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Full text of "Para ti es el mundo : farsa cómica en tres actos"

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CARLOS ARNICHES 



PARA TI ES EL 




FARSA CÓMICA EN TRES ACTOS 



ORIGINAL 


PRIMERA 


EDICIÓN 




je?! 



Copyright by, Carlos Arniches. 



M A D K I n 
SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 

CALLE DEL PRADO, NUM. 24 
1 929 



PARA TI ES EL MUNDO 



P 
ri 



Esta obra es propiedad de su autor, y nadie 
podrá, sin su permiso, reimprimirla ni represen- 
tarla en España ni en los países con los cuales 
se hayan celebrado, o se celebren en adelante, 
tratados internacionales de propiedad literaria. 

El autor se reserva el derecho de traducción. 

Los comisionados y representantes de la So- 
ciedad de Autores Españoles son los encargados 
exclusivamente de conceder o negar el permi- 
so de representación y del cobro de los dere- 
chos de propiedad. 

Droits de representation, de traduction et de 
reproduction reserves pour tous les pays, y com- 
pris la Suede, la Norvege et la Hollande. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



PARA TI ES EL MUNDO 



FARSA CÓMICA EN TRES ACTOS 



ORIGINAL DE 



CARLOS ARNICHES 



Estrenada en el TEATRO LAR A el 17 

de octubre de 1929 



PRIMERA EDICIÓN 
500 EJEMPLARES 



51^ j^llisi 



MADRID 

OHÁFICÁ LITERARIA. HERNANI, 84 

Teléfono 36160 
1929 



IS.EI=^K/TO 



PERSONAJES ACTORES 

Amalia Carmen CarBonelL 

Marcelina Concepción Cátala, 

La Tere Leocadia Alba. 

Seña Reme Matilde Galiana. 

Pili Amelia Noñega. 

Patro Soledad Domínguez 

Nati Asunción Camare ro 

Una niña Jacinta Alenza. 

Paquito Antonio Vico. 

Señor Santos Manuel González. 

Casiano Nicolás Rodríguez. 

Pepe Gaspar Campos. 

Bendaña Roberto Samso. 

Telele Luis Ulloa. 

Un vecino José González. 



ACTO PRIMERO 



Comedor bien puesto, pero sin gusto ni refinamien^to, en 
una casa de gente del pueblo, enriquecida. — Tiene un 
balcón practicable al foro, con tiestos y un pájaro. Una 
puerta a la derecha, grande, en el centro de la pared, 
y dos pequeñas a la izquierda, en primero y segundo' 
término. — Ks de día, en primavera. 



ESCENA PRIMERA 



Marcelina y Teresa. 

Marce. (£5 mujer como de cuarenta y cinco años, gua^ 

pa, bien cuidada ; vestida sin lujo, pero a lo 
moderno y con esynero. Está asomada al bal- 
cón, tnirando impaciente a un lado y otro de 
la calle. Entra en la habitación angustiada, y 
mira el reloj.) \ Las doce, y sin parecer !... {A 
Tere.) \ Pero este hijo, tres días que falta de 
casa, y ni un mal recao por teléfono, ni dos le- 
tras siquiera, pa tranquilizar a su madre!... 
¡ Ay, Jesús de mi alma!... ¿Qué será?... ¿Le 
habrá pasao algo. Tere ? 

Terb. ¡(£5 mujer algo menos joven que la otra y más 

acabada. Viste con gran humildad; lleva pues- 
to un delantal de lavar y los brazos remanga- 
dos.) ¡ Qué le va a pasar, mujer, no t'apures ! 
¡ Y ya te podías haber acostumbrao a estas fae- 
nitas que te hace el demonio el crío ese ! {Se 
seca los brazos con el delantal.) 



607331 



Marce. 
Tere. 

Marce. 
Tere. 

Marce. 

Tere. 

Marce. 
Tere. 



Marce. 
Tere. 

Marcr. 

Tere. 

Marce. 



Teke. 



Mahce. 

Tere. 

Marce. 



(Cada vez más angustiada.) \ Ese chico, es que 
te digo que me tiene sin vida ! . . . ¡Ya ves la 
hora !... ¡ Tres días que s'ha ido ! {Llora.) 
\ Pero en eso de tardar, no t' acongojes, ton- 
ta !... i Si siempre te hace lo mismo !... ¡Si ese 
chico sale a comprarse unas botas, y cuando 
vuelve ya trae los tacones torcidos !... 
Bueno, pero es que el otro día, cuando se fué, 
no me dijo más que «hasta luego)>. 
Es que pa mí, que él le llama «hasta luego» al 
mes que viene. 

A más de que mi zozobra de ahora es porque 
le tengo pánico cuando sale a estrenar un 
«auto». Porque es probao. Auto que estrena, 
u se rompe un hueso él, u mata a un amigo. 
O si no lo mata, por lo menos le hace la faena 
de muleta; porque ya tiene tres cojos: Pepe 
Cuenca, Tito Luengo y Tono Ganga. 



Por eso estoy que me muero 



Bueno, y 



esto de ahora es que no se lo aguanto ! 
Esto, y lo que quiera hacerte. Y después de 
too, Marcelina, ¿a quién vas a quejarte de lo 
que te pasa, si tiés tú la culpa ? 
¡Yo? 

Y náa más. ¡ Que si le hubieses dao otra edu- 
cación, y no le hubieses consentío tanto !... 
Mujer, no tengo otro hijo. Es mi locura. 
Razón de más pa que lo hubiás educao mejor. 
Cuando murió su padre, que me dejó viuda a 
los veinticinco años, no me quedó otra cosa 
en el mundo, j Luego, se crió tan delicaíto !... 
¡ Delicaíto ! . . . ¡ Pero qué tenía que ver el que 
tosiera, pa que tú le dejases hasta retratarse 
con la chica el portero..., que, acuérdate, a los 
quince años que se hicieron un grupo, que si 
no los coje el padre, te traen a casa una am- 
pliación. 

¡Mujer, son diabluras de chicos!... 
Sí, pero de chicos que hay que bautizar. 
¡ Ay, Virgen Santa, que pasa el tiempo y no 
parece !... {Se asoma de nuevo a mirar por el 
balcón.) ¿Qué l'habrá ocurrido. Tere? 



!«CH4c« 



- 7 - 

Terk. ¡ Jesús, si viviera su padre, que era tan traba- 

jador y tan honrao pa su casa, y viese que los 
duros que él ganó con tantos sudores los de- 
rrochaba ese crío tontamente con amigotcs y 
gandulas !... ¡Te digo que se volvía a morir ! 

Marce. En eso tiés razón; que de este chico yo no sé 
qué pensar, Tere. ¿Es tonto? ¿Es granuja? 

Tere. ¡ Pa mí que está empatao ! 

Marce. Pero en fin, es mi hijo, y tengo que mirar por 
él, y buscarlo, y saber qué le ha sucedido, por- 
que yo..., estoy que, vamos... {Casi llorando.) 
¿ Qué está haciendo tu marido ? 

Tere. Lo que Thas mandao : dando una lechada de 

cal a la cocina, que estaba hecha un asco. 

Marce. Pues anda ; dile que lo deje todo y que venga, 
que quiero que vaya a preguntar a donde la 
Policía, a ver si saben algo de algún acciden- 
te de automóvil que haya pasao camino de las 
Rozas u cosa así; anda corriendo. 

Tere. Déjate; le llamaré ; que salga, y se lo dices tú. 

{Se acerca a la segunda izquierda y llama fuer- 
te.) Pepe... {Silencio.) ¡Jesús, qué tapia de 
hombre ! {Llamando a gritos.) Pepeeee... 

Marce. {Impaciente.) ¡ Ay, madre ! Cáa día está más 
sordo ese demonio e marido que tienes ! 

Tere. Calla, hija; como que yo, cuando le dan un 

duro y lo suena, digo : «Será porque se le ha- 
brá acatarrao, porque oirlo, ni por pienso... 
{Llama aún más fuerte.) \ Pero Pepeee ! 



ESCENA II 
Dichas y Pepe. {Segunda izquierda.) 



Pepe. {Es un obrero cincuentón; tipo madrileño, 

sordo como una tapia. Lleva traje de faena de 
pintor de brocha gorda, brocha que aún con- 
serva en la mano al salir.) ¡Ya va, señor!... 
Que he oído el timbre. 

Tere. ¿Pero qué haces, so pasmao, que se le cae a 

una la campanilla de gritarte y no sales ? 



~ 8 



Pepb. No oír. ¿Pa qué soy requerido? 

Tere. Lo primerito, deja la brocha. [Le hablan 

fuerte.) 

Pepe. Güeno. {La deja en el aparador, encima de 

una sopera.) 

Tere. ¡Ahí no, hombre!... (Indignada.) ¡Pos no 

deja la brocha en la sopera!... {La pone en 
otro lado.) 

Pepe. Yo, pa no manchar. {Empieza a sacudirse a 

manotazos el yeso de la blusa, y levanta una 
polvareda enorme. A Marcelina.) ¿Y qué ten- 
go que hacer? 

Marce. Por de pronto, estarte quieto, y no sacudirte el 
yeso aquí, que nos ahogas. 

Pbpe. No es yeso. {Sigue sacudiéndose.) 

Marce. ' {Tosiendo.) ¿Pues qué es? 

Pepe. Cal. {Sigue lo mismo.) 

Tere. \{Conteniéndolo, indignada.) \ Sea lo que sea, 

hombre, que te estés quieto; que paeces la ca- 
rretera de Extremadura ! 

Pepe. {Se sacude la gorra.) ¿ Y pa qué soy requerido ? 

Marce. Pues te he llamao, porque quiero que vayas 
corriendo a la Dirección general de Seguridad. 

Pepe. Güeno. 

Tere. ¿ Tú sabes dónde es la Dirección de Seguridá ? 

Pepe. Yo no; pero si me dais la dirección tengo la 

seguridá de ir. 

Marce. San Marcos, 28. 

Pepb. ¿Don Marcos quién?... 

Tere. San Marcos, 28. 

Pepe. ¿Y por qué general m'habéis dicho que pre- 

gunte ? 

Marce. Por nadie, hombre. Que vayas volando y pre- 
guntes de mi parte por un tal Ramos, que es 
amigo mío, pa que le diga a Flores si saben 
si ha ocurrido algún accidente de automóvil 
en Las Rozas. 

Tere. ¿Lo has oído? 

Pepe. Güeno... ¿Pero el recao de Las Rozas es pa 

Flores u pa Ramos ? 

Tere. ¡ Pa Ramos, hombre ; anda ! 

Marce, ¡ Por Dios, Pepe; corre y ven pronto ! ¡ Que 



9 



tengo una ansiedá que me muero ! Toma dos 
pesetas pa un taxis. {Se las da.) 

Pepk. Descuida. Un rayo va a ser un chico de Con- 

tinental, comparao conmigo. 

Merce. ¡ Sí, por Dios, anda a escape ! 

Pepe (Aparte.) (Con estas dos pesetas me echan ga- 

solina en la taberna.) 

Tere, ¡ Que corras ! 

Pepe ¡Un soplo...; {Acción de beber.) digo, un so- 

plo! {Acción de correr. Vase derecha.) 



ESCENA III 

DiCH.\s y Seña Reme y Pili. {Primera de- 
recha.) 



Marce. ¡ Ay, Dios quiera que averigüen algo ! 

Tere. Algo averiguarán, mujer, porque con éste son 

ya cuatro los que tiés por Madrí a la busca del 
crío. {Timbre de la puerta.) 

Marce. {Con ansiedad.) i Ay, que lian llamao!... An- 
da, veas quién es. A ver si... 

Tere. Debe haber abierto Pepe, porque se oye ha- 

blar en el recibimiento. 

Marce. j Ay, que haga la Virgen Santísima que sea 
alguien que me traiga noticias, porque estoy... 

Tere. {Entrando.) ¡ Las de al lao ! 

Marce \ Jesús !... ¡ Pues está una buena pa pelmas !... 

Reme. {Entrando.) ¡Y qué, doña Marce, hija. ¿No 

ha parecido Paquito todavía? 

Marce. Esta es la bendita hora que no sé de él, seña 
Reme. 

Piiii. ¡ Pues estará usté pa morirse ! 

Marce. Figúrate, Pili; estoy que me ahogan con un 
pelo. {Marcelina no deja de mirar al reloj, mo- 
verse inquieta, asomarse al balcón, beber sorbos 
de agua, manifestar, en fin, la nerviosidad de 
una madre que está en su caso.) 

Reme. ¡ Ay, pues nosotras también estaraos con una 

intranquilidad !... 



10 



Pili. Claro, la vemos a usté angustiada, de un bal- 

cón a otro... 

RvMK. Y una, vamos, sin querer, también está que no 

sosiega. 

Marce. {Casi sin oírlas.) Lo comprendo... 

Remk. y como es un chico tan guapito... 

Pili. Si le hubiese sucedido algo... 

Marcr. j Ay, no me lo digas ! 

Reme. Sería pa no consolarse. 

Marce. ¡Figúrate!... 

PiLi. i Y con los miles de desgracias que están ocu- 

rriendo ahora ! 

Reme. ¿Ha leído usté lo de ayer? 

Matice. (Con ansiedad.) No. ¿Qué ha sido? 

Pili. Pues un accidente espantoso... ¡Un vuelco! 

Marce. ¡Jesús!... ¿Pero algún joven? 

Reme. No ; dos señoras gravísimas. 

Marce. ¡ Ay, señoras...; menos mal! 

Reme. Ahora, que a Paquito no debía usté dejarlo en 

una liberta tan grande, porque es un chico en- 
cantador, pero irreflexivo. El otro día, ya ve 
usté, nos encontró a nosotras en San Antonio 
de la Florida, y se empeñó en darnos un paseo 
en auto. 

Pili. Nosotras le dijimos que aceptábamos, si era 

cortito. 

Reme. Pero subimos, y con el pretexto de que la 

Moncloa le pillaba cerca, nos llevó a Segovia, 
a ver una fábrica de Cerámica. 

Pili. Excuso decirle a usté papá, cuando volvimos, 

i Las once de la noche y sin cenar ! 

Reme. Pues que nos dejó sin cerámica, hija. 

Pili. No quedó un plato. 

Remk. Ya conoce usté a mi marido, que cuando se 

contraría, no parece que esté jubilao... 

PiL[ {Llaman al timbre.) ¡ Ay, Tere, abre, que han 

llamao. ¿Será alguien que traiga noticias? 

PiLT. ¡ Ay, a ver ! ¡ A ver ! 

Remf.. ¡ Que abran, que abran !... 

Tere. (Volviendo de abrir.) Es la Patro. 

Marcf. i Ay, por Dios, que pase !... 

Patro (Dentro.) ¡Señora!... ¡Señora!... 



11 - 



ESCENA IV 



Dichas y la Patro. [Por la derecha.) 



Marce. 
Patro 



Tere. 
Patro 



Marce. 

Patro 

Marce. 

Patro 

Tere. 

Patro 

Marce 

Patro. 

Marce. 

Reme. 

Marce. 

Patro. 



{Con ansiedad, a Patro.) ¿Qué, qué, Patro? 
{Es una. criada joven. Entra casi sin poder ha- 
blar de fatiga.) Déjeme usté que resollé, se- 
ñora..., ¡que estoy que m ' ahogo ! 
¿ Has venío deprisa ? 

Como que he atropellao a dos biciclitistas y 
he volcao el carro e naranjas del hombre ese 
que las pregona {Imitando el pregón.) n\ A 
treinta la docena !... ¡Y una porque quiero !... 



¡ Y otra porque me da la gana !. 



Bueno, 
. . I Las 



Marck. 
Patro. 



pues toas por el suelo del empentón !, 
que quería y las que no quería !... 
Bien, ¿pero qué sabes? 
Que si no corro, me cogen los guardias. 
Digo del señorito, mujer. 
Del señorito poco, porque verá usté... 
¿Pero no has podio indagar?... 
Poco, porque verá usté... 
¿Pero nadie t'ha dicho?... 
Poco, porque verá usté... 
j Acaba ya, mujer ! 

¡ Ay , esta chica es angustiosa ! . . . Entre la fa- 
tiga que tiene y lo poco que sabe... 
¡ Bueno, toma resueUo y habla, por lo que más 
quieras ! 

Pues náa, que como usté me dijo que fuese en 
cáa de los amigos del señorito, pa preguntar 
si sabían algo, pues de primeras me fui en 
cá don Sabino, y don Sabino no sabía ni mia- 
ja ; de aUí piqué pa la calle Lagasca, pal loi, y 
subí al tercero y pregunté por el señor Cues- 
ta, y me dijeron: «El señor Cuesta, arriba.» 
Me voy arriba, y me dicen : ((El señor Cues- 
ta, abajo.» Me bajo pa abajo, y me dicen : ((El 
señor Cuesta... 
¿ Pero cómo es posible ? 
Es que en la casa hay dos Cuestas, don Juan y 



— 12 - 

don Segundo. Don Segundo es el del tercero, y 
don tercero..., ¡ ay, no! Bueno... En total, 
que entre que si Cuesta arriba, o que si Cuesta 
abajo, salí de allí rendía y compadeciendo al 
cartero !... De allí me fui a la calle Hermosilla 
y subí a preguntar en cá la madre del señor 
Lafuente... 

Marce. ¿ Y qué te dijo ? 

Patro. Pues que su hijo ya no corre, dende que se le 
rompió el «auto», va pa quince días. 

Marce, ¿De modo que todo lo que has averiguao por 
junto... ? 

Tere. Es que nadie sabe náa y que no corre La- 

fuente. 

Marcb. Pues sí que nos ha traído unas noticias esta 
idiota... 

Patro. Yo, hija, señora, ya ve usté... Una qué qui^ 
siera; pero si a una no la dicen, qué va a decir 
una, porque, vamos, una no va a inventar, 
porque si una... {Se aparta refunfuñando.) \ Y 
se enfadan, encima de lo que ha sudao una, y 
de que he perdió la misa de una !... 



ESCENA V 
Dichas y Pepe. {Por la derecha.) 

{Suena repetidamente el timbre de la puerta y 
la voz de Pepe, que grita.) \ Tere !... ¡ Tere !... 

Marce. ¡ Ay, ábrele, que es tu marido ! 

Rem. ¡ A ver si éste sabe algo ! 

Tere. {Sale a abrir y entra con él.) Pasa, pasa... 

Marce. ¿Qué?... 

Pepe {Entrando.) Tranquilidá asoluta. 

Marce. ¿Sabes algo? 

Pkpe Todo. 

Todos A ver, a ver... {Le rodean.) 

Marce. ¡Explícate!... 

Pepe Que vengo de donde la Policía. No era el 28. 

Marce. Bueno, hombre. ¿Y qué? 

Pepe Que no se tién noticias de accidentes automovi- 

listas en los tres días últimos... 



13 --. 



Mahcic. 
Pepe 
Marcr. 
Pepe 

Marck. 

Pepe 

Makce. 
Pepe 

Marce. 
Pepe 

Tere. 

Marcr. 
Pepe 



Marce. 
Tere. 
Reme. 
Pepe 



Marce. 



Tere. 
Heme. 
Pili 
Pkpk 

Marck, 



Tere. 
Reme. 
Pepe 



Menos mal. 

i Más que de veinticinco ! 

i Jesús ! 

Gracias a Ramos he sabio que dieciséis han sío 
por atropello y nueve por choque... 
Bueno ; pero entre los choques, ¿ alguno de 
varios jóvenes? 
Sí. 

i Madre mía!... Habla... 

En la Puerta del Sol, han chocao ayer cuatro 
jóvenes que iban borrachos en un «auto». 
¡ Ay, Dios mío !... ¿Y por qué han chocao? 
Porque iban en calzoncillos y dando voces, a 
las once de la mañana. 
¡ Es pa chocar ! 

Bueno; ¿pero de los accidentes, qué? 
No t'asustes, que no hay más que deciséis he- 
ridos, ocho que no se han hecho náa, y entre 
ellos dos muertos. 
¡ Virgen Santa ! [Desesperada.) 
j Ay, Dios bendito ! 
i Qué horror ! 

Pero no han sido identificaos ; de forma que no 
t'apures, porque aunque los vieras, no los co- 
nocerías. 

(Llorando.) \ Ay, Dios mío !... i Muertos, heri- 
dos !... i Ay, Tere, dame el abrigo, que me voy 
a la Dirección de Seguridad... j Ay mi hijo !... 
{Le da como una congoja. Todos la auxilian. 
Cae en un sillón.) 
¡ Pero, mujer, no te pongas así ! 
Hacerla tila. 

Traiga usté antiespasmódica. 
¿ La aflojo el corsé ? 

¡ Ay, Pili, que hay muertos y heridos ! {Ha sa- 
lido al balcón a decirlo, y al entrar vuelve a 
caer teinblorosa en el sillón.) ¡ Pronto, el abri- 
go, que me voy ! ¡ Ay ! i Ay ! 
¿ Pero dónde vas con esa congoja ? 
Una cosa pa hacerla aire... 
Un Liberal. {Le da un periódico.) 



14 



Pili 

Pepe 

Tere 

Pepe 

Tere. 

Todos 
Pili 

Todos 
Pili 



Reme 

Marce. 

Tere. 
Marce. 



Remr. 
Marce. 



Tere. 



Esto es poco. 
Dos Liberales. (Se los da.) 
¡ Quítate de enmedio ! 
¿La aflojo el corsé? 

¡ Que te quites de enmedio ! {Suena la bocina 
de un autovióvil en la calle repetidamente .) 
¿Eh?... (Atención.) 

{Que se ha asomado al halcón.) \ Ya está ahí I 
] Ya está ahí ! 
¿Qué? 

j Paquito !... i Paquito !... ¡Ya está ahí, señora 
Marce !... ¡ ¡ ¡ Ya está ahí ! ! ! ¡ Tranquilícese 
usté ! 

¡ Ya está ahí el chico ! 

{Asomándose.) ¡ Hijo mío !... ¡ Hijo de mi vi- 
da !.. . i Gracias a Dios ! 
¿ Ves cómo no le ha pasao náa, mujer ? 
{Que reacciona, desesperándose.) No, pero le 
va a pasar; porque lo mato de una paliza en 
cuanto suba... i Granuja ! ¡ Canalla !... j Ha- 
cerme pasar estos ratos !... ¡ Bribón ! j Sinver- 
güenza ! 

¡Vamos, por Dios; después de esta alegría 1... 
¡ No, no; no se lo aguanto ! Y ahora le encie- 
rro toa la ropa, le vendo el ((auto» y no le vuel- 
vo a dar una peseta en toa su vida. ¡ Qué me 
va a matar ese golfo !... \ Más que golfo ! 
¡ Por Dios, no llores ahora, que ya está aquí I 



ESCENA VI 

Dichos. Paquito. Luego, Bendaña y Telele. 
{Puerta derecha.) 

Paqgito {Es un jovencillo de veintidós a veintitrés 
años. Viene vestido elegantemente con atavíos 
automovilistas. Entra y se lanza apasionada- 
mente con los brazos abiertos hacia su madre, 
fingiendo una emoción, que en realidad no 
siente.) ¡ ¡ Mamá ! ! 

Marce. {Sin poder contener su amor maternal.) ¡ Hijo 



- 15 



Marck. 
Paqüito 
Marce. 
Paqüito 

Todos 
Mabce. 

Paqüito 



Marcb, 



mío! {Reacciona inmediatamente e indignada, 

lo aparia de sí.) ¡ Pero quita, quítate de mi 

vista, que no quiero verte ! 

{Volviendo hacia ella con mayor efusión.) 

¡ Mamá de mi alma ! 

¡ Suéltame, descastao, mal hijo ! 

{Po7iiéndose trágico,) ¡ Por Dios, mamá, por lo 

que más quiera !... ¡ No me regañe usté antes 

de oírme ! 

