barranquilla ; tan 
luego como los viajeros hayan dejado á su derecha el de 
los Maderos que baja hacia la alborea de Chapultepec, ad- 
vertirán delante de ellos, k mano izquierda, un pequeño 
árbol del Pirú que sirve como de faro vegetal, indicando 
los sumideros que estoy casi diseñando. Entonces, en lugar 
de seguir la línea recta, se inclinarán prudentemente ha- 
cia la izquierda, flanqueando el árbol de los afrodisiacos 
racimos. 

Una vez toitnié (no hay palabra equivalente á esta en 
el castellano) el faro sin luz, (solo que albergue luciérna- 
gas) que la natura providente plantó allí, deberá el viaje- 
ro seguir una marcha recta, apoyándose mas bien un poco 
& la izquierda. Esta maniobra se prescribe á los que sal- 
gan de Tacubaya, y vice versa, á los que proyecten entrar 
á la villa por el referido caminOi 

Debo advertir, para recomendar y apurar mas la obra, 
que este es el camino donde suelen ir á pasear tas henncr- 
suras de Tacubaya, y el que conduce mas directamente k 
la Loma del Rey, donde, en dias (fe mas calma, se ievant6 
un monumento funerario, azas mezquino por cierto, com- 
parado con el hecho glorioso que recuerda. 

El lector creerá quizá que la compostura indicada 69 
obra de Romanos, ya que no se emprende. No hay tal : ea 
asunto de 2S0 ps. el rehacer la bóveda, cubriría con cascajo 



TBA6ADBB0S. 487 

y empedrarla después, para que de nuevo no vuelva k fla- 
quear bajo el peso de los carros de la harina que, forzosa-, 
mente transitan por allí. 

El fontanero mayor, vecino de Tacubaya, puede, con 
ocho días de trabajo, dejar el camino tan t^rso como mía 
mesa de billar, si para ello se le suministra una cantidad, 
tanto mas insignificante, cuanto que, de no sacrificarla, 
pueden, y de ambos sexos, fracturarse una multitud de 
piernas, mas ó menos interesantes, según su calidad. 

E. M- 



TRAGADEROS. 

Temeroso de que el Sr. D. 1 María de la Peña, regidor 
de aguas del Excmo. Ayuntamiento de México, no vaya k 
atribuir k una falta de urbanidad por mi parte, el no Im^* 
ber contestado k su remitido, cuya reproducción encontré 
en el Diario de Avisos ; le diré que desde el martes de la 
semana pasada, llevé á la redacción del Siffh XIX el artí- 
culo que en seguida se leerá, y que nunca se publicó. Des- 
graciadamente este último periódico, según posteriores dis- 
posiciones, se ha transformado materialmente en un diario 
de puros anuncios, en que no se encuentra, mas polémica 
que la que al parecer sostienen entre sí pcur la relación exi^ 
gerada de susvirtude»^ \^Zarzapatrilla de Morgan, con el 
Elixir de Beliran; y el J}/uew febri^fugo del doctor Bou 
con el Aníioenéreo del doctor López. 

Estos han sido los tmicos motivos que hasta el día han 
ocasiondo an profundo silencio» Así deda el articulo qoe 
escriba ca 20> átk presente mes : 

c Espuesto por natnralesa á cohigesfiones cerebrales, leo 
poco loa periódicos, que no hacen mas que confirmar mi 



488 1858 

habitual atolondramiento ; y nada hubiera sabido, si un 
amigo ex-compañero mió en la Municipalidad de Tacuba- 
ya, no me hubiese noticiado el domingo pasado , que el 
Sr. Regidor de aguas del Excmo. Ayuntamiento de Méxi- 
co, habia contestado á mi artículo « / Tragaderos! » inser- 
to en el Siglo XIX del 30 de junio próximo pasado. 

Al llegar á México el limes, indagué desde luego en qué 
periódico habia visto la luz el remitido indicado ; y lo en- 
contré reproducido en el Diario de Avisos del 19 de este 
mes. Trataré pues en la presente contestación, de desvane- 
cer las equivocaciones en que incurrió el Sr. D. J. María 
de la Peña, debidas indudablemente á los informes poco 
ciertos que se le ministraron. 

Dice el Sr. Regidor de aguas en su remitido : « hubiera 
ff procedido inmediatamente á su reposición (hablando de 
« la atargea) ; pero lo creí infructuoso, porque siendo una 
€ bóveda muy delgada y de ladrillo, debia necesariamente 
^c perderse, sirviendo como hasta aquí de tránsito : entonces, 
< ademas, fui informado que el antiguo camino habia sido 
t ocupado con licencia superior « en época que no fué mia » 
« y que el puente que allí existia quedó de dominio particu- 
« lar : el señor articulista que tan celoso se muestra por el 
• público^ y que ademas debe conocer aquel lugar, le hu- 
« biera hecho un señalado servicio, si en la vez de que me 
« ocupo, se hubiera opuesto á dicho abuso^ ó al presente 
t empleara sus esfuerzos por quitarlo j etc. , etc. » 

Para que no recule el Sr. Regidor de aguas, ante lo in- 
fructuoso que á su parecer seria el componer la bóveda 
que nos ocupa, porque es muy delgada, le aseguraré quesa 
destrucción no es debida á la debilidad de su construcción, 
sino k la falta que le hizo un fuerte empedrado, con el fin 
de que no fuese deslavada de continuo (por las aguas llove- 
dizas), de la tierra que iintes la cubría. 
En cuanto k lo demás, le referiré al Sr. Regidor del 



TRAGADEROS. 489 

Excmo. Ayuntamiento de México con los documentos á la 
vista, que me facilitó el Sr. doctor D. Pablo Martinez del 
Rio, como fué ocupada tan solo una pequeña parte (no del 
camino antiguo) sino del camino actual de la Barranquilla, 
enuna época que tampoco fué la mia. 

Algunos meses antes de dicha época, el general Santa- 
Anna dio un decreto para que los Ayuntamientos fuesen 
reemplazados por Intendencias; pero habiendo sido derriba- 
do del poder dicho Sr. Presidente por la revolución de Ayu- 
tla, no se llevó á cabo este decreto, y solo en Tacubaya 
por un capricho gubernativo se estableció una intendencia 
(á la négligée, se entiende) es decir, sin Consejo municipal 
de ninguna clase, como si fuera Tacubaya un pueblo com- 
puesto de puros idiotas. 

Siendo pues Intendente de esta villa, el Sr. D. Juan Me- 
dina; el Sr. doctor D. Pablo Martinez del Rio, en 8 de 
noviembre de 1855, ofreció á la Intendencia 100 pesos, 
para que se empleasen en la construcción de un puente en 
la Barranquilla, mediante que se le vendiese un espacio de 
terreno tomado del de la Barranquilla, que ninguna falta le 
hacia al camino en uso. 

£n la misma fecha, el Sr. Intendente le comunicó al Sr. 
gobernador la proposición que á la Intendencia le hacia el 
Sr. doctor D. Pablo Martinez del Rio; y en 12 de noviem- 
bre accedió á ella la autoridad superior (que es la de que 
sin duda quiere hablar el Sr. de la Peña.) 

£n 23 de noviembre, la Intendencia le pidió al Sr. Go- 
bernador, si era preciso que el Ministerio de Gobernación 
aprobara este negocio ; y en 3 de diciembre le contestó la 
autoridad superior (jpi^ no, por ser tan manifiesta la utilidad 
que le resultaría á la población, de la construcción de un 
puente en la Barranquilla. 

En consecuencia de este parecer, la Intendencia, en 4 de 
diciembre, libró orden á un tal D. Gabriel Jiménez, para 



490 1858 

que pasase á valorizar el terreno en cuestión, el que estimó 
en 108 ps. 6 rs. 3]4. Dado este paso, el Sr. Intendente, en 7 
del mismo mes, y en compañía de su secretario, dio pose- 
sión del terreno al Sr. doctor D. Pablo Martinez del Rio, 
quien en 31 de enero de 1856 entregó á la Intendencia los 
100 pesos, precio del ajuste. 

En el mes de mayo del referido año de 56, fué cuando el 
Sr. Gobernador tuvo á bien nombrar un Ayuntamiento, en 
el cual, (á instancias del Sr. D. Francisco Iturbe) entré de 
síndico, habiendo después recaido en mí las comisiones de 
aguas, paseos, escuelas y hacienda. Entonces, y únicamen- 
te entonces, fué cuando adquirí conocimiento de la venta 
hecha de una fracción del terreno de la Barranquilla, en pre- 
cio de 100 pesos, los que, segiin expresa recomendación del 
Sr. Gobernador y debían emplearse en la construcción de un 
puente en aquel lugar. Entonces fué cuando también supe 
por ^as cuentas de la tesorería, que dichos 1 00 pesos (va- 
nándose su aplicación) habían servido á cubrir el Sr. In- 
tendente, del dinero que de su propio peculio habia suplido 
para cubrir los gastos de la Intendencia. ' 

Siendo yo síndico, en aquella fecha, el Sr. D. Pablo 
Martinez del Rio, queriendo cercar su terreno, suplicó á la 
Municipalidad deTacubaya, que se sirviese mandar que una 
comisión de su seno le señalase la alineación ; y habiendo re- 
<;aido en mí este cargo, pedí que me acompañara el Sr. D. 
Francisco Bardet, presidente, director y tesorero de la So- 
ciedad de mejoras en Tacubaya, persona inteligente en esta 
materia. Debo confesar que en ese acto, el Sr. Dr. D. Pa»- 
bto Martinez del Rio prescindiendo del negocio que con aa- 
terioridad tenia hecho, manifestó la mejor disposición para 
cpieal camino le señaláramos todos el anchor que noa pare- 
ciese conveniente. 

Por esta cansada relación, creo haber probado al señor 
regidor de aguas del Excmo. Ayuntamiento de México : — 



TRA6Á1XBR0S. 481 

!.• Que no ha ádo ocupado un camino antiguo^ como él 
lo asevera. 

2." Que nunca quedó de cbmmio particular^ mi puente 
que ni siquiera se empezó. 

3.** Que el articulista que tan celoso se muestra por el 
público, nada tuvo que ver en este asunto, refiriéndose al 
adagio que dice: lo que no fué en tu año no fué en tu 
daño. 

4/ Que no pudo el mismo articulista en mayo de 1856 
oponerse a un negocio que se consuni6 hasta su ñnal pago 
en 3J de enero del precitado año, ea decir, tres meses antes 
de que entrara en el Ayuntamiento. 

5."* Que al presente, no puede emplear sus esfuerzos 
para remediar ó anular lo que aprobó el señor goberna- 
dor, que lo era entonces el Sr. Licenciado Don Juan José 
Baz; primero, porque no es nada hoy en el Ayuntamiento 
de Tacubaya, y segundo y principal, porque no lo hay en 
el día en la villa. 

Si le quedaren todavía algunas dudas en el asunto al Sn 
D. J. María de la Peña, puede verse con el Sr. Dr. D. Pa- 
blo Martinez del Rio ; ú ocurrir en Tacubaya al mismo Sr. 
D. Jtian Medina, quien no habiendo Ayuntamiento, ha sido 
nombrado encargado del poder municipal, desde el plan 
de Tacubaya. 

En vista de todo lo referido, suplicaré de nuevo al señor 
Regidor de aguas del Excmo. Ayuntamiento de México, 
que tenga la bondad, si lo puede, {ya que está pronto á se^ 
guir cuantas indicaciones se le hagan) de ordenar que se 
tapen los seis tragaderos , que rompiéndonos las piernas 
nos amagan con una perspectiva de muletas, mandando re- 
poner la bóveda destruida , haciéndola cubrir en seguida 
con media vara de cascajo, y empedrar después, para evi- 
tar futuros derrumbamientos. 

En esta esperanza tengo el honor de repetirme del Sr. D. 



492 1858 

J. María de la Peña, su mas atento y seguro servidor, 
Q. S. M. B. 

S. G. Tacubaya, julio 20 de 1858. 

EaNESTO Masson. 



ÚNICA CONTESTACIÓN 

QUE SUPO DAR EL SR. PEÑA, Á MI REMITIDO DEL 20 DB 
JULIO DE 1858. 

Diario de Avisos del 2 de agosto de 1859. 
COMISIÓN DE AGUAS. 

Señores editores del Diario de Avisos. — Casa de ustedes, 
julio 29 de 1858. — Muy señores mios : — En el apreciable 
periódico que es k cargo de ustedes, niim. 178, corres- 
pondiente al dia de ayer, he leido el artículo que se ha ser- 
vido dedicarme el Sr. D. Ernesto Masson: como en él nada 
he encontrado que refute lo que tuve la honra de manifes- 
tar la primera vez que me ocupé de este negocio, antes 
bien, su mas amplia confirmación, creo innecesario seguir 
la polémica k que provoca dicho señor. 

Soy de ustedes afectísimo servidor que SS. MM. B. 

J. M. de la Peña. 



1859 



49» 

¡PASO PELIGROSO! 

« tum pondere iurris 

a Trocubuit súbito^ et coBlum tonat ornne fragore, » 

(ViRGiL. En. lib. !X.) 

Hace ya un año que resentimos en México el mas estu- 
pendo de todos los temblores habidos, y creemos también, 
que por haber. En este malhadado dia de tan imponentes 
meneos, muchos de los arcos del agua gorda se abrieron, 
cual si fuesen granadas en sazón. 

La que mas padeció en este vaivén general, fué la espe- 
cie de pilastra por donde suben y toman su nivel las aguas 
de Chapultepec, en el lugar en que cruza la calzada la via 
férrea de Tacubaya. Existen en dicha pilastra, desde el ter- 
remoto, y de arriba abajo, unas hendeduras de seis cen- 
tímetros de anchor; y es muy probable que, andando el 
tiempo y el ferro^carril, deba producirse al fin, á causa del 
estremecimiento , algún derrumbamiento que irremisible- 
mente pondrá en evidencia la fragilidad (en cuanto á la 
parte huesosa) del perecedero cuerpo que Dios nos dio. 

Dentro de poco se aguarda para el camino una locomo- 
tiva : llegada que sea, serán relegados, sin duda, á la 
plaza de armas, aquellos solípedos de boca suave y orejas 
finas que nos arrastran, y que tan solo deben ser el alma 
motriz de nuestros anticuados simones. Claro es que en- 
tonces el peso de la máquina , al pasar esta por los arcos, 
y la trepidación que en el suelo causará , harán perder el 
equilibrio á la pilastra en ruina. Esta, desplomándose brus- 
camente, nos marcará nuestro nec plus ultra, imprimiendo 
á la vez á los carros un movimiento retrógrado, que si bien 
no nos mata , podrá (compensándose el sustp) lanzarnos 
accidentalmente y sin distinción de sexos, en los brazos 
unos de otros, militando á favor de este obligado y común 



496 1859. 

abrazo, unas circunstancias nacidas del lance, verdadera- 
mente atténuanies. 

En vista de tantos peligros en que, quizá, podremos su- 
cumbir, suplicamos al señor director de obras del Excmo. 
Ayuntamiento, haga una de caridad, mandando reponer 
sin demora una pilastra que, para nosotros y diariamente, 
viene á ser una especie de espada de Damocles sin punta. 

Un filo 'ferrocarril. 



POÉSIE DE CHEMIN DE FER. 

« Vn nci\)et de 75 livTes, en est-ü 
« moins un navet pour cela ?» 

( De Barres, comple rendu de TEx- 
position á México en 1859.) 

A UN GROS REMPAILLEÜIl 

Qül, TOUS LES MATINS, SE PRÉSENTAIT Aü CHEMIN DE FER DE TACCBAYA, 
DEUX GROS BOCQÜETS A LA MAIN, ET ÜN ROMÁN SOüS LE BRAS. 

a Et talle une bergére, en un beau jour de féle, 
a De superbes rubis ne charge pas sa tete ; d 
Tel le gros Rembouron (1), rival de Némorin, 
Des fleurs de son Estelle embaume son destín. 
Bien peigné, bien nourri, son abdomen enorme 
D'un Bacchus avine lui donne assez la iorme : 
Et bravant^ sans souci, le lourd cumul des ans, 
II croit encor paraitre un des plus frais amans. 
Joufllu comme Tamour, et parfois Toeil huraide, 
li ressemble aux tritons de la pUine liquide. 
Par malheur, la perruque oh se cache son chef. 
De ses jours trop nombreux vient nous donner la clef. 
Les roraans de Cottin font toute sa lecture: 
11 veut du sentiraent,... füt-il hors de nature. 

(4) Nom supposé d' un tapissier k México. 



497 

LETTRE 

DS MAOAMl!: ADÍSLE MEJIA DE UAMMEKEN A MR. E. MASSON. 

Maríscala. 

JUEVES. 

Mon cher monsieur Masson, 

Nous avons re^u avec le plus grand plaisir les oiseaux 
que vous avez eu la bonté de nous envoyer. Je n*ai pas 
voulu permettre que des mains profanes les touchassent. Je 
les ai prepares moi-méme et ils ont mérité Tapprobation 
genérale. Ils étaienl vraimentdélicieux, etje vous reroercie, 
ainsi que ma famílle, de votre bon souvenir, tout en vous 
déclarant le roí des chasseurs et le plus airaable des 
amis. . 

Ici toute la famillevous salue; faites-moi le plaisir d'em* 

brasser vos filies pour moi et croyez á la sincere reconnais- 

sance de votre amie. 

Adéle Mejia de Hammeken. 



A MADAME ADÉLE MEJIA DE HAMMEKEN, 

EN luí ENVOYANT UNE SECUNDE FOIS DES BÉCASSINES. 

J*ai relu bien des fois )a lettre oü vous me dites 

Que mes oiseaux, par vous, avec soin prepares, 

Ont, de leur jus divin, rempli vos léchefrítes. 

Onze, de leurs marais á jamáis separes, 

N'ont pu narguer mes coups : aussi bien je m'empresse 

De vous renouveler mon emplumé cadeau, 

Sans vouloir me piquer d'une constante adresse, 

Sur un terrain glissant melé de fange et d'eau. 

Ces oiseaux si jolis, de cliair fort estimée, 

Sont tombés, sans un cri, sous mon plomb destructeur, 

Veuillez bien excuser mon oíirande rímée : 

J'aibesoin, je le sens, d'un indulgent lecteur. 

Tacubaya, 14 novembre 1839. 

Ernest Masson. 

32 



m 1859 

ENTRE BRACONNIERS. 

AVANT-PRÓPOS. 

M. de Barres, rédacteurde VEstafeiiekMéxico en 1859^ 
ayant reproduit mon article sur le pluvier doré^ publié en 
1845, un chasseur, qui premiérement se signa G. D.,y 
répondit dans un communiqué portant pour titre : Entre 
braconniers. 

La reclame de Mr. 6. D. étant aussi fondee que conve- 
nable, je t&chai d'y faire honneur, en publiant V Article 
cTunpouce^ qui fut suivi de ceux Bu méme au méme^ et da 
Quatríéme article sur lepouce. 

Je soumels au lecteur tous ees diflférents communiqués, 
pour le rendre juge, en dernier ressort, des raisons peu 
sérieuses qui furent émises de part et d'autre. 

E. M. 



Un chasseur de nosamis, n*ayánt ni poil ni pluma k faire 
lever, s'amuse k relancer un braconnier comme lu¡, h, pro- 
pos de gangas et de salmis. Voici ce qu'il nous adresse sur 
ce grave sujet : 

Monsieur le rédacteur de XEstafetle^ 

Depuisun mois environ, les charmanls échassiers si bien 
chantes dans votre journal(l) par le Néstor des chasseurs, 
ont disparu de nos plaines. 

Oublieuse des éloges qu'il lui prodiguait naguére et de 
Famourun peu trop ardent quMl lui portait, Fingrale ganga 
a repris son vol rapide vers de nouveaux climats, pour ceder 
la place k sa commére la bécassine, dont la chair est, mal- 
heureusement pour nous, beaucoup moins savoureuse.,, et 

(i) Esf afeite du 27 juilLet ct da ^7aoau 



EI^TRE BRACONMERS. 499 

par nous, j'entends les gastronomes et non le profane vul- 
gaire qui , ne sachant distingaer une grenouille d*un lapin , 
laisse les maritornes mcxicaines lui servir d'horribles chi- 
chicuilotes^ ou tout autre échassíer pour des bécassines, 
voire méme pour des gangas. 

Cbasseur moi-méme, et désireux de suivre dans la Gar- 
riere, ne füt-ce que de loin , les pas gigantesques du maitre, 
j*ai lu avec le plus vif plaisir tes deux spirituds articles con- 
sacrés par lui aux moeurs et k la chasse de ees íntéressants 
volátiles. J'admire laverve et Vhumouráe ce vaillant cham- 
pion de Tart cynégétique, laterreurdes fugitifs échassiers : 

A Aves soülus terrero fugaces. » 

(VlRG.) 

Je m'incline méme devant sa longue expérience et ses 
connaissances gastronomiques, et reconnais volontiers qo'il 
manie la plume et peut-étre la casserole, s'il faut en juger 
par le fameux salmis des Bernardins, d'une main aussi 
savante que le fusil ; mais en relisant , il y a quelques jours, 
ees articles, j'ai été frappé, córame naturaliste, d'une er- 
reur ornithologique, qui n'aíFecte en ríen la réputation du 
cbasseur et du gastronome, mais que je dois á la vérité de 
reiever, afm de rendre á une estimable et norobreuse fa- 
mille des Échassiers, le rang qui lui appartient dans la so- 
ciété de ses semblables. 

L'auteur plagant la ganga parmi les Pluviers, en donne 
la description suivante : « Le Pluvier doré {Charadrms plu- 
« vz'alis de Linné) est le plus gracieux, le plus coquet des 
€ Échassiers, il appartient k l'espéce des Térétirostres. Ses 
« caracteres distinctifs sont : un bec court, arrondi et 
« renflé vers le bout, et point du tout de pouce. » 

Or, notons bien ceci : point du tout de pouce; ce qui 
constitue en efFet le principal caractére générique des Plu- 
viere, qui n'ont que trois doigts. 



500 1859 

J'en demande done bien pardon h notre aímable conteur; 
il a sans nul doute tué et mangé forcé gangas ; mais k coup 
sur, et je ne lui en fais pas un reproche, il n'a jannais fait 
grand cas des pattes, sans quoi il eút facilement reconnu 
la présence du pouce. En outre, le bec des pluviers est plus 
fort et plus court que celui de la ganga : ce sont d'ailleurs 
des oiseaux généralement indolents et peu rusés, dont le 
vol s'éléve rarement au delá de 30 h 40 pieds. 11 y a aux 
portes mémes de México un gracieux type de ce genre, 
c'est le Tildillo ou petit pluvier ?i collier noír. 

II existe soixante k soixante-dix espéces de pluviers 
répandues sur tout le globe; la plus estimée des gourmets 
est en effet, \e pluvier doré, qui se trouve en Europe, en 
Asie et en Afrique* 

II est de passage en France : plumage d'un noir pro- 
fond en dessus, taché d'un jaune doré trés-vif, front et 
sourcils blancs, cdtés du cou varíes de noir, de blanc et de 
jaune, toutes les parties inférieures d'un noir profond. (Plan, 
col. de Buffon,d'Orbigny.) 

La ganga, du reste fort mal nommée ainsi par les Es- 
pagnols ou les Mexicains, puisque la ganga des naturalistes 
est une espéce de gélinotte ou perdrix de l'ordre des galli- 
nacés, n'est done pas un pluvier, mais une espéce de Che- 
valier-Bécasseau, Totanus et Tringa de Linné, Chorlilo 
d' Azara. 

Voiei les caracteres de ce genre d'aprés le docteur 
Chenu : 

Bec aussi long ou plus long que la tete, gréle, flexible, 
presque rond, etc.; pouce touehant á peine la terre par 
son extrémité. Yingt-six á vingt-huit espfeces répandues sur 
tout le globe. 

Ces oiseaux vivent dans les prairies humides et sont mi- 
grateurs. (Les pluviers préférent les bords des lagunes.) 

lis voyagent de jour et de nuit, et répétent fréquemnaent 



£NTR£ BKAGOISNIERS. 50i 

en volant une note de rappel , et font entendre quand ils 
veulent se reposer un chant cadeneé trés-doux. 

En Europe, le passage d'automne s'effectue vera la fin 
d'aoút, k rimproviste, par masses, souvent de nuit, avee 
des vents sud et de la pluie. Quand les Chevaliera ou Bé- 
casseaux sont k terre et inquiets, ils s'arrétent, se dressent 
subitement et s'inclinent en avant par un mouvement 
brusque répété plusieurs fois; c'est le sígnal du départ, 
Leur chair passe pour étre assez délicate. (D'Orbigny, 
Chenu, etc.) 

II est certes difficile de mieux peindre les mceurs de la 
ganga ou plutót du Chorlito, et je crois avoir suffisamment 
éclairé la question zoologique. 

Cela ne m'empéche pas de rendre, avec Tauteur, toute 
justice íi la saveur de sa chair (je parle du Chorlito) , je con- 
sens méme á Tarroser d'un vin généreux et k reconnaltre 
ses mystérieuses qualités : aussi ne me reste-t-il plus qtfíi 
rennercier le spirituel chasseur des excellents conseils qu'íl 
adresse k ses confréres. J'en excepte toutefois le stratagéme 
de la génisse, n'ayant qu'une faible confiauce dans la sym- 
pathie de ce ruminant cornu, et surtout de son époux, pour 
l'espéce humaine en general etle chasseur en particulier; 
et quant au cognac, bien quMl ne soit pas k dédaigner : 

\\ est une iiqueuf au poete plus chére , 
Qui mftnqnait á Virgile, et qu'adorait Voltaire : 
G'est to), divin café, dont Taimable liqueur^ 
Sans altérer la tete, épaoouit le coeur. 

(Delille.) 

Donnez-lui la préférence, si vous craignez les suites 
d*une immersion aussi désagréable quMntempestive dans 
une onde peu cristalline. 

J'ai connu le malheur^ et j*y sais compaüi*. 

Gráces soient done rendues k notre anacréontique Men- 



tm 1859 

tor ! Pulsee, en retour, Diane chasderesse le combler de ses 
dons les plus précieux; puisse Bacchus gaulois luí Terser 
toujours son plus doux néctar, lafiitte ou autre, sans préci- 
piter sa raison ; puisse sous la protection de Venus, la blonde 
déesse, puisse notre grand chasseur, plus galant que celui 
d*Horace ( Venator ienerce conjugis immemor) , fournir gaíe- 
ment sa carriére sans nul recours aux excitants apbrodi- 
siaques de la ganga; puisse-t-il enfin guider longtemps 
encoré et d'un tibia toujours agüe, nos jeunes Nemrods 
dans le sentier de Thonneur! Tels sont les voeux les plus 
fervents d'un frére indigne en saint Hubert. 

G. D. 



ARTICLE D'UN POUCE. 

A MR. G. D. W. 
(( ÁMICUS PLATO, SED MAGIS AMIGA -VBRfTAS. » 

Ce quí, paraphrasé, veuldire : 
^Qumque am de mes opinions, faime encoré mieux la véríté.* 

Siir ce, il ne m'est pas plus pénible de snppritner que 
de mettre les pouces.... k toutes les gangas ou pluviers qü€ 
j'ai fait siffler dans VEstafette da 27 juillet paasé : aussi 
avouerai-je avec franchise et sans ambages, que volre ob- 
servation d'un pouce chez le pluvier de nos contrées n'est 
pas un conté. Le petit pouce est. 

La spirituelle reclame, t Entre braconniers, » k laqacllc 
a donné Heu ma suppression d'un pouce, est réeltemeiit 

(1) La similitudc des leltres initiales des noms el prénoms roe fait dooter si 
j*ai le plaUir de repondré á neire Ulnstre coMMAiiaiit Giutave Desacbé, oa aa 
professeur dislingué, M. Gustare Dcsfontaines. «A Cé$ar ce qui revient é 
Céiar, > 



ARTIGLE D UN POUGB. S03 

trop aimable et trop fondee, pour ne pas y repondré. On 
a des formes.... quoique un peu anguleuses, je Tavoue. 
Je l*aurais fait des le lendemain de Tapparition de votre 
jndicieux et cbamniant article, si un chasseur, en hiver, 
n'était pas complétement absorbe par la confection de ses 
bourreSy et par les soins presque paternels avec lesquels il 
frotte, graisse et enduit les rugosités de ses bottes, qu*il 
Toudrait, si faire se pouvait, transformer en mollusques. 

J*aborderai done, pour Tacquit de ma conscience, la 
4]aestion du pouce, que vous m'accusez, á juste titre^ 
d'avoir fait disparattre chez notre pluoier d*Amérique, 
quand il n'en est pas dépourvu. Cet appendice, quoiqoe 
excessivement petit, et place beaucoup trop haut pour 
qa*il puísse en fair« usage, existe cbez lui, je le confesse, 
ne dftt-il passer á ses propres yeux que connme une simple 
fioriture de la création. 

