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Full text of "I. Origen de los indios de América. II. Origen y civilization de los indígenas del Perú"

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MIGEN DE LOS INDIOS 

DE AMÉRICA 
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IMPRESO EN CASA DEL. AUTOR 

CALLE DE POLVOS AZULES No. 173 

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A MIS HIJAS 






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Qí¡5ÍS5t)í55í¡Si>í¡píJÍ»*^ 



PREÁMBULO 



ORIGEN DEL HOMBRE 

§ I . 

5jNTES de entrar en materia sobre la antropogenía 
MS del Hombre, ei oportuno formarse tina idea de las 
1^^ causas creadoras 6 productoras del Qniverso, para 
lo cual precisa exponer algunas hipótesis formula- 
das por los sabios, siendo las principales la de Mr. Laplace 
y la de Mr. Faje, que trascribimos en seguida. 

El notable y profundo astrónomo y físico Mr. Laplace 
en su obra Bxposition du Monde, establece la teoría de la 
formación del sistema planetario, y lo resume en los siguien- 
tes términos: 

" En un principio la materia del Sol y de todos los cuer- 
pos del sistema planetario, estaba difundida y extendida en 
un estado gaseoso, llenando todo el espacio que ahora ocu- 
pan esos cuerpos, y tomando la forma y condiciones de una 
nebulosa, sometida á un movimiento de rotación. Este mo- 
vimiento había de producir una condensación de la materia 
hacia el centro, formándose así un núcleo que es el origen 
del Sol. Continuando la condensación de la materia, el 
movimiento de rotación hubo de ser cada vez más rápido, y 
la nebulosa se aplanó fuertemente por los polos y se exten- 
dió en el plano del Ecuador, separándose varias zonas de 
vapor á diferentes distancias del centro. Ea estas zonhs se 

fonaaroo oücUos secundariosi que participaban del mori* 



PRBÍUIAVLÚ 



miento general de la nebulosa, y faeron el origen de los 
planetas, uno de ellos la Tierra. Es toa núcleos planetarios 
se convirtieron así en centro de nebulosas secundarias, sepa- 
rándose de ellos, de la misma manera, la materia que había 
de formar los satélites. Aislada y separada la nebulosa so- 
lar, la materia de la Tierra ocupaba, por su estado gaseoso, 
un espacio inmenso que se extendía millares de leguas. Pero 
sometida al mismo movimiento de rotación, después del 
desprendimiento de la Luna, debió de irse condensando sin 
cesar, y adquiriendo, cada vez, más pronunciado el carácter 
luminoso y las demás condiciones que distinguen al Sol. Bra 
entonces la Tierra un astro brillante por sí mismo, en cuyo 
estado hubo de permanecer el inmenso lapso de tiempo ne- 
cesario para que, por la condensación constante de la mate- 
ria, se redujese próximamente á sus dimensiones actuales de 
60° que tienen los espacios interplanetarios en que gira; se 
•enfriase lentamente su superficie y perdiese poco á poco su 
carácter luminoso, hasta quedar completamente apagada 
por el enfriamiento y solidificaciói de una película tenue ex- 
terior, quedando su centro en ignición. La Tierra pasó de 
esta manera á ser un cuerpo opaco, en cuyo estado entra 
plenamente su estudio en el dominio de la Geología." 

Posteriormente el sabio Mr. Faye ha rebatido la teoría 
de Mr. Laplace, sustituyéndola por otra más en conformi- 
dad con los recientes des:ubrimientos astronómicrs, y con- 
densando su opinión al respecto, dice: 

** El Universo, en su origen, se reducía á un caos comple- 
to, excesivamente enrarecido, constituido por todos los ele- 
mentos de la química terrestre, más ó menos revueltos y 
confundidos. Estos materiales, sometidos entonces á sus 
mutuas atracciones, se hallaban desde un principio anima- 
dos de movimientos que provocaron su separación en lienzos 
6 nubes. Estas conservan un movimiento de traslación rá- 
pido y revoluciones intestinas extremadamente lentas. Es* 
tas minadas de nubes caóticas han dado nacimiento, por 



omiC^KN DKL HOMBHE 



vía de condensación progresiva, á los distintos Mandos que 
forman el Universo." 

Cada uno de estos Mundos tiene su especial y propia 
atmósfera. El Globo 6 la Tierra que habitamos se halla 
rodeada por dos iflaídos sutiles y elásticos: el aire puro ó 
gas oxígeno y el gas ázoe; siendo ambos fluidos, según el 
notable geógrafo Malte-Brun: **E1 inmenso laboratorio 
exterior de la Naturaleza, que reúne los diferentes gases que 
exhala el Globo, los destila, satura, descompone y volatili- 
za, 6 los condensa y precipita por medio de operaciones y 
leyes físicas." El aire se compone de 79 partes de gas ázoe, 
21 de gas oxígeno, algunas milésimas partes de ácido car- 
bónico y una pequeñísima parte de agua en estado de va- 
por, que varía con la temperatura de la atmósfera. Entre 
estos gases, el oxígeno es el indispensable para la respira- 
cióo; el gas carbónico alimenta los vegetales, que lo absor- 
ben, y derrama el oxígeno. La altura de la atmósfera varía 
en los diferentes climas, siendo menos elevada cuanto más 
se aproxima á los polos, y más elevada en los climas tropi 
cales, donde suele alcanzar hasta la altura de catorce le- 
guas. 

(ífe 

Los geólogos dividen la Creación en cinco grandes Perío- 
dos ó Edades geológicas: Primordial, Primaria, Segun- 
daria, Terciaria y Cuaternaria, correspondiendo á estas 
cinco Edades, cinco capas de terreno diferentes^ 

En la Edad Primordial se enfrió lentamente el Globo 
Terrestre, formando cortezas delgadas que los geólogos de- 
nominan terrenos platónicos 6 primitivos, 6 sean capas de 
roca granítica. 

En la Edad Primaria se formaron cuatro capas de- 
nominadas: terreno silúrico, terreno devoniano^ terreno 
carbonífero y terreno permiano. En el primero apareció 
la vegetación en estado embrionario (algunas algas mari- 



4 PRÉÍMBÜLO 



lía»); en el segundo, lo8 fósiles de vegetales y animales (zoo- 
fitos, moluscos); en el tercero, fósiles de animales vertebra- 
dos (pocen); y en el cuarto, vegetación en su completo de- 
senvolvimiento, en cuya época se formó también el último 
terreno, en el que desarrolló y perfeccionó la vegetación y 
los seres animales. 

£n la Edad Segundaria los terrenos esíán divididos en 
tres capas: el triaco, t\ jurídico y el cretáceo En el primero, 
se encuentran reptifes fosilizados, principalmente los gran> 
des lagartos y enormes ranas; en el segundo, grandes y des- 
proporcionados reptiles anfibios; y en el tercero, aparecieron 
los mamíferos viviperos. 

En la Edad Terciaria los terrenos están también divi- 
didos en tres capas: el eoceno^ (comienzo de la vida); el mio- 
ceno (mitad de la vida), y el plioceno (vida completa). En 
este último Período vivieron los grandes paquidermos, como 
el mammouth, el oso de las cavernas y otros; y en los terrenos 
de ese mismo Período se han encontrado restos humanos, 
objetos de pedernal y otros análogos, lo que prueba que al 
lado de los paquidermos vivía también el Hombre. 

En la Edad Cuaternaria los terrenos se dividen en dos 
capas: postpHoceno y reciente, caracterizados como el Pe- 
ríodo de grandes diluvios, á la vez que de un notable des- 
censo de la temperatura. Ya en este mismo Período, la 
existencia del Hombre está fuera dé duda, pues es un hecho 
comprobado. 

rife 

Los geólogos confirman que el Hombre ha existido des- 
de el período Plioceno, que es el llamado Glacial ó de tran- 
sición entre la Edad Terciaria y la Cuaternaria. Pero esta 
teoría no está del todo confirmada, porque algunos paleon- 
tólogos sostienen que en ese mismo Período no existía el 
Hombre perfecto, sino el antropóide homínido, es decir, un 
•er antropomorfo semejante al Hombre pero que carecía del 



ORiGEN í)fíL HOMB^fí 



nso de la palabra (1). Sólo con el tranicurso de un lapso 
may largo de tiempo, dicen esos mistnoi paleontólogo», eie 
ser antropóide-homínido fné gradualmente evolucionando y 
modificándose progresivamente, hasta que apareció el Hom- 
bre en estado relativamente perfecto. Este perfeccionamien- 
to, dicen, aconteció en la Edad Cuaternaria. 

Si pretendiéramos investigar las muchas opiniones que 
se han suscitado acerca del origen del Hombre, esta inquisi- 
ción nos conduciría demasiado lejos; por* consiguiente, nos 
limitaremos, tan lólo, á reproducir lo asentado por algunos 
sabios acerca de este enmarañado esquema. 

efe 

Darwin, Quatrefages, Huxley, Haekel, Taylor, Floureus, 
Paniagua y otros, sientan la teoría de que el Hombre pro- 
cede directamente del mono ( antropomorfo ) por efecto de 
la evolución sintética ó desarrollo progresivo de los órga- 
nos en sus formas internas y externas. 

Hatkel cree que ha existido un ser intermedio entre el 
mono y el Hombre, ser que él denomina phitecanthropus 
ó mono-hombre, (alalus, es decir, sin habla), predecesor 
del tipo humano, que vivió, supone él, en el período Plioce- 
no. Pero, esta hipótesis no ha tenido plena confirmación, 
hasta que el profesor de geología de la Universidad de Ams- 
terdam, Mr. Dubois, hiciera el descubrimiento, en 1894, en 
las orillas del río Bangawan (isla de Java), de restos anti- 
quísimos correspondientes á uña época intermediaria entre 



( 1 ) Un hecho curioso es el siguiente: últimamente los doctores Fur- 
ncss y Witmer, de Flladelfia, han tratado de enseñar á dos monos orangu- 
tanes que tienen, á razonar y á articular algunas palabras, mediante la 
influencia que el contacto con los seres humanos produce en estos anima- 
les: lo han logrado, consiguiendo que esos orangutanes pronuncien con 
toda claridad palabras de dos sílabas, como v.g. papa, cópá, etc., y tienen 
esperanza de enseñarles á hablar frases completas, á medida que logren 
que lu cerebro é inteligencia so perfeccionen. 



& puniíínvho 



las Edadca Terciaria y Cuaternaria ( Plioccna ). Eite detcu- 
brimiento de Mr. Daboii produjo caluroiai discusioneg entre 
los labioi geólogo!, puei mientrai unoi aseguraban que 
esos restoB pertenecían al tipo antropóide, otroi opinaban 
que eran vestigios del Hombre, y algunos sostenian que per- 
tenecían al tipo intermedio señalado por Hsekel. 

''Se ha querido encontrar el punto preciso de yuxtaposi- 
ción entre el mono y el Hombre,— dice A, de Paniagua en su 
obra La. Genese de THomme y— pero este punto probablemen- 
te no existe. La evolución se ha producido por diferencias 
progresivas: para tomar la filiación, no se debe considerar 
dos individuos más ó menos aproximados, sino la serie de 
los intermediarios. Entre el mono y el Hombre faltan los 
puntos de sucesión exacta, pero algunos restos de los gran- 
des antropóides y los homínidos fósiles, son tantas nor- 
mas (raras, es cierto), que facilitan el camino á seguir y 
acercan las distancias, haciendo ver, de una parte, que los 
antropóides estaban ya dotados de órgaáos perfectos, y, de 
otra parte, que los homínidos primitivos eran seres casi si- 
mios La evolución humana, en un principio, se ha produ- 
cido con una extrema lentitud, y antes de la aparición del 
Hombre en estado relativamente perfecto, ha sucedido una 
larga serie de homínidos primitivos, menos acabados, pero 
que se han ido sucediendo, mejorándose progresivamente." 
En seguida este naturalista hace una larga disertación so- 
bre las semejanzas y similitudes de los órganos de los gran- 
des antropóides y los homínidos, y concluye formulando con 
Hsakel, la conclusión de que "en el cuerpo del Hombre no 
hay un solo órgano que no provenga del mono y por el 
mono, y que el Hombre posee los mismos órganos que aquel, 
apesar de presentar algunas desemejanzas, las que, precisa- 
mente, establecen la diferencia que existe entre ambos seres, 
pues si esas desemejanzas no existieran, el Hombre sería 
moño ó el mono sería H ombre.'' 

En concordancia con esta teoría, conTÍene declarar, te- 



OftIGBN DEL líOMBRK 



gúa opinan Ipa naturalistas, qae el Hombre es un animal 
racional. El gran botánico Linneo, en su Amosaitates Aca- 
demicse, no separa genéricamente al Hombre de los monos 
antropóides, como el orangután, el chipanzé, el gorila y el 
gibón, con los cuales le confunde en un mismo grupo bajo la 
denominación común de homo est animal rationale ( como 
ha dicho Aristóteles ), haciendo de él una especie caracteri- 
«ada, dándole el nombre de homo sapiens 6 sea hombre sa- 
bio, pensador. 

No es nuestro ánimo el combatir las opiniones de los sa- 
bios que hemos citado, tocante al origen del Hombre; pero 
al profundizar loa arcanos de la Creación, haremos, no obs- 
tante, la ligera observación que sigue: 

Si esos sabios presentan al Hombre como un animal y lo 
designan con el epíteto de animal racional creemos que ese 
epíteto no es justificado en un todo, porque el Hombre no 
raciocina en todas las épocas de su vida y sólo adquiere el 
raciocinio cnltivando con esmero sus facultades intelectua- 
les; por lo mismo, débesele dar el calificativo de animal sus- 
ceptible de ratón, Y para ser más precisos en esa definición, 
suponemos que el Hombre no es simplemente un animal 
racional, sino un ser mixto ó medio, colocado entre la ma- 
teria y el espíritu, y que raciocina llegando á la edad en que 
se desarrollan todas sus facultades mentales. Bl Hombre, 
por la inteligencia que puede adquirir, ea considerado «el rey 
de los animales y el agente de la Creación,» porque él domi- 
na á los animales más salvajes, sometiendo á su ley no so- 
lamente los seres más corpulentos como la ballena, el ele- 
fante, sino también los más fieros como el león, el tigre y 
todos los demás animales, haciéndolos servir para todas sus 
necesidades; la tierra igualmente le paga contribución, pues 
que la despoja de los productos de su seno; domina el aire y 
los mares; no escapando, en fin, nada á su penetración y 
perspicacia, cualidades que sólo dependen de su razón» Por 
consiguientef nos parece que para estar en lo juatOt debe ea« 



8 PREÁMBULO 



lifícarse al Hombre como uú ser animal, mixto, susceptible 
de razón. 

M. de Quatrefages, en sa Phisiologie comparée: Meta- 
morpbqses de THomme et des Animaux, reconoce asimii- 
mo, qne bajo el punto de vista de la organización física^ el 
Hombre es nn verdadero animal dotado de los mismoi apa- 
ratos, órganos j elementos que los antropóidei, establecien- 
do, definitivamente, que la raza originaria de la especie hu- 
mana ha debido ser un hombre prognato, de piel amarilla y 
cabello rojo. 

Huxley ( 1 ), Lubbock;( 2 ), Taylor ( 3 ), Yogt (4 ), Shaff- 
hausen ( 5 ), Flourens ( 6 ), Cleuzion ( 7 ), Filippi ( 8 ) y to- 
dos los naturalistas que han estudiado los restos humanos 
de las Edades Terciaria y Cuaternaria, han concluido, uná- 
nimemente, que la rasa más antigua de que se han encon- 
trado restos, eran de seres repugnantes, prognatos y doli- 
cocéfalos, que llevaban al rededor de las órbitas un re- 
borde saliente semejante á los monos, y tenían los senos 
frontales muy desarrollados. 

El aspecto grosero de sus circunvalaciones indica que 
esa rasa era de inteligencia rudimentaria y obscura. La 
región posterior, sitio del centro visual, era de gran desarro- 
llo; por el contrario, los lóbulos frontales, que no pueden 
atrofiarse en el hombre racional, sin que el resultado sea 
una alteración profunda de las facultades intelectuales, eran 
muy reducidas. La conformación de la circunvalación fron- 



(i) «La doctrine de rKvolution.» 

(2) «Condition primitive de rHomtne et origine de la cÍTÍlisation.i 

(S ) « Condition intelectuelle de l'Homme dans les ílges primitifs.» 

( 4 ) « Histoire primitive de THomme.» 

(5) «Les questions anthropologiqaes de notre temps.» 

(6) «Histoire naturelle de l'Homme » 

(7) «La création de THomme et les premlers ages de THumanité.» 

(8) «L'Homme ct Iw Sloges.i 



ORIGBN DEL HOMBRE 



tal, relacionada con el lengnaje articulado, era tan reducida 
que la facultad de la palabra tenía que ser muy restringida. 
Los naturalistaa opinan que desde los comienzos hubie- 
ron varias especies humanas derivadas de padres distintos. 
Desde el punto de las estructuras de los cuerpos, los lemu- 
rios, los cuadrumanos, los monos y los hombres reunieron 
caracteres análogos en gran número, defiriendo esencial- 
mente por el volumen del cerebro. 

Ch. Darwin, en su obra De r Origine des Bspéces, es de 
opinión que: 'Xas innumerables especies de animales, entre 
ellas el Hombre y plantas que pueblan la superficie del Glo- 
bo, proceden todas de algunos tipos orgánicos 6 de un solo 
tipo primordial creado en un principio para llegar á ser la 
estirpe común de todos los seres vivos. Los orígenes natu- 
rales de la Humanidad se pierden ec el mundo indivisible de 
los vivientes." 

Desde luego, según opinión de este notable naturalista, 
no existe entre el Hombre y el animal sino la diferencia de 
grado, pues el nacimiento y la muerte son iguales en el Hom- 
bre como en el animal; ambos tienen los mismos órganos y 
aparatos, las mismas funciones, los mismos elementos y loa 
mismos fenómencs se suceden en la muerte del uno y del 
otro: el corazón cesa de latir, todos los órganos pierden sus 
propiedades y las materias componentes del Hombre son 
idénticas que las del animal. "Todo esto— dice Darwin— es 
una prueba palpable de que no existe un abismo infranquea" 
ble entre el Hombre y el animal." 

Huxley, en su Doctrine de VÉvolution, ha probado qUg 
todos los huesos del esqueleto del Hombre son iguales á los 
huesos del mono, como también sus músculos, nervios, va- 
sos sanguíneos y visceras internas; que el cerebro, el más 
importante de todos los órganos, sigue la misma ley, pues 
que cada hendidura y cada repliegue del cerebro humano 
son iguales á Ir s del orangután: empero, establece también, 
quQ el cerebro del Hombre y el del mono no coocuerdan del 



10 I^RBAMBÜLO 



todo en ningúa período de tu cvolnción, concordancia que 
no puede esperarse, porque de verificarse, serían iguales las 
facultades mentales del Hombre y del mono. **Los monos- 
añade Darwin— están sujetos á muchas de nuestras enferme- 
dades no contagiosas: padecen catarros, con sus ordinarios 
síntomas, terminando, cuando con demasiada frecuencia se 
repiten, con la tisis; sufren también apoplegías, itiflamacio- 
nes y cataratas. Los remedios producen en ellos los m'<;mos 
efectos que en el Hombre Muchas especies de monos tie- 
nen muy pronunciado gusto por el té, el café y las bebidas 
espirituosas; fuman también el tabaco con placer/' Aunque 
estos hechos son de poca importancia, prueban, empero, 
cuan semejantes son los nervios del gusto en el Hombre y los 
monos, y que, en ambos, puede ser afectado del mismo mo- 
do el sistema nervioso. 

El naturalista Arturo Mangin, en su obra VHomme et 
V Animal,] establece una diferencia entre el Hombre y el mo- 
no, diciendo: ''Zoológicamente hablando, el Hombre se dis- 
tingue de los graades monos por caracteres anatómicos y 
físiológicop, y se diferencia psicológicamente de todos los 
demás animales por facultades mentales, de las que varias 
le son exclusivamente propias, al paso que otras están sólo 
más desarrolladas en él que en el animal." 

Ea las remotas primitivas Edades, en que se operóla 
evolución progresiva, por la cual el mono antropóide se 
perfeccipnó gradualmente hasta llegar el Hombre al estado 
de su completo desarrollo, hay que tener en cuenta que la 
Naturalesa evolucionaba vertiginosamente: la fauna y la 
flora sufrieron sucesivas transtormaciones, hasta perderse 
esas especies extraordinarias desconocidns hoy, á la vee que 
las grandes perturbaciones cliiiatéricas, en la sucesión de 
los siglos, determinando el Período Cuaternario, en^ue apa- 
reció el Homo sapiens, que es el ser más perfecto de la Crea* 
don. 



ORIdfiN B£I^ HOMBRE 11 



rife 

Volviendo, ahora, á la debatida cueatión de si el Hombre 
apareció en la Edad Terciaria ó en la Cuaternaria, ( que ha 
flido el tópico de algunos paleontólogos y geólogos) en apoyo 
de esta cuestiónj basta recordar que se ha descubierto en el 
condado de Norfolk (al Este de Inglaterra), el esqueleto de 
un hombre que, se dice, ha pertenecido á una raza anterior 
á la llamada de Neanderthal ( 1 ) enterrado bajo una capa 
geológica que hace remontar su origen más allá de la raza 
hiperbórica que data de la Edad Terciaria. Admitiendo tal 
supuesto, este descubrimiento seria de grande importancia 
bajo el aspecto científico, y por eso ha llamado la atención 
de los sabios modernos dedicados á esta clase de problemas, 
principalmente de Alfonso Favre, que en su obra Éxistence 
de THomme á FÉpoque Tertiaire, trata de sostener esta 
misma opinión. 

La existencia del Hombre en la Época Terciaria se ha jus- 
tificado últimamente, en 1911, con el hallazgo en un depósi- 
to de arcilla de Pilk-Down Common, cerca de Uckfield 
(SusseXj Inglaterra), de un fragmento de quijada y de una 



(1) El profesor T. A. Lucas, presidente de la Sociedad Biológica de 
Washington, invitado por el Schmitsoüian Institute, á dar su opinión al 
respecto, expuso en un largo estudio efectuado después del examen de los 
datos relativos á los esqueletos ú osamentos humanos exhumados en el 
valle de Dussel (en Aurlgnac) , en Spy (en Bélgica) , y en Mauer (cerca de 
Heildelberg) , que el Hombre hallado en el condado de Norfolk, probable- 
mente es posterior á los de Neanderthal, y que sin duda formaría parte de 
una emigración venida del Asia Central y transportada al Norte de Euro- 
pa y á Inglaterra, cuando las Islas británicas eran todavía una península 
y la ciudad de Tamise tributarla del Rhin La envoltura en capas de una 
edad anterior á la Edad Cuaternaria, agrega este sabio, resulta simple 
mente efecto de un hundimiento cuyas ruinas sd amontonaron sob re el es 
qucleto en referencia. 



12 :preambulo 



porción de cráneo del Hombre fóiil que, le dice, ei tin expo- 
líente fiel del eslabón de conexión cotí los monos, pnes parece 
que es incontrovertible la interpretaciói que los sabios 
Dawson de Levares y Smith Woodward le han dado. Supo- 
nen estos sabios, que este Hombre fósil ha existido hace ya 
algunos centenares de miles de años, ó sea, durante los pri- 
meros tiempos de la Época Pleistocena, anterior al Perío- 
do Plioceno, y calculan que era un hombre de baja estatura, 
pletórico de músculos y que no había llegado á obtener la 
figura airosa del cuerpo característico del ser humano de 
nuestros días: en una palabra, estos sabios opinan que los 
fragmentos del Hombre de Sassex, como los de los hombres 
fósiles de Java, Heildelberg, Gibraltar, Constadt, Uckfield, 
Spy, Saint Acheul, Moustier, Dussel y otros, llevan señales 
ineludibles de las relaciones de descendencia del Hombre con 
el mono. 

Los paleontólogos, que han especificado los rasgos ca- 
racterísticos de las razas humanas primitivas, opinan que 
el esqueleto descubierto en Neanderthal (Prusia Reana), es 
del Período Glacial ó de transición entre la Edad Terciaria 
y la Cuaternaria: es raza contemporánea del gran oso dé 
las cavernas y del elefante fósil; estaba dotado de fuerta 
hercúlea y tenía una fisonomía bestial; no poseía sino un 
lenguaje articulado completamente rudimentario; sus cos- 
tumbres eran las del salvaje, nutriéndose tan sólo de raíces, 
frutas silvestres, caía y pesca. 

Después de la raza Neanderthal, se ha encontrado esque- 
letos de razas posteriores ó sea de la Edad Cuaternaria. 

En Constadt (valle del Rhin), en Naulette (orilla izquier- 
da del Lesse, en Bélgica), ea Brux (Bohemia), en Olino (Ita- 
lia) y en otros lugares de Francia, se han descubierto esque- 
letos fósiles de razas y costumbres Idénticas á la de Nean- 
derthal. 

En Chapelle-aux-Saints (Capilla de los Santos) al Sud de 
Francia, en una grata descubierta en 1908 por los abates 



ORIGEN DEL HOMBRE ,13 

C^' I ■ ». I M .11 ■■ .I. . ■ ■ ..11 ■ 

Bouyssnie y Bardon encontraron una cantidad de osamen- 
tos humanos fosilizado! cuyo conjunto constituía un esque- 
leto casi completo. El notable paleontólogo Mr. Boule, ha 
hecho un estudio detenido del cráneo de ese ser prehistórico, 
y en su magistral obra publicada recientemente, en 1913, 
con el título de UHomme fossile de la Cbapelle-aux-Saints, 
este sabio profesor enumera hasta veintiocho caracteres 
que ofrecen las diversas partes de ese cráneo y que son co- 
munes á los del mono. 

Los esqueletos trogloditas ú hombres fósiles que se han 
hallado en el asilo ó refugio de Cro-Magnon ( Périgord, Fran- 
cia), son ya de rasa más adelantada que las anteriores, 
tanto en su constitución física cuanto en sus costumbres, 
pues los objetos que junto á ellos se han encontrado y de 
que se servían, eran mejor labrados y más á propósito para 
los usos á que los destinaban. Según opinión del sabio 
Quatrefages, esa raza era algo inteligente. 

Los esqueletos trogloditas de Furfooz (Bélgica), última 
raza primitiva de los tiempos prehistóricos, manifiestan ha- 
ber sido seres aún de mayor inteligencia que los de Cro-Ma- 
gnon, pues conocían el medio de fabricar una loza groiera. 

De todo lo referido, cierto parece, que no el Hombre per- 
fecto, sino el antropóide homínido existía ya en el Período 
Pliocetío ó sea á fines de la Edad Terciaria, como lo com- 
prueban las investigaciones de los geólogos Biviere de 
Klaatsh y Hauser, Seleucka y Carthaus, Lartet y Leffikwell, 
practicadas, respectivamentje, en Moustier, Trimel, Eyziei y 
en la isla ártica de Bater. Nada menos que el hallazgo de 
una docena de. esqueletos fósiles referentes á la raza del 
Hombre primitivo, convencen que esa misma raza constitu- 
ye una especie aparte, diferente del Homo sapiens al que te- 
nemos el honor de pertenecer. 

Difícil es precisar cuál podía ser la vida social de esos 
hombres primitivos; pero es de suponer que vivían brutal- 
mente 7 como animales, con sólo el instinto de la nutrición, 



14 PREÁMBULO 



de la defensa contra la inclemencia del clima y contra las 
bestias feroces qae podían ofenderlos. 

Se ha observado que el Hombre primitivo vivía general- 
mente en las orillas de los ríos; es allí donde se encuentran 
sus restos, como así mismo en las cavernas naturales abier- 
tas por la erosión de las aguas de los valles. Natural es, 
que sea difícil descubrir sus osamentos, porque están casi 
siempre enterrados de cuatro á seis metros de profundidad 
en el suelo de las cavernas, debido á que las aguas surabun- 
dantes las llenaban de detritus, de arena y de limo arrastra- 
dos por ellas. Por eso, muchas cavernas están tan llenas 
de limo, que parece imposible, á primera vista, que pudie- 
ran existir allí, bajo una espesa capa de tierra, muchos res- 
tos de osamentos, y solamente practicando escavaciones 
profundas, es que se han descubierto vestigios de huesos que 
han pertenecido al Hombre primitivo, como así mismo osa- 
mentos de corpulentos animalesj 

e& 

Cuanto al desarrollo del Género Humano, según opinión 
de algunos paleontólogos, éste se realizó paulatinamente en 
el trascurso de tan inmensos períodos de tiempo, que ape- 
nas se concibe, ni aún se puede formar la más lejana idea, 
datando, suponen algunos, de más de veinte mil años. 
H^ií^kel va aún más lejos, pues opina que desde la Creación 
del Mundo, no solamente han trascurrido cien mil años, sino 
probablemente muchos centenares de miles de años. En fin, 
otros paleontólogos infieren que la Tierra tiene una edad 
que se escapa á todo cálculo numérico, y que hace muchos 
millones de años que su superficie está habitada por el Hom- 
bre (1). 



(1) Sin contradecir lo opinado por los paleontólogos citados, creemos 
que es imposible y hasta temerario fijar la ífpoca en que fué creado el Uni- 



ÓRIÓBN DBL HOMBRE 



15 



El Dr. Thomas C. Chamberlain, jefe del departamento 
de geología de la Universidad de Chicago, declaró en una 
conferencia pública, tenida en el local del Museo Municipal, 
ante los miembros de la Sociedad Geográfica de aquella ciu- 
dad, que, á BU juicio, "el planeta tenía ya cien millones 
de anos, j que por sus fenómenos climatológicos y sus con- 
diciones atmosféricas subiaistirá aún otros millones de 
años." 



Tcrao: ni la ciencia ha podido conseguirlo, ni la Iglesia ha determinado 
cuál de los diversos sistemas deba seguirse para precisar esa época. 

Hé aquí las fechas en que los cronologistas colocan la Creación del 
Mundo, contando por años solares, antes de Jesucristo: 



Rabbi Nasón 3740 

Rabbi Gersón 3754 

Rabbi Levi 3754 

Los Judíos modernos 3761 

Benito Arias 3849 

Santiago Gordón 3880 

San Gerónimo 3941 

Julián Cardón 3944 

Evscalígero 3950 

Cornclio 3951 

Hernán Beda.... 3952 

Lansperg 3958 

Juan Pie 3959 

Gerardo Mercator 3966 

El P. PctuYio 3983 

El P. Petau 3984 

Üsserio 3999 

Mario Antonio 4000 

Usher y Ulsio, á quienes han 
seguido Bossuet, RoUín y 
otros, que es la más gene- 
ralmente aceptada 4004 

Guillermo Languis 4040 

El P. Tornid 4052 

Bl Ab«t« MüUer 4053 



EIP. Labbé 4053 

Rabbi Moses 4058 

Lorenzo Codoman 4140 

Clinton 4138 

Adán, Arzobispo de Viena 4632 

Caffiodoro 4697 

El Texto de la «Biblia» 4700 

Rabbi Nahassa 4740 

Los Benedictinos en su «Arte 

de verificar las fechas» 4639 

Metradoro 5000 

San Epifanio 5049 

Filón, el Judío 5196 

Sigiberto : 5196 

Felipe de Bergamo 5198 

Ensebio 5200 

El «Martirologio Romano».... 5200 

Raban 5296 

Abumazar , 5328 

Isidro de Peluza..... 5336 

Pedro Dalliaco 5344 

Isidoro de Sevilla 5344 

San Agustín 5351 

Teófano 6500 

Teófilo de.Antioquía » 5515 



16 PREÁMBULO 



Si los cálcalos de los paleontólogos nombrados parecen 
enormemente exagerados, debemos citar la opinión de un 
•abio geólogo inglés, Mr. R. T. Strntt, que pretende haber 
determinado por un método maj preciso, la edad de algu- 
nas rocas eruptivas, buscando la cantidad de helium que 
contienen. Por el análisis que hizo de algunas mues- 
tras de circo (1), ha encontrado que los basaltos de Auver- 
nia, de la Edad Terciaria, tenían 6.270,000 años de existen- 
cia; que los dé Noruega excedían de 54.000,000 de años; y 
que las tierras acules diamantíferas de Kiaberley, en el Áfri- 
ca Central, alcantan la respetable edad de 320 000,000 de 
años. Además recogió, dice, en la provincia de Ontario, en 
el Canadá, una roca arcaica que cueuta, por lo menos, 
622.000,000 de años; y aún, añade que, á su juicio, las ci- 
fras que él indica son inferiores á la realidad, pues cree que 
el Globo Terráqueo cuenta por lo menos 700.000,000 de 
años. 



Isaac Vossio 5590 Según los Septantes 5872 

Clemente Alejandrino 5624 Pezrón 5872 

Riccioli 5634 Suidas 6000 

Nicéforo deConstantinopla.... 5700 Onufro Pauvino 6310 

Lactancio 5801 Las «Tablas Alfonsinas» 6984 

Como se vé, los cronologistas no están acordes sobre la duración del 
Mundo desde la Creación hasta la venida de Jesucristo. No creemos, tam- 
poco, que ninguno de estos guarismos sea exacto en mayor ó menor grado, 
tanto más que los paleontólogos opinan que la Creación del Mundo data 
de millones de años. 

(1) Mineral que se compone de 64 partes^de circonio, 33 de sílice y ^ 
de óxido de hierroi 



ORIGEN DBL HOMBRE 17 



§ II 

En este segundo parágrafo es del caso ocuparnos espe- 
cialmente del origen del Hombre en el Continente Ameri- 
cano. 

El sabio Hamy, en su obra VHomtne tertiaire en Amé- 
riquCy opina, entre otros geólogos, que no solamente en los 
Antiguos continente?» sino también en el Nuevo, ha existido 
el Hombre desde el Período Plioceno, pues asevera que se 
han descubierto esqueletos de ese mismo Período en Nueva 
Orleans y en Jacksonville (Estados Unidos de Norte Améri- 
ca), y en Mercedes (Argentina), deduciendo que pertenecían 
á una raza dolicccéfala y platicéfala 6 sea de cabesa larga 
y estrecha, y aplanada la bóveda del cráneo, de capacidad 
cerebral pequeña, de órbitas grandes y algo circulares, de 
pómulos salientes y de maxilar superior prognato inclinado 
hacia adelante, de estatura baja, de huesos fuertes y de 
constitución vigorosa. Este Hombre primitivo vivía de la 
cata y de la pezca; pues sus armas que se encontraron junto 
á sus osamentos, eran de piedra, de varias formas y peque- 
ñas dimensiones, con las que atacaba á los corpulentos 
paquidermos que, en América, abundaban en aquellos re- 
motos tiempos. 

Últimamente, en 1912, una comisión científica de la 
Universidad de Yale (Estados Unidos de Norte América), 
presidida por el sabio arqaeólogo|Mr. Hiram Bingharo, re- 
corrió parte del Sur del Ferú, haciendo importantes estu- 
dios geológicos. Entre los resultados más notables de esta 
comisión, se halla el descubrimiento de huesos interestrafí- 
cados del Hombre prehistórico que, se supone, anterior al 
Período Glacial, como también el hallazgo de huesos de 
bizonte americano, que los hombres de ciencia no han creído 
que pudiera haber existido en Sud^América. Asimismo, esta 
comisión encontró cerq^ d^l CttCQQ nn htieso de un aaimc^l 



18 PREÁMBULO 



extinto que tiene, en opinión de los investigadores, cuando 
menos 70,000 años. Los trabajos de esta comisión han 
sido de tanto interés, que despertaron la atención de loa 
círculos cientifícos, pties además de los hallazgos anotadof, 
hizo igualmente el descubrimiento, en el Perú, de ciudades 
misteriosas, antiquísimas y desconocidas, de las que nos 
ocuparemos con algún detenimiento en la segunda parte de 
esta obra. 

Otros etnógrafos han establecido la teoría de que en los 
Antiguos continentes y aún en América, se han encontrado 
huellas de la raza etiópica, y que la Humanidad entera tie- 
ne un origen común africano. A este propósito, el notable 
antropólogo Zayas Enriquez, en un artículo titulado ¿Cuál 
es la rnz¿i primitiva? (publicado en la revista mensual "Amé- 
rica," de Nueva York, correspondiente al mes de Junio de 
1910) al ocuparse de la raza originaria de América, dice: 
"En el Continente americano las huellas de la raza etiópica, 
aunque más escasas, no son menos visibles, y todavía exis- 
ten varios girones de esas razas de negros, que tengo como 
primeras pobladoras del Nuevo Mundo, tales son: los Cara- 
coles, de Haití; los Califurnams, de !as islas Caribes; los 
Aguahos, de Cutara; los Aroras ó Yaruras, del Orinoco; los 
Chaymas, de Guayana; los Maujipos, Porcijis y Matayos, 
del Brasil; los Nigritas, Chuanas ó Guanas, del Istmo de 
Darién; los Manabis, de Popayán; los Guabcsyjares ó 
Zambos, de Honduras; les Esteres, de la Nueva California; 
los Indios Negros, encontrados por los españoles en Luisia- 
na; y les Ojos de Luna y Albinos, descubiertos en Panamá." 

efe 

Según opinión de doctes y renombrados etnógrafos y 
etnólogos, el suelo americano fué habitado desde les tiem- 
pos antediluvianos: confirma este parecer, la exposición de sa- 
bios paleontólogos que aseveran haberse encontrado en este 



ORIGEN DEL HOMBRE 19 

continente numerosos fósiles de mamíferos antediluvianos 
de las Épocas Siluriana, Devoniana y Carbonífera, que lo ha- 
bitaban, como el mammoutb, el mastodonte, el ictyhosauro, 
el milidonte, el megaterio, el machairodo, el brontosaurio, 
el ceratosaurio, el macranchenia, el glyptodonto, el monc- 
saurio, el mylodoc-magaterio, el macroynato, el halytherio, 
el diphococüs (1), el dinosaurio (2) y otros paquidermos de 
corpulencia extraordinaria (3). Junto con esos restos de 



(1) Últimamente se encontró en Wyoming (Estados Unidos de Norte 
América), á poca profundidad del suelo, un diphococüs de gigantescas pro- 
porciones, que se calcula vivía hace más ó menos 8.000,000 de años: mide 
20 metros de largo, por 4 metros 50 centímetros de altura y debía pesar, 
según cálculos, de 25 á 30 toneladas. Parece ser uno de los mayores es- 
queletos conocidos. 

(2) Igualmente en estos últimos tiempos, en 1912, se ha descubierto 
en las canteras de Jen.sen, en Rock-Spring (también en Wj^oming), el esque- 
leto de un desmesurado dinosaurio que tenía 75 pies de largo. El profe- 
sor Earl Douglas, que ha estado á cargo de las excavaciones, dcclaríi que 
ese animal antediluviano es uno de los de ma3'^or tamaño que se ha encon- 
trado hasta ahora, pues tiene cinco pies más, de largo, que el diphococüs 
encontrado anteriormente en ese mismo lugar. 

(3) Se pretende que aún actualmente existen algunos raros ejemplares 
de los animales monstruos, tan comunes en las Edades Terciaria y Cuater- 
naria, y se cita que, en los lagos y ríos del fondo de la Patagonia, se encuen- 
tra un monstruo anfibio llamado generalmente yemisch ó pterodáctilo, 
que es un Síjbreviviente de la casta del milidonte: se calcula que tiene una 
longitud de 20 metros; camina en tierra con la misma facilidad con que 
nada en el agua; es de hábitos nocturnos y tan fuerte í|ue se prende con 
sus garras de las muías y caballos y los arrastra al fondo de las aguas; 
es de cabeza corta, con grandes colmillos y orejas en pabellón; pies cortos 
y aplastados (plantigrados) con tres dedos en los anteriores y cuatro en 
los posteriores, unidos por una membrana rotatoria, á la vez que armados 
de formidables garras; la cola es larga y depresiva; el cuerpo está culjicrto 
con pelo corto, duro y rígido, de color bayo uniforme. Tambicu se supone 
que en las lagunas y ríos de la América Meridional existen o Líos animales 
de corpulencia extraordinaria, entre ellos el yaguaró, que también es anfi- 
bio y arrastra igualmente, al fondo del agua, á las muías y caballos que 
vadean los ríos. 



20 PREÁMBULO 



mamíferos ie han encontraio tambiéa osamentos, cráneos 
y esqtteletos humanos de los primitivos habitantes de aque- 
llas épocas lejanísimas, á la ycí que herramientas y otroi 
utensilios de piedra del uso de esos mismos habitantes. 
Efectivamente, en las Montañas Pedregosas, en Wyoming, 
Colorado, Nueva Jersey, Massachusets, Nebrasca, Missuri, 
Luisiana, Nueva OHeans, Illinois, Ohto, Pensilvania, India- 
na (1), De^aware, Keatucky, California, Oregón, Sierra Ne- 
vada, México. Guatemala, Nicaragua, Colombia, Venezue- 
la, B:íuador, Perú, Bolivia, Chile, argentina, Brasil, Gtia- 
yanas y otros lugares más, se han encontrado restos ani- 
males y humanos, artefactos, utensilios de silex y otros 
objetos rústicos que prueban, del modo más evidente, la 
existencia del Hombre en toda la América, durante y des- 
pues de las Épocas Terciaria (arqueolítica ó paleolítica) (2) 
y Cuaternaria (neolítica) (3), probando, además, que tan- 



(1) últimamente, en el mes de Noviembre'"de 1906, un tal Robert S. 
Gilder, encontró de un modo casual, en las montañas de Indiana, un gi- 
gantesco esqueleto, que sometió al estudio del naturalista Dr. Henry Os- 
born, profesor de la Universidad de Columbia, el que, en unión de otros 
sabios ha declarado que dicho esqueleto pertenece á uno de los moradores 
de esa tierra, hace "^más de 200,000 años, ó sea de los tiempos en que la 
América era poblada por raza de gigantes, antes de la Edad Glacial, Este 
hallazgo impulsó á estos sabios á practicar nuevas excavaciones en ese 
mismo lugar, encontrando también el esqueleto de un búfalo tan antiguo 
como el gigante, y que es dos veces más alto que el búfalo que existe hoy 
en ese país. Ambos esqueletos, según opinión de dichos sabios, son consi- 
derados como los más antiguos encontrados hasta la fecha, pues los 
otros que se han hallado anteriormente han sido declarados no tener más 
de 150,000 años. 

(2) Época en que el hombre principió á fabricar instrumentos de pie- 
dra, tallándolos toscamente, mediante la percusión, pero n(^ pulimentán- 
dolos. 

(8) Época en que el Hombre principió á pulimentar los instrumentos 
de piedra que fabricaba. Es el período de la piedra pulida, que termina la 
Edad de Piedra y alcanza hasta la Edad de Bronce. La Edad de Piedra 



ORIGEN DEL HOMBRE 21 



to en la8 regiones del norte como en las del sud, vivía el 
Hombre mezclado con los animales, á los que cazaba y ma- 
taba con sus toscas armas de pedernal, para proveer á su 
subsistencia y conservación, pues la carne le servía de ali- 
mento y con las pieles hacía sus vestiduras, utilizando las 
demás partes en otras cosas de su uso (1). 

Para corroborar esta afirmación, expondremos lo asen- 
tado por algunos autorizados paleontólos que han hecho 
descubrimientos de restos humanos y animales, como tam- 
bién de objetos de silex y otras materias, de las Épocas 
Terciaria y Cuaternaria, tanto en la América Septentrional, 
cuanto en Ja Meridional. 

De la América del Norte se citan los siguientes hallazgos: 
Mr A. Bamps, en su excelente Memoria titulada he Syn- 
chronisme préhistorique, dice: ^Xas excavaciones ejecutadas 
en América y especialmente en California, han revelado la 
existencia del Hombre en la Época Terciaria; estas trazas 
han sido reconocidas en los Depósitos de San Lorenzo, de 
Gasconade-County, de Vermillon-Bay. en los arrecifes de la 
Florida, en los de Nitchez y de Nueva Orleans " 



coincide con el estado social del Hombre, ya muy diferente; el perro se halla 
á su lado, haciéndose pastor; está acompañado de varios herbívoros y se 
dedica á la agricultura, Es el principio de una nueva Era que se acrecien- 
ta más y más, para señalarse con más precisión en la Edad de los Metales. 
Las épocas Terciaria y Cuaternaria son también períodos en que las 
tierras y las aguas estaban distribuidas de una manera muy distinta de la 
actual y en que prevalecía un clima diferente. 

(1) Diodoro de Sicilia describe así el origen de la Humanidad: «Los 
primeros hombres, en su ignorancia de las cosas útiles á la vida, llevaban 
una existencia miserable; estaban desnudos, sin abrigo, sin fuego y sin te- 
ner idea alguna de alimentación conveniente. No se preocupaban de coger 
los frutos silvestres y hacer de ellos una provisión para la mala estación. 
Pero, después, la experiencia los indujo á refugiarse en las cavernas duran- 
te el invierno y á almacenar los frutos que podían conservarse. Eíi todas 
partes la necesidad ha sido el maestro del Hombre.» 



22 PREÁMBULO 



En las capas auríferas de la falda oeite de Sierra Nevada 
se han extraído grandes cantidades de huesos de mam- 
mouth, mastodonte, león y caballo, mezclados con produc- 
tos de la labor del Hombre. 

En las orillas del Eiviere Bourbeuse, en el Gasconade- 
County del Estado de Missouri, el Dr. Korli extrajo el es- 
queleto completo de un mammobtk, acribillado de flechas y 
lanzas de pedernal. 

En AVyoming (Colorado) y en la región del Pacífico de 
Estados Unidos, á más de los mamíferos antediluvianos, 
como el diphococus y el dinosaurio, se han encontrado ar- 
mas, herramientas, morteros, cazuelas de piedra, etc., que 
son vestigios indubitables de la estancia del Hombre en 
aquellas comarcas. 

También el Dr. Korh descubrió en Gounty-Benton, en 
Missouri, un fragmento parecido al fémur de un mastodonte 
con una punta de pedernal rosa clavada, y otras cuatro 
flechas sueltas, que sin duda habían sido disparadas contra 
el terrible animal. 

En la isla llamada Petit Anse, del río Miessissipi, Mr. 
Desnoyers halló el esqueleto de un mammouth, y debajo de 
él restos de tejidos de esparto y cestas enteras hechas de 
caña. 

Mr. Scott desenterró en Pikee's Peak, instrumentos de 
silex. 

Mr. B^ake encontró también en Toulomne otrcs instru- 
mentos y objetos de silex. 

En Yüwa y Nebrasca se han hallado huesc s de masto- 
donte juntamente con muchas puntas de lanza de pedernal, 
que habían sido asestadas contra aquel animal poderoso. 

En los lechos arenosos del pequeño río Miami (Ohío), en 
los yacimientos de Jackson-County (Indiana), en las cerca- 
nías de Claymont (Delaware) y en los aluviones de Creeck 
de Naamam (DelaYrare), se han hallado primitivas herra- 
mientas del Hombre prehistórico. 



ORmEN DEL HOMBRE 23 

Cráneos de hombres de la época antediluviana se han 
encontrado en Placerville (California), en Table-Mountains 
(Condado de Toulumne) y en Bald-Hilla (California), 

En 1866 fué hallado en Rock-Bluff (Illinois River) otro 
cráneo humano y la mandíbula inferior de un esqueleto de 
hombre, que se supone era del Período Terciario, ó sea al 
final de la Época Glacial. 

Últimamente, el Dr. A.bbott descubrió en los yacimientos 
areniscos del río Delaware (New-Jersey) útiles de pedernal 
toscamente labrados, cuyas cortantes esquinas servían al 
Hombre prehistórico, para cortar, raspar y aserrar, útiles 
primitivos, que manifiestan que quienes los habían labrado 
se hallaban aún en el ínfimo grado de cultura, ó sea, en la 
Época Glacial. 

Algunos otros descubrimientos hechos en la América 
del Norte, como flechas de silex, encontradas en Missouri, 
debajo del esqueleto de un mastodonte; el cráneo hallado en 
el Condado de Calaveras, á 130 pies debajo de la superficie 
del suelo; los martillos y otros utensilios de piedra extraí- 
dos junto al río Ontonagón, á una gran profundidad, y mu- 
chas otras herramientas toscas de pedernal desenterradas 
en otros lugares de la América Septentrional, son otros tan- 
tos testimonios de la antiquísima existencia del Hombre en 
este Nuevo Continente, 

Tampoco han escaseado en la América Meridional, los 
descubrimientos de restes humanes y objetos de épocas pre- 
históricas. 

En las formaciones terciarias posteriores de las PampES 
Argentines, descubrió el Dr. Segnín, á les orillas del río Car- 
caraña, revueltos con huescs de animales antediluvianos, 
huesos humanes, como cráneos, mandíbulas, costillas, etc., 
y varias herramientas de piedra. 

El naturalista Mr. Lund, que tanto estudióla fauna fósil 
del Brasil, encontró en una cueva de piedra caliza, á la ori- 
lia del lago Lagoa do Samidairo, los huesos de más de 



24 pRniuBVLo 



treinta individuos humanos, junto con más de cuarenta ei- 
pecies de animales antediluvianos. 

El Dr. Ameghino refiere que, á orillas del río Frías, á 
veinte leguas de Buenos Aires, encontró gran cantidad de 
huesos humados, abundante carbón vegetal y tierra tosta- 
da, é infinidad de huesos de animales prehistóricos; asimis- 
mo halló puntas de flechas, cuchillas de pedernal y herra- 
mientas para afilar, objetos todos fabricados de silex. 

Mr. J. Hutchinson, en su obra Two years in Perú, refiere 
el siguiente hallazgo: ''El ídolo de piedra y las vajillas para 
agua encontrados en las Islas de Chincha á 72 pies debajo 
de la superficie, indican una gran antigüedad, millares de 
años; también se ha hallado ídolos de madera á 35 y 38 
pies de profundidad del mismo depósito de huano." 

En Goracora se encontró, á 30 metros de profundidad, 
un esqueleto fóiil que el profesor Huxley clasificó como un 
tipo medio entre el camello y la llama, que denominó ma- 
chruchenia. 

En la región andina del Perú, en la altura de Yantac, 
á 4,500 metros de la Sierra de la Yiudad, provincia de Yau- 
li, se desenterró restoá fósiles del megaterio. 

En el Huallaga, en las cercanías de Chota, el sabio Rai- 
mondi halló huesos de mastodonte. 

En una cueva de Cerro de Pasco se encontró el esquele- 
to del seclidotherio. 

El Conde de Pourtalis descubrió fósiles humanes en las 
cercanías del lago Lagra-Santa, en un conglomerado calcá- 
reo, en el Brasil, atribuyéndoles una antigüedad de más 
de 10,000 años. 

Mr. Brulant, que ha residido muchos años en Tucumán, 
ha descubierto en Santa María, unas catacumbas de la 
época prehistórica, que ocupan ¿la extensión de dos leguas, 
de las que extrajo varias urnas con maiz tostado y medallo- 
nes con geroglíñcos, que corresponden á una época remo- 
tísima. 



ORIGEN DEL HOMBRE 25 

Mr. Joly, en su importante estudio publicado en la 
''RevtieScientifique" N° 40. correspondiente al 7 de Junio 
de 1879, refiere que "en Mercedes, en loa alrededores de 
Buenos Aires, han sido encontrados osamentos humanos, 
acompañados de objetos de silex, groseramente tallados, y 
de restos de animales extinguidos," que, indudablemente, 
son de épocas prehistóricas. 

En 1847 el Sr. Rodrigue* Ferrer descubrió en un cayo 
al Sur de Puerto Príncipe (Isla de Cuba) una mandíbula 
humana, fósil. 

En Tarija han encontrado los esqueletos del mjlidón y 
del megaterio, como también grandes colmillos del masto- 
donte. 

En Punín, cerca de Riobamba, en el Ecuador, el sabio 
Mr. W. Branco descubrid, en 1883, los esqueletos del masto- 
donte y del protonchemia, animal que es un tipo entre el ti- 
gre y la hiena, con colmillos formidables 

En el río Daule se bailó los restos de un atiimal grande, 
idéntico al mylidonte. 

Ec 1866, Mr. Dicleby ha encontrado, en el territorio de 
los Natchezes (Norte América), muchos osamentos humanos, 
fósiles, mezclados con otros de mammouth y de mastodonte. 
En el mismo año Mr. Matson, prolongando un pozo de 
mina en California, á una profundidad de 130 pies, encontró 
un cráneo humano, fósil, enterrado bajo cuatro capas de 
cenizas volcánicas, solidificadas. 

El capitán Peck halló cerca del río Ontonagon (Califor- 
nia), á una profundidad de 25 piee, huesos fósiles, junto con 
instrumentos toscos de silex, de la primitiva industria hu- 
mana. 

Otra prueba evidente de la estancia del Honabre en Amé- 
rica, desde las Épocas Terciaria y Gaaternaria, son la for- 
mación de enormes depósitos de conchas que se encuentran 
en muchas costas marítimas y orillas de ríos de este Nuevo 

Continente, principalmente á lo largo de las costal de Cali* 

4* 



26 PREÁMBULO 



fornia, de las islas de Vancouver, Terranova y en las orillaa 
de los ríos de Mainas, Massachusset, Georgia, Florida, Ala- 
baraa, Luisiana, en Norte América; en la Isla de Casceiro, 
en el Brasil; y en las orillas de las Bahías de Paranagua, 
San Paulo y Río de La Plata, en la América del Sur: todos 
depósitos conchíferos en los que se han encontrado machos 
objetos pertenecientes al servicio del Hombre prehistórico. 

De gran importancia son^ también, los bloques de toba 
del antiguo volcán, ya extinguido, llamado Tizcapa, en Nica- 
ragua, en los cuales se han hallado estampados las huellas 
de dos pies humanos; toba que se encontró en una superficie 
de arena conchífera, cubierta por catorce capas distintas de 
piedras: estas huellas de pies humanos tienen tres centíme- 
tros de profundidad, veinticuatro de longitud y ofice de an- 
cho, y la distancia 6 paso, de un pie á otro, es de treintiseis 
y medio centímetros, demostrando que esas huellas fueron 
impresas en la toba, cuando ésta estaba aún blanda. Incal- 
culable es poder imaginar los miles de años de existencia 
que tendrían esas huellas impresas en aquellos bloques de 
toba, ya que se hallaban cubiertas por catorce capas dis- 
tintas de piedras; pero es evidente que ellos son de una épo- 
ca inmemorial. 

Todos los hallazgos que hemos referido, manifiestan, 
inequívocadamente, que el Hombre ha habitado el suelo 
americano cuando todavía no existían los pueblos más an- 
tiguos y adelantados de que se conserva memoria. 

A este propósito, el Dr. Rodríguez Dulanto, en su cientí- 
fica tesis (1) leída ante la Facultad de Cietícias de la Univer- 
sidad de San Marcos de Lima, ha dicho: "El Continente 
americano ha sido, desde los más remotos tiempos, la pa- 



(1) «Reflexiones antropológicas relativas al Hombre universal, al 
americano y al peruano.» publicado en el tomo XXV de los «Anales de la 
Unívereidad de San Marcos de Lima,» pégs. 339 á 432, correspondiente al 
Rfiodcl897. 



ORIGEN DEL HOMBRE 27 

tria de un gran pueblo, el pueblo americano, cuyo origen se 
remonta más allá de los principios de la Civilisacióa y de la 
Historia." 

Al admitir que la América haya sido habitada desde los 
tiempos prehistóricos ó antediluvianos, lógico es suponer 
que su habitabilidad haya sido contemporánea del Antiguo 
Mundo. 

El sabio Alejandro de Humboldt, en la introducción de 
su obra Vues des Cordilléres, opina que "nada prueba que 
la existencia del Hombre sea más reciente en América que 
en los otros Continentes." 

C. Darwin, en su Voy age of a naturalist round the 
World, afirma, á su ve», que **debemos admitir que el Hom- 
bre ha habitado la América desde un tiempo inmensamente 
'dilatado." 

El naturalista Mr. Joly, en su estudio ya citado, ratifica 
que "en América como en Europa, el Hombre ha sido con- 
temporáneo de especies desde largo tiempo extinguidas, y 
que, por consiguiente, allí también su existencia remonta á 
los tiempos geológicos." 

El sabio etnógrafo Juan Engling, autor de un trabajo 
titulado Uancienneté de VHomme attestée par les sílex (1), 
ha hecho en él un estudio comparativo de Jas armes y uten- 
silios de piedra encontrados en el Antiguo y en el Nuevo 
Hemisferio, y de la comparación de ellos establece: 1*^ la 
antigüedad del Hombre; 2"^ la dispersión del Hombre primi- 
tivo y de sus raías sobre diversos puntos del Nuevo Mun- 
do; y 3*? la contemporaneidad del desenvolvimiento del 
Hombre en ambos Mundos. Del hecho de haber encontrado 
pedernales labrados en toda la extensión del fu^io ameri- 



(1) Este trabajo del Sr. Engling ha sido presentado al Congreso In- 
ternacional de Americanistas tenido en Luxemburgo, en 1877, haciéndose 
referencia á él en el tomo II de los «Anales» de dicho Congreso, en las 
págs. 34rl y 34-:^. 



28 PREÁMBULO 



cano, deduce el Sr Engling, que la diseminación del Hombre 
primitivo y sa desenvolvimiento ha sido á un tiempo, tanto 
en el Nuevo Mundo como en el Antiguo, deduciéndose de allí 
la contemporaneidad de loa habitantes primitivos de ambos 
Hemisferios, 

El notable antropólogo Burmeistér, en su Historia de 
la Creación, es de la misma opinión, pues sostiene que "la 
especie humana existía simultáneamente sobre los dos Con- 
tinentes, oriental y occidental, y no se posee raxón plausi- 
ble para hacerla emigrar del uno al otro." 

También en apoyo del hecho de la estancia del Hombre 
en el Continente americano en los tiempos prehistóricos ó 
Época de Piedra ó Terciaria y Cuaternaria, pudiéramos re- 
producir los juicios emitidos por muchos otros autores, an- 
tiguos y modernos, que están acordes sobre este mismo 
punto j pero aquello nos conduciría más lejos de los límites 
del presente trabajo. 




Qí¡5i52«^*!H5^W5^^*íP^íí^^ 



PRELUSIÓN 



PREVISIONES SINGULrARES 

DE UN NUEVO MUNDO 

Los antiguos han presentido ó profetizado la existencia 
de otro Mundo desconocido en la región occidental de la 
Tierraí este presentimiento estaba arraigado en la imagina- 
ción de algunos filósofos y sabios de aquella época lejana. 

Estrabón (1) en su Geograpbia, que consta de die- 
tisiete libros, se ocupa extensamente de las opiniones 
asentadas por Platón (2), Aristóteles (3), Eratóste- 



(1) Estrabón, célebre geógrafo griego, que nació en Capadocia, 50 
años antes de J. C, viajó por Asia, Egipto, Grecia é Italia, y murió en Ro- 
ma, á fines del reinado del emperador Tiberio. 

(2) Platón, ilustre filósofo griego, que nació en Eguia, 430 años an- 
tes de J. C, fundó en Atenas, en 388, una célebre escuela ó academia que ha 
llevado su nombre, en la que enseñó durante veinte años y de la que salie- 
ron multitud de discípulos, culminando unos en filosofía y otros en elo- 
cuencia, entre ellos Aristóteles, Demóstenes, Licurgo, Spensipo, Xenócra- 
tes, Isócrates, Hipérides y otros. La filosofía de Platón resume toda la 
sabiduría antigua de los griegos y abraza y armoniza los sistemas opues- 
tos de Heráclito, Parménides, Pitágoras y Sócrates: comprende todos los 
ramos del saber, como la Psicología, la Lógica, la Metafísica, la Teología, 
la Moral, la Política y la Estética. 

(3) Aristóteles, célebre filósofo griego, que nació en Estajira, 384 años 
antes de J. C, fué preceptor de Alejandro el Grande, quien favoreció con to- 
do su poder, sus investigaciones. Gran observador, genio analítico, talento 
universal, Aristóteles organizó el sistema entero de los conocimientos hu' 



30 PRELUSIÓN 



nes (1), Híparco (2) y Ptolomeo (3), acerca de la forma del 
Globo Terráqueo. Citando á Eratóstenes, que en los años 
270 á 290 antes de Cristo, colecccionó loa tesoros geográfi- 
cos de la célebre biblioteca de Alejandría, reuniendo en tres 



manos. La Lógica, la Psicología, la Retórica y la Poética recibieron de 
él, por primera vez, forma científica; la Fisiología y la Zoología son creacio- 
nes suyas; fundador de la Filosofía experimental y del Silogismo, por su 
método y clasificaciones, facilitó el molde en que se ha vaciado, hasta los 

tiempos modernos, todo el sistema filosófico y científico de la Humanidad. 

• 

(1) Eratóstenes, nacido en Cirene, ciudad de la África septentrional y 
que vivió 270 años antes de J. C, segvin unos, ó 190 de la misma era, se- 
gún otros, fué un notable filósofo, geómetro astrónomo, geógrafo, gramá- 
tico y poeta, que desempeñó el cargo de bibliotecario en la famosa Biblio- 
teca de Alejandría en tiempo de Ptolomeo -Evergetes: filé el primero que 
encontró el medio de medir un grado del meridiano y determinar la dimen- 
sión déla Tierra; resolvió la oblicuidad de la elíptica; inventó la esfera 
armitar y construyó el primer observatorio; dejó un mapa general que fué 
durante mucho tiempo después la única base de la Geografía; dio al arco 
del meridiano comprendido entre dos trópicos, 47 grados 42 minutos, me- 
dida que veinte siglos después fué confirmada por la Academia de Ciencias 
de París, que encontró en ese mismo arco, 47 grados 40 minutos, ó sea 
sólo 2 minutos menos que lo calculado por Eratóstenes. 

(2) Hiparco, astrónomo y matemático griego, que nació en Nicca, 
150 años antes de J. C, fué uno de los más ilustres maestros^ de la escuela 
de Alejandría: inventó la Trigonometría, calculó la duración del año tró- 
pico, construyó los primeros estrolabios, publicó una teoría de los movi- 
mientos de la luna y determinó la paraleja de este astro, tratando de de- 
ducir por ella la del sol; se le debe también un catálogo dé estrellas, y, sobre 
todo, el gran descubrimiento de la precisión de los equinoccios. 

(3) Ptolomeo, astrónomo, geógrafo y matemático griego ó egipcio, 
que floreció en Alejandría por los años 125 de la era de Cristo, dio su nom- 
bre al sistema astronómico que supone la Tierra inmóvil en el centro del 
Universo; su importante «Geografía,» en ocho libros, era mirada por los 
Síibios como una obra múltiple, que reunía la suma de conocimientos geo- 
gráficos que se han tenido hasta el siglo xv. Fué autor, también, de muchos 
libros de astrología judiciaria, entre otros, de una «Hipótesis y épocas de 
los planetas» y del «Tetrabiblo ó Quadripartitum.» 



PREVISIONES DE UN NUEYO MUNDO 31 

libros lo8 descubrimientos realizados hasta entonces en el 
campo de la geografía física, matemática y política, repro- 
duce el siguiente pasaje de este sabio filósofo africano, que 
en 8u Geographicorum dice: "Si no fuere un obstáculo la 
colosal extensión del Océano Atlántico, podría llegarse fá- 
cilmente por mar, siguiendo el mismo grado de latitud, des- 
de la península Ibérica hasta las Indias. La parte medida 
de este grado comprende más de una tercera parte de la cir- 
cunferencia terrestre." Añadiendo Estrabón: "Sería muy 
probable que en esta extensión se hallase mayor número de 
partes habitadas del Mundo." 

Herodoto (1) en sus Historias, que constan de nueve li- 
bros (á los que la justa admiración de la antigüedad ha im- 
puesto el nombre de las nueve Musas), asevera que "no ha- 
bría inconveniente en atravesar el Océano Atlántico en des- 
cubierto de otros habitantes desconocidos." 

Fedón. filósofo griego, que fué discípulo de Sócrates y 
que después de la muerte de su maestro fundó una escuela, 
que dio origen á la secta eleática, habla de un Mundo ocul- 
to, que más tarde debe aparecer á las miradas de las nacio- 
nes conmovidas. 

Según Theopompo (2) en sn Diatriba contra Platón^ 



(1) Herodoto, célebre historiador griego, llamado el «Padre de la His- 
toria,» nació en Halicarnaso de la Caria, el año 484 de la era cristiana. 
Hizo largos viajes por Europa, Asia y África, estudiando en todas partes, 
con un cuidado escrupuloso, la historia, tradiciones, leyes, costumbres y 
conocimiento de los pueblos que visitaba. De vuelta de sus numerosos via- 
jes, se radicó en Atenas, en cuya ciudad escribió sus «Historias,» que le me- 
recieron de los atenienses un premio de 10 talentos áticos, ó sea, el equi- 
valente de más de 600,000 reales de la moneda española. 

( 2 ) Theopompo, orador é historiador, nació en Chio, isla de la costa 
oeste del Asia Menor, en el año 378 antes de la era de Cristo; fué discípulo 
d^lsócrates. Desterrado de su patria, recorriólas ciudades de Grecia, hacién- 
dose notar por su elocuencia. Volvió á su país cuando Alejandro amnistió 
á loa desterrados; pero á la muerte de aquel pasó á Egipto, donde vivió ea 



33 PRELUSIÓN 

Sileno probó á Midaí, rey de los Prigioi, que "máa allá de 
Aeia, de Baropa y de África, existía un verdadero continente 
habitado por los Meropioi," continente al que Theopompo 
dio el nombre de Meropis, por ser gobernado por Meropi, 
hijo de Atlas, rey de Libia, y contemporáneo de Hércules, 
Theseo y Laomedonte (50 años antes de la toma de Tro- 
ya). Sileno refirió también á Midas, que aquel continente 
tenia grandes ciudades, animales, usos y costumbres, como 
así mismo abundancia de oro y plata. 

Cuarenta y cinco años antes de la presente era, Diodoro 
de Sicilia (1), que escribió sobre los diversos pueblos del 
Mundo, llama isla á la América, ignorando su configura- 
ción y extensión, y dice: '*Está distante de la Libia (África) 
muchos días de navegación, y situada al occidente; su suelo 
es fértil, de gran belleza y regado por ríos navegables. Allí 
se ven casas suntuosamente construidas." En seguida hace 
una descripción de la zona montañosa, los frutos de ésta, 
el clima, etci, y termina dicieiddo: ''Los Fenicios se habían 
hecho á la vela para explorar el litoral situado más allá de 
las Columnas de Hércules (2), y cuando costeaban; las pla- 
yas de la Libia, fueron arrojados por vientos demasiado 
fuertes adentro del Océano, siendo juguete, por muchos días, 
de la tempestad; llegaroá al fin á la isla de que hablamos." 



el iTiás completo retiro. ^Es autor de una «Historia de Grecia» en 12 libros, 
que alcanza hasta la batalla de Leuctra; escribió también una «Historia de 
Filipo de Macedonia» en 58 libros, y una «Diatriba contra Platón.» 

(1) Diodoro de Sicilia fué un historiador griego, contemporáneo de 
César. Después de viajar por Asia, África y por varias partes de Europa, 
se radicó en Roma, donde escribió una «Historia Universal,» dividida en 4-0 
libi'os, empezando en los tiempos fabulosos )' terminando el año 60, antes 
de J. C, obra de la que sólo nos quedan 15 libros enteros y fragmentos de 
otros. 

(2) Nombre que los antiguos geógrafos é historiadores han dado á 
las düs mgutañas Calpe y Abyla, que forman €l famoso estrecho de Cádú; 



PRETISIONES DE UN NÜBTO MUNDO 33 

Virgilio (1). en su Eneida^ se detiene también en eia idea 
y salva con el pensamiento, los movedizos espacios del 
Océano, para ir á sentarse en nna tier^ra lejana y venturosa. 

Pero no eran tan sólo los filósofos y sabios de la anti- 
güedad los que tenían presentimiento de la existencia de 
uno ó de varios países en medio del Océano Atlántico, sino 
que también algunos navegantes intrépidos, de aquella 
época lejana, trataron de descubrir aquellos países, pues 
según nos refiere Hornius, "los Fenicios, 1000 años antes 
de la era de Cristo, traspasaron las Columnas de Hércules 
y con audacia sin ejemplo, hasta entonces, emprendieron 
tres viajes dilatadc s, siendo indudable que descubrieron la 
ínsula Fortunata ó Archipiélago de las Canarias, 6, qui- 
sa, algún otro país situad 3 más al occidente del Atlántico, 
(ó sea la América), Estos tres viajes los efectuaron los Feni- 
cios,— dice Hornios,— el primero bajo las órdenes de Atlas, 
hijo de Neptuno; el segundo, cuando fueron lanzados por 
una violenta tempestad lejos de las costas de África; y el 
tercero, en tiempo de Salomón, cuando los Tirios, deseen* 



ó Gibraltar; la una, del lado de Europa, en Andalucía; y la otra, del lado 
de África, en Tánger de Berbería. 

(1) Publio Virgilio Marón, joven aún, ávido de conocimientos, abraxó 
todo género de estudios, letras latinas y griegas, historia y mitología, ma- 
temáticas y astronomía. Poeta inspirado, principió escribiendo composi- 
ciones ligeras, como: «Culex,» «Ciris,» «Copa,» «Moretum,» «Hortelus,» 
•Catalecta» y «Prispeia.» Después se dedicó á trabajos más serios y de 
mayor aliento: sus diez églogas tituladas «Bucólicas,» tienen elegancia en 
la forma y son de exquisita pureza de estilo; su poema didáctico «Geórgi- 
cas,» es rico y brillante en descripciones, y su gran poema «La Eneida,» que 
cuenta las aventuras de Eneas huyendo de las ruinas de Troya, es una 
obra maestra que ha sido el manantial más fecundo de las creaciones poé- 
ticas, y además magnífica, sublime por lo patética, incomparable por su 
estilo y admirable como poesía. Virgilio nació en Andes ( Piétola ) cerca de 
Mantua, el año 70 antes de J. C, y falleció en Brindis tn el año 19, antei de 
J.C.,ilaedadde51afiof. 



á4 PRELUSIÓN 



dientes de los Fenicios, fueron á bascar el oro de Ophir y 
Tarsdcbisch. 

A los Fenicios signieron más tarde (año 500 antes de 
J. G„ según nncs. y 600, según otros) los Cartaginés, que 
emprendieron desde Cartago una gran expedición á órde 
nes del almirante Hannón, compuesta de sesenta naves de 
á cincuenta remos cada una y con más de 30,000 perso- 
nas de ambos sexos, cuya expedición, con el objeto de des- 
cubrir nuevos países y poblarlos con colonias cartaginesas, 
navegó más allá del Senegal y costas de Guinea hasta el 
Cabo Boj ador, en la África Occidental, que fué entonces el 
punto extremo de la Tierra conocido. Hannón dejó una re- 
lación escrita en lengua Púnica del itinerario de su viaje (1). 



(1) Esta relación fué traducida al griego por Gelenius, bajo el título 
de «Periplo de Hannón,» é impresa por primera vez en Basilea, en 1533. 
Gesner la tradujo al latín y la publicó en 1559. Enrique Becker la reprodu- 
jo en 1661, al griego y latín. Esteban de Brisancio la reimprimió en esos 
mismos idiomas, en Leyde, en 1674. Últimamente fué vertida al francés, 
primero por Gosselin, que la insertó en sus «Investigaciones acerca de los 
conocimientos de los antiguos á lo largo de las costas de África,» y des- 
pués por Mr. de Chateaubriand, que la incluyó en su «Ensayo sobre las re- 
voluciones.» También fué traducida al alemán por Loewenberg, que la 
insertó en su «Historia de los Viajes de exploración.» 

El itinerario de la expedición de Hannón es el siguiente: Saliendo de 
Gades (Cádiz) alzó velas en dirección del sur, y después de dos días de via- 
je abordó al cabo Mollabut para echar las fundaciones de la ciudad que 
jnás tarde se denominó Tánger; continuando la excursión hacia el oste, en- 
contró un promontorio llamado cabo Espartel, donde elevó un altar á 
Neptuno; de allí navegó día y medio, haciendo estadía en la bahía de San 
Gerónimo para fundar ahí otra ciudad; se hizo nuevamente al mar, hasta 
pasar por la embocadura del río Luco; en seguida encontró un golfo en el 
que se hallaba una isla, la que denominó Fedal, estableciendo en ella una 
colonia; continuando su derrotero, pasó por la embocadura de un gran río 
llamado Cheretis; llegó en seguida á un extenso estanque, en el que habían 
tres islas mayores que la de Fedal, habitadas por hombres vestidos de 
pieles de animales, los que lo atacaron con piedras; pasó luego la emboca- 
dura de otro río cü el que babÍAQ muchoe cocodrilcí i hipopótamos; regte* 



^PREVISIONES DE UN NUEVO MUNDO 35 

Más tarde, 340 8 ños antes de J. C, Pythias, astróno- 
mo, geógrafo y navegante galo, emprendió también nna 
expedición marítima, desde el puerto de Marsilia (Marsella), 
en cuya navegación por les mares del Norte, fué llevado 
hasta una isla que se cree sea la antigua y misteriosa Thule 
ó actual Islandia. 

£n igual época, Buthimenes navegaba á lo largo de la 
costa oeste de África hasta el Senegal. 

Más tarde aún (62 años antes de J. C.) ha sido arroja- 
do sobre las cestas de Alemania, entre loa ríos Weser y 
Elba, un bote tripulado por hombres pertenecientes á una 
raza hasta entonces desconocida en Europa, los que fueron 
recogidos por un jefe germano, que los obsequió después al 
Cónsul galo, Cancilio Mételo Celer, acontecimiento del que 
hacen referencia los historiadores Pomponio Meló, en el to- 
mo III. págs 5 á 8 de su De Cborograpbia, y Cayo Plinio, 
en el tomo II, pág 67 de su Historia Natural. 

Quizá este extraordinario acontecimiento inspirase á 



só á la isla Fedal para continuar su navegación al sur, á lo largo de la cos- 
ta, en cuyo trayecto de doce días, los habitantes de esas comarcas huyeron 
á su aparición; bogó otros cinco días al rededor del gran golfo de Santa- 
cruz; continuando su camino llegó á otro golfo llamado Cuerno del Ponien- 
te, descendiendo á una isla de dicho golfo, cuyos ríos de fuego se precipita- 
ban en el Océano y cuya tierra estaba embrazada con relámpagos y rayos 
retumbantes que turbaban la vista, y en la que los naturales del país vi- 
vían en cuevas para abrigarse del intenso calor, saliendo tan sólo de noche 
con antorchas; abandonó estos parajes inhospitalarios, y después de cua- 
tro dias de navegación, en los que distinguió un altísimo cerro llamado 
Carro délos Dioses, llegó á otro cabo llamado Cuerno del Mediodía, donde 
el río Bamboto ó Nun formaba una entrada y donde se hallaba una isla 
habitada por unos gorilas que se defendieron de sus asaltantes á pedradas, 
logrando tomar á tres de estos animales, los que mataron llevando sus pie- 
les á Cartago, para colocarlas en el templo de Juno. Después de tantas 
peripecias, faltando á Hannón provisiones, tuvo que regresar á Cartago. 



36 i>RKi.trsiéN 

Séneca (1), las palabras que pone en boca del coro qae 
figura en bu bella tragedia Medea; 6 si no, fundándose este 
filósofo en la noticia que de las islas del mar Atlántico dio 
Platón por tradición; ó bien en la especulación de sus pre- 
decesores, los filósofos antiguos, sobre la figura del Globo 
terráqueo; ha vaticinado con espíritu profético la existencia 
de un rico Continente; ó, por mejor decir, el convencimiento 
que este sabio tenía de los secretos de la Naturaleza y de la 
Historia, le hicieron prever que no era imposible que, al fin, 
le descubriera un país que se suponía ya conocido de los 
Fenicios y Cartagineses, pues en su referida tragedia Medea, 
al fin del acto segundo, el coro exclama: 

Venient annis 
Sscccula seríSi quihus Oceanus 
Vincula rerum laxety et ingens 
Patebit telJüSf Tetbisque novos 
Deteget Orbes^ nec sit terris 

Ultima Tbule. 



(1) Lucio Anneo Séneca, célebre filósofo, nació en Córdoba hacia el 
año 13 de la era cristiana. Fué maestro de retórica y poética en Roma, 
y preceptor del tirano Nerón, quien con las instrucciotfes de su maestro se 
distinguió como un modelo de monarca durante los cinco primeros años 
de su reinado; pero después se entregó á crímenes abominables, que han 
hecho de él la vergüenza del género humano; Séneca lo censuró continua- 
mente, atrayéndose el odio de su antiguo discípulo, al extremo de que éste 
le condenó á muerte, concediéndole tan sólo la gracia de escoger él mismo 
la manera como debía morir. La muerte que Séneca escogió fué la de 
picarse las venas; durante sus últimos instantes de vida se entretuvo con 
sus amigos que le rodeaban y lloraban su trágico fin, tratando de consolar 
á unos con su dulzura, y á otros con su severidad. Molestado por la tar- 
danza de su muerte, vSuplicóásu médico y antiguo amigo, Estacio Anneo, de 
suministrarle un veneno, lo que éste no halló oportuno, pues agotada la 
sangre de sus venas y sus miembros ya helados, el veneno no produciría 
ningún efecto, siendo necesario ahogarle con el vapor de un baño de agua 
caliente, para abreviar así su fin. Su mujer, Paulina, se hizo á la vez picar las 
ycnas para morir junto con su egposo. ¡Abnegado y tublime sacrificio de 



í»íeÉtií«oNKs DUxm NüKTO Mtmoo Í1 

Que traducido libremente al caatellano dice: 

Tras luengos años Tendrá 
Un Bíglo nuevo y dichoso, 
Que al Océano anchuroso 
Sus límites pasará. 

Descubrirán grande Tierra, 
Verán otro nuevo Mundo, 
Navegando el mar profundo 
Que ahora el paso nos cierra. 

La Tule tan afamada 
Como del Mundo postrera, 
Quedará en esta carrera 
Por muy cercana cpntada (1). 

Son verdaderamente maravillosas las palabras de Séne- 
ca, quiea, cediendo á una inspiración profética, á una intui- 
ción precisa, hace vislumbrar la conquista de un rico Conti- 
nente desconocido entonces: no solamente anuncia el descu- 
brimiento, en lo futuro, de ese nuevo Continente, sino que 
parece que vé lo que predice. 

Séneca, como Eratóstenes, tenia el conocimiento de la 



amor conyugal! Murió Séneca, junto con su mujer, en el año 65 de la era 
actual, en el duodécimo del reinado del pérfido y bárbaro Nerón, á los 52 
años de edad. 

(1) Traducción del P. José de Acosta en su «Historia Natural de las 
Indias,» lib. I, cap. II, impresa en Colonia, en 1596. —Otra traducción, en 
octava, de autor desconocido es: 

Otros eiglos vendrán; de nuevos lares 
Los nautas partirán, y ante su paso 
Hundiránse en los límites de Ocaso 
Las últimas barreras de los mares 
Y más lejano que el Thule lejano, 
De la niebla de Ocaso en lo profundo, 
Un nuevo, vasto, esplendoroso Mundo 
Del fondo «urgirá dd Océano. 



38 prelusión: 



configuración de la Tierra, pues en otro lagar de su citada 
tragedia exclama: "La Tierra que os repartís tan ávida- 
mente por medio de la espada y del fuego, es un punto in- 
significante en el Universa." Y luego pregunta: ''¿Cuánta 
distancia hay desde las costas limítrofes de España hasta 
las de la India?** Y contesta: **S61o algunos días de nave- 
gación á la vela con viento favorable." 

La feliz y conocida predicción del filósofo Séneca es la 
más notable de que hay memoria en los anales de la anti- 
güedad, porque no anuncia una simple extensión de las par- 
tes del Globo terrestre conocido, sino la existencia de un 
nuevo Mundo que se descubrirá más allá de los mares, en 
los siglos venideros. 

Interesante es el relato del origen de la náutica que Sé- 
neca hace preceder á su célebre predicción; relato del que 
insertamos en seguida la traducción de algunos pasajes que 
figuran en el segundo acto de su Medea: este gran filósofo 
Be expresa, al intento, en los siguientes términos: 

*'Bien osado fué el primer navegante que se atrevió á 
surcar las pérfidas ondas en una frágil navecilla, dejando 
tras sí su tierra natal, á confiar su vida al capricho ó soplo 
de los vientos, y á proseguir en los mares su carrera de 
aventuras, sin otra barrera entre la vida y la muerte que el 
grueso de un delgado y ligero leño. No se conocía entonces 
el curso de los astros, ni aún se sabía cómo gobernarse por 
la posición de las estrellas que brillan en el espacio; 

"Tiflis (1) fué el primero que se atrevió á desplegar ve- 
las en el grande abismo, y á dictar á los vientos nuevas le- 
yes. Tan pronto supo soltar enteramente las velas, tan 
pronto recogerlas y bajarlas para recibir el viento de lado. 



(1) Tiflis fué el piloto de los Argonautas, que en número de cincuenta» 
eran todos hijos de rejes: todas las familias reales de la Grecia tuvieron 
parte en la expedición de los Argonautas, y su título de origen y de gloria 
les viene de la primera nave construida por Minerva. 



PREVISIONES DE VK NUEVO MUNDO 30 

abatir con prudencia las entenas hesta medio palo, 6 levan- 
tarlas hasta el tope cuando el ardor de los marineros llama 
toda la fuerza de los vientos y la banderola de púrpura ae 
agita-con viveza al pie de la nave 

'* La nave de Tesalia aproximó los mundos que sabia- 
mente separó la naturaleza; sometió el mar á la presión de 
sus remos, y agregó á nuestras m'S*rias los peligros de un 
elemento extraño. La desgraciada embarcación pagó caro 
sa imprudencia en aquella larga serie de riesgos que tuvo 
que correr entre las dos montañas que cerraban la entrada 
del Euxino, y que chocaban una contra otra con el estruen- 
do del rayo, mientras que el mar, preso entre ellas, lanzaba 
hasta las nubes sus espumosas olas. El animoso Tiflis se pu- 
so pálido al verlo, y dejó escapar el timón de su desfallecida 
mano. Calló Orfeo y enmudeció la lira entre sus dedos. El 
mismo Argos perdió el uso de la palabra, y cuando la vir- 
gen del Peloro de la Sicilia, rodeada de sus perros furiosos, 
les hizo ladrar á todos á la vez, ¿á cuál de los navegantes no 
le temblaban todos los miembros, al escuchar aquellos gri- 
tos dados por un solo monstruo? ¿cuál debió ser también su 
terror, á los armoniosos cantos de las crueles sirenas, que se 
oyen en el mar de Ausonia, y que acostumbradas á detener 
las naves con el encanto de su voz, casi se dejaron arrastrar 
délos dulces sonidos déla lira de Orfeo, luego que éste la 
hizo vibrar convenientemente? 

''¿Cuál fué, sin embargo, el precio de tan atrevido viaje? 
Un vellocino de ore,* y Medea: Medea, más cruel que las 
mismas sirenas, y digna recompensa de los primeros navC'^ 
gantes. 

** Ahora la mar está sometida, doblégase á nuestras le- 
yes, y ya no hay necesidad de una nave construida por Mi- 
nerva y montada por reyes. La menor barca puede arries- 
garse en las ondas; derribados yacen los linderos antiguos, 
y los pueblos van á construir ciudades en las nuevas tie- 
rras. Abierto está el mtindo, recorrido está, en todas direc- 



40 PRELUSIÓN 



dones, por dó quiera está impreso el movimiento, y por 
todaí partes vagan nuestros deseos. 

"El indio bebe la helada agua del Araxes, y el Persa 
apaga su sed en las del Albis y el Rin. Tiempo vendrá, con 
el trascurso de los siglos, en que el Océano ensanche el cerco 
del Globo para descubrir al hombre una tierra inmensa y 
desconocida: el mar nos revelará nuevos mundos, y Tbu- 
le (1) dejará de ser el límite del Universo. ^^ 



Posteriormente y como para confirmar las opiniones 
emitidas por los filósofos y sabios citados, San Clemente, 
romano y discípulo de los Apóstoles, que murió el año 99 
de la era cristiana, asegura en su célebre Carta á los Co- 
rintios, ''quemas allá del Océano habían otros Mundos." 

También ^lianus, en su Variss Historian, lib. III, cap. 
XYIII, obra que escribió el año 136 de la era de Cristo, 
asegura que " un extenso Continente existía más allá del 
Océano; que los habitantes de ese Continente son de mayor 
altura que los del Antiguo Mundo, con leyes y costumbres 
distintas de las de los demás pueblos;*' agregando este au- 
tor, que "en ese Continente hay tal cantidad de oro y pla- 
ta, que estos metales son menos estimados que el hierro/' 

Pausánias, insigne geógrafo griego, que vivió en el siglo 
II de la era cristiana, en su Itinerario de Grecia, cuenta que 
un tal Buphemus descubrió en el año 150, algunas islas cu- 
yos habitantes, de piel roja, tenían largas colas como los 
caballos, los que no serían otros, según el P. Lafiteau, que 
los Caribes, dueños entonces de las Antillas: estos indios 
cuando se hallaban en guerra, entre otros adornos horroro- 
sos, se ponían largas colas postizas. 

E» Festo Avieno, que vivía en el siglo IV de la era vnl* 



(1) Thule era una isla de la Islandia, que los antiguos consideraron 
como el limite del Mundo. 



PRETISIONHS DE UN NUETO MUNDO 41 

gar, asegnra que: ''más allá del Océano, hay tierral j mar- 
gene! de otro Mando." 

Y más posteriormente aún, el franciscano inglés, Eoge- 
rio Bacón, apcUlidado el "Doctor Admirable'* (1), y con él 
el dominico alemán Alberto el Grande (2)^ ambos florecidos 
en el siglo xra, creían que del otro lado del Océano habían 
países desconocidos, supuesto que se decía que en tiempos 
lejanos loa navegantes Fenicios habían atravesado el Océa- 
no Atlántico, que habían poblado las islas Canarias y ha- 
bían continuado navegando hasta abordar á la costa de la 
Florida, cerca de Cuba. 

Según testimonio de autoriíados historiadores, el At- 
lántico ha sido cruzado frecuentemente por los antiguos: de 
allí surge la probabilidad de que América era conocida des- 
de época remota por los pueblos antiguos que surcaban los 
mares cuando había facilidad de comunicación entre los 
Continentes del Antiguo y Nuevo Mundo, que en aquellos 
remotos tiempos se hallaban casi unidos por la gran isla 
Atlántida. v 



(1) Rogerio Bacón, fué uno ^de lo» sabios más ilustreí de su tiempo. 
Él ha sido, se puede decir, el precursor de la aviación, cuestión que tanto 
preocupa hoy la atención del mundo, pues profetizó la navegación aerea 
con motor. Escribió, al respecto, en una de sus numerosas obras las si- 
guientes líneas: t Se fabricarán instrumentos para volar, por medio de los 
cuales el hombre, sentado ó suspendido del centro, hará mover algún re- 
sorte ó manivela, para producir la agitación en las alas artificiales, como 
las aves.» El proyecto de máquina voladora que ideó, mediante sus espe- 
ciales conocimientos de física y química, es hoy tenido como base del apa- 
rato que construyó otro inventor, Blanchard, cuyas experiencias se verifi- 
caron en 1782. Rogerio Bacón presentía juiciosamente que el piloto debía 
volar sentado, para actuar sobre el mecanismo, motor de las alas; su re- 
sorte se ha convertido en motor á vapor, gasolina, eléctrico, etc. 

(2) El célebre dominico Alberto el Grande, vulgarizador incansable de 
las doctrinas aristotélicas, que estudió con igual lucidez la filosofía, la físi- 
ca, la metafísica y todas las lenguas y dialectos de su época, ha derjado, en 
w^9 obras, principio! que hoy se aceptan como baae de la aerostaci^B, 
6 ' 



4íi PRELUSIÓN 



£q reaumen, el presentimiento y casi la convicción qne 
algunos antiguos sabios tenían de la existencia de otros 
países desconocidos, situados en las regiones occidentales 
de la Tierra, que suponían habitados, están confirmados 
por las diversas expediciones que, desde el siglo ix hasta el 
XII, realizaron los escandinavos á las costas de la América 
Septentrional; expediciones que, desgraciadamente, no han 
producido ningún resultado favorable para América, siendo 
preciso que trascurrieran tres siglos más para que Cristóbal 
Colón legara un Nuevo Mando á la Corona de España. 

Debe agregarse, que las diversas expediciones marítimas 
que en tiempos antiguos se efectuaron eñ el Océano Atlántico, 
se realizaron sin el uso de la brújula, que aún no era conoci- 
da, pues se guiaban, de día, por la marcha del sol, y de no- 
che, por la de la luna y las estrellas, principalmente por la 
observación de las constelaciones de Canope, Hélice ó Gran- 
de Osa, y por Cynocura ó Pequeña Osa. Empero, este ins- 
trumento tan necesario para las largas navegaciones, fué 
conocido de los Chinos, que lo inventaron, se dice, 2697 años 
antes de la era cristiana, ó sea, bajo el reinado del empera- 
dor Hoang-Ti; pero, por el extracto que Leroux y De Gui- 
gnes hicieron de los anales de ese Imperio, parece que sola- 
mente fué inventado 1115 años antes de nuestra era. Mar- 
co Polo, en su libro Las Maravillas del Mundo, confirma 
este hecho. 

Cierto es, que los Fenicios, los Griegos y los Árabes, se- 
gún opinión de algunos autores, han conocido, antes de la 
invención de la brújula, la aguja imantada ó hierro magné- 
tico; pero no la han aplicado á la navegación. 

Juan Clopinel (1), en su Román de la Rose, j Guyot de 



(1) Juan Clopinel, poeta francés, que nació en 1279 ó 1280, cerca de 
ürkans, en el pequeño pueblo de Meung-Sur-Loire, de padres ricos y con- 
siderados, adquirió bastante celebridad á fines del siglo xm. El poema 
í Román de Ja Rose» obtuvo cu Rqwd tiempo wn éxito extraordinario, j 



PREVISIONES DE ÜN NUEVO MUNDO 43 

Provins en su poema Biblia Guyot, dicen que desde el ligio 
xu se uiaba en Francia nn instrumento algo parecido á la 
brújula llamado marinette 6 calamite, que arreglaba la mar- 
cha de las embarcaciones en los tiempos nebulosos; otros au- 
tores creen que la brújula fué descubierta por un napolitano 
llamado Flavio de Gioja, de Amalfi, que yivió en el siglo 
xm; algunos otros autores dicen que es de origen inglés ó, á 
lo menos, que en Inglaterra se ha perfeccionado la manera 
de suspender la caja en que se halla la aguja imantada. Lo 
cierto es, que es difícil, si no imposible, decir de una manera 
absoluta cuál sea el verdadero origen de la brújula. 

Lo único que consta al respecto, es que Vasco de Gama 
fué el primero que etí 1497 hizo uso de la brújula en su viaje 
al cabo de Buena Esperanza, y hacia el año 1500 se genera- 
lizó en Europa el uso de este instrumento náutico. 



posteriormente, descubierta la Imprenta, se hizo de él muchas ediciones: 
esta obra fué empezada por Guillermo de Lorris, y continuada, á instan- 
cias del rey de Francia, Felipe el Hermoso, por Juan Clopinel, que suprimió 
los ochentidos últimos versos del desenlace, para dar á esta producción un 
pian mucho más vasto, pues le agregó unos dieziocho mil versos. Este 
poema fué el primer libro que en Francia excitó un entusiasmo extraordina- 
rio durante más de doscientos años, ó sea, hasta el siglo xvi, siendo su re- 
putación tal, que hasta hoy perdura, por ser considerado como uno de los 
monumentos más importantes y más antiguos de la literatura francesa: le 
mereció á Juan Clopinel de Meung el justo título de « padre é inventor de 
la elocuencia.» Esteban Pasquier iguala su autor al Dante, y Lenglet- Du- 
fresnoy no trepidó en compararlo con Homero. El héroe del poema es Fal- 
so Semblante, símbolo de la Hipocresía y abuelo de Tartufo, y los demás 
personajes de la obra son Peligro, Felonía, Bajeza, Odio y Avaricia; su 
asunto se desarrolla en los siglgs xm y xiv (1226 á 1314). con su ciencia, 
su corrupción, sus prácticas supersticiosas y sus prejuzgadas preocupa- 
ciones. 

Juan Clopinel murió hacia 1318, á la temprana edad de 38 años. Es 
autor de un « Testamento » y « Lettres d'Éloíse et Abélard,» y de una tra- 
ducción de « Boecio. » Méon, en 1814, ha dado una buena edición del poe- 
ma «Román de la Rose,» en cuatro tomos en 8*?, impresa en París. 



(^•Q«KiQ«X¡;¡¡dSSi^¿^^ 



INTRODUCCIÓN 



Bl origen de los aborígenes del Nuevo Mtindo ha sido 
cuestión, desde hace más de cuatro siglos, de múltiples y 
profundos estudios de los etnógrafos, arqueólogos y lingüis- 
tas, que se han propuesto escudriñar los tiempos prehistó- 
ricos mediante las tradiciones seculares de los indios, la ar- 
queología y la lingüística; pero este punto histórico no ha 
sido aún resuelto de una manera clara, terminante y de- 
cisiva. 

Hubert Bancroft en su obra The tiative races of the Pa- 
cific States ofNorth America , y, con él Brasseur de Bour- 
bourg, enlai^eFüe d'Édimbourg {1876), opinan qnt sería 
quimérico el pretender determinar con precisión la manera 
como el Hombre ha hecho su aparición en América. Aun- 
que el primero de estos escritores cree que el Hombre ha 
sido creado sobre diversos puntos del globo, y que la Amé- 
rica habría sido uno de esos centros de creación, muchos so- 
ciólogos opinan que la especie humana desciende de una pa- 
reja única, fundándose en que las tradiciones están de acuer- 
do sobre este punto, y, sobre todo, que es un hecho revelado 
en la Sagrada Escritura y un dogma de fe recibido por la 
Iglesia: 

Pero antes que Bancroft, Lord Kames, en el ''Discurso 
preliminar" de su obra Sketches oí the history oíMan, im- 
presa en Edimburgo en 1788^ expone su parecer al respecto 
de esta manera: ^' Dios ha creado varias parejas de seres 
humanos diferentes las unas de las otras, interior y exte- 
riormente; cada una de estas parejas fué colocada en el cii- 



46 INTRODUCCIÓN 



ma apropiado á su organización. El carácter original se 
conservó intacto entre sna descendientes, los que, no tenien- 
do otra asistencia que sus medios naturales, por experien- 
cia han debido adquirir progresivamente ciertos conoci- 
mientos j formarse cada tribu un idioma particular 

Para creer que todas las razas, tal como existen hoy, des- 
cienden de una pareja única, sería preciso admitir la idea 
del milagro." 

