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Full text of "Bellezas naturales de la República de Guatemala, descritas por nacionales y extranjeros, en prosa científica y literaria y en algunas poesías escritas con tal objeto"






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BEL.EZAS NATURALES 



IDE LA. 



REPÜBÉA DE GUATEMALA, 



l)KS(4 



lAS POR NACIONALES Y EXTRAN- 

tí PUOSA científica' y Iliteraria y 



knt alguna poesías escritas .con tal objeto, 
Mucha noticias históricas interesantes 

Y en osas, etc., ET(!., reunidas POR 



>■('; Mciríci Cxürcía SaJa^^, 




GUATEMALA 

'imprenta "el OOMEROtO. — 9^ CALLE PONIENTE, NÚ.M. 2$ 

r , 1S©1 



Ootecdón Itris Lu}én Muftoz 
Urtk-&(%k(i4 Francisco Marroquln 




I 






'^ S/'W^^'i^^'^ ^Z 



-*-I>VEE.Ta3Sr03L&.. 



.leD.0,,10, ia„",,.„hlS™ *^r'' «•««'lo. 



De sulo el nombre, pues, se desprende que su contenido 
será un manantial riquísimo tanto para la sublime ima- 
ginación del hombre científico, como para la ardiente é 
impetuosa del poeta, así como para la mesurada y grave 
del pensador bajo distintas formas y no menos interesan- 
tes, pues que todos según su carácter y disposiciones, po- 
dnín encontrar material para enriquecer nuestra litera- 
tura y aun la bibliografía patria. 

Pero ni las damas ni los que solo leen por matar el 
tiempo, como se dice vulgarmente, encontrarán insípido 
io que contiene este libro, porque ¿qnií'n no se entusias- 
ma al ver pintadas por el pincel 6 por la pluma elocuen- 
te las maravillas de la Naturaleza, y con mayor razón las 
de nuestra patria; sus ríos magníficos, sus selvas grandio- 
sas y montanas altísimas, coronadas de nieves bajo calo- 
res tropicales, sus volcanes y sus lagos, la rica flora y 
abundante fauna, las grutas y magestuosas cuevas cu- 
biertas de estalactictas y caprichosas cristalizaciones, y 
hasta las rusticas aldeas que llegan á ser pintnrezcas por 
mas que estén rodeadas de breñas y (jue ú falta do uni- 
formidad y cimetría se forman de montones de casuchas 
que escalan las laderas de los ií:ontes ? 

Ni tampoco será menos importante para los agriculto- 
res, para los industriabas y aun para los ci)nien iantes, 
que para todos contiene algo útil, algo (pie los Isalacne 
en sus gustos é intereses. 

En este libro en fin tendnín cabida desde U\> M^.^•M.ln■^ de 
geografía en todos sus raníos, hasta las dewripcioncs de 
ios muchos monumentos arqueológicos que posee nuestra 
llepública, y los datos estadísticos en tudas sus ramifica- 
ciones, á fin de que á la amenidad reúna la utilithid, se- 
gún el precepto de Iloiacio: Afisr„i( ntik dttfri. 

Deseoso el infrasciito de comenzar, cuanU» antes, la 
publicación, y no teniendo pai'a ello los recuisc»8 necesa- 
rios, para facilitar su ejecución, ha combinado su plan de 
la manera siguiente: 

Publicará la obra por entregas de diez y seis páginas 
cada una, repartiéndose, dos entregas semanales, v ú un 
real cada una de ellas. 

Solo réstame hacer una explicari-n .. i-s !■ . m ,, -.. -iim' 




aclarará la propiedad de los artículos de diversos autores 
que saldrán en esta obra. Aquellos en que figure al pié 
del artículo el nombre del autor, desde luego están fuera 
de duda; habrá -otros en que solo aparezcan iniciales al 
pié de ellos, ó quizá algún pseudónimo; y habrá otros en 
que no aparezca nada al pié: en cuanto á los primeros, de 
iniciales ó pseudónimos, tal cual estén así los pondré sin 
averiguar los verdaderos nombres de los autores; en cuan- 
to ií los segundos, advertiré, si me es posible, el nombre 
del periódico de donde he extiactado el artículo, y en 
cuanto a\todo lo demás que no lleve firma ni pseudónimo, 
ó advertencia, será propiedad mia y por consiguiente soy 
responsable de su contenido. 

No creo demás tampoco advertir, que si pongo dos ó 
tres artículos de la misma materia, como sobre los volca- 
nes por ejemplo, es porque lo creo así conveniente, cal- 
culando que esta obra puede alguna vez servir de libro 
de consulta para estudios sobre historia u otra materia 
interesante; cuya consulta sería muy difícil de otro mo- 
do' y estando reunido todo lo publicado en un solo libro 
se facilitará lo que desea averiguarse. 



./. M. a. s. 



y';y^''^W'^ '^^^a^''^ W'^'^^^»^<^^^''^^^ii^'^í^'^i^^^^^^ '^ri'^^^ér^'^ 



-JP:EíÓX.OGrO. 




L laudable proposito de leiniir en un volumen 
J^, impreso los artículos más notables que se han 
^^?7 publicado entre nosotros, dando á conocer la 
@^ República de Guatemala; responde á la necesi- 
dad tiempo há sentida, de popularizar un libro que en 
sus paginas acopie algo siquiera délo mucho notable 
que encierra la geología, la fauna y la ñora de estas be- 
llísimas regiones; que describa por lo menos rápidamen- 
te algunas de las costumbres nacionales y que perpe- 
túe episodios histdi'icos que yacen olvidados en las c<> 
lumnas de antiguas publicaciones periodísticas. 

La paciente labor del entendido coleccionista D.- Josa 
María García Salas, que ha llevado á cabo tal empresa, 
no podrá dejar de ser apretíiada por cuantos estimen los 
fecundos esfuerzos de aquellos que se interesan por el 
progreso de la patria, ya que tanto necesita de darse ü 
conocer en el extranjero, á tin de promover la inmigra- 
ción provechosa y de ampliar nuestro comercio y crédito 
(jue acrecen de día en día. Háse dicho muchas veces que 
(Jentro-América es uno délos países míís ricos y bellos 
del mundo; y en efecto, las soberbias Antillas, . Cuba, 
Santo Domingo y Jamaica que en época inmemorial, de- 
ben de haber formado un todo con nuestro Continente, 



no son ints que reproducción en miniatura de este istmo 
[)ortentosü de fértilísimo suelo j variados climas; de pro- 
ducciones admirables, que forman riquezas sin cuento. 
liO que falta es que esos tesoros no permanezcan ignora- 
dos, que se publiquen obras que, como las que dan á co- 
nocer á la Argentina, h Chile, á V^enezuela, a' Colombia y 
á México, atraigan capitales y brazos que desenvuelvan 
la producción en la escala á que elevarse debe. 

Causa pena el ver que en Eui-opa y aun en los Estados 
ünidíjs, apenas tienen idea de nuestros países, m is poi- 
fabulosas anécdotas de viajeros impresinnables dados á 
fantasi'ar sobre aventuras increíbles, (pie por la riqueza 
y grado de cultura que hemos alcanzado: los tigres, los 
leones, las serpientes de nuestros ariosos boscjues, a«í 
como los indios "vestidos de plumas," atrave>ando en l¡- 
jeras canoas los anchurosos lagos, han servido á las ve- 
ces de asunto novelesco á los que algo han escrito acerca 
de la Amjrica Cential. Si no han faltado sabios que 
como Dolñ'us y Monseíat, Squire y Bancroft investiga- 
ran ora la geología, oía las tradiciones, ora la histo- 
lia de esta parte del planeta, tales obras se estancan en 
las librerías de unos pocos amantes de ese linaje de es- 
tudios. Sin parar mientes ea las causas naturales que en 
pa ses jóvenes y que fueron colonias espanolas,han produ- 
cido trastornos y revueltas, nos calitican de ing(»berna- 
bles; no se imaginan que haya aipií cultura social, ade- 
lanto cientíHco y mucho que causaría admiración si se es- 
tudiara por los exti'anjeros; y eso (pie hoy el nombre de 
Guatemala figuia ya con honra en los* mercados de lo« 
países más florecientes del globo, merced al crédito de 
nuestro café, que se reputa como el mejor del mundo. 

En tal concepto, toda publicación tendente á popula- 
rizar los elementos de progreso que atesoramos, debe 
merecer el apoyo de los guatemaltecos que se inspiran 
en ideas de adelanto, y que siempre saben alentar los 
esfuerzos individuales en pro del bienestar general. 

Basta echar una ojeada á los artículos que componen 
esta interesante colección para no revocará duda su 
importancia. En ella figuran bien escritos estudios so- 
bre los volcanes quedan al suelo guatemultoco ¡>int<»íe^^ 



ca variedad, al propio tiempo que presentan á los sabios 
cuestiones trascendentales é importautes; aparecen tam- 
bién, en este libro descripciones bien escritas de plantas, 
flores y frutos de nuestra zona; curiosos datos histc5ricos 
de útil remembranza que al lado de la pintura de anti- 
guas ruinas, arrojan luz en el sombrío y pálido cuadro de 
nuestra historia aborigen y colonial; ni tampoco se echan 
menos algunas composiciones poéticas que esmaltan por 
decirlo así, las bellezas que en bien redactados trozos, apa- 
recen en este volumen, hijo de la laboriosidad de un gua- 
temalteco que aspira á colocar modesto grano de arena 
en el monumento de las letras patrias. 

Hacer un minucioso análisis de los materiales todos que 
han servido para tejer este trabajo, ni tendría objeto, ni 
siendo fruto de nuestra pobre pluma, podría allegar más 
mérito ni prestar más realce al que verdaderamente tie- 
nen los elementos que ha reunido el autor de la presente 
obra, para ofrecerla al publico como testimonio de su la- 
boriosidad y de sus buenos deseos, á fin de conservar las 
producciones que de otra suerte permanecerían olvidadas, 
bien así como permanecen perdidas en lo obscuro del mar 
las ricas .perlas, éntrelas conchas de nácar que las pro- 
ducen, hasta que por el acaso ó por el arte llegan á os- 
tentarse realzando la hermosura de la que llega á poseer- 
las. 

Para comprender el valor que encierra la presente co- 
lección, es preciso recordar que ni en nuestras bibliotecas 
públicas se conservan ordenados los periódicos que en 
diversos tiempos han venido saliendo á luz, de tal suerte 
que á no haber tenido el Sr. García Salas el cuidado y la 
paciencia de entresacar en su día cada artículo que esti- 
maba interesante, hoy fuera imposible lograr reunirlos 
todos. 

Si no tuviese otro mérito este volumen que el de refe- 
rirse á nuestra querida patria, ello solo hablaría muy alto 
en favor de los propósitos do su apreciable autor; una vez 
que cuanto hace relación al suelo de nuestro nacimiento, 
al lugar en que vimos la primera luz y en donde radican 
nuestras más lisonjeras esperanzas, siempre viene á herir 
las fibras delicadas del sentimiento de la nacionalidad, y 



10 

á despertar las nobles aspiraciones del patriotismo. 

¡Ojalá que el trabajo empleado en este tomo, encuen- 
tre la retribución que merece y pueda servir de estipiulo 
á fin de que se elaboren en lo sucesivo otras produccio- 
nes de Índole semejante, que contribuyan á que Guate- 
mala sea cada vez más conocida, para satisfacción de 
sus hijos y provecho general de todos aquellos á quienes 
en suerte ha tocado vivir en esta bella parte del istmo 
centro-americano! 

Guatemala: enero de 1891. 



•wwW'W^^'^r^'^'W^^-^-'W-^n^r^^^^^^W^^^^rw^w-wj^i.^u^.j^jS^^kiMJ^^^ 



IDatos Greog3?áficos- 



"La América intertropical es la patria del género humano," 
dijo el iomortal Bolívar; y el eminente publicista Sr. Torres 
Caicedo dijo también: "¡La América Española! ¡Oh! ¡Cuando 
será bien conocida! La población exhuberante de la Europa; las 
clases desberedadas del viejc Continente debían dirijir su rum- 
bo hacia esas tierras benignas y llenas de riquezas. Ese Edén 
las brindaría al par de la vida íiícil y barata la libertad civil y 
política." — La República de Guatemala, en la América Central, 
como si dijéramos el corazón de la América intertiopical ó de 
la América española, está llamada por todos conceptos á darles 
verificativo, si puedo decirlo así, á los profundos pensamientos 
que auteceden: ella á la par de sus inmensos elementos natu- 
rales para proporcionar hospitalidad y bienestar á muchos mi- 
llones de hombres que busquen su asilo, con sus instituciones e- 
minenteraente liberales, los ampararía como á sus hijos. 

Sí, Guatemala posee un terrritorio capaz de contener una po- 
blación veinte veces mayor de la que hoy tiene; y dicho territo- 
rio contiene tantas riquezas de toda especie que ella sola puede 
constituir el Edén á que se refiere el Sr. Torres Cai- 
cedo. Para comprobar lo dicho vamos á citar escritos de dife- 
rentes clases, no solo de nacionales sino de extranjeros y sabios 
viajeros que han visitado el país y se han sorprendido ai encon- 
trar en nuestro suelo, bellezas que no se imaginaban; pero tam- 
bién se han sorprendido de la exigua población que tenemos y 
del abandono en que sehillau tantas riquezas por esplotar. . . . 



12 



La República de Guatemala queda en el Continente Ameri- 
cano ó Nuevo Mundo: se encuentra en la parte más septentrio- 
nal de lo que se llama Aniérica del Centro, que es un punto in- 
termedio y forma el itsmo que une las dos grandes secciones del 
continente Americano, denominadas América del Norte y Amé- 
rica del Sur. 

Tiene la figura de un polígono, cuyo lado meridional es mis 
extenso que los del Norte, Oriente y Occidente. 

Tiene por límites: al Norte los Estados Mejicanos de Cnmpe- 
che y Yucatán, el estabk cimiento británico deBelice y el Gol- 
fo de Honduras; al Sur el Océano Pacífico, al Elste las Repúbli- 
cas del Salvador y Honduras y al Oeste otros dos Estados Me- 
jicanos, los de Chiapas y Tabasco. 

Su posición astronómica es: entre los 13° 42' y los 17° 49' Lat. 
N. y los 88° 10' y los 02 30' Long. O. del meridiono de Green- 
wich. 

La extensión superficial de Gaateroala se calcula en 50,600 
millas geográficas cuadra<las, sin incluir el territorio de Belice. 
Su major longitud contada desde la desemboradura del rio 
de Paz, hasta su parte más septentrional, limi'trofi* al E>tado de 
Yucatán, es de 360 millas; y su mayor anchura desde la des«m- 
bocadura del Motagua, en el Athíntico, hasta rl Pacífico, paa»in- 
do por el Tacanjí es de 300 millas. La costa del lado delj Pacifi- 
co mide 390 millas y la del lado del Afhfntifo 150. 






En lo general el terreno de Guatemala, es uno de los múñ 
fértiles de la América; el clima es variado y pabidiibh»; fU as- 
pecto ñsico es plano en las costas, montañoso y ijuebrado en el 
Ci^ntro; atraviesa de N. O. ;í S. h. en línea paralela y próxima 
Á la co^ta del Paeílico, la .«.¡erra de h.s Andes, dond.*descuHlliin 
14 volcanes y es parte de la gron Cordillera que nace en el 
círculo Polar Norte y concluve en el Estrecho de Magallanes. 
En ella se desprendan vário's ramales sobre el territirlo de la 
República que en distintas direcciones y á elevaciones que 
varínn desde dos á caloñe mil pies de altura, van^formando pi- 



13 

eos y volcanes aislados, mesetas elevadas, fértilísimos y pro- 
fundos valle?, llanos extensos y ricos aluviones: esta confígu- 
raci(5n proporciona una gran variedad de climas, desde el tro- 
pical de las costas, hasta los hielos de Qaezaltenango; y de 
consiguiente, una variedad aun mayor de producciones natura- 
les; siendo de notarse que muchas veces, en un espacio de vein- 
te á treinta leguas de ancho, se encuentre desde las maderas de 
construcción que cubren la orilla del mar, hasta el trigo con las 
hojas emblanquecidas por la escarcha; siete lagos de alguna 
consideración y multitud de rios fertilizati el suelo en todas di- 
recciones: de estos, los únicos navegables, son: el Polochic que 
desemboca en el lago de Izaba), el Mótagua en el Golfo de 
Honduras, el Usumacinía que, atravesando regiones aun des- 
conocidas, lleva sus aguas á la Laguna de Términos sobre el 
Golfo de México y el Michatoya que, á diez leguas al S. E. de 
Escuintlay en sn afluencia con el María Linda es navegable y 
por él se conducen al antiguo puerto de Iztapa las maderas que 
se cortan sn sus márgenes: va á desembocar al Pacífico. 

Tres puertos hay sobre el Atlántico: el antes llamado Santo 
Tomás de Castilla, uno de los más hermosos, seguros y capaces 
del Mundo; está situado hacia la extremidad Sur de la bahia 
de Amatiquc, en el Golfo de Honduras á los 15° 38' 3'' lati- 
tud N.y á los 88°35'6" longitud O. del Meridiano de Greenwich. 
Livingston situado en la boca del Rio Dulce, háeia la izquier- 
da, á los 15° 48' latitud N. y á los 38° 46' longitud O. que 
antes solo era puerto de tránsito y hoy está hab litado como 
puerto libre, está llamado á ser uno délos emporios dtl co- 
mercio de Centro- América; é Iza bal que está situado en la ri- 
bera meridíoniil dd bgo del mismo nombre á los 15° 24' la- 
titud N. y á 89° 9' longitud O. que aunque hasta hoy no pue 
den entrar grandes embarcaciones en él por impf'dirlo la b irr- 
que se halla en la embocadura del Rio Dulce; allí esta tomando 
el comercio gran inc! emento por el Atlántico, y no está lejano el 
dia en que se destruya dicha burra y este puerto llegue á ser 
lo que la naturaleza demanda. 

Sobre el Pacífieo hay tres puerto-^:" es el primero el de San 
José, en el Departamento de Escuintla, situado á, los 13® 56' 
latitud N. y á 90° 42' longitud O. Es el segundo el de Cham- 
perico, en el Departamento de Retalhuleu situado á los 14° 13" 
latitu N. y á los 91^ 57' longitud O. y el tercero lo forma la ba- 
hía de Ocós.habilitada como puerto de iraportacidn y exporta ion: 
queda en el Departamento de San Marcos. Aunque hay otros 
en el Pücífico que son los de San GerdnimuTec< j.te y San Luis 
en el Departamento de EíLCuiutla y el de los Esclavos en el de 



14 

Santa Rosa, no están habilitados sino para la exportación: hay 

también dos puertos fluviales que son el de Gualán, en el Mota- 
gua [Departamento de Zacapa] y el de Panzds en el Polochic 
[Departamento déla Alta Verapaz.] 



* 
* * 



La poblaci(ín de la República hace diez años (1881) ascendía 
á 1.215^310 habitantes; hoy cuenta con 1.460,017 habitantes, 
es decir con un aumento de 144,707 en los diez años 
ó sea 24.470 por año. Dicho aumento no debe teaerse 
por exajerado atendiendo á que, si bien se practicaron la^ 
diligencias posibles á fin de que el censo de aquel año [1881, ¡fue- 
ra lo más exacto, circunstancias excepcionales como la de hallar- 
se diseminados los habitantes sobre tan vasta superficie como es 
la de nuestra República relativamente, y la prevención del pue- 
blo contra toda indagación oficial que cree dirigida á imponer 
contribuciones, son bastantes para inclinarse á creer que pudo 
haber algún defecto que ha venido rectificándose con el así<Uio 
y minucioso trabajo de los encargados de la Estadbtica. Otra ra- 
zón más para creer fundado dicho aumento, es la considt-rj- 
ción de que en todas part»'S el número de individuos nacidos 
se halla con el de la ix)blacíón, en una proporción determinada 
por las condiciones masó menos favorables al disarrollo y sub- 
sistencia de la misma población; y cuando estas condiciones son 
muy favorables, la proporción anual es á lo menos de un 5 p.5 
ó lo que es lo mismo, nace un individuo por cada 20 de la pobla- 
ción, según afirma algún escritor. Pero, á pesar de que bajo es- 
ta relación Guatemala se encuentra en circunstancias bastante 
ventajosas bajo diversos conceptos, como Fon: la libertad indivi- 
dual, la seguridad de la propiedad, la abundancia y baratura de 
víveres y la facilidad para el empleo útil del trabajo que propor- 
cionan y aseguran la subsistencia á todas las clases de U socie- 
dad con suficiente holgura para no dar lugar á la penuria y á 
la miseria, a pesar de esto digo, para no pecar de exajerado, 
creo (pie puede ejitablecerse fundadamente que el número de los 
nacidos es de un cuatro por ciento de la poblacíóo ó sea de un 
nacido p»rcada 25 habitantes. 

Para pensar de este modo me apoyo en la opini 'u de un ex- 
trancero conocedor del país, el Sr. A. T. Kint. Cónpul g*ni^ial 
de Bé gica en Ceniro-Aiiiéiica qu»», en la iLtererante reU'itn 
que sobre e^te país dirigió á su Gobieruo en R.59 se expto 



15 

í-a como sigue: *' Los datos que se pueden obtener en el 
" país sobre la relación de la población con los nacidos 
" y los muertos, son muy incomp'etos para deducir de e- 
" Uos consecuencias rigurosamente exactas. Sin embargo 
" pu( de establecerse por inducción que aproximada- 
' mente hay un nacimiento por 2o habit;intes, y lüO muertos 
'' por 200 nHcimieutos; de donde rpsutaria un aunmento anual 
" de la pobli.ción de 2 por 100. Estas cifras resultan de ob- 
" servaciones de muchos años, y representan un término me- 
" dio, teniendo en cuenta las epidemias y otras cosas que im- 
" piden un acrecentrimiento mas rajado de la población," 

Del número de habitantes que queda consignado que tiene la 
República de Guatemala, puede asegurarse que las dos terceras 
partes pertenecen á la clase indígena ó primitiva del país y de 
la otra tercera parte, que se calcula no ser indios, puede con- 
ceptuarse como una quincuajésima parte de ellas el número de 
extrangeros de diferentes nacionalidades que residen en la Re- 
pública, entre naturalizados, domiciliados y transeúntes. En 
cuanto á la población relativa de Guatemala, comparada la po- 
blación con el teniítorio, apenas resulta una milla cuadrada por 
cada 22 habitantes, poco más o menos. 

Las primitivas razas del país se dividían en Quichées Kachi- 
queles y Tzutuhiles: y las lenguas ó dialectos que' hablan los 
que, aún existen como aborígenes, son: la Mam, Pocoman, Qui- 
che Kachiquel,Tzutuliil Kacchí, Pocouchí, Pipil, Mexicana, Ala- 
huiliic y Chortí; la mayor parte de ellas derivadas de la lengua* 
Maya que se habla eu Yucatán, de México, ó bien del Qui- 
che nacidn guatem'a^teca tan antigua como poderosa. 






: La Re^jública de Guatemala, goza de una temperatura envi- 
diable como al punto se reconoce por cuantos extranjeros la 
visitan. No tenemos los extremos del frío y del calor y vivi- 
mos aquí en perpetua primavera. La temperatura media anual 
está señalada éu los 72? Farenheit; y aunque en las tierras 
bajas, 6 sea en las costas, suben las grados de calor, así eomo 
disminuyen en las altas, on uno y en otro caso el clima es 
muy soportable. 

Esío es aceptable más ó menos latamente para la gene- 
ralidad de la República; mas con presición, solo en el Obser- 
vatorio de la Capital, se han podido hacer las observae iones 



16 

debidas respecto de la temperatura y sus variacioaes en no 
año. 

La posifííja de la Ciudad de Guatemala, á 14^ 37'. Latitud 
Norte, quiere decir dentro de la Zona Tórrida, y á una ele- 
vación de 1,480"" gobre el nivel del Mar, en medio de una 
meseta (plateau) coinparativatnente árida, determina la fiso- 
nomía particular de su clima. 

'^ La lempera'U'-a de estfr lugar oxil* dentro deles límites 
que son caracteiisticos parala región superior de la *' Tierra 
terapl.da," de los países cálidos, no bajando hasta O^C. ni 
excedieudo 33°C. 

"La marcha de la temperatura, sea durante nn día ó en el 
curso de un añ », e^ sumamente resrular. cora» puede verse 
en el cuadro de las temperaiuras medias normales para cada 
día del año, que f/oneinos en seguida. 

(Los resumen^ s .io d cho cuaJro, que señalan 4a tempera- 
tura media de cada mes son. los hiíiuientrs:) 

En Centígrracioiíi..^ 

Enero . líj,129 

Febre '7 :"<í 

Marzo j 

Abril ... 

Mayo 7 

Jnnio : 

Julo . .- i-,, -> 

Agosto . I8,6ü3 

Setiembre . 18,451 

Octubre . 18,0C4 

Noviembre . , ^[ 16,947 

Diciembre. .-n..."^ . 16,105 

Temiieratura media* 

NORMAL DEL A^O. 
18' 143 OE]r.SITJS 

" La temperatura media mas alta de un mes fe obaervó en 
1882 (3r 02 C, mes de Mayo.) " 

"La temperatura media mas baja de un'mes se obsefTcJ en 
1857 (14 Mi C, mes do Enero.) 

"La temperatura mas baja, observada hasta ahora en la 



17 

Ciudad de Guatemala, es !á de i** 8 C. (en Diciembre de 1856 
y Enero de 1857) y la temperatura mas elevada la de 32° C,, 
(Abril de 1858) siendo la oxilación total eegún esto Ti" 2 C. 

''Guatemala esti'í-ituada eu la región que tiene dos estacio- 
nes físicas bien marcada?, una seca de Noviembre á Abril, 
llamada " Verano'" la otra lluviosa de Mayo a Octubre, llama- 
da " Invierno/' Esta última estación (el Invierno) corresponde 
á la época del año en que el sul llega á su mayor altura, pasando 
dos veces por el zenit del lugar. 

''La estación seca comienza en el mes de Noviembre. Fuertes 
vientos del Norte y Nordeste llevando el aire frió de las mesetas 
de "Los Altos" hacia el Océan ^ Pacifico, disminuyen notableraen 
te la humedad de la atmósfera y dominan todavía casi exclusi- 
vamente durante los meses de Diciembre, Enero y Febrero. En 
Marzo y Abril comienza con la mayor altura del sol una co- 
rriente aérea d(?l sur y sudoeste ;í luchar con l<s Nortes; pero 
como una gran parte del vajoi- de agua. ,(pie traen dtl Océano, 
queda ya coudensada en uaa altura de 70(1 á 1,000 metros (en la 
Boca costa) y como además .'-e e'eva su temp laUíra al [)asar ensi- 
ma de los llanos áridos, cahntados por lo- rayos ca>i verticales 
del sol, no producen todaví i lluvias abundantes. Sin embargo, la 
cantidad de agua que cae en los dos meses antes del principio d<! 
la estación lluviosa (en Marzo y Abril) es más considerable 
que la cantidad recogida en Noviembre y Diciembie. El mes 
mas seco del año es el de Febrero. 

'* Durante t-I mes de- Mayo coinieníSfin lluvias más intensas 
("Aguaceros") acompañando fuertes te«ipestades que ( stallan 
generalmente en las primeras horas de la tarde. Durante Junio, 
Julio y Agosto conserva el tiempo este mi^mo aspecto, estan- 
do interrumi)ido (on frecuencia en la segunda mitad de Agos- 
to por un período corto sin lluvia que lleva el nombre de " Ye- 
ranillo." 

"La intensidad de lo. fenómenos eléctricos disminuye mu- 
cho durante Septiembre y Octubre; la lluvia quede Mayo a 
Agosto, cae con pocas excepciones en la tarde y noche, comien- 
za á precipitarse también en la mañan^i, continuando frecuen- 
temente por periodos de dos, tres ó más días. ('Temporales.") 

" Durante los trece años (185G á 1864 y 1879 á 1882) el pe- 
riodo de mayor sequedad fué del 22 de Febrero al 4 de Mayo 
de 1862, 72 días seguidos sin ninguna lluvia. Enteramente sin 
lluvia fueron también los meses de Febrero de 1856 y de Mar- 
zo de 1882: las lloviznas de Diciembre de 1881 y Enero de 
1882 no produjeron una cantidad suficiente de agua para po- 
der ser medidos por el pluvímetro. 

"No está recordado aquí ningún caso de que haya llovido 



. \_^ 

por un mes seguido diariamente. El luavor i»- n'oJo de lluvias 
diarias es el de 19 de Julio al 11 de Agosto de 1879, 24 días. 

''El numero de día^^ con lluvia en un año es por término 
medio 145, y de e.-tos son 2] días con mas de 20 milímetros 
de agua. 

"Cantidad máxima absoluta de lluvia caída durante nn d%a: 
98' G milímetros, Agosto 18 de 18GG. Cantidad mayor de llu- 
via caída durante mi />/?*.- 395.2 milímetros (^Julio de 1879.) 
Cantidad mayor de lluvia, caída durante nt* año: 1821, 8 nii- 
límitro-5 (año de 18G1.) 

"Suelen sentirse en alganos pu:itos de la liepública y aún en 
la Capital algunas veces vientos fuertes; |>ero no de tanta in- 
tensidad como para causar ]oi de.-astres ijue en otras partes 
cansan los verdaderos huracanes." (1) 

Raras también h.iu .^i lo las inundacion^'s en Guatemala; pu- 
diendo asegurarse que i n el período de los últimos cincuenta 
años solo dos casos de e^te fenómeno se han víalo en lu Re- 
pública, en la Antigua y en (jueziilienango; mas tampoco tao 
desastrosas como las e.\ pe rimen tudas eu otros puntos con tanta 
frecurncia. 

En cuanto á eid'( rmedades. si es cierto que en Guatemala co- 
mo en todas partes del mundo, la muerte cumf le con hu ini- 
sioo, de destruir á la especie huinatia. también e^ cierto que 
aquí tiene que luchar para lograr su lin, miCs que en otras par- 
tes, en (pie las enfermedades endémicas son sus colaboradoras 
mas eííca^ies: la benignidad en lo general del clima de Guate- 
mala, sus aguas excelentes y sus b.ienos elementos para la sub- 
sistencia son á no dudarlo, osbtáculos para que, hasta las epi- 
demias sean tan desastrosas en esta República, com|)arativa- 
mente li otras naciones. 

Nada estrauo es por lo dicho, que loa clisos de longevidad 
sean harto comunes en nuestro país: con frecuencia pucderi ci- 
tarse defunciones de personas de mas de cien añon de edad, y 
8¿ han visto alguuos hasta de mas de IStO nñoí^?! 



(1) TodoB estos datos coasi^nados on estos pámifi>s anteríore!*. mo Ion dk» ha«v 
ñ\gÍM tioini»oel Si\ D.Edwin Rockhlroh.á quien uiee» tninto darle a<(iii Um grarian. 



JUrXTJSTJÍ^^AZ. 



SOBRE LA POSICIÓN GEOGRÁFICA 

Y TIEMPO MEDIO DE GUATEMALA 



Hallándome profesionalincnte desccuf^-ado desde algún tiem- 
po, me entregue á este evStudio, tanto para entretejerme, conu» 
para el adelanto de la ciencia geogriílica, y á la vez contribuir en 
algo al bien del país en que resido, dando á conocer la posi- 
ción de su muy importante Capital. Creo también que las de- 
ducciones sacadas del cálculo del tiempo medio, no dejarán de 
ser instructivas 6 importantes á todos aquellos que aprecien la 
precisión }' la exactitud. 

La idea del tiempo es iinplicitamte contenida en lo finito; 
sin él no habría orden en el universo. ¥A unifornie movimiento 
diurno de los astros revela orden y á la vez tiempo, puesto 
que se efectúa siempre en un tiempo igual: sin él todo seria 
caos. Cuan importante es entonces el conocimiento de ello; sin 
este conocimiento no habrían cartas geográficas, ni arreglo pre- 
ciso alguno en los asuntos públicej:, ni privados. Tan cierto es 
esto, que todos los gobiernos Europeos tienen sus observatorios 
y hasta los relojeros ingleses de importancia tienen una bala 
grande colocada encima de una asta elevada, puesta en comu- 
nicación con el observatorio de (íreenwich, por medio de ur. 
alambre telegráfico, que tocando la bola se desprende y cae, 
todos los dias á las doce en punto. La gran república no queda 
airas y en los puntos remotos de las grandes ciudades de este 
país, hasta las compafiias de ferro-carriles, tienen sus tránsitos 
para determinar ti tiempo; medida necesaria para evitar las 
colisiones de los trenes. En Inglaterra para tener mayor segu- 
ridad, los trenes van por el tiempo de Greenwich que se usa en 
todo el país. De los gobiernos llispono- Americanos, solo uno 



^ 20 

en mi conocim'eiito. el de Chile, tieiie un observatorio que po- 
see desde 1852. 

Donde no hay un jb ervatorio lijo, no Sf puede conocer la 
hora precisa, sino por medio de una altura y cálculo, cu^^os 
elemento^ son: la distancia Zenital, la polar y la del Zenit al 
polo, de nn cuerpo cele>-te; de Irs cuales, í-e emplea cou prefe- 
rencia el Sol á los'deniá-. De aipií ge deduce la Lece.-idad de 
conocer la latitu<l y longitud del lugar, que á su vez se deter- 
minen por observación y cáh ulo. Poseíio de un horizonte ar- 
tificial de mercurio y un sextante vi^jo, exelenle en su licm()0 
pero cuyas rectificaciones me causaron un traliajo inmenso. |)or 
faltar uní s tornillos y los refleclores, que ai fin pude suplir, y 
habiendo vencido todas las dificultades de esta clase, tropezé 
con otras al tralar de lomar alturas, Desde fine? de Septiem- 
bre hasta mediados de Octubre, la allura era demasiado para el 
alcance del inslrunjento; y dfsderse tiempo en adelante, aunque 
he trabajado asiduamente, mis tentativa.^ han sido inútiles, por 
que siempre sucedía, que al tierr.po «¡el pasage meridional, o una 
nube cruzaba el disío del sol y lo oscureeiJi, ó un carruage pa- 
saba por las calles comunic.indo un movimiento tréniuh) bl nter- 
cnrio, suficientí^ para destruir la ¡:n;.'gerr del sol reflejada en eu 
superficie. Llegué á tener tunta priíctica en esto, que ya jkude 
afirmar que un carro estaba en movimiento en la vecindad mu- 
cho antes íjue se, oyese el ruido qnc produce: ex|)eriencia que 
por otra parte, liau adipiirido los ingtnietoe militares, y que 
impide que zape sus minas el enemigo. 

Al fin en los días 5, 7, 8 y 9 de Diciembre, obtuve buenas al- 
turas meridionales del sol. <|ue corregidas de rcfracci(5n paralaxe 
etc., eran respectivamente: 53** 2' óT; 52- 48' 46"; «VJ* 42' 20"; 
52° 36' 51" ; V las decliuac¡on(s correspondientes eran: 22 
28' 11"; 12~ 41' 59"; 22° 48' 13"; y 22"54'0", de que ee deduce 
las siguientes latitudes; 14*^ 28' 57".5; 14' 29* 14" 38; 14° 29' 
04"; cuyo promedio es, 11° 20* 10''. 24: y dudo déla p* sibil ¡dad 
de alcanzar mayor precisión sin tener un instrumento fijo. Con 
esta latitud, y la longitud de 0.033 horas, Oeste de Clreenwich, 
que he asutnido mientras que la determine directamente, ae 
pueden resolver variis problenms: por ejemplo, la hora del día, 
formar una carta geográfica de la He »ública, usando el meri- 
diano de la Capital como principal y los otros relativamente: 
fijar sus linderos con los estados vecinos. Por mayor abun- 
dancia de la utilidad de esta esi)ecie de conocimiento aduz- 
co lo siguiente: la decliuac¡(ín del Sol el Siíbado 8 de Di- 
ciembre ha sido de 22' 48' 13"; luego el horario del po- 
niente, era 5 honis 35 minutos 3 segundos, es decir el sol fe 
puso 25 mil utos ¡Kites de las í-eis. R«.to demuestra cuan infitiloH 



21 . 

!-oü aquellas estipulaciones que obligan á los mozos á trabajar 
desde las seis de la mañana hasta las seis y media de la tarde, 
cuando el día no tiene tal duración, porque pira la práctica del 
trabajo, no puede empezarse antes que el sol se levanle, ni pro 
longarse más de su puesta. Semejantes contratos perderían 
mucho de su vigor y de su aparente inhumanidad tenie.ido (o- 
nocimiento de esle hecho. He notado durante lo^ último- dos me- 
ses y medio, (jlie los relojes jiúblicos de esta ciudad seguían 
generalmente de diez y seis á veinte minutos adelantados del 
tiempo medio, es decir to.ia la ecuación del tiempo y adunas el 
error particular de cada reloj; y también so diferenciaban en- 
tre sí considerablemente. Hace una semana ma's o menos que 
se ha coregido, y al prerente no están lejos de la exactitud. Los 
errores señalados son muy inconvenientes; los encargidos em- 
prenderán el alcance de la observación y esto basta. 

En conclusiÓQ invito á los hombres que cultivan estos estu- 
dios para que veritiquen mis cálculos aunque no teng) l.i honra 
de conocer á ninguno de ello>\ salvo {.I Señor Barberena y á 61, 
solo por su estudio brillante, robre el origen simbJli(!o de los 
signos, d 1 Zodiaco. (1) 



V. 



Augusto Dillon. 



(1) Teniendo cone^^ión este ¡iitú-ulo del 8( ñor Dillon con lo que aca'>anu)s dt 
tratar en los párrafos anteriores, le «líanos cabida en este lugar. 



) 



ys^^www^^^ ^óTW'^^'WW'^^r'^^r^^www'WWW'WW^^ ^-^^^^^^^'^^'^ ^ >s> a a ^ 



DVCon-tafí-as , 



Uno de los caracteres lisonbmicos de la República de Gua- 
temala, es el de hallarse atravesada por altas serranías, mon- 
tañas y volcanes, <jue ú la par de darle á sns campos un as- 
pecto magestiioso y agradable a la vista, contribuye mucho á su 
fertilidad y losanía. ■Quién al contemplur nuestros volcanes, o al 
«ozar una de esas bellas mañanas de prinnvera de la salida 
del sol, o bien de un creimseulo vespertino en que nuestras 
montañas son bañadas por la incomparable hf^rraosura de los 
rayos del astro-rey, no bendice al Omnipotente por sus obras? 
Por eso dice con tanta elocuencia como eleganciü el notable es- 
critor Sr. Bulet Peraza que " un país sin montañas es una 
tierra incompleta: (jue los montes son los monumentos de la Na- 
turaleza; son la pujante escultura dtl Creador." Y continúa así, 
'' El sol no baja á los valles a' dar su beso matinal á los lirios: 
hasta *que no ha tendido su áureo minto sobre las cumbres y 
calentado con su ardiente cariño los delicados arbustos, y las 
hierbas humildes que alia abrazados de las nubes han pasado 
una noche inclemeute. L-js humeantes vapores de la tierra, el 
cotidiano bostezo de los rios y lagunas se van por la tardecita 
a posarse en las altas cimas, en viaje para el cielo, De allí 
desciende la blanca brisa libando el aroma de las flores qu9 le 
'brindan sus dormidos c dices; y por la noche se sube la luna 
sobre los lomos de la sierra á darse ínfulas de sol y á avergon- 
zar desde allí á las pretenciosas lucesitas de las ciudades que 
la economía municipal apaga luego para evitarlas el desaire. 
Son las montañas como engarces rotos de la tierra con el cielo. 
Son como los r-obustos brazos del planeta, que se elevan á sa- 



24 

ludar i los otros orbes. Soa murallas fabricadas por Dios para 
proteger á los pueblos débiles. El extrangero codicioso las 
detesta: los tiranos quisieran suprimirlas. Son el refugio de la 
libertad. 

Un país sin montañas [¡arece un desierta prolongado, aun- 
que contenga poblaciones numerosas y activas. La monotonia 
de las planicies hastía la contemplacióa y gasta la pupila. El 
Océano mismo, cuando (|uiere pare( er terriblemente hermo-o 
levanta sus montañas. La tempestad lo transforma eo sublime. 
Las teogonias todas han colocado sus divinidades sobre lo alto. 
La poesía tiene su templo eu empinado y facro monte, y sube 
la iraaginacidn de los poetas ti bnsciir su ciraa, siguiendo el 
vuelo de las águilas.*' 

¡Ohl y con cuiínta proj»iedad podemos los guatemaltecos de- 
cir á nuestros volcanes lo «pío el mism») ilu.-ílre escritor dice i 
"VA Avila" Monte de X'enezuela, su patria! 

" Vosotros visiéis lí vuestros pies una raza ioocente vegetar 
por ¡-ij^los en ventura y libertad salvages. 

*' Vosotros visteis al concjuistador valeroHo y fiero degollar 
sus tribu-? 3' enclavar su pendón en el valle virgen. 

" Vosotros oistóis el gemir del colono y repelisteis el eco ju- 
biloso del heroísmo indeiKíndieiite; presenciasteis el ex trago de 
las batallas, el extr.ig) d? los cat-jclismos: y en vuestros senoe 
resonaron las dianas de la libertad de nuestra patria! '' 

No sin razón, pues, ni fundamento vamos i comenzar nues- 
tra reseña de las bellezas naturales de nucsta patria por las 
descripcioi'es de las montarías y pr¡i.ci)>ales volcanr» que ella 
contiene. 



* 



Lds montañas de llnuteinala p rteiiccen en «o conjunto al 
sistema conoci'o con el nombre de (orditUra de Ion Andef^ que 
se extiende por toda la .\ mélica desde el círculo polar rfrtico 
liasla la extremidad sur «lel Continente. 

Las montaúas de Gu «témala alcanzan 8U mayor altura 
en los Altos. La altura mediado la cordillera rs de 7.000 
pies (1) 



*. 1) Siendo la Geografía .le (.VutroAiiurira del Ür. (íonxálex-D. Uurio.-U ao|.UMU 
oHcialniente como texto en las EstMiela» de la K«|*úhlira. d«' elln toinain<w> l«>f. 
referentes á las montañas, lagos y ríos do Guatemala. 



25 

La cadena principal atraviesa á Guatemala de N. O. á 
S. E, á una distancia que varía de 12 á 20 leguas del Océano 
Pacífico, descendiení.^) muy rápidamente hacia la costa sur, don- 
de solo envía ramales de peipieña extensión, (pie regularmente 
terminan por un volcan. Hacia el N. O. forma vastas y frías 
mesetas que constituyendo los Altos de Guatemala, llegan á su 
mayor altura en la Sierra Madre ó Cuchumatanes, del departa- 
mento de Huehnetenango. En estas tierras frías la tempera- 
tura rigurosa no permítela rica vegetación de ías costar; pero se 
dan los frutos propios de la zona templada. En el S. E. dis- 
minuye notablemente la altura de la córdilleía y !a extensión 
de sus mesetas, por loque las partes montañosas de los departa- 
mentos de Guatemala, Jalapa y Jutiapa pertenecen a las tierras 
templadas. La transición entre ambas zonas e.^tá formad^ por 
los departamentos de So!o!á, Chimaltenango y Sacatepequez. 

De la cordillera princi|)al se desprenden varios rama- 
les hacia el.E. formando extensos valles por donde corren los 
ríos ma's caudalosos de Guatemala. Las principales son: la Sie- 
rra de las Minas, la de Santa Cruz, la de Chama y la del Me- 
rendón, 

— La Sien-a (Je las Minas es el ramal más importante: 
atraviesa los departamentos de la Baja Yerapaz, Zacapa 6 Iza- 
bal, recibe en este último el nombre de Sierra 6 Montaña del Mico 
y termina cerca del golfo de Amatiipie. La Sierra de las Minas 
está limitada al Nort»; por el valle dd río Polocliic,y el lago de Iza- 
baly al Sur |»or el río Motagua. En su parte occidental encierra 
los cálidos y muy áridos llanos de Salamá y KabinaljCulminando 
al Sur de Salamá en la cumbre de Chuacuz. La Sierra de las 
MÍ7ias, formada principalmente por rocas plutónicas metaniorfó- 
sicas, contiene en su parte O. varias minas de alguna importan- 
cia, de donde recibió su nombre. 

—La Sierra de Santa Gmz se eleva al N. de la de las Mi- 
nas, de la cual está separada por el valle del río Polochic. For- 
mando varias mesetas, ocupa el e?pacio comprendido entre este 
río y su afluente prineipal el río Cahabón, y se extiende más 
allá de este último río hasta el golfo de Amatique. En esta par- 
te está limitado al S. por el lago de Izabal y el río Dulce y al 
N. por el río Sarstun. 

— La Sierra de, CJiMiná se encuentra entre los i ios Caha- 
bón y Sarstun, al S. y el de la Pasión al N. terminando en los 
Montes Cock^comb, del territorio de Belice. Esta Sierra, lo 
mismo qurf la de Santa Cruz, son montañas de cal, caracteriza- 
das por numerosas cuevas, por dcnde corren muchos ríos 
subterráneos. 

~ La Sierra o Montana del Merendún forma en su mayor 



^ 26 __^______ 

extens¡(jn el límite entre Guatemala y Hondura j. Se separa de 
la cordillera en el departamento de Chiquimula \ recibe nom- 
bres diferentes: Montaña de Copan en la parte S. O., Montana 
del Espíritu Santo en la parte media y Montana de Grita ú Ga- 
llinero en el extremo N. Ya en la costa misma se denomina 
Montaña de Omoa, donde se eleva á la imponente altura de 7 ú 
8000 pies. La Montaña del Merendón separa el valle del ríoMota- 
gua en Guatemala, del valle del rio Chamalec(jn en Honduras, y 
es notable por sus lavaderos de oro en uno de sus valles trans- 
versales en el departamento de Izabal. 



-y^^^^^^ w^^ w^rr^r-^^ ^ r^ar ^ y^y^^y^^^^-^^y^yy w v^r v^ y ^y ^ 



XjOs -v-olcanes. 



Los coaociinientos astronómicos comienzan eu esta época á 
vulgarizarse y ú tener aplicaciones practicasen todas las esfe- 
ras: se creía accidentales los fenómenos de nuestro planeta, fe 
consignaba la experienciii, se anotaba el licclio sin fijarse en las 
causas y sin presumir que lodo lo extraordinario (jue contempla- 
mos, desde las mareas descendientes del mar rojo que tanto ad- 
miraron los antiguos, como las erupciones de los volcanes, están 
sujetas en general á reglas matemáticas dictadas por el movi- 
miento de la ticri a y por el inlinjo j atracción de b s demás 
astros. Sabido es (p-.e la tierra además de su doble movimiento 
de rotación y trasiacióu, oscila sobre su eje, inclniindose algo 
más 6 menos hacia el jdano de la elíptica: este tercer movimien- 
to se llama de nr.t.-.ción y se produce por la atracción inmedia- 
ta del sol y de la luna, completándose en el espacio de diez y 
nueve afiDS menos algunos meses: _d camino (jue la tierra reco- 
rre ó más bien la elíi)tica se inclina cuarenta y cinco segundos 
cada siglo hasta dos gra<los y cúrenla minutos (pie es la inclina- 
ción máxima, volviendo progresivamente á su primitiva altura 
en que cortí al ecuador en un ángulo de 23°, 27', 50" 12"': en 
veinte mil años realiza es'3 movimiento hasta ocupar exactamen- 
te el mismo plano: sin contar otras oscilaciones y sacudidas, esos 
dos movimientos dan ])or resultado cambios interiores en las ca- 
pas terrestres y en el fuego central: siendo el movimiento cau- 
sado por la nutación del eje de la tierra, mas pronunciado, y 
realizándose con más br^'vedad, sí distinguen inmediatamente 
sus efectos llegándose á hacer aplicaciones á la agricultura aun 
por pers')nas poco peritas en conocimientos astronómicos: próxi- 
mamente cada diez y nueve años, la tierra se encuentra en las 
mismas condiciones y si conviniera averiguar con exactitud 
nuestra posición, bastaba estudiar cual era la del plano de la 



__^ 28 

elíptica respecto al año que «emparamo?!, pero siendo tan lénue 
y prescindiendo de su importancia é inüujo, hallaremos próxi- 
mamente igaaldüd de diez y nueve en dicz y nsieveaños, en que 
el eje habrá vuelto á la misuLa inclinación: de aquí que s»a tan 
fácil deducir cosas que a primera vista parecen inipo-ible-< de 
preveer: los agricultores más iniítruldos aprovechan las experi» u 
cias para dirijir«e en sus faenas. 

Se ha observado que las más grandes erupciones de los vol- 
canes, tienen lugar en la alteroativa indicada, ósea cada diez y 
nu-veaños con leves diferencias de tiemp». La te-^ría del fu jf • 
central, está admitida como dogma cieútifico, y coraproba la por 
!o.^ Vülcane-; los volcanes son válvula-^ de seguridad. Li corte- 
za di; la tierr.i se halla colocada entre dos capas fiuida>; la exte- 
rior, el aire atmosférico; 1 1 interior, la zona iuCitudesciMite ó pi- 
rosfera. Esta envuelve el fuego central teniendo compri midas la^ 
vibraciones luminosas y caloríficas qu«* existen como piinvipio 
de elasticidad absoluto. Kn la pi roste ra s« mantienen cu acti- 
vidad las vibraciones, formando el estado normal de movilidad 
délas moléculas de est i zona sobre la cual descanza la cubierta 
sólid.n, ( uyo espesor aumenta constantemente por la condensa- 
ción de la pirósfera, <|uc se dilata en proporción, lecmpla/audo 
las capas Huidas (pie se s'Jidilicau. K¡ mn\imienlo de rotación 
de la tierra produce un clioíiue continuo de la /.on;i incande.-c^n- 
te contraías capas interiores de la tierra, p1eg>(ndo8p y arru^ran- 
(lose las capas retúentemente solidilicadn.**. y en vbi de f(ol¡dífi> 
cjción: la pirí/sfera reíanla su movimiento iMi relación ni fuego 
núcleo central, lo cual da |H)r resultado corrifntes del )*>.Miador á 
los polos y de los polos al Kcuador. Kii estos cli(xpie'« v corrien- 
tes se p'.ieden abrir liend¡<lums en la corte/A de la ti rrn por 
donde SI» muvhc el (luido igneo interior; el movimi-nto retró- 
grado del nút l«*o central so modifica por I»ih perturb.iciont .« dvl 
exterior ó por la Luta-MÚn ílelejo de la tierra, por lu mayor ó 
menor incliuacióu de la elíptica y otras que determinan f^aeudi- 
das interiores más violentas tpie de ordinario en que ^^e di<»lrci!i 
y rompen lácibnente las cubiertas M>bre todo en las parle» don- 
de están re sentidas i)or erupciones anteriores: entonces el finí 'o 
iguco atravesando la cipa terrestre, según su eantid.id y p «r 
consiguiente su fuerza, levanta numt;inns y puede emp< - 
jar los Miares hacia las llanuras eambinmlo ía geografía del 
phineti. Ks una hipótejíis bastante racional que el Cou- 
tinente americano se formó A consecuencia »le una dj 
estas convulsiones interiores debida á un inllujo nia't \yoá%- 
roso que la nutación <icl eje terrestre, quizás á la iiiclin.icióii 
extrema de !a elíptica en coincidencia con el uiovimient»» de nu- 



20 

tacion: el extciideríe los Andes en todo el continente, su for- 
mación volcánica y las propiedades uniformes de toda la cor- 
dillera, dan motivo a suponer que también es obra de un solo 
accidente: todas las grandes montañas del globo han nacido de 
igual manera según opinión unánime de los geólogos: los mares 
se ven continuamente asaltados por el fuego: en el arcbipié- 
lago oceánico existen en la actualidad muchas islas más que 
hace cien años. Aunque á primera vista parezca que sean más 
antigaos los terrenos en que casi han desaparecido ó deí^apa- 
recieron completamente los volcaneí^, los geólogos con mucha 
copia de datos y por el examen de las capas de tierra asegu- 
ran que el suelo de América es más antiguo que casi todo el 
antiguo continente, no obstante su naturaleza volcánica y las 
muchas bocas de fuego qué permanecen abiertas. Entre las be- 
llas hipótesis que hemos leído acerca del porvenir inmediato 
de la tierra, no hay ningana que nos dé idea del aumento de 
los (ontinentes en relación al aumento de población: es indu- 
dable que existirá una aimonía superior entre todas las cosas 
anuípie el progreso de los conocimientos actuales no alcance á 
vi^lundjrarla. Se ñola aun en los tiempos históricos alguna va- 
riedad en la altura de los mares: en las del Pacifico al Sur de 
América, en algunos puntos la costa se vá retirando en más 
proporción que la entrada en el Norte de Europa, sin que este 
fenómeno corresponda al natural descenso de las aguas por con- 
solidación y evaporación. En los grandes descubrimientos que 
los ingleses y alemanes hacen de las antigüedades orientales, 
se encuentran ya bastantes datos que nos dan á conocer que 
no pasaron ignorados en aquellos remotos pueblos ciertos acci- 
dentes que creemos estudiarlos por ])rimera vez. No falta quien 
asegura que la deificación al fu^go ó al agua, en todos los paí- 
ses primitivos para la historia, emanaba del conocimiento de 
esa lucha del fuego con el agua á los cuales respectivamente se 
atribuia el principio del mundo según las ideas filosóficass se 
dirigieran á lo metafísico ó á lo material. 

A. B. 



* 



Los volcanes de Guatemala no se encuentran en la cor- 
dillera principal, sino en las extremidades de los ramales me- 
ridionales. Una linea dirigida del N. O. al S. E. pasa por los 
principales 3^ puede llamarse el e/g volcánico de la cordillera de 



;0() 

(ruaiemida. Pueden dividir?e los volcanes tn tres secciones: la 
del O., la del medio 3' la del E. 

— A la sccciüQ del O. pertenecen solamente los dos vol- 
canes extinj^nidosdel departamento de San Marcos: el volcán de 
Tacana, que es un cono regular, y el volcán de Tajumulco, de 
forma menos regular. Este último tiene depósitos de azufre, 
explotados por los habilantes del pneblode Tajumulco. (1) 

— La sección media que contiene varios volcanes aclivo?, 
comienza con el grupo de lo.s volcanes de Quezal tenango. Se 
halla este grupo al Sur de la ciudad de Ouezalteiiangt^, en el de- 
partamento del mismo nombre y está compuesto de tres volca- 
nes. El mas setentrional de éstos apenas se eleva 200 metros 
sobre la meseta que le sirve de base, distinguiéndose |>or su for- 
ma muy regular. Al S. del él se levanta una masa irregular, 
más semejante á una montaiia que á un volcán que se llama 
Cerro Quemad«>, conocido también coa el nombre de volcán de 
Ouezaltenango. Una depresión honda y {ioligonal forma su cráter. 
c lyos bordes al S. alcanzan una altura de \\.\ H> metros sobre el 
nivel del mar. Kste voh.án está todavía en actividad y ti^^ue 
fumarolas y solía taras, cuyos gases y vapores se reúnen algunas 
veces forniaudo una nube encima del cráter. Ln última crup 
c¡(5n del Cerro (Juemado tuvo lugar en ITsr,. 

— En tanto <|uc lo?; Ilancos del Cerro Oucmado mue<itran 
una vcgelacio'n p d>re y ra(|uit¡ci, el volcán de Santi María que 
termina este gnifro hacia el S. de los mencionados, está cu- 
bierto de árboles y arbustos hasta su cima. El volcan de San- 
ta María presenta una forma regular y ^e eleva algunos cente- 
nares de metros sobre el Cerro (Quemado, pues su altura es casi 
de 15.500 metros. Ha cesado su activiilad dosile hace mucho 
tiempo y solo su forma cónica y e) cr.íter que tolavía existe, 
prueban (pie fue una de las inmensas <>himeneas «le nuestro 
globo. 

— Avanzando hacia el S. K. so encuentra en las orillas 
del lago de .\ tillan el volcán de San Pedro, que se eleva á una 
altura de i^.óOO metros y que está separado del volciui de Ali- 
tlan por un brazo estrecho del lago que se e.\t¡ende al S. Tres 
conos forman el volcán de Atitlan. dos de ellos extinguidos, 
muy cerca el uno del otro y cubiertos de vegetación hasta la 
cima. Separado de éstos por una garganta muy profunda se le- 
vanta el tercer cono, todavía activo, hasta 2.oT2 metros. Eo 
su naneo N. suben los árboles hasta 2.200 metros: pero sobre el 
flanco S. que es muy escarpado, una masa de lava nniy acciden- 



[t] Adelanto se voiA la .>s¡>«i¡íiI iUsrri|>(-i«in «!•• i-str volcan i'Mnt.i | <»r ••! Sr. 
rrieto. 



^1 

tuda impide toda vegetación, á 1.500 metros de altura. Nu- 
merosos respiraderos de gas azufrado se encuentran en el crá- 
ter y en el flanco S. Las erupciones más violentas de este vol- 
cán, en este siglo, han tenido lugar en los años de 1828. 1833 y 
1854; el volcán arrojó entonces inmensas columnas de humo, 
cubriendo de cenizas sus contornos. 

— El grupo siguiente ?e halla en las cercanías de la An- 
tigua Guatemala. Al S. O. de esta ciudad se halla el pico más 
elevado de toio Centro América, el extinguido volcán de Acate- 
nango que mide 4.150 metros. Hacia el N. se encuentra otro 
volcán menos elevado. Este grupo termina en la extremidad S. 
por el volcán de Fuego, que todavía está en actividad, separado 
por una cañada profunda del volcán de Aeatenango. El volcán 
de Fuego ha duterminado frecuentes temblores, que han cansa- 
do ruinas y estragos de consideracitjn. Su altura es de 4.000 
metros y es el segundeen elevación en Centro América. Gran- 
des ro;;as, ceniza é innumerables piedras hacen difícil, pero lo 
peligrosa su ascención. El cráter y la parte superior de sus 
flancos presentan muchas fumarolas y sulfataras. Su última 
erupción tuvo lugar en 29 de Junio de 1880. (Ij 

— Al lado opuesto del valle de la Antigua, está el volcán 
de Agua, extinguido ya desde los tiempos prehistóricos. El 
borde superior del cráter se eleva á la altura de 3752 metros. 

— El grupo del volcán de Pacaya sepjrado del volcán 
dt; Agua por el valle del río Michatoya, no presenta en su tota- 
lidad formas cónicas, más bien se redondea en forma de cúpula 
Sus cráteres se hallan situados sobrv algunas puntas que coro- 
nan la mole de la montaña. Subiendo desde el pueblo de Pa- 
caya (al N.) se encuentra en primer lugar la laguna de Cal- 
dera, que ocupa un cráter extinguido, y al O. otro cráter con 
in licios de actividad. Aunque todavía muy activo en los últi- 
mos siglos, haciendo su última erupción en Julio de 1775, pare- 
ce que está muy próximo á su completa extinción, pues la ve- 
g 'tación se extiende hoy hasta los cráteres. (2) 

— Como perteneciente al grupo del volcán de Pacaya se 
pueden considerar dos pequeños volcanes extinguido?, al N. O. 
del departamento de Santa Rosa, llamados Cerro Redondo por 
la figura cónici redondeada de uno de ellos. 

— En el mismo departamento de Santa Rosa se encuen- 
tra el único ramal que la cordillera envía hacia el S., la monta- 



(1) Adelante veranse las descripciones de este volcán,escritas por varios viajeros y sa- 
bios exploradores. 

(2) Los p. p. jesuítas, naturalistas, escribieron largamente sobre este volcán de lo 
cual vamos á poner adelante un artículo publicado eu -'La Senaana." 



32 

ña de Santa Rosa, entre los ríos Michatoya y los EslÍuvu.-. La 
extremidad meridional de esta montaña está formada por el 
volcán de Ttícuamburro. P^n este volcán, como en sus alrededo- 
res, abun lan los vestigios de la acción volcánica: respiraderos, 
fumerola-', solfataras, y aguas termales, que se encuentran á 
cada paso. 

— La sección oriental de los volcanes de Guatemala es- 
tá en los departamentos de Jntiapa y Chiquimula. Kl más se- 
tentrional de esta seci-ión es el de Ipala al S. del pueblo del 
mismo nombre, en Chiquimula, y de 3.000 metros de altuni. 
Su parte superior está cubierta de cenizas y carece de toda ve- 
grtac¡Jn.(l) Al S de este volcán se halla el de Monter¡(.o,que eP 
más pequeño. En la misma dirección y al otio lado del río 
Ostúa está el volcán de Santa Catarina 6 Mita, Ihimado Umbién 
vulcán de Suchitán, en Jutiapa, Su última formidable erupción 
la hizo según las tradiciones de los indígenas, en 14C0. Los 
pequeños volcanes de Culma y Amayo, ambos cerca de la ciudad 
de Jutiapa, se hallan con los mencionados en esta secci(5n. en 
linea recta, dirigida de N. N. Iv á S. S. O. Proloniínndo esta 
línea pasa al S. del departamento de Jutiapa por una montaña 
casi aislada de la cordillera, llamada de Moyuta. Como eshi 
montaña so encuentra ca^i en línea recta con el volcán de Te- 
cuanburro y los ausoles cK» Ahuachapan, es pn)l>'able que sea 
también nn volcán. 

— El último volcán hacia el oriente de (¡nalemala es el 
de Chingo, de forma regíilar y de 2.000 metros próximamente 
de altura, al S. E. d ? la villa de Jutiapa y ceri'a de la fiontera 
del Salvador. 



^1) Notable equivocación sufrió á este respecto el Sr. Dr. González., ]>um plumona <|im> 
conoció diclio volcán y lo estudió lo i»inta *lo líistinffl nianhr.i. lomo »<e vvrñ «.Jo-* 
lante cu el articulo doscr¡i>tivo de él. 



I 



ÜM ASCENCIÓN CIENTÍFICA AL VOLCAN DE 



POR LOS SENOKES 



AUGUSTO DOLLFUS Y EUGENIO DE MONTSERRAT, 

INGKNIKKOS^ Y .M HOMBROS DK LA Co.MISIÓN CiENTÍFK A 1)K 

Méjico y CK^'TPv() Améiíica. 



El volcan de Fuego cuya cima se levcinta á cuatrolegUfis poco m¡ís 
o menos, al S. O. de la Antigua, se considera generalmente en 
(xuatemala como imposible ó por lo menos excesivamente difícil 
de ascender, y una relación del Dr. Scbneider inserta en los 
números déla Gaceta de Guatemala del 21 y 26 de Setiembre 
de 1860 no ha contribuido poco por sus exageraciones á propa- 
gar esa idea. Sin embargo, acostumbrados en nuestros viages 
científicos á oír siempre ponderar las diíicultades de nuestras 
empresas, dudábamos poco <1el buen éxito de nuestra tentativa, 
cuando pasamos í la Antigua con el designio de obtener infor- 
mes más precisos. Nuestras entrevistas con el Señor Don Na- 
zario Toledo, cuya amabilidad y empeño por favorecer nue«tra 
excursi(5n no se han desmentido un instante, así como las que 
tuvimos con Don Tomás Wyld, en D.ieñas, cuya benévola hos- 
pitalidad será siempre para nosotros uno de los más agradab'es 
episodios de nuestro viage, nos convencieron pronto de , que no 
encontraríamos ningún peligro que correr, ningún i dificultad que 
vencer, sino solamente grandes fatigas que experimentar contra 
las cuales nos garantizaban la victoria, una gran costumbre de 
ascender elevadas montañas, una constitución robusta, y sobre lo- 
do una voluntad firme de realizar los estudios cuyo atractivo nos 



s^ — .. — . . ■ — — ' — ■ - ^ - - 

"ha conducido bajo el hermoso cielo de América. Además, el 
ejemplo de machos predecesores nos inspiraba confíanza, y 
aparte de la ascent^ión de los Señores Schneider y Beschor, tenía- 
mos las de los Señores Wvld, Salviii, Barón de Siebach etc., 
que incontestablemente han llegado antes qne nosotros al punto 
más elevado del volcán. 

Ampliamente provistos de ¡nfortues y de consejos, hechos to- 
dos los preparativos con cuidado, salimos de Daeñas el 27 de 
Mayo á las cuatro de ia mañana, para llegar al despontar el dia 
á la hacienda de Cap( tillo, donde debíamos encontrar a nueetros 
guías. Que se nos permita de paso agradecer por sus amables 
atenciones á Don Mariano Roma, el dueño, y el Administrador 
de dicha hacienda de Capetillo, do:.de se han conservado la» 
antiguas y buenas tradiciones de la hospitalidad, de la manera 
mas interesante. Poco de.-pues nos pusimos en camino, ú la ca- 
bezi de nuestra pequeña caravana», que se componía, además de 
nosotros dos, de nuestro fiel criado Doroteo, que hace más de un 
año nos acompaña en n lustros viagcF. y que ha hecho un panto 
de honor el no dejarnos ascender sin él. ú la cima de ninguna 
montaña; de nn gendarme de la Antigua. Bruno Goozíílez, pues- 
to á nuestra d¡sposi( i(jn por el Sr. Corregidor, y en fin, de sein 
indios, dos guias de Aiotenango. y cuatro cargadores de Doeñas. 
Anduvimos i( caballo como una legua sobre un plano ligeramen- 
te inclinado, que se e.\ti(índe hasta el pié del vulcu'n, y poco 
después de haber penetrado en el bosípic. tuvimos que echar 
pié á tierra. Casi inmediatamente comenzamos á subir pen- 
dientes rápidas, cu\'a ascención hacía más difícil lo enpeHode la 
vegetaoic5n, que (on extremada rapidez Invadía una veredi», 
apenas trazada, que á cada instante era necesario abrir de nuevo 
con in(ti'h('te!>. Estii priujcra parte del camino nos ha fiarccido 
con mucho lamas p no a. ümbarnz.idos con nuestros ínstru* 
montos cientíticos, que era imposiide confiar ú los cargadores, 
enredados ácada paso en los bejucos, destrozadas las BMnoa y 
la cara |)or las espinas, noá arrastníbamoá sobre uu suelo húme- 
do y resbaladizo, avanzando muy lentamente. Siu «mbargo, 
nos Íbamos elevando poco á poco, atravcrMindo una espesa nnbe 
(pie nos ocultaba el objeto de nuestras fatiga.4, y hu'cia la mitad 
del día llegamos á unn altura como de 3.00(1 metros, donde 
comienza la región de los pino-^. al mismo tiempo que dejamos 
abajo la niebla^ para gozar de un cielo de admirable pureía. 
Aunque las pendientes seguían tan rápidas, la marcha se faci- 
litaba bastante por lo menos espeso de la vegetación. Atra- 
vesamos un iumenso espolón que separa dos profundos barran- 
cos y que une por una parte el pié ó falda del volcán de Fuego 
con la del Pico mayor, qne se eleva un poco más al norte, y 



35 

liácia las 4 de la tarde llegamos á la altura de 15, 284 metros, 
donde encontramos los restos de un pequeño rancho construido 
en otro tiempo por ^[. Wyld, en una de sus ascensiones. Con 
ligeras composturas, lo hicimos pronto habitable, se encendió' 
un buen fuego j tomamos nuestras disposiciones para pasar la 
noche sin temer mucho el frío, pues en efecto no era muy in- 
tensOj habiéndose mantenido el termómetro á los 12° centígra- 
dos durante la noi-lip, descendiendo bástalos 6" 75' á las 5 de 
la mañana. 

El día siguiente nos despertaron los rayjs del sol, que alum- 
braba con todo su brillo, anunciando una mañana espléndida, y 
satisfechos con tan buena fortuna, nos pu-imos alegremente en 
camino, para completar la última parte de nuestra ascención. 
Poco tiempo después llegamos á 3.666 metros de altura á don- 
de comienza la meseta, especie de espobjn que tiene como 800 
metros de largo. Este espolón liga, trazando una ligera curba, 
el cono propiamente dicho, del volcan, jí la albardiila que ha- 
bíamos ascendido la víspera y que se distingue perfectamente 
por ambos lados. En aquel punto teimina también la región 
de los pinos en el volcán de fuego, y sobre la meseta no se 
ven más que algunas gramineas raras y enclenques. Sin em- 
bargo, el límite superior de la vegetación arborescente, debe estar 
colocado müs arriba, por que en el Pico mayor sube hasta la 
altura de 2.000 metro?, poco más ó menos. La meseta es mu- 
cho menos difícil de atravesarse de lo que se dice general- 
mente; se camina por un pequeño espacio plano, como de un 
metro de ancho, y de cada lado el dec'ive no tiene nada de 
terrible: parece que se pasea uno sobre la cresta de un techo 
gigantesco, de flancos muy inclinados, y no es necesario tener 
muy buena cabeza para no experimentar algún fenómeno de 
vértigo. Los dos indios que nos habían acompañado hasta aquel 
punto, se detuvieion, y ni por oro ni por plata pudimos deci- 
dirlos a' pasar más adelante E! cráter del volcán es para 

ellos la "boca del infierno," y su valor no alcanza hasta enfren- 
tarse con semejantes cosas. Nos quedaba que subir el cono 
mismo, en medio de piedras movedizas, de escorias y cenizas 
que resbalaban bajo nuestros pies, que se hundían hasta más 
arriba del tobillo. Esta parte de la ascención es seguramente 
muy penosa; pero felizmente no es muy larga, porque la cima 
no se eleva más que 334 metros sobre la meseta, y además 
la pendiente no pasa de 32", mientras que en otros volcanes, 
en el de Izalco en el Salvador, por ejemplo, la hemos visto 
llegar hasta 42" Después de hora y media de esfuerzo?, logra- 
mos alcanzar á las 8 de la mañana el punto más elevado, si- 
tuado al Norte 20' Este del volcán á una altura de 4.100 



3íí 

metros sobre el nivel del mar. altura deLenninada por medio de 
un exelente baiómetro de Fortín, construí lo especiahneute ro 
Paris para medir lis «íramles alturas, v comparado con los instru- 
mentos acalogos del Observatorio imperial. Xijof-o críalo Doro- 
teo y el gendarme Bruno (lonzález habían llegado ala eiroa jun- 
to con nosotros. E tirmpo se mantenía l;r.eut> y la alraúsfer.i admi- 
rablemí nte para; el sol brillaba con todo su esplendor.Ia tempera- 
tura no pasaba de lo" centígrados, y la vista que se extendía li 
nuestros pies, era realmente espléndiJa. Todas las bellezas de es- 
ta rica región de Centro Auíérica íjiie constituye la República 
de (jriíatema'a, se veían • n deta le coüio fri un cuado mágico. 
Por una parte la inm<*nsa mo'e «leí vo'ca'n de Agua, cuya cima 
parecía llegar lii-ta d(jndo tslábajno.s ( or lu otra las verd»*s 
campiñas de P^scuintla, cuyos tintes, dis idnayemio pvir grado.<«, 
iban sí morir poco á poco en las ondas azules tlePOciJano Pa« 
cífi-'o; más allá, las sombrías y. r.iSga las montañas de los Alto*, 
rodeando como con ulia ct.rona la j):ntons<a laguna de .Atitlan; 
en fin, los risu iios val es de la .\niigua y de (inatcroala, con 
sus campos, sus vil as y sus pu.d)'os, ümitjidos a' k) lejos ¡íor 
las altas montanas de ¡a N'erapjiz. 

Apartinio la vista del panoratn i «pi • n« s rodeaba, nos piwi- 
mos. en tin, ú estudiar el volcán misno. A nuc^trot* piós íse 
extendía una lí^.ra depresión en sus tlan <»s, de la cual se e.v 
capab.in algunas columnitas de ^apcr tic agua p<>co ácido, y cu- 
ya temperatura no pasubi de 81 ; |h»i*o e.-ic no era el verdadero 
cráter, cpie nos ocultiba todavía la (onfonnación del terreno. 
Avanzando hacia uno de los pen:»>C('sque c< ustituyen la cintura. 
pudimos al fin p(rc¡birl > y examinarlo o:i tolof^ sm* detalle.'*. Ks 
un inmenso bopi-róii, ubi» rto entera nei.te en un (Oí»tado déla 
montaui del lado Sur 20' Oeí«t»*, de tal manorn. <^n»» uno de lo* 
pu.toa de su borde esta' (omo ¡i .'iOO metro-» niiis abajo del i|Oe 
está en el lado opiiesío VMg terrible i rát« r, c.isi perfoctamen- 
t-^ circulo r, tiene un diánutro (pie no puede sor de mecos de 
oOO metr(S, con U!:a profundidad rpie ilrga como ú (K)0 metroaf 
según el experimento <p?e hicimoi». arrojando una piedra deade el 
borde y calcidando el tiempo que dilataba en llegar al fondo. 
(íigant(s as paredes verticales van a unir.-e progresivamente á 
un embudo cjiíe s^ termina a' .su vez por nna especie de pozo 
circular, con un diámetro de ÓO nH»tr(»s, poco más c» meno-, v 
una profumJi lad de 100 metro.^ e8t:indo el fondo lleno de jrraiy- 
des piedras anou'ares. eaidas probablemente de ¡a cima y de las 
murallas, á consecuen ia de los terremotos *'> do las mismas erap- 
ciones, y mantenidas allí en forma de b<íveda natuial. Por todas 
partes se ven respiraderos por donde se esc:pa el vapor, deposi- 
tando en las rcc ms cireunvecina.*- masas de azufre y alumbre, 



; 3T_ ^ ^ __ 

amarillas, verd'.'S y blancas, y cuyos vivos colores matizan de 
una manera extraña los tintes rojoí, morenos y negros de las es- 
corias de todas clases y pórfidos más o mecos alterados ó des- 
(ompuestos que constituyen la mole peñascosa delí montaña. 
Después de haber permanecido algim tiempo en la cima del vol- 
cán, para formar el plano del cráter y levantar topográficamen- 
te los puntos notables de los alrededorí s, emprendimos dar vuel- 
ta al cráter, con el lin de estudiar más de cerca sus detalles. To- 
dos los respiraderos que se encuentran en las paredes vertica- 
les son enteramente iníiccesibles, y liemos debido renunciar á 
examinarlos de cerca, p^'ro sobre el i)orde mismo, si es posible, 
afiesar de las grandes dificultades y aún riesgos de acercarse á 
un gran numero entre Ioíí cuales hay dos que tienen una impor- 
tancia considerable; uno de ello-; está situa-lo al Sur 40' Oeste, 
el otro al Este. • 

El primero tiene una temperatura de 03' centígrados; se com- 
pone de vapor di agua conteniendo mucho ácido sulfuroso y una 
fuerte proporción de ácido clorhídrico; el vapor se escapa del 
fondo de una especie de gruta, cubierta de azufre cristalizado y 
de un aspecto realmente muy hei-nioso. El í^egundo respirade- 
ro es más caliente, haciendo sul)ir el terniometi'o hasta 
110' 50; pero su c)ni posición es casi Stmejante á la del primer», 
nunque es un poco más sulfurosa y algo menos clorhídrica. He- 
mos recojido estos dos gases en tubos de vidrio, cuya vacuidad 
se había preparado de íintemano con mucho cuidado, y así serán 
enviados á Parí-", donde se hará un análisis exacto en el labora- 
torio químico del Colegio de Francia. La temperatura elevada 
y la acidez tan pronunciada de es )s ri-spirad/ros, parece iadicir 
que el volc/n de Fueg ) está todaví i en un peí iodo de ííctivi. 
dad bastante intenso, y que no ha cumplido su papel en los ft- 
nómenos eruptivos de esta r*g;ón, notable entre otras por el 
número y actividad de sus volcane."-. 

Como á las diez y media comenzaion á agrupar-e algunas nu- 
bes en deri'cdor nuestro, y se fueron acumulando cada vez más, 
hasta que lar oculta la cima di volcán en la espesa niebla. 
Hacia el mulio día, después de íermii.ar nuestras observacio- 
nes, nos decidimos á des< onder, habiendo permanecido cuatro 
horas arriba, sin exj) 'rimentar ninguna incomodidad por los 
vapores ácid^ s ni por la rarilicación del aire, (jue aún no es muy 
considerable á 4,000 mctrof^. En poco tiempo y sin ninguna di- 
ficultad, bajamos otra vez á nuestro rancho, y como estábamos 
bastante fatiga los, y la uociie no parecía mala, nos decidimos á 
dormir en él [)o'.- segunda vez. Al caer Li tarde pudimos tam- 
bién gozír dól hermoso y raro espectáculo de una tempestad 
violenta que descargaba l)ijo el punto donde estábamos, sobre 



38 

el valle de la Antigua. El siguiente día. encontrado las pen- 
dientes más rápidas aun para bajar de lo que nos habían pare" 
cido al subir, en pocas horas llegamos á la hacienda de Capeii" 
11o, de donde el Administrador nos había distinguido la víspera 
perfectamente, á los cuatro, por medio de un anteojo de larga 
vista, durante todo el tiempo de nuestra permanencia en la cima 
del volcán. 

Dos días después emprendimos la a.scenciún del volcán de 
Agua, yendo primero á dormir al pueblo de Santa María, á 2,081 
metros de altura, para llegar el siguiente día á la cima, que se 
eleva á 3,753 metrcs sobre el nivel del mar. Este pafeo favori- 
to de los habitantes de Guatemala, es demasiado conocido para 
que sea necesario dar ningún detalle de nuestra excursión; dire- 
mos solamente que hemos veriticado en el volcán de Ag«:a tedas 
las observaciones que habíamos hecho en el de Fuego sobei» los 
límites de las diversas vegetaciones, y que el crrfter de 70 me- 
tros de profundidad y de un diámetro de 250 i 300. indicj por 
todos sus caracteres que (ste volcán está completamente extin- 
guido hace ya muchos siglos. Además no fuimos favorecidos con 
un tiemj o tan bueno como el que nos hizo en el volcán de Fue- 
go y dtbido á una neblina que arrojd en torno nuestro ua vien- 
to violento y frío, la temperatura bajó basta 3* centígrados. 

El volcán de Pacaya fe eleva á pocas leguan al 8. R de Ama- 
títlán, y no presenta más que algunos venligios de actividad, 
que hacen la ascención | oco provecho.»-» paralan iuvt.^tigacio- 
nes de las ciencias; pero en cambio, es tal vez el punto detde 
donde se puede examinar mfjor el conjunte» de las roa.*-aH de los 
volcanes de Fuego y de Agua, que parecen agrupados en un so- 
lo cuadro. De Amatiilán (1,189 mctro.^í) so «>u be ya algo hasta 
la aldea de Pueava (1,002 metros) y todavía se puede subir mi» 
á cabalo, siguiendo una lonita vereda trazada en el boííque. Se 
ll<ga a.sí ha.<-ta el pi»- del cono, (pie no tiene desde alia más que 
150 metros de altura, eon una ineünación ba.stante rápida de 
:>7* Felizmente las escorias y piedrais movedizas comieniuin á 
iilirmarsc por medio de las plantas enredadoras y las yerbas 
(¡uo ocupan ya gran parte del cono, y .«»' llega fácilmente al pon- 
to más alto, que fc halla á 2,550 metros sobre el nivel del mar. 
En la cima se abre un p<queño cráter de 00 metn»s de diá- 
metro, y de 20 de profuii'lidad. poco más 6 menos, del cual sa- 
len en varios puntos columnas de vapor bastante aViundsnIes, 
pero ya no es más que vapor de agua, cuya temperatura do pa- 
sa de 81' centígrados, y que contiene una porción tan mínima 
de ácido sulfuroso, que el mu^go y h\^ orquideas pueden vivir 
en el cráter y hasta en los bordes mismos de las hendeduras jK»r 
don le .«c escapan los vapnes. Estos iodi'?io.<*, junto con otros 



■ 39 .„___ ___ 

muestran claramente que la potencia eruptiva de este volcán 
está en un período muy marcado de decíKlen- ia, y que antes de 
mucho tiempo no podrá ya figurar en la lista de !os volcanes 
activos de Centro- América. 

No terminaremos esta corta lalación, sin dar otra vez las g a- 
cias a todas las personas cuya amable a-istencia nos ha permi- 
tido ejecutar en poco tiempo esas Ires ascenciones; y más par- 
ticu'armente á su Excelencia el Presidente de la República de 
Guatemala General Don Bafael Carrera, así como á los señores 
individuos dvl Supremo Gobierno, cuya bc'ndadosa acoj da se 
conservará siempre entre nuestros más gratos recuerdos. Sen- 
tiraos no poder ofrccei", en nestimonio de reconocimiento, un tra- 
baja más completo, acompañado. de dibujos y de planos, que fa- 
cilitarían la inteligencia de su re!aci(5n; pero el espíritu mismo 
de nuestia misión nos pone un obstáculo -que no podemos tras- 
pas ir, y nos vemos reducidos á suplicar á las personas que de- 
seen profundizar estas cuestiones, que tengan á bien referirse á 
"los Archivos de la Comisión científica de Méjico y Centro-Amé- 
rica," publicados en París, en la Imprenta Imperial, bajo los 
auspicios del Ministerio de Instrucción Publica. 



AUG. DOLLFÜS. E. DK MONTSERRAT. 

Ingenieros on misión rifutiHca en Méjicf) y en Centro-América. 



I 



EXPEDICIÓN 

á lo8 volcanes de Acatenango y de Fuego 



A fines del raes })asaclo, enero de 1881, me convidaron los se- 
ñores Don Victor Matheu, Don Juan J. Rodríguez, Den Juan 
Vandeputte y Don (juillermo Wyld para una asceucit'n á los 
volcanes de Acatenango y de Fuego y habiendo obtenido Ji- 
oencia para algunos días, me fui el 31 de enero a Capeiillo. 

^A punto de partida j'ara nuestra excursión era Dueiías, de 
donde salimos á las 4 a. m. del dos de lebrero, acompañados de 
10 mozos y preparados para pasar algunos días en la montaña. 

Tomando el camii.o de Calderas se puede subir á caballo mil 
pies arriba de Dueñas, liastaque en milperías y liuatales comif n- 
za la ascención en la falda Norte del volciín de Acatenango. 

Pronto se entra en montaña alta con abundancia del árbol lla- 
mado "canaca" ó ''mano de mico'' (un Cheirostemón) y siguiendo 
los callejones abiertos para sacar trozos de este mismo árbol, lle- 
gábamos á las 9 a. m. ala última milpa en una altura de algo 
más de 7,400 pies ingleses. 

Con la altura se aumenta aquí en estos mests de verano el nú- 
mero de plantas íloresciente?, Fuchsias, Alstroemeriasy Begonias 
cobren el suelo, pero se nota en el volcán de Acatenango menos 
abundancia de Orquídeas, Bromeliaceas etc., etc., <]ue envuelven 
en el vo'cán de Fuego las ramas de los árboles. 

Tabusas parecen ser muy comunes en estas alturas por que 
los hoyos cabados por ellas contribuyeron en algunos puntos á 
hacer la sulñia más difícil. Notábamos además, muy poca vida 



42 

animal. Un gavilán, unas palomas 3' el inevitable zopilote. Ui'íf- 
cribiendo sus círculos sobre nosotros, era todo lo que viraos cu la 
región de la montaña, que cesa a 9,000 pies ingleses, para dar 
lugar á los piñales y pajales, que marcan el principio de una flo- 
ra alpestre. El año pasado se habídu incendiado estos piñales 
del lado de Dueñas y millares de troncos negrus queíaron co- 
mo vestigios dcí la acción destructora del fuego. 

Entre las gramíneas bastante altas tapizaban numerosas flore:* 
el suelo, principalmente un Lupinus, [bastaní^ parecido ala 
planta llamada 'corazón tranquilo/'] varias compíísita' y una 
Erica. 

Algunos cien pies más arriba abundaba un helécho con tron- 
co corto pero grueso. 

Debajo de la corteza de los pinos muerto.s recojimos uo nú- 
mero considerable de insectoj, la mayor parte Carábidos. Lon- 
gicornios y Melanosómatjs, Peqneííos cien pies (Siphonopra, 
Platydesm, Lithobiu?, Julus, JLv,) hu')o á centenares y aranas co- 
mo pequeñas salamanquejas encontraban asi alimento fiuííeiento. 
El único cuadrúpedo que viraos era una ardilla, que nt>s visito 
cuando hizimos alto á u-io.s 10,400 pies de altura fjara pasar ahí 
la noche. 

Durante todo el día teníamos una vi^ta magnífica (Hibre Ioa va- 
lles de la Antiííua y de Guatemala, y sobre los aíridos campos de 
Zuínpango al Norte. Las montanas más lejana.^ eran cubiertas 
de nubes y estas llevadas por un viento d»d Sar. >e extendían 
(le tal manera durante la noche siguiente, que formaba un in- 
menso velo blanco debajo de n(>si>ti"os, el que, estando en cons- 
tante movi'iiiento y alumbrado por la suave luz do la luna, ofre- 
cía uno de aquellos cspecl:(cuios gnmdiosoí que recomin.Mi'ían to- 
das las fatigas y trabajos del viaje. 

:*> de lebrero. A las O de la mañana seiluUba el ternidtoelro 1° 
Celsius sobre c*ro, pero el agua debjjo de unos platos de china 
se había conjelado tal vez debido á la mayor ruíiacinn de ("'«w 
objetos. 

Subiendo, con algo menos trabajo (jiíe ayer tarde, jnir no li 1- 
ber troncos de pinos botados, llegábamos pronto a' un punto des- 
de el cual quedaron visibles las dos cumbres del volcán <Ie Ac.i- 
t nang), y á 11,500 pies nos diiigíamos hacia la depresión que 
las separa, en una falda cubierta con pequeños fragmenten de 
lava y escoria y casi sin vegetación. Al medio día nos entontfu- 
hamoi!, eu una altura de 12,200 pies ingleses, entre los dos pi- 
COS. El más pequeño, al Norte, ofrece poco interés. Íjq bautiz • 
bamos, por las tres eminencias que lo constitnyea, '*Las tres 
Hermanas.'* 

Algunas sorpresas nos había reservado el pico mayor 



43 ^_^ 

DoUfus y Montserrat, los únicos autores que dan noticias de- 
talladas sobre los volcanes de Guatemala, no habían visitado el 
de Acatenango, y su informe respecto de él, es como lo decla- 
ran ellos mismos, incompleto. 

Visto de cualquier lado desde abajo, no parece tener nuestro 
volcán ningunos vestigios de actividad, y por analojia supo- 
níamos que el cráter debía abrirse en la punta más elevada. 

Pero ya desde el pie del pico mayor se ve varios fumaroles 
despidiendo vapoi' de agua, algo arriba de un precipicio forma- 
do por roca viva. El cráter mi>mo se et cuentra enti'e los dos 
conos. Antes de llegar á él, se posa por dos depresiones ca-i 
circulares, de unos quince á veinte pies de pr<jfündidad cubier- 
tíis por lapili y arena volcánica de la erupción del volcán de 
Fuego en 1880. Más allá se abre el cráter con paredes perpen- 
diculares de una profundidad de 80 á 100 pies con un diámetro 
igual. La pared Sur se Ijvanta peipendicularmente unos dos- 
cientos pies sobre el cráter dentro del cual no liay señas de ac- 
tividad volcánica. 

Después de haber visitado el cráter se fue el stñor Yande- 
putte con los mozos para buscar paso por la falda Sur del vol- 
cán en la regidn de les pinos, mientras don Víctor Matheu, don 
Juan J. Rodríguez, yo y un criado emprendíamos la subida á 
la parte más alta. Bastante peno*o era este ascenso en terreno 
muy inclinado y cubierto de fragmentO'í ir^enudos de escoria (pie 
resbalaron debajo del pie. Mientras más subiamo?, más fumaro- 
les podríamos distinguir y no es exajerado decir, que la parte 
culminante di 1 volcán de Acateuango está cubierta del lado 
Norte y Oeste de respiraderos de vapor de agua. 

Una rica vegetación de plantas pequeñas cubre los alrcdec^o- 
res de los lugares por donde sale el vapor, debido seguramente 
á la alta temperatura del suelo y á la humedad. No noté presen- 
cia de cualquier ácido, y las mancha-? amarillas que desde lej-'s 
pareceu ser eflorescencias de sale?, resultaron ser producidas 
{'or un musgo ba'-tante grande y hermoso. 

Alg.) después de 1 p. m. llegábamos á h\ eumbr.. sobre la 
cual existe también una depresión de unos 500 pies de diáme- 
tro y 25 á 30 pies de profundidad, con seña que durante el in- 
vierno se forma en ella una pequeña laguna. Pero esta depre- 
sión no .es resto de un cráter si no originada sin duda por 
erosión. 

La presencia de una mariposa ( Vanes.-a Cardui L) en esta al- 
tura era bastante curiosa y no meno^ sorpr>mdi(j la temperatura 
agradable del aire (12, 4= C). 

Después de habjr dado la vuelta por la cumbre y enterrado 
una bot' lia con un papel conteniendo lo? nombíes de los miem- 



44 

bros de la excursión, bajábamos hacia el Sudeste, lo que «e efcc- 
tud con bastante velocidad. Habíamos llevado cornota.s y |:or 
medio de ellas fue posible encontrar al sener Vandeputte que 
con los mozos liabia tenido bastante trabajo para pasar roe is y 
barrancos. 

Acampaba mo5 á 11,200 pies de elevación en t« rreuo muy io- 
clinado donde fue necesario escavar un plan para armar nuestra 
tienda de campana. 

Durante la tarde había cambiado el viento y el norte fresco 
nos trajo durante la noche, niebla. 

4 de Febrero. — El volca'n de Acatenan«i;ü está sepáralo de el 
de Fuego por un barranco, <pie uniéndo>e al pie de la *\Meseta* 
á otro. Ibrma Barranca Honda. Hoy teníamos que buscar lanii- 
no, ñanqueando el Acatenango, para llegar ¿este barianco y 
cruzarlo. Trepando por entre rocas y (pi*^bradas, resbalando so- 
bre el terreno fuertemente inclinado y envueltos ciu»i siempre 
entre nubes, avanzábamos lentamente hacia el Sur hasta llej^r 
ú. la 1 p. m. á la orilla del barranco grande. p(»r fortuna eu un 
punto donde era fácil bajar y subir al otro lado. Habíamos des- 
cendido hasta 8,000 pies, ya más abni») (pie la r«gi«'»ii de pinos y 
era necrsario subir cerca de 1,200 pi< s en el volcán de Fuego 
para encontrar el punto para ixírinclar, situado ya solire el Cu 
Ion cuya parte ni's elevada lleva el nombre de la Mest-ta. An- 
tes de anochecer teníamos todavía timipo para colectar nigunosi 
inscctcs, idénticos con los encontra los en el otro volciiii con 
excepción de nnos cohópieros muy parecido» á las Nehria<( de 
la zona templada. 

El tiempo bastíule nebuloso dutaiitc lod»» el din ne voS 
vio peor desde las ') p. in. Kl Norte <•• nienzú ú soplar n n fuer- 
za de un huracán, y las densas nubes se disolvieron en una llo- 
vizna. Creíamos ya imposible la asccncirn al volcán de Fiu^o 
el día de mañana y (emiamos ipie el viento nos Ib vasi' duraiilt; 
la no>he la tienda de campaña. Per.» á las 1 a. m. ilel dU w« 
guiento cesó la borrasca; dentro de una hora se d- sp.»jú i-l vu\o 
como por encanto y después de una espléndida salida I ' -^ ' • 
presentó el día más herino*o que podiamoB desear. 

5 de Febrer-v El altgre canto de multitud de pájaro^ j^pi n- 
cipalmente Turdidae], no> acompañaba cuando come» zál amo lí 
subir á las 7 a. m. 

K¡ lilón, (jue permite llegar á la me-eta va e-trechándor'e 
más y más con la mayor altura: la vejetación ya nc* encuentra 
bastante humus catre la capa de piedritas qu ' r-ubre los Mauros 
del volcán y estos se preí-entan áridos, seco*, de un ospi-rto ame- 
nazante, pareciendo gritar á todo sor vivimte: ;alfo. h ;v«a rt,j„i 
no más! 



_^ _^^ § 

Pero á nosotros nos exitaba esta situación y cuando habíamos 
de.scansado algo sobre la meseta ((jue no tiene nada de peligro), 
uos preparábamos con piochas, lias, &., &., para la ascención á la 
parte culminante del volcán de Fuego. Ofreciendo un peso lí ca- 
da uno de los mozos que nos acompaíiara, lográbamos que dos 
tle Santiago: Petronilo Ramírez y Cruz López nos siguieran. 

La inclinación del cono no excede á 32 grados, pero la capa 
de piedras sueltas pone bastante obstáculo á la comodidad del 
viajero. Cavando gradas, podríamos sabir con toda seguí idad; y 
llegar á una serie de rocas traquíticas coloreadas <[ue cerca de 
loo pies debajo de la cumbre sobresalen de la escoria. De aquí 
al cráter es fácil subir y á las 11, 50 a. ni. nos hallábamos sobre 
la arista estrecha, desde la cual se puede contemplar la abertura 
irregular que da paso á las materias volcánicas. Inmensas rocas, 
cortadas á tajo y atravesadas por anchas grietas constituyen las 
paredes del cra'ter qne tendrá de Xorte á Sur, unos 100 a 150 
metrcs de diámetro. 

Densos vapores, despidiendo olor á azufre, salen constante- 
mente del abismo, produciendo manchas amarillas en las pa- 
redes. 

El silencio de esta región era interrumpido solameute por los 
gritos de unas golondrinas que con su vuelo caprichoso daban 
caza á pequcíios infectos que por el viento habían sido arrastra- 
dos hasta aquí. 

Muy extraño era encoutrar debajo de unas piedras algunos 
coleópteros, pertenecientes á la familia de los Carábidos. 

La vista era espléndida desde este punto elevado. La multitud 
de conos volcánicos desde Tacana hasta el San Miguel en el Sal- 
vador, el lago de Atitlán, la costa del Pacífico, los valles de Pa- 
líu. Antigua, Guatemala, y el laberinto de ásperas montañas al 
Norte formaban el panorama, que contemplábamos desde la ori- 
lla del cráter. 

A la una de la tarde comenzábimos la bajada, y llegábamos á 
las nueve de la noche del mismo día sin novedad á Capetillo. 

ALTURAS 

Determiné la altura de los puntos siguientes por medio de dos 
aneroides, que portenecen al Observatorio del Instituto Nacio- 
nal, corrigiendo sus indicaciones de la manera conocida, era- 
pifando la fórmula de altura de Ruhlmann. 

Tengo que dar las gracias á la señora doña Dt)lores Wyld y 
al señor don Jorge Saravia, por las observaciones correspon- 
dientes que hicieron en Dueñas y Capetillo. 