Nous savons tous, ou nous ne savons pas, qu*un des c^ 
ractéres distinctifs du pluvier est qu'il n'a ou ne doit 
pas avoír que trois doigts aux pieds; et qu'il n'y a cbez 
Itii vestige de doigt postéríeur : c*est un apanage qui lui 
est propre. Ergo, je me suis trompé, en affirmant que te 
pbwier, que j'ai era décrire, 8*en trouvait ici totalement 
privé. Malbeureusement je n'en avais pas un sous la main, 
pour vériñer la cbose. J'ai écrit mon article de la ganga^ 
avec la méme fídélité qu'employait Vertot á décrire un c^t- 
tain siége, sans des données bien positives. Quand on lui 
dísait qu'il s'était trompé, il répondait tout bonne- 
ment : t Mafai^ mon cher^ dans tous les cas, fe ríy ¿tais 
■ pas : je rCy puis ríen changer^ mon siége est fait. » 

Cependant, en bon logicien, et comme doyen des cbas- 
senrs, il serait honteux pour moi de me donner pour battu t 
et aans prétendre introduíre la confusión parmi les díverscü 
^iaases d'oiseaux que nous aimons comme nos enfants et 
«pie nous traítons en bonrreaux, je présenterai, pour ma 



504 1859 

justification, les raisons que me suggére le nom depluvier, 
qui, selon M. de Buífon, n'a étédonnéácet oüeau que parce 
qvíil paraít en troupes nombreuses dans no$ provinces de 
France, pendani les pluies d'automne ; et c'est de leur ar- 
rivée dans la saisoii des pluies qíj'on les a nommés plu- 
YiERS. II est évidemment prouvé par cette dérivation que 
de ^¡üuie » vient le nom depluvier, comme de t cheval^ 
celui de chevalier. Done, ma yangay qui n'apparalt qu'aux 
premieres averses [pouce de plus, pouce de moins] est 
parfaitement un pluvier; tout comme la vare anglaise 
[deux pouces de plus, deux pouces de moins] est toujours 
une vare : cette derniére comparaison n'est pas tirée de 
Buffon. 

Aussi répéterai-je que malanga n*entrant en scénequ*au 

mois d*aoüt, et aux approches de la plm'ey et disparaissant 

avec elle, est bien un pluvier [eút-elle six doigts au lieu 

de trois], Comme il faut des preuves, je m*appuierai sur 

Topinion d'un célebre omithologue, M. Klein, dont parle 

M. de Buffon, dans son chapitre du vanneau-pluvier {squa- 

tarola grísea^ Cuv.). 11 dit : «Klein refuso méme, avec 

:« quelque raisoriy d'admettre. comme caractére générique 

,^ cette différence légére dans les doigts, qu'il ne regarde 

« que comme une anomalie; et alléguant pour exemple 

« cette espéce méme, il dit que le faux doigt, ouplutót 

t rongletpostérieur, qui se distingue íi peine, ne lui semble 

« pas l'éloigner sufflsamment du pluvier , et qu'en general 

. € ees deux genres du pluvier et du vanneau se rapprochent 

€ dans leurs espéces, de maniere á ne composer qiiune 

« grande famille; ce qui nous paraít juste et trés-vrai.» 

C'est le marquis de Montbar qui vous rembarre, bien- 
aimé confrére ; je puis done avec sa permission (n*aura¡8- 
je pas la vótre) classer ma ganga, malgré ses quatre doigts. 
dans la famille despluvters. En vertu de la déclaration pre- 
cise de M. de Buffon, je remonterai tout d'abord sur mes 



ARTIGLE D ÜN POüCE, 505 

grands chevaux, et je soutiendrai, contre tous les vents et 
les plus fortes marees , que j'ai parfaitement et logi- 
quement agi, en introduisant notre ganga du Mexique 
(eül-elle douze doigts á chaqué paite) dans rhydrophile 
famille des pluviers, 

Maintenant que je suis en train, et que Ton m'a poussé 
h bout, je veux mettre ma ganga k toutes les sauces : je la 
ferai méme, ab trato, entrer dans la famille des pois- 
sons;.... ou¡, monsieur G. D., des poissons, m^entendez- 
vous?.... Pour ce, j'invoquerai la déclaration orthodoxe 
d'un moinedóchaussé; d'un gros carme, qui, faisant maigre, 
mangeait forcé canards, pluviers et bécassines. Son supé- 
rieur le réprimandant pour son manque d'abstinence et ses 
excés de gueule, il luí répondit, plein d'une sainte et ju- 
teuse indignation : « Vom me bldmez injustement, revé- 
rend Pérel.... ce queje mange, ga va dans Feauy...* c'est 
dupoissoni... > 

Je me refuse done (sans me prononcer) á reconnaitre 
comme caractére distinctif et indispensable, chez les plu- 
viers j les trois doigts que nous fixent la plupart des orni- 
thologues. Oü il y a des rats, il y a des chats; oü il y a de 
la pluie, il y a des pluviers : Tun est une conséquence de 
Tautre. C'est pour cette raison, qu'á tout oiseau qui ne 
viendra pas avec les pluies (tant pis pour lui), je lui refu- 
serai tout net le nom de pluvier qu'il tenterait de s*arro- 
ger : je le déclareraiun usurpateur,... un Buonaparte vo* 
latile, s*il lefaut!.... 

Dans ce nombre, je ferai entrer, plus drü que fleche, ce 
fameux Kildir {tildillo), {charadrius vociferus L.) que Ton 
classe parmi les pluviers, parce qu'il a trois doigts. Je vou- 
draisbien savoir pourquoi on lui décerne cet honneur?.... 
II n'arríve ici que quand il géle k perdre son nez!.... C'est 
bien le plus braillard des oiseaux queje connaisse; avec ses 
gros yeux cerclés de rouge, il a Fair d'un ivrogne!».». On 



506 i 850 

ne le volt jamáis que patauger dans les vases les píos sales, 
aü il a rindiscrétion d'attirer les bécassines, qui n'ont pas 
le nez trés-long, malgré les apparences. En dépit de ses 
alarmantes clameurs, nous cherchons quelquefois k nous 
approcher du Kildir, dans Tespoir mensonger d'abattre 
quelques-uns de nos chers oiseaax k long bec. Illusion I.... 
Le fatal vociferus pousse son cri, et tout part ensamble, 
tildiUos et bécassines. Fort heureux, si un saisissement 
irresistible ne vous oblige pas, dans votre chute, k veos 
stéréotyper tout au long dans une boue jaunátre, dont ja- 
máis vous ne sortez que couleur de feuille morte. On a Tair 
de vouloir représenter rautomnel..,. 

Et vous donnerez le nom depluvier k un criard comme 
le Kildir, qui nous arrive quand il n'y a plus un nuage au 
ciel?.... quand il géle k pierre fendre?.... Et pourquoi 
cette dénomination usurpée, je vous prie?.... Parce que 
monsieur Kildir a trois doigts k son service?.... Belle rai- 
son!.... Je voudrais qu*il en eüt quatre dans le larynx, 
pour étouffer ses cris oflScieux !. . . . Un oiseau comme cdui- 
lá, avec ses Irois doigts, je le condamnerais (si je pouvaís 
m*opposer aux sages desseins de la Providence) k ne trou- 
ver sa nourríture que dans les vases odoríférantes de dos 
rues-marais de D. Juan Manuel, Capuchinas et S. losé el 
Real : il mangerait, c'est vrai, mais sa chair au moins s'im- 
prégnerait de saveurs forlement hydrosulfureuses. Je vou- 
•draís vüir le Kildir, par la nourriture qtfil prendrait, se 
transformer en.... 

Je crois, par cet article qui sent son fmit, avoir réposdu 
d^une maniere propre et satisfaisante k mon ami G. D.» 
<iu! poussé comme moi, par les mémes goüts cynégétiques, 
a du maadíre bien souvent cet infame eharadrius voci- 
/eras, que nous voudrions bien envoyer crier k toas les 
éiablesf... 

Tout en remerciant mon ami des veeux qu*il fail pour 



DU MÉMS AD MÉHE. 507 

mon complet bonheur, je lui répondrai par la chanson qui 
commence ainsi : 

«retáis bon cfaasseur autrefois^ 

« Et je chassais avec adrcsse 

« Gibier d'amour, gibier des bois ; etc., etc. » 

Mais déjá je loache & ma seiziéme olympiade (multi- 
pliez par quatre), et comme presque toutes mesdents se 
sont brisées en sautant d*un demi-siécle \ Tautre, j*ai jugé 
Irés-prudent, en raison de ma vétusté, de mettre infiniment 
d'eau dans mon vin, sous le rapport des deux premiers 
mols du dernier vers. Mes jambes, heureusement, sont du 
phis pur acier Rodgers; et malheur aü jeune homme de 
vingt-cinq ans qui voodrait lutler de forcé avec les res- 
pectables ilutes d*un Endymion sexagénaire!..,. 

Je finís (il en est temps) en vous saluant de tout mon 
coemr, oh ! noble frfere en samt Hubert. 

Ernest Masson. 



DU MÉME AU MÉME. 

Oü It EST ENGORÉ QCKSTION P'üN POÜCE. 

Mon cher monaeur : j'aime beaucoup Platón avec ses 
paradozes, mais encoré phüs la vérité : e'es tvous diré assez 
que j'ai fort goútó votre lettre, sans cependant admettre 
votre systém6t qui me paralt un peu trop élastique. 

Vous ui'accordez un pouce 1 un pouce microscopique, 
un véritable petit poucet. Je ne puis réellement m'en con- 
tenter ; que dirait la ganga qui jouit d*un p<Mice fort bon- 
oéte, ma foi, d^un pouce touchant la terre? 

Et si vous ne m'en croyez sur parole, daignez passer 
cfaez moi, j'aurai )e plaisir de vous voir d*abord , puis celuí 
de vous présenter a une fort jolie ganga, non rdtie par 



508 1859 

malheur, mais convenablement truffée d'arsenic et d'au- 
tres substances plus ou moins malfaisantes , excellent pré- 
servatif contre la voracité du temps et des gastronomes. 

Elle vous prouvera qu'elle a bec et ongles , et sí elle ne 
perche pas , c'est que la plupart des Echassiers en ont 
perdu Thabitude depuis la création et cela malgré leurs 
quatre doigts. 

Venez et vous verrez : • Vide pedes , vide mayius. » Et 
si vous n'étes pas convaincu , c'est que vous y mettrez de 
la mauvaise volonté. 

II est vrai, monsieur, que vous lui rognez les ongles 
d'une fa^on si courtoise et si pimpante, á cette chére ganga, 
et que votre lettre est si bien troussée et d'une saveur si 
gauloise, que la pauvrette aurait vraiment tort de se plain- 
dre. Pour moi, je suis trop charmé d'avoir atliré sur ma 
tete une aussi verte mercuriale , puisqu*elle procure aux 
lecteurs de VEstafette Tavantage de vous lire. Vous vous 
souciez, je crois, des charadrinés et des classilicatíons, 
comme un poisson d'une pomme; point done ne voudrais 
vous contredire pour si peu, si ce n'était un vrai plaisir 
d'ergoter avec vous, et en méme temps un devoir de re- 
pondré k l'appel que vous faites íi votre adversaire. D'ail- 
leurs, par le temps qui court , les lecteurs voudront bien 
nous pardonner ce bavardage k propos de pauce^ attenda 
que la politique de Tancien monde n*est guére plus ama- 
sante en ce moment que celle du nouveau, car si la ques- 
tion italienne tralne furieusement en longueur, celle du 
Mexique, en revanche, n'avance pdiS d' un pouce.... Mais 
revenons k nos moutons, ou plutdt k nos Echassiers. 

Vous vous appuyez, dites-vous, pour rae rembarrer, sur 
ce que M. de Bu/fon (1) croít pouvoir admettre, dans le 

(O JMgnoresi c*esl uniqacmeDt pour me rem-6afT«r que foos f«iteB da coole 
de Buffbn ud roarquis de Montbar» G. L. Lccierc, né ft MoDtbar, fVit creé comte 
de BttlToD par Louis XV. 



\ 
DU MÉME AU MÉME. 509 

genre Pluvier, le Pluvier-vanneau qui a en effet un rudi- 
ment de pouce, et qui du reste est rangé par Cuvier et 
tous les naturalistes parmi les Vanneaux. Votre argument 
aurait quelque valeur, si la ganga ne différait du pluvier 
que par le pouce; mais elle en différe surtout par le carac- 
tére le plus distinctif chez les oiseaux, par le bec, qui n'est 
ni celui des vanneaux, ni celui des pluviers. D'ailleurs , et 
dussiez-vous en bondir sur votre chaise (au cas oü vous 
seriez assis), votre héros en manchettes, malgré toute sa 
Science et son admirable talent d'écrivain, ne fait plus au- 
torité en raatiére de classification, depuis la révolution in- 
troduíte par Cuvier dans rhistoire naturelle. Gráce á la 
méthode de celui-ci, nos ornithologistes les plus distingues, 
Charles Bonaparte en tete, non pas l'usurpateur, ont pu 
baser leurs divisions sur des caracteres certains. 

Or done , je persiste , jusqu'ái nouvel ordre , íi regarder 
la ganga comme une espéce du genre Chevalier-bécasseau 
de Cuvier, espéce probablement particuliére á TAmérique, 
dont l'ornithologie, surtout celle du Mexique , est encoré 
fort peu connue en Europe. Ce n'est point, cher confrére, 
que je nie aucunement votre étymologie du mot Pluvier ; 
mais si nous allons ranger dans cetle famille tous les oi- 
seaux qui viennent avec les pluies, oü nous arréterons-nous, 
bon Dieu ! L*arche de Noé y passera tout entiére , car elle 
est arrivée par une pluie battante, et quant au Tildillo^ 
malgré votre sainte et juste indignation centre ce braillard, 
dont le ramage , je l'avoue , ne ressemble gufere au plu- 
mage, forcé est bien de Tadmetlre parmi les pluviers, á la 
grande honte des membres de sa famille qu'il deshonore 
par sa conduite, á. moins d'en faire un enfant trouvé. Sur 
ce, comme dit la chanson : 

Je n*en dis pas davanlage 
Car en voilá z'assez. 



510 1869 

Toutefois, puisqu'il faut déchírer le voile de Tanonynic, 
ajoutons avec le poete, qui noas pardonnera cette liceace 
peu poétique en faveur de la circonstance : 

« Me^ me adsum qui feci^ iii roe convertite... manum.n 

Traduction libre : 

« Embrassons-nous, confrére, et que cela finísse. » Je 
vous serré done.... la main, j'allais diré les pouces, de tout 
cceur. 

Votre bien dévoué, 

GüSTAVE Desfontaines. 



QUATRIÉME ARTICLE SUR LE POUCE. 

A M. GÜSTAVE DESFONTAINKS. 

Quousque tándem Catilinay etc., efe. (I). 

S'il s'agissait, tout siraplement, de quatre déjeuners 
sur le pouce, le nombre pour moi n'y ferait ríen; mais, 
dans le présent cas, j'ai toujours peur qoe mon propre 
pouce ne vienne k se désarticuler, par l'abus, qu'en yous 
répondant, vous m'oblígez d'en faire. En sus, des lecteurs 
qui sont nos victimes, et que, mentalement, nous alimen- 
tons de pluvier^ depuís tantót un mois, pourront bien en 
contracter, par ce seul fait, une maladie de vessie, rien 
qu'en se rappelant la nourriture aphrodisiaque que prend, 
par habitude, ce trop chaud volatile. Quatre communiqués 
sur le méme sujet?... Mais c'est une horreur !•.. On nous 
prendra tous les deux pour des fontaines d'articles I... On 

(i) Classique aposlrophe de dérunt M. Pois-chiche (Cicero) quModabilable- 
meiit Ta falmiDer & notre adresse un lecteur doot on abuse. 



QDATRIÉMB ARXICLB SUR LE PODCE. 51 f 

va nous appeler des Catilina I.. . des perturbateurs du repoe^ 
pubiicl... des coospirateurs L.. « Ijbs réwhttiom ne 
s'écrivent pas^ > disait jadis chez nous le tribunal révolu* 
tionnaire» quaod les preuves lui manquaient, et qu'il en* 
voyaitk la guillotine Brissot et Gensonné. Mais nous, mal- 
heureux!.., ce n'est pas notre cas!... L' opinión, nos 
articlesá la main, fera notre procés !... Nous sommestrop 
commxmicatifs!... On nous pendra pour crime d'encrier !.. . 
Dieu nous garde que la question d'ornithologie qui nous 
occupe, aille jamáis atteindre les dimensions, nécessaires 
11 est vrai, noais trop souvent bis- (ou multi-) cornues^ des 
mariages frangais au Mexique!.., Par lá, je ne prétends 
pas diré que le mariage soiten haine au chasseur: oh ! non, 
peut-étre le considére-t-il comme un bonheur de trop 
longue haleine. 11 craint sans doute, en tombant sous le 
joug, d'y rencontrer un autre inconvénient : sa femme peut 
étre exigeante ; alors elle n'admettra d'autre gibier qu'elle, 
et ce n'est pas chose possible que de lever sous le toit con- 
jugal yj/weí^^ ou bécassines. Un disciple de saint Hubert, 
selon moi, ne devrait jamáis épouser qu'une Ofidtne. Ce 
sont des femmes trés-propres... pour un chasseur. D'abord 
elles vont á l'eau, et par ce seul fait, peut-étre, ont-elles 
aussi la fidéiité du caniche. Malheureusement, il n' existe 
plus de ees daroes-lá aujourd'hui. Que fera done le chas- 
seur?... Luí faudra-t-il s'en rapporter íi ce qu'a dit certain 
sceptique?... 

tt L'hymen a ses doucearSj malgré les faux plaisans : 
« Mais il faut diré aussi que dans un certain sens^ 
«L'hymen, le seul liymen contráete sans sottise, 
« G'est rhymen annoel du Doge de Venise. i> 

Mais pardon, chers lecteurs, anges de patience!... Je 
crois que je divague! Je reviens done, par un violent ri- 
cochet, au pouce du pluvier. Croyez-moi, Texiguíté du 



5i2 1859 

susdít pouce n est chez lui qu'un simple jeu de la nature; 
c'est tout comme chez nous (sauf la raison qu*on nous 
donne de cette diíTormité digilale de Tespéce humaine), la 
voici : sur ce point, nous savons h quoi nous en teñir. 

« Quand on fait mal ce qu'on doit faire 
« On s'en mord les pouces, dit-on ; 
« Cest du peché du premier pére 
«Que derive ce vieux dicten, 
« Car le gourmand avec sa pomme 
« Se mordit les pouces aussi, 
<i Et de pére en lils voilá comme 
« Nous avons ce doigt raccourci.» 

J'avouerai cependant qu'il est trés-convenable de s'en- 
tretenir d'oiseaux, aujourd'hui surtout que les lemps sont 
si mauvais, car 

<t On ne respire plus que les mcBurs des oiseaux : 

« Et sur ees modeles nouveaux 

« Se réglent gestes et paroles. 

« On déniche de grand matin. 
« On plume autant qu'on peut son plus proche voisin. 
tt On va graisser la paite k quelque commissaire. 
« On fait lepied de yrue au lieu de s'ennuyer; 
♦ (c On tire l'aile pour payer, 

(t Et Ton faU le plongeon, lorsqu'il est nécessaíre. » 

Faisant tréve d'hilarité, je retourne á la question scientí- 
fique qui rime en us. Vous désirez absolument, aimable 
confrfere, faire entTermoncharadríuspluvialis{chorlüorealf 
pluviaU pardal y en espagnol ; mais non ganga ^ nom qu'im- 
proprement on donne ici au pluvier), dans la noble famille 
des scolopacidéeSj h, laquelle, par son nom^ appartient de 
droit votre chevalier-bécasseau , et oü mon pluvier ne 
jouerait pas méme, á mon avis, le role de bátard. Ftai 
voluntas tual Je me resigne. Je vous ferai observer, malgré 
cela, que le chevalier doit étre, de sa nature, un ciseau 
profondément béte : le qualificatif de bécasseau semble 



QUATAlÉMfi ARTIGLE SUR LE POUGE. 5|3 

ríndiqaer (¿tfc á sot). Mon charadrius pluvialts est au con- 
traire un oiseau de beaacoup d'espritt il posséde au su- 
préme degré celui de sa conservation. II part k soixante et 
quatre-vingts pas de nous ; tandis que ees stupides 
bargeSy bécassines ou bécasseaux ne se lévent que quand 
on leur marche presquesur le bec. 

Je lis dans le manuel d'ornithologie de M. Lesson, que 
le chevalier [totanus^ Bech. Cuv. bec un peu gréle, me- 
diocre ou long, presque rond', qxxQXqatíoi&unpeuretroussé 
par le bout)^ dont le nom scientifique vient de totano^ nom 
vulgaire usité en Sicile, pour . désigner plusieurs oiseaux 
riverains, est remarquable par ses formes sveltes et ses 
longues jambes gréles élevées, 

II existe des varietés infinies parmi les chevalien, quí 
loutes entre elles conservent toujours une analogie bien 
sensible. Nous avons le chevaliei' semi^palmé [totanus ftemi- 
palmatus) ; le chemlier arlequín [totanus fuscus^ scolopas 
curonica^ Gm. et tringa atra^ Gm.) ; le chevalieí^ gambette 
{totanus calabtns); le chevaliei^ stagnatilisj Bechst. [scolopax 
totanuSj L., etc., etc., etc.). 

Tous ees oiseaux ont, la plupart, un bec a la Roxelane 
{un peu retroussé par le bout). Je ne reconnais lá aucun 
des caracteres de mon aimable et aimant pluvier^ qui n'est 
pas semi^palmatus^ et qui posséde un bec sans détours et 
plein d'une franche droiture. 

La nourriture des nobles et susdits chevaliers, qui sont 
errants^ puisquMIs sont migrateurs, se compose d'insectes 
marins et de mollusques abandonnés par la maree deseen- 
dante sur les gréves ; leur mué a lieu deux fois Tan ; leur 
plumage est généralement gris, 

Quantá mon pluvier^ ses mets sont plus épicés; il lui 
faut des scarabées, des petites mouches cantharides, et 
surtout des sauterelles. Son plumage est d'un or tendré, et 
oes charmants oiseaux disséminés dans les prairies, les 

33 



5«4 1859 

dorent tout aussi agréablement que des onces les tapis verts 
desmontes de Tacubaya, qui nous donnent, par parenthése, 
la mesure sonnante des grands progrés que nous faisons 
vers la cívilisation. 

Je dis et redis done que mon pluvier, ou chorlito red 
{charadrius pluvialis L.) , n'est qu'une varíete des cÍDquante 
espéces qui exístent de ce bríllant oiseau, et des dix qui, 
par la nature, ont été réservées á TAménque. Ses instincts 
qui le font arriver avec les piules et s'en aller avec elles; la 
brülante nourríture dont il est friand, son plumage doré, 
tout enfin lui donne un rang et un rang distingué dans la 
famille des pluvters^ malgré le petit pouce dont k peine il 
effleure le sol. Je m'en tiens done, pour le moment, k la 
déclaration precise de notre omithologiste Klein, coropléte- 
ment approuvée par notre grand écrívain en manchettes, 
qui n'était pas manchot. 

Je me serais rendu avecplaisir k votre aimable invitation 
d*aller contempler, chez vous, \e pluvier saturé d'arsenic 
que vous y conservez; mais ma trés-ingrate profession de 
courtier ne m'en laisse guére les loisirs. Helas! la nour- 
ríture est rare !•*. et je passe ma vie k sillonner tes rúes de 
México, avec moins de succés que nos oiseaux aquatiques 
les berges des rívages. 

Je sens que je me laisse entraíner, cher confrére, sans 
considérer que tous nos lecteurs ne sont pas des Actéons, 
pour s'intéresser k notre polémique. Je vais done, avec 
votre permission et la leur, prendre un congé indéfmi, qu'w) 
finirait par me donner. Tout le monde m'en saura gré. 
- Pardon , si , pour donner á mes facéties hebdomadaires un 
tour plus gracieux, j'ai fait de mon communiqué, melé de 
poésies, une espéce de grog littéraire (un véritable Ao//anrf 
half) ; ce style entreverado est imité de celui des le^ns de 
physique (experiméntale ou non) que donnait jadis k sa 
Sophie ce charmant séducteur de Louis-Aímé Martin. 



QUATRIÉME AATÍGLE SOR LB POUGB. 515 

Perméttez-moi, tout en finisíaiit (Dieu mercü), de vous 
remerder de nouveau, quant aüx voeux que vous faite», eú 
désirant pour moí les délices enivrautes que procara Ama^ 
tbonte (1) (ne lisez pas : que procura ma t ante i ce qui- 
proquo constitueraít une personnalíté de mauvaisgoüt).Me8 
délices, je le répéte, se limitent aujourd'hui á chasser en 
desesperé, lorsque la poudre, par son prix» ne s'éléve pas 
& des hauteurs problématiques. Pour ce qui est du gibier 
d'amour, j*en rumine les saveurs, sans en prétendre de 
nouvelles. J'ai trop présent i la mémoire ce quí advint un 
jour k un vieil habitué de THélicon, un peu trop égrillard, 
malgré qu'il fút déjái sur le retour de Táge. Voici son 
histoire : 

« Un vieillard édenté^ mais vert et dégourdi^ 

a Cbantait d*un ton ragaillardi 

« Ses vieilles amours k Thémire; 
a La belle l'entendait et se mit á sourire. 
« Elle lui dit: On peut t'appeler cygne^ ami; 
« Ton gosier est d'un cygne et tes cheveux aussi. 
a Pour prix de tes chansons^ une faveur t'est due; 

« Et ne veux te la refuser. 
« Approche^ viens recevoir un baiser, 

ec Je ne crains pas d'étre roordue. » 

Je vous prierai de croire (si vous ne vous en étiez pas 
déjá douté) que les vers cites par moi ne sont pas emanes 
de mon chef. Pour ce qui est des muses..., je muse. 

Je suis á peu prés de la forcé de Mallebranche, qui 
n^avait fait quedeux vers dans sa vie : 

a II fait en ce beau jour le plus beau temps du monde^ 
a Pour aller á cheval sur la terre et sur l'onde. v> 

(1) Villa de lile de Chypre, oü Venus et Adonis avaient des temples, et oü, 
sans un scrupule de scrupule («tv«, coram populo), oa célébrait Íes amoareux 
mystéres de la tendré déesse. Cette note s'adresse aux quelques lecteurs, qui 
De seraient pas tout k fait au courant de bien des cradités mythologiqaei* 



5i6 1859 

Mais 01) ne va pas & cbeval sur Tonde, luí disait un cri- 
tique. — « Ah bah ! lui répondít Mallebranche, vousne voyez 
pas que c'est une licence poétique. » 

Sur ce, je vous salue de tout mon coeur, en vous di- 
sant: 

a Compagnons^ quelquefois^ de falígants travaux, 
« Une plutne á la tnain^ ne soyons plus rivaux. » (i) 

Ernbst Masson. 

(i) Ces ven soiíL de moi ; on s*eD aper^it. 



1860 



519 



COMPLAINTE Aü JEUNE A. L.*** 

QUE SES FARENTS AUlTESTÜ EHMSNS A LA GAMPA6NE, POU& T PASSER 
UN OU DEUX MOIS DANS UNE YIE GONTEtfPLATIYE. 



[Sur un air tendré,) 



Que le emps me dure 
Passé loin de loi, 
Toute la nature 
N'est plus ríen sans toí ! (1) 

J'aime le silence 
Des bois. ( es vallons ; 
Mais Vd . úescence 
A d'ai '. es chansons. 



Quant a la chaussure. 
Elle en use peu : 
La forte nature 
S'en est fait un jeu. 

De Tenostislant ^ 
Vive la lorette ! 
Elle a plus d'aimant 
Que notre griselte. 



L'amonr, á cet age, 
Eetnécessité; 
Et son doux langage 
Est seul usité. 



Quels yeux !... Ces miroirs 
(Oü est le remede?) 
Ont plus de pouvoirs 
Que ceux d*Archiméde. 



Pour moi , la campagne, 
Ce champ du repos, 
Avec raa compagne 
JN'est qu'un dos á dos. 



Mon coeur est' en braise, 
IndéOniment ; 
Et cette foumaise 
Est mon élémenl. 



Les chants du bocage 
N'ont rien d'attrayant ; 
Car tout ce ramage 
Est assourdissant. 



La simple nature, 
A des simples plait : 
Toute sa verdure 
N'est pas de mon fait. 



Ici, la bergére 
N'a pas de moutons : 
Elle a de la terre 
Jusques aux poumons. 



De limpides eaux. 
De fort beaux étans (2) , 
Sont póur les oíseaux. 
Non pour les amans. 

E. M. 



(1) Ccs quatre ver» sont une rémfniscence: je nc me rappelle pas le notxi de 
leor autear. 



(2) Saní g : c^ipme po^, oo k pernea cette Ucen^, 



m 4660 

AGUAS DE TACUBAYA. 

INSTRUCCIONES SOBRE LO ACAECIDO TOCANTE Á ESTAS AGUAS 
DESDE EL 2 DEL PRESENTE MES DE MARZO DE ESTE ANO* 

En virtud de la reciente decisión del Supremo Gobierno 
de separar las aguas de los Leones de las de Santa Fe, se 
le mandó al Excmo. Sr. Gobernador del valle una orden, 
para que se la hiciera saber al Se. Comisario de Tacubaya, 
á fin de que dicha orden recibiese su ejecucion« Efectiva- 
mente, en 25 de febrero último, la autoridad I )cal de Ta- 
cubaya recibió un oficio del Excmo. Sr. Gobernador, en- 
comendándole que procediese á la separación de las aguas 
de los Leones de las de Santa Fe. 