Yoltaire, en apoyo de lo opinado por Lord Kames, en 
su Essai sur les moeurs et Vesprit des nations, dice: "Si se 
pregunta dónde han venido los Americanos, se debe tam- 
bién preguntar dónde han venido los habitantes de las 
tierras australes, y se debe contestar, que la Providencia 
que ha poblado la Noruega ha poblado también la Amé- 
rica. 

Al mismo respecto, Bernardo Romans, en las págs. 
38-39 de su obra A concise natural History ofeast and west 
Floride, expone: " No creó absolutamente que los hombres 
de raza roja de América desciendan de pueblos situados en 
las partes orientales ú occidentales de Asia. Creo firmemen- 
te que Dios ha creado una raza de hombres originarios de 
este país, diferentes de los otros pueblos." 

También Isaac de La Peyrére, monje francés, en su obra 
titulada Prsedamitas, publicada en 1655, (la que fué conde- 
nada al fuego por el Parlamento- de París), afirma que *'Dios, 
el sexto día de la Creación del Mundo, formó varones y hem- 
bras en diversas regiones del Orbe, como también muchas 
plantas y animales de cada especie en varios parajes de la 
Tierra; que después creó á Adán y Eva, cuya creación es la 
que expresa el segundo capítulo del Génesis; y, por último, 
que Adán no es cabeza ó progenitor de todos los hombres, 
Bino tan sólo del pueblo judaico." 

El sabio antropólogo Burmeister, tratando de esta mis- 
ma cuestión, se expresa así: ''Basta fijarse con alguna aten- 
ción en el color de los individuos^que constituyen las diferen- 



INTRODUCCIÓN 47 



tes nacionei, para comprender que las actuales rasas huma- 
nas descienden de varias y distintas parejas .Para sos- 
tener el aserto bíblico de que todos los hombres descienden 
de una sola pareja, es preciso dar explicación cumplida á los 
milagrosos hechos y portentosos acontecimientos que indis- 
pensablemente debieron tener lugar para que, en sólo 4,000 
años mil millones de hombres procedentes de un mismo 
punto y descendientes de una sola pareja, poblaran toda la 
Tierra." 

El célebre anatómico Alejo Littré, en sus Memorias re- 
lativas á la anatomía patológica^ opina que: "Diversas 
preocupaciones teológicas y la tendencia á la inquisición 
absoluta de las causas primeras, son las que han hecho ad- 
mitir la derivación de todas las especies de uña pareja úni- 
ca, rechazando las diferencias específicas de los hombres, en 
ves de recibirlas tales como la observación las demuestra." 

Finalmente, el ilustre general colombiano D. Tomás G. 
de Mosquera, en su Cosmogonía ó Estudio sobre los diver- 
sos sistemas de la Creación del Universo, asienta ques "El 
Hombre lo crió Dios en varios puntos de la Tierra á un tiem- 
po, cuando las condiciones necesarias á su nacimiento apa- 
recieron en los medios físicos de toda especie, que obraron 
determinando y produciendo ese nacimiento, es decir, cuan- 
do la fuersa general que se llama vida animal, que ha obra- 
do y obra perpetuamente sobre nuestro planeta, llegó á una 
época en que aparecieron en juego las varias influencias y 
condiciones que obrando necesariamente, debieron producir 
por modo inevitable esta manifíestación de la vida, de la 
cual hizo Dios al Hombre." 

No obstante, desde la iniciación de los estudios arqueo- 
lógicos americanos, los etnógrafos se han dividido en dos 
grupos, El uno, de los poliphiletes 6 poligenistas, formado 
por los que sostienen que la adelantada civilización de los 
antiguos habitantes de América es debida al desenvolví, 
miento natural y sucesiva de una raza aborígeoe ó aatócto- 



4É^ ÍNTRODüCCIÓN , 



na, afirmando qne los antigaos pneblos del Nuevo Mando 
tienen sa origed en este Continente, y qae las civilizaciones 
cajas antiguas grandezas se admiran hoy, son resultado 
del desenvolvimiento gradual de esa raza primitiva. £1 otro 
grupo, de los monophyletes 6 monogenistas, es compuesto 
por los que creen que las civilizaciones de los antiguos pue- 
blos americanos tienen su origen en las numerosas emigra- 
ciones posteriores al Diluvio Universal, estableciendo que la 
población primitiva se componía de varias razas diferentes 
las unas de las otras; que la forma del Continente americano 
no siempre ha sido la que es actualmente, pudiendo, con las 
trasformaciones sucesivas de la Tierra, haber hecho parte 6 
haber sido próximo á otro Continente; concluyendo, en re- 
sumen, que esas emigraciones á América hati sido diversas: 
de Asia, los Hebreos, Fenicios, Troyanos, Chinos y Tár- 
taros; de África, los Egipcios, Cartagineses y Etiopes; y de 
Europa, los Griegos, Frisios, Romanos, Curlandeses, Norue- 
gos, Dinamarqueses, é Islandeses. En esta hipótesis, los 
aborígenes americanos pertenecerían á razas diversas veni- 
das de distintos puntos de Asia, de África y de Europa. 

Sin detenernos, por ahora, en la teoría sostenida por 
ambos grupos, veremos más adelante las opiniones formu- 
ladas por los etnógrafos y paleontógrafos. 

Acudiendo á las fuentes de consulta que tenemos á nues- 
tro alcance, vemcs que todos los pueblos de la antigüedad, 
ó sea de la época postdiluviana, han sido considerados por 
sabios americanistas, como los progenitores de la raza ame- 
ricana, principalmente los asiáticos, no solamente porque 
estos pueblos han tenido más probable comunicación con 
la América, por el antiguo estrecho de^ Annian, (hoy Beh- 
ring, que tiene ochenta kilómetros en la parte más an- 
cha y sirve de canal de comunicación entre el Mar Glacial 
y el Mar Pacífico); sino, también, porque los usos, carácter, 
instituciones, costumbres y hasta el lenguaje de algunos 



INTRODUCCIÓN 49 



americano! con otros de la raza asiática, guardan algu- 
nas analogías. 

Bl objetivo primordial de los estadios llevados á cabo 
en este sentido por dichos sabios, ha sido indagar si los in- 
dígenas americanos son descendientes de una sola 6 de va- 
rias razas; investigaciones que hasta ahora no han tenido 
completa solución, prevaleciendo, sin embargo, las opinio- 
nes á favor de la pluralidad de razas, basadas en que las 
muchas y diversas tribus aborígenes esparcidas por todo el 
Continente americano difieren en sus usos, creencias, len- 
guajes, costumbres y demás condiciones etnogenéticas. 

Luis Moreri, en su Grand Dictionnaire Historíque, tomo 
I, pág. 353 (París, 1732), sin determinar con fije«a su pa- 
recer al respecto, observa: "Los Americanos deben su ori- 
gen á los europeos 6 á los asiáticos, y quizá la deben á los 
unos y los otros." Francisco Javier Clavijero, en la ''Diser- 
tación primera" de su Historia antigua de México, tomo II, 
pág. 138, es algo más explícito, pues formula su opinión en 
este sentido: 'Xos americanos descienden de diversas na- 
ciones, ó, más bien, de diferentes familias dispersas después 
déla confusión de las lenguas;" y en apoyo de su aserto trae 
á colación, en primer lugar, la variedad y diferencia de las 
lenguas americanas; y prosigue: "Puedo asegurar, sin ries- 
go de engañarme, que entre las lenguas vivas y muertas de 
Europa, no se hallan dos más diferentes entre sí, que lo soú 
la Otomita, la Tarasca, la Maya y la Misteca, que son las 
dominantes en diversas provincias de México;" agregando 
nosotros, la Puquina y la Quechua, en el Perú. 

Pero, tratándose de averiguar á qué raza ó razas perte- 
necen los habitantes de América, el abate Juan Andrés opina 
en su obra, en lengua toscana, titulada Origen, progresos y 
estado actual de toda la Literatura, que "la Geografía y la 
Cronología se llaman, y son realmente, los dos ojos de la 
Historia; porque valiéndose de la tradición constante de la 
historia y del estudio de los logares, esoí trabajos propen. 



5d INTRODUCCIÓN 



derían, talvez, á resolver, en gran parte, el problema de la 
población del Nuevo Mundo." 

También el Sr. Tulio Pebres Cordero, en su selecto Es- 
tudio sobre Etnografía americana^ que presentó en 1892 al 
Congreso Internacional de Americanistes, reunido eñ el his- 
tórico convento de la Rábida, para conmemorar el cuarto 
centenario del descubrimiento del Nuevo Mundo, asienta 
juiciosas observaciones sobre la onomatología geográfica 
de América, probando la semejanza de muchas voces, en 
varias lenguas indígenas, correspondientes á pueblos 6 co- 
marcas de distintos Continentes, para lo cual llama, en 
apoyo de su teoríd, las opiniones de los notables publicistas 
Humboldt, Prescott, Restrepo, Rojas, Castro, Calcafio y 
Graty. 

A las opiniones que al respecto emiten el abate Andrés 
y el señor Pebres Cordero, podemos agregar, que también 
la antropología, la etnografía y aún la cr&neología, son las 
ciencias que con igual acierto podrían conducir al conoci- 
miento de las aátiguas rasas indígenas que primitivamente 
han habitado el Continente del Nuevo Mundo. 

Finalmente, haciendo abstracción de las opiniones de 
los etnógrafos que están, unos por la autoctonía de una 
sola rasa, y otros por la pluralidad de ellas, creemos que la 
tan debatida cuestión de la población de América está por 
resolverse, pues aún no se ha podido dar una explicación 
satisfactoria de su origen. 

En el presente trabajo no pretendemos solucionar este 
problema tan arduo, tan intrincado y de tan difícil investi- 
gación, sobre el cual, desde la época del descubrimiento de 
Colón hasta nuestras días, se han escrito muchísimas diser- 
taciones; pero, sí, trataremos de exponer los diverses juicios 
de los autores que han tratado esta materia, y del cotejo 
de eses opiniones diversas y aún contradictorias, trasluci- 
remos, talves, alguna conclusión, sino definitiva, á lo menos 
Rlgo problemática. Suplicamos, por tanto, al lector, que 



mTRODucció5i 51 



disculpe cualquiera deficiencia que notare en este trabajo, 
en gracia del propósito que nos anima. 

Habríamos podido darle mayor extensión de la que tie- 
ne, contemplando la importancia de este asunto; pero una 
obra en estas condiciones, aunque de mucha utilidad é inte- 
rés científico, sería leída tan sólo por hombres consagrados 
al estudio, no por la generalidad, y no habría llenado el 
propósito que tenemos en mira, cual es, que nuestra obra 
sea leída por un público extenso. 

Escritores españoles (1) han tratado ya este asunto con 
más amplitud que nosotros y, más tarde, vendrán otros 
que llenen el vacío que hemos dejado, llevando más adelan- 
te sus investigaciones sobre materia de tanta entraña 
que ahora imperfectamente diseñamos. 

Por último, debemos confesar ingenuamente, que no te- 
nemos la pretensión de titularnos etnogenítico, ni paleontó- 
grafo, ni etnógrafo, ni arquólogo, sino simplemente nos 
consideramos como un humilde factor para la formación de 



(1) Los autores españoles que han escrito extensamente sobre la ma- 
teria á que nos contraemos, son: el dominico Fr, Gregorio García y el Oidor 
de la Real Audiencia de Lima Dr, D, Diego Andrés Rocha. El primero tituló 
su obra «Origen de los Indios del Nuevo Mundo é Indias Occidentales, ave- 
riguado en discursos de opiniones,» impresa en Valencia, en 1607. La obra 
del segundo se intitula « Tratado único y singular del .origen de los Indios 
Occidentales del Perú, México, Santafé y Chile,» impresa en Lima, en 1681. 
Ambas obras, á nuestro humilde juicio, no llenan del todo el objeto que se 
propusieron sus autores. La del P. García está escrita en estilo antiguo y 
es un hacinamiento de apreciaciones confusas y sin hilación alguna. El Dr- 
Rocha se empeña en probar que los indios americanos descienden de la raza 
ibérica del tiempo de Osiris, Tubal, Héspero y otros reyes, cuyos subditos, 
dice, fueron los primeros habitantes del Continente americano. Cerca de 
dos y media centurias han trascurrido hasta la fecha, en cuyo lapso de 
tiempo algunos escritores se han ocupado incidentalmente de este tópico; 
])er<> ninguno lo ha hecho con extensión: por eso nos hemos decidido ¿I em- 
prender esa ardua tarea, bajo un plan muy distinto de aquel que siguieron 
el P. García y el Dr. Rocha, como podrán obser^'ar los lectores. 



52 INTRODUCCIÓN 



la historia antigua, pues que comprobamoi, identifícamoi 
y valorixamoB los hechos del pasado: eü una palabra, so- 
mos un auidliar modesto que hace el' paciente trabajo de 
la hormiga, acumulando con prolijidad el material histórico 
adecuado á la presente obra, porque en el Perú poco se co- 
noce el pasado, y mucho menos algo de las épocas pre-in- 
cáica y pre - hispánica, ó sea de las grandes y heroicas civili- 
jsaciones indianas de esas mismas épocas. 




ORIGEN DE LOS INDIOS 



DE 



AMÉRICA 



M»MM»M W»¥ ¥MM»MM»M^MM»M»¥M»^^M^^<^MM » »»»W»M^^^^»^^»»^^^<^^< < ^^»>^^<»»^^^^^^^^^^^^^ 



PRIMERA PARTE 



< p» < m' 



HABITANTES DE AMERICA ANTES DE LA CONQUISTA 




iNTBS dé abordar el asttnto del presente trabajo, 
debdmos indicar, de preferencia, cnáles faeron los 
habitantes del Continente de América cuando Cris- 
tóbal Colón hiio el descubrimiento de él, á fines del 
siglo XV. 

Tanto el Hemisferio Norte como el Hemisferio Sur, es- 
taban habitados por naciones y pueblos indianos, algunos 
de carácter belicoso y guerrero, otros de genio dócil y hu- 
manO| viviendo casi todos en pleno eiitado de barbarie. No 
obstante, algunos habían alcancado un grado de civilisa- 



54 ORIGEN DE LOS INDIOS 

ción relativamente tan avanzado, que formaban Estados 
regularmente constituidos, entre otros el de México y el del 
Perú. 

La totalidad de esta colectividad indiana se dividía en 
dos grandes ramas distintas; Eama Septentrional (Amé- 
rica del Norte) y Rama Meridional (América del Sur), te- 
niendo ambas, caracteres 6 rasgos generales que permitían 
distinguir la una de la otra; se calcula que entre las dos ra- 
mas habría cerca de 4»000 tribus distintas, que formarían, 
se colije, una población de más de 50.000,000 de habitantes. 

Va en seguida, la relación de las principales tribus, de las 
que omitimos las del territorio actual del Perú, para enuv 
merarlas al principiar la Segunda Parte de esta obra. 

RAMA SEPTENTRIONAL 

Crecido era el número de las tribus de esta rama; pero 
citaremos tan sólo las más notables, por orden alfabético: 

APACHES, nómades por las fronteras de la California, eñ 
el Alto México. Esta familia estaba dividida en va- 
rias parcialidades: Apaches -Mescaleros, Apaches - 
Mímbrenos, Apaches "Gilenos y Apaches -Tontos; 
todos estos indios tenían la tendencia del robo y el 
crimen. 

APALACHES ó ALEGAMIOS, del Sur de la Georgia y de 
la bahía de Mobila, hacia la embocadura del Missis- 
sipí. 

ARICARIS, del río Missouri^ antes de la desembocadura del 
Mississipí. 

ARKANZAS, del territorio de Ohio. 

ASSINOBOINS, de las comarcas del Bajo Canadá. 

ATHABASCANAS, del norte de las Montañas Rocosas 6 
Rocallosas, y de las llanuras y bahía de Hudson. 

CARIBES, numerosa é inhumana tribu de las Antillas. 

CHAQTAS, del territorio bañado por el Mississipí, en el Es- 



Í)É AMlÉRICA 55 



tado de la Florida, que eran más apacibles que las 
demás tribus septentrionales, 

CHEROKEES, de los territorios de Carolina del Sur, Ala- 
bama y Yowa: formaban y forman aún una repú- 
blica, cuyo poder ejecutivo se ejerce por un jefe prin- 
cipal, al que asisten tres consejeros elegidos por el 
legislativo: cuenta este gobierno con dos cámaras 
que, reunidas, tienen el título de Asamblea General 
de la nación Cherokee: el poder judicial lo ejerce una 
Corte Suprema; tienen imprenta y un periódico ti- 
tulado Bl Fénix, redactado en las lenguas cherokee 
é inglesa, que sale á luz desde 1828. 

CHICACHAWS, del territorio de Nueva Orleans. 

CHICHIMECOS, del Estado de Durango, en México. 

CHINNOCKES, tribu numerosa que formaba una monar- 
quía, la cual subsistió durante 500 años, y perdió 
su autonomía con la conquista: después ha estado 
errante por la embocadura del Oregón, en la costa 
occidental del Pacífico. 

CHIPPEWAIS, ó ALGONQUINES, del Lago Superior y 
otros lagos hacia las cabeceras del Mississipí: fami- 
lia que se subdividia en varias tribus, entre las cua- 
les se contaban como principales los SaltadoreSy los 
Zorros y los Ay ornas, 

CHOCHONIS, errantes por la zona de las Montañas Roca- 
llosas. 

CHOCTAWS, de la comarca situada al este del río Missis- 
sipí. 

COMANCHES, de las praderas del Arkansas. 

CREEKS, del oeste de la Georgia y parte de Alabama, en^ 
tre los ríos Chatahorkee, Tallapoosa y Coosa: for^ 
maban, en unión de los Siminoks, una confederación 
que era la más fuerte de la América Septentrional i 

DELAWARES, de los teritorios de Pensylrania y Ohio: otra 
pc^rcialidad había en el e^^teuio territorio comprexu 



56 OftIGÉN DE LOS INDIOS 

dido deide el rio San Lorenxo hasta el interior de 
las Montañas Rocallosas: de esta familia dependían 
las tribus de los Rnistenos, Miamis é Illinois, 

HURONES, del Alto Canadá, entre los lagos Eñe, Hurón y 
Ontario: eran gobernados por jefes hereditarios. 

IROQUESES, del Alto Canadá y Estado de Michigan: era 
familia entonces muy poderosa, que se componía de 
seis tribus: Mobawks, Ousides, Onondages, Senaas 
y CayugaSy constituidas en una especie de república 
salvaje, y que se daban el título de Onquebouwe, es 
decir, más grande que los demás. 

KACHAQUIS, de los bosques de Guatemala. 

KANSAS, de las llanuras entre el Arkansas y el Río-Rojo; 

KOLIONGES, del territorio de Nueva Norfolk y Nueva 
Cornwall. 

MENOMEDES, de los alrededores del lago Michigan. 

MINATARES, del río Missouri. 

MISSOURIS, del río de su propio nombre. 

MIXTECAS, del Estado de Oajaca, en México. 

MOHICANOS, del río Connecticut, en los territorios del 
Vermont y Nueva Hampshire y del Bajo Canadá. 

MOQÜIS, del territorio del Estado de Arizona. 

MOSKITOS, de los bosques regados por el rio San Juan, en 
Nicaragua. 

MüSCOMULGOS, del oeste de la Georgia y parte de Ala- 
bama. 

NAHÜALTS 6 AZTECAS, que se extendían desde el lago 
de Nicaragua hasta el Río del Norte, y constituían 
el Imperio Anahuac 6 México, que llegó á un grado 
de civilización bastante adelantado, pues era el úni- 
co pueblo que entonces poseía una literatura propia, 
debido al empleo de una escritura simbólica parti- 
cular: habían subyugado á las tribus Oajacas, Miz* 
tecas y otras. 

KATCHBZES, del territorio regado por el Miiiiiiipi, eo lii 



DE AMÓRICA 5t 



Florida, que ae distinguían por signos característi- 
cos apacibles. 
NAVAJOS, del Sur del territorio de Colorado. 
NIQUIZAS, del territorio de Nicaragua. 
NUALTECAS, de la meseta de Anahuac, en México. 
OLMECOS, del extenso país de Anahuac, algo civili«ados, 
que dejaron en México y Centro América monumen- 
tos ciclópeos, como Jes de Mitla y Palenque, cuyas 
ruinas subsisten aún: los Olmecos emigraron más 
tarde hasta el lago de Nicaragua. 
OMAHAS, del Alto Missouri; 

OSAJES, de los parajes entre el Mississipí y el Missouri. 
ONANDOGAS, de las comarcas de Nueva York. 
OTOGAMIS, de los tupidos bosques regados por el río Mis- 
souri. 
OTOMITAS, del territorio de Mcchoacán, en México: de 
esta familia son las tribus de los Mayas y Leucas, 
situadas entre los Istmos de Panamá y Tehuatepec. 
PAWNEES, de las riberas del río Mississipí. 
PAKIS, de las orillas del río Missouri. 
PIELES ROJAS, numerosa tribu que ocupó los dilatados 
territorios de Tennessee, las Carolinas, la Virginia, 
el Maryland, la Pensilvania y una parte del Estado 
de Nueva York, replegándose después en los bosques 
del Arkansas. 
PIPILES, de los territorios de Guatemala y San Salvador. 
POCOMANES, de los bosques de Guatemala. 
PONGAS, de la ribera izquierda del Missouri. 
POYAS, del territorio de Honduras. 
QUIGHEES, del territorio de Guatemala. 
SAKIS, de las orillas del río Mississipí. 
SHAWNESSES, del Lago Hurón. 
SEMINÓLES, del interior del territorio de la Florida. 
SIOUX, de la comarca de la Luisiana: tenían dominio so- 
bre todas las tribus esparcidas en el territorio sitúa- 



58 ORIGEK DE LOS ÍNDIOS 

do entre les ríos Missonri y Mississipí, entre los cua- 
les se hallaban los Dakotas, Vinebagos, Osajes, Kan- 
sas, MandaneSy Mitures, Otoes y Ornatos, 

TARASCOS, de la comarca de Mechoacán, en México. 

TR FANECAS, del territorio de Guatemala. 

T LÁSCALES, de las comarcas de Yeracruz y Oajaca, en la 
costa del;Pacífico : componían uua república inde- 
pendiente, que loa emperadores de México jamás pu- 
dieron subyugar. 

TOLTEGOS, de México: tribus cuya civilización era algo 
adelantada, pues fueron ellos los que erijieron en 
México las pirámides, dividieron el año solar é in- 
ventaron los geroglíficos: más tarde, emigraron á la 
parte meridional de América. 

TÜLARENAS, del territorio de California. 

WAKISHES ó NOOTKANES, de la Isla de Nootka y costal 
inmediatas. 

WALKASKI, del territorio de la Nueva Georgia. 

Z APOTECAS, del territorio de Oajaca, en México. 

ZüNIS, de la región de Puebla, en México. 

ZüTüGILES, de los bosques de Guatemala. 

Y muchas otras tribus de segundo orden, diseminadas 
en el resto del Continente de la América Septentrional, co- 
mo las denominadas: 

CATAWAS ó CHICO AS OJIBBEWAYS 

CHICASAWS OTAWWAWS 

MANADANES ' SÉNECAS 

MIAMIS TUSCARORAS 

MOKAWKS ÜCHEES, y otras. 
MÜSKEJOS 

Cuando los colonos ingleses se lanzaron sobre el terri- 
totrio de la América del Norte, vivían allí muchas tribus 



DE AMÉRICA 59 



diversas (1). Todos estos indios desposeídos, primero, del 
suelo que ocupaban desde tiempo inmemorial, y en seguida, 
diezmados por las cruentas guerras con que los provoca- 
ran los sajones, no tuvieron ya aeilo en sus propios tupidos 
bosques, en los que, antes, no sospechaban que llegarían á 
ser sacrificados por los inhumanos invasores, quienes so 
pretexto de llevar allí la civilización, aniquilaron casi com- 
pletamente la raza indiana. Este aniquilamiento ha tenido 
que ser obra de algún tiempo, pues los ingleses, primero, y 
los yañkees, después, exterminaron todas estas tribus indí- 
genas, organizando con la sangre fría que los caracteriza, 
sistemadas cacerías, en que los perseguían tenazmente á 
balazos, como á fieras, hasta conseguir hacerse dueños de 
toda la extensión del Atlántico al Pacífico, esto es, del vas- 
tísimo territorio que hoy constituye los Estados Unidos de 
Norte América. 

RAMA MERIDIONAL 

Los indianos de la Rama Meridional, que habitaban la 
parte Sur del Continente de América, cuando Cristóbal Co- 
lón descubrió el Nuevo Mundo, eran entonces mucho más 
numerosos que los de la Rama Septentrional. Muchas de 
estas tribus aborígenes existen todavía, principalmente 
aquellas que viven en los bosques, ríos y montañas que to- 
davía no han sido explorados ni conquistados, y cuyos ha- 
bitadores, por consiguiente, se hallan hasta hoy, en un es- 
tado de completo atrasos 

Enumeraremos en seguida, siempre por orden alfabéti- 
co, las principales de estas tribus, á excepción de las del 



(1) El Dr. Morse divide estos indianos en tres grandes familas: 1^ la 
del Este del Mississipí, que contaba con 120,625 individuos; 2^ la que vi- 
vía entre el Mississipí y las Montañas Rocallosas, y que se componía de 
179,592; y la 3^ la del Oeste de las Montañas Rocallosas, que ascendían á 
171,200; firmando un lotal de 471,417 indígenas. 



60 ORIGEN DE LOS INDIOS 



actual territorio del Perú¿ de las que, como hemoi dicho ya, 
nos ocuparemos en la segunda parte de esta obra. 

ABIPONES, del Río de la Plata, junto al Paraná, en la Ar- 
gentina. 

ACH AGUAS, de loi río8 Guachira y Casahuara, en Colom- 
bia. 

AGACES, del río Paraguay, én la Argentina. 

ALLENTIACS, de las cordilleras de Cuyo del CoUingast y 
de las provincias de San Juan y Mendoza, en la Ar- 
gentina. 

amarínanos, del río Casanare, en Vene«uela. 

ANDOQÜIS, del territorio de Mocoa, bañado por los ríos 
Caquetá y Putumayo, en Colombias 

ANGAMARCAS, del río San Felipe, en el Ecuador. 

APIAGAS, de la cuenca del río Ainos, en el Brasil. 

AQÜILOTAS, del río Bermejo, en el Paraguay. 

ARAUCANOS, del territorio situado entre los ríos Bío-Bío 
y Valdivia y entre los Andes y el Pacífico: es familia 
cuyas tribus componen una especie de confederación 
con los Puelches y Pehuenches, que no reconocen 
ningún jefe, pues todos los negocios se deciden en un 
Consejo compuesto de los hombres más ancianos de 
cada tribu. Son los únicos indios de la América Me- 
ridional que, hasta ahora, han conservado su inde- 
pendencia como Estado, pues ni los españoles, du- 
rante el coloniaje, por más esfueríos que hicieron 
para dominarlos, ni los chilenos, con los que colin- 
dan, han podido ni pueden sojuzgarlos. 

ARROWANKS, del río Surinam, en la Guayana holandesa. 

ARUACAS, de la Sierra Nevada de Santa Marta y de los 
ríos Jalambó y Nulpe, en Colombia. 

ATACAMAS 6 GÜNZAS, de la región hidrográfica del Gran 
Salar, en el desierto de Atacama, en Bolivia. 

ATACAMBS, de los ríos Esmeraldas y Mir, en el Ecuador, 



DB AMERICA 61 



ÁZüBROS, de la península de bu nombre, hasta el golfo de 
Farita, en el Istmo de Panamá. 

BARBACOAS, de la embocadura de los ríos Telembí y Pa- 
tía, en Colombia: con los Telembís y los Iscuandés 
componían una república gobernada por Régulos, 
que eran nueve ancianos que constituían una espe- 
cie de Senado. 

BETOYAS, de las faldas de los Nevados de Chita, en Co- 
lombia. 

BONDAS, de las comarcas de Santa Marta, en Colombia. 

BORRORES, de la provincia de Matto-Grosso, en el Brasil. 

BOTOCüDOS, de las montañas de Minas-Geraes,en el Brasil. 

BRACAMOROS, del río Chichipa y sus afluentes y en las 
selvas de Jaén, en el Ecuador. 

CALCHAQÜIS, del río Salado, de la región del Tucumán, 
en la Argentina. 

CALOTOS, de las comarcas de Popayáñ, en Colombia. 

CALLAGÜAYOS 6 JÜNQÜENOS, de la provincia de Mu- 
ñecas, en Bolivia: en tiempo del Imperio Incaico, 
fueron designados para contraerse á la curación de 
las enfermedades, pues tenían profundo conocimien- 
to de las propiedades de las plantas y hierbas: hoy 
mismo son los únicos indígenas curanderos que re- 
corren todos los ámbitos de la América del Sur, con 
sus cargas de vegetales al hombro. 

CAÑARIS, de los ríos Pauta y Naranjal, en el Ecuador. 

CARACARÁS, del río Paraná, en la Argentina. 

CARANQÜIS, de las comarcas bañadas por los ríos Ángel, 
Pisco, Tahuando, en el Ecuador. 

CARES ó CARIOS, de los ríos Tosagua y Chono, en el 
Ecuador. 

CARIBES ó CANÍBALES, de las Antillas Menores y cos- 
tas de la América del Sur, desde Cabo de la Vela 
hflsta la embocadura del Surinam, en la 0uayana. 

CAÜCAÚS, del Estrecho de Magallanes. 



62 ORIGEN DE LOS INDIOS 

CAÜQÜENAS, del río Maule, en Chile. 

CAÜXICÜNA.S, de la embocadura del río Tocantiüj en el 
Brasil 

CAYAMPAS, de la falda del Nevado Gayambi, en el Ecua- 
dor. 

CAYAPÚS, de la provincia de Goya§, en el Brasil, 

CAYMANQS, del río de su nombre, que desagua en el Da- 
rién, en el Istmo de Panamá. 

CAYÜBABAS, de los ríos Mamoré y Jamaná, en Bolivia. 

COFANES, de las comarcas de Quito, en las cabeceras del 
río Aguarico, en el Ecuador. 

COPIAPOS, de la provincia de su nombre, en Chile. 

COQUIMBOS, de las islas Goquimbanas, en Chile. 

COMECHINGONAS, de la comarca de Córdoba del Tucu- 
man, en la Argentina. 

CÜMANAGOTOS, de la provincia de Cumauá, en Veneauela. 

CUNAS 6 CUN ACUNAS, del río Chagras hasta la bahía del 
Chocó, en el Istmo de Panamá. 

CUNCOS ó CUNCHOS, del canal de Chiloé y archipiélago 
de les Chonos, en Chile. 

CHAYMAS, de los llanos y montañas de Colombia. 

CHARCAS, de la comarca de Chuquisaca, en Bolivia. 

CHARRÚAS, de la comarca comprendida desde Maldonado 
hasta cerca de la boca del río Uruguay y de los ríos 
Negro é Ibicuy, en la Argentina. 

CHAYMAS, de los ríos Guarapiche y Colorado, en Yeníuela. 

CHIBCHAS ó MUYSGA.S, de toda la extensión comprendi- 
da por las sabanas de Bogotá, Zipaquirá, Ubabé y 
los valles de Fusagusagú, Caquetá, Pacho y Tunza, 
inclusive las circunscripciones de Guatavitá, Tunja, 
Tundama j Sogomoso, de Colombia. La familia 
Chibcba estaba dividida en dos monarquías: la na- 
ción de loa Zaques y la de los Éipas. Después de Mé- 
xico y el Perú, la nación de los Cbibcbas fué la terce- 
ra en civilización americana. 



DE AMERICA 6á 



CHIMBOS 6 CHIMBORAZOS, de la cordillera occidental 
de los Andes del Ecuador. 

CHIQUITOS, de la región de Santa Gruí de la Sierra, en Bo- 
livia: esta familia comprendía la tribu de los Chiqui- 
tos propiamente dichos y Ias»de los Samucas, Sara- 
becaSy Otoquis, Curuminacas, CobarecaSy Tupis, Pai- 
conecas y Corobecas. 

CHIRICOAS, del río Capanapuro, en Venezuela. 

CHIRIGUANOS 6 CUMBAS, dé la cuenca de los ríos Gua- 
pay y Parapati, y de los ríos Pilcomayo y Bermejo, 
en el Chaco boliviano. 

CHIBIQUÍS, de la Serranía de las Cruces, en el Istmo de 
Panamá. 

CHOLOS 6 CHOCOS, del Darien del Sud, en el Istmo de 
Panamá. 

CHONGONES, de la ensenada de Charapoto hasta Chon- 
gón, en el Ecuador. 

CHONOS, del archipiélago de su nombre, en Chile. 

CHUCHUMAQUES, del río de su nombre, en el Istmo de 
Panamá. 

CHUMULAS, de la laguna de Chiriquí, en el Istmo de Pa- 
namá. 

CHUNGHOS, del río Anarumaya 6 Madre de Dios, en Bo- 
livia. 

FUEGUINOS, del archipiélago que está separado por el Es- 
trecho de Magallanes, entre los Océanos Atlántico y 
Pacífico australes. 

GALIBIS, de los ríos Sinnamary, Iracoubo, Organabo y 
Mana, de la Guayana francesa. 

GOAGIRAS, de la península de su nombre, entre el golfo de 
Maracaibo y el Mar de las Antillas, en Venezuela. 

GUACHICOS, del río Tacuari, en el Paraguay. 

GUAHIBOS, errantes sobre los ríos Vechado y Meta, en 
Venezuela. 

GUANAS, de la comarca de Chuquiíaca, en Bolivia. 



64 ORIGEN DB LOS INDIOS 

GÜAQÜERIS 6 GüARÜNAS, de la comarca de Gumaná, en 

Colombia, é Isla Margarita, en Venesuela. 
GUARANIS ó tupis, de la inmensa región qne abraza los 
límites de los territorios del Brasil, Urngnaj, Rio de 
La Plata y Paraguay: algunas parcialidades se ex- 
tienden hasta las Guayanas y el Mar de las Antillas: 
consta esta familia de los Guaranís propiamente di- 
chos y de los Botocudos, estos últimos del Brasil. 
GÜARAÚNAS, del río Guarapiche, en Venezuela. 
GÜARAYOS, del río Mamoré, eñ Solivia. 
GUASARAPAS, del río de su mismo nombre, en el Paraguay. 
GUAYCURUS, de la comarca de Matto-Grosso, en el Brasil. 
HAMBATOS, del río de su mismo nombre y del de San Fer- 
nando, en el Ecuador. 
HATÜNTAQUIS, de los ríos Peguche y Blanco, en el Ecua- 
dor. 
HüAMBOYAS, de lá Cordillera de Cubillín, en el Ecuador. 
HÜANCAYILGAS, de la ensenada de Charapoto hasta Chon- 
gón 6 Punta de Santa Blena, en el Ecuador: los 
Huancavilcas formaban una confederación compues- 
ta de quince tribus, cada una con su respectiro Ca- 
cique. 
HÜILLICHES, del territorio que separa el río Yaldiria del 

archipliélago de Chiloé, en Chile. 
INGANAS, de la comarca de Mocoa, en Colombia. 
ITONAMAS, de los ríos Nonama y Machupe, en Bolivia. 
LACHAS, de las comarcas de San Juan de los Llanos y de 

Tunja, en Colombia. 
LAPUNÁS, de la Isla Puna del golfo de Guayaquil, en el 

Ecuador. 
LECOS, de los bosques de Caupolicán, en Bolivia. 
LULÉS, de los ríos Salado y Tibibiri, en la Argentina. 
LUPACAS, de la altiplanicie de los Andes de Bolivia. 
M ACARIÑAS, de los ríos Beni y Tumapasa, en Bolivia. 
M^CASi de lof ríos Uipano j Manguasua, en el BcuAdor. 



DB AMÉRICA 65 



MACURITARES, del río Yentuari y sus tributarios, en Ye- 

neztiela. 
MACHICÜYS, del río Paraguay, en la Argentina. 
MACKUERANDAS, del río Paraná, en la Argentina. 
MALÉALES, del Río Grande, en la Argentina. 
MANAOS, de la Guayana portuguesa; 
MANDRACOS, del río Amazonas ó Solimoes, en el Brasil. 
MANTAS, de la Punta de Santa Elena hasta la ensenada 

de Gharapoto, en el Ecuador 
MÁPOCHOS, del río de su nombre, en Chile. 
MARCANIS, de los ríos Beni y Tuanapasa, en Bolivia. 
MATAGUAYOS, del río Pilcomayo, en la Argentina. 
MAYAS, del Estado de Yucatán, en México. 
MAYNAS, del río Amazonas ó Solimoes, en el Brasil. 
MAXÜRÜNAS, de las selvas de Tabatinga, en el Brasil. 
MAYPUROS, del Alto Orinoco y de los ríos Atabapo y Ne- 
gro, en Colombia. 
MBAYAS, de las pampas del Paraguay. 
MEPBNES. del río Paraná, en la Argentina. 
MIRANHEROS, de los bosques bañados por el Yapurá, en 

el Brasil. 
MOBIMAS, del río Beni y comarca de Santa Cruz de la Sie- 
rra, en Bolivia. 
MOCOBIS, del río Paraná, en la Argentina. 
MOCHAS, del río Pachaulica y sus afluentes, en el Ecuador. 
MOLUCHES, de la comarca de Valdivia, en Chile. 
MOSETENES, de los ríos Beni y Mftmoré, en Bolivia. 
MOTILONES, de los ríos Muchiche y San Faustino, hasta 

el valle de Cuenca, en Colombia. 
MOXOS, de les ríos Mamoré y Mashupo, en Bolivia. 
MUZOS, del río Apoparis, al Sud de Popayáu, en el Cauca, 

en Colombia. 
OMAGUAS ó ENAGUAS, del río Ñapo, en el Ecuador. 
ONÁS, de la parte septentrional de la Isla Southland, en la 
Tierra del Fuego. 



9 



6(5 ORIGEN DE LOS IÑDIOá 

OTÁVALOS, de los ríos Peguche y Blanco, eñ el Ecuador. 

OTOMACOS, de la región que se extiende desde el Casanare 
hasta el Orinoco, en Colombia. 

PACAMOROS, del río Chichipa, en el Ecuador. 

PALTAS, de los ríos Colán y Amarillo, en el Ecuador. 

PAMPAS, de las extensas pampas de la provincia del Río 
de La Plata, en la Argentina. 

PANAS, de la Cordillera de los Andes, en Solivie. 

F ANCHES, del río Magdalena, en Colombia. 

PATACHES, de la comarca de Minas-Geraes, en el Brasil. 

PATAGONES, del territorio atistral de la Patagonia. 

PAYAGUAS, de la comarca de la Asunción y del río Para- 
guay hasta su unión con el Paraná, en el Paraguay. 

PEHÜENCHES, de Ja región de los Andes de la Araucanía 
y Patagonia. 

PIJAOS, de las s uranias de Barragán, en Colombia. 

PINAMPIRAS, del río Pisco, en el Ecuador. 

PROMAUCAS, del río Maule, en Chile. 

PUELCHES, de Irs valles de la Cordillera de Chile. 

PÜRACATIS, del país de Piagui, en Colombia. 

PÜÍIIS, del río Paraiba, en el Brasil, 

PÜRUHUAS, del río Chambo hasta el Nevado de Tungara- 
hua, en el Ecaador. 

QUERANDIS, del río Paraná, en el Brtsil. 

QUITUS, de la Cordillera occidental del Ecuador, hasta 
Quito: su gobierno era uca especie de confederación! 
establecida entre les Quitas y las tribus de los Imba' 
y as, LatacungaSy Puruhuas y Cañares. 

SALIVAS ó CABORÉS, de los ríos Guaviare y Meta, en Co- 
lombia. 

SARABECAS, del río Itenes, en Bolivia, 

SUCUMBIOS, del río San Miguel, en el Ecuador. 

TABOGAS ó URABÉS, del archipiélago de las Perlas, en ell 
Istmo de Panamá. 

TAIRES, de la Guayana holaüdesAr 



DE AMÉRICA 67 



TAYRONAS, del valle de Santa Marta, en Colombia. 

TEHUELCHES, del territorio comprendido entre el Río Ne- 
gro y el Río Colorado, de la Isla de Tehael, al Orien- 
te de la Patagonia. 

TICUNAS, del río Madera, en Solivia. 

TIJANAS, de los ríos Chambo y Paute, en el Ecuador. 

TIMBIRAS, de los espesos bosques situados entre el Río 
dos Balsas y el Itapiraras, en el Brasil, bosques que 
todavía, se dice, no ha podido penetrar en ellos nin- 
gún blanco. 

TIMBOS, del Río de La Plata, eü la Argentina. 

TIPUNABAS, del territorio situado entre los ríos Mury y 
el Para, en el Brasil. 

TOBAS, del río Pilcomayo, en el Chaco argentino. 

TONOCOTÉS, del lago cerca del río Bermejo, en el Para- 
guay. 

TÜCÜMANOS, de la comarca de su propio nombre, en la 
Argentina. 

TüMEBAS, de los Nevados de Chita y Guicán, en Co!om 
bia. 

TüMÜPASAS, de los ríos Apolobamba y Beni, en Bolivia. 

TUPIS, de las provincias orientales del Brasil: son oriun- 
dos de ese Estado. 

ÜSAQUES, de las provincias de Guatavita, Guasca, Zipa- 
quirá, Ebaté, Sutagasugá y Ebaqué, en Colombia. 

WARRANS, del río Masaroni, en la Guayaca inglesa. 

XARAYAS, del río Paraguay, en la Argéntica. 

YAGÜARZONGAS, del río Zamora y sus afluentes, en el 
Ecuador. 

YAHGANS, del Canal Beagle hasta el Cabo de Hornos, en 
la Tierra del Fuego. 

YAMBOS, del río Yavarí, que desemboca en el Marañóc. 

Y AROS, del río Uruguay, en el Uruguay. 

YARURAS, del río Casanare, en Colombia. 

YARACARAS, de la Cordillera de los Andes de Bolivia 



68 ORIGEN DE LOS INDIOS 



YÜRIS, del río Marañan. 

ZAMUCAS, del Chaco paraguayo. 

ZARZAS, de los ríos Guacamaná, Colán y Amarillo, en el 

Ecuador. 
ZÜRÍ ES, de la Serranía de las • Cruces, en el Istmo de Pa- 
namá. 

Y muchas otras tribus inferiores á las citadas. 

Además, en la América Meridional, existían y existen 
todavía un sinnúmero de tribus salvajes, cuyos territorios 
no están aún explorados, como las que habitan el Gran 
Chaco, que contiene gran número de familias distintas, to- 
das por clasificarse; las de las comarcas del caudaloso Ma" 
rañón y sus tributarios, que cuentan con muchas familias 
nómades; las de la región del gran río Amazonas, donde vi- 
ven también gran número de indianos de diferentes familias; 
las de les selvas del Orinoco y sus afluentes, en que se alber- 
ga un regular número de indígenas; y las de la Áraucanía, 
Patagonia y Tierra del Fuego. 

Todas estas parcialidades indígenas ofrecían desde la 
conquista, diversas especies y modificaciones de gobierno, 
desde el despotismo paternal de los Incas, hasta la más ab- 
soluta independencia, donde cada individuo sólo dependía 
de sí mismo. El mayor número de esas parcialidades abo- 
rígenes estaban sumidas en la mayor ignorancia y vegeta- 
ban en el estado más netamente selvático, y, aún hoy día, 
algunas son refactarias á los progresos de la civilización del 
siglo actual. 

Los españoles, digámoslo con franqueza, han sido más 
humanitarios que los anglo-americanos, pues en lugar de 
exterminar á los indios de sus colonias, como lo hicieron los 
ingleses y los yankees, los catequizaron é instruyeron en los 
preceptos de la religión cristiana. Sin embargo, los caste- 
llanos no dejaron de tener gran parte de culpa en la dismi- 
nución de la población indígen a de BUS colonias, perqué si 
bien no los casaron á balaioe, como á fieras, al igual que 



DE AMÉRICA 69 



losjsajones, en los extensos dominios que les quitaron á viva 
faersa, no dejaron esos mismos castellanos de causar la 
muerte de gran número de los indios que habían subyuga- 
do, empleando, para ello, otros medios proditorios. En 
efecto, desde el principio de la conquista, los españoles lle- 
varon á la raza indígena al sacrificio, obligándola á tomar 
las armas en las guerras civiles que entre ellos mismos sos- 
tenían, y aún en sus luchas en las tribus que pretendían so- 
meter. Consideraban á esos indios como esclavos, conde- 
nándolos á trabajos forzados y abrumadores en los obrajes 
y en las minas, é infiriéndoles maltratos inhumanos; pero 
no fué esto todo: los agobiaron con tributes, mitas y fuer- 
tes cargos; los emplearon como acémilas en las expediciones 
de la conquista de nuevos países; y, en fin, les fomentaron 
el vicio de las bebidas alcohólicas, para embrutecerlos. Las 
epidemias de la viruela, sarampión y otras enfermedades, 
desconocidas para ellos antes, diezmáronlos también, de tal 
manera, que en muchas ocasiones hubieron de desaparecer 
tribus enteras. Concausas de abatimiento y de despobla- 
ción todas las expuestas, contribuyeron á la degeneración 
de la raza indígena en proporcionalidad tan monstruosa, 
que de 20.000,000 de indios de ambos sexos que poblaban 
el Continente sometido á la férula de los españoles, de esa 
primitiva, enorme cifra, al finalizar el Coloniaje, apenas se 
contaban 4.000,000. 
Entremos en materia. 



Al realizarse el descubrimiento del Nuevo Mundo por 
Cristóbal Colón, en 1492, este gran Continente se hallaba 
poblado, como hemos dicho, por sinnúmero de tribus, unas 
bárbaras, otras semi- salvajes, y varias completamente sal- 
vajes, esparcidas en toda su estensión. Algunas de estas 
tribus eran (y pocas son todavía) de antropófagos, puei 



70 ORIGEN DE LOS INDIOS 

se comen la carne de sus enemigos para latisfacer el repug- 
nante placer de la veiíganra. 

La diveraidad de tipos, costnmbrea, trajes, vida, culto- 
ra é idiomas de estas tribus indianas (que sería muy difí- 
cil de caracterizar de una manera absoluta, pues que no 
ofrecen ningún carácter general), induce á creer que los pri- 
meros pobladores de América (1) son originarios de nacio- 



(1) El nombre de América, dado al Continente descubierto por Colón, 
trae, se dice, su origen del navegante florentino de aquella época, Amérigo 
6 Américo Vespucio, que entonces se encontraba al servicio de España, co- 
mo proveedor de los buques destinados al descubrimiento de nuevas tierras 
en el Nuevo Mundo. Vespucio no pudo resistir al deseo de participar de 
los peligros y glorias del célebre genovés, y, al efecto, solicitó acompañar á 
Alonso Ojeda en una expedición, en calidad de piloto y cosmógrafo; expedi" 
ción que, compuesta de cuatro naves, se dio á la vela, en 1494.. De regreso á 
España, Américo publicó algunas cartas marítimas á las que puso al pie su 
nombre, como autor de ellas; razón por laVual esas cartas fueron llamadas 
Américas por los pilotos de ese tiempo; y extendiéndose este calificativo al 
Continente á que se referían, lo denominaron América, costumbre que ha au- 
torizado el tiempo, privando así de esta gloria á Colón, que es el único mere- 
cedor de haber dado su nombre al Continente descubierto por él. Por este 
hecho se infiere que Vespucio arrebató á Colón la gloria de su descubri- 
miento, suplantando el nombre de este célebre navegante con el suyo. Y 
resulta tanto más injusta y temeraria esta usurpación, si se considera que 
Colón, para lograr la realización de sus proyectos, tuvo que combatir las 
preocupaciones de sus contemporáneos y sostener sus teorías contra los 
rechazos de varios monarcas. Su país natal, Genova, le trató de visiona- 
rio; Enrique VII, rey de Inglaterra, no dio oídos á su solicitud; Juan II, 
rey de Portugal, desechó sus proposiciones; Carlos VIII, rey de Francia, 
no prestó atención á sus proyectos; el emperador Maximiliano, de Alema- 
nia, rechazó también sus pretensiones: sólo le quedó á Colón la esperanza 
dé ser acogido en España, por los reyes Fernando é Isabel. En efecto, des- 
pués de ocho meses de esperas, se resolvió, al fin, armarle á Colón una 
expedición, en 1492, la que salió del puerto de Palos, en tres pequeñas ca- 
rabelas. 

Empero, otros historiadores pretenden que el nombre de América no se 
deriva de el del piloto y cosmógrafo florentino Vespucio, cuyo nombre y 
apelativo verdaderos son Albérico Vespuíio, según está comprobado por 



DE AMERICA 71 



nes diversas que habían llegado á eite Hemisferio en distin- 
tas épocas lejanas; pero no solamente lo manifiesta asi la 
variedad de razas, hábitos y lenguas, sino también las tra- 
diciones que se conservan, de haber habido invasiones suce- 
sivas á este Continente, .después del Diluvio Universal. 



infinidad de documentos italianos y españoles auténticos. Las mismas 
cartas marítimas publicadas en España por Yespuzio, relativas á sus do» 
primeros viajes, llevan su propio nombre de Albérico, y solamente la carta 
de su tercer viaje, la que levantó precisamente al pie de la montaña deno- 
minada Ambrriqüa, es la única que firmó « Américus. » En 1507, Martín 
Waldzeemüller publicó en Saint -Dié un libro titulado « Cosmographise in- 
troductio,» en el cual propone para el 'nuevo Continente el nombre de 
Amérriqua, basándose en que, cuando en 1499 Alonso de Ojeda descubrió 
lo que hoy se conoce con el nombre de Centro América, los indios de la cos- 
ta de Cumaná designaban el Continente entero con la palabra Amérriqua. 
Además, en un mapa náutico publicado en Lyon en 1522 por Ptolomée, 
titulado «Orbystypus universallis juxta hydrographorum tradictionem 
cxactissimc depicta,i el autor dice que Amérriqua es lo que comprendía todo 
el territorio del Continente del Sud, y que la parte que hoy es conocida por 
el Brasil se llamaba entonces Terra Sancta Crucis, abarcando todo el Con- 
tinente Sud. La denominación propia de Amérriqua, agrega el autor, que 
posteriormente se alteró en Améric ó América, se deriva de la Cordillera de 
los Andes y, en especial, de todas las montañas que en Nicaragua existen en' 
tre Juijalpa y Libertad, cerca de la costa de Mosquitos. Según opinión de 
varios otros autores, entre ellos el antiguo y notable geógrafo Schoner, en 
1515 ya era conocido el nombre de Amérriqua en Europa. « Por consi- 
guiente, parece probado,— dice éste— que en vez de ser Albérico Yespuzio el 
que dio su nombre á América, fuese él el que haya tomado este nombre mo- 
dificando así el suyo gloriosamente, con el propósito de arrebatar á Colón 
la justa é incuestionable gloria de su descubrimiento.» 

Apesar de lo asentado por algunos autores, el sabio brasileño F. A. de 
Varnhagen, pretenden reivindicar la gloria del florentino Yespuzio, apo- 
yándose en la opinión que el mismo Martín Waldzeemüller (bajo el seudó- 
nimo « Hylacomylus » ) emite en su ya citado libro, cap. IX, foja 15, verso, 
y, apesar de haber indicado anteriormente que el Nuevo Continente debe 
llamarse Amérriqua, f no hay motivo, dice, para no dar á la cuarta parte 
nueva, el nombre de América, de aquel de su iuventor Amérigo Vespucci, 
cuando la Europa y la Asia han recibido sus nombres de dos mtueres.i 



72 ORIGEN DE LOS INDIOS 

No obstante, apesar de los importantes datos suminis- 
trados por los hombres científícos que han hecho un profun- 
do estudio sobre el origen de los indios de América, esta 
cuestión no está aún dilucidada ni definida, conservándose 
tan sólo á este respecto algunas noticias yagas y no muy 



[ « & alia quarta pars per Americum Vesputium ( vt in sequentibus audic- 
tur) inuenta est— quam non video cur quis iure vetet ab Americo inuen- 
tore sagacis iugenii viro Amerigen quasi Americi terram, siue Americam 
dicendam: cum& Europa & Asia a mulieribus sua sortita sint nomina.»] 

Finalmente, el historiador italiano Sr. Campagnoni, que ha escrito y 
publicado, en Milán, una extensa « Historia de América» en veintinueve vo- 
lúmenes, dice que: « El Brasil fué denominado, en su origen, América, en 
honor de Yespucio, que fué su descubridor, denominación que, más tarde, 
se extendió á todo el Continente del Nuevo Mundo. Algunos historiadores 
califican de poco noble la conducta de Américo Yespucio al dar su nombre 
al Continente; pero, en vindicación del buen propósito del florentino, cabe 
hacer una rectificación. Sabido es, que cincuenta años después del descu- 
brimiento de este Hemisferio, en casi todos los mapas publicados en Euro- 
pa figuraba el Nuevo Mundo como si fuese un grupo de islas, j§iendo pocas 
las porciones exploradas hasta entonces: á esta porción de islas pintadas 
en los mapas, pertenecían la Florida, Cuba, la Española, Yenezuela y el 
Brasil, con el nombre de América. Como, sucesivamente, se tuvo conoci- 
miento que este Continente se extendía, sin interrupción, hacia el Sur de 
esta región llamada América, los ma^jas posteriores fueron aumentando en 
tamaño, y de ahí que, al tiempo* de estar bien conocida la real existencia de 
ese Continente, dichos mapas siguieron conservando el nombre de Américáy 
que habían adquirido accidentalmente. Todo aquello aconteció sin que. 
Yespucio tuviese parte alguna y sin la menor intención de arrebatar á Co- 
lón su justo título de descubridor. Aún más, se asevera que Yespucio man- 
tuvo siempre relaciones cordiales é íntimas con Colón, y que muy, distante 
estuvo de contribuir á causar semejante daño á su amigo. I*or consiguien- 
te, es un acto de justicia el tener presentes estos hechos, para no poner en 
duda la integridad de Yespucio.» 

Como curiosidad histórica, un periódico español de liuclva, dio últi- 
mamente la noticia interesante de lo que costó á España el descubrimiento 
de América: 

« Se acaba de descubrir en Palos ( Huelva) — dice este periódico — los li- 
);ros de. contabilidad del armador Pinzón, quien, como es sabido, suminis- 



DÉ AMÉRICA "ÍS 



exactas, ó tradiciones que han venido trasmitiendo de ge- 
neración en generación. 

Una de las teorías más extravagantes j quiméricas de 
algunos autores, entre ellos Isaac de La Peyrére en su obra 
Prsedamitas, j Tomás Burnet en su libro Tellurís tbeoría 
sacra, fué la de asentar con toda gravedad, que los habitan- 
tes de América no descendían de la especie humana, sino 
que, por sus rasgos particulares, pertenecían á una raza 
distinta, á la de los irracionales, negándoles en lo absoluto 
el título de hombres; siendo necesario que un breve pontifi- 
cio los declarase de la misma especie que los demás que for- 
man el Género Humano, reconociéndolos, por consiguiente, 
aptos para recibir el bautismo (1). 



tro á Cristóbal Colón los medios materiales que pedía el navegante geno- 
vés para su empresa. 

« En sus cuentas se encuentran inscritos, hasta en sus menores dctallfes, 
todos los gastos ocasionados en el descubrimiento de Amériea. 

« Cristóbal Colón, jefe de la expedición, figuraba con el sueldo de 6,400 
reales al año; sus segundos, tenían cada uno 3,600 reales anuales; y cada 
hombre de la tripulación, 50 reales. 

« El aparejar la reducida flota, compuesta de tres carabelas, costó 
50,000 reales. 

« La alimentación costaba por cabeza 24 reales mensuales. 

« La indemnización de viaje, para los jefes y tripulación, fué pagada 
por Colón mismo, á quien, para el efecto, se le dieron 80,000 reales. 

«En todo, el descubrimiento de América costó 144,000 reales, equiva- 
lentes á 18,000 pesos. 

(1) La doctrina de la condición inferior y servil de los indígenas ame- 
ricanos, llegó á generalizarse tanto y á ser tan aceptada, que el Papa Pau- 
lo III se creyó obligado á condenarla, como lo hizo por un Breve expedido 
en Roma, á 10 de Junio de 1537, en el cual decidió: «Que es malicioso y 
procedido de codicia infernal y diabólica el pretexto que se ha querido to- 
mar para molestar y despojar á los indios y hacerlos esclavos, diciendo 
que son como animales brutos é incapaces de reducirse al gremio y la fe de 
la Iglesia católica; y que él, por autoridad apostólica, después de haber 
sido bien informado, dice y declara lo contrario, y manda que así los des- 



74 ORIGEN DE LOS INDIOS 

Aún alguncs otros autores, entre ellos Avicena, en su 
tratado Be Conglutinatione, han caído en el abinrdo de de- 
cir, que los primeros pobladores de América se engendra- 
rían de alguna putrefacción, ayudada del calor del Sol, á 
semejania de los animales llamados imperfectos 6 insecto?, 
como moscas, gusanos, ranas y otros de este género. 

Otros autores han pretendido que los indios descienden 
directamente de la familia de Noé, salvada del Diluvio Uni- 
versal, y consideran á las tribus groseras y salvajes, dis- 
persas sobre el Continente americano, como la raza más 
antigua de hombres que existe sobre la Tierra. A este res- 
pecto, el docto abate Lorenzo Hervas y Panduro, en el to- 
mo I, pág. 113 de su Catálogo de lenguas de las naciones 
conocidas, opina que **la sola observación de no hallarse 
palabras de los idiomas europeos, asiáticos y africanos, 
en las lenguas americanas, basta para que se conosca cla- 
ramente que las naciones de estas últimas comarca», sin 



cubiertos, como los que en adelante se descubrieran, sean tenidos por ver- 
daderos hombres, capaces de la fe y religión cristiana, y que por buenos y 
})landos medios sean atraídos á ella, sin que se les haga molestias, ni veja- 
ciones, ni sean puestos en servidumbre, ni privados del libre y lícito uso 
de sus })ienes y haciendas, con pena de excomunión lát¿e sententi¿e, ipso 
{neto incarrenda (y reservada la absolución á la Santa Sede Apostólica) 
á los que lo contrario hicieren, y que esa aún no se les jjuede dar ni en el 
artículo de muerte, y procediendo bastante satisfacción.» / 

Sin embargo, á pesar de que este Breve declara á los indios iguales á 
los demás hombres, y á pesar de que las leyes de España los declaraban 
iguales á los demás subditos de la Corona, es lo cierto que en los períodos 
de la conquista, del coloniaje j aún de la independencia, esos indios siempre 
han sido considerados verdaderos esclavos de los conquistadores, de los 
encomenderos, y aún de los gamonales de la presente época, que los han 
tenido y tienen en la condición de siervos. Durante la época colonial, 
siempre han sido considerados como esclavos, no pudiendo contraer ningu- 
na obligación que excediese de cinco pesos, si no la firmaba un blanco, y 
era tanta la opresión que los indios sufrían de los encomenderos, que mu- 
chos de ellos, exasperados de tantos padecimientos, se extrangulaban para 
no cner en manos de lo8 españoles y verse reducidos A la eiclavitud, 



DE AMERICA 75 



mezclarse ni tratar cotí las de otros Continentes, pasaron 
á América prontamente, al suceder la dispersión del linaje 
hnmano, despnés de la confusión de las lenguas en 6a' 
bel" (1). 

Algunos escritores han supuesto que en los tiempos he- 
roicos, los Judíos, los Cananeoe, los Cartegineses, los Feni- 
cios, los Troyanos, los Griegos, los Egipcios y los Escitas, 
habían desembarcado á las playas americanas, fundándose 
en ciertas analogías que se han notado entre aquellas diver- 
sas rasas y las de América. 

Asimismo, varios otros autores han asentado que las 
primeras emigraciones al Nuevo Mundo habían venido de 
la Átlántida, grande isla que, se dice, existió en tiempos re- 
motos entre el África y la América, y que fué sumergida en 
el Océano Atlántico por un gran cataclismo. 

Y aún no faltan autores que han querido probar que los 
originarios de América descienden de los Iberos del tiempo 
de Tuba), nieto de Noé, qne había mandado expediciones á 
las playas americanas. 

En fin, hay un sinnúmero de teorías acerca del origen y 



(1) Acatando la opinión del sabio filólogo Hervas j Panduro, de no 
haber palabras de los idiomas europeos, asiáticos y africanos en las len- 
guas americanas de los indios primitivos de América, tal hecho prueba, 
evidentemente, que después de la confusión de las lenguas en Babel, cada 
pueblo ó tribu tuvo que formar su lengua propia, no teniendo para ello 
más maestro que la Naturaleza, la que se las dictó, según las circunstan- 
cias propias del clima, de los animales, de las flores y de los frutos de la 
localidad donde residía cada pueblo ó tribu: todo lo que se movía estaba 
dotado de vida para el Hombre primitivo; para él, todos los sonidos eran 
voces, ya fuera el bramido de la fiera ó el ruido del viento y del agua. Des- 
pués del trascurso del tiempo, y con las emigraciones que de otros Conti- 
nentes abordaron sucesivamente á las playas americans, las lenguas su- 
frieron notables modificaciones, proviniendo de allí que, al cabo de millares 
de años, esas mismas lenguas habían adoptado muchas voces de los pue- 
blos 6 comarcas de esos diyersos Continentes. 



76 ORIGEN DE IvOS INDIOS 



la deicendencia de los habitantes aborígenes de América; 
pero todas ellas son hipótesis que carecen de fandamento, 
porque no descansan en hechos históricos y auténticos que 
los acrediten. 

Sin embargo, parece ser cuestión averiguada, si nos 
atenemos á las indagaciones perseverantes practicadas por 
los sabios modernos, que la América antes de su descubri- 
miento por Colón, fué conocida de los antiguos; tanto por- 
que así lo testifican muchos autores de la antigüedad, cuan' 
to porque las instituciones de los dos grandes imperios 
americanos, México y Perú, bajo el gobierno de sus respec- 
tivos monarcas, conservan el recuerdo de comunicaciones 
lejanas con el Mundo Antiguo. 

Además, las indagaciones de los sabios modernos ñt 
basan en inducciones procedentes de la cultura, religión, 
costumbres, constitución física é idiomas de los pueblos 
de América, que algunas analogías guardan con otros de 
Europa, Asia y África, como así mismo, en hechos históri- 
cos contemporáneos, que han venido á comprobar que, efec- 
tivamente, la América fué conocida desde la más remota 
antigüedad. 

Por otro lado, si nos ceñimos á la opinión emitida por 
doctos y renombrados etnógrafos y etnologistas, es de 
creer que la América no solamente fué conocida desde mu- 
chos siglos antes de la era cristiana, sino habitada desde 
los tiempos antediluvianos. 

Y si nos atenemos á la tradición hebraica, esos habitantes 
antediluvianos perecerían en la catástrofe del Diluvio Uni- 
versal, acontecido, según los Setenta Intérpretes, 2242 años 
después de la Creación, trascurriendo en seguida, se supone, 
más de cinco siglos hasta que se efectuara nuevamente la 
repoblación de América, ó sea, más de siglo y medio des- 
pués de la confusión de las lenguas en Babel, que tavo lugar 
255 añoi después del Diluvio, es decir, en el año 2497 de la 



DE AMÉRICA 77 



Creación, acontecimiento que originó la dispersión del lina- 
je hnmano. 

Si la repoblación de América ha tenido lugar más de 
cinco siglos despnés del Diluvio, es evidente, dicen los etnó- 
grafos, que los nuevos habitantes de este Continente han 
debido proceder del Antiguo Mundo conocido entonces, sea 
de Buropa, de Asia, de África, ó talve« de estos tres Conti- 
nentes. 

Al efecto, vamos á exponer las diversas opiniones de los 
escritores que se han ocupado del origen de los indios del 
Nuevo Mundo, en lo que podemos llamar segunda época de 
América j ó época postdiluviana. 

é 

rife 

Alejo Vanegas, en el lib. II, cap. XXII de su Enciso in 
Suma Geographise, afirma que los indios de América proce- 
den de Cartagineses, fundándose en la autoridad de Aristó- 
teles, gran filósofo griego, quien en su libro Mirahilibus Aus^ 
cultationibuSy fol. 53, dice: " que unos mercaderes cartagi- 
neses navegaron desde las columnas de Hércules, y que al 
cabo de muchos días de navegación hallaron una isla de- 
sierta, que distaba de la costa de Berbería y en la que había 
toda clase de maderas, y ríos que se podía navegar por 
ellos, por lo cual acordaron quedarse allí y poblar la isla. 
Más, habiendo llegado á noticia del Senado de Cartago la 
susodicha navegacióú, y temiendo que la fama de las rique- 
zas de aquella tierra llegase á ser conocida por otras nacio- 
nes, ó temeroso de que muchos de sus conciudadanos, atraí- 
dos por la belleza del nuevo país, fugaran de su patria, or- 
denó que se matase, á su regreso, á todos aquellos que 
habían ido á poblar aquella isla, y decretó también pena de 
muerte contra los que en lo sucesivo intentaran dirigirse 
allí, guiado por el temor de que los colonos sacudie- 
ran el yugo cartaginés y perjudicaran al comercio de la 



78 ORIGEN DE LOS INDIOS 

metrópoli." Aristótelee, al aludir á la meocíoiíada isla, se 
refería talvcz á la conocida Española ó de Santo Domingo, 
desde la cual los Cartagineses pasarían después á la de Cu- 
ba y á las otras de aquellos parajes, y de allí á la Tierra Pír- 
me de América, y sucesivamente á Nombre de Dios, Panamá, 
México y Perú. Esta opinión ha sido sostenida por algu- 
nos otros autores, entre ellos Solórzano, Torquemada, Ca- 
lancha y el P. Mariana, los que, para probar que los indios 
americanos son descendientes de Cartagineses, se han apo- 
yado en los siguientes fundamentos: 1*^ Que éstos, en aque- 
llos tiempos, como los Mexicanos, usaron de pinturas ó ge- 
roglífícos en lugar de letras. 2*^ Que en América existen edi- 
ficios antiguos de igual arquitectura que los de los Carta- 
gineses, como en Yucatán, Tabasco, Teotilmacán y otras 
partes de México; Tiahuanacu y Huamanga, en el Perú; edi- 
ficios todos anteriores á la fundación de los imperios de 
México y del Perú. 3° Que muchas costumbres de los Ame- 
ricanos eran semejantes á las de los Cartagineses) como los 
sacrificios de víctimas humanas, la conservación del fuego 
sagrado, la veneración de laa fuentes y ríos, el vestirse de 
pieles y plumas, el uso de sortijas en las orejas, el de enve- 
nenar las puntas de las flechas con que combatían, y mu- 
chas otras costumbres y ceremoniap, idénticas entre Carta- 
gineses y Americanos. Alejo Yanegas, para sustentar su 
opinión y darle más fuerza, se funda también en la autori- 
dad de varios otros autores antiguos, como Hornio, Pau- 
sanias, Plinio, Estrabón, Yossio, Ariano y Layet, los que 
citan varias largas navegaciones efectuadas por les Carta- 
gineses en tiempos remotos, siendo una de ellas la que em- 
prendió el almirante Hannón, que navegó desde Gibraltar, 
costeando la mar, hasta lo último de la Arabia, y pasando 
dos veces debajo de la línea del Ecuador, bordeando así las 
costas del Continente americano. 

Onffroy de Torón, que ha hecho pacientes é interesantes 
investigaciones sobre los primeros habitantes de América, 



Í)E AMERICA 7Ó 



dice, tambiéa, eu su selecta obra Antigüedad de la navega- 
ción por el Océano y que *'es evidente el aserto de que los 
Cartagineses fundaron colonias en América." 

ífe 

Gilberto Genebrardo, en el lib. I de su Cbronologia, pág. 
162, asevera que: " En la isla de San Miguel, una de las del 
archipiélago de los Azores, se hallaron sepulcros debajo de 
tierra con letrasjhebreas muy antiguas;" á lo que agrega, y 
con él algunos historiadores posteriores, que "los America- 
nos proceden de los Hebreos de las diez tribus que se perdie- 
ron en el cautiverio de Salmanszar, rey de Asiria (1), los 
que se dirigieron primero á la China y de allí, por mar, á 
las cestas de otro Continente, por el estrecho que separa la 
China del reino de Annián, pasando en seguida al reino de 
Quivirá, y poblando 8 sí México, Panamá, Perú é islas de 
Barlovento 6 Hespérides." Los autores que sostienen ese 
parecer se fundan en el pasaje del cap. XIII, vers. 4 á 49 
del lib. IV de Esdras ó de los Reyes (2), que al hablar de las 
tribus que se perdieron en el cautiverio de Salmanezar, dice: 



(1) Salmanzar reinó en Asiria cuarenta y un años, subiendo al tro- 
no en 1981 de la Creación del Mundo, (según la cronología hebraica) , ó 
sea, 2054 años antes de la era cristiana: hizo tres expediciones á Armenia, 
combatió á los reyes de Haraath y de Damasco, en Siria, é hizo tributarios 
suyos al rey de Judá, Jehú, y á los príncipes de Caldea y de Fenicia. 

(2) En este texto hebreo se dice: " Salmanazar, rey de los Asirios, sa- 
có las diez tribus de Samada y las repartió por la tierra de los Medos." 
De allí, según autores antiguos, muchos de los miembros que las formaban 
se unieron y fugaron pasando una tierra muy distante llamada Arzaret ó 
Arfaret, situada al oriente de la Tartaria, junto al reino de Annian, que 
tiene el estribo de su mismo nombre. Pasando aquel estrecho, llegaron al 
reino de Quivirá, ya en territorio de América, diseminándose por México. 
Más tarde, los descendientes de estas diez tribus israelitas pasaron, sucesi- 
vamente, por la América Central, Panamá, y demás comarcas del Conti- 
nente sud' americano. Genebrardo les hace dar otra ruta, desde lo8 dcsicr- 



80 ORIGEN DE LOS ÍNDIOS 

*'Ellai tuvieron entre si el acuerdo j determinación de dejar 
la multitud de los gentiles y de pasarse á otra región más 
apartada, donde nunca habitó el Género Humano, para 
guardar siquiera allí su lej, la cual no habían guardado en 
su tierra;" de cuyas palabras coligen algunos autores anti. 
guos, como Plaucio, en su Mapa Mundi, Alacgren, en su 
GlobOy y Hornio, en su Origen de los Americanos^ que estas 
dies tribus hicieron el viaje por el derrotero indicado y fue- 
ron á poblar la América. También esos mismos autores se 
fundan en la semejanza del carácter y costumbres de los He- 
breos é Indios, pues tanto los unos como los otros, dicen, 
son inconstantes, desleales, ingratos, tímidos, medrosos, 
incrédulos, supersticiosos y poco caritativos; las costumbres 
de los unos, agregan, de enterrarse en los montes, sacrificar 
niños á sus dioses é ídolos, abstenerse de comer carne de 
puerco, untarse de aceites aromáticos, celebrar ciertas fíes- 
tas y observar algunas leyes, son idénticas á las de los 
otros; y, por fía, algunos vocablos son iguales, tanto^en la 
lengua hebrea como en algunas de los indígenas. 

A esto agrega el P. Hennequin, en su Descripción de la 
Luisiana (París, 1688): **No se puede dudar que los indios 
son originarios de los Judíos, pues tienen con ellos ciertas 
analogías, como construir sus cabanas en pabellones, un- 
tarse de aceite, creer con supetstición en sueños, enterrar 
sus mpertos con horribles lamentaciones, llevar las mujeres 
el duelo de sas parientes durante un año entero, abstenién- 
dose de danzas y festines, y creer, como los Judíos, que es- 
tán maldecidos de Dios/' 



to8 de Tartana hasta la isla de Groenlandia. — Esdras fué un escriba ó doc- 
tor de la ley, entre los Judíos, que obtuvo del rey de Persia, Artajerjes el 
Magnífico, el permiso de llevarse de su país los Hebreos cautivos que no 
habían seguido áZorobabel: á su vuelta á Jerusalem, ofreció un sacrificio de 
expiación, organizó el culto y arrojó de allí á las miyeres paganas con 
quienes se habían casado los Judíos. 



Í)E AMÉRICA 81 



La secta de los Mormones, en los Estados unidos de 
Norte América, creen, también, que los aborígenes de Amé- 
rica descienden de Hebreos. 

Es evidente que las tribus de Cashivos, Sitibos, Piros y 
Shipibos de las márgenes del Ucayali, practican, como los 
Judíos, la circuncisión, como también los Salivas, Guaúrosi 
Otomaques y Calchaquís de la América del Sur, y los Ma- 
yoas de Yucatán. 

Diodoro de Sicilia, en su Biblioteca Histórica y Lactan- 
cio Firmano, en sus Instituciones divinas^ refieren que en el 
sepulcro de Osiris se encontró un epitafio, en el que se lee 
que su imperio llegó á los confines de las Indias Oriental y 
Occidental, de cuyo hecho algunos historiadores posteriores 
han hecho remontar el origen de los Indios á la fundación 
del reino de Iberia, en tiempo de Osiris, época que, según 
alegan, comenzaron á venir á América, por la isla Atlánti- 
da, muchos Iberos. Y para apoyar sus opiniones con fun- 
damentos sólidos, dicen que en aquellos tiempos se acos- 
tumbraba poner á los lugares de América los nombres de 
los reyes Iberos, sacando, en consecuencia, que del rey Bri- 
go, cuarto de Iberia, hubieron muchos lugares como Laco- 
briga, Mirobriga, Yolubriga, Augustobriga, Flaviobriga y 
otrcs; del rey Gorgor, se puso su nombre á un pueblo cerca 
de Huanca vélica, en el Perú; del rey Héspero, se denomina- 
ron las islas Hespérides ó de Barlovento, según lo asevera 
Ambrosio Calepino en su Thesaurus Lingua Latinam, di- 
ciendo: '* Las Hespérides se llamaron así, del nombre de 
Héspero, hermano de Atlante." 

Pero el autor que más se empeña en hacer descender los 
Americanos de la raza ibérica, es el erudito Dr. Diego An. 
drés Rocha, Oidor de la Real Audiencia de Lima, y autor de 
un Tratado único v singular del Origen de los ludios del Fe- 

n 



82 ORIGÉX DE LOS INDIOS 

rá, México, Santa Fe y CbilCy quien, después de analizar las 
opinionci emitidas por varios escritores sobre el origen de 
loa Indios, desarrolla su modo de pensar á este respecto, 
sosteniendo que los primitivos Iberos, de la época de Osirii, 
Tubal, Héspero y otros reyes, fueron los primeros habitan- 
tes del Continente Americano, fundándose en la analogía de 
las costumbres de éstos con los Indios de América; en las 
armas y usos de la guerra de aquellos con éstos; en la con- 
cordancia de muchos lugares, ríos, montes y aún vocablos 
de ambos pueblos, y en la mayor vecindad de la Iberia con la 
isla Atlántida. Para sostener su teoría, el Dr. Rocha, hace 
una larga disertación, apelando al testimonio de más de se- 
tenta autores, entre antiguos y modernos, de su tiempo, 
pretendiendo probar con ello que la conclusión que sostiene, 
de ser los Iberos les primeros que poblaron la América, es 
la opinión que debe prevalecer. 

Otros autores, sin remontarse á una época tan remota 
como la citada por los anteriores, sostienen, también, que 
los Españoles, mucho tiempo antes del descubrimiento de 
Colón, aportaron á las playas de América. Uno de ellos, el 
Dr, Juan de Solórcano Pereyra, en el tomo I, lib. I, cap. V, 
N* 9 de su Política Indiann, pág. 17, dice: "No quiero pa- 
sar en silencio lo que trae Gomara y otrcs, de los Españoles 
que, huyendo de la guerra y servidumbre de les Moros, en 
tiempo del rey Don Rodrigo, se embarcaron en el Océano y 
Aportaron á las provincias de Cosumel y Yucatán; y vivien- 
do y muriendo en ellas, pusieron sobre sus sepulcros, y en 
otras partes, cruces, que se Jas enseñaron á reverenciar á 
loi Indios, las cuales se hallaron allí por los nuestros, cuan- 
do se descubrieron estas provincias." A lo que agrega el 
sabio Jcsé Eosebio de Llano Zapata, en sus Memorias His^ 
tórícO' Físicas f Apologéticas de la América Meridional, pág. 
520: *'E3 muy creíble lo que afirman los alegados autores, 
que huyendo de la opresión de los Moros, aportaron á aque- 
Ui8 tUrree; j «Qoquc h dice qut 1$, oavegacióo 96 biso á 



DÉ AM¿RICá ^ 



Cozumel y Yucatán, qae es la parte septentrional de nncs- 
tras Indias, hay evidencia más que probable que algunos 
de los Españoles qne allí aportaron, penetraron en las tie- 
rras meridionales, hasta la metrópoli del Colloa." 

Parece ser un hecho innegable, que en los túmulos de 
Grave -Creek, en Virginia, se ha encontrado una piedra con 
una inscripción en caracteres alfabéticos, de gran interés et- 
nográfico, que, según Jomard, era ibérica, lo que se presta 
á creer que los Iberos fueron, quizá, unos de los primeros 
pobladores de América. 

Sin embargo, el P. Román y Zamora, fraile agustino, 
en sus Repúblicas de Indias, alega que " es otro desatino 
suponer que los Indios de América son de origen español, 
sólo por haber algunas analogías entre ciertos vocablos 
quechuas y otros castellanos. 



sSü 



Algunos otros escritores opinan que los Americanos des- 
cienden de los Griegos, fundándose en que habiendo teñido 
los Atei^ienses guerra con los Atlantes, tuvieron noticias de 
las islas Hespérides y de la Tierra Firme de América, y fue- 
ron á esas comarcas, siendo los Griegos el pueblo que pri- 
mero tuvo conocimiento de la navegación después de los 
nietos de Noé. También apoyan sus opiniones en que en 
algunos lugares de América, según refiere el P. Fr. Gregorio 
García, en su Origen de los Indios, pág. 189, se han encon- 
trado inscripciones griegas trazadas en peñas, como cerca 
de Loja, en el Ecuador, donde hay una piedra alta en la que 
están esculpidos cuatro renglones, cada uno de vara y me- 
dia de largo, cuyas letras parecen griega»; cerca de Hua- 
manga, á orillas del río Vinaque, en el Perú, según lo indica 
Ciezade León, en su Crónica del Perú, cap. LXXXYII, pág. 
160, se encontró una loza que tenía ciertas letras parecidas 
á las griegas; en unos pueblos de la provincia de Chiapa, en 



84 orígen de los indios 

México, según el mismo P. García, en su obra citada, pág. 
190, existen unos antiguos edificios, en cayos pilares hay 
trazadas letras que también parecen griegas. Igualmente, 
estos autores se fundan en las analogías de ciertos vocablos 
griegos con los de algunos lugares indígenas, habladas eñ 
México, Guatemala y el Perú. 



rife 



Otros autores conjeturan que los Indios de América son 
originarios de los Fenicios, fundándose en la opinión de 
Aristóteles, que en su libro Mirahilihus Auscultationibus, 
lib. II, cap, IV, dice: "Unos Fenicios navegaron cuatro 
días hacia el occidente, con el viento oeste, y aportaron á 
unas islas incultas que estaban en continuo movimiento, 
subiéndolas y cubriéndolas el mar, dejando en seco gran 
cantidad de atunes, que comerciaban trayéndolos salados, 
con ganancia considerable; " islas que se cree sean las del ar- 
chipiélago de los Azores; opinando algunos que de allí pasa- 
ron á las islas Hespérides y después á Tierra Firme de Amé- 
rica, viaje, que, según cálculos, efectuaron los Fenicios en la 
Olimpiada 110, pues al decir de Dionisio Halicarnaso, en su 
Vita Aristóteles, Aristóteles nació en la Olimpiada 99 de la 
Creación del Mundo (3670, ó sean, 1293 años antes de J. C.) 
De este viaje discurren varios autores, entre ellos Juan de 
Solórzano, en su Política Indiana, lib. I, cap. V, fol. 20, que 
unos de los primeros pobladores de América fueron Feni- 
cios, fundándose, igualmente, en la semejanza de las cos- 
tumbres y ceremonias de éstos y de aquellos. Además, in- 
vocan dichos autores, en apoyo de su aserto, que á los Fe- 
nicios se les atribuye ser los primeros en el arte de la nave- 
gación, en dar batallas marítimas, en someter á los pueblos 
sus vecinos, como dice el historiador judío, Claudio Joscfo, 
en su Antobiographia; el geógrafo prusiano, Felipe Cluvier, 



DE AMERICA 85 



en 8U Universam Geographiam, y el religioso servita, Felipe 
Ferrari, en su Lexicón Gcographiam. 

Además, la opinión de los autores citados se funda tam- 
bién en la semejanza de lengua, religión y costumbres de los 
Fenicios con las de los Indics americanos, pues muchas vo- 
ces de la lengua fenicia (que es la hebrea antigua y que des- 
pués fué dialecto de ésta), son iguales en significa do que la de 
lOf Indios. Los Fenicios, como los Americanos, practica- 
ban, dicen, la circuncisión; y la idolaería de unos y otros en 
sacrificar niños y mujeres, se observaba en ambas razas, 
pues, según el P. Cogolludo, en su Historia de Yucatán, lib. 
IX, cap. 403: "Por singular diré un modo de sacrificar que 
tienen (los de Yucatán) semejante al que se hacía al ídolo 
Moloch (de los Fenicios), que siendo de bronce ó metal, de 
hechura de un hombre hueco y abierto por la espalda, ten- 
didos los brazos, ponían en ellos la miserable víctima racio- 
nal que sacrificaban, y dándola fuego, quedaba allí abrasa- 
da.'* "¿Quién pudo llevar á Yucatán sacrificio tan particu- 
lar, añade el P. Fr. Gregorio García, en su Origen de los In- 
dios, lib. IV, parágrafo VII, pág. 236, sino los mismos Fe- 
nicios que poblaron á Nueva España?" agregando "que no 
sólo sacrificaban los enemigos, sino que estes sacrificics eran 
en tan gran número, que de les sacrificados podía volverse 
á poblar el Nuevo Mundo. 

Posteriormente, el Dr. Amend, en su obra Los Fenicios 
descubridores de América, para sostener su opinión de ser 
éstos originarios délos Indics Americanos, dice, también, 
que las creencias religiosas de los Aztecas guardan una ex- 
traordinaria semejanza con las de les Fenicics, pues adora- 
ban un ídolo medio hombre, medio animal, al que ofrecían 
en abundancia sacrificios humanos, y era análogo al Baal 
ó Moloch de los Fenicios.'* Además, agrega este autor, por 
las tradiciones de los Aztecas sobre su origen y los monu- 
mentos pictóricos que han escapado del furor de destruc- 
ción de los Españoles, se colije que la civilización primitiva 



86 ORICEN DE LOS INDIOS 

de la América Central procede del Yucatán y de loa distri- 
tos vecinos. Al efecto, dice, es tradición que mil años antes 
de la era cristiana, Votan y su pueblo vinieron del oeste en 
siete embarcaciones; que en la costa americana, desde el 
Estrecho de Dariéa hasta California, encontraron habitan- 
tes sumidos en la mayor abyección; que Votan hizo cuatro 
viajes á su país y que eñ uno de ellos visitó la ciudad de las 
tres serpientes (Benares, sobre el Ganges) y las ruinas de la 
Torre de Babel; que después de estos cuatro viajes se esta- 
bleció en la América Central, fundando allí la ciudad de 
Palenque, que es la más antigua de América, siendo por 
consiguiente Votan el primer legislador americano. El Dr. 
Amend deduce de allí la conformidad entre el arte arquitec- 
tónico de los Aztecas y de los Fenicios ó sea el arte egipcio 
(siendo los Fenicios el único pueblo que en aquellos tiempos 
pudo residir en Egipto). Empero, los ornamentos arquitec- 
tónicos de los monumentos de Centro América y México 
guardan cierta analogía con los de los Asirios, Persas, Grie- 
gos y Egipcios, debido, segán opinión del Dr. Amend, á que 
los Fenicios por su comercio entraron en relaciones con es 
tos pueblos, apropiándose di un gran número de estilos pa- 
ra su arte y arquitectura, y por eso, dice, se hallan, sobre 
todo en México, donde más claramente se presentan las se- 
nales de la civilización fenicia: esas combinaciones de orna- 
mentos empleados por los Fenicios, proceden del arte 
de aquellos diversos pueblos. Después de estas conjeturas, 
concluye el Dr. Amend diciendo que los Aztecas (con cuyo 
nombre designa en general á los habitantes de la América 
Central y México), son productos de la civilización fenicia, 
pues cree que los buques de éstos, tanto por su tamaño y 
construcción, cuanto por su tripulación, eran capaces de 
emprender tales expediciones, y que las familias transporta- 
das en esos buques eran bastante numerosas para poblar 
las islas del mar del Sur, así como una parte del Continente 



DB AMKRICA 87 



americano, para ejercer tina influencia entre los abyectos 
aborígenes del país. 

Sobre este mismo punto, el Dr. Pablo Félix Cabrera, de 
Guatemala, publicó en Londres, en 1822, un Examen Críti- 
co de la Historia de Améríca, en el que afirma que todos los 
que desde principies del siglo xix han escrito sobre el origen 
de los Americanos, deben acusarse de negligentes, por haber 
pasado en silencio la «Constitución Diocesana del Obispo 
de Chiapa,» Dr. Francisco de Vega, impresa en Roma, en 
1702, en la que este prelado hace referencia á un pequeño 
tratado histórico escrito en lengua índica por Yotán, señor 
de Tapanahuasec, el que yíó la gran casa (probablemente 
la Torre de Babel), que se elevaba desde la Tierra hasta el 
Cielo. Según tradición de los Indios, los preciosos documen- 
tos de su historia fueron colocados por el mismo Yotán eú 
la Casa Lóbrega ó subterránea construida por él, confiando 
su custodia á una mujer distinguida y á cierto número de 
indios plebeyos que debían ser designados anualmente á 
este efecto: sus órdenes fueron respetuosamente observa- 
das durante varios siglos por los habitantes de Tacoaloya, 
en la provincia de Socoñuzco; documentos que fueron des- 
truidos por el Obispo Vega, cuando este prelado hizo su 
visita episcopal á Tacoaloyaj en 1691 (1). 

En fin, parece haber evidencia que los Fenicios visitaron 
el Continente del Nuevo Mundo en tiempos remotos, pues 
el sabio Humboldt refiere que un misionero franciscano en- 
contró en una caverna de la orilla occidental del Cauce, cer- 
ca de Uruana, una roca de granito que tenía esculpidos ca- 
racteres semejantes al alfabeto fenicio, caracteres que han 
confirmado, en parte, la probabilidad de que los Fenicios 



(1) Estos documentos consistían en algunos grandes vasos de tierra, 
de una sola pieza, cerrados con tapas de la misma materia, vasijas en que 
eran representados, en piedra, las figuras de los antiguos emperadores de 
Tuitcca y otras figuras supersticiosas, 



88 ORIGEN DE JLOS INDIOS 

hayan sido unos de los primeros pobladores de esta sección 
de América. 

También en la embocadura del río Tantán, en Massa- 
chussetts, se encontró otra roca con caracteres fenicios. En 
1873, se halló en el Brasil otra piedra con una inscripción 
fenicia en ocho renglones, que, según su traducción, inducen 
á creer que en el reinado de Hiram, una expedición de Feni 
cios de Sidonia salió del puerto de Aziongabar (hoy Akaba) 
en el Mar Rojo, la que narcgó durante doce meses lunares á 
lo largo de la costa de Egipto, y que, extraviada de su de 
rrotero por un fuerte temporal, aportó á las costas del Nue 
vo Continente. Esa piedra con esa inscripción fenicia, es 
se dice, una de les más antiguas y la más notable constancia 
de que los Fenicios ocuparon, primero, las regiones orienta 
les, y pasaron de allí á las regiones occidentales de América 

No han faltado autores entre ellos Kircher,en su CEdipus 
JBgiptiacus que hayan alegado que los Egipcios sacaron de 
su tierra numerosas colonias con las que poblaron la China, 
el Japón y las Indias Occidentales, pues, dicen, eran muy 
diestros en la navegación y hábiles en las guerras navales: 
agregan que los indios mexicanos no solamente heredaron 
sus costumbres, sino que se asemejaban en sus prácticas, 
observando que la división del tiempo era semejante en 
unes y otros, pues partían el año en dieziocho meses, cada 
uno de veinte días ó sean trescientos setenta al año, dejan- 
do cinco días fuera de él, que los Mexicanos denominaban 
Nemontemi y los Egipcios Nisi 6 Epagomenos. En las pirá- 
mides de ambas rasas, dicen también, se reconoce igual- 
mente sjmejania, porque si los reyes de Egipto las fabrica- 
ban con tanto gusto y solidez, en Teotihuacan de México, 
existen también algunas que tienen más de sesenta varas de 
ancho y ciento cincuenta de alto, en cuyas cimas cplocabau 



Í)£ AMÉRICA S9 



los Indios las imágenes del Sol y la Lana, jante á lai coa- 
les hay otras pequeñas en que se enterraban los caciques; 
pirámides qae, según opinión del insigne cosmógrafo mexi- 
cano Carlos de Sigüenza (1), en sa obra Mercurius volans 
ct novum Mexicam restauratum pras se ferenSy deben haber 
sido hechas algunos siglos después del Diluvio Universal. 
Igual semejanza, dicen los mismos autores, se nota entre 
los laberintos de Tezcuco en México y el de HeracleópoHi en 
Egipto; y también traen á colación la similitud en la supers- 
tición é idolatría de unos y otros, pues que ambos ado- 
raban el Sol, la Luna, las estrellas y los animales; como asi- 
mismo los dos pueblos usaban la poligamia y creían en la 
traimigración de las almas. 

Por otro lado, el abate Brasseur de Bourboarg y últi- 
mamente Mr. Jorge Meikleyson, afirman que las ruinas de 
los antiguos monumentos de Yucatán tienen mucha seme- 
janza en su arquitectura con los antiguos monumentos de 
Egipto, á excepción de los geroglífícos, que en ambos países 
no guardan ninguna analogía. También, según estos últi- 
mos autores, en los idiomas egipcio y mexicano existen 
ciertas analogías lingüísticas. Empero, nada se puede con- 
firmar al respecto, mientras un futuro Champillión no des- 
cubra la llave de los geroglíficos que se ostentaban en las 
antiquísimas murallas de los monumentos de México y de la 
América Central. Otros autores opinan, que tanto en los 
geroglífícos de los monumentos egipcios, cuanto en el anti- 



(1) Carlos de Sigüenza y Góngora fué un afamado poeta y matemáti- 
co que nació en México, en 1645: abrazó la carrera eclesiástica y fué cate- 
drático en la Universidad de esa ciudad, durante veinte años. Hombre muy 
docto, escribió varios tratados sobre Igs caracteres geroglíficos de los an- 
tiguos monumentos índicos mexicanos. Sus demás importantes escritos, 
en latín, se perdieron en el incendio que hubo en la capital de México en 
1692. Falleció este ilustre mexicano en esa misma capital en 1700, á U 
temprana edad de 55 años. 
12 



90 ORIGEN I)E LOS INDIOS 

gao idioma griego, se hallan machas voces qaechaas, como 
lo confirma el egiptólogo Bausen en la obra Misión del 
Egipto en la historia del Mundo, y con él otros sabios, lo 
qae indaciria á creer qae les Mexicanos fueron descendien- 
tes de los Egipcios. 

(ífe 

Otra versión es, que los Troyanos, por los años 2806 de 
la Creación del Mando, ó sea 2164 8 ños antes de la era de 
Cristo, navegaron á las Indias Occidentales y poblaron 
aqaellas comarcas, pnes así lo asevera el P. Simón de Vas- 
concelos en su Noticia del Brasil, libro X, K^ 90, diciendo: 
** Otros dijeron qae estos primeros pobladores fueron de na- 
ciones Troyanas y compañeros de Eneas, qae, dcspaés de 
derrotados por los Giiegos, en la famosa dei tracción de 
Troya, se dividieron, bascando tierras en que habitasen^ 
como hombres avergonzados del mundo y del suceso de las 
armas, alganos de los caales se engolfaron en el largo Océa- 
no y pasaron á las partes de América.*' Vasconcelos, para 
sostener ese fundamento, se apoya en an pasaje del lib. III, 
de la Eneida de Virgilio, que al referirse al sitio de Troya, 
dice qae después de la destrucción de esa antigua ciudad, 
•*los Troyanos se dispersaron, peregrinando por varias tie- 
rras lejanas y desiertas." 



(S» 



Los Chinos, por sa parte, cotíservan tradición de ser 
progenitores de los Indios Orientales y Occidentales, y qae 
ellos, en anión de les Tártaros, Japoneses y Corréanos, 
atravesaron el estrecho marítimo de Annián, vinieron en 
seguida por tierra al reino de Quivirá y poblaron México, 
Panamá, Perú y las demás provincias y reinos de las Indias 
Qccideutalcii A este respecto, Bartolomé Leonardo de Ar« 



DE AMÉRICA 91 



gensola en sn Historia de la Conquista de las Molucas^ lib. 
I, folB. 11 y 12, ascYcra lo mismo y se funda para ello en la 
^coincidencia de tener los Chinos é Indios el mismo color, flo- 
jedad, superstición y poca caridad. En conformidad con lo 
referido, se citan nombres de pueblos del Perú, México y 
otras partee de América, igaales á los de poblaciones de la 
China, del Japón y de Corea. Otras razones alegan algu- 
nos escritores para suponer que los Indios de América des 
cienden de los Chinos y Tártaros, y es, á más de la confor- 
midad de color, la semejanza de las facciones y disposición 
del cuerpo, el usar las trenzas del pelo, el aplastarse la cabe- 
za los Conibos y los pies los Chinos, el canto de los Campas 
idéntico en el tono al de los Chinos; los dibujos de los Indics 
representando letras chinas; los muchos vocablos idénticos 
en el idioma de los aborígenes á los de los Chinos y que ex- 
presan la misma idea; como también ciertas costumbres y 
creencias, como adorar al Sol por Dios, reconocer un Dici 
superior á las otras divinidades, contar los meses por luna- 
ciones, sepultarse con sus criados y riquezas, juzgando que 
hacían un viaje á la otra vida, y algunos otros usos y cos- 
tumbres, semejantes entre ambas razas. 