4G 



VOLCAN DE ACATEXAXGO 



Punta más alta: 3,90Ü metros, 12,813 pies ingleses, 14,022 
pies españoles. Las tres Heimanas: 3.7o4 metros. 12.313 pies 

ingleses, 13,474 pies españoles. 



VOLCAX DE FUEGO 



Orilla Norte del cráter (punto tuás elevatlo): 3.740 metros, 
12,267 pies ingleses, 13,423 pies españoles. La Me<;«^la 3.495 
metros, 11,467 pies inglese?, 12.54 4 pies espanoks. 



KnWIN RoCKáTRüH. 



:,■ ■. -. r-' ^^-. ^^ . 



lUFBlSIiliS M VIAJES 



e]Xj vor.o-A.n5T ide ^^ueo-o 



En la expedición que acabo de hacer, lo que más me ha im- 
presionado es la ascensión al célebre volcán de Fuego, y ya que 
se trata de impresiones de viajes, muy justo es que le de la 
preferencia. 

Costumbre raía es viajar solo; en primer lugar, porque las 
más veces muy difícil me sería encontrar compañeros no tenien- 
do las expediciones que emprendo nada de halagüeño para los 
que ú las aventuras, prefieren la vida sedentaria; en segundo lu* 
gar porque la experiencia me ha enseñado que es viajando de 
este modo, que la expansión ó singular complacencia que halla la 
mente humana á considerar todo lo que es nuevo y extraordina- 
rio, llega á su mayor desarrollo. Esta vez salí de mi costumbre 
por haber notado en el que se ofreció de compañero mío, don 
Tadeo Trabanino, estudiante en medicina, al mismo tiempo que 
una agilidad de cuerpo extraordinaria, una resolución de ánimo 
singular, condiciones necesarias para vencer todo obstáculo. En 
obsequio de la verdad, debo decir, que bien me fue con haberle 
admitido en mi compañía, pues á él debo el poder contar hoy á 
mis lectores, no el cuento, sino la historia objeto de este 
artículo. 

El 22 del corriente, salimos de la Antigua con dirección á 
Alotenango, llevando para el Alcalde de este pueblo una orden 
del Jefe Político del departamento para que se nos prestaran 



los auxilios necesarios para nuestra cxpediciuu. Nuestro intento 
era suVjjr al pico de enniedio del volcán, todavía sin explorar: 
pero como no nos fuj posible conseguir guía para esto, resolvi- 
mos ascender al que está en actividad y he ha hecl.o ya célebre 
por sus erupciones, entre ellas, las del ai^io pasado. (ISSO) 

Prtciso es que sepan mis lectores, que tanto es el miedo que 
tienen al volcáü de Fuego los iudigenas de Alotenango, que en 
todo el pueb'o no se encuentra mas (pie un solo iodividuo que 
quiera acompañir á los niu}' raros turistas cpie a' largos interva- 
los de tiempo se presentan. 

Reduciodo Zul. tal es el nombre y apellido de Duestro acom- 
pañante que bien merece una mención especial. Tiene 98 añof*. 
y aun está fresco y vigoroso. Llevaba la cuenta de sus años con 
granos de maiz, valiendo cada grano doce meses; pero hace co- 
mo dos anos los ratones le comieron los granos; felizmente pocos 
días antes del decapare cimient), los había contado y Mcendian 
á noventa y sei--. de suerte que hoy tiene Í'S anos bien contados. 
Xo tiene una sola cana; f-us ojos están un poco hinchados; pero 
esto no le impide el ver. (,'asado dos veces, Zul tiene diez y 
nueve hijos legítimos; de ios naturales confiesa qi\e el número es< 
incalculable; su segunda mujer tiene *Í8 años y promete dar á 
Zul algunos hijos más. l'>íá acostumbrado a' no usar nunca de 
otros manjares que tortilla, carne, chile y frijoles: pero e5 en ex- 
tremo aficionado al aguardieule del puis y á la chichi. EMá ves- 
tido con u;i largo rnfón de lani negr.i, abierto por la parte su- 
perior por donde pasa la cabeza y también lateralmente del so- 
baco al mus'o, y suspendido al cuer|X) p )r mí»dio de un cincho. 

Tal era el guía, que con dos mozos iba á enruminarnos al crá- 
ter del volcán: encaminar, digo, pues no h ly (piien 1 «s hagi p.t- 
sir del punto «pie llatnan mofeta: dicen que no hay licencia. 

Kl 2M por la mañana, su limos del pueblo do Alotenango r di- 
jimos al río Uuacalate un adiós, al¿o parecido al del marinero. 
cuando se al ja el buque del puerto. Zul abría la marcha: Á 
continuación seguíamos nosotros y después los mozo^ que en 
unos tnafnf^s^ llevaban las provisiones necesarias para la asceo- 
cióü. Inútil es decir, que entre estas, figuraba en primer lugar 
el licor, pneí á esa sola condición, tanto Zul como los mozos ha- 
bían coasentido en acompañarnos. Mi compañero y yo, nos ha- 
bíamos hecho CLirgo de los instramontos que habíamos podido 
reunir y del armamento nec.-sario para nuestra seguridad perso- 
nal, dcfen iióndonos de los ataques de Ioí tigres que han elegido 
por morada al volc.ín. 

En el plano que en m ís de una Ugua se sigue antes de llegar 
á la primera cuesta, denominada del Castillo, (Gajoteachucnyo). 
interrogue á Zul respecto á la tradición que me habían as^^górn- 



49 

do existir. Con la mayor sencillez me contd: que hace mucho 
tiempo vinieron unos paires españoles a bautizar el volciín á 
quien querían d^.r el n()mbre de Catarina; pero éste se negó ab- 
solutamente á recibir las aguas del bautismo y, como insistieran 
los padres, se puso derrepente tan bravo el volcán, que voló 
hasta el Palacio del Obisfio en la Antigua, la cruz de madera 
que intentaban ponerle. Tuvieron entonces un hrtrrible miedo 
los padres y dejaron en paz al infiel volca'n. 

La cuesta del Castillo, que constituye las faldas más bajas del 
volcán, es notable por sii vegetación verdaderamente nsombro- 
sa. El majestuoso roble, la encina con sus blancas y dulces be- 
llotas, el jiguacate con su agradable fruto, y rauliilud ^i^* otros 
árboles muy ramo-os que arrojan hermosas y crt cidas flores de 
todos colores, encantan la vista. 

Allá también se í^ncuentra el amate, cuya flor, según las creen- 
cias de los indígenas, no se puede ver, por()ue en el momento de 
echarla el árbol, cae y la recibe el dueño del vo'c'n (|ue se la 
come cuando tiene hambre. En vano qi^se hacrle comprender á 
Zul que si no se ve h flor, es porque es la misma fruía; el por- 
fiado indio, fiel á la tradición de sus padies, movi(5 la cabeza en 
señal de dnda; y pude convencf rme de que yo prclicabí en de- 
sierto. 

Al salir de la cuesta del Cantillo, la montaña se hace mucho 
más espesa; los árboles son menos elevddos, pero ^u número es 
mucho mayor. Como hacía más de ocho mes- s que nadie subía 
al volcán, no exis ía seuda alguna, teniendo Zul que abrir el ca- 
mino con el mach'te. 

A metlida que íbamos subiendo, el tiempo, que toda la maña- 
na se había cnn-ervad» sereno se puso temp» stu so; inmenas 
masas de vapor acuoso flotando por el aire, eran llevada> por 
los vientos en todas direccione-, variando su color y forma, 
mientra>^ (|ue otra^ que no p- dían elevarse por su mayor densi- 
dad, «)Ued;iban reclin nías sobre la montrna ó se exien'lían por 
largos trechas con un movimiento pausado. Llegado al lug-ir de- 
nominado Cipresal, pi'r ex'stir en él sei^ árbob's d^' esta especie, 
tres grandes y tres pe(|ueños, nos envolvió u a ni- bla mny den- 
sa, cuyos glóbulos podíanos distinguir flotan<l(> lentam- nte por 
el aire y sin caer á tierra: y t< m ndo algunos de elos hallamos 
-que eran v» jigu 1 as sumamente sutiles, como las que se ven en 
el agfua de jabón y tod-is de la misma estructuia. 

Habiendo yo sacado el termómetro, vi en los labi^ s de Zul 
una sonrisa mezclada con curiosidad, y á instancias mías rae con- 
fesó que \o'-i t]ue suben al volcán, cuelgan siempre á un árb 1 
una cosa idéntica. Agregó que él sabia de buen orijen qne vie- 
ne de noche el dueño del volcán á hablar con el instrumtnto. y 



que en prueba de ello á la mañana siguiente llegan siempre lu- 
viajeros á saber lo que este de-. El termómetro marciiba di' 
grados sobre cero: era la una de la tarde; habíamos tmpleado ya 
seis horas en subir y no habíamos Hígado todavía a la njitad del 
volcán. Sin embargo, hiláaraos comiilo nuestro pan blanco, pues 
la subida iba a ser mucho mas difícil en adelante y la tierra so- 
bre que pisábamos era tan blanda, que nos sumíamos hasta la 
rodil a. Mandé hacer alto y sobre un lecho de hojas secas, hice 
servir por los mozos el lunch que delía proporcionarnos las fuer- 
zas quñ íbamos á necesitar. 

Fuimos interrumpidos en nuestra frugal comida por la apari- 
ción á larga distancia de un tigre cachorro que, al oír i]ne>tros 
instantáneos griios de sorpiesa, echó á correr. Mi primera idea 
fue dispararle; pero, pasada la impresión de su vista, ju _ 
más prudente reservar los pocos tiros de Remii gton que li» \.- 
ba para los grandes tigres cuya presencia en el voKán nos aca- 
baba de revelar el cachorro que se nos había presentado. 

Concluido el hmchy continuamos la ascen>ión. Un t uarto de 
hora después, vimos precipitarse en aguaceros lo< vapores den- 
sos, que poco antes habíamos vi^to 8ubir de In tierra y conden 
sarse en Dubcs. Zul y sus ccmpañeros sacaron el petate para de- 
fenderse de la violencia de la lluvia al mismo tiempo que pre- 
servar las porvisiones; pero nosotros, que no fuimos pro- 
vistos de tal objeto, preferimos recibir teda la fu» n» del 
agua que mojar nuestras frazadas que tan ütil servicio deMan 
prestarnos eu la terrible noche que nos esperaba. 

El pai aje que se ofrecía á nuestra vista era muy díhtinto del 
que habíamos obseivado por la maiíana y do8 indicaba que ya 
habíamos penetrado en otra zona. La ludora á que con muchu di- 
ficuliad a-sct-ndíamos, estaba cubierta de castaños .«.ilvestres, ár- 
bol de montes y pedregales que se cría en tiena delgada y alta, 
no prevalece en los climas calurosos y es amante «leí airé frío. 
Al ver e os árboles, no pude menos de recordar mi querida Hrr- 
taña, doLde abunda el castaño y la gente pobre hace «'• 
(juisito fruto un pan delicioso. 

Eran las cinco de la larde; pregunté á Zul cuaoto faltaba pa- 
ra llegar al fin de la posada: con su acostumbrada impasibilidad 
me contestó que estaba lejos toiavía, y que preferible sería para 
nosotros pasar la noche debajo de un elevado árbol <jne distaba 
poco. Por temor de que nos sorprendiera la n» che en el mon- 
te aceptamos las indicaciones de nuestro respetable guía, y al- 
gunos minutos después, bajo toda la fuerza del aguacero, llega- 
mos al lugar donde esperábamos hallar abrigo y descanso. 

Lo primero que hicimos fue barrer la lava que había sobre la 
tierra, para aclarar la posada; en, seguida con horcones, ramas 



5^ hojas improvisamos una choza para preservarnos algim tanto 
de la lluvia y demás intemperies á que forzozamente nos encon- 
trábamos sometidos. Encendido el fuego en medio de nuestra 
rustica habitación, dudando yo de los talentos culinarios de Zul, 
y ayudado de mi compañero, preparé á la gaucJia nna sucu'enta 
cena, después de la cual patrones y mozos nos tendimos todos 
al rededor del fuego. El termómetro marcaba 6° bajo cero; sin 
embargo, acostumbrado como estoy al frío, habría yo pasado la 
noche en profundo sueño, ;i no haber sido la conversación que 
entablaban los demás. 

Empezó á amanecer: el tiempo se puso sereno y apacible, y 
á la salida del sol, el encantador panorama que se ofreció á 
nuestra vista nos compensó ampliamente de las fatigas de la 
víspera y de la mala noche que habíamos pasado. Por todos la- 
dos una inmensidad de montes elevándose unos más alia de 
otros, unos rematando en puntas, otros truncados y algunos en 
figura de bóveda, asombraba nuestros maravillados ojos. AI Sur 
distinguíamos Eecuintla y el mar, cuyas olas agitadas se remon- 
taban á una considerable altura. Al Este dominábamos el gi- 
gantesco volcán de Agua. Al N. E. divisábamos la memorable 
Antigua y sus dependencias, y más allá la soberbia capital de 
Guatemala, cuyos elegantes edificios, bien blanqueados, ofrecían 
la más halagüeña perspectiva. Al Norte el pico de en medio del 
mismo volcán desplegaba su orguUosa cima. Solo al Oeste no 
podíamos distinguir nada, pues nos faltaba todavía mucho para 
llegar al cráter, y el mismo volcán nos servía de antifaz. 

Sintiendo nuestro cuerpo animado con la expléndida escena 
que á nuestro rededor se ostentaba, emprendimos de nuevo la 
ascención, y como a las ocho del día, llegamos al punto que los 
indígenas han bautizado con d nombre úq primera meseta. Zul 
nos manifestó que nunca pasaba de allí, pero que nos iba á dar 
un mozo que nos acompañara hasta la mjund.a mexeia^ que es la 
que lleva al cráter. 

En la última ladera por la que ascendimos sólo existen pi- 
nos. No se crea que es el orgulloso pino que levanta su sober- 
bia cabeza sobre los otros proceres de los montes, no, es un pi- 
no raquítico que parece sumergido en el más profundo letargo. 
Allí no se escucha el gorjeo de los pájaros. La naturaleza, en 
lugar de hacer, como en las faldas bajas, ostentación de su her- 
mosura, se muestra indiferente. El viajero no disfruta de sus 
sentidos y experimenta una profunda tristeza. Es que desde 
ahí poco á poco va disminuyendo la vegetación hasta cesar to- 
da vida orgánica, que ha desaparecido completamente al Ikgar 
á la segunda meseta. 

Esta se compone de un filón que no tiene más que un pie de 



ancbo, (eniendo el turista a diestra y siniestra un í»re(ip¡cio cu- 
ya profundidad es incalculable. El menor desliz le despedazaría 
inevitableinentp, no habiendo alirqjo-s ni otra eosa que agarrar 
para libertar su vida. Creo que si los indi >s no quieren aventu- 
rarse en 61, no es, couio dicen ellos, f.ofijue no hay liceucia, si- 
no por el espantoso miedo qup le tienen. Hay en verdad lo bas- 
tante para hacer desvanecer la cabeza de un marinero, y 5¡ la 
imaginacióü perturba los sentidos, impide proceder ri»n s».. 
guridad. 

El viento Norte que soplaba era tan fuerte que no cuiíituui 
con volar nuestros sombreros, nos arnjj al suelo. Cuando vimos 
el peligro que corríamos intentamos caracoiar el filón. 

Yo iba de'ante, cuando de repente sontí que la areoa me 
falseaba los pies y me conduc'a al fondo del precipicio. Reduje 
entonces entre mis piernas los dos bordones que me au.xiliaban. 
pero como siguiera desliz índosc la arena, lliimé al compaíiero 
que venía alriís de mí, d que acudió como pudo, y rae arrojó el 
lazo de que íbamos provisíof», consiguiendo de OPte modo calvar* 
me del peligro. 

Vadeamos entonces otro camino niéuos difícil y pudímt^s lle- 
gar al pie de la peña que forma la ba-^e del pico. Con mil difi- 
cultades y caracolando dicha pena, logr^moí Ibgar cerca del 
cráter; pero no nos fue posüde verlo, f or » star isfe ladeado y es- 
piando al Sur po 'o ma's abajo de la ciV[»ide del v<»lciín y encOQ- 
trarse la piedra tajada i>orp(ndicnlarmenlc. En compensación, 
sentimos el insufrible calor de la f)iedra que pÍ8áhamc(i y un 
fuerte olor asufroso que emanal a del humo arrojado por el 
volc¿(n. Diez y seis h* ras Iiabíamos empleado en toda la aseen- 
cidn sin contar la ncchc de reposo. MI termómetro centígrado 
marcaba 8° bajo cero. Contamos nuestras pnloacioncA: laa de 
mi compañero daban 140 por minuto y las inía.^ I2í5. 

Cuatro horas y media nos bastaron para dtscender. Zul y sns 
compañeros, con loque habían ganado y bebido, I ajaban con 
una vertiginosa velocidad. Se veía un h« rmofo arco irid. y Zol 
me contó que donde aparece nqnel. hay minando (wn* v An 
plata. 

A nuestra ll-gada ai (meblo de Alotenango (el núiuiM» uu pH- 
soa que di al bajar desde !a cima hasta este fue de 22.050), en- 
contramos á un mozo que el señor don Juan J. Rodríguez, due- 
ño del ingenio de Capel illo, habíii mandado para tener noticias 
de nuestra suerte. Kn muestra de gratitud, debo manifestar 
que dicho señor, tanto ;í la ida como á la vuelta, do« prodigó 
la mas cordial hospitalidad. 

KiT.ENio DrssArss.w. 



SOBRE EL VOLCAN DE FUEGO ( 



Cansado y sediento sobre tu elevada cumbre ( stoy oh volcan! 

Cuántas eonsiderai'ionf's me a^'altan! 

Cu 'ntos recuerdos á mi mente llegan! 

Mi imaginacidn me trasporta ahora á.la patria de x^ugusto, de 
Casar y de Pompeyo. 
Creo ver al Vesubio, el monte aquel que junto á tí es un pigmeo 

Su cima de 4,351 varas; mil viajeros la han visitado. 

A su furor un día Pompeja y líerculanum desaparecieron, 
hasta que el sol de 1713, iluminó por segunda vez sus ya desco- 
loridos capiteles. 

A Estambul, la patr.a de los sultán s, llegaron sus» cenizas el 
año 472 de nuestra era. 

Más tarde 10,000 personas «e co-itiban méno , en los con- 
tornos de la bella ciudad napolitana. 

Recuerda la hi.storia en fin que 129 años después, 18 bocas 
lanzaban el fu go que devoraba sus entrañas. 

Las costas aquellas, (pie contemplaron las huestes victorio- 
sas de Scipidn el Afíicano, se extremecieron al ver en 1858 
coronarse de humo y llamas la cima de Strombolí, de e«e an- 
ciano^que cuenta 2,1 oO años de vida. 

Y el Etn.i en Sicilia, de cuya enorme boca se han visto s:iltar 
ríos de metal ardiendo, át 'oscua'es Catania apenas ha salvado. 

En Sanchwich creo ver al Mauna Rva, cuyas falcas gnardnn, 
del intrépido maiino Cfok, la tumba. 

Y para (jué ir tan léjo.>? 

Méxicj la {)atr¡a fíe Moctezuma y Guatiuiocin, la patria de 



(1) ToinMdodt' El Por 



54 

Hidalgo y de Morelos. ve alzarse la silueta altiva del Popoca- 
tepel. 

Su cima en 1522 la hallo por primera vez Montalvo, el solda- 
do de lashupstes del ínclito Cortez. 

Al Jofirullo que en 1759 hizo sn primera erupción. 

En las playas ecuatorianas conquistadas por Bolívar un dia, 
88 admiran las crestas del Atizana, del Chimborazo y del Coto- 
paxi. 

La erupciÓQ del último, ocurrida en 17i)7, sus llaíuas pare- 
cían tocar el cielo, salidas de su boca que mide mil varas. 

A 200 leguas se escuchd su voz titánica, y 40,000 persoaas 
perecieron bajo ruinas. 

Villarica y Petorca en Chile, ardt u hoy. a*i como en Chi- 
llan, Gopiapó, Coquimbo y Aconcagu;i duermen. 

¡¡Centro-América, patria rníaü treinta volcane}*eI vate cuen 
ta sobre tu suelol 

Allí está el Cosigüina (|ue guarda la tumba de Jereí, el apóstol 
de la unión en Nicaragua. 

Huyó el sol en otro tiempo ante su furia, y las tiniebUs de U 
noche invadieron por muchos días la patria centro nroerícana! 
(Erupción del aíio de 1835.) 

A 500 leguas arroj;iste tus cenizas y á :J2ó leguas oy ó^c tu voz. 

La ciudad de Iguala que ¡nmortalizú Iturbide vio las prime- 
ras, como Chiapas escuchó tus nijido»\ 

El Cotopaxi quedó vencido. 

La heroica Cuscatlan que resistió á las lejioncs de Tonaihití 
un día, ve al ízalco y tres vfces \v\u rodado sus palacios por el 
suelo. 

Barlolomi' de la^/'asas, el caritativo, y celoso misionero do- 
minico cuya estatua acompaña ti U de Lincoln en el CapitoliM 
de Washington nos ha dcs.rito ya el Masaya. 

Frente á fren le contemplo al volcAn de agua, ál titJn sober- 
bio que en 1541 sepultó la primera ciudad centro-aniericjna 

Su cumbre de L13í>2 pi<s (astella? os. yo también la he 
visitado. 

Allír(cordr enloaces el bautizo aquel que los dotufnicos le hi- 
cieran, dándole el nombre de Juan Bautista en vez de Hnnaphú, 
según la tradición m .s refiere. 
Y tú también oh monte! innumerables han sido t'is erap, iones. 
Lósanos de 1530 - 15<w")— 1575 -1577— 1585— IfíU.-JSn? 
-1680-1702-1717 1701— 1755— 1773-IS50-1 070— 1852 
y 1880 admiraron m furor. 

La historia ha consignado fus hech(»s Las generaciones 

te verán sicínprecoii terror. 

Cayetano Sakiis 



. 55 [ 

Como complemento de lo anterior y por vía de dato cu- 
rioso insertamos á continuacidn lo que M Diario de Cenro-A- 
mérica dijo respecto de temblores, en su número 2767 del 28 de 
enero di.l corriente año (1891). 



TEI^BLORE^ DE TIERRA 



Anoche hubo nueve, el primero a las docá menos cuarto de 
la noche, el siguienie á las doce y cuarto y los demás en las 
primeras horas de la mañana de hoy. Algunas personas sin- 
tieron más de los nueve que constan eo las observaciones meteo- 
roldgi -as hachas en el Instituto Nacional: el hecho es que en 
éstos últimos días de fenómenos seísmicos vi^^nen menudeando 
de tal manera, que ya causa alarma á lá población: los de ano- 
che fueron tembU res de trepidación: menos el de la una, que 
fué de oesilación; el primero de ellos notable por su intensidad 
y duración. 

A propósito de estos movimientos de tierra, recordaremos 
ahora que en Guatemala los ha habido algunos notables, entre 
los que se cuentan los siguiente^;: entre los principales del si- 
glo XI, el del 21 de marzo de 1539 y los de septiembre de 1565, 
1575, 23 de mayo del mismo año, 23 de mayo de 1576, 30 de 
noviembre de 1577, 18 de febrero de 1577, 23 de diciembre de 
1586, 18 de febrero de 1651, 23 dedeciembre de i607, 1. ^ de 
majo de 1663, 4 del mismo mes de 1679, 22 de julio de 1681, 
22 dp mayo de 1683, 22 de agosto de 1684, 22 de septiembre 
de 1687, 12 de febrero de 1689, 4 de agosto de 1702, 30 de sep- 
tiembre de 1717, 4 de octubre de 1719, 4 de marzo de 1751, 4 
de^octubre de 1757, 4 de junio de 1765, 11 de junio de 1773, 
dos temblores, 29 de julio del mismo año, 13 de diciembre tam- 
bién de 1773, 19 de septiembre de 1827, 23 de abril de 1830, 16 
de mayo de 1852; 9 de febrero de 1853, 26 de enero de 1855, 
19 de ju'iode 1858, 23 de agosto de 1861, 19 de diciembre de 
1862, 12 de junio de 1870, 21 de ag sto de 1873. 3 de septiem- 
bre de 1874, y otros de poca intensidad en los años sub- 
siguientes. 

Siempre qu? se habla de temblores viene naturalmente el re- 
cuerdo de los volcanes, á los que si*^mpre se les ha hecho cau- 
santes de tales movimientos. Cuando en realidad no son sino 
respiraderos de los gases de la tierra y oigo como bálbulas de 
seo^uridad para 'os pueblos. 

Ya quchiblamosde los volcanes diremos que eu Guatemala 
los periodos de más actividad de éí^tos han fido cu lí69 el de 



56 

Mita, en 1524 el de Atitlán, en 1526 el volcán á^ fuego, y el mis- 
mo vol<án en 1541, 1565, 1575, 577, 1581, 1582. 1585, 1614. 
1623, 1631, 1651, 1664, 1668, 1671. 1667, 1685, 1686, 1689, 
1699. 1702. 1705, 1706, 1710. 1717, 1732, 1764, 1765, 177:^, 
1775, 1779, 1823, 1827, el de Quezal tenango. 1825, 1828, 182Í». 
1833, y 1843 el de Atitlán, en 1850, 52. 55, 56 57, 60, 66, y 
80 el volcáo de fut-go. 



I 



VOLCAN DE PACAYA 



Este interesante volcán, que ofrece al estudio un cou junto de 
todos los terrenos í^mros, ha sido ya dos veces el término de 
las excursiones con que interrumpimos cada año las tareas esco- 
lare?, lo que unido á las observaciones recojidas en 1856 por 
otros profesores de este colegio y á las de otros viajeros, nos 
pone en el caeo de dar sobre él noticias mus circunstanciadas 
de lo que sera'n las que tienen muchos de nuestros lectores. Para 
proceder con mayor claridad, debemos distinguir lo que incues- 
tionablemente es volcán de lo que deberá ó no llamarse tal, se- 
gún sea la teoría que al fin triunfe sobre el origen de los mon- 
tes que no han sido producidos per las er'jpcionís lávicas. 

Esta segunda parte comprende las montañas más antiguas, 
compuesta en general de pórfidos o de traquiios 6 de una y otra 
roca, cuyo origen debe csplicarse de muy diverso modo. Algu- 
nos las han creído un resultado de inmensas erupciones, de una 
actividad mucho mayor que la de los más formidables volcanes 
que existen al presente, y distinguen en ellas dos épocas bien 
diversas, una más antigua que había sacado á luz los pórfidos 
de diversas especies, otra menos r. mota, á la cual se deberían 
los traquitos. Conforme á esta teoría, el Pacaya había tenido tres 
dilatados períodos de actividad, de los cuales los dos primeros 
habían producido la maí^a principal de los montes que rodean el 
lago. Otro??, y son los más, creen que los montes de esta natu- 
raleza se forn:aron por levantamiento, es decir, que al impulso 
de una fuerza interior, grandes partes de la costra sdlida que 
supone á nuestro glob) se levantaron en mas:i, formando aún 
cadenas enteras de montanas. Seríamos demaí^iado largos si qui- 
sié.senios esponer no más que- los principales fundamentos de es- 



_______________ 58 

tas y otras opiniones: solo diremos que en (odas ellas es preciso 
admitir de alguna manera la iotervvncón del fuego que hi de- 
jado á veces profundas huellas en his rocas de pdrfido y tranquito. 

Yinien lo á la parte de que nadie niega la acción de la fuerza 
volcánica, describiremos primero lo qne debe su propia masa á 
las mismas eru} clones }• considera remos después algunas otras 
manifestaciones de la pcción interior, queso ha abierto algunos 
pasos á travez de las rocas preexistentes. La primera parte 
abrazan principalmente el medio cíílo, de cosa de cinco millas geo- 
gráficas de diámetro, que se eleva desde las llanuras de la ccdta, 
apoyándose por el el Norte sobre la que debeiía serla pendieDte 
meridional de los nortes que cierran la laguna y ti valle do 
Amatitlán, hasta desprenderse de ellos y rematar en ose pico 
negro que divisamos desde Guat»^mala. Ese p( o sin embargo 
no termina con regula- idad el tono: existe otro ma's })equeño 
denominado el volcancito, pegado á la punta más oeciden al de 
los cerros, y cuj-a pendiente, formada toda de produtcoí vol- 
cánicos negros y rojos, viene á unirse con la occidentil del puo 
mayor para continuar en una fola ha^ta la llanura. 

Uno y otro cono í-c elevan en medio df un:i ium<n>a ta»a 
circilar, cuya orla m- ridional ha sido eijteramf nte de?<truida 
yla setentrioual que aún se conserva f-rma e.^alínci Horizon- 
tal y reda al parecer, que desde el cono niavor vemos partir 
ho'cia el Occidente. K.<ta taza es indudablemente.' un cráter anti- 
quísimo de mas de dt'S millas geogra'ficas de diámetro, 3- cuy» 
profundidad debió ser muy considerable pues en la parte dil 
Oeste, en*donde la lian cubierlo ni^nos las fal »as de los conos 
posterior^', una piedra ga>taba 9 8»^guiidos en ca«r 
borJe, lo qne su( one una jirofundidad d»' ma's de 300 nu 

Así este cráter como el cuerpo del «ono ú que peitenc e, es- 
tán formados de capas negruzcas bastante desu.orottadizas. al^iu 
ñas de las cuai^s inás duras aunque >¡emi r> poro-a-, son proba- 
blemente de anfigena. La considerable diferencia (ju»' se ve en- 
tre es'os productts y los que deben t> tribuirse i los cráterts 
posteriores, dHmuf.stra la exi-tei.cia dedoséfoca-* de erupción 
sumauíí nte distintas, haci' ndo inadmisible para el pres» uto ca- 
so la explicación que el ¡n>¡gne geólogo M. de Buch da de I04 
cilios ó tazas circulares, á veces entei amenté i'crradHs que coi 
frecuencia I odean los conos de erup -ion. De Buch vé en estoi 
cinos, que drnomiran cráttr. s de levaniami»nto. e! resultado du* 
un primer esfuerzo de la naturaleza par.i estatdeciT un volcán, 
esfuerzo qne s lo hu logrado It^vantir las masas resistrnt-^a eia 
llegar á rom[)erlas. A veces este esfuerzo no ha sido .secunda- 
do, y el resultado ha &ido esos valles circular, s que en la geogra- 
fía fisica han recibido especialmente el nomb'cdccirro.--: á veces 



l_ ^ ^ . 

en medio de esta taza se ha abierto un cráter de erupcióu y se 
ha formado un cono volcánico como en el pico de Tenerife: más 
aun esto caso el ciño conserva un cráter que le distingue de los 
ciáteresde erupción. Como se ve no puede esplicarse de esta ma- 
nera la existencia de la gran taza del Pacaya, en la que es pre- 
ciso reconocer un verdadero volcán, ya se diga que el borde 
subsistente es el del anticuo cráter, ya se crea que perteneció á 
un CODO más elevado y hueco, que se habrá hundido sobre sí 
mismo, á la manera del Casahuaizazo. Este volcán que antigua- 
mente competía en altura con el Chinibora/.o su vecino, se hun- 
did derrepente en la noche del 29 de Junio de 1669, causando 
su ruina la de las provincias inmediatas, en que las habitaciones 
se desplomaron al impulso de un violento terremoto. 

Hacia el extremo S. E. del vasto cráter que iios ocupa, en 
un sitio invadido por la vcjetacidn ha'íta el punto de formar un 
bosque de pinos, se halla una boca cíinocida simplemente con el 
nombre del hoyo: cima irregular abierta entre lavas afígenicas 
hasta una proufndidai no medida en esta avertura, va chocan- 
do sucesivamente contra sus paredes, produciendo un ruido ca- 
da vez más remiso, sin que sea posible distinguir el momento 
en qun llega al fondo. 

Hemos indicado ya que dentro de este cráter jigantcsco se 
elevan dos conos volcánicos, que le han llenado en paite. Estos 
aparecieron sin duda largos años después de la extinción de 
aquel, y pertenecen á un periodo de erupciones que difieren evi- 
dentemente de ¡as primeras en la naturaleza de sus producto»-', 
y quizás no menos en el grado de actividad. Aunque el estudio 
geológico no demuestra aún cual de los dos sea más antiguo, po- 
demos conjeturar que lo es más el pequeño, pues la historia no 
habla de él, y la robusta vejetación que cuhre sus bordes da tes- 
timonio irrecusable de tan dilatada tranquilidad.- Ese cráter tie- 
ne'uiíos cien metros de diámetro, sus paraderos verticales al- 
canzan á una notable profundidad, y en su fondo existe, según 
el testimonio de los montañeses, un abismo insondable que des- 
graciadamente no pudimos examinar. 

El cono más elevado, el que vemos de-de Guatemala situado 
hacia el S. E. del anterior, está formado de una masa que pare- 
ce ser como una sola pieza de puralana negra, porosa y sin 
cristales cubierta de escorias y de arena, sin consistctcia en al- 
gunos puntos, que por lo mismo sería de tránsito biéa difícil y 
aún peligroso. El ascenso sin embargo aunque penoso es se- 
guio, á causa de la superñcie inmo'vil de la masa 6 masas princi- 
pales quj asoman de trecho en trecho, á más de que en much( s 
puntos la arena trasformada en parte por los agentes atmosféri- 
cos, se lia aglutinado y aún admitido alguna vejetación, c.iyas 



60 

raíces hacen el piso estable. Esta vejetación es aún muy débil, 
y i escepción de los pinos raquíticos, uo se ven sino algunas 
gramíneas y orquídeas que rara vez alcanzan a cubrir un topa- 
cio contÍQuo tan grande como el cuerpo de un hombre. El 
cráter que ofrece la forma de un cono invertido, tendrá uqos 80 
metros de diámetro y una profundidad de 20. Presenta en el ex- 
terior cinco profundas hendiduras y cuatro en el interior, por 
las cuajes se escapa en abundancia vapor de agua ligeramente 
acompañado de ácido sulfúrico y algo más de ácido carbúnicoá 
una temperatura variable según el aire ext'^ri'»'* '"'.• <.■ nw /.-l.i. 
sin llegar nunca á 82" 

En nuestra última ascención las nulie^ «piu pvi ihumh m •> nus 
envolvían favorecían la condensación de los vapores, y asi se its 
veía desprenderse sin conducto aparente, de muchos punios en 
donde en otras circunsPincias no hacen noiar su prest uiia sino 
por el calor que comunican al suelo. Estes vapores activando 
la descomposición de las rocas en arcilla y elevando la t« iu|>eia- 
tura, favorecen la vejelación que en la ¡arte del Sur y d' 1 Este es 
sin comparaci'jn mis abundante quícn lu? piredes - xterlores 

El estudio de ( s3 cráter ha movido á algún viajero ú oieer que por 
numerosos años el Pacaya no ha sido, sino ana graudio^A fuente 
termal, invocando en apoyo de í-u opinión losderruuíb'»s Tundea- 
dos acumulados hacia la parte nordeste, y io» bordc!? ' - 
(le esta orla, lo que >e explica fácilment? por la axiui. 
aguas (pie derramarían en aquella difec.ión. Según esto la^ ul- 
timas erupc'ories, no f.iero i .-«¡no un au'nento exc.HJvo de las 
aguas en eb'illición. cuyos vapores formaban solos las (olumuas 
de humo de (pie habí i la historia mientras que las hvas arroja- 
das hífcia la parte del Sur. nu serían otra co.*>a que derru.i.bos eu 
la orla moriditmjl del cráter antigu •, orla que ha desapaffcido 
y que pudo despenarse perd'endo su ««luilibrio ¡H^r la j.ccii'n co- 
rrosiva de hn aguas. Kste mod » d.- ver la«i cosas, uo.s ngiadarSa 
mucho si la historia y la traiicidn n-ciente de erupiido de 1770 
no nos hab'á."^en más de (pie hubo piedras caídas: pou) no es po 
sible negar cpu- se vieron timbién llamas y piíKlra^ crn'cndidas. 
(]Uí no se explican por <o!a una fuente termal. 

Por lo demás las lavas (jue en distinti^s trechos lubreu la pen- 
diente del Sur mas bitja (pie salid is por el cráter más reciente, 
par.cen debidas ya á erupciones remoiísinias que las depoí-ila- 
ron en el lugar (juo ocupan, ya á derrund)o> sucesivos de la orla 
que ya no existe del antiguo cráter. Ku «-fecto, auncpie «-n distin- 
to estado, lo que muestra la su(es('n. tienen todas la mÍHuia 
natura'(>/a primordial, la propia (pie la de 1.^ parle ntii.vt rvado 
de ese antiguo cráter' y muy distinta déla que forma el r.ucvíi. 

De estos e-combros diseminados por mu-^has U-gujis, un.s 



6j_ 

efctán ya cubiertos de una capí vejeíal bastante profunda y ondú- 
hmte, vestida de graminet sy aligúeos grandes pinos: otros me- 
nos cargados de verdura, sdlo á los pinos permiten echar raíc s 
en ^ns entraña?; otros en fin que parecen caldos mas rccienle- 
mente y forman un terreno negro, pulverulento y escabroso, 'en 
el que só'o algunos liqúenes pueden hallar asunto. Estos despo- 
jos de diversas edades se han distribuido como los dedos de ía 
mano al S, O. del volcán; y los últimos, negros y ásperos, yacen 
sobre los precedentes o' en medio de ellos imitando una pala de 
ííguila. En los tcrrenc s no cubiertos por esos derrumbos, f-e en- 
cuentra una arena purolánica fina y negra, formando diversas 
capas de variados tintes (jue atestigiían lluvias volcánicas de dis- 
tintas épocas y que trasformadas en muchas partes bajo el influ- 
jo de los agentes atmosferos, han dado orígrn á una tierra de ad- 
mirable fertilidad, 

La historia ha conservado el rccueido de terribles trupcioues 
en 1565, 1651, 1664, 1668, 1671, 1677 y 1775. Aquí apare- 
ce que el Pacaya después de la primera erupción conocida, entró 
en periodo de calma, fe reanim(j más tarde desplegando una 
grande energía desde mediados del siglo XVII, permaneció en 
una formidable actividad por lo menos hasta el fin de dicha cen- 
turia, como lo atestigua Fuentes. Después se calmd de nuevo, 
pues no es natural suponer que Juarros, que vivió en la segun- 
da mitad del siglo XVIIl y que tanto trabajó para su historia, 
no hubiera hallado en la tradición rt cíente la noticia de erup- 
ción alguna verificada desde principios de dicho siglo hasta la de 
11 de Julio de 1775 que presenció. Esta merece ahora nuestra 
atención para indicar un problema aún no resuelto y que estu= 
diaríamos con cuidado alguna ves hubiéramos de repetir nuestras 
visitas al volcán con la suficiente detención. A pesar de ser esta la 
cru >ción más reciente, no se sabe aún el punto en que se verificó. 
Es indudable que no tuvo logar en el cráter que corona el cono 
mas elevado: innumerables testigos de vista lo dijeron á sus hijos 
y que aún hoy viven y lo repiten unániraente, confirmando con 
esto el testimonio de Juarros. Parecerá que con la misma facili- 
dad con que creemos á les habitantes de Amatitlán, de San Vi- 
cente y de Calderas, euando sobre la palabra de sus padres que lo 
vieron nos aseguran que la erupcif'n fué de aquel pico, les debe- 
mos creer cuando nos dicen que fué del cono más pequeño ó 
volcancito deque antes hemo-idado noticia: pero las circunstan- 
cias son en realidad bien diferentes. Ya la situación de este 
cono no parece ser la que indica Juarros cuando dice que la 
erupción se efectuó en ei sitio en que el vtdcán se divide en tres 
puntas y además el examen del terreno hace conocer que los 
testigos aunque muchos quizás no han visto en realidad el pun- 



02 

to donde brotaban el fuego y el hnmo. En efecto el volcancito in- 
dicado por ellos no es visib'e ie-de los luchares habitados de la 
montaña 6 de bolla de Amatitlán, ni tampoco hubo quien duran- 
te el furor del volcán se acercase á •'•1, siendo asi que apenas 
hace treinta años que el primer montañés, muchacho entonces de 
16 años ?e atrevió á poner los pies en la temida cumbre Ahora 
bien, la rohu-ta vejetaeinn que hemos indicado, sobre los bor- 
des del cono menor no da lugar á creer que aquel haya sido el 
punto preciso d^^ una erupcidn tan recií^nte y por otra taa acti- 
va como la de 1775. Es pues muy probable qoe alüuna que 
otra boca lateral f-e abrió para dar paso al fuego y al humo, ocul- 
tándose luego bajo l?-S pi^^dras desplomadas de la parte superior; 
quizas un examen mis detenido descubrirá' aúo sns vestigios. Es 
muy de notar para cuando se estudie mis minué i osa me ote la 
historia de esta erupcit'U, que los monlaúese*? suelen á veces 
advertir, como cosa de menor importancia, que la arena que 
entonces se esparció por muchas leguas sifué debida á la boca 
del pico más elevado, de lo cnal n<» «e halla en indic4ici<^ al 
guna. 

A cosa de legua y media del volcán se encuentra la aldea de 
Calderas, en un pintoresco circo elifitico completarneule cercado 
de coUnas, y á la orilla una laguna casi circular, que no es otr.i 
co¿a qu3 un cra'ter comf)letamenie extinguido, llenado por la- 
aguas que en tiempo de liuvias bajan | or las filJa? de la monta- 
ña, 6 infiltráudose en ellas forman fuentes temporales qoe bro 
tan dentro de la laguna, como lo atestigua el crecimiento que 
se nota hacia el tin de la estaciún lluviosa y al principio do In 
siguiente. La pureza deístas aguas excluye la idea de que bajo 
de ellas scdiv^iinula algún desprendimiento V()lc;(nico. A fulla de 
dimensiones tomadas por nosotn^s miamos, puea la estrechez del 
tiempo no nos lo permitió, daremos las que uno de los habitan- 
tes había recibido de no se qué agriinen«o-, sejfiin el cual, y si 
reducimos las cuerdas tí metros, U laguna tendría de largo 780 
metros sobrn 700 de anchura, sin que hasta hoy 8e hará liollndo 
su fondo. 

Contigua á la laguna se encurntra otra depresión circular.de 
diámetro algo menor, y cuyo fondo se halla suticientemonte le- 
vantado para no retener las aguas de las lluvias. Aunque cubier- 
ta de vegetación conserva claramente los carácter» s ds un cra'- 
ter y aun de su borde meritlional se escapan vapore»» de agoa y 
ácido carbónico, ligeramente cargado de a'cido sulfiuoso, A fa 
temperatura de GO.^ 

Un poco al oeste de estos antigaos cráteres, y en medio de 
un terreno cultivado, se halla un hoyo irregular de unos cuatro 



. G3 

metros de largo, uno en su mayor anchura y tres ó cuatro de 
profundidad, que evidentemente jamás ha sido boca de erup- 
ción, xilgunos aiSos atrás, los habitantes entraban impun(^men- 
te en él y le u-aron para esronder cosillas de mediano valor, 
cuando temieron perderlas en épocas de revueltas. Si no fueron 
desp(tjndos de ellas por los soldados ni por los bandidos, no por 
eso d'juban de perderlas, pups la naturaleza se encargó de im- 
pedirles su recobro, condenando á muerte á todo el que se atre- 
viese á penetrar en aquel recinto. En efecto, un muchachu que 
bajó perdió al instante el uso de los sentidos y cayó como muer- 
to: no obstante, sacado prontamente por medio de algunas cuer- 
das al aire libre se recobrd poco á pi c >. Nadie más se atrevió 
á entrar en aquel temeroso recinto* que ha continuado mostrán- 
dose mortífero, quitando la vida á las aves que se acercaban á 
sus bordes. 

Bien indicada estaba ya la presencia del ácido carbónico. Es- 
te gas se (?e>prende con frecuencia en los terrenos volcánicos, y 
siendo más pesado que el aire que queda fácilmente detenido 
en los lugares en que no se desalojan las corrientes del viento, co- 
mo suc-de fácilmente en las cavernas. El animal que sin perci- 
bir la presencia de un gas que carece de color y olor penetra 
allí, se encuentra en una atmósfera privada de aire, y faltándole 
este elemento esencial de la respiración, muere axfixiado. No son 
raras las grutas más ó menos llenas de este cuerpo, por lo que, se 
ha dicho de paso, que es una imprudencia adelantarse sin algunas 
precauciones en las caveruas en que pase a'gun tiempo que no 
haya penetrado nadie; pero entre todas se ha hecho célebre la co- 
nocida con el nombre de Gruta del Perro cerca del Puzzolo en 
Ñapóles. Cosas extraordinarias se han dicho de ella, más redu- 
ciéi;d(;nos á la verdad, es una gruta en la que el ácido carbí^nico 
ecupa una capa de cuatro á seis decímetros de espesor, y sobre 
ésta penetra libremente el aire atmosférico. El hombre que en- 
tre allí tendrá los pies sumergidos en ácido carbónico y la ca- 
beza en el aire; nada le embarazará la respiración y no experi- 
mentará daño alguno: más un perro quedará completamente 
sumergido en aquel gas, caerá por no poder respirar y morirá 
en breve tiempo si se dejase allí. Esta gruta ha sido cerrada con 
llave para explotar la curiosidad de los viajeros que quieran vi- 
sitarla. 

Quisimos recorit cer la caverna ú hoyo de Calderas, y asegu- 
rarnos de que estaba lleno de ácido carbónico. Nuestro guia que 
se prestaba con notable empeño á todos nuestros deseos, nos 
coadujo al temido lugar, no sin avisar antes al dueño de la 7nü- 
pa que le circulaba, quien quiso también acompañarnos, condu- 
ciendo el fuego que debía contribuir á nuestros experimentos. 



. 64 

— ¿Y no ha}^ modo de bajar poco á poco? preguntamos nosotros — 
Jesús, señor: si allí se muere la gente — y nos volvieron á contar 
la referida historia. Llegamos al hoyo oculto por la maleza, 
prueba indudable de fjue hacía tiempo de que nadie se acercaba 
á 61, pero los ofolpos del machete le descubrieron < n un in-lunte. 
Hicimos prender llama de un pino reciucso, ú como de^iraos 
comunmente, en un orofp que sujetamos al extremo de una caña 
la que cuidamos fue-e capaz de llegar lo más cerca del f<»odo qoo 
posible fuese. luútil precaución: la Huma no llegó una .-ola vez al 
borde de la cima, apagándose siempre ú cosa de un decímeiro sobre 
el suelo, por(|ue allí ya no tenía aire para ujantenerse. Acabába- 
mos de repetir rste experimento por la tercera venenando se hizo 
sentir un fuerte temblor acompañado de un formidable retumbo. 
Rl gas cootenido en la caverna debi(5 de ref rzar ti retambo, 
(jue e^ el mtís intenso que hayamos oído. — De ahí S9\\6 señor, 
de ahí salió, d<cían despavoridos nuestros gúia^. at* rrados 
á nuestro entender, no por el .«-imple hecho de h:ihcr sen- 
tido un temblor y m c>ítruendo, sino por la cireun-stan ¡a sin- 
gular de creerle causadlo por aquel ho^-o foriudHble. A fortuna- 
dame lie los vecinos de Calderas, no .son de aqnello«^ scmíí^alTa- 
jes que tanto abundan, que al ver la coincidtncia de nueatrofi ex- 
perimentos con el movimiento de la montañti, no ídlo no« ha. 
brían creído sin de-airar \o» autores del fenummo que por el mo- 
mento presenciaban y de su repetición por seis veces á lo meóos 
en aq lelU tarde y por muchas mus en los siguientes díns, sino 
que aún nos habrían atribuido los que se habían hecho btotír 
•interiormente. 

Continuando en li dincción do la sospechada gri«ta volcáni- 
ca, el cerro que so-íticne el valle de Calderas forma una cuchi- 
lla que va disminuyendo rápidiment" de a'lura ha-ta perderí^c 
en las faldas metí tiouales de las co'inns contiguas i la iMgunn de 
Amatitijín, dando así lugar tí un recinto ceiradoen que las 
aguas no hallan salida y se recojen formando la ligwna de Pan- 
quejechó En la pendiente que lim ta es a laguna hacia el X. y el 
M. se halla una serie de pequeñas boc.ts conocidas C' n <1 nom- 
bre de íiumitos }' e^te es el lugar en que hemos visto d» spren lerm? 
los vapores con m's actividad y más cargados de i(cido ^ulfuro• 
so. La temperatura es varia en Ins distinta-^ bocas, habiendo 
llegado el termómetro á marcar 80' < n el vapor, en el lujjar 
más abrigado del día y 91- cuando .«e le introdujo en la tierra 
paralbrarle de la influencia del ambiente. La acción cotitíotm 
de Ins vaporos ha des« orapuesto fuertemente el pr.n banco de 
feldispito en que brotan, y en algunos puntos ha depositado 
lineas capas amarillas de azufre sobre otras verdes de .«ilica- 
to de hierro. 



6b 

Varias otras bocas de humo hemos reconocido en diversos 
sitios, mucho menos importantes consideradas aisladam- nte, pe- 
ro de grande significación tomadas en su conjunto. Sun ade- 
más en gran número los lugares de está faja de tierra que pre- 
sentan los mismos caracteres que los que sufren la actual in- 
fluencia de los vapores, demostrando con ésto haberse hallado 
en las mismas circunstancias, aunque ya algunos años de quie- 
tud han secado y endurecido en los unos ciertas masas que en 
los otros se presentan aún húmedas y blandas. Los grados de 
sequedad y de dureza están á veces suficientemente marcados 
para poder determinar el drden en que han ido cesando las 
emaraciones de los gases. 

En la propia dirección se encuentra á orillas de la laguna de 
Amatitlán, la fuente termal más notable de todos aquellos alre- 
dedores; y en la que hallamos una temperatura de 79% Ch de- 
cir 11° más que en la más caliente de las otras; y aún quizás la 
temperatura de 31% de que gozan las aguas del Bebedero, que 
bajo el propio rumbo brotan en la margen opuesta del lago, de- 
berá atribuirse al mismo foco de calor, á pesar de que el exa- 
men de los terrenos y la ausencia de los cloruros alcánicos en 
esta fuente, hacen ver que sus aguas han atravesado lechos de 
otra naturaleza. Otras caldas diseminadas desde Belén, en el 
extremo oriental del Ligo hasta los limites meridionales del valle 
de Amatitlán no quedan comprendidos en el mi>mo rumbo general 
que htmos notado hasta aquí en los fenómenos que deben refe- 
rirse á una misma fuente de calor; más no por eso dejan de depen- 
der de ella, pues su posición que casi universalmente es á la raiz 
de la montaña, hace ver sin duda alguna que las venas de agua 
han atravesado antes de aparecer terrenos vivamente recalen- 
tado por el fuego interior del Pacaya. Es de notar que cuantos 
manantiales conocemos en las faldas de montaña, incluso el de 
los Puraznos, que se aproxima mucho á la faja de las manifesta- 
ciones volcánicas, dan una agua fresca y pura, que no habien- 
do podido pasar por terrenos de elevada temperatura, dumues- 
tra qne estos en su moyor parte no ocupan sino el corazón del 
volcán, de donde se desprenden algunas venas, comprendidas 
próximamente en un plano dir jido hacia el N N E. También 
en Belén, casi al borde de la laguna y muy cerca de las aguas ter- 
males brota la fuente del Niño, que con su pureza y frescura 
hace ver que el lecho de que aquellas toman su calor y sales acali- 
nas debe hallarse algún tanto remoto. 

Tiempo ha que están nuestros lectores desdan io que les diga- 
mos algo sobre la altura del Pacaya. Vamos á procurar satis- 
facerles, pero para que los que no han estudiado el método de 
medición de alturas por medio del barómetro no se formen ideas 



6G 

erróneas, tomanrlo por exactas I&s medidas deducidas de utia 
sola observacidn barométrica, conviene advertir que variando 
continuamente las indicaciones del ¡n>trumento por muchas cansas 
un poco conocidas, la apÜcacicn rigurosa del método exijirá 
una de dos cosas, ola obíervació'n siraultJnea hecha en los d»¿í< 
puntos cuj'a diferencia de nivel se averigua d bien una serie tan 
grande de observadones hechas en uno y otro punto, que aun- 
que no hay simultaneidad, perm/ta deducir datos comparables, 
que serian los términos medios entre los distintos resultados. Co- 
mo se vé esto no es fácil, y así se comprende que las al- 
turas señaladas por los viajeros estun comunmente afecta- 
das del influjo de cjusas accidentales. Para que este influ- 
JQ sea lo mejor posible, referiremos principalmeute la altu- 
ra del Pacaya á la de Amatitlán, eu donde hicirao» la vis- 
pera de nuestra última ascención <los observaciones baromé- 
tricas á las 12 )^ á las 3 de la larde. La observacón úuica de! 
Pacaya referida á la primera, nos da la forma de L:iplaix» 1,881 
metros, y íÍ la segunda, 1,373 metros de altura sobre el nivel de 
Amatitlán. Los Señores Dollfus y Montserrat hallaron en JDOio 
de 1866 una diferencia de 1360 metros entre estos d«>8 lugares 
y de los datos tomados en ISóG aducimos l,40í>. Ix)s <>' ' -.*r- 
vadores no nos instruyen acerca ele las causas accidí no 

pudieran dar mayores indicios de la exactitud de - 
dos: más nosotros que escribimoi para nuestros alunii 
mos decir una palabra más aunque ligera, <Ie las alttira^ baromé- 
tricas tomadas en Amatitlán por primara esto es la de IJ, debe 
ser la que más se acerca al término medio de aquel din, 17 de, 
noviembre; pues por una ley casi constante, deducida de las ob-' 
servaciones hechas por muchos nños en este cob gio, el baróme- 
tro llega á s:u mayor aUura entre las í) y las 10 do la manan», 
y á la menor entre las 3 y las 4 de la tarde. 

De esta misma ley se sigue que el bari^nietro observado en 
el crácter á las diez de la mañana, debería indicar una al- 
tura mercurial mayor que la media de 18; más como en este se- 
gundo día soplaba en las cumbres un viento impetno>í.HÍmü, lo 
que siempre hace bajar la altura, tenemos ¡wr cierto que eetac 
dos causas contrarias casi se compensarían y que por tanto lo^ 
datos tomados en Amatitlán y el Pacaya son dé los miís compa- 
rables que un viajero puede obtener. Según esto la altura de 
1,38] metros que de esas observaciones se deduce, es rauj- apro- 
ximada, y por una no'able coincidencia ."^i tomamos un ténnino 
medio entre los cuatro resultados 1.380,75. 

La altura sobre el nivel del mar es aún más dilicil de deter- 
minar con exactitud, por no existir los suficientes datos acerca 
de la temperatura y la columna barométrica que debiera hallar- 



^ 67 

se en ese nivel á la propia Ivttitnd del Pacaya y á la misraa hora 
de la ob^ervat-idn; incertidnmbre esenciilmei te entrañada por 
ahora en todas las alturas calculadas por los viajeros en ( v^ias re- 
giones. Hemos ^ido dema-iado larg( s para que tratemos ahora 
de discutir las probabildad' s j exftoner las (aus¡is que nos 
mueven á suponer los daios de 763 milímetros de presión baro- 
métrica y 2^ de tem|eratura. sejiún los «nales la abura del Pa- 
caya debe fijarse aproximadamente en 2,620 metí os sobre el ni- 
vel del mar. 



EL VOLCAN DE IPALA 



De todos los picos volcánicos de la cordillera que se dirige 
hacia el Nordeste de la República, se encuentran varios volcanes 
independientes de todo sistema y cuya direecidn general es casi 
rectilínea. 

Este grupo de volcanes que hemos mencionado son unos, casi 
contiguos ií la cadena principal; y otros forman cuerpo con la cor- 
dillera, pero ninguno de todos los de esa estensa línea, llama tan- 
to la atención como el volcan de Ipala. 

Está situado al sur del pueblo del mismo nombre á seis leguas de 
Chiquimala, en una extensa llanura; tiene la forma cónica regu- 
lar, cuyo vértice truncado se eleva aisladamente en el plano del 
valle en medio del cual ha surgido á 3,600 metros de altura so- 
bre el nivel del mar, todo su cráter reencuentra coronado por 
un lago de forma circidar (]ue mide ties millas de circunferencia; 
el agua de este pintoresco lago es cristalina y potable, y no con- 
tiene ninguna clase de peces: hacia el rumbo O. tiene un desa- 
güe natural que los vecinos aprovechao para el riego de eus 
terrenos, y el cual han barrenado para aumentar el derrame del 
lago. Este hermoso cono-volca'nieo está vestido desde sns faldas 
hasta su vértice de vejetación, y su posición aislada en medio 
del valle, sorprende desde luego, al más indiferente viajero. 

Se puede emprender el ascenso de este gran pico volcánico 
con toda comodidad, pues se llega montado hasta el cráter. Al 
llegar á aquella inmensa altura; lo primero que se admira es el 
lago enteramente circular, á tres varas de profundidad solamen- 
te del vértice, dirijiendo la vista ha'cia el Sur se encuentra «1 
pintoresco volcán de Mouterico, y en la misma el Yolcü'n de Su- 
chitán y en línea recta, dirijida de N. N. E. á S. S. K. se di vi- 



• 70_ 

san los volcanea de Cul na y Amayo del departamento de Ja 
tiapa. Colocad» u lo sobre el cráter del volcan las brisas del la- 
go refrescan la mente; y la iraajinaci-'in ee dilata conterLplando 
Qüo de 1 'S pan» rmts más sorprendentes de nuestro suelo. 

La profundidad del lasco de Ipa'a, no pudimos averiguarla: 
personas conocedoras del lugar nos informaron que en la playa 
que apenas tiene dos metros de loniíitud, habLin introducido una 
cuerda de 600 varas y noh;ibíau enC')r.lrado fondo. 

Este volcan en otra época hizo nna fuert*^ erupiitSo, lo demues- 
tra gr^n cantidad de lava volcJnica (|ue h "y diseminada en la 
superficie* déla llanura, pero no tenemoe dato<) sob-e la crono 
lojí i de las erupciones ni la tra \i'i6n ni el examen d^ los terre- 
nos eruptivos dan indicios y ful lando ésto?, no se puede establecer 
la antigüe la I relativa de eadi uno de nuestros volcanes. 

La única oliservación general que se puede hacer, es que to- 
das las grandes eruftcionns han tenido lugar í n una época ma> 
contemporánea del alzaminnio del valle. En efecto sos deyeccio- 
nes, lavís ó cenizas no pr»'8entan vestijios de vejel>«l#»8 quemados 
y cuando las hay, son yerbas y arbustos de raí-nor tamaffo. Lasca 
pas erufitivas, en las cuilfs se en -ucntran tra/as de veJelaled,fon 
muy raras y comprende á Ins volcaties que tstab tn todavía eo ac- 
tividad hace tres siglos, 6 t\n** despertaron después de esa época. 
Lo qne llama más la atención del vidcán de If>alii, es so Htaa- 
c'(5n c «mo qu^da dicho en una planicie y á una altura sobre «I 
nivel del m »r considerable, y probado como está qu»'el agua que 
contiene no es llovediza, ni en ninguna de las e.*<tacionni ai' le oo 
ta diferencia de nivel, aquí encontramos un campo basto, abierto 
Á la h'i'ótesis y la di-cn>idn. 

Podría suceder muy bien (pie este la^ fuese alimentado, por 
todas las vertientes «le la^ c«)l¡nas cnrfs altas de U Cordillera Oc- 
cidental del atlántico; y que todas estas aguas acumuladas en 
altura mayor, buscando un punto más b-Jo. haynn ciicontrrado 
de reci to • I Volcán de Ipala fiara depositarse. 

Nosotros al hiber esrrito >oUre el Volcán de Ipala. lo hemos 
hei ho con el ohjeto, de d ir á conoc» r uno de los lajros mtf^curío- 
so> delí República, una vez que en las geografías ma«« modernas 
ni en ningún otio do. unento apafec^ la existencia del Lago de 
Ipala, digno de se»- visitado ¡xir to l«»s l«»s viajeros, amantes de la 
ciencia, y de los accidentes geológicos. 



M r 



EL VOLCAN DE TAJUMULCO 



Eü el mes de Noviembre de 1875 me encontraba en la po- 
blación de San Marcos con el señor Licenciado Salvador Chéves. 
Recorríumos ambos el territorio fronterizo entre Méjico y Gua- 
temala, y con el fin de formar el dibujo de una parte de la to- 
pografía de aquella comarca prcy»ctamos una excursión á l'a 
cumbre del volcán de Tajumulco. 

Dos picos notables separados entre sí por una distancia apro- 
ximada de veinte kilómetros, se elevan á gran altura sobre el 
nivel general de la cordillera que se extiende al Noroeste de 
San Mar. o.-. Son estos picos el volcán llamado de Tacana y el 
de Thjumulco. Nosotros elegimo.s este último como centro de 
nuestras observaciones, tanto porque está ^ituado más cercano 
á San Marcos, como porque nos había parecido, visto á lo lejos, 
de más elevación que el primero. 

Preparados conveniente mmte pí'.ra esta expedición .-alimos de 
San Marcos una mañana y llegamos al de Tajumulco algo más 
de las cinco de la tarde, sm haber encontrado en este -•trayecto 
circunstancia alguna digna de mencionarse. 

El sol se había ocultado ya tras de un inmenso cortinage de 
cenicientas nubes cuando nosotros quisimos invesligcir con nues- 
tros anteojos la parte que se extiende al Occidente de aquel 
volcán. 

Las selvas del Ici til territorio do Soconusco que teniamo-s á 
nuestros pies, Á una profundidad de más de dos mil metros se 
ocultaban también bajo numerosos grupos de vapores más. den- 
sos y oscuros \^ á la téaue claridad de un rápido crepúsculo tan 
solo tuvimos tiempo de observar algunos cerros gigantesco.^ que 
se elevan por la parte del Norte en una atmósfera superior .más 



72_ __^ 

despejada, al m'snno tipinpo que una bellísima perspectiva se ex- 
tendía }1 Sur Oeste hacia la-; p'ajas del Pacífico, hsta perspec- 
tiva estaba formada por d s líneas de nuhes distintas en densi- 
dad, en perfiles j en convinacioncs. La primera de estas, que 
casi prin(ipiaJ>a en nuestros pies, ocultaba en una orrau parte el 
paisage, d-jando ver tan solo en algunos cortos intervalos el fon- 
do oscuro de los bosques. 

La segunda línea, formada ei*>n metros más alta que la pri- 
mera por celages ligeros y transpi rentes, figuraba una superfi- 
cie f)liina qne se prolongaba ¿í lo lejos hasta los últimos límites 
del horizonte. Por último al i- aves de estos celag* s qae calan 
en capri hosos plieírues sobre los grupos inferiores de las nubes. 
formando un velo de ga^a y de púrpura, se veía ondniosa la ri- 
bera dtl mar, perfectamente perceptible, debido íí esa linea chis- 
peante y blanquecina, que forman las olas en hs rompientes de 
las playas. 

Po o á poco aquel hermos) cuadro fue perdiendo sus encantos} 
y las primeras sombras de la noche, que en los paiseg intertro- 
picales siiíuen casi s'n transicidn alguna del crepúculo ú la ocal- 
tacidn del sol en el horizonte, invadieron el paisage ocultando 
los contornos del volcán en sombrío-^ é impenetrables vapores. 
En cambio, y como en coinpensacicjn del paisage perdido, el éter 
estrellado ofreció en seguida un objeto igna'nieute hermoto á 
nuestras obsfTvaciores, pues la atmósfera á la altura en que noff 
bailábamos estaba despejada y lu.íancm notable claridad los 
astros y constelaciones que llenan las profundidades de! inAnito. 

£1 vulcán de T;<jnmiilco, sitoado á una latitud Norte de qoin- 
ce grados y ocho minu'os, se eleva á dos mil oihocienios po-enta 
metros sobre el nivel del mnr. En e>tos países y & Hemejante al- 
tura las n* ches de noviembre son generalmente fríis y húmedas. 
y muy pronto nos vimos precisados á bu<car un abrigo contraía 
bri>a h> ladn de la no* he, en la tienda de campana que naeslroa 
mozos nos habían preparado al efecto. 

Durante nquelia noche el frío aumentó de una minera con.si- 
derable, el termóm tro marcaba una lemin-ratura de cuatro y 
medio grados emigrados bajo cero, el vapor de nuestra respira- 
c¡(5n se cong- laba adhiriéndose interiormente al lienzo de la 
tienla de campana en la forma de menudos gl<5bub»8 de hilo, y 
en la niañaua siiruiente pudimos observar que grarides copos de 
muy blanca y deleznable nieve llenabín todos los huecos de lax 
rocas que forman el cono superior del Tajurauh;o. 

En esta ocasiu'n pudimos notar prácticamente las dos formas 
distintas que presenta el aguí congelad.t por la influen ia del 
frío. Cu indo el agua baj » la forma de ligeros vapores se ha ele- 
vado á la cúspidrf de altas montabas, en donde ana t'-mperatu- 



_____^ 73_ ^ 

ra muy baja la resuelve en finísima lluvia coügeláadola casi al 
mismo tiempo, qu -da por lo comÚQ formando una especie de 
polvo su»4to, meuudo y sumamente blanco, con el cual pueden 
hacerse cuerpos compactos con sólo someterlo á una presión con- 
veniente; más si el agua en su forma común y natural de líqui- 
do se halla depositada en un recipiente cualquiera, al descender 
la temperatura se congela, formando entonces un cuerpo perfec- 
tamente sdlido y tan transparente que á menudo ostenta el mis- 
mo color del fondo del recipiente en que se encuentra colocado, 
cuando este no tiene una gran profundidad. La dureza del agua 
congelada en estas últimas condiciones es tal que se necesita por 
lo común de fuertes golpes de hacha 6 de martillo para despe- 
dazarla. 

Habíamos situado nuestro campamento en medio de los dos 
cerros simétricamente colocados que forman la. parte superior 
del Tdjumulco, el uno llamado el Pico de la Concepción y el 
otro llamado el del Azufre. A las seis de la mañana visitamos 
el primero que es de menores proporciones que el segundo, el 
cual está compuesto de una acumulación de rocas basálticas que 
sobresaliendo en la parte superior de un contrafuerte del volcán, 
forman precipicios profundos por la parte del Sur. Este primer 
cono no ofrece ninguna condición notable, carece de cráter, nada 
revela que por él se haya derramado la lava hirviente de anti- 
guas erupciones, y es de suponerse que aquellas rocas colocadas 
á semejante altura hayan sido conducidas allí por un supremo 
esfuerzo eruptivo, al través de las oiojantescas estufas que al Ta- 
jumulco pusit ron en otro tiempo en comunicación con la atmós- 
fera, el fuego interior de la tierra. 

Después de haber reconocido el pico de la Concepción, pasa- 
rnos á visitar el del Azufre, el cual ofrece una configuración del 
todo distinta del primero, pues es un verdadero cráter que ha 
conservado las huellas de las erupciones de otra época impresas 
en todas las materias que lo forman. 

Interiormente este cráter, que es un hoyo semicircular de cin- 
cuenta á ochenta metros de diámetro, tiene una profundidad por 
su parte oriental de sesenta metros aproximadamente^ siendo 
mucho menor al lado opuesto, y sus paredes están formadas de 
rocas traquíticas calcinadas y enrojecidas por el fuego de las 
erupciones. El fondo de este cráter es reducido, tiene á lo su- 
mo treinta metros de diámetio y está entapizado por uí» lecho 
de menudas arenas en el que crecen, raquíticas y pálidas, algu- 
nas yerbecillas. 

Las pendientes exteriores de este cjno inclinadas á cuarenta 
y cinco grados sobre el horizonte, están cubiertas al lado del 
Gritante, del Sur y del Norte, por menudos fragmentos de pie- 



■_ "U 

dra pómez, de traqnito y de otras especies de rocas; encentran" 
dose en esta combinacida, con alguna abundancia, pedazos d«» 
azufre puro, algunos de Irs cuales llegan á tener el volumen de 
una naranja común. 

Los mozos que nos aconipaüaban en esta expediciún eran ca- 
si todos vecinos de Tajuraulco, pueb'o que se halla situado á diez 
kildmetrjs al Norte de este volcán; y ellos nos informaron que 
la pepena del azufre era una ocupación á la que se entregaban 
durante el buen tiempo los pobres campesinos de los alrededo- 
res, algunos de los cuales habían ya perecido en e^ta tarea; por- 
que encontrándose el azufre en pequeños fragmentos ombiim- 
dos con los detritos de toda especie dt roca que forman exterio- 
mente las pendientes del cono superior del volcán, y habiéndo- 
se aventurado á cavar en aquel poco solido conjunto de mate- 
rias destrozadas, galerías subterráneas más ó menos profundas 
sin tomar las debidas precaucione^, habían sido victimas de su 
inexperiencia, quedaii'io sepultados en vida por lo« derrum- 
bamientos. 

Por el lado del Oeste las pendientes exteriores del cráter del 
Tajumuho cambian de aspecto, pues están compueslas de pe- 
iiascüs traquitos y calcinedos, formando precipicios insondable» 
en las cafiadas que dividen los contrafurrtes mn-identales del 
volcán. 

Por el aspecto (|Uc ])re'cntan estos lieñHifcos, lltno6 eu su su- 
períicie de protuberancias mas ó menos ásperas y proDuociadaK, 
las profundas hendiduras que aparentemente los divides, su ci»- 
lor bermejo encentiido. propio de las tierra'* arcillosas que han 
estado alguna vez sometidas á un fu«go vivo y prolonga lo, tcdo 
hace i-uponcr que por este lado «e precipitaron las ooriienles de 
lava arrojadas por «1 Tajumulco, en una época que al prrseote 
es rasi impo-ible señalar con precisiiJn. 

Como una última observación í|ue debe quedar coLsi^znada en 
listas lincas, puesto (|ije ellas han sido conflagradas al Tajuiiiul- 
co, agregaré (pje este volcin .«e encuentra en el día /erfectatu en- 
te apagado, í-in que exista en las paredes iutcriores de sa cráter 
respiradero alguno, por el cual pudieran encontrar una aali-'a 
esos gases subterra'ncos, que se desprenden por lo común de lo.s 
volcanes que no han trazado la última página en la historia de 
sus erupciones. 

Li cumbre del Tajumulco como punto de observad do ofrece 
con respecto á la comarca que la circunda por el lado del Oeí^t»* 
y del Sur todas las vejit«jas apetecibles, ya se trate de abservar 
el panorama formado por las co'inas y los va'les del Soc*oaii8<*o, 
ó bien las x^erspectivas de las serranías que se extienden al Su- 
reste de aquella altura, f^n el primer cuadro ^¡rve de f« ndo ge- 




75 ^ ^__ _ _^^^ 

neral al paisage un color verde oscuro, algo más pálido en los 
sitios lejanos, y en este fondo se miran colocados en desorden 
algunos puntos blancos, indicando los lugares ocupados por las 
poblaciones y rancherías que se encuentran desde el pie del 
volcán hHsta la desembocadura de los lios de Ocós y del Suchia- 
te en el Océano Pacifico. Algunos de los lagos y ciénegas que 
existen en las costas del Soconusco, apari^cian bajo los rayos del 
?ol de la mañana como extensas cintas de plata bruñida, y en 
el limite de aquel paisage, entre a'ganas brumas ligeras y ceni- 
cientas^ se perfilaba de una manera apenas perceptible el in- 
menso horizonte del mar. 

El segundo cuadro cambiaba jjor completo de naturaleza, 
pues al sureste del Tajumub o se ofreci(j a nuestra vista un país 
cubierto totalmente de cordilleras destrozadas, las cuales for- 
mando entre si un complicado laberinto, están divididas por 
profundas cañadas que indican el curso de los ríos ó arroyos, 6 
la situación de algún valle angosto y prolongado. Lo que en 
esta perspectiva llama m^'s la atención son sin duda alguoa las 
cimas elevadas de varios volcanes que se perfilan atrevidas so- 
bre la generalidad de las montañas de sus alrededores. 

Los puntos ocupados por estos volcanes forman casi una línea 
recta de Noroeste á Sureste, lo cual se nota perfectamente cuan- 
do el observador colocado en la cumbre de alguno de ellos, 
contempla á los demás. Al Sureste del Tajumulco observamos 
en primer término los picos de Zunil y de Santa María que se 
encuentran al Sur dn Qu^zaltenango, después los volcanes de 
Atitlán situados en la parte meridional del lago de este nom- 
bre, y mucho más lejos, casi confundidos con los celages 
del horizonte asomaban los vértices de los volcanes de la 
Antigua. 

A nuestro regreso del volcán tuvimos oportunidad de exami- 
nar detenidamente desde la parte más elevada de la cuesta 
que se encuentra en el camino que baja de Tejutla, el valle 
elíptico donde se ha ubicada la ciudad de San Marcos y 
el nuevo caserío de San Pedro, asi como sus extensos con 
tornos subdivididos con regularidad en un gran número de 
labores. 

De las rápidas observaciones que pudimos hacer aquella vez 
deducimos que el día en que los productos agrícolas é indus- 
triales de San Maicos y demás poblaciones que le son vecinas, 
exijían por su importancia un buen camino carretero que las 
ponga en fácil comunicación con un puerlo del Pacífico; ese 
camino deberá entonces abrirse siguiendo los thalwg< s del arro- 
yo llamado del Naranjo, el cual divide en su curso los contra- 
fuertes de las montañas que se. prolongan hacia el Suroeste, 



pues á primera vista pu de asegurarse que por las ondu'iirio- 
nes de este arroyo, será fácil trazar un camino que ofrezca á lo 
sumo un ocho por ciento en su mayor pendiente. 



Guatemala, Mayo 28 de 187S. 



Alfjandro Pbikto 



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IMPRESIONES DE VIAJE 



SL VOZaCAU D£ JL&TJJí. 



Después de haber hablado taa deten idairiente sobre el in- 
quieto Volcán de Fuego, injusticia de mi parte sería el no de- 
cir algunas palabras de su pacífico vecino, el Volcán de Agua. 

Si el uno es célebre por su escarpado y difícil asiento, el otro 
os notable por su fácil y segura subida. El Volcán de Fuego es- 
tá coronado de rocas agudas 5^ desnudas de toda especie de te- 
rreno, que presentan un aspecto espantoso; el Volcán de Agua 
que como una pirámide enmedio de la llanura, se eleva solitario 
en lo alto del firmamento y tiene la forma de un cono tronca- 
do, aún en su misma cumbre está cubierto de una alta y verde 
paja, cuya elevación llega á más de una vara. El piso del Vol- 
cán de Agua es firme hasta el mismo cráter, mientras que el te- 
rreno del de Fuego, amontonado en des(5rden, se compone de 
quijo y otras sustancias sueltas, rodeado de lava y otros cuerpos 
medio vitrificados que han ido aumentando por las repetidas 
erupciones causadas por el fuego subterráneo. El Volcán de 
Agua es á tal punto manso que ha sabido conquistarse hasta 
las simpatías del bello sexo; el de Fuego es un cerrero en nada 
dispuesto á dejarse domar, razón por la cual las visitas que re- 
cibe son muy contadas. 

El camino que de la Antigua lleva al pueblo de Santa María 
de Jesús, por donde se sube al Volcán, es en extremo pintores- 
co y el viajero que lo recorre se siente poseído de una inacos- 



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tumbrada alegría. La tierra f.sta cubierta coa un espeso manto 
de verdor, los arbo es cargados de hojas y por doqui- ra las flo 
res, abriendo sus senos olorosos, hacen ostenlacidn de su hermo- 
sura y exhalan los efluvios mus agadables al olfjto. 

A mano izquierda se divisan los aleirres barrios de Santa Ana, 
San Cristóbal y Santa Catarina, mientras que á la der»cha se 
deja la bonita aldea de Snn Gaspar. El pueblo de San Juan. 
por el cual se pasa, es célebre, por haber fundado ahí antes de 
la inundación del 11 de septi-mpre de 1541 >u palacio el obispo 
de la Didcesis, palacio que »^n la aciualidad sirve d9 casa parro- 
quial al cura del lugar. 

Al salir de San Juan, se principia a' subir la larga tuerta de 
Santa Maria que conduce al pueblo del mismo nombre, situado 
en las faldas del Volcán de Agua y como dos leguas distantes d»* 
la Antigua. 

El indio de Santa María de Jesús difiere totalioenie del de 
Alotenango: este parece estar siempre dominado por el terror 
que le inspira la proximidad del VüL-iín de Fuego; aquel, que se 
siente resguardado de los furores de este Volcán por su rival, el 
Volcán de Agua, es de genio alegre y tiene el semblante 
risueño. Como he dicho anteriormente, en todo el pueb'.o de 
Alotenango no se encuentra más que nn solo indígena que quie- 
ra acompañar á los ran^s turistas b:istiDte atrevido"* para em- 
prender la ascención del Volcán de Fuego; no suotde lo mismo 
en Santa María, c<iyos habitantes suben tudo el verano al Vol- 
cán de Ag.'.a á traer hielo: así es qu»* á los pocos minutos de ha- 
ber yo entrado al pu« blo un b.talli'n de indios, informados de 
mis planes y atraídos por la pnrsp ( liva le un pingue ^alarÍQ, 
vino á ofrecerme sus servic¡«.s. Tr. s «le ellos cu ptaroo mi con- 
lianza y merecieron la distincitJn de servirme de m«>zo{>. 

En la mayor parte de las montaúagol tiempo con su íuerzn 
lenta, pero destrucctora, causa por sus lados depresiones y csca- 
vaciones á proporción de la cantidad de agua que en socesivM- 
cascadas se precipita desde la cumbre: la senda que se toma al 
dejar el pueblo de Santa María serpentea una zanja formada 
del modo que acabo de explicar. 

Numerosas milpas esparcidas en las falda«, Lacen el paisaje 
sumamente placentero, y al llegar al punto denominado Orilla 
de la montaña se apodera de los sentidos un sentimiento de 
deleite al descubrir la asombrosa vegetación que iinijint^mt 
mente se exhibe por todas partes. El ramoso roble ensaiidia ao 
voluminosa circunferencia é innumerables arbole?, afirmados en 
sus robustos troncos, con sus hojas forman una iw'rpda impene- 
trable á los rayos del lol. 



Los meses de enero y febrero son los mas á propósito para su- 
l)ir á los volcanes, por estar entonces la atmósfera más despeja- 
da que en los demás meses del ano. En mi expedición á los 
volcanes he po lido observar qne en el mes de noviembre el 
tiempo, que por la mañana está casi siempre sereno, á medio 
día varía notablemente. En arabos volcanes me asaltó un tem- 
poral muy fuerte; pero el que tuve que sufrir en el de Agua fue 
mucho más violento. A eso de las nueve de la mañana, todo el 
volcán se cubrió de una niebla tan densa qne no se podía dis- 
tinguir á diez pasos de distancia. Felizmente llegué antes del 
tomporal á la orilla de la montaña y pude descubrir al Este 
Amatitlán con los risueños campos que lo rodean y al Noroeste 
la Antigua con sus dependencias. 

Al concluirse la montaña, las laderas están cubiertas con pi- 
nos muy viejos en medio de los cuales crece una paja muy fina 
y elevada que desde allí se encuentra, como he dicho antes, has- 
ta la cúspide del volcán. Un poco antes de llegar á esta, se ven 
á mano derecha unas rocas muy grandes, sin arena ni vegetación 
alguna. 

La cima del Volcán de Agua está formada por cinco picos de 
diferentes tamaños, y por el menos elevado de todos bajamos á 
la plazoleta cerrada que existe en el lugar del cráter y tiene más 
ó menos la forma de un círculo, cuyo diámetro en la parte más 
larga mide ochenta metros. En dicha plazoleta se encuentran 
muchas piedras desprendidas de la peuíf y en que pude leer 
grabados los nombres de mis predecesores, entre ellos los de 
a'gunas señoritas de este país. En una ancha piedra blanca, con 
í^l machete de que iba provisto esculpí el mío. El frío era in- 
tenso (á las doce y media del día el termómetro centígrado mar- 
caba O" bajo cero) que se me helaban las manos. 

Me adhiero á la opinión de varios historiadores, entre ellos 
el señor don Miguel Saravia, que refieren que la catástrofe que 
destruyó el 11 de septiembre de 1541 la capital del reino de 
Guatemala, fue ocasionada por la rotura del cráter del Volcán 
de Agua que estaba lleno de este líquido. La prueba de ello 
diré que la parte menos elevada de la cúspide y donde infali- 
blemente tuvo lugar la rotura, mira al pueblo de Ciudad Vie- 
ja, desde el cual se ve muy bien el barranco que formó el agua 
al descolgarse de aquella altura. 

Seis horas y media había empleado en la subida; tres gasté 
en la bajada. El número de pasos que di al descender, fue, 
el de 22,354. Concluiré diciendo que, como muchos viajeros 
que se dedican al estudio de los volcanes, he observado 
que el lado oriental de las montañas qne corren de Sur 



so 

Á Norte es siempre comparativamente mas bajo que el opoes- 
lo, bajando con suavidad á llanuras grandes; mientras que 
el lado occidental es alto, escabroso y quebrado. 



Klmknio I>r--vissA>- 



EL VOLCAN DE AGUA 

Y la inundación de la ciudad de Guatemala eo el año 1541 <'^ 



El morador de las cercauías dielpueblo de Ciudad Vieja, que ' 
tenga qu^ pasar frecuentemente" por sus arenosas calles, al lado 
de su antigua iglesia, de su casa conventual medio arruinada, y 
de los escombros de otros edificios, no podrá dejar muchas ve- 
ces de treer á la memoria el pasado de ese fífgar; se transporta 
el pensamiento u la época en que allí estuvo la capital del Rei- 
no de Guatemala, cuando el país acababa de ser conquistado por 
valientes aventureros. • ' 

Poseído el a'nimo de estos recuerdos, se presentan á la ima- 
ginación las sombras de loa primeros moradores: los Alvar ados, 
de la Cueva, Portocarrero Pernal Díaz, la ?in ventura^ dona 
Beatriz y señoras que la acompañaban, el obispo Marroquín y 
ios Relijiosos que trabajando por establecer una uweva creen- 
cia, construían allí desde luego suntuosos templos, á fin <Le des- 
lumhrar y atraer á sus neófitos con el esplendor del culto católi- 
co. En los días en que se celebra en el pueblo alguna de sus gran- 
des fiestas, la alucinacidn puede ser mayor aún.Figúrese el lector 
ver en las calles, formadas de cercas de plantas verdes, 6 dentro 
de los patios y sitios, sembrados de árboles, á hombres vestidos 
de guerreros [moros ó cristianos], con carcax y relucientes tra- 
jes de colores vivos, y si es en los días de semana santa, con 
túnica y atavíos, que, según su entender representan persona- 



(1) Este articulóse publicó eu el "Eco del Valle," periódico déla Anticua, en 
1883, poco después de ura ascención liecha al volcnn por su autor. 



82 

jes de la Pasidn; al mismo tiempo el sohido de trompetas, chiri- 
inías, taraboreí!, y otros instrumentos músicos, todo e;«io, en 
fin, visto y oído de lejos, no puede menos de ler interesante ba- 
jo aque'las impresionas. 

Pasando á oiro orden de ideas, pi-oducidas por los mismos re- 
cuerdos, como son la luina de la ciudad que comenzaba á exíFtir 
allí, la causa á que se ha atiibuilo la inundauitjn; fst(»s hechos 
indudablemente notables, convidan á su estudio al propio 
tiemf)0. 

Se alza la vista y se contempla ese hermoso y sin i^ual "Volcán 
de Agua," en cuyas faldas se asienta el pueblo de Ciu lad-Vi» jt. 
En ei mi-*nio lugar, evid-nínmente, estuvo la capi'al. y á esa si- 
tuacidn fué debido al terrible desastre; pero ¿sería del cráter 
mismo del volcan de donde bajara eHorrente que la destruyó, 
como tanto se ha dicho y escrito? — ¿ y el nombre, C'»n que es 
conocido el volc in, lo tiene por ese suceso, como lo han asegura- 
do y repetido algunos historiadores, ó lo tenía desde antes? 



Pareciendo bueno el sitio in que se ha blau establecido los 
conquistadores, y que se llamaba *'Bulbuxyá'' 6 *' Tzacualpa," 
don Jorge de .parado, estando au-^eute su hermano el Ade- 
lantado, dispuso hacer allí formal y solemne fuodacii^D déla ca- 
pital del nuevo Reino. Así se verificcí en 22 de noviembre de 
1527, señalándose las calles y plazas, los litios para h^.^pítal, 
ayuntamiento, cárceles, ermitas, cíe. Quedó además acordado 
en dicho día, que todos los anos se conmemoiara esa fecha con 
fiiestas públicas, civiles y religiosas. 

Si no se supi» ra por las crónicas y relatos contenipc»ránerva 
el acontecimiento que dio por rebultado la traslación de la í-iu- 
dad. del lugar rn que había .^do fundada, al valle de " Pan- 
cboy"* u "Pancán,'' seria bastante la tradición que se ha con- 
servado, y que después del transcurso del tienn^o relativara^n- 
te corto, no podría dejar de ser verídica. " 

Se sabe, pues, que apenas contaba catorce aiíos de Horecicnle 
exi-tencia la ciudad de Santiago cuando tn diez de septiembiv 
de 1541, en ocasio'n en que caían abundantes lluvias, qui por 
varios días consecutivos se habían secedido, y momentos des- 
pués de sentirse ui fuerte y prolongado temblor de tierra, á eso 
de las nueve de la noche, comenzó á bajar del volcán una terii- 
ble avenida. Venía precedida de un ruido aterrador, á cansa 
de las piedras y árboles que arrastraba; se dirigió sobre la cin- 



83^ 

dad, penetrando por sus calles, arrasando edificios y casas, ente- 
rrando y destruyendo todo á su paso. 

Ya se comprende el susto de los desgraciados moradores, y 
mcís aun si se considera que al mismo tiempo que eso sucedía, 
spgun refieren los cronista», el volcán llamado "de Fuego'' esta- 
ba en erupcidn, retumbaba coa estrépito, arrojando cenizas in- 
candescentes, cuyos reflejos parecían llamas; en la cúspide se 
había formado una gran tempestad: los rayos y los truenos 
percibíanse desde la ciudad inundada. (1) 

Una calamidad tan terrible y con tantas complicaciones, sin 
precedente hasta entonces para los conquistadores, debid de im- 
presionar los a'nimos en gran manera, y no la olvidarían ni un 
momento los que sobrevivieron á ella. Muchas y muy sensibles 
íueron las pérdidas de vidas en esa catástrofe; y en cuanto á las 
materiales, si bien no se estimaron entonces, serían de gran con- 
sideracién, 

La relacicjn de tan triste acontecimiento presenta adema's 
muchísimo interés por las circunstancias especiales que lo acom- 
pañaron, Tal es lo que se cuenta sobre la muerte de doña Bea- 
triz de la Cueva, viuda del Adelantado, la caridad del señor 
Marroquín, los sacrificios esforzados de él y de los demás vecinos 
que pudieron salvar, son dignos de admiracicin. 

'^Atendidaslas ideas de la época'' dice Milla en la Historia de 
la Ame'rica Central, "tampoco nos asombra encontrar mezcladas 
en la narración del suceso, consejas que engendró la superstición 
y á que dio creces el miedo" 

Así se explicaría también cómo, sin mayor examen ni compa- 
raciones razonables, pudo atribuirse entonces el origen del to- 
rrente, que inundó la ciudad, á una erupción de agua del mismo 
volcán; ó bien, á un desbordamiento de su cráter, en donde ante- 
riormente se hubiese formado un lago por el agua de las lluvias. 
Lo incomprensible á la verdad, es que suposiciones semejantes 
bajan continuado repitiéndose y escribiéndose hasta nuestros 
días, principalmente la seguu'ls. Podrá decirse tambiéu que so- 
bre éso existe también la tradición; pero la tradición, cuando 
verta sobre hechos físicos y naturales, no puede ser admitida, 
sino en tanto que aquellos hechos sean posibles, y hayan podido 
efectuarse, lo que no sucede en este caso. 

La erupción de agua la consideraba ó creía cierta Remesal, y 



(l) En las erupciones del "Volcán de Fuego'" que tuvieron lugar en los días 29 
de junio y I? de julio de 1880, se observaron idénticos fenómenos. Los densos vapo- 
res que salían del cráter y las nubes acumuladas encima, formaban tempestades, 
acompañando al ruido volcánico, y á las seudo-llamas. El espectáculo era grandio- 
so; y habiendo caído también granizo en las mafíanas aparecían los volcanes como 
cubiertos de nieve en medio de la ecupción de cenizas. 



. 84 

no filé suficiente para sacarlo dp su error laascenciÓD que hizo al 
volcán en Noviembre de 1615. es decir, ?eienia y cuairo añoe 
después de la inundación. SiibiJ él, diic. "á lin de ver el e«t«do 
en que había quedado después que reventó y con su paso hizo 
tamo estrago.*' 

*'Hay, añade, grandes peñascos despedazados y en ellos seco- 
nope la violencia del »gua, que subió de abajo." Keme^al se afir 
mó más en su creencia en vez de desecharla: ¡tanto putdrn en el 
ánimo las preocupaciones! 

Esa erupci(5n, de todo punto imposible en un volcin, y más 
en un volcán apagado ó inactivo en una época prehistórica node> 
bía ha^'er sido admitida por un escritor serio, y muchas raxonea 
pudo haber encontr^dí» el mismo Reniesal para no darle «rédito, 
ni aun con los "peñascos despedazados qu»? observó." De la qí- 
rraci(5ü que hace dicho cronista se desprenden cbú» razones en 
cootra de aquella suposición. Es además muy interesante en 
cuanto combate la otra teoría de la formación de un lago en el 
hueco á^] cráter. 

En efecto, observa Remesal que no ex'ste agiu en el cráter 
"como algunos pensaban" y que por la natura'eza del ieireiioM 
consumía el agun que caía. El señor Mdla hace notar enUs oh* 
eervaciones de Remesal *'que dotruirían la hipótesis de la í«»r* 
mcióu de un d»pu8Íto de agua que hubirra de.-l^.rdado." No 
creyó detenerse sin embargo, el ilustrado autor de la '^HiHioria 
de la América Central" en el examen de c^e bechu. y a(in lo 
que á él se refiere lao .sólo estií en una nota de su aprcci«'b'e obra. 

Sin conocer aquella relación más antigua de las aj^cendoDea 
hechas al "Volcán de Agua" y lo hizo constar Remesal entonotf. 
cualquiera persona, que haya subido y visitado el criíter, habrá 
podido convencor>e de que el terreno que forma su asáento e«eo- 
teramer.te permeable no permaneciendo allí el agua: las plaotaí* 
que en él se encuentran, pertenecientes á una llora alpestre muy 
caracterizada, indican también que el agua üo se d» lieoe. 

Suponiendo, sin embargo, que en un año muy abundaut** ea 
lluvias, se acopiara el agua, no sería toda e!la bástanle para des* 
bordar. 

Lo que propia ó impropiamente se llama criíter en el "Volcán 
de Agua'* es en su interior una planicie, Cíisi ovalada, de uiiot 
och.nta metros de largo por sesenta de ancho, e^tando situado 
su eje mayor de Norte á Sur. Dicha planicie está rodeada de 
unas colinas ó cerros pedregosos, que tienen como cincuenta me- 
tros de altura, menos por una parle que solo llegará á un. s quio- 
ce ó veinte metros. Es, pues, á manera de una gran taza, que 
tuviera un pedazo quitado en su borde. Esta depresión, colocada 
al lado Norte del cráter, es la que permite su fácil entrada- de 



I 



B5 

allí mismo comienza una grande y ancha barranca que desciende 
en direccioü á San Jnan dtl Obisf)0. 

Tauto los indios de Santa María de Jesús, que snben al volcán 
para procurarse la p; ja y hielo, con los cuales comercian, como 
los viajeros que por curiosidad y para gozar de la niíignífica vis- 
ta que ofrece, lo visitan, í-aliendo del iniicado pueb o de Santa 
María, á medio camino atravie>an aquella barranca y siguen su 
dirección hasta llegar á la cúspide. 

Ahora bien; si se considera que el hueco que forma el cráter 
tiene la' profundidad indicada, que toda el agua que cae en una 
época de lluvias apenas pasa de un metro de altura, Sf^gun las ob- 
servaciones meteorológicas practicadas en la capital, se vé clara- 
mente lo imposibilidad de que se llenara algima vez, aun bajo la 
snpo'íiciíín de que el suelo fuera impermeable. Dicha agua recogi- 
da tendría tiempo sobrado para evaporarse durante la esiacion 
seca, sobre todo en esa elevación; de tal suerte que no podría aco- 
piarse de un año á otro. 

Si hoy no sería admisible la formaeidn de un lago, menos se 
concibe que haya tenido lugar en 1541, pues según los que admi- 
ten el desbordamiento, no había depresidn en ningún lado de las 
paredes que circundan el cráter. La esttucturade esa parte, pa- 
rece tan antigua como todo lo demás del mi^m() cráter d- 1 volcán. 
Así ha de habiT que<1ado después de un cataclismo, o á conse- 
cuencia de alguna de sus erupciones, cuando estaba en activi- 
dad, en época, de la que no h-.iy ninguna noticia, y muchos siglos 
antes del (iet-cubiimieuto de Arnérica |;or Cri-to'bal GdiSn. 

Intencionalmente sh ha hecho notar antes, que la barranca, que 
comienza en la parte deprimida del cráter, se diiige hacia San 
Juan del Obisp-.j no i^iendo hacia Ciudad Vieja. Colocados ambos 
pueblos en las faldas del volcán, distan uno de otro cerca de dos 
legua-i. A-í, pues, si aquel derrame de agua hubiera podido efec- 
tuarle, no habría bajado sobre la capital de Guatemila, en el si- 
tio queh -y ocupa Ciudad-Vieja, sino en direccidn del lugar, en 
que posteriprraente se fundó el pueblo de San Juan del Obispo. 

Los señores Dollfusy de Mont-Serrat, en j-u importante obra 
de geología, (1) dando por cierta la hipótesis de la formación de 
un depósiio, dicen que: "des le 1541 el volcán no sólo no ha ha- 
chado agua, sino que un fenómeno de ese género sería imposible, 
pues el cráter ya no es suceptible de contenerla por estar roto 
en su fondo." Tal aserción probará únicameiite que los autor, s ci- 
tados habían olvidado, cuando escribieron, como es la disposición 
del cráter en la actualidad, que si podría contener agua, siempre 



fl] "Voyagegéologique dans les Republiques de Guatemala et de Salvador,'' par 
MM. A. DoUfiis et E. de Mont-Serrai. Imprimerie imperiale. MDCCCLXVIII. 