Esta diligencia se practicó el 2 del presente mes de 
marzo, en frente de Santa Fe, y en compañía del Sr. Juez 
de este pueblo y del Veedor de aguas, quedando concluida 
la obra k las 5 de la tarde del mismo dia ; y corriendo en- 
tonces por Tacubaya, desde el mismo momento, las aguas 
solas de Santa Fe. 

En los dias, 3, 4. 5 y 6 dé estemes, se notó desde luego, 
aunque fuera tiempo de secas , una mayor pureza en las 
aguas, y no se percibió la menor diminución en su canti- 
dad ó volumen. Pero, de repente, el dia 7, se quedó toda 
la parte alta de Tacubaya, y las fuentes públicas que se 
alimentan de la nueva naranja de agua, sin una gota casi 
de este líquido. 

* Avisado el Sr. Comisario de la villa de lo acaecido , se 
transporto el dia 8, en compañía del Sr. D. Francisco Bardet, 
presidente de la Sociedad de mejoras , y de otros vecinos, 
al lugar de la atargea, en donde, entre el molino de Valdés 
y el de San José, existen las tomas de agua de la casa que 
fué del Sr. Conde de la Cortina (Q. E. P. D.), hoy del 



AGUAS DÉ TiCUBAYA. S2i 

Sr. Barón, las del convento de San Diego, casas de la 
Bola y del Sr. D. Francisco Pérez, y la toma municipal de 
una naranja de agua, con que se abastecen cuatro fuentes 
públicas recientemente fabricadas, y otras tres casas situa- 
das en el barrio de Santiago de esta villa. 

Luego luego, k la simple vista, se conoció de donde 
provenia el mal. Por malicia ó por accidente , se había 
quitado en el dia 7, la puerta del ladrón que antecede el 
tanque del molino de San José, siendo destinada esta 
puerta, desde luengos años, á hacer retroceder unas 20 ó 
30 varas en la atargea, las aguas que conduce, de modo 
que estas cubrieran perfectamente todas las tomas ya pre- 
citadas. Sustraida dicha puerta; las aguas en la atargea, 
bajaban hasta el extremo de no cubrir ya, ni la décima 
parte de las diversas tomas de agua más próximas al mo- 
lino, quedando necesariamente sin ella , las casas que de 
esas tomas la reciben. Puesta la puerta del ladrón de que 
se habla, á cierta altura, para que se llene el tanque del 
molino de San José y beban las tomas ; todo lo demás del 
agua de la atargea se deversa por encima de la puerta del 
ladrón que es baja; y cojiendo el conducto que le está 
trazado, se va á reunir, pasado el molino (trabaje este ó 
no), á la atargea que, más abajo, sigue hasta el molino de 
Santo Domingo , para de allí continuar el agua su curso, 
por los altos del barrio de la Santísima. 

Inmediatamente, el Sr. Comisario de Tacubaya le suplicó 
al Sr. Bardet, mandara fabricar una nueva puerta para el 
ladrón, la que quedó concluida, y puesta el dia 10 del 
presente por la mano misma del Sr. Comisario, concur- 
riendo á este acto los arrendatarios del molino de Valdés, 
y varios vecinos de Tacubaya. 

Desde el dia 10 de este mes, hasta el 18 del mismo, lle- 
garon las aguas en todo Tacubaya con la misma abun- 
dancia y la misma pureza que en los dias, 2, 3, 4, 5 y 6 



522 1860 

del precitado mes ; cuando , instantáneamente , y sin pre- 
vio aviso alguno al Sr. Comisario de Tacubaya, el Sr. Pre- 
sidente del £xcmo. Ayuntamiento de México, acompañado 
del Sr. Regidor de aguas y del Administrador de ellas, 
vinieron á Tacubaya, y se llevaron la puerta del ladrón 
mandada hacer y puesta por la propia mano del Sr. Co- 
misario de la villa. 

Al mismo momento que desapareció la referida puerta, 
se notó inmediatamente en la parte alta de Tacubaya y en 
varias fuentes públicas , una escasez repentina de agua ; y 
el fontanero de la villa se apresuró á dar parte al Sr, Co- 
misario de lo ocurrido. 

Sin la menor pérdida de tiempo , este funcionario pasó 
al Excmo. Sr. Gobernador un oficio, quejándosele de que, 
sin que se le hubiera consultado en lo mas mínimo, se hu- 
biera llevado k cabo una providencia que, bien ó mal dada, 
se le habia de haber participado, interesándose en ella un 
punto vital de una población que le está encomendada. 

Les toca entonces hoy á los grandes propietarios de 
agua, como los Sres. Barón y Escandon, reclamar ante el 
Excmo. Sr. Gobernador, por reconquistar la cantidad 
de agua que, en propiedad les toca, y que adquirieron 
(principalmente el Sr. Barón) al comprar las casas que 
poseen en la villa, y cuyos antiguos dueuos , ciertamente, 
pagaron al Excmo. Ayuntamiento de México , el importe 
de las mercedes de agua que bañaban sus fincas. 

Toda esta guerra de aguas está suscitada por los molinos 
de Valdés, Santo Domingo , Belem y fábrica de pólvora de 
Santa Fe que, antes del año de 1854, nunca molieron, 
más que usando del único poder motor de las aguas de 
Santa Fe. 

Pero, desde la concesión hecha en 54 (muy impruden- 
temente) al Sr. Jamison, que ya murió, de mezclarlas 
aguas turl}ias de los Leones con las de Santa Fe; los moli- 



Á6DAS DE TACDBATÁ. 523 

no8 de Belem, Valdés y Santo Domingo, se aprovecharon 
del agua aumentada {acddentcdmenie para ellos) ^ que ve- 
. nia en la atargea. Hoy que, muerto el Sr. Jamison , y ex- 
tinguida la fundición de hierro que (mediante ciertas 
condiciones impuestas por el Gobierno) motivó la mezcla 
de las aguas; se separaron aquellas : los molinos, al resen* 
tir esta separación , levantaron gritos al cielo (como si se 
les despojara) , haciendo firmar por los panaderos de 
México, una representación al Supremo Gobierno, en con- 
tra de una providencia que, á su «parecer, era inicua, por- 
que lastimaba á tres particulares, sin derecho^ aunque 
favoreciese los intereses (atacados en 54) de toda una po- 
blación que cuenta con mas de 3,000 almas. 

RESUMEN. 

1 /» Con la separación de las aguas de los I.eones de las de Santa Fe^ 
el Supremo Gobierao ha hecho justicia, devolviéndole á Tacubaya el goce 
de las ngoas puras y limpias de Santa Fe que^ durante mas de 150 años, 
hasta D4,habia disfrutado siempre, y por el cual^ después de despojado, 
lidió cinco años enteros. 

2.** No perjudica tampoco, intencionalmente, esta separación de aguas, 
á los moUnos de Belem, Valdés y Santo Domingo : ya que sus arrendata- 
rios no pudieron ó no debieron nunca contar, cuando los arrendaron, más 
que con el poder motor de las simples aguas de Santa Fe, sobre cuyo úni- 
co curso, desde mas de 180 afios, se construyeron aquellos molinos. No 
ignoraban dichos seüoros, al tomar en renta los molinos, la unión mo- 
mentánea de las aguas de los Leones con las de Santa Fe, y las reclama- 
ciones que, por parte de Tacubaya, existían en contra de esta unión. No 
pueden por consiguiente, hoy, aturdir con sus lamentaciones los oidos 
del Excmo. Ayuntamiento de México, que quizá no sabe estos pormeno- 
res; porque, lo que les ha sucedido en estos dias, rato há qué lo debian 
haber previsto. 

3.* A la ciudad de México no le perjudica en lo mas mínimo la sepa- 
ración de dichas aguas, porque cada una, sin alterar en una sola gota su 
cantidad, llega á la capital por las mismas atargeas antiquísimas que se 
construyeron al efecto, una en las barrancas de Santa Fe, y la otra en las 
lomas que bajan desde Cuajimalpa, hasta las alturas dei moHno del Rey, 
uniéndose allí las aguas de los Leones, á poca distancia del molino del 
Salvador, á las de Santa Fe. Si, por casualidad^ y no lo creemos, se nota 



I 824 1860 

I en México^ desde algún tiempo^ cierta escasez de agua; esta es debida 

\ únicamente, á la poca capacidad del tubo de plomo con que en San 

: Fernando, se reemplazó el acueducto que ¿ntes exislia hasla la Maríscala: 

t lo que obliga á la demasía de las aguas que vienen por la Verónica, ¿' 

I resbalarse, como se puede ver, por encima de los arcos que las condu- 

) cen. Nada diremos de lo que se pierde de las aguas de la alberca de Cha- 

I pultepec; una cuarta parte de ellas ó mas, se desparrama ai camino, por 

¡ el estado de ruina en que se lia mantenido la arquería, desde el últíroo 

terremoto que tanto la lastimó. 
. ' Tacubaya, marzo 20 de 1860. 

¡ Ernesto Masson, 

Ea>sindico, regidar de aguas en Tacubaya^ en 54, 
y secretariOy hoy y de la Sociedad de mejoras de 
: esta villa. 



REMITIDO 

INSERTO EN EL DIARIO 1)E AVISOS DEL 14 DE SETIEMBRE DE 1860. 

Señores editores del Diario de Avisos. — Casa de ustedes, 
setiembre 1 3 de 1 860. — Señores de nuestra estimación : 
Rogamos á ustedes que por su órgano nos permitan escitar 
á la autoridad , para que nos dé su atención y ponga re- 
medio al mal que suñrimos los vecinos del rumbo de San 
Cosme en toda la línea de la arquería, pues aunque te- 
nemos el acueducto inmediatamente al frente de nuestras 
I casas, con derechos á gozar de ese agua, padecemos de 

continuo escasez, y aun por muchos dias somos privados 
de ella en lo absoluto, como sucede en la actualidad, que 
estando laatargea enselvada en su mayor parte por el cons- 
tante sedimento que van dejando sus lodosas aguas, que- 
dan cegados los conductos de las tomas particulares con 
porción de otras basuras. 

Siempre se habia notado en México lo turbio de este 
agua delgada en tiempo de lluvia ; mas este defecto se 
ha aumentado de m&s en más en estos últimos años, al 



AGUAS TERROSAS D£ LOS LEONKS. 525 

extremo que ya no es agua y sí un positivo lodo, que lejos 
de lavar ensucia, haciéndose preferible el agua que tene- 
mos en las acequias. No creemos se nos niegue la evidencia 
de este hecho y nuestra razón para quejarnos. 

Qué ¿no hay manera de evitar que al agua que se llama 
de los Leones se le unan las pluviales que arrastran tanto 
barro y basura. ? Y aun ciiando hubiera positivo inconve- 
niente, ¿no seria preferible, en tal caso, excluir en tiempo 
de lluvias ese agua sucia de los Leones de las otras lim- 
pias que concurren á surtir el acueducto ? Aunque se su- 
ponga que disminuye el caudal, se debe considerar que 
mucho mas se reduce cuando ocupada la atargea con tan 
considerable cuantía de sedimentos terrosos, se derrama el 
agua y desperdicia, no viniéndose á aprovechar más que 
una cantidad reducida , tal vez muy inferior á la que viene 
de Santa Fe limpia. 

Somos de ustedes, señores editores, con toda cortesía sus 
adictos : — Varios vecinos de San Cosme. 



AGUAS TERROSAS DE LOS LEONES. 

Señores editores del Diario de Avisos. — Casa de ustedes, 
Tacubaya, octubre 7 de í 860. — Muy señores mios : Les 
suplicaré, si lo juzgan aportuno, se sirvan insertar en el 
periódico que redactan , el presente remitido , en que se 
versan intereses del común : será favor que les agradecerá 
su afectísimo seguro servidor Q. B. SS. MM. 

Ernesto Masson. 

Un amigo mió, vecino de Tacubaya desde algún tiempo, 
y á quien , como á otros muchos , breve va á despedir de 
esta villa lo turbio desús aguas, me dio la noticia el 14 



si6 1860 

del mes próximo pasado, de que en el Diario de Avisos se 
acababa de publicar un remitido firmado porvarios vecinos 
de San Cosmes tocante á las aguas que, en tiempo de llu- 
vias, más bien se apelmazan que corren hoy en el acueducto 
de la Verónica. 

Dichos habitantes se manifiestan en extremo quejosos de 
lo barroso de las aguas, llamadas delgadas ^ que de unos 
dias á esta parte se han trasformado materialmente en un 
líquido lodoso que, lejos de lavar ^ ensucia^ como dicen, y les 
obliga á preferir el ayua que tienen de la acequia. 

También preguntan los que han suscrito el comunicado, 
si no hay una manera de evitar que al agua que se llama 
de los Leones, se le unan las pluviales que arrastran tanto 
barro y basura. 

Como por esta pregunta fundada , debo suponer & los 
apreciables vecinos de San Cosme, poco instruidos en la 
historia y curso de las aguas conocidas por de los Leones, 
así denominadas quizá por su color fauve ; les daré de 
ellas una reseña que, por desgracia, desvanecerá todas sus 
esperanzas. 

Me perdonarán si soy algo prolijo ; pero el asunto lo 
requiere. 

El cargo de síndico regidor de aguas , que desempeñé 
durante varios años en el ilustre Ayuntamiento de Tacu- 
baya, me obligó , como era natural , á indagar el motivo 
que hubiera podido tener un dia el Excmo. Ayuntamiento 
de México , para enturbiar las aguas cristalinas de Santa 
Fe, con las muy lodosas de los Leones que , en los fuer- 
tes aguaceros, siempre son de un amarillo oscuro por los 
defectos de que, en su construcción adolece, la atargea que 
las conduce. 

Menos me podia esplicar esta imprudente mezcla (pasado 
Tacubaya) , que contrariaba las prescripciones tan severas, 
demarcadas en las ordenanzas de aguas, publicadas por 



AGUAS TERROSAS DE LOS LEONES. 527 

primera vez en México, en 15 de enero de 1711, y repro- 
ducidas últimamente en 10 de abril de 1845. Estrañaba 
naturalmente que un Sn regidor del Excmo. Ayuntamiento 
de México, hubiese sido el que menos hubiera respetado el 
texto de aquellas sabias ordenanzas. 

Al hablar de la conservación de las aguas de Santa Fe y 
de las de Chapultepec, en toda su pureza^ dicen las Orde- 
nanzas lo siguiente : 

« En consecuencia de la ordenanza antecedente (dice el 
« duque de Albuquerque) que atiende á que las aguas ven- 
« gan limpias, sin mezcla nimalalia^ se ordena y manda 
« que así en la dicha atargea que está en las barrancas de 
« Santa Fe^ como en los altos de Tacubaya^ y la atargea 
« que procede del bosque de Chapultepec que llaman el 
« Rucio, hasta la caja del agua de San Juan ; ninguna per- 
• sona sea osada á ir á lavar ni laven en estas partes nin- 
« gun género de ropa, lanas ni otras cosas encima de ellas, 
« ni en partes donde puedan maltratar las atargeas, ni 
« juntar el agua de esta servidumbre con la que viene por 
« estos conductos, pena de 10 pesos por cada vez que su- 
« cediere etc., etc. * 

Pues á pesar de que estas Ordenanzas debieran de ser in- 
variables, porque encierran un punto vital ; á pesar de que 
el Excmo. Ayuntamiento de una capital populosa debiera de 
haber observado con la mayor rigidez unas prescripciones 
para las aguas, que son, en cierta manera, el Palladium 
de la salud pública ; en el año de 1804, el primer regidor 
de aguas del Excmo. Ayuntamiento de México, el Sr. D. 
Cosme de Miery Trespalacios (hombre, sin duda, de en- 
tendederas recias) , se propuso introducir en la capital de 
México las aguas de los Leones. Dichas aguas , entonces, 
no servian más que para regar las haciendas de los Mora- 
les, la Teja y el rancho de Anzures. 

Dos motivos habia poderosos para que prescindiese de 



n28 1860 

su propósito el Sr. D. Cosme de Mier : el primero, porque 
dichas aguas pertenecian á particulares que las iban á dis- 
putar ; y el segundo, porque la Municipalidad de México no 
contaba con los fondos suficientes para edificar una atargea 
en regla para su conducción ; y que, sin estas obras previas, 
se iban á violar las Ordenanzas, enturbiando extraordinaria- 
mente las aguas puras de Santa Fe, mandadas conservar 
sin mezcla ni maletía. 

Dicha atargea debiera de haber sido cubierta en todos 
sus tramos , con sus respiraderos elevados, de trecho en 
trecho ; ó descubierta, si se quiere, pero con sus bordes del 
lado de la loma de una vara de alto , con sus puentes cor- 
respondientes á distancias cortas, para que por encima de 
ellos cruzasen las aguas pluviales y no se mezclasen éstas 
con las que conducía la atargea. 

El Sr. D. Cosme, sin contar para estas obras con el ele- 
mento principal, que tanto es el dinero como el agua, siem- 
pre se comprometió en la conducción de las aguas de los 
Leones, formándolas tan bien que mal (desde su naci- 
miento en Cuajimalpa), un canal que viene á pasar á 
300 varas mas alto (en frente de Santa Fe) que la atargea 
conductora de las aguas azuladas de este último nom- 
bre. 

Así fué que, medio concluida la obra , el Sr. D. Cosme 
de Mier y Trespalacios, introdujo siempre las aguas de los 
Leones (cargadas de lodo cuando llueve) en la misma atar- 
gea de las puras y clarísimas aguas de Santa Fe, á poca 
distancia del molino del Salvador, pasado Tacubaya. 

' Tan luego como empezó su obra el Sr. D. Cosme, el 
dueño de la hacienda de los Morales, el Sr. Garay, fe- 
clamó sus aguas ; y se entabló con el Excmo. Ayuntamiento 
de México, un pleito que duró desde 1804 hasta 1857, ter- 
minándose este por una transacción que les concedió á los 
herederos del Sr. D: Tiburcio Cañas, dos surcos del agua 



AGUAS TERROSAS DE LOS LEONES. 529 

de los Leones (de que aun no toman posesión) , y una 
merced de agua en México. 

El resultado de esta mezcla de aguas, ha sido fatal para 
el acueducto de la Verónica que, por los sedimentos terro- 
sos que en su fondo depositan las aguas turbias de los 
Leones, se ha ido ensolvando de tal suerte, que disminuida 
poco á poco su capacidad, por el barro que la va llenando, 
muy apenas caben en él las dos aguas unidas de los Leo- 
nes y de Santa Fe, que rebosan por encima de la arquería 
en su curso desde Chapultepec hasta la antigua garita de 
San Cosme, donde por dentro de los arcos , se vierte k la 
acequia, por una abertura, una cantidad no corta de 
agua. 

No consiguió, pues, el Sr. D. Cosme, después de tantos 
afanes, aumentar en México la cantidad de agua potable 
con la introducción de la de los Leones á la capital ; pero 
sí logró (sin quererlo) enturbiar las aguas hermosas de 
Santa Feque^c^to, antes de 1804, corrían por los arcos 
de la Verónica, no conociéndose entonces las aguas delga-- 
das. 

Empresa muy diftcil y costosa seria limpiar aquel acue- 
ducto del barro que contiene. En él se han criado multitud 
de yerbas acuáticas, cuyas raices han llegado á penetrar 
por las paredes laterales y por las fisuras ocasionadas por 
los terremotos, y al arrancarlas, se abrirían filtraciones in- 
numerables por donde se escaparían las aguas. 

Cuando el Sr. D. Cosme unió las aguas terrosas de los 
Leones con las diamantinas de Santa Fe, nunca se arriesgó 
á hacerlo enfrente de Santa Fe, precipitando las primeras 
sobre las segundas desde una altura de mas de 300 varas, 
por una atargea ó canal que debiera de ser sumamente in- 
clinado. Se retrajo á no dudarlo ante la idea de ensolvar 
un acueducto hecho á todo costo, y que muchas ve- 
ces pasa por medio de tunnels, por debajo de algunos 

34 



530 1860 

cerros, haciéndose de esta manera imposible casi su limpia. 

Pero, bajo el gobierno del general Santar-Anna, el sub- 
dito inglés D. Guillermo Jamison, quien en Santa Fe, 
desde 1852> tenia establecida unsk fundición de hierro; so- 
licitó en i 854, para aumentar el poder motor de so fií- 
brica, el permiso de mezclar las aguas turbias délos 
Leones con las de Santa Fe. Pron^etié , para merece esta 
gracia , abastecer al gobierno á inrecios muy bajos, con 
cuantos proyectiles de guerra pudiese necesitar. 

En vano el Sr. Prefecto del partido de Tacubaya^ gene- 
ral D. Ignacio Carranza, y yo, coma regidor de aguas, hi- 
cimos una oposicioa sostenida en contra de esta mezcla ; 
en balde pusimos de manifiesto que , desde centenares de 
años, estaba la villa en el goce pacífico de las solas aguas 
de> Santa Fe, cuya pureza le garantizaban aun Im mismas 
ordenanzas. Todos estos esfuerzos quedaron inútiles, y 
siempre se n>ezclaron las aguas. 

Esta disposición del general Santa-Anna fué tai> vio- 
lenta como mal aconsejada ; y constituyó evidentemoite, 
una especie de ataque á la propiedad, ó al menos, á la ca- 
lidad de ella. Me esplicaré : ¿ cuántas personas liay en Ta- 
cubaya, tanto nacionales como extranjeras,, que se bas 
fijado y han adquirido l^nes raices en la villa , émtes de 
i 854 (época de la mezcla), atraídas, sobre todo, por lo 
límpido de sus aguas, que coosistían entonces en las úni- 
cas y muy puras de Santa Fe ? 

Desde luego, unos 6 la Municipalklad de Méxicoi, otros á 
la de Tacubaya, compraron, quién una, quién dos, qoiéQ 
seis ó más mercedes de aquellas aguas crrsialinas^ [h 
1 rOOO ps. la merced) para con ellas formar en sus casas de 
campo fuentes hermosas, estanques extensos y juegos de 
agua de un gusto exquisito. Gentes acaudalachs hubo, 
quienes como los Sres. Jamíson, Barron , Escandon , Bar- 
det, Algara, Labadie y otros, que (desparramando et di- 



AGUAS TERROSAS UE LOS LEOiNES. 531 

ñero & manos llenas en la población) invirtíeraa sumas 
caantiosas en construcciones yerdaderamenle fanlásticafi^ 
que desde la capital acuden muchos k contemplar. 

Sabido es que en todas partes , las casas de campo sft* 
can su principal lustre y hermosura de la abundancia 
como de \dí pureza de sus aguas ; y siendo las de Tacubaya 
(antes de 54) como un eristal de roca , claro es también 
que esle solo aliciente fué el incentivo mayor ^ para que 
allí los señores ya mentados no retrocedieran ante gastos 
casi fabulosos : ¿ quiénes para recibir agiias^ lodosod los hu- 
bieran emprendido ? 

Es las aguas de Santa Fe, que solas y sin n^ezcla nima^ 
lefia bañaban & Tacubaya (antes de 54; vendida que fué 
parte de ellas por la autoridad , tomaron desde luego d 
preciso carácter de una propiedad puntualmente indivisa. 
Desde aquel día, esta, pureza de. aguas (recomendación que 
fué para su compra) no pudo ser en lo futuro atacada por 
ninguno de los dos contratantes, siendo imposible que uno 
de ellos enturbiase una parte de aquellas aguas sin dañar 
d todo y exponerse quizá á fuertes reclamaciones. 

Suspensos los trabajos de la fundición de hierro, por la 
muerte de Jamison (quien no habia cumplido mucho con 
su compromiso) la comisión de Tacubaya en el presente 
año, renovó todas las diligencias practicadas antes desde 54 
para conseguir la separación debida de las aguas sucias de 
los Leones de las de Santa Fe, dirigiéndose, como era 
natural, al ministerio de la guerra, que (interesándose en 
la mezcla asuntos del servicio) habia necesariamente orde< 
nado su ejecución. 

Como se vé por esta relación cansada del negocio más 
indigesto cual es este, suelen á veces surgir algunas re-* 
flexiones filosóficas, y son : que los hombres, por las nece-* 
sidades de su e^cie, declinan, caen ó se mueren ; pero 
sus actos, r,. no. 



632 1860 

Murió Jamison hace cinco años» los mismos casi que 
cuenta Santa-Anna de haberse hundido del poder ; y no 
por eso nuestras aguas de Tacubaya en 1860 y sin motivo 
algunoj dejan de guardar todavía el mismo preciso color 
de ocre que les comunicó en 1854 la malhadada mezcla 
ordenada por Santa-Anna (mas lejos diremos por qué). 

¿No dá grima, después de lo sucedido, la vaciedad de 
las frases de redoma de nuestros románticos cuando excla- 
man : « rhomme qui meurt, et la feuille jaunie qui 
• tombe, ont précisément la méme importance ; les sou- 
« venirs que les deux nous laissent, n'ont guere plus de 
« durée : la mort n'est que l'engrais de la viel » ( « ¡El 
hombre que muere y la hoja amarillenta que cae , precisa- 
mente tienen el mismo valor ; los recuerdos que nos dejan 
ambos son casi de igual duración : la muerte no es roas 
que el abono de la vida! ») 

Contrariando el escéptico pensamiento de escritores tan 
sublimes, diré prosiguiendo el hipérbole : « ¡mala no fué 
« la hoja que con Jamison le cayó á Tacubaya ; y en 
« cuanto á lo del souveniry tampoco ha dejado de ser grato 
9 el que nos legó el amigo D. Guillermo I » Pero basta de 
digresiones ; seguiremos. 

Después de seis años de estar unidas las aguas , al fin 
conseguimos el permiso de separarlas, por una orden ema- 
nada en 21 de febrero último, del ministerio de la .Guerra. 
Dicha orden se comunicó al ministerio de gobernación, 
quien la hizo saber al Excmo. Sr. gobernador del Valle de 
México, pasándola este funcionario en 25 del mismo mes 
al Sr. Comisario municipal de Tacubaya, teniente coronel 
D. Mariano Velasco, para su debido cumplimiento. Hallán- 
dose enfermo el Sr. D. Francisco Bardet , Presidente de la 
Sociedad de mejoras de Tacubaya, á quien habia oficiado 
el señor Comisario de la villa para que le acompañara, re- 
cayó en mí esta comisión, como secretario de esta sociedad. 



AGUAS TERROSAS D£ LOS LBONBS. 533 

El caso fué que esta separación de las aguas de los Leones 
de las de Santa Fe, tuvo lugar el 2 de marzo próximo pa- 
sado, y que desde este loado dia volvió á recuperar Tacu- 
baya el uso tan interesante de las aguas ío/a^ y transparentes 
de Santa Fe. 

Breve y con indecible sorpresa se le oyó al molino de 
Valdés (beneficiado solo por casualidad desde S4, con la 
unioij de las dos aguas) clamar desde luego que al sepa- 
rarlas se le habia intentado arruinar. En vanóse le hizo 
presente que todos los molinos, el de Santa Fe, Beiem, 
Valdés y Santo Domingo , desde su construcción más que 
centenaria, nunca habian recibido su impulso (hasta 54 
por contingencia) más que de las solas aguas de Santa Fe. 
La comisarla de Tacubaya se esforzó en h^-cerle compren- 
der al arrendatario de Valdés, que un íaLWor motivado aun- 
que imprudente, concedido en 54 á un dueño de fundición 
de balas y granadas (para la defensa del país) no podia 
(extinguida esta) transferirse á un simple molino de harina, 
en contra de los intereses vitales del común. Se le esplicó 
cuanto esta gracia ó merced hecha en un tiempo á Jamison, 
habia infringido las Ordenanzas de agua que recomiendan 
muy particularmente y mandan no se enturbien en manera 
alguna las aguas que vienen por las barrancas de Santa Fe 
como en los altos de Tjacubaya. Que estas mismas ordenan* 
zas (caso que él hubiera heredado aún los derechos de Ja- 
mison), dicen en el art. 5.* de sus aclaraciones, hablando 
del derecho de un amercedado : « que este derecho adqui- 
t rido no lo puede trasmitir á otra persona, aun cuando 
tf nunca falte á las estipulaciones á que queda sujeto. » Lo 
que quiere decir que este derecho es personal y que muere 
con {apersona que le tuvo. A pesar de todo esto , con nada 
se quiso convencer el arrendatario de Valdés, hasta que 
después de haber lidiado mucho con él (y no habia motivo) 
quedó Tacubaya en posesión de sus aguas puras de Santa Fe. 



^4 ÍS90 

Pero á los seis meses, amagada la capital de od sitío^ se 
le permitió al arrendatario de Valdés (por una ¿rden cuyo 
tenor ignora ia comisaría de Tacobaya, por no lu^érsele 
oomunicado por escrito hasta ahora) unir otra vez las aguas 
turbias de Los Leones con las de Santa Fe, comprometién- 
dose el arrendatario (segon dice el señor Comisario) k in- 
troducir en México diariajotiente , treinta y cinco cargas 
más <ie harina. 