Es decir, que encima que una... 

j Óigame usté antes, se lo suplico !... ¡ Mire us- 



té cómo tiemblo 



Mire usté cómo lloro ! 



¿ Pero qué te pasa ? 

Náa; que mañana mande usté decir una misa 
en San Lorenzo, en acción de gracias. 
{Acercándose y con espanto.) ¿Una misa? 
¿ Pero una misa, por qué ? 

{Abrazando al sordo, y muy fuerte.) jY vas 
a oírla tú ! 

¿ Qué ? {Se lo pregunta a su mujer.) 
Que tiés que oír mañana una misa. 
Yo, si la dicen fuertecito... 
Pero explícate, por Dios ! ¿ Qué t'ha pasao pa 
eso, hijo mío ? 

Que estoy en sus brazos de usté por un milagro 
de la Divina Providencia. {La vuelve a abra- 
zar llorando.) ¡ Mamá de mi vida, no me re- 
gañe usté ! 

Bueno, hijo; no te regañaré, pero... 
{Que sigue hipando.) ¡ Me he visto muerto! 
{Con horror.) \ Tú muerto ! 
Y cuando me iba faltando la vida, mis únicas 
palabras fueron : ((Ay, mi mamá !» 
i Ay, su mamá ! 

{Abrazándole.) ¿Pero qué estas diciendo?... 
¿Qué te ha sucedido? 

No, mamá; no quiero afligirla a usté con el 
relato de una catástrofe que... Porque después 
de todo no ha sido nada... ¡ Un precipicio ! Se- 
senta metros de altura, tres vueltas de cam- 
pana... Nada... {Se limpia las lágrimas.) 
{Reaccionando momentáneamenie .) \ Ay, hijo 



16 



mío, por Dios ! ¡ No me aterres inútilmente ! 
¿ No será esto, como siempre, una nueva pam- 
plina, pa disculpar tu...? 

Paqüitü (Indignado.) ¿Pamplina?... Va usté a ver los 
restos de mis compañeros de viaje. 

Makcé. (Horrorizada.) ¿Cómo los restos?... 

Paquito ¿os restos; no quito una piltrafa. (Se acerca a 
la puerta derecha.) Pasa, Bendaña, 

Todos (Entra Bendaña, envuelta la cabeza en gasas 

y el brazo en cabestrillo. Al verlo.) ¡ Jesús ! 

Marce. ¡ Madre mía ! 

Benda. ¡ Salú ! 

Paqbito 1,0 de salú lo dice por presumir. Se ha dejao 
en la carretera media cara ; se ha frazturao una 
costilla, se ha roto un brazo. 

Benda. ¡ Náa más que eso ! 

Marce. ¡ Dios mío ! . . . i Pero si no le había conocido ! 

Benda. ¡ Ni mi madre ! 

Paqüito Hasta que no lo desembalen, ¿quién lo va a 
conocer ? 

Benda. M'han llevao a casa y no m'ha dejao subir el 
portera, í no le digo a usté más ! 

Paquito Ha dicho que estos bultos, por la escalera in- 
terior. (Va hacia la puerta.) Y aquí tiene usté 
al otro pedazo de amigo que me ha quedao. 
Pasa, Telele. 

Telele. (Entra cojeando; lleva la pierna vendada y 
parches de tafetán en cara y frente.) \ Felices ! 

Marce. \ Pero eres tú, Telesforo ? 

Telele. Residuos na más, señora. 

Marce. ¿ Pero como ha sío eso ? 

Telele. í Velay !... Que estaba yo en mi casa, tan tran- 
quilo; vino Paco, y me dijo que me iba a dar 
una vuelta..., y m'ha dao tres, pero de cam- 
pana... ¡Si él me anuncia a mí este repique, 
de dónde salgo yo? 

Reme. (A Paquito.) ¿De modo que han tenido uste- 

des pan ? 

Paqüito Pero pan de picos, i Porque hay que ver cómo 
trae ese la cabeza ! 

Marce. ¿Y a ti, hijo mío?... 

Paquito A mí..., me ha pasao el coche por encima... 



r 



Marck. 

Benda. 

Tele. 

Benda. 

Tele. 



Paqltito 



Makce. 
Paquito 



Todos 
Paquito 



Todos 
Paqcito 



Todos 
Paquito 



i Jesús ! 

Por encima de la maleta; no se asuste usté. 
Las cosas que se enredan... 
El ((auto» iba un poco cargao... 
Y nosotros también, la verdá... Porque ya co- 
noce usté a éste... íbamos amigos, señoritas, 
peones camineros, dos perros... 
El circo Krone... No sé negarme a nada... 
Bueno; pues en esto, una de las señoritas, pa- 
rienta de éste... 

(Con cierta malicia.) ¿Pero parienta cercana? 
¡Y tan cercana! Como que la llevaba en las 
rodillas... Va y dice que el coche de su primo 
corría más que el mío, porque iba a Valladolid 
en tres horas y media. Y claro, mamá; uno tie- 
ne su amor propio; y no hice más que oír 
aquello, pisar el acelerador y salir pa Vallado- 
lid a ciento diez... Y volando a esta velocidad 
llevaba no sé cuánto tiempo, cuando al llegar 
a la Cuesta de Olmedo, ¡^zás!, se nos funde 
una culata, se agarrota un cilindro y me dejan 
de funcionar los frenos... 
(Ya interesados en el relato.) ¡ Qué horror ! 
(Dramáticamente.) En esto, yo, lanzao a aquel 
frenesí y sin poder parar el coche, me veo que 
a este lao..., había un precipicio y a aquel otro 
un río, que venía desbordao... 
i Qué espanto ! 

El coche me se iba a lanzar al precipicio, y 
en eso dan estos un grito de terror : ((Estamos 
perdidos.» Pero yo, sereno en el peligro, dije: 
((De perdidos, al río.» Viré casi en el aire, y 
cuando^ ya las ruedas delanteras tocaban el 
agua e. íbamos a morir ahogaos, doy otro viraje 
fantástico, y un peñasco de cuarenta metros 
que me se pone delante ! !... 
i Jesús ! 

Y cuando la muerte por estrellamiento era in- 
evitable, ¡ frííííís !, me se sale el aceite. 
¡ Chooos !, me se gripa el motor, i Pom !, me 
estalla una cubierta, y en esto, yo, ¡ rom !, 
piso los frenos, que me obedecieron providen- 

2 



.- 18 - 



cialmente, y tolón, tolóii, tolón..., damos tres 
vueltas de campana, sin más consecuencias 
que lo que está a la vista, una señorita lesio- 
nada y los dos peones camineros, que {Con 
tristeza.) se han quedao en la carretera... 

Marck. ¿Muertos?... 

Paquito Muertos de risa, porque decían que en su vida 
han visto conducir peor a un señorito. No los 
he estrellao, porque ya le he dicho a usté que 
me había quedao sin aceite... 

Marce. Bueno; pero todo eso os habrá pasao en diez 
minutos, y tú has tardao tres días en volver. 

Paquito (Vacilante.) Bueno, mamá; pero yo soy hom- 
bre educao, y he tenido que ir dejando en su 
casa a las señoritas que nos acompañaban... 

Marce. ¿Tan lejos vivían? 

Paquito En tres ciudades diferentes : una, en la Ciu- 
dad Lineal; otra, en la Ciudad Jardín, y otra, 
en la Ciudad Universitaria. 

Benda. y otra que tenía que estar antes del sábado en 
Almería pa que no la echasen de menos en su 
casa. 

Tele. Y gracias que una chica morena, muy mona, 

cuando volcamos en Olmedo, se nos perdió, y 
suponemos que se iría a pie, porque ya la pi- 
llaba cerca de Cáceres. 

Paquito ¡ Y esto ha sido todo !... 

Marce. ¡ Ay, cuándo s'acabarán estas coi]g"ojas y es- 
tos sustos con que me estás quitando la vida ? 

Paquito Bueno, y a todo esto, seña Reme, perdone us- 
té, que con la emoción... (La da ¡a mano.) Ya 
la veo tan buena..., y tú tan guapa, Pili. 

Pihi Igualmente, Paquito... 

Paquito [A los servidores.) ¡Y vosotros, un abrazo!... 
[Se lo da.) Y que no deje de ir nadie mañana 
a San Lorenzo. Y ahora, agradecidísimo al in- 
terés de todos ; pero si quisieran ustedes de- 
jarme un momento con mi madre, todavía 
asustada por mi desgracia..., y ustedes perdo- 
nen... 

Reme. ${, hijo; es muy natural que queráis quedaros 

solos. 



— 19 



riLi 

Bemda. 
Pili 



PAQriTO 
KMK. 

Marce. 

Tere. 

Pepe 

Paquito 

Pbpe 

Paqütto 

Pepic 

Paquito 

Pepe 

Tere. 



Nada, y que nosotras, viéndole a usté sano y 
salvo. . . 

¡ A los demás, que nos parta un rayo !... 
(Despidiéndose.) Hombre, no es eso; pero, va- 
mos, quiero decir... que... nos alegramos que 
no haya sido nada... Nada más que lo que ha 
sido... 

Y tantas gracias por el interés. 

¡ Quiere usté callar !... (La dan la mano.) 
Deja, os acompañaré hasta la puerta. (Sale con 
ellas puerta derecha.) 

Y nosotros, a la cocina. 

Te felicito. {Le da la mano.) 

De buena me he librao. ¿Lo has oído? 

Yo no. 

Entonces, ¿de qué te asustabas? 

De los pellizcos de ésta. 

Pues una vez te he visto casi llorar. 

Ks que no sabes lo que aprieta cuando quié 

que me emocione. 

¡ Como que si no le pellizco no se entera ! [Van- 

se segunda izquierda.) 



ESCENA VII 
Paquito. Telele. Bendaña. 

Tele. ¡ Ya has despachao el torito, amigo ! 

Paquito Bueno, ¿ cuánta vergüenza crees tú que tene- 
mos entre los tres?... Haz un cálculo. 

Tele. {Queda pensativo, como haciendo un cálculo.) 

Ninguna. 

Paquito Quita medio kilo. 

Tele. Quitao. 

Paqdito Estamos en lo justo. Ahora, que, como yo me 
figuraba, si no nos presentamos con este as- 
pecto catastrófico, no convenzo a mi madre. 

Tele. Bueno, hemos hecho una presentación de clí- 

nica de urgencia. 

Benda. a mí, si me ven en San José y Santa Adela, 
me operan. 



- 20 



Pa QUITO Cojeas comoi pa un concurso. 

Bknda. Oye, tú, que yo m'asfixio. ¿Me levanto la 
cura? 

Paquito Incorpóratela na más, no salga mi madre de 
improviso. 

Benda. Bueno; pero no olvides que aún te queda lo 
más duro, pollo. 

Paqüito i No me lo digas!... Sacarle las dos mil pe- 
setas, ya lo sé. 

Tele. Hso va a ser lo gordo. 

Benda. Pero de eso tiés tú sólito la culpa, ninchi. 

Tele. Porque bien está una mijita de bullanga en las 

juergas; pero es que tú te excedes. 

Paquito ¡ I^as juergas tién que ser movidas, señor ! 

Benda. Pero eso de tirar la pianola por el balcón ná 
más que pa que no toquen tangos argentinos, 
no te lo sufren en ningún restauran. 

Paquito Ná, que tengo un champán triste. 

Benda. ¿Por qué no pruebas a beberlo que no sea de 

la Viuda?... 

Paquito Y a más, que estoy disgustao conmigo; me 
doy asco; porque, encima de los sustos que la 
doy a la pobre de mi madre, ahora sacarla el 
dinero. . . ¡ No tengo perdón de Dios ! 

Benda. j Pues quítate de esta vida loca, so primo ! 

Paquito ¡No puedo, Bendaña, no puedo!... ¡Eso sí 
que no puedo ! 

Telé. ¿Pero por qué? 

Paquito ¡ Demasiao sabéis por qué!... Porque quiero 
aturdirme, porque quiero olvidar, porque quie- 
ro ver si me arranco este clavo que tengo me- 
tido en el alma ! 

Tele. ¡ Ya salió el clavito ! 

Paquito Y ná más. Demasiao sabéis que me farreo sin 
gana, y que ni me divierten las juergas, ni me 
entretienen las mujeres, ni me alegra ná..., 
porque tengo metía aquí dentro la osesión de 
una mujer. 

Benda. ¡ La Amalia, lo menos ! {Ríe con guasa.) 

Paquito ¡ La Amalia siempre !... La Amalia pinturera, 
bonita, alegre como ninguna. La Amalia, que 
es como un Sábado de Gloria; campanitas que 



- 21 - 



repican, primavera que empieza, alegría del 
Cielo !... ¡ Qué sé yo ! 

"Renda. ¡ Oye, que se nos está volviendo rubendariano ! 

Paquito j Esa mujer se me está metiendo en el alma, 
y tengo un deseo de ella..., un ansia de ella ! 

Tele. \ Los caprichos tuyos ! 

Benda. ¡ De niño mimao ! ¡ Pero si tienes ese afán, an- 
da con ella, so primo ! 

Tele. Y ná más. ¿Qué te falta a tí pa que ella te 

quiera con locura, si lo tiés tó ? 

Benda. Eres guapo... 

Paquito ¡ Hombre ! 

Tele. Elegante... 

Paqi'Ito (Estiráyidose.) Regular... 

Benda. joven... 

Paquito No puedo negarlo. 

Benda. Y rico... 

Paquito Me suena. {Golpeándose el bolsillo.) 

Benda. ¿Entonces?... ¡ El mundo es tuyo, Paquito ! 

Paquito ¿De modo, que vosotros creéis que si yo le di- 
jese a la Amalia?... 

Tele. Lo que te diera la gana de ella, so pipi. 

Paquito ¡ Es posible !... A mí no m'ha fallao ninguna... 

Benda. Catalina, la del pollero. 

Paquito Pero no es que me falló; es que me dijo que no 
le gustaban los pesos pluma. ¡ Pues si no me 
ha fallao ninguna, por qué me va a fallar ésta, 
verdá ? 

Tele. Y ná más. 

Paquito Si yo me atreviera o si mi madre m'ayudara... 

Benda. ¿Pero vas a complicar a tu madre en tus capri- 

chos? 

Paquito Primero, que no es capricho, y luego, que la 
Amalia quiere mucho a mi madre y mi madre 
a ella, y si mi madre le indicara algo, pues me 
desbrozaba el camino. 

Tele. No vas mal, porque sus padres están viviendo 

de vosotros, y ella poco menos..., de forma, 
que aunque no sea más que por gratitud... 

Paquito Chist..., dejarme. Mi madre que viene. 

Benda. ¡ Pues es poquito lo que le vas a pedir hoy !... 
(Riendo.) ¡ ¡ Dos mil pesetas y una socia ! ! 



22 



Paqüito ¡ Na más que eso ! 

Benda. Paquito, el Guadarrama a tu lao es una be- 

rruga. 
Paquito ¡ Iros a mi cuarto ! 
Tele. ¡ Que te sople la musa ! 

Paquito ¡Dame por soplao ! {Vanse primera izquierda 

Bendaña y Telele.) 



ESCENA VIII 



Marce. 

Paquito 

Marce. 

Paquito 
Marce. 



Paquito 

Marce. 

Paquito 
Marce. 



Paquito 
Marce. 

Paquito 

Marck. 
Paqcito 



MarceIvINA. Paquito. {Ella sale puerta de- 
recha.) 

i Hijo mío ! 
¡ Mamá ! 

Como has visto, la posdata ha sío más larga 
que la carta. 

Son unas pelmas esas señoras. 
Y con unas cosas y con otras, no te hemos he- 
cho una taza e tila ni ná, con el susto que 
traerías. 

Ni usté tampoco l'ha tomao, que 1' hacía más 
falta que a mí. 

Yo, hijo, viéndote bueno y en casa, ya no ne- 
cesito más medicina. 
Ay, mamá, ¿ por qué es usté tan buena ? 
Porque soy tu madre y te quiero con toa mi 
alma. Y tú, ven aquí, granuja, que no sé como 
no te he matao ! (Se sieyíta en un sillón y lo 
toma casi en brazos.) Y dime, ¿por qué eres 
tan malo ? ¡ Que te voy a arrancar estar ore- 
jitas que tienes!... {Le tira cariñosamente de 
ellas.) 

Pero si no soy malo, mamá, 
i Ay, hijo mío ! ¿ Por qué te habrás hecho 
hombre ? 

El camino que llevaba desde que nací no era 
para otra cosa. 

He querío decir que por qué habrás creció. 
i Pero si he crecido muy poco ! 



— 23 



Mahck. Pero eso poco que tú dices, ¿ por qu lo habrás 

crecido? Yo te hubiera deseao toa la vida pe- 
queño, pequeñito..., pa haberte teiiío siempre 
en mis brazos. 

Paqcito Vaya una gana. 

Marce. Pues ya ves. Toas las madres tién ilusión de 
(luo. sus hijos hablen pronto y echen a andar... 
Yo no; bien lo sabe Dios. Yo era tan egoísta 
de tu cariño, que prefería que no pudieras va- 
lerte con tus piernecitas, pa llevarte siempre 
sobre mi corazón; y como yo sé que la prime- 
ra valentía que hacen los chicos cuando los 
ponen en el suelo es alejarse de su madre.... 
me daba miedo de que Uegase ese día, en que 
te sintieras tan fuerte que ya no volvicids 
más a mis brazos. 

Paqcito i Pues ya ve usté cómo vuelvo!... 

Marce. Sí, pero no por el amor que encuentras en 
ellos, que no creas que soy tonta, sino por lo 
que necesitas: aj^er, por dinero... 

Paquito j Y hoy !... 

Marce. ¡ No gastes bromas ! Otro día, por un automó- 
vil ; otro, por un capricho, i Siempre por algo ! 
Cuando dejan de ser niños y vuelven los hi- 
jos a las madres, ya se sabe..., cada caricia es 
una cosa que les hace falta. ¡ El egoísmo de 
la vida ! 

Paquito Hl mismo egoísmo que de chicos. ¿A qué va 
uno de pequeño a los brazos de la madre?... 
A mamar cuando tiene gana, a dormir, cuan- 
do tiene sueño, a sostenerse, cuando necesi- 
ta apoyo... Otro egoísmo. 

Marce. Sí; pero entonces, como no saben hablar, no 
lo piden, y la madre se hace la ilusión de que 
too lo que le da al hijo se lo da por su amor, 
no por su necesidad... ¡ Y bendita ilusión !... 
Por eso, i qué feliz sería yo ahora, que te ten- 
go en mis brazos, si te volvieses pequeñito, 
pequeñito, como el rorro de aquellos días de 
mi juventú, al que yo le cantaba pa dormirlo ! 
(¡Ha, la nana; duéraiete, lucerito, de la ma- 
ñana !» 

Paquito (Besándoja.) ¡Lucerito, y estrella, y sol del 



24 



cielo es usté, madre ! ¡ Mi madre guapa y mo- 
rena de mi vida!... ¿Quién la quiere a usté? 
¿ Quién ? 

Marce. Bueno, ¿cuánto necesitas? 

Paquito {Conmovido.) ¡ Mamá !... j Mamá de mi alma ! 
Usté me ofende. No necesito nada, no quiero 
nada, porque yo soy un sinvergüenza y un 
granuja, que no merezco esa bondad de usté... 
Soy un canalla, mamá; y como la estoy a usté 
haciendo sufrir y martirizándola, y usté no tié 
valor pa maltratarme, me voy a castigar yo 
solo, ¡ ea !... 

Marce. ¡ Por Dios, hijo ! 

Paquito [Se coge él mismo de la solapa y se zarandea.) 
] Ven aquí, so píllete ! ¡ Que eres un sinver- 
güenza y un golfo, que estás matando a dis- 
gustos a tu madre !... ¡ Toma, por granuja !... 
{Empieza a darse cachetes, y tnetidos, y azotes 
y bofetadas.) \ Toma, por canalla ! j Y no me 
doy un puntapié porque no me alcanzo!... 
¡ Pero toma, por hacerla sufrir..., {Golpe.) por 
sacarla los cuartos ! {Golpe.) 

Marce. {Riendo.) \ Pero, hijo, por Dios, no te mal- 
trates ! 

Paquito j A ti te parece bonito estarla pidiendo dinero 
toos los días?... ¿Y hoy quererla pedir dos 
mil pesetas?... 

Marce. {Poniéndose seria.) ¿Qué estás diciendo? 

Paquito ¡ Pues no te las dará, so golfo ! 

Marce. ¡ Claro que no ! 

Paquito ¿ Que tienes un compromiso ? . . . i Que lo ten- 
gas !... ¿Que te ves en el Juzgao?... j Que te 
veas ! . . . 

Marce. ¡ Ay, ay, Paquito!... Mira, déjate de zaraga- 
tas y vamos a poner en claro todas estas pam- 
plinas, que te conozco. . . Bueno, ¿ qué te pasa ? 

Paqcito Nada, mamá. 

Marce. ¿ Qué te pasa ? 

Paquito Mamá, perdón; que esta es la última granuja- 
da que la hago a usté. 

Marce. {Asustada.) ¿Pero qué dices? 

Paquito j Necesito dos mil pesetas, mamá ! 

Marce. ¡ Pero dos mil pesetas, pa qué ? 



25 



Paqcito 
Marce. 

Paquito 

Marce. 

Paquito 



Ks una deuda de honor. 

¡ Pero qué honor ni qué narices, caray !... ¡ Que 
siempre acabamos lo mismo y no pararás has- 
ta que me veas en la miseria ! 
¡ Mamá, le juro a usté que estas son las úl- 
timas ! 

i Cuarenta veces me has jurao lo mismo ! 
Pero hoy le juro a usté que lo que le juro es la 
verdá. Y van a ser las últimas, porque des- 
pués que me las dé usté le voy a hacer una 
confesión que va usté a comprender por qué 
estoy haciendo esta vida de golfo y por qué 
si usté me ayuda, la dejaré de hacer pa siem- 
pre. 

¡ Pamplinas ! 

¡ Por esta cruz ! {La hace con los dedos y la 
besa.) 

Bueno, ¿y qué confesión es esa? ¡ Venga, que 
tus misterios me asustan ! (Llaman.) 
Calle usté ahora, que han llamao. 
Patro... {Sale Pairo segunda izquierda.) Veas 
quién es. 

{Volviexido.) El señor Santos. (Vase.) 
{Expresando gran contranedad.) \ Ese tío ! 
¡ Por Dios, hijo, no le ofendas ! 
¡ Me revienta ese señor ; qué quié usté que le 
diga ! 

No olvides que ese hombre, desde la muerte 
de tu padre, ha sío pa mí el iinico amigo leal 
y verdadero. 

Alguna cuenta le traerá administrarle a usté 
sus fondos. 

Perder su tiempo y su dinero. Que si no hu- 
biera sido por él, no sé dónde estarían las pe- 
setas que tu padre nos dejó. 
Pues con todo y con eso me revienta. Y ni me 
gusta que venga a esta casa, ni que se meta 
en lo nuestro, ni que usté le quiera. 
Le estime, mírame bien a la cara, hijo, le es- 
time, que yo no quiero a nadie en este mundo 
más que a ti. 
Bueno; pues dígale usté que saque del Banco 



- 26 - 

las dos mil pesetas, y que se limite a traerlas 
sin comeotarios que le quiten a usté la volun- 
ta pa mí. Y ná más. ¡ O salgo yo y tenemos una 
gorda ! 

Marce. Bueno, hijo, anda, anda a ver cómo están los 
heridos. 

Paquito ¡o tenemos una gorda! ¡Por éstas! {Vase 
primera izquierda.) 

Marce. ¡ Qué hijo éste!... 



ESCENA IX 
MARCEI.INA. Señor Santos. {Puerta derecha.) 

Santos ¿Se puede? 

Marce. Pasa, Santos. 

Santos ¿Qué, ha parecido el pollo? 