86 

que á ello no se opusieran las otras causas dichas. Lo mismo 
les sucedería al asegurar romo aseguran que, '4a barranca que 
comienza desde la parte abierta se dirije exactamente del lado de 
. Ciudad-Vifja,'* lo que no es así. Cuando los señores DoUfas y 
Mont-Serrat hicieron la ascención al 'Yolca'n de Agua,'' según 
ellos mismos, lo advierten les hizo muy mal tiempo, no pudiendo 
permitirles estudiar bien su formaciun y todas sas particulari- 
dades. 

Muy digno de llamar la atencidn es lo que los citados sabios 
viajaros hicieron potar, que encierra una razón más en contra de 
la hipótesis, que no tuvieron dificultad eu acoger: "Pero debe re- 
conocerse, dicen, que fué necesario un concurso desgraciado de 
circunstancias para que la antigua ciudad fuese víctima, pues 
por no tener e] cráter una gran dimensión, la cantidad de agua 
que encerraba no era en ninguna manera suiiciente para inundar 
el valle: no habría padecido í-ino fuera que sufrió el primer cho- 
que." Se ve, según lo copiado que la poca cantidad de agua no 
hubiera causado el desastre, y eso 'del primer choque," en una 
distancia tan considerable, no puede explicarse. 

El agua que inundó la ciudad, se aropió en alguna 6 algunas 
de las barrancas, que se encontraban y e-tan arriba del lugar, no 
lejos de él, en la falda del mi-mo volciín. Ix)s derrumhbmientos; 
causados por el terremoto; en tierras sueltas y empapada?, las 
obstruirían, desbordando en seguidas. Análogos fenómenos, físi- 
cos enteramente, y no plutónico.<, se observaron en el ano 1874, 
después del temblor de tierra dtl día 3 de septiembre. Kn esos 
días, así como en los de 1541, había llovido muchísimo, y {os 
lugares de Chimachoy, Duefias, Parramos, Paatores y otros, so- 
frieron efectos semejantes á los que la ciudad de Santiago expe- 
rimentó. Las avenidas sobre el pueblo de Ciudad Vicya no han 
dejado de repetirse, después do aquella de la memorable noche 
del 10 de septiembre, debidas a' las mismas causas, no teniendo 
nada que hacer con el cráter del volcán, que está pieroprc como 
* era desde tiempo inmemorial. 



II 



Dicen los autores, últimamente citado», á continuacióo del 
párrafo recién transcrito: * Queda, pues bien establecido que el 
Volcán de Agua está apagado desde tiempo ante-histórico, y que 
su nombre le viene del derrame accidental de un cráter-lago que 
existió en su cima." Se ha demostrado ya que esto fdtimo no 
tuvo lugar: en consecuencia, el nombre del volcán no es de nin- 



87 

guna manera una prueba del suceso; y lo que se ha aseí^uraJo y 
se repite de que lo tenga íÍ causa del fatal acontecimiento del 
día 10 de septiembre de 1541 es inexacto. Razones hay para 
creer que no solamente ios españoles lo di>tinguían con ese nom- 
bre antes de aquella fecha, sino que los naturales lo conocían así 
en su idioma. 

*'E1 estado de Guatemala, dice García Peláez, toma este nom- 
bre' del antiguo reino indígena de este título, llamado así de la 
expresión '^ Guate-z-mal-lid,''' que significa: cerro que arroja 
agua, y aunque este sea un volcán apagado, entre otros que han 
concluido sus erupciones, él se denomina de agua -Á diferencia de 
otro contiguo que las continúa y se titula de fuego. Es, pues, co^ 
mo si se llamase estado y reino del "volcán de agua." En rea- 
lidai es el volcán un cono que sobresale en ti valíe y eu todo el 
territorio, apareciendo hermoso ;í la vista en todas direc cines 
por su regularidad." 

El historiador Juárros, anterior á García Peláez, adopta tam 
bien esA misma etimología, manifestando que la palabra es de la 
lengua tzendal. 

Fuentes y Guzmán en su "Recordación Florida,'' aunque res- 
pecto al origen del nombre de Guatemala, adopta otra palabra 
que significaría palo de leche, afirma en un párrafo del capítulo 1, 
Libro 3.°, lo siguiente: "Para más clara y segura inteligencia, 
es menester considerar lo que dicen .el P. Remesal, Herrera y 
Torquemada: que esta ciudad estuvo fundada entre los dos vol- 
canes de agua el uno, y el otro de fuego. Y para inteligencia de 
esto se debe advertir, como muy cierto, que este gran pueblo de 
Goathemala estuvo y está fundado en la falda del Yolcán de 
Agua, más hacia la parte del Ocaso, que en la recta derecha del 
Norte; y que este, al tiempo de la conquista de este Reino se lla- 
maba Goathemala. donde se asentó el Real y tomó la posesión 
en nombre de su Majestad y se fundó y estableció esta ciu<iad 
con el mismo título, y pronombre de «quel numeroso pueblo, 
porque fue conocida hasta en tiempo de la inundación. ..." Si 
la palabra "es^e" se refiere al volcán es una autoridad más que 
se une á la de Juárros y García Peláez. 

El nombre del volcán, según el cronista Yásquez, es ''Una- 
phú\^' pero esto se entiende que sería en otro de los muchos 
idiomas que había y hay en el país, no siendo contradictorio con 
el de "Guatemala,"' que prevalecía más. 

Siendo una montaña tan notable y que se alcanza á ver desde 
grandes distancias, debió llamar la atención de los primeros ha- 
biíantes del suelo centro-americano, y ella era llamada á dis- 
tinguir la comarca en donde descollaba, siendo más aceptaWt 



■ 88 

esta explicación que cualquiera otra que se haga del nombre con 
que encontraron los españole.^ al país. 

El señor Milla dice en su historia de la Ainérica Central, que 
"el Reino üe Guatemala se llamo así de Tecpán-Gmuht^uiala, 
nombre de la capital del Reino de Kachiqueles, en leugua ná- 
huatl 6 mexicana, cuyo nombre dieron á la ciudad que funda- 
ron, y que se hi/o extensivo á todo el reino."* De ninguna ma- 
nera destruye esta aserciJn el dicho de los otros aprtciables his- 
toriadores citados. Si ia capital era Tecpán-Guatemala, el 
país todo era Guatemala, y su nombre como capital y como re- 
gión lo debía al volcán. 

Los indígenas lo llamarían "-cerro di- mjna" no precisamente 
porque arrojara agua, ó por las vertientes que se encuentran en 
sus faldas, sino tal vez por contraposición natural ni otro volcán 
vecino, que estando en continua actividad, más eutooces que 
ahora, reconociéndose al fuego como autor de sus erupciones y 
humo, lo han de haber distinguido con el nombre que indicara 
SU9 propiedades. 

Esta explicación la hace García Paláez, y es muy aceptable. 
Limitáronse, pue:^, los españolea á hacer una traducciiío literal 
del nombre del volcán y así lo reconocieron con el de *' Volcán 
de Agua' dejando al país el nombre indígena, nombre que fue- 
roa extendiendo, más de lo que habían hecho los anteriores ht- 
l)itante8, á' toda la región. Es probable que si no lo hubierao 
encontrado, ellos, por la razón dicha, de comparación entre el 
fuego y agua, se lo habrían dado, ó bien á causa de las aveni- 
das en sus faldas; y lo que, de nna ú otra manera, parece fuer» 
de duda, es que así se llamaba antes de l;i inundación de la ciu- 
dad capital primitivamente fundada, y durante v\ tiempo que 
ella existió. 



.TlAN .1. KonRÍ«:«*»r/ 



EL VOLCAN DE AGUA 



En tarde serena, 
Tranquila, apacible, 
Paseábame sólo, 
Muy sólo y míiy triste, 
Por un prado ameno 
De la alta planicie, 
Que de ambos mares 
Las aguas divide. 



Mi frente batía. 
El céfiro libre, 
Que jime en el llano 
De diciembre á fines, 
El sol refuljente 
Con vivos matices 
Las nubes de ocaso 
Teñía al hundirse. 



Sobre el firmamento 
Destacarse firme 
Se veía aquel cono 
De azulado tinte; 
Llegué á una colina 
Y allí en su declive, 
Atento un instante 
Contemplarlo quise. 



Más ver al coloso 
No rae era posible 
Sin que los recuerdos, 
Dulces, indecibles, 
De las emociones 
Que sentí, infantiles, 
Al alma vinieran 
A reproducirse. 



Alzábase enfrente, 
Grandioso, impasible, 
Volcán portentoso. 
Colosal, sublime; 
Gigantesca mole, 
Maravilla insigne, 
Que el poder pregona 
Del Eterno artífice. 



Mirándole absorto, 
Con caima apacible, 
En estas palabras 
Prorrumpí y le dije: 
''Pirámide hermosa, 
''De América virgen 
"Que el ancho paisaje. 
"Soberbia presides. 



90 



'•'Arcano estupendo 
"De un Dios invisible, 
"Su gloria en tu cráter 
"El Creador imprime. 
''¿Eres tú del orbe 
"Coetáneo invencible, 
"Y eterno el embate 
"Del tiempo resistes? 



"¿Moraba en la tierra 
"Ya f-l hombre infflice 
**Cuando te abortara 
"Bramadora sirte? 
"O al ti n de mil siglos. 
'Ya vetusto viste 
"Los primeros seres 
"De la humana estirpe? 



"Titán que de nubes 
"Tu cúspide ciñes 
"Y que un tiempo al valle 
"Y al monte aturdiste 
"Con el ronco estruendo 
"De tu voz terrible, 
"Saber yo pretendo 
"Tu historia, tn orijen. 



"Decrépito atleta. 
Tú nada nos dices, 
"Ni exi-te una clave. 
"Que tu historia explique. 
"Tú retas al hombre. 
"Silenciosa o-finje 
"A que el hondo arcano 
'De lu ser descifre. 



"¿Era nuevo el mundo 
"Cuando tú surjiste 
"Con sordo bramido 
"De la superfirie? 
"¿O habían pasado 
"Ya centurias railes 
"Cuando tu picacho 
"Comenzaba a er^nurse? 



"Eres un cadáver 
"Inerte in.^eo.^-ible. 
"Ni betún, ni lava, 
"Tu cumbre despide. 
"Ya de la osamenta 
*'Xi el vil polvo existe 
"De aquellos qne vieron 
"Tu Alego extingnirsc.*' 



"¿Te arrancó á los antros. 
"Cataclismo horrible, 
"Y cambió la tierra 
''Con el mar sus tintes, 
^Y el piélago inmenso, 
"Inquieto, irracible, 
'Los sitios bañaba 
"Que tu mole oprime? 



El manto nocturno 
Cnbiió los peí files 
Del titiin inerme, 
Sereno, inrpasible. 
Que armonía el pjiisAje 
Miís bf'llo que exhibe 
Eu anchas reg one.s 
La América virgen. 



Eduarho Hall. 



EN EL VOLCAN DE AGUA 



Si es difioil pintar las obras maestras del arte y describir las 
variadas impresiones que nos causan los rasgos bellos y sublimes 
qne el ojo mas vulgar descubre en ellas, lo es mu^-ho más sin 
duda pintar los grandes cuadros de la naturaleza y hacer á otros 
participes de las impresiones que causan en nuestro espíritu. 

El arte tiene sus reglas, tiene sus límites y á cada paso se en- 
cuentran términos de comparacidn para avalorar el mérito de 
los artefactos; no así en las sorprendentes obras de la naturale- 
za;no hay nobles términos de comparación para apreciar la sabi- 
duría y potencia de su autor. De aquí procede la dificultad de 
pintar lo sublime en los grandes cuadros de la naturaleza. 

Tímida la pluma no se atreve á expresar todo lo grandioso del 
pensamiento, y el recelo de incurrir en exajeracidn, debilita las 
expresiones, anonada las ideas y sólo la poesía puede facilitar 
la descripción de ciertos rasgos para un mal trazado bosquejo. 
Ella quisiera escribir 3- expresar las impresiones que siente el 
alma en presencia de esos cuadros sorprendentes; pero no se 
atreve sino á manifestar en débiles exclamaciones los arrebatos 
del espíritu. 

Tal me sucediera al querer describir mis impresiones de unas 
horas pasadas en la cúspide del "Volcán de agua" 

La encantadora, virgen y lozana América cuenta entre sus 
bellas y risueñas regiones, una en donde ha reunido pródiga sus 
más ricos tesoros, en donde la naturaleza ostenta su más rico 
ropaje. Esta región privilejiada es Guatemala. Sus primeros ha- 
bitadores, sin duda, los puebios Tulttcas de donde vinieron los 
Kichées, Kaehikeles y Zutuj^iles no fueron probablemente los 
que por primera ves gozaron el sin par encanto de la frescura de 
sus aires y serenidad de su cielo, otros pueblos de ignorado orí- 



92 

gen los habían precedi.lo. Hoy que contamos tres siglos de*pnés 
de su descubrí tiiieuto por los europeos, la naturaleza se ostenta 
todavía tan bella y tan lozana como en lejanos tiempos en que 
re ¡u aban los indios ahorígí*nas. Mas entre los pueblos que compo- 
nen la sección de Guatemala, hay uno que por la seriedad de 
sus fruto?, la fragancia de sus flores, la claridad y profusido de 
sus fdentes. la suavidad y dulzura de su embalsamado ambiente, 
la posición pintoresca de sus montes y la belleza de su siemore 
tranquilo y tapizado cielo, atrae la vista y las miradas del viaje- 
ro. Hste pueblo, es el pintoresco Departamento de ;^acate- 
péquez. 

La Antigua Guatpmala, su cabecera, en otro tiempo capital 
de la Real Santiago, hoy llena de ru'nas y de e-scombro!», es be- 
lla por los recuerdos, como por su ¡Hisición risueña y encantado 
ra.^ — Calocada al pie de un magestuoso y empinado voIcíd, pa- 
rece una reioa sentada al pie del elevado trofeo de sus glorias. 
Este volcán llamado de agua es el monte que le presta más her- 
mosura, porque sembrado de frijol, maíz, algoddn y otros frutos 
indígenas, paicce una graciosa y matizada alfombra, ya en fin 
por la hermo.sa corona de plata de que se ve ornada en la ma- 
yor parte del año, for<í>add de alabastrina nieve. 

Deseoso de contemplar mJs de cerca la majestad de a4|iiel gi- 
gante, y aoftiando ser testi)¿06 de grande eseenas de la naturale- 
za que alli tienen lugar ó desdo allí má.^ cómod imonte se con- 
templan, me determiné á subir á su frí/ída y glacial cumbre. — 
Para poder estar en la cú^pile á la hora de la .«alida del ko*, del 
día 14 de enero, tomó el camino J la.s cinco de la tarde del día 
13. —Apenas comienza el viajero á hola r hu camino lleno de 
bellezas y recuerdo^ se encuentra con un pueblo pintoreitco lla- 
mado San Juan del Obispo. — Al ver llenos sus callejones de 
grandes piedras y la plazA tí cada pa-o sembrada de enormes y 
gigantescos pedregones, acordóme que estas íiieríin vomiladas 
por tan inmensa mole en la célebre inundación de 1777. — 

Uu edificio parte reedificado por los Párrocos que han forma- 
do ahí su residencia, parte arrumado y lleno de escombro», lle- 
va inscrito en su portada de piedra el nombre de su primvr po- 
seedor. — Este era el inmortal obispo don Francisco Mar'oqnín 
que deseando poblar la fértil falda del volcán, trató de formar 
allí pueblos cuyos habitadores cultivasen esas tierras.— En ese 
pueblo que se llamó Sau Juan, edificó un palacio donde iba á 
pasar sus temporadas, y es el edificio qne hemoH visto parte ree- 
dificado, parte lleno de esc )mbro.s. — Y de esa circun«tMncia le 
llamaron San Juan del Oi>ispo. — «Adelanta el viwjero y casi i U 
mitad de su camino encuentra otro pueblo de indígenas llamado 
Santa María. Ahí no hay cosa notable. 



^ _ __93 

A las once de la noche salí para alcanzar la cimbre á la ma- 
drugada. Dejé el pueblo silencioso y á torios entregados al sueño 
y me encaminé hacia la ruta que debía diiijirme á mi objeto. — 
Apenas había andado una legua cuando lo snb irae del paraje su- 
m¡n¡í.tr(jme diversos pensamientos. Era una de esas noches se- 
renas en que la luna recorriendo con paso lento y mag^estuoso su 
órbita al rededor de la tierra, presta á los pensamientos del alma 
del poeta los rangos más sublimes y melancólicos. En medio 
de aquel silencio interrumpido de vez en cuando por el viento 
que azotaba aquella inmensa montaña, sentéme á reflexionar so- 
bre la relación que existe entre el fin de la humanidad y de la 
naturaleza, entre el hombre y loí seres materiales que le rodean. 
La idea de la humanidad, me decía á mí mismo, es tan santa, es 
tan bella, es tan universal que su fin no puede sino comprender 
al de la misma naturaleza irracional. El hombreen la contempla- 
ción de los seres que le rodean y que le sirven de medio para 
conspguir su ñn particular y el universal de la humanidad, que 
es el progreso del espíritu y perfeccionamiento de la materia, re- 
vive y adquiere poderosa fuerza para obrar; y para obrar en 
consonancia con los principios universales del progreso y de la 
civilización. 

Dios quiere y la razón y la ciencia lo demuestra, que sobre ca- 
da ser colocado en este planeta, en que la naturaleza ha engen- 
drado su más peifecta criatura, el hombre, el ser racional se una 
á él en un todo conforme, en una unión esencial, en una sola 
hermandad para que ambos consigan su fin acordes y conformes 
y por su medio lo consiga la naturaleza y lo consiga Dios 
también. 

No es posible vida en el hombre sin la armonía con la natu- 
raleza, sin el amor hacia los seres que le prestan su contingen- 
te para la consecuencia de sus fines, para la realización de sus 
ideas. Pero todos esos seres por grandes que aparezcan, por be- 
llos que se presenten, por sublimes que sean los cuadros que nos 
proporcionan, son inferiores al hombre, considerado como el Rey 
de la humanidad universal. El fin de cada uno de esos seres tie- 
ne que ser subordinado al suyo, su grandeza material tiene que 
postrarse ante la inteligencia del hombre. Dios hizo al hombre 
muy grande, exclamé en el éxtasis de mis reflexiones, y buscan- 
do razones que me probaran la convicción de mi conciencia, ha- 
llé en mi rededor en medio de aquel sublime y magestuoso pa- 
norama, infinidad de objetos que meló demostraban. Un cuadro 
raajestuso tenía ante mi vista. A mis pies un inmenso barranco 
en donde jamás había penetrado la planta investigadora del 
hombre cieniifico, sembrado de pinos, cipreces y otra multitud 
de íírboles que formaban uua obscuridad sombría. B]n medio 



_^ 94 '_ •_ 

del silencio aterrador de aquella noche no se oia mas que el 
manso susurrar de en arroyo que corría en el fondo dtl barran- 
co, y el lúgubre canto de a^'es nocturnas que vaciaban por la 
espesura de las selvas. La hermosa y melancólica luz de la lu- 
na apenas podía penetrar en el fondo de aquellas profundas 
soledades. 

Al contemplar tan magesluoso cuadro, la inteligt ncia se pre- 
guntaba así misma. 

Estos seres como la Luna, los árboles, el agua y todos los obje- 
tos del mundo material que en tales ocasiones nos parecen tan 
bellos y acaso sin rivales, ¿para quiéíi los hizo la natural 'za? 
¿Los formaría para la complacencia mutua de ellos mismos? Xo, 
que no puede complacerse en la hermosura y belleza de una co- 
sa quien carece de entendimiento que conozca el orden y de vo- 
luntad que quiera seguirlo. No fueron pues hechos para íu pro- 
pio encanto. ¿Sería para encanto dé su mismo autor? Sea enho- 
rabuena, pero por medio del hombre. Kn efecto ella formó la 
creación para que el hombre en su complacencia c<>mpr« ndicra 
la grandeza de su poder creador. 

Luego el hombre es más grande que todos los objetos que yo 
tenia a mi vista, más grande (|ue esa apasible y encantadora lu- 
na, más grande, aún que ese volcán (pie hollaban mis débüeit 
plantas. 

Sumido en tan importantes rellexiones que la sublinüdud d«l 
lugar me había sujerido, había pasado más de una hora. Al fin 
como despertando de un profundo letargo, levantóme y tomo el 
camino hacia la cúspide para presenciar la sulida del a^tro rey. — 

Serían las tres y media cuando agitado y saltando del frío me 
hal aba ya cercano á la cumbre. Noté que á medida que subía, 
los árboles disminuian en altura y<n ramaje, de manera qnc 
cuando llegué á la ( úsfide no encontré ^¡uo paja y una que otra 
raquítica planta. Llegué á las cuatro de la mBÍ\ana y caiisHt'o y 
debilitado el espíritu y el (ucrpo, sentéme á esperarla sin ti. 
val hermosura de la aparieion del sol. El cuadro que »c íIki des- 
cubriendo á mi vista era risueño y encantador. La bella pncur- 
sora del ardiente Febo ya se deji*ba vt r vestida de un rozagin- 
te ropaje en que competían los más suaves y delicados coló: es. 
Ya se le veía vestida de gualda y grana tapizado de gris y nieve, 
ja la más euccndiila escarlata, teniendo ella solo la gloria de 
vestirle y eníralanarla. 

Pronto víla correr apresurada porque los rayos del carro de 
Faetonte la lanzaban á correr la bóveda del firmament). Y Día- 
na temiendo su presencia, priva á los mortales de su apasible y 
melancólica lumbre, que tanto gusta al carácter meditabundo del 
hombre. Sirio, Aldébaran, Castor, Polux, Cerbero, Ceres, Satur- 



95 

no y cuanto-i habitadores pueblan el vasto firmamento, se ocultan 
ú la pre^e^iiciide aquel esplendoroso Rey que eclipsa con su luz 
al más fúlgido lucero. Al fin aparece dando movimiento y vi- 
da á todos los seres del orbe, aquel que había sido anunciado 
por tan bella precursora, y á su vista, corren los pajaruelos, se 
alegran los campos, reufícen las fl<>res y el hombre cristiano al 
za su plegaria hacia aquel que formd tanta bt-lleza. ¡Oh! el alma 
entonces sólo suspira y lanza exclamaciones porq'ue al querer 
expresar las impresiones que causan en ella tan encantadores 
cuadros, no halla palabras, no halla conceptos que las manifies- 
ten. Se tija la vista y el alma se extasía. 

Enageiíado estaba al contemplar la salida del sol; mas al volver 
la vista se presenta á mis ojos hacia el Occidente otro panorama; 
montañas tras moutauas, hasta que las m 'is distantes ocultaban sus 
cimas en una alta zona de vapores, hijos remotos del Océano. Allí 
los picos del Volcán de Fuego, el de Alitlán, San Pedro, Santa Cla- 
ra, Santa María y otros más que se extienden por el cimtinente 
mejicano. En esta dirección 3' la del Sur, vi grandes cerros, picos 
y montañas, cubiertos de rica verdura, y cuyos elevados pinos 
3' ciprecps nos escondían los pintorescos departamentos de los 
Altos. Sólo la Laguna de Atiílán pudimos descubrir por ese 
rumbo. ¡Aquel admirable cuadro visto desde aquella altura 
presentaba la imagen de un mar sólido, en el que las olas eran las 
montañas. Al contemplarlo me sentí arrebatado irresistiblemen- 
te á la época tenebrosa anterior á la creación d^'l hombre, en 
que según los físicos la agencia del fuego central elevó esas de- 
í-igualdades enormes en la superficie del globo aun no con- 
solidada. 

Pero después densos grupos de nubes me ocultaron aquel es- 
pectáculo, é iluminados por los rayos del sol, pasaron vagando 
con magostad áunos doscientos pies debajo el lugar donde rae 
encontraba. Volví la vista há(íia el Sureste y entre una áéhil y 
sutil neblina divisé unos put blos y montañas lejanas que pare- 
cieron ser las de Honduras. Más cercana vi á la graciosa Guate- 
mala. Distiguianse los edificios á simple vista y el camino que 
de la Antigua va á la Capital, se veía como una faja amarilla en- 
tre las montañas por do atravieza. 

Bajé la vista y encontré que á mis pies tenía á la siempre que- 
rida é idolatrada Antigua. ¡Qué posición tan poética en la que 
me encontraba! Con qué arrebato de amor patrio contemplaba 
los escombros de la antigua Santiago. 

Entre tanto las nubes en grandes ma^as se iban aumentando 
en torno mió y fué preciso que pensara en alejarme de aquel lu- 
gar, teatro de tantos recuerdos. 

y así después de haber grabado en una roca del cráter mi 



96 

nombre, y lanzado nn suspiro y una última mirada á aqael j>a- 
norama que me habia sujerido tan graadiosas reflexiones, bajé 
triste y pensativo. 

Eütonces habia yo comprendido la? palabras de qq sabio es- 
critor moderno '*E1 que quiera ver algo nuevo debajo del sol, 
suba á la cumbre de una verdadera montaña" y había compren- 
dido también la grandeza y dignidad del hombre y el fin de la 
humanidad universal. 



Guatemala/Febrero de 1873. 

R. Flor ERO A. 



CONCLUSIÓN DEL TRUTIiDO DE LOS VOLCANES 



No obstante lo dicho ya de los volcanes de Fuego, de Paca- 
ya y del de Agua, no estará demás ponfr aquí la descripción 
que de ellos hace el Padre Juárros en la página 336 del tomo 2." 
de la Historia de Guatemala. Es la siguiente: 

"Sigue la provincia de Sacatepéqnez, en la que desde luego 
nos llama la atención el célebre y agigantado monte que se ha- 
lla situado al Sur de la Antigua Guatemala, y vulgarmente lla- 
man el Yolcán de Agua (nombre bien impropio y aun contradic- 
torio, pues todo volcán es ignívono, y asi ninguno puede decirse 
de agua.) En este monte de figura cónica, y con su gran corpu- 
lencia y lo estendido de su falda, ocupa to:ia la parte meridional 
del Valle de Guatemala: por la parte que mira á Guatemala tie- 
ne de camino del pie á la cima tres leguas y media, y por la parte 
del Valle de Alotenango, más de cuatro: la circunferencia del 
circulo que forma su falda es de diez y olIio leguas: es un objeto 
muy agradable á la vista, así por su figura, como por el matiz de 
sus colores, pues estando unos cuadros de su terreno cultivados 
y otros breñosos, presenta un tablero muy vistoso. Es también 
este monte sumamente útil por sus producciones, pues se dañen 
él copiosos maizales, frijoles, maderas, hortalizas y un agregado 
admirable de flores de todos géneros; y esto es sólo en la parte 
inferior que es la que se cultiva, que si se fueran dilatando hacia 
arriba las laborea y sementeras fructificaría doblado; bien que en 
la regi(5n media, no está ociosa la tierra, pues se ve poblada de 
tupida arboleda, de que se podían sacar excelentes maderas. Pro- 
vee también á esa ciudad una gran parte del año de copia de nie- 
ve (hielo). Eucuéntra^e en él abundante caza é infinita volatería. 
En el ruedo de su falda se ven muchas vertientes de aguas cristali- 



98 

ñas y saludables, y se hallan plantados alganoá pueblos de indios, 
chacras, potreros y haciendas. En su cumbre tiene una plaza de 
140 varas castellanas de N. á S. y 120 de E. á O.; mas ésta no 
es p'ana sino cóncava, á modo de una caldera: parada una per- 
sona en el borde de esta grande hoya, ve con grande claridad 
la Antigua Guatemala, con sus campos y granjas, el pueblo de 
Amatitián y su laguna y suS demás tierras y pueblos que están 
en los contornos de ese monte; mas las que están apartadas «e 
divi-an con más 6 mpnos claridad, según sos distancias, alcan- 
zándose á ver por el O. las provincias de Sut hitepéquez, S<?co- 
nusco y hasta los llanos de Chíapas: Por el E. las de Sonsona- 
te, Santa Ana Grande y San Salvador, donde se distingue el 
lago de Ilopango; y por el N. y S. los dos mar«^ 

Está este famoso monte plantado entre dos volcanes 6 mon- 
tes ionívonos, el uno á la parte del Oriente, que llaman el Vol- 
cán de Pacaya: el otro al Poniente, que apellidan el Volcdn de 
Guatemala, y vulgarmente el Volcán de Fuego, (que es una ver- 
dadera reduplicación, pues todo voica'n es de fuego:) uno y 
otro han hecho formidables erupciones en todos tiempos: las más 
memorables que se han observado en este segundo, después de 
la venida de los espanoUs, han sido las de los bQo» 1551, 1586, 
1623, 1705, 1710, 1717, 1732, 1737; pero de éstas hemos ha- 
blado en el tomo 1." tratado 2.® capítulo 11. Mas fuera de Us re- 
feridas, hizo otra á fines del figlo décimo octavo, de que no hici- 
mos mención en el lugar citado, porque no causó daño alguno, 
bien que fué muy copiosa y duró alpunos dbs y calentó el agua 
de una vertiente que tiene por el lado de Acatennngo, en tunto 
grado, que no podían pa«ar las bestias por dicho arroyo. E8t« 
monte se halla plantado al Sudoeste de la Antigua Guatemala: 
en su pie tiene la figura de una cono, pero cerca de la cumbre se 
divide en tres puntas, y de éstas en la meridional se le obser- 
van varias bocas, por donde ha arrojado fuego, piedra encendi- 
da, arena y humo. 

El Volcán d£ Pacarja está situado, como dijimos, al Oriente, 
respecto del Asolean de Agaa y de la Antigua Guatemala; pero 
al Sur de la Nueva, á tres leguas del pueblo de Amatitiún. Ya- 
ce este célebre monte unido á una cordillera que se extiende á 
largo espacio y levanta tres cabezas ó picachos de un sóln cuer- 
po: todo su contorno fe ve sembrado de malpais, que ha arro- 
jado en las repetidas erupciones que ha hecho. Ha reventado 
varias veces y otras muchas ha arrojndo llamas, arenas y humo 
espeso por las bocas que tiene abiertas continuándose f^ste es- 
pantoso fenómeno por muchos días: de sn tiempo asegura el cro- 
nista Fuentes, (tomo 1. ^ libro ^ . ^ ) que continmdamente j)or 
todos los día» del avo, arrojaba por el uno de stis eiewaéb» pivnru. 



99 

los cantidad de temerosas ¡lamas. Y refiere este mismo autor, que 
el año de 1565 revenid este vo'cari causando en la Ciudad de 
G-uatemala y sus contornos, la gran ruina de que hablamos en 
el lugar arriba citado. Así mismo sabemos por relación de dicho 
escritor, que el día 18 de Ffbrero de 1(551, con terrible estruen- 
do y fuertes movimientos de la tierra, lanzo este monte gran 
cantidad de humo negro y espeso El de 1664, con pavorosos 
retumbos y terribles bramidos, arrojó tan grandes y elevadas 
llamas de fuego, que se vio ilumina-la la Antigua (juateraala, 
por la noche como si fuera de día, ,-iendo así que dista de este 
vo'cán siete leguas; y fué tanto el ruido de los retumbos, qne to- 
dos durmieron en loi patios (ie su') casas ios tres díias que esto 
duró. Lo mismo se experimento el año de 1668: y muy seme- 
jantes á las referidas fueron las explosiones que hizo por el raes 
de 1671 y julio de 1677. Estas erupciones del Volcán de Pacaya 
refiere el expresado cronsta don Francisco, en el lugar citado 
capítulo 10; más no sabemos sidespué-s que escribió este autor 
hubo algunas otra«!. Únicamente nos consta, como testigos de 
vista, la que hizo el día II de julio de 1775: este día, lí 1 a ma- 
drugada, sin que hubiese maj^jr ruido, ni se sintiese temblor al- 
guno, se vio en la Antigua Guatemala, donde yo me hallaba, una 
espesa nube de humo por la parte Sudeste, que salía por detrás 
de la cordillera que oculta al referido volcán; mas para ver el 
fuego, fué preciso ir al pueblo de Santa María de Jesús, desde 
donde se distinguía la boca que híibía abierto: de esta salía un 
plumage de humo y gran porción de piclra encendida, que vol- 
vía ácaer(n la mi-ma abertura: también despedía copia de 
arena, que algunos días cayó en la Antigua Guatemala, en tanta 
abundancia que oscureció el día y cubrió al suelo; pero habién- 
dose mudado el viento, tomó la arena el rumbo del Sur y fue á 
dar á las provincias de Es uintla y Suchitepéquez. Y es de ad- 
vertir que en esta ocasión no reventó este monte por la cumbre, 
sino abajo, en el 5-itio donde se divi-le en tres puntas." 



AL VOLCAN DE AGUA O 



Sobre la gran muralla americana 
Altivo torreón, vecino al cielo, 
Su cúspide levanta soberana, 
A dó jamás osd llevar su vuelo 
La reina de las aves atrevida 
Que en la cima de Júpiter aoida. 

Gigante es Almolonga entre los montes; 
Fu-rte, eoberbio, grande entre los graodes, 
¡Cual domina millares de horizontes! 
¡Como huella la cumbre de los Andes! 
Como mira á su falda avasalladas 
De cien montes las cimas encumbradas! 



Cuando animado el pensador profundo 
De la sublime inspiración divina, 
Quiere ver á sus pies el ancho mundo 
Y al vértice elevado se encamioa, 
¡Como va sus ideas enlazando. 
Al par que va subiendo y va mirando! 



Allá en su patria misma el fiero rayo 
Oye bronco tronar bajo su planta; 

Y el sol que el monte hiere de soslayo, 

Y la nube que lenta se levanta, 

Y su sombra contempla, que distinta, 
Cual espectro en la atmósfera se pinta. 



(1) Llamado así vulgarmente á causa de las aguas que recojidas en su cráter» 
rompieron, cansando la imindación de la primitiva ciudad de Guatemala en 1541. 



102 

Verde, risueña, alegre, la campaña 
Que mil arrojos cruzan argentinos, 
Divisa, y la ciudad y la cabana; 

Y el cerro con sus bosques y sus pinos: 
El lago de cristal, la fértil vega 

y el rio transparente que la riega. 

Ni á un lado el océano poderoso 
Cuyas ondas azules van lamiendo, 
La inmóvil planta al terrenal coloso: 
Al Izalco por otro mira ardiendo 

Y allá en una comarca más distaule 
El Momotombo mira fulminante. 

Y sin saciar su mira ni su mente 
Por estrecho sendero y escarpado 
Baja de la montaña lentamente 

El sabio íí sus ideas entregado: 

Tal virtud, tal poder, tal fuerza enciern. 

¡Aquel gran monumento de Ir tierral 

Se vuelve y ve la montaña erguida 
En la cintura atíétita azulada. 
Cándida zona en derredor ceñida. 

Y la sublime cúpula adornada 
De suspendida nubécula leve 
Desecha y pura y blanca como nieve. 

Y el filósofo en éxtasis admira 
Las obras portentosas de natura. 

Y quiere comprenderla-» y su.<:pira 
Al ver su presunción y su locura: 

Y s i saber y su razón humilla 
Ante el autor de tanta maravilla. 

Luego exclí^ma el filósofo admi'-adi»: 
'Veis es ' monte altivo desmedido 
'^Que taniísim(s si¿>lo«í ha pasado 
"Grande, soberbio, .'•ilencioso, erguido 
"Cual monarca del monte délos Andes? 
"Pues ahí cerca hay otros dos mrf.^ grandes. 



José Batres MontCtak. 



LOS BARRANCOS 



Ya que liemos hablado de eminencias, por contraposición 
vamos á hablar de profundidades, por esto ponemos aquí algo 
sobre los barrancos. 

Son muy apreciadas las ascenciones á las montañas elevadas y 
á los volcanes; sus relaciones se leen con el mayor interés y los 
viajeros naturalistas, los amantes intrépidos de la naturaleza ci- 
fran su mayor gloria en la ascención del pico de Tenerife, del 
Chimborazo ó del Cotopaxi; pero no sucede otro tanto con los 
descensos, pues nadie hace mérito de las exploraciones de los 
barrancos: es que descender 6 bajar significa también menguar; 
subir, ascender es medrar encumbrarse, así es que la persona 
que ha hecho alguna ascención ea su vida, experimenta cierto 
orgullo, 3^ hasta ahora nadie se ha enorgullecido por haber baja- 
do aun barranco por muy profundo que sea. Sin embargo, la ex- 
ploración de esas grandes grietas ó quebradas que son tan nume- 
rosas cerca de las cordilleras y que abundan en Centro-América, 
es de un gran interés científico y no ofrece menos peligros para, 
el naturalista que la ascención de I03 volcanes. Los barrancos 
ofrecen ai geólogo y al botánico, numerosos materiales de estu- 
dio y les reservan muchos descubrimientos, muchas sorpresas. 
Es considerable la superficie de terreno iuciilto inproductivo 
representado por esas hondonadas que causan vértigo cuando 
se miran de cerca. Muchas veces con algún trabajo y con inteli- 
gencia, una parte de ese terreno pudiera ser aprovechado por 
la agricultura; varios barrancos pueden considerarse como precipi- 
cios de valles, algunos están engrandeciendo cada día rads á nues- 
tra vista como los de Patzún. Su origen geológico es anáh^go 
al de los valles; unos se han formado por hundiínientos, otros 
por clesgcm-amiento, separación brusca 6 erosión. Los primeros son 
debidos á los temblores de tierra, á grandes oscilaciones que han 
movido el suelo. Los barrancos de desgarramiento han nacido de 



104 _ 

la repentina rotura de dos ó tnás capas de terrenos producid* 
por un terremoto, como el barranco en el fondo del cual exist® 
Chinautla. Las capas se corresponden y se siguen ios dos pare" 
dones separados, como es fácil observarlo en el antiguo camino 
de Chinautla, tan luego como se deja la llanura para empegar la 
bajada. Los barrancos de separación ^pueden ser formados por la 
pérdida ó alejamiento de una capa de terreno que estaba antes so- 
brepuesta en otras capas. Las a^nas torrentales ó diluvianas han 
producido este fenómeno. Los barrancos de erosión presentan 
este último fenómeno de un modo mas claro; sacan su origen de 
la acción destructiv^a de las aguas que han descubierto las capas 
inferiores del suelo llevándose las c«pas superiores: tal es proba- 
blemente el origen del c»llej(>n de Guastatoya en el camino del 
Golfo. Los callejonea son barrancos por d'nde pasa el camino en 
las regiones montañosas y muy quebradas como se dice vulgar- 
mente. En la Baja Yerapaz, entre San Cristóbal y Salamá,se pe- 
netra en un de.-filadero muy pintoresco llamado Camino de la 
campana, done se observa perfectamente la separación de los 
cerros que ba dado lugnr á su formación. 

Hace muchos años ya, hemos bajado á Va mayor j>arte de los 
barrancos que existen al rededor de (luatemalay hemos encon- 
trado un número de plantas de clima mucho más caliente que 
el déla capital; sipuiendo el riachuelo de la barranca (por el 
Incienso), hemos llegado á los baños, del Zapote salvando con 
mucho trabajo saltos elevadisiraos y fníontrnndo una multitud 
de plantas análogas alas de la costa. Hern» s vifto puntos aparen- 
tes para el cultivo de las pinas y de llores de invenmdero. Hsy 
cerca de Guatemala, barrancos que se puedin aprovechar como 
invernaderos para el cultivo de legumbres y fruta». Kl examen 
de las rocas que omitimos entonces hubiera pre.-entado mucho in- 
terés y lo recomendamos á los jóvenes estudiosos durante el 
tiempo de las vacaciones. .\hí s»» etcnentran muchns de fías 
viñas silvestres de que hemos hablado varias vece.-".. 

La profundidad de ciertos barrancos es un gran otstJculo para 
el descenso y es preciso buscar guias ó prácticos inteligente^ pa- 
ra emprenderlo. 

Cuando un barranco se halla al borde de un camino angosto, 
no deja de ser un peligro para el (pie va montado. Hace algunos 
años un oficial del ejército. Mariano Montealegre, se escapó mi- 
lagrosamente de un terrible accidente (pie debió haberle costado 
la vida. Iba caminando creemos por el departamento del (Quiche, 
montado en u/ia buena muía, pero espantadiza. Se encontraba 
en un camino estrecho á la orilla de un birranco de más de 150 
metros de profundidad, cuando der.epente salió del monte un in- 
dio dando voces. La mola espantada dio un brinco hacia el 



: 105 ■ 

barranco llevándose al jinete en su vertiginosa caida. Por una for- 
tuna sin igual, Montealegre pudo asirse de una pequeña enci- 
na que había crecido en ULade las hendiduras del pareddn y pu- 
do agarrarse sólidamente mientras el pobre animal rodó hasta 
el fondo del precipicio. A las seis Loras, cuando nuestro oficial no 
contaba con ningún medio de salvación é iba perd^iendo las fuer- 
zas, llegaron unos doce indígenas á quienes el indio primero había 
contado el terrible percance de que él era la involuntaria causa. 
Por medio de fuertes lazos desfiués de mil dificultades pudieron 
sacar á Montealegre de su crítica posición y se lo llevaron carga- 
do hacia un caserío donde le prodigaron toda clase de cuidados. 
Esto nos decía después Montealegre, se llama salir del barranco. 
Por fortuna se cuentan pocos accidentes análogos á pesar del 
gran número de precipicios que existen á la orilla de los caminos 
de herradura y de carruages. 

Puesto que se hace mención del "Camino de la campana" en 
erartículo anterior, vamos á referir una conseja tradicional de 
porVerapaz y de la cual parece que trae su nombre dicho camino. 

Es la siguiente: 

El Cacique de Chamelco bautizado for el Padre Las Casas, 
con el nombre de Juan, hizo un viaje á la Península Española 
á conocer al rey, que á lo sazón la era Carlos V de Alemania y 
I de España. Este monarca después de haberle concedido á Juan 
Matalbach el tratamiento de do)i, le regaló dos campanas gran- 
des y sonoras, para su pueblo, las cuales fueron conducidas de 
una manera milagrosa, {ara Chamelco en donde debían estar el 
viernes santo en la noche para que los repiques de la gloria el día 
siguiente pudieran darse con ellas. Ya sea que los espíritus celes- 
tes que llevaban acabóla empresa, fueran contrariados por los ma- 
lignos, ó que se entretuvieran en conmemorar el cruento diama 
del Gólgota, el hecho es que el viernes santo las campanas esta- 
ban todavía á siete leguas de Chamelco. En tan grande apuro, 
dejaron una de el'as y caminaron con la otra, que es la misma 
que hasta Cobán y más lejos hace oír su sonora voz. 

La campana que no pudo llegar á su destino, está colgada 
según la fábula, en una cueva que el viajero ve d« sde la máigen 
del caudaloso río de "Chisoy" como á cien nietros ó más de al- 
tura, en el centro de una inmensa peña cortada á tajo. ¡Cual se 
sobrecoje el alma del caminante al contemp'ar esa tremenda mole: 
parece que se desploma y que uno queda sepultado bajo de ella! 

Todos los años el viernes santo á las tres de la tarde, diz que 
suena la campana con lúgubre tañido 



SISTÍMA HIDROGRiriCO D[ lA R[PUBLICA 



Entre las bellezas y sublimidades con que al Supremo Crea° 
dor plugo adornar el Universo, tanto para utilidad como para re- 
creo del hombre, su obra predilecta, entran en primera linea los 
mares, los lagos, los ríos con sus cascadas y cuanto constituye lo 
que los sabios han llamado Hidrografía. 

En la República de Guatemala, sí es cierto que no hay caía- 
ratas como la del Niágara, ni saltos de agua como el del Te- 
quendaraa, ni ríos como el Amazonas j el Missisipí, desde lue- 
go debemos couvenir, primero, en que todo es relativo en el 
mundo y en este sentido Guatemala posee cuanto de bello y 
pintoresco puede imaginarse el más exijente turista; y segundo 
que si aquellas maravillas se multiplicaran por todas ó por otras 
muchas partes, perderían su magnificencia y dejarían de ser 
portentosos fendmenos: así es que todos los países del globo de- 
ben conformarse con lo que les cupo en suerte en el Ingar que 
escogieron sus primeros moradores para constituirse. Bien ha- 
3'an, pues, nuestros antepasados que tan ricos y hermosos luga- 
res prefirieron para establecerse, tan llenos de toda la pompa y 
encantos naturales! 

Por las descripciones o pinturas que vamos á ofrí^cer á nues- 
tros lectores de los principales lagos, ríos y demás portentos que 
hermosean nuestro territorio, se podrá formar juicio de que po- 
co tenemos que envidiar ios guatemaltecos á otros países privi- 
legiadamente favorecidos por la naturaleza. Comenzaremos por 
los caminos que andan como alguno llamó á los 

Ríos 



108 _^ 

Los principales Ríos de Guatemala son: el Usomacinta y sus 
tributarios, que se dirige al golfo de México, y los de Cnilco y 
Selegua que forman ti río de Tabasco, que también se dirige al 
golfo de México; el ,río Hondo de Belice, el Sarstun, el Polo- 
chic y el Motagua. que desembocan en el mar de las Antillas; ^ 
el río de Paz, elf^de los Esclavos, el Michatoya, el Guacalate, t . 
Nagualate, el Tilapa y otros menores que van al Océano Pa- 
cítíco. 



Sistema del río Usumacinta. — El río Usuroacinta es uno de 
los más grandes y caudalosos de Centro América y está formarfo 
por la confluencia del río de las Salinas con el río de la Pasidu. 
Corre hacia el Norte, dando innumerables vueltas y se divide 
en el Estarlo de Tabasco en dos brazos, de los cuales el del Es- 
te desemboca en el golfo de México con el nombre de río de 
San Pedro y San Pablo. El brazo occidental se divide máa 
ab^jo en otros dos brazos, llevando el del Este, (rio Palizada) 
sus aguas a la laguna de Términos, y reuniéndose el nitfs occ- 
dental, que conserva el nombre de Usumacinta, con el río d< 
Tabasco ó rí) Grijalva. Al pasar del Peleo i Tabasco corre el 
Usumacinta por una montaña, formando las cataratas y rauda- 
les de Tenocique, siendo navegable para embarcaciones grandes 
de-de este punto hasta su boc.i. 

De los dos confluentes del río Usumacinta. el primero, 6 río 
de las Salinas, nace cerca de la villa de Malacattín, en el Depaír 
tamento de Ilucbueteuango, y se diripe con el nombre de ri< 
Negro ó río Cbixoy hacia el Este, recibiendo, á la izquierda, « 
río Blanco, de la Sierra Madre. Al N. E. de Rabinal cambia » 
curso hacia el Norte, aumentando su caudal por sus afluente^ 
derechos, que son el río de Habinal y el de Salamu. Cerca de 
San Cristót)al se dirige hacía el Oe^te para tomar despoés una 
dirección Inicia el Norte, describiendo muchísimas curvas. El 
valle que recorre aquí es siem|)re estrecho y muy hondo y el 
río muy tempestuoso hasta la aldea de UocnimiS, donde comien- 
za á ser navegable por pequeñas canoas. Un poco arriba de Hoc- 
nimá se le ur.e el Tzalbá, bastante caudaloso, tuyo origen se 
halla 4 leguas al Norte de Coban en la Sierra de Chamd. De la 
misma Sierra recibe más abajo el río Icbolay, afluente principal. 
que nace al Nurte de Lanquin y lleva primeramente el nombre 
de río de Dolores hasta donde entra en el cerro Bcloncb, que 
atraviesa en caijaUs sul)terráneos por espacio de 2 le..;us. Al sa- 
lir del cerro, forman sus aguas un río navegable que recibe el 



109 

nombre de Icbolay. Kotre el río de Tzalba y el río Icbolay, en- 
tra en el río Negro un riachuelo de a^ua salitrosa que viene de 
los Nueve Cerros. En la orilla de esta vertiente se encuentran 
las Salinas de los Nueve Cerros. De aquí el río Negro es nave- 
gable por canoas grandes y recibe el nombre de río de las Sali- 
nas hasta su confluencia con el río de la Pasión. 



El rio de la Fasión nace cerca del pueblo de San Luis en el 
Departamento del Peten. Con el nombre de río de Santa Isabel. 
Describe primero una gran curva hacia el Sur y recibe después 
de su confluencia con el río navegable Chajmaik (afluente iz- 
({uierdo) el nombre de río Cancuén. Dirigiéndose, ya navegable, 
hacia el Noroeste, se le reúnen á la derecha los ríos Machaquilá 
y San Juan, y á la izquierda los de San Simdn y de Yalpe- 
mech. Desde la desembocadura del río San Juan corre hacia 
el Oeste con muchas vueltas y recibe á la derecha el río Cauo y 
el desagüe de la laguna de Itzam, y á la izquierda los desagües 
de las lagunas Petexbatum y San Juan Akul. Hasta la con- 
fluencia con el río de las Salinas le llaman río de la Pasidn. 

Respecto del río de la Pasidn dice el historiador Juárros lo 
que sigue: "El río de la Pasidn tiene su nacimiento en las mon- 
tañas de Chama: cuando pasa por el Norte de Cobán, enfrente 
de las montañas de Chisec, ya tiene de ancho 25 toesás (l)y 10 
de hondo; y en tiempo de lluvias se extiende su ancho 4 media 
legua, y á proporcídn se aumenta su profundidad: en su dilata- 
da carrera va engrosando el caudal de sus aguas, con Iüs de mu- 
chos ríos, que se le agregan; camina hacia el Noroeste, desde la 
Verapaz, pasa por tierras del Peten, entra en la provincia de 
Tabasco, y unido al famoso río Usumacinta desemboca en la 
bahía de Campeche, donde forma la barra de San Pedro y San 
Pablo. Por este río pudiera hacerse un gran tra'fico en Gruate- 
mala, como lo han hecho los lacandones que habitan en sus 
márgenes, de los cuales se asegura que ha habido tiempo en que 
tengan hasta 1,424 canoas en las que se transportan con sus fa- 
milias de unos puntos á otros cuando son buscados: se establece- 
ría un comercio floreciente con los Estados mejicanos de Ta- 
basco, Yucatán y hasta Veracruz y se utilizarían todas sus 
márgenes poco á poco con fincas en donde se podían sembrar 
con notable provecho muchas cosas.'' 



(1) Toesa dice el Diccionario español que es una medida francesa que equivale 
¿ siete píes castellanos. 



lio 

Ocho c5 diez leguas abajo de la confluencia de los dos ríos Sa- 
liüas V Pasión, eutra en el Usuniai inta el río Lacantun, navega- 
ble, llamado también "río de Ocosirgo, que recoge, por su dere- 
cha, los ríos que baj;ín de la Siena Madre en los distritos de 
San Mateo Ixtatán, Santa Eulalia!, Ame!co y Chajul. El afluen- 
te principal del río Usuraaciiita, á su derecha, es el río de San 
Pedro, cuyo origen se encuentra algunas legms al No» te de la 
laguna del Peiéu; el río de San Pe iro corre hacia el Noroeste 
y es navegable, aunque con dificultad, desde un lugar llamado 
Paso de Sachih. 



* í: 



RÍOS de CuUco y Selegua. — El río de Tabasoo nace en el De- 
partamento de Huehut tenango, Ihvando aquí el nombre de rio 
Selegua, teninn'lo su origen cerca de la villa de Chiantla. Diri- 
giéndose hacia Chiapas, recibe ú la derecha el ilo de Santa Ca- 
tarina y después de haberse unido en Chiapas con el río de 
Cuilco, que corre por la parle Sur del Dí^partamenlo de Huehoe- 
tenango, recibe el nombre de río de Chiapa-». Atravesando este 
Estado de lu R-púb ica mejiciua. entra m el E-tado de TabiSco, 
y desemboca dirtctamente en el golfo de Méjico, después de ha- 
berse unido con el brazo princi^ial del río Usumacinta. 



Río Hondo. — El río Hondo na<e en la lagaña de Yaxhtf, del 
Peten, y se dirige hacia el Norte eusatich'índose var¡a« reces v 
formando laguna-? bastan'e extensas en el e^tableciroico(o de 
Belice. Mas abajo ^irve de límite entre IJelice y Yuc»t¿n, fií«ii- 
do aquí navegable. Desemboca en la bahía de Espíritu Santo, 
del mar de las Antillas. 






Río de 7ie?írc.— Nace, con el nombre de Río de Mopan, en la 
montaña de Dolor» s, en el Departamento del Peten, y corre de 
S. O. á N. O. Por el lugar llamado GarlnU /afU (Rauda- 
les de Garbut), pasi el límite entre (Tuatemala y Belice. Algu- 
nas leguas miís abajo en "Duck Rum, " comienza la parte nave- 



111 __ 

gable del río. que atravesando toda la Colonia, desemboca cer- 
ca de la ciudad de Belice er el mar de las Antillas. Por este 
río se hace el comercio principal del Peten. 



Río Sarstun. — Está formado por numerosos riachuelos que na- 
cen al N. N. E. del fjueblo Cahabcjn, en la Alta Yerapaz y que 
se dirigen hacia ( 1 S. E. formando abajo de los rápidos Gra- 
'■íasd Dios el río Sarstun, de una corriente muy fuerte, navega- 
iile por canoas pequeñas. Sirve este río, desde los rápidos men- 
cionados hasta su desembocadura en la b.íhía de Honduras, de 
límite entre Belice y el Departamento de Líwingston. Es visitado 
solamente por cortadores de nía lera. Muchísimos de sus afluen- 
tes son subterráneos en una parte de sn curso. 



Río Motogua. — Fste río nace cerca de Santa Ci uz del Quiche 
y corre de Oeste á E.^te, primero con el nombre de río Grande, 
en valle profundo y estrecho, se ensancha en el Departamento 
de Zacapa. Desde Gualán, donde comienza la parte navegable, 
recibe el nombre de Motagua. Antes de su desembocadura en la 
bahía de Honduras, se divide en muchos brazos que están en co- 
municación entre sí por canales naturales. Como el Polochic, 
ha formado también una barra. 

De la cordillera recibe el Matagna. por hu lado derecho, co- 
mo afluentes principales, los ríos Pishcayá y Sacatepéquez en el 
Departamento de Chimaltenang(>, el río de los Plátanos y de las 
Vacas en el de Guatemala, el río Guastatoya en el de Jalapa, y 
el de Chimalapa en el de Zacapa. Dcí la montaría del Merendon 
recibe el río de Zacapa, formado por los ríos de Jocotán y de 
Cliiquimula. De los afluentes del lado izquierdo merece mencio- 
narse el río de Tocoy, en la Baja Verapaz, y el de San Fran- 
cisco del Mico, en el Departamento de Liwingstoa. 

Desearíamos aquí poseer una brillante pluma como para des- 
cribir las bellas y pintorescas márgenes del río Motagua; esas 
vegas en que el vipjero más prosaico se detiene á admirar los 
gigantescos y espesos bosques que lo adornan á uno y otro lado, 
y en cuya infinita soledad se contemp'an perspectivas verdade- 
ramente admirables. En las curvas que describe en su larga ca- 



112 

rreía el río Motagua todo es belleza, esplendidez de diversas 
clases: aquí inmensos precipicios ípie sobrecojen el a'nimo, pero 
que de sus mismos senos brotan fuentes de una agua pura y cris- 
talina que refrescan y animan de nuevo al viajero: allí árboles 
corpulentos y de una altura prodigiosa y por fio un conjunto de 
plantas y de flores silvestres que con sus- bellos matices hacen 
juego con las mil aves de colores varios esmaltados, que con sus 
melifluas voces completan el encanto de aquellos parajes. Más, 
impotente nuestra pluma para hacer una descripción fiel de tan 
hermosas comarcas^ insertamos á continuación el artículo que 
sigue en que se habla del Motagua y del Gualán.que es el punto 
desde donde han querido darle más importacia á dicho río. 



I 



IMPRESIONES DE VIAJE ( 



Ya tra'^pasaba el liorizonte la primera Inz de un día de pri- 
mavera, cuando al ganar hiparte superior ¿ie una cuesta, se 
ofreció a' mi vista un espectáculo grandioso: en. el fondo del valle 
inmediato, enire vegas sembladas de maiz j campos cubierlos 
de ftastos donde se alimentan lo- ganados, y ciñendo la base de 
una empinada cordillera, í-íb deslizaba silenciosa, cotuo dilatada 
cinta de plata, la suave corriente del Motngun, perdiéndose en- 
tre un vistoso panorama interrumpido por pequeños collados 
cubiertos de frondosa 'S Jrboles: los maizales de la orilla, (on su 
dorada cabellera y su>! largas hojas verde», parecíarj rubios centi- 
nelas encargados de volar el sueño de aquella dormida serpiente: 
sobre las piedras de la playa com« nzab.in á salir las deformes 
cabezas de los caimanes que buscaban la llama vivificadora de 
los rayos del sol: el chirrido de la- cigarra, el canto de la urraca 
y el grito de la cotorra, saludaban al astro desde lo3 árboles 
vecinos: cien palmeras so erguían á lo lejos, y dibujaban su te- 
nue y estrellada sombra en el límpido cristal de las aguas, que 
también retrataba confundida la estrellada bc'íveda del cielo. Era 
preciso, en aquel momento, ser artista del pincel ó de. la pluma 
para copiar el cuadro bellíeimo que se desarrollaba á mis pies 
hasta muy apartado horizonte; pero la fatalidad quiso que la ins- 
piuación del pintor 6 del poeta se hallare muy distante de aquellos 
pintorescos lugares para posar, quizá despué.>\ en el frió corazón 
del viajero, en otro sitio donde la naturaleza se ostentara mas im- 
ponente y los tristes recuerdos de la historia conmovieran fu al- 
ma, al examinar los iuesplicables caprichos del tiempo y de los 
hombres. 



(1) Tomado de '"El Porvenir' 



114 

Después de nn'lar algunas leguas de un cainiuo somhrrado |>or 
grandes parasoles do palmeras, de cactus y otros árboles, apa- 
recieron entre las ramas y las hojas, las ruinas de una población 
construida sobre una emineneia y bailada por el abundante cau- 
dal de los majestuosos \{q^. Era Gualan: pueblo de recuerd<>s 
y de tradiciones, sembrado de niarmúreas piedras, cubierto dr 
escombros y de calcinada arena: Gualán, en otro tiempo empo- 
rio de un gran comercio, y hoy reducida é insignilicante aldea en 
donde de tarde en tarde, a[;arcce un viajero que pronto posa pa- 
ra sepultarse en los mortíferos climas de los lavaderos de oro, ó 
perecer enlre las ¡ilayas que alimentan gigantescos platanares. 
Allí hoy no se vive, f-e vejeta: un cíima abrasador enerva las 
fuerzas estimuladas por ( 1 trabajo: detrás de paredes medio de- 
molidas y bajo tedios niedio desplomados, suele entreverse el 
rostro apacible de una anciana, último resto de antigua y rica 
familia, que cuenta á su encantadora uicta. las grandezas y el 
pasado esplendor de su pueblo, (pie no alcanzaron sus miradas 
inocentes: sobre el polvo (|ue amontonaron los tiempos, se dea- 
cubre al viejo labrador que acaricia su inútil azada y su hacha 
enmohecida, recordando épocas miís felices eu que los campos 
de su pueblo se regaron con los arroyos que brotaban de su 
frente y los robustos troncos ca3*eron al impulso de su mano vi- 
gorosa: por todas partes, la sombra de la muerte parece que se 
levanta entre los despojos de los techos y las paredes, las colum- 
nas y pilares que, cargados por los anos se inclinan hacia el 
suelo. Aquellos campos tan feraces, bendecidos por la mano 
misma del Creador, donde era difícil di>tinguir laí* tíorcs de los 
frutos: aquellas redondeadas colinas donde mugian numcroBaa 
partidas de ganado; aquellas cuestas y aquellas llanuras donde 
trotaban inumerables mulos conduciendo por millaies las tone- 
ladas de mercaderías; y aquel grito alegre del arriero que lle- 
vaba en su camiüo una gran fortuna; todo se ha abandonado, 
todo está oculto en la caverna tenebrosa del olvido, como si 
sobre su existencia se encontraran ya las huellas de muchos si- 
glos: el silencio de un sarcc'fago reina en vez de tunta armonía, 
la muerte ha reemplazado lí la vida. 

Por la tarde de nquel día en tpie mi alma sufrió las variadas 
emociones del placer y del dolor; en que se agolparon á mi 
mente tantos recuerdos y á mis ojos tantos cuadros, ya ingratos, 
ya agradables; con el corazón desgarrado á la vista de tanta mi- 
seria, y enorgullecido con la memoria de tanta grandeza; aquella 
tarde fui 1 descansar ú la orilla del Motagua, para recibir sus 
brisas y dar algún desahogo á mi fatigada imaginación. Aquel 
sitio convidaba al descanso y me puse á examinar cuanto había 
en derredor. Multitud de pequeñas lanchas, canoas y cavncoj* 



^ 115_ 

surcaban la suave pendiente del río que, prolongándose en li- 
jeras curvas hacia el Norte, parecía reposar en esmaltado lecho 
de rosas, sombreado por los arboles corpulentos de los bosques 
solitarios que atravieza, y embalsamado por el aroma de las flo- 
res que, como otras tantas mariposas, bordan sus riberas: mil 
sauces crecidos en la orilla dejaban caer sus llorosas ramas so- 
bre la tranquila superficie de las aguas, como si guardaran al- 
guna tumba. Allí vela precipitarse sobre aquel caudaloso rio 
de Gualan, como las lágrimas de un gran pueblo que paga tri- 
buto á sus señores: aquel arroyo tal vez ha arrastrado en su mu- 
da corirente, todas las amarguras, todos los sufrimientos de aque- 
llos que nacieron entre las ruiuas: allí apagan su sed y allí depo- 
sitan sus dolores, allí cantan sus endechas amorosas y allí guar- 
dan sus consoladoras esperanzas: cada grano de aquella arena y 
cada pez de aquellas aguas, conservan en secreto sus recuerdos. 

Al terminar el crepúsculo de la tarde, y cuando el toque de 
las oraciones se dejaba oir en la iglesia vecina, me decía: este 
pueblo, es un pueblo perdido para siempre; este pueblo debe 
abandonar su sitio y trasladarse a regiones muy lejos de aquí; 
este pueblo ha cumplido su misidn; siendo grande de una vez, 
hoy ha muerto y como muerto debe sepultar-se; este pueblo, es- 
pecie de cadáver viviente, que no se mueve, que casi no vive, 
debe borrarse del mapa como se borraron los nombres ilustres 
de Nínive, de Tiro, de Persépolis; este pueblo* convertido de co- 
merciante en pescador, sigue retrogradando porque la pesca es 
el recurso de los pueblos empobrecidos, como el comercio es el 
recur¿o de las naciones opulentas. El corazdn se llena de triste- 
za al navegar en estas canoas conducidas muchas veces por mu- 
jeres — hombres que, en tan rudo trabajo, perdieron todas las 
gracias de su sexo^ sin poder adquirir todo el vigor varonil; es- 
te sistema primitivo de navegación sdlo puede sostenerse por 
gentes que, cansadas de luchar en el revuelto torbellino de la 
vida, no encuentran una ilusidn para su espíritu, un amor para 
su corazón, un ideal para su inteligencia: cada golpe de remo 
que se oye escomo un grito de desesperación, como un ¡ay! de pro- 
testa contra el pasado, que se arranca de lo más íntimo del alma, 
cómo un lamento desprendido de las tumbas. 

El manto oscuro de la noche comenzaba á cubrir aquel som- 
brío cuadro, cuando blanquecinos rayos de la luna aparecían en 
el horizonte y lo llenaban de melancó'iea tristeza: más de una 
bella, con su rostro pálido, su graciosa boca j hechiceros ojos, 
escondidos entre el arco negi'o de sus cejas, que se asomaba á 
la ventona á contemplar, como las hijas de Sión, los destrozados 
muros de la ciudad perdida; el eco débil de su voz llegaba hasta 
mis oídos entre las vibraciones de un rústico instrumento mu- 



116 

sical: parecía que los .«epuL. ros rotos daban pa^^o ul alma de al- 
guna Inés que, envuelta en el blanco lienzo de los muertos, ha- 
blaba á su Tenorio. 

Aquella noche rae fué casi imposible conciliar el sueño: tan 
ajitada estaba mi alma por las últimas dolorosas iinprtsioues, 

Al sio'uienle «lía, muy temprano, quise ver si las emociones de 
látanle durabín aúu, ¿ si d despi^rtar de la naturaleza des|.»er- 
taba también alüuuas esperanza-, y me encaminé luego a la ori- 
lla del Mota^nia. — Sentaiio en la misma piedra y hollando con 
mis pies la misma yerba, ij¡is i lea< cambiaron: drsvanccida la im- 
presión primera, el abua tranquila pudo contemplar mejor, y el 
cuadro apareció con diversos colores: el movimiento de los bar- 
queros que salían á la pesca, era grande; mil jrrilos y eilvidos 
d'^ placer eran el anuncio del traiíjijo. — diversión; seis jrracio- 
sas doncella-5 que gozaban dȒ lamjfiana. con el ik _ 'lio 

suelto y el seno me ü) vihido con muy ligfTa güt^a, . • ■ • y 
corrían como otras tantas sirenas, entre los espum«»u.> remoli> 
nos de la corriente; vun Kebccu> <<)menzabun á llegar, con su 
cántaro en 1 1 mano, pan sustraer del poderoso río la sabia d« 
vida con (|ue íe mitiga la sed que despierta aquel clima abrasi- 
dor; multitud de blancas aves bajaban de las colioa» inmediatas 
y do los vecinos bosques á mirarse **:i el claro e»|>ejo de las 
aguas; el verde oscuro do los árboles contrastaba con el b'unco 
de las aves y la arena, el azul claro del agua, el amarillo >- rojo 
de las flores y el negro cabello de las ninfas; el ambiente, en 
aquellas horas, estaba liceo y un aroma delicioso >o exhalaba d«» 
los campos; la bri-a sólo movía lijer.imenie la viibi de lo- pra- 
dos; y la-! s'lvas inagestuo^as que limitan el rí » perman*" (an in 
móviles contemplando extjusiad.is las bellezas de aqu««l p j-. *• 
cuyas delicias no osaban p-iturb.ir. 

Kntonces me dije: cüa'nto se engarian lo-» que |.or I.» iiiim.» 
impresión juzíaii todo un pasado y quieren talvez leer el porve- 
nir. — Xo — Kste cielo, estos bosques. e>tos campos, < utos r/os no 
están colocados al acaso por la Providencia: lo que utu'e muere, 
y loque muere renace: tal es la ley de la riaturaleza. Aquf bajo 
este cielo clarísimo, adornado por miriudas de estrellas; en me- 
dio de estos campos besad (s constantemente por lasbri.-as y re- 
frescados por el llanto de las nubes; entre el espeso follage de 
éstos arboles gigantescos, venia leramenie tropicales, cuyaá raí- 
ces buscan las profundidades de la tierra y cuyas ramas se alzan 
buscando las profundidades de U bóveda ceb-.-te; en esta atmós- 
fera donde. se ciernen tantas aves y se derraman tantos perfumes; 
aquí se puede pensar como se piensa éntrelos fríos eternoa de 
Rusia, las brumas espesas de Alemania y el risueño cielo de Ita 
lia; se puede sentir con todo el sentimentalismo oriental de la In- 



117 

(lia; se puede ainar con toda la pureza y el ardor (oa queSaiut 
Piérre supone que Pablo amaba á Virginia; se puede querer a la 
patria como Fe qusría un hijo de Esparta; se puede trabajar 
como un norte-americano. — Este pueblo está llamado á un gran- 
dioso porvenir; hay en sus selvas maderas maguíficas que se 
explotarán por siglos; hay en el corazón de sus montañas, rique- 
zas minerales inmensas que ya las arrancan los ríos que de ellas 
se desprenden, como los poUuelos de el pelícano arrancan la 
sangre del pecho de la madre; hay en su suelo mucha savia y 
por k)S desfiladeros de sus montes muchas comunicaciones; hay 
en sus manantiales torrentes una fuerza motriz tau poderosa, 
como el caer de la catarata del Niágara; y hay también, en el 
dulce, afable y sensillo carácter de sus moradores, todos los es- 
tímulos y todos los encantos déla amistad y del amor. 

Y cuando esto me decía, me pareció descubrir, muy lejos, al 
otro lado de las nmltiplicadas cordilleras que se extienden hacia 
el Sar, una espesa columna de humo que penetraba en las nu- 
bes, proyrctanlo uu clarísimo resplandor: érala serpiente de 
humo que se alzaba, en vertvjino as espirales, desde el fondo de 
una caldera qu ; con acelerado movimiento, se desprendía del 
mulüe d'í Sin José con direcciíjn á bJi-cuintla. Me figuré ver 
aquella co.'umua acercarse hacia mí, con asombrosa rapidez, cru- 
zar el territorio y hunditsfi en las olas del Atl.íntico. Una nue- 
va espranza nació en mi corazón: creí (ir sobre mi cabeza la 
voz de algún genio que como el águila, batía sus alas en el cénit, 
diciéndome; proilo llegará aquieta columna que ves tan léjo.^; y 
en llegando, traerá consigo la vida de este pueblo, porque á me- 
dida que esta avanza, la muerte se retira, la pereza se espanta, 
el vicio s ; duerme y el trabajo se despierta; esa columna anun- 
cia grandeza, felicidad y bien estar; á su paso los campos más es- 
tériles se vuelven f( cundo-, los bosques se talan, los troncos se 
hienden, los aires se mueven, los desiertos se- pueblan, y parece 
que la naturaleza entera se agita y se estropea por contem- 
plarla. 

Y tomando por realidad a<iuella ilusión, ciei mis esperanzas 
realizadas y me alejé de aquellos lugares, bajando en una canoa 
la imperceptible pendiente de! Motagua. 



Salvador Escobar 



A LA ORILLA DEL MOTACUA 



Al fordo murmullo de la onda que jíme 
El pecho se inspira y el alma también. 
Al ver este cuadro grandioso, sublime 
<Más bello y sonriente que el raájico Edén. 

Oír de la ola sentido lamento, 
Del ave canora la dulce canción; 
Aquí todo es vida, calor, movimiento 

Y goza mil dichas aquí el corazón. 

La ola que muere, la ola que nace .... 
La espuma plateada fugaca al correr. 
Cual sueño dorado veloz se deshace, 
Cual dicha perdida se ve fenecer. 

El lirio que besa la linfa azulada. 
Sus hojas peinando del agua al desliz; 

Y lapastorcilla, que allí enamorada. 
Le canta á su dueño dichosa y feliz: 

Esto es armonía y encanto, hermosura; 
La dicha sencilla se deja sentir: 
Aíjuí es do se ostenta grandiosa Natura, 
Con todas sus, galas se ve aquí lucir. 

Magnífico río, que corres tranquilo 
Por entre las breñas jimiendo al través: 

¡Oh ! tú que me pristas poético asilo 

Escucha mis c;jnt'*s por última vez. 



120 

Que yo en mis ensueños volando he venido 
Por estas tus playas felice á ^ozar: 
Cual bardo inspirado también he sabido 
Tu pompa y tus gala.^, Motagua, ensalzar. 

Pero antes que parta, que triste íne vaya 
Oirás tú de mi alma la trémula voz. . . . 
;Yo dejo un recuerdo grabado en tu playa! 
Y pronto me alejo diciéndote. /.I'/V.v'* 

Víctor J. Morales 



RIO POLOCHIC Y RÍO DULCE 



El origen del río Polochic se halla cerca del pueblo de-Tactic 
en la Alta Yerapaz. Dirigiéndose hacia el E., recibe numerosos 
afluentes pequeños, que lo hacen navegable desde Panzós (puer 
to fluvial). Al caer en el lago de Izabal se divide en varios bra- 
zos, que forman un delta regular. De sus afluentes el más impor- 
tante es el rio Cahabon, que, naciendo al S. de Tactic, en el pan- 
tano de Fatal, describe un semicírculo héíeia el N., recibiendo 
como afluentes principales, por su izquierdií, el río Lan- 
quín, que sale de una cueva grande, y el río Actelhá que pasa 
por el pueblo de Cahabon. Dos leguas abajo de Panzós, í-e reú- 
ne el Cahabón con el Polochic; abajo de esta confluencia, entra 
en el Polochic, por el lado derecho, el río Sarco, el cual desagua 
por la laguna del mismo nombre. El río Dulce se puede consi- 
derar como la continuación del río Polochic, porque lleva las 
aguas de lado de Izabal hacia el mar. Sale de la laguna en su 
erxtremo N. E. y se ensancha formando el Golfete. Delante de 
su desembocadura en el golfo de Amatique, se ha formado una 
barra que impide la entrada de embarcaciones mayores. — Doctor 
González. 



Siendo el río Polochic uno de los primeros de la República 
tanto por su caudal de aguas como por los lugares qut- recorre y 
su importancia para el comercio y la agricultura, bien merece 
una descripción especial; por (sto ponemos en seguida lo que un 
conocedor práctico de él publicó en El Porvenir (\ ese respecto 
allá en 1877.— Dice así: 



121 

EL POLOCHIC 



Este río es uno de los mas caudalosos entre los que zurean 
nuestro suelo, y tal vez el más importante de todos por ser na- 
vegable en una gran extensión de su trayecto, y por estar colo- 
oado entre la Alta }' Baja Verapa'', que tiene un suelo tan fértil 
3' tan rico en produccionfs agrícolas, para cuya exportación 
ofrece el río cómodo y fácil camino; estas ventajas dan al Polo- 
chic una inif^ortancia de que carecen otros de nuestros ríos. 

Nace el Polochic en las alturas de Tactic, bonita población 
como de 2,000 habitantes, en su mayor parte indígenas, situada 
en la jurisdicción de la Alta Verapaz. No es en su origen sino 
una humilde quebrada, seca durante los calores de la primave- 
ra, y que ni está marcada oa los mapas de la República, los 
cuales hacen nacer este río en las inmediaciones de Tamahú, 
lugar íí donde llega después de atravesar una garganta de algu- 
nas leguas; entre las cerciní is de Rancha y de Chanché, por 
un canee desigual y pedregoso y un clima bastante frío. 

De Tamahú en adelante tiene un caudal de aguas mayor é io- 
variable en todas las estaciones; su lecho es siempre i>edregoso 
y bastante inclinado; sus márgenes están cubiertas de una vege- 
tación escasa, compuesta en su mayor parte de arbustos y algu- 
nos encinos; su curso, auíique es demasiado tortuoso, sigue una 
direccio'n de Poniente ú Oriente, basta el lugar llamado Tucurú, 
población de indígenas, como de 800 habitantes, situada á cinco 
leguas de Tamahú. En las inmediaciones de esta población re- 
cibe las aguas del río de Tuiurü, tributario suyo, y cambia de. 
dirección hacia el Norte por entre es|)csos y dilatados calíales, 
qne sin má.s trabajo (pío quemarlos en la estación oportuna, se 
convt^rtirían en magnílicos pastos; continúa con dirección hacia 
el Norle'hasla recibir un segundo tributario que ^e le agrega en 
los alrededores do la ranchería llamada Chamequln, donde re<;o- 
bra su dirección primitiva de Oeste á Kste, y se desliza al pie 
de una cerranía, por entre juncos y cañas, alternando con pe- 
queñas arbo'edas cubiertas de njagnílicos parásito.s, pasando por 
las rancherías de la Hamaca, Matacní y la Tinta. — Este caserío. 
antiguo ingenio de afíil, está hoy convertido en población por 
las indígenas de la Alta Verapaz, que huymdo del trabajo y ma- 
los tratamientos á (pie los sujetan los agricultores, han abando- 
nado sus hogares. Em las orillas de esta población se une al río 



123 

Sinajá, y sus aguas, aumentadas coa él, corren por un cauce po" 
co pedregoso y orleado por una vegetación más rica y frondosa' 
entre la que comienzan á notarse algunas pequeñas palmeras, y 
((ue va presentándose más rica y variada á medida que se acer- 
ca á su embocadura. 

Cuatro leguas más abajo de la Tinta se encuentra Telenian, 
población de indígenas anterior ¿ la conquista; allí las aguas del 
Polochic, en aumento progresivo á causa de recibir los ríos de 
Pueblo Viejo y Tinajas, son ya navegables para pequeñas em- 
barcaciones durante la estación lluviosa; pero, aunque el cauce 
arenoso, y suave corriente favorecen la navegación, los muchos 
bajíos que hacen varar las canoas dificultan el tránsito, por lo 
que se ha abandonado la navegación de esta parte del río, y solo 
desde Panzos, pueden circular sin dificultades las lanchas que 
sirven para recorrer el río. 

Panzós, considerado como puerto interior, es una aldea como 
de 1,500 á 2,000 habitantes, que primitivamente eran indíge- 
nas en su totalidad; pero que por su actual importancia se ha 
atraído la inmigración de los pueblos de Verapaz, Chiquimula, 
Jalapa y poblaciones fronterizas de la República de Honduras. 
De manera que los actuales pobladores son en su mayor parte 
ladinos, que por sus distintas procedencias le imprimen un ca- 
rácter especial, lo que unido á la inmediación del río en cuyas 
márgenes se encuentran siempre varadas numerosas canoas y 
aún algunas pequeñas barcas y lanchas, le da el aspecto de un 
pequeño puerto. 

Panzós está situado á unas 100 varas de la orilla del río; sus 
dos ó tres calles están rectas y editan formadas por bonitas casas 
cubiertas de hojas de palmera y algunas de teja. Hay en el puer- 
to dos casas de consignic.ión que se encargan de exportar el ca- 
fé de la Alta Verapaz y de la introducción de las mercaderías 
que necesita el mismo Departamento. 

Desde Panzós hasta las bocas del Polochic, en una extensión 
de más de veinte leguas, el río es navegable en todas las esta- 
ciones por su suave corriente, por la profundidad de sus aguas y 
su arenoso lecho; su cauce es parejo y orre por entre anchas y 
fértiles vegas, por donde se extienden sus aguas crecidas por las 
abundantes lluvias de verano; de manera que su corriente, bas- 
tante suave se encuentra muy poco aumentada aún durante los 
más recios temporales. La navegación se hace en canoas de 
una sola pieza y que fabrican los habitantes del lugar ahuecan- 
do el tronco de un cedro ó de algún otro árbol de madera elás- 
tica y de poco peso. Estas canoas bastante largas y angostas, 
tienen el fondo enteramente plano, lo que, si favorece su marcha 
por los bajío-', las hace muy lentas, especialmente si se trata de 



124 

remontar la corriente, á la que presentan una superficie plana, 
nada á propósito para cortar las a^^uas; por lo q'ie aunque bajan 
bien el rio ayudadas por la corriente, son muy impropias para 
subirle: estas imperfectas canoas están provistas de pequeños 
remos de un metro de largo y bastante angosto y que no se apo- 
yan en la orilla de la canoa, sino que se manejan S fuerza dr 
puños; un medio de impulsión como este es otra causa que diti- 
culta y retarda la navegación. Aunque, como llevo dicho, el 
medio general de transporte son estas primitivas embarcaciones; 
hay también algunas lanchas bien construidas, y dos pequeña- 
barcas chatas con sus palo» para emplear las velas, periecien 
tes á las casas de consignación que hay en Panzós. . (1) 

La sección navegable del río es también \\ más bella, pues si- 
gue su tortuoso camino por entre una magnifica y vanada vege- 
tación, propia solo de nuestro privilegiado suelo amoricjno e; 
sus regiones intertropicales. De^de los más corpulento» jírbolt 
hasta los más pequeños musgos, crecen en lis hermwas v«gft< 
del Polochie. Alli st^ admiran los cedros y oiobas en toda su 
inagnitinl, los c coteros y manacas, ele^íuntes y útiles pnlni 
los e<b^»ltos y elevarlos vola lor» s, ol quiebra-hacha, de i 
tan dunis y resi-stentes, que su mad» ra .<e conoce con i^l nombr< 
de palo de hi rro, los biuíbúi^s y los tarr.'S é infini lad dt» otro 
árboles siempre vcrd^-s y fron los »s en la eterna primivora il 
que di-frntan. enlazad H y eneubierto-i d*> intinidad de pluulji- 
trepadoras y par asi ta.«í, cuj'as llor«s de lo-* más brillantes y va 
riados colores esmaltan los diversos matices de «ns verdes hja- 

Entre esas plantas abundan la aromáli«'a vainilla, frl cacao. I, 
zarzaparrilla y otras iniichis pl.nntaN útiles y productivas qu. 
crecen silvestres y ofrtcen sus frutos ai primero que quiera to 
marlos. Rnta rioa y exhuborantf vegí'tici«'n ofrece un varií'in 
cuadro á la vista did viaj.^ro, que abandonado á la puave t*<» 
rriente del r/o, sigue su curso. Multilod de aves de Iah mü 
divtrsis especies revolotean sobre las «'«pis de los árboles y lu 
playas del río, entre las (pie se admiran numerosas gir/a-^y p.s 
tos silvestres de todo-? tamaños y colores, y tanta v«r¡«'dad d- 
pájaros que la colección de sus familias bislarí i para |>oblar un 
museo y haría la fortuna de un zoólogo; por las raras y descono- 
cidas especies rpio ofrecería á su estudio. 

Aunque dirigiéndose siempre hacia Occidefile d río sigue Ui» 
curso tao tortuoso y son tan numerosas y coutinundan suh vuel- 
tas que, el que por primera vez viaja por él, no tarda en perder 
el Norte y en ignorar la dirección en (pi í camina: aún es difícil 



(l) Hoy, íideiuíis dv tliclias cmlxircaciontis, hay uu vapor «jue hace suh riiije» mi 
nales rogularmente desde Paiizós ú Líwinjrston. y vice vernn.— (AV»^f <M Ldifor.) 



^ 125 

calcular las disíancias que los naturales miden por vueltas y no 
por leguas, lo queda' una idea bastante inexacta del camino que aún 
resta por recorrer. Los habitantes del lugar no caminan mas 
íjue por el río, asi es que se procuran una canoa con el mismo 
afcín que ponen nuestros otros campesinos en proveerse de un 
caballo; casi no hay familia que no tenga su canoa más 6 me- 
nos grande é imperfecta; en ellas viajan y transportan sus vive- 
res y mercaderías, y no es raro encontrar una familia entera 
hasta con sus perros y muebles que se traslada en una 6 dos ca- 
noas buscando un lugar á propósito para asentar su domicilio. 

Como una legua abajo de Panzós. en el lugar llamado Los En- 
cuentros de Cahabón, se reúne al Polochic el rio llamado lam- 
hién de Cahabón, que por las muchas arenas que arrastra en 
sus crecidas, ha formado numeíosos bancos que hacen el paso dí- 
lícil y aún peligroso, si los barqueros no conocen los canales que 
dan el fondo necesario para el paso de la embarcación. El Ca- 
liabón casi duplica la.s aguas del Polochic, que desde los En- 
cuentros en adelante tieüe una anchura de cuarenta á cincuenta 
metros y mas, y nn fondo en sus partes mas profundas de una 6 
dos brazas; sus aguas son tan crisfalinas que permiten ver su 
fondo, y perfectamente potables, aunque no muy frescas, pues 
por la anchura del rio están la mayor parte del día expuestas á 
un sol abrazador, que aumenta mucho la temperatura ya bastan- 
te elevada por lo bajo del lugar, asi es, que casi es imposible ca- 
minar en canoas descubiertas, como lo hacen los habitantes del 
lugar, que sólo cuando conducen pesajeros cubren sus embarca- 
ciones con unos toldos que llaman carrozas. 

Seis leguas abajo de Los Encuentros de Cahabón se reúne al 
.'olochic el rio Sarco, que en unión de los numerosos riachuelos 
cjue en toda su carrera se le agregan, aumenta sus aguas y su 
anchuia. Un poco más abajo, y sobre la misma orilla en que 
desemboca el río Sarco, se encuentra la única habitación que 
hay desde Panzós hasta el lago de Tzabal, y que se llama"El La- 
garto,'' lugar en que no habitan sino dos familias cuyo jefe es un 
cazador de tigres famoso en toda la comarca. Desde el Lagarto 
en adelante continúa el Polochic su magestuoso curso sin encon- 
trar una eóla población en sus frondosas orillas hasta el lago de 
Izabal en donde desemboca dividiéndose en seis ramas que for- 
man un delta, en donde se presentan algunas dificultades para 
el paso de las embarcaciones porque el fondo no es igual en todos 
Jos canales, ni en uno mismo en distintas fechas; pues alternati- 
vamente se inclínala corriente á cada una de las 6 bocas que for- 
man el delta. 

La travesía de Panzós al lago puede hacerse, con una lancha 
bien tripulada, en diez ó doce horas; pero remontando la' corrien- 



126 

te para ir del lago á PanzOís se necesitan de treinta y seis 1 cua- 
renta horas, tiempo en que los remeros no pueden descansar si- 
no atracando a las orillas para no perder, arrastrados por el río, 
el espacio adelantado: en la estación lluviosa la travesía es aún 
más dilatada, pues los arboles que arrastran las crecientes y que- 
dan en el lecho del río, retardan la marcha de las embarcaciones. 
Las dilatadas y magníficas vegas del Po'ochic, despobladas y 
baldías en toda su extensión, están cubiertas de una selva vir- 
gen en la que abundan las maderas preciosas y de constrnceión 
que por estar situadas en las orillas del río sería, muy fácil su 
exportación; su suelo es quizás el más fértil de Centro- América, 
circunstancias que presagian á esa importante seccidn de nues- 
tra República un brillante porvenir que talvez no esté lejano; 
pues ya el veintiséis de Abril del presente año, recorrió por la 
primera vez el río una lancha de vapor, propiedad del Ciobier- 
no, y allí donde se escucha el silvido del vapor, poderoso soplo 
de la civilización, no tardan en asentar su poderosa planta el pro- 
greso, la producción y la al>undancia. 



I). RODRÍÍU E/ F. O. 



« 
* > 



Con mucha mayor razón de lo (|ue dijimos respecto del Polo- 
chic antes, agringaremos ahora que cuanto se diga n*specto del 
"Río Dulce" "Lago de Izabal" etc., será poco para pintar su 
grande importancia en el porvenir de nuestra patria: |x)r lo que, 
y en grato recuerdo de su alitor, insertamos los artículos siguien- 
tes publicados en E/ Prof/nso hace algunos niios. 



LA BARRA DEL RIO DVLCK 



I 

Hay ideas que resisten á todos los argumentos posibles, idcat 
que no destruye el tiempo, que no pueden vencer los aconteci- 
mientos ni los /techos consumaihii. ideas que se fijan de (al modo 
en nuestra mente, que á pesar de todo lo que se ha dicho y he- 
cho para persuadirnos que estamos equivocados, decimos como 
el Galileo "E pur si muovel'' tal es la seña que se ha arraigado 
ii nuestro débil cerebro respecto del engrandecimiento de Oua- 



_^ 127 ^ . 

témala, engrandecimiento que no nos parece posible, sin la 
apertura del camino del norte hacia el Atlántico. 

La generación actual no conoce el oriente de la República. 

Para los jóvenes de veinte ano?, Izabal, Sauto Toniíís, Gua- 
lán, etc.; son tan extraños como San Petersburgo ó Estokolmo. 
Treinta años hace, solo se caminaba por el Golfo-, todas las 
mercaderías venían de Izabal y cada día por la mañana, entra- 
ban por el barrio do la Candelaria y cruzaba por la plaza vieja, 
grandes y alegres atajos cargados de toda clase de efectos. Só- 
lo se hablaba de Izabal en las tiendas del comercio y en la ad- 
ministración de correos. Se hacían también buenos negocios y 
de aquel entonces datan buenas fortunas que pudiéramos meo- 
tar. Nadie sospechaba á la sazón que el camino más (orto para 
ir á Europa y traficar con el viejo mundo, seria el del Pacífico 
y que el Itsmo de Panamá reemplazaría la montaña del Mico y 
al río dulce. 

Quizás las impresiones qr.e hemos recibido en nuestra juven- 
tud contribuyen i hacernos más sensible el abandono del cami- 
no del Golfo. Nosotros encontrábamos agradable el viaje de 
seis días por tierra, nos alegraba la vista de la laguna de Izabal, 
nos gustaba el bullicio de los arrieros y experimentábamos un 
verdadero placer al borde de las goletas, al bajar el pintoresco 
río de Izabal. — San Felipe no nos parecía un lugar tan siniestro 
como nos lo habrían pintado 3^ al llegar á Belice, nos hallába- 
mos mucho mejor que en Panamá ó en Colón. Sin embargo, pen- 
sábamos que se podía hacer el mismo vioje con más comodi- 
dad y no encontrábamos sino una dificultad, la que presenta el 
paso de la barra del Rio Dulce. 

Después hicimos varias veces el mismo viaje y algunos capi- 
tanes de buque nos hablaban de la facilidad que hay de desti'uir 
esta barra y de hacer llegar hasta Izabal, buques de mayor to- 
nelaje. 

En el día, merced á los progresos de la ciencia, á los jigantes- 
cos trabajos que ha ejecutado el genio humano, destruir la barra 
del Río dulce es juego de niño. La dmom'da 6 la Nitroglicerina 
resolverían prontamente el problema. 

Para el que tiene el espíritu algo observador, para el que po- 
see cononciraientos elementales de geología y que, al mismo tiem- 
po, haya recorrido como nosotros, toda la Alta "\^erapaz y los 
departamentos de Zacapa, Chiquimula é Izabal, fácil es com- 
prender que el Río Dulce no es más que la continuación del río 
Polochic y que la laguna de Izabal y el golfete que unen am- 
bos ríos, son ensanches ó desplayamientos del polochic ocasiona- 
dos por hundimientos del terreno. En una palabra, no hay más 
que un gran río que tiene varios nombre?, como es la misma ca- 



____^^__ 128 

lie la que se denomina por un lado calle de la üoiversidad y 
f or el otro, calle délas Beatas de Ifelén. 

El Polochic es el caudal de aguas más copioso de la América 
Central, sin esceptuar el río de Paz, el río Lempa y el río Mota- 
gua, formado por una infinidad de quebradas y riachuelos y en- 
grosado por afluentes (Río Cahabón, Rio Tinajas, etc.) que bajan 
de las montañas cuajadas de vejetación de la Alta Verapaz, región 
donde llueve tanto, el Polochic tiene una fuerte corriente y deja 
muy raras Vtces playas descubiertas, se parece casi siempre á 
un río salido de madre. Resulta de ahí que la laguna de Izabal 
gran recipiente del Polochic y que recibe además la- aguas que 
bjjan de la vertiente oriental de la sierra del Mico, se derrama 
por el río dulce y vierte en la mar una cantidad tan considerable 
de agua, que en la embocadura, el agua del mar en las bajas 
marea"^, es dulce hasta la distancia de dos o tres millas: á este 
fenónu no debe atribuirle el nombre de Golfo dfilce qoe se ha 
dado á e^a parte del golfo de Honduras. 

El río dulce no arrastra arenas.su corriente y la barra está for- 
mada por una roca cali/a exactamente igual á los jSeiía- 
formar» unas paredes altas en la orilla del río {Cocina </ 
paredes júíitaSf efe.) Dt'l \ndo de la embocadura i'e Li\vii,¿:-iou 
y en toda la costa que se extiende al Sur de Belice y Omoa has 
ta Santo Tomás, no hay t.isca y li marea alta se hace \lh-o sen- 
tir: mientras (jue del lado opuesto. \>ort\ cabo de **Tres puntas" 
y la embo adura dtl río Motagua, hay una tasca fuerte y las 
raaruis son á veces terriblcí», lo cpic explica por qué las arenan 
del mar c«'ntinuadaniciite llevadas por el reflujo, hun obstruido 
totalmente ei; el espacio de veinte aüo» la l)arra «Ul rio Mota- 
gua, después de haber cirrado la del río de San Francisco y pro- 
bablemente dentro de povos anos, (|uedará cerrad» la del río 
Tinto y toda esa lengua d** tierra (pie forma la punta Manabi 
que, será invadida por la mar. Nosotros hemos podido observar 
este gran trabajo de la naturaleza; hace veinte y cinco affos pu 
dimos pa.sar por la barra del Motagua, hoy ya no os posible. 
Después de un naufragio hemos posado quince días en la barra 
de un río (San Francisco) que algunos añoa antes era navegable 
y por donde los ingleses sacaban las piezas tie caoba de sos ¿en- 
ques [cortes de madera.] 

Mientras tanto, ¿qué ha sucedido del lado opuesto en la embo- 
cadura del río dul e? Nada, absolutamente nada 

El fondeadero de Líwingston es el mismo que ahora hace 
treinta anos. La barra es (¡uizás un poco más abierta jwr la ac- 
cit5n continua tle las aguas del río; más esta diferencia es in- 
significante y existe la misma dificultad que ant^^s para el paso 
de los grandes buques. 



129 

Cansados parecerán á nuestros lectores- todos los pormenores 
que preceden; más son necesarios y pudieran detallarse más 
aún; pero quizas sean suficientes para hacer comprender la po- 
sibilidad de abrir un ancho canal en la barra del río dulce y dar 
acceso á los buques de mayor calado. 

Al entrar en la laguna, el Rio Polochic tiene también una 
barra; pero ésta se halla formada por aluvioüí s, árboles caídos 
arrastrados por la corriente y se destruiría con la mayor faci- 
lidad. Muchíis vuebasde ese río se pueden cortar sin gran trabajo, 
puesto que ya en otro tiempo unos pocos zarceros han desvia- 
do el curso del lío y suprimido cuatro ó cinco vueltas, sin em- 
plear máquinas, sin trabajo costoso. Ei Río Polochic puede ser 
remontado hasta Telemán ó cuando menos hasta la confluencia 
del río Cahabdn ó hasta Panzds. 

Abierta la barra del Río Dulce, desobstruida la del Po'ochic, 
habrá que cambiar el fondeadero de Izaba! y cabalnoente existe 
un puiito llamado á ser el puerto, punto donde hay más fondo 
y donde los buques están al abrigo del viento Norte y de las 
fuertes marejadas de la laguna. Este lugar es la en-enada de 
Matalisguate abrigado por un pequeño cabo " llamado Punta 
Fraile. 

5a el prdximo número continuaremos la explicación de nues- 
tra idea 6 proyecto, según como nuestros indulgentes lectores 
quieran interpretar este desaliñado peni^amiento. (1) 

II 
Colonias de Boca nueva y de 8anto Tomás 

DATOS HISTÉRICOS. 