Además de los perjuicios qu^ k Tacubaya le orígkia Ja 
unión en Santa Fe, de las aguas de los Leones, existe 
también en contra <ie esta mezcla una consideración grave, 
y es, que no siguiendo las aguas de Jos Leones ei corso 
que desde 1864 les fuera trazado, ^por la ioma del moKno 
dd Salvador, si|i dejar que corra de ellas alguna cantidad 
por esle conducto, la fortaleza de Cbapultepec se ve 
privada de sos aguas. En elevarias hasta la cunofare 
de este ediTicío, gastó «1 gobierno en on tiemipo, mas de 
20,006 p& y es justo que no se pierda el resultado de esta 
obra. 

El día que se volvieron á mecchir las aguas de los Leo- 
nes con las de Santa Fe, el encargado de ejecutar la obra 
no se bízo cargo sin duda de la mucha tierra <X)n que en 
algunas pai^bes se babia Renado casi «1 coodncto que las 
unia antes. Una vea destruida la manipostería , con que & 
todo costo se cerró por la comisaría de Tacnbaya la comtr- 
nicacion éntrelas desaguas, el dia 2 de marzo próxiroo pa- 
sado dejaron el agua precipitarse, en tan largo descenso, 
con su fuerza acostumbrada, arrastramdo esta desde lueg^ 
en la finía de su corso, toda la tierra que existia en la 
atargea profiíndizada en el mrsmo tepetate de la loma, en 
tiempo de Jamison. 

De allí provino que en agosto que pasó , viniesen las 
aguas delgadas cargadas con una cantidad aiorme de 
barro^ que causó d atascamiento casi repentino de lodaa 



AGUAS TERROSAS DE LOS LEONES. 535 

las cañerías de Tacubaya , y aun las quejas del vecinda- 
rio, de San Cosme. 

En el intervalo de esta unión ioueva de 4as agnas, Aure- 
liano cortó primero en Cuajimalpa las aguas de los Loo- 
dos, y despules las de Santa Fe, para vengarse, según me 
dijeron, «de que uqo de los moliíaos (-creo que el Salvador), 
QO le babia querick) pagar 500 pesos que le exigía. Hoy cstb 
restablecido el curso de ambas aguas y también su mezola. 

Debemos suponer que, kai>ieruio cesado las c^iwttí, tam- 
bién cesarán los efectos ■; y que no habiendo temores de 
atío, y estando muy lejos los sitiadores, el gobierno obli- 
gará k la persona que solicitó ó á quien se le ordenó la 
Dueva unión de las dos aguas, á que restablezca las obras 
de 6U se(»tracion en el mismo estado que las encontré. 
Bichas obras, el día 2 de marzo próximo pasaxio, le costa- 
ron cei^ca de 80 pesos b la Sociedad de mejoras de Tacu- 
l>ay&, y no es muy justo que los pierda. 

Lo <|ue hemos querido probar por esta dilatardu relación, 
es que el interés privado de nuestra villa estíi precisameivte 
Ugado con el del gobierno, el de }os vecinos de San Cosme 
y «1 de una gnai) parte de los habitante de México ap^ 
recibe las aguafi delgadas. 

Hablando Oirardin, en su curso de qodmica., de las sus- 
tancias terrosas oon que vienen mezciadais las aguas de va- 
rios üuvíos, como el Njk), el Oaages^ el Mísaissipi y el 
Sena, dice : 

« Ainsi, celos quíboirait dans sa joonmée, 3 litres d*eau 
4 de la Soíne non fíltrée, & Tépoque des plus fortes crues, 
« chargerait son estomas d'on gramme et demi de sub- 
ü atancos terreuaes tnés-dijíficiles á dlgérer. 

• On ne sait quel |»oanrait étre Si la longue TeíTet de ees 
t nuitiéres siht lasante» Au sarplus, toute considérailion de 

• Alubrité mise de cdté, il est certainement fort désa- 

* gréable deJbdre de Teau chai^ée de Umau. » 



536 1860 

( c Y así, el que bebiera en un día 3 litros de agua del 
Sena, no filtrada ^ en la época de las mas fuertes crecientes, 
cargaria su estómago con un gramo y medio de sustan- 
cias terrosas muy difíciles de digerir. 

No se sabe cuál pudiera ser á la larga el efecto de estas 
materias sobre la salud. En todo caso, toda consideración 
de salubridad puesta á un lado, es ciertamente muy desa- 
gradable beber un agua cargada de barro. » ) 

Las aguas de los Leones, en la estación de lluvias, ado- 
lecen evidentemente de las mismas malas propiedades que 
las del Sena; y todos los que las beben, sin poderlas desti- 
lar^ padecen , á no dudarlo , en su salud con su uso conti- 
nuado. Por esta mism a razón creo que muy prudente seria 
de parte del Excmo. Ayuntamiento de México, mandar se- 
parar de una vez de las aguas de Santa Fe las de los 
Leones, para no introducir ya estas últimas en la capital : 
ellas no ocasionan mas que perjuicios, tanto á los acueduc- 
tos como á la salud pública. De aquellas aguas cargadas de 
hmay pudiera sacar un gran partido el Excmo. Ayunta- 
miento de México, vendiéndolas ó arrendándolas á las ha- 
ciendas de Anzures, la Blanca, la Asunción, etc. ; y creo 
que la ciudad (una vez limpiadas y repuestas las atargeas) , 
no padecerá mucho por esta falta. Como se ha visto, antes 
de 1804, estas aguas sucias de los Leones no llegaban á 
México , y no por esto en este tiempo se experimentaba es- 
casez alguna de agua : y todas eran cristalinas. 

Sabido es de todos que , antes de la mezcla , las aguas 
de Tacubaya sumamente transparentes, y cinco veces bati- 
das en su curso por las caldas que tienen , eran las mas 
saludables que se conocieran. Nuestra villa ha sido siempre 
la maison de santé de México; y allí, antes de 1854, los 
estómagos enteramente délabrés^ recuperaban al mes su 
acción. No sucede hoy lo propio : las aguas han perdido 
el carácter de salubridad que las recomendaba; los pobres 



AGUAS TERROSAS DE LOS LEONES. 537 

que en tiempos de lluvias las beben sin destilar» se enfer- 
man ; la ropa blanca se percude; y tanto los enfermos como 
los que no lo son, difícilmente se resuelven & bañarse en 
unas aguas de un amarillo tan subido y tan cargadas de 
barro. Esta posición embarazosa , me recuerda un pasage 
•de cierto epigrama del señor editor del Diario de Avisos, 
que terminaba asi : 

t<¿Los que se bañan aquí^ 
«Dónde se lavan después? 

Por lo que toca k los molinos situados entre Santa Fe y 
Tacubaya, estos tendrían por único motor (precisamente 
el mismo que tuvieron antes de 1 804) , es decir, las aguas 
solas de Santa Fe ; y ciertamente que el provecho de tres 
ó cuatro personas , no puede ser preferente k los intereses 
vitales de doscientas mil almas. 

Respecto á este asunto, el Sr. D. Manuel Payno se 
ocupa hoy en trazar la historia documentada de las aguas 
de Santa Fe, que se dará k luz muy próximamente. En 
ella se verá cu&n pocos son los derechos que tienen los mo- 
linos á estas aguas, cuyo uso, varias veces les fué suspen- 
dido en distintas épocas, por el Excmo. Ayuntamiento de 
México á causa de los abusos que se cometian. 

Sin duda, por esta misma razón, en Europa no se per- 
mite el establecimiento de molinos, fábricas ü otras usines^ 
m&s que sobre el curso de las aguas flotables ó de irriga- 
tion ; pero nunca sobre el de las que únicamente están des- 
tinadas al gasto alimenticio de grandes ciudades que en su 
introducción por acueductos han gastado sumas de mucha 
cuantía. 

Movidos por aguas de irrigation se encuentran aquí 
multitud de molinos : el de Rio-Hondo^ los Alemanes^ dos 
en los Morales^ Santa Mónica^ el Blanco^ el Prieto^ los 
de Tlalmanalco^ el de Flores, el Batan, los del valle San 



538 1860 

Mariin^ etc. , etc. Todos estos molniOB est&n establecidos 
en buenas coiMliciones. 

Siento haber cansado tanto á los señores lectores delD^ 
rio de Avüos; pero tenia empeño en aclarar una cuestión 
que, á QQÍ particularmrate, como secretario de la sociedad 
de mejoras de Tacubaya, me ha causado últimamente dis-' 
gustos sin cuento. 

Ernesto Masson. 



Estaba imprimiéndose el remitido « Aguas terrosas de 
Los Leones^ » cuando el Supremo gobierno, en vista de la 
reclamación que se le tenia presentada , se servia comu- 
nicar órdenes k la Comisaría municipal de Tacubaya, para 
que de nuevo procediese á la separación de las aguas tur- 
has de los Leones, de las cristalinas de Santa Fe, cuya 
mezcla en la estación de las lluvias, la ocasiona tantos per- 
juicios á la villa. 

Ernesto Masson. 



1861 

PANADERÍAS. 



541 

PANADERÍAS. 

INSTRUCOION PRELIMINAR, 

Por consideraciones puramente humanitarias, y fíán- 
dome en las promesas de la reforma^ emprendí salvar de 
la esclavitud á los desgraciados oficiales de panadería. 
Desde el 7 de febrero de 61, hasta el 25 de febrero de 
62, y mes por mes, no cesé de escribir, abogando por 
ellos. La prensa de la capital unió sus esfuerzos á los mios 
en tan noble tarea; y el Sr. Gobernador, más bien atur- 
dido que apiadado, se decidió á mandar imprimir, al efecto, 
unas disposiciones gubernativas, que nunca se publicaron. 
Diré por qué. 

Los dueños de panaderías (según supe) para precaverse 
del golpe que les amagaba, ocurrieron á un Sr. Licen- 
ciado de poco renombre, pero muy locuaz, y ademas di* 
putado, que fíngia ser uno de los mas exaltados por la 
Libertad. A pesar de todo su fuego sacro, el dicho Sr. Li-* 
cenciado acogió la demanda, y elevó al Ministerio de Go- 
bernación, á nombre de los panaderos, una representación, 
en que hacia resaltar con palabras engañosas y retum- 
bantes , los inconvenientes [imaginarios) que presentaba 
la mise en liberté de los oficiales de panadería. Todo un 
diputado, hermano á la vez del Sr. Gobernador, debia ser 
escuchado, y necesariamente, el bando ya impreso [y lo 
tengo ^) no se publicó. 

Asqueado, como era natural, de ver que un señor libe^^ 
ral de tanta fama, y sin duda por algunos dineros^ consen- 
tía en ser el instrumento para que se violara la Constitución 
y se remacharan las cadenas de unos hombres nacidos li- 
bres ; asqueado, lo repito, cesé de escribir, persuadido de 



542 1861 

que todo era inútil, teniendo que luchar con unos rene- 
gados de la Libertad, que no hadan mas que aturdir con 
sus gritos de reforma^ á un pueblo que, en la ocasión, trai- 
cionaban con descaro. 

E. M. 



El periódica la Reforma^ en su número del 23 dek mes 
próximo pasado, si bien mm acordamos, ha reproducido 
con macba sensatez, una disposición de ley, publicada 
en 1 8i^, referente á las panaderías, qoe debe ser tomada 
en consid^radon por el Suprema Gobierno, y mandada 
observar cuanto antes, porque esta misma disposición la 
reza muy tenrnEkajntemente n/nestra liberal y resistida Gons* 
tituoíon de 57. 

Guando se apoya una reforma, el escritor, sea cual 
fciere, alinvoearla, queda obligado k fundarse en uaahase 
cierta, incontrovertible ; y es evidente que no puede existir 
otra de mas solidez que la Gónstitucion que rige al país. 
Sin este previo requisito lógico, el público poco convencido, 
suele relegar d la región de las utopias , las indicaciones 
que se hacen; y su corazón se mantiene frió ante los re* 
clanocfi de la prensa. 

La Constitución federal de loe Estados-Unidos mexica- 
nos, sancionada y jurada por el Congreso general consti- 
tuyente, el dia 5 de febrero de 1857, dice en su articuk) 
S."" del título l.% lo siguiente, al tratar de los derechos dd 
liH)mbre : 

Art. 5^ c Nadie puede ser obligado i prestar trabajos 
personales sin la justa retribucÍMf y úxk su pleno consen- 
timiento. Let ley na pmde autorizar ningwh contrato que 
tmga par objeto la pérdida ó el irreuoeMe smri/iciQ de ¡si 
libertad del hwibre^ ya sea por eama de trabqjo^ de edu- 
cación ó de voto religioso. Tan^oco puede autcmxar coave- 



PANADERÍAS. 543 

nios en que el hombre pacta su proscripción 6 destierro. » 

Los dueños de panaderías en México, lo mismo que en 
muchas partes de la República, mantienen en una especie 
de esclavitud portentosa, á todos los obreros que emplean, 
virtud á la pésima costumbre que tienen de adelantarles di- 
ñero , que jamas alcanzan estos á poderles reembolsar. 
Quizá más de 30,000 hombres, movidos de un aliciente pe- 
cuniario, han pactado por causa de trabajo^ su destierro de 
la sociedad, y este destierro debe cesar. 

¿No implica, en cierto modo, una reclusión indefinida 
la pérdida ó el irrevocable sacrificio de la libertad del hom- 
bre? ¿Porqué han de aguardar por mas tiempo, estos infe- 
lices» el beneficio de una Constitución humanitaria que les 
favorece? Los fabricantes de pan, k nuestro modo de ver, 
deben desde luego adoptar un término medio, que les ga* 
rantice el reembolso de las cantidades que adelantan & 
sus obreros con sobrada imprudencia ; pero ningún acree- 
dor debe considerarse con derecho á ser el carcelero de su 
deudor, y la Constitución en su artículo 17 dice : t Nadie 
puede ser preso por deudas de un carácter puramente civil. 
Nadie puede ejercer violencia para reclamar su derecho.^ 

Muy lejos estamos de creer que en un país republicano, 
se pretenda, con préstamos, reducir de nuevo á la glébe k 
un número indeterminado de individuos, separándoles hasta 
desús familias; y los obreros de panaderías, deben trabajar 
de hoy en adelante, como los demás oficiales en los talle- 
res de carpintería, herrería y otros. ¿No repugna al sen- 
tido común, á la humanidad^ á la liboFtad individual, el 
que unos ciudadanos, al enagenarse una negociación, sean 
traspasados por las personas que los han ocupado, cual si 
fuesen unos despreciables enseres de tienda?.. ¡ No mas ilo- 
tas, no mas esclavos, no mas degradación I.. 

cNo creemos, lo que vulgarmente se dice, que por la re- 
€ presión de ese odioso abuso, haya por lo pronta alguna 



544 1861 

a escasez de pan : en todas las panaderías francesas, los 
•f trabajadores son libres, y están bajo las mismas condi- 
« clones que los demás artesanos. ¿Porqué no ha de suce- 
cí der lo mismo con las demás casas?.. (1)» 

Lo que pedimos para los panaderos, lo pedimos tam- 
bién para los tocineros, para todos los que se hallan en 
igualdad de circunstancias. 

Añadiré que, desde la publicación de la Constitución, en 
5 de febrero de 1857, cada ciudadano 6 extranjero que 
fuese, adquirió, desde luego, la obligación de normar por 
ella sus actos y de observarla extrictamente. Los que, irre- 
verentes y sin fe , le dieron á esta Carta fundamental el 
simple valor de un juguete político, deben soportarlos per- 
juicios personales que les acarreó sus punible desprecio. 
Estos hombres, sin duda, reservan todas sus creencias y 
simpatías para los gobiernos de revolución, cuyas infamias 
acatan sumisos, porque halagan, por lo común, su ambi- 
ción insaciable de atesorar. 

Las obras materiales podrán ser derrumbadas por la ma- 
no de los hombres , y se perderá hasta el rastro de su exis- 
tencia ; pero las de la inteligencia son eternas, y fuera del 
alcance de un poder destructor. La Constitución de 57 
nunca murió , á pesar de sus largos sufrimientos ; y así 
como un hijo jamas debe desconocer la autoridad de un 
padre, sea cual fuere la duración de su enfermedad ; así 
también el ciudadano, de ninguna manera, debe desviarse 
de una Constitución que se dio el país , sean cuales fueren 
asimismo , los furiosos embates con que la quiere derribar 
un absolutismo impudente. 

Seria muy justo, pues, que los panaderos, habiendo he- 
cho mofa, por el espacio de tres años, de las obligaciones 

(1) ( Este párrafo fué agregado por los editores.) No todas las pauaderias 
francesas están en ese caso : la del Sr. Marquet, calle del Espíritu Santo, se 
encuentra precisamente en las mismas condiciones que las Meiicarias. 



PANABBRÍÁS. 545 

k que les ligaban los artículos 5 y 17 de la Constitución, 
perdiesen todo el dinero que , en esta aciaga época, han 
prestado k sus empleados, para remachar mejor las cade-- 
ñas con que los tenian oprimidos. 



PANADERÍAS. 

( 10 DE FEBRERO. ) 

Cuando en nuestro artículo anterior hemos dicho : iLos 
« fabricantes de pan, á nuestro modo de ver, deben des- 
« de luego adoptar un término medio , que les garantice 
( el reembolso de las cantidades que han adelantado á 
« sus obreros, con sobrada imprudencia, » hemos pre- 
tendido hablar únicamente del dinero que dichos obreros 
adeudaban hasta el 4 de febrero de 1857, víspera del 
dia en que se publicó nuestra radiante Constitución. Si 
esta, por escándalos fenomenales, fué suspendida en sus 
efectos, los panaderos (lo mismo que todos nosotros) , pre- 
viendo siempre sii triunfo, debieron, durante tres años, 
reembolsarse poco k poco y con mesura del dinero que 
tenian prestado á unas víctimas que, en contra de las leyes, 
tenian secuestradas de la vida social. 

Así es que, suponiendo á un oficial de panadería empe- 
ñado^ como le llaman, en 200 pesos, á la época del 5 de 
febrero de 1857, y siéndolo hoy en 300 pesos, los 100 que 
adeuda de mas, se le deben perdonar, y es muy justo que 
se le declare libre en el acto ; porque con desprecio de la 
Constitución, se le mantuvo preso al referido oficial hasta 
ahora, y se le seguió prestando, para que mas y mas, por 
causa de trabajo^ enagenara su libertad. 

Si se teme que estos oficiales, al acordarse de su duro y 
largo encarcelamiento, rehusen volver á las panaderías, 
(que ya no les adelantarán un centavo so pena de perderlo), 
le toca al Supremo Gobierno, defensor de los pobres, con- 

35 



846 Í^61 

cederles ciertas «exenciones, como la de prestar servicio 
alguno en el ejército, ó en la guardia nacional, que (siendo 
lo que mas temen) será suficiente para llamarlos otra vez 
y sin repugnancia á su trabajo acostumbrado. Una placa 
que llevarán en el pecho, con las iniciales O. D. P. (oficial 
de panadería) con un certificado de la persona que los em- 
plea, les servirá de resguardo. 

No hay cosa mas noble queiser el defensor deMos des- 
amparados; y volviendo á fundar el derecho que nos a^ste 
en abogar por ellos, en contra de sus opresores, repetiremos 
que desde la publicación de la Constitución an 5 de febre- 
ro de 1857, cada ciudadano ó extranjero que fuese, ad- 
quirió desde luego la obligación de normar por ella sus ac- 
tos y de observarla extrictamente. Los que irreverentes y 
sin fe, le dieron á esta Carta fundamental el pretendido 
valor de un juguete político, deben soportar sin queja los 
perjuicios personales que les acarreó su punible desprecio. 
Estos hombres, sin duda, reservan todas sus creencias y 
simpatías para los gobiernos de revolución, cuyas infamias 
acatan sumisos, porque halagan por lo común su ambición, 
insaciable de atesorar. 

Pero tengamos bien presente que las obras materiales 
podrán un dia ser derrumbadas por la mano de los hom- 
bres, y que se borrará hasta el rastro de su existencia; pero 
también tengamos por cierto que las de la inteligencia son 
eternas, y fuera del alcance de un poder destructor. La 
Constitución de 57 nunca murió, á pesar de sus largos su- 
frimientos, y así como un hijo jamas debe desconocer la 
autoridad de un padre, sea cual fuere la duración de su en- 
fermedad, así también el verdadero ciudadano, de ninguna 
manera debe desviarse de una Constitución que se dio á 
su país, sean cuales fueren, asimismo, los furiosos embates 
con que la quiere derribar un absolutismo impudente. 

Muy justo nos parece, pues, que los panaderos, habien- 



PANADEfiUS. 547 

do hecho mofa durante tres años de las obligaciones á que 
les ligaban los artículos 5 y 17 de la Constitución, pierdan 
todo el dinero que en esta aciaga época han prestado á sus 
empleados para remachar mejor las cadenas con que los 
tenian oprimidos. 

Si no se tomare en consideración la reforma que indica- 
mos, hablaremos hasta que se agote nuestro Unlero. No 
queremos promesas, queremos hechos. 



panaderías. 

( 19 DE FEBRERO. ) 

«En nuestro último artículo, del 10 del corriente, pro- 
metimos, al hablar de los presos en las panaderías, que pri- 
mero se nos secaría el tintero, que dejar de invocar con 
tenacidad una reforma^ que los derechos del hombre vio- 
!ados exigen imperiosamente. 

No obstante, la prensa calla, y el gobierno ni se mueve, 
ni se commueve. Las banderas coloradas con sus letras de 
leche, proclamando reformas^ ya están relegadas al salón 
de la Gran Sociedad ; y no hay quien se acuerde de lo que 
aclaman : fueron letras al aire , y como las palabras tam- 
bién se las llevó el viento. 

Por vía de castigo , quisiéramos que «e nos sentenciara 
durante un año, á comer, como los primeros hombres, el 
trigo -w substance (al granel), ó en atole. ] Dichosa época 
esta, es cierto, en que cada uno era su panadero! Que lo 
diga Abraham, el obediente Abraham, cuando entrando en 
su tienda de campaña, le dice á Sara, que era su mujer, ó 
su mas que menos (ya que también la hizo pasar por su 
hermana) : « amásame^ hija, tres medias de harina^ y cué- 
cemelas debajo de las cenizas. » Por ahí se ve que aquel su- 
miso patriarca, no andaba para comer pan, con tantos 
preámbulos como nosotros ; ni que en esta fecha se escla- 



548 1861 

vizaran á 40,000 infelices, para saborearse con un mal pan 
de birote. Con todo, este pan primitivo, sin duda parece 
que no era indigesto, ya que amasando, amasando Doña 
Sara, vivió el pico de 127 años. ¡Vaya una mujer inter- 
minable ! 

Esta costumbre de sentenciar á los hombres, por delitos 
leves, á que trabajaran en las panaderías, la hemos here- 
dado de los romanos nada menos, y creemos en verdad, que 
solo en esto nos les parecemos. Sé llamaban estos infelices 
entonces, pistares^ en francés mitrons. 

Ya que se trata de reformar los abusos que se cometen 
en las panaderías, esclavizando y traspasando á las gentes, 
no era malo que, dada una vez libertad á estas, se les pro- 
hibiese á los panaderos el que fuesen á la vez molineros. 
Esta medida se adoptó en tiempo de Luis XIII en Francia ; 
y motivos tuvieron para dictarla; porque al molinero que 
es al mismo tiempo panadero, cuando se le empieza & picar 
algún trigo , lo toma muchas veces por su cuenta á muy 
poco precio, y reduciéndolo á harina nos hace comer un 
pan verdaderamente animal^ es decir, compuesto de puro 
gorgojo. 

Allá por los años de 1825 ó 1827, nos acordamos que 
los panaderos de México, también marcaban con su nombre 
el pan que fabricaban. Los Arpide, Arroniz, Monteher- 
moso, Ortiz y otros así lo hacian ; y en esto se conformaban 
con las antiguas prescripciones de policía. En muchas par- 
tes de Europa, hoy, se pesa el pan que se vende, por ser el 
modo mas seguro de evitar cualquier fraude. 

Para no ser difusos, reasumiremos, pues, nuestro pen- 
samiento : (léase el Monitor del 7 y 10 del corriente,) 
queremos : 

1.* Que se pongan en libertad k los oficiales de las pana- 
derías, perdonándoseles todo lo que deben hasla ahora, 
porque el dinero que se les prestó desde el 5 de febrero 



PANADERÍAS. 549 

de 1 857, y?7ra que enagenaran su libertad^ y pactaran su 
des fierro de ¿a sociedad^ fué prestado contra la ley, y debe 
irremisiblemente perderse. Además, por el artículo 17 de 
la Constitución , nadie, por deuda , puede ser reducido á 
prisión. 

t."" Que se eximan de toda capitación, leva, conscripción, 
ó cualquiera gabela que en lo futuro pudiera revivirse, á 
los trabajadores en las panaderías, para que por este ali- 
ciento, nunca falten en las oficinas que los ocupan; llevando á 
la vez estos una placa con las iniciales O. D. P. (oficial de 
panadería) , que los pueda distinguir de los demás artesanos. 

3.* Que se prohiba á todo panadero el ser á la vez mo- 
linero. 

4.'' Que marque el panadero con su nombre el pan que 
fabrica. 

B."* Que se pese el pan que se vende, para que jamas 
sufra engaño el público. 

Es preciso, señores, que en las reformas^ encuentre 
ventajas el mero pueblo, que es el que derrama su sangre 
para conquistarlas, y no tan solo ciertos hombres, que en 
las revoluciones llevan una vida puramente contemplativa, 
aguardando nada mas la ocasión favorable de la pesca. — 
El Lincoln de los oficiales de panadería. » 



panaderías. 

( 4 DE MARZO. ) 

^ « Aprés de longs iourmens injustement souffertSy 

« ün esclave a raison quand il brise ses fers. » 

( Después de largos tormentos injustamente sufridosj 
Un esclavo tiene razón si rompe sus hierros. ) 

Atendiendo al noble pensamiento que encierran los 
dos versos que citamos, nada de estraño tendrá que los 
oficiales de panadería, intenten un dia sacudir el yugo, á 



D«a 1861 

que, como seres irracionales, los tienen uncidos los pana- 
deros. Con este son cuatro los reclamos que hemos publi- 
cado sobi*e la materia (leáse el Momi&r dei 7, tO y 19 
del mes de febrero próximo pasado); y nuestros gober- 
nantes que los han leído, se mantienen mas sordos que A 
fuesen cerrojos de c&rceL 

La Prensa de la capital, que sobre el particular guarda 
silencio, también cree que no tiene mas misron que la de 
poner ¿t sus lectores al tanto de las denuncias de casas he- 
chas en Yeracruz, por manzanas enteras, y por una misma 
pjarsona. Considera esta obra, sin duda, como la mas inte- 
resante de nuestra reconquistada libertad. Pues á nosotros 
y á nuestros clientes, muy poco nos importa saber que 
unos hcmibres ya ricos, se hayan vuelto mas ricos todavía. 

Mientras tanto se verifica este pleonasmo de riquezas; 
los pobres obreros que se abilan en las panaderías^ tres 
veces han denunciado su libertad. ¿Y povqué no se la haa 
aífpédiceuh?.... ¿Acaso será porque^ por ella, »o tienen 
que pagarles alcabala?. ... ¿No> vemos, á cada rato, ios 
editoriales de todos los periódicos^ en imas t&Ftims de á 
vara, clamar que la presente revoluckH» (no emao las aa- 
teriores) se hizo únicamente para mejorar la eondicioo 
del pueblo?.^.. ¿Y qué ha ganado este pueblo con su famo- 
sa ley de desamortización?..,. ¿Por ventura, ha conquis- 
tado para sí un solo palmo de tierra, ó el mas miserable 
abrigo en donde reposar su cabeza?.... 

Si en verdad, el proyecto- de ustedes, fué el de favorecer 
al pueblo; ¿porq^ué, desde luego, no convierten ustedes 
dos ó tres* conventos en grandes casas de vecindad 6pha^ 
lansíéres, en los cuales, el artesano sm trabajo y cargado 
de familia, pueda fi muy poco precio, encontrar una habí- 
tadoQ. sana y cómoda? ¿Porqué no dedican á \m hospital 
de inv4iídb8, cualquiera, de los hernaoses eooiventos de Saor 
Jbaquin, San Aagel 6 San Diego? ¿Nottitene, mas que na- 



PANADERÍAS. 5M 

tiie, el soldado mutilado en campaña, el derecho, que tam- 
bién se le adjudique un lugar amplio y bien ventilado, 
donde pueda, fuera de la miseria, acabar unos dias que 
consagró á la salvación de su país? ¿Cuál es esta ánsiá de 
abrir nuevas calles? ¿Será para dejarlas en el mismo estado 
que la del callejón de Dolores, para que allí nos asesinen 
más á menudo? Mejor era que atendieran á las que existen, 
y que como las de Cadena, Zuleta, el Arco y otras mil, 
no son mas que unos focos de fiebres pútridas que diezman 
k la población. México, no lo duden, dentro de poco, no 
podrá ser habitado. 