Marce. Sí; no sé qué les pasó. Creo que han volcao. 

Santos j Qué van a volcar ! 

Marce. Sí, hombre, que ha traído dos amigos heridos. 

Santos ¡ No hagas caso ! 

Marce. Pero si están ahí que no se puén mover, que 
uno creo que medio s'ha roto una pierna. 

Santos ¿ Quiés que vaya a la Casa de Socorro pa que 
venga un médico y se la entablille?... ¿A que 
echa a correr?... 

Marce. Hombre, yo, lo que m'han dicho..., ya com- 
prenderás. . . 

Sai-ítos Demasiao sabes tú que la única verdá de esta 
casa es que ese hijo que tienes es un trasto pin- 
turerillo y vago, que no tié más ley que su 
gusto y que abusa de tu ceguera por él. 

Marce. Hombre, no tanto ; tú es que la has tomao con 
el chico y no le quieres bien. 

Santos Ni bien ni mal; pero no sé mentir, y veo que 
es tu tormento y tu ruina, y eso... 

Marce. ¡ No exageres, hombre!... Ño te diré que no 
sea un atolondrado, como toos los chicos, pero 
es bueno y me quiere. 

Santos Si él te quiere, no lo sé ; de lo que estoy segu- 
ro es de que tú no lo quieres a él. 

Marce. j Que no quiero yo a mi hijo?... 






o que no lo sabes querer, que viene a ser lo 
mismo. Que a ti te ocurre lo que a tantas ma- 
dres, que os pensáis que querer a los hijos es 
darles toos los gustos, porque así, llenándoles 
la vida de alegría, os figuráis que os quieren 
más; y, aparentemente, sí. Siempre queremos 
más al que nos da la felicidá..., mientras nos la 
va dando. Pero la vida no es felicidá solo... 
La vida es trabajo, sacrificio, penas, contrarie- 
dades... ¿Pues qué le enseñas a tu hijo si no 
lo educas y lo preparas pa sufrir y resignarse 
con tó lo bueno y lo malo que le traiga la vida; 
y si no lo quitas de esa vagancia y de esa... ? 
Hombre, yo... 

Los hijos piden sin tasa, y cuando los padres 
dan sin medida, el bien se acaba, porque el 
bien es corto ; y ese día, el día que no pue- 
das darle too lo que quiera, la primera que- 
ja que saldrá de sus labios será contra ti, ya 
lo verás!... Acuérdate. 

{Impacierute.) \ Bueno, Santos, no me asustes, 
por lo que más quieras ! Yo le doy a mi hijo 
too lo bueno que pueda. 
Es que la vida le dará lo malo. . . 
Pues lo malo que se lo dé la vida... Yo soy 
madre: la vida es madrastra..., lo tengo oído 
decir muchas veces. ¡ Pues allá la vida !...- 
No se puede contigo. Maree, 
j Qué le vas a hacer !... Dejemos esto y a otra 
cosa. Necesito dos mil pesetas. 
¿ Pa qué ? 

Pa ná; pa que las necesito. Haz el favor de 
traérmelas. 
¿P'al niño? 

Pa lo que sea; las necesito. 
Pues pa eso no te las traigo. 
¿Qué dices? 

Tuyas son. En el Banco las tienes. Puedes ir 
por ellas cuando gustes; pero yo, pa los vi- 
cios de ese niño, no traigo una peseta más a 
esta casa... ¡Precisamente, venía a hablarte 
de eso ! Y aunque a ti te moleste que te lo di- 



~ 28 — 

ga, te quiero yo deinasiao pa ver que te arrui- 
nas sin protestar y sin rebelarme, ea ! 



Paquito 



Santos 

Paquito 

Santos 

Paquito 

Santos 

Paquito 

Santos 
Paquito 

Marce. 

Santos 

Paquito 

Santos 
Paquito 



Santos 
Paquito 

Santos 

Paquito 

Marce. 

Santos 

Paquito 



ESCENA X 
Dichos y Paquito. [Primera izquierda.) 

[Airado.) \ Pues hace usté muy mal, porque esa' 
esa una de las cuarenta y siete mil cosas que a 
usté no le importan : que nos arruinemos ! 
¿ Estabas escondido oyendo ? 
Estaba en lo que me convenía. 
Pues está feo oír. 
Estoy en mi casa. 
Aun así, está feo. 

Más feo está no estar en su casa y venir con 
la pretensión de mandar en ella. 
Mira, niño... 

No sé dónde habrá usté visto el babero que le 
autorice a llamarme así. 
i Por Dios, Santos, ten calma ! 
No tengas cuidao, que no pierdo la serenidá, ni 
nada. 

Me alegro, porque donde no se le ha perdido 
a uno nada..., ya sabe usté... 
No sé lo que quiés decir... 
Lo que he querío decirle a usté, señor Santos,, 
traducido al castellano, es que usté no tié que 
mezclarse para nada en los asuntos de esta 
casa. 

En nada me mezclo... 

Sí, señor; que usté quié quitarle a mi madre 
la volunta que tié pa mí. 
¡ Mentira ! 

Ya empieza a escocer, 
¡ Por Dios, hijo ! 
Déjalo que disparate. 

No son disparates; que el que usté fuera ami- 
go de mi padre no le autoriza pa venir a mez- 
clarse en lo que ahora y siempre, óigalo us- 



29 - 



té bien, ahora y siempre no pué ser más que 
mío. 

¿Pero qué es lo que no pué ser más que tuyo, 
dilo claro? 

El dinero de mi padre y el cariño de mi madre, 
que son dos cosas que, por lo visto, le preocu- 
pan a usté. 

(Airado.) ¿Qué ruindá me estás diciendo? 
{Asustada.) Santos, por lo que más quieras... 
Mira, niño; toda la calma se pierde con una 
educación como la tuya. Eso que m'has dicho, 
no tiene más que dos contestaciones : o de- 
mostrarte duramente que no se puede ofender 
sin motivo a un hombre de bien, o irme de aquí 
escupiéndote a la cara, pa que veas lo poco que 
me interesa tu dinero. 
¿ Escupirme a mí ? 
¿Qué estás diciendo, Santos? 
Lo que hace falta que sepa ese pollo. Que a 
mí de esta casa no me interesa el dinero ; me sé 
yo ganar lo que necesito. Lo que me interesa 
es otra cosa, tan noble y tan legítima como la 
que más, porque va por caminos honraos. Y 
de eso, pué hablar tu madre un rato. 
Mi madre no tié que hablar de eso ni un se- 
gundo, porque a la primer palabra que no 
fuera pa respetar la memoria de mi padre, sa- 
lía yo danzando de aquí. 

¿Pero qué memoria ni qué pamplinas estás 
vociferando ahí ? 

Y ea, basta de discusiones. Madre, escoja us- 
té enseguida... \ O echa usté a ese hombre, o me 
voy yo ! . . . 
¿Pero, hijo, pero qué dices?... 



Pronto!... ¡Que no aguanto 



¡ O él o yo 
más ! 

¡ Por Dios, hijo, que me asustáis !... 
No te asustes, Marcelina, ni te molestes, que 
ya me voy yo. El quié quedarse solo, pa do- 
minarte y saquearte. 
Oiga usté... 
Así, clarito... Pues quédate con él. Al fin es 



- 30 — 



tu hijo, j Pero si algún día me necesitas, an- 
tes que tú me llames, pué que vuelva yo..., 
que, al fin, tu delito es que eres madre, y eso, 
quién no lo perdona !... Adiós, pollo; hasta la 
vista. 

Páquito i Hasta nunca ! 

Santos Eso quisieras tú. Hasta la vista. [Vase dere- 
cha.) 

Marce. {Llamando.) Santos, Santos... 

Paquito Si le llama usté otra vez, el que se marcha de 
esta casa pa no volver, soy yo... 

Marce. ¡ Por Dios, hijo, que no sólo me martirizas y 
me arruinas, sino que quiés apartar de mi vida 
tó lo que puede ser pa mí un poco de defensa 
y de apoyo. 

Paquito No es eso, mamá; es que yo quiero que el ca- 
riño de usté sea pa mí. ¡ Pa mí solo ! ¿ Lo oye 
usté? 

Marce. ¿Pues pa quién es? 

Paquito Porque yo la quiero a usté 'con toa mi alma, 
con toa mi vida y con too mi corazón [Besán- 
dola apasionadamente .) 

Marce. ¡ Sí, muchos extremos después que me das los 
disgustos ! i Que si eso fuera verdá, hijo ! 

Paquito Lo es, mamá; sin ratimagos y sin pamplinas. 
¡ Por éstas ! Y vaya, después de lo que acaba 
de pasar, y ahora más que nunca quiero en- 
mendarme, corregirme, hacerme bueno, pa 
que sea usté feliz y yo también lo sea. 

Marce. ¡ Ay, hijo de mi vida, si un ángel te tocara en 
el corazón ! 

Paquito Mamá... (Pausa. Mira a su madre y sonríe.) 

Marce. ¿ Qué ? 

Paquito {Con cierto rubor.) Que creo que m'ha tocao. 

Marce. ¿Qué dices? 

Paquito Que m'ha tocao. 

Marce. ¿ Pero un ángel ? 

Paquito Un..., bueno..., una..., no sé cómo se dice án-^ 

gel en femenino... 
Marce. Si no te explicas. . . 

Paquito ¿ S'acuerda usté que la he dicho antes que que- 
ría hacerle a usté una confesión ? 



ol 



Sí, ¿y qué es? 

j Que estoy enamorao, mamá ! 

I Tú !... i Tú enamorao, con cuarenta mujeres 

al retortero ! 

Ya ve usté. Cuarenta pa olvidar a una, y no he 

podido. 

¿Ay, pero quién es esa una?... ¡ Que a lo me- 



jor 



Pues, ¡ la Amalia ! 

¿ Qué Amalia ? 

La Amalia. 

i Tu prima ? 

Mi prima. 

¡ Una simple peinadora !... 

Lo que sea, pero la quiero con toda mi alma. 

Pero hijo, ¿no será esto un nuevo capricho 

tuyo? 

Es una pasión, es una ceguera tremenda, que 

me. tiene sin alegría y sin sueño, y que me se 

figura a mí que me redimirá y me hará bueno. 

i Créalo usté, mamá ! 

Marok. i Pero qué cosas tienes, hijo; me dejas tonta ! 
¿ Y ella lo sabe ? 

Paquito No, señora; no me he atrevido a decírselo, por- 
que quería hablar antes con usté, por si 
usté me quería hacer el favor de... 

Marce. ¿De declararme yo? 

Paqüito No tanto; pero como ella la respeta a usté y la 
quiere, si usté la dijese antes..., porque yo me 
acuerdo que de chica, un día que estrenaba un 
trajecito la llamé escuerzo y todos se rieron y 
estuvo toa la tarde llorando... Y desde entonces 
no me ha perdonao, y siempre me ha mirao 
así... Y si s'acuerda... 

Maiice. ¡ En medio de too..., eres un chiquillo ! ¡ No me 
hagas reír ! . . . ¡ Cómo se va acordar de esas 
tontunas ! 

Paqüito ¿Usté cree que no? ¡Es que ya conoce usté 
su carácter ! 

Marce. j Y aunque se acordará, hijo ! En cuanto tú le 
digas a la Amalia que la quieres, se cae de 
ííusto. 



32 



Paqüito 

Marce. 

Paquito 

Marce. 

Paqu ITO 

Marce. 

Paquito 

Marce. 

Paquito 

Marce. 

Paquito 
Marce. 



Paquito 
Marce. 

Paquito 
Marce. 

Paquito 

Marce. 

Paquito 

Marce. 

Paquito 

Marce. 

Paquito 



(Radiante.) ¿Cree usté? 

Mírate al espejo. 

Madre... 

Mírate. 

(Presu^niendo.) Sí, verdaderamente... 

¿Qué mujer querrás tú que no te quiera?... 

Hoy por hoy, ¡ el mundo es tuyo, hijo mío !... 

¿ Sí mamá ? 

Y ella, una infeliz, ¿qué más pué desear?... 
Le van a faltar manos pa cogerte ! 

¡ Ay, madre, no me lo diga usté, porque si 
me hago esa ilusión y luego !... 

Y como ya son las doce y no tardará en venir 
a peinarme, de sus labios vas a oírlo... 
¿Entonces?... 

No es la mujer que yo soñaba pa ti; pero si es 
tu gusto... En cuanto venga, yo la hablo, te 
llamo, y se lo dices... 
Sí, mamá... 

Y a hacerte bueno, y a ser feliz..., al menos 
hasta que te se pase el arrechucho. 

i Nunca ! 

Ya veremos. ¡ Y pídele más a tu madre, si más 
quieres ! 

¡ Mamá de mi alma !... {Se abrazan. Suena el 
thnbre de la puerta.) 
j Ahí la tienes ! 
¿Será ella? 
Es su hora. 

(Va, mira y vuelve.) ¡ Ella es ! 
Pues anda ahí dentro, que yo te avisaré. Voy 
a abrirla. {Sale puerta derecha.) 
i Ella !... Tengo el corazón que me hace cro- 
ché !... Pero, señor, después de tó, ¿por qué? 
¿No tengo?... {Por la cara.) ¿No tengo?... 
{Por el traje.) ¿Y no tengo?... {Por el bolsillo.) 
Pues tié razón mi madre. ¡ El mundo es mío ! 
{Hace un mutis jacarandoso primera iz- 
quierda.) 



ESCENA XI 
]\Iarceijna y Amalia 

Pasa, Amalia, 

{Es una mocita madrileña, pinturera, elegan- 
tita y garbosa y todo lo más guapa que se pue- 
da ser. Lleva en sus risas, en sus palabras y 
en sus miradas, toda la gracia y la alegría de 
la tierra.) ¡ Hola, tía !... ¡ Alegres y felices !... 
¿Y por aquí todos, tirandillo? 
Sí, hija, a Dios sean dadas. 
Y tanto que me alegro. ¿Y mis papas, en el 
f ogón-palace ? 
Ahí en la cocina los tienes. 
Por muchos años. ¿Qué, y Paquito, pareció? 
Por fin. 

,: Qué ha dicho que ha sido ? 
Ño sé qué de un accidente. Lo de siempre. 
Que lian tenido pan. 
Amalia Pues tóos los días están lo mismo. Diga usté 
que en vez de un Ford más valía que se hubie- 
se comprao una tahona. 
Marck. y tú, ¿cómo has tardao tanto? 
Amalia ¡ Calle usté, tía, que es que no la dejan a una 
andar por la calle ; que la digo a usté que no 
sirve ni que los metan en la cárcel, porque hay 
por ahí cáa pollo, que es un tarro de Nieve 
Haceline. 
Marce. Como que yo soy vieja y hay veces que me 

sacan los colores a la cara, 
Amalia No; a mí los colores no me los saca más que la 
barrita que llevo en el bolso; porque no hay 
mejor sordo, etcétera... Ahora que los hay que 
dicen las burras con sorpresa, y, claro, no dan 
tiempo a avisar a los guardias... Verá usté lo 
que m'ha pasao : venía yo ahora mismito calle 
abajo, cuando va y ?e me arrima un pollo regu- 
larmente portao, y va y me dice con voz lasti- 
mosa: «Oiga, usté, joven; estoy sin trabajo; si 
me pudiera usté colocar...)) Yo me he qucdao 

3 



- 34 - 



dudando, y le digo : «¿Colocar, dónde ?» Y me 
dice con toa su frescura: «¿No tendría usté 
una vacante en ese cuerpo?...» Conque me re- 
pongo, y le digo : <( ¡ Hay que hacer oposicio- 
nes, hijo !)) «Es que me sé el programa; conque 
colóqueme usté, pa que yo tome posesión; me 
señala usté los días de oficina que le dé la ga- 
na, sin hacer caso de las fiestas, que van a ser 
muchas, y hasta que Dios me dé el cese, in- 
amovible.» Y al decir lo de inamovible, me ha 
ido a agarrar por la cintura. 

Marce. ¿y tú, qué? 

Amalia Que le he pegao una bofetá, que ha tenío que 
pedir la jubilación. {Acción de irse.) Y si no 
se va, le hago un morao en la hoja de servi- 
cios. ¡ A mí con camelitos ! 

Marct;:. ¡ Bien hecho, hija ! 

Amalia ¡Bueno, y qué! ¿S'ha lavao usté ya la ca- 
beza ? 

Marce. No he tenido tiempo. 

Amali\ ¿Entonces no la ondulo? 

Marcp:. Déjate, luego hablaremos de eso. Y ahora, una 
pregunta, Amalia. 

Amalia Y dos. 

Marce. ¿Con que pie has salió hoy de tu casa? 

Amalia Con uno de los cuatro ; pero no me acuerdo. 

Marce. Con el derecho tié que haber sido. 

Amalia Puede... 

Marce. Porque te voy a decir una cosa que t' alegrará. 

Amalia ¿Que regalan duros? 

Marce. Mejor. 

Amalia Venga. 

Marce Que Paquito me ha dicho que le avisase en 

cuanto llegases, que quié hablar contigo. 

Amalia ¿Conmigo?... ¡ Paquito !... ¿De qué?... 

Marce. ¿Qué sé yo? ¿Dé qué crees tú que puede ha- 

blar un chico guapo, como él, con una chica 
guapa, como tú? 

Amalia Pues desde la conveniencia del masaje facial, 
hasta de la utilidá del dóminus vohiscurn en 
la misa de una..., ¡ va usté a saber ! 



35 



Maücií. Bueno, sin guasa, porque contigo no hay for- 

ma. Paquito te quiere hablar. 

Am.\ha Bueno. 

INI ARCE. Creo que te alegrará lo que te diga. 

Amalia ¡ Ojalá !... 

Marck. Óyelo en serio. 

Amalia Con una seriedad, que me voy a reír, y le va a 
dar pena. 

Maííck. Pues voy a llamarlo. {Vase primera izquierda.) 

Amalia Encantada... ¿Que Paquito quié hablarme?... 
¿De qué?... ¡Y mi tía parece preocupada!... 
Ahí está el hombre, digámoslo así. 



ESCENA XII 
Amalia y Paquito. {Primera izquierda. 



Paquit(j (Saliendo.) ¡ Hola, Amalia ! 

Amalia ] Adiós, Valentino ! 

Paquito (Con malicia y como dibujando unas formas 

de mujer en el aire.) Muy buenas. 
Amalia Regulares. 
Paquito ¿Qué te cuentas? 
Amalia Ni tanto así, hijo. ¿ Ya has parecido ? 
Paquito Ya. Y además, con la resolución de quitarme 

de locuras pa siempre. 
Amalia ¿Te se ha acabao el dinero? 
Paquito Que quiero sentar la cabeza. 
Amalia Con que la pusieras en cuclillas se conformaba 

tu mamá. (Pausa.) 
Paquito ¿ Bueno, y tú qué te haces, peinadora ? 
Amalia Lo de siempre : tomarle el pelo a la parroquia. 

(Pausa.) 
Paquito ¿Has visto qué días? 
Amalia Calla, hijo ; encogidos, con una hora menos. 

¿ Qué moditas van sacando, eh ? 
Paquito Pero siéntate. 
Amalia Quiero crecer. 
Paqujto De bonita, no es posible. 
Amalia j Oy, qué ñno ! 
Paquito Estás que chillas de guapa, nena. 



m - 



Amalia 



Paquito 
Amalia 
Paquito 
Amalia 

PAQÜfTO 

Amalia 
Paquito 

Amalia 

Paquito 



Amalia 

Paquito 

Amalia 

Paquito 

Amalia 
Paquito 

Amalia 

Paquito 

Amalia 

Paquito 

Amalia 

Paquito 

Amalia 

Paquito 

Amalia 

Paquito 

Amalia 



Pues te contestaré con los dedos pa no alboro- 
tar... (Habla como los mudos, con los dedos de 
la mano.) ¡ Me alegro ! 
¡ Y tiés un cuerpo ! . . . 
¿Qué iba a hacer con dos?... (Pausa.) 
Pues yo, Amalia, quería decirte una cosa... 
¿Una?... Poco es, pero venga. 
Ks que no sé por dónde empezar. 
Por lo más corto, y llegas antes. 
Tiés razón. Cuantos menos rodeos, mejor; oye, 
Amalia, 
i Oye usté ? 

Pues la cosa es que le he dicho a mi madre, ¿ sa- 
bes?, que, vamos, que si tú..., que, bueno, 
que yo..., que nada..., ¡ i que te quiero de ver- 
dá ! ! i Y que si tú me quisieras, me hacía un 
hombre formal ! . . . ¡ Por éstas ! 
¡ i Mi madre ! ! ¡ Me dejas más tonta de lo que 



soy 



Bueno, cuando 



se va a disparar un 
¿Que me quieres?... 

f 



cohete, se avisa, hijo 
¡ A mí?... (Riendo.) \ Ja, jay, qué gracia 
No te rías, que es en serio, que mi madre te lo 
dirá también. ¡ Que te quiero, Amalia ! 
(Riendo.) \ Amos, cállate, por tu salú, que tiés 
unas salidas !... ¡ Ja, ja, ja ! 
(Amoscado.) Que no lo tomes a risa, que te di- 
go que es en serio, 
i Ah ! ¿Pero en serio, en serio... ? 
De lo más. ¡ Por éstas !... Con que sobran las 
risas. 

Bueno, me pondré formal. 
¿ Y qué me contestas ? 
Que ni hablar de eso. 

{Como no dando crédito a lo que oye.) ¿Cómo? 
Que ni hablar de eso, Paquito. 
¿Es decir, que me dices que no?... 
Pues claro, 

¿ Pero así, en redondo ? 

No lo tomes en redondo, porque bola no es. 
¿ Es la verdá ? . . . 

Franca y clara. Yo no sirvo pa mentir, ya me 
conoces. 



Paquito 
Amalia 

PaQUITO 

Amalia 

Pa QUITO 

Amalia 

P A QUITO 

Amalia 

Pa QUITO 
Amalia 

Paqüito 
Amalia 

Pa QUITO 

Amalia 



Paquito 
Amalia 



Paquito 
Amalia 



Pa(¿üjto 
Amalia 



¿Y sería mucho pedirte que me dijeras por 
qué no me quieres? 

En el querer no hay ix>r qué ni por qué no ; 
se quiere o no se quiere, sin más razones. 
¿ Es que yo no lo valgo ? 

Y mucho. No te quito tu mérito; pero pa otra. 
¿ Pa ti no ? 

¡ Pa mí no..., porque yo..., yo ya tei^go mi no- 
vio, hijo !i 
¡ ¡ i Tu novio ! ! ! 

En un cacho. ¿Es que no tengo derecho? 
Bueno ; pero será. . . 

Más pobre que las ratas; pero guapo, honrao, 
trabajador... 
¿ Y no tiene fortuna ? 

Gustarme a mí, ¿te parece poca?... ¡Al me- 
nos, él se conforma con esa ! 
Bueno, ¿ pero qué necesidá tiés tú de un traba- 
jador, cuando yo tengo pa ti... ? 
Déjate del dinero; no voy por ahí. Preferiría, 
¿ cómo no ?, un hombre con pasta ; pero de no 
juntarse las dos cosas, me gusta más el hombre 
que el dinero, que con un hombre que te gus- 
te, hasta con dos realitos tiés la felicidá. 
Barata la compras. 

i A ver ! Te sientas en Rosales con un chaval 
de tu gusto, te tomas un sifón, y ná más con 
que te suba a las narices el picor de la gaseosa, 
un Edén... ¡ Y tó por cincuenta céntimos, con 
propina y todo ! Yo, de cariño, hasta el cielo; 
de dinero, lo preciso, y ná más. 
¿De modo que me desprecias?... 
¡ Líbreme Dios !... Una mujer no desprecia nin- 
gún corazón donde sabe que hay un poco de 
simpatía pa ella...; pero, vamos, de eso a lo 
otro... 