Dos grandes ensayo^ de colonización hacen época en la histo- 
ria de nuestro país, el de Abbo^lwill 6 Boca nueva y el de San- 
to Tomás, ambos en la costa del Atlántico. Nino;tín ensayo de 
esta clase, que sepamos, se ha probado en la costa del Pacífico. 



(1) — Al escribir este artículo, el autor no se ha propuesto criticar todo lo que se 
ha hecho y todo lo que está por hacerse en beneficio de las empresas agrícolas de la 
Costa del Sur. Su objeto es más grande: la República de Guatemala pertenece á 
la América Central, no se considera en el mundo como haciendo parte déla Améri- 
ca del Sur y su posición geográfica, la más envidiable del mundo, exije que se pon- 
ga en contacto más inmediato con los Estados Unidos, Méjico, las Antillas y la Euro- 
pa entera. Sus terrenos más feraces se hallan en el bando oriental y el país quedaría 
incompleto, permítasenos esta expresión, si sus puertos y caminos del norte queda- 
ran para siempre abandonados. Bueno es que una casa tenga muchas puertas; pero 
no se concibe una casa sin entrada en la calle. Usando de esta comparación un poco 
forzada, la gran calle de la República es el Océano Atlántico: San José, Champeri- 
co y demás puertos del Sur. son puertas de atrás, puertas excusadas que se abren 
sobre el callejón, el Océano Pacifico. 



Uii\ 



>iji¡:-iiuí\u «JUii uiiMiiiiic; 



La razijQ es muy sencilla. Loá eutoí? 
razda que la República de (jüatemala .-ituada casi á la mis- 
ma dií^tancia que las Aníilia^, debía tarde 6 lemprauo, abrir 
vías de comunicaeiór. desde el Atiautico hacia el interior, uti- 
lizar sus puert'^'S \' sus ríos. Los colonos de Bocí -nueva se ha- 
bían establecido eu Polochic y debían traficar coa el interior 
por la Veiapaz; lus do Santo Tomás, en poseción de uno de los 
puertos m:Í8 hermosos del inundo, proyectaban abrir un camino 
hacia Guatemala, pasando jwr el Departamento de Cbiquiaiula, 
y utilizando nna parte del río Motagua. 

La empresa iug1esa.sostt-ui.1a p >r el repre^eutaote de S. M. 
Británica en Guatemala, hombre de uiucha iüíl ' n a()ueUa 
época, no revelaba su^ (lañes y uo hacía la }•. i (jue al- 

íennos años después hiciera la eom] afiía belpí de colonización, la 
cual la difundió no sólú en Bélgica, ^ino en Francia y Alemania, 
gastando grandes sumas t-n publicaciones voliii&iuosjis.eu Uis cua- 
les se ponderaba la fertilidu^ y produc^ioueit naturales de los 
departamento-i de oriente de ¡a Verapaz. Elsas publicaciones 
conquistaron un gran número de familias en Bélgica, en el Lu* 
xemburgo, en Alemania del ^ur y en Francia. Al misnio tiem- 
po dieron ú conocer á CVnlro-A'nérica. país de que tenían idea^ 
muy erróneas; pues i n la i,¿norancÍH de Ids oiiropeM^- *o oonr»i- 
derabacomo el fin del mundo Los españoh's y 
el partido que dominó en Cintro- Améric*a, .«-e ^ > 

de abrir el pais á la inmigracióo; y el representante de In- 
glaterra, con !a mira de favorecer la colonia de Boca>uueva y el 
Establecimiento de I^lice que pOi>eía entonce el monopolio del 
comercio de Guatemala, se empeñó para crear dificultade.«< á 
la compañía Ixdga. En efecto, en Belice la lironda de los pri- 
meros colonos de Santo Tomá<( cau?ó grande novedad, p«>r no 
decir im/uleftiil: en materia de interes's mcrcantdei*, se tenía una 
coínpettncia y se trabajó entonce^, >in cesar, para desaere- 
ditur lacolfinia de Santo Tomu's y p «ner traba!* en su camino. 

Desgraciadamente la c-ompañía b»Iga de colonizacic^n tenia 
()ue luchar con otras dificultades mayores. Desptiós de haber obte* 
nido con graude<tHra bajos y sncnficios de dinero, regalos de con- 
sideración y muchos pasos y ^olicitudes, el tratado que le conce- 
día lo p(»sec¡ón del distrito de Santo Tomu.s tul>o que luchar con 
los rigores del clima in ' > para la ' i la 

ineptitud <le los direclor .'.es, las \ i - co- 

misionados del (lobierno iinnla y. >ul»re tu t di- 

ficultad de c >municar iw¿ li*» con la capital. '>noH 

tiranizados por los directores, desalentados por los comisiona- 
dos del Gobierno que les debía amparar (> burlados por el Cón- 
sul de Bélgica, comisario del Rey Leoix)ldo, f^ ataron de regre- 



131 

sarasa país, los que lo puilieron verificar, pues en el espacio de 
tres meses, de agosto á octubre del año de 1844, cuatrocientos 
colonos belgas sucumbieron eu Santo Tomás! 

Hoy lo repetimos con un verdadero pesar, los colonos de San- 
to Tomás fueron abandonados por el Gobierno de Guatemala 
en los años de 1844 y 45, cuando por una cláusula de la C(mtra- 
ta celebrada entre el Gobierno de Guatemala y la compañía bel- 
ga de colon izacidn, los Colonos al pisar el territorio de Guatema- 
la, eran considerados como Guatemaltecos! 

Empero, la verdad que hemos respetado siempre, nos obliga 
á decir que el General Paiz que era á la sazón Comandande del 
puerto de Izabal, salvó alganas familias de Santo Tomás, que 
vinieron á implorar su protección, las amparó y les facilitó los 
medios de trasladarse á Guatemala. 

Una deíígracia lamentable cansó desde la primera expedición de 
la compañía belga la ruina de la empresa: Simous, el hábil in- 
geniero que estableció los primeros ferrocarriles déla B' Igicd, 
venia en calidad de director colonial á bordo de la Louse Marie. 
Simous murió en la travesía dejando á la cabeza de la expedi- 
ción á UQ Capitán del ejército francés que no se hallaba á la 
altura de tan delicada misión. (1) El ingeniero Simous tenía to- 
das las aptitudes apetecibles para llevar á buen fin la misión 
que se le tenía confiada. Tenía el saber y la experiencia práctica, 
tenía firmeza y constancia y no tenía más ambición que la de 
construir una vía. Simous antes de salir de Bruselas había estu- 
diado detenidamente los mapas de Guatemala, el de Baily y los 
que después había mandado grabar la compañía belga; sin em- 
bargo él no había querido formar ningún plano antes de exa- 
minar el terreno, antes de hacer muchas exploraciones y sabe- 
mos que su mayor preocupación era la de la barra del Río Dul- 
ce, pues él decia varias vtces: "Los ingleses de la colonia de 
Abbotswill se han internado en la Verapaz, en la margen del 
Polochic, ellos deben haber pensado en esta burra, que proba- 
blemente, como muchas de las que existían en lá embocadurí^ de 
los ríos de las poseciones española^, no se han destruido á fin de 
evitar el tráfico con los extrangero-!. El puerto de Santo Tomás, 
añadía Simou^, es uno de los más hermosos de la mar de las An- 
tillas; pero el puerto queda sin comunicación con elinterior, por 
que no han encontrado el medio de abrir camino y no lo han 
querido encontrar."' 

Un viejo capitán de la marina mercante española que vivió 
largos años en Izabal, Portal, nos decía en el año 1844: "Bueno^ 
es que los belgas se establezcan en Santo Tomás y construyan^ 



(1) El Capitán Philippot que se suicidó en Omoa. en Marzo de 1844. 



132 

una hermosa ciudad; pero les costará mucho abrir un cammo y 
mientra-? tanto los Colonos no resistirán el clima fuerte de ese 
lugar, sobre tolo mientras hagan los desmontes. Que empleen 
eus capitales en romper la barra del Río dulce y, mientras tan- 
to, qne se establezcan las familias en Líwignston qne es punto 
alto y muy saludable. 

Algunos años después, un marino francés, el Capitán Barazere 
mandaba construir en Burdeos, por cuenta de la casa de Lechan 
geuer, uní goleta de poco calado, la "Heloisa'' que hizo varios 
viajes directo» de Burdeos á I/.abal, pasando por el estrecho ca- 
nal de la barra. K.se ensay«> no resolvía el problema, por que la 
*'Heloi"ía" era demasiado pequeño pura cargar mercaderías 
de mucho volumen y de | oco valor como son las que mis se 
venden en el país. La "Heloisa'' no podía traer sino artículos 
franceses de mucho precio y por consigoiente de poco consnmo. 
Por otra parte, el flet» de retorno, era bastante remunerativo. 

Sea lo que fuere, hacer pjear los grandes buques por la barra 
del Río Dulce y convertir la laguna de Izabal en un puerto ma- 
yor aún que el de Santiago de Cuba ó de Cartagena (Nueva Gra- 
nada) ha sido la preocupacii^n de toio« los marineros que han 
traficado en la Costa del Norte. 

La conslrurc-ión de \(>8 bu(|ues la apertura de lo3 canales, la 
construcción <ltí muelles y darconas han progresado de un mo- 
do maravilloso <le treinta años á e-tu parte y lo que parecía im- 
posible en aquella época, .«e ejecuta hoy coo tanta facilidad co- 
mo presición y rapidez. 

Se nos dirtí: * ¿Porqué pensar en abrir la barra del Rio, coan- 
do tenemos á poca distancia el hermoso puerto de Sanio To- 
más?" Nosotros contestaremos: siempre habrá qne hacer un ca- 
mino de Santo Toiujís hasta el río Motagna camino queso con- 
tinuará hasta la capital, más pasarán año muchos aSos antes 
que se concluya y mientra'* tanto, abriendo la barra del Río Dul- 
ce y convirtiendo Izabal en un jrran puerto de mar, aprovecha- 
remos el río Polochic hast;i Telemaín y con pocas reformas ha- 
remos carretero el camino de Salame. Tendremos al cal>o de al- 
guno-» añoH dos caiífinos en lugar de uno, el del (i olfo y el de Sa- 
lamá hasta el Polochic, dsíndole >í la agricultura de la Verapas 
un impuNo. La Verapaz nos suministrará desde luego los brazos 
que necesitamos para la -compostura del camino carretero. Loh 
departamentos dtl Oliente Fcra'n iguaim^^nie favorecidos: sus te- 
rrenos adquirí Píín 'pronto nn gran valor y su^ habitantes podrán 
entregatsi' sí un trabajo productivo. Chif^uimula, Zacapa, Oua- 
íán, no sólo podran hacer renacer sus antiguos días de prospe- 
ridad, sino que cobrariíu una importancia desconocida. 

Abierto que sea la barra del Río Dulce, Líwgin^ton setrasfor- 



J5L__ _ ____ 

mará en una ciudad marítima de mucha importancia. Por su 
posición, por su clima excepcional en aquella costa, se volverá 
muy en breve el punto de atracción de una numerosa inmigra- 
ción, sobre todo si se habilitara como puerto de depósito. 



III 
Costa del AtJAiítico Verapaz, etc. 



La apertura de la barra del Río Dulce y la desobstrucción de 
la barra del Río Polochic son indispensables aún cuando se abra 
un camino por el lado de Santo Tomás, á fin de facilitar la ex- 
portación de los frutos de la Yerapaz, el departamento más ex- 
t^^nso de la República cuya agricultura empieza ahora á des- 
arrollarse. Varias veces hemos escrito respecto de la extensión 
de ese territorio, de su notable feracidad y de la diversidad de 
sus climas. 

No hay duda que en todas las regiones cálidas de la Ve rapaz, 
en las márgenes del Poloehic y de la laguna de Izabal, lo mismo, 
■que en las cercanías de Panzos, Telemán,- Cahr^bon, etc., pudie- 
ran establecerse muchas familias de colonos procedentes del Sur 
de los Estados Unidos, de la Isla de Cuba, de Yucatán, pues 
varias veces se han solicitado tierras por la costa del Atlántico; 
más los que las solicitaban no llegaron á conocer el Poloehic y 
los numerosos terrenos adecuados al cultivo de la caña de azú- 
car, del añil, del arroz y de muchos otros productos agrícolas de 
la mayor importancia. Siempre se l^s enseñaban costas de di- 
fícil acceso, cuajadas de una vegetación secular, donde se necesi- 
tan grandes capitales y mucho tiempo para hacer útiles desmon- 
tes. Otras veces en lugar de acojerles favorablemente, de facili- 
tarles una instalación que debía rt portar gi'andes ventajas al 
país, se les suscitaba dificultades, tropiezos, condicioies one- 
rosas, etc., etc. 

Hubo una época muy favorable para la colonización }' para 
crear una población marítima en la costa del Norte; fué en 1848 
con motivo de la guerra civil de Yucatán. Muchas familias emi- 
graron de Mérida, Bacalar y otros puntos y buscaron un refugio 
en la Colonia Inglesa de Bclice, de donde había salido una gran 
parte de los pertrechos de guerra de que se habían armado les 



13^^ 

indios sublevados, Belize gand mucho en ese tráfico y gan • más 
con las traslaciones de las farriilias fugitivas. De esa época data 
la creacióa de iin pueblo hoy importante, El Corrosal, que hace 
parte del Gobierno de Belizp, donde existen grandes plantacio- 
nes de caña de Azúcar, t^n 1848, el Gobierno de la Rt»püblica 
tenÍH que luL-har contra la guerra de montaña y por sus graves 
atenciones no pudo aprovechar la ¡nmicración yucateca. 

Después de la guerra de Secesión, algunas familias de la Caro- 
lina del Sur y de la Lui^iana proyectaron rstablecerse en Santo 
Tomas 6 su? alrededores; pero fueron poco atendidas y casi to- 
das regresaron á su país ó se establecieron en )a co?t;i de Hon- 
duras. 

Por lo denuls, la Hcfmblíca de Guatemala ha aljandonado i 
los ingleses una inmensa porción de litoral ¿ pocas leguas de 
Tjíwing-íton, y á partir del río Sarstoon, hoy día no puede dispo- 
ner de esos terrenos, y nadie, scpún creemos, conoce hasta don- 
de se interna esa zona de costas d^ mus de cien millas. Del la- 
do de Manabique, en las tierras bajas, en las esteros formados 
por la obstrucción de las barra.< dt- (pie hemos hablado ya, no 
se puede pensar en el cultivo, es pues forzozo internar ti los Co- 
lonos y cederles los terrenos cultivablt-s cjue se encMieotraii por 
el lado de Izabal y de las margene-» del Polochic. 

La inmigración y la concesión de tierras ú los Colono» sou los 
puntos (pie deben fijar la atención del Gobierno de la Kepúblí- 
ca, para dar la vida activa (pie reclaman los puertos del Atlán- 
tico; aunque independientes de la cuestión príucifMil, esto es d« 
la apertura de b s dfs caminos de! Norte. (Iel>en .si>r tomados en 
consideración, ponpie no tenemos la ¡)oblaci('n necesaria, ni loa 
recursos suficientes para cultivar tantos terrenos, |N>rque los ha- 
bitantes de Chiquimiila. /acapa, Gualáu. de (oda la Alta y liaja 
Verapaz no tienen (pie .-aür de sns rospectivo« lerritoríds para 
dedicarse J la agricultura. Sería pues conveniente levantar un 
mapa exacto de la Verapaz, del curso úA Polochic, de loa De- 
partamentos de Clii(piimula. Zuc.ipa, Izubnl y Santo Tomás y de 
reconocer cuales son las iicrra«í (|ue «e pudieran ctder a los in- 
migrantí's. 

Abierta In baria del Rio Dulce, convcitido Izabal en un ver 

dadero puerto de mar; los departamentos iuteroados, sin la- 
iniciativa del (íobierno tiMiínán de abrir nna«í víh-j fi(. II. «^ '!«• co- 
municación. 

Mrfs tarde cuamlo esi»' euncluido el camino de >aulu lumás, 
veremos á la República del Salvador tratar de abrir un camino 
(pie se una al nuestro. 

Cuando esté concluí b) el camino carrtler») do Guatemnli .il 



135 

Poiochie, veremos también los Altos mejorar las vías de comu- 
nicación que existen ya entro aquella comarca -y la Verapaz. 

Mas adelante nos ocuparemos del proyecto del camino carre- 
tero de Guatemala hasti el Poiochie. 



IV 
La Costa — La vejetacióii tropical.— Desmontes, etc. 



El europeo que por primera vez entra en el Golfo de Hondu- 
ras, dirijiéi.dose á algunos de nuestros puertos de Líwingston ó 
Santo Tomas admira nuestra vejetación tropical pero experimen- 
ta al mismo tiempo una honda sensación de tristeza: no distin- 
gue cultivo alguno, raras veces percibe en lontananza y es- 
condidas entre el espeso bosque unas diosas que parecen aban- 
donadas; no ve ninguna seña de vida ó de civilización; el país le 
parece desierto y en í-u imaginación, se iigura que toda la Repú- 
blica se compone de selvas vírgenes. En la hermosa bahía de 
Santo Tomás, su admiración sube de punto: no puede haber en 
el mundo puerto más seguro; por todas partes excelentes y pro- 
fundos fondeaderos. Con la proa, el buque puede tocar los árbo- 
les de la playa sin bararse; del contotno de la bahía salen á la 
mar varios riachuelos de abundante agua crislalina, la providen- 
cia de los navegantes; más una -espesa selva rodea ese sitio en- 
cantador. Una vez en tierra, el viajero encuentra los restos de 
un ensayo de colonización y busca en vano un camino que ponga 
en comunicación ese magnífico puerto con el interior del país, 
con su capital. Pero pregunta él ingenuamente ¿por dónde nos 
vamos á Guateranla? Naturalmente se le contesta: aquí no hay 
camino, es preciso ir á Izabal. En seguida, el mi«mo viajero repa- 
ra que en S:\nto Tomás la naturaleza ha ligado todos los elemen- 
tos para la formación de una ciudad de primer orden. En efec- 
to, por doquiera abunda la arcilla más pura, ¡vropia para la fa- 
bricación de ladrillos y tejas'; se encuentra con ignal ó mayor 
abundancia la piedra de cal (Caibonato de cal), fenómeno geo- 
lógico sorprendente y que ha dado mucho en que pensar á nues- 
tros amigos los S. S. Dollfus y Montserrat En las quebradas en- 
cuéfltranse piedras de Sílex y rocas graníticas. En fin abundan 
las maderas de construcción más duras y más finas de extraor- 



136 

dinar¡a« diniens'o-^es. Pues á pesar de todas e-^a^* riquezes. no 
hay tal ciudad, no. hay raiiHlle. n<> hny fortificación alguna. . .. 

* ¿En qué f)ensaion los Españoles, pregunta entonces el via- 
jero, los esf)añoles (]U^ construyeron Cartagena, Santiago de Cu- 
ba, la Habana 3' tacta- otrjs soberbias eiu tades fortificadas? 
Este punto en otro tienípo, se llamó Santo Tomás de Casulla y 
no ha queda lo vestigio alguno de so dominip en esíe parnje." 

Af^uí nos encaigain<t8 ár- la contf*staci(^n: L- s conquistadores 
habían penetrado a' país por la frontera de Méj'co: encontraron 
una refri(5n deliciosa ¡lor su cuma y sus pinior-'^C' s sitios y como 
aquel que acaba de encontrar un tesoro, trataron de ocultar á 
los ojos del mundo su nueva conquista. La natura e74i, se h Wa 
encardado de cerrar la República y de ponerla ul abrigo de las 
empnsasde 1* s filibusteros: una espesi .«elva vii-iren, al pie de 
una alta cordill- ra, puertos cerrados, ríon con barr^, ;qiié ne- 
cesidad tenían de obstruir la entrada del puerto como lo hicie* 
ron en Cartacena y de con}*tru«r en la entrada de un estrecho 
canal, fon ifi aciones como las de B^ca cAíca 6 de Sniitíago de 
Cuba? Guatemala era para los í»spañoles de aquellos tiempos 
una especie d*- quinta de reneo, de buen retiro, donde debían ví> 
vir durante luenjjos MÍíog fiímilias d»* confiuistadore-* y emplea- 
das favoritos de la Corte de £.spana, allí d» bia vivir mucho 
tiempo al pie de los majestuosos vob ane?», todo un mundo de 
frailes, monjas de todas las órdenes; ahí se construyó una «api- 
tal al gusto de aquello^ tiempos cuajada de iglesias y de monas- 
terios donde se pagaba la vida, entre galanteos y sermones. Du- 
rante muchos años, las poca^ mercaderías, t< da.s eepalloUs que 
se consumían en la antigua cspital, se introilucían por Omoa ó 
por el río Mutagud. cuya barra dt-Jaba pasar petiueuMS embarca- 
ciones. 

Los es| aiíoles. no dejaban entrar mercnderlas de otros pafaeii 
y tamp( co permitían (pie se cullivatau la viña y el olivo. Ocul- 
taban de tal modo su t»*soro, que durante mucho tiem|io, les 
ge»>grafo8 care<¡eron Hbsolulamente de dato>» rara definir en sus 
obrsis, la posición, la división territorial, la población y las cos- 
tumbres de C«ntro- A marica. Afin en el día ha quedado on ¡(hm 
resto de igiiorai'cia resf»» cto d«» csO"» puntos. Kl com* rcio designa 
tt^davía el balsamo deGnatvmala bajo el nombre de btllramo del 
Perú. 

Dispénsenos el lector tamañas digresionéis; mus *;ran necesa- 
rias para dar una explicición. sino enteramente satisfactoria, á lo 
menos admisible de la f ilta de comunicación entre la capital y 
las principales c¡uda<les de la República con el Atlántico. 

Ahora volveremos á la Costj, á esa vejetación tropical que 
algúii día ha de caer bajo el hacha del colouo y diremos que ha 



137 ' 

sido uno de los grandes obstáculos contra la inmigrac ón. La 
compañía be'ga de Colonizad. 'n com tio el cul( able disparate 
de traer de Europa un sin núm-ro de farailicis para habitar, en 
la ni:i3^or coufu.-ión. sin los preparaivos i-idisptnsableH, sin alo- 
j. mié II tos, y s'n víveres frese »s unas pocas manzanas de tierra 
situadas entre la mar y las selva^ vírgenes, en un punto excesi- 
vamente* cjliente y húmelo. El Gobierno de Guat» mala que ha- 
bía enviado unos comisionados cercí de la administración colo- 
nial, no trato de deseí ganarla, de salvar unos honrados agricul- 
tores que hubieran si-lo de tanta utilidad en el interior del país. 

Se sabía deniisiado que los « urofieos no pueden soportnr, si- 
no con muy raras excepciones, el clima de la costa, que menos 
pueden cultivar la tierra en esas regiones, puesto que los mismos 
hijos del piís, los ladinos tainpoco pueden aclimatarse. Los co- 
lonos perecían de hambre, de miseria, de fiel're y de nostalgia, 
mientras los comisionados de Guatemala admiraban los cabellos 
rubios de las jdven^-s alemanas. probabnn los vinos y las conser- 
vas de los a'macenes coloniales y al cabo de pocos días, r» gra- 
saban á Guatemala 7nuy satisfechos con varias muestras de la in- 
dustria be'ga. 

El Comi>ionado del Rey Leopoldo, el Cdnsul de Bélgica daba 
la mano a' los comisionados de Guatemala. De Santo Tomas, se 
transportaba á la caf)ital, donde á su turno admirabí los cabellos 
negros de las jóvenes guatem ilte<as, daba convites y hacía re- 
galos al General Carrera. Los colonos desamparados pagaban 
caro su nacionaliza idn guatemalteca. 

El ens;iyo de colonización de Santo Tomás, ha tenido conse- 
cuencias harto funestas. Sirvió para d^j-a -reditar al país, para 
dar a toda la costa del Norte una fama exajerada de insalubri- 
dad y á Guatemala la más inju-ta fama do inhosf ita'idad. 

Santo Tomás no poda tener importasteis, alguna sin un cami- 
no. Los europeos no podían hacr los desmontes nece- arios ni 
dedicarse á las duras faenas que exige 1:» apertura de un ca- 
mino en aquellos parajes. Con la mitad de las sumas fabulosas 
que se gastaron en onerosas é inútiles expediciones, la compa- 
ñía hubiera he ho siquiera un cau.ino carretero hasta Gualán: 
el Gobierno de Guatemala mantenía en San Felipe é Izabal un 
numeroso presidio, quehubera podido mandarlo á Santo Tomás 
para prestar grandes servicios. L* s pocos desmontes de Santo To- 
más, de-^montes que no se han extendido suficientemente, fueron 
practicados por neg os de la Boca y del litoral. Se tratcj después 
de emplear isleños de Madeira; más no pudieron soportar el cli- 
ma de la costa. 

Todo esto hace ver por qué ahora, no hay que pensar en dar 
para el cultivo, las tierras que se hallan á la orilla del mar, y 



138 

que es preciso interesar á lo? colonos-, que convendría facilitar la 
inmigraciun de la gente de eoolr, para los irabajoR preliminares 
del camino de Santo Tomás. La experiencia del ferrocarril de 
Panamá ha probado que los chinos no soportan li s rigores del 
clima tropical, en medio de la selva virgen. Creemos que si Iza- 
bal f-e convierte en puerto de mar, se podrá abrir también nn ca- 
mino, que de Santo Tomás comunique pasando al pie del San 
Gil, con el Gcífete en el punto llamado Bácadia. El CJimico de 
Santo Tomás á Guatemala, debe ser el proyectado ¡or el Inge- 
niero belga, Delwart, camino que va hasta el río Motaij^tia, en el 
lugar llamado "Platanar' donde el río puede remohtarse con 
facilidad, hasta Gualán, oí se quiere, y si no, por medio de no 
puente, f-u» de continuar sobre la otra ribera con el criTinno de 
tierra que venga de Gualán. 



La vcjeliicidii ti-upiral.— 1^ M'lvn vlifiTii.— Ia Kíh dr I7jiImiI. 



Para lormarse un;i idea ap'o\iin;^da del valor y dt* la nuigm- 
l'icencia de la naturalez i vejetal, v\ obgerrador deb • eslablpccrse. 
no bajo el cielo boreal ú en las regiones témplalas de la Kuropa; 
pero sí, en los países atnados del sol, donde la naturaleza vive 
todavía er t'»da su fuerza y su ^avia y destella en todo hu es- 
plendor, donde la tierra conserva como un mu«eo vivo, riquezas 
desaparecidas durante la inmensa sucesiiín de Un edades pri- 
mitivas. 

Nunca se borrará de nuestra mente la admiracií^n que noí 
causó I or primera vez la cost;i del Atlántico por Santo Tomrfi 
é Izabal; nunca olvidarein» s esa sensación indefinible de p'acer 
desconocido, mezclado de no st* que inquietud, que nos procuró 
nuestra primera peregrinación al travez de la monlaúa virgen, y 
al penetrar por primera vez n\ el Hío Dulce. 

Ahí la vida, la vejetación la más abundante, se derraman por 
doíjuiera, no se percibo el más pe pieño espacio denfirovisto di* 
plantas. A lo largo de todos los troncos t'o arboles, hasta en los 
peñascos del río, se ve florecer, trepar, enredarse, onroNjaríe, 
descolgarse las gi-anadillas, los Caladiums. los Pimiento? (f»¡pc- 
raceas), las Aristolo(pjias, las Vainilla.'^y mil otras orquídeas. Al- 



139_^ 

gunos de estos tallos gigantescos cargados de flores, parecen de 
lejos de un color blanco, amarillo oscuro, rojo, vivo rosario, mo- 
rado, azul del cielo. En los puntos pantanosos, en la orilla del 
río, en las islas del pintoresco Golíete, lo mismo que eo las que- 
bradas y ciéüf gas de Santo Toqüís, Paozos y Teleraán, se ele- 
van por grupos apretados sobre largos peciolos las grandes y 
hermosas hojas elípticas de los Heliconias (bihai) que tienen á 
veces de diez á doce pies de altura y se hallan adornados con 
extraiías flores de un color rojo oscuro y de fuego. Unos tallos 
enormes de Bromelia con flores en espigas, cubren los árboles 
hasta que mueran, después de muchos años de existencia, y 
arrastrados de raíces por el viento, caen en el suelo, con estre- 
pitoso ruido. Millares de plantas de enredo, de todas las dimen- 
siones, desde la míís delgada hasta las del grueso de la pierna 
de un hombre y cuya madera es dura y compacta, se entrela- 
zan al rededor de los árboles, trepan hasra sus cimas donde flo- 
recen y dan frutos, sin que el hombre los pueda alcanzar á ver. 
Algunos de esos vegetales tienen una forma tan singular que no 
se pueden mirar sin asombro. Algunas veces el tronco al rede- 
dor del cual se han enroscado, muere y cae en polvo. Se ven 
entonces unos tallos colosales entrelazados unos con los otros y 
que se mantienen parados; ñícilmente se adivina la causa de es- 
te fenómeno. 

Empero, nada más majestuoso como esa multitud de altas pal- 
meras cuj'o follaje espeso y graciosamente inclinado hacia el 
suelo, forma bdvedas de un verde oscuro donde apenas penetra 
la luz difusa del sol. Por lo demás, es inútil tratar de describir 
fielmente el cuadro de las selvas vírgenes; el arte quedará siem- 
pre impotente para pintarlo, aun cuando los pintores fyeran Cha- 
teaubriand, Bernadín de Saint-Pierre, de Humbold, etc. 

Hay en las selvas de la costa del norte, en las vueltas del 
Río Dulce y del Polochic una armonía perfctamente de acuer- 
do con lo que llama la atención de los ojos. Todo es gran- 
de, imponente y magestuoso: el canto de las aves ó el grito 
de los diversos animales tiene algo de salvaje y melaiicdli- 
co. Esas cadencias brillantes y sostenidas, ese gorjeo lijero, 
esas modulaciones tan vivas y tan alegres que se hacen oir en 
los bosques de Europa son reemplazados aquí por unos cantos más 
graves y sobre todo más acompasados. Ora es una voz que imita 
el golpe retumbante del martillo en el yunque, ora el oído es he- 
rido por el ruido que producen las cuerdas de un violíu al tiem- 
po de romperse. En fin existen en las selvas unos sonidos extra- 
ños que conmueven y asombran. Empero, muchas veces á la 
caída del sol, cuando las aves han cesado de cantar, se oye so- 
bre la cima de los árboles más elevados un ruido que llenaría de 



140 

espanto, si se ignora^^e su cau«a- Sim partidas de monos abulia- 
dores que saludan al astro del día. Ese canto tiene algo de 
imponente á la hora en que el día acaba; engrandece la escena 
llenan lola de tri-teza. Si el tigre empit^za á rugir, llena la íelva 
de un ruido magestuoso, pero que hace nacerla inquietud. Los 
animales pacíficos al oírlo callan derrepenie, como si temieran 
mezclar sus voces con esos acentos de doiniuaci<5n. Si entonces 
el viento sopla con masviolencia.se agiti la cima elevada de 
los árboles, si muju^ndo encorva á las tlexibl^^s palmeras, y hace 
chocar las guirnaldas de hs enrredaderas, y después se engolfa 
en las profundidades de esas selva-* primitivas, sale de allí un 
murmullo tan fiínebre, que la admiracii5n desaparece p^ira dar 
lugar al espanto. 

Mjichas veces hemo.'j sido testigos de e.«aa escenas de la natu- 
raleza, muchas vece:» hemos experimentado esas scn.^aciooes. 
Mas figúrese el hctor cuál seiíi la ¡mpresióo ftenosa que ex|)eri- 
mentaion los primeros colonos d'* Santo Tonas al de>emharcar 
en ese país primitivo, cuiíles fueron bus sufrimientos al encon- 
trarse casi perdido.s, sin abrigo, sin buenos víveres, b^ la im- 
placable y necia dominación d- 1 director colonial qae m había 
convertido en dictador omnipotnte. al entrar la e>taii/»n de lai 
lluvias tropicales, acosHdos dia y noibe por millares de crueUn 
insecftós. — ¿Qué venían hacer en estas regiones empleados de mi- 
nisterios y de administraciones europeas jóvenes ingeoierot, ar- 
tesanos, arpist»», dependientes d»» comercio; mo lisias, ele, ele? 

Venían tnmbión mucluis familias de labradoras belfas, al^nu^- 
nes, franceses, provistos de los útiles que emplean en la fría Ku« 
ropa, en las llanuras de las Flan<le.*«. de la Alsaciay de la Ale- 
manía del Sur, y se encontraban ion los urboU'.s s< calares, los 
inaccesibles breñales, las enredaderas de la selva vírico, el sol 
de los trí5picos, las lliívins diluvianas y las plagas de la cunta!! 

No terminaremos est»* cuadro, sin reproducir una linda com- 
posición poética que inspiró el Uío Dulce al malogrado artista 
dramático, Francisco (tallardo, al llegar tí nuestro |aU en Mar- 
zo de 184(;. 

No dudamos que nuestros lectores nos agradecerán la repro- 
ducción de tan simpática improvisación, pup.'^to que ya ooa ha 
costado mucho trabajo encontrarla, uo h ibiendo por deagracta, 
en nuestro país, muchos bibliólilos ó coleccioni<>tas de libros, al- 
manaques impresos, etc. 



141 

A LA ría de IZABAL 



Quiero cantar! el alma se extasía 
De Natura al niíigico esfilendor! 
Sonad, 6 cuerdas de la lira mía, 
Celebrad el poder del Hacedor. 



Por blanda margen de apacible río 
En frágil leño navegando vo}^; 

Y libre ya de aquildn bravio 

Del mar instable y de su furia esto3\ 

Frondosas cimas mis costados ciñen 
Que al buque sombra con sus ramas dan; 

Y en -verde el blanco de las aguas tiñen, 
Que mansamente ¡susurrando van. 

En lo intrincado de las altas cumbres 
Sin duda el hombre nunca penetrtí: 
Tan Solo Febo que les dá sus luníibres. 
Sus escondidos senos visitó. 

Exhalarse á la par de arabas riberas 
Grato perfume de sencillo olor, 
Que impregna de su aroma las esferas 

Y el pecho aduerme en plácido estupor 

¡Dulce y bello es en medio á la espesura 
Del aura suave el hálito sentir! 
Dulce y bello es, loando á la Natura, 
De extrañas aves el concierto oír. 

Y tener por techumbre el firmamento, 
Por muros del los bosques el breñal. 
La ría por alfombra y pavimento 

Y la tabla del barco por sitial! 

Lo azulado del cielo aquí es raás puro, 
Las brisas regeneran, dan salud: 
El mortal se abalanzad lo futuro, 

Y ve de Dios la excelsa magnitud. 



U2 

Y si en lienzo hermosos paisajes 
Dan crédito al pincel que los copia, 
¡No rendiremos gracias y homenajes 
Al soberano Autor que los credl 

Si, cantemos al Grande, al que fecundo 
Tierra y cielos formd: cual El no hay dos* 
¡Venojan ateos mil al Nuevo- Mondo 
Y el Nuevo-Mundo les dirá que hay Dios. 

Al mirar el primor de tus orillas, 
Tú rae inspiraste ría de Izabal: 
Yo del Supremo Ser las maravillas 
Ensalcé en tu belleza virginal. 

Quédate en paz. de tu feliz corriente 
Manen siempre la dicha y la quietud: 
Yo para honrar tu nombre eternaineute 
En tus márgenes VuelíTO mi laúd. 



En la misma Ría. marzo de 1848. 

Francisco Gam.aki»o 
VI 



Algunas personas pu iierau creer que dam<tfi la prelerencia 
á Izaba! como puerto de mar, (dcHpués de haber dc8truido . la 
barra áA rio dulce), al ma/nifico pueito de Santo TttmJs; más 
se e(]uil)0carian: coiisiderHn.os «{Ue aun cuando se abra un ca- 
mino carretero hasta Santo Tomás, convendrá abrir otro <pie pa- 
se por la Verapaz y se termine en Izabal 6 LiwigQston, aprove- 
chando, para servirnos de la expresión de Pascal, del Camino 
(¡ue anda es decir del Hío Polochic. de la laíruníi y '?"' T?»o 
Dulce. 

La Verapaz, como lo hemos dicho nuichas veces, y iinin' nos 
ha podido t:iehar de e.xajeiacion. es el lentorio más hermoso de 
la República, el má-* privdejiado, el llamad» á atrner una nume- 
rosa población: la calida natural de sus pn)duct08 es el Océano 
Atlántico, su puerto es Izabal; su configuración geogr;(fica lo 
prueba demasiado. 

La Yerapaz produce ya el algodón mh fíno de toda al Repü- 



143 

blica, (algodón de Cahabo'n y de las márgenes del Polochic,) azú- 
ciir, grana fina, café de exquisita c;ilidad; tiene extensos terre- 
nos propios para el cultivo de un añil superior. Sus montes en- 
cierran la Zarzaparrilla en abundancia, el hule, la cera vejetal 
la palma ó junco de los sombreros; posee minas de plomo, de 
hierro, de yeso, de granito, salinas etc. 

Por descuido ó falta de capitales, no existen grandes cacahoa- 
tales en una rejión donde abunda el cacao silvestre. 

Porsupuesto, omilimos una multitud de otras materias pri- 
meras naturales y de productos agrícolas. 

No hablamos délas maderas de construcción, de los palos de 
tinte etc. que no se explotan por falta de puerto de exportacidn. 

Considere, pues, el lector por ese rápido resumen, el grado de 
prosperidad que alcanzaría ese vasto departamento con un ca- 
mino de ruedas que partiendo de Guat&mala y pasando por Sala- 
má, terminará en Panzós 6 Telemáu.! 

Para los pasajeros, el viaje sería cdraodo y muy hermoso á la 
vez: se gastarían seis días de Guataraala á Líwngston, tres días 
de Líwingston á Nueva-Orleans ó la Habana (en vapor) y 
quince días á Europa. Recibiríamos nuestra correspondencia de 
Europa en un término medio de veinte días y una gran parte de 
nuestro comercio de exportacidn; libre del monopolio de Pana- 
má, dejaría en el país grandes sumas de dinero. 

Porsupuesto el camino carretero de la Verapaz, debe ser el 
objeto de un estudio serio; más su ejecución no presenta dificul- 
tades insuperables. No se pasaría por Chinautla, San Antonio y 
El Carrizal y se evitarían muchas de las cuestas del camino ac- 
tual. Los trabajos más importantes ó más costosos serían los que 
exije el paso de la montaña de Chuacus. Ya en la Alta Verapaz 
se han abierto varios tramos de excelente camino, venciendo 
sin grandes erogaciones, muchas dificultades qtie durante mu- 
cho tiempo parecieron imposibles. 

Los inmigrantes encontraran en la Verapaz climas sumamen- 
te variados: terrenos selectos para el cultivo de inmensos caña- 
les, del cacao, del añil, del algodón, del arroz en las márgenes 
del Polochic, desde San Miguel Tucurú hasta Telemán; tierras 
para el cultivo del trigo, de las papas y otros productos de la zo- 
na templada, en fin, tierras para el cultivo de la viña, de la mo- 
rera, del olivo y de los naranjos. 

La Verapaz puede abastecer á la Isla de Cuba de granos y 
frutos de toda clase. Tiene abundantes pastos para la crianza 
del ganado; más, lo repetimos, solo por medio de caminos y 
de puertos de exportacidn todas esas riquezas no son ilusorias. 

Ojalá llegue á formarse algún día una compañía de capitalis- 
tas que fijando su atencidn en nuestros desafinados renglones, 



144 

visite la Yerupaz con algún deienirai nto. La destrncc (5n de la 
barra del Río Dulce y el establecimiento de una naveiración re- 
gular en el rio Polochic, no parecerán ens'íeños: la realización de 
eí?tos proyectos hará la fortuna de la compañía y la de una gran 
parte de la R^f)ública. 

La Compañía Inglesa de Boca- Nueva no se proponía otra co- 
sa, como lo supimos de-pués, CMnver>ando con el Señ«»r Ander- 
son uno de sus directores; mas la Compañ a Inglesa llegó dema- 
siado temprano, no d spuso tampoco de «n capital suficiente; y 
agngaremos cpie la Verai az era casi depcóüocida, y el país es- 
taba trastornado por la guerra civil. Por fortuna han cambiado 
las circunstaíicias, hemos enttado en la vín d^-l pn greso positi- 
vo, cada día se conoce mejor nu^^stra Re^-úblua y por ron>i- 
guiente tenemos el derecho de esperar. 

Jrüo Ro&siGXOX 



• 



Dirigen í^u^ aguas al Pacífico los rí'\<? siguienl*»»: 
Río de Paz. — El rio de Pazn:K-c en las inont<«Biis de Que/Ada 
en el Departamento de .lutiapH; se dirige al principio imni di reo- 
turneóte al S. y como á l.is sc'B bguas d** tiay cío se en amina 
en direccióri S. O. há la el Pacífico, sirviendo de línea diviso- 
ria entre Guatemala v ti Salvador. 






Río de los Esclavón. — Xace cerca de Ma*aqu<'S'*n¡ntlfl, en el de- 
partamento de flauta Rosa y ^e ditij^eal S. ha^ta d ParifiíK), 
donde desemboca por dos br zos. Recib-couio afluentes principa- 
les, por su 1 ido izquierdo, el rí»» del Mn'iuo y el de Margarita. 
Hay so^ire el río d»* los Ksclavos. m el camino c^uc conduce del 
Guatem lia ul Salvador, un m guifico pu< nte de manipostería, de 
107 varas de largo por 10 de ancho. 






Rio }rchatoy'i. — S b» de la 'aguna de Araiiitl^ín. se dirigí» ca- 
si dirtclameute al S. al Pacífico, sii viendo de línea divisoria, 



.:_ 145 . _ ; ^ 

en una parte de su curso, entre el departamento de Escuintla y 
Santa llosa. El Río María Linda, que le entra por sn ribera iz- 
quierda, es uno de sus principales aíluentes. Kl Michatoya es 
notable por las cataratas ó cascadas que forma cerca de San Pe- 
dro Mártir en el departamento de Amatitbín, teniendo la mayor 
como 200 pies de altura 

Son también notables el Río Guacalate, donde hay un puente 
de hierro y el Coyolate. que nacen en el valle de Chimaltenango. 
El Río Madre Vieja, que nace en las montañas de Patzün en 
Chimaltenango; el Río Xagualate, que nace entre los departa- 
mentos de Solóla y Totonica[)am; el Río Sámala cerca de Toto- 
nicapam y el de Tilapa en el departamento de (^uezaltenango. 
Todos estos ríos se encaminan directamente al Pacífico. 






Parécenos oportuno insertar en seguida el artículo de Salomé 
Jil titulado "El Puente de los Esclavos," porque, aunque su in- 
tención es hablar de dicho puente como obra muy notable entre 
las antiguas que poseemos, también describe el río que corre de- 
bajo de él.-r-Es el que sigue: 



EL PUENTE DE LOS ESCLAVOS 



A quince leguas de esta Capital, hacia el Sudoeste, hay un 
pueblecito situado á orillas de un río poco caudaloso en la esta- 
ción seca; pero que aumentando algunas veces extraordinaria- 
mente en los meses de lluvias sería peligroso á los caminantes 
que en número no corto tienen que atravesarlo, si no ofreciese 
cómodo y seguro paso un magnífico puente construido sobre él. 
El pueblo, el río y el puente son conocidos hoy íon el mismo 
nombre, Los Esclavos; habiéndolo tomado los doá últimos del 
primero, que lo recibid en la época de la conquista, por haber si- 
do sus desdichados moradores los primeros que se vieron marca- 
dos con el hierro de la esclavitud, en castigo de la resistencia pa- 
triótica y tenaz que opusieron á los conquistadores. 

En el siglo mismo en que estos países quedaron sujetos al do- 
minio de la España, llamó la atención del Ayuntamiento de Gna 



J4C 

témala la necesidad de levantar un puente ¿obre el río de los Es- 
clavos, que no dando vado en la estación de las aguas, inte- 
rrumpía el tnífico entre la capital y las provincias orientales del 
Reino. Ahí, vemos en las antiguas Crúuicas que por los años de 
1579, el síndico procurador de la ciudad, Baltasar de Orena, hi- 
zo moción para que se construyese el puente. Por uno ú otro 
motivo, esto no tuvo efecto hasta el año 1592, en que se em- 
prendió y casi concluyó la obra, siendo alcaldes ordinarios Don 
Juan Rodríguez Cabiillo de Medrano y Don Rodrigo de Fuen- 
tes y Guzmán, según se lee en una lapida colocada sobre el pre- 
til del mismo puente. Dirijieron la obra los arquitectos Fran- 
cisco Tirado y Diego Feli|)p. y se costió con el producto de una 
sisa de dos reales sobre cada botija de \in<», que con aquel obje- 
to se estableció. A p<*sír de la so'idez de la constrncciíJD, las 
crecientes del río maltrataron mucho el puente: de modo que en 
1620 era peligroso pasar por 6\ y fué necesario repararlo, lo cual 
se hizo por orden del Presiden ti.* Vcuña. Algunos años despuóí? 
se hizo precisa una nueva reparación, que verificó, en 1G3C, por 
comisión del Presidci.te, ilarqnrs de Tx)ren/.ana. Don Francisco 
de Fuentes y Guzmán. el autor de la Crónica de Guatemala cu- 
yo manuscrito se conserva inédito en el Ayuntamiento de (sla 
ciudad. Fuentes hiz) construir el >ólido bastión vulgarmente 
llamado ;»//í/a ffeíZwmo/*/*', que situado en medio de la madre, 
opone un obstsículo al ímpetu de las agna^ y hace que los gran- 
des maderos (jue estas suelen arrastrar, nose atraviesen en los 
ateos, sino que pasen longitudinalmente arrastrados con suavi- 
dad perlas corrientes. Kl puente do los KscUvos ha necesitado de 
vez en cuando otras reparaciones, y algunas de «onsideración ne 
han hecho en él en estos tiempos, por disposición de la junta de 
Gobierno de Consulado del comercio. 

El caminante (]ue ha oído hablar de la magnificencia del 
puente, y que por primera vez se detiene a' contemplarlo, eo- 
coentra que no es exajerado manto se dice do la im{K)rtancia y 
hermosura de esa obra. Bajan las corrientes del río precipitado 
por el encajonado cauce v al tocíir tan enorme bastión triangu- 
lar, se dividen y desparraman, bajo los once arcos de piedra 
canteada que sostienen el puente. A pocas varas de distancia, 
se precipitan desde una considerable altura, en medio de rocas 
desnudas y elevadas, formando una magnífica catarata, que des- 
peñsíndose con estruendo, se deshace en borbotones de hirvientc 
espuma. Ese espectrfcuh), en medio de una naturaler4i agreste y 
de una vejetacióu espontánea de cuya exhuberancia no puede dar 
idea una descolorida de5cr¡pción,é8 la obra de Dioí». Junto á ella, 
si bien no tan grandiosa, no menos admirable, está la obra del 
hombre: el puente, cuya pesada mole oprime y domin.i las aguas 



. . 147 ^ 

del río ofreciendo seguro transito al viajero, á pocos pasos del 
abismo. Ciento veintiocho varas de largo tiene el puente, y 
aunque bastante elevado sobre el nivel ordinario de las aguas, 
algunas veces hincha<^las las crecientes, suben sobre los arcos y 
aún han llegado á cubrir el piso mismo del puente. Pero cuan- 
do aquello no sucede^ este permanece levantado sobre las aguas 
que se estrellan en ]a.2miU2 de diamante y csien. más alia' con 
estrépito en su lecho de rocas. En los tiempos comuues, yo he 
visto una familia entera acomodarse bajo la macisa bdvela de 
uno de aquel os grandes arcos, para pasar la noche. 

En el espacio de doscientos setenta y tres años (1) que han trans- 
currido desde que se hizo el puente ¡qué c msiderable númeio de 
viajeros ha disfrutado del beneficio que proporciono la pr(^bi- 
da solicitud de los beneméritos patricios que dispusieron y 
efectuaron su construccióu! ¿cuántos serán los que al pasar por 
él, se hayan deteni io para leer í-iquiera la inscripción que tras- 
mite á generaciones talvez poco reconocidas, los nombres de 
aquellos bienhechores? Frente al nicho en que está colocada la 
lápida, hay otro que contiene una. imagen (íe la Virgen María, 
de medio relieve, cujo rostro y manos han sido lastimosamente 
mutilados. Esa tosca escultura debió haber sido respetada, así 
por lo que representa, como por ser un monumento de la remo- 
ta antigüedad. El deterioro que ha sufrido la im;'gt^n podrá ser 
obra del tiempo; pero también puede ser obra del hombre. 7hm- 
pus edax; homo edacior. 

La imaginación popular ee complace en atribuir un origen mis- 
terioso y extraordinario á aquellas obras que considera demasia- 
do grandes para poder ser hechas por medios humanos. Así, el 
puente de los Esclavos tiene su leyen la, que ha conservado la 
tradición hasta nuestros días y que prueba que el pueblo es poe- 
ta en todas partes. Se cuenta qne allá en tiempos remotos, 
un rico y despiadado propietario tenía gran número de esclavos, 
á quienes ca-tigaba con crueldad por las más leves faltas. Una 
vez sucedió que uno de aquellos desdichados estaba condenado 
á sufrir el duro tratamiento del amo, por no sabemO'? que des- 
cuido, y buscando los medios de evitar su desgracia, llamó en su 
auxdio como consejero al cimún enemigo de las almas. La su- 
ya le ofreció el esclavo, á trueque de que le sugiriese algún ar- 
bitrio para evitar el castigo que le amenazaba. El demonio en su 
astucia; combinó sus planes y dijo al esclavo fues-e á ofrecer á 
su Señor entregarle concluido en una sola noche un sólido y her- 
moso puente sobre el río, obra deque r^iportaría grande utilidad 
el propietario. La idea pareció feliz al esclavo, y quedó firraa- 



(1) Hoy 399 aüos. 



148 

do el pacto. El diablo liaría el puente; el hombre entregaría el 
alma. Aceptó el amo la oferta y se suspendió la imposición de 
la pena. Puso en el instante Satanás manos á la obra, haciendo 
de arquitecto y de albanil; mandil ceñido, escuadra y cuchara 
en mano, comenzó á construir el puente como por encanto. Los 
arcos iban formándose uno en pos de otro, y terminados, edificó 
el piso del puente y los pretiles, con arte y diligencia tales, que 
sólo en él pudieran encontrar^^e. Mas sucedió que el esclavo, ú 
medida que adelantaba la obra, comenzó si comprender lo one- 
roso del contrato, y dispuso eludir su compromiso, burlándose 
del diablo. Se dirigió al rio hacia al amanecer, y encontra'ndo 
que el artífice daba ya la ultima mano á su obra, se le acercó di- 
simuladamente y mostrándole una cruz que llevaba oculta, hizo 
huir al enemigo, quien no tuvo tiempo sino para dar un mano- 
tón al remate del puente, desgajando la última piedra, que di- 
cen falta desde entonce?, pues aunque la han colocado varias ve- 
ces, vuelve á desaparecer. Kl taimado esclavo entregó al día si- 
guiente la obra al amo, d ípiien por lo visto importó poco que 
fuese hecho ó no por ma'as artes. El siervo quedó salvo de la 
pena y aun obtuvo la libertad en premio. 

Tal es la leyenda relativa á la construcción del puente de los 
Esclavos que he recogido de la tradición popular. Ella debiera 
ser aprovechada, y acaso lo sertí \n)v alguno de nuestros poetas, 
que desee ampliarla, dando forma á la descarnada narración 
que por primera vez ve la luz pública, en estas deftaliiindas 
páginas. 



Salomé Jii.. 






Ya que hemos hablado del Puente de los Esclavos ponemo<- 

en seguida algo de 

^ KL PrEIVTK l>KL RIO (¿RANDE 



Kl primer puente de hierro que hubo en el país fué el que el 
año de 1842 se hizo venir de Londres para colocarlo sobre «•! 
Uío (Irande. en el camino que de Guatemala conduce á la Vera- 
paz. El puente se introdujo por Izabal y el Río Polochic, siendo 
Presidente del Estado Don Mariano Rivera Paz y corregidoroí* 



149 

de los departamentos de Izabal y de Verapaz respectivamente, 
Don Ger(5uimo Paiz y Don Manuel Gálica. El costo principal 
del puente en Londres fué 2,500 libras esterlinas, y los gastos 
de colocación se presupuestaron en 1,500 pesos, sin contar los 
valiosos auxilios de brazos y materiales que los pueblos y fincas 
interesadas ofrtcieron para la obra. Su conservación y repara- 
ciones se tnconmendaron al Consulado de comercio, á cuya cor- 
poración se autorizó para cobrar un derecho de portazgo, consis- 
tente en un real por cada fardo de artículos extranjeros; medio 
real por cada bestia con carga ó sin ella; medio real por fardo de 
cualesquiera productos del país, y otro tanto por cabeza de ga- 
nado mayor 6 menor, de cerda ó lanar. El puente no sirvió más 
({ue del año de 1844 en que se extrenó ha^la 1852, porque no 
habiéndosele dado á las bastiones en que descansaba toda la al- 
tura necesaria, las crecientes le echaron á pique durante el tem- 
poral memorable del citado año de 1852. 

Y como el dicho puente se colocó sobre el río que antes se lla- 
mó de la Garrucha, viene bien aquí lo que sigue que no carece 
de interés histórico: 



í. A G A R R U € H A 



El héroe del Nia'gara, que llaman Blondín y cuyo verdadero 
apellido es Gravelet, no es un hombre ordinario. 

Es el primer maromero del mundo, es por mejor decir, el rey 
de la iTiaroma. 

Ahora que le hemos pagado un tributo de admiración, dire- 
mos que no hay motivo para desmayarse de gozo sólo al pronun- 
ciar su nombre, como sucedía no há mucho, cuando el célebre 
volatín estaba en boca de todos los franceses que admiraron sus 
suertes en el hipódromo. Lo que él hace es extraordinario, por- 
que él es el ú[jico que lo ha intentado. Es el resultado de un 
estudio largo, hecho por un hombre sin miedo. 

Hay ejercicios mucho más peligrosos aún que ese, ejercicios 
que sé hacen ante un número infinito de espectadores, por per- 
sonas que no adquieren en ello ni fortuna, ni honores, á veces ni 
un po.'o de consideración! Queremos hablar del paso de una co- 
lumna de periódico encima de la cuerda tirante de la Gramática 
Castellana, con una pluma por contrapeso ó halaiicín y la opi- 
nión pública en los hombros 



_^ 150 

Cuando se efectúa ese peligroso paso, no hay que hacer una 
tortilla de huevón como Blondíu; pero es preciso dejar escriio un 
ariiculo. 

He aquí por qué vamos á hablar de la Garrucha, (jue no cono- 
ce BloníJín y que no figura eu la Exposición Universal de París, 
lo que es de sentir. Sea dicho esto con mu< ha seriedad, aunque 
pienst n algunos que aqui no se trata más que de brotitas. 

El paso de un río por la garrucha, es una cosa ingeniosa, de 
una sencillez extraordinaria y que titne todo su mérito quizás en 
esta misma sencillez. 

La garrucha no merece su mala fama. La mayor |>arte d»» las 
personas que la denigran, no la han visto nunca, o han temido 
pasar por ella. Esio sucede á mtnudo en materia de difnm:icicín. 

Verdai es que ú primera vista, tste mtdio de pasar del otro 
lado de un río caudaloso, en toda la fuerza de f-u t-recieute, col- 
gado á una altura de diez ú quince VHras, encima del abismo, 
sentado en una faja de ovillo que pende de una garrucha a.'^az 
pequeña, no deja de asustar al viajero timido; más después de 
haber ex|)erim«ntado esa iittera í»eM«arío;:, que dura apenas un 
minuto, el viaje aéreo i;o es tan pesa lo. hlsle paso parece jm li- 
gros<>; pero en reulidad no lo es, sobre t« do cuando los cables 
eon de bastante grueso y de buena hechura y cuando el garru- 
chero enti( nde su oficio. 

Recomendamos á nuestros lectores la garru« ha que el Señor 
Don José María Escamilla mandij establecer pata el .-ervicio de 
8u hacienda de Ll4mo Grande, un poco miís abajo del puente des- 
truido y á dos pa»os del vado, en el río grande, camino de Sala- 
ra ;í; pero recomendamos mtís aún al ¡nteliüeule y esforzado mo- 
zo que desempeña el cargo de garruchero. Dolores Redoya. 

El oficio es de los mus penosos, cuando el rio echa crecientes 
fuertes. Como á menudo íucede, dur.inic la e8t<!ciiin de «giiAS*. 
hay que pasar las bestias á nado y el gariuchcro tiene que echar- 
se al río, que luchar contra la fuerza de la corriente y liiliar ii 
i.ado con animales á veces muy asustadizos. Si u todo esto »e 
agrega que el lugar es de los m;ís calientes, serú ftícil furmar-c 
una idea de los muchos trabi-jcs que pasa un garrcchero. 

Hem( s admira'lo la ^ol¡(iez de la garrucha, la prontitud con 
que se pasa por ella y nos h( mos ion vencido de que no «frece 
riesgo alguno. No se nos ha citado hasta ahora uu «dio acciden- 
te que haya aconte cido en el pa-o de la garrucha. H mos vist» 
f asar fardos de un pe. o enorme (de l(í hastn ló quinta1e8),'flin 
que se advirtitra otra cosa nuís que un pequeño atíoj.imiento del 
cable. Claio » s que después de un experimento de esta nittuialc- 
za, no hay temor de que se rompa el cable ó la gnrruiha mi.«roa 



151 

con el peso de una persona, aü:i cuando fuera ó-ta de las de una 
gordura exepciona). 

Conceemos personas que pretieren pasar por la garrucha, 
(uando ti lío da vado, á atravesarlo montados, porque hay rae- 
nos riesgo y se nos ha contado que una señora, por diversión, 
pagó al garruchero del río grande el plac r de caminar por el 
cable aéreo durante media horp, sin apearse de la hamaca col- 
gadiza. — (Histórico.) 

El garruchero tiene un tino exepcional para apreciar de un 
sólo golpe de vista el valor de sus parroquianos forzosos. Si co- 
noce que es persona de poco ánimo, 6 que pueda sufrir un des- 
mayo, con el ma's fino primor coloca al paciente en la hamaca, le 
ata los brazos, las piernas j el cuerpo con un pial suave, da unos 
cuantos consejos má-! ó menos chistosos y adecuados á la índole 
del en g arruchado, suelta el bulto y grita al compañero que está 
en la otra ribera: ahí va ése, Jala duro; ó bien remeda á los yan- 
(|ues y grita: all ri(jJit! ¡<jo aheadl (ya esta todo; adelante!) 

Para las persona'^ de cabeza débil y que no pueden verse col- 
gadas en el vacío, la mejor precaución es cerrar los ojos, y ha 
sucedido ya que un viajero miedoso los mantuviera cerrados mu- 
cho tiempo después de haber llegado á la ribera opuesta del río, 
riéndose á su costa todos los concurrentes. 

Suceden á veces cosas muy chistosas en el pa.so de la garru- 
cha, particularmente al aproximarse la ft^ria de San Mateo, (Sa- 
laina). Dolores Bedoya se propone escribir una fisiología de la 
garrucha, que sera' un libro bastante divertido. Mientras tanto 
se da á luz la obra de ese mozo original, he aquí la clasificación 
que hace de los pacientes: "los guapos, los elegantes, los (jíie lo 
conocen todo, \os jaraneros, los desmayados, los muertos, los eiic- 
tnigos del monopolio, los dcscontentadizos y por íiltimo las mujeres 
lijeras en el aire.^' 

Hemos sabido que el General Paredes, en uno de sus viajes 
á la Verapaz, se quedó detenido de la garrucha del Río Grande, 
por hab n"se roto el lazo que sirve para tirar de ella. En aquel 
momento, el valiente General experimentó una sensación poco 
agradable y muy {/arecida al miedo; porque, como se ha dicho 
ya ma's de una vez y con bastante razón, hay varias clases de 
valores^ ó por mejor decir el valor es relativo. Ksta era la opinión 
de Carlos V, que debía ser buen juez en la materia. El gran 
Emperador interrumpió un día á uno de sus capitanes que se 
jactaba de no haber couocido jania's lo que es miedo. 'Calle, le 
dijo Carlur V, Ud. nunca ha probado despavilar una vela con los 
dedos; porque Ud. hubiera tenido el miedo que todos tenemos 
en semejante caso, de (juemarsc los dedos.'' Pero volvamos al 
General Pa'edos, uno de lo^ militares más valientes qne ha ha- 



162 

bido en el país. Cuando se vid colgado en el aire, á la altura de 
quince varas, encima de un río furioso y echando espumas, 
aquel digno Jefe se puso algo pálido y grito á los soldados para 
que alguno lo sacara de tan fatal apuro. No hay para qué decir 
que en efecto un soldado subió por el cable como un diestro ma- 
rinero y pudo atar otra vez el cordel que se había re\entado. 
Hemos oído decir pues, al mismo General que aquel día pasó un 
mal rato y que nunca se le borraría de la memoria. 

Creemos que la garrucha es susceptible de perfección, que la 
que sirve para los pasajeros debiera ofrecer, sino más seguri- 
dad á io menos mayor comodidad y decencia. Lo mejor sería 
establecer una barca chata, espaciosa, en la cual pueden embar- 
carse no sólo las i)er8ouas, sino las bestias ensillaJas, el ganado 
y los bultos de todo peso y vo!iímtn. (1) Ksta barca, llamada en 
francés hac, se maneja por medio de una garrucha casi igual á 
la que se emplea en el día para hacer pa¿ar los vi-djeros en el ai- 
re. Una embarcación de esta cla-e puede reemplizar muy bien 
un puente y dura mut hos años. Kn todos loe puntos donde se 
difículta la construrcióu de un puente, se puede e>tablecer como 
se. hace en Europa, y desearíamos que se probase ese sistema en 
algunos ríos de la República, como en el Uío Motngua, (camino 
del golfo), en el Polochic, (camino de Telemúu. |)aso de (a hitwa- 
c((,) en los caudalosos ríos de U costa grande. 



,1 i; 






Como se ha visto autus, el Micbaloya camina también hacia el 
Pacífico y desemboca en él, y es notable por más de un lílulo. 
Entre sus hermosas |)eculiaridades es la de !as cnncadaH i^ue for- 
ma: de una de ellas liabla el St'fior don Antonio liútres J.en hu 
opúsculo ''liosquejo de (tu-)t< mala en la América Central" cu 
pocas, poro poéticas fr.isrs «|Uo s«ii la .«-iguieute>: 

*'IiOs rayos del sol «b» los trópicos, aninumdo aquella lluvia 
lina cual rocío y sombrando una multitud de perlas sobro las 
liudísimas hojas de aquellos grandtti tírbolc.s eternamente ver- 
des, hacen imposible una de-cr¡|)cióu exacta de tan maf?nílic*a 
esi ena. * 

Y en una de las varias dirt cciones de su curso, vienu el Micha* 
t03'a á despenarse á inmediaciones de otra especialidad que po- 
s^e Guatemala tan pintoresca cono rara y que con tanta natu- 
ralidad describe el i^eúor Uossignóu en el siguiente arlícul": 



(1) Dirha iadicucioii wriu Iiov yu iuiítil }Mtn|ii<' liao» al^nmiM «fiiv. «|Ui* )lir)i 
M> jMisii jH>r »in s«»litlo y lurtno»»» in«»nif.— h^íT/ hUlitm) 



153 

LA GRUTA DE SAN PEDRO MÁRTIR 



En el camino que de esta Capital va para Ei-cuintla, distante 
de esa villa cerca de dos legaa?, se encuentra una pequeña y mi- 
serable aldea, á la que han dado el nombre de San Ptdro Mártir, 
Como muchos de esos pueblecitos que se ven en los caminos rea- 
les concurridos, éste no se compone sino de unas cuantas casas 6 
ranchos colocados á uno y otro lado de aquella carretera. Por 
su clima y posicicjn se puede decir que este lugar es la puerta de 
la costa de Escuintla, y es también donde por este lado termi- 
nan las sierras y montañas, que atraviesan y llenan la Repúbli- 
ca. Allí se abre y presenta un magnífico horizonte, que domi- 
nan al Poniente los volcanes de la Antigua, al Oriente el de 
Pacaya y otros elevados cerros de la cordillera, y que ofrece al 
Sur una grande extensión de costa o sea un terreno bajo y 
plano, limitado al frente, en toda su longitud, por una faja del 
Pacifico que se une con el Cielo. 

Pero lo que hay de notable en ese lugar, es la gruta y casca- 
da que tienen el mismo nombre de la aldea y se encuí^ntran co- 
mo a unas seis ú ocho cuadras di^tantes del camino. Objetos 
sorprendentes, admirables y dignos de ser vistos. Por su proxi- 
midad á Escuintla son en efecto visitados por algunas pocas per- 
sonas de las que, de la capital y de otros puntos, van á hacer t( m- 
porada á aquella población; pero siempre es muy escaso el níímero 
de los que hacen esa expedición, que sin ofrecer sino muy pe- 
queñas dificultade-, compensa abundanlemeute el trabajo, muy 
poco, que se toma en veccerlas. 

Hallándome yo este año en Escuintla en la temporada, y te- 
niendo deseos de conocer la gruta, por lo que de ella me 
habían referido, invité i mis amigos Juan y Miguel, que esta- 
ban también allí con el mismo objeto que yo, lí hacer ese paseo, y 
convenidos los tres salimos un día á caballo y muy temprano con 
dirección á San Pedro. 

El camino hasta ese piínto no ofrece ninguna particularidad. 
Llegados á él nos dirigimos á la morada del Alcalde auxiliar del 
lugar para que nos proporcionase un guía. Pronto tuvimos no 
uno sino tres, que se ofrecían gustosos á prestarnos ese servicio, 
por lo que quisimos darles. Como lo que abunda, no daña los 
aceptamos á los tres, y ellos adelante, todos nos pusimos en 
marcha. 



1Ó4 

Después de haber caminado como ocho cuadras hacia el 
Orieote, dimos una vuelta y comenzamos á bajar una cuesta al- 
go pendiente, y en una dirección enteramente contraria á la que 
antes habíamos seguido. Antes se bajaba á la gruta por uua al- 
ta escalera de palos, pero ha^.-iendo este pequeño roJeo, se ha 
evitado aquel peligroso paso. Por el lugar donde la ponían, vi- 
raos descolgarse uni porción de muchachos. Kr&n nuevos guías 
que iban á ponerse á nuestra di^^posición, sin duda sólo por ama- 
bilidad .... Enfrente de ese sitio nos apeamos, pues ya los caba- 
llos no podían pa^^ar, los dejamos al cuidado de una parte de nues- 
tros nuevos compp.ñeros, y á pie seguimos a leíante 

A pocos pasos encontramos un río. Esiee? el mismo que mus 
arriba hace la rascada y cjue es algo caudaloso. Lo pasamos por 
un pneutecito de palos, tan bajo que casi lo mojan las aguas dtl 
río. No muy lejos se vuelve ú pasar é>te por uo puente entera- 
mente idéntico. Todos losaíiníi en (iempode la concurrencia de 
gentes á Escuintla, los vecinos de San Pedio timen el cuidado 
do construir esU»H dos puentes con baíitante trabajo y riesgo, y 
escusado es decir pue la primera crecióme del río. lo» iK)De en U 
necesidad de liU'vrlos «-I siguiente ano. 

Habiendo pasado esta según la vez el río. ya nos encoutnimoí< 
bajo el techo de la gruta, tcni*'iido la cascada á la derecha. A me- 
dida (]ue nos internáhamos, non parecía a(|uella mucho mAs|rran- 
de que á primera vista, y es efectivamente de bastante exten- 
sión y altura; pero sus dimensiones me sería difícil poner ni aüo 
aproximadafufnte, no siendo nada hábil para esa cla.^Hj de 
cálcuh s. 

Cualquiera se iniaginaru al oír decir gruta, y á mi ne sucedió 
que esta es como otras uní cavertta cerrada y oscura; pero no 
tiene nada de lo uno ni de lo otro. Es una verdadera e.«peciali 
dad en su clase, y creo que bien se podrá asegurar <]no en ti 
mundo ésta es la única en su género. 

Es una inmensa concha, es una grandísima biJveda corlada 
por el mtdio de su parte siqHTior y sin ningiin .«^o.-ítén |K)r ese la- 
do: esta formada de nn.i pií'dra gris amontonada y colocada t-n 
fragmentos de mayor ó men'r tamaño, y «c sostiene contra to- 
das las reglas cono?¡das del artí». El pi.^o está cubierto de pie- 
dras, de las que unas habrán c.\'stido allí siempre y otitis se co- 
noce han caído de arriba. Esto hn<5e la marcha dificultosa y 
molesta. 

A caus.i de la estructura de la gruta, lus primeras impresio- 
nes que se s'enten al < ntrar en ella, son de terror y miedo. Es- 
tas sin embargo, pasan al momento, al considerar la solidez con 
que está construida, al r. cordar todos los siglos que llevará de 
existencia, y pensar (jue no ha de ^Aav uno tan tlesh'muio j>ara 



I 



155 

tener un sepulcro tan extraño.' Entonces se suceden la admira- 
ción y ese placer particular, sin nombre que se siente al contem- 
plar las obras grandes de Dios. 

No es solo el estar bajo e;^a magnífica bdv^^da de piedra lo 
que hace que el alma sienta ese placer indefinible, e^a sensa- 
ción inesplicable, es si todo el sorprendí nte y encantador con- 
junto lo que admira, lo que encanta y extasía. 

Colocado uno con la espaliJa vuelta al muro de la gruta, tie- 
ne al frente el río, que aún va asuntado del precipitado paso que 
sella visto obligado á dar; detras de él se ve un fondo de v»je- 
tacidn lozana y verde dorada por los ardientes rayos del sol déla 
costa; á la derecha, allí donde termina la gruta, árboles frondosos 
y elevados que se pierden de vista: á la izquierda la cata-ata, 
ó sea salto que hace VI río. Toda la masa de sus aguas se preci- 
pita por una pequeña abertura de la roca en una altura como de 
ocho íídiez VHras. Esto es sin duda, lo que hace mas bello, gran- 
di(/SO y- sublime el espeftáculo. 

* El agua, dice un autor contemporáneo, es siempre una] cosa 
admirable bajo cualquier punto de vista; es en un [laisaje, loque 
un espejo en una ¡-ala, es el ma's animado de todos ios objetos ina- 
nimados; pero una cascada es superior íí todos. Es verdadera- 
mente el agua viviente: cree uno que ha-ta tiene alma, intere 
san los espumosos esfuerzos que hace al estrellarse contra ks 
rocas; se escucha su voz que gime al precipitarse: í-e lamenta 
uno por su caída de que no le consuela la espléndida gasa, que 
con sus rayos le hecha el sol al pasar; despi es finalmente se 1h 
acompaña con interés en su carrera más tranquila enj^medio del 
valle, cual se acompaña en el mundo la existeiicia reposada de 
un amigo, cuya mafiana han agitado vi'dentas pasiones" 

La fuerza del torrente ha ahondado en alguna extensión el 
sueh' en donde cae; allí se ha formado un pequeño lago, en el cual 
flotan blancos y sólidos copos de espuma, y que puede servir de 
un cómodo y agradable baño. Ceica de este y del muro de la 
gruta por entre las piedra*, sale una cristalina y graciosa fuente, 
que va á mezclar sus aguas con las del hguito s!n|pretensiones; 
pero ni con modestia, pues parece que conoce cuanto en el'a valen 
su primor, su gracia y gentileza. 

El estruendo del agua al caer, el ruido del río que corre y el 
murmullo de la fuente que brota, y todos eses sonidos repetidos 
de los ecos de la caverna, ^on tan grandes que parecen muchas 
tempestades á la vez, sin inter/upción y sin descanso. Esteles 
el complemento del grandioso espectáculo. Allí las voces hu- 
manas no se oyen, son impotentes, se pierden, se aniquilan. Los 
que se hallan en la gruta, se entienden, sin embargo, pues bajo 
unas fuertes impresiones, parece que aumentan las facultades del 



156 

alma, se penetran y comprenden con facilidad los pensamientos 
de los otros, y í-in trabajo damos á conocer las nuestro?. 

Hace siglos en su principio, debe haber sido esta gruta una ca- 
verna ó cavidad subterránea, de esas tantas otras que existen 
en la naturaleza, uno de esos grandes poros, cuyo origen debe 
datar desde el enfriamiento de la tierra. Quiso la casualidad que 
pasase exactamente encima de ella una cornente de agua. Esta 
con el tiempo debe haber ido cavando la parte superior de la 
gruta en donde más cargaba, quitándole asi una parte de delan- 
te y de un lado, hasta que se encontró con la pared anterior de 
ella. Resultó naturalmente de lo que habia sucedido, como pri- 
mer efecto, que la caverna quedase dividida y desmembrada, que- 
dando la parte de ella que sub-iste, soldmeote á causa de la 
extraordinaria solidez con que está formada; y com»» segundo 
efecto la cascada 6 caída, que hace el rio de la parte alia á la 
inferior de la que hoy es media caverna ó media gruta. 

Después de haber |»asado un largo ralo en ccnteraplar aijue- 
líos admirables objetos, tratamos de almorzar, i.aralo cual habla- 
mos llevado algunas provisiones; teníamos buen apetito: asi es 
que lo hicimos perfectamente, como suele decirle. 

Luego nos entretuvimos uo poco en de>cirrar algunos notubres 
de personas cpie hablan visitado la gruta. Casi todos eran inin- 
teligibles; pusimos los nuestro> y la fecha del niinmo modo, y yo 
sin darme razón porqué lo hada. Vis un hecho univerí^al este de 
querer unir nuestra memoria á los grandes monumentos de la na- 
turaleza, del arte ó de la historia que conocemos. Por eso vo- 
mus esas inscrípi iones en todas las grutas, en las cimas de los 
volcanes, esas cruces señales en los árboles; por f so también 
esos legistroH que se eneucntrnn en los logare» notables i\v 
otros países, donde asit ntan sus nombres los viajeros que los vi- 
sitan. Este es un hecho, como lo he dicho, pero cuya razón 6 
causa por má.< que he ivlle.xionndo, no he ¡lodido alcanzar 
tadavía. 

Nuestra vuelta fué sin ningíin euiitratiem|K); al acabar de su- 
birla cuesta nos desix'dimos d( nuestros gulas, quienes queda- 
ron muy salisiViho-i con lo (pie les dimos, y que liabltiu de agr^* 
deccrmu esta relación áv 1í>. visita, (|ue yo hice á la grata, si el'a 
les pudiese proporcionar otros curioso* visitantes. 

En í*'an Pedro pasamos á decirle ndios al Alcalde: t*ste con 
bastante interés nv)s preguitó sobre nuestro viaje, y (|Ue si no 
habíamos vibto el íxtíVo (jue había en la gruta. Le respondimos 
negativamente. Hay sin embargo, uno nos dijo, que dejó Cipria- 
no Méndez cuando se h> IK-vó el dueño de la gruta. ;.Cürao así? 
le preguntamos. Este Cipriano, nos contestó, era vecino de este 
l>i(ehh, é iba con frecuencia á la gruta á pescar caman^nos. Cna 



157 _^_^_ ; 

vez, viendo que S9 dilataba más de lo ordinario, y que no vol- 
vía, su mujer y otros vecinos fueron á buscarlo; pero inútilmente, 
ni sus señas. Sólo vieron escrito en una piedra que el Señor de 
la gruta se lo había llevado y nunca más se ha vuelto á saber de 
él; y desde entonces añadió, ninguno se atreve á ir sólo á la 
gruta. 

Bajo un sol abrazador hicimos el camino de San Pedro á Es- 
cuintla, pero pronto estuvimos en este lugar descansando, y re- 
cordando las impresiones que la visita á la gruta nos había 
causado. 



Guatemala, Abril de 18G4. 

J. R. 



EL RIO PENSATIVO 



Eá un riachuelo que coo sus mansas y cristalinas aguas contri- 
buye á fertilizir los terrenos de la Antigua Guatemala; pero que 
algunas veces se ensobervece y pierde su apacibilidad con ol 
grande caudal de agua que le entra en tiempo de lluvias y ha 
causado no pocos desastres; estos eran mayores antes que ahora 
como se ve por las siguientes noticias históricas: 

^^Una de las inundaciones que el Rio Pensativo cau^ó Á la ca- 
pital del reino de Guatemala, tuvo logar f\ ano de lóGO, y á 
consecuencia de esa catú'<trofe, se construyó el puente que se lla- 
mó *'E1 arco de las monjaj*,*' y en sejiuida se hizo otro en la tra- 
vesía de las calhs de Chipilapa y Santa Cruz, y |K)r último, el 
de Los Remedios, en H»14, siendo Presidente el Conde de la 
Gomera, á\6 orden y diseño p ira la fabricación de U fuente de 
la plaza mayor. El puent» K^-obn* el Pensativo en el camino de 
Ciudad Viejí, se (chu en IGMÓ; pero cuatro años después se re- 
pitió la avenida ó inundií de nuevo la ciudad. Parece que enton- 
ces se le formó acequia para darle declive profundo, pues ya en 
1691 el Ayuntami»fnto la mandó limpiar. 

A consecuencia de la avenida del año 1088. «e construyeron 
nuevos puentes en las calles de Santa Cruz y ChipilafMi. hasta 
"El arco de las monjas,' y miís arriba, á cuarenta varas, se cons- 
truyó otro, quedando en medio un pila que hermosea la en- 
trada. La del frt nle de la f)orteria de la Concef ción, fue» cons- 
truida en 1720. En la salida de la calle del Rastro se echó otro 
puente sobre el Pensativo en 1705; y nueve años más tarde se 
construyó otro más en el paso para San Lorenzo al de Magda- 
lena, que va íi salir á la mar del Sur con el mimbre de Gua- 
calate. 



I 



I 



1^9 

Por lo visto, el Rio Pensativo daba más en qué pensar antes 
que ahora." 

, Más como de vez en cuando el dicho riachuelo vuelve á las 
andadas, el Gobierno mando á hacer un estudio formal sobre el 
particular y tal es el origen del siguiente informe contenido en 
la carta que á continuación insertamos. 



r 



CARTA SOBRE EL RIO PENSATIVO 



Señor Don Manuel Arzu Saborío. 
Mi a preciable amigo: 



Por acuerdo del Ministerio de Fomento he tenido que dedi- 
carme últimamente íí hacer un estudio detallado de las condicio- 
nes en que se encuentra el río Pensativo, que circunda por la par- 
te del Sur la ciudad de la Antigua Guatemala ;u fin de dictar las 
disposiciones necesarias para impedir que sus aguas continúen 
inundando como hasta aquí, en la época de las lluvias, los barrios 
de la ciudad que le son adyacentes. 

Al presente, que tengo terminados mis trabajos relativos a es- 
ta cuestidn, con gusto cumplo á üd. mi palabra empeñada de es- 
cribir para las columnas de ''El Porvenir" un artículo descripti- 
vo, tratando este asunto con toda la desnudez de la verdad, ha- 
ciendo una relación sencilla de los males que los desbordamien- 
tos periódicos del rio causan en la ciudad, de los motivos que los 
promueven y de los medios que existen y deben ponerse en prác- 
tica para evitarlos. A este propósito me bastará trascribir á ü. 
casi literalmente loque tuve el honor de informar al Señor Mi- 
nistro de Fomento cuando le di cuenta con el resultado de mis 
operaciones. 

El Pensativo está formado en su principio por un gran núme- 
ro de cañadas insignificantes á la simple vista, que reúnen en 
cierta época del año las corrientes pluviales en la parte Nor-oeste 
de la elevada colina que se baja al llegar á la Antigua por el ca- 
miuo carretero de la hacienda de Barcenas. Estas cañadas que 
en tiempos normales carecen en su mayor parte de agua corriente, 



162 

reúnen á menuJo en la estaci(5n de las lluvias nn volumen de 
agua mucho mayor que el que puede contener el cauce deJ Pen- 
eativo en las condiciones en que se encuentra; de dontle resulta 
que resbalando li corriente j.or los d» 1 río se derrame priocipal- 
raente en las calles llamadas Sucia v de Sta. Lucía, en el lugar 
ocuparlo por el rastro y en la csirva que forma el rio en el puen- 
te de San Ignacio, causacdo en todos estos sitios los males que 
son propios de las inundaciones. 

Tanto el informe emitido Sobre enti cuestiou por el señor In- 
geniero Augusto Dillón, que á fines del año de 1870 se había 
ocupado ya de sa estudio, como délos; informes emitidos por al- 
gunos de los principales vecinos de la Antigua, aparecen justa- 
mente reconot-idas las causas que determinan los dt'sbjrdamien- 
toá de las aguas del río, cuyas cansas paeden meDciooarse en el 
orden siguiente: 

Primera. El enzolve violento y considerable del cauce del Pen- 
sativo (¡ue se verifica por la gran cantidad de (ierras arcillosas 
arrastradas por la corriente de este río en sus crec¡ent<»s; tierras 
provenidas de los derrumbamirutos que tienen lu^ar en el talud 
superior del camino carretero de Hárcf ñas, así como de las lade- 
ras de la mencionada colina, que habiendo .«ido desmontada* y 
cultivadas en una gran parte, ofrecen en la actualidad ú la acción 
de las lluvias una superficie muy delc:i'nab!e, debido á la misma 
formación geológicii de aquellos terrenos. 

Segunda. Los diques que se construyen en el cauce del rio ¡Mira 
elevar el nivel del ajjua y darle uii cambio de dirección con el fin 
de regar los terrenos de alguna finca vecina. 

Tercera. Las curvaturas que forma en la aelualida»! e>l«' r,<.. 
las cuales dan á su corriente un de.^arrollo considerable <li-im- 
nuyendo de este modo la inclinación de su couoe y en consecuen- 
cia su velocidad. 

Cuarta. El tráfico de los ganados sobre Ioíi bordes arenosos 
causa también constantes derrumbamiento?, que |K)r pequeños 
que quieran suponerse contribuyen á formar el en.'*o!ve. 

Con el fin de conocer en su verdadero valor los medios posi- 
bles para evitar los d» sbordaniientns de las afinas una vez reco- 
nocidas las causas que los promueven, practiqué una nivelación 
de los fondos del río á partir del puente llamado del Maiasano 
hiícia la vuelta llamada de San Ignacio en ura extensión de tres 
Udómetros; a-í como otras nivelacione-! parciales en el J^entido 
de las líneas que á primera vista ofrece mayor inclinarióu en la 
parte del vallo en qu^^ osUi situada la ciudad, siguiendo l.m. 
de Gíilvez y de Santa Lucía, y en seguida reconocí «1 lí 
Portal desde dos kilíímetros arriba de su confluercia con el Pen- 



163 

sativo, hasía la cascada que forman las ao^aas de ambos ríos a' 
inmediaciones del caserío de Cimiad Vieja. 

La cuestidn de pendientes es de la maj'or importancia en 
asuntos de la naturaleza del que me ocupo, y debido á esto re- 
petí la nivelación de este río con toda escrupulosidad, acompa- 
ñado en este trabajo por dos alumnos de la Escuela Politécnica 
don Francisco de León y dou Tadeo Taracena. Al comparar los 
resu'tados (¡b'enidos por raí con los consignados en el informe 
del señor Dilldn ¿e encontré una aproximacidn notable, no dife- 
rencia'ndose la ültura de unos mismos puntos fijos, situados de 
mil á dos mil metros de distancia, sino en cinco centímetros á lo 
más. 

Posteriormente he practicado una nivelación por la calle siícia 
con el fin de conocer el resultado que se obtendría si se arrojase 
por ella la corriente del Pensativo, hasta unirla á la del río del 
Portal unos cien metros abajo del puonto llamado de Peralta. 
En este trabajo fui acompañado por el Ingeniero topógrafo don 
Salvador Herrera, alumno también de la Escuela Politécnica. 

Por medio de estas nivelaciones pude conocer desde luego que 
el ensolve del Pciisativo es debido esencialmente á que el decli- 
ve que tiene su cauce desde 400 metrc s arriba del puente del 
Matasano, no es suficiente para facilitar el deslizamiento de las 
arena?, las que por tal razu'n principian a detenerse en el fondo 
desde el citarlo puente. El declive que lleva el Pensativo abajo 
del Matnsano no excede de uno por ciento y en algunos tramos 
es mucho menor, no pasando de 60 centesimos de unidad por 
ciento. Estos declines tan insignificantes se encuentran en tod'a 
la extensión del va'ledela Antigua que atraviesa el río Pensati- 
vo husta su confluencia con el del Portal. 

Fácilmente se concibe que las tierras arcillosas y calcinadas 
cuyo peso es tan considerable, sean arrastradas por la corriente, 
entre tanto ésta se deslice con una fuerza de veb cidad suficiente 
á evitar que se depositen en el fondo; más, cuando no está en re- 
lación esa velocidad con el peso que debe conducir, cuando la 
inclinación del cauce del río no ofiece por su pota importancia 
un declive bastante para que las arenas no se detengan en el 
fondo, claro es que sucede lo contrario formando dichas arenas 
en mu}^ poco tiem(:o el ensolve completo del río. 

Algunos individuos sin conocimientos especiales respecto de 
estas cuestiones han opinado que reduciendo la corriente del 
Pensativo á un canal que no tuviese alo sumo mas que una y 
media vara de anchura por dos ó tres de fondo, las aguas obli- 
gadas á correr encauce tan estrecho, llevarían mayor velocidad 
arrastrando consigo las arenas sin permitir su 'aplanamiento. 
Esta opini('n,que encuentro tan bien apoyada en el informe del 



164 

-eñor DülÓD, do puede aceptarse de un modo absoluto por aque- 
llos que tengan un coiiocimiento exacto délo que son las corrien- 
tes, pupsto que li velocidad de un canal cualquieta depende esen- 
cialmente de la inclinación de su cauce y del gasto ó volumen de 
agua que conduzca en la unidad de tiempo supuesta, infloj-endo 
de un modo mucho menos directo en esa velocidad la forma más 
6 menos cerrada que nos represente su sscción transversal. En 
cuanto al hecho en que pretenden fundarse los que opinan lo 
contrario, que es el de que en la zanja que conduce el agua del 
río desde el punto del rastro á la ünca del señor Duran (cuya 
zanja tiene de 3 a 4 pies de anchura y una longitud de 2.820 va- 
ras) no se depositan arenas, y sí se depositan en el cauce del 
Pensativo, que entre los mismos cstreoios de la citada zanja sólo 
tiene una longitud de 2.231 vaias, esto no proviene de otra cau- 
sa sino de qu-í las dos terceras partes de las arenas arrastradas 
por la corriente se han asentado va eo su ftindo antes de llegar 
al punto en que sale del río la zanja del señor Durin, así r 
la circunstancia de que siendo estrecho el origen de esta / 
no pudiendo contenerse en ella todo el volumen de a^na que U^a 
en sus crecientes el Pensativo, rebalsa fu'cilmenle sobre la calle 
(jueva para el puente de r^an Ignacio, en cuya calle se ha verifl- 
cado I?imbi6n un aterramiento considerable. 

Se ha dicho ya de donde provieoen las arenas y tierras arci- 
llosas que bnjan á obstruir el cauce del Pensativo en la época de 
las lluvias, y siendo esto la causa principal de los males deqae se 
resiente la ciudad de la Antigua, preciso seri tratar de impedir 
los derrumbamientos que tienen tugaren el camino carretero de 
Barcenas, construyendo algunas obras definitivas por medio de 
las cuales no fuese necesario reparar anualmente ooo tierras suel- 
tas, arenosas, como se ha hecho desde hace algunos años las ex* 
cabaciones que hacen las lluvias en este camino; pues dichas 
tierras sueltas forman sin duda, las tres cuartas partes délas quo 
conduce en sus crecientes hacía el valle ocupado por la ciudad 
el referido río Pensativo. 

Para aminorar por otra parte las causas que determinan eleu- 
solve. preciso sería al mismo tiempo prohibir ú los partícalares 
el construir diques transversales en el río, como algunos lo han 
hecho con el tin indicado anteriormente, de elevar el nivel de las 
aguas, cambiarlas de dirección y rc;car sus terrenos, debiendo 
dictarse al mismo tiempo las disposiciones conducentes li evitar 
el tráfico de los ganados por las márgenes del rio, que como que- 
da dicho, aumentan el ensolve por medio de lo* pequeños de- 
rrumbamientos que causan ásu paso. 

Cambiar el curso que actualmente tiene el Pensativo rectifl- 
cande sus curvaturas m;ís notables, es aumentar .«in duda alguna 



165 

la velocidad de su corriente, evitando en una parte las condicio- 
nes que determinan el ensolve, y en este concepto la línea de ma- 
yor declive que debiera seguirse en estas rectificaciones, es á par- 
tir del puente del Matasano hacia el ángulo Sur-este de las rui- 
nas de San Francisco, seguir casi en líuea recta al Sur-oeste atra- 
vesando' terrenos de diversos particulares, y volver á tomar el 
cauce actual 250 metros arriba del puente de Miraflores, al Sur 
de la finca del señor don Joaquín Arzú. Esta línea es indudable- 
mente preferible al trayecto que podría darse al río siguiendo la 
calle de (láivez, por ser mucho más corta que esta y tener en 
consecuencia la seguridad de dar alas nuevas excavaciones un de- 
clive más violento y regularizado. 

Con respecto al último proyecto formado por algunos vecinos 
de la Antigua, de ariojar la corriente del Pensativo por la calle 
sucia, desde las ruinas de San francisco hasta el punto en que 
dicha calle se une con el camino que va para Ciudad-Vieja, atra 
ve-!ar después hacia el Oeste algunos sities ocnpados por parti- 
culares en una extensión de cuatrocientos metros, hasta salir al 
extremo oriental de la calle que se dirije hacia la finca del señor 
Arroyo, seguir esta calle y cruzar por fin el cafetal de la finca ci- 
tada, en un espacio de doscientos metros, uniendo este trazo al 
río del Portal abajo del puente de Peralta, es un proyecto que no 
daría los resultados que se buscan; pues las nivelaciones hechas 
indican que las arenas arrastradas por las crecientes del río, ten- 
drían UQ cauce muy poco inclinado en una extensión de un kiló- 
metro á lo menos, en donde se verificaría el mismo ensolvaraien- 
to que se trata de evitar y que es la causa principal de las inun- 
daciones que se sufren en la actualidad. 

El Ingeniero señor Dillón hace referencia en su informe á los 
experimentos hechos por Dubuat en las corrientes; más, en mi 
humilde concepto, los principios acentados por el citado sabio, no 
pueden tener una aplicación directa en el caso de queme ocupo, 
porque en el Pensativo, cuando baja crecido, el volumen de agua 
pura esta' co.i respecto al volumen de tierras arcillosas y arenas 
que conduce, en la relación de uno á tres; razón por la cual éstas 
tierras principian á quedarse en el fondo del río desde el mo- 
mento en que por la poca inclinación del terreno disminuye su 
velocidad. 

Sise trata simplemente de modificar las condiciones del cauce 
del Pensativo bajo d supuesto de que las aguas que conduce 
fuesen puras, ó si se tratase, por ejemplo, de transformarlo en un 
canal de nave.oación desde su entrada al valle hasta su confluen- 
cia con el río del Portal, claro es que en el primer caso bastaría 
sin duda alguna la inclinación natural que tiene en la actualidad, 
paralar a las lluvias una salida precipitada y sin ob itáculo con 



160 

sólo amplificar convenientemente su cauce, siendo en el segundo 
caso esta misma inclinación tan extraordiuaria, y lal el ímpetu 
de li corriente, que haría difícil la navegación de subida, y sería 
preciso para dar al Pensativo las condiciones de un canal de pri- 
mer orden, hasta la c instrucción de una esclusa intermedia. So- 
bre todo esto puedo expresarme con entera certeza fundado en 
las experiencias y cálculos que practiqué ccn el señor Herrera, 
por los cuales obtuvimos que la velocidad media del Pensativo 
en tiempos normales es de 21,"" 20 for minuto, la sección trans- 
versal del cauce ocupado por el agua representa una área de 
0,°'088 cuidiados y en consecuencia el gasto de la corriente re- 
sulta f^er de VSGóC cúbicos, por minuto, cuyos resultad( s, salvo 
muy insignificantes diferencias, están de acuerdo con los obteni- 
dos por el señor Dillón. Pero todos los experimentos de Dubuat, 
todas las fórmulas asentadas por Prony, todo lo que posterior- 
mente ha escrito sobre corrientes el ingeniero Bazín, no poede 
aplicarse al Pensativo, porque este río llega un momento en que 
en lugar de agua conduce corrientes de lodo, ♦ n cuya composi- 
ción entran arenas sumauíente ^ esadas, que al asentarse obstrui- 
rán todos los años .-u lauce, entre tanto no se tomen las provi- 
dencias necesarias para evitar el descenso de tales arenas de Ifc« 
alturas al valle. 

Por todo lo etípucsto puede asegurarse*, que la cuestión de evi- 
tar his inundaciones de la Autigua Guatemala es de tal naturale- 
za, que no podra' ser resuelta de un molo tcrminantt* sin que 
concurra lí est^^ fin la reaúzación de las diversas indii^uciunes 
que quedan hechas. 

No debo tet-minar mi cortil sin dar lí Td. detules sobre lo« 
males sufrí<lus también eu In é(K)ca de Us lluvias |ior la pobla- 
ción de Ciudad- Vieja que, como l'd. sabe, se extiende en U fulda 
s»:tentrional del Volciín de Agua. 

Conocida es la historia de la primitiva ciudad de iiualemala 
que fué casi desliuida y se| uliada por |(;s terremotu.4 y orupcío* 
nea ocasionadas por el Vobán do Fuego y de Agua, »iei.do esl»» 
último sin duda alguna, el que contiibuyó nuís direetümente á 
la ruina de la ciudad por .-tr ti más inmediato á ella. V aún eu 
el día, las arenas calcinadas que se derrumban de la cumbre y de 
los flancos de este volca'n. son conducidas por Ks conieuten 
pluviales sobre el caserío de Ciudad-Vieja. ya tan sumergido 
que el pavimento de la iglesia ubicada en un> de los costad- s de 
la plaza se encuentra tres varas más bajo que el piso actual de 
ésta. 

El aterramiento de Ciudad- Vieja | or las arenas del volcán 
puede decirse que se va formando por ea[)as sucesivaí», f|ue de 
ano en año baji'n a' e.xtendefse, no solamente en Ijís calles y pía- 



16Y 

■zas, sino también en los patios particulares y algunas veces basta 
en el interior de las liabitacione?. 