Autorizados autores sostienen, también, el hecho de ser 
los Chinos los progenitores de los Indios de América. Mr. 
Alejandro Darley, sacerdote que ha pasado muchos años 
realizando investigaciones históricas en Oriente, dice que el 
Continente de la América del Norte lo descubrió (diezisiete 
siglos antes de emprender Colón su descubrimiento) nú ma- 
rino de la China, llamado Hi-Li, el que desembarcó en la 
costa del Pacífico, el día 10 de Junio del año 207, antes de 
Cristo, cerca del punto donde hoy se alza la ciudad de Mon- 
terrey en California. Es tradición que el capitán Hi-Li vol- 
vió á su país con la noticia del descubrimiento que había 
efectuado, y, durante más de cien añcs, los barcos hicieron 
innumerables expedicioncsf á la coeta del Pacífico, sin inten- 



92 ORIGEN DE LOS IKD108 

tar aigaiera colonizar el nuevo país, y al fin snepecdieron sus 
expediciones. 

En apojo del tiempo remotísimo eñ gne los Chinos 
abordaron las playas de América, es notable el hecho del ha- 
llazgo qtte, últimamente, se ha hecho en las costas de Alas- 
ca, de una moneda acnñada hace más de mil añcs en el Ce- 
leste Imperio, la qne posee, junto con otras monedas orien- 
tales, el que fué cónsul chino en Washington (1). En la mis- 
ma región hallaron los indios una antiquísima tumba en la 
que se lee en caracteres chines, el nombre de Li-Lei-Lau. 
Además, se han encontrado otras reliquias que demuestran, 
de un modo evidente, que los Chinos vivieron en Alasca, 
muchos años antes de la Era Cristiana. 

Cerca de San Miguel Amantla, en México, se descubrió 
recientemente una figura ó estatuita de tierra cocida, de 
unas siete pulgadas de alto, representando un chino, con 
ojos oblicuos, pantalón bombado y vestidos amplios, con 
grandes aros en las orejas, y en la cabesa el casquete con un 
botón en el medio, tal como lo llevan los mandarines. Junto 
á esa estatuita, que se calcula tenía ya más de 1500 años 
de enterrada allí, se halló el esqueleto de un hombre que re- 
presentaba el tipo mongol, y que conservaba aún, al rede- 
dor del cuello, un collar de bolitas de una masa verde que 
jamás se encontró en México. Estos y otros hallacgcs pa- 
recen comprobar que la antigua civilización de la América 
del Norte fué de origen chino ó mongol. 

Algunos sabios del Celeste Imperio suponen, también, 
que los Indios de Norte América descienden de los tripulan- 
tes de algún barco chino, que hace más de veinte siglos fué 



(1) La moneda que posee dicho Cónsul es de cobre, del tamaño y grue- 
so de un peso español; tiene en el centro un agujero cuadrado y en ambas 
caras ostenta gcroglíficos indescifrables artn para los Chinos prácticos en 
antigüedades. 



DE AMáRICÁ 98 



arrojado por loi temporales á las costas norte-americaaas, 
y que, no pudiendo regresar á su país, se establecieron en 
aquella región, donde fueron extendiéndose. 

y, para corroborar aún más la existencia de Chinos en 
el suelo americano, en tiempos remotísimos, el Encargado 
de Negocios de China en México, Tun-Pul-Shun, hombre eru- 
dito y de vastes conocimientos en materia de antigüedades, 
ha manifestado, con pruebas abrumadoras, ante los miem- 
bros del Congreso de Americanistas, reunido en México, en 
1910, que en las ruinas de San Juan Teotahuacan obierTÓ, 
con gran sorpresa, en uno de les artefactos desenterrados, 
una inscripción de uso corriente en su patria; artefacto 
que enseñó á los mismos miembros de ese Congreso, opi- 
nando que México fué en parte descubierto por sus pai- 
sanos. Y para afirmar más la veracidad de su dicho, Tun- 
Pul-Shun explicó que, efectivamente, es tradición en China, 
que en tiempo del reinado de Chun-Shi-Woo, una expedi- 
ción compuesta de tres mil personas, entre las que iban be- 
llísimas mujeres, salió á órdenes de un eminente sabio, de 
Pekin, á descubrir é invadir el Japón. Dicha expedición se 
hizo á la mar eñ pequeños bajeles, de los que nunca se vol- 
Tío á tener noticias. Trascurrido algún tiempo, se descu- 
brió la tumba del caudillo expedicionario en tierras japone- 
sas, pero no se encontró indicios del resto de los tripulantes, 
creyéndose que algunos barcos hayan sido arrastrados á 
costas mexicanas, en donde desembarcaron, mezclándose 
con indios Toltecos, á quienes legaron sus costumbres y 
creencias. 

El sabio barón Alejandro de Humboldt, en su obra ti- 
tulada Monumentos de América, dice: "Por poco que se re- 
flexione sobre la época de las primeras emigraciones Tolté- 
cas, sobre las instituciones monásticas, los ritos del culto, 
el calendario, la forma de los monumentos de Cholula, So- 
gomoso y Cuzco, se infiere que no fué del norte de Europa de 



94 ORIGEN DE LOS INDIOS 

áondt los Quetzalcoath (1), Bochica (2) y Manco Capác (3) 
han sacado el código de sos le jes: todo parece conducirnos 
maf bien hada el Asia j á loi pnebloi que han tenido con- 
tacto con loi Tibetinos, Tártaros, Samnistas y Aiúos bar- 
budo! de lai islas de Fesso y Sachalin." £1 miimo Hum- 
boldt, agrega, que analogías en la conformación de la cabe- 
sa, como también analogías del idioma, hacen presumir que 
individuos de la raza china arribaron á la costa nordeste 
de América, y de allí al sad y al este de los ríos Gila y Mis- 
souri, no siendo extraño encontrar, entre los pueblos ame- 
ricanos, ídolos y monumentos arquitectónicos de un mismo 
carácter geroglífico, una noción exacta de la duración del 
año y algunas tradiciones referentes al primitivo estado del 
Mundo, que recuerdan los conocimientos, las artes y las 
opiniones religiosas de los pueblos asiáticos. 

, Juan Banking, en su libro Conquistas del Perú, México, 
Bogotá, Natcbez y Tolomeca por los Mongoles, para probar, 
á su juicio, que los Indios americanos descienden de raza 
asiática, dice: "Timoudgyn, hijo de Pikoutaí, jefe de una 



(1) Según tradición de los antiguos Mexicanos, Quetzalcoatl, hombre 
misterioso, fué legislador y civilizador de Anahuac; enseñó muchas cosas, 
entreoirás, el arte de fundir los metales; arregló las intercalaciones del calen- 
dario; exitó á las triJaus para que guardasen la paz, y les enseñó á que 
ofrendasen á la divinidad las primicias de las cosechas: cuando juzgó termi- 
nada su alta misión, se dirigió á la embocadura del río Huassacoalco y de- 
sapareció. 

(2) Según tradición de los Chibchas, Bochica, hombre misterioso, co- 
mo hijo enviado del Sol, fué un sabio legislador y bienhechor de los Muís- 
cas; era de raza diferente de la de los demás hombres indígenas, pues era 
blanco y tenida, barba larga: enseñó, también, muchas cosas á sus pueblos, 
como las artes, el culto al Sol y la construcción de templos y ciudades. 

(3) Manco -Capác, fundador de la monarquía délos Incas, se tituló 
hijo del Sol, y como tal, to^ó gran ascendiente éntrelos Peruanos, á quie- 
nes civilizó: C6 cougiderado entre los prroitrxas legisladores del Mundo. 



¿B AMÉRICA 9S 



tribu de los Mongoles (1) residentes á las orillas del lago 
Baikal, en Siberia, fué proclamado Gran Khan, con el título 



(1) La Mongolia fiíé una parte del gran imperio fundado por Gcnghis- 
Khan, hoy tributaria de la China. Genghis-Khan nació el año 1183, en la 
Alongolia, estensa región situada entre la Rusia asiática y el Imperio Chi- 
no: fué hijo del jefe Pikoutaí, que comandaba á cuarenta mil familias, y re- 
cibió el nombre de Tiraoudgyn, de un Khan que su padre había vencido: su 
educación no fué tan descuidada, opano se podía suponer de un pueblo bár- 
baro, pues sus disposiciones guerreras y su talento prematuro le permitie- 
ron, á la edad de 13 años, tomar las riendas de la pequeña soberanía que la 
muerte de su padre dejó vacante. Los jefes de las tribus de su dependencia se 
imaginaron que les sería fácil despojarle de su autoridad, mediante unajíj^e- 
vaqión que contra él llevaron acabo; pero el joven Timoudgyn, al fré^pP^ 
30,000 homÍDres los venció, en dos cruentos combates, reduciendo á los unos 
á la esclavitud, y arrojando á los otros en setenta calderas de agua hirviente, 
preludio de la mortandad con que Timoudgyn debía ensangrentar el suelo 
de Asia. Después dff^este horroroso castigo todas las tribus se sometieron 
á su yugo, proclamándole Genghis-Khan ó Gran Khan, que significa rey 
de los reyes. Dueño de toda la Mongolia, hasta la gran muralla de la Ohi- 
na, franqueó ésta, atacando este antiguo Imperio, que entonces se llamaba 
Cathay ó Khilaí: Cambalú (hoy Pekin) fué tomada por asalto y saqueada 
por él, en 1205, haciéndose dueño de todo el Imperio, inclusive del reino de 
Corea. Prosiguiendo sus conquistas, logró, en el término de dieziocho 
años, sujetar á su poder la mitad de la China, la mitad del Indostán, con 
toda la Pcrsia, hasta el Eufrates, las fronteras de la Rusia, Kazan, Astra- 
kan y la Tartaria. Después de tantas conquistas, Genghis-Khan murió en 
1226, á la edad de 4-2 años y después de haber ejercido el poder durante 29 
años, tranquilo y sin remordimientos, no obstante haber ocasionado por 
sus armas y sus crueldades la muerte de cerca de 6.000,000 de hombres. 
Antes de su muerte, repartió sus dominios entre sus cuatro hijos, habidos 
en su primera mujer, que fueron: Octaí, Gengis, Touli y Zagataí. Al prime- 
ro, cedió la Gran Mongolia; al segundo, el Turkestán, la Bactriana, el rei- 
no de Astrakan y el país de Usbecks; al tercero, la Persia; y al cuarto, la 
Transaxiana, el Kandahar, y la India Septentrional; logrando cada uno 
de ellos ensanchar sus respectivos dominios con nuevas conquistas poste- 
riores. Los demás hijos que tuvo Genghis-Khan, en sus 500 concubinas, 
no obtuvieron parte alguna en su sucesión. Los Tártaros salieron de sus 
desiertos hacia el año 1202, y habían conquistado la mitad del hemisferio 
hacia 1236. He ahí toda su historia, 



96 ORIGEN DE LOS INDIOS 

de Genghii, el año 1205 Antea de la muerte de su nieto 
Koblai, el continente de Asia fué casi subyugado: la Europa 
se puso en cocsternación; el Japón fué invadido, y por loa 
cfectoi de un temporal, el Perú y México fueron destinados 
para recibir á los generales y tropas que escaparon de esa 
poderosa expedición. Cuando estos Mongoles llegaron á 
América, la encontraron en un estado de completa ignoran- 
cia; pero, repentinamente, se fundaron des imperios con la 
pompa, ceremonias y grandezas de los soberanos asiáticos: 
la arquitectura, que compite con los admirables trabajos 
de los Romanos; la elegancia de las obras de les plateros, 
que sorprenden aún á la vista de las más delicadas de los 
Europeos; el orden, la justicia, subordinación, leyes, institu- 
clones civiles y militares, religión y costumbres, son tan 
idénticas á las de la familia Tschingis- Khan, que no puede 
dudarse por un momento su descendencia," El mismo au- 
tor, en un rapto de extravagante desvarío, agrega que 
•*Manco-Capác (1) fué hijo del gran Khan-Kublai, que go- 
gernó los Mongoles hasta el año 1257, y murió en el sitio 
de Hochen, en China, y por consiguiente nieto de Tschingis- 
Khan; que el abuelo de Montezuma fué un noble Mongol de 
Tángut." Ranking, pretende, además, fijar el origen de 
los Tolteccs y Guatemaltecos, por las emigraciones tárta- 
ras que han tenido lug£ir hacia mediados del siglo vi, opi- 
nión que también es sostenida por Humboldt. 

Mariano Eduardo de Rivero, en su Estudio general de 
América^ y junto con él otros historiadores, opinan *'que 
á consecuencia de las guerras entre los Brahmanes y Bud- 
histas, que terminó con la expulsión de estos últimos al 
norte de Asia, una parte pasó el estrecho de Behring, y fue- 
ron esos los jefes que fundaron los imperios de América.'' 
Tchudi y Ribero, en sus Antigüedades Peruanas^ dicen tam- 



il) Masco ó Matigo es nombre mongol, Qeg^ti Ranking. 



DB AMÉRICA 97 



bien "No admite duda que Quetralcolt, Bochica, Manco- 
Capác y demái reformadores de la América Septentrional, 
Central y Meridional, eran iacerdotes budhistai que por tu 
doctrina superior y civiliíatris, consiguieron señorear los 
ánimos de los indígenas y elevarse á lasupremacia política." 
Al aceptar, á este respecto, la apreciación de Humboldt, 
Rankitíg, Tschudi y demás escritores, de presumir es, que el 
número de esos invasores haya sido muy considerable (1). 

El anticuario inglés Mr. Brertwood pretende también 
que la América ha sido poblada originariamente por pue- 
blos tártaros. 

Mr. de Gnignes, que ha compulsado los anales del Celes, 
te Imperio, asegura que los Chinos comerciaban con Amé- 
rica hacia el año 458 de la era actual, y que remontaron 
hasta Ift costa frente al Kamtchatka, siendo positivo que 
los Chinos poseían, en aquella época, flotas capaces de arri- 
bar á las Indias Occidentales. 

Yásquez de Coronado, en su expedición (1539) vio en 
las costas de México, cuatro navios con proas adornadas 
de oro y plata, cuyos capitanes le dijeron que acababan de 
navegar treinta días en viaje de la China. 

Según Pedro Menéndez de Aviles, hallóse en las costas 
del Mar del Norte los cfs:os de varios bajeles chinos, y tam- 
bién se asegura que en el puerto de Guatusco, en México, se 
vio negociantes vestidos de seda, que se supone eran Chinos. 
Notable es, dice este último autor, que el hermoso monu- 



(1) No participamos de la opinión de Ranking, Humboldt, Tschudi y 

Rivero y demás escritores que suponen que los legisladores Quetzalcolt, 

Bochica y Manco-Capác, fueron extranjeros que llevaron la civilización á 

los Aztecas, Muyscas y Peruanos; porque no es concebible que extranjeros 

que no copocían los idiomas, las costumbres y el carácter de los habitantes 

de los países que se proponían regenerar, pudieran «ubyugar á esos pue» 

blü». 
13 



ORIGÍK ÍÍÉ tos Íh)10B 



mentó piramidal de loi alrededores de Gaattisco, llamado 
el ff Castillo,! efl uno de loi que tiene más semejanza con la 
arquitectura china. 

En fin, muchos autores creen que el Asia septentrional 
Ha poblado el norte de la América. 

Tocante á las lenguas, se asevera que el dialecto de los 
indios Mohawks es casi semejante en un todo al idioma tár- 
taro. 

Mr. Duponceau, en una disertación latina escrita por 
un sabio Mexicano sobre las lenguas indígenas de Anahuac, 
prueba la grande analogía de citas lefigues con el idioma 
chino, principalmente la Otoml, que no solamente tiene si* 
militudes de palabras, sino similitudes gramaticales, cujas 
formas de construcción son las mismas que el idioma chino; 
lo que prueba, dice este autor, la comunicación más ó me- 
nos directa que ha habido entre los Chinos y los Anahuacos. 

En les tiempos más cercanos á nosotros, algunas otras 
relaciones eiitre la América y los Chinos ó Mongoles han si. 
do señaladas. 

No solamente los autores citadc8,sino la mayoría de los 
historiadores, atribuyen á los asiáticos el mérito de haber 
introducido la cÍYÍlizaciÓn primitiva en América, tratando, 
al efecto, muchos paralelos entre estes y las primeras rasas 
del Continente Americano, en sus tradiciones, costumbres, 
jf sobre todo, en la similitud de sus rasgos físionómicos. 

efe 

La opinión de algunos autores antiguos y modernos al 
origen de los Indios Americanos, es que éstos proceden del 
linaje de Ophir, nieto de Heber é hijo de Lactan, quien pobló 
á México y al Perú, á cuyo efecto, dicen, que Ophir, de la 
quinta generación de la rama de Noé, pobló las costas del 
Oclfano de la ludia Oriental, pasando, después> estos pobla* 
dores A Ui ladiai Occideatftlesi para cateadme por México, 



B|ÍA¥K|tICA ' 9^ 



Centro América y todo el Perú hasta el estrecho de Maga* 
llanes. Los antores qne sostienen esta opinión, son Benito 
Aries Montano, en el tom. VI de su libro Phaksus, pág. 99; 
Gilberto Genebrardo, en el lib. I íe sn Chronolo^ia, págs. 
15 y 118; Hornio, en sn obra Be Origen Amerícanum, cap. 

II. fols. 16 y 17; Antonio Bosio, en el lib. II, cap. III de su 
Signis Ecclesiastes; Poniario, en sa Lexicón; Posevino, en el 
libro II, cap. Y de su Bihliotheca; el P. Manael de Sá, jesui. 
ta, en el tom. III de su Regum; el P. Maluenda, en el lib. 

III, cap. XI^ de en Anticristo ; '¡oe^o de Pineda, en su obra 
De Rehus Salomonis; y Montesinos, en sus Memorias Anti- 
guas del Perú; los que afirman que en tiempo de Salomón 
se designaba con el nombre de Ophir los dos reinos de Méxi- 
co y el Perú, y que después de pasado algún tiempo se tras- 
putierop las letras, y de Ophir se compuso Piro (1). Ade- 
más, Arias Montano, autor también de Ja Biblia Regia j 
hombre muy versado en idiomas, dice en su obra ya citada, 
que **ambasregio|i(s (México y Perú) se llamaban Piruaim 
6 Peruaim, que en latín quiere decir Dúplex Pirujtn espa- 



(1) La sílaba Phi, en hebreo, se pronuncia Pi, y trasponiendo la R 
antes déla O, dice Piro: aquella O final la convirtieron en U, por ser más 
acomodada á su pronunciación, de donde resulta la palabra Pera, substi- 
tuida por la de Opbir. Otros ^utores, entre ellos OnftVoy de Torón, dan otras 
definiciones déla palabra Opbir, y dicen que se escribe de dos maneras, ^pir 
y AypJTy según consta en el cap. X, vers. 11 del lib. I de Los Reyes. En el 
cap. IX, vers. 28 del mismo libro se escribe Aypira, que, suponen, es el 
nombre mal pronunciado del río Yapurá, uno de los afluentes del Amazo- 
nas ó sea el Solimán ó Solimoes de los brasileños. El vocablo Ophir ó Apir 
en hebreo, agregan, pertenece al quechua, pues á los mineros déla Cordille- 
ra de los Andes y de la parte superior del Amazonas se les denomina Apir 
ó Apiri, y en algunos lugares Yapiri. Además, el río Yapurá tiene su naci- 
miento en las montañas de Popayán (Colombia) f y tiene por uno de sus 
afluentes auríferos, el río Masai ó Masahi, nombre derivado del hebreo 
méísar (río) , al que se le agregó el vocablo indígena i (agua) de lo que re- 
sulta «jxrá rica» 



100 ORIGEN DE LOS INDIOS 

— - ■ -I - - - . 

ñol región qae es dos veces Perú, 6 sea que ambas regiones 
tuvieron el mismo nombre Perú." En apoyo de lo asevera- 
do por Montano, el P. Pr. Gregorio García en su obra Ori- 
gen de los Indios, lib. IV, cap. VI, parágrafo 3, pág. 140, 
dice: ''Hallamos en la Escritura Divina una grandísima 
conjetura para creer que el nombre de Piru fué muy antiguo 
apellido, no sólo del reino del Perú, sino también de la Nue- 
va Eipaña, porque eñ el P^ralipomenon lib. I, cap. 3, se 
dice que Salomón cubrió el templo con láminas de oro muy 
fino, el cual oro se dice en hebreo aurum peruaim, que quiere 
decir claramente oro de la Tierra llamada dos veces Piru, 
porque aquella terminación aí/2 es número dual en la gramá- 
tica hebrea, lo cual cuadra y conviene á las dos regiones de 
este Piru y México, y así donde la Vulgata dice, en el Libro 
del Paralipomenon: Porro autem aurum erat probatissi» 
mum, traslada San Spagnino Aurum autem erat ex locu 
PgLrvaim; Vatablo pone Aurum vero erat ex auru Parvaim; 
Arias Montano lee Et aurum erat ex locu Parvaim; Cayeta- 
no lee Et aurum, aurum Parvaim; por lo cual Vatablo, 
Arias Montano y Genebrardo convienen en que Parvaim es 
el Perú y Nueva España. 

Otros autores, para sostener que el Perú fué el Ophir de 
Salomón, señalan aún los límites de esa región, y dicen que 
se hallaba situada entre los territorios colombianos y bra- 
sileños, por las montañas de Popayán y Cundinamarca, 
hasta el lago Yumaguari, cuyas aguas alimentaban á uno 
de los afluentes del río Orinoco; de otro lado^ por el río 
Ikiari, hasta el cerro aurífero donde nace este río; y en el úl- 
timo costado, por el río Yapurá. Eñ la región superior del 
río Amazonas, dicen, se encontraba plata y otros objetos 
preciosos que las naves de Salomón conducían á Joppe 
( Jaffa) con destino á Jerusalem. Fué esta región superior 
la que recibió el nombre de Tarsdchisch (vocablo quechua), 
pues Tar es descubrir y chichiy es oro üativo ó en polvo. 



DÉ AMÉRICA 101 



Luego, según Ooffroy de Torón (1), Tarsdchisch es: el lugar 
donde se descubre y recoje el oro nativo ó en polvo. Dice la 
Biblia, qne para dirigirse á Tarsdchisch el profeta Jonás, se 
embarcaba en Joppe, haciendo el viaje por el Atlántico. 
**En el mar (vers. 22, cap. X del Libro de los Reyes), había 
para Salomón una flota: cada tres años venían les navios 
de Tarsdchisch trayendo oro, plata, marfil (2), monos y pa- 
vos reales," versión confirmada en el libro II, cap IX, ver» 
21 de los Paralipomenos: **Lo8 navios iban de Tarsdchisch, 
para el rey Salomón, con los siervos de Hiram: una vez cada 
tres años venían los navios de Tarsdchisch. ''—En el cap. IX 
del Libro I de Los Reyes, se dice que en cada viaje á Ophir 
traíanlos navios de Salomón * 'cuatrocientos talentos de 



(1) últimamente, en 1869, Onffroy de Torón publicó en la revista gco- 
p^ráíica « El Globo,» de Genova, un extenso y bien meditado trabajo titu- 
lado « Antigüedades de la navegación por el Océano: Viajes de los navios 
de Salomón al Río de las Amazonas, Ophir, Tarsdchisch y Parvaim.» Este 
trabajo fué traducido después al portugués, y la Municipalidad de Ma- 
naos, capital de la provincia de Amazonas, lo hizo imprimir en esa ciudad, 
en 1876, en un folleto de 51 páginas, que se reprodujo en 1905, en los 
«Anales de la Biblioteca y Archivo Público del Para.» Del mismo autor 
existe un libro sobre el mismo tema, publicado en Lovaina, en 1889, que, 
desgraciadamente, nos es desconocido y que, según el autor, es el más com- 
plctíi en esta niíiteria. — Onffroy de Torón vivió doce años en la América 
ecuatorial, y se dedicó á viajes, expediciones y operaciones geométricas, las 
(juc le permitieron levantar el mapa de la misma zona americana, que pu- 
blicó en París poco después de haber dado á luz su obra impresa cu Lovai- 
na. Durante su residencia en la América Meridional, estudió el idioma 
quechua que se habla en el Ecuador y el Perú, es decir, en la parte andina 
de estos países, y según afirma, formó un vocabulario, aseverando que di- 
cho idioma contiene muchísimos vocablos de las lenguas muertas de Asia, 
de Egipto y de Grecia, 

(2) Aunque algunos autores niegan el hecho de haber habido elefantes 
en el territorio de América, es un hecho que hasta el día se han descubierto 
acis variedades de elefantes fósiles, ignorándose si todos fueron extinguidos 
antes por un cataclismo ó si existían en tiempo de Salomón. 



1&2 OHIOBX DE LOS IKD108 

oro** (1); y en el cap. IX, vera. 10 del Libro II de los Para- 
lipomenos se dice: *Xos sieryoi de Hiram y de Salomón 
traían de Ophir el oro, maderas y piedras preciosas.'* En el 
Libro I, cap. IX, vers. 11 del Libro de Los Reyes, se dice: "Y 
también la flota de Hiram traía oro de Ophir y gran canti- 
dad de árboles llamados almng, y piedras preciosas/* Tars- 
dchisch se hallaba al oeste de Ophir y en la parte más rica 
de la región amazónica 

ÜDÍfroy de Torón jnsga también haber descnbierto, des- 
pués de largas invettigaciones, los lagares en qne estavie- 
ron ubicados Ophir, Parvaim y Tarsdchiscb, nombres que, 
segán infiere este autor, son tomados del qnechna, como 
trata de probarlo eñ seguida. Como en el Libro II de los 
Paralipomenos, cap. III, vers. IV, se dice: "Salomón ador- 
nó su casa con piedras preciosas y oro que eran de Par- 
Yaim," deduce Onfí'roy de Torón que Parvaim es una alte- 
ración ó corrupción del Paruim, porque en el antiguo alfa- 
beto latino se confundía la v con la u: por esta rezón, en el 
texto hebreo de la Biblia, al referirse al oro de Paruim se 
halla escrito Zab-Paruim.": la terminación /m, que indica el 
plural hebreo se agregó á Partí, porque en la parte superior 
del Amasonas (territorio oriental del Perú) existen dos ríos 
auríferos, el Paru y el Apu-Paru ó Rico-Paru, que unen sus 
aguas á los lO'^ 30' de latitud meridional, para vaciarlas 
luego en el Ucayali, que es uno de los ríos que forman el 
Amazonas: estos dos ríos que llevan el nombre de Paru, for- 
man precisamente el plural y dan Paraim de los Hebreos. 
£n este caso, Paruim es uno de los lagares bíblicos designa- 
dos con toda exactitud. "Se debe advertir que el Paru y el 
Apu-Paru, agrega el mismo autor, nacen en la provincia de 
Carabaya, que es la m^s rica de oro en el Perú.'* 

Sabido es que tanto en México cuanto en el Perú, se en- 
contraba abundancia de oro y plata, riquísimas maderas y 



( 1). Mát 6 mcno^ 600.000,^000 de reaJes^do la moneda española. 



Dfe AMBRICJL 103 



piedras precie sis, de donde colijen también Vatablo, Monta- 
no y Genebrardo, reflríéndoss á la Biblia (Génesis, cap. X), 
que aquellos metales, maderas y piedras preciosas se sa- 
caban de Ophir 6 del Perú para la construcción y adorno 
del templo de Salomón (1), pues si se debe atener al texto 

(1) El gran rey Salomón hizo construir su grandioso templo en el 
Monte Moriah, y la construcción de él duró ocho años y medio. En su 
construcción se emplearon 3600 sobrestantes, 80,000 hombres para la ex- 
plotación de canteras y labrado de la piedra y 70,000 para la conducción 
de materiales. Hiram, rey de Tiro, proporcionó artífices, y se encargó del 
corte de maderas del Líbano, enviándolas hasta Joppe. El oro puro de 
que se hizo pródigo uso en la ornamentación interior del templo, procedía, 
se dice, de Peruaim-. Según refiere el historiador judío Flavio Josefo, en su 
«Historia antigua de los Judíos,» el Templo de Salomón estaba circundado 
de una muralla y se dividía en cuatro partes: el vestíbulo de los Gentiles, 
el de los Judíos, el de los Sacerdotes y el Sancto Sanctorum.— El vestíbulo 
de los Gentiles tenía 300 pies de circuito y en su circunferencia habia una 
galería sostenida por muchas columnas de mármol, con cuatro puertas 
hacia las cuatro partes del Mundo. El vestíbulo de los Judíos estaba ro- 
deado también con primorosas galerías: su pavimento era de mármol de 
diversos colores, las paredes estaban cubiertas de oro finísimo y las puer- 
tas con planchas de plata. El de los Sacerdotes tenía 40 codos de largo 
por 20 de ancho, en cuyo centro estaba el altar de los holocaustos, todo de 
bronce, cuya altura era de 10 codos, y á sus costados, 10 yasos grandes de 
bronce adornados de figuras, y, además, al lado derecho había otro gran 
vaso sostenido por 12 bueyes, todo del mismo metal. En seguida estaba 
el pórtico, que tenía 20 codos de largo por 10 de ancho, desde el cual se 
entraba en el Templo sin techumbre, que tenía 60 codos de largo y 20 de 
ancho, en cuyos lados había 10 candelabros grandes de bronce, otrai tan- 
tas lámparas y 10 mesas de oro. El Sancto Sanctorum tenía de largo 20 
codos, otros tantos de ancho é igual altura, cuya mitad estaba cubierta de 
oro y otra mitad de oro y piedras preciosas. Además, encerraba los teso- 
ros siguientes: 10,000 candelabros de oro; 10,000 mesas cubiertas de oro 
y una muy grande toda de oro; 20,000 copas de oro; 100,000 copas de 
plata; 100,000 redomas de plata; 80,000 ftientes de oro; 100,000 íucnte.-í 
de plata; 50,000 palanganas de oro; 100,000 palanganas de plata; 20,000 
vasos de oro; 40,000 vasos de plata; 20,000 incensarios grandes de oro; 
50,000 incensarios pequeños de plata; 1,000 ornamcntoa pontificales guar» 
jiccido» de piedras preciosas; 200,000 trompas de plataj j 300,000 instru» 
m«üto8 de oro y plata; 



104 ORIGEN DE LOS INDIOS 



sagrado, Salomón mandó construir en Esiongabar, sobre el 
Mar-Rojo, las naves destinadas á Ophir, cuya flota era im- 
pulsada por expertos pilotos y marineros que le proporcio- 
nó Hiram, rey de Tiro (con el que celebró alianza) quienes 
doblaron el Cabo de Buena Esperanza y is unieron con la 
flota aliada para dirigirse á Ophir, denominada Terra Áurea 
(Tierra de Oro) 

Juan Goropio en sus Orígenes Autuerpianas, y Guillermo 
mo Portel en su Orbis Concordia, dice también que Ophir es « 
el Perú, y que los bajeles de la flota de Salomón trasporta- 
ban el oro, maderas y piedras preciosas del Perú hasta el 
Istmo de Panamá (en el Pacífico) y que de allá otros bajeles 
partían del mismo Istmo (en el Atlántico), haciendo escala 
en lee islas de Cuba y Santo Domingo, doblando en seguida 
el Cabo de Buena>Esperansa y rastreando, en fin, las cos- 
tas orientales de África, entraban en el Mar-Rojo. 

Arias Montano, en su obra ya citada, describe otro 
itinerario, pues dice: "Las naves que el rey Salomón man- 
daba á Ophir en busca de oro, pasaban por las Moln- 
cas, y luego por México para llegar al Perú; y de vuelta, 
costeando á Chile, atravesaban el Esbrecho de Magallanes, 
y doblando el Cabo de Buena-Esperanza, entraban al Mar- 
Bermejo, empleando tres años en el viaje.'* 

Para confirmar aún más las opiniones emitidas por los 
autores anteriormente citados, el P. Fr. Gregorio García, 
en el lib. IV, cap. II de su Origen de los Indios, pág. 132, 
dice: '^Salomón fué sapientísimo, y entre puras criaturas 
ninguno hubo que supiese tanto como él, y como tal nos le 
vende la Divina Escritura, y que no hubo cosa natural, arte 
ó ciencia, que no la supiese ó conociese, y consiguientemen- 
te, supo la geografía y cosmografía, y con ella lo que in- 
cluían las Indias Occidental s. tan llenas de portentosas no- 
vedades. Y así él mismo daría noticia, instrucciones y or- 
den á los pilotes y marineros, enseñándoles como, por don- 
de y á doade habían de ir con la flota," 



Dlt AMÍRICA 105 



Pero, algunos otros escritores han puesto en duda el 
viaje de las flotas de Salomón á Ophir 6 Perú y, entre és- 
tos, citaremos tan sólo dos, que son de bastante crédito. 
Juan de Solórzano Péreyra se manifiesta abiertamente en 
contra de las opinioHfs de los anteriores autores, pues en el 
lib. I, cap. VI de su Política Indiana, asevera que "Salomón 
no era tan imprudente, que desde Asiongabar, que cae en el 
Mar-Rojo, y tenía tan cerca la Arabia y otras provincias de 
la India Oriental, había de enviar sus armadas á partes 
tan remotas y por marea tan dilatados y poco cursados, 
para cuya navegación era menester muchos años." Luego 
prosigue: **Y asi constituyen el Ophir eü Sófala ó en Ormis, 
ó lo que es más cierto, en algunas de las ricas provincias de 
la India Oriental, y especialmente en su célebre isla que so- 
lía llamar Trapobana ó Sumatra, y hoy se dice Malaca y 
los reines del Pegú (1), sus confines, donde se halla todo lo 
que se llevaba á Salomón en grande abundancia, tanto que 
se S3lía llamar Terra de Oro ó la Áurea Chersonese, y su 
oro se tenía por el más perfecto y de mayores quilates; de 
donde el de esta calidad tenía el nombre de Ophiriso, y de 
allí corrompido el vocablo, los latinos le llamaban Obriío." 
Y por fin, agrega: •*¥ no obsta en contrario lo qae se ha di- 
cho del nombre del Perú, que es parecido al de Ophir ó Opi- 
ro." El historiador William Robertson, en su Historia de 
América, lib. I, pág, 9, refiriéndose á la navegación entre 
los antiguos, parece estar, también, en contra de los auto- 
res citados, pues dice: ** Salomón equipó flotas que, con- 
ducidas por pilotos feüicios, navegaron del Mar-Rojo á 



(1) Pegú 6 Begú es desde 1855 ía capital del imperio Anglo-IndimiO 
y fué antigua capital del Imperio Birmau. 



106 ORIGEN DE LOS INDIOS 

Tarsdchisch (1) y á Ophir (2), que probablemente eran 
puertos de la India 6 del África: eitas flotas volvieron tan 
preciosamente cargadas, que introdujeron repentinamente 
la riqueza y la magnificencia en el reino de Israel." 

En resumen, Ophir ha dado lugar á varios alegatos sobre 
su situación: distintas opiniones hay á este respecto, pues 
mientras unes la colocan en Asia, otros la ponen en África, 
y otros en América; dividiéndose cada una de estas opinio- 
nes en varias otras. 

Cuanto á Nihusio, Volaterán y otros portugueses, quie- 
ren que Ophir sea Melinda 6 Sófala, en la costa de Etiopia, 
y Concelio pretende que sea Angola, sobre la costa occi- 
dental de África. 

Aquellos que pretenden que Ophir estaba en América, la 
colocan en la isla de Santo Domingo, á la entrada del golfo 
de México. Genebrardo y Yatablo son los que la ponen en 
la isla de Santo Domingo, asegurando que Cristóbal Colón 
al descubrir esta isla, en 1492, acostumbraba decir que 
había hallado la Ophir de Salomón, porque aUi había en- 
contrado oro en cierta abundancia. 

Los que suponen que Ophir se hallaba en Asia, entre 
otros Francisco Ribero, Torniel, Adrichomio, Massé y va- 
rios otros, la colocan en las Indias. En apoyo de la opinión 
de estos autores, citan á Diodoro de Sicilia y á Pilistrato^ 
quienes dicen que en todo tiempo los Etiopes hacían un 
gran comercio por mar en las Indies; á Estrabón, que refie- 
re que los mercaderes de Alejandría enviaban sus mercade- 
rías á las ludias por el golfo Arábigo; y á Plinio, que ase- 



(1) Tarsdchisch, segán geógrafos modernos, estaba situada sobre 1« 
costa de Zanguebar. 

(2) La situación de Ophir, dicen algunos, es desconocida hoy, y creen 
que con esa denominación se abrazaba todo el litoral de la Arabia, de la 
Jodia y del África. 



DE AMÉRICA 107 



gara qae en sa tiempo, y desde algunos sígloi antes, se ha- 
cía un gran comercio de Egipto á les Indias por el Mar-Ro- 
jo, siendo probable que la flota de Salomón iba á aquel 
lado, entrujas comarcas se encontraban todas las mercade- 
rías que cargaban los navios de Salomón. 

Samuel Bochart, por su parte, en sa Geografía Sagra- 
da, (Caen, 1646), pretende que hay dos Ophires: la una, en 
la Arabia, doúde David hacía venir una gran cantidad de 
oro; la otra, en la India, donde Salomón enviaba su flota, 
6 sea la Trapobana de los antiguos (hoy isla de Ceylan), 
donde hay un puerto llamado Hippor, que los Fenicios lla- 
maban Ophi^. 

Massi asegura que Ophir es el Pegú, que tenía ricas mi- 
nas de oro y plata; Peresio dice que es Malaca, sobre el es- 
trecho del mismo nombre, al oriente de la isla de Sumatra; 
Juan Tzerges es de parecer que es la misma isla de Sumatra, 
qué tenía minas de oro. 

Flavio Josefo (1), y con él otros autores, sostienen que 
Salomón tenía dos flotas, una en Aziongabar, que negocia- 
ba en las Indias, y la otra en Tarsdchisch, en las Indias 
Orientales, opinando algunos que este Tarsdchisch es el Pe- 
rú, donde la flota de Salomón llegaba por el Gran Mar (e^ 
Pacífico) y hacía el viaje en tres años. 

Por fin, la Opinión que ha sido considerada más acep- 
table por algunos escritores, sobre la situación de Ophir, 
es la emitida por Lipenio, que ha escrito expresamente un 



(1) Flavio Josefo, historiador judío, nació en Jerusalem en el año 37 
de la era cristiana. Entre sus obras se conocen su « Historia de los Judíos 
contra los Romanos, y ruina de Jerusalem » en 7 libros, escrita en hebreo y 
luego en griego; su «Historia antigua de los Judíos,» en 20 libros; su«Auto- 
biografín,» en 1 libro; « Contra— Apion,» defendiendo á los Judíos, sus cos- 
tumbres y creencias, en 2 libros; y su « Discurso sobre el martirio de los 
Macabeos.» Sus obras completas fueron publicadas por primera vez ea 
Basilea, en 1544, cu folio. 



109 ORIGEN DB LOS INDIOS 



Tratado sobre Opbir. Se apoya este autor sobre el dicho 
de San Gerónimo, que dice, que un nieto de Heber, hijo de 
Noé, llamado Ophir, dio su nombre á la parte de la India 
situada más allá del Ganges, comprendiendo así bajo el 
nombre de la "Tierra de Ophir," no solamente laChersonese 
de Oro, que el historiador Josefo llama **Tierra de Oro" (hoy 
Malaca), sino también las islas de Java y Sumatra y los 
reinos deSiam, del Pegó y de Bengala, comarcas donde se 
encontraban todos los efectos que la flota de Salomón lle- 
vaba á Jerusalem, viaje que podía durar tres años, pues los 
navios al salir del Mar-Rojo costeaban la Arabia, la Persia 
y el Mongol, en seguida daban vuelta á la península, más 
allá del golfo de Bengala, tomando diamantes en Golgonda 
y géneros preciosos en Pegú, y de allí á Sumatra, remon- 
tando á lo largo de Chersonese de Oro ó Malaca hasta 
Siam, donde encontraban no solamente marfil, sino tam- 
bién oro. 

rife 

VaritDS autores, entre ellos Giraldo Cambrense, eñ su 
Topographia Histórica, lib. X, cap. II; Antonio de Herre- 
ra, en su Historia General de los hechos de los Castellanos^ 
déc. III, lib. X, cap. X; y La Peyrére, en su Relación de 
Islandia^ art. XX, opinan que los Noruegos y Dinamarque- 
ses, después de haber ocupado la Islandia y Groenlandia, 
fueron los primeros que poblaron las Indias, desembarcan- 
do en las costas de México, primero, y extendiéndose, des- 
pués, hasta el Istmo de Panamá, allá por el año 820 de la 
era vulgar. Estos autores apoyan sus opiniones á este res- 
pecto en ciertos usos y costumbres de los Escandinavos, 
idénticas á las de los Indios americanos. Admitiendo esta 
idea tan sólo en abstracto, es un hecho confirmado por do- 
cumentos que posteriormente se han encontrado en Copen- 
hague, que les Escandinavos atravesaron el Océano y de- 
•cmbarcarou en playas de América, desde el siglo ii y du- 



DE AMÉRICA 109 



rante el curso de loa siguientes; pero no por eso se les debe 
considerar como los primeros pobladores del suelo ameri- 
cano, como lo suponen les autores citados. 



efe 



El historiador Pedro Sufrido, en su obra De Frisior An- 
tiquitates, impresa en 1698, pretende probar que los Indios 
de Chile y aún los del Perú descienden de los Fn'sios, pue- 
blos germanos que habitaban, según se cree, la isla de los 
Bátavos; al efecto, dice que los Frigios, siendo muy diestros 
en la navegación, intentaron en el año 1000 recorrer el 
Océano en descubrimiento de nueyai tierres; *'que llegaron 
á las islas Oreadas y desde allí á Islandia, y navegando mu- 
chos días penetraron hasta el Polo Norte, de donde fueron 
arrojados por una furiosa tempestad hasta una isla distan- 
te rodeada de escollos, donde desembarcaron y hallaron 
gente escondida en cuevas, y delante de ellos, gran cantidad 
de vasos de oro y plata, de que tomaron cuanto pudieron." 
Añadiendo la Crónica de Dinamarca "que este país estaba 
lleno de riquezas y que es la isla donde Saturno escondió 
sus tesoros.'* Boxhornio, en su Apología pro Navigationes, 
págs. 258 y 259, sostiene la opinión de Pedro Sufrido, ci- 
tando en apoyo de ella un pasaje del poema de Alonso Erci- 
11a; La Araucana, en que este poeta hace aparecer á Glau- 
ra, hija del cacique Quilacura, y á Fresolano, moaso va- 
liente, como descendientes de sangre de Frisios. 

eS; 

Algunos autore?, entre ellos Marineo, en su Rerum His- 
panoram, lib. XIX, cap. XVI, alega que los Romanos po- 
blaron las Indias cuando este imperio estaba en su apogeo, 
6 sea, cuando Roma era dueña y señora de Europa y de 
África, fundáíldcse en que los moradores de la Isla Atláüti- 



lio ORIGEN DE LOS INDIOS 

■II ■!■■ ■' ■ ' ' I . .1 I I I II I ■ I I ti ■ I ■ 

da habíati dado, en su tiempo, á loa Romanos, noticias de 
las Indias; que éstos poblaron sucesivamente las islas de 
Canarias, las de Barlovento, la Tierra Firme, México, Perú 
y demás comarcas de la América. También se fundan estos 
autores en las analogías entre Romanos é Indics, como pin- 
tar el rostro de sus divinidades con vermellón; la supersti- 
ción de consultar las entrañas de los animales para inquirir 
ciertos hechos; contar en sus convites las hazañas de sus 
mayores. El convento de las Vestales de Roma, agregan, es 
igual al de las Vírgenes del Sol en el Perú y México; el tem- 
pío del Sol en el Cuzco, semejante al Panteón de Roma; los 
grandes caminos y calzadas de los lacas también parecidos 
á los de les Romanes, y varios otros usos y costumbres 
análogos en ambos pueblos. 

La aserción de haber los Romanos pisado el territorio 
americano en la época de su apogeo, parece algo acertada, 
pues se afirma ser un hecho que posteriormente hallóse en 
este territorio algunos vestigios de la existencia, allí, de 
los Romanos de aquella época; llamando mucho la atención 
el que, en las ruinas de Peten, en Guatemala, s? haya encon- 
trado monedas del timpo de los Romanos y herraduras de 
caballos de mayor alzada que los comunes, en las orillas del 
mar que baña aquella parte del Continente; existiendo am- 
bos objetos en el Museo Nacional de Guatemala. 

Empero, el hecho de que los Atlánticos dieran noticias 
á los Romanos, de la existencia del Continente americano, 
es de todo punto inverosimil, porque de haber existido 
aquella isla, su hundimiento dataría de una época mucho 
más remota de la del Imperio Romano. 

555 

Varios escritores afirman que los Escitas (que en tiem- 
pos remotos faeroa la nación más numerosa del Orbe, pues 
se extendieron desde la Germania hasta los confines del 



DE AMERICA Í1Í 



mando conocidos de los antiguos, 6 sea, desde Europa hai- 
ta el Asia), pfsaron en dos ocasiones y en gran número, 
desde el Mongol á Indias, dis ominándose por diverst s co- 
marcas del Nuevo Mundo, pues dicen que en todo el Conti- 
nente americano, como eti Estados Ucidcs del Norte, Cana- 
dá, México, Guatemala, Colombia, Perú, Chile, Argentina, 
Brasil y otras regiones, se han encontrado uses y costum- 
bres semejantes entre Escitas é Indios, y que eran tan bár- 
baros unos como otros; no dudando esos mismos escritores, 
que los Escitas fueron unos de los primitivos pobladores de 
América. 

rife 

Enrique Martínez, eú su Repertorio Mexicano^ cap. II, 
pág. 204, supone que los Indios de México eran descendien- 
tes de los Curlandeses. provincia antigua de la Livonia, 
alegando que, situada esa provincia en la costa del Mar 
Báltico, pudieron pasar sus moradores á las Indias, y aduce 
como fundamento de su parecer, * que la geáte de esa provin- 
cia es de la misma traza, condición y brio de los Indios de 

Nueva España y— añade— lo que más me obliga á creer 

que aquella gente y ésta es toda una, es la cercanía de las 
tierras, que es menos de lo que ponen los mapas." 

CUS 

También es opinión admitida por algunos autores, que 
los Etiopes pasaron á Indias con los Fenicios y Cartagine- 
ses, pues suponen que los Moros fueron indios venidos á 
África con Hércuks Tyrio, que venció á Aoteón,rey del mis- 
mo África y jigante de sesenta codos, de cuyo escudo hace 
mención Meló en su Situ Orhis^Mh. VI, cap. lY, sabiéndose 
que sa cadáver fué mandado enterrar porSertorio. Algunos 
otros autores afirman que no queriendo estos Etiopes sufrir 
el yugo de los Cartagineses, ss lanzaron por los mareí en 



Il2 ORIGEN DE LOS INDIOS 

dirección á tierras remotat, tocando primero en las islas 
Canarias, y de allí en las Indias, para establecerse en Yuca- 
tán. También opinan que los nsos y costumbres de estos 
Africancs eran semejantes á los indios Chichimecas, Chiri- 
guanes y otras tribus bárbaras de América. 

Han pretendido otros autores que los Francos fueron 
los descubridores de América. Marcos Lescarbot en su His- 
toire de la Nouvelle FrancCy dice que los Galos se hicieron 
dueños del mar desde los primeros siglos después del Dilu- 
vio. Guillermo Postel en su Origine des Américains , sostie- 
ne que esos mismo? Gales visitaban con frecuencia las cos- 
tas de la América Septentrional aún antes de la era cristia- 
na, opinión que también es apoyada por Mr. Murtrie en sus 
Sketches ofLouisville, pues asevera que en tiempos remotos 
una colonia de Francos habitaba los bosques de América, 
mezclándose con una ó varias tribus de salvajes, á los que 
enseñaron algunas artes más necesarias á su bienestar; 
pero que mas tarde surgieron desavenencias y guerras entre 
ambas razas, en las que los salvajes, por su superiotidad 
numérica, exterminiron á los llamados «Indios blancos,! 
quienes, desde entonces, desaparecieron para siempre, como 
también las artes que ellos cultivaban. Y por fin, Jacobo 
Charron, en su Histoire üniverselle, asienta que hace más 
de mil años que los Celtas, gente numerosísima, pasaron á 
América, unos por el Oriente, desde Tenduc, atravesando la 
Tartaria hasta el reino de Annian; otros por el norte, desde 
Islandia hasta el Salvador, internándole á Tierra Firme. 

Bn fln, es opinión de algunos historiadores, que los In« 
gleses é Irlandeses fueron los primeros pobladores de la cos- 
ta septentiriQoal de América, y, al cfectOi dicen que Madoc 



DB AMERICA 



Í13 



Cambro, príncipe de Cambria 6 Inglaterra Occidental, can- 
gado de las guerras civiles que sostenía con sus hermanos 
sobre la sucesión del reino de su padre, Owen Guyueto, rey- 
de Gales, determinó en 1170 (otros dicen 1190) dejar su pa- 
tria y buscar nuevas tierras donde vivir en pa«, con cuyo 
propósito emprendió una larga navegación hasta dar en 
comarcas desconocidas (que se presume sean las costas del 
Canadá y Tcrranova), en las que encontró cosas maravi- 
llosas. Después del descubrimiento de aquellas tierras, re- 
gresó á su patria, para contar á sus vasallos la felicidad 
que allí reinaba, y armando muchas naves, se llevó gran 
número de familias, con las que fué á poblar tan desiertos 
parajes, dando origen con ellas á formar una población im- 
portante; regresó nuevamente á Gales por más gente, y car- 
gando diez navios, se hizo á la vela, aumentando con este 
nuevo contingente de habitantes, la población de esos ex- 
tensos países. 

•rife 

Pero toda esa diversidad de opiniones de los autores 
que acabamos de mencioiiar, tocante al origen de los Indios 
americanos, ya sean ciertas ó dudosas, fundadas ó aventu- 
radas, el hecho es, q le carecen de autenticidad, porque no 
descansan sobre ningún dato de fuente histórica que las 
pueda servir de apoyo; por consiguiente, todas ellas son 
basadas únicamente en cálculos expuestos á resultar falli- 
dos, y no pasan de la categoría de meras conjeturas sobre 
un asunto aún obscuro. No obstante, si esas diferentes opi- 
niones disienten en los detalles, en el fondo admiten que los 
primeros pobladores de América, ó sea, de la época postdi- 
luviana, proceden de los habitantes del Antiguo Mundo co- 
nocido entonces. 

Un erudito etnógrafo francés, Moreau de Jonnes, en Stt 
notable obra Statistique de» peupks de Pantiqüité, ha di* 
1« 



114 ORIGEN DE LOS INDIOS 

cho: "Des tgutes les parties de l'Histoirb, la plus 

FECUNDE EN ERREURS EST LA RECHBRCHB DB L'ORIGINE DES 

PEUPLES.'* En verdad, refiriéndoBe tan sólo al Continente 
americano, el origen de las diYersas razas de los Indios es 
uno de los problemas más difíciles de resolver, pues es casi 
imposible determinar, con exactitud, la procedencia de cada 
una de ellas, porque su origen se pierde entre la confusa su- 
cesión de los siglos. El P. José de A costa, en su Historía, 
natural y moral de las Indias, califica de "arrojado y teme- 
rario al que pretendiera determinar la procedencia de los 
Indios." Apesar de haberse buscado las semejanzas entre 
las razas americanas y las europeas, africanas y asiáticas, 
las similitudes entre las lenguas del Antiguo Mundo y el 
Nuevo, y aún comparada la arqueología americana con la 
de Europa, la del África y la del Asia, no se ha podido aún 
decir la última palabra acerca de este problema iocioló- 
gico. 

Apesar de ello, la opinión que parece merecer alguna 
atención, es la expuesta por el erudito P. Fr. Gregorio Gar- 
da en su ya citada obra Origen de los Indios en el Nuero 
MundOf religioso que, después de examinar las controver- 
sias de los muchos autores que han escrito sobre el mismo 
tema y de analizarlas una por una, termina por dar su pa- 
recer sobre la materia. He aquí lo que á este respecto opina 
este autor en el libro IV, cap. XXV de su referida obra : 
"Unos indios proceden de Cartagineses, que poblaron la 
Española ó Isla de Santo Domingo, Cuba, etc ; otros, pro- 
ceden de aquellas diez tribus que se perdieron, de quien hace 
meüción Esdras; otros, proceden de la gente que pobló ó 
mandó poblar Ophir en la Nueva España y Perú; otros, 
proceden de la gente que vivía en la Isla Atlántida de Pla- 
tón; otros, de algunos que partieron de las partes próximas 
y más cercanas á la sobredicha isla, pasaron por ella á las 
de Barlovento, que está bien cerca de donde ella estaba, y 
de aqucllag á la Tierra Firme; otros, proceden de Griegoa; 



DB AMÉRICA 116 



Otros, de Penicianos; otros, de Chinos, Tártaros y otras na- 
ciones."— En seguida, agrega el mismo autor: **La primera 
razón y fundamento que para esto tengo, es hallar en estos 
indios tanta Yariedad y diversidad de lenguas, de leyes, de 
ceremonias, de ritos, costumbres y trajes; el segundo funda- 
mento es, la dificultad que tiene creer que todos los indios 
proceden de geüte que fuese á aquel Nuevo Mundo de sólo 
una parte del Viejo y con sólo un modo y manera de viaje; el 
tercer fundamento es, que se hallan en aquellas partes eos- 
tumbres, leyes, ritos, ceremonias, vocablos y otras cosas de 
Cartagineses, de Hebreos, de Atlánticos, de Españoles, de 
Romanos, de Griegos, de Penicianos, de Chinos y de Tárta- 
ros, argumento de mucha fuerza para probar que los Indios 
por su comunicación y trato amigable y por vía de con- 
quista y guerra, se fueron mezclando de tal manera, que el 
linaje, costumbres, lenguas y leyes, han escapado mestizos 
de diversas naciones, cuales son las sobredichas. Esto es mi 
parecer y lo que siento acerca del origen de los Indios." 

Participamos, no del todo, de la opinión del P. Gregorio 
García: en cuanto á lo referente al reino de Ophir y á la Isla 
Atlántida, lo primero, lo consideramos como una opinión 
aún incierta y no dilucidada del todo; y lo segundo, creemos 
que fué en época remota una porción de la misma América. 
Cuanto á lo demás, hasta cierto punto convenimos en ello, 
porque la diversidad de lenguas, leyes, ritos, ceremonias, 
costumbres, trajes y otras particularidades que en aquella 
época distante distinguían á las agrupaciones indígenas y 
que aún existen en diversas comarcas del Continente ameri- 
cano, puede ser una prueba aceptable ó evidente de que los 
Indios postdiluvianos de América son de origen diverso y 
proceden de razES distintas. 

Además, la opinión del P. Fr. Gregorio García está ro- 
bustecida por la del abnegado misionero P. Domeneck, que 
en su obra Desiertos del Nuevo Mundo, se expresa en los 
siguientes términos: ''Nuestra convicción, en este interc 



116 ORIGEN DE LOS INDIOS 

sante asunto, es que la América ha sido poblada por emi- 
graciones voluntarias ó accidentales, de diversas naciones; 
que estas diversas naciones, después de multiplicarse, se en- 
contraron, se meíclaroñ, y que, por el cruzamiento de las 
razas, la diferencia de los climas, los cambios de vida y 
muchas otras rasones de la misma naturaleza, perdieron 
BU carácter primitivo, para formar otra combinación hete- 
rogénea de color, de costumbres, de gustos, de lengua y de 
religión, que desvia la ciencia y la investigación del anti- 
cuario.'* 

Por consiguiente, admitiendo, en parte, la opinión de 
los PP. García y Domeneck, trataremos de ampliar y ro- 
bustecer este punto tan debatido; empresa bastante esca- 
brosa, teniendo que atenernos, en muchos casos, á lo dicho 
por historiadores antiguos y modernos, que no siempre es- 
tán en concordancia unos con otros. 



CUS 



Veamos ahora las opiniones emitidas por los antiguos 
y modernos historiadores, referente á la grande isla Atlán- 
tida, cuya existencia en época remotísima ha sido puesta 
en duda por algunos autores; viendo ciertos etnógrafos, en 
ella, el camino por el cual vinieron las primeras emigracio- 
nes á América. 

Platón fué el autor más antiguo que dio noticia de la 
existencia de la Atlántida, pues en su Timeo ó la Naturale- 
za, que escribió 430 años antes de la era cristiana, se expre- 
sa así, dirigiéndose á los Atenienses: "Se tiene por cierto que 
ei tiempos remotos vuestra virtud resistió á innumerables 
enemigos que salieron del Mar Atlántico; habían tomado y 

ocupado casi toda Europa y Asia puf s existía á la boca 

del estrecho y casi á su puerta, una isla que comentaba des- 
de cerca de las columnas de Hércules, y que dicen fué mayor 
que el Alia y la Libia: dicha isla mantenía relaciones y co- 



DEAMémCA 117 



mercio con otras islas y por ellas se comunicaba con nn 
continente, situado en la frontera, y el cual era vecino del 
verdadero mar.'* (1). 

Plutarco, en su Symposiacon; Séneca el Trágico, en su 
Medea, acto II: Tertuliano, en Hermógenes, cap. XXII y en 
'De PalHo, cap. IIj Luciano, en Hermotino; Orígenes, en Pe- 
ríarcoü, lib. II, cap. III; Pamelias, en Fallió, cap. II; Vossio, 
en Mathematicas, cap. XLII, § X; Aristóteles, en su libro 
Bel Mundo; Rodigino, en sus Lecturas antiguas, lib. I, cap. 
XXII y lib. XYII, cap. XXXV; San Clemente, en su Epís- 
tola; San Jerónimo, en Ad Bphesios, lib. I, cap. II; y algu- 
nos otros autores notables de la antigüedad, como Cran- 
tor, Porfirio, Proclo, Marcilio, Ficio, Diodoro de Sicilia y 
tantos otros concuerdan en que *' después db la Isla At- 

LANTIDA se NAVEGABA i- OTRAS ISLAS VECINAS Á LA TIERRA 

Continente y que después de ella se seguía el verda- 
dero MAR." Se colije de allí que las islas vecinas á la tierra 
Continente, son las conocidas de Cuba, Puerto Rico, Jamai- 
ca y otras; lá tierra Continente, es México y el Perú; y el 
verdadero mar, el Pacífico. 

Cuanto á la gran Tierra 6 Isla Atlántida que se cree 
•haya dado su nombre al Océano Atlántico (2), es conocida 
hoy únicamente por las controversias suscitadas éntrelos 
escritores antiguos y modernos sobre su existencia y el pun- 



(1) Platón, al principio de su Timeo, dice que su tío Solón le informó 
de todos los detalles referentes á la Atlántida, y que éste obtuvo de los 
sacerdotes de Sais la relación de la historia de la Atlántida. Crantor, cé- 
lebre académico y primer comentador de Platón, asegura que esta historia 
es verídica, pues está confirmada por el historiador Marcellus, que probó 
que en el Océano Atlántico existían entonces siete islas consagradas á Pro- 
serpina, otra á Plutón, otra á Ammón y otra á Neptuno, ejerciendo esta 
última una autoridad absoluta sobre las demás. 

(2) El Océano Atlántico, según Platón, en la primera parte de su diá- 
logo Crisiás, recibió este nombre de Atlante, rey de la Isla Atlántica. 



1 18 ORIGEN DE LOS INDIOS 

toqne ocupó, paes opinan que se hallaba extendido desde las 
Canarias hasta las Azores, y que estos dos grnpos de islas 
denominadas antiguamente Islas Afortunadas (quizá por 
haber escapado del gran cataclismo que hundió la Atlánti- 
da), son los restos de aquella tierra, que, en una noche, fué 
sumergida, dicen, por un gran cataclismo ó fuertes conmo- 
clones volcánicas (1). Y al atenernos á la opinión de auto- 
res antiguos, parece que habría existido esa gran isla y po- 
dido sus habitantes trasladarse fácilmente al Continente 
americano. 

Muchos son los escritores, tanto antiguos como moder- 
nos, que, además de Platón, dan cuenta de la Atlántida, 
entre otros, Homero, en su Odisea y en su Iliada; Solón, en 
su Tratado de las Leyes; Hcsiodo, en su poema Caja de 
Pandora; Eurípides, en su tragedia Electra; Plinio, en su 
Historia Natural; Aristóteles, en su Mirandis Naturas; Lip- 
pio, en su Phisiologia Stoicae; Pamelio, en su Apologotico 
de Tertuliano; Crantor, en sus Comentarios de Crisias; 
Diodoro de Sicilia, en su Bibliotheca Histórica; Plutarco, 
en su Vida de Sertorio; Arnobio, en su obra Contra los 
Gentiles; Becano, en su Original de Antuerpia; Turnebo, en 
su Adversus; Vivas, en sus Notas sobre San Agustín; Bosio, 
en su obra De Signis Eclesiastes; Gomara, en su Historia 
Indiana; Zarate, en el prólogo de su Historia, del Perú; So- 
lórzano, en su Política Indiana; Luis de León, en su Abdias; 
Meseia, en su Silva; Maluendo, en su Antechristi; Pineda, 



(1) Un escritor contemporáneo describe en pocas palabras esta terri- 
ble catástrofe: "Una noche se hinchó el Océano hasta tocar á las nubes; un 
maremoto apocalíptico preñó el seno de los mares, y el fantástico conti" 
nente se sumergió trágica y silenciosamente en las profundidades del abis- 
mo líquido, quedando apenas, cuando la furia del agua fué calmada, uno 
que otro pico aquí y allá, en la desolada extensión marítima, picos corres- 
pondientes á los más alto de sus empinadas cordilleras." (Aludiendo, sin 
duda» 4 las Islas Canarias y Azores) . 



Dfe AMÉRICA 119 



en so obra De rebas Salomone; Maydo, en lus Días Canicu- 
lares; Hervas, en su Catálogo de Lenguas; y otf os mái, 
concordando todos en que la Atlántida existió en tiempos 
muy remotos, para desaparecer, en el espacio de una no- 
che, por efecto de un gran cataclismo geológico. Opinan 
también que "los Indios americanos tienen su origen de la 
gente que vivía en la Isla Atlántida, que de allí pasaron pri- 
mero á las islas de Barlovento ó Hespérides, cerca de la At- 
lántida, y de aquellas á la Tierra Firme de América, pues 
según afirma Platón en su Timeo, y con él Hesiodo, Eurípi- 
des y Solón, "la Isla Atlántica era una isla de tanta gran- 
deza, que era mayor que África y Asia juntas, desde la cual 
había contratación y comercio á otras islas, y de estas islas 
había comunicación y trato á la Tierra Firme y Continen- 
te que estaba frontero de ellas, vecino del verdadero mar;** 
añadiendo además, Platón: "que los habitantes déla isla 
Atlántica tenían conocimientos de la navegación y arte de 
hacer navios y que tenían grande suma y copia de navios y 
aún puertos hechos para conservación de ellos." 

Estas noticias dadas por Platón en su Timeo, son, lo 
repetimos, las más antiguas y circunstanciadas sobre la isla 
Atlántida ó Atlántica, sobre su situación y extensión (1); 
empero, á juicio de algunos críticos, ellas no bastan ni dan 
fundamento para haber asegurado la existencia, eñ aque- 
llos tiempos, de la vastísima isla de la Atlántida, que algu- 
nos autores creen que haya sido parte de la misma América. 

Ei hecho real es, que la existencia de la pretendida Isla 
Atlántida se halla aún envuelta en el mayor misterio. Se 
supone que en época remotísima haya habido comunicación 
por tierra unida entre la América y la África, y que esa mis- 



il) La Atlántida, se dice, tenía tres mil stades de largo sobre dos mil de 
ancho, ó sea, más ó menos, ciento cincuenta leguas sobre cien. Según Balby, 
la stade corresponde á cincueatiuna toeaas, un pie y noventidos ccntésimoi 
dt pulgada^ 



120 ORIGEN DE LOS INDIOS 

ma porción de tierra fuera la desaparecida con el cataclis- 
mo á que aluden Platón y demás autores antiguos. 

Kircher, en su Mandus subterráneas, lib. III, cap. XII, 
dice: "Les Canarias y las Azores, islas del Océano Atlánti- 
co, ¿no podrían ser los restos de la tierra conocida con el 
nombre de Atl^ntida? Estas islas tienen montañas muy 
sólidas y elevadas, y los valles intírmediarios quedaron su- 
mergidos cuando por efecto del temblor de tierra y del dilu- 
vio, este Continente desapareció de las aguas del mar.'* 

Otro escritor contemporáneo, Feliciano Cajaravilla, en 
sus Consideraciones histórico-críticas sobre los antiguos 
habitantes del Perú, asienta también al respecto, que "es 
presumible que en el decurso de muchos eños ó siglos talvez, 
el estudio constante y los adelantes siempre crecientes de las 
ciencias geológicas y experimentales, lleguen á evidenciar lo 
que hasta hoy no es más que una conjetura, con todos los 
caracteres de probabilidad, esto es que el Continente Ame- 
ricano estuvo unido haciendo parte del Antiguo Mundo y 
que fué separado por algún cataclismo terráqueo á manera 
de aquel que en 1309 (según aseveran Gerardo Mercator en 
8U Colección de Mapas, de 1595, y J. Hnndy en su obra Das 
Neue Tiefoder SchiíFart, áe 1630), separó la isla de Ruggen, 
de las costas de Meklemburgo, de la isla de Ruden.'' 

Algunos escritores modernos sostienen que la geologia 
prueba la imposibilidad completa de la Atlántida, de la que 
serían restos las islas que subsisten en el Océano Atlántico. 
Joaquín M. Bartrina, en la conferencia que sustentó en el 
Ateneo Barcelonés el 22 de Abril de 1878, sobre el tema La 
América precolonibiana, opina que: **Talvei leyendo con 
más atención el debatido texto de Platón veríamos que no 
en el Océano Atlántico, sino en otro mar, como por ejemplo, 
el Negro, podríamos situar su Atlántida, que al fin era una 
isla cuya extensión, tan exagerada fija Platón La hipó- 
tesis de la Atlántida, por lo fantástica y teatral, puede 
ahora admitirse en las creaciones de la imaginación^" 



DE AMÉRICA l21 



Eite juicio de Bartriea tocante á la Atlántida, lo halla- 
mos demasiadamente lijero y poco acorde con la opinión 
emitida al respecto por tantos sabios de la antigüedad. 

Empero, quizá sea una hipérbole la existencia de la pre- 
tendida Isla Atlántida emitida por Platón y demás autores 
citados, pues algunos hístori&doree más modernos, entre 
ellos Francisco López de Gomara, en su Historia General de 
América^ cap. CCXX, es de opinión que "la gran Isla At- 
lántida, mayor que Asia y África juntas, según lo ha dicho 
Platón, existió en realidad y existe todayía, porque no 
ES OTRA QUB LA MISMA Amértca;" asentando en apoyo de 
sus conjeturas, que el Océano Atlántico no es de bastante 
extetsión para haber contenido en su seno una isla 6 conti- 
nente igual á Asia y África conjuntamente (1). 

Y no solamente Gomara opina que la antigua Atlánti- 
da haya formado parte del Continente Americano, sino 
también varios otros historiadores y geógrafos contempo- 
ráneos, como Malte-Brun, en su Géographie Unirerselle; 
Letrone, en su Essai sur les Andes cosmographiques ; Gos- 
selin, en su Géographie de VAmérique; Martín, en sus Étu^ 
des sur la terre de Platón; Postel, en su Cosmogonie deS' 
criptive; y Welflict, en su Histoire Universelle des Indes 
Orientales; reconociendo todos, la misma afirmación asen- 
tada al respecto por Gomara. 

El presbítero Juan de Velasco, en el tomo I, de su Histo* 
ría del Reino de Quito pág. 151; robustece aún más la opi- 



(1) Estudios practicados por sabios expedicionarios sobre hidrolo» 
gía marina ó oceanografía, han demostrado que la extensión del Océano 
Atlántico es de 35.000,000 de millas cuadradas ó sean aproximadamente 
11.666,666 leguas cuadradas. Asia y África juntas, según los geógrafos, 
tienen 13,120,000 leguas cuadradas, ó sean, 1.453,354 leguas más de ex- 
tensión que el Océano Atlántico; lo que prueba, evidentemente, que la 
apreciación de Gomara, hasta cierto punto es fundada, y que la pretendida 
isla Atlántida no era tan extensa como lo ha afirmado Platón. 



122 ORIGEN DE LOS INDIOS 

nión de Gomara, pues dice: *'E1 que hubiese habido anti- 
guamente comunicación por tierra unida entre la América 
y la África, es asunto que puede llamarse no sólo verosímil, 
sino también demostrado en el día. Lo persuaden así las 
obaervacionts y cartas del bajo fondo que Mr. Buache pre- 
sentó á la Academia de París en el año 1737, las cuales, 
examinadas después, demuestran la dirección de montes 
subaqueos, puestos como sobre una cordillera, desde el ca- 
bo Tagrin de África hcsta.la costa del Brasil en América." 
Cuanto á la opinión de les mismos autores antiguos, de 
haberse sumergido la Atlántida con un gran cataclismo 
producido por lluvias torrenciales, ó irrupciones volcánicas 
que grandes terremotos produjeran, el predicho Gomara 
supone que aquel funesto acontecimiento pudo haber teni- 
do lugar sólo en la parte que quiíá antiguamejite unía la 
África con la América; en cuyo caso Platón habría sufrido 
involuntariamente un error, sin haber querido inventar una 
fábula, como lo pretenden plgunos, entre otros el P.José 
de Acosta, que en su Historia Natural, cap. XXII, dice: 
"Todo lo referido por Platón en su Timeo, respecto de la 
pretendida Isla Atlántida, es fábula." Este mismo concep- 
to del P. Accsta ha sido combatido por algunos escritores 
contemporáneos suyos, entre ellos, el P. Fr. Gregorio Gar- 
cía, en su obra ya citada, desde la p8g 146 hasta la 151, 
probando que los ititérpretes de Piatpn, como Crantor, 
Marcilio, Ficino y Plotino, en la antigüedad, Juan Serrano, 
posteriormente, tienen por verídico lo referido por el filó- 
■ofo de Atenas en su Diálogo de Timeo. Además, Platón 
ha sido tenido en todo tiempo en tan grande estima y repu- 
tación en materia de filosofía, de historia y aún de teología, 
que su gran saber le ha merecido el epíteto de «Divino.» 
Sietecientos y cincuenta años antes de que Platón escribiera 
su Tlmeo, según él mismo lo asevera, ''sucedió la guerra en- 
tre los Atenienses y los Atlantes, y después hubieron espán» 
tosQi terremotos y estraordiuari&s llnvias^ue inufidaroo 



OE amírica 123 



completamente la isla, desapareciendo de la saperficie del 
Océano.'* Según lo refiere el mismo Platón, 8i la guerra en- 
tre loa Atenienses y Atlantes tuvo lagar en el siglo trigési- 
mo de la Creación del Mundo, según ia cronología hebraica, 
sobreviniendo en seguida la espantosa catástrofe á que alu- 
de el gran filósofo griego, evidente es, que la América (3 sea 
la misma Atlántida, á juicio de Gomara), pudo haber sido 
habitada desde tiempos inmemoriales, como lo pomprueban 
los esqueletos Rumanos que, junto con osamentas de mamí- 
feros de las épocas Terciaria y Cuaternaria se han encon- 
trado en el suelo de este Continente, restos que, hipotética- 
mente hablando, se remontan á una época antediluviana. 
En resumen, eminentes hombres de ciencia de la actual 
época, después de largos investigaciones practicadas últi- 
mamente tocante á la Atlántida, han llegado á la conclu- 
sión de que esta famosa isla existió en verdad, como lo de- 
muestran en las publicaciones que en fstos ultimes tiempos 
se han hecho en Berlín, corroborando, también, que la isla 
Atlántida formaba parte de un vasto Continente, que no 
pudo ser otro que el de África ó de América, hace ya como 
unes quince mil años, habiendo desaparecido á raiz de un 
colosal fenómeno sísmico, que la borró del Mundo para 
siempre En tal virtud, las conclusiones emitidas por esos 
hombres de ciencia, parecen confirmar la obscura tradición 
que dejara Platón. 

555 

• 

Volviendo á los primitivos habitantes de América, al 
atenernos á la tradición hebraica, tanto ellos como todos 
los de la Tierra entera, (salvo Noé y su familia), ha- 
brían perecido en la catástrofe del Diluvio Universal (1), 



(1) Algunos sabios pretenden que han habido varios diluvios parcia- 
les; que el de Noé, que aconteció 2987 años antes de Cristo, no fué castigo 
del Hacedor Supremo, pareciéndolo, porque los Sacerdotes primitiyos del 



124 ORIGEN DE LOS INDIOS 

■II' ■■■ II. I I I I I II» «11 I 111 1 ■— — 

acaecido, según algunos cronologistas, 1656 años después 
de la Creación (6 2348 antes de la era cristiana). Desde 



Catolicismo tenían interés en hacer intervenir la Divinidad en este cata- 
clismo, para herir é impresionar la imaginación de los pueblos; y bajo tal 
forma mística la afirmación histórica de ese hecho natural ha llegado has- 
ta nosotros á través de las edades. 

En apoyo de su opinión refieren el hecho de varios diluvios: como el 
de Ogyges, que según Herodote, tuvo lugar 1796 años antes de J. C, y el 
de Deucaleon, en Tesalia, 1580 años de la misma era; según las tradicio- 
nes arianas, se conserva la historia del rey Vaíswata y los siete sabios 
que escaparon de una inundación que cubrió los valles del Hindu-Kuch, y 
en seguida pudieron perpetuar la raza. También se cita el diluvio del rey 
Tchmonrás, que inundó y destruyó la Armenia. Los Celtas, señalaban el 
desborde del lago Llion, que sumergió su territorio é hizo á todos los se- 
res humanos, menos á Dwyhan y Dwybach, que repoblaron la isla de 
Bretaña. Los Escandinavos tenían la leyenda de Belgemer y su mujer, 
que solo sobrevivieron al desastre diluviano y repoblaron su comarca. Los 
Griegos contaban cinco diluvios, según Xenophora, y tres, según el poeta 
Nonnus. Los Egipcios, apesar de tener conocimiento del Diluvio universal, 
afirman, que Egipto nunca ha sido inundado, porque su país se halla dis- 
tanciado de los grandes centros glaciales. 

Empero, si esos sabios alegan la pluralidad de diluvios parciales, la 
generalidad de los historiadores admiten la universalidad del de Noé. 
Algunos pretenden que la América se ha librado de ese mismo Diluvio; pe. 
ro las tradiciones generales de los indios sobre este mismo acontecimiento 
fatal, admiten que éste fué universal: si es Verdad que estas tradiciones han 
sido envueltas en fábulas y aún desatinos, lo cierto es que, en sustancia, 
manifiestan la realidad de un cataclismo, del que sus progenitores han te- 
nido noticia: estas mismas tradiciones no solamente han sido constantes y 
generales, sino también circunstanciadas, concordando en ellas los histo- 
riadores Clavijero, Gomara, Herrera, Nizza, Acosta, Humboldt y .otros 
más, que afirman que todas las naciones indianas que vivían en sociedad, 
conservaban en sus pinturas, cánticos y relaciones de padres á hijos, la me- 
moria de aquella catástrofe. 

Los Indios de la isla de Cuba, según Francisco Javier Clavijero, en su 
« Storia 'del Mcssico», toni. I, foj. 15, dijeron á los conquistadores españo- 
les, que « habían entendido de sus antepasados, que Dios crió el cielo, la 
Tierta y todas las cosas; que previeüdo vin viejo una grande inundación, 



DE AMERICA 



125 



eita catástrofe universal trascurrió mucho tiempo para 
que el Nuevo Mundo volviera á repoblarse, pues los hijos 



con la cual quería Dios castigai* los pecados de los hombres, fabri- 
có una canoa cerrada y se embarcó en ella con toda su familia y mu- 
chos animales; que habiéndose disminuido las aguas, soltó el cuervo, el 
cual no volvió por estarse comiendo los cadáveres; que echó á la paloma 
y volvió con un ramo verde de hobos; que desembarcó el viejo, y hallan- 
do uvas silvestres hizo chicha, con la cual quedó ebrio y dormido; que uno 
de sus hijos hizo burla de su desnudez, y el otro lo cubrió; que sabiendo 
el viejo lo que había pasado, maldijo al primero y bendijo al segundo; 
que ellos descendían de aquel hijo maldito, puesto que se hallaban desas- 
trados y desnudos, y que los Españoles tendrían sin duda su origen del 
bendito, puesto que se hallaban bien vestidos y con mejor fortuna. » 

El mismo Clavijero, en su citada obra, tom. I, lib. II, y tom. II, di- 
sert. 1-3, dice: « Entre los Indios de la América Septentrional no sólo era 
general la noticia del Diluvio, con la expresión de la barca, hombres, ani- 
males, cuervo y paloma, sino también circunstanciada con la Torre de Ba- 
bel, confusión de lenguas y dispersión de las gentes. » Los Mexicanos se- 
gún Mr. Ernesto Desjardins en su historia «Le Pérou avant la Conquéte 
Espagnole», admiten también el Diluvio universal, que aniquiló la raza hu- 
mana, en cuya catástrofe los hombres quedaron transformados en peces; 
pero su Noé (Coxcox) y su muger, se salvaron en un tronco de árbol que 
flotaba sobre las aguas, y se volvió á poblar la Tierra. 

El manuscrito mexicano copiado por el Padre dominico Pedro de los 
Ríos, en 1566, y conservado en la Biblioteca del Vaticano, bajo los núme- 
ros 3,738 y 3,776, representa por signos simbólicos y figuras que no tienen 
nada de incomprensible, las cuatro edades del Mundo, La tercera edad, 
c[ue había durado 4008 años, fué terminado por un diluvio. 

Los habitantes de Teochiapan, en Guatemala, según el sabio Alejan- 
dro de Humboldt, en su obra tVues des Cordilléres,»conservantradiciones 
que se remontan al tiempo de un gran Diluvio, después del cual, sus ascen- 
dientes, bajo el mando de un jefe llamado Votan, vinieron de un país situa- 
do hacia el Norte. En la aldea de Teopixca existían todavía en el siglo 
XVI descendientes de la familia de Votan, siendo admirable cosa encontrar 
en la América un nombre que recuerda al de Votan, cuyo progenitor rei- 
nó entre los Escitas y cuya raza dio reyes á un gran número de pueblos. 

Antonio de Herrera, en su década IV, lib. I, cap. XI, refiere que « los 
Indios de Tierra Firme couscrvaban la memoria de haberse salrado sus 



126 ORIGEN DE LOS INDIOS 

de Ncé llamados Sem, Cam y Jafet, vivieron en laa llanurae 
de Senaar, entre el Tigris y el Eufrates, y tuvieron gran 



progenitores con algunos animales en una barca; de haber largado prime- 
ro un pájaro por ver si habían cesado las aguas, 3' después otro, el cual 
volvió con un ramo verde, 3^ de haber con eso salido á poblar, por segun- 
da vez, la Tierra». 

Los Muyscas, en sus tradiciones, conservan el recuerdo de un diluvio^ 
pues refieren que en los tiempos más remotos, antes que la luna fuese crea- 
da, los habitantes de la meseta de Bogotá vivían en estado de barbarie; 
que de repente se les apareció un viejo desconocido, perteneciente á una ra- 
za diferente á los indígenas, de barba larga y espesa, que ^e llamaba Bo- 
chica ó Boquica, que traía una compañera llamada Huytaca, que era de 
carácter tan descontadizo, que contrariaba á su esposo en todo lo que él 
emprendía: ella hizo hinchar el río Fungha, cu\'as aguas cubrieron todo 
el valle de Bogatá é hizo perecer casi todos los habitantes, por cuj-o delito 
Bochica la persiguió y la condenó á alumbrar la Tierra durante la noche, 
creyendo los Mu^-scas que la tal Huytaca es la Luna. Después de haber 
retirado las aguas, Bochica prosiguió su obra civilizadora. 

Fr. Marcos de Nizza, en su obra « Ritos y Ceremonias de los Indios de 
Quito, » asegura que esos indianos «conservan aún la memoria de un anti- 
quísimo general naufragio proveniente de que el primer hombre ó dios lla- 
mado Pacha, no teniendo con quien hacer guerra, la mantuvo con una gran 
serpiente á la que hirió con sus flechas, la que vomitó tanta agua que ane- 
gó toda la Tierra; que se salvó Pacha con sus tres hijos y mugeres, fabri- 
cando una casa sobre la cumbre del Pichincha, donde metió animales y ví- 
veres; que pasados muchos días largó el allaguanga, ave semejante al cuer- 
vo, y no volvió por comer los cadáveres de los animales muertos; que 
echando otro pájaro, volvió con hojas verdes; que bajó entonces Pacha 
con su familia hasta el plan, donde es la ciudad de Quito, y que al tiempo 
de hacer allí la casa para vivir todos juntos, ninguno pudo entender lo 
que hablaba el otro; que separados por eso, con sus mugeres, se habían 
establecido los tres hermanos y el viejo en diversas partes de la comarca, 
donde estaban todavía sus descendientes.» 

El P. José de Acosta, en su « Historia Natural y Moral, » lib. I, cap. 
XXV, expone que « Los Peruanos con venía» todos en que se habían aho- 
gado todos los hombres, á excepción de nuiy pocos, á los cuales escondió 
el Sol en una pequeña isla del lago Titicaca, según unos, ó en la cueva de 
Pacaritambo, según otros; que saliendo con el tiempo un Viracocha ó 



DK AMÉRICA 127 



descendencia, multiplicándose extraordinariamente en el 
decurso de los cuatrocientos años que, s? supone, mediaron 



personaje con su familia, después de haber hecho asiento en Tiahuanacu, se 
fué al Cuzco y volvió á multiplicarse el Género Humano. » 

Francisco Gómez de Gomara, en su « Historia General de América,» 
cap. CXXII, al ocuparse de los indios de la Provincia de Pachacamac y 
sus confinantes, dice. « Muchos mantuvieron la tradición de que en tiempos 
antiquísimos había llovido tanío, que se anegó toda la Tierra, á excep- 
- ción de la elevada cumbre de un monte, donde unos pocos fabricaron una 
casa con ventanas altas y bien cerradas, y metiendo dentro muchos ani- 
males y otros comestibles, salvaron ellos solos sus vidas; que dejando de 
llover por bastante tiempo, echaron por las ventanas dos perros, y rol- 
vieron bañados y sin lodo, conocieron que aún no se habían disminuido 
las aguas; que pasado más tiempo echaron otros dos perros, y como és- 
tos volvieron secos y con sólo el lodo á las patas, conocieron que había 
cesado el diluvio; que esperando algunos días más, salieron y volvieron á 
poblar el Mundo». 

Algunos pueblos de la América del Norte conservan igualmente la me- 
moria de una antigua inundación llamada el Diluvio de los Apalaches. 

Hasta los Groenlandeses cuentan que el primer hombre creado fué Ka- 
Uak, y que de su dedo pulgar salió la primera mujer, después de lo cual, 
el mundo se anegó y no pudo salvar más que un hombre y una mujer. 

Basta lo citado sobre las tradiciones de los indígenas respecto al Dilu- 
vio, para convencerse que tanto en el Continente del Nuevo Mundo, como 
en los del Antiguo, se conserva siquiera una idea, un recuerdo de que el 
Mundo fué sumergido por ese cataclismo universal; tradición que se ha 
venido conserv.ando entre los Indios desde las primitivas generaciones, 
pues en su sucesión no interrumpida, han venido comunicándola de padres 
á hijos» 

Como se ve, todas estas tradiciones y muchas otras que no anotamos, 
porque ello sería demasiado extenso, prueban incontestablemente que el 
Diluvio de Noé se extendió también al Continente americano; y lo prueba 
tanto más el derrumbo que el año 1763 tuvo lugar de la mitad del cerro 
de Coconuco, en el Ecuador, descubriéndose en la otra mitad que quedó en 
pie, las diversas capas ó listas paralelas de que poco á poco se fué forman- 
do dicho cerro, siendo unas de diversos colores de tierra, otras de arenas, 
otras de piedras; en fin, otras formadas de innumerables especies de cara- 
coles, conchas y otros testáceos, petrifica(íp8 uiips y no petrificados otros. 



128 ORIGEN DB LOS INDIOS 

desde el Diluvio hasta la construcción de la Torre de Babel, 
monumento que los descendientes de Noé intentaron elevar 
en muestra de su poder y orgullo; pero este intento desa- 
gradó tanto al Criador, que, en castigo de la osadía de esos 
hombres, hizo que se confundiera la lengua de tal modo, 
que no entendiéndose los unos con los otros, se separaron, 
quedando la torre sin concluirse: á la confusión de las len- 
guas en Babel, sucedió la dispersión del linaje humano, for- 
mándose, desde entonces, todos les reinos de la Tierra. 

Los descendientes de Sem (cuyos hijos fueron Blam, 
Asur, Arfaxad, Lud y Aran) fueron los que menos se exten- 
dieron por el mundo, pues permanecieron en la Asia Occi- 
dental, cuna del Género Humano, después del Diluvio. 

Los descendientes de Cam (cuyos hijos fueron Cusj Mis- 
raim, Fat y Canaán), se propagaron por el Occidente de 
Asia y por el norte y oriente de África; y los descendientes 
de Jafet (1), cuyos hijos fueron Goomer, Magog, Madai, 



4 

Y aún en el suelo peruano tenemos pruebas evidentes de haberse realizado 
este cataclismo en el Continente americano pues en las inmediaciones de 
Paita se han encontrado depósitos de conchas marinas á 300 pies de altu- 
ra sobre el nivel del mar; Darwin halló iguales conchas en Chile á 1300 
pies; Loomis, las halló en las pampas de Iquique á 2500 pies; en Caraco- 
les se han hallado también á 5000 pies de altura; en la mina de Hualga- 
yoc, enCajamarca, situada á 12,000 pies sobre el nivel del mar, encontró- 
se .igualmente conchas petrificadas, hecho que fué constatado por el sabio 
Alejandro de Humboldt; y por último, un joven cateador de minas, llamado 
Raúl Pérez, encontró el 8 de Diciembre de 1890, en el cerro de Vilque, en la 
Provincia de Puno, á más de 3 2,000 pies sobre el nivel del mar, un caracol 
de 12 centímetros de longitud por 7 de altura y del peso de 822 gramosi 
hallazgo que llamó sumamente la atención de las personas que lo vieron. 
En conclusión, es un hecho indudable, que la memoria del Diluvio se 
encuentra en las tradiciones de todos los pueblos de la Tierra, y la ciencia 
moderna, á esta respecto, está también conforme con la Biblia: que es la 
más antigua historia de aquella catástrofe. 

(1) Jafet significa en hebreo, el que se ha difundido por muchas partes* 



D£ AMERICA 129 



Javán, Tubal, Mosoc y Tiras), ocuparen en Europa y Asia 
dilatadas regiones, dominando países poblados antes por 
los de Sem, y sometiendo á los de Cam, siendo estos descen- 
dientes de Jafet los que formaron las dos razas más nume- 
rosas y difundidas por todo el mundo, cuales son, la Tura- 
nia, que desde el centro de Asia se extendió hasta la cuenca 
del Danubio, en Europa, y la llamada Indo-Evropea, que 
se dilató desde la India hasta el occidente de Europa, y 
después hasta el hemisferio de América y de Oceanía (1). 
Estas tres grandes ra^as apesar de su separación han con- 
eervado siempre la semejanza de su origen. 

Fracciones de alguna de esss razas (probablemente la 
de Jafet) atravezarían talvez la gran isla de la Atlántida 
(quizá parte de la misma América), cuya existencia en aque- 
llos remotos tiempos, como lo hemos dicho ya, es testifi- 
cada por numerosos autores antiguos, y de ahí, según 
opinión de esos mismos autores, pasarían á las playas 
del Nuevo Continente, estableciéndose allí y repoblando ese 
Hemisferio. 

Posteriormente, con el trascurso de los tiempos, de pre- 
sumir es, que varias otras inmigraciones se dirigirían al Nue- 
vo Mundo, antes del funesto hundimiento de la Isla Atlán- 
tida, cuya fecha exacta no conserva la tradición, si bien 
Platón da á entenif er que esa catástrofe aconteció por el 
año 3163 de la Creación. 



(1) Ambas razas se han diferenciado siempre en idioma, ilustración y 
hábitos, pues en tanto que la Turania fué y es aún semi-bárbara, la Indo- 
Europea ha florecido en todas épocas, por el superior grado de su civiliza- 
ción, por la perfección de sus idiomas y por la riqueza de sus literaturas, 
teniendo el primer lugar del Género Humano y siendo la raza noble por 
excelencia, que ha tenido la misión de llevar las artes, las ciencias y la filo- 
sofía á un grado de perfección inusitado en los demás pueblos, y llegado á 
ser, no sólo la más numerosa y difundida de todas, sino la señora del Mua* 
do entero, 

II 



130 ORIGEN DE LOS INDIOS 



títe 

Si se tratara de averiguar cuáles serian las causas pri- 
mordiales de esas inmigraciones en aquellos tiempos lejanos, 
ppdrían atribuirse, en parte, y quizá sin equivocarse, á las 
no interrumpidas guerras que entonces devastaban y diez- 
maban las diversas nacionalidades del Antiguo Mundo, en- 
tre las cuales figuraban ya grandes Estados. 

Para que se juzgue cuan fundada puede ser nuestra hi- 
pótesis, citaremos algunas de esas numerosas guerras de 
exterminio, ciertos de que, por su relaciór, no será aventu- 
rado, lo repetimos, colegir que ellas han podido, en parte, 
influir en las diversas inmigraciones que tanto de Europa, 
de África y de Asia han aportado á las playas americanas, 
en esas épocas remotas, en busca de un país al abrigo de 
esas guerras vandálicas que en los Antiguos Continentes 
cansaran la desaparición de tantos reinos é imperios. 

El Egipto es la nación civilizada más antigua de la Tie- 
rra, pues se remonta á una época en que todos los demás 
pueblos estaban aún en completa barbarie: era ya florecien- 
te eú tiempo de Abraham (2296 años antes de la era cristia- 
na), pues su dinastía de reyes, según Manethon, sacerdote 
egipcio y autor de la Historia Universal de Egipto (que vi- 
vió en el reinado de Ptolomeo Fiiadelfo, 263 años antes de 
J. C. y encargado de custodiar los archivos sagrados en el 
templo de Hierópolis), se remonta al quiccu ^gésimo primer 
siglo y aún más lejos, siendo, sin disputa, una de las monar- 
quías más antiguas del Mundo, y, con razón, señalados sus 
habitantes, por algunos egiptólogos, como unos de los pri- 
meros pobladores de América. 

IrOs Egipcios tuvieron guerras durante muchos siglos 
consecutivos. Primero, contra los Hyksos de la Caldea ó 
re^e» paitorea^ que invadieron eie reioo^ y contra IO0 cuales 



DB AMERICA 131 



lacharon durante ciento cincuenta añcs, Incha qne al fin 
terminó con la expulsión de loa invasores, consumada por 
el rey de Tebas, Ahmes ó Amosis I, recobrando entonces el 
Egipto su anterior explendor. Mas, en la larga lucha con- 
tra los Hyksos, los soberanos de Egipto se hicieron con- 
quistadores, pues invadieron sucesivamente la Etiopia, la 
Escitia, laTracia, la Siria, la India, la China y el Japón, 
sosteniendo guerras que duraron el largo espacio de cinco 
siglos. Anos más tarde, lucharon nuevamente los Egipcios 
contra los Etiopes, que se desbordaron sobre ese reino y se 
aliaron con Oseas, rey de Judea, para resistir á Salmanazar, 
rey de Asiría. Por fin, Cambises, rey de Pcrsia, invadió 
también este reino y lo sometió á su vez á su dominio, has- 
ta que, con la muerte de Cleopatra, cayó bajo la tutela de 
los Romanos, quienes lo redujeron á provincia de st^ impe- 
rio, en el año 29 antes de J. C. 

De suponer es, que en tantcs siglos de luchas sostenidas 
por los Egipcios, algunas colonias huyeran de las devas- 
taciones que aniquilaban su país, dirigiéndose á Améríca, 
pues, como dice la Historia, ellos fueron muy diestros en la 
navegación. 

La Grecia fué la primera nación en el arte de navegar, 
(después de los nietos de Noé, por la sucesión de Jafet) pues 
la navegación de Argos, en tiempo de Fineo, rey de Bitinia, 
es la más remota de todas las conocidas. 