A tí lo que te pasa, Amalia, es que no me crees 
porque soy un tarambana, dímelo claro...; pero 
en esta ocasión, yo te juro... 
i Déjate de juramentos, tonto!... Yo no te 
quiero porque tengo mi novio, ya te lo he di- 



38 - 



Pa QUITO 

Amalia 



Paquito 
Amalia 



Paquito 
Amai.ia 

Paquito 

Amalia 



cho. Pero aunque así no fuera, tampoco te 
querría, porque tú no quieres a nadie. 
¿Que no? 

Que no. Lo que te pasa es que eres voluntario- 
so, estás consentido, acostumbrao a hacer tu ca- 
pricho desde chico, tiés dinero, y te da rabia 
no poder lograr tó lo que te se ocurra. 
Ahora no es eso, Amalia. 

Es eso. Y luego, no te hagas ilusiones, Paqui- 
to. Amos a hablar con verdá. ¿Qué hombre 
eres tú pa gustarle a una mujer?... Ni tiés ca- 
rrera, ni oficio, ni beneficio ; ni podrás tener 
un duro cuando no te lo dé tu madre, porque 
no sabes ganártelo. ¿Es mentira?... Pa ti no 
hay más que la Cuesta e las Perdices, el auto- 
movilito, el pintureo, juergas, borracheras, cu- 
chipandas con amigotes y gandulas... ¿Y te 
crees tú que tó eso vale algo pa una mujer 
como yo, que tenga su alma en su armario?... 
Nada. Con que no te molestes, Paco; no eres 
pa mí. i Qué le vamos a hacer ! 
{Airado y agresivo.) Está bien. 
Está mal..., porque a ti no te gusta; pero así 
es. 

Pues descuida, que ya no te molestaré en toda 
mi vida. 
Mejor será..., porque sería io mismo. 



ESCENA XIÍI 
Dichos y Marcelina. {Segunda izquierda.) 



Marce. {Sale airada.) \ No te rebajes más, hijo ! 

Paquíto ¡Mamá!... 

Marce. ¿Qué te importa a ti esa mequetrefa? 

Amalia ¿o mismo digo. 

Marce. Pues yo te voy a decir más : que quizá tenga 
de malo tó lo que tú le has dicho. Pero tiene 
de bueno, juventú, bondá de corazón, dinero 
y simpatía de sobra pa que le quieran muchas 
que valen un poquito más que tú. 



89 - 



Amalia 
Paquito 
Maikk. 



Amalia 
Makcií. 
Amalia 
Marí R. 



PAQriTO 

Makck. 



Amalia 
Paqüito 
Marce. 



i Pero tía ! 
i Por Dios, mamá ! 

Y además, tiene el carino de su madre, que an- 
tes me picarían que consentir que lo volviera a 
despreciar una muerta de hambre, como tú. 
i Muerta, no; que acabo de dar pruebas de 
viva ! 

Quita d'ahí que tienes más vanidá y estás más 
hinchada que un sapo. 

¿ Pero es que esto de querer a su hijo de usté es 
servicio obligatorio ?... 

No es que lo sea ; pero, ¿ quién eres tú pa reír- 
te de mi hijo?... Si te pasan el plumero y te 
quitan el colorete y los cuatro trapitos, un es- 
cuerzo. 
¡Por Dios!... 

j No quiero, vaya..., no quiero que a ti te des- 
precie nadie sin que le pese !... ¡ Con que, hala, 
a la calle deseguida !... 
(Aterrada.) ¡ Pero tía ! 

Pero qué dice usté?... 

A la calle he dicho ! ¡ Y tus padres, lo mismo ! 
{Llamando a voces.) ¡Tere..., sal con tu ma- 
rido ! 



ESCENA XIV 



Dichos. Teresa. Luego, Pepe. {Segunda 
izquierda.) 

Trhf.. (/líarmada.) ¿Qué pasa? 

Mauoe. j Que os vayáis a la cochina calle ! j Pero sobre 

la marcha ! 
Tere. ¿ Pero qué estás diciendo ? 

Matíck. y ná más... i Deseguida ! 
Terr. ¿Pero por qué? 

Pkí*''^' (Saliendo.) ¿Pa qué soy requerido? 

Marck. Que no os volváis a acordar de esta casa, ni 

del santo de mi nombre en vuestra vida. 
Pepíí ¿ Qué dices ? 

Marce. ¡ Que ahí tiés la puerta ! 



- 40 - 



Pepe 

Mar CE. 

Pepk 

Tehk. 

Pepe 

Tere. 

Pepk 

Marce. 
Amalia 
Vevk: 
Amalia 

Tere. 

Amalia 

Marce. 



Patro. 
Marce. 

Pa QUITO 

Marce. 



Paquito 



Marce. 



¿La pinto? 

Que tomes la puerta y te vajeas a tu casa. 
¿ Que la pinte en casa ? 
{Fuerte.) ¡ Que dice que nos vayamos ! 
¿Pero dónde? 
A la cochina calle, 

j Lo de cochina, que se lo diga al Ayuntamien- 
to ! 

¡ Hala, hala, pronto, fuera d"aquí ! 
i Vamos, vamos, padres ! . . . 
Pero a todo esto, ¿ qué ha pasao ? 
i Ná, un crimen lo menos !... ¡ Que no he que- 
río al niño ! i Ya ve usté qué delito ; ná más ! 
¡ Madre, y por eso nos despachas !... {Se van to- 
dos dando voces.) 

i Hale, hale..., padre, a la calle ! ¡ A la calle, 
madre ! ¡ Y perdón si se ha faltao ! {Vanse.) 
Así..., a la calle, ¡ingratos!... ¡Perros!... 
¿Qué más podían querer?... i Que se mueran 
de hambre !... {A Paquito, que queda sentado 
en una silla, pálido, tembloroso, estupefacto, 
haciendo guiños y contracciones, como próxi- 
mo a una crisis nerviosa.) ¿Pero qué te pasa, 
hijo?... ¿Qué tienes?... ¡Por Dios, no hagas 



Pa- 
¡V 



i Ay, mamá!... ¡ Ay, 



caso, hijo mío ! ¡ Que el mundo es tuyo ! 
tro, Patro ! {Llamando.) ¡ Desprecíalos 
hala, como si tal cosa !... 
'{Saliendo.) Señora... 
Pon la mesa. 
{Se levanta contraído. 
m.amá !... 

¡ Hijo, por Dios, no hagas caso !... ¡ Ríete des- 
precíalos !... Y ahora te doy tres mil pesetas, 
y esta noche te vas a divertirte y a olvidar a 
esa galocha, y ahora a comer, como si tal cosa... 
{En una crisis nerviosa tremenda.) \ \ No ! ! 
¡ ¡ No ! ! i No quiero ! ¡ La mesa no !... {Tira los 
platos, tira el mantel, tira la mesa, las sillas, 
llora grita, se arranca los pelos.) ¡ No quiero 
comer, no quiero vivir ! 

¡ Ay, hijo de mi alma ! ¿ Pero qué te pasa r 
¡ No te pongas así !... ; Ay, que me lo han ma- 
tao ! 



- 41 



Pa QUITO 

MARCE: 

Los DOS 

Paqüito 
Marck. 

Los DOS 
Pa QUITO 



Soltarme 



Que quiero morirme ! ¡ Rom- 



Marct?. 
Paquito 



Marck. 
Benda. 



perlo todo ! ¡ Tirarlo todo ! 
¡ Sujétalo, Patro ! ¡ ¡ Socorro ! ! {Salen los dos 
amigos de la primera izquierda.) 
¿ Pero qué pasa ? 

¡ Que quiero estrellarme contra las piedras de 
la calle ! 
¡ Sujetarlo ! 

¡ Por Dios, Paquito ! {Lo sujetan todos.) 
¡Me ha engañao..., me ha engañao usté, ma- 
dre ! ¡ Usté decía que el mundo era mío ! j Men- 
tira ! ¡ Mentira ! ¡ No es mío !... ¡ No es mío !... 
¡ Nada es mío !... ¡ Nadie me quiere !... ¡ Soy 
un desgraciao !... i Quiero matarme! {Se suel- 
ta en un esfuerzo.) \ Un balcón para matarme ! 
{Corre al balcón.) 

i Ay, mi hijo !... ¡ Socorro ! ¡ Socorro ! 
{Llega al balcón, pone el pie sobre la barandi- 
lla, como para tirarse a la calle, y aterrado del 
daño que puede hacerse, vacila unos segundos, 
y vuelve al fin, llorando, a los brazos de su 
madre.) ¡ Mamá ! 
¡ ¡ Hijo mío ! ! {Se abrazan.) 
{A Telele, con sorna.) ¡ Intento de suicidio !... 
¡ Tres mil pesetas más ! 



TELÓN 



FIN DEL ACTO PRIMERO 



ACTO SEGUNDO 



La misma decoración del anterior. De día también. 



El balcón, entornado, deja la escena a media luz. La 
Seña Marce enfría con una cucharilla una taza de cal- 
do. Pa QUITO está acostado en una chaiss-longue; lleva 
un pijama de paño y está envuelto en un plaid claro. 
Aparece despeinado, ojeroso, con aspecto de enfermo. 

ESCENA PRIMERA 



La Seña Marce y Paquito. Luego, Patro. 
{De la segunda izquierda.) 



Marcb. 



Paquito 
Marce. 

PaQI ITO 

Marce. 
Paquito 



Maiíck. 



(Suplicante.) ¡ Tómate esta taza de caldo, que 
desde que estás enfermo con la neurastenia, 
no hay quien te haga probar el alimento ! 
{Con voz llorosa y dolorida.) \ Pero si no pue- 
do, mamá ! 

i Amos, hijo, que es con Valentine ! 
¡ Por muy Valentine que sea, no me es posi- 
ble, mamá ! 

¡ Que llevas veinticuatro horas sin tomar nada ! 
(Excitáyidose por momentos.) ¡ Aunque lle- 
vase cuarenta y ocho ! . . . ¿ Cómo se dice que 
no puedo, mamá?... 

¡Un sorbito siquiera!... ¡Anda, hijo, hazlo 
por mí ! . . . 



u 



Paqüito {Ya sencillamente furioso.) ¡ Ni por usté ni 
por nadie ! ¡ Vaya !... j Que estoy diciendo que 
no puedo!... ¡Y además, que no quiero to- 
mar nada : ni caldos, ni potingues, ni nada !... 
¿Cómo se dice nada?... 

Bueno, no grites así, que te excitas y te pones 
peor. {Desesperada, deja la taza encima de 
una mesa y se sienta llorosa en tina silla.) 
¿ Cómo no voy a gritar, si me está usté deses- 
perando ? ¡ Y a mí que no me hablen de me- 
dicinas, porque en cuanto venga alguien y me 
miente una medicina náa más..., es que me voy 
al balcón y me tiro de cabeza 1 
¡ No, cálmate, no tengas cuidao !... ¡ Ay, Dios 



Marce. 
Paqüito 

Marce. 
Patro 



Marce. 
Patro 



Paqüito 

Patro 
Paqüito 
Marce. 
Patro 



Paqüito 

Marce. 
Patro 



mío, que este hijo me se muere !... j Qué con- 
denación de enamoramiento !... ¿Por qué echa- 
ría yo de casa a ese demonio e chica ?, . . 
{Entra de puntillas y habla en voz queda. Pa- 
qüito se incorpora, atendiendo.) Señora, se- 
ñora... 
¿ Qué pasa ? 

Que venía a decirla a usté que son las once y 
que hay que darle al señorito la cucharada y 
las dos pildoras... {Cada vez que la doncella 
nombra una medicina, Paqüito hace un gesto 
iracundo.) porque están al caer las cuatro go- 
tas pa que a la media hora se tome el papelito 
y a los quince minutos se le pueda poner la 
inyeción. 

{Que se ha levantado, la da un empujón y gri- 
ta.) ¡ Fuera de aquí ! 

{Aterrada y temblorosa.) \ Ay, mi madre ! 
¡ Fuera de aquí, o te estrangulo ! 
¡Cálmate, hijo!... {Obligándole a echarse.) 
{Llorando.) ¡ Dios mío, encima de que una lo 
hace por el interés que tié una de que se pon- 
ga bueno..., porque si fuera que una...; pero 
por qué lo hará una, si una... 
{Amenazador.) \ Que se vaya una, porque si no 
va a salir media !... 
¡ Amos, cállate y no hables más ! 
¡ Pero si es que no gana una pa sustos..., que 



45 



tengo el corazón, que con esta enfcrmedá del 
señorito, la que va a salir danzando pal ce- 
menterio va a ser una ; porque ayer le dio un 
ataque de esos, que si me da de lleno el puñe- 
tazo que me tiró, a estas horas tengo la cara en 
la nuca ! 

Makce. ¡ Son convulsiones que le dan, hija ! 

Patrü Pero le podían dar pa un sitio donde no tuvie- 

ra yo las narices. ¡Caray, que una!... {Suena 
un timbre.) 

Marce. Anda, anda, calla y veas quién es, que han 11a- 

mao. {Sale Pairo primera derecha.) \ Dios mío, 
un chico que en su vida se había fijao en nada ! 
¿Quién se podía figurar que se iba a poner 
así por una mequetrefa, que... ? 

Patro {Entrando.) El señorito Ben daña... 

Marce. ¡ Ay, gracias a Dios !... A ver si me trae algu- 
na buena noticia. Espera. {Se acerca a Paqui- 
ta.) Paquito, ahí está Bendaña. 

Paqlito {A gritos.) ¡ Que se vaya ! 

Marce. ¿ Pero no quieres que pase ? 

Paqdito {Gritando.) No. 

Marce. j Un amigo tan bueno !... ¡ Mira que viene a 
verte, hijo ! 

Paquitu (Sigue gritando.) ¡ Que no ! 

Benda. {Aparecie7ido en la puerta, con voz temerosa.) 
¿ Se puede ? 

Paqcito {Gritando más.) ¡ No !... 

Bendá. i Mi madre !... Hombre, yo venía... 

Paquito Que no... 

Benda. Bueno, pues adiós... {Inicia el mutis.) 

Paquito Que no..., que no se vaya. 

Benda. ¿ En qué quedamos ? 

Marce. Pase, pase usté y perdone, amigo Bendaña... 

Que es que no sabe lo que quiere. 

Paquito Y cuando yo diga que no, hay que esperarse, 
a ver lo que añado. 

Benda. Bueno, hombre, dispensa...; pero como en 
cuanto dices que me vaya, lo que añades es 
que no vuelva, yo, por eso... Y qué, ¿cómo 
te encuentras? 

Paquito Ivlal, muy mal. No tengo remedio, Bendaña. 



46 



Bknda. Amos, hombre... 

Marce. ¡ Pues así está día y noche ! No dice otra cosa, 
(Llora.) 

Bknda. ¡ Pero Paquito, por Dios !... ¿No ves a tu ma- 
dre lo apurada que está?... ¿En qué estás 
pensando?... 

Paquito En nada. 

Marck. ¿Oye usté? 

Benda. Bueno, en lo que ha pensao toa su vida; eso 
no es alarmante. 

Marce. ¿Pero usté cree, amigo Bendaña, que es mo- 
tivo el que una mostrenca... ? 

Paquito (Furioso.) \ Mostrenca, no ! 

Marce. Bueno, no te alteres; la llamaré como te dé la 
gana... 

Paquito (Gritando.) ¡ Mostrenca, no ! 

Marce. ¿Pero usté cree que es motivo el que esa..., 

chiquilla le haya dao calabazas, pa acarrear- 
se esta enfermedá?... 

Benda. Naturalmente, señora. Pero si es lo que le ven- 

go diciendo, no digo desde que hacemos uso 
de razón, porque nosotros la razón no la he- 
mos usao casi nunca ; pero, vamos, desde siem- 
pre : «Mira, Paquito, y que no le hagas mu- 
cho caso a las mujeres, porque las mujeres no 
son más que un conglomerao.» ¿Te lo he di- 
cho? 

Paquito Pero lo que no me has dicho es lo que es un 
conglomerao. 

Benda. Pues un montón de cosas buenas y malas; y 
las mujeres hacen como los vendedores de 
fruta: que las buenas las ponen encima... 
Pues no seas tonto, y cuando te arrimes cóm- 
prales un kilo ná más de lo que se vea, y te 
llevas la flor... ¡ Pero como te entusiasmes y 
te quedes con todo el montón, pues tienes que 
cargar con lo mollar y con lo agusanao !... i A 
ver si es mentira !... 

Ma»(?e. (En voz baja.) Calle usté, que parece que se 
ha quedao un poco traspuesto..., y tengo im- 
paciencia por saber... 

Benda. Sí; pero que no nos oiga...; porque si averigua 
que yo V03' y vengo... 



- 4', 



Marcr. 



BlíNDA. 

Marce. 

BE^DA. 



Mahck. 

BEjNDA. 

Marce. 
Bknda. 
Marce. 
Be.nda. 

Marce. 



Benda. 
Mauce. 



Bknda. 
Makck. 
Benda. 

Marce. 
Bknda. 

PAQriTO 



Marck. 
Benda. 

P A QUITO 



Chits... Venga usté y no levante la voz. {Se 
van aparte y hablan en voz baja.) Qué, ¿hizo 
usté mi encargo? 

Sí, señora; pero sin resultao ninguno. 
{Apurada.) ¡Santo Dios!... ¿No quieren ve- 
nir? 

Ni a la rastra. Claro, ven que ha tenido usté 
que humillarse y abusan. Dicen que usté los 
echó de esta casa, y que ni ellos ni su hija 
vuelven a poner más los pies en ella, pase lo 
que pase. 

i Dios mío ! ¿Pero usté les ha suplicao... ? 
¿Suplicar?... Más: se lo he pedido de rodi- 
llas. 

¿Y les ha ofrecido... ? 
Las dos mil pesetas que usté me dijo. 
¿Y ni así?... 

i Emperraos en que no vienen y que no vie- 
nen ! 

j Qué orgullo, Dios mío, con una pobre ma- 
dre !... Entonces, ¿qué más puedo hacer yo? 
i Porque si esa chica no vuelve, mi hijo me 
se muere..., o me se mata, Bendaña, o me se 
mata, que me lo estoy temiendo todo. 
¡ Por Dios, seña Marce, no diga usté eso ! 
Es que tenía una pistola y la ha escondido..., 
y de vez en cuando dice unas cosas que po- 
nen los pelos de punta. 
¡ Caramba, pues sí que sería una gracia ! 
¿Qué haría yo, Bendaña, que haría yo? 
¿Por qué no llama usté al señor Santos y le 
consulta ? 

Sí, es verdá... Baje usté a la tienda y llámele 

por teléfono. Dígale usté si pué venir a escape. 

En un vuelo... ¡ Eso de la pistola, me ha de- 

jao !... 

'{Se incorpora lívido, con los pelos de punta, 

llevándose las manos a la garganta, al pecho, 

a la cabeza, al estómago.) ; Ay, ay, ay, ay !... 

{Corre alarmada.) ¿Qué te pasa, hijo mío? 

{Ídem.) ¿Qué es eso, Paquito?... 

¡ Ay, mamá!... ¡ Ay, mamá de mi alma, que 



- 48 



yo me pongo muy malo, que yo me muero ! 

Marce. j Por Dios, que llamen al médico! 

Paqqito i No, que me pondría peor!... 

Telele. j Pero no te asustes, hijo; si ya les has oído de- 
cir a todos que no tienes nada. 

Paquito Sí, mamá, sí tengo; que voy a respirar y el 
aire no me pasa de aquí; y piso el suelo y me 
se hunde, y las piernas me se doblan, y los 
brazos me cuelgan... ¿Por qué me cuelgan a 
mí los brazos, Bendaña? 

Benda. ¡ Por lo que a mí ; porque no los llevamos con 
guardamalletas, miá éste ! 

Paqüito j Yo estoy muy malo, mamá ! 

Merce. I^o que debías tomar es alimento, que tó eso 
es debilidá. 

Paquito No, no es debilidá, mamá; es que me muero; 
es que no puedo vivir así, no, no puedo vivir 
así ni un día más. ¡ Pronto te voy a dejar sola ! 

Marce. j Por Dios, hijo, calla ! j Calla y no me asesines, 

que parece que te gozas en martirizarme ! 

Paquito {Cavibiando la expresión de terror en iracun- 
dia.) ¿Que no la asesine? i Bien se conoce 
que la remuerde a usté la conciencia ! 

Marce. í A mí? 

Paquito j A usté !... ¡Sí, a usté, que es la que tiene la 
culpa de todo lo que estoy sufriendo, de todo 
lo que estoy pasando ! 

Marce. j Que yo tengo la culpa... ? 

Paquito Sí, señora... ¡ Porque si usté no hubiese echao 
de esta casa a la Amalia ni a sus padres, no 
estaría yo como estoy ! 
Marce. Pero yo lo hice porque te despreciaban. 

Paquito Usté lo hizo porque siempre ha tenido un ca- 
rácter orgulloso y arrebatao... Ni más, ni me- 
nos... ¡Orgulloso y arrebatao! ¡Ni más ni 
menos ! 
Marce. [Asustada.) Sí, hijo, sí, bueno; pero, por Dios, 
perdóname y no te exaltes, porque luego te 
pones peor... 
Paquito ¿y qué me importa ponerme peor, si lo que 

quiero es morirme? 
Marce. ¡ Pero hijo !... 



49 



Paquito i Sí, morirme, morirme ! 

Marok. ¡No, hijo, no!... ¡No me digas eso, por 

Dios !... {Llora.) 
Paquito {A Beudaña. Imperativo.) Déjanos, que tengo 

que hablar a solas con mi madre. 
Benda. Sí, hombre, lo que quieras... (Voy a avisar al 

señor Santos.) {Sale disparado.) 
Paquito ¡ Mamá ! 
Marck. ¡ Hijo mío ! 

Paquito Mamá, yo siento con toda mi alma tenérselo 
que decir a usté, pero yo, yo necesito que 
vuelva la Amalia a esta casa !... ¡ Yo necesito 
hablar con ella hoy mismo, pero hoy mismo ! 
Makce. ¡Cómo hoy mismo?... ¿Y si no quisiera ve- 

nir? *^ 

Paqílto Ruégueselo usté..., suplíqueselo usté... Yo ne- 
cesito que la Amalia me quiera, ¿ lo oye usté ? 
Que la Amalia me quiera ; porque es que no 
puedo vivir sin ella; no puedo, no puedo, no 
puedo... {Llora.) 
Makce. Pero, ¿ te has olvidao que tiene un novio ?. . . 

Paquito ¡ No me he olvidao de eso ni de nada !... ¡ Pero 
de lo primero que me acuerdo es de que yo la 
quiero con locura..., y lo que no me se olvida 
un segundo, porque lo tengo metido aquí co- 
mo un clavo, es que si ella no me quiere ya 
no me importará la vida para nada; y entonces 
puede que..., puede que haga un disparate, 
mamá !... ¡ Por estas, que puede que haga un 
disparate ! 
Makí K. i Calla, calla, por Dios, que estás loco !... 
Paquito Tengo la pistola escondida, y si hoy no hablo 
con ella..., si hoy no me dice que me quiere... 
Si hoy no... Yo no sé si..., yo no sé si... 
Makck. i Por Dios, cómo tiemblas !... ¡ Me das miedo ! 

{Sirviéndosela.) \ Tómate esta cucharada, que 
es calmante; {Se la da.) anda, tómatela... 
Paquito {Con tnano Irétnula intenta llevársela a la boca 
y no acierta.) No, no puedo..., ni me encuen- 
tro la boca..., ni me... {Tira la cuchara.) Ade- 
más, que yo ya no quiero nada, nada... Yo ^-a 
no quiero sellos, ni i)íldoras, ni nada... {Es- 

4 



- 50 — 



parce ¡os papeles por el aire y tira ¡as pildo- 
ras por el suelo.) \ Fuera el salicilato, el vale- 
rianato, el bicarbonato ! {Lo tira todo de los 
frascos, epilépticamente.) \ \ Fuera todo ! ! ¡Es 
su cariño, su cariño, lo único que me hace 
falta ! 