Con el ño de disponer lo conveniente para evitar que las co- 
rrientes pluviales continúen acarreando las grandes cantidades 
de arena á qne acabo de referirme, practiqué una nivelación 
reuniendo en una sula /¿wea transversal cinco cañadas que bajan 
directamente de la parte elevada del volcan. Esta línea rcdea 
la población por el lado del Sur y del Oeste, uniéndose al rio del 
Portal abajo de la finca llamada "El Potrero." 

Si se acepta definilivcimente el proyecto de abrir un cauje 
siguiendo la citada línea de nivelación, se habrá salvado el case- 
río de Ciudad-Vieja de las inundaciones periódicas que ha sufri- 
do hasta el día; puesto que de este modo podrán reunirse en un 
sólo canal las avenidas de las cinco cañadas c^ue hoy lo amena- 
zan de una manera directa, cuyo canal deecargará su corriente, 
como he dicho antes, en cirio del Portal. 

En la apertura del canal proyectado habrá necesidad de cons- 
truir cinco diques de mampostería destinados á cojitener el ímpe- 
tu do las cinco cañadas de epie he hecho mención, al mismo tiem- 
po que á cambiar su dirección actual haciéndolas converger hacia 
el nuevo cauce en el mismo orden en que se hallan colocadas. 

Los presupuestos de los cinco diques de mampostería y el cos- 
to total de las excavaciones arrojan una suma de 16.500 pesos 
teniendo el canal una longitud de 2.500 metros y una profundi- 
dad media de siete. 

Más, debo observar á Ud, que para conseguir resultaelos com- 
pletos no bastará ejecutar las obras indicadas, sino que además 
es de todo panto necesario el que la Autoridad dicte algunas 
disposiciones prohibiendo el cultivo délas laderas del volcán por 
el lado de Ciudad- Vieja, porque de otra manera podría presentar- 
se el caso de que las tierras arenosas de las mencionadas laderas, 
removidas y sueltas por los instrumentos de labranza, descen- 
diendo sobre el nuevo canal se aglomeraran de tal modo en su 
cauce, qu ' obstruyeran el curso de la corriente haciendo á esta 
rebalsar de nuevo sobre la población. 

Prohibir el cultivo de las laderas indicada> es pues uní medi- 
da del todo necesaria; ó mejor dicho, destinarlas al cultivo de 
otras plantas que á las (pie en el día. se les destina es lo que acon- 
seja el buen sentido. Así por ejemplo í^i en el lugar de los exten- 
sos plantíeií de maíz que se hacen en la actualidad en las pendien- 
tes á que hago referencia, se formasen en ellas potren)s de zaai- 
tB del;pavd, planta que dá una gran consistencia i la superfisie 
del terreno en que crece por sus múltip'es raíces, entone^ s se 
tívitaría el peligro rpie acabo de indi' ar, h)grándosc además íbr- 



u^ 

mar potreros de que hoy carece la población para el repasto de 
sus ganados. 

Por estos medios se conseguirían ventajas de importancia 
para Ciudad- Vieja, librándosele para lo sucesivo de los grandes 
perjuicios que sufre todos los años con e^as periódicas avenidas 
de arena, algunas de las cuales han sido tan considerables que han 
segado la fuente pública, con peligro de que sus manantiales 
cambiamn subterráíieameníe de direciiíjn al verse reprimidos 
en su -a ida y dejaran la población careciendo del agua neoe-aria. 

Me es grato repetirme de Ud. muy afmo. ami^o y atto -- - 

A Lfcj A M ' I ; • ' ¡ ' I ; 1 t ¡ n 



OTRAS ESPfiCIALIDADKS HIDRCMiR AFICA8 



Si nos propusiéramos ir describiendo. 6 siquiera señalando, 
cuantas curiosidades hidrogrufíeas hay en nuestro territorio, se- 
ría empresa magna y dilatada: ni aún posible seria porque sí se 
han descubierto algunas, ¿ci5mo no han de haber otras mucbas 
en los inmensos terrenos hasta hoy inesphirados? Vamos, pues, 
a' habiur de unas pocas para no cansar -S nuestros lectores y para 
que por ellas se imaginen aproximadamente las demiís. 

Quedan ya descritos ligerament** los ríos priucipales de la Re- 
pública, principales decimos, por .-u importancia n\«pectr. del 
comercio y la agricultura; pero hay otros ípie si no tienen dicha 
importancia sí pueden .servir de materia para muchas invostign- 
ciones cientílicas, como son los siguientes: 

En la historia de Guatemala |»or el Pudre Juúrros encontra- 
mos estos datos: ^'También hace mensión de un río subterráneo 
(se refiere al ( ronista Fuentes y Gu/mán) que .se nianiliesta á 
I)Oco más de dos millas del pueblo de C'hialchitJu. ul pie d»- una 
colina, por un boquerón tan grande como la puerta de un tem- 
plo, brotando en este lugar tanta copia de agua, que desde este 
punto es un río de considerable caudal. 

"Otro río bastmtemente grande se esconde y dc-^aparece en 
un profundo sumidero que se ve cerca drl rancho de Las Minas, 
y va ií salir á la otra parte de aquella cordillera cercha del rio 
Hocoleo. Se admira también en el departamento de Tolonica- 
praa algunos drspeúos de ríos, que cayendo <le grandes emioen- 



_— 169 

cias, forman muy vistosas cascadas o cataratas: así el río de San 
Cristóbal Paula; el del camino de los Ranchos altos de Totoni- 
capam; los del pueblo de Güista de los Xiotes y otros que omiti- 
mos por evitar prolijidad. 

"Pasando al departamento de Chimaltenango, continúa el Pa- 
dre Juárros, se nos presenta el rio de Pancacoyd: este nace en 
la abra de Pasacab, en el partido de Xilotepeque. y baja de un 
peñasco muy encumbrado con grande rapidez; más antes de lle- 
gar á la llanura se entra en un cañón formado en la misma pe- 
ña, como de cuadra y media de largo, y tan capaz que puede un 
hombre pasearse por él desahogadamente. Pero lo mas singular 
es, que donde acaba este conducto se ven unas colurani las de la 
misma piedra curiosamente labradas á cincel, con sus capiteles, 
molduras y períUes; y poco adelante se encuentran unas piletas 
redondas, labradas en la misma peña; todas de vara y cuarta de 
diámetro y medio estado de profundidad: no se alcanza para que 
fin se abrieron con tanto trabajo estas piletas, más la tradición 
asegura que el río de Pancacoyd era antiguo lavadero de oro, y 
que para esto servían las referidas piletas." 

En otro lugar de la misma obra asegura dicho autor que: '"A 
corta distancia de los conlines de este Aballe de las Vacas, por 
su parte oriental, corre el río que llaman de la Chorrera, digno 
de notarse porque sus aguas tienen la virtud de convertir en 
piedra cualquier madero, raíz 6 rama de árbol que cae en ellas; 
de suerte que si una parte del madero baña el agua y otra no 
la primera se trasmuta en piedra lustrosa, de color pardo y 
blanco, y la segunda permanece en su ser natural de palo: con 
la circunstancia de qne donde corre más rápido este río se hace 
más pronto la transformación, y la piedra es más lustrosa que en 
las partf s por donde camina con lentilud. Y también es de ad- 
vertir que conveitido el vegetal en j;)iedra, conserva la. misma 
textura de sus libras y porosidad de su materia.'' 

Con estas mismas propiedades todas, nos han asegurado per- 
sonas fidedignas, que hay otro río en el departamento de Suchi- 
tepéquez lindando con el de Quezaltenango. 



CASCADAS O CATARATAS 



Como de los ríos se forman las ciscada?, paróceiios natnral des- 
pués de tratar de los primeros haMar de las ntgundas. Vamw, 
pues á hablar de unas pocisde las mucliasqueliay escondidas fii 
los bosques y írontaiías de la RepGblicn. p.T"".. c.ri'ilnNc t..,i.w 
sería un punto menos fjue imposiblí». 

Daremos principio con la dt>«cripc¡óii ipu- x.u iiiu j^<» tan mt • i- 
gente como ¡«mable y modesto, puesto (pie no du su nombre, nos 
ha remiiido i]v 

KL SALTO DKI. SArRAME>T<l 

A tres leguas de Cuajini»|ui!apa. en « I camino i|ue de e>ta cabo- 
cera departamental conduí e al pueblo de Chiquimulilla y cjue 
lleva por nombre ^'Camino di* la ( oncep i<5n*' |K)r hal'aríic en el 
triínsito una hacienda aí'í llnma-la. al llegar el viojí ro al rfo co- 
nocido por de "El Sicramcnto." si quiere contemplar un cuadr.» 
verdaderamente p( etico cr. ado por la naturaleza misma. t<»ma la 
dirección izquierda del río y después de h.iber anlado veinte va- 
ra", se hallar.í a' la orilla de un pr< fundo barran<o que hace for- 
ma de herradura y de la | arte más elevada descuella un hermo- 
so salto prodnc'dopor las aguas del ^Sacramento*' que, próxima- 
mente jí la altura de treinta pies, ^e «lesUzau |K)r estrecho cauce 
y precipiíu'ndose forman unarurva de cuya superficie se proyec- 
ta mogestuoso arco iris que atrae por completo laalcmidn del ca- 
minante. 

El fondo donde caen las limpias aguas del ** Sacramento" figu- 
ra una gran taza adornaíla en su contorno por débiles plantáis cu- 
yas hojas se inclinan hacia e' raudal c^mo para Ihísar reverentes 
la j)nreza y la frcFcura de ese portento de la naturaleza. 



I 



^ 171 _ __i_ . 

La gran peña del salto está pefpendicnlarrnente cortada, de 
manera que no puede llegarse al ae-ieuto de la profundidad sino 
es descendiendo lentamente por entre espesos matorrales unas 
dos cuadras hacia el Sur para retroceder en seguida por el cauce 
del río hasta llegar al pie de la gran granizada de agua que se 
desprende de la eminencia. Deliciosa per.-pectiva se presenta 
ahí: al frente del espectador la gran columna de las a^uas del 
río con su incesante ruido y su lijera brisa, á sus lados la im- 
ponente peña y más allá una vejetación riquísima festejada por 
el trino de la» aves y el suave soplo de las corrientes atmos- 
féricas. 

Tal es el precioso cuadro de la naturaleza, del cual me propu- 
se hacer este lijero bosquejo. 

En las inmediaciones del pueb'.o de Comapa, departamento 
de Jutiapa, hacia el Sur se elevan unas empinadas montaña*, 
cuyas faldas baña el caudaloso Río de Paz, que sirve de lími- 
te entre esta Repúb'ica y la del Salvador. En lo más encumbra- 
do de estos montes se prolonga una extensa planicie fecundada 
por una multitud de arroyos que reuniéndose en un cauce co- 
mían, al fin de sil carrera, se desploma de una altura como de 
quince d veinte varas sobre una peña cortada á tajo y vienen á 
mezc'ar sus aguas con las del gran río que baña el pie de los 
montes, formando con este una de las cataratas más hermosas 
que se encuentran en el departamento 

En Quezaltepéqup. departamento de Chiquimula, hay muchas 
vertientes entre las cuales hay una que forma una cascada co- 
mo de cincuenta varas de elevación en que se precipita el agua 
eu tres corrientes y dan origen á un riachuelo llamadlo "Quebra- 
da Hedionda." 

En el mismo departamento de Chi()u¡mu'a, en la confluencia 
del río Jocotán con el "Guaraquiché" se forma una hermosa 
cascada de regular altura y que los vecinos del lugar aprove- 
ehiin para la pesca que en «quel punto es fácil y abun^lanto en 
producto, y en jurisdicción de San Jacinto, en el río de los ^-Pas- 
tóles" se forma una cascada pintoresca aunque no muy elevada. 

En Ciudad Yieja de la antigua, en el Río Grande, existe un 
salto de agua que mide cuarenta varas de altura, poco más (> 
meno=, circundado de una perspectiva por demás vistosa y 
agradíible. 

En Matanz is de la Baja Verapaz, hay otro salto de agua de 
hermosísima perspectiva pues que mide más de cien varas de al- 
tura y es completamente vertical. 



___^___^ 172 

Ya hemos visto antes y seguiremos vieado que en varios ar- 
tículos, al tratar de ríos y de otros puntos notables, qua se ha he- 
cho mee cion ircidentalmeiite de varias cascadas, y así hay tan- 
tas que seiía iuterminable la lista de ellas si fuéramos á enume- 
rar tcdos estos caprichos de la Naturaleza que existen en U Re- 
pública por todas direcciones, mantórnenos elevados y por consi- 
guiente mas ó menos vistoso?, pero todos dignos de admiracióu. 
Pero no teiminaremos sin hacer una pálida descripción de la 
hermosa catarata que se halla oculta y de pccos conocida, en 
jurisdicción de San Gerónimo en la Baja Verapaz, en la montaña 
de la Concepción. 

Figúrese el lector (|ue. andando, andando derrepeute .-o 
presenta a sus piós un abismo profundo, qne por su inmensidad 
impone y hasta sobre coje el ánimo; poro que al contemplar los 
frondosos árboles que !o adornan y la belleza de las flores silves- 
tres que lo tapizan, tuyos matiies realzan nuís sobre la grama 
seca que las rodea; de bejucos columpiándose por unas partes de 
hm ramas y por otras grandes coligantes de paifchte y platanares 
silvestres en la orilla de una cima de piala que »e observa en el 
fondo; y todo rodeado de un solemne silencio que sólo inte- 
rrumpe el canto de los pojaros como el zenzontle. el guarda 
barranca, la chorcha y d chutóte ó el arrullo de las palomas 
torcaces, de las peteneratí ó di» las ejcpumuy, al contemplar dicho 
panorama, el terror se cambia en espaosión del úuimt». en delei- 
te conl'ornie se va bajando por nUs (pie hay nrcesidsd de abrir- 
se paso yoT entre las ramas de los arboles y loe bejui*o« y 
aún asirse de los arbustos para no caer en el fondo precipitada- 
mente, sino llegar ú ti aunque sea |H>r veredas y vericuetos. 

Pues bieu, en ese abismo tan silencioso de la vor. del hombre, 
se oye de continuo la voz de la naturaleza que nunca enmudece, 
que siempre b<*udice ú su Hacedor, ya |K>r el nielanc()lieo susurro 
del arroyo, ya por el so'cmne o.-truendo de la^ cascadas, ya por <l 
cauto de las aves, ya por los suspiros de la brisa al mecer las ho- 
jas de los úibolts ohl y ¿quién se atreve á interrumpir est* 

voz de misterios y de inspirarion» s? Quiéu es capaz de profanar 
cou sus acentos mundanos esa armonía reljiosa de U cascada 
que cae, del río que corre, del pajan» que vuela y de las hojas 
«¡ue se estremecen? 

\í"fg^ í-i í=e alzan los ojos y se ve el azul purísimo del cielo 

patrio, o a lo lejos «na nube roja orleada de oro ;.(^üén es 

capaz de no sentir en el alma esas dulcísimas ó inefables emo- 
ciones en que el amor y la religión se mezclan y confunden? y 
por último concluye uno deseando un kt que ¿stO i nuestro 
lado, que participe del júbilo de nue.-tra alma; del bi^ncstir de 
nuestro corazo'n 



Tal es el espectáculo que presenta el camino que conduce al pa- 
raje en donde se goza de la magnificencia de este portento natu- 
ral que posee Guatemala, y que pocos, muy raros, aun del mismo 
departamento en que se halla conocen. 

Pero sigamos adelante: en medio de tan sublime silencio, se 
oye un ruido solemne y religioso á la vez: se escuchan ciertos 
acentos de la naturaleza que hacen latir más violentamente el co- 
razón ¡Ah! ¡Qué espectáculo tan bello y tan intere- 
sante! Yed allí al frente una hermosa catarata 

Un chorro de agua inmenso se precipita desde una altura prodi- 
jio?a ¡doscientas varas poco más ó menos, según algunos! í]s un 
raudal de plata fundida que brota de entre los juncos y las llo- 
res Yed otra vez: forma un arco magnífico, que iluminado 

por los ra3^os del sol, refleja el azul, el apastillado, el violeta, el 
verde mar y todos los colores del iris Yed aún: cae con es- 
trépito y vuelve á levantarse en una niebla de vapor Los 

hilos que se rompen en las rocas se convierten en menudas gotas 
que parecen una lluvia de oro que cae en las plantas 

No es posible pintar ni aún diseñar tanta belleza que te rodea 
¡oh torrente magestuoso! Oh! si me fuera dado vivir contem- 
plándote y unir mi débil voz á la vuestra para bendecir sin cesar 
á nuestro Omnipotente Creador! 



174 



FUENTES DE DIVERSAS ESPECIES 



Ademas de las que el Sr. Dr. González enumera eu su geogra- 
fía, que son las siguientes: 

Fr ENTES. 

Hay en el terT¡t(»rio de la República muchas fu - ' -na» 
termales y otras frías, de propiedades medicinal. - nos 

averigua'liis. Mencionaremos las principales de varios departa- 
mentos. (1) 

Guitemala. — £1 Zapote y El Ojo t-n las inmedÍ£CK nes de la 
capital, y las fuent<s termales y ftulfiirosas llamadas los Acoks^ 
6 leguas al N. de la misma caj iial, cerca del pueblo de San 
Antonio, 

Amatitlán. — Eo este departamento exielen Uíifiienteasigiiien» 
te-*: una termal medicinal en A maiitlifn; la- ^ ^ */*•/ 

Moran, Ojo de Affva (hl A(/wic'i1i'. Oja Je A de 

San Nicolás, en ¿anta Inós IVtapa: una de ngu* ca*icu(e llama- 
da M Bebedero, en Petapa; una fría medicinal fn San V;oofiio 
Pacaya; y varias calientes por Panquejchó. 

Escuhitla. — La nuís notable es la de PuMuíe, ú la tjue <♦» :Ur¡. 
buyen grandes virl lides medicinales. " '^ 

Sacafepéfjucz. — Aquí se encuent Vi- aguas sulfurosas do 
Medina, las de San fxtrenzo, de Cin ¡a ú Abnolongs, y el 

Cubo. De todas 6>tas, las mh riotables ¡^ou las aguas ó baños de 
Medina, como media legua al S. de la Antigua. Kl agua de la 
fuente y de los baños es crislaUr.», d^ *25 cennznido* v fuerte- 
mente sulfurosa (bidriígeiio sulfuiado). Sus propiedades medici- 
nales contra el reumatismo v las afeci iones de la piel foo eviden- 
tes. 

Chimalk nango. — ^'Eu el r/o Piscará, al S. Éí d« la poblacido de 
San Martín Jilotepé«juc. hay unas aguas termales, bastante ca- 
lientes, donde se encuentra el sulfilo de hierro <n estado natu 
ral. En la propia población, ií orillas de ella (San Martin), hay 
unos hermosos e-^taiiques construid»»» en tiempo de un antiguo 
cura, el Dr Corral, llamados Kl Ojo de ngun, cuyas aguas son 
termales 3' medicinales. Lo mismo pnede decirse df» loábanos 
Irío-í deCulpatán. Chininitolas, la Cliarra y el Rí«> Frió de la 
misma jurisdici(5n. En San Antonio NVjapa hav nn baño de 

(1) Informes ofícial*» 



■ ___^_ 175 

aguas termales, bastante calientes, que son medicinales. En Co- 
malapa existe un baño llamado el Pezén^j en Tecpán Guatemala 
otro llamado Fashishil, cuyas aguas son saludables en aquellas 
temperaturas. Por último, á poca distancia de esta cabecera 
(Chiraaltenango), al S. E, de la población, se construyó un her- 
moso baño en tiempo del corregidor Cividanes, que se llama de 
"Los A^posentos"; es una notabilidad para esta villa y sus aguas 
son muy saludables." 

Solóla. — Existen dos fuentes termales en la orilla de la lagu- 
na, inmediatas al pueblo de Panahachel, una de ellas sulfurosa. 

Totonicapán. — Hay fuentíís termales en las juri>dicciones de 
Totonicapán, Sija y San Cristóbal; y en Momostenango con los 
nombres deCacnayil, Payacú, Agua Tibia, Pala Grande y Pala 
Chiquito. Las sulfurosas de este departamento son tan excelen- 
tes como las de las " Aguas Buenas,"' de Francia. 

Quezalteiiango. — Hay fuentes termales de varias clases. Las de 
Zunil y Almolonga, poblaciones muy inmediatas á la cabecera, 
son sulfurosas; estas aguas son poco mineralizadas, algunas de 
ellas son calientes, 40° centígrados, y otras tibias, 27° 

Existen varias fuentes alcalirias puras, cerca del pueblo del 
Pa'mar, tan buenas como las muy célebres de Yiehy y de Valz, 
siendo abundantísimas y muy cargadas de ácido carbónico. Hay 
dos principales, una tibia, de 25°, y la otra fría, de 16"^; ambas 
son cristalinas y acude á ellas gran número de personas á tomar- 
las y abañarse. 

Inmediatas á éstas y en el mismo departamento, hay otras 
fuentes alcalinas; pero menos mineralizadas que las anteriores. 

San Marcos. — Sediceque son medicinales cinco fuentes en Ta- 
jumulco, tres en San Marcos, dos en Comitancillo, y una en San 
Pedro. 

Quiche.— \j\idi, fuente liirviente existe en las inmediaciones de 
Sacapulas. Otra fuente salina en la aldea de Magdalena. Otra 
caliente en San Andrés Sajcabaja y cinco termales sulfurosas en 
la cabecera. 

Santa i^osc/. -- Hay una fuente sulfurosa inmediata á Ouajini- 
quilapa, que nace del Tecuamburro, 

J?í/¿^^«.— Existen dos fuentes termales, una al O. llamada 
Agua Caliente y otra al S. llamada La Pila; dos en Jilotepéque, 
pequeñas, y otras en las jurisdicciones de Sansare y Guastatoya, 
sulfurosas. 

Chiqimula.- "Existen dos manantiales de aguas termales, uno 
al S. de esta ciudad (Chiquimula) y á tres leguas de distancia, 
cuj^a agua, caliente sulfurosa sirve para la curación de las enfer- 
medades reumáticas y erupciones cutáneas. De igual composición 
y que producen los mismos efectos curativos son las termales de 



176 

Jocotán, teniendo mayores proporcione.-!; :-uii rii^ iü-iiiicia^ i>- 
peciales, tener el ganado particalar avidez por esta agua y produ 
cir el jiquilite que con ella se elabora un añil que se caüñca de 
número 0. " 

Zacapa. — En la jurisdicción de esta villa hay dos fuentes ter- 
males y otra en Estanzuela que se dice ser llodada. 

Alta Verapaz. — Están las fuentes salinas de Nueve Cerros (Oo 
bán), Tolija, en ?anf;i Trij/., y Chaímililí- f-n > m ^^ior|I,.^ Tn<nrri 
todas raedicinale? 

• Fetén. — Existe, til ci lüirar llaiuu'í" i^it-.x.juiuiii. muí ^tiiimu- 
sa y propia para curar las enfermedades cutánea». 

Además de éstas, decimos, 1 ' i.» triple 
número de 8(51o aguas saluda'' ira mu- 
chas enfermedades; pen> * :i muy 
especiales circunstancias > de los 
naturalistas. De estas últimas Tamos á sn'i «jaralgimas, omitien- 
do la enumeración de ramlm^ \uU d,^ iif rentes clases por do 
fatigar demasiado á los le^ \o apunto, pues con- 
sideramos (jUe no d todos It-a pm v i* .|ut u •" ^ r ~ - 

En el departamento de Zacapa, en ud In 
nacen en la montaña inmediata tres ríos en .i <i. 

vamente frías y en el Ict-ho mismo de Ufi" i- • " r- 

tiente en tiempo de seca en forma de .- 
ta dos pies de altura y i( una tompen 
estado de ebullici(5n: os de crr. w arteria 

nica pues se percibe un maroac! -...; .. 

En el capítulo ir» último del tomo J »riade.íut(- 

rros entre otas cosas dice lo siguiente: — '- ra- 

ra y admirable la fuent»* que dice el cr ® 

libro 8. ® capítulo 15) se \ : ,n. 

tecedente (que esta en Cli «<• 

seca y queda j(rida i i:id 

Real la singular cir» . - uir 

como de suspenderse, comienzan infitlibleroente ^ ó 

20 de Septiembre fiesta do ^ ni Mi.^'iiel vi .,,.!ui- 

nado sobre el particular u tncianos . le ave- 

riguar si aún subsistía cnauMij .iuuiros oscril» «. Mnum. ihclara- 
ron contestes que á distancia de tres leguas de aquel pueblo. 
Chiantla, en una hoya que cstA entre «1 ro- 

yo que comienza d correr el día de San V ! .«< 

años, el mismo día, cesa de fluir el agua y vuelve «. -s. 

pues de tres arios, por cuyo motivo llaman i e«te i ^;in 

Miguel.' 

"Este mismo autor, en el lugar citado, nos da noticia de ou.; 
arroyo que se encuentra en un parnj*' al Xorte de Chian- 



177 . 

tía y llfimíin fl "Higuero"" el cual comienza á correr cosa de 
veinte dias antes que se retiren IíisUuvu'S, y suspende su cur- 
so qued.indo enteramente seca su fuente veinte dídS antes que co- 
miencen las lluvias.' 

''Si<jjue el escritor dándonos noticias de las maravillas de la 
naturaleza que observó en la provincia de Totonicapain el tiem- 
po que fué su corregidor: dice que c minando del pueblo de 
Agnacutbín al de San Ju íh Ixcoy se lial a una vertiente de 
agua qu- los iniios ujames 1 aman Xu Can hi (^ue quiere decir 
agua si/bada, porque de un peñasco rudo abierto en grietas 
dan )o silbos á la boca de alguna de aquellas aberturas brota 
el aíTua de aquella peña, y no silbando no sale ni un» g'ita." 

"Son notables en este partido de Totonieapam, contiriúa el 
autor citado, las vertientes de agua de azufre de los pueblos de 
Totonieapam, San Bartolomé, Aguas Calientes; pero especialmen- 
te las de San Cristóbal PauLí o Totonicipam: estas ¡-on varios 
ojos: la del und es tan caliente que metiendo en ella huevos, fru- 
tas ó carnes, en breve rato están perf» ctamentc cocidas; y el 
arroyo que de él se forma sirve á los tejedores para lavar y de- 
sengrazar las lanas que gastan en sus t' jidos: los otros manantia- 
les son templados y sirven [jara bafios." 

''Pero son más singulares las vertientes de agua sala'la del pue- 
blo de San Mateo LsiatLín, nombre que significa tierra de sal, di- 
ce Juárros. Brota eí^ta agua al pie de un gran cerro don(ie se 
encuentran unos como apócenlos, labrados á pico, hondos ma's 
de dos varas, y del techo 6 cúpula de est ts cabás esta' continua- 
mente destilando agua salada; de esta agua se llena m cántaro 
y poniéndolo al fuego por la noche a' la mañana siguiente se en- 
cuentra el agua cuajada y convertida en sal sin otro beneficio. 
Y es de notarse la economía de estos indios en el repartimiento 
de esta agua; pues tenietído cerrada la entrada con llave que 
guarda la justicia, los referidos pozos sólo se abren l(»s jueves á 
hora determinaba en que se junta todo el pueblo y í^e dá á cada 
individuo un cántaro de agua, y dos á los ofic ales de justicia y 
asistentes de la Iglesia: con esta sal hacen un tráíiic > considera- 
ble, Ibvándola á todas las provincias circuavecinas y sacan 
bastante ganancia para vivir descansados" 

" Más fuera de esto, se admira en este partido (de Soló- 
la), refiere el historiador ya no nbrado cerca del pueblo de Atitlán 
ha}' una fuente de agitas agrias que manandi> de cierta p- ña, en 
forma de sudor, á poco trecho hacen suficiente vena para lle- 
nar vasijas, en que se conduce esta agua á otros paises y lograr 
sus efectos medicinales, f.ues esexcelent:; para el mal de piedra y 
supresión de orini, y también cura las inchazones do gargan- 
ta tan frecuentes en ciertas partes, que llaman hoció y vulgar- 



1T8 

mente fjaegüerho: al beber e.«ta agua se siente cierto agrio co- 
mo de limón; pero después no deja ningún sabor en la boca." 

Por último y í»mi tiendo otras cariosidades sem«-jante3 dire- 
mos con Juárros, que: S(in Lucos Gnhrera también se llama ísin 
Lucas Idian Siquit que quiere decir en lengua pipil Casa de lo- 
do, porque en este pueblo hay unos pociti^ en que metiendo 
cualíjuifr género de ropa por tres ó cuatro días se tiñe de negro 
firmísimo y tan durable que nunca se destiñe" 

De una reciente correspondencia del inteligente Señor Pujol 
féchala en San Antonio, departamento de ^^nebitep^qii^' ''- 
tractamos lo s¡guíeut< : 

"Danse aquí agtia-* minerales de diversas clases, ferruginos.ís, 
salinas, alcalinas, ya frías ya tibias útiles \ydi\i el baño y p;ira el 
estómago. En una líne.i dilatada brotan las fuentes, cambiando 
el agua de condición en el espacio de ¡KX^a-» vara*. ^ un kilóue- 
tro al Oriente hay una \>o»ú doode nos bañamos: con el agua sa- 
len masas de carbono que obligan á buscar pronto atmósferA 
oxigenada: dentro del agua á los diez minutos ya se siente una 
fatiga semejante á la que produce larga corrida cuesta arriba. 

Dióse al agua mineral do esta región el nombre de U * Sabi- 
na" por llamarse así la propietaria d<i una pequt ' ' , a- 
na, donde primerament»' se do.-onbrieron calida i iii 
el agua que nlli brotab;* 



No estará demás decir por conclusión de lo qne heoiMdicho de 
algunos ríos de la República, que sobre ellos hay colocados cerca 
de mil puentes. m>is 6 menos grandes, sólidos y lierm*- f.i. 

cilitan el tránsito en todas direciione.^, apesur de la i¡ de 

ríos que en tiempo de lluvias servían de obsta'culo k loé transe- 
úntes para seguir su cimino. en no lejanos tiempos. 

Y decimos o-t^unos rios porque los que quedan nombrados an- 
tes, no son ni lo décima parte de l»»s que riegan el territorio de 
la República. 

En cuanto á los puentes, están clasifícados a>í: intíflde 500 de 
madera: como 200 de calicanto: 50 más ó menos de hamaca: 
otros tantos mixtos, de madera y c^ibcanto; varios de sólo piedra 
con mezcla; otio.s de alambre, algunos colgantes }' por último 
tres hay también de hierro. 

Lo notahle es que todos esos puentes figuran por el Occidente 
dc-la República; muy pocos por el Norte algunos por el Sur y 
por el Oriente en «pie están los ríos más caidalosos no h.iv 
uno sólo. 



LAGOS 






Los priiK'ipales lagos de Guatemala son: al Norte los del Pe- 
ten; hacia el declive Sur de la cordillera, los de Atitlán, Amatitláti 
y de Aj'arza; y hacia el Este, en las costas del Atlántico, el la- 
go de Izaba!. 



Lagunas del Peten. — El departamento del Peten tiene un gran 
número de lagos o lagunas, hallándose las más grandes á los la- 
dos del Río de la Pasidn y cerca del camino para Belice. Al 
S. E. del "Paso Real" estala laguna del Petexbatum, de 3 leguas 
de largo de E. á O., cuyo desagü*^ forma un afluente navegable 
del lado izquierdo del Río de la Pasión. Al mismo lado, hacia el 
O., se halla la laguna de San Juan Akul. Entre estas dos, á 
la derecha del Rio de la Pasidn, se encuentra la laguna de Itzán 
en comunicación navegable con él, como las anteriores. Las tres 
son abundantes en pescado. 

La mayor del departamento es la laguna del Peten. Tiene 160 
metros de elevación sobre el nivel del mar, 9 leguas de largo y 
5 de ancho. Una península la divide en dos partes; la parte me- 
ridional que es la más pequeña, contiene varias islas, siendo la 
más notable laque ocupa la ciudad de Flores, que es la cabecera 
del departamento, habiéndolo sido la población de Sacluk, á la 
que se ha dado el nombre de ''La Libertad" y que goza de una 
temperatura más beijitjna. En esta isla existió hasta fines del ei- 
glo XVÍ la capital de los Itzáes. Contiene el lago muchas va- 
riedades de peces, y una especie de aligador denominado Coco- 
drilm Morehti. No tiene desagüe visible y recibe solamente ria- 



180 ______ 

chuelos muy pequeños. Hacia la margen meriodioiial del lago 
existen varias cavernas, la mayor de las cuales es llamada 
cueva de Johitsingj, que es espaciosa y decorada de estalactitas y 
estalacmilas. 

La más importante entre líis muchas lagunas que se encuen- 
tran entre las del Peten y la frontera de Belice, es la de Yaxha' 
cuya ext'ínsiíjn varia según las estaciones. En uoa de sus islas 
existen ruinas de edificios antiguos, siendo las principales, dos 
torres. De este lago nace el Río Hondo. 

La laguna de San Diego. 12 legiias al Oeste de Saclük (ho}- 
la Libertad), fué de importwíWli^oíro tiempo por las numero- 
sas haciendas de ganado que había en sus alrededore-. 1 ^ 
íá circundada de selvas y sabanas desiertas. (1) 



Ijifp ó iMguna de AmolilUin. — Se halU en el departamento del 
mismo nombre, 5 lef;ua.s al Sur de la capital de la República, á 
1187 metros sobre el nivcl del mar. Tiene W legiuL^de largo de 
íiSte á Oeste y es muy angosto en »u parte occidental, ensan- 
chándose hasta 1 legua al Kste. Es de poca profundidad y con- 
tiene varias clases de pescado. Al Norte recibe el Río Villalo- 
bos y de su exiremidüd iccidenínl sale el Rfo Michatova, por 



Luf/iuta d(. Aj/uizd. — Eáiú Minada en la parle meridional de 
Jalapa; tiene upa formu vasi circular, v desagua |>or el Rio Os.. 
^H?A}<ÍH^ A«^?feo9f ^ÍVrl jtt^o áe Gilija'. 



.L(((jo de ízahal o (.iolfo Jhdve.~h\ mayor > mus importaute de 
los de la República, situado en el d»*i»Hrfaininfn de Ltwingstou. 
Su afluente principal es el Rfo Polo- i;i en el Ooiano 

por.el Río Dulce. Su e^xlensión d« . - . . - - ' 12 

^gfuas y. 81^ anchura de fi, f2) 

(í) PcrmítasontM. invertir < í oHem'U «^uo el Scftor r»octor«, 
rripción de los lago*, dejando «I de Atitlán por ultima dirhH ii. 
«lue, estarnos ^gu|:|qgjde j^lo, no (^«iignidi^m 4 in** le«rtor^ 

(5) Ya «I Spflot^'fet^i^mm^liati'l.S larp»mento «le .Mf' In»:... . nd urtkulo.y. 
Rio Duhs' (pie está atr^H en la pá^nü l?f>. 



_m ^ _________ 

Hay otras lagunas, que apenas merecen mencionarse, como las 
de San Diego, Santa Cruz, Saepuí y otras pequeñas del Peten; 
la de San Cristóbal, en la Alta A'erapaz; Chile Verde en Que- 
zaltenango; dos en el Quiche, cerca de San Sebastián Lemóa; la 
del Naranjo, en Guatemala; Dueíias y Retana, en Sacatepéquez; 
las del Pino y de Juan Miguel, esía última desaguando en el Río 
de los Esclavos, en Sania Rosa; la laguna Grande y Atescatempa, 
en Jutiapa: la primera desagua en el Río de Paz, y la segunda 
esta en comunicación con el lago de Guija. — Hasta aquí el Doctor 
González. 




EL LAGO DE AMATITLAN 



Es célebre, dice el historiador Juárro.s, no tanto por su tama- 
no, que no excede de tres leguas de largo y de una en su mayor 
anchura, cnanto por otras circunstancias que lio hacen aprecia- 
ble: en primer Ingar es abundantísimo de peces de suerte que 
abastece a la capital de los que necesita: es verdad que no cría pe- 
ces grandes, pero se dan en él mojarras de más de uii pié de 
largo y de muy buen sabor; y pepezcas piie son unos pecesillos 
de dos á tres pulgadas de largo, de peculiar y exquisito gusto: 
se cojen también cangrejos y pescaditos como los de Atitla'n y 
grandes camarones. 

''En segundo lugar, es útil este lago por la sal que sacan de 
la tierra de sus playas los vecinos de Amatítlán y Petapa y for- 
ma uno de los ramos de^u industria y comercio. 

Lo tercero es famoso por las vertientes de aguas termales que 
tiene á su orilla y son excelente remedio para Viirias enfermeda- 
des, especialmente para los gileyüeclioa 6 hinchazones de gar- 
ganta." 

LA PESCA EN AMATITLAIV 



Las tierras, las aguas, los bosques, las minas y cuanto exis- 
tía en el continente Americano al consumarse la conquista, todo 
fué declarado propiedad de las monarquías cuyos subditos domi- 
naron á los aborígecas. 

La voluntad de los niandaiarios fué creando á favor de los 
nuevos pobladores la propiedad individual y la colectiva de las 
corporaciones. Los frailes dominicos obtuvieion del Presidente 



.. 184 

Cerrafo la del lago fie Anítitíán. y entonces '*Diep:o Martínez la 
pf)b'ó de mojarras trayéndolas de la mar del Sur. (1) Pen« los do- 
minicos no g')zaroii mucho tiempo de la propiedad absoluta de 
aquel lago pinioresco, cuvos troductos por iin a^ to de su volun- 
tad eoiDpartian con los indígenas y demás habitantes de la 
comarca. 

El cabildo do la ciudad de Guatemala tuvo necesidad ó le plu- 
go acrecer sus foD«íos de pr< pi< s y ?e adueñó de aquel'a lagona 
y d« I d« recho de pesca, á fie-ar del» dívt.iu.;* T a exptopiaciÓD 
ocasioTíd un pb*ito, y el cabildo de 1 r por sus ac- 

tas á fiíc^ d^l liño d«* 1574, procui > iian.-ar i;n.uf»i>(5n; pero el 
Monarca Español en cédula de 18 de t!nfro de 157ó, did el do- 
minio del la<ro dispula io al pueblo de Amatitbín y por consi- 
gu ente tamVjién al de Petapa y demás circunvfcinos. 

Gage, que vivió en e.ste país por los aiioa de 1525 á 1530,' 
dice en la relación de sus viajes: 

*'Amatiílán está considerado por uno de los pueblos mÁ< ajjra» 
dables de todos los pertenrcientes á Guatemala, por su proximi* 
diid Á un la^ro de agua dulce d^nde hay nna gran variedad de 
p<c<'S, y partícula! mente cangrejos y otra claí^e de ()e»( «do que se 
llama mojil na. parecido al sargo en la tigura y en ol gusto, 
con la (lif rencia de no «er tun grande. Hay en este pueblo cier- 
to número de indios á quienes .«e encairgu la pes^^a para surtir la 
ciudad de Guatemala y estrfn obligados i mandar tod«» los vier- 
nes y ^'JÍba<los la camidad de caiigrejos y mojatrns que el corre- 
gidor y los ofn s maüstrados que son ocho, les hayan impuesto 
pa?a cada .«^emana." Como fe ve á pe.<ar de ln lieal Cé«iula qae 
dio la pr«'pienad del lago y de los prod«:cios á lo?* pueb'i asi (lin- 
dos tí sus orí las. I» s uiundarincs de la capital S4* dieron traza i\(* 
aprovechar aipiella pesca, prevalidos «le ^u posición. 

Ku la actualidai y desde una épíca remotu el lago y río du 
Amatitliín y elderethode pe.«car cu él perteríccen ala ninni- 
cipalidad del mmmo no>ul)re, y es uno fie los rumos de ingresos 
á sus foiido-s de propios. Porcada írasuiayo se pagan dos fictos y 
uno por cada Mtan aya, durante todo el ano, coü esc* ftción de 
los meses de Abril. .Vlayn y .luüio en Ips que. para protejer la 
reproducción, es prohibida la |;escai, a^í en el lago como en el' 
río en (|ue designa. Hl deietho de ik^'.^cu en éste se spbas'ti 
anualmente y produce una suma que tluciúa df 80 á 120 pesos. 

A más de las mojarras aclimatadas pi>r Juan Martínez y d«' las 



(1) No fué Diego siuo Juau Martioec. comotie \e en Kciu«-mü qu» Uír«- lo M^uk^U-. 
en el libro 2. ® capitulo 4. '^ 

Juan Martínez pobló de uiojurruselIaKu de Amatitlan. ñ tu«Hlin<1<w rir>| «i|(to <lc 
ciino qiunto,tmyén<lolH.s en lH>tij:us del niuriielSSnr. KIKiHt%,r. 



185 

pepescas que había antes de esa aclirnatación, se producen can- 
grejos y también camarones de dos variedades. 

Dato.s tomados de un amatitaneco verídico indican que tam- 
bién suelen encontrarse juilines y tortugas, y aúc pescado blan- 
co por el Oriente y al Sur del Ajial de Petapa, cerca del punto 
llamado el "Lagartero/' nombre que proviene, según dicen, de 
que en otro tiempo alguien túvola humorada de aclimatar allí 
lagartos que por fortuna conduyerou. Se nos asegura que el 
año pasado se cojieron anguillas hasta de tres cuartas de largo 
cerca de las "barbacoas,'' en el río á más de trescientas varas de 
donde desagua la laguna. 

En la cita del viajero Irlandés Toma's de Gage, que dejamos 
transcrita arriba, so h^e que en la laguna de Amatitlán había á 
principios del siglo XVI una gran variedad de peces, particular- 
mente cangrejos y otra especie de pescado que llaman mojarra. 

Ahora bien. Las diversas clases de pescado del lago de Ama- 
titlán ¿serij'n aclimatadas como lo fué de seguro la mojarra? Mu- 
chos creen que allí donde hoy existe la laguna, hubo un vol- 
cán en una época prehistórica que ya era muy remota al tiempo 
de la conquista. Cuando se elVctuií ésta sólo se producían allí 
las pepescas, á Juzgar por García Peliíez, que citando á Reme- 
sal, asevera que antes de la aclimatación de las mojarrcs ''no se 
creaban más qu9 unos pescaditos muy pequeños" 

Estos y los demás peces que existeu ó que han existido en 
e.-e lago caso de proceder de la aclimatacidn (que no es de 
creerse fuese obra de los aborígenas) la haría la naturaleza por 
medio de la lluvia ó sería obra de los espafioles, para quienes 
no era desconocida la aclimatación de los peces, como lo com- 
prueba la de lus mojarras en el propio lago y otros actos de igual 
naturaleza ejecutados en estanques artificiales en la Antigua Gua- 
temala á mediado,^ del siglo XVI. Pero sea cual fuere el origen de 
las variedades de pescado del lago de Amatitlán su existencia de- 
be estimular l.i aclimatación de un artículo alimenticio que lo 
abunda fresco en nuestros mercados, que hace sentir su 'ausencia 
y que debe ser una pequeña industria bienremuaerativa. 

Cierto es que las conmociones volcánicas tan frecuentes en 
nuestro suelo son en varios lagos y ríos un obst¿ículo para la pis- 
cicultura, porque al efectuarse las convulsiones plutónicas se ele- 
va* á veces la temperatura de las aguas y se saturan éstas de 
sustancias deletéreas que aíacanx á los peces, como se experi- 
mentó no hace mucho tiempo en el vivero que Mr. Cleaves tstaba 
formando en los "Apocentos" cerca de Chimalíenango: pero tam- 
bién es cierto que la simiente se salvó á peca distancia del mis- 
rao vivero, en donde los pescados supervivientes á la catástrofe 
encontraron medies de vitalidad y estin allí reproduciéndole. 



186 

Las conmociones del Volcán de Pacaya también tienen so ma- 
la iüfluencia en el lago de Araatitlán y hacen sufrir á los pe- 
ces que lo pueblan; pero ellos emigran apuntos distantes en bu-- 
cade su salvación y la encuentran. Las conmociones volcánicas 
son ciertamente un obstácnlo, más no un obstáculo insuperable 
que arguja la imposibilidad de ejecutar con éxito una empresa 
remunerativa, que como todas tiene sus dificultades y sus con- 
tratiempos, que la observación, el estudio, la industria y la cons- 
tancia deben aminorar. — De El Diario de CenfiO'Amcritxi año 
de 1881. 



EL LAGO DE AYARZA. 



Siempre que nos ocupemos de nuestros Volcanes, Lagos y de 
otros fenómenos jeolíjjicos que á cada paso se encuentran en 
nuestro suelo, no lo haremos con todos los principios de la 
ciencia, porque nuestros apuntrimieutos solamente han sido 
de cartera, tomando los principales con la presicíon con que 
hemos. recorrido la república, pero ?i, aseguramos, que la exac- 
titud de nuestros conceptos contribuirán á correjir muchos 
errores jeográficos: hecha la anterior observación pasamos á 
ocuparnos de nuestro propósito. 

El Lago de Ayarza esta' situado al rumbo Este del departa- 
mento de Santa Rosa á 9 leguas de distancia de la cabecera, te- 
niendo en su parte meridional el departamento de Jalapa, y á 
una legua de distancia hacia el rumbo S. E. el volcan de Al- 
zatate. 

Este lago tiene una longitud de Este á Oeste de tres millas 
y media, y de Norte á Sur, en su mayor anchura de una y 
cuarta millas; casi en su centro, dos espolones de la cordillera, 
como dos puntas, se avanzan en la garganta del lago una 
frente de la otra; y le dan como la forma de un número 8. 
La punta situada al Este pertenece al pueblo de San Rafael; 
y la otra del Oeste á la hacienda de la • Laguna," el lago pues 
no tiene la forma circular como indican [nuestras jeografias. 

El nivel del lago tiene 2,800 metros sobre el mar Atláiitico, 
el agua que contiene es cristalina pero muy saMbrega, no 
existe ninguna clase de peces, pero en cambio^ alimenta en su 
seno Cangrejos, de una magnitud estraordinaria y de muy buen 
gusto. 

Hacia el rumbo S. E. tiene uu desagüe que se une al rio Os- 
túa, y este después de recibir en su curso vario':; afluentes, ;í 



188 

gran distancia se une con el rio Canoas, para dt sembocar ea el 
gran lago de Guija. 

Está amurallado por todos bUs lados de una cordillera unida 
de diversas altaras eceptuando solamente el punto de su desa- 
güe, y á una profundidad en la parte raás alta de la colina de 
150 meiros. Como se ve, no tiene ningún río tributario, su nivel 
siempre es el mismo y solamente varía al movimiento del flujo 
y reflujo. 

Al rumbo Otste y al del Este, los estribos de las cordilleras 
mueren en sus orillas (ou una inclinación fada, al Norte 

y al Sur, tiene vogaá feracísimas co que ii varias siem- 

bras. 

Por la po.sicion de este l.^go, y sobre todo por el si^tema 
montañoso dé toda.s las i)endieiite8 Occidentales en general, exa- 
minadas en este punto, se ñola que las aguas que penetrao en 
la laguna de Ayarza eran por razón del nivel y de otras cir- 
cunstancias gcobíjicas indudablemente desatinadas al lago de 
Guija; y que fueron violentamente desviadas de su cutfo, al ha- 
ber hecbo su erupción el Volcan de Ayarza, convirtiéndoee en 
un lago. En efecto, á primera vista se nota que la antigüedad 
del lago es mucho miís moderna que la de las cordilleras veci- 
nas; y (jue esle fenómeno volcánico es posterior lí la fonunciÓQ 
de aquellas. Kl esfuerzt» eruptivo ha |)er(urbado tanto este la- 
gar, que la cordillera ÜMiua im enniunl*» i^ii ^r... vi c» i.^fnj^ 
como punto cénii ico el lago. 

El fondo de la laguna varái mu lid. lia\ puuK» eu que « >Ui a 
o, 10, y 20 metros y hay otros en que llega hasta 16(K — En el 
fondo se encuentran muclií^iniíis aniigiiedade.»». como ídolos gra- 
bados en cuarzo roj>. en fiiedra comíío y en barro, y también) 
trastos de barro nuiy lino, con grabados; de todos estos objetos 
hemos traído.» esta Capilal. 

Sobre este lagoe.\iste una ira.lición muy aceptada por la g»- 
ueralidad de sus vecinos habitantes dicen: que en ese lugar 
existió en uu tieuq^o una gran Ciudad: y que una eru(,cidn muy 
fuerte la hundió, np.ireeiendo <m» el acto el actual lago, sepultan- 
do en su seno la población; y ba>ta la fecha usegurau los prác- 
ticos que hay en su fondo fraementí>s de edificios: y á nost'tros 
no.s han mostrado columnas do piedra estraídas de allí, pero de 
todo esto no hay ning(ui dato his-tórioo; y para averigoar la rea- 
lidad se i.ecesitaría | racti'ar un examen escrupuloso. 

Que la erupción de e&te Wcan a onteció mucho después 
del alzamiento del valle, es decir de la formación á<: las Cor- 
dilleras, está compK'tauíeüte demostrado, ba^ta tenerlo d( la 
vista y hacer un i)e<jueno estudio para eonvencerse. 

En la parte moütaíiosa <|nc circunda el higo, habitan con 



I 



180 

abundancia los venados; y se puede asegurar que es el íáníco 
pnoto (le la República en qua soq cojidos sin necesidaii de ar- 
ma de fuego: en efecto, los habitantes de este lugar se reúnen 
varios con sus respectivos cordeles, y .hacen en ciertos lugares 
lo que ellos llaman aventadas, que consisten en tapar ciertos 
pas(.s, y á una voz, se lanzan todos, dando voces y gritos á la 
onlla del lago, los venados corridos y asustados penetran en 
la laguna, y los perseguidores en pequeñas lanclios los amarran 
y los conducen á tierra. 

Situándose en la parte Sur del lago la visia es muy pintores- 
ca, el clima aunque frío es muy agradable. Hacia el rumbo 
Este, al finalizar el filo de la cordillera, continúa una extensa 
llanura, donde están situadas las casas de la hacienda, circum- 
balada de hermosas colinas cultivadas de trigo. 

Estos datos que hemos apuntado son en nuestro concepto los 
más importantes del lago de Ayarza. 

M. U. 



' Como amplificación délo que el Sr. M. U. dice respecto de es- 
te precioso lugo, ponemos en seguida el interesante artículo que 
sobre el mismo asunto escribi(5 el Sr. Prieto. 



EL LAGO DE AYARZA. 



Existen en el departamento de Santa Rosa dos lagos notables 
por las condiciones en que están colocados. El uno llamado el 
lago de Ayarza se encuentra cinco kilómetros al Sur- Este del 
pueblo de San Rafael las Flores, el otro llamado Laguna Azu- 
frada está situado al lado izquierdo del camino que conduce de 
San Juan Utapa al pueblo de Chiquimulilla. 

Ambos lagos llenan en la actualidad con sus aguas dos crá- 
teres de antiguos y primitivos volcanes y la topografía tan acci- 
dentada de los terrenos que los rodean, hace presumir con 
bastante aproximada exactitud, los fenómenos geológicos que 
han ajitado aquellos lugares en épocas ya muy remotas. 

Me propongo en mi presente escrito describir únicamente el 
primero de eslos lagos, prometiéndome ocuparme mas tarde del 



190 

sefrunfiu, (|ue ofrece sin duda alguna el mismo interés á las in- 
vesiigaciones de los ge(51og'»s. 

En el mes de Octubre del año anterior visifé por primera vez 
el lago de Ayar^a, sien io dirijido en las diversas escursiones 
que emprendí eu los montas que lo circundan, por Don Ma- 
riano Álvarez, propietario de los terrenos que 8e extienden 
hacia el lado Sur- Este, y por algunos de los vecinos de San 
Rafael. 

La €omp»nia de estos Señores me fué entonces de mocha uti- 
lidad, y las advertencia-sé informes op(»rtunos que me dieron re- 
lativos á aquellas locilidades, me permiten hoy hacer de ellas 
una descripción mas completa qne la que hubiese podido hacer 
por mis solas observaciones. Tanto por esto, como por la defe- 
rencia y consideraciones de que me hicieron objeto, debo hacer 
íí aquellos Sres. en estos primeras renglones un recuerdo de mi 
agrade -imiento. 

La figura que en conjunto presenta' el lago de Ayarzaes la 
de dos elipses interceptadas por uno de sos estr»*mo«, midiendo 
una distancia aproximada de siete kilómetros en el sentido lou- 
giludinal de su form;i y otra de dos kilómetros en su mayor an- 
chura. Sus agua«< generalmente aparecen tranquila.*, sin que la 
menor ondulación rompa la trasfiarcncia de aquel espejo, que 
cuando se contempla desde alguna de lus altas cimas que lo ro- 
dean, se ven retratados en él con una notable precisión de co- 
lores y de perfiles, el azul V los celajes del cielo. 

Las riberas de este lago están formadas ca«¡ por completo 
por muros verticales de basalto (pie se ele\'an algunos de ellos 
i\ una altura de 40 metros sobre el nivel «iel agua. E>ta cir- 
cunstancia no me permitió recorrer la line<i sinuosa formada 
por las orill is del lago, y tuve entonces que contentarme con 
hacer esta correria por los bordos superiores de los barrancO!>, 
siguiendo veredas difíciles, trazadas atrevidamente en algunos 
tramos al dintel del abismo. 

Estos borrancos y rápidas pendientes á qoo me refiero, w» 
encuentran interceptadas en toda la estensa oircatiferencia del 
lago, por S(do 4 6 ó puntos, en los cuales el dt-clive del terreno 
permite la bajada hasta la orilla de las aguas. 

Como una circnnstaucia que no debo dejar pasar desapercibi- 
da, haré notar aquí que el lairo do Ayarza no recibt^ <5n su seno 
corriente alguna, ni tanifOio tiene origen en él el mas io^igni- 
íicante arroyuelo. No parece sino que retraido sobre sf mi>mo 
por la naturaleza de forma que ofrecen las alturas encadenadas 
que lo rodean, f^e ha visto obligado á no tener en apariencia re- 
lación alguna con las corrientes exteriores que tanto por el lado 
del Nor-Oestc como por el Sur-Oeste, riegan los angostos va- 



191 

lies que separan las ca, lenas parciales formadas por aquellas 
montañas. 

Las aguas de este lago están pues aisladas, sin recibir otro 
aumento mas que el periódico anua! que les proporciona la es- 
tación de las lluvias, en cuya época su nivel se levanta consi- 
derablemente para volver á bajar en el verano eiguiente. Con 
respecto á que estas aguas tengan alguna calida oculta, es de 
suponerse, que encontrándose como se encuentran á mil dos- 
cientos metros de elevación sobre el nivel del mar, y en el cen- 
tro por decirlo así de una gran extení-ion de montañas que se 
extienden en todos rumbos en caprichoso desorden, sus filtra- 
ciones sean considerables: y que al través de las capas inferio- 
res de rocas y detritos volcánicos de toda clase que forman en 
general los cimientos de la» cordilleras, sean estas filtraciones 
las que proporcionan el agua á las vertientes de los alrededores. 
Esto principalmente debe tener lugar en la parte del Sur-Oeste, 
pues por este lado se encuentra una pequeña corriente mucho 
mas baja que las aguas del h)go, la cual fc precipita por el fon- 
do de una cañada, hacia el pueblo llamado de Casillas. 

Por último, observaré con respecto al agua de Ayarza que 
apesar de ser de una trasparencia completa, no puede beberse 
con agrado por estar cargada de sustancias calizas y salitrosas. 
Esta última cualidad hace sin embargo que los ganados la beban 
de preferencia á la de los arroyos vecinos. 

Procurando reunir datos precisos sobre la clase de rocas que 
forman los barrancos verticales situados en toda la circunferen- 
cia del lago, asi como de la profundidad de este, y de la natura- 
leza de su fondo, traté de improvisar una balsa, pues aquellos 
vecinos no tenian por entdnces ninguna clase de embarcación 
que ofrecerme, y era preciso cruzar aquella superficie cristalina 
para conocer los secretos que ocultara en su seno. 

Hice cortar al efecto una docena de pinos para formar la bal- 
sa proyectada, y aunque cmocia que esta madera cuando está 
verde es sumamente resinosa, pesada y por consiguiente de un 
flote muy imperfecto, pues se hunde casi en las dos terceras 
partes de su volumen, no tenia en la montaña otra de que dis- 
poner y me era preciso conformarme con ella. 

Una vez preparados convenientemente estos doce trozos, de 
pino, los ligué con lazos de la mejor manera que fué posible, y 
no sin trabajo logré poner á flote aquella bromosa y pesada 
embarcación. Escogí en seguida entre los hombres que me 
acompañaban dos hábiles nadadores, y aligerando nuestros vesti- 
dos para salvarnos á nado en caso de una zozobra, me aventuré 
con ellos por aquel lago, en cuya tranquila superficie apenas 



1<)2 

levantaba lijeras ondulaciones la marcha de nuestra improvista 
balsa. 

A mi salida de est;i Capital no llevaba el proposito de empren- 
der el reconocimiento dellago de Ayarza; por esto me encon- 
traba entonces desprevenido de todo, y n( cesit^índo una sonda 
hice desbaratar al^ums redes de cordel que rae servían para 
llevar en la ni' ntafía las cajas de mis instrumentos. De esto 
modo obtuve una cnerda de doscientos metros de longitud con 
la cual creí poder medir las fípfundidades dt-I lago aun en sus 
partes centrales. Con este fin sujeté ea uno de los extremo- 
de esta cuerda un peso de tres ó cuatro libras en un pdazo d» 
costal; y para que este costal me trajera consi^fo señales del 
fondo, lo hice emV>adurnar exteriorniente con sebo y resina. 

Aunque navegábamos cop suma lentitud, pnes también nues- 
tros remos eran de pino toscamente labrados y nO"* costaba tra- 
bajo manejarlo®, nos fué ¡xwibie sin embargo dirigirnos en lí- 
nea recta al centro del lago. Principié entóneos á tomar la 
profundidad del agua y, cosa singular, alejados :( una distancia 
de cincuenta metros de la orilla encontramos cincuenta metros 
de fondo; á cien metros hallamos una profuadida 1 de cieo me- 
tros: tí ciento cincuenta metros otn» número igual nos indicó de 
profundidad la sonda; y por último á poco roas do di>!íc¡entos 
metros de longitud que tenía la cuerda sin alcanxar el fi»udo. 
Esta coint idencia me hizo conocer <|ue el fondo del lago en el 
sentido de la línea que había recorrido nuestra bilsa, tenia una 
inclinación de túrrenla y cinco grados bajo el plano horizon- 
tal de la superficie; y que dado el sapoesto de qu** igual cosa 
tuviese lugar en la ribiTa opu'^sta, la mayor p 'vi d»* la- 

aguas sería igual úla mitad de la distancia e^ entre lai- 

dos orilla?, y estaría precisamente ea el centro ó punto medio 
de esta distancia. 

En 1h parte en que habla emprenditlo este reconocimiento d» 
fondos, la anchura aproximada de qsle laj^ era de mil qui 
nientos metros; y bajo el í-upnest » que acabo de formular, en 
indudable que los fondos, partiendo de riber.' 1'» 

jo urja misma inclinación de cuarenta y c¡n<*of:i ,. r.i- 

contrarse en el c» ntro del lago, a' setecientos cincuentii metros 
bajo el nivel del agua. 

Esta profundidad pirecerá á primera viíta ex •ger.'ida, pero 
en la imposibilidad de obtener datos mas preciso*, me aven- 
taré en la senda de hacerlo, sin que en ningún sontido tenga 
Ja pretensión de ofrecerlas nh ra mmn con el ur iones exacta<^ y 
demostradas. ' í'í 

Las muestras de las materias que entapizan el f ' *, • ■ , 
de ípio me ocupo, y que etilos diversos sondeos • 



. 193 

eucontré adheridas al exterior del costal que envolvía el peso 

p de la sonda, fueron siempre de arenas finas y de menudas molé- 

■"* culas de piedra pómez. Esta circimstancia llamara' sin^ duda la 

atención de los geólogos, pues que por ella pudiera suponerse 

^1 que en una época remota y perdida en rl misterio de les pasa- 

% dos siglos, los maros invaiierou las cús¡»ides más . elevadas de 

'^ las montañas en medio de los cuales se onciientra colocado ( 1 la- 

'i. go de Ayarza; y que al- retirarse á sus actuales límites dejaron 

en él fondo de los cráteres apoyados, un lecho de tinas arenas 

como un recuerdo de su prin)itivo dominio. 

Ha}' problemas en la naturaleza que la cieneia no puede re- 
solver aún de una manera completa y satisfactoria; el lago de 
Ajarzi encierra en sí minino uno de esos problemas; pues aun- 
que todo hace suponer que aquellos riscos verticales de -basalto 
' que lo circundan, han sido las paredes de un ciáter gigantesco 
por donde el fuego interior de la tierra se lanzó en otro tiempo 
al espacio; aunque es de suponer que las aguas torrenciales de 
una de las épocas primitivas del mundo, formando mares agi- 
tados lucharon con aquel foco de ignicic^n hasta dejarlo apoya- 
do y vencido en la lucha; la fría razón no [)uede aceptar como 
hechos suficientemente dt. mostrados estas deducciones, que en 
.realidad no tienen por base sino congeturas más ó menos funda- 
das en los prineifáos de la geología; ciencia que no ha llegado 
áesclartcer suficientemente todos los hechos y las cosas que 
con ella se relacionan. 

Generalmente una niebla densa v cenicienta se ve reposada 
sobre las aguas de Ayarza en las primerris horas de la mañana. 
Este hecho es-debido á que los altos cerros y barrancos de los 
alrededores protejen á aquellas neblinas contra el impulso de los 
lijeros vientos de la noche, los que cruzan por la parte superior 
de los barrancos sin poder arrastrarlas. 

Un fenómeno muj- sencillo y común en las hondonadas de las 
montaña^, tiene lugar con las neblinas á que acabo de referirme. 
Cuando M sol í^e levanta en el horizonte cambiando la tempe- 
ratura de la atmósfera, estas neblinas se van haciendo cada vez 
menos densas, pero no se les vé elevarse bajo la misma forma 
conque amanecen, sino que de una manera perfectamente pal- 
pable á la simple vibta, vau deshaciéndose panlatinaniente en 
los íuismos sitios donde han dormido, y c invertidas en tijeras 
auras vaporosas é invisibles, se elevan á 'a acción del cabo 
á las regiones de la atmósfera. 

El día en que emprendí la navegaciún en el lago de Ayarza 
el tiempo no me fué propicio, pues háci i las tres de la tarde se 
declaró una lluvia menuda y continua que me impidió proseguir 
mis reconocimientos. Por otra parte la balsa que me servía pa- 



10 j 

FA cruzar las aguas del lago, medio sumergida c<»n el peso de 
los tres hombres que Íbamos en ella, se hacia cada vez mas in- 
segura; y bajo tan malas condiciones mo fué preciso abandonar 
la empresa 3^ rr grasar al rancho que estaba situado en lo alio 
de la montaña, (jue «ra el único abrigo que se hallaba en aque- 
llos lugares [)aia resguardarse de li intemperie. 

Eíte regreso fué para todos peno>:o iK)rque la lluvia había 
convertido la escabrosa vrreda del cerro en un lodazal resbala- 
diso y difícil, donde fácilmente se perdía el equilibrio. 

Al llegir al referido rancho había ya entrado la noche, y aun- 
que algo fatigado por los trabajos del día, tomé la pluma y an- 
tes de entregarme al de.'canso, e?cribí en mi cartera de viaje los 
apuntes que hoy me han servido para publicar en **Kl Porve- 
nir ' es'o^ desaliñados ren^ilones. 



Akejandko Pkieto. 
Guatema'a, Marzo I de 1878. 



Ademas de las laguna.-* de que hace meocion el Sr. Dr. 
González en su geografía, refiriéndose A lan insignificantes, hay 
alguníis otras que pueden ser de alguna mas 6 meno* importan- 
cia que son las siguientes: 

De la laguna de San Cristóbal en la Alta Verapat cnconlra- 
mos la noticia histórica siguiente que no carece de interés. —Di- 
cha laguna no existia anliguamente y fué formada á cunaecacocia 
de un espantoso terremoto í|ue hundió las casas y el torreoo 
que alli habi t, para dar lugir á una enorme cantidad d« agaa 
que estaque forma dicha profunda laguna do San Cristóbal. — 
Ignoramos la época en que tuvo lugar e-a traneformacioa, pero 
el aiío do 1075 ya pc consignaba por un viígero como historia 
antigua. 

En el departamento de Jalapa existen das lagunas una al Sur 
He la aldea de los Achiotes Jamay y la otra en la aldea llama- 
da *'La Cumbn;"csta última notable por la abundancia de 
p(ces. 

En el departamento de Chiquimula hay varias lagunas; dos 
en el pueblo de Camotan, encontr*índQse una en la cima y otm 
en las faldas dol cerro 'Me no ja"; olrns dos rn San .Tacin1'> en 



195 

el lugar llamaio "Laguna" camino que conduce para Ipala.— 
Otra esta cerca de Jccotan y otra en las inmediaciones de la 
cabecera del departamento/ 

En los pueblos de San Antonio y San Bartulo del dcpirta- 
mento de Sacatep?qnez hay respectivamente una laguna; á más 
de la de lletana, cerca de Dueñas: en fin, hay muchas más, de 
más ó menos cuantía en varios otros departameatos, que no se- 
ñalamos (n obsequio á la brevedai. 

De la laguna de Atf seatempa, en el departamento de Jn- 
tiapn, nos dice el historiador Juarros loque sigue: "Es digna 
de notarse la liguna de Atescatempa, asi llamada po que se 
halla cercana al pueblo de e?e nombre. Se admira en este lago 
la circunstancia de que entráncJole dos ríos caudalosos como 
son el de Coatepeque y el de Yupiltepeque, en toda su ribera 
no se le ve desagüe alguno; pero á c )rta distancia de su mar- 
gen en el sitio que llaman ''La Doncella", brota gran cantidad 
de agua que inmediatamente forma un rio bien grande y cau- 
daloso; lo que convence que este es el depagüe de la laguna 
de Atescatempa. 

LAGO DE GÜJJA 



Esta grande y hermosa laguna que tiene 27 leguas cuadra- 
das, y de la que una 3^ parte (mas ó menos) pertenece á la Re- 
pública de Guatemala, y lo demás á la del Saldadores de mucha 
importancia por sus bonitos bosques hacia el Norte y por sus in- 
mensos terrenos fértiles y llanos en la parte Sur y Este que no 

pueden menos de llamar la atención Esta laguna tiene 

una grande resumidera que va á salir cerca del valle llamado 
Concepción que disti 2 leguas al Norte de Masahuat, y 1^ del 
valle llamado Guacoyo donde hay un río del mismo nombre que 

se une a! gran desagüe de la resumidera mencionada 

Este gran desagüe viene á unirse al Lempa al Su l-Este del pue- 
blo Masahuat, y ú una distancia de 1000 metros pro'ximamente; 
este desagüe de la resumidera en su trayecto se le une al río 
Guacoyo y en invierno es el desagüe natural de la laguna; en- 
contrándose éste cuatro meses del año seco. 

(D. Francisco Venturini, explorador del Lempa, rio Salva- 
doreño.) 



EL LAGO AZUFRADO, 



Unii cardilleía muy irregular de montañas, destrozada á cada 
paso por nameroFos ríos, cuiíadas y precipicios insondables, 
so extiende desde la línea fronteriza de SoeonuzA-o, por la parte 
(le México, hasta las márgenes de la laguna de Guija, situada 
ea las fronteras del Salvador, atravesando en este trayecto to- 
dos los departamentos del Sur Oeste de la República de Gua- 
temala y piolongaado por este ruuibo sus contrafuertes en de- 
clives nia's ó menos violentos, hacia las fértiles playas del 0('ea- 
110 Pacíiko. 

Ec;t.i cordillera traza eu la carta geogrática de la República 
algunas líneas sinuosas, en cuyas curvaturas más irregulares 
se ven colocadas de tr.'cho en. trecho las cumbres gigantescas 
de muchos volcanfs. 

Eq los departamentos dtl Ksíe y del Norte de Guatema'a sería 
dilicil determinar con alguna precisión 1a línea seguida por la 
formación de las cordilleras, pues que el viajero que haya re- 
corrido estos últimos departamentos recordara el desorden en 
que se encuentran colocada?; desdrden que hace suponer que 
algunos siglos antes de su firmeza «y estabilidad actuales forma- 
ron una inií.ejsa combinación de materias arrojadas al espacio 
por la acción plutónica de los volcanes. Esto es tanto ma's pro- 
bable cuanto que se encuentran en las partes mas elevadas de 
las montañas, a^í como en los va' les que en corto número tur- 
man conos truncado < más ó menos regu'are.-^ e:i cuya base su- 
perior están aun abiertos en d fondo délos cráteres gran nú- 
mero de respiraderos, por donde se escapan al espacio los ua- 
ses produciiios por un fuego intíírior (pie aun no se encuentra 
dcd todo extinguido. 

En el camino que fc transita en la actualidad entre San Ju.-m 



198 

Ulapa y Chiquimulilla se atravieFa el terreno escencialmente 
volcánico en que se encuentran situados los altos riscos del cerro 
de Tecuambur. En esta comarca exi>-ten un gran DÚmero de 
esos respiraderos á que acabo de referirme, los que ofrecen sa- 
lida hasta la superficie del terreno al calor y gaces que se ori- 
ginan de un fuego subterráneo, no hay profundo en aquellos 
lugares, y dificilmentc sofocado por la gravitación que forman 
en conjunto los cimientos de granito de las montañas circun- 
vecinas. 

Una prueba de lo que acabo de decir es el Lajio Azufrado, 
en cuya ribera oriental se encuentran algunos orífices, de los 
cuales se elevan columnas de aire de una temperatura tan ele- 
vada que no puede soportarse al contacto de la mano; cncuén- 
transe también algunos pozos llenos de un lodo ligeramente te- 
ñido de amarillo por la gran cantidad de azufre que coutieoe, 
el cual estíí en constante ebullición. No pude coEocer el grado 
de calor de este lodo cuando \¡8Íté el Livgo Azufrado por la 
falla de un aparato competenle, pues un termómetro, cuya sub- 
divi«*ion alcanzaba i 70? centigrado.'^, bubicrn estallado con so- 
lo permanecer sumtrjido en él durante dos minutos; tnl era la 
rapidez con que se verificaba la di atacion del mercurio en el 
tubo de cristal que lo contenía. Kn los primeros de estos urifi- 
cioi noté que las pequeñas columnas de aire caliente (pie por 
ellas se escapan, arrastran constantemente m «u salida una 
gran cantidad de mcLudo polvo de azufre, qu»- se adhiere i Us 
protuberarcias y huecos de las rtca8, que forman las paredes de 
aquellas chimeneas naturales. 

Por la orilla Occidental del I^agu se encutntra otro número 
mayor de respiraderos, aunque estos eu su totalidad no merecen 
ya tal nombre, | or ehtar al presente obstruidos y completa- 
mente fríos; la única cosa que en ellos demuestra haber sido 
de la misma naturaleza que los de la mirgen oriental, son los 
r'.stos de azufre que se encueutrau en los íntertiscío.<» de Us ro- 
cas que los rodean. 

Es I a clase de respiraderos i-e encuentran también ú uno y 
olro lado del camino desde la cumbre de la ci ei-ta de Ix pació 
hasta la subida á la pequeSa aldea llamada Timpísque, algunos 
de los cuales estun situados tan inmediatos al camino que el olor 
nauseabundo que despiden no puede soportarse por largo tiem- 
po, y avisan al viajero la presencia, en el aire que respira, de 
gases sulfurosos y corrompidos. 

Si3 cuenta | or los vecinos de esta comarca que existe uno de 
estos orificios llamado el Pozo de la Muerte, del que se escapa 
una columna dn aire envenenado por i.o se sabe que gacrs sab. 
terrsíneos. que produce la muerte tle un modo iu«itnntáneo a 



m 

todos los animales tanto cuadrúpedos y reptiles que se acercan 
á él, como lí las aves que en su vuelo lleguen á pa^ar por en- 
cima del orificio que la despide. Esto me hizo suponer la exis- 
tencia en el m(ío de que se me hablaba de aljíun fenómeno 
semejante á los qne tienen lugar en el llamado Valle del veneno 
ó de la Mnerie, en Java, 6 en la gruta de Canoas en las inmedia- 
ciones de Ñapóles, en donde la abundancia del gas ácido car- 
bónico que se exhala de los respiraderos, produce la asficcia 
al que penetra en tales parages y permanece en ellos por laro-o 
tiempo. ^ 

Cuando se me dieion tales informes r(specto del Pczo de la 
Muerte quise conocer personalmente tan peligroso sitio y bus- 
qué al efecto entre los vecinos de Tecuanbur un guia ccnoctdor 
de aquellas montañas. Fui conducido entonces á un bgo muv 
inmediato á la aldea de T. mpisque que no dista de ella sino 
un kildíiietro á lo sumo, y al pié de un elevado barranco, délos 
muchos que forman los destrozados contiafuertes del cerro de 
Tecuanbur, se ei¡cuentra un espacio de fotma elíptica, de tre- 
cientos metros de circunfert-ncie, en donde el color amarill'. nto 
del terreno, el olor azufrado que satura la atnu'ísfera, las molé- 
culas de azufre que se encuentian con restos de escorias vol- 
cánicas; todo haré sufoner que ahi existió un gran respiradero 
sulfuroso de la misma naturaleza de los que se encuentran en el 
bordo Oiieníal del Lago Azufrado. Tal es el f-itio que se me se- 
ñaló como el pozo llamado de la Muerte por los habitantes de 
aquella comarca y del cual se me habian dado los informes que 
dejo indicados. Muy pronto pude convencerme entonces de la 
exajeracioh de tan siniestros rumores pues que en la actualidad 
todo ser viviente puede permanecer en las inmediaciones del Po- 
zo de la Muerte sin abrigar el menor temor de ser víctima de 
alguna influencia mortífera, estraíía y desconocida. 

Al examinar más detenidamente el Pozo de la Mueite pude 
conocer que ha sido obstruido por los considerables derrumba- 
mientos que han tenido lugar en el bari'anco á cuyo pié se 
encuentra colocado: pues este barranco elevándose á una altura 
de cuarenta metros apioximadamente tiene aun en el dia gran- 
des moles peñascosas que parecen estar suspendidas en el espa- 
cio por un verdadero milagro de equilibrio: pero que sin duda 4 
se precipitarán al mas ligero estremecimiento que sufra el terre- 
no en los coatinuüs temblores que lo conmueve. El Pozo de la 
Muerte es al presente menos temible por sus exhalaciones que 
los pequí;ños pozos del Lago Azu'rad.o. No obstante es induda- 
ble que el mal clima que se atribuye á la comarca que se ex- 
tiende de San Juan de Utapa á las alturas de Tecuambur es 
debido á las inílucneias qua ejercen cu el sistema fisiológico do 



200 

todo ser vivieiite los gafes pestilentes y venenosos que se des- 
prenden de los citados respiraderos. Uca prueba de esto es la 
de que loe labradora s que bnjan á los valles délas moutaüas 
en las primeras horas de la mañana á emprender sus tareas 
agrícolas, cien atacados á los muy focos días de fiebres mias- 
máticas de las que muy rara vez escapan con vida. La doloro- 
sa experiemia que han adquirido de esta veidad los ha hecho 
prescindir al pre.-ente el trabajar en el bosque en las primeras 
horas del día, teniecdo (|ue esperar á <|ue las lijeras neblinas 
que por lo común cubren las partes bajas del terreno al ama- 
necer, hayan desaparecido para comenzar ' ^ a? sin el peli- 
gro de la enfermedad. 

La explicación científica <jue puede dar>c u este hecho es la 
(le que los gases que se despiden de los respiraderos y ciénegas 
azufradas se * xtit-nden en las capas bajas de la a!niJ>rera, ocu- 
pando el fondo de los valles, debido lí la frialdad de la tempera- 
tura que se rota durante la noche: y eñU>s gaces que son los que 
producen el envenenamiento de la snr.gre. se elevan á las altas 
regiones de la atmó>fera. cuando el Sol nsceiidieudo Fobre el 
horizonte*, los volatiliza por medio del calor. 

Sin embargo de esto, el dima de que se gofci «ble 

Nu vo*' y en las alturas de Uzumasale, en donde t.slü :utu;ida 
U finca de 'Tadil!a, " es un clima 1 aijtuute saludable, pu»8 des- 
de luf go se comprende <|ue las causa» que acabo de meDciooar 
y que hac(n mal sánala |arte b:»ja de aquellas nnutana^. lo 
existe cu las alturas. 

En los terrenos ipie i>e ixtienden ul íur-K^i^ iK- l\.^., .. Nue- 
vo se encuentran exteus oi:e9 de bastante consideración, suficíeD- 
teracntc planas y muy propias para cultivar el café; nu altura 
sobre el nivel del mar es de 3S00 pi<s y las plantuciooes que 
en pequeña escala se han hecho, demuestran las grandes venta- 
jas del terreno para e^ta elase de cultivo. 

Mucho debe contribuir indudablemente el exhuberante des- 
arrollo de la vejelacit'n en aíjuellos lugarer^ esos miamos gaces 
(lelel<5eo« que f-on un veneno para los teres anituados, | uesto 
qu" las ftlantas se desarrollan en mucho por la influencia del 
ácido carbcínico eme figura entre los componentes del aire y 
|.est(í gas debe ahuí dar sin «luda (n unos sitios en do, de exis- 
ten abíert'S en la superficie misma del terreno resp¡radero.s de 
dutitíu^s vohíants. 

ÍjI lago Azufrado, ademus de estos respiradc, 
f.Mióinenos muy dignos dv notarse, los cuales con.-i^itn tu los 
uiovim entos (outrarios (pie experimentan sus aguas, pues auo- 
(jue a' primeía vista pari^en oormidas. i¿ |)oco qu.'* se 1 s exa- 
Uíiiia f<o Ji()!a en ellas la cxís'ími ¡:i (]»> corrlofiti.»; ifi«liirl'>t,i..if..iii- 



^____ _________ 201 J 

te determinadas por esfuerzos subterráneos, unas repulsivas y 
otras absorbentes, imposible de ser conocidas en su origen y 
combinaciones interiores. 

Pocas palabras bastarán para dar inia idea de las condi- 
ciones en que este lago se encuentra coloccdoy de las corrien- 
tes, tanto exteriores como subteirárea?, que en él concluyen o 
en él se originan. Su forma ís aprcximadamente circular, tenien- 
do un diámetro de cualrocienlos metros á lo sumo, d terreno 
que le rodea es un bordo también circular que se eleva á quince 
metros sobre el nivel del agua y está formado por las paiedes 
interiores de un cráter, en el fondo del cual se descubre el lago 
como un extenso charco de azufre batido, pues sus aguas, lejcs 
de ser transparentes como las del lugo de Ayar?a, están teñi- 
das de un color amnriro paja muy pronunciado, debido á la 
gran cantidad de azufre que contienen. Son dos las corrientes 
que se ramifi( an exteriormcnte con estas aguas, la una con-isle 
en un pequeño arroyo que no arrastra más de dos metros cú- 
bicos por minuto, el cual baja serp.enteando por la parte del 
Sur Oeste; y la otra tan insignificante como la anterior, origi- 
nándose en el mismo lago por la parte del Este, atraviesa las 
pendientes del terreno y va á perderse en el arro^'o de íxpaco. 
Nada notable presenta esta entiada y salida de des arroyuelos 
en un lago como del que me ocupo, pues desde luego puede 
suponerse que el último arrastra en su salida igual volumen de 
agua al que conduce al lago el primero, pero sí llaman la aten- 
ción del observador los borbotones que conmueven la supeificie 
del lago por su parte oriental, en un espacio circular de 10 mé- 
tr( s de diámetro, con cu^'os borbotones aparecen una infinidad 
de globulitos formados por gases sulfurosos, los cuales al esta- 
llar en la superficie fi rman el lijero va¡ or qu^ cor>stantemente 
se eleva de aquel sitio. 

Para conocer la naturaleza de tales movimientos hice arrojar 
un pequeño trozo de madera en el lugar en que aparecíen y ob- 
servé que este era lijeraraente impulsado fuera del circulo en 
donde se notan los borbotones. Esta circunstancia no me dejo 
ya duda de que en aquel sitio existe una vertiente considerable 
que haría muy pronto rebalsar las paredes del cráter ó conver- 
tiría el pequeño arrojo que en él se origina en un impetuoso 
torrente, si no existiese en el mismo fondo de este lago un poco 
absoí vente por el cual desajarece la inmensa cantidad de agua 
que arroja la vertiente de que ac>bo de ocuparme. 

La temperatura que tienen las aguas del Lago es de sus gra- 
dos c( ntígrados sobre cero observándose con sorpresa que á dos 
metros de distan- ia de la orilla de un lago tan frío ^e encuen- 
tren pozos de un lodo hirviente y orificios por los erales se es- 



202 

capan las columnas de aire caliente que dejo mencionadas al 
principio de estos apantes. 

Para terminar mi presente -aríículo, que ya toca á los límites 
en que es precií^o circunscribir un artículo de periíldico, diré 
que al contemplar bajo un solo golpe de vÍ!í|a las loraas poco 
inclinadas que se extienden entre las allui*as de Tecuanibur y 
las de Usumasate, en medio de las cuales está colocado el lago 
azufrado, fácil es concebirla idea de que existió en aquel sitio en 
lina época ya muy remola nn volcan giganteí^co, que después de 
haber conmovido profundamente los cimientos de aquellas mon- 
tañas, arrojando al espacio inmensas cantidades de materias 
de toda naturaleza combinadas en una confusión completa, se 
hundid sobre sí mismo viniendo á oeupar su cráter, asi como la« 
rocas y arenas quefoiniaion exteriormente :=u cono superior, <*l 
mismo sitio en que hoy te encuentra el lago: dejanio en pié 
por sus contornos elevados aun á grande nlluia los r¡!»i03 que al 
presente son conocidos con el nombre del Cerro de Tccuambur, 
y que entonces fueron loscoiitr,ifuorto<; lnt(Tnlo< vn que apoyara 
el volcan su gigantesca mole. 



EL LAGO DE ATITLAN. 

VULGARiMENTE LLAMADO LAGUJVA DEPANAJACHKL 



MiH ho se ha escrito en prosa y verso en elogio de este inte- 
resante lago, y no sin razdn porque todas sus circnnsíancias son 
esiudiables bajo ciertos puntos de vista a' inspiradoras bajo otros 
aspectos; algo en verso y un poco wÁs en prosa aunque do todo 
lo que sobre ello se ha escrito, vamos a' insertar seguros de 
que agradare mos á los lector^'s; y con cuyo objito dejamos pa- 
ra lo último de este tratado tan simpático asunto. Comenzare- 
mos por lo que la historia que nos está sirviendo de fuente, la 
del Padre Juárros, nos dice áesie respecto. 



EL LAGO DE ATITLAN 

'^Ynmediato á este pueblo está el lago del mismo nombre, y 
uno de los mas celebrados del Reino, así por su tamaño como 
por sus particiilares circunstancias: ti^ne ocho leguas K. O. y 
más de cuatro de ancho N. S.; hállase todo ceñido de serranías 
y peñas tajada^: no tiene playas ni se le ha podido encontrar fon- 
do, aún con sonda de trescientas brazadas: se admira en ella la 
particu'aridad, de que entrándole varios ríos y todas las aguas 
que bajan de las sieiras, no se le vé desagüe alguno: sus aguas 
son dulces pero tan frías, que á pocos instantes se hiela y entu- 
mece el que se arroja á r.aiar en el!as. No da más pesca que 
cangrejos y unos pecesillos tan pequeñcs como el dedo meñique; 
pero f n tanta abundancia que hacen con ellos un gran comerci:» 



JOi 

los diez pueblos que están plantados en sus orillas: los naturales 
de estos pueblos se comunican unos á otros en canoas grandes 
qu^ tienen para este fin." (1) 

El Sr. Djn Antonio Batres J. en >u opúsculo citado ya, para 
describir el lago de que no: ocnpamo? dice lo siguiente: 

La cabecera del departamento de SoloU lleva ese mi¿n»o nom- 
bre y se encaentrÁ á 6,-350 pies sobre el nivel del mar }' ú las ori- 
llas de ciua espec'e de meseta que se extiende progresivamente 
hacia el Norte, hasJa tocar tn !aa montañas del interior, y está 
limitada al Este y al Oeste por los profundo<< Varrancos en don 
de corren los ríos de Pauo jache:] é Iboy, mientras que tennina 
bru cameníe, al Sur \wr los ium^^nsos precipicios rorfados á ta- 
jo, que dominan el nivel del lago de Atitlán, á ra verti- 
cal dé seiscientos metn-s. Al ucereárst» un poco :i le las úl- 
limas casas de Solóla, Inicia el Sur. se ^'oza de nn punto de vista 
de lo más sorprendente y btllo que puede imaginarse; se en- 
cnentra uno sobre una punta avanzada. <|ue tiene ()or límites 
gig'intcscas murallas, cortadas á tajo. ínrmadap de rocas y de 
grandes lurtsa^ de piedras. »<».« tenida'* por un cimiento aicilloío, 
q«ie apenan parece i olerías - .. y da n e?e caíoi* bastante 
consi.-t'Muia para que no fe , on el 'a?!*^ de Atitlán. tu- 
yas aguas líippidas fmr 'Cfi flonaii ir*!' . profundidad 
inconrriensuraMe. A la derecha el li » rorrer ci'U 
fragoroso oHlréi ito sus aguas amarillentas, en el fonio de un Qf- 
pantoso barranco, que pix;.<:oDta el ejemplo mS-* grandioso de 
destrucciíjn y ruina; por delante el extenso lugo de A nibín ho 
ve calmado, culor <Ie cit lo, presentando un (mnoraroa magníft* 
co, que deja ver en graciolas curvas las niaras enormes de los 
volcanes de Atitlán y de San l'edro." 



Once pueblos circundan este h¡st<5iico y |K)ét'Cü lago. Con 
todo, solamente .se le denomina Laguna de AtitN'n 6 de ÍVinn- 
jach'd. 



(1) No (leja de aprcurioüa é int^Tc-tAtit^ \n trauM que Im timdiciúa mvámlm |wrft U •■«• 
terilidad ó tn\tii de pescado . s*. qos aaMrora ^vm ■mi»piwliiiiii Tarún» 

clase» do pi>cos v <>ti a(nin<ia >. mandariiMd o^mUoIm Imfaui impuesi.» 

a lo6 indígenas dr> los .1. i .;iio Uh tr9ij*«i>a d ptiilu fnMco: pa 

i-u lu c-uhI. iM»r 1. uilni. I<M " - -■ 



cianmucliu. |)u i.ilquípra ÍAlteácale reepr^r- 

to. Loquevist -^ jMo. do po^Mldo rMBfdiar 



l<is abu.sus dn Ui|Ut<lU>e> iuautlaritii>t< luUuiikauuo. iiiMldijo el liifr» y de«de ' 

dejó de prcxlneir |»es<'ad<> «rande %• wSIO da po^-JidiU»* ^ rnncn-j.W. (T^rrtor: rom» 

m.. 1.1 .-..n» ti ..11 I.- 1... u. »ii.. ' ri r.ut 



205 ■ 

Atitlan era la antigua metrdpoli del Reino de los Tziitobiles. 
Antes de la conquista tenía por nombre Pa-TziquhLO-jd, que quie- 
re decir: mansión de los pájaros del agua. Se titulaba así espe- 
cialmente por la Isla ¿^iam, 6 del Gato, que era el nagual o 
guardián del lugar contra las irrupciones bélicas de los enemi- 
gos, isla que casi ha desaparecido. 

Allí moraban las ninfas de los soberanos Tzutohiles, enti'e 
las cuales figurd la célebre princesa Gebel como la mas linda y 
encantadora. El viaje de esta á la coi te de Utatlán, ocasionó ía 
separación de los Reinos Tzutohil 3^ Qniclíé, que tuvo por capi- 
tal primeramente Ysmalchí, y Kakchiquel, del que era su ca- 
pital al principio Yxinché y después Tecpán Quaulitemalán. 
Estaban unidos entonces y formaban un vasto imperio. 

Con posterioridad, el anciano Ahpoxahil dividió el enunciado 
territorio entre sus tres lujos, tocando el primero á Atit, el se- 
gundo á la joven Utatlat y el tercero al párvulo Cliiiitimal, di 
visión que se hizo poco después de la etupcijjn del volcan que 
ahí había y de la cual se originó el logo. A sus márgenes apa- 
recieron los nuevos volcanes que existen. 

En las inmediaciones de la población, y hacia el norte, ha}- 
un cerro llamado ''de Oro." Cuéntase que en él fueron de- 
positados los tesoros y caudales públicos de la casa real y de 
los caciques. Se formó con multitud de lajas que echaron milla- 
res de habitantes por orden superior, al tenerse noticia de los 
estragos que los conquistadores estaban haciendo en el colosal 
imperio de Moctezuma. 

Atitlán Cb' de clima suave y benigno: en él actualmente hay 
un pueblo grande, habitado casi sólo por indios; es cabecera 
de distrito electoral del presidente del Poder Ejecutivo, de 
los diputados á las asambleas y de los magistrados del Poder 
Judicial. Tiene además una comisión política, municipalidad 
estafeta de correos y escuela de primeras letras. En él se halla 
también la parroquia, cuya administración se extiende á los 
pueblos de la costa de Patulul. 

Se halla situada esta pob'ación, en la ribera oriental del 
lago y al pié de dos volcanes: llamado uno de ''Agua,'" en cu- 
ya cúspide se cultivan plantas de los climas frío?, y el otro de 
•'Fuego", el cual hizo una erupción, pocos días antes del pró- 
ximo pasado cólera, y que á veces arroja llamas. En ambos 
volcanes se encuentran árboles viejos que producen tlores de 
madera que, exhibidas en la expo^ción de los Estados Unidos 
de América, causaron novedad. 

Los habitantes de Atitlán se ocupan en los repartos de ga- 
nados y su agricultura consiste en cafetales que se farmún en 
Paraxán, en la siembra de garbanzos, y de otros cereales de 



2Ut. 

primera necesidad. Así mismo se ocupan en hacer petates de 
tul y lazos ordinarios; se dedican también á la pezca cuyos 
productos realizan en los pueblos vecinos: llevan cueros al merca- 
do de Retalhuleu y cacao á los de Guatemala y de la Ant gua. 

El lago de que se trata tiene igualmente el nombre ind cado 
Kakdtique!, co:nf)uesto de ^Ta-na-ja-chel" "donde está el agua 
de los matüí^ano?/' por haber sido este árbol frutal, favorito de 
aquellos lugares. - 

Este pueblo, de clima cálido, encuéntrase situado al norte del 
mencionado lago. Ha sido talvez el de rorfa comercio en el de- 
partamento de Solóla, por el frecuente movimiento de los tran- 
seimtes. Es peíjueño y de vecindario mixto. Tiene un hotel, 
comisión política, municipalidad, escuela*! de primeras lelras y 
administración de correos. 

En lo eclesiástico, su carato comprende los pueblos de la 
I ibera de la laguna, y además los de Concepcidn y de San An- 
drés Semetabaj, d^de cuyas alturas «e divina, á vista de piija- 
ro, el lago en toda su cxtensiiín, hermosura y esplendidez, los 
conos de los volcanes, los portezuelos que dominan las costas, el 
mar en lontananza, las elevadas mesetas en que están situados 
Solóla y varias otras poblaciones, y los demás pueblos de la 
laguna que aparecen con sus hortalizas y huertas de árboles 
fruíales, no habiendo más comunicación con el pueblo de Santa 
Catarina Palopu ó de la laguna que un paso mortal, un abismo. 

Panajachcl tiene la misma industria que Atítián, muy poca 
agricultura por sus elevadas rocas minerales que lo rodean y 
por la gran anchura del río que cruza la vega y es uno de lo^ 
mayores afluentes del lago. Tiene dos finca» de caña de azúcar, 
pequeños cafetales, cebollas de las miVs aprradables. lyos y va- 
riedad de frutiis. 

Panajachcl ha sido lugar de temporadas por su delicioso cli- 
ma, á pesar de ser cálido, {»or los baños en el lago por sus 
aguas terma!e-< y por el continuo tránsito de los viajeros. 

Xo obstante, como ol rio cambia de cauce en los temporales, 
ha arrastrado on sus aluviones casi todo el pneblo, al punto que 
únicamente e-vi.- te en el perímetro central un grupo de edificios 
casi en su mayor parte de-^quiciados, por cuya circunstancia, los 
vecinos emigran anualmente, admirándose U valentía de los que 
aún permanecen impávido^, en desesperada lucha con tan tenaz 
adversario. 



Nueve pueb'os más existen al rededor del lago y sin emba-r 
go, ningún otro lleva un nombre indíjena, sin duda porque to- 
dos son nombres dados on época de la dominacii^n ibérica. 



_________ 207 

San Pedro: está situado al Sur, rrclinajio hacia su hermoso 
volcííii, én cuj^os seculares bosques muje el ledii, paséase la dan- 
ta, trina el guarda gorgéa á redoblante el Guachoco y se en- 
señorean el faisán, la pava, la giucama ya y el quetzal, que han 
sido buena muestra de nuestros pájaro^ y aves en las exposi- 
ciones del Viejo Mando. Allí se cría el cangrejo de más esqui- 
sito gusto del lacro, con que los antigaos moradores acostum- 
braban obsequiar á los alcaldes mayores y capitanea generales. 
Sus vecinos aunque son indios, todos hablan el castellano; po 
séen pastajes de ganado en Pamanán. Es parroquia eclesiáíJtica 
comprensiva de otros pueblos situados en la circunferencia del 
lago. 

San Juan se encuentra al sur oeste, casi en una es[)ecie de 
rada 6 punta; sus vecinos comercian coi] los pueblos inmediatos 
y su iglesia es filial. 

Santa Clara se, halla al poniente, en una meseta á des leguas 
distante de la laguna. Ea este lugar abunda la gran idilla; sus 
habitantes elaboran canastos. 

El comercio ío constituye el traspoi te de artículos de las tin- 
cas cercanas á distintas poblaciones. Es curato y comprende o- 
tros dos pueblos. 

San Pablo, San Marcos y Santa Cruz están ubicados al ponien- 
te, son pueblos pequeños y sus habitantes se ocupan de prefe- 
rencia en la pesca: el pez de allí es el más sabroso de aquellos 
lugares; las frutas de sus huertos las llevan en especial á las 
grandes poblaciones occidentales de la República. 