La Grecia sostuvo también, desde tiempo inmemorial, 
largas guerras y luchas intestinas. La expedición de los 
Argonautas, que tuvo por objeto defender á la Grecia de 
las invasiones de los piratas de la Cólquida, en la que to. 
marón parte Jesóa, Castor y Polux, Peleo, Orfeo, Escula- 
pio, Linceo, Tifis, Teseo y Hércules; la sangrienta guerra 
fratricida de Tebas ó de los Epigones, en la que se manifes- 
tó la ferocidad de la época; la famosa guerra de Troya, efec- 
tuada con una flota de mil velas y un ejército de cien mil 



132 ORIGKN DE LOS INDIOS 

hombres, en la qtie tomaron parte Ulises, Néstor, Idomeneo, 
Aquiles, los dos Ayax, Diómedes y Filóctetes, guerra qtie 
duró diez años, hasta que Troya cayó en poder de los Grie- 
gos y fué reducida á cenizas; la invasión de los Dorios; 
la guerra Sagrada, llamada así porque se hizo en defensa 
del templo de Delfos, la que duró diez años, entre Atenietíses 
yCrisos, resultando éstos vencidos; las tres guerras deMese- 
nia, la primera que alcanzó veinte años, la segunda cuaren- 
ta años después, y la tercera dos siglos más tarde, contien- 
das en las que al fín fueron dominados los Mesenios por 
los Espartanos, que los obligaron á emigrar á Sicilia; la 
batalla de Lade, entre Persas y Miletos, en que estes fueron 
derrotados; la batalla de Maratón, también contra los Per- 
sas, en la que éstos, á su vez, fueron vencidds; las tres fa- 
mosas guerras Médicas, que duraron treiñtiseis años, prin- 
cipiando con la expedición de Jerges contra la Grecia, com- 
puesta de un formidable ejército de cinco millones de hom- 
bres y una flota de mil doscientas naves, las que terminaron 
con la batalla de Salamina, en Chipre (479 años antes de 
J. C), y destrucción de Atenfjs; la batalla de la Platea, entre 
los Persas y los Atenienses y Espartanos, que dio por resulta- 
do la segunda destrucción de Atenas; la batalla de las Ter- 
mopilas y la de Tespiasila guerra del Peloponeso (431 años 
antes dej. C ), entre Espartanos y Atenienses, que duró 
veintiséis años, cuyo desenlace fué favorable á los primeros; 
la expedición á Sicilia y á Siracusa, que fué adversa á los 
Atenienses; el combate de Micale, en la Asia Menor, entre los 
Persas y los Griegos y Jonios, alcanzando estos últimos una 
completa victoria; la batalla de Cunaxa, que terminó con la 
portentosa retirada del ejército de Jenofonte; la conquista 
de Bizancio por los Griegos; la expedición de Agesilao, que se 
apoderó de la Misia, Lidia y Caria, deshaciendo el ejército 
persa; la batalla de Tegira, en la que fueron vencidos los 
Espartanos por los Tebanos; las batallas de Delio y Anfí- 
polis, entre Atenienses y Boecios, que terminó con la pax de 



nn AMáRiOA 133 



Nicea; la batalla de Leuctrcs y la de Arbeles, en qae fueron 
derrotados los Lacedemonios; la yictoria de les Atenienses 
contra los Espartanos en Helesponte; la batalla de Mantí- 
nea, en la que murió Epaminondas, entre Tebanos y Es- 
partanos, triunfando los primeros; la batalla de Conorea 6 
Quenorea, en la que sucumbió la libertad griegs; el sitio y 
toma de Tebas por Alejandro el Grande, en que seis mil 
griegos fueron pasados á cuchillo, treinta mil vendidos co- 
mo esclavos y la ciudad arrasada; la expedición á la India 
llevada á cabo por el mismo Alejandro, en la que tuvo lu- 
gar la batalla de los Elefantes entre Atenienses y Macedo- 
nios; la guerra de Lamiaca; la invasión de los Galos, que 
talaron la Macedonia, la Tesalia y entregaron al pillaje la 
Grecia central; la dominación de los Etolianos; la batalla 
de Selacia, en la que sucumbió el ejército espartano; la gue- 
rra de las dos Ligas, que duró tres años; la batalla de Cino- 
céfalos, de cuyo resultado la Macedonia fué reducida á pro- 
vincia romana; y, finalmente, la reducción de la Grecia á 
provincia romana bajo el nombre de Acaya. 

En estas numerosas y no interrumpidas guerras y bata- 
llas que Grecia tuvo que sostener durante más de doce si- 
glos, y que por fin terminaron con la nacionalidad de este 
antiguo Estado, ¿no es de suponer que algunas fracciones 
de pueblos, agoviados por tantas y tantas calamidades, 
trataran de buscar albergue en algunas comarcas donde 
estuvieran al abrigo de esas devastaciones, y que, con tal 
motivo, arribarían á las playas de América? 

La República de Fenicia, aunque reducida en territorio, 
fué una de las naciones más civilizadas del Asia, atribuyén- 
dosele ser la cuna de las letras, de la escritura y de los li- 
bros, pues así lo asevera el poeta latino Anneo Marco Lu- 
cano, en el lib. III de su Pbarsalia, y el ser también los Fe- 
nicios unos de los primeros que emplearon el arte de la na- 
vegación y enseñaron á dar batallas navales. Ellos, de 



134 ORIGEN Dfi LOS INDIOS 

caenta y orden del Faraón Nekohó 6 Nechao, traspasaron 
las columnas de Hércules, que hasta entonces habían sido 
consideradas como el límite oeste de la Tierra y navegaron 
á lo largo de la costa africana por su parte occidental, sien- 
do indudable, s«gún opinión de algunos autores antiguos, 
que conocieron la existencia del archipiélBgo de Canarias, 
refiriéndolo así Aristóteles, en su obra Mirabilibus Auscul- 
tationibusy lib. II, cap. IV. Séneca, en sus Controversias, 
opina también que los Fenicios tuvieron algún conoci- 
miento de América, pues dice que **ellcs habían conocido 
unas tierras ignoradas que estaban situadas más allá de lo 
que fué la Atlántida." Diodoro de Sicilia, en su Bibliotheca 
Histórica, afirma igualmente que ** habiendo pasado las 
columnas de Hércules fueron llevados por fariosas tem* 
pestades hacia tierras muy distantes del Océano y que de- 
sembarcaron al lado opuesto de África, en una isla muy 
fértil, regada por ríos navegables." Esa pretendida isla 
pudo ser la América, atenta su situación geográfica con 
respecto de África. Pablo Félix de Cabrera, de Guatemalai 
se esfuerza en demostrar, fundado en inscripciones gerogUfi- 
cas mexicanas, que la primera inmigración de Fenicios en 
América tuvo lugar en la época de la primera guerra Púni- 
ca, (266 fíños antes de J. C). 

Cuanto á las guerras sostenidas por los Fenicios, como 
cruentas y continuas, al fin diezmaron stjs provincias. El 
rey Elulio scst«svo un sitio de cinco años contra Salmana- 
zar, rey de Asiría, sitio que ningún resultado produjo, por- 
que no pudo el invasor apoderarse de la ciudad marítima 
de Tiro. Nabucodonosor II, más afortunado que Salmana- 
zar, invadió la Fenicia, atacó á Tiro y la destruyó después 
de uñ sitio de trece añf s. Fué, también, sometida la Fenicia 
por Ciro, rey de Persia, que la conservó bajo su poder, has- 
ta que Alejandro el Grande, después de la batalla de Iso, la 
tomó al cabo de un larj^o sitio, y, como vencedor, hizo cru- 
cificar á dos mil de sus habitantes, con imp'acabh ñercf a. 



DE AMÉRICA 135 



¿No es presumible que en ese intervalo de guerras encar- 
nizadas algunas colonias de Fenicios, huyendo de tantos 
desastres, arribaran á las playas americanas, tanto más, 
que, debido al genio emprendedor de este pueblo, había es- 
tendido su navegación á las más apartadas regiones, lie 
vando con sus bajeles, sus costumbres, sus instituciones, sus 
artes, todos sus conocimientos, en fin? 

Se supone que 500 años antes de la era cristiana, les 
Cartagitíeses invadieron también el continente americano. 
La República de Cartago, fundada 878 años antes de J. C, 
fué una de las naciones más adelantadas de la antigüedad, 
llegando á ser dueña del mar durante más de seis siglos, y por 
ende, muy temida por su marina, muy poderosa por sus ejér- 
citos, muy opulenta por su riquísimo comercio. Es opinión 
de varios historiadores antiguos que los Cartagineses eñ la 
época de su grao poder en el mar, colonizaron las islas Ca- 
narias, de donde es probable pasarían á las Antillas, pues si 
hemos de dar crédito á la eutoridud de Aristóteles, ellos 
armaron numerosas galeras y navegaron desde las Colum- 
nas de Hércules h&sta una isla distante de la costa de Ber- 
beria, en la que se quedaron, arraigándose. Se supone que 
la referida isla sea la conocida de Santo Domingo, desde la 
cual, según otros autores antigües, pasarían á las de Cuba 
y algunas más délas Antilk'S, y de estas islas á la Tierra 
Firme de América, poblando sucesivamente Nombre de 
Dios, Panamá y el Perú. Es de presumir que los Cartagi- 
genescs se hubieran realmente aventurado á atravesar el 
auchuroso mar que divide el Antiguo Mundo del Nuevo, 
pues que ellos fueron los iniciadores en armar galeras de 
vela. La República africana de Cartago, para sostener su 
autonomía, tuvo que soportar largas luchas. Afortunada 
en un principio, con reiteradas invasiones completó la con- 
quista de la Sidlia. Mas, no pndiendo loa Romanos ver de 
buen grado d engrandecimiento de loa Cartagineses, abrie* 



136 ORIGEN DE LOS INDIOS 

ron la primera guerra Púnica £o pretexto de protejer á loi 
Mamertinos, gnerra que duró veintisiete años, terminando 
con la derrota de los Cartagineses en las islas Egusei. La 
segunda guerra Pánica (219 añcs antes de J. C), fué origi- 
nada por la ruina de Sagunto, aliada de Roma, poniendo á 
Roma al borde del abismo. Por fin, la tercera y última, 
circunscrita al asedio, toma é incendio de Cartago, duró 
sólo tres años, dando por resultado la reducción de su te- 
rritorio á provincia romana. 

Durante las guerras Púnicas, que fueron para los Car- 
tagineses tan desastresas, natural es suponer que ellos te- 
niendo conocimiento del Continente americano, (por haber 
anteriormente arribado á sus playas?, cuando esa República 
se encontraba en su apogeo marítimo), tratarían de refu- 
giarse nuevamente en este hemisferio que les brindaba la pas 
y quietud desaparecidas de su suelo. 

Hay también fundadas probabilidades de que partidas 
de Hebreos inmigraran á América. Los Hebreos, según sus 
auténticos textos, fueron víctimas de frecuentes guerras y 
luchas intestinas, hasta ofrecer al mundo entero el triste 
espectáculo de su destrucción y servidumbre. 

Las largas contiendas que los Hebreos sostuvieron du- 
rante dieziseis siglos, desde los tiempos patriarcales hasta 
la venida de Jesucristo, fueron: la batalla de Rafídin contra 
los Analecitas, en la que éstos fueron derrotados por Jo- 
sué; el castigo del pueblo hebreo, ordenado por Moisés, 
consistente en la inmolación de 23,000 hombres en un día; 
las tomas de las ciudadí s de Jericó y Hay por Josué; la ba- 
talla de Gabán contra los Cananeos; Ja batalla de los Ma- 
dianitai, ganada por Gedeón; el combate corstra los Amo- 
nitas y Filisteos, tras del cual fueron estos últimos venci- 
dos por Jefthé; la lucha contra Samsón, que produjo 4,000 
víctimas; el combate contra los Filisteos, durante el cual 
quedaron en el campo de batalla 30,000 hombres; el com. 



DE AMÉRICA 137 



bate contra los Amonitas, en el que éstos fueron vencidos 
por Samuel; el combate contra los Idumeos, Moabitas y 
Amonitas, que terminó con el triunfo de Samuel; el combate 
contra los Amalecitas, en el que 1,000 combatientes fueron 
pasados á cuchillo por orden de Saúl; el combate entre las 
íuer«as de David y Goliath, que dio como resultado la muer- 
te de este gigante con sus 10,000 Filisteos; la batalla de 
Gelboe, en la que fueron derrotados los Israelitas por los 
Filisteos; la encarnizada guerra civil entre las fuer«as de 
David y las de Isbcseth; la toma de Rabba por el ejército de 
Joab y Abisai, en la que todos los vencidos murieron en 
los mayores tormentes; la batalla de Efraim, en la cual 
fué derrotado Absolón; la guerra contra los Filisteos y 
Árabes, entrando estos últimos á saco en Jerusalem; el 
sitio de Jerusalem por Ha«ael, rey de Siria; la batalla 
contra los Idumeos, en que éstos fueron derrotados; las 
batallas libradas por Osías contra los Idumeos, Filisteos, 
Árabes y Amonitas, que fueron sucesivamente vencidos por 
este príncipe judie; las batallas libradas contra la Siria, ga- 
nada por Tegla-Falasar; las batallas entre las fuerzas de 
Ezequías y les Filisteos; el sitio de Jerusalem sostenido por 
Senaquerib, durante el cual murieron 185,000 hombres; las 
batallas sostenidas por Manases contra los Asidos; las 
sangrientas batallas de Majedo, entre las fuerzas de Josías 
y las del rey de Egipto, Ñecas, que terminó con la toma de 
Jerusalem por este último; la segunda toma de Jerusalem por 
Nabucodonosor IT, rey de Babilonia; el sitio de Bethuliaj 
la invasión de la Judea por Holofernes; el sitio de Babilonia 
por el ejército medo-persa mandado por Ciro; el largo cau- 
tiverio de los Judíos; la persecución de los Jadíos por Antio- 
co Epifanes, en la que fueron degollados 40,000 Israelitas; 
la sublevación délos Judíos á órdenes de Mathatías; las 
guerras entre las tropas de Judas Macabeo y las de los ge- 
nerales Apolonio, Serón, Lisias y otros, que terminaron con 
iaa victorias que éste obtuvo sobre loa generales sirios Ti» 



138 ORIGEN DE LOS INDIOS 

moteo y Nicanor; las victorias obtenidas por Jonathás so- 
bre los generales sirios Baquidis y Apolonio; los disturbios 
promovidos en la Jadea por los Fariseos, Sadacos y Eee- 
nianos; la victoria obtenida por Hircano sobre los Idumeos; 
la guerra sostenida por Alejandro Janeo con los Egipcios, 
en la que vencieron éstos; la intervención de los Romanos, 
que se apoderaron de Jerusaiem, pasando los Judíos á la 
dominación de éstos; el segundo asalto de Jerusalem por las 
legiones romanas mandadas por Herodes; la toma de Jeru- 
salem por Tito, en la que perecieron 1.300,000 Judíos; y por 
fin, la sublevación de loa Judíos encabezados por Barcoque- 
baf, en la que 500,000 Judíos fueron p&sados á cuchillo, y 
con cuya carnicería terminó la nacionalidad judía, á princi- 
pios de la era cristiana, esparciéndose por el Mundo los po- 
cos que sobrevivieron á esa massacre. 

Cansados los Hebreos de sufrir tantas luchas y del pro- 
longado yugo de los extranjeros que los tenían reducidos á 
la condición de esclavo?, es lógico creer que muchos de ellos 
se determinaran á abandonar su suelo natal para dirigir- 
se á regiones distantes ó apartadas, siendo probable que 
tina de esas regiones fuera, talvez, el suelo americano. 

Además, retrocediendo á época anterior y según el lib. 
IV de Esdras, las diez tribus que se perdieron en el cautive- 
rio de Salmanazar, rey de Asiría (721 años antes de la era 
cristiana), ^'pasaron á una región donde nunca habitó el 
Género Humano, para guardar siquiera allí su ley, la cual 
no habían guardado en su tierra; entraron por unas angos- 
turas del río Eufrates y llegaron á la región llamada Arsa- 
reth/' Gilberto Genebrardo, al interpretar lo dicho por 
Esdras, opina que Arsareth es la Tartaria j añade; ''Como 
si dijera Esdras, que pasado el río Eufrates vinieron á los 
desiertos de Tartaria, y de allí hacia la iala de Groenlandia, 
territorio de América/* El P. Maluenda, en su obra De 
AütiquitateSy cap. XXVHI, cree que Arsareth, donde Uega- 
iroD las diei tribual eip aqud promootono qtte está en la 



DE AMERICA 139 



última Escitia 6 Tartaria, del cual está dividida la América 
por sólo el Estrecho de Annian. Esta afirmación es apo* 
yada por varios autores antigaos, los que afirman gne es- 
tas diez tribus vinieron á poblar el Continente americano. 
Posteriormente, el rabbí Manassés Ben Israel, en su obra 
La Esperanza de Israel (Amstetáant 1650), trató también 
esta materia con alguna extensión, asegurando, que en lai 
cordilleras de la América Meridional vivía un número consi- 
derable de indios descendientes de Israelitas. Adair, que 
vivió cuarenta años entre los indios, observa en su History 
ofthe American Nations, pág. 15, que el origen de los indios 
es israelita, fundándose, principalmente, en los ritos de és- 
tos, que son cas? semejantes á los del pueblo hebreo. Tam- 
bién Heckewelder, Beltrani, Laet, Moraer, Bealty, Stanhop, 
Smith y otros autores, en sus respectivas obras, concuer- 
dan en la opinión de ser los indios descendientes de He- 
breos. El P. Fr. Juan de Torquemada, en su Monarquía 
Indiana, tom. I, lib. V, cap. II, y Jorge Jones en su volumi- 
nosa obra Identity ofthe aborigénes of America with thc 
people of Tyrus and Israel, se declaran también defeu sores 
de esta teoría. Lord Kingsborough, en su extensa obra, en 
nueve volúmenes, hace igualmente numerosas deducciones 
para probar la colonización de América por los Hebreos. 
Además, Gilberto Genebrardo, en el libro I de su Chronolo- 
gia, pág. 162, refiere que en una de las islas del archipiéla- 
go de las Azores, se encontraron sepulcros debajo de tierra, 
con inscripciones hebreas muy antiguas. 

Los autores citados que atribuyen una estirpe hebrea á 
las razas indianas de América, no están contextos siempre 
en lo tocante á la venida de los Israelitas al Nuevo Mundo, 
pues unos opinan que llegaron de Oriente á Occidente, esta- 
bleciéndose en el centro y sud de este Continente; pero la 
mayoría es de parecer que atravesaron la Persia, la fronte- 
ra de la China, y en seguida el estrecho de Aunian, en el 
Continente occidental. v 



140 ORIOEN Bíí LOS INDIOS 

La opinión emitida á este respecto por los autores anti- 
guos j modernos, nos induce á creer que, quizá, parte de 
los Americanos han procedido de los Hebreos de las die« 
tribns que se perdieron en el cantiverio de Salmanazar, las 
que probablemente se diriarirían á la Tartaria y de allí á la 
Mongolia, pasando en seguida por el reino de Annian, luego 
por el de Quivirá, poblando por fin México, y sucesivamente 
Panamá y el Perú. 

Hay fundamento para creer que algunas colonias de 
los Romanos emigraron al Nuevo Mundo, en época an- 
terior á la del Cristianismo. Los Romanos, desde la funda- 
ción de su capital (753 años antes de J. C.) hasta la deca- 
dencia y término total de su imperio (año 476 de la era 
cristiano), tuvieron que sostener numerosas sucesivas gue- 
rras externas y disturbios internos que diezmaron grande- 
mente sus provincias. 

Tanto durante la República, como durante el Imperio, 
las constantes luchas en que los Romanos estuvieron empe- 
ñados, dieron por resultado la conquista de casi todo el 
Mundo conocido por los antiguos: la España, la Galia, la 
Italia, la Bretaña, los países del Danubio y los situados 
sobre el mar Egeo y el mar Negro, como también la Asia 
Menor y la Siria, é igualmente el Egipto, la Libia, la Numi- 
dia y la Mauritania. Todas fstas naciones cayeron sucesi- 
vamente bajo el dominio de los Romanos. 

Durante la República, que abraza un período de cerca 
de cinco siglos, que puede calificarse de **época de las con- 
quistas," los Romanos, cual ningún otro pueblo, lucharon 
temeraria y heroicamente en sinnúmero de guerras y bata- 
llas, obteniendo siempre la victoria sobre las huestes ene- 
migas. Las principales de estas acciones militares fueron: 
las guerras contra los Tar quinos, Veyenses, Equos, Volscos, 
Samnitas y Latinos; la contra Pirro; las tres llamadas 
Fúnicasj la contra loi Cartagineses; las contra Filipo III 



DE AMáRlCA 141 



de Macedonia y Antioco III, de Siria; las de Yagarta y 
Marsica; la contra Mario, Sila, Mitridates y Sertorio; las 
de los Esclavos y contra los Piratas; la conspiración de Ca- 
tilina; la coñqnista de las Gaüas, por César, que dnró diez 
años y en la que el vencedor tomó ochocientas ciudades, 
sometió trescientos pueblos, derrotó 3.000,000 de enemi- 
gos y mató 1.000,000 en los campos de batalla; las gue- 
rras contra Pompeyo y los Triumviros; las batallas de Re- 
gila, de Filipo ydeAccio; las invasiones de los Galos, Cimbel 
y Teutones; la conquista de la Macedonia y Grecie; y, por 
fin, la sumisión de España. En todos estos hechos de ar- 
mas los Romanos desplegaron un valor extraordinario. 

Durante el Imperio, que abarca un espacio de tiempo de 
cerca de cuatro siglos, las legiones romanas se hicieron 
igualmente notables por su pericia y valor en los combates. 
Las principales acciones militares que tuvieron lugar en ese 
período, fueron: la invasión de los Partos, que terminó con 
la destrucción de Seleucia, donde fueron degollados 300,000 
habitantes; la sublevación de España; la batalla de Ve- 
driac y la de Cremona; la sublevación de los Bátavos; la 
guerra de exterminio de la Judea, en la que fué destruida 
Jerusalem (cumpliéndose la profecía de Jesucristo) y en la 
que murieron 1.500,000 israelitas; las luchas contra los 
Bretones y los Dacios; las tomas de Babilonia, Seleucia y 
Ctesifontc; la reducción de Armenia, Asiría y Mesopotamia; 
el sometimiento de la Arabia; la guerra contra los Marco- 
manes; las acciones contra Cizico, Nizzea é Iso; la guerra 
contra los Persas y la contra los Francos; las batallas de 
Yeroria y contra los bárbaros Godos y Alemanes; l&s re- 
vueltas de los Treinta Tiranos; la batalla de Naiso y la de 
Edesa; las luchas repetidas contra los Batavos, Alemanes, 
Moros y Persas, vencidos por Dioclesiano; la batalla de An- 
drinópolis, la de Calcedonia, la de Mursa y la de Aquilea; 
la guerra contra los Visigodos; las invasiones de los Ostro- 
godos, Fictos, Ecotos, Vándalos, Borgoñónes, Suecos y 



142 ORIOEH DE LOS INDIOS 

Alados; la terrible invasión de los Hunos; la toma y saqueo 
de Roma; la nueva guerra civil, en la que Roma fué saquea- 
da por tercera vez, y, por fin, la caída y disolución del gran 
Imperio Romano. 

Reconociéndose en los Romanos arraigadas tendencia! 
á las conquistas y un genio aguerrido, sacado de las luchas 
y los combates, qui«á al tener conocimiento de la existencia 
del Continente americano, se aveúturarían algunas colo- 
nias á atravesar los mares en busca de ese Nuevo Mundo. 
Y aunque algunos autores, entre ellos Lucas Marineo en su 
obra Rerum Hispanorum, lib. XIX, cap. XVI, afirma que 
los Romanos poblaron las ladias, fundándose en que los 
moradores de la Isla Atlántida les habían dado las noticias 
de este nuevo país, aquello debe considerarse como una 
quimera, porque dado el caso de que esa isla hubiera real- 
mente existido, su desaparición habría tenido lugar mu- 
chos siglos antes de la época de los Romanos. Algunos 
otros historiadores, que alegan que los Romanos poblaron 
algunos territorios de América, dicen que en la época del 
mayor apogeo del Imperio Romano, tuvieron noticia de la 
existencia del Nuevo Mundo y que poblaron sucf sivamente 
Iss islas de Barlovento, Tierra Firme, México, Perú y algu- 
nas otras comarcas. 

Réstanos indicar las batallas ó acciones bélicas habidas 
en otras nacionalidades de sfgundo orden, cuya política no 
dejó de influir grandemente, en épocas remotas, en los des- 
tinos del Antiguo Mundo. 

La Asirla soportó los siguientes flagelos: la invasión de 
los Árabes, cuya dominación duró tres siglos; las conquis- 
tas de la Armenia y la Media, hasta la Bactriana, llevada á 
cabo por Niño ó Ninus con su ejército de 2.000,000 de hom- 
bres; la expedición de la India por Semiramis (2034 años 
antes de J. C ), al frente de 3.000,000 de soldado^, con éxito 



DE AMÉRICA 143 



adverso para esta emperatriz; la sublevación y combatea de 
los Sátrapas; las conquistas de la Siria, Israel y Jada, las 
de Chipre, Armenia y parte de la Media por Sargónidas; la 
invasión de Egipto por Sennacherib; la toma de Nínive, y, 
en seguida, la de Babilonia; la conquista de la Fenicia, Siria 
y Judá, por Nabucodonosor; el combate contra los Medos; 
y el sitio y toma de Babilonia, por los Persas. 

Citaremos otros grupos de acciones de armas: 
La larga guerra á que tuvo que hacer frente la Lidia 
contra las colonias griegas del Asia Menor, apoderándose, 
á la postre, de Colofonte y de la Troade; la invasión de los 
Cimerianos; la conquista de Esmirna y la de Efeso, por Cre- 
so; la invasión de Ciro, rey de Persia, que terminó coü la 
derrota de Timbrea y el reyno de la Lidia. 

La sublevación de los Medos, que la Media sostuvo para 
sacudirse ^e la dominación de Nínive; la conquista de la 
Persia; el combate contra los Asirios, en que éstos quedaron 
vencedores, pero, á su vce, fueron vencidos por los Medos 
en otra batalla posterior; el sitio de Nínive é invasión de los 
Escitas; la toma de Nívive y el combate contra los Lidies. 

La Siria tuvo también que sostener luchas en defensa de 
su integridad, como: el combate contra los Hebreos, que sa- 
lieron vencidos; las victorias obtenidas por las tropas de 
Ben- Habad I y Ben- Abad II; la derrota de Ben-Abad III, 
que perdió las conquistas de sus antecesores; la toma de 
Damasco, por el rey de Asiría Teglath Falusar; el yugo de 
les Babilonios, Medos y Persas, que sufrió la Siria; y, últi- 
mámente, el yugo de Alejandro, que terminó con la autono- 
mía de la Siria. 

En fin, la Tartaria tuvo también sas días de gloria, pues 
sometió una parte de la Europa y de H Alia Menor, úomu 



Í44 ORIGEN DK LOS INDIOS 

nando unos y otros territorios durante veinte años; asimis- 
mo soatnvo lachas contra loa conquistadores Ciro, Dario y 
Alejandro, sin que éstos lograran someterla. 

Por las anteriores relaciones de las innumerables gue- 
rras y batallas de exterminio que diezmaron y arruinaron 
los diversos imperios y reinos del Antiguo Mundo, y ocasio- 
naron también la pérdida de la autonomía de algunos de 
ellos, hemos tratado de probar, á nuestro entender, que las 
inmigraciones venidas á América de los antiguos Continen- 
tes, después de la catástrofe del Diluvio Universal, fueron: 
de Asia, las de los Chinos, Mongoles y Hebreos; de África, 
las de los Egipcios, Fenicios y Cartagineses; y de Europa, 
las de los Griegos y Romanos; rasas que algunos historia- 
dores suponen ser los progenitores de los Indios americanos. 
Pero estas suposiciones no pasan de conjeturas, ciertas 6 
dudosas, fundadas ó aventuradas, porque el asunto perma- 
nece aún obscuro, apesar de haber sido tratado por muchos 
hombres científicos deade hace máa de cuatro siglos— tiem- 
po trascurrido desde el descubrimiento del Nuevo Mundo 
por Cristóbal Colón— sin que hasta ahora se haya llegado 
á pronunciar la última, definitiva palabra. 

efe 

Emitiremos, eñ seguida, algunas otras apreciaciones. 

No hay duda que las grandes diferencias que presentan 
las diversas agrupaciones indígenas, son el resultado de 
numerosos y diversos cruzamientos. La e^cistencia en mu- 
chas partes de América, de ruinas que denuncian una 
civilización avanzada, y que los Indios que habitan este 
Continente no tienen ningún recuerdo, c« prueba bastante 
para testificar que hombre)! civilizados se introdujeron en 
América desde tiempo inmemorial, encontrando aquí una ó 
Yarias razas menos aptas á la civilización, las que en parte 
sometieron á bu poder y se mezclaron con eUa9. 



Í)E AMÉRICA Í45 



Si se trata de averiguar á cuál raza pertenecían aquellos 
hombres civiliíados, bien se puede conocer que los Indios 
de América se acercan más, en general, á la raza amarilla 
que á la blanca y la negra; á lo mencs, esta es la opinión 
de Topinard, que en su Antropología observa que "el Ame- 
ricano tiene en su conjunto muchos puntes de contacto con 
el tipo de la raza amarilla, relativo á caracteres de primer 
orden." Sin embargo, la forma de les Indios del nordeste, 
sus ritos, ceremonias, costumbres y otras particularidades, 
han hecho suponer también que entre sus antepasados con- 
taban hombres blancos; suposición que parece tanto más 
admisible, por haberse probado que los Escandinavos (sin 
remontarnos á épocas más lejanas), tuvieron relaciones con 
la América del Norte desde el siglo x de la era cristiana. 

Debemos recordar, á este respecto, la debatida cuestión 
iniciada por algunos etnógrafos y antropólogos, tocante á 
que, según pretenden, los primitivos habitantes de América 
habían pertenecido á la raza blanca. Si frente á este su- 
puesto presentamos la tradición que prevalece entre los In- 
dios del sud de Colorado, de Nuevo México y Arizona, no 
hay duda que una raza antiquísima de hombres blancos, su- 
periores á eilop, habrías sido sus antepasados (1). Dicha tra- 



(1) Estos indios, que son los Apaches, Navajos, Zunis, Moquis y otros de 
las comarcas indicadas, conservaban, en tiempo de la conquista española, 
la tradición de haber habido entre sus antecesores, grandes tribus de hom- 
bres blancos, superiores á ellos en civilización. "Hace muchas, muchísimas 
vides, decían, vivía en este país una raza blanca muy numerosa y muy be- 
licosa: hacían expediciones lejanas, conquistaban muchas tribus y traían 
muchos esclavos: de éstos procedemos nosotros los Apaches. Los esclavos 
eran los que excavaban las ciudades subterráneas y cultivaban el maiz. 
Llegó un tiempo en que los blancos se vieron empeñados en una guerra muy 
lejos, en el norte, y unos tras otros, todos los guerreros tuvieron que mar- 
char á la pelea; quedaron sólo las mujeres, los ancianos y los niños. En- 
tonces los esclavos vieron que era llegada la hora de recobrar su libertad: 
Cüncertaron todos, y Qn un día determinado se alzaron, destruyeron cu^uU) 
19 



146 ORIGEN DH LOS INDIOS 

dición— para mejor explicarla— se relaciona con el hecho si- 
guiente: Un cazítdor llamado John Teix, de Nuevo México, 
ha descubierto últimamente, en la cueva de un barranco de 
Río Grande del Norte, cerca de las llanuras de San Agustín, 
en el Condado de Socorro, la momia de un hombre de mu- 
chos siglos de existencia, perteneciente á la raza blanca: ex- 
cabando el suelo de dicha cueva, encontró un lecho de ce- 
mento; perforando aquel, halló una capa de huesos huma- 
nos, trozos de armas y utensilios de una época remotísima; 
debajo de esta capa halló otro lecho de cemento; luego otro 
estrato de residuos heterogéneos; en fin, una tercera capa 
de cemento; debajo de ésta, protejida por una obra de alfa- 
rería, una momia sentada, de raza blanca, de más de seis 
pies de estatura, de pelo rojo y abundante, envuelta en tres 
mantas y con los brazos cruzados sobre el pecho. En vista 
de este hallazgo, ¿sería verdaderamente fundada la existen- 
cia de una raza blanca aborígene de las comarcas de Améri- 
ca y probatoria de que los Españoles de los siglos xy y xvi 
encontraron éstas ya pobladas de habitantes de raza roja? 

Pero esto, se objetará, es un caso aislado que si per- 
mite suponer que en tiempos remotos existiera en América 
una raza de hombres superiores en casta é inteligencia, ello 
no prueba plenamente que los primitivos pobladores de este 
Continente pertenecieran á ia raza blanca. 

Empero, el sabio barón Alejandro de Humboldt opina 
que, eñ tiempos lejanos, les pobladores de toda la América 
fueron de raza blanca, y á este respecto dice: ''Hombres 



«e oponía á su indepeiideiicía y huyeron liacla el sud, ocultándose eri las fra- 
gosidades de la Sierra Madre. Allí formaron pueblo, vivieron largo tiem- 
po generaciones tras generaciones, hasta que otros hombres blancos, los 
Españoles, vinieron de tierra más al sud todavía, hicieron la guerra á 
nuestros antepasados y los vencieron. Además, laijzaron contra ellos otraa 
tribuí' de indios, y después de porfiadas luchas, los Apaches y tribus cong6 
leirw iviYÍerQi\ que *núgxí\r hacia Arizona y Nuevo México," 



D« AMÉRICA 147 



blancos, barbudos y de mejor complexión que los naturales 
de Anahuac, Cundinamarca y Cuzco, aparecidos sin ningu- 
na indicación del lugar de su ne cimiento, no pudieron me- 
nos de ser sacerdotes, legisladores, amigoe de ia paz y de 
las artes, y de operar un cambio repentino en la política del 
país, por cuyo poderoso motivo les recibieron con venera- 
ción. Así, Quetzaltoal, Bochica y Manco- Cá pace son los sa- 
grados nombres de estos misteriosos sacerdotes." 

Admitiendo ahora la opinión emitida por otros etnó- 
grafcs tocante á la raza roja originaria df América, habría 
que convenir en que ella fuera descendiente de alguna raza 
prehistórica perteneciente á una ó varias razas inferiores y 
diferentes de aquellas que existen ahoia en las demás par- 
tes de la Tierra, cuyos tipos, á su vez, habrían tenido, tam- 
bién, gran tendencia á modificarse con el contacto de otras 
razas superiores. 

Ambas hipótesis son admisibles, pero es lo cierto, que 
sólo descansan sobre conjetures, como se ve, meramente 
probables y de ninguna manera evidentes ni efectivas, por- 
que no existe fuente de información que acredite la realidad 
de esos hechos, los cuales, por lo dem^s, se pierden en la 
obscuridad deles tiempos lejanos en que se s apone ocu- 
rrieron. 

Cuanto á la dificultad de inquirir las épocas fijas en que 
las diversas inmigraciones llegaron al Continente americano, 
la generalidad de los etnógrafos juzgan, como se ha dicho, 
que fné habitado desde remota antigüe iad. Si suponemos 
que los pueblos del Asia Menor, que es la cuna del Género 
Humano, fueron los primeros que les playas del Nuevo 
Mundo pisaron, su contacto con este Continente pudo ha- 
ber tenido lugar durante la época Cuaternaria, porque la 
identidad de las hachas y otros utensilios de piedra tosca y 
pulimentada encontrados en ambcs Mundos, induce á 



148 ORIGEN DE LOS INDIOS 

creer que la iamigracsón principal del Asia Menor se produjo 
en la época anterior al Período Neolítico. Y al atenernos á 
loa historiadores antiguos, los pueblos del Asia Mayor 6 del 
Extremo Oriente habían aportado á las* playas americanas 
siete siglos despuéa que los del Asia Menor. Ambas hipóte- 
■is, de suyo problemáticas, admiten únicamente que los 
aborígenes americanos fueron encastados con razas diver- 
sas, venidas, primero, de Asia, y después, de Europa y de 
África^ 

Respecto de la otra dificultad, de inquirir también por 
dónde pasaron los primeros pobladores de América, varios 
autores presumen que por dos grandes caminos. Si admiti- 
mos con Gomara y otros historiadores, que en tiempos re- 
motos hubo comunicación por tierra unida entre la África 
ó la Europa y la América, mediante la Atlántida, sería in- 
dudable que por esa ruta vinieran al que es hoy el Nuevo 
Continente, en primer lua^ar, los Egipcios, Fenicios y Carta- 
gineses (de África), y también los Griegos (de Europa). 

Cuanto á los pueblos asiáticos, tales como los Hebreos, 
Chines, Mongoles y demás, últimamente ha surgido una 
nueva hipótesis sobre la base de una expedición de sabios 
ingleses, que salió de Inglaterra á fines del año 1911, con el 
objeto de estudiar el problema de los gigantescos restos 
prehistóricos de la Isla de Pascuas; expedición que, á su 
vez, ha planteado la fórmula de ser esa Isla el último pi- 
náculo de un continente sumergido, que ocupaba la mayor 
parte del que es hoy Océano Pacífico, y que unía, talver, la 
Asia con la América (1). Admitiendo esa nueva hipótesis 



(1) Otros autores modernos apoyan esa misma hipótesis. Re.^inal 
Enock, en su libro intitulado The secret oftbe Páciñc, opina que «los asiáti- 
cos prehistóricos llegaron hasta el Contineatc americano por sobre una tie- 
rra que después desapareció bajo las aguas del Pacífico.» Sayas Enrique» 
dice textualmente: «Cada vez estoy más conyencido deque la Pacífida (nom- 
bre que ü dá al Continente desaparecido en el Océano Pacífico) fué el puente 



DE AMÉRICA 149 



que no pasa de una presunción problemática, factible sería 
que por esa misma ruta, 6 por la del corto estrecho de An- 
uían, 6 también por la cadena de las islas Aleutianas, hu- 
bieran podido esos pueblos asiáticos arribar á las playas 
de América. 

Estas son las grandes rutas que se cot?sideran más pro- 
bables pata haber servido de curso á aquellas primeras ex- 
pediciones que el suelo americano poblaron. No obstante, 
para aclarar en lo posible este punto, vamos á exponer las 
opiniones que al respecto opinan algunos otros publicistas. 

Citaremos entre éstos, primero, á Hugo de Grocio, que en 
su obra titulada Disertatio de Origine gentiutn Americana- 
ram, asienta: *'los primeros habitantes (post-diluvianos) de 
la América Septentrional han venido de Noruega; los de Yu- 
catán, de la Etiopia; los del Perú, de la India y de la China; 
7 aquellos que son más al sud hasta el Estrecho de Magalla- 
nes, han venido del oriente por las tierras australes." Y agre- 
ga: *' Es un hecho evidente, que tanto de Earopa por la Groen- 
landia, cuanto de Asía por algún estrecho de poca exten- 
sión, se ha podido pasar á América: también se ha podido 
pasar á este Continente por el Estrecho de Magallanes, que 
sólo tiene dos ó tres leguas de largo, ó por el de Le Maire, 
más al Sud, suponiendo que esa tierra austral haya sido 
habitada." 

El Dr. Pickering, en su obra Races oíMen, pág. 299, 
observa que "existen dos vías por las cuales los inmigran- 
tes á las Indias Occidentales ganaron los confines del Océa- 



quc unió el Antiguo Mundo (Asia) con el Nuevo (América), r de que las ra- 
zas que poblaron loque he llamado Región ístmica, en la que conglobo Gua- 
temala, Honduras, Chiapas, Campeche y Yucatán, vinieron del Sud y no 
del Norte, como se afanan en repetirlo inconcientemente los arqueólos y et- 
nólogos. Pero como esta hipótesis no está aún plenamente confirmada, 
hay que dejarla en cuarentena, hasta que su aserto sea reconocido como 
cierto, evidente é innegable.» 



150 ORIGEN DE LOS ÍNBIO» 

ílo Pacífico: la una es por la Micronesia (una de las cuatro 
grandes dimisiones de la Oceanía, entre la Polinesia al este, 
la Melanesia al sud y la Malesia al oeste; sus principales gru- 
pos 6 archipiélagos son las Marianas, las Carolinas, Marshal 
y Gilbert); la otra es por los archipiélagos de la Papuasia 
(6 Nueva Guinea, grupo de dos grandes islas de la Oceanía, 
en la Melanesia, al norte de la Australia)." 

El Dr. Hyde Clarke, en su obra Researches in prehistoric 
and protohistoríc comparative philology, in conncction 
with the origen oí culture in America^ pág. 41, opina que 
'*en atención á las condiciones geográficas, es probable que 
los inmigrantes á las Indias Occidentales hayan tomado 
dos rutas: la una, por las corrientes y las islas del norte; la 
otra, por las corrientes y las isUs del sud." En otro lugar, 
pág. 19, opina el mismo autor: "Se puede colegir que las 
primeras inmigraciones (las de las razas Caribes) han pasa- 
do por el Estrecho de Berhing, y las últimas (las de la raza 
Súmera) han pasado por el Pacífico y la isla de Pascuas." 
Más adelante, págs. 19-20, intenta establecer, por aproxi- 
mación, la cronología de las inmigraciones á América, di- 
ciendo: "Hace tres mil años que la raza Súmera chocó en 
Asia contra la raza Semítica; sietecientos años más tarde 

este choque habría tenido lugar contra la raza Ariana 

Si el establecimiento de los Súmeros en Babilonia remonta 
á cuatro mil años (véase la cronología de la Biblia por Bun- 
sen) (1), lu establecimiento en la India habría sido en esa 



(1) Los Someros ó Sumeres, uno de los pueblos presemitas, se mezcla- 
ron con los Accadios, pueblo Turanio que era, desde el punto de vista an- 
tropológico (ó fisiológico), una mezcla de dos razas, blanca y amarilla. 
Más tarde, de la mezcla de los Súmeros con los Accadios, resultaron la for- 
mación de la nación Susiana y del reino de Elam, al oeste del Tigris, y al 
oeste de este río, la nación Caldea, que con varios otros pueblos semíti- 
cos, componía el gran imperio de Babilonia, remontado á cosa de 5,000 
j^ños antes de la era cristiana. Los Súmeros como los Caldeos, usaban U 



DB AMÉRICA 15Í 



misma época, en el supuesto de que las dos inmigraciones 
hayan tenido un mismo punto de partida en el Alto Asia, lo 
que parece indicar la división en Súmero oriental y eñ Sú- 
mero occidental. La ocupación de Indo-China tuvo lugar 
en seguida, luego la de Java y la de las islas," 

El hecho probable, á juicio de los diversos autores ya 
citados, es que se debe admitir, en atención á las divergen- 
cias lingüísticas, que América ha sido poblada desde una 
época antiquísima, suponiendo que el contacto de la Asia 
con este Continente, debió tener lugar durante la época del 
progreso humano caracterizado por el empleo del bronce, á 
la vez que la ignorancia del uso del hierro. De la identidad 
de los utensilios de piedra pulida encontrados en ambas 
secciones del Continente americano, se puede inferir que la 
inmigración principal se produjo en la época en que la Asia 
no había aún sobrepasado el Período Neolítico. De allí, que 
esos autores resamen su opinión con las siguientes conclu- 
siones: 1* Los Americanos, á excepción de las razas esqui- 
mal y mongólica, habitaron el Nuevo Mundo durante uú 
lapso bastante largo para cimentar allí varias lenguas y 



escritura cuneiforme derivada de la primitiva escritura geroglífica, y les 
servía, como hoy nos sirve la nuestra, para emitir sus ideas, redactar su 
historia sobre los muros de sus monumentos, sobre grandes laiflrillos de 
tierra cocida y sobre lápidas de piedra negra, escritura que desapareció, 
por completo, el año 2,000 antes de nuestra era, con la invasión y conquis- 
ta semítica; legando, empero, á los Asirios, á los Fenicios y especialmente 
é los Judíos, tradiciones copiosas que desarrollaron la literatura de estos 
pueblos. De estas tradiciones, los Judíos copiaron y redactaron la cosmo- 
gonía ó génesis del Universo; la formación del Género Humano; la ingrati- 
tud de los hombres al corromperse y volverse malos; la cólera del Omnipo- 
tente, que;;destruyó todo lo que había criado, y, como resultado de la ira 
divina, el gran cataclismo del Diluvio Universal; el arca salvador, para que 
no se extinguieran las especies buenas; la construcción de la Torre de Ba- 
bel, muestra del orgullo de los hombres, y, consiguientemente, la confusión 
tic Us lenguas; y, por fin, la fundación déla primer» 4inftiü'a iJibUónig^í 



152 ORIGEN DE LOS INDIOS 

una civiliíación particular. 2* Por intervalos de tiempo, 
nueves inmigrantes vinieron de Asia, probablemente por 
mar, trayendo consigo el conocimiento de las artes y cien- 
cias que constituían la civilización de le s pueblos de aquella 
parte del Mundo. 3* No hay prueba alguna que ks tres 
civilizaciones de México, Centro América y Perú se hubie- 
ran presto en contacto con la civilización del Mundo Anti- 
guo, con posterioridad á la Edad de Bronce. Y 4* La co- 
rriente de las inmigraciones se dirigió generalmente de la 
Asia á la América, y en esta última parte la marcha de 
las tribus se efectuó, las más veces, del norte al sud. 

Estas conclusiones nos traen nuevamente á la teoría 
que venimos sustentando, de que les primitivos habitantes 
de América son de reza autóctona. 

Bastando al respecto las opiniones de les autores cita- 
dos anteriormente, réstanos agregar, que estamos en vís- 
peras de importantes descubrimientos en el campo de la ar- 
queología americana, pues los científicos trabajos iniciados 
ya en este sentido por los sabios exploradores Humboldt, 
Waldeck, Brasseur de Bourbourg, Stephens, Wilson,School- 
craft, Bollaert, Bicgham y otros, no han sido estériles; ni 
las investigaciones filológicas de los lingüistas Latham, 
Gallatin y Clark, tampoco han sido infructuosas. 

rife 

Haciendo, ahora, abstracción de Ios-juicios asentados 
sobre los primeros habitantes postdiluvianos de América, 
nos concretáremos á escudriñar les hechos que son rrás fon- 
dados y apoyados en documentos fehacientes. 

De las remotas edades prehistóricas y de aquíllas que 
siguieron á éstas hasta cerca de la Era Cristiana, no existe, 
como lo hemos dic^ho ya, ninguna fuente de información so- 
bre los primeros habitantes del Continente americano» pues 
cuanto han supuesto los escritores á este respecto, no paaa 



DE AMÉRICA l53 



de ser merai conjeturas: la historia de esaa épocas se ha 
perdido con el trascurso de los siglos, y todo queda envuel- 
to en la obscuridad y el misterio insondable del tiempo. 

El hecho más antiguo que encontramot» sobre la llegada 
de hombres del Viejo Mundo al Continente del Nuevo, data 
de cuatro siglos antes de la era cristiana. Últimamente, á 
principios del siglo xix, un labriego del pueblo de Dolores, 
situado á des leguas de la ciudad de Montevideo, hiso, de 
un modo casual, un descubrimiento de objetos antiguos de 
la época del conquistador Alejandro el Magno, rey de Ma- 
cedonia: efectuando una excavación para trasplantar un ar- 
busto, encontró una piedra sepulcral con inscripciones deit- 
conocidas para él, y al alear esa piedra, vio que ella cubrfa 
una bóveda de ladrillos que contenia dos espadas, un casco 
y un broquel muy oxidados, y también una gran ánfora. 
Tratando de descifrar la inscripción incompleta de esta píe* 
dra y los vestigios que ella cubría, un sabio llegó á leer las 
siguientes palabras: Alejandro, hijo díc Filipo» fük rey 
ijb Macedonia, allá en la sexagésima olimpiada de Pto- 
LOMEO (falta lo que sigue). Sobre los puños de las espa- 
das se hallaba grabado un retrato al parecer de Alejandro, 
y sobre el casco se veía cincelado á Aquiles arrastrando el ca- 
dáver de Héctor, al rededor de los muros de Troya. ¿Débe- 
se conjeturar de allí, que algunos contemporáneos de Aris- 
tóteles ó de Arquímedes hubieran hollado el suelo que es hoy 
del Uruguay? En este caso, algunos subditos de Ptolomeo 
Sóter ó de su hijo Ptolomeo-Filadelfo habrían sido lleva- 
dos, por una tempestad, al medio del Océano y arrojados 
sobre las costas uruguayas. Admitiendo esta conjetura, 
sería probable que hubieran sido subditos de Ptolomeo-Fi- 
ladelfo, porque el padre de éste empleó sus navios en la con- 
quista de la Asia Menor, la Grecia, la Fenicia y las islas de 
Chipre y Salamina, mientras que Ptolomeo-Filadelfo las 
ocupó en hacer viajes de descubrimientos, siendo posible que 

JO 



154 ORIGEN DE LOS ÍNDIOS 

en tina de esas correrías marítimas algnnos bajeles faeran 
arrastrados á playas desconocidas entonces. 

Casi en la misma época (siglo iy antes de la era vnlgar 
6 durante la República Romana), parece Que una expedi- 
ción arribó á las playas de América, pues, como lo hemos 
dicho antes, en las ruinas de Fetén, en Centro América, se 
encontró ahora años, monedas del tiempo de los Romanos 
j herraduras de caballos de mayor alzada que los comunes, 
objetos que se hallan depositados en el Museo de Guate- 
mala. 

Marineo, en su obra Reruin Hispanorum, lib. XXIX, 
cap. XXVI, refiere que *'en cierta parte de Tierra Firme de 
América, donde era Obispo Fr. Juan Quevedo, de la Orden 
de San Francisco, hallaron unos hombres mineros, estando 
cabando y desmontando una miña de oro, una moneda con 
la imagen y nombre de César Augusto (que gobernó el Im- 
perio Romano un siglo antes de la era vulgar), la cual, ha- 
biendo venido á manos de D. Juan Rufo, Arzobispo consen- 
tino, la envió como cosa admirable al Sumo Pontífice." 

Bl P. Fr. Gregorio García, en su obra ya citada, pág. 
174, en apoyo de lo referido por Marineo, dice también que 
*'en la Imperial, ciudad del reino de Chile, se hallaron meda- 
llas con águilas de dos cabezas, timbre del Imperio Romano, 
las cuales fueron siempre insignias que usaron en sus ejérci- 
tos, j poc ellas se entendían sus legiones, y se llamaban 
triunfadoras, cifrando en su nombre el poder y la gloria del 
Imperio." 

Si estos objetos, que datan unos de la época de Alejan- 
dro y otros de la de César, han sido encontrados, los prime- 
ros en un extremo, y los segundos en otro extremo de la 
América española, quizá podría colegirse que este territorio 
hubiera sido ocupado por los Griegos y los Romanos, du- 
rante más de dos siglos, ó sea, desde el reinado de Alejan- 
dro (300 años antes de la era cristiana) hasta el de César 
(),0P A^QB ante» de la miima era). Y también podrfaep io« 



t>K Auémck 155 



ferir, talve», que esos Griegos y Romanos fueron los hom- 
bres de raza blanca que algunos etnógrafos suponen hayan 
úáo los primeros habitadores de América. 

Avanzando algunos siglos, ó sea, á fines del Y de la era 
cristiana, una inmigración de Mongoles atravesó el Pacífi- 
co, desbordándose sobre las playas de México: este hecho 
no sólo se ha trasmitido por tradiciones populares, sino que 
se ha confirmado últimamente, como lo hemos dicho antes, 
con motivo de la guerra que la China sostuvo en 1900 
contra los aliados Europeos, pues al ocupar estos últimos la 
capital de Pekín, descubrieron en los antiguos archivos de 
de aquella capital, documentos que comprueban, con toda 
evidencia, que los Mongoles desembarcaron en el Continen- 
te americano en el año 499, es decir, 993 añcs antes que 
Colón. En dichos documentos se asevera que '^cruzaron el 
Pacífico y desembarcaron en las playas de México, en la 
parte opuesta á Yucatán, y allí levantaron templos." Y 
este hecho parece algo verosímil, si se toma en cuenta que, 
hace tiempo, se encontró en las ruinas de los templos descu- 
biertos en el Estado de Sonora, en la costa del Pacífico, una 
piedra, con caracteres chinos, que indican que los Mongoles 
habían visitado el Continente hacía muchísimos años. 

Parece también evidente que en el siglo vi, según tradi- 
ción de aquella época, los Hileriones, Gutos, Siuones y Si- 
tones, piratas escandinavos de la gran isla situada al nor- 
te dé Europa, cruzaron el Atlántico y desembarcaron en las 
playas septentrionales del Hemisferio Americano (hoy Es- 
tados Unidos de la América del Norte), quedándose algunos 
allí y cruzando otros todo aquel territorio hasta llegar á la 
meseta de Anahuac: estos últimos se establecieron en esa 
comarca, uniéndose con los Mongoles, y formándose de la 
mezcla de ambas razas, las aguerridas tribus conocidas con 
los nombres de Toltecos, Chichimecos, Nualtecas y Aztecas. 

El historiador sueco, Mr. Folsom, encontró en algunas 
rocas situadas en el distrito de Assoüett, cerca del río Taua- 



1$^ ORIGEN DE LOS INDIOS 

ton, en el Estado de Massachussets, algacas inicrípcioncs 
trazadas con caracteres escandinavos (rúnicos), contenien- 
do los nombres de guerreros Islandeses y Noruegos que 
habían formado su campamento en esa región; pero aunque 
estas inscripciones no llevan fecha alguna, la forma de sus 
caracteres prueba incontestablemente, según lo asevera Mr. 
Folsom, que ellos remontan á una época que aproxi- 
madamente se puede referir al siglo x. Mr. Folsom, para 
esclarecer esta cuestión, fué á Islandia, donde obtuvo va- 
rios manuscritos del dicho siglo, en les que constaba que 
dos navegantes Islandeses, Bjarne Hsrjulfson y Leif Erickson, 
habían sido unos de los primeros descubridores de América, 
á fines de ese siglo, el primero, y á principios del siglo xi, el 
segundo, manuscritos que encierran una descripción de los 
des cabos llamados God y Santa Marta, conocidos hoy por 
Nueva-Bretaña y Nueva-Escosia, y de algunas otras islas 
de la*bahía de Narragañssett, en las que estos navegantes 
y compañeros de viaje habían residido cerca de tres* años. 
Empero, Mr. Folsom ño se dio por satisfecho y quiso cons 
tatar la existencia de las antiguas relaciones entre el Nuevo 
Mundo y el Antiguo, y se dirigió á América. Allí encontró, 
como se ha dicho, sobre rocas del distrito de Assonett, las 
inscripciones trazadas con caracteres escandinavos á que 
hemos hecho referencia. 

Posteriormente, según antiguos manuscritos escandina- 
vos dejados en el siglo xti por el Obispo islandés Thorlak 
Runolfaon (1), sobre los primeros viajes de los Escandina- 
vos al Continente americano, y encontrados en Copenha- 
gue, en 1838, por Carlos Christian Rafn, Secretario de la 
Sociedad de Anticuarios de eba ciudad, y descritos por él en 
los Antiquitates Amerícan¿Cf los Suecos, los Noruegos y los 



(1) Este Obispo fué el autor del más antiguo Derecho Eclesiástico de 



DB AMÉRICA 157 



Dinamarqueses, que son los que siempre se han distinguido 
por la audacia de sus excursiones marítimas, emprendieron 
viajes á la América en el trascurso de les siglos ix, x, xi y xii, 
y cita los siguientes: 

1^ El de Gunnbjoern, que el año 876 descubrió la Groen- 
landia (más de 600 años antes que Cristóbal Colón descu- 
briera la América), vasta comarca de la América Septen- 
trional, situada á los Té*^ de latitud norte y entre los 14° y 
74° de longitud oeste (1), ignorándose, entonces, que for- 
mara parte del Nuevo Mundo. 

2* Él del Islandés Schnaebjorngalti, que desde el año 
970 al de 980 permaneció en Groenlandia. 

3" El de Eirickhinn Raudi (Erick el Rojo), descendiente 
de una noble estirpe de Islandia, (que fué desterrado por 
tres años de su patria á causa de un homicidio), decidió, en 
el año 982 ó 983, establecerse en Groenlandia, que había 
divisado Gunnbjoern, y en cuyo territorio encontró vivien- 
das, restos de embarcaciones y herramientas de pedernal, lo 
que prueba que esos lugares habían sido habitados desde 
más de cien anos antes. Erick el Rojo volvió á Islandia cum- 
plidos les tres añoi de su condena, pero en 986 regresó á 
Groenlandia con 35 buques, de los cuales sólo 14 llegaron á 
aquel país, pues de los demás, unos se fueron á pique y 



(1) La Groenlandia 6 Tierra Helada, cuya superficie se calcula en más 
de 70,000 leguas cuadradas, presenta el aspecto más imponente: su clima 
es sumamente frío y el invierno dura allí ocho meses, en los cuales llega á 
congelarse el mercurio; en verano, que dura Lan sólo cuatro meses, el ter- 
mómetro Kéaumur sube á 24^. El sol desaparece completamente del hori- 
íonte, A fincr. de Noviembre, y no vuelve á verse hasta mediados de Enero, 
interrumpiendo sólo tan larga noche, la viva luz de las auroras boreales. 
Los naturales de Groenlandia son Esquimales que viren en una completa 
independencia, diseminados por las costas de ese territorio. El interior de 
este país es totalmente desconocido, pues es inhabitable, porque el frío tan 
intenso que existe constantemente en sus parages, motiva el que éstos no 
ofrezcan ningtrn abrigo al kojnbrc. 



158 ORIGBN DB LOS IHDIOS 

otros, regrcBaron á las costas islándicas. Erick el Rojo fijó 
definitivamente sa residencia en Brattalid del Ericsfiord, 
fundando allí colonias islandesas que aumentaban por mo- 
do notable y estableciendo el cristianismo: en 999 llegó á 
sus playas el primer misionero procedente de Islandia, con- 
dacido por Leif, hijo de Erick. Entre las muchas personas 
que acompañaban á Erick el Rojo, en ese segundo viaje, iba 
Heriulf, (bisnieto de Ingolf, primer colono de Islandia) quien 
se estableció en Heriulfsnes, parte meridional de la Groen- 
landia, donde lo alcanzó su hijo Biarde, después de una na- 
vegación llena de penalidades y aoíobras. 

4' El de Are Marseü de Reykjanes, que en el año 983 
llegó también á Groenlandia, estableciéndose con sus com- 
pañeros eñ una comarca que denominaron Huitramanna- 
land y que se extendía á lo largo de la bahía de Chesapeak 
hasta más allá de la Carolina; permaneciendo en tal co- 
marca, porque los Esquimales, vecinos de ella, les impidie- 
fon el regreso á su patria. Este hecho ha sido conservado 
por tradiciones entre los mismos Esquimales, que á la tie- 
rra de Huitramannaland llamaban cpaís de hombres blan- 
cos,» por el vestido que éstos llevaban, infiriendo, con su 
criterio razonable, que, por sus procesiones, cantos, estan- 
dartes, pertenecían á una comunidad católica. (1) 

5* El de Bjarne Herjulfson, que en el año 986 (el mis- 
mo año que Erick el Rojo emprendió su segundo viaje á 
Groenlandia) descubrió los territorios conocidos actual- 



(1) Por las tradiciones de Finlandia (hoy Estados de Nueva York y 
Pensilvania) se conserva también recuerdos de colonias islandesas que ri- 
TÍan en la misma región de Huitramannalaudia, y cuyos colonos vestían 
de blanco, cantaban y rezaban en alta voz, creyéndose, por esto, que eran 
frailes que en el año 983 habían ido á esas comarcas con Are Marsen Re_vk- 
janes, siendo muy atendidos y considerados por los indígenas del lugar, 
quienes prohibiéronles terminantemente abandonar el paíe. 



hn AMÉRICA 159 



mente por Nueva Bretaña, Nuera Escocia y Nueva Finlan- 
dia ó Terranova (1). 

6' El de Bjoern Asbrandson, que en el año 999 llegó, 
asimismo, á Groenlandia, á consecuencia de un violento 
huracán que le hÍ20 perder el rumbo de su navegación, arro- 
jándolo á una costa desconocida para él, y cuyos indígenas 
lo prendieron inmediatamente al desembarcar; acudiendo 
luego una procesión de hombres vestidos de blanco, prece- 
didos de un estandarte y dirigidos por un venerable anciano 
á caballo, el que, dirigiéndole la palabra en lengua islande- 
sa, le preguntó quién era y de dónde venía; y contestándo- 
le Bjoern Asbrandson ser natural de Islandia, el anciano 
dióles libertad, á él y á sus compañeros, no sin aconsejarles 
que se alejaran, cuanto antes, de tan inhospitalario país. 
El sitio donde Bjoern Asbrandson desembarcó, no fué otro 
que Huitramannaland, y los hombres blancos, Are Marsen 
dé Reykjanes y sus compañeros, que diezisiete años antes 
se vieron obligados por los Esquimales á permanecer en la 
expresada comarca. 

7* El de Leif Erickson (2), hijo mayor de Erick el Rojo, 
que en el año 1000 realizó un viaje de Groenlandia hasta 
una costa que denominó Helluland (conocida hoj por New- 
Foundland); después siguió navegando al medio día y arri- 
bó á otra costa que nombró Markland (actualmente Nevv- 
Scotland, New-Brunswich y Canadá); en seguida llegó á un 
litoral muy ameno, entre el Cabo-Sable y Cabo-Code, al 
que dio el nombre de Yinland, por haber hallado en él uvas 
silvestres en abundancia (3). 



(1) Bate Bjaroe Ilerjitlfson es el mismo citaido pot Mr. Folsoitu 

(2) Este Leif Erikson es, tain])iéü, al que se refiere M. Folsom. 

(3) El 4 de Julio de 1876, uua comisión de Noruegos distinguidos y 
ciudadanos de los Estados Unidos de Norte América, erigieron un monu* 
»«Jt9C9om€morátiYo c» M*disoo, capital del BítíMiQ de Viscoosio, es 



160 ORIGBN DE LOS INÜÍOS 

8^ El de ThornwaldErickson, hermano del anterior, que 
en el año 1002 estableció sa residencia en Massachnssets; 
pero en 1004 expedicionó hacia el Cabo Pedregoso, donde 
fué herido, en el sobaco, de un flechazo que le asestara uno 
de los indígenas de ese lugar, de cuya herida murió al poco 
tiempo, siendo enterrado en un lugar llamado hoy Garnet- 
Point, del cual se le desenterró hace unos cuarenta y tantos 
años, vestido aún con su armadura. Pocos instantes antes 
de morir, había encargado que se le enterrase en su residen- 
cia de Massachussets, y se le pusieran cruces en la cabecera 
y á los pies de su sepulcro, órdenes que fueron cumplidas 
por sus compañeros. 

9' El de Thornstein Erickson, tercer hijo de Erick el 
Rojo, que en 1006 expedicionó desde Groenlandia á las cos- 
tas de Nueva-Inglaterra y Nueva-Escocia. Su barco iba 
equipado con 25 hombres y llevó consigo á su mujer Gadri- 
da. Al poco tiempo murió en su establecimiento de Lysu- 
fiord, al oeste de Groenlandia, por lo cual en la primavera 
próxima, su mujer regresó á Ericsfiord. 

10*^ El de los ricos Groenlandeses Thorsfrin Karlsefné y 
Suorré Thornbrandson, que en 1007 armaron una flota de 
tres buques tripulados por 160 hombres, y haciéndose á la 
vela con rumbo á la costa norte-americana, tocaron prime- 
ro en la isla de Marthas Yineyard, para dirigirse de allí á 
Mount-Hope-Bay, donde permanecieron durante dos in- 
viernos. Su exploración á aquellas comarcas duró cuatro 
años, regresando á Groenlandia en 1611. 

IV El de los hermanos Helge y Pinnboge, que en 1012 
abordaron las costas de Massachassets, pasando en ellas el 
invierno. 



lioiior de LeiíÉncksoii, coiUo uno de los descubridores del Continente ame» 
ricano y por la circunstancia, grata para la comisión; de haber sido coló» 
Siisado aquel territorio por Escandinavos. 



DE AMERICA 161^ 



129 El de Gadleif Gudlengsen, quien en 1029, después de 
una navegación de muchos días, desembarcó en las costas 
de Finlandia, en las cuales encontró á sus compatriotas Are 
Marsen Reykjanes. 

13"^ El de uñ sacerdote islandés llamado John, que en 
1059 se trasladó de Islandia á Terranova con el objeto de 
predicar allí la fe cristiana; pero al poco tiempo murió á 
manos de los indígenas del lugar. 

14* Los de varias otras expediciones groenlandesas que 
se efectuaron entre los años 1060 á 1121, y que se estable- 
cieron en las costas meridionales de Connecticut,^New-York, 
New-Jersey y Delaware. 

15® Y, por fin, el del Obispo de Groenlandia, Erick 
Gnupron, que en 1121 hizo una visita pastoral por aque- 
llos países en que estaban establecidas diveisas colonias de 
Groenlandeses. 

A más de estos viajes auténticos de los Escandinavos, 
hay tradición de que algunos otros se efectuaron en aque- 
llos tiempos, no pudiendo garantizar la autenticidad de 
ellos, por no existir comprobantes en apoyo de esas expedi- 
ciones marítimas. 

Ea antiguos manuscritos que se conservan en las aba- 
días de Conway y Strat-Plur, consta también que en el 
año 1170 el sueco Gwjnedd, príncipe de Madave ó Madoc, 
salió del puerto de Abergwilly y se hizo á la mar, navegan- 
do en dirección al oeste, hasta llegar á una comarca que se 
supone ser la Florida ó la Virginia: dejó allí ciento y veinte 
colonos, y regresando á su país, vituperó la conducta de sus 
hermanos y sobrinos que se disputaban una tierra pobre y 
árida, cuando existia una región tan extensa y tan fértil sin 
habitantes. Pero, por ese tiempo invadió la peste negra los 
países escandinavos, siendo, según se dice, tales sus estra- 
gos, que la población de eses países, calculada en doce mi- 
llones de habitantes, se redujo á tres millones. Calamidad 
tfto horrible poso nAturalmente término álft vida f^v(»tu« 



168 ORIGEN ¡DE LOS INDIOS 

rera de una parte de los navegantes de esas nacioiíeB 7 no 
Tojívieron á intentarle descabrimientos marítimos. 

Es evidente que desde el siglo ix en que loi Eicandina- 
VO8 descubrieron la Groenlandia, formaron allí extensas 
colonias, cuyos habitantes pasaban con frecuencia al Con- 
tinente europeo, llevando toda clase de mercaderías, princi- 
palmente maderas y pieles. Esas colonias llegaron á con- 
tar en el siglo xiv como doscientas poblaciones con iglesias 
j una catedral, y la grey católica estaba gobernada por 
dietisiete Obispos, cuyos nombres y fundaciones se encuen- 
tran en documentos auténticos. 

En el trascurso de los siglos xui y xiv sólo efectuóte por 
los Escandinavos y otros, uno que otro viaje marítimo á 
las costas septentrionales del Continente americano, y, pot 
consiguiente, á principios del siglo xv quedó casi completa- 
mente interrumpido el tráfico entre estos países y las cos- 
tas americanas, á causa de la piratería que en aquellas 
aguas y por aquellos tiempos ejercían los ingleses: una veí 
cortada la comanicación entre estos países, probable es que 
los colonizadores de Groenlandia y demás lugares de la cos- 
ta septentrional americana se mezclaran con los Esquima- 
les, hasta confundirse con ellos por completo. Lo mismo 
sucedería con las colonias europeas, establecidas en otros 
lugares de ese mismo Continente. 

Ahora, veamos los pocos viajes marítimos que aún se 
emprendieron, antes de los realizados por Cristóbal Colón. 

Las Sa^as 6 crónicas de Islandia, hacen mención de una 
expedición salida de aquel país, cuyas naves fueron arroja* 
das sobre una costa meridional de la América del Norte» 
que se presume sea la Florida ó la Carolina del Sur. Esas 
mismas crónicas hablan de una comarca americana llama- 
da '^Tierra de los hombres blancos ó Grande Islandia/' país 
en el cual se fijaren algunos Islandeses, no siendo posible 
precisar, con exactitud, su posición. 

Sn el siglo nt los hermanos Nicoló j Antonio ^eni» ru 



DÉ kuúmcÁ W¿ 



nccianos, dcBcobrieron en 1390, la Tierra de Forcee, en la 
parte norte del Océano Atlántico, y de allí se dirigieron al 
oeste á nna comarca qne denominaron Drogúo, conocida 
hoy con el nombre de Nueva Escocia 6 Canadá. 

Según los Anales de Baronius^ continuados por Odorico 
Raynaldi, algunos Franceses de la Baja Bretaña descubrie- 
ron Terranova y el Canadá, uú siglo antea de los viajes de 
Colón; y los primeros que hicieron este descubrimiento, á 
BU regreso á Europa, comunicáronlo á Juan I, rey de Por- 
tugal. 

Se dice que en los años 14i63 y 1464 el portugués Juan 
Costa Vas Corterreal llegó también á Terranova; pero las 
noticias que se tienen acerca de este viaje son muy confusas. 

En 1476, según afirman los cronistas antiguos Wytfliet, 
Pontemus y Hom, el rey Christian I de Dinamarca encar- 
gó al polaco Juan Scolnus ó Kolno, que hiciera un viaje á 
Groenlandia, á fin de reanudar las relaciones que, desde 
largo tiempo, se hallaban interrumpidas entre este territo- 
rio y Dinamarca, viaje que realmente se efectuó por ese ma- 
rino, pues está señalado en la carta geográfica que Miguel 
Lok dio á luz en 1582, con el nombre de Jac. Scolnus Groet- 
land, que es más ó menos la misma región conocida hoy por 
el territorio de Labrador. También el cronista Gomara, eñ 
su Historia General de las Indias, publicada en Madrid en 
1553,;y Herrera, en su Historia General de los hechos de los 
Castellanos, publicada también en la misma ciudad, en 
1601, hacen, igualmente, mención de Juan Scolnus. 

El P. Fournier, en su Hydrographie (París, 1679), ase- 
vera que los Normandos y Bretones sostienen haber des- 
cubierto el Brasil antes que Albérico Vespuzio y Cabral, 
pues de alli llevaban palo brazil, que servía para teñir. 

En 1488, ó sea cuatro años antes que Colón descubriera 
el Nuevo Mando, se pretende que el francés Juan Cousin sa- 
lió delpuerto de Dieppe, con rumbo hacia las Indias. Este 
viaj^ de Coiijm;) ha sido tema de muchas controyersias é in« 



164 ORIGEN BE Los INDIO» 

▼estigaciones entre loa críticos, pues unos creen qne real- 
mente se verificó esta navegación, y otros sostienen que no 
tuvo lugar. Al primer grupo de estos críticos pertenece el 
profesor Geleich, quien afirma que tal viaje es verosímil, fun- 
dándose en que el puerto de Dieppe, en esa época, era uno de 
los más comerciales de Europa. Se asegura que existía en los 
archivos de Dieppe comprobantes del viaje de Juan Cousin; 
pero, desgraciadamente, este archivo fué quemado por los 
Ingleses cuando bombardearon y se apoderaron de esa ciu- 
dad. 

£n fin, en esa misma época, según crónicas vascuenses, 
parece que Juan de Bchaide descubrió algunas nuevas re- 
giones americanas, y que este navegante fué el que partici- 
pó á Cristóbal Colón la existencia del Nuevo Continente: los 
archivos á que se podría recurrir para la confirmación de 
este viaje, han desaparecido, por desgracia, á consecuencia 
de las guerras por las que pasara la Gascuña. 

efe 

Si no se tenía un conocimiento cabal de América en los 
tiempos anteriores al descubrimiento de Colón, lo cierto es, 
que en algunos mapas geográficos de aquella época se en- 
cuentran consignadas algunas islas situadas en medio del 
Océano Atlántico ó próximas al Nuevo Mundo, como lo va- 
mos á exponer en seguida. 

En una carta del Atlas de Mediceano, del año 1351, se 
halla anotada la Is. de Brazil, y en mapas posteriores del 
siglo XIV, aparece el mismo nombre con las variaciones de 
Braxily Brazylle 6 Brasilc (1), isla que probablemente se en- 



(1) Es de advertir que el nombre primitivo del Brasil fué el de Sancta 
Crucis, y sólo se llamó Brasil por el mucho palo de ese nombre que en él 
había. El palo brazil se conocía ya en Europa, en el año 1198, según lo 
refiere Luis Muratori en el tom. II, diiert. 3^col. 898 de sus AntiquiUtes 



DH AMÉRICA 165 



contraría cerca de la costa del territorio conocido hoy por 
Brasil. 

En la carta de los hermanos Piszigani, veneciano?, de 
1367, aparece marcado el archipiélago de las Canarias, con 
algunas islas cuyos nombres no han variado hasta hoy, 
como la de la Palma y la de Forte-Ventura (Fortunata). 

En las cartas marítimas catalanas del año 1376 (anó- 
nimas), que formaban parte dé la biblioteca de Carlos Y, 
figuran también los archipiélagos de Canarias y Azores y la 
isla de Madera, con curiosas leyendas algunas de ellas. La 

de las islas Afortunadas dice: '* Estas islas se llaman 

Afortunadas, porque abundan en todo lo bueno: trigo, fru- 
tos y árboles. Los paganos suponen que allí está el Paraí- 
so, á causa del poco calor que se siente y la fertilidad del 

suelo Así, los paganos de la India creen que sus almas, 

después de la muerte, van á habitar esas islas, y continúan 
viviendo allí eternamente del perfume de esos frutos. Pien- 
san que en aquellas islas está el Paraíso; pero, en verdad, 
esto no pasa de una fábula." 

En 1424 apareció en un atlas italiano que se conserva 
aún en la biblioteca de Weimar, la Is, Antilia, Mucho se ha 
hablado de esta isla, situada hacia al norte del trópico de 
Cáncer, no lejos de las Azores: se pretende que en el año 734, 
cuando la España se vio invadida por los Moros de África, 
esta isla fué habitada por un Arzobispo de Porto en Portu- 
gal, y seis Obispos, con gran número de cristianos, hombres y 
mujeres, que habían ido allá con sus animales y sus bienes. 
Esta isla se encuentra reproducida en les mapas que el ge- 



iLkliccC, en folio impreso en Mediolaui cu 1783, y se le dio este nombre por 
el tiran uso que se hacía de él para teñir. El palo brazil que se encuentra 
en esta parte del Nuevo Mundo y á que debe su nombre el vasto país colo- 
nizado por los portugueses, es una especie del género llamado csesalpinia 
echinatá, El nombre de este palo no es, pues, posterior al descubrimiento 
de América, como lo han creído algunos historiadores. 



novét Bedado 6 Bedraxip dihojó en 14^34 y Azt^réf Biaiicho 
reprodujo en 1436. 

Bl mismo Andrés Biancho dibajó en 1439 otro mapa eü 
pergamino, que existe en la Biblioteca de San Marcos^ de 
Venecia, en el gne eitá señalado, además de lai Islas de 
Brazil y Antilia, otra situada hacía el cabo de San Agastín, 
en la ^lprid,a, designada con el nombre de Is. de la man, de 
Satanaxio (Isla de la mano de Satanás) (1). 

En 1476 Andrés Benicasa dibujó un mapa en el que 
también figura la Is. Antilia, la misma que aparece igual- 
mente tn los ruapas de Bartolomé Pareto, Fray Mauro, Os; 
telius, Mercator y Toscanelli, que, á la vez dan á esa mis- 
ma isla el nombre de Sette Citades^ (Isla de las Siete Ciu- 
dades). 

En fin, en el célebre • Globo Terráqueo» de Martín Behaim 
(2), del año 1492, que se conserva en Nuremberg, aparece 
también la ínsula Antilia llamada Sepia Citacfe, con la, si- 
guíente anotación: *'En el año 734, segjún se cuenta desd,^ c), 
nacimiento de Cristo, cuando toda Hispa^iia estaba con*. 



(1) La mencionada « Isla de la mano de Sat;anás » aparece con fre- 
cuencia en leyendas italianas, las cuales dicen que diariamente salía de 
entre las olas del Océano una mano de tamaño colosal y arrastraba bar- 
cos y habitantes á los profundos abismos. 

(2) Algunos historiadores pretenden que Martín Behaim ha sido el 
descubridor del Nuevo Mundo, entre ellos Federico Estuvenio, que en su 
disertación impresa en 1714 con el título De vero nori Orbis inventore, afir- 
ma que la gloria de este descubrimiento corresponde á este cosmógrafo, 
que obtuvo de Isabel, hija del rey de Portugal y viuda de Felipe el Bueno, 
que á la sazón gobernaba en Flandes, un bajel con el cual navegó hasta las 
islas Azores, y de allí, surcando el mar, llegó á las costas deja América y 
pasó hasta el estrecho de Magallanes; que hizo un Globo y un Mapa de 
sus viajes, mapa que fué presentado á Alonso V, rey de Portugal, y que 
pasó después á manos de Colón, á quien sirvió de guía para hacer su pri" 
mera navegación, en pos del descubrimiento, del, Nuevo Mufxdo. — Martín 
Behaim, natural de Nurember^g, hizo, ^e dii^j:^ el d<íSi^w|?t^^ 



D£ AMBKICA 



té 



quietada por loi herejei de África, fué habitada eita illa 
por an Aríobispó de Porto-Portugal, con seis Obispos más 
y otros cristianos, hombres y mujeres, que habían huido de 
Hispania con lu ganado y toda su hacienda. Bn él año 
1414 pasó cerca de ella un buque reñido de Hispania." 
Además, en el mismo « Globo Terráqueqn de Behaim, á los 
50° Oeste del meridiano de la costa portuguesa, en medio 
del Océano, está señalada la Is. de Ssin Brandano con la si- 
guiente ihscn^^ión: *'565 años después de Jesucristo llegó 
San Brandano á esta isla, vio en ella muchas maravillas, j 
siete años después se volvió á su país." 

Algunos historiadores han negado la existencia de to- 
das estas islas, tachándolas de fabulosas; pero al figurar 
ellas eñ los diversos mapas antiguos que hemos citado, es 
indudable que fueron exploradas antes del descubrimiento 
de Colón por atrevidos navegantes. Posible es, por lo de* 
más, que los primitivos nombres de ésas islas hayan ido de- 
sapareciendo de los mapái á medida que se alcanzaban co- 
nocimientos más exactos del Océano Atlántico, y que hu- 
bieran sido sostituidos por otros nombres indicados hoy en 
los mapas modernos (1). 



rica) ocho años antes de ía primera exptíííicíóh ele Colón. Muy instruido 
cu geografía y astronomía, después de haber obtenido, en 1459, de Isabel 
de Portugal, un bajel para hacer descubrimientos, en 1484' obtuvo también 
del rey de Portugal Don Juan II, algunos navios con el mismo propósito. 
Retirado á su país natal, trazó un Globo Terrestre en el que figuraba una 
tierra occidental, como igualmente las otras tierras reconocidas anterior- 
mente por Marco Polo y por Maundeville. Behaim, murió en Lisboa 
en 150G» 

(1) El primer mapa de América fué hecho en 1500 por Juan de la Cosa, 
célebre cosmógrafo y navegante español y piloto con Cristóbal Colón en 
su segundo viaje. Este mapa está trazado en una gran hoja de pergamino 
de forma ovalada y artísticamente iluminado, cuyas dimensiones son de dos 
metros de alto por uno de ancho; señala los países de América conocidos 
)}ftatft 1§00, MÍ, como loa tcrritorioo d« Buropft, Aii» 7 Aíric», ültimamía» 



168 ORIGEN DE LOS INDIOS 

Los hechos, crónicas y mapas que acabamos de citar 
tienen uña autenticidad indiscutible, y los más renombra- 
dos geólogos modernos, sobre todo Alejandro de Hum- 
boldt, afirman que la América ha sido frecuentemente visi- 
tada por los Escandinavos desde el siglo n al xiv. Desgra- 
ciadamente, estos viajes, apesar de su trascendencia, no han 
producido resultado alguno favorable para la América, por 
haber quedado interrumpida desde el último siglo citado la 
comunicación del Atlántico, ya por lo larga y peligrosa que 
se hacía la navegación á través de los mares que separan el 
Continente de Europa del de América, ya por las piraterías 
de los Ingleses en aquellos mares, ó ya, en fín, por la poca 
experiencia que en aquellos tiempos se teñía del arte náuti- 
co. Pero sea de ello lo que fuere, el hecho es, que quedó 
abandonada ó á lo menos fuera desatendida esa ruta du- 
rante el trascurso de cerca de doscientos añjs, llegando así 
á quedar olvidada la América, hasta que, en 1492, el nave- 
gante genovés Cristóbal Colón añadió este nuevo é incom- 
parable florón á la Corona de España. 




te, se ha hecho en España ün facsímil de este mapa, en la misma escala y 
colores que su original, reproducción que fué premiada en la Exposición 
Histórica-Europea-Americana, de Madrid. Pero el mapa más antiguo que 
apareció con el nombre de América, es el de Martín Waldzeemüller (Hila- 
comylus), que se publicó co 1507, 6 sea, siete aóos después del de Juao 
de la Cosa» 



DE AMÉRICA 16& 



II 



Para terminar esta primera parte del presente trabajo, 
nos concretamos á emitir nuestra humilde opinión tocante 
al origen de los Indios de América, con las siguientes con- 
clusiones que apoyamos en testimonies ó con citas de respe- 
tables autores. 



La cosmogonía de América se halla envuelta en 
tinieblas; pero es indudable que este Continente, du- 
rante su período prehistórico, ha tenido, como los de- 
más del Antiguo Mundo, dos épocas : antediluviana y 
poBtdiluviana. 

Creemos que la raza primitiva ó antediluviana fué 
autóctona, formada en este mismo Continente, cuan* 
do las condiciones de calor y humedad en que se en- 
contraba el Planeta Terrestre fueron propicias para su 
creación y su reproducción, dando comienzo á la Edad 
Humana, poster or y resu tante de la Edad de los Ma- 
míferos, El desenvolvimiento de esta primitiva raza 
marca el origen antediluviano de los habitantes del 
Continente americano, y aaí como la flora y la fauna, 
la monogenia de la raza humana, en ese mismo Conti- 
nente no ha permanecido inmutable, sino sujeta tam^ 
bien á alteraciones. Por consiguiente, no es admisib!ci 



170 ORIGEN DE LOS INDIOS 

que esa raza primitiva haya degcendido de uaa pareja 
única, como lo enseña la Sagrada Escritura (1), 

Además, según opinión de algunos etnógrafos, esa 
raza primitiva se remonta á las Épocas Terciaria y 
Cuaternaria, por los numerosos hallazgos que se han 
hecho en el suelo americano, no solamente de fósiles 
de corpulentos paquidermos antediluvianos, sinotam- 
bién de esqueletos humanos, h<3rram¡entas y utensi- 
lios de pedernal ó silex, que indudablemente datan de 
la misma época antediluviana. Por consiguiente, el 
desarrollo de esa raza primitiva ha obedecido á un 
acrecentamiento lento, natural y gradual, calculándo- 
se que ha sido menester el trascurso de una larga se- 
rie de siglos para alcanzarla. El estudio de la antro- 
pología, de )a etnología y de la craneologia, ciencias 
que son la base de la historia de un pueblo, puede de- 
mostrar quíí el Géofiro Humano no procede de un 
tronco común, y que el Continente americano ha sido 
poblado, en un principio, sin intervención de ninguna 
inmigración. Por lo tanto, la pura raza roja ó cobriza 
de América es indudablemente autóctona. 

Lo que también nos induce á creer en esta condi- 
ción autóctona de la raza roja, es el hecho de la diver- 
sidad de las razas humanas, que 8e dividen en cinco 
agrupaciones, ó sea: la raza blanca [caucasiana) ó eu- 
ropea; la raza amarilla [mongólica) ó asiática; la raza 



(1) El eniíneiuc zoólogo Agasslz es el que con mayor autoridad ha 
sostenido la teoría poligenista, admitiendo hasta ocho diversos centros de 
srcHCi(3ii, eo ung de Iqs cuales haee aparecer al Hombre Americano. 



DlCAMÍRICA 171 



cobriza (indiana) ó americana; la raza morena {malñ' 
ya) ó indostana; la raza negra {etiópica) ó africana. 
¿Será posible, preguntamos, que Adán y Eva, que, se 
dice, son los padres del Género Humano, hayan sido 
los progenitores de razas tan diversas en color y fac- 
ciones? 

Tocante á las razas blanca y negra, tan diametral- 
mente opuestas, como el día y la noche, ó sea, la luz y 
las tinieblas, declaramos que es un grave error supo- 
ner que ambas sean igualmente descendientes de Adán 
y Eva. E8te tópico ha suscitado algunas controver- 
sias entre los hombres de ciencia, sin que hayan llega- 
do á una conclusión acertada y definitiva, como lo 
vamos á probar. 

La versión de algunos escritores consiste en atri- 
buir el color negro de los Etiopes, á Caín, hijo de Adán 
y Eva, á quien Dios, en castigo de su crimen, le puso 
la cutis de ese color para que fuera señalado y distin- 
guido, siendo natural que los descendientes de éste he- 
redaran el mismo color. 

Otros escritores alegan que el color negro de los 
Etiopes les viene de su ascendiente Cus ó Chus, hijo 
de Cam y nieto de Noé, que, dicen, fué de este color; 
pero muy extraño esj que los que emiten tal opinión, 
confiesan que Cam, padre de Cus, fué de color blanco. 

Otros doctos escritores, para defirir el mismo pro- 
blema, dicen que el color negro de Cus le provino de 
la maldición que Noé echó á su hijo Cam por la burla 
que de él hiciera al encontrarle embriagado y desnudo, 
y que tal anatema alcanzó á los descendientes del mal- 



172 ORIGEN t)E LOS INDIOS 

dito. Además, siendo verosímil que Gam hubiera te- 
nido cuatro hijos, Cus, Misraim, Fut y Canaán, no se 
explica cómo el primero adquiriera el color negro, en 
lugar del último que, según la Sagrada Escritura, fué 
el maldecido en la persona de su padre. 

Otros, que también han tratado en la materia, su- 
ponen que la negrura de los Etiopes proviene del 
violentísimo calor del sol en aquella tierra, que los 
tuesta y abrasa; sin reflexionar qu^*, en África» existen 
regiones tan templadas como en otros Continentes, y 
que en América hay lugares tan ardientes como los de 
la Etiopía, sin quej por eso^ los habitantes de esas úl- 
timas latitudes tengan la cutis negra. 

En fin, otro erudito autor, Fray Gerónimo Feijoó 
que ha terciado en esta cuestión, opina también que 
la negrura de los Africanos tiene por origen la influen- 
cia climatérica del país que habitan. 

Todas las erróneas opiniones que preceden deben 
desecharse por no estar fundadas en la razón. A nues- 
tro humilde juicio, el color negro de la piel de los Afri- 
canos, proviene de la existencia, en esos individuos, 
de una sustancia negra en la red celulosa que se halla 
debajo de la piel ó epidermis, y se conoce, entre los 
anatómicos, con el nombre de tejido reticular ó cuti- 
cular: esta membrana es inorgánica; carece entera- 
mente de fibras, vasos y nervios, y s^ considera como 
un producto de secreción del dermis, ó una parte del 
cuerpo mucoso, desecado por la acción del aire, que 
sirve Cómo de barniz á toda la piel. Esta sustancia 
negra no existe, consiguientemente^ en el tejido ó red 



DE AMÉRICA 173 



celulosa que se halla bajo la piel de los hombres blan- 
cos. 

Por lo tanto, los despropósitos emitidos, tocante á 
los negros, por los escritores citados, nos conducen á 
emitir nuestra opinión al respecto, en el sentido de 
que Dios ha creado, para cada raza, lo repetimos, su 
respectiva pareja en diferentes puntos del Globo, sien- 
do la América uno de esos puntos de creación; de don- 
de resulta que sus primitivo3 habitantes fueron autóc- 
tonos, como lo fueron también los de la raza blanca 
de Europa, los de la raza amarilla de Asia, los de la 
raza morena del Indostán, y los de la raza negra de 
África. Debemos establecer aquí un principio quetie- 
ne razón de ser y que es incuestionable. 

Según nos enseña la Sagrada Escritura^ el Cria- 
dor del Universo mandó el Diluvio Universal para cas- 
tigo del Género Humano, por la perversidad de sus 
costumbres, ordenando previamente á Noé que cons- 
truyera una arca para salvarse él con su familia y los 
animales destinados á repoblar la Tierra, 

Si Dios, que es Omnipotente y Todopoderoso, 
quiso que se salvara del cataclismo universar una ó 
más parejas de la raza blanca (suponiendo que Noé y 
8u familia fueran descendientes de Adán y Eva), pudo 
hacer, del mismo modo, con su gran poder, que se sal- 
vara también del Diluvio, una ó más parejas de cada 
una de las demás razas, ó sea, la amarilla, la roja, la 
morena y la negra, á fin de qu d no solamente la raza 
blanca, lino también las demás, pudieran repoblar la 
Tierra después del Diluvio, 



174 ORIGEK DE LOS INDIOS 

^ Tocante á la habitabilidad antediluviana del Nue- 
vo MundOi hay que fijarse en otra consideración. No 
hay duda de que el Criador, al formar el Planeta Te- 
rrestre, tuvo la mira de que todo él fuese habitado: en 
tal virtud, no es lógico ni verosímil suponer que el 
Continente americano, que forma una extensa por- 
ción de la superficie de ese mismo Planeta, lo hubiese 
dejado Dios inhabitado durante 1656 años que, según 
la cronología del texto hebraico del Génesis, trascu- 
rrieron desde la Creación del Mundo hasta el Diluvio 
Universal (1), pues ese texto bíblico, en su cap, IX es 
tan explícito al respecto, que dice: Creced y multipli- 
caos y poblad la Tierra» En cumplimiento de este 
precepto divino, incuestionable es, que la América co- 
mo los demás continentes terrestres, fuera habitada 
desde la Creación del Mundo; supuesto, que nos permi- 
te retroceder, nuevamente, á la cuestión de la autoc- 
tonía de los primitivos habitantes del Continente 
americano, que, según opinión de algunos poliphiletei, 
es indudable que descendieron de una pareja distinta 
de la de Adán y Eva (2), 



(1) Esto es, según el Génesis; pero, según opinión de algunos sabios 
etnógrafos, la Creación del Mundo data de millones de años antes del Di- 
luvio iJniversal. ^ , 

(2) El Rev. Padre Fr. Pedro Simón, historiador, que apesar de su es- 
tado sacerdotal, es imparcial en esta materia, opina también que la Amé- 
rica fué poblada antes del Diluvio Universal; al efecto, refiere un hecho 
que si fuere cierto, no dejaría duda alguna sobre tal teoría. Pero, como 
este hecho no deja de ser alguna patraña de las muchas que ciertos es- 
critores han derramado sobre el Nuevo Mundo, y, en este caso, para pro- 



Í)E AMésiCA Í75 



otra prueba que, lin contradicción, se puede tam- 
bién aducir en apoyo de la autoctonía del Hombre an- 



bar que en el Perú hubo hombre» antes del Diluvio, advertiremos que solo 
por mera curiosidad informativa vamo» á trascribir el pasaje que al res- 
pecto se refiere el P. Pedro Simón: 

En el tomo I, cap. X, pág. 21 de sus «Noticias Historiales de las Con- 
(juistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales,» dice: "Lo que más 
alumbra á que nos inclinemos á este parecer de que íueron habitadas estas 
tierras antes del Diluvio, son las señales y rastros de que en ella se han 
hallado tan eficaces, que no dan lugar á que ft imagine otra cosa; porcfuc 
junto al Callao, que es el puerto de la ciudad de Lima, en el Perú, á los 
primeros principios que se descubrió aquel Reino, buscando en unas monta- 
ñas, por unos rastros que se descubrieron, unas minas, trastornando tierra 
y metiéndose por el socabón debajo del cerro, se encontraron con un navio 
que tenía encima la gran máquina del cerro, y no convenía con su hechura 
y traza con los nuestros, por lo cual se juzgó que en el Diluvio había que- 
dado encerrado debajo de aquella inmensidad de tierra que trajo allí la 
fucría de las aguas." Y prosigue el Rev. P. Fr. Pedro Simón: "Otra cosa 
al modo de évSta se halló el año de mil y seiscientos y cuatro, cerca de la 
ciudad de México, en Nueva España, trasminando un cerro tan alto que 
tiene de subida más de una buena legua, y otro tanto de bajada, para por 
allí desaguar la laguna en que está fundada la ciudad, por no verse en los 
peligros que poco antes había tenido con crecidas é inundaciones. Yendo 
los gastadores prosiguiendo en su mina (que se hacía por la traza é inge- 
nio de Enrique Martín, gran matemático y astrólogo, y por orden de don 
Luis de Yelasco, Virey de aquella ciudad) , cuando llegaron como á la mi- 
tad de ella, que casi venía á ser, estando perpendicular, correspondiente á 
á la cumbre del cerro, hallaron \in colmillo ó diente de elefante, enterrado 
en tierra blanda; el cual, con los muchos días que había estado allí el marfil, 
lo tenía comido por algunas partes y quebrado por dos; de manera que 
estuvo hecho tres pedazos, y juntos, de suerte que se echaba d'e ver haber 
sido todo uno y tener de largo seis cuartas. Este colmillo ó diente se sacó 
y mostró á^todos, juzgando había quedado allí enterrado el animal que lo 
crió, cuando el Diluvio ahogó á los demás y á él; de la cual especie de ele- 
fantes debió de haber habido allí entonces, porque después, acá no se ha- 
llan, ni aún rastro de ellos en toda la Nueva España, ni en todas las Indias 
Occidentales." 

£dtc último hecho referido por el Padre Pedro ^iiíXóü, quisa tenga al* 



i 76 ORIGEN DE LOS INDIOS 

tediluviano en el privilegiado Continente americano, 
además de los corpulentos paquidernos, esqueletos 
humanos y herramientas de pedernal encontrados en 
BU suelo, es que este mismo Continente tiene un sinnú- 
mero de producciones especiales y propias de los tres 
reinos de la Naturaleza, que muchas de éstas no se 
encuentran en los Antiguos Continentes, y que el Su- 
premo Hacedor del Universo no habría puesto aque- 
llas con tanta expl^ndidez en América, si este suelo 
hubiere permanecido inhabitad®. 