Marce. ¡ Pero hijo, que te vas a volver loco, que me 
estás matando ! 

Benda. (Saliendo.) ¡Vuelve en ti, Paco!... ¿Pero no 
te se mueve el corazón viendo el dolor de tu 
madre ? 

Marce. (Llorando.) ¡ Deje usté ; que ya no le importa 
para nada su madre ! (Con gran aflicción.) 

Paquito (Reaccionando ante el desconsuelo de Marce- 
lina.) ¡ Ay, mamá; no llore usté, por Dios, 
que sí que me importa usté !... Y ahora, re- 
cogeremos las pildoras... (Autoritariamente.) 
i Bendaña, recoge las pildoras a escape ! 

Benda. ¿Pero cómo recojo yo doscientas cuarenta y 
ocho pildoras lo menos? (Tratando de recoger 
algunas.) 

Paquito ¡ Recoje los polvos en seguida ! 

Brnda. j Como no sea con un plumero !... ** 

Paqüito i Recógelo todo, todo !... ¡ Pronto !... ¡ Que na 
llore mi madre ! 

Benda. Bueno... (Hace como que recoge.) 

Paqüito Y usté, mamá, perdóneme los disgustos que 
la estoy dando...; pero, por Dios, traiga usté 
a la Amalia, sea como sea. Que venga, que 
quiero verla, que tengo que hablarla lioy, ¡ hoy 
mismo!... i Hoy mismo, mamá. (Llorando.) 

Marck. Sí; pero vamos a la cama, que estás muy esci- 

tao. ¡ Ayúdeme a llevarlo, Bendaña. (Lo co- 
gen de los brazos.) Y no llores, hijo mío, y es- 
táte tranquilo, que vendrá; yo iré a pedírselo, 
aunque me escupan; yo iré a buscarla, aunque 
tuviese que consentir que me arrancaran el 
pellejo a tiras. (Hacen mutis primera izquier- 
da.) 



51 



ESCENA II 

Bendaña. Luego, Marcelina, que sale de la 
primera izquierda desesperada.) 



Benda. 



Marce. 

Benda. 
Marce. 



Bknda. 
Marce. 



Benda. 



Marce. 
Benda. 



¡ Bueno, este chico no está pa competir con 
Ramper, ni mucho menos !... ¡ Pa mí que tie- 
ne un desequilibrio mental, que ya no se acuer- 
da ni por dónde se come el cocido. Y luego, 
eso de que haya escondido la pistola me tie- 
ne a mí..., porque estos neurasténicos, como 
les dé la negra... 

(Desfallecida.) ¡ Ay, Bendaña, yo ya no puedo 
más!... ¡Es mucho esto, hasta para una ma- 
dre!... 

i Me hago cargo, seña Marce !... A mí también 
me tiene... 

¡ Ya lo ha oído usté !... O viene la Amalia hoy, 
o ese chico se mata... ¡ Y eso no, Bendaña, eso 
no, porque sería mi mjuerte ! 
¿ Y qué hacemos ? 

Vuelva usté otra vez a casa de la Tere y ofréz- 
cales tres mil, cinco mil, ocho mil pesetas... 
i Lo que quieran !... Dígales usté que vengan, 
que es pa pedirles perdón. ¡ Pínteles usté este 
cuadro ! ¡ Y que vengan, que se lo pide una 
madre desconsolada !... 

Sí, señora. ¡ Me da rabia, indignación, que us- 
té tenga que humillarse tanto... ¡ Pero, maldi- 
ta sea mi suerte, que le juro a usté que los trai- 
go, aunque sea en una espuerta... ¡ Por éstas ! 
¡ Sí; hágalo usté por mí ! 
¡ Los traigo ! ¡ Yo no sé en cuantas veces, pero 
los traigo ! (Vase derecha.) 



Marce. 



ESCENA III 

Marcelina. Santos. 

j Que Dios le ilumine y a ellos les toque en el 
corazón ! 



Santos {Entrando primera derecha.) ¡ Maree !... 

Marce. ¡ Tú ? 

Santos Salía Bendaña cuando yo iba a llamar. Recibí 
tu recao telefónico pa que viniera, y aquí me 
tienes. ¿ Qué ocurre ? 

Marce. j Perdona que te haya molestao, Santos, pero 
estoy loca !... 

Santos Tú mandas en mi vida, ya lo sabes. 

Marce. ¡ Ay, Santos; pues te he llamao porque necesi- 
to tu consejo. El chico cáa día está peor !... i Y 
hoy ha llegao ya a un extremo !... 

Santos (Ríe.) ¿Y pa eso me llamas?... ¡ Amos, no ha- 
gas caso de tontunas, Marce ! 

Marce. ¿ Que no haga caso ? . . . 

Santos Natural. Afortunadamente, la enfermedá de tu 
hijo no te debe inquietar. 

Marce. No empieces, Santos, i Tú no sabes lo que está 
sufriendo ! 

Santos Pues lo que está sufriendo no es ni más ni me- 
nos que la rabia de un capricho contrariao en 
una criatura consentida y voluntariosa. 

Marce. ¿ y todo lo que padece ? 

Santos Nada. El de la Amalia es el primer capricho 
que le falla. Esa chiquilla, o porque no le quie- 
re o porque es juiciosa, le ha puesto la proa, 
y él, acostumbrao a hacer tabla rasa con todo, 
se le ha venido el mundo encima. Y eso es lo 
que tiene. Ni más, ni menos. 

Marce. ¿ Y tú crees que sólo por eso pasaría las noches 
que pasa y las angustias que padece ? 

Santos Mira, Marce, yo creo en todas las enfermeda- 
des cuando el enfermo es el que sufre; pero en 
aquellas en que el enfermo se alimenta mejor, 
bebe mejor, y se pasa la vida tumbao, y los 
únicos que ni comen, ni beben, ni descansan 
son los que le rodean, en esas, qué quieres 
que te diga, no tengo mucha fe. Pero lo malo 
no es lo del chico. Lo que siento es lo tuyo; 
que veo que te consumes y pierdes la salú, y 
que además he sabido que te estás rebajando a 
una gente vocinglera, que se ufana de tu hu- 
millación y que se burla de ti y te va a ex- 
plotar. 



I 



53 - 



Marck. 
Santos 



Marce. 



Santob 



Marce. 



Satsitüs 



Marcb. 

Santos 
Marce. 

Santos 



Marck. 
Santos 
Marce. 



Por un hijo se debe hacer todo, vSantos. 
¡ Por un hijo se debe hacer todo, Marce !... Se 
debe hacer todo..., ¡todo!..., menos quererlo 
tanto, que de tanto quererlo hagamos ya casi 
imposible su felicidad, que es lo que tú has 
hecho. Ya te lo dije. ¡ Si me hubieras creído ! 
Mira, Santos ; ya no es hora de reflexiones ni 
de volver sobre lo pasao. vSino de darme un 
consejo que me evite una desgracia. 
Pues mi consejo es que me dejes intervenir. 
Tu hijo no tiene más atadero que el que yo, 
autorizao por ti, intervenga y le haga volver a 
la reflexión 3^ le meta en vereda enérgica- 
mente. 

(Horrorizada.) ¡ Calla, por Dios, Santos, que el 
chico, con la idea que te tiene, se moría del 
disgusto. , 

¡ Qué se iba a morir !... Ya se yo que al prin- 
cipio pelearíamos, pero yo le traería a la ra- 
zón por las buenas, que yo no le quiero mal... 
¿Cómo no he de querer yo bien a todo lo que 
sea tuyo?... ¡ Hazme caso, Marce; déjame in- 
tervenir, que aún podemos ser felices todos. 
Este es mi consejo. 

¡ Pues no es ese el consejo que yo quería de ti ! 
Pues no tengo otro que darte. 
i Lo siento ; pero ése, en estas circunstancias, 
no me vale ! 

¿Qué se le va a hacer?... Otros días traerán 
otras horas, y otras horas otras circunstancias. 
Y entonces hablaremos, que la vida no nos suel- 
ta sin darnos a cada uno lo que nos correspon- 
de... Conque..., [Inicia el mniis.) signe en tu 
ceguera. 

Vete con Dios, Santos. 
Hasta más ver. {Vase primera derecha.) 
[Llorando.) \ Qué lucha. Dios mío ! ¡ Cada uno 
con su egoísmo o con su capricho ! \ No hay 
cariños ni amistades en el mundo !... ¡ Menti- 
ra !... Y el que sufre, se queda solo; solo en la 
vida, para luchar con sus penas, y no liay 
más. 



54 



Patro 

Marce. 

Patro 



Maroe. 

Patro 
Marce 



ESCENA IV 

Marcelina y Patro. [Que sale segunda 
izquierda.) 

I Señora, señora !... 
¿Qué pasa ? 

i Que por el balcón del gabinete he visto al 
señor Bendaña, que trae a la seña Tere y al 
señor Pepe en un taxis ! 

(Con enorme alegría.) j lyos trae?... | Ay, gra- 
cias, Dios mío ! 
¿ Abro ? 

Sí, corre. {Vase Patro.) \ lyos trae !... ¡ Por fin 
i Virgen de la Paloma!... ¡Te debo un taxis 
de cera !... 



ESCENA V 
Marcelina y Bendaña. 



Benda. [Entrando primera derecha.) Ahí los tié usté. 

Marce. Gracias, Bendaña. ¿Y cómo los ha traído? 

Benda. Con la puesta en marcha. 

Marce. ¿ Qué es eso ? 

Bknda. Dándoles cada empujón de seis metros..., has- 
ta que hemos llegao a un taxis. 

Marck. ¿y cómo vienen? 

Benda. ¿Tiene usté mucha paciencia? 

Marce. Mucha. 

Benda. Pues azquiera usté seis kilos más, por lo que 
sea, que todo le va a hacer falta. 

Marce. Voy a cerrar la alcoba de mi hijo, pa que no 
los oiga. iVase primera derecha.) 

Benda. Y yo voy a introducirlos. Ya me contará us- 
té... (Saliendo.) Que pasen ustedes. 



— 00 



Pepe 

Tere. 

Pepe 

Tere. 

Pbpe 



Tere. 



Pepe 

Marce. 

Tere. 

Pep.: 

Tkrr. 

Pkpb 

Marck. 

Terk 

Makck. 
Tere. 

Pepe 
Tere. 

Marce. 



Tere, 



Marce 



Pepe 



ESCENA VI 
TerKvSa. Pepe. Luego, Marce. 

{Asomándose desde la puerta.) ¿Pa qué soy 
requerido ? 

{Que se asoma después.) No te desperdicies, 
í^íaláu, que no hay nadie. 
Se pué pasar... 
¿ No te digo que sí ? 

Déjame que termine ; se puede pasar el que 
te echen de una casa; pero que te pidan luego 
de rodillas que vuelvas es un cúmulo, que hay 
que explotarlo, Tere... ¿Te has percatao? 
¡ A mí con esas ! . . . ¡ Esta se la cobramos, pero 
en gordo!... Chits..., que sale la Marce. Ca- 
ras duras. {Las ponen.) 
¡ Fíjate en la mía : hormigón armao ! 
{Entrando. Muy risueña.) ¡ Buenos días !... 
Veremos. 
Buen jour. 

i Ojo con lo que dices ! 
El francés no compromete a nada. 
i Gracias a Dios que se os echa la vista enci- 
ma ! 

Por poco será, que no som.os calienta sillas. 
Bueno, mujer. Y qué, ¿ cómo estáis ? 
Mejor que el día que nos echaste, a Dios gra- 
cias. Joselito ha ganao tres kilos... 
Se puede comprobar... 
Y una servidora cinco. Conque ya ves. 
Bueno, Tere; pero no hay por qué recordar lo 
que yo quiero que olvidemos todos. Aquello 
fué un acaloro. 

Pues hija, hay que mirarse un poco antes de 
acalorarse, pa no tenerse luego que guardar 
el genio en una fresquera, como salta a la vista. 
Bien está, mujer ; pero no seas rencorosa. Os 
he sui^licao que vinierais; habéis venido, pues 
tan contenta. Pero sentaros. {Alto al sordo.) 
Siéntate y quítate la gorra, si quieres. 
Gracias, es comodidaz. ¿Dónde me siento? 



56 



Tere. Ahí en el sillón. 

Pepe ¿ No tenéis mecedoras ? 

Tere. j Como no te columpies en el trinchero !... 

Pepe {Cogie^ido una botella del aparador.) ¿Se pué 

beber una copa de esto? 

Marce. I^as que quieras, 

Pepe (A Tere.) ¿Gustas? 

Tere. Ni aunque fuera gloria. 

PríPE Yo sí. {Se sirve una copa.) Es Jerez. (Se per- 

signa antes de bebería.) 

Tere. ¿Por qué te persignas? 

Pepe Porque es de Misa. {Se la bebe, besa la copa y 

la deja.) Cáa uno, sus creencias. 

Marce. Bueno, pues a lo nuestro. Tere, os he llamao, 

voy a hablaros con toda la franqueza de mi co- 
razón, porque ya sabéis que al chico le ha en- 
trao una pasión de ánimo por la Amalia, que 
si la chica no viene a verlo, yo creo que me se 
muere... 

Pues, hija, mal asunto es ese, porque ya sabes 
que la Amalia tiene novio, 
i Pero no será una cosa tan formal, mujer ! 
Formalísima. Se trata de un chaval, trabaja- 
dor, honrao, vecino de toa la vida... ¡Una 
alhaja !... 

Ha sío sacristán : no te digo más. 
Pero vosotros podíais hablarle a vuestra hija, 
por lo menos, pa que le diese largas al asunto. . . 
¿Y quién le da largas a un sacristán?... 
i Ni hablar de eso ! ¿ Cómo quieres que obligue 
yo a una hija, que es lo más sagrao, a que un 
cariño que tiene lo tire a la calle por un ca- 
pricho de un... ? 

Mira, Tere, es que como convenirle a la Ama- 
lia, yo creo que mi hijo le conviene más que 
ninguno... A más que yo..., vaya, vamos a po- 
ner las cartas boca arriba, si la cosa se arre- 
glara, os sacaba de pobres pa siempre. Así co- 
mo suena. 

Tere. {Acercando la silla.) A ver, a ver. ¿Qué dices? 

Marce. Que lo primero que yo haría, si lo de los chicos 
se arreglara, es poneros donde quisierais una 



Tere. 

Marcíí. 
Tere. 



Pepe 
Marce 

Pepe 
Tere. 



Marce. 



Teiíe. 
Pkpe 

Tere. 

Pepk 
Tere. 

Pepe 



Marce. 



Tere. 

Marce. 

Tere. 

Marce, 



Tere. 
Marce. 



tienda de lo que os diera la gana, y ya teníais 
pa vivir too lo que vivierais. 
¡Caray!... (Alio a Pepe.) Que dice que si la 
Amalia y Paquito se arreglan, que nos pon- 
dría una tiendecita. 

Alto el camión. A mí no me sastiface el co- 
mercio. Eso da trabajo... Yo prefiero un capi- 
talito pa renta. Ya conoces el ideal del obrero 
manual : estar mano sobre mano. ¡ Porque más 
manual que eso !... 

{A Pepe.) Oye, ¿y si nos pusiera un estable- 
cimiento de vinos? 
Eso ya va más encarrilao. 

Podríamos añadir una miaja de tienda de co- 
midas y yo me apañaría a guisar. 
Bueno, tú haz lo que te cuadre; ahora, que 
servidor, trabajar, de ninguna forma; que yo 
ya no vuelvo a coger la brocha más que pa 
usos domésticos, porque en cuanto yo tenga la 
probalidá de tener dos pesetas seguras, me di- 
ces como pintor que te dé una mano, y no te 
doy una mano ni pa levantarte del suelo, A 
partir de ahí, y conocidos mis ideales, tuyo se- 
g^uro servidor... 

Bueno; todo eso es a tratar en vuestra conve- 
niencia. Conmigo contar pa todo. Pero lo pri- 
mero es que la Amalia vuelva ho}^ mismo a 
esta casa, y que el chico la vea. ¿Dónde podría 
yo encontrarla? 

Bien cerquita. Abajo en la esquina la tienes. 
¿Abajo?... ¿Subiría si yo se lo pidiera, Tere? 
Tiene mucho orgullo y es muy sentida; ¡ pero 
prueba a ver !... 

Pues yo misma voy a bajar por ella... ¡ Con 
tal de darle a mi hijo esa alegría !... ¡ Ojalá que 
quiera subir ! . . . 

Dila que hay ascensor, que eso anima. 
Aguardar un minuto. {Vase puerta derecha.) 



58 



ESCENA VII 
Seña Tere. Pepe. 

Tp]ke. ; La • emos chafao ! 

Pepe j Qué ? 

Tere. Saca la trompetilla pa no chillar, no sea que 

alguien... {Indica el oído.) 

Pepe {La sopla en la propia cara de Tere.) Dime. 

Tere. {Rechazándole.) ¡Amos..., desinféztala pa otro 

lao, que me has dejao ciega !... 

Pepe Bueno, venga. 

Tehk. Que yo ya me veo con el negocio montao y el 

restauran montao. 

Pepe Sí ; pero como lo Amalia se ponga tonta, ten- 

gas montao lo que tengas montao, te lo apea. 
Que 3-a la conoces. 

Tere. Oye : en caso de que la cosa se arreglara, ¿ có- 

mo le pondríamos al restauran ? 

Pepe I^e podíamos poner un nombre vasco, que aho- 

ra están de moda: ((Chacharramelamundi». 

Tere. ¿ Pero eso es una cosa pa comer ? 

Pepe No; pero es pa hacer apetito, porque es larga. 

Tere. ¿Y si le pusiéramos «A la buena digestión»? 

Pepe No está mal; y después, a los postres, podías 

dar bicarbonato. 

Tere. No es ninguna tontería. 

Pepe Y menos guisando tú. 

Tiíre. I^a paella a la valenciana podías hacerla tú. Eso 

lo haces m\iy bien. 

Pepe j Y qué me dices de los callos ? 

Tere, Que te los cuides. Y calla, que suben. 



Marce. 
Amalia 



ESCENA VIH 

Dichos, Amalia y INIarcelina. 
{Entran primera derecha.) 

i Pasa, hija, pasa, que no sabes la alegría que 

me das ! 

(La sigue alegre, riendo^ contenta, inás bonita 



o9 



que nunca.) ¡Ja, ja, ja!... ¡Y yo encantada, 
tía, que ya ve usté cómo me se sale la risa a 
chorros, de volverme a ver aquí !... ¡Y desde 
mañana empiezo a peinarla a usté otra vez, 
como si tal cosa !... ¡Y la hago la ondulación 
Marcel ! 
Maui E. ¿La has aprendido? 
Amalia Muy bien : ya no quemo más que la mitad de 

las ondas. 
MaK" ■:. ¡ Tú siempre tan diablo !... j Pues, ay, hija, tú 
no sabes el bien que puedes hacer hoy en esta 
casa ! 
Amalia Pues todo el que pueda hacer, ya está hecho. 
Mauce. ¡ Ya ves, cuando yo misma he bajao a supli- 
carte ! . . . 
Amalia Porque ha sido de su gusto. Que a mí, a bue- 
nas, no digo yo subir; me manda usté llevarle 
el gazpacho a Taina, que vivía dos calles más 
abajo de donde Cristo dio las tres voces, y voy 
a la pata coja. 
Maroíl ¿De modo que vuelves contenta? 
Amalia ¡ Pero si yo soy como la pelota, tía : que me 
echan contra la pared y vuelvo ! . . . ¡ Cómo no 
volver a sus brazos?... ¡ Que sí, que siempre ! 
i Que viva mi tía ! 
Marck. {La abraza.) \ Hija de mi alma i 

Tkrk. j Pero no des voces, que hay enfermos, y tú 

eres una escandalosa ! 
Amalia {Bajando cómicamente la voz.) ¡Escandalosa... 
y no como nueces por no meter ruido?... Bue- 
no, tía, ¿y pa qué soy requerida, como dice mi 
padre ? 
Makce. j Ay, Amalia, Paquito está loco I 

Amalia j Usté exagera !... ¡ Me han diclio que tonto na 

más ! 
Marce. y yo quisiera que tú le oyeses..., por lómenos 

que le oyeses... 
Amalia Con poco fuerte que hable... 
Maroe. Pero no como aquel día..., sino dándole siquie- 
ra una esperanza. 
Amalia {Riendo.) ¡ Pa que se la juegue al mus?... Va- 
mos, vamos, tía, dígale usté a ese maula que 



- 60 



Marce. 



salga, que me han dicho que está neurasténico 
y que llora, y tengo mucha gana de reírme 
viéndole llorar. Ande usté. 
¡Sí, sí!... ¡Verás qué alegría le damos!,.. 
{Vase primera izquierda.) 



ESCENA IX 
TerEvSa, Amalia y Pepe. 

Tere. Bueno, hija, ya habrás visto que aquí somos 

los amos, si sabemos aprovecharnos ; conque 
ten ojito. 

Amalia No quiero tener náa, que pa mí, que cuando 
se hace uno el amo de donde no lo es, lo que 
es, es un sinvergüenza. 

Tere. ¡ Pero estás oyendo ? 

Pepe Yo no. 

Tere. Más vale. Estoy viendo que se nos repucha. 

Pepe Te avierto que si le haces caso a Paquito y pa- 

saporteas a Casiano, nos ponen un estableci- 
miento mercantil y alimenticio. Náa más que 
eso. Y Lhardy, se finí. {Se pone la corneita al 
oído.) ¿Qué dices? 

Amalia {En la trompeta.) ] Que tararí !... porque no sé 
cómo se toca silencio con trompeta. 

Tere. ¡ Pero, qué vas a hacer, so loca ? 

Amalia I^o que me convenga, respetos aparte, madre. 

Tere. Pero tus padres te tién que aconsejar. 

Amalia Ustés me aconsejan lo que quieran, y Dios se lo 
pague; pero mi vida es mi vida, y me la tengo 
que vivir yo sola de arriba a abajo; con que 
ustés se callan como dos tumbitas y me dejan, 
que en estos asuntos del principal izquierda 
quiero caminar por donde sea de mi agrado. 

Tere. ¡ Entonces, quié decirse... ? 

Amalia Que tengo echadas las cuentas de mi vida. Ná 
más. Y cuando ustés vean que les ofendo en 
su respeto de padres u en su honra de personas 
cabales, me avisan. Tan y mientras, dos pun- 
tos. 



61 



Tere. Eso de dos puntos no lo dirás por nosotros. . . 

Amalia Dios me libre. Yo lo que digo es que lo que 
hago sé por qué lo hago, y ná más. 

Tere. {Al marido.) Oye, saca los tres pisos. {Pepe 

saca la iro^npetilla en toda su e.xiensión.) Me 
estoy viendo ((La buena digestión» por el 
suelo. 

Pepe Mira, Amalia, hazle caso a tu padre, y hazle 

caso a tu primo, y hazle caso... {Indica acción 
de dinero con los dedos.) 

Amalia ¿A usté le gusta la Plaza del Callao? 

Pepe Mucho. 

Amall\ Pues como si la hubiese usté ganao por oposi- 
ción. Conque mutis, que salen. {Los hace salir.) 

Pepe Ná, que estás perdido cuando te toca en el 

sorteo una hija modernista y feminista. 

Tere. Claro, como que no hacen más que los que les 

da la ^anista. {Hacen mutis secunda derecha.) 



ESCENA X 



AMALI.^, Marcelina y Paquitó 



Paqüito {Que sale primera izquierda del brazo de su 
madre.) ¡ Pero para qué me hace usté salir 
aquí, mamá, si no tengo alientos ni para mo- 
verme ! 