Sus iglesias son respectivamente filiales de tres distintas pa- 
rroquias. 

Santa Catarina Palopó: está al norte y casi á ñor de agua; su 
iglesia es filial: la ocupación mayor y cuotidiana de sus habi- 
tantes es la navegación y son considerados como los más exce- 
lentes náuticos de toda esa comarca. 

San Antonio Palo]¡)6 también situado al norte: sus edificios es- 
tán situados en una cerranía para evitar las inundaciones del 
lago. Este pueblo se ocupa en particular en el cultivo de los 
granos de primera necesidad: hillase en sus egidos la casa na- 
cional de Godines: su iglesia es filial. 

San Lucas Toliíadn: está en un portezuelo, al oriente: tiene ad- 
ministración de correos, alü se cruzan dos vías principales: la 
que conduce de Guatemala á la Costa Grande y á Champerico, 
pasando por Atitlán y la que va para la costa de Patulul, don- 
de se dividen la que sigue para la barra de Tecojate y laque 
conduce á Escuintla 6 á la Antigua. Muy poca es la población 
permanente. 

Los nueve pueblos son de clima templado: tienen mnnicipa- 



lidades y cabildo-, son de iodios por lo regular. En todos ello 
se elabora el petate de tul y cabestros ordinarios, se cultiva ei. 
abundancia el garbanzo, el tomate, I<t sandilla, el camote, el 
sapote, el jocote y otras írutas propias de la sona templada. 

Las embarcaciones que cruzan el latro son los c«yucoá y ca- 
noas muniíipa'es; de éstas, caia municipio tiene la suya para 
sus actos oíiciiles, habién lo t imbién lanchas de particulares. 
p]n la línea entre San Antonio y Atitlán, se cree que haya una 
corriente 6 desaguadero invisible, porque en ocasiones se forma 
una especie de remolino, que causa naufragios: á este fvnómcn 
le denominan los indios Tj-oícojhI 'furor de los diablos.** 

Tan bello y pintoresco lago, de aguas cristalinas y tersa«, que 
mide de longitud ocho leguas, de latitud cinco r una profundi- 
dad en el centro de trc-cientas vards. es qoízi el lago ra.Í8 mi- 
serable y pobre en pesca, pu OH (MMe*' ' , : ,,„ , 
ó dos pulgadas de longitud, que los i . «ii 
tas. Cangrejos, gallareta», puto:> y gaitas acdiiipau eu It» pla- 
yas. 

Hacia el orte XrecilKí el lago los rSos de Panajachel, |>equi- 
no8 eu verano y cándalo o j en iovieroo, ios caales careciend»' 
de puentes, sirven de obstáculo frccucutemento á los tratistun 
tes. 

Y tuubién an riachuelo que coi re junto de San Aniooio Va 
lopj, descendiendo d*» nna roi*a que contiene una capa de ^i 
bjnato de cal (yeso.) 

Por el Poniente desembocan le »s ri.»« de Si ^ 

(pie por hallarse sin puente:*, en la t^p<ica dt- 
los caminan ten. 

Kl río Ki.-kap, ipic baña la finca denuii......v.., l.i .^^^ ; > 

(|ueen el trayecto <le Sololú á í^n tK»i«é, s»» pn«a por un elevad 
l)uente. 

Hay otros pequeilos tributarios que curian en las jnrisdiccio. 
lies de Smta Cruz, San Marcos y San Pftbio. 

Lrs allut lites no c.Hiaii bien determinados afm; p( ro se concep 
túan íonn» tales. 

Por el Oriente': 

Kl río ile Madre Vieja, (pie i'orre al liste y continua al Sur de 
San Lucas Toliniau, cmpi«7.a á formarse con lo< riacbneloa de 
' Ix)s Cangrejos" y "El Agua Tibia," los caales carecen <l< 
puentes y ¡os Robles con puente. Estos río» crn/jín la vega d« 
los Chocollos, entre Godines y Patzún. A p«>rns logua-i alajo d< 
San liU ai», engruésase con varias ver 
son eousidemblcs, como lis llamada-' ' ¡ . 

y ''San Jerónimo," sin pu ntes r.ucden de laü ladera 

de los volcane? de Atitlán. 



I 



209 

En el archivo eclesiástico de Atitlin existen documentos an- 
liquísimos, que manifiestan: correr en subterráneos 3^ entre los 
precitados volcanes una inmensidad de agua, que va á salir 
;{ flor de tierra en parte muy baja. 

Por el sur: 

Los ríos Mispijá. Moca y Cusan, que se pasan yendo del pié 
de la cuesta de Atitlán para Panán, son temibles en la estación 
dé las lluvias, por carecer de puentes. 

Y por el poniente: 

El río Panán, que nac i en las faldas del V!)l-'a'n de í^an 
Pedro. 

Al nordeste de Pauajachel se desprende un snlio de cujun, 
proviniente del río Ilzalá: éste corre á orillas de la población de 
San Andrés Sometabaj: dicho salto queda hacia el nort^. del ca- 
mino que une las mencionadas poblaciones.. 

Al poniente, en la cumbre de San Jorge, sobre San Buena- 
ventura hay otro salto de agua, a^í mismo hacia el lado norte de 
la cuesta de San Buenaventura que (tondiice á Solóla. 

Eq las alturas al poniente de San Marcos brota una cal- 
cada. 

En las de igual condición de San Pablo aparece otra. 

Y al sur de Atitliín y de uno de sus volcanes, por donde se 
descubren todavía escombros de antigua población, anterior 
á la conquista, hacíalas fincas de San Agustín, en punto desco- 
nocido, por estar lejos del camino publico, resalta una hermosí- 
sima y soberbia catarata, que tiene la elevación de treinta y tres 
varas, y que en el raudo y diáfano vuelo que sus aguas toman, ó 
sea entre el golpe de agua y el peñón de donde brota, pue- 
dan transitar quince personas a' caballo apareadas, sin ser 
molestadas por el agua. Esta es una de las maravillas del 
país. 

Es realmente una maravilla, porque á su natural belleza, úne- 
sele la mágica prespectiva de su posisión topográfica: al efecto, 
hallándose el sol en el oriente é en el ocaso, los rayos matutinos 
y vespertinos hacen de sus aguas un esplendente arco iris: en las 
noches de plácida luna, bajo la influencia de sus plateados ra- 
yos, conviértese en lucida diadema: en tenebrosa noche á travéz 
de sus relámpagos, colúmbrase como cristalino faro-, j en \iovdi?. 
de sotavento, esparciéndose su impetuoso torrente por doquiera 
tórnase en hermoso penacho. Y todo esto en admirable armonía 
con el verdor de los bosque del volcán, que parece ser un gi- 
gante que custodia celoso la sorprendente belleza de aquel en- 
canto, y las ricas planicies de San Agustín, que, con sus dilata- 
dos horizontes hasta el pacífico Océano sírvenle de repisa, fin- 



210 

gen en el delicioso panorama an risco diamantino y prodi- 
gioso. (*) 



Sobre este lago dice el Señor Dr. González lo siguiente: 

Estfí situado en el departamento de Sololi, i 1558 metros de 
altura sobre el nivel del mar. So longitud, tomadla desde San 
Lúeas Toiimán liasla San Juan, es de 16i millas su mayor an- 
chura, desde la fínca denominada San Buenaventura hasta el 
lugar llamado Canajpü es de 8 millas; y su profundidad es de 
1050 pies. La circunferencia es de 63i millas. Tiene el li»go 18 
islas, de las cuales 7 son grandes. Recibe vhhos río« y fuentes: 
pero no tiene desagüe visible. El panoranr.a qu-* presenta e>U 
localidad es de los mJs bellos é imponentes. El Ijgo está rodea- 
do de rocas Viilcánicus, de precipicios y altas nMntunas, y de 
13 pueblos, quedando U parte S. entre los grandi^s volcanes de 
Atitl;ín y de San Podro. Kl lago eslA espnesto í( íuert»'8 vien- 
tos 6 remoliuos, que lo agitan profundamente y hacen la UAve- 
gacif^D peligrotfa en embarcaciones pequeñas. Los indígenas lla- 
man á estos vientas chocomil. Hay muchoi cangrejo.s y peces 
diminutos llamadoi uhtminas, (|ue sirven para l.i alimentación 
de aquellos pueblos. 



(*) De*de el último párrafo de la pajina 904 liMta «mi, lo aatarior tnk ropiailn 
(le "El Dír'\ perícMÜro guatemalteco publicado tn 1SS6 por «I 8«6or Don PMtrfc^ 

Proaflo. 

Cumple también á nuestro delier baoM- una rectiñcacióo qae ooa giMfeo m» man- 
•«uramos h hacer en e«te lugar, eala aiguiente: que ^ pnctoso articulo dtocricttvo 
de la Gruta de San Podro Mártir que figure en la página 16S no ea como dUbao» 
del Sr. Rossignon. sino del digno guatemalteco Sr. Licdo. Don Juan J. Bodnfoac 



I 



LA LAGUNA DE ATITLAN 



En medio de imuailas 
de eterna primavera 
que van entre las nubes 
la luz á recibir 
del sol que en el espacio 
brillante reverbera, 
y adorna el horizonte 
con franjas de carmin; 

Dilátase tranquila, 
lamiendo suavemente 
la plácida laguna 
los pies de su señor; 
y al beso de las auras 
y al soplo del ambiente, 
recibe de los bosques 
la desprendida flor. 

Con suave movimienio 
sus aguas cristalinas 
en leves ondas llegan 
los campos á regar 
de pueblos y de aldeas, 
montañas y colinas, 
que bellas y agraciadas 
en torno suyo están. 

Panajachel cultiva 
sus huertas abundosas. 



al eoplo humedecido 
que allí se hace sentir 
constante, al elevarse 
las nieblas vaporosas, 
que van su superficie 
cubriendo hasta el confín. 

¡Qué hermosa perspectiva 
presenta á nuestros ojos 
el cielo y la laguna 
la tierra y el volcán! 
Ante ese bello cuadro 
debiéramos de hinojos 
caer, y eternamente 
al Dios grande adorar. 

Al Dios que, prodigando 
bellezas á millares 
al suelo Americano 
colmó de bendición: 
y que éste en recompensa 
le ofrece como altares, 
pequeños monumentos 
de gratitud y amor. 

Mirad hacia la playa, . 
que al frente, magestuoso, 
del fondo de las aguas 



2V2 



se eleva el Atitlán, 
vtstído de esmeralda 
perfecto y orgulloso, 
pirámide formando 
que al cielo toca ya. 

Su cú-ipide coronan 
mil nubes delicadap, 
en forma de diadema 
de'^límpido algodón. 
(|ue cambian por el oro 
su:s tintas nacarada-:, 
variando ásu capricho 
su nítido arrebol I 

Y d vece?, cual UKutaña» 
de grana y amaranto, 

ó bien de nieve pura, 
se elevan á sus pién; 
ó en forma de celajes 
le cubren con su manto, 
que fresco y traní^parente 
flamígero ?e vé. 

Miiad aniieJio din 
los cerros sepultando 
sus faldas en el a^ua 
con orden «lesigual. 
como los bastidores 
de teatro, «lecorando 
(roluinnas de verdura*, 
que en progreesión están. 

Falange de titanes 
que en torno á la laguna 
resisten impasibles 
la furia de aijuilón: 
ejércitos de sombras, 
lormando media luna, 
de eternos centinelas 
espléndido escuadrón. 

Y el lago retralando 
sus bellas proporciones 



de verde oscuro tifíe 
su espejo circular, 
mirándose en el fondo 
hundidos mil peñones, 
traslados gigante.«?co<! 
del bello original. 

Y' en vez de áridas playas, 
desiertos asolados, 
del uno al otro cerro, 
campiñas hay al pié: 
ó verdes hortalizas 
y campos cultivados 
táñales donde brota 
riquisima la miel. 

Mirad al otro lado 
(¡en pueblos á la orilla; 
sus casas, sus iglcs-a.<j 
las vemos de^de nllí; 
y al indio que pescando 
en mirera barquilla, 
surcando va las ago. .•< 
en dirocciones mil. 

Kl águila altanera 
que cruza en raudo >'!•'.» 
cual reina del espacio 
la eticaba ex ten-' 'i 
qu«- mide con la \ 
cerniéndose en e 
del ave á quién ;. 
la breve ondulación.. 

La astucia conque i»ii{ue 
su presa, indiferente, 
tendiéndose traidora 
del lago en derredor; 
y el go2o con qne cla\ a 
sn garra ferozmente . . 
del perseguido cisne 
la moribunda voz' 

La garza que se |)Oí»a 
cual lirio inma< ulado. 



213 



sobre la inculta breiía 
del áspero arenal; 
los peces que se mueven 
en un fondo azulado 
y arrojan de las ondas 
espumas de cristal. 

Y alia por las montaña-, 
de lejos, la armonía 
del guarda y del zenzontle 
coDÍ'uFa periibir; 
y del humilde pito 
la dulce melodía, 
con ecos de la fuente 
sus (cos confundir. 



La tórtola que llama 
del solitario nido 
con su doliente arrallo 
la prenda de su amor, 
la música más suave 
(pie hiere nuestro oído 
sintiéndose en el pecho 
huir el corazón! 



Las olas que en la playa 



murmuran dulcemente, 
la espuma que acaricia 
voluble nuestros'piés; 
la brisa perfumada 
que rosa nuestra frente, 
cual aura que nosbesa^ 
con > navidad la siéu ! 

¡Qué cuadro, qué conjunto 
de flores y de aromas! 
¡(lué encantes para el alma 
descubre el hombre allí! 
las aguas, jas espumas^ 
las pintorescas lomas, 
las aves y las ondas 
de un cielo de zafir ! 



Magnífica belleza 
! (jue ofrtcrí á nuestra vista 
el cielo y la laguna, 
la tierra y el volca'n! 
Hermoso panorama 
I queVreóel Divino Artista, 
i y el suelo Americano 
I le ofrece corno altar. 



Ramüx Uhiaktk. 



EL LAGO DE ATiTLAN. 



I 



Lector, ¿quiere Ud. admirar el más maravilloso de los con- 
trastes; la naturaleza en su vida animada, brillante y capri- 
chosa, allá donde quizá en sus ideas es árida, descolorida v 
silenciosa'? Baje üd. en una hermcsa mañana de verano, cuan- 
do el cielo está sin nubes y entérame nte azul, de ese azul, ca- 
racterístico de las alturas terrestres, la escarpada cuesta que 
de la interesante villa de Solóla conduce al pequeño pueblo de 
San Jorge. Suspendido si á veces sobre el abismo, pero con- 
fiado en el paso seguro de su cabalgadura, verá Ud. brillar 
por encima de las altas colinas que le circunscriben, la su- 
perficie ondeada del lago, cuyas orillas, ornadas con pueblos 
y aldeas, ya llegado Ud. abajo, no pedían menos de recor- 
darle los más interesantes lagos de las montañas de la encan- 
tadora Suiza. Disfrutará üd. la gratificación de todos sus sen- 
tidos, al gozar del inponí nte panorama que preséntala la- 
guna de Panajachel, rodeada de una muralla de montañas que 
se levantan de la superficie, perdiéndose en las ñutes, y en- 
tre las cuales mirando í-us veidcs bases (nías aguas del la- 
go, elevan como dos gigantes, su soberbia cabeza los orgullo- 
sos volcanes de San Pedro y Atitlán. 

El lago de Atitlán tieue con el de Titicaca, comprendido en 
el Perú y Bolivia y también completamente enceriado como 
aquel por las montañas que lo rodean,, ciertos puntos de se- 
mejanza verdaderamente sorprendentes. No rae refiero á la cir- 
cunferencia, por que bien sabido es que el segundo vence al pri- 
mero en circuito: tampoco quiero hablar de la profundidad, 
pues la de este es mayor que la de aquel: ná, otras observacio- 



216 

nes son las que me autorizan para hacer la comparación que 
me propongo. Ambos lagos reciben varios ríos y fuentes; el de 
Titicaca, por todo desagüe, tiene el río Desaguadero, especie 
de canal catural que le Lace comunicar ton el de Paria. El 
lago de xVtitlán no tiene de."^ agüe visible. Alcedo afirma que el 
lago de Paria y la laguna de Panajachel se abren los dos un 
pasaje subterráneo por debajo de la Cordillera. Veamos lo que 
dice tan célebre autor en su conocida obro: "En 1748, el nivel 
del lago de Paria se elevó considera bh mente, lo que hiro creer 
que la abertura subterránea estaba tapada por algunos botes 
viejos de los antiguos pe rumos, que í»e habian ido á pique en 
una tempestad; poco después, volvieron lai* agua'* á. tomar su 
nivel acostumbrado, lo que confirma esa opinión. Un fenó- 
meno semejante se observa en \o*s lagos de Petapa y Ati- 
tilín, comprendidos en el territorio d»* I;i rcpiibhVrx do ()uate- 
mala." 

El Iflgo de Titicaca ha sido la cuna iiji<teiia«a de los hijos 
del Sol; allá se eleva su rica é inmensa capital c(»n ms templos, 
sus pirámides, sus (lalacios, j numeroMS g« ".'S de hom- 

bres han marcado sn paso con grandes iii< <>s. Kl lago 

de Atitlán ha .«-ido la cuna también envoeila rn tiníebla» de 
los Quichés. Viraaquiché, según Juárros. obedeciendo li lo» 
consejos de un oráculo, ó más bien á las íntipiraciones de una 
sabia politi( a, abandontí Tula y se diríji^, i la cabexa» de su.m 
!rúbdit(S, hácin (luiiteinalu. Sin guia j casi sin recursos en me- 
dio <lc los llanos y dn las montañas que forman el territorio 
mexicano tan accidental, esa roultituJ erró durante algunos 
unos antes de poder llegar al téimino d« su |>enoso vijje. En 
lin, descubrió el lago «le Aiitlan y se estableció en nus orillair. 
Poco después los emigrantes eligieron para la roiii<lrucción dt- 
una ciudad un lugar que fué llamado Quiche (hoy Santa Cru/ 
del Quiche), en memoria de su ilustre soberano Vimaquicb' . 
muerto en la larga y dolorosa peregrinación. En los alrede i< 
res de la laguna abundan túntuloit de tierra, que fiarrcen ukm 
tecillos hechos A man<». y auu en cienes puntos ?*<> notan t<> 
davia los hoyos de doode sacaron las piedras de que se hirf. 
ron los túmulos que por lo i»omún fon de forma c'mí»» y ' 
treinta pies de altura sobre cincuenta ó sesenta d«* «ircunt 
ria V^arios autores opinan que diduis túmulos, tpie se encum- 
tran en todo México y la América Central, f'" r««ii ...llfi.. .,]... 
sobre sepulturas de principales y señores. 

Kl lago de Atitlán y el de Titicaca tienen imn na^ ¡via> <j'i. 
hacen el paisaje más hermoso todavía. Ambos e.« tan expurstn 
á fuertes vientes y remolinos que los agitan profúndame i,'. 
hacen sii navegación peligrosa. Vapons pequefioí» ya -mi.,íí, 



m^ 

las aguas del segundo, (*) pero así como el impasible Quiche, en 
una débil canoa de cedro, se atreve á recorrer la laguna de 
Panajachel, también el apático aymará, en una frágil balsa tíe 
totora^ no teme desafiar la braveza del lago de Titicaca. 

Nada es tan grandioso como el espectáculo de las imponentes 
lUimani, y Sorata, enseñando su cono oblicuo, aplastado y 
cubierto de nieve rfluciente, así como de esa grande inmen- 
sidad de montes elevándose unos más allá de otros, sin po- 
derse fijar la vista en el más alto, considerados desde Chili- 
laya, puerto boliviano en el lago de Titicaca, una hora antes 
de ponerse el sol. Nada es tan sublime como la observacio'n 
en la misma hora, desde uno de las muchos y pintorescos pue- 
blos sembrados en las orillas de la laguna de Paniíjachel, de 
los majestuosos vo'canes de Atitlán y San Pedro, cubiertos por 
vegetacidn hasta la cima y sólo separados lor un brazo del lago 
(jue presenta á la vista del viajero, lleno de admiración y de 
terror, un espantoso abismo. En Europa, al méncs, en los psií- 
ses del Norte, á semejantes alturas, el suelo estaría desnudo ó 
apenas cubierto de parduscas rocas y de algunas plantas con- 
sumiéndoFe bajo un clima rudo; ni pueblos, ni frutas, ni flores 
se ofrecerían á la vista. 

El indio del lago de Titicaca lia conservado hasta la fecha 
todas sus costumbres, y varias veces me he divertido 'en pre- 
senciar sus curiosas danzas practicadas al son del pito y del 
tambor; también el indijena de la laguna de Panajachel, fiel á 
í-us tradiciones, baila todavía el famoso tun, el pajuijú y la in- 
dita] y sentado en las orillas del lago, presa de una invencible 
tristeza, he podido percibir á lo lejos los melancólicos y esti ava- 
gantes sones que, guardando su rebaño, el humilde pastor sa- 
caba de su rústica flauta. 

Eugenio Dussauss.\y. 



|*J También en fl lago ríe Atitlán está esstablecida ya la navegación jjor vapor, 
como lo indica el siguiente suelto tomado dt; "El Diario de Centro-Anienca . 

Mr. Federico M. Hinnel, ingeniero electrisista. nos escribe de Quezaltenango. y 
refiere sus impresiones de los Altos. En un viaje de recreo en el vaporcito "Gene- 
ral Barillas" de la compañía formada por el señor Cabarrús, noto que la navega- 
ción del lago de Atitlán se efectúa con presición. y que la empresa hace oii«^n m- 
gocio con el movimic;nto constante de posajeros y carga, y dice que mdudable- 
mente habrá necesidad en breve de un vapor más grande para satisíacer las ne- 
cesidades del tráfic;o. I.a misma compañía establecerá probablemente un sistema 
de comunicación teletónica, por cuyo medio se facilitaran sus negocios entre las 
poblaciones cercanas al lago. 



UNA TARDE DE INVIERNO 

SUBIENDO DE PANAJACHEL A SOLÓLA, 



Panajachel es un pueblo de ¡Ddios, situado al nivel de la la- 
guna de Atitlán. Solóla es una población mucho mayor, sita eu 
as alturas de una montaña. Una legua de cuesta separa al uno 
de! otro. El primero es corto de poblacidn, pues apenas tendrá 
un censo de novecientas á mil alma?; y aunque entre sus habi- 
tantes hay algunas familias decentes, con sus casas de teja, la 
mayor parte de las otras son de paja, portenecientes á los na- 
tivos. Solóla es un pueblo mayor, pues su censo llega y aun pue- 
de pasar de cinco mil almas, entre las cuales hay muchas fami- 
lias de origen español, con legulares y aun buenas proporcio- 
nes. Panajachel es más bien caliente que templado. Solóla es 
frío. Aquel tiene una situación pintoresca, sin embargo de estar 
levantado en una de las enormes abras 6 grandes espacies que 
los cerros, ó tierras altas dejan de distancia en distancia, lo cual 
es causa de esas grandes y empinadas cuestas que hacen tan 
trabajosos y difíciles nuestros camines. Más es de notarse que, 
á pesar de las inmensas alturas que lo rodean, de ks despeña- 
deros que tiene delante, de los saltos y pequeñas cascadas que 
se ven derrumbar por todas partes para venir á confundirse á la 
laguna, no parece que Panajachel esté situado en un barranco, 
pues casi es un valle cerrado; ni su aspecto tiene ese tinte me- 
lancólico de que se afectan las pcblaciones inmediatamente amu- 
ralladas por la naturaleza. Aquellas alturas no oprimen el eo- 
raz(;n, como sucede en otras partes: los chorros de agua que Sf 
despeñan ací y acuyá, no parece que caen sobre la cabeza del 
caminante, que apasionado por ciertos espectáculos, contempla 



aquella pequeña pob]ac¡(>n de ranchos, con sus solares sem- 
brados de árboles frutales, con sus calles estrechas y torcidas, 
pero risueñas y arbolada^, con su río bullicioso y serpt-uteador. 
á causa de los muchos piedrones que le interceptan el piso, cu- 
yas aguas, al parecer, descontentas de tanto ob-sláculo, ya cerca 
iie la plijya se destrenzan formando varias cintas, que dividién- 
dose en menudos hilos, entran á confundirse á la laíjuna, cada 
uno por su lado. 

Del lugar donde eslJ situada ia población á la orilla «le la la- 
guna, habrá de unas ocho « dif z cuadras de cien varas, cuyo 
terreno, parejo y bastante arenoso está cjbierto de árboles y 
preciosas hoitalizas, al uno y otro lado del río, donde ?e ven es 
pecialmente grandes Hiembras de cebollas, la«í cuales se venden 
los viernes en la plaza de í^ololií. á raz<ín dv ciento cincuenta 
por un cuartillo. 

La distancia, poco más ó menos, que tendí un los dos montes 
que se ievnntan en ia orilla de la laguna, dejando en medio la 
playa de Panajacliel. creemos ni golpe de v¡'»ta, que .será ci>mo 
de un cuarto de le|!ua. Kl volctín de ^*an Pedro estií casi en- 
frente, y un pO(0 li 1.1 izquierda el de Atitlún. á niyo pié se di- 
visa el llamado por hw ladinos (erre' tir oif», y por los natura- 
les Chot/ jtnjA [ceno de la laguna,] cuyo promont )r¡o, casi 
redondo y c<«nio levantado ú tajo do sns cimientos, parece 
que encierra algún misterio, asi | or su |»risición como por su 
l'onno. 

Kn efecto, el Ceno de oro es objeto de alguna.s tradiciones 
entre los indios, que aunque ioveroafmiles. amenizan no obí<- 
tante los cuentos populares de esto» pueblos. Kl (|ue corre con 
más valimiento dice, (pie tintes y rn tiempo de la cun()uista. era 
un templo consagrado a la idolatría: qne después* que los <-8pa- 
ñoles derribaron los altares dt- los indios y rompieron ^us íd«dos 
de piedra v barro, losdiosts de oro de los mismos. viéndoHc* 
vencidos porli cruz, buscaron cu el cerro de oro un último re 
fujio á su deirotn. aliándose en aquella mnnsit'n im|HM)«'trab!e: 
cerraion mislfriosamente su entrada, rev» lando el secreto A un 
.sacerdote indio, d cual, lo ha ido trasmitiendc», de generación 
en jeneracióñ. á uno sólo, escogido entre los más iiob'es y adic- 
tos á los rest» s religiosos del i u»blo conquistado. Kstos diows 
aconsejaion á los indios (pie .-e sometieran; pero que no |>er»lie- 
sen toda esperanza de salvación, poniue ellos mismos, (pie que- 
daban allí cautivos, i-omper'an un día las puertas ocultas de 
aquel trniplo y entonces serian redimidos de la esclavitud y de 
la servidumbre. Diz (pie los indios, desde entonces callan y «s 
peran. 



- 221 ^ 

En cuanto á los naturales, cuando fe Íes pregunta algo sobre 
este particular, ó dicen que todo es mentira, ó guardan sobre 
ellos una profunda reserva. 

Las aguas de la laguna, por la mañana, empapan mansa y 
tranquilamente las arenas de la playa y se mantienen asi por 
espacio de algunas horas, viéndose únicamente en medio del 
cielo plateado déla superficie, algunas listas azu!adas, semejan 
tes á la huella que los jueyes y los viernes dfjan las canoas de 
los indios de Atitlán, que vienen á desembarcar al JaiV)al. Al 
medio dia, comienzan á lamerla blandamente; más en la tarde 
las azotan con rudeza, ajitadas por el chocomil (vientos fuertes:) 
á las cíulo de la tarde nada se vé ya: una niebla espesa y ctni- 
clenta sustrae á la vista, laguna, volcanes, cerros, saltes y Cas- 
cadas: todo desaparece. 

Cuando en una tarde de invierno llega el caminante a' Pana- 
jachel, con ánimo de pasar á Solóla, desde que comienza á subir 
la cuesta, comienza también á ver sobre las cumbres de la mon- 
tana una masa de nubarrones cenicientos, tan espesos y com- 
pactos á la vista, que parece que el cielo está esperándole sobre 
aquellas eminencias, cubriéndole con aquel velo impenetrable 
las glorias del Paraíso. Aquellas masas, inermes al principio, 
.fijas, espesas, clavadas sobre las alturas, se mantienen así, sin 
movimiento, por espacio de algún tiempo; más repentinamente 
y cuando ya se ha vencido una gran parte de la cuesta, vése 
que comienzan á moverse de súbito, como, con la intencidn de- 
liberada de salir al encuentro al caminante, que poco á poco y 
entre mil fatigas parece que vá subiendo uno por uno los peiías- 
cos escarpados que los Titanes amontonaron para escalar el 
cielo. 

El movimiento de las masas nebulosas descendiendo, y la tra- 
bajosa subida del caminante por la montana, vienen por último 
á efectuar un encuentro, que regularmente tiene lugar á poca 
distancia de las crestas. Allí, en menos de un minuto, queda 
éste completamente envuelto entre la densidad de las nubes, 
cuyo primer ofecto es privarle, por el lado derecho, de las vis 
tas salvajes y solemnes de los altos derrumbaderos y de los sal- 
tos y pequeñas cascadas, que entre rail jiros tortuosos se desli- 
zan bulliciosamente á las vegas de Panajachel y el Jaibal; y por 
la izquierda, de un abismo cortado á tajo, que á medida que se 
ha ido subiendo, parece que él ha ido bajando, verificándose de 
esta manera una engañosa ilusión que no j)rocede sino de un ac- 
to sólo. 

La espesura de las nieblas, que al principio no hacen más que 
interceptar los cuadros de les costados, va aumentándose tanto, 
de segundo en segundo, que, al cabo de diez minutos, ya no se 



ven los cascos del caballo uo poco más. y ya no se ven 

las espaelas con que se le anima. Todo «stá sombrío, y reina 
tma calma que no mueve ni los cabellos. 

En esta situaci<5n se continúa caminando, no diremos qoe en 
la oscuridad, pero sí en una cosa semejante, puesto que si la ac- 
ción principal de las tinieblas es privar de la libre i>ercepción de 
los objetos, aquí queda el caminante sufriendo la misma priva- 
ción, toda vez que, aunque los ojos perciben una claridad opacn 
é indecible, esta claridad no presta ningún auxilio á la percep- 
ción, ni cumple con el fin de dar luz para ven sino pi>r el con- 
trario, parece qne dá luz para oscurecer. El efecto de aquell.-i 
HÍtuacidu es desagradable, produciendo una desazón y un malee- 
tar cercano al váhido, al ver¿e envuelto ix)r un cuerpo estraño 
é impalpable, al ver luz j no pefL-ibir los objeto.% al oir soni- 
dos y no comprender de d(5nde salen, al tocar el caballo sin 
poder darse cuenta de por donde va, qué camino llevo, si ha 
cruzado á la derecha, si ha dado vuelta k la izquierda, si si- 
gue (le frente, si sube, si baja; porqae los objetos, los 80DÍ> 
dos y el movimiento, todo está confundido entre el descorden 
de aquel momento. 

Se siente, sin embarco, f|ue el caballo marcha; pero si no 
fuera porque el movimiento de sn paso se trasmite necesaria- 
mente al cuerpo, el caminante creería que estaba en aquel ins- 
tante bajo la influencia de ana pesadilla, snspeoso de uo ponto 
indeterminado del espacio: que el mundo había perdido sus for- 
mas: (|uc todas larí cosas eran hamo qoe se deshace, fantasmas 
que se de.-? va neceo, sombrd.^ que se deslizan, miefioe que pasan: 
quo la cre.ici(5n ibi volviendo poco i poco del ciCos 4 la nada de 
donde salió, sin que el soplo divino hiciese niogíin p^fiipr/n m- 
ra suspender aquella di.solucidn que casi sepal|*a. 

Asi se camina por espacio de media hora, envuiiiu p^i .u. 
nubes del cielo ó p»»r los vapores de la tierra, roas y raiís con- 
fundido á c.ida momento, pues muy K menú lo se oyen en me- 
dio de aqael silencio casi .solemne, unos ruidos estraordinarios y 
siniestro.-í, unos gr¡to.s lamentables y j «voro<o«, unos silvidog 
penetrantes y salvajes, y unos cantos en coro que no se sabe que 
causa tienen, de qué proceden, á quién van diríjidos. ni de dón- 
de salen. El caminante, sobrecojido, so pregunta en un mo- 
mento de debilidad ¿-«i aqueles el (8|>eet¿culo aterrador que pre- 
sentan al viajero, los espíritus encantados que hkbitan aqoellof» 
lugares sol I tiirios y sjlvujes? Si se está próximo á sufrir unas de 
esas transformaciones misteriosas en los iHisíjues m>íjico8 de las 
mil y una noihes? ó >i el aliento de alguna Saya estJÍ trasforman- 
do aquelloi lugares en un palacio encantador donde quedará 
uno prisionero y convertido en algún pajaro t^ en algún cuadrú- 



223 

pedo? Ningún capricho deja de tomar una forma verosímil en el 
pensamiento medio trastornado del aflijido caminante, que llama 
|iá fu criado, le interpela, le manda, y el criado responde, habla 
y quiere obedecer; pero fascinado también, no sabe que hacer- 
se ni encuentra el camino de obrar en regla. Pero no se olvide 
que todo esto pasa sin verse, oyendo únicamente ias respecti- 
vas voces, ya lejos, ya cerca, ya de un lado, ya del otro, como 
bí fuesen las voces reproducidas por muchos ecos conspirados 
también en acabar de trastornar una razón ya decaída por la 
acción de aquellas trasmutaciones de la humedad, del frío, y de 
la pertiirbaciíjn casi total de los sentidos, cuyas funciones pare- 
cen perdidas en medio de aquel des(5rden indefinible é inde- 
finido. 

Más afortunadamente al cabo de esta penosa media hora, una 
brisa tijera comienza á replegar aquellos nubarrones hacia las 
montañas de la derecha, dejando descubierto á la izquierda un 
abismo como de quinientas varas de profundidad, á cuya orilla 
se lia ido Cmiinando sin saberlo, y guiados solamente por el 
instinto de las cabalgaduras, que no parecen haber tomado par- 
te en aquella confusión. Pero es de notarse que, á pesar de tan 
repentino despejo, no se vé á la izquierda el cuadro que era de 
esperarse, porque a pesar de que la niebla se disipa inmediata- 
mente de sobre el caminante, queda allá en lontananza un in- 
conmensurable cortinaje, que tomando pié del fondo del abismo 
se remonta hasta cierta altura, que no llamaré cíelo, porque ni 
por su color sombrío, ni por la inmediacic^n, ni por la lobreguez, 
ni por los otros caracteres que se ie ven, tiene ninguno de los 
magníficos atributos con que los cristianos usamos designar los 
espacios celestes, retirados u infinita distancia y salpicados de 
fulgurantes luceros. 

Doscientas varas, poco mas 6 menos, quedan completamente 
despejadas al derredor del caminante, como si él fuera el punto 
de repulsión de las masas nebulosas, así como poco antes pa- 
recía haber sido el punto de atracci(5n de las mismas. Los cua- 
dros han cambiado: dentro de aquel limitado círculo, se ven á 
la derecha preciosos riscos cubiertos de sementeras, donde se 
levantan del suelo las cañas de maíz, con sus arqueadas y fio 
tantes hojas de milpa, y no muy lejos, comenzando á nacer las 
esmaltadas alfombras de los trigales, limitadas por pequeñas ar- 
boledas, que en f sta estación, á tales horas y á aquella distancia, 
parecen cerros de esmeraldas: aquí una colina cubierta de ár- 
bühs, y allá, una loma rasa, pero llena de verdor, sobre la cual 
se levanta por acaso algún inmenso y aislado piedrdn cuadri- 
longo, cuya supeificie plana lo asemeja aun monumento druida, 
ü á uno de esos altares estinguidos, en que los sacerdotes indios 



224 

¡^aerificaban víctimas al Sol. Tanto por una como por otra par- 
te, vense también rebaños de ovejas, que los pastores encami- 
nan á aquellas horas á las majadas, compuestas de cercos de an- 
gostas tablas, sítuaias en la montaña y presididas por las estre- 
chas, bajas y pajizas chozas de los pastores. 

Ala izqu'crda es otro í-iempre el espectáculo. L^vanta'ndosf* 
del fondo del abismo las espesas nieblas que forman un inmenso 
toldo, nnidas con las de la montaña, su primitiva espesara se ha 
cambiado instantáneamente en un velo más diáfano, á cuyo tra- 
vés se percibe en ♦.•! fondo una co?a incierta, vaga, indetermi- 
nada, que el entendimiento no alcanza, porque la vista no se h» 
trasmite sino imperfectamente. Alli hay algo que se vé; pero 
que no se comprende: algo que existe; pero que no se fabe qué 
es: algo que se mneve: pero que no tiene formas: es un ?ér que 
parece sin límites, sin carácter, sin determ¡naci(5n: que más con- 
fande, niientras in.'8 se vé: que más fascina, mientras más so 
observa: que mas se ama^a, mientras más »e analixa: un ser que 
á pesar de la opacidad, brilla al incierto refl» jo de la sombría 
tarde: que se ajita entre la calma de las nieblas: que se cobija 
siniestramente bajo el manto nebuloso qno <»n1íif.» Ii fú.m v p-í. 
conde al cielo. 

Las impresiones simultáoe'is y variad.i.s t\\ir ii;iti .ijuiiu al 
ospiíitu durante media hora, no permiten descubrir la verdad 
por uno mismo, y como si é>t.i recibiese más fuerza del primer 
testimonio que nos la pu«'da asegurar, se aproveclia la oportu- 
nidad de satisfacer h mortificante duda, deteniendo al pn«ner 
natural con quien se tropieza, para preguntarle: 

— ¿Qué es a<|uello. José? y fc le señala el abi.smo. 

El indio se asoma á la orilla del precipicio, y (>chando una mi- 
rada indiferente, |>ero predica hacia el fondo, responde con una 
expresicín entre estúpida y sencilla: 

— CJwy, Mil. 

Y vuelve á tomar su c iniino, al trote largo. 

El caminante se ha qnedado en la misma. 

Pero la noche ha caído ya: el camino eomienta á separanc 
déla izquierda yá hacerse menos tortuoso é irregolar, basta 
que á pocas cuadras se principian d ver reflejos de fnrgos i la 

derecha y á la izquierda: esto explica * i -•• l> • r.nfM.ínon 

las primeras calles de Solóla. 

Al día siguiente, á la hora de alniur/ar. qm- vw umu uumj la- 
boras de la niesa han sido y serán siempre las más agradable- 
para la conversación, expliqué á mis huéspedes, una por una, las 
varias sorpresas quehubía tenido durante la subida de la cues- 
ta de Pannjachel á Solóla. Entonces recibí explicaciones más» 
monos satisfnotorias de lo ocurrido. — En primer lugar, se m*- 



226 

l^dijo que la eíspe>urtide las nieblas, era c^nstatiie en esta cum- 
■"-bre, durante loda la es!ac¡(5ii de las lluvias, unas veces más fuer- 
tes que otras; y que regularmente cardaba más en ei-a parte; 
verificándose muy á menudo q le cuando c^iían sobre la pohla- 
ción inva(iían no sólo las calles, sino también los palios de las 
casas, las salas y los cuarto-, lo cual < ra causa de los muchos 
hüehüechos, especialmente en las pt-rsoniiS san^^uineas. — En se- 
gundo lugar, que los ruid s que habia < lio en la cuesta, prove 
níin de los salios de agua y cascadas, 1 s cuales cambian sus so- 
. nidos á med da que^-l t-aminante camb a de po-ición en las dife- 
rentes vueltas y caracoleos (¡ue se dan, á virtud y conse^íuencia 
de 1 a terceduras d 1 terreno: (pie 1 -s «¿ritos y sihidos pioc- den 
de la caza del venado por los inlio^ en la montan»; y l»/s can- 
tos en coro, de los trapicheros de San Buenaventura, que ento- 
nan el alabado, a' caer la t rde y c^ ncluir sus tareas: (1) que 
lo que yo vei-t últ; mámente, al lado izquierdo y no había podi- 
do aiivinar, no era oira c -sa m.ás qu • la laguna la cual tomaba 
en realidad aqu I aspecto, med o cubierta jor la> nieblas, (¡ue es- 
tán suspendi as ¡-obre sus aguas, ajit idas por cienos cbifi<»nes 
de viendo que la conmueven, causa os por lis ab» rturas de unos 
cerros que están del lad • de San Pedro: que la pru bi más evi- 
dente de que lo qu ■ \o veii y me co ifuudía era la laguna, se 
ruauifestaba ^n la re f)ue ta qne me ha* la dado el indio, cuando 
me eontest >: Ghoy tata; lo cual nu queiia dvC.rotra cosa en len- 
gu i, que laguna. 

S.itisfe ho de estas esplieaciones y concluido el a'mu^rz"», to- 
mé mi sombrero y silí á la plaza para < xaminar qué articu- 
les de comercio f.-rmabín '1 u,ovimi mo que vcf» en aque! día, 
que e<a viernes, entre los indios y ladinos, — Hallé (pie la ma- 
yor parte se componía de jer^ras finas y ordinarias, algodón, liilo- 
■ trigo, maiz. fiijol, chile, cebollas, achiote, frutas, c-ites, ¡-apu, 
; yul, cerdos, [tavos, ga linas y pesca itos de la Ugnua, Todo 
aquel comercio tendrá ciuco mil pesos en valores efectivos }' 
mon das en circulacKjn. 

• La [laza de Solo'á, que antf's era una especie de barranco f »n- 
gopo, está hoy perfect m-nte nivelad i y era edradi. Al • st-^ de 
dich 1 plaza, hay • on4ruid .^ varias casas de parti aliares, de bis- 
tinte comod dad y l)uenasaptr eaci is: al n »rte tiena un corredor 
con varias tiendas de esc so comercio, pert "ueciente á casas par- 
ticidares situada- á este lado: al oeste, un Cbildo nuevo, con 
su corredor y balausirada <le madera, también nuevam-nte fa- 
bricado, y al sur, el costado derecho de la parroquia., que mira 



[l] Trapiche de Don Pedro ].atour, situado al pié de la cuesta de Panajachel, y 
entre un recodo de las montañas, á orilla de la laguna. 



226 



al occidente. La antigua portada de este templo, aMa, de pie- 
dra y ladrillo, y ua pedazo de lienzo de la izquierda, están se- 
parados de lo que hoy forma la Iglesia; y más parecen, por su 
fortaleza y altura, así como por cierta forma que le ha queda- 
do, vista de cierto lado, les resios de un castillo, feudal, que 
la antigua portada de un templo cristiano. 



Solóla, Mayo 30 de 1857. 

M. MontOfaii. [•] 



raballero KuaiemalteoD mnj recooMadabto por máa 
ontúfar. Fué ilwyMto j ODMO lid «tavo dt ifMB ᧠
ento úe Solóla, «O doM» lo wininiHé «1 oókf» mor* 



[•] Esta firma fuó l.i «i«« un 
de un tltulu: Don Manuol Montúfar 
1* Instancia en v\ depártame 
bus del aflo de 1857, y atacado ya de ten 
ción á esta capital, en camilla; pero d« 
el camino falleció. Entre otras ooaM qt 
primera novela histórica qoe we encribio en 
menzó h publicar diclta novela y se publioanm 
diendoHc la publicación no sabemos por qué omisa, j petdiéodbn despuss el 'nía 
nuscrito original en poder de la persona ooe oomenao 4 dnrin 4 las. Dos ó tras 
mettes antee de su muerte escribió el articulo que ahora w nro dnuü aos» testo por- 
que por 8u mérito adorna nuestra obra, Tinienido tambéén 4 p* 'if|HMti\ como por- 
que no lo conocerán muchos de nuestros lectores, y en gralo tmsun áo de tea la- 
borioso conípatriota.— El. EDITOR. 




IDOS \b^^Xj^^:b:eíjl.& 



¿Qué nacidn de la tierra, principalmente entre las antiguas, no 
se ha complacido en inventar fábulas y tradiciones que neutrali- 
cen, por decirlo así, lo prosaico de la vida? Con esa especie de 
poesía idealizan y distraen los azares á que cada uno está espues- 
to, sea cual fuere la esfera que le toque ocupar en el mundo. 

No hay qué extrañar, pues, que nuestros aborígenes hayan 
tenido sus tradiciones, que envueltas en fábulas, allá á su modo, 
cuenten á sus descendientes para perpetuar hechos más ó menos 
interesantes para ellos y también para nuestra historia. 

A esta especie pertenece lo que los lectores verán en seguida; 
es una tradición que el señor Silva arrancó á un anciano indígena 
de Zapotitlán en que se da á conocer el origen del lago de Ati- 
tlán y él nos la refiere en lenguaje sencillo y azas poético 
también; tarea á que es llamado el autor por lo versado que es 
en los idiomas indígenas, tanto por haber residido bastante tiempo 
por aquellos pueblos, como por su laboriosidad y estudio en los 
libros antiguos aparentes para perfeccionarse en dicha materia; 
á lo que por otra parte es tan aficionado como lo demuestran sus 
dramas, en que ha popularizado episodios importantes de nues- 
tra historia, que de otra manera quedarían desconocidos para la 
generalidad. 

Reciba, pues, el señor Silva la expresión de mi agradecimiento 
por haber accedido á mis deseos de insertarla en mi obra ya que 
no podría saberse de otra manera. 

[El Editor.] 



228 



UTZIL. 

rradiciüiies sobre ei origen dei Lago ds Aüüá;^ 

I. 

PAN1MACHE[1.] 

El Chuchtcajau (2) de Zipotillán, 6 como si dijéramos abuelo 
ó anciano venerable de aquel lagar, deseoso de que no se bo- 
rrasen de la memoria nacional, las tra liciones de los reinos de 
Kachiquel y de Quiche: tradi-iones de que no se ocnpan las 
historias modernas y que se han perdido con los antif^uue Gu- 
jile» (3) ó sean manuscritos; una tarde que se hallaba ro leado 
de un crecido número de jóvenes ávidos de saber los hechos de 
sns antepasado?, les hablaba de esta manera: 

*' Hijos de los héroes qne murieron defendiendo nuestra tie- 
rra, poned alenciíÍM y puardad en vu-^stros corazones la hisioria 
que 06 voy i referir ésta tarde, conforme la memoria me ayude: 
ella os hartí conocer á un joven de nue.^tra raza, htróao y digno 
de í-er imitado por su vaW y virtude.**. aunque desagraciado en 
sus hechos: oíd. 

''A fines del reinado de Oucvum/z (^4), on figlo antes de la 
venida de los Ttules (ó) á la conquista de la lii rra; cuando las 
costumbres de nu stros h«*rmin<»s tran sencilla4 y no h.it>{an re- 
cibido en su ro-troe^-e tintpde trisi«zi qn" les ¡roprimitS mis tarde 
e! 1 'tigo del Caxhgüinnc (G); cuando la vida se pasaba aleure y 
confiada oyendo ia8ps|Hiniúnpas manifi stacioneii de la naturaWji* 
ya por medio del canto suave de l^ pájaiOD. del ruriiordel i lo que 
pasa entre la raelai cólica pinada, en cuyas ramas arrulla apasio- 
nada la paloma; cuando aun no se ha^la^'O&adoccui la aten adora 
mirndaíiel Kncomind-ro español, vivía «^tíbre las cuiubn sipie hoy 
dominan por el lado Nordeste el espléndido lago de AtilUu.una 
familia noble de nuestra raza, descfUiliente de un principe del 
reino de Utatlan. 

El Gefc de la famila era el Ajau Ca^el. señor de' la tribu de 
Panimaché; su espO:^a y un hijo llamado UUU (7) ocupaban el 
Tzac 6 casa blanca, en donde, rodeados del amor de su» ^'"»'"- 
jeles (8), eran felices. 

"Utzil, educado en todos los ejercicios guerreros (|ue un 'í*tro> 



(1) Pnninxach*". nrl>ol elevado. 

(2) Chuchicíijau, nnoiano respetable. 
(8) Otijiles. innnusorito». 

(4) Oucumatz, atorro, culebra. 

(5) Tetües. friolentos. Asi llamaron á lo* conquistadore». 
[6] Caxlaqñinac, extranjero. 

(7) Vtzil, favor, benéfico. 

(8) Samajelc». traba jadores. bombretdel pt.eblo. 



229 

primeros Ajtijes (1) enseñaban á los hijos de los Ajaus, (2) era 
sobresaliente en el tiro de la flecha, bastando su destreza en di- 
cho ejercicio para surtir de plumas exquisitas á las Ajhatzí (3) 
que servían en la casa de sus padres. 

"Solía aquella familia pasar algunas tai des, principalmente 
aquellas tn que la brisa era taraplada, á la sombra del árbol se- 
cular que daba nombre á la comarca: era uu corpulento cux (4) 
desde cuyo punto se divisaba la gigantesca cordillera de volca- 
nes, que se d.'stacín h ^cia el Sur, á cuyas faldas aun existen los 
pueblos de Patziquinnjá (5). Tolimán y otros de la tribu Tzutiijil 
eternos enemigo-* de los kachiqueles, de cuya raza dependían 
ios vasallos de Calel. Gozando de aquella encantadora vista, oía 
Utz 1 hablar á sns padres de la gran ciudad de Yxinché (6), re- 
sidencia de los Reyes Ka hiqneles, y con colores aun más bri- 
llantes, de Camarchij, coit^ del Rey de ütatlán. 

"En Cumarchaj, decía el anciano Calel, no se goza de liber- 
tad algrna; los mismos Ajaus t-on ciervos del Majagual (7) del 
reino: all í el ruido de las fiestas que se suceden unas á otras, no 
deja tiempo á la oente del campo para dedicarse á sus tareas; los 
jjvc-nes no p'ensan sino en lucir sus habilidades para hacerse, 
merecedores de l<is regalos (|ue las Alijap [8] inventan para es- 
timu'ar su vanidad, luciendo los t jidos de pintadas plumas coa 
que forman mantos y tobilleras, j^iulseras y birretes de variadas 
y capí icho as combinaciones. 

"Al es Michat' con la atención á que la curiosidid juvenil ins- 
tiga, el joven ützil, atrevido y animo-o for naturaleza, aquellas 
relación» s que su padre hacía, se úi\i\6 aguijoneado por la cu- 
riosidad; y cuando oyó hablar de las fiesta^ de la capital del 
reino de h'S Utat'aoes, llena su cabeza de mil fantásticas quime- 
ras. reso!vi(5 en su corazón hacerse admirar un día en la co'te 
de Cumarchaj. ¡Oh! decía, ¡acaso habrá un fhchero que pueda 
competir conmigo, en lo certero de mis tiros y la destreza con 
que manejo el arco, cazándolas aves miís pequeñas al vuelo! No: 
yo me haré admirar de las hijas de los ajaus y aun de las del 

mismo rey ¿Quién sabe si uu día pueda yo, con el apoyo 

de ese monarca, venjzar las ofensas que mi íauíilia ha recibido 
de los soberbios Tzutujiles, enemigos de mi padre y de mi ra- 
za .?'' 



(1) Ajtijes, maestro de armas r cantores. 

(2) Ajaus, señores. 
[3] Ájbatzi, tejedoras. 

[4] Cux, amate, árbol indíjena. 

(5) Patziquinajd, pajaritos del agua. Hoy Atitláu. 

[6] Yxinché, Tecpan, ó palo de maíz. 

[7l Majagual, Seflor de los Señores, ó Rer. 

18) AHj,ip. jóvenQ?, doncella». 



230 

''Resuelto, pues, á tomar camino, una noche pin ser visto de 
nadie, ccult¿ su intento, y sólo lo rereM al ajlij [1] de la co- 
marca para que, consultando á los Naguales (2), le diese una 
contestación pronta; la cual recibió á los tres días de haber ocu- 
rrido al adivino, que recogió de boca de la misma deidad las pa- 
labras siguientes: ützü paniizel. Dichas palabras podían traducir- 
se de varios modos: '*ün bien con un malf' "ützil, vas al mal" 
ó bien, "el favor en el mal." Sinembargo de la ambigüedad de 
aquella predición, ti joven, constante en su deseo de correr en 
pos de aquella aventura, aguzó sus flechas, y colocando junto á 
su lecho sus mejores plumas de atavio, fingió una noche que se 
retiraba cansado, pidiendo antes á sn anciano padre qus soñase 
con él. 

^'Cuando toda la casa se hallaba en süencio y solamente el 
canto del 7í/cM/(3)8eoía sobre los lírboles vecinos, Ulzil se incor- 
poró, tomó su mejor traje de plumas, se lo puso, y haciendo un 
grand<^ haz de ñechas, se salió al camino que conducia al desierto 
de Panajachel. En aquellos tiempos, hijos míos, no se conocían 
carreteras ni caminos anchos, que después se hicieron en bene- 
> ficio de los conquistadores, quienes, co t>a«tándolo8 andar sobre 
sus fuertes caballos, quisieron caminar sentados 6 recostados en 
carros: para nuestros padres era bástanle una señal ó Bé (4) 
que indicara el rumlx> á que se dirigían; así es qae la destreat 
y fuerza muscular hacía (pie se salvaran los barrancos y cerros 
con gran facilidad. No obstante, l'tzil, á pesar de'ser notable por 
sn ajilidad, apenas pudo bajar en toda la noche la gran pendien- 
te ó cerro que separaba el desierto de los cumbres de /^¿nid- 
che. 

'^Jadeante llegó á la arenosa extensión donde esperaba saciar 
su sed en las cristalinas aguas del Q^tincap; pero aquel caudaloso 
río habíase secado, dejando su cauce húmedo solamente, cubierto 
de verde lama ó de peíjueñas charcas de agua lodosa. Triste y 
meditabundo se quedó nuestro joven Kachiqoel cootemplando 
aquel fenómeno, y se disponía ya lí continuar su marcha, cuando 
en la orilla opuesta percibió un bulto que luchaba |or acercarse 
al cauce del río y que la arena no le dejaba andar. Deseando re- 
conocer aquel objeto, se fuó acercando Ulzil poco i. poco hasta 
que pudo persuadirse de que era un pequeño lagarto, arrojado 
tal vez por corriente de la víspera, y que falto de agua, se en- 
contraba próximo, á espirar. Cuando hubo persuadídose de lo 
que era, le dijo: ¿Qué tienes, qué te hace falta? Dilo, que ei estí 



[1] Ajkij, adivino, consultor de los dioee». 

(2) iVafct(n/e<, dioses de las comarcas. 

(8) Tncnr, tecolote: ave de mal agfiero para k* uKu^'eiiíiF. 

[4] Bé. camino. 



231 



en mi mano, yo lo remediaré. Agua, dijo el reptil, me muero de 
sed. Utzil lo tomó por el espinazo y lo condujo á un charco pan- 
tanoso, que eí^taba mis inmediato, y partid; no sin haber ob- 
servado con agrado las miradas de reconocimiento que el reptil 
le lanzaba desde el sitio donde a su placer se revolcaba en el 
agua y que esta comenzd á crecer 



II. 

El Trono de Gueumatz. 



''A la mañana siguiente de la salida de Utzil de la casa de sus 
padres, el anciano Calel, acostumbrado á recibir de madrugada 
el Sakariqíit (i) de su hijo, y no viéndole llegar se sobresaltó 
su espíritu, é invocando á sus naguales se fué directamente al 
guarahal [2] de su Utzil, temiendo hallarle enfermo. Hijo mío, 
grito: ¿Esta's acaso enfermo? ¿No has oído que ya los samajeles te 
esperan para que los conduzcas á los trabajos del campo? Des- 
pierta, que la casa carece de animación, faltándola tu presencia. 
¡Pero qué es ésto! ¡No está! ¿Acaso algún mal espíritu le ha lle- 
vado lejos de mi vista? Desesperado el buen Calel ordenc5 á to- 
dos sus símojelís se repartiesen por los montes vecinos en busca 
de su hijo, previniéndoles no se le presentasen mientras no tra- 
jeran noticias de él; y mandando llamar en seguida al Ajkij para 
unir sus oraciones á las de toda la familia, que desde ese momen- 
to se declaró en Guaihal (o) permanente, hasta aplacar á sus dio- 
ses (lue talvez amenazaban con el inmenso mal, por sus culpas, 
de la pérdida del bienquerido Utzil. 

El ajau Calel, seguido de sus hijas, s-u esposa y sirvientes, íe 
encaminó á la gruta de Nimalajahaj [4] donde, á manera de 
templo subterráneo, eran adorados los Naguales de Panimaché. 
Allí en medio de una nube de humo producido por las resinas 
olorosas (;ue se consumían al fuego, imploraron á Dios por el 
pronto regreso del joven ajau, repitiendo las palabras del sacer- 
dote que decía: "Señor que haces vuelvan las aves á sus nidos 
"cuando |)or las lluvias los han abandonado, haz que el joven 
'^í'uelva al seno desús padres.'' 

"Señor, tú que mandas la vuelta de las lluvias para que la 
^'tierra se cubra de milpa y frijolares, haz que vuelva el joven para 



flj Sakariquí, la aurora apareció, ó buenos días. 
2J Guarahal, dormitorio. 

(3) Crtiaibal, ayuno ó hambre. ... 

(4.) La gruta de Nimalajábaj ó de la gran piedra, existe aim hoy sobre el T*»rtic« dt 
cerro de Panimaché, 



232 

•'^qne vuelva con él la alejirid al r<ntn» de sus padres que lo 
^qiorMn.'' 

*'S« ñor qne hacrs corr r los rios hasta la grande agrua. haz que 
"ützil vu« Iva conieudo á la cas^ de Calcl. ^'^ 1 yj^»- <]•' -ns aute- 
'^pasados." _ 

Así dici -ndo y postrados antp las sagrad '.- du utu ^ rontioua- 
ron por lrir<ro tato esptraudo li veni ia d^ aijiún emisario que 
les annDciara la tan deseada vui la del jov. ii kachiquel. Pero 
las huías voU-ban, la U' che se aprox niaha y nadie os>al;a pre- 
sentarse á 1h afligidH familia, ko pod< r darl» al.'U; a • oticin qne 
le hi i»s» abr'pa- a puna ^'^peran/a. Por fin saliercí de ia gri.ta 
tomaid* p ra la casa » norial, donde solamente suspiros y lágri- 
mas ptMcibi< roii al entrar. 

Aq-ií el aficiano rel.itor de la pre«en*e hi»-toiia su-pend¡(í t-u 
narra ion conm» vid*» cí»n la imngen d lorosa qu- «qnel cuadro 
le recordaba, hiriéndole el coni««'n: pero ¡n^ta^•o ¡wr los jóvenes 
que le escu< h han, «ontinuó df^j uésde una Ireve pMUsa. 

Dejemos á \o^ padres d« 1 íug tívo ameiitarhe de su vrandi>ima 
pérdi'la, quea*í la «oncept'a on. cua»do tiaf«scurrid«i*i ochodi'is 
no pu ieron obtener not ti ia ^lgutrIl de su pata itro^ cnyo espanto 
fué t< mando otee scon la no'itva de «lUc el c^ mito quf conduci* 
á Cnmiiicliaj, e^'taba cada día mds inlra* s¡-a> 1 - sí cansa del ets* 
tancami nio de las aguas del Qui.-cup, sobre e! desierto de Are* 
ñas de Prlopó." 

**Uizil, d. spués del incürnte del lagarto, que no Tolvitf á ocu- 
par 8U inernoría, camimJ dos dius por vend.o* des otiocidas, evi- 
tando pasar por las i oblarione-* de T^o'njyd (1) y fUS anexos, por 
ser el njau de uqueTa i oblación enemigt» d - >u padre; p«>r lindar 
SUS douiiiiio.-í I or el Norte, ha-ta qne | udo dívistr desde nna 
cumbre los edificios del« trrnii ciudtid, rnn.t primitiva th* lo** tfva 
rein s Qu c)ié Tzmujily KachiqOel. Anhelante desicndid la ele- 
vada cuesta dirigiéndose lijer» á !•• entra<)a ó pu^-rtt del Sur; y 
ya próximo á ella se encaminaba con paso lijeio cu/ ndo oyó una 
voz que le irritaba: ¡All«» el vi:.j»Mo! ¿A diinde vá?— A la ciudad; 
¿no lo adivina^? repnsM Utzil. Anl«s dépfte nconfctr y diga á 
qnd viene lí la riudad «^el Grsn Dios T'jil y di I |)oden'so rey 
Gncumatz, Señor de lo-? pí'(jUeñ"S y grandes reyes d** la tierra. 
replici^ el fl cherode 1« torre <í atalaya i n to !o de itmenana. 

E-«to dicendo, se fué arencando el centitie a para re<oD0cer al 
viajero, qui' n al tenerlo cerca le dijo ¡Ah,! bien, on S.«majel. En- 
tr-ga tus armas y serás presen tMdo al primer Ajau del r*/;fl 
Tninjd [2] que dista muy po ode esta torre, y á él lo dwpn.-iere 
te perniiiiiá entrar ó ví6, pue-^ eres un estranjero." 

(1) Tzolojyd, palabra kachiqael, saúco de a^ua, horSololA. 
{9} Chija Tzanjrí. ¡gnixTAm o gniit». orilla de )n ciudad 



253 

"Utzil se res'gnó á lorias las cond ¡ciónos impuestas por aquel 
^insolente; pero no pudo sufíir su orgullo se le llamnse Saniajel, 
-en el tono de desprecio que se había empleadlo; y así repuso. No 
soy un saniajel, corno tú pret» ndes: mi padre es el Ajan Calel, 
señor de Panimaché y no me guia á estos lu<¿ar< s má- que A de- 
seo de coi.ocer. ¡Un Kachiquel, un espialdijo el soldado, apode- 
rándose violeritamentedfc las fleclins deUtzl y iLunó en su auxilio, 
por medií» deun estrid» nte silbido que produj' un (itodeb; rroque 
llevaba suspendido al cuello. En «1 in>tante mismo aparecicrun 
como por encanto medio Siente {1) de hombrts armados que, 
atiudo con presteza ú Utzil, lo pusieron irripo ibiliíado dn mo- 
ver-e. En una esi ecie de mdñ. f"?iT;a !a con leños de encina, fué 
colocado molet-tam< nte y condu' ido al interior de la ciudad, 
donde se le depOMÍó en una húmeda y oscur^. prisión, sin más 
compañía que un ídolo U raado Ytzel{2) ó genio de las tinieblas.'' 
"Tres (lías habían tipn-currido sin que per-ona a'gnnri se acer- 
case al [¡rÍMoner >, á escepción de una inmund i vi jr. deforme y 
completamente desnuda qne le llevaba una i ebida de maíz mo- 
lido, mescladí» con y rbas ar« mát'cas la cual le repelía al reti- 
rase señalan lo e el iáiÁo: cJá-cori f/guajáu {^); en ^ste espacio 
de t'empo había r ílecciouailo en la i e-a iunilTe «|Ue á su- an- 
cianos padres h -bría dado su mi^teri» sa de^:i parición; en lo ex- 
purstos que aquellos habían quedado en una comarca veciüaá 
los tzutnjdes, que so o el respe'o que sns flecha^ inspiral^an, de- 
tenía el odio que á su familia profesaban; en los consej s, en fin, 
que su padre le hi.bía dado que hu\ ese del | od« r de lo> grandes. 
Oci)pada su imagin icion con tan amar;:os r. cuerdos se encon- 
traba la cuarta noche de su cautiva rio, ctanrlo oyu' jiasos de al- 
gunas personas que se apr<.xinia^an al tritio «'onde a^ado se en- 
contraba. Sil primer ) ensamiento fué íinjirse dorn.ido, creyendo 
sería la vUyi Ajitz\_4:] (\ue venía á atormentado con su presen- 
cia; pero al percibir otras voces meno> ásperas que ac^uel a, ühvió 
los ojos, y con gran sobresalto de su alma vic5, y le pareció un 
delirio de su cab za, que un ajau venerable s guidod- una joven 
hermosa, vestida de plumas blancas, te lu acercaban con temblan- 
tes afectuosos y compasivos." 

"Joven, dijo el anciano, he sabido que vienes <le Panimaché, 
de donde es ajau el buen Calel, á quien debo un grande benefi- 
cio; di cómo te llamas y qué objeto te condujo á una ciudad 
que hoy es enemiga de los Kachiquele.4 Soy Utzil hijo del ajau 
Calel; y he venido solamente á admirar esta gran ciudad de que 

(1) Sonte, quinientos. 

(2) Itzel, el mal ó genio del mal . 

(3) Chi-cori aguajau, ahi está tu auao. 
1 4] Ajitz, heclñcera 6 brnja . 



234 

he oído hablar desde mi niñez.— ¡ützil! dijo el anciano, ese es el 
nombre qne convenimos con mi amigo, debia ponerse al nacer al 
primer hijo que tuviera, en memoria del gran favor que me hizo 
cuando prií-ionero de los tzutujiles, él me salvó de sos manos; 
cuando ya me tenían señalado para el sacrificio. Yo tAmbién lo 
ofrecí poner igual nombre al primer hijo que I u viera, si era va- 
rón ó Sakar [1] si era hembra, porque él me hizo ver de nuevo 
la luz. No temas, pues; yo veré al rey Gucumatz qoe es generoso 
y él te pondrá en libertad.'' Eres el hijo de mi buen amigo. Esta 
es Sakar, dijo señalando á la joven que le acompañaba. 

Deslumhrado quedó el joven luego que hubo pasado, para él, 
aquella visión fascinadora. Aquella beldad, cuyos ojos cente- 
llaban en la obscuridad delcalabozo,y que habían herido profunda- 
mente su corazón. Aquellas palabras llenas de dulce esperanza), 
pronunciadas por un anciano, siendo este el padre de Sakar, 
hicieron rebocar su alma de inmensa alegria: ya oo tenía miíii 
que esperar y esperar la libertad; no tanto por ser libre, cuanto 
por ver i los rayos del sol a:|uella ^4/^(2) cuya prescocía htbia 
mitigado la dureza de su estancia en la prisión." 



III. 
LIBERTAD 



"Una Luna habla aparecido sobre el horizonte, recorrieodo 
su prolongada carrera y había vuelto á desaparecer sio que Ut- 
zil hubiese visto realizados ous sueños de esperanza. Ya habia 
comenzado i persuadirse de que todo no había sido sino una 
visión de su cabeza fnferma. cuando una mañana se presenta- 
ron tres jóvenes guerreros, de presencia gallarda y varonil, ma- 
nifestándole que dispuesto el Ajan Aj¡top (3) á recibirle dentro 
cinco días, á instancias de Poron, era indispensable comenzase 
por aprender las ceremonias que requería so presentaeiÓQ ; para 
lo cual se le había asignado una habitación éntrelos oftijes, (4) 
donde recibiría Uccione.t de las AlOioxip (b) para saber implo- 
rar al dios del imperio, el gran Vyjil (9)." 

^'£1 largo tiempo que habia pasado en aquella búmetla prisión, 

(1) Stüear, Aurora. 

[2] ^H, joven, wfiorita. 

(8) Ajan Ajpcip, Sefior de U alfombra, nombre qu« «IaUmi «l8o tt«au 4< la Ifaolte 



[4] ^Xjtij. inacwtro. 

[r>] Aütüxríp, saoerdoUaM del templo. 

|6J Tojil, K(>tnunerador, Pagador, Dios 



del QttkrM. 



235 

tenía entumecido los miembros del kachiquel; no pudo dar un 
paso sin caer cuando los JMón [1] le desataron los fuertes ^ag- 
pores (2) con que le habían mantenido ceñido, y tuvieron que 
conducirlo en hombros fuera de aquel recinto tan horroroso. La 
noticia de que el rey vería á un joven Kachiquel, se había ex- 
tendido por la ciudad; y á la salida del prisionero, mil curiosos 
se presentaron para conocerlo. Ya la prevencidn primera había 
desaparecido: sólo rostros compasivos se presentaban por todas 
partes, y á los malos alimentos suministrados por aquella asque- 
rosa bruja, sucedieron los buenos manjares y mejores bebidas, 
servidos por samajeles sumisos que esperaban sus drdenes con 
humildad.'' 

"Cuando Utzil se sintió rcvstablecido de sus pasados su- 
frimientos y aproximándose el día de la recepción, recibid la 
visita del ajtij que se le tenía anunciada; éste se presentó acom- 
pañado de cinco doncellas, entre las que figuraba la bella Sakar, 
notable, á más de sus gracias personales, por su atavío de plu- 
mas blancas, todas de garza y por una grande esmeralda que lle- 
vaba en el cintillo que coronaba su hermosa cabeza.'' 

^'Comenzaron por iniciarle en los misterios del Dios Tojil, 
!l quien atribuían los triunfos de sus ejércitos, la extensión de sus 
dominios y la facultad de su rey Gucumatz de transformarse en 
culebra, en zorra y en un pozo de sangre, ascendiendo y descen- 
diendo á su gusto del cielo á la tierra: que las tradiciones que 
conservaba la dinastía les ofrecía el dominio de toda la tierra 
que abarcase con la vista, desde el volcán Junahpú (3); y por 
último, á presencia del Maestro le hacían repetir una especie de 
oración que debía pronunciar á presencia del Monarca, el día de 
su recepción.'' 

"La tarde víspera de la presentación de Utzil al rey, mientras 
las otras cuatro jóvenes alís se distraían un poco distante de 
Utzil con el maestro de ceremonias, pudieron Sakar y el joven, 
dirigirse algunas frases, cuyo significado ya conocían por las 
manifestaciones de sus ojos. El corazón me dice, Alí Sakar, que 
tu serás mi esposa, ¿no sientes tú lo mismo? ¿No has pensado al- 
guna vez en mí?-Ah! mucho he pensado desde que te conocí; pero 
cuando en sueños te he visto, ha sido siempre sintiendo que tus 
flechas las clavabas en mi corazón; y te he visto también que lle- 
vándome en tus brazos, en un río de sangre nos ahogábamos 

Utzil, no pienses en mí, el corazón me dice que seré causa de tu 
muerte.— No, no, Sakar mía; tu padre es amigo del mío y aunque 



(1) Alahón, jóvenes robustos. 

(2) 6'agüor, un bejuco blanco y fuerte de la costa. ,i^. „,,.„ 
[éfjumagpú, es el nombre primitivo del volcán llamado de agua, y que llevaron 

Qucbos reyes del Quiche. 



2S« ^__ 

pertenecemos á dos naciones que hoy se aborrecen, yo dejaré mi 
tierra y serviré á Gucumatz. aunque sea contra los míosj^si en 
premio de ese sacrificio consigo llamarte mi esposa. . . .ya verás, 
ya vertís que seremos» feli< es. 

"Esta coDversariíjn fué interrumpida por la llegada' de Jas 
AJitiox, que volvían del descanso qup el Maet-tro les otorgara." 

'*B¡en instruido, pues, el hijo de C«h j < n la'^ certmoiias ó 
etiqueta de la corte, é iniciado en los misterios de la Divinidad 
de Utatlán, sin cuyos reqni-iios no po tía alanzar la dicha, á 
muy pocos extranjeros concedida, dn ver al Mon:irca, f.ié c -ndu- 
cido por lin, vendados los «jos, pasándole |>ur los subterráneos y 
haciendo largas paradas frente á los niihc foniiíidos en la r»»ca, 
donde estaban incrústalos los/uaguales. En cid t una de estas 
estarcías ^ufiía una fiiinígai ion coc d fe'enets resina:^ para apar- 
tar de él cualquier esfíritu que pudiera dafiüral R y. A medida 
que se iba acei cando d la ^ala dfl Trono, herían s «s oídos sua- 
ves voees dpj(5vene?al¡tzabab*>,n) que al conipis «le la marimba 
entonaban himnos en honí>r de^T.jii y del piulen so r y Guru- 
raatz. Un olor m '8 puro é inten o p-rcihi*'» al injrr. sar ú. una es- 
tancia dnndf el amtdfnt»* ya no era frío y húm» ílo, y dou'le nin* 
ti(5 que pu>< | ies no se posaban sino sol r • u- a est» ra de lcj¡do> 
snavos. Los c uto-» y la música c -nron, y un mnrmullo sor«l • pro- 
ducido por muchas personas (pie hablaba') en sccr. to, ne leVAut<^ 
cerca del sitio que Ützil ocupaba; por último sintió que una ma- 
no fuerte le desitaba la vendí y á la vez oyó que le dtcla: "pós- 
trese el vasallo y adore lí su Señor, el Rey." 

**Sn8 ojos entonces pudieron p<Teibir un im|)onent" espectácu- 
lo. El Rey senindo sobre una silla de í»ro maeizo. e.^maltada de 
muchas piedras finas dei variado» co Qres. sustcrtabí en su<« ma- 
nos una vara del mismo metal, en cura parle superior tenía un 
Quetzal ^^niorosaniente sineelado. Vcsila una túnica bordada 
de plumas encarnadas, manto ^el<•^te de la m sina tpla, pulstTA*. 
gargantilla y tobillera de piedras prccio-as robre fondos de plu- 
mas de (|U»tzal, luciendo sobre su frente, rod ado de rubíes y 
y esmeraldas. runa especie de escudo he« ho de[un sólojcarbunoló 
Kl trono se elevaba ¿ una altura de ttes voras sobre 1 1 iiivel del 
pavimento, ocupando las prad:is.'^varia8 lín» as Me j«Wenes prin- 
cesas de la real familia y de los^más altos dignatarios de la cor 
te, vestidas t<.das con sus mijores gala*» y llevando instrumentos 
de música finísimos ensus manos. Defrá**. del trono, formado de 
un triple dosel esmaltado de oro y piedras finas^-obrc fondo de 
plumas tejida'^, estaban los njíus Ctimnjat/, [2] armados de sus 
brillan testarees y flechas y á los lados del Rey, los dos Rajagna- 

[1] Alitxubat, bdüariua ú cantora. 
fi) Ajan Cntnnjajf. SeTVor d» un B«rri«». 



23T 

les subalternos, ajau Camjá (1) y ajau AUq/ü, (2) que en las gran- 
des ceremonias coniponíau la corte, ataviados de la manera si- 
;^uiente: llevabao eu la cabeza uüa banda de piedras pequeñas 
de varios colores, pero principalmente verdes, simétricamente 
arregladas, con otras fdedras blancas que llenaban los intervalos 
■ y en'azadas to.las eu la fr.^nte por medio de un prendedor de oro. 
También llevaban dos láminas del mi^mo metal asidas de las ore- 
j is. De un collar de cuentas blancas, tenían suspendida otra lá- 
mina de oro que les cubría el pecho, en cuyo fondo ostentaban gra- 
bada la imagen de Tojil, distinguiéndose el yjau Ajtojil{S) porque 
en vez de llevar penacho de plumas, coronaba su cabeza una es- 
pecie de tiara de algodón blunc ) adornada de piedras tintas, 
pero todos, derde el rej- abajo, tenían los rostros pintados con 
rayas de diferentes colores, porque esa era la costumbre, así co- 
mo ahora los desce.ndientt-s de aquellos conquistadores, se pintan 
la cara ya de blanco y decaimín, ó los cabellos, cuando las canas 
— que honran al qu^ las lleva — les molestan, de negro 6 d^^ rojo, 
según el gusto de cada uno. Enmedio de los otros ajaus de se- 
gundo orden, sobresalía el íijau Poron, padre de la bella Sakar, 
que á manera de padrino o liador de Utzil, se encontraba de pié 
á poca dista; c¡. I de su protegido." 

'*A una señal del Rey cayeron todos de rodillas, y Utzil, no 
osando levantar los ojos, dijo en alta voz: — Gran Señor, hijo de 
Votan de JuM)agpú y Majucutaj, este humilde vasallo de vuestra 
alteza «lesea ú:jicatnente legrar la dicha de que os dignéis mirarle 
para fioder p >ar lii»remeiit.^ la tierra de .«us antepasados. — L"- 
vánt.te, samMJ 1. d jo el Rey, y and i libre por m^s reimos. Dá 
gra< ias al ^gau Porón que ha interpuesto su> méritos de bal en 
tu favo .(juesi nó, liub er.is mi^e toenli prisión como es ¡áa digno 
de lo^ rebeMes Kachiqueles. — Perdonad, Señnr, agregó Utzil con 
altivo continente ni soy Samaj -1 ni muchi» menos espía: soy hijo 
delnjiu Calel, S ñor del St-ñorío de Panimaché, descendiente 
del G an Votan, lomismo que vos y el Nimálaj ajau dt» Yxinché. 
— Oh! dijo Gucura itz, el hijo de un rebelde, que como los demás 
ingratos qu^ pueb an los campos que circundan el gran desierto 
de aí-ena, viven del robo, a-itsinando á los indefensos transeún- 
tes que caen en sus manos: quitadle de mi vista y que el ajau 
P<^rón se encargue de hacerle salir de mis reinos antes del tercero 
di. — Oídme, S« ñor, antes de mandarm*^ tratar de esa manera tan 
agena de la fama que habéis alcanzado de magnánimo y pruden- 
te. Jamás el ajau Cal^-I, mi padre, ha hecho mal alguno á los tran- 
seúntes; bien al contrario, el Tzac de Panimaché, es el único lu- 



(1) Ajau Camjá, Mayordomo de Palacio, 
[3] A^anA^to^il, samo Sacerdote. 
(4) A]au fiox, Señor del Templo. 



238 

gar de refugio qne se encnentra en todo el espacio de tierra que 
media entre Tzologyá é Yxinché, pues los Tzutujiles que son los 
verdaderos salteadores, no se atreven allegará los logares donde 
mis flechas debieran alcanzarles, pudiéndome entretener sacán- 
doles los ojos uno á uno. — Basta, interrumpió el Rey, ;lú eres el 
famoso Utzil, que tira las aves al vuelo? Xa probaremos tu des- 
treza Bien, muy bien: se aproxima la vuelta de la Luna y 

quiero celebrar su aparición con una gran fiesta, pues presiento 
que será la última que presenciaré. ¿Conoces el combatí del 
Tkabal jal? (1) pues hieii, tú lidiarás con los ajaus Chojinel (2) 
Chitmilj{Z) Agcoj(íJi,(i) y Afftinien,{ó) que son los mejores tirado- 
res del reino; pero, ay de tí si sus tiros más certeros que los tu- 
yos, te vencen en la plaza; serás su cautivo y podrán sacrificarte 
á presencia de mi pueblo, y yo se los otorgaré. Ve, pues, y ejer- 
cítate en el tiro, é invoca la ayuda del Gran Tojil que él te sabrá 
favorecer y yo imitarle también." 

"Utzil salid de aquella sala con el corazón henchido de pla- 
cer: el triunfo lo creyó desde luego suyo y se entregó á las más 
risueñas esperanzas de gloria y de amor.^' 



lY. 
PREPARATIVOS. 



"El mes de Noviembre, que entonces llaní abamos Jamagpú, 
continuó el narrador. por los vientos del Norte que en esa época 
reinan, cstabau para Hnalizar. Tiran movimiento se notaba en las 
calles y plazas déla ciudaJ de Cumarchaj, corte del Imperio de 
Utatlán. Los ajaus, AlLsy Alabónos, engalanados ooo sus m^ores 
mantos de plumas,cruzuban aquí y allá seguidos de sus sanuyeles 
y jente esclava, que con marimbas, tambore:*, tunes y chirímfas, 
iban convidando en nombre del Rey,de casa en casa, para la grao 
festividad del día siguiente, la aparición de la esposa de* Dios del 
Imperio, la Luna; cuya gran fiesta sería solemnizada conel en- 
tonces muy aplaudido combate de la mazorca en el aire.^' 

"Y aunque la diversión anunciada llamaba grandemente la 
atención del pueblo en genenil.la verdadera novedad consi^lia en 



(1) TaÜHtl ja/, jut'go do la luiuona. o l>aile ile id 
(8)r/í(>jiHt7, Vo nlmtient<> ¡toloador. 
(3)(Vi«mi7, luci>ix>. 

t41 Ajearán, el n m •©. 
5] Ajtiuem. el i..aHdor. 



239 

que un joven Kachiquel tomaría parte en el torneo, y que aten- 
dida la la circunstancia de su origen, seria indudablenente ven- 
cido y acto continuo, sacrificado á manos de sus vencedores; pero 
que si sobresalía y quedaba triunfante, se hacía merecedor á la 
gracia que á bien tuviese pedir. Cada una de las jóvenes Alís, 
ya se suponía que en premio de su destreza, la elegiría para su 
esposa, y se informaban, con grandísimo interés, de las gracias 
físicas del héroe de la funcidn." 

*'Los Guerreros por su parte ansiaban por que llegase el mo- 
mento de ver humillada la altivez de aquel advenedizo que tal 
interés había inspirado ala graciosa juventud femenina." 

"Músicas se oían por todas partes; cada grupo que conducía 
maderos y cargas de pino y de flores para la fabricación de los 
tapexcos y enramadas del circo, era precedida por grandes 
tambores y otros instrumentos que atronaban los oídos más bien 
que anunciar la gran solemnidad que se preparaba para el día 
siguiente." 

"Un movimiento inucitado se desplegaba en la construcción 
del trono real: de muchos pantos de la montaña ocurrían con olo- 
rosas flores parásitas para la ornamentación. Más elevado y de 
doble magnitud que los otros que se construían, era el del Rayen el 
que se empleaban muchos operarios, artistas los más, que voci- 
feraban, gesticulaban y accionaban con aspecto de autoridad. El 
local de la familia real adelantaba como por encanto, bajo la 
dirección de personas expertas. Llegada la tarde, la perspectiva 
de aquella plaza ofrecía el más agradable conjunto: los colores 
vivos de las flores y plumas competían con el brillo de las pie- 
dras y metales que se habían empleado en su adorno." 

"Mientras la animación reinaba en los alrededores del circo, 
una escena patética pasaba en la estancia que Utzil ocupaba. 
Se hallaba en un momento de descanso, después de la fatigosa 
tarea de ensayarse tirando con flechas envotadas sobre un pe- 
queño huevo de paloma, hecho de piedra blanca; arrojándolo á 
gran distancia de cada tiro y volviéndolo á poner inmediata- 
mente sobre un tronco de encino, colocado perpendicularraente á 
unos cincuenta pasos de distancia del sitio que ocupaba, cuando 
sintiendo una mano suave que se posaba sobre sus hombros, 
volvió inmediatamente la cabeza y se encontraron sus ojos con 
los bellos, pero entonces llorosos de la Alí-Sakar, que llegaba á 
visitarlo acompañada de otras dos jóvenes amigas suyas, que de- 
seaban conocerlo." 

— ''¿Cómo, una Alitiox, la hija de un ajau, se digna honrar la 
prisión de un extranjero, condenado de antemano á una muerte 
pública y cierta por el deseo de los célebres tiradores de Cumar- 
chaj? Permitidme que me postre y bese esos pies, acostumbrados, 



240 

no áf isar este sne'o desnudo, sino únicamente los mullidos pavi- 
mentos de an Tzac? Q'íé depcái" del condenado á iiiuerte? ¿Acaso 
me traéis algunas rccomeiidacioi espar.i que las presente á vuetros 
antepa ados, al llegar al reino del Grande Ej^píritu?— ¡Ohl no pro- 
sigas, ützil; no vengo sino á alentarte para que con< urras con 
confianza. Mi padre, el ajnu Poión, sertí el Juez que decida del 
éxito del Tzabi'l. Hay más: vengo taruliién a prevenirte pjira 
que cinjioes con giao cautela; pu-s* el Guerrero ( hojinel, alguna 
perfidia 'Stí traman-lo eontn tí: él deWe a>orrei*erte, porque me 
ama de tiempo muy atrás; y anoche al declararme por la cenié- 
cima vez su amor, le he co.-fesado que yo no pod.'a amar'e. . . . 

porque estaba c ns. grada «1 servicio di templo de T.jil. 

Entonces, muy ei fnr cilo, me dijo: '*No, tú puedes dejar de ser 
"^ litiox cnnndo quieras, pues u«» exi/c el l3i<»s del Reino, que 
"las jóv^-n»»"* que s*< d*»dican á >u servicio lo h «g-in p )r toda la 
**vida. Yo he seguido tus díisos no h»* y día y be podido eonven- 
"ctínne de «pie ••^t^8 muy ínter sida, si n«'» e aniorn ta, del joven 
•'kachiqu»»!, á quien es, ero vencer en el próxim • Tta' «I,, de cual- 

^'quiera modo Piénsalo bi- u. aB dio: si la deí^ijiacni quiere 

"que é! triunfe, eni««iic.ní me queda el re cu »o de d l.»tar á tu 
••padre en UMÍi5n del ex'rjinjeo, como tr. idt»r á la Xacíi^n, por 
"que tenio pru 'ttas «le I ts visitas nocturnaH q>ie I • h.ibéis he« ho. 
''h^lg'^ pies: 6 mi a iior, todo fiara tí. sm divídir'o iiun -a con 
•*otra mujer, ó mi o lio y mi vengauEa.'' — K*to d jo y se fné. de- 
jándome el ''oraxSn nngii^tind •,p'fi9ando,noen mi familia quee^tií 
muy |K)r encima de su- cal<im"ia .«ino en tí, firísionen» y en un pai-» 
enemigo -^Mkar,int«rruiui»i«» Ulzi', ;eualq «i r.i <|ue m« mi suelte. 
me seguiréis? ipi'M rías ser laesposide ütiil, («re unto jj u de 
Panima hé? — l*i« n^a Ui/il. . n pn veuir lo< in^'e^ qu • le amena- 
zan; que nu(^ adc jint»* fK>»r m s p nar ea lo que me propimea. 
Adiorí, piensa también en mí.~K-cucha Ime por último, bella Sa- 
kar. Al salir d» la casa de iiitr< p^dra coiisuíté ai Ajtij de la co- 
marea, sobre el éxito del viaje que á esia i*orte deaenba empn n- 
der, y por toda coiitestaeió i re. ojr 6 aqu»-l pr»if.-ta, de Imh-ü del 
Dios de Ixinehé, e>tas palabras: •Utzil panizhel/' V < ano 

interpretarlas A mi lavor? — Sakar r- tlexi^inó unos ii |)0- 

niendo un de lo .sx)'>re ais labi «s, baja^ilo lo-i «jo* a* suelo y apo- 
yando nn coló eontr I 1 1 par "i y 1 «ego. lomaiido un a ent > i ro- 
féti<H>,y leviint in lo los ojos al "lelo dijo: E^a» palabras son fata'es, 
üt/il, son co no si hiibie'«e dicho aqu^l Di-»-*, L'lzil, correa i tu 
perdició.i. — Sinemba-go de que acaio la interpretacidn que una 
Alitiox h\ dalo á esas palabra^; yo supimgo, dijo el j «ven Ka- 
chiquel. qnt» la genuina interpretación de e«e oráeu'o debe ser 
la siguiente: *^un bien s > paza c m un ñ)al,'' y esa predicción me 
hace pencar que los inmensos beneficios que el iofeliz estranje 



241 ^__^^ 

10 ha recibido del benéfi o ajtiu Pordn, y de su simpática hija, 
no los sabrá pagar sino con una ingratiturl; y é-ta consiste, tai- 
vez, en la pr»)('OS¡(iün qu^^ te acabo de hacer, la de seguirme. 
¡Oh! es una lucha horrible la qun mi coraz(5n sostiene con mi 
grande amor y nú mucha gratitu'l! — Aleja de tu altna esas angus- 
tias, le interrumpid Saku-, retirándoí-e; pero volviendo con lije- 
reza al .-itio donde reflexivo, quedaba el enamóralo ützil, le di- 
jo al oido: iio te aflijas, eres 7iu makol. [1] Y se inarchd li- 
gera como una (orza, llevándose consigo á las jóvenes que la ha- 
bían acomp fiad»».'' 

¡Nu Makol! ¡Nu Makol! repetía ützil: soy su amor . . .¡Oh, 
que dicha! tísri palabra me hará ven-er: el corazón rae lo dice. 
Venga pues, el día de niuñana; venga pronto: la dicha me es- 
pera. 

''El resto de aquel día lo piisó el hijo de Calel entregado 
á las más ri.^ueñas esperanzas. En su imaginación volaba al do- 
minio desús padres, presentando á sii esposa tan bella y radian- 
te de hermosura, y diciéndoles: aquí tenéis á la hermosa Sakar, 
hija del ajau Porón, á quien mi padre salvó de una muerte inevita- 
hie, que le preparaban los Tzutujdes en cierta ocasión que lo toma- 
ron prisionero. En vez da un hijo que la curiosidad os robó, tenéis 
de nuevo dos que os aman y con cuya unión seremos aliados de la 
raza quiche, que ha sido enemiga de la nuestra^ " 

"El corazón de la juventud s(5io mira en lontananza placeres, 
y satisfacciones cumplida^: hé allí porqué es siempre feliz, y 
muestra semblante halagüeño y placentero." 



EL TORNEO. 



"Llpg(5 por fin, la tarde señalada para los juegos atléticos: un 
cielo límpido y sereno festoneado por algunas nubes, en forma 
de palmas, cruzaban de cuando en cuando el inmenso espacio: el 
olor del trébol de los campos f^mbalsamaba el aire; las jdvenes 
Alí^ cual parvada de pájaros juguetones, siguiendo á sus padres, 
que, con sus mejores tn.jes y ostentando sus rostros, brazos y 
piernas pintados en rayas de diversos colores, iban ocupando 
los altos tablados bajo las ramadas, adornadas según la categoría 
de cada uno. El pueblo, esto es, los samajeles desembocabau de 



(1) Nu Makol, «nto amor. 



• 242 

todas las calles de la ciudad y de los montee vecinos, apiñándose 
en derredor de aquel circo, que en el centro j sobre un tapete 
ó alfombra tejida de algodón, esmaltaban bordados de plumas 
exquisitas, estaba sobre una copa de oro una mazorca de maÍ7 
escogida entre mochas, hasta hallaila de la magnitud y de lo> 
colores prescritos por el ceremonial del consejo de los ajaus." 

''Los jóvenes, impacientes porque se acercase la hora deseada 
de la fiesta, entretenían su fastidio lanzando miradas y dichos 
picarezcos á las jóvenes Kopojí (1) quienes ruborizándose al oir- 
ías, se vengaban ¿ so vez ridicnlízando i los impertinentes con 
algún apodo, ó comparándoles con algún ave ó animal ridiculo, 
siendo celebradas tales ocurrencias coa estrepito-as carcaj idan 
y miradas de^ desprecio de las compañeras, señalando al mal 
aventurado que daba lugar 1 que lo hiciesen blanco de sus bur- 
las. Las ri.-^as, silbidos y esclamaciooes fueron dominados por 
un murmullo sordo que pareciasilir de las entrañas de la tierra, 
á manera de un huracin que Fe deaata á una larga distancia. To- 
dos volvieron la vista hacia el lado de la ciadad. De improviso 
se empezaron i distinguir las másicas y atabales, precursoras 
del aparecimiento del Monarca. Todos los qae ocupaban los ta- 
blados se pnsieroo en pié, (xira ver desde sos sitios el cortejo es- 
pléndido de Gucumatz. Venia este sobre un trono de oro resgtiar 
dado por un docel formado de tres cubiertas, forradas de lien 
/os tejidos de fíaas plumas, siendo el más alto color celesta d 
segundo encarnado y el tercero verde. Fosieoidos por roliinm:»- 
de plata con esmaltes de piedras de múltiples colores. 

''Aquel Rran aparato caminaba lentamente en honho.^ v.< . -^ 
primeros Señores del Imperio, loe que iban con majestuoso con 
tinent*», como el que llevA sobre sí nn tesoro de inestimable 
valor.'" 

"Al acercarse el Hey al sitio í|ue le estaba destinado, tollos 
los presentes se postraron, pronunciando las siguiontos palabras: 
(2)" Cho coláy fíajayual áiUachi utett." 

"Colocado el rey en la mi?ma anda sobre el tabeado qae con 
tanto primor se habla construido la tarde anterior, todos se vol- 
vieron á sus ««ionto-s esperando la llegada do ^^^ i/.r-^n^ o,.»,,. 
petidores. ' 

"Cinco diestro*, y ;;jiles, mancebos elegantein:'' ^ : ' : - vil- 
taron la valla á una señal que el mismo rey mni i»» 1 ir. «oti una 
chirimía que tenía un ajaude los que le acompafi;i^:\n Kl prinif- 
ro, Chojinol, iba vestido con un traje color rojo tnrnia«l«> <lo .«*<'»I<) 
las delicadas plumas del Quetzal, llevando el rostro, piernas y bra- 



(1) Kopogl, duncf lUut . 

{^) Cho mili. RojngMal. rhmirhi türn. bÜMi v«>iii<i«> «fw »»l S«WW>r df IimIm Im iM>rTa 



243 

zos rayados de pintura verde, seguíale Ajcojóm, el músico vestido 
de plumas azules, quitadas á los piíjaros llamíidos Xar (1). pintados 
los miembros de rayas blancas, <|ue del brazo c n Chuniil, vesiido 
de plumas de chorcha, amarillo y negro, formaban un cuadro 
heniiüsísiino. Mas atrás, Ajtinem abrazando á Utzil, hacían una 
pareja encantadora. Ajtinem vestido de plumas ver.les de la 
parte superior de los quetzales hacíi su tr< je muchos cambiantes 
á manera de la esraeralla etigasta-la en oro; y Utzil, aunque su 
semblante revelaba cierto tinte de melancolía, le hacía mas inte- 
resante s'i traje for nado áó plumas encarnadas de garza de los 
mares. Todos llevabm hermo os penachos de variadas plumas, 
que saliendo de sus cintdlos circulares, formaban tornasoladas 
aureolas sobre sus cabeza-*. En una placa de oro macizo que ca- 
da uno llevabí suspendí laal cuello, podían leerse palabras ca- 
balísticas ú oraciones á sus respectivos naguales.*' 

"Llegados los cinco jóvenes al centro de la plaza, y hecha la 
genuíiecL'ión delante del trono real, fueron saludados por el 
público cjn entusiastas aclamnci<»iies; y la muchedumbre siem- 
pre localista, pedía t^in disimulo al^^uno que fuera vencido el es- 
tranjero y sa.TÍñ(íado inmediatamente en honor de la Luna cu- 
ya aparición se celebraba." 