En efecto, maravilloso es todo lo creado en el 
Continente americano, que supera en extensión á cada 
uno de los otros cuatro, pues por si solo, representa 
una tercera parte del Globo habitado (1), 

Sus cadenas inmensas de cordilleras son 1 s más 
gigantescas del Orbe, pues abrazan toda la longitud 



guii viso de verdad, y á este propósito, disiparemos la duda de haber exis- 
tido en América el elefante en tiempos antediluvianos. En efecto, última- 
mente, en Agosto de 1912, el cuerpo de profesores de la Universidad del 
Cuzco hizo una excursión.científica, y logró descubrir en Ayusbamba, pro- 
vincia de Paruro, dos colmillos de elefante, fosilizados, de una vara de 
largo, como también cuatro costillas en estado de completa fosilización, y 
muchos otros huesos del mismo animal. » 

(1) L«. América se extiende desde los 56° 58' Sud hasta los 70° de la- 
titud Norte. Se divide en dos grandes penínsulas que se juntan hacia los 
8° de latitud Norte por el Istmo de Panamá ó de Darién. Sus costas son 
bañadas por los dos más grandes mares: el Océano Atlántico, que la sepa- 
ra de Europa y de África, y el Océano Pacífico que la separa de Asia y 
Oceanía, haciendo de este Continente la. parte más favorable del Glo- 
bo para el comercio y para la navegación. La extensión de América, 
según los geógrafos, es de 15,000,000 de millaa cuadradas, equivalente ó 
6,000,000 de leguaii 



DE AMÉRICA 177 



del Continente, desde el Mar Glacial hasta la Tierra 
del Fuego, habiendo algunas montañas que tienen más 
de 20,000 pies de elevación y cuyas cimas están per- 
petuamente coronadas de nieve; sus ríos son también 
los más extensos y caudalosos, y los de corriente más 
torrentosa y formidable que se conocen, teniendo algu- 
nos de ellos más de mil leguas de extensión; sus nume- 
rosos volcanes elevadísimos, que son fanales encendi- 
dos por la Naturaleza^ hacen erupciones tremendas 
que se oyen á más de doscientas leguas de distancia^ 
cuyos extragos causan la ruina de grandes poblaciones; 
en sus frondosas é impenetrables selvas vírgenes y en 
sus espesos bosques jamás penetran los rayos del sol, 
por la tupidez de su follaje y su lujurienta belleza de- 
sordenada y grandiosa; ""sus extensos valles son pro- 
fundos y deliciosos, designándose con el nombre de 
sabanas ó praderas; sus desiertos ó pampas inmensas 
de arena movediza, desprovistas de vejetación y mo- 
radores, pueden compararse á los de África y Asia; 
sus lagos mayores, algunos de ellos muy elevados, co- 
mo el Titicaca, que se halla situado en una meseta de 
la Cordillera de los Andes, á 12,000 pies de elevación 
sobre el nivel del mar, y otros lagos de más de 25 á 
30,000 millas cuadradas y más de cien leguas de lon- 
gitud, pueden considerarse como mares interiores; sus 
archipiélagos estupendos, que constan de las más gran- 
des y ricas islas del Mundo; sus numerosas aguas ter- 
males que brotan del seno de la tierra en una elevada 
temperatura, son tan benéficas y maravillosas para la 
curación de gran número de enfermedades; su» golfoi 
39 



178 ORIGEN De los indios 



y bahías, que son los mayores que se conocen; sus di- 
versos climas, qtie comprenden las producciones de 
todas las zonas y son propicios al cultivo de casi to- 
das Jas plantas de otros Continentes, á más de una 
multitud de otras producciones que le son peculiares; 
sus abundantes minas de ricos minerales, cual no las 
posee ningún otro continente, porque la riqueza de 
sus innumerables é iaegotab^es depósitos mineralógi- 
cos son fabulosos, habiendo producido, desde la con- 
quista hasta hoyj más de siete mil millones de pesos y 
sigue produciendo enormes cantidades, constatándose 
que á fines del siglo xviii se contaban, tan sólo en el 
Perú, 770 minas de oro y plata en labor, y 578 pron- 
tas á ser trabajadas, sin incluirlos lavaderos de pro y 
minas de azogue, siendo unatie estas últimas la repu- 
tada de Huancavelica, que ha rendido inmensos pro 
ductos; su magnificencia, galanura, exuberancia y lu- 
josísima vegetación, que es asombrosa en tantas espe- 
cies de plantas propias de este Continente; su zoología 
variada y diversa de la de otros países; todo, en una 
palabra, es más grandioso, más sublime y más majes- 
tuoso en el Continente americano, que lo es en los de- 
más. La obra de la Creación se presenta allí con todo 
BU imponente aspecto, y en medio de esta salvaje y 
virgen vegetación, el naturalista experimenta puros y 
suaves goces, que no se pueden comparar con los que 
proporcionan las agitadas y bulliciosas capitales. 

"En -América - ha dicho un viajero eminente -la 
Naturaleza entera, animada é inanimada, tiene el se- 
llo de la grandiosidad y reviste un carácter de majeg 



i 



DK AMÉRICA 179 



tad y formas tan colosales, que sería en vano buscar- 
lai en cualquiera otra parte del Globo." 

Valiéndonos también de la expresión de otro es- 
critor contemporáneo: "Parece que el Autor de la 
Naturaleza quiso hacer gala de su grandeza y pode- 
río al dejar salir de sus manos el Continente de Amé- 
rica." 

Por lo tanto, no es concebible que semejante pro- 
digalidad y munificencia divina, lo volvemos á repe- 
tir, hubiera sido concedida por el Omnipotente para 
que ese suelo privilegiado permaneciera inhabitado la 
larga serie de siglos que trascurrieron desde la Crea- 
ción hasta el Diluvio; por eso mismo, debemos creer 
que los hombres que habitaron ese paradisíaco Hemis- 
ferio en tan dilatado trascurso de tiempo, fueron de 
raza autóctona. 

Para patentizar los inmensos tesoros que la Amé- 
rica encierra en su suelo, señalamos en seguida, si no 
todas, á lo menos gran parte de las producciones, que, 
con mano pródiga donó el mismo Criador al Continen- 
te americano, para provecho del Hombre; pues si fué- 
ramos á enumerarlas todas, habría necesidad de ha- 
cer un abultado volumen. No dudamos que la si- 
guiente nomenclatura sea de algún interés, pues por 
ella se puede apreciar la riqueza fabulosa del Nuevo 
Mundo en sus tres reinos de la Naturaleza, 

REINO MINERAL 

Bien sabido es que en el Reino Mineral, ningún 
otro Continente es tan rico como el de América, pues 



180 ORIGEN DE LOS INDIOS 

todos los metales, priacipalmente el oro y la plata, se 
encuentran en suma abundancia encerrados en el seno 
de sus montañas. Las grandes cantidades de oro, 
plata y otros metales que se han extraido de Améri- 
ca, tanto por los indígenas, antes de su descubrimien- 
to, cuanto durante la conquista y el largo período del 
coloniaje, y las muchas cantidades que se siguen ex- 
trayendo hasta el día, se elevan á una suma extraor- 
dinariamente crecida, que se puede estimar en incal- 
culables millones de pesos, sin que por eso se hayan 
agotado las minas de esos preciosos metales. lEl afa- 
noso minero no ha logrado más que deshojar la super- 
ficie de cuantoi veneros están guardados dentro de la 
colosal muralla del Nuevo Mundo,» (1) 

Para formarse una idea de la riqueza de América, 
en su Reino Mineral^ citamos en seguida, por orden 
¡alfabético, algunos de esos productos, la mayor parte 
nativos, para luego enumerar los del Reinó Vegetal y 
del Reino Animal: 

Alabastro^ piedra de yeso, blanca, poco dora, trasparerte, 
y de textura fibrosa y quebradifa. 

AlbajaldCj parecido al yeso mate, aunque más azul y pesa- 
do: se obtiene del plomo reducido por los vapores del 
vinagre. 

Alcalif mineral vitriolado que se llama también Sal Mirable. 

Alumbre^ que se encuentra en cristales, parecido á las rocas 
por su figura. 



(1) Mariano E. de Rivero : Colección de Memorias Cieatíñcas, to- 
mo I| pág. lY dd t Prólogo.» 



Dt AMÉRICA 181 



Álíiminiam, sustancia metálica que se produce bajo la for- 
ma de tin polvo gris, en el qae hay mezcladas algunas 
piedrecitas relucientes. 

Amalgamados, son a^go abundantes los minerales amal- 
gamados como: Arseniatos de fierro, de plata y de plo- 
mo; Carbonates de fierro, de plom^, de magnesia, de sosa 
y de arsénico ú oro pimiento ; Cloruros de plata y de plo- 
mo; Hidrosilicato de cobre; Olidos de cobre, de fierro, de 
antimonio y de manganeso; Oxígenos de plata y de plo- 
mo; Jamesonitas 6 sulfates de antimonio y de plata; 
Peróxidos de fierro y de manganeso; Protóxido de man- 
ganeso; Sulfates de plata, de cobre, de fierro, de plomo, 
de sosa, de sntimonio, de magnesia, de zinc, de manga- 
neso j de arsénico; y muchos otros minerales amalga- 
mados. 

Ámbar gris ó Betáa líquido, sustancia aromática, dotada 
de un olor suave y penetrante. 

Amianto, mineral de hilos delgados en filamentos prolonga- 
dos, finos, flexibles y elásticos. 

Antimonio, cuerpo metálico, de color grisado muy brillan- 
te, de textura laminosa, medianamente duro y demasia- 
do frágil. 

Arcilla, greda, tierra que los alfareros usan para fabricar 
las vasijas de barro; es pesad», g* asienta, compacta, te- 
nas y dúctil cuando está humedecida. 

Arsénico, metal de color gris de acero, muy quebradizo y fá- 
cilmente pulverizable, muy propenso á oxidarse. 

Asfalto ó Betún dcjudea, masa compacta, betuminosa, in- 
flamable, sólida y lustrosa, comunmente negra ó pardo- 
oscuro; en América existen lagcs de esa sustancia. 

Azogue ó Mercurio, especie de metal blanco-argentino, pon- 
deroso, extraordinariamente voluble, versátil ó movi- 
ble en estado líquido y que se mantiene naturalmente 
fluido; muy usado para beneficiar la plata amalgama- 
da; es nativo solo del Perú y de México. 



182 ORIGEN BE LOS INDIOS 

Azufre, sustancia mineral de color amarillo, que se halla en 
masa ó cristalizado con distintas formas, quebradizo, 
lijero y algo craso al tacto. 

Bismut ó Bismuto, metal de color blanco plateado algo ti- 
rante á rojo, cuya superficie presenta á veces cambiante 
de azul y rejo, es poco duro y muy pesado. 

Cal, tierra alcalina que generalmente se encuentra combina- 
da con algunos ácidos, especialmente con el carbónico. 

Calamina, masas compactas, concretas 6 terrosas, á veces 
celulares y formadas en gran parte de silicato de zinc, 
casi siempre mezcladas de carbonato del nrísmo metal y 
que constituyen el mineral de zinc más importante por 
la facilidad de su explotación. 

Cinabrio 6 Vermellón en bruto, mineral precioso combina- 
do de azufre y de mercurio; también se Uama Mercurio 
Sulforado. 

Cobalto^ metal de color blanco-argentino, ligeramente dúc- 
til, poco fusible y algo magnético, que comunmente se 
encuentra mineralizado en el arsénico y otros metales. 

Cobre, metal más duro que el oro y la plata, algo menos 
dúctil que estos dos metales, de color que tira á rojo; es 
nativamente sólido, brillante, muy maleable, más duro 
y elástico que la plata, más fusible que el oro. Hay mi- 
nas de ese metal en México, Chile, Brasil y Estados Uai- 
dos del Norte, principalmente en el Perú. 

Espato calcáreo, piedra calcinada, más ó menos traspa- 
rente, que se llama también Carbonato de Cal. 

Estaño, metal considerablemente más duro, dúctil y brillan- 
te que el plomo, de color semejante al de la plata, aun- 
que más oscuro; es nativo de México. 

Feldespato, piedra cristalizada blanquecina ó de color de 
carne. 

Galena, metal compuesto de plomo, de azufre, más algunas 
materias terrosas, y que tiene un brillo metálico seme- 
jante al del plomo recién cortado. 



DE AMÉRICA 183 



Greda, mineral ^que se presenta en varios colores: amarilla, 
blanca y negra y que sir?e para pintoras. 

Grafito ó Plombdjína, mineral también llamado Lápiz- 
plomo, de la naturaleea del Talco. 

Granito, roca 6 piedra berroqueña, formada por la reunión 
de pedacitos de tres ó cuatro especies heterogéneas, que 
suelen ser el feldespato, el cuarzo y la mica. 

Hierro, cuerpo simple metálico, que se halla combinado coü 
el oxígenq, con el a«ufre, con varios ácidos, ó en fin en el 
estado puro ó nativo; es tenaz, dúctil y maleable, de co- 
lor gris que tira á negro, por el exterior, y en el interior, 
de color gris claro metálico, inclinado á blanco de pla- 
ta; es abundante en toda la América. 

Hulla ó Carbón de piedra, sustancia bituminosa, terrea, 
dura é inflamable, de color oscuro y casi negro; hay mi- 
nas de este combustible en el Perú y Estados Unidos de 
Norte América. 

Iwán ó Hierro oxidado magaéticOt de color gris oscuro y 
que tiene la propiedad de dirigirse hacia el Norte, de 
atraer el hierro, y de comunicarle su facultad atractiva; 
en México hay montes enteros de este mineral. 

ItltU 6 Piedra de pavos, es semi-diáfana, de contextura vi- 
trea y color generalmente negro, á veces blanco y azul. 
Los indios Mexicanos la apreciaban mucho, pues hacían 
con ella, espejos, cuchillos, lancetas, navajas de afeitar 
y aún espadas. 

Kaolia, tierra para porcelana, entremezclada con unoscuer* 
pecilJos resplandecientes y como cristalizados. 

Magnesio, metal parecido á la plata, blanco, sólido y más 
pesado que el agua. 

Manganesa, de color ceniciento, muy duro y quebradizo. 

Mármol, piedra calcárea, muy dura y compacta; en Améri- 
ca hay innumerables especies de diversos colores y jas. 
pea; es nativa y se encuentra en masas inmensas y com- 
pactas, llegando fi formar montanas enteras, 



184 ORIGEN DE LOS INDIOS 

Monaziia, mineral del que se extrae el Mesotorio, Bustancia 
muy eficaz para la cura del cáncer, y qtie está destinada 
á ser el rival del radio, por ser de un precio a'go más ba- 
jo que éá»te. 

Nafta, especie de betún líquido, trasparente, lijero y muy in- 
flamable, de un color amarillento, que se encuentra so- 
brenadando en el agua. 

Niqnel, metal muy duro, de un color parecido al de la plata 
y al del estaño, que tiene propiedades magnéticas como 
el hierro, aunque en mencs grado. 

Oro^ es el más rico metal, y es tan abundante en América, 
principalmente en el Perú y en México, que en algunas 
minas se han sacado pepas de oro nativo que han pesa- 
do más de una arroba: los cronistas antigües cuentan 
como un caso extraordinario, que en la Isla Española ó 
de Santo Domingo se encontró, al principio de la Con- 
quista, en el río Hajna, una pepa de oro que pesaba 
más de 3,000 castellanos, que es más de arroba y media; 
más común ha sido encontrar pepitas de 100, 200 y 300 
castellanos: también hay en América abundantes lava- 
deros de este precioso metal, en los lechos de los ríos 6 
de los arroyos, lavaderos de los que se sacan pepitas en 
cantidad bastante considerable; pero, generalmente, el 
oro se encuentra, casi siqpipre, en las minas aleado con 
otros metales, con la plata y la mayor parte de las piri- 
tas: es el metal más dúctil y más tenaz que todos los 
demás, presentando un color amarillo más ó menos pu- 
ro, tirando algunas veces al blanco amarillento, al ver- 
de ó al rojo, y e3 el más pesado de todos los metales, si 
se exceptúa el platino. 

Petróleo^ betún líquido, negruzco, craso, de olor resinoso 
fuerte, que sa halla en el seno de la tierra; en América 
hay ricas minas de este producto, principalmente en la 
costa del Pexú y en Estados Unidcs de Norte América. 

¡hiedra pómez, sustancia calcárea, esponjosa y liviana. 



DE AMÉRICA 185 



Piedra de Berengaela ó de Huamanga, casi tan blanca co- 
mo el alabastro: es originaria del Perú. 

Pizarra, sustancia de color negruzco, opaco, muy poco relu- 
ciente-, mediamente duro, que se rompe fácilmente, segre- 
gándose en hojas, no pesado y algo frío al tacto. 

Plata, en algucas minas de América se encuentra la plata 
nativa ó pura, en ramas divergentes, eñ filamentos, en 
láminas y en masas más ó menos considerables; además, 
el mineral de plata se encuentra en diferentes formas y 
amalgamada con otros minerales, como plata mercu- 
riada, iodurada y antimoniada, areeLicada, sulfurada, 
bromurada, carbonatada, y con otras sustancias: la pla- 
ta es blanca, sonora, dúctil, y es el metal más precioso 
después del oro y de la platina. Les principales minera- 
les de plata se encuentran en México y en el Perú, ha- 
biéndose sacado de este último territorio, barras de plata 
maciza del peso de 25 kilogramos. La cantidad de pla- 
ta que se extrae anualmente del Continente de América, 
es más ó menos de 34 á 35.000,000 de pesos. El valor 
de la plata sacada en solo el Perú, desde 1630 hasta 
1803, se ha computado en un billón doi3cientos treinta y 
dos millones de pesos. La Historia refiere que hasta el 
siglo XYII era tan abundante la jplata en el Perú, que 
en las grandes festividades religiosas de la capital de 
Lima, las calles por donde tenía que pasar la procesión 
de las comunidades monásticas, estaban cubiertas de 
barras de plata por valor de setenta y cinco millones. 

Platina, metal blanco tan duro como el oro, y el más pesa- 
do de todos, llamado también Oro Blanco, muy aguda, 
resistente á la acción de todos los ácidos simples; es na- 
tivo de Colombia y del Brasil. 

Plomo, metal que más pesa, después del oro y la platina; es 
dúctil, maleable, blando, fusible, de color gris lijeramen- 
te tirante á uña especie de azulj que en combinación con 
24 



186 ORIGEN DÉ LOS ÍNDÍOS 

II A 

loi ácidos forma diversos sales venenosos; es nativo de 
México, Perú, Brasil y Estados Unidos septentrionales. 

Sal común ó Sal gema, sustancia dura, soluble en el agua, 
de sabor penetrante, compuesta de ácido hidroclórico y 
de sosa; aunque generalmente se extrae del agua del 
mar por evaporación, se encuentra en estado consisten- 
te en algunos terrenos, principalmente en la América del 
Sur, donde las salineras son muy abundantes. 

Salitre^ sal compuesta de ácido nítrico y de potasa, que se 
encuentra en forma de agujas y de polvillo blanquinoso, 
de color algo gris, de sabor fresco, amargo y desagra- 
dable: en el sud del Perú existen grandes salitreras ina- 
gotables que ocupan pampas enteras y que han dado* 
grandes rendimientos, primero al Perú, y actua.)mente 
á Chile. 

Talco, sustancia terrea, flexible, untuosa al tactoi que se 
presenta generalmente en forma de hojuelas sobrepues- 
tas, de color blanco y fácilmente separables. 

Uranio, mineral del que se extrae el radio, tan eficaz para la 
cura del cáncer. El radio es una sustancia de muy alto 
precio, pues la onea importa más de ochenta mil pesos. 

Vanadium, mineral descubierto en el Perú por el sabio Rai- 
mondi, que tiene las cualidades de aumentar la resisten- 
cia y la ductilidad del acero y del hierro, y otras apli- 
caciones, propio para las construcciones navales y la fa- 
bricación de armas. 

Vitriolo líquido, sustancia mineral que siempre conserva su 
estado líquido, sin poderse coagular. 

Yeso ó Gypse, especie de piedra no muy dura, la cual pro- 
piamente se llama así después de quemada y dispuesta, 
como la cal, pero con la cualidad contraria á ella, pues 
se endurece y cuaja con el agua, mientras que la cal se 
deshace con ese líquido; es muy abundante en muchos 
lugares del Perú* 

Zinc, sastancia metálica de color blanquizco, que se extrae 



DE AMÉRICA 187 



de la calamina y otros minerales; es lustroso, algo asa- 
lado, menos fusible qne el estaño ó el plomo. 

Tampoco faltan en América, piedras preciosas^ 
encontrándose en las minas las siguientes: 

Amatista, piedra trasparente de color violado: hay en el 
Brasil. 

Azabache, el más compacto y sólido de los carbones, de nn 
negro lustroso, bastante duro. 

Berilio, especie de esmeralda, llamada también Agua Orien- 
tal, cuyo color es azul hermoso, sin métela de verde. 

Calcedonia 6 Ágata: casi trasparente, de apariencia vidrio- 
sa, á veces clara y lustrosa, con protuberancias en su in- 
terior, y otras con vetas de diversos colores. 

Cornalina especie de ágata calcedonia, silicosa, de color en- 
carnado y trasparencia córnea. 

Crisólito, piedra preciosa, menos dura que el topacio, de 
color amarillo bajo verdoso. 

Cristal de roca, piedra vistosísima, especie de cuarto blan- 
co y trasparente, que se halla en América en estado na- 
tivo. 

Clialcíiicuite, piedra preciosa de varios colores, que sólo se 
encuentra en las minas de América. 

Diamante, piedra en extremo preciosa y rica, tersa, lúcida, 
brillante, diáfana y tan sumamente compacta ó imporo- 
sa, tan fuerte y dura, que raya todas las otras piedras 
finas, entre las cuales descuella como la más preciada, 
codiciada y costosa, después de abrillantada. Entre los 
diamantes, que son pied.as en las que la Naturaleza pa- 
rece, haber querido reunir todas las perfecciones, hay de 
matices diversos, amarillos, rojos, verdes, azules, par- 
dos y aútí negros traslúcidos. Los diamantes abrillan- 
tados tienen un precio elevadísimo en joyería, y para 
computar su valor, basta decir, que cada brillante del 



188 ORIGEN DE LOS INDIOS 

peso de 3 granos vale de 161^á 216 francos, según su 
calidad; uno de 4 granos 6 un carat, se estima de 240 
hasta 288 francos; pasando de un carat, el precio au- 
menta mucho; por ejemplo, una piedra de 6 granos vale 
de 312 á 336 francos; una de 6 granos, de 400 á 480 
francos; una de 12 granos 6 3 carats, de 1680 á 1950 
francos; una de 16 granos, de 2450 á 3120 francos, V 
pasando un sólo grano más, puede llegar su precio á 
3800 francos. Les diamantes de 5 á 6 carats son ya pie- 
dras muy hermosas; los de 12 á 20 carats son muy esca- 
sos, y con mayor razón los de peso más alto. Tan sola* 
mente algunos pasan de 100 carats (1). 



(1) Hay algunos diamantes históricos de mucho valor, que por su 
notabilidad merecen ser mencionados, pues las tradiciones que se refieren 
á ellos son fielmente guardadas. 

El famoso é incomparable Diamante Rey, pesa 1730 carats; es del ta- 
maño de un huevo de gallina, oblongo, proveniente de las minas del Brasil- 
pertenece á la Corona de Portugal: es estimado en la crecida cantidad de 
23.000,000 de francos. 

El Diamante Pitt ó Regente, de 136 carats, que pertenece á la Coro" 
na de Francia, es notable por su forma graciosa, por sus hermosas pro- 
porciones y por su perfecta limpieza incolora; pasa por ser el más bello 
diamante de Europa, pues está estimado en 5.000,000 de francos. ^ 

El Diamante Sancy, que. pesa 106 carats, primero perteneció á Jacobo 
II de Inglaterra, después á Luis XIV de Francia, en seguida á Luis XV y 
finalmente al Emperador de Rusia, está avaluado en 3.125,000 francos. 

El Diamante Emperador de Austria, que pesa 139 carats, presenta 
un tinte amarillento, está tallado en rosa y de mala forma, y justiprecia- 
do en 2.600,000 francos. 

El Diamante Orloff, de 193 carats, fué extraído y robado por un sol- 
dado francés, de uno de los dos ojos del ídolo de Seringham, del templo de 
la diosa Brahma, en Pondichery (Indostán) y adquirido por la Imperatriz 
de Rusia, en 2.160,000 francos. 

El Diamante Rojo de rurí, de 160 carats, adquirido por el Empera 
dor de Rusia Pablo T, es de formn perfecta, y está avalorado en 2.160,000 
francos. 

El Diamante Gran Mongol, que pesa 123V^ carats, primero pertenc- 



DE AMÉRICA 189 



Esmeralda^ piedra preciosa de color verde intenso, que la- 
brada y pulimentada, despide un resplandor mny agra- 



ció al Tesoro de Delhi, y en seguida al de Lahore: en 1 850 las tropas ingle- 
sas, por derecho de conquista, se posesionaron de esta valiosa piedra y la 
obsequiaron al Rey de Inglaterra; su valor está estimado en 2.080,800 
francos. 

El Diamante Shah, que el príncipe Cosrhoés, hijo del Shah de Persia 
Abbas-Miza, regaló al Emperador de Rusia, es apreciado en 1.126,000 
francos. 

El Diamante Rajah, de Matan, de 367 carats, que perteneció al Rajah 
de Borneo, está estimado en 735,000 francos. 

El Diamante Pacha, que ha pertenecido al Pacha de Egipto, está ta- 
sado en 700,000 francos. 

El Diamante Estrella i>el Sud, proveniente de las minas del Brasil, 
fué estimado en 120,000 francos. 

El Diamante Nassah, está avalorado en 75,000 francos. 

El Diamante Imperatriz, extraído de las minas del Brasil, perteneció 
á la Emperatriz Eugenia de Montijo, mujer de Napoleón III: es estimado 
en 5(^,000 francos. 

El Diamante Duque de Toscana, de 139 carats, perteneció, primero, 
á Carlos el Temerario, que lo perdió en la batalla de Granzón; encontrado 
por un suizo, éste lo vendió á Ludo vico Sforza, y por último llegó á poder 
de la Corona de Austria: está avaluado en 30,000 francos- 

El Diamante Florentino, perteneció á los Grandes Duques de Tosca- 
na, y ahora pertenece á la Corona de Austria: está también tasado en 
30,000 francos. 

Algunos otros diamantes de mucho valor, son los siguientes: 

Uno que perteneció á Napoleón I, que lo perdigó en la derrota de W^- 
terloo, cuyo importe era de varios millones de francos, y que recogido por 
un soldado prusiano, pertenece hoy á la Corona de Prusia. 

Otro, de color verde esmeralda, de 540 carats, que forma parte de las 
alhajas de la Corona de Sajonia. 

Otro, de color záfiro, de 680 carats, comprado para la colección de 
Mr. Hope, tasado en más de 1.500,000 francos. 

Otro, perteneciente al Virrey de Egipto, estimado en 760,000 francos. 
Otro, encontrado en el Brasil por un esclavo, cerca de Bogagcm, -ava- 
lorado en 176,250 francos. 

Y algunos otros /aás, de altos precios, que no han llegado á nuestra 
conocimiento. 



190 ORIGEN DB LOS INDIOS 

dable á la vista: es propia de Estados Unidos de Norte 
América y de Colombia. 

Especularía^ piedra negra, muy fina y trasparente, que solo 
se halla en las minas de América. 

GalastitCf llamada Piedra de Líche, que solo se halla en 
América. 

Girasol, piedra preciosa, especie de ópalo 6 silex cuya tras- 
parencia 82 sombrea por una nubécula láctea que refleja 
una lus de aurora cuando la hieren los rayos del sol. 

Granate, especie de rubí ordinario, de ua color análogo al 
de la semilla de la granada en su estado de sazón. 

Hematite, piedra color rojo que tira á negro, que solo se 
halla en América. 

Hystheríca, piedra negra, muy lisa y muy pesada, que tiene 
la virtud, se dice, de curar la histericia, colocándola so- 
bre el ombligo. 

Icapinca ó Piedra del Inca, color de acero bruñido, que los 
emperadores del Perú usaban como espejo: es propia del 
Perú. 

Jacinto, piedra preciosa de color amarillento, más ó menos 
tirante al rojo, y á veces también al pardo 6 blanco 
verdoso, diáfana ó trasparente, dura y bastante esti- 
mada. 

Jade, piedra muy dura, de color verde oscuro, susceptible 
» de un hermoso pulimento. Ea América, los indios se sir- 
ven de esa piedra en lugar de hierro, para hacer sas ar- 
mas y varios otros instrumentos de su uso. 

Jaspe, piedra fina, dura y opaca, de la naturaleza del ágata, 
matizada de varias colores: es susceptible de tomar un 
hermoso pulimento. 

Lapizlazuli, piedra opaca más dura que el mármol, de un 
fondo azul matizado de diferentes colores, con vetas y 
manchas blancas, y salpicada de marquesitas doradas. 

Malaquita, especie de piedra cobriza, cuyo color varía del 
verde mansana al verde esmeralda, con ciertos dibujos 



Í)E AMÉRICA 191 



por lo regular anulares; es susceptible de pulirse como 
el jaspe. 

Nefrita, especie de jaspe, de color ceniciente, verde gris y ce- 
le s te. 

Ópalo, piedra preciosa que goza la propiedad de reflejar en 
todos colores los rayos delumínicos que la penetran, por 
efecto de su diafanidad, si bien su aspecto á primera vis- 
ta ofrece un color blanco lechoso algo azulado; es pro- 
pia de México y Guatemala. 

Pantaura, piedra preciosa de color rosa, con diversos mati- 
ce s: es originaria de Colombia, donde sólo se encuentra. 

Rubí, piedra preciosa, muy dura, lustrosa y no muy pesa- 
da, de color por lo común rojo de rosa ó de carmín; es 
una de las piedras más estimadas; en América se encuen- 
tra en las minas en pequeños fragmentos 6 bolas, y á 
veces en figuras regulares de diferentes planos: se hallan 
p&rticularmcnte Rubíes en el Brasil. 

Sanguinaria, piedra semejante al ágata, de color de sangre, 
á la que se le atribuye la virtud de contener los flujos de 
sangre. 

Sardónicay especie de ágata, piedra bastante fina, con fajas 
amarillas 6 listas rojas. 

Serpentina, piedra verdosa con puntos negros, compacta, 
poco dura, suave al tacto, y, á semejanza del marmol, 
susceptible de hermoso pulimento. 

Topacio, piedra precios i, trasparente, brillante, muy dura, 
de color comunmente amarillo rojizo 6 de oro, aun- 
que les hay de otros matices: se hallan Topacios en el 
BrÉSil. 

Turquesa^ piedra preciosa, de color anaranjado, sin traspa- 
rencia, lustrosa, medianamente dura y capaz de recibir 
un hermoso pulimento: es propia de México y del Brasil 

Venturina, especie de piedra color de café tostado y llena de 
pintas doradas* 

iiaúr ó líañrot piedra preciosa de color cerúleo, que algunas 



M 



ORIGEN DE LOS INDIOS 



veces tiene varios puntillos dorados, y otras inclÍDanse 

algo á purpúreo. 

La América tiene también la planta marina llamada 
Coral, rojo y blanco, que se encuentra en Portobelo y en 
aquella cesta donde estuvo la antigua ciudad de Nombre de 
Dios. Es estimado para elaborar collares, pulseras, aretes 
y otros vistosos adornos de las mujeres. 

REINO VEGETAL 

Es tan rico, tan variado, soberbio y maravilloso el 
Reino Vegetal, que se puede decir que la América, 
principalmente la Meridional, es el jardín botánico 
más proveído del Orbe entero^ pues bu suelo tan pri- 
vilegiado por la mano del Supremo tlacedor, tiene 
muchas plantas medicinales, aromáticas y de otras es- 
pecies, desconocidas en los Continentes del Antiguo 
Mundo. También es riquísima por las maderas que 
encierran sus zonas forestales, ofreciendo, todo, en 
una palabra, un panorama estupendo, desordenado y 
grandioso, cuya vigorosa vegetación causa una admi- 
ración profunda. 

Un sabio peruano contemporáneo, ba dicho: «El 
botánico y el zoologista se han limitado sólo á reco- 
rrer, por caminos trillados, esos espaciosos bosques im- 
penetrables hasta para los rayos del sol que los vivi- 
fica, y segurai guaridas de animales é insectos.» 

A lo que nosotros agregamos: Por lo inmenso de 
las riquezas del Reino Vegetal, sensible es, que no se 
baya dedicado una pequeña parte de los grandes te- 
loroB que se han sacado de América, para fundar acá- 
demiai de naturalistas botánicos que se hubieran de- 



DE AMÉRICA 193 



dicado al estudio y descripción de esas mismas rique- 
zas derramadas con tanta liberalidad, por la mano 
del Criador, en tantos vírgenes y tupidos bosques; por- 
que la ciencia de la botánica estaría hoy en posesión 
de las virtudes, propiedades y aplicaciones de muchas 
nuevas plantas, que permanecen desconocidas aún. 

Entre los árboles y plantas medicinales de Amé- 
rica, que son muy numerosas, se hallan las siguientes: 

AberenotemOf árbol cuya corteza es eficaz para curar las úl- 
ceras de mal carácter. 

Acacia catecú, llamada también Mimosa, es muy estringen- 
te y antisifílítica. 

Aciocay planta cuyas hojas son estomacales y eficaces con- 
tra la gota y la nefritis. 

Adormidera^ cuyas cápsulas contienen un principio narcó- 
tico. 

Agave, planta activa para curar el mal yenereo. 

Ajacanalca ó Ají silvestre, planta estimulante para la im- 
potencia. 

Aljosucha, planta preventiva contra las tercianas. 

Aloes, planta de la que se saca el Acíbar, especialmente pur- 
gantei 

Altamisa ó Ambrosía silvestre, estimulante para la impo- 
tencia. 

Árbol de Sangre, llamada así porque contiene la sangre de 
las narices ó de cualquier herida, eñ el momento que se 
aplica á la parte por donde mana. 

Ayaguacha, planta cuyas hojas son pectorales, sudoríficas 
y dulcificantes. 

BáísamuUaca, planta que cura la ictericia. 

BenacOf árbol cuya raiz sirve para las quebraduras y la ic* 
tericia. 
29 



194 OÜIGEN DE LOS INDIOS 

Berro acuático^ planta para las enfermedades del hígado. 

Cabalbau, planta coya raíz sirve de remedio para las heri- 
das emponzoñadas. 

Calahuala, planta febrífuga depurativa, para la sífilis. 

Canchalagua^ se usa parla purificar la sangre. 

Caninie, árbol cuya resina es un bálsamo para toda clase 
de heridas. 

Cañañstula, árbol cuya pulpa sirve para diferentes usos 
medicinales. 

Caryopbylato, planta aromática,, estomacal y fortificante. 

Cascarilla ó Quina Calisaya, árbol cuya corteza amarga es 
aromática y eficaz para combatir las fiebres palúdicas y 
periódicas; es propia del Perú. (1) 

Casia, planta especialmente purgante. 

Catacata, planta estomacal y espasmódica. 

Cedrón, planta cuyas hojas son un antidoto contra el ve* 
neno de las serpientes. 

Coa-ataja, planta emanagoga, diurética y purgante. 

Coa^etlmay, arbusto cuyas hojas curan la sarna. 

Coa-guitaria, planta cuyas hojas cauterizan las úlceras. 

Coa-opia, planta cuya propiedad es ser purgante. 

Coa^roboa, arbusto cuya madera cura las enfermedades si- 
filíticas. Esta última planta y las cuatro anteriores, son 
propias del Brasil. 



(1) La Cascarilla Calisaya tiene su historia. Refiere la tradición, que 
habiéndose enfermado gravemente Doña Francisca Enriquez de rivera, 
esposa del Virrey del Perú Don Luis Gerónimo Fernández Cabrera Conde 
de Chinchón, una india sirvienta suj^a, secretamerte le suministró los pol- 
vos de Cascarilla; que sorprendida la india, se trató de quemarla viva, por 
haber creído que trataba de envenenar á la Virreyna; más, hallándose ya 
en el cadalso, se le perdonó la vida en vista de la maravillosa curación de 
la enferma, reconociéndose entonce^ que el específico suministrado era el 
descubrimiento para la curación radical contra las fiebras malignas. En 
1640, el Virrey Conde de Chinchón y su esposa volvieron á España, y el 
médico que los acompañó llevó á España una porción de Quina Calisaya, 
1a cual Tendió en ScriUa á 100 escudos la libra. 



DB AMERICA 195 



Chala, planta que ee un específico contra el dolor de muelas, 

Chatalhuic, febrífaga, para las fiebre intermitentCB. 

Chilca, árbol cuya raí« es eficaz para soldar roturas de 
huesos. 

ChilchiU planta estomacal, corroborante y restauradora de 
la digestión. 

Phimiy planta cuya raíl cura el cálculo 6 mal de piedra. 

Chinchircuma ó Sabia brillante, contra-estimulanteopara 
las enfermedades del corazón. 

Cicuta^ planta parecida al perejil, que se emplea por go- 
tas para curar la tisis y las escrófulas; su jugo es un 
veneno activo, cuando se toma mayor dosis de lo pres- 
crito. 

Cincbuncbulli, cuya raíz molida y puesta en vino es reme- 
dio para la cura radical de la lepra. 

Colpacbcy árbol cuyas hojas son febrífugas y estomacales. 

Comacay árbol cuya goma cura el flujo de saiigre y las he- 
ridasA 

Contra-hechizo, mezclada con triaca, es un amuleto contra 
las enfermedades. 

Contrayerba ó Lengua de sierpe, contra las picaduras de 
las serpientes. 

Copaiba, cuyo estimado bálsamo cura las blenorreas, leu- 
correas y catarros pulmonares crónicos. 

Craceiro, planta cuya corteza y raíz tienen las propiedades 
de la Quina. 

Culantro, estimulante y excitante para los partos penosos. 

Calen, yerba propia de Chi e, cuyas virtudes estomacales 
sudoríficas, son especialmente favorable para las dolen- 
cias de las mujeres que padecen retenciones periódicas, 
flatos y otros accidentes histéricos. 

Canturíri ó Contrayerba, astringente para curar la disen- 
tería y las picaduras de insectos. 

Digital purpúrea, planta diurética empleada en las enferme- 
dades del corazón, 



196 ORIGBK DB LOS tKDIOS 

■ I ■! I .11 I III I I — —— — H 

Eléboro, es planta importante para el tratamiento y ctt- 
ración de la locara. 

Bndamo, planta que cara lai úlceras, el eicorbato y loa 
males catáneos. 

Estoraque 6 goma nopal, empleada con frecaencia en la 
farmacopea. 

Estricno, planta qae le emplea para combatir la parálisis. 

Frailecillo, cay as hojas son especialmente nn purgante efi- 
caz, y tiene además la propiedad de ser baeno para la 
fecundidad en las taajeres estériles: es propia de la isla 
de Cuba. 

Genciana, planta cuya raí« es an febrífugo tónico. 

Gengibre, planta de cuya raís se saca un aceite esencial que 
es un excelente digestivo. 

Guachi ó Bejuco de Yungas, calmante para el reumatismo» 

Guaco, para las mordeduras de las serpientes de cascabel y 
otros animales venenosos. 

Guanaco, árbol cuya resina cura las afecciones reumáticas 
y gotosas, como también la asiática. 

Guayaco 6 Guayacan, árbol cuya madera resinosa es medi- 
cinal. 

Guayusa ó Huayusa, árbol cuyas hojas prolíficas y afrodi- 
siacas, en infusión, sirven para dar fecundidad aún á 
las personas estériles. 

Hedionda, arbusto cuya madera es remedio para matar las 
lombrices. 

Helécho macho, para combatir la tenia ó solitaria. 

Higuerón, árbol cuyo jugo viscoso parecido á la leche, cura 
las quebraduras del ombligo. 

Hoja de la vida, estimulante, afrodisiaco contra la esteri- 
lidad. 

Hoja Redonda, estimulante, para las afecciones del hígado. 

Hojé, antídoto contra las lombrices. 

Huallhua, planta que cura en pocos días las mataduras de 
las bestias. 



DE AMÉRICA 197 



Huipini, planta eficaz contra las picadura! de víboras. 

Huira-buira, tónico contra las fiebres malignas. 

Ipecacuana, de raíz especialmente emética; es propia del 
Brasil. 

Jalapa, purgante enérgico; es originaria de México. 

Janukcara ó Mastuerzo de cementerio, antiséptico y anti- 
escorbútico, contra la gangrena y el escorbuto. 

Jaruna, árbol cuyas hojas sanan las llagas. 

Leche de espino, árbol cuyo jugo cura el dolor de muelas. 

Lombriguera, arbusto cuyas semillas hacen arrojar en un 
-minuto todas las lombrices. 

Machicui-Huascay planta de olor fuerte y aromático, como 
el alcanfor, muy amarga, que se usa contra las fiebres 
intermitentes. 

Maná, materia blanca y asucarada que se emplea como pur- 
gante; es el jugo lechoso del fresno. 

Mandragora, planta que tiene la virtud, se dice, de prolon* 
gar la vida en los ancianos y renovarla en los que pade- 
cen achaques. 

Manioc, arbusto medicina), empleada en las farmacias; es 
propia de los trópicos. 

Manzano silvestre, arbolillo cuyas hojas aplicadas á las al- 
morranas más rebeldes, las curan por completo. 

Maripenda, planta cuyos tallos tiernos y sin fruto, cocido 
en agua, produce un bálsamo propio para la curación 
de toda clase de heridas. 

Mastuerzo, planta que tiene ]a propiedad de curar las al- 
morranas. 

Matapalo, planta cuya raíz es eficaz para soldar las relaja- 
duras y quebraduras de la ingle. 

Matico, cuyas hojas reducidas en polvo curan las heridas y 
úlceras, y bebidas, en infusión, como té, cortan y curan 
también el dolor de costado y las pulmonías. 

Mimosa arábiga, árbol del que se extrae la goma arábiga 
tan usada en medicina. 



198 ORIGEN DE LOS INDIOS 

Nacazol, planta propia de México, para curar las fracturas 
de huesos. 

Nanalmapatiy planta efica« para curar las úlceras. 

Nuñu-Huactana, caña agria cuyo jugo corta las tercianas 
y cura las enfermedades del pecho. 

Nuñu-Quehtia, yerba que tiene la propiedad de hacer venir 
leche á los pechos de las mujeres, que escasean de ella. 

Ocozotle, árbol que, por incisión, produce la resina llamada 
Liquidambar.y cuyas hoja« curan toda clase de heridas; 
es originario de México. 

Ocuje, árbol cuya resina metclada con polvo de mate, cura 
las relajaduras y las suelda enteramente. 

Palosanto, cuya madera aromática cura las ^afecciones ve- 
néreas. 

Papíni, planta cuya rai« tuberosa es purgante. 

Pichuritiy árbol cuya resina es un bálsamo que cura las he- 
ridas. 

Puchen, cuyo fruto cura la disentería. 

Paicücilloy planta especialmente purgante. 

Quinquina ó Quinaquina, árbol que tiene propiedades febrí- 
fugas y tónicas, j de cuyo tronco se extrae el Bálsamo 
del Perú. 

Ricino, ó Palmacristi, cuyas semillas contienen un aceite 
purgante. 

Ruibarbo, cuya resina es especialmente purgante. 

Sacha ó Isates, planta que cura la disentería. 

Sanangú, bejuco cuyas hojas curan el reumatismo, pues to- 
mado en infusión, quita las frialdades de los nervios y 
huesos. 

Sangre de drago, sustancia resinosa muy astringente. 

Shilinto, bejuco cuyo sumo cura la sarna más rebelde. 

Sinarruga, planta amarga antifebrífuga. 

Shinvillo, árbol cuya madera en decocción fortifica los hue- 
sos j suelda prontamente las quebraduras de los 
mismos. 



DE AMÉRICA 199 



Suelda con suelda, arbusto para curar quebraduras de los 
miembros y hemoragias 

Tabaco cimarrón, calmante para el reumatismo. 

Taintani o Caña agria, planta que,.mascada, cura las calen- 
turas. 

Takarcaya ó Casia, astringente para la estomatitis; es pro- 
pia del Pera. 

Tamarindo, cuya pulpa acida es refrescante. 

Tártago ó Palma-christi, planta especialmente purgante. 

Tinta-FIulna, planta cuyas hojas curan la tina. 

Tucuache ó Michoacan, cuya rai« reducida á polvo es un efi- 
caz purgante. 

Tuma-Sunga, planta que cura las afecciones de los ríñones. 

Vainilla, planta aromática cuyas virtudes medicinales son 
sialogógicas. 

Valeriana, planta que tiene las cualidades de ser excitante, 
antíespasmódica, cudorifíca y vermífuga. 

Villca-villca ó Zumaque, estimulante afrodisiaco para la es- 
terilidad. 

Viperina, que sirve para librar á las mujeres de malas re- 
sultas después del parto, y también para purificar la 
sangre. 

Yerba de Mataduras ó Huallhua^ que cura y cicatriza toda 
clase de llagas. 

Yerba de Santa María, vermífuga. 

Zabida ó Zabila, planta liliácea, cuyo sumo exprimido y es- 
pesado constituye el acibar, que se emplea en la farma- 
copea como tónico, purgante y dráctico: las mujeres lo 
usan para untarse los pezones cuando quieren destetar 
á los niños. 

Zarzaparrilla, se usa para purificar la sangre: es originaría 
de América. 

ZozoyatiC) cñcae para excitar el estornudo. 

Y algunas otras plantas aromáticas y de TÍrtttdei medi- 



200^: ORIGEN DE LOS INDIOS 



cíñales, que se encuentran en el suelo americano, como Altea, 
Borraja, etc., etc. 

Asi como hay en América tantas plantas benéficas 
en medicina, también hay algunas nocivas, como las 
que mencionamos en seguida: 

Aguapar^ árbol que produce leche caii semejante á la de la 
vaca, pero perniciosa, pues sus solas emanaciones pro* 
duce enfermedades á la persona que las reciba; es pro- 
pia de los alrededores de Bogotá, en Colombia. 

Barbasco, planta enredadera de cuya r&iz se extrae un jugo 
que es un veneno activo. 

Carapücha, planta cuya semilla produce embriagues y de- 
lirio. 

Caspi'Caracha^ árbol cuyo efluvio venenoso se produce con- 
tra el hombre, pues basta que una persona pase debajo 
de él ó su cercanía, para que contraiga una especie de 
sarna tan pertinas que es muy difícil de curarla. 

Chamico t planta cuya semilla es un terrible narcótico, cu- 
yos efectos producen el idiotismo. 

GuaU'gaaü ó Gaao, arbusto cuyo veneno es tan activo que 
sólo con su contacto hace hinchar la parte del cuerpo 
que lo toque. 

HüantúCt arbusto cuyas flores son uú poderoso narcótico 
que usan los indios para fingir que ven visiones. 

ManioquCy planta cuyo jugo es venenoso. 

Manzanilla^ arbusto que destila un jugo lechoso muy cáus* 
tico, y sumamente venenoso, con el cual los indios enve. 
nenan sus flechas, y se cree que aún su sombra es noci- 
va, pues que hincha á los que se acojan á él contra los 
fuertes colores, á la ves que su fruto, parecido á una 
mansana, es también venenoso, pues el que lo coma su- 
cumbe á las pocas horas en medio de los más terribles 
dolores. 

Máracüra, bejuco del que los indios sacan el veneno llamA* 



DB AMéRICA ' 201 



do cCarare», con él que enyeúeñan sus flechas, en grado 
tal, que al herir, ocasionan la muerte instantáneamente. 
Piri-pirí, planta cuya hoja es un narcótico tcrriblé| es origi- 
naria de B Olivia. 

La América es igualmente muy rica en corpulen- 
tos árboles de tantas especies, cual no los hay en nin- 
guna otra región, y sus maderas finas son propias para 
obras delicadas de ebanistería, para construcciones de 
edificios, buques, muelles y muchísimas obras usuales. 
Enumeramos en seguida algunas especies: ^ 

Abedul, especie de álamo cuya cortejase rompe en hojas del> 

gadas como el papel. 
Abeto, árbol que produce la trementina. 
Acebo, árbol armado de aguijones, que se aprovecha en los 

sotos ó cercados. 
Acoma, cuya madera es apropiada para la construcción de 

buques. 
Achuru, cuya madera es muy estimada para la construcción 

de edificios. 
Alcornoque, cuya corteza constituye el corcho. 
Alerce, cuya madera es aparente para las obras de ebanis- 
tería. 
Algarrobo, árbol que según los botánicos, vive más de dos- 
cientos años. 
Arce, árbol del que mana una sustancia resinosa ó sea la 

trementina. 
Astrágalo, árbol que produce la goma tragacanto. 
Boj, cuja madera es tan compacta, que sirve para gravaren 

ella, obteniéndose grabados muy finos. 
Boygky árbol que tiene la corteja semejante á la canelaj es 

un árbol sagrado para los Araucanos. 
CaimiterOi cuya madera es muy dura é incorruptible. 

26 



20á ORIGEN Í)É LOS INDIOS 

Caoba 6 Cayoihay madera compacta y may estimada en 
ebanistería. 

Cápay cuya madera es excelente para construcciones de 
buques. 

Capironay madera que tiene la propiedad de petrificarse en 
el agua. 

Caucho, árbol cuyo jugo, condensado, suministra la resina 
llamada goma elástica, que hoy se consume tú gran can- 
tidad en la industria para tan diverso objetos; es ori- 
ginaria de América. 

Cedro y madera inmejorable para obras de ebanistería. 

Cimarruhay árbol muy elevado, propio de las Antillas, las 
Guayanas y el Brasil. 

CipréSy árbol de varias clases, sirviendo su madera para la 
confección de vihuelas y otros instrumentos. 

Chilca-hravay madera color pardusco, que no admite po- 
lilla. 

Chontay madera negra muy pesada, lisa y compacta, con la 
que los indios de América fabrican sus arcos, lansas y 
macanas. 

BhanOy madera negra, dura y compacta, muy apreciada pa- 
ra embutidos de ebanistería. 

Enebro, madera aromática muy apreciada para la fabrica' 
ción de la ginebra, licor muy fuerte y estimulante. 

Fresno y cuya madera es blanca y se emplea en diferentes 
usos en la industria. 

Guachapelí, madera fuerte y sólida que se emplea para la 
construcción de buques. 

Guapura, arbusto cuya madera es incombustible. 

GuarangOy árbol cuya madera es inmejorable para construc- 
ción de buques; es originario del Ecuador. 

Guayacan, madera muy dura y olorosa. 

Haya, árbol que rivaliza con el roble por su bellef a y utilí- 
dad, siendo muy tenas y flexible; de sus frutos se extrae 
fin aceite eitimado* 



BE AMÉRICA 203 



Higueron gigantesco, madera correosa y fuerte que se uaa 

en la construcción de canoas. 
Humiro, árbol notable por sus grandes frutos cuyas semi- 
llas tienen un albumen análogo al marfil. 

Jacaranda^ madera dura y muy compacta que se emplea en 

enchapados y embutidos de muebles. 
Manchigay árbol cuya madera es tan dura que hace oficios 

de piedra de batán. 
Mangle, madera resinosa y fuerte que es apropiada para di- 
versos usos. 

Mimosa arábiga, árbol del que se extrae la goma arábiga. 

Molle, árbol frondoso y corpulento; es propio de Quito. 

Nogal, árbol cuya madera es pesada, dura y de un hermoso 
color oscuro. 

Olmo, cuya madera es fuerte, sólida y fácil de labrar. 

Palisandro, madera empleada en obras finas de ebanis- 
tería. 

Palmeras, árboles de diversas clases, originarias de Améri- 
ca; hay gigantescas, como: Palma Real, Palma de Cera, 
Palma Pischuayo, Palma Aguaje, Palma Christi, Pal- 
ma Chiquechique, Palma Melocotón, etc., contándose en 
América más de trescientas especies diferentes, algunas 
muy elevadas y esbeltas, como el Cocotero Datilero, el 
Palmito Abanico, la Palma Ceroxylin de los Andes, etc. 

Palo de rosat madera excelente para ebanistería de lujo. 

Pelmen ó Pino de Chile, que produce una fruta parecida á 
la castaña, y una resina que tietie el olor de incienso. 

Pino, hay varias especies, y uno de ellos llamado Teberinto, 
produce una sustancia resines i llamada trementina. 

Pisonay, árbol originario del Perú; es gigantesco, muy co- 
poso, y era simbólico en tiempo de los Incas, pues ador- 
naban con él las alamedas que circundaban los palacios. 

Quebracho, madera blanca y á veces morada. 

Sándalo^ preciosa madera muy apreciada en el comercio por 
el aroma que despide* 



204 ORIGEN DE LOS INDIOS 

I—- - I IIMlllll ■ I ■II'. . III. .11 I - I - 

Siple, madera que se eemeja al pino y sirve para mtichoi 

asoB. 

Y otros muchos árboles y arbustos cuyas maderas pre- 
ciosas son muy apreciadas en las industrias y en las artes. 

También hay en América Arboles gigantes, y existen 
aún Arboles hitóricos vetustos. 

De los primeros, algunos, por sus proporciones, pasan 
del tamaño natural de los vegetales, como por ejemplo: en 
Chile, el llamado Pebuen, que alcanza á tener hasta 300 pies 
de altura; en California, varios hay que llegan á más de- 
150 pies de elevación y 80 de circunferencia en su tronco; eú 
Colombia, tijuria, se eleva de 100 á 120 pies. Además, al- 
gunos árboles cuentan una longevidad asombross, citándo- 
se como un caso extraordinario, el Ciprés de Chapultepec, 
en México, que tiene 40 metros de circunferencia, al que sa- 
bios botánicos atribuyen una edad de 6200 años, 'teniendo 
en cuenta las capas que constituyen el tronco; el Pisonay, 
del Perú, árbol que era simbólico en tiempo de los Incas, del 
que subsisten aúd algunos ejemplares en la capital del Cuz- 
co, á través de 400 años que han trascurrido desde la caída 
del Imperio Incaico. Gomo curiosidad única, se cita que en 
el bosque del distrito de Mariposa, cerca de California, hay 
un árbol gigantesco que tiene 30 metros de circunferencia en 
BU base, en el que se ha abierto un verdadero túnel por el 
cual puede pasar con toda comodidad una diligencia tirada 
por cuatro caballos, quedando á cada lado del tronco bas- 
tante madera para sostener el árbol sobre sos raíces. 

De los Arboles históricos, que son depositarios de re- 
cuerdos y hechos lejanos, existen todavía unos pocos, como: 
en México, en el que debajo de su sombra descansó el con- 
quistador Hernán Cortez á lamentar los desastres de la ba- 
talla de la "noche triste"; en la Habana, el Ceiha^ bajo el 
cual se celebró el primer cabildo y la primera misa. 

También hay en América otroB árboleí y plantas 



DE AMÉRICA 205 



que tienen diversas propiedades ó productos útiles 
para la aplicación en industrias, verbi gracia: 

Agave ó Ramié, planta de cuyos filamentos se hace la pita 
y otros cordeles; es originaria de México. 

Algodonero, arbusto, con cuyo copo, hilado, se tejen telas 
finas. 

Árbol candela, que produce uña materia como sebo y sirve 
para el alumbrado; es propio de Venezuela. 

Ayac-Mallaca, arbusto cuyas hojas y fruto sirven de jabón 
para lavar. 

Bababusi, árbol cuyas hojas sirven para pulir la madera. 

Bejuco, planta sarmentosa para hacer todcs los objetos que 
se hacen con el mimbre. 

Bibao, planta cuyas hojas anchas y gruesas sirven en algu- 
nos lugares para cubrir los techos de las casas. 

Bombonaje, árbol cuyas bellas hojas eñ forma de abanico, 
sirven para preparar la paja fina para tejer sombreros. 

Cáñamo, que produce el hilo para tejer telaSj cordones j so- 
gas de mucha resistencia. 

Caraguatá, planta fibrosa que es una especie de cáñamo. 

Ceiba, árbol cuyo fruto se semeja á la lana de los animales 
y sirve para muchos usos. 

Cerda vegetal ó Barba Española, árbol cuyos filamentos se- 
mejantes á la cerda, sirve para rellenar colchones. 

Cerón, planta que produce una cera muy blanca, de la que 
se hace velas que dan una lu« brillante. 

Congo, árbol que produce la goma arábiga. 

Curupali, árbol cuya madera sirve para curtir pieles. 

Chambira, arbusto cuyas hojas producen un hilo tenaz para 
fabricar hamacas. 

Damajuhato, árbol cuyo corteza es un tejido dúctil que sir- 
ve á los indígenas para hacer mantas para su uso. 

Estoraque, arbusto ramoso que produce la resina olorosa 
del mismo nombre. 



Sd6 



ORIOBK DE LOS INDIOS 



Guinoha^ árbol que produce la seda vegetal. 

Huacán, árbol cayai semillas hervidas dan buena cera. 

Huamirísif árbol del que nace un fínisimo algodón blanco, 
más snave y fino que la seda, cuyo hilado es propio para 
tejer telas finas. 

Humiroy especie de palmera cuyas hojas sirven para la cons- 
trucción de los techos de las casas, y las pepitas de sus 
frutos sustituyen el marfil eú la fabricación de varios pe- 
queños objetos. 

Lino, planta de la que se saca el hilo para tejer muchas 
telas. 

Llaú'Chama, árbol cuya corteza machacada se asemeja á un 
tejido y sirve de abrigo de cama á los indios de Loreto, 
en el Perú, 

Llaú-Samoray árbol de cortessa fibrosa como el cáñamo. 

LloquCy árbol cuya corteza y fruto sirven para curtir cueros; 
también es madera muy estimada para bastones. 

Mapujo, cuyos capullos suministran la seda vegetal. 

Myríca, especie de laurel que produce una cera vegetal. 

Palmera Mataqui, cuyas grandes hojas sirven para cubrir 
los techos de las casas. 

Palo de Crvz, muy duro, de color pajizo, con manchas ne- 
gras, madera muy estimada en la ebanistería. 

Palo de Leche, árbol del que se extrae una leche blanca j 
muy espesa, que mezclada con la resina del payaro, pro. 
duce un buen lacre, y con el copal y cera, forma una brea 
que los indios usan para calafatear sus canoas. 

Peumo, árbol cuya fruta produce la manteca vegetal. 

Pichicaspi, árbol cuya madera es muy dura é incorruptible, 

propia para construcciones. 
Poma, árbol cuya madera fibrosa es tan fuerte como el 

hierro. 
Puca-varílla, cuyas ramas del grueso de la muñeca de la ma- 
no, son tan elásticas, que se pueden juntar sus dos ez« 
tremidadei sin romperse. 



DB AMÉRICA 50Í7 



Quillay ó Tarsana^ árbol cuya corteza remojada en agua, 

sirve como jabón; es propio de Chile. 
Sapaja, árbol de cuyas hojas muy duras, los indios hacen 

peines, pues su color es amarillo, opaco, semejante al 

carey. 
Sebo de Mocoa, árbol cuyo fruto produce un sebo blanco y 

sin olor, del que se hacen velas para alumbrado. 
ürítoquiro ó Diente de loro, árbol de madera tan dura que 

el hacha no abre brecha en él. 
Vilcat árbol que produce una goma semejante á la arábiga. 

Y muchos otros árboles y plantas filamentosas, de go« 
mas y resinas, que tienen aplicación en las industrias. 

Hay en América otros árboloi y plantas tintóreas, 
cerno: 

Aira, arbolito cuya madera sirve para teñir de color mora- 
do; es originario de las Guayanas. 

Añil ó índigo, planta cuyas hoyas puestas en maceración, 
producen la pasta usada para teñir de color asul os- 
curo. 

Ayrampu; especie de tuna, cuyas semillas de color púrpura 
sirven para teñir de ese color. 

Campeche, madera que se emplea mucho en tintorería y en 
otros usos industriales. 

Cariazú, planta cuyas hojas suministran un color carmesí 
muy apreciado en tintorería. 

Culantrillo de pozo, planta que sirve para teñir de color asul. 

Cúrcuma, que produce una tintura amarilla. 

Chicbango, planta que produce un hermoso color amarillo. 

Cbincbivilla, yerba que los indios emplean para teñir de 
aiul; es originaria de la América del Sud. 

Chipi, planta que produce un color rojo. 

Churisique, arbusto cuya madera sirve para teñir de ama- 
tUlo. 



208 ORIGEN Í)E tos IIÍDIOS 

Granadino^ árbol de madera compacta empleada para teñir 
de encarnado sabido. 

Huantura, arbusto cuya semilla sirve para teñir de color 
rojo. 

Huito ójagua, árbol que produce una fruta del porte de un 
durazno, cuyo coratón sirve para teñir de negro. 

Kupu 6 Tele fio j planta cuyas hojas sirven para teñir de co- 
lor verde; es planta de Bolivia, que echa sus véstagoi 
tendidos por el suelo. 

Llangua, arbusto cuyas hojas se emplean para teñir de aiul. 

Mizuca, palo que sirve para teñir de color amarillo. 

Mullí ó TurhintOy que sirve para teñir de color verde; es 
planta propia de Solivia. 

Nopaly penca en la que se cría la cochinilla, insecto del ta. 
maño de un chinche, el que secado al sol se vuelve duro, 
empleándose beneficiosamente para dar á la seda, laña 
y otras materias el color de grana y otros varios por 
combinación. 

Palo Brazily árbol cuya madera color acarminado, es tan 
útil en la tintorería: es propio del Brasil. 

Patinaríy árbol cuyo fruto cocido dá un hermoso tinte azul. 

Puca-Tüpana, arbusto cuyas hojas sirven para teñir de co. 
lorado. 

Quilioyuyo, arbusto para teñir de amarillo. 

Raicilla, árbol cuya raíz sirve para teñir de color rojo. 

Rijari, arbusto cuyas hojas tiñen de negro. 

Rubia, arbusto cuyas hojas tiñen también de negro. 

Sami, arbusto cuyas hojas tiñeu de color asul. 

Santa María, yerba que sirve para teñir de color azul. 

Sañi, arbusto para teñir de color morado. 

Tara, árbol cuyas hojas sirven para teñir de negro. 

Cuanto á los árboles y plantas frutales, además de 
muchas exóticas, hay originarias y especiales de Amé- 
ricQi Citaremos algunas clases de estas últimas: 



DE AMERICA Í09 



Ácameltf que produce txa licor vinoio muy agradable. 

Aceituno, especial y originario de América; produce una 
oliva negra, y en el Perú hay en abundancia, siendo 
las de Moquegua muy renombradas. 

Acrat fruta que es apetecida por su exquisito sabor. 

Aguacata ó Palta, del tamaño de una pera grande y muy 
apetitosa, es frata que sin ser dulce ni acida, se come con 
sal; es propia de América. 

Capulí, que tiene un gusto suave, muy agradable. 

Ciruelas, frutas silvestres, denominadas, una del fraile, con 
carnosidad de color rojo subido, y otra, que es agri-dul- 
ce y color amarilla. 

Coco, fruta de gran tamaño, que es muy estimada, pues su 
pulpa tiene el gusto de la almendra, y el agua que en su 
concavidad contiene, es muy fresca y saludable; los in- 
dios aprovechan su cascara entera para hacer porongos 
y envases para sus diversos usos* 

Chirimoya, muy estimada por su agradable y exquisito 
sabor. 

Chicozapote, con pulpa blanca con visos de color de rosa; es 
fruta de las mas exquisitas, y, según muchos europeos, 
superior á todas las del Antiguo Mundo. Bn México hay 
bosques enteros que crecen sin cultivo, en una extensión 
de diez á doce millas. 

Granada, fruta redonda, cuyo interior está lleno de granos 
á guisa de mashorca, de color carmesi y de sabor dulce, 
unas, y acidas, otras. 
Granadilla, fruta del tamaño y forma de uñ huevo de ganso, 
cuyo contenido es gelatinoso, dulce, lleno de pepitas y 
de sabor agradable. 
Guaba ó Pacae, vaina que contiene pepitas negras como ba- 
bas, cubiertas con una pelucilla blanca y carnosa, de 
grato gusto. 
Gmhabanay especie de Chirimoya grande, de sabor algp 
Bgn«dtilce, pero no deeagradable, 
%l 



210 ORIGEN DE LOS INDIOS 

»■ " ■ ■ "" ' ■ ■' ■■ ■ I. 1 1 ■ ■■■ -» 

Gaajaba, fruta más ó menos dulce, con la carnosidad llena 
de lemillas pequeñas. 

Lima ó Bergamota, especie de limón real, pero dulce, de 
cuya cortesa se extrae una esencia que sir^e para prepa- 
rar el Agua de Colonia. 

Limón ceutif es ácido, más vehemente y más fragante que 
el limón real de Europa; hay varias especies eñ América. 

Lúcuma, redonda, de carnosidad amarilla -anaranjada, po- 
co dulce y seca, pero de sabor agradable; es oriunda del 
Perú. 

Mamey ó Mamai, del tamaño de un huevo de pavo y con el 
gusto del durazno. 

Níspero, especie de ciruela, pero cotí dos, tres y hasta cuatro 
pepas lustrosas. 

Papaya, del tamaño de la cabeza de un hombre, redonda, 
lisa, de carnosidad amarillo-anaranjado, muy agrada- 
ble al paladar. 

Pepino, fruta cilindrica ó ovalada, verde- claro por fuera y 
blanca por dentro, con semillas puntiagudas, aplanadas 
y pequeñas; es originario de América. 

Pina ó Anana, de gran tamaño, de gasto exquisito, de caf 
nosidad amarilla, dulce y poco acida, de olor suave, lle- 
gando á pesar hasta diez y ocho libras; es originaria de 
América. 

Plátano ó Banana, de varias especies, teniendo todos un 
gusto suave, delicado y un sabor exquisito, especialmen* 
te el llamado de seda, que es muy fragante. Hay algu- 
nas especies gigantes, como el Papalote, que tiene de 15 
á 20 pulgadas de largo, y hasta 3 de diámetro. Hay 
bosques enteros de plátanos en América. 

Sandía ó Melón de agua, de pulpa aguanosa, encarnada ó 
amarilla, muy refrigerante. 

Toronja, especie de naranja, que tiene la corteza gruesa y 
llena de tubérculos; es fruta aparente para ser confitada* 

Tuna^ jfrata (luc crece sobre la penca llamada no^al, coa e9« 



DB AMÉRICA 211 



piúitas efi el exterior y machas semillas en el interior; 
es más conocida con los nombres de Higo chambo, Higo 
de pala é Higo ()e tana, y es de gasto agradable y dalce. 
Zamboa, cierta especie de toronja. 

Zapote, de corteja verde, palpa negra, carnada y sabor dal- 
ce; cocido, con asúcar y canela, es de an sabor delicadí- 
simo. Hay Zapote blanco, qaé es aún más delicado qae 
el negro. 

A más de otras fratás especiales y silvestres, se han acli- 
matado perfectamente eñ América, machas clases de fratás 
de Europa, como Albérchigo, Prisco, Durazno, Melocotón, 
Cidra, Membrillo, Albericoque, Naranja, Higo blanco y ne- 
gro, Manzana, Pera, Ciruela^ Melón, Uva blanca y negra, 
y alganas otras. 

De las plantas alimenticias, tónicas y confortati- 
vas, las más son originarias y propias de América, ha- 
biendo sido algunas introducidas en Europa, donde se 
han aclimatado maravilloiamente. Entre estas plan- 
tas se cuentan las que siguen: 

Arracacha, planta tabercalosa, qae es ano de los principa- 
les alimentos de los indígenas. 

Arroz, planta graminea, qae crece en los lagares ya húme- 
dos, ya cálidos, y se cultiva con esmero, por ser an ce- 
real qae se reproduce copiosamente. Aunque originario 
de la China y la India, uthrx aclimatado perfectamente 
en América, principalmente en el Perú. 

Atchera, planta cuyas hojas se parecen á las del plátano y 
de cuya raíz se extrae una fécula semejante al sagú, la 
que es muy alimenticia; es planta propia del Bcuador. 

Batata 6 Papa, cuyos bulbos de color castaño claro por la 
parte exterior y amarillo claro por dentro, son de gusto 
muy agradable, y constituyen uno de los principales ali- 
mentos no solo en el Naevo Continente, sino también eíi 



212 ORIGEN DB LOS mDlOS 

loB Antiguos, donde ha sido introducida y aclimatada 
por modo maravilloso; es bulbo originario del Perú. En 
las serranías del Perú los indígenas convierten la Batata 
en cChuño ó Papa seca»: la cuecen con cortesa en pailas 
enormes, le quitan la película, la depositan por algunos 
días al aire libre 7 al sereno, cuidando que no reciba sol 
ni lluvia, y queda recia y seca, conservándose en es? es- 
tado muchos años; entra en el guisado llamado cGara- 
pulca», en el Perú. 

Batata ó Papa amarilla, más fina que la anterior, cuyos 
bulbos son de color amarillo anaranjado por dentro, y 
de gusto exquisitoi es también originaria del Perú. 

Cacahuate ó Maní, planta cuyo bulbo de la forma de un ca- 
pullo de seda, se come generalmente tostado, y también 
se métela con algunos guisos. 

Cacao, árbol cuyo simiente es el principal ingrediente que 
entra en la confección del chocolate, bebida nutritiva y 
de sabor agradable) es originario de América, y se pro- 
duce en México, Perú, Ecuador y Guatemala. 

Caconitc, planta cuya raís da una harina nutritiva. 

Can, con cuyo fruto tostado y molido se hace una bebida 
agradable, que se consume mucho en todas partes del 
mundo. Aunque esta planta es originaria de Arabia, se 
ha aclimatado perfectamente en América, que produce 
calidades que compiten con el de Moka. 

Calabaza comestible^ con la que los indígenas confeccionan 
algunos guisos. 

Camote ó Moniato, especie de Batata dulce que se produce 
en temperamento cálido; los hay de tres especies: blanco, 
amarillo y morado. 

CariocHT, planta qué destila un aceite espeso que reemplasa 
á la manteca y sirve para condimentar los guisos. 

Coca, arbusto originario del Perú, cuyas hojas parecidas 
al naranjo, son predilectas para los indios, que acos- 
tumbran mascarlas mescladas con la tierra llamada 



DR AMÉRICA 213 



IHpta y ceniía de la masorca del maíz, siendo el samo de 
esas hojas, para^ los indígenas, el mayor corroborante y 
un alimento increíble, pues ellos se alimentan con el ju- 
go de dichas hojas, que con la boca largas horas tritu- 
ran, hallándose cada día más robustos, apesar de desem* 
penar labores bastantes rudas; de las hojas se extra la 
cocaina, alcaloide de preparación oficinal. 

Cüllen, arbusto cuyas hojas se parecen á las del té y tienen 
casi la misma propiedad que las de éste. 

Maiz, planta graminea, cuyo fruto en forma de mazorca, es 
farineo y muy nutritivo como alimento sano, tanto para 
el hombre como para los animales; hay diversas espe- 
cies: amarillo, blanco, aculado, morado, rojo y negro. 
De él, molido, se hace en América una especie de tortas 
delgadas y redondas, tostadas en un tiesto de barro, 
y sirven de pan á los indígenas; es grano originario de 
América. 

Magu, especie de centeno, bastante nutritivo. 

Maguey 6 Melto, planta de hojas gruesas y grandes, utilísi- 
mas para muchos usos, pues si las cuecen, dan miel; si 
las purifican, azúcar; si las destemplan, vinagre; si las 
echan ocpatli, vino; y de esas mismas hojas se hacen 
conservas, se fabrica papel, y sus troncos sirven de vi- 
gas, y sus hojas, como tejas, para cubrir los techos de 
las casas; del árbol se hace alpargatas, esteras, mantas 
de vestir, calzado, cinchas, jáquimas, cabestros, y le saca 
cáñamo para hilar. Además, la raíz es eficaz para curar 
los males de la orina. 

Mandioca, especie de granos con cuya harina se hace paú 
en algunos pueblos de América. 

Aíate ó Hierba del Paraguay, de cuyas hojas se hace una in- 
fusión teiforme en una cascara de coco, calabaza ó jica- 
ra, que se absorbe mediante una bombilla de mimbre ó 
de plata» siendo una bebida estimulante, estomacal y 
tónica, usada principalmente por los indígenas del Pa- 



214 ORIGEN DE LOS INDIOS 

ragttay, Chile, la Argeütina y otros logares inmediatoai 
contiene los mismos principios activos que el té j el café 
j produee iguales efectos. 

Oca, planta tuberculosa indígena, de las regiones frías y 
templada», cuyo tubérculo lustroso, amarillo, muy dul- 
ce, es del particular gusto y sabor de la castaña, con el 
que se hace conservas muy estimadas; también se co- 
me fresca, ó sea, cruda 6 cocida. 

Olluco ó Melloco, planta tuberculosa, cuyo fruto es redon- 
do y blanquizco, que se come cocido, siendo uñ alimento 
que tiene propiedades analépticas, y es muy apetitoso, 
sobre todo, para los indios. 

Qainoa, planta cuya semilla semejante á la lenteja, es muy 
usada como alimento, en América, de donde es origina- 
ria también. 

Tapioca, fécula del Manioc, que es muy nutritiva y conve- 
niente en la convalescencia de cualquiera enfermedad. 

TrígOf de Europa; fué introducido á América, cultivándose 
con éxito en Chile, California y todo otro temperamento 
templado. 

Yuca ó Manioc i planta cuya raíz sirve de alimento, por 
contener elenientos nutritivos; rayada, produce un exce- 
lente almidón; también es la base de la bebida llamada 
másate, tan generalizada entre los indios de la América 
Meridional, donde es originaria. 

No faltan en América, árboles y plantas aromáti- 
cas, qne sirven para condimentar comidas, como: 

Achiote, arbolito cuyas semillas cubiertas de bastante ma- 
teria oleosa roja, de buen gusto, sirve para dar color á 
los guisos. 

Ají ó Chile, pimiento del que hay varias especies en tamaño, 
figura y fuerza del picante; es propio de América, don- 
de hay en abundancia. 



DE AMÉRICA 215 



Azaírán, planta que crece formando hebras; se usa también 
para dar color á los manjares. 

Canela, planta más fragante que la renombrada de Ceylan, 
y de la que hay bosques enteroi en América. 

Clavo de olor, de color pardo oscuro, de olor muy aromáti- 
co y agradable, de sabor acre algo picante, que le uia 
como especería en diferentes condimentos. 

Laurel, árbol cuyas hojas sirven para aromatizar los man- 
jares. 

Nuez Moscada, que es producida por la planta llamada Mi- 
ristica, de gusto aromático. 

Orégano, planta herbácea, de hojas y flores reunidas en es- 
pigas, muy aromático, usado como condimento. 

Pimienta, baya redonda, de color rojizo, pardo oscuro 6 ne- 
gro cuando seca, y rugosa; es acre, aromática, ardiente 
y de sabor picante, y se usa con especialidad para con- 
dimentar fuertes excitativos. 

Sasaírás, especie de laurel aromático. 

Vainilla, cuyo fruto es una cápsula prolongada que contiene 
una pulpa sumamente olorosa, y sirve generalmente co- 
mo ingrediente para el chocolate y dulces en jalea; es 
originaria de América, y tan abundante, que nace sin 
cultivo en las tierras calientes. 
Y otras clases de especerías que lisonjean el olfato y el 

gusto. 

Los ejemplares de la flora de América son en nú- 
mero incalculable, tanto las propias del Nuevo Conti- 
nente, cuanto las en él aclimatadas y provenientes del 
Mundo Antiguo. Gomo la enumeración de esas flores 
sería sumamente extensa, nos limitamos tan lolo á ci- 
tar algunas de ellai: 

Acacia, cuya planta ha sido importada de Asia á AméricSi 



216 ORIGEN DE LOS ÍNDlOS 

donde se ha desarrollado con lozanía en la sona ecna* 
torial. 

Amapola, flor de va rias especies; es iüdígena de América. 

Ambarina, flor que nace de la planta de la familia de laa 
gnenópodeasj ei de agradable perfame. 

Aiahar 6 ñor del Naranjo, tan olorosa que embalsama el 
ambiente. 

Azucena, flor abigarrada de rojo, amarillo, blanco y negro; 
es originaria de las comarcas de la Argentina. 

Balsamina, flor cuyo arbusto fué importado de la India, 
y que se aclimató perfectamente en América. 

Clavel, de varios colores y exquisita fragancia; sus plantas 
han sido importadas á América, donde sus variadas es- 
pecies se han aclimatado y se ostentan con losanía. 

Crisantemo ó Flor de Oro, de la familia de las compuestas, 
cuyo arbusto originario de Europa ha sido importado 
á América, donde se han aclimatado con esplendidez. 

Dalia, hermosa flor de varios colores; sus plantas han sido 
dedicadas al célebre botanista inglés Dale; son origina- 
rias de México. 

Flor del Corazón, sumamente fragante, pues basta una sola 
flor para perfumar una casa; esa planta es propia de 
América. 

Floripondio, cuya flor á manera de embudo es muy oloro* 
sa; es planta originaria del Perú. 

Heliotropo, flor de suavísimo perfume, pequeña, de color 
azulado y está dispuesta en espigas enroscadas; es ori- 
ginaria del Perú. 

Hortensia, flor de color de rosa, que nace en corimbos; es 
planta propia de la China y del Japón, pero se aclimató 
perfectamente en América. 

Jazmín, flor blanca y vistosa, que exhala un suavísimo y 
agradable olor; es planta originaria de la América Sep- 
teatriotial 



DB AMÉRICA 217 



Heliconia, hermosa flor que nace en panículo; efi planta 
originaria del Perú. 

Lila, el arbusto que produce esta bella flor, es originario de 
la América Septentrional. 

Lirio, de hojas esplendorosas y flores de infinitos matices y 
colores, que exhalan un ñno y delicado perfume. 

Magnolia, cuya flor es muy fragante; su planta es origina* 
ria de los países australes de América. 

Narciso y bella flor de suave y exquisito olor. 

Orquídea, cuya flor es bellísima; en el Perú hay varias 
especies. 

Eosa, las hay de varias formas, distinguiéndose la llamada 
«Rosa de las cuatro estaciones», propia de la América 
Central y de la isla de Haití ó Santo Domingo. 

Victoria regia ó Lirio acuático, cuya ñor es la más grande y 
hermosa que se conoce, y cuyas hojas tienen dos metros 
de diámetro, siendo tan resistentes, que un hombre pue 
de pararse en ellas sin que se hundan en el agua; su olor 
es parecido al de la Magnolia; es originaria de uno de los 
afluentes del río Amazonas. La hermosura de esta flor 
causó tanta admiración al célebre naturalista Tadeo 
Haenke, que hincándose de rodillas, expresó su entusias- 
mo con acaloradas exclamaciones hacia el Supremo Ha- 
. cedor de tanta belleza. 
Y muchas otras flores de brillantes hechuras y delicados 

perfumes, cuya variedad de matices se disputan los colores 

del arco-iris. 

Por último, hay otras plantas notables, propias do 
América, que se deben mencionar, como: 

Algodón^ planta originaria del Perú, cuyo fruto es un copo 
sedoso, blanco y esponjoso que cubre la semilla^ siendo 
BU hilasa una de las materias más útiles y finas, que con 
la seda, el lino y la lana, viene á ser necesaria é indispcn* 
isable para la fabricación de los géneros ó telas, 
as 



2íá^ ORIGEN DE tos INDIOS 

u" ' ■' ' ■■' ■■' 

Árbol de ha, cera, coyas semillas en forma de racimos, pro- 
dnce una cera tan buena como la dé las abejas. 

Árbol de la leche 6 Palo de Vaca, del que se extrae un ju- 
go de bastante cuerpo muj semrjante á la leche de la 
yaca, que se consume para todos los usos domésticos; 
es originario de Colombia y de Venezuela. 

Arce azucarada, árbol cuya sabia está muy cargada de azú- 
car, que se obtiene por medio de la ebullición, y sus cali- 
dades son idénticas á la de la caña y de remolache; f s 
propia del Canadá. 

Beldoco, árbol que produce la lana Tegetal. 

Cacto ó Cactus, planta portulácea de la que hay en América 
una gran Yariedad de más de 450 especies, de distintas 
formas y calidades; es planta que crece extraordinaria- 
mente en las áridas llanuras, cuyos troncos, á manera de 
columnas, semejan á unos candelabros. 

Caña de azúcar, planta parecida á la caña común, pero de 
cuyo jugo dulce se extrae el azúcar. 

Fraylejón, planta cuyo tamaño y figura se parece á un frai- 
le vestido de blanco. 

Girasol, especie de hongo, blanco, pequeño, del que se extrac 
un aceite; se le llama así, porque casi siempre está incli- 
nado hacia el lado del sol; es originario del Perú. 

Huanirú ó PulUpunto, planta que produce el marfil vegetal. 

Tabaco, planta que debe su nombre á la isla de Tabago, 
una de las Antillas, y cuyas hojas preparadas de diferen- 
tes maneras, se ha hecho de tan general uso para fu- 
marlo ó aspirarlo en polvo por las narices. 

Tagua, fruto de una palmera llamada Cadi, que produce el 
marfil vegetal. 

REINO ANIMAL 

Sin especificar las diversas especies de corpulen* 
tos paquidermos que bao existido en América duran- 



I):S AMÉRICA 219 



te la época antediluviana, nos limitaremoi á enumerar 
algunoi animales de eite suelo, posteriores al Diluvio, 
muchos de ellos originarios y especiales, tanto cuadrú- 
pedos cuanto volátiles, acuáticos é insectiles. 

Entre los principales cuadrúpedos de diversas es- 
pecies, que son los más numerosos, se cuentan los si- 
guientes: 

Acutí, especie de conejo originario del Brasil y del Pa- 
raguay. 

Alpaca ó Alpaga, mamífero cuya lana er sumamente fina y 
larga, muy parecida á la de Cachemira; es una especie 
de cahra, que vive en la más elevada región de los Andes 
del Perú. 

Aleo, semejante al perro, cuadrúpedo mudo, cuya carne es 
excelente. 

Anta ó Gran Bestia, especie de tapir, propio del Perú; los in- 
dios tienen mil preocupaciones sobre las propiedades me- 
dicinales de las uñas de la Gran Bestia, las que miran 
como una panacea universal. 

Añaz ó Añango, zorro del tamaño de un gato, cuya arma, 
para defenderse de otros animales, es la orina, que arro- 
ja tan pestilente que hace huir á las gentes; pero es bus- 
cado con interés por su hígado, el cual seco, en peso de 
un adarme, es un específico milagroso contra el dolor de 
costado. 

Ardilla, animalito vivísimo y lijero, que vive en los bosques 
y que tiene la particularidad de comer como los monos, 
valiéndose de las manosj en los bosques de la América 
del Norte hay en abundancia. 

Armiño, cuya piel es muy estimada y preciosa por su suavi- 
dad y su blancura como la nieve, y taü buscada en pe- 
letería. 

Bisonte ó Búfalo, especie de toro indígena, con jiba en el 
lomo; es originario de la América Septentrional. 



220 ORICÉN DE LOS INDIOS 



Buey mosqueado ó almizclado^ de las comí^rcas boreales de 
América. 

Cacomiztle, especie de fuina, propia de México. 

Capivardo, semi-anfibio, propio de la América Meridional. 

Carcajúy tQamífero carnívoro, propio del^Ct nada. 

Caríbúy especie de reno, propio de la América del Norte y del 
Canadá. 

Castor, mamífero del orden de los roedores, del tamaño de 
tm perro mediano j de pelo generalmente castañoi ei 
propio del Canadá y de Norte América, donde vive en 
■ociedad, en habitaciones que construye á orillas de 
los ríos. 

Ciboro ó Toro silvestre, rumiante, abundante en las pam- 
pas de la Argentina y de México, que se diferencia del to- 
ro común, en tener sus astas echadas hacia atrás y te- 
ner una lana fina, risada y corta, en lugar de pelo. 

Cochinillo de Indias, semejante al puerco y al conejo. 

Comadreja, especie de rata grande que hace sus invasiones 
en los corrales, matando cuantas gallinas puede cojer. 

Corto, semejante al siervo, casi sin cola, de color ceniciento 
y cuernos pequeños; es muy lijero y tímido. 

Couguar, fiera manchada como el tigre, muy feroij es pro- 
pio de América. 

Coyote, especie de mastín que ataca al hombre; es propio de 
México y de California. 

Coypú, especie de nutria, propia del Ecuador. 

Cuati, género de mamífero carnívoro, del tamaño de un 
gato. 

Cucbicbi ó Huanusi, hormiguero con rabo muy esponjado 
que lesirre para cubrirse, y con su trompa larguísima la 
envaina en los agujeros de las hormigas para atraerlas 
y comerlas. 

Cui, especie de pequeño conejo, muy apreciado por los indí- 
genas que lo crían en sus casas, pues su carne es deli- 
cada y SAbrosaí es originario del Perú y Ecuador. 



DB AMÉRICA 221 



Charapa^ tortuga grande que puede vivir meses enteros lin 
tomar alimento algcno. 

Cbillibueque, especie de huanaco, propio de Chile. 

Chinchilla, especie de ardilla, propia de la América del Sud; 
■u piel es muy estimada en pelletería. 

Fichiciago, animal del tamaño del topo, que tiene una cora- 
sa de láminas corneas y cuadradas, cuya flexibilidad se 
presta á toda clase de movimientos; ei propio de Chile. 

Filandra, semejante á la marmota. 

Gamo, especie de corto, de color leonado y cuernos anilla- 
dos 7 encorbados hacia adelante. 

Gato-tigre ó montes, de los bosques; es una especie de leo. 
^ pardo, que se halla tanto en la América del Norte como 
en la del Sud. 

Glotón, especie de tejón carnívoro, de las regiones frías del 
Canadá, cuya piel es muy estimada por su finura. 

Guangana, puerco montes que siempre anda en tropas de 
más de cien con su capitán, y si son atacados, nunca hu- 
yen, hasta que muere el capitán. 

Guanque, especie de ratón campestre, de color a«ul; es pro- 
pio de Chile. 

Guamul ó Huemul, especie de asno, originario de las partes 
inaccesibles de la cordillera de los Andes de Chile. 

Hatau- Viringo, especie de perro galgo, desnudo de lana, que 
se supone sea originario de la China, pero algunos zoó- 
logos creen que es propio de América. 

Huanaco ó Guanaco, especie de llama originaria del Perú y 
del Ecuador, de color rojo por encima, blanquecino por 
debajo y con la cola levantada. 

Huegue, especie de vicuña, propia de la Araucañia. 

Iguana, especie de lagartija, que tiene debajo dt la mandí- 
bula inferior una bolsa ó papo con una línea de púas ; 
su carne y huevos son muy apreciados por los indios, 
como alimentos. 

Intuti ó Güanchaco, especie de zorra, algo msjor que un ga- 



238 ORIdBK DB IrOS INDIOS 

■ 111 . ■■■■II ii m ii m i II. . ' 1.1 II ■ « I »— M— M— MMfc 

to y de la fígara de ana rata, que vé poco de día y cría 
á sus hijos en una bolia que abre y cierra en la barriga, 
dentro de la cual se ven las dos hileras de los pechos. 

IzcuintepoUathy perro jorobado, originario de México. 

Jaguar ó Tigre amerícanOy propio del Perú y del Paraguay. 

Kanguroo, del orden de los marsupiales, propio de las Gua- 
yanas. 

Lobo del Marañan^ de piernas muy cortas, que anda más á 
brincos que á pasos; es propio del Perú. 

Llama ó Llacma, especie de camello sin joroba, llamado por 
los españoles carnero peruano, por la lana y alguna se- 
mejanza de la cabesa, pues su figura es parecida á un 
camello, no solamente en el cuerpo, sino también en las 
propiedades; es animal originario del Perú, y muy útil á 
los indios de ese territorio, para transportar sus cargas 
6 mercaderías. 

Margal, especie de gato-tigre, propio del Paraguay. 

Marta, carnívora, cuya piel es muy hermosa; despide un 
olor infectoi que proviene de una materia particular, se- 
gregada por unas glándulas que tiene situadas cerca del 
ano. 

Mixtliy león sin melena, propio de México. 

Monos— En América, principalmente en el Ecuador, hay una 
gran variedad de monos, tales como:— A/t/a¿o, de fas 
desnuda de pelo, naris aplastada, de gran cola sim pelo, 
que tiene mucha fuer«a.— Caparro, mono grande, grueso 
y forzudo, con cara semejante á la humana; es propio de 
Venesuela.— Cararajada, mono nocturno, que no puede 
soportar la Itis del áÍA.—Chichico, el más pequeño de los 
monos, pues es del tamaño de un ratón y se esconde den- 
tro de una mano; es propio de los bosques del Ecuador, 
y los hay de varios colores, como negros, pardos, blan- 
cos, verdes y colorados oscuros.— iíorro-cercop/íero, mo- 
no grande propio del Ecuador y de México, de color ne- 
gro y collar blanco, que parado es de la estatura de nn 



DE amírica 2á3 



hombre, y es opinión vulgar que si coje ana mnjer á so- 
las, osa de ella con violencia.— Mignií o, que tiene una 
cola larga, en la cual reside especialmente el tacto y la 
fuerza y que le sirve para enroscarla en las ramas de los 
árboles y suspenderse de ellas.— Omeco; mono grande, 
pardo y muy feo, que tiene una gran papera en el pes- 
cuezo.— Ti tí^ mono pequeño, con una mancha negra en la 
cabeza á modo de gorra.— Ushñaga^ mono nocturno que 
nunca se deja ver de dia y se parece algo á la lechuza 
por sus ojos saltados y grandes. Y muchas otros mo- 
nos, tales como los AchamU Aullador, Capuchino^ Coto^ 
mono, Choco, Brailecito, Macaquito, Marimonda,^Nic» 
tipiteco, Okiy Miqvito, Pinchecito, Sapis, Uistití, Zorri" 
lloj Marikina, Pinchis, Saimiri, Sai, Sáki, Safú, Tama" 
riño, Sapajou, Saguin y otros más. 

Mirmecófago, género de mamifero destatado, hormigul- 
voro. 

Muca, especie de zorro, que se ocupa en desbastar los galli* 
ñeros. 

Mücamuca, rata de los bosques. 

Nutría, cuya piel es muy apreciada para varios objetos de 
lujo y adorno. 

Ocelotl, tigre originario de México. 

Ondatra, rata almizclada, propia del Canadá. 

Onza, gato carnívoro de la Cordillera de los Andes del Perú. 

Oso hormiguero, cuyo instinto es perseguir los nidos de hor- 
migas para destruirlos. 

Paca, cuyo pelo y gruñido es semejante al cerdo, y la cabeza 
parecida al conejo. 

Pagi, especie de león, propio del Perú. 

Perezoso, mamífero llamado asi, porque pasa la vida en un 
árbol, hasta que el hambre lo obliga á buscar algún ali- 
mento. 

Pccaris americano, especie de jabalí de los bosques de Chaa* 
chami^yo, en el Perú* 



224 ORIGEN Dfi LOS INDIOS 

PichuSy especie de «orro grande, originario de América. 

Pilori, rata muscada, propio de las Antillas. 

Fuca-pumay especie de leopardo de los bosqnes del Ecuador. 

Puerco-espín, animal parecido al eriso, cubierto de unas 
púas de dos á tres pulgadas, de la calidad de las astas, 
con vetas negras y blancas. 

Puma, especie de león, originario de Chile. 

Quinza-ñahui, especie de corro que tiene tres ojos, los dos en 
su sitio natural, y el tercero en la frente, el que le sirre 
de farol para ver de noche, porque abierto reluce á os- 
curas como una estrella. 

Quirquincho, especie de tatú, propio del «Perú, de México y 
del Paraguay; es cubierto de una concha, de dieciocho 
fajas, coraza que le defiende de los ataques de otros ani- 
males. 

Rengífero ó Carihú^ especie de ciervo de la región frígida del 
Canadá, donde hay numerosos rebaños. 

RüCCO'lluicho, especie de ciervo de poca cornamenta, de co> 
lor atabacado oscuro, que es el que cria las piedras bo« 
soares más estimadas. 

Baino, especie de jabalí que tiene en el lomo un botón lleno 
de materia hedionda, que apesta toda la carne si no se 
corta luego. 

Salamanquesa, especie de la/^artija de varias regiones de 
América, cuya picadura es mortal. 

Saricovienna, nutria particular del Paraguay, Brasil y Gua* 
yana.; 

Sartinajo, especie de conejo. 

Siguairo, también especie de conejo. 

Suaicato, especie de hiena, propia de América. 

Tapia, especie de conejo; ^s propio del Paraguay. 
TaraCf especie de venado. 

Tato ó Tatü, cuadrúpedo que tiene los pies con cuatro ó cin- 
co uñas, con conchas que llegan hasta el vientre, coü 
púas como las del eriso, y que gruñe como el puerco: es 



Dfi AMÉRICA 225 



originario de América; á pesar de su armadura posee 
una flexibilidad tal, que en caso de peligro, se enrosca en 
forma de bola. 

Ucnmariy especie de oso, diverso de los que se ven en Buro< 
pa, que vive en los climas fríos de la América Septen- 
trional. 

ÜTÓn, especie de perro con la cabeza y hocico de puerco, pies 
y manos de perro, con solo tres dedos y uñas largas y 
gruesas, que Yive bajo la tierra y la taladra en poco 
tiempo sn la extensión de muchos metros. 

üturuncoy especie de tigrillo. 

Vaca-mocha, especie de vaca que tiene una trompilla como 
elefante. 

Yicuñay animal de la familia de las llamas, que habita las 
crestas de las más altas cordilleras del Perú y cuya lana 
finísima es muy apreciada para la confección de paños, 
sombreros, medias y otras telas. 

Vizc^chay especie de conejo con cola larga y pelo esponjoso 
semejante al del castor; es originario del Perú. 

Yaguar, especie de tigre, de la Cordillera de los Andes. 

Yuray-tarujo, especie de ciervo blanco, animal muy hermo- 
so por su blancura como la nieve y su graú cornamenta 
dividida en muchas ramas, con ojos encendidos como 
coral, y de veloz carrera, que vive en las montañas más 
elevadas de la Cordillera de los Andes . 

Zacbin, animal pequeño que acomete al hombre, á las culC' 
bras y á cualquier otro animal. 

Entre las muchisimaa aves de América, de variai 
eipecíes, notables unas por su armonioso canto, otras 
por su hermoso plumaje multicolor, y otras por sus 
especiales propiedades, se pueden citar las siguientes* 

Agami, señalado por el solido especial de su canto y su ra** 
ra inteligenciai 

29 



226 ORÍ GEN DE LOS ÍNfilOS 

Águila coronada, ave de rapiña que se empleaba en la ce- 
trería. 

Águila de dos cabezas^ originaría de México, a§egnrando al- 
gticos historíadores, qne en 1741 se llevó una á España. 