Pero, impulsadoe pojr tantas recriminacioAes á la vea» 
nos apartamos de la cuestión que esencialmente nos ocupaii 
que es b cesaeioni de la esclavilud^ para los oficiales de 
panadería. La Constitución de 57 [que hemos jwadó) , en 
sus artículos 5 y 17, garantiza la libertad á estas tristes 
víctimas, y la pedimos á su nombre. 

Hagan lo que aconsejamos en nuestros anteriores' temí?* 
tidoa, insertos en el Monitor del 7, 10 y 1» del pasadow 
Gozando los obreros d^ panaderías, de Uu^inmunidadea que 
para eiJos reclamamos, este oficio, se lo disputarán los po- 
bres mas hoDffados, y desaparecerá el infundado temor dfi 
que el pan, alguna vez, nos llegue á faltar^ 

Pof lo mísnifr que los oficiales de panadería no tienm 
Bi pueden tener quien los defienda, ya que viven io^omii!- 
ni«ado&; queremos, sin que nos conozcan, vol veriles la li- 
bertad. Esperamos conseguirlo (somos algo testarudos); 
f ^no> juramos que el rechino contínuo de nuestra plu- 
ma^ basta dentera les causará, & los qqe, por medio de 
bandefasengañ^sas, nos han prometido toda clase de refor- 
mas. 

El Abolidonista. » 



882 1861 

I NO M/VS ESCLAVOS EN LAS PANADERÍAS! 

( 46 DE MARZO. ) 

« Persévérance vient á bout 
Vi De quoi? de tout,» 
(Lafontaine.) 

(Perseverancia llega á cabo 
¿De qué? de todo.) 

Tenemos que felicitarnos por nuestra perseverancia, en 
haber, sin desalentarnos, reclamado « por el órgano del 
apreciable Monitor^ por la libertad de los pobres obreros 
de panadería. 

Hoy hemos resentido una satisfacción verdadera, al leer 
dans la spiriíuelle Estafette del dia 14 de este, que el Su- 
premo Gobierno acababa de nombrar una comisión, com- 
puesta de los recomendables ciudadanos licenciados Anto- 
nio Florentino Mercado, Sabino Flores y Joaquin Alcalde, 
encargada de visitar las panaderías, y de levantar un in- 
forme tocante á los abusos que en ellas se cometen. 

Descansamos en los sentimientos de humanidad que de- 
ben animar á una comisión, que nunca recibió cargo roas 
honroso.' Con la Constitución en la mano , los artículos 5 
y 17 de este Código fundamental, le servirán de norma 
para oponerse á que, en lo futuro, los hombres, por el cebo 
del dinero, pacten su destierro de la sociedad; ó sean por 
deudas^ retenidos en prisión por sus acreedores. Pierdan 
los panaderos (y es justicia) lo que adelantaron á sus obre- 
ros, desde el 5 de febrero de 1857, por haber (no rigién- 
dose por la Constitución) ofendido & la vez, las leyes, la 
razón y la naturaleza. 

El Abolicionista. 



553 



panaderías. 

( 20 DE ABRIL. ) 

« La prison, quoiqu'elle soit, est 
un affreux &éj<mr,íi 

(Una prisión^ cualquiera que sea^ 
es una mansión horrorosa.) 

Y esla.prision, en que unos hombres mantienen á otros, 
por su provecho particular, no ha cesado todavía, desdB 
que, en contra de ella, reclamamos por la prensa en 7, 
10, 19 de febrero y 4 de marzo próximo pasado (véanse 
los números del Monitor de aquellas fechas). 

Hemos llamado, varias veces, la atención de la autoridad, 
sobre el abuso de mantener, ante si y por sí, presos á los 
oficiales de panadería, cual si fuesen reos del nefando cri- 
men de lesa magestad, allá en el reino de marras; pero si 
es cierto que se ha nombrado una comisión, en marzo úl- 
timo, compuesta de los Sres. Lies. D. Antonio Florentino 
Mercado, Sabino Flores y Joaquin Alcalde; también lo es 
que, hasta la fecha, dicha comisión no ha dado ningún re- 
sultado, ni ha producido ninguno de aquellos cuadrados y 
trompeteados bandos, con que tan á menudo nos aturden 
el tímpano. Un célebre filósofo dijo en francés (sin duda 
porque lo era) : < Un chef apathique est moins utile qu'un 
« tas de buches. Celles ci servent á réchauflfer nos sens en- 
te gourdis ; au lieu que Tapathie du chef rend ceux quUl 
ff commande insensibles k la honte et au malheur. » (Un 
gefe apático es menos útil que un montón de leña. Esta 
sirve para avivar nuestros sentidos entorpecidos ; en lugar 
de que la apatía del gefe, vuelve á los que manda insensi- 
bles á la vergüenza y á la desgracia.) 

Muy lejos estamos de querer aplicar á la comisión, el 
triste sentido de esta citación ; pero no existe duda, en que 
la apatía de un gefe que dicta una providencia, se infiltra, 



^U 1861 

por justa posición y sin sentir, en las personas de que dis- 
pone para su ejecución. De ahí proviene que, sea por las 
ocupaciones particulares de la comisión (que es lo que 
creemos) , sea por un poco de morosidad de su parte ; los 
pobres presos en las panaderías (no por delitos leves), 
aguardan todavía, mas blancos que un panal, la hora de su 
libertad. 

La Gonstitudoa de 57, desde el 5 de febrero de aquel 
flfñOf dice en su art* 5.'' : « la ley no puede autorizar ningún 
f cükntrato que tenga por objeto la pérdida ó el irrevoca- 
cr ble sacrificio de la libertad del hombre, ya sea por causa 
« de trabajo, etc», etc. » También dice en su art 17 : 
« nadie puede ser preso por deudas de un carácter pura- 
« mente civil, etc«. etc.; » y el asunto es que los oficiales 
de panadería que se hallan en este preciso caso, siguen 
hasta ahora ainasando y dizque viviendo, como si na les 
adseanzara la Constitución que tanto dke, y que, para elloB 
nada dice; 

Si la Constitución, en lo que reza, no tiesie mas valor 
que el de un dicho- vdgar, no8< callaremos : y si no, ¡ay 
^dtm ptama^ para qué os quiero I 

Un oficial de panadería jubilado* 



^5 

¡PANADERÍAS, PANADERÍAS, PANADERÍAS 1 

( i.*' OB MAlfiO. }. 

ii Si ¡epeuple avjourd'hui, reniant ses idoles, 
« Sur vos coupables fronts brise les aureoles, 
« Bevmit le tribunal de ce juge irrité 
« Si vous paraissez tous, vous Vaoex mériti. » 
(NÉHÍsia^ La justicA du peupk.} 

(Si el puel)lo ho¡Y9 reneganda de sus Ídolos» 
Sobre vuestras culpables frentes rompe las aureoias. 
Ante el tribunal de este juez irritado 
Si corapareceb todos,. Id habéis merecido.) 

Este es el fin que ae Íes reserva á los corifeos de \as r»- 
voiucieiies que prometen y no éumplen. 

« Qué, ¿ no les tiembbL ei pulso, señores, cada yez' que, 
« por irrisión sin duda, fecháis : Dios, Libertad y Refor- 
i mal... (exclaman los oficiales de panadería) ¿Dónde 
f está para nosotros la Libertad... dónde la reforma?... 
f Desde el 7 de febrero de este glorioso año, estamos in- 
« vocando á esta mismB, libertad . ¿Y qué habéis hecho pa- 
c ra. votivérnosla?... ^ Ay 1 vuestras ovaciones no Las hemos 

• presenciado L . . . ¡ Sectiestrados de la sociedad , hasta 
f nuestras Busíiillas solo Negó el eco de vuestros gjritas db 
t^ Beformít^f, en* eco para nasoti:o& todo ha quedado L. y el 
« humo del fuego de la. LUertctd que pareda devorarle». 

• tarivialmeiite.se iíba tan sola i mezclar cod el que despi- 
« den las chimeneas de: uaestves hornos^ que son les so9qf¿' 
ff taux dñ natn'. tnfisr { lesi respiraderos de. Eu:testro m^* 
fierae).» 

¥a que noise me oye, es predso que deje hablar & bqib 
eUeiiAes t qais&i su to^ tendréi Enaa fuerza que la mia. Pre* 
taifiionesíde letrado nolasteager perofesryiente disci^o áñ 
Yoltaire, tanriMB rae aeoecdo der que este inmortal oiaefr* 
tio^supo vengar la memoria de Iw Calas^ de las infaimaa 



556 1861 

del fanatismo y de la tiranía, sin por esto pertenecer al foro. 
Ni un átomo soy siquiera de genio tan preclaro ; pero sí soy 
un átomo gafo de los de Descartes \je nCaccroche et je ne 
lache pas (me agarro y no suelto) ; lo que quiere decir, 
que si no me sueltan á mis presos, tampoco suelto yo la 
pluma. No hay mas dilema, c^est ma monomanie; es mi /o 
be or not to be. 

Yo no quiero que se me adjudiquen casas (no simpatizo), 
y mucho menos hoy, que de libre no nos ha quedado mas 
que el aire. Lo que pretendo, es que, á mis clientes se les 
adjudique lo que es suyo.., su libertad. 

Por vida de Baco, señores, déjense de festines en que 
brindáis por la Libertad. \ Ojalá y el pan que coméis (y 
que debia recordarles & mfs panaderos) , se les trasforme 
en abrojos, en vuestro insaciable esófago !., 

fiEommes quijcmssez devant Vhomme qui souffie^ 
, a Bous vos pas avinés, il peiit s'auvrir un gouffre. » 

( Hombres que gozáis ante el hombre que sufre, 

Bajo nuestros avinados pasos puede abrirse un abismo.) 

Espero con todo, que daréis tregua á vuestros banqueteis 
con los que no se apaga la única sed que yo tengo, que es 
de ver cumplirse los artículos 5 y 1 7 de nuestra Constitu- 
ción. Estos, me parece, se han redactado precisamente para 
las víctimas á quienes quiero libertar : cumplid con ellos. 

De qué sirve, díganmelo, que se haya nombrado k una 
comisión compuesta de una trinidad de licenciados para vi- 
sitar las panaderías, si desde hace mes y medio que se for- 
mó no se ha traslucido nada de sus trabajos, que han para- 
lizado, como es probable, las exigencias de su profesión. 

En mi opinión, la comisión debe componerse de todos 
los comensales á estos gueletons-Balthazar qae se han cele- 
brado. Tratándose de pan, ya que estos comen tanto, ellos 
son del ramo ; á menos de que no sean mas que des ma- 



panaderías. ^7 

chines mangeantes. Que traten la cuestión, si lo quieren, 
entre la poive et le fromage^ poco nos importa ; pero que 
la traten. No se embotarán con este trabajo, sus preciosas 
facultades digestivas ; y se lo facilitarán los números del 
Monitor del 7, 10, 19 de febrero; 4, Í6 de marzo, y 20 
de abril próximos pasados. Todos estos artículos son inti- 
tulados « Panaderías. » 

Materia tan blanca^ no la debiera de tratar un rojo : ahí 
entra lo de los contrastes. 

No me obliguen á otro comunicado, ó me apelmazo. 

Dios, Libertad y Reforma. 

Un ex-pambasero. 



panaderías (y van ocoo). 

( 7 DE MAYO. ) 

« Du tem'ps qui volé employons les moments.i» 
(J. B. Rousseau.) 

( Del tiempo que Tucla empleemos los momentos.) 

Esta recomendación de nuestro sublime Rousseau, es la 
que me hace aguijonear el celo de los Sres. Lies. D. Anto- 
nio Florentino Mercado, Sabino Flores y Joaquín Alcalde, 
para que, sin desperdiciar un solo dia, cumplan con la co- 
misión que en marzo próximo pasado les confiara el go- 
bierno. 

Renunciando hoy el anónimo, me apresuro en contestar 
al remitido intitulado « Panaderías, » inserto por el apre- 
dable Sr. Lie. Mercado, en el 31onitorde\i del corriente, 
por el cual veo que no han dependido de él las demoras de 
que me quejo, tocante á la visita que debiera de haberse 
practicado ya en las abrasadoras panaderías. 

A la vez, siento sobremanera que unos cuidados do- 
mésticos por parte del Sr. Lie. D. Sabino Flores, sean los 



m 1861 

que^ hasta hora, hayan retardado ios trabajos de la comi- 
sión ; y celebraré infinito que hayan cesado tan tristes mo- 
tivos. Por Jo que toca al Sr. Lie D* Joaquín Alcalde, 
conozco su actividad y no puedo dudar de que la empleará 
toda en el apremiante asunto que se versa. 

Mis esfuerzos en el interés déla reforma, que el Sr. Lie. 
Mercado pudiera no haber llamado • declamaciones, > serán 
coronados por un feliz reeohado^ como lo espero ; y me 
acuerdo siempre de lo que dijo Moliere : 

« Le del par fois seconde un Jieureux téméraire, » 
( El cielo á veces secunda á un feliz temerario.) 

En cuanto á que, por rtiolesto, me tache la autoridad de 
imprudente, no ha de ser este reproche el que me desvele; 
no ocupo ningún puesto lucrativo de que esta me pudiera 
privar. Soy pobre, vivo á raíz del suelo ; y así : 

a Qui jacBt in tena, non habet undé cadat, » 

( Quien en ia tierxa se acuesta^ no tiene donde caer.) 

Por estas razones y otras muchas que pudiera emitir 
hasta en griego ; á nadie le tengo recelo, y mucho menos 
en una cuestión de pura humanidad. Con todo, los momentos 
urgen, y lo que cuentan de una panadería, donde un pobre 
muchacho (sin ser salamandra) fué sometido á la lumbre, 
será motivo más que suficiente para que á la mayor bre- 
vedad procree otro comunicado, si no se toman ardientes 
providencias cohire la bruzare ei lesclavage. 

Entre tanto, señores licenciados, me repito de ustedes, y 
muy principalmente del Sr. D. Antonio Mercado, su afec- 
tísimo y S. S. Q. S. M. B. 

Ernesto Massoiv. 



PANAMSRÍAS. (^^ 

PANADERÍAS Y MAS PANADERÍAS. 

(con este van nueve. ) 

( 22 DE MAYO. ) 

« Bien n*e$i longtemps extreme, 

a L'arc qu'on ttent trcip iendu se brise de lui méme ; 
<t Quand á ceríains excés l'eMlavage e$t monté, 
« Lesclüvage, tyram I touehe á la Liberté. » 

(Lemierre^ tragéd. de^GuUl. TelL) 

( Nada es largo tiempo extremo, 

El arco que se mantiene demasiado tendido se rompe solo; 
Cuando á ciertos esresos la esclavitud ha subido. 
La esclavitud ¡tiranos! 4oca á la libertad.) 

Esto clamaba uno de nuestros autores tr&gicos que no 
tenia voz de talón. Souvent de petites canses engendrent 
de grands effets (muchas veces unas causas insignificantes 
engendran grandes efectos); y en Francia, en 1830, los 
que empezaron la revolución (los oficiales de imprenta) , se 
lanzaron á ella con gorros de papel. ¿ Quién quita que en 
México, desesperados los obreros de panadería y peina- 
dos de polvo (& la Pompadour), no vengan un dia también 
por ¡guales medios á reconquistar su libertad ? 

No diré como cierto chistoso de mala ley, que si la len- 
gua de la mujer nos da una idea del mmrimiento pei^petuo ; 
una comisión nos ofrece la del dolce fmmiente sempiterno. 
Esta última comparación nos parecería mas que temeraria; 
y semejante calumnia la repulsarían los señores comisiona- 
nos de panadería, como lo hizo en un tiempo cierto cape- 
llán & quien le decia su obispo : 

« De vos signes de croixje ne.siUs plm la dupe, 
i< Disait certain évéque á son gros chapelain, 

i< Je sais que vous aimez ¡ajupe, 

aPour unprétrec'est fori vilatn. 



5«o 186» 

«( — Áh! Monseigneur ! quelle impostare ! 
« De tous les cotillonsje fais si peu d'étaty 

« Que je voudrais, je vous le jwre, 

tt Qu*aucvne femme n'en portat, » 

(De vuestros signos de cruz no soy juguete^ 
Decía cierto obispo á su capellán regordete. 

Yo sé que le gusta la enagua, 

Para un padre es cosa muy fea. 
— í Ah ! ¡ Monseñor ! ¡ qué impostura ! 
De todas las enaguas hago t-jn poco caso^ 

Que quisiera^ os lo juro. 

Que ninguna mujer las llevara.) 

Con todo, la comisión nombrada por el gobierno para vi- 
sitar las panaderías, más se tarda en darnos noticia de lo 
que en ellas observó que si le hubieran encargado medir 
un arco del meridiano. No quiero creer que haya pasado á 
un estado crónico la enfermedad del niño de uno de los se- 
ñores comisionados, que le impidió al padre asistir á los 
trabajos de la comisión, como nos lo hizo saber el Sr. Lie. 
Mercado, en su remitido inserto en el Monitor del 4 del 
presente ; pero, según la tardanza, tal me parece que ha 
sucedido. í 

Soy de opinión que no hay tantísimo que indagar para 
volverles la libertad á los oficiales de panadería, bajo cier- • 
tas condiciones como lo indiqué. Los demás abusos se corre- 
girán después; pero no veo la necesidad de complicar 
siempre una cuestión vital con otras mil de mera política. 
Yo reclamo para mis clientes la libertad que les garantiza el 
artículo 5. ''de la Constitución : ¿ y qué tiene que ver, pre- 
gunto, un asunto tan urgente, con los otros desmanes que 
podrán cometerse en las panaderías...? nada, absoluta- 
mente nada. 

¡ Vamos al asunto, Sr. Licenciado! [au fait^ avócate au 
faií!) como le gritaba un juez impaciente á un abogado 
parlanchín que empezaba un informe muy sencillo por : 



PANADEnÍAS T MAS PANADERÍAS. 56 1 

« Quandje vois le soletl, et quand je vois la lune ; 

« Quandje vois les César, quand je vois teur fortune ¡ etc. 

(Cuundo yo veo el sol y cuando veo la luna ; 

Cuando veo á los Césares^ cuando veo su fortuna ! etc. 



Aborrezco las divagaciones. Entre nosotros, todo se vuel- 
ve frases, comisión, dilaciones, etc., etc., y después... re- 
sultado no hay ninguno. Pretenden hacerlas cosas con tan- 
ta perfección y refinamiento, que quisieran, en sus provi- 
dencias, abrazar el presente, el futuro y todos los tiempos 
del verbo si se pudiera. ¡ Esto es interminable ! 

Déjese la comisión hasta de preámbulos al entrar en una 
panadería. Nada de estas palabras banales y de fastidiosa 
usanza, como : « Señor panadero, quisiéramos que nos hi- 
€ ciera usted el favor (si esto no le incomoda, si no le mo- 
c lesta, ó le distrae de sus ocupaciones, etc.), de tener la 
t bondad de manifestarnos, etc., etc., etc.. Dura Ventrée 
« en scéne, un cuarto de hora largo. » 

¡ Con mil de á caballo, seamos un poco 93 siquiera en 
las palabras I... Yo diría :« ¡A ver, ciudadano panadero, 
c manifiéstanos luego tu libro de entradas y salidas de pa- 
« naderos, donde tienes la costumbre de écrouer k los hom- 
c bres libres. Ya sabes que la Constitución, en su art. 5"", 
t no te permite que el hombre pacte contigo su destierro 
I de la sociedad ! Pues ¿ cuánto les has prestado á tus 
c oficiales desde el 5 de febrero de 1857 hasta la fecha? 
« Sea lo que fuere, ya lo sabes, lo. vas á perder, para que 
< te enseñes á creer, tanto en la Carta fundamental como 
c en el Dios que ofendes, manteniendo presa á su criatura. 
« Lo que cada uno de tus panaderos te resta deber, dedu- 
c cido lo que tú prestaste desde el radiante dia 5 de febrero 
« de 57, te lo pagará este con una cuarta parte que le re- 
ír tendrás de lo que gana diario. Liquídame esta cuenta 
« (] no sea la del gran capitán!) ; yo te la firmaré; y vol- 

36 



562 18«1 

« veré á decirte lo que tengo dispuesto para que nunca te 
c falten oficiales. En cuanto á que no des el peso de pan 
< que anuncias en tu retablo, si te cojo inCraganti, te 
c mando al grillete, porque asesinas de hambre al pueblo. 
• Adiós, ciudadano panadero : cuídate, que yo te cuidaré, i 

Consúltese para las providencias que se pueden adoptar, 
& mí remitido inserto en el Monitor del 19 de febrero 
próximo pasado, y breve mis oficiales de panadería viviráa 
en el recinto de sus familias como los demás artesanos. 

Excito de nuevo el celo de los Sres. comisionados Lic& 
D. Antonio Florentino Mercado, Sabino Flores y Joaquis 
Alcalde, para que precipiten sus trabajos como yo mis co- 
municados. Tengo un empeño decidido en hacer una obra 
buena, destruyendo en mi país adoptivo unaesclavitud ver- 
gonzosa. Sesenta veranos ya pesan sobre mí ; y quiero que 
mi último abril próximo venidero, sea coronado con las 
flores del tiempo, que en mi vci^xm^VLmb-entresolada^ ven- 
drán á deponerlos que habrá vuelto & la vida social 

Ernesto Massou. 



PANADERÍAS. 

( 24 DE MATO. ) 

« Domine exaudí vacem mecan. » 

Pero creo que me voy de bruces , al invocar al Señor; 
porque dicen malas lenguas que allá en el cielo se nos tiene 
cierta ojeriza & nosotros los liberales, por eso del articulo 1 23 
de nuestra CcHistitucion. ¡Qué hemos de hacer I.. « Me eri- 
giré entonces k nuestros Paires conscripUy que de su cerd)ro 
han engendrado nuestra Carta fundamental, como alias Jú- 
piter & Minerva, que entre paréntesis, le ocasionaba á sa 
padre, según cuentan , grandes dolores de cabeza, cuando 
se'hallaba el sensorium de este en estado interesante. 



PANáBBRÍAS. 863 

Desde el 7 de febrero próximo pasado me he puesto 
ronco por librar de la esclavitud á los oficiales de panade- 
ría, y hasta la fecha no he conseguido mas que la forma* 
cion de una comisión que se encargara de visitar las pana- 
derías, tomando nota de los abusos que en ellas se cometen. 
Pero, desgraciadamente, los tres señores licenciados que 
la componen, poco tiempo han tenido libre para poderla 
desempeñar : y desde marzo último sus trabajos han sido 
lentos y sin resultado. 

Relatar á los señores diputados cuanto dije en los Moni- 
tores del 7, 10 y 16 de febrero, 4 y 16 de marzo, 20 de 
abril y 1.", 7 y 22 del presente, seria asunto muy cansado : 
me parece que de la simple lectura de los números del 7 
y 10 de febrero próximo pasado del Monitor y brotarán 
parala Cámara todas las ideas de reforma que pueden adop- 
tarse para que , al comer el panem nostrum quotidiamim , 
no se nos amargue este con el recuerdo de que los que nos 
lo fabrican, son tan esclavos como pueden serlo los de cual- 
quier ingenio de azúcar en la Habana. 

Mis reclamos por la prensa, son intitulados todos : ^Pa- 
naderías; » y á lo que les falta en la parte lógica, breve 
suplirá la Cámara, por la costumbre que tienen muchos de 
sus miembros de tratar cuestiones de mas grave peso. A su 
decisión me remito, y aguardo como mis clientes el fallo 
deseado, que no se demorará en pronunciar el Cuerpo de- 
liberante. 

Ernesto Masson. 



m 1861 

PANADERÍAS. 

UNDlfCIHO REMITIDO. 

( 19 DE JUNIO. ) 

« L'áge me dit taut bas d'aller vite en affaire. p 
, (Comed, de Lintrigant par kasard.j 

{ La edad me dice al oido, de apurar el asunto.) 

JTai fait mon affaire de (como dicen en francés) ; ó he 
hecho asunto mió (en español), reconquistar á punta de pluma 
(no de lanza que, por cómoda^ es arma permitida) , la li- 
bertad de los oficiales de panadería ; pero ¡ ay de mí ! creo 
que primero se me caerán las canas (no los dientes, porque 
ya no los hay), que ver cumplidos mis deseos. Pasados van 
ya 4 meses (desde el 7 de febrero próximo pasado,) olvida- 
dos están 10 comunicados que publiqué ; y claramente veo 
que, ni con un tomo que escriba, conseguir podré de este 
limaza-mundo de gobernantes, la cesación del mayor es- 
cándalo, de que (si se prolonga) pueda ruborizarse la pa- 
labra Libertad, que tanto decantamos. 

¡Qué bien se acomodan los que nos gobiernan, y quizá 
los de la Comisión, con lo que, en un tiempo, dijo nuestro 
satirice Boileau! 

« Travaillez á loisir, quelqu'ordre qui vous presse, 
^ Etne vous piquez pos d'une folie vitesse. » 

(Trabajen ustedes despacio, sea cual fuere la orden que les apure , 
Y no se jacten ustedes de una loca celeridad.) 

Según y con la cachaza que obramos, se nos tendrá, sin 
disputa, por el pueblo mas cuerdo del mundo. Más que el 
antiguo Fabio mereceremos el nombre de cunctator; pero 
con todo y este gran renombre, debemos confesar, noso- 
tros los reformadores, que breve también y á esté paso, 
tendremos la suerte (dicho entre nos y faniilíarmente) de 



panaderías. 565 

reunimos al roas venerando de todos ios padres. «• a) padre 
Padilla. 

Esta apatía torWgona^ que es genial en muchos de nues- 
tros gobernantes; no es, á mi ver, más que el funesto re- 
sultado del egoísmo refinado^ con que, alias, nos dotara 
una educación frailera. Más seca el corazón del hombre, 
el egoísmo^ que la arena, las tierras sobradamente jugosas : 
y esta sequedad de alma, es tanto mas notable en ciertas 
personas, cuanto que es mas alto el puesto que ocupan. Por 
esto, voy tan de acuerdo con lo que dijo uno de nuestros 
filósofos mas humanitarios : 

€ Un grand {también los hay en las Bepúblicas)^ est 
c egoTste par état comme par habítude. II faut un effort 
c presque surnaturel pour le rendre comp&tissant aux maux 
c d'autrui. La raison en est simple : quand mon voisin 
« souíTre, je le plains, parce que je me mets k sa place ; un 
I grand ne plaint personne, parce quMl n'imagine pas étre 
c jamáis k une autre place que la sienne. » 

{Un grande es egoísta por estado como por costumbre : 
solo un esfuerzo casi sobrenatural, puede volverle compa- 
sivo hacia los males ágenos. La razón es muy sencilla : 
cuando mi vecino sufre, le tengo lástima, porque me pongo 
en su lugar ; un grande de nadie se conduele^ porque nunca 
se figura que pueda encontrarse en otro puesto que no sea 
el que ocupa.) 

Pero, señores grandes Republicanos : los llamaré Brutos^ 
Mudos Sccevola^ Cocles^ etc., etc., etc., siempre que en- 
tren en el espíritu de la reforma, y sepan sacrificarse por 
ella; pero si alucinados por sus puestos, no se ocupan en 
mejorar la condición del pueblo, dejen los cargos que se 
les confiaron , á otros que mejor los sepan desempeñar. 
Acabáronse las canongías, que no criaban mas que obesi- 
dades; pero, si nos sofocaban las clericales, mucho mas 
nos repugnan las civiles, aunque sean mentales. No es 



asunto de panzudos una revelación : en la gordura, como 
en la apatía, se embota el sistema nervioso; fibra se nece^ 
sita para corregir abusos, y no caras y carnes de Serafin. 

Uno de los mas apreciables señores licenciados que com- 
ponían la comisión, el Sr. D. Sabino Flores, ya voló hada 
oü'as regiones, en busca del bienestar que no encontramos 
Bxpú : que descanse en paz. Reempl&cenle, sin tardanza, 
con otro ; ó si no poco á poco nos iremos desapareciendo 
todos, sin haber conseguido poner en libertad k nuestros 
€$ciaw^blancog. 

Hé aquí el índice de mi principio de obra, sobre los oñ- 
daies de panadería : consulten estas indicaciones; no por 
vida del comité de salutpublic, que al nacer, a fait leplm- 
ffeon (se sumió); pero, por vida de tantos infelices que en- 
tre nosotros gimen en la antesala dd infíermo : ea un ver- 
dKdero purgatorio. 

Monitor ñepuóitooHO de este ano. 

Núms. dd 7 de Febrero — Panaderías. 
9 del 10 de idem — ^Panaderías. 
» del 1 9 de idem — Panaderías. 
> del 4 de Marzo — ^Panaderías, 
» del 16 de Marzo — ¡No mas esclavos en las pa- 
naderías! 
» del 20 de Abril — Panaderías. 
■ del 7 de Mayo— Panaderías 

Y van ocho con la contestación del Sr. Lie. D. Antonio 
Mercado del 4 de Mayo. 