Marce. {Haciendo señas de intelige^icia a Amalia, que 

se ha ocultado un poco.) A ver si revives cer- 
ca del balcón, hijo mío, que ya va a entrar el 
sol... 

Paqüito {Tristón y lloroso.) ¡Sí, sí, revives!... Y este 
brazo que me se ha dormido..., y este otro que 
no puedo moverlo..., y las piernas, que siento 
un hormigueo, que también me se van a dor- 
mir. . . 

Amalia {Muy alegre.) ¡ Pues a espabilarlo todo, galán, 
que ha llegado el despertador ! 

Paqüito {Sin saber si llorar o reírse, pero con una emo- 
cionada y enorme alegría.) \ \ Amalia ! ! 



62 — 



Amalia ¡ j Paquito ! ! {Se abrazan. El no ¡a suelta. 
Tiembla y ríe histéricamente.) 

Paquito ¡ Ay, Amalia de mi vida!... ¡ Ay, pero eres 
tú?... ¡Sí!... ¡Tú!... ¡Tú!... 

Amalia ¡Sí, yo!... ¡ La mismita !.. . 

Paquito (Sin soltarla, a su madre.) ¡ Ay, pero es ella? 

Marce. ¡ Sí, hombre, palabra de honor; pero suél- 
tala ! 

Paquito ¡ Bien decía usté que iba a entrar el sol ! j Ay, • 



j Ay, Amalia, {Sin 
gracias !... ¡ Pero 



mamá, gracias, gracias!... 
soltarla todavía.) gracias 
eres tú?... 

Amalia Sí, hombre; toma la cédula, y suéltame, si 
quieres. . . 

Paqoito í Ay, si no puedo !... Si es que no puedo sol- 
tarte. . . Si es que estoy nervioso y mareao, y si 
me suelto me caigo. 

Amalia Pues cáete, que ya te cogeremos. 

Paquito No, que me puedo hacer daño. 

Marce. j Pero suéltala, hijo ! 

Paquito ¡ Sí, claro, a usté como no le dan mareos !... 

Amalia Y qué, ¿cómo te encuentras, mamarracho? 

Paquito {Lloroso.) ¡ Ay, Amalia ; si vieras qué días 
estoy pasando !... 

Amalia Ya me han dicho que estás más triste que un 
callejón sin salida. 

Paquito ¡ Y mira cómo me he desmejorao ! 

Amalia i Quiá, hombre, si tiés una cara que de guapo 
le pues dar veinticinco pa cincuenta a Chon 
Chilberl... 

Paquito Pues todos los médicos me aseguran que ten- 
go estropeaos los grandes vasos... 

Amalia ¿Y qué falta te hacen a ti los vasos?... j Bebes 
en porrón ! ¡ El asunto es que no te se dete- 
riore el resto de la vajilla, tonto ! 

Paquito ¡ Ay, Amalia, por lo que más quieras, no me 
hagas reír ! 

Amalia ¿Que no te haga reír?... ¿Pero es que te han 
puesto contador?... ¡ Amos, ríete, que aún no 
lo cobran ! 

Marce. ¡ Ay, que se ríe ! j ¡ Se ríe ! ! ¡La primera vez 
que se ha reído en dos meses ! . . . 



6:} 



Amalia ¡ De moilo que lie venido vo a hacer de Char- 
ló?... 

Paqoito i A hacer de gloria divina ! {La abraza.) 

Marck. j Y ya tiene otra cara ! 

Amalia (Rechazándolo.) ¡ Y otros hechos..., sí, se- 
ñora ! 

Marce. ¡ y si tú quisieras, le traía yo un poco de ali- 
mento, a ver si, distraído contigo, se lo toma- 
ba !... 

Amalia Bueno; lo que usté quiera. Le liare de vermú. 
¿ Daré yo apetito ? 

Paqüito ¡ Como pa morirse de gana ! ¿ Y tú me darás 
lo que me traigan ? 

Amalia Todo. Y lo que yo te dé, te lo juedes tomar 
con satisfacción, que está feo que yo lo diga, 
pero soy de curiosa que a mí no me se para una 
mosca encima... sin limpiarse las patas. Con- 
que hale, tráigale usté al perita lo que sea. 

Marce. Una taza e caldo y un sesito. Voy por ello. 

Amalia Oiga usté, tía. ¿Y si cuando se vaya usté se 
miarea?... 

Marce. Sales. Ahí tienes el frasco. (Lo seríala y vase 
segunda derecha.) 

Paqüito ¡ Ay, AmaHa, qué gana tengo... ! 

Amalia ¡ Pues ahora, cuando traigan la comida, te 
hinchas !... 

Paqüito No; digo, que qué gana tengo de hablar conti- 
go, de hablar mucho. . . 

Amalia ¿Para qué? 

Paqüito Pues para... ¡ Ay, Amalia, qué .£:uapa estás !... 
¡ Ay, Amalia, que tengo una coní^oja..., de la 
impresión de verte !... Dame la mano, que me 
mareo... [Intenta cogérsela.) 

Amalia No, no ; estáte quietito, que ya has oído a tu 
madre... Si se marea, sales..., sales y me lla- 
mas..., conque... [Inicia el mutis.) 

Paqüito No, no salgas, no te vayas..., que quiero de- 
cirte algo de que quizá depende mi felicidá..., 
¡ tal vez mi vida !... 

Amalia ¡ Caray, cuánta cosa !... ¡A ver qué es eso tan 
complicao ! 

Paqüito ¡ Que yo me voy a morir, Amalia ! 



- 64 



Amalia ¡ Toma, y yo..., pero no sé cuándo ! Ahora que 
no pienso meter prisa, a ver si se distraen y me 
dejan un rato. 

Paqqito No te rías, que es que yo me voy a morir de 
veras ! 

Amalia ¡ Pero por qué, so tonto ? 

Paqüito Porque hay una mujer que no me quiere..., 
que no me quiere porque quiere a otro. 

Amalia Sí que es mal negocio. 

Paquito ¿ Qué remedio crees tú que tiene eso, Amalia ? 

Amalia Ninguno. Hay que sufrir y aguantarse, y que 
la pena te sirva pa hacerte mejor y pa llegar a 
valer más que el sujeto por quien te han des- 
preciao, que es lo único que te consolará un 
poco. No tienes otro remedio. 

Paqüito Sí, yo haría eso, pero es que no puedo, porque 
la neurastenia me ha dejao sin volunta. 

Amalia Pues cómprate una o que te la presten, que el 
que vive sin volunta no vive como quiere, sino 
como le dejan; y para eso más vale morirse. 

Paqüito Es que mi volunta..., la tiene otra persona, 
Amalia. 

Amalia ¿Quién? 

Paqüito ¡ Tú ! 

Amalia ¡ Yo?... Que me registren. 

Paqüito Es que me la ha robao el querer que te tengo. 

Amalia Pues denuncíalo por hurto, y al Juzgao; que 
yo soy inocente. 

Paqüito ¡ Cómo te burlas !... 

Amalia ¡ Dios me libre !... Pero no quiero caer en lo 
de la otra vez, y hago lo que me ha dicho tu 
madre : entretenerte hasta que te traigan el 
seso, que buena falta te hace, hijo mío ! 

X\[ARCR. {Saliendo.) Aquí está. 

Amalia ¿Ves qué a punto? 

Marce. Partidito ya y muy rico. 

Amalia {Pinchándolo con el tenedor.) Pues abre la bo- 
ca, que ahí va el primer pedazo ! 



ESCENA XI 



Dichos. Casiano. {Aparece primera derecha.) 

Casia. (Es un joven obrero que viste un mono azul, 

de mecánico. Tiene el prurito de no dejar la 
gorra quieta. La golpea, la da vueltas, la sacu- 
de contra sí mismo, contra los tnuebles que 
tiene cerca, contra todo. Con cara abobada y 
complaciente.) De salú sirva. 

Amalia (Con alegría.) \ Mi novio ! 

Paquito [Trocando su expresión alegre en un ceño som- 
brío.) i Tu novio? 

Marce. (Conirariadísima.) \ Su novio ! 

Amalia (Sonrieiido.) ¡Casiano \... 

Casia. [Un poco asustado.) ¿Qué pasa? 

Amalia Que has venido < on la misma oportunidad que 
una murg-a a la hora de la siesta. 

Casia. ¡Caray, pues sí que lo siento!... Estaba la 

puerta abierta, y yo... i Ustés disimulen que 
m.e haiga tomao la liberta de subir, que veo 
que he hecho un efecto, amos, que me está 
dando el corazón unos saltos que ni Isabelita 
Ruiz !... Yo, es que ésta me ha dicho : «Espe- 
ra un minuto)), y llevo esperando un rato co- 
mo pa que me se haiga pasao de moda el tra- 
jecito. 

Marce. Es mono. 

Casia. (Creyendo que es por él, y muy satisfecho.) 

Muchas gracias. 

Marce. (Muy seria.) Digo que no es traje, que es mono. 

Casia. Ah, sí, señora, mono de faena. Soy un humil- 

de trabajador. No puedo pintarla más que los 
domingos ; ]>ero así me quiere ella con toda 
su alma, y gustándole a ella, ¿qué me impor- 
ta lo demás ? 

Amalia ¡ Y que lo digas, Casiano ! (Paquito da un gru- 
ñido y un puñetazo.) 

Casia. í Caray, que pasa?... Y si es que he molestao 

subiendo, se perdona; (Sin dejar en paz la go- 
rra.) porque también es que estaba intranqui- 
lo. Que como me ha dicho ésta: ((Subo a ver 

5 



— 66 



Paqüito 
Casia. 

Marce. 
Casia. 



Amalia 
Marce. 
Amalia 

Casia. 

Marce. 

Casia. 



Marck. 
Casia. 



Amalia 



Mekce. 
Amalia 



Casia. 

Amalia 
Casia. 



a mi primo, que yace enfermo», y tardaba^ 
dije : {(A ver si es que se ha puesto peor ese 
primo que yace...» 

{Con voz ronca y gesto torvo.) ¡ Pues este pri- 
mo no yace, pero está peor ! 
¡Caray; pues me alegro mucho..., haber su- 
bido! 

¿ Y usté no podía dejar la gorrita quieta ? 
No, señora ; que es que soy muy nervioso, y 
si me quitan este trajín de la gorra, me da por 
arrancarme los botones, y calcule usté... En 
el invierno me pilla con gabán, y menos mal; 
pero en este tiempo, que ya no llevo ni cha- 
leco, es un peligro !... 
i Qué gracioso eres, Casiano ! 
(Contrariada.) Ya, ya... 

El único defecto que tiene : hacer juegos mala- 
bares con la gorra. 

(Alardeando.) La inflo, la chafo, la volteo, y 
me la pongo de siete maneras. 
Lo único que no sabrá usté hacer es dejarla 
en la percha, ¿ verdad ? 

No, señora. (A Anialia.) Conque oye, cielo; 
amónos, que el trabajo nos reclama, {Le ense- 
ña el reloj.) que mira la hora... 
¿ Y no se podía usté ir solo ? 



No me dejaría ella 



No pué vivir sin mí í 



j Diles lo que me quieres, que son de la fami- 
lia!... 

¡Sí..., le quiero mucho, la verdá ! Porque nos 
conocemos desde que hemos nacido, y somos 
novios desde antes de nacer. 
i Caray ! 

Sí, señora; parece raro, pero es verdá, porque 
es que su padre y el mío ei-an muy amigos, 
¿sabe usté?, y fueron y dijeron cuando su 
madre y la mía estaban... 

Amos, esperando, porque habían coincidido : 
«A ver si nos sale una pareja...» 
Y salimos nosotros. 
Y, claro, pues desde pequeños, aprovechando 



67 



Amalia 



Casia. 
Marce. 
Casia. 
Amalia 



Caíia. 
Amalia 



esta coincidencia non nata, pues nos (lucre- 
mos y nos... 

{Enojada, y viendo el gesto de su hijo.) Bueno, 
bueno..., ande usté a su trabajo. 
Mi trabajo es de electricista : perito instalador. 
Pero me agarro a todo lo que me sale ; no des- 
canso. Los domingos, en los ratos de ocio, ha- 
ga jaulas pa grillos con tres departamentos y 
cuarto de baño; por las siestas, tapizo, amos, 
que forro butacas ; y por las mañanas, constru- 
yo mondadientes de mi invención, con dos 
usos : una punta pa las muelas de arriba, y 
otra pa las de abajo. 
¡ Qué monada ! 

Se mata a trabajar y es bueno; pero no puede 
quejarse. Gana de ciento diez a ciento veinte 
pesetas semanales. 

Todo es poco, señora ; mantengo a mi anciana 
madre y a una hermanita que tengo, que es 
idiota; somos mellizos. 
(Siniestro.) ¡ Ya se conoce ! 
Pero todo tiene su recompensa, porque cuando 
termina el trabajo del día, me espera ésta, y, 
ya de noche, damos una vuelta por las calles 
solitarias, muy pegaítos, muy pegaítos, y me 
dice unas cosas... Anda, diles lo que me dices. 
Pues nada; que hemos tomao una casita de 
diez duros, preciosa... Y la llamamos «El feli- 
cidá Palace»... ¡ Y yo, claro..., le planeo la dis- 
tribución !... Aquí pondremos el comedorci- 
to..., aquí el gabinetito. . . , aquí la alcobita... 
{Paquito, frenético, da un puñetazo y un ron- 
quido.) 

¡ Caray, pero qué le pasa a ese joven ? 
¡ Nada, la neurastenia ! 
¿ Pero la ha cogido en Jaén ? 
No, hombre...; pero como tú no dejas la gorra 
€n paz y yo hablo más de la cuenta, se conoce 
que le estamos poniendo nervioso. 
Tiés razón. Pues ustés disimulen, y vamonos, 
Amalia. 
Vamonos, Casiano. 



Casia. 



Amalia 



Casia. 



¿Con que he tenido acierta o no he tenido 
acierto?... Me quiere, me anima, me ayuda, me 
ilusiona... Es guapa, y es honrada, y será bue- 
na mujer pa mí y buena madre pa mis hijos. 
¿Pues y yo?... No es guapo, ni rico, ni fino, 
ni elegante ; pero nunca le asustará la vida, 
porque sabe vivirla, y no se morirá acobarda© 
en un rincón, porque sabe trabajar como un 
hombre, querer como un enamorao, y reír co- 
mo un chico..., que así debe ser la juventú. 
Con que vamonos, Casiano... ¡ A vivir la vida ! 
¡A sufrir, a reír, a llorar..., a lo que sea!... 
i Pero a querernos 1... j ¡ Que eso sí que es vi- 
vir ! ! ' 
i Amos allá !... Y bendita seas tú, tu alma, tu 
cuerpo, tu vida..., y ole con ole ! {Echa la go- 
rra en alto de alegría y la vuelve a recoger, y 
salen riendo y alegres como dos chiquillos fe- 
lices por la puerta derecha.) 



ESCENA XII 

Marcelina y Paquito. 

(Paquito, durante la escena anterior, con sus 
gestos y sus silencios, habrá dado a entender 
la aynargura de su alma. Al fin, cuando se van 
los novios, radiantes y felices, un gesto, m^ez- 
cla de odio y de envidia, ensombrece su cara, 
dándole un aspecto reconcentrado y siniestro; 
se levaruta tambaleándose .) 

Marce. [Que lo observa con terror.) \ Hijo mío! 

Paquito ¡ Madre ! 

Marce. ¿Qué te pasa? 

Paquito Nada. 

Marce. Es que yo te noto otra cara. 

Paquito Y si me viese usté por dentro me. notaría otra 
alma también. 

Marce. i Qué dices, hijo? 

Paquito Contra usté, nada; no quiero decir nada,, por- 
que no ha hecho usté más que quererme ; pero 
me ha querido usté tanto, tanto, que ha des- 
trozao usté mi vida. 



- 69 



¡Yo? 

Sí, madre; porque me lia dao usté todos los 
caprichos, todos los caprichos que no me im- 
portaban, y el único (jue me importa no me 
lo puede usté dar y se lo lleva otro... ¡ Otro que 
ni es mejor que yo, ni vale más que yo... ! 
(Abrumada.) ¡Hijo! 

¡ Madre !... ¿Por qué no me ha enseñao usté a 
mí a trabajar, a sufrir, a ganarme la vida, co- 
mo ese?... Eso debía usté haber hecho, aun- 
que hubiese sido con golpes, con azotes, con 
lágrimas, pa que la mujer que quiero hubiese 
podido ser mía, ¡ mía ! j Y darme a mí la fe- 
licidá que le va a dar a él !... 
¡ Pero hijo, es que crees que por mi culpa has 
perdido a la Amalia ? 

(Exaltándose.) \ No, si a la Amalia no la he 
perdido !... ¡ No, no la he perdido, madre ! 
¡ Qué dices ? 

Que no la he perdido..., que no me resigno a 
perderla, no, señora. ¡ Porque ella es mi vida, 
y mi vida no se la dejo yo a otro !... Y ya que 
no se la puedo disputar al que se la lleva ni 
por trabajador ni por honrao, se la disputaré 
por chulo, que eso sí, eso sí, lo he apren- 
dido mejor que nadie en veinte años de vagan- 



Ese hombre no se la He- 
la nava- 



cia y de golfería ! 

va !... (Resuelto.) Venga la pistola. 
ja... (Las saca de un cajón.) 
(Aterrada.) ] Pero hijo mío ! 
(Cogiendo el sombrero.) Sí, madre, sí; y no se 
asuste usté, que esta es su obra, que cada uno 
tiene que defenderse con lo que le han ense- 
ñao. Ese no se lleva a la Amalia. (Mira desde el 
balcón.) Por allí van... ¡Voy a buscarlos!... 
(Inicia el mutis.) 

(Deteniéndole.) ¡ No sales, hijo, no sales ! 
¡ Suélteme usté ! (Luchan.) 
(Angustiada.) ¡Venir!... ¡Correr!... ¡Que 
quiere matar a Casiano!... 
(Se desprende de su madre.) ¡ Y le mataré, sea 
como sea ! 
¡ Salir..., correr detrás de él ! (Sale frenético.) 



I 



70 ~ 



Tere. 

Pepe 

Marce. 

Pkpe 

Patro 

Tere. 

Patro 

Marce. 

Tere. 
Patro 

Casia. 
Tere. 
Casia. 
M arce. 
Casia. 

Pkpe 

Casia. 
Patro 
Paquito 

Amalia 
Casia. 

Todos 
Pepe 
Tere. 
Pepe 



. ¡ Vienen los guar- 
¡ Socorro ! j Socorro ! 



j Sujetarlo, que le mata ! 
(Horrorizada.) \ Pero qué ocurre? 
¿ Qué sucede ? 

i Que se ha ido a matar a Casiano ! 
i Mi madre !... (Sale corriendo puerta derecha.) 
(Se asoma al halcÓ7i.) \ Pues están allí paraos ! 
(ídem.) i Ay, que se dirige a él!... ¡ Ay, que 
discuten ! 

{Que vuelve la cabeza horrorizada.) \ Ay, que 
le apunta ! (Suenan dos tiros.) 
j Ay, Virgen Santa ! (Cae acongojada en el so- 
fá.) 

¿ Pero le ha matao ? 
¡ Se arremolina gente !. 
dias !... 

(Entrando despavorido.] 
¿Qué te pasa? 

i Ay, que me ha dao !... ¡ Ay que me ha dao !... 
¡ Dónde ? 

i Que me ha dao un susto de muerte, y si no 
me meto en el portal, me mete dos balas !... 
i(Que viene con él.) ] Si no lo traigo, lo des- 
hace ! 

(Aterrado.) ¿Sube? 
Sí, sí sube. 

(Entrando desesperado.) ¿Dónde está ese co- 
barde ? 

(Que le sigue.) \ Por Dios, Paco, déjalo ! 
i Está loco !... ¡ Me mata ! j Yo me tiro a la. 
calle ! (Se tira por el balcón.) 
¡Ay! 

i Si no es un entresuelo, se estrella ! 
¿ Qué se ha hecho ? 

i Ha roto el toldo de la frutería de abajo, ha caí- 
do en una banasta de tomates, a echao a co- 
rrer, y cómo llevará el pantalón que parece un 
coleccionista de pipas ! . . . 



TELÓN 
FIN DEL ACTO SEC^.UNDO 



Á 



BBfflMKKffliBESiPPlílíaEEPlíEllíCPIÍlIía 



ACTO TERCERO 



Pequeña azotea del ático que habita Amalia en una casa 
humilde de los barrios bajos. Al foro, barandilla de hie- 
rro que da a la calle. A la izquierda, tabique como de dos 
metros de altura, que separa esta azotea de la contigua. 
A la derecha, puerta que da al interior de la vivienda, y 
dos ventanas, rasgadas casi hasta el suelo, en primero y 
segundo término. El suelo de la azotea es de ladrillos. — 
Al foro, telón de azoteas, tejados y torres de iglesias leja- 
nas. En el telón, practicables, dos ventanas de dos azo^ 
teas vecinas. Por toda la escena, tiestos de flores sobre 
banquillos de madera; alguna jaula con pájaro, y cuer- 
das de tender ropa. Es por la tarde. 

ESCENA PRIMERA 



Amalia. Seña Tere. Una Niña. Nati. Un 
Vecino. 

Amalia {Plancha una blusa de trabajo de hombre en 
una mesita adecuada, y canturrea. La SeÑÁ 
Tere, sentada en una silla, quita las hebras^ 
con un cuchillo, a unas judías verdes. Un Ve- 
cino {que no se ve) canta con voz monótona y 
mala entonación el tango del Caminito.) 

Vecino {Cantando.) Desde que se fué, nunca más vol- 
vió, caminito... 

Tere. ¡Caray con el caminito!... ¿Por que no cam- 

biará el disco ese hombre? 



— 72 - 



Amalia (Gritando.) ¡ Señor Cefe !... 

Voz ¿ Qué pasa ? 

Amalia \ Que lleva usté media hora de caminito ; si se 
va usté a pie a Pozuelo, llega antes ! 

Voz ¡ Estos tangos son como el salpullido, hija \ 

i Cuanto más se rasca uno, más le pica ! 

Amalia ¡ Ya, ya !... 

Niña (Asoynándose a una vcntanita de una casa de 

enfrente.) Seña Tere... 

Tere. ¡ Hola, preciosa ! 

ISiÑA Dice mi madre si me puede usté echar un poco 

de perejil. 

Tere. Dile que no lo uso, porque tengo miedo no me 

se envenene mi marido. (Se oculta la niña.) 

Nati (Se asoma a otra ventana y sacude los hilachos 

de un trajecillo de mujer.) \ Buenas tardes, 
vecina ! 

Amalia Adiós, Nati. 

Nati ¿ Y tus cosas, se arreglan ? 

Amalia Como son poquitas, sí. 

Nati ¿Qué haces? 

Amalia Pues mira, aquí, planchando la blusa de fae- 
na de mi padre. 

Nati ¡ Qué raro ! ¿ Le ha caído qué hacer ? 

Amalia No... Que la vamos a mandar al Museo ar- 
queológico de la Casa el Pueblo. ¡ Treinta y 
dos años que no la usa ! 

Nati ¡ Es pa que le den la medalla del trabajo ! 

Amalia A mi madre, que lo ha aguantao; j que no te 
creas tú que no es trabajo ! 

Nati ¿y qué es de tu madre? 

Tere. Pues aquí me tienes quitándole hebras al me- 

nú. 

Nati ¿Qué tién ustés pa cenar? 

Tere. Gana. 

Nati ¿Y de segundo plato ? 

Tere. Judías con tomate. 

Amalia Que nos estamos poniendo de judías que el 
día que vayamos a misa no nos dejan entrar. 
No te digo más. 

Nati Seguro. (Ríe.) 