Alcatraz ó Pelicano, xéis^TO acuático del tamaño del cisne, 
de color blanco, que con los años degenera en rubio; de- 
bajo del pico tiene una especie de saco en que deposita 
la pesca que coje para comérsela después con toda co* 
modidad. La manera de abrir este saco, para dar ali- 
mento á sus pollueloi«, ha dado pié á la fábula de que se 
abría el pecho con el pico, sin otro objeto que sustentar- 
los con su propia sangre 6 á cesta de su propia vida. 
En las islas de ia costa de la América del Sud hay innu- 
merables de est s pájaros. 

Alcónf ftvc de rapiñ-. propio de las Cordilleras. 

Árcotras ave dr htrmoso plumaje encarnado, dorado y a2ul. 

Árrandajo, especie de tordo, que imita el canto de todas las 
aves con suma facilidad. 

Buitre ó Gallinazo^ ave de rapiña, especie de cuervo, bastan- 
te numerosos en América; viyen en cuadrillas con las 
de su especie, y son las que hacen la policía de las gran- 
des ciudades, pues se alimentan de carona. 

Cacica moñudo, cuyas plumas del cuerpo son de color cho- 
colate, las alas verde-oscuro y la cola amarillo-brillantej 
•obre la cabeza tiene un moño puntiagudo. 

Camicbif curiosa ave que por su voe hace retemblar. 

Carpintero, de pico grueso y fuerte, con el que taladra los 
árboles más duros para hacer su habitación. 

Casoar, especie de avestruz; es propio de la Argentina. 

Cereba azulada, notable por las resplandecientes tintes de 
BU plumaje matizado admirablemente, y separado por 
bandas de un negro aterciopelado, en la cabeza brilla un 
moño de plumas de un aiuKverdcso y de reflejes metáli- 
cos; canta silbando algunas palabras con clarídad| ci 



T>t ÁMésiCA 22? 



Cigüeña^ eipecie de grnlla, de color blanco, mayor que la ga- 
llina, con el cuello, pico, cola y pies largos, de color rojo 
sangníneo y las alas surcadas de plnmas negras; le man- 
tiene de sabandijas 

Colibrí, pájaro peqneño, de hermosas y esbeltas formas, de 
brillante plumaje tornasolado; ei propio de loa parajei 
cálidos de América. 

Cóndor, el coloso de los buitres, ave de rapiña, propia de las 
gigantescas cimas de la Cordillera de los Andes de Chile, 
de plumaje n^gro con un collar 6 faja blanca al cuello; 
alcanza alturas que á ningún hombre le es dable vencer. 

Cotiüga, lindo pájaro de plumaje axul, con garganta mo< 
rada. 

Cotorra, especie de papagallo muy hablador, que abunda eii 
los bosques del Ecuador. 

Curiquingai ó Ave del Inca, originaria del Perú, que es ma- 
yor que una gallina, con cola y alas muy largas, de color 
pardo claro con vetas ondeadas de amarillo color oro; 
es ave tan domesticada como las gallinas. 

Chogray, pájaro de plumaje amarillo, domesticable, y muy 
inteligente para aprender cuanto se le enseña. 

Flamenco, ave muy hermosa, algo mayor que la cigüeña, 
coú las alas color de fuego que llama mucho la atención; 
es originario de Chile. 

Grfíjo, ave celebrada por la bellexa y matices de su brillante 
plumaje. 

Guacamayo, ave también de muy vistoso plumaje. 

Jabirú, ave cuya propiedad es tendente á destruir loa rep- 
tiles. 

Jujuy, ave que imita perfectamente la vos del hombre, dan- 
do lugar á que los cazadores se equivoquen, creyendo 
que ion compañeros que los llaman. 

Mochuelo, ave nocturna, de color amarillento salpicado de 
gris y pardo por el lomo, con pontos cenicientos en laa 
extremidades de las alas. 



S28 ORIGEN ttE LOS INDIOS 

t » I I ■ ■ ■lili » «■! I H a.l f l I I ■ 11 - I ■■ »-tMM»a»MM— ÜM— — i— 1^— <— — » 

Murciélago Sanguinario y de dedos largos reunidos por tinaB 
membranas qne le sirve de alas para volar, su cuerpo 
cubierto de nú pelo fino y de color negro; sólo vuela por 
la noche y se mantiene chupando la sangre á otros ani- 
males; es propio de América. £n el Brasil hay una espe- 
cie denominada Vampiro , que son de un tamaño extra- 
ordinario. 

Nandú, especie de avestrus^ de los desiertos de la América 
del Sud, de plumas muy estimadas. 

Ninfa, de los bosques, es notable por la belleza de su plumaje 
de magnífico color atul. 

Orhig, ave de aceradas garras más temibles que las del mis- 
mo tigre. 

Oropéndola, ave muy hermosa, que tiene el pico encarnado, 
el cuerpo manchado de amarillo y de verde, negras las 
alas y la cola, y amarillas las extremidades de las 
plumas. 

Pájaro loco, muy astuto, que hace su nido de manera de no 
ser ofendido por ningún otro animal. 

Pájaro mosca, de plumaje brillante color púrpura- oscuro, 
la espalda brilla con reflejos verdes y el cuello y vientre 
de color verde esmeralda, su canto es dulce y agradable; 
es propio de Venezuela y del Bresil. 

Pájaro nocturno, que solo sale cuando se pone el sol; es pro- 
pio del Darién. 

Papagayo, ave de hermoso plumaje; es propio y común en 
los bosques del Ecuador. 

Pardillo, ave de lomo ceniciento, cabeza, cola y alas negras, 
que se domestica con facilidad y aprende á imitar el can- 
to de otras aves y aún la voz del hombre. 

Pavo real, ave originaria de México, de donde se llevó á 
España, propagándose en seguida por^oda Earopa; es 
la ave más hermosa que se conoce por su brillante plu- 
maje. 

Pavo de Indias, de la familia de las gallináceas, algo más 



DE AMéRICA 229 



pequeño que el pavo real, con plumaje color ceniciento; 
es originario de México, de donde se llevó á Bipaña. 

Pechicolorado, especie de pardillo que tiene el pecho colo- 
rado. 

Peróxito ú organito, ave cuyo canto armonioso parece en- 
tonar todos los acordes é intervalos armoniosos del dia- 
pasón; es propio de los bosques de la Cordillera de los 
Andes. 

Picado, que tieiíe su pico más pesado que todo su cuerpo. 

Pinza, cuyo pico es más largo que todo su cuerpo. 

Polatuca, especie de ratón que vuela. 

Quezal, ave de México, adornada d^ un hermoso plumaje 
verde. ^ 

Rabihorcado, ave grande de rapiña cuyas alas desplegadas 
ocupan el espacio de catorce pies, y es de mucho vuelo, 
pues apisar de ser terrestre, extiende su vuelo hasta 
' treinta leguas y más, dentro del mar. 

Rabo de junco, ave terrestre muy grande, que tiene la cola 
larga y muy delgada, que también vuela en el mar á 
grandes distancias. 

Sinsonte, ave de canto tan armonioso que se le considera 
como el rey de las aves, por su canto y trinos que embe- 
lesan. 

Tángara, especie de gorrión, propio de los países equinoc- 
ciales de América. 

Tucán, especie de picazo; es'ave propia del Brasil. 

Tinamón, gallinácea, exclusivamente propia de la América 
Meridional. 

Turpian, cuyo canto es muy agradable y entretenido. 

Toro-Pisco, de lindo color, con un moño en forma de plu- 
mero. 

Trompetero, que tiene la particularidad de cantar por el 
ano. 

Tijeras-Chupa, cuya cola está en forma de tijeras. 

Tunqüi, ave muy rara, de los espesos bosques de la Cordillc- 



230 ORIGBK DE LOS INDIOS 

ra de los Andes, coya cabeza está adornada de un copete 
de plumaje viitoso color fuego vivo y encendido. 
YunatunquU hermoio pájaro que tiene una especie de quita- 
sol sobre la cabeza. 

Y otros tantísimos pájaros y avee más hermosos y 
abundantes que en cualquiera otra parte del mundo. Además 
el interior y las costas de todas las zonas se hallan pobladas 
de variedad de perdices, buhos, ocas, ánades, piches, sarapi- 
eos, chorlitos, becacinas, patos reales, garzas, gaviotas, 
palomas torcaces, perdices, jilgueros, gorriones, golondri- 
nas, ruiseñores, chirotes, etc., etc., y otra infinidad de aves 
acuáticas. 

De loi ingecticídas, hay en América un bullir ince- 
lante de multicolores; pero solo señalamos algunoi 
que tienen cierta particularidad que merece ser ano- 
tada: 

Alacrán 6 Escorpión, muy común en las regiones cálidas de 
América; su cabeza forma con el cuerpo una sola pieza, 
y tiene una cola movediza y armada de una punta cor- 
va 6 uña, con la cual picando, introduce el humor vene- 
noso. 

Animal rojo, especie de cangrejo microscópico, que se intro- 
duce en la cutis de todo el cuerpo, produciendo mortifi- 
cantes dolores. 

Calópteroy insecto de la familia de los carábicos, notable 
por sus lindos colores; es propio del Brasil, de Cayena y 
de Chile. 

Cienpiés, insecto venenoso, de cuerpo cilindrico, compuesto 
de muchos anillos uñidos por medio de una membrana 
muy delgada, cada uno de los cuales está provisto de 
dos patas, de labio inferior armado de dos prolongacio- 
nes articulares y duras hacia adentro en forma de te« 
nacillas, que le sirven de arma ofensiva. 



DE amÍrica 231 



Cínife 6 mosquito de trompetilla: es carnívoro y sa picado- 
ra produce ün dolor intenso. 

Cucuyo, cBpecie de luciérnaga, con la diferencia que es enea- 
racha en lugar de gusano como aquella: tiene cuatro de- 
pósitos que despiden luz ó materia fosforosa, doi en me- 
dio de la barriga y dos en la cabeza en donde corres- 
ponden los ojos; son comunes en la isla de Cuba. 

Garrapata, del monte, insecto casi imperceptible, que se 
pega tenazmente á cualquiera parte del cuerpo. 

Hormigones ó Chacos, hormiga» que tienen una particulari- 
dad muy notable, pues andan por los campos en banda- 
das numerosas, trepando en los árboles y persiguiendo 
en tierra toda clase de sabandijas, como culebras, cien - 
píes, alacranes, sapos, lagartijas, arañas y muchos otroa 
bichos, para dcYorarloa, ó se apoderan también de las 
casas esparcidas por las orillan de los ríos, y subiendo 
por las paredes, no dejan rincón que no registran en 
caza de cuantos bichos encuentren; luego que la casa 
queda limpia, la abandonan, continuando su marcha 
por otros parajes donde haya igual pasto para su ali- 
mento: andan en partidas de tan crecido número que 
cargan sobre cualquier animal sin dejarle sitio por don- 
de escapar y lo devoran al mismo tiempo que hace es- 
fuerzos para desembarazarse de la persecución. Cuando 
estas hormigas se presentan, las gentes salen de sus 
casas, y no vuelven á ocuparlas hasta que hayan salido 
después de haberlas limpiado de sabandijas incómodas 
y peligrosas por el veneno que encierran. Estos hormi- 
gones se encuentran en las campiñas del Cuzco, en el 
Perú, donde precisamente abundan más las sabandijas. 

Luciérnaga, insecto fantástico, con élitros crustáceos, cuya 
parte posterior es fosforecente y luce por la noche. 

Mariposas.^ de las que hay una inmensa variedad en Améfi» 
ca, notablea po): ^n grap tamapo j vistQsos colorea; 



232 ORIGBN DB LOS IKDÍóg 

principalmente en los bosques de la parte Snd del Conti« 
nente, donde se hallan lai mái bellas que se conoce. 
Nigua ó Piqucy insecto microscópico, que se introduce gene- 
ralmente en la cutis de lof dedos de los pies, donde for- 
ma su huevera; es algo peligroso extraerlo, si no se to- 
man las precauciones debidas. 
Siistillo, insecto que hace un tejido lemejante al papel. 
Tarántula^ araña de proporciones gigantescas, de color ce- 
niciente con pintai negras y verdes, el cuerpo grueso y 
velludo, y su picadura ea venenosa. 
En fin, en América hay un enjambre de innumerables in- 
sectos, benéficos unos, y dañinos otroi, como: Abispas, 
ArañaSf Cucarachas, Garrapatas, Grillos, Gusanos, Hormi» 
gas, Moscas, Mosquitos, Moscones, Táranos, Zancudos, etc. 

De los animales anfibios y acuáticoi hay también 
gran número en América, de loi que señalaremos tan 
sólo los cetáceos del mar y de los ríos, más notables 
por sus diversas particularidades, como: 

Aligador ó Caimán, propio de la América del Sud, animal 
anfibio. 

Ballena, cetáceo bastante común en los mares australes de 
América. 

Cocodril 6 Lagarto cornudo, animal anfibio, algo común 
en los ríos de América; es cubierto de escamas á manera 
de escudos, tan fuertes que no las penetra una bala: al- 
gunos llegan hasta diex varas de largo, y pueden pasar 
hasta seis mesea en el lodo sin comer ni beber, y despier- 
tan muy voraces. 

Cbacalote ó Fisetero, cetáceo blanco, soplador, que vive 
en los ríos de América. 

Charapa, tortuga marina que puede vivir meses enteros sin 
tomar «limeuto alguno. 



bE AMÉRICA 233 



Chinchimén ó Gato marino, animal anfibio; es propio de las 

costas de Chile. 
befante de mar ó Foca mayor, que se halla eñ las playas 

australes del Río de La Plata. 
Esturión, cetáceo de color azul-gris sembrado de pintas 

pardas ó negras, de cabeza obtusa y cuerpo con cinco 

ó seis órdenes de escamas. 
Foca 6 Becerro marino, mamífero carnívoro, que vive en 

los mares australes. 
Gimnoto, cetáceo entomostráceo, muy común en América, 

de cinco ó seis píes de longitud, que tiene la propiedad 

de atentar contra los otros animales á cierta distancia, 

produciendo el mismo efecto que si sobre ellos se descar- 
gara una batetía eléctrica. 
Guagua, pequeño perro anfibio, especie de nutria finísima y 

de grandes orejas, cuyo nombre le viene de que al ladrar 

parece que pronunciara la palabra « guagua. i 
Lame 6 Puerco marino, especie de foca cuadrúpedo y anfi» 

bio, de las costas de Chile. 
Lamentín 6 Vaca acuática, peje de los ríos Amazonas y 

Marañón, de doce pies de largo y que suele pesar hasta 

ochocientas libras. 
León marino ó Foca menor, de los mares de la extremidad 

austral de la América del Sur. 
Lobo marino, también de los mares australes de la América 

Meridional. 
Manati 6 Amantín, anfibio con cabeza de buey, que se ha« 

Ha en los grandes lagos de América. 
Narval 6 Pez-espada, cetáceo de escamas imperceptibles, 

con una aleta en el lomo, con la mandíbula muy fuerte 

y la superior prolongada en forma de espada de dos 

filos. 
Paiche 6 Piracucu^ peje grande que generalmente tieiíe uú 

peso de trescientas libras^ que se encuentra en el río 

Amazonas. 
30 



234 ORIGEN DE LOS INDIOS 

Pinguín 6 Pájaro-bobo, ave' marina que no tiene plomas, 
pero está cubierto su cuerpo con un plumón espeso; en 
el mar nada con velocidad y en tierra camina ayudado 
por las alas; es abundante en la costa de la Patagonia. 

Tiburótiy peje voraz, veloz, de fuer«a y gran tamaño; suele 
acompañar á los buques á grandes distancias, dando 
vueltas al rededor, para aprovecharse de todos los des- 
perdicios que se echan al mar y de los cadáveres que se 
sepultan en el Océano. Los hay también en los grandes 
ríos de América. 

Yacu-atucif lobo marino, alto y delgado, con lana áspera 
entre pardo y blanco. 

YacU'Cüchif cerdo anfibio con dos colmillos arqueados y ore- 
jas casi redondas, que sube mucho por les ríos que de- 
saguan en el mar y se internan en los bosques en busca 
de raíces y frutas* 

YacU'puma, especie de león anfibio que habita tanto las ori- 
llas como las selvas del Ecuador. 

Zaramagullón, anfibio propio del Perú. 

Además, en los mares y los ríos de América hay gran 

número de pescados de todas clases, como laa especies de 

Arenque, Atún, Anguilas, Anchovetas, Bacalao, Besugo, 

Bagre, Barbudo, Chuto, Corbina, Carpa, Lenguado, Peje- 

rey, Salmonete, Trucha, Tui, Langosta, Camarón, etc., y 

muchos moluscos y crustáceos. 

De los animales anélidos 6 invertebrados, de Amé- 
rica, se cuenta un gran número de ellos, principalmen- 
te innumerables serpientes que infunden espanto por 
BU enorme grosor y la sutileza de su ponzoña; sólo 
citamos unos pocos: 

Acostó, género de anélido afrodisiaco, propio de las Antillas. 
Boa constrictor 6 Aboma, serpiente que es la de mayor ta- 
maño que se conoce, y cuya longitud sude Ikgdr hastia 



DB AMERICA 233 



tinos treinta y cttico á cnarenta pte^, teniendo tal faer«a 
que Sujeta hasta á los toros y tiíjfres 

Crótalo, serpiente cascabel que habita loa espesos bosques 
de América. 

Cucurucú, Culebra mny venenosa, de la América Meridional. 

Culebra Saetilla, serpiente tajnb^'én venenosa, qne de los al- 
tos de los árboles se arroja sobre los caminantes. 

Graja, culebra ctivo veneno es activísimo. 

Jacumama, flpigaTitesca serpiente qne, apesar de no ser vene- 
nosa, es temible por su prodigiosa faersia. 

Machaqui, culebra de 15 á 20 varas de largo, con dos ca- 
bezas. 

Serpiente Congo, especie de cascabel cuya mordedura es 
mortal. 

TJritu, culebra cuya cabe«a se parece al pico de loro: es muy 

venenosa. 
/ También hay en América muchas Víboras y Corales 

ponzoñosos, y tantas otrss clases de anélidos, entre ellos la 

notable serpiente Papagayo, que es colosal y habita en los 

bosques del Ecuador y del Perú, y también Culebrones ino- 

fensivos, que domesticados, hacen la policía de las casas, 

devorando los insectos. 

Quédanos por registrar, dos producciones impor- 
tantisiraas, aunque no animales propiamente dichas, 
que provienen, una, de las aves marinas, y otra, de la 
concha madreperla; son: 

1.^ Huano 6 Guano, sustancia considerada como producto 
animal, pues es el resultado de la acumulación del excre- 
mento que las aves marinas depositan en las islas desier- 
tas cercanas á las costas del Perü, principalmente en 
las Islas de Chincha, cerca de Pisco, y eh los islotes y cos- 
ta de lea, lio y Arica; es una sustancia sólida, pulveru- 
lenta, amarillo-oscuro, de olor amoniacal fuerte, que se 



2á6 ORIGÉK DE LOS iftolOS 

■ ■ , ■ i I ... . . I . ^ II lili. M it. lili I i m I I 

halla en capas 6 depósitos formados de dichos excremen- 
tos de diversos pájaros marinos, qné son tan numerosos 
en aquellos parajes; depósitos que han alcanzado, en el 
término de muchos siglos, más de sesee ta pies de espe- 
sor en la extensión de algunas legues (1). El Huano es 
reconocido como el abono más precioso empleado en la 
agricultura para fertilizar las tierras pobres, por el 
amoniaco, fosfato y potasa que contiene. Desde 1836 
el Huano llegó á ser una enorme riqueza para el Perú, 
pues que ha rendido al Gobierno de veinte á veinticinco 
millones de pesos anualmente. El producto del Huano 
ha sido mal administrado de parte de las autoridades 
peruanas, pues se ha podido sacar mucho más provecho 
de ese precioso abono, que ha enriquecido á los consig- 
natarios de Inglaterra, Norte América y otros países. 
° Perla, sustancia que también es considerada como pro- 
ducto animal, pues es una especie de concreción precia- 
dísima que se forma en el interior de la concha denomi- 
nada madreperla, por la extravasación de la sustancia 
conocida con el nombre de nácar. Se encuentra criaderos 
de perlas en varias islas de Colombia, y también en las 
costas de Cubagua y Gumaná, en el golfo de San Miguel, 
cerca del Istmo de Panamá, donde se pescó una perla del 



(l)"'Se calcula que las capas de Guano que cubrían el suelo de las Islas 
Chinchas tenían un espesor de más de 60 pies, y es tan exacto este cálculo, 
que lo demuestra el hecho de haberse descubierto á 02 pies de profundidad, 
un ídolo de piedra y tres vasos para agua. También á 33 y 35 pies, res- 
pectivamente, se han hallado otros ídolos de madera, que indudablemente 
datan de un período de tiempo más atrasado como el anterior hallazgo. 
El sabio Alejandro de Humboldt comprobó, en 1804, el hecho de que duran- 
te 300 años que trascurrieron desde la conquista española hasta el fin de 
la época colonial, sólo se habrían] formado unas pocas líneas de guano: 
por consiguiente se pregunta: ¿Cuántos miles de años se han necesitado 
para formar esas capas de más de 60 pies de espesor de esc mismo Guano? 
Los geólogos calculan que se ha requerido á lo menos 864,000 años. 



DE AMÉftICA 237 



tamaño de an huevo grande de paloma, la que, aprecia- 
da en cien mil ducados, fué obsequiada el rey de España 
Don Felipe II. También hay criaderos de perlas en las 
costas de la Bgja California y del Estado de Sonora, eñ 
México, que pueden compararse coú los del Golfo de 
Ceyrny el Pérsico. 

Hecha esta susciata relación, repetimos lo que he- 
mos dicho ya: ¿Será posible que el Hacedor Sulpremo 
haya concedido al Continente Americano tantas y 
tantas riquezas en los tres reinos de la Naturaleza, 
para que este mismo Continente haya permanecido 
inhabitado durante el largo tiempo trascurrido desde 
la Creación del Mundo hasta el Diluvio Universal? 

No, ello es materialmente imposible; y, por lo tan- 
to, es innegable que los habitantes de la época ante- 
diluviana han sido autóctonos, contemporáneos de los 
corpulentos paquidermos de la Edad Cuaternaria, 
época de la que, á no dudarlo, arranca el origen del 
Hombre. 



La Historia y la Tradición no nos han legado dato 
alguno aceres^ de los primitivos habitantes del Hemis- 
ferio Americano; todo lo concerniente á este punto, 
yace oculto en el misterio más impenetrable, no sien- 
do posible seguir con certidumbre la marcha del Gé- 
nero Humano en la infancia de las sociedades del 
Nuevo Mundo; lo poco que hasta hoy se ha podido 
saber, está diseminado, por decirlo aaí, en diferentes 
obras, Acosta, Avicena, Lóyez, Holt6n, Kiimei, Ro- 



238 ORIGEN DE LOS INDIOS 

mans, La Peyrére, Burnet. Huttiboldt, Bancroft, Bras- 
■eur de BourbOurg, Hervas, Zerda, Mosquera y otros, 
traen algo al respecto, pero ese algo es incompleto las 
más veces, y tan sólo preblemático en algunos casos. 
De estos autores, unos son del grupo de los poli- 
pbyletesbpoligenistaf^jj otros del grupo délos mono- 
pbyletes ó monogenistas; congeturando algunos, que 
el Hombre primitivo de América tuvo que ser algo su- 
perior á la bestia, pero algo inferior al saivsje de hoy, 
desde el punto de vista fideo é intelectual, y tuvo que 
ser también más corpulento, más musculoso, y más ágil 
que el Hombre civilizado de nuestros días, pues que 
la fuerza bruta era su principal atributo: desnudo y 
estimulado por el hambre, cubría su desnudez con las 
plantas fibrosas y las pieles de los animales que logra- 
ba matar, alimentábase con los frutos de la Natura- 
leza y con la carne de esos mismos animales (1), y se 
albergaba en las cuevas naturales para ponerse al 
abrigo de la intemperie; para eso ponía en acción los 
recursos de que le permitía disponer su escasa activi- 
dad cerebral y la disposición mecánica de sus demás 
órganos. Después, su instinto se fué desarrollando 



(1) Diodoro de Sicilia en su Historia Universal, describe así el origen 
de la Humanidad: « Los primeros hombres, en su ignorancia de las cosas 
útiles á la vida, lleraban una existencia miserable; estaban desnudos, sin 
abrigo, sin fuego y sin tener idea alguna de alimentación conyeniente; no 
se preocupaban de cogerlos frutos silvestres y hacer de ellos una provisión 
para la mala estación, y por eso muchos morían de frío y falta de sustento. 
Pero, después, la experiencia los indujo á refugiarse en las cavernas, du- 
rante el invierno, y á almacenar los frutos que podían conservarse. En 
todas partes la necesidad ha sido el maestro del Hombre. 



DE AMÉRICA 23^ 



paulatinamente haBU cobrar la suficiente inteligencia 
por el miimo desenvolvimiento gradual y la adapta- 
ción de iui órganos cerebrales, comprendiendo enton- 
ces, que estímulos superiores al de la conservación per- 
sonal le dominaron, como fueron el amor que tenia á 
su compañera y las caricias que recibía de sus hijos: 
esa relación de familia fué estrechada y complemen- 
tada con el paulatino perfeccionamiento del lenguaje. 
Luego, como es de suponer, elevando su espíritu á la 
contemplación de los fenómenos naturales que se ofre- 
cían á su vista, como la influencia benéfica del sol; la 
caída del rayo de la nube tempestuosa, que le pareció 
una emanación del mismo astro; el calor de las lavas 
incandescentes, que los volcanes arrojan en su erupción 
destruyendo todo en su rápido curso; llegó á com- 
prender que estos hechos eran, en sí mismo, el íuego^ 
y tales fenómenos naturales le sugirieron la posesión 
del secreto de ese elemento, mediante la frotación de 
dos leños de dureza diferente, descubrimiento que le 
permitió realizar casos prácticos en su vida doméstica; 
pasando entonces el hogar á ser el verdadero centro 
de la familia. La organización de la familia tuvo lu- 
gar, según esto, en la Época Primaria^ que práctica- 
mente se denominó Edad de Oro, 

Después de este período, que fué de larga dura* 
ción, vino el de la vida de relaciones entre las diver- 
sas familias esparcidas en el Continente Americano, 
principiando asi el verdadero estado social, que siguió á 
la simple asociación de familia. La infancia del estado 
social fué también de larga duración, y en el traicur- 



^0 ORIGEN DE LOS INDIOS 

80 de él el conocimiento de los hombres, aparte del 
culto y servicio del fuegO) se redujo á la fabricación 
de toscas vasijas de tierra cocida para sus usos domés- 
ticosj á los instrumentos de madera ó de piedra bru- 
ta necesarios á sus demás empleos, á la construcción 
de chozas ó cabanas pasa su albergue, y á la confec- 
ción de armas para la caza de animales ó para la gue- 
rra, pues no tardó en suscitarse entre las diferentes 
familias^ desacuerdos, disputas y aún riñas que pron- 
tamente degeneraron en desavenencias graves y has- 
ta en lucha á muerte entre ellas. En un concepto 
poético, la Época Segundaria, se denominó Edad de 
Plata, 

A este último período siguió la época del perfec* 
cionamiento de los instrumentos de tosca piedra ó 
silex, época que los antropologistas llaman Edad de 
Piedra, y que se subdivide en dos épocas diferentes: 
la Época Terciaria 6 Paleolítica^ de instrumentos de 
piedra toscamente tallada, y la Época Cuaternaria 
ó Neolítica^ de instrumentos de piedra pulimentada. 

Vino en seguida el período en que se perfecciona- 
ron los instrumentos, reemplazando los de sílex por los 
de cobre; se mejoró el arte de la alfarería y se princi- 
pió la extracción y fundición de metales múltiples^ 
tales como el oro, la plata, el cobre, el estaño y otros. 
Esta época fué llamada Edad de Bronce ó de los 
Metales, porque el cobre que entra en esa liga, fué 
el metal mes común que reemplazó á la madera y la 
piedra en la fabricación de instrumentos de guerra y 
agríQolaii reservando qI oro y !« plata para varias 



DE AMÉRICA 241 



aplicaciones, ya industriales, ya artísticas. En esta 
misma Época, las tribus nómadas ó errantes^ disemi- 
nadas, reuniéronse en cuerpos de pueblos ó nacioneSi 
formados por el paulatino dominio que adquirieron 
unas tribus sobre otras. Las asociaciones de las fami- 
lias relacionadas entre si por sus costumbres, sus creen- 
cias, sus lenguas y sus tradiciones, se constituyeron, 
así, en Estados civiles* políticos y religiosos, goberna- 
dos por jefes que mantuvieron su independencia y 
autonomía. Debido á esa asociación de familias y su 
constitución en Estados, fué que se inició un notable 
adelanto en los pueblos, pues desde entonces se prin- 
cipió á fabricar toscos tejidos, se adoptó la cremación 
de los cadáveres y se comenzó á tributar el culto reli- 
gioso. 

Cuanto á la Edad de Fierro, sólo está marcada 
en los Continentes Antiguos, por la adquisición de este 
útilísimo metal, completamente desconocido su uso, 
se supone, en el Nuevo Mundo hasta la conquista es- 
pañola^ apesar de ser muy abundante el fierro en el 
Continente Americano. 

Si se trata de resolver la cuestión de la condición 
intelectual en que se encontró la Humanidad primiti'- 
va, hay que recurrir al examen de los útiles y armas 
deque loa hombres se sirvieron en aquellas épocas 
lejanísimas; elementos que dan la debida luz sobre esa 
civilización, pues su examen enseña, que á las hachas 
y objetos de piedra, de hueso, de concha y de madera^ 
para los usos domésticos, sucedieron los instrumentos 
da metal, ^Esta historia del Hombre,— ha dicho Mr« 



242 ORIGEN DE LOS INDIOS 

Edward Burnet Taylor,— que no§ revela el estudio de 
los instrumentos de que él ha hecho uso, es la historia 
de un progreso ascencional y sin ^uda inconstante é 
interrumpido en cada tribu ó en cada raza, pero un 
progreso general, en el que vemos que crece y se de- 
sarrolla la industria humana." Pero lo dicho por Mr, 
Burnet Taylor es tan sólo el medio de comprobar, en 
parte, el grado intelectual á que habían llegado las 
primitivas generaciones humanas^ sin tener en cuenta 
otros medios importantísimos de llegar al conocimien- 
to de la condición intelectual del Hombre en esai 
edades primitivas, medios que complementan el estu- 
dio etnológico de estas razas, y son: á más del movi- 
miento de su progreso en las artes manuales, sus cos- 
tumbres, sus ritos, creencias, y su sistema de gobierno. 
Debe colegirse de lo dicho, que ha debido trascu- 
rrir muy larga serie de siglos antes que los primitivos 
pueblos de ese mismo Continente adquirieran cierto 
grado de adelanto; siendo un hecho indudable, que su 
iniciada civilización fué avanzando gradual y lenta- 
mente en el camino del progreso, hasta lograr formar 
pequeños núcleos y centros sociales. 



Áuoque la historia de los primitivos habitantes de 
América está aún envuelta en un caos que ha sido 
imposible aclarar hasta ahora, creemos que después 
del trascurso de varios siglos, el Hemisferio America- 
00 fué también habitado por los Atlante9i los Antis, 



DE AMÉRICA 243 



los Chinos y talvez los Egipcios, los Fenicios y los He- 
breos, razas que forzosamente se mezclaron con esos 
primitivos habitantes autóctonos, asimilándose á ellos 
en el trascurso del tiempo. Fundamos esta conjetura 
en los hechos relatados por los antiguos historiadores^ 
quienes refieren que ha navegación en los Océanos At- 
lántico y Pacifico se remonta á una época anterior al 
Diluvio; lo cual probaría que los pueblos del Antiguo 
y del Nu^o Mundo se conocieron y tuvieron relaciones 
desde aquella misma época. 

De suponer es, que en aquellos tiempos antiquí- 
simos, la Atlántida (que creemos sólo ocupaba una 
parte de la extensión del Océano Atlántico) fuera una 
nación que alcanzó el mayor grado de apogeo, pues 
Platón recuerda tradiciones egipcias que se remontan 
á la invasión de los Atlantes á los Continentes del An- 
tiguo MuQdo, extendiéndose por toda la Europa, par- 
te de la África y de la Asia Menor, Solón, que fué uno 
de los siete sabios de Grecia, supo también, por los 
Egipcios, todos los pormenores que se referían al po- 
der marítimo de los Atlantes, cuya escuadra estaba 
compuesta de miles de navios. Además, la Atlántida 
era célebre por su fértil y * benigno clima, habitada 
por hombres indomables^ robustos, audaces y de talf* 
gigantesca (1); gente fuerte é invasora que hacía re- 
pentinas irrupciones} cayendo, de improviso^ para gue- 



(1) Quizá los habitantes de la Atlántida serían aquellos gigantes á 
que se refiere la Sagrada Escritura: « En aquel tiempo había gigantes so- 
bre la tierra {nGiganícs erant supcr tarám in dichits illis*— dice el Géüesis 
eu Su cap. YJ) , 



244 ORIGEN DE LOS INDIOS 



rrear toscamente, hasta poner á aus eneniigos en cui- 
tas y peligros. Por lo demás, no hay m jmoria de la 
época en que aconteció el hqndimiento da esta gran- 
de isla, ni tampoco hay recuerdo de lá existencia de 
ella en la época postdiluviana. (1) 

Los Antis, pueblo asiático, hicieron, se dice, una 
invasión á la América ecuatorial, antes del Diluvio, y 
se establecieron en la Cordillera de los Andes, en la 
región superior del Amazonas: de estos Antis se deri- 
va, talvez, el nombre úe la extensa cadena de monta- 
ñas que atraviesa toda la América del Sud. ^os po- 
bladores de la Cordillera de los Andes ecuatoriales 
conservan todavía el nombre de Antis, que fueron los 
que, se supone, introdujeron en América el idioma 
Quechua, y usaban en lugar de escritura, loi quipos ó 
cordoncillos con nudos, presumiéndose que ellos fue- 
ron los inventores de ese sistema, y que también lo 
habían propagado entre los Tibetanos y los Chinos 
hasta el tiempo del emperador Tohi (600 años antes 
del Diluvio), Algunos historiadores de la conquista 



(1) Después de incalculables centurias trascurridas desde la espantosa 
catástrofe de la Atlántida, el' periódico «The Standard,» que.es uno de los 
©manos más serios de Londres, anuncia la formación de una expedición 
de capitalistas, encabezada por un rico lord inglés, y que se embarcó en 
Liverpool con el propósito de hacer estudios para el descubrimiento dé la 
sumergida Atlántida, y unarez conseguido, extraer los yaliosísimos teío- 
ros que encierra esa desaparecida, grande isla. Con tal intento, esos aTcn- 
tureros capitalistas Hcvaron varios submarinos y barcos-buzos, instru- 
mentos, herramientas v demás implementos indispensables para la reali- 
zación de sus proyectos. Semejantes aventuras prueban, evidentemente, 
que los capitalistas ingleses pueden llegar á engolfarse en empresas famo- 
sas para la ciencia, cuando el punto de mira es buscar tesoros inaccesible».,. 



DE AMÉRICA 24S 



pretenden que los descendientes de los Antii son loa 
Campas ó Chunchos esparcidos en las selvas del Alto 

Ucayali y otras regiones del Perú, 

Los Egipcios son señalados por algunos egiptólo- 
gos coma uaoi de los prioaeros pobladores de la Amé- 
rica, antes del Diluvio. Sabido es que Egipto fué la 
nación civilizada más antigua de la Tierra, pues se 
remonta á una época iDraemorial en que todos los de- 
más pueblos se hallaban aún sumidos en la más com: 
pl^ta barbarie; por eso es considerada como la cuna 
de las artes y las ciencias del Género Humano: sus 
habitantes eran muy diestros en la navegación y há- 
biles en las guerras navales, de donde se conjetura 
que, desde épocas Ií»janÍ3Ímas, sus naves surcaron el 
Océano Atlántico, abordando á las playas americanas, 
Y no solamente eran diestros en la náutica, sino tam- 
bién expertos en !aa armas, pues sus legiones estable- 
cieron colonias en Asia, poblando la China y el Ja- 
pón. 

Los Chinos, que componen el imperio más vasto 
del Mundo y cuyo país ha sido una de las primeras 
naciones en organizarse, pues que su gobierno y civi- 
lización arrancan de una época evidentemente muy 
remota (á más de 4000 años antes de la era cpistiana)^ 
conservan tradición de haber enviado algunas inmi- 
graciones de ellos al suelo de la América oriental y 
occidental antes del Diluvio, unas por la ruta del es- 
trecho marítimo de Annián, y otras por la cadena de 
islas que en aquel tiempo existía en el mar Pacífico, 
pudiendo así aportar al territorio americano y poblar 



246 ORIGEN DE IvOS INDIOS 

sucesivamente las comarcal de México, Panamá y el 
Perú. 

Además de los pueblos citados, posible es que 
también recalaran á América algunos navegantes 
aventureros ó náufragos procedentes de la Fenicia y 
la Judea. 

Es opinión'generalmente sentada, que los hombres 
de aquellos tiempos que abordaron las playas del 
Nuevo Mun,do, (sea accidentalmente ó de un modo de- 
liberado, impulsados por los vientos y corrientes cons- 
tantemente favorables que reinan tanto en el Atlánti- 
co como en el Pacífico hacia el Hemisferio austral), 
tuvieron que permanecer allí, sin poder volver á sus 
respectivos países, por los vientos y las corrientes con- 
trarias, pues no poseían el manejo de las velas, ni el 
conocimiento de las estrellas, ni el curso. de los astros, 
ni las luces de la astronomía, ni estaban, en fin, im- 
buidos de la ciencia náutica^ condiciones tan precisas 
para hacer rumbos contrarios á la impulsión de los 
vientos. 

Atajados por todos lados, para restituirse á los 
países de donde habían salido, determinaron estable- 
cerse en el Continente Americano, los unos habitando 
las partes'montuosas de los bosques, en cuyos para- 
ges se volvieron rústicos y bárbaros, y los otros esta- 
bleciéndose en los valles y en las costas, en cuyos lu- 
gares se conservaron más dóciles y sociables. 

Por esta razón, la América permaneció ignorada 
durante tantos siglos^ siendo preciso, al fin, que Cris- 
tóbal Colón, en cuyo tiempo se conocía ya el modo de 



Í)E AMÉRICA 247 



tomar la altura de las estrellas y las reglas náuticas 
necesarias para encaminar las naves hacia donde ha- 
bían partidPj pudiera legar al JVfundo el descubrimien- 
to de un Nuevo Continente, 



Creemos también, ateniéndonos á la tradición he- 
braica, que los primitivos habitantes de la América 
perecieron en el cataclismo universal y que, después 
de tan fatal acontecimiento, fué este Continente re- 
poblado por los descendiejites de esos primitivos ha- 
bitantes que, por voluntad del Criador, pudieron sal- 
var de tal catástrofe (1). Mucho tiempo después, 
otras razas de los Antiguos Continentes hicieron di- 
versas y continuas invasiones al suelo americano; ra- 
zas, sin duda, de hombres semi-civilizados, que apor- 
taron al Nuevo Continente sus peculiares usos y cos- 
tumbres. 

Sabido es que el Asia ha sido la cuna de la Huma- 
nidad: por consiguiente, creemos que de allí salieron 
las primeras expediciones que repoblaron el Nuevo 



(1) Algunos autores niegan que el Diluvio haya sido universal, y di« 
cen, que aunque la Tierra hubiera sido , cubierta de agua hasta la ^Itura 
de algunas toesas ó brazas, las cimas de los más elevados niontes y cordi- 
lleras quedaron descubiertas, salvándose allí muchos más hombres y ani- 
males que los que se salvaron en el Arca de Noé: de este principio deducen 
esos mismos autores que, aunque murieron la mayor parte, de los vivien- 
tes, no todos fueron igualmente ahogados. Empero, aunque ésta deduc- 
ción parezca algo probable, no es posible afirmarla üi negarla dd todOi 
porgue carece de fundameuto ea qué apocarla, 



248 ORIGEN DE LOS líÍDIOS 

Continente, Estos inmigrantes tendrian que luchar 
continuamente por la existencia, perdiendo al fín lai 
primeras nociones de la civilización de sus respectivos 
países. Las candes que originaron este retroceso 
fueron: los usos nuevos apropiados al género de vida 
errante á que se vieron expuestos, inspiradas más por 
instinto que por inteligencia; el decaimiento de su 
propia lengua; el ser invariables á sus ojos los fenóme- 
nos de la Naturaleza, engendrando en ellos nuevas 
creencias; el aislamiento á que se hallaban reducidos, 
al extremo de sumirse, con el trascurso del tiempo, en 
un estado de completa ignorancia. Más tarde^ cuando 
aportaron á las comarcas americanas inmigraciones 
más avanzadas en civilización, de hombres enérgicos 
y de mayores facultades intelectuales, fué cuando se 
establecieron al Norte, Centro y Sur de América, na- 
ciones relativamente ñorecientes. 



Las primeras inmigradones venidas de Europa á 
América , en los primeros tiempos postdiluvianos, cree- 
mos que probablemente fueron de Griegos, Iberos y 
Romanos, y, mucho más tarde, de Islandeses,' Norue- 
gos y Dinamarqueses; las provenientes de África, con- 
sistieron en Egipcios y Cartagineses; las originarias 
de Asia, quizá se formaron de Feniciosi Garios (Ij, 
Troyanos, Hebreos, Chinos y Tártaros, 



(1) Lo8 Garios ó Cares, de cuya preseücia en América hay bastantes 
V£St¡igiOJ3| pudieron realizar qq este Qosxtiü^te, se supone, la coustruccióu 



DB AMERICA 249 



A nuestro humilde juicio, esas diversas inmigra- 
ciones fueron realizadas, unas por ios caminoa terrea- 
tres que en aquellos tiempos unían los Antiguos Con- 
tinentes con el Nuevo; otras, posteriormente, verifi- 
caríanse de un modo casual, por tempestades que 
desviaran á los navegantes de su rumbo, arrojándolos 
á las playas americanas; y otras, en fin^ de esa acci- 
dental manera, habrían sido efectuadas con deliberado 
intento, huyendo del ñajelo de las continuas guerras 
que^ en esas épocas, devastaban y diezmaban las dife- 
rentes nacionalidades del Antiguo Mundo. De estas 
tan diversas inmigraciones proviene, sin duda, la diver- 
sidad de razas que vinieron aclimatándose en el suelo 
americano, cada una con sus pecuhares usos, hábitos 
y costumbres, y aún con sus respectivas distintas 
lenguas. 

Algunos autores opinan que el Nuevo Mundo prin« 
cipió á repoblarse, después del Diluvio, con la pareja 
ó parejas que en ese Continente salvaron de tal catás- 
trofe; y otros pretenden que lo fué con los primeros 
inmigrantes que á ese Continente aportaron casual ó 
deliberadamente. Sea cual fuera la repoblación de 
América; es un hecho innegable que algunos indígenas 
conservan la tradición de que, efectivamente^ sus an- 
tepasados vinieron de otros países y conservan aún 
los nombres verdaderos ó falsos de sus progenitores. 

Además^ según opinión de algunos etnógrafos, 
parece que la parte oriental del Continente Americano 
fué también repoblada por una raza autóctona, sali- 
da de las vertientes de los montea Allegany y de I09 

34 



250 ORÍÓEN DE LOS INDIOS 

«' ' ■ ■ ' ■ «■■ m il -II . iii ■! I. I ... --.... II I III » ■ I ■ I I— w— —— a^ 

Apalaches; raza que pasó la Florida y ocupó las Anti- 
llas, las riberas orientales de la región de México, la 
Tierra Firme, las Guayanas, y, por último, el Perú, has- 
ta loi confines australes de la América Meridional. A 
esta raza pertenecieron los numerosos indios denomi- 
nados Pieles- RojaSj que ocupaban los territorios de 
Tennessee, las Carolinas, la Virginia, el Maryland, la 
Pensilvania; y una parte del Estado de Nueva York; 
como asimismo los indígenas del Canadá, los de Yu- 
catán y de Honduras, y los Caribes y Galibis. 

Cuanto á la variada raza indígena meridional, al- 
gunos antropologistas conjeturan que poblaron la ho- 
ya superior del Orinoco^ la hoya del Amazonas, el 
Brasil, el Paraguay y la Araucanía, suponiéndose que 
estos últimos, por sus caracteres, hayan sido origina- 
rios de la raza China. 



6: 



Creemos, asimismo, que dos son las rutas princi- 
pales que en las épocas antediluviana y postdiluvia- 
na, tomaron las primeras expediciones de los Antiguos 
Continentes, para arribar á las playas de América. 

Probable es, que una de esas rutas fuera la preten- 
dida desaparecida Isla Atlántidaí que, se cree, exten- 
díase desde las islas del mar Caribe (en las Antillas) 
hasta las islas Azores y Madera (en las cercanías de las 
costas de Portugal y de África^ respectivamente), y ca- 
si unida quizá al Continente Europeo ó al Africano, 
cuya ruta habría lidq, eo aquellos tiempos lejanos, ua 



dÍB AMÉRICA 251 



puente de unión entre los Continentes Antiguos con el 
Nuevo, y por la cual ruta habrían venidlo las sucesi- 
vas expediciones europeas ó africanas á las costas sep- 
tentrionales americanas. (1) 

^ Es probable que la otra ruta fuera el Estrecho de 
Annian(hoy Behring) (2), ó las illas Aleutianas 6 Aleu- 
tas (3), que, se puede decir, unían el Continente Asiá- 
tico con el Americano, como suponen algunos geólogos, 
6 por la cadena de islas eslabonadas en medio del 



(1) Mr, Buachc, de la Academia de Cieacias de Paría, descubrió una 
cadena de montañas submarinas que se extienden desde el Cabo de Buena 
Esperanza hasta el Brasil, suponiendo el mismo autor que en tiempos an- 
teriores esa cadena unía el Continente de África con el de América. 

(2) El estrecho de Annian ó Behi-ing 'está situado entre el Océano Gla- 
cial Ártico y el Grande Océano (Pacífico), separa el cabo oriental al nord- 
este de Asia, del cabo del Príncipe de Gales, al nordeste de América. Tiene 
este Estrecho doscientos kilómetros de largo por ochenta en su parte más 
ancha. Lo descubrió, en 1728, el navegante dinamarqués Vitus Behring, 
que se hallaba al servicio de Rusia, en tiempo de Pedro el Grande. Por eso 
le dio su nombre, como también al mar de la parte septentrional del 
Pacífico, que se extiende entre el Kamtchatka, al oeste, la América al este, 
y las islas Aleutianas, al sud. 

(3) Las islas Aleutianas ó Aleutas describen entre el Kamtchatka y la 
península de Alaska un arco de círculo que une casi el Asia y la América. 
Estas islas están divididas en varios grupos: las Aleutianas propiamente 
dichas, que son Atu, Agatu, Semitok; las AndreanofF, que comprenden 
veinte islas de sesenta ó ochenta kilómetros de largo; Krissió, isla de la Ra- 
ta, Tanaga, Kanaga, la isla de los Siete Cráteres, Adahk, Tagilak, Atka; 
las Ostrova-Lisii 6 islas de los Zorros, que son las más próximas de la Amé- 
rica, Chumaghina, Unalachka, Unimak, Semidas, islas volcánicas y esté- 
riles; y Kodiak, que es la isla más grande de todas. Vitus Behring fué el 
que descubrió todas estas islas, en 1741, en su segunda expedición «1 Océa- 
no Glacial Ártico, 



252 ORIGEN DE LOS INDIOS 

Océano Pacífíco (4), que en estos últimos siglos exia- 
tian aún, entre ambos Continentes, lo que denotariaí 
asi mismo, que en tiempos remotos esa unión de los 
Continentes Asiático y Americano era también un 
hecho. 

Por ambas rutas habrían podido venir á las costas 
meridionales de América sucesivas expediciones asiá- 
ticas. 

A más de ambas rutas' principales, creemos tam- 
bién, que algunas expediciones á América pudieron 
venir por la ruta déla Polinesia, cuyas islas Sandwich 
y Pascuas (tan célebres por las antigüedades ciclópeas 
que encierran) son las más cercanas de la América del 
Norte y del Sud, pues que, respectivamente, están si- 
tuadas en lai latitudes de México y del Cuzco (los dos 
centros de la civilización americana); teniéndose en 
cuenta^ que las corrientes y los vientos dominantes en 
esta parte del Océano Pacifico, se dirigen á la costa 
norte-americana, unas, y hacia la costa sud-americana, 
otras. ' 

No hay duda (á lo menos es lo que opinamos) que en 
la época que siguió al Diluvio Universal^ pudieron pa- 
sar por las rutas que hemos señalado, de los Antiguos 
Continentes al Nuevo, no solamente los hombres, sino 



(4) Esos geólogos afirman que en siglos remotos el Continente de Asia 
estaba unido con el de América por esc eslabonamiento de islas; pero la fu- 
ria del elemento acuoso, puesto en acción por el del fuego subterráneo, ha 
trastornado esta extensión de islas encadenadas y diseminadas de trecho 
en trecho, de las que hoy existen, tan sólo, las dcuominadas de los Gíiláioa- 
gos, á algunas leguas de la costa del Ecuador, 



DB AMÉRICA 253 



también algunos animales mansos, es deciri aquellos 
de climas calurosos, por la zona tórrida, y aquellos de 
climas fríos, por la zona frígida, suponiendo, siempre, 
la proximidad ó unión de los Antiguos Continentes con 
el Nuevo; salvo los anicnales propios del suelo america- 
no, pues as! como Dios crió al Hombre autóctono de 
América, así también erió animales y plantas propios 
de ese mismo Continente; y tanto es así, que muchos 
animales originarios de América no son conocidos en 
los Antiguos Continentes, y, por lo tanto, no pudieron 
ser encerrados en la arca que Noé construyó por man- 
dato del Criador, 

Sabido es, por otra parte, que desde la Creación del 
Mundo, el Planeta Terrestre ha sufrido grandes tras- 
formaciooes geológicas, originadas por terremotos pro- 
venientes de erupciones volcánicas y submarinas, y 
que, debido á esos sacudimientos sísmicos; unas par- 
tes de los continentes y numerosas islas, se han hun- 
dido en el mar^ y otras han surgido de él. El mar, es- 
trechándose en unos lugares y desbordándose en otrosj' 
ha aumentado ó disminuido las tierras^ separando paí- 
ses unidos desde su origen; formando nuevos estre- 
chos y golfos. Por consiguiente, ¿qué dificultad pudo 
haber habido, de que así como existe hoy el Estrecho 
de Annian ó Behring, hayan también existido, en aque- 
llos tiempos, otros estrechos,' unidos á partes más sep- 
tentrionales de Europa, Asia y África, y que de puente 
sirvieran para pasar de un Continente á otro? Presu- 
mible es, que en el trascurso de tantos siglos, después 
de repetidos terremotos, hayan desaparecido eitrechos¡ 



254 ORIGEN DB LOS IKD108 

porque invadiera el mar lo que antei era tierra (Irme. 

A este respecto, citaremos, de paso, la opiDión que, 
sobre este tema^ desenvuelve Francisco J. Glavigero, 
en la Disertación P de su Historia antigua de Méxi' 
cot tom. II. pag, 147, autor que, acojiéndose á los tex- 
tos bíblicos, opina que todos los animales, incluso los 
cuadrúpedos feroces y reptiles de América, pasaron 
por tierra, de los Continentes del Antiguo Mundo al 
Nuevo; y^ concretando sus juicios, dice: «Estoy obli- 
gado á creer que los cuadrúpedos y reptiles del Nuevo 
Mundo descienden de aquellos individuos que se sal- 
varon del Diluvio Universal en el arca de Noé y 

me persuado que su tránsito se hizo por tierra y por 
diversas partes del Nuevo Continente.» 

Objetando esta opinión emitida por Clavigero, de- 
bemos preguntar otra vez: ¿Logró Noé encerrar en su 
arca á algunos animales feroces, propios de América, 
como leones, tigres, rinocerontes, bisontes, búfalos^ 
coyotes y demás; los mansos huanacos, llamas, vicu- 
ñas, alpacas, vizcachas; y otras; los cocodriles, lagar- 
tos, serpientes, culebras y demás animales y sabandi- 
jas, animales, estos últimos, notoriamente nocivos al 
Género Humano, y que en tan diversa cantidad exis- 
ten en el Nuevo Mundo? Es de suponer que aquello no 
sucedió. 

Desde luego, abstracción hecha de los textos de los 
libros bíblicos, débese admitir que los animales fero- 
ces y dañinos de América son originarios de ese mis- 
mo suelo, como también son originarios los ani- 
males feroces y dañinos que pertenecen d los Continen- 



t)B AMÉRICA ' ^&S 



tes Antiguoi, porque Dioij en su alta sabiduría, no 
solamente crió varias razas de hombres, sino también 
especiales y propios animales y plantas en cada Con- 
tinente. 

En fin, ocioso nos parece investigar el rumbo se- 
guido por los primeros hombres y animales del Conti- 
nente Americano^ porque en los tiempos remotos an- 
teriores y posteriores al Diluvio Universal, la superficie 
del Globo Terráqueo era muy diferente de lo que es 
boy. (1) 



(1) Para dar una ligera idea de las transformaciones sufridas por el 
Planeta Terráqueo en la sucesión de tantos siglos, expondremos unos po- 
cos hechos en apoyo de lo expuesto, no sin traer á colación los relatos de 
autores antiguos. 

Ante todo, diremos, que la mayoría de los geólogos admiten, que los 
Continentes sufrieron, en las épocas que corresponden ala infancia de nues- 
tro Planeta, grandes modificaciones, pues los actuales Océanos deben con- 
siderarse como antiguos Continentes desmoronados, y una parte de los 
Continentes actuales, como restos de pasados océanos; modificaciones que 
experimentaran, ya por la violencia de los terremotos y fuegos subterrá- 
neos, ya por el ímpetu de las olas marinas, ya por los muchos montones de 
arena y cieno acumulados por el mar, ya por el amontonamiento lapidifi- 
co que está extendido por toda la Tierra, ya, en fin, por las otras muchas 
causas ocultas, que han levantado el suelo en unas partes y deprimídolo 
en otras. 

•Sabemos, dice Apuleyo, en su obra De Dogmate Platonis de Mando, 
que Continentes han sido convertidos en islas, y que por la retirada del 
mar estas islas han sido unidas á Continentes.» 

Según Séneca, en su Medea, «la isla de Tarasia surgió súbitamente so- 
bre la superficie del mar, como también las islas de Sabrina y Julia, que 
desaparecieron poco tiempo después.» 

El poeta Ovidio, en sus Aíeíá/ndr/bs/s, lib. XV, pone en boca de Pitá- 
goras: «He visto lo que era anteriormente tierra firme trocarse repentina- 
mente en mar; he visto, al contrario, tierras salidas del seno de las aguas.» 

Pliuio, en la Historia Natural, lib, II, caps. LXXX, XC y XCI, hace 
UBa larga de9cri^ci<^n d« las tierras abasdoaadas pgr el mar j de apcUof 



256 ORIGEN DE LOS INDIOS 



Es un hecho efectivo, que la civilización indiana 
del periodo postdiluviano data de muchos siglos antes 



que han sido unidas al Continente; supone que el Mar Mediterráneo era, en 
otro tiempo, un país habitado, y que un xiolento desbordamiento del 
Océano, rompió esta comunicación y formó este mar. 

Según tradición de los habitantes de Ceylan, esta isla fué separada de 
la costa de Coromandel por una irrupción del mar. 

Las ciudades de Pirrha y Antusa también fueron sumergidas, y hoy 
la laguna Meotis cubre sus ruinas. Lo mismo aconteció con las ciudades 
de Hélice y Bura, en el seno de Corinto. 

Conste, igualmente, según la relación de antiguos escritores, que en 
un tiempo estuvieron unidas la Buboca (Negroponte) á la Boecia, la isla 
de Chipre á la Siria, la Leucosiaal promontorio de las Sire ñas. 

También hay recuerdo del hundimiento de gran parte de la extensa 
isla de Ceos (hoy Cia ó Zea) , una de las que forman el grupo de las Cicla- 
des, en el mar Bgeo. 

Los habitantes de Malabar afirman que también fueron separadas las 
islas Malvinas y Sumatra, que en otra época hacían parte del Continente 
Asiático. 

Parece probable que, en tiempos lejanos, la Inglaterra eatovo unida á 
Francia, y la Isla de Sicilia á Italia. 

Algunos geólogos suponen que la configuración de las costas del Océa- 
no Glacial Ártico ha variado considerablemente; que la altura de las más 
grandes montañas de la Tierra han disminuida, como las de la Asia Cen- 
tral, y que la Cordillera de los Andes surgió de las aguas y formó la costa 
del Pacífico. 

Sin remontarnos é épocas tan lejanas, vemos que en los tiempos más 
avanzados, el Globo Terráqueo ha sufrido también mutaciones en su su- 
perficie. 

En 1446 fueron sumergidos, por la irrupción del mar, más de doscien- 
tos pueblos de la Frisia y la Zelandia. 

En 1663 un fuerte terremoto habido en el Canadá, desquició más de 
cuatrocientas leguas de terreno; en esa catástrofe chocaron unas monta- 
fias con otras; algunas, arrancadas totalmente de su sitio, fueron precipi» 
%Bi,im €23 el gran río da» hor^nzo', otras, se septtltaron ets el eeuo df la Tie* 



DB AMÉRICA 257 



del descubrimiento de CoIóD) pues á más de ochenta 
aüos de establecido el coloniaje español^ vínose á des- 
cubrir (en 1576) las famosas ruinas de Copán^ que^ en 
tiempos muy remotos, fué la capital del reino Tolteca, 
tronco perteneciente á la gran familia de los Nahuatls 
que se diseminaron por toda Ja América Central, dea- 
de el siglo vii basta el xiy, siendo los fundadores 
verdaderos de la antigua cultura mexicana. Esa mis- 
ma cultura se extendió á las demás comarcas de Méxi- 
co^ Centro y Sud-América, que han sido los tres anti- 
guos emporios de la civilización americana, como lo 
manifiestan los descubrimientos hechos posteriormen- 
te de ruinas de antiguas ciudades, á más de la de Co- 
pan, como las de Uxmal.Haba, Labué, Moyapañ, Iza- 
mal y Cbancben-Itza, en el Yucatán; Mitla ó Miguit- 



rra, y una. montaña de tocas de más de cien leguas de extenáión, se hun- 
dió enteramente, dejando en su lugar una dilatada planicie. Después de 
este formidable terremoto han surgido ríos y lagos en puntos donde antei 
no había sino montes inaccesibles. 

En fin, últimamente, en Enero de 1907, una inundación del mar hizo 
desaparecer la isla de Simalu, distante ciento veinte kilómetros de la cos- 
ta de Sumatra y que tenía dos mil cien kilómetros cuadrados de superficie 
con unos ocho mil habitantes malayos. 

El sabio naturalista Cuvier y los eminentes geólogos Maltebrun, Bal- 
bi, Reclus y Flammarión, demuestran con argumentos científicos de va- 
lor, que la superficie del Globo Terráqueo ha experimentado firecuentes 
contrastes y variaciones producidas por el elemento acuoso, en combina- 
ción con el fuego central de nuestro Planeta, originándose, así, hundimieu 
tos y solevantamientos en su costra. Incuestionable es, suponer que la dis- 
posición exterior del Globo Terráqueo fué distinta, en tiempos remotos, de 
lo que ofrece hoy, pudiendo colegirse que entonces el Nuevo Mundo se ho,» 
U^ba unido á los Antiguos Continentes de Europa, África y Asia, 

91 



258 ORIGEN DE LOS INDIOS 

lan, en el pafs de los Zapotecas; Palenque, Peten, Chic- 
ken^ Tayalal, Tical, Xochicalco, Chulula y Tula, en la 
América Central; y Tiahuanaco, Machu-Picchu, Huá- 
nuco- Viejo, Pachacamacc, Ollantaitambo, Chitaba m- 
ba, Chuquillusca, Tarmatambo, Vinaque, Chavin de 
Huantar, Chimu y otras, en la América Meridional; 
ruinas todas que acusan una remotísima y floreciente 
civilización de pueblos enérgicos y de notables facul- 
tades intelectuales. 

No solamente por los monumentos ciclópeos se com- 
prueban las huellas de las tribus prehistóricas, sino 
también por las toscas herramientas y utensilios de 
pedernal encontrados en capas subterráneas) entre 
huesos humanos, de fósiles y vestigios de la fauna y la 
flora de esa remota época, de la cual los sabios, como 
Cuvier y otros, se hicieron intérpretes eruditos en nues- 
tros tiempos; reconstruyendo aquel pasado lejanísi- 
mo. (1) 



(1) Hafemos una descripción sucinta de sólo dos principales ruinas 
ciclópeas de la América Septentrional, á fin de que se tenga una pequeña 
idea de lo que fueron esos antiquísimos monumentos prehistóricos. Cuanto 
á las ruinas que se hallan aún diseminadas en la América Meridional, nos 
ocuparemos de ellas en la segunda parte de esta obra. 

Los arqueólogos que han visitado las ruinas de Mitla, cerca del pueblo de 
San Pablo Mitla, en la provincia de Oaxaca, al extremo meridional de 
México, dicen que son de las más^randiosas que se conocen, y calculan que 
los cuatro palacios que existen' allí fueron edificados en los siglos vn á xni 
de la era actual, midiendo en conjunto una área superficial de 500 metros 
de Norte á Sur y 300 de Este á Oeste, superficie que equivale á 150,000 me- 
tros cuadrados: la ornamentación es uniforme y el material empleado, de 
piedra traquita, ó sea, roea volcánica, unida con cemento, ó mezcla de cal 
^ S>x6üA, Ctij^o Uñ\)sÁo de albafiikna es caliücado fiotao muf su^tiox, Lao 



DE AMÉRICA ^9 



8 



Concluiremos con unas últimaa apreciaciones: 
Sabios, que han hecho observaciones y estudios 
arqueológicos en el Nuevo Gontinentej son de opinión 
que la Pompeya de América está aún por descubrirse, 
y suponen que las ruinas de esa gran ciudad se hallan 
debajo de las extensas y espesas capas de lava fria que 
circundan alguno de los volcanes de la América Cen- 
tral. El descubrimiento de esas ruinas sería otra prue- 
ba incontestable (aportada á las aludidas respecto de 
las de Copan, Palenque, Peten, Mitla, Tiahuanaco y 
demás citadas de la América del Norte, del Centro y 



columnas de esos palacios son monolíticas, cónicas, del diámetro de 80 á 
90 centímetros en la base y 3 metros y 30 centímetros de altura: el ador- 
no consiste en pinturas, mosaicas y esculturas, que causan la admiración 
de los viajeros, Al occidente de Mitla se encuentra, sobre la cima de un pe- 
ñasco escarpado, una fortaleza que mide media legua de extensión, con va- 
rios ángulos salientes y entrantes y cortinas intermedias; en su frente, con- 
siderado accesible, hay doble muralla, de las que la una es curva elíptica y 
la otra, más elevada, en forma de tenaza: varios ingenieros que han visita- 
do esta fortaleza, declaran no ser inferior á las europeas del siglo xn. 

En el N*? 16 del tom. I del Magasin Universel, impreso en París y co- 
rrespondiente al 6 de Febrero de 1834, encontramos los siguientes datos 
sobre el descubrimiento de las ruinas de Palenque: «En 1786 Carlos III, 
rey de España, mandó una expedición á México con el objeto de hacer in- 
vestigaciones de las antigüedades mex icanas anteriores al descubrimiento 

_ de la América, principalmente de las de Palenque, investigaciones que en- 
tonces fiíeron infructuosas. Algunos años más tarde, una segunda expedi- 
ción salió de España con el propósito de reco no cer, con exactitud, los lu- 
gares explorados anteriormente; expedición que fu é dirigida por el coronel 
Dupaix, secundado por Castañeda, encargado de la ejecución de los di- 

*bujo3. Al llegar á la provincia de Tzendales, constataron la existencia de 



260 ORIGEN DE LOS INDIOS 

■ III ■ ..11 I ■ I... ■ I ■ II K ll « WH^ IIMI II 

del Sud), de la adelantada civilización indiana, que se 
remonta, según opinión de muchos historiadores, á una 
larga serie de siglos anteriores al descubrimiento he- 
cho por Cristóbal Colón. 

Es del caso indicar aquí las opiniones de algunos 
labios sobre las similitudes arquitectónicas de los mo- 
numentos ciclópeos de América con los de otros Conti- 
nentes. 



una ciudad desierta y en ruinas, de seis leguas de extensión, con edificios 
sólidos de una magnificencia sorprendente, con antiguos ídolos de granito 
y pérfido, pirámides, sepulcros subterráneos, hiladas de piedras labradas 
de seis pies de espesor, bajo-relieves colosales escultados sobre granito ó 
modelados en estuque, zodiacos, y, en fin, geroglíficos diferentes á los de. 
Egipto, apesar de su similitud original; todo lo que atestigua la remota 
antigüedad de Palenque. Esta metrópoli, oculta durante siglos en medio 
de un extenso desierto, ba quedado desconocida hasta 1750, época en que 
el Gobierno español concibió la primera idea de la expedición científica que 
fué llevada á cabo en 1786, y luego seguida de otras dos. Estas tres expe- 
diciones costaron al Gobierno español la suma de 100,000 pesos fuertes, 
gasto que, empero, no ha resultado estéril para la ciencia. Ante la vista 
de tan maravillosas obras, salidas de las manos de los hombres, cabe pre- 
guntar: ¿de dónde vinieron esos hombres y quienes fueron los que ejecuta- 
ron esas obras? La contestación es obvia, porque existen numerosísimas 
pruebas que manifiestan, evidentemente, que el NuevoMundo fué visitado 
por habitantes del Antiguo, algunos siglos antes de la expedición de Co- 
lón.» En 1750, cuando los Españoles descubrieron Palenque, quedaron 
asombrados al ver las ruinas de una ciudad, en otro tiempo tan extensa y 
magnífica, que tenía templos, altares, divinidades, esculturas y piedras 
monumentales que atestiguaban su alta antigüedad: los geroglíficos, los 
símbolos y los emblemas descubiertos en los templos, ofrecían tal seme» 
janza con los de los Egipcios, que se supone que una colonia de esta na- 
ción fué la que fundó la ciudad de Palenque ó Culhuacan. 

Empero, según varios historiadores, unos de los primeros habitadores 
del país de Anahuac ó México, fueron los Olmecos, que dejaron allí algunos 
monumentos ciclópeos, entre los cuales se citan los de Mitla y los de Pa- 
lenque, Después; cuando estos Olmecos emigraron al Sud hasta el lago de 



DÉ AMÉRICA 261 



Isaac Taylor, en su juiciosa obra titulada Etruscan 
Researcbes, pag. 33, dice: «El arte de la conitrucción 
suministra indicaciones del más alto valor sobre las 
afinidades etnológicas: los templos, los palacios y los 
túmulos funerarios pueden ser considerados como 
otras tantas petrificaciones de las aspiraciones, de los 
pensamientos y de los sentimientos de los pueblos; son 
la expresión expontánea é inconsciente de particulari- 
dades mentales hereditarias. )» 

A este propósito, el doctor H y de Clark, en bu con- 
ceptuosa obra Researcbes in prebistoríc andprobisto' 
ríe compara tire pbylology^ mitbology; in connection 
witb tbe origen o f culture in América, ^SíTSí probar la 
similitud de los primeros puebles del Nuevo Mundo 
con losTuraníaaos, emite la siguiente conclusión: «Las 
analogías de la arquitectura de Jos Mexicanos y de loi 
Peruanos con la de los Egipcios y de los Pelasgos (de 
la Arcadia) son numerosas; debe repararse que todos 
los constructores de edificios ciclópeos han sido Tura- 
nianos (del imperio de Annam).» 

Según Mr. Hardy, la semejanza que ofrecen los 
edificios de Ghicken; antigua ciudad de la América 
Central, con los Topes ó Dagobas de los Budhistas, es 



Nicaragua, llegaron, en cl año 544 de nuestra era, los Toltecos, que funda- 
ron alK las pirámides, dieron al año solar una división más perfecta que la 
de los Romanos é imaginaron los signos geroglífiíos. En 1051 emigraron 
los Toltecos á la parte meridional de América. En 1070 llegaron los Chi. 
chimecos, y en 1091 los Aztecas, que edificaron el Teocallí ó Casa de Dios 
y fundaron la ciudad de México, bajo el gobierno de nuevos reyes que fue- 
roü sucesivamente gobernando. 



262 ' ORIGEN DE LOS INDIO» 

bastante sorprendente : en la pág. 122 de su Indian 
Monarcbisnii este misionero dice: «La forma de la cú- 
pula^ su altura aparente, la torre pequeña colocada en 
su altura, los árboles que han crecido en sus costados, 
el aspecto de la albañileria^ la configuración de los 
ornamentos, la pequeña puerta de entrada en la ba- 
se, todO^ en una palabra, se asemeja muchísimo á lo 
que he visto en Amarajapura, antigua capital de Cey- 
lan.» 

También en la isla de Java, del archipiélago de la 
Sonda, y en la Malesia, se hallan restos de una antigua 
civilización, y al efecto ha dicho un antiguo escritor: 
lEl gran templo de Palenque corresponde tan exacta- 
mentC) en sus principales detalles, al de BoroBodo, 
situado en la provincia de Kedahj que no es posible 
dudar del origen y destinación común da ambos mo- 
numentos,!) 

Algunos autores han aseverado que las grandes 
construcciones y las esculturas prehistóricas america- 
nas, como pirámides, murallas, fortalezas y estatuas, se 
encontraron, originariamente, en los espesos bosques 
del Indostány de Ceylan (Asia Meridional), en el Indo- 
china (Asia Oriental), en Tahití, islas Marianas, islas 
Sandwich y de Pascuas (Oceanía); lo que denota que, 
durante el periodo prehistórico, una gran raza de cons- 
tructores, que no pudo ser otra que la Turaniana, emi- 
grara del Continente Antiguo á las playas americanas; 
emigración de la que las tradiciones de la Asia sud- 
oriental conservan memoria. 



DE AMÉRICA 263 



Terminamos : 

Todas las ruinas encontradas^ posteriormente, en 
el extenso Continente Americano, son testigos mudos 
de naciones que se alzaron y ñorecierpn en tiempos re- 
motísimos, por su adelantada cultura y civilización, 
para caer después en el olvido del tiempo, sumergidas 
en la soledad del desierto; ruinas que han resurgido 
después de una larga sucesión de centurias. 

Si se trata de buscar el origen de las naciones de 
América que culminaron por sus adelantos, en las épo- 
cas antediluviana y postdiluviaña, es muy difícil en- 
contrario, aunque de suponer es, que fueron las prime- 
ras de raza autóctona, y las segundas provenientes 
de distintas razas, á juzgar por las similitudes que ellas 
ofrecían con las de los Antiguos Continentes. A nues- 
tro humilde juicio, volvemos á decirlo, la antropolo- 
gía, la etnografía y aún la craneología, son las ciencias 
que por más autorizadas, podrían con más acierto con- 
ducir al conocimiento de las primitivas razas indianas 
del Continente Americano. Talvez más tarde, los natu- 
ralistas antropólogos lleguen á resolver este arduo 
problema, que hace mucho tiempo viene preocupando} 
y con justicia, la atención délos sabios modernos. Mien- 
tras tanto, repetímoslo, apesar de las numerosas in- 
vestigaciones hechas sobre el origen de los primeros 
habitantes de América; no se ha podido aún dar un 
juicio satisfactorio. Entre tantas opiniones diversas co- 
mo las que sobreesté particular se han emitido, to- 
das, en general, carecen de pruebas fehacientes, y al- 
gunas no tienen ni siquiera el mérito de la probabili* 



264 ORIGEN DE LOS INDIOS 

dad: todas estai opiniones son, tan obscuras unas, tan 
contradictorias otras, y algunas tan fantásticas é in- 
fladas de fábulas, que no solamente hacen la materia 
de muy difícil solución, sino que al tratar de dilucidar- 
laj la obscurecen tanto, que parece imposible poder 
llegar, por medio de ellaS; á la posesión de la verdad. 

9^ 

Finalmente, resumiendo cuanto han dicho todos 
los autores citados en el curso de eita obra, y expues- 
tas sus respectivas opiniones sobre el origen de los In- 
dios de América, como también la opinión nuestra que 
acabamos de formular, nuestra última palabra sobre 
este tópico se condensa en las siguientes conclusiones: 

1^ El hombre habitó, simultáneamente, todo el 
Planeta Terrestre, desde los tiempos geológicos; por 
consiguiente, los primeros aborígenes antediluvianos 
del Continente Americano son autóctonos, es decir, 
originarios de ese mismo Continente; pues así como el 
Hacedor Supremo creó una pareja de la raza blanca, 
del mismo modo creó parejas de las demás razas^ con- 
siguientemente la de la raza roja ó americana. Incon- 
cebible é inadmisible es, que tan diferentes razas hu- 
manas procedan de una sola y única pareja, como 
opinan los monogenistas, 

2^ Más tarde, en el periodo postdiluviano, cuando 
algunas invasiones extranjeras arribaron á las playas 
americanas, que se suponía cuna de los Atlantes, 
Ai]itii,ChÍQOi^y quizá de Egipcios, Fenicios, Gartagí* 



DE AMÉRICA 265 



neies, Hebreos, y algunas otras, entonces los autócto- 
nos de América cesaron de ser una raza única y homo- 
génea, siendo, mas bien, producto de cruzamientos de 
razas diversas, las que; con el trascurso del tiempO)^ 
formaron, sin duda, una civilización tan adelantada; 
que, cuando los Antiguos Continentes estaban aún su- 
midos en la ignorancia, en América había ya pueblos 
civilizados que vivian en grandes ciudades^ poseedo- 
res de monumentos grandiosos, como por ejemplo Pa* 
lenque, Copan, Mixtla, Chicken, Peten, Chulula, etc., 
en la América Septentrional, y Tiahuanaco^ Cboqque- 
quirau, Macchu-Picchu, Tipón, Huánuco-Viejo, Ch«- 
Vin deHuantar, Cbimu, etc», en la América Meridio- 
nal ; civilizaciones que han desaparecido del suelo 
americano, por una de aquellas revoluciones de la Na- 
turaleza con que las naciones más adelantadas se ele- 
minan de la faz de la Tierra, Pero, indudable es, que 
por las ruinas de los ciclópeos monumentos que aún 
subsisten, esas mismas civilizaciones fueron razas de 
hombres muy superiores, que dejaron huellas de su 
estancia y poderío por este suelo. 

3^ En tiempos remotísimos los más antiguos pue- 
blos de Europa; Asia y África estaban en comunica- 
ción con América j pues entonces esa comunicación era 
facilitada por tierras hoy desaparecidas; porque asi 
como actualmente subsiste el estrecho de Behring) 
pudiendo atravesárselo á pié, cuando ese brazo de mar 
se halla congelado, asi mismo habrían, sin duda, es- 
trechos que unian el Nuevo Continente con los Anti- 
guoS) y cuya desaparición debió ser producida por las 

9^ 



266 ORIGEN DE LOS INDIOS 

convuliiones volcánicas terrestres y submarinas ocu- 
rridas en épocas lejanas, 

4^ De suponer es^ que las invasiones á América 
cesaron durante el lapso de una larga serie de siglos, 
6 sea, hasta las incursiones de los Normandos y Escan- 
dinavos, á fines del siglo x y principios del xi de la era 
actual, incursiones realizadas sin ninguna ventaja ni 
provecho para la Humanidad ; siendo necesario que 
trascurrieran aún cuatro siglos más, para que Cristó- 
bal Colón, en 1492, agregara un florón más á la Coro- 
na de España; con el descubrimiento del Nuevo Mun-' 
do. # 

5^ En muchas comarcas de América se han descu- 
bierto los vestigios de una civilización más adelantada 
• que la que encontraron los Españoles, lo que prueba 
que desde tiempos inmemoriales pueblos de una alta 
cultura estuvieron establecidos en aquel Continente, 

6^ La civilización que habían alcanzado los Mexi- 
canos y Peruanos, contemporáneos del descubrimien- 
to de Colón, demuestra, inequivocadamente, que estos 
pueblos constituían Estados florecientes. 

7' Los Españoles, al pisar el suelo americano, en- 
contraron en él, tribus que representaban razas de los 
Antiguos Continentes, pero cuya base de población 
presentaba diferencias notables. 

8* Realizada la conquista del vasto Continente de 
América por los neo-latinos y los anglo-sajones, gran- 
des corrientes emigratorias llegaron al Nu6vo Mundo. 
Los estranjeros se apoderaron del suelo á viva fuerza) 
rechazaron A loi indianos hacia el interior, y se apro- 



DE AMÉRICA 267 



vecharon de los fabulosos rendimieDtos de las minas y 
las riquezas forestales, estableciendo; entonces, comu- 
nicaciones periodísticas con las regiones del Mundo 
Antiguo, 

9^ A pesar de las numerosas victimas sacriGcadas 
en la conquista, no solamente de indígenas, sino tam- 
bién de los miemos conquistadores, es incuestionable 
que el descubrimiento de ese Nuevo Continente y su 
consiguiente usurpación^ tuvieron grandísima inñuen- 
cia en los destinos de la Humanidad, pues no hay en 
la historia de U civilización ningún acontecimiento 
que pueda entrar en parangón con el descubrimiento 
de América. 



Con todo, las conclusiones que acabamos de emi- 
tir, no las consideramos defínitivas, sino algo proble- 
máticas, porque no pretendemos haber solucionado 
este problema de tan intrincada investigación y sobre 
el cual, lo repetimos, se han escrito tantas y tan diver- 
gentes disertaciones. 

Tampoco nos lisoDJQamos de haber compuesto 
una obra perfecta, porque nos consideramos destitui- 
do de las dotes de ingenio, erudición y pureza de estilo 
que se requiere en un buen escritor; pero, á lo menos, 
confesamos que hemos puesto la mayor diligencia en 
nuestras investigaciones, presentando, en conjunto, y 
comentándolo, lo de mayor interés que se halla cipar- 



268 ORIGEN DE LOS INDIOS 

cído en los trabajoi de los diversos autores que haa 
tratado, mas ó menos bien, de esta embrollada y difi- 
cultosa materia. 

Empero, como ya hemos dicho en el folleto que 
publicamos en 1913 titulado Mi estancia de medio 
siglo en Lima : «No faltarán algunos espíritus dia- 
puestos á caliGcar ligeramente y sin fundamento la té- 
sis que el presente estudio encierra, y á censurar co- 
mo deficientes nuestras apreciaciones respecto del ori- 
gen de los Indios de América, Tampoco dudamos de 
que, en vista de las conclusiones nuestras, nos salgan 
al encuentro algunos adversarios que las combatan, 
tildándonos talvez de visionario. Cada uno puede ha- 
cer de su capa un sayo : lo que nadie podrá, es desco- 
nocer el gran esfuerzo perseverante y desinteresado, 
por sólo amor á la ciencia, que esta modesta obra 
comporta y que en todas sus páginas y lineamentos 
palpita; seria de desear que esos mismos adversarios 
expusieran su opinión sobre esta materia, para pro- 
barnos que son capaces de desenmarañar tan confuso 
y complejo problema. t> 



FIN DE LA PRIMERA PARTE. 



ORIGEN Y CIVILIZACIONES 



r>E 



LOS indígenas del perú 



-e?^- 



1 1|*"* ImJI «l^iijii i >!'■% ■■■» I 



SEGUNDA PARTE 



HABITANTES DEL PERÚ ANTES DE LA CONQUISTA 



^t' iniciar el estudio de la materia qne forma esta Se- 
HIH gunda Parte, debemos indicar, como lo hemos hecho 
I^JH en la Parte Primera^ cuáles eran las tribus indianas 
qne, en la época de la conqnista española, ocupa- 
ban lo que es hoy el territorio del Perú propiamente dicho, 
tribus que, en aquel tiempo, eran muy numerosas y de las 
cuales muchas se han extinguido, subsistiendo aún actual- 
mente algunas de ellAs. 



270 ORIGEN y CIVILIZACIONES 

El número de estas tribus era tan elevado, que no es po- 
sible enumerarlas todas, limitándonos tan solo á señalarj 
en seguida, las principales^ por orden alfabético: 

AGÜARUNAS, de la orilla del Marañan y sus afluentes has- 
ta el Imaza. 

AIKEAMBEANAS ó AMAZONAS déla comarca regada por 
el rio Nhamunda (frontera del Perú con el Brasil), que 
desemboca en el gran río Amazonas. Era una repú- 
blica de mugerés gobernada por una reina. Los Es- 
pañoles las denominaron Amazonas, por ser ellas 
muy adiestradas en los combates; pero en el país se 
las llamaba Coniapuyares (grandes señoras 6 exce- 
lentes guerreras). 

ARDAS, de la comarca situada entre los ríos Ñapo y Ma- 
rañan. 

AYMARÁS, de la altiplanicie de los Andes, 6 sea, de las es- 
tensas mesetas del Collao hasta las comarcas de 
Arequipa y Paucartambo del Cuzco. Otra parciali- 
dad era del extenso territorio abarcado desde La 
Paz y Oruro, en Bolivia, hasta los confines de Chile. 
La civilización de la preincaica familia de los Ayma- 
rás, precedió á la de los Quechuas, quienes, después, 
derrocaron el reino de los Aymarás y adoptaron 
mucho de su cultura, religión y tradiciones. 

CAMPAS ó ANTIS, de la cuenca del Amazonas. Ocupaban 
las extensas llanuras de la Pampa del Sacramento, 
del Gran Pajonal y del Cerro de la Sal. 

CANAS, de la cordillera del Cuzco. 

CARAPACHES, de la Pampa del Sacramento y orillas de los 
ríos Pachitea, ücayali y Agnaitía. 

CASHIBOS, de las orillas del río Sipiria y cabeceras de los 
ríos Agaaitía y Pichis, anuentes del Ucayali. 

COCAMAS, de los márgenes del río Huallaga. 



DE LOS INDÍGENAS DEL PERÚ 271 

CONIBOS, de las orillas del Alto y Bajo Ucayali. 

CUISMANCUS, de los valles de Supe, Huaura, Chillón, Ri- 
mac, Luría, Chancay y Barranca, cuya capital era 
Pachacamac. 

CHACHAPOYAS, de las riberas del Huallaga y Marañón. 

CHANCOS, del valle de Andahuaylas hasta el Nudo de Pas- 
co y valle de Jauja. 

CHIMUS, dominaban desde los confines de Chaücay hasta 
el pueblo de Tumbe», abrazando los valles de Pati- 
vilca, Santa, Guañape, Trujillo y las poblaciones de 
Pacasmayo, San Pedro, Sama, Ghungala y Para- 
moDga. Esta familia confederada, que formaba un 
reinado, estaba gobernada por mandatarios llama* 
dos Régulos, cuyo gobierno duró algunos siglos, ter- 
minando con la definitiva anexión al Imperio de los 
Incas. 

CHINCHAS, que dominaban la extensión de los valles de 
Cañete, Chincha y Lunahuaná. Formaban una espe- 
cie de reinado, también gobernado por Régulos, has- 
ta BU anexión al Imperio Incaico. 

CHONTAQUIROS, de las montañas del Cuzco. 

CHUNCHÜS ó CHUNCHOS, del valle de Paucartambo, 
bañado por el río Madre de Dics. 

ENCABELLADOS, de las orillas del Putumayo. 

HüACHIPAIRIS, de los márgenes de los ríos Tono, Ccoñi- 
pata, Qqueros, Pilcopata y Alto Madre de Dios, has- 
ta el estrecho de Ccoñecc. 

HUANCAS, de las comarcas de Azángaro, Ancohuallú, Vil- 
cas y Urumarca. 

HÜANUCOS, de la región de su propio nombre. 

HÜAYTARAS, de las orillas de los ríos Mantaro y Mayu- 
marca* 

JÍBAJ^ÓS, de los márgenes del Marañón, entre el Pongo de 
Macseriche y la desembocadura del río Pastaia y 
Montañas de Quijos y Canelos, 



272 ORIGEN V CIVILIZACIONES 

MACHIGANGAS, de las riberas de los ríos Filcopata y Te- 
no, hasta el Ucayali. 

MAYORUNAS, de la orilla derecha del Ucayali y margen 
izquierda del Yavarí. 

MOENES, de las márgenes del Alto Madre de Dios. 

MOXOS, de las orillas del río Mamoré y parte ceútral del 
Bení, en los confines de Bolivia, del Perú y del Bra- 
sil. Esta familia se componía de los Moxos propios, 
y de las tribus de los Cbapacuras, Itenamas, Canú 
chañas f MobimaSf Cayubabasy Pacaguaras é lie' 
nes, 

NAHÜMBDBS, de las orillas del Amazonas, en la frontera 
del Brasil. 

PANOS, de la región bañada por el río Sarayacú, y de lai 
riberas y bosques del Ucayali y del Huallaga. 

PIROS, de las orillas del Ucayali. 

POCRAS, de la comarca de Quinna, en el valle de Haanchu 
y alturas de Pumacahua. 

PURIS 6 PURÜS, de las márgenes del río de su mismo nombre. 

QUECHUAS, diseminados por los territorios del Ecuador, 
Perú y Bolivia, hasta la Argentina. La numerosa 
familia Quechua fué la principal del Imperio de los 
Incas, y á ella estaban subyugadas las tribus de los 
Aymarás, Atacamas y Changos: forman en la ac- 
tualidad, cerca déla mitad de la población de la Amé- 
rica Meridional* El Imperio de los Incas llegó á ser 
el Estado más floreciente de todo el Continente ame- 
ricano, y su civilización sobrepasó la de México. Su 
gobierno, aunque autocrático, fué á la vee paternal. 
Nación asombrosamente organizada, sus sabias le- 
yes merecieron la admiración de los historiadores, 
porque adelantándose ala época, sus monarcas aten- 
dieron á la felicidad de cada individuo, á la vez que 
á la de toda la sociedad, mediante un sistema de go* 
bieroo eztrictameote socialista* 



DE LOS INDÍGENAS DEL PERÚ 273 

REMOS, de la comarca bañada por el Ucayali, entre los 
cerros de Canchahuasy y Cashiboya. 

SHIPIBOS, del Bajo Ucayali y embocadura de los ríos Pa- 
chitca, Pisques y Aguaitía. 

UROS, de las orillas del río Desaguadero é Islas del Lago 
Titicaca. Existe aún un fragmento de esta familia, 
que hasta ahora permanece rebelde á los adelantos 
de la civilización actual. 

YUNGAS, de los valles de Trujillo, Zenia, Piura, Catamar- 
ca, Lunahuaná y Cajamarca. 

YURACARAS, de los bosques de la vertiente oriental de la 
Cordillera de los Andes. 

YÜRIMAGÜAS, de láa orillas del Huallaga y regiones baña- 
das por el Yurúa. 

Y muchas otras tribus cuyos territorios no han sido 
explorados aún, como las de las selvas del Marañón y del 
Amasonas, las de la Montaña, las de los Andes, etc. 

I 
Primitivos habitantes del Perú 

Un velo de obscuridad cubre los tiempos primitivos del 
Perú, como el resto de las demás secciones de América. J. H, 
Herrera, en su Historia Antigua del Perú, pág. 18, dice: 
«Las relaciones que adquirieron los primeros investigado- 
res sobre el origen y establecimiento de las diferentes tribus 
que poblaban el país, están fundadas en fábulas más 6 me* 
nos absurdas.» (1) 



(1) En efecto, según tradición de los antiguos indígenas, el origen de^ 
las prlmitiyas. razas del Perú, aparece mezclada con la fábula.— "Al secar- 
se las a^uas del Diluvio, cuatro hermanos, llamados Aiarmanco, Ariarca- 
chi, Ariarcucho y Ariarsanca, salieron de Pacaritambo (posada que ama- 
p^Qe). SaYÍdiosQs de Ariarcucho, sus hermanos lo encerraron en una cueva} 

30 



274 ORIGEN Y CIVILIZACIONES 

Se ha constatado, según las inyestígaciones practicadas 
cfi estos últimos años, que el territorio del Perú faé habita- 
do, en tiempoB antediluvianos, desde las Épocas Paleolítica 
y Megalítica (llamadas comunmente Edad de Piedra), por 
aborígenes autóctonos; pues tanto los utensilios de piedra 
groseramente tallados, como los instrumentos de silex puli- 
mentados, encontrados en diversos lugares del suelo perua- 
no, revelan que ellos pertenecen á esas épocas, y denotan ser 
de los primitivos aborígenes del Perú, que, en el interior del 
territorio, formaban tribus dispersas, rudas, salvajes j aún 
antropófagas, siendo las de la costa exclusivamente pesca- 
doras. 

Y es tan evidente que el Perú fué desde los tiempos ante* 
diluvianos habitado, que los muchos hallasgos hechos en 
BU suelo, no solamente de utensilios de silex, sino también de 
esqueletos de animales de aquella época, junto con huesos 
humanos, atestiguan plenamente que el Hombre existía ya 
en el Perú en aquellas primitivas épocas, y que, así en la re« 
gión del Norte como en la del Sud, vivía mezclado con los 
paquidermos. Cuanto al régimen de vida de esos hombrea 
primitivos, está fuera de duda que en la costa tuvieron por 
ocupación la pesca y la casa, siendo en el interior del país, 
nómadas que persiguían á los animales salvajes para sus- 
tentarse con su carne, aprovechar sus huesos, pieles y otras 
partes útiles para su uso personal, y se albergaban en ca- 
vernas ó grutas. 



peroi los Andes se estremecieron, y el prisionero, hundida su cárcel, echó 
á volar con alai de brillantes colores; perdonó á los fratricidas y les or- 
denó proseguir en la fundación de una ciudad." 

La tradición de los Kechuaí también está fundada con la fábula, 
•'Huirakocha, después de crear los Cielos y la Tierra, formó los primeros 
hombres, que en castigo de sus maldades, fueron convertidos en piedras; 
como en todo el Universo apenas había algo de luz, Huirakocha hizo el 
90l y las estrellas, modeló tinas estatuas en las que Inspiró la yida, y CQ< 
mesiiron A comisar hafiUcl Perói cuyg país se reparticro»»", 



DE LOS INDÍGENAS DE¿ PERtí 275 

» . ■■ ■■ ■ ' ■ " ^ 

Alganos autores pretenden qae en el Perú no se ha en- 
contrado aún el hombre fósil, negando así el autóctonismo 
de la rasa peruana; pero este punto es refutable, porque sa» 
bido es, que, últimamente, la Comisión Científica de la Uni- 
versidad de Yale (Estados Unidos de Norte América) ha 
hecho importantes estudios geológicos en el Sud del Perú, 
con tal éxito, que entre sus resultados se halla el descubri- 
miento de huesos interestratifícados del Hombre prehistóri- 
co, el cual, según suponen esos sabios, son aún anteriores al 
Período Plioceno ó Glacial. Indudablemente, el descubrimien- 
to de esos huesos es otra prueba de la habitabilidad del Hom- 
bre autóctono en el Perú, durante la época antediluviana. 

Para tener un conocimiento pleno de la autoctonía del 
Hombre en el Perú, vamos á sentar una hipótesis que no 
admite contradicción alguna. 

Si en este suelo se han encontrado algunos fósiles de ma- 
míferos antediluvianos, ó sea, déla Época Cuaternaria, como 
el Megatherio, el Mastodonte y el Seclitotherío, y junto á 
esos fósiles, toscas armas de perdernal y otros objetos rústi- 
cos, evidente es, que desde esa Época Neolítica vivía el Hom- 
bre mesclado con los animales, pues que, para proveer á su 
subsistencia y conservación, tenía que luchar con esos pa- 
quidermos, porque la carne le servía de alimento, y con las 
pieles cubría su desnudez. Por consiguiente, es efectivo y 
fuera de toda duda, que el Hombre en el Perú ha sido autóc- 
tono, pues no era posible que en esa primitiva época de la 
formación del Mundo, hubiera habido inmigraciones á este 
territorio. 

Y también viene al caPO, el volver á citar el descubri- 
miento hecho por Mr. Hutchinson, en la Isla de Chincha, de 
un ídolo de piedra y algunas vajillas, enterrados en el huano 
de los pájaros marinos, á más de sesenta pies de la superfi- 
cie, objetos que, á su juicio, tienen una antigüedad de miles 
de años. 

Para robustecer aún más nuestra afirmación, repetiré- 



276 ORIGEN Y CIYILI2ACI0XES 

mos aquí lo que ya hemos dicho eñ otro lagar de esta obra: 
**El Hacedor Supremo, en au alta sabiduría, al iniciar su 
grandiosa obra de la Creación del Mundo, tuvo el prop6si. 
to de que el Orbe entero fuese habitado, y con este mismo 
propósito crió en distintos centros de la Tierra, parejas de 
razas diversas, cual la blanca, la amarilla^ la roja, la more- 
na y la negra; no siendo aceptable que Adán y Eva sean 
progenitores de todo el Género Humano, sino únicamente 
de los descendientes de la secta hebraica." 

Otra prueba que también se puede aducir sobre la anti- 
quísima estancia del Hombre en el Perú, son los enormes de- 
pósitos conchíferos que se han encontrado en las costas ma- 
rítimas, como en Supe, Chancay, Ancón, Chala y Arica, entre 
los cuales halláronse infinidad de huesos y restos de anima* 
les de aquellas remotas épocas, como así mismo fragmentos 
de carbón y capas de ceniza y otros residuos estratificados. 
Esas enormes capas de residuos, producto de la cocina de 
aquellos tiempos (kjoekkenmoeddings, como los denomi- 
naban los Escandinavos), son otros tantos vestigios de la 
estancia del Hombre allí, por espacio de largo lapso de 

tiempo, y del modo de vivir de aquellas ignotas generacio- 
nes. 