» del 22 de Mayo— Panaderías y mas panaderías. 
» del 24 de Mayo — ^Panaderías» 

Se me emürota él entendimiento oon baUar tani» de 
panaderías; y si me obligan & seguir escrü>iendo segare 
me trasformaré en tnkana^ — E. M. 



5«7 

PANADERÍAS. 

( ¡ GOHPLETARJÉMOS LA DOGBNA I) 

( 30 DE JULIO. ) 

« Errare humanum esi, n 

Cual mísero mortal confesaré que me equivoqué. J'avaif 
pris gapaur de Fargeyít comptant (había tomado eso por 
dinero al contado) como dicen en francés, cuando entra 
triunfante á esta adolorida capital el ejército de los libres, 
con mas banderas que almendras tiene im candil. En mi 
crédalo entusiasmo, empuñé la primera pluma que se me 
presentó; y en febrero próximo pasado empecé á clamar 
en todos los tonos de la gama periodística, por la emanci- 
pación de los infelices panaderos. 

Por desgracia, no era cosa de sustancia para la prensa lo 
que pregonaba, la cesación de una esclavitud vergonzosa. 
Hubiera hablado de adjudicaciones, denuncias de casas, ó 
de la curée que se hacia en México por calles y manzanas, 
¡oh! entonces sí hubiera tenido mas eco mi voz que las cien 
mil trompetas de la fama; de abi resultó que nadie de los 
Sres, Movimiento^ Constitucional^ Heraldo, Orquesta, Re- 
forma, etc., etc., etc., abrió siquiera la boca en apoyo de 
una idea en que no se interesaba \d^ pingüefacture (engorda) 
de las bolsas. 

El gobierno al fin no pudo resistir 6 mi solo prolongado, 
y nombró una comisión compuesta de los Sres. licenciados 
Ulereado, Flores y Alcalde, para que pasara revista á todas 
las panaderís» de México, tomando nota de cuantas atro- 
cidades allí observara. Desde luego concebí esperanzas para 
mis clientes, y di gracias al Supremo Gobierno; pero según 
parece, on a remis Taffaire aux calendes de mars (se ha 
iranírferido el asui^o para la próxima pascua) , porque ni 



568 1861 

quién se acuerda ya de una reforma que no puede ser mas 
trivial, ya que es puramente humanitaria... ¡fuchá! 

Antier, y por mera casualidad, un amigo mió que tam- 
bién se interesa por la desgraciada suerte de los panade- 
ros, me dio noticia de que en el Siglo XIX del 16 de este, 
habia salido un artículo intitulado* Curiosidad, » al cual 
habia contestado victoriosamente el Sr. Lie. D. Florentino 
Mercado, en el propio periódico^ de 25 del corriente. Leí 
con ansia ambos remitidos, creyendo ver en ellos, para 
mis panaderos , el cielo abierto. •• pero ni el entresuelo ó 
entre-cielo!..... 

Según preveo, la comisión, ya incompleta por el triste 
fallecimiento del Sr. Lie. D. Sabino Flores, nada hizo, y 
quizá nada hará. 

El Sr. Lie. D. Florentino Mercado, en un remitido que 
dio á luz en el Monitor del 4 de mayo próximo pasado» 
dijo, hablando del Sr. Lie. D. Joaquin Alcalde, lo si- 
guiente : 

c En igual caso hállase el muy recomendable joven D. 
< Joaquin Alcalde; que hasta ha prescindido mas de una vez 
€ de hacer la primer comida por desempeñar la comisioD 
c que le encomendó el Supremo Gobierno. > 

Hoy, el mismo Sr. Lie. D. Florentino Mercado, en el 
Siglo XIX del 25 de este, dice : 

« No fué lo mismo respecto del Sr. Alcalde, cuyas aten- 
« ciones forenses hasta hoy lo obligan á que esté sin con- 
« cluir un trabajo de que pende la corrección de abusos 
c que se cometen en los establecimientos de panadería, no 
t solo contra la condición de hombres libres, sino lo que 
« es mas, contra la moralidad y la humanidad. » 

Conociendo yo la actividad del Sr. Lie. D. Joaquín Al- 
calde, me alegré muchísimo hace dos meses y medio, de 
que, según el primer aviso del Sr. Mercado , prescindiera 
dicho Sr. hasta de la primer comida , por cumplir con su 



panadbbías. :>69 

comisión; pero hoy, refiriéndome al segundo aviso, temo 
mucho que hasta su última y también se prolongue el ne- 
gocio de los panaderos, por sus ocupaciones forenses. 

Por lo tanto, hablando de reforma, diremos (por lo asom- 
brosa que es aqui) sin agravio de los mochos : « Non fecü 
taliter^ etc. , etc. » 

Concluiremos exclamando : ¡Libertad y reforma, ten- 
gan ustedes á mis panaderos en su santa guarda*. • amen I 

Ernesto Masson. 



panaderías. 

(ya van trbcb.) 

( i3 DE AGOSTO. ) 

« lili robur, et cbs triplex 
« Circa pectus craí, eíc, ele. » 
(HoBAT., Od. ni.) 

De una triple coraza (como dice Horacio) debió tam- 
bién de ser revestida el alma del primer panadero que, por 
acrecentar su peculio, tuvo la cruel idea de esclavizar á sus 
operarios. 

Aunque me horrorice al referir lo que pasa en las pana- 
derías, lo haré, ya que la comisión nombrada por el Supre- 
mo Gobierno, desde el mes de marzo próximo pasado no ha 
podido, en cuatro meses, ni darnos siquiera el mas leve 
aperfu de los escándalos que allí se notan. 

Aprovechando la ocasión, diré que si las reformas que 
aguardamos han de provenir del trabajo de ciertas comi- 
siones, llegaremos muy descansadamente al año de gracia 
de 65, sin que se hayan reformado mas que los sombreros 
y las crinolinas (¡malditas sean ellas I), dos cosas impor- 
tantísimas en verdad para nuestro bienestar social* 



570 tseí 

Apasionado, k la par que entusiasta por los prindpíos 
liberales, sentí latir de esperanza mi corazón étnte las pro* 
mesas inscritas un día en miles de banderas. Quise, coma 
todo ciudadano (no adjudicatario), contribuir en mi triste 
esfera á la reforma de un abuso degradante. Pero creo, 
¡ á fé mia I que (no hablando de denuncias) se me consi- 
deró como á un visionario ; ya que tan solo una persona^ 
en el Sigh XIX dt\ 15 de julio próximo pasado, manifes- 
tó interesarse como yo en la suerte de los pobres panade- 
ros, por cuya libertad abogué mas de catorce veces en el 
apreciable y digno Monitor Republicano. 

Por fortuna, no fácilmente me dejo desalentar ; y ya que 
nada dicen los señores licenciados á quienes encargó el Su- 
premo Gobierno la visita de las panaderías, yo, apropián- 
dome su comisión, la desempeñaré (que como síndico del 
pueblo, soy iB.mh\^vi procurador del común.) La autoridad 
superior obrará después, según le parezca, en un caso 
en que la humanidad está ultrajada, y la condición 
del hombre revalée (rebajada), hasta la de los ani- 
mfales que el hombre esclaviza (digo mal, domesticó). 
¡Quisiera que mi imaginación tardía me suministrara, para 
rencer en tan noble riña, los generosos arranques del Mí- 
rabeau de nuestra tribuna, del incisivo y aterrador AUa?- 
miranol.... Pero no tengo mas armas que nri desaliñada 
pluma.... ¡ojalá y de diamante fuera su punta para herir 
mejor el corazón ensorciecido efe nuestros gobernantes I.... 

En cuanto á mí, soy tenaz como todo buen anciano, y 
no hay que fíarse mucho en lo que nos cuenta cierto poeta 
latino : « lenit albescens capelkts ánimos » (el cabello que 
blanquea dulcifica los ánimos); conmigo es al revés; y bieo 
puede mi cabeza rivalizar en blancura con el mismo Chim- 
borazo, que no por eso se enfriará mi corazón : candeirte se 
pondrá al contrario, cada vez que se trate de mejorar la 
condición de esos desgraciados. 



PANADBBÍAS. 57t 

{Mientras tanta, señores, ccMisideren ustedes con cuáles 
ansias aguardar&n los infelices que defiendo, el resultado 
de mis estériles esfuerzos, si por casualidad y por encima 
de los muros de su cárcel, ha podido hasta sus oidos pene- 
trar el ruido de estos penosos debates !•••• Aquellos desam- 
parados, que una comisión (en parte) olvidadÍ2a de su 
deber hubiera podido élargir (libertar) hace meses, ha 
pensado en su egoismo, que era preferible desatender un 
encargo humanitario y sagrado, que prescindir, como nos 
lo dice el Sr. Lie. Mercado, de sus ocupaciones forenses. 
¿Y no es una de eUas acaso mas honrosa, aunque impro^ 
ductiva, la de proteger al desvalido, volviéndole la libertad 
de que impíamente se le frustró?. ••• Malkeur^ mille fm 
maiheur^ al pueblo desventurado que encuentra en los que 
son sus órganos para hacer triunfar la justicia, una seque- 
dad de alma, <}ue en la sociedad tan solo debe ser el dote 
obligado del impasible verdugo I.... 

Pero, ¿& qué nos conducen acerbas recriminaciones ?-^ 
mejor ser& que tracemos el cuadro lastimoso de los sufri- 
mientos de que son victimas los pobres operarios, cuya 
cansa hemos abrazado. 

En vi^ de él, el Supremo Gobierno nond>rar& una 
nueva comteion, rafas eficaz que la primera, sirviéndole & 
esta de guía mi narración. Muy breve entonces (y como 
en todas las panaderías francesas y modernas) desaparece^ 
r&n de entre nosotros aquellas infamantes estrañezas que 
nos legó, como recuerdo, el régimen colonial que nos esr 
forzamos en olvidar y corregir. 

AFOmS SOBRB PANAüfiHÍAS. 

L* Toda panadería es una c&rcel. 
2.'' Son presos en las panaderías d mayordomo^ el Aor- 
mro, los que fabrican el pan español y k» coleros, k» atofu- 



«72 1861 

dores ^ los cernidores y los muchachos. Se puede calcular que 
cada panadería ocupa 20 individuos, y que habiendo en 
México cosa de 50 fábricas de pan, asciende á 1 ,000 el nú- 
mero de presos que encierran todas ellas juntas. 

3."" El maestro que trabaja al sopa con sus operarios, gana 
un real ó un real y cuartilla por arroba de harina que 
amasa : el primero paga á los segundos con lo condición 
precisa de que el pan mal hecho ó que no le guste al por- 
tero ^ lo ha de pagar el maestro ó todos los operarios Juntos. 

4.*' Los que trabajan el pan español se hallan todavía en 
peor condición : pues si se consideran las innumerables he- 
churas de este y lo delicado que es la elaboración del pan 
de manteca; se convencerá uno fácilmente de que muchas 
tortas salen mal hechas, las que tienen que pagar estos in- 
felices. De ahí resulta que por las muchas pérdidas que su- 
fren en la venta del efecto, se recargan mas y mas todos 
los dias sus cuentas. 

5/ El /lornero, que debe cocer el todo, tiene que tomar 
por su cuenta no solamente el pan quemado ó falto de co- 
cimiento, pero también el pan al cual le sobre ó falte color; 
resultándole una gran pérdida, pues hay dia en que viene 
á trabajar de balde, y también con recargo de su atenta. 
Aunque el hornero sea el que gane mas, siempre es tam- 
bién el que debe mayor cantidad. Los coleros y los atajar 
dores j aunque ganen menos, sufren igualmente sus pérdi- 
das, pues el pan quebrado ó pegado queda de cuenta de 
ellos. El dueño de la panadería de esta manera suele salir 
con su propios oficiales y diariamente de 18 & 20 pesos de 
pan. 

O.'Los mayordomos no tienen pérdidas diarias; pero sí 
de cuando en cuando, por la falta ó exceso de sal que tenga 
una presa (totalidad de lo que quepa dos ó tres veces se- 
guidas en el horno), entonces el todo queda por su cuenta^ 
y lo manda vender en los barrios & las gentes pobres, que 



panaderías. 573 

por lo barato lo compran ; porque peor es para ellos si el 
portero se encarga de ello, pues pierden un real más en 
cada peso que se le abona á la vendedora, recogiendo el 
portero lo vendido, y cargándoles á sus cuentas las pér- 
didas. 

7/ En todas las panaderías se fabrican 3 presas de pan 
de birote^ i depaxí español y otro tanto depambazo. De ahí 
resulta que en las veinticuatro horas (dia y noche), hay 
páralos operarios de diez y siete á diez y ocho horas de tra- 
bajo. De suerte que, sea por las desveladas, por el mucho 
trabajo ó por estar siempre de pié, todos, por lo común, se 
enferman de medio cuerpo para abajo, y al cabo de cierto 
tiempo quedan inútiles por tener las piernas hinchadas y 
llenas de llagas. Pero no crean ustedes que las seis ó siete 
horas que tienen sean de un descanso seguido, pues si de 
ellas se quita el tiempo que pierden en ir á traer su comida 
á la puerta, en despachar los de sus casas, en comer etc., 
las horas que les dan son insuficientes para que medio pue- 
da descansar su cuerpo, más si se considera que este des- 
canso es interrumpido y en interyalo de una p^esa á otra. 

S."" Es cosa muy sabida que las desveladas continuas 
destruyen enteramente la salud, pero muchísimo m&s, si se 
atiende á que estas se consumen en un trabajo muy fuerte. 
Agregúese k esto que estas pobres gentes, comen muy 
mal, duermen peor» sin lugar á propósito para ello, y que 
ni del sol muchas veces pueden disfrutar por ser muy al- 
tas, en lo general, las paredes de las más panaderías. 

9. '^Cuando un operario sale & la calle, es únicamente 
porque se halla enfermo de gravedad, ó demasiado can- 
sado para seguir trabajando. Entonces, este debe dar fian- 
za por lo que debe; si no, de todos los demás compañeros, 
de tres á cuatro de ellos. Pero muchas veces sucede que el 
fiado no vuelve á parecer, y es cuando & prorata se les car^ 
ga en cuenta k los fiadores, la cantidad que adeudaba el 



1574 iSM 

fiado» Por eBte motivo, los ínfelioes operarios dtíben mas y 
mas cada día. 

1 0."" Es preciso estar al tanto de lo que pasa en las pana- 
derías para conocer todo el sistema arbitrario que existe en 
contra de los operarios, pues hay uno conocido bajo el 
nombre de faltas^ que consiste en que despaes de amasada, 
pesada y torteada una presa, el sabresaliente (1) apuntala 
cantidad que fué, y uno de los operarios, W^mwdo aguador^ 
debe entregar, cocida, á la tienda precisamente la misma 
cantidad que apuntó el sobresaliente; pero pocas veces sale 
bien, y no es raro que les falte por descuidos hasta mucho 
más de lo que han ganado en el dia, resultando que hayan 
trabajado de balde. 

H.* Por lo regular, si un operario, como es indispensa- 
ble, ha contraido alguna deuda en cualquiera panadería y 
que, disgustado por el trato que se le da en aquel estable- 
cimiento, proyecta pasar á otro, el susodicho operario 
manda con alguno de sus conocidos el libro en que consta 
la deuda que tiene contraida en la panadería en donde tra- 
baja, y encontrándose un dueño de panadería que lo nece- 
site, este, con el importe de la cuenta que debe el operario, 
y delante de él, le paga á su antiguo amo lo que este le 
adeudaba y se lo lleva & su casa. Esto se llama traspasar 
un panadero. De esta manera^ la persona que proyecta es- 
tablecer una nueva panadería, un mes ó dos antes se ocu- 
pa en comprar libros de todos los operarios que necesita 
para el establecimiento de su fábrica de pan. Ademas, ks 
suele prestar algún dinero ¿losoDciales que adquirió; y 
estos lío hacen mas que remachar ellos mismos las cadenas 
que los ligan para lo futuro. 

De esto se deduce que solo con la muerte puede llegar 
un operario k saldar su cuenta, cesando únicamente su es- 

(1) Dependiente velador^ para contar el pan en crudo y pesar la manteca. 



davitud cuando por el hado inevitable es llamado á mejor 
ó peor vida. 

12.'* Los oficiales de panadería, según se ha visto antes, 
ademas de vivir privados de libertad, también casi lo están 
de lo que mas alimenta al hombre. ... del sueño; y esta 
falta que no se puede compensar, los mantiene en un esta- 
do macilento, pálido y enjuto, que les da á todos un as- 
pecto verdaderamente cadavérico. El doctor Foucault, ha- 
blando de las pérdidas materiales que ocasiona el trabajo, 
dice : « JJéconomie resseni (Tautantplus le besoin de répa- 
ver ees pertes^ que Vexeráce ei les travaux corporels ont éíé 
plus prolongas et plus énervants. » [La economía resiente 
tanto mas la necesidad de reparar estas pérdidas mate- 
riales, cuanto que el ejercicio y los trabajos físicos han sido 
mas prolongados y mas debilitantes.] Convendremos, 
pues, que el mayor suplicio para los oficiales de panadería 
que trabajan tanto, es el de la privación del sueño, y 
cuando á este por momentos lo logran conciliar, nunca su 
duración interrumpida es suficiente para que puedan repa- 
rar sus fuerzas. No es, pues, estraño que muchas veces 
estos infelices se duerman amasando ó torteando^ y el sobre- 
saliente ó velador no tarda mucho en sacarlos de su sopor 
por medios algo enérgicos y con palabras no muy bien es- 
cogidas. 

IS."" Son pocos los oficiales de panadería que sean casa- 
dos, por la imposibilidad en que se ven de poder disfrutar 
de los goces de la familia. Los más de ellos viven aman- 
cebados. En algunas panaderías se les permite el que los 
vengan á acompañar sus mujeres, y entonces se les en- 
cierra en una pieza aparte para preservarlos de cualquiera 
riña que pudieran promoverles los otros célibes, cuyas 
pasiones, virtud al encierro, suelen llegar á su mayor ardi- 
miento. Por lo mismo no será estraño que esta exaspera- 
ción carnal los precipite muy á menudo en unos estravíos 



576 1 861 

eróticos que engendran pasiones insólitas, que pertenecen 
k las del transversa tuentibus hircis del poeta Cremo- 
nense. 

Por el cuadro no exagerado que tan solo nos hemos pro- 
puesto delinear, creemos haber llamado suficientemente la 
atención del Supremo Gobierno, para que haga cesar sin 
demora esta esclavitud de los panaderos, que nuestra 
Constitución combate. En las modernas panaderías france- 
sas, esta esclavitud no existe, y no nos podemos esplicar 
por qué en plena reforma se pueden tolerar unos- abusos y 
unos escándalos, de que por el honor del país debe rubori- 
zarse cualquier Hbei^al de buena fe^ que pide/>ro^rwo, y no 
palabras engañosas, huecas y gaseosas. 

Ernesto Masson. 

La Orquesta. — il de Agosto. 
EL SR. D. ERNESTO MASSON 

Publica su décimo tercio remitido acerca de las Panade- 
rías, y en él enumera el sinnúmero de penas é incomodi • 
dades que afligen á estos desgraciados : pero el gobierno 
ni por esas. Este el décimo tercio y llegará al vigésimo 
antes que se decida á hacer algo por esta parte desgracia- 
da del pueblo : como que no produce nada el cuento. En 
vista de esta imposibilidad de alivio para ellos, llegao^os á 
creer que son almas condenadas ya. 



577 

PANADERÍAS. 

(U DE SETIEMBRE.) 

« Fiant aures tvuB intendentes in vocera 
« deprecalionis meoe,» (Ps. 27, v. 2. ) 
( Presta ud oído atento á mi súplica.) 

Un escándalo será para muchos, el que un liberal (aun - 
que de buena fe) , sea tan audaz que invoque los textos sa- 
grados; pero me parece, que en una cuestión de humani- 
dad, cual es la libertad de los panaderos, los puedo usar 
como si fuera yo el mismo San Vicente de Paul. Estrecho 
será el pulpito de donde predico (la prensa) ; no importa, 
la reprensión no es para mí. 

De mil y mil maneras, y en todos los tonos de la voz hu- 
mana, he clamado y reclamado en contra de un abuso 
inaudito, sorprendente, monstruoso en una República ; y 
mis comunicados, si fuesen puestos en música, formarían 
un crescendo qus le haría honor al mismo Rossini. A pesar 
de mis armonías, bien lo veo, se ha osificado el tímpano de 
nuestros gobernantes ; y San Juan Bautista, aunque habló 
en desierto, tuvo mas éxito que yo en el siglo XIX. 

Nada he logrado hasta la fecha, ni lograré. Con todo, 
algún aliento suelo cobrar cada vez que concurro al Con- 
greso : allí hierven las ideas de garantías sociales, es un 
volcan la Cámara de sentimientos humanitarios ; pero este 
vesuvio no lanza su lava ni hasta la plaza de armas ; aun 
creo que no echa mas que humo. ¡ Cuan cierto es lo que 
dijo un poeta francés, paisano mió ! 

« De mille dépuiés Véloquence síérile 

« Ne fait de nos abus qu'tm détail inutile; 

c( Et de tant de conseils Veffet le plus cominun 

(1 Est de voir tous nos matur, sans en sottlager un. » 

( De miles de diputados la elocuencia estéril, 

No hace de nuestros abusos mas que un detal inútil ; 

Y de tantos consejos el mas común efecto 

Es de todos nuestros males^ no corregir ni uno.) 

37 



m 1861 

El gobierno, en mayo último, nombró una comisión com- 
puesta de tres licenciados, para que ante ellos, pasaran 
lisia las panaderías ; pero uno de ellos ya murió ; el otro 
sueña en una dictadura constitucional (como si tuviéramos 
aquí muchos Cincina4us) ; y el último, embebido en sus 
ocupaciones foremes^ no puede consagrarse á una cue^ion 
que no satisface mucho el auri sacra fames. 

Licenciados no faltan, me parece, en México; y una co- 
misión que tome nota de los abusos cometidos en las pana- 
derías, debe precisamente de componerse de ^^w/e^ ¿fe/ /&ro, 
para poder argüir con los dueños de panaderías, k quienes 
tampoco les faltan letras. 

Ya sé que á las hermanas de la caridad, mejor les in- 
cumbía una misión tan sagrada ; pero como se necesita te- 
ner lógica para defenderse de las sutilezas de los panaderos, 
no deben faltar en México licenciados de corazón, que se 
asocien al abogado de los pobres, en quien debe recaer un 
encargo tan honroso, como lo es, el de sistemar el trabajo 
de los oficiales de panaderías sin que estén encerrados de 
por vida. 

Doy las gracias á La Orquesta^ por haber hablado algo 
sobre panaderías, en su número del \ 7 de agosto próximo 
pasado; y le ruego no me abandone en esta cuestión de 
pura humanidad, que ha tenido tan poco eco en la prensa 
(por mal nombre) liberal. 

Ernesto Masson. 



LA OPINIÓN LIBERAL 
del {^ de setiembre reproduce mi arderior articulo y añade : 

• Llamamos la atracion de nuestros lectores y de las 
t autoridades, sobre el comunicado que hoy insertamos 
t del Sr. D. Ernesto Masson, porque en él se demuestra, 



PANADEfiÍAS. 579 

« según creemos, que tratándose de los infelices panade- 
f ros, todas las garantías políticas est&n borradas. Excitar 
c mos al Sr. Masson k que no desmaye en su humanitaria 
« empresa de dar libertad á estos esclavos de nuestras 
€ ciudades, y le ofrecemos al efecto nuestras columnas. » 



VOTO DE GRACIAS A LA «OPINIÓN LIBERAL.. 

Agradezco sinceramente á la Opinión Liberal el haber 
reproducido en su número del 1 6 de este mes, el décimo 
sesto de mis v^miWáossohvQ panaderías. No soy menos sen- 
sible á la oferta que me hace de sus columnas, para llegar 
á conseguir el objeto que me tengo propuesto ; el de mejo- 
rar la suerte de unos hombres segregados de la sociedad 
por costumbres infames y añejas. 

La reforma debe penetrar hasta los mas oscuros escon- 
dites buscando penas que aliviar : esta es su misión, y la 
sabrá llenar. Reconozcamos la verdad de lo que dijo en 
una época de tormenta, el mismo Saint Just, con su cara de 
ángel, pero de ángel esterminador : t Les malheureux sont 
« les pmsances de la terre. lis ont le droit de parler en 
« maítres aux gouvernements qni les négligent ! » (Los 
desgraciados son las potencias de la tierra. Tienen el dere- 
cho de hablar como amos á los gobiernos que no los atien- 
den!) 

Por estos infelices he tomado la voz ; y según estoy 
informado, uno de los asistentes al banquete dado en pala- 
cio el 16, brindó unísono conmigo, y sin que yo estuviera ; 
por la libertad de los panaderos ! 

A los mandatarios del pueblo les toca reglamentar el 
trabajo penoso de los oficiales de panadería , volviéndoles 
á la vida social. Uno de los señores miembros del soberano 



580 1861 

Congreso, que no me puede ser mas allegado, tiene en su 
poder cuanto se habló sobre panaderías; y las ideas de 
reforma que se vierten allí, dilucidadas por la Cámara, ha- 
rán ctsar, sin perjuicio de nadie ^ las desgracias que, con 
obstinación, me he empeñado en señalar. 

Si á nr.uchos, y con mano pródiga^ se les adjudicó casas 
sin cuento, al menos á los pobres panaderos adjudíqueseles 
un bien que es suyo.... su libertad !.,. 

Ernesto Masson. 



panaderías. 

(26 DE OCTUBRE,} 

¡QUÉ CANSADO ES EL CUENTO ! (mÉNOS PARA MÍ.) 

ftBxmidium facti, qui bene ccBpit, habet. i» 
(La mitad de la obra tiene hecha, el que llega á emprenderla.) 

Este dicho ¡atino, en nuestro privilegiado país, no tiene 
grande aplicación. Aquí, bien puede uno empezar cualquier 
cosa, con perseverancia, con algún tino, con justicia, y con 
la mayor buena fe del mundo ; que el autor de un proyec- 
to, después de muchos meses de lucha, como yo, qu6da 
tan adelantado y complacido como el primer día en que 
concibió una idea, por reformista que sea. Al instante, los 
interesados en combatir aquella mejora forman sus corri- 
llos, se juntan, charlan, chillan, echan tempestades, tocan 
alarma; y patrocinados por algún licenciado (los hay para 
todo), tratan con sus largos memoriales al gobierno, de 
retorcer los argumentos incontrovertibles de un hombre 
verdaderamente progresista, pero lego. 

Los dueños de panaderías, á pesar de sus clamores, de- 
ben, con todo, persuadirse, de que : 

c( Chacun vit pour son siécle, et dcü s'y conformer.v 

(Dbstocches.) 

(Cada uno vive con su siglo, y á él debe conformarse.) 



PANADERÍAS. 581 

« \ El mundo marchal » como dico Pelletan; y los pa- 
naderos, me parece, no lo han de parar. 

Muy justo es que el hombre, en la industria que ejerce 
se afane en alcanzar fama y dinero; pero tambií^n, no es 
menos natural, el que & su conciencia le repugne lograr es- 
tos fines, privando de libertad & sus semejantes. 

No les haré á los panaderos el poco favor de aplicarles 
lo que en un tiempo asentó Plinio : 

« Multi famam, conscientiam pauci verentur.yi 
( Muchos respetan la fama^ pocos la conciencia.) 

¿O se habrá, por acaso, transformado el corazón de los 
fabricantes de pan, en biroíe^ por un efecto del amasijo á 
que presiden á veces? 

¿Pretenden por ventura los panaderos imitar á nues- 
tros difuntos jesuitas, cuyo general Ricci, cuando se tra- 
taba de reformar los estatutos de la orden, exclamaba con 
esa audacia que les era genial á esos reverendísimos padres : 
« sint ut sunt^ aut non sint^ » (que sean como son 6 no 
sean.) Pues no, los panaderos ^^án; pero no serán como 
son : y quieran ó no, la Constitución para con ellos (ya que 
les tocó) deberá cumplirse religiosamente en toda la exten- 
sión de sus artículos 5.° y 1 ?• 

En muchas de las capitales de los Estados de la Repú- 
blica no son esclavos los oficiales de panadería : ¿y qué 
derecho tendrían los panaderos de México para declararse 
separatistas ? Pero á pesar de estas estrañas pretensiones, 
no tengan recelo mis clientes, ¡aquí está su Lincoln que no 
los abandonará I 

La Constitución de 57, en su art. 5.*^, dice : « la ley no 
« puede autorizar ningún contrato que tenga por objeto la 
• pérdida ó el irrevocable sacrificio de la libertad del hom- 
€ bre, ya sea POR CAUSA DE TRABAJO, de educación ó 
« de voto religioso. » 



582 i 861 

El panadero, al prestar dinero & uno de sus oficiales, 
celebra con él un contrato tácito, en el que se interesa la 
libertad del hombí^e^ ya que & este le detiene preso, hasta 
que se baya reembolsado (to que tarda á veces, 1 ó 15 
años). Este contrato, necesariamente, está tajchaio de nu- 
lidad ; es anti-constitucionai, aunque con su plena volun- 
tad lo baya consentido el oSoial con el pasadero. Muy 
bien puede el primero ignorar la Constitución, y las con- 
secuencias del contrato que formaliza; pero el segundo, no. 