Amalia ¿ Y tú, que haces ? 



n - 



Nati 

Amalia 

Nati 
Ter:^:. 

Nait 
Tere. 

Amalia 
Tere. 

Amalia 

Niña 

Tere. 

Niña . 

Tere. 



Amalia 



Pues mira, que me estoy acabando el trajecito 
(jue me compré en los González. ¿Te gusta? 
¡ Mu mono ha quedao ! 
Es de vuela... 

¡ Cómo se conoce que tenéis en casa a tu primo 
el aviador ! 

Hay que ponerse a tono, seña Tere. {Se oculta.) 
Estoy viendo que el marido de esa va a tener 
que agarrarse al paracaídas. 
No le hace falta... Aterriza planeando. 
¡ Como que el pobre tiene un par..., de alas !... 
{Se levanta.) ¿Quito las planchas? 
Déjeme usté una pa la combinación. 
{Asomándose de nuevo.) Seña Tere... 
¡ (Itra vez ?. . . ¿ Qué quieres, sultana ? 
Dice mi madre que si me puede usté echar un 
ajo. 

Hija, tanto me vais a pedir, que..., que... Dile 
que ahora le echaré un diente. {La niña se re- 
tira.) ¿Qué comprará esta mujer cuando baja 
a la verdulería?... {Entra en la casa.) 
Alpargatas, {Sigue planchando. Canta.) Desde 
que se fué, nunca más volvió, caminito... {Ha- 
blado.) \ Atiza !... ¡ Ya se me ha pegao el tan- 
guito ! 



ESCENA II 
Amalia. Casiano. 



Casia. {Asomándose temeroso y asustado por la tapia 

divisoria de la azotea.) ¡Amalia!... 

Amalia ¡Casiano!... ¡¡Tú!! 

Casia. ¿Estás sola? 

Amalia Y no de Dios. ¿Qué pasa? 

Casia. {Queda echado sobre la tapia.) ¿No está tu 

Casia. primo? 

Amalia No, hombre. ¡ Qué panicazo le tienes ! 

Casía. Es que tengo que decirte una cosa gravísima y 

urgentísima. 

Amalia ¿Pues qué ocurre? 

Casia. Que esta situación no puede prolongarse, Ama- 



/^ 



lia. Que yo así estoy muy mal. 

Ama LÍA Pues bájate. 

Casca. No te guasees, que ya sabes a lo que me re- 

fiero. 

Amalia ¿ Y qué quiés que yo le haga? 

Casia. Nada; pero yo, desde el día fatídico que me hi- 

ciste ir a casa e tu primo a echármelas de labo- 
rioso, que de poco me cuesta la vida, que estoy 
que no me llega la camisa al cuerpo. 

Amalia {Viendo que sólo lleva una camiseta a raycts.) 
El día que te la pongas será. 

Casia. Tu primo cáa día más nurasténico y más 

ero.perrao en matarme. 

Amalia ¡ No, hombre ! 

Casia. Sí, hombre ; que me ha dicho Pepe el Mane- 

ras que anoche juró en el café que el primer 
día que me encuentre me parte el cranio. 

Amalia ¿ Y pa qué querrá el serrín, si no tiene gato? 

Casia. No chirigotees, Amalia, por lo que más quie- 

ras; que por tus bromas llevo un mes cojo y es- 
toy que no duermo ni descanso, y no sé ni dón- 
de me doy con la gorra. De forma que creo que 
ha llegao el momento de que cojas a tu primo 
y le digas de una vez y para siempre... 
¡ Calla, que me parece !... 

{Aterrado.) ¿Será ese loco?... {Se dispone a 
huir.) 

No, es que creí que habían Uamao. 
Bueno; pues que le digas lo que te parezca; pe- 
ro lo que no tiés que decirle de ninguna de las 
maneras es que no pues vivir sin mí. 
¿Por qué? 

Porque ha dicho que por una de las cosas que 
me quié matar, es pa que te vayas acostum- 
brando. Y ha apostao a que el primer tiro me 
lo da en la cabeza ; pa lo cual se está ensayan- 
do con un botijo, que ya le han visto al pri- 
mer disparo quitarle el pitorro. 

Amalia \ Qué puntería ! 

Casia. Como que hace seis días que duermo con las 

nances en una caja de galletas ; no te digo más. 
Le tengo mucho miedo a los locos, no puedo 
remediarlo. 



Amalia 
Casia. 

Amalia 
Casia. 



Amalia 
Casia. 



Amalia 



Casia. 
Amalia 



Casia, 
Amalia 



Casia. 
Amalia 



Casia. 



Amalia 
Casia. 

Amalia 



¡ No hagas caso de habladurías, hombre ! Pero 
si precisamente a Paquito se le ha qiiitao va 
la neurastenia rabiosa ! 
No te fíes. 

Sí, hombre. Mira, yo he oído decir a los mé- 
dicos que la neurastenia tié dos fases : la co- 
lérica, que se ix>nen que tó lo morderían, y la 
sentimental u llorona, que es en la que está 
ahora Paquito, que todo les da lástima. 
Que no te fíes, digo. 

Precisamente, ayer me contaron que le dio una 
llorera espantosa cuando le iban a limpiar los 
zapatos, ya ves. 
¿ Por qué ? 

Porque en cuanto vio que el betunero se po- 
nía de rodillas delante de él, empezó a darle 
abrazos y a decirle : «No, humillaciones, no.» 
Y se tuvo que sentar el hombre en una ban- 
nueta, porque si no no se los deja limpiar. 
Sí, pero conmigo no reza eso, porque yo me lo 
encontré el otro día en .la calle de la Ventosa, 
y sí que iba llorando amargamente; pero de que 
me vio me tiró un estacazo que si no corro me 
tienen que llevar al Equipo quirúrgico del 
Centro. 

¡ Calla, él !... ¡ Ahora sí que es él ! 
¡ Mi madre ! ¡ El loco ! {Se deja caer y se oye 
un porrazo detrás de la tapia.) 
i Atiza !... ¡De poco se mata ! ¡ Le tiene un 
miedo!... {Mira hacia dentro.) ¡Pobre Paqui- 
to! ¡ Qué cara trae más sentimental!... ¡Lo 
que habrá podido llorar este chico en quince 
días !... ¡ Pa llenar una piscina ! 



ESCENA III 
Amalia. Paquito. {Por Ja puerta de la azotea.) 

Paquito {Con cara Idjiguida, muy pálido; la voz conmo- 
vida y llorosa.) ¡ Amalia ! 
Amalia {Con alegría.) ¡Paquito!... {Pausa. Pasa por 



76 



la garganta de Paquito la contracción violenta 
de un sollozo.) ¿Pero qué te pasa ? 

Paqüito (Sentándose.) No, nada. Estao de ánimo. (Pau- 
sa. Muy melancólicamente.) ¿Planchas? 

Amalia (Poniéndose a tono.) \ Estiro imas sábanas ! 

Paqüito (Po^íícameníe.) ¿De tu cama? 

Amalia De la de mi padre. 

Paqüito (Gesto de repulsión.) \ Arrrj !... (Pausa.) Ama- 
lia..., esta es la cuarta vez que vengo hoy a tu 
casa, ¿te molesta? 

Amalia Hombre, molestarme, no, pero... 

Paqüito sí, te molesta, sé que te molesta; pero perdó- 
name, que es que no puedo pasar sin verte. 
Bastante lo siento. (Llora.) 

Amalia No, hombre, si a mí no me molesta. A la que 
le molestará es a tu madre, porque no paras en 
tu casa, y como no sales de ésta, puede que se 
figure que soy yo la que te hago venir, y ya 
sabes tú que no es eso... 

Paqüito Sí, ya lo sí; no me lo recalques ; ya sé que no 
eres tú la que. . . 

Amalia Que yo no te digo que vengas, ni mucho me- 
nos; que conste. 

Paqüito Ya sé que no me lo dices. ¡ Ya sé que nadie me 
quiere ! 

Amalia Hombre, no exageres; nadie te quiere a tu ca- 
pricho; pero, vamos, quererte, ya sabes tú que 
en esta casa re se tiene algún aprecio. 

Paquito ¿Aprecio?... No, no. nada de paliativos. Na- 
die me quiere, ya lo sé. En todas partes estor- 
bo. Voy a mi casa, y mi madre se molesta por- 
que no voy. Vengo aquí, y tú te molestas por- 
que vengo... Donde voy porque voy y donde 
no voy porque no voy, ¡ qué desgraciao soy ! 
(Esto casi sollozando.) 

Amalia Vamos, hombre, no digas tonterías ; ni hace 
falta que te apures de ese modo, que no hay 
por qué..., y limpíate ese lagrimón, so tonto! 
(Figura que se lo quita de un papirotazo. El 
la coge la mano y se la besa.) \ Vamos, estáte 
quieto !... 

Paqüito (Suplicante.) ¡Amalia!... 

Amalia Bueno, ¿y de dónde vienes ahora? 



- ll 



P A QUITO 

Amama 
Paquito 



Amalia 
Paquito 



Amalia 
Paquito 



Amalia 
Paquito 



Amalia 

Paquitv) 
Amalia 
Paquito 



Amalia 



Paquito 



{Todavía afligido.) De la Academia Reus. 
¡ Sí que es raro el sitio; pero, vamos, no es pa 
llorar ! 

Como tú me dijiste una vez que debía estudiar 
y tener una carrera, he ido a matricularme pa- 
ra Aduanas. 

{Co7nplacida.) ¡ Hombre, muy bien ! 
Pero cuando me estaban extendiendo la ma- 
trícula me ha dao una congoja que de poco 
me muero. 
¿Pero por qué? 

Porque ya sabes tú que las Aduanas están en 
los puertos de mar y, ¡ el mar !, el mar me ha 
recordao a los pobres pescadores luchando con 
las olas: el barco de emigrantes, llevando lejos 
de la Patria a los que se dejan en ella pedazos 
de sus entrañas; la galerna furiosa, el naufra- 
gio angustioso, restos de barcos, maderos que 
flotan, muerte, silencio, dolor... ¡ Y no me he 
matriculao !... 
¡ Caray, pues sí que... ! 

Y he dicho : me matricularé para auxiliares de 
Hacienda..., que es más consolador; pero tam- 
poco me he atrevido. 
¿Por qué? 

¿ Tú sabes lo que es la Hacienda ? 
¡ Yo no ! 

La contribución, el apremio, el dogal de los in- 
dustriales menesterosos... ¡La miseria en ini- 
llones de hogares!... Un tío con un papelito 
en la mano todos los trimestres que en cuanto 
te descuidas te lo recarga... ¡El embargo, el 
hqmhre, el suicidio ! 

Hombre, claro; si tomas las cosas así, entras 
en una confitería a comerte un pastel, y te es- 
garras a llorar, porque, claro, empiezas a de- 
cir : «¿Dónde estará la pobre gallina que puso 
el huevo cuya clara se batió para hacer esta 
golosina?» Y entras a comerte un merengue, 
y sales de luto riguroso. 

No te burles, que, en cambio, he pensao poner 
una tienda de ultramarinos, porque así las víc- 
timas casi nunca las ves. 



— 78 



Amalia Menos mal. (Patisa.) 

Paquito Amalia... 

Amalia ¿Qué? 

Paquito Que va a caer la tarde, ¿ lo has notao ? 

Amalia Sí, pero no llores, que no se va a 'lacer aaño. 

Ya tié costumbre. 
Paquito ¿Tendrías un cigarro de tu padre? 
Amalia Sí, mira; aquí tiene la petaca; toma. {Se la da.) 
Paqoito {Lo enciende.) ¡ Mi madre !... ¡ Ay, Dios! 
Ama lía ¿De qué lloras? 
Paquito Ahora es del tabaco. 
Amalia El también llora algunas veces. 
Paquito Y todo el que lo fume. ¡ Es un rayo ! {Pausa. 

Se levanta.) Oye. 
Amalia ¿Qué quieres? 
Pa<5üito ¿Cómo está?... {Se levanta y se acerca a ella, 

muy confidencial.) ¿Cómo está tu novio? 
Amalia Hstá mejorcito, el pobre. 
Paquito ¿Se le pasó la cojera? 
Amalia Se le va pasando. Antes se ponía en ridículo 

con los ladrillos : nunca pisaba el que quería; 

ahora, ya, al que amenaza, lo pisa. 
Paquito Menos mal... ¡Pobre chico!... Te molestaría 

que quisiera yo matarlo aquel día, ¿ verdad ? 
Amalia ¡ Hombre, claro; quererme dejar viuda antes 

de tiempo !... 
Paquito ¡Antes le tenía yo un odio feroz!... Ahora, 

ya..., ante lo irremediable... ¡Dichoso él I 

i Cómo le envidio, Amalia, cómo le envidio ! 
Amalia Bueno, cálmate y toma un poco de agua, anda. 

Y dejemos el temita, porque... 
Paquito ¿I^e quieres mucho, Amalia? 
Amalia Hombre, todo lo que se merece; ya te he dicho 

que es muy formal. 
Paqoito ¿ Y no podrías dejar de quererlo nunca ? 
Amalia ¿Qué sé yo?... Pero mientras él sea bueno pa 

mí... 
Paqui'ío ¿y si él dejara de quererte alguna vez? 
Amalia ¡ Hombre, entonces, no sé ; pero, vamos, eso 

es tan difícil ! . . . 
Paquito ¿ Y si él dejara de quererte alguna vez ?. . . Con- 
testa. 
Amalia Que te digo que entonces no sé; pero, ¿a qué 



■y - 



Taquiio 



Amalia 



Paqi'ito 

Amalia 
Paquito 

Amalia 

Paqimto 
Amalia 



Paqujto 
Amalm 

Paqlito 
Amalia 
Paquito 
Amali a 
Paoi^ito 



Amalia 



vienen esas preguntas, si eso no ha de pasar ? 
j A nada..., no vienen a nada ! ¡ Ilusiones im- 



posilíli 



Locuras mías !... ¡A nada !. 



No 



vienen a nada ! {Cae en un profundo abatimien- 
to. Tiembla; bosteza histéricamente.) 
Bueno, bueno; tú tó lo que tienes es debilidá ; 
¿quiés merendar, tomar algo?... ¿Quiés que 
te haga un ponche ? 
{Como hablando consííro mismo.) ¡ Ah, si yo 



pudiera 



Sí, él. 



¿Y una ensaladilla de tomate y pepino? 
No, gracias; de pepino, no. A propósito; ¿está 
tu padre? 

Ahí lo tienes en su cuarto, durmiendo las sies- 
tas. 

¿ Cómo las siestas ? 

Es que tiene tres atrasadas, y se conoce que se 
está poniendo al corriente, porque se acostó a 
i:i-- doce V aún no se ha despertao. 
¿Y no podría yo hablar con él ? 
Entra y despiértalo, que ya tiene de sobra. 
Cuélate por la ventana, a ver si del susto... 
Amalia... {Suplicante.) 
¿Qué?... 

¿Y si él dejara de quererte alguna vez? 
j No te preocupes..., que verás cómo no deja ! 
i Aaaaah ! ¡ Qué seguridad en su cariño ! ¡ Mal- 
ílita sea ! (Se tira de los pelos llorando, se me- 
te por la ventana y iira dos o tres tiestos.) 
i Ay, mis geranios!... ¡Bueno; el pobre está 
de un loco, como pa acabar con el Botánico ! 
{Recoje los tiestos y los pone donde estaban.) 



Tkre. 

Amalia 
Tere. 



ESCENA IV 

Amall-^. Señ.v Tere. {Por la puerta de la 
azotea.) 

{Hablando en voz baja, pero temblorosa y ex- 
citada.) ¡Amalia, hija!... 
¿Qué pasa, madre? 
i Ay, hija de mi vida ! 



- m 



Amalia 
Tere. 



Amalia 
Tere. 

Amalia 
Tere. 
Amalia 
Tere. 

Amalia 
Tere. 



Amalia 
Tere. 
Amalia 
Tere. 



Amalia 



Tere. 
Amalia 

Tere. 

Amalia 
Tere. 



Amalia 
Tere. 

Amalia 
Tere. 



Pero, ¿ qué la ocurre a usté ? 
Que te voy a decir una cosa que si no te des- 
mayas es porque hace un rato que has meren- 
dao; ¡4}ero te vas a quedar tonta ! 
i Por Dios, dígame usté pronto : ¿ qué es ? 
Pues que tu padre... {Mirando a un lado y a 
otro.), tu padre..., ¡ tu padre tiene dinero ! 
i Amos..., no diga usté tonterías !... 
i Tiene dinero, y no poco ! 
¡ Madre, usté está pa que la duerman ! 
Ochocientas pesetas, en ocho billetes, en esta 
cartera vieja... ¡ Mialas ! {Se las enseña.) 
{Jesús!... 

Las tenía escondidas debajo de un ladrillo. 
Algo me sospechaba yo; porque le he visto 
comprarse mojama dos veces en lo que va de 
mes y un habano de a quince. 
¿ Y de dónde los habrá sacao ? 
Eso es lo que me vuelve loca y no caigo. 
¿Habrá hecho alguna cosa fea, madre? 
Eso no; porque él, amigos maleantes que hu- 
biesen podido meterle en un negocio sucio, no 
tiene... y limpio... 

Limpio, en mi padre no hay que pensar. El, 
hablar no habla con nadie más que con Ca- 
siano... 

Aguarda ; ¿y no podría ser que... ? 
Pero Casiano, el pobre, ¿de dónde va a sa- 
car?... 

No, si tienes razón; pero entonces, ¿este di- 
nero?... 

Ese dinero es de alguien, madre. 
No... Este dinero, por de pronto, es mío. Aho- 
ra, que como el dinero desconocido parece que 
te quema las manos, yo..., yo me lo voy a 
guardar en el baúl, Y lo que fuere, sonará. 
¿Y si no suena? 

Si no suena, me compro un mantón de Manila; 
ya lo tengo pensao. 
j Pero, madre !... 

¡ Azul con blanco ! ¡ El ideal de toa mi vida ! . . . 
Calla... Salen... Ven..., ya te diré... {Entran 
en la casa.) 



- SI 



HSCENA V 

Señor Pepk. Paquito. {Por ¡a 
izquierda.) 



ventana primera 



Paqltito (Alto.) Qué dichoso usté, que puede caer tran- 

(luilo en los brazos de Morfeo. 
Pepk Y que cuando caigo, me cuesta la mar de tra- 

bajo levantarme. 
pAQL'iro Ya lo he visto. 

Pepe Bueno, ¿y cómo van esos nervios, pollo? 

Paquito ¡ Oh, una verdadera desdicha !... ¡ Ah ! 
Pepe ¿ Qué ? 

Paquito (Alto.) ¡ Que, oh, una verdadera desdicha, ah ! 
Pepe Eso te se quita a ti con filetes y buen trago; 

cree a tu tío. 
Paquito No lo crea usté, ¡ ay de mí ! 
Pp:pe ¿ Qué ? 

Paquito (Muy alto.) Que no lo crea usté, j ay de mí ! 
Y saque usté la trompetilla, que yo, con la pa- 
sión de ánimo que tengo, estoy poniendo en 
ridículo m.is lamentos. 
Pepk Bueno. {Saca la trompetilla.) 

Paquito A más, que le he sacao a usté aquí porque te- 
nemos que hablar en secreto de lo nuestro... 
Pepe Chits..., calla, que no te oigan. {Cierra la 

puerta de la azotea.) 
Paquito Arrímese usté a este rincón. 
Pepe Venga. {Se pone la trompetilla.) 

Paquito ¿Como está Casiano? 
Pepe Mejorcito. 

Paquito ¡ Su pobre madre sin jornal tanto tiempo por 

culpa mía !... 
Pepe Están en la mayor miseria. 

Paquito Dele usté estas otras cien pesetas hoy mismo. 

{Se las da.) 
Pepe {Se las guarda.) Descuida. 

Paquito ¿Le dio usté las ochocientas anteriores? _ 
Pepe Todo está en su poder. ¡ No sabes el bien de 

caridá que haces !... 
Paquito Bueno; pero vamos a lo importante. ¿Qué 
hay de lo otro ? 

6 



— 82 



Pepe Que se lo he propuesto como cosa mía, y acep- 

ta. 

Paqüito {Co7i gran alegría.) ¡Acepta!... ¿Pero es de 
veras ? . . . 

Pepe Chitss... 

Paquito ¿De modo que accede?... 

Pepe Accede..., pero ha echao sus cuentas y ne- 

cesita cinco mil más... 

Paquito ¡Si me da esa alegría, cuanto pida..., dígale 
usté que cuanto pida ! 

Pepe ¿Pero tu mamá... ? 

Paquito ¡ i^os disgustos son horribles ! ¡ Pero todo, todo 
para que ese hombre desaparezca ! 

Pepe Desaparecerá. 

Paquito Kn usté confío, tío. 

Pkpe Confía. Silencio. {Campanilla que suelta.) 

Paquito ¡ Calle usté, que han llamao !... 

Pepe ¿Quién será?... {Aparece Amalia, y desde este 

momento el señor Pepe, para enterarse, dirije 
la corneta al que ve hablar, sin conseguir nada, 
porque se la apattan.) 

Amalia {Entrando.) \ Paquito ! 

Paquito ¿ Qué ? 

Amalia Tu madre y el señor Santos. 

Paquito ] Atiza !... ¡Mi madre aquí ! ¿A qué vendrán? 

Amalia ¿ Qué sé yo ? ¿ Quieres que te vean ? 

Paquito No, no quiero discusiones ni malas caras. ¡ Si 
pudiera ocultarme !... 

Amalia Pasar ahí, al cuarto de mi padre. 

Paquito {Llevándose a su tío.) Sí, vamos... 

Pepe ¿ Qué es ? 

Amalia No es pa corneta. Ya se lo dirá éste con las 
manos. {Va7ise por la ventana Pepe y Paquito.) 



— 83 



ESCENA VI 



Queda Amalia y entran Señá Tere, Seña 

Marce y Señor Santos. {Por la puerta del 

centro.) 



Tere. Pasar, pasar aquí a la terraza, que está más 

fresco. 
Marce. Donde queráis, que molestaremos poco. 
Amalia [Poniéndoles sillas.) ¡ Ay, pero tía, con qué 

cumplidos se viene usté ! 
Makce. ¡ Hija, lo digo porque como estaréis hartos de 

familia !... 
Tere. ¿Pues?... 

Marce. Porque mi hijo creo que no sale de aquí... 
Tere. Mujer, sí viene con alguna frecuencia; pero 

no creas que nadie lo llama... 
Amalia ¡ No le ensefíará a usté las invitaciones, a buen 
seguro ! Viene, y, claro, no lo vamos a echar. 
Tere. Pero si tú quieres que no vuelva, pronto lo ali- 

viamos. 
Marce. No es pa tanto, hija. 
Amalia Pero siéntense ustedes. 
Santos Con permiso. {Se sientan.) 
Tere. Pues tu dirás a qué debemos el gusto de esta 

visita. 
Marce. Santos, espláyate tú, que una viene acongoja- 
da y no sé si podría... {Afectada, se limpia los 
ojos con el pañuelo.) 
Tere. Caray, ¿ pero tan complicao es lo que vas a de- 

cir que necesitas un altavoz ?, y usté disimule. 
Santos Los ajetivos me resbalan, señora. 
Tere. No sabía que estuviese usté encerao. 

Marce. No es que sea complicao lo que traemos; pero 
una tendría que expresarse como madre, y aho- 
ra pué que no convenga. Habla, Santos. 
Santos Con permiso de usted e hija. 
Tere. Usté es muy dueño. {Aparte.) (A ver qué en- 

ciclopedia se traen estos pa tanto ringorrango.) 
Santos Seña Tere... 
Tere. E hija. 



84 — 



Santos I^a Maree, como todos sabemos, tiene un hijo. 

Tere. Muy señor mío. 

Santos Llamao Francisco de Paula... 