Además, salvo los paquidermos de las Épocas Paleolíti- 
ca y Neolítica, el Perú presenta sus animales particulares, 
propios y originarios, que tan solo se encuentran en su te- 
rritorio, y que vivían junto con el Hombre primitivo. En- 
tre estos animales originarios se cuentan las especies de vica- 
ña,llama,paco, huanaco y alpaca, como también las especies 
de vizcacha y aña, de la familia de los zorros, y la anta lla- 
mado comunmente la gran bestia, animales que no se en- 
cuentran en ninguno de los otros Continentes. La existencia 
de estos cuadrúpedos, que tampoco hay noticia de que hu- 
bieran sido encerrados en la Arca de Noé, prueban, eviden- 
temente, que ellos sonde la época antediluviana, y que salva- 
rían del Diluvio por voluntad del Hacedor Supremo, propa- 



DE LOS INDÍGENAS DEL PERÚ 277 

gáñdose üaevamente después de ese enorme 6 colosal cata- 
clismo. ^ 

Vislumbrando, bajo otro aspecto, la autoctonía de los 
peruanos, evidente es, que durante la Época Cuaternaria, 
los habitantes del Continente del Nuevo Mundo no tuvieron 
contacto alguno con les de los antiguos Hemisferios, razón, 
también poderosa, para no negar á aquellos la autoctonía 
que legalmente se les atribuye. 

En resümer, así como está probado^ que los indígenas 
primitivos del resto del Continente Americano son autócto- 
nos, consiguientemente lo son ios del territorio peruano, 

II 
Invasiones postdiluvianas al Perú 

Con referencia á los pdmerrs tiempos del período post- 
diluviano, espinosa y ardua ta ea es la de resolver el pro- 
blema de las primeras inmigraciones al Perú, acerca de las 
cuales no hay nada evideüciado, sino conjeturas más 6 me- 
nos verosímiles. Se sapoiie, generalmente, que fueron des- 
cendientes de la posteridad de Noé. Unes los reputan proce- 
dentes de la rama de Gam, fundados en la semejanza de su 
idolatría y lengaaje; otr^^s los derivan de la rama de Sem, 
fundándose en la similitud del idioma, idolatría y otras se- 
ñales muy débiles. Los que más se acercan á la probabilidad, 
según se cree, son los que los hacen originarios de la rama 
de Jafet. 

Se conjetura que, en época remota, vinieron al Perú su- 
cesivas raías, siendo probable que, primero se establecieran 
en las costas del Perú, grupos de tribus pescadores, de les 
cuales nada se sabe coú evidencia, cuya estancia cons- 
tatóse por restos de cerámica y groceros tejidos encontra- 
dos en la costa, bajo profundas capas del suelo. 

En el interior del país, vagaban hordas de salvajes erran- 



278 ORIGEN V CmLIZACIONES 

< — " I ' ■ ■ ■ t ■■■ i ■ .lil n . ■ I .1 I ^ii,,^,,,,,,,,,,,,,,,,,^ 

tes, que se establecían por algún tiempo en determinados 
puntos, para en seguida, alejarse á otros parajes, por otro 
término de tiempo; esas hordas nómades eran esencialmen- 
te cazadores, pues se ocupaban en ese ejercicio, por la nece« 
sidad de subvenir á su alimentación. 

Tiempo después, nuevas invasiones de cultura algo avan- 
zada, arribaron al territorio del Perú y se separaron por 
diversos lugares, operando en larga y progresiva evolución 
de los seres, una marcada existencia de pueblos florecientes, 
que dio lugar á can^bios en la civilisación de los mismos. 
Esa época fué caracterisada por la construcción de monu- 
mentos monolíticos de bloques de piedra de dimensiones 
extraordinarias, levantándose, durante ella, las construc- 
ciones gigantescas y estupendas de Tiahuanaco (1) (en las 
cercanías del lago de Titicaca), las de Cuelap (en la provin- 
cia de Luya) (2), las de Chavin (en la provincia de Trujillo), 
las de Huánuco Viejo (en la provincia de este nombre), y al- 
gunas otras más en otras provincias. La principal de esas 
invasiones, fué la Quechua, que se estableció en Tiahuanaco, 
en la altaplanicie de la laguna de Titicaca, formando un im- 
perio teocrático, que llegó á extender su dominación y len- 



(1) El primitivo nombre de Tlaliuanaco, al parecer de algunos histo- 
riadores antiguos (Betanzos y P.P. Cobo y Oliva), sería «Chucara», «Tai- 
pikalá» y «Huañay marca», respectivamente. Pero el verdadero nombre de 
este lugar, tal como lo pronuncian los aborígenes, sería «Titihuahuanacu». 
El hecho cierto es, que la denominación primitiva, la verdadera denomina- 
ción que tuvo la ciudad prehistórica, há quedado perdida por siempre. 

(2) Las ruinas de Quelap, que se suponen una fortaleza, deben haber 
sido un monumento grandioso, á juzgar por su extraordinaria extensión: 
situadas en el departamento de Amazonas, á2699 metros sobre el nivel del 
mar y á 6°25' de latitud Sud y 8°8' de longitud Oeste de París, ésas ruinas 
constan de tina extensa muralla de granito de 1008 metros de largo, 156 
de ancho y 142 de alto, sobre lá que hfty otra muralla de 168 metros de 
largo, 140 de ancho y 42 de alto; ambaB murallas son de piedra labrada 
y ticDen varias puertas. 



DE LOS INDÍGENAS DEL PERÚ 279 

gaa hasta la costa, y á tener sojuzgadas las tribus que 
ocupaban los territorios conocidos hoy por provincias de 
Cotabambas, Aymarás, Chumbivilcas y Andahuaylas. 

Trascurrido algún tiempo, los Collas ó Aymarás arroja- 
ron á los Quechuas de sus dominios de la altaplanicie del 
Titicaca; teniendo éste s que refugiarse en los valles del Cuz- 
co, principalmente en la región del Urubamba. Con la caída 
del Imperio de Tiahuanaco y consiguiente pérdida de la in- 
fluencia de los Quechuas teocráticos, el Perú entró en una 
anarquía y decadencia general, que dio lugar á que las de- 
más tribus del territorio se constituyeran en gobiernos, 
unos más civilitados que otros, y regidos todos por jefes de- 
nominados Curacas ó Caciques. 

Bn los tiempos preincaicos, las principales de estas nue* 
vas entidades sociales y políticas, erans 

EN LA COSTA 

Los Cbimús, que fueron una agrupación respetable, cu* 
yos Curacas ó Régulos extendieron su dominación desde 
Chancay hasta Tumbes. Bra, se puede decir, un imperio flo- 
reciente, cuya cÍ7Ílización se reflejaba, principalmente, en su 
alfarería, en sus tejidos, en su arte de beneficiar los metales, 
y demás obras que elaboraban. 

Los Chinchas, extendidos más al Sud, ocupaban los va- 
lles de lea, Chincha, Camaná, Arequipa, Moquegua, Arica 
y Pisagua. Aunque desde un principio carecían de organiza- 
ción, pues no obedecían á ningún Curaca, después formaron 
la confederación ' 'Chincha- Yunga^', que reconocía el gobier- 
no de los Régulos Cuis-Mancu y Chuqui-Mancu, abrasando, 
el primero, los valles de Supe, Huaura, Chillan, Rimac, Lu- 
rín, Chancay y Barranca; y el segundo, los de Lunahuaná, 
Mala y Ghilca* 

Los ChavgoSt que habitaban más al Sud^ desde el río 
£ioa hasta Aconcagua eran belicosos, feroces y aún autrof 



280 ORIGEN Y CIYIU2ACI0NES 

pófagos, que lograron ecsanchar sus dominios mediante 
alianzas con las tribus vecinas, y reducir, también, á los Pa- 
rinacochas, Rúcanos, Amancayes y Cotapampas. 

EN EL INTERIOR 

Los Collas 6 Aymarás, que después de haber arrojado 
de la altaplanicie del Titicaca á los Quechuas del Imperio 
Teocrático de Tiahuanaco, se establecieron en la meseta del 
CoUao, extendiéndose á los valles inmediatos del Cuzco y 
de la actual Bolivia, desde el nudo de Forco hasta el nudo 
del Cuzco, entre las cordilleras oriental y occidental, en una 
extensión de 300 millas de largo sobre 50 á 116 de anchos 
se dividían en dos fracciones, gobernadas, la una, por el Ca- 
cique Cari de Chucuito, y la otra, por el Zapana de Antun- 
colla. Además, se hallaban sometidos á los Collas, las tri- 
bus de los Canchis, Coras, Champihuillpas, Cushnnas y 
Collaguas, que, respectivamente, habitaban las actuales 
provincias de Canchis, Chumbivilcas y Cailloma. 

Los Quechuas f que después de ser arrojados del Collao, 
se refugiaron en los valles deUrubamba y Fachachaca: ellos 
constituían la tribu más numerosa, y su cultura se había 
extendido por toda la Sierra y la Costa, durante el período 
del Imperio de Tiahuanaco, del que fueron ellos, dicen algu- 
nos, los constructores de les grandiosos monumentos de esa 
ciudad; más tarde, alguüas de estas parcialidades fueron los 
fundadores del nuevo Imperio de les Incas. Según opinión 
de ciertos autores, no es aventurado afirmar el hecho de (^ue 
ellos fueron los constructores de los ciclópeos monumentos 
de Tiahuanaco, cuando en Urubamba, donde se refugiaron 
después de ser arrojados de la altiplanicie del Titicaca por 
los Collas, se han descubierto también, últimamente, monu- 
mentos semejantes á los deTiahuanco, como la maravillosa 
ciudad de Macchu-Ficchu y otras. 

Los Utos ó Uru&i que ocupaban parte de la altaplanicie 



t)t tos INDÍGENAS DEL PERO 881 

j la región de los lagos, desde Titicaca hasta Lipeí, y aun- 
que vecinos de los Aymarás, eran distintos de éstos, tanto 
en sus costumbres como en su lengua. (1) 

Los PocraSy que habitaban la comarca de Quinua 6 Hua- 
manguillo yel'Yallede Huanchuy y alturas de Pumaca- 
huanca, tenían la credulidad de haber nacidos en el lago de 
Castrovirreyna. 

Los Canas, que moraban en el extremo territorio que se 
extiende desde el Collasuyo al río Fachachaca, y desde la 
Montaña á las cabeceras de Areqquepay. 

Los Cahuínas y que vivían en el Collasuyo, al Mediodía 
del Cusco: acostumbraban horadarse las orejas y traer 
enormes pendientes, antes que eso fuese un distintivo de los 
nobles Incas. Creían que sus almas habían salido del gran 
lago de Titicaca, al que volverían después de su muerte, pa- 
ra animar de nuevo á otros cuerpos. 

Los Cancbis 6 Tintas^ que eran sometidos á los Collas, y 
se extendían desde el Cuzco hasta las cabeceras de Areqque- 
pay. 

Los Coras, que habitaban la actual provincia de Can- 
chis. 

Los Huallas 6 Guallas, los Guanaypatas y los Sausa» 
seroSf que formaban un pequeño curacazgo del territorio 
de Huarás 

Le s Huanucuyosy que se extendían eñ las márgenes de 
los rí< s P( zaso, U ^ancabamba y Mayro, en la parte alta 
del Marañón y del Huallaga, vivían disperso^, y solo se reu- 
nían para celebrar sus fiestas en templos que tenían erigidos 
en las alturas: eran indios más blancos y, más robustos que 
los demás. 



(1) Hoy íobfeviveii ailn algunos fragmentos de esa raía, que perma* 
BCccn en la mayor ignorancia y embrutecimiento, completamente Indift» 
rentes á loi adelaatoi d? la clTilisacióxi actual* 



2éS OKÍGEN Y ClYILKACÍOKpá 

Los Atacamas 6 Cunzas, que habitaban la puna de Ata- 
cama en la Cordillera, y el valle de Haasco, eran especial- 
mente de rasa cazadora. Posteriormente, las regiones qne 
oenpaban los Atacamas, faeron invadidas por razas intrn- 
sas, llamadas Llipes ó O lipes. 

Los TarwaSf qne ocnpabaü los valles de su mismo nom- 
bre, es decir, el de Tarma y sns inmediatos. 

Los Yuügasy Máchicas y TallangaSy que formaban una 
especie de confederación, habitaban desde los linderos de 
Tumbes y se extendían por las orillas del Huancabamba y 
valles de Jequetepeque y Haailas, hasta cerca de las riberas 
del Marañón. 

Los Ruancas 6 Guaneas, que vivían en las comarcas si- 
tuadas al Norte del Pachachaca hasta los orígenes del Ma- 
rañón, y la quebrada de Jauja hasta la meseta de Junín; 
sostenían continuas luchas con las tribus limítrofes, y aun 
entre ellos mismos, pues vivían en la mayor anarquía, sin 
reconocer jefe alguno. 

Los Caxamallcas, curaca zgo que extendía su dominio 
en casi toda la Sierra del Norte, en Cajamarca, Hualgayoc, 
Celendín, Patas, Cajabamba y Gontumazá: como todo ese 
territorio era muy fragoso, no pudieron congregarse en pue- 
blos concentrados^ por cuya ratón su cultura no fué tan 
marcada como la de las tribus de la costa y del centro. 

Los Cbachapuyas 6 Llarantus, que constituían un ca- 
cicasgo aislado, y residían en las riberas y valles del Hua- 
llaga y del Maranón, en la hoy provincia de Luya: su capi 
tal era Quelap, y apesar de que su cultura era algo adelan- 
tada, no llegó á ensancharse á otras regiones. 

Los Huaccrachucos, que vivían en el valle de Patas, en* 
tre el Huallaga y el Marañón. 

Los Chotas, que residían en la comarca de su propio 
nombre, en las márgenes del Jequetepeque, hasta el Mará* 
A6o j (Abcceroif de \^ costAi 



V . 



DB LOS INDÍGENAS DEL PER^ 283 



Lofl Conchucos, que moraban en la provincia de Pallas- 
ea, también hasta el Marañón y cabeceras de la costa. 

Los Pimpas 6 Pimpas, que vivían cü la falda de la hela- 
da meseta de Junín. 

Algunas otras tribus habitadoras de los bosques de la 
Montaña, y conocidas con el nombre de Cbancbos, son tam« 
bien de la época pre-incáica, cuya descendencia subsiste aún, 
refractaria á los adelantos de la civilización actual. 

Casi todas estas razas distintas, que se adueñaron suce- 
sivamente del territorio del Perú, con intervalos entré unas 
de otras, gobernaron cada cual, en sus respectivos dominios, 
durante un largo periodo de tiempo. Algunas de ellas em- 
pleaban, como escritura, losgeroglífícos, cuyo uso se perdió 
durante el período de los Incas. 

Lo que dá margen para creer en la larga estancia de 
esas diversas rasas en el Perú, en aquellos lejanos tiempos, 
es la diferencia que se observa en los estilos arquitectónicos 
de los monumentos que han dejado, pues por dichos estilos 
se comprueba que los edificios levantados en la costa, como 
los de Ghan-Chan (Ghimú), Huaca del Sol (Mocha), y Pacha- 
kamacc (Lurín), son de carácter diverso á los de Huánuco* 
Viejo (Sierra), no teniendo éstos tampoco semejanza con los 
ciclópeos de Tiahuanaco y ürubamba, cuyo estilo arquitéc- 
tico es muy distinto y especial. 

Es opinión admitida por los historiadores, que el desa- 
rrollo de la antigua civilización preincaica ha tenido cuatro 
períodos bien marcados. 

Eü el primer período, los pobladores fueron hombrea 
salvajes, nómades, que llevaron una existencia miserable, 
pues su ignorancia no les permitió hacer uso de las cosas 
útiles á la vida, y, por eso, andaban desnudos, sin abrigo, 
sin fuego y sin alimento conveniente, en fin, sin leyes y sin 
gobierno. 

En el segundo período, los indígenas diseminados y 



5J84 ORIGEN Y CIVILIZACIONES 

■ » „„,„,^„„^| 1,1.,, II I I I H 

errantes, se reañieron en tribus 6 pueblos, gobernados por 
jefes y caciques que mantuvieron su independencia y auto« 
nomía, y en cuyo tiempo se perfeccionaron los instrumentes 
de silex y útiles de alfarería y se inició la extracción y fundi* 
ción de metales. 

El tercer y cuarto periodos se distinguen por la civilisa- 
ción de la costa, por el Sur, descollando los indios Nacguen- 
ses é Iqueños, y por el Norte, los indígenas Ghimús; civilira- 
ciodf 6 sorprendentes, que, en ninguna otra tribu se hallaban 
tan desarrolladas. Empero, creemos que desde los referidos 
tercer y cuarto períodos, hasta la fundación del Imperio In- 
caica, trascurrió un largo espacio de tiempo, quisa unas 
larga serie de siglos, durante los cuales las antiguas civili- 
zaciones se perdieron del todo, pues la mayoría de los histo- 
riadores están de acuerdo en que, al fundar Manco-Gapacc 
la dinastía de los Incas, en compañía de su muger Mama- 
Oklla (1)', el país estaba habitado por algunas tribus salva- 
jes sumidas en la última condición del hombre ed el estado 
social, ignorando el origen de los portentosos monumentos 
monolíticos dejados por sus antecesores, y sin poder desci- 
frar sus inscripciones geroglífícas, ni tener idea, ni recuerdo, 
de la pasada grandeza y explendor de sus ascendientes 

Más tarde, cuando los Españoles verificaron la conquis- 
ta del extenso Imperio de los Incas, esos mismos indios no 
tenían ningún recuerdo de sus antepasados, pues unos se 
suponían descendientes de las fuentes, de los ríos ó de las 
laguna8;'otros creían que sus padres habían salido de las 
cuevas ó de los cerros; no faltando algunos que se preciaban 
de ser nietos de leones, de cóndores ó de otras fieras ó 
aves. 



(1) Oklla y nó Okllo, como escribe la majóría de loi Autoreí, porque 
Mámá-Oklla, en quechua, lignifica imüdre cariñoia, que abraza en lu fe- 
nol ó «regazo de madre.» 



DB LOS mDÍOENAS DBL PERt^ 285 

II 

Continúa la materia antecedente 

Diversas opiniones se han formulado tocante á las pri- 
meras invasiones ó inmigraciones al territorio del Perú. 

Varíes autores opinan qne los primeros inmigrantes á 
este país faeron los Fenicios, intrépidos navegantes, qne, en 
época mny remota, visitaron las costas peruanas y fueron 
los fundadores de su civititación. Para ello, se fundan en la 
semejanza que hay entre éstos y los Aymarás, en las inscríp- 
ciones encoütradas en las ruinas de Tiahuanaco y en las 
identidades fisiológicas. 

Algunos etnógrafos son de parecer, que los Egipcios fue 
ron los primeros colonos venidos al Perú, fijándose en la 
misma configuración de los cráners de ambas raías, en la 
semejansa de las construcciones ciclópeas de Egipto y del 
Perú, en el mismo orden artístico manifestado en las figu- 
ras cerámicas de ambos pueblos, y, por fin, en sus ideas so- 
bre la existencia futura, que los incitaba á dar tanta impor- 
tancia á la conservación de los cuerpos. 

Otros doctos escritores discurren que los indios del Perú 
descienden del Hindostán, por inclinarse á creer que la reli- 
gión de los Peruanos ha debido tener su nacimiento en la 
Asia Meridional, y atendiendo á su división en castas, su 
adoración á los cuerpos celestes y á los elementos de la Na- 
turaleza, y su conocimiento de los principios científicos de 
la agricultura, que reputan otros tantos puntos de contac- 
to entre ambas razas. 

Para otros escritores, entre ellos Fernando Montesinos, 
el Perú ha sido el país de Ophir, la morada del oro, de que 
habla la Biblia y de donde, se dice, que Salomón sacó el oro 
f las piedras preciosas con que adornó eu soberbio templo 



286 ORIÓEN Y CIVILIZACIONSS 

0^* III» ■ ■ iii ■ ■ « ■ ■ « ■ « ■ 

de Jerasalém, bascando asi, eios autores, como deicubrit 
relaciones entre los Hebreos y los Peruanos, 

No faltan opiniones que dan por cierto, el que los Toltc- 
CO0, rasa mexicana, huyendo de la peste que asolaba su 
país, vinieran al Perú. 

Tampoco han escaseado historiadores que aseveraran 
que los indios Peruanos son descendientes de Suecos, Norue- 
gos, Gaulos é Iberos, suponiendo que estas naciones habían 
enviado á las costas del Pera, colonias, en varias circuns- 
tancias y en distintas épocas. 

Muchos escritores pretenden que los indios Peruanos de- 
rifan de los Chinos y Tártaros, entre ellos el sabio Alejan- 
dro de Humboldt y Juan Ranking, por el notable parecido 
de fisionomías y cuerpos, y por las similitudes filológicas 
que permiten que éstos puedan entenderse con los indios de 
Eten y los del Huallaga, como lo asevera Vicente F. López, 
en su obra Las Razas Ananas del Perúy siendo los Chinos, 
á juicio de varias otras notabilidades científicas, los que tie- 
nen más títulos á ser considerados como los progenitores 
de los Peruanos. 

Veamos, tocante á los Chinos, la opinión de algunas de 
esas notabilidades científicas. 

Mac Carthy, en el tom. II de su Historia de los Indios 
Occidentales^ dice: «La civiliíación del Perú viene de la Chi- 
na, por dos analogías de costumbres. La primera, que los 
Peruanos, en tiempo de los Incas, tenían cuatro grandes 
fiestas en las épocas délos equinoxios y solsticios, en una de 
las cuales el Inca, en persona, araba un campo sagrado; ob- 
servándose en la China las mismas fiestas, y en una de ellas 
el Emperador con un arado de plata abre surcos en un cam- 
po sagrado, ejemplo que es imitado por los demás manda- 
rines en sus respectivas provincias (1). La segunda analo- 



(1) El Emperador de la China, con un ceremonial patético, no des- 
deñaba (hasta ayer no más, en que el Imperio transformóse en Rcpúbll- 



T>n LOS INDÍCENAS DEL PERÚ 28'? 

gía, en la China lo mismo que en el Perú, es que se acostum- 
braban el oso de los quipus, llamados allá ''Koua'\ Agrega 
el mismo autor: *^Se cree que á consecuencia de una convul- 
sión política surgida en la China en tiempos muy remotos, 
el partido arrojado de aquel país faé el que vino á América 
y fundó los imperios de México, Perú, etc. 

El dcctor Hyde Clerke, en su excelente obra Resear- 
ches itt prehistoríc and protobistoric comparatiyephjlology, 
mithology, in connection with tbe origine oí culture ia 
America f pag. 36, trae también á colación estas analogías 
entre los Peruanos y los Chinos: el mismo despotismo que 
usaban los Incas y los Emperadores del Celeste Imperio; el 
uso del parasol en señal de dignidad; la costumbre de los 
Peruanos de mascar hojas de coca mezcladas con cenisa, 
igual á la de los Asiáticos de mascar una mezcla de cal con 



ca) labrar la tierra con sus propias manos: cada año al celebrarse nna 
fiesta señalada, daba á sus subditos, este hermoso ejemplo. Al efecto, en 
el templo más grande de Pekín, ofrecía previamente un sacrificio al dios de 
la Madre Tierra, en seguida, revestíase de un traje de labrador, y condu 
ciendo una yunta de bueyes con las astas doradas y atados á un arado de 
plata pintado de carmesí con filetes dorados, abría surcos en una pequeña 
extensión de terreno del recinto de ese mismo templo. Durante su trabajo, 
la Emperatriz, acompañada de sus damas de honor, en un departamento 
inmediato, preparaba una frugal colación, que le llevaba y tomaba en su 
compañía. Los antiguos Chinos Instituyeron esta ceremonia para recordar 
á sua monarcas, que las rentas públicas sobre las que se funda su poder, 
provienen del trabajo y sudor del pueblo, y que no deben ser invertidas 
en el fausto y el despilfarro, sino aplicadas á las necesidades del Estado. 

Llama mucho la atención la analogía de ese ceremonial con el celebra- 
do por los Emperadores Peruanos; hecho que dá fundado margen para su- 
poner que la civilización incaica deribabá de la China, y que los Incas prac- 
ticaban ese ceremonial con ideático fin que los monarcas del Celeste Impe- 
rio, es decir, tanto para dar á sua subditos el ejemplo de que deben dedi- 
carse al trabajo de la agricultura, cuanto para simbuliaar que el producto 
de e8(£ trab£4Jo debe emplearte en l^ necesidades de la comunidad ófiicik* 



288 ORIGEN Y CIYILIZACIOKÉS 

hojai de betel (1); el empleo de los qaipas en amboi paíseí; 
el nso de la trenza, peculiar á los Aymarás y á los Chinoi. 

Vater, en bus Archivos generales de etnograña^ y Hnm- 
boldt en lu obra Los monumentos de América^ opinan, 
también, que la prolongada lacha de loa Brahmanas y Bu- 
dhístas terminó con la emigración de los Chamanes del Ti- 
bet en la Mongolia, la China y el Japón, siendo posible que 
éstos pasaran al Perú. Según las inquisiciones etimológicas 
de tan antorixados autores, esas inmigraciones al suelo pe- 
ruatio tuvieron lugar quinientos años antes de la era cris- 
tiana. 

Prcacott, en su Conquista del Peráf hace notar, igual- 
mente, ciertas analogías entre Chinos y Peruanos, afirman- 
do: "Los Chinos se parecían á los Peruanos en su obedien- 
cia implícita á la autoridad, en su carácter suave aunque 
algo tanto terco, en la cuidadosa observancia de las formas, 
en su respeto á los usos antiguos, en su destresa en los pe- 
queños trabajos, en su tendencia más bien á la imitación 
que á la invención, y en su invencible paciencia que suplía 
en ellos la falta de un espíritu más audas para la ejecución 
de grandes empresas". 

El conde Carli, en sus Lettres Américaines, señala, tam- 
bién, diferentes puntes de s mejansa que existen entre los 
Chinos y les Peruancs, precisando, entre otros, que el Em- 
perador de la China se llama hijo del Cielo ó del Sol, y que 
los Chinos señalaban, como los Peruanos, los s:>Isticic8y 
equinoxios para determinar los períod js de las festividades 
religiosas, agregando ''que son muy curiosas esas coinci* 
dcncias.'^ 

Además, positivo es, que en el territorio peruano hafi 
sido desenterrados, en estos últimos años, algunos objetos 



(1) Plaata enredadera y trepadera cultlrada en ñlgufloti parajci de la 
CSbiaif Cttja» hojai maicaa babitualmeate los naturalcí dd palii 



BE tos mDÍGENAS DÉl'pERÚ 289 

qae evidentemente prueban que los Chinos habitaron la cos- 
ta meridional de la América del Sud en una época remota, 
descollando, entre esos objetos, uno de un valor histórico 
inestimable, encontrado en una huacade la costa del Norte: 
es un ídolo de plata maciza, de diecinueve centímetros de 
alto por trece de ancho, que representa una figura humana 
desnuda, sentada con- las piernas cruzadas sobre un conjun- 
to de culebras, y los brazos abiertos; sostiene, en cada ma- 
no, una placa paralelogramática, siendo ambas placas igua- 
les en tamaño, teniendo trasadoS; en rtlieve, gruesos carac- 
teres ó letras chinas, también iguales de ambas placas: so- 
bre la parte posterior de la cabesa, lleva un sol en forma de , 
diadema con siete rajos de luz, sosteniendo, los dos últi- 
mos, sobre los homóplatos del ídolo. Bste raro ídolo se ha 
hecho reconocer por persona ilustrada de la China, j, se** 
gún su parecer, es una divinidad que pertenece á la antigua 
teogonia de las Indias, introducida en la China hace más de 
mil quinientos años. 

Otro ídolo, en su conjunto aigo semejante al anterior, 
se encontró, c..l8§5 co Tiujui^, .u uu pozor.juutu c^noifos 
objetos intcit¿fckUi.cBi, laoiu que icpicatiAta Uáau liguite íiuma- 
na con las piernas cruzada , seutaau Subie uua tcrtoga en- 
roscada con una culebra: liev^a en la cabtza un sol también 
con siete rayos, y adornado el cuello con un collar del que 
penden tres dijes en forma de hu«:vo: sostiene, en cada mano, 
una tabla cotí caracteres chines, al parecer, pues son muy 
mal trazados, siendo ambas tablas de igual hechura, aunque 
la sostenida por la mano derecha es un poco menos alta que 
la sostenida por la mano izquierdaí el conjunto de esta figu- 
ra tiene una fisonomía que no se asemeja á los ídolos pe- 
ruanos. 

Ea la hacienda 'Las Trancas'', en el distrito de Nazca, 
(lea) se ha encontrado un vaso de arcilla muy fina y de pu- 
lido esmalte, de 12 centímetros de alto por 14 de ancho; la 
cara esterior está dividida en tres íe^jai: en la superior^ que 
91 



290 ORIGEN Y CIVILIZACIONES 

es la más ancha, se halla acá especie de figura polícroma, 
llevando en la entrepierna la letra china Tien; la segunda 
faja, qne está separada de la superior por una linea ancha, 
presenta un cerro con escalas que tiene en su centro un pa- 
ralelógramo; la tercera faja, es uniforme y lleva cerca de su 
borde superior una línea blanca. 

En la misma región de Nazca se ha encontrado otra va- 
sija en forma de taia, con el asiento redondeado, y cuya ca- 
ra ex'^erior está dividida en dos fajas: U primera figura, al 
parecer, una serie de especie de animales con rabo corto, en- 
trelaíadosuncs con otros; en la segunda, sí vé una cara que 
tiene los ojo i pretillados, oblicuo!», parecidos á los peculia- 
res de los Chinos. 

Para apoyar aún más la opinión de que los Peruanos 
derivan de raza asiática, segúa s: cree, reproduciremos los 
juicios que, al intento, emiten algaaos escritores. 

El conde Carlí, en sus Lettres Américaines ya citadas, 
tom. II, carta XIY, asevera que * los primeros habitantes 
del Per(í habían venido del Asia por las grandes continuadas 
islas que hibo en el Mar Pacífico, les que después han 
desaparecido, muchas de ellas, por cataclismos provenientes 
de los volcanes, terremotos y otras causas" (1). 



(1) Lo que prueba la existencia, en la antigüedad, de las continuadas 
islas á que hace referencia el conde Garli, es que los mismos conquistadores 
españoles, al arribar á las costas del Pacífico se cercionaron por las relaciones 
uniformes délas diversas tribus situadas desde Guayaquil hasta Arica, que sus 
antecesores habían venido desde lejanas tierras por las innumerables islas 
que existían en todo ese mar, y que desde esas costas remotas habían nave- 
gado á esas numerosas islas, cuyos vestigios, se presume, sean las que que- 
dan hoy conocidas con el nombre de Galápagos, distantes como unas cien 
leguas de Guayaquil, «islas que, según asevera el almirante inglés David 
Dampier- se dilatabaü desde uu grado de latitud septentrional hasta cin- 
co de Ibtitud meridional, contando, algunas de elUs, de ocho, diez j más 
leguas de longitud; unas altas y otras bajas, unas con ríos de agua dulce y 
etms sin ésta, UQas estériles y otrai^ fccundívs; formando todas ella$ un m» 



DE LOS INDÍGENAS DEL PERlfi 291 

Bravo Sarabia, en sai Antigüedades del Perú, después 
de prolijas investigaciones Subre las tradicciones de los indí- 
genas, asegura ser "cierto que los Peruanos eran ultrama- 
rinos, que vinieron á establecerse en las costas de la Améri- 
ca Meridional." 

Cie«a de León, en su Crónica del Perú, cap. Lii, también 
dice: **He oído referir á muchos indios la uniforme tradición 
de la navegación que sus antecesores habían efectuado, de- 
sembarcando cerca de Guayaquil. '* 

El P. Acosta, en su Historia natural general de las In- 
dias, lib. I, cap. XVI, fundándose igualmente en varias tra 
diciones de los indios de Pisco y de Arica, dice *'que solían 
navegar á unas islas hacia el poniente, muy lejcs y la na- 
vegación era en unos cueros de lobos marines hinchados." 



IV 



Continúa la materia antecedente 

Seguiremos expresándolas opiniones de otros escritores, 
relativas á los habitantes délas primeres épocas postdilu- 
vianas del Perú. 

Algunos autores son de parecer que los Peruanos serían 
directamente originarios de la Mesopotamia y de Babilonia, 
por las analogías sorprendentes que existen entre las len- 
guas de algunas del Perú y Ir s del Armeno-Caucaso Paro- 
pamiso. 



menso archipiélago.» A lo cuil, «-g^ega el mismo almirante en su relación 
publicada en la «Gazzetta Am^ríoaus», que, «según hin Ido pasándolos 
años, se han Ido perdiendo y desapireciéndo muchas de aquellas islas, que- 
dando de ellas solo catorce.» Todas estas islas diseminadas antes en el 
Océano Pacífico, Inducen á creer que sirvieron de escala, en épocBs remotas, 
á los originarios del Asia para arribar á las costas meridionales del Con- 
tinente Sud-americanoi 



292 ORIGEN Y CIVILIZACIONES 

El Dr. Schmidt de Gerelsberg, en una Memoria qnt leyó 
en la sesión del Congreso Interfiacioñal de Orientalistas, ha- 
bido en San Petersburgo, en 1876, dice que * 'estas analogías 
son demasiadamente intimas, numerosas y caracteristicrs, 
para pretender explicarlas por la hipótesis de una similitud 
accidental." 

El sabio Mr. Beaumont afirma, en el periódico de Londres 
The Times, que la costa occidental de la América del Sud 
fué habitada, en tiempos muy remotos, por una raza es- 
trechamente emparentada con los primeros Babilonios, y 
que "los hombres hioerbóreoa, moradores del Norte, al 
ser obligados, por el intenso frío, á emigrar hasta el Sad, 
en una época en que todavía era inhabitable el territorio ac- 
tualmente ocupa&o por los Estados Unidos, al llegar á Cen- 
tro y Sud América, etícontraron que los Taranios del Perú 
habían pasado ya el cénit de su grandeza." Y prosigue Mr. 
Beaumont preguntando: "¿Cuántos milenarios han necesi- 
tado estos Turanios para perfeccionar la civilización cuyos 
restos se hallan todavía en el Perú? La gloriosa civilización 
—agrega — que fué la primera en desarrollarse sobre la faz 
de la Tierra, dejó sus huellas indelebles en el Perú." 

El Dr. Hyde Clarke, considera "que las lenguas egipcia, chi- 
na, tibetina, accadiana y peguana, son estrechamente liga- 
das á las de México y del Perú, teniendo todas estes len- 
guas un centro común en la Alta Asia, que es la cuna de la 
primitiva Humanidad. El idioma''madre, del que derivan 
todas aquellas lenguas, se llama Súmero, y el pueblo que lo 
hablaba se denomina también Súmero (ó Accadio ó Babilo- 
nio)." El Dr. Hyde Clarke divide los Súmercs en dos gru- 
pos, y loi'supone emigrados á un centro común: el primer 
grupo comprende loa Accadios, Monses, Cambogianos, Ay- 
marás, Mayas (y Toltecos?); el segundo grupo se compone 
de los Georginos, Etruscos, Siameses, Quechuas y Aztecas. 

Posteriormente, el Dr. Pablo Patrón (peruano) hixo 
también^ú prolijo estudio del origen del idioma Quechua. 



DB LOS IKDÍOEKAS OSL PBRÍ^ 293 

1r-ni»Miiuj-li«ii — 

llegando á la dedncción de haber descubierto la perfecta 
analogía que existe entre este idioma y el Súmero de loa 
Caldeos, é infiriendo de esa misma analogía, que nna parte 
de los primeros pobladores postdiluTianos del Perú fueron 
originarios de Mosopotamia de Babilonia. En apoyo de su 
aserto, expone que "los Q aechas y Aymarás, pobladores 
principales del Tahuaútinsuyo, vinieron en época remota de 
los reines del Eufrates y del Tigris. Esta afirmación descan- 
sa en un hecho científico: los idiomas Quechua y Aymará 
provienen del Somero y del Asirio. Patentisado el estrecho 
parentesco de ambos grupos lingüísticos, el asiático y el 
americano, un reguero de lus disipa las obscuras brumas del 
pasado." 

No ponemos en duda la teoría sostenida por los etnó- 
grafos citados, y tal ves no sería aventurado el conjeturar 
que en tiempo de la célebre Semiramis, tuvieran lugar algu- 
nas inmigraciones al Perú provenientes de la Caldea, pues 
es un hecho histórico, que esta reina de Asina extendió sus 
conquistas á la Arabia, al Bgipto, á parte de la Etiopía y 
la Lidia, á la Mesopotamia, á la Babilonia y á casi toda la 
Asia hasta el Indo, siendo tanto más lógica esta suposición, 
si se tiene en cuenta que esta reiiía gobernó la Asirla y sus 
dependencias desde 1916 á 1874 años antes de la Era Cris- 
tiana; fechas que concuerdan, más ó menos, con la época en 
que, según Montesinos, tuvo lugar la primera invasión que 
asoló las costas del Perú. 

Por consiguiente, admitiendo que una parte de las pri- 
meras inmigraciones al Perú hayan sido de Caldeos, como 
lo deducen el Dr. Hyde Clarke y el Dr. Pablo Patrón, (que 
no citan, con precisión, la fecha en que esa invasión pudo 
efectuarse], de suponer es, que esta inmigrad 5n se realitara 
en el siglo xix antes de la Era Cristiana, ó sea, durante el 
reinado de la célebre Semiramis, cuando las guerras de la 
Asirla contra la Caldea y demás comarcas limítrofes obli- 
garon á muchos habitantes de esas comarcas, á abandonar 



294 ORIÓEN Y CIVILIZACIONES 

■■ ' . I. ,,.. ... ■ ■ - 

■US países natales, hayendo de la persccusión de los vence- 
dores. Bn tal hipótesis, loa emigrantes de esa sección de la 
Asia Menor habrían llegado á América siete siglos antes que 
los Chinos y Tártaros, que, según Ranktng y otros escrito, 
res, aportaron á las playas americanas en el siglo xii antes 
de la Era Vulgar. 

Y quizá, también, esop mismos Caldeos fueron los que 
fundaron el antiquísimo Imperio de los Pirhuas, del que nos 
habla Montesinos, cuya dinastía, según él, duró cerca de dos 
mil años, desde el año 2145 antes de la Era Cristiana hasta 
craño 83 de la Era actual. Pero hay que tener en cuenta, 
que, por la cronología establecida por el mismo Montesinos, 
la fundación de ese Imperio dataría de tres siglos anteriores 
á la pretendida invasión de los Caldeos al Perú, lo que haría 
presumir que ese mismo Imperio habría sido fundado por 
habitantes originarios de América. 

Si, por otra parte, se admite que los Caldeos fueron los 
primeros inmigrantes que pisaron las playas peruanas, se- 
ría, quizá, admisible también, que ellos hayan sido los hábi- 
les artíñces que construyeron alganos de los soberbios mo- 
numentos muy anteriores á la fundación del Imperio Incaico, 
ruinas que dan evidentemente una idea de la alta cultura 
de las razes anteriores á las de las conquistas de los Incas, 
y que aún permanecen mudas para la etnografía. Estas 
ruinas, que todavía perduran, causan la admiración de los 
arqueólogos que las visitan. 

Condensando las opiniones de los autores citados en los 
párrafos anteriores, es un hecho positivo é incontestable, 
que, en vista de les antiguas ruinas que aún subsisten, di- 
seminadas en el territorio, del Perú, han existido, en ese 
mismo territorio, razas que formaron brillantes centros de 
civilización, les mismos que, con el trascurso del tiempo, 
han ido desapareciendo totalmente. 



1)E LOS INDÍGENAS DEL PERtJ 295 



Civilizaciones y Dinastías a ntig^uas del Perú 

Machas son las opiniones emitidas sobre las invasiones 
al Perú por los pueblos de los antiguos Continentes, que lo- 
graron formar, en este territorio, en los tiempos preincaicos, 
no solamente centros de civilización, sino, algunos, grandes 
imperios. 

Según una leyenda antiquísima, se refiere de un legenda- 
rio Imperio llamado Inin, que limitaba al Sud con los ríos 
Beni y Parú, al Este con el río Cayari 6 Madera, y al Oeste 
con el río Apú-Parú; Imperio del que no se sabe, con fijeza, 
el tiempo que subsistió, suponiéndose tan sólo que duró una 
larga serie de años. 

Fray Buenaventura Salinas, en su Memorial de las his^ 
torias del Nuevo Mundo, dice que ^*han habido en el Perú 
dinastías más antiguas que el Imperio Pirhna." A este res- 
pecto, refiere la tradición de cuatro épocas ó dinastías 
antiquísimas, en las que gobernaron insignes Caciques, y 
fueron: 

1^ Época, que duró más de mil años, en la que gobernó 
la dinastía de Huari-Huiraccocha Buna. 

^ Época, que duró más de quinientos años, en la que 
gobernó la dinastía de Huari Runa. 

3"^ Época, que duró mil años, en la que gobernó la di- 
nastía de Purum-Runaj 

4^ Época, que duró mil y cien años, en la que gobernó la 
dinastía de Aaka-Runa. 

Como se vé, eites cuatro épocas forman, en conjuntOi 
un largo período de más de tres mil seiscientos años. Si se 
ha de dar ci edito á lo opinado á este respecto por Fray 
Bnecaventura Salinas, estae dinastías babríM teaido lo 



296 osmEN y'civilizácíones 

origen en el liglo xhi, 6 más 6 menos treí mil y tantos años 
antes de la Era Cristiana, qne correspondería, aproximada- 
mente, á la época en que, ateniéndonos á la Sagrada Escri. 
tura, yivian Cain y Abel, hijos de Adán y Eva, 6 sea, según 
ese mismo texto bíblico, más de mil quinientos años ante- 
riores al DíIüyío; prolongándose esas mismas dinastías has- 
ta el siglo XIX antes de la Era Vulgar. 

El licenciadoFernando Montesinos, en su Estudio gene- 
ral de las Colonias Españolas en Occidente, dice que **el 
Perú fué poblado por Armenios seiscientos años después del 
Diluvio Universal, (fecha precisamente que corresponde al 
siglo XIX, antes de J. C, 6 sea, después haber caducado la 
dinestía citada por Fray Buenaventura Salinas), cuando 
quisa esta nación fué avasallada por la Asiría.'' Esta fecha 
correspondería, á no dudarlo, al interregno de la dinastía 
citada anteriormente y la de Tiahuanaco. Tal vez, sea algo 
verosímil esta opinión de Montesinos, porque la Armenia (1), 
región asiática, es una de las naciones más antiguas del 
Mundo, y los Armenios creen ser descendientes de Haig, biz- 
nieto de Noé. Estos Armenios, según Montesinos, vinieron 
á las costas del Perú, unos por la vía de Chile, otros tras, 
montando los Andes, y otros por la vía de Tierra Firme y 
la Mar del Sud. 

El mismo Montesinos, en sus Memorias historiales y 
políticas del Pera, cita también varias invasiones realitac^as, 
algunas, siglos antes de la Era Cristiana: la primera, en el 
siglo XIX (que debe ser la de los Armenios); la segunda, en el 



(1) Armenia, en el Asia Occidental, es la vasta región montañosa de 
las elevadas mesetas que comprenden las cuencas superiores del Anaxes, del 
Eufrates, del Tigris y del Tchorcuk: confina, al Norte, con la Georgia y la 
Mingreliaí al Oeste con el Eufrates, al Sud y al Este con el Kourdistany el 
Aderbljan. Se considera la Armenia como uno de los penses mí\s bellos de 
la Tierra< y, en tal concepto, los geólogos antiguos colocaron eo ella el Pa» 
itiiUo Xerresftli 



DENLOS INDÍGENAS DEL PERÚ 297 

XYij la tercera, en el xii; la cuarta, en el ii; la quinta, en el 
año 55 de la Era de Cristo; y la sexta, en el siglo viii de la 
misma, que concluyó con el decadente Imperio Pirhua, an- 
terior al de los Incas, pues Montesinos hace subir su origen 
cerca de dos mil añoi antes de Jesucristo. 

Pero haciendo abstracción de tradiciones y leyendas, 
que pueden ser ciertas ó inciertas, veamos lo que algunos 
investigadores establecen tocante las civilizaciones proto y 
prehistórica del Perú. 

Según las estudios practicados por esos investigadores, 
se infiere que, de las civilizaciones que florecian en el Perú 
durante la larga serie de centurias que forma las épocas pro- 
to y prehistóiica, cinco fueron las principales: 1^ la de Ñat- 
ea é lea; 2^ la del Imperio deTiahuanaco; 3^, la del Señorío 
de los Chimús; 4^, la de los Emperadores Pirhuas; y 5^ la 
del Imperio Incaico, cuya época final se considera ya como 
periodo histórico. 

CIVILIZACIÓN PROTONAZCA 

La civilización de Nazca, de la que también participó lea, 
data de una época muy distante, y llegó á la coita del Perú, 
se cree, procedente de la América Central, donde se ha des- 
cubierto una civilización semejante á ésta^y cuyos emigran- 
tes debieron venir por mar. Su deminio se extendió, por el 
Sud, desie Pisco hasta Acari, y por el Norte, hasta Supe, 
ocupando los valles de Chincha, Cañete, Lurin, Huática, Ri- 
mac y Chancay. 

La civilización de les Nazquenses é Iqueños se caracteri- 
za por diversos adelantes, principalmente, por su arte de 
cerámica y alfarería ) muy acabada y notable por la finura 
y elegancia de sus dibujes y el pulido de sus pinturas, pre- 
dominando en esos artefactos las figur¿^s de animales vivi« 



298 ORIGEN Y CITILIZACIONKS 

paroB, anfibios, y otros marinos (1); por el tejido de íüs te- 
las, que resaltan por sus brillantes é inalterables colores, y 
que destinaban para ponchos, fajas y otras prendaí de ves- 
tir; por la agricultura, á la que se dedicaron en gran escala, 
cosechaádo los vejetales propios á su alimentación; por sus 
trabajos hidráulicos, consistentes en canales de riego, apro- 
vechando las aguas de los ríos para la fertilización de las 
pampas de sus valles; por la construcción de sus edificios, 
teniendo algunos de ellos más de trescientos metros de lar- 
go, construidos con bolas de baño, adheridas unas á otras 
con cemeato, pues desconocían el empleo de loa ladrillos y 
adobes; y, por último, por su naciente arte de beneficiar el 
oro y el cobre, fabricando con el primero, diversos objetos, 
como diademas, brazaletes, anillos, vasos para el culto, ar- 
tículos para sa propio tso y adorno, y máscaras para lai 
momias que enterraban envueltas en tejidos y ligadas con 
cordeles treczados, imitando la figura humana. Con el co- 
bre hacían herramientas para la agricultura y para la pesca 
(pues eran especialmente pescadores), cuchillos, agujas y otros 
menesteres de su uso, 

La civilización protonazca no solamente se ciñó á la 
costa, sino que se extendió aún más al interior, hasta Hia- 
mi(haco, Huátara y Chosica; también se encuentran vesti- 
gios de ella en la piedra del castillo de Chavín de Huantar, 
déla actuíil provincia de Haai i, cuyo trabajo en relieve es 
característico de los artefactos que elaboraban loi Nasquen- 
sea é Iqutñog;^2) 



(1) Les ejemplares de eáos artefactos de cerámica que han llegado has- 
ta nosotros, son tan perfectos y tan bien conservados, que parecen recién 
elaborados, razón por la cual son moy apn ciados por los anticuarios. 

(2) E^ta piedra, qne es utía obra de arte de la extinguida civilización 
de los Chimús, cuyo mérito artístico fué reconocido por el señor José To* 
ribio Polc , que la encontró en Chavín de Huantar, en 1874, se halla ac- 
tualmente en LimAi traída á esta capital por el Oobieroo; quieá Á indlcft* 



DE LOS INDÍGENAS DEL PERÚ 299 



CIVILIZACIÓN PREDECESORA DE LOS CHIMÚS 

Por el relato de Cabello de Balboa, en lu Historia del 
Perú, j porlai excavacionea llevadas á cabomái tarde en la 
costa Norte del Perú, se ha podido indagar que, en la mifma 
época en que florecía la civilización de Nazca, florecía tam- 
bién en el territorio que deipuét fué conquistado por los Chi- 
múf, otra nación poderosa que, se supone, no solamente tu- 
vo analogía con la adelantada civilización de Tiahuanaco, 
sino que fué predecesora de ésta. El jefe de esa nación, hábil 
y valiente, denominado Naymlap, arribó á las playas de 
Lambayeque en una numerosa flota de balsas, trayendo 
consigo una gran escolta, entre ella muchas concubinas; 
desembarcó en la desembocadura del río Taquislanga, y 
construyó en un lugar llamado Chof, un templo en el que 
depositó el ídolo Llampallac. Este jefe tuvo varios sucesores, 
cuya autoridad alcanzó á más de doscientos años, hasta que 
la nación cayó en tal estado de decadencia, que fué conquis- 
tada por los valerosos Chimús. 

CIVILIZACIÓN DE TIAHUANACO (1) 

Hay diversas tradiciones indígenas sobre el origen de la 
civilización de Tiahuanaco. 



ción deeste sabio arqueólogo, doíide te halla ea exhibición pública en el yes- 
tíbulo del Palacio de la Exposición. La piedra mide 1 metro 93 centímetros 
de largo por 76 centímetro» en su parte más ancha, siendo su espesor de 17 
centímetros y el relieve del dibuje de 5 milímetros, representa un hombre ó 
ídolo deforme, rodeado con muchas culebras: el todo es muy notable por 
la finura, regularidad y simetría del dibujo, cuyo artista la éxculpió sin 
hacer uso de herramientas de hierro, puei que en aquel tiempo loi indios 
no conocían el uso de este metal. 

(1) La etimología de Tiahuanaco, según algunos autores, que refieren 
que uu Inca que llegó á e«e lugar, llamado entonces Chuc&guíL {ciudad de 



300 ORIGEN Y CIVIUZACIONES 

Una basada en referencias mitológicas, stipone qoe en 
remotíiimos tiempos, apareció allí, ana raza megalítica pro- 
cedente de otras regieres y compuesta de Huíraccochos (ca- 
balleros blancos y con barba), cuyo jefe se llamaba Pacha- 
Manchachecci 

Otra tradición, se refiere á otras invasiones de pueblos de 
desconocida procedencia, que dominaron temporalmente en 
Tiahnanaco. 

Una tercera tradición, recuerda que hnbo allí dos crea- 
ciones sucesivas, representadas por nn hombre de facultades 
extraordinarias llamado Kon-TitoHuiraccocha. 

Pero, se debe prescindir de tradiciones, que tío siempre 
merecen tomarse en consideración. 

Los historiadores antiguos del Perú tampoco traen no- 
ticias de la civiliíación de la aitiplanicie del Titicaca, porque 
después del derrumbamiento de aquel Imperio, trascurrió 
un período larguísimo de tiempo, en que los indios perdieron 
todo recuerdo de la raía y constructores de Tiahuanaco; 
tan sucedió así, que al iniciarse la era del Imperio Incaico, 
los mismos indios del Cuíco "vivían— según dice el P. Cobo 
en su Historia General de las Indias— ain cabera, ni orden, 
ni policía, derramados en pequeñas poblaciones y ranche- 
rías, con pocas más muestras de razón y entendimiento que 
los brutos." 

Sin embargo, según indagaciones históricas hechas pos- 
teriormente, se cree que el hecho más verosímil es, que los 
fundadores de aquel Imperio fueron los Quechuas, que esta- 
blecieron allí una monarquía teocrática: en tal concepto, 
Tiahuanaco habría sido la cuna protohistórica de esa raza, 
que deriva, se dice, de los Toltecas - Náhuatl, originarios de 



piedra), reci1)¡ó un correo á pié (chasqiie\ el cual llegó mucho antes de lo 
que se le esperaba. Asombrado el Inca, le dijo: Tihuai^^gaanuco (siéntate, 
guanac(j) comparándole con el cuadrúpedo más veloz que conocían los pe- 
tuanoSi 



DB LOS INDÍGENAS DEL PERt5 301 

• ■' " 

México. Mr. L. Angrand, sabio mexicanista francéi, que ha 
hecho profundo! eitadios lobre eata materia, opiüa, en iti 
Lettre sur les antiquités de Tiahuanaco et T origine présU' 
mable de la plus ancienne cirilisation du Haut-Pérou^ que el 
'^pueblo que levantó loi laontimentoi de Tiahaanaco era usa 
rama de la gran familia Tolteca Occidental, de origen Ná- 
huatl," de cuya rama, dice, descienden loi Quechuas. 

Qaizá no sea hiperbólica la opinión de Mr. L. Aagrañd, 
7 en todo caio, débeie confeiar, que los fundadores del Im- 
perio de Tiahuanaco fueron hombres extraordinarios, de una 
rasa superior y civilisación adelantada, que esparcieron su 
influencia y cultura no solamente en las orillas de los ríos 
tributarios del Amazonas y en parte del antiguo Perú, co- 
mo en Mocha, Huaraz, Pachacamacc y Ancón, sino también 
hasta el Ecuador, y al territorio de los Calchaquis de Cata- 
marca, Tucumán, Salta yjujny, lagares donde se halla- 
ron artefactos semejantes á los del altiplano del Titicaca. 

Además, el origen Quechua de Tiahuanaco se manifiesta 
en el culto del dios Huiraccocha, cuya figura se halla graba- 
da en la gran portada de Haaccapana, del santuario incon- 
cluso y eñ ruinas, de esa misteriosa ciudad. 

Desde su fundación y durante todo el período de su du- 
ración, el Imperio de Tiahuanaco estuvo gobernado por 
varias dinastías, que se sucedieron, las mds veces, por causa 
de trastornos internos, en los que se empeñaron luchas en- 
carnitadas para disputarse la preponderancia y predominio 
de unas sobre otras, luchas que naturalmente, debilitaron 
el poder á tal extremo, que al fin ocasionaron su caída. 

Por eso, la monarquía teocrática de los Quechuas fué re- 
lativamente de corta duración, y su civilización no llegó á 
su término natural, quedando inconclusas las grandiosas 
obras que habían emprendido, entre ellas las del soberbio 
santuario ya enunciado. 

¿Cómo se explica la caída de ese Imperio, que marca 
una etapa de floreciente cultura en los añales de la historia 



302 ORIGEN Y C1VILIZACI0NB8 

del antiguo Perú? Quizá esa caída Be realizó á consecuencia, 
fe presume, de los abusos del poder de laa diversas diuistías 
que reinaron en aquel territorio, y cuyos abusos trajeron 
por corolario, el descontento de los pueblos y la consiguien- 
te desmembración de éstos, dando ello lugar á que una irrup- 
ción de invasores bárbaros, Jos Aymarás 6 Ccollas, cayera 
sobre la altiplanicie, causando la más espantosa de las con- 
vulciones, y con ésta, el abandono que los Quechuas, hicie- 
ron de esa metrópoli, refugiéadose en las escabrosas soleda- 
des de la región del Urubamba; (1). 

Se presume que los Aymarás ó CcoUas de Cari, procedie- 
ron del Este de Bolivia y del Norte de Chile. Algunos his- 
toriadores antigües suponen que esos mismos Aymarás fue- 
ron los coEstructoreí de la misteriosa metrópoli de Tiahua- 
naco; otros historiadores fueron de parecer, que no se debe 
atribuirles tal preeminencia, porque está históricamente pro- 
bado, en cuanto al antagonismo de los Aymarás con los 
Quechuas, que más bien aquellos, después que lograron ven- 
cer y expulsar á éstos del territorio de la altiplanicie andi- 
na, fueron los que destruyeron todas las obras hechas alli 
por los Quechuas, siendo esos mismos Aymarás, también los 
autores de la destrucción de la protocivilización de Tíahua- 
naco, cuyos monumentos quedaron inconclusos. Volveremos 
á dilucidar este punto más adelante. 



(1) Es casi Inrerostmil, que lá protocivíHtaclón de Tiahuanaco, qne era 
en esa época lejana, el foco de la cultura peruana y americana, se hubiera 
dejado avasallar por los bárbaros Aymarás. Pero toda hipótesis cabe en el 
destino de las naciones, pues la Historia, en sus páj^inas innúmeras, ofrece 
algunos ejemplos de grandes imperios j reinos que, después de haber sido 
florecientes ó poderosos, se derrumbaron trágicamente. Los hechos que han 
acontecido posteriormente en el mismo Perú y en México, con la conquis- 
ta española, parecen en sí mismos fabulosos, pues no se concibe como un 
puñado de aventureros lograran conquistar esos dos grandes imperios, 



Í)Í5 LOS INDÍGENAS DEL PERÚ 303 



CITILIZACIÓN DE LOS CHIMÚS 

Conquistado por los Chimas el territorio qtie anterior- 
mente habían ocupado los sucesores de Najmlap, el poderío 
del Señorío del Gran Chimú se extendió desde Chancay has- 
ta Tumbes, y aún hasta Puerto Viejo, según afirman algu- 
nos, y abrazaba los valles deTrujillo,Guañape, Santa, Huar- 
mey, Pativilce, y les poblaciones de Paramonga, Chungáis, 
Saña, San Pedro, Pacasmayo y Cban-Chat?, que era la ca- 
pital del Señotío, y que se hallaba situada en las cercanías de 
la que es hoy ciudad de Trujillo. Tenía Ghan-Chan de doce 
á quince millas de largo por cinco á seis de ancho, con edifi- 
cios de estructura soberbia y notable, tanto por sus diver- 
sas formas cuanto por ios adornos plásticos y las arabescas 
de pinturas brillantes que revestían. Además, toda la ciu 
dad estaba circundada por una gran muralla de dos metros 
de espesor y veinte metros de altura, adornada con bajos- 
relieves, y con BU respectivo parapeto que coronaba su cima, 
para su mayor defensa contra ataques ó asaltes posibles. 
Su imponente fortaleasade Paramunca, en la desembocadura 
del río Barranca, edificada sobre un cerro de trescientos piéi 
de elevación, revela gran talento de parte de sus constructo- 
res, que supieron aprovechar todas las condiciones topográ- 
ficas del lugar en que se halla edificada. Admirables eran sus 
grandes obras de irrigación, pues los acueductos, represas 
y canales distribuía el agua en la ciudad y ea los alrededo- 
res. La ciudad deChan-Chan podía considerarse, en ese tiem- 
po, como la más bella de la América Meridional. 

Los Curacas ó Régulos del Señorío de los Chimús ejercían 
un poder absoluto, autccrático. Como los Nasquenscs, la 
civilización se reflejaba en la confección de su artística alfa- 
rería, pues contaban para sus trabajos, con artífices muy 
hábiles. 



304 ORIGBN Y CIVILIZACIONES 

No eran menos diestros en el tejido de sus telas, las que 
fabricaban con dibajos caprichosos y con Yistosos colores. 
En su arte de beneñciar los metales, sabían preparar el 
bronce ligando el cobre con el estaño, metal que utilizaban 
para fabricar herramientas, lansas, espadas, masas de ar- 
mas y puntas de flechas; y con los metales finos, como el oro 
y la plata, hacían vasijas primorosamente adornadas con 
piedras preciosas (1). 

El reinado de estos Curacas ó Régulos del Señorío de los 
Chimús imperó, al parecer, durante varios siglos, hasta que 
después de muchos reñidos y sangrientos combates, fueron 
vencidos por las valerosas legiones de los Incas, que, al in- 
vadir este territorio, destruyeron completamente la hermo- 
sa capital de Chan-Chan. 



(1) La gran revista mexicana «Revista de Revistas,» con el rubro de 
Vsdioso descubrimiento en el Perú^ trae el siguiente suelto:— «El anticuario 
inglés Mr.Hewit Myring hizo recientemente uno de los descubrimientos más 
valiosos, relativos á la historia del Perü. Colectó en un antiguo cemen- 
terio de indios, más de dos mil especímenes de obras de barro y armas de 
los antiguos peruanos. Mr. Myring encontró debajo de una huaca de 
Incas, en una de las exploraciones que hizo en los montes á una distancia 
de doscientas millas al interior de Lima (valle de Chicama), restos y reli- 
quias de la raza de los Chimús, objetos que, según los arqueólogos, datan 
de seis á siete mil años antes de Jesucristo. Cada tumba contenía restos de 
alimentos enjarras vidriadas de arcilla. La parte más valiosa de este des- 
cubrimiento de antigüedades, se compone de grandes urnas, algunas de las 
cuales tienen hasta seis pies de alto y son tan pesadas que requieren tres 
hombres para llevarlas en peso. Se las encontró sepultadas al lado de las 
momia.s, y la mayor parte de ellas llevaban esculpido el rostro del muerto 
ó de la muerta, tallado con suma destreza, ya en la parte superior de la ur- 
na, ya en un macizo pedestal inferior.» 

Todos estos objetos, en número de setecientos, han sido incorporados 
al Museo Británico de Londres: los notables arqueólogos ingleses Mr. Cle- 
mente Markham y Mr. C. Read, han declarado que esos hallazgos, en su 
calidad de obras de arte, son superiures á las antigüedades asirias y 
(gipciasi y su estilo llega á la perfección del gusto griego arcaico. £sta8 ia* 



DE LOS INDÍGENAS DEL PERÚ 305 



CIVILIZACIÓN DE LOS PIRHUAS 

Según la cronología establecida por el historiador Per* 
naúdo de Montesino!, el Imperio de los Pirhuas dnró cerca 
de dos mil años y se dividió en cinco épocas, en las cnales go- 
bernaron^95 Emperadores. La cronología de estos Empera- 
dores, expuesta por Montesinos, es la que signe en esta 
forma: 

1^ Bpoca,— Fundación del Imperio Pirbua, en cuyo es- 
pacio de 305 años hubieron nueve Emperadores, desde el año 



teresantes reliquias de loi Chimús acreditan, y asi se dice, que lea era des» 
conocido el caballo, pues las pesonás van montadas sobre el ancho lomo 
de un animal cuya cabeza es parecida á la de un cier-vó, asemejándose el 
cuerpo al de un tapir. También se nota que las armas que usaban eran, la 
azagaya ó pequeña lanza arrojadiza, la maza y el escudo. Asimismo se co- 
lija que eran aficionados á la música, como lo demuestran los muchos ins- 
trumentos musicales encontrados. La moda, iguaimente, había llegado en 
este pueblo á la alta perfección, á juzgar por la gran variedad de tocados y 
peinados que llevaban las fi¿1iras de las vasijas. Eran aficionados á los 
animales, como las aves y cuadrúpedos, antílopes, mochuelos, zapos, gru- 
llas y cigüeñas, según se nota eu la oi naraentüción de las figuras halladas. 
En la plástica alcanzaron la perfección, pues se ¿otan CttbeZdS Con los ojos 
setnícerr¿.dos y la boca torcida por grotesca sonrisa ó verdadero dolor; 
otras tienen ojos grandes, inU Lgcntes, que miran debajo de cejas pobladas, 
la nariz bien proporcionada, y ia boca de corte expresivo. Pero, lo más 
extraordinario de todas estas figuras, es la representación más antigua 
que se conoce, de la leyenda de Prometeo, representada por una figura hu, 
mana, atada á una roca, y en cuyos intestinos hunde su pico un águila». 

Todos estos objetos son de un valor inapreciable, y lástima grande es, 
que esa valiosa colección, en lugar de figurar en el Museo Británico de Lon- 
dres, no figure en el Museo de Lima. Poi eso, y á fin de evitar en lo sucesivo 
semejantes escandalosos despojos, el Gobierno del Presidente don Augusto 
B. Leguía, en 1911, expidió un decreto, prohibiendo, en adelante, la extrac- 
ción d^ antigüedades peruanas. 

39 



306 



ORIGEN Y CIYIUZACIONES 



2045 basta el 1740 antes de la Bra Cristiana. Bn eita pri- 
mera época reinaron los siguientes Emperadoreí: 

Ayar-Manco-Tupacc. Sinchi-Coíque. 

PirnaPaccari-Manco. Inti-Ccapacc-Ynpanqai. 

Manco- Ccapacc I. Manco-Ccapacc II. 

Haanacani-Pirua. Tapacc-Ccapacc. 

Tini- Ccapacc Yupanqui. 

2^ Epoca.—Apogeo del Imperio Pirhuay que abraia dies 
y ocho siglos, desde 1740 antes de Cristo hasta el año 69 
de la Era Vulgar, gobernando en este dilatado tiempo cin- 
cuenta y seis Emperadores, en la forma siguiente: 



TitU'Ccapacc-Yupanqui. 
Inti- Ccapacc- Pirua-Ama- 

ru. 
Ccapacc Sayhua-Ccapacc. 
Ccapacc-Tinia- Yupanqui. 
Ayar-Tacco-Ccapacc. 
Huascar-Titu. 
Qaispi-Titu. 

Titu-Yupanqui Pachacuti. 
Titu Ccapacc. 
Paullu Ticacc-Pirua. 
LloqueTesag Amanta. 
Cayo Mancc-Amauta. 
Huáscar Titu Tapacc. 
Manco- Ccapacc Amanta. 
Ticcacc-Tupacc. 
Paullu Teto Ccapacc II. 
Cayo-Manco Amanta. 
Marascc-Pachacuti. 
Paullo-Atauchi Ccapacc. 
Lloqui-Yupanqui. 
Lluqui Ticacc. 
Ccapac-Yupanqni. 



Tupacc- Yupanqui II. 

Manco-Auqui-Tupacc- Pa- 
chacuti. 

Sinchi-Apuiqui. 

Auqui Quita.Atanchi. 

Ayac-Manco I. 

Huira-Ccocha-Ccapacc. 

Chinchi-Rocca-Amauta. 

Tupacc Amaru Amauta. 

Ccapacc-Raymi Amauta. 

lile -Tupacc. 

Tapacc-Amauta. 

Huanacauri. 

Tocca Corea Apu Ccapacc. 

HuamparSairi.Tupacc. 

Hínacc Huilla Amauta. 

Pachacuti. 

Ccapacc Yupanqui Amau* 
ta. 

Huampar-Sairi Tupacc. 

Cayc*Manco-Auqui. 

Huiacc Huilla, 

lati Ccapacc- AmantAi 



DE LOS INDÍGENAS DEL PERt5 



307 



Ayar Manco Ccapacc. 
Yahnar Haquif. 
ücapaccTitu-Yupariqui. 
Tapacc Cari Amanta I. 
Tapacc Curi Amanta II. 
Hnillcanota Amanta. 



Tapacc-Ynpacqui I. 
Yila Tnpacc-Ccapacc. 
TitnRaymi Gozque. 
Huqni Nina-Anqni. 
Manco-Ccapacc III. 
Cayo-Manco Ccapacc. 



Sinchi-Ayar-Manco. 

5* Época. — Imperio de Tampu-Tacco, ó sea la época en 
que los bárbaros inyadieron el país y vencieron á les Pir- 
hnas; bárbaros qne reinaron allí durante más de cuatro si 
glos, desde el año 59 hasta el 450 de la Era actuá^: en ese 
lapso de tiempo gobernaron catorce Emperadores nombra- 
dos por esos mismos bárbaros, que son: 

Huaman-Taco-Amauta. Tupacc-Yupanqui. 

Titu-Yupanqui-Pachacuti. Huayna-Tupac. 



Guanacanri. 
Huilla-Haaman. 
Huamau- Ccapacc. 
Panllu-Raymi. 
Manco-Ccapacc- Amanta. 



Titu-Huaman-Quicho. 

Ccoíque-Huaman-Titu 

Cuyo-Manco. 

HnillcaTitn. 

Sairi-Tupacc. 

4* Época. — Restauración del Imperio Pirhua, en cuyo 
tiempo gobernaron cuatro Emperadores, dcsieel año 450 
hasta el de 501 de la presente Bra, que fueron los siguien- 
tes: 

Auqni-Atau-Huillica. HuaynaTupacc. 

Manco-TituCcapa r. Tupacc-Cauri-Pachacnti. 

5* Época, — Decadenci i del Imperio Pirhaa, desde el año 
501 hasta el de 833, 6 sja, 332 anos, gobernaron dici Em- 
peradores, extingiéndoíe e:^ es época el larguísimo período 
del Imperio de los Pirhuas. 

Arantial. Ayar-Mañco. 

Huari-Titn-Ccapacc. Condoroca. 

Huispa-Titu-Auqui. Amaro. 

Toco-Cotque. Chiuchi- Rocca. 



308 ORIGEN y CIVILIZACIONES 

YUa.Tocca. Rocca-TitUi 

LluQui-Yapanqtii Inti Maita-Ccapacc. 

Bn el reinado de Tita-Yapanqui-Pachacati, decimo- 
séptimo Emperador, ana irrupción de bárbaros proce- 
dentes del Brasil y de los Andes, taló los campos; pero forti- 
ficado el monarca en las montañas de Pucará, trabó con los 
invasores un sangriento combate, en el que, después de una 
espantosa carnicería, pereció dicho monarca de un flechaio. 

Bn el reinado de Huillcanota- Amanta, quincuaoctavo 
Emperador, tuvo lugar la segunda invasión de hordas ex- 
tranjeras procedentes del Tucumán. 

En el reinado de Toco- Conque, octogésimotcgundo Em- 
perador, invadieron simultáneamente el Perú hordas de sal- 
vajes procedentes, en partes, de Panamá, de los Andes, y del 
puerto de Bueña-Esperanza (1). 

En el último periodo de los monarcas Pirhuas, el Impe- 
rio fué decayendo, hasta llegar á su estado de destrucción 
y ruina, tan grandes, que con su último Einperador, lüti- 
Maita-Ccapacc, se derrumbó totalmente, contribuyendo á 
esta catástrofe la corrupción de los pueblos, que llegó á tal 
extremo, que los gobernados no daban ninguna obediencia 
al soberano, y no dándola tenían que venir, para esos pue- 
blos, el obscurantismo, la decadencia, el caos. A la caída del 
Imperio Pirhua, siguió un interregno de más de doscientos 
afíos, durante el cual la mayor parte de esos pueblos, por 
carecer de gobierno, vivieron en la anarquía, sin culto y sin 
ningún vínculo de familia y de sociedad, errantes por las 
vertientes de los Andes, alimentándose de raíces y plantas 



(1) Los relatos de Montesinos han sido acogidos, hasta ahora, con 
cierta desconfianza; pero tienden á rehabilitarse con las indagaciones 
practicadas últimamente por los sabios. Al terminar sus Memorias anti- 
guas historiales y políticas del Perú, protesta que en su obra «no hay cosa 
fingida, sino datos sacados de quipus y de memorias antiquísimas que me 
be dado el trabajo de examinar instruyéndome de todo.» 



DB LOS INDÍGENAS DEL PERÚ 309 

sÜYestres, deinudos anos y cubiertos otros con cortesaa 5 
con pieles, sin más albergae qae las cuevas j cavernas. 
Los cacicaígos y las confederaciones qae no cayeron en 
completa decadencia y permanecieron en an relativo estado 
semi-social, dedicándose á algunas labores agrícolas, fue- 
ron los Collas, de raza Aymará;Ios Chancas, de raza Quechua; 
los Sausaseras, Antasayaccos, Huallas, Tampus y Orejones, 
del Valle del Cuíco; y los Quechuas, de la región del ürubam- 
ba, perseverando estos últimos en sostener la adelantada 
cultura que iniciaron en Tiahuanaco. Ea la costa andina 
del Pacífico, varios pueblos conservaron también el grado 
de civilización que habían adquirido, y fueron, los señoríos 
de los Chimíás, Yungas, Cuis-Manco, Chiquií-Manco, Chin- 
cha, y algunas otras confederaciones de poca extención é im- 
portancia, como: los Chachapoyas, Gajamarquinos, Huana- 
queños, Huamanguinos, Vilcohuamanos, y Aúdahuaylas. 
Pero, estos cacicazgos y estas confederaciones cayeron, más 
tarde, bajo el dominio de las armes victoriosas de los Incas, 
los que, mediante las tantas conquistas que realizaron, lo- 
graron establecer el más grande Imperio que ha existido en 
el Continente Americano, Imperio que, á su vez, se aniquiló 
con la conquista española. ¡Destino inescrutable de las na^ 
cioúci!.. — 

CIYILIZICIÓN DE LOS INCAS 

Con la repentina aparición de Manco-Ccapacc (1) y 
Mama Occlla, en el año 1021, principia á disiparse algo la 
bruma de los tiempos prehistóricos, para iniciarse, al fin 
del gobierno de les Incas, el período histórico del Perú. 

Pasaremos por alto el origen de los lacas, relatado ya 
por los antiguos cronistas Garcilazo de la Vega, Ctesa de 
León, Betanzos, Polo de Ondegardo, Sarmiento de Gam- 



(1) Ccapacc, en lengua Quechua, significa grande, poderoso. 



310 ORIGEN Y CIVILIZACIONES 

boa, Cabello de Balboa, Santa Cruz Pachacati, Montesinoa 
y otroi, cujas relaciones discrepan en varioi puntos y ca- 
recen de verosimilitud, algunas. 

Manco-Ccapacc y Mama-Occlla Be presentaron como en- 
viados del Sol, para sacar á los indígenas de la barbarie en 
que vivían, libertarlos de la tiranía de los Curacas, y seña- 
larles, él, á los hombres, á labrar la tierra para darles ali- 
meato, á la vez que el culto del Sol, dispensador de bienes; y 
ella, á las mugeres, para enseñarles á hilar y tejer, como me- 
dio para cubrir la desnudes de bus familias. Con tan salu- 
dables propósitos, aquellas gentes se persuadieron que era 
conveniente obedecerlos y someterse sumisos á sus manda- 
tos, reconociéndolos como verdaderos hijos del Sol 6 Pachac- 
camacc, que fué como ellcs ss proclamaron. 

Para asegurar su autoridad y la de su defcendencia, 
Manco-Ccapacc se tituló Inca ó Soberano de Tahuantin- 
suyo. 

Algunos escritores han considerado á este personaje 
como un ser misterioso ó mitológico; empero, es reconocido 
por la mayoría de los historiadores, no solamente como un 
apóstol y reformador, sino también como el verdadero 
tronco de la estirpe imperial y el fundador de la dinastía in- 
caica. Apóstol y reformador, porque enseñó á su pueblo la 
religión de un Supremo Dios invisible, Criador del Universo, 
instituyendo el culto del Sol, imagen visible de ese Dios, que 
por sus rayos vivificantes dá vida á todo lo criado. Y tron- 
co de la estirpe incaica, porque fundó una monarquía basa- 
da sobre el régimen del comunismo, aunque algo restringido, 
proveyendo el Eitado á todas las necesidades de la vida de 
sus subditos. También dio Manco G:apacc á su nuevo pue- 
blo leyes naturales dictadas por la recta raión, pues eran 
llenas de sabiduría y de prudencia, imponiendo penas corpo- 
rales contra loe delitos de adulterio, hurto, homicidio y bUs- 
femia contra el Sol y el Emperador, delitos que eran casti- 
gados con la pena de muerte^ nombró Curacas ó Caciques 



DK tos INDÍGENAS DEL PERÚ 31 1 

para el gobierno cítíI de sai sábditos, escogiendo para esas 
fanciotieB les de mayor honrades y aptitud para el mando. 
Ademes, dividió la tierra en tres partee, asegurando la pro- 
piedad de éstas al caito, al trono y al pneblo; instituyó las 
principales fiestas y ritos religiosos, y funjo una orden 
de vírgenes y otra de sacerdotes para el cuidado de loi 
templos. En fin, dejó fundada la capital del Cuzco, organi- 
sado varias provincias bien administradas, y constituidos 
pueblos gobernados con equidad y justicia. 

Por estos grandes beneficios que Manco-Ccapacc hizo 
á sus subditos, es considerado como uno de los primeros 
legisladores del mundo, y muy di^ticguido entre los grandes 
bienhechores de la Humanidad, pues fué, para les Peruanos, 
lo que Solón y Licurgo para los Griegos. Numa para los 
Romanos, Mahoma para los Árabes, y Confucio para le s 
Chinos. 

Aunque la cronología de les Incas es algo obscura, (1) 
suministrandonoticiBSVBgas, no muy exactas, algunos histo- 
riadores, entre ellos Gonzáles de la Rosa, y Dn Carlos Wiesse, 
la dividen en dos pericdos, feudal y unificado, siendo el 



(1) Los antiguos cronistas y modernos historiadores están en desa- 
cuerdo sobre la duración del período del Imperio de los Incas, aún del rei- 
nado de cada uno de ellos. Uno de estos cronistas, cree que el Imperio duró 
tan solo 200 años otros, de 300 á 400; otro, 350; otro, 362; otro, de 500 
á 600; en fin, otro, 565 años. Ncsotros, según la generalmente admitida 
cronología del reitíado de cada' uno de los Incas, creemos que la duración 
del Imperio Incaico fué de 511 años, desde 1021 hasta 1532, año en 
que dejaron de reinar los dos últimos monarcas, Huáscar y Atahualpa, mu- 
riendo él primero en ese mismo año, y el segundo al año siguiente. Cuanto 
á la duración del reinado de cada Inca, también Ir s cronologistas caen en 
discrepancias, no faltando alguno (Sarmiento de Gamboa) , que dá á algu- 
nos soberanos una vida de centenarios, como Manco-Ccapac, que, dice él, 
murió de 144 años, después de un reinado de 3 00.— También hay discordan. 
cia entre los historiadores antiguos tocante al orden en que gobernaron los 
Incas, y aún introducen cambios en los nombres de esos monarca». Todos 
estos diferentes pareceres producen lamentable confusión en Ift historia de 
esos soberanos. 



312 ORIGEN Y CIVILIZACIONES 

primero, de la dinastía de Huaraj-Sayacc, y el segando de 
la dinaitia de Hanay-Sayacc. Nosotroa seguiremoa también 
este orden, que está en conformidad con loa relatoa de loa 
croniatas de la conqniata. 

La dinastía de Hnaray-Sayacc (con la que principió el 
PERÍODO FEUDAL), gobernó durante más de un siglo y medio 
(1021 á 1197), y tuvo cinco Emperadores, que por aua con- 
quiataa extendieron loa límites de su Imperio, y s )n: 

i**. MancO'Capacc.—Qut fundó au pequeño Imperio con 
laa tribus del Cusco, á las que agregó las de los Canchis y 
Quispicanchis, cuyos Réguloa redujo en calidad de vaaallos 6 
amigables confederados: au reinado duró cuarenta añcs 
(1021 á 1061). 

^°. S/i2c22Í-J?occa.— Consolidó la obra de au padre, ex- 
tendió algo los límites del Imperio mediante solo la per- 
suaciÓD, acrecentando por este medio au domiíjc ción hasta 
Ghuncara; á este Inca se le atribuye el haber dividido el Im- 
perio en cuatro región ea, bejolas denominaciones ie Ccollaau- 
yo, Antisuyo, Ccuntisuyo y Chinchayiuyo, que corresponden 
á le s cuatro puntos cardinales, dando á todo el Imperio el 
nombre de Tahuantinsüyo (1). 



(1) La extensión territorial del Imperio, debido á las muchas conquis- 
tas realizadas por los Incas, llegó á ser mayor que la que tuvieron los 
Romanos en su mayor apogeo. Por el CcoUásuyo^ ocupaba desde la parte 
meridional d^-l Cuzco y la altiplanicie del Calloa, hasta las t' erras denomi- 
das hoy San Miguel de Tucumán y Santiago del Estero, y toda la región 
andina dejujuy, Salta, Catamarca, Rioja, San Juan de Mendoza, hasta el 
tío Maule. Por el Antisayo el poder incaico llegó hasta Laracaja y Ca- 
rabaya, la cuenca del río Toro y los valles longetudinales en más de cua» 
rentét leguas. Por el Ccuntisuyo, comprendía las tierras entre el Ápurimac 
y el Pachachaca, hasta Pompas, y lá cadena occidental hasta la costa míi* 
rítima. Por el Chinchaysuj-o, solo llegó el poder de los Itcas hasta Huánu» 
ce y por lá sierra hasta Pasto. Se calcula que la población de Tabuantin- 
Buya, cuando la conquista española, llegaría á más de 10.000,00 de indíge» 
üas, población que fué disminuyendo casi en sus dos terceras í)ttrtes du- 
rante la época coloniáli 



Í)É tos INDÍGENASpEL'PERÚ 3l3 

5°. Lloccque-YupanquL— Con él empesaron lai expedi- 
ciones guerrera!, echando aii loi cimientoi del régimen mi- 
litar, pties en doi expediciones qne llevó á cabo, ensanchó 
aún más los límites del Imperio hasta los Canas, en la pri- 
mera, y hasta el Desaguadero, en la segunda. Gobernó trein- 
ticinco años (1091 á 1126). 

4-0. Majía-Ccapacc— Se distinguió por su genio aguerri- 
do y conquistador: emprendió dos expediciones, en las cua- 
les conquistó varias provincias, entre ellas, las de los Collas 
y la de los Huallcca visos. Su reinado duró treinta años 
(1126 á 1156). 

50. Ccapacc-YupanquuSigmó ' las conquistas de sus 
antecesores, y se hizo dueño de las provincias de los Ayma- 
rás, Pucarás, Hatunrucanas y otras, extendiendo su influen- 
cia hasta Nazca, en la costa. Bl hizo construir canales de rie- 
go y fundó uña orden de caballeria. Su gobierno fué de cua* 
rentaiun años (1156 á 1197). 

Con este Inca terminó la dinastia de Huaray^SayacCi 
sucediéndole la de Hanay-Sayacc, que gobernó cerca de 
un siglo y medio, contando tan sólo tres monarcas, que 
fueron: 

i®. Inca-Rocca, — Sometió á los Chancas y á los Char- 
cas, ensanchando sus dominios por más de cincuenta leguas 
de Norte á Sud, y otras tantas de Este á Oeste. Este Inca 
fundó en el Cusco escuelas para la enseñanza de la nobleza, 
é impuso á todos sus subditos la obligación de aprender la 
lengua quechua. Su reinado duró cincuentaidos años (1197 
á 1249). 

2^. Yabuar Hüáccacc. — Soberano pusilánime, no aspiró, 
como sus antecesores, á extender sus dominios; empero, tras- 
curridos nueve ó diez años de su reinado, por no ser califica- 
do de cobarde^ confió á su hermano laca-Mayta, el mando 
de un crecido ejército, el cual conquistó el territorio que se 
estiende desde Arreqquepay hasta Atacama. Su hijo segundo* 
géúito, Inca-Tupacc (algunos historiadores le llaman Casi- 
da 



314 origen] ir ciyilizacionbs 

Inca-Yapanqtii]) de carácter opnesto á su padre, se distidgaía 
por su valor extraordinario, y no pudiendo el monarca con- 
geniar con él, lo apartó de sa compañía, enviéndole á aña 
hermoia dehesa á cnidar el ganado del Sol. Estando allí, 
tuvo en sueños la famosa visión del dioB Huiraccochft, que 
le anunció la rebelión que tenían dispuesta los Chancas, de 
üscovilca, que, en número de 40.000 hombres al mando de 
Asto-Huaracc y Tomay-Huaracc, marchaban sobre la, ca- 
pital Noticiado de ello el Inca Yahuar-Huaccacc, abandonó 
BU corte, lo cual, sabido por laca-Tupacc, le determinó á 
encaminarse á la capital, resuelto á defenderla ó morir. 
Reunió inmediatamente un ejército de 28,000 hombres, con 
el que libró una batalla sangrienta, en IchuPampa, que- 
dando vencidos los rebsldeSé Con este brillante hecho de 
armas, YahuarHuaccacc abdicó la mascaypaycha ó borla 
colorada, en su hijo vencedor, y se retiró á la vida privada, 
0obrevi?iendo siete años más, hasta que murió en Chita, 
habiendo gobernado cuarentaisiete años (1249 á 1296). 

5°. Hüiraccocha. — A su exaltación al trono, permutó su 
nombre de laca-Ripacc con el de Hüiraccocha (adoptando 
así el de la visión que se le había aparecido en lu dehesa). 
Los primeros años de su reinado los ocupó en dictar leyes 
para la buena admiuntracióii de su Imperio. En seguidas, 
empr ndió dos ezpcdieioiü s, on las que agregó á su Xujpe- 
rio varias pro idiocias, laclusí ^a tierra de Tucumáu. Este 
Inca predgo la invasión al Perú de h jmbres desconocidus y 
la destrucción del Imperio. Sa g.onoso reinado duró cua- 
rentaicuatro años (1296 á 1340), terminando en él la 
dinastía de Hanay-Sayacc. 

Después de esta dinastía se inició el segundo período lla- 
mado PfiRÍODO UNIFICADO, CU el que reinaron seis locas, por- 
que Inca Urco,que sucedió á Hüiraccocha, fué depuesto á los 
once días de su exaltación, en un movimiento operado por los 
príncipes y grandes de la sangre real, que^ no pudiendo to- 
lerar su suma eetolide^, le obligaron 6, abdicar en fa?or de 



DE LOS INDÍGENAS DEL PERÍJ 315 

•n hermano PachaGatecc-Yapanqui. Estos seii locas reina- 
ron en el orden siguiente: 

1°. Pacha^CutecC'Yupanqui.^'MáB se dedicó á reformar 
y administrar sus reinos, desde el Ctizco, qne salir á campa- 
ñas; por eso, las cuatro expediciones qne organizó, las en- 
comendó á los príncipes de la familia, logrando someter á 
crecido número de pueblos, entre otros, á los Huaflcas, 
Puntus, Huaillas, Conchucos, hasta Caxamallca, y á su re- 
greso, Chachapoyas, Palltas, Cañaris, y la extensa provin- 
ciadel Gran Chimú, acrecentando notablemente las fronteras 
de los dominios del Imperio. Su reinado fué de larga dura- 
ción, pues gobernó sesenta años (1340 á 1400). 

2^. Amarulnca Yupanqui—En sus conquistas fué des- 
graciado. La de Chile terminó con el descalabro de su ejér- 
cito, que fué vencido por los feroces Purumancas ó Proman- 
cas, quienes no le permitieron avanzar más adelante del río 
Maule. En su reinado también hubo una formidable suble- 
vación de los Collas, que alborotó tanto á la Corte, que le 
obligó á renunciar el mando, siendo su reinado de solo trein- 
tainueve años (1400 á 1439). 

5**. Tupácc-Inca-Yupanqui^—Entenáió los límites de sus 
dominios por el Sud y por el Norte: por el Sud, llegó su ejér- 
cito á Chile, hasta Cachapoal y naciones salvajes; por el 
Norte, fué el que principió la conquista del reino de les Shy- 
ris ó Quitús, en el Ecuador; á él se debe la construcción de 
grandes acueductos. Su reinado fué de treintainn años 
(1439 á 1470). 

4®. HuaynaCapacc.—Farsk celebrar el nacimiento de su 
hijo primogénito Titi Cusy-Huallpa Intilllapa (Huesear), 
hiso fabricar la célebre cadena de oro que, según Garcilaso, 
Inca, «tenía trescientos pases de largo y del grueso de una 
muñeca» Este Inca elevó el Imperio á la cumbre de la gran- 
des^, consumiendo la sumiiión del reino de Quitú, iniciada 
por su antecesor, venciendo á los Huancavilcas, Cayambis, 
Qft^nques, Pastos y Quitús. Después de su triunfo en la 



Sl6 ORIGEN Y CIVILIZACIONES 

batalla de Hatuntaqai, en la qne murió el Shjri Gacha-Du- 
chiiela, eligió la capital de ese reino para su residencia, 
puei estaba sumamente apasionado de la bella Shyri- 
Paccha, hija del cx-rey, á la que tomó por concubina y tuvo 
en ella á Atahuallpa. Estando en su palacio de Tumipampa, 
en la provincia de Cañaris, le llegó la noticia de la aparición 
en la coita de gente estraña, lo cual le preocupó baitante, 
acordándose entonces de la funesta predicción de Huiracco- 
chaj acontecimiento que, efectivamente, originó luego la pér- 
dida de la autonomía del gran Imperio Incaico. Antes de 
morir, Huayna-Ccapacc dividió bu Imperio entre sus dos 
hijos, dejando la parte del Cuíco á Huáscar, (su hijo legíti- 
mo), y la de Quitú á Atahuallpa (su hijo bastardo), sin ima- 
ginarse que esa división sería, más tarde, motivo de desa- 
venencias entre sus dos herederos, y ocasionaría hasta la 
caída del Imperio. Desde el Inca Huayna-Ccapacc se aclara 
la confusión de la historia de los Incas, entrando de lleno en 
el período histórico del Perú. Huayna-Ccapacc reinó cin- 
cuentaicinco años (1470 á 1525), los doce primeros en solo 
el Imperio, y los restantes en el reino de Quitú que había 
conquistado. 

5^. Huáscar-Inca,— Entró en posesión del trono en los 
tiempos más funestos, pues Atahuallpa aspiró á la corona 
imperial, estimulado por la poca voluntad que Huáscar ma- 
nifestaba en reconocerlo rey de Quito. Éste le envió una em- 
bajada exigiéndole obediencia; el astuto Atahuallpa le res- 
pondió que estaba pronto á obedecerle, y, con tal objeto, 
pasaría al Cusco á hacer las exequias de su padre; pero su 
intención era otra, y al efecto, juntó un poderoso ejército 
cuyo mando confió á sus aguerridos generales quiteños Cal- 
cuchima y Quisquiz. Cuando Huáscar advirtió la traición 
de su hermano, no tuvo tiempo de juntar otro ejército nume- 
roso para contrareitarlf ; sin embargo, á tres leguas de dis- 
tancia, en el sitio llamado Quipaypampa, se libró una san- 
grienta batalla, en la que quedó vencido el ejército de Huás 



DB LOS INDÍGENAS DEL PERÍ 31? 

# ' ■ ' ' I I... . 1.1 . .I ^ 

car, cayendo éste prisionero y asegurado en la fortaleza de 
Sansa (Jauja). Al poco tiempo fué muerto Huáscar-Inca por 
insinuación de Atahuallpa, quien, temiendo que escapara 
y recobrara su cetro, ordenó á su general Calcuchima, que 
le quitara la vida y arrojara su cadáver al río Yanamaru. 
El gobierno de Huáscar fué de se lo siete años (1525 á 
15S2). 

6°. Atahuallpas—(^t rama bastarda, y último Inca 
que reinó). Después del atroz regicidio que ordenó cometer 
en la persona de su hermano paterno, se encontró dueño de 
todo el Imperio peruano; pero su gobierno fué también de 
corta duración, porque ya Francisco Pizarro, con su hueste, 
había llegado á Cajamarca, donde luego se desarrolló el 
lúgubre drama que dio lugar á que Atahuallpa cayera pri- 
sionero de los Españoles. Apesar de haber ofrecido, por su 
rescate, llenar de oro y plata el cuarto donde se encontraba 
cautivo, ansiaron los Castellanos ser dueños y señores ab- 
solutos de todo el Perú, y, al efecto, tramaron contra el Inca 
el pérfido proyecto de darle muerte, culpándole de supuestos 
planos de coespiración. Uñ tribunal inicuo le acusó de crí- 
menes imaginarios, condenándole á ser quemado vivo en la 
plaza de Cajamarca. Cerca ya de la pira en que debía ser 
inmolado, por insinuación del P. Vicente Valverde, consin- 
tió en hacerse cristiano, afín de que se le conmutara el su- 
plicio de la hoguera por el del garrote; al bautizársele, se le 
puso el nombre de Juan, por ser ese día el del Evangelista. 
Momentos después, Atahuallpa, el descendiente de Manco- 
Ceapacc y último Emperador del extenso Imperio del Perú, 
exhalaba el postrimer suspiro después de nueve meses y me- 
dio de cautiverio La ejecución se realizó en la noche del 

29 de Agosto de 1533, implicando ella, no solamente la 
extinción de la dinastía de los Incas, sino también la des- 
trucción completa del extenso Imperio Incaico. Su reinado, 
como el de su hermano Huáscar, fué breve, pues solo duró 
siete años (1525 á 1532). 



318 ORIGEN y CmtKACIONES 

Con la muerte deHaáscar, la descendencia legitima de 
los Incas desapareció, quedando sólo dos hijos legítimos de 
Huayna Ccapacc, Paulln-Tupacc y Manco-Inca, que fueron 
perseguidos con el vil intento deestirpar del todo la dinastía 
Incaica (1). 



(1) Paullu-Tupacc, convertido á la religión cristiana y bautizado con 
el nombré de Cristóbal, murió en el pueblo de Ccollccampata, cerca de Cuz- 
co, en 1549. Manco-Inca fué investido honoríficamente por Francisco Piza- 
rro con la dignidad imperial, en ISSé; pero viéndose engañado, se retiró al 
pueblo de Yucay, tramando allí una sublevación, en la que la existencia de 
los conquistadores estuvo en inminente peligro, cuya sublevación fué al fin, 
adversa á los Peruanos, teniendo Manco que huir á las montañas de Huill- 
capampa (en 1557), donde fué muerto traidoramente de un balazo, por un 
soldado español á quien él había colmado de beneficios. 

Su hijo Sayri-Tupacc, se coronó en Huillcapampa: á instancias del Vi- 
rrey don Andrés Hurtado de Mendoza, salió de las montañas, á Lima, á 
donde le hicieron una grande recepción, presentándole las mercedes que el 
Rey de España le concedía, á lo que Sayri-Tupacc hizo una demostración 
sugestiva ante todos los asistentes. Arrancó un hilo de la sobremesa y dijo: 
fSi toda esa sobremesa es mía, ¿qué merced es la que se me hace dándome 
este hilo?» Sin embargo, le obligaron á abdicar sus derechos al Imperio, en 
favor de la Corona de Castilla (1560), otorgándole, para su mantenimien- 
to, la provincia de Urubamba y el valle de Yucay. Sayri-Tupacc se retiró á 
este último punte, habiendo recibido previamente el bautismo, con el nom- 
bre de Diego. Murió á los tres años, apesadumbrado por la abdicación que 
había hecho, y.'dejó una hija, doña Beatriz Ñuzta, que casó con Martín Lo- 
yóla, sobrino de San Ignacio de LoyOla. 

Gabriel Tupacc-Amaru, hermano de Sayri-Tupácc, se coronó en Huill- 
capampa. El Virrey don Francisco Toledo le llamó con engaños al Cuzco, 
prometiéndole las mercedes que se habían concedido á su hermano; pero se 
negó á aceptarlas. Viendo el Virrey que Tupacc-Amaru se resistía á sus 
falsas promesas, mandó hacia él una partida de soldados, capitaneados 
por Martín Loyola, quien apresó al Inca y su familia. En el Cuzco fué en- 
carcelado, carga do de grillos y cadenas, y se le formó proceso criminal, acu- 
sándole de delitos que no había cometido, porque el ánimo del Virrey era 
cftirpar» del todo, la dinastía incaica: Gabriel Tupacc-Amaru fué condenado 
á ser descuartizado, cuya ejecución se llevó á cabo el 17 de Mayo de 1579, 
en la plaza del Cuzco, del modo más inhumano y bárbaro: á la ve» fueron 
también ejecutados, ese mismo día, su esposa, Micaela .Bastidas, tus hijót 



rm LOS lííDÍGEKAS DEL PERÍJ Sl^ 

" — 

Solo con procedimientos tan injastoi, villanoi y pérfi- 
dos, pudieron los españoles extinguir el último véstago de 
la familia incaica. La inmensa riqueía de este auelo privile- 
giado, j la nobleza, hospitalidad, mansedumbre y buena fe 
de 8UI habitante!, dieron mérito á que sus inhumanos y oi- 
curos conquistadores afianzasen su poder en tan dilatados 
dominios, validos de la astucia, el dolo, y de una creencia 
religiosa de la que ellos miimcs renegaban á cada paso, no 
contando sino con la fe del ignorante y sin tener la convic- 
ción del catequista (1). 