La Constitución añade ademas, en el mismo art. 5.* : 
« tampoco puede autorizar convenios en que el hombre pacte 
« m proscripción ó DESTIERRO. » A sabiendas peca el 
panadero : el oficial por pura ignorancia. Este último, 
nunca pudo, con nadie, celebrar un contrato que la ley le 
profaibe, ó al cual se opone; y en el que (sin cüculo), 
pactó, precisamente, su DESTIERRO de la sodedadPOR 
CAUSA DE TRABAJA, sin poderse nunca figurar, cuál 
seria, para él, la prolongación de aquel secuestro ó DES- 
TIERRO. 

En su art. 17, reza también la Constitución que : « nadie 
€jmede ser preso por deudas de un carácíer puremerUe cí- 
< viL » ¿Cómo sueede, pues, que un panadero, por una 
deuda contraída con él, t/ de un carácter puramente ánHj 
se considera ccm el derecho de retener preso, yensH coaa^ 
ai que le pidió dinero prestado (aunqoe este haya oonseo- 
tido en su prisión)? ¿Puede, en ningún caso^ el acreedor, 
s^ el carcelero de su deudor? ¿no es este un abuso tfoiñ 
repugna al sentido común? 

Puede muy bien, que el ciudadano licenciadot, defeisor 
de los panaderos, esforzando su lógica, haya U^ado á per- 
snadirse, que los oficiales de panadería {^*pte no reda- 
man), est&n enagenados de gusto (é cuando menos, satis- 
fechos) al contemplarse esclavos. Tal convictíon, no la 
puede humanamente tener un señor letrado; y si 



paiudeaías. $as 

verdaderamente, cupiera en sn mente, preciso sería eonfe- 
Bar, desde luego, que él mismo habia nacido con vocación 
para monja. 

Lejos estoy de ignorar que los oficiales de panadería, nú 
reclaman en contra de su miserable estado. ¡ Qué cosa tan 
sorprendente!... Con nadie se comunican, si no es eon la 
eanasta en que les traen su comida; y muy pocos, sin duda, 
son los Ucenciados que en su encierro los visiten , para 
que estos infelices les puedan verbaknente enarrar sus 
cuitas. Tampoco diré que soy su abogado : (esta honrosa 
misión, y de oficio, la debian desempeñar los CC iieencia- 
dos Florentino Mercado y Joaquin Alcalde, nombrados 
comifiíonados por el gobierno para inspeccionar panado^ 
xías); lo que simplemente combato, es un abuso degra- 
dante para la humanidad y para nuestro siglo. Con m&s, 
añadiré, que cualquier licenciado (y mexicano) debe fra- 
casar al pai<rocinar la prolongación de la esclavitud para 
sus paisanos, aunque le elevara su talento hasta la altura 
á que llegó, siglos ha, el que tan á tiempo interpelara un 
dia al MARQUÉS de su época, al revoltoso D. L. Sergio 
Catilina. 

Existe también una consideración de interés general, en 
contra de una reclusión por deudas, hasta completo pago ; 
y es esta : que si se detuvieran presos k todos los que de- 
ben, ¡cu&n pocas gentes anduvieran hoy por la calle! 

Tengo agotadas, me parece, hasta el enfado, todas las 
razones que se puedan emitir, en contra de una encarcela- 
ción sin término, ya que esta, para los oficiales de panade- 
ría, se prolonga á medida de las creces de su deuda. Ya sé 
que sobran personas que afirmen que los oficiales de pana- 
dmrfa, son gentes malísimas ; y no lo estrañaria, si fuese 
cierto : es el inevitable resultado del encierro, en que las 
pasiones se agrian. Siglos ha, que nos lo han probado mina- 
res de VQceslos frailes, con su voto de castidad ft cuestas. 



m 1861 

Según todo lo dicho, es urgente volverles la libertad h 
los oficiales de panadería. La Constitución nos lo manda ; 
la humanidad lo reclama, lo mismo que la moral á quien 
se ultraja. 

Pero, al emprender una reforma, es preciso que esta se 
efectúe, con tino, sin atropellamiento ni perjuicio para 
nadie, y de una manera que afiance su duración. Me ha 
ocurrido un proyecto de ley que quizá podrá llenar el ob- 
jeto que debe proponerse el gobierno, al borrar de la so- 
ciedad' una mancha, que por recuerdo nos dejó el régimen 
colonial. Antes de publicarla, que se enmiende bien, que 
se corrija, qué se llamen á su formación á los panaderos 
de mas buena fé, en México, para consultarles tocante á las 
dificultades que se puedan pulsar, para remediarlas conve- 
nientemente. 

Publicado una vez el bando, que sea obedecido ; y que 
se acuerde la autoridad de la verdad que burinó el gran 
Voltaire : 

«... Tout pouvoir périt par l'indulgence, 
« Et la sévérité produit Vohéismnce, » 

( Todo poder perece por la indulgencia, 

Y la severidad produce la obediencia.) 

Los oficiales de panadería, como los mas hombres, de- 
ben ser agradecidos ; y recobrada que sea su libertad, se 
esforzarán en probarnos que la merecian. Ademas, debo 
suponer, como se dice vulgarmente, que no me querrán 
hacer quedar mal. 

En cuanto á la monomanía (si se quiere) , que se apoderó 
de mí; la de conseguir la libertad de unos clientes, á quie- 
nes no tengo el honor de conocer, creo que me la pueden 
perdonar. Es el único ensueño que haya tenido, en estos 
dias de arrebato para muchos, un viejo puro, sin trama 
de adjudicaciones ó denuncias. Concedida que míe sea la 



PANADEARÍAS. 58o 

gracia que solicito ; ¡ que el ángel radiante de la libertad 
les tenga á todos los que nos gobiernan en su merecida 
guarda I 

PROYECTO DE LEY. 

1 .*• Quedará abolida la esclavitud ó detención de los ofi- 
ciales de panaderías, dentro de un mes, contado desde la 
presente fecha. 

2.° A los ocho dias de publicado este bando, todos los 
dueños de panadería de México presentarán al gobierno la 
cuenta liquida y comprobada de lo que les deban sus ope* 
rarios. 

S."" Cada operario amortizará su deuda, abonándole al 
panadero, y diariamente, la cuarta parte del sueldo que le 
está asignado. 

4.'' El panadero repartirá prudentemente entre sus ope- 
rarios, los trabajos de las oficinas, de modo que los oficia- 
les tengan el descanso necesario para reparar sus fuerzas, 
agotadas las mas veces, por la falta de sueño. 

5."* De hoy en adelante, ningún panadero le prestará di- 
nero á sus oficiales; y si lo hiciere, ademas de perderlo, 
será multado en 25 pesos. 

6." Si después de puestos en libertad, los oficiales de 
panadería se presentaren á trabajar en estado de embria- 
guez, ó cometieren faltas ó descuidos, que comprometiesen 
ios intereses del panadero, serán castigados ejecutiva y gu- 
bernativamente, sin intervención de la justicia ordinaria, 
para evitarle al panadero gastos de ninguna clase, ó de- 
moras perjudiciales al buen servicio del público. 

T.** La pena que se les aplicará á los oficiales omisos 
será la de ocho dias hasta un mes de reclusión (por vía de 
castigo), en la misma panadería donde trabajan; esperan- 
zada la autoridad en que los dichos oficiales de panadería, 



m 4861 

después de recobrada su liberlad, no la querrán volver i 
perder, aunque no sea mas que por un tiempo limitado» 

8.° Para que los oficiales de panadería nunca falten & sos 
trabajos y sean remunerados por sus desveladas, nunca 
podrán ser cogidos de leva (en circunstancias apremiantes) 
ni para servir en el ejército ó en la guardia nacional. Tam- 
bién estarán exentos de toda contribución que se establez- 
ca, sea de la clase y denominación que fuere. 

9." Cada oficial de panadería, para ser reconocido, lle- 
vará cuándo saiga, en el cuello, una placa de cobre con 
las iniciales O. D. P» (oficial de panadería), que sobre m 
modelo dado por el gobierno, costeará cada panadero. De- 
berá ademas el oficial tener un papel con fecha del mes que 
corra, firmado por el panadero que lo ocupe. 

10. El ciudadano regidor comisionado de policía del 
Ayuntamiento de México, practicará, cuando lo juzgue con- 
venirte, é indistintamente, en las panaderías, una vista 
de ojos en que se cerciore del trato que reciben los ope- 
rarios ó anote las quejas de los panaderos que los em- 
plean. 

{Saho error á omisión.) 

Ernesto Masson. 



XJL HADiB CELESTWA cn SU número del 30 ée octudre 
del8U, dijox 

Mk. ERNESTO MASSON. 

• Sigue defendiendo á los panaderos. 
« Tiene razón, 

«No debe encerrárseles ni obligárseles k velar, cuando 
« tantos, tantos, merecen ir al potrero ó al estaWo. 



PANABfiRÍiS. 587 

« Nosotros somos también partídaríos de la emancipa* 
« cion de los panaderos. 

« Sin embargo, no somos tan perseverantes como el 
« Sr. Masson, que tiene que decir de sí mismo : 

« (¡Qué cansado es el cuento ! (menos para mí.) » 



panaderías. 

(ya son diez y siete. ) 

« Tout passe, tout lasse, tout casse, n 
(Todo pasa, todo cansa, todo se quiebra.) 

I Desgraciado de mí, ó desgraciados de mis panaderos, 
Á servilmente me suscribiera á la verdad cuestionable 
que encierra ese adagio vulgar!... Tampoco mis pobres 
clientes estarán muy de acuerdo con lo que nos asegura 
Chénier : 

iiUn bien qu'onn^aitend plus, facilement s'oublie,» 
(Un bien que ya no se aguarda, fádtmente se oWida.) 

Aquel verso, sin duda, se escribió para ciertas impacien- 
tes viudas, que saelen morder el freno á los tres meses de 
muerto el descostillado ; pero no para los panaderos á 
quienes defiendo. 

En cuanto á lo primero, convendré que todo pasa^ me- 
nos para mí la idea de ocasionar un bien : este pensamiento 
fijo Bo me cansa^ ni se me b jrra ; y mi fuerza de voluntad 
tampoco se^mieérsu Por lo que toca á mis oficiales de pa- 
nadería (aunque no esté en contacto con dios) , creeré que 
siempre vivirán en espera de los esfuerzos que haga por K- 
bertartes; no estando en nada ooaforraes con los asertos 
poéticos de Mr. Chénier, 



588 1861 

Negar no se puede que sea muy cierto lo que nos en- 
seña D. Persius Fiaccus : 

« Fugii horoy quod loquor itide est.i» 
(Huye la hora^ ¿lo que hablo dónde esta?) 

SÍ; pero, para que no me suceda lo que á Persius, hablaré 
siempre, hablaré tovjours; un comunicado correrá tras 
otro, como los caballitos de la Alameda, de Gonzaleñat/ 
Marquezeña memoria; de modo que nuestros gobernantes 
se encontrarán , á cada momento, y cara á cara , con lo 
que dije, ó con lo que digo. 

Muchos escritores famélicos, ya lo sé, al leer mis mee-' 
saiíles plaidoyers, se figurarán que, si bien con ellos podré 
dejar á mis clientes en libertad, también los dejaré arrui- 
nados por las costas de mis honorarios. Me parece que los 
oigo exclamar unísonos : 

« Quid non mortalia pectora cogis 

«f Auri sacra fames?» 

Error será y muy grave, por parte de ellos: el hambre 
ó la sed del oro no roe mi corazón ; y mis alegaciones les 
costarán á mis patrocinados, lo que valen..., nada. Soy 
abogado w fieriy ó abogado fiero, como quieran ; y jamas 
he pasado de síndico de pueblo, digno amparador de tro- 
tones tlachiqueros. 

El último remitido que di á luz en el Monitor del 26 de 
octubre, no ha producido, hasta ahora mas efecto, que los 
infinitos que publiqué desde el 7 de febrero del presente 
tempestuoso año. En él di un specimen de bando, que me 
pareció adecuado á las necesidades de los oficiales de pa- 
nadería y á las de sus dueños. Mandé un ejemplar al C. 
Ministro de Gobernación, á quien no tengo el honor de co- 
nocer ; y otro al C. gobernador que es amigo mió. Todo 



PANAI>BnÍAS. y^í) 

un mes aguardé que este delicado proceder, de mi parte, 
llamase la atención de ambos funcionarios; pero basta este 
día y hora, mis clientes, para consolarse, deberán conten- 
tarse con cantar, en unión del poeta Ghazet: 

« Ah ! s'il est vrai que l'espérancCy 
« Att sein des plus affreux tounnens, 
« Soit poxiT novs une jouissance, 
« Nous jQuissons depuis tongtems /» 

( ¡ Ah ! si es verdad que la esperanza^ 
En el seno de los tormentos mas crudos, 
Sea para nosotros un goce^ 
Largo rato ha que gozamos! ) 

En vano he invocado en favor de mis panaderos los ar- 
tículos 5 y 1 7 de la Constitución ; y cuento parece lo que 
en su artículo 2.'*reza nuestra carta fundamental : 

« En la República todoí< nacen libres (1). Los esclavos 
que pisen el terniorio nacional recohj^an por ese solo hecho 
la libertad (2), y tienen derecho á la protección de las 
leyes (3). » 

Justo es que para comer y para darnos nostrum panera 
quotidianum^ trabajen mis clientes ; c^est la loi de la nature 
(es la ley natural), pero deben trabajar en libertad, é ir íi 
descansar en sus casas cuando les toque su turno, al lado 
de sus familias, como los demás artesanos. 

Razones hay, y poderosas, para que mis panaderos, una 
vez en libertad, sean mas morales que otros, y es que toda 
la vida, con sus hornos incandescentes al frente, se puede 
decir que han practicado el infierno : cosa que les ha po- 
dido morigerar. 

(4) ¿ Cómo es que los oficíales de panaderfa trabajan esdavosi babíeudo na- 
cido libres ? 

(3) \ ¡Vfagnifico 1 ¿ Y por qué no se la dan á mis panaderos ; ó para ellos hay 
restricciones?... ¿no tienen dos Teces la cara blanca ? 

(3) No pido más de lo que se me ofreee. 



590 *8^^ 

Para no cansar á ustedes mas con mis relaciones ik 
horno cállenle^ diré : que si es cierto qué los oficiales de pa- 
nadería trabajan aquí en las oficinas francesas en plena li- 
bertad, como en las del humanitario Ortiz de Montellano, 
¿qué motivos hay para que en todas las panaderías de 
México no suceda otro tanto, á pesar de los espantajos que, 
ceceando, les ponen delante los mas fabricantes de pan? 

Y por último, si en medio del fuego se fabrica el pan ; 
también en medio de un fuego mas ardiente nació la Cons- 
titución. En ésta se acrisoló la libertad del hombre : habrá 
identidad de ardores, ¡ pero que la segunda abrase á lapa- 
nadería, si en ésta se forjan cadenas!... 

Ernesto Masson, 



PANADERÍAS (toüjoürs). 

« Ipse suos artus ¡acero divellere mcrm 
a Ccepit'y et infelix minuendo corpus alebatn 
(OviD., Metam., lib. YIU.) 

( El mismo empezó k despedazarse los miembros con los 
dientes; y el infeliz alimentaba sucoerpo disminuyéndolo.) 

Según nos cuenta la fábula, Eresichton, por haber ofen- 
dido á Céres, se vio atacado de rabia tan feroz, que él 
mismo, cual hiena, se devoraba las carnes. Los dioses de 
aquel tiempo, como se ve, no andaban con chicas, ni ne- 
cesitaban, como ahora, que unos monstruos, cuales son 
M***, Cagigas y otros, fueran (según nos lo quieren enja- 
retar), los instrumentos de sus innobles venganzas. Ellos, 
siquiera, no reculaban ante la responsabilidad de sus he- 
chos; y á lo chino, se pagaban con sus manos. 

Mis oficiales de panadería, son, á no dudarlo, subalternos 
de Céres ; y nada difícil será, que esta diosa irritada contra 
el señor gobernador, que no atiende á estos infelices, le 
sentencie también al mismo suplicio que al difunto Eresich- 



panaderías. 59t 

ton. Mucho lo sentiría, porque el Sr. Baz es amigo mió ; 
pero, como nosotros los liberales, somos, según cuentan , 
un poco paganos, ¿quién quita que Céres, al verme des- 
oido, no tome un dia cartas en un asunto, verdaderamente 
de pan-cocer? 

Dos meses ha, se me dijo, que se estaba imprimiendo un 
reglamento , que haría cesar el estado de esclavitud de mis 
poderdantes, á quienes, hasta ahora, no han alcanzado 
nuestras leyes de reforma; pero en esto de promesas, imi- 
tamos á los italianos : passato pencólo^ gabbato il santo. 

Tres cosas hay en el dia, que producen idénticos resul- 
tados : la carabina de un mentado Ambrosio^ mis comuni- 
cados j y la máquina de limpiar calles^ ó puramente de cer- 
nir. . . , con perdón de ustedes. 

De los tres licenciados, á quienes ya no quiero nombrar, 
y que el gobierno eligió para inspeccionar panaderías, uno 
de ellos se fué á pasear á los Campos Elíseos (R. I. P.) y 
los otros dos restantes, al chiquito Versalles sin duda; 
porque, desde el mes de marzo próximo pasado, ni razón 
hemos tenido de los trabajos que les fueron encomendados. 
Llenando yo sus veces , me sentencié al : sic vos non vobis 
del príncipe del Parnaso ; pero, tampoco el gobierno acogió 
mi panal ; y mis comunicados áj€t continuy de chorro con- 
tinuo, (pasan de 20) , ni mella han hecho en el corazón de 
pedernal de nuestros gobernantes. 

Mientras tanto, mis pobres panaderos, desde diez meses, 

están evpiando los primeros albores de la libertad; y á cada 

rato creen verlos penetrar hasta sus cárceles; el caso es 

que, según veo, les está reservado el mismo suplicio que 

á Tántalo : 

« Tibiy Tantale, nulloc 

« DeprediBñtuT aqaae; quaque imminet effugü ar6os.» 

(Por tí, Tántalo, ningún agua pu^de ser alcanzada ; se 
escapa el árbol íratal, cada vez que se te aproxima.) 



392 1861 

Aguardaba que los dueños de panaderías hubieran, por 
un innpulso espontáneo de humanidad, puéstose de acuerdo 
con el señor gobernador, para, en vista de las razones ale- 
gadas, cortar el hilo de tantas reclamaciones, y mejorar 
para lo futuro la suerte de sus empleados; mas les sucede 
en cuanto á guardar un silencio que les tiene cuenta, lo que 
á cierta monja de que nos habla Erasmo en su tratado de 
predicaciones ; lo dejaré hablar : « J'étais enfant, dit Erasme, 
' « lorsqu'un dominicain , que j'entendais précher, s'avisa de 
« réveiller l'attention de ses auditeurs par le trait suivant : 
« II y avait, dit-il, une religieuse qui prouvait assez par 
« Tenflure de son ventre qu'elle n' avait pas observé le voeu 
• de chasteté.Le chapitre fut assemblé k ce sujet.L'abbesse 
« lui fit une vive réprimande sur ce qu'elle avait deshonoré 
« une sainte maison. — Un jeune homme,plus fort que moi, 
« répondit la coupable , est venu dans ma cellule. J'ai ré- 
« si3té en vain , et si c'est un crime de violer, ce n'en est 
« pas un d'étre violée. — U fallait crier, dit Tabbesse. — Je 
« n'ai eu garde, ma mere : je sais que la regle défend de 
« rompre le silence dans le dortoir. » No traduzco al caste- 
llano este rasgo del respeto al silencio , porque aqúl todos 
entienden el francés. 

Pues, son mas silenciosos los panaderos todavía, que la 
precitada monja; y lo serán hasta la consumación de los si-' 
glos, si no se les corta el frenillo. 

Acabaré, invocando por la milésima vez, para mis clien- 
tes, los artículos 2, 5 y 17 de la Constitución, que no se 
redactó precisamente, ad majorem Dei glorianiy ni al gusto, 
según parece , del rey de bastos , D. Félix I , de feliz me- 
moria ; pero que sí servirá de amparo á los que la codicia 
del hombre sentenció á la esclavitud. 

Así que haya logrado, á fuerza de tinta, la emancipación 
de mis oñciales de panadería , no pierdo la esperanza de 
que, en la vidriera de Michaud, aparezca, un día, mi ar- 



PANADERÍAS. 593 

rugado rostro coronado con pan baso, entre los héroes de 
la reforma, que, unos mucho, otros nada, trabajaron, con 
interés particular, en su brillante triunfo. Dixi : hasta otro 
dia. 

Ernesto Masson. 



El Mexicano.— 1.V/?^o 1862. 

Dice este periódico : 

€ Panaderos. Llamamos la atención del Gobierno del 
distrito, hkcia esas víctimas de los dueños Españoles. Está 
vigente, además de la Constitución, el bando de 1 1 de di- 
ciembre de 1805, repetido en 1813 y en i 833, cuyo artí- 
culo 4.' dice : j Desde luego queda abolida la costumbre 
« de tener encerrados los sirvientes de estas oficinas, sea 
f cual fuere el motivo que se preteste, bajo la multa pre- 
« venida en el reglamento, etc. , etc. » 

Art*. 7.** «No podrán en lo sucesivo los dueños hacer 
préstamos á los sirvientes, en reales, efectos, ó de cualquiera 
otro modo, pena de perder lo que fuere ; y para que no 
aleguen ignorancia, se franqueará á cada panadero un ejem- 
plar del reglamento. » 

Art* 8". « Para que los dueños no pierdan la cantidades 
que actualmente tienen suplidas á los operarios, se les se- 
ñala el término de tres meses, contados desde el día 1." del 
próximo mes de enero, y diariamente del jornal se abo- 
nará la mitad; y cumplidos, deberán ponerse en libertad, 
con la calidad de ir desquitando lo que resten, con la de- 
ducción de la tercera parte del jornal, etc., etc. 

¿Porqué no ha tenido efecto esta prevención? Porque 
puede mas el duro que el desnudo, 

38 



50i 18S1 

PANADERÍAS. 

( \Yk TIENEN eco! ) 

« Le triomphe est la pJvs belle chose 
a du monde. Les Vive le Uoi, les chajycaux 
fen VaiT au bout des baionnettes , les 
« compltments du maitre ases guerriers, 
« la jote, la gloire, la tetidresse; maú U 
« plaricher de tout cela est du sang hu- 
« main, des lambeaux de ckair humaine.9 
{Let\ de D'Argenson á Voltaire.] 

( El triunfo es la cosa mas bella del 
mundo. Los Viva el re.y, los sombreros 
en el aire en la punta de las bayonetas, 
las felicitaciones del jefe á sus guerre- 
ros^ el gozo^ la gloria^ la espansion ; pero 
el piso de todo esto, es la sangre huna- 
na, unos girones de carne humana.) 

Si, de ffuerre las (cansado de la guerra) llego á triunrar; 
por cierto, que mi victoria no será de las que pinta D'Ar- 
genson á Voltaire. No habrá en ella las algazaras del 
triunfo de Jalaclaco; y cuando más, el terreno de la batalla, 
en lugar de enrojecido, blanqueará con la harina que, en 
su despecho, habrán esparcido los dueños de panaderías. Mi 
triunfo, por miles de motivos, tendrá la cara blanca; y la 
mia, la podré alzar sin recelo. Si bien es arrugada por 
67 veranos, tersa les parecerá á los infelices cuya libertad 
habré conquistado derramando. . . tinta. 

Los apreciables editores de El Mexicano^ en su número 
del 1.® de enero de este año, acuden á mi socorro, en la 
cuestión de Panaderías que con encarnizamiento he remo- 
vido desde el 7 de febrero del difunto 1861. Citan, sobre 
la materia, el bando, que es vigente, y se publicó en I i de 
diciembre de 1805, el cual se repitió en 1813 y 1833. 
Este es casi conforme con el proyecto de ley que á tientas 



formulé, en 26 de octubre del año pasado, en las columnas 
del Monitor. Con. todos aquellos datos á la vista, me per- 
suado de que el señor gobernador no demorará por más 
tiempo, la publicación del' reglamento que él mismo tuvo 
la bondad de prometerme. Sus enfermedades, hasta ahora, 
se k) habrán impedido; pero estoy convencido de que el 
hacer el bien lo pone á uno bueno, más que todas las pil- 
doras de MorrissQo,. HoUoway y otros empíricos del mismo 
jaez. 

Redoble, pues, m&. esfuerzos, mi compañero el Mexi- 
cano , y el Afonim* que reproduce su artículo Panaderías ; 
y triunfaremos, lo juro ; porque el señor gobernador olvi- 
dará sus males, y nos ayudará en una causa donde se inte- 
resa la santa libertad, que, en cuatro años no le ha dejado 
descansar. ¡ Vivan los panaderos libres I Muera la escla- 
vitud II!... 

Ernesto Massqn. 



596 «861 

TLAPIXQUERAS Y PANADERÍAS. 

GÁRCBLES DE OSO PRIVADO. 

« Maitre insolmi, tyran feroce, 
« Ennemi de Végálité, 
« Guidé par sa fureur atroce, 
a U outrage Vhumamté. i» 
(Abolüion de ¡^escUxvage, par H¿riveacx.) 

Amo insolente, tirano feroz ; 
Enemigo de la igualdad^ 
Guiado por su furor atroz ^ 
El ultraja la humanidad. 

Estx)s cuatro versos llenos de ira, sobresalían en el himno 
que solian entonar en Francia los flamantes republicanos 
de 93 ; y con ellos, ya que se ofrece, aturdiremos el tím- 
pano de los dueños de tlapixqueras y panaderías^ señores 
feudales de nuestra rarísima época. Al estruendo de estos 
cantares, quizá despertarán estos altos personajes, y se re- 
frenarán un algo, en el estraño modo que han adoptado de 
hacerse pagar de sus empleados, modo que, con mucha 
calma y sobrado desacato, parecen haber heredado, en 
PLENO SIGLO XIX, de los tiempos aciagos del conquistador 
Hernán Cortés. 

El periódico Siglo XIX^ del 13 de este mes, reproduce 
un artículo titulado « La Tlapixquera, » que se publicó en 
el Burro de D. Simplicio^ diario que ve la luz en Tlax- 
cala. 

Este remitido escrito con el corazón, al hablar de la 
tlapixquera^ donde, en las haciendas, se encierran ó 
apriscan á los jornaleros que deben, dice : t La carne se 
« estremece y la pluma cae de la manOj al trazar algunas 
c líneas sobre un criminal abuso, que la civilización, la hu- 
• manidad y las leyes^ hace tiempo tienen proscrito. » Al 



PANADERÍAS. 597 

autor del comunicado, y no sin razón, le parece que una 
tlapisguera^ es el perfecto símil de las cárceles de la Santa 
y tostadora Inquisición. La tlapixguera (añade) es el lugar 
mas inmundo de la hacienda^ el menos ventilado^ y el que 
les proporciona á los Jornaleros mayores tormentos ^ aftic-' 
dones y dolores. Nada importa al amo la muerte de un 
peón de año^ porque la deuda la tiene asegurada en los hi- 
jos de éste, que heredan la desgracia del padre» » Muy na- 
turalmente estraña el humanitario escritor, que con nues- 
tra Constitución de 57 en la mano, la autoridad, en virtud 
de los artículos 5/ y 1 7 de ella, no haya, tiempo ha, abierto 
de par en par estas mazmorras de la iniquidad de los hom« 
bres. Esto mismo me tiene pasmado á mí, cuando me 
acuerdo que hace un año (y mes por mes) estoy luchando 
por la libertad de los panaderos. No cabe, por cierto, en 
la mente, que abusos tan ominosos y crueles en contra de 
la condición humana, sigan su curso y sean tolerados por 
los que, á son de trompa, proclamaron la reforma. Más 
inaudito es todavía, que un señor licenciado, entusiasta al 
parecer, por la libertad, haya tenido últimamente en una 
cuestión donde esta se. versa, el arrojo de patrocinar, con 
su forense chacharería, á los dueños de panadería de Mé- 
xico. ¿Qué derecho tienen estos, le pregunto á este señor 
licenciado, de retener presos durante diez, quince ó veinte 
años á Ips oficiales que les deben algo?... ¿No son aquellos 
infelices su prochain?... ¿Cuál será el alto linage á que 
pertenezcan los ricos-homes panaderos?... 

Mejor deberían acordarse délo que nos enseña mi amigo 
Voltaire : 

«Cest du méme limón que ious <mt prís natssotice.» 
(Del mismo limo han nacido todos.) 

En cuanto á la ley que nos gobierna, tengan presente 
también los señores panaderos, que : 



508 18«1 

K La hi 4ans tout ÉM doU étre wmer$eUe, 

« Les martels quels quils soient sont égaux devant eüe.n 

( La ley en todo Estado debe ser universal , 

Los mortales, cualesquiera que sean, son iguales ante ella.) 

¿ Y de qué privilegio disfrutan los amos panaderos, para 
pretender sustraerse de la exacta observancia de los artí- 
culos 5/ y 17 de nuestro código fundamental?... 