Tere. Natural de Madrid, soltero, de veinticuatro 

años. 

Amalia Nos sabemos la cédula. 

Santos De cómo le ha querido, no voy a disertar. 

Tere. Con desageración. Lo hemos criticao tóos. 

Marce. He sío una madraza; bien me pena. 

Santos Ha sío una osesión. No ha vivido más que por 
el hijo y para el hijo. No ha pensao en ella ni 
en que se quedaba viuda a los veintidós años, 
edad prematura pa la viudez ; ésta siempre ha 
sido impaciente; ni en que malbarataba una ju- 
ventú, ni en que destrozaba el cariño de un 
hombre que la quería a cegar, servidor... Pa 
ella no ha habido más Dios ni más Santa Ma- 
ría que el hijo, y el hijo, y el hijo... Y, ¡ ay, 
seña Tere..., e hija !... Los hijos, los hijos no 
corresponden, seamos sinceros; los hijos quie- 
ren a los padres con locura..., mientras no tie- 
nen otra cosa que querer..., y se les van dando 
tóos los caprichos. Pero les brota de repente 
un cariño por fuera del hogar doméstico, y 
adiós papas... 

Tere. Adiós papá, que la mía no tiene más que uno, 

en buena hora lo diga. 

Santos Hablo en sentido plural... Y adiós papas, y 
adiós mamas, i Cogen el atillo, y a volar !... Y 
pa disculpar la ingratitú, siempre la misma 
canción : «Que si mi padre hubiera sido otro... 
(que a veces es otro) . Que si mi madre me hu- 
biera educao mejor ; que si después de tó no 
han hecho más que lo que debían; que si ellos 
también se fueron de su casa,.., etc., etc.,» 

Amalia Pero los hijos también tienen que mirar por su 
vida, señor mío. 

MArce. y los padres por la suya, que es lo que yo le 
he pedricao a ésta; no seamos egoístas, nena. 

Amalia No lo niego. Cada uno por cada uno, que la 
vida es así. Pero si una madre se sacrifica por 
un hijo y un día, aunque padezca lo que pa- 
dezca, lo ve dichoso, ¿hay mayor satisfacción? 



85 



Santob 
Tere. 



Marck. 



Tere. 
Marce. 
Teke. 
Marce. 



Tere. 
Santos 
Amalia 
Mauce. 

Amalia 

Santos 

Makcr. 



Terk. 
Marce. 



Amali\ 
Marce. 



Amalia 
Marck. 
Tere. 
Marce. 

Santos 



Mujer, te diré... 

No la diga usté ni una coma, que ésta discute 

con el sol, de que no debía calentar en verano 

y Je hace un taco. 

De lo que una madre tiene que hacer por un 

hijo, no necesito yo que tu hija ni nadie me 

diga nada, porque lo tengo todo hecho Pero es 

que en el caso presente no se trata de más o 

menos sacnficios, ni de que mi hijo, que no 

salía de mi lao... 

Más que una vez al mes, pa volver al siguiente 

Losas de juventii, hija. 

No lo niego. 

^.. ahora, no parezca por su casa más que a las 

horas de dormir, porque otro cariño lo aparte 

de mi lao..., no se trata de eso... ¡Es alg-o 

peor!... * 

¿ Pues de qué se trata ? 

De algo relacionao con ustedes, y muy grave 

¿ Con nosotros ? 

Y éste es el objeto de la visita ; que si no y® 

no hubiera venido. ' 

Venga, venga, que no me explico... 

Pues te lo vas a explicar, tú, que eres tan in- 

teletual. 

Pues que mi hijo quiere llevarme a los Tribu- 
nales, ¡ mi hijo !... ¡ j Mi hijo, a mí ! ! j A los 

Tribunales ! 

¿ Y por qué ? 

Pa pedirme la hijuela de su padre, porque me 

he negao a darle veinticinco mil pesetas que 

quiere a toca teja. 

¿ Y qué tenemos nosotros que ver con eso ? 

Aguarda, que sí que tenéis que ver. ¿Qué, 

tú no sabes pa qué quiere las veinticinco mi! 

pesetas?... 

¿ Pa qué ? 

Pues pa dárselas a tu novio. 

¿A Casiano? 

A... como se llame, que ni me acuerdo, ni ga- 
nas. 

Pa dárselas a tu novio, que se ha conchavao 
con tu i>adre... 



- 86 



Amalia ¡ Con mi padre ? 

Marce. y le han ofrecido, que si les da esa cantidá, 

tu novio se marcha a Buenos Aires, te aban- 
dona y le deja a mi hijo el campo libre. 
Amalia (Se levanta aterrada.) ¡ Mi madre ! 
Tere. ¡ Tu madre es inocente, hija ! 

Amalia ¿Pero eso es verdá? 
Santos Tenemos pruebas. Y el mismo Paquito te lo 

puede testificar. 
Amalia (Desesperada.) \ Ay, madre, que mi padre es 

un sinvergüenza !... 
Tkre. ¡ Pero no me lo vienes oyendo hace veintidós 

años ? ¿ Es que crees que bromeaba ? 
Amalia ¡ Y Casiano un canalla!... i Y maldita sea mi 
suerte, que como eso sea cierto, yo soy una 
chica, pero el árnica se pone en este barrio a 
cincuenta pesetas el litro, por mi salú ! 
Marcb. y sabemos que le lleva entregadas desde el día 

fatídico de lo del balcón, ochocientas pesetas. 
Amalia (Aparte.) \ Ay, madre, las ochocientas... ! 
Tere. Cállate (La tapa la boca.), que luego ventila- 

remos eso; ahora vamos a lo gordo. 
Marcb. ¿ De modo que vais comprendiendo ? 
Santos ¿ Se esplican ustés la visita ? 
Amalia Ni una palabra más. ¡ Conque mi padre y ese 
golfo, conchavaos pa que ! . . . ¡ Bueno ! Pues es- 
to se va a poner en claro ahora mismo, porque 
ya saben ustés que Casiano vive paré por me- 
dio. 
Marce. Será lo mejor. 

Pepe (Saliendo.) Muy buenas. ¿Qué tal? 

Tere. (¡ Miá este canalla !) 

Pepe Vosotros por aquí... ¡Tanto gusto ! 

Marce (Secamente.) Buenas... 

Pepe ¿Ya qué se debe el placer. . . ? 

Santos Pregúntelo a su familia. 
Pepe (Aparte.) (¡Qué caras!) (Alto.) i Hace mucha 

calor!... (Parecen congestionaos.) 
Amalia Vayase usté. 
Pepe ¿ Os hago una sangría ? 

Amalia Pa eso estamos; pero ahora, adentro. 
Pepe (A su mujer.) ¿Qué pasa? 

Tere. Todavía, nada. 



Dímelo con las manos. 

{Amenazadora.) \ Descuida, que pué que te lo 

repita ocho u diez veces ! 

Xo me explico, {l'ase por ¡a ventana.) 

Conque lo dicho. Entren ustés en casa, que 

quiero que lo oigan ; porque yo pongo en claro 

todo esto ahora mismo. 

Vamos allá. 

Pasar, pasar... 

¡Mi hijo en estas golferías!... ¡Virgen de la 



Paloma !... (Entran en la casa. 
Trrk. (A su hija.) Y de lo de las ochocientas. 

una palabra ! [Vase a la casa también.) 



ni 



EvSCENA VII 
Amalia y Casiano. 



Amalia ¡ Conque cinco mil duros pa irse a Buenos 
Aires y abandonanne, el canalla!... ¡Y qué 
bien fingía el miedo y la !... i Maldita sea su es- 
tampa !... Ahora verás. {Se empina en la cajo- 
nera de las plantas para asomarse a la azotea 
vecina. Llama.) Casiano..., Casiano... 

Casia. {Asomándose a la tapia.) ¿Estás sola? 

Amalia Contigo, que es peor. Salta, salao. 

Casia. ¿No me ocurrirá nada? {Queda cabalgando en 

la tapia.) 

Amalia No todo lo que debía. 

Casia. Entonces... {Acción de irse.) 

Amalia {Sujetándolo por la pierna.) Salta, que no te 
suelto. Tenemos que hablar, y a escape, rico. 

Casia. (Saltando.) ¿ Pues qué ocurre ? 

Amalia Que me han dicho una cosa, Casiano, j no 
quiero creerla. 

Casia. (Golpeándose con la gorra.) Pues no la creas. 

Cáa uno debe hacer su gusto. 

Amalia Porque si fuera cierta, es pa machacarle los 
sesos al interesao..., y el interesao eres tú. 

Casia. (Poniéndose la gorra y estacándosela.) \ Re- 

chufa ! ¿ Pero qué es ? 

Amalia Pues nada; que me han asegurao que te has 



— 88 



Casia. 
Amalia 

Casia. 
Amalia 
Casia. 
Amalia 

Casia. 

Amalia 

Casia. 

Amalia 

Casia. 

Amalia 



Casta. 
Amalia 



Casia. 
Amalia 



Casia. 



Amalia 
Casia. 



puesto de acuerdo con mi padre, pa sacarle cin- 
co mil duros a mi primo... 
¡ Yo?... iSe va hacia la tapia.) 
Con el compromiso de irte a Buenos Aires y 
abandonarme. . . 

{Quiere trepar por la tapia.) j Yo?... 
(Sujetándolo.) Y dejarle el campo libre. 
i Yo?... Yo me voy. 

Tú no te vas sin ponerlo en claro. ¿ Es verdá 
eso? 

Mujer, te diré... 

No me digas nada. ¿Es verdá o no? 
No... 

¿Que no? (Le coge por las solapas.) 
Que no puedo negarte que a mí me se han he- 
cho proposiciones, y que uno. . . 
¿ Y has tenido valor, so canalla, de que vieran 
que ponías a subasta mi cariño, y de estafar a 
un pobre chico y rebajar mi dignidad de mu- 
jer?... 

Mujer, yo... 

(Zarandeándolo .) ¡ Pues eso es una canallada y 
una vergüenza y una infamia !... ¡ Así, clarito» 
so granuja ! 
Mujer, yo... 

(Sigue el zarandeo.) So asqueroso, indecente, 
golfo ! ¿ Te parece bien hacerle eso a una po- 
bre chica que había depositao en ti su confian- 
za? ¡ Dilo, dilo pronto !... 

Mira, Amalia, vaya..., vamos a hablar claro, 
que a mí no me rompes tú la americana de 
vestir, ¡ y además, llevo un mes de tonnento 
y ya me he cansao, j ea ! (Exaltado y gritan- 
do.) ¿Tú no me dijiste a mí, hará medio año, 
mes más, mes menos, mes menos, mes más, 
que estabas enamorada hasta la locura de tu 
primo ? (Paquito cLSon\a por la ventana con la 
cara de asombro consiguiente.) 
(Temerosa de que les oigan.) jChitss!... 
¡A mí no me chistes, que la verdá es la ver- 
dá ! ¿ A mí no me dijiste tú que pa volverlo 
loco del todo y que te quisiera a ti sola, y se 



- .sV 



Amalia 
Casia. 



Amalia 
Casia. 



Amalia 
Casia. 



Amalia 
Cabía. 



dejase de mujeres y de juergas, necesitabas 
que yo pasase por tu novio y te hiciera ese fa- 
vor por quince u veinte días? ¿Es verdá u es 
mentira ? 

(Temerosa.) Hombre, te diré... 
No me dirás nada; porque si me desmientes 
eso, eres capaz de desmentir a San Mateo y a 
San Lucas y a toos los evangelistas, enclavaos 
en el distrito del Hospicio. 
Hombre, yo... 

¡ ¡ Ah ! !... {Se arranca un botón de la america- 
na, tirándolo contra el suelo.) ¿Tú no me dijis- 
te un día que subiese a la casa de tu susodi- 
cho primo y me diese a conocer como traba- 
jador, pa lo cual me compraste un ((mono», que 
me estaba grande, y me dijiste que dijera que 
era más laborioso que una máquina registra- 
dora y todas las mentiras que dije, que fueron 
mi perdición, porque tu primo, exasperao, sacó 
una brovinge y me persiguió, y si no me tiro 
por el balcón estoy a estas lioras de fiambre en 
la estantería de una sacramental?... ¿Es men- 
tira u no es mentira ? 
Hombre, yo... 

¡¡Ah!!... (Se arranca y tira otro botan.) 
Pues en estas condiciones, todavía cojo del 
porrazo, sin trabajo y amcnazao de muerte, 
me dice tu padre : cTe dan cinco mil duros 
si te vas a Buenos Aires y le dejas a mi so- 
brino el campo libre.» Y como yo, pa de- 
jarle a tu primo el campo libre, no necesito 
irme a Buenos Aires, ni siquiera a Cuatro 
Vientos, porque en la vida has tenido el ho- 
nor de quererme a mí, ni yo el de ídem a ti, 
pues dije que sí. ¡ Porque, caray, no se pué 
vivir diariamente bajo la amenaza de un hom- 
bre nurasténico y osesionao en añadirte tres u 
cuatro agujeros a los que te han correspon- 
dido en el reparto, otorgao a los seres huma- 
nos y bípedos. ¿Me se pué negar esto? 
No, pero... 
jjAh!!... [Se arranca otro botón y lo tira.) 



— 90 — 

Pues si todo lo que has hecho lo has he- 
cho porque quieres a tu primo desde chica 
de un modo apasionao y constante, díselo ya 
claramente, porque no es justo de que yo esté 
espuesto a una... 



ESCENA VIII 
Dichos y Paquito. 

Paqüito [Saliendo a la azotea, apasionado y loco de ale- 
gría.) i ¡ Amalia de mi vida ! ! 

Casia. ¡ Mi madre !... ¡El loco !... [Se tira de cabeza 

a la azotea de al lado.) 

Paquiio ¿Pero es verdá lo que he oído, Amalia de mi 
alma? (Amalia, ruborosa, no contesta.) ¿Es 
verdá lo que he oído ? 

Casia. {Asomándose a, Ja tapia y escondiéndose en se- 

guida.) Sí, señor. 

Paqüito ¿De modo que me querías desde chica? 

Casia. (Repite el juego.) Sí, señor. 

Paquito (En gallando se.) i Ya decía yo!... ¡Y no ha- 
berlo notao ! ¡ Seremos burros ? 

Casia. (Lo mismo.) Mucho. 

Paquito {A Casiano.) ¡ A usté no se lo pregunto ! {A 
Amalia.) ¿De modo que siempre me has que- 
rido? 

Casia. Siempre. (ídem.) 

Amalia ¿Pero quiés callarte? 

Casia. ¡ Cómo tú no contestas !... 

Paqüito ¡ Qué bien has sabido disimularlo, Amalia ! 

Amalia Si las mujeres no supiéramos disimular eso, 
¿ cómo íbamos a defendemos ? 

Paquito ¿Y no te ha dao lástima lo que he sufrido en 
seis meses? 

Amalia ¿ Y no te ha dao lástima a ti lo que he sufrido 
yo en diez años, desde aquel día que esti-ené 
un trajecito ruin, y que me Uamaste escuerzo, 
haciendo reír a todo el mundo a mi costa? 

Paquito ¡ Bien te has vengao ! 

Amalia Bien te he querido; que de no quererte, ¿pa 



— UL 



Casia. 
Paquito 
Casia. 
Amalia 



qué iba a vencjfarme ni a buscar novios que no 
quería?... 

{Asomándose.) Gracias. 

¿...ni a fuií^irme alegre cuando lloraba por 
dentro viéndote con otras chicas más guapas 
que yo y más alegres que yo, porque no les 
importabas nada?... ¡Qué sabes tú de sufrir? 
¡ Tormento, el mío en estos diez años; que no 
hay cosa que dé más rabia que no po<lcr dejar 
de querer a quien no nos quiere !... 

¡ Amalia ! 

i Y mira si te habré querido, que no me ha im- 
portao hacerte sufrir con tal de lograr tu cari- 
ño y que fueras pa mí sola ! 
¿Y no te ha dao compasión, ni aun cuando 
me has visto enfermo? 
¡ Como yo tenía el remedio en la mano !... 
Pero no hacía falta haber sido tan cruel. 
Sí, Paquito; que no olvides que tú eras un fru- 
ta, vago y pinturero y había que quitarte hu- 
mos y muchas mañas, y eso ya está lograo. 
{Con cierta presunción reminiscente de su an- 
tigua chulería.) ¿ L^o crees tú así? 
Seguro. Porque si no, como me he pasao diez 
años, queriendo y disimulando, me paso otros 
cuarenta, que ya conoces mi temple; conmigo, 
o lo que deba ser, o nada. Y no hay más. Y 
así soy. i Si así me quieres?... 
Con toda el alma ; pero si pudieras ser un po- 
quito más suave... 

No, Paco, que ahora he aprendido que en el 
cariño no se debe poner todo lo que se tenga. 
¿Siendo una cosa tan dulce?... 
Por eso mismo. Si lo atiborras a uno de me- 
rengues, por mucho que le gusten, se empa- 
cha. En cambio, si se los vas dando uno a 
uno, pues le has asegurao el postre pa una 
temporada. 

(Asomándose.) ¡ Lo que saben ! 
¿Ya usté qué le importa ? 
Es que también soy goloso... 
¡ Déjalo ! 



— 92 



Paquito No, que a este vecina le voy yo a lisiar, por 
cómplice. 

Casia. ¡ Encima que he hecho de cimbel?... 

Paquito \ Qué farsante ! ¿ De modo que aquello de aquí 
el gabinete, y aquí la alcobn... ? 

Casia. ¡ Un croquis pa engolosinarlo a usté, so primo í 

Paquito (Ofendido.) Oiga usté, eso de primo... 

Casia. So primo de la joven, que yo no ofendo a 

nadie. 

Paquito Bueno, baje usté, que se lo perdono todo. 

Casia. ¿Todo? 

Paquito Incluso las ochocientas pesetas que le di a mi 
tío Pepe pa que se las diese a usté. 

Casia. {Saltando con una velocidad como para matar- 

se.) ¡Cómo?... ¿Que ha dicho usté de ocho- 
cientas pesetas? 

Paquito Ochocientas pesetas que le he entregao a mi 
tío con destino a usté pa indemnizarle del po- 
rrazo que se dio por mi culpa. 

Casia. j Mi madre!... ¡Pero si no he visto un cén- 

timo ! 

Paquito ¿Es posible? {Se apartan riendo y hablan 
aparte.) 

Casia. i Qué sinvergüenza de sordo!., 

sí que me va a oír ! {Llamando. 
señor Pepe ! . . . 

Pepe {Saliendo.) ¿Pa qué soy requerido? 

Cabía. Pa que diga usté isojazto qué ha hecho de las 

ochocientas leandras que le apoquinó el señor 
pa mangue. 

Pepe No oigo. 

Casia. Pues aguarde usté. {Entra por la ventana y 

saca una bocina de gramófono, que le coloca en 
el oído.) ¿Que qué ha hecho usté de las ocho- 
cientas pesetas que le dio el joven para mí ? 

Pepe Hombre, yo, como era una limosna y tú eres 

tan pundonoroso, dije : uNo las va a azmitir», 
y no las iba a tirar. Conque hasta luego, que 
me están esperando en la esquina. 

Casia. {Todo con la bocina.) Pues u me las da usté 

sobre la marcha, u hay tiros; que con mis in- 
tereses no se contonea nadie. 



i Pues ahora 
i Señor Pepe, 



9á 



Pepe 
Tkrk. 



Hombre, yo..., bueno... Voy por ellas, que te 
las guardaba debajo de un ladrillo. 
{Saliendo.) \ No te molestes, que esta mañana 
ha venido un albañil y los ha afirmao todos ! 
{Con la bocina.) 
¡ Mi madre ! 
¡ Nos ha perdido !... 

{Con la bocina.) ¡Pero no te apures, que a 
cambio te voy a dar una buena noticia ' 
¿ Cuála ? 

Que me voy a comprar un mantón de Manila 
de ochocientas pesetas. 

{Cogiendo la bocina para hablar él.) ¡ No lo 
consienta usté ! 

Déjalo que se le compre, que así no lo habre- 
mos perdido todo. {Se lo dice al oído.) 
¿ Por qué ? 

Porque en cuanto lo compre, se lo empeño y 
partimos. 

{Con la bocina.) ¡ Vivan los previsores del por- 
venir ! 



ESCENA ULTIMA 

Dichos, Marce y Señor Santos. 
{De la casa.) 



¿ Has visto esa chiquilla sabiendo ? 
¡ Ya, ya ! 

¡ Perdóneme usté, tía ! 

¿Perdonarte de qué?... ¡Menuda lección me 
has dao!... Yo, por quererlo con locura, he 
estao a punto de llevarlo a la perdición. ¡ Gra- 
cias a ti, hija mía, que has sabido querer como 
debe quererse y me lo has salvao ! 
¡ Madre !... Déjela usté que tenga un hijo, que 
ahí se acaba la sabiduría de las mujeres. 
¡ Lo malo, Marce, es que nos han hecho llegar 
viejos a nuestra felicidad ! 



94 



Tere. 

Makcf:. 
Pepp: 

Paquito 



Tere. 
Pepp^ 



Tere. 

Paquito 
Amalia. 



No importa. Así tién ustés menos tiempo pa 
aburrirse. 
Es verdá. Tere. 

Mirarse en nuestro espejo. ¡ Veinticinco años 
casaos, y estamos como el primer día ! 
¡ Es que creo que el primer día, se dieron us- 
tedes a la puerta de la iglesia una paliza tre- 
menda ! 
Le di. 

Por eso digo que estamos como el primer día, 
porque ya me ha anunciao otra ; conque mirar- 
se en nuestro espejo... j y no casarse, que aúti 
estáis a tiempo ! 

¿Y en qué ibas a entretenerte, si yo no te pe- 
gara, a ti, que no te gusta el cine?... 
{A Amalia.) \ Cómo me has engañao ! 
¡ Tú querías que el mundo fuera pa ti solo, y 
yo he querido que sea pa los dos, y que nos 
venga estrecho ! 



TELÓN 



FIN DE LA FARvSA 



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— 96 



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El tío de Alcalá. 

Doloretes. 

Los niños llorones. 

La muerte de Agriplna. 

La divisa. 

Gazpacho andaluz. 

s;an Juan de Luz. 

El puñao de rosas. 

Los granujas. 

La canción del náufrago. 

El terrible Pérez. 

Colorín, colorao... 

Los chicos de la escuela. 

Los picaros celos. 

El pobre Valbuena. 

Las estrellas. 

Los guapos. 

El perro chico. 

La reja de la Dolores. 

El iluso Cañizares. 

El maldito dinero. 

FA pollo Tejada. 

La pena negra. 

El distinguido sportman. 

La noche de Reyes. 

La edad de hierro. 

La gente seria. 

La suerte loca. 

Alma de Dios. 

Coplas de Ronda. 



La maña de la mauica. 

La flor del barrio. 

Los caciaues. 

Vo te ofendas, Beatri». 

La chica del gato. 

La heroica villa. 

Mariquita la Pispajo o No hay- 
bien como la alegría. 

Es mi hombre. 

La hora mala. 

La tragedia de Marichu. 

La locura de Don Juan. 

; Que viene mi marido í 

Los milagros del jornal. 

El camino de todos. 

El género alegre. 

El príncipe Casto. 

La risa de Juana. 

Don Quintín el amargao o El 
que siembra vientos. 

El tío Quico. 

¡ Qué hombre tan simpático ! 

El tropiezo de la Nati o Baj» 

una mala capa... 

j Qué encanto de mujer ! 

La cruz de Pepita. 

La dichosa honradez. 

Angela María. 

El señor Pepe el Templao o La 
mancha de la mora... 

Los celos me están matando. 

En Aragón hi nacido. 

El último mono o El chico de 
la tienda. 

¡ Mecáchis, qué guaix) soy ! 

Me casó mi madre o Las velei- 
dades de Elena. 

La cárcel modelo. 



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