'*Hecha la seguud i señal decendid del tablado del rey el ajau 
Porón; y dirigiéndose al centro del circo, raandd á los comba- 
tientes forma en un círculo y colocándose en medio de ellos, 
tomó la mazorca 3^ haciendo una iuclinacióa de cabeza en di- 
rección al trono real, levantó el brazo en alto, mientras los jó- 
v^enes apretaban sus flechas poniéndolas Á sus pies, templando 
sus arcos y esperando la voz. El aiau Porón dijo entonces: /Hu- 
mari Majagual Naveal Eucapeal, Roxal! (2) y anoj(5, con la fuerza 
de que fué cupaz, la mazorca al aire, retirándose en seguida para 
el sitio que junto al rey le estaba destinado. Los jóvenes guerre- 
ros con una destreza admirable y que 3'a no se volverá á ver en 
nuestros pueblos, sostenían á fuerza de golpes de flecha la mazor- 
ca en el aire sin dejarla caer, to lo en medio de las aclamaciones, 
Víctores y aplausos con que el pueblo celebraba las evolucionas 
que aquel objeto hacía en el espacio. Intertanto Utzd cruzado de 
brazos parecía el genio de la meditación, puesto un dedo sobre 
sus labios, con la ujirada fija en el tablado donde estaba Alí Sa- 
kar: no se disonaba ver el espectáculo que al pueblo mantenía 
admirado. Trasi'urwdo algunos minutos de aquel prodigioso 
ejercicio se oyó una señal que partía del trono de Gncumatz, pa- 
ra que suspendiesen, y tomando una flecharon chuzo, Chojinel la 

[l] Xar. Xara ó Azulejo, pajareque abunda eu el Quiche. 

[2] ¡Rumari Rayigaal! Naveal, Rncapeal Boxal ¡en nombre del rey! ¡A la pirme- 
ra, ala segunda, á la tercera! 



24£ 

clavó en la mazorca desnada ya de sus granos qae cava, siendo 
recibida antes de tocar en el soelo, por el mismo diestro Choji- 
nel. Concluido el ejercicio que tan brillantemente desempeña- 
ron los adalides, el pueblo prorrumpió en muera? á Utzil y vivas 
á los venceíJores." 

Utzil fué tomado en el acto por los brazos y conducido ante 
el rey como reo de muerte por no haber tenido valor de medir 
sus armas con los tiradores de Utatlán, después de hab«^r acep- 
tado la proposición real. — Señor, dijo Chojínel, dirigiéndose á 
Gucumatz, sólo vuestro permiso esperamos para quitar la vida 
á este estranjero que ha intentado burlarse de vos, del pueblo y 
de nosotros; por sólo lo primero es digno de muerte; hablad y 
en el acto él será el blanco de nuestras flechtis á presencia de 
todos en este mismo lugar. — ^;Tá. qué alegas en ta favor, Utzil 
Calel? Habla, que espero dar on nuevo espactáculo á mi pueblo, 
pues juzgo no hallarás nada que te disculpe á los ojos de la mu- 
chedumbre que pide á roces lu muerte. — Oidme, Señor, antes de 
condenarme^dijo el joven; primero, porque no me dejarla ma- 
tar teniendo ñechas en la mano, y segundo porque sois ju>to y 
jeneroso.— Habla y sé breve repoíio el rey con acento un tanto 
amenazador. — Creo, ¡Oh, grao rey! prosiguió Utzil, qoe lo hecho 
por estos Señores, no merecía la pena de que el grao Gucumatz, 
Señor de ese inmenso pueblo que nos mira, se hubiese moles- 
tado en venir á éste lugar, y muy especialmente las. AliÜOKipf 
Kopojíp Ixoqu( (1) para preeeociar on espectáculo qoe carece de 
novedad: yo sólo prometo al rey desgranar la maiorca sio de- 
jarla caer. 

''Un murmullo de descoofíaoza sonó en derredor, iodicando la 
duda que tal ofrecimiento les iospiraba." 

— "Una sola cosa pido al grao rey que me eeonoba, afisdió 
Utzil, y es que ordenéis á estos Señores me soroiuístren flechas 
con destreza para llenar debidamente el compromiso que coo- 
traigo. 

— Asi se hará, dijo el monarca; eotendedlo Señores, y sabed 
que este joven me interesa desde este momento." 

''Los jóvenes tiradores, se inclioaroo aote el monarca en se- 
ñal de obediencia; pero jurando dentro de sos coraioiies tomar 
venganza cuando les fuese posible, de aquella afrenta que lea pa- 
recía inferirles Gucumatz, oo entregándoles al vencido para sa- 
criflcarle inmediatamente, según la costumbre antigua de Ca- 
ma rchaj. Una mirada se dieroo que no pasó desapercibida de la 
prespicaz mirada de Uizil. y que le reveló todo el odio que sos 
compañeros de combate abrigaban hacía él." 



[1] Ixoqtti. mujerw 1m snrerdotia», lasdoacellM. 



245 

VI. 
SIGUE EL TORNEO. 



Notando el anciano Chuohicajau de Zapolitlán la gran ansie- 
dad que los jóvenes oyentes demostraban por saber el final que 
pudiera tener el atrevido proyecto de Utzil, comprometiéndose 
á desgranar él sólo con sus flechas la mazorca, les dijo: "Com- 
prendo que creeréis que la historia que os cuento es un tejido de 
mentiras, hijas de mi anciana imaginación, y que el amor á los 
de nuestra raza, hoy tan humillada, me hace inventar hechos 
fabulosos en fuerza de que no se ven ya. No, hijos míos; nues- 
tros antepasados fueron tan capaces de lo que os relato como de 
otras historias que más tarde os referiré. Toda nuestra postra- 
ción, ó más bien nuestro envilecimiento, se lo debemos á los 
primeros conquistadores y más tarde á la clase que hoy se lla- 
ma ladina, por que en vez de ilustrarnos se nos ha relegado á 
nuestros pueblos donde el único roce que con ellos nos conce- 
den es tratándonos como bestias de carga; no obstante que los 
segundos Fon en su mayor parte descendencia mezclada de la 
nuestra, de que reniegan, á pesar de nuestro ilustre origen y 
sangre pura, como no la tienen los europeos que viven del otro 
lado de los mares. Oid pues, y admirad el valor, destreza y su- 
perioridad de nuestros antepasados, sobre nosotros, hijos espú- 
reos de aquella noble raza. 

"Las músicas volvieron á sonar; y la ansiedad é impaciencia 
del pueblo crecía por grados á medida que el espectáculo del sa- 
crificio del kachiquel se les hacía esperar.'' 

"Utzil avanzó hacia e] centrp del circo, seguido de los guerre- 
ros, que llevaban cada uno un haz de flechas, mirándose y cu- 
chicheando entre sí. Puesto Utzil en medio de la plaza, hizo 
una profunda reverencia al rey y lanzó una mirada de triunfo á 
la enramada del ajaa Porón, donde con impacientes ojos le con- 
templaba aquella joven cuya vista le daba fuerzas en medio de 
tantas vicisitudes y á quien á pesar de la emoción que ledo- 
minaba, le" envió un sonoro suspiro que Chojinel recojió como 
un desafio, jurando de nuevo hacer perecerá un rival que le ro- 
bara el corazón de la Alí Sakar, de quien hacia tanto tiempo se 
hallaba enamorado." 

''Dada una beñal, desde el tablado del rey, volvió á descender 
el Juez del campo; colocQf?e cerca de Utzil y tomando la nueva 



246 

mazori-a, la mostró al putblo, que parecía po.^ído de un graa 
terror." 

"Porque habéis de Fa>>er, hijos raío-% qae aquel duelo propues- 
to por el k.icliiquHl, infeiía en cierto modo nn a^nivio a! ori^ullo 
de los ajaus de Utatlán, qoe se tenían pT los mejores flecheros 
del mundo, ¡üns lo tirad» r sostener la niaz rza en lo» jiires 
hasta desgrauaila c »n sus flechas! era un he. ho sin ejemplo en 
las tradiiiunes de Cuman haj; y a>i la e£pecta(ic5n tenía, del 
rey ahajo, á iodos en el ra «yor sileí ció.'' 

*'Utzil pa.«o dos de cada uno de los tiradores á su lodo, coló- 
Ciíndose de frente h/c¡a el Oiienie para i yitar que \o* rayoí del 
Sol que estaba próximo á esconder-e tras \o^ monte;^ vecinos, le 
ofuscase la vi.-ta; pero ante todo para mirar más directamente á 
la joven Sakar que le aleutalia con sus miradas, llenas de un rr 
flejo que le in?pirMba vah»r.'' 

"¡Nat:éf / üc(í]j! ¡Rox! ( 1 )ref>¡tió el ajan Porún. lanzando al air 
al terminar la última slluba, la maz-tca con cuantan hierzas p . 
do reunir. A«-to continuo couien/ó ützil el ejercicio de enviarl 
flechas hin interrujxíión, multiplicando sus brazos y sosteniendo, 
en medio de la ad.niraciÚD general, aqutl como un pJjarp on el 
espacio." 

"Los músicos 6 atabalera** do piidieroo contener el regocijo qu 
aquel espectáculo les cau<iabti y á pesar de la pr ' " ' 'n que 
previamente h »bian recibido, dieron íien-U :( «n Vln «lo- 

oando á la vez sus inrirumenios, - d 

pueblo en vivas y alundos. vi tor> n- 

dole unos Kojolkij (2) oíros AjHz (3) y otrpB en fin Natejfa¡> 
hon. [4.]" 

''Una lluvia de jrranns cafa juntamente con las flechas, que 
deFpués de herir al bUnco, des en«>S(«n del puuto. al r*de 
dor de los jóvene?) que formaban aquel cuadro donde lodos tenian 
fijos Bu-^ ojos.'' 

"Cinco minutos hnbian trancr.rrído, y ouan'^o el triunfo estn 
ba casi asegurado, Cliojinel fínjiendo que hus : )» ibian c-t 

rédalo en el arco de su flecha; cayó al suelo w. 'n que tí • 

tocaba suministrar flechas al cam|)eón, por cuyo incidente la lun 
zorca cayó también en medio de una rech fla aterradora." 

"IJtzil, que pudo Cí»mprender el engño ó sujicr- h»*rla <!• 
Chojinel, enfurecido exc'amó, temando li única flecha que en la 
mano tenia y armjíndola iustanlán''am<*nt* de un chü/o enve- 
nenado; — "¡Mala víbora, he conprendido to infamia; no obtendré 

(1) ¡Nave! ¡Ucap! ¡Rox.' ¡á la um! ;á laa don! jklmM trp«: 

(2) Kqjolkij, hijo del sol. 

(8) AjitM, brujo ó hechicero. 

(4) Xabfyalabdn, el primero, ol admirmble jóveu 



I 



:_ 247 

yo el p'-emio, pero en cambio tú no gozarás de m¡ vergüenza! y 
sepultando en el pecho de Chojioel el arma emponzoñada, voM 
á confundirse entre la multitud que, alborotada, formaba un tor- 
bellino, saltando la barrera del circo; unos para protejer al sim- 
pático kachiquel y otros, con objeto de preoderlo vociferaban." 

'*E1 rey, rodeado de lodos sus ajaus, se esforzaban en vano 
por contener aquel principio de motín, en que unos y otros lan- 
zaban vivas y mueras en confusa vocería.'' 

"Huye, huye coj^edle! decían unos. ¡Dejadle, es uo héroe! de- 
cían otros. Ya toma el camino del Cerro, miradle, nó va súlo, 
alguien le acompaña!— No, es que alguno lo persiorue ! ¡Lu- 
chan! ¡Mirad, mirad! ¡Ah. es una Alí Mirad cómo la 

abraza y camina con ella en hombros!— ¡Ya sube la montaña! ¡La 
lleva en hombros!,— ¡A ellos, á ellos! ¡Ya han desaparecido entre 
los árboles del monte! .... ChigüUá y güip, (1) dicen unos. Quiíi- 
caf itzel (2) dijeron los más." 

Vil. 
DESGRACIAS. 



'Una mañana nebulosa, fría, de invierno, de. aquellas en que 
ni las aves osan desplegar sus alas y que enmudecidas por el 
aire frío no pueden modular sus cuotidianos cantos, porque sus 
trinos espiran en sus arpadas gargantas; de aquellas mañanas 
húmedas en que los pinos, destilando gota á gota sobre la menu- 
da yerba el agua que en menudas partículas les deja la nube al 
pasar, forman una alfombra empapada de hielo, que arredra á 
los transeúntes y los retrae de viajar. Una mañana, h'jos míos, 
decía el viejo maestro de Zapotitlán, llegaban á la cumbre de 
Tzolcgyá, dos jóvenes hermosos, con aquella hermosura de nues- 
tra raza, que ya vosotros no la habéis alcanzado, porque á mane- 
ra de flores que se las lleva á otro clima degeneran, nuestra ju- 
ventud ya no florece, faltándole el aire puro de la libertad 

¡Jha!" 

"Dos jóvenes hermosos decía: pues bien, sí: dos hermosísimos 
jóven-^s, el uno de la raza pura y noble kachiquel, y la otra una 
Alí, esto es, una virgen descendiente de los ajaus de la gran fa- 
milia Quiche. Ambos iban á descender el gran ceri-o que de 
Tzolojyá conducía por veredas entonces muy estrechas, al valle 



(1) Chigüild y güip, que te vaya bien ó mira por tu cabeza. 

(2) Quñ^eaj ittiel, que te lleve el malo. 



248 _ 

de Paiiajfichel. En sos sen.b'antes se nótala la fatiga llevada á 
su último extreriio. Aterido.« de fiío y marcando sus plantas en 
cada piedra und mancha de sangre 

Sus trajes de plumas muy ricaís, hechrs mil pedazos y apoyan- 
dose á p*na8 ti joven, que (argaba mus bien qoe sostenía á su 
compañera, en una flecha qoe >e doblaba á cada éí^fuerzo que 
sobre ella bacía | ara cobrar aliento y avanzar. Asi penosamen- 
te pudit^r» n descerider hasta la m«-^eta. hoy lli<mada de San 
Jorge, junto á una gran p edra que aún se conserva en el 
vértice que mira al bg**, la I ella AIí no pudo dar un paso más 
y c&yó de^ploninda exclamando: IJtzil. . . .ni in, ni yo podemos 
más. déjame aqní donde | ror.fo espitaré de fatiga. . . .Toda la 
noch«' has cargado sobie tus bombrus con mi pe-hdo cuerpo. . . . 
¡qué digo toda lantche! desde ayer larde cuando emprendimoi 
la fuga, tú me has llevado, c< roo si fuese an niño, en tu^ bra. 
zos. . . . E-tás ya cerca del .«itio donde tú eren Señor: estJs fue- 
ra de rieseo. Mira, si no fueía por que «íws nubes interc«'ptan 
nuestro boriz* nte. ya veri, a de^eaquí. srgún me anuneiuste, las 
raontañ»8 de Panittia hé.'' 

''Utzil, con voz t«mblante por la emocidn y for el intenso 
frió que le tefíia casi (aifllizaHo, tomando una de lai< manoít de 
A\i Sakar y llevát dola á sus labios la dijo: ";Y piensa la linda 
'hija del ajan Perón que un i^alel sería rapaix de Hb odonarla en la 
"este lugar, después de haber airavihado en toda la noche tan 
"larga distüneia; d<.«pné8 de habí ría arrancado de en medio del 
"regí lo y <uid«d< s de sus padr. s, vendí la al fiu rn>i de la jor- 
''nada á dej>«rla en un sitio, guarida de Ion coyotes y expuesta, 
•'adem>)s. A las injurias de cualesquiera ujhitum^ [1 ¡ Cobra va- 
,'lor. Sakar mía, que ya proi<to e^a niehla de^af arccerá y podre- 
•*mo8 atravesar el dcsieitoy Ibgar, cabntadoe |or los ra- 
*'yos del Sol ó los dominios de mi f adre, donde seras la 
"abgrfa de la comarca, la l«»z que alumbre el Tzac de la an- 
"tígua familia Calel y la ftlicidnd r<el }X)bfe Vv¿i\ que (e ama 
"con toda su alma. Abre los «íms, miraroe: ;no es verdad que tu 
'corazón sp anima y que ese norizonit- axu', que á manera del 
"mar que hay detrás de les vol anes. no es nuís que un pequeBo 
"esfmcio que pronto >Hlvar« n.os? Snkar, Sakar. por tu amor aní- 
< mate, mlranie; i iensaque sufro mucho m1 verte en e-e estado de 
«'postracióu. ¡Oh! si tú nui» re*', no cre«s que tendré valorde sobre- 

'vivirte: en el momento mismo, ésta emponz-ñada flecha me 

<Ma clavaría en el corazón, y tmestía*» tíos almas volarían qnidas 
.'hasta la mansiJn de la«< estrellas, donde la Luna y el Sol com- 
,'p'ten en brillo para ahmibrar la casa del Grande Ksplritu." 

l\]Ajbinem. cAniiiuuitw. 



• 249 __^^ 

"Después de un prolongado espacio de silencio, en que Utzil 
llord sobre el blanco y delicado cuerpo de Sakar, que permane- 
ció en un profundo desmayo, abrió la joven lánguidamente los 
ojos y volviéndolos con dulcísima ternura al hijo del ajau Cale), 
le dijo: '^Corazón de Ledn y alma de paloma. ¿aSn permaneces 
'•en e^-te sitio, donde el hambre y el frío acabarán cont'go sin 
'•remedio alguno, como miras que me acontece? Utzil, escúchame 
•'y obedéceme; es la primera vez, qiiizas la última, que me atre- 
"va á mandarte. ¿No oyes la voz de tu padre que te l'aroa? ¡Co- 
mpre, vuela. Si los encuentras vivos anúnciales mi llegada, diles 
'•nada más que te amé cuando eras desgraciado, y cuando perí-e- 
"guido, quise compartir los rÍp?gos contigo: que soy Alí Sakar, 
"hija del ajau Porón de Guraarchaj. Yo quedaié escondida 
"en .estos breñales que tenemos cercanos. Si cuando vuel- 
"vas me encuentras viva, llévame á Paniraaché, donde procu- 
"raré hacerte feliz; pero si como lo espero me encuentras muerta, 
"lleva también mis despojos para C(docarlos entre los de tus an- 
"^tepasados y no te olvides de mi! Tu nombre será el último so- 

''nido que exhalen mis labios! Vete corre, no pierdas un 

"tiempo precioso para tus padres y para que me salves si pue- 
"des." 

*'Estenuada por el hambre volvió á caer en el mismo letárgico 
desmayo. Aprovecha'ndolo Utzil, la puso sobre sus hombros, la 
condujo á un lugar cubierto por unos arbusto-^, le formó un col- 
chón con hojas secas, y dándole un último beso partió, lloroso, 
desalentado, clamando con los naguales de su casa, para que 
quedasen custodiando á aquel ser querido con quien dejaba la 
mitad de su alma." 

VIH 
RECOMPENSA 



"Ya podéis suponer, hijos míos, cómo marr^haría el magnáni- 
mo joven kachiqnel, sabiendo que dejaba á Sakar expuesta á ser 
deborada por las fieras carníboras que tanto abundan aun en 
aquellas cerranías; asi es que no corría sino que más bien se 
despeñaba, bajando con tal celeridad que se le hubiese confundi- 
do con un gamo.'' 

"Por ñn acabó de descender aquella áspera montana; pero 
á medida que avanzaba, iba notando que la arena d«l desierto 
ya no tenía aquel color calizo amarillento, sino que percibía una 
superficie azulada, movible, líquida, semejante á un mar de blan- 



250 

cas y espamosas olas. Son las nubes, decía, que han posado 
sobre el desierto. " 

^'Caminando así, poseído de su dolorosa sitaación y con la se- 
leridad que sirdeseo imprimía en sus miembros, sintió de impro- 
viso que sus pies se asentaban sobre el agua. E\ desierto estaba 
trasformado en un grandísimo lago, cuyas olas venían i estre- 
llarse contra sus rodillas. Su vista empañada por sus Ugriraa^), 
no alcanzaba ú ver por todas partes sino agua y m¿s agua con- 
tenida por las pendientes cortadas á tajo. Su espíritu fuerte, tem- 
plado en el crisol de tantas adversidades, no se arredrtS, tratan- 
do desde luego de hallar algún medio de salvar aqnella diñen! - 
tad, se disponía á escalar uno de los cerros inmediatos para dar 
el rodeo que le llevaría u la tierra de nos padres, donde estaba 
su salvación y la de Sakar, á quien había dejado moribunda. 
;Ah, decía, es el encantador Gacuroatz quien me presenta este 
abismo para vengar la muerte de su ajan Chojinel; pero no im- 
porta, yo sabré vencer e.sta dificultad, y veremos quién triun- 
fa de quiénl Marchemos Pero oigo que una vez sa- 
le de las aguas, ¿quién puede eer?— ^Se poso en actitud de de- 
feuderse. templando el arco de su flecha y dirip'eodo su vista á 
un bosque de tulares, que flotaba sobre la superfície del lago, en 
donde se notaba un fuerte remolino sobre las oUs." 

— "¡Utzil, Utzil, hijo de Cale!, eacííchame! — ¿Quién me Uaina 
|)or mí nombre? respond¡(5 el valiente j«»ven. ¿Quién conoce aquí 
al hijo del ajau Calel?— Yo, el dneño y Señor de éste lago, que 
te debe su existencia y desea pagarte un beneficio grande que 
en otro tiemf o tú le hiciste. — ¿Quién eres t6? dito, para que ten- 
drá confianza en tus palabras; pues de lo ooütrario no (>erderé uu 
tiempo que corre velo/ con detrimento de la vita de un ser á 
quien niiís amo sobre la tierra— ¿Te acoerdas de aquel í'Aoy íl) 
que tú salvaste de una muerte cierta, cuando pasabas hace dos 
meses por este lugar, antes un desierto de arena? Poes bien, mira 
ahora lo que vale un beneficio, dijo la voz; y á la vez fuese raos- 
frando sobre la superficie del lago un monstruo, especie de lagar- 
to con escama de variados cjlores. Pues bien, aquel choy 
que tú condujiste á una charca, continuó, el Rajaijwú juyúp [2] 
lo ha convertido en lo que ves y la charca en este hermosísimo 
lago que hoy embriaga tu vi«ta.'' 

"Siempre los beneficios tienen su recompensa; y para probárte- 
lo, el Espíritu Criador me ha maod<ido que te preste algú.i ser- 
vicio. ¿Quieres que te pase al otro lado del lago sobre mis hom- 
bros? No temas, que mi gratitud te garantiza; aunque entre lo« 



{%] Cho^, ratouciUu. 

(i) Rfijaguat p*ífnp. St'ñor <!«> Km inuot*^. i •»>i«Utd . 



. 251 • 

hombres es una palabra vaga, que nada significa Ven, que 

el tiempo urge, las horas corren y es necesario que llegues á tiem- 
po. . . .Tus padres te han llorado muerto Alí Sakar espi- 
rará si no lleg is á tiempo.'' 

"Este último nombre hizo estremecer el corazón del joven, 
por más que el nombre de sus padres le hubiese movido ya." 

"Acepto, y de un palto se puso sobre las espaldas de esmeral- 
da del monstruo marino, que comenzó á remar con sus grandes 
patas en forma de aletas de pescado, con una velocidad vertigi- 
nosa. Así anduvieron por espacio de media hora; y cuando Utzil 
ya veía cercana la orilla opuesta, el horrible lagarto volvió su 
desmesurada cabeza y le dijo, mostrando dos hileras de blanquí- 
simos dientes agudos y cortantes oomo dos cierras: "Vosotros 
los hombres pagáis los bienes que recibís, siempre con una in- 
gratitud, ¿no es así? No extrañaríais, pues, que yo, una fiera ma- 
rina, después de conducirte á la anhelada orilla, donde te espera 
la desolación y el espanto, te privase de ese pesar, gustando de 
tus carnes en medio de este azul elemento donde no hay más 
imperio que mi fuerza.— Puedes hacer lo que te plazca, dijo 
Utzil; pero te prevengo que sería un crimen sin ejemplo, no tan- 
to por mí, que sólo desdichas aguardo, cuanto por un ser inocen- 
te que moriría sin remedio, sin mi pronta vuelta del monte de 
mis padres; hay más: tú mismo me acabas de recordar que no 
vivieras sino debido al insignificante servicio que te he prestado, 
cuando lleno de curiosidad por conocer la comarca de ütatlán, 
atravesé estos lugares, antes un desierto de arena, y hoy con- 
vertido en este espléndido lago. — Bien por bien, dijo el lagarto; 
somos las bestias más generosas que los hombres;'' y depositando 
su carga junto á la arena, desapareció entre las ondas yéndose i 
sepultar en el fondo de la laguna." 

"Utzil, lleno de reconocimiento, miró por algunos minutos el 
rastro que se iba borrando poco á poco de la superficie tersa de 
las aguas; y cuando no pudo percibir nada, sacudió la cabeza, 
pareciéndole salir de un profundo sueño. Murmurando palabras 
de gratitud comenzó á ascender la empinada cuesta en cuya cima 
se hallaba la casa antigua de su padre el ajau Calel." 

''Ya se acercaba al término de su viaje; ya el canto tau couo- 
cido del guarda-barranca endulzaba sus oídos, el olor de la tie- 
rra labrada recada por el rocío de la noche, percibíalo mezclado 
con el aroma de las flores silvestres. El blanco suquinay moj .do 
por la lluvia de la víspera, destilaba niiel embalsamada. Embria- 
gado, pero aterido de frío y muerto de hambre, repentinamente 
Fe faltaron las fuerzas, y saliéndose de la vereda se encaminó 
maquinalmente á un arbusto, bajo cuya sombra se desmayó.' 



252 

IX 

RUINAS 



''No purdo puntualizar, dijo el anciano á sos oyentes, cuánto 
tiempo permaneció ützil en aquella postración; |>eio eí se sabe 
que abrid los ojos cuando el Sol comenzaba á descender de lo 
más alto. Cobró aliento cbuj an<!o algunaí» flore» de Chalí y ee 
dirigió á Panimaché que distaba uu sonte de paso**.*' 

**A medida que caoiioabR comenzó á notar (|ue elevadas co- 
lumnas de humo se levantaban' del sitio donde estaba la ran- 
chería de los samajeles: que en vez de la ca>a grande hnbia un 
gran promontorio de escombros .... y que en fin, toda la aldea 
estaba convertida en una hoguera. £1 susto, el furor y el espanto 
que Utzil experimentó al contemplar su ca^^a destruida, sus cam- 
pos arrasados y los restos sangrientos de algunos He sus servido- 
res, se puede comprender, mas no la de8e^perac¡ón que de so 
alma Fe acoderó cuando siguiendo con la tísIm y con los peso* las 
inmediaciones de su jardín pudo contemplar el cuadro mis es- 
pantoso que su desgracia le reservaba." 

"El anciano Calel y su espof^a atados al tronco del gran ¿rbol 
que daba nombre u la comarca ^e encontrabao sin vida, mutila- 
dos de brazos, orejas y narices, pudiéndose apenas c« norer p^r 
los dibujos gravados en sus carnes. ;I.os tzutujiUs, dijo Utiil dm 
tembloroso acento, han sido, que aprovechando mi auhencia, han 
venido á nrnisar los dominii s de mi padre! Edos, eternos ene- 
migos de mi raza, han saciado su encono con aocianoa ÍD*^rmei 
ó indefensos. . . . Pero yo les juro que la sangre de mis padres no 
clamard por largo tiempo su venganza Ali Sakar, tu presen- 
cia y la memoria de mis amados padres, sacrifii ados á una esió- 
ril malevolencia, me infundirán la audacia que necesito pnra lle- 
var la muerte y el espanto á la ciudad de TziquinMJá, donde go- 
zosos estarán celebrando su cobarde triunfo. . . . Pero antes debo 
dar sepultura á los cadaíveres en la gruta donde descanjían los 
restos de mis^roayores." 

'*Se encaminó al subterráneo de la gran p¡edr|. qne « í.cwmí.ó 
aterrado, saliendo por algunas hendiduras algunas «)ébil> s ráfa- 
gas de humo. ''Xo hay esperanza, dijo, hasta loe Naguales d** roí 
casa^han sido reducidos á cenizas .... Bien! .... Bien! .... Yo roe 
vengaré. La desgracia ha caído sin piedad sobre los míos, sobre 
rol y mis bienes. No tengo alvergue, no tengo sirvientes, pero 



253 

tengo brazos, destreza y habilidad, y sobre todo, Sakar me es- 
pera y es el único tér que me queda sobre la tierra; corramos á 
I salvarla." 

f "Se disponía á correr como un loco por aquellas cerranías hu- 
I yendo del espectáculo atroz que su casa presentaba, cuando oyó 
una voz que dentro las ramas de un árbol le hablaba. — "Utzil, 
dijo la voz, ¿á d(1nde vas? óyeme: yo he sido testigo de todo 
cuanto ha pasado en Panimaché, cuyos habitantes fueron sor- 
prendidos ayer al caer el Dios de la luz en su cama de grandes 
aguas. Los tzutijiles de Tolinián han sido los destructores de 
cuanto tenias sobre la tierra, de más amable. Después de haber 
saciado su encono en tus padres y samajeles, han incendiado la 
gruta de los Naguales llevándose cuanto en ella había de valor. 
De tus vasallos y adictos no he quedado más que yo; manda, 
que bajo tus órdenes haré prodigios. — Sigúeme, dijo ützil, y co- 
mo huyendo de un espectro que le perseguía, abandonó aquellos 
lugares, en un tiempo tan alegres y tan llenos de atractivos para 
su ardiente juventud, convertidos entonces en un campo de rui- 
na?, donde pronto, sólo las nocturnas aves lo habitarían," 

"La razón iba abandonando á Utzil y el fiel compañero, el 
■ único testigo de las depredaciones de Panimaché no se separaba 
un momento de él." 

"Oye, decía caminando con macha celeridad por la cuesta que 
descendía al lago por el lado Norte, hoy Panajachel; ¿no escu- 
chas una voz tierna que me llama y que parece salir de esas 
aguas que allá abajo están azotando la arena? E5 mi Alí Sakar 
que me espera, que siente en su corazón lo que yo sufro y que 
contempla en el cielo de su alma los dolores que á la mía están 

matando Corramos, Perey, corramos; lleguemos pronto al 

sitio donde la hija del ajau Perón me espera para ayudarme á 

sufrir la gran desgracia que me persigue y corría, corría sin 

detenerse por las asperidades de los cerros rodeando el lago que 
se oponía á que tomase un rumbo recto." 

"Perey pudo conseguir con ruegos, que el infeliz, cuasi demen- 
te, gustase algunas frutas que habla podido coger al paso por 
los montes; con lo que ützil un tanto reanimado aceleraba más 
8U carrera, gimiendo como un niño y jurando á los tzutujiles 
eterna venganza.'' 

*'La tarde com-nzó á obscurecerse, y el crepúsculo opaco por 
las brumas no dejaba ya rodear los precipicios, sino que hacia 
caer á cada paso á los atrevidos caminantes que desafiaban á la 
muerte con su audacia. Por fin, la Luna, fiel compañera de los 
que padecen y aman, comenzó á alumbrar, aunque indecisamen- 
te, aquellas sinuosidades, proyectando mil sombras fantásticas en 



■ 254 

el accidentado terreno. Un fuerte aire del Norte vino á despejar 
dejlas nieblas qne iraf»ediaii ul astro de la noíhe esparcir su apaci- 
ble claridad sobre aqu^-l sitio." 

"Alentados nuestros simpáticos kaehiqueles por la luz qae en 
el lago reflejaban los rayos de la Luna, apresuraron más el paso 
para concluir el rodeo y comenzar á subir la eminencia donde Sa- 
kar habia quedado, próxima á esp rar de cansancio, esperando la 
vuelta de Útzil que volara á implorar auxilio á la casa de suí» 
padres." 

"Era ya cerca de la media noche cuando Utzil y Perey creye- 
ron estaban ya mny inmediatos al sitio tan deseado. El aire con- 
vertido en un fuerte torbellino bramaba sobre las rocas y las co- 
pas de los árboels remedando alternativamente, ya el qnejido de 
un moribundo, ó ya el rujido de una fiera hambrienta. Las olas 
del lago se azotaban sobre la arena.y su estrépito se repercutía et> 
las rucad, formando todo un conjunto que infundiera pavor al cspl> 
rítu más fuerte. Utzil comenzó á buscar por todos los lugares que 
algún parecimiento tenían con el improvisado albergue de Sakar. 
al objeto de sns dolores, pero no lo encontraba. Para colmo de 
desesperación, una nube cuMJida de agua vino á obscurecer aqae« 
líos lugares, int»*rceptando la luz de U Luna, y grue>08 goterone;* 
de agua comenzaron á caer sobre los fatigador kachiqneles que 
no paraban un momeiito. yendo de aquí para allá, levantando 
arbustos y removiendo piedras, en medio de la obscuridad, pero 
sin hallar rastro alguno (|uc les iodicase el lugar donde se eo* 
contraba Alí Sakar. Por ün, y cuando ya Ikiígadoa pensaban 
mudar de sitio por parecerles que aquel no era en el que debían 
hallar á la joven india, los pie.i de Utzil tropezaron con un ol\¡e- 
to suavo y húmedo ó inclinándose al suelo (tara cerciorarse, sul 
manos dieron c«n otra mano frU y rígida." 

^'Al mismo tiempo un rayo de la Luna, como si (|uíaiesc parti- 
cipar de a(|uel espectáculo, alumbró llorando lagrimas do roiio, 
un cuerpo sin vida, despedazado y bañado «n sangre. Era AU 
Sakar. Era el cuerpo de la que un t¡cm|)0 había infundido en ei 
corazón de Utzil un débil reflejo de esperanza . . . Era el morpí» 
inanimado de aquella joven, todo amor, que f^rprendtda ei 
Ha soledad, sin aliento para huir, habla sido pasto de los lulfu> 
Aun 80 veían las pisadas de aquellos famélicos animales, pinta- 
das sobre las piedras con manchas de sangre. Las plumas del 
traje de Sakar se movían á impulso del viento, diseminadas por 
el suelo. Su hermoso rostro, un tiempo iris do ventura, apena? 
dejaba conocerse por las huellas impresas de las garras de las 
Heras." 

^'La inteligencia de Utzil ya liciada por tanto sufrímicoto. no 
pudo resistir más. Tomó el ensangrentado cadáver entre sos 



I 



255_ ___^ 

brazos y elevándolo en alto con una fuerza agena á sn situaci(5n, 
exclamó: "¡Grande y Soberano Espíritu, Señor de los montes, 
de la luz y de las aguas, hé aquí la obra que has dejado perpe- 
trar! No qui-iste vernos felices en la tierra, pues nos tendrás co- 
mo te plazca en la eternidad!'' Dijo, y dirigiéndose á un precipicio 
ceicano y cuyo fin no lo había sino en la profundidad de la la- 
guna, levantó en sus brazos el cadáver, se. lanzó al abi<mo abra- 
zado al cuerpo que había sido el santuario de un alma sublime, 
adornada con todas las gracias imaginables y que esperaba en- 
contrar en la región de las estrellas!" 



CONCLUSIÓN 



"La tradición, tanto Quiche como Kachiquel, ha conservado 
los hechos que acabo de relataros como un suceso de verdad in- 
negable, aumentando los detalles y abultando los hechos hasta 
un estremo que raya en lo maravilloso; sinembargo, es fama muy 
aceptada, que en la meseta de San Jorge, en cuyo vértice hay 
un derrumbe que cae perpendicularmente al Lago, se oyen la- 
mentos, que confundidos con el bramar de las olas y el rugir del 
huracán, ponen en constante miedo á los transeúntes que se 
aventuran á pasar por aquel lugar en noches de invierno. 

La supersticiosa ignorancia, creadora siempre de fantásticas qui- 
meras, asegura que dos palomas blancas viven y anidan cerca de 
aquellos breñales, exhalando arrullos lastimeros, acercándose 
en ciertos momentos al precipicio y lanzándose en seguida como 
¡m})elidas por el viento hacia el espacio que recorrieron abraza- 
dos los dos desdichados amantes, Utzil y Alí Sakar. 

El anciano Chuchicajau dejó de hablar, enjugando de sus 
ojos las lágrimas, hijas del dolor que su alma experimen- 
taba al recordar las grandezas de sus mayores, el amor poé- 
tico y sin ejemplo ya entre los de su raza, debido á la abyec- 
ción en que ésta ha venido á parar d*^spués de haber sido la do- 
minadora en la América Central. 



Guatemala, septiembre de 1885. 






arqueología guatemalteca 



Vamos á comenzar á tratar de una materia por demás intere- 
sante, ya por su importancia científica, ya por la amenidad de su 
lectura. Dtsearíamos llevar un drden estrictamente cronológico 
en la descr¡pci(5n de las muchas ruinas de diferentes especies y 
más 6 menos dignas de llamar la atención de los lectores; pero 
esto es un punto menos que imposible por la falta de documen- 
tos que tenemos para ello, pues algunos que existian en losar- 
chivos públicos han sido extraidos por algunos escritores oficiales 
y no los han devuelto á su lugar; así que, á nuestro pesar tenemos 
que limitarnos alas descripciones que ofrecemos en seguida, co- 
menzando por la de las Ruinas del Quiche como lo más importante 
por haber sido la capital de uno de los Reinos de los aborigénes: 
de las otras poblaciones capitales de los otros Reinos no tene- 
mos como señalar con puntualidad cuáles sean; quizá sean algu- 
nas de las que vamos á poner algo, lo que puede suponerse por 
su magnificencia; pero, como dijimos ya, niuun la "historia nos dá 
luces sobre lo cierto á este respecto. Después iremos poniendo 
otras descripciones por su drden de antigüedad, en cuanto por 
las fechas en que fueron escritas podamos hacerlo. 

Más antes de comenzar tan interesante tratado, permítase- 
nos copiar los párrafos que van en seguida, extractados de un 
periódico mejicano, que vienen perfectamente á nuestro propósi- 
to: ponif^ndo antes lo que sobre esta materia se halla en la Nue- 
va Enciclopedia, que parece escrito nd hoc para nuestro país. — Di- 
ce así: 

"La arqueología es la aplicación de los conocimientos históri- 
cos y literarios, á la esplicación de los monumentos, y la aplica- 
ción de las luces que estos monumentos proporcionan, á la espli- 



_^ 258 

cación de las obras de literatura y de bistoria; es la reunión de 
las más bt'llas concepciones de los literatos y de los artista---, co- 
mentadas las unas por medio de las otras ... Se aplica particu- 
larmente la palabra arqueología, al conocimiento de t(-do lo que 
es relativo á las costumbres y á los usos de los antiguos, i sus 
art^^s y á los monumentos que de ellos han quedado. La primera 
base de los estudios arqueol 'gicís, es el conoL'imiento de las len- 
guas antigu ijí, el de los historiadores y de los poetas, y el de l^s 
monum^^ntos escritos 6 figurados. Es necesario que la arqueolo- 
gía í-e apoye en las ciencias positivas, para llegar ala fsi'lic;*cii'u 
de los objetos representados sobre los monumentos, ú al conoci- 
miento de las materias empleadas por los artistas antiguo;^, 3' que 
tengan un gran conocimiento de los autores clásicos, para aplicar 
:( un monumento un ra<go de historia ó de mitología 6 un uso de 
la vida privada El estudio de la arqueología ofrece tanto placer 
como utilidad: ella nos transporta i los tiempos primitivos, y hacia 
el origen de las sociedades; desarrolla i( nuestra vista el cuadro 
progresivo de la civilizición humana, nos da a' couocer las cos- 
tumbres, las creencia», las opiniones, las artos y la md'Kstria de 
la-» naciones que no han dfjado sobre la tierra sino un ricuerdo: 
nos in>truye también sobre el estilo de los monumento» de cala 
pueblo, y aun sobre las diversas épocas :'<iuo m-rtenteen bs di- 
versos estilos de e&tos monamente- 

"En la época qne se llama uei renatiMucin», ei m >t»» 
por las letras se reanimó y flor* ció eu Euro{m, con el baen 
gusto por las artes, y los estudios arqueulóg' «ron nn.i for- 

ma y adquirieron importancia. Kl Danto y i lian probado 

con sus escrito.'t. cuánto se habí «n f^milian/udo (.t>n W 
antiguos .... 

^^El estudio de la arqueología es útil no solamente i los erudi- 
to'», y á ios hombres que se oonpan especialmente de esia ciencia: 
no hay artista 6 litfratoque no t*'ng.i n**ce«i'lad de dctlícarsc tí 
ella, par.-i evitaren sus cimposicioncN las filtas que las afearían 
Á. la vista de los hombres instruidos; no hay un hombre de buen 
gusto que no deba tener de elU los nociones Fuficicnles para 
aumentar Ion goces que pueden procurarle Us obras maestras de 
la literatura y del arte. 

^ La nntiifüedad tigurain. es la base de la arqueología; el co- 
nocimiento de las costumbres, de los oso?, de los irages de los 
antiguos, y de su gusto en las artes se adquiere por el examen y 
la comparación de los monumentos de toda especie, m<meda«, me- 
dalla-í, hajo<-relicves, piedras gra bailas, vasos, rooiíaicos. instru- 
mentos, inscripciones, estatuas y edificios. Asi como los historia- 
dores nos refieren los hechos relativos A \n política, y 6 las gran- 



^ __259 

des revoluciones de los imperios, y nos instrujeíi sobre la^ re- 
ligÍMties, las opini mes. las leyes, y los mas i.otahies a.M.nteci- 
mitM tos qtie di-eñan en grande las forin is de os pueblos; los ar- 
quedl cros nos inician en ¡o pormenor.'s d- \á vida dumésiica, nos 
piíitai fisonomías patticul .res, y hablan á nuestro^ ojos, así co- 
mo á nuestra alma, dando, por decirlo así, un cuerpo á la anti- 
güedad. 

"Por más esfu^Tzos que haga esa reacoión, que par ce pretende 
destronar lo que llama vejedorios 7n'¿to'ó(/icofi, >» rá difícil hallar 
con que reemplazar las creaciones con qne ha pob'a loa mundo 
ideal, la liriHante ima'zinaciun dtí los antiguos. D • .<u religión ya 
demolida, nos ha quedado una religión pué ica, asi c< mo «le ¡-us 
imp rios destruidos restan aún recuerdos si' mpr vivos. ¿Por qué 
el estudio de la edad media d btvá reemplazar eschísívamente al de 
la antigüedad? ¿Con qué 'lere lio se levantaría rm v barrera, ante 
la que &e detuvi>en lose^tu lios y las itivesiigaciones? 

*'Li arqu^'ol'gía hace remontar sns investigado íes h ista la 
cuna del mun lo, y n» se detiene sinodond-- los monumentos no 
ofií'cenyi á la historia su-s pruebas y su apoyo. Kn Ifis ruin'as del 
antiguo Egioto, ínter oga á los rtstos de la es.-ritnr.i y de la pin- 
tura, que adorn ^n t 'dávia esos «ntguos sepulcros^ y á los gero- 
glífic s trazidos sobre los sudarios que tnvu Iveti á las momias. 
EsiüS pinturas nos representan las nccones: sus caracteres nos 
trasmiten lo-i pensamientos de cien generaciones sepult;idas. 

"Entre los vestigios casi in;tperribi ios de Babilonia, que se 
llama la más antigua ciudad «leí mundo, se encnentrnn todavia 
hidrillos cub¡erti>s con una escritura, cu^ a significación se La 
perdido hace mucho tiempo, y fiíiura-sque rep'esenian hombres y 
animales, cuyos caracteres invariables anuncian cuan superior 
es li duración de las cosas que Dios hi criado, á la de aquellas 
que fabrica la mano de los hombres 

"Atenas, cu"a de las art« s griegas; Rom-í que se enriqueció 
con ellas, son aún, Ims fuentes pr' ciosasde dond • manan los teso- 
ros de la arqueología. Estas ciudades, por ta< to tiempo pi'deío- 
sas, por tanto ti.'inpo centiales para la filos» fí«, para la civiliza- 
ción y el comeicio, hin (onservad o para los arqueólogos la do- 
minación que ejentieron sobr-^ el mundo entero. 

''No se puede poner en duda ni el encanto que se haUa en el 
estudio de la arqueología, id su nt lidad; de la observación de 
las obras de Lis antiguos se han toma io los princif'ios de arqui- 
teetura monumental, y de las anes ipie la embellecen, tales como 
la plástica y el arte de mod- \ay y de cincelar; los de la escultura, 
del grab..do de las monedas, de las medallas y de las piedras 
finas .... 

"Los Mediéis, protectores iluslraios de todos los estudios, 



160 

fueron los verdaderos criadores de la arqueología. En Floi-encia 
establecieron una enseñanza pública de aquella ciencia, y á esta 
escuela fueron á formar ?n gu?to por la comparación de obras de 
la antigüedad escrita y de la antigüedad figurada, los que se 
ocupaban en la práctica ó teoría de las artes. 

''Materiales inmensos se recogieron luego, y se hizo ufro de ello» 
con menos crítica que ciencia, por hombres de una vasta erudi- 
ei(5n; uno? se ocuparon de las ¡n-ícripcioncí*, otros de las estatuas, 
eptos de los bajos -relie ves 6 do las piedras grabidus: aquellos de 
las medallas. Los edificios, las pinturas, los vasos ocuparon a 
muchos de ellos; algunos hicieron iuvestigaciones sobre los mue- 
bles, lo^ utencilios, los adornos. las armas, los instrumentos civi- 
les y religiosos: muchos sobre los procedimientos de las artes de 
que hallaron ejemplares. 

"£l gusto por las colecciones se propasó con el del estudio: 
los gabiuetes particulares y los moseos públicos recibieron mo- 
immeütoí de to Ja e«ppcie: estos monumentos se sometieron á 
clasificícIoDes, que dieron por resultado el método sin el que no 
hviy verdadero ciencia. 

'Entonces aparecieron lo.s hombres que formaron de la ar- 
qoeología ana ciencia positiva y metódica Winkelroann mar- 
cha al frente de ellos ... 

**Mucho4 autores han escrito «obre las diversas partes de U 
arqueología; pero pocos se han dedicado á dar ú conocer sa utí- 
lidid. KIotz. ha publicado en nlemin un pequeño trjlado intitu- 
lado Eifslmlio de In antigtitdad\ eo él contesta ú I0.4 que coii^i- 
derau esta ciencia como un conocimiento fútil. HrimbaÜm ha 
compnesto también un ti atado, que se ha hecho muy rait> sobre 
la naturaltza y el uso del estudio de las aoUgíiedades. Millin, el 
primer profesor de arqneologia en Francia, ha publicado una 
excelente introducción al estudio délos monumentos antiguo ^ 
Mr. Champolliou Figcac, ha da<lo on pequeño tratado de 
arqueología Estos autores han ilustrado al público sobre 
el ínteres pue pi^esenta este estudio, y no se puede insistir dema- 
siado sobre la necesidad de ól para el progreto de las letras; na- 
da merece ser tan honrado principalnoente en noeetros ^dias, co- 
mo esa erudición paciente que los espiritas ligeros y superficiales 
afectan creer inútil ú las obras del genio. Por el contrarío, la 
erudición es U base sin la f\\\o nada so pnede edificar sólidamen- 
te en In literatura" .... 

Tal vez se dirá por los que lean estas retleccionrs que si es 
útil y aún necesario el estudio de la arqneologia cuando se^trata 
de ilustrar por medio de ella la liistoria de las naciones que más 
han brillado en el mundo por su civilización, ningún interés pue- 
de ofre.er aquella ciencia cuando se dirige íÍ investigar el origen. 



I 



261 

la historia, las creencias religiosas, los usos, las costumbres ^e 
unas Daciones semibárbaras, como se dice comunmente que fue- 
ron los pueblos de diferentes razas que primit¡vam»^Dtc poblaron 
la América, y los que en diversas épocas les sucedieron. Se cree- 
rá también por los que así piensan que nada hay de común entre 
la historia de los egipcios y babilonios, de los griegos y romanos, 
de los germanos y los galos 8¿, con los toltecas, los chichimecas 
los aztecas, los peruvianos y los demás antiguos pueblos de Amé- 
rica; y en fin, se creerá indigno del hombre el comparar el bri- 
llo y la elegancia de las artes y la magnificencia en los edificios 
de los romanos y de los atenienses por ejemplo, con los monu 
mentos las inscripciones y las estatuas de unos pueb'os que se 
podian llamar salvages, comparados con la poderosa Roma y la 
ilustrada Atenas. Los que juzguen de una manera tan desfavo- 
rable sóbrela historia antigua de América ola han estudiado muy 
superficialmente ó no la han profundizado; ó no han formado idea 
alguna de ella, ni se han ocupado jamas en hacer investigaciones 
de este género. 

Pues bien, si estas personas han estudiado superficialmente la 
historia y la arqueología de los antiguos pueblos de Amér ca, no 
es de admirar que hablen sobre ellos con tanta ligereza; si han 
hecho de aquellas ciencias un estudio profundo, ¿qué interés ó 
qué atractivo hay en él que los ha hecho capaces de profuudizar 
una materia, á primera vista, tan frivola y estéril? Y en fin, si 
los hombres que desdeñan el estudio de las antigüedades ameii- 
canas, y que desprecian y aun ridiculizan á los qu^ se dedican se- 
riamente á este trabajo; si estos hombres, repito, jamás han estu- 
diado la materia, ¿qué derecho tienen para fallar sobre ella, j 
para decidir magistralmeute que no merece ocupar á un hombre 
de talento? 

No hallaremos sin duda en los monumentos antiguos de Amé- 
rica, esos edificios y esas estatuas de la Grecia, que han servido 
á los arquitectos y álos escultores como modelos de belhza; pero 
qué, ¿solamente lo bello es digno de la atención áA hombre? 
¿Solamente lo bello debe ser objeto de su estudio. y de su inves- 
tigación? Sin duda que la famosa esfinge del Egipto, no es un 
modelo de belleza, y á pesar de eslo, esta colosal estatua es uno 
de los munumentos arqueoMgicos (|ue más se han estudiado. De 
los ídolos, estatuas y relieves que se han hallado en la América 
unos nos parecen absolutamente deformes, oti os estravi'gdntes. 
otros iuesplicables; pues bien, esto mismo sucede con respecto n 
los geroglificos de Egipto, y á los ídolos de los antiguos galos y 
germanos, de los que hemos visto algunas colecciones. Los egip- 
cios, así como los americanos, daban algunas veces á sus dioses 
figuras de animales; pintaban, por ejemplo, á Ammon con cuer- 



262 

po de hombre y oab-^za (\e camero. Los goroerlí fieos Hel Egipto 
fu'T'»n por n)i cho- sijs^'os tan <>síoro«, c«in«» l«»n c recteres snubc^- 
lic'S d'' los antiguos amencaíios; pero esta misma oseuri1a«i es 
la <|U^ í-scita en uin s y otros la c«»rio idad de l«»s h<'njbns fsto- 
dioso-; por(|a^ «1 ver praiides obelif^cos y otros monum«nro8 cu- 
biert' fi con af|iiell« s earactt-r» s no se pu» de creer (|iie se hi.bie. 
sen esrulci'lo sin objeto a]«:uno. y que nada ¡-igiiifiqu^^n. Kn las 
antigüedades del Fgipto. huu 1iHma<lo también l>* atei ci<5n esas 
mómifi con-ervadas | or t^nto tiempo, y en Míxieo porejt-ra- 
pío, también se han encontrado grandes cav»'rn»«s que conser- 
vaban hacia mm-hos siglo^i, las ni<$mia> d»* much:s g«neraeiont s* 
que en otros tiempos formaron paebloe, de los que no ha quedado 
ni mem« ría. 

Si en Ihs ruinas de Babilonia se ha*li«n algonos ladrillos so- 
bre los «pie se esculpienn C'^racteres absolutaminte desc» noci- 
dos, también sobie las ro<-as de nuestm país se hallan gero- 
glffií'os ign>«Imente ratst rioí^os, que quizá fuer» n frrabnclos en 
ella^ en una ép- ca de la naturxleza, e • la «.ue aquellas ncas qae 
shora ap;ireeen tan elevnd^s, evtarian al haz de la tierra, por- 
qne el terreno aun no habria bajado, eoel transcurso de los si- 
jilos, hastn el nivel en que ali«>ra se ha la. 

Si aiuuno'i zoiiiicos antiguoi* han ocupado tanto la at«>nci«>n 
d" los arqii' ólog'S, v<< han Hi<to mfnos Mdniír.idoM ni examina- 
dos eon menos jit»*iición. ni de^cr^t••s coi menos erudi i» n los 
antiguos otlendarios de México. Tna <»bra sobieesta nmt na ha 
dido al 8< Hor Guma un» fama muy justa meit*- meriCidü. Kntre 
las piíitu as Himbólicn^d" los m xi<-ano^ se han hallado algunas 
en lu'' qu' se eoi-s- rval»a ln memo'ia de alguno* eclpses y la 
aparM.'i'Mi de algntios cometas. Los asirónomoa modf riios, y en- 
tre ello-* el niismn sefínr (íamí», han hil'ado exarta* ol>s»*i vacio- 
nes de los a-trónomos nz»e<'Hs y Hquellos eclipse**, y la ép««ca de 
la aptiiet<5n de H«piellos cometas, han servido de puntas fíjcay 
seguros f»»ra escribir la cronología de .Méx-c». 

El dilu\ io y la confiisiiSn de la» hnguas. son dos grandes so- 
cesos que refure el Génesis, ven .\méri«a ^e han hallado fligu- 
ras >imbiílicas en q«ie |)arere st» hn querido d*r idea de aqoelhis 
dos grandes aconte* iiniemos. 

Al estudiar U mitología de los griego«, no<> II mía la atención el 
castígíí de Pn>meteo, á quien un t-nitre d* sped.txa el corazón, y 
en las ruinas de Xodiicalco se h^ bullado una lápida, en la que 
está esculpido un indio en la misma situación en qne >e nos pinta 
á Prometeo, y sufiieiid» exaetnnent»* <| mi^mo Mipl¡<-io. 

En U««ma II» gó jS si^r común el sacificio gladiatorio. y ei^te 
mismo saeriticio de víctimas huraanns se haeía en Méxieo. ttl vez 
•obre esa misma piedra que aun se consrrva en el patio >^<^ H 



263 

Universidad como un monumento de la barbarie y atrocidad á 
que el hombre se ha visto conducido en muchos países y en di- 
versas épocas. 

Los que se horrorizan de estudiar en la historia antigua de 
nustro país estas atrícidades, han (dvidado sin duda lo que César 
refiere en sus Comentarios sobrn la manera con que se hacían en 
la antiiíua Galia los sacriiícios de víctimas humanas. 

Y pasando á otros objetos de arqueología: ¿cdmo no pue ie 
haber interés y amenidad en el estudio de los edillcios antiguos, 
cuando entre ellos hay aljiun<stan magnítUos, como los del Pa- 
lenque, los de Quiche, Tikal y otios varios en Guat^njaia 
y cutndo otros, aunque más sencillos, revelan el poder, 
el ingenio y el carácter de tantos pueb os que construyeron aque- 
llos moiiumtnitos? Esceptuando, pues, las obras maestras d^ 1 arte, 
que han quedado como restos de la grandaza y sabiduría de Ro- 
ma y dn la Grecia ¿qué interés puede haber en los monumentos 
del Egipto y en las ruinas de algu ¡os otros pueblas, que no se 
hallt^ también en los moi umt-ntos, en las esta'tuas, en los relieves 
y en l;is esciituras simbólicas d^' México y de otr( s lugeres 
citad'S? Los pueblos que h;nd»jado sot rn la haz de la tierra 
todos esfos recuerdos, son también ramas separadas hace algunos 
siglos, dt'l tronco común déla humanidad; y sus idiomas, sus creen- 
cias religiosas, sus supersticiones y su miidogía, deben ser estu- 
dia '{i< profund imente, si <s (^ue algwna vez se ha de rscriliir la 
verdadera historia filosófica del género humano, la histoiia de los 
mjís grandes sucesos que lo han agitado, y de las creencias y opi- 
niones que lo han domínalo; la historia de su barbarie y de su 
civilización, de sus errores y de su ciencia. 

Lo que excita más interés en este gént^ro de estudios es la des- 
cripción de algunos monumentos de la antigüedad que eran abso- 
luiameiite descom cidos; á cuyafspecie parece que pertemcen 
las ruinas de ciudades guatemaltecas que sucesivamente va á en- 
contrar el lector d>.scriias á continuación. 



DESDE LAS RUINAS DEL QUICHE 



Las renombradas ruinas de Centro- América casi todas yacen 
apartadas de los actuales centros de la sociedad y sepultadas ba- 
jo las lúgubres sombras de las florestas vírgenes. 

Cuesta abnegación y trabajo^ir á buscarlas, y llegado, despe- 
jar sus superficies á fin de que la claridad del cielo ayude á de- 
rramar sobre las formas arquitictdnicas su luz aguda y su firme 
sombra, y se manifieste el plan total de sus enormes extensio- 
nes. 

Poco d nada han contribuido lo¿ conquistadores castellanos 
á su descubrimiento, que fué tan importante para la historia de 
la cultura pasada del género humano. No se les escaparía una 
que otra noticia de su existencia; pero como el genio de aquella 
época no era investigar historia antigua, sino hacer una nueva, 
no correr en pos de lo que ya Labria existido, sino explotar lo 
existente y la realidad lucrativa, el reconocimiento de ellas ha 
quedado reservado á las décadas recientes y á la industria de 
la moderna turba de esploradores, ansiosos de encontrar en lo 
pasado la clave de lo presente, y por via de ella la coherencia 
que todavía falta entre una multitud de datos inconexos y con- 
fusos. 

El que trate, pues, de penetrar en las ruinas del Quiche, sin 
previa instrucción de su localidad, podrá fácilmente incurrir en 
el error de figurarse estos restos de la antigüedad envueltos en 
las misteriosas tinieblas de la selva secular, y de incómodo ó 
hasta peligroso acceso. 

Al contrario: conforme va uno acercándole al sitio, el engaño 
se desvanece. En lugar de estrechar ó cerrarse el camino, mh 
bien se abre, presentando unas perspectivas lejanas, sea que 
venga bajando de Sacapulas ó de Totonicapam, desde h laguna 



266 ' 

de Atitlán por SoWá, ó directamente desde la capital. M^s bien 
estrañaiá lo limjio del terr» no lo cu livado de las laderas y lo 
despejado deatjuel horizonte, que su guía le indicará ser el tér- 
mino de la espedicit'n. Puede ser, que las niebl is ó la bruma 
todavía le encubran la vist;», 6 si ^caso fuere lleganlo, en los 
mes^s de la pr.mavera, lw uenire las ÍLdí>iintas lontananzas 
flotando entre el inanto f nlulante de hs quemazones, siempre 
el fresí'O de la atmósfera y el vasto re«p'an <or, qu • comienza Á 
rodearle, confirmará su pr sentiiüienio, de h «ber asteutiido á un 
llano, a una planicie natural, ;>lta y r.suena. Y i>rüuU> 8o habrá 
cerciorado de ello, porqn»* las brisas b»» dejar&n de Nsjrar en 
una ü oira partí* el vel«» nebuloso. Se ent evren nnaí» lejanas 
puirnaldas azul- g. Por donde eslií ra'iend» el sol, s» ra' l.i de la 
sierra d»- Cububo, el l.ido opu sto 'a de Tepam y de Tofoitiea- 
pam. Ha ll« g;i(!o ¿ un va-l«» circo, á lo que vulirarmente se d«- 
nomin;» "htm Altos," y se halla prej-o ente otia de aqu lias in- 
numerables mallas de I» montuno a red, que d»«tde ( hiapas 
hasta Iloiidur.is V i hontales se ve ttn lidí - ^-ct i ? • t — • v 
po df Centro- América. 

Así es en efecto. Si todavía no lu adivint, el aire íreso» que 
respira le debe revelar que »♦• bula • n loe Alt s. Léjo^ ya q e- 
d(j el av}'Q>t eso calor dn las llanuras de la (*ofi'a, la vn|MM*ofia hu- 
medad de las regio es t m piadas cío te-an exui»- ran e foiiiuis de 
vej»tMC¡<>n ^a no .<e enried.i el pié en un. i jerga de tiauas ni ro- 
za el ro.^itro «ontra unas lujosas «olgadnias, de [xdidas d*»de la« 
cimas de unos uibo^-s jígant^'xo.s. Llegd ¿ las aliur.*s, eu donde 
el pino y el «iprés. orgulluMis por su dominante posici n, ya i o 
consi<nl< n ( tra flora i-n su vt cío tiid. á no 8«*r a de su popia 
especie. AlU están nuciendo v ctoriosauente sus dentella las 
coronas encima de todas las dmiu» iureriorc'» rejiout-s! 

¡Cuiintos encantos no] experimenta aquí el viajero, hij.» 
del Setentriíín! Vuelve/ií IbnMrs»* lo-* pulmones ion el t'sl- 
súmicM) a'ouia de las h« jas eaidasj^de los coi iferos. A/uMIa 
uura báliicd patria la ^Ul íla llevada acá y c(tl'»cada romo*iro- 
no ericiniH de una cordillera* tropical Americana. Y de»»e aúu 
alimentarse su |)etdonable iln.sión. cu indo recuerda, (pie todos 
los spuderos. que le guiaron ha^ia artiba de los Abos. los vio 
bordados de saúcos y encinos HorcíMentes. 6 p»oyeclar*alll¡ Hlajo 
en unos pralas bumed«»8jsu sombra rotunda el sauep,*ó a lá bro- 
tar en la orilla de un riachuelo cristalino el obno esbetto y ele- 
gante. ¿O dudaúas todavía? PárUe y *no pastM indif«'rentc á 
aquel frond()>o a'rlK)l, coj* un ramillete de sus fl.»res, que es el 
manzano «silvestre, del cual la poesía popular de tu lejan » patria 
rebosa eu delicio-ios liinmosi 



267 

Es de lo m^s cómodo, y llena .le agrados semejante espedi- 
ci(5n. La atención (lup p-esta A viajero á los objetos se concen- 
tra á medida qne las producciones de h natural, za que le rod a- 
se vuelven más?encillas y más castüs. Y si acaso fuese orienta- 
do coro^ra'ficameute, y legiisla.se (omp endtr las r- giones, que 
fr^-cuentü, cot) respecto á !a relación oue ti( nen <on el c< njunto 
del pa's, entíím es se elevara su inf. res, averiguando, que Ci.lo- 
(ado í'n la llanura del Qu che, también se halh en el punto ab- 
soluto céntiico de la reí úbli a de Guate-mala. No solo le demos- 
tniría esto el estudio del map», ó la ila- i(^n, de que un llano de 
6200 fies de Mllura f^obte el nivel de los océanos tendrá que 
ocupar un'» situación d» minante respecto á ¡-us deiredores. Lo 
que precisamente caract» riza aqu- lia pl;u i« i'-, y la distingue de 
los ug-.ires y r-osiciones mífs * levadas, es, que li ne todos los se- 
llos de una división de aguas, ún¡<-a y esclusiva, que poi-ée la re- 
púldica. Doquier» que L s g(»lfos ó las o as de los oce; nos vayan 
al encuentro He Ls c»uda'< s de aguis, al sorvdas en la- a turas 
de Guatemala, hacia e bs d spide sus i" diu<luales tributo-. El 
golfo mejicano, el Caribe, el mar Paáfico, to !o< tres, son abre- 
Vrtdo^ de los primitivos manantiales, que les enojan las faldas 
del llano del Quiche. E-te sin erabttgo, por sí solo, no es sur- 
cado por ninguna fuente refrescadora Una que o'ra cienegal de 
aguas, est-ncadas por la resstenc'a que tes hace un manto sub- 
yac nte de talpetate, f odrá satisfacer la sed de la errante ros. 
El resto es una sabana no interrumpida de césped, sin árboles 
ni arbustos. Husta desde sus decliv(s y qneb ad^s nuírgenes 
brotan las fi tr-rdas agnas, alfra< nios primordial, s de h s lios de 
Sama a', Usnniacinta y M< tagun. Cob'qu se la i ui ta del rompas 
en medio d» 1 llano, y d scrihase un círculo con la }ipertuíii de 
no más que tr-es leguis de radio, y resultara que la circutifer n- 
cia habrá cortado centenares de manantiales, todos p< rlenecien- 
tes á aquellos tres torrente-, que vemos bajarido en las más 
opuestas dirección' s de la estrella del vi' nto. 

S< raejantf s punto** se vu' Iv' n imf)oriant*s pnia el quf» anhe'a 
formarsH una id a jeneral de las condicionts fi-icas del país. Le 
cuentan el valor merlio de su allu<a S( bre el nivel del mar. Le 
desencierran de<de la bo< a de los ríos ha-ta su origen arrü a, una 
sucesión de capas geológ cas, mu<strrsde la fo ujación y masa 
fundamental dJ istmo, le ayudan á deseí marañar la crmplica- 
da red hidiTgráfice. y a^ijínar á (ada río su resrión, á cada t.fluen- 
t« su coma' ca, subd'ividier^do pues de la manera más natural 
un terrirorio entero. Es de (onsiguiente el ¡punto de partida 
más á propósito para orientarse y empiNuder desde él un reco- 
«ocimiento arreglado del laberinto topogiáüco, err cuyas tinie- 
blas todavía nos hallamos sumidos. 



268 . 

¿Conduciría al gran Nima-Quiché el acaso á este sitio? ;fijaría 
no más que aliciado por so cielo delicioso y lo despejado de sus 
contornos, en él su residencia aquel célebre conquistador de 
Centro- América? ¿Habrá abarcado ya al primer golpe de vista 
la importancia de la posición extratéjica, que ocuparía estable- 
ciéndose en tal lugar, ó ido solo paulatinamente esplorando las 
ventajas naturales, que más tarde le ayudaron á efectuar sus 
planes ambiciosos? O en fin, tomando en el largo curso de su 
espedición informes en donde fijar mejor un trono seguro y hf- 
reditario para su ilustre estirpe, y teniendo que escojer, habrá- 
He decidido en favor de este llano alto, porque lanza aguas ha- 
cia todos los rumbos del viento, y bajo la figura favorita de su 
raza, le presentaba so solio puesto sobre el ombligo del mando? 
Sería atrevimiento contestar de punto fijo ¿ cualquiera deestas 
preguntas. Pero como ellas deben surjir involuntariamente en 
la imaginación de cada viajero, qne en vista de unas suntuosas 
ruinas se entrega d la especulación de penetrar en los st^retOA 
motivos, que ajilaron Ja mente del fundador, conforme á cier- 
tos datos de que dispone, podría ponderar lo veroAÍmil tanto de 
launa como déla otra opinión. He aquí, eu donde máé nos 
abandona la tradicic^n. I>os anales de Ioa tultecas modernos, 
bien que con toda su sencillez cronológica, á vec*-s no careren de 
ciertos jiros poéticos é incidentfs narrados con énfasis dramáti- 
ca, jamás realzan sus relatos con la claridad del colorido local, y 
menos han tentado introducirnos |K>r via de abaructas cootem- 
pUciones en el intimo laboratorio del alma de f>us héroes, y din- 
cnrrir sobre los medios y recursos, «obre la cansa y el proba- 
ble éxito de sus designios conquistadores. >fái lo qne es cier- 
to, y la csperiencia nos lo enseña, es que laa obras grandes 
jamás han sido ejecutadas sin grandes preparativos, y solo las 
empresas dirijidas á objiios claro* y fijos encierran en si las 
garantios de solidez y duración. 

Si algCm día se lograse du<rubrír la clave de Kis jeroglíficos 
americanos ¿qué resultado es do esptfrarse sacaría d^" su lectora? 
Dudamos gravemente (uie ntm déo cuenti de sn cuna primitiv«i. 
de sos emigraciones al tra\és de continentes y ocean«)s. Este- 
mos seguros de no hallar consignado más i|Qe uuas larga« filas 
de nombres propios de reyi*s ó capitanes vencidos ó vencedores, 
de objetos ó guarismos de tributo dado i' pagadero. Quedarían 
tan mudos y enigmáticos estos signos como lo habrían sido loa 
de los ejipcios, si ellos no hubiesen encentrado un comentario 
rico en la historiografía simultánea de los hebreos, griegos y la- 
tinos. Flsta clase d«' monumentos debe su erección á la oportuni- 
dad del momento, gloririfican la subyugación de alguna tribu 
indígena, una alionza ó batalla gmada :í un <»mnol os hi-tor¡:i 



269 _____ 

meramente americana, comprensible en aquella época al gremio 
instruido de los sacerdotes; pero perdida para nuestra inteligen- 
cia por falta de un resto razonado ú otros documentos contempo- 
ráneos, los cuales, á la par de ser lejibles, debieran además tra- 
tar del mismo argumento. 

No hay que soñar pues con la reconstrucción de la historia 
tulteca. Pero bien comviene limpiar lo poco que de ella conoce- 
mos, de ciertas fabulosas exageraciones, y de lo contrario, lla- 
mar á la más clara luz varios indicios de su alta cultura, que 
hasta ahora han quedado algo desapercibidos. Ante la exclusiva 
atención dada por los arquedlgoos á los suntuosos monumentos, 
parece haberse enmudecido la investigación, cual era su sistema 
de administración política, la recaudación y el empleo de los 
tributos, su división territorial, su servicio de armas, su táctica 
en la ofensiva como en la defensiva. Ya dimos una muestra de 
su acierto político en escojer el jefe fundador del gran imperio 
del Quiche para su capital, el punto más extratéjico que brinde 
todo el país; y si examinamos el tino con que supieron sacar de 
lo accidentado de este llano alto todas las ventajas imaginables 
para fortificarse en él y hacerlo inaccesible, se confirmará nuestra 
suposición, de que el saber y la inteligencia práctica de aquella 
estirpe ha sido muy superior á lo que vulgarmente se le atribuye. 

Está cruzado el llano, en dirección de E. á O. por un profun- 
dísimo barranco. En donde se divisan las ruinas del alcázar, de 
los sacrificatorios y demás edificios; se dilata dicho barranco á la 
anchura de unas 800 varas, poco más ó menos. Su margen norte 
corre en línea casi recta y no interrumpida, dejando caer su pa- 
redón, tajado á pico, hacia unas profundidades que hacen horro 
rizar al que se les aproxima. La margen sur, se halla al contra- 
rio, partida en varias y estrechas sinuosidades, formando pues, 
otras tantas lengüetas y promontorios, todos con dirección hacia 
un punto céntrico, que parece un islote, el cual desde el fondo de 
aquel abismo anchuroso se eleva, y cuya superficie queda á la 
flor de lo demás del llano, midiendo su irregular área unas diez 
manzanas de tierra plana. He aquí, en este peñón, el sitio tan 
aislado como dominante de los reyes del Quiche! La tradición lo 
puebla con todas las maravillas que suelen acompañar la memo- 
ria y el aspecto lamentable de la majestad caída, hoy día im- 
perceptible ya, porque lo que de ella no ha arruinado el tiempo, 
lo ha ido destruyendo é invirtiendo en construcción de sus hu- 
mildes chozas la mano del hombre. Abstengámonos de la des- 
cripción de lo que propiamente ya no existe, y fijémonos en lo 
que visiblemente ha sobrevivido, que es la animada disposición 
tomada en asegurarse contra cualquier acceso del enemigo. 

Sólo por un lado parece haber existido una coraunicaeióa del 



270 

peñdn con la tierra fií me del 1 ano. E-* la que. tomando el cami- 
no desde el convento «le Sauta Cruz nos permite trepar cómoda- 
mente á las ru ñas por una snave «uesta. en forma de hamaca, 
y qie á ma lera d • puente cruza el br iZO merid onal del barran- 
co. S.n'-inba go, harto visi'.le ts la condiión variada de este 
paso, con lo qn^ fué en tiempo de !a conquista. E »ionc**8 se ha- 
cía la cíimunicación sobr**. una ca zadi estncha, desfiíndaro sin 
diiHa ar.ificial. y cuMadosamenie manteni lo, el cujI boy «lía 
caído 3' dtr.ibad»», refneíCuti el rellen<i de la indii-ada cutsta. 
Esta Ciilzida U mencionan lo: anales de los in lije ñas, y es por 
la cu4 Pedro de Alvarado ha entrado al sitio real de Tecún 
Umán. pero que abaudoió. porque temiendo una traíciiSn, uo 
confí .bi ya en aquella mil:<gro:<a suene, que pocos a&os antes le 
híib a fov.>recid«» en la noclie triste, en que con H rnán Cortés 
tuvo que retiraise por la calzada de los Inpircsde Ten«Kbitlán, 
dando el famoso í-alto pobro un aWÍHmo. abierto puf los mejicano.-*, 
para c irtarlcs la al. 

Si a-^i s-^jiizzai ubierto* lo< quicheces de un 

asulto emprendido por el lado del Sy, titdavía le restaba usar 
iguileB prt'cauc'OQes contra cua quiera que les amenazai«e venir 
desde elOest', en donde una de las lengüetas dei birraoco 
avanza hacia el sitio central de! (K'ñóa con muy p 'Co intervalo. 
Es ¡nír«niii8o el mo.lo, y digno de fijarse en él cna'quier uioier- 
no injreniero, con ellos .-^e silvifondel apuro, de que un ene- 
migo putier^i plantear un bastiiSn en este punto é inquietir cm 
sus bdlestas y proyeoiiles el cer.-ano peü 'n. Interceptaron el ca- 
mino <pie conduce á la punta, tlmquean to con cuatni to«res, ct)- 
locmas de do* en dos á su- la los y á regula las distum las para 
ayuda' se mutuam ute; un ve 'dadcro cuadrilítero, por cuyo me- 
dio debía arrojarse el embe>tid «r, anto^ de ex^uo^r la in lica- 
da pnrte y toiiisir allá su po ieión siiiid^ra. Una looa de ciéne- 
gas iba rodeando este sist« mi de fiierl«-8 destacados, y es muy 
probtiblc que también este rec ir.HO. r>i no les fué m ii«-ado ya por 
la misma naturileza, sea tamben un arte id ado porello<«. Al 
escavar la pane de las ciénegas, la utilizaron fiara construir la 
base del fortín, al quebrar td lalp-iate el materiil &<'>lido pnra 
sus muralla-í y mientras este cnturóa de h"ndo4 estanques les 
proporcionaba todas las segurid «des de un foso, á la vez les su- 
ministraba en la vecindad del agua potable, de por si ya muy 
rara en el llano, y sólo asequib.e acarreándola de^de el profundo 
cauce <!• I barranco. 

De los cua«ro fonine-* no hs qncado conrcib'e sino uno b(5'o. 
qa<* df nominan el Resguardo; losd mis no h in ILimado la aten- 
cii5n de los visitadores, f>or e-tir má*» lei.*nosy casi alUDMdosya. 
Ü© los eslanqufs también existe todavía uno bastante grande y 



27J. 

lleno de agua, mientras que los demús se han ¡do cegando, 3" sdlo 
en la e-tación de lluvias evi carun la memoria de su aniigua 
existencia y del objeto á que servían. 

Preocupados por semejantes averiííuacionos, omitimos recons- 
truir idealmente en su e-tado primitivo los montes de ruiria*^ des- 
critas con bast^into exactitud por el señor Stephens. Fuentes en 
su recopilación floiida. y Tcrqneiriada en su Monarquía indiana, 
dfin al que gustare, un mat rial de que formarse una idea del 
boato que c latroi'ientos años hace, todavía reinab.i en los alcáza- 
res del llano del Quiche. 



Felipe Valentini. 



WtI^ 



ANTIGÜEDADES 

de Cotzumalguapa 



Señor Re kctor de '^La Semana'' 

La visita que acabo de hacer á las n^nahles minas qne se 
encuentran cercí del p-ieblo de Santa Lucía Cotzumulguafia en 
el departamento de Escuií.tia, de la-! ciia'es he loniatlo jilgunos 
diseños que depositare en nuestro nuevo Museo Nación d me ha 
sugerido la idea d^ hacer uní i 'gera descripción dedljis, que 
sirviendo al mi-rao tiempo de explicación á los diseiíos, ci m()ren- 
d.i ¡« s fOcos (Ijítns históricos que lie podido reunir acerca 
del origen del mencionado pu blo y de las rauclias rui las que se 
encueninn en sus alrededores. Si üd. crci que este pequeño 
trabajo oñ^ece algún interés á los lectores de "La Semaua," es- 
pero ;^e sirva colocarlo en sus columnas. 

J. G. 

El descubrimiento de los antiguos restos ííque me contraigo, 
se debe auno de los principdcs v^'cinos de Santa Lutí», h'a- 
mado don Pedro de Andi, qui<^n al (>iepirar el terreno que se 
hal'a al Nordeste de la p )blación y dentro tle lo> límites <te >u 
ejido, á pojas varas de profundidad dio con un depósito de 
piedras de todas dimensiones, cubiert:is de bajos relieves muy 
iDien trabajidosy que indica^ an ser restos de un gran «ddieio 
cuyo origen se remonta á una épocn muy anterior á la conquis- 
ta de estos países. Hecho el descubiimi» nto, se f>uso en n"tcia 
del Corregidor del departamento, Capitán don Miguel ürrntia: 



274 

y ese fuuoionario visití? el lugar délas ruinas, hizo coníinuar la 
escavación, tomó la-^ medidas de las piedras entonces descubier- 
tas é hizo dibujar alcrunos de sus emblemas, remitiendo los dise- 
ños al Ministerio del Interior. 

Desde aquella época las ruinas de Santa Lucia han llamado 
la atención de cuantas personas inteligerftes han pasado i>or 
dicho pueblo, debiéndose á los esfuerzc^s de algunas de ellas 
el que la escavaciíjn se haya aumentado, descubriéndose nue- 
vas piezas de aquel antiguo edificio, siendo las que están hoy 
visibles de veinte á veintidós. 

La escavación actual liono \ olntiriiu n \:u;\s de largo, sobre 
diez (J doce de ancho: situado en me- 

dio de un espeso boí?»! II > ^ .-., ...ain.. ..u icvuo de tierra vege 
tal, se encuentran hacinadas las piezas deícubiertas, que casi 
toda^i tienen la forma de ol)el¡scos nionúlitos de tres metros de 
longitud, uno de anchura y otro de profundidad, poco rotís 6 
menos. Todos ellos tienen en nna de «us caras bajos relieves que 
representan guerreros armados, sacerdotes en acto de sacrificar, 
personag»*s adorando á la Divinidad y todas estas figuras mez- 
cladas de geroglí ticos que el trunscursode los siglos ha vuelto 
imperceptibles. La Divinidad se halla representada general- 
mente por un rostro humano coronado, qne extiende las manos 
háiia abajo, teniendo en el pi'cho uo sol rodeado de llamas: los 
guerreros tienen un casco adornado de |>lii caen hacia 

la espalda, un peto ancho «nie d*»^nn «a ««> iitora, una 

vestidura corta qne Ib > gargantas 

délos pies estiín adon i.tdt-ay nna 

borla. La divi r-n colocación de enta.»» tiguras «*n la^ piedras in 
dica que unas estaban en pié sirvi-mi.» (\^ colnmna.s y otras guar- 
daban una posición h(»rizoutal, < ya sea de base al edi- 
ficio, ó ya de arquitratie alas miMii:i 'ulumnaf. 

Ademas de estas piezas, so om uentran otras en aquellos al- 
rededores, entre las cunles son de n(M • < cabeza de ser- 
pií-nte como de dos tercias del»rgo. un i ¡ove quf» repre- 
senta un guerrero ."ubiendo por una escala, ambos ol • la- 
dadO'< hoy á la casa del descubridor, y una gran tazi , dra 
que probablemente c ra sacrifica torio y e:iÍ9te como lí veinte pa- 
sos de las ruinas principales. 

Kl estudio de algunos documentes que he consultado con el 
objeto de «verignar el origen de estos antiguos restos y de des- 
vanecer algún (amo la oscuridad que reina sobre las antigüeda- 
des que lodean el pueblo de CotzumHl^uapa. me ha suminis- 
trado los escasos datos que paso á consignar y que de algo pue- 
den servir ú las personas inteligentes que deseen penetrur los 
mi^te^ios de nuestra historia nnligua. 



f '_ 275 

Se sabe que á mediados del siglo uono de la era cristiana y 
con motivo de los trastornos que causó en México la ruina del 
imperio de los Toltecas, emigraron de aquel país muchos do los 
pueblos civilizados que lo componían. Uno de ellos fué el de 
los Choluteoas, quo abandonando lacomarca de Choiula, vino 
á ocup?ir las costas del Sur desde Soconuzco hasta la provincia 
de Choluteca, quede ellos recibii5 su nombre, y estos fueron 
lo.s que fundaron los señoríos de Escuintepéque, Guazacapán, 
Cascatlán &. bajo la denominación de Pipiles. 

Las tribus Quichees y Cachiquelps que en el siglo XI se apo- 
deraron de los países del interior de la República, deseosas de 
poseer terrenos en clima cálido y di-frutar de sus ricos produc- 
to^, bíjaron á las costas, arrojando de ellas á los Pipiles y apo- 
derándose lo.-i Mames de Soconuzco, los Quichees de Suchite- 
péquez, y los Ca hiqueles de la parte en que hoy existe Cotzu- 
malg'iapa, quedanüo esto-í últimos divididos de los Pipil s por 
el río Achilmate, que quiere decir en mejicano Mo de los Achíes 
ó Cachiqueles. 

Como los restos que acab irnos de de-cribir no son los unirlos 
que se encuentran en aquellos lugtres, pues existen otros análo- 
gos en sus inmediaciones, con especialidad en la hicienda de los 
Tarros, á tres leguas de Santa Lucía, no sería una congettira in- 
fundada la que se hiciera suponiendo que la <íran ciuiiad áque 
pertenecieron, fuese fundada por los Cholutecas y destruirla dos 
siglos depués por los Cachiqu4es, al apoderarse violentamente 
de esa comarca. Sea como se fuc?re, la importancia que tuvo es- 
ta en oíros tiempos antiguos, sus riquezas artísticis y agrícolas, 
han dejado ea diversos lair;ires señales iudelebl 'S de sa antigua 
opulencia, no sdlo en las époias anteriores á la conquista, siuo 
en la qu ' se siguió inmediat imente á est»^ grande a':onieci miento 

Al ti- mpo de la venida de los esp iñoles, siendo e.>tos aliados 
de los Cachiqueles, la costa de Cotzumalguapa entr.í á su domi- 
nio sin vio'encía alguna, y los PP. fcancis 'anos que catequi- 
zaron esta n^^ci(5n, fijando su residencia en la costa de Ixinché ó 
Tecpán Guatemala, bajaron iíjurtlmente á e>ta parte de la corte 
y pusieron su asiento en los dos principales pueblos que en ella 
florecían en aquellos tiempos y eran los de Cotz urna 'guapa y 
Alotec,, Alotepéque, ó como hoy le llaman, Alo'eca. Pusieron al 
prim ro la advocación de Santiago y al segundo la de San Juan, 
viéndose hasta hoy día los rest-.s de sus magníiicas iglesias per- 
didas en los bosques. Detrás de los misioneros vinieneron los 
colonos á fundar en estos fértiles lugares, sus estmcia^y obrajes, 
deh>s cuales se h-ice ya mención en papeles de mediados del si- 
glo XTI, en cujo tiempo existían en £St>í.€pj:tj, fuera de los men- 
cionados, los pueblos siguentes: 



276 

Santa Lucía, formado por los de Santiago Cotzuma'gnapa y 
que fué en su origen una estancia de los pueblos de este último. 

San Cristóbal Cotzuraalguapa, donde había una gnardianía de 
franciS' anos. 

Santo Domingo Tzotzicáu, Sinacaraecayo ó Xinaganieco, que 
también fué e^•tancia del pueblo de San Juan Aloteca. 

San Andrés Ichanatzuma <5 Chuchu, á las faldas del volcán de 
fu Pico. 

Santa Catarina TziquinaM. cercano al hermoso peSóo que lle- 
va su uoTtbre. 

San Miguel Teguantepéque, algunas leguas al í^ur de Santa 
Lutía, y s?an Francisco Ichangüegüey, nui^ble por ser el más 
cercano á las ruinas de que tratbmos y á las cuales pare e ha- 
cer aluiióu su nombre, que traducido del cachiqoel, quiere decir 
jimio á los vi<^'os. 

Ademus de los referid* >8 putblos, ae hace también mención do 
grandes c^^lancias y obrRJi*s opulentos fundados en esos ln>(ates 
de^jde los primeras tiempos df la i'ol<»iiixación española, tules co- 
mo el de D. Garofa de Aguilar y de la Cueva^ que dio onVen al 
actual pueblo d^ D. Qar< b, el án Gaspar Arias, fundailo eo 15S9, 
que pe le concedió en premio de l«>s servicios qu»» pre>tó, defeo- 
dit*ndo \r'* cof^tHS del Sur de los incur8Í«*ne8 del pirata Dr.»ké, f*l 
de Garcfa de R-cobar. que se remonta al mb<mo ano. el de Fran- 
cisco de Aylon, titulada el año de 1592 y otros muchos todavía 
mis antiguos. 

Vino en .-eguida una épocí fatal para toda af{uella ror'e; du- 
rante la cu il, las estorsionea de los e^tanc¡eros, las e\ ¡demias 
cau^ada4 |)or la exceica elaboraeiiín del atlíl, la corrutcióu de 
co}*tumbn's llevada lí aqu**llo8 lugares por la multitud d»» aven- 
turf ro;» que íí ellos iban á buscar fortuna, la embriagutt casi 
general de los indígena y otros motivos que ¡gnoramo«, fueron 
diezmando la p<d)'aoió(fVhacieudod(H:aer la agricultura y redu- 
ciendo aqueVas lérlilea comarcas iíbosquo« incultos que encerra- 
ban en su seno algunas señales de su antigua proi}>eridad. En 
IÓ90 vem<»s que desapareció el pueblo de Teguantepéque, reu- 
niéndose á Santa Lucia su^ últimos vecinos. Poco de-pués tu- 
vieron la misma i^uerte lo.* de San Andrés Ichaontzume y Asun- 
ción las Casidas, agreg^índose al de S/iquIualá; una epidcma de 
fiebres extinguió A de Sau Cr¡>tóbal, íjue á solicitud del Cura de 
Santa liUcla, don Sebastian Lambur, fué agregado ác^te último 
en 1772; y en 1778 se dictó la misma providencia rc8f»erto del 
de Siqnin.>láy que apenas contaba ciuco ó seis famdias. Los 
obrajes tuvieron igual suerte, con motivo de la escasez de bra- 
zos y de la considerable baja del precio del nSil causada por la 



277 ^ 

coaquista de la India Oriental por los inglese^ que ha=<ta enton- 
ces habían sido los principiles congumidores del que producía 
la América. 

Qued(5 pues el cantón de Cotzumaljíuapa, á fines dpi siglo an- 
tfTior, en un estado de miseria y de-ioía -icín limentable; la faltu 
de población permiiió á la vegetación tropical cubrir las ruinas 
de FUS pueblos y de sus haciendas, U riqueza desapareció, los 
caminos se perdieron y las fi-ras llegaron á amenazar seria- 
mente la existencia de los pocos habitantes que quedaron en el 
puíblo de Santa Lucía, único que sobrevivió á tantas calami- 
dades. El 111 mo. Señor Arzobispo Larraz, después de pintar en 
los apuntamientos que hizo en su visita, el lamentable estado de 
este país en lo moral y en lo material, da noticia de los pueblos 
antiguos cuyas ruinas existían entonces en él.— Transcribiremos 
sus palabras, porque en ellas están bien puntualizadas.— Di- 
ce así: 

^ "Dije en la parroquia antecedente (Patulul) que ramifesta- 
ríaen esta los pueblos que se hm destruido en e^e territorio en 
poco tiempo; y sobre bs allí di 'hos en el de cato-ce aiíos (qjie 
noindagué más), á 6 ú 8 leguís de Cotzum diíuapa sehan arrui- 
nado los siguientes que de dos están aún much' s vestigios de 
igle.^ia y casas: 1.° el de Santiago Cotznmalguapa, 2.° el de 
San Francisco Ichagüegüet, 3.° el de San Juun Alotec, 4." el 
de San Andrés Chipichiapa, 5.° el de San Mii/uel Pacliiip. 6." 
Santa Ana Pachup, 7.° el de San Marcos Chipichiapa, 8.° t-l 
de San Jacinto, 9° (no pude adquirir el norabr»), 10.° el de 
San Andrés Ohochué, 11.° el de Asunción Chochué, 12.°el de 
Magdalena, 13.° el de San Miguel Teguantepéqne, 1 4.° el de 
San Juai Ichancuyan, y 15.° el de San Frr.n<isco Ichancncut." 

Por este gran número de pueblos aglomerados en una sírea de 
doce l^^euas en cuadro y por todo lo que acabamos de referir, se 
vendrá en conocimiento de la antigua prosperidad de este terri- 
torio y de la gravedad de las caus'»s que en un siglo escaso lo 
convirtieron en bosques sol itai ios. H(^y díase ve con place i que 
la faz de este pequeño cantcm ha mejorado notablemente. De 
diez años á esta parte se han formado en diversos puntos de su 
área magníficas fincas de azúcar y c?fé, los caminíes se ven tra- 
ginados constantemente, los bosques van desapareciendo y re- 
velando á los actu lies habitantes los restos venerables que en- 
cerrraban en su seno, el ganado embellece los extensos potreros 
que rodean á Santa Lucía en todas direcciones y lo material de 
este mismo pueblo ha mejorado de una manera sorprendente 
para el que vio ahora veinte años las miserables chozas (pie lo 
componían. L .... 

Guatemala, Febrero 20 de 1866. 



278 

RÜIIVAS DE COTZUNALGÜAPA 



En el DÚmfro 60 de "La ^tmf»Da,"coirefipondie»jleal26dí» Fe- 
brero de 1866, se lublkó un interesante «rtículo suscriio, J. G. 
en que se dab^t noticia de Ihs rnÍDan de antiguos nioniimenf os, des- 
cubiertos recientemente en el ^uth' o de Sania Lucía Cofzunwl- 
guapa, en la b-c^ -costa d^l Sur. Aunque en la descripcidn que 
en ese artículo se hüce de las ruinas, pueden entreverse ajelan- 
\o^ mayores que los dnl defcubnmiento eo el siglo XVí, sin em- 
bargo, el autor presume que pertenec» n á obra-* de los Cholufe- 
cas ó Pipiles^ establecidos en esta regidn en el siglo IX y que 
habrinn sido destruidas por los Cachiqueles^, en el sírIo XI. Es- 
ta opinión, por muibos títulos respetaMf, ba ccntrihuido, sin 
duda, >í rt^bajar (linteres qoc debiera haberse dado al descu- 
brimiento de la^ (iicba^ ruinas, no viendo en ellas sino la obra de 
UQ pueblo, cuyo grado de civilización pudo avaloarse por los 
conquistadores etitopeos. 

He visitado últimaraenío estas ruinas, y las ebsor vaciones 
que, aun^ue muy de pa*^o, he ptodido hacer sobre «lias, me han 
hctho formar una 0|>ÍQÍc5n distinta de la del señor G : cr«o que 
esas obras son muy anteiiorcs á las emigraciones de loi pue- 
blos del AnahuriC, y que DO pueden perteiicccr sino tf la ópoca 
defsa civilización misteriosa que nos ha dej*<do sus ostentosos 
vestigios cerca de las costas de los golfos de Méxic » y d*» Hondu- 
ras. No intentaré entrar en una di-cusi<5o tícnica sobrestá cues- 
tión, para lo cual me ha lo ii competente; pt^ro sf baró apuott- 
mienios sobre loque he visto, y sotirc las ideas que en virtud de 
ello heform do, con el fin de llamar In atención sobre objetos que 
pueden contribuir efícazmcutc d dar algunas locos sobre el origen 
y la bifolia de esc pucb'o que no se nos liare velado sino por esas 
portentosas, pero mudas obras que ^sc ocultan bajo el velo de 
selvts seculares. 

(jue exigió en la América ^Central u a pueblo autcrior a los 
tiempos hi<-tóricos de esa |.a«tc del mundo, grande, civilizado y 
p )deros':», es un hecho sobre el cual ya no puede abrigarse du- 
d<i alguna, después de los de.^cubi-imienios hechos en Palenque 
y «n Yucatjín sobre el CJolfo de Méjico, en Copan Quirigüü §o- 
nre el de Honduras, y cu el Peté», territorio interior que liga 
dos estrcmos. Fué aquel seguramente un pueblo marítimo, que 
esíablfcié Irs centros do su civiliz^iri 'n y su pi>dír en las eos- 



279 ___ _ 

tas del Atlántico y cercarle loa mayores ríos que en esta pirte de- 
saguan en él; pero no había vestidos de que ese pueblo hubiese 
trasmontado la gran cordillera para establecer su d^'minio y su 
comercio sobre las costáis del Pacífico. El descubrimiento da 
las ruinas de Cotzumalfiuapa viene á revelarnos, fcegún creo, es- 
te nuevo importantísimo hecho. 

Empezaré dando una ligera id-^-a sobre la situación de esas 
ruinas. Dos leguas al S. O. de la Antigua Guntemali, se ha- 
lla el piá del Volctin de Fuego, el más elevado de los volcanes de 
la América Central. Levántase fste hermoso cono en el flanco 
de la cordillera que dá sus vertientes al Pacíñro, y la roca tra- 
quítica que lo forma cubre también estas vertientes ha^ta los 
derrames de los volcanes vecinos, y ha formado á su pié de lado 
del mar una zona de terreno de quiebras y colinas que unifor- 
mándose luego, se cambia en un plano indinado que en suave 
declive desciende hasta las aguas del mar, formando una llanura 
de diez á doce leguas de anchura. Hacia la parte superior de 
esta llanura, al S. SO. del volcán, en donde se hace It transi- 
ción del clima caliente al templado, se halla el pueblo de Saida 
Lucia Cotztijinalquapa, uno de los que han recibido notable mejo- 
ra por las recientes empresas agrícolas. Las ruinas se haban 
á pocas cuadras de la población, en dirección del volcán, en tie- 
rra llana y cubierta de guatal^ es decir, de la vegetación que ha 
destruido á la antigua selva, conjuntos arbustos y matorral en- 
tretejidos de convólvulos y otros bejucos que forman una es- 
pesa capa -vejetal impenetrable, sino es abriendo trccba.á fuerza 
de machete. "-^ '^'•^' ' • 

Fué hacia el año de 1860 que don Pedro de Anda, que ten/a 
una labranza por este lado fué informado de que en tal sitio ha- 
bía unas j)iedras propias para hacer unos z(5calos de pilares que 
él necesitaba. Ocurrió allí, hall(j unas piedras enterradas cuyos 
estremos visibles parecían labrados, hizo descubrirlas, observó 
en ellas formas regulares y trabajos en relieve, y como al des- 
cubrir las primeras tocaba con otras, picada su curiosidad, con- 
tinud la escavación de una área de 16 varas de largo y la mi- 
tad de ancho, hasta poner á la vista unas veinte piezas en forma 
de pilastras, ya enteras, ya divididas ó fracturadas, todas irre- 
gularmente hacinadas, y en medio de ellas una estatua sin ca- 
beza, que ha sido remitida al Museo Nacional. Como á 40 va- 
ras de este punto se hallaron otras piedras cubiertas sólo con 
una lijera capa de tierra, que se ks ha quitado descubriéndose 
una de sus faces, que en la mayor tiene tres varas de largo sobre 
dos de ancho. Formando triángulo con estos dos grupos se en- 
cuentra otro en que sólo se ven partes de otras piedras aun 
enterradas. 