El primero terminantemente dice : t Nadie puede ser 
€ obligado á prestar trabajos ¡personales sin la justa retri- 
« bucion y sinsu.pleno consentimiento. La ley no puede au- 
« torizar ningún contrato que tenga por objeto la. pérdida 

c ó EL IRREVOCABLE SACRIFICIO DE LA LIBERTAD DEL HOMBRE, 

f ya sea por causa de trabajo, de educación ó de voto re- 
« ligioso. Tampoco j)uede autorizar convenios en que eí 
^ hombre ^kCTE sü proscripción ó destierro. > 
El segundo es del tenor siguiente: « nadie pükde ser 

« preso por DüUDAS de CN carácter puramente CIVIL. • 

¿ Qué dice á la vez el artículo 2.** de la Constitución ? « en 
t LA REPÚBLICA TODOS NACEN LIBRES. » ¿Y de qué scrviria 
este artículo 2/ si el mexicano habiendo nacido libre, pu- 
diera ser reducido á vivir esclavo? ¿Tío seria esto una con- 
tradicción ridicula?... ¿En tal caso, no se parecería mucho 
cada uno de nosotros, á cualquier canario, que si bien naqe 
libre, vive en jaula?... 

Para poner coto k semejante atentado contra la humani- 
dad y las leyes, escribí en el curso del próximo pasado año, 
un verdadero libro. Les doy aquí la retahila de remitidos 
con que llené las columnas del paciente Monitor/Los más 
son intitulados PANADERÍAS. 



PANADBRÍAS. 599 

IWl.— Febrero,?, 10, 19. 

Marzo, 4, 16. 

Abril, 20. 

Mayo, 1.°, 7, 22, ^. 

Junio, 19. 

Julio, 30. 

Agosto, 15, con una resefia do los abusos que se cometen en las 
panaderías. 

Setiembre, 14, 19. 

Octubre, 26, con un spécimen de reglamento. 

'Noviembre, 24. 

Biciembre, 24. 
1862.— Enero, 5. 

Ademas, otros periódicos de la capital, como La Or- 
fuesia, ^El Mexicano^ Los Polvos de iu Madre Veles finn, 
apegaron mis ideas; hasta que, vencido por tanta constan- 
cia, ó terquedad si se quiere, el C. gobernador Juan 'José 
(Baz, formó un reglamento para panaderías, que llegó ft 
imprirriirsecoiHo por el mes de noviembre próximo pasado ; 
pero que nunca se publicó, debido fe una representación 
abiiltada que dirigió al ciudad anoministro de Gobernación, 
el licenciado de quien hablo mas arriba, y que, invocando 
considerandos de me^la ley, se mostró desde luego parti- 
dario de la esclavitud, y amparador de los amos de pana- 
dería. 

El ciudadano gobernador actual y su inteligente «ecre- 
'tario, mi amigo el^C. Joaquín Villalobos, encontrarán este 
reglamento entre los datos que se conservan en las oficinas 
del gobierno del distrito. Tiempo es todavía de remediar 
los olvidos pasados. 

En las panaderías del interior, los oficiales son libres ; lo 
son en las fábricas de pan francesas ; y lo son igualmente 
aqtd , en la panadería de la señora viuda del apreciable C. 
Ortiz de Montellano (Q. E. P. D.), sita en el Puente de la 
Aduana Vieja. ¿Qué motivos, pues, pueden existir para que 
las demás panaderías de esta capital no se conformen con 



600 1861 

tan loable ejemplo? La imitación, en este caso, es permi- 
tida ; y como dice mi ídolo Voltaire : 

« Le singe esi né pour étre imitateur, 

« Mais Vhomme doit agir selon son coeur. » 

( El mono ha nacido para ser imitador^ 

Pero el hombre debe obrar según su corazón.) 

Si de esta indispensable entraña, como lo supongo, no 
fueren privados los dueños de panadería; ellos harán, de 
motuproprio, lo que la autoridad puede y debe exirgirles. 

Un momento pude desprenderme de la cuestión de pa- 
naderías, por haberme parecido mas urgente, entrome- 
terme en el asunto de la limpia de las calles, por el método 
antiguo, criticando el moderno : pero vuelvo á mi tarea ha- 
bitual. Ya sé que los panaderos me tratarán, por mis des- 
víos, de escritor de. .. (usando de una palabra poco pulcra) ; 
pero I cuan poco me importa su juicio farineux! Dicha 
cuestión, como todas, las trato, sin que en ellas me mueva 
ningún interés particular. Por este lado, aunque liberal, 
soy tan blanco como puede serlo el Sr. Pacheco, que es un 
copo de nieve, ó la misma leche (si bien es un poco tor- 
cida). 

Concluyo, aguardando la publicación del moroso y con- 
trariado reglamento. Poco decente sería dejarme hablar 
sobre la materia un año mas, que es lo que sin duda, me 
queda de vida. 

Ernesto Masson. 



1862 



603 

EL CERRO DE CHAPÜLTEPEC. 

Cual si fuera queso de Gruyeres, loesWn boy rebanando, 
y multitud de piedras se están extrayendo del bosque, co- 
mo si lo hubieran declarado cantera. Preciso es que el alma 
de los que cometen semejante profanación, sea mas dura 
que los peñascos seculares que dividen. El monte de Cha- 
pultepec es la cosa mas pintoresca del valle, y la debe res- 
petar, por lo menos, el ferer-de nivelación que se apoderó 
de ciertos liberales. Bueno es que hayan arrasado los con- 
ventos, mansiones de la holgazanería y del olvido de los 
deberes sociales; pero yos por mi parte, hubiera conser- 
vado SUR más iglesias, solo porque eran monumentos. Con 
mas razón, un cerro que es la admiración de cuantos vie- 
nen á visitar á México, debe salvarse de la destrucción que 
lo amaga. Las abras asombrosas de la naturaleza, como 
las del arte, las debe protejer el verdadero republicano. 
Díganlo los Romanos, los Griegos, y todas las repúblicas 
de Italia, como Genova, Pisa, Venecia, etc. , que aun hoy 
soprenden por sus monumentos, hasta el grado que Cice- 
rón, un dia, decía : 

« La ciudad de Athias es tan fecunda en monumentos, 
que por cualquiera paite que se pase, camina vno, propia- 
meníe, soére la fdsioria. » 

Los conquistadoi-es son generalmente destrudtoi-es ; y en 
esto nos les parecemos. Aunque sea un poco forzada la 
comparación, debemos imitará Alejancko 'Magno, que ha- 
Iña construido tmayor número de ciudades, que el de las 
que habia destruido. 

¿Qué bemos edificado noeel^ros, como republicanos? 

Bada, absohitamente nada. Ahí está el sséca'to de la colcrm- 
na de !la independencia, vuetto un circo de cabafiOB;'la 
peDitencíaria, ifispultada .«« base en innrandw ax^equias, 



604 1862 

abrigaderos de ranas y dertias ofidianos; la puerta de la 
garita de Belem empezada, y nunca concluida ; el hospital 
de inválidos, etc. 

Rodeemos, siquiera, con nuestra veneración, al cerro 
de Chapultepec; mansión silenciosa de los antiguos Azte- 
cas; y que el supremo gobierno, con mano fuerte suspenda 
la obra impía de destrucción que ya se empezó. 

Ernesto Masson. 



LIMPIA DE LA CIUDAD, 

por el señor adorno, 

¡ Pucha !!... 

£1 noveno de los trabajos de Hércules, sea la limpia de 
los establos del rey Augias por este semi-dios, no fué nada, 
comparado con lo que últimamente emprendió el Sr. Ador- 
no, que no es de estirpe divina como su antecesor. No se 
trata hoy de barrer simplemente , todas las immundicias 
de 3,000 bétes á comes ^ como lo reza la historia, amonto- 
nadas en la capital de r Elide : somos aqui, por lo bajo, 
180,000 (no bétes á cornes... entendámonos) pero almas; 
y me parece que, tan solo este hijo de Júpiter y de pu... 
(como le llamaron, una vez, al pobre de Sancho) cual lo 
era Hércules, pudiera en el dia, haber acometido tan fecal 
empresa. 

Con más, Don Alcides, no se encontró entonces cara á 
cara, con las mismas materias que el Sr. Adorno : no t&- 
nian éstas los mismos aromas, caracteres ó figura. Las de 
hoy, tampoco son compactas, ni guardan una forma deter* 



UHPIA DE LA CIUDAD. 605 

minada. Disueltas en las aguas que brotan del suelo, están 
de por si, llenas de evasivas; y las atargeas que las con- 
tienen, no se prestan á la especie de triage (apartado) que 
de ellas se pretende hacer, conservándoles, casi, su pri- 
mitiva conformación. Son insaisisables , quiero decir, cual 
si se tratara de pescar anguilas con la mano. 

Volviendo de nuevo á mi comparación mítica, diré que todo 
un Hércules, no se atrevió nunca, como el Sr. Adorno, á usar 
de máquina para la purificación y saneamiento de los pre- 
citados establos de Augias que desde 30 años no se ha- 
bían tocado : (¡vaya un guano!... se lo recomendamos 
& los que se ocupan de la materia.) ¿ Qué hizo el hijo de Jú- 
piter y de Alcmfene? (y en esto, ésta que era casada, le 
faltó esencialmente á su marido, el Sr. Amphytrion.) ¿Qué 
hizo? repito :.... pues, el héroe, sin más ni más, me agarró 
al fluvio Alfeo, y me lo hizo pasar, sans fagan ^ por las 
cuadras ó bueyerias de S. A. S. Augias ; y en un dos por 
tres, quedaron éstas tan limpias como la palma de una 
mano limpia. 

¿Por qué el Sr. Adorno, reconociendo lo infructuoso de 
su máquina de pescar, y aprovechando las lecciones de la 
fábula, no conduce con buen modo á la capital, las aguas 
de la laguna de Xochimilco que dominan á México, y no 
las introduce de golpe en todas las atargeas? Estas, rehen- 
chidas, arrastrarían, sin distinción de sexos, todas las ma- 
terias aun las informes, de que están llenas; y como por 
encanto, al dia siguiente de este lavaje, nos encontraría- 
mos, cual Augias, limpios de polvo y paja, ú otra cosa. 
Dichas materias siguiendo el torrente del siglo, digo mal... 
de las aguas de Xochimilco, se precipitarían en la perfu- 
mada laguna de Texcoco, cuya entrada era preciso desem- 
barazar primero ; y al embarcarnos en ella, cada uno de 
nosotros, al reconocer flotando su obra, pudiera exclamar 
con el cisne de Greroona : 



« Apparent rari nantes in gurgite vasto.» 
( Pocos se ven flotar en el abismo vasto.) 

No diré que quisiera uno entonces, impelido de un pa- 
ternal cariño, salvar desde luego del naufragio, á su prole 
fugitiva; porque estos Moisesitos, no son de los que se dis- 
putan á las aguas ; pero cuántos , al verlos flotar dirían 
ensoberbecidos : « Siempre es mucho consuelo sobreoivirse 
Á si mismoy bajo cualquiera forma que sea ! » 

Como se ve , hago lo mas que puedo , para ilustrar con 
algunas chanzas la materia en que casi tengo á mis lee* 
tures embarrados : quiero amenizar su posición ; y este es 
mi objeto al tratar tan extensamente de una materia que 
no se puede ni tocar. No fuera posible , en conciencia, que 
á cada rato, como Cambronne, un dia les soltara con as- 
pereza el sublime 7n que este valiente les echó en 

cara k los que le intimaban rendición, y que tradujeron 
después, quitándole su heroico laconismo, por* la garde 
meíirt et ríe se rend pas. » Soy menos expresivo que el des- 
graciado héroe de Waterloo , y es otro también mi campo 
de batalla. 

Hablando ahora seriamente, diré que el soberano Con- 
gresco cometió un error grave, concediendo un privilegio 
al Sr. Adorno, para limpiar calles, por medio de una má- 
quina que habia inventado, sin previamente verla funcio- 
nar, y cerciorarse de sus efectos. Si solamente al comprar 
un reloj lo toma uno á répreuoe, con mas razón, no se 
puede admitir tan á la ligera, el uso de una máquina que no 
se conoce, y que, cuando mas, puede obrar, aunque imper- 
fectamente, tan solo en una escala sumamente reducida. 

Si no fuera tan voluminosa la máquina , diría que es 
puramente, un objet de famllle^ (un utensilio de familia), 
susceptible, apenas, de atender á las necesidades domésti- 
cas ; pero nunca á las públicas que, por nuestra relajada 



LIMPIA UBT Lá CIUDAD. %^ 

naturaleza, son ó frecuentes, ó frecuentísimas, si por des- 
gracia, un día, se llega á incompletar el humano llavero. 

Se pierde el tiempo v los calores fuertes se aproximan ; 
y si el Ayuntamiento no lo remedia, volviendo luego ^ luego ^ 
al antiguo sistema de limpia; México, con sus pestilentes 
emanaciones, sepultará en sus immundas cloacas las dos 
terceras partes de su población , en la estación del verano. 

Recomiendo la lectura de este remitido, á mi amigo 
D. José de la Luz Moreno, regidor de calles ; y me tomaré 
la libertad de decirle también amistosamente, que, en su 
ramo, él va tomando le román par la queue. He visto que, 
con afán, se está einpedrando de nuevo la calle de San 
Francisco : mal hecho y bien hecho ; porque lo que preci- 
samente urge, es la limpia de las calles. Nadie se muere 
de una calle mal empedrada, mas sí, de los miasmas pútri- 
dos que despiden las de Tiburcio , Tercer Orden , Arco, 
Cadena, Montepío Viejo, Vergara, San Andrés, etc., etc. 
Ellas todas, á más de propagar unos gérmenes mortíferos, 
son la mayor afrenta para una ciudad , que con ostenta- 
ción, llaman db los palacios, y que sirve de residencia k 
los Supremos poderes de la nación. Acabo : sat est , c^est 
assez^ basta; ya estoy asfixiado con haber meneado el 
asunto. ¡Dispénseseme, si no me extiendo mas sobre mate- 
ria tan blanda : le prefiero el lecho de Güatimoctzin ! 



1862 



¡YA NOS AHOGAMOS I 

<tlnfandum Regina jubes renovare dolorem.9 
(Me mandas^ ioh! reina que renueve un infando dolor.) 

No es precisamente una Reina la que me manda contar 
de nuevo, lo que ya les narré ; pero, otras personas de me- 
nos categoría, me suplican que no deje el asunto de la lim- 
pia de las calles, hasta (¡cosa ardua I) sacarlo en limpio. 
Seguiré, pues, escribiendo sobre el mismo tema : no es ma- 
la música la que nos aguarda ; y sin duda, no faltará gente 
que agregue á mi nombre, el de Asguerino ó Asqueroso^ 
como antes le llamaron á Scipion, el Africano; á Fabius, 
el cunciatoTj y k Felipe, el Hermoso. 

Con todo, en interés del bien público consiento, muy 
á pesar mió, en que se me diga Masson, el asqueroso^ 
como no quede en las atargeas de México, ni migaja de 
lo que tiene el inapreciable privilegio de pescar el Sn 
Adorno, 

Mares hay, como lo sabemos todos, de varios colores : 
el blanco^ el iiegro^ el rojo; nos faltaba el amarillo : aquí 
lo tenemos. ¡ Ah! qué gloria para México, la de ofrecer en 
su seno, y á domicile, se puede decir, el cuarto matiz del 
elemento tempestuoso, en que tantos perecen, sin jamas en- 
contrar de que asirse en su agonía. No teman aquí nada : 
en nuestro elemento, flotan á distancias (y no pocas), 
unas bouées ó boyas salvadoras, que les señalarán á los 
náufragos la orilla deseada. A pesar de esto, no será malo 
en este peligro supremo, acordarse de lo que, en igual 
caso, nos aconseja D. Luis Racine, en su poema de la Re- 
ligión : 



YA NOS AHOGAMOS. 609 

(¡i Helas, prés de jpériry t'adressent-ils leurs vceux! (1) 

« lis regardent le del, secours des malheureux, 

« La nalurey qiii parle en ce péril extreme, 

« Leur fait lever les yeux vers V asile suprime,» etc., etc. 

( i Ay ! próximos á perecer, te dirigen sus votos ! 
Miran al cielo, amparo de los desgraciados. 
La naturaleza que habla en este peligro extremo. 
Les hace levantar sus ojos al asilo supremo, etc.^ etc.) 

Ayudados con esta invocación , sin duda se salvarán. 
Acuérdense solamente, al nadar, de cerrar la boca, jwr lo 
de las boyas; porque, según dice el adagio : en boca cele- 
rada no entra mosca. 

Todo lo dicho hasta ahora, no sirve mas que de prólogo 
al episodio que, el miércoles pasado, á las cinco de la tarde, 
presenció un amigo mió que trabaja en el apartado. A la 
precitada hora, salia, como de costumbre, de su oficina, 
cuando llamó su atención un grupo de gente, que en la 
calle de Celaya, vuelta un lago, se esforzaba en efectuar el 
sauvetage de un hombre, que, con todo y caballo, ya se aho- 
gaba. No en mayor aprieto se encontró Pharaon^ cuando 
le sucedió lo que nos cuenta la Biblia : reversaque sunt 
aguce ^ et operuerunt cursus et equites cuncti exercitús Pha- 
raonis. » (Y se volvieron las aguas, y cubrieron las carros 
y la caballería de todo el ejército de Pharaon.) El infeliz 
ginete montado en un corcel de origen arábigo, y fogoso 
como todos sus hermanos, habia querido atravesar de un 
lado á otro este inevitable mar muerto, figurándose que 
siempre encontraria pié. ¡Vanas presunciones!... De la 
atargea inmunda faltaban algunas lozas ; y al llegar en el 
medio, desapareció en estas honduras pestíferas el arresta- 
do bucéfalo, lanzando por encima de su cabeza al que le 
montaba. A duras penas, y abriéndose paso entre multitud 

(1) Ésto se dirige a la tner de México. 

39 



^ 



610 1962 

de cuerpos estraños, pudo el hombre (que ya no lo parecía) 
alcanzar la orilla opuesta. No tan fácilmente pudo desem- 
barazarse el noble trotón ; y á no ser de muchos bríos el 
animal, no hubiera sobrepujado por cierto, su comprome- 
tida posición. Afortunadamente, y después de luchar mas 
de un cuarto de hora, un esfuerzo vigoroso te hizo lanzarse 
fuera del elemento mixto^ en que se hallaba como estacado; 
y quedaron ambos, caballo y cavalcadour^ de un color que 
no es decente describir. 

Ya es tiempo, me parece, ó que en esta capital se forme 
una compañía de seguros, ó que se vuelva, al instante, co- 
mo ya lo dije, at modo antiguo de limpia que se había adop- 
tado desde tiempos atrás, por no haber otro mejor. 

¿Qué gillotina es esta de cuerpos inanimados?... Una 
máquina, para merecer el nombre de tal, debe centuplicar 
las fuerzas del hombre, obrar con presteza, y ser sobre 
todo, económica. La de limpiar calles, ninguna de estas 
condiciones tiene ; y el Supremo Gobierno, con las facultades 
de que se halla investido, verá lo que hace con un privile- 
gio, que si se mantiene vivo, será con perjuicio de tercero; 
y lo son, & mi ver, ciento ochenta mil habitantes que van á 
morir asfixiados. ¡Saltis populi suprema lex, con mil de á 
caballo I 

El material se presta á las tartines de la prensa, y aguar- 
do que, sin repugnancia, ésta se ocupe de un asunto tan 
vital. En cuanto á mí, he consentido en escribir sobre el 
asunto, tapándome las narices, y poniéndome, por este solo 
hecho, de un color de bistre (hollín desleído) tan pronun - 
ciado, que, siendo liberal, temo mucho que, al verme, me 
declare mestizo el Sr. Pacheco. 

De ustedes, me repito su sucio servidor, á quien no se 
le puede tan fácilmente besar las manos: 

Ernesto Masson. 



61 é 

INVOCAGION A SAN ROQUE. 

a Quousque tándem San Roque 
abutere naso nestro.n 
(¿RasU cuándo en fin, San Ro- 
que^ ab4isaFás da nuestra nariz?) 

¡ A ti, San Roque, abogado de ía peste, te interpelo, 
<5tral si fueras Catilina ! Ponte de acuerdo con el ingénieux 
vidangeur (ingenioso privadero), para revisar, corregir, 
aumentar, ó suprimir su máquina de limpiar calles ; por- 
que de no, á puro tifo, concluirá México, en el tiempo de 
los calores que ya nos amaga. ¡ Guarda, oh pestífero San 
Roque, tus emanaciones homicidas, para esos inertes pue- 
blos de Oriente que desprecian tu poder ; pero k nosotros 
que con fé te veneramos como santo, sírvete salvarnos ! 
¡ Con un soplo de tu diva boca, disipa los miasmas perni- 
ciosos de nuestras atargeas I ¡Separa, cual las olas del mar 
Rojo un dia, las inmundicias que colman la entrada de las 
aguas de México en la laguna de Texcocol Meís la main á 
la páíe (mete mano & esa pasta) , y te levantaremos un 
templo en espiral, que conserve la memoria, y aun la 
forma, del objeto conque lucha un insigne maquinista. 

Si como santo, eres un poco conservador ; y si en tu 
mente puede caber la idea de vengarte de los liberales, se- 
pultándoles en sus propias déjeclions (cámaras) ; aunque, 
á tu ver, seamos up algo paganos, á tí solo te toca perdo- 
nar, diciéndonos lo que Guzman á Zamore, en Alzire, tra- 
gedia del muy rojo de Voltaire : 

« Bes dieux que nous seiDons connais la différence: 
« Les tiens font commandé le meurtre et la vengeance; 
« Et le mien, quand ton bras vieni de m*ass<issinery 
« Mordonne de teplaindre et de te pardotmer.n 

(De los dioses que servimos conoce la diCerencia^ 
Los tuyos te ordenan el honiicidiay la venganza;. 
Y el mío, cuando tu brazo me acaba de asesinar^p 
Me manda tener lástima de ti y perdonarte.) 



6i2 1862 

En este modo de hablar, y m&s en verso, desde luego 
reconoceremos el lenguaje selecto de un santo ; y para tí, 
nuestra gratitud ya no tendrá mojoneras. 

Si en el conflicto en que me veo, ocurro átí, ¡oh San 
Roque ! es que, en un asunto de salud pública, veo á mis 
paisanos tan adormecidos, en medio de los vapores que ya 
nos sofocan, como si les mecieran las brisas del florido 
abril. Su resignación no me simpatiza, ni la de los que nos 
gobiernan tampoco ; y con la misión que me impuse de 
desfacer pestes, lleno de unción me dirijo al autor de todas 
ellas. 

Dispénsame la confianza que me tomo, y manda lo que 
gustes, á tu mas apestado servidor, Q. T. M. B. 



¡NO TODO ES CHANZA! 

« SoRpe stylum verias, iterum qwE 
digna legi sinty scripturus^v 

Este precepto de Horacio lo sigo al pié de la letra. La 
materia en que me veo burilando se presta por su blandura 
á las varias evoluciones de mi punzón; pero será preciso 
convenir con todo, en que sobre fresco, no es muy pruden- 
te leer dos veces seguidas lo que, á lo antiguo, se me an- 
toja grabar en mis tablas enceradas. Si sofocante es el te- 
ma, peores son las variaciones. ... les preferir&n siempre 
las de D. Pascuale. 

En medio de tanta embarradura, y haciendo reflexiones 
filosóficas, diré que el hombre parece haber nacido para 
ser su propio verdugo. Su condición es tal, por desgracia, 
que de él mismo, se puede decir, salen los elementos de su 
destrucción. Si movido de su encono empuña las armas, 



I 



Ernesto Masson. i 



INVOCACIÓN Á SAN ROQUE. ||i3 

es para exterminar á su raza ; y tan luego como vuelve á la 
quietud de la vida social, las miserias que le son anexas 
también le pueden matar, si no cuida de su desahogo con 
extremada prudencia. En esta última categoría entran pre- 
cisamente las materias en que, con el tiempo, debemos aquí 
perecer envueltos. 

Estas necesidades humanas, que es indispensable facili- 
tar y vencer á la vez, han producido en todos los países 
cultos las leyes de policía mas estrictas. Así es que la lim- 
pia de los albañales generales, ha llamado de toda prefe- 
rencia la atención de los gobernantes. Este cuidado crece 
de punto necesariamente en una ciudad populosa que, co- 
mo México, por su posición topográfica, no ofrece en su 
terreno mas que un descenso imperceptible y lento á las 
materias pútridas que es urgente alejar de su centro. 

Para coníseguir tan interesante objeto, es preciso, jon- 
mero que todo^ remover los enselves del canal que pasa 
por los baños del Peñol, y también el banco de inmundi- 
cias de mas de una legua de largo, que se opone á la libre 
entrada de las aguas en la laguna de Texcoco, y que forma 
en aquel lugar un verdadero barrage. Indispensable era, 
por lo mismo, que la ciudad, desde tiempo, hubiese man- 
dado construir tres ó cuatro bateaux-draguevrs que hu- 
bieran en la estación de invierno trabajado constante^ 
mente en esta operación fácil y necesaria. Con esta faena, 
las aguas eil las atargeas de México hubieran bajado sen* 
siblemente sin necesidad de emplear, más que muy rara 
vez, la vis (TArchiméde^ que es la que hasta ahora ha pro- 
ducido los mas favorables resultados cuando se vacian las 
atargeas. 

La limpia des égouts (albañales) en París, siendo éstos 
subterráneos y embovedados, ofrece, á pesar de las venti- 
laciones establecidas, peligros serios y frecuentes; pero 
aquí que se trabaja á tajo abierto, no existen con mucho 



$H «862 

los mismos inconvení^tes. Para estos casos, en Francia se 
emplea con eficacia una máquina muy sencilla que trivial- 
meiite llaman Jearme-mlope. Existen ademas unas pompes 
aspirantes de mas ó menos poder, que surten los mejores 
efectos. Ea México, para trabajar de un modo ó de otro, 
con máquina ó sin ella, el primer requisito, el sineguánon^ 
88 de desembarrar primero el canal del Peñol y su entrada 
á la laguna. 

Ha sido del todo inútil, y aun imprudente, el conceder 
un privilegio á persona alguna para la limpia de la ciudad ; 
aquello es unjuego de niños y de los mas sencillos, por los 
medios trillados y muy conocidos que existen. Esta limpia 
antiguamente en México se hacia, aunque imperfectamente, 
pero á la vez, por los presos, en los principales ramales 
de Oriente á Poniente,, pasando después k los laterales ; y 
se efectuaba dicha limpia de un modo quizás incorrecto, 
pero pronto; hoy no : todo se vuelve privilegio: k> hay (Mi- 
ra el alumbrado de gas (el mismo que nos dejó k oscuras)^ 
también no escasea para navegar por vapor en todas las 
aguas del valle; para teñir maderas por infiltración ; para 
la extracción de los metales por la electricidad; para pasar 
de un mar á otro como pluma por el istnoo de Tebuantepec, 
etc., etc. Faltaba que lo hubiese para la limpia de las 
calles. I Benditas sean las luces del siglo I.... ya lo tene* 
mos; pero el caso es que, k pesar de estos adelantos, esta- 
mos aqiul sudando ya triviaUnente la gota gorda (como « 
dice,) y México mientras tanto, es un €ócii-0^ un mar de 
multíílores inmundicias. 

Causan enfado todas aquellas presuntas y soñadas ÍAvea^ 
clones. Nada difícil es que un dia pretenda cualquiera 
haber encontrado alguna máquina para sacar la ^oütma^ 
solicitando privilegio para explotar posaderas, y libertarlas 
de los anélidos qae las corroen. Tampoco, aJ paso que aa* 
damuos, faltará un Hombre «emdo y de buen humor, <pie ea 



ISO TODO BS CHANZA. U'6 

el Cuerpo Legislativo ampare por antojo semejante desa- 
tino. 

La semana pasada^ y con todo el aparato de un conquis- 
tador de...., se apareció la mkqmnApaíibuláredñ limpiar 
caites, por la de San Bernardo, lamas aseada de todas, sin 
qaé se acordase aquella horca triangular de la del Arco, 
que ya es navegable, aunque con arrecifes ai canto de per- 
ros muertoa, canastos y servicios desfundados. Ya que di- 
cha máquina, cual mariposa, chopa y se nutre en todas di- 
recciones revoloteando sin regla, de la calle de Mesoxiei ¿ 
Ja de San Carlos, ó del callejón de Betleroitas á la calle de 
San Bernardo, ¿por qué no recorre de preferencia en ai 
caprichoso vuelo los tránsitos mas inmundos de la capital, 
donde hay que {>escar óaffres y no mestiapiqües^ cooio en 
la financiera calle de San Bernardo? ¿Busca acaso aplau- 
sos inuienscidoft donde no hay que sacar 2iiia/0¿^a? ¿Por 
qué no ae dirije por ejemplo bécia la calle de Cadena, cuya 
atargea, en largos tres años se ha visto descubierta^ y que 
en tiempo de aguas, por su abundante vegetación se ase- 
meja casi á un verde potrero? ¿Por qué no se atiende á esa 
mas q