Dámaso é Hipólito, sus cuñados Antonio y Miguel{|Bastidas y diez otros je- 
fes 6 consejeros suyos. Mariano Tupacc-Amaru y Diego Tupacc-Amaru, hi- 
jo, el primero, y hermano, el segundo, de Gabriel, fueron fingidamente em- 
barcados para España, pero en alta mar, asesinados, y sepultados en el 
abismo. 

Así terminó, con los Tupacc-Amáru, la dinastía incaica en el Perú, des- 
pués de conservar aun ésta, su dominio, en aquellas apartadas regiones, du- 
rante cuarenta y cinco años (desde la finjida coronación de Manco-Capacc, 
en 1534, hasta la ejecución de Gabriel Tupacc-Amaru, en 1579), 

(1) El vasto Imperio Incaico se extendía,'por la costa, desde el 2° grado 
de latitud Norte hasta el 37° de latitud Sud, es decir, desde el río Angusraayu, 
que separa la provincia de Quito de la de Pasto, hasta el río Maule, que fOr_ 
ma el límite de Chile, ó sea una extensión de 1300 leguas de longitud; y por 
el interior, se dilataba al Otro lado de la Cordillera de los Andes, hasta los 
confines de las tribus salvajes, teniendo en su parte más ancha, 120 leguas, 
desde el río Juanambica hasta el Pilcomayo, y contando, así con regionea di- 
latadas y muy ricas, que abrazaban todos los territorios de las actuales re- 
públicas del Ecuador, Perú, Bolivia y la parte Norte de Chile, hasta el Tu- 
cumán. 

Estaba dividido el Imperio Incaico en cuatro partes ó regiones, y se de- 
nominaba Tahuantinsuya, designación que los Españoles suplantaron por 
la del Perú, quizá por el nombre de un pequeño río del Norte. Las cuatro 
regiones del Imperio eran: Antisuyu, al Este; Continsuyu, al Oeste; Colla- 
•uyu, al Sud; y Ghinchasuyu, al Norte, Cada una de estas regiones tenía un 
camino cstenso que partía desde la capital, Cuzco, y atravesaba los cuatro 
puntos cardinales. Estas regiones se dividían en provincias, y éstas, á su 
vez, se Bubdividían en porciones de á 10,000 habitantes, bajo el mando de 
lifiJtf«ó£[oberaAdorf 



320 ORIGEN Y cmLIZACIONEá 

VI 

Ruinas de monumentos y ciudades pre-in caicas 

Las mas admirables de las rainaa diseminadas en el 
vasto territorio del Pera, son las de Tiahuanaco (1), en las 
inmediaciones del lago Titicaca, cuyo centro, se cree, fué el 
más antiguo foco de la civilización peruana y americana; em- 
pero, algunos historiadores piensan que los soberbios mo- 
numentos cuyas ruinas subsisten aún en Mocha, y los sor- 
prendentes trabajos hidráulicos que se ven todavía en Nasca 
consisteates en largos socabdnes subterráneos, con el objeto 
de buscar el agua de infiltración en el cauce del rio y traerla 
sóbrelos terrenos cultivados, son obras que demuestran ci- 
vilizaciones anteriores al período de Tiahuanaco. 

Estas ruinas de Tiahuanaco han llamado la atención de 
todos los arqueólogos y sabios que han tenido oportunidad 
de visitarlas y estudiarlas. Gigantescos ^túmulos, rodeados 
de pilastras que descansan sobre grandes cimientos de pie. 
dra; murallas, cuyas piedras son de tal magnitud y tan 
enormes dimensiones, que no se concibe como fcertas huma- 
nas han podido ponerlas en su sitio, teniendo algunas de 



(1) Las famosas rumas de Tiahuanaco están situadas á 12,200 pies de 
elevación sobre el nivel del mar, ó sea, á 36 pies más elevados que la lagu- 
na de Titicaca, que e? considerada la más alta del Globo, con la particula" 
ridad de que nunca se congela apesar de su extraordinaria altura. Tanto la 
ciudad emplazada á tan gran altura, y que ofrece al mismo tiempo las 
construcciones antiguas más imponentes de toda la América, cuanto la la- 
guna de Titicaca, que igualmente se halla á tan gran altura, son hechos 
que llaman mucho la atención de los arqueólogos y geólogos. El nombre pri' 
mitiyo que tuvo esta ciudad misteriosa de Tiahuanaco, ha quedado perdi- 
dOé Los Aymarás, después, le han puesto el nombre de Tiahuanaco, cuya 
pitmología sería Titihuahuanacu, que significa «loa hijos del jaguar ó.Titi»* 



DE LOS INDÍGENAS DEL PERÚ 32Í 

* 

ellas treinta pies de largo, dieziocho de ancho y ocho de es- 
pesor, extraídas de las canteras de yanguyo, situadas á más 
de cuarenta millas de distancia, siendo verdaderamente ad- 
mirable que sin bestias de tiro, sin vehiculos apropiados, sin 
ninguna máquina poderosa, hayan podido traer tan enor- 
mes masas desde tan larga distancia (1); templos de ciento 



(1) Varios historiadores y algunos otros autores hablan de la traslá 
cion de esas piedras desde las canteras hasta Tiahuanaco. Cieza de León, 
en el cap. GV. de su «Crónica del Perú», dice que «esas piedras debían haber 
sido traídas de grandes distancias y con muchas dificultades;» sin especifi- 
car esas circunstancias.— El Licenciado Polo de Ondegardo, en la pág. 171 
de sus «Relaciones de Antigüedades Peruanas,» afirma que «esas piedras se 
encontraban á distancia de cien leguas.» Alcides D'Orbigny, en el tom, III, 
cap. I, pág. 346 de su Voy age á V Amérique da Sad, infiere que «lo? gran- 
des bloques antecíticos dispersos entre las ruinas y la orilla del lago Titica- 
ca, demuestran el camino por el que fueron traídas como material de cons- " 
trucción de Tiahuanaco.»— Jorge Squier, en su obra Incidents^ travels and 
explorations in the land ofthe Incas, participa de la misma opinión de 
D'Orbigny. — Juan Diego Tschudi, en la pág. 65 de su obra Raisen in Sud 
America^ asienta que «esas piedras han sido extraídas del volcán Kaijappia 
y que fueron trasportadas por tierra por la vía de Zepita y el Desaguadero.» 
—Posteriormente, el señor Arturo Posnausky, en su interesante trabajo 
«Petrografía de Tiahuanaco,» publicado en el tom. Vde la «Revista de la So- 
ciedad Geográfica de la Paz», cree haber comprobado que esas piedras pro- 
ceden efectivamente del volcán apagado Kaij^ippia, situado en el istmo de 
Yunguyo, á 1648 metros de elevación sobre el nivel del lago Titicaca, vol- 
can cuyas cumbres están hoy cubiertas de nieve perpetua y que hacen mu- 
chos siglos formaban dos cráteres que arrojaban desdé las entrañas de la 
tierra cenizas, lavas y grandes bloques andecíticos.» El señor Posnausky 
dice que en las cumbres de dicho volcán, cuyo cráter principal tiene un diá- 
metro de trescientos metros, se ven aún las señales del trabajo plutónico 
que ejecutaron los antiguos Tiahuanaquenses para extraer dichas piedras; 
que hoy este cráter está convertido en una laguna profunda que recibe las 
aguas de las nieves derretidas de las alturas; que en dicho cráter se encuen- 
tra una boca-mina abandonada cuya entrada fué trabajada sólidamente, 
en ese tiempo, por esos mismos Tiahuanaquenses; y que ese cerro contiene 
casi todo el material de que se han servido éstos para sus construcciones 
ciclópeas. Pespués d9 ocuparse el señor Posuauskjr de la procedencia de eaai 

4! 



322 ORIGEN Y CIVILIZACIONES 

á ciento cuarenta varas de largo, con columnas angulareí; 
pórticos monolíticos en proporciones colosales, todo escul- 
pido con figuras humanas de regular ejecución; estatuas de 
basalto é idoloi de piedra, gigantescos, artísticamente talla- 
dos. Tales son las sorprendentes obras que yacen en ruinas 
en Tiahuanaco y que pertenecen á un orden arquitectural 
especial, pues no tienen semejanza con las construcciones y 
esculturas de alguna otra nación. 

Un historiador moderno hace la siguiente descripción de 
las rainas de Tiahuanaco: «Eitas ruinas, situadas á yeiúte 
kilómetros al Sud del lago Titicaca, son de antigüedad des- 
conocida, muy anteriores al período incaico. Son de gran- 
des moles de pórfido, predominando los colosales bloques, to- 
dos simétricamente labrados y artísticamente pulidos. Una 
serie de aposentos con eiculturas uniformes se nota á prime- 
ra vista después de una colina artificial sobre cimientos he- 
chos de grandes rocas cortadas á escuadra, que tiene cin- 
cuenta pies de altura, seiscientos veinte de largo, cuatrocien- 



piedras, describe la manera como se han trasportado desde el volcán Kai- 
jappia hasta Tiahuanaco, opinando que indudablemente, en aquella época, 
se estendía un brazo de agua en todo el trayecto que media entre el lago 
Titicaca y Tiahuanaco; que aún se encuentran en este último lugar el mue- 
lle y desembarcadero, y á cincuenta pasos de éste, las piedras desembarca- 
das que los constructores referidos comenzaron á labrar. Se han traspor- 
tado dichas piedras, según asevera el señor Posnausky, mediante grandes 
balsas de totora construidas con ochronm picatoría (palo de balsa) que se 
encuentra en los Yuogus, necesitándose, para la construcción de ellas, más 
de tres mil kilos de ese palo ó sean setenta troncos de diez metros de largo 
y veinte de espesor. El trayecto de Kaijappia á Tiahuanaco, dice, es de 
cuarentaicinco kilómetros, que se pudo haber recorrido en veinticuatro ho- 
ras. Cuanto á las moles de que hablan u'Orljigny y Squier, Id parece al se- 
ñor Posnausky, que precedían de balsas que naufragaron, hundiéndose con 
8u pesada carga, «Las piedras desparramadas éntrela orilla del lago y 
las minas, no son, en ningún caso, piedras cansadast cual las califica Gar- 
cilaso, porque su peso es comparativamente muy pequeño para que fueran 
^)im^Oü£Lá&s por nc tener como trasportarlas,» 



DE LOS INDÍGENAS DEL Tl&ut 323 

tos de ancho, formando tres terrazas superpuestas concén- 
tricamente. Más adelante de esta cúspide artificial están 
dos grandes ídolos de forma humana con largas vestimentas 
y adornos y órname atos en la cabeza. Uaa serie de largas 
columnatas ofrecen el aspecto de un monumento druídico, y 
resaltando sobre todo este conjunto, se destaca una colosal 
portada hecha en una sola piedra con rigorismo geométrico 
y adornada primorosamente con relieves, comizas, geroglí- 
ficcs, imágenes coronadas y emblemas de irreprochable ele- 
gancia. Bl templo es un rectángulo de cuatrocientos caá- 
rentaicinco pies de largo sobre trescientos ochenta de ancho; 
una columnata adorna uno de sus costados y en su base se 
han encontrado grandes excavaciones. Este edificio parece 
el más antiguo de todos los que forman las ruinas. Entre 
todas estas obras, y esparcidas al acaso, se ven comizas, 
bases de pirámides, pedestales, zócalos, molduras y diverses 
tallados que han quedado inconclusos.)) 

Otro escritor hace también la descripción de los princi- 
pales monumentos megalíticos de Tiahuanaco, diciendo: 

«Akapana ó la fortaleza, es un hermoso mound builier 
de unos cincuenta metros de altura, que consta de terraple- 
nes concéntricos sostenidos por macizos muros de contención; 
fué destinado indudablemente al rito religioso á los muer- 
tos: Akapana tiene un canal escalonado á sos terrazas, pre- 
sumiéndose que ha sido el sitio donde se enterraba á los de 
estirpe real ó principal. Kalosaya ó la sala de justicia, tiene 
BU entrada por medio de una hermosa escalinata; en uno de 
sus ángulos se ostenta la famosa puerta del Sol, llena de fi- 
guras simbólicas, y se cree que fué monumento déla segunda 
civilización de Tiahuanaco. E llamado templo, al norte de 
Akapana, es rectangular y perteneció al Tiahuanaco primi- 
tivo. Tuncapunca, al sudeste, es también una notable cons- 
trucción que denota haber sido un gran tribunal de justicia, 
por los enormes bloques que se semejan á asientos 6 sillones 
de magistrados: constituye cuatro plataformas de gigantes- 



324 ORIGEN Y OITILIZACIONBS 

cas proporciones puestas en línea, conteniendo die« umbrales 
que corresponden á diez puertas que soportarían portadas 
magníficas. El muelle prehistórico ocupa la parte norte de 
la región de lai ruinas: es la construcción que prueba que 
las riberas del lago Titicaca vinieron á contornear todo el 
frente de la grande metrópoli, sirviendo para el desembarque 
de las canoas, balsas, que eran el medio de navegación la- 
custre. Aparte de estos principales monumentos, existen va- 
rios grupos aislados y dispersos de bloques, monolitos y 
otros fragmentos correspondientes á períodos diversos de la 
civilización de Tiahuanaco, esa mansión del misterio, pas- 
moso testimonio de la primera civilización, donde yacen ol- 
vidados los esplendores de una actividad intelectual que no 
ha sido imitada por las naciones que siguieron á la vida, en 
las edades que se sucedieron.» 

Y se preguntará: ¿Quiénes fueron los iDgeniosos y atre- 
vidos artífices que llevaron á cabo la construcción de eses 
obras titánicas sin iguales? No hay duda que serían hom- 
bres dotados de una fuerza hercúlea y de una inteligencia 
superior, cuyo grado de civilización se encontraba á una 
altura muy elevada. Algunos autores creen que no sería 
aventurado el suponer que esos hombres fueron los mismos 
Caldeos cuyo idioma Súmero, según el Dr. Hyde Clarke y el 
Dr. Pablo Patrón, guarda tanta analogía con el Aymará y 
el Quechua, 6 talvez, los mismos hombres de raza blanca 
que, se cree, sean los fundadores de los antiguos imperios 
mexicanos; porque, si debemos dar crédito al historiador 
Cieza de León, en el Perú ha habido también, en época leja 
na, una rasa de hombres blancos, como lo asevera este his- 
toriador en el cap. I de la parte II. de su Crónica del Perú, 
donde dice: «Eila isla de Titicaca, en los siglos pasados, 
hubounas gentes barbadas, blancas como nosotros, y que sa- 
liendo del valle de Coquimbo un capitán que había por nom- 
bre Cara, llegó donde ahora es Chucuito, de donde, después 
de haber hecho algunas nuevas poblaciones, pasó con su 



DB LOS INDÍGENAS DEL PERÚ 323 

gente á la isla, y dio tal guerra á esta gente, qne digo qne 
los mató á todos.» 

Pero, veamos lo que á este respecto opinan varios an- 
tiguos historiadores, tocante á los artífices que construye- 
ron estos colosales y magestuosos monumentos. 

Según lo refieren Gomara, Gieía de Lcóú, Garcilaso, 
Acosta, Torquemada, Herrera, y, posteriormente, el presbí- 
tero Yelasco, en sus respectivas hiitorias, la construcción 
de esos grandiosos monumentos fué debida á una inmigra- 
ción de hombres gigantes (1) cuya estatura no bajaba de 
ocho varal (2). En apoyo de sus aserciones, citan el he- 
cho de haberse encontrado, después de la conquista etpa- 
ñola, sepulcros huecos, hechos de piedra, conteniendo esque- 
letos enteros que tenían esa misma dimensión (3); rata de 
gigantes que, según presumen aquellos mismos historiadores, 
fueron los artífices que labraron esos ciclópeos monumentos 
cuyof vestigios se encuentran, aún, en Tiahuanaco, Manta, 
Punta de Santa Elena é Islai de Pascuas (4:), y cuyai medi- 
das y proporciones, especialmente de las puertas, manifies- 
tan, de un modo evidente, que esas obras no fueron hechas 
con las fuerzas de hombres de estatura natural, sino con las 
de aquellos hombres de talle extraordinaria, para cuyo uso 
y servicio eran únicamente proporcionados estos monumen- 
tos (5). 



(1) La existencia de estos gigantes, en tiempos remotos, es también tes- 
tificada por las tradiciones indígenas. 

(2) Estos gigantes eran de talla tan extraordinaria, que, según Cieza de 
León en la primera parte de su «Crónica del Pera», cap. III, «los indianos de 
talle común les llegaban á las rodillas.» — El P. Acosta en su «Historia Na- 
tural», cap. XIX, dice: «aquellos gigantes eran tres tantos má3'ores que los 
indianos de ahora.» — Gomara en su «Historia general de América», cap. 
GXGIV dice también: «que las estatuas de piedra hechas por ellos, halladas 
por Francisco Pizarró en Puerto-Vieju, tenían la medida de algo más de 
ocho varas, que es laque corresponde á todos los esqueletos hallados en los 



326 ORIGEN Y CIVILIZACIONES 

Además, Montesinos en sus Memorias avtiguas histo* 
ríales y políticas del Perú, Asevera también qae durante el 
reinado del emperador pirhna Ayar-Taco (1588 á 1563 antes 
de la Era Cristiana, 6 sea, en el lapso de veinticinco años), 
invadieron el Perú multitud de gigantes, que poblaron prin- 



sepulcros de la provincia de Guayaquil, "y los esqueletos que se hallaron 
más tarde en las cercanías de Trujillo, correspondían al mismo tamaño, 
siendo cada diente tres dedos de grueso y cuatro de largo.» 

(3) El presbítero Velasco, en su «Historia del Reino de Quito», lib IV, 
párraf. VI, pág. 159, refiere el hecho, que él mismo presenció, del desentie- 
rro de un esqueleto gigante, en Ríobamba, aseverando que «al fabricar una 
casa, en 1735, los albañiles encontraron un grandísimo sepulcro de muy re- 
mota antigüedad, tardando todt^s los trabajadores algunos días en ir sa- 
cando las osamentas, que se reputó de más de 4000 cuerpos de los gentiles 
indianos que debieron morir en alguna guerra de las que mantenía siempre 
la nación de los Pirhuayós con las de las costas del mar. Entre aquellos 
esqueletos se descubrió uno todo entero, cuyas canillas tenían dos varas 
cumplidas y cuyo cuerpo todo fué reputado en más de treintidos palmos ó 
mas de ocho varas.» 

Últimamente, haciendo unas excavaciones para descubrir una antigua 
ciudad azteca, en México, se han encontrado en el distrito de Tlaplum, el 
esqueleto de un gigante prehistórico, al que los sabios mexicanos le asignan 
doce pies de alto. Se cree que el esqueleto de este gigante corresponde al le- 
gendario Quetzacoallto, uno de los progenitores de la raza Azteca; pero es- 
ta creencia no pasa de ser una hipótesis ó mera suposición, algo aventura- 
da, porque ningún dato histórico la comprueba. 

(4) El célebre navegante Cóok, que ha visitado la Isla de Pascuas ó 
Vai-IIu, también llamada Rapanui ó de Davis, que se halla á 27° grados de 
latitud meridional, y 112° de longitud Este, distante como cien leguas de 
las costas del Perú, dice: 

«Esta isla tiene apenas cuatro leguas de largo y tenía en otro tiempo 
una población de tres mil habitantes, encontrándose en ella huellas de una 
civilización prehistórica casi grandiosa. Hay en ella, agrega, innumerables 
estatuas gigantescas de piedra perfectamente labrada, de veintisiete pies de 
altura, colocadas sobre sus respectivos pedestales, é idénticas á las que s6 
hallaron en Manta, en el Ecuador, suponiéndose que ftieron obras de los 
gigantes que vivieron allí, y que han dejado otros monumentos y estatuas 



DE LOS INDÍGENAS DEL PERÚ 327 

cipalmente la costa desde Puerto Viejo hasta Chincha, y se 
extendieron hasta el interior del país. 

Garcileso refiere que Cieza de León le dijo haber oído en 
la provincia donde habían llegado los gigantes, cqne éstos 
desembarcaron en la Pnnta de Santa Elena, cerca de la vi- 
lla de Puerto Viejo, y que por las tradiciones de padres á 
hijos se sabía que habían venido por mar, en balsas de junco 
hechas como unos barcos, y eran tan altos que de la rodilla 
para abajo parecían hombres de talla regular; que tenían 
barba; que llevaban pelo que les colgaba sobre los hombros; 
que algunos iban desnudos y otros cubiertos con pieles de 
beatitíS salvajes; y que no trajeron mugeres con ellos.» 

Acosta dice que él mismo midió esqueletos de gigantes 
cuya t^lla era más de tres tantos mayores que los indios. 

Gomara infiere que el conquistador Francisco Pizarro, 
al llegar á Puerto Viejo, halló allí estatuas de piedra hechas 
por los gigantes á semejanza de sus personas, demás de 
ocho varas de altura. 

M. Pagador, en su Historia de América^ impresa en Li- 
ma en 1872, también dice: «Que se han hallado cadáveres de 
gigantes en diversas paites, desde la conquista hasta los 
tiempos contemporáneos, no con cráneos y huesos trunca- 
dos que puedan producir duda y atribuitse á otros animales, 
sino los esqueletos enteros, sin faltarles parte alguaa, no 
sepultados bajo la tierra, sino en sepulcros hechos á propó- 
sito para este fin.» 



aón más sorpfendentes y soberbias que se encuentran en Tiahuaníico, que 
indudablemente fueron también obras de esos mismos gigantes.» Dicha isla 
fué descubi|rta por el célebre navegante inglés Juan Davis, en 1686, recono- 
eido por el almirante holandés Roggewein el día de Pascuas, en 1722, y vi- 
sitada por Cook en 1774 y por La Perouse en 1785. 

(5) Parece que también en las provincias de Córdova y Rioja han ha- 
bido gigantes, pues en esos lugares se han encontrado algunos huesos y crá« 
&«08 de proporciones extraordinarias. 



328 ORIGEN Y CIVILIZACIONES 

Toranxos, escabando una huaca de los indios, encontró 
una calavera y tina canilla enormes que correspondían á un 
hombre de estatura gigantesca. 

Y este juicio de los historiadores y escritores citados, 
parece que fuera algo fundado, máxime cuando la mages- 
tuosa grandeza de esos monumentos antiquísimas, que han 
resistido á los embates de tantos siglos y cuyos restos amon- 
tonados en ruinas asombran el espíritu de los hombres de la 
actual generación, hacen suponer que fueron obras de una 
raza titánica, de poderosa fuerza muscular, y cuyo desarro- 
llo ñoreciente marca una etapa de sobresaliente actividad 
humana y de primitiva civilización tan adelantada que ha 
dejado una luminosa huella de su actuación y su saber. 

La época en que esos gigantes aparecieron en América es 
aún obscura é incierta, pues algunos los suponen de remota 
antigüedad, anteriores al Diluvio universal; y otros, al con- 
trario, los creen casi coetáneos de los Incas, por haberse en- 
contrado todos sus cadáveres sólidos y consistentes. 

El presbítero Velasco,en su Historia del Reino de Quito, 
opina que «esos gigantes fueron muy posteriores á todas las 
demás naciones americanas, no pudiendo exceder su anti- 
güedad los principios de la Bra Cristiana. Gaanto á la pro- 
cedencia de (SOS gigantes, también es incierta: lo único que 
se infiere, es que arribaron á las playas del Pacíñco en gran- 
des embarcaciones de junco, sin traer consigo ninguna mujer 
de su raza, por cuya causa se colije que su estadía en estas 
comarcas fué de corta duración, extinguiéndose esa raza al 
cabo de algunos años, porque, según aseveran los historiado- 
res Cieza de León en el cap. III de su Crónica del Perú, y el P. 
Acotta en el cap XIX de sn Historia Natural y Moral: «Pa- 
sados algunos añcs, no pudiendo tener otro desfogo de la 
naturaleza, s: entregaron al vicio nefando mutuamente, en 
público y sin rubor alguno; finalmente, estando una vez 
machos de cIIob en ese enorme pecadp, bajó fuego del cielo y 



DE LOS INDÍGENAS DEL PERÚ 329 

faeron consumidos por ese elemento en castigo de aui horri- 
bles pecados.» 

Condensando las opiniones de los diversos autore% cita- 
dos, el hecho positivo é incontestable es, que hay ratones 
para creer qne han existido en el Perú rasas civilizadas antes 
de la época de los Incas; pero, cuáles eran esas razas j de 
dónde provinieron, son cuestiones que solo los anticuarios 
pueden solucionar con sus investigaciones, tanto mas cuanto 
que existe tal conflicto de contradicciones sobre este parti- 
cular, que el criterio se pierde y se convierte en conjeturas. 
Lo único definitivo, y ello, ateniéndonos al resultado de las 
investigaciones antropológicas y paleontológicas, es que la 
raza genuinamente tiahuanacotaha sido dolicocéfala, opues- 
ta esencialmente á los Aymarás braquiocéfalos- 

VII 
Continúa la materia antecedente 

Pero, dejando á un lado lo que á esos gigantes se refiere, 
sigamos inquiriendo lo relativo á los constructores de los 
monumentos ciclópeos de Tiahuanaco, cuyo origen es aún 
problema no resuelto del todo. 

El P. Anello Olivó, jesuita, eti su Historia del Perú, pág* 
38, trae á colación una tradición de los Collas de la altipla- 
nicie del Titicaca, tocante á Tiahuanaco, según la cual este 
sitio sería el más antiguo en su fundación en la Tierra, y 
tanto por su nombre original «Chucara», (1) ignorándose su 
primitiva historia, menos el que allí moraba el gran jefe 
Huyustus, que era el señor del Mundo, jefe de una rata de 
hombres blancc s y barbudos, que al fin fueron exterminados 
por los indígenas. 



(1) Betanzos en su o Suma y iiarracióo de los Incas Gapacunas,» le dá el 
ftoinbre de Taipikala, y Posnauslji el de Huiouymarca, Pero sea el nombre 

41 



330 ORIGEN Y CIVILIZACIONES 

Bl labio enciclopédico Antonio de León Pinelo, en bu 
Paraíso en el Nuevo Mundo (Madrid, 1^58), afirma, á CBte 
respecto, lo siguiente: «De lo de Tiahuanaco dijeron los más 
antiguos á los primeros Españoles, que no sabían de sus 
autores y que eran obras que excedían la memoria de sus 
pasados; y para significarlo á su modo, añadían haberse le- 
vantado antes que hubiese Sol en el Cielo, que es la frase con 
que dan á entender que totalmente ignoran el principio.» 

Otro autor, Felipe Pomanes, en su manuscrito inédito del 
siglo xvn titulado Los notables del Perú, dice, refiriéndose 
al mismo asunto: «No hay memoria en el Perú, quienes ha- 
yan sido los autores de esta obra, ni yo pude jamás hallar 
noticia de ellos, aunque lo pregunté en muchas partes; y 
más me hizo creer que todo esto hubiese sido reliquia anti- 
gua de alguna cosa memorable.» 

A lo alegado por estos dos últimos autores, el sabio y 
erudito José Ensebio de Llano Zapata objeta diciendo: 
"Aunque Pinelo y Pomanes afirman que los indios ignora- 
ban los autores de estas construcciones, no se prueba la falta 
de noticias de éstos, para atribuir á otras naciones imagi- 
narias el origen de estas fábricas, fuera de que cuando el pri- 
mero hizo BUS investigaciones ya había pasado más demedio 
• iglo de la conquista y habían perecido los quipocamaycs, 



Qtie fuere, esa divergencia de interpretaciones nó tiene importancia alguna, 
siendo estéril entrar en discusión á este respecto, porque nadie 8ab« cuál 
fué el idioma de los constructores de estas ruinas; de consiguiente, el primi- 
tivu y verdadero nombre que tuvo la ciudad prehistórica ha quedado para 
■iempre perdido. 

Empero, no queda duda que el nombre de Titihuahuanaco, (que se su- 
pone de origen aymará) , como lo pronuncian los indios Aymarás, significa 
«los hijos del jaguar.» 

Además, com© lo ha dicho el señor Belisario Díaz Romero (en el diario 
«La Nación» de Lima del 17 de diciembre de 1913) es probable que la pala- 
bra Tiahuanaco tenga su origen del idioma anti ó andino, que es anterior 
^1 Ajmará, como también la raz» Anti lo es de la A^sa^rá. 



DB LOS INDÍGENAS DEL PERÚ 381 

que eran los que guardaban en los quipos las historias drl 
Imperio. Y cuando escribió el segundo, había corrido mái 
de siglo y medio, en que precisamente había de ier mayor la 
confusión de las antigüedades en aquellos reino■^ Esto su- 
puesto, no hallo motivo para asentir á la vana presunción 
de los autores citados, y negar á los indios la conitrucción 
de las fábricas que poseían en sus mismas tierras y domi- 
nios, no habiéndose hasta ahora encontrado noticia que fa- 
Yoresca lo contrario, sino unas conjeturas de ratón que más 
oscurecen la Historia que ilustran los hechos." 

Bl Dr. Pablo Patrón opina en igual sentido, pues en el 
Congreso de Americanistas tenido en Stuttgart en el mes de 
agosto de 1904, sustentó el hecho de que **no ha habido en 
el Perú, en los tiempos primitivos, ninguna rata especial di- 
yersa de las actuales y constructora de obras ciclópeas; que 
todas las existentes en el Perú, han sido hechas por los 
mismos Aimaraes y Keshuas, en la época de su mayor cul- 
tura: las mAs notables de todas, las de Tiahuanako, así lo 
comprueban." Opina el Dr. Patrón, que "las rumas que hoy 
contemplamos son las del templo levantado por los Aima- 
raes en honor de Huirakocha, en recuerdo de la creación del 
Mundo hecha por él, según sus creencias cosmogónicas, en el. 
lago Titikaka;" y agrega que *^no es necesario recurrir á 
argumentos indirectos para demostrarlo." Sfgán su pare- 
cer, "en la portada monolítica de Akapana, aparece en me. 
dio Huirakocha con un pez de cara humana esculpido en su 
busto, por ser este supremo dics de los andinos el abismo 
de las aguas, como lo era Ea entre los Caldeos. Por último, 
repetidas veces está esculpido el nombre de Huirakocha en 
la misma portada, según el s'stema iconofónico de la escri- 
tura general de América" (1). 



(1) tBoletín de la Sociedad Geográfica de Ilimai, to«i. XV, págs. 280 j 
281, correspondiente al 30 de setiembre de 1904. 



3?2 ORIGEN Y CIVIU2ACI0NES 

No noB compite ni nos hallamos capacitado para jnzgar 
las opiniones contradictoriai que al respecto formulan los 
escritores á quienes hemos aludido, siendo ésta una cueitión 
que, quizá con el tiempo, pueda ser dilucidada por los an- 
tropólogos. Empero, expondremos una breve indicación al 
respecto. Es de suponer que los sabios Llano Zapata y Dr. 
Patrón están en un error al aseverar que ningana rata es- 
pecial fué la constructora de los colosales monumentos de 
Tiahuanaco. 

No solamente los sabios Llano Zapata y Dr. Patrón, 
Bino, con ellos, algunos otros autores, han supuesto que los 
Aymarás fueron los constructores de la misteriosa ciudad 
de Tiahuanaco; pero creemos que es también un lamentable 
error atribuirles tal preeminencia. Al contrario, celosos los 
Aymarás, de que antes hubiera habido una rasa superior á 
la suya, de presumir es, que ellos mismos fueran los destruc- 
tores de aquella ciudad, por el antagonismo de raías que 
existía, pues la dolicocéfala (primitiva), era opuesta esen- 
cialmente á la raca braquicéfala (aymará, posterior) del al- 
tiplano de los Andes. (1) ¿De qué medios se valdrían los Ay- 
marás para conseguir la destrucción de esa portentosa ciu- 
dad? Es lo que vamos á tratar de dilucidar. 

Se opina que Tiahuanaco estaba situado entonces en las 
riberas del lago Titicaca, elevado en esa misma época á 
34 m. 75 c. sobre su nivel actual. Las aguas de este lago 
acotarían los muros de los diques y calladas de esa ciudad. 
A superior nivel que el lago Titicaca se hallaban las lagu- 



(1) En los cráneos doHcocéfalos, la cabeza presenta desde arriba la for- 
ma oval, truncado por delante, longitud aumentada posteriormente por 
ana protuberancia occipital saliente; su mayor anchura se encuentra algo 
delante de las fosas parietales que se hallan en la base del cráneo. En los 
cráneos braquicéfalos, la cabeza, en vez de^ ser redonda, parece cuadrada, 
con los ángulos redondeados y la extremidad anterior más pequeña que la 
posterior. 



DE LOS INDÍGENAS DEL PER16 333 

ñas de Arapa y Silastani, Azácgaro ( Puno) , Lagunillas (Lam- 
pa) y los torrentes Itapayuni (Puno), cuyas hoyadas y re- 
lieves de la Cordillera se habían rellenado en el último perío- 
do glacial del hemisferio austral. Se presume que los Ayma- 
rás, previendo que en un tiempo no lejano podía desbordar 
de sui causes esas grandes masas de agua, desviaron el na- 
tural curso de éatas en dirección de la región Tiahuanacota, 
siendo natural que esa inmenaa avalancha inundara y re- 
volviera la mayor parte de los edificios En efecto, parece 
que esta catástrofe sucedió así, quedando la ciudad sepul- 
tada entre el aluvión; Cuando se retiraron las aguas al gran 
depósito de Titicaca, Tiahuatiaco quedó medio cubierto de 
pantanos, y, por fio, convertida en una llanura estéril, os- 
tentando, de su pasada grandeva, sólo les restos de sus ad- 
mirables monumentos que han podido resistir á los embates 
de tan enorme inundaciófi, y son los que aún quedan en pié. 
Otra prueba convincente de que los Aymarás no fueron 
los constructores de Tlahuanaco, es, que posteriormente eíe 
han sacado de allí objetos de una alfarería que ño se aseme- 
ja absolutamente á la de ellos. 

Entonces cabe preguntar: ¿Cuál fué la ra«a primitiva ge- 
nuinamente Tíanahuanacota? ¿Es pregunta difícil de absol- 
Tcr de un modo exacto y afirmativo. Unos autores suponen 
que fueron los primitivos Quechuas que formaron un imperio 
teocrático en la altiplanicie del Titicaca; otros, dicen que 
fueron los Antis, pueblo asiático que invadió la América 
Meridional antes del Diluvio universal; otros, afirman que 
fneronlos Caldeos, antiguo pueblo de la Mesopotamia; otros, 
alegan que fueron los Uros, nación poderosa en otro tiempo 
y cuyos pocos descendientes constituyen hoy una rasa de- 
jenerada á tal extremo, que, apesar de los adelantos del siglo 
actual, permanecen aún en el estado más brutal y salvajeí 
por consiguiente, siendo inadmisible que esos Uros estuvieron 
ahora 10.000 años (según el ingeniero Posnausky) en un 
grado de civilisación tal que les permitiera formar una cic|- 



334 ORIGEN Y CnriLIZACIONES 

dad de la magnitnd é importancia de Tíahaanaco; y otroi, 
en fin, presamen qne fueron los mismos Aymarás ó Collas, 
los fundadores de esa portentosa ciudad. 

Pero, sean los unos ó los otros los famosos constructo- 
res de las gigantescas obras de Tiahuanaco, es un hecho 
irrefutable que fueron hombres de una raea superior, de 
fuerias hercúleas, y que tuvieron á su disposición recursos 
de grandes poderes mecánicos para haber trasportado, de 
canteres 'que distan hssta de 64 á 65 kilómetros, bloques 
enormes de piedra de granito, cuya medida era, para unos, 
de 7 m. 44 de largo por 4 m. 66 de ancho, y para otros, 
aún de 12 m. de largo por 2 m. 50 de ancho, y cuyo peso, 
algunos de ellos, ha sido calculado en 200 toneladas. Lo 
que no puede concebirse es, de que medios se valieron aque- 
llos antiguos constructores para elevar á tan grandes altu- 
ras aquellas pesadas moles de granito; medios que hoy mis- 
mo, apesar de las poderosas maquinarias que se posean, los 
aparatos moderaos serían insuficientes para elevarlas á 
alturas en que se encuentran las que se ven colocadas en 
los gigaritcBcoB monumentos de Tiahuanaco. 

Ajuicio nuestro, esas ruinas son restos de una florecien- 
te ciudad edificada por hombres de fueria hercúlea, que se 
establecierotí en el Perú en tiempos protohistóricos. Esos 
hombres han podido ser de dos rasas distintas: ó de la de 
la Nueva Zelandia, del archipiélago de la Polinesia, según 
algunos historiadores, ó de la de los Caldeos, antiguo pueblo 
de la embocadura del Tigris y del Eufrates. 

Nuestra humilde opinión puede basarse en que, la rasa 
de los primeros fueron los que vinieron á las playas del Pe- 
rú por la ruta de la Polinesia, en el Océano Pacífico del Sur, 
y que al penetrar al interior del país, pudieron edificar la 
ciudad de Tiahuanaco, que guarda tanta semejania, ea la 
dimensión de sus monumentos ciclópeos, con los que existen 
en la Isla de Pascuas. Cuanto á los de la rasa de los segun- 
dos, bien sabido es la influencia que su adelantada ciiilisa- 



DÉ LOS INDÍGENAS DEL PERtJ 336 

don tuvo entre los habitantes de la altiplanicie de loi Andes 
pernanoB, legándoles no solamente sus costambres y su filo- 
logía, sino también su arte arquitectónico, pues se aiegnra 
qne los monumentos de Tiahnanaco guardan cierta analo- 
gía con los de la Caldea Babilónica. El hecho e?, que en me- 
dio de todo, no es posible precisar con exactitud quienes 
fueron los edificadores de esos grandiosos monumentos, los 
más notables del Mundo, por las piedras colosales emples- 
das en su construcci5n; pero lo cierto es, también, que esos 
famosos monumentos son hechura de una rasa especial, 7 si 
se quiere, hasta extraordinaria. 

Los antropólogos niegan, en lo absoluto, la existencia 
en el Perú de una raza de gigantes constructora de porten- 
tosas monumentos monolíticos; pero el hecho es, que todos 
los antigües historiadores están acordes en un punto: que 
en el Pv^rú hubo, en tiempos remotísimos, una civilización 
bastante avanzada, que desapareció totalmente, al extremo 
de que, cuando aparecieron Manco-Ccapacc y Mama Odia 
en la cumbre del Huanancauri á regenerar la sociedad, el 
país estaba habitado por tribus algo civilizadas, algunas, 
y salvajes las más, que no sabían siquiera explicar el origen 
de las importantes ruinas de Tiahuanaco. Sin embargo, no 
solamente es presumible, sino hecho que no tieóe lugar á du- 
da, que los hombres de esa civilización antiquísima debieron 
poseer algún medio mecánico de grandísimo poder, no tan- 
to para arrastrar á largas distancias las pesadísimas moles 
de piedra de granito de esos soberbies edificios ciclópeos, si- 
no, sobre todo, para colocarlas en los elevados sitios en qne 
se hallan. Es posible que los hombres extraordinarios de 
esa civilización antiquísima se remonten á la época anti- 
diluviana, ó,á lo menos, á los principios de lapost-diluviana. 

Réstanos, para terminar este punto, manifestar la opi- 
nión de un viajero alemán, que, últimamente, ha hecho ex« 
ploracioces científicas en Tiahuanaco, el que supone que este 
logar, en la época de su mayor apogeo, fué una gran ciudad 



SSé ORIGEN Y CIYILIZACIONÉá 

de mal de anmillóú de habitante!, caya extensión abrasaba 
nn perimetro de ocho ó nneve millas, fandándose en ese 
cálculo, por haber encontrado en toda esa extensión gran- 
des capas de cenisa. 

VIII 
Continúa la materia antecedente 

Indudable es, que en el extenso territorio del Perú hay 
un vastísimo campo de investigaciones para los arqueólo- 
gos, los naturalistas, los anatómicos y aún los filólogos, cu- 
yos estudios podrian arrojar importantes revelaciones. Los 
hombres cientifícos peruanos deberían interesarse, algo más, 
por las muchas y grandes curiosidades que ofrecen las tan- 
tas ruinas de monumentos antiquísimos diseminadas en todo 
el territorio, porque, estudiadas debidamente esas ruinas, 
se üegaiía á obtener importantes conocimientos, relativos á 
las misteriosas condiciones que rodeaban á los hombres y 
pueblos de esas épocas lejanísimas. Ea vista de la casi de- 
sentendencia délos sabios peruanos modernos, á este respec- 
te, un escritor contemporáneo exclamó: «¿Es posible que la 
ciencia peruana no se preocupe de estudiar estos anticuarios 
restos, en sus propios yacimientos, para que sean sometidos 
al análisis de la ciencia prehistórica?» 

Eaas investigaciones, que deberían ser practicadas, pre- 
ferentemente, por peruanos, son más bien llevadas á cabo, 
generalmente, por extrangeros, que se interesan más por les 
estudios arqueológicos, que los mismos hijos del país, quie^ 
nes permiten que los forasteros les arrebaten los triunfos que 
ellos podrían obtener don esos descubrimientos. Sin remon- 
tarse á época distante, últimamente el sabio arqueólogo 
norteamericano Mr. Hiram Bíngham, director de la expedi- 
ción científica enviada al Pexú, en 1911, por la Utíiveraidad 



BE LOS INDÍGENAS DEL PERÚ 337 

* •' ' 

de Yale y repetida en 1912 (cuya segunda expedición fué 
costeada por la misma Universidad y la Sociedad Geográfí- 
ca'.de Washington), ha hecho interesantes descubrimientos en 
los casi desconocidos distritos montañosos de Vilcabamba, 
situados al noreste del Cuzco. En el valle de Urubamba esa 
expedición ha descubierto numerosas ruinas importantísi* 
mas de ciudades y fortalezas preincaicas, de las que anterio- 
res expediciones no habían tenido noticia, por existir sola- 
mente muy vagos y escasos informes sobre la existencia de 
monumentos históricos en las regiones apartadas en que se 
encuentran. 

Mr. Bingham ha dado últimamente una conferencia cien- 
tífica, de alto interés, en la Sociedad Geográfica de Was- 
hington, ocupándose en dicha actuación, de los estudios que 
en su expedición practicara en las ruinas de esos monumen- 
tos, que datan de épocas sumamente lejanas. Bn dicha con- 
ferencia explanó, extensamente, la importancia de las si- 
guientes ruinas: 

Macchu-Picchu, que es una ciudad situada en la cima 
de un cerro casi inexpugnable, de dos mil pies de altura, 
5obre el río Urubamba, y que está completamente ocultada 
por la exhuberante y asombrosa vegetación que cubre los 
precipicios profundos que la circundan; por estas dificultades 
los Españoles jamás habrían podido encontrarla, á menos 
de ser guiados al lugar; Esa ciudad está llena de monumen- 
tos de alto valor histórico, muy superiores á los existentes 
en otros lugares del Perú. Su situación sobre peligrosos abis- 
mos, se debe que los antiguos y modernos exploradores no 
la hubieran encontrado, porque la falta de caminos los obli- 
gaba á evitar en su travesía, rodeándola, esta parte del 
Urubamba. MacchuPicchu, según opina Mr. Bingham, fué 
fundada, probablemente, por la raza megalítica: sus ruinas 
son de gran belleza y magnificencia, con fortaleza, palacios, 
baños, temples y trescientas casas, todo construido con blo« 
ques de granito blanco hasta de doce pies de largo: el templo 

49 



338 ORIGEN Y CnriLIZACIONES 

de Yaracraim contiene nn monolito tallado de ciento ochen- 
ta pies de cirennferencia. , 

La ciadad de Yitccs, fué la capital donde se encneritra 
el palacio que el último Inca Manco II ocupó después de ha- 
ber sido derrotado por el ejército de Francisco Pizarro. 

Tipíón, que es otro pueblo situado en la eminencia de un 
cerro, don Je hay muchas ruinas preincaicas, llamando la 
atención su gran fortaleza, más inexpugnable que las de 
Ollantay tambo y Sacsahubman; está rodeada de un alto 
muro de más de tres kilómetros de largo. 

Existen, además, en aquellos solitarios parajes de Yilca- 
bamba y Urubamba, otr&s ruinas de ciudades y pueblos 
que, se supone, deben también ser de época preiiícáica, como 
Ñustac-Hesppanan, donde se encontraba el santuario llama- 
do Yurah-Rumi, lugar sagrado en qae se hacían los sacri- 
ficios; Pucjura^ donde existen los restos de una fundición de 
metales en grande escala; Uncapampa, donde subsisten las 
ruinas de una gran muralla, de una sola casa, que mide 1,665 
pies de largo por 33 de ancho; Rosaspata, con ruinas de un 
soberbio palacio de 24:5 pies de largo y 43 de ancho, con 
quince puertas en su frente y otres quince en su espalda, to- 
do de granito blanco; Chuquepalpa, que cstenta aún las rui- 
nas de una casa del Sol, que en su tiempo ha debido ser de 
suma magaifícencia; siendo también notables las ruinas de 
Rumicolca, Piquillacta, Cboquepujio, Piteos, Paltay tambo, 
Llactapata y otras. 

Todas estas ruinas, abandonadas, manifiestan, tácita* 
mente, ser huellas de una civilización remotísima, que indu- 
dablemente perteneció á una raza anterior en mucho á la 
de los Incas; ruinas que deben excitar el celo patriótico de las 
autoridades para inducirlas á tomar todas las medidas que 
sean conducentes á su conservación, y que sugieren la nece- 
sidad de una comitión científica de peruanos para estudiar- 
las detenidamente, ya que la casualidad las ha deparado al 
Perú modernct Desgraciadamente para el Perú| laa autori* 



DE LOS INDÍGENAS DEL PERÚ 339 

dades may poco se han preocnpado de la conservación de 
sns reliqnias antiqnf simas, porque la malhadada política ab- 
sorbió siempre la atención. 

Ya que tocamos este punto, debemos decir algo sobre 
las ruinai de Choqquequirau, también ciudad prehistórica. 
Aunque descubierta ésta hace ya como cuarenticinco año», 
las autoridades de los últimoi tiempos no han dado paso 
alguno, tendiente á su conservación ñi al estudio de los mu- 
cho8 monumentos de inestimable valor arqueológico que 
encierra. 

Choqquequirau (que significa cuna de oro), es una ciudad 
mis extensa que la del Cueco, situada á poca distancia de 
la boca déla gran peniniuU formada por los ríos Apurimee, 
Ene y Tambo, y es limitada, por un lado, con la cadena de 
la Cordillera de los Andes, y por otro, por el caudaloso río 
Apurlmac: es construida toda de piedra labrada, con sun- 
tuosos palacios que tienen salones de más de cuarenta me- 
tros de largo por die« ó doce de ancho; además, posee her- 
mosas construcciones, baños admirables y templos magní- 
ficcs. Se cree que esa ciudad era una morada de recreo de ¡os 
lacas, y fué, según se asevera, el último baluarte de los po- 
cos miembros de la familia imperial, que escaparon á la per- 
secución de los Españoles, después de la sublevación de Man- 
co II, y que allí enterraron la cuna de oro en que se meció 
Huaynahuantinsuyo (1). 



(1) Desde el siglo xv ha permanecido esa ciudad completamente ocul- 
ta, por hallarse cubierta de bosques; en ella no ha posado la planta del 
conquistador, y, por consiguiente, n » fué objeto de profanación, destruc- 
ción y especulación de la codicia de los aventureros del tiempo de la con- 
quista, ni aún de los especuladores de la larga época del coloniaje. Empero, 
la existencia de Choqquequirau fué conocida desde algún tiempo á la fecha, 
pues es notorio que por los años 1870 á 1874, el señor José Benigno Sama- 
nez, al frente de un» expedición, se propuso llegar á ese sitio; pero su propo- 
sito],le salió frustrado, porque entonces no pudo abordar áél por las dificul- 
tades de los cuminOB inaccesibles. Poiteriormente, el doctor don Jnlio Gé- 



340 ORIGEN Y CIVILIZACIONES 



IX 



Escritura pictórica é ideográfica de los autig^uos 

peruanos 

De todo lo dicho hasta aquí se desprende que, efectiva- 
mente, en el Perú hubo pueblos civilizados antes de los In- 
cas, como lo manifiestan también los geroglífícos grabados 
qtjé se ven en diferentes lugares de este territorio, principal- 
mente en las ruinas preincaicas. 

En el sitio llamado Corralones, á ocho legaas de Arequi- 
pa, se encuentran grabados hechos á cincel, sobre unas ma- 



sar dePiérolá, prefecto de Apurímac en los años 1897-9*8, concibió también 
la idea de llegar á esas tierras, y, al efecto, hizo abrir un camino y construir 
una ¿iroya sobre el Apurímac (especie de puente de un solo alambre con una 
canasta que puede contener tres personas) , la que facilitaba el tráfico; pero 
los acontecimientos revolucionarios de esa época y su separación de la pre- 
fectura, ahogó la empresa cuando faltaba poco para tocar á su término. 
Últimamente, el señor Jorge Alejandro Bailón, formando al efecto una so- 
ciedad exploradora, fué quien obtuvo el éxito deseado, pues vencidas las 
Innumerables dificultades que se presentaron, se pudo descubrir esta miste- 
riosa ciudad, y se lOgró pisarla, quedando deslumbrádós todos ante la mag- 
neficencia de las construcciones, como, asimismo, por el elegantísimo mo- 
biliario que decoraba sus habitaciones, y con el cual formaban contraste 
los cadáveres hallados en las actitudes que se encuentran generalmenre los 
de la época incaica. El descubrimiento de esta ciudad antiquísima ha des- 
pertado el más vivo interés entre los hombres científicos, por los datos his- 
tóricos que puede suministrar y por los estudios arqueológicos que en ella 
sea dable efectuar. 

Felizmente, el estudio de las antigüedades peruanas van adquiriendo ca- 
da día mayor importancia. Üas muchas ruinas diseminadas en los territo- 
rios del Perú y de BoHvia, son considerados comó verdaderos tesoros de rí. 
queza artística, y quizá, más tarde, eso» do» territorios reservan á lo» ex- 
ploradores aún mayores sorpresas Arqueológicas, que 1»* que se han dei- 
cubI«(to hastai el di». 



DE LOS INDÍGENAS DEL PERt5 341 

saa de granito, representando figuras de hombres y de lla- 
mas, círculos, paralelógramos, cifras semejantes á las letras 
R y O, y aún restos de tm sistema planetario. 

En los espesos bosques que ciñen las márgenes del Mara- 
ñan y del Haallaga, se ven todaría antiguos geroglíficos 
tratados en durísimas rocas. 

En Huamanga, en Haaráz, y junto al pueblo de Huái- 
tara, existen ruinas de fortalezas en cuyas paredes estaban 
esculpidas muches figuras de hombrfs, animales, flores y 
otros dibujos, obra ó todo, de una rasa destruida en otra 
época. 

Eft fin, en Yonán, en Chavín de Huantar, eñ Huari, en 
Calango, en Huarochirí, en Locumba, en Tarapacá, en Pai- 
pai, en la Quebrada Honda, en Callancas, en la Caldera, en 
Chucuito, en la isla de Coatí del lago Titicaca, y otros sitios 
mái del Perú, subsisten aun fragmentos de ruinas en que se 
hallan dibujado» algunos signos pictográficos, mudos pero 
elocuentes t^ stiraonirs de qae en épocas lejanas existieron en 
aquellos lugares pueblos dotados rte una civiHzación no po- 
co adelantada 

Aunque el tiempo ha ido borrando la mayor parte de 
esos geroglíficos, no se les puede despojar del valor que tie- 
nen como signos de una cultura antiquísima muy anterior á 
la de los Incas. Todas estas manifestaciones de signos ideo- 
gráficos se deben considerar como un sistema de escritura 
pictográfica, pues esos mismos signos eran la representación 
de ideas tendientes á ser trasmitidas y recordar el pensa- 
miento de sucesos realizados. Estos signos pictográficos 
que revelan los principios de una escritura ideográfica, ex- 
presan una sucesión de ideas, y los indios dibujaban esos 
signos en las rocas, en las paredes de los monumentos, en 
las cortezas de árboles, en las pieles, armas, conchas, cánta- 
ros y otras vasijas de alfarería, en telas y demás objetos, 
para recordar y perpetuar hechos trascurridos, en esa 
época. 



342 ORIGEN Y CIVILIZACIONES 

Al advenimiento de loi Amantas se perdió la eicritara 
pictórica é ideográfica, conocida hasta fines de la época de 
los Pirhnas, y fné sustituida por los quipus, cuyo nao perdu- 
ró durante todo el período del Imperio Incaico. 

Las antiguas naciones y tribus de indígenas Peruanos 
fueron decayendo, con el trascurso del tiempo, hasta llegar 
á ser conquistados por la raza Quechua. De las primeras, 
eñ la época de su apogeo, hállase aún algunas ruinas que 
testifican su pasado de grandeva: de las últimas, solo quedan 
las huellas del recuerdo confuso de su insignificante domi- 
nación: y las que aún subsisten al través de tantos siglos, en 
el seno de la Montaña del Perú y en el confin austral del 
Continente americano, no ofrecen interés alguno, ni se mani- 
fiestan por su cultura progresiva. 



Rutas diversas por las que han podido venir 
las inmigraciones al Perú 

Resumiendo las opiniones de los varios autores que 
hemos citado en el curso de este trabajo sobre el Perú, cabe, 
en lo posible, que parte de los primeros habitadores del Perú 
(prescindiendo de los autóctonos de la época antediluviana) 
fueran originarios de los Caldeos, como lo pretenden el Dr. 
Hyde-Clarke, el Dr. Pablo Patrón y otros; que otra parte se 
derive de los Chinos y Tártaros, como lo testifican Yater, 
Humboldt y Mac Carthy; y, por último, que algunos des- 
ciendan de los Fenicics, Suecos, Noruegos, Gaulos é Iberos, 
como lo sostienen otros escritores. Pero lo evidente es, que 
todas estas opiniones son más ó menos fundadas, por el ori- 
gen de la población peruana, como el de toda la América, y 
no se halla aún perfectamente dilucidado, siendo pocas las 
pruebas que hoy existen en confirmación de estas mismas 
opiniones, qtte sólo revisten carácter problemático. 



DE LOS INDÍGENAS DEL PERÚ 543 

Pero sea lo que fuere, es un hecho evidente que no tiene 
lugar á duda, que las diversas inmigraciones llegaron á este 
suelo por diversas rutas y en diferentes períodos. Algunas 
debieron venir por tierra, después de haber desembarcado en 
ciertas regiones de América más en contacto con otros Con- 
tinentes, como lo hacen creer las analogías de varias voces 
de las tribus de la Montaña con las del Brasil; de las de los 
antiguos habitantes de los valles del Norte con las del Cha- 
co y la América Central; de las de los indios de la Sierra con 
las délas mesetas del Ecuador y de Nueva Granada. Algunas 
de las otras inmigraciones pudieron venir por mar, lo cual 
se infiere por la semejansa que se nota entre varios isleños 
de la Polinesia y los indios de Tumbes, lea, Arica y otros 
pueblos costeños. 

Sebastián Lorente, en su importante estudio sobre la 
Civilización de los primitivos Peruanos, asienta las siguien-* 
tes conclusiones: cBl Perú no fué poblado de una sola ve« y 
por una sola nación: en diversos tiempos recibió pobladores 
de los Antiguos G Dutinentes, sea por la parte oriental, sea 
del lado del Pacífico: el mayor número decolonieadoreshubo 
de venir por tierra; los que llegaron por mar, ó habían esta- 
do antes en otra región de América, 6 procedieron de la Po- 
linesia; pocos llegaron directamente del Asía » 

Históricamente hablando, es un hecho incontestable y 
que no admite duda afgana, que el Perú ha sido visitado y 
habitado, como el resto de América, desde tiempos remo- 
tísimos: esos primeros habitantes post-diluvianos pertene- 
cían á ratas muy adelantadas y poderosas, indudablemen- 
te superiores á la de los locas, porque los magestuosos res- 
tos de monumentos arquitectónicos que aún subsisten, an- 
teriores al siglo XI, ó sea, á la fundación del Imperio In- 
caico, testifican el grado de cultura en que se encontraban 
esas rasas. En efecto, repetímoslo, á inmediaciones del lago 
Titicaca, y en algunos valles del Norte, se encuentran vestí 
gioi de construcciones ciclópeas erigidas por lai grandes n%* 



344 ORIGEN Y CIYIUZACÍONÉS 

cionei preincaicas, conitrucciones que causan la admiración 
de nuestros contemporáneos, quienes no atinan á determi- 
nar los medios que estos constructores emplearon para tras- 
portar deide lejanas canteras esos inmesos trozos de pórfi- 
do, ni los instrumentos que usaron para tallarlos y pulimen- 
tarlos, coligiéndose que debían tener á su dispcsiciób recur- 
sos de grandes fuerzas mecánicas (1). 



XI 



Clasificación etnográfica de las razas peruanas 

Quédanos por exponer algunas cortas consideraciones. 

Por los estudios que varios frenólogos (entre ellos Mer- 
cator, y después de éJ, Tschudi) han hecho de los rasgos tí 
picos y craneológicos de los antiguos habitantes preincaicos 
del Perú, éstos, según Juan Diego de Tschudi, se dividirían 
en tres razas: 1^ La de los Aymarás, ocupantes de las dila- 
tadas alturas perú-bolivianas, tenían el cráneo ovalado, 
afectando la forma de una bóveda bastante regalar y algo 
alargada, la cara grande, las órbitas cuadranglares y la 
quijada superior sesgada. 2^ La de los Chinchas, que ocu- 
paban el litoral dcs-ie el valle de su nombre hasta el desierto 
de Atacama y desde el Océano hasta las Cordilleras, tenían 
el cráneo de forma piramidal truncada, con la base vuelta 
hacia arriba, la cara pequeña, las órbitas trañsversalmente 
ovaladas, y la q^uijada superior casi perpendicular. 3^ La de 
los Ruancas, ocupantes de la extensión comprendida entre 
las Cordilleras, desde el grado 9 al 14 de latitud austral, 



(1) EstÉis construcciones ciclópeas ran destruyéndose poco á poco, por 
la incuria de las autoridades, quienes no tienen én cuenta que aquellos mo- 
numentos son patrimonio de la Historia peruana, y que la civilización uni- 
Versalt por su sglidaridad en el arte y cu la ciencia, iat reclama. 



1>¿ tos ikdígbnas dei. PitRÓ 346 

teníAn el cráneo cuadrado, alargado de abajo j adelante, 
hada atrás j arriba, la cara muy pronunciada, pero más 
corta que la de los Aymarás, j lai órbitas algo OYala- 
das (1). 



(1) Los etnógrafos opinau que las rasas americanas esparcidas en todo 
ti Nuevo Continente pueden dividirse en secciones diferentes. . 

Así, la parte oriental de este Continente filé poblada por una raza que* 
según Bory de Saint- Yincent, probablemente salió de las vertientes de los 
montes Allegany y de los Apaches de la hoya del río San Lorenzo: las emi" 
graciones de estos pueblos pasarían alas Floridas, y de allí al mediodía* ocu< 
pando las regiones de México, Antillas, Tierra-Firme, Guayanas, y si terri- 
torio de Cumana: esta raza es originaría de los Pieles-Rojas, que se han cx^ 
tinguido por el poder absorbente de los Yaukees. Los indígenas de Yuca* 
tan y de Honduras, los Caribes y los Galibis tienen analogías marcadas con 
esta raza oríental, pues como ella, son de cuerpo bien formado, y ágiles; su 
cabeza prolongada es bien conformada; su cara es ovalada {dolicocéfalk)t 
que son los cráneos cuyo diámetro antero-posteríor es notablemente mayor 
que el transversal; la frente deprimida; los cabellos negros, gruesos y lu- 
cientes; y el color de la piel^cobrizo. 

La raza meridional de una parte sud del Continente AmericanOi como 
la hoya superíor del Orinoco, la hoya del Amazonal, el Brasil, el Paraguay 
y la Araucaniai tienen, según Augusto de Saint-Hilaire, caracterei que re~ 
cuerdaa la raza china: la cabeza redonda {brM^aiocéfalá) » que son los 
cráneos cuyo diámetro antero-posteríór diñere muy poco del transvcrsali 
muy voluminosa, hundida en las espaldas por sef el cuello corto, y pesada 
y aplanada por el vértice; la frente ancha, muy deprimida; los pómulos sa« 
lien tes; los ojos pequeños; la naríz achatada; los labios gruesos; la boca 
grande; los cabellos negros, lisos y rígidos; y la piel de color de cuero curti* 
do. Los indígenas de las costas occidentales eran diferentes á los del resto 
del Continente, no solaments por sus caracteres orgánicos, sino también 
por sus costumbres, y su avanzada civilización, como lo comprueban la* 
nationes de México, del Perú y de los Chibchas, que eran pueblos muy ad<» 
lantados. 

Por consiguiente, según las observaciones_craneoscópicas de los etnó* 
grafos citadoü, éstos demuestran que el tipo originario y común de la Amé* 
rica del Norte fué el dolicocéfalot y en la Améríca del Sud el braquiocéfaloé 
Aunque esos caracteres craneoscopicoi no tienen valor absoluto en lat cía* 

é4 



SM ORIG»K V ClVlLIZACÍONES 

Empero, esta clasificación etnográfica de las treí rsfai 
peruanas, hfcha por los frenólogos citados, ha sido rebatida 
por el Dr. Rodrigue* Dulanto, quien en su tesis publicada 
en los Anales de la Universidad Mayor de San Marcos de 
Lima, tom. XXV, págs. 404 y 405, declara «que si la sepa- 
ración de eBtas tres razas piensa fundarse sobre caracteres 
craneológicos, su existencia es de todo punto problemática;» 
alegando en seguida, tque pueden ser efecto de una defor- 
tnación artificial,» trayendo á colación el hecho de que ilos 
Chiachas csaron la deformación occipital mediante una 
contrapresión frontal casi insensible; que los Aymarás usu- 
ronesa.misma deformación mediante la presión sub-occipital; 
que los Haancas usaron la deformación macrocéfala, ó sea, 
la presión dirigida de adelante á atrás.» Concluye el Dr. Du- 
lanto manifestando «quela^ deformaciones artificiales ex- 
plican perfectamente los caracteres at^ribuí dos á esas preten- 
didas tres razas peruanas » 

XII 
Otras consideraciones 

Cuanto á los idiomas y dialectos de los Peruanos prein- 
caicos, éstos eran numerosos, pues en cada provincia y en 
cada pueblo eran distintos, y los de unas provincias ó pne- 



sificacioiies de las razas, son de una grande importancia en el estudio de és* 
tas, unidos á los demás elementos étnicos que las caracterizan. 

El doctor Retzius hace de los cráneos humanos la siguiente divisióní 

( Puros índice menor que 75 por 100, 

Dilococéfáhs I Subdolicocéfalos. eotre 75 y 77-5 por 100. 

Mesaticéíalos entre 77 y 77-9 por 100. 

" I Subdolicocéfalos, entre 80 y 84-9 por 100. 

' JBraqniocéfalos \ Puros entre 85 y más por 100. 



DE LOS INDÍGENAS DEL PERÚ ^17 

blos qae se comprendían entre sí eran amigos, y los que no 
se entendían eran enemigos, y sostenían continnas guerras 
unos con otros, según lo refiere Garcilaso en la pág. 16 de 
sus Comentarios Reales. Posteriormente, para evitar esa 
confusión de lenguas y dialectos, es que los lacas trataron 
de generalizar el idioma Qaechua. 

La religión que profesaban esos Peruanos preincáincbs 
se reducía á prácticas supersticiosas (1), pues en cada pro- 
vincia, pueblo, barrio y aún encada casa, adoraban konopai 
ó ídolos del lugar, diferentes unos de otros, pareciéndoles 
que el ídolo ageno no podía favorecerles, sino el suyo pro- 
pio, según lo dice el mismo Garcilaso'en el libro I, cap. IX, 
pág. 12 de su obra citad^. Con posterioridad, para comba- 
tir y desterrar el politeitmo y unificar las diversas creencia», 
los Incas establecieron, entre* sus subditos, el culto general 
del Sol, denominado Inti, construyendo, al efecto, en los va- 
lles principales de sus dominios, templos suntuosos dedica- 
dos al culto de ese astro, que se adoraba como divinidad 
tutelar del Imperio. Asi es, si en las edadei preincaicas prQ« 



(1) La religión de los indios peruanos preincaicos consistía en recono- 
cer una triada 6 trinidad de dioses, que eran: 

Con ó Kon. — En los tiempos primitivos del Perú creían los indígenas en 
un dios, al que dieron el nombre de Con ó Kon, que era la personificación 
del Trueno, del Temblor, de las Tempestades, pues se manifiesta por los sa- 
cudimientos de la costra terrestre, á la vez que por las erupciones volcáni. 
cas: por consiguiente era, para esos indígenas, un dios malo, que tan solo 
veneraban para aplacar su ira. 

Pachaccamak. — Los indios de la costa rendían culto á Pachaccamak, 
que en la mitología peruana fué considerado como un dios misterioso que 
animaba y fecundizaba la tierra: el templo de este dios, que era considera- 
do como un Oféculo, estaba situado en el valle de Luríri, cerca de Lima, jel 
culto que se le rendía era algo cruento» pues se le hacía' sacrificios humanos. 

HairakochA. — Para los indios, era el dios del Agua, y autor de todo lo 
creado, como el SóI, la Luna, la« Estrellas, el Orbe todo, los Hombres y de 
más sércft mi^ológ^icos indianos, 



3^ ORIGBN T cnrít!2icroNB8 

fesaban los Pernanoi el politeísmo, bajo el Imperio predo- 
mioó el panteifmo. 

En conclüiiÓD, es reconocido qae las fiadonei de loe 
Qaechai y Aymarái faeron las mái adelantadas de la Amé- 
rica del Stid, las qne descollaron como las primeras por sn 
cultura. La nación de los Nahuas de México, y las de los 
Mayas 7 Quichés de Centro América, figuran en segunda lí- 
nea. La nación de los Muyscas ó Ghibchas, de Colombia, 
también algo cÍTÍlisada, es reputada como la tercera en cul- 
tura. Cuanto á los Caribes, Guaranis, Araucanos, Patago* 
nes, Fueguinos, como asimismo las numerosas tribus de la 
Montaña peruana, del Gran Chaco Argentino- Paraguayo- 
BolÍTÍano, y alguas otras, son daciones ó tribus que per- 
manecieron y permanecen aún en la barbarie, eñ estado más 
6 menos salraje, y, algunas de ellas, refractarias á los ade- 
lantos de la moderna dvilisación, completamente. 

XIII 

Nuestra opinión aobre al orig^en da loa Indica 
del Perú 

Para terminar este bosquejo sobre el origen de los Indios 
del Perií, nos permitimos emitir también nuestra humilde 
opinión á este respecto, condensándola en pocos renglones. 

Los primitivos habitantes antediluvianos dtl ta- 
rritorio conocido boj por al Parúi fueron, cómo los de- 
más del Continente americano, autóctonos, ó sea, ori- 
ginarioi de este mismo territorio, ratificando nuestro 
parecer en eite sentido, los juicios que al final de la 
primera parte, hemoi ya expresado. 

Por los estudios llevados á cabo en estos últimos 
liempeí por labioi etnógrafosi arf ueólt g^ y palean- 



DB XX)S INDtefiNAS DBL PBR^ 34^ 

» ' ■ — ■ -* 

téIogoi« 10 ha llegado á importaniei dticubrimiontoi 
•D lai cienciai etnogeniticaí, de cuyog deicubrimientoi 
deducimoi, que lai dÍTeriai invaiionei que arribaron 
á lai coitai del Perú, en lai primerai épocaí post* 
diluvianai, fueron de colonias procedentes de los si- 
guientes puntos: 

1/ De la Nueva Zelandia, isla del archipiélago de 
la Polinesia; cuya irrupción de gran número de emi- 
grantes llegó; según parece, por el camino del Océano 
Pacifico del Sud, deteniéndose algún tiempo en la Isla 
de Pascuas. Después, desde esta isla, invadieron^ pre- 
sumimos, la América Meridional, desembarcando en 
Manta, Punta de Santa Elena y Puerto Viejo^ inter- 
nándose, parte de ellos, al interior, trayendo á estos 
puntos, sus costumbres, usos y cultura. Aún creemos 
fue esos inmigrantes fueron hombres considerados co- 
mo gigantes por su elevada estatura, y, quizá, los cons- 
tructores de los monumentos ciclópeos é ídolos de pie- 
dra que se bailan diseminados entre las ruinas de Tia- 
buanaco, ciudad que llegó á ser el más antiguo foco de 
la civilización peruana, y ruinas que tanta semejanza 
tienen con las estatuas monolíticas que se hallan en 
la Isla de Pascuas. Además, la evolución religiosa de 
los Quicho-Aymarás es una prueba evidente de la es- 
trecha relación que existía entre los antiguos Peruanos 
y los naturales de la Nueva Zelandia. 

2/ De la comarca asiática de los Antis, pueblo 
guerrero y valeroso cuyo origen es dtsconocido por su 
atrasada existencia en época proto-histórícaí el que, 
se dice, einigró en masa de su paíS| antes del Diluvio 



350 ORIGEN Y ClYILIZAeíONES 

Universali estableciéndole en Iob valles orientales de 
los Andes, en la sección que es hoy Bolivia y Ecuador. 

3." De Egipto» en el África Septentrional, cuyas 
invasiones á América se realizaron, quizá, mediante el 
camino de la Atlántida, estableciéndose algunas de 
ellas en el territorio del Perú, donde también cimen- 
taron sus costubres, ritos y aún su idioma, existiendo 
pronunciadas semejanzas entre los Quicho-Aymarás 
del Noite del Perú y los Egipcios del Nilo, pues se ha 
descubierto no solamente datoi ñlológicos semejantes 
entre ambos pueblos en sus tres formas (geroglifica, 
bierát'ca y demótica). sino también artefactos de ce 
rámica y tejidos de dibujos simbólicos, y, sobre todo^ 
monumentos arqueológicos que denotan curiosas ana- 
logías entre estos dos pueblos. 

4/ De la Caldea, en el Asia Menor, cuyos inmi- 
grantes llegarían á América quizá por la ruta del Es- 
trecho de Annian, pasando por México, Centro Amé- 
rica ó Istmo de Panamá, hasta llegar al territorio del 
Perú, donde, se cruzaron con la raza del país: por con- 
siguiente, son considerados como uno de los progeni 
tores de los Quicho-Aymarás. Al llegar al territorio 
peruano, los Caldeos desenvolvieron en él su lengua, 
la que se fué infiltrando y arraigando en «te suelo, y 
cuya adaptación explica que la lengua Súmera y ia 
Quicho-Aymará guardan tantas analogías entre sí. A 
la vez. los Caldeos legaron lu adelantada cultura, la 
«ual, al extenderse, se fué también asimilando algo en- 
tre los antiguos PeruanoSi sin haberse, sin embargo, 
estáeienado ni fijado entre los naturales del país. 



Í)E LOS INDÍGENAS DEL PERÚ 351 

5/ De la China, vasto imperio al Sudeste de Asia, 
que á cODsecuencia de la prolongada lucha de los Brah- 
manes j Budhistas, que terminó con la emigración de 
los Chamanes, se pueds presumir que éstos pudieron 
venir con facilidad á las costas del Perú por las gran- 
des continuadas islas que entonces existían eslabana- 
das en el Océano Pacíñco. Es de suponer que la civi< 
lización del Perú viene, en parte, de la China, por las 
muchas semejanzas de costumbres que existen entre 
estos dos pueblos, y aún por las simiiitudes filológicas 
que permiten que algunos habitantes del Perú puedan 
entenderse con ios Chinos, 

A más de las invasiones de los Zelandeses, Antis, 
Egipcios; Caldeos y Chinos, es probable que hayan ha- 
bido otras de distintas partes del Antiguo Mundo, sia 
que podamos determinarlas con exactitud^ aunque al- 
gunos autores citan las de los Fenicios, Cartagineses, 
Hebreos, Armenios, y aún Suecos, Noruegos é Iberos. 
Pero es un hecho incontestable, y hay pruebas sufi- 
cientes para afirmarlo, que existieron en el Perú, an- 
tes del periodo Incaico, varias razas de relativa ade- 
lantada civilización, las que establecieron sus propios 
gobiernos; dinastías antiguas y poderosas, que sucesi- 
vamente fueron desapareciendo con el trascurso de 
una larga serie de siglos. Quedan, hasta la fecha, al- 
gunos recutrdos de esas razas y de esos centros de ci- 
vilización, que testifican su pasado de grandeza, tan- 
to en las ruinas de soberbios y gigantescos monumen- 
tos que se hallan aún diseminados en el territorio pe- 
ruano, cuanto en los tantos artefactos de alfarería, te 



áSS ORIGBN t ClTlLISACIOÑSá 

jidoiy otroi objetof que han lido deicubiertoi en loi 
túmuloi funerarioi de los primitivoi colonoi estable- 
cidoi en el territerío del Perú. 

Tal ei, en linieiii, nuestra humilde opinión tocan- 
te al origen de los primitivos habitantes del Perú y 
posteriores inmigraciones que d este territorio arri- 
baron. 



CONCLUSIÓN 



Reasumiendo en pocas palabras lo relacionado en 
el curso de esta obra, diremos, que cuando ei Hombre 
primitivo contemplaba la Naturaleza á la luz del día. 
el mundo tenia para él un significado muy diverso que 
el que tiene hoy para el Hombre civilizado de nuestros 
días« 

Las necesidades obligaban al Hombre de los pri- 
mitivos tiempos á luchar con las fuerzas que le rodea- 
ban, con las fuerzas de las Garas y con las fuerzas de 
la Naturaleza; obstáculos que solamente con el largo 
trascurso de los siglos pudieron, sino ser dominados 
del todo» modificados, á lo menos, en gran parte por el 
Hombre. 

Pero la marcha progresiva del Género Humano 
ha sido inconmensurablemente lenta, y el tiempo que 
ha empleado para ello inconmensurablemente largo, 
En la cruenta lucha por la existencia, el Hombre fué 



t>ntOS INDÍGENAS DEL PERÓ 053 

conquiítando paulatinamente su dominio, después de 
una continuada sucesión de miles de siglos, debido á 
su superior inteligencia y á su suma habilidad para 
utilizar 7 subordinar á sus neceiidadei los medios 
que compensaron sus fuerzas fí ticas relativamente dé' 
bilea. 

Hoj día, el Hombre es dueño de toda la Tierra. 
Aunque su adelanto intelectual ha llegado, según pa- 
rece, á su punto culminante, no es todavía el sumun 
de lo que puede alcanzar, porque lé quedan aún con- 
quistas por hacer que sobrepasarán todo lo que ha ob- 
tenido hasta ahora. 

En una palabra, entre el Hombre primitivo y el 
de la actual generación, hay una inconmensurable dis- 
tancia. 




iU 



NOTAS SUPLEMENTARIAS 355 



NOTAS SUPLEMENTARIAS 



AI r^ff rirnos á la riqueza mineral de América^ de- 
be agregarse al pié de la págioa 180 de esta obra, los 
siguientes datos : 

Bn la representación que hizo, en 1731, D. Migael de 
Zavala al re7 Felipe V, consta, que desde el año 1493, que 
se descubrió el Continente de América, hasta el año 1708, 
se exportó á España, en oro y plata, más de cien mil noye- 
cientos noventa millones. Pero, como desde el referido año 
1708 hasta el final de la época colonial á principios del siglo 
XIX, trascurrieron aún más de cien años, no es aventurado 
el calcular que España, durante su dominación en el Nuevo 
Mundo, sacó de este Cotítinentc, en oro y plata, la fabu- 
losa cantidad de más ó menos dos mil doscientos quince mi- 
llones de pesos. 

En 1557, según lo asevera el sabio limeño D. José Ense- 
bio Llano Zapata, en la página 25 de los Preliminares de su 
obtCL Memorias Histórico- Físicas Apologéticas de la América 
Meridional (impresa en Cádiz, en 1759), se halló en una mi- 
na, un arbolillo de casi una vara, todo él de plata virgen, y 
muy parecido al ciprés en sus ramas, hojas y raices. Esto 
hizo decir al Padre Pineda, «que sólo en el Perú se crfa la 
plata en árboles,» lo que confirmó también Antonio de León 



356 NOTAS SUPLEMENTARIAS 

Pinelo, qtie asentó: «La plata en minerales ricos es nn árbol, 
y asimismo el oró.» 

En Huantajaya, mineral cerca de Arica» ae sacó, én 1741, 
nna pepa de plata pnra, tan grande, que peió treintitres 
qtiintales (nos parece demasiado exagerado este gnariimo), 
■egún lo asevera el Dr. D, Ventura Traversa en su obra titu- 
lada Bl suelo de Arequipa convertido en cielo. 

£n el siglo xvii se halló en una mina de oro situada á 
una legua de la ciudad de La Pae, en el Alto Perú, una gran 
pepita de oro, que fué comprada por el virrey Conde de Sal- 
vatierra, en once mil doscientos seseúta y nueve pesos, para 
remitirla al Gabinete de Historia Natural de Madrid, donde 
existe aún. 

Tan abundantes son las miñas en sólo el Perú, que á 
fines del siglo xvii, se encontraban en él setecientas setenta 
de oro y plata en labor, y quinientas setentiocho propias 
á ser trabajadas, sin incluir los lavaderos de oro y las minas 
de asogue, entre las cuales se h%cía notar la de Huancave- 
lica por BUS inmeíisoB productos. 



Al pié de la página 185, corresponde la nota que 
insertamos en seguida : 

La primera vez que se empedró la calle de Mercaderes, 
una de las principales de la capital de Lima, coú barras de 
plata, fué en la solemne fiesta de la inauguración de la Igle- 
sia de Nuestra Señora de los Desamparados, el 2 de Febrero 
de 1671. El Padre Buendía, en su obra Vida del Padre Cas- 
tilla, dice, en el capítulo X, lib. III: tTodo el sitio que el cla- 
ro del arco dejó para tránsito de la soberana imagen, se em- 
pedró con más de mil barras de plata, que por su magnitud 
j ley importaron do9 millones de pesos.» 



NOTAS SÜPLEMENTAlStlÁS 357 

Un año despuéi, en 1672, un historiador antiguo, al re- 
ferirse á las santuosísimas fiestas que se celebraron en Lima, 
con ocasión de la halagüeña noticia de la cañonisacióii de 
Santa Rosa, nacida y ñorecida en este privilegiado suelo, 
dice: «Esta noticia se recibió en Lima en la mañana del 31 
de Eaero de 1672, y las fiestas que se prepararon en esta ca- 
pital con tan fausto acontecimiento, no se han visto en todo 
el Orbe. Basta decir, que entonces el pavimento de la calle 
de Mercaderes citaba cubierto de barras de plata, y otras 
se colgaron de costosas alhajas, calculándose el valor de to- 
da la riqueza que en este día botó Lima á sus calles, en mát 
de diez millones de pesos.» 

Y, sin embargo, apesar de tantas riquexas, y de las tan. 
tai que España sacó de América, pudiendo haber sido y ser 
la potencia más rica de Europa, es hoy una de las más 
pobres de ese Continente. ¡Destino inescrutable de las na- 
ciones! 



En la página 276, antepenúltima linea, en que 
10 hace referencia á los animales propios del Perú, que 
no Be tiene noticia hubieran sido encerrados en la Arca 
de Noé, corresponde la curiosa nota siguiente : 

Salvo que se haya realiíado el cuento que refiere el Dic 
donarlo Iníernal, de Mr. Collin de Plaficy, quien en el tomó 
II, página 195, articulo titulado cMaravillas,» dice textual- 
mente: cLéese en el cLexicon Talmúdico,» que como la Arca 
de Noé no podía contener sino un cierto número de anima- 
les, el patriarca ño encerró en ella sino las principales espe- 
cies, de las cuales todas las demás se han originado. Guando 
se hubo secado la Tierra de las aguas del Diluvio, estas es- 
pecies se multiplicaron del siguiente modo: salió el elefante) 
Noé le pegó con su varilla un golpecito en la trompa, j el 



358 NOTAS SUPLEMENTARIAS 

animal estornudó y parió por la boca un cerdo; echóse éste 
á correr en seguida, y á revolcarse en el lodo; Noé le tocó con 
sa varilla en el hocico, y estornudó nn ratón; y asi sacesiva- 
meúte los demás.i Los pretendidos Talmadistas, en la colec- 
ción de sus tradiciones rabinicas, se olvidaron en decir, qne 
Noé, mediante su mágica varilla, hiso arrojar de la boca del 
león, tigre, leopardo y otros animales de esa especie, á la 
vicuña, llama, huanaco, viscacha y demás animales origina- 
rios del Perú (!). 



^^^t/l/¿/¿/^^?/l/lA/^ 



NOTAS FINALES 350 



NOTAS FINALES 



Habiérainoa deseado que la presente edición saliera 
más esmerada, es decir, compuesta con tipos nuevos é im- 
presa en papel fino; pero, hemos tenido qne ceñirnos á nuei- 
tros escasos recursos, y si pudimos dar cima á nuestra ta- 
rea, ha sido, tan sólo, á costa de grandes sacrificios. 

Cierto es, que la H. Cámara de Diputados, en la penúl- 
tima Legislatura (de 1913), nos concedió, en su última sesión 
de clausura, un subsidio para la impresión de la presente 
obra; pero, nos hemos adelantado en publicarla, por el deseo 
de darla á luz cuanto antes, y porque si hubiéramos espera- 
do que nuestro expediente se tramitara y resolviera en reri. 
sión en la H. Cámara de Senadores (lo que no ha aconteci- 
do hasta hoy), habría pasado quizá mucho tiempo antes de 
poder proceder á la impresión de ella, y consiguientemente, 
antes de que nos fuera posible darla á la luz pública. 

Empero, ya que no hemos podido aplicar el referido sub- 
sidio á la impresión de esta obra, él nos servirá (si acaso lie* 
gamos á percibirlo) para atender al gasto de imprenta de 
uno ó de los dos trabajos que tenemos aún iúéditos y que 
son todavía más voluminosos que el presente, titulados, el 
uno, Tribus indianas del Continente hispano- Sud-americano^ 
con la nómina y procedencia de ellas en cada uno de los te* 
rritorios ea que actualmente está dividida la América Meri* 



36Ó 



NOTAS FINALES 



dional: idiomas, dialectos y costumbres de esas mismas 
tribus; y el otro, Los Incunables Peruanos ó Historia 
de los primeros libros impresos en Lima; obligándonoi, en- 
tonces, á darlas á Inz con tipos nneyos y papel satinado. 
Ojalá nos sea posible realizar este anhelo respecto de am- 
bas obras, pnes con ello quedarán colmadas nuestras aspi- 
raciones. 



Réstanos por hacer uña pequeña aclaración. 

Nunca hemos presumido de literatos, ni de historiadores, 
ni menos de científicos; prueba de ello es, que, siempre 
que ocasión hemos tenido, hemos declarado con toda fran- 
queza, que nuestros escritos no son para que los lean los sa- 
bios, sino el vulgo, el pueblo: esta misma declaración hace, 
mos al principio de esta obra, sabedores de que las personas 
ilustradas no necesitan que se les enseñe, sino los ignoran- 
tes, les que carecen de letras y noticias. Hacemos nueva- 
mente esta confesión, impulsados por el testimonio de nues- 
tra conciencia, y para desvanecer el erróneo juicio que algún 
gratuito critico ha emitido de nuestros escritos (en la en- 
trega I del tomo V de la Eerista Histórica) ^ juicio que 
podríamos refutar, punto por punto; pero nos abstenemos 
de ello, por no entrar en una polémica desagradable que, á la 
postre, no conduciría á nada práctico. Dejamos, por lo de. 
más, á nuestro exaltado Zoilo, en libertad para jusgar nues- 
tros trabajos como buenamente le parezca; pero teniendo 
por norte, repetimos, la sincera declaración que queda hecha^ 
y no olvidando esta oportuna remembrania: 

f Bl sexto de los pecados capitales, es el gusano roedor 
que carcome el coraión de algunos hombres.» Va nuestro 
oficioso critico, en su alta inteligencia, comprenderá el sen- 
tido de esta metáfora. 

Cuanto á nos, volvemos á repetir^ que todos auestrai 



NOTAS FINALES 361 



escritos tienden especialmente á .dar luz j conocimientos á 
los ignorantes, ala masa del Yulgo: para esta masa del yoI- 
j^o, es que escribimos, j no para los eruditos. Sépalo así 
nuestro talentoso émulo, que también es amigo nuestro j á 
quien tampoco pretendemos ofender con estas líneas. 

Por lo demás, las impugnaciones que nuestro ceúsor ha- 
ce de nuestros estudios, no nos arredran, porque, como ja lo 
dijimos, asístenos la conciencia de que al habernos dedicado 
modestamente á la tarea de escribir algunas obritas, no ha si- 
do con la pretensión de conseguir fama de literatos, ni menos 
de cientiñcosy sabios, sino que hemos ¡sido impulsados á ello, 
únicamente, por el justo deseo de ser útil, en alguna manera, 
á la clase desintelect^alisada, y, principalmente, contribuir, 
con nuestro humilde contingente, á la ilustración de la masa 
inculta de este país, en obsequio de la inmensa gratitud 
nuestra por la hospitalidad que hemos recibido en el priyi- 
legiado suelo del Perú. Y decimos esto, porque, apenas lo pi- 
samos y comenzamos á estudiarlo, nos cautiTÓ de tal ma- 
nera su interesante historia antigua, que nos dedicamos á 
iuTCStigar sus hechos culminantes y memorables, con el ex- 
clusivo propósito de difundirlos entre la masa del pueblo. Al 
efecto, no solamente nos hemos limitado á arreglar calenda- 
rios y vidas de los santos que florecieron en este bendecido 
suelo, sino numerosas obras de distintos géneros, costeando 
todas eiias de nuestro propio peculio; mientras que otrot no 
han podido publicar nada sino á expensas del Erario nació* 
naL Creemos que este desprendimiento de nuestra parte es 
bastante loable, ya que hemos sacrificado alguna suma, no 
despreciable, tan solo en beneficio de la clase ignorante, que, 
felissmente, ha correspondido á nuestros deseos, pues que de 
casi todos nuestros estudios publicados, se han agotado lai 
isdiciones por entero. 

El aprobar ó reprobar algún escrito es arbitrio del en| 
tendimiento de cada uno, pues así como no hay ningún man- 
jar que sea del gasto de todos los paladares, asimismo ao 



362 NOTAS FINALES 



hay escrito alguno qae sea del gusto de todos los lectores. 
Ningún autor, por más erudito y egclarceido que sea, puede 
lisonjearse que sus producciones han de agradar á todo el 
mundo. Si las nuestras no son del gusto de nuestro critico, 
no por eso desesperamos, pues el consuelo nos queda de que 
detrás de él hay mulares de personas que con su demanda 
las aprueban y á su preparación nos alientan. 



^^yim?/^^¿/i/i/^^ 



ERRATAS NOTABLES 




5 


12 


12 


29 


24 


20 


35 


4 


62 


17- 


K 


26 


65 


13 


75 


12 


i> 


31 


83 


4 


104 


8 


n 


9 


114 


1* 


121 


19 


124 


14 


126 


15 


165 


23 


200 


• 30 


204 


6 


207 


17 


248 


28 


280 


31 


285 


1^ 


289 


13 


320 


31 


321 


29 



Floureus 

En Constadt 

Sierra de la Viudad 

los Cíirtagincs 

río Chagra» 

en V'enzucla 

(suprimir esta líaea,,que debe 

líneas 15 y 16) 
primeras emigraciones . • 
las emigraciones 
del Golioa 

Orij^enes Aatuerpian.ie 
Guillermo mo Portel 
Des toutes IvES partíes 
Letrone 
é hizo á todos 
valle de Bogatá 
en el-año 711 
contra los fuertes colores 
Arboles hitóricos vetustos 
plantas cujeas hoyas 
(ver el final déla nota, que se 

tas). . ^ ^ 
semejantes á los de Ti¿ihuan- 

co 
(en lugar del parágrafo II). 
sosteniendo, los dosúltimcjs, 
eitraología á^ría Titihuanacu 
grandes bloques andecíticos 



Flourens 
En Canstadt 
Sierra de la Viuda 
los Cartagineses 
río Chagres 
en Venezuela 
pasar á la pág. 56, entre las 

primeras inmigraciones 
las inmigraciones 
del Collao 

Orígenes AntacrpÍAn¿r 
Guillermo Postel 
Dé toute» les pártibs 
Letronne 

é hizo perecer á todos 
valle de Bogotá 
en el año 734 
contra los fuertes calores 
Arboles históricí)» vetustos 
plantas cuyas hoi<ás 
trascribe al pié de estas erra- 
semejantes á los de Tiahua- 

naco 
(del3*e ser parágrafo III) . 
sostenidos, los dos últimos, 
etimología sería Titihuanacu 
grandes bloques antecíticos " 



La nota de la página 248 aparece inconcluia: el final de 
ella ha debido pasar al pié de la página siguiente, pero no 
eacedió tal cosa, por el descaído del cajista. Esta nota ter- 
mina así: 

y embellecimiento de algunos edificios, que, aún hoy, son la admiración de 
los modernos. Los Garios establecidos en las Cíclades y otras islas del 
Mediterráneo asiático, salían de allí para navegar en el Atlántico; siendo 
esa la razón que Diodoro de Sicilia tuvo para decir «que los Cartagineses 
siguieron las huellas délos Garios en los mares del Oeste.» Los Garios de" 
jaron en la región ecuatorial de América, á más de su nombre, algunos 
'; signos arqueológicos; y, por último, una dinastía de su raza, que en otro 
tiempo imperó en el reino de Quito, uno de los tres distritos en que hoy 
está dÍTÍdida la República del Ecuador. 



ÍNDICE 865 



índice 



PREAMBÜLO.-Origen del Hombre l 

Origen del Hombre en el Continente Americano... 17 

PRELUSIÓN.— PrcTisiones ■ingulareí de un NueTO 

Mundo 29 

IN17R0DUCCIÓN.- .' 46 

PRIMERA PARTE 

ORIGEN DE IvOS INDIOS DE AMERICA 

Habitantes de América antes de la Conquista 53 

Primera! inmigraciones á América:— Gartagineics— 
Hebreos— Ibéricos— Griegos— Fenicios— Egipcios 
—Troy anos— Chiflos, Tártaros y Mongoles— Li- 
naje de Ophir — Noruegos y Dinamarqueses— Fri- 
sioB— Romanos— Escitas— Curlandeaes— Etíopes 
—Francos— Ingleses é Irlandeses 7T 

Opinión de Fr. Gregorio García y de\ P, Domenech, 

sobre el Origen de los Indios de América 114 

Opinión de los historiadores antiguos^ sobrt la gran- 
de Isla Atlántida IIC 

Bl DiluTio ünirersal 123 



366 íNDice 



paoinas. 



Gtterrai de exterminio del Antiguo Mando, como una 

de lai c&uiai de las inmigraciones á América 130 

Rasas cirilizadas que abordaron á América 144 

Rutas por las que las emigraciones de los Continen- 

nentes Antiguos llegaron á América 147 

Hechos fehacientes sobre las inmigraciones de los 
Romanos^ Mongoles, Bscañdinaros 7 otros, á 
América 152 

Mapas geográficos anteriores al descubrimiento de 

Colón., ,... 164 

Nuestra opinión sobre el orig^en de los In- 
dios de América:—!* Autoctonía de los Ame- 
ricanos, y producciones de América en loi tres 
reinos de la Naturaleza.— 2* Primeras inmigra- 
ciones á América en loa tiempos de la Época An- 
tediluTiana.- 3* El Dilurio Un i ver sal. —4* Inmi- 
graciones postdiiuvianas á América.— 5* Repobla- 
ción de América.— 6* Rutas por las que han podi- 
do venir á América las inmigraciones.— 7* Civili- 
zaciones americanas.— 8* Similitud de los antiguos 
monumentos de América.— 9* Resumen de nuestra 
opinióiíl sobre el origen de los Indios de América.. ICÍ^ 

SEGUNDA PARTE 

origen y civii^iz aciones de i^os 
indigenjlS del perú 

Habitantefl del Perú antes de la Conquista 269 

I:— Primitivos habitantes del Perú 273 

II.— Invasiones poitdiluvianas al Pero 277 

IIL— Continúa la materia antecedente 285 

ly.— Continúa la materia antecedente... ,. =. 291 



ÍNDICE 367 



pIginas. 

V.— Civilitacioüca y difisiitíaB antigaas del Pciá 295 

TI.— Rainal de monumcíitoB y ciudades preincaicas... 320 

VIL— Continúa Ift materia antecedente 329 

TIII.— Continúa la materia antecedente 386 

IX.— Bscritara pictórica 6 ideográfica de los anti- 
guos P^ruanoi 340 

X.— Ratai por las que han podido reñir las in»igra- 

ciones al Perú 342 

XI.— Giaiiñcación etnográfica de las rasas peruanas. 344 

XII —Otras coniideracioncB. ...,.= 346 

XIII.— Nuestra opinión sobre el origen de 

los indios del Perú 248 

Conclusión .^ 352 

Notas suplementarias 355 

Notas finales ^. . . 359 

Erratas notables , : 363 



Imprimióse este libro 

enXima 

(Capital del Perú), 

en casa del autor, 

Calle de Polvos Azules No. 173. 

Acabóse 

el 25 de Diciembre de 

MCMXIV 






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