280 

Las piezas d I primer grupo tienen to ^a^ la forma «ie pilas- 
tra •« y ii») de o'»elise<>8, (omo jarec^n al s*5orG.:son pprfe<t<>s 
para'epípedüs que miden cuatro varas de Urgo. una de auihoy 
tres cudrias de crueso; a'giinos de los cual s dt bi:>n formase 
de dos piezas adaptadas por un corte en zigz»»g, y oíros .-e h.ii 
roto corao si huliesm c.iído dt-s; lomados. E.>-tt>n fonniíd»» es- 
tán pilnstias de ¡a roca tiaquít^a, úuic^i que se Italia en e>ta par- 
te del territorio; fi^^iofié cnid!ido>araeiite ilejida déla más 
compa' ta, desechando las vaii-dade-^ cavernosas que son las 
más comunes. Sus pía os son muy regu'ares y lú»'n escuadra- 
do'', 3' en uno de los iiiayon 8 se billa un i>ajo reiiere que (co- 
pa la-» tres cuartas pares superiores, que laudo la cua«ta p^rle 
infirriir sin t abajo .Iguno, y com ide:>tiuada á ir b^jode tierra 
ó eiw aja la en bl^uua lai* ó zó«i»lo. 

En la mayor pirte de los r* lieves ^e ven repro.'^entadas las 
mismas pers* ñas, pero «n .ictiiudeit y c<>D adornos 6 emb'emas 
diferentes. Apauee en la p«rte ^oper or eliHcb», ios biacosy 
el r»tro de una nujer como que «iemr p« r loa aiies envuelta 
en resplnndoreg. Ks -e^ un mente u' a Do-a. Pebajo se baila 
un hombre con la cara íevanmda h>'c a «a di\inid.td, y »U8 fac- 
ciones se reproducen eoo una notable senii j>uza, coiqu qu*- fu**- 
se el misino individuo. | ero en di^iinias s luacone«: ora cubi r- 
to con un simple <a«co, y ienie(>do ti frente una calveza huma- 
na, leíanla el bray.o c* mo iuvociiiido ú li D.o^a; crn coo una co- 
rona en la cab* z.i paiece que |r ii*'nla ofrendas que 8.<ca eu 
una especie de bandolera niu}* aldena que lleva eo la cintu a: 
oraron un alo morrii'n de un tialajo e-merado y adona'O 
de nnalaiga p'uma, tom)i la a (itiid de ''irígir a ua súplica fer- 
vo osa, y tiene lí sus pe^ un i «(guiU. La Diosi 1 o sh ve en e^te 
u timo releve, porque la piastra está ro'a y no i«e encuentra 
el fr giQi'nto huperior; i>ero on v\ primero tiene l<>$> bruxos es- 
tendid s, y en « 1 secundo tiene la niino dereehaN>bre el cora- 
zón. Viirios udciriio^. d- los vunle> a guno^ parecen embl in«¿< 
ó geroglflico', aconipaüm e8ti*s reiresentat'itines, qu^.* 1 udie* 
ra creerse sim p:\sai;' s d • uaa hi-^toria niitoló|pca 6 h roica qiie 
pro^mblemente se completara tn los mpumnentos que v«('en t/»- 
davía bajo de tieria* , o ^, 1 i... /i 1, / 

En otro fr.ig»neuío Ú* {HÍ%«tra ss ba'Ia l.i nusma U^^.. ^ .. un 
t-ono de uu trabajo e.^ni'rado, entre cuyos ad«rQOH b>iy uno que 
mehi llamado <si»e« jalii}«'nte la atención. Hii la )»arte que se 
halla enciin t y h\ ludo de la Cib za de la Diosa, se ven seis figu- 
ra^ de cuernos de v^iea, t.m perf ctameole imitada que no 
puedtn «lejir de reo •nocese al primer tfcd^e de vi^ia. Sibiéndo- 
f^e q-íe el gana lo v.ícuho no se cono 'id en la AnéricJi ant»s de 
laeonquisti. y recordando las mitologías del anticuo coniinen- 



I 



I : j8i__ 

íjtje, es imposible dejar de preocuparse nno con la idea deque 
esta Diosa es la Iñís de loa Egifcios, y de que est;is ruinan que 
apenas empiezan á descubrirse, han de poner en claro el origen 
de 'a antigua civilizaeiu'n de la América Centnil. 

Kn la gian faz de las dos piedras del segundo grupo se halla 
representado un guerrero aniano, de ua rostro perfectamente 
dibujado, el cual sucumbe atacado por una águila co'osal que 
abre su enorme pico para hinííárselo por uno y otro lado del 
pecho. Esta figura está repetida ^n ambas piedras pero en sen- 
tidos opuesto*, mirando á la derecha la una y á la izquierda 
la otra. El águila esta' corona'la y tiene en una de sus garras 
un cuerpo redondo en forma de glubo. 

Eq la piedra que está más descubierta en el tercer grupo, se 
representa en uno de sus lados un p-rsonaje sentado en un 
trono. En esta pieza lo que hay de más notable es la naturale- 
za de la roca de que está f rm ida: es una roca c istaliiia, una sie- 
nita bien caracterizada, formación qne no se en- uentra en aque- 
lla parte del territorio. En las vertientes setentrionitles de aquella 
cordillera, que forra m la parte siperior de la hoya del Kío 
Grande ó Motagua. se encueitira esa rcca; peto pa ece impo- 
sib'e que ese enorme fragmento haya sido conducido al travez 
de la cordillera. Las formaciones eiuptivas han cubierto las me- 
setas y las vertientes meridionales déla cordillera, pero e< po- 
sible que hayan quedado á descubierto jdguna-5 puntas elevadas 
del t(írreno primitivo que forma el núcleo ríe la mí)ntaña, y yo 
creo haber visto una roca análoga á la de que rae acupo, en uno 
de les barrancos del c>m'no que va de Atitlán á San An'onio 
Su hitepéqu z; sin embargo, de aquel pnnio á Santa Lvici'a ha}' 
más de 20 leguas. Sea como fuere, la presencia en este lugar 
de un fragmento de sienita de fcO pies cútticos, revela los grandes 
recursos cienlífi-os y materiales del pnetilo que de tan lejos con- 
dujera semejantes materiales para sus obras ornamentales. Y 
no' es esta la tínica pieza de roca cristalina que se íncnentra en 
las ruinas; pues en las piedra-! enterradas en el segundo y ter- 
cer grupo se ven las puntas de otras de la misrua especie. 

En el centro de los tres grupos se halia el cne'po de una es- 
tatua colosal, faltándole la cabeza, que era una p^eza separada, 
según se vé por el hueco labiado para ajustaría. Este cuerpo 
figura el de un hombre sentado sobre sus p? opios talones; se ha- 
lla en su posición natural y bajo el nivel del sueL»; peio se pue- 
de ver casi en su totalidad, por haberse apartado ia tierra de los 
lados, aunque no ha alcanzado á descubrirse se está sobre algu- 
na base. , ^ 

Fuera de las piezas mencionadas se ven los estremos ó án- 
gulos de otras varias, que se descubrirían con poco trabajo: y 



288 

es de presumirse qne todo esto no era sino una pequeña parte 
de extensas constfucciones sepultadas por las avenidas natura- 
les que de lacordilera corren sobre la llanura, y por las erup 
cion^^s de cenizas que con tanta abundamia y frecuencia han 
arrojado lo.^ vo'canes inraediato?, y especialmente el de Fuego 
qup domina esta parte. 

He sido informado de qae corar» á dos leguas de distancia h4- 
cia el N. O. del pinto de que he habíalo, s? ha^Un vanas estj(- 
taas de pié y derribadas, qie no he p>dido vdr por hallirse en 
medio de un </ííi//i^ ira panetrible, y sobre lis cuales no hallé 
quien rae diese una idei precisi de lo que representan. Acabo 
de hablar con el señor don J. M iriaio Rodrii^uez, qne las ha 
visto, y me dice qae representan guerrero^, y que h^cia la par- 
te en que se hallan hay también una gran piedra con iM^as 
relieves de figuras semejantes, y unaa calzadas y puentes de 
un trabajo artístico que no onrresponde d nuestras épocas his- 
tóricas. 

Lhs minas de (|ue me he o-upado, prnbablemeole ^on las rui- 
nas de un gran templo. Bsas piezas que parecen pda<«tras, euva 
poca altura no corresponde á la nootnosidad de una grande 
obra, no servían sejrurameDte tomo coluranaa, sino que forma- 
ban la parle inferior del muro. Si eaa§ pi<*ea8 btihieseD sido 
labradlas para servir como colamnas, teiidiiao una bate coadra- 
da y no rectangular, y sus adornos no estaHan por an aólolado. 
Ke obsí^rva además quí» el lado en qoc cstií el relieve no está 
ignal en todos: en unos ei roáa ancho por llevar figurado un 
marco qne guarnece el relieve, y en otras más bien aDg(«to por 
carecer de este marco, y se comprende muy bi» n que esta pie- 
zas debían ir unidas á otrHs, alternando una con marco y otra 
sin él, de manera que formaban una serie nnífomre de coadros 
igu des, disimuHndose la juntura interior del marco. 8obre el 
primer cuerpo del muro, formado por esas piesaa, qoe aisladas 
pareccii pilastras, iban sin duda otros cuerpos formados con las 
piezas mis anchas que debían ir colocadas en sentido boríiootal, 
según lo indican sus relieves. 

Todo hace conocer que en ese ignorado pueblo las bellas ar- 
tes habían alcanzado un alto grado de perfección. En los cuadros 
del primer cuerpo del muro las formas humanas se represen- 
tan en su magnitud natural, los relieves están hechos coa nn 
trabajo esmerado y se hacen notar en ellas los men^^res defa' 
En las piezas, que indudablemente rorresponden rf on < > 
más elevado, esas formas exceden Á las naturales y el 
miento es sencillo y bi«'n marcado, todo para ser vi- 
taucia. 

Loí relieves que en particular he mencionado .•-*•■ '-^ uc Uc 



I 



283 

.podido observar con algún cuidado, por haber toraado diseños 
de ellos mi compañero de viage don F.oreucio Brisi ño, profe- 
sor en el colegio de mi cargo, pero hay otros de que no he hecho 
mención, como uno en qup se vé un hombre con cabeza de liebre. 
Adémeos entre los emblemas de los prioieros hay varios ot'osque 
acaso pueden tener un gran valor para fundadas inducciones. 
Por ejemplo: de la bo*a del pcrsonage que invoco á la Diosa 
sale como una vara f-inuo^a con figuras globuh sas á uno y otfo 
lado, a diversas distancias, que paivce representar lo que él di- 
ce. En el cuadro en que ese p( rsoriíige se halla con corona, se 
ven al lado de la figura que sale de la boca, otra corona, el 
signo con que los astrónomos Representan al í láñela Vtnus, y 
un arco con un círculo pequeño en uno de sus extremos y una 
mano encima, que bien pudiera ser el sütro que pintaban á Ifiis. 
Si todo esto ha podido observarse en pocas horas y ( on el cor- 
to número de piedras descubiertas, ¡cuántas cosas no podrían ha- 
llarse dignas del estudio de los hombres competentes si se ca- 
caran á luz al menos las piezas corre-ponditntes al grande edi- 
ficio de que indudablemente hacen parte aque'las! 

Ninguno de los lugares en que se han «ics( ubierto ruinas de 
la época á que parece pertenecen las de Cotzumo ¡guapa, presen- 
ta las comodidades que éste para ejecutar los trabajos necesa- 
rios á fin de ponerlas de manifiesto, y para su estudio. Hállase 
este lugar muy cerca de la capital, en buen clima, casi en el 
recinto de una población y en terreno que, al rezar y quemar 
el guatal, quedará enteramente limpio. No sucede así coa los 
otros sitios en que se hallan las más célebres ruinas, los cua- 
les están en medio de inmensas y desiertas selvas, < n climas 
poco favorables y lejos de los recursos de las pob'ac ones. 

Ileconocidas las facilidades que Cotzumalguapa ofrece para 
el estudio desús ruinas, la importancia de estas y la trascen- 
dencia que ese estudio puede tener, no puede dudarse de que 
las autoridades y las corporaciones públicas harán u^o eficaz de 
sus facultades á fin de que se adopten los medios convenien- 
tes y se adelanten los trabajos necesarios para obtener los re- 
sultados indicados. Yo rae atrevo á proponer las siguientes me- 
didas: 

1. ^ Que la Sociedad Econúmica tome en ettteusis, en los 
puntos de las ruinas, la extensión que se acordó dar á cada in- 
dividuo que pretenda establecer una plantación en el ejido de 
Santa Lucía, y que ceda su uso á la persona que ofrezca con- 
tinuar descubriendo esas ruinas, cuidar de su conservación 'y 
íacilitar los medios de estudiarlas á las personas (pie vayan aUí 
con tal objeto. 

2. * Que por el Supremo Gobierno ó por el Corregimiento se 



284 

disponga qoe a 'gn na parte del trabijo personal destinado á las 
obraste poli ía, s^iuvi^rta en continuarlas e-icavaciones. 

3. ^ Que la junta de G -íbierno de la S »cieda I Ec'»n<Smi"a co- 
misione á a'guno de sus miembros para que prom leva cuanto 
convenga para el adelanto de estos trabajos, y que ellos ejeou- 
fen bajo su dirección. 

'''4. * Que la misma Junta nombre uia cornisióa en Santa Lu- 
cia para que inspeccione cna'es ¡uiera trabajos que se hagan, pro- 
cure FU continuación, y cuide de la cooservacidn de lo< monumen- 
tos.' Hay allí dos per-oías que harán tod » eso con interés, qae 
son el Cura Pro. don Manut-l Qrageda y don Pedro d* Anda. 

Todo eso pu"de hac^rs» á muy poca costa y sin diñcuUal; y 
si no es d« sJe luego tan eficaz com'> seria de desear-íc. al menos 
será un paso para salir de !a ind ferenciay la c nipleta inac i'm y 
entrar en una vía que insensiblemente poe te ir^e ampliando. 



Antigua, I» <l.' Difiembrr «Ip lKr>ft 

Btutar Otpiiía 



ANTIGÜEDADES 

en el Departamento de Jutiapa 

Señor Redactor.— Jutiapa, Enero 8 de 1856. 

Habiendo despertado entre nosotros el gnsto por la Arqueo- 
logía, gusto que revela los progresos de nuestra civilizücifín, y 
estando el extenso recinto de esta parroquia cubierto de monu- 
mentos de remota antij^üeda^l, me lia p;irecido conveniente que 
éstos uo qupden por más liempo desapercibidos; mucho más pu- 
diendo «líos suministrar interesantes di tos á nuestra historia. 
Cou este objeto, me he propuesto dar á üd. lijeros detalles de 
los monnm ntos que sucesivamente vaya vit^itando, conforme me 
lo permitan las ocupaciones de mi Ministerio. 

Comenzaré, pues, hoy, á cumplir mi propóilo, diciendo á Ud. 
algufia cosa de las hermosas ruinas de una antiíjuísima y hasta 
ahora desconocida ciudad, que llamaré Gmaca-mecnUo, por las 
razones que desftués expondré. 

En las inmediaciones del pueblo de Comapa. hacia el Sur, se 
elevan unas empinadas montañas, cuyas faldas baíEía el caudalo- 
so Río de Paz, que sirve de límite entre esta República de Gua- 
temala y la del Salvador. En lo más encumbrado de estos mon- 
tes, se prolonga una extensa planicie, fecundada por una multi- 
tud de arroyos que reuniéndose en un cauce común, al fin de su 
carrera se desploma de una altura como de quince á veinte varas 
sobre una peña cortada á tajo, y vimen á mezclar sus aguas coa 
las del gran río que baña el pié de los montes, formando con esto 
una de las cataratas más hermosas que se encuentian en el de- 
partamento. En la parte superior de esos elevados montes, encon- 
tré los restos de una antigua ciudad de los primitivos habitantes 
déla America, restos que han podido conservarse después de 
tantos siglos ©n su lucha con el tiempo, y que parecen ottenítiísu 



___ 28G 

antigüedad con las corpulentas encinas que sobre ellos ha hecho 
crecer el transcurso de las edades. 

La altura en que estas ruinis se hallan colocadas; el curso ma- 
gestuoso del río, que se desliza bañando la falda de los montes, y 
que después de haber fecundado en su larga carrera multitud de 
terrenos y después de haber alimentado con su abundante pesca 
varios pueblos situaios en sus márgenes, va á confundir sns aoruaa 
con las del mar del Sur; h hermosa perspectiva que se desarrulla 
hacia el Oriente, en cuyas dilatadas llanuras estdn situados varios 
pueblos del vecino Estado del Salvador, la sierra de montañas 
(|ue atravifsa por dichos valles, y que principiando con el volcán 
de Chingo, y va i conc'uircoael Vesubio Ame ricaoo, el famoso 
volcán de Isalco, que cdu su p'^rpétüo penacho de fucilo parece 
capitanear la falange de las montabas, haciendo oír sus retumbos 
hasta en el recinto de la ciadad arruinada; las vistos de los her- 
mosos lagos de Hüijay do Atescatempa. que abrigan eo el fondo 
desiis agiias otras ruinas; todo hace de este sitio uq lagar ameno 
é interesante, cnag^naudo el ánimo del que lo visita. 

El lugar donde se encuontrnn o<ias aütiguis minas es conocido 
con el nombre de C/nfi' que en «*l idioma que hablan 

hoy los h ibítanteá de esij , .. ., y w compone de una mezcla de 
Mexic ino y Man ({uicre decir cordet nnudido, nombre dado tai- 
vez á esta ciudad por sis primitivos hat>iiantea, á causa del mu- 
cho bejuco que en cstoi montes se cria, y del que se .«irvcn para 
los ligamentos en la construcción de las casas. 

Los cimientos ó vestigi(»s de la mur&!U describen una fígura 
oval, y su interior 80 hilla enriquecido roo restos de antigaos 
monumentos y varias vías de lomnnicacióa subt -rráneas. Lo.»» 
materiales de constrU' ción se componen, en su mayor parte, de 
piedra l>«ja ó pizarras unidis con una amalgama, que por su con- 
sistencia y color, se asennja ttl plomo derretido, fentre los mo- 
lUiraeiitos qu»» on cita ciudad ^p encnetran, tres son los más no- 
tables. £1 piimeroes «I templo c«>n-agrado al sol que se halla en 
su mayr parle cavado «n la roca viva y cuya puerta mira hacia 
el Oriente. En el arco d- la eutnids, qU( forman baldonas ULÍdas 
entro sí, se li.illan g abados m bujo relieve figuras del sol y de la 
luna, y en la parle intctior se regi>lran al^uno.s g»-rogUfic" ». 
/Este lugar es conocido hoy entre los indios con ti nombre de 
ihe-tunii, que siiinifira ¡iedia de >o\. Además de los bajo.-» relie- 
ves, se eucucntan en dichas piedras ge rogUñ eos pintados con ona 
especie de barniz rojo, los que a|»c«ar dee>tar expuestos por tan- 
tos siglos á la intemperie, se con-^ervan ilesos. Con esta especie 
de barnir. están igualmente pintad is mu< has piezas de piedra 
canteada que se envuentrau en las cscavaciones de las ruinas. 

Entre Tas vías decomunicaci^Jn subterráneas que bay en el re- 



h 



287 



cinto de esta ciudad, una de ellas se ha hecho célebre, y es en el 
díaobjVto de historias y cuentos populares, por haber servido 
dejuarida al célebre bandido, conocido con el nombre de parti- 
deño, que en tiempo del gobierno español y en una sangrienta 
lucha, fué vencido y capturado por los habitantes del pueblo de 
Comapa. Quise visitar este subterráneo, a pesar de la oposición 
de los indios, pues éstos no han podido substraerse del todo á la 
dominaci(5n que sobre ellos ejerce la superstición; pero al ün ven- 
cida la oposición, y provisto de una hacha de recma ú ocote, pe- 
netré en la hermosa caverna, y á pesar de los derrumbamientos 
pude andar lo bastante para descubrir una especie de salón, don- 
de encontré unas masas de piedras ó armas de los antiguos indios, 
en todo semejantes á las que en el año de 1853 tuve el honor 
de presentar al Exmo. Señor Presidente, la? cuales extrage de 
otras ruinas. 

El segundo objeto notable no es menos digno de llamar la aten- 
ción y consiste en una gran baldosa cubierta de inscripciones 6 
geroglífiíos, que según la poca instrucción que he podido ad- 
quirir en la inteligeucia de ellos, rae parece no contener otra co- 
sa que la pintura de la economía de la vida humana. El primero 
consifíte en un árbol, símbolo de la viia, y el último en una cala- 
vera, emblena de la muerte. 

El tercero es una fiera, á manera de tigre, gravada en una 
piedra de gran magnitud, y por una probable conjetura, este es 
un monumento erigido en acuerdo de una victoria, que me pare- 
e-e anterior á la época de la conquista. Los motivos de esta con- 
jetura, son los siguientes: En este pueblo, como en la mayor 
parte de los indígenas, he notado la costumbre de conservar el 
conocimiento de los grandes heíjhos de su historia, por medio de 
narraciones que ellos llaman bailes, por que efectivamente las 
verifican bailando en las plazas púbücüs, teniendo lugar dichos 
espectáculos en las vísperas y días de sus grandes solemnidades. 
Es interesante para los que entendemos algo del idioma, el asis- 
tir á ello-; pues esta ceremonia descubre hechos de la más re- 
mota antigüedad. En uno de estos bailes observé que representa- 
ban una lucha. La comparsa vestida de pieles y caretas de ani- 
males, se dividió en dos secciones, representando uu campo de 
batalla, y antes de comenzar el acto, hicieron propuestas de paz, 
las que no habiendo sido admitidas, dieron ocasión á un grito de 
alarma y comenzó el combate, decidiéndose la victoria en favor 
de la sección que llevaba careta de venado. Concluido el simula- 
cro, desfila uno de la compars;!, y con un pa'o dibuja en la are- 
na un cuadrúpedo. Este simu aero y la distancia en quede la Ciu- 
dad se halia culocada la piedra que contiene el grabado del tigre. 



2a8 

me haccQ creer qae él es el munameoto á que se refiere el baile 
que he indicado. 

Esta es, señor, la piatura de las cosas más dignas de Dolarse 
que fe bailan en esta estiogaida j aatiquisima Ciudad. Eo el exte- 
rior de la muralla y en una p-queúa llanura, se elevan varios? 
promontorios, los que sin duda formaron el cementerio 6 campo 
de los muertos. Aquellos sepulcros sülitari<ís, sin aparato exte- 
rior, í«itt cipre>es y sin lápidas, anuncian toiavía la influencia y 
posición que tuvieron m la sociedad las personas cuyos restos en- 
cierran, hlsta debe calcuUise por la mayor ó menor altura de 
los promonto'ios; (ie :<uerte que >'U elevac:óu ea el lestimouio del 
rango del difunto. La verdad de este aserto f^e comprueba con 
una costumbre que aún conservan Iks iaüioa, y es U de arrojar 
sottre los ( adávercs un puñado de tierra ó una piedra^ como úl- 
timo homenaje de amor y gratitud que tributan á fus deudas 6 
amigos. Mientras mayores el número de esto?, es más elevado el 
promontorio que t-e (leva sobre el cadaíver. 

El alma se extusfa en la c< ntemp'acit^n de e^lo^ l::gare8, y se 
transporta i una civdiza» i 'u qua ya pas ^, y que el tiempo ha 
envuelto con sus sombras S»bre las p>e mus co 'a-* al sol, 

coloqué una cruz de ma lera, símbolo del ti ¡üuI< crdudcra 

relij^ión sobre el poit* israo. 

Tales son, s« ñor, la** noticias oue puedo dar ú usted sobre las 
ruinas de la ani¡>;iia Cuida I qu* De visitado: tendré »1 gusto de 
hacer otro tanto, cnbndo haya visiindo cdras ruinas, de qu*» ya 
tenj^o nt)ticia. R niitiré á ti«tid i^uabnente una eupta d'-lo^^gero- 
glíficos. para que por sn m-di.i II gu n al »• Bor Áb^tf P-'---'ir 
de Bourjib-.urpf á quien lo-» teng » prome'itos. 

fk'su las munoi if Ud. su utv||to servidor y capellán 

José Anfonio Cnutia. 



LAS RUINAS DE QUIRICUA 



Es enteramente imposible describir en unos ruantes arüculoa, 
los pormenores «le las interesantes ruinas (ie Cop.ín y Quiriguá 
que acab » de visitar, pues el asunto reí|uiere extensión. Me \h- 
mitaié á hacer una breve relación de mi viaje, procurando dar á 
mis lectores una clara idea del estado en que seencueniian en la 
fecha la-í referidas ruinan. 

La aldea de Quiriguá esta situada á siete legu'-is del puppto 
de Iz.ibal, latitud Norte, 15° 15' longitud Oeste 89°. Las ruinas 
del mismo nombre existen á ires leguas de dicha aMea, en la 
oriila izquierla del [majesUKjso Motagua y á media Ugua de 
estn río quB lleva á la Bah'a de Ho.iduras ei tiibuto de sus 
aguas, de-pués de haber recibido en su curso muliiiud <le tribu- 
tarios. Míigníti'as selvas, de una variedad infi tita de maderas, 
y vírgenes todavía, b.ifiau sus sombr.is en sus rápidas ondas. 

El camino que de la aldea de Quiligua condu e ú las minas, 
es el mismo.de Izabal, hasta el punto denominado "Paraje Ga- 
lán,'' desdtí donde se sigue una senda conocí la sólo de unos que 
otros cazadores y de Ins guías que acmpauan á los rarísimos via- 
j -ros que á considerabl s intéi valos de ti» mpo, ntfae la Jiiriosi- 
dad ó el amor á la arqueología. Pasado un hermoso piñal, se 
entra en la montaña doüde la veg. tación fs verdaderamente 
asombro.-a. Cedros de una dimensió/i colosal, raninsi^s caobo*, 
nances, matasanos, zipotes, jocotes, drago--, <acyos, cauchos, pal-, 
mas é infinidad de otros a'i bules con sus innumerables y variadas 
hojas forman una bóveda ampenetrable á los rayos del ardiente 



2110 

sol, proporcionando sombra á millares de plantas medicinales 
que produce el fértil suelo, y despl€,L^1ndo un admirable conjun- 
to de los productos vetretales, particulares á los trópicos. De 
cuando en cuando encuentra el viajero una champa, especie de 
choza de palma que irapiovisau los cazadores sorprendidos por 
la tempestad. 

Al llegar á las ruinas se encuentra una Ugunita que ios su- 
persticiosos indígenas han bautiza ioon el nombre de **láguna 
de los ídok',*." Lo primero qne llama la atención al entrar, es 
una montaña artificia', formada de una infinidad de piedrecitas. 
entre las cuales se hallan^ dnzos de mármol blanco extrema- 
daroente £no. £4 iodujable que todof^'éstoa frajcni^utüs fueron 
traídos del río Molagua, dictante de una media legua. 

Algunos historiadores pretenden que Quiriguá fué una ciudad 
onsiderable que destr lytron lo»-«Ast«cas. cuando prosperaba el 
Anabuacr. Rejimente el lugar que. ocupó es de los más encanta- 
dores, y á primera vista .«e n-íla que un siiio tan favorecido por 
la naturaleza, no pudo menos que atraer al hombre. Hoy es In 
morada de multitud de cuadrúpedos y piíjiro-* de todas clases que 
han tomado posesión de 1<» qu*» por tanto-» «iglo; les dtspojó el 
hombre, y de donde 0«te, también desfajado, tuvo quo huir para 
siempre, abandonando sus monumento* »|up ijü- -'o" •• -mA ind»*- 
leble recuerdo de sn prc.«cDc'ii. 

Al pió de la muralla artificia), que (¡ueda al .\ , existen tres 
columnas cuadriláteras, en uoa estensión de 60 varti.^, siendo la 
i'iltinm la más e'cvada. pues tiene 18 piÓ4 de altura. Kn cada 
uoa de estos colunmas que hasta el presente conservan su [posi- 
ción original, una rara humana ocupa el centro mrfs ó monos del 
lado (pie mira ni S, siendo de advertir que en la úitim% n» en- 
cuentra otra «ara humana igaal en el lado opnc^sto, os decir, el 
que mira al N. Kn todos los obeliscos referidos, sobre todo en 
los dos primeros, la cara oM.i aplastada arriba, el labio inferior 
grueso y saliente, «1 superior corlo y mrfs d- ' '1 otro, la 
nariz chata, la frente deprimida, los ojos rancies y 

salientes, el arco superficial en extremo ( lo. I^a boca, 

perfectamente horizontal está dema«>iadaiif rtn y la cara 

tiene algo como barba y b¡^ote^. Knciraa y al » i«' la ca- 

beza se ve un extraño ornamento que por su oi._. . . lud es im- 
posible describir. Los lados que miran al O. y ni K. en los tres 
obeliscos, y también el que mira al X. en los dos primer*- '»"•■ 
tienen geroglífii os grabados en pequeños cuadros y rf< 
qne contienen los nombre»», títulí)s y quizás I. i ' ' 1 

de los seres representados en el obeli.sco. Kntn 
eos se observan cascos romo usaban los romanos. ho*.e>, jírUden, 
animales, etc. 



I 



: ^ _ 291 ¿ ^ 

El uso de las figuras emblemáticas parece haber sido práctica 
común de todas las naciones incultas, siendo como el primer gra- 
do hacia la instrucción. Los caracteres de los geroglíficos de 
Quiriguá son sumamente curiosos, consistiendo en representacidn 
de objetos animados é inanimados, cada uno de los cuales se co- 
noce que expresan una idea particular. Como los Ejipcios, loa po- 
bladores de (^)uiriguá no sdlo parecen haber adorado un gran nú- 
mero de dioses ideales, concebidos en su fantasía, sino también 
haber tributado culto á un gran número de fieras y bestias como 
el tigre, el aligador, el zapo, la tortuga^ etc., y en esto también 
parecen haber creído en la metem psicosis. 

Siguiendo al S y á una cuadra del primer obelisc > mencio- 
nado, se encuentra el más elevado de los seis que existen en las rui- 
nas. Su elevación es de 26 pies, su ancho d(^ cinco y su grueso de 
cuatro. Tiene la extraordinarin inciinacióu de doce pies y medio 
de la perpendicular. Descansa solamente por el lado <lel Norte 
y su posición se debe principalmente á la fuerte arg-imasa de 
que está compuesto. La singularidad de -la inclinación de este 
obelisco es sorprendente cuando st* mira á su pié: un árbol eleva- 
dl^imo, conocido de los indígenas con el nombre de celillón y so- 
bre el cual se apoya la columna, parece detenerla. No me cabe du- 
da un ujomento de que fué cau-ada la inclinación por el hundi- 
miento gradual del terreno por un lado, pues examintíndose con 
escrupulosidad los demás obeliscos, se observa inmediatamente 
que todos están un po'co inclinados de su perpendicular, porque 
no está igualmente sólido el terreno sobre que se echaron los ci- 
mientos* Se comprende que para que pueda la cnlumna mante- 
nerse en esta posición, es preciso que esté la base al menos á 
ocho pies de profundidad. De esto estoy plenamente convencido, 
pues durante el prolijo exámea que hice de los tres primeros obe- 
liscos, mandé escavar al pié del tercero y cavarím los mozos á 
una hondura de más decuatro pies sin dar con la base. 

Varios historiadores han pretendido que la inclinacióudel obe- 
lisco de Quiriguá es mayor que la de la celebrada torre de Pisa. 
Comparando la inclinación de esta que es de algo más de quince 
pies y medio se ve que la torre de Pisa lleva todavía al obelisco 
de Quiriguá ventaja de dos pies y medio. 

ü 

La escultura del obelisco inclinado de Quiriguá es mucho más 
curiosa y elegante que la de los demás, y se ve á primera vista 
que el artista se esmeró en darle la mayor suntuosidad posible, 
lo que parece revelar la importancia del personaje representado. 

Las facciones do la cara de éste no son tan irregulares como 



OUO 



las anteriores: la frente no es tan deprimida; la nariz, que tiene 
un pié de largo, es mucho más afilada; la« fosas nasales e^tán bien 
marcadas, los labios menos salientes. La boca coa una anchura 
de ocho palgadaS; presenta la singularidad de tener el lado iz- 
qoierdo mucho más ancho que el derecho. Las orejas, que son 
cuadrada?, llevan aritos que se parecen á las charreteras ador- 
nando una eUgante hoz el arito de la oreja izquierda. Encima de 
la cara del Mo'o, se ve otra cara humana de pequeño tumafio y 
sobre el pecho del mismo sí distingue una criatura cayo pié iz- 
quierdo islá apoyado en el dedo pulgar de la mano derecha de 
aquel. £1 lado S. presenta las mismas figuras que el N., mien- 
tras que los lado^ O. y K. contienen cada ano cuarenta cuadra- 
dos, dispuestos de dos en dos y con gerogliñcos. 

Continuando siempre al S. .«e encuentra el quinto obelisco, ya 
caído en el suelo. Según la aseveración del guia qne rae acompa- 
ña, la caída tuvo lugnr de tres años á e!*tji parte, lo que prueba 
que pudo la columna resistir la tuerza destructora de muchos si- 
glos y que la menor firmeza del terreno por el lado S. la hizo al ñu 
caer hiicia el N. La rara tiene una foima muy distinta de las 
otras. Las orejas, en lugar de ser cuadrada-i. son redondas, for- 
madas ÚH tres circuios concéntricoA. Tiene 18 pies de altura, 
cuatro de ancho y tres de grueso. 

Al E. y á dos cuadras del obelisco caído, ae encuentra el ses- 
to que casi iguala en altura al ¡mliiiado. Kn el lado N. la cara, 
que mide dos piós de largo sobre uno y medio de ancho, no ti»*ne 
nariz y apenas se distingue la boca; las orejas que aon cuadradas, 
estáu sin aritos. Sobre el |>echo del iilolo y recoaUdo diagonal* 
mente, se ve una criatura aitoyando la (>arte posterior del cuer* 
po en la extremidad anterior del pulgar de la mano derecha. El 
escultor de este obelisco parece haber ^ido el mi- roo dt^l que es- 
tá inclinado, pues con muy p<ca diferencia los caracteres de ara- 
bos son iguales. Kl lado S. es semeJNnt«> al opu*'sto. con la dife- 
rencia de que las facciones de la cnra e^tán mejor doiinidas y l»s 
orejas tienen aritos. Los lados E. y O. contienen cada uno 34 
recta'ngulos dispuestos de dos en dos y oca gerogUñeos; en la 
parte super.or están gribtdas unas hermonaa hoja** de conU, pa* 
recidas á unas que se vea adheridas á un elevado y cercano 
zapote. 

Como el terreno está muy poco elevado sobre el nivel del rio. 
y por lo mismo expuesto en tiempo de crfci^ntes i fuertes inun- 
daciones, no cabe duda de que de 40 años á esta parte hayan ri- 
do varios monumentos minados y echados por tierra, q»i»-dando 
hoy cubiertos de frondosa vegetación que impide su de>cubri- 
miento. F^to explica la gran divergencia que existe entre lus re- 
laciones de los viajeros que han descrito e^tan ruinas. con(c.das 



I; 2D3 

sdlo desde 1840. Entre estos, algunos hacen subir á 12 el núme' 
ro (le obe]itíC()f5, mientras qne Baily, en su obra intitulada "Ceo- 
íro- América," pp. 65-66, refiere que las columnas cuadriláteras 
por él encontra<ias no son más que siete, siendo sólo la difereicia 
de una con el núm^ ro de las que jo he podido observar. 

Los ídolos de Quiriguá no tienen altares como los de Copan; 
pero en el recinto formado por los seis obeliscos referidos, exis- 
ten dos enormes piedras que, segián toda probabilidad, sirvieron 
de tales. La primera, que es un círculo imperfecto de doce pies 
de diámetro, se encuentra á poca distancia del primer obelisco y 
mira al S. La parte de adelante, mh elevada que la opuesta, es- 
tá pintada de un color rojo que luego desaparece con el cuchillo. 
Aniba Fe nota una cara de animal parecido al tigre, y deb;ijo se 
ve una cara humana con fu respectivo ornamento. La parte de 
atrás se compone de uña hermosa faja, formada de seis cuadra- 
dos con figuras emblemáticas. La base está formada por peque- 
ños círculos y la parte superior tiene en el medio una especie de 
asiento, al rededor del cual se observan unos canales que des- 
ciendf n al suelo. Todo pues hace suponer que esta piedra sirvid 
de altar de sacrificios. 

La segunda piedra que se encuentra entre el 4. ® y 5. ® obe- 
lisco y al E. de estos, es de forma larga y oval; tiene seis pies de 
altura y 25 de circunferencia. La superficie esta' cubierta de fi- 
fzuras esculpidas en medio relieve, que por una razdn inexplica- 
ble han resistido más que las de los otros monumentos a las 
intemperies de ks siglos. Una de estas figuras representa una 
mujer sentada, sin piernas ni manos, pero con los brazos tendidos 
hacia el suelo. La frente es angosta, hundida en la parte superior 
y saliente en la inferior. En la parte S. de esta piedra, >e divisa 
una cara de tortuga. Los ojos de esta tienen un pié d-e largo so- 
bre otro tanto de ancho y la parte superior está ehg intérnente 
adornada con fiürnras emblemáticas, representando multitud de 
plantas y frutas, de las que abundan en la montaña. 

Al pié de la herra osa pirámide que se eleva al S. de las ruinas, 
cubiertas de moho y enteramente tapadas por la vegetacidn, 
encontré otras dos piedras no menos curiosas que las anteriores. 
La piimera se parece á una piedra de molino, de cuatro piés de 
diámetro y dos de grueso, y está formada de un mat-^rial mucho 
más duro que los demás monumentos. Una cabeza de tigre cubre 
ca^i completamente una parte del disco, mientras que el resto de 
la superficie está cubierta de numerosos geroglíficos, apareciendo 
también algunos de estos símbolos en la fíente del animal. 

La segunda piedra es también un monolito de 16 pié3 de largo 

y cinco y cuarto de ancho, faltándole la parte superior. Lástima 

. ee por cierto que baya sufi ido tanto este monumento los estragos 



294 

del tiempo, pues las caras peqaeñis haroanas que, adornadas con 
variados oraamentos, y en medio de estraños gAroglificos apare- 
cen en algunas parles, se conocen los esfuerz )s que prestó el fa- 
natismo á FU autor. 

En cuanto á la enorme cabeza de laorartode que varios histo- 
riadores hac^n mención, en obsequio de la verdad, debo decir 
que el guía, el mismo que acompañó á la mayor parte de los ex- 
ploradores de Quiricruá, me confesó hal)er oido hablar de ella 
por s«i8 abuelos, pero que jamás le había sido posible dar con ella; 
yef-'ctivaraejite. á peinar de sus esfuerzos y de mis deseos, des- 
pués demedio dia de inútiles pesquisas, tovimos que renanciar 
á la esperanza de hallarla. 

La altura perpen»licul«r de la pirámide de Quiriguá es de 28 
pié.-^ y su base es un cuadrado irregular que por los fangos qne 
se habían formadlo por la llúvin y las arboledas de que rstá ro- 
deada, no me íní" posible medir. El upíce uo termina en punta, 
sino en do^ plataformas. Dicha pirámide eMa construida de pie- 
dra arenisca, cortada e?» perlazos oblongos y regalares, y |K>r las 
(íonvjlsiones do! ghdx) -t* halla en un ealatío com(v)eto de ruíoa, 
presentando sólanu'ntc un inoiitún confuso de informes frtgmeD- 
tos. Debijo d«* la cons'trurrión srij frior cviste una montaQa de 
piedras sin pcgam^ito, y nes (pie .Hosiienen los lado» de 

aquella no tienen miís qur lunrvo pies de alio y siete ú 

ocho pulgadas do ancho, siendo muy po<*oH los que han tx>dído 
desafiarlos elementos. ¿Cnsíl luó el intento propuesto en la fiíbri- 
ca de esta pila de materiah-s:!, está envuelto en el más profundo 
misterio, y < s de su)>oner ipu' no fuó m«s «pie monumento de po> 
tentado capricho.so Fífectu amenté en la piriíinide no se observa 
abertura ni f-eña de alx^rtura que denote la existencia de un sub* 
terruneo c^x la monlana: ta-upoco .se eucoeotran en la su|»erlicie 
ídolos ni piedran esculpida-*, y hi-< mismas piedtas tajadas que 
comiMnen la pirámiile >oii lisa*. Lo único (|ne »o nota en la pri- 
mera platafornm. son um>s e;íi**mdrijo'» 6 nichos de forma circa- 
lar y casi todos <le dos pies de diiímelro. oonpuestos de piedras de 
río enyesadas y supi-rpiu^stis |Mr|)eudicularmente. en buen esta- 
do de* conserva<-ión. Ningún historiador ni*v¡hj«ro ha podido 
hasla el pros<.»nte deK<*«»rrer el Vflo que mMiltn el <»bjetii de estos 
nichos, y es probable que por falta de t "cia 

de haber el último do h)saiiliunoH jiobli». '. ido- 

se á la tamba .el impenetrable secreto. 4pi(MÍ«n lu'i • las 

las investigaciones tpie se lnigun sobre el particidar. 

Kn resumen los monumentos de que se comf>onen las ruinas 
de Quiriguá son: (» columnas cuadril áteriks del I a 20 pies de al- 
tura y :í á '\ en la liise; un i piedra di- forma circular imperfecta 
do 12 pió* de diámetro otra d»< lor.ni oval de (j pies de altura y 



;r 295 

J 35 de circuiifereocia; una redonda de tres pies d^í diámetro y 

dos de grueso y por último un fragmento de 10 pies de largo y 
,5 y cuarto de ancho. Todas estas reliquias so;i monolitos forma- 
dos de una piedra arenisca molida. 

Los munuraentos de Quiriguá, aunque de un tamaño mayor 
que los de Copan, son más pobres en escultura y se encuentran 
más deteriorados ijue estos, dos razones que prueban que son de 
una fecha mucho más antigua. Tanto el trabajo como la disposi- 
cicln revelan un estado bárbaro de arte, con idea muy remota de 
belleza, siendo más digna de admiración la paciencia e industria 
de los obreros (jueíus ideas y habilielaJ. 

EU(iENIO Uu.'SAUSSAV. 



I 



RUINAS EN RABINAL 

(baja ver apa je) 

Correspondencia particular de la Gaceta 
de Guatemala. 

ANTIGÜEDADES GUATEMALTECAS 



Al señor Redactor de la Gaceta de Guatemala. 

Rabinal, Julio 9 de 1855. 
Señor: 

Al dar áj usted las graciss por la dffei encía que me ha maui- 
festado desde que estoy en G«at( mala, creo poder (omrlacpilo 
comuDÍcándole algunos detalles relativos a mi vibje á Verapa?.. 
No hablaré á usted Jardamente dtl Iraunto de eja cudad »' 
Rabinal, limita'ndome por ahora á decirle que he tenido una ver- 
dadera^satisfacción al ver las mejoras que debe el def artaiiiento 
á su Correjidor el señor General Paredes. No me corre?p< nde el 
detenerme^aqiií en detalles administrativos; pero sí pntdo decir 
que me he sorprendido de lo que he vis-to f or todas partes; del 
ciudado en la abertura y reparaiiou de los caminos; de la inte- 
ligencia civilizadora con que se tralaja aquí, eu peifeccionar to- 
das las vías de comunicacidn, tan útiles al comercio y á la indus- 
triajComo ventajosas á las poblaciones en general. Indica eeio un 
progreso notable; y á pesar de la.s malavs prev.^ncione8 que. dii- 



298 

rante mi viaje por las repúblicas vecinas y antes do mi llegada 
á Guatemala, se procuró infandirrac. debo rendir homenaj.^ á ia 
verdad, nía uif estando que me ha parecido y me parece cada día 
raás este país infinitamente más adelantado, bajo todo^ aspectos, 
que los Estados sus vecinos. E.-to redunda en honor de fu go- 
bierno y de los hombres ilu^lradcs (jue lo apoyan. 

Debo agregar qu^ los caminos desde el Chol hasta el Río 
GrP.inde y desde allí hasta Guatemala, han aumentado mi .sor- 
presa y me obligan á decir qu>^ en e^ta materia, como en lo de> 
más. el gobierno de esta llepúbüca camina á !a vanguardia de 
los de la Ámé^i^&CentrsU. ^ i . • 

El 18 de mayo 6It^mo llegue á Ua'TSinaí. .^-Itiíidó á veintidós ó 
veintitrés leguas de Guatemala, en línea recta y hacia el Norte. 
Atravesó el Motagoa. que a:jiií se llama Uío Grande, qut-da cer- 
ca de doce leguas de la capital y corre con lapidez sobre un fon- 
do pocq profundo, dominado por dos hileras de n.cas elevadas. 
El paso es p» ligro.<o en tiempo de agua.**: pt-ro gracias al celo 
ilustrado y enérgico del señor Canónigo Oiafia. pfKlri'mos atra- 
vesarlo pronto sobre un puente súlido. al cual ia gratitud pública 
supongo UanyiV^íjYV"' '' ' !>;■*' 1 ' ' del río, .^ube 

uno isípidamente una padas, ha<tla 

llegar al Chol, pueblo .•^iiua'io en un valle pinlort>co, á seis le- 
guas al Norte del Motagui. .Sijju^ uno subiendo «in ce^ar por en- 
tre rocas y grandes bos<|n<s de pinos, h nú las cimao de 
los montes «jue los rabinah rus llaman / , '^", e.<to es /<i* 
mu'icnrhohiltis. No podié explVar {\ usted 'a grande7.a del espec- 
táculo que desde aquelhis cimas altaneras se ofrcic u' la mirada 
del vijijero. Desarrollábale X mi vista el conjunto de las regioDes 
que 86 extienden hasta el Océano I'auífico. ligeramente euTUel- 
tus en- un prisma vuporofco. myos ««o'ores rea'y^ihan la niugt'Mtnoiia 
belleza del paisaje. ( orno < 1 ¡íguila «pie se cierne en el e^pacii», 
domiuaba yo todos los vohano de Goat»'nia)n- y <*ii«ndo ^e ale- 
jaban un poco las blancis nieblas «pie « • re- 
ou« ntrmente sobre 1o.h (rran ier* llanos. <i i ite- 
maltcca, .««entaila á lo léjo>« en la planicie con «us edilicios biau- 
coft y sus altas .cúpulas, como una reina t«lornada con >us galait. 
Era verdaderamente graodiuso el aspe<-to de esa ciudud. rodeada 

de volcanes y que en la iontanaBZ'i fMure<-íi r ....... 

suspendida en los aires. 

Dije adiós á la capital y entré en el lHNH|Ue; p • •• 

andado unos cincuenta |mim>?». cuando del lado op re 

sentó otro cuadro. Iv\i: i mis pies un vade iuiíi mi 

fondo considerable, r > i iiteramente de un cÍh , i a.** 

montanas, líorouiílas de en*tots y de pinos. Knel centro apare- 

C<* nUi p^vitioña al'l»'M i'i»n <i| I-r*«'*ÍH «t-éiiíIi- \ ^n i-ómila inoi-isi'ji. 



299 

Es Rabinal, el lugar adonde la confianza y lasolicitud benévo" 

las del Illmo. Sr. Arzobispo García Pelaez me envía para que con" 
íinúe rais estudios sobre la üngiiíst'ca y ethnografia americanas. 
Aquel lugar parece pintoresco; pero hay en él un no sé qué que 
nos dispone al enagenamiento y i la contemplación. Es porque en 
realidad todo convida aquí al íiombre y al historiador a meditar 
sobre las grandezas pasadas y sobre la vanidad de las glorias de 
la tierra. ¿Extrañara' ust^d que suceda eso en esta soledad? Pues 
bien, yo lo he experimentado así, después al llegar a Rabinal y 
á sus alrededores. Muchas civilizaciones han pesado for aquí, 
y la última, la civilización española, traída por los religiosos domi- 
nicos, en pos de las misiones de los Las Casas y los Cáncer, lu- 
cha aún contraía ruina, á consecuencia de las revoluciones, y en 
la actualidad de los desordenes de la montaña. Desde la altura 
en donde dominaba Rabinal, divisé inmediatamente y mas allá 
los restes de dos ciudades antiguas, que desde las esfarpsd-as ci- 
mas en que están situadas como nidos de águilas, se enseñorea- 
ban antes de toda la llanura circunvecina. Está la más cercana á 
una legua de Rabinal, enfrente del lado Norte de la iglesia: los 
naturales la dan el nombre de Cal-yn. La más distante está á dos 
legua" solamente y al Noroeste de la iglesia: llámanla en el país 
'hah Pol-coma, ciudad de los pokomames. A la manera de los anti- 
guos castillos fuertes de la Europa, en la edad media, están si- 
tuadas ambas sobre cimas sumamente escarpadas, que salen de 
una cadena de montañas cubiertas de pinos que se elevan hacia 
atrás y que según me han dicho se llaman la Sierra de Tikiza/n. 
Esa montaña separa la alta de la baja Verapaz. En el fondo, 
hacia el Noroeste, vi una montaña más elevada que las otras, 
que por aquel lado forma el segundo término del cuadro y queda 
como á á'ivz leguas de Rabinal. Un día (pie pregunté como se lla- 
maba, me respondieren los indios: el cerro de Meav(fir, nombre 
que representa un gran papel en las historias quichées conserva- 
das por el padre Ximenez y fija un punto geográfico importante 
para la historia antigua de Guatemala, El ce:ro de Meavan está 
er. la confluencia de les arroyos de la llünura de Rabinal y del 
río Negro, que va á engrosar al Lacandu'n más.léjos. El juez pre- 
ventivo de Rabinal, don Bonifacio Ericastilla, me ha asegurado 
que en aquel punto se encuentran otros vestijios de edificios an- 
tiguos, mucho más notables, auque menos extensos, que los de 
Cakyu y Tzak Pokonia, los primeros (|ue visité á poco de mi lle- 
gada á Rabinal. 

La altura en que está situada la antigua ciudad délos pokooia- 
mes, tiene cerca de mil pies sobre el nivel del llano y está en íie- 
rias de la hacienda de liuena-Vista, perteneciente á una de las 
cofradías de esla iglesia. El 21 de mayo último me dirijí allá, 



3(10 

acompañado de los principales del lagar: las primeras colínas que 
se suben seo muy pendientes, y el soelo se compone genpralmen- 
te de una ef^pecie de pi/arra que llaman aquí l«ja: el terreno casi 
no tiene fertilidad alguna y la vejetaciún es poca y desmedrada. 
Cuando va Ib-gando uno á las ruii)a«, no se ven sino unos pocos 
cimientos que apenas salen de la tierra; pero a medida qne nno 
sube, se hacen más perceptibles y completos. L'égase jwr iin á 
un punto en donde to<io está mejor conservado; hay un palacio 
de 190 píes de largo, cuyas paredes se elevan todavía como dos 
varas sobre una porción de gradas, que fonnan terraplén, como 
en el Palenque. Hay enfrente un oratoiio de forma pirHroidal de 
cerca de cinco varas de alto, con eí-caleras en los cuatro rostros, 
dos de los cuales* son más grandes y tienen una bastí de 40 pies 
de largo. Aseniéja.«^e este edificio á los d^-l Quiíhé. sogún l>s di- 
seños que he tenido á la vista. En la plataforma de l.< pirámide 
se cobservan aún lo-* restos de laa paredes que cercaban el Sact- 
Hum. El cunju.ito está generalmente en ba.stante buen «»st«ido, 
atendida la antigüedad de estos fiiO'iamenta<; y en muchos pun- 
tos se ve aún bien con«en'ado el yeso qoe cubre las paredes, 
fomi>ida« de e.^as mismas lajas dt* qne antes he habí ido, puestas 
las unss sobre las otras y unidas c>n me7x*U, como nuestnts |iare- 
des de ladrillo. 

Continúo subiendo; multiplícaoee i dere^rha é isqaierda los 
restos de templos, palacios, casas y momlla^í, todo del mismo gé- 
nero de construcción: Um ruinas ocu|ian una extensión considera- 
ble. Observo, entre otras comis que cada templo estaba situado 
en una plaza, en medio de una ca^ grande e'evada S'dire una 
gradería, que parece haber míIo habitacidn de los sacerdote» del 
antiguo culto y un palacio que debió haber sido la dc| Ahmi 
(¡nutnhtttj, nríncipe /» geíc del barrio. En el e-pacio cons¡d»»rable 
que meíiia entreoí temfdo y el palacio, se conserva un |)ede>tal 
cuadrado bastante alto, <|Uo parece haber .-ervído de b«se en 
otro tiempo á la estatua de iilgfin héroe 6 de al^Muí d os 1«a mis- 
ma (^¡Hpo^¡cióu he obsi-rvndo %x\ todas las coi.8trurciine> «pie he 
visto a«í en esta ciudad crmio cu la vecina Cakyu. Sul o « la pla- 
nicie más elevada de la niootjiña y vfo por todas partes ruinas 
cuya exl»'nsión y multitud me asombran. Cada eminencia esta 
ocupada por uno ó muchos palacios con templos y pedestales, y 
los intermedios cubiertos de los resto-» decapas humi des. Kl con- 
junto de todos est<s edifícios y sn pd.sicióu en la montaHa ai-lada. 
me traen á la memoria la situación de la anti;!ua ciudad de los 
profetas, .Terusalen la Santa. 

Kn la más alt<i cima, qne debió servir, al mismo tiemf oque de 
forlnlex:t de mnra'ia al soberano de esta gran ciudad, extiéndese 
una <'ont¡nna«"ión de li.)bitacione^. presentando la ninv^r .]«. «.Das 



301 

un frente coma de 240 pies, con un patio de 400 pies en cuadro. 
Elévanse en el medio una pirámide, cuya base podrá tener 60 
pies de largo, como 40 de alto y á la cual se sube por medio de 
una gradería que hay en los cuatro rostro?', bastante bien conser- 
vada. En la plataforma están los restos del muro del Sacellum, 
desde donde la vista se extiende sobre el valle de Rabinal, las 
aldeas y motañas circunvecinas; situacidn magestuosa que no co- 
rresponde sino á un gran pueblo. Se domina el conjunto de la 
ciudad que, á juzgar por su extensiva y por el número conside- 
rable de sus derruidos edificios, debe de haber tenido una po- 
blación triple que la de Guatemala. Según las tradiciones que se 
conservan aún entre los indios de Rabinal, Tzak Pokoma debió 
haber sido la capital de los Pokomames hasta la época en que las 
tribus que hablan el quiche y el cakchiquel, á las cuales pertene- 
cían los rabinaleros, llegaron á éstos países, en el siglo XI de 
nuestra era. Conquistaron estos la Baja Verapaz y arrojaron k 
los Pokomames que huyeron hacia Cuban y Cahabdn. donde 
aún se encuentran los restos de esa poblacidn. Los Mames por 
su parte, vencidos en las regiones guatemaltecas, hicieron lu- 
gar á los Quichées, Cakchiqueles y Zutujiles, que fundaron los 
diversos reinos de Guatemala, conquistados después por Alvara- 
do. No he podido averiguar si la ciudad continuó habitada después 
de la victoria de los rabinales; lo cierto es que su ruina parece 
muy antigua; apenas se eneueutran en ella pedazos de tiestos y 
piedras de moler; ni una sola esta'tua, ni r. stos de esculturas, co- 
mo en IriS ruinas del Palenque y las de Yucatán. Una barranca 
profunda, sombreada por pinos, separa só;ainente al Norte de 
la Sierra deTikiram los grandes edificios de la cindadela, de que 
he hablado. Cubren otros aún e>a colina de la ciudadela. cortada 
á pieo por todos lados, menos por la parte por donde se lleg i y 
por la de la salida. En aquellas alturas no se encuentra el agua; 
pero hay en algunas profundidades cercanas manantiales que 
jamás sp agotan. 

Salí de la cindadela del lado del Norte siguiendo un sendero 
de forma dorsal, puesto por la naturaleza como un puente es- 
trecho entre dos precipicios; y habiendo andado como unos cien 
pasos, llegué á otra esplanada donde vi muchos palacios más y 
un templo cuya base no puede estar mejor conservado. En la 
extremidad de esta planicie es d«.nde la ciudad, propiamente di- 
cha, parece terminar; pues la rodean los escombros del antiguo 
muro, dejando un paso estrecho, como el hueco de una puerta 
arruinada. C-mtinúa el camino por entre uia especie de arrabal, 
cubierto aún con V)< restos de templ s y palacios que se dilatan 
hasta la Sierra de Tikiram. Üejámo>l)s á la izquierda y bajamos 
al Sud-Este los flancos escarpados de la montaña del lado d« Ra- 



•;o2 

binal. Xo puedo ponderar mi adioiracióo al ver tantas ruinas 
reunidas en un mismo lugar; tantos palacios y templos en pié en 
su mayor parte y de los cuales jamás hablo viajero alguno: y me 
admiraba tanto más. cuanto que todos me aseguraban que por la 
parte de Rabinal no babia ninguna es f)ecie de ruinas indias. 

La otra ciudad arruinada está en frente de Rabinal: desd<» el 
atrio de la iglesia y aún desde el patio de mi casa divi<o sus mu- 
rallas 3' el muro que protegía el palacio principal por el lado del 
Sur: veo las gradas de una doble escalinata y los restos de dos 
templos de forma piramidal, cubiertas boy de miisgo, y i\ne se 
elevan en los dos extremos, cómodos centinelas avanzadas. K\ 28 
de mayo último fué cuando visité las alturas de Cakyu, en com- 
pañía de un sólo criado, indio inteligente que conoce muy bien 
todos 1(M lugares cercanos. Me vo9{ú más trabajo lltgar Á la cima, 
íjue el que tuve para ir á Tzak Pokonia. siendo aquí las faldas 
del monte mucho hiás pendiente.*». Así. tuve que d»jar mi muía á 
la sombra de unoszarzale.«*. En seguida tomamos un sendero que 
serpentea eu el declive y era probablemente el ant'guo camino 
de ¡08 guerreros de Cakyu. porque está abierto eu la roca. Pash- 
mos luego la muralla y nos eucon tramos en el patio de un doble 
palacio con muchas escalinjitas y á coya base medi más de qui- 
nientos pies de frente. Había yo llegado á la ciudadela. á la mo- 
rada de los antiguos prínc¡p»*8 de R:«b¡nal; el cuer^K) principal de 
habitación es más grande que el de Tzak Pokoma: pero está 
también más arruinado. .\qní fué donde los rabinaleros asenta- 
ron su poder, después th* íiaU-r abatido el de lo^ |>ok(>mauies; 
probablemente porque desde e.se punto dominaban el camino de 
la Alta Verapaz por el cual habian huido sus enemigí». Segán 
un manuscrito, iuteresantl<irjo para la historia antigua de Gua- 
temala, que acabo de traducir del idioma Cakchiquel. la cima 
de Cakyu tenía en tiem[K> de los pokoma mes el nombre de /fiwm- 
nefr. domina perpendiculannente el pueblecito de Uabiual |)or el 
lado del Sur, y |>or el Norte á la ciudad » quien s» rvía de for- 
taleza y residencia real. Dicha ciudad dilAta.se á sus pies en una 
serie de pequeñas esplanadas, donde se ven ruinas de templos y 
palacios como en Tzak Pokoma. muchos de ellos en |)osicione8 
verdaderamente deliciosas. Habiendo hablado suíícientemente de 
la ciudad vecina, no me cxleotleré en la descripción de Cakyo, 
y diré tan sólo «pie e^trt era mucho más extensa y que sus edifi- 
cios están generalmente mejor conservados. 

Más allá de Cakyu los mamelones contiuüan elevándose unos 
sobre otros en forma de autiteatro. basta llegar á la cima de una 
colina elevada, de figura piramidal, que domina todo lo demás: 
está situada á cerca de media legua de la cindadela, y se la dA 
el nombro de Afftmnz, qno en la lengua quiche, lo mismo que en 



;03 



la mexicana, significa altar. Era allí sin duda donde en otro 
tiempo se ofrecían víctimas a' las divinidades bárbaras del país. 
Pocos días después fui también á sn[ue\ lugar: encontré en la cima 
un altar piramidal construido con lajas, de dos varas de alto, 
crea de tres do ancho en su base y liU:Co en la parte interior. 
Los indios dicen que hay allí una escalera circular que baja ú una 
especie de hoyo abierto en las entrañas del monte. Esto puede 
ser cifrto, pero yo no he poiido c(;rciorarjne de ello. Agregan 
que hay debajo una ciudad subterránea que encierra grandes ri- 
quezas. Si esto es verdad, que lo dudo, el interior del Murauz 
sería sencillamente una necrópolis, sepultura antigua de los prín- 
cipes pokcmames á quienes se enterraba, según costumbre de 
muchos pneblos antiguos, con sus esclavos y sus riquezas. Con 
respecto á las dos ciudades que he visitado, agregaré que si sus 
ruinas no ofrecen aquel aspecto de civi.ización y aquella noagni- 
íicencia que se observa en los hermosos edificios del Palenque y 
de Uxmal, no por eso dejan de dar por la eleccidn del lugar, la 
solidez, la fuerza y la extensi(^n de sus construcciones, una alta 
idea de la cultura de los que los hicieron, pudiéndose comparar 
hasta cierto punto el podt'r y los recirsos de éstos á los de los 
grandes barones vasallos de la corona de Francia en la edad 
media. 

Contando, señor Redactor, con la benevolencia de usted y con 
su afición á las ciencias y á las artes, le suplico dispense la ex- 
tensión de mi carta y me suscribo su afectísimo servidor. 

BrASSEUR de BoURdUOURC. 



arqueología 

Centro- American a. 



Hemos visto la colección de objetos anti<>uos que hace poco 
trajo el coronel 'don Manuel García Elgiieta, como resultado de 
una exploración que durante siete meses ha heclio en el lugar 
llamado Picliikil, en la base del ramal andino que pasa por el 
departamento de Huehuetenango. 

Acostumbrado nuestro púb)ico á darle poca importancia á 
cuanto se refiere á nuestros aborígenes, no creemos que las cosas 
de que hablamos despierten ávido interés entre nosotros; pero sí 
estamos seguros de que fuera de aquí, en los Estados Unidos; en 
Alemania, en Inglaterra, en Francia, donde quiera que haya 
americanistas entusiastas, esas curiosidades valdrían tal vez una 
fortuna para su laborioso é inteligente descubridor. 

Felizmente, si aun es necesaria en el país la iniciativa oñcial 
para obras de general utilidad, el Gobierno, (1) desde hace algún 
tiempo, dispuso la fundación de un museo de etnografía en esta 
capital, y es de esperarse que objetos tan apreciables como los 

(1) Desde por los años de la década de I80O á 1860, sino ret-ordainos mal, la Iliistic 
Corporación llamada Sociedad Kconómica que tantos bienes liizo á Guatemala romo 
que ella se componía en su mayor parte de verdaderos patriotas, cuya sociedad en 
mala hora fué suprimida por el genio del mal guatemalteco, dicha CoriJonición. deci- 
mos, auxiliada por el Gobierno de entonces formó el primer 31useo de Antigüedades, 
enriquecido paulatinamente conforme era posible, y cuyas curiosidades fueron tles- 
apareciendo después de 1871. Sin contar con otra multitud de i)reciosidades arqueoló- 
gicas que en épocas anteriores fueron transportadas íi los museos euroi)eos!!! l^a 

siguiente gacetilla tomada de la "Gaceta de Guatemala" dti féde lo diclio: 

•'Antigüedades. — Con fecha 3 del corriente escribe lo siguiente el correjidor de 
Huehuetenango: "En el pueblo de San Martín Cuchumatán las lluvias hendieron un 
cerro . En el profundo barranco que se hizo, dentro de la arena se han ¡do encontran- 
do vasos antiguos. Los indios no quieren que se hagan excavaciones." 

El general García Granados lleva á Inglaterra varias antigüedades importantes: 
algunas tablas cinceladas délas que se encontraron en las ruinas de Tikal, vasos an- 
tiguos, y unos curiosísimos bajos relieves, rei)resentando li¿;nras humanas, ejecuta- 
dos en lina piedra que jmrece ser malaipiita, muy bien pulimentada. Algiinos de es- 
tos objetos van destinados como regalo, al Museo de Londres." 

El Editor. 



jero, si pueden qiieolarnos píira formar con otro? que se vayan ad- 
íjnirieiido uu núcleo curioso del establecimiento proyectado. 

Allí se ])udieran clasificar científicamente, y no con tribu i rían 
poco para dar luz sobre lo? tiempos harto obscuros de los prin 
tivos habltar:tes del itsmo ceotro-americano. 

Por ahora, y por temor de no acertar por falta de datos, dire- 

.-í .1:»M.' disponer, suptv 

I>ertenecen á lo» 

• ¡'i'Mi t lo? anteriore-í v 



nios que en vista de aquellos de <jup 
nemos que los objetos traídos p<3r e 
jnames, ó quizás á loa olmf en < qn 
les redujeron á la serviduniln 

En efecto, según Jn 
formaban un estadi) ¡ 
tendió no suío en «1 
centro (le su residen< 
y en Soconuzca, ha^. 

Jalapa, .lilotepéque V .. ,.. 

de explicarse así prr la relotÍYa in. 



ic ocupa 
¡I) por la 



mames 

i so ex- 

nlo dv JO. 

1 parte <lt , ;i;j:«» 

en Chale iniapn. Mita. 

-li'>n il.' idicma que pue- 

puebio que lo 

I 11' > uf < juieliós y cakchi- 

!i de mucha parte de él hacia algu- 

■ ' . cuando v¡- 



- biírai 



• I lie 

rati 

<o« ú tí ios nlmecas mejica 

. .,...v:.t , ya que esta nacidn también 

) en tiempo de Kicab el Grande se 

.._ j.- I-, - ..:..- 1- V,.rapn7 y 



hablaba 
queles,- 
nos luL^ 
nieroii 1 

Podrí 
fué'el 11 • 
pertenecer J 
nos; y sino, ;-> ... 
sometica los mai 
lanztí en ' 

los Alto- 

De todo.- iiiu ;í..-, mtiiíamc un oludio alculo ) tomparativo 
de cUo.s, darían muchas n(»c!oncs sobre puntos aun no resueltos: 
y efectivamente, su sola enumeración puede atraer el interés de 
les entendidos en la materia. 

Hablaremos a' la lijera deesas curiosos objetoe antiguos. 

Algunos de ellos son cosas «te cerámica, tales como va>o. . i u 
y demuestran <|ue no eran desconocidos para nuestra raza abo- 
rigena procedimientos que hoy >e emplean en el arte; ciertoit bar* 
nices y dibujos indican el uso del hierro en diversos grados de 
3x¡daciún natural: i)ero también hay dorados r|ue no pueden sino 
ser obra dcufia iiüiuitria adelantada: y llaTua tanto la ateoción 
esl^p como In- «tan la 

aplicación ílei . . na coci- 

da, desde nuestra!^ modestas locerias ha«tta la gran manufactura 
de porcelana de Sévres. 

Un vaso de barro con tres pies de la misma sustancia, es igual 



807 

al que encontró Mr. Stephens en I03 mismos lugares y ouvo di- 
bujo pnblicíj en su obra inglesa sobre Centro-América, siendo 
después reproducido por Bancroft en el (omo 4. ^ de sus obras. 

Varios collares reconstruidos por el Sr. Elgueta con fragmen- 
tos de piedra agujereada, son de silicato alumino?o-férr¡co, cuya 
composición puede ser isómera de la esmeralda. Están finaruefrte 
labrados esos dijes y reproducen ídolos, animales, etc. 

Otros son de coral y joco más 6 menos semejantes en forma ;í 
los primeros. 

Unas bacilas de piedra de toque ó piedra de rayo, que es muy 
dura, dan idea de instrumentos agrícolas, etc.; pero con más de- 
tenimiento.que ellas fueron formadas unas lanzas de sílex y unas 
lleclias de obsidiana; prueba de que la guerra predominaba en el 
j)ueblo que las produjo. 

Hay también otros objetos ian interesantes como los enumera- 
dos, y entre ellos una mascarita de barro cocido y unos ídolos 
tallados en basalto; pero tanta importancia como á todo eso jun- 
to, y más si cabe, le damos á los cráneos de aborígenes que igual- • 
mente ha desenterrado y tra.ído el modesto explorador. La cien- 
cia etnográfica saca mucho provecho de la craneometría compara- 
da; y hace poco que habiendo preguntado un diplomático sur- 
americano al Director del M.useo Etnográfico de París, cuál sería 
el mei'or obsequio que podría hacer al establecim¡ent(>. se le res- 
pondió que un par de cráneos de los antiguos pobladores de su 
pa's. Con alguna noción de lo que esto significu, reconocemo-! 
como de primera utilidad para los estudiosos esas calaveras que 
no tienen menos de cuatro siglos, y en cuyas líneas puede hallar 
la ciencia mucho que estudiar. 

Con los objetos enumerados hay otros también muy curiosos 
Un anticuario, un americanista, se entusiasmaría con ellos y re- 
petimos que se haría una buena adquisición para el país si el Go- 
bierno los comprara, destinándolos al progreso de los conoci- 
mientos de la arqueología, etnología é historia de nuestra raz.i 
¡mmitiva; pues forman un conjunto interesante y útil, si se 
([uiere eterogéneo hasta cierto punto, pero que lleva en sí una 
serie de problemas por resolver, comenzando por el de su verda- 
dero origen, que á más de alguno atraerían al estudio 

De ''El Diario de Centro América." 



ALGO SOBRE RUINAS 



ITace muy ])()co tiempo se lamentaba un célebre escritor, del 
ubaadono completo en que están las: ruinas de Guatemala, y ?e 
lamentaba con razun, porque las ruinas son como páginas de la 
historia y cada ruina que se pierde es una página perdida, pági- 
na que puede llevarse algo que arroje mucha luz sobre los tiem- 
pos primitivos de América, de los que se puede decir muy poco 
coa certeza y mucho por corgeturas. 

Los monumentos iudígenus no se estuíliaii por los guatemal- 
tecos, y triste es decir que muchos de ellos ignoran la existencia 
de esas ruinas que son la ai3miraci(jn de los viajeros, y que prue- 
ban el estado de cultura bastante adelantado á que habían lle- 
gado estos pueblos, antes del descubrimiento de América. 

La ciudad de Lorillard situada en el Lacanddn, en donde se 
hau encontrado restos de una civilización poderosa, ha sido poco 
visitada, no obstante lo suntuoso de sus monumentos y lo ma- 
ravilloso de sus bajo relieves que son los más hermosos (jue pue- 
de ofrecer América, según M. Désiré Charnay. 

Los ídolos que se han encontrado en Lorillard son admira- 
bles, las vasijas son bien hechas, los monumentos son espacio- 
sos, de estilo Tolteca, y muy parecidos á los de Comalcalcu, Pa- 
lenque, Chinchen, etc.; lo {|ue hace que se pueda decir con segu- 
ridad, que los Toltecas se extendieron por Méjico y por parte 
de la América Central. 

El escritor antes citado, haciendo la descripción de uno de los 
ídolos, dice: "El ídolo tiene ia cabeza separada del tronco y yace 
revuelta entre escombros; la iigura está enteramente nmtilada. 
Este ídolo es único en su clase y muy hermoso.- nunca había en- 
contrado otro panícido ni en las ciudades de Tabasco, ni en lus 
yucatecas. Representa un personaje sentado ( on las piernas cru- 
zadas á la usanza turca, y las manes puestas sobre las rodillas. 
Su actitud es digna.llena de calma y serenidad; parece un bud- 
ha. Tiene la cara mutilada y en la cabeza lleva un enorme toca- 
do de hechura por demás extraña, representando una diadema y 
medallones entre un adorno de grandes plumas. En estas plu- 



^10^ 

mas esculpidas venics la miaran factura y el mismo estilo que en 
las que ya vimos én las columnas de Tqla y de Chichen-Itza. Kl 
busto, admirablemeiite proporcionado, lleva en lot humbros y en 
< 1 pecho una especie de rica esclavina adornada de jjerlas y de 
tres medallones, parecidos á las grandes condecoraciones roma- 
nas; en la parte inferior del cuerpo s*^ ve la misma clase do ador- 
nos, aun(|ue de menos reli_cvcj y termina en un medallón rauí-ho 
mayor que Ios'<iírcs' t en un tnartíi fraojeado.*' * 

El ídolo antes descrito por el célebre arquólogo írancé-, eomi- 
í-ionado para explorar las ruinas de Méjico y la América Central, 
viene a confirn^ar la creencia de (juc los pUmeros unuricauos vi- 
nieron del Asia, y esta ( reencia adquiere m^^s valor si se compa- 
ran sus cualidades física-; sus ritos religioso*, su tratlicióu del 
diluvio, su creeDcia en nn Espíritu cread»»r del Univerfo: y si se 
piensa tanibión que los inejicjuos tenían la tradición de una to- 
rre levantada por unos gijiatites en Chofula, que la qneiían ele- 
var ií lao nubes, y que habían atraído la cólera del oie'o. Tenían 
su Eva en la diosa CiacoatK mujer serpiente, que fn«* la primera 
que pecó, y lepó ;í su posteridad lo** dadores fiel parto 

Las ruinas que hay en Pett»n, Toban, y 0.iiriííu;í son u. 
tibies: algunas han dt'sapnríHíido completamente y es de sentirse 
que entre éstas se tengan que contar las de Ffore^. que e» la an- 
tigua Tayaaal, que re?«istió tan valerosamente á lo< e.«»paflolés. y 
de la que se sabe que tenia veintiún temp'o». **E1 grao t<*mplo, 
dií'c Soto Mayoi. era iod«í él de pietlra con su bóveda ojival; su 
forma era cuadr.ida con un hermoso pretil •" " k muy bien 

labradas: cada fachada ton':» veirt^ var: ' » v ora mov 

alto.'" 

Sobre la antigi^edad i|. 
do lo mus pn bable qne no sean tin antiguas como han prendi- 
do algunos, porque dada la fuerza d»» la v • .r..!....;,:,, y ^^\ abandono 
en que han f Mndo «i fu<>ran ta» autigí -tTÍan ü¡ lo-^ 

restos de rlliji. 

Es de de.^tar que el Gobierno t<> I*' 

Id» rnirjas que hay en Ouatemala: • ua: 

dolos ídolos, vasijas, etr.: dejnutl'. »da 

|oblaci<)n par.l evitar que jw» <'ouf«udHii. y fu'ibtar • «1'^ 

ell»)S. Ton esto >e pri'^stíní un -ervieio á la rimeia ^ tir.i 

un magníHco niu.<*eo. y .se evit \rsí la o*nsnni qne v mi bast^inu* 
rayxSn se nos hace por nuestro imlifercntism". )"••• i .Im 1.. mi,.. 
tieíie q^e ver «•on* los primeros amerieaacH. 



(I - //. 



MIXCO. 



I 



Otra de las maravillas de esltí vallo de Xilotepeqiies dice el 
liitítoriador Juarros, es la célebre Cueva de Mixco, así llamada 
porque se halla en el sitio donde estaba plantado el aiitígim pue- 
blo de Mixco, que estaba situado entre los rios Grande y de PU- 
cdf/á, en un parage que después llamaban los /'imientos. La des- 
ciip(.i(5n que de esta cueva hace Fuentes — el cronista— es como 
sigue: A un costado de los vestigios y ruinas de la antigua Mixto, 
se encuentra uu ribazo ó pepuena loma, donde se vé la boca de la 
expresada cueva, que tendrá tres varas de cada lado: su uuirco, 
(pie aunque de barro, se halla en partes entero, parece de arcpii- 
tectura ddrica. En esta puerta comienza una gradería de i)it'dra: 
cada grada de una piezra y treinta y seis escalones se b,)jan lias- 
la el primer descanso: es este como una stila- capaz y despejada, 
que tendrá sesenta varas en cuadro: sigúela escaler:i, pero no se 
sabe más de elia, iio habiehdo adelantado muchos pa^^os, de este 
sitio para abajo, los que lian entrado, porque dicen (pie como van 
internándose, comienza todo el sitio á temblar, con loque han re 
troced ido llenos de espanto. Pero bajando por la referida grade- 
ría á cosa de dieciocho escalones á la parte diestra, se ve otra 
puerta en figura Je arco perftcto, y entrando por ella se bajan 
otras seis gradas, en todas semejantes á las de la primeaa escalera, 
y se encuentra un medio canon, abierto á pié, de* más de una cua- 
dra de largo. De aquí adelante no se sabe cosa, por que aunque 
se refieren muchas maravillas, son tales nue es diticil dath'^ 
crédito."' 

Pero para que mejor se forme juicio el lector de lo que era 
Mixco y sus moradores, véase lo que en seguida poiiemo's. escrito 
por el mismo .Tnai*)'Os en otro lugar de su obra. 



312 



EXPUGNACIÓN DE LA FORTALEZA DE LA CIUDAD 
DE MIXCO, POR LOS ESPAÑOLES. 

Ya dejamos dicho en el capitulo 2." de este tratado, como la 
ciudad de Mixco, plaza fuerte de los indios Pokoraame^, se ha- 
llaba situada en uo sitio eminentt' é inexpugnable, ceñido de pe- 
na tajada, que do daba entrada sino es por una ^enda estrecha y 
empinada, capaz para sólo un sólo hombre; de suerte que con dos 
defensores que hicieren rodar piedras de lo eminente era bastan- 
te impedimento para estorbar la entrada en esta plaza al ejército 
más jMjderoí-o; pues era grande y evidente peligro para un hom- 
bre sólo íjue había de subir en |.o3 de otro, por senda lan estre- 
cha y empinada, el encuentro de una pie-ira. Mas como en aque- 
llos tiempos las dificultades y peligros fuesen para nuestro va- 
lientes Españoles estímulos para acometer la e!mpre^a mi(s ardua; 
y por otro lado se tuviese noticia quf, á imilación de lo3 Mixque- 
ños. otras naciones fe fortificaban en si I ¡os impenetrables, ordenú 
el General don Pedro Alvarado á su hermano Gonzalo, que con 
dos compañías de infantc^^ y una de co**aza.s. cuyo8 Cabos eran 
Alonso de Ojeda, Luis de Vivar y Hernando de Chaves, se ade- 
lantase ú asediar aquelle plaza, <n tanto que él en persona partía 
Á la ex|)edición. l*er«i habiendo Il«'¿ado estas trojws \\ sitio, y 
reconucídolo por muchas part» s, convencidos que no teni)in otra 
entrada (|U<* la referida senda; y for otra purle escarmentados con 
los daños que habían recibido de la piedra y Hecha que les arro- 
jaban b'S do Mixco, se hallaban los Capitanes cercadt)s <le difi- 
cultades, cuando llegó don Pedro de Alvarado. Y aunque eale 
insigne Capitán recomició loa graves riesgos ú (pie se expooía el 
ejército en la pro^^ecllción de enta empresa; m&n confiriendo el ca- 
so con sus Capitanes, se resolvió (|ue no convenía ú lareputacióo 
de las armas Kspaíiolas deí«itítir de est*? iiit«*nto sin perfeccionarlo; 
|)onpie esto ^ería motivo para <|ue otias nnciones se fortíticapcu 
de la misma suerte; y aun lo« indios con -. con e»te ejem- 

plo se levantarían y fortifií-arían en siti»" . míe»*; y así se de- 

cretó en f ste coiigre.*?o tonlinuar la expugnación de Mixco. 

''Intentaron dc^^dt* luego asaltar la eminencia, y para e^t^» die- 
ron á. entender <pie acomeiian i)or escalada por otrosí tic, aunque 
sin vereda, menos profundo, creyendo que se apiñarían en «-«le 
puesto los defensores y tlcjaríaii libre la entrada |K)r In senda: 
pero no sucedió así, |)orquc como los intÜos eian muchos y acos- 
tumbrados á semejantes asechanzas, se pusieion jí la defensa por 
ambos sillos, y arrojando désele ellos contra l-js nuestros copia de 
piedras y zaelns enverenada-', )e» hacían grave daño: por lo 



313 

que recelando D. Pedro de Alvarado su desastre, mando retirar 
la gente á los alojamientos de la campaña. Mas aquí fueron aco- 
metidos con gran furia de los indios Chignautecos, auxiliares de 
los Mixqueños (M. S, Xmí? de Don Juan Macario, folio 7): fué 
terrible y prolongado el combate entre uno y otro ejército: mu- 
rieron en él más de 200 Chignautecos y algunos Tlaxcaltecas, 
entre estos los valerosos Capitanes de su nacidn Don Juan Su- 
chiat y Don Jerónimo Carrillo: muchos españoles salieron heri- 
dos: García de Aguilar hizo prodigios de valor en esta batalla, 
porque habiéndose quedado atrasen uoa retirada que hicieron los 
españoles, cargaron sobre él mas de 400 indios, que cerca'ndoleá 
un tiempo por todas partes, después de largo rato de corabnte, 
bañado en sangre, perdió el caballo y las armas; mas el caballo, 
aunque sin ginete, á coces y manotadas, se supo defender de los 
indios que querían apresar'o: García de Aguilar. sacando un pu- 
ñal que traía ceñido y haciendo con él grande estrago en los in- 
dios, dio tiempo á que le socorriesen seis caballos, los que le libra- 
ron aunque con muchas heridas. 

"El suceso de este combate y la valiente resistencia de Aguilar, 
desanimaron de tal suerte á los de Chignauta, que tomaron la re- 
tirada para su pueblí-, á y los tres días después de esta victoria, vi- 
no al campo español un enviado de los Caciques de Chignauta 
con un presente de oro, plumas verdes y mantas blancas, propo- 
niendo los recibiesen de paz, bajo la condición de que estuviese 
secreto su rendimiento hasta la toma de Mixco; y que deseaban, 
para la seguridad de su amistad, verse con el Ahao Tonat'mh, esto 
es, don Pedro de Alvarado, para declararle cierto secreto, que 
sería útil á los Españoles. Fué recibida esta embajada por el 
Adelantado con grandes demostraciones de agradecimiento y co- 
rrespondido el regalo de los Caciques, con bonetes de grana, cuen- 
tas, cuchillos y otras cosas de Castilla. Tres días tardó el Embaja- 
dor en ir y volver con los Caciques, porque entonces distaba 
Mixco de Chignauta diez leguas: llegaron ;í los cuarteles del cam- 
po Español los referidos indios, y después de las salutaciones de 
una y otra parte dijeron los. Chignautecos que los Mi.xquenos 
nunca podían ser apresado?, aunque se ganase la eminencia; por- 
que tenían una gran cueva ó conducto subterráneo, por donde po- 
dían hacer su retirada á las vegas del río; y que en este paraje, 
donde se halla la boca del referido conducto, convenía poner una 
celada de Españoles que los apresase. Aceptaron los nuestros la 
proposición de estos indios y se despacharon al referido sitio de 
la vega del río 40 hombres, entre ballesteros y de á caballo, á 
cargo de A-lonso López de Loarca. ■-■ 

"Pero estábala mayor dificultad, que era entrar á la plaza de 
Mixco por la estrecha vereda que hemos dicho, no habiendo otra 



^314 

parte por donde poderlo hacer. Para esto se dispuso que ?e subie- 
se por la espresada senda, cam loando uno eo pos de otro, pre- 
cediendo un rodelero que esciidast- al ballestero «pje le seguía: 
tras este fuese otro rodelero que defendiese al arcabucero (^ue 
venía tras él y así ^e fonnaba la de.«liilada hasta ganar la eminen- 
cia. Ofrecióse llevar la delantera en esta peli«rrosa subida. Ber- 
uardinode Art<;aga, que había dado bastante prueba de sus 
arrestos valerosos en otras ocasiones: é invocando á Dios y al 
Apóstol SantiajTO. entraron en la citada senda guiados por Artea 
ga; caminaban con tanto brío y fiereza, que ni los tiros d«* zaeta-. 
ni las piedras que arrojaban los defensores no los detenían, antes 
hacían grande estrago en los de Mixco nuestros balUsteíos y ar- 
cabuceros: de esta suerte iban ganando los Kspañoles macho es- 
])acio de aquella peligrosa vereda; mas hallándose en f aragc 
donde se estrechaba la senda, cayó de lo alto una gr.in piedra 
que dando en la pierna á nuestro Arteaga. le hizo venir ni sueh» 
perniquebrado: pero sustituyéndole Diego López de Villacuevu 
>'\n menguar nada de su ardor, continuaron su camino, no obs- 
tante las Hechas, varas y piedras que desrendían itíntia elK s. 
hasta llegar á .«•ilio miís espacioso: aquíenfilándo•^> brevemente en 
cuantas hileras )>crmilía rl terreno, se truln'» una bien reñida b.i- 
taln, en que desembarazado y suelto el valor español de aquel'a 
seudd cstrcrliH que lo había tei.idí» como ligado, hizo una es| an- 
(osa (;arnicería en aquel campo, que dentro de breve tiem|H> >e 
vi() sembrado de brazos, (abe/jis y cuerpos trunco?. Con tan gra- 
ve estrago, ocupados los indios de Mixco de turbación y espanto, 
empezaron ;í ceder á las arman es|*añoljs: |kto habiendo |m> 
nuestros ganado la Oliima eminencia délos ri'>c<)r<. tuvieron que 
combatir c<iii «itio ejército de indios, que de refresco I»»- e^jM-raí»?!: 
uni>» como Cfiíos. lí vista «le las hazañas de los Ca-ttl 
sen pt»í<e¡d« s do temor, peleanm tibiamenle y ... 
lM)r instante?*, habiemlo recibido grave daño de nuentras armas, 
."c dieron Á la fuga. Tnos liados en la ligereza de sus pies, a«oh- 
tuinbradosá pisar aquellos riscos, huyeron |M)rla «^cnda que der<- 
ocuparon los nuestro-*: algunos se despeilnror. y h»s <|ue escapa- 
ron «le cKle ricMgo. lueron be«hos prisioneros del cuerpo de guar- 
dia, que estaba en nuestros alojamientos. L»*^ qne quedaron i'ti 
la eminencia. <|ueriendo huir por mi f:nnot;.i eueva. inue!i »s ante?^ 
de ganar la liooa de la cueva fueron i por una tropa d«* 

inlantes que lo.^ seguía: y los que .«;<• ron por ella, lle- 

vando consiijo sus hijos y mugeres. al sabrá \n< vegas del río. 
(M. ?í. Quichéde I). Francisco García Calel Te/ump. folio 7). 
fueroa improvisamente asaltados de lo? infantes y caballos que en 
este sitio los aguardaban, coniand:ido§ ¡xir Aloii«<» Ló|m?z de í^i 
arca, bigrafido los nuestros hacer uq sfran níí.-n'^ro de prisioneros 



r 



315 



y entre ellos varios Caciquet^ de los priucipalefs. Terminada feliz- 
mente esta facción, se retiraron los Castellai.os con los vencidos 
á Chignauta y de allí á los alojamientos. Avisase a' don l*edro 
de Alvarado, que se hallaba en Mixco, quien dispuso descender 
á la campaña; pero antes hizo dar luego a aquella gran población, 
para que no sirviese más de asilo a los rebeldes, y jiint-mdo los 
prisioneros que tenía en su poder, con los que habían hecho las 
tropas de iUonso López de Loaica, los pobló en el parage donde 
hoy se ve el pueblo de Mixco, apartado ihk ve ó diez leguas del 
sitio donde estaba antiguamente/' 

Para terminar ponemos á continnaeión lo (|ue de Mixco habla 
el señor Elgueta, de Totonicapam en la República de Guatemala, 
en un artículo recientemente publicado en el "Diario de Centro 
América." 

•^Estaba^undado el primitivo Mixco, dice, en el valle de S. Martín 
Xilotepek, ^'corazón del maíz de la Sierra," en un campo (¡ue se 
dilata entre los ríos Grande y Pixcaj'á. Allí'se alzaba la pobla- 
ción de Mixco: indómita, alegre, festiva, bulliciosa, cuando la ley 
de los destinos bajo la forma de una conquista incalihcable, vino, 
como á los otros pueblos americanos, á matar la religión de sus 
mayores, la felicidad del hogar, sembrando a' su paso } or todas 
I artes el luto y la devastación .... ;,y qué más? . . . 

''Aun se encuentran unos que otros fragmentos de ruinas, con 
arquitectura de orden dórico, cuya manifestación revela que Mix- 
co fué una ciudad importante. 

''Don Pedro de Alvarado y don Pedro Portocariero la nianda- 
ron demoler, obligando á los pocos indios vencidos (pie sobrevi- 
vieron, á emigrar de allí para estabU corsé en el punto barran- 
co.so donde ahora existe. 

''Este pueblo, como <lejamo,^ dicho, se defendió heroicamente 
empleando una estrategia, desconocida y burlando siempre á 
Portocarrero; pero en la humanidad, tanto en los pueblos como 
entre los hombres individualmeute, nunca faltan Judas: y ( 1 pue 
blo de Chinautla se encargó de esic pap.d, vendiendo á los de 
Mixco al amanecer de una noche tenebrosa, en que ;í virtud de 
esta traición fueron sorprendidos y vencidos completamente. 

'•Hay una particularidad digna df referirse en el punto dc);le 
estaba ubicado Mixco, ((ue "^e encueatra aun. Es una cuevii pro- 
funda- la entrada no es declive ni horizontal, ^ino easi vertical, y 
.se desciende a ella por treinta y seis gradas de pietlia y cal bien 
construidas, hasta llegar á una sa'a ójoralería de .-esenla varas do 
extensión, (jne descansa sobre aríjUrría perfectamente lubricada. 
Allí en la oscuridad misteriosa de los extremos de aijuel antro 
impenetrable^ nadie ,se ha atrevido á trasj)as;irlo, por(p>e se sien- 
te temblar la tierra bajo los pies, Los indios h' nombran á (sf le- 



316 

TiómcDo en aquel punto de la cueva, '^Tierra — Viva" Y allá 

muy distante, en la lejana OFcuridad, se oye un ruido indefinible 
y pavoroso, como el prr>ducido por el eco vago y pavoroso de la 
tempestad. 

"El cronista Fuentes y (.íuznián dice retiriéndosc á Mixco: 
^ De nii nuMíeroFo y crecido pueblo, tomó el general y simple 
'nombre de Valle de Mixco, toda la dilatada capacidad de su te- 
rritorio, cuya etimología uo «e descubre: recóndita y negada 
'•aún álos mismos iudios paisauo:¡ que iogéuoos confiesan iguo- 
' rur la significación de su pronombre en su natural idioma h>- 
'••roinanr, y en ninguno de los otros diversos idiomas de tantos 
^'provincianos, no se rastr( a ni descubre propiedad alguna ni 
•aún semejanza para su inteligencia: y habrá de correr eo e*tíi 
"Iiistoria sin declararse mus, bien que me atreveré á penaar quo 
"su Higniíicación. escondida y retirada ú la inteligeocim común y 
•general, le debe provenir de no ser muy bueno el nombre." 

"En e8tA snpo:$ición, se engañaba el crrmisU, antiguo Corregí- 
Jor de Totonicapaní y Huehuetenango. porque el túgnifíca^lo de 
Mixco, ninguna cosa tieoe de malo ulMolutameute. ni mucho me- 
nos (|ueda retira Jo de la inteligencia común y general. 

En México había un Dios muy estiioadocon sutemp'osuiituo. 
M-imo: era también el Marte de los Olotui y í»«- llamaba Míj"> 
hmill •culebra neblinosa," rompucf-lode J/í>ro •neblina" de /i^"/' 
ó conV "culebra." De suerte que M'wrt* significa •* oiebla ó nebli- 
tni. "etimología simpática y metoreoldgioi (|Uc nada tiene de ma- 
lo ni fiiora <lt' la inteligencia n>ii''?» » "fT*»-*-»! " 



(luateiuala. <K*tuhre de 1800. 



FIN DKI. 1X)M() 1 



insriDICE IDEL TODVnO I 



PA(4INAS 

Advertencia , ;» 

l*rdlogo 7 

Datos Geográficos i i 

Sobre la posición geográfica y tiempo medio de Guatemala 19 

Montañas 23 

Los Volcanes, por A 15 27 

Los Volcanes de Guatemala 20 

Una ascención científica al Volcan de Fuego &, por los 

Señores Dollfus j Montserrat :]3 

Expedición a los Volcanes de Acatenango y de Fuego. 

])or el Sr. Rockstroli 41 

Impresiones de viajes, el Volcán de Fuego, por el Sr. ])u- 

ssaussay 47 

Sobre el Volca'n de Fuego, por U. Ca3^-etano Santis 53 

Temblores de Tierra. -"Diario de Centro America" ')5 

Asolean de Pacaya por, los PP .Fesuitas •")7 

El Volca'n de Ipala, por M. U - I*>U 

El Volcán de Tajuniulco, por D, Alejandro Prieto 71 

Impresiones de viaje, el Volcán de Agua, por el Sr. Du- 

ssaussay • 77 

El Volcán (le Agua y la inundación de la Ciudad de 

Guatemala en 1541, por el Sr. D. Juan J. Podriguez Si 

El Volcán de Agua, poesía, por I). BMuardo Hall 8l» 

En el Volcán de Agua, por D. Rodolfo Figueroa ÍU 

Conclusión del tratado de los A' o'canes 97 

Al Volcán de Agua, poesía, por D. José Batres Montatar 101 

Los Barrancos 1 ^•* 

Siáteraa hidrográfico de la República 107 

Los principales río.s de G uatemala eíc . 108 



íinpríísioncs de viaje por D. Salvador Escobar 

A laorilladel Motagna, poesía, por D. Víctor T. Morale-^ 

Río Polocliic V Río Dulre. por D. D. Rodri-uez F. O.. 

La T»arra del Río Dulce, [dividido en varios artículo- 
por ]). Julio Rogáiirnon * 

El Puente de ]< ' ' vos, [>or Salomé .Til . . 

VA Puente del J iJe 

La Garrucha, por J . U 

I^a Gruta de San IVlro >Tartir. por el Sr. D. .Inan .1. Tí' 
dri^uez 

El Río í*ensat¡^ 



113 



148 



< arta sobre el I 


iivo, por D. Alejandro í 


Vieto 


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